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                    <text>Domtngo·2.i de ~eptiembre

EL MUNDO.

1.. 1i11111.

Año VI

Tomo I

1

México, Domingo

1°

de Octubre de r899.

CARRO DE LAS FABP.lCAS DE HILADOS Y TEJIDOS,

LAS NOVIAS DE HUMO

I
Cuando nadie me rodea es cmando estov más
acompaiiado. Repan1igado en un sillón de ·mi alcoba y fumando un cigarrillo mientras se afanan
por llegar basta mí los ruidos de la vida comercial, me encue.,tro en una sociedad exquisita,
evocada por mis ensueflos siempre en parranda.
Entre las nebulo3idades del humo. vr.porosas
y Sútiles vieuen á mi. en largísimo cortej ,, las vi
siones que han vivido alguna vez en mi fantasía
efervescente.
Recibo. Pálida y con los ojos secos viene Otelia, la rubia, arroj,rndo en su camino lo¡¡ pétalos
de las rosas que su mano alba arrancó en el jardín. Sí, la veo vagando loca entre las combas on•
dulaciones del humo de mi cigarro. Delira y me
ofrece sonriendo una campAnula. Acércase en su
amable demencia á ponerla en un ojal de mi vestido. Oh! cómo brillan sus ojos! La inccente niiia
está muy pálida, pero sus labios son rojos y su
complaciente sonrisa despierta en mi organismo
á los enanillos de la sensualidad que bailan furia•
sos por toda mi espina dorsal y pinchan mis nervios. Luego se arremolinan en torno de mi cere•
bro y atizan la maldita llama con sus murmura•
ciones iosolante3 y maliciosas. Mis ojos brillan
también. La hermosa delicada y nerviosa del
cuerpo de Ofelia la presiento bajo su túnica. Extiendo los brazos para estrechar á la virgen loca
y saciar en sus labios purpurinos la sed de amor
que me mortifica, pero el beso queda tembloroso
en mis labios ...... Ofelia huye. La canastilla de
flores se vuelca y, entre las espirales del humo,
veo las rosas cayendo en el espacio como ma~i
posas muertas... . La ceniza de mi cigarro se ha
caído.
II
Vienen, lejos aún. Vagamente escucho el balali
de los caracoles y el ladrido de los perros. Es el
Conde Lascaro que va á la cacería del oso Atta•
Troll. Al fin se acercan. En rápidos corceles que
briosamente galopan, vienen las damas y los caballeros, ataviados con ricos vestidos. Las javalinas y los cuchillos de caza despiden brillores
de plata. bruiiida.
Pt1san junto á mi y resuelv,' tomar parte en la
eaccria. Monto en un caballo ricamente enjaezado, que un paje tiraba de la mano. La hij11 del
conde, desdeiiosa y altiva, va á mi lado en obediente hacanea .. . . El humo de mi cigarro se me
espesa y forma espesos bosques y montaiias rocallosas, en donde nuestras cabalgaduras caminan con dificultad. Eglantina, la hija morena del
conde, apoya imperiosamente su mano sobre mi
hombro con la insultante familiaridad que se tiene con la servidumbre. Sorda cólera me hace palidecer, A la vez que el intenso deseo de humillar
la altivez de la dama y de ser amado por ella.
Nos apeamos porque el terreno se hace difícil. ..
Allá lejos vemos al Conde Lasr.aro, blandiendo
la javalina. El oso Atta-Troll cae herido y ruge
espantosament1:1 ....
Eglantiua se apoya en mi hombro de nuevo y

vo más atrevido, la cojo p0r la cintura y estampo1 un rápido beso en sus labios. Un fustazo crú
zame el rostro. La dama ha castigado mi osadía.
-O~ amo.
-Lacayo insolente y cobarde!
-03 amo: No soy lacayo, ¿por qué me humi•
llAis?
-Mal caballero!
Eglantina levanta nuevamente la fusta :-Te
iimué si me vences-me dice furiosa, arreme•
tiendo contra mi.- ¿Qué hacer? ¿No es ridículo
Juchar con una damai' ¿Herirla? ¿Verter su sangre?-Cobarde!-aiiade con los ojos brillantes de
ira: ¡Qué hermosa está! Par¿ce una walkiria. Un
nuevo fustazo me hiere y veo á Eglantina prepa•
rándose á herirme con la javalina. No reflexiono
ya. Luego. Repetimos el combate de Gunther y
Brunequild11, de que habla la leyenda de los ni·
belungos. Varias veces estoy á punto de ser atravesado por la javalina de Eglantina, quien la
manej&gt;\ con la destreza de un montero; pero mi
destreza me salva, y al fin hiero levemente en el
l'aello á mi adorable enemigo. Suelta el arma y
e1e en mis brazos llorando como una niiia. Sus
r-&gt;pas de seda se han desceiiido en la lucha .. . .
l'lle has vencido, te amo-me dice pegando sus
labios ardientes A los míos. La apretada arboleda
invita á los idilios. Los enanillos q:;.e hay cabalgados en todos mis nervios, despiertan más irritados que nunca. El cutis suavísimo de Eglanti·
na, su seno virginal entrevisto en las agitaciones
de la lucha, sus ojos negros de gitana enamorada, me enloquecen . .. Tomo en mis brazos á
Eglan1ina .... pero el Conde Lascara regresa
inunfante. El oso Atta-Troll cuelga sao~riento
de las ancas de su caballo ..... .De pronto empieza todo a disfumarse, A desaparecer: el bosque, la cabalgata, el Conde Lascara, Atta-Troll,
Eglantina ... . Quiero atraerl11 para darla un beso
h1rgo, muy largo . ..
Mi cigarro ~e ha apagado, el humo se ha des•
vanecido y chupo, chupo en vano la colilla. Vuel•
vo á encenderla.

-¿Porqué me sigues, joven? ¿No sabes quién
soy?
-Sé que eres una reina, la reina de la hermo,
sura y de la gracia. Sé '}Ue te temen ó respetan
todos, viejos y mozos, mujeres y niiios. Quiero
s11ber quién eres, niña gentil. Te veo con los ojos
de mi pasión. Quiero sabet· quién eres, por que
te amo. Ignoro si eres mala.
-No, no lo soy. Soy buena y amable con loa
poetas. Soy la querida de todos los hombres, pe•
ro á unos los trato mal y á o~ros bien. Eso es to•·
do ..... .
-Pero ¿quién eres? Dímelo, adorada rnitia.
¡Querida de todos los hombres! Mientes, eres pu•
ra y virgen como un ángel.
-Iluso, me encuentras joven y bella ... Tú
debes ser poeta. Lo eres?

-Sí.

- Entonces, sígueme. Sígueme, te amo.
La noche av&gt;\nza y llegamos á un palacio blan•
co que hay en las afueras de la ciudad. Es todo
de mármol; parece estar deshabitado, pues no
se oye el meoor ruido.-L1. luna tille con una
luz pálida la silenciosa mansión. La joven toca
en la puerta y ésta se abre inmediatamente. En•
tro. Es un vasto salón. lujosamente ornado. Es,
tán llenos los sofás, las sillas, las v 'ntanas, de
per11nnas con los más variados vestidos. H11y bai•
le. Un melodium toca los acordes primeros de
una cuadrilla triunfal. En cuanto eutramos todos
se ponen de pie para salud11r á la ilustre joven.
Mozart es quien toca; Goethe y Reine saludan fa•
miliarmente á mi guiadora; varios trovadores
provenzales se inclinan ante ella y ella les son•
ríe y con la punta de los dedos envía un beso i
un joven poeta que está de pie en un rincón, pre•
l!"Unto como se llama y me dicen que JuliAn del
Casal. La dama sigue de largo y yo ebrio ~e
amor y curiosidad la sigo. Penetra en su alcooa
f'n donde hay un amplio le,1bo de extral!.a f.irma.
Estamos solos. E la se desciiie la cabellera Yuna
muda cascada de ébano cae sobre sus hombros.
Delirante la estrecho entre ruis brazos; ella, con
III
fuerzas de varón f Jrzudo, me arrastra á su le•
Tvdos al verla pasar dicen con terror: «E3 la cho. Nuevamente me extrafla la formdo de éste-Rdina» - ¿Quién es esta reina á la que todos te• Dime, oh reina amada, ¿qué lecho es aqueli'-EB
men t seflalan? me pregunto, y la curiosidad me el ataúd, mi lecho de dei:1pos11da. Ven. te amo,-:arrastra á 1ieguirla. Voy detrás de ella. Su cin- Un estremecimiento de frío me sacude y estroJa
tura es esbelta. Su vestido es riquísimo, blanco y los nervios al paso que una dolorosa voluptU?·
ceiiido. Su andar rápido, pero majtistuoso. To - sidad me incita á entrar en esa enorme eaJa
dos, al verla, palidecen. Los seiiore:! y la gente negra. ·
-Quién eres, novia mía?-la preguntó con ao•
del pueblo al encontrarse con la «Reina» se es•
tremecen, se descubren con miedu y se alejan siedt1d. . ...
procurando no tocarla. ¿Pero quién es esta rei-Soy la muerte, la rdna muerte ... .
Nos unimos en un estrecho abrazo y murmn•
na?-me digo. Pasa un poeta morfinómano y la
saluda con carifloso respeto. Al fiu nota la joven rllntes, convulsivos de amor, caemos en el siniea•
misteriosa que yo la sigo. Oh! Dios santo, no he tro lecho.
-Dame dame un beso-la digo euplicante,
visto mujer más extraiiamente seductora. Es una
nifla casi, de cabellera y cejas negras como la Entonces ¿lla junta sus labios á los míos y siento
noche; pero sus ojos son verdes, en sus labios hay un dol0r de muerte agudo y terrible que me ha·
como plllpitaciones de besos que pugnan por sa- ce gritar. .
.
Equivocadamente me había llevado el c1g11rro
lir. Pálida, pálida como una viuda joven y adolorida, tiene sin embargo en sus ojos chispeo...de á los labios . . .... por el lado del fuego.
sensualidad y alegría. Su rostro me ha conmovido
C LEA"E ,TE P .\LMA,
hondamente. Se detiene ai oír mis pasos tras ella.

•

RETRATO de MUJER por Franz von lenb~ch.

Número 14

�Domingo 1 ° de Octubre de 1899

EL MUNDO.

220

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

los vivos suenos, haces resplandecer los tdeales que el
destino de pueril veleidad Cescuelga entre rosas, la
última noche del invierno, cuando arde sobre la ca•
beza la simbólica fiesta de los Reyes que llevaron á
los creyentes camlnant,es á Betlem y A nosotros á la
tumba! ....

•••
Est,e semanario consagra hoy unas páginas al recuerdo de la ópera que dura.ate la corta tt:!mporada de
Orrin, impresionó más completa y justamente al público melómano. Fedora tué la última mujer á quien
acariciamos en nuestro ensueño.
Nos pareció muy bella y elegante, y nos hizo olvidar por algunas nocbes á. la melancólica. Mimí. Le
hemos dado con tristeza, el abrazo de despedida.
Donizzeti, Cbalia y 8igaldi, bao sido los héroes .
Sigaldi interpreta de muy brava manera el Loris de
Federa. Tiene arranques de pasión y ternura que
conmueven basta las lágrimas. Ha sido aplaudido
con todo entusiasmo.
Después d~ tan inquieta temporada., se van los ar•
ttstas de Orrin. Quizá no vol vamos á ver á muchos
de ellos.
¡Pobres! ...... 1 P&lt;Jgliacci!

El fria ha. comenzado sus nocturnas correrias por
]a ciudad . Las primer~s tm;~s del invierno se o~en á
lo lejos como un coro de vleJOS cascados, á semeJanza
de los de la Kermei$se del Fausto.
¡Oh, las nocheti de invierno! En los cielos la mística florescencia de los astros, las grandes lunas blancas, y en la. ciudad dm mida, en las calles solas, barridas por el cierzo, el gendarme acurrucado frente á
la linterna anémica, el can que trota en busca de un
abrigo, de on umbral, de un vagabundo quizá á
quien acercarse pa,a sentir menos dure el dard o del
frío. El eco devuelve las pi~adas de un rezagado de
la callejuela, se muere á la distancia el rodar del CO·
cbe, el vendedor á tiempo dobló la esquina con su CO·
mercio á cuest.as. y los i,ospechosos, los ebrios, los
desO"raciados, ,las pecadora~, ó el oficial á caballo, tur•
baoº esa calma de Ja atmósfera congelada. Pero qué
calor se adivina t.ras de los visillos de los balcones,
allf en las rendijas de una puerta, y en la estrel,la de
un respiradero.
Las meditacloneo de un abarrotero que recuenta la
venta; en la cantina et último diálogo incoherente
de dos obstinados; más lejos el triángulo de un velador de porcelana y en. torno cabezas bajas que leen la
novela ó cuentan los hilos de la femenina labor; en
un ventanillo pobre la flama inquieta de un velón de
estudiante; tras de la malla, salpicada de pájaros y
flores, el abat jour carmesí que salpica de rubíes
el dorado de los espejos, enciende la seda de los
cortinajes ,y finge como una penumbra de horca•
za. Suena el plano; casi se adivina el aroma del té,
más lejos aún el candil de los saraos, y en la placa
negra de las tachada.'-, bay un sólo balcón abierto de
par en par, uno solo que deja penetrar el soplo
glacial, uno que arroja intensas y luminosas boca•
nadas. El que pasa y lo mira siente miedo y tristeza;
es un muerto; cuatro flamas largas y tranquilas de
cirio, lo denuncian. Puedes entrar, invierno, es tuyo,
cedió como las bojas de los árboles, las amarUlas ho•
jas que aletean un punto, no para vo1a.r sino para
caer!
y desde abara pienso en la muerte je} ano, en la
anemia agónica, símbolo del eterno reposo del no ser,
pienso en les meses invernales, los meses de los re-cuerdos lejanos, de las evocaciones tristes, de las resurreciones queridas, los meses en que se avista después
del vario viaje, una playa, la última quizá, la de la
vida desierta de los caldos, ó la florida ¡ay! que no es
sino un oasis marino y fugaz en el desierto de las
aguas amargas, las que mecen 6 fustigan, cantan ó
clamorean la amenaza ó la sentencia. El nauta recuerda entonces los paisajes lejanos, la salida del sol,
la nube, el pija.ro, la siesta, las espumas, la estrena
vespertina, las tormentas que. pasaron, las quietudes
gratas ó el implacable ruego de las tardes de fiebre.

••*
Por lo demás, la semana teatral, monótona y sin
accidentes como un pedazo rle Sabara. ba t.enido su
oasis: el beneHcio de Rosa Fucrt.es. Ha adquirido la
hermosa artista grandes shnpat.ías entre nosotro.:i, y
sobre ella. flota uoa admiración en continuo aumento, porque Rosa está en estos instantes plena 1e vi•
gor y de tuerza.

Ida la Cbalía, nos quedamos con el género chico, y
la esperanza de que llegue cuanto antes SienL
Mientras eso sucede, di vertámonos con aplaudir
las maripoeas de las lnstantáneas.
No queda. otra cosa.

EL MUNDO.

slones y sentimientos que expresa la letra, que la interpreten fielmente, la acentúen y la subrayea, y que,
sean su imagen acabada y perfecta. Supongamos que
la let,ra. bable de amor; pues bien, ese amor ba de ser
de por fuerza, 6 tierno 6 impetuoso, ó melancólico ó
regocijado, y el músico, eligiendo los matices é inflexiones características, puede cantarlo tal y como el
poeta lo describe, sin incongruencia, sin disparate;
recíprocamente apoyadas, mutuameot,e sostenidas y
acentuadas, la poesia ganará con asociarse á la música
y la música ganará con inspirarse en la poesía, resultando de ese noble y fecundo consorcio una ot ra de,
arte superior, más estimable que la sola ,poesía y la
simple música.

SI este principio se aplica á las complicadas pasiones del drama, si se armoniza su juego, st se sig ue su
evolución, si se cbs~rvan las transiciones, resultará el
dtama lirlco1 concepción estupenda. del genio mo•
dern o.
Pasando de las pasia11es á las situaciones se observa.
un becbo análogo. La música puede pintar las situaciones de una de dos maneras, susceptibles de co mbinación: describiendo los sitios, los panoramas, los
ruidos y sonidos naturales: rumores y cantos de aves
en las selvas, fragores y truenos en la te mpestad,
clarines, vocerío y estamp!dos de caíión en la batalla, sacudimientos, ruidos subterráneos en el terremoto. Con elemento&amp; musicales pueden describirse el
valle florido, el arroyo susurrante, el mar agitado, loa
múltiples rumores de una ciudad, el silencio, la quietud de una alcoba, la confusión y el desorden de un
momento de páalco.
Además, se puede pintar una situación con reminiscencias de pasiones anteriores, con recuerdos de he•
chos pasados ya descritos, con ideas y emociones y&amp;
experimentadas por el personaje y de antemano expresadas lfricamente. En el momento del desengai'io puede evocar la música las ilusiones del pasado;
en el instante de la muerte, los episodios capitales d&amp;
la vida.
Para esto la voz humana no ba.c;ta ya y entra á figurar, con sus Inagotables y poderosos elementos, la orquesta. En tanto el personaje canta sus penas y sus
alegrías, sus desencantos ó sus esperanzas, la orquesta hace desfilar ante el espectador una sucesión de
cuadros vivos, de recuerdos extinguidos, de sensaciones muertas¡ mezcla su voz á la del personaje, pinta.
su situación, describe los e~tados del alma siempre
complexos y completa y acata no cuadro maravilloso
de verdad y de belleza, análogv,c-..mgruente,consletente, vasto como un panorama y complexo como un mo•
numento.

EL DRAMA LIRICO.

!

PANTEON DE DOLORES.
MONUlIENT(l DEL SR DR. JOSE MARIA. MATA.

••*
Con estos elementos y dentro de esos princi pios,
Wagner podrá describirnos la stlva en que sueña..
Stg!redo y en que le bablac. las ~ves; nos h ará penetrar en las purísimas linfas del Rbin y asisti r al jugueteo de sus Ninfas y al cabrilleo de tiUS ondas; ha·
rá flamear y chisporrotear en la orquesta la hoguera
de Brunllda como la !ragua de Mimo y nos bará asistir á la destrucción de los mundos y de las di vlnida,
des en el crepúsculo de los dioses. Verdl nos hará
sentir el desplanamlento de toda el alma y de ~
las energías de Otelo en la escena de las revel aciones
de Yago, y nos hará vivirla vida del héroe, sus t rlun•
!os, sus glorias, sus amores y su crimen en la escena.
final de su admirable drama.
Puccinl, en la Bohemia, nos transportará en alas de
su genio de la buharda miserable y lrla á la t urbulenta y alegre verbena, á la solitaria barrera y al le.
cho de Mimí moribunda cuya alma inocente, cuyo
corazón tierno, cuyo amor abnegado, nos habrá becbo absorber en cantos y armonías, y Giordano en
las impreciClones de Fedoru ante el esposo muerto,
en el formidable y admirable raconto de Loris, 00&amp;
impregnará de las pasiones, de las ansias, de los
odios, de las penas de sus personajes y uos hará vivir
su propia vida, llorar sus mismas lágrimas y expiar
sus crímenes como si fueran nG.estros.
La música, que era ya un arte con los si n!ontstas,
acabará. por ser el arte por excelencia., la manltest&amp;-ción suprema y la síntesis de todas las artes, porque
con el drama lirlco ha llegado, sin dejar de ser md·
sica, á ser poesía, pintura, naturaleza y vida.

221

I

*••

El drama Urico no es tan sólo, como muchos lo
creen y como por largo tiempo fué comprendido, un
drama cantado y acompafiado de música. Sl esto fue•
ra asi, merecerian y llevarían tal nombre 1a cLucfa,&gt;
de Donlzzeti, como la «Sonámbula,&gt; de Bellini; el
cOtello,&gt; de Rossini, como «Los Lombardos,&gt; de
Verdi; babría drama lírico donde quiera que sobre e\
monólogo de Hamlet se escribieran unas peteneras
ó sobre la locura de Ofelia una arla de concierto.
• *
No; el drama lírico, propiamente dicho, parte de
En invierno el alma hace su balance; diríase que otro principio, y aspira á. la realización de otro ideal,
pronta á partir receje su tienda, quema sus tesoros, tiene otras raíces) otra flo:ación, y entre el dra.ma
desconfía del maílana, se sieute arrastrada á la me- cantado y el drarua Ur:co media el abismo que separa
ditación de t:Se elomente aviso que le dan los pájaros lo convencional de lo real, lo artificial de lo natural,
1dos, los árboles desnudos, los surcos quejumbrosos lo verdadero de lo falso.
de hojas secas, el cielo tachonado de estrellas, como
página obscura. de áureos y amenazantes leyendas ca*·*•
balísticas, y, mojados los ojos en ternuras inmensas,
evoca lo más puro y lo más lejano.
El drama lírico tiene por objeto la interpretación
Como un vlej1J, piensa en los ninos, porque ¡ayl en musjcal
de las pasiones humanas y la descripción de
torno de esas caberas pensativas, abrumadas de dolo• las situaciontS de la vida. Su punto de partida es el
re8 y de canas, chispean los ojos azules, y la misma hecho incontestable de que las pasiones ano expresa•
1
flama del hogar juega en la nieve de los que se van, das con meras palabras, incluyen y entrafian
un ele•
y en los rizos de oro de los que llPgan.
mento musical !unC.amental, y de que )as diversas
En tnvierno1 las creencias visten las vestes blancas, situaciones
de la existencia no dejan de ir &amp;.compa•
los órganos severo&amp; entonan el canto pastoril de las nadas de sonidos y ruidos que, musicaUzados, pu~den
misas de Aguinaldo, Dios se bace niño y ríe, y en describirlas y caracterizarlas. Comencemos por las
torno suyo suenan ]as risas de la infancia, los cara• pasiones: es evidente y de cotidiana observación que
millos, la flauta de los églogas. . . . cuando los cam- cada género de pasiones se expresa por gritos, gemi•
pos, yertos de frfo, amarillean, y las almas se vuel- dos, rugidos, murmullos peculiares y propios, y si se
ven como la regia caravana, á la estrella de un Be- expresa de palabra, por entonaciones é inflexiones de
tlem remoto.
voz, que bastan á hacerlas conocer. Por sólo la tona•
Tú eres de invierno, ¡oh, Arbol de Navidad, oh Hdad
aguda ó grave de la vez, por su intensidad, por
árbol de !rondas muertas, de balsámico olor, ob pino la
ó lentitud de su emisión, por las inflexiode las soledades montaiiesasl Cómo te visten de es• nesrapidez
del grave al agudo y del agudo al grave, por los
carcba, cómo enredan á tus vacilantes hojas los hilos intervalos
tonales que median entre las silabas y las
de plat.a, cómo las luces de colores arrancan chispas
palabras, se puede saber si una pernona está triste ó
á, la maravillosa flequería, cómo el heno cubre los
alegre, enamorada ó entusias_mada, si cree ó si duda,
frutos relucientes, el juguete codiciado, el rosetón de si
teme ó espera, si siente ó finge. Las inflexiones y
oro¡ cómo se mecen üual maravillosos frutos, el ángel
tonalidades
de la ironía no pueden contundirse con
de cera, la bolsa de dulces, la joya, el arabesco de
cristal; cómo tu vejez infecunda se adorna y se dis• la.s de la desconfianza, ni las de la interrogación con
de la admiración.
traza con riquezas de altar y fiestas de luz, para que lasSiendo
esto así, es perfectamente posible, estu•
las manos de los ntnos, una por una, te despojen de
dlando á. rondo las inflexiones de la voz bu mana y
la efímera opulencia! . ...
¡Ob espíritu, cómo en el iov!erno que te entumece acentuando y baciendo se destaque su elemento mu•
y te doblega, te vistes las mejores ilusiones, prendes sical, escribir cantos que se cman de cerca á las pa-

•

Domingo ! º_de Octubre de 1899.

MONUNENTO DE DON MELCHOR Ü CA:lrPO.

En el P anteón de Dolores .

La Ur lols d e l T ransvaal.

Los dos monu:J.entos que figuran en esta página son
1ie los últimos que se han concluido en el Panteón de
Dolores y la parte escultórica de uao de ellos el del
:~- Ocampo, fui; objeto de observaciones, ati~1.das ó
pero sinceras, que estampamo:i en estas columnas
&lt;&gt;uóando se exhibió en los salones de la última Exposi1'1 ? Nacio nal de Bellas Artes.
d
de ello lo que fuere, este monumento como el
ttfi ~~ Dr. ~Iata ba sido dedic•do por la piedad
') a hombres em1nen~es de nuestra hJstorJa aate
08 cua1es nos incliaamos con respeto.
'
c':,as huellas del Sr. Ocampo son de gloria para Mé•
11
tim'
Ydon.de quiera que su nombre esté escrito sen•
patrtótlco orgullo, porque ese nombre es de Jo·
JUed onran á una nación, graude ó pequeiia obscur~
v po erosa.
'
Sr Utdo al Sr. Oc,mpo por vlculos de parentesco el
&lt;¡u·e ht~ª lué tambléa tldelfslmo á los principios
lié c eron grande Y augusto entre los héroes de
xI00 al mártir mtchoacano.

El mapa que publicamos dará á nuestros lectores
una idP.a del Ferrocarril estratégico de la Bahía dti
Delagoa á Pretoria, asf como el.el campo de manio•
bras de la frontera entre el Transvaal y la "'OSesión
portuguesa.
rSI de.sgr~cladamente c1mo lo hacen presumir todos los lnd1clos, se desencaddna la gu~rra ang lo-sud.
africana, los lectores de e El Muado Ilustrad.o&gt; podrán ver en esta carta má.s de un Jugar que ilustra•
ran glvrlo~os y trágicos acontecimientos militar~
Como siempre que surge un conHlcto entre dos
pueblos todo el mundo se da. á. bacer suposiciones so•
..,re los recursos y las tuerzas respectivas de !os ad•
versarios, divfdense en sendos bandos l;1s opiniones
se pronun_clao fallos proféticos favorables á aquiÍ
tras de quien se van todas las simpatías.
. En el caso presente, hablar dP. los medios de ac•
c1ón de Inglaterra es laútil : la primera potencia na•
val y. uaa de las más formidables en empresas de
conquista, no admite comparación con la diminuta
republlqu1lla de pastores que preside Krüger, pastor .... protestante.

r

ºb

Sin emba_rgo, la desigualdad misma de las dos naciones, la d1 versidad de tipo social Y de medios de
combate con que cada una el.e ellas cuenta nacen in•
teresante y curioso el comentarin.
'
Por eso los periódicos hablan, ya de los procedi•
mtent.?5 de guerra de las naciones civilizadas, ricas Y
coaqmstadoras, de los procedimientos de la guerr¡¡
n:ioderna en una palabra, ya de las cualidades de re•
s1stenc~a de ]os pueblos poco adelantados, hostiles al
extranJero, independientes, virtuosos, f-obrlos, bábiJes para todos los ejercicios viriles Y dominados or
alguo fatalismo rellgloso ,S político. En preseactlde
este conHlcto, la duela de la mayoría sobre el resulta•
do fln~I de la- coatienda no es muy grande, or ue no
es posible creer ea la inagotabilidad de 1of re~ursos
del débil en Jucba con un fuerte que es persevsrante·
pero en camhlo son pocos los que no teman que ei
patriarca de Prett,ria presidirá al suicidio glorioso d
un pueblo.
e
MIPntras_el cable no nos traiga la noticia fatal de
un rompimiento, esperaremos que el conflcto se allane con medios pacf Jicos y lo esperaremos ansiosos.

M.\PA DEL TRANS 1tAAL CON EL FERROCARRIL ESTRATEGICO
DE DELA GOA QUE PASA POR PRETORIA.
'

�.l!lL .MUNDO.

22.2

... .

Domingo 1 ° de Octubre de 1899.

Domingo 1 ~ de Octubre de ~899.

EL MUNDO

223

EL SUCESO ARTISTICO DE LA TEMPORADA.

....

LA FEDORA.

odiarlo, tiene el propósito de vengar á Vladlmiro,
Lo ama y lo denun•
cla como autor del asesinato. Loris le ha confe¡¡ado
RU deW,o y ella escribe una carta delatora. Pero el
delincuente le revela des¡&gt;ué,; toda una historia dolorosa de pasión infeliz, de traición y venganza. Vlay sin saberlo ama al matador.

Pocas veces noshi dominado con tanta fuerza el pofler suge~t1 vo de 1a. mú ...i,.;a como en el primer acto de
FWJJra. Tórnase en palpitante realidad un mundo
remoto, que hemos habitado en espíritu como una
patria literaria amada tiernamente, y lleno de recuerdos: en ese sillón está la enigmática barina, junto al samovar, arrullado pur sus rumores, sueña largas horas el conde Katilint:; s.e oye el ruido de los
trlnP.os que surcan silenciosam~nte la nieve endurecí-

SR. ALFREDO D01'11ZZE'l'TT 1
Director de On,u~sta de 1,. Com~•ñla de Ope,a de O:rin.

SL. M. SIGALDI,
Tenor de la Compañia de Opera de Orrln.

da. Olvidamos el drama de Sardou para recordar escenas más reales que los personajes del teatro francés, y la imaginación, que es ligera; y la música, que
es omnipotente, nos traen ev0caciones voluptuosas de
la Rusia de Turquenef.
Junto al salón está la alcoba en donde expira el
conde Vladimiro, víctima de un atentado misterioso.
La policía interroga á los criados, todo _lo invest iga
escrupulosamente para castigar el dd1to¡ Feil.ora,
prometida del Conde, está anisosa por saber el nombre del malhechor, para vengar á su novio. Hay presunciones que acusan á Loris, dueño del palacio frontero: corren allá loi- agentes, excitados por los gritos
angustiosos de Fedora.... . . Ent retanto Vlad1mlro
muere.
Pasa el tiempo. Fedor11, da una recepcl5n en su
casa de París. Loris la corteja y el.la, que cree

dimiro era amante de Wanda, esposa de Lori~; éste,
se desposó en secreto cou ella y ~u~ engañada vilmente: cuando Lorls det.cubre la tra1c1ón, mata á Vladimiro en lucha franca. Fedora vt las pruebas, cartas.
de Vladimlro á la infiel esposa de Loris; ya no puede
amar el recuerdo de un au,or pérfido, i.ma á quien,
como ella, fué víctima de Vladlmlro, y ese amur no.
tiene obstáculos, pues Wanda. ha mutrto.
Los amantes vi ven en un c·halet de Suiza. Son fe.
llces allí: olvidan las antiguas penas y el germen de
trágicas desdichas que arrojó entre los dos la delación

Io vi prego come si prega Iddio.

de Fedora. Un día llegan cartas de Rusia, cartas fatales que anuncian nuevas de muerte. Valeriano,
hermano de Loris, preso por la carta delatora, estaba
confinado en una fortaleza á orillas del Volga. Una.
creciente del río inundó la prisión y Valeriano pereció ahogado; su muerte mató de dolor á la madre
Infortunada.
La situación es horriblemente cruel y más cruel
aún por el contraste entre el abismo de negro;i odios
que separa á los amantes y los recuerdos de su '.iivino
idilio, blanco y puro como las nieves alpinas que c!errall el hc.rizonte de su nido. Cuando estalla Ja amenaza mortal en los labios de Loris, Fedora bu~ca en
el suicidio un perjón que la vida baria impusible y
muere entre los brazos del amado.

Fot . Lange.

-~.-.

Fot. Lange.

¡Parla!
~ectos humanos, la lucha con el destino inexorable, con las leyes de la
11aturaleza, en una palabra, cou la voluntad de Dios· mientras la comedia
-estudia al hombre en sus relaciones con otros homb;es.
Pero siga~os el hilo de la acción del drama. La situ11ción de impor1anela que s1gue es aquella en que Loris le pregunta: «¿Qué sabes tú?»
Ella responde: _«Nulla io s?,» dando á entender con esto que el amor que
eie&amp;te por Lor1s ha l!recido, aunque ella misma no sospeche siquiera
que exiote.
Este ª!Dº r que siente su alma y que su conciencia ignora, no impide
,que e1~r1b~ la carta fatal (ótra manifest lCión de sus ímpetds salvajes] que
1&gt;reclp1ta violentamente el desenlace en el tercer acto.

Di. vendicarte io giuro.

Fot. Lange.

El ~mor vence. Las sospech 1.s de Fedora desaparecen y con ellas el
propósito de venganza qn.e tantas veces juró.
Suena la hora fatal. Han llegado las cartas de Ru.sia con sus funestas
noticias para Loris.
Inútil la congoja y desesperación de Fedora. Exclama: o:Che feci? Son~
io che li uccisi!»
En ~l mo~ento sup~emo, cuando Loris la acusa, la maldice y la atne•
na.za. 1mpehda. por la impetuosidad que la caracteriza apura el veneno
diciendo: «Non uccidP.rme. Gu11rdal E la mortel. . • . '
Y la música de la Fedora de Giordano? Ne tengo palabras para expre.
sar lo mucho Que me encanta. Tuve la fortuna de interpretar el papel de

--- - -

MI IMPRESION DE "FEDORA"
El conde Vladimiro Andrejevich yace moribundo en la alcoba contigua al salón. Los implacables 11gentes de la policía interrogan á los a f igidos criados del conde, que no aciertan á aclarar las circunstancias del
misterioso atentadu. La Princesa Fedora Romaozoff. prometida del moribundo, rindiéndose al dolor, da suelta á un torrente de lágrimas amargas· mas de pronto se yergue, exasperada por la torpeza con que dt&gt;c_laran' los criados. Cirilo, el cochero del conde, acaso lo sabe tocio y la princesa le grita: «¡Parla!»
. .
Acaricia felioamente á Dm1tn, el peque:lio g?·oom, par11. alentarlo, y cuando comprende que nada s1tbe, lo arroja de su lado con desprecio, y con
acento de rabia le dice «1Sciocco!»
Los gemidos dolorosos de Vladímiro la despiertan de sus sueiios de
venganza, y vuelve á aparecer en ella la mujer tierna, atribulada_por bon da
pena. Se dirige hacia la puerta de la al,coba y ~uega qu_e la dt&gt;~en. entrar.
&lt;Prego come si pre~a Iddio,-salva_~e lamo~ mio,» le dice nl ciruJan().
En este rápido vaivén de contranas emociones, colma su alma de desesperación la apatía rutinaria de la justicia, y ~or la cruz que lleva al
cuello jura. sacrificar en aras de la venganza, su Juventud y su corazón.
Cuando ve la'I sombras de los agentes de la policía que di3curren c11utelosamente de una á otra estancia en el palacio del presunto acesino, Fedoi·a, fuera de sí, grita: «Prendetelo,» y luego exclama con feroz alegrfa:
o:L'ha.n presso."
La idea de la venganza domina en su alma los sentimientos de piP.dii.d
y de amor hasta qae el cirujan? anuncia _la muerte de Vladi~iro y transforma de nuevo la fiera vengativa en muJer desconsolada y tierna.
He aquí la clave del Mrácte~ de. Fedol'a tal ~omo la pint,a S.ird)u, se•
guido al pie de la letra por el libretista Col_lantt1.
.
Creo que según los prec~~tos de los críticos más acreditados toda obra
drtimática tiene una expos1s1ón, un nurlo y un dest'&gt;nlace.
El dramaturgo francés, siguiendo las tradiciones de rn patria, se ajusta al canon del filósofo griego, y en el primer acto, pinta los rasgos característicos dominantes de eus persona.Jea.

·Napoleón dijo que todo ruso ocultaba uno alma de cosaco, con lo queen mi concepto quiso decir, que la educación y la aparente suavidad demoda les no impiden que los rusos se dejen dominar por sus instintos de
ese salvajismo. cuya nota dominante es, 6egúo la idea convencional que
de él tenemos, el espíritu de venganza un!do á una impetuosidad incon•
tras table.
No es aventurado suponer que este convencion11lismo y el famoso epig-rama de Bonaparte, sirvieran de punto de partida en la creación de la
Fedm·a de Sardou.
Nos presenta con gran habilidad 11n tipo de mujer dominada por sentimientos y pasiones de extraordinaria potencia: el amor, la superstición,
el odio y la venganza, el desprecio á los cov vencionalismos de la vida
, civílizada, todo revela en Fedo1·a un ser pasional en g rado sumo.
Verdad es que tuvo que elegir entre una violación de propósitos sagra•
dos para ella ó cumplir su venganza y ver morir á un hombre inocente á
quien ya amaba.
En la acción moral dPl drama predominan dos tendencias que deter-•
min11n el carácter de Fedo1·a, la venganzll tradinfonal v la impetuosidad
salvaje.
•
Estas dos tendencias explican el fatal juramento del primer acto. En
el segundo,-la parte media ó el nudo del drama los dos afectos unidosproducen el enredo que culmina. en la confe;ión de Loris obtenida
por los artificios de Fed01·a, en la carta acusadora, y por últi~o en la fe•
roz alegría con que dirige á su víctima la terrible acusación: «¡Assas·
sino!»
Asesino! Así increpa al ~ombre á quien ama sin saberlo, y esto pocos.
momentos después de sentir el alma iluminada por la esperanza de com·
probar la inocencia de Loris.
En_ esta _escena agota el autor todos lo~ recurFos d"l arte : no puede ha·
ber situació~ tea.tr~l más conmovedora. No creo que alcance laa altura~
de la tragedia, y digo esto porque en mi opinión la tragedia sólo ve lo~

Fot. Lange .

Prendetelo.

Nu!laio so.

l'ot. Lange.

�Domingo 1 ° de Octubre ele 1899

EL MUNDO.

224

Domingo l::, ~e Octubre_~e 189G.

EL MUNDO.

225

EL ESPIONAJE INTERNACIONAL.

Recuerdos del Primer Imperio.
Sería curiosa é interesante una historia del espionaje militar; sería más dramática que la historia de
}as revoluciones.

Con sus episodios se formaría una

gran novela de diplomáticos astutos, de polizont es

Eri tua Assassina!

Fot. Linge.

Magdalena en las primeras representaciones que se dieron en América de
y ahora por nna carnalidad feliz me veo interpretando su
li'edora.
Muchas veces me pregunto ctmc, podremos honrar Jo bastante á un hombre que c:-eó obras que tanto deieitan, inspiran y ennoblecen al ~énero
humano.
[
.And1·és Cheniéi·

Ghefeci'f Sono io che li uecisi.

Fot. Lange,

Escribe la carta.

Su Andrés Chenier teca las lindes de la perfección. Si de su Fedora no,
se puede acaso decir lo mismo, es tal vez por las limitaciones del drama.
de Sardou que obstruyen de vez en cuando la caudalosa corriente(deinapiración del gran maestro contemporáneo.
México, 21

de Septiembre de 1899,

Ro!'ALí A CHALíA,

Fot. Lange.

Fot. Lange.

Non uccidenne, Guarda! E la morte.

vendidos, de barbas postizas, de ant~ojos azules, de
suicidios y resurrecciones que dejaría muy atrás los
folletines montepinescos.
Como prueba de ello referiremos dos anécdotas,
una cómica, y trágica la otra.
Cuando penetraba Napoleón en los dominios del
Czar el afio de 1812, el gran cunquistadur se preocup.1ba como es de suponerse por conocer la topografía
del Imperio moscovita.
Sabia que el estado mayor ruso acababa r'le imprimir una inmensa carta, cuyos ejem piares, numerados,
se repartieron entre los principales jefes del ejército
de Alejandro.
¿Qué hacer ? La habilidad del General Lauriston
resolvió el problema. Sin saberse cómo ni cuándo, logró el jere francés sustraer no un ejemplar del mapa
sino todas la.~ plancha.~ de cobre que sirvie1·un para hace1: la
impresión. Ba.jo las narices de los oficiales del estado
mayor ruw, sa.có el General Lauriston la masa enorme de planchas depositadas en el Arsenal de Peter,sburgo.
Se hizo una edición de la carta en París y tr es meses después, t0dos los 'jefes del ejército invasor tenían
un ejemplar del precioso documeot o geográfico que
no se hubiera podido consegu!r en Petersburgo á
precio de oro ... ..
La otra anécdota es menos conor&gt;.ida tal vez, aunque tuvo un desenlace dramático. Como la anterior,
data del prlmer imperio.
La escena pasó en la capital austriaca el afio de
1809. El futuro suegro de :Napoleón se preparaba pa.
ra una nueva guerra contra Francia y esperaba sólo
para abrir las hostilidades que se retirara de Viena
el Embajador francés que era á la sazón el Gen~ral
Andreossi.
El Emperador de Austria comprendía que la lucha
decidiría para siempre de la t.uerte de su imperio y
es probable que como lo temía el soberano, el Austria hubiera sido borrada del mapa después de la batalla del Wagran que terminó la campafia, si la. ambición con la máscara del amor no hubiese traído un
desenlace de comedia burguesa a aquella tra1?edla polltlca, -el matrimonio del nuevo Carlomagno con la
bija del César vencido. Pero esa peripecia no podía
dreverse en 1809 y el Emperador de Austria, resuel-

PAL~CIO MUNlCIPAL DE C. PORFIRIO DIAZ. (COAHUILA.)

to á so,teuer una lucha á muerte, confió la dirección
de la campaña al Archiduque Carlos que era el único
militar capaz de medirse con Napoleón.
El Archiduque preparaba pues tranquilamente, en
Viena, su plan de campai'ia cuando recib)ó ~~ anónimo: iba á arrojarlo al montón de papeles rnut1les, pero la curiosidad detuvo su primer movimient,1, pues
vló varias veces repetido el nombre del Embajador
de Franela.
Leyó.
La carta anónima explicaba que el Gene1al Andreossi había recibido ya desde bacía algunos días
sus cartas de retiro y que si no abandonaba Viena
era porque estaba en relaciones con el Feld-Mariscal K ...
quien le vendía los estados de
organización del ejército austriaco y los planes de marcha
de los diferentes cuerpos.
El Feld-Mariscal K era uno
de ICJS jefes más instruidos del
Imperio y el Archiduque que
lo teníaen grande es\iima, hizo de él su. ayudante y jefe de
su Estano mayor. Tenia puesta en él su confianza y no podía abriga r sospecha. alguna.
Rompió, pues, la carta y no
pensó más en el asunto.
Al día siguiente, nueva misiva. El corresponsal anónimo
afirmaba haber descubierto
que todas las noches el FeldMariscal tenía citas en una
casa solitaria del vasto barrio
de Leopoldstadt cuyo número
t1eí1alaba la carta.
El Príncipe . Carlos tenía
t.a.nta. seguridad en la fidelidad
de su ayudante, que creyó cal umniu:sa la acubación y no tomó nrnguna medida para descubrir la verdad.
Entretanto, el Embajador
de Franela había hecho sus
preparativos de viaje y anunció su partida para dentro de
. cuarenta y ocho h oras, cuando
el Archiduque recibió una
tercera nota, en la que se le
decía. que el Feld- Mariscal,
. después de haber trc1,bajado á
solas en su gabinete, en donde tenía los estados del ejército, celebraría esa noche una
conferencia con el General
Andrecssi.
El Ar&lt;;biduque, lejos de
creer esas revelaciones, exasperad0 por no poder castigar
al misterioso calumniador, y
Rt&gt;t•nt&gt;rdoM d e b,M fléliltnl!I.
á fin de disipar toda sombra
OAXACA,-KERMESSEDEL 1 6 DEL ACTUAL. - PUESTO ·DE TE 1" CAFE.
de sospecha que temía conserFot. R. A. c as,•fiecla,

Fot. M. Rodrtguez Pérez.

var, á pesar suyo, contra un jefe que le era tan que
rido, resolvió comprobar su inocencia.
Esa misma noche hizo llamar á uno de sus ayudantes y le dijo:
-Tomad un traje sencillo que os sirva de disfraz,
y venid á las doce de la noche á reuniros conmigo en
la Graben. 8ilenclo y discre.:ión absoluta . . .. que
nadie sepa que os be dado esta cita. No es necesario
que llevéis armas, pero que no os fal te una linterna.
El oficial llegó puntualmente al lugar Indicado:
iba vestido Je obrero, y cuando encontró al Príncipe
pudo apenas reconocerlo, disfrazado como estaba de
burgués.
-:Seguidme sin decir un, palabrP, ordenó el Archiduque.
Y uno en pos de otro, siguieron las calles tortuosas que conduci'in á la de Leopoldstadt. La casa que
se le babia señalado estaba situada en una callejuela
estrecha y sombría. No había luz ninguna, todo estaba cerrado, parecía un edificio abandonado.
El Príncipe y su acompafiante se apostaron en el
quicio de una puerta y e&amp;peraron en silencio. Al cabo
de algunos instantes se oyeron pasos y una svmbra
se deslizó por la callejuela ...... Era un hombre cu.
bierto con una ancha capa, -como los personajes de
novelas en boga ya desde entonces--y con el indispensable soro brero de anchas alas que caían sobre la cara.
.Acer,·óse á la c1sa y llamó suavemente á la puerta,
que se abrió cerrándose luego que le dió paso.
El ayudante del Archiduque no pudo reprimir un
movimientu de sorpresa: el Príncipe con un ademán,
le impuso silencio. Cuando la callejuela quedó otra
vez desierta, se inclinó Lacia el oficial y en voz baja
le interrogó:
- ¡, Y bien:' ¿Os habéis fijado en ese hombre?
-Le ví, Alteza, aunque sin poder distinguir sus
facciones.
-Pero ¿ese modo de andar? . . ..
E l oficial vaciló.
-Mis suposiciones son t an inverosímiles . . .. es t an
poco probable que el que he creído reconocer venga á
estos sit ios apart ados y á esta hora ... . . .
-Bueno, decid quién creéis que sea ... .
-Me ha parecido. . ... en fin .... podría decirse que
ese desconocido es el Embajador de Francia.
-Basta; callad.
En ese momento otro personaj'e ent ró álacallejuela; no se recataba como el anterior. Llegó á la casa,
llamó y desapareció en el int erior. Cuando la puert a.
se hubo cerrado el oficial del Príncipe Carlos quiso
lanzarse á la casa, pero el Archiduque le puso h. mano sobre el hombro. Los dos temblaban de emoción :
habían reconocido al Feld- Mariscal K .. ..
La entrev:sta duró algunas horas, durante lai,cuales el Archiduque, indignado, pues ya no dudaba de
la traición del jefe de su estado mayor, permaneció
pacientemente en acecho ante la casa.
E ra todavía de noche cuando la puerta se abrió y
dió paso al General Andreossi y al Feld-Mariscal.
El Príncipe Carloi; se había situado á un lado dela
puerta y el oficial al ot ro lado : t enía en la mano la
linterna sorda y dirigió la luz hacia el rostro del Embajador.

�Domingo 1 ° de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

226

PALACIO ?iroNICIPAL

Becoerdol!I de las fiestas.

DE

Dml~ngo _1 o de Octubre de 1899.
SAN LUIS POTOSI. - BAZAR DE CARIDAD.

Esta poblacion f ronteriza que tanto ha progresado
en los últimos tiempos, tiene algunos edificios notables como son las Oficinas Federales, las del Ferro.
carril Internacional y esta que hoy publicamos 7
cuya construcción se debe al inteligente y labori~
Pre&amp;idente Municipal de aquella ciudad, Coronel D.
Fructuoso García.
Es satisfactorio, no sólo para los vecinos de C. Porfirio Díaz, sino para la Nación entera, que las auto.
toridades federales y Jo'}ales se empei'ien en hacer de
una población coruo esta, colocada en la línea divisoria
ddMéxico y los Estados Unidos, una.ciudad que nonos
avergüence, sino que, al contrario, nos honre con sus
edificios ptíblfoos, en nada inferiores á los de pobladones de igual categoría, situadas del otro lado del
Bravo.

SAN LUI S POTOSI.-BAZAR DE CARIDAD.

El Bazar d e Carldad de San Lui8 Potosi

El conocido y hábil fotógrafo D. Emilio Lobato nos
Pnvía, de la capital potosioa, los retratos de las oiíias que tomaron parte en el Bazar de Caridad últi mamente organizado en aquella ciudad, y cuyos productos se destinaron al fondo de gastos del Hospital
Ir. fantil.
De las fotografías enviadas por el Sr. Lobato, publicamos los dos grupos de esta página, lamentando
nn dar una nota gráfica completa de la simpática
fiesta.
'

Una. Xermesse en el Jardín Juarez de Oa.xaca.

DESFILE DE LOS CARROS ALEGORICOS FRENTE AL PALACIO NACIONAL EL 15 DEL AC.TUAL.

El Congreso de Apatzlngan.
Con gusto verán nuest ros lectores este grabado que
representa el ·estado actual de la casa en que se reunió el prlmiwCoogreso Mexicano, asociado en la historia tte la, Guerra de la Independencia á la heroica
figura del gran Morelos.
De pai;,o haremos constar el interés que 11e despierta en los mexicanos por conocer y reproducir fotográficamente los edificios y lugares h istóricos, que
hasta hace pocos años no merecían alguna atención
sino de parte de los especialistas.
Nosotros p..:blicamos siempre con gusto esta clase
de grabados y es de esperarse que loi, lectores del semanario, sigan como basta aquí, proporcionándonos
Jas pruebas fot1 ,gráticas que-posean para dará cono•
ct:r al público el mayor número posibl,:: de nuestros
monument·,s histór1cos.

·~CIUDAD PORFIRIO DIAZ

Sentimos no publicar sino un grabado relativo á
esa fiesta de la que tu vieron oportuna noticia los lectores de nuestros diarios. Desgraciadamente no todas las pruebas fotográficas que recibimos pudieron
aprovecharse en el taller de grabados de El .ilfundo.
En el que aparece en la página anterior figuran las
distioguid1s sei'ioritas Rebeca Pérez Reguera, Terry,
Elvira Pérez Reguera, JosefaOlivdra é lgnacia Canseco y las niñas María y E. Sodi.

227

EL MUNDO.

N!RAS

MARIA H.ELGUElU

Y LF.ON"R

NIRAS Doum.Es GEDOVI'(Tf'

UNNA.

V

RARA PALAZUELOS.

Fot. Emilio G. Lobato.

.l'ot. J;;m1lio G. Lou1u,,.

Fot, Manu?l Romero.-•-CJNlobanes 2.

Cuando éste recibió la luz en plena faz, retrocedió
sorprendido.
-Buenas noches, señor Embajador de Francia, dijo el Príncipe tranquilamnnte.
~ ,y sin dignarse hacerle un solo reproche al FeldMarlscal que estaba inmóvil con la frente abatida,
pálid~ de terror, se contentó con iluminar el r0i,tro
del traidor; pero el ayudante, menos circunspecto, lo
abofeteó diciendo:
- Este es el infame K . . .... á qaterr se ctegradará
, mai'iana.
.A.ndreossl aprovechó ese incidente pa.ra escurrirse
en silencio. El mismo día salió para París y la guerra entre Francia y Austria quedó virtualmente declarada.
-;_ El asunto permmecló en secreto. El Mariscal Lan•
nes supo el caso por Napoleón, y lo refirió después á
Marbot, el cual dice algo acerca de él en sus Memorias. Los archivos ddl Ministerio de Relaciones de
Francia serían más explísitos si se les consultase.
Para terminar, dire mos que el Feld-Marlscal K ...
cogtdo,en flagrante delito, y conociendo de antemano
la suerte que se le esperaba, entró á su casa y se
voló la tapa de los sesos.
' Corrió el ru~or de que había muerto de un ataque
de apoplegía fulmlnant,e, pero en las esferas oficiales
se supo que había recibido del Emperador de Francia, como precio de su t'rafción, la suma de dos millones.
GUANAJUATO.-UN CARRO ALKGORICO.

LAS FIESTAS PATRIAS
EN

CUANA.JUATO.

APATZINGAN.-CABA EN QUE SE REUNIO EL PRIMER CONGRESO MEXICANO.
Fot. M. Gutlérrez.----Aguascallentes.

El carro representa en alegoría la I ndependencia Nacional. Sobre un fondo de
nubes, orlado de plata y matizado con los
colores del iris se destaca la figura de Hi•
dalgo, enarbolando el estandarte con la
imagen de la Virg-en de Guadalupe, que
le sirvió de enseña para iniciar nuest ra
emancipación.
A su dereeha y sobre un fondo acoilnado de raso blanco se ve la figura de Morelos, con su tradicional pai'iuelo blanco
ciñendo su cabeza. A la izquierda Allen·
de, con el uniforme que llevaban en
aquella época los generales españoles.
Más adelante aparece la figura de otro
jefe insurgente 0obijandocon el pabellón
tricolor la figura de nuestra patria.
Y por último, delante se ve la diosa
de la Libertad, coronada por el simbóllr
ramaje de oliva, que significa la paz e
que gozamos y teniendo á sus plantas los
emblemas de la ciencia, el comercio Y la
agricultura y las bellas letras.
ToA Hidalgo lo representó el n li'lo
más Orte~a; á Allende, Gustavo LabOr•
de; á Morelos, Salvador Monroy; al Ins~rgente, Manuel Bustamante; á la Patr ':
la seflorlta Cat!l.llna Ramírez, y á la Ll
bertad, Naborina G0nzález.

LA CATEDRAL DE JIIEXICO

;;ºª

I
BREVE IDE.TORTA Y DESCRIPCION.

edificios religiosos despiertan siempre el
nderé'l Y. la curiosidad del viajero, del pensador
Y e1 artista.
coD: sde los sencillos y admirables templos helénid~a;ª~
la suntuosa basílica crist.iana, el arte s e
A O la Y muestra en todo su esplendor.
remun cuando entre nosotro¡; sólo se tenga idea
ota- entre quienes no hayan palpado las be·

llezas de los monumentos r eligiosos del Viejo
Mundo-de cuanto encierran los órdenes y estilos arquitC' c'óoicos que han servido de norma
para elev11r hasta el Cielo las plegarias petriricadas del crevente. SE'g-ún expresión de un insigne
arquitecto francél (Viollet le-Duc). no dejiná de
comprenderse, para nuestra historia artíst ica, la
importancia de los edificios cristianos que Espafta nos le~ó; alziidos muchos de ellos en los momentos mismos en que la Península sentía también la m11ravillosa agitación del grandioso p eríodo del Renacimiento.
Abre hoy EL MUNDO ILUSTRADO una nueva sección, y en ella habremos de ocuparnos á grandes

pi celadas, en describir algunos d e nuestros más
afamados tem plos.
La pluma que llenará la página que se le des•
tina en este culto seman11 r io, es reconocidamente
indocta; pero rebosa de buena voluntad.
Dilremos hoy comiP-nzo con nuestro Templo
Metrvpolitano, que se asienta erguido limitando al
Norte la gran Plaza de Armas de esta Nobilísima
Ciudad.
En el propio lugar donde lil gentilidad azteca
inmolaba las víctimas á sus númenes feroces, allí
se fabric6 la primera basílica de México, que
hubo de construirse como provisional y de ser
miserable y raquítica para el objeto á que esta-

�228

ba destinada. Así lo comprendieron los monar•
cas espatioles, y en cédula de 26 de Marzo de
1551, se ordenaba que "las dos tercias partes que
ha montado este arzobispado, en el tiempo en que
ha estado vaco, se gaste en el edificio de la Iglesill catedral de México, y lo otro se guarde para
e! prelado, 11 di~posición que no pudo llevarse á.
cabo; sin embargo de lo que, insistióse en ello, y
un atio después de expedida la cédula anterior
(20 de Agosto de 1552) Felipe II, que A la sazón
gobernaba en nombre de su f:adre el Emperador
Carlos V, dictó nuevas disposiciones en real mandato de aquella fecha. No pudieron tampoco
cumplimentarse las órdenes inmediatamente por
falta de fondos; hasta que en 1573 se colocó la
primera piedra «en el sitio más eminente y opot·.
tuno de la Ciudad, inmediato á la antigua Igle•
sía con el Animo de que, demolida ésta, que&lt;la ie el sitio que ocupaba, por atrio ó cementerio, en la parte anterior del nuevo Templo »
Comer zaron la obra los maestros Claudio de
Arciniega y Juan de Cuenca; continuAndola
Alonso Pé1·ez de Castatieda, arquitecto de Felipe III.
Les trabajos se prosiguieron con perseverancia y tt:Són, y al caho de media centuria hallábase concluida la difícil labor de los cimibntos; alzados los muros del perímetro á más de la mitad
de B- altura; las paredes transversales de las capillas; los piés derechos de los arcos, algunos hasta los capiteles de las columnas y otros hasta lns
últimos tercios, y diversos espacios cubiertos con
bóvedas.
U na vez concluida l'l S rnristfa mayor, se transladó A ella el Santísimo, que se encc,ntraba en la
Catedral antigua; y ce&gt;mo é ita era ya inú•,il, se
demolió quedando el sitio donde se encontraba,
de atrio del nuevo templo ( 11ll.o 1626). Desde ésta
época hasta 1641 l'e celebraron en dicha c¡acristia los divinos oficios; y se concluyeron las capillas de San I~idro Labrador (hoy entrada al Sagr11rio Metropolitano) y del Sagrario (hoy capilla
de Nuestra Seil.ora de las Angustias de Granada),
en cuyas bóvtidas se varió la disposición haciéndolas más ligeras por lo malo del subsuelo.
Agobiada la ciudad bajo el peso de la inundación de 1G29, la obra quedó suspensa durante
cer ca de seis ailos hasta que en 1635 volvieron
activamente á emprenderse los trabajos, al grado de que ya en 1664 sólo faltaban tres bóvedas
de lit nave mayor y cuatro de las menores, estando ya ejecutada. par te de la cúpula, de la qae
se habían concluido las pechinas y cerrado el
anillo,

EL MUNDO.

J)OJJJ.l.ngO 1 o

Domingo 1° de Octubre de lAAO,

229

EL MUNDO.

de Octubre de 1899.

AMOR

DE G A T O .

se había puesto en camioo, se decían adiós . ... al fondo se volvía subterráneo, asomaron unos
ojos de mirada inquisitiva é inquisidora.
un adiós de enamorados.
Y el noble pardo, el odioso tirano del castillo
La pobre enferma de absurdo amor, recorr!a
eternamente
obscuro, vió al felino que aún se reentonces con cauttlla, silenciosamente, la amplia
lamía
las
fauces,
y volviéndose atrAs se alejó á
galería, para irá. su alcoba--celda de prisionera
paso lento royendo unas palabras:
real-A soil.ar con él.
«Amor de gato.»
El centinela dormía.
FRANcrsco ZARATE Rurz.
Con sus paaos mudos, se alejaba el felino gczando con la idea del descanso y del suetio.
Después, ¡durante todo un día! encerrada. al
lado del odioso tirano del castillo eternamente
obscuro, de su dueilo, de aquel noble pardo de
mira da inquisitin é inquisidora., á. quien su familia la había vendido.
¡Qué negros eran los días! cuánto tardaban en
llegar las noches, esas noches que sí tenían luz,
la luz fosforecente de unos ojos oblongos.
Só'o gozaba cuando no tenia encima el peso de
aquellas miradas negras de su tirano, y podía
pensar en las amorosas palabras que él le decía
en su lengu11je de emes.
El no bahía nacido para sentir el frío y el hambre de las azoteas. Era de estirpe real; una de
las má.s puras noblezas de la raza de los felinos,
era la nobleza suya.
Nadie se atrevía á arrojarla tl.el cómodo sillón
que había adoptado como lecho, y en donde run1·uneando pasaba las horas del día sumido en su
incurable somnolencia, la somnolencia de los en•
La seh'a estremecida, en abanicos
fermos.
Abre sobre los vientos sus ramajes,
Muchas manos iban á prodigarle la voluptuo3a
Ondulantes encajes
caricia. Se incorporaba, esperezábase y erguía
En gotas de rocío y savia ricos.
la cola negra, delgada, esbelta, que levantad.a
*
Peina la fronda el sol con peine de oro,
parecía culebra que q uisiera s• lir de su triste siY á través de las hojaF, sobre el suelo
tuación de reptil.
Por supuesto, no pocas veces, cuando se hallaDe verde terciopelo
ba malhumorado, contestó á las caricias eon un
Que de aroma y frescura es un tesoro,
Al filtrar su fulgor que reverbera,
manotazo que acardenaló la mano humana.
Con lunares de luz mancha la sombra,
De cuando en cuandv, pensaba en la dama ne•
gra de ojos br111antes y redondos, en ll\ cautiva
Y del bosque en la alfombra
Finge la regia piel de una pantera.
que era su único amor.
*
¡No podía tener otro!
El silencio solemne de la umbría
Algunos días bajaba, y se ponía á saltar, y coTurba y llena de pronto un clamoreo
rrer por toda la casa, silenciosamente, sin que su
Con rítmico, vibrante martilleo:
cuerpo de terciopelo negro y blanco hiciera soEs el bravo latir de la jauría,
nar un mueble, ó derribarse un objeto.
Y allá va, jadeante en la maleza
Subía á las mesas cuaJadas de bibelots y se
Chafando el césped y saltando troncos,
complacía en andar por entre ellos, coloc~nd?
Y á sus ladric.os r oncos
Envuelto en un saco las manos y las patitas en los lugares más difíc1Más tiembla y huye la espantada pieza.
de recio lienzo, lo lleva- les; ejercitaba su habilidad y bajaba triunfante.
ron allí cuando era muy
*
De tarde en tarde, hacía sus visitas A la desSalta al claro del bosque, alta la frente
pequetio todavía.
pensa, pero el ama reía de la travesur~, y reDe arborecentes cuernos coronada
Temeroso de los hom· prendía al que había dejado la puerta abierta.
El
ciervo, y la mirada
bres y de las cosas descoSólo una vez lo golpearon, pero no se fué porCo11 angustia en redor vuelve doliente.
nocidos que allí miraba, fué á ocultarlos temblo· que allí estaba muy bien tratado. ¿Iba á vulgariCruza. el aire la flecha silbadora,
res de su miedo bajo amplia cama de p11.lo santo, zarse A las azoteas ó al patio; á vivir en la misey en pie, junto á la res que está tendida,
Ella salió á su acosturo brado paseo nocturno, ria para encanallarse y ser un ladrón, t¡n salteaY sangra p0r la herida,
seguida de una dama, y bruscamente, inespera- dor? ..... .
Se alza gentil la Diana Cazadora!
damente, sorprendentemente se halló cerca de
Una vez el tirano de su amada sospechó de la
M. LARRA~AGA P ORTUGAL,
él; se aterr orizó por el olor que revelaba la preexistencia
de aquellos amores dcblemente crimisenela de un enemigo temible.
El pobrecillo inexperto se echó á temblar Y á nales. ¡Qué vergüenza! ¡Tender la mano á la
odiada raza, á aquella con la cual tenían guerra
maullar pidiendo auxilio.
FUGACES.
Ella que conocía muy bien el idioma, cambió declarada desde hacia tanto tiempo, desde que
sus
antepasados
riileron
en
una
Arca!
1111 temores por confianza y lástima para el inEl noble pardo compró 111 mano de un asesino
fante.
Cuando gozas y ríes y se encienden
Se le acercó, y le prodigó palabras de con• que fué á llevarle un tósigo en un apetitoso pedacual amapolas tus megillas blancas,
zo de carne. Pero el asesino nunca volvió, Aqueauelo.
me figuro que veo entre celajes
El se lo agradeció inmensamente. Podía haber- lla noche, después de las caricias del saludo, ella.
una hermosa maliana;
.
le hecho mucho dalio, porque era grande, era ex- le dijo Jo que ocurría.
y cuando sufres y en tus ojos tristes,
Malas noticias. El, su dueilo, sabia la historia
perimentada.
próximas A caer, t iemblan las lágrimas,
de
los amores criminales.
Desde aquella noche siguieron viéndose todos
me parece que miro agonizante
Una sonrisa deVoltaire asomó á la boca del fefos d[as y siempre á la misma hora, cuando el siuna tarde callada.
lencio iba cubriendo toda la casa, cuando todas lino. De pronto se oyó ruido. Ella pegó A la puerCuando me hablas de amor y en armonía!&gt;
ta su fina oreja. Eran pasos. y eran los suyos, no
las voces morían y ningún paso resonaba.
se desborda tu acento que arrebata,
Ella no volvió ml\s cuando él creció; tenía la había duda, los conocía muy bien.
me figuro que suena en mis oídos
y sus redondos ojos negros y brillantes, se lleobligación de buscarla.
una música extraila;
Y a_ll[, envueltos en sombra, él recost11do, y ella naron de angustia.
y cuando sin hablar y pei:sativll
- «El » dijo implorando ayuda de su amante.
en pie algunas veces. otras dejando perder su
juegas con los encajes de tu foMa,
El felino, sin contestar, sin moverse, hincó los
negro cuerpo entr e los pliegues del blanco y neme parece que escucha en el silencio
gro del am11do, y siempre acaricil\ndose con bo- agudos dientes en el femenino cuerpo negro, en
una música el alma.
cas Y manos, pasaban las horas, viendo con ter- donde la. sangre pintó un listón ~hillante, La ro~RANULFO PENAGOS.
nura inmensa los ojos negros y brillantes, 1\ los dora dió un grito ríspido, metAhco, y todo volvió
al silencio.
ojos verdes y lumíneos.
A !a puerta de ·1a amplia galería del sombroso
Hasta que un gallo amigo suyo les avisaba con
c~stillo
que agujereaba los muros de la casa, Y
l1l canto cortado por aletazos, que ya la. aurora

lió de su somnolencia, dentro ~e la cual run•
Sa do había pensado muchv tiempo con pe,u~nla Ílegada de esa hora. Irguió en el blan111'sillón
en su delicado cue~po, con e I que .r·rngi'ó e l
::CO de un acueducto antiguo, y con fehna suavidad descendió á la alfombra.
Con la boca llena de bostezos reveladores de
tidio emprendió la marcha.
.
fa~ djos llameaban como foquillos de luz en
de J&amp; sombra. Sacudió la cabeza para esID tar el bochor no perezoso, y avanzó resueltapan
ce moviendo la
cola, como si yOr su finura,
189D
•
el viento la impe1iese. .
Se agitaba ccmo serpiente gozosa, la cola nea delgada, esbelta.
gr avanza entr e la silenciosa negrura de la alcoba, Ya lo buscaban en la obscuridad, dos
jlllos negros, dos brillazones de carbunclo.
0
A la puerta de una amplia galería del sombroso castillo que agujereaba los muros de la casa,
y al fondo se volvía subterráneo, estaba ya la
amante esperándole.
.
Llega, y la apasionada con sus ma_nec1tas roaadaa, acar icia la ~legan!e cabeza felina.
El coloquio Pmpieza.
De la delicada boca de la roedora, ruedan pro1881811 de un etPrDO amor, brotan dulces afirmaciones de una poderosa é inmortal pasión.
El la acaricia, procurando ocultar del todo las
corvas y afiladas uiias.
La historia de esa pasión empezó hace ya mucho tiempo, mucho, haee 60 n oches.

:O
y

CATEDRAL DE M:EXICO.-ALTAR MAYOR.

El afio de lí!Jl el arquitecto Damián Ortiz concluyó ca!li las torres, cu vo cuerpo lo ha hían fabricado Juan Lozano y Juan Serrano; siendo la
altura dP. ellits, según su autor, de 72 varas dos
tercios (60.m90) «desde la cruz ha.sta el pavimento. »
La construcción total duró cerca de dos siglos,
sin incluir las int'er'"upcfones; el material empleado fué la cAntería, la chiluca y el tezontle. Sin
temor de exagerar puede calcularse el costo de
la. obra en más de dos millones y medio de pesos.
*
* *
Nos falta espacio para UDI\ descripción que pudierit dar á. los lMtores siquiera una idea vaga
del Templo Metropolitano.
La erguida mole se levanta en elegante forma piramidal sobre planta en cruz latina. orientándose de Norte á Sur (á. este rumbo la fachada.
principal.)
Quisiera hablar con ciert0 detenimiento del exterior de la. basílica, que s~ muestra severo é interesante á pesar de los defdctos arquitectónicos
de detalle que saltan á la vista.
La iglesia. tiene cuatro fachadas que miran sen•
siblemente á los tantos y principales vientos car•
dinales, Compónese la. del Sur de tres puert11s
arcadas y exornadas con columr.as dóricas y jó•
nicas superpuestas respectivamente. En los ángulos de la fachada se levantan !os campanarios
ó torres, de base rectangular, sobre un vasto paralelipípido, y rematando en una cúpula de figura de campana, const.rucción fe!icísima que caracteriza á. aquellos campanariosi..
Los relieves y muchas de las numerosas está •
tuas de gran talla que se muestran al exterior
son muy notables.

En seg-ando término se destac11. la airoea cúp11.,
la ó c imborrio, coronada por una esbelta linternilla.
Complementan todo el exterior series escalonadas de balaustradas con pedebta.l fs y j11~on•
de cantería, y que corresponden, aquellas, A 1111
límites de las bóvedas.
Si el exterior merecería un estudio detenido J
curioso, no meno9 interesante se nos presenta el
interior, que dQ lugar á numerosas consideraciones y á. prolongadas vigilias.
La perspectiva interior es hermosa, elconjonto
severo y quizá. grandioso; aun cuando, como n
otra ocasión el que esto escribe lo ha dicho, apa,
rece desconsoladoramente desmantelado y con
unl\ decoración abandonada y pobre.
Tiene ci1.1co extemas naves: dos cerradas, dOI
orocesionales y la nave central. E n las ¡,rlmeraa
se encuentran distribuidas las ca pillas, en número
de trece: eiete al Poniente, quellevanlos nombrea
de San Miguel Arcángel ( cubo de la torre); dt1 loa
Santos Cosme y Damián, de San José, de la Vi,gen de la Soledad y del Serto1· del Buen De,paCM,
nast'l el crucero; de la T'h-gen de los Dolare, y de
San Felipe de Jesús; seis al Oriente, y se llamar.
de la Virgen de las Angustias de Granada (cubo
de la torre); de la Purisima, de la T'irgen de Gua·
dalupe, y &lt;le la T'frgen de la Antigua hasta el cl'llcero; de San Pedro y del 8 ...nto C,-isto. Algullll
conservan sus hermosas rejas de tllpincerAn,
La nave mayor se halla cubier ta por espléndl
da bóveda de catión, y las colaterales por plallllos principalmente, sobre pechinas. Termina la
iglesia, al Norte, por un ábside exagonal, doudl
está colocRdo el famoso altar de los Reyes, de e,•
tilo churrigueresco.
En la intersección del crucero se alza la cúpula, en la cual hay un fresco pintado por Jim• ;
bajo ella se levanta el ciprés, obra mod1:rna qd
citaremos en nuestro segundo artfoulo.
La C11tedral posee numerosos retablos, a l ~
muy dignos de nota, entre los cuales hay que el,,
tar á los churriguerescos, y diversos detallel 81nosos que reservamos para el próximo escrito,
por haberse Rlargado ya el presente mu delt
que suponíamos.
JEsts GALINDO v VrLLA,

-------•------ Lápida conmeinoratl-va
EN EL TEMPLO OE LA SANTA VERACRUZ.

Hoy debe de colocarse en la fachada de este
plo, una inscripción que recuerde á la po&amp;terldad
en el ant iguo cementtirlo adyacente á la iglesia, f
ron inhuwados los resLos del caudillo de la Iode
cia, Ltc. D. Ignacio L. Rayón.
En uno de nuestros números anteriores publ
mos el retrato auténtico del héroe mlcbOacaoo, 1
con ocasión de la ceremonia á que hacemos
eta, aparece en nuest,ro semanario el grabado
acom pana á estas lineas.

re,

TEMPLO DE LA SANTA VELUCRUZ EN CUYA FACHADA SE COLOCARA HOY UNA LAPIDA CONME:llURATIYA.

Del libro "PURPURA:"

�230

Domingo 1 ° de Octubre de 1899_

EL MUNDO.

EL SACRIFICIO.
Entonces la tierra temblaba ante el rey de 1
yes, Asurnazirpal. La gloria del mar y dt! la 08"6,
ña estaba sobre él, los espíritus del abismo
mando. Cuando los reyes del Occidente se le,'!-_ JI¡
ron contra él, los doblegó como los sauces sob~ •
pantanos. Los reyes del Oriente vinieron co ...,_
sol y los enganchó entre sus caballos.
n
Después aconteció que un jefe de Caldear
hombres contra el Estandarte del mundo y
sorpresa, la ciudad de ladrillos y betún de her~
murallas defendidas por put!rtas de bronce
-Los reyes de Siria y los nómades de los ~renal•
unieron al ruido de sus trompetas. Y marchaba •
diez ejércitos cuyos pasos hacían retemblar
nas y retroceder el firmamento.
•
Pero el rey de los reyes llamó á su&lt;, hombNS de
guerra. Llegaron por los ríos como numerosos calla,
verales y salier~n de las sel vas como leones. Estaban
preñados de od10 y rugían de coraje y marcharon 11
son de la trompeta á la ruina y la venganza. Loa
hombres de Caldea, los reyes de Siria y los oómadel
de los arenales se desplomaron como cisternas enrutn~; llen~ron la Mesopotania con su pavor. Murieron
veinte mil, cuyas manos fut!ron depositadas ante el
rey de los reyes con las armas de bronce los vasos
?ro y las piedras deslumbrantes. Desc~artlzaron
Jefe ?e los Caldeos y á los reyes de Siria les sacaroiil'
los OJOS y los engancbar:m á los carros de Nfolve.
El rey pensaba en su corazón: mi felicidad se
va en su plenitud; he puesto un límite á la montana
y un obstácu_lo al mar. Los hombres se rebelan pero
su fuerza, es impotente contra mi fuerza· he disipa?º á las naciones como rebaños; sus cóler~s 800 11emeJantes á la cólera del insecto contra la hornaza.
Se creía inaccesible al mal.
~ o volvió el Rey á Níoi ve sino después de dOI
primaveras. Cuando penetró en su g1ueceo vló ,
una doncella ta.o hermosa que solamente las d1om
podían serle comparadas. Estaba vestida C&lt;Jn tela&amp;
de oro y bisos venidos de T&lt;!bas. A su vista A11uroazirpa.l olvidó sus velorios y permaneció confundido de
gozo.
-¿Quién es esta que los dioses hicieron crecer para mi aeseo?
. --Es tu hija, rey semejante á los dioses, respon•
dieron sus servidores. Ld. dejaste pequeña y ha lllecido como una acacia..
Entonces se desesperó el rey porque era piadO&amp;O y
observaba los preceptos. Y en aquel tiempo los diuses de Asur consideraban como el mayor de 1011 cr[,
mene~ el comercio de un padre con su hija.
El rey hizo recitar oracion':!s en todos ws temploa
á fin de curarse de su mal, pero no cesaba de penl&amp;l'
en la belleza de su hija. Su corazón estaba lleno de
veneno, recorría Ja~ tinieblas con sm,piros de voluptuosidad y veía el mundo adornado cun la tela deoro
y los bisos. Sus qjos se hundieron en su rostro ftaco
como estrellas en un pozo, estaba. vestido de lnquie,
tud y atado de tristeza. Pensaba:
- Los pueblos me celebraban; era semejante á una
torre entre las cabaflas; mi w1rada era Ja fdeund&amp;ci_ón del país de Asur, mi palabra semejante á la llu•
v1a de la primavera., y todas las nacioot!t1se ri:1or:fao
de pavor al ruido de mis tropas de guerra. Y beaquf
que i.oy más miserable que la langosta cogida por el
gorrión, y estoy más triste que el leoparao mart.irl•
zado por las flechas, y des-:::lado como los campos don,
de esMn agotadat1 Jai; fuentes.
No obstante, su pena. se hacía insoportable; sintió
q~e no podía impedirse el tram,gredir los wanda·
wientos de Asur, si su hija permanecía viva sobre la
tierra. Entonces reunió á los sacerdtites y á lot1 jefell
guerreros y les dijo:
- Estoy enrermo de un mal extraño que los dioses
condenan. Mi corazón está lleno de uu deseo sl.1111·
mi tes; estoy necnizado por la belleza de mi hija, YDO
cen viene que vuestro señor haga lo que está pwh1bldo
en todos sus reinos. No tendré re¡&gt;oii0 bino 1111Cr1dc&amp;D•
do á mi hija, como se riega una planta de peratclóD,
Ordeno que se la conduzca el verdugo y que se Je cur•
te la cabt!za ante la asamblea.
La hija del rey llegó entre los sacerdotes Y los Jefes guerreros. ::;u belleza había aumentado co.no el
sol cuando sale de Jas nubes. Brillaba 1Jumo el broa•
ce fundido en el horno y ruodiáo p•Jr tos arteS11n08
del fuego. Estaba rodeada de su cabellera á tra\'éil
de la cual resplandecía su rostro· avanzaba mail! r,ran•
quila que los corderos al borde cte los ei.Laoquei1.
Asurnazirpal fué nacia ella y la estrt!cbó cunt,rl,
SN corazón. Sci sintió morir j unt,o á aquellos cab6!1Ull
s
de llama y aquellos oj1,s claros como ¡as rueoLeS 118
d
las , rocas. Péro la volYió á poner eu maoo:f ael 4
tema el puñd.l de la justicia y mando cortar 1allur
humana.
Mientras la cabeza ro iab1 á sus pies el rey de 1ol
reyes teofa el I ostro bailado de lágrimas Y 1us Jetel
de guerras decían á los sacerdotes:
¡1
.-En verdad Nuestro Señor ei, más grande por
piedad y la justicia, que por la ftterza de 1,u bf11ZO•

::.illli,.

La reina Maritornes era el terror de las nii1oe,
golosos y ladrones; reinaba en el granero donde
se maduraban, er.filadas, las manzanas y las peras, y en las vasijas donde se guarda el vino era
también el castigo de los borrachos y surgía inesperadamente de las barricas agujereadas fraudulentamente por el sirviente indelicado. Nadie la
había visto nunca pero se sabía que estaba pre·
sente y velaba en todas partes: estaba en las con•
serveras acariciadas por los ojos de los nifios hi•
pócritas y en la penumbra de los armarios de la
repostería; la cómoda ventruda donde las abuelas escondían sus cajas de mazapanes y sus bomboneras repletas de dulces, también estaba defendid~ por tlla, y quien i;e hubiera arriesgado á
abrir el mueble de las golosinas, habría encontrado á la Reina Maritornes teudida á lo largo en
un cajón.
Castigaba á los nii1os glotones que se enfermaban en la mesa y llevaba en los pliegues de su
vestido terrificas indigestiones; distribuía fiebres
y cólicos á todos los culpables, y todos los estómagos rebeldes eran suyos. Residía también en
las cocinas, emboscada á veces detrás de L:s
confiteros y las enormes caserolas de cobre donde en Otoi'io se cuece:: lentamente los guisos de
liebre, frecuentaba así mismo los sótanos obscuros, los fruteros embalsamados, olieutes á ni~pe•
ros, y la sombra de los montones de legumbres.
Tal como vivía, indistinta y vaga eil la imaginación de todos, su silueta obesa y ventruda pe•
saba como un malestar sobre la conciencia y el
estómago de los criados y los nii1os bribones.
Fué inmenso el terror del pequéflo Wilhem,
cuando, llevado de la mesa por haberse hartado
como un gastrónomo de tortas de ciruelas y crema de colt!s, se vió acostado en su camita, en su
recamara obscur,1 y soliraria, con un pril'cipio
de indigestión, solo, en 111 enorme recámara donde dormía con su niflera, completamente solo en
el tercer piso de aquella gran casa, mientras todo el mundo estllba abajo cenando.
Por bajar A donde estaban los otros criados,
su niiiera lo h~ b'a dejado sin luz y por ltA alta
ventana cuyas cortinas se habi11 descuidado correr, entraba 111 luna extendiendo en el suelo una
inmensa tela blanca y congelando en extraflas
actitu~e~ los contornos indeeisos de les objetos.
Y subitamente, en fl cuarto solitario gesticular~n perfiles desconocidos, primeramente, bajo el
v1dno del cuadro el pastel destell.ido de su padre. Allí con su co"bata de muselina, con la levita vientre de cierva abit'rta sobre la camisa
abullonada, mostraba, recto como una cu3todia
un austero y pálido rostro de antiguo magistrado. Repentinamente r,us cPjas se fruncieron y un
rel~mpago de legítima indi5 nac1ón encendió sus
pupilas.
El cólico torció entonces más implacablemenle al infortunado Wilhem que aterrorizado desvió vivamente los ojJs. C,iyeron después en un
sillón donde había un montón de vestidos equívocos; lentamente las piernas flC1jas de los pantalones se animaron, dos pies imprevistos salieron de
ellos, y mientras el busto se enderezaba en un
súbito imflamtnto de la chupa, dos brazos nerviosos se apretaban sobre un pecho escuAlido y
una siniestra cabezR. de viPj'.&gt; &amp;e rió en el silencio. ¡Qué rictus! Todas las teclas blancas del
clavicordio aparecieron E&gt;n la cara de rompenueces del estrambótico vejete.
Pero no filé más que una aparición. La recámara volvió A la sombra, y cuando Wilhem que
había escondido la cabeza bajo las sAbanas aventuró una mirada temerosa faera de su escondite,

no vió nada de anormal; todo había recobrado su
lugar acostumbrado, los objetos manchados de
claro ob,curo, se habían como borrado en la no•
elle y sólo le quedaba una ligera inquietud por
su jarra de agua puesta sobre el lavabo y extra:iiamente colocada enmedio de la jofaina como un
enorme sapo blanco.
··y el pequeflo Wilhem comenzó á respirar pero
su quietud no fué larga. Un ruido iuusitado lo
hizo estremecer. Subían la escalera, y oía pasos,
pasos como el ruido de un ejército en marcha.
Una multitud se amontonaba en las gradas; la
oía atropellarse en el descanso del segundo piso
y luego subir por la escalera del tercero. Seguramente venían á su cuarto.
~ en una gran ola de luz su puerta se abrió
brutalmente. No pu!]o ni lanzar un grito. Toda
la batería de cocina entraba tropezándose en el
umbral; había deslumbrantes caserolas de cobre
llenas hasta los bordes de arroz y de empanadas,
inmensos confiteros contoneándose pesadamente
sobre tres pies imprevistos; moldes de bizcochos
de Saboy11 y escalfadores de caras maléficas,
evidentemente mal iutencionadas, y teteras de
reflejas metálicos, y cafdteras con largos picos
insidiosos, de aire hostil. Tudo aquello hormigueaba, hervía y penetrabi en silencio á la recámara, arrastrándc,se como f rntasma en la tarima;
rodeaban su lecho y como una m ,rea muda su
bfan lentamente ct1yendo y subiendo después á
lo largo de sus ropas.
Baftado de sudor, l·Oo los ojos agundados por
el pavor, el nifio permanecía. mudo ante aqut!lla.
invasión aterradora. El cuarto estaba lleuo de
t?dos aquellos cobres y aquellos t!Rtaflos f intástICos que seguí rn entrando por la puerta, y vió
entonces, mezclados á los escalf.1dores avinagrados y A las cafeteras amenazadoras, salchichones
c~n patas, jamones con figuras de gnomos y gallmas extravagantes revoloteando por e! cuarto,
ya embroquetados y fritos.
Las cabezas de l11s liebres guisadas levantaban
los cuvérc~Jos de las caserolae; los picos de las
alondras puban; los purés, habas y guisantes
estall~ban y reventaban en burbujas en los platos brillantes; un ganso untado de grasa bailaba
co_n la rab_adilla arremangada, presto para la parrill11., y pichones escapados de las estufas fJrm:lban un cortejo de carne hervida á un con ..j, en
gibelota_, T~do eso era horroroso, y en aquel aparato culinario y f1rntástfoo Wilhem reconoció estupefacto, á la R~ina ?ifttritoroes.
'
Era ella: alta, impasible. acoraz·\ da de cobre
rojo, svanzando penosamente en su pesada faJJa
de campana, con la ci 1tura 11.prhionada en una
sopera. Era una criatura horrible, calva y p \!ida, que mostraba sobre su cráneo el desplit•gue
de una cola de pavo-real, adornado y preparado
para la mesa. Lo que se veía de su piel ei:taba dorado y tot1tado como el estóma.,.o dt! un
pavo, ! tenía por mano~ dos enorm:s patas
de galhna. Un collar de salchichas jugaba. so•
bre 1~ porcelima de su pt-cho, y dos monstruosas
morcillas pendían de su cintur11, á manera de
arracadas. En una mano tenía un ramillete de
puerros: de cebollas y zahanorias, y como verda•
dera rema de 111s marmitas bl,mdía con la otra
una enorme cucoara, que intr0ducía sin descanso en los puréi, en las salsas y las empanadas,
aumentando el terror del nifto. Pero lo que no
pudo soport~r, fué la mirada de la espect, a l mufleca, una mirada automática, esmaltada y sin vida, que se clavaba en él despiadadamente. L rnzó un gran grito y despertó á la luz de una lámp~ra Y una bujía; su madre, s11s hermanos y su
mfiera lo rodeaban; estaba confu50 y desconcertado; el pequei1o Wilhem había sido olvidadv en
su lecho.
JEAN LORRArn,

tom:-W

Año VI

Tomo IC

--- - - México, Oomin go 8 d e Octubre
- de

1

s99 _

Número 15

las::

A. DABVlLL&amp;

MANON
A. LYNCH.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Domingo 1 ° de Octubre de 1899_

EL MUNDO.

EL SACRIFICIO.
Entonces la tierra temblaba ante el rey de 1
yes, Asurnazirpal. La gloria del mar y dt! la 08"6,
ña estaba sobre él, los espíritus del abismo
mando. Cuando los reyes del Occidente se le,'!-_ JI¡
ron contra él, los doblegó como los sauces sob~ •
pantanos. Los reyes del Oriente vinieron co ...,_
sol y los enganchó entre sus caballos.
n
Después aconteció que un jefe de Caldear
hombres contra el Estandarte del mundo y
sorpresa, la ciudad de ladrillos y betún de her~
murallas defendidas por put!rtas de bronce
-Los reyes de Siria y los nómades de los ~renal•
unieron al ruido de sus trompetas. Y marchaba •
diez ejércitos cuyos pasos hacían retemblar
nas y retroceder el firmamento.
•
Pero el rey de los reyes llamó á su&lt;, hombNS de
guerra. Llegaron por los ríos como numerosos calla,
verales y salier~n de las sel vas como leones. Estaban
preñados de od10 y rugían de coraje y marcharon 11
son de la trompeta á la ruina y la venganza. Loa
hombres de Caldea, los reyes de Siria y los oómadel
de los arenales se desplomaron como cisternas enrutn~; llen~ron la Mesopotania con su pavor. Murieron
veinte mil, cuyas manos fut!ron depositadas ante el
rey de los reyes con las armas de bronce los vasos
?ro y las piedras deslumbrantes. Desc~artlzaron
Jefe ?e los Caldeos y á los reyes de Siria les sacaroiil'
los OJOS y los engancbar:m á los carros de Nfolve.
El rey pensaba en su corazón: mi felicidad se
va en su plenitud; he puesto un límite á la montana
y un obstácu_lo al mar. Los hombres se rebelan pero
su fuerza, es impotente contra mi fuerza· he disipa?º á las naciones como rebaños; sus cóler~s 800 11emeJantes á la cólera del insecto contra la hornaza.
Se creía inaccesible al mal.
~ o volvió el Rey á Níoi ve sino después de dOI
primaveras. Cuando penetró en su g1ueceo vló ,
una doncella ta.o hermosa que solamente las d1om
podían serle comparadas. Estaba vestida C&lt;Jn tela&amp;
de oro y bisos venidos de T&lt;!bas. A su vista A11uroazirpa.l olvidó sus velorios y permaneció confundido de
gozo.
-¿Quién es esta que los dioses hicieron crecer para mi aeseo?
. --Es tu hija, rey semejante á los dioses, respon•
dieron sus servidores. Ld. dejaste pequeña y ha lllecido como una acacia..
Entonces se desesperó el rey porque era piadO&amp;O y
observaba los preceptos. Y en aquel tiempo los diuses de Asur consideraban como el mayor de 1011 cr[,
mene~ el comercio de un padre con su hija.
El rey hizo recitar oracion':!s en todos ws temploa
á fin de curarse de su mal, pero no cesaba de penl&amp;l'
en la belleza de su hija. Su corazón estaba lleno de
veneno, recorría Ja~ tinieblas con sm,piros de voluptuosidad y veía el mundo adornado cun la tela deoro
y los bisos. Sus qjos se hundieron en su rostro ftaco
como estrellas en un pozo, estaba. vestido de lnquie,
tud y atado de tristeza. Pensaba:
- Los pueblos me celebraban; era semejante á una
torre entre las cabaflas; mi w1rada era Ja fdeund&amp;ci_ón del país de Asur, mi palabra semejante á la llu•
v1a de la primavera., y todas las nacioot!t1se ri:1or:fao
de pavor al ruido de mis tropas de guerra. Y beaquf
que i.oy más miserable que la langosta cogida por el
gorrión, y estoy más triste que el leoparao mart.irl•
zado por las flechas, y des-:::lado como los campos don,
de esMn agotadat1 Jai; fuentes.
No obstante, su pena. se hacía insoportable; sintió
q~e no podía impedirse el tram,gredir los wanda·
wientos de Asur, si su hija permanecía viva sobre la
tierra. Entonces reunió á los sacerdtites y á lot1 jefell
guerreros y les dijo:
- Estoy enrermo de un mal extraño que los dioses
condenan. Mi corazón está lleno de uu deseo sl.1111·
mi tes; estoy necnizado por la belleza de mi hija, YDO
cen viene que vuestro señor haga lo que está pwh1bldo
en todos sus reinos. No tendré re¡&gt;oii0 bino 1111Cr1dc&amp;D•
do á mi hija, como se riega una planta de peratclóD,
Ordeno que se la conduzca el verdugo y que se Je cur•
te la cabt!za ante la asamblea.
La hija del rey llegó entre los sacerdotes Y los Jefes guerreros. ::;u belleza había aumentado co.no el
sol cuando sale de Jas nubes. Brillaba 1Jumo el broa•
ce fundido en el horno y ruodiáo p•Jr tos arteS11n08
del fuego. Estaba rodeada de su cabellera á tra\'éil
de la cual resplandecía su rostro· avanzaba mail! r,ran•
quila que los corderos al borde cte los ei.Laoquei1.
Asurnazirpal fué nacia ella y la estrt!cbó cunt,rl,
SN corazón. Sci sintió morir j unt,o á aquellos cab6!1Ull
s
de llama y aquellos oj1,s claros como ¡as rueoLeS 118
d
las , rocas. Péro la volYió á poner eu maoo:f ael 4
tema el puñd.l de la justicia y mando cortar 1allur
humana.
Mientras la cabeza ro iab1 á sus pies el rey de 1ol
reyes teofa el I ostro bailado de lágrimas Y 1us Jetel
de guerras decían á los sacerdotes:
¡1
.-En verdad Nuestro Señor ei, más grande por
piedad y la justicia, que por la ftterza de 1,u bf11ZO•

::.illli,.

La reina Maritornes era el terror de las nii1oe,
golosos y ladrones; reinaba en el granero donde
se maduraban, er.filadas, las manzanas y las peras, y en las vasijas donde se guarda el vino era
también el castigo de los borrachos y surgía inesperadamente de las barricas agujereadas fraudulentamente por el sirviente indelicado. Nadie la
había visto nunca pero se sabía que estaba pre·
sente y velaba en todas partes: estaba en las con•
serveras acariciadas por los ojos de los nifios hi•
pócritas y en la penumbra de los armarios de la
repostería; la cómoda ventruda donde las abuelas escondían sus cajas de mazapanes y sus bomboneras repletas de dulces, también estaba defendid~ por tlla, y quien i;e hubiera arriesgado á
abrir el mueble de las golosinas, habría encontrado á la Reina Maritornes teudida á lo largo en
un cajón.
Castigaba á los nii1os glotones que se enfermaban en la mesa y llevaba en los pliegues de su
vestido terrificas indigestiones; distribuía fiebres
y cólicos á todos los culpables, y todos los estómagos rebeldes eran suyos. Residía también en
las cocinas, emboscada á veces detrás de L:s
confiteros y las enormes caserolas de cobre donde en Otoi'io se cuece:: lentamente los guisos de
liebre, frecuentaba así mismo los sótanos obscuros, los fruteros embalsamados, olieutes á ni~pe•
ros, y la sombra de los montones de legumbres.
Tal como vivía, indistinta y vaga eil la imaginación de todos, su silueta obesa y ventruda pe•
saba como un malestar sobre la conciencia y el
estómago de los criados y los nii1os bribones.
Fué inmenso el terror del pequéflo Wilhem,
cuando, llevado de la mesa por haberse hartado
como un gastrónomo de tortas de ciruelas y crema de colt!s, se vió acostado en su camita, en su
recamara obscur,1 y soliraria, con un pril'cipio
de indigestión, solo, en 111 enorme recámara donde dormía con su niflera, completamente solo en
el tercer piso de aquella gran casa, mientras todo el mundo estllba abajo cenando.
Por bajar A donde estaban los otros criados,
su niiiera lo h~ b'a dejado sin luz y por ltA alta
ventana cuyas cortinas se habi11 descuidado correr, entraba 111 luna extendiendo en el suelo una
inmensa tela blanca y congelando en extraflas
actitu~e~ los contornos indeeisos de les objetos.
Y subitamente, en fl cuarto solitario gesticular~n perfiles desconocidos, primeramente, bajo el
v1dno del cuadro el pastel destell.ido de su padre. Allí con su co"bata de muselina, con la levita vientre de cierva abit'rta sobre la camisa
abullonada, mostraba, recto como una cu3todia
un austero y pálido rostro de antiguo magistrado. Repentinamente r,us cPjas se fruncieron y un
rel~mpago de legítima indi5 nac1ón encendió sus
pupilas.
El cólico torció entonces más implacablemenle al infortunado Wilhem que aterrorizado desvió vivamente los ojJs. C,iyeron después en un
sillón donde había un montón de vestidos equívocos; lentamente las piernas flC1jas de los pantalones se animaron, dos pies imprevistos salieron de
ellos, y mientras el busto se enderezaba en un
súbito imflamtnto de la chupa, dos brazos nerviosos se apretaban sobre un pecho escuAlido y
una siniestra cabezR. de viPj'.&gt; &amp;e rió en el silencio. ¡Qué rictus! Todas las teclas blancas del
clavicordio aparecieron E&gt;n la cara de rompenueces del estrambótico vejete.
Pero no filé más que una aparición. La recámara volvió A la sombra, y cuando Wilhem que
había escondido la cabeza bajo las sAbanas aventuró una mirada temerosa faera de su escondite,

no vió nada de anormal; todo había recobrado su
lugar acostumbrado, los objetos manchados de
claro ob,curo, se habían como borrado en la no•
elle y sólo le quedaba una ligera inquietud por
su jarra de agua puesta sobre el lavabo y extra:iiamente colocada enmedio de la jofaina como un
enorme sapo blanco.
··y el pequeflo Wilhem comenzó á respirar pero
su quietud no fué larga. Un ruido iuusitado lo
hizo estremecer. Subían la escalera, y oía pasos,
pasos como el ruido de un ejército en marcha.
Una multitud se amontonaba en las gradas; la
oía atropellarse en el descanso del segundo piso
y luego subir por la escalera del tercero. Seguramente venían á su cuarto.
~ en una gran ola de luz su puerta se abrió
brutalmente. No pu!]o ni lanzar un grito. Toda
la batería de cocina entraba tropezándose en el
umbral; había deslumbrantes caserolas de cobre
llenas hasta los bordes de arroz y de empanadas,
inmensos confiteros contoneándose pesadamente
sobre tres pies imprevistos; moldes de bizcochos
de Saboy11 y escalfadores de caras maléficas,
evidentemente mal iutencionadas, y teteras de
reflejas metálicos, y cafdteras con largos picos
insidiosos, de aire hostil. Tudo aquello hormigueaba, hervía y penetrabi en silencio á la recámara, arrastrándc,se como f rntasma en la tarima;
rodeaban su lecho y como una m ,rea muda su
bfan lentamente ct1yendo y subiendo después á
lo largo de sus ropas.
Baftado de sudor, l·Oo los ojos agundados por
el pavor, el nifio permanecía. mudo ante aqut!lla.
invasión aterradora. El cuarto estaba lleuo de
t?dos aquellos cobres y aquellos t!Rtaflos f intástICos que seguí rn entrando por la puerta, y vió
entonces, mezclados á los escalf.1dores avinagrados y A las cafeteras amenazadoras, salchichones
c~n patas, jamones con figuras de gnomos y gallmas extravagantes revoloteando por e! cuarto,
ya embroquetados y fritos.
Las cabezas de l11s liebres guisadas levantaban
los cuvérc~Jos de las caserolae; los picos de las
alondras puban; los purés, habas y guisantes
estall~ban y reventaban en burbujas en los platos brillantes; un ganso untado de grasa bailaba
co_n la rab_adilla arremangada, presto para la parrill11., y pichones escapados de las estufas fJrm:lban un cortejo de carne hervida á un con ..j, en
gibelota_, T~do eso era horroroso, y en aquel aparato culinario y f1rntástfoo Wilhem reconoció estupefacto, á la R~ina ?ifttritoroes.
'
Era ella: alta, impasible. acoraz·\ da de cobre
rojo, svanzando penosamente en su pesada faJJa
de campana, con la ci 1tura 11.prhionada en una
sopera. Era una criatura horrible, calva y p \!ida, que mostraba sobre su cráneo el desplit•gue
de una cola de pavo-real, adornado y preparado
para la mesa. Lo que se veía de su piel ei:taba dorado y tot1tado como el estóma.,.o dt! un
pavo, ! tenía por mano~ dos enorm:s patas
de galhna. Un collar de salchichas jugaba. so•
bre 1~ porcelima de su pt-cho, y dos monstruosas
morcillas pendían de su cintur11, á manera de
arracadas. En una mano tenía un ramillete de
puerros: de cebollas y zahanorias, y como verda•
dera rema de 111s marmitas bl,mdía con la otra
una enorme cucoara, que intr0ducía sin descanso en los puréi, en las salsas y las empanadas,
aumentando el terror del nifto. Pero lo que no
pudo soport~r, fué la mirada de la espect, a l mufleca, una mirada automática, esmaltada y sin vida, que se clavaba en él despiadadamente. L rnzó un gran grito y despertó á la luz de una lámp~ra Y una bujía; su madre, s11s hermanos y su
mfiera lo rodeaban; estaba confu50 y desconcertado; el pequei1o Wilhem había sido olvidadv en
su lecho.
JEAN LORRArn,

tom:-W

Año VI

Tomo IC

--- - - México, Oomin go 8 d e Octubre
- de

1

s99 _

Número 15

las::

A. DABVlLL&amp;

MANON
A. LYNCH.

�Domtn¡¡c 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

228

DirBctor: LIC. RAFAEL REYESSP!WDOLA.--------------------------------

Mientras, dejando el libro Yel sueño, ba:o ~~~~l/¡
ada escapatoria á los teatros1 mientras a ra
~i udad adormecida y fangosa bajo el capelo
mala lluvia al rededor de mi p~rag~as, d~~! de es•a
do en la realidad de mi sttuaci o. d osacunadas p~r
semana nu son otra cosa que mone as
n·
la mano del fastidio. ¿Qué bacerdenl est;e~~:, pa:~
mio? No es posible hablar ya e as

q::t:~~=

da~¡ placer por lo general, no deja buenas de s~
00
0 • ó 8 ¡ l~s deja, son tan débiles que, como
~ mPa de jabón, se deshacen en el viento. Es trág 11l

el :ecuerdo de Ja dicha gm.ada. La memor~~~;a~,
arca santa de las cosas tristes; de las que pe t os
de las que eternamente viven en casa con n7sc, r .
¿No os acordáis de las E11Zwul.a, del
¡Pobrecito! ;No os acordáis qué decla1

~•IIJU•

Suelen dejarme cuando sonriendo
Mis pobres esperanzas
Como enfermitas ya convalesclentes
Salen alegres
A la ventana.
Corridas buyen, pero vuelven luego,
y por la puerta !&amp;Isa
Entran trayendo ~omo nuevo huésped
Alguna triste
Livlda hermana.

nosamente. ¡Qué imbécil! No ha logrado arraoc9,rle
una sola molécula de fastidio.

*••

á~:t;~~~a

Para entretener las últimas velad~s del
hermosa seflortta, de exquisito y ar1r~i°crimprovlsad~
me pregunta, st en cualquier teatr o
d de
podrá ella co~ algunos compafieros ded¡uv~~J~~ en
alegría poner en escena vteJas come as
re
lugar d'e petlplezas Y esbozos dra~átlcos, con su ~pecti va música ligera del géneJ'O chioo. .
. so es
Pur supuesto que sf, encantadora criaturad e
loablt• ·Comedia final y no puedo menos e aco~darm~ d~ aquel Trianon, de aquel rinconcito _de teli cidad un poco tardía y rápida, do0:de una reJDa ~:
traje de batibta blanco, flch(~ de gasa y so~blero le•
paja, corría por los jardines, 1ba de la granJa áa tocherla llevaba á los Invitados á beber leche Y
mar h~evos frescos, obligaba al rey á dejar el br)Squ.e
en que leía, y á merendar sentado en )a bler~a, mi raba ordeí1ar las vacas, pescaba en edl llagboo, ~ b~~n ~
tada sobre el césped, descansaba e
r a
Y
malla, hilando en una rueca de aldeana..
.
Esa reina quiso hacer lo que usted, hada !nterroadora: divertir sus ocios con finas comedlas, y el
~ia 19 de Agosto de 1785 Marla Antonleta h izo de
Rosína el Conde de Artols, de Fígaro, M. de Vandreuil de Alma viva, el Duque de Guicbt, de Bartola,
y Mr. de Crensol, de Basilio.
.
r
El autor era un t11.l Beaumarcbats, un poeta bu lesco que adrede mojó las saetas de su sátira en e1
perf~mado veneno de una filosofía pesimista.
¡Oh, claro que será delicioso volverá ~ir en un ~atro de campo, una de esas viejas y clásicas ~medias
que rechazó el mal gusto y empolva el olvido.

sef

*••
Mientras la ópera llega nos quedamos con nuestra
fiel amante la zarz.uela. Es una mujer tentadon. E:i
nuestra más constante novJa. Nunca uos i:leja, por
más que, algunas veces-muy pocas por cle1 to-finjamos desdenarla.
¡
Napoleón Sien1 Sf' anuncia ya. Que no sea la próx ma temporada el Waterloo de este Napoleón.

Abrese á recibirlos la Infinita
Tiniebla de ml alma,

y van prendiendo en ella mis recuedas
Cual tristes cirios
.De cera pálida.
. Las fiestas de ayer? Bah! ;Quién piensa en el~t

F rieron unas coquE. tas que se nos acercaronbnos

e.

•••

!1

i

se

C'etalt de la chalr vive a veo dn granlt brut,
Une lomoblltté hute d'lnqulétude
Un é 1tt1ce ayaot un bruJt de multude,
'Oe&lt;i truus no1rs étollés par des faroucbes yeux,
D~s evolutlonsde lt'.roupes mn11J1trueux,
Devastes bas-rellefs, des f1':sques coloeeales... .._.,

Pero este enorme muro vivo, no tenia el aspecto t,Ji..
uico de ta visión de Hugo, era un muro q_ue 88 tapa.
ba. de la 110\'izna y del sol r.on dosclentob mil paraguu
sombrlilas y que á la menuda sombra de estosklCllimos de seda, llno ó encaje .que cernían la luz ó d•
untaban las to visibles agu¡as de hielo de lasr4111111
boreales, engullia concienzudamente seis mtllonee de
sandtoichs por hora y tragaba otros tantos millo.
es de bocks de cerveza que trablormada por los ftltnll
~enales debe haber formadv inn um erable&amp; t~ibu1ilrlos del H udson.
Todo eso que vivía turlosamente, con toda la gana
y la facultad de vivir de que es ca paz el hombre,•
concentró, se unimismó en un sólo gr tto, en un 16lo
hurra}¡, cuando pasó el viejo almirante descubierto ea
la opa del Ollmpla. ¡Qué espantosa mol.. ttal iQult!n
butlera sido éll Su dogo de las F ilipinas dormla6
sus pies ó fingía dormir; de cuando en cuando abda
un ojo húmedo y abur, ido. Los perro3 quieren mucho
á los hombres, pero desprecian secretamente, la ha.
manldad. ¡Ingratos! ¿No ha dicho un gran ttlóeofo
chino qae lo mejor que tiene el hombre es el perrot

•••

ron un beso, nos htcteron un juramento, y uyeron,
después; riendo y prometiéndonos volv~rÓ·
Ha cosas sertas y tristes que contar, pero 1a cr
otea ¡o debe ser una prédica nt Jas cláusulas de una
revista etfmera deben sonar á marcha fúnebre ó á
elegia.

En semanas así es cuando me he preguntado qué
es un cronista. y Jo be dtchu ya: una. con~ t a es un Triboulet. .En la vida mundana como
i n la corte del rey gala11tuonw, ba de llegar sonando
u corcoba cascabeleada, batlando su l?antomima
~laudicante Y grotesca, moviendo en un nctU-$ eterno
su cabeza de histrión ...... Lara, lara ..... ¿Qu~os
parece el bufón del rey, magnf!cos caballeros, neos
hombres cortesanas hermosas.
Viene á, sacudi r vuestro hastío, á. poner mo~~'i ~
improvisar chanzonetas, á rimar burlas. Cerf e.
está stem re de buen humor, porque para eso epaan. arl ue reparta la alegria, la inagot~ble ale:rta.'
mioantial tnexbausto de sus gracias. Tr:e
na 'inmensa provisión de canelones de pecheros, e.
;rcverblos plebeyo•, de chistes populares. La calle
es un arsenal.
De todo hablará, soplándose los dedos, Y acompad todo de su música exagerada y ridfcula.
na; 0º1e pidáis una buena ide9:, un cuento bello, una
fábula Ingeniosa. ¡Qulál No sirve para eso. No abre
. f,ol·o
nunca un u1
i , no sabe descifrar un manuscrito
sanscrlto.
D t d su
Ali! está el tlsico árabe que lo sabe. en ro e
birrete negro anida la Sabidurla.
Oh si el cronista tuera el poeta de la Corte'. .
~er¿ él no está obligado á. conocer la gaya c&amp;ena.a,
ni á entfar en lucha con los troveros.
D . dl l'ues que divierta con sus monstruosas
~!.i!'as co~ sus truhanerías regocijadas, porpan cuando~ enseria, u0 tantico siquiera, cuando
iu~ su jubón listado de rojo y amarillo, se ve batir
1:~~tral:la entusiasmada, cuando se le escapa po~ entre las junturas de la risa, algo de lo que tiene ~no cuando pasa junto á una mujer y se le oye etrr-' ué linda!; cuando levanta al cielo los ojos Y se
e 0· 1 ritar: ¡qué azul!¡ cuando se acuerda de un
le ~ Jnoro y rotundo y exclama: ¡qué soberbio! en::~ces el rey frunce el ceno, y la corte entera que
eceslta sacudir su hastío,
siente Irritada.
n _ Eb, Trtboulet, qué es eso? Baila Y ríe.•• •
y !Trtboulet pasa sonando sus cascabeles y bailando su danza claudicante.
La corte del rey galantwmw lo mira pasar desde•

cuares en torno de los kioskos, de las casucas, por el
lado d~ New-Jer~ey, el verde r,riunfa aún, en lu 11.
rombras de alto liso de la grama, peinada y cuidada
como un tapiz de casa de Vanderblldt ó de Astor. Al
pie del ribazo, como los dientes de un pei ne de glgan.
te, los docks; y los vapQres que por ellos ent ran y 11,.
Jen emborronadoi; de humo, que un poco más al1' 11
concreta en penacho ondulante y deja plntane ea
el crlstsl de la babia los gráciles perfiles del barco que
busca los canales del océano. Coronando la margea
del rlo, por el Jado de New York, la amplia calada
del RI verslde. acotada por un muro kilométrico de
palacios de quince pisos.
y ya me ttguro lo que serian los pal acios en cuyOI
tejados cornisas y aberturas rntlnltas borbollonaba
la gen~ y flameaba.u al fresco viento otoiial millonlli
de flámulas y gallardetes y banderas de todos IOI colores que de cuaudo en cuando, el sol salpicaba del111
con un g¿lpe de su brochó~ de oro. Y ya, me figuro lo
e serian los ribazos cua¡ados de multitud desde 111
~~laustradas de la avenida. hasta los mue1les. Eecll
muros humanos son como los que el poeta vió en
suenos:

u. s.

EL TRIUNFO DE DEWEY. Los
SE FESTEJA.NA SJ MISMOS.
2. EL nadie hace lo qm !JO hago EN LA NACION Y EN LOS
INDIVIDUOS; LOS RICOS EXCENTRlCOS.
3. APACIGUAMIENTO EN Fn.ANCIA. LA TRIPOLITANA,
AL ÜOURRIER DU ME:X.IQUE.
4. EL TRANSVAAL.

l. COSAS DE LOS

U. S.

1. Cuando hace un poco menos de_ veintidós siglos
el consul Dullius batió á los cartagrneses en Mylae,
sus compatriotas, llenos de entusiasta ~ratltud al
autor de una. victoria que convertía. á Roma en potencia marftima, le decretaron una columna rostral
en el foro con una inscri pelón votiva, y el prt vlleglo
de ser conducido á su casa por las noches, por flautistas y porta-antorchas. Por puro amor á su patria ~ebe de habe1 aceptado este tormento Dullius, pero JU•
ro que si al almirante Dewe,v quisiesen honrarlo del
mismo modo seria capaz de huir de su patria... y yo
también. Pase por Jo de la columna rost ral, que.de
seguro se alzará pronto en proporciones gigantascas
en el Central-Park ó en el arsenal de Brooktyn, pero
las ftautasl Oh\ no, eso nunca.
y, sin embargo, no pocas han de haber resonado
en el triunto del vencedor de Mantla. Los Esta.dos
Unidos, Nueva York, sobre todo, se pagan lujos in.
verosímiles por lo enormes, Ct1mo esta fiesta, muy
merecida por más que digan, en honor del viejo almirante; no sé en qué otra parte pueda lograrse pasar revista á una formidable escuadra en el corazón
de una ciudad, gracias al Hudson que, amplio y profundo, borda la isla en que ha crecido como Inmensa.
selva de fier ro, mármol y granJto la ciudad- Imperio.
Veo la decoración, los ribazos pardos del rfo, sembrados en Octubre de árboles de todos los colores y ma.
tices con que el verde huye hach las palideces enfermas del amarillo, del rosa¡ hacia la pó.rpura terrugi..
nosa como las manchas de sangre vieja, y el pardo quemado que dejan en las cortezas y las hojas
los besos de las primeras heladas; verde, ¿el verde ha
muertu? No; en derredor de los jardln~tes, en los es-

Inútil es decir que en este homenaje los neoyorklnos en particular, y la Unión en genera\ han querido disputar el campeonato de las fiestas trlunl&amp;IOI,
El imperialismo vencedor, que ayer era apenu u
desideratum y boy es una realidad tormtdable, ae ha
CP.lebrado á s[ mismo en la cabeza venerable de •
viejo Jobo de mar nacido de la mis ma cepa que lcll
Drapper (el capt•Jrador de Manila e~ 1762), losBodney, los Nelson y los .F'a.rragut, maguer el origen •
talán de éste.
ue4e11
El arán de hacer gala de poder lo que no p
otros es propio de la nación como h&gt; es de los 11111tuosi;lmos advenedizos que están hoy al trente de la
riqueza del mund•&gt; y que, ellos ó ~us padr~,
todavía hombres de pena y trabaJO material, pero
conquista de la fortuna es para nuestro'l prlm~ o
sport, la lucha por Ja vida tiene entre ellos,
ttvo de una carre ta d~ caballos ó de un com
púgiles al box.
d d
ente
Los ricos americanos, es decir, los ver a era~mt,.
ricos, no los que, como yo, solo tienen cuato óse•n•
lloneH de pesos,-ese como yo, pueden mis lecto res
pretarlo á su guisa-los arcblm lllonarl os, en • ~
cifran su ventura en bacer lo que ot ros
tener lo q,ue 00 tienen otros. Una de ast'ª1r •
Vanderblldt, por ejemplo, se ha hecho
plena .New York, un palacio en~ramen e ~ rohll
.Malmaison de la emperatriz Josefi na, á qule ,!'.,.
1111
devoción piadosa; otra. señora ha intentadoci ";CIII
quedarse atrás, reproducir en el lnterlor
(situada !rente ai Museo Metropolitano &lt; ó Park) el del palac\o de los duxes; todf
etano ó prehistórico, dice el autor de es 1 ~
pesco estas Intimidades; ali! hay aldabones
de la primera edad del fierro, pavi men~
musaica, que dice Berna! Dfaz, Y ent r~ º !sm iOI •
vieja encina ricamente tal1ada, a mpltos f ~
.,.
109
coradosde,papel rojo rameado de o~ol :1~ºb~ 'no brilllD
jones del artesonado brillan, ó me¡or
d° V ~
vetustísimas pinturas delosantecesor~to ~ojo et•
y Tlzlano y sobre la chimenea d';,,Vªºla el allO pi,
trato de un Dux .... pintado en - ra nc
sado.
nas m!IIC)llllllil,
Bien está; comprendo que los ape rctonant ll
se rodeen de cierta pacotllla, para propo to OOII ij
dulce Ilusión del lujo de arte, por su ~uesro
_.
4
que•tenga algún sello de buen gusto,,irtist!CIIOIII
nes pueden pagar verdaderas obras
si es lllO'
80
pren pacotilla, con tal que sea car:; ~lnero deClllt
1 en 11
mtnable. Uno de est,os señorones vefa
delante delcl814&gt;de Melssonler, que

~rana,:
"t:.'::

ºf 11aoe::.,_
r~s :~ ,1a

iCensn1
~r
\u ':';,,qaiea

)a ,_

ª .-.-

que

Domingo 8 de Octubre de 1899.

-coteea de un o de sus émulos: yo tengo un cuadro

•gual, enteramente igual á éste, pero de otro autor;
me costó se.qenta pesos en un remate, mientras que

EL MUNDO.

Y. la admirable cantatriz sufría un ataque de parállris que aun la tiene inmóvil y muda; también se congreg_aron inútilmente en casa de la dica los mejores
médicos de Europa: y como su pasión por la músi.
ca tomó proporciones extraordinarias1 su mMJdo
se dispuso á satisfacerla: era el único modo de a.liv!ar sus dolores. Un violinista de primer orden se
comprometió á tuerza de oro á no separarse de la casa y un dia que la paralítica puio hacer comprender
su deseo de escuchar Escla1-nHmde, la ópera de Massenet que había sido su principal triuuto, los mejo,
res artistas de la Academia :Nacional de música de
París, organizaron y representaron, en la sala de la
casa, t eniendo por público á la enferma y á su esposo1
la deseada ópera. Mr. TNry no se separó un instante de su triste y excéntrico hogar hasta que murió hace poco en plena juventud; Slbyl Sanderson ha quedado herida de muerte y viuda.

229
y que, muy á mi pesar, no quebrantaré, ni hoy siquiera.

-' Astor Je cuesta el suyo cien mil! Y leyendo esta
•
anecdotllla recordaba yo á aquel cónsul romaoo que,
••
-después de la destrucc:ón de Corinto, remltia á RoLos Ingleses han obtenido en su litigio con Venema algunos cuadros y estat~as de los maestros helezuela m~s de lo que pedian; el fallo de los árbitros
nos, previniendo á los soldados porteadores que, si
les ha sido, en suma, favorable, cegando para la repú,
dejaban perder 6 averiar aquellos ejemplare.~, harían
blica nuestra hermana una. !uentd de peUgrosísimos
-otros Iguales. Algunos ha.y entre estos cresos adveconflictos; todos bao ganado, pues. Ya. no queda más
nedizos, incapaces de distinguir sin guias la superioque marcar materialmente los límites. Pues si tan
ridad de un a pintura sobre una oleogratfa; son de Ja
buen viento sopla á .los brltanos en materia de arbimilma familia 1 diremos del mismo ganado, que altrajes ¿por qué no aceptan la proposición de Krliger,
.gano de nuestros.pudientes que paga, en sólo un maraunque sea haciendo Ja expresa res~rva de la cuesoo de una acuarela de ilustración, exactamente el
tión de soberanía? De veras que se los agradecerla el
precio de uno de esos delJciosos cuadritos de Ramos
mundo entero que va tomando en este asunto poco
.l[arth:iez, el maestro indiscutido de la acuarela en
más 6 menos la misma actitud que en el de Drey)lé1tco.
rus; aquí se trataba de un hombre, allí se trata de
Volviend o á las excentricidades de los reyes del
un pueblo: pero de un pueblo débil y pequeño y trabamlllóo en tierra yankee, NorvJns cuenta que la mlsmíjador que tiene sobre su cabeza por espada de Da.••
.stma duena del palacio veneciano, la Sra. Stuyvesant,
mocles á todo el imperio británico pendiente de un
•
i ~iah, en una fiesta nocturn1 de su casa balnearia de
Sólo be podido permitirme esta digresión porque cabello1 es decir, de una p,labra del Sr. Ministro
New-Port, bacía conducir los juguetes del cotillón el material Dreyf1l8, como lo había previsto, escasea Chamberlaín.
-que valían bastantes mlllares de pesos, por un e.s~ ·y~; la combinación del veredicto y del indulto han
Lo que los boers cllsputan es el derecho de mandar
no berrado de oro puro y guarnecido de piedras pre- apaciguado, el uno al a~to ejército y el otro á la pie- en su casa, lo que disputa Inglaterra. es el derecho de
·cJosas. Pero de estas tantasfas áureas, ninguna co- da.d pública; vale mfs así. El proceso de la viuda mandar en la agena¡ ya he cuestión de las tranq'limo Jade la esposa de W. K. Vanderblldt, á la cual su Henry contra Reinacb, la instancia dal proceso Zola cias electorales de los uitlanders (sobre ella. be con ver•
marido regaló un ani!Jo de boda oon un solitario galvanizarán, pero no darán vida á un muerto; asun- sado en otras revistas con mis lectores) parece pues.
-que valía cerca de cien mil pesos; estasenora1á quien to concluido. Lo interesante es examinar la prensa ta ~ un lado y de hecho_ el Raad, el congreso de Pre.sos amigos llaman por carh1o Birdie (Virginia Fair) de Francia los días siguientes del veredicto; los anti- toria, ha concedido todo Jo que el agente Milner exi,ee hizo construir, iba yo á decir edificar, un lecho
semitas que bao hec ho del energumenismo un eotllo jía. de Krüger en la conferencia de Bloemtonteln;
nupcial de oro macizo, decorado de sedas y blondas normal como Rocbetort y Drummoud, estallan en ahora se trata de que el Transvaal reconozca expre.auperlatl vamente caras; con el precio de los encajes selvas de aleluyas; si se pudieran comerá Dreytus, á samente su dependencia de la corona Imperial; hoy
-que llevaba en su enagua interior el día de la boda, pesar del régi::ien dietético á que ha estado por tan- esto, mafia.na la aceptación de un gobierno inglés eo
bab:la habido. dice un estadista neoyorklno, para ali- to tiempo sometido. lo harían, de seguro : es un caso Oraoge y otro eu el Transvaal y entonces todo el
mentar y vestir durante un ano á los niílos de todo bien caracterizado de canibalismo espontáneo. Los Sud-africano queda en manos de la chartered, de la
un block de casas. Esto es encantador; pero ¡all! mis
dreyfusistas rabian y muestran los p11íios á la Temis companfa organizada por Mr. Cecil Rbodes que, selectoras, poneos neuróticas de envidia al leer esta militar decorada con las dos colas encrespadas de ga- gún parece, no hace buenos 11egocios todavía.! No los
-otra estadistiqu11la; se trata del calzado de Miss to blanco constitutivas de los mostachos del coronel haría malos en la republlqullla holandesa en donde
13rooks-hoy casada: doce pares de zapatos de paseo, Jouaust. Entre estos dos grupos de fratricidas, está. no escasean ni los diamantes ni el oro ¡y este es el
-4 la moda inglesa, suela doble y puntas (?) cuadra- la Francia ilustrada y du efia de sí misma que se ba tondo del pastel! Por desgracia va á ser este un uoldas, oCbo de botines franceses, seis para el golf ó el inclinado sin reserva~ ante el fallo y ha proclamado au..11e11t de carne humana.
El llamamiento de los holandeses de Ilolaoja á los
-tenms,.cuatro para patinar, ocbo pares de zapatillas la necesidad humanitaria del Indulto; y es de ver co.
finas de soiré.e, de seda, bordada:; de perlas con hebi- mo estos periódicos, p. e. e· Journal des Débats y la sentimientos cristianos Je los gobernantes imperiales
llas de piedras del Rbin 1 acero y plata; ocho pares Revue des Dtux Mon.&lt;W;, que bao mostrado tanta se- t:s patético: &lt;Nosotros, dice, neerlandeses1 vinculados
de cabritilla para las recepciones, conciertos y five renidad é Independencia en sus juiclos insinúa.o la á vosotros por un origen común, por las tradiciones y
•o'd.otks y doce de eatin color de rosa, verde Ni1o, oro generosidad y la j usticla de la gracia,1 que la teroz la analogía del desenvolvimiento histórico, por la seviejo, turquesa enterma, bordadas de crisantemos prensa antl-semi{;a a.tribuyó al dominio qut: ejercen mejanza de costumbres é instituciones, orgullosos con
este parentesco, somos osados á deciros: no cometáis
'iS acianos y salpicadas de ametistas, esmeraldas y los dreyfusistas sobre el Presidente Loubet.
robles; pero lo que nadie poseia, y esto es lo intereYa puesto á un lado, por fortuna, el atormentado una espantosa injusticia con la república sud-a!rJllllte, era un par de botines de cabritilla del Cabo de la Isla del Diablo y d.e vuelto á sus hijos y á la es- cana, vástago de nuestra cepa-germánica, con ese
-que su bían hasta las rod!Ua, en donde los cerraba una posa admirable en quien se han encarnado las cuali- pueblo débil por su número y fuerte por sus ,·trbebllla de diamantes.
dad es más nobles de la Francia !emenina, el asunto tudes.&gt; Y acaba así esta deprecación. &lt;03 pedimos
En estos dlas tiene locos á los riquísimos y, so- puede entrar en un período puramente especulativo esto, no sólo porque de otro modo sólo puede resultar
bre todo, á sus mujeres, la conquista del record y científico; ya no hay que ilustrar á los jueces, pa- la violencia, la efusión de sangre, el rratricldio, sidelos sepulcros, ¿quién tendrá el mejor mausoleo? só la hora de los alegatos. Ahora hay que apelar á no también porque el derecho seria profanado y man.
Hasta principios de este aílo se llevaba la palma el la posteridad mejor Informada, pero hay que infor- ciJJado el renombre britá.nico .... &gt; Cien mil firmas
·aenador Ciark de Montana, el rey del cobre; sólo el marla; sobre el veredicto del consejo. de guerra nada al pié de este documento.
¡Hum! No sé por qué se me figura que esta clase
frontón del templo es una pieza de grani.to que pesa hay en el orden judicial; en el orden moral queda el
-cerca de tr~inta y cinco toneladas; costará. más de Jaudo SU'Jremo de la historia. Ya no se trata de la de argumentos tan IJellos desde el punto de vista modoscientos mil pesos este caplcho digno de la reina justJcia, ·se trata de Ja verdad, y después de leer la ral, han encontrado muy poco eco en los oídos ingleArtemisa. Y la pasión de los sepulcros no está ecli p- requisitoria de Carrlere y la plaidoirie admirable de ses; el interés, el business, endurece endiabladamen.'81da, por la de los sombreros y los zapatos, sólo quiserenidad y de juicio de Demange, se comprende que te el tfmpano1 y es causa de sordera nacional¡ Mr.
zás la de los perros le hacen parangón. Extasiadas es- la última palabra de la razón no está dicha. todavía; Cbamberlaln anda enfermo de eso desde hace tiempo.
taban las lindas mises de la Unión, cuando les conta• la paz está hecha, la luz no. Para mí sí, pero no SP. ¡Y lo duras que son estas enfermedades de los ofdos!
ron los periódicos que una de las millonarias más trata de mi, se trata de los que sinceramente han Ciertos doctores las creen Incurables.
Entretanto, el viejo patriarca del Transvaal, diri,ma,t de Baltimore, la Sri ta. Horwitz, en la ceremCJ- creído crlruinal á un desgraciado. Tengo fe profunda
nta nupcial se acercó al altar llevando apretado conen que ese momento no tardará en llegar; cuando ba- giéndose á sus bravos pastores bíblicos, en vez de
tra su corpiílo de seda á su fox-t.e:rrier Jock coronado ya caldo el poi voy se haya desvanecido el humo del hondas armados de m.ausers, clama á ,Jflhveb, y lo llama en su auxillo y en él contía: Domine in aditUoriuni
de crisantemos blancos.
comba.te.
meum intende .... Francamente conmueve esto; pero
Una senora mexicana me decía en New-York: no
ay! también invocaban á Dios los pobres dervJses de
-quisiera para mis hijos mujeres americanas, porque
•••
Ondurnam, &lt;¡ue se erguían con tos brazos abiertos badeliran por el lujo y gastan mucho; en cambio, sí deCon el título de grove rumo1· públicó el Courl'íer du J/e,
,_, maridos americanos para mis hijas1 no 1os hay xique un telegrama rererenteá la próxima ocupación de jo sus alquiceles blancos, y caían por mmares y mimejores. Cierto¡pero hasta en eso pretenden, los que la 'l'rJpolitana por las tropas trancesas. Con razón llares perforados y desbaratados por las dum-dum,,!
El estado de ánimo de estos europeos africanos que
pueden, hacer singularidades; hasta en la. mantfesta- llamó grave á la noticia; no podía serlo más como que
han
vhido retraldos en sus 111.nadas pasta.les desde
1
-eión del afecto. Vayan dos casos: entérmase la sefio- sería la guerra. Jamás la generosa é lmprudentt:
hace tanto tlem!)o, reproduce exactamente el de los
'11 Wblt ney, una de las más bellas mujeres de New1
Francia habría cometido imprudencia de mayor ta.
York, de América por lo tanto; su marido abandona mano. La invasión de la Tripolitana equivaldría si- campesinos del s glo XVI que se reunían en derredor
de Munzer y morían sin quedar uno, cantando los
'1118 negocios, se instala á su cabecera, reune en demultáneamente á la protesta armada de Turquía,
rredor de la. paciente á los mejores médicos de los que e~ la. nación soberana en las comarcas líbir.as, y versicuios de la Biblia, ó el de los hugonotes de DuEstados Unldos 1 y uno de ellos es contratado para esa protesta sería resueltamente apoyada por Ingla~ plessis- Mornay, que penetraban en las batallas ento•
dedicarse exclusiva mente á la en terma, abandonando terra y por ItaUa, de modo que Ja conversión de la nando el salmo de Lutero. ¡Ob! grande alma del gran
viejo Gladstone, ¿por qué no eres hoy el alma de tu
'IU cltentela. Otro médico se consagró á vigilar los
triple-allt:i,nza en una alianza qufntuple por la adhe- patria1
alimentos que un chef traído de Parls á precio de oro sión de los ingleses y los turcos, tal sería f'l afecto
debla prepa rar; el mejor jardinero de la ciudad lué instantáneo de semejante insensatez. Si ha costado
-empleado en escojer y disponer ias flores que, de mi- tanto sacrificio de 1encor y amor propio á los Italia.
·llares enviadas de todas partes, debfan otrecerse to• nos vol ver á su concordia tradicional con Francia,
dulas maf'.i anas á la ente, ma¡ un literato de nota se después de la toma de posesión de Túnez, ¿qué In-encargó de la correspondencia de la joven senora y mensa explosión de coraje acompallaría á la ocupade leerle diariamente algo de sus autores favoritos ción de Trípoli, tan tenazmente codiciada por Itai\cntles serían ?). En este oficio tuvo por colaborador lia? No creemos, pues, en la noticia; no es posible.
propio Mr. Wbloney, que tomó para ello lecciones
Y aquí me permitirán mis amables lectores una
-de dicción y declamación de un actor de gran crédi- simple
nota á propósito del Courn·e1·: nuest ro entendiEl descarrilamiento ocurrido hace poco en Ja línea
to. Mdslcos y cantantes de ambos sexos, como dicen do y cortés amigo el Sefior director de este aiarlo
loe &amp;nuncios de conciertos escolares, regiamente pa- trancés atacó muy vehementemente un fragmento de del c~ntral. cerca de Apaseo, ba sido entre los tris-lldoe, esperaban las órdenes de la doliente, tarde y mi última revista sobre el asunto Drey!us, reprodu, ter. acontecimientos de estos últimos días, uno de
DOChe, para sattsracer sus caprichos .filarmónicos. cldo por el lmparcial; bien se conocía en el a.taque los qne más comenta el pó.1,llco. Por tal razón nos Ji.
,¡Qué tal? no es este el marido m111onario Ideal? No que su autor no había leído todo mi artículo. No por mi tamos á publicar las tres lotogral!as que tomó un
-M yo que ent re mis palsanos haya uno de estos ejem- tal ta de. deseo, ni de deferencia, sino porque no soy artista de la Photo Supply Co. que venia como pasaplares.
jero en el tren descarrilado. Como quiera que los gramás que periodista ocasional en sólo este periódico y
Pues hay otro caso y este si por extremo slmpátl- y en este sitio, mientras torna á ocuparlo el aprecia- badoq que publicó &lt;El Imparcial&gt; pudieran parecer
por más que tengan bien mar-:'; sabido es que la hermosisl ma y lamosa Slbyl San- ble escritor encargado de él, me es imposible, con- apuntts fantásticos,
1
en«Jn Re casó hace poco con Actonlo T erry , joven vertir esta revista en sección de pnlémtrR, y i:idemA~, cado el sello del or ginal rotográHco, las ilustracion, a
'C&amp;pltalt•ta !ormtd,bie. No acabab• la luna de miel quebrantaría así u11 propósito que we he lwpuestu, qne ha~• damos establecen la autenticidad de la. in·
tormacióu dt! uue~tros diari os.

. . . J ~ J ~.

Un descarrilamirnto en 1~ línea del F. c. Central.

�Domingo 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

230

Domingo 8 de Octubre de 1899.

FEDORA.
Los músicos de la viPja escuela
y de la antigua chapa, los partidarios del gargarismo lítico y dd
clownismo vocal, se han queda&lt;!o boquiabiertos, estuptfactos á
la audición de la «Fedora;» con
un poco más de instruccióv clásica, hubieran exclamado: Delen•
da est Cartago! Q,uosque tandem
ab1..ite1·e . ... ! Quam 1·empublicam
habemus! Uno de ellos meneaba
la cabeza con desaliento profundo y sorrla desesperación.
«Dan ganas, decía, de preguntar, parodiando al payo del cuento, ¿dónde está la música? Esto
no es ópera, sgregaba, es un rompecabezas: he ahí un ruido monótono á veces, ensordecedor
otras, ¿dónde están las arias, loe
concertantes, los grandes finales?
¿en qué momento cantan los
personajes? Yo no veo ni oigo
cantos, modulaciones, trinos, sino actores dramáticos que rugen, ahullan, declaman acompaftados de u na orquesta de energúmenos ó de hipnotizados, se•
gún el caso. Ese Homer o dormita á menudo, pero suele roncar
desagradablemente. Ve usted salir un montón de personajes y espera usted un coro ar monioso,
mesurado, original como el del
Silencio de Norma, ó bien sonor o
y retumbante como el de los gitanos del «Trovador,» y nada ...
aquellos personajes no cantan ni
hacen conjunto. A poco, el tenor
se queda á solas con la soprano;
se prepara usted á oír e1 dúo de
amor, la pieza de resistencia del
banquete, con su andante, su alle•
gro y su coda, como Dios manda, y tampoco. . . . Los dos personajes hablan, se arr ebatan la
palabra, gritan; en la orquesta
atrapa usted fragmentos incompletos de melodías truncas, salta usted del compasillo al seis p01·
ocho, del adagio al p1·esto, del pianissimo al fo1·ti simo, y aquel par de badulaques no se arrullan
ni tortolean, ni replica al dolcissimo de él, el dol·
cissimo de ella, y luego dan un grito y caen en
los brazos el uno del otro. Eso no tiene sentido
común; y que con ese fárrago llore el público,
y que esa monserga arranque aplausos y promueva entusiasmos y ovucionesl Los dioses se
van, y primero que nadie, Euterpe; yo hago

UN CAMPESINO RECIBE LA ORDEN DE ALISTARSE
PARA LA GUERRA,

lo mismo y no me vuelven ni á ver el polvo!»
Para quie'l siente la música sólo con el timpa•
no, para quien se sirve de ella como de un rasca
oídos, para quien la reputa golosina y no ambrosía, cosquilleo y no pasión, nada más natural que
opinar y que juzgar así: iba en busca de pastillas, y le sirven acíbar, y se exalta y protesta de
que le hayan amargado la fiesta.
Pero felizmente para la música hay, y cada
día abundan más. a-entes que la siente:: con el
alma y que la analiz11n y jnzgan con el espíritu;

tortura porqu~ sus personajes sufren, atruena
porqu_e las pasiones estallan;· hace gritar, llorar
Y rugir porque sólo con lágrimas, gritos y alaridos pueden e~presarse tan intensas pasiones.
En suma, G1ordano no es un músico para baile~; esos hay que buscarlos en el género chico·
G1ordano es un dramatista lírico y su «Fedora~
es una creación admirable del nuevo género por
lo verdadera, por lo apasionada, por lo complexa y por lo adecuada.
Y cuando quiere, y las circunstancias lo exigen, sabe ser_ e~oiritual y ligero como en las coplas de du S ITl€Ux, elegante y fácil como en el
vals del ~cto segundo, pintoresco é idílico como
e_n las primeras escenas del tercero, melódico y
tl~rno como e~ )a romanza de Loris. En suma,
G10rdano I?amfiesta suficiente flexibilidad para
haber escrito «Lucía de Lamermoor:» el arte le
agradecerá siempre que baya preferido escribir
la «Fedura. »
DR. M. FLORES.

P.ABLO KRUGER.
Presidente de la Reptl blica del Transvaal.

SIR ALFREDO MILNER,
Gobernador de la Colonia del Cabo.

as~sino Y su ven1ranza viene á recaer sobre Valer1ano, Y_sobre la madre de su amado Loris; éste la maldice y ella lo sathface dándose la muerte.
_¿Cabe en este torbellino otra música que Ja de
G~ordano; es posible oue «Fedora » gorgée, qne
acabe :y redondee rns frases, que viertan miel
sus labios? ¿No; en Suiza misma el idilio amororn
es ~mar_go para los dos amantes, la -:!na asaltada
de mqu~etude1 y de remordimientos, fugitivo y
perse~mdo el otro y 11cosado de temores y de d¿lor? S1 todo es complexo, atropellado, tumultuoso, deforme, en las almas y en los sucesos todo
debe serlo en la música que los pinta y que Íos in•
terpreta.
Por _eso ~l público que no lleva ideas preconc?~1das sient_e y llora y aplaude; percibe que
el mus1co se b~ impregnado del medie&gt;, d el alma
de los personaJes. de las peripecias del drama·

'

j

ENVIO DE CABALLOS Y MULAS PARA SERVICIO DE TRANSPORTE

EL REGIMIENTO DEL REY SE J:MBAROA EN EL CABO
P ARA EL NATAL,

231

F edora ~s una muje~ ~oderna y en calidad de
tal, complicada y cas1 mcomprensible· de alt
m1;1ndo y de _alta ilustración ; por ser ;slava e~
oriental, a_pas1?na~a y ardient e; por ser aristócrata es histérica, imperiosa, turbulenta; por viu•
da conoce to?a la vida y toda la pasión. Su alma es movediza
y brillante cómo el Océano, pro
.
f und a y pel 1grosa como él. Loris es también unl\
Fedor a del sexo fuerte, el diplomático es un
.
h
·
es
e épt1~0, . a visto tanto, vivido tanto, gozado tanto é .·rn.tngadol tanto! No hay almas simple S, DI·
sent1m1entos .e ementales,
ni amores pastorile8 1 DI·
l
escenas patriarca es con person11jes de esa índo- ·
le. Y luego el drama tremendo en que va1...
vueltos
: Vladimiro
.
'd . asesinado·, Fedora, su en
ar
d1ente promet1 a Jura consBgrar su fortun» '
d
t
á
ª•
bU
v1 a en era vePgarlo y las consagra en efecto·
de pronto se rasgc1. el velo, Vladimiro, víctim~
apar ente, resulta
. d. d ser traidor é infame•, Lori·s ver
d ugo_d esp1a a o, es un noble vengador de FU
propia ho~ra. Fedora ante tales revelaciones
am/l. á Lons, pero ya lo ha denunciado e orno ,

LA CRISIS DEL TRANSVA.AL.
que no le piden sensaciones, sino
emociones; que no la quierf'!n artificiosa, sino real, y á quienes
en circunstancias dadas, agrad~
más una enarmonía qu e un acor•
de perfecto, é impresiona mAa
hondamente un recitativo que
una melodía. Y esta preferencia
no es estragamiento del g usto
ni decadentismo lírico, ni degene~
1·escencia, es un f.:nó meno natural, lógico, inevitable y evolutivo del arte, y especialmente del
drama lírico. Ya hemos ex plicado por qué, y ahora vamos á
aplicar á casos concretos la ley
estética que informa el drama lírico.
Tomemos como punto de partida «La Soná mbula .» Esa nilia
es cándida, sencilla, tierna, no
ha oído al rededor suyo sino
cantos de aves y mormullos de
bosques; su.a pasiones son patriarcales y pastoriles, sabe llorar y sabe sonreír; pero en la
dulce tranquilidad de los campos y en el curso tranquilo de su
vida, no ha aprendido á gritar,
ni á rugir, ni á declamar; su
amante es como ella, y como ella
ha vivido; patriarcales, benévolos y dulces el seftor del lugar,
los campesinos confidentes y amigos. ¿Qué género de músicl\ conviene á la descripción de ese
medio, á la pintura de esos personajes, á la expresión de sus
sentimientos y emociones? Puea
esa música debe ser simple, CO•
mo son simples aquellas almas;
esencialmente melódica, como
lo es toda una música padtoril,
profundamente tierna como loa
sentimientos en acción. Lo mismo en «Linda de Chamounix •
er.. «Dinorah.» y la intuición de
los autores se ha acomodado á
esas fundamentales condiciones,
y por haberse adaptado á ellas~
se han podido escribir esas deliciosa s comedia.
líricas.
Pero ccando se trata del drama, cuando ae van
á pintar pasiones de otro orden, pe..,.sonajes de
otra categoría, espíritus complexos, agitados por
p%iones contrapuestas, en lucha consigo ~ismoa
y con el medio que los rodea, la música simple,
puramente melódica, resulta disparatada, á tanto
equivale como poner versos de Lamartine en boci de Otello ó églogas de Fray Luis en labios de
Lady Macbetb.

.EL MUNDO.

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EN EL NATAL•
OFióIALE5 Y MILITARES DE LA REPUBLIC.A. DEL TR.A.NSV.A.A.L.

MARTIN TH. STE IN,
Presidente lle! Estado Libre de Orange.

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Casa del 81•, Castillo.

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del Sr. Don Jos-Jv d·'o 1'1&gt;rP.c:a.alupe, p1·opiedad
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La Casa Colo1·ada, p1·,x'1!iedad d ,, Don Ftrnando de mLlresa.

Casa del Sr. Ollys.

Casa de la Sra Segum.

Casa del Sr. Payró.

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.

�234

EL MUNDO.

CAMPINAS

Domingo 8 de Octubre de 1899.

Domingo 8 de Octubre de 1891!

DE lYIE X:ICO

235

EL MUNDO.

---

DESCARRILAMIENTO DEL F.

u. CENTRAL-EL TREN DESPUES DE LA. CATASTROFE.
(Véase la pág. 229).

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p ,-LA LOCO:lfOTORA QUE REMOLCABA AL TREN VOLCADO.

revela claramente la luminosa doctrina de Comte y
la alta competencia del exposit:ir que la aplica á casos concretos, La gran capacidad del Dr. Coogreve
para tratar los intrincados problemas de la política
internacional, no ha sido debidamente apreciada por
el público en general á causa del punto da vista en ,
que siempre se colocó y que no es con el que se ba1aga ni á los políticos ni á las multitudes: la subordinaci6n &lt;le la política á la moral.

De los opúsculos políticos del Dr. Cong;eve, el primero publicado en 1856, se refiere á examinar el problema de la posesión de Gibraltar por los ingleses.
Notable es desde todos los puntos de vista el folleto,
en él reclama su au~or como sabia medida poiitica la
devolución del Peñón á España. Con este trabajo
inauguró el Dr. Congreve su larga y gloriosa carrera
de publicista; inspirado por Augusto Comte, dicbo
trabajo mereció su deseada y preciada aprobaciún.
Cuando tuvimos en Londres la satisfacción de conocer y de tratar al Dr. Congreve, nos ex;&gt;resó su ardiente deseo de que fuese conoc~do por el público español su folleto s@bre Gibraltar. De regreso en nuestra patria un inteligente joven ingeniero nos ofreció
su concurso y efectuó la tradución en la que colaboró
el Dr. Congreve con la interpretación de un pasaje
en griego. Causas agenas á nuestros propósitos y á.
nues~ra voluntad han retardado la publicación castellana de Gibr'.Lltar.
,
E l nombre del Dr. Congreve será uno de los má.:1
notables en la historia del movimiento posit!vista de
Inglaterra; su recuerdo vivirá 1,iempre en los discípulos de Augus1'-&gt; Comte. Pertenece el Dr. Congreve

El Dr. Ricardo Congreve.

~;:m;lo

1-Puente~de San'Antonio.
2-R ·
la Casa Qolorada en San .Angel.

ri~~;nade caS~~e Je rj/l.an Ange3l•-Presa
de la huerta '1o,l Convento del Carmen.
4-Pabellórl,_ _de
7-El Panteón.
8-Presa de la Haciend(I. de la Concepcwn.

d lC
t dl C
JJvi:r°me~.

11

El 5 de Julio último pasó á la existencia del recuerdo en Hampstead (Inglaterra), el Dr. Congreve,
uno de los primeros y de los más distinguidos discípulos de Augusto Comte. Nació en Leamington
Hastings, condado d~ Warwick, el 4 de Septiembre
de 1818, y de los ochenta años diez meses que vivió,
más de la mitad fueron por él consagrados con incomparable constancia á la difusión de la Religión de
la Humanidad. Después de haberse edut.:ado en Rugby bajo la dirección del célebre Dr. Arnold, ingresó á
Oxford, Wadham College; en Oxford se distinguió
como estudiante, y en 1840 figuraba entre los primeros de sus camaradas. Su antiguo colegio de Rugby
reconcciéndole méritos, lo nombró uno de sus colaboradores y acudió al nombramiento como maestro ayuJante. Volvió otra vez á Oxford, hacia el año de 1850,
Yhallándo1,e en la vieja y justamente célebre Umversidad, tuvo conocimiento de la existencia de la
doctrina positiva; en un viaje que efectuó por el Continente compró en París las obras de Comte, y tuvo
la dicha de conocerle personalmente y de tratarle allá
por el año de 1852. En Oxtord conoció el Dr. Congreve, hacia mediados del siglo, á los distinguidos estud~antes E. Spencer Beesly, J. H. Bridges y Freden c Harrison; la buena amistad que unió entonces
á los cuatro, fué altamente benéfica ~ara las ideas de
Augusto Comte; los jóvenes escolares abrazaron las
ideas positivas, y boy son los tres escritores, ingleses
distinguidísimoi;, y entusiastas é inteligentes paladines del positivismo en su patria. Pasado algún
tiempo d~ su iniciación en la nueva síntesis, el Dr.
CongrevE&gt;, á fin de consagrarse á su propagación,
abandonó á Oxford y comenzó sus estudios médicos
para completar su educación é instrucción, en King's
College Hospital, alcanzando el grado de miembro
del Real Colegio de Médicos.
Una vez pru1 bto de los medios necesarios para su

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EL CARRO DE EQUIPAJES Y CORREOS VOLCADO EN UNA ZA.NJA.
difícil apostolado, se dedicó á propagar la Religión de á la legión de los que forman «la edad de oro de la'! rela Humanidad, ya por medio de notables dii,cursos, ligiones&gt; según la bella frase de Renan, pues adoptó
ya valiéndose de instructivos y sugestivos opúsculos la idea positiva en la obscura época en que ignorado
ó ya, en fin, en la conversación familiar en la q11e do- el Posit ivismo, era realmente meritorio abrazarlo, y
minaba su estilo persuasivo. Dos voluminosos tomos sacrificando los éxitos inmediatos y los c,ropeles de
cou algunas de las obras del Dr. Congreve se han pu- la vida, con perseverancia y abnegación consagró toblicado, otro tomo también· vol umi noso p0drá. for- dos sus esfuerzos á vivir para los demás.
marse con las no reunidas. De los t rabajos del Dr.
AGUSTIN ARAGON.
Congreve, aquellos que llaman más la atención son
los que se contraen á. cuestiones políticas. En ellos se

�Domingo 8 de Octubre de l o99.

EL MUNDO.

236

BERE,NIOE DE, JUDEf\.
I
Nos cuenta el buen Suetonio que Tito, apellidado más tarde las delicias del Género humano,
fué al principio un personaje bastante malvado.
Prometía ser un profesional imperial á la manera
de los Tiberios, los Nerones y los Vitelios. Era
cruel, vvluptuoso y glotón. Hacía venir curiosidades de boca de las extremidades del mundo ba•
bitable, de los abismoi;: de todos los mares del
Asia, de la Libia y del Océano de los atlantes.
Se rodeaba de hermosos eun11eos 1 de esclavas voluptuosas, de ef,ibos de formas armoniosas y de
bailarinas hábiles en representar lt1.s delicias variadas del himeneo y en despertar los sentidos
adormecidos por el licor de Dionysos. Le gustaba hacer morir á sus enemigos ó á los que creía
tales, ó sencillamente á los que le eran desagrada bles.
Parecía destinado á resucitar aquellas fiestas esquisitas en que los hombres vestidos con pieles de leopardo y
de jabalí eran arrojados á los perros
de Tesalia, al resplandor de los con: {,:
denados untados de betún y de nafta
y transformados en vibrantes antorti
chas.
Esta concepción bastó al principio á
Tito, principalmente cuando no era
más que el lugarteniente de su padre.
Pero la historia nos dice vagamente
que entrevió al fin que no sería muy
dichoso oyendo los lamentos de sus
víctimas y temiendo eternamente el
cuchillo de los asesinos. Prefirió satisfacciones más tranquils.s.

que se cerraba sobre su cuerpo, sembrado de esmeraldas y de ónices. Permanecía inmóvil, exasperada de encontrarse entre hombres ébrios y de
sentir su belleza inútil.
Dijo en voz alta en la lengua de su país:
-¿Quién es aquel que moriría por un beso de
la reina Berenice, como se cuenta que murieron
por Cleopatra de Egipto?
A estas palabras, Lucio Flavio, personaje con•
sular, levantó la cabeza. Todo su cuerpo se estremeció sacudido por un gran frío. Era el único
que tenía el espíritu y el estómago libres en el
festín y se deleitaba viendo á Berenice. Pero como estaba oculto tras las tapicerías, nv lo había
apercibido la Reina Berenice.

~II

Era de noche.
Berenice hacía caer sus vestidos y su cabelle-

IV

II
Una noche, Tito y sus compafteros
estaban embrutecidos por la orgía. Habían comido de todo lo que producen
[
loo archipiélagos, las llanuras líbicas
,.
y los bosques célticos. Flores ardientes y perfumes raros disimulaban el
/
olor humano de la fiesta. Las esclavas
no podían animar ya á los convidados cansados
de vino y de caricias. Pero se continuaba comiendo hígados de mustelas y escaros, rubios muertos en el garum, lenguas de ruiseftores, salmue•
ras mezcladas con nieve y todos los frutos encantados de Sicilia, de Iberia y de Cartago.
Berenice de Judea estaba canstda, Yacía recostada sobre plumas de cisne y de avestruz, y
desde hacía largo tiempo n0 tocaba ni los vinos
ni los platos puestos sobre la mesa de citr a, con
embutidos de concha de tortuga, lámiaas de
plata y marfil de Mauritania.
Se sabe que Berenice era la fav:orita de Tito.
Ejercía esta princesa profundo dominio sobre el
joven .á.ugusto y se esperaba que la hiciera su
esposa. Poseía el secreto de las voluptuosidades
orientales, un cuerpo milagroso construido para
las hermosas actitudes y los bailes, ojos grandes
y suaves que podían expresar todos los sentimientos y la boca admirable con que había esclavizado César á Cleopatra.
Escuchaba distraídamente á tres esclavas que
imitabau la voz de los ruiseftores por medio de
callas húmedas.
Aquellas voces la transportaban á los jardines
de su país á las colinas de olivos, de vides y de
terebintos: cerca de los bosques aromáticos y de
las fuentes brotadas de las rocas, Veía sus cielos
implacables, sus crepúsculos rápidos y sus sec11.s
montaftas perfiladas sobre el horizonte resplandecientr..
Sabía que la vida es triste, árida y solitaria,
En el fondo de su memoria reaparecían esas breves horas eu las que se ha tenido la ilusión de las
cosas. Casi todas pertenecen á la ü:fa.ncia y su
recuerdo es obscuro como el goce mismo que han
dado,
Oía Berenice el aleteo de un en~uefto queno debía realizarse nunca y que había leido en tres
versículos del Cántico de Schelomo.
Sus pupilas profundas moraban ante ella; una
sonrisa confusa vagaba en su rostro pintado de
rosa, y brillaban su~ Is.bias . crueles y voluptuosos, La cubría un rico vestido de tela de plata

Los ojos de la reina no se apartaban de loa de
Lucio, Le gustaba aquella flama devoradora,
aquel amor acre como los perfllmes de su país.
-Lucio,-le dijo,-aun es tiempo de arrepen.
tirte de tus palabras. N adíe te ha visto entrar A
esta alcoba. Si no quieres morir, retírate.
Al pronunciar estas palabras, palpitaban aua
senos; tanto era el miedo de que el Romano le
arrebatase su suefto.
Pero él, altivo, respondió:
-No me arrepiento de mis palabras; eambio
mi vida por un solo beso tuyo, reina Bereniee.
Ella le contestó tiernamente:
-Porque en verdad, Lucio, no podrías vivir,
No conviene que un hombre guarde semejante
secreto.
Lucio alzó las espaldas ligeramente.
Ella sintió una voluntad profunda como el abia,
mo y el amor de cien siglos resumido■
en un solo hombre; miraba á Flavio
con · una especie de veneración y casi
de humildad, pero no olvidaba su pro•
mesa.
Fué suavemente á cerrar la puert11 y volvió sonriente á apoyar sua
roanos en los hombros del Consular,
Le dijo en voz baja:
-Tendrás más que el beso de la
reina Berenice, tu alma ha penetrado
en mí, estoy enferma del mal de tu
amor.
Y lo arrastró como la leona arrastra al león.

ra á la luz de pequeñas !Amparas de Siria, cuya
llama era clara y suave. Miraba su imagen en un
espejo de plata con la tristeza de su belleza inútil. Tito d,;rmía y la hija. de los reyes de Judá
tenía un corazón orgulloso. Desdeilaba las caricias ancilares y no quería comprometerse con los
hombres que la rodeaban.
Se hizo quitar por sus esclavas el polvo de su
rostro y de sus párpados, se lavó en agua perfu.
mada de jazmín. y quedó aún más bella que cuando estaba adornada, con su cuerpo fresco envuelto en una túnica de lino y en la noche fluente de
su cabellera. Despidió á sus esclavas.
Entonces, tendida sobre un vellocino negro,
pasó sus manos por su cuerpo y se dijo á sí
misma:
-¿Quién es aquel que moriría por un beso de
la reina Berenicei&gt;
Se levantaron las tapicerías y apareció un rostro moreno y lleno de energía:
-Lucio Flavio quiere morir por un beso de la
reina Berenice.
La reina quedó rígida de pavor. Pero se serenó oroato. Min, b 1 con arrobo al hombre que la
hacía semejante á Cleopatra.
- ¿Es posible, dijo, que quenis dar vuestra
juventud que es tan b&lt;illa y vuestras esperanzas
que soo tan g.andes po~ un baso de mi boca?
Lucio respondió:
-0, pongo por encima de la juventud y la esperanza. He sentidó mil veces el soplo de la
muerte en las bat1:11las y sé que siempre está próxima, ¿No es preforible que escoji mi hora? No
encontraría otra más bella.
Sus ojos contemplaban á Berenice. La suave
luz de las lámpar11s siriis mostraba todas las armonías de la joven oriental, su rostro, donde se
mezclaban en ritmo Pxtrafto la ternura ingenua,
la curiosidad insaciable y el instinto duro de las
hiJas del sol.
Lucio había nacido para adorar aquella bellez \, má; antigua y má;, profonda que la belleza
latina ó griega. Conocía todo su encanto por haber vivido eu la B.1bilonia y en la B.1ctriana.

Aunque fuese ya de día, no habfa
en la alcoba obscura otra claridad que
la de las lámparas. La reina de Judea
contemplaba cariilosamente el rostro
de Lucio Flavio dormido. Apenas ha•
bían pasado algunas horas y ya aquella cabeza le era más cara que toda
persona viva. Parecíale duro conaa•
grarla á la muerte, pero su alma orien•
tal nutrida de principios seculares ne imaginaba
que Lucio plldiese vivir. Tenía ademAs en el
fondo el ejemplo de Cleopatra, como un soldado
heroico la historia de los Mucios Scévol11, de loa
Dejanvias y de los Leónidas,
Lo despertó suavemente.
Lucio se volvió hacia ella con una sonrisa de
gratitud y de gozo.
-¡Ah! murmuró: ¿es verdad que se ha cumpll•
do mi deseo? Bendita seas, reina de Judea.
-Te amo, Lucio, y te lloraré eternamente,
respondió ella.
Después siguió un gran silencio. Afuera se levantaba la maftana, y los dos comprendieron que
había sonado la hora.
Lucio dijo con indiferencia:
-Estoy dispuesto.
Entonces Berenice abrió lentamente la puerta
y llamó á sus esclavas:
- ¡Socorro! Daovel, Abij!\, Mical.
.
Acudieron las mujeres y los eunucos. La onen•
tal dijo con voz clara:
-Este hombre ha penetrado en mi alcoba Y no
conviene que vuelva á ver la luz del día.
Los esclavos se apoderaron de Flavio y le ata•
ron los braz )S. Desoué, lo arrastraron hacia loa
departamentos de Tito.
El príncipe, que había dormido bien, estaba dt
buen humor. Hizo comparecerá Berenice Y oyó
los detalles de la. 11ventura, Supo que la reina ha•
bfa encontrado á Flavio oculto en su alcoba,
Flavio declaró. Dijo sencillamente que se había ocultado en el atrium y que al amanecer,
confiado en el sueño de los esclavos, hábla pene•
trado en la cám11r11 de la reina.
Esta historia que no podía excitar 11us celos,
interesó á Tito. Rel!ordaba que Lucio l!"'Javlo ha•
bía seguido fielmen~e á Vespaciano y que él Du
podía menos que a 111 bar sus servicios. Tuvo una
de esas crisis de clemencia que debían hacerlo
célebre después.
-Lucio, le dijo, tu crimen es grande y merece
la muerte, pero quizá has sido víctima deun diOI
cruel. Quiero proporcionarte la ocasión de rep•

Domingo 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

rar la injuria que has hecho á la reina Berenice
y A tu emperador. Partirás para el país de los
Cattas que se han revelado y tomarás el manio
de las legiones y permanecerás alli hasta el día.
que crea que puedas volver á Roma.
Esta sentencia llenó el corazón del Consular de
gratitud nacia el Augusto y se pro ..ternó ante él
pero al levc1.ntarse se encontró con la mirada de
li&amp; reina.
Aquella mirada estaba triste, llena de desdén
y de desilusión,

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V

Berenice estaba hundida en un suefto melaneólico. Con los cabellos esparcidos permanecía
sentada sobre las pieles de animales y las telas
de seda, y veía por intervalos la belleza de su
cuerpo y el encanto de su rostro en el gran espe
jo de Neapolis.
Las tenues lámparas sirias alumbraban el lecho adornado de plata, de nácares, de púrpuras
y esmaltes. Había pocas figuras y ningún simuJaero de dioses, porque Berenice era fiel, si no á
las creencias, al menos á las repulsiones de su
raza. U na poca de mirra ardía en una cazoleta,
Pensaba la reina de Judea en la última noche,
Su cuerpo se estremecía, su alma se turbaba, Pero el disgusto amargo de la esperanza perdida
hacia odioso aquel recuerdo y execrab~e aquella
- turbación. Ber,mice se sentía humillada en su potencia y ee decía con de;iesperación:
-¿Qué filtro poseía, pues, la reina Cleopatra?
¿Por qué los hombres morían por ella? GSeria
acaso más bella que yo?
Después continuaba:
-Pero Lucio quería morir y hubiera muerto
aiu quejarse. ¿No hubieran aceptado el perdón
los amantes de Cleopatra? Perecieron ¡)orque la
necesidad los obligó á ello. Puedo creer que alguien ha marchado al suplicio por un beso de
mi boea.
Pero tales razones no podían satisfacerla. La
aventura parecía. un cuento y no podía siquiera
creer en la voluntad de Lucio.
Apartó de despecho su túnica. Se habría dicho
que todos los divinos escultores habían coopera•
do para modelarla. Unía la elegancia de la Ana•
diomena á las formas firmes y finas de las diosa&amp;
del agua y de las selvas. Su cadera era amplia
y robusta y Bin embargo ondulaba ligeramente;
sus piés pequeflos parecían poder conducirla tan
velozmente como los de un efebo hábil en la carrera.
La pequeflez de su boca era tentadora y no
era ni muy suave ni muy tierna la curva de sus
mejillas.
Se contempló largamente, y sus ojos se llenaron de asombro.
Sin duda Cleopatra era más hermosa, dijo, y
se puso á pensar en Lucio.
Vió su rostro moreno acercarse á ella con los
ojos llenos de amor y d" muerte, y no pudiendo
rechazar la duda murmuró con voz languidecida.
-¿Querrías verdaderamente morir, Lucio Flavio?
Como la víspera las tapicerías de púrpura se
levantaron; apareció el Consular con su barba
corta y sus ojos resueltos y dijo lleno de dulzura:
- Lucio Flavio quiere verdaderamente morir,
Reina Berenice, y no ha aceptado la gracia del
Emperador,
Sintió la reina que una vida abundante y orgullosa llenaba sus venas. Sus ojos resplandecie•
ron. :No podía cansarse de mirará Lucio. Se concebía igual y tal vez superior á Cleopatra porque
é;ite volvía á la muerte después de haber sido
salvado.
Repetía las palabras del Cántico:
...He buscado durante la noche al que ama mi
corazón,»
Y agregaba muy bajo:
-Lo he buscad 1 y lo he encontrado.
Y volvió el alba como el día anterior, pero
Flavio y Berenice nu se habían dormido.
Lucio habló.
~Ha llegado la hora, reina Berenice. Ni tú
puedes llamar á tus esclavas ni yo comparecer
ante el Emperador. Sería una irrisión, También
es peligroso huír. Sólo la muerte parece natural;
vuelve la cabeza si no quieres ver mi r.gonía.
1.A Ella se arrojó sobre él pero luego retrocedió
OM1Sta el muro ocultáddoee los ojos.

237

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- l - --/--.

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Lucio tomó un estilo de acero azul que llevaba escondido en su pretexta, hirió sin vacilación
porquo est11ba ejercitado y se dejó expirar dulcemente sobre los toisones y las púrpuras.
Berenice al principio temió volver la ·cabeza.
Había oído una caída sorda, un gran suspiro,
después el silencio, y se apoyabá enelmurotem•
blorosa.
Al fin haciendo un esfuerzo se volvió. Vió á
Lucio Flavio tendido sobre el suelo con el rostro
ya inmóvil, La belleza de la muerte comenzaba
á derramarse en él.
Entonces sed ,avaneció todo temor en el corazón de la reina, se arrodilló junto al cuerpo bien
amado y unió largamente sus labios á los labios
aun tibios del Consular.
Jamás ninguna ternura, ningún goce, ningún
dolor habían llenado hasta aque. punto su ser.
Repetía con arrobo mezclado de espanto:
-Al fíu soy semejante á Cleopatra, reina de
César y de Marco Antonio.
La hora avanzaba, Berenice con los ojos lle,
nos de lágrimas dió un último beso A Lucio é hizo venir á sus esclavas.
J, SOLDANELLE,

LA BARBERA.
-Francamente,mnchacha, tienes una mano maravillosa. En mi vida me habían afeitado con
tanta ligereza.
-Pues el afeitar á su eminencia no es tan fácil
como parece. En mi vida he encontudo una barba tan difícil.
-Sí, es muy áspera y recia, y, sin embargo no
me has cortado ni una sola vez.
-Porque soy una barbera única en su clase,
-Te daré un di,:&gt;loma con mi sello cardenalicio.
-Mif gracias, seftor.
Acto continuo, la barbera volvió á enjabonar
el rostro del cardenal.
-¿Te has vuelto loca?-dijo éste-¿Qué vas á
haceri&gt;
·
-Hay que repasar la barba de su eminencia
para hacerle los honores que le corresponden,
-Cuidado, muchacha. Creo que me adula~, y
has de saber que no me gusta cierto género de
lisonjas.
-Si fuese yo aduladora no habría dicho á su
eminencia que su barba no es fácil de afeitar.
-Tienes razón. Haz, pue&amp;, á mi barba los honores que quieras, y veremos qué es lo que aún
tiene que afoitar tu admirable navaja.
-Mucho más de lo que su eminencia puede suponer.
y la b1:1rbera volvió á pasear su navaja por el
rostro del cardenal.
-Eres única en el género.
-Y hoy más que nunc'I., puesto que se realiza
el suefto dorado de mi existencia.
- ¿Qué quieres decir con eso?
-¿No se a:merda su eminencia de haber hecho quemar vivos á unos hechiceros de Santa Ma·
ría de los Angeles, en la provincia de Alicante?
-He mandado á la hoguera á tantos hechiceros, que no me es posible recordar lo qa.e me dices.
-Mo refiero á unos gitanos ....
-También han sucumbido muchos en la hoguera.

-Aludo á una familia cempuesta de once personas.
-¿Qué significa eso ante el número infinito de
herejes cuyas almas ha purificado el fuego? ¿Y
qué relación hay entre su muerte y el sueno dorado de tu existencia?
-El día que su eminencia hizo quemar vivas
á las once personas &lt;:le qu.. hablo, tenía yo cinco
aftos. Hoy tengo dieciocho. Pues biE,n, durante
los trece aftos que noa separan de aquel terrible
día he a!imentario mi corazón con 111, esperanza
de que habría d_e llegar el momento en que pudiera hacer la bar ha á su eminencia.
- ¡Con qué suavidad me afeitas mientras vas
hablando!
-Su eminencia no comprende la alegría inmensa que, como buena católica. experimento al
ser la barbera titular del gran inquisidor que ha
hecho perecer en la hoguera á tantos herejes y
hechic~ros
-¿Y estás segura de que serás al fin mi barbera titular?
--Su eminencia es demasiado justo para negarme semejante privilegio,· después de la brillante
prueba que estoy haciendo. Pásese su eminencia
la mano por el rostro y dígame si no está tan liso
como la cara de una doncell8. ¿Quién podría hacer A su eminencia la barba de una manera tan
primorosa cvmo yo?
-¡Nadie, nadie!. . . . Tienes razón, y desde
luego quedas combrada, como deseas, mi barbera titular.
-¡Dios sea loado! ..... .
El cardenal, al pasarse la mano por la barba,
encontró un pelo áspero y solitario 4ue le había
dejado la barbera.
-¿Qné es esto? ¿Por qué me has dej ,do este
pelo?
-Temía hacer dafto á su eminencia al afeitárselo. Es un pelo cuya raíz es muy profunda; tan
profunda, que llega hai;ta el corazón,
-Decididamente estás local
- Nada de eso; por más que su eminencia opine lo contrario.
-Te advierto que si tu razón no está firme, te
retiro el título de barbera que acabo de conferirte.
-Crea su eminencia que no lo seré por mut'lho
tiempo. ¡Lo juro por Santa María de los Angeles!
-¿Por qué lo dices? ¿Porque estoy viejo y no
est&gt;1 lejana mi mu~rte?
-Eotá más cerca de lo que su eminencia puede sospechar.
-¿Qué quieres decir con eso? Habla, dL .. ,
La barbera blandió su navaja, cuyo filo había
aguzado con la palma de la mano y dijo al cardenal:
-¿Tiene empeflo su eminencia en que le efci•
te ese pelo cuya raíz es tan profunda, tan profunda -íUe llega basta el corazón?
-Sí, tengo empefto en ello, pues quiero que mi
piel quede tan limpia como la tuya.
-Y como mi conciencia también,
La barbera besó la hoja de su navaja, y luego
con voz grave y gutural exclam5:
- Hace trece ailos que en Santa María de los
Angeles, en la provincia de Alicante, fueron quemados vivos por orden de su eminencia once gitanos considerados como hechiceros, Eran mi
padre, mi madre, mis hermanos, mis hermanas y
mi primo José, que más tarde debía ser mi esposo.
Y mientras el gran inquisidor la contemplaba
lleno de terror, inmóvil ante las mágicas miradas con que le tenía petrificado, la barbera le
degolló de un solo tajo, amplio, profundo y lento, murmurando once veces:
-¡Aménl
JUAN RICHEPIN,

PARA ENTONCES.

Humilde, aislada, triste y escondida,
así quiero mi tumba, oíd mi canto;
que sea como mi vida:
humilde, aislada, triste y eecondida
y como ella, mojada por el llanto,
MIGUEL E, PEREYRA.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 15, Octubre 8</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Por fin llegaron las tardes de Otoño con sus brumas de rosa y sus crepúsculos de cristal, con sus paisaje!l dorados y melancólicos y su aire fresco y transparente que trae el acre perfume de las hojas secas
y de las flores moribundas.
Son divinas estas tardes de Octubre en cuyos horizontes hace el sol incoucebibles juegos de luz. Sobre
la seda azul de las montañas, pringada de gemas
chispeantes encórvase el acero luminoso de los cielos sobre el 'cual se deslíen las nubes en diáfanas y
caprichosas rantasias. Y abajo, en los llanos y en las
campiñas, tiende la claridad su red sutil y deslumbradora, clavada á la tie1ra, aquí y allá, por largos Y
frágiles dardos de sol. Es este un Otoño nuestro, matizado y lleno de savia, en el que la naturalez~ se ve
más hermosa que en primavera, como una muJer de
veinte años, embellecida por el amor y por el_ deseo,
es más hermosa que la niña de formas angéllcas que
ni sabe aún ataviarse ni conoce la alegría de vivir.
En otras partes, el Otoño es áureo y rojizo, de un
tono uniforme y seco, que no es otra cosa q?e la
transformación rápida del verde muerto. La tierra
no tiene jugo ya; está fría, y en vano los árboles la
cubren con hojas para de vol verle el calor. T• :rlo el
día cae por lus S!nderos y los surcos, una lluvia d•!
alas amarillas que el viento se entretiene en arra11car de las obscu ras ramazones.
En nuestro Otoño, el ve1de no muere; sP. enferma
nada más, palidece, toma un suave tinte flavo y lívido que es de uua infinita variedad de campo á campo,
de tronco á tronco, y de rama á rama. No es el oro
viejo, monótono y sin brillo, _el que cubre )a arena
gris de los caminos y que man posea en los aires y los
llena· es la esmeralda jugosa, bañada en luz de plata,
con dulces reflejos de sangre anémica ó matices de
púrpur,1, desteñida. La tier,a t iene savia; sólo que
está perezosa y soñolienta, y qu iere dormir un poco
porque como el sol la ba acariciado tanto, se siente
camacla ele clar jlr&gt;re.~, de la misma manera que una
amantP. que se fc1tiga de dar besos ....

•

Los diarios de información se ban entretenido durante la semana en pormenorizar dos sucesos, no originales, ni extraños siquiera; pero &amp;í inte~esantes: el
proceso de unos ladrones de cincuent~ m il pe_sos,. y
la aprehensión de otros, que, con hábiles comb10ac10nes, engañaron á un rico español para robarle algunos miles.
.
Estas n'Jticias serían de una aburridora Insignificancia, si en ellas no apareciera el tipo del heroe novelesco de folletín, hecho con un poco de Rocambule
y otro poco de Conde de Montecristo. Hablo del ladrón de levita, del misterioso personaje que se presenta en sociedad con los aparatosos modales de un
actor, de un galán joven, que vi.;te con elegancia,
come y b~be con es plendidez, sabe bailar boston, y
babia del honor como de un ideal ya conquistado y
seguro.
En las sociedades exquisitamente civilizadas se
presenta este caballero con bastante frecuencia y sus
proezas hayan en ellas campo libre y rico. La vida
de estos hombres debe de ser interesante y curiosa
por extremo; debe de estar compuesta de escenas y
episodios jocoserios, como las memorias de Casanova, con un gran fondo de filosofía callejera, pervertida y amarga, en cuyo vulgar pesimismo no palpitará otra cosa que una gran sed de placer y un sensualismo encanallado y brutal. La educación les
ofrece poderosos recursos para llevar á cabo sus fe chorías; y la moda y la urbanidad ponen á su disposición agradable.s disfraces para ocultar sus intenciones y malevolencias. Son hábiles prestigitadores, comediantes de buena escuela, y andan por esos mundos, urdiendo planes y fraguando acechanzas entre el
estruendo de una orgía inacabable, ccmo si la sociedad fuera para ellos lo que para los rom'l.nos de Petronio, fué la casa de Trimalción.
No era común entre nosotros este peligroso embaucador. Nmstro era y henchía las cárceles el tipo del
ladrón miserable que, por las noches, en las calles solitarias, burtaba, puñal en mano, y echaba á correr
con el reloj y la bolsa á su lejano escondite, á su tenebrosa Corte de los Milagros. Nuestro era el haraposo, el hambriento, el vagabundo, que, ignorante y
estúpido, arrebataba á la existencia, para poder vivir, lo que ella no le daba de buen grad~. Pero este
malhechor era fácil de conocer, y la policía lo atrapaba con facilidad entre sus mil y tres tentáculos.
Mas al ladrón refinado, al elegante, al que flanea
por el houleval'd del brazo de lo~ amigos aristócratas,
al que asiste á teatros y clubs, Juega al bacarat, va

EL MUNDO.
en carruaje al paseo, galantea á las perdidas de m~da,
y desafía á los que se atreven á poner en tela de Juicio su nobleza, á ese autor de estafas y eng&amp;i'ilfas, á
ese flamante Plcolet, no le veíamos apa~e~er sino de
cuando en cuando, en los anales del presid10.
Hoy, quizá por primera vez, nos damos cuent3: de
que nos invadió l&amp;. plaga y d~ que la propiedad tiene
un nuevo enemigo, más terrible que el pobre ratero
que va entre la multitud, avispado y audaz, buscando la punta de un pañuelo que extraer, y que el legendario salteador de caminos, que antaño, iba por escarpaduras y ve_.ricuetos, e;1-poniend? la vida, en persecución de algun convoy imaginario.

** *

El ~eatro Nacional, durante nueve ó diez meses_d~l
año, es una jaula abandonada; una jaula, muy v1eJa
y grande que acaba de abrir sus puertas á una buena
bandada de aves que vienen de los antiguos bosques
en que soñaba Mignon.
Por la página que boy publica el Semanario, se
comprenderá que la belleza es la nota dominante en
ia compaiíía de Sien!.
Primero, veamosá las artista&amp;. ¿Verdad que son
bellas? Ahora; silencio, vamos á escucharlas .. • •

La vanidad y la muerte.
Dicen que la vanid?u sobrerive al hombre, que lo
acosa y persigue wás allá d~ la vida y más allá de la
tumba; que el in&amp;tinto de la ostent,acióo, del atavío,
del lujo, que la sed de llamar la atención y d~ producir impresión no tiene por límites los mezqmnos y
estrechos de la bu mana existencia y que perdura y
sub!!iste cuando el último soplo se ha disipado.
En vida, el hombre quiere ser visto, distinguido,
a,dmirado; anhela fijar la pupila del público y atraer
la mirada de la posteridad. Pasar inadvertido es el
más cruel de los tormentos y la más dolorosa de las
desgracias; brillar, figurar, oir vibrar su nombre en
las múltiples trompas de la fama; despertar, y si posible es, acaparar la simpatía, la atención, la. admiración de l1Js demás hombres parece ser la dicha suprema, el éxtasis sublimi&gt;.
Por dejar de ser nadie ó uiw ele tantos, no hay empresa que el hombre no acometa, ni aventura que no
emprenda, ni peligro que no afronte, ni catástrofe' á
que no se exponga. Lo que los capitanes llaman gloria, los poetas f 1.1,ma, los ¿stadistas prestigio, los financieros renombre no son sino formas de la humana. vanidad.
No bay guerrero que no pretenda ofuscar á Alejan.
dro ó á Napoleón, ni a rtista que no aspire á hacer olvidar á Miguel Angel, ó á Leonardo; ni financiero
que no llnhele desbancar á Vanderbilt ó á Gould.
Desde el fondo de su buhardilla el último de los·poetas
sueña con los lauros de Homero y desde el fondo de
su tonel todos los Diógenes envidian á todos los Aristóteles.
Una pasión tan intensa no puede menos de extraviarse, cegarse y ofuscarse á menudo, y si hay quien
vincule la. vanidad en el talento, en la virtud, en el
beroismo útil, en el sacrificio necesario, en el trabajo
fructuoso y en larlquezalegítima, no faltan quienes la
finquen en fll vicio, en el crimen, en la extravagancia. Diógenes aspira á singularizarse y á brillar más
por sus andrajos y su cinismo que por la pro.undidad
de su filosofía; Byron estima en más sus escándalos
que sus poemas y aspira antes á ser D. Juan que á escribir su epopeya. Erostrato, no teniendo de que
echar mano, se bace incendiario para pasar á la posteridad y lo consigue.
Otros, de un género más inofeDRivo, se arruinan
por gastar lujo ó se dejan crecer uua barba monument.al, como único título á la admiración, y los bay que
comen en cuclillas ó d::ermen en su ataúd como se dice de Sarab Bernardt. E l medio es lo de menos, el fin
principal es no pasar inadvertido.
Entre los vanidosos del género inofensivo figuran
los que están poseídos de la vanidad del sepulcro. La
magestuosa columnata y la cúpula arrogante bajo la
cual Uonba su viudez Art,emisa; las mostruosas pirámirles que guardan los restos de los reyes egipcios;
los templos interminables en que duermen su último
suti'io los príncipes indous, son monumentos desmesurados de la desn::esurada vanidad humana. Felipe
II se construye como tumba t0do un escorial; los reyes de Francia no quieren menos que la basílica de
S:i.int Denis para abrigar sus restos; la abadía de
Westminster parece pequeña á los monarcas y grandes hombres ingleses; Napoleón I miraba el Panteón
con la restricción mental de que le sirviera de sepulcro y tuvo que contentarse con los Inválidos.
En menor escala los modernos sabemos construir
suntuosos mausoleos para abrigar nulidades; eu el

Domingo 15 de Octubre de 1899.

Domingo 15 de Octubre de 1699.
Pére Lacbaise, en París, hay un monumento llamad&lt;&gt;
el pilón ele azúcar, rl val de la torre d ' Eiffel y que ca.
si ni se sabe de quién es; en el famcso cementerio deGénova bay un sepulcro, con estátua en p ié admirablemente cil;1celada y pedestal armonivso y elegante,
todo de mármol de Garrara y suscrito por grandes.
maestros. Es de una recaudera que vtvió en la más
sórdida miseria, que se privó de todo, que no disfrutó de nada, que sisó en el peso y la medida de sus.
legumbres y economizó sueldo á sueldo los ciento y
tantos mil francos que destinó en vida para levantarsu propio monumeuto. Este sacrificio de la vida para construir la casa de la muerte es un colmo en su
género y no conocemos nada más extravagante. Las
cenizas de la recaudera deben de estremecerse de
alegría en su sepulcro cada vez que el viajero-en los
cementerios parece no haber otra cosa-al leer la
inscripción que narra la proeza, la califica de pura y
simplemente imbécil.
.
Ver esto los americanos y picarse aljuego fué todo
uno ¡cómo! la libre América que ba levant ado el Capitolio, que construye á diario portaviandas de veinte y treinta pisos para alojará sus compañías de seguros, que ha fabricado los mataderos y graneros d&amp;
Cbicago con elevadores Atlas capaces de levantar al
mundo entero á un quinto piso, batía de dejar á la
vieja y decad!)nte Europa, á la India vé_dica, á la España medioeval, al Egipto de las setecientas mil dinastías la gloria de poseer los monumentos sepulcrales más vastos, más pesados, más feos y más costosos
ne la tierra! Peosar esto y caer sobre el pobre de
Wasllington fué todo uno. En el acto ~e le construyó á guisa de tumba uu enorme cirio pascual de cant!-\ría qne puede ver:,e desde todos los con fines ile la
Uni611 y cuyo úoico mérito es la inscripción: E l p rimero en la gue:rro, el primero en la paz, el primero en ei
c ,raz61t de su.-; conciuduclww.•; igual fortuna epigráfica
ya que no monumental, tocó á Fr,mkliu con el lema:
Eii·puit celwn Júlmine

Cetmnque tirnnis
que en buen romance d!ce:
Arrebató el rayo al cielo y el cetro á los t iranos.
Ante tan saludable y patriót;co ejemplo los reyes.
del oro, del cobre y del plomo, los del jabón pr!tto
y del azúcar moscabado, del jamón gordo y del petróleo
bruto se apresuraron á construirse sns t umbas en relación con sus pingües recursos. El p recursor fué
Jay Gould que gastó sesenta mil dollars en su SP.pulcro el cuJ.l velal,an noche y día unos guardianes con
librea negra franjeada de blanco de uu gusto irreprochable.
Comenzó entonces la puja, pero Jay Gould, muerto, no pudo ya pujar, y por la primera vez d_e su vida, ó mejor, de su muerte, perdió e n Di'~oc10 y lo
pP.rdió por varios cuerpos ele luz. Hutch1son le sucedió con una tumba de ochenta mil dollan;, construida con un mármol especial, único, cuyas cantera.~
adquirió al efecto de que nadie tuvi~ra t umbas del
mismo mármol. E,a previsión lo honra; pero no le
ha asegurado el record del sepulcro.
El cámpeonato recayó por un momento en R obert
Grelett, cuyo cadáver tuvo la satisfacción de ce!lir
por breves días el codiciado cintur~n. Su sepulcro
cuesta ciento veinte mi l dollars corridos. E~ uno de
los más gigantescos de los Estados U nidos; consta de
sesenta departamentos con sala de recibir, des pacho,
y 1:,upongo que también buzón y telHon?; es de estilo jónico y como si esto no bastara, imita la disposición interior de los sepulcros hebreos, muy anterlo•
res á las tumbras griegas y romanas conocidas, con lo
cual el difunto, que aun vive según creo, revela mucha cronología y mucha con!!ruencia a,tfstlca, Y no
incluye-el sepulcro-sino materiales neta~ ente norteamericanos, con lo que prueba-el dll unt o, que
aun vive-su incondicional adhesión al arancel Mac
Rlnley.
Pues bien, esta maravilla arqueológica, arquitectónica y proteccionista, tiene ya una rival: la última
morada de W. A. Clark, el rey del cobre, que por lo
visto no quiere dejarlo ver. El monumento costari
doscientos mil pesos oro, y hay que ~&amp;per_ar que el estilo sea chinesco y la disposición rnt,er!or sea ,l a d~
las tumbas posteriores á todas las conocidas. :Si asi
fuere, Robert Grelett no se levantará del golpe, bieu
que, en obsequio de la verdad, Sir Rober_t haya_construido su sepulcro precisamente con la rntenc1ón de
no levantarse más.
Si así seguimos, acabará por no bastarnos la vida
para ganar lo necesario para abrigar nuestra muerte,
y tendremos que imit'l.r la ava_ricia de la v~rduQler:
genovesa. A cada paso nos mterpelaremos. - ¿ ,U
haces de tu dinero que andas tan desarrapado.Estoy juntando pan mi sepulcro.
_
Y qué menospreciables hemos de ver con el t lem
po á la virgen que duerme bajo el ros~!, Y ª!af~j~
:
que descansa bajo el sauce!.. . . . . Casi tan n e
como á los que andan en calancl?ia.

EL MUNDO.

241

&lt;Eoóaó ant~qua:J de 8T6ext'co.
LA C A TEDRAL.

II

D.t.:T.1.LLES CURIOSOS.

se Indicó en el precedente artículo
-que hoy daríamos á conocer algunos
datos curiosos de nuestro Templo Metropolitano, y á fé que habrá necesi-dad de dejarnos mucho en el tintero
para dar cabida á lo más culminante,
por faltarnos espacio para toao.
Especialment e nos detendremos en
-detalles del interior de la basHica,
Ya se dijo que en las naves cerradas
-estaban distri buidas trece capillas, cada una de las cuales merecería un estudio especial. Enumero simplemente
lo1ue más lla me la atención.
¿Cómo no fijar desde luego nuestras
miradas en la CAPILLA DE SAN JosE,
donde el patriotismo mexicano se agl:ganta y sepulta entre flores ,uariamente la urna consagrada que guarda las
-cenizas de los héroes inmortales, que
tornaron en libre y soberana á nuestra
hermosa Patria 0
Los restos yacían, primero, en la pe-queña cripta del Altar de los Reyes;
-algunos de dichos restos fueron solemnemen~e transportados á la Catedral la mañana del 17 de Septiembre
-de 1823, permaneciendo en esa cripta
hasta el 30 de Julio de 1895, en que
-con no menor solemnidad se colocaron
-en la capl\Ja citada, desde la cual, es
de esperarse que cuanto antes se lleven al sitio que el Supremo Gobierno
en nombre de la Nación les Je~tina.
La CAPILLA DE SAN FELIPE DE JE.
:sus guarda otro monumento patriótico: el se:,ulcro de D. Agustín de Iturblde. Pomposamente se hizo la translación de los restos desde Padilla hast a México, por decreto del Congreso de
6 de Agost o de 1838; celebrándose la
solemnidad en 27 de Octubre de ese
-3110.

Monumento don:1e yacen los restos de los Héroes de la Independencia

Sobre la urna de madera que encie•
rra otra donde se hallan los huesos, se destaca esta
-11.igante inscripción:
AGUSTIN DE lTURVIDE (SIC.)
AUTOR DE LA INDEPENDENCIA MEXICANA
CoMPATRIOTA LLORALO,
p ASAJERO, ADMmA:.o
.EsTJ: MONUMENTO GUARDA LAS CENIZAS DE UN HER0E
Su ALMA DESCANSA EN EL SENO DE DIOS,
Fuera de la reja de esta capilla, se observa una
tuente baut ismal , la que, á su vez, está circundada
-oon otra reja de madera dorada. Dícese que en esa
pila recibió las aguas bautismales el Santo mexicano
.Felipe de Jesús. Es dudosa la especie; porque ni 'lun
.ta ;&gt;artlda de bautismo ba podido encontrarse.
La CAPILLA DEL SANTO CRISTO conserva los bue-

Reja del Coro

sobre las alas de la santidad, dejó profunda huella sobre la tierra!&gt;
Algunas capillas contienen famosos
altares churriguerescos, pero ninguno
como los llamaios del PERD0N y de
LOS REYES.
El primero forma el trascoro del
templo. Al decir de Seflano se dedicó en 19 de Junio de 1737. &lt;Se cuenta que un preso pintó la imágen en la
puerta de su prisión y esto le mereció
su libertad. Torquemada babia de él
y dice que es así llamado por las innumerables indulgencias que se han
concedido en favor de las almas del
purgatorio.&gt;
Efectivamente, la denominación con
toda evidencia no le viene por la
principal imágen que en el altar se venera; pues desde antes de que el retablo existiera, la puerta principal del
Templo frente á la que el altar se encuentra, ya se llamaba del Perdón.
Arriba de la imágen de la virgen
está un San Sebastián cuya pintura,
en opinión de alguna respetable autoridad, tiene el sabor de la escuela de
Baltazar de Ecbave el viejo. Cabrera
en RU E.•cudo de Armas de México hace
referencia ~ este cuadro, &lt;como &lt;imágen excelente pintada por una mujer;•
quizá alguna de las dos esposas que lo
fueron del mismo Echa.ve; aun cuando
se ha dicho por error que la artífice
fué una señora apellidada Sumaya, confundiendo est:&gt; nombre con el del lugar donde Ech11 ve nació en España.
El Altar de los Reyes es también
muestra famosa de ese esttlo original
inventado por el español Churriguera,
que no por ser extravagante nota de
un arte decadente y singular, deja deser rico y de maravilloso efecto. Est;\
colocado, como en nuestro primer artículo indicamos, en el ábside del
Templo ocupando todo este lugar con
sus tallados ornato~, su colección de
santos y de reyes bíblicos esculpidos y
pinturas originales de celebridades
mexicanas y españolas. Citaremos especialmente el
gran cuadro de la .A.sunción de la Virgen, titular de
la Catedral, obra del pincel de Juan Rodríguez Juárez, hermano de Nicolás apellidado el Apeles Mexicano; así como el lienzo que representa la Adoración
de los Reyes.

sos del lamoso eremita Gregario López y la del canónigo Juan González, su compañero. Gregario López
aparece siempre en las viejas crónicas como un ser
mi&amp;terioss y ,;lnl!'ular; las consejas le suponen ser el
mismísimo príncipe D. Carlos, el bullente hijo de Felipe II, al cual retirado en su ermita de Santa Fe, en
el Valle de México, le sorprendió la muerte al cabo
Bajo la bóveda de la nave mayor se yergue el alde los aíios después de una vida austera y ejemplar.
Las ruinas de su solitario retiro todavía se conservan. tar principal de la basflica, el Ciprés, ante el que se
En la CAPILLA DE SAN PEDRO descansan las ceni- celebran las más solemnes funciones :le! Templo Mezas del humilde Arzobispo de M6xico D. Fray Juan tropolitano, y en el mismo sitio donde se alzó el Cide Zumárraga, tras de una lápida de tecalí, que pue- prés antiguo que tué reemplazado por el actual, que
de verse fácilmente en el muro de la izquierda del es de escayola, en 15 de Agesto de 1850, edificándoobservador.
lo el arquitecto Don Lorenzo de la Hidalga.
En la de la PURISIMA yacen el Arzobispo Don LáUn detalle histórico curioso: cuando en 2 de Fezaro de la Garza y el benemérito franciscano Fr. brero de 1656 se verificó la primera dedicación del
Margil de Jesús, modelo de virtud y caridad cristia- Templo, después de la procesión se descubrió al
nas, fundador de los tres colegios de Querétaro, Za- Santfsimo é bízose la señal pata empezar la misa socatecas y Guatemala y de quien El Nigromante dijo lemne; pero tan luEgo como se hubo acabado el In
como el más acabado elogio que &lt;caminando al cielo tróito fueron, respectivameste, ocupando los cuatro

Sede Arzobispal y dllerla del Coro

�Domingo 15 de Octubre de _1899.

EL MUNDO.

242

Domingo 15 de Octubre de 1899.

EL MUNDO

243

cuales enumeraremos en el próximo y
último artículo relativo á nuestra intuesante basflica.

altares del Ciprés, cuatM prestes con
sus ministros, ciriales, incensarios,
maestros de ceremonias y acólitos,
correspondiendo á cada grupo otros
tantos coros de cantores; cantánse ádo
su tiempo cuatro misas, que fueron:
la del deán de la Catedral, por la dedicación dela Iglesia; la del arcediano,
dedicada al Santí11imo; la del provisor,
por la Purificación; y la del tesorero,
por ia Asunción. Las ceremonias todas se veían simultánea1&gt; y completas
y á &lt;la novedad-dice el cronista Guijo-de cantarse cuatro misasá untiempo, juzgando por acto de mofa, concurrió á la Catedral todo el reino y religiones, que quedaron confusos y admirados de ver el acto más grave y má'l
grande que la iglesia de Dios ha usado, y lo que más admiró fué ver obrar
á cada uno lo que competía, como si
fuera solo, guardando sus ceremonias
con toda autoridad y limpieza, sin
confundirse ni ellos ni sus miuistros,
acólitos y músicos.&gt;
Réstanos hablar de algunos otros
detalles, muy es¡&gt;ecialmente de las ri•
cas alhajas que poseía la catedral, las

JESUS GALINDO Y V ILLA,

Con el presentenúmero repartimos á.
nuestros subscriptores la Prima del gran
,vals .de

FEDO RA.

~~Altar del Perdón

..

--

-•

::;:··.ft~s~t:~::::::_?&lt;-=. --

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··~,;;:::;;;::;--:-.~ ' · - -····~··-·

.. - ~""•'.' ' i:..: .,..,-j-

_,,,

Artil.'er/a del ·Transvaal.
ti tulo invocado contra los B ieros es muy dudeso que
se aplique en derecho y en equidad á esos heroicos
campesinos.
L" Holanda se había adherido á la coalisión contra
Francia, y era muy difícil que se desposase brutalmente al colono del Cabo en el momento en que se

el preci'l rle la sección del Cabo y no habiendo hec:ho
nada la Inglaterra para vo, verla. á posición de él ¿ no
ha..:.ía la Holanda de apoderarse de nuevo de su antigua colonia? Lo., Boeros lo han comprendido a.sí, de
r.uerte que desde 11ue Pretorius hubo ei,tablecido la
República Na.tal, envió secretamente una carta

La traición de los príncipes destruiría acaso el derecho de los pueblos, sobre todo cuando se trata de
un pacto tantas veces desgarrado?
Damos coa este artículo un grabado que muestra
la a1tillería del '.rransvaal muy bien organitada, y
que uo deja nada q ue desear.

LA CUESTION DEL TRANSVAAL.
EL MAN IFIESTO DE LOS BOEROS.

El manifiesto de los Boeros, al cual nos referimos
al comentar la caricatura qae en la siguiente plana
verán nuestros lectores, establece cifras muy elocuentes: que la monta de los impuestos percibidos sobre
las minas del Transvaal es inferior al 10 por ciento
del producto, y que éste se abate á medida que la cifra total del rendimiento va en aumento. En todo
caso, particularidad cómica, es menor que el que el
gobierno inglés deja que rija en el Klondike por el
gobierno canadense. Por otra parte, las medidas de
policía tomadas en el Transvaal contra los robos co-

La ilusión sería tanto más difícil de mantener,
cuanto que M. Chamberlain se encarga de disiparla. En efecto, él pretende que los Roeros no han podido desembarazan1e jamás de esa cualidld de súbditos ingleses, de'la cual los bienaventurados utlanders pueden desvesuirse tan fácilmente.
La cualidad de súblito británico se pega á la piel
de los Roeros como una lepra,· de la cual no ban po•
dido curarse desde hace más de sesenta años, aun
cuando hayan tomado más de un baño higiénico.
En 1836 los Boeros renunciaron á ella solemnemente por un elocuente manifiesto firmado por Pedro Retief, descendiente de uno de los trescientos

cia sobre todo la política tortuosa del gobierno colonial. Lo que prueba superabundantemente que l&amp;.
cuestión de la esclavitud era secundaria, es que Pretorios, el Washington del Africa Aubtral, se apresuró á abolir la esclavitud, apenas fundó un Estado republicano y á condenarla como un acto imcompartt.
ble con todo gobierno libre. Por otra parte Retlet
mostró un poco más tarde cuales eran los verdaderos
enemigos ante los cuales bufan los Boeros. E l artículo primero de la Contstitución de la República que él
estableció, prohibía &lt;á los misioneros de la Sociedad
Bíblica de Londres poner ahí los piés &gt;
Sobre todo trataba de evitar á los colegas del

Tropa de boe1·os en marcha.
hacía pes ir sobre él una corona. Como Inglaterra ba•
hía siempre anhelado la posición del Uabo, se mostraba muy rígida. S ~ dieron en compensación las provincias belgas al príncipe; pero en 1850 los holandeses
lle revelaron á un mercado eu el cual se les babía trat ailo como á carneros.
Surgió entonces una cuestión á con~ecuencia de est,a luf,rn1e trági-come Ha; ha.bieudo la Holanda. perdido

al Rey de Ilolanda para pedirle su protectorado.
Este monarca prudente no bólo renunció, sino que
envió él mismo h carta al i:;-obierno inglés que se
a¡¡resuró á owanizar contra Natal dos expediciones.
La. cabeza de Pretori us que babia. firmado la misiva
fué puesta á precio y el beróico boero fué obligado á
poner los montes del Dragón entre los ingleses y él
para escapar al fierro de los asesinos.

Una de nuestras fotografías representa, adem~s, l!,
los voluntarios con su uniforme cómodo y élegante,
otra á un grupo de Bueros, y la última á una gran
tropc1. de los mismos en rnari.:ha. Los Hueros son una
pob1ación eminentemente guerrera y eminent~mente
robusta.
Quiera Dios que el éxito esté de parte de la justich1.

LA CARI:,ATURA EN EL EXTRANJER,.

Boe1·os en armas,
metidos por el personal minero, son menos severas
que las que se han adoptado en Kiembrley, en el
distrito que el gob!erno Inglés administra soberanamente desde que se apoderó de él, con desprecio ce!
derecho de gentes.
· La solicitud que el Colonial Office experimenta para
ayudar á los uitlanders á despojarse de su rlerecllo de
súbdito británico, como se despoja uno de su sobretodo al entrará un salón, sería inexplicable si M.
Cllamberlain no preparase un raid electoral, destinado
á reparar el mehec del raid militaire de M. Rbodes.
;,Se puede creer que las autoridades del Transvaal
sean demasiado igenuas para dejar entrar en su República á un caballo de Troya tan grosero?

La espiritual caricatura que reprodGcimos está tomada de un periódico de Londres, que la ha publica.do para acompaüar uu m'l.nifiesto, j ustiticando la IU•
transigencia cte lus Hueros sobre la cuestión de trlbutariado. Este documento ha producido un efecto tan
considerable, que se ba constituido riel otro lado del
estrecbo uo comité de defensa de los Boeros. El Presidente no es otro qne Mr. Frederick Harrison, eminente publicista, cuya rnfluencia es granr:lísima sobre
la. v.erdadera Inglatera, que más de una vez ha detenirlo las 1.1a11guinarias excentricidades del gobierno de
los Jingoes. Caricatura más expresiva y más grálica
uu, p_uede darse, y ha sido muy aplaudida por los pt!nod1ros europeos.

Los volirnta1·ios.
hugonotes franceses que los Estados Generales enviaron al Cabo en 1838. Los franceses adoptaron la&lt;;
costumbres y la lengua de los bravos colonos que los
recibían como hermanos. Pero comunicaron el ardo:de los Teodoro de Beza, de los Celigny y de los Agri ppa de Aubigen, á esas gentes de las cuales hicieron
un pueblo decidido á vivir ó á morir republicanamente.
El manifiesto de Pedro Retief es una pieza que
un Priestey, un Lafayete ó un Franklin habrfan firmado con sus dos manos. No se limita como se ha
dicho falsamente á protestas contra la emancipación de los esclavos, acto admirable que hará el eterno honor del parlamento británico, sino que denun-

farmacéutico abarrotero Pritchard, y prefería exponerse á la zagaya de los zoulous mejor que á los golpes de aguja emponzoñada de esos tráficantes de de•
vocióny virtud al más a.to precio. Como los hebreos
que se iban al desierto para conservar su lengua, su
manera de orar á Dios, su libertad de acción, así
los boeros querían no una policía impotente para protejerlos, querían defender ellos mismos sus mujeres,
sus hijos, sus ganados y todos sus bienes, no querían
exponerse á ser ahorcados por los verdugos de au
~raciosa Magestad como algunos·de ellos lo habían
sido.
En cuanto á los odiosos tratados de 1815, el sólo-

Pronuncia bien: «Soberanía,» p ero el pájaro no sabe decir más que «Convención.•

�1

Domingo 15 ~e Octubre de 1899

EL MUNDO.

244

Domingo lv de 0..,~ ... ,.,re de 1899.

EL MUNDO.

EL GRAN INeE/~D IO UE e HieAGO
RELATO DE U N

TE~TIGO P RESENCIAL

- G R A BADOS D lt LA

COMO F UE.
Con motivo de las sunt'Josas fiestas que se afectúan en la actu11Jidad en Chicago y que celebran justamente la reedificación de la gran ciudad, surgida esplendorosamente de las cenizas á que la redujo el incendio de 1871; hemos creído de sumo interés publicar la. narración que· sigue, escrita por un testigo
presencial é Ilustrada con dos magníficos grabados de revistas de aquella época, conservados á través de mil vicisitudes por la persona· que nos los ha proporcionado y que nos comunica á su vez lo!! datos que aprovechamos. .Juzgamos que nuestros lectores verán con el interés que merece asunto tan curioso
y de tanta oportunidad.
Daba principio la noche del 9 de Octubre de 1871 cuando emptzó á cundir
la alarma del fuego. Sabido es que los Estados Unidos son el país clásico de
los incendios; desde aquella época ba.tian rewrds en este sentido; y no es ni ha
sido raro jamás que en una noche se cuenten dos.
De aquí que los habitantes, flemáticos de suyo y avesados á las sorpresas no
se preocupen mucho de los siniestros, a menos que les toquen muy de cerca.&gt;
Aquella noche que debía ser célebre en ws anales de las grandes catástrofes, los vecinos del barrio en que se incendiaba-la casa en que se inició la conflagracióu, creyeron q11e se trataba de un incenJio común y corriente y se recogieron con toda tranquilidad sin sospechar la magnitud de la di sgracia.
El que esto escribe se despertó á eso de las dos de la mañana, merced á un
ruido in11sitado y ano1mal en el Hotel en que sn alojaba, situarlo en la Rue.h
Street, cer..m del primer ¡:uente y denominado Lake J-Iouse.
Descendió rápidamente á la calle y el primer espectáculo que se ofreció á
su vista fué el de un rojo piélago de chispas qrte lleuaban el aire: ¡la atmósfera
era nn mar de fuego! y estas chispas impulsadas por el viento llev':1.ban rápidamente la desolación á todas partes.
Una multitud· lnmensa se movía en la calle: La confusión de vehículos y
gente era indescriptible. Oíanse gritos por todas .partes. Algunas personas,
enloquecidas en medio del espanto, clamaron: «Todo el centro de la ciudad
está ardiendo. La casa deCorreos y el Ayuntami'?nto están envueltos en llamas.&gt;
Otras, más serenas sugerían á la multitud que se refugiase en la parte oeste
de la ciudad, atravesando los puentes.
'
Por mi parte me apresuré á ligar tres baúles, que me vi obligado á abandonará poco, en la calle, donde había otros muchos y el movimiento era ya dificilísimo. La gente tenia que ocuparse más que en salvaF sus intereses, ,m evitar que las cbispas que á millares llovían sol)re todos, incendiasen las ropas. La
sensación de quemadura que producía sobre la carne aquella infinidad de puntos rojos era intolerable.
Me dirigí hacia el lado oeste de la ciuda1, pasando entre dos muros de llamas. El pavimento, de madera y alquitrán ardía también. A lo lejos, á favor
de los siniestros fulgores escarlata, se distinguían los esqueletos de los grandes edificios que ardían, así comu las torres de las Iglesias, y de cuando en cuando una de aquellas moles gigantescas se desplomaba con estruendo.
Desde hacía tres días soplaba sobre la ciudad un viento del Este; b sequedad era excesiva, y esta circunstancia fué favorabilísima para. el elemento,
acelerando sus progresos.
Por telégrafo se llamó á los bomberos de las ciudades vecinas. La hornaza
era tan inmensa, que según s~ supo despué3, las llamas se distingu!a.n hasta á

1871.

EPOC.A -

r.
..

""tt'

RUINAS DE LA DIVISION NQRTE MIRANDO AL SUR HACIA LA CALLE NORTH WELLS.
cuarenta mtllas de distancia, de suerte que mucha poblaciones relativamente
dist&gt;tntes se dieron cuenta del espantoso siniei.tru.
D!spués de que gracias al telég,aro se supo en tofa S)l extensión la catástrofe, de todos los rumbos d~ Estados U nidos llegaren trenes llenos de provisiones, ropa, etc., para los que quedaban sin hogar y sin pan, y que en sumayor parte se alojaban en los templos, durmiendo sobre las bancas.
Aquella multitud de infelices tingia un ejército de emigrantes, con los restos
da sus ajuares que habían podid:, escapar: colchones, baúles, j,;,ula.s de pájaros. etc.
Yo me refugié en la igles.a situada en la esquina de las 16 th y Wabash

Avenue, hasta que logré descubrirá algunos amiO'0S, loO'rando
pocos días des0
pués salir de la ciudad.
º
... **
E 1 espectáculo de la flr,reciente metrópoli
envuelta en llamas, considerado
desde la parte OdSte de la misma era indescriptible Ante los ojos se extendía
como un gran t elón, de fuego que cubría el horizonte en una extensión de ocho
millas Y que encrestado de llamas gigant.,scas se elevaba hasta los ciP-los y parecfa querer lamerlos. Q11ien vió esto no podrá olvidarlo jamás. Yo creo que el
lncen~lo eu su apogeo duró tres d,ias, mas ocbo días rlespués no se podía transitar au n por parte alguna de las que sufrieron el horrible be!&gt;o de las llamas,

pu~ se encontraba uno_ ácada paso el humo sofocante que surgía de las ruinas
baJo las cuales había aun materiale;; en Ignición.
~P prete'ldí llegar hasta mi bote!, pero me ví precisadu á detenerme á ocho
ó diez cuadras.
Ji'ué preciso proclamar la ley marcial. Las autoridades de la ciudad se encontraron desde luego sin oficinas. Todas las familias, todos los negociantes, vagaban de aquí para abí buscanrlo la. manera de instalarse, y no era extraflrr ver
bancos y empresas financieras instalados en casucas de madera (cottagel'). El
correo fué estable?ido provi_sionalmente en una casa part icular, y no pudiendo
dar abasto al servicio, trabaJábase sin desr.anso frente á una inmensa cauda de
gente ávida de comunicar noticias á sus parientes y amigos lejanos.
Los que huyeron amagados por las llamas. sia baber sido advertidos de que
debfan refugiarse en la parte Oeste de la ciudad, tuvieron que ir hasta Lincoln
P~r-k. Abí enco_ntraron un gran cementerio y se gi:arecieron en las tnmbas, comiendo Y durmiendo al lado de los muertos, inofensivos 1ay! en su silencio ante
las Jlamas devoradoras que todo lo reducían á cenizas.
Jamás pudo saberse el número de víctima¡¡ sepultadas bajo las ruinas enormes._ La ciudad animadfsima antes de la catástrofe, animadísl~a después, fué
surgiendo más ~ermo~a que antes de los escombros. La curiosidad y el espíritu
de empresa atra1eron rnnumerable gente. Palidecieron los terroríficos r""Uerdos
•

'7

Pase general para ~allr de Chlc8R'o, otomado por el Gobenador
á las victimas del Incendio.

- ~. . &lt;!

.:-

'

-

-

do.

*~'

L-Club Standaro..
2.-Salón del Congreso.
3.---De¡:óslto M. S. Y R. I. . 4.·· Primera Capilla pre•blterfana.
5.-·•falle del congrem.
6.--Prlmera Iglesia presblt.erlana.
7....calle del ~sóUCO.
13.-casa de Correos.
14..-Oficina de La TrlbUD&amp; Y l!.ven.lllg Post.
fo,•·•Prlmer Buco._ 16,--Gian Llb1e1!a.
17.---Iglula Me1cdl 61a J!plEtOJ&amp;J de la Trinidad.
18.- -Palaclo del Obispo
•
•
~s.---Lego Mlchlian.
24.•··Te1raza11.lchlgan,
25,-•J, I. scamxnon.
-

RUINAS DE LA DIVISION SUIL-VISTA DESDE EL TECHO DEL SALON DEL CONGRESO EN LA CALLE DEL CONGRESO•

-.

9 -AVPD!da W
de cbJeaiá:
20.-JJeJ&gt;&lt;!ib ash.

DE LA.

i.--Hot.el Btgelow.
lL--Manzana Honore.
!2.--San Pablo.
21.-- Elevador B,
22.--Avenida M!chlgan.

to Centra) d,i lllinois.

. A.VENIDA W.AB.A.SIT, MIRANDO AL NORTE.

~i

y boy Chicago cele_bra el aniversario. de su destrucción con fiestas que harán
época, y cuya alegna ne turbará la leJana memoria del tremendo siniestro del
cual no existe la menor huella.
'
Ilustrando estas líneas verán los lectores del MUNDO dos magníficos grabados
de recorte de una de las principales revistas de aquélla época, y que á pesar del
maltrato de los años, mu'!_Stran detalladam,mte la magmtud de la ya histórica
catástrofe.

.

AR.MANDO
MAURI:Ee.
.

'

�I
246

EL MUNDO.

Domingo 15 de Octubre de 1899.

DnminQ'n U ñP Octnhre de 1899.

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EL MUNDO.

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Psiquis, mujer al ca.bo, era imprudente y curiosa. ltlíl desventuras le costó su primera curiosidad, cuando quiso ver el rostro del amante dormido y una gota ñe aceite escapada de la funesta
!Ampara ahuyentó al hijo de Venus. Desde entonces, y por muc'lo tiempo, la vida fué para Psiquis una serie de malandanzas. Errante de país
en país y de templo en templo, saboreó todas las
amarguras; padeció dolores y martirios extraterrenos; de sus ojos, convertidos en manantiales
profnndos, continuamente desbordados, corrían,
cruzando sus mejillas, dos ríos de lágrimas; y caminó tanto, tanto, y por tales veredas, que la sangre varias veces tiiió de púrpura los cAndidos
jazmines de sus pies, y los jazmines lucían como
rosas.
La miseria de Psiquis turbó al fin la impasibilidad augusta de los dioses; y la misma cólera de
Venus pa,ió como los íncendios del crepúsculo.
Fidelidad y consta ncia dieron el triunfo á Psiquis, y Psiquis dicposa y en paz reinó sobre la
tierra. Su trono, el más alto; su corte la mAs ilustre: en ésta no había sino grandes artistas. poetas
de corazones puros, filósofos de labios disertos.
~os aduladores de la reina tenían por incensarios
hraa, y como único incienso el Verbo, hecho música en las cuerdas, flor de luz en lvs labios. Pero Atronco tan ex celso y cortesanos tan ilustres
d_ebían, según dijeron much0s, corresponder en
r1_queza y esplendor el cetro, la corona y los atavios reales. Y no mAs dijerun así, cuando artistas
de gusto exigente partieron A buscar, por todas
las comarcas del reino, las preciosidades mAs raras, dignas de resplandecer en la frente, el cuello
Y las manos de Psiquis; revolvieron tesoros ahondaron minas, rasgaron las ent..aiias de la tierra y
d_el mar; Y_ la tie1 ra dió su oro y sus gemas: topacios, amatistas, esmeraldas rubíes de sangre milagrosa, ~afiros de tinta ide~l, diamantes de aguas
puras, m1e~tras el mar profundo y rico, si bien
pobre de piedras preciosas, dió, en corales y perlas, lo meJor que tenfa. de besos muy rojus y ensuetlos muy cAstos.
De vuelta á la corte, los grandes artífices echaron . sobre los hombros de la reina el mar.to de
armitto Y púrpura; luego se dieron A trabajar el
día Y 'loche, puliéndolo, repuliéndolo, cinceb ~ olo, para despué3 embutir en el oro bien traaJado muchas piedras fúlgidas y acabar la corona Y el cetro; por último engarzaron perlas y
corales • Y un rio
· de corales
' y perlas corrió por
1
ª ~frganta de Psiquis.
d 1 cetro Y la corona, fulgurantes como soles,
~s udmbron A la multitud puesta de hinojos á los
P188 e la reina.

fIºd

;~a

, TARDE DE OTOÑO.
Ouadro de José Wencker·.

Y
ar_on d~fas, afios, generaciones de hombres,
liras 4uis,. _ichosa Y en paz, oyendo música de
el min~~siea de labios disertos, reinaba sobre

247

cas, el zafiro marimosa azul, en tanto que de las
piedras policromas volaron policromas libélulas.
Psiquis, como todos los creadores. halló buena
su obra, y se regocijó mucho sl ver su tesoro
convertido en bandada de insectos. Libélulas y
mariposas, antes de huir, se posaron en la frente,
el seno, Ja espalda ·y sobre todo en el cabello
destrenzado de Psiquis, y en el cabello des~renzado mari '&gt;Osas y libélulas fingieron un torrente
de pedrería; lnégo, revolotearon, llenando la estancia real de música de alas y palpitaciones de
élitros, para escaparse al fin al través de la ventana entreabierta y perderse Alo lejos, como Psiquis las vió perderse, entre las flores, entre los
árboles, eu el cielo azul, amAndose al aire y al
sol, muy libre y sanamente.
La reina, con refinada lentitud, saboreó su acto
Pero una maiiana, en el silencio de su alcoba
real, sola con RUS riquezas, que brillaban en la piadoso y, satisfecha de haberse conducido sepenumbra con fulgores mortecinos, se sorpren- gún el amor y la verdad, no adivinó las consedió reflexionando en lo inútil de la corona y del cuencias fatales de au obra . .Ah! no hay como la
cetro, en la mezquindad fastuosa de su manto, en piedad para cometer grandes errores, y el acto
la vana luz de sus joyas, y se arrepintió de ha- piadoso de P11iquis fué el último y el mayor de
ber aceptado como tributo el presente de las ge- sus errores. Cuando se apareció de nuevo ante
mas. En sus reflexiones llegó A sentir u::o como los hombres, cuando su befüza, en lo alto del
vago impulso de piedad, acomp11fiado de un mo- trono, surgió blanca y desnuda como un lirio, los
vimiento de rebeldía, Se despojó de la corona y hombres la desco.coderon: miopes estultos, de no
el manto, depuso el :!etro, y se tió de pies á ca- ver sio o el esplendor de las joyas, habían olvidabeza, blanca. y desnuda, como en remotob días do la b.,lleza incomparable de Psiquis. Y no sopasados. Nostalgica de su ser antiguo, se aver- lamente la desconocieron: entre la multitud hubo
gonzó de vivir di3frazada como una mujerzuela imbéciles que gritaron al ver la: inmoralidad! invanidosa. En sus atavíos regios vió una injuria famia! usurpación!
A su belleza incomparable, porque la belleza de
'A tales gritos, la muchedumbre puesta en pié,
sus formas era superior A la belleza de las pie- desconcertada y loca, semejante á una ebria de
dras preciosas mAs raras, su cabello más rico y mil cabezas empezó á girar, á remolinar, A tituluminoso que todas las coronas, su desnudez más bear, sin saber hacia dónde dirigirse, falta de
casta que el armif1o.
amo, sin saber ante qué ídolo postrar sus rodillas
No contenta con despojarse del manto, el cetro de sierva habituada á la genuflexión, y así estuy la corona, Pdiqui;¡ resolvió destruir s us rique- vo, desesperandv y vacilando, hasta caer á los
zas, á fin de no r ecaer en pecado de vanidad. piés de un grotesco mamarracho de oro, que tePero sus manos, deliciosamente blandas, no sa- nía forma de asno, con _aire grave de pensador
bían destruir como destruye la mano brutal de taciturno, sobre lomos y anca un trapo carmesí y
los hombres. Ella no era capaz de reducir á. pol- por ojos dos inmensns crisolitas.
vo inerte su fortuna, y de aventar luego el polvo:
Aún en lo alto del trono, Psiquis experimentó
su piedad, infinita, abarcaba los seres y las co- la sensación desesperante que han matado dessas, y su piedad era infinita por ser grande su pués á muchos hombres, la sensacjón angustiosa
ciencia, Estaba iniciada en todos los misterios de de una soledad infinita en medio de la muchela vida, y ninguco tan prodigioso como el miste- dumbre. Viéndose perdida para siempre, bajó del
rio de su propia sangre. Nunca se derramó en trono y, como en su anti~ua romería expilltoria,
vano la sangr e de sns venas: en •ionde ésta caía se fué por el mundo, de templo en templo, de
despertaba el germen de un ser de belleza pura, país en país, caminando, caminando. porque sus
graciosa y con alas, como la belleza de Paiquis; alas entorpecidas por la inacción no recordaban
y A favor de tan inefable virtud, la soberana el ímpetu glorioso del vuelo. Recorrió todas las
pensó desembarazarse de sus gemas, convirtién- comarcas, de las cuales había sido reina y sefiodolas en frágiles seres primorosos.
ra, y en ninguna parte la reconocieron los súbditos; despojada como iba de
suotuos9.s insignias reales
Por fin, después de muchos
desengaiios, decidió alejarse
de los hombres y vivir, mientras las alas débiles cobraban
nuevos bríos, en cumbres deshabitNdas, Y así, alejándose de
los hombres, vengóse de éstos
pues A medida que ella se ale~
jaba, los hombres padecían más
y más de una extrafia ceguera que les obligaba á ver las
cosas como al través de un
velo Aureo.
Pero los dioses reservaban
á Psiquis, como la suprema alegría dt- 1 vuelo, la alegría de
hallar en una delas cumbres á
las CUAies trepó, en la cumbre
má s alta, al único de sus vasallos que supo reconocerla
porque Ja nube color de oro no
empaliaba sus pupilas. Era un
pobre diablo moribundo en la
Sin echar si:¡uiera una ojeada sobre la foneata flor de los atlos, mitad mendigo, mitad trovero.
lámpara que debía de recordarle su imprudencia Bohemio le llamaban desdenosamente los hom,
de antailo se dispuso A realizar su pensamiento bres y lo creían estúpido porque despreció la
en la fBji de luz que desde una ventana entre- riqueza, el poder y los abrazos infames. No trnfa
abierta llegaba á morir á sus pies. Con un largo sino nn manto agujereado por las lluvias del cielo
estilo, Aureo y teuue como rayo de sol, hincaba y las piedras del camino, pero él no se hul:&gt;iera
sus dedos, y despué 3 con el estilo húmedo de san- tr.:cado por el mas rico poseedor de tesoros. Dugre tocaba las piedras pr_eciosas ha_sta no dejar rante su vida vagabunda recogió claros de luna
ni una sin el extratlo bautismo sangriento.
puestas de sol, gorjeos de pájaros, fragancias y mú'·
Al contacto de la sangre hubo en todas las pie- sicas del bosque, y con todo tiso construyó suedras un estremecimiento de vida, y !as gemas ilos, muchos suefios, hasta haber en su alma tandejaron de ser piedras para convertirse en lar- tos suenos como hay celdas en el panal y flores
vas. Muy pronto desperezos de alas estallaron en por primavera, en las acacias.
'
las orugas de color; y corales y rubíes fueron maY como Psiquis no sabía de ingratitudes, no
riposas de alas rojas, las esmeraldas mariposiu desamparó esa alma de poeta; antes bien la llevó
verdes, l0s diamantes y las perlas mariposas blan- consigo, al irse en busca de un mundo nuevo, no

�EL MUNDO.

248

-¡Búscamelo, por Dios! ¡yo no puedo vivir así,
no quiero vivir así!
Me volvió la espalda y salió hosco y silen-

cioso.

No volví á verá f.ibéluh en dos días. Había
huido del café porque decía que un hombre sin
corazón como él, no gustaba el placer de la conversación, y aunque para curarle la había yo
asegurado que todos le t.Chábamos de menos, no
pude conseguir que volviera. Le vimos dos noches acerc~rse al puesto del fosforeru y comprar un periódico
que leía rápidamente bajo el
faro de la esquina de la calle
del Arenal, sólo la cuarta plana,
porque me aseguró muy serio
que era materialmente imposible
que nadie hubiese encontrado la
víscera oreciosa que había perdido, en cuyo caso, y si era persona de conciencia, debía anunmanchado de hu manidad: y siempre en compatiía
de esa alma voló, basta posar los ct\ndidos jazmines de sus piés en la Vía Láctea luminosa y
desaparecer por la gran ruta del cielo, blanca y
azut, empedrada de zafiros y diamantes.
MANUEL

DíAZ RODRIGUEZ,

CUENTO FANTASTICO.
El corazón de Libélula.
-Serénate, Libélula -dije al pobre muchacho
poniéndole la mano en la espalda. Lo que acabas de decir es un disparate ...... Sí, un disparate sin precedente, afl.adí con mayor energía al
ver que Libélula movía negativamente la cabeza.-Bueno, pues pon aquí la mano -me contestó muy serio, llevl\ndo mi diestra al lado izquierdo de su pecho. ¿Sientes algo?-No, le contesté;
nada siento, pero eso no prueba nada. La circulación es en ti lenta y silenciosa, y el centro de
la vida trabaja hondo en tu pecho. Libélula volvió A mover la cabeza de derecha á izquierda.
Evidentemente .no- había manera de convencerle.
-Oye,-me dijo fijando en mí sus ojos enérgicamente expresivos: -tan cierto como que yo darla por ti la vida si me la pidieras, es que desde
hace ocho días ando por ahí sin corazón. ¿Qué
sabes tú de esto si no te ha sucedido j ~más? Te digo
que lo be perdido hace ocho días, en mitad de la calle, no sé de cqal, Cdrea, cerea de la casa de ella.
Por allí ha debido caérseme, por allí debe estar.

Cojió mis manos entre las suyas que ardían con
la fiebre, y antes de irse me dijo mirándome con
ex presión de súplica tan honda que me dió frío:

ciarlo un día ú otro. GPara que podía querer nadie ~l corazón de Libélula teniendo ya uno? No
ví jamás idea fija más enérgica incrustada en cerebro alguno. Cuando por vez primera nos refirió el hecho, me aterró el aplomo con que lo contó.-Iba yo á su casa, de noche, nos dijo, cuando
ella no puede distinguirme en la ealle, porque
ya sabéis que no quiere verme, y de p.onto, al
abrocharme, porque sentía frío, eché de menos
el corazón. Palpé por todas partes m~tfa los dedos con ira por las eostillits ... . Nada, ya no estaba allí. Volví atrás, registré todo el camino ....
Tampoco. Llamé á un guardia, le conté lo que
me pasaba, y el imbécil me contestó que no podía ser. ¿Conque no podía ser, y yo, que era el
interesado, había. dejado de sentirle en el pecho?
Busqué yo solo .... y nada. Me fui á casa y en
el camino vi el cuerpo de un asesinado, en el arroyo, guardado por los serenos y con tremenda expresión de agonía en el rostro. ¡Y le miré y pasé
sin sentir nada, como quien ya no tenía corazón.
Y pensando en ello á solas, en mi cuarto, maldije
de mí mil veceR y no me pe¡?né un tiro porque no
sentía .... ¡L1t falta del corazón, os digo!

Domingo 15 de Octubre de 1899.

***
Me puse el frac y fui á verla; á ver si aquella.
mujer quería h \Cer la caridad de curar á Libélula de su terrible manía, aunque fuese engallAndole. Yo tenia duda de que por ella andaba mi
pobre amigo tim des~quilibrad? de facultades, y
si ella no halía perdido también el corazón, se
apiadaría. Iba aquella noche de baile y la encon,
tré en el jardín. Parecía con el abrigo de pieles
una emperatriz bajando á dar A su pueblo la limosna de la vista '1e su persona. Tomó mi brazo
y seguimos un rato á pie, Se lo conté todo, y al
oír la rareza de la manía del pobre Libélula, ae
rió.con la risa fresca y juvenil que á mi me pareció una pufialada, por tratarse de cosa tan serla
pero no la dije nada, ni retiré el brazo. Llegué Á
3entir miedo. Llegamos silenciosos hasta la cr.lle
y como dij'.l que tenía frios los pies, quiso aegui;
andando un rato. En la esquina de una calle, solitaria como todas las de aquel barrio aristocrA,
tico me detuvo de pronto apretándome el brazo.
Me paré en seco y ella se inclinó hacia el suelo,
donde distinguí algo que me pareció una piedra.
Se irguió en seguida y dijo:-¡Tom/l., pues era
verdad! Es el corazón de Libélula. Lo apartó con
el pie, regiamente calzado, llamó al coche, subió,
se despidió de mí y me quedé en el medio de la
calle, clavado por el espanto.
Volví temblando A la acera y recogí el corazón
de Libélula, que con el pequen.o puntapié de ella
había rodado hasta el arroyo. Noté que según
iba andand0, el corazón, que llevaba cuidadosamente envuelto en un pafiuelo, se esponjaba agradecido al seutir el calor de alguien que le trataba
compasivamente y ¡hechos extra:lios que se producen cuando pasan por nuestra vida real y pro•
saica girones de fantasía! hasta me pareció que
la humedad que el corazón destilaba en el palluelo, eran lágrimas del infelicísimo Libéhtla.
Entré en el café y llamé aparte á Ar tiera, el
médico de todos nosotros, y juntos nos fuimos a)
cuarto piso de Libélula. H,1cfa ya dos horu que
estaba dorm;do y no quiso Artiera despertarle;
con ayuda del cloroformo, insensibilizó al hombre sin corazón, y luego, delante de mi, que temblaba de espanto, con maravillosa destreza le
abrió el pecho y colocó en su sitio el corazón, como quien coloca ur:a piez'l de relojer ía, dAndole
luego movimiento con un golpe del dedo fn,
dice . . ..
Pero la locura de Libélula era irremediable.
Tuvo su corazón, pero no le dejó el punzante recuerdo de ella.-Esto no tiene remedio, nos dijo
en el café, días antes de que le lleváramos almanicomio. Le siento aquí, pero enfermo; alguien

J)omtngo 15 de Octubre de 1899,

249

.EL .MUNDO.

le hirió antes de que me lo encontrárais y me lo
devolviérais.
y todavía cuando vamos á verle á la casa de
salud los días de hermoso sol que templa á oleadas tibias el jardín del manicomio, suele decirnos con melancólica sonrisa y resignado acento:
- ¿Oís? Tic-tac tic-tac... . lo mismo que antes, pero más despacio, como si le doliese
herida. Y se queda como en doloroso éxtasis, mirando al cielo con sus ojos dulces y serenos, y la
mano derecha junto al corazón .... ¡Pobre Libé -

!ª

lula!
, FEDERICO U RRECHA,

SERENATA.
Princesita, princesita .
Tan bonitll.,
Sal á hablarme á tu balcón,
T,·aigo versos, traigo flores,
Traigo amores
Y un rayito de ilusión.
Ya la lona misteriosa,
Vaporosa,
En las nubes se escondió;
Y la estrella blanca y bella,
Nuestra estrella,
La que amamos, ya surgió.
Ya del bosque en la enramad9.
Perfumada,

Canta alegre el ruise:lior:
¿Qué no escuchas lo que canta,
Que le encanta
Seas la reina de mi amor.
Ya la fresra enredadera
Hechicera
Al oírme despertó
-.. -·--y sus hojas -eii guirnalda
De esmeralda
Para ornarte preparó.
Princesita, princesita
Tan bonita;
Sal á hablarme á tu balcón,
Trai~o versos, traigo flores
Traigo amores
Y un rayito de ilusión,
DAVID.

·♦

♦

•••

♦

...,.

~

Luego despertarás, sin un reproche,
Bendiciendo tu dicha y mi fortuna,
Sola y dormida estabas, es de ncche,
Y entré .... como entra un rayo de la luna.
Si de tus ojos grandes te envaneces,
Si te recreas en tus labios rojos,
Si amas tus luminosas morbideces,
Es porque son festín para mis ojos.
¿A qué, pues, recatarme tus primores
Que exaltan mi ardorosa fant/\sía?
Mentir enojos ó finjir pudores,
Indigna farsa para tí sería.
Ni teme¡, encender celos ó agravios
Con una confidencia que me asombre:
¡,Hablas dormidli~ Pu~s dirán tus labios
Inefables ternez as y mi nombre.
Soy tuyo y eres mía .... Eternamente
Surgen con simultáneas vibraciones,
Un mismo pensamiento en nuestra roen te
Y en~nuestro cuerpo iguales sensaciones.
Duerme, Nellyl Tu lámpara süave
Envidiosa tal vez, nos acompaila,
Y afuera se alza misteriosa y grave
El nocturno rumor de la monta:lia.
¡Q11é bella estás durmiendo! Ríe leda
La inocencia en tu faz blanca y tranquila,
Y a! través de tus párpados de seda
Centellea tu mágica pupila.

Así te quise ver. , . . Cuando dormida,
Plena y augusta paz tu pecho siente;
Cuando las tempestades de mi vida
No amontonan sus nubes en tu frente.

¡Qué opulenta del lecho entre el armiilo
Emerge tu belleza soberana
Mientras duermes con hálit~ de ni:lio
Y desnudeces de deidad pal:?'anal .

No vine aquí traidor ó temerario
Esclavo torpe de pasión impura:
Soy creyente, penetro en el santuario,
Y es fé mi amor y culto mi ternura.

Lámpara de cristal color de rosa
Ilumina tu alcoba de princesa
Desliza por tu lecho luz medr~sa
Y con sus rayos tímidos te besa.

Junto á tu lecho caigo de rodillas
Y absorviendo el deleite en que me ba:lias,
Ni aún me atrevo á besar en tus mejillas
La sombra que proyectan t~s pesta:lias.

¿Por qué tiemblas? ¿Por qué ya no sonríes
Con la ingénua sonri&lt;1a de la cuna?
Duerme Nellyl Soy yo, no desconfies,
Entré .... como entra un rayo de la luna.
¿ Qué pesadilla trágica te asalta
Y el espanto en tu frente deJa impreso?
¿Lloras N elly? . . .. Ya sé lo que te falta: ·
Acércame tus labios, toma un beso!
Me abres los brazos . . .. ¡ah! bedito sea
Tu amor . ... No temas dolo ni perfidia!
La lámpara vacila, parpadea
Y muere .. .. ¡pobre! se muríó de envidia.
JAVIER SANTA MARiA,

�Domingo U de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

25()

nueva

temporada de Bpera.

L~S ARTISTAS,
A.ño VI -Tomo ll

3

México, Domingo

22

de Octubre de i:899.

BE LLAt!i ART .ES.

5-SEÑO'RA LEONILDA GABBI,
Prima D0nna Soprano Dramática..
(

6-SEÑORITA ~ERF.NA VAREl'&lt;A DEI RONC0NI,
Prima Donna M~zzo Soprano.
7,-SEÑORITA E'mIA. CRIPPA.
Soprano llfera.
4-SEÑORA ADELA GINI PIZZORNI,
Prima_ Donna Soprano Dramática absoluta,

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T
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I

COMPROMETIDA.

Número i:7

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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          <name>Título Uniforme</name>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo U de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

25()

nueva

temporada de Bpera.

L~S ARTISTAS,
A.ño VI -Tomo ll

3

México, Domingo

22

de Octubre de i:899.

BE LLAt!i ART .ES.

5-SEÑO'RA LEONILDA GABBI,
Prima D0nna Soprano Dramática..
(

6-SEÑORITA ~ERF.NA VAREl'&lt;A DEI RONC0NI,
Prima Donna M~zzo Soprano.
7,-SEÑORITA E'mIA. CRIPPA.
Soprano llfera.
4-SEÑORA ADELA GINI PIZZORNI,
Prima_ Donna Soprano Dramática absoluta,

r

T
t
I

COMPROMETIDA.

Número i:7

�EL MUNDO.

252

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-No, me dijo mi amiga,-va para nuestro temperamento enfermizo y neurótico, no tienen encanto
las fi,orituri, los arabescos de trinos. las mallas sutile11 de gorgeos, las explosiones de fermatw;. todo ese
alegre juego de las notas, todo ese fino desgrane de
escalas y apoyaturas en que se deshace la vieja música italiana como una nube se deshace en rocío. Los
maestros modernos nos emocionan, nos 3acuden, nos
subyugan con una música dol•)rosa y fuerte en la cual
la voz humana entra como 1m elemento de la polifonía. Ya no canta sola, como antes, St!guida sumisamente por la crquesta, como una reina por los cortesanos obedientes; ya no es soberana y señora, á cuyo mandato iban los instrumentos subrayando con
timidez las melodías; vibrllban con exquisita delicadeza las cuerdas, trinaban con dulzura las maderas,
y de vez en cuando, los latones, á la sordina, intervenían en el acompañamiento con sus quejas mP.tálícas y
duras. Ya no .:s la voz humana la única todapojero
sa y expresiva en el concierto de los sonidos; ya está
descoronada, y aunque coni;erva la nobleza de su linaje, ha perdido su omnipotencia. El arte antiguo
se preocupó mucho en hacer de las gargantas nidos
de ruiseñores y de las aere...s tramas de esa música angélica y candorosa cuelgan, ~ manera de d!á_fanos ornatos y guirnaldas, las más Joviales y del1cwsas sutilezas del canto. No habría entonces pasión sino ternura, ni tristeza sino melancolía ..... ¡ohl las lágrimas no eran tan amargas, ni las quejas tan hondas,
ni el dolor tan desesperante y huraño. ¡Oh, Bellini;
rublo como las mieses, dulce como los ángeles, joven
como la aurora, melancólico como el ocaso, tú eres
u n símbolo! .... Tu música, como la de Donizetti nos
aburre un poco y nos empalaga bastante: es un vaso
colmado de miel, que cuandó álguien lo acerca á
nuestros labios, nos repugna, porque ya estamos habituados á los acres y malsanos sabores. Música sana,
pero sin nervios; sin vigor, sin estremecimientos, sin
angustias, requiere cantantes educados hasta lo imposible, voces sujetas á largos y difíciles estudios,
vocaciones decididas, órganos privilegiados que venzan á la naturaleza y hagan del grito, del suspiro y
de1 sollozo primores de notas. Para tal especie de
cantantes todo rumor debe queda1 dentro del pentagrama: es ésta una terrible gimnasia de las cuerdas
vocales, en las que se enredan y suben y hacen los
sonidos inauditos escarceos, como ágiles y pujantes
acróbatas. Pero, amigo mio, el ideal artístico ha variado de rumbo. Las óperas nuevas no necesitan de
esos 6 lorlosos esfuerzos. Pasan por el escenario de
los teatros primeros, uno, dos, tres, un redncido grupo de cantantes admirables, cuyo antiguo repertorio
es algo así como un museo de chucherías y curiosidades. Convénzase usted; dentro de algunos años no
habrá cantantes para las añejas óperas italianas. Nosotros asistimos á los funerales del bel canto.

***
Y al terminar el en~reacto, me despedí de mi amiga, corrí á mi butaca, y me puse á escuchar á Adelina Padovani.
Es posible que sea una de las últimas sacerdotizas
de la vieja y divina escuela. No estoy seguro de que,
como dice mi amiga, esté próximo á extinguirse la
raza de estc,s prodigiosos cantantes. Pern puedo afirmar que el goce que producen es aún de una infinita
intensldad.
La voz de la Padovani es una maravilla; voz de oro
y cristal, que brota, sonora y pura, como manan las
linfas de las fuentes; voz que se nos entra hasta el
alma, sin quebr.use, con la apacible suavidad con
que se filtra en las umbrías un rayo de la luna; voz
ligera y alada, cuyo timbre argentino tiene no sé
- que de mágico sortilegio para despertar ensueños y
fantasías ..... .
¡Ah, Lucía, la Ilucía de Don~etti, la esbelta y
blanca figura de nuestra ilusión de adolescentes, la
pálida y lacrimosa romántica, la intangible y vaporosa heroína hecha con nubes y lirios de la noche,
cómo te habíamos olvidado, por las mujeres modernas que a;iarecen ante nosotras ebrias de sensualismo, locas de dolor y de ira, crispadas de desesperación, impacientes de amor, empapadas de amargura
y de lágrimas!
No, nos entusiasmamos ya; pero nos conmueves todavía con tus expresiones ingenuas y dulces; tus son1isas tristec; y tus inmaculadas ternuras. Al oírte,
nenc;amos en muchas cosas amadas, que están muy
lejos, que quizá no existieron nunca, pero que llenan
la memoria de un suave perfume de flor muerta ....

Domingo 22 de Octubre de 1899

***
y la Padovani, seguía su aria erizada de t~inos
y apoya.turas que semejaba un despert~r de pá~aros
en una selva virgen. No hay frescura igual á la d_e
esa voz acariciadora afinada como una harpa angélica, que vierte en 1~ atmósfera ~ue re..piramos una
misteriosa y paradisiaca fragancia.
Es tan sutil, tan frágil el tejido de luz en que envuelve la cantante las delicadas melodías, q•ie tememos
por instantes, que la red de hilos áureos se rompa al
tia, ó que la nota audaz dete~ga el vuelo en lo alto,
y descienda rápidamente ahrrota ,como ave mal herida. Pero no; nuestro miedo es pueril y vano; las
notas, como en el verso del poeta, cantan aunque la
rama cruja.
¡Como que sa;:,en lo que son sus ala~! y llegan á la
cadencia sin fatiga, bullentes y sacudiéndose el rodó
del brillante plumaje de colores.
En verdad que la P.1dovani es una consumada maestra. Para.ella el bel canto no ha tenido secretos.-Y
cosa extraordinaria en esta artista su perlor !-lo raro
es que no sólo posee el irreprochable método de c~nto, sino que es dueña, además, de una alma apas10nada y ardiente que la inspira á cada momento y que
le permite expresar hasta las más t riviales frases melódicas con un vigor extraordinario y una verdad pasmosa.
Hemos oído sopranos ligeras que son como cajas de
música, de voz flexible y linda, de registro extensu,
de fácil y educada emisión; pero que no lograron reunir. como la Padovani á las excelentes facultades, el
espíritu rebozante de ternuras y la genial intuición
del Arte, t&gt;Se sonambulismo divino que no se aprende en Conservatorios ni Academias.
Al salir del teatro, vibrante de emoción y entusiasmo, Je pregunté á mi amiga:
- -¿No es verdad que es triste que ya no se cante
de esa manera1
-¡Ob, sí!-me respondió-pero tampoco se siente
así ya. Estos no sólo son los funerales del bel canto,
sino también los del romanticismo. Creame usted; la
Padovani ha galvanizado un cadáver. Lucia está
bien muerta.
Y añadió:
-¡,Qué noticias tiene usted de la Manon de Massenet?

***
Y á propósito de resurrecciones y romanticismos.
La superstición popular, según cuentan _los periódicos, ha inventado una espeluznante conseJa. Una perdida que hace algunos años se suicidó de un modo
escandaloso, ha vuelto al mundo en calidad de alma
en pena.
Reruerdo que el día en que. esta desdichada se quitó la existencia, logró unas cuantas horas de celebrid:i.d. Desde entonces aún han seguido su ejemplo varias pobres muchachas de su clase, las cuales ponen
no sé qué frenesí y vehemente afán en aparecer románticas y sublimes en medio del fango de la vida.
El suicidio les llama la atención por lo que tiene de
aparatoso y teat,ral. Les agrada imaginarse redimidas por un amor que las lleve á la muerte. y como
una justa venganza piensan en lo que las va á compadecer la sociedad que vivas las desprecia. Por llegará ser interesantes logran ahogar sus preocupaciones y sus miedos. Y en fuerza de sufrir c~trariedades alcanzan de veras á desdeñar la vida. Estas infelices tienen su patrona: Nuestra Señora la Dama
de las Camelras. Son fíeles á su culto.
Y he aquí que la superstición popular prolonga el
romanticismo de una existencia, más allá de los tenebrosas lindes de lo desconocido.
El pueblo no dejará nunca de ser poeta.

*

* *
Dos compaíieros míos-un bardo de altos vuelos y
un músico de expontánea inspiración acaban de dar
á la escena el esbozo da un dramita del género chic.:,.
Con este motivo ha vuelto la rancia discusión del
arte dramático en sus relaciones con la zarzuela por
tandas.
¡Oh, señores! Creo que basta de escándalos y garrulerías. El Arte, como Dios, puede estar en todas
partes.
¡l!'eliz el que sepa ver estrellas en los guijarros!

El porvenir de Cuba comienza á preocupará los cubanos; á nosotros nos preocupa tant;o como á ellos; nodeseamos más solución que esta: el cum plimiento
honrado de la palabra de los Estados U nidos: la libertad. Comprendemos que hasta hoy la nación, á quien
Cuba debe favores de madre, se haya tomado y se tome aún todo el tiempo necesario para meditar el mo.
do de salir del apuro: puede que crea que ese tiempo
debe de ser indPfinido, para que el apuro se vaya des.
leyendo en él. Cuando decimos que no deseamos otra.
solución que la libertad, no queremos decir que la.
esperamos. Mucho antes del tin de la guerra
con España temíamos lo contrario de esa solución.
Mientras tanto los americanos hacen la policía de la.
Isla, bastante bien según unos, y cobran los productos aduana.les bastante bien según otros.
Si en e~te momento se recurrwse á un plebiscito resultaría un número considerable de votantes; nada.
alborota más á los pueblos recientemente libres que
el cumplimiento del deber de votar; todos van; todos toman por lo serio el sufragio; luego vienen la&amp;
desilusiones y los retraimientos; luego se abdica~cita.mente el cumplimiento de esta pri mordial obU.
gación cívica en manos de los políticos de profesión
ó de los individuos de la policía. Pero todavía eso no,
sucedería en Cuba; habría, pues, una verdadera gran
votación que se dividiría así: anexionistas, autonomistas, h:dependlentes.
Los anexionistas creen que haciendo ingresar su
estrella en la gran constelación fedtral, fuera de que,
según ellos, este es el 11nico modo para el pueblo cu.
bano de hacer su educación en la libertad, tendría la.
inmensa ventaja económica de un zollverein, de la
unión aduana! forzosa con los otros Estados, y los.
productos de Cuba entrarían libres de derechos en la.
Unión. Esto es contar sin la hué"&gt;pede, es decir, sin
el interés de los Estados Unidos. Es verdad que los
treinta ó más millones de pesos que perdería el Tesoro federal por la libre entraña del producto cubano,
estaría en parte compensado por los prod uctos aduanales en Cuba, pero esto apenas resarciría la mitad
de la pérdida, por lo que se verían los amer!canos
obliga.dos á recargar el impuesto reportado por la in•
dustrla azucarera Cubana y entonces la azúcar subiría. de precio y las cosas quedarían en el mismo estado 11ue ant,es de la anexión desde el punto de vista
económico. Y ello haciendo á un la:o la oposición
formidable que harían á esta política absorvente los
productores americanos de azúcar; el problema ea,
pues, soberanamente difícil,, desde este punto de
vista.
Otros votarían por e, protectorado; estos son los
autonomistas; estos también se fijan en el lado puramente utilitario de lii cuestión, que va resultando,
no una suprema cuestión de honra y dignidad humana, sino un simple bussiness. Los autonomistas son los
mismos que protegió Espafia cuando ya no era tlem•
po. Estos creen, no sé por qué, que los Estaaos Unl•
dos les concederían en esta situación, ciertas ventajas aduanales, que les darían tarifas pri_vllegladaa
bastantes á permitirles luchar con la azúcar de remo•
lacha (alemana y francesa) la gran enemiga de la d&amp;
caíia, y vencerla, lo que urge porqu_e la produccióB
remolachera aumenta á la d-Oliia de diez en diez afi&lt;&amp;
Yo no sé si el gobierno americano consentiría en bacer aquí el p~pel de Dugues0lin en la riña entreT1astamara y D. Pedro, entre la remolacha y !ª ~aíia; no,
veo qué cuenta pueda tener esto á la pob1ac1ón con•
sumidora inmensamente consumidora de azúcar, dela Unión.' Además Java y, sobre todo, las l!'iliplnas,
Puerto Rico en poder de los Estados Unido~ ~an 'extremar su producción azucarera apenas lnc1p1ente,
gracias á los trusts que van á regar oro sobre aquella&amp;
tierras americanas y á decuplicar sus rendimlent-aJ.
agrícolas. A tal punto es este el porvenir cierto, qu&amp;
los yucatecos que han convertido en fibras de plata.
las de su hen~quén gracias á la situación del arc!:I•
piélago filipino, ne~esltaa con ne~esidad urgente la
adquisición y preparación de las tierras fe.taces subatraídas al cultivo por los indígenas. su~tevades,
que cinco años después de la orgamzac1ón de la&amp; Bias asiáticas, las fibras de allí traínas á los mer~
yankes habrán reducld0 el henequén á la nada
·

Pf•

***

i:J:

Los que quieren la independencia ª?soluta,_
la fe en la palabra del Congreso americano, tie d
razón. No tienen razón, no es práctico, abstenerge e,
ir á los comicios, como lo recomienda el (!ubano
no de los independientes; su actitud c~s1 hostil á. lí•nación libertadora, como por allá se dice, es
la
tica, y no lleva á nada. Yo desde mucho antes iein '
guerra y durante ella, y así se los manifesté ai ~
fo1tunado Martí y al inteligente. Y ardoroso ª%buca,..
de Quesada, y así me atreví á proclama:1° Pfatal la.
mente en una memorable ocasión, he cre1do

r':

knj°

Domingo 22 de Octubre de 1899.

=

rclón de la Isla por los Estados Unidos; pero
es donde debe mani festarse el carácter y la entereza de un pueblo, en la resistencia á esas fatalidades históricas que, en suma, son relativas, pues que
la voluntad humana es un elemento importantísimo
de transfo rmación de los fenómenos sociales.
Slel pueblo cubano q'.1e claramente mani~estó que
deseaba su independencia de España. la qmere también de los Estados Unidos (lo que es diferente) que
lo diga con claridad y po: cuantos modos pueda con
108 boletines de voto. Si se retrae, si calla .... «Quien
calla otorga&gt; dice el proverbio, y en este sentido forzosamente interpretarán los americanos el retraimiento. Por lo que el consejo de la abstención nos parece una Imprudencia suprema; es el ¡,uicidio.
No podemos ni debemos meternos en asuntos que
no nos Incumben; perc, tampoco nos es posible ni de-aentendernos, ni desinteresarnos de lo que puede tener grave t rascendencia en nuestro destino, por más
,que digan los optimistas. Pero no es solo nuestro
Interés mexicano lo que nos induce á desear, más
bien que á esperar, la independencia de Cuba. Es que
-creemos que, como algunos periódicos cubanos nos
han dicho, la anexión, desde el punto de vista económico sería un inconveniente para la federación y para
la !si~. Sería el triunfo de los Estados industriales
-contra los agrícolas, sería un triunfo en la guerra
,económica, que es una guerra civil que, menos la san,gre, es tan desastre,sa como la armada. Y esos triunfos preparan el inevitable desmembramiento futuro de
la Unión, y lo precipitan. Una isla libre, con un tratado comercial ó un zollverein temporal con los Estados Unidos, saturada de oro a;nericano que hará de
,Cuba una potencia productora de primer orden, satlafarí a á t odos. Una isla autonómica y protegida, es un contrasentido constitucional en el régimen
-americano; es una absoluta transformación del sistema; es abrir brecha á todo lo que envuelve de aleatorio una alteración repentina del modo de ser político. Una Cuba libre, enteramente libre, no sería
una Cuba anárquica, no podría serlo; la presencia
-del capital americano empleado en mover la enorme
-opulencia agrícola de la isla, rica á pesar de que apenas está explotada en una parte relativamente insignificante de su terrirorio, y la vecindad de la nación
.americana., no son auspicios favorables al crecimiento de la zlzaíia, del alboroto y del desorden, menos de
las luchas civiles. Pues un pueblo latino obligado á
la paz entra rápidamente en los carriles de la prospe?ldad y, á la larga, en el último furgón del tren llega
la libertad.
Por desgracia el partido de la independencia no se
muestra capaz de cohesión, sin la que no hay fuerza,
asilas not icias que nos llegan son ciertas. Un grupo
:se separa del que en derredor del viejo patriarca m11urgente, del Gral. Máximo Gómez, pretende llegar á
realizar su ideal de libertad por medio de un acuer-do con la nación libertadora, aun cuando sea preciso
-esperar bastante y aplazar mucho. Otro grupo, diri,gldo por uno de los más bravos guerrilleros de color
de la guerra de insurgencia, ha adoptado una actitud
hostil á los Estados Unidos, y sobre todo, rencorosa
1 vengativa contra el elemento español. No se neceatta ver muy lejos para comprender que la existencia
de esta facción va á servir de pretexto para retardar
la resolución de los Estados Unidos; á otro día de las
grandes lu::has, los partidos extremos son los peores
-enemigos que la realización normal de los ideales en~entra. Tememos que eso esté sucediendo en Cuba.

Por un lado discursos complicados y altivos, hin1:hados basta rebosar de sofismas y avidez, sorpresas
fingidas ante un documento en el .fondo equitativo y
racional, emanado de la exaspEración de una minús,
001&amp; nacionalidad de hombres libres ante quienes se
bahía levantado, primero un muro y luego una montafia de exlgencias, y á quienes con el pretexto de dejar Ala diplomacia el tiempo de maniobrar con toda
prudencia, se quería encerrar en un cerco wilitar in!ranqueable, y la calificación de ultimatum apropiada al documento en cuestión para provocar las iras
nacionales, y los mutings de indig-nación en que mul,itudes inmensas, ébrlas de valor y de orgullo, hacen
-olr lll rugido del leopardo británico atisbando los corderos de los llamados pastales del Transvaal, y
la movilización de los b!l.tallones acampados en Aldshort,y losoficiales escoceses que dejan el mess eleganltíalaslmo, las salas tapizadas con todos los recuerdos de
hazanas y los viajes del regimiento, el confortable comedor rodeado de escaparates y credencias car.gadas de porcelanas y cristales finos, de vajillas de
plata vl~ja, y los vinos deliciosos de España y Francia,
el Wb~skey natal y las mesas de juego y los prados
e ejercicios de fuerza en donde, después de las cot,loau Y suculentas comidas, se entregan á su pasión
por las luchas corporales, sin distinción da grados, Y
'1111a vez revistados por el príncipe de Gales, empren:enlaA la cab~za de sus sanguíneos y atléticos solda08 ruta del pu~rto próximo para trasladarse al
~~ después de recojer los h1J1rrahs y las flores y los
..._.delas muchedumbres urbanas; y ya en el camc_mento africano la reunión con las tropas colontaes, Vestidas de lienzo °Blanco para soportar el furioso

1

EL MUNDO.

calor del est:o austral y la marcha para el territorio
del Natal, teatro probable de la guerra, y la llegada
á Ladysmlth y las incursiones en tren blindado basta los campamentos boers con el objeto de ensayar
los cañone¡, maxim y probar el efecto de las dumdums
en los cuerpos robustos de los burghers.
Por un lado ...... por el otro, las familias ent eras ,
a~andonando el trabajo para seguir la voz de sus patnarcas, las mujeres preparando el bastimento de
los hombres y abandonando frecuentemente la cómoda granja pastoral para refugiarse en la ciudad, des.
pué.s ce haber leído al alba los grandes versículos de
los libros guerreros de la Biblia, después de haberescuchado las graves palabras del sacerdote armado ya
de su rifle, como los calvinistas que seguían á Gui.
llermo de Orange y después de haberse despedido de
todos los hombres de la familia d ~sde el viejo de cincuenta ó sesenta años, jefe y caudillo de su hogar,
hasta el muchacho de diez y seis años para quien la
campaña y la muerte son una alegre aventura de juventud.
¿De parte de quiénes está la simpatía y la piedad
del mundo? Los holandeses de Africa son de una raza heróica y fuerte: los que, por no soportar la dominación inglesa, abandonaron la punta extrema del
Africa, para erigir un hogar libre en las vastas soledades africanas de un lado y otro del Vaal y los que
quedaron como súbditos de la reina no rompieron
sus vínculos de familia; todos han continuado unidos por la sangre y por la aspiración á la libertad, y
hcy que son mucho más numerosos de lo que al principio del siglo eran, han apretado más los lazos que
los unen y con el nombre de afrikanders tienen el dominio legal del Africa del Sur; esta situación es la
que, largo tiempo hace, han querido transformar los
imperialistas; Mr. Rhodes y Mr. Chambt!rlaln quieren que el vértice meridional del continente negro
sea exclusivamente inglés; esto acabará por la victoria de la fuerza, ya sólo la fuerza trlunfa, la única
esperanza del derecho es convertirse en fuerza tambMn. Esto acabará por la victoria de Inglaterra; los
cuarenta ó sesenta mil burghers que puedan oponerse á los sólidos regimientos británicos á la larga ó
á la corta sucumbirán; la compañía explotadora de
las riquezas africanas que gobierna el Sr. D. Cecilio,
que tan desdeñosa.mente hizo no ha mucho la filosofía de nuestra historia, será la reina desde Mozambique al Cabo; las tumbas de los boers desaparecerán
bajo las casas improvisadas de las colomas mineras,
y la bandera británica y la bandera de la chartered
flotarán juntas en el rústico palacio de Pretoria.
Pero est,os árboles europeos transplantados á tierra feraz crecen extraordinariamente con la poda, cobran fuerza nueva; la familia boera serulrá multiplicándose después de la guerra y una Irlanda protestante brotará para Inglaterra en la tierra de la
Buena Esperanza. Esto dentro del imperio; fuera de
él la cuestión asumirá un gravísimo carácter; las libres repúblicas africanas encadenadas al estupendo
acorazado inglés, harán reflexionar un poco más de lo
que probablemente reflexionan todas las noches á los
franceses, á los rusos, á los alemanes, á cuantos están en vía de forjarse imperios coloniales.
No sería improbable que de la sumisión de los boers
resultase la necesidad de una triple alianza marítima
en Europa; no sería entonces extraño que el océano
asiático viera, en el primer cuarto del siglo próximo,
la lucha más terrible que la humanidad haya presenciado, y que en las ond~s del Mar Amarillo, espumeantes de sangre, be escnba algún día el epílogo de
la conquista del Transvaal.

-ILAA5to ✓ ~

LA HERMOSURA Y LA SALUD
BELLEZA CLASICA Y BELLEZA ROMANT!CA.
Dicen los poetas que la primera obligación de la
mujer es ser hermosa, y contra lo que es común, en
este punto se encuentran de acuerdo los poetas con
los hombres de ciencia. La razón de este acmerdo entre poetas é higienistas es, pura y simplemente, que
hermosura y salud, belleza y vigor son sinónimos, y
que nada suministra mayor contingente de eneantos
al hombre, como á la mujer, como el funcionamiento
normal de todos sus órganos, el desarrollo proporcionado y armonioso de toda su estructura.
Veámoslo si no. El tipo supremo de la belleza plástica femenina es, sin di&amp;cusión, la Venus de Milo y á
la vez, la diosa es el tipo acabado y completo de lasalud y del vigor. Desde luego llama la atención en ese
portento de belleia plástica, la armonla y la propor·
clón admirables de sus diversas formas: torax amplio
y levantado, que revela una "espiración profunda y
vivificadora; cadera vasta, que traza una curva majestuosa, indicio cierto de fecundidad; brazo y pierna finos, pero acojinados, duros, reveladores de tejidos firmes, sanos y bien nutridos; cabeza pequeña, es
verdad, pero ángulo facial abierto, casi recto, caja

\

153
cómoda de un cerebro voluminoso y bien conformado; labios delgados, no ingurgitados por la linfa mal
sana., sino impregnados de sangre generc:,sa; oreja pequeña, bien aplicada al cráneo, que no revela decadencia ni degeneresencia.
Son éstos atributos de un individuo sano y fuerte
descendiente de una raza vigorosa y gimnástica. Entrando en pormenores, se acentúa el contingente que
la salud da á la belleza.
Desde luego una persona sana tiene la piel tersa,
sonrosada, sin cicatrices de viruela, sin costurones de
escrófulas, sin pecas, caspas, botones que afean é insp:ran 1epugnancia; la sangre generosa circula en
abundancia y tiñe de rosa el cutis, de carmín los labios, c!e r,ácar las uñas; la cabellera, abundante y fi na,
cubre la espalda como un nµnto.
Los ojos, bien hendidos, á flor de cabeza, sombreados por pestañas largas no se!l'adas por los parásitos
ó las oftalunias, tienen espresión, brillo y profundidad; uniformemente negra, azul, verde ó garza, la
pupila mobil y bien perforada da espresión y elocuencia á la mirada. El cuello erguido se destaca
arrogante sobre los hombros, sin deformidades ni vicios de curbatura. El andar aplomado y agil envuelve en magestad ó gracia toda la persona, y el cadencioso balanceo oe la cadera revela el vigor de la complexión y la solidez de la estructura.
La debilidad constitucional, las enf0ormedades habituales, deforman, corroen, manchan y se revelan en
el tipo especial físico de quien las padece afeándolo
y haciéndolo risible ú odioso. Los labios gruesos,
colgantes, invertidos, revelan escrófula ó linfatismo;
la nariz aplastada es propia de raquíticos y tuterculosos¡ los ojos opacos y mortecinos denuncian males
ocultos y afecciones crónicas; cualquiera que sea la
conformación original de un ser, la salud lo embellece y ya es mucho conseguir el que no haya nada que
acentúe y agrave la fealdad nativa y el allegarse el
contingente de frescura que de la salud y del vigor
deriva.u.
Hay sin embargo, se me objetará, tipos de belleza enfermiza, delicada, frágil y no menos pvtente y
denominadora. Estúdiese la plástica bizantina; aquellas vírgenes son escuetas como el bejuco y pálidas
cerno el marfil; carecen casi de formas, ni el seno ni
la cadera se delinean ni dibujan bien; hundido el pecho, demacrado el rostro, sombreados los ojos, transparentes las manos, huesudas y flacas, parecen convalescientes ó tísicas, y esas vírgenes constituyeron
durante siglos un tipo ideal de belleza, á sus piés se
arrodillaron los pueblos y cayeron las naciones en éxtasis místico; todavía hoy sobra quien las encuentre
idealmente bellas y sublimt!s.
Otro ejemplo; la escuela romántica tiene por tipo
ideal de belleza á la mujer pálida, delgada, trar:slúcida ojerosa, lánguida. Sanciona el váhido, la crisis
nerviosa, la jaqueca y los vapores; qufare á la mujer
inapetente é infecunda. Las románticas, es bien sa.
bido, tomaban vinagre para anemiarse, no comían
para enflaquecer, vivían á oscuras para palidecer y
enfermar. Y este tipo de belleza patológica fué aclamado, cantado, incensado ó idealizado por toda Europa y por.muchos años. Aún hoy los poetas cursis
entonan endechas que co:::iieman: Pálida joven! ....
prefieren el junco al arbol, y fuerzan á las mujeres
á pintarse ojeras.
Hay pues belleZl, puede haberla al menos, fuera
de la salud y del vigor, y la cloroanemia, la tisis y
hasta la diarrea pueden procurar á la mujer encant os y atractivos.
Nuestra objeción fundamental á este modo de ve.!'
es que toda belleza enfermiza es transitoria, que el
tipo es efímero y no perdura en las preferencias humanas y que las desviaciones del ideal de lo bello acaban por encauzarse de uuevo en el tipo Inmortal de
la belleza griega. Con la caída del Imperio Romano y
la,generalización del cristianismo, vino una reacción
contra la vida gimnástica, puramente física, característica de las repúblicas helénicas y que Roma heredó. Al gimnasio y al baño se substituyó el templo,
al atletismo la maceración, á la actividad flsica la
meditación y la plegaria; todo el hombre se concentró en S'.l propio espíritu y en su propio corazón; se
odiaron y pros'lribiron los juegos, las danzas, las carreras y se orga.nizaron las proce&amp;iones y las tandas
de ~iercicios; los sentimientos místicos exRl::.ados basta el delirio, absorvieron todo la activid d y monopolizaron todas las preferencias y toda la atención. El
hombre había dejado de ser cuerpo para transformarse en espíritu, y la estética, siguiendo el inevitable
impulso, menospreció el cuerpo y aspiró como única
belleza á la del alma. La plástica bizantina describe
dent,ro de un mínimun de forma,material, quea tenúa
y esfuma cuanto más puede, almas exaltados en el
amor divino, corazones torturados por la angustia
mística, espiritus extáticos en la contemplación del
más allá; los cuerpos demacrados por el ayuno y macerados por el silicio, enflaquecidos por el tormento
moral y por la devoción desaparecen envueltos en flo tantes y castas vest iduras; ninguna mujer ostenta
el seno, nido de funestas tentaciones ,ni muestra la
cadera, germen de reprobados apetit: s; sólo á sus
ojos atónitos, profundos y sembreados asoma su alma
angustiada y torturada.
El mismo fen5meno se repite con el florecimiento

�Domingo 22 de Octubre de 1899.
EL MUNDO,

254
d'Eil puritanismo en Inglaterra y con
el del romanticismo en Francia; pero
estas reacciones, lo repetimos, no son
duraderas. El único ideal posible de
belleza es el que pinta al hombre completo, acabado, compuesto de sus dos
elementos fundamentales, cuerpo y alma; el que no lo mutila, ni lo deforma, ni lo tortura para representarlo y
para pintarlo. La plástica griega fué
incompleta por inexpresiva; se consagró al cuerpo y olvidó el alma. Sus
creaciones son forma y no idea, relieve y no pasión; no piensan ni sienten,
ni aman, ni sufren, ni gozan. Las bellezas bizantina y romántica,por el con trario, suprimen el cuerpo, desdeñan la
materia, lo postergan y posponen el
alma y resultan tan incompletas como la otra. Durante e.l Renacimiento
comenzó y se llevó muy adelante la
fusión en un todo armónico del cuerpo
y del alma para pintar al hombre; to•
da vía Rafael es pagano por lo insulso
de sus figuras y lo decorativo y mural
de sus composiciones; todavía Fra Angélico es bizantino por la profundidad
de su misticismo y lo vaporoso é inma
terlal de trns creaciones.
Pero Miguel Angel, Leonardo de
Vinci, Tiziano, Rubens, los flamencos,
hacen plástica perfecta y completa;
adunan á la belleza impecable de los
cuerpos la potente efervescencia delas
almas; sus diosas, sus profetas, sus
apostole8,son hombres acabados, almas
soñadoras, pensadoras, activas encerradas en estructuras armoniosas, poderosas, sanas y la plástica del porvenir se inspirará perdurablemente en
ellos.
No; todo ídeal de belleza dentro
del raquitismo corpóreo es un absurdo; belleza·es fuerza, salud, agilidad,
acción, y es pensamiento, emoción y
pasión.
La mujer que quiera ser bella, que
procure ser sana y vigorosa y á la vez
que trate de ser inteligente y buena.
Que busque primero un cuerpo y luego
aloje en él una alma.

LA INSTRUCCION PRIMARIA
EN

MEXICO.

F ray Pedro d e Gante.
I
Entre los factores del progreso humano, descuella
por su indiscutible importancia la Escuela. Y entre
las divisiones de ésta es de mayor valor la primaria,
porque si bien menos intensa, es en cambio más extensa puesto que aspira á impartir los conocimientos indispensables á todos. Esto hace que sea á la vez
que interesante, grato recordar lo relativo á ella, y
muy particularmente placentero lo que atañe á la
Escuela Primaria en.t re nosotros.
Por eso consideramos benemérito de la Ense!Ianza
en nuestra amada Patria, al F ranciscano Fray Pedro
de Gante; y con entusiasmo y fruición se!Ialamos el
afio de 1522 y la ciudad de Texcoco, como el origen
grande y fecundo de la Instrucción Primaria, propiamente dicha, en el Continente Americano; y lleva la
gloria de haber establecido la primera Escuela en
ese lugar y en esa fecha el insigne Gante.
El más sencillo, pero el más sincero aplauso, tributamos hoy al benemérito Franciscano, presentándolo en este momento á la generación que se levanta, como acabado modelo de virtud, de abnegación
y de ardiente caridad.
LUIS E. Ruiz.

LA DANZA ESPAÑOLA.
Me gusta, ,entre todas, la noble danza espaliola. En
ella se asocia el orgullo castellano á la voluptuos;dad
oriental. F átima y Zoraida la transmitieron á Do!Ia
Jimena, que le ha dado su orgullo, dejándole su languidez. E l doble genio católico y musulmán de la
Espalia, se delata en todos sus movimientos y en todos sus gestos. Allí pasa la mujer por bruscas transicionei;!, de la molicie del harem á la energía del
combate, de la esclavitud al imperio, de la tierra al

Fray Ped1·0 de Gante.
Cielo. Después su pantomima describe movimiPntos
serviles, su cuerpo suave y acariciador parece ascender hacia invisible due!Io.. . . On soplo de aire pasa,
su cabeza se levanta, su nariz se hincha, un Njo de
altivez enciende su pupila, su mantilla adquiere plieguez de manto real; la odalisca se ha t ransformado
en infanta. Otras veces la veréis tomar el aire y el
mov!miento extático con los cuales las vírgenes de
Murillo flotan sobre la media luna, en un cielo purpúreo y rosado. Orgullo, pasión, negligeIJcia, entusiasmo del amor, frenesí del placer y ensuelio de felicidad, todos esos matices del alma se mezclan y
confunden en la danza pintoresca de Andalucía. Expresa, en un instante, pensam!entos de reina y locuras de bohemia. Antes marchaba sobre las nubes á
pasos de diosa, y ahora salta sobre el tablado de los
farsantes y de los titereros.
Hay momentos en que la bailadora entabla con tiU
caballero un1. lucba apasionada, rápida y deslumbrante como esos diálogos de Calderón en que las réplicas
chisporrotean. Ella llega con la cabeza envuelta y los
codos salientes en la mantilla negra, c::,n rosas en la
sien, con la pierna extendida en sus medias color de
azafrán, haciendo silbar entre sui. dedos el abanico,
llevando como una coron~ su alta peineta de carey
calada y piafando, bajo sus arneses de fiesta, con pie
resuelto. El caballero voltea al rededor de ella, implorando una palabra, una selial, una mirada, y dirige á la mantilla las súplicas que el amante, en las serenatas, envía á la persiana cerrada, tras de la cual
se encuentra su ador11.da. La dama se hace sorda y se
oculta más en su velo; su marcha se complica y se
confunde: diríase que pretende derrotar á su adorador y extraviarlo en el embrollo de sus pasos. De
cuando en cuando, lanza de sus pupilas acechadora.'!
una mirada vi va, cruel y traidora, como una pulialada en la noche, luego se escapa, oblicua y ferozment~
por el laberinto imaginario que dibujan sus pies. Al
fin, el amor la vence, una súplica más tierna la ha
herido el c1razón, su resistencia se cansa, su 0 1gullo
se desarma, la mantilla se aparta, se entreabre, cae
al suelo y la bailadora de mil colores, fulgurante de
lentejuelas de oro y plata, brota de ella, con los brazos desrl,.ganos. Las castañu~las desgranan, bajo sus
dedos, las 01,tas petulantes.
Entonces com,eoza una danza soberbia y fantástica, llena de impulsos competidos, de agasajos lasci-YOS, de avances eludidos, donde la cara que se caía
hacia atrás, enervada de amor, se levanta ardiente
en cólera, donde el gesto desmiente la mirada, donde
el abanico se burla de la sonrisa. La joven se debilita
y se rinde al fin: algunas veces cierra los ojos y apoya sobre la espalda del bailador su cabeza inflamada.
El caballero la conduce á pasos lentos, con el dedo so-

bre los labios ... . sus ples bailan toda.
vía y su cabeza flota ya en !a sombra
de un ensueño. El efecto de este reposo después de aquellas violencias tiene algo de mágico; parece que ~ asiste á un encantamiento de amor. Ha.
ce pensar en los intervalos de suenos
y de desfallecimiento que entrecortan
de pausas tan divinas las estrofas del
cántico: «Sostenedme con manzanas
fortificadme con perfumes, porque m~
muero de amo:-. &gt;-«Os conjuro por los
pavos y los ciervos del bosque, á que
no despertéis, ni hagáis levantar á la
bien amada antes de que ella qulera.,U no de los rasgos característicos de
la danza española es su suprema galantería. No tiene diou, como la danza
francesa. El hombre se borra detrás
de la mujer: la sigue, la escolta, la
protege, la rodea de solicitudes y de
homenajes; no tiene la estúpida pret ensión de agradar á su lado ni mostrar sus gracias ante su belleza. Qu6
t riste figura harían los céfiros asmáticos y los silfos derrengados de nuestros bailecillos junto á esos caball-eros,
atrevidos y corteses, que parecen
apearse de un caballo de guerra y cuya
pantomima varonil simula un rapto
novelesco. Así sucede muchas veces
en las fiestas populares de Andalucía.
En medio del bolero comenzado, llega
arrastrándose, desde el fondo de la sierra vecina, un majo en traje de cuero,
la navaja en la cintura, la chupa bordada á la espalda. Lleva en la grup&amp;
su compaliera; el caballo está atado f.
un árbol, y los dos, al saltar del estribo, entran resueltamente en el baile.
No hay más noble ni más encantador símbolo de la servidumbre amorosa que esta figura de b Sevillana. El
hombre tiende ante la mujer la punta
de su man.to; ella-pisa desdeliosa:nente y prosigue la vuelta; el bailador la
sigue repitiendo su maniobra, el manto se mult iplica para reD11lrle homenaje y se desarrolla ante sus pasos como ancho tapiz.
A veces la bailarina, absorta en s(
misma, improvisa el ritmo y las figuras del baile. 8&gt;
ievanta muelle y perezosament e, como pantera des•
pertada que estira ampliamente sus miembros flexibles. Lo11 hombres se enfilan al rededor, la acompa!Ian con un murmullo de guitarra ó la espolean con
las castañuelas. Ya es una avispa lo que busca entre
los encajes de la saya, como en los pliegues de un&amp;
rosa de cien hojas; ya su pié que arquea, admira,
vuelve y revuelve, como una joya encontrada sobre
una mesa divirtiéndose en hacer resonar el talón sonoro. Sus brazos forman al rededor de su cabeza esbeltas guirnaldas, 6 rozan la tierra como alas.
Hace la corte á su belleza, la ostent a, la provoca,
lanza su pierna hacia _fuera con deslumbrante golpe
de basqui!Ia. ¡Bien sacada está/ murmuraría entre
dientes el viejo Goya. Ella se mirá amorosamentb
en el círculo de los ojos ardientes que la rodean.
Pronto el entusiasmo se apodera de los espectadores,
desabrochan las chupas, se desatan los cintu~ones Y
los echan en envuelto m~ntón á sus piés. La bailadora se dibilita lentamente y se apoya en ese trofeo
con aire triunfal.
Alguuos pasos han conservado casi enteramente
el carácter orient al. Allí se encuentra el est ilo de 10&amp;
bailes moriscos en que el busto se mueve so_bre pler•
nas casi inmóviles y con las cuales se asPmeJa la bai·
ladora á una mujer petrificada que se agitase en todos sentidos para salir de su envoltura. Los plés están libres, es verdad, pero caracolean en un círculo
estrecho: el movimiento se concentra en las cantor•
siones y en las ondulaciones del talle. Nada más llamativo ni más extraño. Si la danza europea tiene la&amp;
alas del pájaro, la danza oriental tiene los anillos de
la serpiente. El pájaro encanta, pero la serpiente
cina. Cuando este paso lo ejecuta una bailadora
pura raza, la ilusión es completa y creerels ver
personita árabe bailar la Zambra sobre las losas dal
Pat io de los Leones, delante del califa, sentado
fondo en una posición de ídolo. La mira con sus
fijos, rodeados de antimonio, y su mano cargada e,
sortijas, acaricia lentamente su barba t renzada.

r:,
ºO:

ojr

PAUL DE SAINT VIOTOR.

255

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de 1899,

Y de sus losas pesadAs
Van resurgiendo ilusiones
En aladas
Procesiones .. . .

¡Muertos! .. .. y entonces los míos,
Presa de letal quebr,rnto,
Silenciosos v sombríos
Dejan resbaiar su llanto!. ...

Tri,tes ojos errabundos
Que exploran lf'j ,m os mundos!
Aunque ellos estén abiertcs,
No me parecen despiertos:
Los miro siempre abismados ..... .
Y si se cierran, cansados,
Me parece que están muertos . . ..

Si se cierran, si naufragan
Del sueilo bajo el capuz,
Mis ojos tambi én se apagan
Nostálgicos de su luz,
Y si ven, enternecidos.
De mi alma las soledades,
Bailados en claridades
Se alzan mis sueilos caídos ....

.A la luz de esAs m iradas,
Abrense las tumbas frías
Donde están mis alPgrías
Sepultadas,

¡Dulces ojos que se empeilan
E n seguir idealt&gt;s idos .... !
!Ojvs que mirAn dormidos
Y que suefian!
¡Ojos que al sentirse heridos
P,1r resplandorPs brillantes,
Tilmblorosos deEfdllecen,
C•rn.l rll dian y se estremecen
Al ver la luz, los diamantes
¡Ojos que jamás reflejan
Los enojos ....
¡Son tus ojos!
Ron tus ojos que semejan
Gra ndes gotas de rocío
Que de algun cáliz rodAron:
E5'.rellHS que á ti bAjaron
En una noche de estío!
¡ Pupilas ensoilt1doras
Q 1e ocult11s por las pesta.tias,
Huyen á e~f&lt;lras extrallas
En ·pos de extraflAs AurorAs . . . . 1
1

.llfARÍA ENRIQ,UETA.

Bf\LOONE8 f\BIERT08.
E l dedo metálico y movible del barómetro se
detuvo en los límites extremos de las bajas presiones; la columnilla capilar del termómetro, en
un d escenso brusco, seilaló nueve grados,, bajo
cero; por todos los hilos telegráficos vino de provincias y del extranjero la palabra nieve, y la
nevada empezó á caer de un cielo turbio, en copos menudos.
El silencio y la paz de la calle, por la que no
transitaba nadie, eran profundos, y hacían más
frío todavía el airecillo manso que bajaba de las
cailadas de la sierra. Todos dormían cerca de la
llama alegre de la chimenea ó dentro del tibio lecho, pensando durante el sabroso y vago limite
que separa la vigilia del sueilo, en la nieve que
cae fuera, y en el vientecillo manso que mueve
la persian a. con cadencia intermitente.
No todo duerme.
En la fachada cerrada y obscura de una casa,
hay un balcón iluminado, á ,eces abierto, como
un ojo que vigila la calle y espera algo: aquella

luz alumbra á uo muerto ó á un enfermo; el ojo
vigilante de la fachada espera al médico 6 á los
lúgubres empleados de la Funeraria. Con un poco de atención, se dif,.rencia la luz del enfermo
de la luz del muerto. La del muerto parece más
inmóvil, más triste.
Durante estos días de frío son muchos los balcones con luz y no pocos los balcones abiertos;
si el piso no es muy alto, se Vdn desde la acera
opuesta los cabos encendidos de las hachas, terminadas en llama larga, inmóvil y humosa. Aquel
hueco ilumina do hace entonces un poco tl! efecto
de las dos ventanas de la casa misteriosa que mi •
raban con terror los chicos de qu_e habla Víctor
Hago.
Como aquellas miraban ínquisiti va mente, é,tos
miran trauquilos, solemnes, fijos , como miraría
el muerto si no tuviese los ojos piadosamente cerrados, La apari:ión brusca de la muerte así, en
medio de la calle fría y sileneiosa, sin aparato,
sin aviso, recogida y anón ima, d eja una impre-

¿Seré el extraño A.rgonauta
de algúh falso Vellocino?
¿Será mi eterno destino,
-bella incauta,
andar como el peregrino
tras tu huella
y no dar jamás con ella?
¿Y esta fabula de amores
te será desconocida?
¿Pasará toda su vida
sin que llores?
Somos dos hojas que el viento
puede juntar un momento
en sus marchas inseguras ....
Ya sabes que el viento es loco
y que A.mor dura muy poco ..... .
¿Te aventuras?
Ni te he v isto, ni me has visto,
pero tu sabes que existo,
como yo lo sé de ti.
Tú me esperas, yo te espero ....

sióc. profunda y melancólica que ha~e menudear
el paso para huir de aquello que parece un 11viso;
pero la obsesión del balcón abierto sigue ya le•
jos. y se piensa como el personaje de un cuento
de Coppée, en quién será el muerto; tal vez una
mujer j oven y bonita, quien sabe si un niilo, prob 1blemente un v iejo A quien hi derribado la primera helada del invierno, y se medita sobre que
ya han pasado, en que ya no tienen que sufrir el
temido conocimiento del tránsito al más allá obs•
curo y amenazador.
Ya sabéis lo que ve de madrugada el transeunte, cuyos solitarios pasos en la c11lle oís en compaiifa de la llama ale¡rre de la chimenea ó dentro
del ti bio lecho. Y coDvandréis conmigo, en que
no tiene nada de 11gradable para contároslo á.
fdlta de cosa más alegre, pero ¡hay tan pocas cosas alegres!
FEDERICO URREOHA.

;,Vienes? .... ¿Voy? .... ¿Por qué seniero?
¡Nn lo sé! ¿Lo sabes, di?
N uestro amor es sueilo vago .... . .
Me adivinas, te adivino ... .. .
¿Sabe el lago cristalino,
si á su lado hay otro lago?
Si á los dos poner pudieras
frente á frente, en su embeleso
juntarían las riberas,
como lab ios, en un beso.
Cerca están, pero se ignoran .. , ..•
No se ven, pero se esperan,
Cuando bullen y se alteran,
Es que lloran!
Yo he de hallll.rte, estoy seguro ....
No sé cuando, más te juro
que tu boca he de besar .... l
Tú eres musa, yo poeta ..... .
¿Qué distancia, qué planeta
nos podría separar?
París.

MANUEL UGARTB:,

�Casa del Sr. Tablada,
Casa del Sr. Adolfo Jlegewisch.

/

__ ,

Quinta del Sr, Gral,. Don Manuel, Gonzdlez Oosio.
Quinta «Rosalia »

Casa del 81·. Natalio Sdnchez.

)

Casa del Sr. Don Carlos Rivas.

Casa del Sr. Dqr¡ g,,,,ardo llegetoi8ch.

Quinta «Margarita.»

�258

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de 1899.

&lt;3ampií'íaó dv 8Tt&gt;éxico.--t6Lzededouó de/ &lt;3oJ/oacáv.

Domingo 22 de Octubre de 1899.

2511

EL MONDO

EL SANEAMIENTO DE LA CIUDAD DE MEXICO.

Detalles de constrnrción de las compuertas, VÍ1Jta posterior.

Reseña de las obrasd1saneamiento.
Es por demás i nterEsante conocer algunos
detalles de la magna. obra que i;é tSlá Ilevand1, á cabo en la Metrópoli. Hoy publi-

1. Calle Real de Coyuacan. - 2, a y 4. Estud-ios de paisaje ent?·e Coyoacán y San Angel.- 5. Parroqitia de Ooyvacán.-6. La cantera de basalto.

camos algunos de esos pormenores. tomando
de una reseña especial los siguientes curiosos datos.
La Ciudad de México está asentada en el
fondo de un valle sin salida, y en el que, por
ésto, se acumulan todas las agues de lluvia
que caen en una cuenca tan extensa, que
llega á Pachuca por el Norte, á los Llanos
de Aparo por el Oriente, y está limitada
por las serranías de Ajusco y de las Cruces,
al Sur y a! P oniente.
Esas aguas de lluvia, que vienen á formar
el lago de Texcoco, no tenían más salida
que la at mósfera, pues sólo bajaba su nivel,
cuando disminuía la cantidad de agua por
efecto de la evaporación. A ese mismo lago
tenían que ir los des'lgües y los desechos de
la Ciudad de México, y como el terreno en
que ésta fué construida, está tan bajo, que
muchas veces las aguas del lago invadieron
varias calles de la ciudad, resultaba, que la
expulsión de esos desechos, era muy lenta y
dificil, aun en las circunstancias más favorables, es decil, cuando el nivel del agua de
Texcoco estaba muy baju. El conjunto de
circunstancias que se acaban de indicar, hacían que la vida de la Ciudad fuera en extremo dificil y sujeta á crísis, como las que produjeron siempre las grandes inunq~ciones.
La descripción de todas las obras emprendidas, y de todas las energías que se consumieron durante cerca de cuatro siglos, ha,
ciendo esfuerzos para mejorar las condiciones del desagüe, será bastant,e para ocupar
un libro, que afortuoa.dameote la Junta Directiva ctel Desagüe.del Valle. publicará muy
pronto, y que tiene encomendado el inteligente escritor, seilor Goozález Obregón. No
han sido menos laborio:sos y ta rdíos los esfuerzos que se hicieron p.u a expulsar de la
Ciudad los deshechoi, de las hablt:i.ciones,
pues las primeras atarjeas se construyeroná
mediados del siglo pasado; pero por una par'6 las malas condiciones do México. y por
otra, la imperfección con que en todo el
mundo, se construyeron los desagües de las
poblaciones hasta mediados del presente si-

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~ ~~:J~r!s de pequell.a esc.,11ár!a en las grandes escavac!ones.
que se ha usado par.&lt; em¡, ea

glo, hicieron que resultara en extremo imper fecto el sistema de atarjeas que hasta la
ftcha ocupa la mayor parte de la Ciudad.
Cuando en las principales eludades del
m undo se inició el movimiento q_ue hamod ificado radicalmente el sistema de desagüe,
mejorando mucho lar, condiciones higiénicas,
se trató en México también de llegar al mis•
mo resu!tado pero se tropezó siempre, con
que faltaban las obras del Desagüe del Valle,
que era la base fundamental de cualquier
proyecto para mejorar, las condiciones del
desagüe interior de la Ciudad.
Entre los esfuerzos que se hicieron para
llegar á un resultado, el más vigoroso fué el
emprendido el año de 1876: en el que, una
comisión de Ingenieros bastante numerosa,
estudió en muchos detalles, la pendiente, la
capacidad y las condiciones hidráulicas de
las antigt1.as atarjeas, para definir, de un modo científico, si era ó nó posible mejorarlas.
Los miembros de aquella comh,ión, no llegaron á ponerse d~ acuerdo, acerca de cuáles
eran las obras que deberían hacerse, y como
las condiciones políticas del País, obligaron
á suspender los trabajos de la comisión, nada se resolvió en definitiva, y quedó el asun.
to en suspenso, hasta el año de 1885, en que
se emprendió un nuevo estudio del asunto á
iniciativa del señor Ingeniero Don Man~el
Maria Contreras, que á la sazón era Regidor
de Obras Públicas; pero se tropezó con la
misma dificultad de siempre, con la de que
mientras no se concluyeran las obras del desagüe, no era posible modificar la pendiente
de las atarjeas:
Enton~s se inició de nuevo la prosecución de d1cb~s obras del Desagüe, las cuales
están ya casi termi nadas, debido al grande
cmpeflo qve en Lacerias tuvo el sei1or General Diaz y la Junta Directiva que nombró el
Gobierno, para administrarlas.
En los all?S de 1887 y 1888, sobrevino una
de aquellas 10undaciones que periódicamente afligían á la Ckdad, y entonces, el Ayuntamiento dispuso qne se establecieran las
bombas de San Lázaro, que tuvieron por obindepend_er del lago de Texcoco, el Desagüe
del intenor de laCiudad, mientras se terminaban las obras del Desagüe del Valle.
En ese mismo año de 1888, y á iniciativa
del Sr. Regidor de Obras Públ!cas, Ingenie-

�EL MUNDO.

260

ro Don José María Velázquez, se creó la comis!ón de
Saneami1mto, para que 1::studiara el proyecto definitivo de las obras que debían emprenderse para mejorar el desao-üe interior de la Ciudad, sobre las bases generalesºya aceptadas el año de 1855.
Esa Comisión trabajó tres años, tomanJo d3:tos topográficos y estudiando un sistema, que estuvier_a d_e
acuerdo con los adelantos modernos, y con los pnn~1pios sancionados ya por la experiencia adquirida, en
las poblaciones que han hecho obras semeJantes á las
que aquí se debían emprender.
Los fundamentos técnicos del proyecto, están ampliamente detallados en la memori~ que al .A.~untamiento presentó el jefe de la Comisión, el inteligente
é ilustrado joven Ingeniero Sr. Roberto Gayo!, el
año de 1891, y el Ayuntamiento qu~ entonces_ funcionaba, resolvió pasar dicha me mona al estud10 del
Sr. Ingeniero D. Luis Espinosa, quien presP.ntó su
dictamen á fines de 1893; este dictamen y el primer
informe pasaro~ d:ispués á una comisión compuesta
pcr los Sres. Ingenieros D .. Man~el Cont_reras, D.
Leandro Fernández y D. Lms E;prnosa, quienes concluyeron por aceptar en todos sus detalles el proyecto del Sr. Gayo!, después de que durante seis meses
hicieron el estudio minucioso del asunto.
E l proyecto en lo esencial es el siguieu~e:
El Canal del Desagüe del Valle que t iene su orígen en el extremo oriental de la Ciudad, establece
el punto más bajo de todos los alrededores :le la población, punto á donde ;:ior esta circunstancia deben coneurrlr todos los desagües de la Capital.
Allí comienzan los colectores que tienen su ?rigen á

t:~

Domingo 22 de Octubre de l o99

EL MUNDO.

261

~. - VI sta del frente de las compuertas en vía de construcción.

3 .- 0ubetas de los colectores del Nm·te. Cent?-al y del Sur en el punto donde se r·eitnen para entr·ai·
en las compuertas.
cosa de cinco metros abajo del nivel del terreno y con
una pendiente unif'lrme, entran en la Ciudad.
El Colector general dP-1 Norte se bifurc_a en un pu?to situado algo más de 700 metros del or1gen, Y en 1a
bifurcación se divide en dos colectores de m,ás pequeño diámetro, qne llamamos el colector num. 1 Y_ el
colector núm. 3. El colector general del Sur también
se difurca en otro punto que está á algo más_ ~e 'iOO
metros al Sur del origen, y al bifurcarse se divide en
dos colectores más pequeños, á los que llamamos colector núm. 2 y colector núm. 4.
Cada uno de los colectores, central, 1, 2, 3 y 4, ocupa la linea media longitudin_al de una área, que representa próximamente la qumta parte de la superficie total de la ciudad.
.
Cada una de estas fracciones de superficie, la lla•
mamos zona, y están separadas una de otra por las
líneas que en el plano respe~ti~o van señaladas con
untos y raya&lt;1, que á la vez mdican cuál es. el t1 arecto que deberán seguir los tubos de distribución.
Estos tubos tienen por objeto conducir el agua que
servirá para lavar las atarjeas, de la manera que :i.delante se indicará.
A partir de los tubos de distribución, comienzan
las atarjeas que )Jamamos laterales, que son de peueño diámetro y construidas con tubos de barro vl€rificado. Estas atarjeas están marcadas en el pla.no con líneas delgadas formadas de pe~uei'ias rayas.•
El trayecto que siguen estas atarJeas laterales,
siempre es sinuoso, pues pasan alternativamente de
una calle que va de Poniente á Oriente á otra que se
dirige de Norte á Sur, ó viceversa.
.
El objeto de esta disposición es ~onsegmr ,.,,&lt;i,ue
no quede sin lavai ninguna de las atarJeas de la cm•
d d pues los tubos de distribución están á cosa de
cuadras de distancia de los colectores, y si se
construyeran las atarjeas pequeñas, síg:ulendo
rectas ya fuera en dirección de Onente á o:f:te ó d~ Norte á Sur, seria muy difícil proveer

Domingo 22 de Octubre de 1899.

del agua á todas estas atarjeas, y fácil es convencerse por la simple inspección de los planos, de que la
disposición que ~e ha proyectad? p~ra ias at~rjeas laterales, es la unica que permite mt,roduc1r el agua
con que se bao de lavar todas las atarjeas sin excep,
ción.
Estas atarjeas laterales tienen su pendiente siempre desendiendo del tubo de di,;tribución al Colector,
de manera que este ~irve para recoger ó colectar la&amp;
aguas de la Zona, y por esta razón se le llama Colector.
Las aguas para lavar las atarjeas, se toman del Canal de la Viga, proyectándolas por medio del Canal
de deri vadóo, hasta el crucero de éste con la calzada de la Piedad; e1'l. este crucer0 toma el agua una
bomba poderosa que se ha establecido, y que es capaz
de forzar un metro cúbico de agua por segundo, que
entra á los tubos de distribución, con uoa presión
inicial equivalente á una columna de agua de 12 metros de altura.
En la bomba comienza un tubo de fierro de 108
centímetros de diámetro interior, que sigue por las
calles de Buca.reli y corre ha.Ata Nonoalqo y tendrá
algo más de 3 200 metros de longitud; de este túbo
parten 12 ra~ales: 6 al Oriente y 6 al Pouiente, ~ue
sirven para distribuir el agua á todas las atar¡eas
laterales y que por estas circunstancias llamamos tubos de distribupión.
·
Los ramales tienen O. 76 de diámetro interior y son
capaces de conducir dos de ellos, toda _el agua que
lleva el tubo principal; se les dió ese diámetro con
el objeto de concentrar toda el agua y toda la ener-

5.- Boquillas de los colecto1·es al desembocm· en las compuertas.
gfa de la bomba pc1,ra lavar sólo una zona; pero como
la operación será muy rápida, en un s-:lo día se podrán lavar todas las atarjeas de la ciudad.
El punto en donde conviene colocar siempre una
bomba que debe hacer el servicio de aguas de una superficie cualquiera es siempre el centro de esta superficie, pero como en la ciudad, seria difícil ó casi imposible, colocar la bomba en el centro de la ciudad,
se eligió el crucero de la Calzada de la Piedad con el
canal de deri vación por ser el que estando más cerca
de la línea media, no presentaba dificultad para colocar el !ubo general de distriliución.
En el origen de cada una de las at,ujeas en las cuales entrará un t ubo de fierro de 0.16 ó 0.20 de diámetro que se enlace con los tubos de distribución, y entre
éste y el origen de la atarjea, habrá una compuerta
de fierro y bronce que funcionará con presión hidráulica, y arreglada de tal manera, que con un tornillo
se podrá re'l'ularlzar la cantidad de agua que entra
á cada una de las atarjeas laterales, y una vez que
eae tornillo esté fijo en su lugar, pasará por la compuerta siempre la misma cantidad de agua.
Esta cantidad, la necesaria para lavar cada atarjea, varía con las condiciones de pendiente y diámetro que tenga cada lateral, y estará comprendida entre 90 y 200 lit ros por segundo.
P~r las condicione&amp; de secciór:. y pendiente de las
atarJeas laterales, la velocidad del agua del lavado
será de un meLro ó más por segundo, pero .:omo al
entrará la atarjea el agua llevará una velocidad inicial de 10 á 12 met,ros por segundo, la velocidad media en las atarjeas la pasará por regla general de 2
metros en la misma unidad de tiempo.
Las compuertas de las tomas de agua, 'le tendrán
abiertas todo el tiempo qi:e sea necesario para que
la pr11!1era que entre á la lateral llegue al colector, y
tenientlo en cuenta la longitud de la atarjea y la ve)ocldad con que el agua pasará, en muy pocas atarJeas será preciso tener abiertas las compuertas más
de5 ó 6 minutos.
Con la cantidad de agua que es capaz de elevar la
bomba ya. establecida, se podrán lavar simultáneamente de 6 á 8 atarjeas, y suponiendo que en todos
casos se conserve la corriente en cada una por diez
minutos y fijándose en que cada . una de las atarjeas
laterales ocupa 5 calles por regla general, resulta que
diez minutos se podrán lavar las atarjeas de 30
40 calles, y por lo mismo, en unas cuantas horas,
~ueden limpiar las atarjeas en toda la ciudad. La
~ tica Indicará cuál es la frecuencia con que se de~ dar los golpes de agua, pero probablemente no
se necesai:10 dar más que 1 ó 2 cada semana y co:~el maneJo de las compuertas es tan sencillo, basun personal de 12 á 15 individuos entre maqui~perarios, para conseguir este resu!tado, y
la única ciudad en el mundo que pueda
11mplaréx1co
sus atarjeas con tanta frecuencia y de una
manera tan eficaz.
Los detalles de los pozos de visita, pozos de ins~~n, las coladeras para el pluvial, el sistema de
Bid~ ~Ión Y todos los detalles de construcción, han
qne ObJe_to de un estudio minucioso y '.)rolijo, estudio
las se h~zo analizando la práctica '}Ue se observa en
d principales ciudades de Europa y los Estados Unios, Y eligiendo lo que ha dado mejores resultados,
para aprovechar la experiencia adquirida en otras

partes, y evitar así que se reproduzcan en México los
inconvenientes que se han observado en muchas de
las disposiciones que para todos los detalles se han
ensayado en Europa y los Estados Unidos.
r~
La construcción de todos los elemenLos, cuyo conjunto formarán las obras de saneamiento de la ciudad, ha exigido el estudio de numerosisimos detalles,
cuya rlescripción baremos poco á poco, y que al .fin
se han de compilar en la publicación que haga la
Junta Directiva para drscrlbir las obras.
Por ahora publicamos algunas vistas que dan Idea
de ciertos datalles: unas que representan las obras en
vías de ejecución, tales como el dibujo número 1, que
da idea de las dificultades que en ciertos Jugares se
presentaron para sostener el terreno y poder trabajar á gran profunilidad.
Los dibujos números 2 y 3 representan las compuertas que ligan las obras de la c!udad con las del
Desagüe general del Valle, en el momento en quedichas compuertas estaban en vfa de construcción.
El dibujo número 4 es una vista del aspecto que
presentan los colei::tores en la parte interior y abajo
de un pozo que hay, en el punto en donde se enlaza
el Colect or General del Sur, con el condi;cto de las
bombas de San Lazaro.

El dibujo núm. 7, da una idea de la maquinaria que
sirve para mover la bomba.
La administración y eJecución de las obras, la ha
encomendado el Gobierno á una junta en la cual el
Presidente es el :::lr. Lic. Don José l. Limantour y
los vocales, Ingeniero Don Manuel M. Contreras,
Don Luis G. Lavie. Don Gabriel Mancera, Lic. Pablo Maceao, Ingeniero Don Leandro Fernández, Ingeniero Don Santiago Méndez y Don Pedro Rincón,
quienes desde que se iniciaron los trabajos, nombraron Ingeniero en Jefe y Director, al Sr. Ingeniero
Don Robe1to Gáyol, autor del proyecto y persona entendidísima.
E&amp;te señor tiene á su cargo la Oficina técnica en la
cual hay una sección de Ingenieros que trabajan en
el campo, levantando los planos de las calles y avenidas para que dibujadas en grande escala, puedan
servir de base para ir proyectando uno por uno, todos los detalles de las obras. Los datos así recogidos,
pasan á la oficina ne dibujo en donde otro grupo de
Ingenieros, construye los planos, sobre los cuales el
Director proyecta las obras, y en seguida se calculan
todos los elementos del desarrollo, curvatura y pendiente, y demás que ~on indispensatles para la ejecución material de le,s trabajos.
El mismo Director tiene á su cargo el Dep:1.rtamento de inspección, compuesto de un Inspector General y un grnpo de inspectores auxiliares q1 e á su vez
tienen á su cargo la vigilancla de las obras, para ir
comprobando,pun to por punto, que ellas se ejecutan de
acuerdo con las estipulaciones del contrato respectivo.
Anexo al departamento de inspección, hay una oficina para experimentación de materiales, en donde,
por medio de máquinas y aparatos construidos para
el objeto, se estudian las condiciones de resistencia
y demás, que están detalladas en las especificaciones anexas al con1 rato, y que sirven para impedir
que en las obras se usen materiales de mala calidad,
reduciendo á números sus cualidades, dentro de los
límites estipulados.
En este departamento, además de los materiales
que se emplean en las obras del saneamiento, se estudian y analizan todos los materiales de construcción que llegan á la oficina y que se emplean en los
trabajos públicos y privados, estudio que es de grande importancia, porque se tienen ideas vagas respec,
to de la verdadera reslatencia de los materiales que
en México se emplean.
En esta magna obra ha tomado participación muy
directa y meritislmo empeño el Sr. Gral. D. Manuel
González Cosío, actual Ministro de Gobernación, el
cual desde que ocupó la presidencia del Ayuntamiento, hace algunos años, hizo comprender la necesidad
de llevar á cabo esta importante mejora para la
Ciudad.

,ra

:~"!l

Ji-

4. -Pozo en el punto de enlace del Colector General del Snr y dµl conrluct r· á las bO'l11bas de
San Lázaro; vista mirando hacia el Sur.

7. - Bomba de la Piedcd

F. B. E¡

�262

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de l~AII.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 29 de Octubre de x899.

BELLAl!i ARTES.

PRIMEROS RAYOS DE SOL.

Cuadro de Juan Sala.

CURIOSIDAD.
L . Passini.

Número 18

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de l~AII.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 29 de Octubre de x899.

BELLAl!i ARTES.

PRIMEROS RAYOS DE SOL.

Cuadro de Juan Sala.

CURIOSIDAD.
L . Passini.

Número 18

�Domingo 29 de Octubre de 1899.
EL MONDO.

264

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubr e de 181h,.

te? La solución no puede ser general

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
--····················································· ··················•·······················•··•··•·······

Florilegio de José J1.1,n11 '.J\.il,l((da. -E~te libro que acabo de desflora1 tiene para mi un méntosupremo: encierra una alma. Es difícil ballar en la moderoa poei-ía americana, hecba por lo común de mar11;inal_es y
pastiches, esa misteriosa huella de _la personal_1dart
ue, al través de la retórica y de la runa, nos obl!ga á
4
11t•clr lo que el viajero que ve el molde de un pie en
la floja arena del camino: por aq~í pasó un _hombr~.
l &gt;e algún tiempo acá noto en los Jóvenes recién vem1Jos al arte, la falta absoluta de impresiones directas
y propias, y el afán de oc1·ltar la miseria psicolog~a con
¡!árrulos ,rebuscamientos y vocablos raros y bnllan.
1 es. Son las estrofas de estos flamantes rimadores á
manera de frágiles vasos fabricados con limo tan delt&gt;znable que un soplo basta para desba: atarlos.
El Florilegio de José Juan Tablada no es una urna
,·a ·fa, y aunque se ve que el artífice, al labrarla y
pulirla tuvo delante célebre¡, moiP-los, no por eso co1,,,í co~ el servilismo de un impotente; ~ntes bien,
1,ajo la presión de su mano experta se abneron flores
nuevas, enarcáronse pétalos exóticos y una palpita•
ción de vida recorrió los platerescos oroatoi;. No son
flores artificiales lae de este jardín exquisito; son extrallas á tal punto, que algunas veces semejan extravagantes fantasías. Pero, óyeme bien, curioso em morado de la belleza, si te acercas á esos cálices caprichosos, no encor. trará~, como creías, pétalos · de
alambre y bojas de terciopelo, sino qu~ te ª?!Dirarás
viendo cómo está animada, esa flora rnclas1ficada y
casi sobrenatural, de savia ardiente y !ecu!:!da.

7

/

!

Lo que en Tablada parece artificial no es otra cosa
que el hallazgo de alguna forma que la mult'tud no
trasegó y que el artista aprovechó con la intuición
maravillosa de su t emperamento.
En efecto; no hay exquisiteces más francas, más PS•
pontáneas ni más hondamente sentidas, que las que
caracterizan el Flm·il•;gio, cuyas páginas, nuelen, i;uu
una aristocrática vaguedad, á arrozales del Japón, á
bi"OS de Smirna, á incienso, y á no sé qué i,uave fraga~cla de /¡ibelot t.cado por manos de mujeres herro'&gt;sas.
Mas dentro del verso amplio, sonoro, transparente,
como en el rondo d e una copa de abierta. coroh de
cristal, burbuj(,a y bulle la sangre como un_vino generoso. La poesía de Tc1.blada, llena de primores, de
finuras, de filigranas, obra de un aurlfa.brista deliclo,
so es un modelo de belleza. Y no sólo por su dicclóa
p~ra y clara y por sus felices combinaciones rítmicas,
seduce esta poesía nueva, sino, por que, á la vez tiene un eco lejano, pero constante, de gritos doloroso&lt;:.
E.1. ]as com posici )'lCS batdelalr!a1as se acentúa m&amp;s

el amargo rei.abto de sufrimiento descreído Y ~artlrlzado que el poeta dejo esca.par por entre las Junturas dela rima.
Tablada es ante todo un apasionado; más bic.n, un
pasional. De su pensamiento hiperertesiado por 111.rgos ensueííos y rie su corazóu rebosante de ternuras,
na salido esa dulce y musical elocuencia con que nos
transmite sus raras Pmociones basta t~anspo1 tarnos,
por el poder de una divina taumaturgia, á sus extraflos y luminosos paraísos.
Porque el pueta. del Florilegio es un visionario refinado que por odio al vul"O, ama esos erotismos místices, ~s~s perversiones tra°madas de sensualidad Y de
retigión, en ]as que el deseo oficia como ~n sace~dote,
en misteriosos y satánicos ritos. Tabladarntrodu¡o en•
tre nosotros, el 11uevo estremecimiento de .Baudelalre; Y
de sus vlajfS al alma enferma y hosca de Huysman
trajo el recuerdo de esas infernales y negras ceremonias. Cuando nos da á. CJtnulgar sus lwstias negt~, experiment?.mos una sensación de malestar co~pl1cada
de voluptosidad y de regocijo: en .la obscuridad ~el
templo enlutado, la tantación roza nuestros lab10s
con sus alas velmda~.
El poeta nos contagia con sus suellos d~ opio, y al
rumor metálico de las estrofai:, y á la luz 10t~rmite11te de los tropos, sentimos que
·
El coraz,ín desangra herido
Por e! cilicio de las penas
Y corre el plomo derretido
De la. neuro~is en las vem•s.
Ah! con cuánto phc1 ~ llegamo, al fin.l del 1:bropara
murmurar como á la salida. de un culto;prob1bido, el
Lo.us Deo, con que mansa y serenamente se despide el
poeta de nosot,ros, convencido ya de que el goce satánico no da la. feltcidad y si el hastío,

lentas, las magníficas; nos entusiasman, nos arreba
tan, nos sacuden; pero no bien desaparecen, cua•
ya preguntamos:- r. En dónde está Ml mí?
A hora acabamos de llorar con ella; volvió como
de costumbre, muy tieroa, muy linda, muy dulce,
mny sumisa.
La fresca y deliciosa música de Puccini fué Interpreta.da de una manera excelente por el maestro Bovi. Se conoce que el maestro está como nosotros· en,.
carillado con Mimf.
'
Y, dime, muchacha de los ojos risueños ¿no ener-.
dad :i_ue tiene razón?

***
Confieso que esa parte del libro es la más seductora
para mí, po·rque á través de ella, como á tra\·és de un
símbc,lo artístico, entreveo el espíritu de Tablada,
triste, adolorido, inquieto, nostálf!iCo de ideal y enfermo de escepticismo y dese1&lt;peranz.a.
El Onix-una admira.ble página moderna -es un
profundo sollozo de la tristeza humana, un suspiro
del dolor eterno, un g1 ito de la infinita angustia de
vivir.
Bien hizo en anunciarnos el poeta desde la portada
que su libro era una jaula, una lápida y una lámpara;
jaula de !&gt;US sueños, lápida del RP.pulcro de su fe, lámpara de su amor; su vida, en fin, el resumen de su
vida int,ranquila que promete terminar en la beatífica tranquilidad de un arrepentido y de un resignado.

***
El Florilegio es un libro encantador como obra de
arte; señala un rumbo; fija una época; marca una
ernluclón.
Después de Rubén D u ío y de Manuel GuLiérrez
Nájera, ha sido Jobé Juan '.rabiada. el propag-tndista
más avanzarlo de la actual estética francesa. Este Ji.
terato es japonófilo por inclinación: se sintió desde el
principio de su carrera hermano menor de los Goncourt; y ellos lo llenaron de amor por los crisantemos
y de veneración por las flores de lis.
¡Oh, excelsos admiradores del Japón y del siglo
die-i y ocho!
De sus autores favoritos, de sus e'-tudios y de sus
lecturas, !:O ha tomado sino aquello quf\ con venía á
su temperamento y á la segura formación rie su personalidad. Claro es que en la poesía de Tablada se
siente la caricia de Baudelaire; se oye h voz unciosa
de Verlaine, se ven pasar rápidamente las sombras
de los poetas malditos; pero el cantor del Flo1·ilegio
hace creaciones de sus reminiscencias, y en todas
partes halla su sinceridad y su estilo.
Tablada es un espléndido colorista, y a,í en sus
miniaturas como en sus lienzos decorativos tiene to•
q ues de luz y matices de un vigor extraordinari, 1. Los
poemas exóticos son verdaderas joyas en PSte sentido.
La .Atlántida, el Canto de los gemas, los FUÁ!gos artijlciale.~. son un derroche de pollcromias admirables.
Y cierro el Florilegio pensando en que he admirarlo la labor de un ar!iista y oído la. confidencia. de
un hombre.
¡On, cu::ia rara en estos t!er;µpos de las rimas efímeras y de las estrofas frágiles y vanas!

** *
... . Y no podría contarte más: son muy escasos
los bUCe::ios de la semana.. Cun vén conmigo, muchacha de Jus ojos risu~ñus, que eu México la aparición
de un Ji oro bello es un sui;e~o. Por eso te entretuve
h abl,indute del Florilegio. ~o te eut'ades. Pase mos á
otra cosa. ¿!fas ido á la óperai'
Nos visitó Mimi. .IJ:s imposible ol vidarla. ni d ejarla
de ver por mucbo tiempo. Nada. hay tan tierno ni
tan conmovedor para nosotro'l que verla del brazo de
Rodolfo, mientras cae la nieve en la mallan Ita gris y
triste en que prometen deja rile los dos bohemios cuando vuelva la tiena á cubrirse de flores.
Del idilio callejero nos queda siempre una memoria dulce. Van y vi.:nen las grandes óperas, las opu-

LA FE Y LA FELICIDAD.
Lo, creyentes dicen: &lt;El escéptico es un egolata;
duda. de todo para eximirse del cumplimiento deau
más altos deberes; nie~a el más c1.llá para evitarse la
angustia y el tormento de creer en el eterno caat,lgo,
duda de Dios ó lo niega para no tener,que temerlo ni
que respetarlo; niega el alma para tributar homeuje á la materia y crearse el derecbo á todos los go.
ces. En el fondo de cada escéptico hay un sibarita,
c1eer es maniatarse, aherrojarse, ponerse cadenaa al
pie y esposas en las manos; la creencia es Itinerario
que encarrila y obliga á seguir una senda determinada; dudar ó negar equivale á jlanear, á echar por el
atajo, á proclamar la libertad desenfrenada de la &amp;e•
ción.
&lt;El escéptico es un sediento de goces que rompe todas las trabas y desa'.:a t odas las ligaduras; qulerego•
zar de todo y derriba al rededor de sí los muros que
lo aprisionan y los valladares que lo contienen; tira el
fardo para ali gerar el paso, no tolera presiones ni tell·
sionPs; quiere, como la mariposa, volar de flor en flor
y se aligera de escrúpulos, de reticencias, de susceptl•
bllidades y de preocupaciones para volar más 6gllf
libar mejor miel, en más perfumados cálices!
cEn el fóndo, d escéptico es un sediento de placer y de felicidad que pisotea tradiciones, estruja 1
desgarra respetables textos, vuelve la espalda al ~
sado para mejor vivir de presente y da de barato el
maña.na para disfrutar más completamente de la di·
cha actual.&gt;
Losescépticoscicen: &lt;Felices los que creen! no puede darse mayor dicba que la de esperar y confiar! Saber que tras de esta vida hay otra y eterna vida; que
todo dolor tiene como recompensa un goce lnetablt
é inextinguible; estar cierto de que t ras de cada _.
cuan za hay un amparo; tras de cada desengallo uncOD•
suelo, tras de cada lágrima una sonrisa; sentir al l&amp;do de sí y sobre sí una protección perm ..nente, un•
cudo que cubre contra la saeta, un casc,o que deflendec,mtra la maza, una cota que embota el pulla!, 1JIII.
mano que aparta de Jo;; labios el cáliz amarg'!!,,!.
ciego y contar con un guía; ser ignorante Y ~
un Mentor, caminar extraviado y encontrar una~
jula, na.da puede haber 01 más dulce ni más CO
dor.&gt;
, JII;
eV ivir sin creencias es vivir solo, atenido
•
propias fuerza~; es tripular una barca abandon~
mar proceloso, lanzarse á un c1.rrecif_e sin_ faro,}o8o~
la selva sin una tea. No es la fé qmen t iene
vendados; la duda es la ciega. :Quien c!e~:
palpa; quien duda, tantea, tropieza, nc1la, apaPJaluz quien abandona la fé y está condenado,
medio Errante, á marchar sin objeto, á ~aminar ansa .S.
ta, á sufrir sin consuelo, á luchar sm esper
triunfo.&gt;
r,á ¡ radlf.
En cuál de estos encontrados alegatos~ ~ J~
te
y á quién de esto;; dos contendientes asiS
al'-'"
cía? Es el creyente quien debe men:°sprec1~
céptlco ó el escéptico quien debe envidiar al

ve,º':

nu:

ni absolut1.; hay escépticos y escépticos como hay creyentes y creyentes.
Creer á la usanza musulmana en un
más allá de goces infinitos, tangibles y
materiale~, en bosques frondosJs y lag os tranquilos, en palacios suntuosos,
en h uríes semi di vi nas, en perfumes
embriagadores, en la eternidad del placer y la eteroldad de la dicba, debe ser
una felicidad. Comprar con abluciones
y cort1s plegarlas un paraíso inefable
y cterr.o, nada puede haber mejor. Pero creer, á la usanza india, en di vinidades monstruosas y desmesuradas,
r.rueles como tigres, implacables como
Gorgonas, asoladoras como huracanes
deb? ser el más cruel de ,os torm entos: la mitología escandinava no puede crear ilusiones, ni esperanzas, ni hacer surgir consuelos. El puritano inglés, sombrío, acosado de terrores 11:lÍS·
t1cos, amagado de tremendas asechan ,zas, tiene por patrimonio el dolor y no
la fel icidad.
Creer, no es ser feliz, sino con la cond ición de que la creencia esté i m prego ada de esperanzas y embebida de
i luslóo. Con un paraíso griego, con
d ioses de ópera bufa, se puede á la vez
-creer y gozar; si la fe reviste las sombrías formas puritanas, indias ó escan-dioa vas, t iene más cuenta dudar ó ne-

I

¡

.gar.
La folicidad del creyente está basada, pues, en la naturaleza de su creen-cia, en las promesas que formula, en
las esperanzas que alienta, en las ilu,siones á que da pábulo, f'D las aspira-clones á que promete satisfacción.
-Cuando la creencia que se adopta, con•
-suela á la vez que amenaza, estimula
-á la vez que amedrenta, empuja á la
vez que retiene, el creyente no deja jamás de hacer pie en el lado dulce, con-solador y tierno de su fe, y punto omi•
so ó poco menos en su lado amenazador. Se cree más fácilmente en la mi:sericordia que en la justicia, en el perdón que en el castigo, más se espera
~l cielo que se teme el infierno, y la
t e es sin disputa, en estas circunstancias, un element o de consuelo y de bienestar.
El escéptico no es tampor.o, ni tan sibarita ni tan
-desgraciado como se le pudiera suponer; todo depende de la naturaleza y alcance de su escepticismo. Uu-dar de todo ó negarlo todo, es de todo punto imposible; el filósofo que dijo «dudo de que dudo .... &gt; lo
hacia por jugar del vocablo. En el fondo de todo es-céptico bay un creyente; quien niega lo sobrenatural
-ó duda de ello, cree-en lo natural, y quieu no acepta
~¡ más allá apechuga por lo menos con el más acá. La
duda absoluta, general, universal, no existe; cuando
más, se presenta como un caso patológlco, como una
~nfer medad del e~píritu cuyo tipo inmortal es Hamlet, y B a.mlet creía en muchas cosas, entre otras en
.la Rombra de i,u padre y en su venganza.
P,ua. el esc~ptico hay también un balan;ie que pu;i-de serle favorable ó desfavorable, según la nat,Urale'.f.a y t rascendencia de lo que acepta y de lo que niega
-ó le Inspira duda.
E l escéptico que negara el infierno y aceptara el
J&gt;a1aíso, no podría menos de ser feliz. No dPja. de serlo ta mpoco, puede al menos serlo plenamente, el que,
-como es lo general, niega lo sobrenatural y acepta lo
natural. Negar lo sobrenatural, ya lo hemos dicbo,
~s prescindir de goces, pero también prescindir de
-dolores; es vedarse esperanzas y matar ilusiones; pero
1.'.S también suprimir te~rores é inquietudes. Abora
bien, es indudable que con esa supresión pierden los
:sedientos de place:·es, los insaciables de goce¡,; pero
es Indiscutible que ganan mucho los tímidos, los In-quietos, los que prelieren sacrificar el placer con tal
d e no exponerse al dolor y esta clase de seres son leg ión. En nuestra raza, especialmente, abundan quienes prelieren no gozar con tal de no exponerse á sufrir, y quienes sacrifican gustosos sus goces con tal
de no experimentar contratiempos. Contentars.i con
poco, ren unciar al poder, á la gloria, á la riqueza, con
tal de ev it.arse enojos y desagrados, de trabajar poco,
d e no prescindir de la ,;iesta, d el paseo, de la guitarra, es la regla y no la excepción entre nosotros.
Nuestras clases medias podr!an ser escépticas sin lle•
gar á ser desgraciadas y nuestros indígenas ,o son de
hecho si n ser por eso más infelices.
L o quP.bay en el fondo de esta timdebatidacuestión,
es que la relicidad no es cuestión de fe sino de temperamento y de carácter. Todo sistema de creencias
t iene su lado alhagador como su rincón sombrío; to•
dos encierran esperanzas y temores, ilusiones y desencantos; t•&gt;do~ pro.neten placeres y penaij, todos seducen y todos aterran. Del carácter del creyente depende apoyar de un l&amp;.do ó del otro; sentarse del lado
dp la luz ó del la.do de la sombra; dar mayor importancia al elemento goce ó al elemento dolor, al aspee-

SR. GENERAL BERNARDO REYES,
Gob~rnador del Estado de Nuevo León.

t-0 esperanza ó al aspecto desengaño. Musulmán,
boud ista, católico, Demócrito hubiera.siempre reído;
Heráclito hubiera siempre llorado; Voltaire, católico
no h·Jbiera sido menos feliz y Lamartine, protestante
ó judío no hubiera sido menos gemebundo.
Y es que la felicidad no está ruera sino dentro, y
no radica. ni vincula en el saber, ni en la fe, ni en la
ciencia que se estudia, ni en la filoi\ofía que se profe•
sa sino en el carácter del hombre, en el juego de sus
sentimientos y pasiones, en la forma impetuosa, ex •
ploslva ó serena y perseverante Je la voluntad. Se
puede ser feliz sin fe y sin ciencia y desgraciado sin
ella y al contrario. La ciencia y la fe no hacen por
sí mismas felices á los hombres; pero , pueden hacerlos fuertes: la ciencia siempre, la fe, segúu sea ella. No
hay más que una clase de escépticos desgraciados
necesaria aunque temporalmente: los queban creído;
pero es defecto é inconveniente que, como el de la
juventud, se cura con el tiempo.

HISTORIA DEL EJERCITO.
En una obra que con el título de «México y su evolución social&gt; publicará espléndidamente ilustrada la
casa Ba.llescá y Cía., la parte relativa al ejército ba
sldc. confiada al Sr. General D. Bernardo Reves. Engalanamos nuestras columnas con la últi ·oa página
del estudio del Sr. Reyes, que rc1rnme, en rasgos magistrales, la acción de este magno organ ismo y su
transformación laboriosa y sangrienta de clase pri v1le"lada en instit ución nacional. El ilustrado autor
h ; escl'ito con amore su trabajo, y nuestros lectores
juzgarán con qué 11.rte espontánP.o sabe comunicar la
seria y viril emoción que Jo domina al sintetizar la
obra de sus mayores y sus iguales al través de nuestra dramática bii,toria.

** *
Hemos pasado por las amargas pruebas que nos impuso la ley ineludible de nuestros antecedentes histó-

365
rico,, de los atavismos de las razas de
que somos la resultante, de la ebullición de sangres enemigas, que se mezclaron con sus odios y sus energías contrarias; y al fin, depurados por el fuego de todos los tormentos, acr!solados,
después de sufrir el martirio de tre•
mendas luchas, nos podemos presentar
ante el mundo, con un ejército que ha
sabido, sacrificándose, formándose entre la matanza, salvar la independencia y la libertad de la patria, formidablemente amenazadas en el luctuoso
periodo de sesenta aíl.os de constantes
guerras.
Aquí está, pues. este Ejército 11Iexicano, con sus 26,000 soldados en la
paz, cun sus 160,000 soldados en la
guerra, teniendo por h1storia la que
hemús trazado, por norma el deber, y
por religión el honor.
Para saber cómo este Ejército ha venido á formarse, hemos asistido á la
gran epopeya de la República, y bemús
v isto á sus héroPs luchar, remontánélose gloriosos á la luminosa región de
los inmo:tales.
¡Qué cuadro el que hemos present,adol Se emboza el campo c11n su maleza bravía, su arbolt&gt;da. sombrosa, sus
montañas y s~,s torrentes salvajes; el
flechero cazador de al;í, es el guerrero
que disputa la presa ensangreutada, y
alza el chuzo con nervioso empuje, y
lo hunde en el pecho del contrario.
Aparece la tribu armada de lanza y
arco, que defiende un campo en que
bizo brotar la planta noble, que brinda el alimento tan buscado. Se advierte la ciudad embrionaria, que se apresta á la luchii por su sosiego, en quP, anhelante trabaja po:- su bien, y que
turba la atrevida hueste ávida de botín. Se mi;a la Nación, la raza que
reune sus contingentes y que forma.
las falanges guerreras, que defienden
la tierra en que se extiende y se sustenta, la tierra en que su vida se desarrolla, ó que se lam.an á dar más amplitud á las fronteras, á buscar para
su acción nuevos países.
E~ la raza azteca esa raza, y se la ve asentarse en
el A.nánuac, sobre un valle cubierto de lagos y arboledas; se la ve combatiendo con los vecinos, y organizando un ejército asombroso; pero hombres extraordinarios, cubiertos de hierro, invulnerable á las armas de los aborígene1,, y que disponen del fuego y
del rayo [ el arcabuz y el cañón J, aparecen por el
Oriente, aliados con sus innúmeros y antes vencidos
enemigos, y abogan á sus 11;uerreros en su sangre, y
sujetan al pueblo subyugado, á largo cautiverio.
De la mezcla de cautivado res y cautivos, nace una
nueva y ardorosa gente, que arroj'i al fin á los advenedizos, que siempre engreídos, conservar quisieron
el dominio, cansándolos, venciéndolos en cruenta y
prolongada guerra; y entonces se forma una naciona
lidad beterógenea, la nacionalidad mexicana, de distintos orígenes y aspiuciones, de ilustración di versa; y luego esa Nación escampo deanarquía: conmueven por sesenta allos su tierra, la pelea y ,la lucha, contra propios y ext,raños. ¡Cuánta sangre y qué
vitalidad para soportar las terrible y constantes hecatombes!
¡Qué época la de nuestras guerras! L&lt;lS batallones
que combaten, y SUi restos ensangrP.ntados que son
vencidos ó que triunfan ; los escuadrones arrebatados
por el vértigo de la carga, que caen destrozados; los
cañones que truenan é ilucninan siniestramente; los
estandartes flotando, corriendo con llamas encendedoras, en lo:, amigos y enemigos campos; tropas cho
rreando sang re, q ue se miran entre el fuego y el bu
mo; brille, de armas, fragor de bronces, toques de
cornetas y t ambores, flamear de banderas vencedoras ó vencidas. Tal fué el cuadro apocalíptico de nuestras luchas intestinasl-Y así, despedazados por ellas,
nos agobia la in vasión anglo-sajona, y lu~go, más tarde, viene el galo á nuestro festín sangrien':,o; pero
nada se agota: ruedan instituciones envejecidas. ruerlan cabezas con coronas, y al fin, t,rai; tanto padecer,
tras brega tanta, se alza nuei,tra R~pública glorio~a,
se yergue al cielo, por nuestro ejércit o so,tenida, la
nacional bandera mexicana.
Al reflejarnos la historia en su gigante espejo fiel,
la perspectiva de los t iempos tudos, el vértigo de lo
infinito nos invade, se siente el dest&gt;o de acciones
grandes, y la emoción, electrizando nuestros nervios,
nubla la vista y aprieta el corazóu.
GRAL. BERNARDO REYES.

�Dom1n~ 29 de Octubre de 1!199

EL MUNDO.

266

UN PINTOR DE MUJERES.
HE:LLEU y

LAS

mti·!r:~

***
· ·
¡ ·
J
l lápiz con el mismo buril sobre el coNadle como él ha sabido escnbir co~ ed P;~c:~~~~a~nadie' como él ha aabido pener,rarse de
breó
el yacer~
esta encanto
supremacor
motnogra
ese
raro
delicado
esano dae 1:s muJ·eres d; Watteau, su maestro lejano, su eterno

a imiradol
.
1 t lle ó 4 tan decidido y bello culto por la muCómo, por qué camino, e~e e;Xdl~ls1¡º1~in~:ae vo!ación · era el llamado, era el elegido; era el
ier? Por vocaci_ón, por una eci á
al perflles sus mis altas y serenas concepciones.
único, Y la muJer le debe sus ~ .., 1 e :s ras del siglo X VIII t an amadas por los Goncourt;
El ha resucitado todas esas iv nas gu
m ~lidecida de un ramo de flores próceél ha sabido fijar los viejos encanto:: de unau:ri: e~ ~n parque' abandonado de Versalles por
res en un vaso de Se~res; ~e una t~s a~ua ji:1a1 que ríe ante la majestad triste del sol ponlenlas gulas Y las parásitas; e udn rmrnoecodo umbroso· de una cabecit 11. risueña 11ue se inclite de un pensador q11e se pler e en u~ r la mar en de'un riachuelo, asf á la sombra de un árna hacia un es;,anque pl:cido. d.. y
tta un :red lo así en el bote ligero que boga sobre el
bol, así tras
ver e ql~e
m·er, enigmáti~a, elegante, soñadora ... ... hermosa,
e,tanque
....laempal_iza
la muJer, a.f.iempre
a muJ
infinitamente hermosa!

ªN•

EL MUNDO.

267

LA FRINOBSA DE, LOS GANSOS.

f&gt;ARISJE:NSliS.

Hay músicos feministas, esta ~s la palaura,
en cuyas melodfas, en
cuyas lnstruruentaclunes, en cuyüs mismos
trozos descri ptl, os, palpita el eterno femenino, como siluetas armónicas de hembras tristes ó alegres, en que la.
hembra alta ó baja, plebeya ó hid"lga, rfc, llora, canta, gime; que han
sorprendido y aprisionado en el pentagrama, la
armonía de la mujer.
Hay poetas feministas, que consagran á la.
mujer un platónico culto de ebtrofas, que la
hacen destilar pür sus
versos con ideales fisonomias, que impregnan
de vaguedad melancólica, ó de su embeleso penetrante todo lo que escriben; poetas de alma
llena de su delirante
platonismo para la gracia. femenil que pasa. Y
son muchos estos poetas'.
.
·a to de la hembra en sus pac;teles, en sus
Ha.y por último pintores hechos para fiJar e1 ene ~g ias fuertes· artistas de elección, dlviacuarelas, en sus carbones, en sus cradyotns, dene::sgraci~ eternamP.~te dominadora. en el munnizadores del encanto femenino, sacer o es e
, .
do . ..... Helleu es uno de _ellos; es acaso/o~ por ~~Yc~/!1ti~ntusiasmo, con más delicadeza
como élde ha
po~t1ficado_
con flmores,
s sm
nlflas, estos son los modelos de Helleu,
enNadie
esa capillita
la muJer.
MuJeres
raro maestro de las elegancias, cuyas ob1as están llenas de ensneño.
.

fa

Domingo 29 d_e Octubre de la-99

r&gt;-UI~
···············•1111111~
!i1J~11111111111............
A media noche vaga !a bella Tifa!na
Bal!ada por la luna., al borde del pantano,
y de 1118 rosas frescas la tropa. purpurl na.

antcrchas pendiente3 de argollas empotradas en
y dPjrndo correr lágrimas grandes
el muro, el anciano Seftor del casti!lo, hundido en ydPscarnad11.Q
frías exclamaba:
s_ ancho sillón de baqueta claveteado de bronce,
-Tifoina!
·. Ya los criados haM11n levantado los platos, las se entregaba á la melancólica reminiscencia del
carnes ricamente sazonadas, los enormes past~- pasado,
Tifaina. . . . . . y se borraban las visiones de
les de trigo y miel; ya los pajes habían encerra.Afuera, según la estación, ó se engolfaba todo en hierro y sangre de 11us aftos guerreros, enrojecido en su perrera á galgos y lebreles, ya c1e había el encanto de la luna que platea los -iampos de dos campos de ba!alla sembrados de cad~veres,
alzado el silencio entre las sombras, cuando en avena verde y las florescencias de Mayo, ó los bajo citlos coléricos, incendiados y melancólicos;
el alto salón abovedado, alumbrado apenas por bramidos de la tormenta corrían sobre las olas saqueos de ciudades que retemblaban con los
lllaridos de los vencedores y los gritos de las poencrespadas, en tanto que algunas gaviotas cega
das por los relámpagos y a,rebat11das por la llu- blaciones pasadas á cuchillo; Potradas triunfales
via, venían á estrellarse contra las vidrieras. En bajo los ondulantes pliegues de las banderas; con
noches así, el vetusto edificio asediado por No- el escudo embrazado y la lanza en ristre. entre el
viembre crujía por todas las ensambladuras de su repique de h1s campanas alegre~; march'¼s forarmazón, y las pesadas puertas batían con férreo zadas durante noches frías; emboscadas en la
y espantable ruido, y al mismo tiempo á lo largo sombra bajo Ja lluvia, al borde cenagoso de los
de los ir.terminables corredores de la fortaleza pantanos, todo, todo eso se esfum11 ba en el vacío,
resonaban como sordos golpes de bigornia y ge- y emergía la aparición vapurosay flotante de una
midos siniestros, toda una procesión de almas en joven esbelta, pensadora y graciosa, con manos
pena que hHcía sudar de miedo al scldado, do como hech11s para dllr limosna. Era T faina la
centinela, agazapado en su garita, y tenía des- bella, la que con sus sonrisas y sus caricias había
piertos y con lúgubres pensamientos bajo el crá- como embalsamado el cuadragéiimo ano dela vi•
da de Bertrand y que reapare;ía poco á poco deneo á los hombres de 11rmas, de servicio en lasa- lante
de él
la baja del cas1illo.
Parecía.
cautiva entre los árboles azules de la
Pero ya fuese que la tempestad rabiosa barriera
la nieve de Diciembreó arrastraralas bojas muertas tapicería, sonriendo al través de las ram1ts realde Octubre á los fosos del antiguo dominio, ó ya fue- zadas de los manzanos amarillos de selv11s fabuse que la luna de Junio cirniendo su haz de rayos losas inventadas por los bordadores. Pájaros
por el camino de ronda, recortara en simetas fan- maravillosos de plumas resplandecientes revolotásticas y movibles la sombra de los jaramagos teaban en torno de aquella caheza, y eran los ojos
floridos que pobla'::-an los canalones, el vif-jo Ber- de Tiraina, sus ojos brilladores, transparentes y
trand Du Guesclín, en estío como en invierno, en azules, aquellos ojos inmóviles; y eran rns pies
primavera como en otofto, tenía, al empezar la desnudos los que lucían dulcemente sobre la yerba, en el enmaraf!.ado boscaje de enormes y sunnoche, su hora funesta, la de las lamen.aciones, tuosas
flores.
la de los ensueftos retrospectivos, la de !os espec-Tifaina, . .. !
tros que servían de cohorte á esa huésped de los
Y dentro de su corazón de antiguo jr fe de
ancianos que se llama la Tristeza. Y estando así,
mesnada,
he aquí que la volvía á ver tal como se
en aquel recogimiento, en la sala melancólica, llegaban las veladas largas hasta muy avanzada le apareció la primera vez, sentada junto á la
fuentP, cerca del pantano que limitaba una aftosa
la noche, y el conde permanecía frente á frente selva.
del recuerdo que, algunas veces, llegaba con sanFaé, al caer la tard~, poco antes de que anodalias mudas y presentaba en Pl vano de alguna
checiera,
cuando la sombra de la montafia CHía
puerta sombría su faz risue:lia de otros días;
y el anciano seftor, sumido en una especie de so- lentall1ente sobre el valle y algunos rayos de sol
nambnlísmo,percibía los contornos vagos de per- prófugos doraban por instantes la cima de los
sonajes reclinados en los sillones del recinto, cori pinos y se apagaban luego en el crespón de la
ojos softolientos y labios inmóviles; y susurraban noche. El aire era en ese momento de tan peneen sus oídos los nombres de antiguos compafteros trante dulzura, que Du Guesclin, por esa época
de armas, aclamados en otro tiempo entre el fra- en el vigor de la edad, tuvo que violentarse casi
para no deefallecer ... .
gor de Jos combates ó balbuceados en la embriaLa vió .... Estaba envuelta en una larga túguez cariliosa de los festines; y entre los pliegues
de 11",s tapicerías, figuras de pesadilla con sonri- nica gris, y cafa desde sus hombros un manto de
sas y gestos conocidos, aparecían trayendo en sus pafto color de rosa, bordado de anémonas. Permanos las flores de la juventud, antes resplande• manecía como una estatua, apoyado el codo en
cientes y ahora descolorid11s y mustias; y el an- el brocal de una fuente, y estaban rodeá.ndola
cial!o
levantaba trémulo, erguía su faz surcada numerosas formas blancas que se apiftaban con
por arrugas profundas, y enclavijando las manos suave rumor y produjeron de pronto cierto rnido
de alas. Fijándose el conde, reconoció que era
En los tallos selrgue .Para besar su me.no.

.....

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ª"

�268

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubre de 1899

llevaban las estolas al brazo, y el cura vestido de casulla bajo las franjas del
palio; las vírgenes amigas de la novia, sueltos al viento los cabellos luminosos, y llevando en las manos ramilletes de lirios; los hermosos donceles conduciendo la trabilla de los perros; la mesnada, de caras impoh,ntes y rudas con loa
morriones enguirnaldados en sefl.al de tiesta; los niJios rientes y mofletudos
estrechando contra sus vientres manojos de yerb_as aromáticas; los trajes
imponentes de las seJioras, el cornete de las seJioritas, las caperuzas de loa
músicos; los portadores de antorchas incendiando las tinieblas azules del bosque; los caballeros vestidos de gran lujo. y la luna reverberando en sus armaduras y en sus escudos de acero .... Tifaina .... !
Y tornaba á verla cu:1ndo, castellana ya, orabii como una santa en la capi,
Jla, trabajaba con 3Us mujeres en el gineceo tejiendo lana ó bordando oro
f ino; colocaba sobre el mármol negro que pavimt:nta el corredor del castillo
macetas de heliotropos, ó aparecía en el ángulo de algún sendero de la campi- ·
fta, á la sombra de los tilos, acompall.ada por el paje nifl.o que cargaba la es-

una parvada· de ánades salvajes, que tendían hacia lo desconocido el es•
faerzo simultáneo de sus cuellos.
.
Apesar de que se hall,1 b11 sentada, le parectó grande, en orme, gigantesca, y a pesar de su proverbial valor y franqueza, él se detuvo vacilante enfrente de tan extraJia silueta crepu11cular, que se perfilaba como Ju·
minosa en el lindero de la selva, junto al pantano engrandecido por la
noche.
Vacilaba aún, cuando la desconocida, levanUndose del banco de piedra
en que descansaba, le saludó con tan dulce voz, que él se imaginó que
estaba oyendo hablar al chorro de la fuente.
-Desde maf1ana, hermoso sef.ior de Tombelaine, le dijo ella, esperaré
á usted todas las tardes de mi vida, aquí, como en la tarde de hoy.
y los ánades tendieron el vuelo parloteando, y la joven apareció por un
momento envuelta en un torbellino de alas, y se veían en tanto centellear
radiosas pedrerías en la seda rubia de sus cabellos y en su manto reca•
mado de rubíes.
Du Guesclin volvió todas las tardes, conducido como por la mano, j1m•
to al pantano, al soto florido que regaba la fuente; y venía no más que
para ver de nuevo al sol ponerse y tell.ir con su último reflejo el manto
y la cabellera de la joven, y sentí~ diluirse su ~orazón como una fr?sa madura, y pasó así tres meses de tiernas entrevistas, tres meses dehcwsos,
hastala nochedeSanJuan, noche inolvidable en la que, entre el claro obscuro de los
grandes árboles rejuvenecí•
dos, fué á buscar, al son de
las flautas y los laudes, á su 1
novia que, vestida de bodas,
adornada y eng,llada como el
camarín de la Virgen, lo esperaba en el dintel ruinoso de 111.
mansión paterna.
Oh! aquel vi!lje al través de
los breiiales de la antigua selva baiiados por la luna, el
olor embriagante de los pinos,
la caricia inconsciente de los
musgos que retardaban su
marcha, la mirada profunda
de las lucernas que parecían
haber deQpertado sobresaltadas entre las raíces nudosas
al pie de las encinas. . . . Oh!
Todo el encanto del bosque
feérico poblado esa noche de
canciones, másicas, banderas
y antorchas errantes, y en
medio, por el sendero tortuo•
so, la desposada vestida de
blanco y cubierta por trans•
parente y tenue velo, conducida al dominio sef1orial de su
esposo,

...... .....................

Y he aquí que de nuevo, e.:•
tre los cortinajes bordados y
las tapicerías descoloridas, el
anciano veía pasar el cortejo
nupcial con los é!.iáconos que

carcela de las limosnas, sierupre con su gran cornete de no ble y poderosa dama, rematando aquel
rostro encantador de ojos siempre bajos y sonri•
sa siempre bondadosa; cornete extra:fl.o de ma6a
..:on la doble punta de sus velos que el menor so•
plo de viento agítala con estremecimientos de
alas, prestándole extraf.io atractivo. Y en pos de
ella, la cola de su gran traje blasonado serpen•
teaba y producía un rumor á veces inquietante. ..
Oh! esta cola ondulante que tenía deslizamlen·
tos de culebra, ¡cómo desmentía lo imponente de
aquel cornete puntfogudo como campanario, que
alzaba su remate á los cielos! ..... .
Y Du Guesclin dió oídos á las insinuaciones
alarmantes del anciano capellán, monje pusi!Ani•
me que der.·amó en su corazón la ponzofia de la
desconfianza, que hiere de muerte al amor y Ala
lealtad.
En efecto: la aparición de esta mujer había si·
do bien extra:fl.a; á la hora misteriosa del crepúsculo, en aquel sitio solitario y que tenía mala b·
roa á causa de la fuente en otro tiempo consagra·
da A los falsos dioses, genios .y ninfas desterra·
dos p,)r el Evangelio .... y es~ amor súbito se•
mejante á una fiebre maligna, y las languideces
que sobrevinieron, y la fuerza irresistible que le
condujo todas las tardes, A pesar suyo, al Jugar de
la cita, y hasta su nombre pronunciado con voz
de agua que habla, y la parvada de á nadt&gt;s, fan•
tasmas tan rápidamente evaporados en la noche.
en todo eso debía haber hechicería y sortilegios,
Y el conde se debatía, cautivo de maléfico amor.
presa en las redes de algún demonio ó de alguna
hada.
Embriagado por el espanto del monje, Ber trand
dió cabida á sus medrosos consejos y entró en
sospechas contra la dul~e y hermosa Tifaioa,
-Por las noches, le decía el sacer dote con vol

,Domingo 29 de Octubre de 1899,

opaca, ella ab~ndona el lecho conyugal, gana el
campo por antiguas poternas que se cr"'ian condenadas, y acompaf.iada por un enano de cabe2a monstruooa que aparta A su paso la ortiga y
la yerba loca, va á sangrar la mandrágora y á
eoaechar la cicuta en las tumbas de los ajusticiados.
y loco de espanto y de ansied11.d, Bertrand quiao verla y seguirla una noche, pero no i,udo pro-

EL MUNDO.
recen mis primer as aterradoras sensaciones de miP.do.
¿Por qué me causaban, desde tan pequen.o. impresión tan
honda los atardP.ceres?
Cuando las campanas daban
el pausado toque de oración,
~omo si se quejasen porq.ie
iban á quedar sumidas en la
obscura soledad de las torres,
me invadía una tristeza infinita, sentía en mis ojos pléto•
ra de lágrimas y la tristeza
era precursora de mi miedo.
Llegaba mi inseparable itcompa:11.ero nocturno haciéndome
sentir siempre su llegada, como en los rieles se siente la
aproximación del tren, por estremecimientos1 por vibraciones.
Odiaba yo la noche, deseaba para tranquilizarme que
pronto encendieran luz.
Las hondas heridas abiertas en mi amor propio,
por mis padres y h1:rmanos, no bastaban á hacerme acometer !a tem~raria empresa de entrar en
una habitación obscura, En una pieza negru. y si•
lenciosa, babía para mí enorme cantidad de miedo que me bailaba al entrar. Se me desplomAba,
abrumándome con su peso, sofLcándome con sus
mil brazos constrictores, como sofoca el boa con
su anillado cuerpo cuando se desprende del árbol
sobre la ternera.
Una noche mi padre me obligó á entrar en la
sala sin luz.
Entré. ¡Cómo me aumentaron las pulsaciones!
Anduve despacio y en silencio; hubiérase creído que temía yo despertará alguien.
Y cual s; manos invisibles me hubieran oprimido bruscamente las costillas, me estremecí, enar•
qué el cuerpo hacía atrás, y volví viol,m tamente
la cara, con un grito de espanto.
Contra un mueble me descalabré y á la carre•
ra salí, chorreando sangre y lágrimas.
En la misma recámara dormíamos, muy cerca•
nos nuestros lechos, mi hermano menor y yo.

longar el espionaje, pues apenas llegado á los foeos del castillo, b3.jo el arco mismo de la entrada
principal.
-Adiós par a siempre, le dijo y volviéndose á él
alladió: adiós, hermoso seftor de Tombelaine, ya
note esperar é más todas las tardes, como la tarde
~quella, porque la tarde de la muerte ha llegado
para T1faioa, Dudaste, y muero: adiós!
Y en tanto que él agonizaba de espanto y de
angustia asiéndose al muro con dedos crispados
,que sangraban, ella se desvaneció en el cawpo
inundado por la luna, vibró un leve rumor de
.aleteo y ya no volvió mAs, nunca más.
¡Tifaina, Tifainal
JEAN LORRAIN,

¡MlEOO!
«Sí,amigomío, beresuelto aceptar esa def,m sa,

_Y,no voy á ser yo quien la haga, va á hacerl1 el
m1sm~ acusado; yo sólo repetiré lo que él me dijo:

- St nunca h'l probado usted ese agrio manjar,
si nunca ha sentido calofriársele la piel. mezclár•
•ele ~a sangre misma dentro de las venas, con el
:frío intenso d el miedo, no acepte usted mi defen•
ea; n? sa~rá defenderme, porque no comprende•
~• m~ crimen -comenzó el imberbe encarcelado
e mirada febril y adem4n nervioso.
JamAs he experimentado la hermosa, la engran11ecedora, la varonil impresión del valor. Nací
,:h4rde, v~rgonzasamente cobarde, desesperan•
mente miedoso. No conozco má~ sentimiento
que el miedo; como los ebrios experimentan to·
~ ~us sensaciones, al travé~ del alcohol, yo he
de~ti.do todo_, todo lo he visto al través del míe~• ahora mismo he deseado e~ntir el remordí. ento, no lo conozco; he seguido sintiendo mi
1niedo generril, un miedo á todo, sin particulari•
!!rlo, &amp;in que me aterrorice la flgu:·a del muerto
·r vr 1as noches.
Con mis primeros recuerdos de la infancia apa-

Nnestro padre se hllbía apiadado de 11quel muchacho raquítico, endeble, deliMdo, fem\!nil que
deshonraba el mayorazgo, que sufría horribles
pesadi,las y prematuros insomnios, y había permitido que nos alumbrase durante la nocbe, velando nue3tro suefto, una lamparilla que á veces
como si quisiera tamblén dormir, parpadeaba. Mi
angustia era grande: ¡quedar A ob,curas!
Envidiaba yo á los gatos que según el dicho de
la abuelita sirvienta ven en la obscuri tiad, «el os
pueden huir del peligro, pueden defenderse de
los enemigos.•

269 7

Juntos entrábamos los dos hermanns en la rec11marita, y me apresuraba á dormir antes que
Felipe entr&amp;se en el suello. ¡Qué horrible quedar•
me solo!
¡Y en la pieza contigua dormían mis padres!
No pocas Yeces, Felipe rendido al cansancio
provocado por sus juegos de atletA, sus retozos
de muchacho sano y fuerte, dormí,1, con sueno
macizo, invencible para el y para mí que pr1-.tendía. me acompa:fl.ara en mi temible soledad. (Yo
prefería á la pelota y el trompo, una novela por
entregas, prffería la inmovilidad á la c'\rrera, y
mi pequelio teatro era el que más me atraía entre mis juguetes) Entonces procuraba que despertasen mis padres; una tos persistente me ata•
caba ó bien un dolor repentino, una neuralgia me
bacía quejar ruidosamente.
Nunca en esas noches tuve Vlllor, sino para
descender de la cama castalleteándome los pocos
dientes que me quedaban delos primeros que ha•
bfa tenido, y acercarme al bulto de ropa que se. m1. consoladora presunción, era el que fingía
'
gun
en la pared, la figura de un burro enorme ó de
un hombre agazapado.
Alguna vez el catre estremecido por mis movimientos, chillaba
como grillo, y no seguro de que
fuese el catre necesitaba yo cambiarlo de lugar.
Uc1:1 noche desperté bruscamente· á Felipe, preguntando qué
le sucedía, porque me pareció
que no respiraba, yo no oía el
ruido de su respiración en el silencio de la alcoba. ¿Estarla
muerto? Me pidió indignado que
le dejase dormir.
Parece que babia una. dvble
personalid11d, y que yo, el menos
cobarde, iba á convencer al ot1·0
yo de que no l 'evaba razón cuando se 11temorizaba.
- «¿Lo ves? no tenías razón.&gt;
Y sonriendo volvía á arroparme.
Pero me engafiaba yo mismo;
mientras apretaba los párpadoi,
y me cubría la cabeza con las
sá banlls, para protegerme de los
mosquitos que entonaban sumonótona serenata, con el oído
atentp pllrecfa. cuidarme de enemigos invisibles, iadefmidos,
imagirarios.
Primero el ruido de un ratón
que entretenía sus dientecillos
contra la madera de un mueble,
despué:1 la tos seca de la vieja
criada allá léjos luego d Iúguhre maullido de un g11to, y yo me echaba á temblar con un estremecimiento constante y suave,
interrumpido á intervalos por fuertes sacudidas
breví•imas, como sucedía á nuestro f.no perro,
cuando le ponían al sol después de bafiarlo.
A veces empezaba yo á dormir y me descubría
vinlentamente la cara, arrojaba lejos las roplls;
había sentido, había tenido la seguridad de que
un fantasma se me acercaba. El coco, ese coco
nunca definido que era para mí bacía algunos
alioR, según la voluntad de mi nodriza, un mendigo de voz ronc3, «que iba á llevarme,» ó un mou-

�EL MUNDO.

270

tón de harapos verdosos que encuadraban una
cara arrugada y negra, me h!zo despertar todo en
llanto muchas noches. Con su reaparición, yo sentia el mismo terror que cuando 11penas empezaba
A hablar. Me invadía todo el cuerpo, pero con es•
pecialidad la frente, un sudor frío.
¡Oh! si, el sudor del miedo es frio, ce&gt;mo el sudor de un bloque de hielo cuando siente calor.
Cuando me berenaba disminuía la impresión.
Los va~ientes deben sentir pocas veces calas•
frío. ¡Qué raramente ba de enfriárst&gt;les el cuerpo!
Ahora aquí, en esta celda, he recordado muchas veces aquellas noches, por estas que paso;
la misma impresión df'sesperante cuando, al despertar entre el silencio, sólo oigo las campanas
del rel"j vecino que indican los cuartos de hora.
Esperaba impaciente, contándolos con cuidado y si
daban cuatro ¡qué al gríal una hora más de marcha lenta, como mar~ha forzada, de la imponente
noche hacia su ocaso.
¡Ah, la Auroral Me producía el mismo efe~to
que be visto luego que causa á Jo., enfermos que
no logran conciliar el sueno.
Me volvía la calma, la confianza en los seres y
en las cosa~. Hasta la esperanza de que viviría
más; muchas noches sentía ahogarme, me hitaba
aire, ¡ignorante puerilidad! ¡el corazón no me la•
tía! Entonces llamaba, gritaba .... Siempre «¡la
pesadilla!;» no me pedfan explicaciones ya.
No olvidaré cuando subía la escalera, silbando
fuertemente para ahuyentar l'l susto, y en el corredor, acurrucado, me aguardaba mi hermano.
Saltó á mi paso, y gritó: ¡abhhl
1,as lágrimas, que procuré ocultará miradas
ajenas, fueron de dolor , de rabia, de desesperación , de impotencia, de vergüenza. ¡Mi hermano
menor me había atemorizado!
Y bien, ¿no era yo hombre? ¿no tenía por mi
sexo obligación de ser valiente? ¿no debia luchar?
Y yo trataba de convencer me: en resumen
¿qué er a lo que temia? ¿qué lo que me causaba
miedo?
¡Si hubiera sido algo definido! Yo no habrfa.
sido, no sería un infeliz cobarde. He conocido á
un hombre que temía horriblemente á los perros,
por pequet'l.os que fuesen; pero sólo eilos le causaban temor.
Trataba yo de per;;uadirme: ¿por qué en las
contiendas con mis compai'leros, cuando preveía
que terminaríamos en una lucha cuerpc á cu erpo, el temblor me in"'adía las carnes, y mi cara
se hacía pálida, como la cara de aqMl viejo santo que en u n nicho cuajado de prismas cristalinos estaba en nuestrll recámara alzando al cielo
sus miradas vidriosas?
En todo caso, si la derrota se declaraba por mi
parte, no podía ser lo que sufriera sino un golpe
má'l ó menos doloroso que nada significaba.
Sin embargo, siempre lo mismo, entonces con
ningún talento, y después con alguna diplomacia,
hui de los asaltos de pugilato callejero, tan comunes entre los escolares.
Una vez, en los momentos en que se levantó,
para descargarse sobre mí, la mano cerrada de
un compat'l.ero, con quien rellía, la vi agigantarse, antieipadamente sentí con descomunal fuerza
el golpe, y grité y corrí miserablemente, sin intentar siquiera defenderme.
Por fortuna no había testigos, y rogué á mi
adversario que al día siguiente no pub:icara mi
desnonrosa derrota,
Lo hizo; seguramente pensó que esos triunfos
no merecen publicarse.
Sólo una vez recuerdo haber llevado en la cara, las huellas de una lucha corta y desigual; urgía demostrar que no tenía miedo y acepté ¡con
qué gran esfuerzo de voluntad!
Pc1·0 Joaquín fué quien comprendió muy bien
hasta qué punto era yo cobarde, y muchas ve,..es
me hizo con sus burlas, con sus sarcasmos, el ludibrio de todos los demás compalleros nuestros,
en aquella escuela primaria.
Ni yo mismo supe por qué aquel muchacho,
diJtraído, juguetón, que parecía no observar hecho alguno, llegó á tener el conocimiento y la
exacta meñida de mi cobardía,
Yo habría sido muy feliz, si el destino nos hubiera separado al salir de aquel destartalado y su•
cio salón, en donde hiciéramos nuestros primeros
estudios.
¡Juntos fuimos á. la Escuela Superior!
Llegó á. tratarme con carillo, pero su carillo
que llevaba lil ternura de la compasión y la fria!0

dad del desprecio, me ofendía, me injuriaba. Me
queria porque no era yo digno de que me odiase.
Su orgullo le obligaba de cuando en cuando, á.
hacerme sentir su superioridad, á. recordarme
que me conocía, que habfadescubiertn la vergonzosa enfermedad, el asqueroso mal de que era
víctima mi espíritu.
Comprenda usted todo lo grandioso de mis esfuerzos, para hallar siempre una contestación ingeniosa á la frase en que iba envuelta una injuria, una respuesta. que les hiciera olvidarse de
que yo debía proferir otra ofensa. Y les hacía
reir con mis palabras, cuando !a rabia me ahorcaba, y el miedo destfü,ba gota á. gota helada en
mi COrllZÓD,
Al separarme me entregaba Ala desesperación
de mi ira contra él, y contra mí que no podía dominarme. Yo empezaba á pensar seriamente: ¿qué
iba á ser de mí en la lucha d:- la vida, si no sabía,
si no podía dominarme, vencerme á mi mismo?
Formaba mi resolución; le injuriaría, re iliria
con él, aun cuando perdie~e; eso ya no era mi
culpa, sino obra de su notable superioridad física.
Y, á la mat'l.ana siguiente, cuando le veía, y sobre todo, cuando el me veía, mi túnica de valor
se me rodab1 hasta los pies y me dejaba al descubierto, tal como yo era: un tembloroso cobarde.
Llegué á. dominar mi amor propio, y una tarde, tarde tempestuosa, lo recuerdo . ..... en esas
tardes el relámpago y el ravo me producían tal
impresión de terror, que huía de la soledad, iba
á buscar compafl.eros; ría usted: ¡al lado de ellos
temía menos al rayo! Esa tarde le supliq!lé: si
era más fuerte, si era más valeroso, podfa. mejor
protejerme contra los demás, que ridiculizarme
ante ellos. Si era duefl.o de mi secreto ¿por qué
no lo guardaba? Me oyó seriamente.
Aquel día sintió, es segu'ro, crecer su desprecio
hacia mí, hasta el extremo de necesitar hacérselo
sentir á los demás, y se los dijo; yo era un cobarde: Gno habían visto cómo procuraba huir
siempre las rifiasil ¿no habían observado cómo me
estremecía mochas veces, con sólo que me grl~asen mi nombre cerca, para llamarme cuando estaba distraído?
1fü era yo miedoso como una mujer, más, más
cobarde que una nill.al Lo verían, Y lo vierou.
Al entrar á mi dor mitorio dí un grito, y salí corriendo.
Los brazos musculosos de Joaquín me scjetaron en la misma puerta, y tal fué el estruendo de
las car:!1:1jadas, que deben de haber desperta&lt;io
de su profundo suet'l.o al esqueleto que yacía en
mi cama, y él mismo debe haber reído del terror
que me inspiró su descarnadv é inofensivo cuerpo.
-T11mbién los cobardes matan; cuídate-le
dije enfáticamente, ridículamente, cuando estuvimos solos.
Un día puso en mis manos un revólver para
que le matara y ¡¡no le maté!! Eufrente, con los
brazos cruzados, sonriendo y mirándome con fijeza, aguardó hasta que arrojé el arma al suelo.
Imposible, me estaba mirando.

Domingo 29 de Octubre de 1899.
¿Temí errar el tiro? ¿Temí las consecuenc1
11
si lo acertaba?
_No sé; «¡tuve miedo!&gt; es lo único que puede&gt;
afrrmar.
Mi mal se exacerbó.
Cuan_do bebía alcohol, al contra~io d e lo que
yo babia notado en otros, me volvta aún mAa cobarde, y al siguiente día peor; sobr e todo la aole:
dad era lo que más me aterrorizaba. No querf&amp;
hallarme solo.
A menudo, en las noches, cuando inclinado 10•
bre el libro. procuraba la resolución de un problema, sentía entrarme el miedo por la cabeza
caerme ~orno si fuese un chorro de agua.
'
Y muchas veces la mismll palabra me abofeteó:
«cobarde, cobarde;» en suenos la oía; salía. de 11lla
garganta poderoSl:l, me ensordecía, y despoés como si me rodeasen montarlas y moi::tat'l.as, t i eco
me la arrojaba muchas veces á la cara: «cobar.
de, cobarde, &gt;
Decidí matarle; me vindicaría á los ojo■ de
quienes me creían incapa z de dar muerte ni á 1111
perro. Me vindicaría á mis propios ojos,
Me urgía confi rmar lo dicho: «también loa cobardes matan», y así me libraría de aqutl dominador mio.
Me bafiaba con sus temibles mir adas, me recorría con la v ista de la eabeza á los pie~, r en el
lugar en que más se detenía mirándome, nlli mismo, sentfa el pinchazo de las agujas de sus miradas y por allí me entraba la inyección del miedo
que se difundía lentamente por el cuerpo. Necesitaba evitar que me viese, llegar sin que sintiera mi aproximación, m11tarle por la es palda.
Gozaba durante el día con la idea d e mi venganza, pero por la noche mis sufrimientos t&gt;ran
grandes; despertaba sobresaltado buscando bajo
la almohada mi acariciada arma, temía que me
la robasen, que él, conocedor de mis i uteccioner.
se me adelantara y fuera A darme muer tP, Y sin
embargo no acababa de resolverme á llevar A cabo mis propósitos,
Pero ese día me injurió nuevamente: «Ere■ t111
cobardts,» y me volvió con desprecio sus ancha1
espaldas presentando un magnifico blanco, aun
para mi mala puntería.
Sin vacilar y~, hiee fuego, y cuando le vi caer
agitándose como culebra herida, temía que se le•
vantara, y disparé, disparé basta que ya no bub1&gt;
proyectiles en el cilindro ¡qué lástima! ¿Qoé habrá. pensado cuando se revolcaba en la sangre que
le brotaba de la herida abierta por la mano deeste cobarde?
Y hoy. en la prisión, me siento libre, afürer11do
de aquella mirada abrumadora, independiente
de aquel dominio,
Yo que he sido 1esesperantemente miedoso,
irremisiblemente cobarde, me siento algunas veces curado de mi mal; ya no huyo á la eoledadt
y creo sentirme valiente.
Ahora comprenderA usted porque maté A eo
hombre.
FRANCISCO Z.ARATE RUIZ,

])Omlngo 29 de Octubre de l o99

EL MUNDO.

271

LOS LUN ARES DE M6XIOO .
En el dorado siglo XVIII, el infinitamente galante y el infinitamente perverso, los artistns ~a
pilare,, vulgo peluqueros, á. sus delicitdas labores
unían otra que ya ha pasado al olviuo, barrida
por las j11foios11s ~implicidades y sencilleees de
81ce siglo moribundo. Me nfiero al arte de hacer
luoares. Un lunar, para la estética erótica del ' i•
l(lO pasado, era algo sublime. Se me dirJ. que to•
davia hoy los l unares están en auge, puesto que
811e1en aú n florecer en los labios de los poetas; pe-

ro hay que advertir que, con la honrosa
exeepct:pción del fresco viejo Campoamor, los poetas que hoy cantan los
lanares andan como los tranvías de esta
muy noble y leal ciudad, es decir, atrasados,
Antallo sobre todas las mesas de toilette de toda m ojer hermosa y hasta de toda mujer fea. babfa estueheti con lunares
artificiales; les había de tafetán para imi•
iar las motitas lisas y opacas, y de ter ciopelo para i mitar esas maucbas lustro·
eae y velludas de la piel que semPjan mi
núsculas zaleas. Los drogueros de en ton•
ces vendían millares de esas ruedecillas,
Y loe de hoy, en materia de ruedecilla s,
sólo venden billones de eonfetti; en cam •
blo, anuncian á montones los específicos
para cubrir lunares di sgraciosos que dicen !ns franceses, y los epilatorios para
limpiar el cutis de ~odo vello aun cuando
eea fino y BU!lve como el del durazno.
De todo lo cual, lógicamente se deduce
que en este siglo les ha caído oolvo á. los

lunares.
Una metrópoli es como una mujer hermosa:
puede ser que un pequefi0 lunar en sitio propicio
coatribuya A embellecerla, sub rayando su carAc•
'4:r; pero confesemos que es muy dirícil atinar
con la oportunidad del sitio y del lunar, y por
ende ■ería prderible que tales lunares no ex istleaen, so peligro de dar al traste con la mejor estética,

México es una ciudad ht&gt;rmusa entre tedas las
ciudades hermosas. Su clima inmejorable, la opulenta cadena de montes que la rodea, la exhuberante vegetación de sus alrededores, todo contribuye á que llegue A ser una gran capital en la
más lata extensión de la p ,tla bra.
~ ~n gritn p"rte lo ha logrlldo ya. El cosmopoht~smo se hl\ it,filtrado en ellll, como se i11fütra Slémpre en todas las gr,mdes metrópolis, hastll el grado de borrar toda d1foreneia en tre la

l r¡ulevarrZ, á la hora de les paseos vespertinos,
cuando e~plenden las doradas incandescencias
de los apandares y repercuten sobre el aEfalto
los cascos de sooerbios corceles que tiran de
magníficos trenes, es igual á cualquier Clille céntrica de cualquiera metrópoli europea.
Las tiendas de todos los giros son ef pléndidas
en el c entro de la. ciudad; por doquiera se lev•1nt11n suntuosos palacios para residencias particulares; la Calzada de la Reforma es un paseo que

muy poco tiene que pedirá sus anillo•
ges de Europa ; el •bosque de Ch11pultepec, umbroso y centena, io, engastan do al histórico Castillo como A una
piedra preciosa montada al aire, es
envidiable y toda gran ciudad se enorgullecería de poseerlo.
La vida de México corresponde al
metropolitanismo del cuadro. La ani·
mación es grande á todas horas v la vida nocturna empieza á iniciarse hasta
donde lo permite la índole tranquila y
a parta da de nuestras costumbres sociales. En fin, el cosmopclitismo ha
sentado sus reales de tal suerte entre
nosotros, que muchos extranjeros que
vienen á la vieja capital de .M:octt&gt;zuma, ávidos de t&gt;xotismo y de novedad,
sufren grandes decepciones al encontrarse simplemente con una ciudad mo•
derna y civilizada.
¡Pero si se apartaran un poquillo
del centro!... ,
E scena en la calle de la Merced.
Es natural, por lo demás, que las
cosas fe11s da las metrópolis se manivida central ostensible de París y de Roma, de fiesten :&gt;n los barrios masó menos alejados, á.
Londres y do Madrid, de Berlín y de Viena.
los que no llega el movimiento que podríamos
Ese cosmopofütsmo que trae aparejadas la be-· ll_amar netamen~e metropolitano y que es pro(lu.
lleza, la c,)modidad y la limpiez.i, siempre em- c1do por el tráfico mercantil y administrativo
pi, zit á. i1 filtra rsP. por el corazón de las ciudades. y ~ lo_s que las_ miradas de la gente culta
El corazón de México es ya completamente cos- qmsqmllosa casi nunca penetran, si no es muy
mopolita ; la avenida de Plateros y San Francisco, de tarde en tarde, superficialmente, y guiadas sótan impropiamente calificada pe r nosotros de lo por móviles de curiosidad ó de dccumentación.

L as baiTacas de la Plaza .r1e San Juan.

y

Pla::ue?a del J ardin, [aj El Baratillo.

�EL MUNDO.

272

Domingo 29 de Octubre de 1899.

Domt_ngo 29 d~ Octubre de 1899.

Los barrios son las enfermedades y deformidades
de la metrópoli: pueden ser arrugas, gibas, pústulas. llagas ó abscesos. ¿Son cur1tbles? ¿Son amputables? Creemos que sí, pero es evidente que para tales operaciones há.se menester de uu gran transcurso de tiempo,
porque muy á menudo la causa de semejante dolPncia,
más que en vicios de conformación y en negligencias de
cuidado, radica en impurezas de la sangre, que no be
curan má.s que con prolongadas sujeciones de todo el
organisno á determinados rt&gt;gímenes de fortalecimiento. Es sabido que la sangre de las ciudades es su vecindario.
El específico único que purificará. esa sangre, es el
progreso moral, y la forma en que ha de administrarse
es en prédicaE&lt;, en periódi,:os y en_ libros. Y noóotros
debem0s confesar que siempre, aunque lentamente, hP,mos v.mido notando la mejoría de nuestra metrópoli
porque ya sus llagas sec1·etan menos podredumbre, ya
sus barrios producen menos homicidios. Por ende, estamos convencidos de que
debemos seguir aplicando el remedio.

27::l

El Baratillo es un formidab1e lunar de México

ea una cosa superlativamente f~a.

'
Participa del aspecto de un suburbio constantinopolitano de truhanes y de mercachifles y ae
una verdadera Corte de los Milagros.
Todo el que por vez primera se encuentra tren.
te al Baratillo, titubea mucho rato antes de atreverse á penetrar en aquel hormiguero erizado de
barracas de madera ennegrecida y apestosa.
Y si penetra, puede estar seguro de que irá pasando de sorpresa en sorpresa, en el conjunto y
en los detalles, y le parecerá un sueno que tod&gt;t.
esa población de podredumbre y de fealdad exista dentro del casco de nuestra ciudad.
El Baratillo en la Bolsa de nuestro puebl0, y las
mercancías que allí se cotizan se componen ue
todos lo.4 desechos de la ciudad y de todos los hu, toa del g énero chico. Por ende, er, el Baratillo constante albergue y no pocas veces ratonera de rateros; por ende, cada barraca del Baratillo tiene
un aspecto original é inde&amp;criptible, entre kahidoscópico y macabro.
Venden allí ropa de todas clases, interior, exterior é intermedia, pero en el extremo estado de
uso; perillas, fierros viejos, sombi eros, z11p tos,
todo lo que una ciudad desecha, después oe haber pasado por muchas manos y por muchos
duefl.os.
Allí, tras de una sabia tran~formaci:in, tras de
un artificial l ejuvenecimiento. te do , uelve á ser
revendid o y vuelve á ser usado por los brujas de

*

**
¡Los birrios! Si á uno de esos turistas superficiales y numerosos que de las ciudades que visitan no ven si no el rostro, es decir, el centro de elegancia, de placer
y de dinero, 1J lleváramos por modo para é l inconsciente á cualquiera de nuestros
oarrioa y de golpe le preguntáramos en qné ciudad se encuentra, de seguro no
sabría qué contestar.
Si, por azar, nuestro turista er!l. gente viajada y observadora, es casi seguro
quu, al mirar las casucas agrietadas, bajas y planas, y !Js pavimentos sueltos
y polvosos, y los caftos reventados, diría:

1

EL MUNDO.

Pl'imera calle de las Damas

Una escena en el Bai·atillo.
Una que otra mujer de enagua almi&lt;lonada y crujiente, de rebozo
nuevo, arracadas de cobre y botín de charol, uno que otro charrillo
ataviado de pai\o, de sombrero galoneado, tilma al hombro y zapato de vaqueta rechinante. Estos son los tipos pintorescos, los que
con una buena mano de idealismo de parte del poeta y otra de buena voluntad de parte del público, pudieran pasar á la escena nacional metropolitaM siempre que ésta sea del género chico.
Pero en lo ger.eral: miseria, sueiedad y descuido, son la BÍ'lteBls
de nue11tros barrios.
Algunos de ellos que fueron nuevos hece más ó menos tiempo,
pero que ya han d ejado de serlo, esperan todavía su definitiva 11dop,
ción por la ciudar! en form&lt;&gt; de pavimento y de empedrado: de modo que son desiertos de Sahara con formidables simvunes en tiempo
de sequía, y tenebrosos y traidores lodazales en tiempo de agoaL
Afortunadamente que esos lunares los tiene nuestra metrópoli
en partes poco vi~it les de su cuerpo. que si no fuera así, ¿que dirian
de nosotros las nacionos e:&gt;:tranjeras?

1

**
*

La Candelarita de los Patos.
-Es un suburbio de ?thrruecos, pero con los habitantes disfrazados.
-No, seftor: esto es México, la capital de la República Mexicana, la antigua y nob'.e Tenoxtitlán; estamos
en plena América civiliz~d!l., no en Africa.
- ¡Quite usted allá! si México tiene hermosísimas calles y avenidas, borJadas de lujesas tiendas y surJadas
de elegantes trenes; magníficos parques umbrosos sembrados de bronces i:le arte y regocijados por los Yibran•
tes ecos de estupendas múücas militares y por las inquietantes miradas de muchas mujeres, bellas como un
ensuefl.o! No, ésto nJ es México. ¿No ve usted que el
ilustre fürón de Humboldt, hace casi un siglo, llamó á
México la ciudad de los palacios?
A lo q ne ncsotros contestaríamos sin vacilar:
-Muv bien, amigo mío, pero en primer lugar, el Se:ftor de Humboldt en muy g9lante, y en segundo .•....
no conoció nuestros barrios « bajoe. »
El que no lo quiera creer, que se dé una vueltecita
por los Angeles, la Merced, la Palma, la Candelarita
de los P!l.tos, el Carmen, la Soledad, Santiago TJaltelolco, Martínez de la Torre, el Baratillo, etc., etc.
Casas bajas, viejas, sucias y agrietadas; olor de miseria, de hacinamiento y de podredumbre; pululación de
un veciodllrio abigarrado, soez, desvergonzado y asqueroso. Las pestilentes pulquerías como centro de reunión de muchas malas hembras y de muchos hombres
de valiente renombre á diez cuadras á la redonda; ellas
desgrefl.adas y &lt;lesceftidas, mal terciado el rebozo descolorido sobre flotante saco agujereado, que acusa por
modo poco decente, como diría un maestro nuestro, las
Ii,situdes de la carne; enzarapados ellos y de pelo hirsuto y luengo que se escapa por las roturas del somhrero d e palma.

¿Conocéis el B 1ratillo? No es probable, porque las dos terciu
partes de los habitantes de esta ciudad no conocen esa interesante
mexican curiosity, no obstante que la tenemos á un paso y que ee
una especialidad neta de la metrópoli. Pero los metr opolitanos somos
así: d f'j imos que nos observen, analicen y conozcan algunos extranjero11 y muchos fuereftos; nosotros sólo nos m:.vemos de la Ala•
meda al Zócalo y del Zócalo á la A lameda.

\

I

Oallejón del Puente de Solano.

Galle de Roldán.

aolemni iad, y hay elegante levita cruzada que
tras de repetida" metempsícosis baratillescas 11c~ba en guante de plancb&gt;\ ó en gorra de «golfo.•
*** calle amplia, limpia,
A la vuelta de cualquiera
moderna y aereada, se tropieza con C'l.l!ejones
angostos, sucios y mal olientes. como el de la Alcaicería, los de Dolores y el de TabaquP,ros; otros,
cerrados en un extremo, constituyen verdaderos
culs de sac, como el del Progreso [,ic!]
Lunares también son las vendiwias ambulantes de fritangas y de carn.itas, que son muy capacea de voltear al revés los estómagos delicados, así como las pulquerías que trascienden A
algo . que no se' puede escribir y que á. lo mejor
aparecen en las esquinas de las calles céntricas
Y nuevas.
¡Y las tortillerfasl 1Y las vecindades!
En las pr!m Jras, dentro de un cuartucho de
cuatro metros cuadrados, aparecen cinco molenderas, una cocinera. y ocho chamacos en traje na.tura! Y primitivo. En aquella pesada atmósfora de
s~dor, sin ventilación alguna, se confeccionan las
triguefias tortillas de maíz que se ofrecen al mercado Y cuyo aspe'!to, francamente, mata el gusto
por el "pan nacional. 11
L~s vecindades son también pavorosas: cuart?s sm más ventihs que la puerta que da al patiWo comú~, ~? las cuales viven familias r.nterae;
· C. prim1t1vos que sólo se limpian por campa•
nada de vacante; borrihles hacinamientos de gente miserable que trabaja dos dias de la semana
para embriagarse cinco . .... .

**

La vecindad de San Antonio, BaiTio de la Soledad de S anta Oruz

¿Desaparecerá t.000 :so?
Es de esperane pero de esperarse . ..... ·e"\

'ªªº·

,

~ ARDÍN,

Gall,j ún ele la Alcaiceria

�:? i4

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubre de 1899.

•

A.iio VI - Tomo U

M é xico, D o m i n go 5 d e N ov i.,rnb re de 1899.

1

DUELO

EL ABECEDARIO
Mlle. Thc,rnam.

Número 19

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>:? i4

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubre de 1899.

•

A.iio VI - Tomo U

M é xico, D o m i n go 5 d e N ov i.,rnb re de 1899.

1

DUELO

EL ABECEDARIO
Mlle. Thc,rnam.

Número 19

�EL MUNDO.

276

Director: LIC. RAFAEL REYES SPJNDOLA.
----································································º"""""""""""

El gran día. de fiesta en las necrópells no es en ve~dad un día de recogimiento y de dolor para los vi.
vos. Lo que sucede es que la alegrí,;. se pone un yoco
melancólica para visit,ar las tumbas, y la vamdad,
cansada de ostentarse en teatros y paseos, encuentra
oportunidad de lucir su fantasía en los adornos d~ los
monumentos sepulcrales. El hombre ha de ser si~mpre un aferrado á la vida, y, por,lo,tanto, un olvidadizo de la muerte. Esta manifestación de pena obligatoria, consagrada por una secular costu_mbre, se ha
desvirtuado con el tiempo hasta convertirse en protanadori1, verbena popular.
.
.
.
Bien es cierto, que vist'l. la existencia, baJo el ~specto pesimista de un Schopenhauer, puede repetirse con el filósofo que la vida de cada !::o~bre contemplada de lejos y desde arriba, en su conJunto y en sus
rasgos más salientes, nos presenta ~n espectáculo trágico pero si se recorre en detalle, tiene el carácter de
una 'comedia. El modo de vivir y el tormento del
día el incesante malestar del momentv, los deseos y
· los 'temores de la semana, la desgracia de cada hora,
bajo el azar que trata siempre de chasqueamos, son
otras tantas e'-cenas de comedia.
Pero los annelo1&gt; siempre burlados, los vanos esfuerzos las esperanzas que huella la suerte implaCd•
ble los' funestos errores de la vida entc.ra, con los suf rl~ientos que se acumulan y la muerte en el últim_o
acto, he aquí la eterna tragedia. Parece que el desti no ha querido afiadir la befa á la desesperación de
nuestra existencia cuando ha llenado nuestra vida
con todos Joi, infortunios de la tragedia, sin que ni
aun siquiera podamos sostener la dignidad ~e los personajes trágicos. Lejos de ello, en el ampho detalle
de la vida representamos inevitablemente el ruin papel de cómicos.
Sin embargo este mismo filósofo, tan descreído,
tan desengañad~, tan dolorm,o, tiene en uno de sus
libros esta página, colmada de consuelo y de fé: «Cuando en Otofio se ob:,erva el pequefio mundo de los insectos y se ve que uno se prepara un lecho para dormir el' pesado y largo sueño ~el _invierno, que otro
hace su capullo para; pasar el invierno en estado de
crlsálida y renacer en un día de primavera con toda
su juventud y en toda su perfección; y, en fin, que la
mayoría. de ellos, al tratar de tomar descans~ en brazos de la muerte, se contentan con poner cuidadosamente sus huevecillos en lugar favorable para renacer un día rejuvenecidos en un nuevo sér, ¿qué otra
cosa es esto sino la doctrina de la inmortalidad enseñada por la naturalE\zaº Esto quiere darnos á entender que entre el sueño y la mue~te no hay dife.
rencias radicales, que ni el uno m la otra ponen
en peligro la existencia. El cu.ida.do con que el,insecto p1 epara su celdilla, su aguJero, su nido, as1 com_o
el alimento para la larva que ha de nacer en la primavera próxima, y hecho esto, muere tranquilo, pa•
récese en todo al cuidado con que un hombre coloca
en orden por la noche sus vestidos y dispo~e su comida para la mañana slgGiente, y luego se situa á dormir en paz.&gt;

dora Mise-ricordia. El alférez veneciano del inspira~o
libretista no es un hombre, es un espíritu; es el Diablo.
i
·
Cuando dice el Credo-monólogo de peslm smo mfernal-esperalllos ver, de un momento á otro, que
se abran sus grandes alas de murciélago Y que. aho•
gue en ellas túdo resplandor. Yago tiene ca~caJada~
Je Satán rabioso, é ironías de demonio vencido. E:.
un filósofo más serio, pero menos experlmenta~o, Y
sobre todo, menos agudo que el Perverso de Goe~he.
No lo imaginó así el excelso poeta inglés. Bo1to,
quizá para hacerlo más lírico le dió esos vuelos tan
poderosos.
.
Yago es el alma de la ópera de Verdi. Siempre en
escena, iosinuante y sutil, vertiendo sus palabras,
recelosas en el gran corazón de Otelo, como quien
gotea veneno en una ánfora de bronqe; Sólv cuando
reza Desriémona no le vemos, pero le 01mos; es la r~faga de vieoto que golpea desesperadamente la vidriera de la cámara nupcial y hace oscilar la llama
de la lámpara.
Otelo es un puñal de ébano esgrimido por la m~no
de Yago en torno de Dt!sdémona, esa blanca epifanía del cando, y de la piedad.
Boito no debió haber cambiado nombre á su libreto escri-to en rotundos y elegantes versos; no debe
llamarse Otello ese drama musical. No es él el héroe
de esa trágica desventura; en el fondo de esa sombra
parpadea una roja llamarada hacia la que van los
ojos atraídos y en la que se queman las almas como
nocturnas mariposas.
Cada vez que oigamos esta ópera la llamaremos co•
mo el poeta pensó: Yago.

*
**
También es muy amada nuestra la obra de Gouncd. El fragmento del gran poema alemán, puesto
en so!ra tiene para nosotros un dulce y sereno encanto.
El viejo Goethe era un impasible. Amaba la serenidad nlímpica de la eterna belleza. Meditativo pr~fundo, hundía su pensamlentv en el océano de la vida sin temor á los temblores de la ola. Analizaba
m~cho este poeta supremo que no sintió jam~ los
frenesíes de las pasiones cuando se exaltan, m los
arrebatos de los ideales cuando se enloquecen. Por
eso las creaciones de este inmóvil sublime son todas
símbolos. Bajo el negro birrete de Fausto suefia la
Humanidad; con la carcajada de Mafi,st6feles ríe la Duda; el corpifio azul de Margarita como el níveo peplo
de Helena, ciñe los senos palpitantes del eterno f emenino.
La celestial música de Gounod encontró en el_ pentágrama notas de suprema expresión. En med10 de
ios cantos idílicos cuyas frases de amor están hechas
de rocío, luz de luna y perfume de flores, s~ena la epiléptica carcajada de Mefis~o. Es la historia de todos
los amores. Es nuestra propia historia. El inmortal
maestro encerró en la pauva nuestrc,s secretos. Era
un vidente.
Ahora la compafiía de ópera nos promete la a-qdición de estas dos magnas obras. Las esperamos con
entusiasmo.

***

La semana Urica ha sido de un inesperado aburrimiento. Dicen que el aire de estas altura~ tiene la
culpa de los contratiempos y fracasos. ¡P1caro ele.
mentol La verdad es que el catarro no sólo dañ_a )as
gargantas de los apreciables artistas,. sino_ que violenta un poqulllo al público y estas v10lenc1as se resienten en la contaduría. Hemos oído esta semana
un Rigoletto muy fastidioso.. &lt;?ualquiera diría que el
aire no quiere ya música vie¡a y que fastidiado de
tocar temas de ópera en los organillos, se venga de la
manera más cruel introduciéndose en la boca de los
artistas é impidiéndoles cantar.
Pero, en fin, la empresa del Naciona~, para recompensarnos un poco, nos promete Ot.ello y Fa·usto.
Ah! la gran obra de Verdi. Para seguir la figura
del terrible moro no se necesita más que apretar el
lápiz: la allueta debe ser muy fuerte y muy negra,
con el objeto de buscar el contr~te, porque el contorno de Desdémona, hecho con extraordin~ria delicadeza apenas sí ha de verse, como embebida en la
luz, i;obre ld blancura del papel. Asi ha de ser el croquis de este cuadro sublime.
Pe.-o, bien pensado, ni Otello. ni Desdémona son
los principales personajes, dramáticamente hablando,
de la ópera de Verdi. La primera figura es Yago, un
Yago distinto del que Shakespeare creó, y como más
alto, más metafísico, menos humano, menos real por
lo mismo.
.
Arrigo Bolto, sugerido por su Mejist6feles, le dió á
Yago todos los caracteres del ángel rebelde. No es
sólo la vengativa envidia lo que domina al Yago de
Boito es la maldad infinita, el odio eterno, el rencor
á la l~z, inacabable y profundo, del rival de la Orea-

1.-Los LATINO-A.MEYtICANOS,
2.-GABINETES EUROPEOS.
3.-FRANCIA; LA RECONCILIACION NA.CION'AL; UN
POCO DE FILOSOFIA HISTORICA,
4. -AUSTRALAFRICA.
Las repúblicas latino-americanas, hermanas nu~stras, van saliendo difícilmente del estado de eqmlibrio instable en que nuestra falta de preparación en
la práctica de las instituciones libres, nos colocó en
el periodo subsecuente á la lucha de emancipación.
Visto en su aspecto inferior todo ello, parece responderá estos móviles: deseo de los hispano-americanos
de gozar de las rentas públicas (empleos, contratos,
granjerías) sin la terrible competencia de los peninsulares; después disputa de la presa entre los criol!os,
que disponían del ejército y el clero, y los mestizos
que carecían de privilegios, tanto ,en el orden social
como en el político. Victoria de éstos; empefio de los
vencedores en enganchar el carro de la patria en el
tren express de la civili1,ación: colisiones, descarrilamientos, stniestros, retardos (parece que estoy hablando de los ferrocarriles del Distrito); mas, en suma, marcha el tren.

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

J)Omtngo 5 de Noviembre de 1899.

Visto desde un poco alto, se nota cómo este mo'flmiento no es puramente del orden económico, íbamos.
á decir, intestinal, es también del orden psicológico
y en el combustible del mo~or no ha_ habido solo pa~
siones inferiores y utilitarias, sino ideales excelaoa,
ensueños na,trióticos, anhelos de levantar de un arranque solo, ~na raza mantenida sistemáticamente en
los limbos de la civilización humana á sus cimas más.
elevadas.
Pero no todo lo que en el orden ideal es bueno, en
el orden real es práctico, y de aquí tantos contrasentidos tantas lncompa~ibilidades entre las teorías y
la po;ible, tanta mentira. escrita, tanta 'falta de libertad en los hechos, tantas ideas muertas, tantas
necesidade.c. vi vas y ta.mafias dificultades para ajuatar y empalmar todo esto y para que todas estas antinomias y luchas se sumen en un pocu de ¡,rogreso
y de vida. Cuando por todo ello se _censura á los la,.
tinos de América, cuando se les qmere escatimar el
tiempo para resolver definitivamente problemas que
en ot:as partes se han resuelto á medias en siglos y
siglos de civilización y orden, y se quiere atribuir
todo esto á imposibilidades radicales de la raza para
llegar á donde aspiran, se comete una suprema Injusticia. Lo que no quiere deci r que no sintamos un
movimiento de impaciencia dolorosa cuando vemog
que toda vía en algnnos de los grupos sud-americanos.
se pretende fiar á las asonadas mili tares, á los pro-'
nunciamienws á las guerras civiles que son forzosa.
mente el gér~en de otras guerras civiles, la realización de progresos políticos y sociales.
Ya no es hora de esto, ya es preciso cerrar est&amp;
cadena, ya es preciso llegar á la última de estas escenas desalentadoras y comenzar una nueva vida.
Por eso, sin fijarnos en programas, ni en planes, ni
en manifiestos, aun cuando parezcan ma~avtllas de
liberalismo y progresismo, no.; vemos inchnados, cada vez que el telégrafo nos habla de revoluciones en
Venezuela en Colombia, en el Perú, en Guatemala,
á hacer votos por el triunfo del Gobierno sea el que
fuere. Sólo hacemos excepciones en los casos en qu&amp;
el gobierno siguifica obstrucción resuelta al progreso
moderno y resuelta decisión en mantener la sociedad
aplastada bajo el pri vllegio de una clase. Pero en
donde Ja ley misma deja la puerta abierta para la :e.
forma aun cuando esa reforma esté por hacer, aun
cuand~ haya inmensa resistencia para llegar á. ella,
deseamos que se bagan á un lado las soluciones mlll•
tares, á todo trance, á todo riesgo. En el ~uadorlas comprendemos; en Venezuela, en Colombia, no.

En espera de los acontecimient os políticos que
traerá consigo la reapertura de la mayor p_arte de JO&amp;
parlamentos europeos, casi _todos los gabmeU3 viven
quietos, pero parecen provisionales. Las Cortes funcionan en Madrid desde hace do&amp; ó tres días y 1&amp;
cuestión financiera, la suprema en la España actual,
tornará á ser revisada, discutida y resuel~ á medias.
Libre el ministerio espafiol de la pres_enc1a embarazosa del general Polavieja, que manifiestamente
nía la conciencia de constituir una entidad tan lm
portante como el resto del ministerio y que se babi&amp;
aferrado, no sólo en no hacer economías en el ramo,
sino en exigir aumentos en su presupuesto, para le&gt;
que habría sido preciso prescindi¡: de los gastos In•
· dispensables en los otros departamentos, y cubierto&amp;
la vacante con el cuerdo y desilusionado, si no desalentado general Azcárraga, el ministro de la guerra.
de Cánovas el gobierno del señor Silvela ha readqol•
rido consisteucia, y hasta la visita intempestiva del
ministro ruso de relaciones extei lores del Tsar á. la
reina, le ha dado cierto prestigio: paree~ que ¡ten&amp;
entre manos una profunda combinación d1plom tlca,
No lo creemos; tampoco creem~s que haya sid~ la del
conde Muraviev una simple visita de cortesía. ¿á.quéfué? Lo del matrimonio de una infanta con un gran
duque ruso, no puede ser; _Jados l~s temperamento&amp;
de ambos pueblos es imposible casi que uno de 1()8.
cónyuges abandc,ne su religión, y este requlsitobaes.
indispensable, sobre todo en Rusia. Yo creo ~!erecf.
que buscar el hilo por el lado de D. Carlos q ó del
bía si no es que recibe todavía, una peo~ 0 mu.
Ts~r. U n acuerdo definitivo entre ambas am au•
importaría más para el porvenir d_e España q~Ora..
mentar con diez blindados su mariaa · · · · por
ue
Pero sobre todo el ministerio Sil vela vivirá., porq
no hay otro posible. Los ultraconservadore!t~n:
las cuatro quintas partes de la opinión e1;1 co 60~ los.
sagastlnos, esos reconstlt,uidos con otros Jeteg cuatrosucesores probables, pero no a~tes d~te~or suvela.
años ¿los republicanos? Imposible.
se bl roo que,
es, como la república de M. Tbiers, ~l go e tiene,
divide menos: por eso, si uo nos flqmvocamos,
el tiempo frente á él.
.
d 1 senor
En Italia, ,gracias á la respetabilldad e sin _
Visconti Venosta, igualmente estimado,_co: 0
lar, en Francia que en Alemania, el gabm;eales (110varo con su sistema precario de decretos. á. básta
bre ~eguridad pública) en vez de leyes, viv_1r y 188
el próximo periodo de ciclones parlamentarios. lftieol
nota contra él la conjura de diversos grupos po
que le harán una vida muy difícil.
t tambliB
En Viena el ministerio Clary represeq ª

te:

J!

transaceióo, casi funda su derecho de vivir en su
:gnlftcancla; el grupo alemán y el grupo eslavo, el
bOhemlo, sobre todo, ¿desarmarán ante él? Precisate tendremos la respuesta en estos días en que
=oda también sus sesiones el parlamento, después
de nueve meses de receso. Es en realidad una situact6n dnlca la de este imperio austr-:&gt;-húngaro; el pacso de unión entre las dos grandes personalidades nactonaJes que lo componen, no se ha renovado; rige un
aooerdo puramente provisional, un expediente; y be
aqof que una tercera personalidad cada vez más pocteroea, la eslava, (polaca, bchemia y eslavona) quiere una silla de honor en el banquete! No es chtco el
enredo este, ¿pertenece al género grande?
En Berlín, todo el trastorno que se predecía con
mott,o del voto de los conservadores, contrario al caDll del Elba, defendido con el ímpetu pomposo que
al Emperador es habitual, terminó con la dimisión
dedOBministros; ¿pero el envidiadíslmo Herr Miquel,
el coni.ejero tavorit,o de quien se decía que era el tnsdpdor secreto de los conservadores, por qué no renunclóP Porque á ese no renunciará Guillermo II,
811 mocbottempo, quizás en ning6n tiempo; tiene mucbfalmo talento, mucho conocimiento de los partidos
de los recursos del imperio para poder ser reerri1i,luado
en el ánimo imperial. No puede ser canciller
ilel Imperio, porque no es hombre de alta alcurnia,
pe.-o es quien lo dlrlje en realidad.

EL MUNDO.

277

regretterit), al monarca, y al Presidente lo tratan, ofl.• tado, exasperado unos contra otros, comenza1 ¡oh!
clales Y obispos, como si fuera un rey, es la imagen, hermanos enemigos, por hacer á nuestro 'Jaís esta jusel espectro del Ausente. Ahora bien, en torno de estos ticia, que es acaso el solo en el mundo en q ne tantos
elementos que han representado el orden al través de hombres sean capaces de atorment arse á impulsos de
toda la historia, y que lo representan todavía, se ~obles sentimientos. Y apaciguaos en esta idea que,
agrupan instintivamente todos los hombres de orden
Juntos todos, sois la Francia una persona histórica
inclusive un gran número de republicanos, todos lo~ muy grande, animada de paisiones que, una por una,
conservarlores; los_ liberales se arriman á la iglesia de tienen su fuente en nuestra historia y que por ende
León XIII por Justo horror á la revolución Rocial; vuestras querellas resultan inevitables manifestaciohay en el fondo de er,o «uoa preferencia dada al agua nes de nuestra vida nacional.
bendita respecto del petróleo.&gt;
&lt; Y comprended también, cuantos habéis defendk o
En _el campo con~rarlo todo es división y discusión: lo qui', en vuestra conciencia. creíais que constituía.
socialistas y repubhcanos son fundamentalmente in- el bien y _el honor de la Pc1otrla, comprende~, repito,
compatibles; «no existe una idea común de orden re- que el odJO mutuo de los ciudadanos es, para la Papublicano capaz de concentrar á todos los adversa- tria, un peligro de muerte. Antaño, en lo más encorior del orden monárquico.,. El estudio que resumi- nado de las guerrl\s de religión, Miguel de l 'H,,pital.
mos hace hincapié más de lo justo en esta situación interponléudose entrA los combatientes les rogaba
del partido avanzado; estas divisiones no pueden con- que recordaran que eran franceses. «Atrás, decía
cluir, es verdad, pero sí pueden convivir por medio esos diabólicos nombres de hugonotes y papistas.;
de treguas y transacciones; ahora bien, es una máxi- Las palabras dreyfruseros y antidreyfuseros son más
ma política profundamente cierta qne sów lastran- diabólicas todavía; echadlas fuera, continuad defenRacc!ones perdurao.-Lo único, añade Lavisse, qúe diendo en libertad, ante vuestro país, vuestros crelos hga es una especie de hoRtilidad á todo sistema dos políticos contrarios que sobrepasan al proceso y
de contrapeso á la voluntad de la ·ARamblea que re- le sobreviven; pero como patriotas, ofreced á la Pc1opresenta. directamente al sufragio público; de donde tria el sacrificio de vue~tros 1encores.
re:,ulta un odio común al Senado y á las facultades
cOs juzgará vuestro país y su fallo será justo. Pordel Presidente.
que otras crísis vendráu, acaso movimientos de reacPara este grupo la Iglesia es el más ~emibleadver- ción, acaso golpes revolucionarlos y h;ibrá villanías y
sario. El ideal de la Iglesia, que considera la tierra deformidades-males de constitución en la historia.
*
* *
No es en la voz de los corifeos políticos, por sensa- como un pasadizo de dolores y lágrimas entre el pa- de los-hombres-mas la resistencia á lo pasado y el esto&amp; y respetables que sean como M. Meline, que se raíso perdido y el parafso celeste se contrapone al de fuerzo revolucionario, deteniendo el uno y empujanatrven para conmover a, país y presentarse como sus los nuevos, que creen que en la tierra puede realizar- do el otro, tubajan de consumo en la creación de una
lllndores posibles, del espantajo socialir,ta de la guar- se lentamente uo paraíso por la supresión de la mise- Frdnci~ en que habrá mayor libertad, más justicia,
dia nactooal substituida al ejército, porque de este ria y la me.jor distribución de la justicia. Y como de menosmterés. Emancipemos nuestro pdiS de lo pasa(faideratum no hacen caso ni los socialistas mismos; l'.us ideales nace para la Iglesia la necesidad de ser do sin renegar de él, resol viendo problemas, en otras
que no tienen inconveniente en solidarizar con el ac- conservadora por Inmutable, resulta para unos el de- p:1ortes apenas plantados, encontrará su fuerz'I. y su
'811 Ministro de la Guerra, que no tiene trazas de seo de sofrenarla, para otros el de romper todo coo- empuje, y, al mismo tiempo prestará un servicio con
querer desempeñar el papel de Comandante general tacto con ella, para muchos el de reducirla por la per- su ejemplo, una vez más al resto de los hombres.&gt;
de la guardia nacional, como Lafayette; no, cuando secución y el miedo. Estos no saben historia.
*
Para el mismo grupo el ejército también es odioso,
• quiera saber lo que piensa la Francia, que verda* *
porque
es
una
escuela
de
obediencia
pasiva
y
el
obsLas
nuticias
de
la
guerra
en Natal, en el Bechuana
deramente piensa, la que piensa alto y siente hondo,
baJ que recurrirá los escritos de hombres de indis- táculo natural á las esperadas revoluciones. Además, y Gricqualands, es decir al Este y Oeste ce tas Repúcutida imparcialidad, cuando á un conocimiento pro- la aventura boulangista conmovió la carlfiosa. con- 1,licas libre~, son por todo extremo interesantes. Sifundo, lnsuperado, de la historia de su pat:ia, unan fianza que en casi la unanimidad de la nación existía tiando á Mafeking,. Vryburg y Kimberley, sobre la
una lntellgencld capaz de hacerlos penetrar analizan- en el ejército, representante armado de la Patria c1onte línea del ferrocarril que va del C~bo á la tierra que
do, dentro de la sttuación actual, hasta dar con sus la insolencia irónica del vencedor. De aquí vino cier- lleva el nombre de Rnodesia, en honor del famosoCe'llementos irreductibles. Un ejemplar de esta especie ta inquietud en unos y el deseo de destruir el ejérci- cilio, llls boers han inmovilizado la invasión posible
por el lado occidental, á reserva de quebrantarla dede hombres que no se hallan ciertamente por doce- to en otros.
Lavisse busca el terreno de la reconciliación de es- finitivamente á pesar de los trenes blindados del co• ni en los rMetings, ni en la prensa y m en las academlaB, es Ernesto Lavisse, maestro, de cerca ó de tas dos Franelas en lucha entre las mismas fronte- ronel -Baden Powell, para los cuales suelen ponerse
leJOB, de cuantos nos ocupamos en estudiar historia. ras; el ensueño patriótico consistiría en que la. lucha en práctica la destrucción de las vías y las bombas
Acaba de publicar un estudio con el titulo de «La prosiguiese en la libertad y por· la libertad y, por me• da dinamita.
Por el lado oriental en la línea que une á Pretoria
ñconclllatlon nationale,&gt; que es lo más filosófico que dio de mútuas concesiones, llegase á ser una reconIIObre el estado de la sociedad francesa, al desembar- ciliación. Nunca ;iodrá.n realizarse los programas ex- con el mar á través del territorio de Natal, es en dontremos; ni resucitará jamás el absolutismo del Rey de el supremo interés de la lucha se ha concentrado.
car de !'affaire, se ha esc1 !to en el último afio.
Ella explica la feliz audacia del ultimatum del TransJ'Avlsse (y si yo fuera más tonto, ó lo que es lo mis- apoyado en la Iglesia y el Ejército; ni puede entremo, más presuntuoso de lo que soy, me daría el ino- verse siquiera el momento histórico en t1ue pudie- vaal; convencidos de que Mr. Chamberlain arrastraba
cente placer de remitir á mis lectores á la primera ran suprimirse ó la Iglesia ó el Ejército. La Iglesia á Ioglaterra indefectiblemente á la guerra, y que toreYlsta en que hace algunos meses hablé del caso da á las multitudes preceptos, esperanzas, terrores, das las meditaciones y consideraciones y silencios no
Dreytos) muestra que, no en el proceso que no fué una explicación de la existencia, y en suma, lo poco eran más que ardides diplomáticos para triplicar los
mu que la causa detern::lnante de la explosión, sino de vida moral que las eleva por encima de la animali- efectivos ingleses en el Cabo, no quiso dejarse degollar
en la terrible disensión oi vil, cq ue es al proceso lo dad. Cierto, añade, creo en la emancipación final de como una oveja y ha saltado como un león al combaque la mar al navío,&gt; hay una lucha que tiene su la razón. ¿Pero cuándo? ¿la fecha? Será por el alio te. Y al cabo de muchas peripecias, , de que no conoftfz en toda la h istoria de Francia, entre dos modos 19,0001 ...... Y el ejército tampoco puede transfor- cemos sino lo que los telégrafos vigilados por las audialmtos de CO'll.Cemrla; entre dos maneras distintas de marse al grado de que deje de serk,; la situación de toridades Inglesas nos quieren dar á conocer, resclta
qu ·• conforme á las máximas de los grandes maestros
eomprender la vida nacional. El eminente profesor la Francia mut,!lada exlje un ejército que lo sea.
Pero no todo debe permanecer así, no puede nin- en el arte de guerrear, que son iguales á las de lus
recuerda la íntima unión, la solidaridad que en el pallado había entre el altar y el trono, y como de estas guna ill3titución substraerse á la ley del perpetuo del arte de pugilar, «quien da primero da dos veces&gt;
lb fnentes provino el espíritu que informaba al ejér- devenir. La Iglesia debe aspirar á ser y lo será, una y que, entrando casi bruscamente en la liza y concito basta los tiempos de las cruzadas. Luego el ejér- gran asociación libre; esto es lo que llamamos la in- centrándose con su rapidez característica en puntos
elto en los tiempos modernos, no era de la nación, de dependencia entre la Iglesia y el Estado ¿será enton- bien estudiadas de antemano, los holandeses han re~ pueblos, de mis pueblos, como decía el monarca que ces más temible? Tal vez, pero que el Estado se de- ducido sus pérdidas y descalabros á accident es y han
fienda. Tiene para eso la Escuela. En cuanto al Ejér- obtenido el resultado total, de localizar, ya. por bds.. Yeia Asus pieii, sino del ~ey.
Las revoluciones disgregaron la trinidad: iglesia, cito su traosformaclón debe ser distinta de la In- tante tiempo, la guerra, fuera de sus territorios y de
ejército y, ~n Francia, acabaron con el rey; mas sensata sofiada por los socialistas; el E~ército debe hacer retroceder el ataque inglés que se dibujaba en
Iglesia Y el eJército, instituciones especiales, de convertirse en una escuela de educación nacional. Newcastle antes del ultimatum, hasta Ladysmith, es
~UCIClón especial, ha&lt;;t,a de traje especial, vi ven ais- Así reforzará su energía moral y se unirá intima y decir, hsta la mitad del camino entre las fronteras
del Transvaal y del Estado libre, y Puerto Natal (Dur08, por decirlo así, de la sociedad, y como viven profundamente á la Nación.
Esta transación no es un suefio; no se hará entre ban) y que este retroceso puede marcarse con una
param,mte de historia, viven en lo pasado, á lo meen la conciencia de sus jefes. Ahora bien, el ejér- el que persiste en ser el gentilhombre m-:&gt;narquistay línea roja; harta sangre lo ha regado.
En diez y seis días se transladó el generalísimo Riorganlzado forzosamente de un modo jerárquico, el socialista revolucionario, sino entre los que jlrigen
como la Iglesia, tiene en la República una causa per- los batallones políticos en que se esconden el monar- vers Buller de Inglaterra al Cabo, y apenas terminade desorientación, si no de descontento: no ve quista y el comunista: entre M. Mellne por un lado ba el lunch con que lo obsequiaba el gobernador y no
punta de la pirámide jerárquica, no ve al jefe. El y M. Bourgeols, por otro, verblgratia. Y yo agrego: cesaban los vítores de los entusiastas aoglocabenseb,
jere,
- _l&amp;f.(m la constitución, es el Presidente de la un principio de transa~ión está simbolizada precisa- cuando los despachos del General White anunciaban
dad. bllca; pero eso es una fórmula, no es una ver- mente en el ministerio en que bajo la dirección del el desastre de Ladysmith. Claro, el General White,
lle I 1no es un hombre. No es un hombre que sepa politico más rminente de la Francia actual, Waldeck- ha obtenido bastante gloria en Egipt~, más no es lo
bl ,ar 108 escuadrones y 0atallones á la guerra: ahora Roussedu, se encuentran reunidos Gallifet y Mille- mismo luchar con los pobres dervlses haciendo fantaen,_Ia guerra es al ejército como la función al ór- rand; es1 e es el primer esbozo serio de reconciliación s-ías con sus espingardas del tiempo de los mamelucos ante los rifles certeros de los tiradores ingleses y
Pno, Bln la función ¿cuál es el porvenir del órgano, nacional.
Lavisse termina su estudio con esta11 palabras elo- egipcios, que con estos burghers diestros en el manequé sirve? Jefes del ejército, como presidentes
-~que no amen la guerra, sino la paz, parecen . cuentes, dictadas por el más acendrado y reflexivo de jo de las armas modernas.
Habrá victorias inglesas, no lo dudamos; habrá
ildades. ntidos al ejército, y son, sin embargo, nece- los patriotismos:
c¡Ob! vosotros todos los que durante este terrible · aglomeraciones formidables de artlllería y de tropas
~ SO.ma, la semejanza de organización, la c-:&gt;mu- afio, sin inrerés egoista, honradamente, habéis sufri- de linea y auxiliares dentro de un mes en Durban; la
do tanto y en vuestras leales conciencias francesas; flemát!ca bravura dE; los soldados de la reina, no se
~ 0 8 recuerdos, la alteza de los ideales, la cirPlra 1 ia de que las instituciones en donde hay vosotros que, en la contraposición que u~a cs,ranta- derretirá ni con el calor del combate ni con el calor del
al OS Individuos peligro de muerte son rellgiosas, ble equivocación habla causado entre la JU!itlc1a y el verano austral que comenzará entonces, pero no habrá
·
IU ~o de que &lt;Si la religión se retl!ase de la tierra, ejército, os habéis afiliado entre los partidarios de Omdurnans como en el Sudán.
Probablemente el General Whlte tendrá que repledado.. mo refugio estaría en almas de marinos y sol- éste ó de aquélla, Igualmente con vencidos de que deyel E~~o ello explica la simpatía entre la Iglesia tendiais á la Patria en peligro: los que habéis segui- garse á Petermaritzburgo y si allí no encuentra re¡ lelltir ;,e to, Y demuestra que no puedfm dejar de do las preferencias de vuestros instintos, ora el pasa- fuerzos, á la costa y los boaros quedarán duefies del
do os encante y os retenga en la provecclón de su Natal, por lo pronto; el dinero que es el nervio de la
1 lino ue supresión de el R ey. No que conspiren, no;
, el~ «floran (Emilio Castelar daba á este provin- 6 ran sombra· ora améis el presente y creáis en el por. guerra reconquistará el terreno perdido. No le hace,
o espano1 el valor mismo del vocablo francés venir dela F;ancia republicana; los que os habéis exal- una reflexión se Impone. ¿Con qué derecho se quiere

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�EL MUNDO.

2i8

imponer la soberanía c1mpleta á un pueblo que
sabe desplegar tama!las energlasl'
¿Con qué derecho, cuando ambas repúblicas
estaba!'.! dispuestas á aceptar y aceptaba.o, y una
más que otra, el Transvaal la tutela de Inglaterra en los asuntos exteriores y el E,;ta.do libre de Orange el protectorado británico, se les
quiere privar de toda libertad?¿ Pues qué '10
110n dignos de ella los héroe!&gt; de Duadee y de
Ulencoe y de Ladysmltb? Laconquh,Upurasólo puede pallarse en nuestros tiempos coa los
inte1eses superiores de la ctvillzacióa, ¿emites
son aquí? No había acaptado el congreso de
Pretoria, las propuestos de arreglo de Mr. A.
Milaer~ No iban á igualarse casi uitlanders y
boer.s en el gobieruu de la casa? ,; Qué más,
pues? Es el secreto de los beñores Cbamberlain
y Rtlodes.
La Gaceta de S James, órgano de los conservadores puros, dice, con énrasis, que, á pesar de
los :evesc:s, uo abriga la. menor inquietu i sobre
el resultado tinal de la guerra. Bien está, pero
cuando no se tiene más razón que la fuerza pura, no va,e la pena de llenarse la boca con el
nombre de nación cristiana y civilizadora, diga
usted, «porque me llamo león&gt; y basta.
¡El resultado tiaall El resultado final será el
triunfo de Inglaterra, se oirán en la~ calles de
Pretoria sonar aguda y melancólicamente las
gaitas de los 1Jipers de tres ó cuatro regimientos escoceses. Bien, ;,y dt&gt;spuési» Hace un p1co
tnás de dosclentvs aíi ,s, Gllillermo d'! Oraoge,
después de la batalla del Boyne, que ganó el
viejo hugonote Schoemberg, vió el resultado
tina) de la guerra de ()ooqu1sta de Irl,rnda¡ y
bace veiotedía~cu indos~ emh-trcab.1.0-Slr Redvers Buller y 8ir Arcbibatd Hunter y un nieto
de la R.iina para el C&lt;ib'l, Irlanda cel,1braba co,
mo una gran tiesta patriót~ca la inauguración
de los trabajos dd monum ~nto que va á eri•
glrse eo DJblin en hooor cte Cuartes P&lt;1.rnell el
organizador de la resisteocla nacional, y el pueblo entero de la capital de la isla, encabezado
por el lo1·d-mayor lar.zaba formidables burrahs
de simpatía. en nonor de sus hermanos del Tra.nsvaal.
Todavía no se ve el resultado final de la batalla de Boyne; el siglo entrante verá el resultado final de la conquista de las repúblicas
bolandesa5 del A frica. Quizá&amp; en ese resultado
no desempeaen papel nioguao las gaitas de los regimi&lt;'ntlls escoceses. El porvenir es &lt;1e Dios, como die~
el Tío Pablo.

_J ~ J ~
iPOR LA HONRA DE MI PADRE ..... MUERTO!
Si las cosas siguen como van, antes de mucho los
maridos de las clase.~ populares y no pocos pertenecien•
tes á las capas lnrerlores de la clase media, acabarán,
como los príncipes orientales, por hacer enterrtr consigo á su ó sus mu1eres, y de descuidar ellos esa precaución, no faltarán hijos que se ofrezcan voluntariamente á hacer respetar la última, si bien tácita,
voluntad de sus amados padres.
En México todo el trabajo es que una mujer pertenezca legítima ó ilegitlmameote á un hombre; llenado este requisito, y aun sin llenarlo, ya esa mujer
no puede pertenecer á nadie, ni á sí misma. En
vano el abandono del marido ó del amante, su ausencia del domicilio conyugal ó amnoial, la falta de
gasto y ainstenciu, su instalación baio otro cielo y otro
dios, devolverán á la esposa, ó á la amante sus derechos de mujer libre; para el ol vldadizo y el fugitivo,
para el vicioso y el desentenaido, los deberes de ella
subsisten intactos ó incólumes cuando ya los de él
yacen olvidados en el fango de todas las abyecciones
ó en el basurero ce todas las igaomiolas y un bello
dia Otello se presenta, pullal ó garrote en mano, en
casa de Desdémona, y ebrio de tlachique y de celos,
traspirando Indignación y aldelda por todos los poros, la reclama, le exige de nuevo la vida común y la
común miseria, en caso de negativa arremete contra
la intiel y la desleal y la hiere y la mat~ con el mayor desparpajo en nombre de la dignidad ultrajada,
del honor mancillado, del derecho bollado y de los
solemnes juramentos cambiados al pie del altar ó al
borne del mostrador de,la taberna.
Que los maridos propiamente tales crean conservar sus derechos á pesar de baber maltratado, desatendido, robado y abandonado á sus legítimas, nada tiene de escandaloso en el orden jurídico si bien
subleva en el orden moral. Mientras la justicia no
pronuncia un fallo de divorcio, la espo~a sigue siendo esposa y el marido no deja de serlo por más que
haya dado ocasión y justificación á todos los extravíos de la mujer.
Pero la cosa comienza á hacerse intolerable cuando él y ella no son marido y mujer, cuando su unión
es ilegal y mera.mente ocasional, cuando, en tal virtud, ni él tiene derechos, ni ella deberes, cuando en

SR.

DR. DON

RAFAEL ZALDIVAR,

Minlslr.:i Plenipotenciario de la Repll'&gt;llca del Salvadcr en México.

suma vi ven y se unen bajo las solas leyes de la más
baja animalidad. En este caso tan iibre es el uuo
como libre la otra de romper un lazo que la volun.,ad
ató y que la voluntad puede desatar y si él clama y
ejerce venganza, lo mismo que si ella la ejerce y la
clama, el uno y el otro son criminales vulgares, no
merecedores de esa compasión sentimental que tan
fácilmente se les otorga..
Cuando el hombre compra y p1ga una mujer como
en Oriente, tiene derecho á encostala.ria y arrojarla
al Bósforo. Cuando ante la ley la toma por esposa
t iene definidos sus derecbob y puede rec1a.marlos y
ejercerlo~ con Ja amplitud y en lo~ términos previstos por la ley; pero cuando la posee tan sólo por la
voluntad de ella, todo derecho cesa donde se extingue esa voluntad y es ésta tan res¡.&gt;eta.ble, en la especie, cuando da como cuando quita.
La mujer no es cosa, es persona; su voluntad es
respetable y sagrada cuando no la ligan y encadenan la ley aceptada ó el contra.to jurídico y legítimo;
abolida la servidumbre y la esclavitud humana, los
actos de la mujer siguen cayendo bajo la jurisdicción
de la ley moral que los ensalza y vitupera, que los fulmina ó los exalta; pero ya no deriva de la jurisdicción despótica del hombre, ni de sus capricho,; ni de
sus extravagancias.
La mujer d:!be ser, en la unión libre, anatematizada por el moralista, severamente juzgada por el pensador, repudiada por la sociedad; s610 el cómplice de
su delito no tiene sobre ella derechos, ni ella para.con
él deberes.
De ahí la superloridai y santidad del matrimonio,
que impone deberes recíprocos, derechos venerables
y que da los medios de hacerlos acatar y cumplir.
El tirabuzón que sirve de criterio á uuestrai;: masas.
pasionales é Incultas y orientales de media sangre,
marca otro norte y traza otro itinerario y la prensa
diaria consigna sin cesar becbos dramáticos que sublevan y repugnan. Ya es un marido que se finge
muerto para poner á prueba la fidelidad de su mujer
y que se hace matar por el amante por venir en són
de guerra á reclamará su viuda¡ ya es un amasio que
abandona durante años enteros á su querida para vivir con otra mujer y que tiene la veleidad de exigir
á, aquélla de nuevo la vida común; la querida resiste
y él la mata¡ ya es un ex-novio -hl)1Tesco referdnSque rapta, C'lmo dicen los reporters, á su ex- novia el
día de su boda y la hiere y maltrata en ejercicio de
sus ya extinguidos derechos.
Estos colmos son 0otldianos y escandalo~os, y sin
embargo bay todavía un reciente colmo de esoj colmos
y que la prensa ha narrado y comentado.
Trátase de una viuda; éi&gt;ta tiene un bljo casado
que vive con su esposa. La viuda tiene un desliz y le
nace un niño. El hijo casado se present,a en la casa
de la madre, que aun no entra en convalecencia y

Domingo 5 de Noviembre de 1899

Domingo 5 de Noviembre de 1899,

guarda cama ; desnuda un par de monst ruOlla
tijeras y cae á pullalarta limpia sobre su propia
madre y sobre el recién nacido, gritando: cHe
de vengar la honra de mi padre muerto.&gt;
Et.te hecho Inaudito es una encrucijada en
la que se dan cita todos los horrores y todos loa
disparates.
Este bijo desnat,uralizado no ha leído Hain.
let. Ilubiera abí visto á un bijo lncrPpando A
su madre por el delito de haberse casado con el
ase~ino de su marido, colmándola de soeces in.
juri:is, agobiándola bajo tremendas recriminaclones y echando mano á la espada para vengar
la honra y el asesinato de su pad re, y hubiera
vist&lt;• cómo el padre ofendido y asesinado 11&amp;le
de su tumha, cómo su noble y veneradasoml&gt;ra
se interpone entre la madre criminal y el bljo
vengador y desarma su brazo y lo hace ~er de
hinojos antt- ella.
Si no ba leido Hamlet, habrá leído al me.
nos los «Veinte a!los después.:a Abi el llljo de
una mujer perversa y criminal tiene una esce.
na terrible con los asesinos de su madre, sobre
quienes quiere ejercer justa venganza¡ ellos ae
defienden narrándole los lncon1,ables crímenes
de Milady, y á cada uno de los cargos el bljo
no da más contestación ni disculpa que es1e gri.
to del alma: ¡Era mi madre!
Así deben ser los hijos: para ellos la madre
no es nunca criminal, ni viciosa, ni abyt&gt;cta;
para ellos debe aparecer slemprecomo uoasan.
ta. Que la sociedad segregue, que la ley castt.
gue á las madres viciosas ó criminales; el hijo
sólo debe amarlas, bendec'.rlas, ampararlas,
protegerlas.
El bljo no debe ser jamás el vengador del
padre contra la madre; el pad re se levantaría
de su tumba piira maldecirlo; ni hay deshonra
del padre muerto por el extravío de la viuda;
la honra del marido queda incólume, aun cuar,.
do su viuda llegue á encenegarse en la más ab.
yecta prostitución.
A lo~ hijos cuyas madres son viciosas ó crl.
minales presentamos este noble ejemplo: Uoa
señora de buena familia se entregó desenfrena.
damente á la embriaguez. Un día al llegar su
hijr, se encontró á la madre abogada, semidea.
nuda y tendida en la banqueta á cien pllllOI
de la puerta de su casa. Los vecinos, amigos y
conocidos de la familia, instigados por malsana •
curiosidad, presenciaban el hecho desde sus balcones
y ventanas.
Llega el hijo, reconoce á su madre ebria¡ vuelve la
vista azorada á todas partes y sólo ve cabezas curiosas y gestos de burla ó repugnancia; sin vacilar se in.
clina, toma en brazos á la madre y cubriéndola de
besos y de lágrimas la lleva á su casa y recorre aquel
camino del Cal vario entre las lágrimas de las muje•
res conmovidas y el aplauso de las madres entu11laa.
madas.
Quisiera grabar en letras indelebles el nombre de
ese bijo subtlme. No lo puedo; honrar al b lju dando
11u nombre sería dE&gt;nimclar y deshonrará la madre.
E-1e gran corazón dejó á poco de latir¡ el hijo 11ubllme
murió ya y tal me parece qne si lo nombrara su s.im•
bra, como la del padre de Hamlet, dejarla el sepulcro y vendría á pedirme estrecha cuenta de la bonr,
de su madre.
E,;a nobleza y ese h~roismo pl\sarán inadvertidos;
pero acaso ese ejemplo sea benético á los hijos desnaturalizados.
DR. MANUEL FLORElil.

EL MUNDO

2iV

EL DESCARRILAMIENTO DEL FERROCARRIL DEL VALLE.

LA NOTA DEL DIA.
El domrngo 2!l de OctubrE', á las 3. 30 de la tarde,
el tren del Ferrocarril del Valle que salió de la Estación de la Ciudadela para Tizapán á las 3.15 descarriló en terrenos de la Colonia Hidalgo. Se volcaron tres carro~, uno de los ~uales quedó pulverizado,
y de los trescientos pasajeros más de treinta y ocbo
fueren heridos y murieron en el acto ó ban muerto
posteriormeute tres.
El becho ha causado honda sensación en el público
por tratarse de una líae'I. suburbana en las que la seguridad debe ser y es de hecho en el mundo entero,
mayor, mucho mayor, Infinitamente mayor que eu
las g randes líneas que cruzan cañadas, salvan abismos, siguen lQ margen deleznable de grandes cauces
torrenciales y se aventuran á través de ríos candalosos; mas no sólo por e&amp;to se indigna la sociedad, siuo
porque la incuria de la empresa. l:lba ya tan escáadalosa, las pésimas condiciones del material amenazaban las vidas Je los pasajeros en términos que la catástrore estaba prevista, anunciada casi por EL IMPARCIAL, periódico que ese mismo dh, pocas horas
antes del descarrilamiento, ad\'irtió á la sociedad del
peligro inminente en que estaban los que I or la linea
del Valle se aventurasen.
La naturaleza. de los descuidos en que ha incurrido
la empreha ,no le permitió repllr•r eu un día. las md-

Los coches volcados vistos por delante.
las condiciones del tráfico, pues no siendo las causas
del desast re Imputables sélo á ineptitud de los empleados sino al deterioro del material rodante, el peligro quedaba en pie y bubo de suspenderse el movimiento de la línea por el gobierno.
Este precedente garantiza para el ¡:,orvenlr en todo
el país una notable mejora en el servicio de las líneas
ferrocarrileras, pues la energía con que en el caso se
ha procedido servirá 1e útil advertencia á las demás
empresas que no pueden contar con la complacencia
del poder público para disimular SLS desmanes. CJ
No todos los mates son males en lo absoluto, á veces traen a parejadas,ciertas ventajas delas que se aprovecha la sociedad, y en este caso, la prensa respetable ha conseguido que penetre en la conciencia popular, la noción del valor de la vida humana. Todas las
víctimas y los herederos de los que han fallecido,
se preparan á exi¡zir respoasabtlidadts, rosa qt:e hasta ayer nadie bacía ea casos tales por uni,ignorancia
que los periódicos han lograoo ilustrar y por un abandon o que va cambiándose en actitud enérgica.
Las f1,tografía.~ que figuran en esta plana dicen más
que todos los artículos de información porque dan un
te:;timoaio irrefutable del hecho, toda vez que la fotografía nada inventa ni exa1era la realiaad.

EL MINISTRO IJEL SALVADOR.
El Sr. Dr. D. Rafael Za.ldívar, Ministro PlenlPo•
teuclario del Sal ndor, na.ció en el pueblo de San
Alejo departamento de San Miguel el allo de 183-l.
Comenzó su~ estudios en San Salvador y los contlou.S
luego en Guatemala, recibiendo el 1,ítulo de Doctor
en Medicina el año de 1860.
En Guatemala desempeñó puec:;tos importantes 1
bonorfficos.
En 1865 regresó á su patria y allí sigui 1 distln•
guiéndose en Ja vida pública como protesor y como
Presidente del Congreso. Pasó luego á Alemania como Ministro Plenipotenciario, y en 1870 volvió al
Salvador para ocupar el puesto de Secretarlo del Despacho en los ramos de Guerra y Ibcieada. DJ•
rrocado el gobierno, se refugió el !:ir. Zaldívar en
Costa Rica, y en ese paf., como en todas partes desempe!ló cargos importantes.
Ocupaba el puesto de Ministro P lenipoteoclarlo
de Costa Rica en Guatemala, cuando estalló la ,i:ue••
rra entre esta República y el Salvador. El Sr. Zaldf•
var intervino como mediador, y á él se debió el arre•
glo de las dificultades y la conclusión de la gue:i,
por lo que se le nombró Presidente interi no del
•
vador, y al hacerse las elecciones, Presidente Collltltuclonal, siecdo reelegido por dos períodos.
En 1885 salió del país y se dirigió á Europa e0
donde permaneció hasta hace poco que fué llamad0
para encargarlo de la repL'e~ent1ción que boy tleDI
en México.

1

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El tren desca1·1·ilado visto po1· la parte posterior

�7

1

¡

I •

jlLRED

~

Carn del Sr. Arámbu1·0.

-

Iglesia de la Conr,epción.

-----:--~ ~ - 7

Casa del Sr. Bcnuquets.

Quinta de
Casa dd Sr. D. de Ohapeaurouye.

«La,

Torre, &gt;

La Expobi ción de Ganadería.

�J)OJlltDgO

282

EL MUNDO.

5 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

283

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

EL TR!HSVAAL EN LA EXPOSICfON DEPARIS
En la parte izquierda de los jardines del Trocadero como se ya al ()ampo de Marte, hay un edificio
el~nte cuya ~lancura se destaca sobre un fondo
sombrío de follaJes.
En la cúspide de la torrecilla flota una larga oriflama cuyos co10res t raen á la memoria los del pabellón
holandés.
Ese palacete es el del Transvaal, nación que entre
todas las que tendrán representación en el gran certlimen de 1900, se distingue por la exactitud con que
acudtó al llamamiento de Francia.
El avance dP. los t rabajos de su sección bastaría por
si sólo para que el Transvaal llamase la atención cie
lU!I curiosos que visitan el Trocadero; pero el interés
bUbe de punto por tratarse de un pueblo que es actuilmente objeto de las simpatías y de la admil ación
del mundo entero, pues aun en Inglaterra no faltan
personas caract erizadas que por amor á la justicia
tributan á los bravos pastores de Sud-Atrica sinceros homenajes de redpeto.
ü Los franceses quieren ver en la cooperación de los
traosvaleses á la gran feria, un signo del excelente
espíritu que anima al gobierno del tío Pablo para con
la nación francesa. Además del pabellón principal
que reproducimos en esta página, y en el que seráu
-expuestos los documentos
oticiales relativos al ~obierno, á los servicios públicos
y á la población del T ransvaal, hay un grupo de edi·
ficios anexos que
/
tormarán una run.:hería en ese rin- /
-concilio encanta-

\

/

real inglesa y que son de la misma sangre de Guillermo de Orange cuyo nombre, adoptado oficialmente porla República vecina del Transvaal, debía iser
un escudo para la libre existenJia de los holandeses
de Africa.

EL F AVORITO.

LA BOHEMIA DE LEONCAVALLO.

LA. GUERRA DE SUD-AFRIC.A

Exploradores boeros.

Familias inglesas que emigran del Transvaal.

'1lor del Trocadero, donde corren los arroyuelos que
alimentan el aquarium diri&lt;Yldo por M. Touseet de Be•
lleyme.
º
Los edl_ficlos anexos á que nos referimos formarán
una gran¡a boera, con pab~llones en los que se explicará de un modo atrae ti vo y práctico todo lo relativo
á la lcdustria aurífeia del sur africano. Puede afirmarse que allí quedará reasumida la historia política
Y económica del Transvaal.
La granja, con su interior rústico y sus dependene1as pobladas de animales domésticos, nos contará la
vida pastoral de los conciudadanos del viejo Krüger.
Evocará las costumbres bíblicas de ese pueblo migratorio que con sus largas columnas de carros y de bueye¡¡ huye del Cabo y de la dominación inglesa, hasta
que provocado en sus quietas 1;oledades por el codicioso britano, apresta el ágil potro, el certero fusil
las frugales provisiones, y se lanza á una guerra en
a que el fuerte sutre los primeros reveses.
Los dos pabellones en que se exhibirá todo lo rela-

¡

tlvo á la industria aurífera, nos presentan otro aspecto del T rausvaal. Sin el descubricnianto de las
minas de oro, los bóe•os de Krüger serían un pueblo
de pastores y nadie les disputarla el país que bci.bitan
y que conquistaron contra los ne~ros ?e C:afrerfa;
pero los yacimientos auríferos atra¡eroP mm1grantes
del mundo entero, capitales que se valúan encentenares de millones y determinaron ua cambio profundo en las condiciones de la vida social, económica y
política de los primeros ocupantes.
Los intereses comprometidos en aquella región del
continente africano son tan cuanti0sos y de tal modo se relacionan con los del mundo civilizado, que no
bay potencia indiferente al término final de los acontecimientos.
Ojalá que en 1900 la curiosidad de los concurrt-ntes á la Exposición no sea solicitada por el Transvaal en razón de sus luchas con Inglaterra, y ojalá
que ésta, ya que lo olvidó, rec~erde pronto que los
bóeros son holandeses, compatriotas de una dinastía

Los franceses no les perdonan á los italianos que
sean ellos y no algún cooopatriota quien baya llevado á la escena lírica los personajes y los episodio~ del
libro de Mürger. He aquí lo que dice una revtst~ de
París acerca de las sendas creaciones de Puccini y
Leoneavallo:
¡,No os parece que ya estamos hasta la coronilla de
Bohemia? Después de la de Puccini e!! la Opera Cómica, la de Leoncavallo en el Teatro del Rtnacimiento; las dos con sus cualidades respectivas (y respetables) nos dejan la pena de que esta obra francesa, casi esencialmente parisiense, no haya sido puesta en
música por un compositor francés, pues sólo un francés podría apreciar la delicadeza, el ingenio y sobre
todo la sentimentalidad á flor de piel que exigían las
situaciones ingenuas ó tiernas del libro de Mürger.
El público parisiense festejó la obra de Puccini y
acaba de acoger triunfalmente esta segunda edición,
revisada y aumentada considerablemente por Leoncavallo.
Algunos prefieren la partitura de Pucclni, de esencia musical más delicada, tal vez de sentimiento melódico más patético, aunque en 00asiones lacrimosa,
y de estilo castigado, menos libre; nosotr1)s por nuestra parte le damos la preferencia á la de Leoncavallo; hay en ella más movimiento teatral, más variedad escénica y cualidades melódicas excepcionales
(aunque no siempre originales); la orquestación, si
bien algo brutal, es más sólida.
La pieza de Leoncavallo está manejada con mi\yor
habilidad, sobre todo, en los episodios cómicos. El segundo acto, es de uo efecto irresistible de alegría co,
muniLativa.

�Dcmlngo 5 de Noviembre de 1899

rior estaba sembrada de plantas de sombra, de rada está allí inmóvil, lívido el semblante! Y sfn
obscuro y húmedo follaje.
embargo, Villadiego no se había equivocado: un
Allí depositaron el cadáver, encendieron en tor- suspiro prolongado ha partido de aquel sitio: nin•
no de él multitud de braserillos con incienso, y gún ser viviente se descubre en el antro.
colocando á un lado búcaros llenos de agua
Se acerca al cadáver cubierto de frescas flocestos con variados alimentos, la que fué en vida res renovadas no ha muchas horas. Los ojos de
joven hermosa de expresivo semblante, inanima- la doncella están ligeramente entreabiertos: su
da y lívida se quedó sola en el fondo de la yá- cuerpo no está rígido. Le toma una mano y va á
llevarla á sus labios p .ra imprimir un beso ....
Cllta.
Pas11ron dos días: la noche había caído pesada ¡aquella mano oprime la suya]
y obscura: los ruidos fueron extinguiéndose, la
Villadiego quiere huir, pero el contacto se hace
población entera estaba sumergida en profundo más pronunciado, como si la doncella le suplica,ueft.o. Villadiego comprendía lo delicado de su se que no la dejara sola.
situación; era seg-uro que al llegar A Tzintzúntzan
Villadiego vacila entre el temor y la esperanza.
seria sacrificado: había notado el odio con que Mira el rostro de lll joven. Son tan correctas sus
Jos tarascos trataban á los mexicanos, y ningún facciones, tan suave su tez aterciopelada, que el
motivo tenía para creer que los espailoles no fue- · guerrero no puede contenerse y estampa un beso
ar&lt;iiente, prolongado y opresor en
aquellos labios de dulce morbidez!
Atzimba abre los ojos, contempla estática la faz del guerrero, exhala un nuevo suspiro, y, respirando awor, devuelve con usura aquel
sonoro beso. que le infundió el calor
de la vida.
Iba A amanecer: Atzimba, emplean•
do elidiomanahuatl que había aprendido en su infancia, dijo A Villadie•
go, seflalándole la yá1.1ata:
-Hasta la noche, amor mío. Aquí
te esperará tu Atzimta.

ATZIMBA(l)
Tenía Tzimtzicha una hermana menor llamada
Atzimba, joven de veinte aiios y de hermosura singular. Ultima hija de Siguangua, había
sid&lt;' el encanto y las delicias del anciano: los nobles la amaban por su belleza, las mujeres la distinguían por la modestia y dulzurl\ de su carácter, El mismo Tzimtzicha, egoísta é indolente,
babia concentrado en ella el único afecto tierno,
puro y sincero de su pecho.
Impresionable como toda mujer del:cada, 101
acontecimientos de la conquista la afectaban pro·
fundamente, sin darse cuenta del origen~de aquella impresión. ¿Era el amor de la patria, amor inconsciente y vago, que despertaba en su alma?
¿Era el temor á Jo desconocido?
Fuese cualquiera la causa del extraiio malestar, Atzimba cayó en una prcfunda melancolía y
sus deudos llegaron á temer por su vida.
Tzimtzicha convocó á los más hábiles xhuríquiecha del reino, y au opinión unánime fué que
la joven estaba enhechizada y que sería conveniente enviarla á las fuentes termales de Zinápecuaro, consagradas á la diosa Cuerápperi, para
limpiar su cuerpo de la tristeza; y para purificar
su alma, la doncella debía ser consagrada al culto, como la esposa inmaterial del sol.
El consejo fué aceptado, Atzimba, con una bri1lante comitiva, se 'dirigió á los floridos campos
de Queréndaro, y luego A las pintorescas campilias de Vo~ámeo y de Táimeo.
«Junto á este pueblo hay unas pefias, las que
tienen dos bocas, y de ellas salen dos brazos de
agua, el uno muy cálido y el otro frigidísimo, pero uniéndose los dos á corta distancia, la frialdad
del uno templa lo ardiente del otro, y entonces
aprovechan á la salud sus baflos.»
En estas deliciosas termas que en a:,uellos
tiempos estaban rodeadas de jardines y de bosques de flores aromáticas, la princesa permaneció algunos días. Después fué conducida á Zinápecuaro, y en medio de faustosas ceremonias, to·
mó el velo de la Hucháar-Nande, la jefe ó cabeza principal de las guanánchecha.
En aquel triste y solitario albergue iba A consumir Atzimba los afios de su vida.
Allí se la veía recorrer los verdes bosquecillos
que existían entre la casa de las vírgenes del sol
y el palacio, entonces desierto, de los reyes de
Michoac~n. Ignorante de lo que pasaba fuera de
aquel sagrado recinto, pero llena de curiosidad
por saberlo, cada día más bailaba su semblante
el tinte pálido de una letal melancolía. A veces
caía en un profundo abatimiento, á veces experimentaba contracciones musculares ó falta de sensibilidad. Los síntomas de una enfermedad desconocida traían cada día más alarmados á cuantos la rodeaban.

EL MUNDO.

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

284

y

y eran de tanto aprecio en el país, como presen- cerrarlos en el palacio real en esta última poblates ó como rescates de oro; pero Villadiego par- ción, y dar parte de su prisión á Tzimtzicha par&amp;
tió y no volvió nunca á saberse de él ni de los que ordenase lo que le pareciera.
que lo acompaflaban,&gt;
*
Todos los historiadores de la conquistR nos di* *
cen lo mismo que acabamos de copiar. Extrafl.o
La mafl.ana estaba fría; el sol comenzaba á doen gra~ manera es, que jamá3 se haya tenido noticia alguna de Villadirgo ni de los naturales de rar la cima de los montes. Atzimba recorría porMéxico que lo acomp fl.aron en su expedición; milésima vez loe bosquecillos del palacio, cuando.
pero nosotros, refiriéndonos á una vaga tradi- repentinamente vió penetrar en el recinto á un.
ción, vamos á procurar saber el paradero de aquel gallardo mancebo ginete en un caballo blanco, y
soldado. Antes diremos que la Relación que nos -llevando en Ja mano la brill1mte espada toledana~
0

1

*
**

'

¿Qué pasa en el palacio? ¿Por
qué corre la gente en todas direcciones? ¿Eor qué se agitan espantados los sacerdotes del templo?
~
Las guanánchecha entonan cantos
de alegría y conducen en sus hombros, en andas cubiertas de flores, á la hermosaAtzimba que respira salud y felicidad.
Los habitantes se refieren unos á otros el prodigio de la resurrección de la princesa. El cacique del pueblo nombra mensajeros que vayan á.
Tzintzúntzan á contar al rey aquel sorprendente
milag.o, y en el momento de partir, Atzimba los
llama á su presencia y les ordena que de su par•
te digan á Tzimtzicha que venga á TzinApecuaro, porque tiene que hacerle importantes revelaciones que le interesan personalmente, lo mismo
que á su pueblo.
Cuatro días tarda el rey en venir. Cuatro noches de amores y deleites tejen la dulce pero frAgil tela de la felicidad de los amantes. Al fulgor
de la luna se les ve cruzar los bosquecillos im•
pr~gnados de aromas, perderse en lo más obscuro
de las sombras y reaparecer cuando el alba sonríe esperando la salida del sol.
¡Qué fugitivas pasan las horas de amor y de
delicias! Si se pudiese detener al tiempo! . . . .. .
!

__,;...

~•

Rodeábanle multitud!
de guerreros con los
arcos preparados.
Atzimba quedó inontemplando la aparición, Villadiego á su vez fijó sus ojos en los de la
princesa, y la mirada larga y ardiente de
aquellos dos seres, fué un manantial de
fuego para sus corazones. ·
Los soldados se apresuraron á introducir al espa:fl.ol al patio del palacio, y lo,
ha servido de guía en gran parte de este relato, encerraron en un calabozo.
menciona á uu espaflol que llegó á Taximaloyan
La princesa, de pie y extendido el brazo hael día 23 de Febrero (suponemos que de 1522), cia el Oriente, en cuya dirección estaba la pueren la fiesta de Purecoragua. Venía en un caballo ta del alcázar, quedó herida de una inmovilidad
blanco, estuvo dos días en aquella población y completa, como petrificada y conservando la actornóse á México.
titud que tenía al desaparecer el mancebo.
N adíe más que Villadiego puede haber si&lt;lo ese
Las guanánchecha que la servían no se atreespailol del caballo blanco; pero mientras que el vieron á interrumpir el éxtasis de Atzimba, la
cronista tarasco nos' dice que aquél tornó á Mé- contemplaron largo rato, mas al fin cayó en tiexico, los historiadores de Cortés afirman que no rra la joven, y una de aquéllas, llena de terror-,
exclamó:
volvió á tenerse noticia de su paradero. (2)
En efecto, Villadiego y su comitiva de nobles
-¡Nuestra madre está muerta!
***
mexicanos llegaron á T11ximaloyan durante las
Aquel grito fué oído en el palacio de las vírgeMientras que la princesa era víctima de tan ex- animadas fiestas en que los tarascos renovaban nes del sol, y pocos momentos después las gua tra:fl.a y peligrosa aituación, ¿qué pasaba en el anualmente los utensilios de su cocina, estrenan- nánchecha y los sacerdotes rodeaban el cadáver
teatro de la vida pública? ¿Los espafloles se ha• do molcajetes, metates y demás objetos.
de Atz"imoa.
bfan contentado con su conquista de México y liEl espaflol se dijo enviado de U erná n Cortés.
Los criados salieron en todas direcciones á dar
mitaban ya el furor de sus armas? Si así no era, El cacique del pueblo vaciló dos días, meditando la fatal D:oticia, y los nobles y gran parte del pue•
¿qué pensaba Tzimtzicha, el indolente, el sibari- si dejaría ó no pasará los mensajeros. Recientes blo acudieron á prestar sus auxilios.
ta rey de los tarascos? Los guerreros purépecha, estaban los acontecimientos de Tenochtitlán y
El cadáver fué conducido al gran salón en el
vagaban tristes y avergonzados por los campos aunque Tzimtzicha no se preocupaba de Ja su~r- palacio de las vírgenes del sol. Lo lavaron con
de la patria, sin arco y sin carcax.
te del imperio que le estaba encomendado, los agua impregnada de plantas aromáticas le pusieHernán Cortés, en su palacio de Coyohuacán, generales de su ejército ardían en deseos de me- ron ricas vestiduras, y colocá.ndolo en' finísima
se consagraba á la reedificación de México, á la dir sus armas con las de los espafl.oles. Por fin
estera, lo rodearon y lo cubrieron de rosas. Y
reorganización del gobierno y al _cuidado y fo- el seflor de la frontera michoacana tomó la reso:
¡cosa extraila! aquel cuerpo conservaba las pos~
mento de las arcas reales, sin dejar por eso de lución de aprehender en la noche á los extrar:jeturas que las gnaná.nchecha le imprimían para las,
tomar informes de los reinos lejanos, de la ri- ros y enviarlos secretamente á su rey. Si éste los operaciones indicadas. Por fin Atzimba quedó,
queza de sus tierras y de sus elementos de po- recibía como embajadores, se habría cumplido el
.
suavemente recl ma
en su lecho ' de flores, cruza•
blación.
objeto de la embajada; pero si el rey quería sa- dos los brazos y los ojos medio cerrados.
«Comenzaban á ser ya en estos días más preci- crificarlos, iban ya prisioneros, conducidos con
El sol hundía su frente en el Ocaso en esa hosas y halagüeflas las noticias sobre el gran reino toda reserva, A fin de que, juzgándolos extraviara de indecible misterio que los tar¡scos llaman
de Michoacán. Cortés, tenienno conocimiento de dos en los caminos, el general espa:fl.ol no tuviera
incháti?-o, cuando las vírgenes del sol condujeron.
ese reino por las conversaciones de los mexica- pretexto para intentar nada contra MichoacAn.
en hombroJ el cadáver de aquella que llamaban.
nos, envió,á un soldado ~~ellidado Villadiego, Al pueblo se le hizo entender que los mensajeros su madre.
que conoc1a y hablaba el 1d1oma de Jo,. mexica- habían regresado á México.
Tristísimos eran los cantares fúnebres que ennos, con objeto de que fuese á explorar las tieLos presos caminaron de noche; eran vigilados tonaban las doncellas. La concurrencia prorrum•
rras de Michoacán, dándole por compailía algu- eon mucho cuidado y llegaron á Zinápecnaro al
no11 naturale~ amigos y proveyéndole de objetos smanecer. Sus guardianes tenían la orden de en- pía en tiernos sollozos y en el templo taliían los.
sordvs caracoles.
de los que acostumbraban regalar los espailoles,
Había entre los floridos setos del parque red
una yácata nueva, cubierta en la parte exterior[lJ Oel libro Mlcboacán. Paisajes, tradiciones y leyendas del Lic
[2) De aqul trae origen el refrán de " Tomó las de Villadiego," apll•
~uardo Ruiz, publlca·10 en 1891.
·
caclo ti alguna perbona que desaparece siu razón ni motivo alguqo.
de verde césped y de flores, y la· gruta de, inte--.'"'"""--'..~

'
1

aen igualmente aborrecidos. Dos días había estado meditando el medio de evadirse y de regresar
A México. No podía comprar á sus guardianes,
porque en Taximaloyan lo habían despojAdo de
todos los cascabeles y espejos que traía para proporcionarse recursos. Podla romper la estacada
que amurallaba el recinto y huir en su caballo,
pero ¿A dónde? Ignoraba el camino, puesto que
lo había recorrido de noche, y además, le parecía
larga la distancia que lo separaba de México. Hu•
biera deseado consultar con los nobles mexicanos
que lo acompatiaban; pero todos estaban incomunicados y no sabía el lugar en que se hallaban.
Había otro inconveniente insuperable, el idioma
tarasco le era del todo desconocido y no podía
entenderse con nadie.
El valor de Villadiego no desmayó sin embargo. No podía fraguar ningún plan, pero ¿no pudiera presentárselo la casualidad? Así es que juzgó conveniente salir á todo trance de la prisión
A inspeccionar el terreno.
Por otra parte, no había separado de su memoria un sólo instante á la hermosa joven que había visto al entrar al palacio. ¡Si púdiera en~ontrarlal ¡Si ella correspondiese á. su amor! ¿Qué
le importaban entonces el martirio y la muerte?
Lejos de la patria, ausente de la mujer que le
había dado al ser, habría quien derramase una
lágrima al verlo morir, quien recogiese su cadá·
ver y le diese sepultura.
Apartando de su alma estos pensamientos, trató sólo de buscar una salida. En las puertas de la
prisión había centinelas, pero observó con alegría que en uno de los extremos del aposento se
abrían anchas cuarteaduras en la paretl, tal vez
A consecuencia de los últimos terremotos. Pudo
fAeilmente introducir la mano por una de ellas,
desprendió ain hcer ruido una piedra grande y
le fné fácil pasar por la abertura.
Una vez en el bosque, su primer pensamiento
fué, no buscar una salida, sino dirigirse al alto
edificio que veía enfrente. Se imaginaba que dentro de él estaría la joven de triste mirada y flexible talle que embargaba su corazón. Se acercó á
las paredes, halló una puerta y penetró por ella.
¡Reinaba un profundo silencio en los corredores
desiertos! Perdida esta esperanza, volvió á salir
al campo y se dirigió resueltamemte á la muralla.
Al pasar por la yá.cata: que él creyó una peque:fl.a
~olina, sus oídos escucharon un débil gemido, sa•
hendo del fondo del montículo. Dió vuelta al rededor, descubrió la entrada de la gruta y penetró en ella.
¡Qué ven sus ojos! La joven de la dulce mi-

'

::Jl#~.:'.,

*

* sacerdote de CueTzimtzicha llega. El *gran
rápperi ha ido á encontrarlo en el camino y le ha
hablado en secreto.

285
¡Qué adusto está el semblante del rey! Cuando
Atzimba se presenta á saludarlo, los ojos de
Tzimtzicha despiden rr.yos de cólera. Se domina
sin embargo, y á la vista de la numerosa ·cúncurrencia, sonríe á su hermana y oye atento de sus
labios las siguientes palabras:
-«Mi rey y seflor: Cuando después de muerta
era transportada á los cielos, una voz desconocida de un ser invisible me ordenó que regresase
á la tierra para exhortarte á que no hagas oposición á los hombres blancos que vienen á conquistar estos reinos. Su ley es la verdadera y la que
habrá de prevalecer: que en prueba de ello un
mancebo hermoso, con una luz en la mano, ha
venido por la parte del Oriente, llegando á estas
regiones á la hora de ]a salida del sol. Escúchalo, porque es el mer 1:1ajdro de la nueva ley »
Atzimba no era una mujer cínica que guisiera
sorprender al rey y cubrir su falta con un rasgo
de audacia. Creía, como todos, haber estado
muerta, y que por obra deun milagro había vuelto á la vida. El encuentro con Villadiego en la
gruta, durante el período cataléptico que había
suspendido su vitalidad. la hizo creer en el prodigio. Su muerte la había desligado de sus juramentos como esposa del sol. Una nueva vida, una
nueva religión la hacían libre y podía entregar
su pecho al hombre á quien amaba. Esto le h'lbía dicho la misma voz misteriosa que le había
ordenado hablar con el rey.
Tales fueron, en efecto, las palabras de Villadiego, cuando penetró á la gruta, en momentus
en que la princesa, antes de abrir los ojos, comenzaba A dar se:fl.ales de vida, ofuscado aún su
entendimiento. ¿Qué extrafl.o es que aquella voz
le hubiera parecido la de un numen celestial?
Y cuandv despué&amp; del prolongado beso recobró
su entendimiento, ningún obstáculo puso á dejarse bautizar con el agua que V1lládiego tomó de
un búcaro de plata. Atzimba creyó que esta era
la ceremonia nupcial entre los cristianos, y desde
aquel momento se tuvo por esposa del hermoso
mancebo.
Tzimtzicha oyó la relación de su hermana. Era
víctima de emociones que no podía ocultar, y mAs
de una lAgrima de rabia brotó de sus pupilas. El
pueblo pensó que su rey lloraba la pérdida de su
imperio y que palidP.cía _d e miedo.
Concluida la audiencia, el rey entró en Consejo con sus ministros, que eran entonces su hermano Tz·intzuni, conocido por los mexicanos con
el n_ombre de Huitzitzilj el príncipe Ecuángari,
capitán general de los ejércitos; el anciano Huémaxh, gran sacerdote de Tzintzúntzan, y el prín•
cipe Cuininángm·i, sobrino y secretario íntimo
del rey.
Puso éste en conocimiento de los consejeros
que el gran sacerdote de Tzinápecuaro había Qorprendido á Atzimba faltando á sus votos religiosos y que su cómplice era el extranjero que se
hallaba en prisión; el mismo sacerdote agregaba
que la princesa había muerto realmente y que el
extranjero la habla hecho resucitar, valido de
conj.iros hechos á su Dios.
Tzimtzicha, fanático y supersticioso, vacilaba
en el castigo que había de imponerse á la princesa. Sacrílega y perjura, debía ser enterrada
viva; mas su resurrección, obra de un patente
milagro, la ponía faera del alcance de la justicia
humana. Sobre este punto debía rolar la discusión. En cuanto á Villadiego y á los nobles mexicanos que lo acompailaban, debían ser sacrificados en el templo de la diosa Xharatanga.
Largo rato duró deliberando el Consejo. ¿Cuál
fué la resolución que acordó?

�Domingo 5 de Noviembre de 1899.

.mL MUNDO.

286

***
En la tarde de ese día emprendió el rey su regreso á Tzintzú tzan. La princesa Atzimba marchaba entre los viajeros. L'ls lágrimas surcaban
sus mPjillas y una intensa palidez velaba su semblante. Al mirarla el pueblo, creía que lloraba
por el cielo que había perdido, y que anhelaba
. franquear de nuevo la sagrad-\ puerta de las cuatro estrellas.
A los trds dfas de estos sucesos, los habital'tes
de T úntzúntzac se agrupaban en llls calles á ver
pasar unos embajadores que se decía habían venido ele México. De repente circuló la noticia de
que aquellos eran falsos mensajeros, pues que se
su¡)onían enviados del rey de México, cuando
eríl notorio que é;te había cesado de reinar.
Villadiego no marchaba entre la comitiv,i El
rev habfa dado orden de que no faese introduci•
do·, sino á las altas hora'! de la noche.
Se e ía en el templo el r-&gt;nco eón de l 1s caracoles congregando al pueblo, y sin embugo, no era
la época de ninguna fiesta, ni la hora acostumbrada de las oraciones.
La multitud ocupó el espacioso atrio que rodell ba al templo.
U nos sacerdotes conducen diez pri~ioneros,
suben las gradas del santuario, y, pocos momentos después, los corazones humeantes de !os compafieros de VilladiPgo son ofrecidos A la terrible
diosa, cuya efigie representa al astro apacible de
11.\ noche.

***
Cuatro horas hacía que e! sol había desaparecido en el horízonte. U na canoa tripulada por
diez rdmeros se desliza sobre la onda quieta de
la laguna. Los remeros son grandes personajes
de Tzintzúntzan que conducen á. Atzimba y á
Villadiego. I.os jóvenes se entregan á los transportes de la felicidad.
Desembarcaron los viajeros en un puerto escondido de las floridas playas de Carichero, sitio
veraniego de los reyes, por aquel entonces desierto y solitario.
Allí se pasa el día: los amantes ocuparon la
más lujosa cámara del palacio, desde cuyas ventanas contemplaban el lago, las piraguas que surc·1ban la superficie líquida, las aves que nadaban
ó se dejaban llevar por las delgadas olas, y aquel
cielo Bzul, tan limpio y tan sereno. Los guerreros vigilaban el recinto para que no hubiese
ojos indiscretos q ne revelaran el secreto ....
Llega la tarde y la comitiva continúa el camino. Los d.os jóvenes ocupan un cómodo y elegante palanquín.
Atzimba está. impaciente por llegar á los fértiles campos de Curíncuaro. en donde la brisa tibia y embalsamada de la Tierra Caliente será el
aire que respire su pecho. Allí los manantiales
&lt;!e cristalinas aguas murmuran dulcemente y
convidan con su frescura á tomar los deliciosos
bafios; allí cintilan vivamente las estrellas en la
prdundl.\ bóveda de la noche: los dulces cantare~, las horas de amor interminables, los rumores
dd bosque, la ansiada soledad ..... .
Los amantes creen que el cor11zón del rey se
ha enternecido. limitando su castigo á un destierro delicioso. Villadiego piensa ademas que se
le guarda como un rehén precioso, colmánaolo
de dicha y de riquezas.
La comitiva llega Bl amanecer á un alcAzar
arruinado en' los alrededores de Surúmucapio.
La nueva jornada de la noche va á terminar
en las escondidas sementeras de Píndero. Allí
los árboles de la tierra fría y los de 1 a Tierra
C11liente enlazan sus ramas. Los amantes pasan
el día á la sombra de un bosque impenetraole,
escuchando de tiempo en tiempo el rumor majes•
tuoso de la vecina catarata.
Los nobles de la escolta aument, n su vigilan•
cia para que ningún caminante extraviado pueda
burlar el secreto de la expedición.
A la caída de la tarde, Atzimba, nerviosa y
exigente, insta á los conductores A cootinuar el
viaje. Villadiego experimenta un vago temor y
no participa del entusiasmo de su amada. ¿Es
que ya se desvanece en su corazón la. ilusión satisfecha y no tiene para él e::cantos una vida de
amor en bosques solitarios, en vergeles floridos
y perfumados, pero siempre desiertos?
La comitiva emprende esa noche su viaje, m!s
temprano que de ordinario.
Ya entrada la noche, llega A la orilla de la ba-

rranca de Curíncuaro,
cuya sima se pierde
en espantosa profundidad. Las paredes están
aca11tilad11s. Ea el hon•
do lecho se oye el rumor confuso y vBgo de
un arroyuelo cuya corriente va chocando
en las pellas.
At:¿imbl\, aterrori •
zada, vuelve sus ojos
hacia los conductores,
La luna, que en esos
momentos asoma por
un claro de las espe•
sas nubes que cubren
el cielo, ilumina la faz
rle aquellos hombres,
f.iz pAlida,·hosca y te•
rrible que hitce estremecer á la princesa.
De repente los guerreros se dividen en
dos grupos. Uno de
elloR se apodera de Atzimba y el otro de Villadiego. Sin darles
tiempo de oronunciar
una palal;&gt;ra, atan á los
do'l amantes, los descuelgan con larguí~imos cables, y cuando
calculan que han lle•
gado á la mitad de la
altura de la barranca,
el jefe de los conductores esfuerzll su voz
y lee grita para ad ver•
tirles que existe allí
una gruta y les ordena
que penetre:i en ella.
.
Los amantes obedecen, y los conductores recogen los cables. Después bajan provisiones Je boca y d.os grandes tinajas lh,nas de agna.
Luego, todo queda en silencio. Apenas se oye
en el fondo de la barranca el vago rumor de las
aguas que ·chocan en las pellas.

Menos aún se explicaría ese viajero la existencia de dos esqueletos humanos en el fondo inaccesible del antro.
E::&gt;UARDO Rmz.

*

**

Han pasado mAs de tres siglos: el viajero que
atraviesa la barranca de Jicalan Viejo ve con admiración las tinajas que estAn en la entrada de
una grma, A la mitad de las paredes acantiladas
de aquella profunda sima, y no puede explicarse
cómo pudieron ser allí colocadas.

TRES SONETOS.
A.i'ío VI-Tomo II
Faro de los abismos, alba pura
De un saoto amanecer, que en alto brillas,
Luz de las almas buenas y sencillas
A quienes sed de inmensidad apura;
Por tí, en el seno de la noche obscura,
Triunfos canto, y espero de rodillas
La explosión de sonadas maravillas
En los hondos arcanos de la altura.
MI fuerza es el amor, afán sagrado,
Mis alas son las ansias del deseo
Y mi suspiro un himno á lo lgnoradú;
Y en pos de un sol que siento, aunque no veo,
Ante el Misterio angm,to prosternado,
Beso el humilde suelo, adoro y creo.

Guadalajara.

*

Casta paloma: ¿á dónde has Ido
El ala nívea á desplegar? . ...
¡Cuánto tu ausencia hemos sentido!
¡Cuán solo y triste quedó el nido,
El pobre nido del hogart

,...,

',

JOSE LOPEZ PCR'IILLO Y ROJA~.

Has emi~rado á otras reglones,
Tendiste el vuelo á otro verjel
Donde florecen ilusiones
-Urnas dt! aromas y de miel.-

*

de Noviembre de 1899.

&lt;JA.RIDA.D.
De mi vida, Seflor, turba el encanto
Del mendigo la trágica agonfa,
Y del sollozo amargo la elegía
En mis pálidos labios mata el canto.
De todos los que sufren, el quebranto
Es la sombra que nubla mi alegrfa;
¡En el fondo de amor del alma mía
Infinita piedad Lay para el llanto!
Señor, concede somtlra al peregrino,
Amparo al niño sin hogar ni madre
Y paz á todo aquel que sufre angustia;
¡Más si llorar es su fatal destino,
Cuando retornen á tu seno, oh Padre,
Corona de astros su cabeza mustia!

¡Un premat.uro triste invierno
Con soplo helado te arrancó
Del tembloroso tallo tierno,
Y desde entonces un eternn
Dolor inmenso mP. embargó!

En él todo habla con tristeza:
La fuente, el pájaro y la flor ....
A veces ¡ayl Naturaleza
Nos acompaña en el dolor!

12

ESPERANZA.
No hubo desdicha ni pasión bastarda
Que no me hlliesen con su dardo impfo:
Desengal1o, dolor, d.:sdén y hastío
La fo:ra abrieron que mis sueiios guarda.
La paz que tanto en sonrelrme tarda,
Es el laurel que fatigado am,fo,
Como la tierra que abrasó el estío
Frescor de lluvia con afán aguarda.
¡Perecer es triunfar! La tumba es puerta
Al infinito y á la luz abierta
En este mundo de baldón y escoria.
:Venid, penas y abrojos de la vida,
De pie os ag1·ardo con la frente erguida,
Porque el dolor es padre de la gloria!

¡Oh encantadora peqnemta,
Gardenia pálida en botón,
Desde que ví tu faz marchita
Qué hondo solloza el corazón!

1

México, Domingo

FE.

Su clara luz t rocóse en sombra,
Su estancia en urna sepulcral;
Si en su rectrito algu!en t,e nombra,
Cobarde espántasP. y aeombra
Oyendo el eco funenl.

*
Y 1cómo crece mi martirio
Y hace extinguir mi juventud,
Ver en la mPsa el blanco cirio
Que ardiera junto al ataudl

¡

1

Mirar las ro11as todavía
Y aliá, en la alcoba obscura y fi fa,
La blanda cuna ya vacía
Abandonada en un r 1ncón.

*
¡Gol ;,e cruel! ¿ Por qué, Dios mí 1,
Tu mano así nos castigó?
,¡Qué prematuro invierno frío
~el verde tallo la arrancó?
¡Oh pequeñita, alzaste el vuelo!
¡Cuánto be sufrido y sufrlrts!
Y pues feliz subiste al cielo,
En mi profundo desconsuelo
Pronto quizá te seguiré ....
JUAN B. DELGA.DO,

UN BUEN FUMADOR.
Cuadro de A. Schoeder,

Número

.20

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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EL

MUNDO.

nomlngc 2 de Julio 1899

HOJAS.

BALADA EN PRCSA DE HENRY IURGER.

A lllI MADRE.

Sopló el viento ... y cayeron en _el río!
Miradlas! van en pos de otras orillas;
Esas bojas oscurl\S son barquillas
Cargadas de rocío.
Los pétalos nevados de las rosas
Fueron alas de blancas mariposas;
Y en las noches de luna, todavía
Por el espacio slecten nostalgía,
Y se esparcen Yolando misteriosas

El primer pecado de llargarita.

Las que escalan el muro carcomido;
Las bojas de ciprés y cinerarias
Son bojas funerarias;
Las ho;as del saúz son el olvido

I

Empuja el Boreas con extrai'io ruid?
Las hojas que se arrastran y se aleJan:
Esas bojas dolientes, van llorando . . ..
Esas hojas se quejan.

Pasa, leda, la brisa

Las tersas y lustrosas
Que despiden reflejos
En las noches amantes y estrel)adas,
Son brullidos espejos
Donde se miran con amor las badas.

Entre los negros tules,
O en las bojas de viejos abedules
Ya jugando indecisa:
Esas hojas alegres tienen risa.

De las bojas nevadas
Hacen albums los genios de las flores;
Escriben sus amores,
Sus dulces esperanzas y sus cultas,
En bojas de gardenias
Y en hojas de platead'.ls margaritas.

Simbolizan los pétalos azules
L':l ilusión-astro que jamás se alcanzaLos rosados, se antojan los ensueiios,
Y los verdes, semejan la esperanza.

Sobre la turbia linfa del pantano,
Grandes bojas se mecen, medio abogadas
Suspiran por la vega, por el llano ....
¡Pobres hojas! ¡bohemias desterradas!
En la verde pradera
Hay mil hojas que duermen blando suelio,
Llenas de opio, cargadas de beleiio:
Las hojas de la suave adormidera.
Cada. hoja lleva en su &lt;0 1 or, bU historia:
Las hojas de laurel encierran gloria;
Hojas abandonadas siempre han sido

..,

tvlexico, Domingc- 9 de Julio de 1899.

II

Una tarde de estfo :Margarita estaba sentada á la.
puerta de su casa hilando el lino doméstico.
Era la hora en que se encienden los astros en el
cielo y sirven de seiial á los amantes, que corren á la.
cita con pierca11 ágiles de veinte arrus y llegan antes de la hora; porque el ~razón adelanta siempre el
reloj.
'
Margarita cantaba su canción haciéndo girar la.
rueca.
Cuando pasó ante ella una de sus vecinas que se
dirigía á la p·róxlma tiesta. Llevaba traje nuevo, y
corría, llamada: por los tamboriles cuyo sonido traía.
el viento.
Pero se detuvo delante de Margarita, para que
viese su nuevo vestido, y su colldr y sus pendientes.
Y le dió la mano para que pudiese ver un anillo
que brillaba en su dedo.
Despu~s se alejó ríendo.
Y Margarita la siguió con la mirada, lo que inquietó á-su ángel bueno.
Y el lino se deslizaba menos rápidamente entre los
dedos de Margarita y la rueca no dejaba escapar su
ruido monótono y el huso cayó de sus manos.

Esas hojas qu:i viven dulcemente
A orillas de la fuente,
Llenas de vida, jugueteando ansios48,
Mirando eternamente
Cuál pasa la corriente
Cantando mil canciones rumorob88 . . ..
· .,,. Esas bojas tan frescas, son dichosas!

Y esas pobres hojillas
Tostadas y amarillas
Que van rodando por sabanas yermas,
Son ¡ay! esas bojillas
Las tristes... las enfetmas... 1
.

Año VI-Tomo ll

Margarita era su nombre y en el Paraíso se la esperaba, porque Dios había dicho: Es uua excelente alma, y como allá abajo, fácil sería que la hiriera-una.
debgracia, la habré de llamar uno de estos días según
lo he pensado.
Era en verdad una moza humilde y dulce y se la.
llamaba comunmente el angel del lugar.
:Matinal como el alba y fresca como ella, todos los
días al despertar, rezaba la oración que su madre le
bahía ensei'iado y en seguida se vestía en su alcoba,
entregándose á las ocupaciones de la vida doméstica.
Pero al fin la necesidad obligóla y 1&gt;ara vivir honestamente, eótró á un obrador.
Y cigarra y abeja, trabajaba al por que cantaba.
Era una vieja canción de glc,ria y de amor que se
bahía mecido sobre muchas cunas y cuyos versos podían acariciar un alma inocente sin turbar su limpidez. _

MARIA. ENRIQUETA.

III

:EL VINO DE LOS AMANTES.
(BAUDELAIRE.)

El espacio está espléndido y sereno!
Sin espuelas, sin látigo, sin treno,
Partamos á caballo sobre el vino
Para un cielo de luz, puro y di vino.
Cual dos ángeles blancos que tortura
Una ardiente, Implacable calentura,
l!Jnt,re el cristal azul de la 1na1Iana
Raudos sigamos la visión lejana!

Y como el ruido que había p:oducido al caer hizo
salir á la jo~en de su ensimismamiento, al levantarlos ojos vió á un joven con el fieltro en la mano. Eo
el chambergo flotaba una pluma temblante como una.
llama. El jo ,en era un caballero magníficamente vestido que le dirigió un respetuoso saludo y con voz.
dulce y galante le preguntó:
¡, El camino de la ciudad?
Margarita se lo enseñó y extendió la mano para
mejoJ" indicarle el rumbo que bahía de seguir.
El extranjero entonces se inclinó y en recompensa
del servicio que acababa de hacerle, quitó de su dedoun anillo de oro en el que estaba t:n~astado un diamante que resplandecía como una estrella y lo colocó en el dedo de Margarita, la cual encontró el diamante más bello que el de su compal'iera.
Y el semblante del Cllballero se iluminó por una.
sonrisa extrai'ia.

MIGNONE
Bohemia ¿qué vendes en tus correrías,
Bajo el rojo fuego de los medios días?
¿Son los dos carbunclos de tus negros ojos,
O las coralinas de tus labios rojos?
¿Son las finas ágatas de tus dedos plenos,
O las gemas rosas de tus breves s;:nos?
¿No vendes tu cuello, brul'iida espinela,
Ni tu gracia impúber de inquieta gacela?

Mecidos sobre el ala, muellemente,
Del veloz torbellino Inteligente,
En un delirio Igual, delirio hermoso,

¿No vendes los besos, no vendes la loca
Cabellera bruna que alberga tu to:ia?

Flotando juntos, de la dicha dueños,
Ilulremos, alma mía, sin reposo
Al azul Paraíso de mis suei'iosl

¿Qué vendes, bohemia, eo tus correrías,
Bajo el rojo cálido de los medios días?

CARLOS ÜRTIZ.

IY
Pero sucedió entonces que un mendigo vestido de
andrajos se detuvo tamblen delante de :Margarita ycon voz lastimera exclamó:
-Una caridad, hermosa sef!orita.
:Margarita quitó el anillo de su dedo y lo díó al
pobre.
El extranjero exhaló un grito de rabia y tendió la.
mano hacia la hermosa nlila.
Pero el pobre--que no era otro que el ángel guardián de Margarita metamor!oseado,-la cubrió con
sus alas.
Y Satanás que iba á tentarla retrocedió ante el espíritu celeste.
Y esa misma tarde, el ángel guardian fué á contar Jo sucedido al buen Dios.
--Se!Ior, bueno sería llamarla.
Y Dios respondió:
- En efecto lo pensaré.
Pero al día siguiente no lo pensó más.

MIGUEL ESCALAD.A.

V

.

f

' ~1·:,·

... . , ................

Y un afio después, :Margarita, al salir dP la iglesia.
encontró un Joven que le ofreció agua bendita.
Y t enía un corazfo de niño y un espíritu secular.
Y se llamaba Fausto.

[Veue la P'g{na 1;.J

LA. LECCION DE MANDOLINA.
POR VILLASANA.

:

1

•

Número

2

�16

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA

'i.

SobrP mi mesa de trabajo un libro de versos está
abierto, desflorado, con algunas bojas dobladas en
las puntas y algunas pá6 inas con señales en el margen.
Lo he leído con avidez. Acaba de llegar, no hace
aún dos h oras que el cartero lo puso en mis manos, y
ya lo conozco, y ya me sé de memoria la mitad de un
romance, y ya, aunque precipitadamente, me dí_ cuenta de su valor. Para mí vale mucbo, vale una ¡uventud, mi juventud, mis buenos años de versista mcorreuible y de soñador impenitente y terco.
..'.:'...Gracias, amigo cartero; tú que sueles traerme
cartas tristes, tarjetas de luto, papeles lLmos de perfidia anónimos insultantes, me dejas ahora, corr.o una
inesperada recompensa, este libro de forro azul pálido como cielo de mafiana sin sol,-por el que va en
d~orden una bandada de pájaros aliabiertos. MucLas
gracias.
•
•De dónd¡i llegaste, delicado vol u.nen de versos, pequ~ña jaula de golondrinas azules?
Dices que de Madrid; pero es mentira. Vienes de
los tiempos felices en que unos mt1cbalJbos pensaban
que ser poeta valía la pena de vivir y se iban por
los rumbos del ideal c~n lor ojos y el corazón puest.os
eñ alto. Vienes del amor y de la esperanza, y tratc-s
muchos recuerdos, muchas alegrías, muchas aspiraciones, muchos sueños.
;,Cómo te llamas?
Con tus raros caracteres de carmín desleído, me
lo dices: Lejanías. Y no, embustero; viajas de incógnito como los príncipes calaveras. Bah! Te reconozco;
te llamas: Efímeras.
Sí eres el mismo que guardo-hace .... . ¿cuánto
tie~po? ...... ;:n siglo de desengaños y tristezas-en
el estante de los libros amado;;, de las estampas memorables, de los papeles íntimos.
.{Ioy cantas otras ca11ciones, babia!. de otras cosas,
buscas formas nuevas; tus frases tienen quizá mayor
limpieza y esplendor; tus rim~s han adquirido i:iás
elegancia, pero .... . . eres el mismo, no me enga?es,
sonríes con la misma sonrisa escéptica y co:n pasiva;
amas con la misma voluntuosidad pagana, á la siglo
diez y ocho, con un amaneramient_o de buen tono_; te
quejas con el n:.\smo sollozo contemdo, ahogado, ligero, de esos que se estrangulan en la g3:rganta por temor de que nuestra pena estalle en gritos; lloras con
las mismas lágrimas, un poco vergonzantes, de las
que no se atreven á salir de los ojos, á resbalar por
las mejillas, á caer, por miedo de provocar burlascurio::,as,
Eres el mismo, poeta mío, delicado, sutil, lleno de
:fineias, hombre moderno, cortesano exquisito, artista de salón, pulido y correcto, que no ,;ermite á su
Musa la más leve falta, y que sabe expresar sus más
grandes dolores en un idioma i,onoro y dulce que, si
deja adivinar heridas hondas, ne t raspasa _nunca los
limites de una confidencia dicha en voz ba¡a, en un
téte á téte de baile con una amiga discreta.
Las Lejanías-estrofas cinceladas, poesías jugosas
de ideas nuevas--son como las Efímeras, impresiones
rApidas, pasajeras, fugitivas; nube, viento, ola, perfume.
Y caza, como dominador de la forma, está visiblemente adelantado, pero el último libro suyo, psicológicamente hablando, es la prolongación lógica del
primero.
.
.
Su libro tiene unidad. Se percibe en ella el vigor
de un espíritu hecho de una pieza que se ha desarrollado sin perder su carácter, de la misma manera que
un {J.rbol convierte en frutos sus flores, llegada la estación, sin cambiar la forma del ramaje.
Este libro como el otro, es la confesión sincera y
franca de ud hombre que ha sufrido, que ha amado,
que sintió alegrías y penas, dudas y creencias, ilusiones y desengaños, en el torbellino de la vida, en
el que todo se confunde, se mezcla, se entrelaza, metamorfosis del espíritu que pugna por alcanzar un
ideal nuevo tras el ideal desvanecido. Ayer tristeza,
hoy goce, mañana indiferencia; antes sueños, ahora
dtsilusión, después olvido. Y las emociones se suceden y los días pasan, y se unen los recuerdos como
los eslabones de una cadena.
Sí; todo esto es efímero, todo esto es lejanía; la
primera impresión de adolescente, la angélica de los
primeros amores, la epifanía blanca, dibujada con
líneas de luz en la diafanidad del alma; la noche azul
de la cita, el ósculo f urtivo, el juramento santificado,
el adiós bebido en lágrimas sobre las pálidas mejillas
de la virgen; y luego, la pasión juvenil, la. de los besos que arden y las carnes que palpitan, la de las caricias frenéticas, la de los sueños locos encontrados
en el fondo de los vasos; esa que canta y ríe dentro
de la alcoba herméticamente cerrada para ocultarse
á los ojos curiosos y á la icdiscreta claridad de los astros, y, en seguida, el hastío, y m2.s tarde la tristeza,
la bl:isfemia de la desesperación, el desencanto, y el
nuevo amor, la pureza red! vi va, el deseo despierto, la

EL MUNDO.
fé resucitada, la vuelta de Beatriz ó el regreso de
Venus.
De todo ello quedan memorias, huellas de las catást rofes, ruinas de los palacios, ninos de las av~s., .
He aquí por qué el poeta llama Efíme,·as y ÚJama~
á sus estrofas. Las imp1esiones volaron; los recuer·
dos se han ido ó están remotos; pasó la tar.:le brumosa· se fué la melancolía, se partió el amor, se desvane~ió la esperanza, huyó; furtivamente h dicha.
Pasa la niña blonda con su pui'iaclo de rosas en el balda; cruza la querida in tiel y tentadora, blanca como
un lirio y altiva como una reina; allá va la enamnrada, la sensible, la que se arrodillaba llorando para
pedir un poto de cariño; allá van Jo,; desdeñosos y los
ingratos; allá van los ataudes de las ilusiones muertas.
Quedan los versos; se fueron las pasiones. Aquí están las lámparas, aún contienen aceite perfumd.tiO,
pero ya i:e apagó la llama. .
!caza aprisionó sus impres10nes. Ató las alas á sus
recuerdos y escrihió.
Los cantos de Lejanías son lápidas negras y blancas que señalan el camino de una existencia; bay en
ellas fu~rtes emociones del mundo re;i.l y gr~ndes
alientos de alma conmovida. Aquí todo lo produJeron
las cosas vistas y las pasiones sentidas. Bajo la ~pariencia de licción y de aristocrática falsedad _se siente el latido de u11 corazón sincero. Las emociones de
lcl'lza están admirablemente depuradas por el arte.
He abierto be desflorado, he marcado este libro, Y
cada página 'me ha h ecbo una C01Jfiden~ia. Me he
vuelto á encontrar frente á frente con m1 pasado, Y
con mi juventud.
¡Oh poeta del esceptisismo sano y galante, poeta
que estrechas la mano del dolor, con la tuya engu_antada y fina, poeta de la vida moderna, que conviertes en sonrisas, irónicas y punzantf&gt;:S, tus gestos de
angustia, y que jamás dejas salir el llanto de la cárcel de los ojos; yo admiro tus estrofas, pero las a~o
más que las admiro; cantan en voz ba¡a, besan sin
ruido, lloran sin aspavientos . . . . .
,
y sin e mbargo, fueron compañeras de las mias, de
las que aullaron mis penas, anduvieron por esos
mundos, gritando mis regocijos, hicieron con los besos himnos ruidosos, y á todo el que encontraron al
paso, le dijeron: estamos t ristes; ven, llora con nosotras .... .

***
Estaba Emilio Zola in:ilinado sobre su mesa de trabajo; forjaba con un tezóo inaudit~ la _última parte
de su magna trilogía - resumen y smtes_1s_de l~s problemas sociales moderaos-cuando percibió ruido de
espadas y rumor de multitudes que entrab~n por los
balcones de su gabinete. Alzó la cabeza, pusose á escuchar atentamente, se levantó atraíóo por una curiosidad de artista á contemplar el espectáculo, y tras
observar estudi¡¡r y meditar en el acontecimiento
qne lo distrajo, experimentó la sacudida de la indignación, y ante la muchedumbre at.Snita, fulmi~ó el
relámpago de su ira contra un grupo de escogidos,
éuyos uniformes y entorlJbados de~lumbran é hipnotizan á las masas.
El pensador tuvo un arranq~e de a_Póstol. Y?ºº el
ímpetu mismo con que defendió sus ideas estéticas _Y
con que dió cuna á sus Rougon Macquart, emprendió
una cruzada formidable en favor de lo que en el Arte
constituyó siempre su anhelo: la Veidad.
Fustigados por él, dentro de los lí~ites ~e la Poesía, la mentira bipócrit,éi, y el convencionalismo solapado, salían del teatro y de la novela, dejaban á los
comediantes y á los escritores, se desprendían de las
másca.ras y de las plumas, y penetraban !urt~vamente en la realidad, envenenaban la conc;encia de un
pueblo, se enredaban á la_ vida misma _de Zola, en_salzaban y vitoreaban á los mícu'.ls y traidores, ca~tigaban v martirizaban á los inocentes y á los débiles, y
á soplos desesperados hacían oscilar la llama de· la
antorcha, á cuya luz busca su felicidad el género humano: la Justicia.
Entonces, Emilio Zola, enardecido contra sus eternos enemigos, dió su gritó de alarma.

***

Para el eminente novelador el caso Dreyfus fué un
estudio del documento humano. Su pensamiento, habituado á los hondos y stttiles anAlisis, halló las causas generadoras de este suceso en no sé q_ué negra
traición colectiva, que despertó en el escritor una
profunda compasión por la víctima y un odio infinito
por los delincuentes.
La muchedumbre estaba con ellos, porque las muchedumbres son fácilmente . sugestionables, y se enloquecen con iapidez cuando sobre ellas se arrojan
esas palabras esplen1orosas: Patria, Gloria, Libertad,
dentro de las cuales suelen esconderse, como dentro
de una bomba explosiva, tiintos elementos de ruina y
destrucción.
Zolá vió todo eso. 1.Se equivocó? En Versalles, un
grupo de hombres di jo que sí. ¡Qué perfidia! Y_ fué
condenado este Quijote de la Verdad que blandió su
espada herrumbrosa, rompió su lanza hecba con una
rama de laurel y abolló su loriga de cartón por perseguir á fingidos ejércitos y vengar imaginarias ofensa¡¡,

Domingo 9 de Julio de 1899
Los molinos de viento seguían rasgando el aire con
sus aspas enc,rmes; no, no eran los brazos de ese
Briareo que Zolá creyó ver estrangulando el más noble de los ideales bumauos.
Así decía París. cuando, como dice Daudet en su
Nabab, cometió una de las más grandes injusticias
desde que es París.

***

Hoy Zolá, vencedor noble, vuel ve á su bogar silenciosamente después de haber llevado á cabo una obra.
8 ublime de 'caridad y misericord:a. Está satisfecho
de su victoria· no desea más recompensa que las bendiciones de u~a esposa y de unos hijos, el car~í'io de
una familia y la gratitud de un_ bo~?re en qu 1~n ~tá simbolizado el triunfo de la ¡ust1c1a y la solidandad de la especie humana
Como el bravo compañero de Claudio Lantier, después de haber sufrido y llorado mucbo, se limpia los
ojos, sacude con orgullo la cabeza, y exclama:
-Ahora, vamos á trabaJar.
¡Oh excelso espíritu!

LA MUJER FRANCESA
ADrDDÓSito dB Mad. Dreyfns.
Nada más falso que la idea que tenemos en México y en general en el extranjero, de la mujer francesa. Puede en rigor, afirmarse que no la conocemos,
ni en lo idtelectual, ni en lo moral, ni casi en lo físico.
Para nosotros una francesa es una mujer delgaducha desmedrada, nariz remangada, boca fina y burlon~, ojos vivob, expresivos, que~anzanrelámp~gos y
destP.llos, pierna delgada y nerv10sa, seno rudimentario cadera apenas dibujada, andar elegantey garboso' frente alta y retadora, elegancia exquisita, gusto s~premo en el vestir, coquetería en el atavb.
Dentro de este cuerpecito elegante, movible y sutil,suponemos una inteligencia ~hispeante, I:&gt;ero _frívola e."])rít más que talento, ingemo más que ciencia, cole~ión de ret,ruécanos picantes, de anécdotas de doble erecto verba endiablada, rapidez en el ataque,
oportunid~d y vigor en la respuesta, ironía habitual.
Como instrucción: la crónica de la morla, la del sport
y la del mundo; el catálogo de los reyes de Francia
y la lista de los participios. Como biblioteca, todo Zola toJo Daudet, todo Goncourt; la geografía de Juli¿ Verne, la historia de Dumas padre, la psicología
d~ Stendbal 1 la moral de G. Ohnet. En punto, á sentimientos y pasiones le atribuimos fogosidad para.
amar y rapidez para olvidar; tibieza mater';la y ent~siasmo mundano; fidelidad dudosa y frágil; alegria
infantil entrecortada por crisis de lágrimas y nervios; patriotismo decorativo c_apaz de herois~o; gustos refinados y aficiones exquisitas. Tal es la imagen
encantadora y frívola, seductora y frágil, que invo.
luntariameute surge en el espíritu cuando pensamos
en la mujer francesa.
y es que, para nosotros, la francesa es la parisiense
y la parisiense de las novelas, de los dram~s y basta
de los vaudevilles. Conocemos por referencias á FrouF rou á Odette, á Clara de Beaulieu y hemos tratado
perso'nalmente á estrellas de opereta, á histéricas ~el
género grande ó á personaJid9,des de cuerpo de baile
y de cuerpo de coros. Hemos podido conocer y estimar á numerosas francesas que hacen modas y confecciones, que expenden aulce~ ó artícu~os de París
y que dan mejor y más cabal idea del tipo honrado,
laborioso, fuerte, serio y abnegado q~e es general en
Francia y que caracteriza á esa a~mua?le burguesía
caricaturada en M. Jourdan ó v1llpendiada en Mad.
Cardinal; pero que es la verdadera fuerza y la ve:dadera gloria de Francia. Esta francesa que hubiera.
pojido rectificar nuestro falso concP.pto, es en general exclusiva no se mezcla mucho con nosotros, busca relaciones' y esposo entre sus compat,riotas, y ap~nas si se deja entrever, recatada, honesta, correctísima en las soireés del Círculo F rancés y en las Kermesses del 14 de Julio. El resto de su vida lo pasa en
su houar al lado de sus hijos, trabajando y ayudando al ~a~ido, y la más escandalosa ~e las cróni~as no
halla manera de hincar en ella su diente de v1bora.
Los turistas del géner•&gt; chico, los gomosos nuestros que han dado una vuelta por ~l Boulevard de los
Italianos han cont,ribuido á consolidar el error. Como
no tratan sino con mujeresligeras,como en general no
frecuentan sino los bastidores de los teatros, como
sólo cosechan sus observaciones en los bailes públicos
y en las cervecerías á la moda y como todo el que
vuelve de allá no trae otro bagaje que un carnet de
aventuras callejeras, verdaderas ó falsas, y como que-

Domingo 9 de Julio de 1899.

EL .MUNDO.

17

daría deshonrado quien regresera sin media doce- h mártir y de la santa, y si tiene derecho á ser escépmujeres que á la negligé lo reciben, cómo lo perfuman
na de lances donjuanescos, sus supuestas observa- tica de los hombres, está obligada árendir homenaje
ciones y sus descripciones color verde manzana ó ro- á la virtud y á la grandeza de alma de la mujer fran- y cuánta confianza les inspira haciéndolo cómplice
inconsciente de las combinaciones galantes! Las banjo subido acaban por iacr,1star en nuestro espíritu lJ. cesa.
durr!as
y wandolinas son la música del porvenir, pormás falsa y equivocada idea respecto {J. la virtud, al
que vamos de mal en peor.
mforito y al valor positivo social y moral de la mujer
¿ Y ellos? ¿Qué opinan ustedes del varón moreno,
francesa.
corbata lila, chaleco ante, pantalón cuadritos,
rizado,
No; la mujer francei,a no es frívola, ni débil, ni cochoclo
cbarol
para lucir calcetín «serpentina,&gt; pluqueta, ni infiel, ni dilapidadora de fortunas; no es
meando «siempre en sueños&gt; (paso doble), con anillo
madre tibia, ni esposa indiferente, ni bija &lt;lesamorade solitarin brillador adquirido en el Portal de Merda; por el contrario. Para conocerla y estimarla hay
caderes?
Termina él tré molo y exclama Edelmira poque estudiarla, no en las novelas sino en la vida; no
niendo los ojos en el zenit:
en las operetas sino ea la historia; no entre bastido-Pero con qué sentimiento ejecuta este hombre!
res sino en el hogar. Así mirada no puedP inspirar
basta se enchina el cuerpo.
sino respete. y amor, y así estudiada resalta ser supe¡ Y á mí se me traban las quijadas!
rior y con mucbo á su reputación..
¡De patearlos!
Desde luego, tratándose de la mujer del pueblo y
NUESTROS GRABADOS.
de la clase media inferior, lo primero que resalta es
TICK TAClL
la laboriosidad infatigable y lo.s instintos de orden y
economía de la mujer francesa. En este punto la literatura misma está unánime. Pululan en ella los tipos de campesinas, de obreras, de modistillai; y floEL CONSEJO DE GUERRA DE RENNES.
ristas que trabajan doce y catorce h oras por día, que
Entre b guitarra, para mí la reina de los instrusubvienen á las necesidades de la familia y hasta á
los vicios del marido, del padre ó del hermano; que mentos de cuerda, y las bandurrias y mandolinas, hay
En acatamiento á la decisión de la Suprema Corte
lucban y penan, que trabajan y bregan y suelen co- la mi&lt;;ma di ferencia que entre la obertura de Semira- Francesa,elUapitán Dreyfus fué traasportadodc,laisla
mo Desirée Deloúelle encallar ea el suicidio ya por mis y el Duo de los Patos; aquélla es del l{énero mascu- rlel Diablo á bordo del Sfax haciendo tierra en la costa
amor despreciado, ya por miseria inexorable. Casada, lino, digo, del género grande, y ésta del género del Quiberón. de donde se le llevó en tren rápido á la
la francesa reputa que su primer deber es trabajar al chico.
Las mandolinas y bandurrias como son empeñables ciudad de Reunes cuyo Consejo de Guerro que es el
igual del esposo, dividir su tiempo entre la asistendel 10° cuerpo del Ejército Francés juzgará al célebre
cia de la familia y las labores del obrador. Ea el co- se encuentran al alcance de todos los remates, y por acusado.
mercio, ocupa el mostrador ó la caja de su propia eso cuelgan en racimos junto á las barbadas, candiles,
Las medidas del gabinete han tendido á evitar detienda; en el campo, cosecha y vendimia al lado del sill.;s de montar y otros artículos manufacturados que mostraciones favorables ú hostiles, y ya hemos visto •
ma rido; en la ciudad practica un oficio ó profesión extinguen su condena en las galeras de las casas de cómo ·Jas mul titudes que esperaban la llegada de
suplementaria de la del esposo. Es ella laque lleva la préstamos.
Dreyfus, apenas tuvieron t iempo para advertir su
note y no el marido y lejos de ser ella quien despilfaSe pueden dar de cuelga sin rubor alguno, y me- paso por las calles de la ciudad ordmariamente traurra el haber común, es ó suele ser el marido quien lo diante un desembolso relativamente modesto, á no quilas, y que no obstante lo anómalo de las circunsdisipa en la taberna.
ser que el donador quiera preferir el producto extran- tancias actuales, apenas si ha presenciado insignifiAsí ocu¡iada, atareada, siempre previsora del pm- jero, y se declare proteccionista de los instrumentos cantes trastornos.
venir, ni piensa en devaneos ni se ocupa de galante- italianos, alemanes, españoles ó americanos, pues anEl Capitán Drey~us permanece en su prisión, libre
ría; ideati ficada con las uerte del esposo y de los hijos, cha es Castilla para la multiplicación del objeto que completam~nte de 1m por_tunos y aislado de todos, pues
nos
ocupa,
y
entonces
le
cuesta
caro.
es liel y abnegada, vi ve por ellos y para ellos.
apenas hab,a con los miembros de su familia y con
Como las mandolinas y bandurrias son de maderas los ab0~ados Labori y Demange encargados de su deRecójanse al acaso en la prensa cien dramas de adulterio ó de celos; no pertenecerán los protagonistas en finas, admiten monogramas, incrustaciones, pintu- fensa.
diez á e·s a clase obrera, laboriosa y honrada y menos ras al óleo y moiías; llenan todos los geneFales de uu
No obstante, ha llegado basta nosotros más de una
artículo de tocador y hasta decorativo.
aún á esa burguesía abnegada y virtuosa
frase del prisionero y por ellas lJodemos juzgar del
Puede faltar. en una casa (30 pesos adel~ntados, estado de su espíritu que no es el que podría supoEs absurdo suponer que la mujer francesa pudiera
ser frívola, derrochadora, ligera, coqueta, infiel y lo- contrato, por seis meses, fü1dor del comerc10, etc.) nerse; al coatrd.rio, Dreyfus manifiesta una entereza
ca para con su esposo, indiferente con sus hijos y que nna máquina de coser, un irrigador, un mosquitero, pasmosa y la mayor ecuanimidad para juzgar á los
la burguesía fra ncesa y Francia misma fueran como una tina pedilubios, un lugar pata que duerma la co- que fueron factores principalísimos de sus desuracias.
han sido y como son aún tan vigorosas y tan grandes. cinera, pero el instrumento ¡nunea! primero el arte No_ acusa á nadie, explica sus desgracias por ~l odio
al Judío y su condenación por el engafio en que estaCuando la mujer vive ocios!! é ignorante, cuando no que los platos soperos.
logra constituir familia, cuando, como en el Harem,
Junto al Santo Niiío que enseña sus deditos echan- ban sus jueces y la presión que sobre ellos se ejerció.
solo se ocupa de perfumes y joyas, cuando es onerosa do bendiciones bajo el capelo; contra la pared, y el P or otra parte, hace los mayores elouios del Coronel
é improductiva, las ci vizaciones decaen, los pueblos vientre hacia arriba, se morirá el «Pensamiento,&gt; Picquart, quien como es sabido, contribuyó brillantese enervan y descienden como el pueblo musulmán á «La Esperanza,&gt; «La Gemidora,&gt; «El Cefirillo,&gt; «Sus- menLe al esclarecimiento de los hechos y al triunfo
la m~s oprobiosa degradación.
piro&gt;, etc., pues es moda bautizar á la caja acústica de la justicia, poniendo su valor civil frente á las
como
á cualquier cristiano; tienen rosetas trico- preocupaciones y á las intrigas oficiales.
Las mujeres francesas de la clase media acomodada
Dreyfus vive tranquilo, y éSpera con más tranqu ió ilustrada son un modelo de virtudes. A menos que el lores cuando el padre de familia es militar retirado;
comerciante en grande, el rico industrial, el banque- otras, anchos m1,ños ccn flequeríos dorados, pompo- lidad ~ún su nuevo juicio, compartiendo su tiempo
ro afortunado no vayan á buscar mujer á los centros nes, borlas, manojos de retamas artificiales, tul com- metódicamente entre las expansiones de la familia y
brillantes de la galantería ó á los bastidores de los binado con moaré y otros fantásticos adornos que las largas y frecuentes conferencias que celebra con
teatros, y son de preferencia extranjeros y no fran- pintan el carácter de la dueña, quien se pasa gran par- sus abogados. Hace ejercicio en el jardín de la priceses quienes así proceden, resultan sus enlaces afor- te del día con la pierna cruzada plumeando la músi- sión, y aunque lo vigilan de cerca dos soldados, es de
suponerse que esta vigilancia no le cause grandes motunados, sus familias felices, sus existencias envidia- ca idónea: «Adios, Cuca&gt; (danza;) &lt;¿ Diré que sí?»
bles. Y llegados los malos días, las épocas aciagas, (guajira), «Déjame verte&gt; (scbotiscb), «Sollozo ar- lestias, habituado como está, al más completo aislamiento desde que fué deportado á la Isla del Diablo.
la bancarrota y la ruina, la enfermedad ó la deshonra, mónico&gt; (mazurca), «Nadando en leche&gt; (wals) «-En
Mucho han hecho los periodistas para ace~case al
agonía&gt;,
(nocturno.
)
la mujer francesa Se engrandece por la abnegación y
reo, logrando apenas verlo desde la casa frontera, en
el sacrificio; la esposa, aun la del criminal, lucha, suConcluido el estudio de las segundas q~c en un ra- el momento en que salía de su celda para hacer el
fre, batalla para rehabilitar al marido, para recons- to de hambre tararea la cotorra y en todo tiempo ejercicio cuotidiaao.
tituir su fortuna, para conjurar el destino.
silban los chicos "'º el patio, la artista la besa, la volLll, formación del"nuevo Consejo de Guerra es obEn estos momentos Mad. Dreyfus da al mundo tea, y si el revés es plano, sobre el revé&amp; escribe con j~to d~ comentarios y aun de escándalos como el que
y
por
la
boca
introduce
las
lapiz
el
billete
amoroso
ese noble espectáculo. Jamás ba dudado de la inod1 ó el Jefe del 10 ° cuerpo, comentando ciertos actos
cencia de su esposo, sus oídos se han cerrado á las flort:s secas que él le dió: no hay mejor escondite que del Ministerio de la Guerra de quien hay q ue especalumniosas insinuaciones que lo hacían aparecer co- una caja de bandurria.
rar la mayor energía para que se observen esta vez
mo encenegado en el v;cio, arruinado por mujeres de
Porque las mandolinas y bandurrias son un pretex- todas las le1es de la d~scipliua y las que imponen
mala vida. Si ha creído, ba tenido el Leroismo de per- to para reunir gentes que la suerte parece separar: el más e_stncto acata~iento á la corrección judicial.
donar; ha dejado Raagrar sus heridas y preocupádose tocar una ú otra, es tener entrada á las estudiantiLas vistas que publ!c:tmos son de gran interés y
tan sólo de salvar la honra de su esposo. Ha peregri- nas: institucción moderna, netamente socialista, en- completarán el conocimiento que ya tienen nuestros
nado por gabinetes de ministros, oficinas de tribuna- caminada á echar por tierra el antiguo régimen sue- le_ctor~s de los sitios y personajes que figuran en este
les, salones de diplomáticos implorando rehabilita- gril.
histó:1co proceso. En nuestros números subsiguientes
ción y justicia; ha sufrido desaires, menosprecios, aca-¡,Qué hiciera para hablarle? Ni creas que papá ampliaremos nuestra información, publicando en la
so escarnios; promovido una campaña formidable lo deje visitar la casa .... Nadie quiere presentarlo. parte gráfica, los retratos de t odos aquellos llamados
para una mujer débil y al principio sola y aban- Urge que nos tratemos.
á figurar en el nuevo juicio, y las escen!!.s culminan.
donada; ba tenido el heroísmo de ponerse frente á
-En poca agua te abogas, dile, responde la amiga tes que en él se desarrollen.
frente de una opinión no sólo ofuscada si no irritada; consejera, que ponga «Te volví á ven ó «ese soy yo,&gt;
Es singular y digno de anotarse la obstinación de
ha sabido no temblar ante el tumulto callejero, ante y hacemos que lo meta Bastedillo que es tan servi- los que fueron anti- revisionistas y siguen siendo en
el encarnizamiento popular, ante la fuerza y la ce- cial!
el nuevo estado del asunto enemigos de la justicia y
guedad gubernamentales, y al recorrer el tremendo
Ensayo dos veces por semana;sillas juntas: un solo aunque parezca mentira, de los obcecados sólo uno' el
Calvario que ha ele conducirla al Tabor, ha conserva- papel para dos ejecutantes; enseñanza objetiva de có- n:iás_ peligr?s?, Deroulede, ha dado señales de arrep~ndo intacto su recato, inconmovible su virtud, im- mo debe piearse la cuerda; afinación de un la empeña- timicnto diciendo que no habría castigo bastante duperturbables su sereniddd y su modestia.
do en dar el sí; cambio de moiías; epístolas entre los r? para los que desvirtua~on los hechos, ni reparaEjemplo noble y grande: una mujer inerme papeles de música; disgustos caseros; matrimonio ción bastante para la víctima si se declara que el acucontra un pueblo ofuscado y contra un gobierno festinado; tres hijos en menos de cuatro años; desti- sado es inocente. Ojalá que estas palabras del auitapoderoso haciendo triunfar á fuerza de amor ·y de tución de empleo; conato de suicidio; muerte súbit a; dor á ser cierto que las dijo, cambien la orienttción
deber á la Justicia. Es este el verdadero 1iipo de viuda en la miseria, niños al hospicio, calderón, he de las opiniones extraviadas y marquen el principio
la mujer francP.sa; así fueron, en más vasto escena- ahí lo que producen las barmonías. Desde que la del r~s~ablecimiento del equilibrio moral á que aludía
rio, Juana de Arco y Carlota Corday, mártires de cuerda ha entrado á la moda, los profeso~es de piano el Mm1stro Waldeck Rousseau en su discurso ante la
elevados deberes. Cualquiera que sea la suerte que se han dedicado á callistas porque no prospera su ar- Cámara de representantes.
espera á Drey fus, la figura nobilísima de su esposa se te, y sobre todo, en el bello sexo tiene mayor influendestacará ante el mundo, noble, pura y venerada. Y si cia el otro profesor.
la justicia corrobora su terrible fallo, si Dreyfus reQue se llama Don Paco, Don Lolo, Don Meruo, y
sulta definitivamente condenado, F rancia, si puede en momentos de entusiasmo, Paquito, Lolito y Meavergonzarse del traidor, tendrá -que gloriarse de mito; cé.mo lo rodean, qué bendito anda entre las

BANDURRIAS Y MANDOLINAS

�noming-o 9 de JÚlio de 1899.
Domingo 9 de Julio de 1899

EL MUNDO.

18

EL MUNDO,

1!)

EL ASUNTO DREYFUS EN RENNES.

EN LAS CA,ROLIN.AS: ALDEA DE NOLL.JKEN JAP.

tas nuevas adunisiciones alemanas
EN EL MAR DEL S~R.

LAS ISLAS CAROLlNAS.

SALA DEL CONSEJO DE GUERRA EN QUE SERA JUZGADO DREYFUS.

LA PUERTA DE LA PRIS:::ON MII ITAR,

,.

El año proximo pasado trajo
-consigo el definitivo desmembra,miento de la se!Ioria colonial española en ambos continentes y posterio,mente, aunque por modo pa·'Cffi~o, también ha sido arreado el
pabellón de Castilla en sus antiguas
pesesiones del Mar del Sur. El dis-curso de la Corona anunció á las
·Cortes el 2 de Junio último que se
había firmado un convenio con el
Emperador Alemán, por el cual Espai'ia cedía á la vieja Germanía las
.Islas Carolinas, Palau y el resto de
las l\1arianas.
El interés de Alemania sobre ta.
les islas no es nada nuevo, y aún re·cordarán nuestros lectNes la extraordinaria €.Stupefacción que cau·SÓ el hecho de que el 24 de Agosto
·de 1885 el cañonero alemán &lt;litis&gt;
tomara posesión de la isla de Yap,
pertenecientP. á las Carolinas. Por
\lllucho tiempo creyóse en una guerra inminente entre Espa!Ia y Alemania, pero la diplomacia disipó
esas bélicas nubes, c.bteniendo de
,ambas potencias que el caso se so~Etiera á un arbitraje que se depo.s1tó en manos del Papa, quien en 22
de Octubre del mismo afio falló
-en pro de la soberanía de España sobre el Archi.piélago carolino, laudo arbitral que fué aceptade por
-ambas potencias disidentes el 17 de Diciembre si~uiente.
Desde entonc~s intentó Alemania hacerse del ararchipiélago por modo pacífico y financiero, pero el
,amor propio español, entonces muy excitado, desechó
todas las proposiciones de Guillermo I. Su nieto,
&lt;Guillermo JI ha sido más afortunado, y aprorecb.ando las especiales cir~un~tancias porque actualmente
•atraviesa la orgullosa Iberia, ha logrado que le sean
cedidas las islas que mencionamos y que juntamente
con las islas Gilbert (10glesas), la isla Guam (ameri•cana) y las otras que ya antes poseía Alemania, forlD~n la parte de Oceanía conocida con el nombre de
M1cronecia.
Con las nuevas adquisiciones, Alemania posee en
-e~ Mar del Sur una extensión superficial de 253,469
-kilómetros cuadrados, habitadas por 440,000 al-

mas.

Con pocas excepciones, casi todas esas islas se formiron sobre rocas coralinas. aunque hay algunas de
·origen volcánico, tales como Yap, Ruk, Ponape y
Rusaye. Casi todas están cubiertas de exb.uberante
vegetación y ofrecen un aspecto lujurioso con sus
-enormes cocoteros, bananeros y con el clásico árbol
·del pan.
La fauna, en cambio, ,·s bastante escasa, pues no
,hay más que murciélagos, ratas, y una especie parti·&lt;mlar de perros, además de los insectos.
Los pobladores aborígenes de las Carolinas son ro-

FACHADA DEL EDIFICIO DEL CONSEJO DE GUERRA.

LA

PRISION :MILITAR EN DONDE ESTA DREYFWS.

EN LAS CAROLINAS. EDIFIOIO DE JUNTAS Y PIEDRAS-MONEDA EN LA. ISLA. D.E JAP •

bustos y de facciones agradables, su color es amarillo
obscuro. La alimentación vegetal es la dominante,
y el carácter de las gent es es du:ce y sumiso. Viven
dentro de un curioso régimen estre patriarcal y común
y reconocen categorías y jefes.
Presentamos á nuestros lectores dos vistas de las
Carolinas, que dan una idea clara de esas islas :i.ue
acaban dP. entrar bajo el dominio de Alemania.

el dibujo, la brutalidad del toque, la colección extrafla y premosít;ima de tipos que han desaparecido, hacen de Goya el pintor histórico por excelencia, el
evocador genial y magnífico de un siglo y de una
época.
Nos ha dejado en el retrato que reproducimos á la
cabeza de este artículo, con sus rasgos fisonómicos y
la extravagante indumentaria de que lo revistió, uno
de los representantes de la Corte de Carlos rv,-el
artis ~a, el mundano que frecuenta los medios más
elevados y que se jacta de cultivar amistades demaLA TRANSLACION DE LOS RESTOS DE GOYA. siado íntimas con las majas y los toreros.
Goya nació en Aragón á mediados del siglo pasado:
su ti ;¡o moral, su talento y su vida fueron prodigios
Un agente del Ministerio de Fomento de Espai'ia de la época; vivió en Espai'ia. Italia y Francia, conollegó hace poco á Burdeos con el fin de exhumar los ció y entusiasmó con sus obras á Carlos III, á Carlos
restos del gran pintor y transladarlos á la patria.
IV, á María Luisa y á los más altos personajes.
No bien apareció la noticia en los periódicos fra nceSus procedimientos artísticos no tenían por defecses, todos elJos y principalmente las Revistas Ilus- to la banalidad; usaba más de la esponja que del pintradas, dedicaron numerosos articules al grande hom- cel para pintar. Cuando los franceses entraron á Mabre que dormía en el suelo francés y cuya originali- drid, el pueblo silenci0so presenciaba el desfile del
dad artística lo ha hecho acreedor á uno de los re- vencedor. Goya estaba allí y junto á él había una panombres más gloriosos.
red escalada. Saca el pa!Iuelo de la bolsa, forma una
No obstante, desde el alio de 1828 se ignoraba en bola con él, la empapa en e:i fango del arroyo y pinta
Francia y aún en Burdeos que el cementerio de esta un fresco vigoroso en el que los franceses fusilaban á
ciudad conservase tan preciosas reliquias; mas al res- los espalioles.
tituirlas á la patria le dicen adiós conmovidos sus
El fresco fué uno de sus grandes éxitos é inventó
admiradores, es decir, todos los franceses.
procedimientos con los cuales logró efectos ma1aviLa observación profunda, el sentido que supo fijar llosos que se admiran aún en las iglesias de Setodos los rasgos del populacho español, la audacia en villa, Toledo, Zaragoza y Valencia. Los con-

�•
EL MUNDO.

20

'

'

denados, los cadáveres, los monjes son de:un realismo
sorprendente. Hay una inspiración terrible en el San
Antonio que interroga á un cadáver, en su Judas, en
sus Santas Justa y Rutina. Los retratos son siempre
originales, de una originalidad vibrante. Las aguas
fuertes son admirablES, Teófilo Gautier las definía
así: « Una noche profunda con pálidas siluetas y fantasmas extraños iluminados por un brusco rayo de
luz.&gt; Era un artista sin ley, un vagabundo de la calle, amigo del aguador y del tendero, camorrista de
encrucijadas, majo y aficionado á los toros. Su vida
fué una serie de ril'ias y aYenturas de la peor especie;
una noche se _le dejó por muerto en el barrio de Lavapiés.
·
Frecuentaba los palacios y los chirivitiles y pintaba toQO lo que tenía. á la vista, alguaciles, monjes,
contrabandistas, manolas y grandes damas de la Uorte: todo el siglo XVIII español. Fué un humorista
macabro; bay que recurer sus Caprichos y sur,Proverbios, des.file loco de tipos gesticulantes, manolas
enfurecidas, espectros, danzas macabras, escenas de
corridas de toros en las que era pintor y actor, pues
estudió de cerca las cogidas y las estocadas, las suertes de capa y los ágiles movimientos de los banderilleros.
La última palabra de su genio fué la serie de los
desastres de la guerra, ochenta estampas al agua
fuerte conocidas en el mundo entero y que fueron
inspiradas por la invasión francesa. Las escenas son
borribles: incendios, mujeres destripadas, fusilatas,
asesinatos y raptos; todo un museo del terror.
Talento áspero, violento, cruel, brutal y tortuoso
que pasa la vida inclinado ante el. sufrimiento para
AUTORETRATO DE GOYA,
eternizar los dolores y las ansiedades de los oprimidos. En el Garrote, última de la serie que se llama los
Prisioneros se ve un ajusticiado que reza á un lado
del instrumento de ejecución. El mal, la amargura altar antiguo con pilai,tras rematadas por cabezas de
de los desheredados, las contorsiones, las deformida- amores.
Más notable es aún la aventura que llevó á Goya á
des, todo lo horrible lo atrae poniendo en su obra el
morir en país extranjero. En 1814 tenía sesenta y
sello extravagante de su genio.
Hizo muchos ret,ratos de reyes y grandes seííores y ocho años y vivía en Madrid cuando se le solicitó paapenas hay en España familia un poco antigua que ra que hiciese el retrato del General Wellington. Desno tenga en su galería algún retrato de Gaya, El pués de la primera sesión el gran General quiso ver
Museo de Madrid conserva el de Carlos IV,. el de Ma- el esbozo y se quedó anonadado casi ante el revoltijo
pastoso de manchones que tenía la tela. Cogióse la
ría Luisa vestida de Coronel de Guardias y el de h
barba con las manos, miró las manchas, miró al arDuquesa de Alba con traje de maja.
La tumba de Goya en la Cartuja de Burdeos fué tista y se quedó perplejo pensando si aquello era una
poco visitada y las guías de la ciudad no mencionan burla. Tenía_á Gaya por un gran pintor y esperaba
á ese muerto ilustre. "Esa tumba es sin embargo no- efectos maravillosos desde el primer día, sin tener ¡!n
table aunque no sea más que por su aspeeto de cuenta la verba libre y desordenada del artista.

1

Domingc 9 de Julio 189 9
Aventuró una observación: ¿qué contenía aquel revoltijo?
No acababa todavía de formular su pregunta, y ya..
Goya estaba frenético; insultó al general y le dijo:
Zapatero, á tus zapatos. ¿Quién era él para. criticará.
un maestro? Gaya hubiera querido meterle á puiletazossusobservaciones; Wellington la toma con la altivez británica; Gaya gesticula, truena, maltrata al
cliente, y por último, coge una pistola, haciendo huír
al geueral. Sin esto, la bala de Goya hubiera suprimido á Waterloo.
Be le hizo comprender al pintor que, el asunto era..
delicado, y tomó el partido prudente de salir de España, estableciéndose en Burdeos. Ya era viejo y sordo, pero no abandonó el trabajo, y todavía se puede
admirar en Burdeos gran número de sus piedras litotrálicas.
Murió en esta ciudad, en la que hizo amistad muy
int:ma con un español, Martín Goicochea, quien le
dió alojamiento póstumo en su sepulcro. Cuando se
pretendió exhumar los restos del artü,ta, ya el ataúd
estaba hecho poi voy se habían confundido los huesos.
de los dos amigos.
Para saber cuáles eran los de Gaya, fué preciso entregarse á investigaciones muy minuciosas &amp;obre la..
estatura del pintor y de Goicocbea. Goya era un
hércules, un coloso, y se apartaron los huesos de mayores dimensiones, pero faltaba la cabeza. Como Gaya no murió decapitado, la falta de la cabeza no seexplica sino por alguna substracción clandestina, dela que es autor algún frenologista dema8iado entusiasta, que quiso conocer los secretos de aquel genio,
ó algún amigo que quiso conservar tan preciosa..
reliquia. Ello es que al cabo de tan largo destierro,
Goya vuelve, sin cabeza, á la patria en la que
duermen su mujer y sus hijos. Goya fué casado, y
aunque sn mujer no ha de haber vivido muy feliz con
el aventurero que desaparecía semanas enteras, tuvouna compensación, pues le dió su marido no sólo lonecesario para vivir, sino una compaflía numerosa. y
selecta, le dió 20 hijos. No fué padre ni pintor á me...
dias.
lL:-~C, t::::11
Falta ahora saber el monumento tunerario que le
erigirán en España. En Fraucia hay una fiebre de·
glorificaciones póstumab; todos los vivos algo ;nfluyentes quieren llevar á los muertos célebres al Panteón Esperemos que en Espafla sean menos imitativos y honren á su magno artista con originalida&lt;l
y gracia.

Dommg~ ll de Julio de 1s99

EL MUNDO

EL VARADERO NACIONAL EN GUAYMAS,

EL MOTOR,

VISTA EN CONJUNTO DE LA CUNA, TALLER, CASA DEL
MOTOR Y TERRAPLEN NUEVO,

EL VARADERO NACIONAL

Como se sabe, este establecimiento está dedicado á
carena de buques, y al obtenerlo nuest ro Gobierno
realizó _una econowía para
el Erario, pues antes nuestros buques tenían quepagar el precio de su carena, gasto excesivo que
ahora se economiza. .Además, los buques extranjeros que entran en carana
dejan buenas utilidades. '
Durante el tiempo que
lleva nuestro Gobierno de
estar en posesión del varadero, ha introducido o-randes mejoras en él, au"'mentando los talleres y el personal.
_Las vistas que hoy publicamos fueron remi tidas
al Sr. General Berri07ábal
~uien ha ordenado que s;
¡nserten en la Memoria de
la Secretaría de s'u cargo.

.EN GUA.Y.MAS.

Por acuerdo del sellar
Presidente de la República,
se celebró contrato entre el
Sr. General Felipe B. Berriozábal, Secretario de
Guerra y Marina, y D. Joaquín Redo, para que el
Varadero establecido en
G_uaymas pasara á ser propiedad de la Nación.
El contrato fué aprobado y firmado el 23 de Febrero del año de1898.
El Varadero fuévendido
con bu taller auxiliar sus
dependencias y todo; sus
accesorios existentes en el
Puerto de Guaymas.
La compra se hizo en
$106,000, sirviendo de base
para la entraga del v d.radero el inventario formado
por el Sr. Ingeniero Bartola Vergara.
VlST.A

¡i

21

J:?E PAJ'ARO DEL TALLER, MUELLES, CABRIA, NUEVO y TERRAP~EN.

1

l

.,

VISTA SUPERIOR DEL MUELLE DE LA CABRIA

1,

EN EL P A.RQ,UE.
ÜUADRO DE MLLE. MADELEINE ÜARPENTIEB,

VISTA DEL SITIO ~ONDE SE CON'STRUffiA EL DEPOSITO ::&gt;E CARBO:t:,.
.

�Domingo 9 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

3:1

-OUltIOSIDADES CIENTIFICAS.

exacta con las Unid.des métricas y con la división
del tiempo.
t
nomallas y llevar ácomPara subsanar todas es as a ntación del sistema mépleto Y feliz término/ª 1:t~e 1897 se reunió en Patrico decimal, ~n D}c :Cm r clonal para la decimalizarís la Convención .n rna írculo meridiano.
clón del dla Y rerorm! del c Ión se dividió el círculo
Como reaultado de ~ re¡fos ¡{¡últiplos y submúltlen 400 grados, apli~n o denominaciones adoptadas
plos del grado las m:~mdas métricas. Igualmente se
para las demás un a les construcción de un nuevo
abrió un concurso para a
modelo de reloj 6 cr~nó;:'t1{º l!~~;ª~eParís, obtuvo
La reputada cf:od~lo ·de ·contad~r del tiempo deel premio para e
b e de ToP,)ME1.'RO presentó.
cimal1 que con el n?mdj:nto grabado que rep1esenta
el ~i~~:~t:ed~rT~o~ómet;o, ~~~~~~loe~~~:::i~~
en 40 decágrados, en corre P0
•dtano Estos 40
división decimal 1el cí~cul~o~:r~inut~s, subtituidecágrados, que va en ca ª u. • d
·unto á las
rán á lab horas actuales1 equ.1 valb1en ~aena¡ctual solo
í
l
La aguJa oran
,
24 del d a so ar.
d día Los sucesores de los
dará, pues1 una vue1ta ca a
·
u ·a. actual de los
minutos, serán los decígrado•}~ªfe
decígrados
minutos dará una vuelta : 3~Pm~nutos. Por fin, el sepor cada decágra?o ó sea r el milígrado Y la instangundo será substituido po d á
milfgrados por
t 6 aguja de segundos, an ar 100
;;~a decfgrado, 100,000 por decágrado y 400,000 por

Domingo 9 de Julio de 1899.

su sonoridad¡ en cambio siendo
pierde la campana d rebajársele mucho de la talbastante grues~, pue e
asta un tono puede ba~eadura sin per¡ uddl'¡'~~~ Jmpana y solo puede suJarse la nota que

E México donde tan difícil es la poplarlzación 1e
tod nretorma' radical que, aun cuando solo .sea en a
ª
6 moleste á los. comerciantes en
apariencia, afecte
introducir el sistema decimal;
peq·1efio, se logró !:endléndolo á medias y usándolo
Y mu~~~~s !~~o~ uo 10 hayan rechazado aquellos,
del m 1 fln llegará. á arraigarse con firmeza,. cuando
pues a
ue regunten muy sériamente
yaánot ha{!l.=;:!ªba1 d¿México á Veracruz por _lecu n os :i vy,
m rar el azúcar por hlórrocarri~!~
deplorable frecuencia.
metros, 00 debe asombrarnos cuando es un hecho que
ni !!t;rancla, cuna,del ingeulosfstmo invento, se ba
llegado á implantarlo por completo.

AMOR SUPREMO.

do.na!actu~lmente está afinandc:nd~~ea~:s:ra:1ü:
ra repartirlas en los di versos fe fas curiosidades de
rrlo suizo que debe figurar en r
.
la próxima expo~icióa~ampanas se formará un conEntre estas oce
dos do dos mí be·
d' . bemol
cierto de Hiete notas: un la bemo1'
l
dos
la
bemol
octavas
del
primero,
os m
'
O
md 'a.o
ta •as del primero y un fa.
•
os ' o_c , 11
utaclón de los campanarios de
sirven para ejecutar
Es um ,ersa a rep 1
Nuestra Seflora de P~r11 "as 'l~~atas místicas de melanhermosas aunque senc1
cólico encanto.

f~~~:nsdu:a~ºco!

TORNO PARA AFINAR LAS CAlfPANAS.

En erecto, los

YJ:s~:;: t~~!~ ~Ji;\~~

franceses
0
bitantes de Europr, ~s~~i~mpo de dónde resulta, es•
ciedtíH.cos, un&amp; anomalía
decimales,
'A
pecialmentemenols
en os ~-&lt;leculos

que in!~dei~a~~~~f ;~r~f!!p0 , cuya unidades la hora~:dolece fe gra1!~t~dé~~~:~, ~~;;et1~~go~º:~
parada con as un
tódica entre la unidad Y sus
bay ni~gun~ ~~larÍl~~:~na el mes, el ailo, el lustro,
múlétip is: eel
y sus s~b-múltipl1Js; el minutü,
la d ca a Y
'
Estos últimos al menos van
el segundo y el terrro. te 60 veces respecto del indisminuyendo .re~u arm:: la progresión de los múltimediato supenor I pero
en caos· el día es 24 veces
plos el desorden ~s rayano ana ·168 veces y sólo 7
mayor que l~
s:mer~ial es 720 veces mamayor que e . a, e m ar ue el día y 4,2Smayor
yor que la un1da:~s~~ ca~ est¿s ejemplos para demosque
trar lalasemanba.
rnco eren cla de las dlvlsionea usualea del

sff!10·

drl.ªªf ~:s

tiempo. ás 1 círculo meridiano está dividido .en
Ademd
360
gra os,' del vtslón que también carece de relaCión

,.

dí';,odo esto que parece muy difícil Y complicado por
falta de costumbre, es senclllísi-mo y todos ~o
derán cuando los relojeb ahora en uso ay

°°a_~P~f~~

us:~~

rei'.~ti:~~~:i';j:~~~~e~:"f~ Marina Franceaa,
quienes por disposición de~t~~!:~~~' ~~s : : :0

•

?is
~~t:tn~~~:t;a~e!~calcul9:dores clentíHcosi P~~
ahorran mucho tiempo trabaJ0 en suq, opera.e on .
1

Y

Ya verán las lectoras cuan satlstecbas quedará.nial
e comienza un baile y se es
pr_egun¿a~
1~os
decágrados, 48 decfgra~ei,pon ,~· Las once d~ la noche comunes y corrientes,
s~I~~ .ligerísimo error de 8 6 9 segundos. No puede
ser más claro ¿ verdad lectores?

,1,~:ii:1::

CORTE VERTICAL DE UNA CAMPANA.

37

•
••
ecomeudamos á Jos aficionados á la Horlcultura
R eta , el modelo de tiesto querepresentanueatro
enmac

con:

•••
Cuando los periódicos j~cobiaos de
MéxiJo, arden en santa indignación
por las demasias de celo de algún sacrlstá.n que repica las campanas de su
iglesia inmoderadament e, les concedemos plena razón, no tanto por la polftlca sino por la estética del asunto.
En' efecto, de los campanarios de
México desaparecieron ya luengos a~os
hace, las campanassonoras y armon.10samente acordadas entre sí, para deJar
lugar á molestos y ordinarios cencerros.
En Europa, lo mismo en los países
católicos y ,monárquicos, que en los
protestantes y republicanos, aun se
conservan en los campanarios las antiguas campanas, pero la razón es plausible: cada campana es un Instrumento musical perrectameµte afinado y
sada campanario una pequeña orquesta habiendo ciudadea en las que están
ac~rdada.s las campanas de varias iglesias para formar entre todas una orquesta.
.
Es completamente imposible conseguir que una campana dé una nota
precisa y determinada de antemanü,
pues al fundirla cambia de túno, Y
mientras mayor es, la dificultad es
más grande.
En las fundiciones europeas bay eapecialistas que entonan las campanas
en el torno con rara habilidad' Y para esto tienen sus
to
reglas perlectamente científicas.
Para entonar la campana se recorta en e1 rn 0 '
como se ve en el grabado adjunto; pero el lugar donde se debe adelgazar es problemático. El corte en
sección vertical de una campana, muei,tra
pr3r~
en ue di vi den las paredes los afinadores.
on '.l
lo 1Íaman cerebro; la parte comprendida entre e~ ce_1-e•
bro y la mitad de la altura, la llaman vaso superior;/ª
línea media, la ilamacfalseadura; de la lfnea me ta
al arranque de la curva que forma el borde, garganta:
y al reborde extremo, pata.
Cuando se quiere bajar el tono de una camp~na fe
resenta al buril la parte media 6 falseadu:a e a
~m ana. Esta gime perceptiblemente ba¡and~ de
ton!mientras se le va cortando metal. El oído eJercítado del afinador e, el que conoce cuándo debe sus·d be
pender la operaci ln.
Para subir el tono, la pata ó reborde es el que e
'recortarse y la manera de conocer la nota que da es
la misma.
_
Es más fácil bajar el tono de las campanas que su
birlo porque cuando se recorta demasiado la pata,

23

birse med~o cro:~·ue damos son de la Instalación que
M L; f:u: afinador esp,,clalista. tiene en Parla,

\oo

CUADRANTE DEL TROPOMETRO.

EL MUNDO.

gr~~~-te Ja ventí1ación y drenaje de la tierra,
na reserva de agua en e] rondo para ~as conttn
serv~~ de sequedad · tiene una base para fiJar firmen0
6
p~!~!~~~r;,s p~~rtitf~t~~~ cub1:~:~
1
q~~ :n estorbar la ventilación, sirve para becbar poi•
d
ue impidan el paso á las orm 1gas,
~oº!gr\~~~: c~~icoles y demás gente facinerosa que
destruye los afanes de los floricultores.

!=~~• ;:::~~:nf:.

•

1:_

TIESTO MODELO.

Esta maceta modelo tiene otra ventaja muy lm,
por .. ante Por la forma reentrante de la protuberancia ~llfndrica que hay en el londo de ella, la tierra
no está en contacto inmediato con el su~lo, plato,
banco 6 lo que sirva de soporte á la w•ce~j 16 de
Esto es de gran interés, porque la vent ac n
las raíces es perfecta lo mismo que el escurrimlen:
del exceso de agua, pero no de toda, pues una par
queda en reserva detenida en el fondo de la maceta.
Además las lombric,s ó gu~os de tierra se Introducen e~ las macetas comunes por el fondo Y en
éstas no pueden hacerlo gracias á su !orma especial.

-

La humanidad, que á través de las edades ha suen los ojos de aquellos elegidos de la Inconstante nli"ia «nacida con el mal del cielo&gt; según la expresión
frido el encanto del misterjoso Amor, palpita á su so- Fortuna.
lo nornbre sagrado.
de su paf s. El voto de «permanecer seílorita .. que se
En los salones contiguos dasfilaban grupos diplo- sabría.
Siempre divinizó su inmutable esencia, transpaera su secreto, se leía en sus ojos que brillaban
rentada bajo el velo de ]a vida; porque las esperan- máticos, condecorados algunos con un camafeo de con los resplandores de las l'ioletas después de una
zas engailadas 6 no satlsrecbas que dejan en el cora. púrpura. Las extranjeras marcbaban atentas, con el tempestad. Como nlí'ia buena que e:a, se complacía
zón humano las fugitivas ilusioues del amor terres- abanico ea. los labios, del brazo de los cancilleres; al contrario en el aJt.,la.miento dunde se marchit,aba
tre, le hacen preseutfr siempre que nadie puede po- todas las miradas tenían el frío de la piedra. Pa- su radiosa primavera¡ cNca de un \'lejo, cuyas últiseer su real-iaeal sino en la luz creadora de donde recía de buen tono un dejo de fastidio en todas las mas melancolf;is mitigaba. Y rnlu11tarJa1oente se
frente8. En resumee, la Hesta me parecla un baile de acostumbró á vivir así, educando á su I.Jermana meemana.
Por esto muchos amantes-de los predestinados- fantasmas, y me imaginaba que de un momento á nor, consagrándose bnmilde rnente al ca-.Lillo,á los fnhan sabido aquí abajo, desoyendo sus sentidos mor- otra, el invisible manipulador de estas sombras má- geuteR, y á las religie,Sai de 8US cercan fas, desdeñosa de
tales, sacrHlcar los besos, renunciará los abrazos, y, gicas, iba á gritar fantásticamente en los bastidores, otro porvenir.
los ojos perdidos en un lejano éxtasis nt.:pclal, pro. el sacramental: desapareced.
Di.spensadora ya en aquella existencia de obras
Con la indolencia de hastío que fmpnnelaPtiqueta, benditas,
vectar, juntos, la dualidad misrua de su ser en las
hacia. además llt11usnas, trabajos y cánLicos
infsttcas flamas del cielo. A estos corazones elegidos, atravesé aquelJa pieza, y llegué á un salonr:lto casi
desierto,
cuy".&gt;s
concurrentes
veía
apenas.
El
hueco
empapados de té, la Muerte no inspira más que latidos de eHperaoza¡ en ellos una especie de Amor-fénix de un gran balcón abierto invitaba á mi deseo de soha consumido el polvo de sus alas para no renacer ledad: tuí á acodarme en él. Y allí, dejé vagar afuera
más que inmortal: no han aceptado de Ja tierra si- miz:, miradas, sobre todo aquel pedazo del Parfs nocturno, que &amp;el Arco de la Estrella á Nuestra Seno.
no el esfuerzo necesari,, para desprenderse de ella. rase
extendía á mi vista.
Si pues es cierto que semejante amor no puede ser
expreBado más que por Ja prueba, y puesto que su confesión, su análisis ó su ejemplo no podrían ser más
que auxiliares saludables, ¿no debe el que escribe
estas líneas por estar dotado de ese sentimiento su .
¡Ah! la deslumbrante noche. Por todas partes miperlor, no debe una fraternal confidencia á todos los
radas de luces fijas ó movedizas poblaban el espacio.
que llevan en el alma un destierro~
Más allá de los muelles y de los puentes surcados de
Y nG pudiendo, en verdad, apartarla de mi conciencia, he aquí, en toda su sencillez, por qué eslabo- resplandorea, los pesados to!lajea de las Tullerías, en.
nes de clrcunHtancias y fútiles azares mnndanos, tu- frente de la ventana, se estremecían brillando con
verdes claridades, al soplo del viento del Sur. En el
ve esta a ventura sublime.
Gracia.a á la perfecta cortesía del señor Duque de cielo ardían mil fuel(os en el negro azul de la extenMarmler me encontré, aquella hermosanocbe de pri- sión. A bajo tero blaban los astrales reflejos en el agua
mavera del af\o de 1868, en la fiesta dada en el pala- sombrlc:1., y el Sena SP. deslizaba bajo sus arcos con lentitudes de lagum•. Las mariposas de gas, á través
cio de Relaciones Exteriores.
El duque estaba llgado á la casa del Marqués de de las claras hojas de los arbustos parecían flores de
Moustiers, entonces diplomático. Pues bien, la ante- oro. Ea la inmensidad, crecía ó se atenuaba como un
víspera, estando á la mesa de unos de nuestros ami- rumor, la respiración de la. extraila capital, y aquel
gos, había mdnifestado deseos de admirar, una oleaje se mezclaba á aquella iluminación.
Y compases de vals y nutas de vio!Jnes volaban en
vez, la sociedad Imperial, y el Duque deMarmjer· había llevado su urbanidad basta el punto de pasar á la noche.
Al brusco recuerdo del rey en el destierro, vJniemi casa, Calle Real, y conducirme áaque!Jafiesta donron á mi memoria pensamientos de duelo, la triste-de entramos á las diez y media.
Después de las presentacionea de estilo, abandoné za de vivir, y el sentimiento de f'Star, yo también,
como desterrado en esta fiesta. Y cuando ya mi esá mi amable introductor y me orienté.
El aspecto del baile era deslumbrante: los cristales píritu se perdía en este ensueilo, un súbito y deliciode las pesadd8 aranas radiaban sobre las fr~ntes y las so efluvio de 111~ blancas que percibí muy cerca de
sonrisas oficiales¡ los tocados fastu08osdespedían perfu- mí, me hicieron volver hacia la femenina presencia
mes; palpitaba nieve-viva al borde de los corsés, espe- que sin duda ocultaban.
jeaba el satfn de las espaldas, mojado con resplandoA mi derecba, en el alféizar, apoyaba una mures de diamantes.
jer su codo enguantado en las colgaduras de terciodonde la virginidad de su ser, á través del puro InEn el salón principal, donde se bailaban cuadrillas, pelo granate plel(ado sobre la balaustrada.
casacas negras, rematadas por cabezas célebres, dejaEn verdad, su solo aspecto, la impresión que ema- cienso de sus pensamientos, ardía. como un1. lámpara
ban ver, bajo un adorno1 el brilll) de una placa de ra- naba de toda su persona. me turbaron hasta el pun- de oro arde en un santuario .
Pues bien, no habiéndonos vuelto á ver desde las
yos de oro nuevo. Senorltas vestidas de muselina, to de hacerme olvidar todas laR deslumbrantes vlsioceñidas de hermosos cinturones, esperaban sentadas, nea del derredor. ¿Dónde habla yo visto aquel ros- horas de aquellos vagos encuentros en aquel castillo
bretón, he aquí que la encontraba súbitamente en
con la etiqueta en la extremidad de los guantes, el tro? .....
momento de una contradanza. Aquí pasaban agrega¡Ob! ;.cómo podía ser que una fisonomía de encan- París, frente á mí, en aquel balcón nocturno, y que
dc.s de Embajada con el pecbo sembrado de condecora- to tan superior, que respiraba una dignidad decora- me extrafió su aparicJón en aquel sitio.
Sí, era ella, y entonces como antes la dulzura de
clones1 deslumbrantes de pedrerías; allá oficiales ge. zón tan casta, cómo era posible que aquella Beatrjz
de miradas impregnadas solamente de mística espe- los seres que van á hacer ángeles, caracterizaba s·1
ranza-la esperanza era legible en eJla-se encom,ra- pensativa belleza. Dellfa tener de veintitresá veinticuatro ano~. Una palidez extraordinaria, que inunse contundida en aquella mundana fiesta?
En lo más profundo de mi sorpresa, me pareció sú- daba el óvalo exquisito del rostro, se unía, iluminada
bitamentf' reconocerla; sí, en torno de ella, flotaban por dos radiantes ojos azules, á sus negros bandeaux
recuerdos antiguos ya, semejantes á un adiós. Y con- lustroso adornados de lilas blancos que exhalaban su
fusamente, á lo lejos, volvía á ver las noches de un perfume antes de morir.
8u ~vestido, de una distinción misteriosa1 y que por
Otono, pasadas juntas, en otro tiempo, en un viejo
castillo de Bretafia, donde la hermosa viuda de Loe- este mismo motivo le sentaba perfectamente, era de
maria reunía en ciertos aniversarios á algunos ami- seda laminada, de color negro apagado, salpicado de
gos ta.miliares.
finas semtlias de azabache que una clara gasa violeta
Poco á poco volvieron á mis labios las sílabas pali- velaba con su sinuosa banda.
Una frágil guirnalda de lilas blancas, ondulaba sodecidas por la bruma de los afias de un now bre olvidado.
bre su esbelto corpiilo, desde laclnturahasta los hombros y el aliento de su ser avivaba los delica~os per-La seilorita de Aube11eyne, me ai;e.
En el tiempo que recuerdo, Lyslane de Aubelley- fumes de este adorno. Su mano, pendlentesobre su
ne era todavía nilla: yo era apenas un taciturno ado- vestido tenía un abanico blanc0 cerrado, y deuo dellescente, y bajo las seculares calzadas de Locmaria, gado hilo de oro que bacfa de collar, colgaba una
de Yuelta de los paseos, nuestra común burafiez nos pequena cruz de p~rlas.
Y, como antes, sentía que la transparencia de su
había arreglado varias veces: encuentros casuales á
la hora en que se levantaban las estrellas. Y (lo recor. alma era lo único que me seducía en aquella mujer,
daba) la gravedad de nuestras conversaciones tan y que todo pensamhmto pasional, á su vista, me serara en aquella edad, la espiritualidad de sus asuntos ría mil veces menos atrayentes que i.a sencilla y frapreferidos, nos habían revelado á ambos mil afinida- ternal comunión de su tristeza y de su fe.
La contemplé algunos instanteR con una admirades de alma¡ tantas, que hubo rrecuent.Pmente entre
ción ingenua, como asJmbrado de su presencia. en
nosotros largos silencios, extramortales tal vez.
En aquella épuca Lacía ya dos afios que había muer- aquel medio que no era el suyo. Ella pareció comto su madre. El lJarón de Aubelleyne, pasado este prenderlo, y también reconocerme, por una sonrisa
gran duelo babia enviado su dimisión de comandan- nena de clemencia y de candor. En erecto, los seres
te de navío r~tirándose t ristemente con sus dos bi- que se sienten dlgnos de Inspirar la nobleza. de semejas
á su dominio patrimonial, y sólo en muy conta- jante sentimiento, lo aceptan con una delicadeza Innerales, con cor\Jatas de moaré rojo y cruces en aspa
das ocasiones se presentaba en 1a8 tertulias de los finita. Su augusta humildad lo acoge como un simde comendador, cumplimentaban en voz baja á las alrededores.
ple tributo, muy natural, cuyo honor pertenece 4
aristocráticas bellezas de la corte. Se leía el t1iunto
Semejante reclusión no debió afligir en nada á una Dios.

�24
Di un aso para acercarme á e1la.

ble, donde no somos más que apariencias, y del que

- · No )ia, ohidado la st-.florita de Au~lleyne, des-

m~vo!sta:e;~r=~:ae:, :-rr~ ~e:t~~mP.añe1a de aislatento con una especie de lnqu~eta tiJeza.
tró en el castillo de Locmarla?
m -Ciertamente, respondí, al escucharos, reconozco
-En efecto, 00 lo be olvidado, seilor.
_
d 1 ·na de otro tlemp'J. Pero lo que me
Entonces erais una niíla, más sofiadora que tris
te ~ás triste que alegre, cuya sonrisa .ªº 1 era más
~e un relámpauo; y sin embargo, baJO a&amp; pur~s
q
clas a: vuestras miradas de nifto, ¿osana
que bal&gt;fa yo casi arlivlnado á la mujer fu- f:a vi:,~e::, os dan derecho á todos los placeres del
.
ytura, toda llena de melancolía que se me aparece mundo!
·Oh! respondió, con una voz que me pareció ~l
abora1
-~r de una ruente solitaria escondida en una se •
-Aunque enve~eclda, me complace que no me
rum t\l es t:.l goce en el mundo que no se agota,
ncontréis cambiada.
a or sí mismo en su propia saciedad~
e T bién viendoos mezclada en esta fiesta, tengo va, ¿cu
1- :e!tirnl~oto de que estáis ausen~ede ella, Yque que uo se ::~o~r los beneficios de la vida no &lt;¡uee pre ara vos más extranjero que s1 nunca me hu- ;.acasoo:~r sus disgustos? ;.qué son esos placeres que
rer pr
izan sinv mezclados de un esencial rem~ryo
solys p.
bleF.e
vis to. Verdaderamente •·se podría decir que
s~e~:\ y ·qué TOayor felicidad que vivir su ex1s.
ara
• habéis sufr;do la vida?
:cia ~n u~a alma fuerte, pura, invulnerable, y
Y Dejó de parecer dls1 raida, me miró, como P
darse cuenta del alcance que quería dar A mis pa1a- :aberse substraído á. las influencias de. tod: mortal
concupiscencia para no renunciará su ideal.
b"'aS v me respondió:
,
d
1
. -No seño r, al menos como se podna enten ero.
- Es fácil creerbe fuerte rehuyendo la prueba del
'una. desenaanada, y si no be reclamado, si no combate.
f~e~yningó.n go~e de la. vida, comprendo q~e ot;os
-No soy más que una criatura hecha de carne y
~eden encontrarla bella. Estl\ noche, por eJemp o, de d¡bilidades que no hace otra cosa que pecar, ¿pap
dmlrable noche' y aq.:.f ¡cuán suaves ra qué que rer otras luchas que aquellas de las que
~Jsf~,na~ace un moment0, en el salón de baile,. ':í estamos seguros de salir vlctorio..i;:,os?
á dos no.vios : se tenían de la mano, páltJos de rrhc1-

puésGdc tantos ano..;, al pasajero pensat1 vo que encon-

t:~:~~{:s°

Domingo 9 de J ullo de 1899

EL MUNDO.

:~:t~\~trl:;:ri:i1•~lt~dn~::1;1:; r;~~~1~

~!tr:~

Resplandecía como un lirilo ~;~ªfe~~~~!~~
Hadas, que parechto el md~fc~
la de los elegidos,
,
persona, y con uoa voz
me respou~ió: í ? No No podrían tener derecho
-¿DUenr, d~c s . d·el cielo aquellas que pudiemás que una im;o1~~austos de' modo que no arrecie-

~f

"cow~

1

~:~ r~i~t~~\ue las hdec~~ dr: h~~:e~p~d~ l~nC:n!i

de su alma. El po~er e creedwe sólo en el esruer•
esplendor de su para so, y, a des re'oderse de los la•
za soberano que s~ hac~ pa; culJd sobrehumana de
zos rotos, se adqute~ a. ;or qué entonces "acilart
aspirará la Eterna uz:g'ue tan cerca al de haber siEl momento de no ser s1
no se afirma más que en
do, que la vida, en vergad, Cómo llamar así sacrificio
la concepción de su na a. ¿
buen emal abandodno terrteslfitcare/ep~iu:ll!o~~r:u:~r~a inmortapleo pue e san

Domln¡,o 9 de .Juiio rle l ~PP .

EL MUNDO.

Cuando la señorita de Aubelleyne desapareció del
salón, emocionado aún por aquel encuentro y aquella
conversación, quise disipar mi impresión mezclándome á la brillante fluctuación de aquella multitud.
Pero inmediatamente sentí que babia ca(do una
sombra sobre todas las luceh, y que no quedaba en
aquel momento de aquella fiesta más que salas desiertas, donde se deslizab~n como sombras, criados lí•
vidos bajo arañas extinguidas.

2a

lldr~:í la Inspirada sombra ~e _volvió b:~lato~:lóe1
del baile que se entreveía. ªº~·b:: 1:ªbalaustrada Y
purpúreo te rciopelo plegado
lldad sobre la corona.

~~! i::Josfr:re:l~~~~fº~;:6~:uñido,

realzado, que

brill~~!'g' :;;;~~uó· ciertamente son bellas y sed_?C·
, •
e iran bJjo esas arauas
1'
tora~1~!~º;~:sjg!e i!s\~as ~rentes y frescos esos laSin e~bargo, que pase el soplo de una circuns-

~~i:.

A la mafia.na de} día siguiente, salí J;'D'Ucbo antes
de Ja hora :ndlcada. La mañana s11lpicada de oro, era
fría, con ese frío primaveral que hace temblará los
rll88les rejuvenecidos; Abril reía en los aires invitan.
do á vivir aún, y, en los boulevares1 los •árboles, Jos
escaparates es poi vareados de escarcha. como de un
musgo de diamantes, cintilaban en un vapor irisado.
Con el espíritu lleno de una iudefinible esperanza,
torué el primer carruaje que ví.
T res cuar tos de hora despué1:, me encontrnba. en el
at rio de un viejo priorato Nuestra Sen.ora de los
Campos, subi por la gradería de la capilla y entré.
El órgano acompañaba con vuces tan puras que
su ii acentos no parecían ser de la. tierra. Un hemiciclo, de enrejado impenetrable, formaba las paredes
anteriorfs del s~ntuatrlo. Allí cantaban, invisibles,
las conti nuadoras de Teresa de Avila. Cantaban el
oficio de difuntos; un sacerdote reve&amp;tldo de Ja estola negra, decía la misa de muertos. En frt&gt;nte del alta r, se elevaba en medio de ~as espiralefi del incjenso,
una capilla ardiente.
Sin duda se celebraba el servicio de una religiosa
de la comunidad, porque cabria un pafio blanco la
urna colocada sobre las baldosas, y cafa basta el suelo fo rmando pUegues, donde se estrellaba é través de
los vitrales color de ópalo, la luz del sol.

Los mil resplandores de los cirios, de Ha.mas que
parecían lágrima~, iluminaban las otras Jágrimas de
oro del pafio funerario y aquellos fuegos parecían decir muy tristemente á la claridad del día: tú también te extinguirás.
En la nave, la concurrencia de Ja niejor sociedad,
oraba, recogida; el lujo y el aspecto de los vestidos,
el perfume de las pieles y el brillo de los terciopelos
azules y negros daban á estos funerales una especie
de Impresión nupcial.
Busqué con la mirada, entre la multitud á la seííorita de Aubelleyne. No viéndola, a.vaneé, preocupa•
do, por entre la doble fila de sillas hasta el pilar lateral á la Izquierda del ábside.
Acababa de sonar el ofertorio. La reja claustral se
había entreabierto; la abadesa, apoyada sobre una
cruz blanca, se mantenía de pié, en el umbral, con
una deslumbrante cruz de plata sobre el pt·cbo. L38
hermanas de la Observación ordinaria, vestidas de
blanco, rnn velos negros y descalzas, avanzaron y descubrieron la urna, cuyas cuatrü tablas aparecieron vaclas y desnudas.
Antes que me diera cuenta de lo que significaba
aquello, el toque de agonía-esa negación de la
Hora-comenzó á sonar, y el viejo oficiante, volviéndose hacia los fieles, pronunció la pregunta sagrada,
¿no bay una. víctima que se quiera unir al Dios cuyo
sacrlticlo iba á ofrecer?
A estas ".lalabras, se escuchó un extremecimiento
en la concu·rrencla. y todas las miradas se fijaron en
una penitente vestida de blanco y cubierta con un
velo. La ví dejar su lugar y avanzar en medio de un
rumor de tristeza, de lágrimas y de adioses. Sin levantar los ojos se aproximó al earejado, lo .empujó
suavemente, entró en el coro, se despojó de su velo,
se arrodilló tranquilamente en medio de los cirios
que formaban en torno dP. su augusto rostro un círculo rle estrellas, y poniendo su mano virginal sobre
el ataúd, respondió: aquí estoy yo.

Ent1Jnces comprendí. Aquella era la cita sombría
que me había dado esa virgen. Recordé, enmediu
ce un relámpago, el terrible ceremonial de la. toma
de velo en Jas CarmeUtas de la Observancia ese.re•
cha. Los símbolos de aquel ritual se: sucedían seme•
jimtes á llamamientos precipitados de la piedra nepulcral.
Y he aquí que en medio del má.s protundosile'nclo oí
súbitamente levantarse su dulce voz cantando la. fórmula de los ,·otos de su consagración.
¡Ah! no puedo definir aquí el misterioso secreto
que entonces hlzt.. desfallecerá mi alma.
Luego, habiéndola revestido una de sus nueva.i;:,
compaileras, lentamente, del sudario y del velo, y
después descalzada para siempre, recibió de la abadesa las siniestas tijeras bajo las cuales iba á caer la
cabellera de la pálida bienaventurada.
En a.quel momento, M.si-1.na de Aubelleyne se vc1lvió hacia la concurrencia. Y sus ojos, al encontruse
con los mios, se detuvieron mucho tiempo, tanqullos,
fijos, con una solemnidad tan grM·e, que mi alma
acogió la conmoción de su •mira.da como una cita
eterna. prometida por aquella alma de luz.
Cerré los párpados, reteniendo 1.,;na légrima que hu biera sido sacrllega.
Cuando recobré la conciencia de las cosas, la lgle.
sia est.aba deslerLa, declinaba el día, el cortinaje
claustral estaba pasado tras las rejas_. La vlsióu había. desaparecido.
Pero el adiós sublime de aquella sepultada, babía
consumido para siempre et org-ullo carnal de mis pensamientos. Y desde entonceq, idealizada por el recuerdo de aquella Bea.triz, siento •siempre en el fon.
do de mi&amp; pupilas su mística mirada, semejante
sin duda á la que empapada del destierro de aquí
abajo, llenó para siempre del amor nostálgicodel cielo, los ojos de Dant,e Allghieri.
CONDE VILLIBRS DE L'lSLE ADAM.

OJOS TRISTES .

dad· se casarán ¡Ah! ¡Qué goce el de ser madre! y
vi vt'r amada, a~rulla.ndo un tierno niño de sonrisa
como la luz ... •
.
Exhaló un suspiro y la ví cerrar los OJOS.
.
-¡Oh! me hace mal el perfu.ne de estas lilas, dl¡o.
y calló, emocionada.
.
A punto estaba de preguntarle qué vaga tristeza
ocultaba aquella emoción, cuando, como un informe
á. · 3 ro hecho de viento, de ecos sonoros ,Y ~e tlnieb1is el toque de media noche, elevándose sub1tamente
de 'Nuestra-Seilora, cayó pesadamente á través ~el
espacio, y, de iglesia en Iglesia., tocando las ~ieJas
torres con sus alas ciegas, se hundió en el abismo,
vibró, y desapareció después.

11

Aunque la hora ya no sonaba, Ja seflorita d_e Aubelleyne, acodada y atenta, parecía escuchar aun no
sé qué sonidos perdidos en lontananza, y que, pa~a
ella, continuaban sin du~a ague~ toque de _media
noche: porque parecía segmr con ligeros movimientos de cabeza un eco que ya no oía.
-Se diría. que vuestros pensamientos acompaf'ian
hasta lo más lejano de la sombra, esa hora que se va.
-¡Abl murmuró, mezclando los rulgc,res _de sus
ojos al res¡fland•)r de las estrellas, hoy es mi ultimo
tlía. d~ prueba, y est.a hora que huye no es para mí
más que un ruido de cadenas que se rompen, llevando lejos de aquí á mi alma libertada! no solam?~te lejos de esta fiesta, sino tuera de este mundo ,·1s1 -

-Entonces, le pregunté con cari'ñ~so asombro,
. r ué tabéis venido aquí estia noche.
"~n'! inefablesomtsa, hecha de desdén terrestre Y
de éxtasis sagrado, Iluminó la palidez de su semblante.
.
t .
-Debí sufrir en mi docilidad, la antigua cos uro
bre del Carmelo que prescribe á la humilde prometida de la. Crut}arrootar las tentaciones del mundo antes de pronunciar sus vot,os. Estoy aquí por obediencia.

En aquel momento llegaron á nosotros más distintas Jr.s harmoniosas me1odíPs del ba1le¡ se acababa de levantar una tapicería dejando. entre.ver una.
gloria de mujeres sonrientes en el baile, baJo la ~uz.
Viendo á. aquella cuyo austero pensamiento domrnaba así á aquellas visiones le respondí con voz temblorosa por la emoción:
-En verdad, señorita, me siento muy entrlstecl_do
por el rigor de vuestra renuncia. ¿Por qué esta pnsa
de sacrificio? Aunque la vida careciera de goces, no
la hacen grata los que se pueden dispensar? Es_ bello
00 temer los sufrimientos, engañar las ilus1ones,
aceptar las tareas que otros sufr~n por nosotros,
amar, palpitar, sufrir y saber: enve1ecer en fin. Eo:
tonces, nü teniendo ya ningún de~er _:¡ue cumplir, s1
vuestra alma, cansada de los sufr1m1entos bu~anos
aspira al reposo, comprendería vuestra renuncia del
mundo, que me parece ahora, lo confieso, una especie de deserción.

tanela funesta sobre estas antorchas y broscamente
las extinguirá. Todas estas irradiaclone&amp; que se desvanecen en la sombra cesarán, en un momeo~, deencantar nuestros ojos. Ahora, si_no mailana m/smor
un día cercano sin remisión, el "Viento de 1a Noche,
que ya noi:, be~a, perpetuará este desvane~imiento.
Entonces •qu6 impo1tan esas formas pasa.Jeras queno tienen ~ás de real que su ilusión? ¿Para ~,)ue vivir bajo una claridad que se ha de extinguir. Para.
mf vivir asi es lo que seria desertar. Mi primer debe; es seguir }a voz que me llama. Y no quiero en
lo de adelante bañar mis ojos más que en esta h~z in•
terior, con que el humilde Dios sacrificado se digne,
por su gracia, besar mi alma. A él e~ á quien meapresuro á. darme en toda. la Hor de m1 beHeza perecedera. y mi única tristeza es no tener más que sacrificarle.
Penetrando, á pesar mfo, por el fervor de su éxtasis, permanecí silencioso, no queriendo turba~ con
una palabra el secreto infinito de su recoglmtentoF
Poco á poco, sin embargo, su rostro recobró ~u tranquilidad; se volvió casi sonriente hacia el vieJtt almi·
rante de L. M. que se ace rcaba: le tendió la mano Y
se inclinó como para irse.
-;.Partís ya? murmuré ¿no os volveré á ver?
- No, señor, dijo dulcemente.
-¿Ni una última vez?
Pareció reflexionar un segundo y respondió.
-Ona última. vez .... Sea.
-,Cuándo?
- -,Mañana, á mediodía, si vais á la capilla del Carmelo.

La conocí por casualidad una tarde de Otcllo.
De antesala en casa de un notable jurisconsulto,
distraía mi fastidio contemplando las pinturas de au tores ramosos, objeto el que más llamó mi atención,
de los muchos y elegantes que Uena.ban la pieza.
E n el piano de una casa vecina, resonaron las me.
lancóllcas notas de la marcha t,\nebre de Gounod; mil
recuer1os sombríos invadieron mi mente y para disiparlos, escapáronse mis miradas por un balcón abier.
to. A lo lejos se dlstioguía otro, donde trataba de
ocultar la d~nudez de sus toscos hierros 1 una llnda
enredadera de vincapervinca. Preso en humilde jaula de carrizo, un gorrión cantaba alegremente, irguiencfo su cabecita para distinguir mejor por las reo.
dljas de su cautiverio, á las flores azules, que le ha.
blan de cielo y de libertad.
Dentro, adivlnábase una soberbia cabetera obscura, contrastando con la blanca muselina de un traje
de mujer. La insisteLcia de mi vista, la hizo levantar la cabeza del bastidor en que trabajaba y pude
entonces apreciar una de esas fisonomías que, sin ser
precisamente bellas, poseen una simpa tia irresistible
que las graba Indeleblemente en el alma. Despojó
aus sienes de los bucles que las cubrían; cortó una
flor azul y al llevarla con pasión hasta sus labios, sorprendí en sus ojos una mirada de tristeza.
El gorrUo cedó de cantar y yo, con pena, tuve que
pasar al salón.
Transcur rieron algunos meses y felizmente se repitió nü t urno de antesala, en casa del ilustrado legista.

Esa vez no me deti;ve á examinar los interesantes
paisajes ni el poético rostro de Elena, la pobre tísica
que pasa las horas frente á una mata donde un lirio
coa quien ha comparado su existencia, empieza ya
á. marchitarse. Precioso lienzo de la niña pálida, que
mue re, cuando la flor cae, exánime y seca, desprendida de su tallo.
Esa tarde me coloqué muy cerca del balcón abierto, para ver R.quel cuadro animado, en que figuraban
la enredadera verde, el gorrión preso y la joven de
ní veo t raje y cabellera obscura.
Todo est:1.ba como antes. Sólo ella, en vez de coser, contemplaba el cielo con mirada triste.
La hora del crepúsculo, esa hora hecba de lluslo•'
nes y recuerdos, vistió el balcón de luz y claridad.
Una exhalación cruzó el firmamento, ella la siguió
con los ojos hasta verJa desaparecer y creí escuchar
que decia: cEs su alma que viene á la cita de amor.&gt;
Durante mi entrevista con el abogado, tuve lasa•
t lstacctón de 8.:l-ludar á su esposa, y no pudiendo dominar mi cariosidad, pregunté, del modo más correcto que me tué posible, por la bella desconocida.

-Ab ! Clara! ... me dijo, es una muchacha trabajadora y bueaa que vive, resignada y &amp;ola, en espera dP.su
futuro, un oficial de Marina, que vendrá ácasarsecon
ella cuando concluya un largo viaje de exploración, á
que lo ha enviado el gobierno.
Eatonces comprendí todo y pensé mucbo en el balcón lejano. Las flores, azules, como la Inmensidad,
como el mar que él cruzaba¡ el gorrión de plumas
amari11as en eJ pecho, amarillas, como los galones
del uniforme; la vaporosa muselina del vestido, siempre del mismo color, cumpliendo acaso una súplica del
ausel"Jte y ld contemplación extátlca de una estrella,
en donde buscaría miradas de amor, miradas de muy
lejos, tomaron posesión de mi alma, y cuando dirigí
por última vez los ojos á donde Clara continuaba aún

viendo el cielo, recordando su h istoria y la luz r:ñ~Ian
cólica de sus pupilas, recité una y muchas veces, a.que
llos v~rsos de Orbina:
&lt;Oh! tu mirada de pasión quién sabe
Qué misterios oculta! ardiente y viva
Un tinte de dolor pone en tu grave
Cabeza de Minerva pensativa!
Oh! tu mirada de pasión! tu triste
Mirada de mujer que ama. y espera
Y que el Otoílo de la té resiste
Como la última Hor de Primavera .... &gt;
ESCONDIDA.

LEJANIAS.
[ C el

ú l tlm o

l l br-o

d e

Fr-a n clee o

LAS RFJAS.

A .

lcaza.J

PSIQUIS Y AMOR.

Es un poeta el viento, tiene en las rejas
La más extensa gama de las canciones;
La serle indefinida de vibraciones
Que va desde las risas basta las quejas.
Si azota la ventana del alto fuerte,
Como sangrienta mano firme se agarra,
Y cual bordón de bronce trnena la. barra
Con épicas estrofas de gloria y muerte;
Si mece las guirnaldas de enredadera
Que en la rústica reja buscan auxilio
Para escalar el muro, canta un idilio
Impregnado de arom1s de primavera.
Al rozar los dibujos de ferrería
De gótica ventana gala y afiance,
Renueva las historias de algún romance
De las gestas de antigua caballerfa;
La mata de claveles tnquiet,o sopla
Eo la reja aadaluza, la flor bermeja
Con sus labios de grana, toca la reja
Y del beso rurti vo nace la copla.
Llega de las p:-isiones basta el eacierro,
En la veatana estrecha. donde respira
Y toma luz la celda, forma una Jira
y Je p·me por cuerdas barras de hierro.
Yo conozco esas notas, sé que en las rejas
Tiene el vJento la gama de las caacioncs
y recorre la serie de vibraciones
Que va desde las risas hasta las quejas.

Arriba, el sol en lla.maradas rojas
Envuelve el bosque; mas sus vivas llatrlas
Al pasar por los claros de las hojas
Toman el tono de las verdes ramas.
Todo reposa en el paraje umbrío,
Todo respira bienhechor descanso:
La luz, el aire, hasta el revuelto rfo
Se adormece en la curva del remanse-.
Y allá en el tondo, se levanta el grupo
De Psiquis y de Amor, siempre impasible
'
Viviendo con la vida indefinible
Que un arte excelso transmittrle supo.
Y Loy y mafia.na pasarán las horas,
Y sobre el pedestal donde la yedra
E~laza sus guirnaldas trepaduras
Con las hojas de acanto de la piedra,
En un abrazo interminable unidos
Y medio ocultos por ramaje espeso, '
Psiquis y .\.mor en mármol esculo1dos
Eternamente se darán un beso. ·

•

�Domingo 9 de Julio 189~
26

EL MUNDO.

Año VI-Tomo ll

Número 3

México, Uoming&lt;' 16 de Julio de 1899.

,I

(lnédita.)

UNA FLORISTA DE GRANADA.
ÜUADRO DE ISIDORO

°hlA m~.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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298

Domingo 12 de Noviembre de 1899

z_

A flo VI-Tomo 11

México, Domingo x9 de Noviembre de

T~Q9•

Número

21

a

Tres noch~s recorriendo las laderas
Penumbrosas, selváticos follajes
Con greiludas malezas que se erizan
Como crines de bestias espantables.
Tres noches comumidas en ardiente
Ojeo, escudriilando matorrales,
J&lt;~n alto las orejas Janceoladés
Erec.as, como dos índices graves
Que seiialan la sombra. Las pupilas
Brillaotes con los brillos del esmalte,
Y los lomos hirsutos y la fiebre,
La fiebre araiendo llamas en las fauces.
Así los lobos van por la ladera
Con fatigas y angustia&amp; en la carne,
Fundiéndose en 111. sombra como manchas,
Y desgarrando aullidos: ¡tienen hambre!

***

El torno, el grande horror de lo lejano,
De lo que nunca llega; el innsondable

MI REINA DE LA FIESTA
Ultim~ po~s:a p~emiada en los Juegos florales de Cartagena.

Verás .... ¡ Yo soy Jo mismo
que aquel romero triste dd alto de la sierra ....
que aquel romero triste de pálidos verdores
y de áspera corteza
que, dci;medrado y viejo,
da flores t1.,cla. vfa, se viste en pr1 rna vera
y todavía ofrecn su néctar delicado,
que l;&gt;Uscan fas abe~asl
. . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. .. . . . . ..
Qué! ¿quieres que haga versos?
¡Pues he de hacerte versos, y tantos como quieras!
Yo romperé mi lanza
.
luchando en el torneo brillante de la'l letras,
y venceré en la lucha para 'l ue tú sonrías ....
¡ para que tú lo veas!
Tú me verás intrépido: para lograr el triunfo
he de agotar mis fuerzas ... ·.
Tú me verás magnánimo tirar todo un tesoro:
1el escondido y san Lo tesoro de mis penas! ... . . .
Me voy haciendo viejo
como el romero triste del alto de la sierra;
¡pero aún me quedan flores y néctar delicado
que dar á las abejas!

..

..

.... ............................ . ..............

Yo lucharé, aunque sufra sangrando por la herida
que tengo en Jo profundo del corazón abierta ....
mas quédese en secreto, si alcanzo la victoria,
y aquél y tú, Sátedlo, sin que otro más lo sepa:
Yo quiero, si es que triunfo, que seas elegida
la reina de la fiesta, ·
y quiero que te elija, cii'iéndose triunfante
wis lauros ae poeta,
el mozo aquel que adoras,
aquel que en tus ensueños con tus amores reina.

.. . . . . . . . . ........ . .. ....... . ................. .
'

Cel llbr-o "Ce el C o l or,

Mar de tiniPblas y olas, y el desierto,
El desierto de tantas soledades.
El frágil bote cabalgando á tumbos,
Cabalg-ando en las olas espumantes.
A tumbos que son vértigos, crugiendo,
Crugiendo á cada golpe y sin velamen,
Abajo en E:l abismo, hondo murmullo;
Arriba en el abismo, quietud grave,
Y el bote como una ánfora de angustias
Perdido entre las dos inmensidades.
Los nAufragos se ven, se ven con odio;
La aflicción arde en todos los semhlantes
Como una llama verde, verde y pálida,
-Blandón sobre el altar de los desastres.y rechinan los dientes y blasfeman,
Y maldicen al cielo imperturbable,

¿Que esto es un sacrificio?
¿Que acaso no me faltan amores que merezcan
de mi glorioso triunfo
la delicada ofrenda?
Verdad que no me faltan amores, que en amorei,
,:.:ifré mi vida entera;
pero los tengo lejos ....
1Tan lejos, que no aguardo que ya á mi lado vuelvan!. ..
se fueron una tarde de otoño en que las hojas
se desprendían se;as ....
se fueron una tarde con sus azules ojos,
con sus miradas tristes, con sus sonrisas tiernas! ....
Se fueron y no vuelvei: ....
Ha tiempo que me espera
la nii'ia encantadora de los azules ojos,
de las miradas dulces, de las sonrlsas tiernas ... .
Ha tiempo que me aguarda... durmieudo eternamente
debajo de unas flores, mi reina de la fiesta!
VICENTE MEDINA.

Cartagena (España), Junio de 1899.

RIMA~ ..

l

Al negro cielo, indiferente, mudo,
Y se asechan con odio: tienen hambre!

1
t

*

* *

El harapo es dolor, dolor mas triste
Porque cruza el asfalto de las calles
Como 11\grima triste de la inopia;
Porque exhibe sus llagas y es cobarde.
El fausto de los próceres lo humilla,
Y humilde se resigna, herir no sabe,
Ni convertirse en rebelión, en ira,
En épica bandera de combate.
El harapo es ml\s triste porque ca.Ha,
Los lobos aullan con dolor salvaje;
Los náufragos maldicen, y blasfeman;
Los harapos se arrastran: tienen hambre!

M. LARRAÑAGA PORTUGAL .

II
.... Ya ves cuánto gozaste: sonreía
Tu boca angelical!
Platícame, paloma, los ensueños
Que te hicieron rdr y no llorar!

*
. ... Ya ves como la noche no es temible
Pues convida á soñar,
Y lo que juzgas ilusión, despierta,
8oiiando se convierte en realidad.

HI
¡Levántate. paloma! el sol que explende
Te devuelve la paz;
Ya no exist,e la noche que temías ....
¡Bajo el auspicio de la luz estásl

*
Compara el Sol radiante con la noche,
¿Qué te deleita más:
Esa estrella que borra los ensuei'íos,
O la noche que brinda el ideal .... ?

IV
A****

I
Es la noche: paloma, ¿por qué temes
Su densa obscuridad?
¡Aquiétate, la sombra se disipa
Como pasa con todo lo fugaz!

*

Duerme tranquila, velaré tu sueño
Que narlie turbará,
Hasta que el rayo de la luz hermosa
Te venga con su be50 á despertar.

.... Goza, paloma.! cifro mi contento
En mirarte gozar;
1Adoro el día porque no le ternes
Y te devueJ ve la per.iida paz!

*
... Lang-uideces?.. comprendo lo que sufres,
Tu pena calmará:
¡Próxima está la noche, no le temas .... 1
Otra vez con loi sueños vol verá .... 1
RICARDO

Som.

&lt;j/llmo. (l!Íz. :i)r. :i)on &amp;antiac90 Je la {jawv g'ambzano,
NOMB&amp;ADO ARZOBISPO DE MONTERREY,

'
/

I

Fot de Mora.

�Domingo 19 de No"._iembre de 1899.

EL MUNDO.

296

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

.... «Manon era una criatura extraordinaria. Jamás tuvo al oro el menor ape~o, pero no podfa gozar un momento de tranquilidad con el temor de carecer de él. Necesitaba placer y distracción. En estando divertida todo le era indi,erente; ni siquiera se
informaba de nuestro estado económico con que pudie"a pasar agradablemente el día. Nada, pues más
fácil que com?lacerla, improvisando todos los días
diversiones á su gusto. Sin este estímulo, no había
que contar con ella para nada. Aunque me amaba
con ternura, y según su propia confesión, era yo el
único capaz de hacerle exp,rimentar el a:::ior, podía
estar seguro de que su cariño no triunfaría de ciertas inquietudes.&gt;
He aquí una alma femenina del siglo XVJII que
hizo de la novelilla del abate Prevost, una obra inmortal. Las escenas, un poco picantes, de esta historieta, las aventuras jocoserias de rufianes y perdidos,
la narración exacta y sencilla de un amor ardiente á
través de peripecias innobles, la confidencia de una
alma enamorada y viciosa, dan á este viejo libro un
tentador y piadoso atractivo que va aumentando página á página, y complicándose de ternura y miseri.
cordia. hasta estallar en un grito de d&lt;1lor humano en
las últimas líneas rebosantes de amarga é infinita
triste1.a. Ese cuenLo juvenil y picar1::sco, q•Je parece
una canción acompañada con ruido de espadas, cho•
car de vasos y estallidos de ósculos, termina con un
petético lamento que seme¡a un canto litúrgico harmonizado por las voces graves y roncas del órgano. Al
principio, huelen las hojas á flores de primavera; lue.
go á esencia de tocador, á exquisitas fragancias, á
perfumes de salón, y después, por el campo desolado
en que agoniza. una coqueta. cansada de vivir, pasa
una ráfaga de incienso.
Massenet puso en música las mundanas baza!'ias de
esta locuela deliciosa que, asomándose á ca.da paso
por la puerta del ensueño, sonríe á todos los muchachos de veinte años.
y es un encanto la obra de Massenet, porque en
verdad que ha seguido las carreras y semi vuelos ele
esta alondra inquieta que salta de rama en rama, sacudiéndose el rocío del plumaje, por el viejo árbol oe
la vida.
La música de Massenet, esencialmente delicada y
tierna, posee. quizá como ninguna, la característica
del espíritu francés: la gracia. Es de una maravillosa elegancia y de una admirable flexibilidad. El maestro francés ba hecho en Manon alta psicclogía musical. Aquella frívola y sensual, vana, y apasionada.,
enamorada del placer efímero, impaciente, generosa,
cruel ávida de ternura y deseos, que apuraba el goce
de u~ sorbo, y presentando al desr,ino su copa vacía,
pedía más, síemp1e más, en una insensata y voluptuosa embriaguez; aquella casquivana que cambiaba
besos por monedas, y que imploraba de su amante
oro y amor, está dibujada por Massenet, en una mústca fina y suave, que tiene toda la_emocionante elocuencia de ese sutil y divino arte de las notas. Massenet ha escrito con lágrimas, y rimado con r isas y
suspirns sus aladas y cristalinas melodías.
No, maestro Campa, ya lo sé; no hemos oído á Ma·
non pero siquiera la hemos soi'íado.
1y la fantasía hace tantas cosas bellas y luminosas
de las toscas y obscuras realidades!

*
* *

amor está el alma de esta tísica que cruza toslend o
á travéi. de nuestras locuras juveniles, y que en el silencio de la noche, bajo las cortinas del lecho, de vuelta de nuestras aventuras y amorfos, nos hace ñerramar sobre el libro a.;ierto una lágrima de pena, y
atraviesa, ennoblecida, por entre los recuerdos de la
orgía y los deseos torpes!
Dentro de la alcoba de tapices obscuros, perfumada
y tibia, hemos bailado á Sn.focon su desnudez envuelta en luz; con su globo de insolente claridad de alum brado público, esperando en la acera al tr11nseunte
ebrio, tropezamos con Naná; posible es que en nuestras correrías de trasnoctladnres empederuidos hayamos visto cómo la risueña .Manón abre los brazos á
D&lt;lS Grleux.
•
A la pálida enfe1 ma, á la triste Margarita., á esa no
la hemos visto porque se encuentra en el límite' preci~o en que acaba la existencia real y c0mienza. la vida de la poesía.
Marga.rita es humana; es de la carne de que somo~,
sólo que se iergue más ante nuestras miserias, está
más alta, y no 1mele darnos la mano en los bacanales
vulgares.
La Vt:tusta ópera de Verdino~ produce fastidio;
sólo el innegable talento de la Pa.dovani logra, por
un milagro, hacernos escuchar esta música aburridora.
Y sí que nos conmueve en el final, cuando la muerte llega á apagar la llama de la dicha sobre el marchito semblante de Violeta. Ella se pone en pie, recibe, con sonrisa de inefable gozo, el soplo frlo, porque
cree que es el aliento de un ángel, la ráfaga de uua.
primavera, el saludo ce la vida nueva, é inclina la
fre nte hermosa y soñadora, basta el hombro del ena•
morado, que estrecha el CU&lt;:lrpo enflaquecido-el pretexto para que una alma quede aún sobre fa tierra,
como dijo el poeta. -Después .... al abrir los brazos
AlfredJ, la pobre tísica cae blandamente, sencillamente, como caen las ves:iiduras que se desciñen . .

"* *

Hago un esfuerzo de memoria y veo al segundo
representante de la dinastía de la zarzuela.-El primero, Ramsés el Grande. fué Don José Cleofas Moreno, y genitor, (en sentido figu rado, se entiende) de
la actual familia reinante.
Eran los buenos tiempos del teatro ¡oh buenos
tiempos!
Todavía cuando paso frente al Teatro Nacional,
paréceme ver la sombra de PasLor errante y desconsolada, como la de César en ios campos &lt;:le F illpo.
El Currillo Pastor era bajo de cuerpo, vestía casi
siempre de negro, y correctamente, como si á diario
estuviese dispuesto á ejercer funciones diplomáticas.
Un rojo clavel decora.ha. á continuo su solapa.
Recargado en una de las columnas del pórtico, ,e.
partía saludos y sonrisas con un aire de satisfacción
burguesa de lo más simpático y expresivo. Eo su cara afeita.da, iluminada por no se qné resplandor de
alegría, brillaban dos ojillos vivaces con una chispa
de carbunclo en el fondo de las pupila,;.
Por aquel entonces la zarzuela no se encanallaba
aún y el público aplaudía los inocentes retruécanos
de «Las dos Princesas,&gt; los discreteas y sutilezas del
«Estudiante de Salamanca&gt; y los diálogos color de
ro&amp;a de las operetas de Suppée y de Lecocq. «El PStudiante Polaco&gt; fué el clau de la temporada. El público se divertía con las aniruadas y vistosas escenas
de estas comedias líricas cuya música reía con la
franca y sonora risa de un regocijo sano.
Abara recuerdo aquellas épocas felices, en que la
zarzuela conservaba cierto viso de cultura, cierto disfraz de buen tono y elegancia, cierto respeto, siquiera fuese fiogido, á la decencia.
Aquel era el bajo imperio del sprit, pero aun su
Majestad !a Gracia, no se disfrazaba de chula para
b1ilar, entre alusiones de callejuela, la da01.a del
vientre.
Poco á poco el mal gusto fué adueñándose del público. Se respiraba en la atmósfera como un miasma.
Acabó por asfixiar un pobre arte anémico y desfalleciente.
Y un teatro licencioso y brutal se adueñó de los
escenarios bajo las reglas de una estética encanallada y de una plástica degenerada y torpe.
Hoy parece que, como reacc:ón, un gesto de asco
y repugnancia frunce las alegres má:,caras de la comedia.
¡Oh, si fuese cierto que el público está dispuesto á
abandonar el chiste obsceno y las desnudeces groseras de la tanda!

.A.delina Padovani, la suprema cantante, ha interpretado Tra1Jiata. El talento de esta artista es un
taumaturgo: resucita á los muertos.
«Traviata&gt; ya está envejecida, manoseada, vulgar.
Llora en los tubos chillones de los organillos de Berbería y se encanalla en las vihuelas.
¿Por qué se nos presenta Ja rugosa quintañona,
que nos sirvió de aya, vestida de fantasía y con pre. tensiones y coqueteos de joven galante? Ah! lo com.
prendo. El grupo de delicados la desdeña, pero vulgar y vieja, Lada via se siente amada de las multitudes admira álos libertinos Ignorantes y humedece
los ~jos de las inocentes señoritas. ¿Por qué? Por la
pai,ión. Por lo miRmo que Massenet se hace aplaudir
*
**
de los esco"idos. Y la pasión está, no en la mflsica
El Cómico comenzó á publicar el cuento más lindo
impetuosa,ºpero monótona y desmafiada, sino en el
drama, en esa Margarita Gautbíer de baile de Carna. de 10s que se hayan escrito en espaflol: «El sombrero
val, en esa Violeta que conserva, no obstante lo tosco de tres picos.&gt; Es un grano de sal andaluza que visto
de pronto parece un diamante. ¡ De tal suerte en él
de la caricatura, algunos rasgos del original.
Este tipo ba teni&lt;lo la fortuna, según la frase de juega y se descompone la luz!
Nada más encantador é intencionado que esta doun crítico francés, Je mostrar por primera vez en el
teatro, el mundo sombrío de las muchachas de vida nosa burla que pinta á la Meissonier, con pinceles
lib~e y de los jovenes ' que arrojan sus corazones al mojados en los verdes patios de Sevilla ó en los crepúsarroyo. «En el fondo de toda mujer-decían los Gon- culos del claro cielo de Granada, los cuadros más deC"ourt-bay algo de febril, de estremecedor, de sen- liciosos de la Espa!'ia de principios del siglo ....
sitivo, y de herido.&gt;
LUIS G. URBINA,
¡ y qué profuudamente herida, qué trémula de

.l)Ollllngo 19 de Noviembre de 1899.
-texto del asesinato de unos misioneros, católicos
r· más senas, envía unos cuantos buques de guerra
Amarillo, pone solemnemente á su propio ber0 al trente de la escuadra y ocupa casi á la endel golfo de Petchlli la,bahíade Kiao-Tcheu, es
decir, el predominio sobre la cuenc~ carbonífera del
Wel-hO,
Este golpe maestro cambió la situa~lón; he aquí
cómo se encuentra, hoy que los telegramas nos hablan
de una alianza entre Inglaterra, los Estados Unidos
el Japón. Bien sabéis, lectores, que en la inmensa
~osula terminal de la China geográfica al S., los
franceses poseen la Cocbinchtna Cambodge, Annam,
oomo tutor&amp;, y como duei1os el Tonkln, pegado á la
trontera china, y que Inglaterra posee ó manda en
todo el resto de la península, en el reino de Siam, en
Jalarguíslma.subpenínsula de Malacca y en Blrmania;
JIO 800 muy ricas las regiones cb.inas cvnfinantes con
eataa comarcas inglesas y francesas, pero cada una
de las dos naciones europeas quiere atraer á sr estera de influencia el Yunnan; los ingleses llevan la
,eotaja. Subienjo bacía el N. por el litoral del imperio ee1este nos encontramos arriba del ext:-emo sur
que Francia. ocupa, á Hong-Kong; de este puerto insular en las bocas del Si-Kiang ba hecho Inglaterra
un puerto mercantil y militar de primer orden que
comprende, puede decirse, á Cantón bajo su gobierno y que por medio de nuevas concesione~ en islas y
)lk,rales vecinos va á constituir un centro de fuerza
que tendrá pocos rivales en el mundo. Subiendo,
trente á la Isla Formosa de que es dueflo el Japón,
el litoral puede considerarse japonés también: y entramos An el mar de Cnina propiamente dicho; aquí
todo eii de los celestes, en apariencia, en realidad todo ello está entre los labios y pronto en el estómago
togléil. Por medio de un t1atado celebra.do con el
Tllong-Li-Ya.men eo 9t! Inglaterra SE' coloca en una
admirable posición; he aquí un rápido resumen del
dor.umento diplomátic'J: todos los ríos chinos quedan
abiertos á todos los b11ques de todas las naciones (esto es lo que se llama la política i1e la puerta franca) ;
00 se dará por ningún moti va á ninguna potencia, en
propiedad ó a.rrendamie~to, porción ~lnguna de ,la
cuenca del Yavg- Tsé-K1ang; a.hora bien, este no,
uno de los mayores de la tierra, riega las más fértiles
comarcas del imperio y las más pobladas (l!SO millones de habitantes), y esa neutralización, como dicen
loa ingleses, quiere dee:ír que se dejaá ellos dominarla de hecho, porque su marina y su industria mara'111011&amp;mente preparadas para esa difusión, llenan ya
el río, imperan en su tráfico, mandan en sus mcrcadoa y explotan sus riquezas.
Por eso defienden los ingleses á todo trance la po•
Htlca de la libertad de comercio ó de la puerta franca, contra la de las esferas i1e influencia, es decir, contra los privilegios mercantiles concedidos en determinada región á determinadc1. potencia; saben que la
puerta abierta hará, por n:i_ucho tiempo, caer á todas
1aa evmarcas del imperio bajo su esfera de influencia
marítima é industrial: tienen el dinero, tienen las
iúquinas, tienen los buques. Y nadie se hace iluBlones, el tratado á que a.ludimos, que termina con
la cláusula eo que se deja la inspección de las aduanas (ministerio de hacienda en China) en manos de
uo funcionario inglés, ba hecho caer bajo el dominio
de Su Graciosa Magestad, todo el centro del imperio
celeste. Slguien fo nuestro camino hacia el Septentrión y pasada la costa que se han apropiado los alemanes, entramos en el golfo de Petcb.ili, es decir, en
el vestlbulo de Peking, cuya entrada vigilan al N.
Puerto-Arturo y al l::i. la rada enorme de Wei-baWei, en sendas lenguas peninsulares. Al tratado de
neutralización del Yaog-Tsé-Kiang, respondió Rusia
con la toma de Puerto-Arturo y de otro cercano, con
la concesión de un ferrocar!il que unies~ su nueva
adquisición con el ferrocarril transiberiano y el permiso de fortificarse á su gusto. ¡Tableaul Los inglellell gritaron, idem los japoneses. ¡Puerto-Arturo;
10 conquista; su gloria, en poder de los rusos! Inglaterra calló repentinamente; había tomado posesión
de Wei-ha-Wei, en la punta que se hace frente á
Pnerto-Arturo. ¿ Y el Japón.? La Rusia lo había
contentado con un tratado de garantías sobre la independencia de Corea . .. . 1 Y allí veis cómo se han
di,tdido lo no-suvo las potencias que tienen grandes
ejércitos ó grandes acorazados. Es muy curiosa la
h!atoria de este siglo que nació proclamando todos
108 derechos y acaba violándolos todos. En fin, así es.
Por supuesto que esas adquisiciones son temporales, por veinticinco afias, por noventa y nueve: ¡cuando se venzan e.c;tos plazos veréis cómo se _apresuran á
devolver sus presas las naciones civilizadas! Entonces dirán los periódicos: ¡cómo devolver! Allí está
noestro trabajo en forma de docks, de ferrocarriles,
de fábricas, de minas; allí está la sangre (si ha babido algún choque cruento entre los concesionarios)
alll las t umbas de nuestros hermanos .... ¡Oh! no,
81 el Tsung-li-Yamen no renueva nuestras concesiones, nos quedaremos con ella.~. Apuesto áque dentro
de noventa y nueve años esto sucede: tendré cuidado,
amables lectores, de recordároslo aquí mismo.
lndtil es decir que cada uno de estos fragmentos
de litoral, arrancados á la corona del Hijo del Cielo,
e'! U!l!l hchada oue cubre un buen terreno de fondo;
este fondo se lla::ia, en ien¡;; -¡a;ie de can:mería, wna·

lT~ar

:=a
1.-LA

CHINA Y SUS COMENSALES.
2.-EL FIN DEL lllll.NDO.

La China, el célebre Ca.tay, para un estudiante deartes en la Universidad ó San Ildefooso de México,
en el siglo X VII, era un pa.fs maravilloso y deforme,
una muralla intioita que subía por las montañas, bajaba á Jo,_ valles y cruzaba los ríos; dentro de esa muralla un país de porcelana, de 8eda y de laca, de todos los colores v de todos los oros; unos templos á.
galsa de ti bares altfs.mos cuajados de esm':llte fino,
unos tibores pequeños que andaban con parasoles.
orlados de cascabeles y que se llamaban mandarines, unas mujeres de ojillos vi vos, que parecían..
ir de las sienes á la punta de la nariz, y que sepasaban la vida sentadas porque los atrofiados pies
no les permitían moverse; unos pájaros que pare.
dan serpientes, unas serpientes que parecían .pájaros, en fin, una China de mantón de Manila y de SO•
brPcama bordada en Cantón ; en suma, la China de la.
Nao, la que atestaba ite sedas las cómodas de nuestras bisabuelas, con gran enojo de los alcaiceros de
Sevilla y de Granada. Setecientas cincuenta y cuatro
veces más sabe boy de China mi buen amigo el profesor Miguel Schultz, y sabe poco todavía, de estepa.is er.orme de trescientos ó cuatrocientos millones
de amarillo~, hasta hace poco entreabierto apenas al
comercio inglés y violado y abierto de par en par por·
los amarillos del Japón que hicieron la olla gorda á
los europP.os, en el tratado de Simonosaki en 1895.
Una g igantesca panza remojada en el grande océ'I•
no cuya curva comienza en el paralelo de New York.
y acaba en los de Yucatáo, esa es la China vista por
la fachada, llena toda de puertas en las desemboca.duras fluviales ó en las vueltas y revueltas del litoral, desde el golfo de Petcbllí al N. basta el del Ton-.
kin al S ; apoyada la espalda en las petrificadas olas.
del levantamiento orográfico del. Tibet. Aquella región es un mundo que se basta á sí mismo, tiene todos los climas, todas las producciones, todos los aspectos y en sus mesetas y sus valles y las cuencas de•
sus espléndidos ríos, junto con la morera de la seda,
y el algodón, y el arroz y el té, se produce con abundancia extraordinaria. la planta hombre; son repues•
t fsimas allí las sementeras humanas: cuatrocientos.
millones de indi viduos ¡qué tentación para convertir•
los en con&amp;umidores de las industrias europea.si Ha
de tener uo sabor particularísimo la lectura. de ese
libro formidablemente moral y pornográfico tiue llama Zola «Fe&lt;Xmdité,&gt; en medio del infinito pulular de
los chinos en China, 1qué fecundidad la de aquel
vientre continental!

*

* 4imperio asiático la fron•
Ru~ia que limita oon su
tera septentrional de Cb.ina y se asoma al mar del
Japón por la vent ana de biela de Vladivostok, en
donde termina el ferrocarril transiberiano, Rusia no.
vió con ojos tiernos la brutal preponderancia que el
vencedor japonés quería imponer á la pobre vieja caduca que había tendid0 magullada á sus pies. Recordó lo que le habían hecho los alemanes en el congreso de Berlín, c.:.on su tratado de St. Estefano, y·
convocando en su ayuda á las avideces europeas modificó de tal modo lo convenido entre Cnina y ,m vencedor, que re:,ultó que la guerra turco -japonesa había sido hecha en favor de Europa. Inglaterra no
tomó parte en estos arreglos; ella los hizo por su
cuenta y r:esgo con el gabierno chino, el Tsung-liYamen. Su primer cuidado, su primer empefio fué
explotar el rencor de los japoneses contra los rusos;
los rusos eran los protectores del celeste imperio, la
Corra que avanza su elegante masa peninsul~r entre,
el mar del Jap6n y el mar .Amarillo, era el territorio
que Rusia y el Japón se disputaban y en donde los
conflictos iban á nacerá cada instante; manifiesta•
mente el ministro Li- Hung- Hang era un aliado de
Rusia; los franceses, que algo habían obtenido al Sur
del imperio, eran aliados de los rusos; todo esto decían los ingleses al oído del Mikado para excitar su,
deseo de rf:stablecer de golpe el derecho de ser el
primero en el reparto chino, derecho gloriosamente·
adquirido en P ing- Yang. Si en esos momentos (mediados de 97) el Japón declara la guerra á Rusia, la
habría encontrado muy mal preparada.-«Bien, de•
cían los japoneses á lnglaterra, nos aliaremos.&gt;-·
«No, cootestaba esta señora, no bay precisamente
necesidad de esto.&gt;
Claro que no había necesidad, como que en dos me••
ses pueden los rusos mover, gracias á sus nuevos ferrocarriles, cien mil hombres sobre la frontera de la
India; y no bay fidelidad de los mjahs que valga ante·
un: «sois libres,&gt; y no hay poder suficiente en Inglaterra para ~eprimir una sublevación índica apoyad~ por
cien mil rusos. Por eso no hubo alianza anglo-Japo•
nesa. Y mientras andaban en cuchicheos el marqués.
Ita y Lord Salisbury, se levanta el Emperador Gui·
n~rmo resuelto á dar -..:na gran campanaia, y c.:n el

297

EL MUNDO.
i1e penetrad,6n, y es indefinida como la e.ojera i1e influencia que, en suma, es lo mismo.
Mas la penetración no es sólo en esta forma; tam-

bién lo es en forma de influencia en la corte imperial;
y ya se recuerda que de intrigas en Pekin. Los rusos apoyan el sistema de lenta iniciación de China en
la civilización europea.; Li Hung-Hang, era el jefe de
este partido; mas se sobrepuso el partido del progreso rápido, el de los japoneses, empujados por los ingleses y por poco obtienen una verdadera revolución,
si no hubiese intervenido á tiempo la emperatriz-mactre y Li-Hung-Hang, hoy el hombre más rico y más
astuto del mundo, no hubiese vuelto al consejo imperial.-¿Qué ha pasado después? ¡Oh! tantas cosas!
Hoy los ja¡:,oneses parecen encargados de administrar
el imperio; ellos van á hacer muchas obras, ferrocarriles, puertos, ;,qué se yo? Van á salvar el imperio·
Allá veredes, dijo el otro.
Otra cosa que ha pasado es la toma de posesión, no
sin protestas, de las Filipinas por los americanos.
Este elemento repentino y tormida.blP. cambiará todas las combinaciones de los convidados al banquete
chino (convidados de sí mismos que son los más glotones). ¿Será cierto lo que nos dicen los coblegramas
snbre alianzas anglo-americo-japonesasY ¿Cuál es el
objeto posible de esas alianzas? ¿ Arrojar á los rusos
de sus posesiones en Cbina1 ,Ballenas contra elefantes?
Si el Japón que, natuulmente, se opone á todo lo
que en C0rea signifique un refuerzo de la posesión de
los rusos (los cables hablan de la adquisición de un
nuevo puerto) quiere de una vez jugar el todo por el
todo, que no cuente con sus proble'lláticos aliados que
no están en estos momentos en el caso de conflagrar
al mundo p~ra dar satisfacción á los súbditos del Mikado; en estos instantes obligarían á las flotas rusas
á estará la defensiva, porque son todavía inferiores
á las japonesas en las estaciones de China y Corea,
dentro de tres años no lo serán, ni las alemanas tampoco; verdad es que entonces, precisamente, los ingleses bo~ar.l.n al mar su nueva flota en construcción
que, con ser solo un complemento de su poder naval, iguala á las escuadras juntas de los Estados ·
Unidos ..... .

***
Suspendí esta crónica. china para ver el fin del mundo; fué una tontera mía; nadie verá el f 1n del mundo: en primer lugar, aun concretando á nuestro planeta la significación indeterminada del vocablo mundo nadie, rodeado de esta suprema decoración de ópera de Wagner, exhalará el último suspiro; cuando la
tierra muera, es deci::, no cuando la tierra caiga de
nuevo en el sol que es su inevitable destino, ,;ino
cuando desaparezc;;. en ella la vida, ya habrán tras•
currido unos cuantos años, seis ó siete mil, de la desaparición del hombre, de los últimos hombres, de esos
adoradores de la belleza, ligeros como silfos, que, según cuentaMallarmé,se reumrán sobre una costra de
hielo para contemplar la ascensión de Venus y un SO·
lo estremecimiento de placer de sus cuerpos semtfluídioos será bastante para romper el cristal del suelo y hundirlos para siempre.
y be aquí un fin seguro de nuestra pobre humanidad: el frío; así está acabando la humanidad de Marte, á nuest,·a vista; si no les tiramos una cuerda y
salvamos á unos cuantos náufragos de esos, perecerán congelados; bay que apresurarse, dentro de quinientos aflos tal vez será tarde. Pero aun cuando no
nos pase lo que á los pobres marcianos, por una causa
local, nos pasará por el enfriamiento total del espacio planet ario; el sol que era una lámpar~ blanca, es
hoy amarilla; cuando acabe su condensación, comenzada cuanrlo la tierra era un átomo de la nebulosa solar ent onces empezará á vol verse sólido y a.dios calor.
y á. pesar de cuanto haya inventado la .:ivilización para calentarse, pronto acabará su reserv'.3-de viejos rayos
solares(es bien sabido que el carbón romeral no esotra
cosa que calor solar fósil) y se morirá, pero muchos
otros organismos le sobrevivirán siglos y slglos; no, no
veremos el fin del mundo. Ni éste, ni t impoco el q.ue
pueda ser causado por la taita de agua lo verán los
hombres· eso va á suceder indefectiblemente á causa
del enfriamiento del núcleo central que, á medida
que se va convirtiendo en roca, va t ragándose al Océano que por su propia pesantez tiende á filtrarse hacia el centro y á combinarse con enormes masas de
fierro y el día que el Océano d isminuya seriamente,
a.dios nubes y a.dios ríos. E;;to si es temible, no la colisión con un cometa, qne se '.lompone de un cuerpo
que, por su tenuísima densidad, es incapazde detener ]a marcha de nuestro planet~, y de un fenómeno
luminoso que se llama cauda; durmamo~ tranquilos,
el cometa de Biela podrá ser una pesadilla, no puede
ser la muerte.
E,o no quiere decir en rigor (yo me muero por contradecirme) que no veamos el fin del mando; cuando
el hombre apareció en la tierra y se dió cueuta de su
presencia en ella, ya la tierra comenzaba á morir, ya
estaban en plena actividad, desp~és de los períodos
glaciales debid0:, á fenómenos a.cc1dentale~, _el av~nce normal de los hielos de los Polos, y la solld1ficación
del sol y la del núcleo terrestre. DJ manera que la

humanidad es un fruto de decadencia del árbol de la
vida universal y la historia una agonía.

_.J ~ J

~

-

Una pieza de gran aparato.
nobinsón Crusoe.
Desde hace dos siglos todas las generaciones de niflos ban saboreado la lectura. del Robin.,6n de Daniel
Foe. un libro maravilloso del cual dice Rouseau en
su Emilio que es el mejor tratado de educación natural. El interés de esa novela original, consist,e prh,cipalmente en la fidelidad con que pinta la lucha del
hombre aislado contra las fuerzas de la naturaleza,
y en la narración,de sus esfuerzos pacientes para dominarlas y servirse de ellas.
Para c,rnservar los elementos fundamentales del
libro y llevar á la escena los personajes que en él fi guran, se requiere un genio especial y superior; la fi,
lusoff,. práctica y la moral en acción que informan
la nova.la. dt. Foe no tienen los caracteres de un espectáculo dramático.
He aquí por qué los autores del nuevo .RobinRón que
acapa de estrenan.e en un teatro de París, Blum y
Decourcelle, bao tomado sólo del original lo más pintoresco, recurriendo á su propia imaginación para
completar el cuadro.
El nuevo Robins6n es víctima de maquinación melbdramáticos. Todas sus desgracia:,,, comenzando por
el naufragio, son obra criminal de un primo suyo, el
pérfido Lord Wilmore, quien desea suprimirlo para
recibir la herencia. de un pariente riquísimo, Lord
Traveyla.n.
Este Lord Traveylan maldice á Robinsón porque
se ba casado con una muchacha francesa llamada 8usana. Al verse arruinado y sin porvenir, hobinsón
deja á su mujer y se lanza á las aventuras en busca
de fortuna.
El pérfido Wilmore teme que el caprichoso é inconstante Lord Traveylan se ,compadezca del exp ,triado y le conceda de nuevo su favor, por lo que ¡,dsuade á Robinsón de que debe tomar pasaje á boI"do
del Velleda, buque cuyo capitán, un bandido italiano
llamado Spargolletti, es instrumento de Wilmore para consumar la pérdida de Robinsón.
En efecto, en uno de los parajes más lejanos del
Océano Pacífico, Spargolletti encierra á Robinsón
ensu camarote é incendia el buque, que naufraga.
Lord Wimore cree haber •hecho desaparecer al nifio y uno de sus sicarios recibió el precio de su muerte; pero .el _a.gente criminal se compadeció de su víctima y en vez de arrojarlo al mar, lo deposittl en la
casa de asilo. Diez años después lo hacen figu,·ar brillantemente en la comedia los señores Bl um y Decourcelle.
Los espectadores asisten al naufragio y ven á Robinsón luchando con la muerte y asiéndose á una tabla para salvarse. .A.si llega á la isla desierta. Entretanto los tripulantes del Velleda son recogidos por
un buque holandés.
Susana, la esposa de Robinsón, entra á la casa de
Traveyla.n en calidad de ama de llaves, gracias á la
protección del intendente Pa.trik, quien la baee pasar como pariente suya. En poco tiempo conquista
la buena voluntad del amo, y cuando éste sabe quién
es y la suerte que ba corrido su esposo, le abre los
brazos y nombra herederos á ella y á su bijo, nacido
unos días después de la partida de Robinsóo.
Entre tanto Robinson, instalado en su isla, vestido pintoresca.mente, con el 1raje tradicional de todos los Robinsones, vi ve rodeado de cabras y pericos.
El perro sobre todo, excita la admiración y las simpa1,ías de los espectadores.
Después invade la isla una borda de salva jes 4ue
ejecutan danzas triunfales en derredor del cauti vu á
quien van á degollar. Ese cautiva es Viernes, sal vado milagrosamente por Robinsón del cual i;e hace
siervo y coro pañero.
Susana, eririquecida por la muerte de Lord Traveylan, fleta no nado, el Eiiperanza para irá buscará
su marido. William el hijo de Robinson va en el buque en calidad de marinerc, así como Lord Wilmore,
este último con el sombrío propósito de malograr la
expedición. Descubiertos los planes de Wlimore por
\Villic1,m, aquel no tiene más remedio que ord~nar el
ataque del Esperanza por el Jaguar del corsario Spargolletti. El combate naval es de gran efecto, pues
bay cañonazos, -abordaje y demás episodios interesantes.
Los pirat as triunfan y de.lembarcan á sus prii,ioneros en la isla de Robinsón para dejarlos abandonados
en ella, pero los salvajes de las islas vecinas, aliados
deRobinsón, acuden á su llamamiento y valiéudtsede
astucias, desbaratan las bandas de Spargollertl y de
Lord Wilmore y ponen en libertad á los prisioneros.

�298

LA GRAN PL!NCHA,
Sedecía: cPérfi:ia como

la onda,&gt; hoy puede decir-

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

Domingo 19 de Novtemhre rlA 1111111.
comenzaron á amontonar.
se y á invadir el espacio, y
como no s~ organizó ningún servicio de orden y no
hubo un mal gendarme,
digo, viento que las di~peri,sara, acabaron por cubrirlo todo, esfumarlo todo y
echarlo á perder todo. El
telón cayó, pues, cuando
iba á empezar la represen.
tación. ¿ Pasaron 11111 leónidas? ;,Se verificó la fun.
cióo á telón corrido? Vaya
usted á saberlo. Los astrónomos di rár: más tarde que
sí; yo reservo mi opinión.
Segtrnda noche.-Cielo
despejado, etc., como la
primera noche. Fada de
bruma ó casi nada; pero rle
lt::ónidas, 1,i si, luz. Los 311.
tróoomos contaron ocho ó
diez dispersas; pero vaya
usted á 11aber.
Tercera nocbe.-Idem,
ídem, i&lt;lem. Disper11as, ni
agua. Y pare usted de
contar.
¿Qué ba pasado? ien qué
quedamos? lo ignoro; en
cuanto á mi est oy resuelto
á no espera rlas más; esta
noche las veré en sueilos ó
no las veré; pero no me
expongo á. una puiwonla
en su obsequio.
Losa.,tróuowos titubean,
se disculpan, no saben qi,é
cara poner: e .. . . luna llena., .. bruma .. . . &gt;
Esos son pretext os y merecen tanto crédit o coruo
°las Ind isposiciones de Cornubert; todoslosmaioscan.
tantes padecen ronquera y
las leónidas no han de haber estado en voz.
Ante tamaiio desencanto
dan ganas de exclamar como JIJl de los claveles dobles;
&lt;;Pero qué plancha, Dios
mío! ¡Qué plancha se ban
tirado esas criaturas! ¡La
gran plancha del slgiol&gt;
A no ser que los que se
bayan tirado la plancbasf&amp;•
wos nosotros y. . . . los astrónomos!

se claconstaate como la estrella.&gt; Lo que acaba de
pasar no tieue nombre, ni
ejemplo, ni oiS ;ul pa en la
historia de !_o s grandes sucesos humanos. Los ast,ros
nos habían mal acostumbrado á una exactlvud
cronométrica, matemática, en sus evoluciunes; con
siglos de anticipación y sin
equivocarse en una tracción de se;;rundo se podfa
pronasticar el pas·i de un
planeta por un punto preciso del cielo; de hoy para
dentro de diez mil años podrá anunciarse una conjunción ó un eclipse á día,
1,ora, minuto, segundo y
fracción fijos, sm temor
de error perceptible; con
un com pás podía trazarse
en un mapa los puntos de
la tierra en que el fenómeno sería observable: Eclipse total en Tecomavaca,
anular en P uente de Ixtla,
parcial en Cacah uawii pa.
EnS&lt;J1ioreadas del espacio,
trazando majestuosas órbitas con velocidades vertl•
ginosas, recorriendo ámbitos infinitos, cruzándose y
barajándose en esplendent e minuet, soles, estrellas,
planetas y satélites con ser •
vaban sus distancias y revolucionaban al reloj, como soldados prus1anes, sin
·choques, si n encuentros,
· sin retardos, grandiosos y
éxactos, raudo~ y precisos
como los aj ustes de una co, losal maquinaria de diamant es.
E n estas condicione'! no
h abía más que consultar
los anuncios de los obser vatorios, con más fé q~e las
tiras del Circo ·p ara conocer el pro~rama estival y
· estar listo á a11lstir á tal
· ó cual magnífica peripecia
DR. M. FLORBS,
de la evolución de los munEL SR. MINISTRO MARISCAL Y SU COMITIVA EN EL NIAG.ARA,
dos. Hoy, eclipse; manaFot. tomada el 19 de Octubre de 1899.
. na, faces de Venus; pasado, t 1ansformaciones del
.
LAS GUERRAS Y LA PAZ.
a nillo de Saturno. Había t iempo de tomar el tren suntuosa, las estrellas fijan su luminosa y aZ01ada puó el paquebot, para asistir á un fenómeno cósmico y pila en el retozón enjambre, la aurora boreal suele
La guerra puede definirse con un a sola palabra: la
n unca se dHeria la f unción por indisposición de algún · formar mágico telón de fondo á la e1,cena y en ocasio.
artista, ni se modlfiCdba el programa con permiso de nes las nubes complacientes fungen .de bambalinas violencia.
entre las cuales jnguetean y se persiguen las leónidas
Un lobo hambriento encuentra u n corderillo en el
la autoridad.
Había, es verdad, elementos revolucionarlos, as- y en ocasiones la luna, discreta como los artistas á bn¡,que; se echa sobre él, le degüella y se lo come.
t ros un si es no es anárquicos, que, refractarios al quienes no se puede elogiar, presta s11 crecierJ.te de Esta es la guerra, porque, para que haya guerra no
es preciso que la fuerza de los combatient es se'i Igual.
" rden y á la disciplina celestes, evolucionaban al ca- plata para complemento de la decoración .
Tal rezaba el programa, y tal ha sido en otras y Es una grao condición para la guerra el ser mucho
pricho, se retardaban en flirteos extemporáneos y solfan no entrará tiempo como los trombones y contra- más felices épocas, el espectáculo. Pero la ratalidad, más fuerte que el adversario.
Otro lobo encuentra al matador del cordero. Quiebajos de la.orquesta de Sieni; pero en suma, eran la · que en todo se mezcla y todo lo echa á perder, ha queexcepción y no la regla y si los c_o metas, estos anar- . rido que en esta ocasión el público encuentre el teatro re coger la presa: gruñe y enseña los dientes. Se en•
quistas del espacio, solían retardar, acababan en su. cerrado, el telón corrido. Invitado por el Sr. Miranda tabla la lucha entre los dos lob'os, también esta es la
ma por llegar si bien, á veces. con sigloi,s de retardo. y Marrón, un numeroso concurso se apiliaba y tomaba guerra. Porque no es preciso tampoco que los dos
por asalto 1"8 mejores localidades; en las balaustraPero no se había dado nunca el caso. en la ópera das de las torres, en las cornisas de las azoteas, se combatientes sean de distinta especie ó familia para
celestial, de que des?rtaran en masa la figuración y el alineaban sombras negras como bandadas de cuervos que haya guerra. Los hermanos se bateo entre ellos
cuerpo de baile; si artli,stas de primera tila solian no y los lentes de los catalejos brillaban en la noche co- sin piedad.
Llega el hombre á su vez: quiere castigar al lobo
acudir a l llamado, las masns corales habían estado mo ojos de bubas. Puede decirse que la capital y aun
siempre puntuales y los directores de escena no ha- lasentidadesfederativas no han dor mido en tres noches. que le comió el corderillo. Con su ba.,tóo, su machete ó carabina, entabla la lucha; también esta es la
bían tenido ·ocasión de Imponerles multas.
Bien que no hubiera ?Odido fijarse la hora ni aun el
Viene todo esto á propósito del fiasco completo de día de la representación, todo el mundo estaba re- guerra.
Es posible que el derecho esté de parte del hom•
las leónidas en su primera presentación de la tempo- suelto á asitir en razón, sobre todo, de la modicidad
bre y no de parte del lobo. Pero no es porque el hom•
rada; till.SC0 tanto más deplorable cuanto que el esbre t enga razón por lo que matará al lobo, sino porpectáculo se anunciaba como magnífico y exornado con de los precios.
Se esperaba el suceso, según unos, para la noche que tiene más fu~rza. Aunque no tuviera razón triun•
todo el luio que el argum.mto requiere.
fa.ria, porque es el más po1eroso. Esta es la esencia
Una lluYia de estrellns! Figuraos una cascada de del 13 al 14; según otros, para la de.! 14 al 15, y sa,- de la g uerra; asegurar el triunfo del más fuerte, no
dlamantesdespeflándose desde las alturas incomensu- gúo algunos, para la del 15 al 16. El público se remás Justo.
rables de las roostelaclooes; luces de bengala, radia- solvió á asistí r las tres noche&amp; manifestando con ello delEn
todos :tempos ha habido guerra entre los hom:
gran tolerancia á la empresa. Hé aqu[ lac, tres jorciones, fulguraciones, relámpagos, surgen, cruzan el
bres. Tribus salvajes ó naciones llamadas clvillzadllll,
espacio, irradian en todos sentidos, divergentes como ·nadas de la epopeya:
Primera noche.-Cielo despeja.do, luna deslumbra- todo es uno. En todos tiempos los hombres ban em•
las varillas de ped rería de un regio abanico, se en•
dora,
horizonte purísimo, ¡toda la lira! hasta las once pleado su energía, su talentJ, su valor, en destruirse
cienden y se apagan dejando tras de sí estelas lumiá otros.
nosas y multicoloras. El cielo así surcado de iris es- y pico de la noche. A esas horas debieran ya haberse unos
¿ Es esto bueno? ¿ Es necesario? He aqul lo que
plendente, psarece inflamarse y transformarse en chis- visto las avanzadas; las leónidas, en efecto, practican
examinar sin cólera ni pasión.
peante hornaza: una g ranizada de solitarios se des- la táctica prusiana y hacen preceder sus tiatallones debemos
Ea una palabra. ¿Es preciso dejar á la violencia
de
una
cortina
de
01iballería.
A
las
doce
nada
de
cortina
p rende, destella, flamea, y todo lo Ilumina. Las leóde
nidas re visten sus més lujosos ternos de luces, (sic) para ni de r,aba¡leria. El observatorio contó de treinta á gobernar el mundo?
¿Es pm1ible concebir sociedades en que el estado ?
la su ntuosa fiesta; un'ls aparecen con verdosas y si- cuarenta dispersas, pero esa no me la cuenta á mí,
niestras livideces, otras se envuelven en púrpura, testigo presencial. A mí y á mis colaboradores no guerraabiertoólatente noconstltuya su modot1:rr.
Y si así fuese, ¿por qué medios podría cons
aquellas se recaman de oro; en esa zarabanda se dan nos constan más que dos, que lejos de venir del ense, en plazo breve, un nuevo estado social?
cita. todas las piedras preciosas, la esmeralda, el ru- jambre le salían al encuentro y que anoto en el pasic. R1cmrr.
bí, el zafiro y el diamante. La decoración es también vo. A la media noche las nubes, curiosas también,

299

EL MUNDO.

SR. ALFREDO RAMOS MARTINEZ.

---------------

El mmo.Sr. Arzobis~o de Mouterray.
El Arzobispo electo de Monterrey, cuyo ret,rato

-aparece en la primera plana de EL MUNDO lLUSTRA.JIO, es un miembro respetabilísimo del clero mexi,cano.

De un puesto elevado que varios al'ios ocupó en el

cabildo de Montérrey pasó el Sr. Garza Zambrano al

...

()blspado del Sal tillo y más tarde al de León.
En todas partes ha dejado el Sr. Garza Zambrano
recuerdos muy gratos, porque reune todas las cuallda-desque cuntribuyen á dar respetabilidad y prestigio á
·1a misión que él sabe desempel'iar con tauto acierto.
Es un grao carácter y un gran moralizador. Adews tiene la preciosa virtud de conocer y respetar
los lfmltei, de su Influencia como prelado, por lo que
ilO sólo acata :us preceptos de la ley sino que sabe W·
mar Inicia ti vas cuyo tin es la concordia social y I a
lf,ranP.formación de nuestro pueblo en el sentido del
j)rogreso.

El Sr. :Ministro Mariscal en el Niágara.
Publicamos un grabado que represeIJta al Lic. Ma'J'lscal ron su comitiva en su visita á las cataratas del
:N°Jjgara.
Ei,te grabado se publicó en varias revistas de ios
"Estados Unidos, en las que se tributan al Sr. Maris-cal grandes y muy merecidos elogios y se habla del
·entu&amp;la~mo con que fué recibido por las autoridades
-, el pueblo de aquella República.

.ALFREDO RAMOS MARTINEZ.
UXACUARELISTA MEXICASO.
'Este joven. notable ya como acuarelista, parti:á
'Próximamente para Europa, á donde va pensionado
,por una respetable dama de California, Estados Uoi·dos Unidos, cuyo retrato publicaremos en nuestro

,semanario.
El Sr. Ramos Martínez antes de levantar el campo
tuvo la fi neza de darnos algunos esbozos que agrupados
figuran en esta. página. No son cuadros acabados, son
est.udtos, fragmentos sueltos, apuntes que el artista
tiene en poco, pero que nosotros, entusiastas admira-dores de su talento, recogimc.s para dar á nuestros
lectores un obsequio digno de su cultura.
Ramos M11rtínez, cuyo retrato también aparece aquí,
ea un talen to 01igioal y fecundo y es ac!emás un labori0110 y un audaz.
Se ha formado solo, sin maestros ni estímulos artificiales. Tal vez á esto debe la gallardía y la liber'tad de su lni;piración: no _imita, no ha tenido á quien
imitar ni lo ha necesitado.
Hoy que t iene ya un no.nbre y que merced á la
reputación artística que ha conquistado, obtiene una
protección para perfeccionar sus facultades y ensanchar el vuelo, no hay peligro de que se 2manere y_ se
avasalle á ningún maestro : su personalidad artlst1ca
·está formada.
Los que inician una educación artística, mjentras
mAa alsladoE están, siguen con más fidelidad la paut a
de los ,?randes creadores; RRmos Martlnez no tuvo
la timlélez que sujeta á un modelo, supo ser él y lo
·eon&amp;lj!"uló gracias á un esfuerzo cuya magnitud sólo
puedlll apreciar los que están cautivos Irremediablemente por el eiipfritu de imitación, contra el que no
•ae rebelaron el primer día.
Ramos Martinez es ya un maest~o admirado cuando pinta las flores de nuestro valle, los tipos y las es-canas populares. Haoe paisajes en los que vemos como

APUNTES DE RAMOfl MARTINEZ.

Fut. de Ar1iaga y C,,mp.

eu un ensuello, Iglesias ruinosas, celajes de crepú~culo, todo maravillosamente poetizarlo, pero que es
111.te~tro, que lo rec ,nocerno11. Irá á P.uís, conocerá á
los grandes maestros y visitará las grandes pinacoteéas, puo no dejará de ser el acuarelista mexicano, el
cindiscutlble maestro de 1a acuarela en nuestro paí'I;&gt;
porque auoqne mucho aprenda-y aprenderá mucho
en Europa-no olvirlará lo que sabe hacer, y á su
vuelta vendrá á completar una obra que es una manifestación muy simpática, nohle y exprei;iva 'ie un
tempzramento arti!,tico excluslvameote mexicano.

•••••

OBSE ~VAC IONES
La vanidad profesional e~ el sent,imient,,1 que predomina en el alma de tus cówku,; , s má~ fue rte que
el amor.
J . L env,ilre.
Es menos triste vivir ignorado que,, orr r mal compr1:1 dido.
Vultou1·.

S,ilo RP. quejan de l&gt;t. brev.,&lt;hd de la virla los que
llegan á la muerte sin hJ.ber aprendid" á vivir.
St. George.

�300

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899,

ALRBDEDORE8 DE

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

MEXIOO.-TLf\LFf\M.

8

:t
0

-

1-« Un ser feliz,» Estudio del natural, 2-0asa del Sr. Fernando Oamacho, 3-0asa del Sr. Fernando Labastida, 4-00¡Sa de la Sra, Oonde..

5-0asa del Sr, Rubal, 6-0asa del Sr• .A. del Rio. 7-0apilla de la Fábrica de San Fernando,

1-Casa del Sr, Lic. Barrios. 2-Fábrica de San Fernando. 3 y 5-0asas del Sr Jesús E. Vall;nzuela. 4-Zócalo de Tlálpam. 6-0asa del Si·
Jlolmes. 7-.Avenida en la Fábrica de San Fernando. 8-0asa del S1·. Zorrilla, 9-0asa del Sr, Garay.

301

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

ltELIQ, 'O'IAS PROFANAS.

Tonerina, la incomparabl
contralto.
e
Y para facilitar la dlges.
tlón tomarían el café frente
á_ la vitrina del museu duwéitt 1co, contemplando ¡1111 reu.
quías anunciadas
¿ Qué no invén1 arán -tos
hombres en el porver,lr par~
hacerse má¡¡ extravagante11 de
lo que son en el día:~jemplo de que la imagt.
nación no descansa eu sus tuvenciones macabras: Ha surgido el proyecto de et.tat.,le.
cer en el subsuelo de París un
1'eatro de las Catacumbas.
Hay allí colocados en arti,,.
tica simetría, huesos y cala,e.
ras. La luz eléctrica hará un
papel de importancia, con h,a
juegos multicolores de sus rayos, proyectándose desde el
fondo de las cuencas vacías de
los ojos de las calaveras pua
quebrarse en las convexidades
cr11neanas de los muertos decorativos y de los concurrrntes calvos.
Preparados así los favorecedores de esos egpectáculüs,
escucharán conferencias so tire
la brevedad de la vida ó plezas de música de cámara ea.
cogidas entre lo más fúnebre
de los repertorios clásica&amp;.
"'

Ya los caprichos de los millonarJo¡, VllQ tomando aspectos mae&amp;br-0s que dan escalofrío.
Cuenta una crónica que
cualquiera de esos ricos uorteam.er!canos le dló á Adelina.
Pa1iti un cheque por valor de
500,000 !rancus como precio
de una venta horrible. L.~
cantante le cede al caprichoso millonario su garga~ta, ó
lnejor dicho, le da el derecho
para que después de su muerte haga cortar su garganta y
la conserve en un !rasco ho•
norilko.
La anécdota no se confirma. Ojalá que no se confirme
y que sea una invención reporteril.
Si fuera Yer jadera, no tardaría en sancionar 111, moda,
un linaje de transacciones que
desenfrenaría el capricho de
los ricos con perjuicio de la
respetabilidad delos personajes célebres.
Ya os imagináis á los coleccionadores disputándose fragmentos de poetas, de oradores, de cantatrices, de cómicos, de polftlcos, de pintores
célebres, aun antes de la muerte de ellos ó de ellas.
Se organizarían batidas en
regla para adquirir pequeños
pedazos de celetrirlad: se for•
marfansiniestros muset s, panteones de despojos fragmentarios, en los que las diversas
partes del cuerpo ee una celebridad se clasifica1 ían en el
orden de las c&lt;,tizaciones del
mercado de reliquias. El rledo índice de la mano derecha
de Zola raldria más que una
clavícula del mismo e5critor,
y si le quedaban manchas de
la tinta con que escribió su
última obra, mejor.
A la hnra de los postres esos
mecenas de cadávere!. les dirían á ~us invitados:
-Señoras y señores, acabo
de adquirir dos maravillas.
La primera es un molar auténtico del novelista Loti, la
segunda, una amfgdale de la

A nuestros abm·ados.
Por retardo del vapor que
trae el papel en que se tira la novela, no damos hoy
la entrega que coaesponde 11
PSta seruana. En cambio, aumentamos el número de loa
pliegos de esta edición del semanario y damos el bellfsimo
Minueto de la ópera Man6n.
Garantizamos á nuestros lect,ores que este afio quedará
concluida NUR,Stra Señora ds
París.

romiD~o 1_9 de Noviembre de 1_8~9.

EL MUNDO.

EN E.L CAN1PO DE LA GUERRA.
Desde que se rompieron las hoGtilidades entre los ingleses y los
boers, hemos procurado que todas las ilustraciones relati vas al co:itlllcto sean alg•&gt; más interesante y útil para el lector que las esi:enas de ma;,anza cruel que con tanta complacencia reproducen los
periódicos de actualidades.
Más interesante que las cargas del Coronel Baden- Powell en las
que aparece el jefe m 61és en actitud épica lanzándose al galope solire las lilas de los boers, de mayor atractivo que las horribles catás trofes de los trenes acorazados, y las sorpresas en las (l'argantas de
las montai'ias, son á nue¡,tro juicio los uniformes típicos de los cornb11tientes, las costurubres de los pueblos holandeses del ACrica rlel
Sur, el aspecto de bUS granjas, sus montañas en las que la defensa BLOEMFONTEIN.-El P1·esidente del E~tado libre de Orange con su escolta.
puede ser etic·az con efectivos mucho menores que los del enemigo
cuando los ingleses de in, adidos se tornen invasores por la espec,al
tándüse ~e vecino~_tan at&gt;sorbentes, tan superiores en fuerza y en civilizaciór ,cooflguracíóa de e~as montai'ias. Y lo mismo en punto á interés puede decirse
tl_ ~ r_es1dente K1 uger se. presenta rn le,s balcones del Palacio de Pretoria I ara
de los grabados que hoy publicamos.
du1g11se á ~us compatnotas, y les babia sobre los gra.ves acontecimientos del
Sabido es que Kiüger, y como él todo Presidente del Transvaal, más que
día con la srncillez de un predicador y la confianza de un amigo, de un i·gual
Magistrado á la moderna es patriarca, completamente Identificado en intereses
puest? por la Providencia al fren_te de un pueblo de creyentos r¡ue atribuy~n á
y sentimientos con sus conciudadanos.
s~ pr;mer mandatario una espeue de derecho divino emanado de la libre elecSiempre que '{lay alguna complicación difícil con los ingleses,-y los conción del pueblo.
tllctos Lieneu _que ser frecuentes y lo han sido en efecto como es natural tr11-

UNA ANCIANA ESPAffOLA.
Fot. de Arrlaga y Comp., Calle del Esplrttu Santo,

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO

---~--- -~~-·;

A.STUCIA. DE LOS BOERS.

:

Y'i
.f

~
•

Fabriquemos una caja ...... una
magnífica caja .... bien .... . .

Vamos á p: nerles una celada.

.. '.':) -s~!

;?e? -

r ong1 mos un letrero: &lt;Valor.:.
diawautes.&gt; ....

Pongamos din.1mlta en el fondo
y enciwa vidrio1:1 que pare1.can dla•
wantes.

'1',IV!/ ,I_J¡ ~ \.'

-1\

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; - '------.. ~

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,,.,,,.__,, ~
/'-, . --..?~~
:"\ . ,,, ,,,.

»~

... ''••~iv..

~

~

Un Lilo •eléctrlco nos comunicará·
con la caja. La dejaremos en una loma. El olor de los diamal.ltes atraerá
á los ingleses.

· - God!

· .:...su·peflor qu·a nty.

-Yell

-La fortuna.

- Ail right.

-.

,,

Ilorrible detonación.-La codicia rompe el saco.

303

PRETORIA.-El PI-endente Kruger pronunciando un discu1·so patricíticn

�304

EL MUNDO.

Domingo lll__ de 3-ovlembre de 1899.

Domingo_19 de Noviembre de 1899.

FL MUNDO.

que no lej os de la boca del cañón hay una abertura
por la que se escapa una parte del gas del disparo y
que la fuerza de este gas mueve un pistón que está
paralelo al alma y lo recbaza bacla atrás compriwc1 aes. La .nayor parte de las piezas son
rfe sitio, de 155 mili metros; y de campa- miendo un ]argo resorte antagonist.a.
Cuando ya no se siente la presión el pistón ocupa
í1a. y tiro rápido, de 75 milimetros.
Con tanta actividad y prudencia se ha Ja posición primitiva y este movimiento alternativo
llevado á cabo la instrucción de los arti- produce el automatismo.
El arma tiene una culata que se apoya en el hom lleros del Tran.svaal que los ingle.ses reconocen la eficacJa de i,u servicio en Glen. bro del tirador, como se ve en el grabado 1 y asf quecoe, del mismo modo que ban hecho jus• da asegurada la puntería.
Los cartucbos están dispuestos en láminasrlelgadas
1 icla á la excelencia del plan de campa.
de latón, á razón de 30 por lámina, y ésta~ se superfia desarrollado con tanta habilidad.
ponen en cajas de cartón.
Se emplean dos hombres para ejecutar el tiro: uno
apunta y el otro mtroduce sucesivamente las láminas
de cartuchos en la ametralladora.
Se puede regular la velocidad del tiro continuo para ello se varia por medio de un tornillo Ja capacidad
Una revista mHitar presenta la eme- de! espacio en que hacen sentir su acción los gases.
En 10 segundos se desarma y en 15 se arma. El matralladora automática Hotchki&amp;; como el
;-irma adoptada por el ejército francés pa• nejo puede hacerse con toda seguridad, pues la pre.
ra. luchar contra la ametralladora Maxim stón de prueba es de 5 1 000 atmósferas y no se nece¡;i.
ta hacer uso de más de 3,000.
elegida por los alemanes.
Para la guerra de montana se monta sobre un triPor otra parte el uso que se hace de la
pié que se conduce en mula: cada animal de estos
1futcbklss en la campaña sud-africana le
da. al estudio de esta arwa un gran inte- puede llevar la amerralJadora, el trlplt! y 600 cartu Ametralladora de ti?-o rápido llotchkiss.
chos: otra mula puede llevar 1920 cartuchos, lo que
res de actualidad.
Fué inventada hace t!'es anos por un hace una dotación de 2,520.
En la guerra de campaíia se monta en una flecha
oficial aus~riaco llamado Odkolck y perfeccionada S'.l·
LA ARTILLER!A DE LOS BJERS.
sostenida por un eje y dos ruedas. Ea el eje hay un
ces! vamtnte basta ser lo que hoy es
El objeto de las ametralladoras es retarzar el füe- escudo que pone á los tiradores al abrigo de los proSe ha hablado mucho de la efioacla de la arti fierra go de Ja infanterfa. Es un fusil de tiro extra-rápido. yectiles del enemigo.
-de Jos boers y á ella se atribuye más de uno de los La Ilotcbkiss reall:,.a esta cendlción puesto que hace
Por último cuando se emplea la ametra11adora en
,tctorlosos resultados de la ca::ipaíla de NaLal.
hasta 600 disparos por minuto; además para dotarla un fuerte ó á bordo de un buque se apoya sobre un
Aunque el boer no tiene Roldados proreslonaJes, de municiones con más racilldad emplea los mismos soporte fijo.
.hubo de comprender que los artilleroi:;•no se improvt. cartuchos que las tropas de infantería.
La ametralladora pes• 24 kllógramos y el trlpi~
Mn el dfa de la guerra y organizó un cuerpo de artiEl principio que aplica es el empleo del ,automa- 15. Con estos datos podrá apreciarse exactamente las
llería que tiene un efectJvo de 1,200 plazas.
tismo del gaS&gt; ó Jo que es Igual cada disparo se pro- noticias de la guerra en las que á veces se bab!a de
j Los artllleros boers tienen unirorme que no difiere duce por la acción que ejerce en el mecanismo una ametralladoras Hutchkiss.
do! traje del volun tario. !Sólo los ottciales llev•n tra- parte del gas de la :,ólvora del disparo anterior.
je milU.ar, como Jo entienden los europens Algunos
No entraremos eu detalles fastidiosos para explide er,os oficiales son de origen holandts O ah:wá.u.
car el mecanismo de la ametralladora. Baste decir

Hace tres ó cuatro ailos hizo el Trans-

val sus pedidos serios de cafiones y se dirigió á los Industriales franceses y ale-

La ametralladora antomática,

GCERRA DEL 1'RA,YSl'AAL -Las ambulancias
También verán n\.lestros lectores Ja esoolta ddl
Presidente de la República de Orange. El aparoto
mtlitar de P.ste magu;trado no es el que rod ea á un
Gu1llermo 11 ó á un Pr~sideote de Fi-ancla: en aquellos pueblos el representante !iupreruo de los destinos
nacfc,uales nada tiene que tem~r de la insurrección
ni del atentado anárquico.

No se ve en ese grupo de rudos glnetes á los mercenarios sin más consigna que la desconfianza para
tod1..1 el mundo Y con una responsabilidad tremenda
y ditícil, la defensa de un hombre amenazado¡ los
boers que forman la escoltJI, de Steia como lo~ que
custodian á Krüger, son ciudadanos á 4utenes I.:1. costumbre de los pueblos p1imltivos encomienda una
comisión de ceremonial, tan infantil como simpático.

Ea la ambulancia que se ve en uno de n11estros
grabados aparece el guerrero boer como lo que es un
voluntario para quien la guerra no tieue Ja tmPurtancia pr?f~slooal que le da el soldado eu ropeo. El
boer considera una campana como una de tantas cootlugenclas de la vida, íntimamente relacionada con

los asuntos cuottd!anos que preocupan normalmente
á 110 hombre de trabct.jo. Guerrear es para el holandés de Afr,ca como para el holandés de Europa hacer

diques en la playa: aquél sabe que su granja, sus ganados y su habitación no sólo exigen los cuidados con
q ne atiende sus negocte,s un ganadero de Australia.
La condición de su vida es tal, que entre sus atenciones existe la necesidad de combatir contra un enemigo eterno, el inglés, y esa necesidad, como decimos,

GUERRA DEL 1'RANS VA.AL. -Los transportes militares.

forma parte de las exigencias ordinarias de su vida
La lámipa en que hay un tren boer vadeando u~
río es wuy tnstruCtiva porque reveJa la diferencia
de condiciones para loN contendientes de Sud-A trlca
El inglés necesi ta grandes trenes, movidos rápida:

305

mente y á todo coi,to; el boer por más que actual.
mente es invasor ae territorios ingleses, no se ve en
la precisión de transportar grt1.ndes mesas de mate•
r1a1es de guerra y subsistencias. Fuera de la artille.
ría para cuya conducción tiene ferrocarriles, el boer

no necesita muchos recursos de vida.

E:1 esencialmente móvil como soldado porque es
frugal, buen glnete y buen tirador: necesita menos
víveres y menos CJ.rtuchos qud el europeo.

La artillu·ia de lob boers - Ejercicio de tiro.

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

307

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

LA DICHA.
..

Era la hora del té, antes que las lá.mparas se
eneendiesen. Li Quinta dominaba. al mar; el sol
aeababa de desaparecer dejando, á su paso, rosado y salpicado de polvo de oro; el MediterrAneo sin un oleaje, sin movimiento alguno,
liso reluciente todavía, bajo los últimos fulgores
1
del día., parecía una. inmensa lámina de metal pulido.
A lo lejos, hacia la derechq, las montan.as dentadas, dibujaban su perfil obscuro sobre la pálida púrpura del sol poniente.
Se hablaba del amor, se discutía sobre ese viejo amnto, se decían cosas que se habían repetido A menudo. La dulce melancolía del crepúsculo
suavizaba las voces, hacía flotar la ternura en
las almas y esta palabrB: «amor,» que viene sin
eesar á los labios, ya pronunciada por
una voz fuerte de hombre, y a murmurada por la de timbre lijero de una
mujer, parecía llenar el salón, revolotear como una ave y cernirse como
un e'lpíritu.
-Podrá amarse durante muchos
aftos seguidos?
-Sí, pretendían algunos.
-No, afirmaban los otros.
Se d iscutieron los casos, se estableeieron las difer enci~s, se citaron ejemplos; y todos, hombres y mujeres, llenos de recuerdos que surgían turbadores, que no podían citar y que les
llegaban hasta los labios, parecí,v1 conmovidos, al hablar con un ardiente
interé3, con una emoción profunda,
de ese sentimiento tan banal y tan soberano, del acuerdo tierno y misterioso de dos seres.
Repentinamente alguno, fijando los
cjos en un punto lejano, exclamó:
i·
-¡Oh! Mirad allá ¿qué será?
Sobre el mar, en el fondo del horizonte, surgía u na masa gris, enormey
confusa .
Las mujeres se levantaron y rieron
sin eomprender ese fenómeno tan sorprendente que jamás se había preseQtado á sus ojos.
Alguien dijo:
-Es Córcega! Se puede ver así dos
ó tres veces por afto en ciertas y ex
cepcionales condiciones atmosférfoas,
cuando el aire de una limpidez perfecta no la oculta con esas brumas de
vapor de agua que velan siempre ltis
lejanías.
Se distinguían vagamente las crestas de las
montafl.as, se creía recono1;er la nievt, de las cimas. Y toda la reunión permaneció sorprendida,
turbada, casi espantada por esa brusca aparición de un mu.ndo, por ese fantasma salido del
mar Tal vez tuvieron esas mismas visiones extraftas, los que partieron, como Colón, á través
de los Océanos inexplorados.
Entonces un caballero anciano, que no había
hablado todavía, dijo:
-Yohe conocidoen esa isla, que se levanta delante de nosotros, com" para responder ella mis~ª á lo_ que antes decfamos y traer á mi memona un smgular recuerdo, un ejemplo admirable
de un amor constante, de un amor dichoso hasta.
lo inverosimil.
Oíd:

LA .PRnfERA ORACION.

montón de rocas en la cima de un monte. Ningún cultivo, ninguna industria, ningún arte. Jami\s se descubre un pedazo de madera tallada, un
trozo de piedra esculpida, jamás el recuerdo del
gusto infantil ó refinado de los antecesores para
las cosas graciosas y bellas. Y esto mismo es lo
que más llama la atención en ese soberbio y agreste país; la indiferencia hereJitttria por ese deseo
de descubrir formas seductoras que llamam.Js:
; el arte.»
La Italia, en que cada palacio lleno . de obras
maestras, es una obra maestra también en que
el mArmol, la maderí'I, el bronce, el h' erro, los
DH,tales y las piedras ponen de manifiesto el genio del hombre, donde los más peaueftos objetos
antigos qu~ adornan las viejas casas revelan esa

V~ l¿. ·~,
~·\-_ ,.._i..4·,~
.

&lt;..,P"-

"'a:.

s,

. ..... -~ "'l 'r .

,

.........

divina inquieted de la gracill, es para todos nosotros la patria sagrada que se ama porque nos
muestra y nos prueba el esfuerzo, la grandeza,
la potencia y el triunfo de la inteligencia creadora.
Y enfrente de ella, la CórcPga salvaje h11. permanecido como en sus primeros días. El hombre
vive allí en su casa tosca, indiferente á todo lo
que no toca de cerca su existencia propia é: sus
cuestiones de familia; ptrmanece con los defectos y las cualidades de las razas incultas, violento, rencoroso, inconscientemente sanguinario; ;- ero hospitalario t ambién, generoso, adicto y sencillo, abriendo su pue"ta á los transeuntes y dando su amistad fiel en cambio de la menor muestra de simpatía.
Hlicía un mes que erraba á través de esa isla
magnífica, coa la sensación de que estaba yo al
otro extremo de 1 mundo. Ningún albergue, ninHace cinco aftos hice un viaje á Córcega. guna taberna, ningunos caminos. Solo por estre•
Es una isla salvaje más desconocida y ml1s leja- cbos senderos atravesados por mulas, FOdía llena de nosotros que la América, aunque se la dis- gAne á esas caballas fijadas al flanco de las montaftas, que dominaban los tortuosos abismos de
tinga algunas veces desde las costas de Francia
eomo hoy.
' donde, durante las noches se oye subir, el ruido
Figuraos un mundo todavía en el Mos una continuo, la voz sorda y profunda. del torrente.
tempestad de montailas que separan barráncas Se toca á las puertas de las casas; se pide un
estrechas do_nde corren torrentes; ningún plano, abrigo para la noche y con qaé vivir basta la
Sólo ~ocas mmensas de granito, gigantes on- maftana siguiente. Se toma asiento en la humil•
dnlac1ones de tierra cubiertas de matorrales y me mesa, se duerme bajo el humilde techo y al
~Ita~ selvas de castallos y pinos. Es un sue- otro día se estrecha la maco que nos tiende el
.o virgen, inculto, desierto, aunque de cuando en bué,ped que nos conduce hasta los límites de la
cuando se encuentra una aldea, parecida á un aldea.

Una tarde, después de diez hcras de marcha,
llegué á una pequen.a morada muy aislada en el
fondo de un estrecho valle que se prolongaba hasta el mar, una legua más lejos. Las dos pendientes rápidas de la montaila cubierta de matorrales, de rocas desiguales y de grandes árboles,
encerr11 ban como dos sombrías murallas esa barranca lamentablemente triste.
Al rededor de la cabafta, algunas vilias, un pequeilo jardín y, más lejos, algunos altos castaftos,
lo necesario en fin para vivir, toda una fcrtuna
para ese pobre país.
I.a mujer que me recibió era anciana, severa y
limpia por excepción. El hombre, sentado en una
silla de paja, se levantó para saludarme, volviendo á sentarse sin pronunciar una palabra. Su
compaftera me dice:
-Excusadle, está enteramente sordo. Tiene ochenta y d0s al.los.
Ella hablaba el francés de Francia.
Esto me sorprendió:
Entonces le pregunté. ¿No sGis de
Córcegar
-No, me contestó, somos del con'l
tinente, pero hace cincuenta al.los que
' habitamos aquí.
Una sensación de angustia y de miedo se apoderó de mí al pens,.r en esos
cincuenta aftos trascurridos en ese agujero sombrío, tan lejos de las ciudades
donde viven los hombres. Un viejo pastor entró y se le dió de comer el único
plato que componía la comida, una so p11 espesa donde se habían cocido juntos jamón, patatas y coles.
Cuando terminó la corta comida, fuí
á sentarme delante de la puerta, con
el corazón oprimido por la melancolía
del sombrío pBisaje y por esa angustia que sobrecoje algunas veces á los
via jer.,s en ciertas tardes tristes, en
ciertos lugares desolados. Me parecía
que todo estaba próximo á terminar,
la existencia y el Universo. Se percibe bruscamente la espantosa miseria
,,.,...
de la vida, el aislamiento de todos, la
nada absoluta, y la negra soledad del
corazón que se mece y se engalla él
solo con ilueiones hasta la· muerte.
La anciana· se reunió á mí, y torturada yOr esa curiosidad que vive siempre en el fondo de las almas más resignadas:
-¿Venís deFrancia?-me preguntó.
- Sí, y viajo por placer.
-t',Sois de París, sin duda?
-No, soy de Nancy.
Entpnces me pareció que una emoción extraordinaria la agitaba. Cómo sentí y ví esto, no lo sé.
Ell11 murmuró lentamente:
-¿Sois de Nancy?
El hombre apareció en la puerta impasible como todos los sordos.
La anciana dice, mirándolo:
- No importa. No oye nada.
Pasados algunos seg:mdos, continuó,
::-¿Entonces conocéis los habitantes de Nancy?
-¡Oh! Sí, casi á todos.
-¿La familia de Saint Allaize?
-Sí, muy bien; eran amigos de mi padre.
-¿Cómo os !lamáis?
Dije mi nombre. Ella me miró fijamente, en seguida pronunció con esa voz muy baja que despierta los recuerdos:
- Sí, sí, yo me acuerdo perfectamente. Y ¿los
Brisemare, qué se han _hecho?
-Todos han muerto.
· -¡Ah! Y .¿los Sirmont, los conocéis?
-Sí. el último es general.
Entonces me dijo, temblando de emoción, de
angustia, de no sé qué sentimiento confuso, poderoso y sagrado, de no sé qué necesidad de hacer confidencias, de decir todo, de hablar de esas
cosas que ella había tenido o~ultas hasta entouces en el fondo de su corazón, y de esas gentes
cuyos nombres habían trastornado su alma:
-¡Enrique de Siemont! ¡Ah! Es mi hermano.

�308

EL MUNDO.

Lleno de sorpresa levanté los ojos hacía ella.
Repentinamente el recuerdo me vino.
Una joven, bella y rica, Susana de Simont había desaparecido con un sargento de húsares del
regimiento que mandaba su padre. Esto había
causado antes un gran escándalo en la noble Lorena.
Era un joven guapo, hijo de campesinos; pero
llevaba muy hien el dormAn azul, ese soldado
que había seducido á la hiji de su Coronel. Susana lo había visto, admiradc y amado al mirarlo
desfilar en los escuadrones, sin duda. Pero ¿có·
mo le había hablado, cómo se habían podido ver
y entender? ¿Cómo 'había osado ella hacerle comprender que le amaba? Esto no se supo nunca.
Nada se había adivinado, nada presentido. Una
tarda, cuando el soldado terminó su guardia,
desapareció c,m ella. Se les bus:!ó y no se les encontró. JamAs hubo noticias de ellos y entonces
la familia de Susana la consideró como muerta.
Y sin embargo yo la encontré en ese siniestro
valle.
Entonces dije á mí vez.
-Sí, recuerdo bien. Vos .;ois la sei!orita Susana.
Ella hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. Las lAgrimas rodaban por sus mejillas. Y
mostrá.ndome con una mirada al anciano inmóvil
en el umbral de su cabafl.a, me dijo:-Ei él, y
comprendí que le amab:1 siempre, que ella le veía
con ojos llenos de ternura infinita.
-¿Al menos habéis sido díchosa? le pregunté y
me respoJ:dió, con una voz que le salía del corazón:
-¡Oh! Si muy dichosa. Meha hecho muy dichosa. A su lado jamás he extraftado nada.
Yo la contemplaba, triste, sorprendido, maravi-

Domingo l!l de Noviembre de 1899,
tos, ni el tibio perfume de las cámaras cubiertas
de cortinajes, ni la suavidad del lecho donde ae
hundía su cuerpo para reposar. Ella estaba satisfecha con sólo él, con tal que e¡.,tuviese A su l1t.
do, nada ambicionaba ya.
Había abandonado el mundo, muy joven, así co,
mo á los que la habían amado y educado. Se
había retirado sola con él, á esa salvaje barranca. Y en él se había concentrado todo para ella,
todo lo que se desea, todo lo que se suefta, cuan•
to se aguarda sin cesar, cuanto se espera sin fin.
El había llenado de dicha su existencia de un
extremo al otro. No había podido ser más feliz,
Y toda esa noche al escuch~r la ronca respira,
ción del antiguo soldado extendido sobre su humilde lecho, al lado de la que le había seguido
tan lejos, pensé en e•a sencilla y extrafta aventura, en esa dicha tan completa, he::ha cou tan poco,
Partí al amanecer después de habt-r estrechado,
muy conmovido, la mano de los viejos esposos.

liado por la potencia del amor! Esta jcven rica habiaseguido Aese hombre, áesecampesino. Ella mis·
ma se había convertido en una campesina. Se ha·
bía acostumbrat.lo A esa vida sin encantos, sin lu·
jo, sin delicadezas de ninguna especie . Se habh
plegado A esas costumbres sencillas. Le amaba
toda.vía. Era la esposa de un hombre rúatico; cubría su cabeza con una modesta cofia y su cuer;,o con un traje de tosca tela. Comí11 en un plato
de barro, sobre una mesa de madera, sentada en
una silla de paja, una sopa de col y de patatas
con jamón, y dormía sobre un colchón de paja al
la.do de su marido.
Jamás había pensado en nada que no fuese él!
Nunca había extraftado ni las alhajas, ni las telas
de seda, ni el lujo, ni la comodidad de los asien-

*

**

El narrador 11e calla. Una mujer dijo.
-Es igual, ella tenía un ideal demasiado fácil,
necesidades demasiado ¡,rimiti vas y exigencias
seoci11ísimas. No debía ser mlis que una tonta.
-Otra pronuncia con una voz lenta:-¡Qu6
importa! Fué dichosa.
Y, allA A lo lejos an el fondo del horizonte, la
Córcega se hundía en .a noche, se escondía lentamente entre el mar, borrándose su gran silueta
aparecida, como para revelar ella misma la historia de los dos humildes am11,ntes que abrigaba
su ribera.
G ú Y DE MAUPASSANT,

Lf\S OENIZf\S.
I
Valentina de Terneuse no ha llegado aún A la
edad en que comienzan á apuntar las primeras
C!l.nas, pues se halla en ese momento de la vida
en que todavía se es joven.
Si no ha querido ir al e.: treno de La 1·ueca de
cristal no se debe á los treinta y seis afl.os de
existencia que lleva en este mundo; se debe á que
está harta de todo y no encuentra lenitivo A su
soberano aburrimiento.
Ha dicho á su marido: «Eres un hombre insoportable;» y después de haber indicado A su
doncella que se retirara, se ha echado en una butac.J. colocada junto á la chimenea.
,
Acaban de dar las nueve. ¿En qué piensa Valentina? ¿En su marido, No ¿En su amante? No
lo tiene ni quiere tenerlo. Piensa en su pasado.
Antes de llamarse Valentina de Terneuse se 11&amp;.maba Valentina A secas. Ha sido actriz antes de
ser condesa. No se había distinguido nunca por
su talento y había rendido culto A esa honradez
relativa que basta para la buena reputación de
una mujer de teatro. Después se casó con M. de
Terneuse, el cual la adoraba con delirio.
¿En qué detalle especial de su pasado pensaba
Valentina?
Eo un amor que tuvo en los primeros aftos de
su juventud.
Tenemos todos en nuestra memoria un sitio de
refagio que nos acoge durante las horas de indiferencia y de fastidio. No hay alma que no sea
vestal inconsciente de una llama que no ha de
extinguirse nunca.
Valentina ha amado hace diez, doce, quince
aftos, acaso más.
Siendo casi una nifta desempeftaba papeles sin
importancia en un teatro de tercer orden. Su
amante Aureliano, estaba empleado en una alcaldía, donde ganaba cien francos mensual~s y
estuvo á punto de ser despedido porque escribb
comedias en el papel del Municipio.
'
Hoy es un hombre ilustre que ha tenido grandes éxitos en el teatro y ha logrctdo obtener una
fortuna muy regular.
¡Cuán felices eran Valentina y Aureliano en
aquellos tiempos de miseria!
Se habían conocido en un café de Montmartre,
en el que se desayunaban diariamente.
Estaban tristes, descorazonados y enfermos;
pero deliciosamente satisfechos.

Los domingos, cuando tenían algún dinero,
iban al Vesioet, donde comían eo una modesta
posada que existe todavía.
Valentina recuerda aquellos tiempos ya muy
remotos y teme haber envejecido.
Pero no. Levántase de su butaca, se mira al
espejo y se sonríe de satisfacción. Si Aureliano
la viese la reconocería en seguida. Pero ¿á. que
pensar en eso? ¡Hace tantos aftos que no se han
visto!
Ella vive muy retirada y
él estA muy distraído con
los triunfos literarios que
de continuo obtiene.
Si Valentina frecuentase
los bailes y los teatros podría encont. arle alguna vez.
-La verdad es - piensa
la condesa- que oi me empefiara en verle no me costaría gran trabajo lograr
mi propósito. Estoy seguro
de que no falta á ningún
estreno. Nada tan sc,ncillo
como hacerlo seguir á la salida para averiguar dónde
vive. Pero no quiero, porque respeto á mi marido, á
quien debo todo g énero de
atenciones. A pesar de to•
do, me gustaría verle, aunque fuese de lejos.
Valentina toca un timbre,
y A los pocos instantes se
presenta su doncella, trayendo en una bantleja el
billete correspondiente á
un pal!o para el estreno de
L a 1·ueca de cristal.
- Rosa, vísteme en seguida y dí que enganchen. Voy
al teatro.
Al cabo de un cuarto de
hora hallábase Valent~na en
su coche, pensando en Aureliano y en la modesta posada del Vesinet.

II
Los dos amantes se encontraron al fin. La condesa hizo seguirá Aureliano á la conclusión del
espect9.culo, á fin de que llegaran á sus manos
las siguientes líneas: «Si reconoces mi letra, vé el
domingo á donde tú sat-es.»
Aure liano la reconoció, en efec~o, y recordó inmediatamente la posada del Vesinet.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

309

EL MUNDO.

de la enemiga duranLos dos antiguos ama~tes acu~ieron puntuales atrás nos unía. Entre tú y yo se ha interpuesto
te un viaje que el rey
,Ala cita. ¡Ccn ~~é apetito comieron. el pan de algo, y e9e algo eres tú. Somos muy desgracia
su esposo tuvo que em. unición y el vmillo blanco de otros tiempos!
dos, porque lo que y o siento lo sientes tú tam• 1
preLder. Júzguese el
~ Se hicieron mil juramentos de amor y desea- bién .
'
peligro en que se han
ser
pobres
para
reanudar
su
antigua
y
aza«Adiós
para
siempre,
Valentina.
Huye
de
mí
'1'o
.
llaba
la joven reina sin
como
yo
procuraré
evhar
tu
presenc;a,
y
procurosa existencia.
la protección de su herDespués estuvieron en el café &lt;le Montmartre, raremos olvidar A fin de acordarnos de nuestras
mana; la reina madre,
por )a noche asistieron al teatrilllo donde em- pasadas venturas. »
proponiéndose hacer~zó su carrera Valentina. ¡Qué hermosa era la
Valentina dejó caer la carta al suelo y se que•
la sufrir mucho tiem·vida! ¡Qué bien habían hecho en buscarse don- dó absorta y pensativa. Removió con las tenaci• ,
po, hizo que le corta •
de entonc&lt;::s 6ólo podría separarles la muerte!
llas el fuego de la chimenea que iba á extinguirran las manos y que le
Al día sig uiente, mientras Valentina estaba es- se. Bajo un arco de cenizas había un diminuto
sacaran los ojos; desperando un carruaje de punto que había manda- tronco que aún ardía. Cayó la ceniza y el tron•
pués la abandonó en
·do á buscar para ir á ver á su amante, entró Ro- co se apagó.
1
un camino apartado
sa y la entr egó una carta de Aureliano.
-¡Ah! -exclamó Valentina.-¡Tiene razón! ¡Al
, . ... _ _ _ 1 y
lleno de precipiLa condesa se estremeció de gozo al ver la le- remover las cenizas hemos apagado el poco fue1
go
que
quedaba!
tra de su amigo.
He aquí lo que decía la carta de Aureliano:
C ATULO MENDES '
cNo vengas esta tarde, ni man.ana, ni nunca.
:Si tienes piedad de mí y de tí refúgiate en el pa-aado. E res hermosa y yo soy Joven; pero ya no
BLANCA-BELLA. ·
nos amamos. Somos unos muertos qu 3 tratamos
(Cuento de la época de PJrrault.)
-de parodiar una existencia anterior.
Había
una
vez una mujer, próxima Adará lu~,
«Al beber yo en el Vesioet el vino de la posa- que se paseaba
por el hermoso jardín de su casa. cios. Esta última circunstancia pareció á Bl mea,
da hice un gesto in visible de desagrado y al
Un día durmióse en él, rendida de cansancio y Bella el único conmelo que un ser tan desgrapasearnos después por el boulevard exterior tu- · de calor. Su boca había qutidado abierta y por
viste frío y pensaste en las comodidades de tu ella deslizóse una serpiente. Ttascurrido algún ciado podía. eneontrar. Deseaba la muerte. La fortuna la había conducido al borde de un abismo.
-casa. Terminemos de una vez esta farsa ridícu- tiempo, la mujer tuvo una nilla. Pero esta nifl.a No
tenía más que dar un paso para caer al precila y no intentemos galvanizarnos. La poca ter- tenía el cuerpo rodeado por una se:piente que picio,
cuando sintió un brazo que la detenía.
nura real que sub3iste en nuestros corazones es asustó á todos, pero que por fortuna, desapareció
Pretendió
desasirse inútilmente, y al fin reconocomo ese r esto de savia vital que hace crecer la
al
punto.
ció
por
la
voz
A su herm'lna, que se obstinaba en
·barba y el pelo á los cadáveres.
Se creyó que la nifi.a no podría vivir mucho no dejarla perecer. La condujo á una casa vecina,
«Para el hombre no hay má.s que un amor y tiempo. Un dia que la aya la condujo al y allí la dejó algúo tiempo, privada de ojos y
una primavera que no renacen jamás. N_u_estra jardín, donde ;;e entretenía en coger flores, se de manos parll. hacerla expiar su falta.
deaventura actual tiene un efecto retroactivo y mostró A ella la misma serpiente que se había
Algún tiempo después, creyóndola suficiente:hemos dado muerte al pasado. El caso es horri- presentado á su m!l.dre, y le dijo que era su her- mente castigada, le devolvió su hermosura prime"ble pero irremediable. A nuestra edad no se tie- mana, y le prometió toda clase de venturas, ra. No podía la reina aprec~ar esta ventura. La
ne~ ilusiones. El recuerdo es lo único que hace siempre que no hiciese nada sin su consejo.
vida sin el rey, su esposo. á quien amaba loca8118 veces. La separación da á la antigua reali•
Comprometióse á ello la nifta, y mAs tarde se mente, no le era posible. La culebra trabajó para
dad el suficiente encanto para que se asemeje al- confirmó en la promesa. Algunos aftos después completar su dicha. Averiguó que el rey había
,go al ideal.
la serpiente le pidió que pasease un día con ella regresado y que tal había sido su pesar alsaber la
«Cuando somos jóvenes nos preceden las ilu- en el jardín, á lo que accedió. Cuando hubo en- pretendida muerte de su esposa, que juró no volsiones· cuando llegamos á cierta edad nos signen. trado en el jardín y cerrado la puerta, encontró ver á casarse jamá.s¡ pero el tiempo y las instan·
Pues bien, nosotros hemos matado nuestras ilu- preparado un bafto lleno de lech~, má~ blanca cías de sus súbditos comenzaban á alterar su re•
aion,s, que eran nuestro único refugio contra las que la nieve, mezclada con agua perfomada. Su solución.
Juzgó la serpiente que era preciao apresurar•diarias amarguras de la existencia. Te confieso hermana la dejó dentro, y en seguida la colocó
que be cometido contigo una traición al tratar para que·reposase en uo lecho de algodón, sus- se, ~ hizo construir en un momento un castillo de
de amarte todavía. Si no te hubiese amado en pendido de los árboles más elevados. Al desper- alabastro resplandeciente, cuya construcción era
•otro tiempo, tal vez te amaría hoy mucho má.s tar la misma serpiente la arregló los cabellos. Y tan perfecta que hasta entonces no se había ad-que antes. Pero te adoré tal como eras entonces tales atractivos pidió para ella, que su belleza mirado una obra semejante. Estaba rodeado esnatural aumentó excraordinariamente, y al salir te palacio de balaustradas de oro; los capiteles y
y ya no eres la misma.
del jardín fué la admira- los frisos eran del mismo metal, así como la cución de cuantos la vieron, bierta, que consistía en una plataforma muy esEl baflo delechehabíada- paciosa. La situación y los alrededores de este
do á su piel una blancura castillo respondían á su belleza, y era imposible
y un perfume, que nada que el que descubriese de lejos til maravilla no
del mundo podía a.lte - se apresurase A contemplarla de cerca. El hada,
rar. Como esta blancura para no atraer las multitudes, hizo que el palacio
excedía á todas, su her- no fuese advertido má.s que por el rey, qu:i en la
mana le dió el nombre caza se había extraviado con su favorito. L'.egó
de Blanca-Bella. S11s ca- al castillo con su acompaftante, donde encootró
bellos que eran de un ru - al hada, que no era entonces serpiente, quien le
bio único, no podían dis- permitió venir á descansar en este lugar deliciominuir ni obscurecer . so, pero á condición de no ser acompailado má.s
E ran largos, espesos y que de su favorito. El rey encon.ró encantador
ondulosos. Cada vez que este retiro, que le atr11ía constantemente. Un día,
se los peinaba, caían una durante las horas de calor, reposaba en un gabiinfinidad de diamantes, nete cubierto de diamantes, que servían de escon los que su cabelle- pejos y que embellecían de un modo inexplicable
ra quedab1 siempre or- todos los paisajes y jardines cuya imagen conada.
piaban; en un lecho, suspendido de la techumNo tardó mucho en ins• bre, gozaba del fresco que producía una fuente
pirar amor. Un rey era, que estab, debajo y cuya concavidad era un solo
A la vez que el mAs no ble rubí de O·iente. El hada, queriendo unir los plade sus amantes, el pre- ceres dP.l oído á los t.le la vista, hizo aparecer una
feri do de Blanca-Bella. máquina de forma portentosa, de la que surgían
Celebróse la bodaalegre- los sonidos mAs delicados. El rey guedó embar•
mente. Blanca, loca de gado de placer y de asombro; pero cuando a esgozo al ver su inclinación tos sonido., maravillosos se ur.ieron bellas y tiery su ambición satisfe- nas palabras el príncipe parecía fuera de sí. La
chas, olvidó comunicar voz misteriosa cantaba las desventuras de Blaná su hermana tan impor- ca--Bella. El dolor y la ternura fueron mAs vivos
tante suceso. Esta, justa• que nunca. El hada hizo desaparecer el artificio
mente irritada por tal para no extremar el sufrimiento. El rey hizo en
ingratitnd, pensó en cas- seguida pesquisas secretas y públicas sobre la
muerte de Blanca--Bella. Vió confirmadas las Dü·
tigarla cruelmentti.
El rey, conducido por tieias que había sabido en el palacio de alabastro.
la pasión, celebró el ma- Muchos vinieron á quejarse de las tiranías y crueltrimonio
sin
co:isentimiento
de un.a madrastra dades de la reina madre. Ella mism·\ compren«Has engordado-lo cu.al te sienta muy biene
le
había
gobernado
con
autoridad durante dió que no podía defenderse, y tuvo el valor de
lpero yo te quise cuando eras delgada. Te has
;:
infancia.
Esta
muJer
imperiosa
desaprobó la preparar los verdugos y de procurarse una muer1lustrado, y á mí me encantaban tus cartas lle•
alianza,
y
cuanto
más
digna
~e
ser
am~da
la te inevitable. El rey, tranquilizado por esta venIJlas de faltas de ortografía. No podemos pedir al
ganza, volvió en busca de la música misteriosa
nueva
reina,
mayor
era
el
odio
que
le
mspuaba.
Pasado los consuelos que antes nos prodigaba,
que le eonmovía de dolor y de placer.
Vivió
la
desgraciada
Blanca-Bella
á
mer
ced
e&gt;ues se ha roto el encanto misterioso que aftos

~:ª

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

31(1

Encontró más de lo que esperaba. De la caja
musical surgió Blanca-Bella, que era la que había cantado sin que el rey lo advirtiese. En el estado en que el rey se hallaba, puede juzgarse el
efecto que producirfa esta súbita aparición.
Blanc~-Bella estaba mlis hermo~a, y el rey fué
con ella más carifloso que nunca. Se amaron mucho· ningún enemigo turbó su ventura; fueron
sie~pre adorados de sus súbditos; tuvieron hijos
tan hermosos como ellos. y no cesaron de ser
protegidos por la serpiente, quien les r:galó el
castillo de alabastro, en el que establecieron su
corte.

EL DESPACHO

¿No has visto, cuando prendes la hamaca en los naranjos

Antes de que pudiera ve~garme, ni aun d~rme
cuenta de mi mal, ya la obscuridad del encierro
me cercaba. Horas eternas pasé á solas con mis
celos, sordo al ruidoso traqueteo, sin otro afán
que el de terrible venganza.
Al fin un hombre pálido y ensangrentado me
dió libertad, despnés de colocar en mi ala un des-pacho.
¡Qué cuadro desde lo alto! Una ciudad murada
ocupaba el centro de inmenso valle, surca~o por
un río de rojizas ondas. En torno pueblos meen•
diados, campos sembrados de 11rmas y de cadáveres, y llenando de humo elambiente y el esp~cio de clamor, un círculo de caftanes tronando sm
tregua.
Mi horrib'le pena se mitigó al pronto ante aque•
lla inmensidad de sufrimiento. Pero el recuerdo
de mi amor perdido venció á mi dolorosa curiosidád y tendí el vuelo. Al mirar por última vez á
la ciudad, á la cual afluía innúmera muchedumbre dispersa y derrotl;\da, sobre la puerta de la
mnralla flotaba una manchita blanca. Se rendían!
Volé á todo vuelo, con la vaga idea de que era
portador de la noticia de un desastre y exclamando con feroz alegría:-¡Voy á vengarme! Ví
entre suenos ruinas humeantes, mieses abrasadas, campos desiertos, soledad y muerte que n~
me apiadaban .... ¿acaso eran comparables á mi
duelo?
Al llegar sin aliento me aguardaba el jde, que,
apoderáudo~e turbado de mi despecho, huyó dejando mi jaula abierta ....
En ella estaba sola la infame ...... quiso fingirme am0res ... . .. ¡cuánta hiel y qué amarga
· cabe en nuestro pecho! A picotazos la maté y su
sangre enrojeció mi plumaje.
Desde la airosa veleta contemplé á mis pies la
gran ciudad insurreccionada, Yo había sido el
portador de la infausta nueva que la enloque•
cíll ...... ¡Venganza justa! ¿Por qué habían destruido mi felicidad?
Por las anchurosas vías circulaba negro torren•
te entre bramidos de cólera. Y al ver el estruend~ con que se hundía un trono, me pareció que
el mundo lloraba en los funerales de mi dicha
muerta, y que era la sangre que goteaba mi pecho la que ensangrentaba á París.

¡Qué alegre vida la nuestra en los palomares
de París!
¡Qué paz tan dichosa; bien cuidado por ague•
llos simpáticos veterar.os, adorados por nuestras
companeras!
De cuando en cuando, por ejercitar nuestro
instinto, nos llevaban lejos, muy lejvs, durante
horas enteras, encerrados en grandes banastas,
oiamo~ en las tinieblas entrechocar ruedas velo•
ces sobre carriles rle hierro, silbidos agudísimos
y trepidación atronadora, que nos angustiaban al
principio y á los que nos habituamos en breve.
Al llegar á puntos elegidos, cada vez más distantes del palomar, nos daban suelta. Eramos
dos centenares: deslumbrados al principio, nos
elevábamos á gran altura, con atolondrado vuelo
y describíamos ancho círculo volando iguales.
De repente, nosotros, los guiones, sentíamos la
misteriosa atracción del palom9r, ese impulso secreto que nos orienta y guía más allá del límite
de los sentidos más perfectos, y allá íbamos como flechas, seguidos por los pisteros de instinto
menos seguro. Y ¡qué peripecias! Ora las aves
de rapiil.a dispersaban el numeroso bando; ora
elevadas montanas nos oponían valla casi insu•
perable, y el viento contrario y la nieve fatigosa.
Algunos faltaban al recuento; otros ostentaban
heridas de garras ó perdigones. Pero ¡qué al6gría al llegar! ¡Con qué júbilo nos acogían los
veteranos! ¡Con qué amor nuestras esposas! ¡Bendito aquel adorado hogar tranquilo, tan apacible,
pese á los atributos bélicos que le adornaban!
Un día uno habló de nuestra misión guerrera,
y aseguró infatuado que se contaba con nuestras
alas, como preciosos elementos de la defensa na•
c,ional. Milagro fué que no muriéramos de risa
al oírle. Nuestros irónicos arrullos alarmaron á
JUAN ARZADUN,
los veteranos de cabellos blancos, tan pacíficos
como nosotros; ¡y decir que éramos de guerra!
¡Quelle blague!
Pero no hay dicha eterna. A mediados de Julio del 70, una actividad desusada reinó en nuestro palomar; los veteranos encanecidos hablaban
de la guerra con los dientes apretados y un aire
fiero del que yo no les creía capaces.
Nuestros companeros fueron expedidos por
centenares á todas las plazas fuertes del territoI
rio, al Este sobre todo, y les esperamos en balde
durante muchos días. El primero :,ue regresó
Yo mojaré una pluma del ala de un arcángel
herido en una ala nos refirió cosas horribles. Ha•
Eo la más blanca estrella,
bía visto aldeas incendiadas, ejércitos inataca- y en la olorosa página de un pétalo de nardo
blea, legi'Jnes en derrota arrastrando su desaTe contaré mis penas.
liento por todos los caminos, dejando en pos de
sí muertos y más muertos, de bala y de fatiga.
Sin duda, el despacho que traía. confirmaba
aquellas cosas horrendas, porque durante todo el
Serías mi perfume, si al florecido valle
día oímos maldecir á nuestros custodios; por vez
Tu paso dirigieras,
primera nos olvidaron á la hora de nuestra co- ¡Pues orlaría todos !05 flecos de tus rizos
mida, y tarde y al re,·és, nos sirvió un viejo con
Con mucha Primavera!
los ojos encendidos, que se mordía los mostachos y si algún día unieses á tu adorable espíritu
Mi alma de poeta,
por no sollozar.
Estas escenas me llenaban de fúnebres presen- ¡En todas las batallas y en todos los torneos
Serías mis bandera!
timientos, pero la horrible realidad la superó en
¡Oh!
flor
de
las e.urora.;, sultana de las tardes
breve .
Y maga de las tiestas,
Una t,arde el anciano tembloroso, jefe de los Señora del castillo de oro de mis suelios
demás, vino en persona á sacarme de mi celda,
Y esplendorosa reina!
tan bruscamente que no pude despedirme de mi
amada compailera.
III
-Alguna mi•ión difícil-pensé sin temblar,
viendo cómo en mi presP.ncia preparaban con ex•
¡Oh! ¡cuánto me subyugan tus árabes pupilas
quisitas precaueiones la ceata que había de conY tus pestafias negras!
ducirme.
¡Bien sabes que á tus galas es1:oltan mi_s ternuras
Antes de guardarme en ella cometieton una
C,,mo rendidas siervas!
crueldad inenarrable, El jefe mismo me vol- ¡Bien sabes que en las flores azules del romero,
vió á mi celda, en la que vi, estupefacto primero,
Que en tu balcón golpean,
y enloquecido luego, a. mi rival odiado ocupando Cuando abres las persianas, se agitan mis canciones
Como un tropel de abejas!
mi puesto, arrullando á mi adorada companera . .

De tu oriental flor&lt;Jsta,
Caer mis azahares que esmaltan los primores
De tú amplia cabellera?
Pues bien, esas caídas de símbolos nupclale~
Son flores que voltea
El melodioso enjambra de versos de mi lira
Que síguente doquiera.
¡Porque eres la paloma, la Venus de mi patria,
La Musa prindpesca,
La luz de mis malianas, la luna de mis noches
Y el canto de mi selva!

Año V I

Tomo

[l

México, Domingo .26 de Noviembr~ de

r~o&lt;.J

Número

IV
¡Escucha! Cuando exoirP, me arrojas una lágrima,
Que en el fulgor de ella
Se 1:1.vará mi alma para ascender radiante
A la celeste esferal
Entrar al Paraíso, que es donde van las novias,
Mi espíritu desea,
¡Para tejerte un solio de rosas y de astros
Al lado de Graciela!
GUZMÁN PAPINI y ZAS.

1

l

r· .
1

CRISTO.
Recepción en el patio central del Palacio Nacional.
Venía de Oriente, como el Sol. Venía
de la Mesopotamia,
dejando sobre mares y desiertos
larga estela de lágrimas.

Fot. de El Hundo.

Su inefable mirada, siempre triste,
se quedaba en las almas,
como un rayo de sol, hecho brillante,
se queda en la montaña.
Su palabra era pan. Y la echó toda
sobre la hambrienta raza
que gruñó al recogerla. ¡Cocodrilos
atrapando una garza!
Y mientras él, humilde, proseguía,
como uoa nube blanca,
lloviendo sobre estepas infecundas,
su bendición de lágrimas;
la tribu miserable se nutría,
de aquel pan con substanc_ia
que fecundó malditos embriones
de flores escarlata.
Y se fué la blanquísima silueta
perdiendo en la distancia ... ~
Como un dolor, la negra cabellera
le caía en la espalda ....
Ya sólo quedan de él, del compasivo,.
fulgores da miradas,
como raros diamantes, incrustados
en el duro carbón de nuestras almas.
JOSÉ MARÍA QUEVEDO..

La Junta Directiva organizadora .de la manifestación.

Fot. deJ'. P. Amago..

22

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

31(1

Encontró más de lo que esperaba. De la caja
musical surgió Blanca-Bella, que era la que había cantado sin que el rey lo advirtiese. En el estado en que el rey se hallaba, puede juzgarse el
efecto que producirfa esta súbita aparición.
Blanc~-Bella estaba mlis hermo~a, y el rey fué
con ella más carifloso que nunca. Se amaron mucho· ningún enemigo turbó su ventura; fueron
sie~pre adorados de sus súbditos; tuvieron hijos
tan hermosos como ellos. y no cesaron de ser
protegidos por la serpiente, quien les r:galó el
castillo de alabastro, en el que establecieron su
corte.

EL DESPACHO

¿No has visto, cuando prendes la hamaca en los naranjos

Antes de que pudiera ve~garme, ni aun d~rme
cuenta de mi mal, ya la obscuridad del encierro
me cercaba. Horas eternas pasé á solas con mis
celos, sordo al ruidoso traqueteo, sin otro afán
que el de terrible venganza.
Al fin un hombre pálido y ensangrentado me
dió libertad, despnés de colocar en mi ala un des-pacho.
¡Qué cuadro desde lo alto! Una ciudad murada
ocupaba el centro de inmenso valle, surca~o por
un río de rojizas ondas. En torno pueblos meen•
diados, campos sembrados de 11rmas y de cadáveres, y llenando de humo elambiente y el esp~cio de clamor, un círculo de caftanes tronando sm
tregua.
Mi horrib'le pena se mitigó al pronto ante aque•
lla inmensidad de sufrimiento. Pero el recuerdo
de mi amor perdido venció á mi dolorosa curiosidád y tendí el vuelo. Al mirar por última vez á
la ciudad, á la cual afluía innúmera muchedumbre dispersa y derrotl;\da, sobre la puerta de la
mnralla flotaba una manchita blanca. Se rendían!
Volé á todo vuelo, con la vaga idea de que era
portador de la noticia de un desastre y exclamando con feroz alegría:-¡Voy á vengarme! Ví
entre suenos ruinas humeantes, mieses abrasadas, campos desiertos, soledad y muerte que n~
me apiadaban .... ¿acaso eran comparables á mi
duelo?
Al llegar sin aliento me aguardaba el jde, que,
apoderáudo~e turbado de mi despecho, huyó dejando mi jaula abierta ....
En ella estaba sola la infame ...... quiso fingirme am0res ... . .. ¡cuánta hiel y qué amarga
· cabe en nuestro pecho! A picotazos la maté y su
sangre enrojeció mi plumaje.
Desde la airosa veleta contemplé á mis pies la
gran ciudad insurreccionada, Yo había sido el
portador de la infausta nueva que la enloque•
cíll ...... ¡Venganza justa! ¿Por qué habían destruido mi felicidad?
Por las anchurosas vías circulaba negro torren•
te entre bramidos de cólera. Y al ver el estruend~ con que se hundía un trono, me pareció que
el mundo lloraba en los funerales de mi dicha
muerta, y que era la sangre que goteaba mi pecho la que ensangrentaba á París.

¡Qué alegre vida la nuestra en los palomares
de París!
¡Qué paz tan dichosa; bien cuidado por ague•
llos simpáticos veterar.os, adorados por nuestras
companeras!
De cuando en cuando, por ejercitar nuestro
instinto, nos llevaban lejos, muy lejvs, durante
horas enteras, encerrados en grandes banastas,
oiamo~ en las tinieblas entrechocar ruedas velo•
ces sobre carriles rle hierro, silbidos agudísimos
y trepidación atronadora, que nos angustiaban al
principio y á los que nos habituamos en breve.
Al llegar á puntos elegidos, cada vez más distantes del palomar, nos daban suelta. Eramos
dos centenares: deslumbrados al principio, nos
elevábamos á gran altura, con atolondrado vuelo
y describíamos ancho círculo volando iguales.
De repente, nosotros, los guiones, sentíamos la
misteriosa atracción del palom9r, ese impulso secreto que nos orienta y guía más allá del límite
de los sentidos más perfectos, y allá íbamos como flechas, seguidos por los pisteros de instinto
menos seguro. Y ¡qué peripecias! Ora las aves
de rapiil.a dispersaban el numeroso bando; ora
elevadas montanas nos oponían valla casi insu•
perable, y el viento contrario y la nieve fatigosa.
Algunos faltaban al recuento; otros ostentaban
heridas de garras ó perdigones. Pero ¡qué al6gría al llegar! ¡Con qué júbilo nos acogían los
veteranos! ¡Con qué amor nuestras esposas! ¡Bendito aquel adorado hogar tranquilo, tan apacible,
pese á los atributos bélicos que le adornaban!
Un día uno habló de nuestra misión guerrera,
y aseguró infatuado que se contaba con nuestras
alas, como preciosos elementos de la defensa na•
c,ional. Milagro fué que no muriéramos de risa
al oírle. Nuestros irónicos arrullos alarmaron á
JUAN ARZADUN,
los veteranos de cabellos blancos, tan pacíficos
como nosotros; ¡y decir que éramos de guerra!
¡Quelle blague!
Pero no hay dicha eterna. A mediados de Julio del 70, una actividad desusada reinó en nuestro palomar; los veteranos encanecidos hablaban
de la guerra con los dientes apretados y un aire
fiero del que yo no les creía capaces.
Nuestros companeros fueron expedidos por
centenares á todas las plazas fuertes del territoI
rio, al Este sobre todo, y les esperamos en balde
durante muchos días. El primero :,ue regresó
Yo mojaré una pluma del ala de un arcángel
herido en una ala nos refirió cosas horribles. Ha•
Eo la más blanca estrella,
bía visto aldeas incendiadas, ejércitos inataca- y en la olorosa página de un pétalo de nardo
blea, legi'Jnes en derrota arrastrando su desaTe contaré mis penas.
liento por todos los caminos, dejando en pos de
sí muertos y más muertos, de bala y de fatiga.
Sin duda, el despacho que traía. confirmaba
aquellas cosas horrendas, porque durante todo el
Serías mi perfume, si al florecido valle
día oímos maldecir á nuestros custodios; por vez
Tu paso dirigieras,
primera nos olvidaron á la hora de nuestra co- ¡Pues orlaría todos !05 flecos de tus rizos
mida, y tarde y al re,·és, nos sirvió un viejo con
Con mucha Primavera!
los ojos encendidos, que se mordía los mostachos y si algún día unieses á tu adorable espíritu
Mi alma de poeta,
por no sollozar.
Estas escenas me llenaban de fúnebres presen- ¡En todas las batallas y en todos los torneos
Serías mis bandera!
timientos, pero la horrible realidad la superó en
¡Oh!
flor
de
las e.urora.;, sultana de las tardes
breve .
Y maga de las tiestas,
Una t,arde el anciano tembloroso, jefe de los Señora del castillo de oro de mis suelios
demás, vino en persona á sacarme de mi celda,
Y esplendorosa reina!
tan bruscamente que no pude despedirme de mi
amada compailera.
III
-Alguna mi•ión difícil-pensé sin temblar,
viendo cómo en mi presP.ncia preparaban con ex•
¡Oh! ¡cuánto me subyugan tus árabes pupilas
quisitas precaueiones la ceata que había de conY tus pestafias negras!
ducirme.
¡Bien sabes que á tus galas es1:oltan mi_s ternuras
Antes de guardarme en ella cometieton una
C,,mo rendidas siervas!
crueldad inenarrable, El jefe mismo me vol- ¡Bien sabes que en las flores azules del romero,
vió á mi celda, en la que vi, estupefacto primero,
Que en tu balcón golpean,
y enloquecido luego, a. mi rival odiado ocupando Cuando abres las persianas, se agitan mis canciones
Como un tropel de abejas!
mi puesto, arrullando á mi adorada companera . .

De tu oriental flor&lt;Jsta,
Caer mis azahares que esmaltan los primores
De tú amplia cabellera?
Pues bien, esas caídas de símbolos nupclale~
Son flores que voltea
El melodioso enjambra de versos de mi lira
Que síguente doquiera.
¡Porque eres la paloma, la Venus de mi patria,
La Musa prindpesca,
La luz de mis malianas, la luna de mis noches
Y el canto de mi selva!

Año V I

Tomo

[l

México, Domingo .26 de Noviembr~ de

r~o&lt;.J

Número

IV
¡Escucha! Cuando exoirP, me arrojas una lágrima,
Que en el fulgor de ella
Se 1:1.vará mi alma para ascender radiante
A la celeste esferal
Entrar al Paraíso, que es donde van las novias,
Mi espíritu desea,
¡Para tejerte un solio de rosas y de astros
Al lado de Graciela!
GUZMÁN PAPINI y ZAS.

1

l

r· .
1

CRISTO.
Recepción en el patio central del Palacio Nacional.
Venía de Oriente, como el Sol. Venía
de la Mesopotamia,
dejando sobre mares y desiertos
larga estela de lágrimas.

Fot. de El Hundo.

Su inefable mirada, siempre triste,
se quedaba en las almas,
como un rayo de sol, hecho brillante,
se queda en la montaña.
Su palabra era pan. Y la echó toda
sobre la hambrienta raza
que gruñó al recogerla. ¡Cocodrilos
atrapando una garza!
Y mientras él, humilde, proseguía,
como uoa nube blanca,
lloviendo sobre estepas infecundas,
su bendición de lágrimas;
la tribu miserable se nutría,
de aquel pan con substanc_ia
que fecundó malditos embriones
de flores escarlata.
Y se fué la blanquísima silueta
perdiendo en la distancia ... ~
Como un dolor, la negra cabellera
le caía en la espalda ....
Ya sólo quedan de él, del compasivo,.
fulgores da miradas,
como raros diamantes, incrustados
en el duro carbón de nuestras almas.
JOSÉ MARÍA QUEVEDO..

La Junta Directiva organizadora .de la manifestación.

Fot. deJ'. P. Amago..

22

�312

EL MUNDO.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

¡,
¡
1

Es bueno leer, de c11anrlo en _cuando, algunas pá.
glnas de cualquier libro de Lamartine, abiertas
al acaso. Eso rejuvenece. E'! una e~capatorta de
mucbacbo á las campiiias luminosas del ideal donde
el bc,rizont:, como el del mar, es sólo una línea de
claridad azul. No hay poeta que, como Lamartine,
sepa bacer de la vida un" melancólica aspiración,
una perfumada nube de incienso, un vago y tímido
suspiro, un extático sueño de amor y de esptranza.
Para este maravllloso narrador de Ja11 co:,as di vlnas,
la existencia es un combate bíbll~o entre ángeles y
demonio.;. Las mujeres de este sublime lírico tienen
las p~oporciones inverosímiles pero sugerentes de las
vírgeoe'I prerrafaelitas. Cuando las vemos en nuestra
fantasía, venir hacia nosotros, con silencioso paso de
sonámbula~. tenemos miedo de que al más ligew ruido de una afiuranza torpe, abran las alas y se echen á
volar como pájllrossorprendidos. En verdad queGrazlella y Julia :son ángeles caldos. Han tomado de la
realidad la f,,rma más delicada é ia:precisa, y el contorno de su cuerpo, de líneas purificadas y suaves, se
deslfe en la luz, como pronto á &lt;'.e~vanecerse.
Pero en el momento en que Lamartine baja la mi.
rada y se pone á contemplará loshomlires, es un ad.
mirador, un vidente, un profeta, un intuitivo filósofo
de ltmpia y caudalosa elocuencia. Allí están sus Gi1·ondi·1ws, magna obra de pensador y de poeta que, á
través de las decepciones y vicisitudes del espíritu humano, nos sirve todavía para confortar y vig-orfzar nuestra fe desfalleciente y nuestros débiles é inciertos entusiasmos.
Ent-:-nces Lamartine es vigoroso, enérgico, terrible y de sus cláusulas de fuego salen las voces atropellándose y armadas como guerreros que de improviso oye~en á lo lejos el toque de guerra.
La H istoria de los Glrondinos es un libro de aliento y fuerza, ent·e cuyas hojas palpita, como águila
prisionera, el alma loca de nuestra amada Francia.
Taine, un observador sereno, un estupendo f?OCiólogo, un minucioso y admirable analista, ba pensado
más, pero ba sentido menos los episodios de ese inaudito melodrama de la revolución francesa que es algo
así cerno el desbordamiento del mar del dolor y de la
mlserh1.
Y sin embargo para juzgará aquellos ho=ibres colosales repletos de pasión y de odio, tiene Lamartine
no sé qué milagrosa adivinación. Es un profundo psicólogo, que amplifica. la vida sin desproporcionarla.
Como .Miguel Angel, engrandece y vigoriza ,ms figuras con un dibujo lleno de relieve y atrevimiento.
Mas esos seres titánicos siguen i;iendo, á pesar de la
estatura gigantesca que al poeta plugo darles, hombres mezquinos, vasos de sentimientos ruines, juguetes de una inexorable y tremenda fatalidad.

***
Despué!&gt; de leer algunas páginas de los Girondinos
de Lamartine puedes irá ofr, i;i quieres joven escéptico, la ópera de Giordano que es el triunfo de la actual temporada en México. Ei una música becha á
propósito para acompafiar este pasaje doloroso:
... . ~Sesenta y do&amp; cabezas habían rodado la ·víspera entre el primer discurso de Robespierre y su caída.
Entre ellas se coi:tatan la de Roucber, autor del poema de los Meses, esos Fastos franceses y la del joven
poeta Andrl!s Cbenier, la esper.anza entonces, el luto
eterno después de la poesía francesa. Estos dos poetas estaban sentados el uno al lado del otro, en el
mismo banquillo, con las manos atadas á la espalda.
Hablaban tranquilamente del otro mundo, y con desdén del queabandonaban;apartaban la vista de aquel
tropel de es~lavos y recitaban sus versos, inmortales
como su memoria. Manifestaron la firmeza de Sócrates. Sólo Andrés Chenier, al verse en el pat íbulo, se
dió con la frente en un poste de 1a gulliotina diciendo: 1Es lástima; algo tenía yo aquí! lJnica y tieroa
reconvemión al destino, con la cual &lt;;e quejó, no de
la vida, sino del numen arrebatado antes de tiempo.
La Francia, como Ofelia, la loca de Shaskespeare,
arrancaba de su cabeza y arrojaba. á sus pies, entre la
S3pg re. las flor~s de bu propia guirnalda.&gt;
La ópera de Giordano es de una arrebatadora se,.
noridad, es ruidosa, desbordante de clarinada.s, hasta el punto de ahogar muchas veces las voces ó de
combi11arlas de una. manera extraiia que impresiona
por la verdad de la descripción. Así deben de haber
aullado las multitudeb desenfrenadas y ciegas. El
maestro italiano muslcó la época de un modo admirab'.e. Su ópera suena á canto patriótico. H iy en
ella una mezc:a conmovedora de grito&amp; de venganza,
de lloros de desesperación, de himnos de triunfo, de
rumor de batalla!l. Está hecha en un soberbio to:10
lírico. Es viva, furiosa, exultada. Oyese en ella el
crugir de la carreta, el rechinar de la gulllotlna, los

·]amentos de los débiles, }ns arengas de los revolucionaric,s, y á lo lejos, fragmentos ne Mar.•ellesa entonados por las muchedumbres hlstérica11. El idilio de los
amores de Andrés Cbenler y de Magdalena de Colgny apenas si pasa cantando, á través de esa música
febril, la eterna estrofa, ~e ritmo lánguido y doiien•
te; apenas si en rápidos silencios mientras callan un
instante los tambores v la multitud se b, cansado de
alular, suena el chasquido de un beso furtivo, ó la
palabra dicha en voz unclosa y pura como un cántico
Así tenía que i,er. Ese es el colorido r.on que tenía
que pintarse '?Se torme'ltoso episodio. Giordano puso
ea él, todo su talento ju venll y logró rudur la ficción dramática de un artístico ambiente de realidad.
El .Andrés Ohenie;- f'S obra escrita con genial y subyugadora audacia. Tiene escenas grandiosas, d~sarroll11das con entereza y soltura extraordinarias. El
compositor hallé amplio el camin.:&gt; aunque escabroso
y echó por él á su inspiración en busca del sa¡:-rado
ideal del arte. La creación de Giordano, si bien meditado, está becha con sobuda espontaneidad. Hay
en ella efectos teatrales, pero no rebuscamientos. Es
una música que sale sin esfuerzo cocno brota el agua
de los manantiales. Posee ignoro qué nuevo y virginal encanto. Es anunciadora d~ fuLUras concep~iones
artísticas.
¡Oh. de estaópern moderna n1s quedarán imborrables recuerdos! ....
***
Adela Gini ha sido la heroína d~ este triunfo artísco Sus raras facultades dramáticas se prestan para
interpretará estas mujeres sublimes que cortan el
conflicto con su muerte ó desatan el nudo con los crispamientos de su angustia; de estas mujeres que lloran
con todos los dolores, aman tofos los infortunios, estrechan á su corazón todas las tristezas, rezar, junto
á todas las agcnías, mueren con todas las afrentas.
Temperamento intensamente apasionado, sopló su
aliento p1deroso sobre la figura imaginada por el poeta, le infundió su espíritu abierto á las emociones
como una flor á los rayos del sol, y surgió la conmovedora encarnación de Magdalena, palpitante de verdad y de vida. La Gini ha descubierto los secretos
del corazón humano: sus recursos escénicos no son
solamente obra de una meditación bonda, sino que
entra en ellos, por mucho, el arranque sincero, la
expresió11. eilpontánea que es la caracteristica de
los grandes artistas italianos.
Como cantante, la voz de esta soprano corresponde
á las facultades de la actriz. Aunque la voz ba perdido quizá algo de su frescura y flexibilidad, es pastosa y limpia todavia y está impregnada de entonaciones elrgiacas que enternecen basta las lágrimas.
Es una voz que, cuando quiere, se deslíe en una ternura infinita, como los astros en el azul del cielo
cuando aparece la mañana.
Y así fué como la Magdalena de la Glni ha logrado,
como dice el poeta, triunfar del olvido.

***
.Andrés Ohenier es la noticia de la semana, la noticia que pudo recoger la crónica de entre el montón
de apuntes de los reporte'l·s.
Joven escéptico, te aconsejo que después de leerá
Lamartine vayas á oirá Giordano. Uno y otro han
hecho óperas sonoras sobre temas de la R evolución.

i!L TEATRO OBSCENO
Y LA. F.RIVOLJ.OAD FEMENINA .

U na última producción escénica en la que el estilo
y las artistas han rasgado Lodos los velos y ostentan
el uno toda su cr udeza y las otras t8dos sus encantos vestidos de una simple hoja de parra, ha venido á sembrar la alarma y á producir escándalo. En
el seno de las familias hon~rables se h ,m formulado vehementes y justas protestas y se ba r~suelto no
poner más los pies en teatros que tan po~o se respetan y respetan tan poco á su público; la prensa ha
levantado indignada la voz y ba propuesto á las empresas la institución de «teatros de hombros solos&gt;
en los que puedan darse cita t1dos los viejos verdes,
todos los lagartijos iosust;anciales, todos los pseudocala veras de vecindad y á donde las damas que se estiman y los hombres que estiman á las damas, sepan
de antemano qne no deben jamás concurrir.
Prensa y particulares nci Be han cónformado con
protestar y vituperar, sino que se preocupan de buscar remedio á un mal cada día más grave y á un escándalo cada. vez mis ruidoso, y como para encontrar
remedios nada hay más e.fbn que investigar causas,

Domingo 26 de Noviembre de 1899

Domingo 26 de Noviembre de 1899.
todo el mundo se ba afanado por llegará averiguar.
las y const!guir definirlas y nemine discrepante se ha
opinado que es el público mismo el culpable.
No era difícil llegará es:io conclusión; prensa pror.az, literatura libre, teatro obsceno, suponen público
frívolo, mal inclinado, am:mte de la difamación y de
la calumnia, de la obsicnidad y de la exhibición pornográfica. Sin público d_e este género toda publicidad
inconveniente sería imf)OSible y el libro, el teat ro y el
periódico se verían obligados á amoldarse á las e:xt.
genclas del decoro y de la moral, si el público les impu~iera esa actitud y los obligara á ese modo de concebir y realizar el arte.
Dasde el momento en que sin público adecuado
las formas diversas del arr,e no pueden subsistir, ea
claro que la enmienda y el mejúramiento del arte suponen uno, correlativo, en las inclinaciones, lat1 costumhres y las preferencias del público. Corregido
el público, el mal desaparecería y~ante el vacío delos
salones de espectátulos, autores y empresas buscarían y acabarían por encontrar su camino de Damasco.
Formulado a~í el correctivo se percibe desde luego
cuán dtficii es poder aplicarlo y cuán larga, labor!o.
sa y tardía en resultados sería la empresa de moral!.
zar el arte moralizando previamente al público. Vi•
cios emanados de la raza y de la educación, tendencias que la tolerancia del medio ha arraigado y desen vuelto, sólo se modilicm á través de los siglos y
mediante cambios radicales en el medio ambiente.
Hay una parte del público, honorable. moralizada,
de costumbres morigeradas: padres y madres de familia, !::ombres laboriosos y austeros, damas bonestas que se abstendrán, que ya desde hoy se abstienen
de concurrir á ese género de espectáculos, que n1e.
g,m el contingente de su presencia, de su dinero y
cm mayor razón del estimulante aplauso, á ese géne.
ro de ;&gt;oraografía teatral como á todo género de por.
nografía, y si la proporción de esta clase de público honesto fuera suficiente, no habría espectáculo
obsceno posible.
Pero bien que la mayoría del público piense con
esa rectitud y proceda con esa cordura, existen clases
sociales bastantes á alimentar ese zénero de recrea.
ción malsana y á llenar los teatros de esa clase, CO·
mo á sostener publicaciones y producciones de arte
Inconvenientes y desmoralizadoras. Solterones, viejOB
vE:r11:lS y sobre todo la jw;entud dorada de la goma,
del calaverismo y de la aventura, subvencionan, á vece!! con esplendidez, todo género de malsanas instituciones y constlt::yen público bastante á dar vida y
auge y procurar lucro á este génno de empresas explotadcras de vicios y de malas pasiones.
Que la juventud ame los placeres; que sedienta de
goces toque á cada paso los lindes de Ja prostitución;
que beba. que juegue, que busque amores fáciles y se
deje arrebatar por el torbelltno de la vida alegre y
aventurera, es tan deplorable como ir~emediable. Todos ó casi todos tenemos una época en la ..-ida en que
de¡;os y arrebatados, impetuosos é inexpertos, caemOB
en tentaciones reprobadas, nos pervertimcs más ó
menos, hasta que el hastío, los desengaííos ó nuevas
aspiraciones nos encarrilan y nos traen á la buena
senda.
Perc una cosa es el extravío y otra más grave es
su publicidad; un&lt;\ cosa es el vicio y otr~ su ostentación ; una cosa es el P.rror y otra su d1vulgaclón, y
nosotros no sólo padecemos esa pasajera enformedad
juvenil que nos impulsa á todos lo-i excesos, sino que
sen'timos igualmente la necesidas de bacerla pública,
de darle notoriedad. El placer discreto no nos parece grato; necesitamos de la plaza públ~~• de espectadores y de auditorio y querríamos er1g1r tablados
para practicar nuestros vicios.
Fh,rece entre nosotros el espectáculo inmoral porque satisface á la doble necesidad que sentimos de
practicar ó de contemplar el mal y de practicarlo ó
de contemplarlo en público. Uon sólo qu&lt;:! nos faltara
esta segunda propensión, con sólo que, au.ique vicio·
sos, no fuéramos escandalosos; con sólo cer1ar puertas y correr persianas al rededor de nuestras abyecciones, bast aría p'l.ra que el espectáculo pornográO.co
muriera de inauíclón. t:H nos embriagáramos, como
los ingleses, á puerti cerradii, no ser~amos menos bo•
rracllus. paro darí,uno11 mtlnos mal eJemplo y produciría.mus menos escándalo.
E,ta tendencia á ostentar nuestros vicios t iene
t,ambién su ra.zón de ser. El hombre joven es lo que
la mujer quiere; agrad u y conquistar á la mujer es
una de las aspiraciones preponderantes d~l bombre,
y esa propensión tan natural y tan dom1a.i.dora es,
según el caso, freno ó e1 pue1a para las pasiones; estímulo ó valladar p.i.ra la, constumbre~; cebo ó retraent e para los vicios. L1. LDUjer holandesa y la alemana
son CIJ,S(ll'itas, laboriosas, mujeres de bogar y de familia, y sus preferencias y simpatías p~r los hombres
que piensan y proceden como ellas estimulan á éstos
á, la vida metódica y arreglada. E a Holanda Y en
Alemania, es casi desconocido el calavera, y cuando
los hombres tienen vicios ó aventuras, las ocultan.
En Inglaterra y los Estados U nidos las mujeres gustan de los hombres de trabajo, de empresa, de iniciativa, capaces de acumular millones, serios Y adus•
tos; el gomoso Inglés está siempre forrado de I un
hombre de trabajo: comerciante, iud..istrial, polít.oo.

~

La americana despreciaría á un hombre que no fuera respetuoso y sumiso con las damas, y así son los
.americanos. Cuando Byron escribió el Don Juan, fué
, buscar su t ipo á España; el tipo del joven Inglés es
Robtnsón Cr usoe, nt1 Lovelace ni Grammont Caderouse. La italiana gusta del amor pasional, arrebat.Mto, trágico, cap:lz de conducir á la muerte y á la
~t,'8trote, y t rágicos, impetuosos y dramáticos son
108 italianos. La ·francesa ama al hombre de socle-dad, de mundo y de salón; encuentra poético que su
pretendiente haya tenido amantes y batíduse en

313

EL MUNDO.
duelo: el calavera de buen tono, semi velado, casi
discreto es un tipo trecuentíslmo y esencialmente
francés.
En Espafia, en México, en toda la América latina
privan, en las preferencias de la mujer, el lagartijo, el
ser frívolo, elegante, y sobre todo, desocupado, imítll é insustar&gt;cial; el calavera turbulento, pendenciero, estilo Perico V ,die ó Pepe Bucbelll, es objeto de
singulares preferencias y realiza valiosas conquistas
femeninas. Cuando la novia ó la promet ida lo ve medio ebrio, del brazo de una mujer ligera, cuando sabe

que ha. perdido una fuerte suma al juego ó la ha empre11dido á palos con U!) amigo en la cantina, llora,
sufrt', se siente mor!r, piensa en el claustro ó en ~¡
suicidio; pero lejos de despreciarlo lo ama car.la dfa
más y en lo íntimo de su conciencia siente cierta vanidad de amar y ser amada de un hombie que ba vivido, que ha mo.ripo.~eado, que ha hecho tantas conquistas y que ella tendrá la gloria de subyugar y de
rendir.
El gomoso siente vagamente que el géuero chico,
1a cantina, el bacarat y otros excesos sun nuevos tí•

j

Un grupo de la C'ol-Onia Alemana.

lolonia Au stro-llú 11ga1"Ci

Cownia Espaftola.
fr to,¡raJ!as de J . P. Arr.aga,

�Domingo 2ll de Noviembre de 1899

EL MUNDO

314

315

Domingo 26 de Noviembre de 1!199.

Fot. de J. P. Aniaga.

D esfile ele los m anife:;ta'flte.~ en la Plaza de la Constitud6n .

El Sr, Lic. Rafael Dondé p1·onunciando su

-acepta, como acepta los grabados hechos según las

discu1·so ante el Sr. Presidente.
Fot. de El Mundo.

tulos á la preferencia femenina, garantías de más
frecue:1t,es Y. preciadas conquistas, y que acaso su asi&lt;lua as1stenc1a á la platea del teatro libre, le facilita el
atrapar una heredera rica que pague los trastos rotos
y cubra las brechas que el vicio y la incuria han
abierto en su patrimonio.
Como se ve, el ejemplo y el estímulo vienen de
arriba; la frivolida5. de la mujer, los vicios de su educación, sus arrebatos pasionales, su amor á lo llaero
á lo inconsistente, sus preferencias por la maripos~
sobre el águila y por el libertino sobre el hombre
fuerte, son parte principalísima y causa indirecta.
pero eficaz, del desenvolvimiento de nuestros vicios,
y como consecuencia de ellos del auge :ie los esDectáculos pornográficos.
·
E l b-Ombre no es circunspecto sino allí donde la
mujer es sensata, y de la mitad ó más de nuestro~
vici~s tienen la culpa la frivolidad y h ligereza femenmas.
DR. M. FLORES,

Comi~iones de los Estados.

LA GRAN MAN'IFESTACION
En honor del Sr. General Diaz.
NUESTROS

GRABADOS.

Permftasenos seiialar á los lectores de nuestro sem3:narlo los grabados que á la Gran Manifestación ~e
refieren, como una prueba de la perfección que en
b!ev_e tiempo ha alcanzado en nuestro país t:1 P"·
rwdismo Ilustrado, poniéndose á la altura de las rt.
yistas de esta índole que se publican en el extranJero.
Y pase no ~o~o inmoil2stia sino ce mo expresión
del orgullo leg1t1mo que caui,a la sath,facción de dar

Fot. J. P. Arrlaga.

f otografías, sin poner reparos. porque conoce las difi•
i:ultades de la labor perjodfstica. Nosotros limitando
nuestros esfuerzos al medio tono, somos más exigentes
en la •aceptación de los originales fotográficos y de
aquí procede que nuestros fotógrafos sean más ex-i¡Ulsitos y hayan logrado dominar todas las dlliculta&lt;1es del arte, haciendo en las peores condiciones de
luz y en los sitios menos a;roplados, fotografías que

serían muy buenas, excelente.~, si ~e hicieran en el gabinete.
Es muy grato para nosotros hacer aquí una mención pública, muy honorlfica., para los fotógrafos, Señores Arriaga (E ~píritu Sa.nto) y Romero It&gt;ái'íez (de
los talleres de EL MUNDO).
También sefialamos el hecho de la rapidez con que
fueron ejecutados en nuestro taller de grabados, los
de la Gran Manifestación que publicamos, pues si esta hubiera t enido lugar el viernes, el sábado habría

Eot. de El Mundo.

podido Imprimirse nuestro semanario, sin perjuicio
de la ejecución perfecta de nuestras ilustraciones.

... **

Nada tenemos qué decir sobre la Gran Manifestación, cuyos pormenores son conocidos de nuestros lectores por la ampiia Información de la prensa diaria:
nuestro deber está cumplido al publicar los grabados
que aparecen en las primeras páginas de EL MUNDO
!LUSTRADO.

cima á una empresa para la cual los medios han sido
C?n mucho, inferiores á las dificultades que era pre:
c1so vencer.
Compárese la parte gráfica que hoy publicamos en
las primeras páginas con los grabados de actualidad
de las revistas europeas y se verá que podemos presentar_ los nuestros s.in temor á ninguna comparadón,
p_ues s1 examJnados desde el punto de vista de la exactitud los nuestros salen airosos, la oportunidad con
que los damos á la estampa es la misma de que tanto hacen nlarJe los editores de ultramar.
Los periódicos ilustrados de Europa dan grabados
en los q_ue la :ealidad queda á veoes velada por la Imperfección, disculpable, del trabajo fotográfico, y luego sobre esos modelos imperfecto&amp; los grabadures en
madera hacen planchas convencionales que el públie&lt;&gt;

Desfile de los mnnifestantes al partir de la Alameda.
ret. J. P. Arrlagli,

L os manifestantes en e.~per a del Sr. G1·al. Di az en el p atio central de Palacio.

Fot. de El Mundo.

�l)Omtngo 26 de Noviembre de 1899.

Domingo 26 de Noviembre de 1899,

EL MUNDO.

316

1

t'

Alrededores d e M éxico .

1

foé que la construcción de fincas adecuadas menudeara, y ! la construcción pesada y et~rna de los espaft~les, que tod~via pued~ verse en la an•
tiga&amp; finca veramega de los Arzobispos de México, sucedieron construcciones de nuevo estilo, construcciones modernas y elegantes,
siendo b primera que rompió de lleno ccn la rutina y que por
aquel entonces mllyor atención llamó, la finca del negociante
francés Monsieur Bardet, que sucesivamente pasó después á. la
propiedad de Don Martín_ del ~a~tillo, :f.H~istro del Imperio, de
Don Manuel Romero Rubio, M1mstro vanas veces de la República, y que hoy posee uno de los miembros de 111. familia Escandón.
En nuestras revueltas intestinas y en nuestras guerras ex
iranjeras. T acubaya ha hecho gran papel y más de una vez
ha grabado su nombre en las páginas de nuestra historia.
A menudo ha sido cuartel general de fuerzas sitiadoras de
iodos los bandos y desde Tacubaya dirigieron sus operaciones
varios generales antes de tomar nuestra metrópo!i, como MArquez, cuando se salpicó de sangre inocente en
1859, y el General Don Porfirio Díaz al mando de
las fuerzas liberales.
Por su posición estratégica, el jefe que tomaba
Tacubaya podía considerarse casi duetlo de la Capital.
En la cruenta guerra que con tanta desgracia sostuvo nuestro país centra los Estados Unidos del
Norte, los campos que rodean ! Tacubaya se im pr11gnaron de sangre: la batalla del Molino del Rey
tuvo efecto á un tiro de callón de la población citada.
El Plan de Tacubaya, expedido por el general
Santa-Anna para recuperar y afirmarse en el poder,
fué signado igualmente en la entonces villa que le
prestó su nombre.
I,os seis kilómetros escasos que separan á Tacubaya de la Capital, han
sido recorridos por ,ía férrea desde hace cerca de cincuenta años, empleándose primero tracción de vapor y luego tracción animal. Actualmente existen dos vías, una de tracción de vapor y otra de tracción animal, cuyos vehículos podrían cómodamente recorrer el trayecto en

Jm·din de San Diego.

TA.CUB A Y.A..
Hay en el Museo Vaticano un enorme mármol
que representa el Nilo: u n anciano, soberbiamente musculado y de luenga barba, en actitud yacente, se entretiene jugando con un enjambre de
pequeftos amoreillos, chicuelos yocundos y regordetes, que se le trepan por todos lados, que
se asen de su barba y de su cabellera, que cabalgan sobre sus rodillas, mientras que el viejo,
con una benevolencia de abuelo, les deja hacer y
les !1}lra con expresión de caritloso orgullo. El
anciano es el Nilo, los chicuelos son los afluen•
tes del poderoso río.
Es hermosa esa alegoría tan de acuerdo con
e ~ antropomorfismo pagano que tiende á. humanizar cuanto plásticamente representa, y que en
todas sus creaciones, con esa humanización constante, pone un gran sello de vida amplia y opulenta.
Y al recordar ese mármol, paréceno, que no
sólo cuadra al asunto que r11presenta, y que con
mucha propiedad podemos ver en él
un símbolo de las grandes ciudades,
en medio de sus pueblecillos circuns
tantee, de esos villorrios que ee acurrucan en torno de la metrópoli como
los niftos en las faldas maternales ó
junto ! las barbas del abuelo.
No hay ciudad de importancia quP
carezca de ese marco de lugarejos que
le son por cierto modo tributarios, y
que nacen, crecen y florecen Asu abrí •
go Y bajo su protección. Y ·casi todos
los pueblos que rodean á. las grandes
ciudades son hermosos y pintorescos,
ó cuando menos, hacen la impresión
de tales, por fuerza de su contraste
con la monotonía y la febril agitación
de las ciudades. Entorno de Parisbrotaron Passy, Suresnes, Saint-Cloud,
Saint-Mandé, etc.; en torno de Méxi-eo, Tacubaya, Mixcoac, San Angel,
Atzc~potzalco, Tacuba, T lalpam, Guadalupe, etc.
.
La cadena de montes que encierra
el hermoso Valle de México, engasta
i toda una pléyade de pequenas po-

blaciones frescas y floridas, cuyas casucas blanqueB.n sobre la eterna verdura de los llanos y se
destacan sobre el fondo obscuro de los boscajes,
E l cie1o del Valle de Méx ico es un cielo casi
único en el mundo, por su limpidez y su diafanidad atmosférica, y nuestro azur nada tiene que
pedir al proverbial azur de Italia. lle aquí una
prueba: todos conocemos el magistral ¡)aisaje
de Don José María Velasco, que representa la
Villa de Guadalupe Hidalgo, y la ciudad de México, vistas desde el cerro del Tepeyac.
En ese lienzo, nuestro maestro-•paisajista copió
el insondable azur de nuestro cielo con asombrosa fidelidad, y expuesto el cuadro en París, en
1889, muchos le tacharon de falso y de exagerado, y aún los que conocían el cielo napolitano se
preguntaban ante el lienzo mexicano:
-Pero, ¿en qué parte de la tierra existe un
cielo tan maravilloso?
La respuesta era obvia: ¡en México, seft.c,res
nuestros!
Esa esplendidez natural de nuestro clima, de

El Mercado.

nuestros paisajes y de nuestro cielo, hace resal•
tar todavía más la belleza intrínseca de las poblaciones del Valle de México y si satisfecho,
podemos estar de la cultura creciente de nuestra.
metrópoli, no menos satisfacción ha de proporcionarnos la belleza de los pueblos adyacentt,a,
que son siempre el complemento obligado de lai
grandes ciudades.

*

**
Hemos hablado de pueblos.

Pues bien, - a tout
seigneur tout honneur,-Tacubaya no es ya un
pueblo: es una. gran villa con honor es oficiales
de ciudad,
Tacubaya es víeja, hasta donde en este país
puede haber poblaciones vieJas. La factura de
sus construcciones m!s antiguas y una que otra.
inscripción que los ojos pacientes pueden encontrar-en la Parroquia, por ejemplo,-se remon•
tan al siglo XVI, es decir, al primer o de la do•
minación espatlola, de suerte que Tacubaya fué
uno de los primeroil cacicazgos que los iberos es•
tablecieron en torno de la conquista•
da y reconstruida TenoxtitlAn.
¿Dióse importancia é impulso á. la.
población en los primeros tiempos?
Parécenos que no, si hemos de juzgar
por la rara mención que de ella ha•
cen las viejas crónicas, y decimos ea•
to á reserva de lo que sobre el partí•
cular juzgue el erudito Don Luis GonzAlez Obregón.
Pero es el caso que, pobre y aban•
donada, ó rica é impulsada por la me•
trópoli, Tacubaya se fué desarrollan•
do paulatina pero seguramente, y que
en breve fué sitio de veraneo campes•
tre de mucha gente noble y principal,
tradición que, por muchas causas, se
ha conservado hasta nuestros días, no
obstante haber adquirido hoy tal des•
arrollo y tal índole urbana la población que, salvitndo el inconveniente
de los justamente zarandeados Ferrocarriles del Distrito, vivir en Tacuba·
ya equivale ya en todo sentido A vivir
en México.
Como lugar de veraneo, natural

31'1

EL MUNDO.

El observatorio.
menos de cuarenta minutos. Como es sabido, en la última se va á
emplear próximamente la. tracción eléctrica, por vez primera en nuestra
Capital, y además hAllase en vía de conclusión el nuevo carril para
tracción de vapor, que va á. denominarse «Ferrocarril I ndustrial,&gt; de
suerte que las comunicaciones de Tacubaya con la Capital, llevan buenas
trazas de mejorarse por la competencia, para bien de ambas
poblaciones.

***
Pero, para recibir una. impresión completa de Tacubaya moderna, para sentir todo el atractivo de aquel riente retotlo de
lametrópoli, es preciso ir en carruaje y descubrir paso ! paso
•ua bellezas.
Cl
El camino es delfoioso: la calzada de la Reforma primero, el
futuro boulevfl,rd de México, bordada de chalets y sembrada
de monumentos, que á la hora matinal, umbrosa y recién rega•
da, brinda exquisitas frescuras que hacen olvidar el monótono
aol de las ciudades; después, el parque de Chapultepec, cesto de
verdura coronada por la airosa magestad del Alcázar, Y por
últimolos dos tramos de calzada que unen A Chapuhepec con
Tacubaya, umbrosos también, bordados de frondosos !rboles, '
Y de pavimento propicio al carruaje y á la bicicleta.
La entrada de Tacubaya está marcada por la casa habitación de la soberbia hacienda de la Condesa, que
•e extiende hasta tocar las lindes de la metrópoli
Y que, por desgracia, no está. cultivada como debiera estarlo. Allí, se experimenta una sensación de
campo: el mugir de la vacada y el acre olor de los
establos recuerda todas las delicias de la bucólica,
mientras que la brisa de los montes, soplando libre
Y sin obstáculo, riega sobre toda la campiña su sano olor de yerba fresea y de tierra húmeda.
Esa sensación de campo amengua. no obstante,
al entrar en la antigua can~ Real de Tacubaya, hoy
Avenida JuArez, que r ecibe desde luego y conduce
hasta la plaza principal de la. población, la de Car-

L a Parrvquia.
t11gena. Es e·s a una calle de ciudad, flanqueada de sólidas construcciones
tiradas á cordel, sin jardines frontales y sin carácter rústico alguno.
La única nota agreste está constituida por la doble fila de aftosos y grandes árboles á orilla de las banquetas, que la sombrean de tal suerte que
nunca en la Calle Real de Tacubaya reverbera el sol; es una penumbra
discreta y deliciosa durante los hostigantes calores del
1 estío.
Al primer tramo de esa calle, en el minúsculo jar•
din de la Ermita, la vía se bifurca sobre un arco que
tiene toda la apariencia, á primera vista, de )03 triunfales del foro romano, pero que, bien visto y consi•
derando las exiguas construccio11es adyacentes, aparece impropio, de poco gusto, sin objeto, sin estilo y
sin arte. Es el arco de la casa Mier y Celis, cuyo solo
mérito está en la mano de obra de la piedra labrada. La vía se bifurca, hemos dicho: recta prosigue
la calle Real hasta desembocar en la plaza de Cartagena; el 01ro ~razo fórmalo la calle del Calvario,
moderna y graciosa, que muestra verdaderas casas
de campo, rodeadas de amenos jardincillos por los
cuatro costados, y que, ! su vez, desemboca en la
.Alameda.
Porque, como la mayor parte de las ciudades mexicanas, Tacubaya también tieLe su jardín principal,
llamado Alameda tal vez porque en él no hay muchos álamos. La Alameda de Tacubaya está. bien cuidada y es un hermoso parquecillo.
Para unirse con la calle Real de la Alameda, parte la tortuosa calle de
la Doct,ora, con su puente sobre un río eternamente seco y con el nuevo
mercado central, amplio y moderno, bien provisto y mucho más limpio
y mejor acondicionado que la ma yor parte de los de la Capital.
La plaza de Cartagena, que hemos setlalado como el centro de la población, ofrece
un aspecto muy pintoresco, principalmr,nte
los domingos y los días festivos
en que numerosos naturales de
los lugarejos Próximos, acuden á.
vender sus productos agrícolas
y sus artefactos. En tales días la
plaza hierve de gente y los trajes
blancos de los indios, salpicados
aquí y acullá. por la nota roja y
caliente delos zarapes,fomran un

Plaza ele Cartagena.

•

�EL MUNDO.

318

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

3111

EL MUNDO.

LOS NlJEVOS C ARROS DE LOS FERROCARRil~ES DEL DISTRlTO.

La E7·mita.

•

En dos clases pueden tlividirseaus habitantes: los que sólo veranean y los per,
man entes.
Hay en Tacubl\ya activa vida decomercio, más que suficiente para sus trece
ó cat0J.'.Ce mil habitantes, y goza de amenas distracciones públicas, tales como
las audiciones que los domingos da una
bacda militar en la Alameda por lamafl.ana y en la Ermita por la tarde,
En suma, no ya como pueblecillo veraniego, sino como casi barrio de la me•
trópoli, Tacubaya es uno de los puntos
más agradables del valle de México, y so.
porvenir será brillante, como ya lo de,
muestra el afán de construcciones que
ha ligado la ciudad de Tacubaya con la
métropoli.
La propiedad en Tacubaya aumenta
de valor cada día más, el comercio se
desarrolla de una manera notable, el
Ayuntamiento actualmente tiene e&amp; caja
más de cien mil pesos, y todas estas son
razones más que suficientes par11 justifi•
car nuestra predicción del futuro bienes,
tar de Tacubaya.

conjunto lleno de color y de vida y muy grato á
las miradas exó,icas.
Las calles Jatera!es de las que hemos apuntado, son igualmente cuidadas, rectas y ostentan
fincas hermosas y propias para el veraneo. Entre
estas son notables, especialmente por sus jardines, las de los señores Ernandón, la de Don Ig·
nacio de la Torre y
Mier {1mtigua casa
Bá1·ron), la de Don
Antonio de Mier y
Celia, la de Don Romualdo de Z1mora
y Duque, la de Dvn
Fernando de Teresa, y otras muchi\s
que alargarían h
lista en demasía.
Y he ahí que Tac u baya reune, á ,
más de su proximidad á la metrópoli,
otras dos ventajis:
tiene las comodidades y todos los r ecursos de un a ciu h 1 y tiene el cam JJ, el pleno
cam;io, á Stl'I p11'lrtas, coa sólo eac1miaer3e á
ciu.lq11ier.1 d! su1 3il.b:irbio3,
_.
j _J

SARDÍN.

***
La vida de Tacubaya es uniforme y tranquila,
pero no es tampoco la de un pueblo rústico y
aislado.

nr,lle del Calvario.

La Alameda.

Intt1·i1w d e u n cm·1·0 de primera de la via de tra cción Pléctrica.

Cm-ro de dos pisos de la via d traccitn el éctr ira.

ta Fotografía de las nubes.
El afio p•óximo pasado publicamo8 en estas columnas unas fotol{rafias de uubes obtenidas en el Observatorio Metereológico de la Escuela Normal, é indicamos la importancia rle esta clase de investigaciones.
El Sr. Profei-or Luis G. León ha dirigido á nombre de
lacSooiedad Mexicana para el Cultivo de las Ciencias,&gt;
una excitativa á los Señores Directores de los Observatorios de la República y á las perso:ias amantes de
laclencia metereológica para que desde el día p:imero del año entrante, se dediquen á obtener fotografías
de las nubes, anotando la hora de la observación, la
clase del meteoro, el cuadrante en que se obse1 va, la
ve:ocldad con que camina, si dió ó no lugar á lluvia, etc.
•
Los estudios durarán todo el afio de 1900, que será conocido entre los meteorologistas mexicanos con
el nombre de caño de las nubes.&gt;
Para la fotografía de las nubes hay que advertir
que cada vez que hay nubes sombrías sobre un fondo
azuló blanco, no es difícil obt3ner buenas pruebas con
placas de gelatina, bromuro de plata y con un obturador que permita pequefias exposiciones. Pero para la
fotografía de las nubes blancas y ligeras, tales como
los cirrus y los cirro -cúmulus que se destacan sobre un
fond~ de cielo azul claro, se presentan algunas dificultades. En efecto, sobre las placas ordinarias, la acción fotogr:Uica del azul es cal!i idéntica á la del blan.
oo. Se necesita, pues, buscar un artificio para opacar
la luz azul del cielo, pero conservando la luz de las
nnbes. Sin esto, la;; aparieni1ias nebulosas quedarían
muy débiles en el cliché, tanto para las medidas como para las reproducciones positivas. No se obten,
drla más que un cielo casi uniforme.
Para evitar este incoovenien te, se emplea entre otros
procedimientos, el de interponer sobre el haz luminoso una pantalla amarilla. El azul del cielo no conteniendo rayos de ei.ta luz en cantidad apreciable, será detenido, mifmtras que las nubes impresionarán la
placa fotográfica por su :m. amarilla.

Con las presentes líneas publicamos dos fotografías
de nuhes obtenidas por el Profesor León el día 6 del
presente mes á la 1 de la tarde.
Son unos hermosos cúm·ulos con tendencia á eon vertirse en pallío-cúmultlS.
El viento los disipó cercarle las tres de la tard?.
El rumbo de aparición fué de N. W.

LOS NUEVOS CARROS
DE LOS

Ferrocarriles del Distrito.
La próxima inauguración de la vfa de tracción
eléctrica, ·hace oportuna la publicación de los g1abados que representan el inter10r de un carro de primera clase y uno de dos pisos de los que próximamente pClndrá al servicio público la empresa de los
Ferrocarriles del Distrito en la mencionada vía, que,
como saben nuestros lectores, se extiende de la Villa
de Guadalupe á San Angel.
No describiremos estos nuevos euros, pues con ver
los grabados basta para formars'l cabal y perfecta
idea de ellos.
Se dice que los carros de primera clase son muy
elegantes y que t ienen todas las comodidades apetecibles.
.
Una de las reformas reglamentarias que se pondrán
en vigor, es la disposición terminante de que e.o se
detengan los coches para que suban ó bajen los pasajeros, sino en las esquinas.

Una civilización entre los hielos.
En el país del oro.
Las grandes civilizaciones se han cristalizado á la
orilla del mar ó de los grandes ríos de las regiones
templadas. Era lógico que la humanidad se orientase
hacia los puntos de menor resistencia.
Pero los progresos milagrosos de la ciencia y de la
industria todo lo ban cambiado, toda vez que el hombre puede corregir la naturaleza á su antojo. Se
acerca la hora ea que la inclemencia de los climas sea
un facto~ despreciable que no impedirá ya que toda
la tierra sea indiferentemen:e habit able y que las S)·
ciedades florecientes y las fecundas civilizaciones se
desarrollen en la zona glf.cial cuyas riquezas, largo
tiempo inaccesibles, yacen inutilizadas.
Klondyke da el primer ejemplo. Dawson es ya una
ciudad casi tan civilizada como París, Londres y Berlín. El cbampagne es algo y aun algos más caro, pues
cuesta así como veinte pesos oro la botella; pero hay
en cambio más se~uridad que en los bulevares de París, y esto lo confiesa más de un viajero francés de
los que borronean cuartillas en las grandes redacciones parisienses.
En Dawson son muy raros los crímenes, y cosa curiosa, en un país en donde la codicia debía de ser
atroz, dominan los crímenes pasionales en las estadísticas de la delincuencia.
El oro, factor de tantas maldades y de tantas degradaciones, el amor al oro, la pasión '}Ue hace nacer en los hombres y que llevó á tantos y tantos
aventurero'&gt; á las ingratas regiones do.nde se asienta
Da.wson City, es el autor de ese nuevo centro de ci•
vilización que será en lo porvenir una de las ciudades célebres del mundo, cuna futura de grandes di•
nastías de m1llonarios y acaso de sabios, poetas, filósofos y estadistas.

�Domingo 26 de Noviembre de 1899,

))omtngo 26 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

321

EL MUNDO.

e

EL :MONTE RAINIER YEL PARQUE WASHINGTON
Desde 1790 conoclan los espaOoles 1• reglón del estrecbo de Puget y la inmensa montana llamada Ta.
coma por los Indios.

l.

¡

En 1792 ,Vancouver hizo trecuentes explo!'actones
en el estrecbo de Puget (l'uget Sound) y levantó unas
cartas de )a reglón. A los monteR que veía á Jo lejos

t

les dló los nombres de B•ker y Roo:! y al Tacoma Je
puso el de R Linier, en b.oaor de Los lores del Almi-

rantazgo inglés. Los americanos conservaron esos
nombres geográficos, aunque era má.s natural que
cuando menos al monte Tacoma se le restituyese su

designación lodfgena.

La magnificencia del monte R:\lnler y las bellezqs
excepcionales de lo'i slth,s tnmecllatos b1cieron nacer
en los Eitados Unidos el deseo de bacer de aquella

----

reglón un parque nacional. Et gobterao, con muy

...... ~." .. ---- -

muen acuerdo, ha tomado d eterminaciones semejan-

tes para el Yellowstone en Wyomiag y para el célebre valle Yosemlte en California.. InspirAndose en
esos precedentes1 el afto de 1893 ordenó Cleveland
en una proclama que se reservase para el Estado una
extensión dJ 3:) mll,as cuadradas en cuya superHcie
ouedara comprendida la parte occidental d ;.l monte
Ralnter y una gran extensión de bosquP.s vírgenes.
La. parte orieotal de este terreno diHere de la occidental por el cllina, la fauna, lc:1. flora y el aspecto
de los paisajes. Las pendientes occidentales de Ja
montana tienen más cascada.11 1 y los preclptcios son

-

El Mo e Rainier
que las alturas nivosas, van á conocer el maravUloso
Valle del Paraíso, célebre en el muado por sus patsa•
jes ,:raodlosos.
El valle está. situado en una región cuya altura
varfa de 1,500 á 2,000 metros. Para llegará él, el

que espeso, en un lugar delicioso por su aspecto
agreste y primitivo, une á esto una ventaja más, sua
aguas rerruglaosas y gaseosas con las que se ha formado allí una reputada estación de ag uas t ermales.

El

•••

Paraíso -visto desde la cima del Monte Rainier •

1 de los electros polarizados ó de la corriente alt.eroatl va y de alta teaslóa , permltla obtener todos
108 electos c:n sólo dos h!los.

'DU&amp;

A Ha de facilitar 1, protección oficial de t ao bella
comarca, el 11 de Junto de 18 91\ se propuso al Congreso de los Estados Uoielos una ley para ec.saocbar
el dominio que alll tiene el Estado y forma r despué&amp;
un parque de grc:1.0 extensión que llevará el nombre
de «Parque Washington.&gt;
En el último período de sesiones de la anterior Le.
gh:;Iatura iba A votarse la ley en referencia, pero h•
habido moratorias que Im posibilitan la sanción presidencial, indispensable para dar A esas maravillas
Jtaturales y á esos bosques antiquísimos, notables en
el mundo entero, la protección que ha. de salvarloe
de manos destructoras.
Es rle suponerse que muy pronto quedará fo rmado
y reglamentado el E,randioso cParque Washi ngton.&gt;

La cienci a de los espectáculos.

1·uue del

mo tienen tres ó cuatro metros de largo caben varias
personas á bordo, pero no vast.no una en cada buque.
Decir que el tripulante est~ cómodamente Instalado
serla exagerar, pero, en fin, no le falt,a un regular
a,:itento sobre los acumuladores. Mueve el timón Y
tiene al alcance de la mane una manl vela que le permite int,.oducir resistencias en el circuito para variar
las velocidades é lnvert.tr la corriente y cambiar dirección. Ilay un conmutador para encender lámparas
incandescentes en el tope de los mástiles y que representan proyectores ó sella.les. Por último, tiene al alcance de la lllaDo un revólver cargado de cart.ucbos
sin proyectll coa el que hace el bombardeo.
Para subir á bordu el «Almir,lnte&gt; levanta una
parte del puente que está bajo una torre, una chi•
menea ó a1gúu otro apéndice importante y una vez
sentRdo todo vuelve á su Jugar y él queda oculto á la
vista de los espectadores aunque pu~da ver perfectamente el campo de maniobrai;, al través de numerosos orificios que tiene la torre.
Los buquas condenajos al naufragio no son tan
completos como el descrito y como hacen pocas evoluciones no tienen mecanismo: un hombre que cami•
na en el piso del estanque los lleva en hombros, y en
el momento oportuno encienda los ruegos de benga~a
que producen el incendio y los bace naufragar según
las instrucciones que se le. hayan dado.
De noche. sobre todo, el tspectáculo es muy bri•
nante y termina con una gran revl&amp;ta naval en la
que hay petardos, fuegos ae bengala é iluminación
eo. la ciudad y en las fortifica.clones.

•••
Ahora se trata de otro combate naval, más en
grande, por lo cual se ha tuscado un sitio á extramu:ros de París y se ha hecho un vasto estanque de
10,000 metros cúbicos. Ese estanqne representa la
rada de un a lmportinte ciudad que se ve á lo lejos,
1'Qdeada de montanas y guarnecida por excelentes
:fortificaciones.

. -. :

--

,,ri'.

~

-,\,Y_

. ~i

•

Combate naval en miniatura.

Bosque de '.l'acoma, Camino del Valle del Paraíso.
frecuentes, sobre todo cetca del monte Rainter :uyos
muros rocallosos se elevan Aalturas enormes. Al Norte y al Sur el suelo descleade gradualmente y los
boJq ues son má.s espesos; abundan allf los cedros y
los pinos de hasta cuatro metros de dlli.metro y noventa de altura.
El R11.tnter no es como el Monte Blanco, punto
culminante de un, larga cadena con picachos nevados,-es majestuoso en su aislamiento con el Fuji
Yama del Japón y se eleva á mils de 2,500 metros
sobre las alturas que lo rodea!l. A lo lejos, desde la
nueva ciudad de Ta.Coma, se admiran sus contornos
majestuosos que le dan el aspecto cte una colosal pt~
rámide truncada que se desta.ca en el cielo á 4,400
metros sobre el nivel del mar.
Eite monte es un volcá.n apagado de cuyo crlter
se escapan adn vapores sulfurosos .

turista atraviesa bosques magolflcos formados de pinos de la especie blanca, roja, amarilla y la llamada
de Alask,, árboles de grao corpulencia.
Long Mirea es el Jui¡ar donde babltualmente se detienen los turi~ta.... Sitn~'i11, en el tundo de un bos-

Hace diez afios, los periódicos francesf's hablaban
de un especMculo náutico arreglado por M. Soltgoac
para el nuPvo circo cuya pista se transforma en piscina. Diez pequeilos acora1.ados ejecutaban todas laa
operaclo □ es de un combate naval, y cosa notable, In•
teresa.ate desrle el punto de vista cientifico, no habla
tripulantes á bordo, no obstante lo cual, evoluciona-bao los buques en todos sentidos, hozaban callana•
zos, se incendiaban, se iban á pique, etc., bajo la di •
rección de un solo hombre oculto entre bastidores 7
que manejabi un teclado en co::uotcación con lo&amp;
,paratas eléctrlooa. El empleo de la corriente contl•

El Arsenal.

El puerto, las f01·tificaciones y la ciudad.

Un buque mercante escoltado por baques de gue.
na y protegido por los ruegos de las tortlflcaclones,

-entra al pue rto con provlslo~e3 . para la ciudad. La
Got.a enemiga, compuesta de torpederos y ~couzados,
Yiglla la rada y corta toda comuotcac16n con el
mar. D e ese conflicto nace el combd.te entre los bu•
"!•as 1 el bombardeo de la ciudad y de lo• fuertes.
Los espectadores ocupan una gradería de 80 me•
'tros á la orllla del estanque y al ver los buques creen
11,ne son acorazados reales y verdaderos vistos Jesde
"'1Uy lejos.

•••
Ea 1870 se hizo la primera ascensión en el Monte
Ralnler, dlrlgleado la expedición el general Hazard
Stevem1.
Pasaron por el camino que siguen a.et ~al mente t.odos los turistas, es decir, por el Valle del Paraíso y
las rocas cte Gibraltar.
Después de pernoctar en la cima bajaron por el
mismo camino. Al referir su expedición determina•
ron el movimiento de curiosidad que puso de moda
el pico R,lnler.
Ea Octubre del mismo allo de 1870 los sabios Wllson y Emmons, de la expedlcióa geológica del paralelo 40' en los Estados Ualdos, hicieron otra ascensión en la que recogieron Interesantes datos elent!ficos.

El bombardeo .

•

De diez allos á la !ecba•el• monte Ralnter es más y
mils visitado por numerosos turistas, los cuales, más

Entre b,stldores está el cArsenal• donde se alista
'Y prepara las unidades de combate para que entren
1!n acción.
Los buques se mueven per su propia tnerza¡ cada
de ellos está pro•l•to de una baterfa de acumula&lt;foreo, un motor eléctrico, una héltce y un timón. eo.

"ºº

BafloB de Long bffres.

Inte1"ior de un acorazado cm el "almirante•• á bo,·do.

�Domingo 26 de Noviembre de lo99
EL MUNDO.

322

Mas si de la Omnipotencia
Mayor bien deseando estás,
y á rezar al templo vas,
Y una maravilla quieres,
Pide á Dios ... . Ser como eres,
¡No se puede pedir más!
JAVIER SANTA MARIA,

Mérida,

De u n poema que todos bao escrito
y todos e.c,lb1ré.n. J)Orque es la esen•
cla misma de la vida,

En la ventana tú; ye junto al muro;
tu mano entre mi mano prisionera;
y en el confín del borizonte ol:iscuro,
la lun,¡, alzando su amarilla esfera ..... .
-¿Me das un beso . . .. ? P or mi amor, te juro,
que es tuyo el labio que tu labio espera.
Nadie nos mira. Ven l Si Amor nos hizo,
cede de Amor al invencible hechizo.

·---------------------------------------------·
E L MILAG RO.

Tu frente virginal de blanca nieve,
sa tifió de rubor, pvr ser más bella,
y ce,n tu mano de alabastro, breve,
me dijiste que nó. ¡Blanda que1ellal
-¿Tc:mes, repuse, mi amorosa aleve,
que deje el beso de mis labios huella? . . ..
Y el fuego huyendo de los tuyos rojos,
busqué la luz y te besé en los ojos.

(Del album de la Srih.. Manuela Llzarraga),

Cuando á Dios rezando estás
1,Qué cosas le pedirás
Con esa boca de guinda?
Eres buena y eres linda
Y eres feliz ¡,quiéres más?
;.Si? Pues pídemelo á mí
Qne en mis reinos de poeta,
Una colección completa
De maravillas reuní.
Coronando un pe!íascal
Tengo un castillo feudal
Tan inmediato á las olas,
Que vienen, de espuma llenas,
A dejar conchas y arenas
En sus campos de amapolas.
De nocbe allí las sirenas
A cantar empiezan solas;
Y antes de que el día vuelva
Ya se oye juntos cantar,
.A. los faunos de la selva
Y las sirenas del mar.
T ras las torres almenadas
Hay princesas encantadas
Desde hace siglos dormidas;
Y Po los amplios corredores,
Guerreros y trovadores
Que cantan CO?las sentidas,
Y cantan himnos de amores
De sus liras á compás.
¿Quiéres, Nelly, quiéres más?
Pues cuanto sue!ía el deseo
Y finge la fantasía,
Yo lo conquisto y poseo
¡Me lo da la poesía!
¿Quiéres nubes astros, flores,
Fuentes, peces de colores,
Lucernas, cocuyos, aves,
Limpios lagos, selva u.!!bria?
¿Templos de góticas naves
Llenos de melancolía,
Vitrinas de tonos suaves
Y aras donde el alma mía
Se te ofrezca en holocausto?
¿Quléres grutas misterl'.&gt;sas?
¿Quiéres de Siebel las rosas?
tQ·Jiéres las joyas de Fausto?'

~

• Gloria, placer, alegria,
Irisadas ilusioóes
Que animan los corazones
Y pueblan la fantasía,
Encantada pócsía
Que del .mundo.es embeleso
Y en el cielo enciende el día,
1Yo a tesoro tod~ eso 1
y no vale lo que un beso
De tu boca fresca y pura
Llena de miel y de esencia.,
Lo que vale..tn.Jnocencia.
Lo que vale tu hermosura.
Lo que vale la ventura
Que gozas en tu existencia.

REQUIEM.
La luz por las ojivas penetra y biere
Los lienzos que nos cuentan largos martirios·
Se oyen las notas tristes del MISERERE· ,.
Se quejan las campanas, lloran los cirios.:..

1► 95.

FRAGMENTO.

SRITA . MANUELA LIZARRAGA [DE MERIDA.]

Luego el alma, turbada en su retiro,
sa asomó á tus pupilas con ternura,
y de tu pecho se escapó un suspiro
mezclado de plac:!r y de amargura.
Juego fué más ardiente tu respiro
y tu mano en la mía más segura;
que el capullo de rosa, antes opreso,
abrió las alas al calor del beso.

Poema del amor! ¿Quién, en la aurora
juvenil de la vida, no ha temb!ado,
al recibir de la mujer que a.dorl¼
el dulce beso de su labio amado?
¿ Y qué mujer, cuando el amor devora
con su torrente ciego y despe!íado1
pudo tener el corazón en calma,
Tranquilo el pecho y en silencio el alma?

La luna resbalaba el disco suyo
y en silencio lloramos de alegría;

tú, feliz, al saber que yo era tuyo;
yo, feliz, al sabe1 que tú eras mía.
Luego, turbando ese silencio cuyo
la.mento singular enardecía,
Joco yo de pasión, tú de ansia loca,
nos desmayamos al juntar la boca.

Extiende la tristeza su negro manto,
El alma, en lo pasado, vuela perdida,
A todas las pupilas acude el llanto
De los viejos dolores sangra la heri'da.
¿Quién no siente del pecho las fibras rotas

Al ver que le recuerda cada sonido

"Esas que a.compafiaron, dolientes ~otas
Al pedazo de su alma que se baya ido?'
En tropel los recuerdos brotan y vienen
E l hombre se concentra dentro sí mism~
¡ Y los ojos que miran al suelo, tienen '
La suprema fijeza q ue da el abismo!
El Réquiem funerario suena en el coro
Apagados ac,1rdes que se agigantan
Y ascieudeo en concierto dutce y s~noro
Unas notas que lloran y otras que canta~.
Sus notas son el himno de los dolores
La humanidad que llora sus alegría.~'
Es la profunda queja, son los clamor~
De todas las humanas melancolías. . '
AlJí, cual un arrullo, dolfonte brota
Del corazón herido la íntima fibra
La plegaria y el grito lanzan su n~ta
Modula la esperanza, y d amor vibra'.

Cuando ·partí, so!Ianáo en el mal'iana,
noté que, como un áugel de consuelo,
flotaba en el azul de tu ventana
con alas de paloma tu pa!íuelc ;
y, desde el borde de la mar cercana,
prestando vida á mi amoroso anhelo,
flotó el mio también.-Y al ser mecidos,
fueron dos ave&amp; que buscaban nidos.
MANUEL UGARTE.

U Nf\ DELf\OION INVOLUNT f\Rlf\

Allí de lc1, paloma la lastimera
Queja, que apenas _nace fugaz desmaya,
Las nacientes canc10nes de primavera
Y el tumbo de las olas sobre la playa{

La rubia mamá bordaba tranquilamente y su
liijo Mario, sentado en la alfombra., recortaba una
hoj'l con figuras de soldados rojos y azules.
Cuando más entretenidos ~ataban, se asomó á
la puerta el papá.
-Mario, chiquitín, que te vista tu mamá. Va•
mo'I a. pasear.
La setl.ora arrugó el ceiio y siguió bordando
-eomo si nada hubiese oído; pero Mario, se puso
en pie de un salto y abrazándose de las piernas
del papa. se a pretaba contra él como un gato mi•

El canto de los cisnes en la laguna
Y soplos de tormenta que se dei;at~
Arrullos maternales sobre la cuna '
y lejanps rumores de catarata. '
Tiene todas las notas del sufrimiento
Encierra de la vida todo el amargo '
Ese pr?fundo _li~quiem, pausado y iento,
Ese adiós al v1aJero del viaje largo.
Y del órgano en tanto las notas graves
Con un clamor de ruego, suave y dolie~te
A_l subirá los cielos, cual grupo de aves '
Piden misericordia para el ausente.
'

Y parece que el alma, libre precito, •
Que los lazos del mundo por siempre deja
Enendidas las alas al intinito,
'
Al compás de 'lUS notas, fugaz se aleja . ..•
La l~z por las ojivas penetra y hiere
Los henzos que nos cuentan largos martirios·
Se oye1;1 Jas notas tristes del MISERERE, •
Se queJan las campanas, lloran los cirios.

. . .. .. . . . . . . .. .. .. .

París, 1897.

323

EL MUNDO.

Domingo 26 de Noviembre de 1899

.. . . .. . . . . . . . . ..

... . ... . ........... . ... .

•

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4 •

••

;,is;, Luego lentas pisadas que ya se alejan,

Y el d?lor que nos clava su diente agudo,
Las brisas 9ue ~n las ramas tristes se q úejan.
La tierra silenciosa y el cielo mudo!

10ado.
-Papa.sito, papa.sito querido, decía riendo y
bailando de gusto.
-Vamos, Eugenia, viste á Mario porque se ha•
·ce ..arde.
-Pero 1,es cierto que lo vas á llevar contigo?
preguntó sorprendid1t, sin dejar su labor.
- Figúrate. . . . Tengo dos horas libres. Esto
-es un milagro, porque Mario jamás sale conmigo.
- Si vas á llevarlo al Pincio piensa que hace
:mucho frío.
-No, no lo lleva::é al Pincio. ¿No es cierto,
monín, que lo mismo te da ir al Pincio que á
-cualquiera otra parte?
-Sí, papadito, siempre que vaya contigo y que
:mamá me ponga mi traje de terciopelo .
-En el Castillo está muy húmedo, dijo la se1lora.
- No iremos al Castillo. ;,Quieres que no salga
el chiquitín? ¿Estila celosa?
-Vaya u na tontería, dijo alzando los hom•

'broa.
DIEGO URIBE,

Levantóse lentamente, como con repugnancia,
anduvo de aquí para allá lentamente, abrió todos
loa roperos sin encontrar lo que buscaba, y por
tin, A llls mil y quinientas vistió A Mario.
Este entre tanto, de pie en la cama, se agitaba
como un diablegín mientras Je traían el vestido:
jugaba con su padre, pedía que le hiciera cosqui•
llas, y se dejaba caer sobre las almohadas. ríen•
-do A carcajadas y besando al papá el cual A su
~ez se acostaba junto á Mario.
Mientras la seflora vestía al niflo, al ponerle las
medias y al anudarla las cintas de los zapatos se
tncl~nó como par a besarl&lt;&gt;, pero en realidad para
decirle algo en secreto.
Ptro no había modo de conseguir su intento
porque el setl.or no se apartaba de allí, co;nplaci-do en la contemplación de su hijo.
L~ 11etl.ora puso mal el primer botón y no lo
advirtió sino hasta que llegó al último. Tuvo que
-empezar de nuevo su tarea. Mario rabiaba de
tmpaciencia. Ya tenía el sefior el sombrero pues-

to y todavía a ndaba la seftora buscando un pa•
:ll.utlo para el niiio.
- Le daré el mio, Eugenia, si lo necesita.
-No lo necesitaré; vámonos, papa.sito.
- No vayas A comprarlP. juguetes, le dijo la se•
:iiora á su marido, en voz baja.
- No tengas cuidado.
Lll maml\ besó la frente de m hijo y aquel beso faé tan largo que se dijera que quería darles A
sus labios la expresión de un lenguaje desconocido. S,llió á la antesal,i, y mientras el padre y el
hijo bajaban. salt,mdo y hllblando á vocea.
-¡Mario! gritó la se:ll.ora.
- ¿Qué, mamá?

-Ove.
-Dime desde ahí lo que quieres, mamasita.
-Vas á tener frío, toma tu abrigo.
- No, no tengo frío. Adios, mamá.

Al llegar á la puerta de una barraca en donde
habitt tíl{res enjaulados y cocodrilos en una laguneta, el valor y la curiosidad de Mario disminu •
yeron .
Miraba á su padre con una cara que revelaba
la lucha interna entre el miedo y la curiosidad.
Ni se atrevería á dar un paso.
- ¿Son muy grandes los cocodrilos, papá?
- 8í y tú muy cobarde.
-¿Son del tamaiio de Nana la cccinera:&gt;
-;:,on de otra forma, son largos y aplastados.
- Vámonos de a,uí papá . Ya me contarás cómo son los tigres y los cocodrilos, eso es mejor,
y ahora puedes comprarme un juguete con el di·
nero que les i oas á d1tr en la barraca.
-No, ya tienes muchos juguetes.
-¡ y si vieras cuántos tiene Alejandro! Son muy
bonitos, tienen mecanismo para andar. Hay un
ferrocarril con tres wagones y viajeros adentro;
en la caldera está el maquinista, muy negro; po•
brecito! Alejandro tiene también un circo con
caballos que dan muchas vueltas. Y tú, papá, ¿tenías juguetes cuando eras chico?
-Yo no tenía tantos como tú.
- ¿Y hacías travesuras?
-Menos que tú.
-¿Y te pegaban??
--Sí, monín.
-¿Y te dolía?
- Algunas veces.
-Mira, papá, ~uando mamá. me da un cachete
no me ca.usa mal; lloro y grito por no dejar.
Ahora ya no me pega.

-;,Y quieres mucho á tu mamá?
-Sí, papa.sito, pero á tí te quiero má.s.
- No digas eso. ¿Por qué me quieres más qué
A tu mamá?
-Porque A tí sólo te veo á la hora de la comida, mientras que con ella estoy á todas horas. Si
me crmpras un juguete diré que á los dos loa
q uiero igual.
- Vamos, mentiroci!lo. ¿No q uieres ir á comer
un helado en casi\ de Singar?
-Sí, papá , un helado de frambuesa, color de
rosa.
Después de comi,rse su helado muy despacio
para que le durara, Mario quiso llevarle A su mamá
unos pastelillos. ¡Pobrecita mamá·, se habfa que•
dado en la casa y no comió su helado! El mismo
le llevaría los pasteles, enredándose en u 'l de 1o
la cuerda del paquete.
-Papá, J.CUá ndo sea grande podré comer un
helado todos los días?
- Eso te haría daft.o.
-No, no me haría daiio. Papá, yo quiero ser
c0racero.
-¿Y si te qaedas chiquitín? Eres uca criatura,
eres mi ni:ll.ó mimado .
-Mira, dame mucho de comer, p iira ser grande y grueso, porque si me quedo chiquitín no
me harán coracero.
Al paslir por la calle Nacional, lo deslumbró el
aparador de la. juguete,í• de Natalí y se quedó
mudo de asombro. Tantas maravillas le extasiaban y se puso á contemplarlas con los ojos fuf.
gurantes de deseo.
Con su mamcita apretaba la de su papá, como
para comunicarle su i,stremecimiento: el rostro
pálido, y las mi radas llenas de asombro, formulaban una súplica mudt1, tsn elccuente, que el pa•
dre no puclo resistir y eutró á lt1 tienda para com•
prarle un juguete.
-Eotoy contentísimo con esta aldea que me
compraste, murmuraba el niiio cuando iban camino de la casa. ¿Cullntas casas crees q aé tieÓe?
-Veinte tal vez.
-Bueno, pues te daré veinte besitos y si hay
una iglesia con campan&gt;trio te daré un beso muy
largo. Estoy muy contento porque con este ju•
guete me divertiré mucho en casa. El viernes
mamá. me compró un aro y una Te lota. ¿Para "'
qué me sirven un aro y una pelota en la casa? Podría romper los muebles y los espejos, ¿no?
-Pero podrías divertirte con ellos en el Plncio.
-No, no, en el Pincio no. Dondeyn me divier•
to es en la villa Pamphil Y'. El viernes fuimos maro~

�EL MUNDO.

324

y yo; en el coche iba muy aburrido, pero mamá
me dijo: «Al llegará. Pamphily, bajaremos.»
- ¿Nunca babias ido en coche cerrado, Mario?
- Nunca. papá,
-¿Y en Pamphily jugaste con tu aro y tu pe•
lota?
- Sí, mientras mamá platicaba con Ricardo.
-;.Con Ricardo?
-Sí, papá..
- ¿Y qué hacía allí Ricardo?
-Se andaba paseando. Me estuve un momen•
to con él y con mamá, pero no me hacían caso,
v entonces me fui corriendo delante con mi pe•
iota. La pelota se fué rodando hasta otra aveni•
da y por buscarla se me perdió mamá. Oye papá,
¿~i yo me hubiera extraviado en el bosque me
habrían comido los lobos?
-Sí. . . ... tal vez. Y ...... ¿tu mamá?
-La encontré cerca del coche en dondt me
aguardaba ya.
.
-¡,Cuánto tiempo te estuvo aguudando?
-Cinco minutos, papá.
- ;.Cinco minutos nada más?
-O cinco horas. Me regaftó y yo me puse á.
llorar. La _culpa la ttnía la pelc,ta y le pegué. Ri·

cardo subió al coche con nosotros y bajó las cortinas; no se veían las calles. Nos apeamos en
Ripetta pero antes Ricardo le dió á. m11 má un beso
en el cuello. ¿Por qué baria eso, papá.?

.. ~N;s· f~í~¿~ y éi S~· q~~dó
0

0

~~- ~i ~~~h~. 'p~;~.

;.por qué besó á. mamá.? El no es papa.sito, ni ea.
Mario, el chiquitín mimado, para que bese á mamA.
Dile que ya no lo haga, papá.
-Ya se lo diré.

* **

La madre esperaba A su hijo en la antesala
poniendo atención al ruido de sus pasos.
'
-;.Estás sólo, Mariojl
- Si, mamá., !!olito. PapA me compró una ald e~Y paste les para tí.
Estaba pálida y temblorosa; el nifto la mirab11.
con sus ojos candorosos y brillantes.
·
-;.A dónde faé tu papá., Mario?
-Fué á decirle A Ricardo que no te bPse.
-¡Hijo mío! gritó, y cayó en tierra con los brazos abiertos.
MATILDE SERAO.

UNA VENGANZA.
El naturalista después de levantar el bordado
gorro, para cosquillearse la cabe:i;a calva, con los
afilados dedos, y alzarse hasta la frente las gafas de color, para restregar los ojos irritados por
la prolongada lectura, salió de la pieza en donde
durante tantas noches como aquella, se había
entregado á los estudios quA constituían su espe•
cialidad, y le habían dado nombre entre la gente
docta.
Y recorriendo piezas amplias y solitarias, en
cuyas paredes la bugía le dibujó, caricaturizAn•
dolo, su cuerpo · envuelto en aquella larga bata
floreada, empequeileciéndolo y alargá.ndolo, extraordinariamente, ridículamecte, llegó al cuartucho húmedo, lóbrego, destinado A bodega y biblioteca.
La bugía seilaló con su dedo luminoso las grotescas figuras de todos los desechos de la casa
que habían ido á sepultar allí, en desordenado
hacinamiento, en abigarradísima multitud.
Unos zapatos viejos hacíanse guifios, burlán•
dose de una an~igua bailera que, reina destrollll·
da, ostentaba aún los brillos de la corona, y unos
sabihondos librotes, muy serios y orgullosos, aunque vestidos de polvo, y olvidados en ridícula
postura de vulgares ebrios que van á caer.
Dejó en el suelo la amarilla palmotoria para
levantar el viejo diccionario, y vió entonces moverse a lgo muy cerca: ¡un animal! Y lo ba:ll.ó de
luz; era una lagartijilla entumecida, asustada,
acasc medio dormida ó moribunda que, apenas
po Ha menearse.
y era preciosa, ¡qué piel! hubiéraso creído que
era un trozo de cé3pe~húmr,do y animado.
¡Un ejemplar raro!
¡Un buen ejemplar!
Con la hoja brillante del pe1uell.o cortaplumas
de cubiertas de concha, la pinchó en mitad de la
espalda, la prendió contra la madera del piso y
¡cosa rara!, sintió que un estremecimiento le recorrió el cuerpo, y le pareció que un quejido dé•
bil, apenas ptirceptible, quejido de lagartija, extraflo como lamento de flor azotada, brutalmente
golpP.ada por el viento, salió de la boca del ani•
mal herido.
Vió con tristeza cómo se retorcía ansiosamente cómo levantaba del suelo la cabez11, agitaba
la~ manos y la delgada cola haciendo esfuerzos
para huirá aquella mortal presión, y sólo conseguía hacerse mayor la herida. Deseó que muriera pronto, para ahorro de sus dolores y sus ansias· sintió en el pecho un pequeflo -oeso de tris•
tez¡ y de temor que bien pudiera ser remordi•
miento por el crimen cometido. Ante los agóni•
cos estremecientos del reptil, recordó á. cuántos
a nimales babia aA.do muerte, sólo porque eran
hermosos, para enriquPcer so colección, á cuántas
plantas había sorprendido en momentos de amo·

Dominio 26 de Noviemhre de 11199.

Tlom1n2'0 26 de Noviembre de 1899.

Cuando volvió á. sentarse ante el tapete verde de la.
mesa, notó que Uovia.
Hasta entonces, y toda la tarde, con aburridora constancia se hllbía oido el repiqueteo de los dedos ociosos de la lluvia, en la vidriera de 18. pieza. T uvo frío •.
Tendió sobre la tapa del tintero el cuerpo de la in•
fortuna da criatura, y abrió nuevamente el libro .
En el fondo negro de la taza de café apar eció un ojo•
brillante que le miraba atentamente. Retiró la bugía.
Se s~n~ía fatigado, sentía en el rostrola calentura de
la irritación, v resolvió irá. la cama.
Mientras se desnudaba oyó á un grillo que en un
rincón de la pieza silbab9, y silbaba. Otro•
le contestó; le despertaron la idea de esos
b11ndoleros que en mitad de los obscuros..
caminos, se ponen de acuerdo para salir a¡l
encuentro de la victima que se aproxima,.
por medio de silbidos significativos.
Luego, un negro moa•
cardón revoloteó en tornosuyo. Quién sabe que le
dijo en su lenguaj~ y conuna voz ronca v solemne,.
como la de un ·riscal acu•
sador ante los jueces.
Con el cuerpo ya cu•
bierto por las blancas sA•·
banas del lecho, y la ca•
beza oculta entre el espeso velo de la obscuridad.
tendido sobre la alcoba,
quedó pensando: «¡si los.
deudos de los animHle&amp;
muertos por losnaturalis•
tas,
se vengasen!»
rosa unión y con la misma hojll l&gt;rillante del cor
Y los grillos silbaban en los rincones de la al•
ta.plumas de cubiertas de concha, había roto esos
coloquios con la muerte. Pensó en las muchas coba. Había aumentado el número. Dentro dealegrías criminales que babia experimentado la escala aguda de sus voces, había infinita va•
cuando se apoderó de esos lYUenos ejempla1·es, y riedad; eran muchas voces distintas, seguramerr
sintió un remordimiento equivalr,nte á la suma de te de muchos grillos iguale5.
Y el negro moscardón zombab'\ &lt;iicien do qu:én
muertes que habfa causado. ¿Tenía él derecho
sabe qué en su lenguaje silbado y con voz ronca
sobre todas aquell&gt;1s vidas?
Esp:.&gt;ró; los movimientos se hicieron menos rá- y solemne.
En el techo los alacranes gritaron algunas pa• .
pjdos, menos fuertes, menos frecuentes, y a1 oa.
bo vino la inmovilidad, se fué aquella pequefia labras, gorgoritearon algunas frases.
Sobre
el
buró
se
oyeron
·
p
asos
menudos
y
d1a•
vida.
Salió rumbo á. la mesa de estudio con la pal- cretos, y cautelosas palabras, apenas murmura•
matoria en una mano y el cadá.ver flexible en la das.
Después le pareció sentir esos pasos ligeros.
otra; por el vientre blanquizco asomaba la punta
menudos, sobre sus piernas, como si un ratón co·
brillante del arma.
·
Y tomando por pantalla la pared, nuevamente rreteaee por encima de él.
se entretuvo la bujía en dibujir ri&lt;liculizá.ndolos,
Algunos cuerpos poco pesados caían desde e)
los cuerpos del vivo y de la muerta.
techo sobre el suyo. Pero eran tan leves los gol·
Pareció en un m(lmento que iba á. saltarle á la pes que, sólo por su excesiva sensibilidad, el na•
cara el animal aun vivo, y en un temblor instan- tura.lista podía darse cuenta de ellos. ¿Sería ap~en·
táneo, dejó caer su ejemplar el nervioso natura- sión suya? ¿De veras estaría.u cayéndole encima
lista.
algunos animales? .. ..

1

l

Sintió en la cara la misma ligera molestia que
babia eent.ido tantas veces, al tropezar en un jardio con una telarafta tendida de un árbol á. otro
cercano, y quiso pasarse la mano por lA. cara, pe
ro una ligera presión Pj ~rcida en el brazo se lo
impidió, la presión de una lig1tdura hecha con del
gado hilo; ¡y no pudo vencerla!; era un hilo del
gado y fa~rte como finisímo alambre de acero,
un extraordina"io hilo de arafla.
Pretendió incorporarse; l'O pudo; iguales ligaduras le oprimieron en las pLirnas. en los brazos,
en el tórax, AD todo el cuerpo, y le oprimían mfts
y más, como si alguien estrechara las mallas de
11 qnella grande y extrafla red. Cuando no pudo
absolutamente moverse sintió sobre el cuerpo el
cosquilloso y horripilante andar de innumerables
aratlas.
y las vió, las pudo ver milagrosamente, á través de la compacta sombra. Entonces pudo darse
cuenta de su angustiosa situación.
Un golpe de horror le hiio estrem ~cer,
Las ara.ti.as recorrían por todas partes el techn,
entrllndo y saliendo por las ropas que mostrahlln
algunos agujeros. Los ratones con tezón trabaj&gt;l•
b&amp;n y abrían otras nuevas bocas en laR sAbanas
despedazadas, y mientras roían incansablemente,
moviendo sus hociquillos en donde temblaban los
largos bigotes, haclanle muecas, y le clavaban en
Ja cara, como desafiándc,le, sua miradas brillanteP, negras, vivarachas.
Bien pronto la obra estuvo concluid!\.
Las ropas roídas con faria, le rodaban sobre
el cuerpo en pelmazas, como grumos espesos d"l
j11bón, y hasta como cenizas volaban los mAs pe•
quetlo11 pedazos.
Entonces comenzó una invasión inesperada.
Del cielo de la pieza se desc.0lga ban las arai\11s, '
bajaban por sus hilos, cabriolellndo y deteniéndose A trechos, como esos saltimbancos que en
los circos detcienden de los trapecios por una
cuerda, poco á poco, tomando figuras efectistas
ó ridículas. Luego se desprendfan cerca de su
cara y oía la agitada respiración de los pu!mones
de las a raiias funambulescas.
Se de~ató una lluvia negra, muy negra; los ala•
cranes chirriaron, agitando sus tenazas, caían, se
revolcaban sobre él, lograban tomar su posición,
y ligeramente se resbalaban por la cama. Algunos como por distracción le hirieron con sus armas. E l dolor le atrofió los órganos voc1des y no
pudo gritar.
Alguna colmena se vació y el emjam~re invadió la pieza. Todl\s las abejas seguían á su reí•
na; el ruido que producían era ensortlecedor, y
reianse cuando él, el desgraciado naturalista, cerraba instintivamente los ojos al verlas acercAr•
sele aterradoramente, hasta rozarle las mejillas
con sus alas.
¡Las abejas! y pensó en la miel y en los cirios.
Anunciándose á la puerta con ruidosos aleta•
zos, llegaron aviones y salangos que rompían á.
gritar como si viesen una ave de rapiila. No salla aún del nuevo temblor miedoso que le causaba la reciente aparición, cu11ndo hizo su entrada
triunfal, como todas las suyas, nna nube de lan•
gestas que hacían retumbar el aire con su estru.,ndoso vuelo.
Bandadas espesas de mosquitos revoloteaban
por todos los ámbitos de la pieza museo.
Sólo él, él que era un notable naturalista, po•
día distinguir las voces de tantos animales, y po•
dia distinguir unas de otras las variadas especies.
Mientras se fijaba en los mosquitos, cuyas picador~ tanta molestia le causaron siempre, un en• ·

325

EL MUNDO.

zó á. chupar la sangre
basta d ..jarlos pálidos,
muy pálidos, ceráceos,
«Debían llamarse bemófilos. » -quiso gritar.

!-

L
jambre de cantáridas le llamó la atención. No
pudo fijarse en el hermoso color de los élitros,
porque pensó en 111 fiebre que iba A causarle el
olor de ellos; y sintió la fiebere, y quiso esca•
parse al delirio que veía aproximárs.elel
Bajó la vista; el suelo estaba sdfombrado; desagradable alfombra l\nimada. Por los pies del
catre subían escorpiones rabiosos agitando des•
sesperadamente los garfios de sus colas ya henchidos de veneno, y sobre ellos cabalgab&amp;n las
tará.ntulas.
Se arrastraban penosamente incontables aligatares iguales á los del Nilo,-con los ojos desbor•
dantes de sangre y los cort!lntes dientes descu•
bie rtos,-pero empequeilecidos hasta como una
lagartijilla; ¡ h, la lagartijilla muerta!
Tortugas que andab1n inusitadamente despacio, tortugas viejas, subían también produciendo
con sus carapachos al chocar, ruido de castafluelas rotas, manej!ldas por manos torpes. Y abrían
las bocas para morderle y le mordían, ¡qué dolor!
Había en la movediza alfombra un fragmento
rojizo que se agita ha sin cesar, y b. illaba á intervalos, como las lentejuelas de u, traje fant4stico, cuando las golpea la luz: las hormigas. Su•
bían, subían y cubrían completamente las cuatro
piernas de lR. cama. En los cuatro estremos del
catre vió á cuatro cuervos que graznaban á com•
pás.
Describiendo elipsoides, voltejearon entonces
en derredor de sus ojos unas falenas. Se le ocu ·
rrió: r,despedirían luz sus ojos? ¿El estaría vien·
do á. favor de esa luz?
Y p11rpadeó repetidas veces.
Sir.,tió en los pies un hormigueo y logró ver á
dos hormigas que se colocaban riendo-de veras
refan -en una misma línea, y se preparaban á.
A correr. Empezaron la carrera en línea recta,
cada una por una pierna.
Ellas creían que era carrera, y el cosquilleo le
molestaba profundamente.
U n hidrófilo se le clavó en los labios, y empe•
0

Una abeja se le había
prendido en Pl vientre,
y empezaba á introducirle poco á poco el
aguijón.
El naturalista recordaba el suplicio de Prome•
teo y él se creyó un sen•
tenciado de lo!! diúses.
El piquete de la abeja
fué la seflal de ataque.
Todos los animales se
avalanzaron sobre él y
le picaban ó le mordían
por todas partes, hasta
los de ordinario más ino•
fenslvos, como las golondrinas. Algunos no OOD·
tentos con herirlo, le
arrancaban pequefios pe·
dazos de c11r ne. Le pa•
reció que era un caballo
muerto arrojado en mi•
tad de un muladar pobla•
_J
do de hambrientos ZOt"i•
lotes.
En un Angulo de la alcoba convertida en jrnla•
una triste tórtola lanzó su lúgubre cucú.
Las hormigas fatigadas, seguían, sin tomar des•
canso, su carrera á través del cuerpo del infeliz
sabio, lleno de piquetes y mordeduras, salvaban
las zanjas abiertas y desbordantes de sangre, y
les dejab'ln paso libre las araflas, los alacranes,
los grillos y las hormigas sus compafleras. El las
vió aproximarse y apretó los labios blancos, te•
mía que le entrasen por la boca, perc, no llegaron
y aignieron su camino.
Creció su angustia. ¿A dónde iban?
Al llegar á los ojos se detuvieron; P-ra el punto
marcado para final de su carrera. Todos los animales cr,lebraron la llegada con gritos.
¡Apareció una lag-artíja con un cortaplumas de
ca1.1has de c0ncha clavado.en la espalda!
Se arrastraba penosamente, quejáoase con
amargura.
Y empezó su peregrinación sobre el cuerpo
destrozado.
Por última vez quiso gritar, llorar, moverse,
correr, huir. ¡Imposible! Cuando ella llegó al
corazón se detuvo.
Muchas hormigas comenzaron á. subir sobre el
cortaplumas, como A una percha.
·
¡Iban hundiéndolo poco á. poco en el pecho del
naturalista!
Las dos hormigllB se arrojaron al fondo de los
ojos como dos nadadores á un estanque.
Su desfallecimiento creció grandemente.
Y lo último que vió, con los oj J i! ya ciegos, fué
otro naturalista igual á él, quizá. él mismo dentro del vientre de una gran vaca que se e~hibía
en un tablado, y un mono con la cabeza llena
de canas que le hacia muecas de burla y de des
precio.
FRANCISCO ZÁRATE

Rurz.

�326

EL MUNDO.

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

Año VI

LA ULTIMA JORNADA.

Tomo 11

México, Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Número 23

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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EL MUNDO.

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

Año VI

LA ULTIMA JORNADA.

Tomo 11

México, Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Número 23

�..
EL MUNnO.

328

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Ahora que con motivo de la zarzuela de unos jóvenes literatos, estrenada reciencemente en el Principal se babia. del arte popular mexicano, bueno es
recor'dar q:ie el vlejd\Fidel es el padre de este género de poesía que tiene el don de despertar en las
multitudes el amor á estas tres cosas santas: la P:ltria, la Libertad y la Belleza.
Guillermo Prieto es bardo de alta entonación líxica cuando canta á esas sus deldades. Con la caoellera y el traje en desorden en un di vino. arrebato1 vuela su inspiración á las alturas. Sus libros de
ve rsos contienen fragmentos de epopeyas gloriosas.
Es olímpico narrador de batallas. Su Romancero es
una marcha tocada en m~dio del campamento por
una banda de clarines de guerra. J ..:gó de joven en
el Olimpo. Es un lwplita.
Mas este poeta homérico, es también á las veces
Arlstófanes. Nadie como él para la sátira de costumbres. Y antes que par11. la sátira, para la pintura;
todo un Melssonier por lo fino y por lo intencionado.
Después de leer la Musa Callejera de Guillermo
P!'ieto se queda uno satisfwho, sonriente, tranquilo,
como el que torna á casa, ya entrado el día, de vuelta de un paseo matinal , después de empaparse en las
campiñas, de rocío, de perru~e y de sol. No conozco
artista que despierte la emoción de modo más sencillo y natural.
La rima corre fácil y ligera, dAliciosamente desalii'!.ada, retozona y risuei'!.a, como linda muchacha
que, á medio vestir, salta del lecho despertada por la
luz de la aurora.
Los hábitos populares toman artístico y brillante
atavío en caprichosas conversaciones de versos de arte menor que chorrean picarezca gracia. Los roman.
ces y seguidillas, sobre todo, suenan á canción de callejuela, acom pafl.ada de rasgueos de guitarra, y risas
frescas como de mujeres alegres.
Se antojan los sueños -de_ Ffdel á manera de esos
sueños coloridos, de esos pa1saJes esfumados que la
fantasía de los nUios suele ver en un frasco de cristal
lleno de agua, y puesto á través de la luz. Todo en
elles es límpido, !rizado, radioso. Todo derroche de
color é inquietud de ondas.
y en aquel relampagueo de reflejos, el verde es esmeralda, el blanco nieve, el rojo púrpura.

*

**
La Musa Callejera es un hervidero de chinas t,jínegras y brunas, de clwrros barbudos y de léperos parranderos, y audaces.
Por allá va la enagua roja salpicada de lentejuela,
siguiendo el rítmico movimiento de las caderas; la
zapatilla azul como chapín de reina, h01Iando el empedrado de las plazas; el rebozo de &amp;eJa transparente
y abrillantado como chal de odalisca, prendiéndose
en las birolas de plata de las botonaduras. Allá va el
sombrero deslumbrador, lanz11.ndo chispas de oro de
los galones, y sobre la chaqueta de cuero, el zarape
de bordaduras vívidas, agitando los hilos del fleco.
Cada romance de Prieto es un cuadro pintado á
grandes brochazos, pero de un efecto admirable. Como
esos lienzos tan estimados por los devotos, deben ser
contemplados á cierta distancia.
¡Qué color! ¡Qué movimiento! Os acercáis y todo
se desvanece. Sólo quedan grumos de pintura, montones informes de color, como si alguien t raveseando
se hubiera eritretenido en frotar sobre aquel lienzo
una paleta. Guillermo Prieto es un poeta altísimo
\iue habla en caló. Ma~ el dialecto popular sale de
sus labios excelso y purificado.
y es que el lenguaje de envilecida dicción y aspecto bajo sirve de verbo á ~asiones nobles, á ide.~les supremos, á ter~~nos l_nfimtos, como tosca vasija que
contiene exquisito vmo.
El bardo desciende á las últimas capas sociales para
sorprender costumbres y arrancar al argot obscuro las
ideas grandiosas como la negra piedra del mineral los
átomos de oro que la abrlllantan.
li'idel hizo versos con el idioma que vacila y tartamudea. Volvió á las crisálidas mariposas.
En esas estrofas se agitan nuestros t ipos nacionales. Sólo que á través de la poesía del maestro, aparecen esos tipos idealizados.
Apenas hoy fermento ?e vicio en esos protagonistas callejeros. El patriot1smo, el amor, la compasión,
la lealtad, encubren las perversidades, las degradaciones . los odios. Alli todo es bueno; el contento
sano, Ía ironía. inofensiva, la embriaguez jocosa, el
chiste a1ado.
Fidel es un modelo que debe servir á nuest1os jóvenes literatos para costumbres y tipo~ del país, ahora
que el género chico ha tomado ese serio y provechoso
camino.

***

En este combate de teatros, á última hora ha
triunfado el Nacional. ¿No es verdad que todos celebramos esta conquista del Arte, esta toma d~ una
plaza amurallada por la indiferencia, esta hábil batida á los insurrectos contra el Buen Gusto?
La victoria de la ópera ba sido completa, á pesar
de las desgracias y contratiempos de \a última semana.
Hemos oído Carmen y FausU&gt;, durante ella, y las
dos magnas obras pudieron salvarse sólo por el respeto y el amor que de antaño les tenemos.
¿Quién ha dicho que Carmen es e_spañola?. No, sellor; Merimée, el creador del tipo, hizo una g1t~na, y
Bizet, el maestro, una andaluza ..... . traducida al
francés.
Las pasiones sí pueden ser espallolas:son un horno;
caldean. Hay mucho fuego y mucha luz en el dra1!1ª·
Huele á clavel el aire y suena la guitarra á lo leJoS.
Y á pesar d9 eso, á la letra y á la música se les conoce que, aunque bien disparadas, no son de España.
ál pasar los Pirineos se refinaron con.o le sucede
al aceite, y al vino. De la monotonía de los cantares
ibéricos Bizet hizo maravillae de movimiento. Enriqueció con nuevos sonidos las castañuelas, la pandereta y la gui¡,arra. Vertió una gota de champagne en
las cañas de Manzanilla.
En cuanto al Fausto . . .. ¿le parece á usted bien,
sei'ior Sienl, que en lugar de hablar de la audición
hable de Goethe?
El viejo Goethe era un impasible. Amaba la serenid~d olímpica dé la eterna belleza. Meditativo profundo, hundía tranquilamente su pensamiento en el
Océano de la vida, sin temor á los temblores de la
ola. Analizaba mucho este poeta excelso que no sintió jamás los frenesíes de las pasiones cuando se
exaltan ni los arrebatos de los ideales cuando se enloquecen. Por eso las creaciones de este inmóvil sublime son todas símbolo. Bajo el nel{ro birrete de
Fausto sueña la Humanidad; con la carcajada de Mefistófeles se ríe la Duda; dl corpiño azul de Margarita, como el níveo peplo de Helena, cifle los s~nos palpitantes del eterno femenino.
¡Feliz tú, buen viejo, divino viejo, que arrellenado en tu sillón, de rojo y oro, puesta la mano firme
subre la ruuosa mejilla, serena y pensadora la frente
bajo el bla~co palio de la peluca, escéptico, burlón y
risueño, viste pasar la procesión desordena.da de
n·1estros anhelos, el tumultuoso séquito de nuestras
esperanzas, el apocalíptico desfile de nue~tros dolores, el visionario cortejo de nuestras ambiciones, el
infame. aquelarre de nuestras perversidades! ¡Feliz
tú que pudiste reunir lo disperso, atar lo alado, encadenar lo enfurecido en nuestras almas, y sin rencor y sin odio, nos arrojaste, viejo Goethe, tu ironía
hecha libro para que nos reconociéramos en Fausto,
amáramos á Margarita y tuviéramos un fiel compaiiero de insomnio en Mephistol Gracias á tí, nos asomamos á la véntana OJival en busca de la Verdad
Eterna, durante las noches diáfanas y frías de tu
Alemania, y nos sentamos junto á la nliia rubia, á
la fresca sombra de los árboles, para deshojar flores
y contar melancolías ... . . .

Domingo 3

ne Diciembre de 1899.

ecuación especial (cada alm&lt;1 tiene la suya), no es
sensible á todo en el mismo grado, el poeta (hablo
del músico) no lo vió todo pero lo que vió lo vió bien
y nos lo dice encantadora.mente.
Así el primer acto es francamente !.imbólico; la incurable friYolidad de la sociedad en vísperas de la Re.
votución, ftivolidad heredada de un siglo entero de
galanteos y placeres; el amor á la virtud, predicad1,.
por Rousseau y su secta con vertido en una moda en
un juguete, en una especie de traje á la griega 'quedeja.ba á la naturaleza toda su libertad de movl~ientos y de extlibiciones, el amor á la libertad del géne.
ro humano profesado por las marquesitas de tacón
alto, meJia calada, seno al fresco, peinado en las nu.
bes: deliciosas cabezas de Boucher y de Watteau, que
en las puntas de las picas, iodaviaconservarfanlosrlzos del tocado empapado en sangre coagulada y sobre
la tez lívida dt: muerte, el carmín y los lunarcillos delos afeites postreros; la igualdad aclamada en los salones con las rosas y los pomos de esencia en las na.
rices para no sentí~ el aroma animal del pueblo soberano; la fraternidad profesada en forma de luises de
oro dejados caer en las manos negras y húmedas del
hambre, por las manecitas finas de uñas rosadas y
piel de seda, y un sordo delirio por gozar mucho, por
gozar pronto, por saberlo todo, por apurarlo todo,
como si en la luz azulada y triste que SE' mezclaba á
la de las bujías al fin de una noche de baile, se ad!.
vmase una agonía, un fin; de todo eso hay un poco
en el primer acto, que parece un idilio en los umbrales de un cementerio. Marquesas; perfumados abattirw.~ que agotan la dulzura de vivir, como el futuro
príncipe oe Benevento; poetas declamadores; lacayos
insolentes en quienes el odio y la envidia maduran á.
los próximos proveedores de la guillotina; pastorcillos de comedia acicalados y pomponados y trascendiendo á jazmines y el grupo escuálido, brutal y astroso de los famélicos, en quienes la plebe del día.
siguiente muestra los colmillos afilados y la gola roja,
son los personajes de ese primer cuadro un poco Incoherente y murmurante y_ vago como era la época;
delicioso paisaje decadente y lánguido al través del
cual serpea el grácil dibujo melódico de una gavota.
fin de s :glo ....
Muy bien; pero siyo hubiese sido el autor (no aoy poco presuntuoso como veis) le habría da.do un segundo
cuadro á ese simbolismo claro del co=iienzo, habría
contado y puesto en acción la vida de las prisiones
durante el Terror; allí precisamente donde estuvo
Chenier, en donde conoció y cantó, en las inmortales
estrofas de la Joven cautiva, á la d llCJ uesi ta de Fleuryla Magdalena de Coigny del libre¡¡o: dice así la prisionera:
La i!usión fecunda aquí en mi seno habita,
Sobre mí en vanc pesan de una pri&amp;ión los muros,
Pues mías las dos alas de la esperanza son;
Cuando escapa á las redes del pajarero impío,
Más feliz y más vivo del cielo en los espacios
· Cantan to vuela el ruiseñor.
¡y qué! 1morir yo puedo! yo que duer1no tranquila.
y que tranquila velo, sin que en vigilia ó sueño,
El cruel remordimiento me haga padecer.
1Mi bienvenida al día me ríe en tantos ojosl
y en tantas frentes triste¡¡, un poco de alegría,
Con solo mi presencia casi bago renacer!
¡Oh! mi hermoso viaje tan lejos del fin se ballar
Voy; de los verdes olmos que bordan el camino,
A penas los primeros acabo de pasar;
Y á penas de la vida en el festín que empieza
Los bordes de mi copa, que llena todavía.
Un instante mis labios acaban de tocar.
Estoy en primavera, q::iero ver la llosecha;
De una estación en otra yo como el sol deseo
Mi afio concluir .. . .. .

................ ............ ............

A propósito de Andrea Chenier.
¿Queréis, amables lectores míos, y pacientes y nobles, que dejemos por hoy el Transvaal á punto de

p~:r~~:t~:f~:irn~~~h~!~!s

;~1f!º;d:~gs
~~~:~~!
por los maxims y los dum-du:ms y á los tagalos probablemente ya despojados de su Aguinaldo ysu hosca y
bravía libertad, y al Emperador Guillermo borrando
con la champaña de Windsor el telegrama al presidente Kruger, para hablar un poco de arte, un poco
de un poeta muerto á los treinta ailos y que por eso
me es dolorosamente querido? Supongo que decí&amp;:
¡Bah! Veamos. Ved, lectores.
En la obra aplaudidísima de Giordano y que es de
veras interesante, la música traduce con elegante sobriedad algunos de los principales elementos de aquella época infernal y divina y los combina en un tono
de pasión y de sangre. El joven artista italiano se metió dentro de aquella gran historia como en uno de
los círculos dantescos, procuró vivirla, dejó que se
imprimiera hondamente en su alma y nos tradujo en
música su impresión; es reducida, su alma por su

Y por cierto que esta joven cautiva no fué lapasión del poeta; fué la encantadora mujer que en al·
gunos divinos versos llama Fanny (Mme. Laurent•
Coulteux); y por cierto que la bella Franquetot de
Colgny salvada de la guillotina á fuerza de oro por
su ama~te M. de Monrond, se casó al fin con este caballero y pudo ver brillar la aurora del renombre de
su cantor que murió en plena noche; la luz que brotaba de su tumba tardó mucho en traspasar el olvido· los dioses los dioses heléniccs de este último de
lo; poetas paganos, que mostraron, como suelen, su
dilección por él haciéndolo morir joven, le dieron lentamente la gloria; don divino, don eterno.
Pero vol vamos á nuestros carneros; la vida de las
prisiones durante e!"Terror, allí, sobre todo, donde
abundaban los nobles, las señoras y la gente de buen
tono, al través de miserias indecibles y de mortales angustias, continuó siendo la vida t_rí~ola de los salones y los boudoirs; citas amorosas, liaisons d&lt;tngereuses,
bailes, comedias en que reían las muchachas Ylaa
viejas de la horrible protagonista Mme. la Guillotine,
eso constituía la ocupación de los prisioneros que no
pudiendo evitar la muerte le hacían la mamola. Algohabría dado, por ver musicada una escena de este género, con el antiguo lacayo bacien~o el papel con tan:
ta energfa trágica burilado en sus iambos por Chenier ·
Et sur les gonds de fer soudain les portes crlent;
Des juges-tlgres, nos seigneurs,

Domingo &amp; de Diclemtre de 1899.
Le pourvoyeur para.it. Quelle sera la prole
Que la hache appelle aujourd'hui?
Ch!Ulun frissonne, ecoute; et cb~cun avec joie
Volt que ce n 'est pas encore lu1.

y el pueblo asomado por ahí bajo las nuevas espe.
eles de soberano abso:uto, decorado con el gorro fxi .
glo de los antiguos libertos, descalzo y hambriento,
como en el coro de los famé!icos del primer acto, pero

aatlsfecho con su coron¡¡, roJa;
.... il demande du pain,
Oo lui donne du sang. Il vol tomber des tetes;

II chante et ne sent plus la faim.

y entre risas, desmayos, gritos de an11;ustia, solloga-

r.os de agonía, y risas, y ecos de carmai'iolas y de

ira serpea-: el dibujo melódico de la gavota fin de

slgio .... trasporta.da al tono menor para darle aire
de marcha fúnebre ... . ¡obl qué bien, que bien, en
esta&amp; escenas que yo sueño, daría valor á las transiciones-que son todo el arte-Adela Gin! con su maravtlloso poder de expresión.

329

EL MUNDO.

No, los poemas perdurables son los del sentimiento, esa es la.sola verdad que eterniza el arte: la del
amor, la del dolor, que es la misma; querer descubrlr
las causas de las cosas, hará de un poeta un Fausto,
nunca un Da11te; nunca un Virgilio, este otro rimador
divino que pegaba el oído al corazón de la naturaleza
y murmuraba, escuchando sus misteriosos latidos:
son las lágrimas de las cosas.
Pero si la empresa de Pste último heleno era imposible, el solo intento engrandece el alma .... Y así,
entre ensuei'ios de amor indeciblemente voluptuosos,
que parecían depurarse al ser vaclado1:1 en el molde
purísimo del arte, el joven hijo de Bizanclo, que llevaba en sus venas la helénica sangre materna y que
había nacido á la inteligencia silabeando los poemas
homéricos, llegó risueño á los umbrales de la Revolución.

*
* *

Era una aurora, la saludó, en el estilo de los líricos de su época, como una venida de sol; había rastros de sangre en esa aurora, sangre derramada por
la demencia de las multitudes hambrientaii, pero es*
**
to era pasajero; efectos de púrpura en el Oriente; asCbenier es casi un ausente en la obra; viva y pre- cenderfa
Apolo en su carro de oro y las nubes se disisente está Magdalena, no Chenier que es allí un dul- parían y la
luz serfa., en el zafir inmaculado, esa
ce y declamador poeta erótico cualquiera, sólo ha nueva luz nueva
entrevista por los grandes precursores,
servido de pretexto á la descripción de las pasiones seria la libertad. ¡Ohl qué sublime delirio, qué emde aquella época convulsivamente trágica, en que briaguéz sagrada; asistir al Génesis de un mundo
los cantos eran rugidos y los suspiros esterto:es de mejor: en la noche del 4 de Agosto, en el momento
agonía· diez ó doce poetas como ese deben de haber de
suprimir para siempre el derecho feudal á ruegos
muer~ en la guillotina. No, la ópera de Giordano de la nobleza y la Iglesia, la Asamblea nacional prodebía titularse «La Revolución:&gt; el protagonista es nunciaba el fiat lux de la flamante creación.
Gerard y Gerard es la Revolución.
Adorador de la libertad, pero desde arriba, in
Chenier era otra personifil;3.ción no tan grande, excelsis, una libertad inmaculada como la Pallas-Aquizás pero más bella; es la poesía pagana, de már- thené, una diosa de acrópolis helénico, digna del
mol p~ro y claro como el dios de Klaros, mutilada
de Fidias y de la adoración de Atenas, una lipor el martillo de los iconoclastas y arroja:la de su cincel
bertad á la griega, 1:1. república, no como los griegos
pedestal enflora.de, á un charco de sangn La poe- la habían practicado, ¡~r 1sino como la habían amado
sfa pagana ha tenido después imitadores, repr,1duc- algunos de ellos, los Cbenier del tiempo de Periklas;
tores perfectos, pero no en mármol blanco, sino ne- pero el joven poeta francés olvidaba que esa libertad
gro de pesimismo y de dolor secrAtu (pienso en Le- por él adorada, que esa redentora de manos }luras,
conte Dellsle). Chenier no es eso, no es un imitador, que esa agua lustral más clara que la de la fuente
aunque Imita, no es un reproductor, es un creador Kastalia, no había existido nunca; pensaba en Arísde poesía transcripta en lengua inbelénica, exacta- tides y en Catón, ¿por qué no recordar á Kleon, á
mente como lo eran los Alejandrinos, los deliciosos .A.mytos, á Clodio? .... En suma, confrontaba, muy
poetas del ocaso espléndido de la poesí!l' griega; es lo pronto inquieto, desilusiona.doy triste, su ideal platómismo que Tibulo, que Catulo, también creadores, nico de virtud republicana, con la realidad brutal que
también latinos que reproducían, pero que eran poe- crecía tumultuosa ante sus oj0s de. artista, y vaciló y
tas completos, poetas griegos en latín; de esta selec- dudó .. . . Despuéi,, cuando vió todo respeto humano
ta y exquisita familia fué este «primer poeta de su escarnecido, cuando presenció el arrastramiento de
época, el artista superior y delicado que reabr~ó las la inocencia sobre el pavimento ensangrentado de las
fuentes antiguas y abrió las modernas.&gt; (Tame- calles por las multitudes epilépticas, cuando asistió
La .Revolmion-VI).
al estupro feroz de la impúber libertad republicana,
¿Abrió las modernas? No creo; no hay en su copa todo lo que en él había de pasión por lo bueno y por
una sola lágrima cristiana y si el siglo XVIII es el lo bello subió desde sus entrañas en una ola de hiel
fln del movimiento esencialmente pagano del Rena- á sus 1a'bios y empezaron sus odas á silbar como el
cimiento, ca.si exactamente como el período alejan- sarcasmo (el himno á los soldados de Chateauvieux)
~rino de ciencia y de flébil y deliciosa poesía, fué el y luego á crugir como e~ hierro ~ndente plantado
período final de la cultura helénica; el alma cristiana · en la carne vi va, y luego mventó el iambo francés, pa·que renace con las alas teñidas de sangre por la Re- ra desahogar su cólera inmensa, inmensamente novolución eu el alma de Chateaubriand, anima toda la ble y justiciera: los alejandrinos combinados con los
poesía moderna hasta la de los que la rechazan con octosílabo!ó! con una maravillosa gracia de movhniendesdén ó con ira en nombre del arte puro; no, no to suelto, ctljerón en rimas alternadas lo que nadie
hav un solo vislÚmbre de ese espíritu nuevo en la se atrevía á decir, lo que nadie quería pensar: que
poesía de Andrés Chenler; cuando decía:
aquellos imbéciles trágicos que subs~ituían la liber811,r des pensers nouveaux f aisons des vers antiques tad con la guillotina, pasarían, mondan, ó moralhablaba de pensamientos, no de sentimientos: el mis• mente cambiando la adulación al pueblo en adulaterio, la inquietud, la sublime angus~ia del senti- ción al César, y trocando la blusa de la secci6n por la
miento cristiano, el don de lágrimas de la poesía mo- librea napoleónica, ó materialmente, y estos eran los
derna, que ha tornado á perder la fe conquistando mejores tragados por el ídolo que babían levamado
como elemento supremo el incurable dolor de haber- sobre la~ aras volcadas de la justicia y la piedad ....
la perdido, todo &amp;to es un mundo, ni entrevisto siquiera por el divino poeta del Ciego y de la Joven ta*
múina. El pensamiento nuevo, sí; la eterna ambición
**
de los poetas de alas grandes: reducir, como Lucuando aparece Chenier en el drama lírico que ·tocreelo, la ciencia de su época á fórmulas poéticas, dos hemos aplaudido, ya circulaba en manos de mucontar, al son de la lira, los orígenes del Uni verso y chos la oda á la matadora de Marat, á Carlota Corde la Tierra y de la sociedad, mostrar todas sns le- day,-'la Juana D'Arc del homicidio. Al piE: de este
yes resumidas en una ley suprema y todo movimien- artículo la encontrarán nuestros lectores rápidamento, es decir, toda libertad, convergiendo hacia la uni- te traducida.
~ y sumándose en el orden. Vano empeño este de
El poeta no sólo tenía un gran valor, sinouna~ran
hacer decir á la lira la verdad de la ciencia, que es razón, no en santificar á la homicida, sí en a~~uar. un perpetuo d.e-llenir, una relatividad perenne; hoy sí, la: no en levantar el pui'!.al sobre los que hicieron
mai'!.ana no, siempre quién sabe; empresa sobrehu- imposible, con la guillotina, la consolidación de la
mana la de hacer caber en una ánfora delicada y pu- república en Francia, pero sí en enderezar su ~usa
ra del Cerámico,
altl va y vengadora en frente del patíbulo y decir al
Terror, encarnado en unos cuantos demen.~ y en mul' ocean et.ernel oú bouillonne la vie
chos cuantos foragidos: no sólo eres crimmal, eres
estúpido. Es muy fácil y puede eso servirnos para
que era lo que Andrés quería .... Pasan, se mo::lifican
ubrir nuestras pavorosas pusilanimidades cívicas,
las doctrinas de los sabios, la verdad de un gran s.s. ~n la máscara de una feroz virilidad retr~specti va
tema se dt!rrumba minada por sus errores y el monu- ensalzar el Terror, cubrir con flores el cuchillo de la
mento poético que la contenía se deshace en fraguillotina como si fuese la espada de Harmodio oculmentos 11ue cubre el polvo de la eterna marcha hu- fa bajo los mirtos, y atizar )as lámparas que ardían
mana. Suelen esos fragmentos ser gemas fulguran- en los altares dc,nde recib~a culto el sag1·ad.o cerrazón
tes; de esas hay en el Hf!l-m.es, que empezaba el poeta de, Marat; pero esta manía Jacobina, buena !?ara asus4 ~uejar; pero una obra imposible.
tar á los ignaros ó á los cobardes, no seducirá nunca
Lucrecio la llevó á cabo y del sorprendente edificio ni á ;a justicia ni á la historia.
&amp;ólo retenemos un ángulo de cornisa, la hoja de acanArmar á la Revolución con el hacha, para combato admirablemente volutada de un capitel de már- tir á los enemigos intericres, aunque est~s fueron
mol, un trozo de friso digno de Fidias, la estatua creados e,xpi·ofeso por los errores de los legisladores, enmutilada de Venus:
hGrabuena: los instantes eran supre~o~, formidables
los peligros; Francia era una plaza s1t1ada, hervía la
Alma Venus hominum divomque voluptas.

conspiración á sus pies, el patriotismo en forma de
cólera roja, le congestionaba el cerebro v no había
remedio: la muerte era una arma que defendía la república; mas poner esa arma en manos de la pasión
más brutal, más ciega, másimbécil, encargándoselaá
la injusticia misma personificada en unos animales
de instintos puros de sangre, encarg:n el castigo á los
ant ropófagos, esto es indefendible, h8.l&gt;t,1 la defensa
se v11elve horrenda. Y si el Terror constituirlo adrede
pan no poder jamás discernir la culpab1 h&lt;lad de la
Inocencia, t iene alguna explicación pató'og-ica cuando la república est aba en peligro, después, cuando la
Coalición fué becha pedazos, cuando fué vencida en
Fleurus y el peligro cesó y la republlca. sP. volvió
Invasora y los ejércitos he1oicos de la revolución despert aron los ecos de la gót ica Alemania con lase&amp;trofas de la Marsellesa, entonces ¿ qué significación
podía tener? ¿que era más que una de las má• temerosas aberraciones que han afligido á la hii,toria?
Y, sin embargo, sig uió y siguió: la guillotina no se
LJaclaba, tenia que devorará la revolución misma, tenfa que hacer posible á Napoleón.
Cuán heroicamente grande aparece el joven prisionero de Saint Lazare, irguiéndose en medio de ..stos
horrores con · su lira de fierro en la mano p:ua rimar sus mald-iciones elocuent es. Falta este Chenler
en el drama, así corno fal t a el poeta griAgu; y cuenta
que no incrimino al autor del libretw por babn alterado casi toda. la historia del poeta, este era isu &lt;lerecho, Ri de tillo resultaba una obra de arte; en manos
de uu creador de belleza la historia sólo puede ser mat eria prima transformable, pero cuando se quiere resucit ar en el mundo ideal del arte una peri,onalidad
histórica, preciso es respetar su alma y su carácter,
que es la e~teriorizaclón del alma. ¿No os parece,
lectores?

*

* *
Bueno, ¿habéis leido por curiosidad el proceso de
Andrés Chenier publicado como introducción de sus
obras en prosa? Lo habéis leido con sus e-qui vocaciones y sus equívocos, su redacción s~l vaje, su ortografía inverosímll? qué efecto os ha producido? A mí me
ha causado siempre la impresión de un efebo hermoso y tierno mitchacado hasta la muerte por las férreas patazas de unas mulas desbocadas, ¿ Y sus pus.
t reros versos, su último suspiro de poeta, ese que
Glordano traduce en una esquisit•a melodía:
«Como un rayo postrero, como una ráfaga última,
ensayo mi lira al pie del cadalso; pronto vendrá mi
turno.-Acaso antes que la hora girando en circulo
haya descansado en el pulido esmalte su pie vigilante y sonoro, el sueño de la tumba, pesará sobre mis
párpados-antes que el verso aquí empezado, baya
llegado á la última de sus dos mitades, quizás entre
estc.s pávidos muros, el mensajero de la muerte, negro reclutador de sombras, conmoviendo con mi nom.
bre estos largos y sombríos corredores, en que, solo
entre la multitud, discurro aguzando estos dard&lt;1s
perseguidores del crimen, de súbito la rima suspen.
derá en mis lábios. Y cargando de ligas mis brazos,
me arrastrará, atrayendo en tOI!:!O mío á mis tristes
compaileros cautivos; todos me conocían antes del
mensaje espantoso, pero no me conocen ya.
«Y qué ¿nadie sobrevivirá para conmoverá la historia, sobre tantos ju~tos asesinados? Para que es.
tos omino~os foragidos tiemblen ante sus retratos,
negros de semejanza, para descender hasta los infiernos, anudar el triple látigo, el látigo de la venganza ya levantado sobre los malvados; para cantar sus suplicios! ¡Ah! ahoga tus clamores; sufre,
corazón pre!'íado de 1)dio, hambriento de justiuia...
Virtud, llora tú si muero.&gt;
Bravo, poeta, así se muere; así se pasa, ó con infinit a misericordia, 6 con supremo valor; eso corno
decía. uno de tus augustos abuelos, eso es morir en
roí. Tu corona ensangrentada empezó á irradiar sua .
vemente en la tumba y después fué una constela ción frente á la cual gira en su órbita inmensa el
sol del artie. Eres más que un poeta; eres la musa
trágica del amor á la verdad y á la justicia.

--1 ~ J ~
A CARLOTA DE CORDAY.
E jecutada el x8 de Julio de x893

¡Qué! mientras que los perversos y los cuh .Jen
consauran entre los inmortales á su Marat, e, ,, ,;i,.
grim~ y sollozos ó fingidos ó sinceros, y que. ~u ..~r bio sacerdote de este ídolo vil, un reptil iwpu•, , vo
mita desde el fango del Parnaso un bimno inf,,,. e ú
pie de sus altares.

*

*
La verdad calla! En su* gélida
boca, la leng11 , r•.i.
ralizada ,por el miedo, escatima un justo homc ..aj~
á las proezas gloriosa.si ¿Vivir es, pues, ta.n 11 '!c.•~
¿Cuál es el precio de la vida, cuando, esclaviza.o , el

�EL MUNDO.

330

pens&lt;\miento bajo un yugo ominoso, se esconde á todos los ojos temblando en el fondo del corazón?

***
¡Ohl no, no, yo no quiero honrarte á tí en silencio,
á tí que creíste re!&gt;ucitar á Francia con tu muerte Y
consagraste tu vida á castigar el crimen. La espada
armó tu brazo, nifia grande y sublime, para avergonzará los dioses, para reparar su iniquidad de haber
dado á un monstru..i las facciones de un homb:e.

*

Sí la serpiente neura, *en* su caverna impura, sintió, ~l fin, desgarrado por tu mano segura, el venenoso tejido de sus horrendos dhsl A l~s entrañ~r. del
tigre, á sus dientes homicidas, tú v1mste á pedir los
lívidos miembros, la sangre de los hombres que de.vorado había!

***

Sus ojos moribundos alcanzaron á verte, soberbia
en tu alegría, felicitar tu brazo y co~templar tu presa. Tu mirada decía: «ve, tirano fur10s0, ve, corre _á
abrir el camino á tus cómplices. Fué ~u mayor dehcia bañarte en la sangre humana, báñate en la tuya
y confiesa que hay dioses.&gt;

***

La Grecia, ilustre niiia, de tu valor admirada, habría agotado los mármoles de Paros, para colocar tu
imagen al par de la de Harmodio y d~ la de su amigo· cien coros en tu tumba, con embriaguez sagrada,
hahrían cant~do á Nemesis, la tarda y lenta diosa
que hiere á los malvados en su solio dormidos.
;;:

cuando, sin temor y sin apoyo frente á_ ellos, tu dulzura, tu simple y magnánimo lengua¡~, les enseñó
que, por potente que el crimen sea, qmen renuncia
á la vida es más potente que él.

***

Bajo el gentil aspecto de tu jovial sonrisa, largo
tiempo los senos impenetrables de tu alma, ocultaron
la suerte segura del perverso. Así acumula decretamente la borrasc!l el cielo azul, que rie, mientras se
apresta mudo á fulminar los· montes y á sacudir los
mares.

*

* *cuando ibas al verdugo,
Joven, brillante y bella,
llevada, parecías, en triunfo al himeneo; tu frente
era apacible, serena t,u mirada; en lo alto del cadalso,
tranquila despreciaste la rabia de un pueblo abyecto,
servil y fe0undo en ultrajes, que sólo así sé cree soberano y libre.
***
La virtud sola es libre. Honor de nuestra historia,
nuestro inmortal oprobio vi ve allí con tu gloria; tú
sóla fuiste un hombre y v~ngaste á los hombres.
Nosotros, viles eunucos, rebaño cobarde y sin alma,
sabemos repetir algunas quejas de mujer; mas pesaría el hierro á nuestras flaca,s :nanas.

***

Tú no pensaste nunca que á los.manes de Francia,
que á su venganza tuera bastante un traidor muerto, ó que tú sola podías sacar del caos sus dispersados miembros: querias, inflamando los corazones timidos, un despert'lr de hierros sob~e esos parri_cidas,
hartos de sangre, grasos ;!e infamia y de rap1iia.

*'*

Mas la Francia abandona 9.1 hacha tu cabeza, y á
quien prepara fiestas es al monstruo rodeado de sus
compai'lerosdiunostodos desu suerte. ¡Ohl Cuán no.
ble desdén son~eía en tu boca, cuando un foragido,
queriendo vengar á la fiera, creyó ponerte_ pálida
mostrándote la muertel

*

***

E&amp; un criminal menos, que se arrastra en el fango· y la virtud te aplaude; de su viril encomio, oye,
bella heroína, oye h voz augusta. 1Obl Virtud, el
puñal, he aqu[ tu arma sagrada; el pu~al, s_ola esperanza de la tierra., cuando el rayo deJa reinar el
crimen y te vende á sus leyes.

* *él y t u~ ~lniestros _jueces
El debió ponerse pálido,
y nuestro ominoso senado y sus mm1stros ommosos,

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

J)olll1DgO 3 de Dlotembre de 1899,

EL PLACER Y LA FELICIDAD.

EL MUNDO.

331

MONTERREY.-Manifestación en honor del Sr. General Diaz.

Acaba de darse un caso de suicidio típico, característico, admirablemente descriptivo de cómo
solemos entender la vida, de la desmesurada
importancia que damos en ella á todos los goces á todos los deleites, á todos los placer es y
tlo '1a bancarrota de la felicidad que resulta de
aspirar tan sólo á ser felic_e~.
Un joven de buena !aD11l~a he~eda. un8; fortuIJ'ta no despreciable. S1 hubiera sido mgles, norframericano ó siquiera francés, su primera
preocupación habría sido . invertirla en algo
productivo, hacerla fructificar, acrecentarla.
Tomándola como punto de apoyo y sirviéndose
del trabajo como de una palanca, hubiera emprendido, negociado primero en pequeña escala,
después y poco á poco en mayor proporción;
hubiera comenzado con un tendajón y hubiera
i,c-abado con un almacén. Acumulado grano á
grano el ahorro diario y el fru~o del trabajo cotidiano hubiera empezado poquitero y acabado
inillonario; se habría casado, fundado y educa&lt;lo una familia numerosa, socorrido desvalidos,
fundado obras benéficas, calmado hambres, vest.i.do desnudeces, restañado lágrimas, prodigado
consuelos y hubiera vivido largos años feliz y
derramando en torno suyo el bien y la felicidad.
A lo largo de esa senda de labor y virtud
hubiera .cosechado flores y frutos, gozado de las
más nobles satisfacciones de la existencia, del
respeto de sí mismo, de la posición dignamente
conquistada, de la conciencia de ser útil y bueno
y de haber llegado á ser poderoso con sólo el propio esfuerzo y la personal energía.
Ante los inevitables contratiempos de la vida
y ante las dramáticas peripecias de sus empresas y de sus negocios hubiera encontrado como
consuelo la fé en sí mismo, la nobleza del
fin perseguido, y al sentir la presión de las energías internas, jamás abatido y siempre confiado,

01·ganizp.ción de la procesión civica en la Alameda Porfirio Diaz.
Fot. D. Lagrange.

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El Estanque de Saint- Cucufa.

M. Bucquet.

hubiera afrontado adversidades, soportado catástrofes y hubiera sido feliz en fuerza de no preocuparse de la felicidad.
Así proceden y así viven los hombres fuertes
Y los pueblos enérgicos; "tiran" sobre la felicidad por elevación; apuntan, como los billaristas,
por tabla. Se proponen un :fin cualquiera, la riqueza, la gloria, la grandeza de su patria ó de
su familia, la conquista ó la propagación de la
verdad, cualquier cosa difícil y remota, elegido el fin se consagran á realizarlo, luchan y
bregan, salvan obstáculos, sortean escollos, inventan medios y combinan cálculos y siempre
c?n la vista fija en el norte que los guía, sólo
piensan y se afanan por llegar á la meta. Si se
les _p regunta ¿ cuáles rnn tus goces, tus sa.tisface1ones y placeres? Contestan: luchar y si
posible es, vencer.
Nada más profundamente sabio que vincular
la felicidad en la lucha. Desentenderse de la dicha
actu~l y tangible, menospreciar la victoria misma sm dejar de perseguirla; gozar con solo combatir,_ disfrutar con solo emprender, hacer del
.tra~aJo un deleite, de la lucha una voluptuosidad
es Jugar una "mala pasada" á la adversidad,
burlarse del sino que nos condena á la desgracia,
reír á las barbas del destino que nos acosa y
:ranformar la parrilla de San Lorenzo en el
echo de rosas de Cuauhtémoc.
La ~icha es esquiva y voluble, huye de quien
1a persigue y busca. á quien la desdeña, hay que
t nderle r edes como á un ave, que ofrecerle ces Y anzuelos como á un pez; los niños que
pretenden atrapar mariposas con las manos, corren, giran, saltan, se afanan y fracasan; sudorosos Y agitados acaban -por caer rendidos
Ylallorosos con el corazón desolado y las manos va-

e s.

Tal el suicida de que antes hablábamos.

Una vez en poses1on de su herencia se traza un
plan descabellado, estilo Espronceda, propio y
peculiar de nuestras almas volcánicas y de nuestros corazones ardientes. ¿ Qué quieres? parece
decirle la fortuna ¿ trabajo, prosperidad, posición,
grandeza, gloria? Pues ahí tienes los medios de
alcanzarlas. El contesta: quiero gozar, quiero
inundarme de dicha, disfrutar de todo, aspirar
todos los perfumes, sentir todas las embriagueces,
habitar todos los paraísos, amar á todas las huríes. Y se lanza y aquellas embriagueces son de
alcohol con resabios y náuseas; aquellos perfume~
son de alhucema; aquellos cálices de amargura.
Las huríes, mercenarias; los amigos parásitos,
los paraísos, antros. En vano clama :
Inventad otros placeres
Otro mundo, otras mujeres!
No 1os hay; los grandes goces humanos son de
imaginación y no de realidad; las emociones extremas y. sublimes son propias de poetas y no de
vividores. :Mientras más sed se siente de goceH
inéditos, refinados, exquisitos, más turbias é
impuras resultan las linfas que han de calmarla.
1Iahoma colocó su paraíso más allá de la vida,
porque no existe ni puede existir en la tierra.. La
sed de placer mata la felicidad; el sibarita acaba por no tolerar en su lecho de rosas las arrugas de un pétalo. Consagrarse al placer es condenarse al sufrimiento y á la muerte, como consagrarse al ocio es condenarse á trabajos forzados. Por no querer slúrir, por rehusar la lucha,
por aspirar tan solo el deleite el hombre se ata
al pie una cadena de galeote.
Para sentir blando el jergón es necesario
rendirse de fatiga en el trabajo; para encontrar
delicioso el pan es forzoso no abusar de la trU-1
fa, para beber con avidez el agua pura es inclispensable no estragarse con el alcohol~ para sen-

tirse feliz en el seno de la familia hay que huir
del casino y del club. Una ley natural é ineludible
obliga al trabajo para que sea grato el ocio,
Pxije haber sufrido para ser capaz de gozar é
impone como precio de la felicidad una indispensable dosis de sufrimiento.
Quien olvida esta ley ó trata de transgredirla
se condena al hastío ó á la desesperación. El infortunado suicida que despedazado el cráneo yace
desnudo y abandonado sobre la plancha del
anfiteatro en espera de la autopsía, es ejemplo
vivo y palpante ele ese olvido y de esa transgresión.
La fórmula de la felicidad está toda constituida en la frase profunda de Juan Valjean á
un ladrón:
-Ah! quieres holgar? pues trabaja.
DR. MANUEL FLORES.

LA GRAN MANIFESTACION AL SR GENERAL:nuz
EN MONTERREY
De La Voz de Nuevo León tomamos la siguiet:Lte
completa reseña de la notable manifesta·!lón con que
fué acogida. la candidatura del Sr. General Díaz para·
la Presideucia de la Repúbiica:
La circunstancia de estar próximo el tiempo en
que debe efectuarse la renovación del Poder Ejecutivo, ha movido á todos los que sienten verdadero interés por el progreso de México á fijarse en la persona que ha de desempeilar tan alto puesto; y ninguno
se ve, dadas las notables condiciones por que atraviesa el país, que pueda ser más á propósito que el integérrimo y notable estadista Sr. General Porfirio
Diaz.
Al conc~birse la idea de que hacemos mérito, procuróse con prudencia explorar la opinión pública, y

�EL MUNDO.

ésta de un modo maní fie~to i,e ha pronunciado en fd•
vor del ilustre caudillo de la paz.
Es i rnpos!ble arrancar oe la conciencia del pueblo
mexicano, el afecto que si,mte hacia el gobernante
moclelo, que ha sabido encumbrará México, notable•
mente, y encumbrarlo por me&lt;iios tan firmes que ellos
mismos harán que sean perdurables losadelautosque
alcance en las luchas del trabajo.
La minería, la agricultura, el comercio, to-lo ,o
que es grandioso elt!mento para el progrebo de los

833

E L MUNDO.

indlforente á tan justa muestra de gratitud y patrio•

Hnnterr.-y. Manifestación en honor del Sr. General Diaz

C'omimza el ilnfile i/P. Ta p l'nce.-ión cirfra , snlir 11dn de la AlamPcla Porfi1'io Diaz.

po~ingo_3 de Diciembre de 1899.

Domingo 3 de Di~lembre de 1899.

tiSmO.

Fot D. Lagrange.

p11ehh,s, ha p&lt;,dido encontrar apoyo en el esfuerzo táneas simpatías que se sienten pr~,fundamente por
del acLU"I Primer Magistr ldO d e la República, y así , el que asi ba hecho grande y próspero á México.
es ..:orno palparnos esta voluntad incansable y perseOomo al principio expresamos, las clases que mlis
v,mrnte, que no cesa en su labor por robustecer la suponen en ~l país, se propusieron bacn una maniobra que t1n patrióticamente principió á levantar festación de aprecio en honor del Sr. General Díaz.
por sobre los escombros de nuestras extintas revoluEn México se efect~ó esa manifestación, según lo
clúnes pasadas.
Todo esto lo sabemos los que hemos visto cómo esa ha expresado la prensa; y 11qui en esta ciudad, que
obra ha ido agigantándose, alentada por un.L vo- hlen refit·ja la atinada gestión g ubernativa del seilor
luLJtad enérgica. En estos hechos radican las espon- Presidente de la R ~pút.lica, no be podía permanecer

El jueves de la semana que boy termina, á la vez
.que en la Capi tal de la República se verificaba lamanifestación de que antes hablamos, aqui tenía lugar
la misma, entusiasta y digua, como la hemos presenciado todos los que asistimos á ella.
o~conformidad con el programa y ceremonial respect,i vos la que aquí se efectuó tuvo un éxito hermol
1IO cual convenía á la alta personalidad á quien se
de1fü,aba.
En la procesión civica que partió de la Alameda
Portirio Dlaz, figuraban las representaciones del comercio, la banca, agri~ultura é industria.
La procesión cívica formaba un conjunto verdaderamente grandioso. Cada corporación llevaba al frer.. te el estandarte que la simbolizaba, y cuatro músi-0as Iban interpoladas en la columna. Se distinguió,
por las especiales banoeras que llevaban los que for•
maoa.n el grupo respectivo, por un carro artísticamen te ornamentado y aun porlo numeroso desu per-sonal, la Cervecería Cnauhtemoc, así como los gremios
de obreros presididos por el Sr. Marin Peña, y la S'Jciedad del Sr. Pedro Treviíio.
Por lo demás todos los grupos se esforzaron en pre.sentarse decorosamente y centenares y centenares de
pequeiias bauderas con los colores nacionales ondean~º en lo alto cuando la música sonaba, daban un aspecti&gt; arrebGtador á la solemne procesión cí vic;;, en
la que no se advirtió una nota discordiante ni un
solo atropello siquiera; y bien se miraba que Lodos
i;in excepcion interpretaban el objeto de la fiesta y se
conducían como á ella correspondia.
Contri buyeron á su mejor organización las acertadas disposiciones con que fué preparada y la correc-0ión del Sr. Ingeniero Ignacio Morelos, maestro de
· ceremonias y las personas que le servían de ayudan•

tes.

Al llegar los manifestantes á la plaza de Hidalgo,
e n donde se levantó una amplia plataforma, frente á
la er,tatua del padre de nuestra independencia, el Sr.
Lic. D. Vicente Garza C,intú, pronunció un discurso
,(que ha merecido muyjustos elogios).
El paseo siguió en la Alameda Porfirio Diaz, con-0urridísimo por todas las clases sociales y amenizado
po,· tres bandas de música.
E n lo general casi toda la Ciudad se engalanó para
la llest,L óe que hllblamos.
Los eddkios públicos y particulares, presentaban
en sus fach;1das bellos adornos, figurando con profu~lón muchísimas banderas que ostentaban con ga•
llardía nuPstros colores nacionales.
Las P;azas de Zaragoza é Hidalgo estaban hermO·
:$&amp;mente adurnadas con multitud de banderas y gallardetes.
Por 1~ noche 13. iluminación de las Plazas de Zara;goza é Hidalgo y la vistosa ornamentación atraían
-con sus encar,tos irresistiblemente. Millares de focos
,Incandescentes ele colores y de luz de arco derrama-

Un transporte inglés batido po,. la tempestad en el Golfo de Vizcaya.
ban su fantástica luz sobre aquellos hermosos lugares.
La serenata, no obstante que al principio de ella
hubo un paréntesis ocasionado por una fuerte 1luvia
1ntempestiva, estuvo esplendidfslma, durando basta
las once de la noche.
Gratos recu.erdos dejó en el alma la manifestación
que Monterrey ofreció al Ilustre Gobernante de Mé•
xico, al Ciudadano dlgnísimo, cuya histori.:1, sin manella ofrece nuestra patria como ejemplo de h eroica
virtud y de excelso patriotismo.

co obrero de la ventura bumanR.
Que su inmarC€sible memoria sea
el faro que alumbre el camino u.:
los que empiezan á vivir.
LUIS E. Rmz.

LA

NOVELA
DE

LA INSTRUCCION PRIMARIAEN MEilCO
DR. VALENTIN GOMEZ FARIAS

II

DON V A LENTIN GO::IIEZ

T,a c&lt;
,mitha hace alto en la Plaza de J;idrtlgo, e11 donrlP se fo d'il·ige un d iscu1·.,o dr.qde l o alfo d'! una p lnt(.f&lt;,rm a en qve se reunen los estandades

de las corpo1'adone.~ que la t ormai·on.

Fot. D. Lagrange.

F ,, IU .\S.

En el límpido cielo de nuestra amada Patria se
...,resenta, cronológicamente, como segundo astro de
la enseñam.a primaria el bene mériro Dr. Valentín
G lmez Farías, 11amado por muchos el Patriarca de la.
Dem~cracia.
Ocupando la primera. Magislatura de la República,
el memorable afio de 1833, expidió leyes y reglaroe ntos que hermosamente forman la magestu.osa port ada del ya sólido templo erig idJ á la lnstn.1,cci6n P rimn,ria en la Nación mexicana.
La claridad con que percibió los caracteres funda•
mentales de la Enseñanza pública, el acierto con que
sustit nía lo informe y sin objeto con la coordinación
de medios ¡,ara alcanzar un fin, bien definido, y la
inflexible voluntad con que emprendió la gran tarea,
hacen de este notabilisimo ciudadano, más que factor politico, po:leroso ariete de la refori:na y el pro•
greso sociales.
E3te sencillo, pero sincero y grato recuerdo, es bu•
milde homenaje al inteligente, al bueno y al enérgi•

"El Mundo Ilustrado."
CJmo lo ofrecimos á nues,
tros lectores, este mes recibirán TODAS las entregas '}Ue
faltan para la conclusión de la
n ovela de Víctor Hugo,

"Nuestra. Señora. de Fa.ris."
En nuestro próximo número reanudaremos el r e parto,
pues ya llegó el papel en que
se imprime esa novela.

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·ttianufa11turali en,ia ciudad de :l\uebla;
y el análisis de la materia.prima vino

á comprobar una vez más q ue los

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má rmoles mexicanos, cualesquiera que
sean sus especies variadas, compiten
con el artículo similar que á los Es•
tacos Unidos se importa ue ot1os países.
Debe mos hacer constar que los mármoles que mayor aprecio tuvi eron en
el Ce1 tam~n, fueron los que presentó
el :::ir. D. Amador Cárce:ias, de l11s ri cas caot&lt;&gt;ras que tiene en Jimulco,
del Estado de Coahuila. Los vit,itantes tomaron diversos info1'mes acerca
ae esos mármoles, los cuales obtuvieron el primer premio. Las ricas cnuteras del seflor Cárdenas se verán muy
en breve explotadns en toda forn:a,
constituyendo la nueva Industria una
fuente más de riqueza para el Estado
de Coabuila.
Otros artículos, como las frutns secas, alcanzaron el debido premio; gustan mucho los norteamericanos de esos
productos, principalmente de los pro,·enientes de la zona tórrida de México. Algunas de nuestras frutas son
poco ó nada conocidas y por esa circunstancia no tienen demanda en 1,,s
grandes mercados; pero hay otras en
cambio, que desde hace tiempo bao
sido aceptadas y que van cobrando ma.
yor demanda. Por lo que respecto á
las frutas frescasGde las que no se enviaron ejemplares á la Exposición, po-

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México en la f.XI1osició11 Internacional de san Antonio Texas,
EI vasto contingente que el Gobierno Gentiral de México y el de
Coa hulla remitieron á la reciente Exposición Internacional de San
Antonio Texas, fué bien recibido en aquella impJrtante población
con la que pocas relaciones comerciales había entablado nuestro país
antes de ahora. No hay hipérbole alguna al asegurar que los miembros de la DJreclón del Certumen esperaban mucho de nosotros, pues
ei,,taban y están ciertos de que nuestros elementos industriales y
agrícolas bien podían entrar en concurso con los de algunos Estados
de la Unión Americana, lo que resultó exacto del todo, con beneplácito para los productores mexicanos y provecho para los comerciantes de una extensa región próxima al Bravo.
Entre los numerosos artículos enviados á Sao Antonio, llamaron
Ja atención prerer&gt;nte los deshilados y mantas flnils del Estado de
Durangu, ciertos cereales de zonas septentrionales, los azúcares de
Morelos, los vinos de frutas que se ehboran en esta ciudad, los chiles jalapellos, poco ó nada conocidos en los mercados de Téxas, y las
labores manuales de sel'loras, debidamente apreciadas por los conocedores y las cuales no entraron en concurso por no haberse presentado en el Certamen ohjetoR similares que pudieran fundar la competeocin. Fueron también dignos de figurar e n la Exposición los ri •
cos cigarros y tabacos elaborados en México por casas bien conocldos y acredl1 a das. En este ramo se encuentra nuestro país á una alttJra superior á la de los Estudos Unidos, toda vez que los productos naturales siempre han tenido la meJor aceptación en los mercadnR norteamericano!&gt;.
~o c,bstante qur los Estados Unidos pueden ser considerados como
el granero del mundo, las muestras de trigo que fueron de México
llamaron la atención por la calidad del cereal. Bien saben nuestros
vecinos, que México tiene escasa producción de los principales ce· reales de consumo, pero no lgn.:&gt;ran que en materia de calidad los
nuestros s~n superiores á muchos de los que sus terrenos producen.
Fueron objeto de especial atención las figurillas de tecali que se

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dr mos decir que su calidad es superior á las análogas del país veci•
no y que la compE&gt;tencla que con las de California vienen 1,osteolendo, será mayor dentro de algunos a!I s.
A juzj!'ar por los cooceptvs vertidos en público por los se!IoresSayers y Hogl!', Gobernador el primero y ex-G,Jberoa'lor el segundo
del Es~ado d e T i:xas, el Interesante concurso de México determinó
el éxito de la Exposición.
El Estado de Coahulla remitió su contingente por separadt\;cuan•
tas riquezas agrícolas, lndustriales y mineras posee esa entidad federatl va figuraron en el Certamen texano. Quiso &lt;ji sef1or Goberna.
dor Cárdenas corresponder ampliamente á ,a especial invitación que
recibió para concurrir con los productos del Estado que gobierna, y
pudo lograrlo, dando provecho á los habi~aótes de Conhulla y contribuyendo al desallo comercial entre los mismos y los hombres de
negocios que tienen de vecinos muy cercanos.
El contingente pre~entado po· el Delegado del Gobierno de México, constante de productos de esta capital y de algunos de los Esta•
dos de la Unión, obtuvo veintitres premios; el del Estado ,deCoahulla alcanzó cincuenta y seis.
Los grabados representan los salones del Departamento de Méxt.
co, en los cuales se exhibieron la mayor parte de nuestros p1 oductos. Ea estanterías de rlc 1 madera 7 vitrinas se ven las botellas de
vinos, aguardientes y llcorei, las frutas secas, los puros y cigarros,
los deshila.rlo,, las pinturas al óleo y acuarela~ que Ll\n bien reclbi•
&lt;fas fueron, los varios folletos y muestras de pro iuctos minera.les
que envió el Instituto Geológico de esta el udad; en suma todos los
artículos producidos ó elaborados en el país.
Ei Departamento mexicano, que obtuvo el primer premio por su ador
no y dec•,u io, e~tatn coustruido de madera, revestida en su Interior
por elegante taplc_rfa. de raso de los colores nacionales, en plissé. El
aspecto de los salones era agrad,ible por el colorido de lqs adornos y
por la excelente colocación de los objetos, que fo:mabab. artístl-cos
grupos.
Cuatro medallas especiales fueron concedidas por la Dirección del
Certamen: una de oro para el Sef1or Presidente Dfaz, otra de plata
para el selior Secretarlo de Fomento, Ingeniero Fernández Leal, y

SALONES DEL DEPARTA.MENTO MEXICANO EN LA. EXPOSICION INTERNACIUNAL DE SAN A.NTONIO,TEXAS.

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�Domingo 3 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

336

EL MUNDO.

il37

UN GRAN BUQUE MODERNO.

Un entierro en Dawson (.b..londike)

dos de bronce, una para el señor Gobernador de Cuahuila y la otra para el señor Ingeniero .Albino R.
Nuncio, Delegado del Gobierno Federal en la Exposición. Los premio3 ordinarios, acompañados de sus
respectivas dlplomas, se entregaron ya á sus duefios.

ENKLONDIKE
Hemos elegido para esta plana dos grabaaos que
muestran aspectos típicos de lo quses la vida y también de lo que es la muerte en la metrópoli boreal.
El primero es el cortejo fú::J.ebre de .Mrs. May L.
Edgren, hija del Capitán Bennett, célebre en aquellas regiones. La llevan á su última morada los fieles

perros que pocos días antes la paseauan, feliz y sonrlente, por la llanura cubierta de nieve.
No es un entierro común y corriente, pues se trata
de una persona distinguida. cuya muerte habrá sido
comentada en Dawson como lo es la de una Carnegie
en Nueva York.

** *
El otro grabado es el arribo de un cargamento de
o.-o á Dawson.
La policía escolta el convoy, cuyas mulas cargan
cuatro sacos de oro cada un:1,. Los sacos pesan cincuenta libras del precioso metal.

Ensayarlo éste, los bancos pagan de 80 á 90 frao
cos por ooza de 31 gramos.
Luego lo envían al Canal!~ ó á los Estadc,s Unidos.
Una cláusula del contrato celebrado por los Bancos y
las Compafíías de seguros marítimos estipula que en
1~s buques que hacen la travesfa á Vancouver ó San
.l!'rancisco no podrá embarcarse más de cinco millones de oro virgen en cada envío.
·
Como rasgo curioso diremos que algunas de 111&amp;
notas que hemos consignado en Et Mundo llustradosobre la vida y costumbres ne Klondike, las tomarnos dlrectamentP. de periódicos de Dawson en donde
hav cinco publicaciones, una diaria y cuatro semanarias. ·

La navea-ación marftima se ha transfor~ado t'.ltalmente en ~tos últimos tiempos, no sólo por la aplicación del vapor, sino por el aumen~o de la velocidad
que se ha obtenido después de aplicada la máquina
de vapor.
para satisfacer la necesidad creciente de rapidez
en las comunicacirnes, vemos que se ponen á flote buues cada vez más gigantescos.
q La flota pacífica se h1. enriquecido con dos poderosos leviatanes, el Kaiser Willulm y el Oceanic.
Pero al mismo tiempo que ganan en velocidad ganan en comfort los buques modernos. El 1ujo que hay
en algunos de ellos es extraordinario. Los buques
belgas que hacen el servicio entre Ostende y Douvres
&amp;&lt;&gt;n soberbios; pero no igualan el lujo de los grandes
paquetes de la Co:npaffia de Mensajerías Maritimas.
Esta Compaflia es la más antigua de todas las de
navegación en Francia. Actualmente tiene líneas
que surcan el Atlántico del Sur, el .Mediterráneo, el
Mar Negro y que pasando por el Canal de Suez llegan á los puertos de Indo-China y .Australia. En esta última tiene sus buques mejores para luchar con
la&amp; Compañías inglesas y los habitantes de la Gran
Bretaila la prefieren á los buques de las empresas de
au tierra.
·
Entre las últimas adiciones de la flota. de las .Menaajerfas Marítimas, debemos citar el Laos y el CordiUere.s, que ofrecen el lujo más grande que se baya
TiatO fl bordo y acaso en los mejores hoteles.
El Laos fuá puesto al servicio público en Julio de
1897; es un poderoso navío de cerca de 150 metros
de longitud total por 15,50 de anchura; desplaza
8,910 toneladas y en las wuebas dió una velocidad
de 18 nudos y medio, aunque ordinariamente camina
con una velocidad de 16 nudos, no teniendo que entregarse á la terrible competencia de tos trasatlánticos que hacen el servicio de Nueva York.
El Lao3 tier..e cabida para 143 pasajeros de primera clase, 71 de s~gunda y 81 de tercera.
Lo notable de este buque es su elegancia, como lo
es de casi todos los de la Crmpañfa propietaria del

El Paquebot "Laos·•

Las últtmas aDlicaciones de la ciencia
Los rayos X y la. Tipografía.
Ya se~habla mucho en el mundo científico de la impresión por medio de los
rayos X.
Dicen los que pretenden saberlo que
esta aplicación clentffi.ca está en sazón y
que muy pronto tendremos libros y periódicos sin el concurso obligado de los
tipógrafos.
Hace algunos años se pensó en reproducir sobre bleques de hojas de papel los
caracteres de una hoja-tipo, empleando
para ello la corriente eléctrica, como Jo
hizo Caselli en el pupitre de su telégrafo
de 1864.
L0s rayoh X presentan un resultado
más sencillo y día á día se multiplican
las tentativas de los sabios .en todos los
lugares del globo.
Los rayos X pueden atravesar cien hojas de papel yuxtapuestas é imprimir radiográfica.mente todas á la vez en el momento en que E.e las sitúe ante un manuscrito-tipo ó un texto, para lo cual basta exponerlas algunos instantes á los rayos Roentgen.

ÚJ/&gt;8.

Una conocida casa recibió el encargo de amueblar
y decorar el salón ae conciertos de primera clase, así
como la entrada principal y dos corredores del puente superior.
En el puente principal está el gran salón que se
domina desde las galerías con balaustradas situadas
á uno y otro lado de un gran espacio libre de donde
re:ñbe luz el salón.
Es maravillosa esta parte del buque. Las galerías
cayas balaustradas y puertas se ven en el grab~do
que representa el gran salón, están decoradas al estilo Luis XIII con profusión de ornamentos de un
gasto exquisito. Hay en ellas notables panneaux de
flores obra de un artista de talento, M. Cerbron. El
mismo grabado nos presenta, transversalmente al salón, una balaustrada de madera y un vestíbulo cou tapicerías, que da al salón de música.
Este l1ltimo es ::na joya estilo Luis XV: también
lo reproducimos en esta página.
Las puertas vidrieras, fas maderas esculpidas, los
espejos, ias pinturas de Cerbron sobre las pue, tas, el
clt;lc, pintado por .Moreau-Neret, todo esto hace olYidar que está 11no en un buque.
La parte decor!ltiva del gran salón es de Jo más
bello y la profusión de luz y la amplitud di, la esta.a-

***

Gran salón.
cla hacen olvidar al viajero la sensación de '.\sfixla
que se experimenta en los buques de otra clase.
El salón de fumar es también elegantísimo y el aspecto de los dos que aparecen en esta página les indicará á nuestros lectores lo que será esa otra maravilla del lujo de los buques modernos que tienen la
primacía. en materia de seguridad, comfort y buen
gusto.

Con lo dicho se comprende cuál es el
nuevo sistema de impresión.
Para imitar la tlpografía se cubre de
tinta grasosa el papel-tipo y se escribe en
máquina con tinta azucarada ó engomada, obteniéndose con el desarrollo ca.rae- teres negros en fondo blanco.
Para imprimir las dos caras del papel se sensibilizan en bandas paralelas, de tal modo que las líneas
del anverso correspondan á las interlfneas del reverso; se pega el texto de ambos lados por bandas y en
caso de corrección, se rectifica ndda más la banda que
contenga el error.
Naturalmente es posible radiografiar muchos bloques á la vez; si se opera con 20 bloques de 100 hojas
cada uno, se obtienen como 6,000 ejemplares por minut,o, pues se desarrollan y se secan automáticamente. Así, pues, diez personas producirían en ocho horas de trabajo más de 7.500,000 de ejemplares, desarrollados, lavados y secos.
Todo esto es seductof, pero la máquina de escribir
no proporciona un texto regular y elegante, a~í es
que tendríamos muchos ejemplares aunque detestabl~s,. á meuos que se perfeccione la máquina de escribir y se obtenga con ella un texto que pueda servir de tipo.
También hay que examinar si industrialmente el
tiro es más económico por la radio~rafía que por la
prensa mecánica.
Esta ec; la incógnita del problema; pero de todos
modos la impresión radiográfica podrá ser muy útil
en ciertas circunstancias y servir como auxiliar del
invento de Gutenberg.

NOTAS
Cuando visito un país me preocupo menos por conocer las leyes que por saber si las aplican.
Montesquieu.

*
* *valen lo quP, su gobierno.
Las alianzas de un país
G. Valbert.

***

El"cumplimiento del deber, como toda victoria, es
tanto más glorioso cuanto mayores son las di.ticultalles que se han vencido.

Llegada de un convoy de &lt;&gt;ro á Daw,on.

Sal,ón de

C&lt;&gt;ncurtos.

Valtour.

I

�EL MUNDO,

Domingo 3 de Diciembre de 1899,

Et reflejo, el olor, la flama y la imagen.
Una tarde que estaba muy pobre, más pobre
todavía que el día anterior que estuvo tan pobre,
Albo Cirilo, hacedor de Vc!rsos por vocación y
muerto de h'¼mbre por costumbre, se empezó á
convencer de que el tiempo era largo. No habiendo podido di~traer su fastidio ni por su aplicación ferviente á. acabar un soneto, tomó el partido de dar una vuelta por el boulevard: allí al
menos se oye ruido y se ve muchas cosas.

Al torcer una esquina, c imino del bonlev&amp;rd,
vió por las cuatro ventanas abiertas de un primer piso un suntuosísimo salón, donde bajo los
cristales deslumbrantes de las aranas coruscaban
los moarés rojos de las tapicerías y de los muebles y chispeaba el oro de las molduras: algún
salón preparado para una fiesta. Y más lejos,
por el claro menos iluminado de otra ventana se
veía las sedas pálidt1s y. los encajes vaporosos de
un lecho. Albo Cirilo, expulsado tre3 días antes
de un hotelíllo de la C'llle de Alemania donde ocupaba un enarto miserable.juzgó brutal, mediocre
y burgués el lujo de aquellos salones, y banal el
elegante misterio de aquella alcoba. Y seguía au
camino, cuando vió. sobre el asfalto brillante por
la lluvia el reflejo del palacio. Lo vió hermoso,
se mclinó, lo recogió como se haría con una hermo9a tela, lo dobló cuidadosamente y lo guardó
en la bolsa derecha de su gabán para hacer uso
de él en caso de necesidad.
Un olor lo atrajo. Guiado por su instinto notardó en encontrarse frente á un almacén de comestibles, donde tras el cristal de los escaparates,
apezonados aquí y ~llá por las negras redondeces de las trufas, ostentaban los pavos sus enormes vientres entre dos platos de rombos adornados con perejil, bajo una especie de emparrado
donde se entrelazaban ramas de cerezo y de donde colgaban naranjas y anonas con la corteza
chorreando azúcar.
Desde que ya no tuvo crédito en el fonducho
situado en la esquina de la calle de Alemania y
del Ahorro, Albn Uirilo comía en las mafianas
(nunca comía en las tardes) en un mezquino restorante que vendía por seis céntimos una tajada
de ternera porque era de caballo, y por tres una
costilla de carnero porque era de perro. Cirilo

despreció los pavos, volátiles prosaicos y vulgares, los rombos tan eatimadoa en las cenas de
bodas y en los banquetes burgueses, las frutas
maduras aunque exóticas, y sólo las diminutas
naranjas que temblaban en el aire le pqrecieron
graciosas, tan graciosas que las habría mordido.
Una sola cosa le agradó completamente: el incitante olor de los manjares y el fresco perfome
de frutas que exhalaba todo el almacén. Entre
sus dos manos que cerró apresuradamente para
que nada se escapase, aprisionó aquel olor y lo
puso en el bolsillo izquierdo del gabAn. Qt1izá.
se presentaría ocasión de servirse de él.
Una multitud ávida, en la que se veía por entre
los cuellos de los hombres adelantarse cabezas
de mujeres con lo~ ojos deslumbrados, en la que
se crispaban con instintos de apropiación los punos
codiciosos, se agrupaba, se amont0naba, se encarnizaba. frente á un escaparate de joyería que
en un enorm~ estuche de terciopelo azul pálido,
mostraba todas las alhajas de la archiduquesa de
Tesalia: collares de triples sartas de diamantes del Brasil, brazaletes de rubíes del Cabo y
pendientes abiertos en pétalos de zafiros, como
rosas hechas con esplendores az11les. Cuando llegó de su provincia, Albo Cirilo traj) consigo una
crucecita de oro hueco. q ne su a bue la, una anciana con la cabeza RiPmpre envuelta en una mascada roja, muv ab ·igada, con las manos seniles
vueltas hacia los brazos di&gt;I sarmiento, bajo la
gran chime!'lea, le había confiado como un talismán; y como la habfa empefiado en tres francos
en el Monte de Piedad no se explicab!\ que se
pudiese codiciar las vt1lgares alhajas modernas
hechas con piedras finas que se encuentran en
todas partes. Lo que hubiera querido ver era ·la
diadema de la P11loma Pico de Hierro, con que
Camira, reina de Asiria, viuda de Menonés y de
Nino, se engalanó para desposarse en el sepulcro real con
el cadá.ver de Ara el hermoso.
Sin emb11rgo, derram ,do por
encima de las cabezas atónitas
el esplendor del i&gt;scaparate era,
muy bello. Levantando una
mano, Albo Cirilo atrapó aquella flama como se haría con
una ma.-iposa de luz y la encerró en uno de los bolsillos
de su chaleco. En ciertas circunstancias las menores cosas
pueden ser útiles.

En la plaz¼ de la Opera, se detuvo frente Ala
escalinata de breves peldafios á ver las mnjerea
hermosas que b!ljaban de los carruajes. Primeramente aparecieron muchas viejas y muchas
feas, porque con frecuencü, las pobres son Ju
que en compensaciin de tantas cosas que no tienen, poseen h gloria (más gloriosa en los vestidos sucios y los harapos) rle tener veinte an.os y
de ser guapas. Sin emb11rgo, he aquí que salió
de un coup_é capitonado_ de seda malva, y aquí,
y allá., lummoso de espe¡oe, la perfecta Princesa
en quien triunfa el m&amp;s milagroso deslumbramiento qlle pueda producir una mujer, y que
tiene, aprisionado y oculto, bajo una bruml\ de
encajes, las gracia~ de Afrodita, hechas con espuma marinq, redondeada y solidificada por la primera caricia de la mano de un dios. Albo Ci"ilo
se quedó frío. Y no era que tuviese alguna mujer cuyo amor lo apartase de cualquier otro amor•
su último amor fué una criada de cortesana'.
una mujer casi vieja, casi sucia que se encontró
en el fonducho de la esquina delas calles de Alemania y del Ahorro; sino que poco pagano (desde que el Pttrnaso no existe se ha renunciado al
Oiimpo) se había consagrado á las pálidas y delgadas y melancólicas gargantas de las vfrgene~,
ya enflaquecidas por el próximo martirio; y la
fdrviente devoción de su sueno ac,niciaba aque,
lla belleza divin1:1.. Corno se alejara vió en uno
de los espejos del coupé la imagen de la Prince~a
que se volvía á tomar su abanico olvidado. Y
aquella.imagen més bella que la mujer de quien·
era imagen lo entusiasmó á tal grado que se precipitó sobre el coupé para robarla. La multitud
entonces se arrojó sobre é', lo injurió, lo amenazó con conducirlo á la cárcel. fuá necesario golpearlo; pero él se dejó maltratar y se alejó,
contento, porque había aprisionado la imagen en
su rauda m11no. La guJtrdó en una de las b:&gt;h u
de su gabán, pero no en una de las de abajo, sino

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

en esa bajo la que late el corazón. Aquella ima.gen la sabría emplear muy bien, ¿cuándo? al insiants tal vez.
Atravesó el boulevard, la Calle Real, Cruzó la
plaza de la Concordia, costeó el Sena, caminaba
velozmente por la banqueta del muelle entre los
transeuntes á cada momento m&amp;s raros. No habiendo dormido desde hacía tiempo en un lecho
cansado, con el vientrA adolorido á causa del po'.
.co alimento, sombrío por las tinieblas que arroj aba en él la esperanza extmta, y también de
solado por no ser querido ni por la criada de la
,oortesana, .b uscaba algún refugió donde pudiera
eatar solo, aunque triste. Sabia que existe un
puente cuyo primer arco cubre una ancha acera
embaldo~11da. Allí había dormido algunas veces.
..Reconoció la escalera, se encontró completamente solo bajo la ojiva del arco, y el silencio ruido·10 del agua corría á lo largo de las piedras,
Divagó largo tiempo.
Y sonrió
De la bolsa derecha de su gabán sacó el reflej o del salón y de la alcoba, más bello que la alcoba y que el salón, tapizó con él las piedras gri..aes del puente y todo el crepúsculo y quedó enmedio de una fiesta. Como tenia hambre tomó de
-su bolsa izquierda el olor de los manjares y de
las frutas, y sobre una mesa ofrecida por el reflejo del salón hizo un hermoso festín. Pero ¡es tan
lúgubre comer á obscuras! Se acordó de la flama
que llevaba en su chaleco y al instante ardieron
por todas partes diamantes más luminosos que los
diamantes, zafiros más azules que los zafiros y
todas las mar11villas deslumbrantes de una ideal
j oyería; no, no eran más cl11ros los fulgores de
las pedrerías de la diadema de la Paloma Pico
de Uierro. Y en la incomparable luz, entre la
pompa soberana de las telas y de los muebles de
oro se puso á comer, teniendo en las manos un
-cuchillo y un tenedor de plata, platillos fabulosos
y frutas que no se maduran más que en el jardín
de l~s He~pérides. Comía furiosamente, comía y
-comia Si por momentos se veía obligado A
cerrar los ojos á causa de la mucha luz que había en torno suyo, no podía dejar de abrir más,
más, y siempre más la boca, á causa de su
apetito renovado por manjares milagrosos é imprevistos. ¡Pero es tan fastidioso cenar solúl Y de
la bolsa de su gabán, esa bajo la cual late
el corazón, sacó la imagen, la imagen más bel la que la Princesa, la imagen que parecía una

339

frágil mArtir demacrada. Y cenaron juntos, la
imagen y él, en el suefio del palacio y en el sueno de las pedrerías. Pero como el suefio A
veces exige la realidad la llevó, reflejo ideal, al
reflejo del lecho más misterioso en el inefable es,
tremecimiento de las sedas y de los encajes. Y
de la misma manera que había comido mucho A
la luz de engaflosas el Árida des, softó mucho sobre
aquel lecho de ilusión. Y se sentía transportado
en una purificación celeste, hacia los países maravillosos del amor, donde los goces se perpe•
túan y se realizan los más locos deseos. Y sofiando, soflando, le faltaron las fuerzas y el aliento y desfalleció extasiado.

*

* *
Algunas horas después de salido el sol, el trasquilador de perros y descuatizador de gatos que
une á su oficio ordinario la fnnci ~n de afeitar al
aire libre á los marineros de los buques mercantes, vió á alguien que estaba muerto sobre el embaldosado, baJo el arco. Ft1é á avisar al comisa1 io de policía que se apresuró á acudir acompafi11do de un médico. Un tumulto de gente que se
amontonaba _en torno del muerto, viendo los mis~rables vestidos, murmuraba: alguien que se suicidó á causa de, la miseria, alguno que se murió
de hambre. El Doctor, con una rodilla en tierra
comprobó la muerte de Albo Cirilo. Pero ¡qué
asombro cuando después de un examen atento
del cadáver declaró que contrariamer.te á. todas
l11s ver0similitudes debió morir de un exceso de
mesa, d.i indigestión en una palabra, y de algún
otro exceso, un exceso de amor. Y los ojos de
Albo Cirilo no
cerrados aún, estaban secos y
calcinados como
los de un hombre que hubiera
estado mucho
tiem¡&gt;o con la cabeza adelantada
hacia un horno,
ó que durante
muchas horas hu•
hiera visto de
frente a! sol.
Ü.ATULLE

MENDES.

OUf\TRO PRETENDIENTES
En la aldea, entre las muchachas casaderas,
'tan aólo la hija del labrador Denizot era hermosa,
oon la belleza de la campesina, las mejillas rosa-das y los brazos bien torneados y llenos de hoyuelos. Ademá.s, Celestina tenía mucho de seflollita, pues había sido educada en la ciudad, en el
-colegio de las Hermanas.
Así, pues, los más apuestos mozos del pueblo
habíanse enamorado locamente de la hermosa, y
-cada uno juraba conquistar su amor. Entre los
enamorados contábase Teodoro, el hijo del al-calde, un p0co pagado de sí mismo y que se morfa por ejercer su mando á propósito de todo.
~ lemente era el segundo enamorado, un moreno
muy peripuesto que estudiaba para profesor; y
'?ra el tercero Aug:!sto, albafiil inteligente, trabaJ ador obstinado y hombr, de constitución robus•
ta que se ganaba espléndidos jornales. Era el
enarto pretendiente-i1un cuando nadie lo sospe~hab_a-Desiderio, un jovenzaelo pálido, cuya
intehgencia era mucho más aventajada que su
,Pers_ona, de modestos i-leales y de carácter de~ as1ado tímido para osar ponerse en competen·ci11 con los otros, contentándose con suspirar en
secreto, y sin permitirse otra cosa que lanzar á
la bella Celestina una mirada de soslayo cuando,
al llegar el domingo, la muchacha iba á la misa
P~sando entre la fila de sus admiradores, muy
bte~ vestida, con su aspecto un poco altivo que
hacia á los mozos atuzarse nerviosamente el bigote, mientras que Desiderio se ocultaba detrás
de ellos, avergonzado y confuso.
F.l tio Denizot y su hija no habían hecho aún
'111 ~le:ición. Celestina era deml\siado joven.

-No l~ casaré sino hasta que pasen tres afios,
-había dicho el labrador;-de aquí á entonces
hay tiempo suficiente para escoger la mercancía
y pesarla bien. Dentro de tres anos Celestina hará su elección.
Así, los enamorados decidieron hacer proezas
para ver cual de ellos se llevaba á la hermosa
muchacha cuando llegara el tiempo fijado.
-Los galones! -dijo el primero, á quien gustaban las campaflas y quien, por otra parte tenía

qu~ hacer_ su servicio militar;-no hay para las
muJeres smo la gloria; los galnnes de oro sobre
las mangas y un hermoso uniforme. Voy á eng~ncharme eu .Aftica, y dentro de tres afios, á
m1 vuelta, ya con el grado de sargento, me despos11.ré con la bella Celestina.
En cuanto á. Clemente, que estudiaba para profesor, había resuelto irse á la ciudad para ingresar en la Escuela Normal. ·
-Profesor en un colegio, proresor en la ciudad, he ahí lo que es preciso que yo sea; un ver dadero senor como M. Duhamel el profesor de
matemáticas en el Liceo, que va por allí con su
gran s?mbrero_ de copa, su bastón bajo el brazo,
Y una mstrucc1ón superior. De esta manera eclip•
saré á todos los campesinos.
. Por lo_ que hace á Augusto el albafiil, no temendo smo sus brazos para trabajar tomó también su partido.
'
-Tr.,s aflos .... es preciso que en tres afios
haga yo una fo:::-tuna, una verdadera fortuna; quA
pu~da yo llena~ con oro un gran saco, para constrmrle á Celestma un castillo que haga palidecer
á todos_ de envidia. Precisamente acaban de ser
descubiertas en América unas minas de oro· allí
es donde los hombres esforzados hacen dU f~rtuna. Yo me casaré con Celestina.
Y Augusto se fué también como los otros llevando. algunas economías y sus dos fuerÍes y
nervudos brazos.
Y ~sí fué como ~n 1~ aldea. no quedó más prete~d1ente que Des1derio, tan mofensivo, tan tímido, que nadie_ se fijó en él .... y sí por la primera vez Celestma.
Ahora que estaba él solo esperándola A Ja ea-

�340

EL MUNDO.

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Domingo_ 3 de D~ciembre de 1899.

341

EL MUNDO.

CANCION DEL ALCOHOL

lida de la misa y que los otros no se enc?ntraban 1111! para_ ocultarlo con sus estudiadas posturas, Celestma no podia deJar de
mirarlo al pasar; y él, desembarazado de sus rivales, parecía más
Acaricio al Dolor y lo duermo
alto y menos delgado, y sus grandes ojos se haci~n más dulces
con mi onda que robo al Nirvana.
y tiernos cual'.ldo, con la punta de los dedos, o!rec1a el agua benEste siglo caduco y enfermo
dita á la muchacha. Así, poco á poco, Celestma llegó á encon·
me apura, me apura como una tizana.
trar gran placer con la presencia de Desiderio.
_
Y un hermoso día de primavera, fastidiada por la ausencia
-:*** •
de sus pretendientes, instintivsmente_bus~ó á alguie~ á su ~erredor y sus miradas cayeron sobre Des1der10, mudo é mmóv1l, ab
Soy blanco, soy rubio, soy hecho con rayos de sol
sorto en la contemplación de
soy negro, s: y verde, soy rojo: me llamo el Alcohol~
su amada. Ella entonces sintióse también conmovida, y
su corazón latió fuert~mente
Contemplad la mundana balumba;
como nunca había latido ni
impotente el hambriento en su afán,
por el hijo del alcalde, ahora
y
ve á sus hijos cual larvas de tumba
en .Africa,ni por Clemente que
que sudan miseria, gritándole: pan!
estudiaba en París, ni por Augusto que se había marchado
¿Mas que importa la sucia caverna
á buscar· oro á Klondike.
y los gritos del lívido enjambre?
al entrar en la humada taberna,
El tio Denizot, al caoo de
se borra, se borra el fantasma del hambre ...•
algún tiempo, sorprendióse vivamente al encontrarse, en su
*
paseo por el campo, con la
* *
pequefta vifta de Desiderio,
El que llora imposibles amores
tan bien cuidada, que el fruto
y de lutos eternos se cubre,
parecía doble, y las cepas
y vió muertos sus sueños, cual flores
más eRpesas.
que tronchan los vientos del pálido Octubre,
-¡Vaya con el perillán de
En mis brazos de mago se enreda
Desideriol ¡Quién lo hubiera
y realizo su ardiente deseo:
creído!. .....
yo le tiendo la escala de seda;
Absorto estaba á la vista de
le finjo la dicha que tuvo Romeo ..... .
tanta belleza, cuando se presentó Desidnio, un tacto conToda pena se aboga en las cubas
fuso por hallarse delante del
donde bulle la sangre de Bacc,
padre de la que adoraba.
exprimid hs pletóricas uvas
-Y el perillán se pone co·
y alzad el sonoro .:arquesio d:osiacol
lora.do siempre que me encuen
tra, como si me hubiese robado algo,-pensé el naje con su gran sombrero de copa, su bastón
*
* *
bajo' el brazo, y su levita bien abrochada.
viejo.
.
El tio Denizot al encontrarlo en la calle quedóSoy blanco, soy rubio; soy hecho con rayos de sol,
Y como dijera esto en voz alta, un campesmo
malicioso que á. la sazón pasaba, dijo al tio De- se encantado y mientras le echaba los brazos al soy verde, soy negro, soy rojo: me llamo el Alcohol.
' ternura que ponía 1agr1mas
.
cuello con una
en sus
nizot:
*
- No enrojece por lo que te robó, sino por lo ojos, se decía interiormente con unsentim_iento d~
* *
que quiere robarte .... ¿.Acaso no has observado orgullo: «He aquí el marido que necesitaba mi
El anciano que trémulo marcha,
las tiernas miradas que dirige A tu bija á la sali- Celestina; hoy verá cuánta raz.5n tenía yo en
apoyando los piés sobre ruinas,
querer
esperar
hasta
el
último
momento.»
da de la misa?
con la frente cubierta de escarcha,
- Al fin volvemos á verte, querido Clemente.
El tiv Denizot nada dijo, y se fué prontamente
con la vieja frente cubie"ta de espinas,
Mucho
tebas
hecho
esperar;pero
ahora
sí
que
to
A su casa para interrogar á Celestina.
Halla en ::::í su ya muerta energía;
- Cierto- dijo la muchacha- y es verdad tam- das tus ansias quedarán satisfechas y tus esfuerzos
soplo en él los alientos del fuerte,
recompensados. Celestina es tuya y la boda se
bién que lo quiero.
y al calor de mi roja ambrosía
efectuará tan pronto como lo quieras.
-¿Y los otros, Teorloro, Clemente, Augusto?
piensa el pobre viejo que engalía á la muerte.
-¡Cómo! ¿no sabe usted. tio Denizot?-dijo
- ¿Para qué se fueron?-dijo Celestina.-Sime
Clemente
un
tanto
sorprendido-¿no
sabe
usted
hubieran amado estarían aquí. ¿Es que puede uno
*
* *
alejarse de los que ama? Lo que ellos querían que me casé en París y que traigo conmigo á mi
esposa?
eran vuestras tierras. Además ¿dónde están ellos
Y ese :oco genial que vislumbra
El viejo, avergonzado y confuso, no encontró
á la gloria-querida cruelahora? Han visto ya el mundo Y. nos han olvidauna sola palabra que contestar y se alejó apreY sólo halla la envidia-penumbrado, es seguro que no se acuerdan de nosotros.
que marchita en su frente de augur, el laurel.
-Veremos-dijo el viejo-tienes que esperar suradamente.
Al llegar á su casa, fué Celestina quien le dijo:
hasta que llegue la fecha que he f!jado.
En países de ensueño se pierde,
-Padre mio, acabo de ver pasar por aquí á
-Pero, padre ¿por qué he de esperar si es á
y el arcano ideal quizá ve,
Clemente,
tan
repantingado
en
su
levita
y
tan
Desiderio á quien amo?
cuando prendo en su cráneo.la verde
-He dicho que tres ailos,- dijo secamente el . ridículo que aunque me suplicase de rodillas que
estrella de absintio que amó De. Musset.
consintiera en ser su esposa, no accedería yo por
tío Denizot.
nada á su petición. .Amo á Desiderio y pido á us*
* *
ted su consentimiento para casarme con él.
Pronto iban á terminar esos tres ailos, cuando
Con mis aguas lustrales, remedio
-Lo tienes hija mía. Yo también he encontrael hijo del Alcalde volvió. Buen soldado, ofi- do en la calle á Clemente, y me ha parecido lo
el fastidio del oro: el spleen,
cial, pero de conducta completamente deprava- mismo que á ti, muy ridículo y muy pagado de
y á mis risas febriles, el tedio
reprime un bostezo, se vuelve.Arlequín.
da, con el rostro ennegrecido, el uniforme aban- sí mismo. Avisa á Desiderio que consiento en tu
donado y sucio, y un olor á ajenjo que no le aban- boda con él, y dile, además, que lo e..timo y que
Enrojezco la faz de la Anemia,
donaba nunca, Parecía haber envejecido diez siempre lo he querido por haber reconocido en
mi caricia es mordente y extraffa;
ailos, y desde su llegada se instaló en la taberna, él al hombre trabajador que para nada se ocupa
y en el fino cristal de Bohemia
- Ya lo ve usted, padre, ¿á qué esperar más?
ríe la burbuja del áureo champaña.
en vanidades.
- He dicho que tres ailos.
Y la boda se efectuó ooco después en uno de
Sí! yo arrullo al dolor y lo duermo
Vino después Augusto. Tras de largas fa- los más hermosos días de primavera. Desiderio
con mi onda que robo al Nirvana.
tigas había logrado recoger en Khmdike un po- estaba radiante de alegria y el rostro de CelestiEste siglo caduco y enfermo
co de oro, pero habiendo caíjo enfermo, su pe- na coloreado por la felicid11.d, parecía una rosa
me apura, me apura como una tizana.
queflo tesoro le fué robado, y con terribles penas silvestre caídA sobre la nieve de su hermoso tray trabajos había logrado volver al pueblo, gas- je blanco de novia.
*
tando lo poco que le quedaba en su pasaje y en
* *
ENRIQUE CORMIELLE PERIER,
medicinas. Al verlo no se le hubiera reconocido,
Soy blanco, soy rubio, soy hecho con rayos de sol,
tan amarillo estaba y tan pegada tenía la piel á
soy verde, soy rojo, soy negro: me llamo el Alcohol.
los huesos. Lo había perdido todo, hasta su fuer•
za y estab'l oculto en su casa, lleno de confuRAFAEL LOPE7..
sión.
.:....Ahora sí, padre, ya no hay que esperar-dijo Celestina con impaciencia. Amo á Desiderio,
¿para qué peraer más tiempo?
-Falta Clemente ..... .
El tío Denizot estaba ansioso por la vuelta de
Clemente, pues mucho era lo que á sus oídos babia llegado sobre las aptitudes del muchacho y
sus éxitos.
Y al fin llegó también; venía hecho un pe~rn-

IV
Colombina sale de su es•
condite y se desespera porque ama á Pierrot. En su
angustia va á colgarse de
su chal; pero vuelve la cara,
ve al Amor niilo de pie en
el altar y se arrodilla é implora su auxilio con fervor.
El Amor sale de su inmovilidad, se anima, sonríe, se
de'spereza, cambia de postura y recita unos versos.
-Puesto que siempre me
has servido y Pierrot te
abandona, voy á proporcionarte los medios para
que lo castigues. Te olvida por la luna sin saber que
ese amor es insensato. Diviértete á eosta de él y para curarlo de su insania,
conviértete en

~ \\
~~,'!
-·

,r¡~'

HADA DE LA LUNA,

la luna, exponiéndose á caer en el agua. Salta al
brocal y se inclina. Quiere coger á la l~na en el
agua que le refleja y quiere besarl '\ y se tiende en
la orilla. Se moja los dedos y bebe un poco de
sgua que lo hace estornudar como un gato resfriado.

II

PIERROT ENAMORADO
DE

LA LUNA.
La escena pasa en un parque Watteau baila~o
por la luz de la luna. Setos vivos. Bruma sutil.
La luna llena, en el centro de la decoración, se
refleja en un estanque azul rodeado por un brocal de mármol blanco. En primer término, á la
derecha, un altar del Amor, baftado por la claridad de la luna y cubierto de guirnaldas. En el
zócalo, la estatua del Amor-niño, con arco y carcaj, y dos alas blancas, se destaca blanco Y sonrosado en el cielo pálido.

...................... ............. ....... ..

I
Pierrot llega corriendo como si alguien lo persiguiese. No viene vestido de largo saco flotante
da algodjn; trae una blusa algo ajust~da de primoroso Gi!les. Tiene la cara enharmada como
siempre y la cabeza cubierta con su montera yu~
eombrerillo. Huye de Colombina quien le p~rs~gue como una abeja importuna cuyo rumor uri1ta. Ella lo hostiga ó quizá lo cree loco porque está
enamorado de la luna. y ¿por qué no habí:3- de
sentir ese amor? La luna es bella, suave, brillante, pura como un lirio, magnífica como una rosa•
La contempla y la admira arrobado.
Le canta una balada.
Se arrodilla y eleva hasta ·ella una oración. .
Lo llama con palabras dulces. Implora su piedad,- ¡Nadal
Quiere ir á ella, puesto que ella no :viene á él.
Una navecilla está amarrada A la orilla del e~tanque; entra en ella y levanta los brazos hacia

•

Suenan los timbales, caen
la" ropas de Colombina y
aparece en la forma de media luna, vestida de falda
corta de g-asa azul sembrada de pedrería y con
una diadema en los cabellos. El rostro, los brazos y las piernas tienen la l}alidez d9l astro,
La luz nocturna se va disipando.
La luna del cielo, por efecto de transparencia,
se reduce á su cuarto creciente,
Suspira un scherzo.
Es la primavera.

V
Pierrot despierta y admira, deslumbrado, al
bada de la luna. ¡Qómol ¿es ella? Sí, ella es; ha
bajado á la tierrs: baila, simbolizando rn
danza la juventud de
la Luna y su propia
juventud. Pierrot qui e•
re sujetarla, pero fa
virgen se le escapa de
entre las manos v lo
amenaza como si· fue.
ra una cabra, con 11\
punta de la media Inna luminosa, prendida
en los cabellos.

Llega Colombina, vestida con su falda rayada y su chal lila, Le hace á
Pierrot amargos reproches. ¿Por qué
huye de ella que lo cuida tanto y le da
golosinas? ¿Ya no se acuerda de las
piernas de carnero asadas, de· los enormes jamones, de las tortillas de huevo tiernas y sabrosas? ¿Y los vinos
suaves que calientan la sangre, y el
champagne que estalla y hace espuma? ¿Y ella, el regalo más suculento,
merece tanto desprecio? Sin embargo...
y se mira y encuentra que sus gracias
son dignas de un Dios.
Pierrot permanece insensible.
-¡Vamos! Elh lo engaftarA con un
capitán de bie-otes de media luna,
insolente y bello.
Pierrot no se inmuta.
-Entonces lo dejará por Arlequín,
el brillante abigarrado.
Pierrot sonríe con incredulidad.
._
- ¡Vaya! pues en ese caso, se irá
con un banquero barrigudo, de cuyo vientre bro
tltrán los luises de oro.
Pierrot se encoje de hombros.
Ella se desespera.
-Me mataré, dice.
-Perfectamente, yo te ayudaré. ¿Qué quieres,
1
cuchillo, cuerda, fuego, veneno?
- ¡Ay! exclama Colombina; ¡qué desgraciada
soy! Todo por esa Luna maldita, pintada de blanco, horrible, vieja, decrépita! ¡u_fl ¡horror!
y amenaza con el puilo á su rival, escupti en el 1
estanque sobre su imagen. Pierrot indignado la
amenaza y Colombina se ríe de él. Pierrot la
persigue y ella se refugia en el altar del Amor.

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III
Pierrot vuelve jadeante por la inútil persecución, Prefiere vagas amenazas contra Colombi·
na invisible y cediendo á la fatiga se tiende sobre un banco de flores y se queda dormido.

V;i.f!,-_v. t

:,¡

.

.'

�342

EL MUNDO

Otra vez suenan lo timbales.
El hada de la Luna se convierte en luna llena
con un disco diamantino en la frente. Al mismo
tiempo la media luna del cielo ilumina todo su
hemisferio. Se eleva un andante. Es el estío y la
noche está clara. Se oye una danza sensu9l y
lánguida: es la madurez de la luna, la luna mujer. Pierrot quiere estrecharla entre sus brazos,
pero como está ella helada, lo hiela. ¡Birl
Sa~nan de nuevo los timbales.
El hada de la Luna se transforma, ya no lleva
en la frente sino un cuernecillo pálido y los cabellos se tornan grises. La luna del cielo se opaca, se opaca hasta no quedar sino un peque:fl.o arco luminoso. La noche se ensomorece. Suspira
un adagio. Espira. la danza del bada; es el oto:110 de la luna y el oto:fl.o de la m·u jer. Pierrot se
siente triste y desengaftado como ella, cuy a melancolía rechaza al amante.

Se oye el redoble de los timbales.
La luna desaparece. La noehe es obscura, Es
el invierno; nieva. La diadema desaparece de la
frente del hada que se aleja entre las sombras,
mecida por el lamento de un scherzo. Por fin
Pierrot la pierde de vista.

VI
Asoma-el alba triste y fria.
Pierrot se frota los ojos. ¡,So:fl.6? Se siente fa.
tigado. El frío de la maftana lacera su cuerpo y
lo asaltan mil reflexiones burguesas. Si estuviera en &amp;U ca1,a al lado de Colombina no sentiría
frío, comería. bien y bebería mejor. ¡Y los goces
del amor! . ... ¿Para qué exponerse tanto? Siente que ya no ama á. la luna. Llueve, el viento lo
molesta; ¿y Colombina? ¿A dónde habrá. ido?
¿Con Arlequín, con el capitán ó el banquero? ¿Se

OFRENDA.

Un perfume sutil de primaveras
.Me mostró como un ramo de jazmines
Tu seno, y en tus mieles y satines
El enjambre guardé de mis quimeras.
Quiero bajo el frescor de adormideras
De tus ojos, mirar nuevos confines,
Y distraer mi luto en los jardines
Azules de tus lánguidas ojeras.
Y en cambio de tus llses opulentos,
En cambio de los místicos ungüentos
Que hay en tu cabellera luminosa,
.Mi juventu1, que exhalará en las gradas
De tu altar, á la luz de tus miradas
Su perfume como una tuberosa.
. EFREN REBuLLEDO,

-------..•-------FUGACES.

Si eres p.iloma, yo tengo un nido
sobre mi pecho, blando y mullido,
para que arrulles, mi dulce bien:
será ese el nido de tus amores
donde te besen brisas y flores
de un armonioso, fálgido edén.
LOS BESOS.

Dame tus manos puras: una gema
Pondrá en cada falange transparente
Mi labio tembloroso, y en tu frente
Cincelará una ftílgida diadema.
Tus ojos soíiadores donde trema
La Ilusión, besaré amorosamente,
Y con tu boca rimará mi ardiente
Boca un anacreótico poema.
Y en tu cuello velado por las gasas
Del corpiño, pondré un collar de brasas,
Que tus bombros pulidos y morenos
Queme, y cuando en tu alcoba lo desates,
Ruede como una lluvia de granates
.Martirizando el lino de tus senos.
EFREN REBOLLEDO,

Si eres ensueíio, tengo una mente
bañada en rayos del sol ardiente
que hiere el prlsm!I. de Jo ideal:
allf viviendo feliz y hermosa
entre ilusiones eolor de rosa,
serás la reina, la sin rival.
Si eres aurora, tengo en el alma
límpido cielo que en grata calma
luce esplendente su regio azul:
cuando tú llegues á ese palacio,
tendrás alfombras de oro y topacio
y albos cendales de leve tul .. . .. .
Mas si al fin eres mujer altiva
que cruza el mundo provocativa
cual bella sombra de una visión,
para ti tengo luz en la mente,
nido en el pecbo, cielo esplendente
dentro del alma, y un corazón.
RANULFO PENAOOS.

Domtnge 3 de Diciembre de 1899.
ha~rá matadc,? _Sí, probablemente; todo ha con.
clmdo y ya no ,e queda más salida que collt'arse
de un árbol. Coge el chal de Colombina , haee u
nudo c?rredizo y busca con la vista una r ama :
propósito.
Entonces el Amor extiende el brazo y en clásico verso r~procha á Pie~rot su inconstancia. El
Amor es quien ha convertido á Colombina en el
h~da de la Luna, á fin de curar de su pasión A
Pierrot.
Si éste promete ser cuerdo, se la devolverá.
. -¡A.mala siempre! dice el Amor en tono imperioso.
Juramentos apasionados de Pierrot, el Amor
bendice á la pareja.
Fuegos de bengala.

p AUL

-.A.ilo VI -Tomo II

México, Domingo

10

de Diciembre de 1899.

MARGUERITTE.

E@.PEJISMO
Los dueloq de mi vida
son nubes que se alejan.
Hoy al tender la aurora
su rosado cendal sobre la niebla,
.;alí á llorar en mi ruinoso huerto
la inclemente orfandad de mis tristezas;
todo hallábase en pie, todo cambiado,
y en su dfa nupcial la primavera
ceñía una corona
de orquídeas y violetas.
El friso de las lilas festoneaba
el calado ojival de la glorieta,
la fimbria del rocío
temblaba en las libélulas,
colgaban en los olmos
sus balaustres de plata las falenas,
y en el raso del musgo los helechos
dei,ple¡mban sus túnicas de seda.
Vestí mi plectro entonces
con pasionarias y con rosas nuevas;
tomé la pauta de mis viejos bimnos,
dejé mi luto y me sentí poeta.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
Mis dichas resurgieron;
volví á cantar la reja
velada entre jazmines,
nelumbos y camelias;
torné á evocar la imagen
sobre el marfil de cuya sien la estrella
temblara como nívea mariposa
sobre el diáfano tul de una caléndula;
soíié con un esquife fulgurante,
con un lago de .i.zúcnbares y anémonas,
y entreví la eminencia de una costa
s0bre el pórfido azul de cuyas peñiis
destacara el castillo de la dicha
la corona triunfal de sus almenas.
Todo alzaba otra vez en su lenguaje
la canción fes ti val de las promesas;
mis suelíos ·renacían,
tornaban mis quimeras.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
PEDRO J. NAÓN,

1

0L ftzeoid ente· del ?5zanovaaL y ou eopooa.
•

Número 24

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Andrea Chenier</name>
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EL MUNDO

Otra vez suenan lo timbales.
El hada de la Luna se convierte en luna llena
con un disco diamantino en la frente. Al mismo
tiempo la media luna del cielo ilumina todo su
hemisferio. Se eleva un andante. Es el estío y la
noche está clara. Se oye una danza sensu9l y
lánguida: es la madurez de la luna, la luna mujer. Pierrot quiere estrecharla entre sus brazos,
pero como está ella helada, lo hiela. ¡Birl
Sa~nan de nuevo los timbales.
El hada de la Luna se transforma, ya no lleva
en la frente sino un cuernecillo pálido y los cabellos se tornan grises. La luna del cielo se opaca, se opaca hasta no quedar sino un peque:fl.o arco luminoso. La noche se ensomorece. Suspira
un adagio. Espira. la danza del bada; es el oto:110 de la luna y el oto:fl.o de la m·u jer. Pierrot se
siente triste y desengaftado como ella, cuy a melancolía rechaza al amante.

Se oye el redoble de los timbales.
La luna desaparece. La noehe es obscura, Es
el invierno; nieva. La diadema desaparece de la
frente del hada que se aleja entre las sombras,
mecida por el lamento de un scherzo. Por fin
Pierrot la pierde de vista.

VI
Asoma-el alba triste y fria.
Pierrot se frota los ojos. ¡,So:fl.6? Se siente fa.
tigado. El frío de la maftana lacera su cuerpo y
lo asaltan mil reflexiones burguesas. Si estuviera en &amp;U ca1,a al lado de Colombina no sentiría
frío, comería. bien y bebería mejor. ¡Y los goces
del amor! . ... ¿Para qué exponerse tanto? Siente que ya no ama á. la luna. Llueve, el viento lo
molesta; ¿y Colombina? ¿A dónde habrá. ido?
¿Con Arlequín, con el capitán ó el banquero? ¿Se

OFRENDA.

Un perfume sutil de primaveras
.Me mostró como un ramo de jazmines
Tu seno, y en tus mieles y satines
El enjambre guardé de mis quimeras.
Quiero bajo el frescor de adormideras
De tus ojos, mirar nuevos confines,
Y distraer mi luto en los jardines
Azules de tus lánguidas ojeras.
Y en cambio de tus llses opulentos,
En cambio de los místicos ungüentos
Que hay en tu cabellera luminosa,
.Mi juventu1, que exhalará en las gradas
De tu altar, á la luz de tus miradas
Su perfume como una tuberosa.
. EFREN REBuLLEDO,

-------..•-------FUGACES.

Si eres p.iloma, yo tengo un nido
sobre mi pecho, blando y mullido,
para que arrulles, mi dulce bien:
será ese el nido de tus amores
donde te besen brisas y flores
de un armonioso, fálgido edén.
LOS BESOS.

Dame tus manos puras: una gema
Pondrá en cada falange transparente
Mi labio tembloroso, y en tu frente
Cincelará una ftílgida diadema.
Tus ojos soíiadores donde trema
La Ilusión, besaré amorosamente,
Y con tu boca rimará mi ardiente
Boca un anacreótico poema.
Y en tu cuello velado por las gasas
Del corpiño, pondré un collar de brasas,
Que tus bombros pulidos y morenos
Queme, y cuando en tu alcoba lo desates,
Ruede como una lluvia de granates
.Martirizando el lino de tus senos.
EFREN REBOLLEDO,

Si eres ensueíio, tengo una mente
bañada en rayos del sol ardiente
que hiere el prlsm!I. de Jo ideal:
allf viviendo feliz y hermosa
entre ilusiones eolor de rosa,
serás la reina, la sin rival.
Si eres aurora, tengo en el alma
límpido cielo que en grata calma
luce esplendente su regio azul:
cuando tú llegues á ese palacio,
tendrás alfombras de oro y topacio
y albos cendales de leve tul .. . .. .
Mas si al fin eres mujer altiva
que cruza el mundo provocativa
cual bella sombra de una visión,
para ti tengo luz en la mente,
nido en el pecbo, cielo esplendente
dentro del alma, y un corazón.
RANULFO PENAOOS.

Domtnge 3 de Diciembre de 1899.
ha~rá matadc,? _Sí, probablemente; todo ha con.
clmdo y ya no ,e queda más salida que collt'arse
de un árbol. Coge el chal de Colombina , haee u
nudo c?rredizo y busca con la vista una r ama :
propósito.
Entonces el Amor extiende el brazo y en clásico verso r~procha á Pie~rot su inconstancia. El
Amor es quien ha convertido á Colombina en el
h~da de la Luna, á fin de curar de su pasión A
Pierrot.
Si éste promete ser cuerdo, se la devolverá.
. -¡A.mala siempre! dice el Amor en tono imperioso.
Juramentos apasionados de Pierrot, el Amor
bendice á la pareja.
Fuegos de bengala.

p AUL

-.A.ilo VI -Tomo II

México, Domingo

10

de Diciembre de 1899.

MARGUERITTE.

E@.PEJISMO
Los dueloq de mi vida
son nubes que se alejan.
Hoy al tender la aurora
su rosado cendal sobre la niebla,
.;alí á llorar en mi ruinoso huerto
la inclemente orfandad de mis tristezas;
todo hallábase en pie, todo cambiado,
y en su dfa nupcial la primavera
ceñía una corona
de orquídeas y violetas.
El friso de las lilas festoneaba
el calado ojival de la glorieta,
la fimbria del rocío
temblaba en las libélulas,
colgaban en los olmos
sus balaustres de plata las falenas,
y en el raso del musgo los helechos
dei,ple¡mban sus túnicas de seda.
Vestí mi plectro entonces
con pasionarias y con rosas nuevas;
tomé la pauta de mis viejos bimnos,
dejé mi luto y me sentí poeta.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
Mis dichas resurgieron;
volví á cantar la reja
velada entre jazmines,
nelumbos y camelias;
torné á evocar la imagen
sobre el marfil de cuya sien la estrella
temblara como nívea mariposa
sobre el diáfano tul de una caléndula;
soíié con un esquife fulgurante,
con un lago de .i.zúcnbares y anémonas,
y entreví la eminencia de una costa
s0bre el pórfido azul de cuyas peñiis
destacara el castillo de la dicha
la corona triunfal de sus almenas.
Todo alzaba otra vez en su lenguaje
la canción fes ti val de las promesas;
mis suelíos ·renacían,
tornaban mis quimeras.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
PEDRO J. NAÓN,

1

0L ftzeoid ente· del ?5zanovaaL y ou eopooa.
•

Número 24

�EL MUNDO,

344

Dirflctor. LIC. RAFAEL REYES SPIJDOLA.

---------------------------------------

J.':i;tos horizonte~ de Diciembre, con sus blancas
y pctID.d11s cortinas ele brumas, sus montañas obscur:1s erizadas de ramazones secl\.S y l:iU luz triste
y soñolienta, provocan en los espíritus contemplativos una (le eeas melancolías mansas y suaves que
nús llernrn &lt;le la dulce resignación de ,·ivir.
Los grise8 pai~1:ijes ele invierno tienen en las
campiñ11~ americanas una belleza exótica. "Gn camino, tomo un cinto de tierra hlllnecla y negra,
tnt re do~ fila.:; ele árboles desnudos, un llano de
ycrbaje marchito, sobre cuya alfombra de verde
muerto. va silenciosa y pausadamente la vacada,
un pe&lt;lazo de jardín silvestre regado de pétalos
amarillentos y podridos, una lejanía envuelta en
, aho tenebrO!so, picado aquí y allá, por ]a cruz de
un ('ampanario. ó la boca ci'líndrica de una chimenea. ó el espinazo rojo de un tejado, despiertan en
nosotr:os una vaga y fantástica idea de In vida,
semejante á la emoción que experimentamos reconlanclo "Olla vieja leyenda clel N'orte, dormida
hat(.; mnt:ho tiempo en el fondo de la memoria.
He a&lt;¡uí el encanto que en este n1es nos ofrece
]a tierra que no tardará en deshacerce .en flores
En verdad que el invierno en :México no es otni cosn que una coquetería de ]a Primavera, que gusta
v,~siirse con tocas de luto y telas de matices opacos y atasiarse con gasas de niebla virgeu, ó peE:arlos mantos de brumas. Mas á través de este
trilje severo, cómo se adivina á la munduna pom!-'OSa y elegante, y cómo sonríe la pícara y traviesa
muchacha por entre el velo de largos y rígidos plieg,.1es. Estos campos solos, límitados por la franja
de acero de una agua. inmóvil, estos campos sin
fi~uras humanas, estos campos que se extienden
colllO desperezándose de fastidio hasta las remotas
se:aanías, son efímeros telones que de un momento á otro se transformarán, como en una comedia
de magia. en parques luminosos, en floridas colgt·ii urm:., en guirnaldas de pájaros, en aire azul,
rn11eical y deslumbrador.

qunm. ningunas tienen el delicioso encanto que
los que nos trae el buen Diciembre.
El Carnaval es una prolongación de las saturrnlies; es una costumbre romana que se ha filtrado
al través de los siglos y ha invaclido las sociedad&lt;~a modernas. Los señores se confunden con los
sirrvos, y el vicio, que se oculta dentro del abigarrado traje ele chillantes tono5-, nutoriZ'ado por la
c:ivHizaeión, arroja su carcajada orgiástira en la
yfa pública, )', beodo cínico, abraza con üupúdico
deseo el talle r ecio de las bacante;, y besa los
,lesflorados labios de las hetaira,.
El C'arnarnl abre la puerta de la orl(ÍU á las pa:,j1,nes romprimiclaF-. orna con rosa.R frep,cas las
Jrt!ntes jm-eniles, pone ósculos lúbricos en las hol'&lt;lS, toques ele luz quemante en las pupile:3 y vino
11r1l icntf' en los ,·asos.
El Carnaval se adorna C'On ca¡.;cabcles. ríe y se
(•rn briaga en las obscttras barraras de los barrios.
rnnta copla.-, obscenas, como los fialti!Tibancos.
La virtud frunce el ceño, v v,1 cerrando, con
,·ue•~tas de lJa\'e, las puertas eie los hogares honrntlo3.
La Semana Santa no es una fiesta. El Cristiani~mo ha puesto en e~a época el sello de in.finita
tristeza &lt;le sus ceremonias: apenas si el último día
descorre el negro velo ele los altares, arroja. puña~los de amapolas en el pórtico ele ]as iglesias y
ileja flotar las nuhes de incienso en el ambiente
violeta de 111. prima\"era.
Rn Semana Santa los niños juegan y los espírit m: contemplativos meditan. El cielo sonríe.
l:if: flores inundan los campos, e1 aire se perfuma
al pasar por ]os bosques; pero en ht ciudad las
ni 111as piadosas rezan, las músicas tocan marchas
júnebrcs, y la curiosidad vacía los hogares y llena
los templos.
La Semana Santa es triste v es la fiesta de la
primavera; y-oh contraste___:la noche Buena es
,,legre y es la fiesta clel Invierno.
Porque la Noche Buena es la fiesta del hogar,
la íutima, la ele las ternuras, la de las expansiones, la de los recuerdos.
¡ Oh, mes de las noches azulea. mes de las noches claras, mes ele la ~oche Buena, bien ve-

&lt;:;&gt; ,/1-'v-

;. Y ele qué podemos quejarnos? ~ os dan mañaRin aurora, mañanas morenas, que no vienen
vc~ridas ele blanco como van las niñas á la primera c·omunión, sino, por el contrario, cubiertas en
rardos mantones, como las devotas á la misa del
nlbu; nos dan tardes frías, lúgubres, con el sol
clorótico que cae sin majestad y sin fausto en la
cenicienta hornaza del Poniente; pero en cambio,
q•1é noches divinas, inmaculadas, puras, empapaclos de claridades 1nisteriosas, tejidas con argentinas transparencias, ele cielo tan profundo que no
parece sino que, ascendiendo, se aleja á cada instante de nosotros, de horizontes tan cristalinos
&lt;(He en ellos los níveos y sutiles vellones de las nubes se nos figuran alas de ángeles que pasan.
.~bajo no bay rosas; se han manchado y d~stefüdo las púrpuras; no hay lirios, se ennegreció la
plata de las urnas; el viento,al pasar, cerró piado-~mente los ojos azules de las violetas 1nuertas
y ele! quebrado y torcido alfiler de oro de las
;nargaritas se desprendieron los pétalos estrujatlos y marchitos. No hay ramas, no hay hojas,
no hay ni&lt;los, no hay pájaros que canten los salmDs funerales de las flores.
.
Pero las flores, que no son más que las almas
b~1cnas que se cansaron del encierro de la carne,
;·esucitaron allá arriba en el infinito cielo fulgurante, en el inmortal y sereno jardin que habitan
lo..: ensueños y riegan de lágrimas las esperanzas.
Allí están meciendo sus corolas de luz al hálito
rnave. que sube de ]a tierra, de los castos suspiros
y cic las tranquilas oraciones. Alli están las flores
herhas a~tros, allí están las rosas transformadas
en luceros joyantes, y las margaritas vueltas temUic-rMas estrellas.
¡ Oh, noches ele Diciembre, noches puras, mmacnLalas y cliYinas !. ...
n.l:;

iJ

1

il
1

"C::&gt;- ~ ~ -

'1

¡ Oh. mes de las noches radiosas, m es de la No(;l1e Buena!
En Diciembre, la humanidad se reconcilia con
la alegría. Entre todas las fiestas con que el muno o civilizado celebra los grandes acontecimientos,

-

Domingo 10 de Dlcleml re de 1899.

Domingo 10 de Diciembre de 189~.

LA VIRTUD PERNICIOSA.

Siempre que la conducta humana no va dirigida por
la razón y por la ciencia, que los sentlmleotoo é lm
pulsos que la sugieren y la. dictan no se ven contra·
pe8ado• por la reflexión y el cálculo, la cooduc1oa .;
e-xtravía, hierra. el golpe, se desvía de su objeto
•nele eo la mayoría de los casos orillar i re•ultad~
contraproducentes.
El hombre obra Impulsado por el instinto acoose
jado por la reflexlón ó arrastrado por la p~slóa· d;
abí que haya actos lm,Untivos, actos reflHlv~ 1
actos pasionales.
Deet:itos tres motores de nuestra acción, el primero
fS clE'g11 y rectilíneo, el último impetu06o y turbulento; sólo el segundo es ponderado, proporcluuado al re•
soltado que se busca, adecuado a.l fin que se quierealcanzar. Si el hombre quiere obrar ret t twente, hi
aspira. á que sus obras alcancen la posible perrec~lóo
s1 anhela el éxito y la realización de sus prupóstWO:
no d~be dejarse guiar ni por sus solos im"tlotos ot
por sus solas pastones. y ya que no sea dable ni desea.
ble despojarse completamente nt de los unOR ni de
los 1..,t,.ni,:;, debe ponerse á ambos el vigoroso y rieldo
freno de la razón y de ta reflexión. Sometido á. la accióu del solo tnbtiuto, el ho:nbre es un animal y, ve,.
ces una simple mltqulna, bajo la presión de las solu.
pasiones es un vc, Jcáo en erupción; sólo por lll acción
per;lstente de la tria razón , es propia y verdaderamente un hombre.
1nstintos y pasiones se fundan y amalgaman para.
constituir los vicios como también las virtudts hu~
manas; lnsLinto y pasión son la avar icia, la lujuria,
la gula; instintos y pasiones son el patriotismo1 la.
fllantrop1a , la caridad.
Ante esta asimilación del vicio y la virtud, con los
Instintos y las pasiones: sorprende en extremo que
siendo común su origen y común su naturaleza, todo
el mundo esté de acuerdo en aconsejar se moderen
los viclo3 y s~ atenúen bajo la influencia de la ,olun.
tad, que no es atoo la. reflexión y la razón en acthldaJ, y que nJ se aconseje lo mismo respecto de lu.
virtudes, que también su&lt;?len necesitar gobierno y di•
rección, y cuyos extremos necesitan también freno
porque suelen ser perniciosas.
Ante la celosa ceguedad de Otello todo el mundo
cl•wa y protesta; oe admira estéticamente el tipo,
pero el hombre resulta odioso y repugnante. Pua:iamos horas enteras en aconsejar al moro brutal
un poco de sangre fria y de sentido co múo bastantes
nido!
á restltu!r la rectitud á su conducta y la calma Asu
&lt;:;&gt; $ &lt;::&gt;
corazón. Si llegáramos á encontrarnos cara á eara coa
Al rededor de la !)lesa llena de viandas se en- Ilarpae-,m le reprocharlamos su parsimonia, le harla-labian las cónversaciones familiares, los cliálogos mos reflexionar en que la. prudencia, es decir, la ra~
zón, aconseja la economía, pero repudia la av1rtcl1;
que, vierten, corren de boca en boca las pa- que la pasión de poseer y el instinto de acumolu,
labras que acarician, las sonrisas que besan.
necesitan moderación y freno, y que el tuen sentido
Dentro de los hogares los cuerpos se juntan basta á establecer el justo medio entre atesorar ala
y las almas se confunden.
tasa y despilfarrar sin medida.
cPiensa en lo ue haces, reflexiona en lo que InAfuera silba el viento, parpadean los mech eros
solirt:: las desiertas aceras, lrny soledad, silencio tentas, calcula á o que te expones, medita en el mal
que á veces interumpen ]os ecos ele músicas 1eja- que puedes ca.usarte y causará los demás1»son fra&amp;el
1
!1as, ~• el tronar de los cohet es que rayan con que todos tenemos en los labios en rreseocla de 08
vicios, de las malas pasiones y de los ciegos arreba¡,arábolas ele oro el esmalte bruñido ele los cie- tos agenos y no se nos ocurre decir lo mismo y aco•
!os y derraman en la transparencia clel aire una sejar lo mismo cuando se trata de las pastones nobles
Rora de colori&lt;los fulgores. _\ fuera hay frío y y generosas. ¿E~, aca.80, porque éstas, intrfosecameo•
t&lt;l buenas no daflan, no perjudican jamás cualesqule•
tristeza. .
.
_!\.dentro están }os ambientes tibios, ]03 reflejos raque sean su grado y su exageración? Tal eftrma!?-C'renos, los rejocijos castos y las almas tranquilas. ción es insostenible ante la experiencia diaria; uo
Adentro se hacen confidencias tiernas, se cantan hay virtud, por excelsa que se la suponga, que lle,..
,;}l~ncicos, se sueñan cosas blancas. Y á un gol- da á cierto grado de exaltación no resulte perolclroa
pe de ala de ]a esperanza se pienc;;a en el porvenir y contraproducente, que no pueda sembrar la desola,
y la ruina eo la sociedad.
azul, tachonado de estrellas é infu:úto como el clóo
La caridad irreflexiva, ardiente y ciega, crea y•
firmamento del mes último del afio.
tlmula la vagancia, la pereza y el vicio y trae A1..
1Fiestas de Diciembre! Bajo las arcadas de h eno
pueblos á la decadencia; el amor locondlclooal y slo
que despiden aromas de penetrante frescura, ba- Hmites de los padrea á los bijos, conduce á coosentlr•
jo las caprichosas arquitecturas ele ]os farolillos los, á tolerar sus !altas y con ello á pervertirlos y eJ•
venecianos, ll8y viejos risueños que e,·ocan su travlarlos; la abnegación absoluta y la sumisión 11D
pasado, r ostros infantiles radiantes ele angélica protestas de la esposa al esposo, esti mula Aést.e, la
lnfidel\dád y al olvido de sus deberes conyugaleo; el
tr'rnura y jóvenes enamorados que cuchichean.
patriotismo rectilíneo, Intolerante, Irreductible Y
Lns músicas suenan á serPnatas ele mandolinas
extremado, conduce á los pueblos á descuidar su~
las c uerdas h eridas vibr,m con una. dulzura ex~ grf'S01 la. enmienda de sus vJcios, el mejoral_Dlento de
tr;1ña 1 como de cristal que se J"Omne.
SllS condiciones matertaleE-¡ la. generosidad s:n Hmltel
Y cuando el alba prenclC sus florones de nácar crea el parasitismo y fomenta la a.byeción cor1$D 1•
No acabaríamos de senalar los estragos que en 11
en ln cre.;ta de las montaña.: cae ~obre los párpados un sueño hermoso en el que van ú. reposar sociedad y en el corazón de los demás hombrea pueden cau(\_Br las ,•1rtudes excesivas si la ratóa ao gula
ntwf5tras ilusiones.
¡ Oh, noches ile Diciembre. nM•h""' ,,l ,.. los cie- su Pjerciclo, si la n flt&gt;xlón no las orienta y eafreBI
sus excesos. De ahí un resultado para.dojal en •~
los profun&lt;los y de las fiestas apacibles! ...
rler.cla: que puede bHber hombres ad mirables pouu

1

-S:::,. $ 'v-

El Xacioual cerró s 11 1:; puertas: ha quedado varía la jaula. Aún suenan en nue¡;:tro,· oídos los
últimos gorjeos de estas aves de Italia que de
c nando en cuando hacen su n ido en nuestro
vetusto teatro como en una. vieja techumbre.
Los "dillettanti" están tristes. Que esperen un
poco. Para consolarlos viene surcando el mar
~fnría Guerero.

coadar

virtud y excecrable• les por resultadJS de su
ta. Tal Torquemada que en su exaltación por la e
asoló la cristiandad; tal Robespierre cuyo excelso.,,..
triotlsmo y acendrado amor á la llbe1ta 1 y á loa prtoclplos de justicia le hicieron crear el i,,-,w Y cooslituir la gu11lottna permanente.
Tan es así, que la sabiduría de las Ncu-'if/Nt3 eoclerf'I
al lado del veneno el contraveneno, y que a.l tleat
máximas como: chaz bien y no veas á quléo,&gt; P~
na.otras, temperantes y mitigadoras, como
rldad bien entendida empieza por sí mismv. &gt;

,ta_.

345

=

EL MUNDO.

EstJa consideración determinó nuestra actitud espectante. No debe uuodesmentiruna cosa sino cuando está seguro de su tal•edad. Suponed que hubléra.
mos .desmentldo formalmente la noticia del fin del
mundo. En rigor podf'?.mos bacerlo· luli Informes re•
cogidfls por los 1cporteri-, las car~ ae provincia y
los cablegramas del ex .. nrnjero nos proporcionaban
d!l'tos para afirmar que la cat.ástrore era improbable;
sm embar~c1 , lo ia,p~ob11ble no es Imposible y si el
mundo se hut&gt;ind acabado á pesar de nuestras aseveraciones en contrario ¿cu,U babría sido nuestra. situación ante los lectoru al día siguiente? E-1 cierto que
aun en ese caso nu babríamos quedado tan ma.l ante
el público, pues nuestras medidas estaban tomadas de
antemano á tia de dar una información completa y
rápida del acontecimiento.
Será paraotraocaslón. Parece que el senor de Falb.
el astrónomo vienés que lanzó la noticia, se engafló
de medio á medio.
Ya tendrá ocasión de vindicarse. Anunció que la.
tle1ra chocaría. con ua cometa.: como se ve, la noticia
tenía cola .• \ caso el ctioque se verificó sin que nt la
tierra ni el cometa pararan mtentes; pudieron estar
distraídos, preocupados. A todos les sucede eso. La
tierra más qu e na,lle, tler.e mot.lvos para andar un
poco ensimismada; no hay existeacia máR ngitada
que la suya. ¿ Qué mucho. que no viera al cometa?

•
••
Quedamos en que el señor de Falb se eaganó; á
menos
que su error haya sido voluntario. Quién sabe
Miulstro Plenlpote=c hulo de J{élglca.
si ese caballero es un filántropo y nos quiso dar algunas sema.oas de ilusión y bact!rnus palpar lo efímero
L'\ virtud exaltada, ciega, extátlca é Irreflexiva, es de ciertas pasiones y de dertas vanidades. Es ev)denvirtud dé poeLas y de ar~1stas 1 ao es virtud de hom- te que la Idea del próximo fin del muodo es benéfica.
bres práctico~, ni de pensadores strlos, ni de ttlóso- Al principio se resiste uno, pero &lt;lespués de reflexiofos profu udOb¡ es peculiar de olilns románticas y bo- na, todo se acepta, porque al Hn·y al cabo, la catás,
0adorus, FiUele ser arma que se ef.grlme para preten- trote colectiva es menos dura que la muerte individer ofender sin conseguirlo, eM peculiar de patrwtems dual que se nos espera tardeó temprano. Lo ml\s pey no de patriotas, de txaltados y no de howbres cir- noso es la idea de la separación, la perocupacióo por
cunspectos.
los que sr. quedan cuando nos morimos; pero si todos
Se puede ser modeto de vtrtudeR y ei-tfmu 1o de vl- emprenrferuos Rlrnultáne'imente el viaje, la cosa camcl0t.; practicar la caridad y loment,1r la pertza; sen- bia de ª"pecto, y el tal viaje s~ bace excursión de
tirite inundado de patriotismo y dañará su pafs; s~r recreo. Los lamentos, el dulor, el luto son palabras
fanático :r ser por eso mismo 1 perseguidor; tilántro• sin s~otido.
po y dtti"io~o, con 13. s,1}R, condición de que esoFi St:DtiPensad todo el blt&gt;n que ha.riamos si realmente tumlentos sean exalta.dos, esas virtud es extremaR, esas vléramrns la segurlriad del tin próximo del mundo.
pa•dtJDes ciegas.
Eo primer lugar no nos preocuparfa tanto el qué diUn hombre mel.'!tana.mente experimentado, que rán, desa.parecerfanconvenctonaltsmos; ya. Renan nos
haya vivido un poco, estudiado algo y esté dotado ha mostrario en su Abelte de Jouarre los f:::liceb efec•
tan sólo de buen sentido tiene un modo seguro da tos de esa libertad de la conclencla.-Todos se ponprever si un hombre llegari\ ó no á ser pernicioso y drán en paz con eUa y verlamos tal vez tanto á los
dantoo. P,ra ello le basta inquirir si los vicios ó las pueblos como á los individuos acatar, sloulera por
'Ylrtudes del Individuo en cuestión son extremadas ó algunos dfai,:, los grandes principios de la. solidaridad
enjeradas.
y dt? la fraternidad qu~ todos predican y nadie obeEn siéndolo, no cabe ya duda, aquel ser podrá ser deCE". Apuesto á. que si d~ ven1s se anuncia el fin
y será dailoso, y, modelo de virtudes, puede, sin con- del mundo para quince dlas de la fecha, los ingleses
cietcla. y casi sin responsabilidad, causar graves reconocerían sin vacilar la Independencia de los bóem\lea.
ros. Mucbas cuestiones sociales se resolverían por sí
solas y la polltlca aparecerfa bajo otro aspecto.
En efecto h oy se presenta cómo cuestión muy grave la resistencia del gabinete á las primeras batallas
parlamentarlHi- y sus prnbahillda.des de vida. hasta la
época de apertura de la E'&lt;posición. Ciertamente,
más quJsiera prolong-t.r su vida hasta el fin del mundo. ¡ Esa si sería una bermoi.a caída ministerial!
En matn:a de pacitlcaclón y concordia no podía
tampoco inventarse nada mejor: es imposible sonar
,1n.1. amnistía más completa.
¡ Y cuántos que no pueden llegar al término de sus
aspiraciones, las colmarían si el mundo estuviese en
víi-p~ras de rend'r la c~rgal La Academia, por ejemplo, tiene dos vicantesy seria llegado el caso, ó nunVida nueva y nuevos propósitos.
ca lo será, de que lo(\ candidatos que se presentan cada vez que hay elección y qne nuoca son elegidos, lo
El anuncio del próximo ti n del mundo coiacldió en
fueran en esta coyuntura. Ilay y,entes que se contenEuropa con un fenómeno de los más curiosos é in- tarían
con ser inmortales siquiera por una quincena.
quietantes : cuatro parlamentos, el francés, el alemán1 el 1tallano y el belga, abrieron sus sesiones á la
vez. Probablemense eso era lo que hacía creer en el
•
tln del mundo. En efecto, siempre se ba dlcbo qui) el
••
fin del mundo sería. anunciado por signos alarmanNo hablo de Jos procesos en vb de Instrucción, los
tes, por perturbaciones precurspras y la reuni ón de
cuales se juzgarfan de un modo más co1dlal. En vístaatos parlamenws realiza plenamente la prorecfa.
Sin embargo, la alarma era infundada: el muado peras de una. catástrufo no tendría importancia que
no termina aún y la. noticia que iba tomando cierta :M. Deroulede se propusiese ó no alterar el orden de
consistencia no será para la mayorfa de ouestrOi co- cosas establecido. Habta Jas cuestiones de Imperio,
legu sino un tema de disertación á la francesa. Ea RepúbilM ó Realeza perderlan su Importancia. Todos tr ansigirfa.n lo bastaate para reconciliar los á.ot.l!'raocla todo se res u el ve en cróoicafZ.
Nosotros, por nuestra. parte, nos hemos propu':!:sto mos y al i,;er más corta la vida.. vlvlriamos mejor.
observar una reserva que nue~trus lectores sabrán e&amp;- Quedamos, pUPS, en que el Dr. Falb es un filántrot'O,
tlma.r en lo que vale. No le hemos dado gran crédito á menos quu sea todo lo contrario, por~ue bien pueA la nueva alarmante porque nos parecía. difícil que de ser un gran miAAntropo. Lo cierto es que nadie
un acon tecimiento de tanta monta, como es el ti.o conoce á. ese seflor Fa.lb; nunca se habfa habla.do tandel mundo se produjese sin que lo anunciasen pre- to de él hasta que anunció el fin del muodo. Bien
viamente Et Diario Ofl,,iat ó á lo menos la Agencia puede ser que al verse viejo y con la muerte encima,
ll•vas. Es Imposible que el fio del mundo nos baga quisiera que los demás slotleaen lo que él siente ante
tronar sin que el gobierno tenga aviso y sin que á su el to 1.ie or not to be. Es un consuelo para los ancianos
vez nos comualque la nueva por algún medio oficial, creer que después de su muerte vendrá el diluvio.
NI aun los más 11ustres se libran de este ettolsmo,
estando como estamos tan Interesados en el asunto.
Craemos, pues, que todas las noticias que circula- que ea iostlntlvo. Hay uo&amp; graciosa anécdota de la
ban no tenían un apoyo serio, aunque por otta par. época del sitio. Vfctor Hugo, el gran poeta algo olte todo ea posible; bien podla ,acabar el mundo á lo vidado ya y á quien hace de actualidad en eatos
meJor é inopinadamente; tantas cosas se han visto y momentos la publlcaclóo de su libro cCosas vistas.&gt;
una noche en que tenía. invitados, les dió cueata con
tantas veces se ha venido el mundo abajo!
81· Bm·ú11 ele ilfonrhP.m·,

El fin del mundo en Francia

S1·. Celedonio C. Ortiz,
Vlee-Gobernador de Sonora, en ejercicio del Poder EJceuttvo.

su solemTJldad babltual, de un medit&gt; que se le había.
ocurrido para que te!'mlnara el sitio de París.
-Es muy sencillo, lt-s dij o. Maflana., solo, sin armas, yo, Víctor Hugo, me dirigiré á las tnaR euf&gt;migas .... Me expondré al fu(\ilawienlo. Caeré, berido
d~ muerte .... y el Bit.o habrá. termlaadol
-Para vd. ! . ... le dijo tímidamente uno el~ los
oyentes. Vfctor Rugo encontró la observación irrespetuosa. y tal vez lo era; pero no por eso dejaba de
ser muy exacta..
El caso del Sr. Fdlb no es Idéntico, pero cada cual
cree lo que se le antoja y es muy posible que el fin
del mundo esté muy próximo para el abtróoumo vienés.
Por lo que hace á nosotro:i, parece que 1:,e nos prorroga el plazo. Aprovecbémosto, sin abusar y aun
procuremos ¿por qué nó? ser más justos, más tolerantes, más fraternales. Respetemos la. opinión agena, moderemos nuestros ímpetus en las polémicas,
esforcéa_wnos por ser mej ores, má" razonables y si lo
conseguimos, ese será verda.d~rawente el ti.o del
mundo!. .....

LOS PRIMEROS FERROCARRILES
No sólo las clases ignorantes 1 sino personas de notoria ilustración, fa~osos l1teratos, ti&amp;blos estadistHS
y hombres de ciencia, aceptaron eo un principio á
regailadlentes la magna. invención de la locomotora,
y unos en serio, otros en broma.1 ya. abiertamente ó
de maaera embozada, se declararon rnemlgos de las
vías terreas, suponiendo que ne prosperarían.
El célebre autor de Los tn,:; Mosqueteros, Alejandro
Dumas, hizo muy escamado ~u primer viaje en ferrocarril (~e Bruselas á Gante), y según confeslón
propia, obltgado á. ello por no eucontrar otro medio
de locomoción. Verdad es que babfan ocurrido dúS
descarrilamientos en aquella vía.
cLos caminos de hierro de S. M. Leopoldo I (die )
hacían de las suyas .... Como el establecimiento de
las locomotoras de vapor acabó con tas postas, noi
vimos obligados, á. pesa r de aquellos dos accidentts,
á tomar el ca.mico de hierro de Gunte, á. riesgo de
caer de cabeza en el tercero .... Los ferrocarriles se•
rán una maravillosa lovención para los comtslonlst1s
y las maletas, pero de seguro son la ruina de lo pintoresco y de la poesl&amp;.&gt;
El famoso doo Modesto La!uente (Fray Genmdio),
en su amenfslma obra 7'eatro social o.et siglo XIX, puso al frente de uno de sus sabrosos artículos las siguientes líneas: cPercanclllos acaecidos en los ca:nlnos de blerro en todo el pasado Julio del presente
ano (1846).&gt;
A continuación enumera los desastres !erro1larlos
de París, Bruselas, Valenciennes, Orleans, Ipswicll,
etc., etc., y 1efiere estos percances (dice) coada. má.11
para que sirvan de a.visillos saludables .... &gt; Y term!na así: «Esto no obsta para que ...sea. uaa dc:licia viajar por caminos de hierro, y más en Espana, donde
somos tan cuidadosos y precavidos.»
A dos célebres personajes franceses, Thlers y A1·ag:-1 no les entró por el Ojo derecho la nueva invención. El primero decfa en 1835: cCoovengo en que
los caminos de hierro otrec~n algunas ventujas para
el traasporte de viajeros, pe ro lhnitando el servicio
á pequeüas Haeas (sic), y eso en poblaciones de gran

�EL MUNDO.

346

A. SANTIAGO TLANGUISTENGO.
De g-ran provecho ha sido para los alumnos del Colegio Militar la expedición de este año, pues en ella
hicieron grandes aplicaciones prácticas de sus conocimientos en el arte de la guerra.
El lunes 27 del Noviembre tuvo el ~fecto el simulacro en las inmediaciones de Santiago. En el tomaron parte con los alumnos algunas tropas que los auxiliaron en sus operaciones de práctica.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,

347

EL MUNDO.

.,.
....

importancia, como P,uís&gt; (?) El mismo Mr. Thier&amp;
declaró en 1842, que los ferrocarriles csólo podrían
ser u tlliza.dos .. . . por las clases ricas,&gt; y no se olvidó
dd mencionar espantosas catástrofes.
Mr. Arago, á pesar de su sabiduría, hizo fiasco en
clase de profeta. Allá por el aiio de 1838 escribía
cPongáw0nos t&gt;n guardia contra las fantasías en materia de locomotoras de vapor; desconfiemos de la
imaginación, la loca de la casa, (como la llama Malebranchl·), y riámonos á todo trapo de los que creen
que los ociosos ricos podrán á primera hora de la mañana marcharse á Tolón para ver aparejar la escuadra, almorzarán en Marsella, visitarán los establecimientos termales de los Pirineos, comerán en Burdeos y antes de que expiren las veinticuatro horas
pod1 án regresar á París ;&gt;ara asistir al baile de la
ópera .... Rebajen, ret&gt;ajen de eso las nueve décimas, para el caso de que se lo lleve todo la trampa al
primer trayecto.&gt;
Algunos periódicos de la época, espallo'.es y extran,
jeros, se declararon abiertamente hostiles y refracta.
ríos al nuevo sistema do locomoción. Decían entre
otras cosas: cNo hay para qué ocuparse de esos visionarios que pretenden cubrir el país de ferrocarriles y
reemplazar las diligencias y postas por ese nuevo medio de transporte. ¿Hay algo más 1idículo, más absurdo que sostener que una locomotora nos llevará con
dob te velo::idad que una diligencia?&gt;
En la misma Io¡;laterra, cuna de las primeras locomotoras, el entonado y doctoral Times, se expresaba
en estos términos, algunos meses antes de inaug urar
se la línea férrea para viajeros ent re Stockton y Darlington (27 de Septiembre de 1825):
·
e Es evidente que la mayor parte de los proyectos
relativos á la creación de compailías que se proponen explotar esas nuevas vías de comunicación que se
llaman caminos de hierro, han sido ideados por gentes que desconocen por completo Jo que es un fei:rocarrll. Nada menos pretenden que alcanzar por medio de locomotoras una velocidad de 16, 24 . ... y aun
32 klómetros por hora, y sabido es que la mayor velocidad que &amp;e ha logrado hasta ahora. en las vías mineras es de 9 kilómetros.
e La perfección á que aspiran en la época futura es,
pues, más que problemática. Además, las locomoto.
ras act'lales tienen un peso enorme: las qne hacen
servicio e'l la mina de Killingworth, pesan ocho to neladas, y un peso tal lanzado á la velocidad de que
se habla destrozaría los carriles y la máquina y los
coches descarrilarían .... ¿y qué esfuerzos no serían
precisos para volverá ponerlos en su lugar?&gt;
L1 impresión del Times queda sobradamente disculpada si se recuerda que los primeros ensayos ferroviarios (como todo lo que empieza) estaban erizados de dlfümltades, y había que luchar con infinidad
de inconvenientes que poco á poco han ido desapa,
reciendo.
Se inventaron los mis absurdas sistemas .... Creyendo que las ruedas resbalarían por falta de cohesión sobre la superficie del ~arril, propásose que éste
y aquellas estuviesen provistos de asperezas 6 ranuras transversales; otros in ventores, creyeron resol ver
el problema fabricando ruedas dentadas que encajasen en ios rails, es decir, un ferrocarril de cremayera
para :erren os llanos ..... .
Bien justificado está que la primera locomotora
útil, construida por Stephenson, y que andaba sus
trein t a kllómetros por hora, la locomotora Rock.et
(cohete) se conserve como una reliquia en el Museo de
Kensington!

La eXI1ellición de los alumnos del Colegio Militar

Domingo 10 de Diciembre de 1891!

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BOUGUEE.EAU.-La Vfrgen de los Angeles.

La fortificación se construyó bajo la dirección del Teniente Alfredo Gutiérrez, con el concurso de 1011
principales alumnos que habían cursado la clase de fortificación pasajera. Aquella se hallaba en una elevada colina, cruzada por dos caminos difíciles.
Antes del simulacro, el General
Vlllegas dispuso que los alumnos
de artillería hiciesen con los caiiones :ie batal;a, Bange, y con los de
montaiia, Mondragón, el tiro directo é indi~ecto, á una distancia de
4,000 metros, observándose con gusto el resultado dado por los caiiones
mexicanos del Coronel Mondragón.
Estos ejercicios comenzaron á las
nueve y media y terminaron á las
once, teniendo los alumnos la di• rección
dP.l Capitán Rafael Eguia
Lis.
Los tiros más notables que se hicieron fueron los
primeros de tiro directo, con caiiones de batalla.

** *

El simulacro comenzó á las once y veinte minutos·.
El Colegio comenzó á moverse, destacando su línea
de exploradores, seguida de la cadena de tiradores,
sostén y reserva, llevando dos piezas de artillería. Salieron los alumnos de la Hacienda de Ateneo.
La columna de Zapadores había tomado el pueblo
de Almoloya, de donde salió dividiéndose en dos columnas, sostenidas éstas por fuerzas de caballería.

Santiago y Calpulhuac habían sido tomados por
otras fuerzas de caballería las cuales se msvieron para dirigirse al punto objetivo.
Generalizado el ataque, hubo un momento en que
los alumnos ganaron con rapidez la altura-de la colina, en combinación con los Zapadores, hacién.:ose un
fuego nutridísimo.
Este asalto dló por resultado la ocupación de la
fortificación, la cual estaba protegida p,ir dos piezas
de montaiia.
Tomada la posición, las bandas tocaron diana.
La multitud que seguía con interés to:las las peripecias del asalto, prorrumpió en nutridos aplausos Y
en vivas al señor Presidente de la Eepública y al seffor General Villegas.

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La construcción de los puentes fué muy notable.
el de balsas, lo dirigió el cabo de alumnos, Gustavo
Acosta, ejecutando la obra en ocho horas. Este puen•
te se colocó sobre el río de Almoloya.
El Teniente de Ingenieros, Rodrigo García, se hizo acreedor á felicitaciones, por el puente colgante
que dirigió, el primero de este género que han tenido tropas mexicanas.
Se aprovechó una barranca de quince á diez y sie:
te metros de profundidad, y de poco menos de 3o
metros de anchura.
Pasaron sobre él todas las tropas y los alumnos, Y
al llegar una de las piezas de batalla Bange_ al ceo·
tro del puente, se corrió uno de los cables y aqu~l
pareció ceder en resistencia, pero no fué así en realidad, pues el pesado caffón siguió hasta salir sin no•
vedad.

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�Domingo 10 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

348

Domingo 10 de Diciembre de 1699

349

EL MUNDO.

El Señor 'Ministro de Bélgica.
El Selior Barón de Moncheur nació en Bru •
selas. Es miembro de una antigua familia
originaria de la parte francesa de Flande&amp;.
Empezó su carrera diplomá.ticacomoag regado á la Legación de Bélgica en La Haya,
el afio de 1883.
Pasó luego á la Legación de Madrid en
calidad de secr~tario y con el mismo rango
diplomático estuvo después en Viena, B~rlín y Lisboa.
El año de 1892 se le nombró consejero de
la Legación de Bélgica en Roma. Después de
haber desempeliado las funciones de en?a.rgado de Negocios en Luxemburgo rec1b1ó
en 1897 el nombramiento de Ministro resl•
dente en México y hace algunas semanas le
llegaron las cartas que lo acreditan como
Ministro Plenipotenciario en nuestro país en
donde se ha hecho acreedor al respeto y á las
simpat,ias del público por el acierto con q_ue
desempelia sus funciones así como.Por la rn•
teligente atención con que estudia los problemas económicos que más nos interesan Y á
los cuales ha consagrado un folleto notable.

EL V ICE-GOBERN ADOR DE SONOR A·
Publicamos en otro lugar el retrato del Sr. Don CeJedonio C. Ortiz, vice-Gobernador del Estado de Sonora, encargado por ministerio de ~a ley del ejercicio
del Poder Ejecutivo de aquella entidad.
También publicamos un grabado que representa el
acto de la inauguración de las tranvías de Hermo•
sillo.

(.,lub de Ciclistas de la Isla d el Oa1·men.

OAXAOA. -Manifestación en honor del S1·. Geieral Dlaz -F1rente al Teatro Ju&lt;lrez.

y fidelidad, reprob~das por el hombre libre, y el primer acto de deferencia llevará en sí el germen de la.
hipocresía. La soberanía absoluta rige par la sujeción de los súbditos al código de su hipocresía y el
parlamentarismo, apoyándose en el sufragio unlver.
sal, finge la soberanía popular con· el espejismo del
vot'l electoral. La hipocresía es inherente á la fa •.
milia des~e la primera manifestación con tendencia.
á la futura asociación conyugal. Los novios se ocul.
tan sus defectos, y sometida ya á las imposiciones.
del Código, pone la esposa en juego toda su educación atávica para obtener por la astucia del marido cuanto en virtud de su autoridad legal y de su
carácter dominante pudiera rechazar, explicándose
así la inferivridad social de la mujer. El nlilo, con
su voluntad naciente, tiende á emanciparse de los.
padres, y colegial, cohibido por la prohibición de satisfacer los arranques espontáneos de su imaginación, devora á hurtadillas las lecturas que se le niegan. Más tarde, en Job cuarteles, en las oficinas, en
las redacciones, aparece la hipocresía Mmo mal necesario, y contrapesa les impulsos de los que se esfuerzan en esparcir la verdad, á costa de aparecer
como peligrosos pan la seguridad social. La madre,
que con una selia hace salir á su bija del salón donde va á referirse el escándalo del dia, se considera
idónea para saborear las más perversas conversaciones. El entusiasmo de una educación bipócritamente·
teñida de idealismo, nos hace á los veinte años romper lanzas contra estas bajezas, pero la gente sen•
sata de mayor edad, reprueba esa co!!ducta, y cuando,
llegamos á los cuarenta cesa nuestro franco quijotismo, y desarmados, callamos, porque á la par que ne•.
cesario, consideramos ese mal como incurable.

Mandó edificarlo el Conde de la Valenciana en el
último tercio del siglo pasado.
La parte arquitectónica del edificio es una verdadera obra de arte.
Los mineros del lugar tienen por este templo una
veneración grandísima.
Cuando se trató de demolerlo, porque se creía que
aliriéndose allí una entrada ó boca, aumentaría el
p1oducto de la mina, los barreteros s~ opusieron
tenazmente.

UN DlSCARRILA M llNTO
DEL

Ferrocarril dB sonora.
Una persona de Her·
mosillo nos en vía fotograrías referentes al último descarrilamiento
del Ferrocarril de Sono•
ra, ocurrido al llegar e.
tren de pasajeros á la estación de la capital del
Estado, el día 13 de Noviembre último.
El descarrilamiento
causó la muerte de un
pasajero y otras desgracias personales que llenaron de alarma á la so
ciedad de Hermos11io.

en la Sorbona, el país se conmovió, y la Cámara de que lo refin'ldO se con¡¡ervase entre los que quisieran
diputados emitió su opinión. Maillet, que emplea en culti vario, pero que se diese á la inmensa mayoría
su trabajo la nota humorística, deduce de todo lo pu- tan sólo lo conveniente y adecuado al fin del aprenblicado la absoluta incapacidad de los universitarios dizaje. La disputa enardeció á los contendientes, pe•
para rerormar la Universidad, porque casi todos ellos
caen en puerllidades y sutilezas dignas de la ironía
de Rabelals, y siguiendo cada cual su especialidad,
rooomlendan corno medios soberanos ó rechazan como Inútil el estudio de la filosofía, la retórica, la
qufmlca, las matemáticas ó el que se les ocurre. En•
tiende el autor que la discusión act11al puede compararse á la que Robre la equitación se entabló hace
treinta ai'íos, siendo entre ambas las relaciones muy
estrechas y enseñanzas semejantes.
Hubo un tiempo en que la equitación fué algo muy
sabio y complicado, y en que un buen ginete obtenía
más consideración que la que se otorgaba al que poseía un titulo académico. E '. prestigio de la equitación, caldo con la nobleza, conservó la tradición legada por los grandes maestros, y halló asilo en la Escuela de Ca.ballería de Saumur. El arte de montarse
afinó, los caballos aprendieron á saludar, á bailar, y,
graciosos y amanerados como señoras de la antigua
corte, recibieron en los carrausel.s los aplausos que
desde las tribunas les mandaban los iniciados en
aquel arte sublime. Los detractores del sistma declan que la Escuela de Saumur tenía por verdadero
objeto educar caballos manejables, dóciles, capaces
S a n Juan Bautist&lt;t Tabasco.-Manifestación
para &amp;alvar obstáculos y te.-renos difíciles, inaccesi•
en honol' d el 81·. General, Dlaz.
b1~•a1 miedo, fuertes y ardorosos, propios para las
rudas necesidades de la guerra. La equitación prác- ro al cabo las exageraciones se calmaron, y p':&gt;co á
tica se ponía enh'ente de la equitación sabia. Los poco se impusieron los métodos razonables que hoy,
ginetes sabios, como ahora los uní versitarios, veían con aplauso de todos, predominan.
Otros ejercicios han sufrido igual transformación.
mezquindad en los otros, desdeliaban un trabajo pu•
ramente útil, y hablaban de un pasado glorioso in• Media docena de sesiones bastan para iniciar en el
herente á la raza francesa. Los prácticos pretendían baile, del que hicieron nuestros abuelos casi una filo-

¿UTILIDAD O MODA?
I n augU1°aci6n de las t1·anv-ias en H e1·mosillo, Sono1·a

Fot. Monteverde.

TEM PLO DE LA VALENCIANA

LA HIPOCRESIA SOCIAL.

Es notable el templo de la Valenciana, de Guanajuat.:i, por las grandes riquezas que encierra. El tabernáculo del altar es d~ plata extra.ida de la mina,
así como los antiguos· candelabros que se conservan
todavía.

Alcanter de Brahm hace en La Oritiq¡,w rápidas é
incisivas consideraciones acerca de la hl pocresía social. Admitido el estado de guerra como natural entre los hombres, todo vencedor someterá al vencido
por medio de convenciones de obediencia, respeto

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LOS NUEVOS FINES DE LA E DUCACION
Este problema de la educación preocupa mucho los
ánimos. Arturo Maillet lo trata también en L a F rance de Demain, después de haber examinado los t rabajos á que ha dado lugar la investigación comenzada
hace tres alios por La France E xterieure, al pedir su
parecerá cuantos tuvieran algo que decir sobre tan
interesante materia. D1éronse muchas conferencias.

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Guaiwjuato. - 1'emplo de la l'alencicuw.
D esca1·rilamiento d e un tren de pasajeros en la Estación ele 1Ie1·mosillo, Sonom.
Fot. Monteve"&lt;le,

La manif1'sf.ací&lt;in en la Alameda
de la Libe1·tad .

so fía; la es¡Jada ha dest ruido al florete; y si se necesitaban seis años para manejar el florete bastan seis
semanas para presentar un tirador de espada aceptable. La educación general no debe escapará esta ley,
y rompiendo los moldtis en que se e!icerraba hace
un siglos debe lanzarse baci11, el porvenir, sin que
al adoptar los métodos que dan á Inglaterra una juventud vigorosa y emprendedora, se disminuya en
nada el carácter nacional, ni se haga más que ajustarse á las necesidades del día.

EL PELIGRO FRANCES
Y LA EXPOSICION UNIVE RSAL.

A la cabeza de la Rivista Politica e Letteraria, aparece, sin firma, un artículo rotulado «El peligro francés,&gt; en el que se revela espíritu hostil á la Exposición Universal que el ai'io próximo !::a de celebrarse
en Francia.
Según el anónimo escritor, y dado el lugar del trabaJo, la redacción de la Revista, la realidad de una
Francia desinteresada, generosa, guerreando en 61
mundo, convertida en paladín de la justicia, de la
libertad y de la frat ernidad, si ha podido existir alguna vez en el transcurso de los siglos como ideal de
algunos pocos individuos superiores que encarnaban
un principio humano, cual recientemente ha sucedido con ocasión del proceso Dreyfus, no ba sido
atendiendo á la masa de la namón, más que una fal~
sa, peligrosa y nociva leyenda, lo mismo para Francia en si miRma, que para el mundo entero. No son
el desinterés y la generosidad virtudes obligatorias
para los pueblos; mas nadie, como Francia, ha vrganizado sistemáticamente el egoísmo propio coa perjuicio ele los demás.

�Domtngo 10 de Diciembre de 1899,

3GO
Algo de esto sabe Italia, porque desde los tiemposde Pepino y Cario Magno, y desde la fundación del
poder temporal, objeto constante de la vida política
francesa, y pasando por Carlos VIII, Luis XII, Francl ..co I, Luis XIV, la Revo~ución, Napoleón I, los
Borbones, los Orleans, Thiers, Gambeta ó Mac-Mahón, y cuantos presidentes y ministros se han sucedido en el último decenio, sea cualquiera su nombre
y origen, sólc ha vis1,o una guerra declarada ó sorda,
func!ada en la conquista ó el predominio, y empresas en que Francia exigía usurario interés. Citase
con frec:iencia el egoísmo de la política inglesa; pero
Italia, en su renacimiento nacional, sólo debe á Inglaterra simpatías y amlstai, tal vez por la_ prvpia
conveniencia, perú leales y sinceras.
Carácter del pueblo francés es el de asociar la idea
de patria á un irreductible sentimiento de superioridad, bárbara vanidad nacional, que le hace intervenir á título de tutela con las armas ó con la diplomacia en los asuntos de otros pueblos, no exentos de
responsabilidad en el hecho por la perpetua adulación que con cualquier motivo prodigan á Francia,
cantando su generosidad y desinterés á compás que
acrecía en ella la tendencia egoista y exclusiva. No
es extrail.o que el humo del incienso provoque una
aspiración permanente á la dictadura intelectual.
En los últimos ail.os ha pasado la nación francesa
por terribles crisis internas. A partir de 1870, se la
ha visto recorrer una senda de errores, pero dete•
niéndose siempre al borde del abismo en que parecía
próxima á precipitarse. Ha sabido sortear la guerra
civil, ora le incitasen á ella los anarquistas_ó los imperialistas de Boulanger, y con exquisita. prudencia
ha evitado los conflictos de Terranova y Fachoda. En
el proces0 Dreyfus la energía de algunos hombres superiores se ha impuesto, evitando el espectáculo medioeval de una proscripción judía.
Hoy la Exposición abre á Francia un periodo de
paz y de fiesta, que la lucha antisemita ha podido
truncar, como la cuestión politic:i. la Exposición de
18i8. El éxito grande, inesperado é imprevisto de
esta última, fué parte á una política internacional
invasora, turbulenta, ofensiva, acrecida por el de
1889. Fuera prudente en la actualidad, por parte de
los Eitados europeos y cou respecto á la Exposición,
una reserva que llevaría á Francia un equilibrio mental y la consiguiente tranquilidad internacional. El
festejo universal que se prepara s6lo puede servir para aumentar un ansia de aventuras en que se confundan semitas y antisemitas, adversarios y defensores
de la República. El peligro francés es ahora para el
mundo más inminente y más grave qut:l nur.ca.

· LA MAQU INAR IA TEATRAL
El Ca.ba.llo de Troya en la. Opera. de Paris
El teatro de la Opera de París acaba de montar
una obra de Berlioz, cuya primera parte, bajo el
nombre de Los Troyanos, se re?resentó hace poco en
la Opera Cómica. La otra parte, que se está representando en la Opera, se llama La toma de Traya.

EL MUNDO.

Domingo 10 de Diciembre de 1899

EL MUNDO.

Damas

gramos. Las narices, los ojos y la frente están escuJ
pidos y lo demás está hecho de tablas ensamblad~
como las de un pavimento.
Como el Teatro de la Opera no presenta diariamente la misma pieza y un accesorio de este calibre e,itorba dem&lt;tSlado, era preciso que se pudiera desarmar al
caballo; y para ello se ha dispuesto cables que corren
dent ro de anillos ad hoc y subea y bajan las diversas
partes del c.i.ballo. Por lo que hace al armazón, en
mf\nos de una hora se desarma.
Sin embargo, cuando las obras representadas en la
semana no exigen muchos trabajos escénicos, el caba.
llo queda intacto, pero hay que ponerlo á un lado
para lo cual se le levanta á una altura de cincuen~
centímetros y mientras algunos maquinistas retiran de allí el pl.rno inclinado en que descansa otros
le dan una desviación de noventa grados y á ~na señal se le deja caer sobre otra vía de rieles perpendicular á la primera y por donde se lo llevan al fondo
de la e.;cena. Es de ver esta maniobrll angustiosa para los qne la presencian; á cada momento se cree que

351

Mexicanas.

Simulacro del transporte del caballo pvr los troyanos.
La gran particip1ción que to'Ili el célebre caballo
le da á la. obra un carácter cómico que no ca-:-ece de
encante.
í"' Lo probable es que Homero, Virgilio y lo&amp; otros
autores que sobre el caso escribieron, seguían más ó
menos literalmente lo que la tradición decía sobre un
suceso militar que. hizo mucho ruido en el antiguo
continente; pero bien vista la cosa, no es de creerse
que los griegos fueran tan niños para encerrar á sus
guerreros más reputados en un armatoste de palo,
n_l que los troyanos cometieran la torpeza de permitir que entrara al recinto de la ciudad un cuartel
tr~nsportable sin advertir que venía poblado de enemigos. Por otra parte, aun cuando hubiesen llegado
á ese extremo de candor, dados los medios de trans•
porte de las grandes masas con que contaban entonces los hombres, mucho tiempo se habría necesitado
para conducir el caballo al Jugar de su destino.
Pero los_poetas y los músicos no se paran ante esas
tnenudencrns y para seguirlos á donde los lleva su
capricho, se han visto precisados los
hombres prácticos de fines del siglo
XIX á construir el Caballo de Troya.
Y ahí tenéis á M. Vallenot1 el hábil
maquinista del Teatro de la Opera
encargado de la tarea que ha llevado
á buen remate como podrá verlo todo
el que pase la vista por lo'&gt; grabados
de esta página.

va á caer sobre los maquinistas la enorme masa suspendida de dos cables.

*
* *
El caballo no es habitable, pues el libreto no exige
la entrada y salida de los guerreros griegos delante
del público; pero tiene que atravesar la escena en toda su longitud, saliendo de los bastidores á la izquierda del espectador para entrar por la brecha del muro
de la ciudad en el Jado opuesto.
"Esto da lugar á una interesante procesión formada
de troyanos que arrastran el caballo.
Como por grande que sea el escenario no se produciría la ilusión de un largo trayecto, han ideado los
maquinistas el siguiente engafio: las cuerdas de que
tiran los troyanos se atan al caballo, el cual se supone muy lejos (en realidad esté muy cerca, detrás de
las bambalinas);,pero las cuerdas estan enrrolladas

* **
Los documentos instructl vos no abundan: sólo uno que otro bajo-relieve, y:i.
gastado por el ~iempo, recuerda lo que
fué ó lo que imaginaron en la antigüedad que fué el caballo de Troya.
En los comentarios de La lliada y
de la Eneida se dice entre otras cosas
que las piernas estaban hechas con cuatro troncos de encina joven y que el
cuerpo y la cabeza eran de pino rojo.
Para seguir esta descripción, los barnices empleados imitan la coloración
de las maderas de que se habla en los
poemas citados; el conjunto resulta, y
podemos admitir que así era la máquina de guerra que construyeron los helenos para entretener sus ocios durante el sitio.

*

**
El caballo de la ópera tiene más de
¿¡ metros de alt ura y descansa sobre
una plataforma de 3 metros de largo
por 2 ó 3 de ancho; pesa 4,200 kilógramos.
Las piernas forman la base de una
gran armasón sobre la cual se adaptan
·el vient-re, la grupa, los lomos, las cost illas y la cabeza del animal; sólo éstl\
tiene 3} metros y pesa más de eoo klló-

El caballo.
en varios tambores instalados dentro del armazón Y
provistos de frenos á fin de que aquellas queden ti·
rantes como si en efecto los troyanos arrastrasen un
peso enorme.
En realidad, el caballo se mueve por la acción de
las máquinas que lo a.rrast:an sobre una vía herrada en plano inclinado para figurar el talud q ue con·
duce á los muros de la ciudad.
El efecto que produce esa masa al atravesar la
escena es imponente y ate~tigua un éxito más de la
mecánica teatral.

S1·ita Elena Labat de México.
Fot. de tange.

EL HIJO DE LA TRISTEZA.
( DIE HERDER).

A la orilla de un arroyuelo, que se deslizaba
IDurmuraodo entre guijas de colores, estaba sent ada la Tristeza, mustia y silenciosa como siem•
pre...... Entregada por completo A sus melancólicos pensamientos, tomó distraidamente entre
A lll dedos un poco de barro y se puso A modelar
la figura de un nilio.
Pasó J úpiter por allí, y admirado de ver el trabajo a. que la Tristeza se dedicaba, Je pregun~ó:
-¿Que es lo que haces, oh diosa pensativa?
-Ya lo ves . ... esto es eólo una tosca imita-cióo de la r ealidad-contestó.-Pero tú, padre
de los dioses, podrías si quisieras darle alma y
vid11.
-,Que viva, pues, y me pertenezca!- exclamó
Jti.piter.
-¡Oh, no .... , no me prives de él ¡es tan lindo!
-dijo la diosa estrechando contra su seno A la
tierna criatura q ue le sonreía.
Entonces d ijo la Tierra:
-Este nilio me pertenece, es mío, puesto que
ha salido de mi seno.
-¡Esperad!-replicóJúpiter.-Aquí viene quien
ha de fal111r el pleito en favor de alguno de nosotros; resignémonos á acatar su decisión.
. Era Saturno el que llegaba., el cual, con la sab~~uria que le da la experiencia dd los siglos,
d]JO:

.

- Que ese nilio os pertenezca á los tres; eóa es
la voluntad del Destino. Tú, Júpiter, que le has
dad~ el alma, le poseerás después de muerto. A
ti, Tierra, te corresponde el cuerpo; no tienea
derecho á más .... Pero tú, Tristeza, su madre,
le poseerás mientras viva, nunca te abandonara.
Y 8118 sufrimientos se prolongarán hasta el sepulcro.

ZARZUELAS MEXICANA_S -Personaj es de «La Cuarta Plana,,
Fot de Lange,

�•
EL MUNDO.

352

Domingo I O de Diciembre de 18 911.

Domingo 10 de Diciembre de 1899.

roe eo el Circo, ignora lo que ea el esplendor del
IDAB espléndido de los dioses olímpicos.
Al dar vuelta al límite del fondo, allí sobr e
todo, se eleva_ el alma al verlos, en medio de
ese esfuerzo siete veces renovado á cada carrera y con peligro cada vez mayor, á medida que
lo; caballos van juntos más arrebatados y con
mayor fatiga, ebrios de su propia fuga y de los
golpes que los fllst'gan, y de los clamores del
Circo entero exaltado con las maravillas del voltear. ¡Nada más admirable entonces que el cochero inclinado sobre el caballo de mano y reteniéndolo mientras que azuza á los otros tres para que el cárro sólo r oce el poste y no detenga á
la rueda! ¿Hay algo más trágico, más adecuado
para sobresaltar el corazón que el choque-sucede A veces - de una ruc:da contra el poste, que
el carro despedazado en el momento, y que el

353

EL MUNDO.
cochero que cae entre las patas de los caballos,
en momentos en que otro carro se precipita Su·
bre esos obstáculos imprevistos, y que un tercer o y un cuarto vienen á estrellarse, formando
así en un minuto, los caballos, los carros, las
r iendas, los ammales y los hombres una. mezcla
horrorosa y magnífica, convulsa, intrincada, mul.icolora y multiforme que se muere en medio de
una nube de polvo de oro, sobre el amarillo tapiz
de la arena que purpuran manchas de sangre y
que semeja la piel de un león constelada de anchos carbunclos? ¿Hay algo que embriague m(ls
que el delirio del momento augusto en que la victo"ia se decide, cuan jo la multitud enterd. puesta de pie, jlesticula, vocifera, au'la y desencadena huracanes de cólera y de entusiasmo?
¡Vengan, pues, si deben venir, los días anua·
ciados por las aves de siniestro augurio! ¡C,mti-

núen las nuevas sectas royendo en su base el culto de nuestros antiguos diosesl ¡Acaben los bárbaros de devorar nuestras fronteras! ¡Encamínense á su fin los destinos de la Cindad de las
Siete Colinas! ¡Qué importa! ¡Dejemos que digan
y que hagan, y vivamos! No será la generación
de hoy la que vea esas cosas fúnebres. Y, entre
tanto sucede eso, Roma sigue siendo Roma, la
única Roma, la prestigiada y prodigiosa Roma,
la Roma en donde se levantan mil doscientas estatuas de cocheros, la Roma en donde los emperadores guiaron carros, la Roma ev donde un
caballo estuvo á t'unto de srr Cónsul, la Roma,
en fin, donde cuando se dan carreras en el Gran
Circo, trescientos ochenta y cinco mil espectadores son los pétalos vivos de esta colosal rosa de
mármol.
,JEAN RICHEPIN.

EL RETRATO SOBRE LA PARED DESNUDA.
JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. J ) ..-i $ $ JI. JI.

En aauel 11,posento donde me alojé en los primeros días de ese invierno tan crudo, habh quedado un retrato de mujer, sin cuadro, clavado en
Ja p,1r ed de la pieza que iba á ser mi cuarto de
tra bdjo. Lo miré apenas, en tanto que los _criados ponían mis mueoles en su lugar, Rostro borrado, vago, una pintura mediocre, El anterior

OUENTOS DE Lf\ DEOf\DE,NOlf\ ROMf\Nf\
•

L A S

C ARRERAS

Df'jemos que grulian los estoicos de cráneo cal
vo, barbudos, bebedores de agua avinagrada!
DPjemos que digan que la corrupción de las
costumbres públicas y privadas ha hecho de Roma la cloaca máxim11 del mundo! Dejemos también q11e declamen los que se jactan de viejos
quirites, sin tener de viejos quilites más que las
ct&gt;jas enmarañadas y las piernas en arco! Drjémosles que catonicen contra las i:uevas sectas
que van royendo en la base el culto de los antiguos dioses protectores de nuestra gloria, y que
escipionicen contra los bárbaros que, poco á poco, van devora1,do las fronteras dd imp~rio! Dd·
jemos que todos esos pájaros de siniestro augu rio graznen, que lús destinos de la Ciudad de !as
Siete Colinas se acercan á su término. Dejémos
los y vimamos, porque los or áculos sibilinos llOS
aseguran la eternidad, porque los bárbaros están
lejos, porque las costumbres son lo que siempre
fueron, por que todavía nos aman los dioses, por que el imperiú á pesHr de tod(I está en pie, porque,
finalmente, Roma no dejará de ser Roma mientras subsista el Gran Circo construido por Julio
César, reconstruido por Nerón, hermoseado por
Tito, restaurado por Domiciano, concluido por
Trajano, y en donde las carreras se dan hoy ante trescientos ochenta y cinco mil espectadores .
¡Por Epona. diosa de los caballos! ¿No basta
para nuestra gloria este arte de las carreras con
q •1e se entusiasma el pueblo todo, desde las clases más altas hasta los últimos infelices de la más
humilde plebécula; _este arte maravilloso entre
cuyos adeptos se cuentan no sólo aficionados sino hasta los especialistas y los emperadores,
este arte que prt firieron á todos los d11más un
Calígula, un Nerón, un Vitellio, un Lucio Ve
ro, un Cómmc.do, un Caracalla, un Domiciano,
un Heliogábalo? ¿Se ha olvidado qué prestigio
Je dan hechos históricos c0mo éstos, por ejemplo:
Vitellio que en su juventud se dedicó á curar en
las caballerizas de los azules; Calígula que rega1 ~ dos millones de sostercios al cochero Eutycbio
que era del partido de los verdes; el mismo Calígula que quiso nombrar cónsul á ~u caballo Iocitato? ¿En suma, no tendría yo raz&lt;', n par?l. de•
cir quti quien niega la grandP1.a de las carreras
es porque está enteramente ciego, toda vez que

el Gran Circo es por sí solo grande crmo una
ciudad y toda vez que Roma posee unas doscien•
tas estatuas que representan cocheros de circo?
¡Oh, grandeza de las carreras! ¡Y sus delicias,
y su embriaguez, y los esplendores de semejante
espectáculo, y los encantos sin número que en
ellas encontramos! .... ¿quién pudiera pintaros
A no tener, á la vez, el soplo épico del viejo
Eonio, la gracia descriptiv,-1. de Virgilio Marón,
la. abundar.ciR de Ovidio Nasón, la precisión de
Manilio, el ingenio de MarciaP Y no obstante,
¡oh suaves y feroces placeres! ¿quién puede ha b !•
ros gustado sin desear pintaros?
En cuanto se llega al Circo, en sus alrededores, bajo el vestíbulo de arcos, ya so está en
medio de la fiesta. y del goce, con la multitud
que pulula tumultuosa, y se empuja frente á las
popinae que humean con las frituras, á los mostradores de quienes venden vino, á ~os acróbatas
que lucen su faerza y su destreza, A l0s astrólogos y á los brujos vendedores de pronós1icos, á
las danzadoras gaditanas que mueven la cadera
y el vientre al martilleo d.e los crótalos y al re sonar de los tamboriles. ¡Ah, cuánto mienten los
que afirman que ahora hay desprecio para los
antiguos dioses! No tienen sino venir aquí para
ver con qué fervor se hacen sacrificios á Baco, á
Ceres, á Venus y al rojo niiio de L\mpsacol
Empero ya estamos en el Circo, al que huhimos de penetrar sin trabajo, no obstante la multitud de los q ue llegaban, gracias á tantos vomitorios sabiamente dispuestos ¡Qué inmenso hormiguero de cabezas el de esas gradas en t.,rma de
anfiteatro y cúyas últimas fil9s tocan al cielo!
Dada esa luz que tamiza el velario de color de
azafrán, dijérase una cesta de flores humanas
dispuestas en crátera; y de esta crátera salen risas, gritos, canciones, llamadas, en continuas explosiones que zumban y crepitan, que se hinchan
de súbito y estallan como una fanfarria cuando
lod cousulares ó la 1 Vestales, ó tal mimo célebre
ó cual cortesana a.'1mirablemente hermosa, entran, y sobre todo, cuando César se sienta en su
palco y con el esplendor fürmeimte de la pedrería finge que el Sol ha descendido sobre la tierra.
Y decir que todos esos ruidos se apaciguan:
primero un grutiido sordo semejante al lejano
estrépito del mar, luego un murmullo ligero, y al
fin un prdundo silencio en que únicamente se
oyen los latidos de tamos corazone3, en cuan-

to se ve a~a.recer en el balcón que domina la entrada principal al que preside las carrer as y que
arrojará en la arena el sudario blanco, solemne seilal de la salida! ¡O.il Entonces todos los
rostros se ponen graves, te.dos los cuerpos rígidos,
en inmóvil actitud de estatuaE; todas las miradas
se dirigen hacia las barreras tras de las cuales
piafan los caballL s impacienteb! Esa es la concordia entre los ciudadanos, la perfecta concordia
en que trescientas ochenta y cinco mil almas se
funden para ser una sola alma., la propia alma de
Roma.
Bruscamente alza el vuelo el sudario, r echinan los cerrojos, se abren las barreras, salen las
cuadriga&lt;1 por el espacio abierto y con ellas y á
la vez truena el clamor unAllime de todo el pue•
blo que saluda á los concurren tes, á esos héroes,
á esos dioi;es, A los sublimes cocheros.
Sólo los filósofos ó los pontífices, hábíles para .
pcnetr11r los arcanos de las cosas, podrían decir
qúé significan los colores de las facciones; por
qué, en el origen, nada más había blanco y rojo;
cuándo y por que misterio ée Bgregaron el verde y el azul; cómo. é inútilmente, intentó Domiciano ail.1tdir el púrpur1t y el oro, y qué ley del
Destino quiso que no quedann sino dos: el verde que representa la tierra y el azul con que se
figura el cielo. En cuanto á mí, sólo sé una cosa:
aue frenética é inquebrantablemente org ulloso,
porque en esto sigo á los emperadores Calígola,
Nerón, Lucio Vero, Cómmodo y Heliogábalo,
estoy por la facción verde; y si algún día Roma
debe pert:cer, sea cu1mdo dtfinitivamente triun•
fe la facción azul! Así entiendo mis funciones de
ciudad11no romano y la gloria. de Roma .
Pongamos punto á las disertaciones y continuemos describien-:o la carrera que, entre torbelli•
nos de polvo, va á toJo empuje, Ver des ó azules, los cocheros sublimes son lo más bello que
pueden contemplar los ojos de los mortales. De
pie sobre sus carros ligeros, pequeiios y de dos
rnedas vertiginosas, con las túoicas cor tas y sin
mangas, con loi gorros que cuelgan sobre la
frente y azotan las mejillas. con los crujientes
látigos y con los amplios cinturones en donde s~
enrollan las riendas y de donde cuelga el cuchillo destinado á cortarlas en caso de caida, los
cocheros son la imagen misma de Apolo, ó para
decirlo mejllr, son todas las encarnaciones -vivas
de él. Quien no vió correr á los sublimes coche·

locatario, pensé, olvidó este retrato y vendrá
por él dentro de un momento ó maiiana. Resolví
dejarlo alli y no tocarlo; tal vez sería precioso á
quien viniera á reclamarlo. Pero nadie lo reclamó. Como dos días más tarde me Bentara ante
mi mesa me molestó á la vista. Llamé: ya mi
criado se lo llevaría y lo refundiría en algún rincón, Esperando, lo contemplé con atención; Y
cuando al llegar el criado me preguntó: ¿Qué
desea el seiior? Nada., le respondí. Porque se me
figuraba que reconocía no aquel retrato sino la
mujer cuya imagen era.
Bi, la. r econocía, segura, indudablemente.
¿Quién era? No lo hubiera podido decir. Aquellos cabellos castailos sin brillo, aquella frente un tanto amarillenta, muy lisa, atravesada
por una sola arruga, aquellos ojos que tenían el
azul gris de los lagos poco profundos ¿dónde los
habia visto, vivos? no lo sabía. El verlos me causaba una melancolía que no carecía de dulzura, y
al mismo tiempo me pareció que flotaba en el aire un olor de fuego extinto, de ceniza, como si
el viento que se colaba por la chimen6a hubiera
esparcido en torno mío, spÍ&gt;re mi, antiguos recuerdos.
Oh! exclamé.
/
Bi, era Ja. semej,nza, evidentemente deb!da á
la casualidad, per}udicada además po~ un pmtor
torpe, de la tiern1i amiga, amante casi maJ¡.ernal,
de la tlulce cons?.ladora que con sus brazos siempre abiertos á mi llegada, siempre clemente en
mis faltas,fué ~l caro arrullo de mis primeras fatiaras y mis r,,rimeros arrepentimientos.

¿D:nde estaba? donde están los muertos. Aquel
olor á ceniza que había llenado el cu11rto era ta l
vez el perfume de su lejana tumba. A través de
mis lágrimas más vagamente veía el retrato.
Después tuve un temor: que se me quititse aquel
retrato. Pero pasaron muchos días sin que tuviera noticia del locatario anterior y acabé por per
suadirme que el. lienzo era mío. Le puse un cuad ro de madera negra, pero no lustroso, donde coloqué un ramito de esas flores que parec.i endo
muertas no se marchitan. EN el sosiµgo de mis
horas inquietas, tener allí, frente a mí, muy cerca, á la dulce y consoladora amig11.
Pero una vez que, obligado á un trab11jo nocturno, había encendido todas mis lámparas y las
bujías de cuatro candelabros para que hubiera
claridad bastante, no pude al lev1rntar los ojos hacia el retrato, retener un grito de sorpresa. No,
r.o, ya no se parecía. á la maternal amante de mi
adolescencia. ¿Qué engailo ó qué ilusión me hicieron reconocerla en él? Por borrado que estuviese, culpa del torpe pincel, se asemejaba, no
podía dudarlo, á la resplandeciente y maravillo•
sa criatura que en un añ.o de goce y de gloria
encantó mis ojos é inflamó mi espíritu. La iluminadora de mis viríles aiios triunf11ntes, extinta
¡oh! hace tanto tiempo, estaba allí, 11rdiente-mente · bella, como un astro vuelto á encender.
Y estaba seguro de ello, aunque viese mal el retrato en aquel deslumbramiento.
Durante algunas semanas, dormí durante el
día y trabajé por la noche. ¡Oh! si me dejaran ti
retrato. Le había hecho un cuadro de oro, radiante, donde ardí~ un ramillete, cada dfa. renovado, de lirios de oro y de sangrientas adormider as. Y cuando veía extinguirse mi genio lo reavivaba á la llama de la resplandeciente y maravillo0a criatura.
Pero una vez que, 11gobiado por el estéril es fuerzo de los desgarradores y penosos trabajos por la ideal obra
nunca acabada, me babia dormido con la cabeza sobre la mesa, tuve,
despertado por la luz del
alba, una extraña sorpresa -yiendo el retrato. Y
pensé que durante mucho
tiempo había estado loco. No, no, no tenia ninguna relación con la belleza de la espléndida
amante y de la lumino•
sa inspiradora! Aquella
vez vi, al pálido rubor de
la aurora, poco esquisita. es cierto, demasiada
humanizada tal vez por
mi pintor poco idealis•
ta, á la deliciosa criatura
que, siendo tan niila, y
tan casta se dignó amarme, siendo yo ca.si viejo, y que con su primave•

ra hizo el sol de mi otoilo. Ella también había
muerto ¡ab! como mueren tódas. Pero la volvía
á ver, en la ingenuidad de su juventud próxima,
semejante á todo lo que aerá flor, canto, rayo, y
no lo es aún. Estaba seguro de ello, aunque apenas me fuese visible al través de las lágrimas que
teda en las pestañas como un rocío matinal.
Durante varios ml'!ses, trabajé á las primeras
claridades de la maliana. ¡Qué desastre si el antiguo locatario me hubiera pedido el retrato! En
el cu~dro de madera pintada de blanco ponía, cada aurora, una pequeña margarita, una sola margarita, ó un lirio silvestre ó una eglantina apenas
sonrosa.da; y bajo el seráfico candor ae la deliciosa niila que se dignó amarme, siendo ya casi
viejo, mis poemas se llenaban de un aliento fresco
como la brisa, y de perfume de rosa que no ha
reventado aún.
Pero poco á poco me entró el desdén de las
obras antes realiza.das y el fastidio de J1;1s obras
futuras. Ya be.cía largo tiempo que estaba alojado er: el aposento donde el locatario anterior había dejado el retrato, Y cada día se parecí!l. menos aquel rt trato á la niña muerta algún tiempo
resucitada en él. Bien pronto ya no se le pareci9
nada.. ¿Serh que habría recobrado lus rasgos de
la triunfal amante ó de la maternal amiga? No,
ya no se asemejaba á ninguna de las que amé y
que me amaron; no se asemejaba á nadie. Ya no
veía en él más que cabellos castaños sin brillo,
unli fre·n te un tanto am'\rillenta, muy lisa, atravesada por una sola arruga y unos ojos que te•
nían el azul gris de los lagos poco profundos. Y
ya no pensé en él, ya no lo miré; no hubiera
sentido ninguna pena si hubieran venido á !levárselo.
Sin embargo me asombré, sin tristeza, por otra

�EL MUNDO

354

parte, un día (¡cuánto tiempo había pasado desde
que habitaba allí!) un día que, alzando los ojos
noté que el retrato no estaba en el muro. Llamé
á mi criado que se había envejecido á mi servicio; tenía los cabellos blancos como yo; le pregunté:
-¿ Ha venido el antiguo locatario?-Pare Jió sorprendido.

-Nu, sell.or, respondió, no ha venido nadie.
-Entonces, volví á preguntar ¿quién se ha llevado el ratrato?
Me vió como quien vé á un loco.
-¿Qué retrato?
-El retrato que estaba en esa pared.
-No ha habido ningún retrato en la pared, me
dijo.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,
-Bien, es posible, respondí, retírate.
-Y no me entristecí. No hay aposento nuevo
do:ide vara aquellos cuyo corazón vive aún no
traiga el recuerdo cambiantes imágenes; pero des,
pués de los aftos viene al fin el invisible olvido
que se lleva los retratos de 111, pared desnuda,
CATULLE MENDÉS.

A.i'io VI-Tomo 11

Número 25

México, Domingo 17 de Diciembre de 1899.

7, .

~ •$°d1.rwler f8S7,
De "El Jardín de los poetas."
ANDRES CHENIER
De cólera sublime el alma llena
y de piedad ardiente,
defiende al rey, con ímpetu valiente,
cuando el furor contra el monarca truena.
Y á prisión reducido, se enamora

de cautiva hermosura
que, olvidando la propia desventura,
por las desdichas de su, patria llora.
El rostro de la bella, dolorido,
y su seno de nieve
dignos son de inmortal bajo-relieve
en pentélico mármol esculpido.
Arde el sol en la rubia cabellera;
la luna en su mirada,
y en su frente má.s pura y nacarada
que la ccncha en que Venus la luz viera.
Junto á su amada tiembla de alegría
y de pasión el vate,
y es su cerebro arrulladora late
la paloma torcaz de la poesía.
Y grita ante el ,fantasma de la muerte
cuando fiero le acosa:
«Quiero vivir para mi joven diosa;
. quiero vivir por defender su suerte,
cQuiero vivir-después con ira clamapor saciar mis furores
azotando á. los viles opresores
de la nación, con látigos de llama.
«Quiero ¡oh franceses! conservar la vida,
para teftir mis manos
·
eon la sangre infernal de los tiranos
y escupir en su frente maldecida.&gt;
Y cuando, en tarde lúgubre y helada,
al patíbulo sube,
en los edpacios flota negra nupe
eual funeral bandera desplegada.

LUNATICA.
li'lsta yo que amo exaltado
las neurosis de la lucha,
me hipnotizo entre las redes
de esas tus miradas húmedas:
¡sonámbula de los cielos!
¡sirena de las alturas!
Cuando rondando las nubes
vas, con tu rostro de viuda
y con tus gasas de novia,
recuerdv las aventuras
de las damas que escondidas
van á las citas nocturnas ....
Tú, que eres la rosa blanca
sobre el mármol de la tumba,
así pá.lida y enferma
quizás tus pecados purgas.
¡Oh, tíaica inconsolable,
traviata de las penumbras!
Tú eres la pálida diosa,
que ebria de opio, triste y mustia,
hace mil telas de arana
y mil siluetas esfuma;
y duerme, y duerme, soll.ando
con fantasmas y con brujas .. ,,
Vas y vuelves y te alejas,
y apareces y te ocultas,
siguiendo exóticas ansias,
trl.lzando invisibles curvas,
¡con la blanca frente erguida
entre la estelaria chusma! . ...
Copa de un festín volcada
por la embriaguez de la altura,
derramando eternamente
eucarísticas espumas
y nítidos azahares
en adormecida lluvia ....
Por tu faz desencajada
y el beso que te circunda,
eres un copo de nieve:
algo así como la urna
en que yacen las cenizas
de las estrellas difuntas ... .
Tal vez, tal vez-¡oh misterios
íntimos de la Natural-tú eres la lente fantástica
con que un ojo enorme estudia
los microbios infinitos
y las monstruosas burbujas ....
JOSÉ S. ÜHOOANO,

&gt;·

LASMANO!i

Más süaves que un bálsamo, mis besos
FervienteR han ungido su blancura,
Y en mis rimas elogio su hermosura
Sin igual en los Paros y en los yesos,
Cuando hundes su marfil en tus espesos
Cabellos, las empapas de frescura,
Y mis fastidios sabe su ternura
Cambiar en inefables embelesos.
Bajando de su palma bondadosa,
Cuando estoy triste siento en mi ardorosa
Frente un haz de caricias boreales,
Y en las noches, calmando mis anhelos,
Las miro levantadas A los cielos
Mostrándome los astros inmortales.

LOS OJOS
Felinos y traidores como el viejo
Mar, su calma engafiosa me fiiscina,
Y veo en su llanura cristalina
Cruzar mis ideales en cortejo,
En sus aguas serenas, un reflejo
Verdiobscuro dibuja la divina
Esperanza, y como una golondrina
La ilusión raya el ónix de su espejo.
Mirando su cristal pérfido y hondo,
Presiento tempestades en el fondo,
Zafiros y coral en sus arenas,

ti

Y al abismo atrayendo mis miradas,
Saliendo de sus ondas hechizadas
Oigo el canto traidor de lu sirenas.
EFREN REBOLLEDO.

Y Chenier, sofocando sus querellas,
dice en la Guillotina:
«¡Muero por la verdad, virgen divina,
coronada de abrojos. y de estrellas!»
Del crepúsculo rueda á la vislumbre
la cabeza del lírico valiente,
y, en copioso raudal, su sangre hirviente
salta sobre la fiera muchedumbre.
MANuEL REINA,

Un

Lector de Baoccacio.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>EL MUNDO

354

parte, un día (¡cuánto tiempo había pasado desde
que habitaba allí!) un día que, alzando los ojos
noté que el retrato no estaba en el muro. Llamé
á mi criado que se había envejecido á mi servicio; tenía los cabellos blancos como yo; le pregunté:
-¿ Ha venido el antiguo locatario?-Pare Jió sorprendido.

-Nu, sell.or, respondió, no ha venido nadie.
-Entonces, volví á preguntar ¿quién se ha llevado el ratrato?
Me vió como quien vé á un loco.
-¿Qué retrato?
-El retrato que estaba en esa pared.
-No ha habido ningún retrato en la pared, me
dijo.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,
-Bien, es posible, respondí, retírate.
-Y no me entristecí. No hay aposento nuevo
do:ide vara aquellos cuyo corazón vive aún no
traiga el recuerdo cambiantes imágenes; pero des,
pués de los aftos viene al fin el invisible olvido
que se lleva los retratos de 111, pared desnuda,
CATULLE MENDÉS.

A.i'io VI-Tomo 11

Número 25

México, Domingo 17 de Diciembre de 1899.

7, .

~ •$°d1.rwler f8S7,
De "El Jardín de los poetas."
ANDRES CHENIER
De cólera sublime el alma llena
y de piedad ardiente,
defiende al rey, con ímpetu valiente,
cuando el furor contra el monarca truena.
Y á prisión reducido, se enamora

de cautiva hermosura
que, olvidando la propia desventura,
por las desdichas de su, patria llora.
El rostro de la bella, dolorido,
y su seno de nieve
dignos son de inmortal bajo-relieve
en pentélico mármol esculpido.
Arde el sol en la rubia cabellera;
la luna en su mirada,
y en su frente má.s pura y nacarada
que la ccncha en que Venus la luz viera.
Junto á su amada tiembla de alegría
y de pasión el vate,
y es su cerebro arrulladora late
la paloma torcaz de la poesía.
Y grita ante el ,fantasma de la muerte
cuando fiero le acosa:
«Quiero vivir para mi joven diosa;
. quiero vivir por defender su suerte,
cQuiero vivir-después con ira clamapor saciar mis furores
azotando á. los viles opresores
de la nación, con látigos de llama.
«Quiero ¡oh franceses! conservar la vida,
para teftir mis manos
·
eon la sangre infernal de los tiranos
y escupir en su frente maldecida.&gt;
Y cuando, en tarde lúgubre y helada,
al patíbulo sube,
en los edpacios flota negra nupe
eual funeral bandera desplegada.

LUNATICA.
li'lsta yo que amo exaltado
las neurosis de la lucha,
me hipnotizo entre las redes
de esas tus miradas húmedas:
¡sonámbula de los cielos!
¡sirena de las alturas!
Cuando rondando las nubes
vas, con tu rostro de viuda
y con tus gasas de novia,
recuerdv las aventuras
de las damas que escondidas
van á las citas nocturnas ....
Tú, que eres la rosa blanca
sobre el mármol de la tumba,
así pá.lida y enferma
quizás tus pecados purgas.
¡Oh, tíaica inconsolable,
traviata de las penumbras!
Tú eres la pálida diosa,
que ebria de opio, triste y mustia,
hace mil telas de arana
y mil siluetas esfuma;
y duerme, y duerme, soll.ando
con fantasmas y con brujas .. ,,
Vas y vuelves y te alejas,
y apareces y te ocultas,
siguiendo exóticas ansias,
trl.lzando invisibles curvas,
¡con la blanca frente erguida
entre la estelaria chusma! . ...
Copa de un festín volcada
por la embriaguez de la altura,
derramando eternamente
eucarísticas espumas
y nítidos azahares
en adormecida lluvia ....
Por tu faz desencajada
y el beso que te circunda,
eres un copo de nieve:
algo así como la urna
en que yacen las cenizas
de las estrellas difuntas ... .
Tal vez, tal vez-¡oh misterios
íntimos de la Natural-tú eres la lente fantástica
con que un ojo enorme estudia
los microbios infinitos
y las monstruosas burbujas ....
JOSÉ S. ÜHOOANO,

&gt;·

LASMANO!i

Más süaves que un bálsamo, mis besos
FervienteR han ungido su blancura,
Y en mis rimas elogio su hermosura
Sin igual en los Paros y en los yesos,
Cuando hundes su marfil en tus espesos
Cabellos, las empapas de frescura,
Y mis fastidios sabe su ternura
Cambiar en inefables embelesos.
Bajando de su palma bondadosa,
Cuando estoy triste siento en mi ardorosa
Frente un haz de caricias boreales,
Y en las noches, calmando mis anhelos,
Las miro levantadas A los cielos
Mostrándome los astros inmortales.

LOS OJOS
Felinos y traidores como el viejo
Mar, su calma engafiosa me fiiscina,
Y veo en su llanura cristalina
Cruzar mis ideales en cortejo,
En sus aguas serenas, un reflejo
Verdiobscuro dibuja la divina
Esperanza, y como una golondrina
La ilusión raya el ónix de su espejo.
Mirando su cristal pérfido y hondo,
Presiento tempestades en el fondo,
Zafiros y coral en sus arenas,

ti

Y al abismo atrayendo mis miradas,
Saliendo de sus ondas hechizadas
Oigo el canto traidor de lu sirenas.
EFREN REBOLLEDO.

Y Chenier, sofocando sus querellas,
dice en la Guillotina:
«¡Muero por la verdad, virgen divina,
coronada de abrojos. y de estrellas!»
Del crepúsculo rueda á la vislumbre
la cabeza del lírico valiente,
y, en copioso raudal, su sangre hirviente
salta sobre la fiera muchedumbre.
MANuEL REINA,

Un

Lector de Baoccacio.

�EL MUNDO.

356

Dom1ngc 17 de Diciembre de 181111

na.l la dicisión de la Corte sobre su competencia.

de Suez y de Panamá la estatua J.c Lesseps para
absolverlo así ante la histori.1 :le los carg-os c0n
que sus contemporáneos llem,ia pretendi1ll) mandi..r ¡:,u nombre il:J.s~r'?.
'l la predicción s~ lrn cumpE-h
} .t,~eps tiene una e,-t.11t11. E.,; un 1frrnfod•Jl' ce
ultratumba.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Esta es, año por año, una semana ruidosa,
J&gt;orque las tiestas populares, &lt;:omo el mar inquieto, atruena el aire con sus algazaras y sus
ruidos.
Sin embargo, para los espíritus solitarios y silenciones, estas alegíras escandalosas y frenéticas
t ienen una invencible repugnancia.
A veces esos rumores se convierten en causa
dolorosa de mil pern~amientos extraños y extravagantes quizá.
Es singular cómo ciertos ruidos, cierts notas
y ciertas voces nos desgarran, vierten en un segundo en el alma todo el dolor, toda la locura
y angustia que puede contener.
Un gran poeta describe así un estado de ánimo
que provocó un r uido cualquiera.
Escuchaba, esperando, y oí otra vez aquel
ruido que parecía salir de mí mismo, como arrancado á mis nervios, y que resonaba dentro de
mí com,o un llamamiento íntimo, profundo y desconsolado. El débil y caprichoso sonido pasaba
sobr e mí, como sembrando espanto y delirio, pues
al punto tuve la potencia de despertar el horroroso desconsuelo que de continuo dormita en el
alma de todos los humanos. ¿ Qué era ? Era la
voz que grita incesante en nuestro pecho, que
n os echa en cara, de modo continuo, obscuro y doloroso, punzante, inolvidable y fer oz todo cuanto
hemos hecho y al mismo tiempo lo que
hemos dejado de hacer ; la voz de los vagos remordimientos, del pesarirremdiable, de
los días acabados, de las mujeres que tal
vez no hubiesen amado, de las cosas que desaparecieron; las vanas alegrías, las muertas esperanzas, la voz de lo que pasa, de lo que huye,
de lo que engaña, de lo que desaparece, de lo
que hemos conseguido, de lo que no conseguire~~s nunca; la :flaca vocecilla que pregona la _inutilidad del esfuerzo, la impotencia del espíritu y
la debilidad de la carne. Me decía con su breve
murmullo, que comenzaba á cada paso en el trist e silencio, todo cuanto confusamente había des~ado, esperado, soñado, todo cuanto hubiera quendo ver, comprender, saber, apreciar; todo cuanto mi pobre, insaciable y débil espíritu había rosado con la inútil esperanza, todo aquello hacia
lo que intentó volaT, sin conseguir romper la cadena de ignorancia que lo sujetaba.
. Eso es lo que las almas solitarias y contemplativas suelen sentir en la honda noche, cuando
pasa frente á ellas la verbena popular con su algazara de mar inquieto.

Se ha levantado por fin una estatua á Fernando de Lesseps, el "gran francés," como le
llamó Gambetta en un momento de entusiasmo y
el pueblo parisiense en un instante de delirio.
¡Oh! merecía ese homenaje, á pesar de su caída de Panamá.
La obra monumental de Lesseps, ó bien la obra
monumental del siglo XIX, había de ser sin duda alguna el Canal de Suez.
Y un día, la mirada que se detuvo en Suezla lengua de tierra desde donde viera Moisés
desaparecer en las aguas de la marea que subía
el famoso ejéricto de Faraón- detúvose en Panamá,_ la tierra por donde pasó Bolívar para ir
hae1a el Sur á completar la Independencia de
América.
Panamá fué la tumba de grandes capitales, del
, honor de muchos hombres y de millares de perso1 nas. Y un contemporáneo escribía estas pala1ras á raíz ele la muerte del gran hombre:
E l venerable anciano hubo de ser condenado
como corruptor de altos empleados públicos, pero
la sentencia no fué notificada. La dureza empleada en el ruidoso proceso se calmó llegado que fué
el momento de anunciarle el fallo de los altos
T ribunales de J usticia. ¡ La cana cabellera del
moribundo anciano impuso el respeto que s~ debe á la desgracia. ¡Pobre viejo! ¡murió ignorante del formidable escándalo!
La posteridad habrá de le.antar .i. fa entrada

"ª

Los periódicos italianos anuncian el próximo
estreno de una ópera de Puccini : ''La Tosca,"
Me causa extrañeza y no acierto á explicarme
con claridad cómo los elementos dramáticos de
Sardou, tan deleznables y poco piscológicos, tienen, según parece, un atractivo tan grande para
los modernos compositores, todos ellos profundos conocedores del corazón humano.
Ya es sabido que Sardou, según la frase de
un escritor célebre, posee fortuna, gloria, un público atiborrado de golosinas, y una crítica idólatra.
Porque golosinas, y no alimento sano y fortificante, son las obras dramáticas del aplaudido
autor de "Dora."
Sar dou ha sido un gran triunfador, porque ha
sabido explotar á maravilla todos los asuntos de
interesante actualidad; posee el instinto del momento oportuno para lanzar una producción á la
escena. Ah! y conocimiento teatral. . . . . vaya si
lo tiene!
El conoce todos los ocultos resortes, todo el
convencionalismo escénico, todos los golpes de
efecto, y ahí le teneis dominando al público,
emocionándolo, forzándole á aplaudir, y manteniendo en apogeo sus obras por más de doscientas y trescientas representaciones.
Cuando Sardou llega, y llega las más veces, á
armar una obra con toda clase de tramas, logra
escribir escenas interesantes, diálogos, frases enérgicas, situaciones conmovedoras que absorben por
completo la atención del espectador.
Pero cuando de vuelta del teatro, se recoge uno
en sí mismo para analizar la impresión, nota inmediatamente que el artificio á que ha recurrido
Sar dou, no deja la más leve huella en el espíritu, ni genera una nueva idea, ni, como los grandes maestros, imprime el troquel de sus creaciones en la encendida plancha ele la memoria. La
impresión, pues, ha sido rápida y efímera. Inmediatamente volvemos en nosotros para reconoecr
el engaño.
Ah! las situaciones son falsas y están tejidas
con hilos mu,v gruesos; los personajes son manequíes, no hombres; Sardou ha logrado el movimiento, no la vida .... pero es un diestro prestidigitador que nos entretiene con sus juegos y escamoteos. Un crítico suyo dice : es un almacenista
de juguetes, que tiene á la venta preciosos muñecos parlantes. Sardou no se propone más que
una cosa cuando escribe: conquistar al público
á toda costa, achicándose á su medida cuanto
haga falta . Su ambición no va más allá de los
aplausos. Ya con esto se empieza á comprender.
Xada tan penoso como una verdad. Sarc1ou ameniza las verdades dislocándolas. Exagera todos los
pormenores, hasta ponerlos en caricatura;
coloca en un rinconcito novios de mantequilla,
y divierte á la concurrencia con juegos de salón.
Pero el armazón crujiente y defectuoso de sus
dramas está cubierto por telas brillantes y coloridas; suele asomar un alambre y rasgar ·1a vestidura, pero el habilidoso constructor pone allí
más luz y más interés para que la vista se deRlumbre y el criterio se divague. Es un consumado maestro en su arte, iba á decir oficio.
Sardou ha puesto su gran talento á disposición
del gusto dominante.
Dicen que cuando alguien le echa en cara sus
defectos, él se sonríe maliciosamente. Es académico; es popular; y tiene rentas suficientes para
p~gar un palacio. ¿ Puede ambicionar mayor gloria un hombre á quien el teatro ha dado todo
ésto?
No obstante, después ele la "Fedora" de Giordano, viene la "Tosca" de .Puccini.
Veremos qué pudo hacer ron este drama. de
un desesperante efectismo, el exquisito cantor
de Mimí y de Manón.

o~ go 17 de Diciembre de 1899.

1.-El Ministerio '\Yaldeck-Rousseau.
2.-Bl socialismo tranformánclose en partido
de gobierno.
3.-Un libro de Han, ~obre la intervención.
-!.-Lo que debemos á los Estados Unidos durante la intervención.
5.-Lo que ellos nos tlebieron.
Me empeño en creer que M. Waldeck-Rousseau
sacará su ministerio arnnte hasta el próximo receso; es Jo que se llama "un tour de force," en espafiol de "boulevard." :Xo ha siclo para él un lecho
de rosas Ell tal ministe1:io; el hombre menos jacobmo del mundo republicano, se ha puesto en ciertos momentos el chaleco de grandes solapas de Robespierre, y el más anti-colectivista de la F rancia
política, parece dar oídos á las sujestiones de su colega lifillerand que tiende á hacer del Estado un
órg¡¡no del "trabajo en lucha con el capital."
Esta actitud es sumamente curiosa, interesante
é inquietante; en honor de la verdad, nadie crevóque esta reunión de hombres venidos de puntos
tan distintos y tan distantes, para reunirse detrás
de una trinchera y cerrar con sus cuerpos una brecha, pudiera militar bajo una misma bandera al
día siguiente de la retirada del enemigo. ¿Hasta
dónde llegarán para mantener esta unión las concesiones mutuas? ;, Se ha formado un socialismo degobierno que de hoy en adelante puede tomar parteoficial en la dirección de la República? La verdad
es que si el partido socialista tiende á transformarse en uno de sus grupos más importantes desligándose por completo del anarquismo'(antagonista por
esencia de toda organización social procurada por
el Estado) el partido liberal se ha disuelto Tª ar
declarase impotente para facilitar la solución de lascuestiones sociales, por no mermar la facultad dol
individuo para disponer de lo suyo á su guisa, "para
usar y abusar," según la definición clásica, y que,
por consiguiente, niega al Estado el derecho de
obligar, v. g., al patrón de una fábrica á asegurar
contra la miseria final á los obreros inutilizados.
Este liberalismo del antiguo tipo es ya una reliquia; ahora el liberalismo parte en sus programas
de esta verdad, á cuyo establecimiento ha concurrido todo el trabajo de la sociología moderna para
definirse : individualismo y socialismo son denominaciones vanas si se presentan como antitéticas ;
precisamente el derecho individual está en razón
directa de su carácter social, y el objeto del Estado~
hasta en los tér1uinos mismos en que lo indican
las constituciones como la nuestra, está formulado
por una ecuación entre el interés social y el derecho individual: los derechos del hombre son la
base y el objeto de las instituciones sociales.
W alcleck-Rousseau representa este libernl isn10
nuevo, que no es moderado, sino moderador ; quetoma en cuenta todas las condiciones que al Estado
moderno rodean, todas las exigencias j Listas cie l0s
grupos que luchan por el pr•uer en el campo político y que las resume en una conrErión s11pre11lll :
la existencia de la República.-Cuando aceptó, con·
tal cual modificación, con tal ó cual letrero, la exhibición ele la bandera roja en la gigantesca manifestación política llamada "el triunfo de la República," yo temblé : de veras me pareció que una
concesión más y el ''leac1er" del partido republicano puro en Francia se volvía socialista y entraba á
depender ele :Millerand su colega, á pesar de sus:
breves declaraciones desdeñosas en la sesión en que
obtuvo tamaño voto de confianza : "nos hemos
puesto de acuerdo para defender á la República, Y
yo no había de ir á buscar mis colaboradores entre sus enemigos: pero ni mis colegas socialistas ni
,vo hemos abandonado nuestros programas y, pasada la urgencia cada uno encontrará el suyo."

Y yo me preguntaba: ¿ pues qué, el peligro no
ha pasado? Y me respondía: tal vez se espere el fin
ele los demasiado largos debates en ''la Alta _Corte," es decir, en el Senado, ejerciendosusfunc10nes
de cuerpo judicial. ¿ Cómo terminarán estos debates? Me parece un indicio claro del resultado fi-

desde la verdaderamente pecaminosa que pone en
parangón al diestro y agradable (y poco escmpulos?) narrador Luciano Biart, con el exquisitísimo
artis~a,que se firma Pierre Loti, hasta la que niega
con iromca cortesía á los mexicanos el apellidar
'.'una ~uerra de independencia" á la lucha con el
imperio y la intervención.
_Eso f~é, sin embargo, en toda la fuerza del térmmo; s1 una guerra eminentemenr.e nacional so~t~nid2 contra un ej€:rrit0 ex~r.rn,iero que ha invacl_1do un país para organizar en él un gobierno que,
sm raíces en la historia, en las costumbres ó en
la opinión, esté perennemente á la merced de
su sostenedor y bajo su tutela forzosa y forzada,
no e~ una guerra de emancipación y de independencia, mal pueden llamarse guerras de independencia las de Polonia en la última década del
siglo pasado y en 1830 y 63; la de Italia en
48--49, la de España iniciada en 1808 y la de
Alemania en 1813. No es preciso que una guerra nacional tenga por objeto "sacudir un yugo
secular" para poderse llamar de independencia,
dad.
Pero el mismo Presidente del Consejo lo ha di- basta que se trate de un "yugo extranjero," pacho: el peligro ha pasado. La penúltima vez que ra que lo que sea. No es, pues, legítima la censura
se reunió la Cámara, hubo necesidad de organizar del señor Hans, es una "chicana" de palabras.
toda la policía de París en torno del Palacio del
Y aquí va un recuerdo mío muy perlegislativo y acuartelar la guarnición; el ministe- sonal: yo, simple y gordo estudiante de filorio aotual no ha necesitado de cincuenta gendar- sofía y derecho, complicados con la lectura asidua
mes para cuidar de la seguridad de los legislado- de los folletos antinapoleónicos de V. Rugo y de
res en la apertura de la sesión actual. El peligro, cuanta obra revolucionaria podía pescar, asistí
á algunas conferencias de hombres perfectamente
pues, ha pasado.
Pero entonces surgió la idea, y era necesario que probos y liberales que dieron su adhesión al imBUrgiese, de aproVJJChar las lecciones de la expe- perio, en virtud de este razonamiento que oí reriencia para preservar á la república de confüc- petir cien veces: la República no puede restatos análogos, á los que la hicieran tambalear: blecerse contra el empeño del emperador franblindarla mejor para aumentar su coeficiente cés resuelto "evidentemente" á apurar en Méde resistencia á los choques. Todo lo que en mate- xico todos sus recursos hasta lograr la pacificaria de reorganización de la dirección suprema del ción; el gobierno legal de J uárez va á acabar
ejército y de la justicia militar, se ha propuesto ó ó ha acabado, sin substitución constitucional podecretado ya á ese fin, sin duda ha sido muy bien sible; J uárez para sobreponerse á los franceses,
pensado. Pero además, se han proyectado leyes un necesitará venir en los bagajes de cien mil amepoco inquietantes y ele cierto aspecto jacobino,aun- ricanos : la independencia del país, que es antes
que tal vez sea una simple apariencia : me refiero á que la República, tiene, pues, dos amenazas sula ley sobre asociaciones, que hará imposible la premas : el imperio sostenido uor los franceses;
vida de muchas asociaciones religiosas, y la que li- la república restaurada por los americanos. Tenemita la libertad de enseñanza con el pretexto de mos, pues, el deber de ayudar á quien trate
reglamentarla. No las censuro, no conozco los tex• de impedir estos dos peligros. Los que habían
tos; pero no desearía que, para desquitarse de la hablado con M:aximiliano (nodía yo citar
parte activa que una. fracción del clero y de los cle- nombres, lo haré en mis memorias) afirmaban
ricales, t omó en la inmensa confabulación para que el príncipe les había comunicado condesprest igiar á la República, á que dió origen el fidencialmente este programa: si el partido liasunto Dreyfus, se dictasen leyes que pudieran ser beral me ayuda, prometo, en primer lugar, y
tachadas de sectarias y se abriese un nuevo perío- esto de acuerdo con las miras de Napoleón, condo de "Kulturka.mpf." Claro que la República será solidar la obra reformista, con ó sin el asentiperdurable en la proporción en que mejor organice miento de la I glesia. En segundo lugar, hacer
la educación de las generaciones nuevas; inútil por medio de la paz no sólo impuesta,
claro que á eso tienden las leyes de salvación pr?- sino aceptada y por medio del divorcio con el
mulgadas bajo los auspicios del eminente Julio partido "mocho," que nos atraerá á los liberales
Ferry, que los clericales llaman ''les lois scelera- militantes, la permanencia ele los franceses en
tes," pero claro también que ellas bastan, y que México; obtenida así esta independencia, yo doy á
abandonaría el partido liberal su papel ele modera- ustedes (decía Maxirniliano) mi palabra ele honor,
dor, si para satisfacer la clerofobia socialista, a~o- de que me considero un jefe provisional y de tranyase al gobierno que renovara una lucha confes10- sición de la nación mexicana, -que, una vez consolidada nuestra independencia en ambos sennal.
Mucho más mal ha hecho al catolicismo como tidos, hemos de llamar al pueblo á una consulta
secta política en Francia, la actitud republicana de libre, enteramente libre. y si se pronuncia por
León XIII, que todas las prédicas iconoclastas de la República, entregaré el gobierno á quien elija;
los clubs socialistas, y se trata de no arranca:le las lo natural es que sea J uárez.
Ahora es cuando vemos la dosis formidable
riendas de la mano convirtiendo á la república en
de
ilusión que había en este modo de pensar;
1lil gobierno de pe;secución. Por fortuna, la actientonces
era muy difícil, casi imposible, ver claro
tud de W. Rousseau enfrente de la tentatin de
y
ver
recto.
De este error vino la adhesión
supresión del presupuesto de cultos y de la embajada en el Vaticano, tranquiliza bastant~ Y s~ ele muchos al Imperio, no del deseo "inhumano"
triunfo da esperanzas fundadas ele que, s1 permi- de traicionar á la Patria; creyeron servirla, los
tió pasear por las calles de París la bandera roja, que no estaban obcecados por la pasión política
ó religiosa, los que no podía.u partir del concepto
el andrajo de guerra civil, como le llamó ~~betta, de que no hay patria sin religión y menos conaun guarda la enseña tricolor de la repubhca, su
tra la religión. Y cierto, la franqueza en aparienlema verdaderamente nacional de "libertad Y
cia incontestable, del razonamiento que acabo de
paz."
simplificar en unas cuantas proposiciones realza
~
el mérito de quienes se mantuvieron firmes en
. Alberto H ans, el oficial imperialista que, con la torno de la bandera republicana en una lucha
imparcialidad posible en un vencido y. en un pro- que durante una época, fué sin ilusiones, casi sin
fllildamen te adolorido contó en un libro que es esp;ranza; esto lo ha de haber oído alguna vez el
popular, las trágicas y heroica; peripepcias del sitio Sr. Hans de boca de nuestro común amigo el Sr.
de Querétaro, acaba de reunir en un folleto algu- A1tamirano.
nos ar tículos recientemente publicados sobre los
historiadores mexicanos de la guerra de I ntervenEl autor sirve á sus lectores franceses una sución. T odo lo que ha ganado el antiguo oficialito posición que aquí y allá habrá de parecer peregrifrancés de la brigada del cruel Ramón Mé'?-d~~' en na. Hablando de la necesidad de la guerra entre
serenidad de juicio, en equidad de a~recrac1on Y los Estados Unidos y Francia, caso de que Napoen exactitud de información lo ha deJado ver en león III se hubiese resuelto á dejar en nuestro
su muy breve, pero muy inte~esante op-ásculo .Es- país el ejército de la intervención, da como segura
-to lo decimos á pesar de no estar conforme~ ~on el la rendición de las tropas francesas, lo que efectiexcelente escritor en toda una escala de opm1ones,

La ley abre la jurisdicción del Senado como Corte
cuando se t rata de un "atentado," y los "derudelistas" y colegas están acusados de "complot; pues
~tas" y colegas están acusados de "complot,' pues
la primera parte del atentado, y se declaró competente ! Es un Pº?º f?rzada la i_nterpretación, pero
indica cierta sohdandacl de miras entre el Ejecutivo y el Alto Cuerpo. Habrá, pues, condenación de
algunos, leve, probablemente; 1:11as ~ueclará establ-ecido qye no se puede conspirar impunemente
contra la República, aunque como los mismos acusados han dicho,'sus conspiracioPes fueron pueriles· esto es buscar el ridículo como circunstancia
ate~uante, dijo W. Rousseau. Y quedará demostrado que la conspiración no tenía importancia "interna" de ninguna clase, pero sí la tenía
"externa;" sí podía súbitamente constituir un nucleo de resistencia al gobierno, que en la tremenda
excitación de los días en que se rejuzgó á Dreyfus,
podía hacer nacer un peligro de suprema grave-

357

EL MUNDO.

vamente es indudable, y conjetura que á consecuencia de esto, habría caído el trono imperial en
Francia, lo que habría retardado la guerra con
Alemania hasta que los franceses hubiesen estado
en aptitud, por la realización de un plan de reformas militares, de aceptar la guerra con probabilidades de buen éxito. H ay en este ensueiío uos hipótesis pasmosas: la una consiste en creer siquiera posible (y lo posible sólo es conjmable) que
con la conciencia plena de una guerra inevitable
con los Estados Unidos, el emperador francés hubiera dejado aquí al ejército; éste habría sido el
más consciente de los suicidios y el más estúpido.
Consiste la otra en pensar que los alemane~, que
no sólo habían pem;ado en la guerra con Francia
y la habían preparado minuciosamente, sino que
clescle Sadowa estaban, con los ojos clarividentes
del terrible Bismarck, en acecho de una &lt;:oyuntura, no hubiesen aproYechado la guerra con los Estados Unidos para caer sobre la Fraucia desarmada y vencida de antemano; no habría habido ni
Sedan ni Nietz por ventura, pero de seguro habríanse registrado espantosos desastres en París,
Lyon y Burdeos ó cosa así, no habría sido la
ane~ión de Alsacia y Lorena la que se habría
registrado en el tratado de París, sino ademáslasumisión de la Champaña y la entrega de la escuadra.
Precisamente esto fué lo que determinó á Xapoleón á retirarse: tres cosas exi&lt;1ían con la exigencia de tres fatalidades inelucttbles, la retirada
del ejército francés : la. la imposibilidád ele aclimatar en el suelo mexicano formado por la laya ele
las revoluciones, una monarquía : la resistencia
?reci~nte ó decreciente, p_ero incesante del pueblo
a los mvasores, que llegó a fOTmar, para estos mismos, la demostración perfecta de la primera verdad
queestá documentada ya y lista para ser utilizada
por la historia: 2a. la amenaza cada vez más clara
de una guerra con la triunfante federación.americana; _cierto que_hubo_ unmomento en que se pensó
orgarnzar la resistencia y en que Napoleón ofreció
á Bazame mandarle los refuerzos uece~arios, pero
esto fué una de tantas veleidades uel irre,,oluto
soberano, y pronto se encomendó á. la diplomacia
dar un aspecto decente á un abandono ineYitahle :
3a. el estado de la cuestión germano-italiana en Europa. Si antes de Sadowa pudo haber vacilación
no la hubo después; la concenb-.1ció11 v rcor"aui~
zación de todas las fuerzas de FrnT•.CÜJ. er11 la ~eccsidacl suprema. Y estas tres fatalidades se con,binaron con una espontaneidad admirable: la resi1tenci~ del país_fué la base de la política ~¡;:pectr..nte primero, exigente después y apremiante al fin
del gabiente de Washington; esa fué la base: fué
la fuerza ele esa política el :fin de la o-uerra de secesión y la posibilidad de dar al ejército triunfante un empleo que, por cierto, habría sido desastros~ para nosotros, y que nuestros generales republicanos, aun en forma ele ayuda voluntaria. decl~naron ó, 1:echazaro~; y fué la ocasión pará esa
misma politica, la actitud de Alemania. Todo esto
resulta ya bien claro para el que estudia los detalles de esta lejana tragedia de ayer.
-S:::,..(X:&gt;-

y las lucubraciones clel Sr. Hans nos inducen á
resumir _aquí algunas observaciones sobre la ayuda
que debimos á l~s Estados Unidos, y que, hay que
confesarlo paladmamente, sea cual fuere su móvil
y aun cu~ndo ést~ se juzgue limitado precisamente á la misma sene de causas determinantes de la
famosa fórmuL rle lii. doctrina Monroe, el resultado obliga la gratitud nacional; la flamante carta del Sr. :Mariscal ha dicho en esto una incontrovertible verdad. P ero puede decirse algo más; yo
creo que aun cuando la guerra de secesión se hubiese pro1ong-ado tres años más, los franceses se
habrían visto obligados á abandonar su desatentada empresa mejicana y el imperio habría venido por tierra; así es como este problema debe
estudiarse, es inútil plantearlo en este otro sentido : ¿ los republicanos habrían acabado por oblig~ á los franceses á reembarcarse después ele vencidos en los campos de batalla? Esto es ocioso
históricamente hablando, porque la discusión no
llegaría_ nunc~ ~ _un fin cierto; no tendría objeto,
por la 1mpos1biltdad de pocler aplicar á la cuestión un rigoroso cálculo ele probabilidades.
Planteada la cuestión en los términos indicados
basta, en mi sentir, .fijarse en las tremendas difi~
cultades que fueron atajando la libre acción de
Francia en Europa, desde la entrada en plenaactividad militar del reino de Prusia en la lucha con Dinamarca para comprender lo que antes dijimos: no

�358

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

hab~'l posibilidad para Napoleón de dejar comprometida la espada del Imperio en ninguna aventura marginal; le era forzoso, angustiosamente
forzo~o, tener en mano todo el ejército. Las exigenc:ia.~ de los l◄;~tados Unidos precipitaron esta
decisión, ó mejor dicho, proporcionaron á Francia,
ante la Europa ansiosa, un pretexto para volverse y
desamparar á stL infortunada criatura, sin neceE-idad de renilar º"ten~iblemeute sus gravísimos
temores por su propia eofüenueión.
:E:-to en nachi meHoscaba el servicio que los
Esta.dos l 'nidos nos pre:,taron; sencillamente
tiende á demostrar que si la. República les del&gt;ió una condición de primera importancia para
realizar ::-u triunfo ele fi7. no les debió la vida.

Pero ~i iue,:timahlc fué ese servicio, nosotros no
i::ólo pusimos al gobiemo de Washington en condicione,- de pre¡;tarle. por nuestra resistencia tenaz, ~ino que antes nue,-tra actitud constituyó también un 1:-enicio tan seüalado á la Unión americana. e~ decir. á la causa federal, que si no supera al que nos hicieron, sí es de elemental equidad histórica ponerlos e n parangón.
Constan estos hecho,-:-lo. Lo que Napoleón
Jil llamaba "el gran pensamiento de su reinadoº'
eonsi,-tía en crear un imperio en :México bajo los
au;,.pitio~ de Frn11cia, llamado á ejercer una suerte
ele lwgL•monia ~obrt• d mundo latino-americano
y á rnntencr el movirnitnto expansivo de los Estado, nido~. Con c:,;h• pensamiento "de derriere
la trte" fné el imperio francés á la convención
de Londres Y e~lo mi11i,tra la clave de la actitud
ele Franeia
la ejec·nción del convenio tripartito.--:.?o. ParlL· import,mtísima de la realización
de su de¡;ignio era pam Napoleón, no sólo la prolongac·iún ele la guerra de Secesión, sino el triunfo
ele lo" rnnfedcrado:-. f"'l decir, el desmembramiento
de la rniún anglo-americana. Y no hizo sobre esto
una tPrmiuank dec-larac·ión pública por los escrúpulos de Inglaterra. c,uyo gobierno deseaba unir
fm poi ítiC',l á la imperial, pero que no lo osaba
hasta , er hien dibujada la situación militar de los
E~tado~ rniclo~. rna gran fracción de la opinión ingle,:a, á peBar de la general antioatía hacia
la c·au,-a ele la e•claritud, apoyaba vivamente la
actitud ho~til ít los del Xorte; de aquí vino, como
primrr pa,:o, la declaración de neutralidad entre
lm- cm1trineankt-, que tendía á dará una guerra
ci,il 1111 f•arác-tcr internacional.
IIalag-anclo lo,: enH1t·ños napoleónicos la Emperatriz Eugenia ~- el duque ele Morny. hermano
ha,:tar&lt;lo del emperaclor, empujaron á Francia haeia }fhi&lt;"o para re:,;talll'ar el predominio del elemento hi,.pano-L•ele,:iú,tieo la una, para realizar
un agio inmen:--o el olro.
, \l c·ornenzar lc1 g11Prra de intervención todo
era irnlec-i-o en la eontiencla norte-americana. nada
podía lll'&lt;'Yer~e. no en ruanto al resultado que
generalmente ~e juzgaha favorable al :Norte, sino á
Ht dura(·iún qur lo;:: ronoreclores caleulaban en 10
años. ~las en lo~ último~ tercios ~fo! uíío de (i'?,

r

en

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

J ackson primero y L ee después infligieron tan serios descalabros á los federales, q1te la. toma de
Washington llegó á dars:i por cier1.,1. Y he ,v¡uí lo
que de e:,ta n•miniscenci,1 re3•1: tu: si de ;,[ayo de
62 á Mayo dl' 63 los franceses no lrnbieran tenido
todas sus mirn:; concentradas en la conq ui~ta de
Puebla; ,;i no hubiese limitado su acción al camino de V cracruz la victoria del General Zaragoza; si esta victoria que inmovilizó al invasor
no hubiese permitido poner en movimiento los
elementos de resistencia posibles en un país agotado por la última cruentísima guerra civil, el
ejército franeés dueño desde entonces de México
y de las pri neipales ciudades u.el Iuterior, dueño de
los puertos del golfo, habría arrojado su espada en
la balanza del lado del Sur y habría arrastrado á
Inglaterra y á Espafia en pos suya. Entonces el
desmembramiento, destino forzoso, íbamos á decir
"biológico'' del enorme organismo anglo-americano se habr ía anticipado de un siglo y no es una
insubstancial metáfora decir que el porvenir del
mundo americano palpitaba en la bandera de victoria de Zar,1goza.
Cuanuo en l\Iayo de 63 Puebla fué tomada, el
cuadro había carn 1)iado ya; en vano dijeron las
ilumiuaciones de Richmoncl el regocijo de los
confederados por nuestra derrota; precisamente
en esos días la caída de Vicksburg, el Sebastopol
de la rebeli/n," en poder de Grant y la formidable
batalla de Gettysburg, comenzaban el período
agónico de los estados escla,·istas. Y la resistencia
que enlodas partes presentamos y la m'cu;idad
de los francese~ de dispersar sus columnas en todo
el país, y la ~ituación que definían así los oficiales, " no es nuestro más que el terreno que pisamos," y J uárez, que por su granítica persistencia
dió á la, Intenención el aspecto trágico de un
empeño insern,ato en lucha con la inmutable fatalidad, hicieron imposible todo plan de ayuda á los
secesionista,;. Cuando la invasión lanzó hacia el
N orle su postrer oleada, cuando Brincourt aeupó
Chihuahua, todo había concluído, la guerra ciYil en los Estados Unidos había pasado á la historia.
TodaYÍa no hay suficiente perspectirn para trazar una historia definitiva de la Intervención,
pero sí es tiempo de que la generación que la Yió
como un apasionante y grandioso drair,a. la cuente, sacrificándolo todo á la Yerdad, intentándolo
cuando menos; no faltará, según creo, quien acometa la cmpre~a de nuestro lado; del francés toca
hacerlo á Hans; tiene para ello condiciones espceiales de buena fe, de ciencia notable de los h1&gt;cho,,,
ele amor por el país en que comenzó Ht Yida de
soldado y de facilidad y limpidez ele estilo que le
son garantes del buen éxito. Ojalá. Ahora, lectore;, ramos Ít hablar de lo que pasa en el Exterior.
Tienen ustedes para bien saber y mejor entender .... . .

_j~J~

Patio di' la fábl'ica En el fondo el departamento donde comenzó el incendio.

tfetnando

359

EL MUNDO.

empezada con tan buen éxi~o &lt;;ontra la resistencia de los hombres, se contmuo más encarnizada
y sa.ngrienta co~tra la ma~e!ia inert~ y enemiga.
Diez, cien, doscientos, qllllllentos millones, nada

bastaba, aquellos arenales. absorbían el oro, como
Hoy que la gratitt~d de los accionistas del Canal
de Suez elern grandiosa estatua al prodigioso ingeniero y al fecundo é infatigable hombre de empresa, que rompiendo un istmo, corno Je un hachazo, m~dificó la C?~figuración del planeta y
transformo las cond1c1ones del comercio del
mundo; hoy, que una obra de reparación se lleva á cabo, lenmtando ante la posteridad la figura
del grande hombre sobre el océano de iniquidall
en que naufragó su prestigio, importa recordar
q:Uién fué el hombre y reavivar en la frágil memona de los hombres y para enseñanza de todos
el ejemplo de sus energías, de su labor inmensa.,
de sus luchas y de sus triunfos.
De L esseps, más que "gran francé~ " título
que justificadamente le otorgaran sus' con temporáneos, era francés completo, acabado tipo de
lo que de más noble, más grande y más 'brillante
tiene esa raza privilegiada. Era francés porque era
c'.1-ballcresco, gal~ntc y p_ulcro ;_ cuando el 4 ele Septwmbre, su amiga de mfancia, la Emperatriz
Eugenia, se Yió como )Iaría .Antonieta, sitiada
por una multitud indignada, ciega, dispuesta á
todas las Yiolencias y á todos los arrebatos, de
Lesseps, hendiendo la furiosa multitud Yino á las
'J'ullerías á ofrecer su brazo como apoyo y su pecho como escudo á la infortunada soberaP'l.
Ri era francés por lo c-aballcresco, lo era mús
ai'.m por el brillo de su talento, por el ímpetu de
su voluntad, por su desparpajo y su "cranerie''
para manejar hombre!', eosas y fortunas, y por
el carácter grandioso y altamente poético ele sus
eoncepcione~ técnicas. Romper un itsmo, comuntcar dos mares, di,:poner como un tábm,) el Jet ii.l
del canal de Suez al beso Í!l.t:111•&gt; v á la f 1:~d,a
completa de la ola amarga de! .\J c·.hirrrú n&lt;'O &lt;·r,·1
la onda i-alobre del }far Rojo, antes parece un
poema, una epope_ya., que :m hnrdo i.rr1u,1.in material. Ese carácter épico reYestían fos c·,rnquisl.13
napoleónicag y ese eBpleJHlor mágico el de,potismo
del Rey Sol, y esa grandiosidad, bien que trágica y sin ic~tra, los exce~os de la Gran He\'olución.
Grandiosas y bellas, tal es el carácter que el espíritu fran&lt;'('s da á todas sus concepciones y ]¡¡
energía francesa á todas sus ideas. La de Lesseps
era empre$a tan temeraria, al parecer, y al parecer también tan irrealizable, que cuando el Gran
Francés propu!'o eRe retoque á la ohra del Creador
y esa. portcnto!;;a ernlución al comercio uniYersal,
f'.C vió, como todos los genios, tratado ele iluso, y el
recelo, la dc•confianza, la sátira y ha~ta el anatema, se le atra,·e~aron al paso.
Lesseps, como Colón, hizo frente á la tempe,tad y persereró en ~u magna obra. Sedujo con
la magia ele im palabra la imaginación oriental
de Jsmail, recorrió Francia, hizo una propagan&lt;h
febril y pcr;,e,·erante, nucYO apó1'tol propagó la
fé )' dió al fin comienzo á sus tareas. La luc-ha

Estanques de aceite inctndiados.

El lunes 1t después de las diez de la noche se declaró un lncendlo en la Fábrica de Aceites de la f'alle de las Delicias negoclacllln de la que son doeftos los s
Go ál H
N b I te¡
n canll 'ad
de aceite depositada, 108 bomberos hábUmence d1rlgld01 cortaron el luego pocas horlU! después. Se eeiunan lae pérdldas'en máa de '50,000. Por esta cantidad ea~t! ase~tr:Ja J!i::'egoc~a~i~n":n
• gra

rocío. Ejércitos de trabajadores con la portentosa
artillería de una maquinaria formidable apenas
lograban arañar la rebelde corteza terrestre; el
istmo se defendía tenazmente contra aquella violación, ya era la roca dura é impenetrable que levantaba ante el trabajo de zapa reductos inexpugnables, ya la arena movediza que tendía redes y organizaba emboscadas y oponía el derrumbe y el hundimiento de los esfuerzos de la excavación; brotaban á veces las aguas subterráneas y
anegaban, inundaban y ahogaban los trabajos y á
los trabajadores. Aquello no era un canal, era un
abismo que había que colmar con oro. Inglaterra miraba aquel esfuerzo ciclópeo con irónicas
ojos y esperaba con burlona sonrisa el desastre.
De Lesseps se multiplicó ante el peligro y se
agigantó ante el obstáculo; la fecundidad de su
genio y de su saber técnico inventó recursos para
todos los eventos, soluciones para todos los problemas, teoremas para todos los cálculos. E l ingeniero vencería si el financiero combatía á su lado,
y Lesseps se hizo financiero el más fecundo, el más
ingenioso que puede darse. Inventó títulos cuya nomenclatura seria interminable, creó valores sin
cuento, ideó combinaciones :financieras prodigiosas; consumió un capital enorme, de imprevisible
magnitud y abrió al tráfico el canal en presencia de t estas coronadas con la bendición de obispos
y de gerarquías eclesiásticas y rodeado de cuanto de más grande é ilustre tenia entonces la Europa civilizada que aplaudía, incensaba y casi deificaba á aquel hombre.
Aquel opoteosis debía tener su cruel y doloroso reverso ; la materia vencida en Suez, tomaría
su revancha en Panamá y el vencedor de las
arenas del desierto, había de ser vencido por los
fangos del Chagres y los peñascales de la Culebra.
¿ Por los fangos y los peñascales? No; la justicia
histórica dirá que el coloso fué vencido por la
maldad y la corrupción de los hombres. Aquel
Austerlitz tuvo como epílogo un Waterloo, pero

Monumento e1·i9ido á Lesseps en Puerto Said.
no fueron un barranco y una escarpada meseta los
que obstruyeron y cortaron el camino del triunfo, fueron abismos de iniquidad y monst ruo~os
hacinamientos de vicios los que cerraran el paso
al triunfador de Suez é hicieron de Panam1 un
Waterloo.
Las finanzas salvaron la empresa de Suez, los
financieros hundieron á Lesseps en P·m:un!t, lo
saquearon, lo despojaron, lo arruinaron en complicidad con politicastros venales; y ese abismo es
incolmable, y ese buitre insaciable y si devoró
seiscientos millones sobre mil cutrocientos hubiera acabado por devorarlos todos y por vaciar la
alta :finanza y la baja política en sus cajas fuertes todas las medias de lana ele Francia.
El proceso de Lesseps no fué el ae 1m homhre,

fué como el de Galileo, el ele una época y el de
una institución. Condenado por los jueces salió
de la prueba engrandecido ante la opinión por
el injusto martirio; arrastró las gloriosas cadenas
de Colón, vistió un sambenito como Giordano
Bruno; pero la sentencia que no se atrevieron á
aplicarle le ungió vítima, sus ca,denas se transformaron en palmas y su coraza en laurel.
L os accionistas de Suez, enriquecidos por Lesseps. le levantan un monumento expiatorio y lo
rehabilitan ante la posteridad. Ese monumento
acabarán por hacerlo suyo Francia y la humanidad.
Dr, M. FLORES.

�m, HUNDO.

360

Domingo 17 de Diciembre de 181111.

ALREDEDORES DE

vomlngG 17 de Dlcíembre de 1899

EL MUNDO.

361

MEXICO.-TLALPAM.

1 ...

Antiguo c ·
z 3 G t
·
5. Alberca de la «F~ma ·Monta esa ,.ªm~n~:t1~- t.
~u; Y,tmdandan~ial de las Fuentes.-4. El canal de la «Fama Montañesa.»
11
,
uen es.- . v1 a a e .a casa de la Sra, Landa,-8. Ermita del Calvario.

1, Casa del 81·. Espinosa - 2

,1. Casa del L ic. Victoriano .Agüei•os.-2. Oasa del 81·. h·i~s.-.3. Una calle de '!~álpam. -4. Casa en q 1.1,e estuvo preso el libei·tador Morelos. Tiene una
lápida con za inscripción siguiente: «In Memonam. Esta fué tu prisión ¡oh gran sol~a~o! Por el crimen de habernos libe1·tado .»
fí. _ El Mercado én conslrucción. - 6, Oasa del Sr . Balme. - 7. El Mercado en ;,ervicio. -8. Detalle de la Alberca en ias Fuentes,

�Domingo l '7 de Diciembre de 1899

EL MUNDO,

362

de pie, con la cabeza erguida mostrando su obra gigantesca. La vista de esa
estatua disipa la atmósfera de tristeza
é incertidumbre dolorosa., que opacó los
últimos años del prodigioso Innovador.
Recordamos, sin quererlo, las fotografias que lo representaban, débil, paralitico, hundido en un sillón. Gracias
:l M. Fremlet y !l. la compañia, veril. el
r.. ,mdo al Fernando de Lesseps que fué
á, la vez una naturaleza tau enérgica y
un gran seductor: al "Gran Francés,"
erguido, glorioso, transfigurado, en el
teatro de sus proezas.
En la mano izquieraa tiene Lesseps
un plano, el del canal, tan fielmente reproducido en el bronce, que bastarfan
sus indicadones para hacer de nuevo
la obra.
En el pedestal se lee el nombre de
Lesseps, y más abajo, entre una corona,
la divisa "Aperire terrarn gentibus."
El monumento parece que surge del
brazo de mar formado por de Lesseps,
á la entrada del puerto.
La obra de Ifremiet fué conducida á
Puerto-Said por un buque inglés, porque ninguna compañia francesa se
atrevió íí transportar las enormes piezas de bronce. Amagado el buque por
una tempestad en el Golfo de Gascuiia,
regresó á Ing}aterra, para comprender
de nue,o su viaje que llevó íí cabo con
felicidad.

UNA INSTI'IUCION :MONASTICA
~)º(~

El P. BaiUy, director de «La Cruz,&gt;
senta la figura histórica del "Gran
Francés," asi es que sólo hablaremos
~)º(~
aqui del monumento que consagra á la
El 17 de Noviembre se inauguró en memoria del eminente Ingeniero la graPuerto Said la estatua de Lesseps, cos- titud de los accionistas del canal.
La estatua es obra del célebre escult eada por la Compañia del Canal de
tor Fremiet. Tiene siete metros de altuSuez.
En otro lugar se pubilca un artículo ra y se levanta sobre un pedestal de
en que el Doctor Manuel Flores, pre- ml'ls de diez metros. M. de Lesseps estl'l

LA ES 'l'A'IUADE M. DE LESSEFS

Acusados de conspiración los Padres
que dirigen "La casa de la buena prensa" de Parts, han recibido visita domiciliaria, en la que se dice que diez comisarios de policta encontraron la enorme suma de un millón ochocientos mil
francos, dentro de una caja de hierro.
Justa ó injusta la acusación, culpables ó inocentes los venerables Padres
de la Asunción, dueños y gerentes de
esa casa editorial, lo cierto es que la
institución que han fundado y que llega á un grado de prosperidad asombroso, despierta la curiosidad del mundo
civilizado, porque muestra uno de los
organismos Industriales m!í,s Importantes, puesto al servicio de la idea católica.
~·~
Los Padres de la Asunción ocupan
en Parfs, en el barrio de los Campos
Eltseos, la casa número 8 de la calle
de Francisco I y las que tienen los números 3 y 5 de la calle de Bayardo.
La sala de redacción de la casa es
muy vasta y trabajan en ella mlis
de cincuenta escritores de planta.
La imprenta est:l admirablemente
montada. Los talleres de composición

dan ocupación á m~s de cien sei'ioritas, obreras, aprend1ees y correctoras
bajo la dirección de Hermanas de ~
A:sunción. Los talleres de tiro tienen.
diez y nueve prensas de las mejores.
marcas y de los sitemas m!\s perfeccionados. En el subsuelo hay dos motores.
de vapor que mueven esas mli.quinas y
los dinamos de luz elcétrica, y un motor auxiliar de gas. En los talleres de,
fotograbado, de encuadernación y en.
los demás anexos, trabajan otras cien
mujeres. Por último, las oficinas de en_vfo y la administración, tienen un personal numeroso, organizado admirablemente. El efectivo total de empleados se ele,a á la cifra de quinientas..
personas.

e&gt;omtngo 17 de Diciembre de 1899.

363

EL MUNDO.

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¿ Qué relación puede haber entre un.

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establecimiento industrial de tan vastas proporciones y una comunidad religiosa? Héla a qui:
La idea de los fundadores de "La
casa de la buena prensa," se condensa
en los siguientes
términos:·
"Como la Iglesia tiene la facultad maravillosa de adaptar sus medios de acción á las exigencias de los tiempos, la
enseñam:a de la cátedra debe reforzarse con la propaganda por la prensa; al·
periódico propagandista de ideas sub-versivas. d~be oponerse el periódico sano." La empresa de los Padres de la·
Asunción, es la aplicación de esta fórmula.
Este es el origen de sus publicaciones
periódicas, veinticinco por todas, y de•
su diario de á cinco céntimos "La
Cruz."
Algunas cifras bastará.u para Indicar
el desarrollo y la gran prosperidad de·
esa casa. "El Peregrino," fundado en
1873,. tira 190,000 ejemplares: "Las·
Com·ersaciones Dominicales." 102.000;
"Las Vidas de los Santos." 500,000~
"La Cruz," fundada en 1883 y eser!:
ta á la manera de los diarios popularestiene un tiraje de 190,000 ejemplares~
"La Cruz del Domingo," con "El Labrador," para. los campesino!'(, tira ... .
520,000, y "La Cruz de los '.\farinos, . . .

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10,000.
Si á los periódicos, desde "El Cosmos," gran revista cientffica. hasta "Et
l\Ies Literario y pintoresco," y "Noel,"

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revista. infantil semanaria, se añaden
los libros, las estampas y las fotografías para proyecciones luminosas y clnematogr:íficas: si Ré considera que cada año hace circular la casa, ciento,
treinta millones de hojas impresas,
que todos los dfas le lleva el correo,
más de seiscientas cartas, y , por último, que con su personal administrativo y obrero, tiene cincuenta escritores de planta, na.die extrañará, onE&gt; los
reverendos Padres ocupen tres edificios
con su gran instalación.

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Imprenta de la «Casa de la buena prensa,&gt;

�364

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO

Domlncro 17 de Diciembre de 1899.

mente, algunas arrodilladas, con las manos juntas, mostrando al cielo sus cabelleras tronchadas ..
Un eg,pitán acercó su caballo:
-Todo está listo, mi coronel.
Los cabellos cortados ,estaban alineados por
tierra, formando cerco a la plaza, á semejanza
-de un cortejo de serpientes ....
El coronel, muy divertido, pasaba delante de
las caballerías, corriendo al trote. Tras de él
iban los soldados á caballo, y se complacían i"'ualroente viendo á las mujeres que en medio d~ sus
llantos, se cubrían la cabeza con sus pañoletas
v mantillas.
~ Los cabellos eran negros, y de ellos se exhalaba
un suave y dulce olor á jardín . ...
De pronto el coronel detuvo su caballo.
-¡Dragones! gritó.
Y luego, de un salto, se puso al frente de sus
soldados, diciéndoles:
-¡ Poned esas melenas en lo alto de vuestros
-cascos!
Un estallido de risa se alzó del escuadrón.
Todos á la vez, se avalanzaron sobre las cabelleras, y como las había en profusión, cada uno
tomó la suya. Las más eran sedosas, "infantiles,"
:si cabe la palabra, y ondulaban como en los campos el trigo; otras espesas y pesadas, que harían
inclinarse hacia atrás las cabezas de los guerreros.

LOS

PENACHOS

A principios de Diciembre, poco después de
Entre tanto, los grupos de mujeres llegaban
que Lannes saliera de Tarragona, un escuadrón como rebaños; las calles se inundaban de zagalede dragones entró á esta ciudad.
jos claros, y mil voces agudas llenaban el aire
Era un gran regimiento destrozado, aunque con improperios. Una vieja, con los brazos lepoco temeroso, diezmado por las emboscadas, tan vantados, chillaba más que nadie.
abatido por los sufrimientos, que la mayor parLos soldados escoltaban á aquellas infelices;
te de sus hombres parecían viejos. Preocupados las bonitas sonreían, pero casi todas caminaban
únicamente por la gloria, habían atravesado la • á viva fuerza, con los dedos engrifados, presas
Europa y, de 1805 á 1808, eran los últimos del An- de horrible desesperación. Al oir las carcajadas
tiguo Ejército, los que durante las marchas re- de los dragones, insultaban al coronel, y algunas,
ferían sus aventuras, contando á los quintos con más valientes, lanzábanle guijarros á la cara.
voz baja que temblaba todavía los terribles su-¡ En montón, en montón 1
cesos de Austerlitz.
Había algunas que daban el seno á sus chicuelos desnudos; otras con un santo furor sacu-&lt;:::&gt;-()..;:::,,
dían ~us vestidos. Se les seperaba de los' viejos
en
qmenes encontraban amparo, y de los niños á
-¡Alto!
Habían llegado á la plaza del mercado, rodeada los que infundían valor. Una muchacha se daba
de bajas casuchas. La ciudad parecía muerta. Sólo golpes en el pecho y las otras hacían con su sanse oían, de tiempo en tiempo, las pisadas de unos gre el signo de la cruz, arrojándole después sozuecos ferrados, la monótona canción de los bre los soldados; y la vieja gesticulaba y gritaba
arroyos que cruzaban la ciudad y el inmenso grito del viento de la montaña que soplaba á lo
lejos ....
-i Hola! dijo el coronel; que registren las
casas!
El tal coronel contaría á lo más unos treinta
años. Era delgado, rubio, y seguramente al fuego de los eombates había ido á buscar todas las
heridas que, de pies á cabeza; se ostentaban en su
cuerpo. Columpiándose nerviosamente en la silla
de su caballo, miraba hacia las puertas que los
soldados estaban ya demoliendo, y se acariciaba
sus rojos bigotazos atuzados á la "gauloise.'
-i Ah! con que se han encerrado esos brutos!
En efecto, mujeres, ancianos y niños se habían
encerrado en las casas al ver llegar á los dragones.
-¡Juntad á las mujeres! dijo el coronel.
El terror invadió todas las casas y la ciudad
entera abrió sus puertas.
-~o se encuentra ni un sólo hombre dijo
un oficial.
'
-¡Diablo! dijo otro, esto quiere decir que
se nos prepara una emboscada.

7

0

con una voz tan ronca y tan terrible, que á lo
lejos, entre los inmóviles pelotones, los caballos
espantados se encabritaban . ...
-¿Ya? preguntó el coronel, ¿ están aquí todas
las mujeres?
-Todas.
-Bien; id ahora por todas partes á buscar tijeras!
Varios soldados, guiados por tres de las muchachas menos furiosas, entraron á las casas,
volviendo á los pocos minutos.
Entonces el coronel se acercó á las mujere~
y tomando á una por el cuello, al mismo tiempo
que señalaba á las demás con un gesto :
-Cortadles á todas el cabello, dijo, sin excep·
tuar á ninguna y á raíz de la piel.
Y se echó á reír mientras subido en su caballo, que se impacientaba po; lanzarse á la carga, miraba en derredor á las mujeres.
Adivinando más que oyendo el mandato, éstal'
se lanzaron sobre los dragones, entregándose e11a~
mismas á las cortantes hojas de las tijeras. Ilubieran querido morir, pero sostenidas fuertemente, no pudieron moverse ya, y bien pronto, con lo,
cuellos inclinados, vieron sus hermosas cabelleras
caer por ti.erra .....
Se les cogía por el talle, haciéndolas adoptar
una postura que las obligaba á deponer el orgullo de sus altivas cabezas, y ellas entoncel'
mordían con rabia los puños de las espadas.
Sus gritos fueron inútiles. El coronel, desde
su caballo miraba que ninguna fuese exceptuad,1
y asistía con regocijo á la operación. De la nuca á la frente, los hermosos cabellos caían formando una cascada, los unos largos, tan largo~
que llegaban al suelo, los otros espesos y opnlentos; y todos caían, caían á los pies de los
soldados, como velos, como pesados paños que
resbalan ....
-¿Ya? preguntó de nuevo el coronel, ¿ están
ya tonsuradas todas las mujeres?
Sólo se oían los gritos de las infelices. La mayor parte de esas cabelleras estaban prometidas
á la Virgen. Las mujeres se quejaban dolorosa•

La tarde caía. A los débiles rayos de un sol
melancólico, estos hombres parecían ochocientos
fantasmas, y las cabelleras que fl.otahan sobre
,sus cascos, semejaban ochocientas fuente~ ue
·sangre negra .... Un viejo sargentrJ, de altura
prodigiosa, balanceaba en alto el hermo5o pena-cho. Otro llenó sus botas con una d.e aquellas
·cabelleras. Un subteniente separó en dos bandas
la que á él le tocara, y hundió en ella su rostro,
:aspirando con voluptuosidad su perfume, mientras reía de júbilo. Algunos soldados muy jóvenes,
-escogian las más hermosas y aspiraban también con
-delicia el suave alor que emanaba de ellas. Esto
duró una hora. Al fin los cascos estuvieron listos.
Estos cascos habían sido en otro tiempo "á la
Minerva," y estaban todos acribillados por las balas y los sablazos, habían cambiado de dueño más
de una vez; habían cruzado la Europa y, de 1805
.:á 1808, eran los últimos del Antiguo Ejército,
,que durante las marchas, posados ya otras cabeias, contaban á los asombrados ginetes el gran
;suceso de Austerlitz.

365

EL MUNDO.

Sonó de pronto, una trompeta.
Inmediatamente el regimiento se puso en marcha. Todos los soldados eran altos, y de sus penachos se exhalaba un aroma delicioso.
El coronel desenvainó su espada y se colocó á
la vanguardia. De pronto oyóse un grito, y una
vieja que salió de entre unos matorrales, echó á
correr tras de los caballos. Era la vieja que poco
antes gritaba enronquecida por el furor. Uno de
los soldados se detuvo para arrestarla, y como no
se le hubieren cortado los cabellos, el coronel exclamó:
-¡Y bien .... . .
Alguien proporcionó al pronto unas tijeras.
-Deprisa ..... .
Los cabellos blancos como la Jlleve, cayeron al
suelo.
-Para mi casco! se dijo el soldado.
Y colocó en él aquella cabelicr&lt;1. l~iai:ca qu&lt;' parecía nimbarlo con una luz suave. En me&lt;liú •~e l.t
confusión de los soldauos, la vieja se reYolv1a como
una leona herida.
-Xada importa, dijo el coron,_•J, v mirando hacia la montaña, agregó: alli eslarán sus hijos esperándonos en el desfiladero.
Y á su grito de ¡marchen! los escuadrones se
pusieron en movimiento pasando junto á las mujeres que con los puños apretados, les lanzaban mil
injurias.
Los viejos soldados pensaban en la emboscada de
la montaña, pero los jóvenes veían en su imaginación á sus madres y herma.nas. Uno de ellos volvió
el rostro hacia las mujeres, y casi llorando, les dirigió un saludo.
A la salida de Tarragona, las veredas no son anchas; hay que cruzar caminos erizados por los picos de las rocas.
El regimiento avanzó por un desfiladero, caminando así por espacio de una hora, entre la sombra
azulosa de una tarde fría, hacia la emboscada, hacia los españoles, sin duda hacia la muerte. Y quizá una de aquellas mujeres que !'le habían quedado
allá en la plaza, arrodillada y atenta, se P,mocíon:1.ba mirando á la tropa vagar por los montes, decreciendo poco á poco como una banda de pájaros que
van ele viaje, y entristecida, se preguntaba mirándolos, cuál de todas aquellas cabelleras que agitaba el viento, sería la suya .... . .

&lt;8uento&lt;1

8i3 Íanco&lt;1.

Una Vieja Historia

GEORGES D' ESP.\ ,ni Ea.
l")uesto que tú lo quieres, sea, i oh hermana armoniosa!
Pero créeme: ha mucho tiempo que de mi pluma huyó el perfume lilial; ha mucho tiempo que
mi pluma, de infatigable mariposa que era, revolando siempre en torno de todas los pensiles y libando en los cálices de todas las rosas, se ha trocado, fatalmente, en acero disector que sólo busca corazones que mondar y estados de conciencia que
sorprender.
~las no importa, amiga mía: cuando vienes á mí,
radiante con la núbil alegría de tus quince años,
dando al aire el áureo chorro de tus cabellos y dispersando saetas azules y húmedas con el arco augusto de tus cejas, no sé qué viejas remembrru1zas
se esperezan y cantan en el fondo de mi alma y no
sé qué fulgores alumbran las crecientes sombras ..... .
Y tú, no me temes porque sabes que no pido más
caricia á tus·eucantos que el inefable júbilo de verte vivir; porque sabes que para conmover mi pobre
espíritu, aún sembrado de i-omanticismos á pesar
de todo, me basta contemplar tu virginidad nimbada de divinas inconsciencias.
Y quieres cuentos . ... . Pues bien, para tí, es
preciso que mi pluma sea virgen y santa, amorosa
y pura, blanca y piadosa. Lo será, por arte ele tu
blancura y el.e tu pureza, por tus ojos color de cielo~ por tu frente de marfil, por tu boca de frambuesa, por el oro de tus cabellos ....
Y porque tú lo quieres, amiga armoniosa.

I
Esta es una vieja historia que en una tarde de
deshielo, mientras las alburas de la niern se manchaban ele lodo y los hielos del estanque se rompían con fragqres cristalinos, me fué narrada por
el vetusto, marmóreo Cupido de un parque muy
viejo y muy sombrío.
¿ Conoces tú esas estatuas de mármol, sucias y

�t •

EL MUNDO.

366

Domingo 17 de Diciembre de 1899

carcomidas por la lepra de los tiempos, que se es- no saben abstraerse en la contemplación de las co- jaron el cincel para acariciar la lira en cantos
conden en los recodos de los viejos parques? ¡Po- . sas silenciosas y quietas. Por lo demás, casi todos que solían empezar así:
"Ninón, rubia Ninón, mi .Amada, mi Delicia"
brecillas ! En sus pupil~ petrificadas, siempre he . los desocupados quieren ser poetas ó casi todos los
Cuando la piedra con sus rebeldías inconscie~:
creído hallar un amargo reproche; paréceme que poetas son desocupados: no lo sé de fijo. No me incuando allí fueron colocadas, para ornato de aque- . terrumpas y escucha: cuando se viene á un parque tes y purificadoras, detenía por un momento el
llos vastos asilos de amor, el enarcamiento de sus como este y en una tarde como esta, ó se viene á torrente de, . imp~tus con que el a~tista quería
labios debió ser más amable que el que hoy osten- cumplir mecánicamente un precepto higiénico ó hacer de 1Ill su obra maestra, Rogel10 no juraba
tan, y parecéme que hoy guardan un coraje pro- se viene á recrearse en tristezas y en despechos; y sino por Ninón. Y cuando quedé concluído y safundo y eterno contra estas nuevas generaciones como casi todos los hombres lloran desdichas de tisfecho él, para premiarse, como suprema reque no hemos sabido sorprender las delicias de la amor, y como todas las desdichas de amor tienen compensa, se atrevió á robar el primer casto
línea que recorta albamente los sombríos hacina- remedio, oye una historia que ha de servirte y beso á los frescos labios de su Ninón . ..
Y así pasó el tiempo .. .
que es tan vieja como la primavera y tan etermientos de las matas y de los arbustos.
Un día, como todavía hoy sucede, la sonronamente
nueva
como
la
prü.aavera
:
El Cupido de quien tengo la historia que voy á
saua_y pura Ninón fué puestai entre dos capas
11arrarte, habíase pasado luengos años inmóvil sode tierra para que durmiera el sueño eterno,
bre su pedestal, &lt;le suerte que sus ojos sin vida haIII
env11elta en las alburas de la batista y encebían visto ú muchas parejas enamoradas, y sus oírrada en una blanca caja, capitonada de raso.
dos de mármol habían escuchado los madrigales de '
Rogelio estaba inconsolable. Quiso hacerme pemás de diez generaciones. Había sido el confiden-:Ningún mozo ha amado tanto como amó
te forzado de más de un conflicto amoroso, y á sus Rogelio, e~ que me dió forma de la masa inex- dazos, porque decía que yo le recordaba su amor
pe,rdido. No sé por qué no lo hizo, pero dejó el
pies habían rodado las lágrimas de muchas vírge- . presiva de la piedra.
nes que hoy son polvo en las entrañas de la tierra,
Fué en los últ imos tiempos de los reyes ves- taller entre sollozos y por mucho tiempo no seny que, si vivieran, tendrían la suerte de contero- tidos de seda y de pelo empolvado, cuando gra- tí sobre mi dura epidermis más que la caricia
plarse entre nosotros en la veneranua calidad de ciosamente se reclinaba sobre las lises de Francia torturante del olvido y del polvo. .
Y volvió á pasar el tiempo .
bisabuelas.
la r.u bia. majestad de María .A.ntonieta y cuanUn día mi sueño fué interrumpido por un
.Aquella tarue de deshielo en que trabé relacio- . · do se presentía entre las vagas brumas del futuro,
- rumor de besos : Rogelio, el inconsolable Rogelio
nes con tan experimentado Cupido, r ecorria el · el pavoroso brillo de la cuchilla popular.
parque en pos de no importa qué quietudes, cuap.Rogelio amaba á una Ninón encantadora, son- amaba á otra, había olvidado á Ninón y se em~
do escuché un gemido, un gemido angustioso que rosada como un clavel y pura como azucena- briagaba de besos en unos labi.os nuevos!
Y mientras tanto, la pobre Ninón en su
perecía surgir del fondo de algún sepulcro milena- · (pensé en tí, oh her~ana armoniosa !)-y esa Nir io, y que detuvo mis pasos con el imperio de un nón ama:ba á Rogeho que era hermoso y gallar- tumba ....
conjuro mágico. Y, como era de rigor, lniré en do entre los gallardos y los hermosos.
IV
torno mío y no ví nada. Mas persistía la queja, y · La conoció durante un lninuetc campestre en
persistia de tal manera desgarradora que, en me- • los p, ados de Versalles y con ella danzó la paAl llegar aquí el relato del marmóreo Cupido
dio de mis propias tristezas, senti una piedad infi- vana, á los ojos del buen rey Luis que, al mi- un burgués cruzó las avenidas del parque y l¡
nita y me creí capaz del consuelo. ¿ Pero á quién rar tan apuesta pareja, tuvo una amplia sonri- estatuilla enmudeció.
consolar. si á nadie veía?
sa _de buen padre de sus pueblos y de cerrajero
Yo temblé, creyendo que no conocería ya el final de la historia. Pero cuando el burgués se
Seguí la dirección contraria al viento que en feh z.
sus vibrantes ondas traía. el gemido y tras mucho
Se amaron locamente. Ninón amaba á Rogelio hubo alejado, sonando su pesada cadena de oro
buscar. dí con un montón de nieve que envolvía co:1 el abandono y todas las timideces de los sobre la redondez de su enorme vientre intea-paren temen te alguna escultura. Escuché el sus- . primeros amores; le amaba con toda su alma na- rrogué al Cupido :
'
piro con mayor vehemencia, me acerqué más y da más:. así se ama por vez primera.
-¿ Y mientras tanto, qué sucedió á la pobre
más al níveo bloque y no dudé ya: de él partía la
Rogebo amaba á Ninón ... ¿cómo la amaba? Kinón en su tumba?
queja maravillosa que tan inoportunamente había Ah ! n? p0dré decírtelo : pero sus manos que en
-¡ Tenía frío !
roto el silencio vespertino del parque umbrío.
a9.uel entonces esculpían mis formas, tremaban
JUAN S.A.NCHBZ AZCON.A.
Empezaron mis manos á desgajar la nieve endu- sm cesar y alguna vez-¡ mira qué pícaro !-derecida, y poco á poco fué surgiendo la marmórea
escultura del Dios .A.lado, con su carcaj al hombro,
con su arco al cinto, con sus alitas frágiles y desplegadas.
o
Debieron mis ojos prenderse en ella con manifiesta estupefacción, porque, interrumpiendo
el gemido, surgió de la impasibilidad del mármol
una voz uniforme y pausada, y dijo :
.
-Se admira un hombre de que el mármol gima,
cuando la nieve lo profana? Sepan los hombr~s,
que cuando la piedra es símbolo, la piedra llora . ..
JUVENTUD DE MUS SI T

Año VI - Torno ll

México, Domingo 24 de Diciembre de 1899.

°"0-)0(°"0-

II
Y prosiguió de esta suerte el marmóreo Cupido
del bosque umbrío:
·
-Tu piedad es rara; es rara la piedad que liberta á los mármoles de los abrazamientos de la nieve.
Voy á premiarla . . .. ¿ Qué buscas en este parque
solitario en tarde de deshielo? Es evidente que no
Yienes á mover tus piernas ankylosadas nor el reuma ni á emancipar tu vientre de una indigestión
laboriosa, puesto que en tu testa no miro uno solo
de esos hilillos de plata que consigo traen semejantes sinsabores. Támpoco acudes á una cita de amor_,
porque los besos y los madrigales se entumecerían
en el frescor de este fin de invierno y en estos tiempos sólo se ama al calor de la chimenea. Ni higiénico ni erótico es tu paseo: luego eres poeta y vienes
á soñar tontamente, como todos los poetas.
-Pero,-dije entonces á la parlera estatuilla¿ no puede traerme aquí alguna otra causa ? ¿ Es
acaso preciso ser un enfermo á un amante ó un poeta para reco"!rer un parque?
El Cupido no contestó de pronto; su frente de
piedra pareció contraerse un momento, como por
una abstracción ó por una ofensa, y en la tersura
del mármol señalóse un reborde impoluto y opaco,
cual rastro de un cincel incipiente. Y con voz severa, con severa voz que luego fué dulcificándose
paulatinamente basta recobrar su extraña y rítmica monotonía, habló el Cupido en el silencio de la
tardemoribuncla,mientras algunos pájaros errantes
quejumbrosos y friolentos, entonaban vagamente,
allá en las alturas de la arboleda desnuda y albinegra, quién sabe qué plegarias vespertinas. Y dijo :
-Te quise llamar poeta, por no llamarte desocupado. Hoy sólo estos visitan los p~rques en_ tiempos de nieve, porque ya las generac10nes modernas

1

l\Iimi Pinson, la griseta
seductora,
arrulla, dulce y coqueta,
con su risa trina.dora
la juventud del poeta.
.Tunto !í su amada, el cantor
da al olvido
toda amargura y dolor,
al pie del rosal florido
donde mora un ruiseuor.
Y ella, con vivos fulgores
en los ojos,
al vate de sus amores
ofrece sus labios rojos
y una corona de flores.
Y á la luz de astros radiantes
y entre notas argentinas
tlel a,e, estallan triunfantes
las rotas frases divinas
Y el beso de los amantes.

------~-

---= - -

~

II

tarde resph1mleeiente
y aromada,
reclina el genio la frente
sobre el cabello esplendente
de su gentil adorttda;
cuando, envuelto en áurea bruma,
cruza el cielo
cisne blanco cual la espuma.
que, herido, pierde en su vuelo,
una ensangrentada pluma.
Con rápida sacudida
se alza el vate,
y ase, el alma conmovida,
la pluma en sangre teuida
cual lanza tras del combate.
Y arranca. de ella el tesoro
ele sus más tristes canciones,
bajo cuyas alas de oro
i,e anegan en dulce lloro
los dolientes corazones.
Agosto 97.
MANUEL REINA.
En

VIRGEN PALIDA
..,:::&gt;-)0(°"0Pfllida como una lila,
nevada gardenia en flor,
la neurótica vacila
entre el claustro y el amor.
Y cuando reza, medita,
6 los pétalos arranca

de nevada margarita,
por lo bella, por lo blanca,
La colocarfa yo:
en un verso 4e Verlaine,
en un lienzo de Watteau,
6 en un m!írmol de Rodin.
RUFINO BLANCO FAMBONA.

FLORES DE INVIERNO,

Ouadro de M. Simonidy,

Número 26

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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EL MUNDO.

366

Domingo 17 de Diciembre de 1899

carcomidas por la lepra de los tiempos, que se es- no saben abstraerse en la contemplación de las co- jaron el cincel para acariciar la lira en cantos
conden en los recodos de los viejos parques? ¡Po- . sas silenciosas y quietas. Por lo demás, casi todos que solían empezar así:
"Ninón, rubia Ninón, mi .Amada, mi Delicia"
brecillas ! En sus pupil~ petrificadas, siempre he . los desocupados quieren ser poetas ó casi todos los
Cuando la piedra con sus rebeldías inconscie~:
creído hallar un amargo reproche; paréceme que poetas son desocupados: no lo sé de fijo. No me incuando allí fueron colocadas, para ornato de aque- . terrumpas y escucha: cuando se viene á un parque tes y purificadoras, detenía por un momento el
llos vastos asilos de amor, el enarcamiento de sus como este y en una tarde como esta, ó se viene á torrente de, . imp~tus con que el a~tista quería
labios debió ser más amable que el que hoy osten- cumplir mecánicamente un precepto higiénico ó hacer de 1Ill su obra maestra, Rogel10 no juraba
tan, y parecéme que hoy guardan un coraje pro- se viene á recrearse en tristezas y en despechos; y sino por Ninón. Y cuando quedé concluído y safundo y eterno contra estas nuevas generaciones como casi todos los hombres lloran desdichas de tisfecho él, para premiarse, como suprema reque no hemos sabido sorprender las delicias de la amor, y como todas las desdichas de amor tienen compensa, se atrevió á robar el primer casto
línea que recorta albamente los sombríos hacina- remedio, oye una historia que ha de servirte y beso á los frescos labios de su Ninón . ..
Y así pasó el tiempo .. .
que es tan vieja como la primavera y tan etermientos de las matas y de los arbustos.
Un día, como todavía hoy sucede, la sonronamente
nueva
como
la
prü.aavera
:
El Cupido de quien tengo la historia que voy á
saua_y pura Ninón fué puestai entre dos capas
11arrarte, habíase pasado luengos años inmóvil sode tierra para que durmiera el sueño eterno,
bre su pedestal, &lt;le suerte que sus ojos sin vida haIII
env11elta en las alburas de la batista y encebían visto ú muchas parejas enamoradas, y sus oírrada en una blanca caja, capitonada de raso.
dos de mármol habían escuchado los madrigales de '
Rogelio estaba inconsolable. Quiso hacerme pemás de diez generaciones. Había sido el confiden-:Ningún mozo ha amado tanto como amó
te forzado de más de un conflicto amoroso, y á sus Rogelio, e~ que me dió forma de la masa inex- dazos, porque decía que yo le recordaba su amor
pe,rdido. No sé por qué no lo hizo, pero dejó el
pies habían rodado las lágrimas de muchas vírge- . presiva de la piedra.
nes que hoy son polvo en las entrañas de la tierra,
Fué en los últ imos tiempos de los reyes ves- taller entre sollozos y por mucho tiempo no seny que, si vivieran, tendrían la suerte de contero- tidos de seda y de pelo empolvado, cuando gra- tí sobre mi dura epidermis más que la caricia
plarse entre nosotros en la veneranua calidad de ciosamente se reclinaba sobre las lises de Francia torturante del olvido y del polvo. .
Y volvió á pasar el tiempo .
bisabuelas.
la r.u bia. majestad de María .A.ntonieta y cuanUn día mi sueño fué interrumpido por un
.Aquella tarue de deshielo en que trabé relacio- . · do se presentía entre las vagas brumas del futuro,
- rumor de besos : Rogelio, el inconsolable Rogelio
nes con tan experimentado Cupido, r ecorria el · el pavoroso brillo de la cuchilla popular.
parque en pos de no importa qué quietudes, cuap.Rogelio amaba á una Ninón encantadora, son- amaba á otra, había olvidado á Ninón y se em~
do escuché un gemido, un gemido angustioso que rosada como un clavel y pura como azucena- briagaba de besos en unos labi.os nuevos!
Y mientras tanto, la pobre Ninón en su
perecía surgir del fondo de algún sepulcro milena- · (pensé en tí, oh her~ana armoniosa !)-y esa Nir io, y que detuvo mis pasos con el imperio de un nón ama:ba á Rogeho que era hermoso y gallar- tumba ....
conjuro mágico. Y, como era de rigor, lniré en do entre los gallardos y los hermosos.
IV
torno mío y no ví nada. Mas persistía la queja, y · La conoció durante un lninuetc campestre en
persistia de tal manera desgarradora que, en me- • los p, ados de Versalles y con ella danzó la paAl llegar aquí el relato del marmóreo Cupido
dio de mis propias tristezas, senti una piedad infi- vana, á los ojos del buen rey Luis que, al mi- un burgués cruzó las avenidas del parque y l¡
nita y me creí capaz del consuelo. ¿ Pero á quién rar tan apuesta pareja, tuvo una amplia sonri- estatuilla enmudeció.
consolar. si á nadie veía?
sa _de buen padre de sus pueblos y de cerrajero
Yo temblé, creyendo que no conocería ya el final de la historia. Pero cuando el burgués se
Seguí la dirección contraria al viento que en feh z.
sus vibrantes ondas traía. el gemido y tras mucho
Se amaron locamente. Ninón amaba á Rogelio hubo alejado, sonando su pesada cadena de oro
buscar. dí con un montón de nieve que envolvía co:1 el abandono y todas las timideces de los sobre la redondez de su enorme vientre intea-paren temen te alguna escultura. Escuché el sus- . primeros amores; le amaba con toda su alma na- rrogué al Cupido :
'
piro con mayor vehemencia, me acerqué más y da más:. así se ama por vez primera.
-¿ Y mientras tanto, qué sucedió á la pobre
más al níveo bloque y no dudé ya: de él partía la
Rogebo amaba á Ninón ... ¿cómo la amaba? Kinón en su tumba?
queja maravillosa que tan inoportunamente había Ah ! n? p0dré decírtelo : pero sus manos que en
-¡ Tenía frío !
roto el silencio vespertino del parque umbrío.
a9.uel entonces esculpían mis formas, tremaban
JUAN S.A.NCHBZ AZCON.A.
Empezaron mis manos á desgajar la nieve endu- sm cesar y alguna vez-¡ mira qué pícaro !-derecida, y poco á poco fué surgiendo la marmórea
escultura del Dios .A.lado, con su carcaj al hombro,
con su arco al cinto, con sus alitas frágiles y desplegadas.
o
Debieron mis ojos prenderse en ella con manifiesta estupefacción, porque, interrumpiendo
el gemido, surgió de la impasibilidad del mármol
una voz uniforme y pausada, y dijo :
.
-Se admira un hombre de que el mármol gima,
cuando la nieve lo profana? Sepan los hombr~s,
que cuando la piedra es símbolo, la piedra llora . ..
JUVENTUD DE MUS SI T

Año VI - Torno ll

México, Domingo 24 de Diciembre de 1899.

°"0-)0(°"0-

II
Y prosiguió de esta suerte el marmóreo Cupido
del bosque umbrío:
·
-Tu piedad es rara; es rara la piedad que liberta á los mármoles de los abrazamientos de la nieve.
Voy á premiarla . . .. ¿ Qué buscas en este parque
solitario en tarde de deshielo? Es evidente que no
Yienes á mover tus piernas ankylosadas nor el reuma ni á emancipar tu vientre de una indigestión
laboriosa, puesto que en tu testa no miro uno solo
de esos hilillos de plata que consigo traen semejantes sinsabores. Támpoco acudes á una cita de amor_,
porque los besos y los madrigales se entumecerían
en el frescor de este fin de invierno y en estos tiempos sólo se ama al calor de la chimenea. Ni higiénico ni erótico es tu paseo: luego eres poeta y vienes
á soñar tontamente, como todos los poetas.
-Pero,-dije entonces á la parlera estatuilla¿ no puede traerme aquí alguna otra causa ? ¿ Es
acaso preciso ser un enfermo á un amante ó un poeta para reco"!rer un parque?
El Cupido no contestó de pronto; su frente de
piedra pareció contraerse un momento, como por
una abstracción ó por una ofensa, y en la tersura
del mármol señalóse un reborde impoluto y opaco,
cual rastro de un cincel incipiente. Y con voz severa, con severa voz que luego fué dulcificándose
paulatinamente basta recobrar su extraña y rítmica monotonía, habló el Cupido en el silencio de la
tardemoribuncla,mientras algunos pájaros errantes
quejumbrosos y friolentos, entonaban vagamente,
allá en las alturas de la arboleda desnuda y albinegra, quién sabe qué plegarias vespertinas. Y dijo :
-Te quise llamar poeta, por no llamarte desocupado. Hoy sólo estos visitan los p~rques en_ tiempos de nieve, porque ya las generac10nes modernas

1

l\Iimi Pinson, la griseta
seductora,
arrulla, dulce y coqueta,
con su risa trina.dora
la juventud del poeta.
.Tunto !í su amada, el cantor
da al olvido
toda amargura y dolor,
al pie del rosal florido
donde mora un ruiseuor.
Y ella, con vivos fulgores
en los ojos,
al vate de sus amores
ofrece sus labios rojos
y una corona de flores.
Y á la luz de astros radiantes
y entre notas argentinas
tlel a,e, estallan triunfantes
las rotas frases divinas
Y el beso de los amantes.

------~-

---= - -

~

II

tarde resph1mleeiente
y aromada,
reclina el genio la frente
sobre el cabello esplendente
de su gentil adorttda;
cuando, envuelto en áurea bruma,
cruza el cielo
cisne blanco cual la espuma.
que, herido, pierde en su vuelo,
una ensangrentada pluma.
Con rápida sacudida
se alza el vate,
y ase, el alma conmovida,
la pluma en sangre teuida
cual lanza tras del combate.
Y arranca. de ella el tesoro
ele sus más tristes canciones,
bajo cuyas alas de oro
i,e anegan en dulce lloro
los dolientes corazones.
Agosto 97.
MANUEL REINA.
En

VIRGEN PALIDA
..,:::&gt;-)0(°"0Pfllida como una lila,
nevada gardenia en flor,
la neurótica vacila
entre el claustro y el amor.
Y cuando reza, medita,
6 los pétalos arranca

de nevada margarita,
por lo bella, por lo blanca,
La colocarfa yo:
en un verso 4e Verlaine,
en un lienzo de Watteau,
6 en un m!írmol de Rodin.
RUFINO BLANCO FAMBONA.

FLORES DE INVIERNO,

Ouadro de M. Simonidy,

Número 26

�...
368

Director: LIC. RAFAEL REYES SPDDOLA.

---------------------------------------------

A1;1taño, era es~a una temporada de jolgorio
contmuo, nueve dias de apuros y trajines ví,,peras
de otras tantas noches de fie,tas alegres en las
cuales no faltaban, por supuesto, su hora de rezar, su r~to de concierto, y un resto de baile para
que lo~ Jóvenes quedaran contentos.
~~é~1co se divertía en masa, el )léxico aquel ele
la_ Cmd_ad de los palacios," el de las calles con
canos abiertos, y empedrado común más lleno de
escarpaduras que una montaña, el de las ventana•
con r ejas ele prisión y los balcones con toscos ba:
randales, el de loJ faroles colgados en m edio de las
calles, el de las puertas claveteadas; ese :\léxico
que ~ontemplamos con cierta curiosidad risueña
al hoJ;ª~ cualquier libro viejo, y detenernos ant~
una, lam_ma de dibuj,o _algo infantil y perspectiva
conv en c1onal, ese ::\Iex1co que vive en los artículo~ de P ayno y _de Zamacois, en los versos de Juan
D 1az Cobarrubrn~ ~· en la " Linterna )Iágica" de
Facundo; ese Mex1co que se va delineando ante
n_oso~ros con precisión fotográfi&lt;'a, cuando en el
rmcon del estrado cursi, fuera de la charla loca de
l~s _muchachas, y de la grave conver sación de los
v!eJos, nos ponemos á echar palique con la más anr~ana de la casa, una viejecita de rostro rugoso baj" la~ clos blancas ondas del peinado, de mascada
colorida sobr~ el to!so enjuto, la cual nos cuenta
e1_1 su lenguaJe sencillo y pintoresco, lleno de modismos Y adagios, y mientras sostien e en la mano
hu_esos_a Y declamatoria una colilla humeante, los
episodios y costumbres de aquella época maliciosamente c~ndida é inocentemente supe;sticiosr..
Era el tiempo de las "Posadas " el tiempo go1,oso de los "peregrinos," las noches de procesión
casera en qu~ se cantaban las letanías y los villancicos, acompanados de los pitos de caña de los much~chos, fos panderos de los papás, y las risas y cuchicheos de los novios.
Entonces toda la tarde era animación y bullicio.
La Plaza de Armas parecía un mar agitado en el
que flotaban-mástiles verdes-las ramas del pino
chorreando _hebras de h eno; se balanceaban las
barracas baJo las cuales se guarecían cordilleras
d~ confites como pequeños volcanes cubiertos de
meve, ó a_ltos d~ pastillas como montones de piedras preciosas, o filas de pereg rinos, en supuesta
mar~ha por los pedazo_s de co_rteza de árbol, rocas
fingidas de aquel cammo fatigoso; gritos de los
vendedores, tumulto y batahola, ansia de lleo-ar
/i la casa par~ colocar el " Uisterio," dentro de las
ª!c.adas de pmo y he~o, puestas en el lu,e-ar mas
v1s1ble de la sala; gorJeos de los niños entusiasmo
de los g:randes y animación y tumulto por todos
los ba_rrios de la Ciudad; eso era la tarde de aquellos dias.
Por las noches las calles quedaban solas, alum-bradas por la lu~ ?lanca de los astros-en ,\léxico
l~s noches de D1CJembre son la primavera de los
ci_elos~y por los faroles colocados de distancia en
d1st_al!c1a, que derramaban una luz tan macilenta
Y debil que más parecían lámparas de ~,illa ue
n? representantes del alumbrado público:Pero\o
bien sonaban las ocho en los r elojes de la ciudad,
cuando de las c~sas cerradas, altas y bajas, &lt;'hiras
y grandes, surgia la salva de las "posadas:" un
regu~ro de c?hetes que rayaban la atmósfera con
caprichosa~ hneas de oro; una flora aérea, luminosa y ~~imera; rosetones carmesíes, ramilletes
azules. lmos de llama deshojándose en el viento.
. y el transeunte sol? que caminaba por la desierta acer~, ,tal vez sm familia, sin hogar y sin
amor, per c1b1a brotando en una onda de gozo de
cada ventana, d~ cada puerta, de cada case. et' ru,..
m?r. de las or~c10nes, los acordes de cristal de las
mus1cas, las risas de los niños y los suspiros de los
enamorados.

- Hoy au~ queremos retener esas costumbres que
ano por ano están más leios de nosotros· aun hav
"puestos" frente á la Alameda, y "po;adas" en

EL MUNDO.
las casas de nosotros los burgueses; pero ya en los
puestos hay pocos peregrinos, y en las "po~adas"
no se cantan vi)lanciccs. Esta animación que ahora tenemos no es fresca, es recalentada. Hemos
perdido el entusiasmo, como hemos perdido otras
muchas cosas.

Estas noches de i11Yierno empapadas de azul
con salpica~uras de astros s~n muy hermosas, so~
lo que, como los alfileres del frío asaetan en o-randes puñados las carnes descubiertas, muy pocos
transeuntes se atreYen á cruzar bajo el toldo Lliáfano &lt;le los cielos, las calles .de la capital.
Xo hien principia á caer la sombra, cuando se
va q~edan&lt;lo de_sierta la vía pública; en la gran
avemda l_~s cornll?s de los elegantes se desgranan,
la l'.roces10~ qu e nene del paseo se rompe y bifurca a cada mstante y h ronda de luciérnagas que
fosforece desde la Calzada de la Reforma hasta el
fin de la "gra!1 a_rteria," se derrama por las calles
transversales md1cando el rumbo de los carruajes.
Y queda únicamente brillando por un momento
sobre el crepúsculo de cris~al del Ocaso, la aguja
de uno que otro campanario con su toque (le Juz
en el remate.
Per? ya s:&gt;bre el plano obscuro de las fachadas
se en cienden los escaparates de las tiendas marcos de resplandor amarillo, tras los cuales lu~e una
fantasmagoría de colores; los cambiantes de las telas1 _la desl~m brante rutilación üe las joyas, los
gumapos brillantes de los juo-uetes v los reflejos
de raleidoscopio de las botell~s.
' •
·
Entretanto los huevos de leche de la luz
eléctrica arrojan su claridad temblona v linda hacia el cordaje aéreo del telégrafo. La decoración es
bella, pero le falta movimiento y vida.
"Ya las parejas de enamorados no van como en
pr1maYera á pasear su felicidad á la ca.ida de la
tarde y á decirse ternezas, aisladas entre la multitud inquieta.
A las nueve ele la noche ya no "flanean" los niños, c_antando sob~e las aceras rebosantes; ya no
se detien en las muJeres hermosas en bandas risueñas, soñando con los ojos entornados ante las telas y los encajes fantásticos ele los escaparates.
Y cuando el reloj de la Catedral da las diez ele la
noche, n o Quedan en las am_Plias avenidas más que
uno que otro gru_p? de ebrios, alguna mujerzuela
rezagada que va tmtando nor el arroyo desierto, y
alguno que otro enamorado escondido en el vano
obscuN de la fachada. .
La ciudad queda silenciosa v triste. Sólo las esfrellasrien en la transparencia infinita ele los cielos.
Xacla palpiti1 en el sutil cortinaje del viento. Acaso
el poeta. vidente que vela, sorprende rastros de
almas y huellas de oraciones en la diafanidad del
amhiente.
Sin embargo. hay seres que no se preocupan
del invierno ni procuran calentar sus ulaceres
junto á la lumbre del bogar t ranquilo.
Los ''bars" abiertos durante la noche arrojan á la vía su cudrilútero de fulgor amarillo. De
allí salen, como de una hornaza diabólica la carcajada cínica y la palabra brutal y obsc~na.
Es el antro de los desterrados ·del amor y de
la virtud.
Y si leYemente, por un ra~go de malsana curiosida.d, entrea_brís Jevem_en te la vidriera, podéis
v~r en un ~meón 1ummoso estP. personaje invariable. Es viejo, decrépito, sucio, macilento. En- ·
tre. una b~rba hirsuta de canas amarillentas y
lacrns, gesticula con dolorosa E&gt;xpresión la boca
desdentada. Sobre la palidez de los pómulos asoma una manc~a cárde~'l y tras los opacos vidrios
de tm?s anteoJOS de barillas torcidas, chispean bajo
las CeJas ásperas y blancas, las pupilas claras y vivas, como dos puas de acero.
·
Alrededor de la mesa ele e~te patriarca del
alcohol, se_ agrupan unas cuantas caras estúpidas y nerviosas que parecen iluminadas por la
llama verde de un ponche invisible.
. Cerrad. Allí no hay aleirría sana. ¿ Que oís tambi~n algazara y risas? Son las tristezas que se embriagan.
Seguid por las calles solitarias. Ya nadie pasa.
Y no es que clue:r:man los habitantes ele e,ta riuclad abandonada, es que el amor bueno se ha queen casa para bendecir el in vierno que
Junta las bocas y las almas .. . . .

?ªªº

Domtni?o 24 de Diclemhre rle l ll!li.

Domingo 2 4 de Diciembre de 1899

Los niños han escrito muchas cartas y los h
bres sonreímos. Estos pequeüos sOJiRdor·eº 1 om.11
.
'
~ te marav1 as nos contagian con su fe inocent e },'
b 1,
d
. .n CiH1a
a_ con, enA ?ªt· ª, vedntana, ur1 zapa tito e~pera el
mi1agro. sis ira, e seguro S:rn ta Cla u, : 1
cita misterio,;a. De allá \'eil(l;..-t • del Ori·e tH, ,i .1
·el ·
' '
n e azu 1
empah ec1do por un~ serena fulgeucia y atrave8 ar.i
con. su ma~to amarillo, su_ barha de niC\·e . sa
goria ele mgromante
la crndacl Jormi•,',
1.1- 1Y)e1&gt;e
•
t ~-aer, comdo s1em~re, un cargamento de c: huchcrias, q~e es(1e leJos, en la marcha apresurach á
la claridad blanca de las estrellas brill•1 r:111 '.
. t sment e como un eJérc1t.o
· · &lt;le luciérnao-as
'
' ' ,lllqure
,
,.. .•,, o
t an]aran en aparec~r •obre la esfumada cre~tería
q ue r ecor tat el ho~JZonte, reflejos de acero, astíl1as e1e p1a a y relampagos
fran'eados
de m:it·l('C,;
. .
J
como pe dazos de iris roto.
.
Espera á tu regio protector, za.patiHa charola&lt;l,1
que, cuelga_s, del barandal, l_anzando brillos d!!lce~,
y tu tambien, obscura botita de tacón o-astado
·
pun t a roi'd a ~ e1unesca,
y todos los quei:, curiosa-v
~1ente asom~1s por entre las brumas de las rcJ~,. como atisbando en la remota perspectiva ];1
sub1ta y _d e,lumbradora aparición; esperad la hora anuncrnda, en el mi•terio de la noche
)':__en el fondo de cad~ _uno. de rnsotros, pt•quenmes en vela, _qt~e habeis deJa&lt;lo la tibieza de
la alcoha por recibir los premios relesiillles. el
a~ba sorprender-á el juguete, la moneda ó la o-:&gt;losma.
i:,
Y o sé bie~ qu~ las manos de los ángel e, preparan esta ~1len c1osa '·kerme~sc" de la inorenria.
¡Oh, es c1ert? ! Ya por el mar azul profundo
de la noche. vienen bogando ''barcas de cr:~tal
llenas de lirios" ....

t

d;

r

Dejemos la descripción de la fiebre taurin&lt;i para otra vez. Que no se interrumpan egtas HneP~
serenas con aquellos alborotadores r ecuerdos. El
entusiasmo r ayó en frenética locura.
No mezclemos al azul del cielo el púrpura de
sangre.
::N"o falta rá lu ~ar. Y además, acaba de pisar e~ta
tierra María Guerrero. Pongámonos en pie 1n r;i
saludar al Arte excelso .... .
LUIS G. U RBIXA.

LA BENEFICENCIA PRIVADA.
Nada fija mejor el nivel &lt;le civilización &lt;le
los pueblos, que la organización de las instituciones de beneficencia. L os pueblos primitivos, h~
hordas salvajes, las tril&gt;us nómadas, desconocen d.:
t~do punto la caridad y ni la practican entre si
m menos aun con los extraños. En muchas de esas
agrupaciones, lejos de amparar y defender al in~á~~o, al enfermo, al anciano, se ies sacrifica por
mutiles y onerosos. En áspera y cotidiana luchil
por la vida, esos hombres se deshacen de tod,1
"impedimenta," aligeran lo más que pueden la carga, sueltan lastre para mejor marchar y ya, como en Esparta, sacrifictn al niño deforme, y.1
como en China, ahogan al hijo sobrante, ya conu
en la India, instituyen para las viudas el deber de morir con el esposo que las mantiene, y.i
coro~ entre las canacas, suprimen del catálogo al
ve~c1do de la existencia y asan y condimen tan
en barbacoa á sus padres ancianos ó á sus nudres impotentes.
Con los progresos de la civilización estas costumbres salvajes y menos que animales, se dulcifican; la caridad reviste la forma negativa de 110
dañar; para pasar más tarde á la forma positiva y activa de hacer el bien. Son los potentado:;
de la tierra, los monarcas, las castas pri,·ilegiada~,
las únicas ricas y poderosas, las que fundan !ns
instituciones de beneficencia, las que crean asilos, hospitales, orfanatorios, las que distribuyen í1
la puerta de claustros y palacios las migajas tle
sus banquet~s y los restos de sus festines. En
Ro~- se distribuye trigo á la plebe romana_ .Y I_J
solicitud de los poderes públicos va hasta mstituir el circo gratuito para solaz del público; en
la España medio eval al rededor de cada convento pululan mendigos á quienes se ctiEtribuycn
vi veres; los señores feudales van siempre rode~dos de parásitos, á quienes mantienen y dan 1:mosna.

~ os_ monarcas absolutos suelen mostrarse esplcnd1d~s
fundan gr~ndes in,tituciones de beneficencia de _su prop10 peculio., (léase del fruto ~e sus exaccio~es) p~ro la caridad privada langmdec~, apenas s1 se eJerce de la mano á la man?, baJo. la forma ele pobr~s y_ raras limosnas, ó
bien, b~JO _la
una hosp1tahclad momentá nea
y transit,oria. Y no \rnede ser de otro moclo bajo
esos r eg1menes, 1a riqueza pública está concentrada, la monorolizan contadas JJersonas V el resto es P?bre, miser~ble, casi mendigo.
•
De tiempo e~ tiempo ~urgen filántropos eminentes, como V1ce1;1te de Paul, como Carlos Borromeo, q1;1e mendigan para l0s pobres, que piden y obtienen, y con ello fundan instituciones
benéfic~s sin llepar, á pesar ele sus esfuerzos, á
ge~eral1zaclas ~ a promover acentuado movimiento
privado en su favor.
La caridad_ priva~a no se generali za, fortifica
y_ pr?spera, smo baJO el régimen industrial que
d.stribuye en muchas manos una inmensa riqu;za1 que crea burgueses má; opulentos que
prmc1pes, que unge reyes del oro del fü,rro del
carbón, ~el trigo á_ innumerable~ particul~res,
que desvmcula la riqueza ele mrnos de ks castas
privilegiadas y la difunde á torrentes en la masa
de los pueblos.
En csh1s rondiciones el archi1:1illof'll!,:,1 ']t,c 11'.l
luchado, t rabajado y sufrido y que ha acumulado
tesoros Pª~- sin transición y sin l'Onciencia, casi
de la avaricia á la generosiclacl, de la codicia
al ~esprendimiento, de la "tominería" á la prodigahda~. Al período de w ncentración y de acumulación sucede el de expansión y distribución.
Saciada su ambición, atesorados los caudales conj 1:1~ado todo peligro de miseria, allegadas probabilidades de mayor lucro, el millonario comienza á perc_ibir que hav seres oue sufren, que hay
dolores_ sm consuelo, penas sin r ecompensa, lab?res _s m fruto, y oue el comb11te en que él salió
victonoso, ha dejad_o tendidos en el campo
mucl~os luc)rndores sm f?rtuna, muchos paladines sm gloria; que otros, m~uficientemente armados, se aprestan á una lucha en que sólo les espera la derrota. El potentado abre entonces sus
cajas, prodiga á manos llenas lo yue acumló gran o á grano, funda hospitales para los herid:is
en la pelea, asilos para los inutilizados en la
campaña, escuelas para armar á los inermes; y
como los potentados nululan y los millonarios se
hacen incontables, la caridad privada extraofici~l, pr~spera, se prodiga y alcanza p~oporciones maud1tas y refinamientos sibaríticos.
Tal pasa en Francia, en Inglaterra, en ~orteAmérica. Ya es la baronesa ~ataniel ele Rostchild que lega millones y millones á la beneficencia; ya la señ ora Hea;t, que funda una Universid!!d; ya otras mil qu e crean ho$pitales sunt uosos como palacios, que levantan y sostienen escuelas monumentales y que organizan soberbias
ambulancias en caso de guerra.
Tal comienza ya á pasar entre nosotros como
consecuencia natur11 l de nuestra prosperidad y
&lt;l~l aumento y di fusión de nuestra riqueza.
Siempre hemos sido caritativos de la mano á lamano; pero desde la conquista hasta la r eforma fueron
los gobiernos, el clero -:y contacl0• magnates quienes hicieron importantes fundacione, benéficas.
Cortés fundó el Hospital ele Jesús; Lorenzana,
La Cuna; muchos ho•pita les el clero y el gobierno; }faximiliano ó más bien Carlota, "La ~fatern idad ;" alg,:¡TIOS mineros r icos como Borda, instituciones de importancia,
.
Después de la Reforma las fundaciones piadoi:as de origen privado fueron nocas; pero no esrasearon las de origen oficial. La ::\Iaternidacl de
Puebla es privada; l a Casa Amiga de la Obren1. también, a,t como los asilos de Colón ~f
rl_e Mendigos. Con esas instituciones uareció ini":ar~E' un r enacimiento de la car idad, v el Asilo
de Niños que acaba de fundarse en el Saltillo
e~ ele ello uTJa prueba. Un :filántropo sin hijos
nuiso hacer el bien á los hijos agenos, y con
~~gró closcientosmil pesos á fundar un asilo modelo
rl" la infancia, con todo el confort y el refinaT'' 'Pnto ele exigencias que h ubiera. Querido ofre"~r 4 su propia prole. Bn él vivirán "en familia"
l 0 R huérfanos, los abandonados y los deshereclMlo&lt;&gt;. Serán pocos para que puedan estar bien
noisticlns v recibirán no sólo l a cas'l, el vestido. el surtento y maternales cuidados, sine
t 11m bién enseñama que eleve su nivel moral Y
los arme ele p1mta en blanco para afrontt.r la
lucha por la vida.

l
1

1

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1

1

'1

J

369

mr, Jm-lff&gt;O.

Grande obra y gran ejemplo; todo corazón 110ble debe conservar el nombre de ese noble filánatr opo que no sólo supo ser espléndido para
con _la orfan_da&lt;l, sino que supo dar á su filantrop1a la meJor de las orientaciones. Xo hay forma &lt;le caridad m~s tierna, más noble y más pura,
que la que se eJerce con la niñez.

~ ---PROF.t.:TAS ENGAIAI03.
-&lt;::&gt;)O(-&lt;::&gt;
Los enemigos declarados .de los caminos de hierro neg~ban á é3tos toda importancia comercial,
estr atégica, etc., por la razón (para ellos incontrover tible) de que las máqumas no alcanzarían la
deseada perfección para correr con gran velocidad
Y que _no era posible que prosperasen.
'
i 9mén les hubiera dicho que antes de morir
el siglo hablan de llegar á ser los ferrocarrile" el
factor más importante clel moderno pr ogreso
En nada acertaron. . . Consideraban el mavor
~le los abrnrclos pretender_ que los trenes sobrepuJaran en un doble la velocidad de las diligencias ..
Y he_ aouí _la progresión que ha resultado del perfecc1onanúento de las máquinas :
En el año de J825 recorrían en una hora las
locomotoras 9 kilómetros. En 1829, 25 kilómetros. En 183-!, 34 kilómetros. En 1838, 51 kilómetrcs. En 1839, 62, kilómetros. En 1868 (tipo
Crampton) 70 á 80 kilómetros. En 1899 9o'y más
kilómetros.
'
El tren que recorre el trayecto de Farfar á
Perth (Escocia) devora una distanem de 52'29 kilómetros en 33 minutos; unos 95 kilómetr os por
hora.
i Y aún se pretende duplicar esta velocidad
en?rme, suprimiendo en los trenes todo objeto
sahente que oponga resistencia al aire!
K o hay para qué hablar del inmenso desarrollo
alcan~~clo por est,e medio .de_ locomoción, que va
adqumendo d~ d1a en día gigantesras proporciones; baste decir que solamente en Alemania se fabric~n al año 1,500 locomotoras, y que en la a&lt;·tuahdad la longitud de las vías férreas en serYirio. es tal. que "podría" tenderse con ellas una
"doble" vía desde el planeta á sn satélite.
Si tan equivocadamente discurrían los sabios
;. oué extraño es que el vulgo se mostrase acérrimo enrmi!rn de los ferrocarrilE's?
_ En tod?s los naíses, y espe_cialmente en Espana. las primeras locomotor11s rnfuniliernn al pueblo ve~dadero terror, en parte justificado, porque
(s~a. dicho, d~ paso) la imperfección de las prim1tiva~ maqumaR y sus acce~orios, coches, frenos,
Ptc.. &lt;'&lt;'11sionab'l frecuentes de,rarrilamientos . . ..
I~a regla general era seguir viajando en diligencia, más cara, más lenta v m:Í&lt;; incómoda que los
trenes. pero en cambio más ~einrra.
AdPmás. clecíaf'P que el eqtablecimiento ele laR
vías -frrrea, haría imoosib1es 1~ pa1;tos: que el humo :l~ l"" loco1:1otoras envenenqr[a el aire; que
mor1nlll lo• pá1aroq; que ht:; chispas cfo las m.íquinas incenc1iarían los poblados y caseríos, por cerca de los cuales pasa,e el ferrocarril; que qued,,rían en la m:seria infinidad de arrieros, carreros
m:worales. nosaclero&lt;&gt; v empr esarios de coches . ..
Tan arrlligadas estaban estas creencias, que mnchos pueblos de no escaso vecindario, se opusieron ron inusitada tenaridad á que pasara por su
término tal ó cual vía férrea en proyecto.
Fiemplo ele est!l irra&lt;'iomil te•tiiruclez tenemos
en Fraga, importante nohlación de la provincia de
Hnesca. que hizo sobr&lt;'humimos esfuerzos para
evitar que pa~ara por allí el ferrocarril, y sil} él
,-i!{lle á estas horas. habiendo crnedailn rezagada v
"fuera ile concurso" entre otro,- pueblos que van
rreciendo v prosperando. I &lt;rUal lamentable condurh1 siITT.JÍÓ Carmona, (Sevi1111.) y cu&lt;indo "volvió en
sí," despuPs de ver oue se iba· queilanclo á la cola,
empleó todaq SU'- influenrias. su dinero y sus rerursos P.n rorregir el daño que por voluntad propia se haMa causado .. .. hoy ruenta ni1d!l men0R
nne con dos vías férreas que la unen á la capita 1 v al resto de España.
Tampoco f'e había Pnamorado de los ferroca-

i"

rriles el gQbierno español, pues como &lt;leda un escritor &lt;le aquella época (ld-1.ü) "en lugar de fomentar, proteger, alentar, activar y favorecerá la;;
empresas de ferrocarriles, lo que ha hecho ha sido
emlJar,azarlas y _entorpecerlas cuanto ha podido,
su,c1tandolas mil obstáculos, tropiezos, dilacionc.y dificultades:' Es la eterna historia ele esta pobre Espeña ....
La primera concesión que se dictó en la Península ll?va la fecha &lt;le 6 de Abril de 18-!,5, parJ.
la _sección d~ Almansa, comprendida entre )Iacln~ y _AranJuez_; pero no fué ésta la que se inauguro p1rmero, smo la de Barcelona á ~lataró en
;¿g de Octubre de 18-!8, concedida el 16 ele )lar7,0 del mismo año. A esta sig-uieron 111 de .\.ranjuez, Langreo á Gijón, Valencia al Grao, etc.
l&lt;,xtrernadamente curio,o era ob~erYar el indecible asomb.ro, la estupefacción que, ~egún testigos presenciales, causaba á las sencillas gentes del
camp? el ver pasar con rapidez Yrrtiginoi,:a el tren,
escupiendo ~apor y echando chi,pa~, sin que atinara_n á descifrar aquel enigma .... ¡ Tantos coches
corriendo · sobre la vía sin auxilio de mula~ n ¡
caballos ! Proverbial es ya la explicación ele aruel
palurdo : Los caballos iban dentro . . .
'
,otro moti~•o de terror eran los "tunnels,'' que
as1 se deno1:1i;1aban entonces los túneles, hasta que
se castellamzo la pala~ra; á muchos infundían pavor, con sus bocas abiertas v tenebrosas dispuestas ~ie_mpre á lra¡wr•e los trenes que e~ ellos se
pr ecipitaban con ruido ensordecedor . ..
Los relatos de lo que entonces pasaba las escenas á que &lt;lió lugar el establecimient~ de los
primeros ferrocarriles, nos parecerían ahora cuent~s y exageraciones anda! u1,as si personas muv
dignas .de crédito no las confirmasen en calidaZl
de testigos presenciales. Eran frecuentes las •io-re.
/, 1
'l:)
siones a os trenes, pedrada,, disparos de armas de
fuego, y hasta el hecho criminal de poner obst;iculos en los_ '~rails" ó r~il~s
He oído decir que
algunas v1eJas superstic10sas YO] vían horrorizadas
1~ cabeza y se santiguaban al ver pasar el tren,
firmemente persuadid~s de ~~e aquello tenía que
ser por fuer1,a alguna _mvenc1on del diablo; y que
la gente moza, las muJeres sobr e todo, si bien má i
despreocupadas en cuanto á la inter\'ención diabólica, lloraban presenciando la ver tiginosa marcha del tren, que conducía elegantes viajeras, alegres Y confiadas .... "Ay, pobres señoritas! (0rrritaban) ¡ Se van á matar!"
.
C.:n respetable amigo mío, el sefior B., me contó el siguinente caso, con el cual daré término á
estos breves apuntes :
D~cho señor hizo un viaje de Córdoba á 1Iaclrid
el an~ d_e 1865, cuando no había más trayecto
ferrovrnno que desde )ladrid á Alcázar de- San
u~n. 'l'uvo, _pues, que ir desde Córdoba á esta
:1Itima pob~a?ión e1; diligencia, y entre sus companeros ele viaJe_ vema un, pobre señor casi ciego, ó
enteramente CJego podna considerársele, pues lle,·aba una venda sobre los ojos. Iba á Madrid par.1
someterse á una difícil operación y acompañ.íbale un hijo suyo.
'
Des~ués de mu:has horas de diligencia llegaron
á ~lcáza,r; el sen?r B., al transbordar al tren,
se_ 11_1stalo en el mismo departamento que sus pri1mtivos compañeros de viaje.
Apenas se puso el tren en movimiento exclamó
el caballer o ~nferm? &lt;le la vista:-¡ Cara~ba, qué
hermosa y bien cmclada carretera! ¡ Qué marcha
más ~~ave! Así debiera ser todo el camino .. .
Sonnose el señor B., tomando aquellas frases
por una broma, y nada contestó; pero algún tiempo después tornó el caballero á decir :
-¡ Es extraiio ! ¿No les choca á ustedes el tiempo que tardan en mudar el tiro?
Compre~dió ,ento_n~es el se~?r B. que aquel caballero cre1a aun VJaJar en chhgencia, y va iha ;1
sacarle de su error, cuando le detuvo con un o-esto
el hijo del ciego.
l:) •

f

, :-Ruego, á usted_ que no le dé explicaciones,diJole al 01do.-M1 padre no sabe que viaje P'1
el tr~n ... Cre~ que sólo hemos cambiado de rlil ¡_
grn~ia; pero si ,se entera de que vamos en ferro/"'Arril. Fe apeara e11 1n primera estación sin que
fm-7.S!S humana&lt;&gt; le obliguen Acontinuar el viaje
Le horrorizrn los trenes. . . .
· ··
Como es ele suponer, el silbido ele la m·fo11in,1
el tufillo del carbón v mil detalles más revelarn~
al caballero la verdad. . . Se puso tnn desazonado
v fuera c~e sí, que hubo ner.,sidad ile suietarlo ...
T◄'n_ la pi:_imera estación en donde hizo alto el tren
(V1llacanas) se apearon padre é hijo.

�3i0

EL MUNDO.

EL SOLDATIO INGLES.
-&lt;:::,,~~

X? es este un estudio sobr~ la organización,
~•ual_1dac!';5 ~- defectos técnicos del ejército inglé&gt;'.
mstitue1011 que levanta en los días que corren una
polrnreda de críticas á cual m,ís se,·era por f'U
notoria deficiencia para afrontar una campaña
contra fuerza~ bien apercibidas. Tal vez en otro
artículo digamos algo acerca de la organización

DGmlngc 24 de Diciembre de 1899

hay en los regimientos cuando van á relevar á los
soldados que cumplen su senicio de ocho años en
la India. )Iuchos, empero, quieren que se les llame á ese servicio; los atrae lo desconocido y saben
que las penalidades no abundan allá, pues por lo
contrario, la vida es mejor que en la metrópoli.
Lo,., ocio¡; son interminables y las distracciones infinitamente variadas. X o ha·v servicio manual en
el cuartel; todo lo hacen los 'indígenas. ¡ Hasta los
barberos son indios que afeitan á sus clientes en
la cama! Los cocineros son indios también y le
sin·en el té al soldado i y se lo lleYan á la cama!
Afeitado y animado con el calorcito del té, se
decide el buen soldado á dejar la cama nara hacier
ejercicio militar, tarea bien corta _y nada fastidiosa.
Entretanto, los indios hacen la cama, asean el
dormitorio y mudan ag-ua.
Cualquiera se sentiría tentado de ir á disfrutar
e:,a riela mimada. Aun los peligros que allá se corren tienen sus encantos, los ele la guer ra naturalmente, que en los del clima no haY quien piense.
Por eso hay tantos imberbes en las füas de los
regimientos tropicale~ con ~er tan arenturado paun ad9lescentc meterse en las hornazas ele aquel
cluna. ); o obstante que se prohibe la admisión
de incli,·iduos menor~s de veinte años, no escasean
Fo!daclos ele dieciseis;
pero ¿ cómo impedirlo?
En el Reino 'C'nido no hay "estado civil " de lo
que resulta la imposibilidad de rechazar los infractores. Desde W"ellington hasta Kapier y Wolseler. todos los generales ingleses se han quejado
amargamente de este obstáculo para la buena organización del ejército: la frase de Lord Wolselev
e:: célebre : "mientras 110 se pueda determinar la
celad de un hombr~ como la de un caballo, por
el examen de los dientes, e~to no se remediará."
El clima diezma á los jóvenes en Egipto y en las
Indias, pero las 1·íctimas no se preocupan.

ra

li

PrPpará11cl ,se para el baile.

ele los ejércitos de la _Gran Bretaña. y de los países
que forman el J mpeno de S. ::\I. la reina Yictorifl.
Por hoy nos limitamos á hablar del soldado inglés, d~ ~u vida en el cuartel y en campaña, del
proced1m1ento que ~e emplea para reclutarlo y de
la formación de la ofi¡.,ial i&lt;lad, así como de las relaciones que existen entre esta :y la clase subaltern_a. Estas. iJ;clicaciones casi enteramente descripüvas, sernran para C'omprencler las causas de donde de:ivan las cuali,dad_es y defectos del ejército
,:ometiclo hoy á la ma~ rigorosa prueba experimental en las regiones :-ud-africanae.
El soldado inglés i::e di fcrencia del soldado continental en que es mercenario. En las otras nacio11es europeas de importancia, el scrl'icio militar es
oblig~to~·io y univer,-al: Inglaterra, apoyada en la
impenor1dad de su:; fuerza:;, cree que le basta y sohra par a las cxiirencia~ de su política con un ejército de tierra limitado. Si no tuviera que mantener
la paz en las India,. y adquirir y con¡:errnr_ colon ias, no vacilaría en licenciar su ·ejército.
apltcando al de,arrollo de la flota las economías
obtenidas de tal suerte.
Las exiguas proporcione¡., c1el ejército le permiten á Inglaterra, atraer eoldados con ~l cebo ele
Yentajas pecuniarias. El ejercicio de las armas es
para_ esa gente una profe&lt;ión lucratirn que les proporciona elemento::, para ,·il'ir cómoda y alegrement_e. Ko sólo,_ sino que puede llamarse regalada
eFa nda : á las siete RC lernntan, se desayunan á las
ocho, comen á la una. á la, cuatro v media beben
té, se pasean hasta la,, diez de la noche V á esa hora se recojen. Entre las horas señaladas, h acen
ejercicios que duran una ó dos horas, limpian sus
armas, se asean, fuman Y charlan. El cuadro es idílico : convida á hacer~e· soldado de S. M. n.
~

Para reclutar f,lolc1aclos en un t iempo y en un
paí~ en que la industria paga tan buenos salarios
á los obreros inteligenles y enérgicos, hay que dirigirse á las clases é indi,·icluos que carecen de tales cualidades, á los que en vez de luchas buscan
ociosidad, á los que quieren comodidades gratuitas y un porvenir aseg-urado contra toda eventualidad. El resultado es que las fatigas de la guerra los
ho~rorizan, aunque la guerra sea sn destino, voluntariamente acéptado. Prueba de esto el pavor que

p

•
las des~rciones, una vez que se divulga la lista de
los des1gnadoF, se les abruma á fuerza de trab ·
' .stas . é mspecc10nes.
.
.
8.JO&amp;
)' se l es a tm·ele _con 1ev1
El
cuartel se connerte en un_ mfierno : carros de
transporte, caballo~ que J:&gt;iafan, maletas que ruedan por las escaleras, muJeres y niños que lloran
toques ele clarín, ladriclo3 de perros. . . .
,.
El_ ~oldado que tiene ía~ilia legítima, la lleva
consigo; Tos otros ~e d~sp1den de los suyos y en
marcha. l:Tnos y otros, a fuerza, no lo disimulan.
son mercenarios que cumplen con su deber á re~
gañadientes.
Con todo, el valor no les falta. Lo han probado en todos los campo, de batalla. P ertenecen
á_ ~na raza "igorosa, habituada á todos los ejerClClOS corporales, Pe han fo~·t!fic~do con un régimen regular ~· altamente h1g1é111co y tienen cualidade;:, que valen r¡;¡ucho, flema v ·amor propio
C_iertamente, habituados como están á las como~
el 1cladeR, no las dejan a;;í como quiera; en Crimea
lnás de u_na vez lleg-aron con rPtardo á la cita y
e~o para mstalarse en el vivae con lujos de "confort" que no comprendían los franceses. Pero á
la hora del fuego, el francés los admir ó por su
bravura.
El ejército ingléR parece una supervivencia del
antiguo ré~imen; pu~~le _verse en sus filas algo de
lo que halna en loR eJerc1tos france¡;es &lt;lel sio-10 de
Luis XY, rcclutaclos en el Puente Nuevo / compuestos de soldado,- con apodo, valientes, pero sólo cuando les daba la gana, ~' tan inclinados á la
cle~erción, que tenía que adoptarse por fuerza la
táctica lineal que mantenía á los soldados codo
-con codo bajo la ineesante vigilancia dP los oficiales.
LoR "recruiting officers" OJ)eran en la Plaza de
Traialgar. Los tales "recruiting officers" son cabos ó sargento¡; retirados, á quienes se pao-a, además de ~u pensión, un tanto por cabeza d~ reclutas que logran alistar. Pm:an las de Caín para
atraer gente y aun tienen que apelar al charlatanismo en la enumeración de las ventajas de la
vida del regimiento. El oficio ele reclutador n o e
sólo difícil sino aleatorio, pues qi abundan las ~·-.1citudeR ele alistamiento en años de malas cosechas ó cua1~do hay huelga, ~n cambio hay t iempos
~n :iue nadie ~e presenta y el reclutador tiene que
1r a las aldeas a deslumbrar ron su uniforme á
los mendigo,, á los ngahunclos y á 10s inconstantes, sus clientes habituales.
El que se alista rara ,·ez se arrepiente. Ko hav
por qué, como podemos Yerlo, si rerorremos el interior del cuartel. Llamemos á un dormitorio á las.

Granaderos de la gu m·dia,

J

Al tocar diana .

EL MUNDO.

371

l

L er-tum &lt;fo la 1,1·.lP-n d,,t dia á !r(guardia
~os hombres_ maduros, por su parte, no se engnen con In_ nda a,·enturera, abominan de ella,
}_ cuando 1ec1ben or~en &lt;.le ~narrha sienten qu:~ Ja
b_erra_ se les abre baJo los pies. Obreros sin porvem~ _alts~ados en el ejército por pereza, jefes de fan11h:1:, irregulares, la deFerción es la única sal ;í!,
que tienen para eludir las órdenes de movilización
y en efcto, deFertan, á reser va ele darse de alta e~
otro regimiento, cosa no muv difícil dada la falta
de medios fehacientes para identificar á las
personas. De ese modo evitan el destierro temido
y sin correr grandes peligros reciben una nueva.
p_r_ima. Esta circunstancia. explica la gran proporcwn de desertores que aparece an las estadísticas del ejército inglés. Para evit&lt;Jrla se toman mil
pecaucioRes, tales como no publicar sino hasta
última hora la lista clefinitira del destacamento de
relern. Encierran al batallón, doblan guardias se
pone un co~dón de ,~entinelas á lo largo de 'los
muros exteriores. El prevost serl!eant" y sus ayu1
" como se les ~llama -recorren
.
dantes,-" sopones
los barrios de mala fama, la estación y' el interior
del cuartel. Si con tanta vigilancia se logra evitar

Domingo 24 de Diciembre de 1899.

siete de la mañana, mientr as el oficial de guarciia
Ta. y viene, calentándose al pasar por la chimenea
del garitón; un letrero nos dice el número de solda.dos que hay en el dormitorio v el peso del carbón que se les da semanariamente. Cada. uno de
ellos r ecibe diariamente doce onzas de carne, una
libra de pan y tres peniques para legumbres, sal,
etc. En el dormitorio los "nuevos" andan en ca··
misa y los veteranos están tendidos á la bartola
en sus camas; en el patio hay grupos de soldados
que se abotonan el uniforme con una mano y llevan con la otra. una escudilla de estaño, y los castigados juegan con las escobas. A las ocho, el clarín anuncia la hora del de~ayuno : los dormitorios
están ya aseados, las camas ·hechas, todos los solda.dos lavados de cara y manos y la. mesa puesta.
Se sirve el te y el extra del día, mantequilla,
arenques ó "porridge" (harina de avena.) Además
se proveen á su costa de alguna otra cosa que
compran á un soldado vendedor que va de dormitorio en dormitorio con sus mercancías.
El capítulo de la gastronomía merece lugar
aparte. El soldado inglés tiene un estómago de
gran capacidad. Frecuenta la cantina y un almacén anexo en el que se vende t oda clase de artículos de consumo diario; los precios son muy bajos, porque hay compensación en los que tie~en
las bebidas. Los bebedores pagan por los sobnos,
cosa muy moral. Sólo está permitida la venta de
cerveza, y el alcoholismo i.iende á desaparecer del
ejér cito. En cambio, no se matan ele hambre, como lo hemos dicho. En el c-áfé del "Casino" se
sirve por un penique: un plato .~e sopa, un plato
de arroz ó café y pan con mantequill~.
¿Y los ejercicios militares? El maneJO de las armas y las evoluciones figur_an apenas en _los
cuadros de distribución del tiempo. A esos eJerc-icios hay que agregar la ginmiu:ia, ~l "football"
y los otros "sports., nacionales. La vida del cuartel es divertida v sin duda por eso hay soldados
que salen sólo 1.lila ó dos veces al añ~.
.
La autorización para contraer matnm01uo "S un
favor que sólo se diRpensn: á. iJs e~eo¡{idí~~ ']UP.
t ienen siete año~ de ~rri,.10., y un ahorro 1.c C'lll·
co libras por lo menM. Como las mujeres de los

Soldado de caballf1'ia .
soldados ganan algo lavando y planchando nara los
demás, el matrimonio es un privilegio, objeto ele
las ambiciones del soldado.
Los cabos y sargentos pueden casarse á voluntad, y no es esa su única prerrogativa. Como los
oficiales son grandes señores que no han de mezclarse en detalles de poca monta, se valen de los
cabos y sargentos, pagándoles bien sus servicios,
no sólo con dinero sino con miramientos. En los
bailei,., el sargento le da el brazo á la esposa del
oficial.
Estos viven á lo grande y entre ellos no se ve
la diferencia de graduación sino á la hora de servicio. Pertenecen á la misma casta y eso los iguala.
En la mesa cada uno preside por turno.
Los oficiales hacen sus estudios en los grandes
establecimientos de instrucción, Eton ó Harrow,
y después cursan dos años en el colegio militar de
Sandhurts, en donde pagan como dos mil pesos
anual~ de pupilaje. Otros proceden de las fi.la.q
de la milicia y este medio de reclutamiento tiende
á generalizarse. Lo que no se ve es pasar de la
clase ele tropa á la de oficial, por ascenso, sino
en ciertos cuerpos especiales y subalternos, como
trenes y ambulancias.
¿Y qué decir del lujo de los oficiales ingleses? Tienen para el juego &lt;fe polo, caballos de dos
y tres mil pesos y dan banquetes esplén~idos.
Pero si visten con elegancia y aun son remilgados,
no por eso dejan de ser Talientes hasta el heroísmo. llijos de una raza vigorosa, !On enérgicos,
!:ensatos, y il@bre todo, tienen una. sangre fría admirable para afrontar los peligros de la guerra.
Estas cualidades, su fortuna y el prestigio de su
pOiic-ión y ele su educación excelente, los ponen
á la altura ele las emergencias más difíciles.
;. X o es esto todo lo que se necesita para ser un
wldaclo de primera? Es mucho, pero aún falta
algo que no se suple con nada y que sólo se adquiere con la experiencia de las maniobras y de
la. guerra científica.

1:1jneiode velota enel vaisvasco.
¿ Os ac-ordais de "Ramuntcho"?
Uuando Pierre Loti se aduerme muellemente.
entre los brazos de madame Chrysantéme, enfrente de un paisaje rojo sembrado de árboles pequeños; cuando contempla. los rayos de la luna
desde una terraz'a argelina; ó cuando de la inmensidad del desierto ve destacarse la blanca túnica flotante de un spahi, no impresiona tanto,
no traza tan hondo surco, como cuando del brazo
de Ramuntcho excursiona por las soberlxas montañas del país vasco.
Y es que la armonía de los hombres y de las
cosas resalta en ese libro de una manera maravillosa: para aquellas montañas, aquellos hombres.
Ilombres sanos de cuerpo y de espíritu, fortificados por la salubre brisa montañesa, viven los
vascos una vida amplia y robusta, una vida poderosa y desbordante, en estrecho y constante mariclo.je con la intemperie y el movimiento que, eon
sus caricias bienhechoras, fortalecen sus músculos hasta darles la consistencia del acero.
Esos hombres fuertes y sanos, necesitaban, naturalmente, un "sport" nerte y sumo, al aire libre, bajo las ardientes caricias del sol. Y e~e
"sport,'' es el juego de pelota.
La pelota es para los vascos una verdac!er&amp; pasión. La afición es en ellos congénita y si se pregunta á un niño vasco Qué es lo que le causaría
mayor plaecr, responderá siempre que desea una
pelota.
En el país nsco cada aldehuela posee su frontón más ó menos formal, más ó menos rice, pero
el frontón es allí tan necesario como la iglesia.
J~l vasco juega á la pelota diriamente, como si fuera una tarea fisiológica. é imprescindible, y es claB@,
que en un momento dado llega á serlo realmente.
El obrero, en un instante que el trabajo le deja
libre, aprovec-ha el tiempo ejecutando un centenar
ele rebote,; ]os domingos se organizan grandes
partidos entre los más hábiles jugadores y todo
el pueblo aeude á presenciar su espectáculo favo-

�372

EL MUNDO.

Domingo 24 de Diciembre de 1899,

Domlngc 24 de Diciembre de 1899

373

EL M TTNDO.

¡QUIETO!
~ JI~

El formalismo legal tiene en Francia aspectos
ridículos, casi incomprensibles para nosotros, que
por más que _se diga, no estamos tau empan'..anados en la rutma como los pueblos del Viejo Mun&lt;lo. Y a nuestros lectores saben lo bastante a('('rc,a
&lt;lel proceso seguido ante la Alta Corte de Fran~u
cont ra los señores Deroulede )' sc.cios por conspiración contra las instituciones, y todos los que no
e,;tán muy al tanto de esto,; escándalos, los ignoran
porque ya les fastidia la eterna grita ele protestas
contra-protestas, declamaciones efec:tistas y toda
la balumba que divierte á vece:: ~- aturde siempre
al Universo, porque las agitaciones y golpes dramáticos de la política franc·esa tienen el privilegio
de resonar en todo el mundo.
El grabado que publicamos representa una escena curiosa : para fijar el decreto de "decheance"
contra los conspiradores que tienen representación pública, va el ugier á los sitios indicados
acompaftado por un corneta y por el individuo que
pep:a en los muros los papele~. El ugier lee el
papel y se lo pasa al pegador mientr as el corneta
hwza al aire sus ríspidas nota~.
Las cosas se hacen en forma. :v más desde que
los fotógrafos de las graneles puhlicaciones anclan
en busca de asuntos para grabados.
El señor ugier y sus auxiliares desempeñan las
fun ciones de su cargo preocupándose más por "salir )iien'' en las negativas de los fotógrafos que
por llenar una formalidad á la que, allá en su fuero íntimo no le dan mucha importancia.
Llega, pues, el grupo á la puerta del Senado,
procede á cumplir con rn obligación y al oír la
VC'Z del fotógrafo que hace cabez,t : ·'"(;no, dos, tres,
¡quieto!'' se paran con firmeza en actitud de "pose" y no se mueven hasta que c-ae el obturador
de la cámara.

Partido de 1·ebute en una aldea de tierra vasca .
rito, con más ardor y más entusiasmo oue los
andaluces y l os castellanos cuando van á la plaza
de toros.
A las veces los jugadores no pertenecen á la
misma aldea, y, entonces el amor propio sube de
p unto y el conibate atlético adquiere enormes
proporciones. Españoles y franceses-no importa,
con tal de que sean "vascos"-cifran todo su orgullo en que su lugarejo venza á los otros.
Lo más curioso del caso es que, por lo general,
l as apuestas no son mayores _,. la codicia nada
t iene que ver en el .entusiasmo de los combatientes.
Los vascos aman su juego de pelot.J., por él mismo.
Los especuladores ciudadanos han querirl.n transformar ese juego regional, noble, sencillo é inocente, en una mina de tspeculación para arrancarse mútuamente puñados de oro y fajos de billetes de banco, y en gran parte lo i1an lografk•,
establecien do frontones en varias ciudades de España, en Buenos Aires,- donde el juego ha alcanzado puntos inauditos-en el Brasil y en México
mismo.
Pero el juego de pelota tal como es, noble,
desinteresado, persiguiendo sólo un viril solaz, sólo se encuentra en las blanquísimas· aldeas que,
cual bandada de palomas, cubren las arideces de
la montaña vascongada.
~&lt;$.

Es inútil de;;cribri t' el mecani~mo del j ucgo, ptwsto que en México todo el mundo lo conoce.
Basta presenciar un partido para darse cuenta
de la suma ele habilidad. de conocimiento y de
fuerza que es nece~aria para dominar el juego, y
para explicarse las atléticas cuadraturas y las
acertadaR musculaturas del pueblo vasco, vivificadas y forma~as al :vunque de un ejercicio tan viril.
Es tan general y tan arraigada la pasión por
la pelota en el ¡mehlo va.~co, que hasta los eclesiásticos suelen tornar parte en el juego. Leemos
en una revista que los actuale~ párrocos de San
Juan de Luz ·~.; &lt;le Biclart, son "pelotaris" de
primera fuerza.
En e} país vasco, puede decirse que cada muro.
cada pared, se convierten en frontón; la nelota se
halla siempre á mano y los pequeños partidos se
organizan constantemente y por doquiera. En urio

queotr omurohay inscripciones que prohiben usar
para rebote, pero pu ede estarse seguro de que, en
para el r ebote, puede estarse segur o. de que, en
ese caso, el dueño de la pared no es. ·vasco. ¡A
un vasco jamás se le ocu rrir ía hacer semejante
prohibición!
El juego ele pelota original y geJ1.uino es con
guante ó á mano limpia. La mayoría de los vascos
-aun los pertenecientes á clases elevadas-tienen
la palma derecha ligeramen te encallecida á fuerza
de jugar á man o limpia; los jugadores profesionales la tienen curtida y endurecida como un pedazo
de &lt;mero y privada de toda sensibilidad.
A menudo. durante el juego, la mano i:,e inflama
y se deforma por la afluencia de la sangre. No es
raro entonces ver que el jugador suplique á. cualauiera de los presentes, que le aplane la mano con
los pies. hasta voh-erla á sus proporciones naturales.
La invención de la "chistera" es relativamente
reciente y data apenas de unos treinta años. Alp-uien ha llamado á la chistera el "cañón rayado"
de los pelotaris, y el calificativo es justo, dada la
gran fuerza que el combo adminículo imprime á
la pelota.

Para lo~ buenos jugadores vascos se ha abierto
un nuern horizonte, porque merced á la fiebre de
apuestas pelotáricas que se ha desarrollado en las
grandeR ciudades españolas é hispano-americanas,
son coritnltados en muy buenas condiciones. El
primero. que ohturn una contrata semejante, fué
el expertí~imo "Chiquito de Eibar," hace unos
quinc-e mios, y desde entonces quedó formado el
:rremio de pelotaris profesionales, que aumenta cada día n~á,.
El mencionado Chiquito de Eibar, Portal, Brau,
Inm. )fa.neo do Villabona, )fardura, Elícegui, Beloqui ~- otros, llegaron á ganar_vercladeras fortunas.
Ac-tualmente no es raro que buenos pelotaris sean
contratados para. América á razón de siete ú ocho
mil francos mensuales.
Lo¡,, pueblos de Azcoitia, Azpeitia, Rentería, Eihar. Yerga.ra, Marquina, son céleb'res en los anales
del juego de pelota por los pelotaris célebres que
nacieron en ellos.

Actualmente el Brasi1 es el país en que con mayor fuerza florece la afición y los pelotaris más altamente cotizados son, entre otros, los hermanos
Salazar, el Chiquito de Ondorroa, Zabarte, Oláis,
Pasieguito ~• Ga:mborena.
Fuera de España, en los demás países no ha podido aclimatarse el juego de pelota. En París se hizo una intentona hace algún tiempo, por miembros
de las Colonias española y latino-americana, pero
fracasó.
A últimas fechas se sabe que el sport euskaro ha
sido inscrito entre los que figurarán en Vincennes
con motirn de la próxima Exposición internacional.
¡ Ojala se extienda, porque-prescindien do ele
su faz especulati\'a-es uno de l os sports más Yiriles y hermosos en que el hombre sano puede lucir la fuerza ~- la habilidad de sus músculos !
SARDIN,

Rra. Doña Trinidad N

ll11

Maas.

¡Qnii't,,! E1,ce11 as del proceso cont1·a JJÚ·oulede,
AS I L.O F"AR-"· I-IUe:RFANAS.
~~

m día primero del entrante se inaugurará en la
capital de Qoahuila esta casa de_ beneficencia fundada por el señor Don Ennque M:aas y su
esposa, Doña Trinidad Narro de :Maas, quienes
han cedido para tan noble objeto una hermosa
quinta situada en la parte más pintoresca é higiénica de la ciudad.
El asilo está dotado con e] &lt;:apita] de doscientos mil pesos que le asignaron los fundadores y
según la voluntad de éstos, las niñas asiladas
recibirán en él, educación, amparo y protección
cariñosa que les haga olvidar su de,gracia. En
tal virtud, y para que las beneficiadas sean atendidas con toda eficacia, se limita á cuarenta su
número, á menos que los rendimientos del capital
permitan ampliarlo, y sin que el aumento redunde
en perjuicio de las ya asiladas.
La quinta en que está el asilo es un local admirablemente apropiado á su objeto por las excelentes condiciones higiénicas que reune.
El señor :Maas es oriundo de Guterloh, Westfalia; vino al país el año de 1846 ~- en 48_ se e~tahleció en el Saltillo. donde contraJo matnmomo
con la señora Dofül Trinidad K &lt;1rro. Los esposos

or. D on E 111'ique Maas.
Maas n o han tenido hijos en su unión, :v hoy, que
cuentan con una gran fortuna, consagran buena
par te de ella á aliviar la suerte del huérfano.

OC: ORDEN DE LA EMPERATRIZ.
~

SALTILLO - Asilo « Tl'inidad N .ilíaas&gt; para /mé1'{anas.

JI,~

En un país dende el absolutismo es cosa qu e nadie se atreve á di~cutir, donde hay que aceptar ciegamente y sobre la marcha la orden de un superior,
el monarca má~ juüo y más sabio debe temblar
ante las fatales consecuencias de un mandato irreflexivo ó precipitado (,i es hombre de conciencia),
puesto que nadie o,aría hacerle objeciones, por
descabellado, c-rnel ó torpe que fuera lo que )llanda~c.
· J~jcrnplo mu~· c-urio~o de e~to es la siguiente
?nécdota, que el Conde ele Segur incluye en sus
memorias, aRegurando que se trata. de un hecho
rigurosamente hi~tóric:o, ocurrido en la corte de
RuRia, bajo el reinado ele Catalina II.
1:'n extranjero inmen~amente rico, llam:vlo Snderlan&lt;l, había-e naturalizado en Rusia y era ba1t-quero ele la C'orte.
Su amení,:imo trato, rn amahilidacl para con todo el mundo, ~- espec-ialmente ~u intachable h1,n raclez, le ~1ábían granjeado grande::; simpatías en la
capital; pero de nada mostráhase el más satisfecho que de la prirnnza en que c~taba con la Emperatriz, la cual sentía por Suderland un cariñoso
afecto y le ilistinguía sobremanera.

�.ltL HUNDO,

374

Una mañana despertó al banquero su ayuda de
cámara con la estupenda noticia de que la casa esta.ha rodeada de guardias y que el Jefe superior de
policía deseaba hablarle mmediatamente.
Reliew, que así se llamaba dicho j,efe, entró en
la habitación de Suderland con una cara
tan tristona y compugida que nada bueJl,o presagiaba.
-Señor Suderlancl,-le dijo-heme aquí en situación penosísima. . . ¡ E~toy verdaderamente
consternado . . . . . . y tanto que, á serme posible,
presentaría ahora mismo la dimisión de mi empleo
para no verme obligado á ejecutar la orden que
acaba de dar nuestra Soberana, orden tan severa
que me espanta sólo el recordarla . .. Cuando tan
irritada está con vos S. M. muy grave debe ser el
delito que habéis cometido.
- ¡ Yo, caballero !-respondió Suderland.-Si
vos ignoráis cuál es mi delito, no esperéis que os
lo declare, pues estoy tan ignorante como vos de
cuál podrá ser. . . ¡ Por mi honor os lo juro! P ero, en fin, ¿ qué orden es la que debéis cumplir ?
-¡ Ay, señor !-&lt;lijo Reliew bajando los ojos.En verdad que me falta valor para decíroslo . . ..
-¿ Habré perdido la confianza de la Emperatriz?
- Si fuera sólo eso no estaría yo tan consternado, pues el favor perdido puede recobrars.e.
-¿ Me desterrará tal vez á mi país r
-Eso sería, sin duda, una contrariedad, pero
con vuestras riquezas ¿ dónde no se vive á gusto:'
-¡ Dios mío !-exclamó Suderland temblando.
-¿ Me querrá enviar á la Siberia '.-'
-¡Ay! De la Siberia vuelven algunos, aunque
pocos. . ..
- ¿ Quiere encerrarme en una pri$iÓn ?
- ¡ Qué suerte para vos si fuera eso !
-¡ Bondad diYina ! ;. Ordenará. pues, que me
apliquen el tormento del "knout"?

-Terrible es ese suplicio, pero muchos lo resisten sin perecer.
-¡ Cielos piadosos!-&lt;lijo sollozando el infeliz
banquero.-¿ De modo que mi vida está en peligro? .... ¡ 'l'an buena y complaciente como ha sido siempre conm:.go la Emperatriz, que ayer mismo me habló con tanto afecto .... ! ¡No, no puedo creerlo! Por farnr, acabad de explicaros .. . .
¡ La muerte será menos cruel que la insoportable
espectación en que me tenéis!
-Pues bien, mi querido señor Suderland,-&lt;lijo al fin el jefe de policía con voz ahogada por
la emoción. Nuestra. graciosa. Soberana me ha dado
orden para que hoy mismo. . . os mande disecar.
-¡ Disecarme !-gritó el banquero en el colmo
del terror.
- Sí, disecaro,-, ni más ni menos que á un pájaro 6 un perro. . . de esos que se ven en los museos de historia natural.. ..
,-¡ Dios me valf!a ! ¿ Habrá perdido el juicio la
Bmperatriz? Pero vos, señor Reliew ¿ cómo no la.
habéis hecho comprender la extravagancia y barbarie de esa orden inaudita?
-¡ Ay, mi pobre amigo! Hice más de lo que,
en otro caso, me hubiera atrevido á hacer, permitiéndome formular humildes objeciones ...
Pero la augusta Roberana montó en cólera y con
tono irritado me dijo: "¡ Salid de aquí inmediatamente, y no Of\ olvidéis de que la primera de
vuestras obligacione~ es obedecerme sin chistar!"
Imposible sería. describir la desesperación del
banquero, que Reliew contemplaba con harta. pesadumbre; pero como el tiempo transcurría, y era
forzoso pensar en la propia seguridad, por mucho
que le interesase la agena, el jefe de policía advirtió á Suderlancl que sólo le dejaba un cuarto
de hora para disponer sus asuntos.
:Entonces el pobre señor le rogó por todos los
santos del cielo que le permitiera escribir cua-

Domingo 24 de Diciembre de 18H,

tro letras á la Soberana y que le diera de vida
el tiempo preciso para recibir respuesta ó denegación de ella. Tantas fueron sus súplicas que Heliew, haciendo constar que su complacencia podría ponerle en grave peligro, accedió á la solicitado y él mismo se comprometió á llevar el pliego, no sin poner antes guardias de vista al reo
con la consigna (bajo pena de muerte) de no de:
jarle salir de la habitación, ni hablar con nadie
y que si alguno intentase penetrar en aquella pie~
za fuese detenido por sospechoso.
Y a en la calle, se sintió Reliew sin valor para.
presentar;;e á la Emperatriz con semejante embajada . . .. y ocurriósele la luminosa. iilP.a ile poneren autos de aquel negocio al conde de Bruce rogándole que se encargase d.:; tan espinosa . c~misión cerca de S. 1'1.
· Cuando el conde supo de lo que se t rataba
sospechó que el jefe de policía se había vuelt;
loco, y por primera providencia mandó á los criados que lo ·sujetasen, mientras se llamaba á un
médico. . . . Las lamentaciones, gritos y resistencia de Reliew no dieron mejor resultado que confirmar las sospechas del conde; acordándose luego de Suderland, cuyo escrito tenía á la vista
partió inmediatamente á su casa; pero al quer e;
penetrar en la habitación donde gemía devoradopor la impaciencia el mísero banquero, los guardianes de éste, cumpliendo la rigurosa consigna
recibida de su superior, uetuvieron al conde, encerrándole en otra estancia.
Por lo que se ve, no llevaba trazas de desenmarañarsé aquel complica.do negocio: los guardias esperando nuevas órdenes del jefe, este prisionero del conde, el conde en poder de los guardias y Suderland entre la vida y la muerte, aguardando la. contestación de la Emperatriz .. .
Por fortuna, un alto dignatario de la corte,
atraído á casa ele Suderland por rumores que ya
corrían en la corte acerca ele una "vasta conspiración," pudo hablar con el conde y sin perder tiempo transladó la noticia á S. U.
- ¡ Corred,-díjole la Emperatriz,-y mandad
que dejen libre inmediatamente á ese pobre Suderland, cuyo terror será capaz de quitarle el juicio.
No sin trabajo se comiguió libertar á los presos; y cuando éstos se hallaron relativamente tranquilos en la cámara imperial, díjoles Catalina II :
-Sabed, caballeros, que desde hace algunos
años tenía yo un precioso perrito llamado "Suderland". . .. Esta maiiana amaneció muerto, y ordené á Reliew que lo hiciese disecar. Me pareció queReliew no aceptaba con gusto el encargo, é interpretando yo eso en el sentido de que, por una necia vanidad, juzgaba denigrante la comisión, ledespaché con bastante acritud sin más explicaciones ..... ¡He ahí. lo que ocasionó este incidenteridículo ... que pudo haber ,:ido trágico!
R.\.MIRO BLANCO.

-------•-------nuestros

abona~os.

GRAN EOIClON DE "EL QUlJLTE."

Los P11padas P,•ra,lolPs Fuentes y «Jlinuto» que f1-abnjan en la Plaza «l,fh:fr,. •
LFot. de Ln~ge.)

Hoy recibirán los abonados do este semanar i@
el primer pliego" de la obra. de Cervantes que
publicamos. cumpliendo la promesa. que les habíamos hecho.
Como se ve, la edición es lujosa y los grabados
ele alto valor artbtico. Cu;µiplimos, pues, ampliamente nuestro compromiso al ofrecer la obra
magna de la literatura española en una edición
digna de su mérito, v en la cual insertaremoslas ilustraci011es de Do.re y ele Balaca, que han sido hasta hoy los ilustradores más notables del
tiuijote.
-Las pági11as primeras que hoy damos, son
una gara11tía de lo que podemos hacer en
el orden del perfecc-ionamiento de nuestros trabajos para. satisfacer los deseos del público que
nos favo:rece.
Hemos ordenado un sobretiro del "Quijote"
para responder á la demanda de esa obra, que repartiremos sin r ecargo en el precio á loS" nuevos
abon ados con el primer número de Enero.
,
"NueF-tra Señora de P arís" quedará concluida
en la primera quincena l"!.e Enero.

Domingo 24 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO

;¡75

�EL MUNDO.

376

.oomtngo 24 de Diciembre de 1899.

Domingo 24 de Diciembre de 18119.

rías I Y se echo á reir

RBOf\L0 DE, NA.VIDf\D ·
Cuando se cerró la puerta, el corazón de Weston
latió fuertemente al mismo tiempo que de sus labios se exhaló un suspiro. Un viento frío barría
en las calles los copos de nieve, y á lo lejos las
campanas anunciaban con alegría que era noche
de Navidad. Mientras Weston abrochaba cuidadosamente sus guantes, por la cerrada puerta salían, débilmente, las nota:.; del piano: era Isabel
quien tocaba; y Weston la veía en t&lt;u imaginación,
con su puro y delicado per.fil, y su tiOnrisa discreta.
Mientras cruzaba la avenida, mil pensamientos
bullían en su imaginación. ¡ Cuán loco era! ¿ Qué
derecho tenía él, un pobre profesor de matemáticas de la escuela de Señoritas en Howm:d, para poner sus ojos en la hermosa Isabel? Ni qué razón
había para que hubiese ido á pasar sus vacaciones
de Navidad á Nueva York, en vez de irse á la quinta de sus padres, donde debía estar ya? ¡ La quinta! Eso era todo lo que poseía, "ensó amargamente; y ¡ cómo había de llevar a11í á esconder á
la pobre joven! Oh!. . .. ¡ cuán avergonzado se
sintió esa noche, cuando Llabel le dir igía la palabra!. y qué ruda le pareció su mano mientras
oprimía la de I sabel al despcrliTse ! ¡ Qué locura
pensar en ella! ¿ Por q•ué se le ocurrió á Buckley,-su condiscípulo y á la vez p1·imo de I sabelen un momento de espontaneidad cordial, llevarlo á pr E)sentar á la casa de aquella linda joven
que, sin saberlo, le causaba tantas preocupaciones? ¡ Cómo envidió el pobre W eston á su amigo
Buckley porque, siendo tan tarde, aun se quedaba
esa noche en casa de su prima. muy sentado cerca del piano, oyéndola cantar, con toda la familiaridad del amigo íntimo y del hermano! I sabel
aún estaría cantando .... Oh! su dulce voz! su
acariciadora y dulce voz!. .. .

1

El viento seguía soplando con fuerza. De
pronto, alguien se interpuso en su camino.
-¡ Feliz Navidad tenga usted, caballero! ¿ Sería usted tan generoso de proporcionar una ayuda á una infeliz mujer que hoy mismo ha enterrado á su marido, y que tiene dos hijos enfermos? ...
El profesor no pensó por esta vez en su corto
sueldo, y llevando la mano á uno de los bolsillos
de su paletot, sacó una moneda que alargó á la
vieja, quien se alejó rápidamente; pero, junto con
la moneda, salió del bolsillq un pequeño paquete,
envuelto cuidadosamente y atado con un listón
azul.
W eston, asombrado, no se cansaba de dar vuel-

tas al paquetito sin comprender lo que aquello sería. ¿ Cómo había venido á dar eso á su bolsillo ?
¿ Sería acaso una mala pasada que alguno de sus
amigos querría jugarle?
Después de un momento de vacilación, decidióse por fin á romper la envoltura del paquete. Era
una cajita de cartón. Abrióla. ¿ Qué había ~dentro? Un pequeño corazón de plata, reluciente
como un diamante. Lo tomó en sus manos para
examinarlo ..... ¿ Qué significaba aquello ? ... .. .
De pronto la calle pareció iluminarse con una luz
nueva, y á esa luz Weston creyó ver un rostro de
mujer .. .. sí, era ella que se levantaba del fondo
de su pensamiento, la misma, era Isabel con su
dulcísima sonrisa y sus grandes ojos .... X o, no
era una ilusión. Se apoyó en el poste y sé entregó
á los más halagadores sueños. ¡ Sería posible! Es
decir, que ella había comprendido la gran adoración que le profesaba, y mirando su humildad y
timidez le daba ese corazón, significándole con él
que admitía su afecto y que ella también. . ...
Una inmensa alegría sintió que le subía como
ola, del corazón al cerebro. Sintió que sus piernas
vacilaban, y que le faltaba la respiración.
-11.fañana, pensó, mañana volveré á verla, y entcnces podré decirle cómo la amo y cómo la he
amado desde el primer día que la ví.
Corto se le hizo el trayecto que debía seguir
para llegar al hotel. Deseaba ya estar solo y poder entregarse á sus pensamientos. La imagen de
Isabel transformar ía su cuarto.
Prendió la luz, colocó la cajita sobre la mesa y,
acercando una silla, sentóse y quedó mudo y pensativo ante el pequeño corazón, con la misma placidez con que los devotos clavan sus ojos en las
imágenes.
Sus pensamientos comenzaron á tomar forma, y sin descender del
país de los ensueños,
pensó de una manera
más formal. Cierto era
que su sueldo no ascendía á una gran suma, ni
mucho menos ;-aquí la
sangre se le subió al rostro--pero dentro de tres
años, quizá dentro de
dos, sus entradas serían
mejores. Y lá casita en
que el profesor de matemáticas vivía, allá en
Howar.d, ya sería suya
para entonces, y cada vez
que llegara á ella, una
vez terminadas sus clases, Isabel estaría esperándolo en el pequeño
vestíbulo. ¡ Y qué alegres
veladas serían aquellas,
endulzadas por el canto de la joven! ·
A este pensamiento,
los ojos de Weston se llenaron de lágrimas. ¡ Y
cuando pudiera llevar á
Isabel á la casa paterna!
¡ cuando su madre pudiera estrecharla entre
sus brazos!¡ Oh! qué hermosa i.a encontraría, le parecería un ángel y
cómo iba á quererla .....
Y en su imaginación veía abrazadas á las dos
mujeres, el cabello blanco de la anciana junto
á los rubios bucles de I sabel; la morena frente de su querida viejecita, apoyada en el hombro
suave de la niña encantadora ...
Era tanta la emoción de W eston, que las lágrimas resbalaban por sus mejillas, mientras repetía con sorda adoración:
-¡ Bendita, bendita sea!
Unos bruscos golpes dados á la p~erta, lo sacaron de su ensueño; y á la pregunta de ¿quién?
la voz del muchacho portero respondió:
-Una tarjeta para usted y u:::i. caballero que á
la puerta espera.
Weston abrió precipitadamente y se encontró
con que la tarjeta era de su condiscípulo Buckley.
-¿ Digo al caballero que suba? preguntó el
muchacho.
- Sí, y r1ue pase, respondió Weston.

l

Y de pie, en ei dintel de la puerta, esperó la
llegada de su amigo, mientras pensaba:"¿ qué motivo puede traerle á mi casa á esta hora? nunca
han sido frecuentes sus visitas." Un pensamiento repentino cruzó por su imaginación: ¿ sería
algo que viniese á echar por tierra sus ensueños?
Un siglo le pareció que tardaba Buckley en subir la escalera.
Rápidamente se dirigió hacia la mesa, tomó la
caja donde brillaba el corazón, y la sepultó en
el bolsillo.
Buckley entró en el cuarto con mucha naturalidad.
-Buenas noches, Weston; ya imagino que te·
extraña verme aquí á semejante hora; pero no ignorando yo que acostumbras salir muy temprano,.
quise venir á buscarte hoy rmsmo.
-¿ Se trata de la s(lñorita Isabel? ¿le ha sucedido algo ?-preguntó W eston.
-No, nada ha ocurrido á Miss Carston, está,.
bien; sólo que. . . ha sucedido una cosa graciosa,
inesperada ...
W eston, muy nervioso, acercó á Buckley un:)
silla para que tomase asiento.
Sentóse Buckley. La luz de lámpara iluminaba su rostro, bastante hermoso, aunque un
poco ajado por la vida disipada; y su aspectoelegante contrastaba singularmente con la apariencia humilde de aquel cuarto de hotel de segundo orden. Sacó su cigarrera ofreciendo un
papelillo á W eston; pero, éste, con un movimiento·
de cabeza indicó que no fumaba.
-Pues bien, dijo Buckley, lanzando una espesa bocanada de humo; la cosa es por demás
graciosa, y vas á oírla. Después que abandonaste
la casa de miss Carston, ésta se puso 5- cantar y
yo aún permaneci allí. Cerca de ias once me d€spedí, y al tomar del perchero mi paletot y comenzar á ponérmelo, Isabel, mirándome de pronto, fijamente, me preguntó con gran ansiedad:
"¿ Es éste su paletot de usted?" á lo que yo hubede contestar. "Por supuesto." Entonces ffilSS Carston, echándose á reír con toda su alma, se puso á
gritar: "¡ Dios mio, Dios mío! ¡lo que he hecho!''
Y entonces me contó ésto : que había comprado
para mí un regalo de Navidad, pero que Pª! ª
que mi sorpresa fuera más agradable al ver.o,
pensó no dármelo en propia mano, sino ir secretamente á donde estaba mi paletot y echar la
cajita en uno de los bolsillos para que y_o la
encontrase al llegar á casa. "¡Oh! las muJeres,
agregó Buckley, siempre andan haciendo tonte-

EL MUNDO.

dad.

Después continuó:
-Aquí está lo gracioso, qu_e en vez .de echar
la cajita en m1 paletot,
fué á echarla .. . .. .
.Al lle~ar aquí se inte-

l

doble! ¡ Fervor de las misas celebrada~ ante el
ara de incontaminada blancura! ¡ Embnaguez de
besos bebidos en los cálices de las purpúreas bocas! ¡ Apuraría todos esos goces. Y lernntaría el
Una hada me dió una perla orgullo de mi frente.
diciéndome :
.Pero en aquel momento la mujer q~ie. ado~o se
-Todos creen que las perlas apoyó sobre mi espalda, curiosa de nu silencio, y
se forman en las conchas, y no sentimuycercadel bigote ese soplo tierno precursor
es así. Las perlas son lágrimas del beso. Oh! qué hermosa es. ¿ ~le encantaría hasta
que caen en el mar de las pe- aquel grado la perla-mujer más bella quizá, pero
queñas Elegidas, regañadas por no más deliciosa'.-' ¿ Acaso, por el amor á la perf~~r::=-)
Santa Gudula y Santa Veróni- ción hay que renunciar á imperfecciones exqms1l_=-,
ca, (institutrices del paraíso) tas y adoradas r P erdería tal vez. Por otra parte,
por haber hecho novillos á lo al contrario de los grandes amantes que conducen
largo de la Vía-Lactea.
consigo un innumerable rebaño de Elviras desola-Siempre lo había dudado, das, yo he tenido ~iempre,-lo confieso--el horror
afirmé.
de la novedad.
-Por lo demás, repuso, no
¡ Qué hermo;;o sería habitar un palacio don~e
se trata ele esto. Mira bien lo como el que Pedro Comeille evocó para Psych1s,
que te doy. Es la más clara, la todo está hecho para el deleite de los ojos! La nomás pura, la más exquisita de bleza de las arquitecturas tiene por qué agradar á
las lágrimas lloradas por los co - las almas enamoradas de los poemas bien ordenados
legiales del cielo. Ni Teodoro y blanºcoscomo rcale8 vestíbulos. Pen~é que no sería
de Banville hnbiera podido en- malo convertir la perla en un soberbio edificio. ¿ Y
contrar una imagen digna de fi- si se transform:1ra en un suntuoso dominio, de angurar el milagroso esplendor chas avenidas, donde se pasearan hasta el horizonte
suave de esta perla. En una del mar mis suciios seüoriales? ¿ Si hiciera de ella
un corc~l rápido como el viento, de crines de repalabra: es perfecta.
-Cómo te agradezco tu re- lámpagos que me llevara por los v~rtigos d~ la
ilusión? ¿ Si la transformara en vestidos ta11: neos
galo, buena hada.
-Me lo vas á agradecer más. como no tuvo iguales Sardanápalo en su trmnfal
A esta perla maravillosa que hoguera, ó en un festín cuyo olor, derramado por
nada se le podría comparar, 1~ todas partes, fuera á despertar el hambre resucitahe concedido, tocándola con nu da clt: 3rillat-::i::,·arín y de 11onselet, ó una carroza
varita de avellano incrustada resplandeciente que atravesara entre el entusrnsmo
de rubíes, el milagro de con- de las multitudes, ó un manto de Emperador, ó
' vertirse, según tu deseo en no una corona tan cle~lumbrante que se humillaran
importa qué sér ó qué cosa y ante ella todos los diademas y todas las tiaras? Toconservar bajo su nueva forma das estas metamorfosis de la perla tenían por qué
su belleza incomparable. Esco- tentarme.
Podía también desear que se convirtiese en el trocoge pues : y si quieres que se con~ierta en es~r~lla,
brillará inmediatamente más radiante que Smo Y
Venus y Orión y Aldebarán. .
-Ah! grité entusiasmado, qU1ero que sea .. . ..
-¿ Una mujer? interrumpió el hada. De tí esperaba ese deseo · sabiendo que no eres de aquellos,
bastante raros, por lo demás, á quienes inspir~ horror el tono rosado de las frescas bocas íemerunas.
Sin embarcro no te apresures; nos solemos arrepentir de l~s' decisiones prontas. _?eja P!sar tiempo, reflexiona, y sobre todo, suena. Manana !endré á ver la elección que has hecho. ¿ Convemdo?
-Convenido.
-Hasta mañana, -poeta.
-IIada, hasta mañana.

El Poeta y la Perla

con la mayor naturali-

.

-

tem1pió bruscamente y mirando á_ W eston:
- ¿ Qué tienes? le preguntó te sientes mal ?
El profesor dió algunos pasos por el cuarto, y
rehaciéndose cuanto pudo volvió á sentarse diciendo:
-No, no es nada, gracias. Continúa.
Buckley sacudió la ceniza de su cigarro y concluyó diceindo :
-Pues no hay más sino que te has venido con
mi regalo de Navidad, y vengo á reclamártelo. A Isabel le dije que lo probable era
que no lo vieras; pero ella no quedó tranqu~a
sino hasta que le hice formal promesa de vemr
á recogerlo. ¿ Has dado ya con él?
,
Weiton echó hacia atrás los bucles que barnan
BU frente. Sus dedos apretados en la caja en
el fondo del bolsillo no podían alargar el regalo á Buckley. Por fin, haciendo un gran esfuerzo, entregó á su amigo la caja. , .
. _
- ¿ Será ésto? dijo con voz deb1l fingtencto
una sonr isa.
-Gracias Weston, respondió Buckley, gua~dándose la caja. Gracias, y permite que me retire, lo que no haré sin decirte que _Isabel Y yo vamos á casarnos Nuestros viejos han arreglado ya
el negocio v yo me dejo guiar por ellos. Des:
pués de todo no es Isabel una muchacha desp~eciable, y por otra parte no gusta de romanticismos, lo que me halaga mucho.
El profesor se clavó las uñas en las nalmas
de sus manos, y estuvo á punto de caer sobre
la mesa.
- ¡Cielos! exclamó Buckley al verlo, tú estás
malo. Vamos á que tomes algún confortativo, ó
permíteme ir por él.
Weston movió la cabeza:
- No es nada, no es nada, el frío ... . Siento
mucho haber sido la causa de que te molestaras,
teniendo que venir tan lejos, con esta noche.••·
- No eso no · dijo Buckley. En fin, todo se
ha arreglado. B~enas noches, no olvides ir á la
boda.
Al abrir fa puerta un gran murmull? lo i_nvadió todo. Un cañonazo se oyó á la dist~nCia,
Y en seguida todas las campanas de la cmdad
repicaron á vuelo.
- Noche de Navidad, gritó alegremente :i3uckley, mientras bajaba la escalera. Muy feliz te
la deso, Weston; aéüós otra vez.
,
El profesor cerró despacio la puerta Y au~
8~ ~uedó allí por algunos instan~es. Después,. dingiéndose hacia la mesa sentose en la silla,
mientras dejaba caer la cabeza entre sus manos. · ·
THEODOSIA GARRISON.

377

II
A decir verdad, estaba seguro de que ni la
refl.ección ni el sueño,
modificarían en modo
alguno, mi instintivo y
racional anhelo. ¿ Qué
tesoro equivaldría á la
más bella de las perlas,
convertida en mujer?
Ya el éxtasis que hizo
reventar en un instante todas las rosas de la
tierra, y encenderse la
luz y cabrillear el profundo mar
cuando
Afroditaseirguió en medio de un tenue vestido de espuma, me encantaba el corazón y
el alma, y, no lo creeréis el cuerpo también.
' estrechana,
'
V ería,
poseería la Quimera eternamente esperada Y
nunca alcanzada de la
perfecta belleza, la perfMta belleza que hizo
reir de placer y sollozar
de desesperación á los
Fidias y á los Cleómenes. ¡ Religiosos transportes hacia el infinito
cielo constelado de estrellas! ¡ Adoración con
las manos juntas y lue. go abiertas á la divinidad de la garganta, una

�.l!lL MUNDO.

3 78

Domtngo 24 de Diciembre de 1819.

no ele rayos y de nubes donde se sienta el Padre
Eterno y donde yo me sentaría á mi vez, lo que,
en wrclad, me dejaría sumamente perplejo.

III
Al üía siguien te. de8pués de tantas r eflexiones y
sueño~. no quedaba en mí la menor vacilación.
Cuando entró el hada, c011templaba yo con ojos ser eno,- la perla que me había dado y que había p uesto, entre los papeles de mi mesa, en una copa de
bronce, en medio de un volumen de L eón Dierx y
otro de José María de H eredia.
l\Ic preguntó:
-;, Has hecho ya tu elección, poeta?
-8í, hada.
-¿.?efinitivamente?

Año VI- Tomo IC

-81.
-¿ Y no sientes ninguna tristeza por los bienes á
que has debido renunciar?
-Xinguna.
-¿ Xo dirú~ nunca que em1)leaste mal el privilegio que te dí?
-Kunca.
-Hahla pues, dijo el hada.¿ En qué quieres que
8e conYierta la perla, que bajo su nueva forma, que
será tu~·a, g-uardará su belleza incomparable?
-Yo le re8pondí : en un Soneto.

M é x ico, Domingo 31 d e Diciembr e d e 189 9.

►

CA'r ULLE MENDES.

A LA. MEMORIA DE PABLO AB.AOS.
He escuchado de pronto, en torno mío
Como un. rumor de algo que se muere,
El eco de una cuerda que se rompe,
El eco de una lira que enmudece.

~~

~~

( DE LESSING)

Plutón recibió la visita de Mercurio, que había bajado al Averno para ofrecer ·sus servicios
al dio5 de las tinieblas.
- ¿ Quieres algo para el mundo de los mortales?
-preguntó el mensajero de los dioses.
-Sí,-contestó Plutón.-Mis Furias han envejecido lllllcho; el constante trabajo les ha quitado
fuerzas y no martirizan á los réprobos con todo
el rigor que marcan las or denanzas. Deseo, por
lo tanto, relernrlas . . . ¿ X o podrías proporcionarme otras, jóvenes y fuertes? Anda, pues, y busca
por el mundo tres mujeres que puedan substituir
dignamente á mis pobres Tisiphone, Megara y
Alectona. (1)
Mientras ~Iercurio partía velozmente á cumplir
el encargo, Juno daba instrucciones á Iris, su diosu favorita .
-Venus,-le decía,-se muestra muy orgullosa é impertinente por tener á su lado las tres
Gracias, de quienes se cuentan en el Olimpo algunas historietas . . . . Quiero avergonzar á V enus
y humillarla, haciéndome servir ele tres doncellas
absolutamente castas, que jamás hayan amado y
delinquido (siquiera sea en el pensamiento) en materia ele amor .... ¿ X o se atreve á decir esa odiosa Yenus que todas las mujeres están sometidas
á su imperio ~- al del rapazuelo, su hijo? Vuela,
pues. mi l1uena Iris, y buscas por el mundo tres
mujeres de una castidad severa é inquebrantable.
Obedeció Iris, y no dejó rincón alguno de la
tierra sin visitar. . . ¡ Inútiles esfuerzos! P ersuadida de que no le era posible complacer á Juno
r egresó d'}salentada al Olimpo.
- ¡ Cómo !-gritó la diosa.-¿ Vuelves tan sola
como partiste? ¡ Oh, castidad, Yirtud sublime,
cuan ol Yi,lada te tienen los míseros mortales!
-Excelsa Juno,-contestó Iris,-hubiera podido traerte tre;; jóvenes perfectamente castas, que
jamás habían amado á ningún hombre, que á ninguno habían favorecido con una sonrisa v cu yos
corazones nunca habían palpitado á impi1Ísos c1el
más le,·e J.e~co amatorio. . . Pero ¡ay! llegué demasiado farde .. .
-;.Y bien?
- )Jercurio, en nombre de Plutón, se había ya
apoderado de ellas.
-~ F ;, posihle? i Tres jóvenes que eran la castidad, la virtud misma, que no habían amado
nunca ... ! ¿ Qué quería Plutón hacer de ellas?
-Furias ...
(1) F ;,to;: nombres significan : "rabia, carnicería
y envillia."
•

Yo conoc_í esa lira eu otro tiempo
Fugaz, fugaz, primaveral y alegre;
La conocí cubierta de amapolas,
La conocí ceñida de laur eles.!
~

¡ Cómo vibraba el ritmo cadencioso
Lleno de amor y de ternura siempre,
A la luz de la estrella matutina,
Bajo el follaje de las hojas verdes!
~~

¡ Ay, cómo entonces se acercó al oído
L a rima de tus versos dulcemente,
Con la magia de un himno que despierta
O el hechizo de un canto que adormece!

SIN SOMBRAS.

~

~~

Y áun oigo, dulce bardo t us cantare5,

La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde
conser va los vivos reflejos del sol:
la noche, con astros lucientes y blanco!:'.
no -es triste si llega prendiendo en los flancos
de agreste montaña su azul pabellón .
Si esconde el ocaso su cinta escarlata,
si flotan las nubes con or las de plata,
si brilla la nieve del alto volcán;
si todo se cubre con diáfano velo,
que es luz en el astro, cambiante en el cielo,
color en el lirio y estela en el mar.
No es triste la· noche cuajada de estrellas;
n o es triste, si el aire, fingiendo querellas,
inclina los juncos y arranca un rumor;
si nace el misterio. si surge el encanto,
y ocultos exhalan, el ave su canto.
¡ la flor su perfume y el alma: su amor!
¡ Oh, luna, flor casta del cielo en la noche !
¡ Abriste en la somhra tu pálido broche
y viertes doquiera tu mística luz!
El árbol se argenta con claros reflejo,.;,
se esmaltan los campos, esplende á lo lejos
la selva, y el monte se viste de azul.
¡ Oh d iáfanas horas! ¡ Oh breves instantes!
los ángeles bajan y vuelan errantes
trayendo rocío, consuelo ~' amor.
Reptiles ~· monstruos descansan inermes:
¡ Oh anciano que vela!-, oh niño que duermes!
vuestra alma se hn, ido en busca de Dios!
¡ F eliz tú, si llevas la noche en el alma!
¡ Felices r ecuerdos que viven en calma!
¡ Felices memorias de cándido amor!
La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde,
conserva los vivos reflejos del sol!

Lms G.

URBIXA.

En esas lejanías de la muerte
Donde la juventud alzó las torres
Que nunca al polvo derrumbadas Yienen !
~~

Cúspides altas donde el sol deshace
Del desengaño ~· de la echtd las nieves.
Donde van á abri_garse los suspiros
Que le arrancan al pecho los re,·eses !
~º~

Torres á cuyos pies, más tarde. ,emos,
J,a;; pocas dichas que en el alma duermen
Echúndose á volar como los pájaros
Que al sol las plumas de S115 alas tienden!
-&lt;::)- ~

~

'l'orres ú en.vos pies la fosa se abre,
Que guarrla el barro que la vida envuelve,
Do Íl la vida renace, como el tuyo
El espíritu en medio de la muerte !
"0-v,C ~

Donde hov escuchas nuestro acen to amigo,
Donde rnn ,i llorar los que te quieren,
Donde el último Rueño venturoso
Entre los brazos de la gloria duermes.
~~,;:::,..

uuo

Duerme! . ... y tu sueño venturo~o halaguen
L eves auras de amor de tu Campeche
Y del hermoso mar que tanto amaste
El dulce arrullo de sus ondas Yerdes !

.,

)lé.xico, 1-! de Diciembre de 1899.

,TOSE PEON CONTRERAS.

j

Número 2 7

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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3 78

Domtngo 24 de Diciembre de 1819.

no ele rayos y de nubes donde se sienta el Padre
Eterno y donde yo me sentaría á mi vez, lo que,
en wrclad, me dejaría sumamente perplejo.

III
Al üía siguien te. de8pués de tantas r eflexiones y
sueño~. no quedaba en mí la menor vacilación.
Cuando entró el hada, c011templaba yo con ojos ser eno,- la perla que me había dado y que había p uesto, entre los papeles de mi mesa, en una copa de
bronce, en medio de un volumen de L eón Dierx y
otro de José María de H eredia.
l\Ic preguntó:
-;, Has hecho ya tu elección, poeta?
-8í, hada.
-¿.?efinitivamente?

Año VI- Tomo IC

-81.
-¿ Y no sientes ninguna tristeza por los bienes á
que has debido renunciar?
-Xinguna.
-¿ Xo dirú~ nunca que em1)leaste mal el privilegio que te dí?
-Kunca.
-Hahla pues, dijo el hada.¿ En qué quieres que
8e conYierta la perla, que bajo su nueva forma, que
será tu~·a, g-uardará su belleza incomparable?
-Yo le re8pondí : en un Soneto.

M é x ico, Domingo 31 d e Diciembr e d e 189 9.

►

CA'r ULLE MENDES.

A LA. MEMORIA DE PABLO AB.AOS.
He escuchado de pronto, en torno mío
Como un. rumor de algo que se muere,
El eco de una cuerda que se rompe,
El eco de una lira que enmudece.

~~

~~

( DE LESSING)

Plutón recibió la visita de Mercurio, que había bajado al Averno para ofrecer ·sus servicios
al dio5 de las tinieblas.
- ¿ Quieres algo para el mundo de los mortales?
-preguntó el mensajero de los dioses.
-Sí,-contestó Plutón.-Mis Furias han envejecido lllllcho; el constante trabajo les ha quitado
fuerzas y no martirizan á los réprobos con todo
el rigor que marcan las or denanzas. Deseo, por
lo tanto, relernrlas . . . ¿ X o podrías proporcionarme otras, jóvenes y fuertes? Anda, pues, y busca
por el mundo tres mujeres que puedan substituir
dignamente á mis pobres Tisiphone, Megara y
Alectona. (1)
Mientras ~Iercurio partía velozmente á cumplir
el encargo, Juno daba instrucciones á Iris, su diosu favorita .
-Venus,-le decía,-se muestra muy orgullosa é impertinente por tener á su lado las tres
Gracias, de quienes se cuentan en el Olimpo algunas historietas . . . . Quiero avergonzar á V enus
y humillarla, haciéndome servir ele tres doncellas
absolutamente castas, que jamás hayan amado y
delinquido (siquiera sea en el pensamiento) en materia ele amor .... ¿ X o se atreve á decir esa odiosa Yenus que todas las mujeres están sometidas
á su imperio ~- al del rapazuelo, su hijo? Vuela,
pues. mi l1uena Iris, y buscas por el mundo tres
mujeres de una castidad severa é inquebrantable.
Obedeció Iris, y no dejó rincón alguno de la
tierra sin visitar. . . ¡ Inútiles esfuerzos! P ersuadida de que no le era posible complacer á Juno
r egresó d'}salentada al Olimpo.
- ¡ Cómo !-gritó la diosa.-¿ Vuelves tan sola
como partiste? ¡ Oh, castidad, Yirtud sublime,
cuan ol Yi,lada te tienen los míseros mortales!
-Excelsa Juno,-contestó Iris,-hubiera podido traerte tre;; jóvenes perfectamente castas, que
jamás habían amado á ningún hombre, que á ninguno habían favorecido con una sonrisa v cu yos
corazones nunca habían palpitado á impi1Ísos c1el
más le,·e J.e~co amatorio. . . Pero ¡ay! llegué demasiado farde .. .
-;.Y bien?
- )Jercurio, en nombre de Plutón, se había ya
apoderado de ellas.
-~ F ;, posihle? i Tres jóvenes que eran la castidad, la virtud misma, que no habían amado
nunca ... ! ¿ Qué quería Plutón hacer de ellas?
-Furias ...
(1) F ;,to;: nombres significan : "rabia, carnicería
y envillia."
•

Yo conoc_í esa lira eu otro tiempo
Fugaz, fugaz, primaveral y alegre;
La conocí cubierta de amapolas,
La conocí ceñida de laur eles.!
~

¡ Cómo vibraba el ritmo cadencioso
Lleno de amor y de ternura siempre,
A la luz de la estrella matutina,
Bajo el follaje de las hojas verdes!
~~

¡ Ay, cómo entonces se acercó al oído
L a rima de tus versos dulcemente,
Con la magia de un himno que despierta
O el hechizo de un canto que adormece!

SIN SOMBRAS.

~

~~

Y áun oigo, dulce bardo t us cantare5,

La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde
conser va los vivos reflejos del sol:
la noche, con astros lucientes y blanco!:'.
no -es triste si llega prendiendo en los flancos
de agreste montaña su azul pabellón .
Si esconde el ocaso su cinta escarlata,
si flotan las nubes con or las de plata,
si brilla la nieve del alto volcán;
si todo se cubre con diáfano velo,
que es luz en el astro, cambiante en el cielo,
color en el lirio y estela en el mar.
No es triste la· noche cuajada de estrellas;
n o es triste, si el aire, fingiendo querellas,
inclina los juncos y arranca un rumor;
si nace el misterio. si surge el encanto,
y ocultos exhalan, el ave su canto.
¡ la flor su perfume y el alma: su amor!
¡ Oh, luna, flor casta del cielo en la noche !
¡ Abriste en la somhra tu pálido broche
y viertes doquiera tu mística luz!
El árbol se argenta con claros reflejo,.;,
se esmaltan los campos, esplende á lo lejos
la selva, y el monte se viste de azul.
¡ Oh d iáfanas horas! ¡ Oh breves instantes!
los ángeles bajan y vuelan errantes
trayendo rocío, consuelo ~' amor.
Reptiles ~· monstruos descansan inermes:
¡ Oh anciano que vela!-, oh niño que duermes!
vuestra alma se hn, ido en busca de Dios!
¡ F eliz tú, si llevas la noche en el alma!
¡ Felices r ecuerdos que viven en calma!
¡ Felices memorias de cándido amor!
La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde,
conserva los vivos reflejos del sol!

Lms G.

URBIXA.

En esas lejanías de la muerte
Donde la juventud alzó las torres
Que nunca al polvo derrumbadas Yienen !
~~

Cúspides altas donde el sol deshace
Del desengaño ~· de la echtd las nieves.
Donde van á abri_garse los suspiros
Que le arrancan al pecho los re,·eses !
~º~

Torres á cuyos pies, más tarde. ,emos,
J,a;; pocas dichas que en el alma duermen
Echúndose á volar como los pájaros
Que al sol las plumas de S115 alas tienden!
-&lt;::)- ~

~

'l'orres ú en.vos pies la fosa se abre,
Que guarrla el barro que la vida envuelve,
Do Íl la vida renace, como el tuyo
El espíritu en medio de la muerte !
"0-v,C ~

Donde hov escuchas nuestro acen to amigo,
Donde rnn ,i llorar los que te quieren,
Donde el último Rueño venturoso
Entre los brazos de la gloria duermes.
~~,;:::,..

uuo

Duerme! . ... y tu sueño venturo~o halaguen
L eves auras de amor de tu Campeche
Y del hermoso mar que tanto amaste
El dulce arrullo de sus ondas Yerdes !

.,

)lé.xico, 1-! de Diciembre de 1899.

,TOSE PEON CONTRERAS.

j

Número 2 7

�380

Director: LIC. RAFAEL REYES SPilfDOLA.

Bnropa ·'fin de ~iglo".-1. La Tríplice: Alemaui;l y ~u balance político.-Austria-Hungría,
¿ morirá el Imperio ?-l talia, ¿ habrá recaída?
2.-La duplice: Rusia.-Alta presión exterior.
-Expansión sin hiatoi-.-Francia.-Su nueva
orientación; su problema social y coloniái.--Dosciento¡; millones ele peFo~.
3.-En torno del Mediterráneo clásico.-En el
Mediterráneo escandinavo.
-!.-Inglaterra sola.

&amp;L MUNDO.

Su pro8perid11d industrial -es inmenM-, superior
á cuanto sus hombres de Bstado habían previsto;
puede inundar al mundo con sus artefactos, lo
inunda va.
'l'iene el Emperador que necesita: murmura de
él, le re;;iste, ruge ,:.ordamente á vece;:, pero su domador la magnetiza, y lo adora, en realidad; cosa
singular, no hay un alemán que le perdone, por
eiemplo, el haber de,µedido ca:-:i bru~amente al
viejo Bi~mark de la política y del trono diplomático en que se había ,;entado, y todos admiran, sin
embargo, el ra:-:go de energía .Y de ".-:elfhelp" que
aquel desaeato demo:-tró. Lo, ímpetus de paladín,
los ardorc1, de apóstol, la, actitudes de profeta,
que lo hacen apnreccr de repente como Ralido de
una armadura &lt;le la Edad }Iedia, encantan á las
mujereRyi::eimponen á los hombres; sus 'impromptus" político-: prorncan corajes, temores y algunas veC'e~ :-:ilbido,; : pero ninguna inquietud profunda, ninguna protc.:ta formidable, porque saben que
todo les i-ale bien á la postre.
La poteneia en auge de la producción alemana,
el inmenso capital en ella itwertido, la extensión
de ~u comercio neee:,itan mercadoi; seguros, y de
aquí la idea colonial: el mundo amnrillo y el negro,
e1-tán amagados de comprar la bisutería alemana,
porque el mundo blanco amenaza encerrarse entre las mu ralla~ de China del proteccionismo á todo trapo. De aquí e~as posei-iones de aborde y de
núcleo en In, rostas afriranas, en el }lar Amarillo,
en Hamoa; de aquí el ,·iaje del Emperador á Inglaterra: tenía que ir á besar la mano de su abuela la
noble y hon rnda anciaua, éasi sagrada para su pueblo, en momentm: en que la ultrajaba infamemente e:ia parte &lt;le la prensa francesa que ultraja el pudor ele toda~ la,; mujeres )' que la de buen criterio
y de buen tono, que e;; la mayoría en Francia, por
fortuna, e,-tigmatizó con su reprobación caballerosa y digna. Xo •e necesitaron para ello, las alusiones irritantes del 8r. Chamberlain y el incidente
quedó cerrado &lt;'Oll la digna y cortés invitación del
almirante Bere,&lt;lorf al representante de la marina franre,a en Londres y con la elegante y amable
C'Olltestación tle é~te. Corno era natural, al besamanos :;ig11ieron la~ entrevistas entre el Emperador
y su l1inif'fro de Rela('iones con los :Ministros ingleses, se puso en limpio no un protocolo de alianz2,, pero sí un pro~rama de acuerdo respecto de ciertos puntos ob:-&lt;:nros en que podía surgir algún conflicto y á ¡.eguida voh-iót1e el Emperador á su Imperio, no sin e,tampar de paso nn be,o en cada una
de las mejillai&lt; en flor de la fresca y encantadora
reina de Holanda, bef\o que clebe haber sonado mal
en los oídos de la vieja A.lbión como decimos los
viejo;; afi&lt;:ionado~ í1 la,; fra:;e~ estereotipadas. Y
luego,~' cuando se hahlaba de que la tríplice estaha á punto de con,·ertirse en cuadrúplice, el Sr. de
Buelow, pron uncia su gran tlii&gt;curso sobre política
exterior y adió:, alianzas y adiós ilusiones; y luego
vino el voto de un copioso crédito para la marina
de guerrn y adiú,- ilusiones y adiós alianzas: porque es claro. toda nación que hace crecer en Europa su marina, tiene delante á, Inglaterra.
La marina e,, la imprema necesidad &lt;le los puehlos coloninleB, v Alemania tiene la necesidad ele
~erlo; así C'ree ¡lespejar paulatinamente su enorme incógnita ,ocial. Y no hay imperio colonial
sin marina: Ri en vez de gastar España el dinero
de América en perennes aventuras de guerra, lo
emplea en crearse. aun después del desastre de "La
Invencible'' una marina superior á todas las otras,
limpia de corsarios los mares del Nuevo lfondo y
~alrn su imperio C'Olonial, ó al menos cambia las
conclicionei- de 511 emaneipación; así lo comprendió
á. principios del :-:iglo pa::1aclo el pobre Alberoni, pero era.ya tarde, Inglaterra habiacrecido. Y como sigue creciendo en el Océano, resulta que toda empresa marítima se la encontrará. en sus rutas merrantile, ó colo11ialeR; á todos ba. tomado un siglo
tle delantera y es difícil batir el "record" este.
Resultado: para Alemania ya no es Francia la
nrimera preocupación, ei\ la vieja Albión, y cuando
Chamberlain decía que la raza teutónica y los dos
grupo, anglo-;.ajones deberían hacer se solidarios
por su común origen r sus interefles comunes, la
p rensa alemana contestó "te creo" y el Emperador
dijo para su coleto "te veo."

1.-l"na centuria lega á la que le sigue todos sus
problemas,más complicados por las soluciones parciale~ que periódicamen te encuentran; toda solución á medias es ingerto tle un problema nuevo en
el viejo problema troncal, como decimos en español de ,-ccretaría de vía:; 1le comunicaeión; con lo
que lograulOS debilitar la C'Ue~tióu prim itiva multiplicando las derivadai&lt;. Y dejando estas reflexiones naturales en un viejo floricultor como yo,
daremos un brinco en materia C'0n la ligereza que
me caracteriza. Y creed ¡oh ! mi, lectores, ¡oh! pequeño g rupo de mii' lectore~, ¡oh ! po;;trera ilusión
de mi rnnidad literaria, creed que el reproche de
''ligereza" que algunas peri'onai; de aplomo suelen
lanzarme por ahí (hablo de m is amigos, naturalmente) no me enoja; halaga en ~erreto mi orgullito sentado sobre u n respetable petle»tal de gordura y de años;¿ ligero yo?¡ Oh ! Pimpleas, ¡oh ! musas, ¡ oh! T erpsicore, la de los piés alígeros, ¡oh!
Esculapio, dios prohibidor de féculas y exterminador de las tres razas del ilu,;trado autor de "El
porvenir de las naciones hispano-americanas," yo
os voto, si hacéis de mí un hombre ligero, coronas de flores y lfüarione~ 1le agua clara deliciosa y
fría, como "La. niña boba." que nos sinió }1aría
Guerrero en la copa de oro de su gracia pura y de
su talento impareahle.
¿ Qné dirían mis lectore,: ~i con e;,te motivo(¿ con
cuií.l ?) les hablara ahora de la triple alianza? Pues •
aquí va: la triple-alianza, la tríplice, el "dreibund,"
no existe, ha pasado á la historia. ¿ ('ómo? ~omprendo que es un atrevimiento ít la } Ir. Chamberlain, lanzar esta paradoja á los cuatro vientos
cuando precisamente los ·'cables" últimos nos hablan de ,:u renovación solemúe v el 1Iinistro de Relaciones del Imperio Austro-himgaro, Goluchowski, acaba de declar ar que nunea ha sido tan firme
como hoy. ~o importa, in,-i,-to: he aquí por qu~.
· Cuál era el objeto ele la alianza entre A.lemama
Au~tria para el An4ria ~ Pre:,errnrla un poco
de Italii1, un mucho ele Rn,-ia y a-,eg-nrarle su posición preponderante en una parte ele la península balkánica. P ues en el mismo di;,curso en que
dice que la tríplice e~ perdurable, el $r. Goluchow;,ki, participa al m un&lt;lo que, desde hace dos
añof', la armonía de Au,.:tria ,. Ru•ia uo puede ser
más cordial, que el acuerdo ~obre todo lo concerniente á la península balkánira e~ íntimo y que
mejorará más y má:,. ;, Entonce~, c·uál es el objeto
de la alianza por el la&lt;lo au,.triaeo? Xo ~e palpa ya.
¿ Y por el lado italiano? E l últ imo dil"curso de la
corona no dijo una palabrn de la tríplice, ¿ ohido?
Si, pero ya no hay má~ qne oh·idos Yoluntarios ¿ y
n&lt;-r qué? Porque la triple-alianza, para los italianos, era contra }~ranein, rontra la Francia papista,
contra la Francia colonial en 'l'únez y la Tripolitana. Ahora bien. la FranC'ia papit"ta (nos referimos
á la polí tica) no exii,te; el Papa la ha desarmado;
la Francia en Túnez ha mejorado la situación de
las colonias italiana¡.: y la Tripolitana problablemente iría al poder de Italia con má~ beneplácito
de Francia que de Inglaterra; además, las relaciones económicas entre las dos hermanas enemigas 11yer, son hov de mu•YO tan estrechas,
que bajo la presión de la comunidad de
intere!\es toda desavenencia irá desapareciendo. _La triple-alianza ceM. de ser un objeto
1le primera necesidad para Italia; es un artículo
de lujo; les cuesta mucho; le ha costado un deficit
enorme y una trabajosísima existencia füranciera.
Luego si ya no es un fin de propia conservación
La sue1-te del imperio austro-húngaro preocu¿ cuál puede ser el fin de la tr,:nlire? Yee.lDOf Ale- pa también hondamente á. los políticos europeos;
todos sabemos qqe es este imperio una combinamania.

y

Domtngo 3 l d~ Diciembre de 1899,

Domine-o a1 de Diciembre de 1899.

ción, no una nación; puede haber una nación formada con razas distintas: Alsasia y Lorena eran
francesa~, de alma y alema?-a~ de sangre; pero no
hay nac1on donde hay distmtas nacionalidades
es decir, grupos étnicos ó históricos que tien:
den con todas sus fuerzas á la. autonomía y que
no pueden ser una federación, porque son profundamente antitéticos entre sí: e~to sucede con Austria-llungría. Los magyares son odiosos á los eslaros, á quienes dominan duramente; por solo esta
circunstancia, los alemanes del imperio, igualmente odio::;os á los tcheques (eslavos de .Bohemia) son
aliados de lo$ húngaros; pero los c~lasos sometidos á Hungría y los eslaros polacos de Galitzia, no
tienen los anhelos de autonomía que sus congéneres lo~ bohemios. Todo este mundo heterocréneo es
un ~difi~io que se llama i~perio austro-l~ímgaro,.
gracias a una clave: la vida. de Francisco José·
muerto éste ¿ qué sucederá? El sobrino hereder~
es de una in:,ignificancia popular; ¿ subsistirá el
imperio? Lo;; bohemios formarán un reino aparte; los esla \'O~ polacos seguirán la suerte de sus
hermanos y caerán en manos de los rui,os; los otros
e~lavos se unirán á los balkánicos para formar una
federación entre el Adriático y el Mar Xegro · los
alemanes se unirán al imperio germánico qu.'e sea•omaría entonces al ~Iediterrá.neo por el Adriático en Trie~te? Los húngaros formarán otro reino
como los bohemios? Quién lo sabe? Los optimista!"
y puede que tengan razón, afirman &lt;1ue antes
llegar á un desmembramiento que desequilibraría 1!1~s de lo que ya está á la vieja Europa, se
reumrrn un nuevo congreso de Viena, como en los
comienzos de nuestro siglo, y reconocida la neceRidad de e;;:a entidad híbrida como cuña para
impedir el de~moronamiento de la paz y la reapertura de otra enorme cuestión de Oriente, formaría una federación de autonomías, presidida por
un emperador Habsburgo; puedeu los profetas
echarse á. volar entretanto.

mitido;; po~ ~- Loubet, retira sn mano de la urn~delaHepubl!ca y Re da al diablo. Todas son pamplmas que _l~. Delcas~é ha deshecho en su discurso
sobre la pohtiea exterior ante la Cámara de Diputados; l_a aha~za perdur~ por, la, si~1ple razón de que
su obJeto _;;e a.clara meJor drn a dia y como coincide
con el _obJeto alemán y como de lo que se trata es
~e obh~tll' ~ lng!aterra á compartir con ellas su
mdefürnlo_ imperio colonial, de lo que la dúplicti corre r1e5go es de hacer:;e tríplice á su vez sobre todo desde que las marinas de los Estdos Únido:1 )' el J~pón puede~ reun_irse á la inglesa. Hace
muchos anos que nadie sabia lo que esas marinas
signifitilhan; China y España han demostrado á
sus expensas el verdadero precio de los barcos que
las fulminaron en breves combates.
Y á propósito un oficial francés hablaba en no
sé cual periódico de I)arís, de la facilidad para la
n:iarina de evitar, encerrándose en los puertos contmen talci;, el ataque de las superiores escuadras
inglesai,; ''e' est bienot d it." Ahora resulta que
Francia está desprerepida para una gran guerra
marítima; d~spre~enida ante la fuerza gigantesca de sui- vecmos msulares tanto como ante la mar~na no!·~e-americana )o estuv~ España. ¿ Es posible? ); i buques sufic1ente1&lt;, m entre los existente,; bai,;t~ntes de primer orden, de acero y capaces
de me&lt;.l1rse con los gigantes de C'atorce y quince
mil toneladas que los inglese:- multiplican, ni la
defensa de las costas bien organizada, ni los puertos coloniales en un grado superior ele utilización,
etc. Si en estos momentos egtallara la guerra que
cuen tan que Mr. Chamberlain cle,ea, para rehacer
el prestigio perdido á orillaA del Orange y ·del 'l'ugela, Francia quedaría descalahrada en el Golfo
de T onkin, en las Antillas, en el l1editerráneo.
Ciertamente yo no me atrevería á decirlo ¿ con
qué competencia? ¿ con qué datos? Pero esto y
más dice y prueba en un estudio flamante Ed.
Lockro, dos veces ya }finistro de 1Iarina, perfecto conocedor de las nece~idacles ingentes del
departamento que en los ministerios de concentración ha regenteado. Y la comprobación de que no
son exajerados, se infiere del consentimiento de
las Cámaras francesas en arrojar i-obre los hom~
broa de un presupuesto enorme en el capítulo de
gastos de Guerra y :llarina, dosciento,, millones (en
pesos mexicanos) dedicados á la defensa marítima. Quién no desearía vivamente que Francia
abandonase sus perpetuas reyerta~ en que dos centenares de "tapageur~·, á quiene,;· ,:eguirán eternamente las multitudes ignaras y lmlliciosaR, pretenden imponerse á las a~amhlen~. al gobierno, al

d;

¿ Y la sacra Italia? Si alguna nación necesita
concentrarse, neutralizarse para toda ambición
exterior, completar y organizar su deficiente unidad nacional, que brotó de un gran arranque de
entusiasmo, pero que al día siguiente de los Cavour, de los Garibaldi y lo:, Yíctor llanuel, resul ta llena de dificultades y lagunas, y reparar concienzudnmente las ruinas de su erario, es la noble
nación latina. Si recae, todo quedarií. aplazado,
todo volverá al azar, si recae en el error de una
políti&lt;:a colono-militar; parece que los ingleses
la quiernn arrastrará ocupar una buena parte &lt;le!
8udán .Y del valle superior del Silo, para que ellos
puedan concentrar sus elementos en el .A.frica ..lustr~l ¿ á cambio de qué? ¿ De una futura alianza.
contra el Xegus. de Abisinia? La aYentu ra sería
peligrosísima y la posición de Italia en E uropa
~ería p recaria; ni los alemanes, ni los r usos, ni
los franceses le perdonarían esto; lo que es gral'"e.
Italia pre~enta en estos tiempos el grandioso
espectác·ulo de un gran "risorgimento" intelectual en que domina el espíritu científico de nuestro siglo, sus fuerzas no están compartidas, como
en el Renacimiento, entre la ciencia v el arte; la
primera domina, la era industrial será su resultado, y el arte erguirá después su figu ra eterna
de mármol de Carrara sobre el pedestal gigantesco de la verdad científica; la verdad, que es lo relativo, adquiere periódicamente en el alma inmortal de los latinos, ese esplendor que es la belleza y que ilumina al mundo.
Entonces si que la profecía del "re galantuomo'º se habrá realizado; Italia habrít hecho de sí
misma una nueva guiadora de la civilización humana: es s1i destino.

2.-La al ianza franco-rusa ¿ está deshecha como la otra? ¿la dúplice ha corrido la propia suerte que la tríplice? Así lo aseguran alguno8 ; los
hombres de estado del "Petit journal" lo hon declarado terminantemente, como que están en tod~
los ápices de la diplomacia; üÍ se lo hacen creer
al menos á los quin ientos mil especieroA, cor..ieteros
y provincianos que forman su principal clientela.
Por no haber aceptado una alianza ó por lo menos un acuerdo, como dice Mr. Chamberlain, con
Alemania en las cuestiones coloniales, el Emperador Guillermo alióse con Inglaterra y el 1.'sar,
ya descorazonado por los ataques al ejército per-

país ... . .

r
1

l

1

j

R u~ia marcha mejor; la ma&amp;i de la poblaciún
sigue soportando como un tlecreto &lt;lel Althlimo el
despotismo paternal y hierático del autócrata, las
clases ilustradas suspiran silencio~amente por el
liberalismo del porvenii; que probablemente ~erá
imposible antes d_el siglo XX~ y entreta~~o algunos restos cruelf¡;m10, de la !erren opre,1011 pa,;ada, como la deportación á :-iiberia, tienden á de~aparecer.
•
lh11,ia es una enórme ma,a l)oreal ~iu f'Olución
de continuidad su imperio colonial es ella. mi...mn.
Rusia se sient; europea, pero se quiere aRiática,
quiere ejercer la hegemonin en el _.\.sia. E~ dueñ.t
de todo el septentrión del conti1~e11te.. ha, !)or~ado
la frontera meridional de su mipeno 8ibenano
por un ferrocarril que dentro de poco tiempo habrá puesto en comunicación Cherbourg en el Canal de la Mancha con Plterto _.\.rturo en el Golfo de Petchili · al Snr de esto,: ocho millones de ki'
.
lómetros de terraplenes
herrado~ que _t~enen
por
estaciones fortalezas y que e,;tan m1htarmente
a!ministrados por el -;,.ohierno, e:-\tím ln Per.,ia,
ya casi un protectoradd"ru;;:o -". todo el ant_iguo Ir~n
át-iao é ingrato, en donde e-ni,, no ha~·. mas que t.,
tío é ;nvierno en donde el calor ei; ma, inerte que
en el Mar Roio y el frío irrual al del Spitzherg. un
horror climatérico, pero al través del c·1ial el ru ...o
altaico, mestizo de e::,lttro , de tátaro. hu~ul la
&gt;.1trada á China por lo-: itinerario!'- clásicos &lt;l~ los
Djingliis-Khan y ]os Timur-Leng y la ~pro.x.m~aeión al paraíso que riegan con i-u abamco :fi~nal
10!, siete hindrn, que luego ;;:e trenzan_ en el Hi_ndo
y bajan al Océano; el camino &lt;~e AleJan5lro trmnfante: 1trrancar ]a India á Joi- mgle~es o ayudarla
á arrancarse sola, ¡ qué tentado~ ensueii? ! Y tr~.(arse la mavor parte del com_erc10 ~e Ch!na, i q~
Mbrosa. tentación! En el Asta vera el siglo pro-

,.

EL MUN{)().

ximo desenlazarse el duelo formidable comenzad()
en los tiempos prehistóricos entre el germano y
el eslavo.

- ~ºº

países moribundos, como decía cru,,:
m:,nte en cierbl. célebre ?casión lord Salisbury,
y..~en en torno del :Mediterráneo ó cerca de el
es 1'1~rquía, es Grecia, es la península ibérica. Y~
TYI, :10 de estas profecías, la historia está llena
ue cadáveres de pueblos fuertes y de resurrecciones de naciones moribundas. Y tal nación gigavt~s?~, que veía señale~ claras de agonía en la 1.nprev1si_on suprema de .España en lucha con los Estados
Umdosha revelado una incuria igual, hasta ser sorprendente, llevando á sus bravos soldados á ser ruRilados _y capturados nor un puñado de pastores
sud~afncanos. No me vengan á mí con cuentos:
encienda V., no en la cabeza, sino en el corazón
le un hombre
un gran ideal ó una oerran pasión'
.
(] aR ¡~as1ones
son anetito~) y póngale V. un buen
::\Iartmy-henry en las manos y verá maravillas. En
~tma, hay algunos de estos agonizantes que nece:ntan federarse á otros para viYir al lado de los
Mloi-ales propietarios &lt;.lel globo, ¿ hay im posibilidad ele federarf'e? Pues es caf:i segura la muerte;
loR _tur~os n? ;~e pue~en unir á los balkánicos por
1nt1patia, 111 a los hungaro~, sus congélleres, por
la re! 1gión y la distancia, pue,; á sucumbir; los
helenos y los eslavos del Sur del Danubio , pueden federar~e? Pues lo deben hacer. ¿ E,-p;ña y
Portugal pueden formar un pueblo polítiC'o, como
10 forman por la historia y poi· la raza? Pues háganlo; así España tornará in•tantáneamente á ser
ma potencia de segundo orden, esperando el
,orvenir, y Portugal, &amp;irudirá el vasallaje mercan
j] que, en nombre de Inglaterra, le impuso el
, Jrnelo del actual vencido de los ''boers"en)Ia1
~er~fontein.
Esa 1nisma política está indicada pa_ra los escandinavos; en lugar de inventar pretextos para
"'eJ·ertas mortale,-, suecos y noruegos, reúnanse cou
Dinamarca y . ... . P ero ¡ qué diablos de mapa de
Euroua estoy haciendo, lectore8 ! ¡ Cnir, reunir 1
Ahí es nada; preci8amente e~o es lo diííci l, lo fác-il e-; dividir. En fin, dejemo$ al futuro congreso
tle Yiena esta tarea. Será sen:-ible que allí ni vosotros ni yo tengamos ..-oz y voto.
-!.-Inglaterra parece sola; 'ªu amistad con
los E,;tados l;nidoi-, repicada á vuelo en los
cliscursos optin1istas del señor Chambedain,
e;; positiva, por ahora; mas tiene tantas,
tantas prohahilillades de ruptura y desgarrones en lo porvenir; la masa del pueblo americnno le e~, en realidacl, tan indiferente; los elementos irlandés y alemán, crecen con tal rapidez
dentro de e•a ma&amp;i; ao11 estos elementos tan poco
de\'Otos á Inglaterrn, que sólo forjándose ilusiones
Íl propósito, Be puede c:reer en e;;ta solidaridad setular, de que en la I~la madre se jactan lnA pnlí.
tiros de cierta ei:lcuela. 8u, recientes ofertas á
_.\.lemania en Africa y A::1ia, á expenAAs de Portu~111, le traerán la benevolencia del gobierno del
Kai;:ser, que. ;;:in e~o. y viendo lejana la alianza
marítima con Francia y la. realización (cinco ó
,;eis años) de sus nuevo,; programas marítirnoR,
habría tenido buen cuidado de manife~tar otra
cosa, que amistad ,iincera hacia los súbdito,, de Su
Urado,:a Abuela. Pero mientra¡.: tenga mayor número de entrada-; .Alemania en la zona de lo. dorn inarión inglesa, ya en Asia ó en Africa ó en lR.
.-\u¡;tralasia in~ular, mavor ;:erá el conflicto de mtere~es y de apetitos entre regiones ifüulares y
re¡óoue,1 continentales.
Inglaterra debió á su ai~lamieuto geogr-~r.co la
imposibilidad de Rer atacada y la facultad de tomar parte á su g1tsto en las luchas europeas; las
fomentó á porfía durante todo el siglo XVIII y
lM &lt;'nmienzoA de e,-te, para que la deja~en en
1ibertad de organizar para siempre su imperio colonial y marítimo; por eso tomó parte en el siglo
pasado en las lucha;; entre Austria y Francia, por
e~o en la guerra de Siete Años, por eso en la10 coalic·iones contra la República revolucionaria y ~apoleóu; era claro, mientras Francia que, por su
posición, era entonces con España la sola temible
para ella, ~e lanzaba. á los descalabros de la Guerra de Siete AñoA, Inglaterra se apoderaba de su
imperio colonial en .América y la. India, y proC'Uraba desorganizar el de España; mientraR Franeia recorría Europa en pos del caballo de Napoleón y daba vida á una epopeya verdadera, ;,uperior á cuantas la historia ha engendrado, logia-

terra deshacía su poder marítimo en Trafalgar.
'l'odo para ella fué ganancia, su sol)('rbia no conoció límites; pero era una potencia colonial, luego co?tinental, au°:que muy lejos de Europa;
rn~s Europa se fabrica una paz forzada, su industria y su trabaj? crecen y se agigantan, pieasa
en buscar colomas nuevas en los huecos que la
orgullosa había dejado en el umndo y se tropieza en todas partes con una Inglaterra colonial
apenas militar . . . . Y resulta este u 11 curiosísim¿
apéndice al libro que sobre la superioridad lle los
anglo-sajones ha hecho )f. Dei&lt;molinR.
No importa: la sangre inglesa y holande~ que
se derrama en el Africa Austral, e,; una impiedad:
da horror, p~nsanclo en las cau,.:a~ tle la guen-a,
tanta desolación y tanto luto; admiran los oficiales ingleses, exponiéndose má.: que i,;us soldados
á las balas boeras; y sorprende la habilidad ele los
campesinos y pa.store de las repúblicas libres;
el _tercer acto de la campaña va á ahrirse; fué el
primero la invasión del territorio inglés por los
boers, que llegó á los sitios de ~Iafekin~, de Kimberley y de Ladv Srnith; fué el segundo el a¡.:censo
de Methuen y de Gatacre de me::eta en mesefa.
hasta las orillati d_el Orauge, y el de Buller por
los escarpados vencuetos que llevan de Pieterrnaritzburgo ó Colenzo: este acto terminó con tres
derrotas, una por ejército asaltante. :Mientras llegan los lords Robert~ y Kitehenrr, con "us copiosos
refuerzos, todo parece paralizado, todos se preparan á un choque decisil"o. Y será el acto tercero
del drama sangriento.
Entretanto, pueden hacer mái- mal á los ino-leses la epizootia en lo,; caballos y la debilitarión° de
las guarniciones de la India, que el bien que les
baga la llegada de los ,·encedores &lt;le los afghanes y
de los dervises.
Los boers se atrincheran y seguros de que no
serán atacados hasta el año entrante, han ido en
grupos numerosos á sus aldeas á celebrar la Xavidad y á reparar con crece¡¡ en una noche de amor
robusto y sano, las pérdida;.: que les ha ocasionado
la sagrada defensa de la Patria y del Hogar.

--------·-------E.l Arte y la Barb arie,
~

. A ~o largo de la po_h·oros~ calzada que la impaciencia hace parecer m~e~mmable, una impetuosa
oleada humana se prec1p1ta, corre, grita, se atrope)la en un frenético afán de llegar cuanto antes,
pnm_ero que los demá~. En pintoresca á la vez
q~e 11!1pouente confusión toda clase de Yehículos,
v1etorias, landaus, clogcart", faetons, tirados por
poderosas yeguas ó por microscópicos ponneYS · jinetes en briosos caba\lo~, o~tentando bordados,'galones, chapeta,, reluciente~; peatones vestidos á la
moda de todos los países y á la usanza de todas
las clase,: sociales; mujere~ dando al viento como
penachos de guerra las vi~tosas plumas de sus
sombreros, desplegando y haciendo flotar como estandarte_s de combate, la5 gasas, las cachemiras y
l?s encaJe5 de su ata do; lagartijos de exiguo vestir y formidable "rotten ;'' payos agobiados hajo
~l peso de monumentales sombreros de felpa: muJ~i:_es del p~eblo envueltas en rebozos multicolores;
nmos, ancianos, todo confundido, mezclado, tum~ltuoso y movido por el mismo impulso y siguiendo la mifima pendiente, corren, chocan, se
arrollan, fie empujan.
Si ,no fuera la elegancia del atavío, la bulliciosa
alegria que re~e.lan, el entusiasmo expansivo que
?stentru1_, se d1r1a que h11n&gt;n en tropel de una
munclnc1ón ó de un hnn&lt;.limiento. ¿ A dónde van
envueltos en la den,a polrnreda que el sol clora v
que la luz ~uatiza? ¿ Yan ataso á pre!'enciar el desfile armomo-o tle la teoría griega en los juecros
fl?rales? ¿ Acuden tal Yez al inmenf-o teatro á ~ir
como el coro comenta Jo~ &lt;lolores de Ed.ipo ó canta las glorias de Aquilea? ,: Sale al cneuentro del
v~ncedor ele )[arathón, 1lel héroe victorioso en
cien combates? ~o; ~quella multitU&lt;l ebria ya de
pl_acer y todavía sedienta ele emociones, va al
Circo_ Moderno, al combate sangriento, á. la lucha
salvaJe del hombre con la fiera, á los toros!
En el inmenso anfiteatro la esperan las emocio~es punzantes,. los sacu&lt;limientoR s11lvajes del peligro, las embriagueces de la lucha, las repugnan-

�382

J)omingo 31 de Diciembre de 1899,

Domingo :n de Diciembre de 18H,

EL MUNDO,

'F.L MUNn O.

La Guerra Sud-Africana.

Una battl'ia inglesa de montaña capturada por los boeros.
cias de la matanza, escenas odiosas de deserción v
anatomía, charcos de sangre, vísceras regadas po·r
el suelo, convulsiones de agonía. A disfrutar de
ese placer de dioses acude anhelante, á gozar con
esas escenas de pesadilla se apresta impaciente.
El espectáculo es grandioso y salvaje; los lu'.!hadores se atavían como para una fiesta; desfilan vistosos, bordados, recamados; el circo henchido, atestado, parece un mosaico de telas, de plumas, de joyas;por doquiera flotan :flámulas, ondean estandartes, brillan colores vistosos. Un inmenso clamor estallaá cada paso, y cuando la lucha comienza, aquella multitud, ebria de entusiasmo, ondea como un
océano, ruge como una tempestad, silba como un
viento desencadenado; á veces se precipita en cataratas la granizada del aplauso, á Yeces atruena el
estridor de la silba. Todo es allí ensordecedor Y
deslumbrador. La "corrida" es una orgía, con sus
chuscadas de carnaval y, sus episodios de tragedia.
En los toros el hombre arroja al circo la vestidura decorosa de que lo han medio cubierto dos
mil años de civilizRción y ostenta su alma desnuda; da rienda suelta á sus pasiones, saca á luz
el fondo animal de su naturaleza; rompe las trabas de, lo convencional y de lo conveniente, y se
abandona á sus peores y menos y nobles instintos.

Cómo les dan agua á los caballos en los campamentos ingleses.

------- -- -

.1

J

Soldado.; in¡JltJ11c11 cu,11bat itmdu

á

la marte1·a de lv11 boeros.

j

Geneml W. F. Gatacre.

Grita, blasfema, se agita como un energúmeno, pi- de un castillo feudal, no fueron bellos, ni concede á la fiera bravura devastadora, al lidiador arro- bidos con algún fin estético; fueron útiles, necejo ciego y audacia salvaje; protesta si no hay sarios, como lo son _hoy los braseros ó las puertas;
:sangre; ruge si ve despertar el instinto de la con- pero el tiempo los ha ungido bellos y hoy gozamos
servación; le exasperan las reticencias y los tan- contemplando las ruinas de un castillo feudal. Un
teos, y no se sacia sino cuando el bruto destruc- revólver es casi ridículo porque es moderno; una
tor cae á su vez aniquilado, vencido y tinto en espada es bella y noble. Los trajes romanos, medioevales ó de épocas remotas, se hacen bellos con
sangre.
¿ Cómo explicarse ese regreso al estado salvaje? el tiempo, y no tienen estética alguna asignable
¿ Cómo comprender este momentáneo olvido de to- nuestras levitas ó nuestros pantalones.
Lo que pasa con las cosa¡, pasa igualmente con
do un pasado de civilización? No es como muchos lo creen una especialidad de nuestra raza, los actos hum.anos. Cazar fué una necesidad imuna· peculiaridad de nuestra educación, la acen- periosa, una tarea enojosa; se iba de caza, no por
tuada inclinación que mostramos á ese sangrien- recreo, sino á más no poder, para purgar de
to ei"pectáculo. Tal opinión no es sostenible ante .fieras el bosque ó de alimañas la campiña; hoy es
los progresos que en la delicada y culta Francia un placer, porque es un acto viejo, inútil y par odia
hace la tauromaquia y ante el acentuado placer ó remedo de otro necesario v pasado.
Luchar y boxear fueron actos indispensables de
y afición que ostentan nuestros "primos" y nues·
defensa
personal antes de las instituciones de potras "primas."
Xo; no hay pueblo, no hay época, no ha_v civi- licía, y hoy los ven los anglo-sajones como especlización que no tenga y haya tenido predilección táculos de placer y ocupaciones recreativas. Los
por algún género de sport ó de espectáculo sa.L- moros, al invadir España, la encontraron plagada
rnje. La Grecia antigua y la antigua Roma te- de toros bravíos, peli~rosos y que imposibilitaban ó
nían la lucha, el circo y muchos sports más ó me- dificultaban el trabajo y la circulación Fué necenos salvajes; en la Edad Media, los torneos; en sario para extirparlos, aprender á luchar con ellos,
la civilización musulmana, los toros, de donde los y así nació la tauromaquia. .
Desde el momento en oue la cosecha de lo bello
heredó España y después la Amér ica latina; los
se
hace en el almácigo de lo pasado y
anglo-sajones cultivan el box, de un salvajismo imponderahle, las peleas de gallos, v recientemente el
'·foot-ball ," más salvaje aún, si cabe; y la caza, he•
catombe de seres -inocentes y ya inofensivos, es
igua)mente recreación salvaje y despiadada.
Y todo esto tiene su arranque y su razón de ser
en leyes y condiciones fundamentales de la naturaleza lnimana, que la civilización puede apena¡¡
modificar, pero que no llegará nunca á tranformar.
Es ley ineludible de la naturaleza humana, que
el tiempo todo lo embellece y que por el hecho
de ser antiguas las cosas asumen un acentuado
carácter estético. Y es un hecho, igualmente, que
lo estético es en el fondo una imitación, una parodia, una reproducción, á veces, de lo real. De la
combinación de estos dos principios resulta que
el pasado, por el hecho de serlo, acaba por ser hermoso y por consiguiente, doblemente. el remedo
de lo pasado.
No importa que un acto, una costumbre, un
objeto, no hayan revestido en su principio carácter estético alguno; con el tiempo acaban por
adquirirlo.
{,'n1eral Lo1'd Methuen.
Las troneras, almenas, puentes levadizos y fosos

�Domingo 31 de Diciembre de 1899.

Domtogo 31 de Diciembre de 1899

EL MUNDO.

384

~l lengua.~e de la. América. I spañola.

clesde el punto en que lo pasado, en general,
no fué pulcro. ni moral, ni civilizado; desde el
momento en que lo que llamamos espectáculos
y·'sport;· 0 on de toda preferencia remedos de acto~
de seres inc-ultos y menos civilizados que nosotros,
es inevitaule que el e:opectáculo y el ,:port nos retrotraigan á la barbarie y que haciénuonos Yivir
en el pa,-ado. reaviwn en nue~tro eorazón emociones baja-. remuevan en nueRtro e,-píritu ideas
atrasada~ y Ol&gt;tenten ante nuestra , i-;ta e,pectál'ulo~ repugnantes.
E~ta cloc.·trina no ab,nelre. explica. y habrá que
e•per,u á que la. civilización y la rultura emejezcan JJara que los espec·tác·ulo, puedan ser ;;iempre
pulc·ro,- é ineprochable;::. Y aún a,,í. cuarnlo nuestra.,; c·o,tumhre:; ,ean vieja~. }a;, que la;; reemplacen
serán mú, refinada" y Ja.; nuestras pareeerán to,;c·as y bárbara~ y saln1je sn parodia á nue,;tros remotos ~rn·1•~ore".

~

L a Comisión de diecionario que preside Don
Juan \ alera. ddJÍ,L informar á la ~\.cademia Española, i;obre la. eom·enil'ueia é inconveniencia de
emprc•nJcr el l'stucli_o de los americani,,-mos y neolog1smc;; que• _Don Ha·ardu l'alma, escritor peruano
y cor re_8ponchentl' ue hl s\t:adl'nHa. propone en rn
libro titulado ·· Hctuerdo~ de 1'.spaña. ·
E l Sr. D. Eduardo Benot. que tanta,; prueba~
ha da&lt;lo de ~u alt.i ilustr,Hjón tiloló"tea. eomo lo
a cr e&lt;litun su~ &lt;li\·cr,-a:, ol.irfü; ~obn, li~"iih,tic:a ca~tellana. fué l'l del&gt;ignado vara llcn1r la~ oz en nombre ele la N)]11i~ión del di&lt;·&lt;·ionario.
D es¡mé~ de bre\·e exordiu en c¡ue el Sr. Benot
hizo c·alnro-o t'll('()lllÍt&gt; c1el Sr. Palma c-omo hombre
de let ra~. elijo (¡uc lamentaba que el literato peruano hubiera da(!o · Ú Pntl'nder que en la Atademia
dominaba espíritu &lt;k ho~tilidad contra ..\mériea y
los amcritano~: ptH&gt; t•l ··c-ordón ~anitario," fra;e
del i':ir. Palma. que difü·11lta el ingre~o de neologismo,; en el di('(·ionario. tmo su origen en el exagerado amor ch• lo, antiguo, a(•iulémi(·o, ú lo que
ellos entendíau ne&lt;·e:;ario para t·onscn·ai· la pureza
del lenguajl', pero no en ¡,a~ion&lt;'illa, polítieas. Y
t a n cierto er,1 e4o. que el eordón ,-anitario había
mirauo emno fran&lt;lulenta no ,;ólo la entrada de
rncahlo, venido~ de tieri..a,: lej1ma,-, ,ino también
la de los naciuos en la Penhi,ml,1 rni~ma v u,ac1o;por todo~ lo,; qne saben e~c-rihir. tale;; c·omo ";;umariar," ·'agredir,'' ·'liina&lt;lor ,'' " eaptac-ió11:· '·ext eriorizar:· ·'maritata&lt;' "(•ompenetra('ión," "8ilueta." ..liberali~mo," ..rac·ional i-1110.'' "esperpento·· y otras 1·,rneha~ palalJrai' ele que no aleazamo~ á
tom ar nota. Pero lo~ tiempo;; han cambiado. y la
hi~toria de la relajat·ión del antiguo ~i:;tema (adopt ada con la mayor l;ueua re por acaclÍ'mieoR de autitudeF y c·onocimiento,:, pero á quiene• yo no t:tubeo· en talifü·ar de t,rirerio,.; r-&lt;trecho•), ~e encuentra heeha de m:i&lt;1o ma~i•tral en el reeiente
diFcur,o de rerepción de Don Daniel Cortazar y
en la conte:;tac-ión de Don Eduardo de SaaYedra.
'"Ambos di8c·urKos-añatlió el orador-son testim o11io de la Y11riación del ;:i,:t ema impue,;to por el·
espíritu amplio y liberal de la época, y· esta con-

LA TARANTELLA
La . "Tanrntella'' es uno de Jo;, bailes re"ionales
o
que tienen má, carácter y mayores peculiaridade;:.
Se cliferene1a de ca,-i todos los demás bailes regionales, aun de los mismos italianos.
Xinguno que haya e~taclo en el Sur de Italia,
en la bella Xápoles ó en la enc·antadora isla de
Capri, ha dejado de ver bailar la "tarantella," y
es seguro que ese baile le ha dejado recuerdos
imperecederos, por la gracia v la armonía de sus
movimientos.
•
Es cierto que lo esencial ele casi todos los bailes populares es igual en toda e, partes: la representación de una pantomima am orosa. Pero los
elementos de ella var ían siempre y hay algunos
bailes en que es da&lt;lo representar desde el amor
más puro hasta la pasión más desenfrenada.
A estos pertenece la "tarantella." El carácter
y la intención de quienes la bailan es lo que realmente define el baile. que puede ser de un eroti!'mo pagano ó de una deliciosa ingenuidad.
Los mozo, Y las mozas de la Italia meridional
aman la "tarantella"' ron todo el ardor de $U sangre y ~e entregan á ella en cuerpo~- alma. Cuando
no ha:r parejas. con frecuencia se ve á las muchac:ha;: que enlazan sus numos con el tradicional
pmi11elo para danzar alegremente al son de las
guitarrillas ó mandolina1:1 y dél pandero.
'C'na escena de estas es la que representa nuestro grabado. que e,: un fragmento de un bonito
c·uaclro del pintor alemán Hermann Katsch.

EL MUNDO.

vice1ón mía es la que deEeo que arraigue en el no nos pasma de admiración porque es de ocurrencia diaria, si el capitán de cada buque pudiese alccreuro del l:,r. Palma y de los americanos todos.
terar á. su antojo el Código de banderas?
Para. que una lengua sirva. de vehículo de las
Comentir que una lengua se disperse en diai&lt;lcai; ú rnu&lt;.:hos millones de almas, es preciso que
ledos,
es un ultraje á la civilización; es tanto cola lengua i-c con,,erve sin variat·ión en su esencia,
y que .:ca al mi6mO tiempo :;u,ecptible de los au- mo lernntar barreras intelectuales entre los pueblos, á semejanza &lt;le las murallas de la China; y
mcntoi:: exigidos por las diferencias de climas, inseso no lo hará la Academia Española, rechazando
titurio1w1:,, costumbres, ele. Si viviesen aún los
antiguo, rom,mo,, su latín no ~ería ahora medio de sm examen, sin diséntirlos, los neologismos americ•anos c¡l).e en su libro nos propone nuestro estudio&lt;·omunieal'ión entre los pueblos que hablan los diaso .r querido compañero de Limll.''
h•do,; en que ~e di,;eminó la lengua de Roma; y
'l'erminó así, de-pués de más de uaa hora que
ningún romano entendería ú lo, italianos; ni á los
durÍ&gt; ~u corree-to di,,('urso. el re,,petable Sr. Benot,
france~e", n i ú lu,; portugue-e~. easte!Janos, cataen me&lt;lio de fenoroi&lt;as folicitaciones.
Janl'H, etc·.
.\c·ademia, en rota&lt;·ión unánime, acordó que
t:1 ~r. Bl'not oyó mnchm• mmmullos &lt;le "¡bien ' " en La
el ;;uplemcnto dPl "l)ic-c·ionario," cuya irnpre•·, 11rny bien!" (•ntre lo;; académit·o,;, cuando dijo:
tiión ah-anza ya 11 la letra V, se consideren todos
"Yo &lt;'rro tan perjudicial p] propósito de ha(!er
lo, americ·,rni"mo~ y ¡1eologismos que la comisión
&lt;¡UP el &lt;•a,-tel lano ,:ólo ,;irrn para lo,: penin&lt;"ulare.::,
de le.\.i&lt;'o r,time dP ,,,rn, f:'niente admisión.
c·omn el de qne »u mi,-ma lengua sirva sólo para
Jo~ anwric·ano~. E,; contrario á la civilizaei6n y al
trato humano l'l acordonar Ja,- lenguas v hacer que
,e ('Oll\' ic•rtan en dialedof' . . \ntl'" aislaban á Jo,;
Remolque de los barcos de electricidad.
puehJo, la, di ...tancias, el t iempo y las diferencia;;
-&lt;::&gt;o~-::,..
rh• IPngnaje: pno. por fort u ila, lo" pmgre;;oi:; moderno~ han anulado el espaeio .\' el tiempo. Ei
La lentitud ton que lo~ pequeños vapores retiempo ho_v no tiene tiraniaf:. Al día siguiente de
mokahan
por lo, canales á las embarcaciones de
la rnuPrte &lt;le ( 'a,;telar, lo, diputado~ del Congreso
vela y á .las grandes lanc·has, que muchas veces,
de la HPpúhlil'a .Argentina oían· la triste noticia
por Hl exc-e,i,·o pe-o. ~uperaban en fuerzas de rede pie y en ¡,¡ rná:&lt; religioso silencio.
Xo pa-a. por dewracia, lo mi~mo con las dife- Hir-tencia ú la &lt;¡nl' podían ejercer los vaporcitos
remolcadore;;, ha hed10 que en el canal de :Finow,
. reneia¡: de lo,- idiomas. Todavía cf:as diferencias
Alemania.
~e hi&lt;·ienm experiencias, aplicando un
&lt;liticnl1all el eomercio nniver::-al. ruando no ,e opocarril remolea&lt;lor i;](&gt;,•tric:o. que ha dado muy
nen á él. llay, c:iertamente, tre" idiomas por eu_vo
bueno, re;,ulta&lt;lo~ y que c•F seguro que en breve
medio ~e comm1ican entre ,-í Jo,;, pueblos eiviliza~&lt;' aplicará en otro,: 1·anale".
do": el inglé~. el e,pañol _v el írancé;;. Son entenComo verún m1el&gt;tros lec-tores en el grnbado que
dido~ rn toda,- lai-; eoRtas, y romtih1ren una espe•
&lt;·ie de lengua ttniverRal con tres formas diferen- le~ ofrecemo~. el proc·edimiento no puede ser más
te:&lt;. Y atentará ú la ci,·ilizaciún quien no impida :,eneillo: á un l-aITO pequeño,-que se mueve sobre el carril elé('tric·o del ;;i~tema ele cable que ya
por todo" Jo;: medios posible•, la dialectización de
cono('en, y que ,e ha aplicado á los tranvías ele
t'"ª" ll'ngua,. E;;. pues, p reci"o e011servarlas en su
es~nt·ia. ,v darle,; flexibilidad ba,-tante para que re- e~ta eapital.--e ata el cable que ha de remolcar
el barco y el remolque 'le efectúa de una manera
ciban lo, aumentos necei;ario,;.
Do;, bu&lt;¡nes se entienden en alta mar por medio Hegura y rápida. ¡ &lt;lran ahorro de tiempo y di&lt;ll'l Cí&gt;&lt;ligo lntemacimial ele ::eüales, sin saber lo~ nero!
tripnlaillef' &lt;le un barco la lengua de loR tripulan te.;
&lt;le! otro. ;, Y podría realizar,e e~te prodigio, que

LA TARANTELL.A, baile populm· de Nápoles.
Cnad1·0 de H. Katsrk.

LA CARICAT UR.A. EN EL EXrrRA ~JERO

¡Bu,en bocado!

Godl . .... .

Los DOS ASPE CTOS DE LA CU.ESTION.
Der Walu·e Jacob, Stuttgard

El Tio Pablo pasa 1·evista á .ms tropae.

Pwnch, Londres.

'

J
Remolqne de um•cos en el f'wwl de Finow, de Ebersu:ald1,, Alemania, pvr medio de la elect;•icida&lt;t.

,1

385

�3136

F:t, MUNDO.

Domingo 31 de Diciembre de 1899.

Damtngc :n de Diciembre de 1,911

387.

EL MUNDO.

L,f\ FRINOESA OTILlf\
Levantóse la jon)n maquinalmente dejando las
blanduras del cojm en que estaba reclinada. Se
~cercó á la alta ventana y miró largo r ato hacia la
-ciudad que se destacaba sobre la cinta sombría del
regio parque.
Un grupo de doncellas tañía dulcemente las
-cuerdas de las tiarhas y de los laúdes cuyas notas

.,

llenaban los ámbitos de la torre octágona. La prin'Cesa Otilia nada oía porque era sordo-muda d~ :1a'Cimiento. Más de veinticinco años había v1V1do
-apartada del mundo :;in más comunicac_ión con
:sus semejantes, que alguno~ gest?s, rep~tidos . por
los que la rodeaban. Su ex1sten~ia corna tnste'mente, tan tristemente que la Jo,·en _nun?a sonreía; sus ojos color ele agua muerta, OJ?S sm p~n:sarnieHto y sin ensue1i.os, brillaban baJO los parpados con· el resplandor ele una piedra ~alsa ..
La intE,liz sordo-mulla nació del n'.atm1;1omo ~~l
rey de !::licilia con una prima, matnrnon_10 pohti'C0 oblio-ado. cuyo fruto in,ano enfure~1ó al r ey
· quien 1~0 paró ·hasta repudiar á su pruna Y es-

d
El rev no amaba á la princesa de boca mu a Y
d e mira.da ausente, cu_rn inmóvil y plácida belleza
'nunca se animaba. La hahía r eclmdo ~n u!1 departamento aislado del palacio, en,donde J?-IDªs entraron Jo¡, cortesanos. Los sombr1os follaJes del par
Que rodeaban. ocultánrlolo. el torreón. de míu:m~
rosa donde la dulce Otilia vivió desde su nacimiento hasta la época en que comenza~a á mar'Chitarse lentamente rodeada de sus ociosas dontellas.
, f lt d
Los torneos y las cortes de ,amor, 't ª ª
e
tesas galantes fiestas, el espectaculo stempre nue-

~ a

1

'1

l

ª

Yo del mar Y de sus horizontes, el moYimiento ele
la baliia, la· entrada y salida de las galeras y la
alegre turbulencia clel pueblo que circula en el
muelle y en el canal, tal Yez habrían distraído á
la princ:esa enferma; pero el rey tenía rergiienza de ella porque empañaba el lu•tre de su estirpe.-Oculta en su torre de mármol y en su jardín
umbroso, la pálid11. Otilia no salía de rn recinto
sino para asistir á alguna ceremonia regia y siempre su prestigiosa belleza impresionaba hoo.clamente al pueblo.
Sólo en raras ocasiones el Yicjo rey consentía
en wr á su hija. Su actitud hierática ante el desfile ele lo, guerreros cortejos, era la ele una reina:
la inmoYilidad de su rostro era majestuosa; creería~e al rerla que había nacido para reinar entre
nubes de incien$0 ~- bajo una lluvia de flores en.las
fiestas litúrgicas. bajo las altas bó,·edas de las catedrales. El orgulloso monarca Yeía su noble sangre. bajo el esplendor del oro, ele las pedrerías
y de los pesados armiños que cubrían á la joYen.
)las esas oc:asiones eran raras v de cor ta duración. El corazón del rey estaba clominaclo por el
amor ele su hijo, nacido de un segundo matrimonio celebrado después de la desgracia de la madre ele Otilia. Era el príncipe un jo1·en ele veinte
años, caprichoso y vehemente, que escandalizaba
al reino .'° cli,·ertía al pueblo y á la burguesía con
el lujo de sus fa,·oritas y de sus amigos.
) [enos que á su padre veía Otilia á su hermano.
Xo le gustaba pasar el tiempo con la muda de
mirada inquieta y ademanes de sueño; tanta gra,·edad lo amedrentaba. La pobre no tenía más
distracción que hojear los gruesos misales iluminados. pintar tapices con figuras humanas ó recibir
á los tejedores y joyeros que venían á presentarle. los unos, combinaciones de dibujos y colores
para las telas; los otros, modelos de ?r~ches, brazaletes " collares. Estas eran las umcas horas
claras de Sll soledad.
En la ~ornbra del gineceo cubierto de cristales,
las doncellas que se morían de tristeza, tocaban
con sordina para distraerse, ó jugaban en los rincones apartados.
La princesa estaba de pie,?~ la ventana, co~
las manos apoyadas en el alfeizar, pero sus mir adas no buscaban como otras veces, los campanario'° má!" allá de las palmeras y de .los cipreses,
¡;ino aue ~e fijaban con singular atención en los
jazmines y clemátides que había al pie de la
torre.
Tres hombres habían entrado al jardín. Los
tres, jóYenes ~- desconocidos para ell~ . . Uno de
ellos era aran señor; los otros dos, mus1cos, uno
tocaba h~ flauta y el segundo el violín, un
Yiolín particular; (cuyos sonidos penetrantes
brotan sólo al contacto del arco.) llamado
"violín ele amor.'' El jornn noble sentóse e~
un banco circular y clespleganclo un pergafill110 manuscrito que tenía en
la mano, hizo
una sefial á los otros dos, y la princesa, que desde lo alto de la ventana los Yeía, como en el fondo de un pozo, alejados, y cárdenos. por el reflejo de los cipreses,, ~egu1a con atenc1~n los movilnientos de los mus1cos. Uno se llevo la flauta
á la boca v el otro apoyó el violín en el hombro.
El joven gran seño~, ~levaba el compás; seguía
el ritmo con los movmnentos de su cuerpo y
evidentemente cantaba cosas que la princesa no
podía oír. Aquella música era algún concierto galante destinado á la amada del joven del manus-

crito, y si habían elegido aquel sitio, sería para
ensayar con toda tranquilidad. Ba~taba ver la cara febril del joven noble, sus ojos húmedos y su
actitud extática, para comprender que tanto la
letra como la música eran obra snrn.
Por primera vez lamentaba la p~·incesa no oír
los son idos ni el rumor delicado de las palabras.
Todo atraía en el joven dcsconocido,-su ,·ivacidad, su palidez ardiente, sus ojos húmedos_ de
emoción y la gallardía de su talle. Otilia habría
querido conocer la beldad á quien se di;rigía el
tierno epitalamio, porque aquello no porlía ser
canción ni serenata, y el galán sabía muy bien lo
que hacía al elegir el jardín solitario de la princesa sordo-muda para ensayar su obra. 8orclo-muda !. ... Sentía una angustia infinita al recordar
su miserable estado.
Una de las doncellas se acercó á la ,·entana
cuando se r etiraban los tres jó,·enes, pero pudo
reconocer al poeta.
E ra Beppino de Fiezoles, á la sazón favorito
del pr íncipe, quien le había dado todo;: los empleos de la corte, sin exceptuar el de amante de
corazón de la hermosa duquesa Simonetta de Aydaga, querida del delfín.

\

Esa noche, la princesa Otilia vió en sueños
al desconocido y á los músicos del jardh1; pero
¡ oh novedad milagrosa! oyó dulces sonoridades,
una música divina que llenó !.'U alma de júbilo,
que la extasiaba y la ha.cía desfallecer. ·como si

�388

su carne temblara de frío un momento y luego
circulara por ella un fuego abrasador.
Al día siguiente, al &lt;lar el reloj las cuatro de
la tarde, una semación dulcísima, hasta entonces
desconocida para ella, la forzó á ponerse en pie
y' la arrastró á la ventana.
Ya estaban en su sitio los tres artistas, el poeta sentado y los do~ músicos de pie. La flauta y el violín ritmaban una lánguida chacona
y siguiel1(1o el aire ardiente v amanerado de la
danza, Beppo pronunciaba ,:ersos formados de
palabras suplicantes, en los que había quejas y
elogios para una, dama. La prince,:a sorda comprendía el ~entido de la recitación y su alma se
llenaba de pena porque las rimas ~' ·1a música se
dirigían á otra mujer. Su corazón, súbitamente
iniciado, adivinaba la querella de amor.
Los versos del noble florentino celebraban la
sedosa y rubia ca bcllera de una beldad insensible
de carne ambarina y transparente como las uvas ·
c~lebraban la frescura húmeda y roja de los la~
b1os de una dama, cuyas pupilas eran de acero

rr.r, \ffNDO.

nomtnl!'o 3t de Diciembre de 1899.

Domingo

:n de Diciembre de 1899.

Sus .sueños se poblaron e~a noche de visiones deliran tes.
Pocos días dc,;pués,
una tarde en que el príncipe ~Uejandro, tendido
sobre sus cojines de
terciopelo de Génova
y sui: tapiceB de 8cutari,
jugaba con la~ trenza~ de
la bella Simonetta ¿ "Qué
se hac·e n ue~tro ~eñor
Beppo ., ? preguntó irnl iferentemcnte la duque~a,
El príncipe heredero,
con la lengua e~tropajosa por la embriaguez,
contestó : "X u e s t r o
Beppo debe estar loco;
se olvida de nosotroR,
¿ no os parece? ya hace
tiempo que no le vemos.

UN SUEÑO

y parecían puñales. Sin conocer el sentido de las
palabraf:, la prince~a Otilia sabía que sus cabellos
eran negr.o~ y lustrosos, que su palidez era intensa y que sus ojos eran azules como turquesas.
Cogió instintivamente el espejo que estaba á
su alcance sobre una mesa y se vió en él. Cuando
miró de nuevo hacia el jardín, el joven la veía.
La princesa Otilia se ~onrojó y echó el cuerpo
hacia atrá~.
Al día siguieute volvió á la ventana, Beppo y
sus compañeros ya estaban en la glorieta de los
cipreses y el violín y la flauta cantahan lánguidamente.
Pero, ¡ oh milagro! ya la música no era la misma; imploraba, más persuasiva y tierna, y la princesa sorda podía oírla. También los versos eran
otros: no hablaban de los ojos grises, de una rubia ele tinte de ámbar, sino de laR pupilas de
agua marina v de agua muerta, de una beldad
lunar con cabellos de tinieblas.
El poeta cantaba, con los ojos puestos en. ella,
y la -princesa, ebria de dicha, ya no se miraba
al e~;eio.

rencia, una caéta silenciosa en Bruges la 1Iuerta, un yac:ht en la rada de Argelia ..... Dios satodo lo que poseían.
Hacia un año que habían partido de su isla
,in Yoher, sin dejar en la casa ni siquiera un
criado de confianza que la atendiera, y sin dar á
nadie su,; nuevas ~eñas.
Habían pasado el inviemo en el Cairo porque
la ~eñora to,ía, y ahora:, en lugar de ir á pasar
el e~tío á alguna de sus po~e:;iones á orilla;; de
un lago de }..,:cocia, habían decidido pe una manera bru,:ca. ,-enir á. pasarlo ú su isla encantada,
como Clara la llamaba.
Y habían quericlo \'enir a,-,í de improviso, á
rnrpremlerla en el mi,terio de su n-ituraleza
ahandonacla. Celo,os de que otros lo hicieran ante~ que ello~, llegaban ,olo~ para ,.er los primero;;
&lt;1ne pu•ieran ele nue,·o la planta en ac;uella,; aYenidas cubiertas de- un fino mu&gt;&lt;guillo, B:1jo de
una~ roca¡;; oculta~ por frondo-o,; árbolc,, habían
clejado e$corn1ida la llaYe ele la puerta &lt;le entrada.
-Ya no,; acercamo~, dijo Hirnp,-on, Prepárate
á ,-er bien, Catarina, eRto CR nuern para tí.
La pequeña no conocía esto, por haber pa,ado
todo el año con una tía que re:&lt;iclía en E&lt;limburgo.
-He aquí ya la iglesia ele )Jarieourt !
-Pronto \'eremos ya nuestra i,;la, y el castillo y el jardín. Prepárate Catarina, mira. cuando
lleguemos á aquel ca•taño, entonces podrás ver
el río, la i;:la, el ca,;tillo, el jardín . todo .. .
&lt;.Jatarina batió palmaR y dijo al perrillo :
-Prepárate tú también, Loo.
Y al lleg-ar al castaño, el mi~mo grito de estupor se escapó de lo~ labios de los Simpson.
-¿ Y nuestra isla?. , . . .
El lfarne ,e extendía por todas parte~ azul y
tranquilo.
La isla, con su castillo, su jardín, sus fuente~,
la isla encantada había desaparecido .....
-Un campesino, que en ese momento pasaba por
-allí, se detuYo con curiosidad al reconocerles y
se los dijo todo.
El último invierno había habido una inundación tan terrible, corno en diez años no se viera. La crecien te subió muchí;,iino y la pequeña
isla bien pronto quedó sumergida. Por algún tiempo quedaron aún á la vista las tor recillas del edificio y las copas de los alto;;; árboles . .. después la
casa se fué á fondo, y los árbole,, arrancados por
la corriente. habían huído quién sabe á donde.
Nada quedaba de lo que antes había allí.
Xada había podido aviAárFeles. porque como
todos ignoraban su paradero ....
No quisieron ya e,cuchar al campesino, y volviénclm,e al ómnibu~. cargado de baúle;;, mientras que Catarina derramaba abundantes lág-rirnaR. los Simpson, tristes y pemativos y sahoreamln acaso una voluptuo•irlad más ama;ro-a, v
má~ delicada que cuantas h u hieran probado ÍrnRta
entonce;,, Yeían brillar al sol ern cinta de ao-ua
tranquila . hajo la cual quedaba hundido su ;1eño en la forma ele m1 castillo ele ladrillos rosados ...... .

ue

l

- ¿ Y para qué ha de tomarse el trabaio de vernos? ¿Xo es por ventura el favorito, el mimado
de Vuestra Alteza-? Lo habéis hecho conde, gobernador de Cer deña, á puñados saca dinero de
los cofres y puede aspirar á todo, Ha llegado
hasta pretender hacerme su querida.
- ¡ Cómo! ¿ se ha atrevido?
-Y duraute una semana de él solo dependió
conseguirlo. ¿ Xo es él, después de vos, el caballero más alto del reino? Pero el florentino tiene miras más altas : hace hablar á los 1:rndos y
oír á los sordos.
-¿ Qué queréis decir con eso?
-Xada que no sepa toda l a corte, con excepc1on de S. lI. y vos. Id á pasear mañana á la
hora de la siesta al jardín particular de la princesa.
-Otil ia, mi hermana? Bella duquEí'a Simonetta, si habéis mentido os decapitaré.
De allí á dos días, la princesa Otilia tuvo una
espantosa pesadilla. El hermoso conde de Fiezo-

389

EL MUNDO.

les, acompañado de los mus1cos, le dió su concierto de costumbre. L a canción era ardien te y
apasionada. y la princesa, incli11ada en su balcón
·se extasiaba. oyendo los reclamos de amor . .. cuan:
do de pronto el poeta palideció y la sombra de
los cipreses se hizo má,; densa. Fiezoles calló y
la
princesa
vohió en sí de su arrobamientoJ fría
l
,
lie angustia.
.\l día siguiente, cuando des--.ertó, un paje con
la librea del rey, le entregó un curioso cofre deVene&lt;'ia cubierto de pierlras precio,as. L a princesa lo abrió y vió en el fondo, sobre u n cojín
de seda, la cabeza, caliente· aún, del floren t in0,
Beppo, A l instante se apoderó de ella una fuertefiebre que se la llevó esa m iRma noche,
Así murió la. pr incesa Otilia por haber escuchado "el ,·iolin de amor."
,
JEAN LORRAI N.

j

l

J

En aquel perezoso ómnibus, cargado de baú- hermosa mans1on de ladrillos color de rosa, con
les, al paso de dos ycguab que camtanai.Jan m o- viguería de cedro, y "parterrc5'' esmaltadcs de flolest adas por los t.í.ba11os, y t ras &lt;le un cochero yue res que se metían en el agua.
se m oría ele sueño, los 81mpson, agobiados p or el
Se hubiera, creído que las hadas lo hacían tocalor y en meclio de un ~ol rabioso, no podían do; así &lt;le pronto los albañiles, carpinteros, heya co11 tener su impaciencia,
,
rreros y pintores llamados á toda pnsa y recom¡ Qué largo se hacía el camino!
pensados ampliamente, habían terminado el ediAl salir de una colina apareció el niarne, cu- ficio.
ya cinta clara tan pron to cruzaba un vallado co-¿ Te acuerdas, Santiago, del maestro de obras
mo desaparecía en las inmensidades del terreno, que siempre andaba con una rosa en la boca?
yendo á morir entre los árboles . ... .
E;,e sí que sabía dirigir á su gente!
-¡ Oh, Santiago! dec:ía la m ujer, deliciosamente
-Y aquel pintorcillo patizambo que mienvest ida con trajecillo vaporoso de muselina, ti;as trabajaba cantaba tan bonitas canciones ...
mientras su rostro, coloreado por la luz del sol, Pero, ved que ya estamos al final del camino;
semejaba una rosa viva de· esas que llaman "ro- ¡ qué musgos tan tiernos y qué flores_! Catarina,
sas de Inglaterra,''-,•erdaderamente la idea es prepárate á hacerle á tu madre unos hermosos
encan ta elora . . . . ¡ esto de llegar uno ú su casa sin ramos.
prevenir á nadie, así de sorpresa . . ..
La señora dijo:
-Sí, el encanto de lo imprevisto no l o tiene
-Estoy pensando que somos unos mnos al
nada,-respondió su marido, un hombre joven obrar así; ¡volverá la casa sin haber dado orden
todavía, delgado y corpulento ú la vez,-Creo de que se arregle! Quizá esté húmeda, fría , naque dentro de media hora podremos contemplar die la ha ocupado, nadie nos ha dado noti&lt;'ias ...
desde lo alto de aquella colina n uestra isla her-¡Bah! respondió Simp,on; panr qué serviría
el dinero, entonces, si no ínese para arreglarlo
mosa.
-¡ Qué felicidad, Santiago ! ¿ R ecuerdas , qué todo al instante?
alegre fué la última primavera, cuando se nos
La mayor debilidad de los Simpson era comocurrió comprar esta isla para fabricar en ella ,prar un pedazo de iierra en todos los países donnuestro castillo? Y los árboles maravillosos del de habían estado, posesión qne abaJ?,donahan á
jardín ... . los pájaros, las fuentes . .. . ¿ Llegare- poco :¡ que muchas veces resolvían no ver más.
De esta manera poseían un viejo jardín en Flomos tan pronto como dices?
- Sí sí· respondió Simpson ; veinte minutos á
lo más ' no' tardarnos ya en estar a 11'1.
-P;ro papá si nuestra casa está en una isla,
tendremos que ' nadar para entrar a l cast'111o ?.. ·, .
Esto lo decía una pequeñ a que apenas contana
siete años de cabellos rubios y 'ensortijados que
le caían s~bre una pelerina blan ca de linón.
-No respondió Simpson riendo, hay hotes y
una gr;n barcaza para pasar á l~~. animal;s.
-Entonces, dijo Catarina, acanciando a un
perrillo de ojos inteligente~ que la ohsen·aba, pareciendo comprender la pregunta-¿ e11tonces
Loo entrará también al bote?
-Por supuesto, re;,pondió la mad1:e.
.
¡ Qué sueño tan hermoso el que_ halmm _reahza&lt;lo
los Sirnpson ! Asíduo~ YiajcroF, neo;, ? l_i brese satisfacían todos sus :fantaFeoR. IJacla d1ec1ocho meFes que, al pasar por este bonito rincón. &lt;le la
Fran cia, descubrieron en el nlarne esa 1~la encan tadora, plantada de encinos y sauce,. Co11!pra,rla construir en ella una ca$a, plantar en el J,ll'dm
t;da clase de árboles, regarlo por medio de canalizaciones, transplantar á él flores rara~ de otros
países y amarrar á la puer ta tlll gracioso hoteeillo · 'todo esto no había sido obra más que de
tres 'meseR.
.
En tres mc,es, al golpe mágico de la varita '.1e
11 na hada.-v esta hada era C'lílra 8impson,-la 1~la se había transformado; h alJía allí ahorn una

L

PXC'L Y VICTOR )U.RG'GERITTE.

�Domingo 31 de Diciembre de 1819,

EL MUNDO.

390

Jaramn go.

•bomtngo 2 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

13

EL KU~YO DODEC.ASILABO.

&lt;:::::,.)C(&lt;:::::,.

I
El palacio está desierto, roto el arco; por la ojirn
va filtrando el sol que muere su mirada. pensativa.
su mirada agonizante, como el beso de un adiós;
el pinar parece un túmulo, vibra el arpa de las hojas,
traza el mar i;:obre la playa la inscripción de sus congojas
y en ~u zambra el viento errátil de lo ignoto mela en pos.

II
El c,:tanque está derruído; con saeta refulgente
no herirá su borde trunco la ígnea luz de un nuevo
ni ha d() Yerse á la princesa dibujada en su cristal:
se han deshecho los sillares, las estatuas han
y en el pórtico la alondra clama en lúgubre
por el ara un tiempo rhida del ho_v mustio flores

•
Oriente,
caído,
gemido
tal.

(A Amado Xervo.)
:\Iusa, prende nuerns ritmos en las liras.
nueYas formas, nuerns triunfos, nuevas palmas;
q~t~ en las for_m_as ya gasta~ª? sólo inspiras
neJas cosas. vteJOS temas, vieJas almas.
Xo en el carro de dos ruedas que gemían ·
bajo el peso del augusto Juan de :Mena:
hemistiquios de seis radios, que corrían
doblemente triunfadores en la arena.
Xo en la forma en que cruza claroscuros
la barquilla de sus locos pensamientos,
que va en busca de los puertos más segur0,
al azote despiadado de los vientns .....

III
De la antigua balaustrada se alza el lirio entre las grietas;
en el parque no hay nelumbos, no hay orquídeas ni Yioletas,
ni en la rerja abren su búcaro las campánulas en flor;
sube el musgo como víbora por la informe escalinata,
la ventana está vacía, no hay libélulas de plata
y la hiedra en laR columnas prende el mantotrepador.
IV
E~e lóbrego palacio que en su afán selló el ol vi&lt;io,
fué el magnético palacio por mis sueños erigido,
1
1 y al blasón de cuya clare puse el timbre de mi fe;
la princesa de su estrado, me dejó, fué la esperanza,
'salió en busca de -la dicha, la vió hundirse en lontananza.
y del rumbo de mi huella desvió el rumbo de su pie.
PEDRO J. N AON.

NY:UPHEE
~

La cuadriga del sol baja á Poniente,
." al ir veloz po.r la celeste arena
siente que Apolo su ímpetu refrena ... .
pero vuela sobre or o incandescente.
Se hunde en el mar, que en su hálito potente
y entre su sangrienta luz el orbe atruena;
y ya en la noche límpida y serena,
torna en plata su púrpura el Oriente.
Es la Jiora: al boi:de de la-clara linfa
tiende sin flechas el carcaj la ninfa.
Todo es paz. Muge el ciervo en los breñales.
La luna alumbra el nocturnal concento :
y el dios Pan, ante el ritmo de su aliénto,
ríe al ver que se animan los rosales.
ROSENDO VILLALOBOS.

Musa, canta tus cauciones en la nueva
triple forma de los nuevos cuatro radios:
carro de oro que á la musa rauda lleva
al escape por los líricos estadios.
Son tres golpes remachando la cadena,
son t res altos que coronan tres alturas:
se dirían tres corceles_ que en la arena
estamparan cuatro firmes herraduras
Triple lengua dragoniana, que vibrante
lame el cuerpo de la musa que se crispa:
triple corte sobre 'el dqrso de un diamante,
sobre el cáliz de una rosa triple avispa . ..
Es la sístole y la diástole en el verso,
vaivén loco de las olas en la lira,
trino alegre que gorjea limpio y terso,
aspa triple que en los aires rauda gira ....
Finge trípode en que r¿ja llamarada
arde, y rasga las penumbras más remotas:
es conjuro de sibila que inspirada
da tres veces en tres tonos cuatro notas . .. .
l\Iusa, canta; que así puedes en un día,
ya que tiran de este carro tres corceles,
conquistarte tres imperios de armonía
~- ceñirte tres coronas ele laureles . . ..
Lima, 1899.

JOSE S. CHOCAXO

FIO. !.-GRUPO DE TOILETTES PARA CASA.

Conocimientos útiles.
Manera de desecar nores.

No todas las flores se prestan á la ~nservación por
medio del desecado· las rosas, pensamientos, marga•
ritas el senvita trepador, la violeta, la amarantina
-00einea, la naranja y globulosa son más á propósito
que otras especies.
.
Se cortan de la planta antes de que bayan ab1ert0
absolutamente su corola, casi en el estado de capu•
no tratando de que tengan un buen trozo de tallo
pa~a sujetarlas; la operación se bace por la tarde. .
Se atan por parejas para poderlas colgar de un b1lo dentro de la caja, de modo que no se toquen una
á otra.
Ji
Luego debajo como 0, 50 ó 0,60,_ se coloca ~na gera capa de azufre cerrando la caJa Y se deJan doce

MANTECA REQUEMA.DA.
horas para que se saturen bien de los vapores azufrados· entonces se nota un ligero cambio de eolores.
Las 'rojas se vuelven blancas, _pero el color primiPara hacer bien esta salsa, empezad por dorar la
t ivo vuelve al cabo de dos ó tres días.
Si los pétalos conservasen todavía alguna bume- harina en la manteca ó en la grasa, hasta que haya
dad, habrá necesidad de cerrar nuevamente la caja tomado un bonito color rojizo, evitando sobre todo
que se queme, y meneándola continuamente. Tapad
hasta que sequen.
Deberá tener la caja un ventanillo de cristal para entonces la cazuela exactamente y metedla debajo
del hornillo, dentro de ceniza caliente; la salsa, sin
las observaciones.
Luego se pone en una babitaeión bien seca y orea- peligro de que se queme, continuará haciéndose, lo
da, teniendo cuidado de que no penetre el sol ni ba- que exige media hora larga. En este intervalo, reti•
je su temperatura hasta cero, siempre, por supuesto, rad de vez en cuando la cazuela de la ceniza y menead bien el contenido, colocándola de nuevo en su
colgadas sin contacto mútuo.
Sin más preparación se forman ramos del mismo sitio. La harina cocerá bien de este modo sin queaspecto que recién cortados y que sirven para con- marse, y la salsa, del mejor color posible, no habrá
contraído acritud alguna; mojadla con caldo consuservarlos largo tiempo.
.
Las rosas blancas thé no dan buen resultado; las mado ó salsa del guisado que se prepara. Este es el
único método que hay para hacer una buena requemargaritas pequeilas son mejores que las grandes.
Para conservarlas pueden encerrarse las cajas en- mada de manteca.
tre capas de arena fina dejando los pedúnculos al aire por las crillas.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domingo 9 de Julio 189~
26

EL MUNDO.

Año VI-Tomo ll

Número 3

México, Uoming&lt;' 16 de Julio de 1899.

,I

(lnédita.)

UNA FLORISTA DE GRANADA.
ÜUADRO DE ISIDORO

°hlA m~.

�EL MUNDO.

Domingo 16 de Julio de 189.9.

Domingo 16 de Julio de 1899

31

EL MUNDO.

30
tUSa como ellos la llaman, hábilmente dirigidos, e~tilde esta literatura dominguera, bajo las_ burdas g
'
medio del sufragio obtener preponderancia.
por
.
· l gasas y las flores de trapo de_ mi revü,ta, q~1~ro que Peneran
los parlamentos y cambiar el régimen soCJa p0 •
se deslice una nota de dolor, como en la bu1\Jc10saco- los procedimientos legales. Esta ~ra. l~ consecuen----------------------------rrient,e de uri río de aguas claras y espumantes, boga cia forzosa de la adopc~ón de los pr_mc1pios democrádeshojado y marchito un asfodelo.
ticos que es la irresistible tendencia de los pueblos.
Lo digo con timidez, ansíoso de que algun~s almas plenamente civilizados.
. . d
buenas lo escuchen, y de que en algunos o¡os brote
Quedan pues frente á frente, los part1danos e 1a .
El mes de Julio, metido en agua, con su sol rabio- una láarima ·deque algunos labios se abran para d:r
ro iedad' más ómenos resueltos á sacrificarla en su_
aso ála or;ción y al suspiro. Sal, vergonzante no • ~ajor parte en provecho de los obre:os, para salvar
so de medio día, su lluvia pertinaz y monótona de la
madrugada, su tormenta ruidosa al caer la tarde, Y ~ia fúnebre, despliega un instante t,u crespón de l_uto la otra arte y hacerse perdonar la nq~eza, Y l_os s~sus noches húmedas y sombrías, es, á pesar de todo sobre la blancura de esta página y huye en seguida, cialistaf ¿y el partido liberal? El vie¡o partido. lieso el mes de·los regocijos callejeros y de las fiestas al rincón de la memoria dondP. aguardan los_ recuer- beral doctrinario el de los Frére-Orban, los Rogier,
al ~ire libre· el mes en que 1as viejas fachadas se ata- dos tristes la lleg-ada ce su redentor, el olv1d_o: Ha los Dupont, ha p~sado á la bis~ori3:; represent~nte _de·
vían con ba~deras y cortinajes tricolores, y se ponen muerto Rodulfo Figueroa, otro soiiador, otro ¡oven, la burguesía ilustrada y const1tucion:i,l d_el tipo msu profuso tocado de diamantes eléctricos; el mes en otro poeta.
lés ue gobernó brillantemente en Bélgica durante·
d
Ab 1 muerte querida insaciable, qué enamora a ~ei~tfcinco al'!os, la trasformación ~ocial lo ha p?uesque la ciudad, que á diario presenta su aspe~to conventual, modificado aquí y allá por los. caprichos_Y estás de los gallardos paladines de la Belleza! En ta~ to en poco tiempo en minoría mJmma. ¿Por qué.
elegancias de la moda, toma, de improviso, un_ aire poco tiempo, en unos cuantos días, has levantado .
Precisa tener en cuenta que una part~, aunque l~de satisfacción, de goce, de salud, de atr~ct1 vo Y dos comensales del festín del ideal. ¡Ob, compañeros, menor, de las poblaciones urbanas y )a mme~sa ma
fresco entusiasmo, como si cansada de su vida mo- ya bay muchos sitios vacios!
..
yoría de las poblaciones rurales, so°: ca~óhcas, en,
Rodul!o Figueroa era un ;¡oeta dehc1osamentesen- Bél ica, por causas eminentemente históricas Y. pornástica, se despojara de los hábitosgrises y, para_entregarse á los placeres mundanos, probara á vestuse cillo y tierno, adorador y cantor perpetuo de_ la na- extfemo difíciles de destruir. Los_ liberales pudl~ron,
turaleza, y que rimaba del modo má? suave_, sm afec- mantener su dominación, (encammada á consolidar
de fantasía.
Dos colonias extranjeras en México, hacen es~e tación, casi sin artificio, todas sus impreswnesd ~n la rosperidad material del ~eino! y lo lograron, y á .
milagro tan admirable como cualquiera de los bíbll- poeta provinciano, cuyos versos empapados e. a co!batir la influencia de la iglesia en )ª ensei'!~nza,
frescura dé sus campos, del matiz glor1_oso de su c:·
co&amp;: la Colonia americana y la fr~ncesa.
no tuvieron tiempo de lograrlo) gracias al ré~1men,
El grupo americano que habita en el corazón de la lo hacían entre los atildados y pul!dos versos. e !1ectoral censitario (sólo el que paga~~ determ1_nada.
Capital y que allí ba impuesto sus _costumbres, ce- lo~ poetas de la ciudad, el efecto de .una rol~1za
t"dad podía ser elector). Los catohcos pudieron
lebra el día glorioso, el cuatro de Jubo, con derroche campesina en compañía de pálidas y ans~ocráti~as ~~n8¡, á pe:,,ar de esta restricción, formar mayoría.
de trofeos y de adornos y con burras, vítores Y ex• mujeres. En Figueroa todo era espontaneidad, sm- con los radicales y derrocará Frére-Orban; mas para.
pansiones de marcado gusto .sajón. El yanke~ que es ceridad, naturalidad. Sus asunto~ eran, po~ lo gene- consolidar su triunfo ensancharon ~l ~uerpo electouna máquina de negocios, un tenaz perseguidor ?el ral, regionales; cosas vistas, emoc10nes sentidas.. Sus
al por medio del sufragio sin restncc10nes'. el sufradollar una constante fuerza acaparadora, un mamá- estrofas cantaban aires de la tierruca. La Mari~ba, r io universal. Asf su triunfo era indefi~1do; sería.
tico f~rmidable de la acción, del movimiento, de la la Sandunga, son composiciones llen~s de un ex~tismo ~reciso para ech arlos por tietra descaGohzar á Béllucha, un cruzado de la riqueza, un ferviente sacer- delicado y fragante. El tm·o salva1e es una pmtura
dote del oro, tiene sus goces rudos, grandes, escanda- decorativa, de grandes proporciones, traza~a. con ad- gi;i enemi&lt;TO estaba en su propia vict:iria: una escilosos, un tanto primitivos, frec~en~emen~e faltos de mirable maestría, y en la cual se ve la pr~ms1ón Y se- sión se prod~jo entre los vencedores; sef?rmó _un_gruproporción y de estét,ica., y que mdlcan bien la ten- guridad del dibujo y la exactitud y el vigor del co0 católico disidente, el de la democraCJa cristiana,
dencia y 1:,l carácter de un pueblo que ~bstr~ído en la lorido.
~n guerra con el católico conservador que, con tanta
.
f
labor de hacer útil y cómoda la ex1stenc1a, se ba
Llamaba, desde luego la atención su _manera ra~- inteligencia y vehemencia, dirije M. Charles ~oes~
preocupado poco de aristocratizar y pulir y ennoble- ca su estilo suelto, su verba rica y fácil y la sonor~- y el grupo socialista hijo también del sufra_g10 umd;d serena de su rima. Claro que dentro de esa senci- versal. Por horror al socialis~o en quien. miran una
cer sus alegrías.
El yankee se divierte con el mismo ímpetu con llez conmovedora, hay un trabajo de art,ífice; pero no doctrina esencialmente enemiga de la hbertad, noque trabaja; gasta sus energías enel placer, _segur? de se nota nada de aparatoso, de forzado, de falso. Pa- sin razón, unos liberales pasaron á los conseryadono agotarlas, y va rumbo al placer con la v10lenc~a Y rece que la estrofa mana de la inspiración como la res· otros bao reclamado, para poder poner en ¡ueg&lt;&gt;
la firmeza que emplea en sus asuntos mercantiles. linfa de las fuentes.
.
.
sus' diseminados, pero considerables eleme~tos, la rePara él llegar más pronto €S el problema; pasar el
Rodulfo F igÚeroa dejó su obra d1semmada ~n pe- presentación proporcional, la representac1?n de las..
día de fiesta en el frenesí del contento, derrochando riódicos y revistas. No ba de faltar mano P!adosa minorías, consecuencia forzosa de t~d~ sistema ~e
á manos llenas, cuanto guardaba de "eprimidos de- que ate en un haz esas flores de la poesía q,mencan~, verdadero sufragio universal. Los soe1ahstas se umeseos y de mal contenidas tentaciones. Beber, cantar, rebosante de aroma, acre y silvestre.: .. Rodulfo F1- ron á lrn, poco~ liberales que bao luchado _por la resa,mdir el al ma y el cuerpo con el estremecimiento
ueroa será entonces estimado y admirado como me- presentación proporcional ó, como también se dice,
de un regocijo amplificado hasta la loc.:.ra; eso es lo ~ece. Te lo llevaste-¡ob querida iosaciablel-cuando contra el vot") uninominal (porque para obtener la,
que constituye su ideal y su aspiración. El ya'Tlkee no aful tenía que hablarnos mucho de sus sueños .. • •
representación de la minoría prec1sa que se reunan
sabe sonreír sino reír; no atina á bromear con los alvarias circunscripciones electoral~s y el "?oletín del
fileres del epigrama, sino quegolpeacvnla ru~a m~za
voto no contiene un solo nombre si_no vanos.) Y, en
* **
del sarcasmo, no afina. sus gritos de gozo, anues bien
La competenciq, del género chico, en A.rbeu y en el hooor de la verdad, el jefe del gobierno conser_vador
los amplia, los sostiene por iargo tiempo, atruena con Principal, hace boy por hoy la delicia. de nuestros Beernaerts, eminente estadista, apoyó con sineeroellos el aire y tal parece que su anhelo es que lle- buenos burgueses. El reinado de la zarzuel~ se_ pro- esfuerzo la tentativa, al grado que cuando fracasó su
guen á la cima de las montañas y desbaraten las nu- longa. La tanda ba tomado carta de naturalización en
intento, abandonó el poder.
bes,del borizon;,e.
van der Peerebon que lo sustituy 5 ha extremado•
costumbres.
.
Esta viril y poderosa alegría, en cuyo fondo se nuestras
y a~í pasamos la vida, y, sin pedir más, nos senti- la política couservadora; ha tratado,. sobre_ todo, ?e·
agita la tierna y sencilla candidez d~ la raza, tr~nsinferir mortales heridas á la instrucCJón laJCa. Y sm
forma el cuatro de Julio en una avemda neoymkma, mos felices.
aparecer como enemigo resuelto de la represen~aclón
las calles de Plateros,
de las minorías, sino aceptándola en determmadasDesde la esquina de la Profesa
circunstanci~s, ba presentado un proyecto de ley
que iba á ser indudablemente votado, en __que resultahasta la puerta del Jockey Club.
ba que sólo los colegios electorales católicos se aprovechaban de ella.
.
.
** *
De aquí ha dimanado 1?- ~renética exaltac1ó~ de:
Diez días aespués, el catorce de Julio, los francelos grupos radicales y soe1allstas y de la población
ses se divierten. ¡Ob, leroi s'amuse! Porque el pueblo
que les es adict'.l. en .Bruxelas y los gra°:des centros.
francés es el rey de la alegria. Nadie como él pa_ra
industriales. El rev, empei'!ado en el éxito. d~l prolos sortilegios de la dicha. Taumaturgo de as trisyecto de Van der Peerebon, saldrá desprestigiado de
tezas, hace con ellos los más hábiles juegos de presla contienda. Ya el ministro retiró su ~roy~cto Y
tidigitación, las más inauditas magias, los _encantamientos más deliciosos. Para el francés la vida es un Revistas Politicas y Literarias. puede entreverse el día en :¡ue el par~ido hberal
transformado reocupará el poder, para h?~ar al sodesierto árido de trabajo fatigoso con su oasis de
cialismo su ali11do de hoy, la batalla defimtiva.
sprit y de buen humor. Para los buenos, las penas de
Su pr~grama no puede ser más justo, más sensa!°'
este mundo tienen por premio el cielo; para los traEn mi última revista preguntaba yo ¿en dónde se
bajadores la monótona agitación de la semana, tiene batP.n? Dos días después me respondía el telégrafo: y más moderno: libertad de conciencia¡ i~d~penden?1a
también su recompensa: el descanso d~l domingo, y en los parlamentos belga é italiaro; en la~ calles de y neutralidad confesional del poder c1v1l;_ 1~struc_c1ón
el catorce de Julio en medio del año, es algo así como Bruxelas, en Barcelona. Se trata pues de guerras ín- laica y obligatoria; igual_dad en el serv!c!o militar;:
un terceto del Paraíso, incrustado en el Purgatorio de timas, domésticas, fratricidas, como se decía en representación de las mmorías; repartición de los.
la Divina Comedia. No es otra cosa la. existencia pa- tiempo de Comonfort; en dos palabras, de guerras at cargos públicos en armonía con la fortuna de los conra un francés: comedia di vertida, fácil, chispeante,
tribuyentes; revisióu de las ley~~ que regulan el concon escenas serias, incrustadas de sutiles y picares- lwme.
y para ir aprisa, vamos por partes, á ver si logra- trato de trabajo y la responsabilidad de los patrones
cas ironías y lances m::ilancólicos que muy á tiempo mos no embrollarnos.
en caso de accidentes; reconocimiento legal de_ ~os.
cortan los equívocos, las alusiones y las salidas inessindicatos profesionales, exte;:¡sión de l?s comicios.
a&lt;"rícolas; medidas encaminadas á, destrmr el ~lcoboperadas!
** *
El francés posee en un alto grado de perfección,
li~mo; desarrollo de las instituciones de crédito poEn Bélgica, como en t,odos los países representati- pular de ahorro y de seguros.- -A ser belgas, mucbosel sentido de la jlracia. l'or eso sus alegrías son tan
elegantes, tan artísticas, tan plenas de encanto, tan vos en plena actividad, los viejos partidc,s fundamen- amigbs míos y yo lo suscribiríamos con entusiasmo.
subyugadoras. Todo lo sabe preparar un francés; pe- tales conservador y liberal, tienden á desaparecer ó
han desaparecido ya: este hecho, como tod~s los ~ero nada como una fiesta.
Está hecho para gozar, y goza sin esfuerzo y con la nómenos políticos, tiene una cau~a ec~móm1ca; _la rn***
propia naturalidad con que iluminan las estrellas y dustria, y en Bélgica es extraord~nar1amente mtenEn
España
los
planes
financi~ros
del gobierno properfuman las flores. El francés tiene muchos siglos de siva, ha creado un grupo en formidable y forz~so cre- vocan resistencias armadas en di versos centros, sobre
cimiento: la población obrera. Como las doctrmas coconocer á fondo los secretos de la alegría.
todo en la separatista y proteccionista Ca~alu!ia. E n
Todo él la respira y la va derramando como un vaso lectivistas ó an?.rquistas (aunque en el fondo perfec- los países en que el régimen parlamentar1_0. está faltamente
antitéticas),
puesto
que
una
otorga
todo
el
colmado de miel. El mundo entero para gozar tomEL
seado por la formación de may_orías artificiales y en
el patrón francés y le pide á París á cada momento poder de distribuir la riqueza a~ E~t~do y 1~ otra su- que la nación no se siente genu_mamente ~epresentaprime al Estado), tienen por prmc1pio co1:1mn la s~una copia de su animación y de su entusiasmo.
presión de la propiedad particular y el odio al régi- da, babrá siempre la tendenma á pro~es.ar á mano
*
men existente, los obreros afiliados en uno ó en otro armada, máxime en un pueblo que trn_ne l_a sangre
* *
caliente, el arma en la TlJano, el pronunc!am1ento en
As!, como escondida entre estas rápidas y alegres bando, reciben el nombre común de socialistas Y en la herencia y cuya fracción industrial está completalugar
de
atacar
á
mano
armada
la
organización
bur•
divagaciones, semioculta en .la pompa efímera é inú-

mente ganada por los socialistas, que prometen realizar un sueño de felicidad lierrestre en el acto que
los obreros se cuenten, comprendan que es suya la
fuerza y bagan uso de ella; lo cual es en puridad una
locura absoluta, por lo que tiene mayor influencia sobre el alma actual de las clases obreras, descontenta,
inquieta, febril de anhelos de goce material y cc,lmada hasta d-.isbordarse de rencor y de odio.
Sin embargo lo que hace el ministro de hacienda,
es lo que todo gobierno español se vería obli&lt;Tado
á
0
hacer en vista de la deuda formidable creada por la
guerra: el presupuesto era poco más ó menos de trescientos millones de pesos (en nuestra moneda, se entiende). Pues bien, el aiío entrante el déficit, á pesar
de la supresión de las amortizaciones y de la reducción de las deudas coloniales, el déficit se acercará á
noventa y cuatro millones. Hay que buscarlos y be
ahí el quid. Verdad es q~e los recursos de España resultan superiores á lo que sus mismos estadistas imaginaban; pero á pesar de eso la suma es demasiado
fuerte. El ministro para consolidar la deuda flotante, operación indispensable en toda reorganización, y
esa deuda sube á más de trescieut")s millones de pesos, anuncia un empréstito interior al 5 p g garantido por las rentas aduanales y del tabaco; y para su
déficit proyecta impuestos sobre la renta de los valores mobiliarios, sobre la exportación de minerales,
sobre el tabaco, el azúcar y los alcoholes. Al mismo
tiempo anuncia la iniciación de convenios con los
acreedores extranjeros para obtener reducciones im portantes. Y con un espíritu realmente de progreso
y orden ha puesto en vigor las disposiciones referen•
tes al catastro, para conocer el valor de la propiedad
y du.1 base segura al impuesto.
Es muy probable que las medidas propuestas por el
minis1 ro ú otras semejantes, pero que todas se sumen
en esta frase: aumento de los in,puestos, sean las únicas
posibles en la actual crisis española; si se disminuyen
á compás de ellas los gastos, y si el manejo es honrado
y si el cumplimiento de los compromisos es religioso,
todo eso lo sabemos por experiencia propia, la restauración de España es segura.
Como era de esperarse, los centros industriales,
porque los pro1ectos del ministro no tocan á la agricultura, gravados por los nuevos tributos y amenazados de una baja de salarios, protestan y se remueven;
la situaci.ín es muy dificil para la pobre Espaila en
bancarrota efectiva, herida, humillada, despojada y
mutilada; ¿tendrá serenidad suficinte para entrar sin
vacilaciones en· el período doloroso y silencioso del recogimiento y del trabajo? Está salvada er:tonces,
nosotros lo creemos y lo deseamos. Y sentiríamos
que el partido liberal provocase crisis nuevas; el partido liberal necesita trasformarse, necesita hacerse
bastante amplio para dar cabida á las legítimas aspiraciones de las multitudes socialistas en su prog1ama y á los republicanos de gobierno en sus filas. Dejt! entretanto al distinguido señor Sil vela proseguir
patrióticamente la premiosa liquidación de la catástrofe y espere la mayoría del rey.

Director: LIC. RAl'AEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA.

***

También se 1-Jaten á pescozada limpia y silletazo
franco en el parlamento italiano y decididamente, como decimos en español los franceses ... . .. de pega,
el parlamentarismo no se aclimata entre lo&amp; latinos,
dicen los pesimistas. Como si en las asambleas americanas é inglesas, y en estos últimos aíios, no hubieran lucido sus bíceps y puños de boxeadores los señores diputado¡¡, Babi El parlamentarismo no es cuestión de raza, sino de educación y de práctica. Ni hay
otra forma constitucie,nal posible en la Europa repubiicana ó monárquica, que esa; allí el presidencialismo, que es el sistema de la constitución americana y
el de la nuestra, se convertiría en cesarismo puro y
el cesarismo es un fenómeno de transición, no de vida normal, porque entonces mata.
El general Pelloux, presidente basta hoy del gabinete italiano, es un hombre honrado un poco aburrido. La discusión de sus proyectos de ley sobre seguridad pública, los proovedimenti como en Roma se dice, ha provocado una oposición frenética de la minoría radical y socialista que forma la extrema izquierda del parlamento italiano. Seguros de que la
mayoría acaudillada por Sonnino apoyaría al gobierno y sus proyectos liberLicidas, como se dice en cliché,
los opositores resolvieron hacer obstrucción; y la han
hecho endiabladamente. El diputado Del Balzo, apurando una sesión entera en una disertación sobre las
constituciones de Esparta y Atenas y las opiniones
de San Agustín y Sto. Tomás trae á la memorla de los
hombres de mi tiempo aquellas sesiones del congreso
que vió morirá Juárez ¿hace un siglo? en que ]os
oradores de la coalición Lerdo-Porfirista, como el
dor.Lor Buenrostro, hablaban seis horas sin interrumpirse para impedir el voto de :as facultades extraor-

EL EXTERIOR.

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'

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dinarias.

.

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•

Así hacen los diputados italianos; discursos interminables, votaciones nominales á cada momento; lo
mismo. A esto la mayoría y el gobierno responden,
naturalmente exasperados, comü en el parlamento
Inglés, ni más ni menos, cuando la obstrucción parnelist a, con modificaciones al reglamento de debates.
Y como urgía al gobierno refrendar sus leyes de seguridad que son temporales y cuya vigencia termina

en estos días, todo ba sido precipitado, porque todo
era urgente. De aquí la furia; las euménides corrían de curul en curul soplando coraje en el ánimo
de los diputados y al pie de la tribuna se libró el ho~
mérico combate; golpes mortales, cabezas rotas, in•
sultos delirantes, narices aplastadas, representantes
del pueblo más ó menos privados de sentido .... La
verdad es que todos estaban en este estado. Si el general Pelloux se hubiese en aquellos instantes llevado
la mano á la hirsuta cabeza, de seguro &lt;¡ ue los energú menos de la izquierda habrfan gritado: c:m uerte,
muerte, quiere hacerse rey.&gt; Y la sombra de Tiberio Gracco se habría levantado por allí cerca, clamando: es mucho ruido este, dejadme dormir.
Italia tiene bastante vida para sobreponerse á estas calenturas de la atmósfera estival de Roma; es el
impaludismo socialista, no es la malaria.

siast.as de las multitudes que se aglomeraban en
Longcbamps.
Un buen día para la República, en ¡,uma. Y ua.
buen rato el que deben de hat&gt;u pa,ndo los ,respetables comisarios que conferencian en La Haya, al leer
bace pocos días el telegrama del Emperador Guillermo 1I á M. Loubet, después de su visita al buqueescuela francés. Eso, y la correcta acogida., que la expresiva maoit'estación del joven soberano laa ba.llado
en la prensa francesa, ba hecl:lo ver cu:ín profunda- '
mente van cambiando las cosas; h-1.ce diez afios, un
presidente francés que hubiese dado al ffim perador de
Alemania las gracia,; en los términos que M. Loubet
lo b:i. becno, habría tenido que dimitir al día siguiente. Hoy no; y la causa de la paz ba avauzado
más con esto que con los niemmandums eruditos de
los nuncios reunido-; á la graciosa sombra de la Reina
de Holanda.

***
Como era de preverse, á pesar del dcticoncierto rabioso de la extrema derecha de la cámara de diputa.
dos en Francia, un verdadero extremo, un cabo, una
punta monarquista que con gritos é insolencias, algunas veces del mismo tono y jaez que las proferidas
en Auteuil contra el presidente Loubet por el grupo
de degenerados holgazanes compañeros de Cbristiani;
á pesar del enojo moderado del grupo de los ex-monarquistas recién convertido~, los catecúmenos de la
República; á pesar de la oposición resuelt,a del grupo
de liberales que regentea M. Meline, el ministerio
Waldeck-R,.mseau se ba impuesto. Es híbrido, inconexo y basta inexplicable como gobierno de periodos
normales; muy difícil sería y será poner de acuerdo
á Gallifet y á Millerand sobre un programa de reconstitución parcial del ejército y á W. Rousseau y
á Pierre Baudio sobre un programa de inte1 vención del Estado en los conflictos entre sbreros y patrones; no difícil, imposible; por consiguiente este
gabinete de defensa republicana es de circunstancias,
no tiene, no puede, no debe tener día siguiente. Ese
día siguiente comenzará uno ó dos meses después de
la sentencia del Consejo de Guerra de Rennes que dará fin oficial al asunto Dreyfus. Pero es, en toda. la
eJJtensión de la palabra, el gobierno necesario de boy;
el único que por su composición podía agrupar una
mayoría, heterogénea en el fondo, es claro, pero dominada por un sentimiento común del peligro que
corre la República entre la hostilidad más ó menos
latente de la alta oficialidad del ejército y la desconfianza de las masas electoras.
Esta situación es, con torla evidencia, y á pesar de
las denegac1ones de los republicanos moderados, un
preámbulo de guerra civil; seguramente no hay complot y los caballerl,s de l'oeillet blanc que manifestaron contra el presidente parapetados tras de las deliciosas toilett~ primaverales de las señoronas y señorinas en Auteuil, no bao de ser los feroces pretoiianos
que saquen de los pliegues de una tapicería flamenca
á Monsellor el duque de Orleans, para hacerlo rey de
los franceses. Pero el complot existe en la exasperación y la fatiga de los ánimos; un accidente de esos
que son inesperados, que surgen repentinamente,
puede traer una nueva crisis ministerial, esta vez insoluble, la retirada de Loubet y la entronización de
una dictadura militar. Esto sí es una posibilidad,
sobre cuya probabilidad repentina, nadie se hace ilusiones.
Waldeck-Rousseau, que es un hombre no sólo de
superior inteligencia, sino de frío y resuelto carácter,
· un hombre capaz de llevar un mensaie á García, como
dicen ahora los americanos, el día que, durante este
supremo momento en que todos se alarman y vacilan,
sintiera que sobre un asunto que juzgare de primera
importancia, la mayoría de la Asamblea popular le
escapara, no tendría empacho en disolverla, en uso
de sus atribuciones legales y de acuerdo con el Senad0, y apelaría al país elector. Lo acabamos de 1•er:
con motivo de una furiosa interpelación al ministro
socialista, encaminada á hacerlo saltar de su puesto
en el gobierno, el presidente del consejo intervino,
habló, asumió con su gran palabra la responsabilidad
de los actos de sus colegas, definió sin una sola línea
esfumada ó vaga la solidaridad de los individuos del
gobierno, pidió un vot,o de confianza, obtuvo una mayoría imponente y en el acto clausuró las sesiones de
la Asamblea. Esperamos que no la convoque hasta
que la sentencia del Consejo de Guerra baya sido
pr-0nunciada.
Entretanto, el general De Gallifet, á quien todos
aconsejaban que suspendiese hs fiestas militares del
14 de Julio, y á quien el Consejo Municipal de París
babia pretendido facilitar este camino con un voto
en favor del descanso de los soldados en ese día, se ha
negado cránement, así es él, á este acto de debilidad
y la guarnición de París,~on su nuevo jefe á la cabeza, el flamante gobernador militar Brugere ba ido á
hacer los saludos marciales de costumbre al Presidente de la República, y al ministro que sostuvo con
su ma~nífica prestancia, su reputación de primer ginete de Francia y el prestigio del oficial herido mortalmente en Puebla, del general que substituyó á
Margueritte en las horas supremas de Sedan y del terrible debelador de la Comuna anarquista deParís, lo
que no ha sido parte á privarlo de los aplausos entu-

KL 14 DE JULIO.
Quie11 quiera formarse idea exacta de la riqueza y
magnificencia de París, quien se proponga medir la
amplitud de las vibraciones y de los transport€S del entusiasmo, quien quiera darse el incomparable espectáculo de una inmensa masa humana, a.ni mada de un
sentimient&lt;&gt; noble y grandioso, debe ir á París y asis,
tir á la gran fiesta nacional francesa.
El 14 de Julio es un símbolo, el dela emancipación
y de la redención humanas. A la luz de la filosofía de
la historia la toma de la Bastilla es· un hecho relativamente insigni!icante. Propiamente Lablando, la
Bastill.i. habh. sido tomada mucho antes. Buenos
aiios hacía que el tirano se desentendía de su papel.
Los calabozos estab,m vacíos y las LETTRES DE CACilET
eran ya puramente un mito. .M:arat mismo se ba encargado de demc,strarnos con documentos incontestables que no hubo tal asalto y que la fortaleza fué entregada por sus guardias y no toruada á viva fuerza
por el pueblo. Pt:ro en todo caso, al apoderarse de la
Bastilla, por bien 6 por mal, el pueblo parisiense derribó un símbolo material y viviente, si bien ya inofensivo, de la pasada tiranía. Su triunfo, antes que
material, fué moral; el golpe, precisaruente por -ser
teatral, impresionó el espíritu francés y ese solo episodio creó más revoluciones que toda la lilosofía de
Rousseau y todas las arengas incendiarias de Danton
y de Camilo Desmoulins.
La Francia republicana, hija legítima de la idea
revolucionaria de 89 y de 93, dió pruebas de singular
acierto al elegir entre todas esa fecha para conmemorar el advenimiento de la libertad.
Para celebrar tan fausto suceso, la Fnncia toda y
especialmente París se visten de gala. El pabellón
nacioual ondea en los palacios como en lc,s tugurios.
El gas y la electricidad deslumbran la vista en las fa.
chadas de todos los edificios públicos y privados. Córtanse á porfía todas las flores de las campiñas, despuéblanse los invernaderos de sus maravillosos y ex,
traños ejemplares, codeanse las orquídeas más extrangantes con las más humildes violetas y la riqueza
y el gusto se disputan los honores de aquella decoración sobrehumana. La Plaza de la Concordia ciñe su
gargantilla de luminosas perlas, el Arco· de Triunfo y
el Troca.dero perfilan con la luz en el espacio los lineamientos de su arquitectura, el terrado de las Tullerías se corona con las luces multricoloras de los fuegos artificiales como diadema de zafiros y rubíes,
atruena el estampido del callón los aires, LA voz DE
DJOs se eleva imponente y magestuosa en medio de
aquel oceano de luz, surcan el 8ena multitud de barcas empavesadas y vibran las azules ondas del río con
el eco de las orquestas y de los cantos como en una
fiesta veneciana; resucitan todos los esplendores de
las satrapias orieotal~s y de todas las fantasías de
los principados italianos medievales; sola la estatua
de Strasburgo, velada, enlutada, cubierta de fi'me
bres coronas permanece muda, taciturna y triste es
perando el día de la anhelada emancipación.
Entretanto, allá en medio del campo, en el centro de un panorama incomparable, al aire libre y bajo un sol esplendente, desfilan todas las fuerzas vivas y todas las esperanzas tle la Francia. El ejército
francés regenerado va á ostentar su disciplina, su
porte marcial, sus brillantes atavíos y su formidable
armamento ante el gobierno y ante el pueblo. Los
regimientos más selectos de todas las armas, infantes, dragones, artilleros, de gran gala, rígidos y alti vos bajo el uniforme que los honra, van á demostrar al país que aún vive la Francia y que aún es capaz de hechos heroicos.
La multitud amontonada en las tribunas ó diseminada por valles y collados espera ansiosa aquella
imponente manifestación. A lo lejos, en los linderos
del bosque, á lo largo de las calzadas, en los puentes
que atraviesan el río, todo es brillo de sables, de cascos, de corazas, y flamear de estandartes; las negras
baterías de Bange y de Canet, insectos colosales y

�32

F.T, MUNnO.

Dom_~ go 16 de Julio de 1899.

Domfn¡l'ú 16 de Julio 1899

33

EL MUNDO.

UNA LECTURA MEMORABLE.

,

En mis primeras mocedades, cuando contando más
de doce otullos no completaba diez y seis, tenía una
afición extraordinaria á la lectura de entretenimiento; las novelas eran mi pasión dominante en esos mis
tiernos y felices años. Andaba siempre á caza de
-ellas: su amena lectura me curaba del tediosfsimo Nebri ja y del incomprensible Bouvier. Excuso
o eclros que mi atición á e.-.os libros nada. tenía de estudiosa; su lectura era para mi de mc:ro pasatiempo,
nada sabía en esa época de principios literarios ni en
mi wollera babia uo sólo grano de eso que puede llamarse criterio estético; nunca pasó por mis mientes
la idea de juzgar el libro que t'Staba leyendo, ni siquiera me lijaba en el nombre del autor que con los
partos de su ingenio llenaba el vacío de m1 ocios, y
qoizá mi simplicidad llegaba á tanto que: mi inteligencia en agraz no hubiera podido forruarse una idea
-exact a de lo que es un autor de novelas.
Entretenimiento y más entretenimiento era lo único que yo buscaba. eu mis asiduas lecturas: me bo;.
gaban las narraciones estupendas; me suspendía el
r c:lato de odiosas y bien mauejactas intrigas; me parecían de perlas aquellas relaciones de crímenes aoominables con tanta sangre f1fa concebidos, con tanta
resolución ejecutados, y descubiertos después con
tanta pe rspicacia. Cumu nada me percataba yo entunees de sucesión de siglos, de distinción de épocas
sociales, y del continuo cambio de ideas y de constumbres cuyo coojunto constituye la evolución bumaoa,
-creía candorosamente que aquellos sucesos acaecían
-en realidad, sólo que se representaban en esceoario
más previlegia.do, más rico, y mucho ·mejor decoraque el tranquilo recinto de ml humilde ciudad
Del.tal.
No era posible que por las, pacíflcas calles de la corta ciudad en que 1,rans,;urría mi intaocia, trans11,a,.
.ran misteriosos embozados, las casas de los moradores de aquella villa tranquila nada tenían de muraoas fortalezas, no encontraba por más que lus buscaba ni los rosos, ni los puentes levadizo:s, ni siquiera
la alta y enrejada. ventana por donde e11 las altas huzas de una noche de luoa., asomase, eclipsándola, la
blanquísima. raz de una dama semejante á las heroínas de las novelas que yo lefa; pero estaba persuadi&lt;lo de que pasando la8 wontallas que limital.ian el hori%onte de mi ciudad natal y ca.minando muchas, muco1:simas le~uas, se pudría llegar al país de los prodigios, á la. región de las hermosas quimeras, á la
t,ierra fé rtil ~n estupendas aveot,uras, á una comarca,
en lin, donde pasa.sen como cusa corriente suce8os
aemejanws á aquellos cuya narración me deleitaba
taoto.
.l!:n mí peq.iella ciudad no abundan los libros; habla
agotado cuauto de novelas contt:nla la limitada bi-,
blloteca de mi abuelo, y cuanto del mismo género
tenían wis conoddos y awigos; me había echado á

MEXICO MODERNO.

ºº

,---------------

-

CASA DEL

SR.

IlARTM.1.M.-CALLE DR LAS FUENTES BnoTANTES.

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CASA DE LA VDA. DE D. JosE MARIA DEL Rro.-C.~LLE DE L.\S FOENTJ:S BROTANTES.

�EL MUNDO.
cuestas casi todas Jas de aquel novelador feouo~o, las
de a uel narrador mágico que se llamó AleJandro
Dum4.s babia del padre, que el hijo no salía aúo de
las ma~tlllas literarias, ya ha?ía recorrido de cal10 ~
rabo sus generacio~e'S intermrnables de suce~os aºº
velescos uLos tres mosqueteros' ' "Veinte anos ~spués " ,;El Viscondede Bragelonne, ,, "Las memonru:
de ~n médico" "El collar de la reina, " IIAnge
Pltou " ºLa c'ondesa de Cbarnyt'· 11 El caballero ~e
Casa É.oja/· ó como si dijéramos, había co~ocldo . a
novela bisabuela, la abuela, la. madre, la b1Ja y aun
la nieta, y ya casi no me quedaba ~ue leer.
Ansioso como ca.mi nante extraviado que busca e1
sendero corría en pos de nuevas novelas más escasas
cada ve~ cuando uno de tantos días tropiezo con una
lectura. ~xtraiia, estrambótica, extravagante; en nada
se parecía á lo que yo había leído, y sin embar~o, me
causó hon:lislma impresión: co1;a. extraordinarrn.; en
mis lecturas anteriores sólo encontraba el f_útll placer
de seguir el hilo de la narración, y en el hbro á que
me refiero no sólo hallé sabroslsimo gusto, aunque
de una fndole extraña, sino que me hizo pensar,. me
hizo sentir el Contacto de la realidad, y por la pnmera vez de mi vida adquirí en sus admirables páginas
una idea aproximada de lo que es la vida real.
Todo en ese libro me pareció desudado, tuera de lo
común: su tamaño, su pasta, su papel, sus caracteres
tipográficos sus ilustraciones y lo que representaban,
y sobre tod~ su contenido tan diverso de c_uanto yo
conocia basta entonces y que me causó :ma 1mpresi.ón
ue no pude detinir. Los libros que yo había leído
iran voluminosos, estaban empastados á la holaod~sa;
su papel era blaoquislmo 1 terso y lustroso, Y lo impreso estaba dividido en pequellos párraros; las ilustraciones de esos libros consistían en imperfectos
grabados comparados á los "clichés" de ~uestros pe•
riódicos y lo que esas ilustraciones dibUJaban, eran
duelos ;ntre denodados espadachines, era un bandido,
ó un asesino que como cruenta ave de raplila caía
sobre la degcuidada victima, ó una dama privada de
sentido que era llevada en brazos de un caballero ~e
larga espada colgada,.¡ cinto y de sombrero empl~mado encasquetado á la cabeza.
Nada de esto habla en el llbrtto raro que me encontré : era un pequello volumen, su pasta estaba to•
rrada en fina piel, sus hojas eran de un papel tieso
que t iraba á pergamino, el texto, impreso en dJminutos y correctísimos caracteres, se dividía en largos
períodos, no en cortísimos párrafos.
y las Ilustraciones muy notables, tanto por la llmpteza del dibujo como por lo extraño de las compostciones· en todas sus lámtnas había un escuálldo personaje' caballero en un rocín flaquísimo y un grue6o
rústi~ siempre acompai'Iado de un maosísimo borrl.
co, los personajes. secundarios eran venteros, arrieros,
ú otra gente menuda y las escenas representadas te•
uían más de comedla ó de satneLe que de !ragedta,

hacJendC' reir mejor que temblar. Ya eran granizadas de piedras que llovían sobre el pobre bldalgo, ya
era el labrador n\sttco que desnudo de medio cuerpo
arriba azotaba sin piedad: los árboles de un bosque,
mientras que allí cerca. el armado escuálido estaba. en
cnclillas pasando por las manos las cuentas de su rosario: en otra el avelJona.do hidalgo y su barrigudo
acompanante se destacaban en primera línea en la
situación más extraf'ía, pues con los ojos vendadGE,
montaban un tosqufslmo caballo de palo, mientras
en su derredor 5e veían gentes queconhachas encendida~ ó con fuelles se burlaban Jindamente de aquel
par de simples.
¡
Respecto al contenido de aquel libro m~rav11 oso~
•qué podré decir, sino que á pesar de mis tiernos
~ños y de mi falta de gusto literario, me parecM bellísima y me impresionó proruodame1_1te? ¿! cómo
nó, si aquel libro que un teliz azar tr~J~ á mis manos
era el clogenloso btdalgo Don Qui¡o¡e de la Matcba. &gt; Pasó el tiempo, avancé en mis estudios, ~ude
explicarme la rara impresión de que he hablado. supe que ese libio era considerado como una de las más
esclarecidas producciones del ingenio humano; supe
que las naciones civHlzadas llevan más de dos siglos
y medio de leerle, de aplaudirle, de ad~irarle, de
anotarle de comentarle; supe que había sido traducido á to'das ]as lenguas cultas y que se habían hecho
de él incontables ediciones. Por lo que supe Y por lo
que me ptt.só cuando sin instrucción le leí, colegi que
su priocipal mérito es: regocijar al _i~noraote y al~a•
bio, al adolescente, al adulto y al vie¡o, en hacer d!scurrir al iliterato y en inspirar profundas medttaclO•
nes al erudito y al pensador. Como seduce ~1 sol con
su brillo, tanto al rudo campesino para qmen no es
más que un disco de ruego, l:omo al sabio astrooómo
que ha medido, que ha pesado, que ha_ analizado ese
grandioso centro de nuestro sistema, e1 glorioso 1ibro
de Cervantes lo mismo admira á los que nada saben
ue á los hombres del más profundo i,aber.
q He leído libros calificados unánima_mente de obras
maestras: como la e Divina Comedia,, el e Paraíso
perdido,&gt; cLa Mesic1.da, el cFausto,&gt; Jas tra_gedJasde
Shakespeare y otras obras monumentales, pero al
leerlas mi espíritu tba dispuesto á admira r, pesaba
sobre él la opinión de los hombres, ~o se encontraba
ya virgen de doctrinas !iterarlas y hbre de toda_ au torizada opinión como cuando leí cEI Qul¡ote,&gt; DI sabía ni me importaba saber que era un gran Jtbro.
lte~nocer el mérito extraordinario de aquellas obras
maestras de la llLeratura fué en mi !'ruto tardío d_el
estudio, mtentras que el del Quijote saltó á mis o¡os sm
que lo tmpldlera mt Ignorancia.

PAL,\CTO DEL GOBIERNO EN PRETORIA.

PORFIRIO PARRA.

Domtngo 16 de Julio de 1899

Dommgo 16 de Julio de 1899

EL

~r u:--nn

35

=
=--_
:,:

=EL PRESIDENTE KRUGER YEL GOBIERNO DEL TRANSVAL.
Ya tienen conocimiento nuestros lectores del con.
fltcto existente entre el Gobterno británico y el de la.
República del Transval sobre las lranqutclas que demandan los Ingleses residentes en la 1 eglón mtnera.
de ese pafs. La cuestión en substancia se reduce á
que los Ultlanders pretenden ciertas franqulctas polltlcas con las cuales se harán dueil08 del
país, pues su número, la riqueza con qut:,
cuentan y el carácter emprendedor y ambi•
cioso los hacen con mucho superiores á los
genu inos ciudadanos d,el Traasval.
No obstante lo inrructoso de lasconferencla.R celebradas entre Mr. Krüger, presidente del Transval, y Mr. M.ilne~, representante
del gobierno tnglés, el gobierno de Pretoria hace lo posible por contentar las aspiraclones de las Ultlanders y de una ú otra
manera es seguro que éstos acabarán por
absorberá los Boers tragándose el país cuyo
oro tienen y cuya domtnaclón adquirirán por
buenas ó por malas, apoyados como ..:Stán por
un gobler110 ante el cual toda rei,tstencla,
por .heroica que sea, de foe transvaleses, no
producirá otro resultado que acelerar la
agregación de esa República al vasto Imperio Brttánlco.
Ultlmamenteha surgtdo un tncldente nueve en esta cuestión. Los americanos que por
sangre y simpatías están dispuestos á aliarse coa los togleses [nos re!ertmos á los americanos que residen en la República Sud.
Africana, J recibieron la orden de alistarse
y tomar las armas en defensa del país para
la emergencia de una guerra contra Inglaterra. Naturalmente la altiveza americana
no ha becbo esperar mucho tiempo la res puesta al Gobierno de Mr. Krüger el cual no
podrfa esperar nada favorable de los norteamericanos que tomen las armas si á ello se
les obllgua, pues las volverfan contra el
mismo q tre las pusiera en su mano.
En nuestras ilustraciones se ve la figura
bíblica (de biblia protestante) de Mr. Krliger vestido á la usanza, que no es muy pari•
siense, de los valles sud africanos, habitados por virtuosos pastores tudescos, tradicionalistas y pacíficos sin dejar de ser muy valientes cuando llega la ocaslón,-basta el día
en que 1.10 prospectar britano descubrió prodigiosos bolsones de oro, atrajo la inmigra•
cJón inglesa y norte americana y encendió la
codicia del gran tmperlali&amp;ta Mr. Rhode,,
quien ya quis~era Yer desbaratado hasta el
~om bre do la R epública.

- .

EL CoHANDA.NTE MARCDAND ACLAMADO POR EL PUEBLO EN

La mella de M
archand á su ciudadnatal.
La prensa tnglesa ha hablado también, aunque en
tono de crítica, menudeando observaciones irónicas
sobre la vuelta de Marchand. El Lmdmt News, entre
otros pertódlcos que hablan del asunto, dice
que en los festejos con que Re ha recibido
al explorador, hay más deseos de sacar á plaza las pretensiones !ranceaas á los terrlto•
rlos domtna dos por Fasboda, que admtraclón por el ilustre vtajero. Hay un engallo
en e8ta opinión: muy bien puede ser que el
pt\bllco francés aproveche las demostraciones al héroe del día para lanzar uno que otro
venablo envenenado contra la victoriosa y
odiada Inglaterra; pero tambtén es cierto
que el pueblo de la capital y del mediodía
de Francia ven en Marchand un ídolo, un
glortoso vindicador del maltrecbo ejé1cito
y un nombre que oponer á los que después
del sesgo que ha tomado el asunto Dreyfus
enarbolan en sus pendones de combate los
partidarios del elemento civil y los que no
se resignan á que caiga el país en mano.s de
un césar militar.
No puede negarse que á pesar de sss lmpetuosld ades, el público francés no aprovechó los festejos de la recepción de Marchand
para entregarse á desabogos
¡,ellgroso,, tanto desde el punto de vJsta. de un conflicto Internacional como en lo rela•
tl vo á lasdiffclles y angustiosas luchas interiores.
El Mayor Marcband desembarcó en Tolón el l º de Junio,
y al llegar á París se le recibió oficialmente en el Ministerio de Marina, acompa•
Dándolo el Ministro de ese
departamento y el de las Colonias al Ellseo, en donde M.
Loubet le dtó el parabién por
sus atrevidas cuanto- poco
fructuosas exploraciones. Se
le han colgado al pecbo cuantas medallas puede llevar, y
es seguro que pronto se Je da•
rá algún puesto colonial ó adrninistrativo de importancia.
Las sociedades geográficas no
sólo de Parls, sino de Londres
7 de las otras ciudades europeas Importantes, &amp;e disputarán el honor de recibirlo corno conferencista de moda.
EL COMANDANTE MARCJIAND. {:&gt;E UN R.li,'TRATO PUBLICA.DO EN

-

TIIOJSSEY,

Entretanto, el Mayor Marcband ba quertdo hacer
una visita á Ja ciudad de Tholssey, en la que era,
cuando emprendió su vtaje á las Colontas, bumtldo
amanueose de notarlo. Entró tri un talmente áThots..
sey en coche descubierto, acompaflado por su padre
y por el Alcalde de la ciudad, saludado por la reglamentaria Marsellesa, que t&gt;jecutó la fanfarria
de la que en Otro tiempo formó parte1 y acJa ..
mado por sus patsanos. En el Palacio del Ayuntamiento se le puso otra condecoración, la del
Valor .Militar, en nombre del pueblo y una
medalla que le ofreció laUoión Patrióttca del
Ródan('I.
Al dlrt¡,:trse al lugar en que se ledló un banqueLe de 1,400 cubtertos los estudtantes lyoneReS, pretendieron desprender el tiro de caballos
del landau, llevándolo ellos mtsmoa en peso.
Nada raltó en la fiesta, y como es de rigor, ya
corren por ahí las anécdotas más ó ruenos conmovedoras como el saludo que dlrtgtó el examanuense á su antiguo patrón el uotario,
quien presenciaba con s11 familia la gloriosa
ovación que se le bacía al que anos atrás rectbló má• de una reprimenda por sus descutdos
caligráficos, cuya causa hoy se conoce, pneR el
joven aprendiz de notario se distraía de sus
obligaciones sallando con viajes y aventuras
coloniales.
Tamblén se cuenta otra anécdota, en la que
la generosidad jeJ Mayor Mar.
chand se dlscuttrfa si todos
tuviesen presente que el des-interés no es sincero sino
cuando, como dice el Evangelio, la mano izquierda igner
rala dádiva qt1e bace la mano derecha. Pero sea como
fuere, el hecho es que los
15,008 francos que Je otorgó
como premto la Soctedad de
Ctenctas Morales y Pollticas,
• pasaron por donativo del Ma~
yorMarcband álas cajas dela
Liga Marítima Francesa.
De vuelta á París, el Mayor Marcband ha visto aumen•
tar en vez de disminuir el en•
tusiasmo con que lo aclama•
ban las multitudes. En las
fiestas del 14 se presentó en la
Revl&amp;ta de Longchamp, montando soberbto caballo y seguido de una escolta sudanesa.
Como era de es;,erarse, lasa ludaron con frenéticos aplausos que no cesaban sino hasta
INGLATERRA.)
que se perdla á lo lejos.

�EL MUNDO.

36

771

==

Domingo 16 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

DUQUE

DE LOS A IHlUZZOS

retumba el eco, la montaüa gime
con med_rosa inquietud la re1&gt; sal;aje
escapa sin cesar de risco en risco
se oculta la avecllla entre el ram~je
en su ?ueva el reptil, basta en su aprisco
la oveJa se acobarda, y solamente
el águlla caudal, cuya pupila
sonda la inmensidad, vuela tranquila
sobre las turbias aguas del torrente.

lV

TEITTEETE QUARINI.

ÜAPITAN HUMBERTO ÜAGNI.

DOCTOR ÜAVALLI, DE LA MARINA RE,\L DE ITALIA,

------------------------------------------------------------------------------------------ ·--------------------------------------------La ciencia debe á los cometas el servicio inmenso de la
tentativas que la e.'lpecie humana ha hecho pa- invención del pararrayos, hecha mediante un cometa de
Los cometas de vauel y la meteorología.
ra enseñorearse del espacio, han tenido el mis• papel por el gr,rn Franklin; ahora va á deberles la retorm,r
~- Camilo Flammr.rióo, el poetadelaAstronomía,
dijo alguna vez, hablando de los prooóstlcos sobre fenómenos meteorológicos, que todos los que se blcle•
ran tenían que resultar forzosamente fallido,, ó si se
cumpliesen, sería. debido á la casualidad y en ningún
modo á la ciencia. ¡, Por qué~ Por la sencilla razón de
que ha sido Imposible estudiar los fenómenos atmosféricos de una maner·:1. extenS'4, g~neral y profunda
para descubrir y codi6car las leyes que rigen su
producción y que indudablemente deben existir,
puesto que en la Naturaleza nada sucede caprlcbosamente.
El Rey de la Creación, á pesar de su majestad, está arraigado á la costra terrestre por la doble tiran la
de la pesantez y de la debilidad de sus pulmones. De
manera que el hombre no conoce de las capas atmosféricas sino una porción íntima y precisamente la
más alterada y modificada por su contacto con el
mundo animal á cuya existencia subviene.
De tiempo en t·empo suele lanzarse valiente y os'ldamente el hombre á la conquista del aire y de sus
secretos; pero la má'l gráfica y lastlmo.i,a de las caídas
le recuerda que desde !caro basta la fecha, todas las

I~s~t:':¼t:.S'!'Oe REG!eTR.U&gt;ORES DE LOS C;)METAS.

37

ta en la que Ee d!Rtinguló por su valor y sangre frfa,
y por último, el Dr. CavaJll, médico de primera clase de la Marina Real de Italia.
El Duque dirilr!ó personalmente y CúD sumo cuidado los preparativos.
Tripulan su buque, la «Estrella Polar,&gt; dos marinos italianos de larga experiencia, cuatro guías de
montail.a, diez marineros noruegos que conocen los
mares del Norte, y un esquimal que sabe dirigir los
perros de los trineos. Lleva además veinte perros de
Arkangel.
En cuanto al equipaje se compone de 1:iOO cajas de
encino que contienen vest!dos, víveres é Instrumentos científicos, y dos globos con sus aparatos de gas
, construidos en Parfs.
La «Estrella Polar&gt; levó anclas en Cristlanía. el lunes 12 de Junio. Despu~s de abordar á la tierrc:1. de
Francisco José, el Duque de los Ab:uzzos procederá
por etapas, marcando su ruta con pc,stes que le servirán de indicación para la retirada en caso de fuerza mayor. Calcula que su expedición durará tres
aíios.

UN PRINCIPE REAL EN EL POLO NOR1'E.

s. A. R. el Prfncipl' Lnls di- Saboya, Duque de los
Abruzzos, sobrino del Rey de Italia, é bi;o de Amadt'o ex-Rey de F.spaña, emprende una conquista pacífica, la élt'l Polo Norte.
Tiene 2(i ail.ns el nuevo explorador, e!l CaplMn de
Fragata y ha dado dos veces la ,,uPlta al mundo.
Su aspecto no indica la tuerza física requerida pa•
ra estas aventuras. Aunque si nos atenemos á las
pruebas de resi~tenr.ia y de valor q,1e ha dado, á nadie causará extrañeza q ueqnien intentó y llevó á cabo
la ascensión al Monte de San Elías de Alaska. sea
ca,&gt;!lZ de Invernar entre los hielos polares, y de inscribir su nombre y clavar la bandera italiana en el
punto m:ts avanzado de las reglones árticas.
El nombre dt• suscom pañeros cuyos retratos 11amos
también porque van :í i;er famosos y muy comentndos
dentro de PoCO. i;on &lt;'I ayuilant&lt;' del Príncipe, Capitán
de Corbet,a Humberto Oagni, oticial valiente ~ instruido; el Teniente de navío, Conde Quarlni, cuyos
conocimi&lt;'ntos filológicos de poco le servirán en el
Polo Noru· como no le sirvieron en la guerra de Ore-

Domingo 16 de Julio de 1899.

mo tin y remate: perder las alas cuaudo menos. ele la meteorologla. Bienvenidos sean los cometas-obserY ~'lammarión sabe mucho de ésto, como que
es uno de los aereonautas máR osados que por vatorios.
arrancarle á la atmósrera sus m lsterlosas leyes,
ha expuesto innumerables veces la existencia
en peligrosa.'&gt; ascenclones, sin lograr otra cosa
que el convencimiento de su impotencia lealmente con resada.
En efecto, para llegar á un resultado práctl
cosería preciso que en un mi1,1mo momento ascendieran incontables aereonautas en toda la
superficie del globo, para realizar observaclo•
nes simultáneas del estado de la atmósfera,
muchas veces en medio de las más rudas
tempestades, y ésto, particularmente la ascención en momentos tempestuosos, es perfecta.mente imposible para su majestad el hombre.
Sin embargo, no es tan irónica la majestad
humana, puesto que tan maravillosamente sabe suplirá la debilidad de su carne con la incontrabtable fuerza de su espíritu. No puede
reorganizar en per&amp;ona la hazaña de recorrer
y escudrll'!ar el espacio, pero Inventa aparatos
lnsensibleR á la Inclemencia de las ~Itas reglones atmosféricas, victoriosos de la pesantez y
que con toda fidelidad vienen á contarle lo que
sucede en un mismo momento, y en mil lugares
á la vez, y á millares de metros sobre la superficie de la tierra, y aun cuando reine la más
furlcRa tempestad.
Actualmente la meteorología ha roto las cadenas del em plrlsmo para entrar de lleno en la
experimentación directa, substituyendo las hipótesis con hechos.
Para las observaciones de 3 á 18,000 metros se
mandan los globos SIN AERE0NAUTA, pero provistos de toda clase de instrumentos registrad1Jres automáticos, de maneraqueásu regreso traen
las temperaturas, las presiones, la dirección y
fuerza de los vientos, muestras de aire y vistas
fotográficas de lo que viel"on metro á metro del
espacio recorrido por ellos. el que también viene registrado en una brújula. adecuada.
Para las alturas menores de 3,000 metros, se
mandan cometas ó papalotes, provistos de iguales mP.dlos de observación, cuyos model.:is damos, y á los cuc:1.les se deberá que en tiempo no
lejano ya no se bagan los calendarios con pronósticos del tiempo como los usuales: «tal dla
CoMETAS OBSERV.A.TORIOS.
lloverá .... ó no lloverá.&gt;

I
En soPtaria y eminente roca
de los montes cantábricos, altiva
ras~a el espacio y en las nubes toca
v!eJa torre feudal. La peña viva
de donde arranca el resistente muro
con tan diffcil corte el paso ::ierra,
que no existe castillo más seguro
coronando los riscos &lt;ie la sierra.

II
El pefión que le sufre, en dos partido
por un extremo está, cual si de un tajo
en formidable lid le hubiera hendido
el hacha de un titán, de arriba abajo.
Silvestre helecho y trepadora. hiedra
los bordes cubren de la herida piedra
por cuya enorme cavidad sombría '
SUrge e_spantable y prolonga'.lo grito,
como s1 aquella mole de granito
.se doliese del golpe todavía.
III

Es la voz del torrente fragoro~o
que se despefla de escarpada altura
Y al pasar por la estrecha cortadur~
del cast!llo reudal, muralla y foso, '
se arremolina, se ret.wrse, choca
Y salta, enfurecido y espu.:noso
como el mar por las quiebras de la roca.
&lt;Juando acrecienta su raudal la nieve
que derretida de las cumbres baja
Y los cimientos sólidos conmueve '
del cerro, Y piedras y árboles descuaja
ante aquel es_¡)ectáculo subl!me
'

El castillo, elevándose imponente
como un fantasma en el picacho esc~eto
Y sobre el negro tajo por do corre
revuelto río, el levadizo puente
con cadenas fortísimas sujeto
como un esclavo á la almenad'a torre
todo infunde en los ánimos respeto ,.
Resalta el ancho Y ostentoso escud~
- S?bre la puerta gótica, en la parda
pied ra_ por toscas manos esculpido,
y_de pié en el umbral siniestro y mudo,
vigila el puente y sus contornos guarda
un soldado con aire de bandido.
Aumentan el misterio y Ja pavura
de aquel lugar inexpugnable y rudo
la monótoma voz del centinela
'
que las traiciones de la noche bbscura
siempre temiendo, sin descanso vela·
Y en bandadas los cuervos agoreros '
que, al volver d~ los próximos pina:es,
buscan las hendiduras y agujeros
de aquellos murallones seculares.
V

Era una tarde de Noviembre, helada
como la mano de la muerte; espesa
niebla cumbres y valles envolvía
Y estaba el m1,nte sumergido en ~sa
confusa claridad, tenue y velada
como el vago crepúsculo del día
Ton débil era y apagado el brlll~
de la pálida luz, que compartía
su lm~erlo con la sombra; á suR reflejos
amort11:{uados, en el fondo oscuro
de la sala espaciosa del castillo
se destacaban sin color los vlej~s
y anchos sitiales de tallado roble
que adornaban la estancia, y en el muro
relucían los bélicos arneses
el férreo casco, el colosal m'andoble
?ruílldo escudo y rígida coraza,
'
Junto á la armada testa de las reses
que t:l personal valor cobró en el noble
y arriesgado ejercicio de la caza.
De propincuo lugar. como el ornato
principal del salón, cuelga un tablero
donde inhábil pincel trazó el retrato
del m1gnffico y alto caballero
glorioso tronco de la ilustre c~
y enfrente de él en su sillón de c~ero
con los piés arrlm,ados á la brasa
'
que dejó en el hogar ardido tuero
manchado por ia crápula y el robo'
el Sdiior del castillo, IIernán el Lobo
,como le llama el general espanto, '
:ahogando estaba su conciencia en vino
Y no muy lejos su afligida esposa
·
:hilaba sin hablar, deshecha en llanto
el rublo copo de encamado lino.
'

VI
Mil amargos recuerdos en profuso
tropel cansaban su memoria, en tanto
que entre sus dedos resl)alaba el buso
¡Con qué dolor! pero también ¡con cuánto
enamorado arán clav:i.bc:1. ansloRa
sus húmedas pupilas de bito en bito
en la faz descompuesta y borrascosa'
de aq~el malsín que embruteció el delito!
Y él, rnsenslble á todo, el cuerpo laso,
balbuciendo palabras desacordes
Y una vez Y otras cien vaciando ~l vaso
lleno de aflejo vino hasta los bordes
evn el rostr? encendido, la mirada '
atónita Y vidriosa, el sentimiento
anonadado y la razón turbada,
me1.cla11do &amp;in cesar un juramento
á su insensata y bronca carcajada
ni áun reparaba en la !nfellz aqu~lla
que á su maldad encadenó el destino
p~ra amarle Y llorar, sola en el mundo;
y1c~lma desdichada que atropella.
rnd1terente y fiero en su cammo
como la flor de las alturas bue!!~
el oso montaraz. ¡Con qué iracundo
y bárbaro de.i,dén Hernán la abruma!
Mas ¡ay! hundida en su mortal congoja
sufre en s!lenclo y cual la flor, perfuma'
el pié que torpemente la deshoja.

VII
¡Oh! ¡si supiera odiar! .... Pero no sabe
No sabe, no, su espíritu sereno
·
lo que es rencor, ni en su apacible seno
la ruin pasión de la venganza cabe
En medio del horror que la rodea ·
tan sólo el bien su corazón desea '
y cual la ~ieve que en la excelsa 'cima
conserva 1nmaculada Ja blancura,
cuanto más su conciencia se sublima
más se destaca inalterable y pura. '
1Cuán suave y dellcada es su hermosura!
Como el murmullo de los bosque11, grata
suena su dulce voz: la misma queja
en sus labios de rosa es un halago.
Toda el alma en sus ojos se retrata
que su pupila transparente deja '
escudriñar _el fondo, y como un lago
la luz del cielo en su cristal refleja.
llaz de rayos de sol es su cabello
que al deshacerse en ondas, ilum'ina
los nobles hombros y el desnudo cuello.
¡ay! ¿por qué misterio que no alcanza
a mente á descubrir, tan peregrina
beldad, pone su gloria Y su esperanza
en una bestia indómita y jañina?
Busca el cootras~e el corazón humano
con insaciable sed: Ja tierna Aurora
cede á esta locl!nac!ón que la domina.
En sus noches de !nsomnlo intenta en vano
torcer su voluntad, y gime y llora;
bien conoce que es pérfido, Y tirano,
Y codicioso Ueroán; pero le adora.
Le ado~a, Y sigue con amargo duelo,
cual hoJa seca que arrebata el río
por do la lleva su pasión bastard~.
Mas ¿cómo no, si basta en el mismo cielo
tiene el sér de la tierra más impló
un ángel que, ante Dios, le escuda Y guarda?

flas

�Domingo 16 de Julio de 1899.
Domingo 16 de Julio 1899

'"'

EL MUNDO.
38

Vlll

llora de los recuerdos, que en las trías
nocbes en que el pesar nos enageoa,
con las gratas memorias de otros días
no endulzas, sino agravas nuestras pena¡
tú cuya voz como to visible espada
n~ lle_si:a al corazón, ¿qué la decías?

¿No de~pertaste en su abatida mente
las muertas dicbas de la edad pasada
como uo1:} angustia más de la presente?

•Av si! Que alguna.vez, la infortunada,
~"0~6, sollo1.ando, en la inHnita_
a~solación del alma que la aqueJa,
los bre,·es goces de la ansiada cita
en que geoti.1, apasionado y tierno _
Herná.o, al pié de la imponuna re;a,
rendido le juraba amor eterno.
•Cómo negar el merecido pago
su ruego ardoroso? ¿Cómo, esquivo,
vol Yer el rostro al hisinuante bala.ge,
y cómo resistirá su embeleso,
si eran en él cada mirada un vivo
rayo de luz y cadll. frase un beso'!
Todas las tardes, cuaado ea la alta. sierra
desmayaba del sol la roja lumbre,
solo y á escape ea su corcel de guerra,
al tra"és de la lólrega eRpesura
Hernán ganaba la. riscosa cumbre.
Hin que estorbaran su certero tino,
ni el bitio agreste 1 ni Ja sombra obscura,
seguro rle si propio y del caballo,
~1olaba, cuma raudo torbellino,
sal va.ndo abismos y cruzando bren.as,
entre las cbii.pas que arrancaba el callo
del ágll bruto á las cortantes penas,
pard tanzar:;e, al !in de su camino,
con el trupulso desatado y ciego
con que desborda la corriente brava,
allí donde ella, en contenido fuego,
t!wida y palpitante le esperaba.
¡Qué sceilosl ¡Qué coloquios! ¡Qué arrebatos!
¡Qué éxtasis de pasión! ¡Qué horas aquellas
tan venturosas ¡ay! como fugaces!
¡Wn qué re renovaban, insensatos, .
á la indecisa luz de las estrellas,
sus tiernas riñas y su~ dulces paces!
¡Cuántas veces la luz de la m-1.ñana,
ni aguardad4 por ellos ni sentida,
inundando de pronto la ventana,
puso fin á su lorga despedida!
¿Cómo no compatar la pobre Aurora,
en la nocbe terrible de su vida
y en el tedio mortal que la devora,
el bien sollado á su desdicha cierta?•
Y ¿cómo no llorar, si su espera.nza.,
como paloma á quien el hierro alcanza,
desde el cielo al ablsmCI cayó muerta?

1

IX
Aquel Hernán que despertó en su seno
amor ton infeliz y tan profundo,
estaba allí, como el reptil inmuudo
que se ravuelca en pestilrnte cieno,
abrum·-\d0 de crímenes, be0do,
sin luz en la razón, sin re en el alma,
y tranquilo quizás .... ¡Nol que entre el lodo
jamá.s conserva el corazón su calma.
¿Quién tiene de los réprobos la clave?
¿Engendran las blasremias en su boca
la impiedad ó el esp•nto? ¡Dios lo sabe!
¡N•d• hay estéril en el mundo! Crece
el musgo humilde en la desnuda roca,
entre hielos el liquen aparece;
arraicra el pino en la rasgada grieta
que a°bre la lluvia en el peñón tajado,
sobre las tumbas el ciprés vegeta,
y el miedo en la concieLJcla del malvado.
X
¡Cuán banda, cuá.n fatídica tristeza

inspira aquel salór:! Encenegado
el licencioso Hernán en su torpeza,
y ella entregada á vanos desvaríos,
Juntos están en soledad medrosa,
como dos muertos que en la misma rosa
yacen mudos, inmóviles y fríos.

XI
De pronto, con estrépito la puerta
abri óse, y un pastor recio y m~mbrudo,
de torrn rostro y de expresión incierta,
pentitró en el salón. Rústico sayo
de pieles sin curtir, con tosco nudo
ceiildo i\ la cintura, era su traje.
Paróse en el umbral, miró al soslayo
con la. Inquietud curiosa del salvaje,
y luego, destocando su cabeza,
enmaraílada como bosque e.~peso,
avanzó Dacia Fernán. La triste Aurora.
disitnular no pudo bajo el peso,
de su terror, la femenil flaqueza,

y aturdida quedó, cual queda. el ave
al sentir la mirada abrumadora
del ra¡&gt;az ga,,iJán, en ella tija.
Heroán 1 con gesto reposado y grave,
quiso ponerse en ple¡ pero en mal bora.
Volcó su torpe esruerzo la vasija
de blanco estaiio, que el licor ardiente
encerraba, y C')n cómica sorpresa.
esparcirse le vló como un torrente
de rutilante sangre por la mesa.
-¡Cuerpo de Dios!- refunfuñó impaciente
-el diablo en mi camino se atraviesa.y descargando su toroide pui'io
sobre el t,ablón nudoso:-;Habla, por Cristal
balbuciendo exclamó:-¿Qué pasa, Nuilo!

xn
-¡Escuchadme v sabréis! Por la ca.nada
del puerto de las V!boras he visto
buen golpe descender de gente armada.dijo el zatio, clavando l~ mi rada
.
oblicua. en su señor.-Son mercaderes,
muy precavid&lt;JS van I pero no creo
que den pruebas de aliento ea un _apuro.
Marchan revueltos hombres y mu1eres,
y juzgo, si no miente mi deseo,
la lucba fácil y el botin seguro.
Diez mulas llevan de poder .v brío,
rendidas bajo el peso de los lardos
que en vuestras cuevas bacinar ansío,
y exploran ol te .. reno dos gallardos,
ágiles y rob,ustos montañeses...
-Quisiera-exclamó flernáo-que me dtJeses
cm\nLos los hambres son.-Gente no taltarespoodV&gt;le el past.or.-Mas cuando asalta
el lobo algun redil, ¿cuenta las reses? -Nuno, tienes razón: fuer&amp; cobarde
reparar en el número-repuso
el fiero Hernán con desdeñoso alarde.
Da vil codicia disipó el cooruso
vapor, que sus potencia~ envolvía,
como súbito viento de la tarde
barre las brumas, aclarando el día,
y alzóse con indómita energía,
parecido al león, que se espereza
sacudiendo su crin deF-ordenada,
cuando siente, al t1avés de la maleza!
el resoplido de la presa ansiada.

XIII
Arrasados en lágrimas lrns ojos,
trémula incierta y sin color Aurora
á. los piés de Ferná.o cayó de hinojos,
y con la voz de la mujer que implora
y acaricia á la par, voz que se~eJa,
vibrando de c1.nsiedad y de canño,
del bien amado la sentida queja
y la inocente súplica del niñ o:
-¿Qué Vas á hacer?-le preguntó-¡Insensato!
y él, mirándola. airado y cejijunto,
prorrumpió con estúpido arrebato:
-Hilad, senara, en paz que no es asunto
propio de flacas bembras el que trato.Exhaló la infeliz sordo gemido,
y de sus manos se escapó la rueca
como asustado pájaro del nido.
Volvió otra vez á interponer su ruego;
pero con rrase dominante y seca,
t.an seca como el ái.pero chasquido
del azote que al siervo despe.daza: . .
-¡Bastal-gritóle Hernáo, de rabia ciego,
ó juro á Dios que os pongo un¡i. mordaza.-

XIV
Bajo el torpe rigor de la amenaza,
ella temblando obedeció. Profundo
y lúcrubre silencio, tan sombrío
com~ el que cerca al triste moribundo,
en la estada feudal reinó un instante,
que allí también desamparado y fr!o
espiraba dd angustia un pecho amante.
-Casi es seguro-con feroz sosiego
el rústico siguió-q UI:! aprovechando
la ocasion, despoj emos á maasal va ..
Hernán mlróle con fijeza, y luego
le preguntó i-in respunderle: -¿Cuándo
pasar los vi~te?-¡Al despuntar el alba!Nufio le contestó. Como la fiera
ola del mar, que con murmullo blando
suavemente acaricia la ribera,
hasta que oi;;ada ráfaga de viento
su furia excita y su quietud altera,
Hernán alborotóse de improviso,
y yendo Dacia. el pastor, que sin aliento
le contemplaba atónito y sumiso,
cólerico exclamó:-¿Cómn, menguado,
acudes en tal hora á darme aviso?
Si rtices la verdad, ;,dónde,bas estado?-Tened pierlad de la flaqueza míadijo Nui'io turbado como un reo
delante de su juez, y las palabras
temblaban en los labios del espíe:

-He llegado hasta aquí, dando un rodeo,
por donde acaso las monteses cabras
no estamparon su huella todavía,
y la razón de mt tarda □ za es esa.-¿ Y por qué uo vea ir por el atajo?prt'guntó Heroán.-De mi valor respondoel pastor replicó bajo, muy bajo:
-Mas ¿quién se dttermina á tal empresa1
¡Pasar junto al abismo en cu~o rondo
vos! ... . ¡Im¡&gt;0siblel-Y i.e erizó la e.~pe~
tiel\'a de sus cabellos.-;.Qulén se arrimat
c..:uantos se adelantaron a,1,re,·ido~
d~cen que &amp;aleo de la horrenda sima
maldiciones, sollozos y alaridos. Nuño calló, sus e.r..pantados ojos
giraban en sus órbitas obscuras,.
como acosados tigres entre abroJOS,
cuando audaz cazador los acomete
en su propio cubll.-¡Mucho q,veoturas!
-gritóle Hernán.-De mi p·eseucia véte, 1
v pide á Satanás que los alcance.
Que ~¡ por tí se nos malogra el lance,
bi tu incuria mis brazos encadena
y vuelvo sin botln de la jo_rnada,
óyelo bien, te cuelgo, á mt llegada,
para pasto de buitres, de una almena.-

tnliUlmente auxilio, y sólo escucha
¡8 voz de la borrasca bramadora,
aunque distante de la amiga playa,
lucha. sin esperanza, pero lucba,
y mient ras tiene vida no desmaya,
tal la Inocente y desolada Aurora
pretendió resistir de aquella fiebre
nunca saciada el sanguinario intento.
--¡Ayl-con amar¡;to y penetrante acento,
gi mió, abrazada á su verdugo:-¡Esperal¿No ves, si alguna compasión te inRpira
mi amor , que me asesinan tus desvfos?y el monstruo, rechazándola con ira,
- ¡Cansada está!s!--la contestó-¡Moriosl-

XIX
Soltóse con tal impet,u y coraje,
que Aurora vino á tierra trastornada,
y más que el golpe la dolló el ultraje,
aunque bien ad vlrtl l la desgraciada
que por su rostro pálido corría
la Rang re con las lágrimas mezclada.
De pronto, el sol atravesando el velo
de la niebla sutil que le cubría,
vertió, desde el ocaso, sobre el suelo,
su luz, más bella cuanto más t.ardfa.
Un rayo melancólico y furtivo,
pasai:do por los vidrios de colores,
bailó la faz de Aurora, do su vivo
y t rágico terror estaba impreso,
como st conociendo sus dolores,
aquel rayo bajara pensativo

XV
Despavorido el rústico y absorto
ante el horrible gesto·y la mirada
de aquel malvado, del tntierno aborto,
fuése alejando, basta ganar la puerta,
con vacilante paso y faz miedosa :
y al encontrarla en su camino abierta,
i·á.pido se escurrió, como el impuro
y cobarde reptil por la mui.gosa.
y húmeda grieta de vutusto muro.

EL MUNDO.

por mandato de Dios á darle un beso.
Inmóvil y tendida sobre el duro
pavimento de piedra, cual yacente
estatua de un sepulcro, confundida,
cada vez más siniestro y más oscuro
entrevió el porvenir, y no en la frente,
dentro del corazón sintió la berida.
Abatidos sus músculos y flojos.
postrada la conciencia, entumecida
la voluntad, y en su mortal quebranto,
la. ciara Juz de sus hermosos ojJS
nublada por 1a sangre y por el llanto,
trató de incorporarse, mas no pudo,
y el amor, y la pena y el despecbo
con invisible y apretado nudo
abogaron los sollozos en su pecho.
Desesperada, loca, ea su tnfiolto
y rebelde pesar, una y tres veces
el seno hirióse y cou vibrante grito,
-¡Ay!-dljo ciega de furor:-¡Maldito
corazón, que ni olvidas ni aborrecesl-Iba á seguir; pero el rumor confuso
que levantó en el patio la mesnada.,
término y fin á su~ lamenoos puso.
Heló sus venas de la muerte el frío,
y fijando en el cielo su mirada,
-¡Tea-murmuró, quedando aletargada.compasión de ellos y de mi, Dios mío!

ya con su luz dudosa y fugitiva
doraba el sol los picos de la sierra,
y lentamente por la mustia alfombra
de los oteros y cana.das, iba
subiendo y espesándose la sombra.
-Era ese instante de suprema calma
e.n que se exting-uc de la tarde el ruido
y en sus tristezas se recoge el alma.
Cuando el grave y patético tafildo
de la campana los espacios llena,
y con lengua metálica y sonora
dice al mortal:-suspende tu faena:
Dios te ofrece el descanso hasta la aurora. Cuando !arma y color se desvanecen,
t
bajo el silencio, las tinieblas crecen,
y el campesino á quien el cielo avis•
que interrumpa su rústico trabajo,
á la luz del crepúsculo, indecisa,
guía y conduce por estrecho atajo
su man1,a yunta á. la cercana aldea,
do amtt.nte madre 6 diligente esposa,
solícita prepara y cariilosa
sano alimento en el bogar que humena.
Cuando en pos del reposo apetecido
busca el redil en el seguro prado
la dór,tl res, el labrador cansado
su pobrt casa, el pájaro su nido,
y las pérfidas sombras el mal vado.

XX
GASPAR NUNEZ DE ARCE.

Cuando la bulliciosa comitiva
atravesaba. el puente en són de guerra,

XVI
-Yo amansaré tu conrHción vlllaoaIlernán refunfuñó.-¡Mal tinte auguro!
Y abriendo de repente una ventana,
-¡Ilola!-gritó con estentóreo acento
á la chusma del patio:-Que la trompa
con su bélico sóo los aire:; rompa,
que mi rojo estandarte ondule al vleuto.
No quede mesnadero, ni ,·asa.no
que á mi tormal mandato se. resista,
ó1 ¡vive Dios! que sentirá m1 fallo,
Ya la caza en el término se avista.
¡Son miserables corzos! ¡A caballo!'
¡Todos en marcha! ¡Todos tras la pistalDijo, y oyóse el sordo clamoreo
y el alegre bullicio de las gentes
que se aprestaban al infame ojeo,
y á, poco rE-"tumbaron estridentes,
por valles y montañas, los sonidos
de la trompa marcial. Ya en su escarceo,
los potros al combate apercibidos,
relinchaban fogosos, golpeando
con sus herradus cai:cos la ancha losa,,
y Heruán, que estaba á la ventana, cuando
vió soltar del rastrlllo la cadena,
se dispuso á partir.

Pero su esposa,
sobrecogida de zozobra y pena,
abrazóse rreoética á su ~Gello
como si el miedo la aumentara. el brío,
y casi e,tinto el último destello
de su débil razón:-¿ Dónde, bien mio,
dónde vas?-prorrumpió. -¿ Por qué me dejas
sumida en esta angustia que me acaba'!y reía Ja mísera y lloraba,
y á la vez palpitaban en su boca.
ayes, suspiros, ósculos y quejas.
-¡ No te mancbes en saogrel ¡Te lo pido
por tí, por mí!-clamaba como loca,
y era triste su voz como el gem!do
de un arpa que se rompe. -¡Ay, vida mía!
no te condenes á suplicio eterno,
que á donde tú no estás, está. mi infierno,
y á la gloria sin ti renunciaría. -Escucbábala TI.ernáo como un idiota,
extraño á todo sentlmienoo, mudo
pero sombrío, y reprimiendo el llanto,
ella con frase apresurada y rota
por su amor, por su duelo y por su espanto:
--¡Necia de m!!-afladla--,_por qué dud o
tte tu cariño?-Y con tebríl empeño
más y más estrechaba el dulce nudo
con que opr!mía á su inseaslble duefio.

XVIII
Hernán, repuesto ya de la sorpresa,
y obedeciendo á. sus instintos vtles,
desabrido exclamó :- ¡Callad, señora!
que no bao de bacerme abandonar la empresa
súplicas ni lamentos mujeriles.Como animoso náufrago que implora

UNf\ Ff\REJf\ DE 5Nf\MORf\DOS.

1

Un trompo y una pelota se encontrg,ban reunidos
dentro de una caja de juguetes.
--¿Por qué no bemoF. de casarnos, dijo el trompo
coa languidez, ya que de todos modos da la casualidad que hemos de vivir juntos?
Pero la pelota era orgullosa, esta.ha forrada de riqufst mo tafilete y se tenia. por seiiorita de alto vuelo,
por lo que ni siquiera se tomó la molestia de contestarle.
Al día siguiente al muchacbo, dueno de los juguetes, se le oourrló poner al trompo que era rojo y amarillo una punta. nueva de cobre, de suerte q11e cuando
bailaba era una maravilla ver los destellos que producían sus magoíticos colores.
-Mírame, mírame, le decía á la pelota; ¿ qué te
parezco? Vaya, ¿nos casamos? Creo que hemos nacido el uno para el otro; tú saltas y yo bailo, ¿puede da.rse una pareja más feliz que nosotros?
--¿DP. veras? contestó la pelota con ironía. ¿Ignoras que mis padres futron unas soberbias zapatillas
de tafilete? ¿No sabes que tengo el cuerpo lormado
de corcho de Es pana?
-Está bien, repuso el trompo; pero ten en cuenta que yo soy de caoba y que el autor de mis dias es
el burgom':lestre en persona, quien en sus ratos de
ocio se dedica á labrar toda clase de objetos al torno,
s;. iendo yo, modestia aparte, una de sus obras maestras.
-Es cierto lo que dices? preguntó la pelota ua
tanto menos esquiva.
-Que nunt,;8, más pueda bailar, si falto á la v~rdad? exclamó el trompo.
-Veo que sabes expoaer tus méritos, pero así y
todo tu proyecto es imposible; yo estoy algo comprometida coti una golondrina. Cada vez que me elevo
al aire, asoma su cabecita fuera del nido y me dirige ·
una declaración muy tierna. Hace ya mucho tiempo
que be concebido el secreto propósltv de entregarme
á ella, y en este concepto me considero ligada por un
trrevehlable compromiso. Así pues, ya vez que no
puedo accederá tus pretensiones; estiwo mucbo tus
sentimientos, y aún te prometo que no be de olvidarlos en toda mi vlda.
--Algo es esto, sin dnda. repuso el trompo lleno
de tri~Leza; pero no basta á consolarme.

Tales fueron las últimas palabras q ... e cambiaron
el trompo y la pelota.
Al d!a siguiente, el muchacbo poseedor de los juguetes tomó la pelota y la arrojó al aire. L• pelota
volaba rauda como un pájaro, y se ·remontó tanto,
que el trompo llegó á perderla de vista; pero al poco
rato caía al suelo para ser despedida nuevamente. Al
caer daba un sorprendente bote, ya fu1::!se porque intentara saltar basta el nido de la golondrina, ó efecto sencillamente de la elasticidad y porosidad del corcbo de E•paila.
A las nueve veces de elevarse se quedó por el camino y desapareció. En vano el mucbacbo buscó y
escudriñó por todas partes; no pudo descubriI la menor huella de su pelotst y no tuvo más remedio que
darla ¡,or perdida.
-Bien sé yo por donde anda la picara, suspiraba
el trc.mpo; estará en el nido con la golondrina y ya.se
habrán casc1.do.
Y cuando más pensaba en esto, má,s pesaroso se
ponía. Es que nunca babia sentido por la pelota una
pasión tao grande, como desde que ao podía verla.
Lo que la atormentaba sobre todo, sin darlP. un instante de tregua, era la idea deque i:;e hubiese casado
con otro.
Sto embargo, el trompo cont.tnuó dando vueltas y
hacieodoron- ron, si bien que bailando ó sin bailar, tenia íljJ en su mente el recuerdo de la pelota, que en
su imaginación i:,e presentaba cada vez más bella y
seductora. E:ite estado vino á ser en él lo que ha
dado en llamarse una pasión inveterada.
El trompo babia perdido la juventud y un día le
doraron las rayas y costuras, cambiando de dueño.
Jamás babia sido tao hermoso: daba gusto verle dar
vueltas y trazar espirales, brillante como un astro.
¡Con qué alegria zumbaba! ¡Ah, si la pelota tubiese
padido verle en su nuevo estado!
En tan sabrosas reflexiones, trope~ó con una piedra y fué despedido lejos, desvaneclénrlose y eclipsandose. En vano lo buscaron por todos lados, incluso
por la bodega en la cual hubiera podido deslizarse
p1.,r un tragaluz; no supieron dar con él.
1,Sabéis dónde estaba? En el cajón -de la basura,
cubierto de polvo, mondaduras, desperdicios de col y
otras lamuajlcias repugnantes.

-¡Ay de mí! exclamaba. ¿Qué será de mi her•
maso dorado, en medio de la morralla de la escoria
que me rodea? ,Tendió la mirada á su alrededor y
vió entre unas bojas de ensalada., una bola, que
habría podido tomarse por una manzana podrida, y
era una pelota medio consumida y saturada de Lumedad, por haber pasado algunos afias colgada en un
canalón.
-Loado sea Dios, dijo al ver aquel tronco doudo: por fin encuentro á. un ser de mi misma especie con qui en será posiblP conversar un rato. Talcomo ;.ne ves, amigo trompo, yo tengo el cuerpo de corcbo de España y estoy forrada de tafilete, por cierto
que me cosieron las delicadas manos de una bella senor!ta. Esto es tan cierto que nadie podrá ponerlo
en duda, por poco que se tome fa, molestia de examinarme. Has de saber además que estaba en vísperas
de casarme coa una golondrina, cuando por una rataHdad de la suerte, me arroja.roo á. un canalón, en donde be permanecido colgada durante cinco anos. ¡Mira, ay de mí, cómo me ha puesto la lluvia! ¡Mira qué
hincbada y fea me be vuelto! ¡Figúrate qué suplicio
tan cruel no había de pasar durante ese tiempo y en
tales condiciones una senorita bija de buena familia
como yo! ....
El trompo no respondió una palabra; estaba meditabundo, pensando en su antiguo amor y adivinando
muy bien que aquella pelota era el objeto que babia
Inflamado un tiempo sus deseos juveniles.
En esto se presentó la criada para irá vaciar el cajón de la basura.
·
•-¡Toma! dijo, aquí está el trompo de los oii1os.
Y corrió á traérselo, recobrando el sufrido juguete
su antigua gloria. En cuanto á la pelota rué arrojada á l• calle.
Inútll es decir que el trompo ya no volvió á bablar
nunca má.r; de su antigua pasión. Su repugnancia rué
tan grande, que cuando vió á la pelota inyectada de
agu¿ y lodo, pestllente, destripada y llena de arrugas, aparentó no haberla visto en Eiu vida.
ÜR1S1'1AN ANDERSEN.

�Domingo 16 de Julio de 18911

EL MUNDO.

40

Año VI-Tomo II

México, Domingc- 23 de Julio de 1899.

Número 4

.,..,

MEXICANAS.
G-UA.DA.LUPE
[Para el Doctor Manuel Floree, quien me pidió unos versos nacionales\

Con su escolta de rancheros,
diez fornidos gu_errilleros, y en su cuaco retos611
que la rienda mal aplaca,
Guadalupe la cfiinaca va á buscar á Pantaleón.

su rebozo de bolita
y una saya nuevecita y unos bajos de charol;
Con su faz encantadora más hermosa que la aurora
que colora la extensión,
con sus labios de carmines
que parecen colO?ines y su cutis de piñón;

Pantaleón es su marido,
el gaiíán más atrevido con las bestias y en la lid:
faz trigueña, ojos de moro
y unos músculos de toro y unos íirpetus de Cid.

Se dirije al campamento donde reina el movimiento
y hay mit-Ote y hay licor;
porque ayer fué bueno el día,
pues cayó en la serranía un convoy del invasor.

Cuando mozo fué vaquero
y en el monte y el potrero la fatiga le templó
para todos los reveses,
y odia mucho á los francese;; y cien veces lo probó.

Qué maliana tan hermosa! cuánto verde, cuánto rosa
y qué lind!t, en la extensión
rosa y verde, se destaca

Con su silla plateada,
su chaqneta alhamarada, su vistoso cachirul
y su lanza de cañutos,
cabalgando vencos brutos, ¡qué gentil se ve el gandul!

con su escolta, la chinaca que va á verá Pantaleón!
AMADO JifERYO.

1899.

Guadalupe está orgullosa
. .
de su prieto, ser su esposa le parece una 1lus1on,
y al mirar q;:e en la pelea .
.
Pantaleón nu se pandea, grita: ¡viva Pantaleón!
Ella cura á los heridos
con remedios aprendidos en el rancho en que nació,
y los venda en los combates
.
con los rojos paliaeates que la pólvora impregnó.

***
En aquella madrugada todo halaga su mirada,
finge pórfido el nopal
y los órganos parecen candelabros que se mecen
con la brisa matinal.
En los planes y en las pellas, el ganado entre las breñas
rumia y trisca mugidor
azotándose los flancos, y en los h1ímedos barrancos
busca tunas el pastor.
A lo lejos, en lo alto, bajo un cielo de cobalto
que desgarra su capuz,
.
van tiñéndose las brumas, como un piélago de plumas
irisadas por la luz.

Y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas
de calor, pringan el plan
Amapolas, maravillas, zempoalxochitls amarillas
y azucenas de San Juan.

***
Guadalupe va de prisa, de retorno de la misa,
que en las fiestas de guardar
nunca faltan las rancheras
con sus flores y sus ceras á la iglesia del lugar.
Con su gorra galoneada, su camisa pespunteada
su gran paúo para el sol,
'

LOS FUNERALES DEL BENEMERITO C. BENITO JUAREZ,
la mailana del dfa 23 de Julio de 1872,
(DE UNA FOTOGRAFIA DE LA EPOCA)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domingo 16 de Julio de 18911

EL MUNDO.

40

Año VI-Tomo II

México, Domingc- 23 de Julio de 1899.

Número 4

.,..,

MEXICANAS.
G-UA.DA.LUPE
[Para el Doctor Manuel Floree, quien me pidió unos versos nacionales\

Con su escolta de rancheros,
diez fornidos gu_errilleros, y en su cuaco retos611
que la rienda mal aplaca,
Guadalupe la cfiinaca va á buscar á Pantaleón.

su rebozo de bolita
y una saya nuevecita y unos bajos de charol;
Con su faz encantadora más hermosa que la aurora
que colora la extensión,
con sus labios de carmines
que parecen colO?ines y su cutis de piñón;

Pantaleón es su marido,
el gaiíán más atrevido con las bestias y en la lid:
faz trigueña, ojos de moro
y unos músculos de toro y unos íirpetus de Cid.

Se dirije al campamento donde reina el movimiento
y hay mit-Ote y hay licor;
porque ayer fué bueno el día,
pues cayó en la serranía un convoy del invasor.

Cuando mozo fué vaquero
y en el monte y el potrero la fatiga le templó
para todos los reveses,
y odia mucho á los francese;; y cien veces lo probó.

Qué maliana tan hermosa! cuánto verde, cuánto rosa
y qué lind!t, en la extensión
rosa y verde, se destaca

Con su silla plateada,
su chaqneta alhamarada, su vistoso cachirul
y su lanza de cañutos,
cabalgando vencos brutos, ¡qué gentil se ve el gandul!

con su escolta, la chinaca que va á verá Pantaleón!
AMADO JifERYO.

1899.

Guadalupe está orgullosa
. .
de su prieto, ser su esposa le parece una 1lus1on,
y al mirar q;:e en la pelea .
.
Pantaleón nu se pandea, grita: ¡viva Pantaleón!
Ella cura á los heridos
con remedios aprendidos en el rancho en que nació,
y los venda en los combates
.
con los rojos paliaeates que la pólvora impregnó.

***
En aquella madrugada todo halaga su mirada,
finge pórfido el nopal
y los órganos parecen candelabros que se mecen
con la brisa matinal.
En los planes y en las pellas, el ganado entre las breñas
rumia y trisca mugidor
azotándose los flancos, y en los h1ímedos barrancos
busca tunas el pastor.
A lo lejos, en lo alto, bajo un cielo de cobalto
que desgarra su capuz,
.
van tiñéndose las brumas, como un piélago de plumas
irisadas por la luz.

Y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas
de calor, pringan el plan
Amapolas, maravillas, zempoalxochitls amarillas
y azucenas de San Juan.

***
Guadalupe va de prisa, de retorno de la misa,
que en las fiestas de guardar
nunca faltan las rancheras
con sus flores y sus ceras á la iglesia del lugar.
Con su gorra galoneada, su camisa pespunteada
su gran paúo para el sol,
'

LOS FUNERALES DEL BENEMERITO C. BENITO JUAREZ,
la mailana del dfa 23 de Julio de 1872,
(DE UNA FOTOGRAFIA DE LA EPOCA)

�EL MUNDO.

Domingo 23 de Julio de 1899.

Domingo 23 de Julto 1899

44

Director: LIC. RAf AEL REYES SPillDOLA.

-----------------------------------------LA SEMANA.
El sol está rabioso á más no poder. Desde muy
temprano enciende las fraguas del oriente y se pone
á majar el hierro encendido del día, sobre el yunque
azul de las montanas. Martillea, con s.: gran martillo
de oro las ascuas luminosas, y á cada golpe, una explosió~ de chispas inunda de brillos deslumbrantes
el horizonte. Conforme pasan las boras1 crece el in-

cendio de los aires hasta que, ya muy entrada la manana, tórnase ígnea la placa dP. es mal te de los cielos.
Los jardines, entonces, alzan en sen.al de protesta
sus árboles amodorrados y secos, y las flores entrecerradas y sonoltentas, atisban por entre la marana de
las frondas, la llegada del viento, como tristes e_namoradas 'lue salen á la ventana, á la hora de Ja cita,
iDquieta.s y desesperadas por la t~rdanza del amante.
Pero el viento suele ser un nov10informal; no acude cuando lo llaman; sabe lo que son las mujeres! y
por eso se deja rogar tanto de las flores. Desds su enhiesto varillaje, se inclinan las rosas aristocrá.tlcamente seguras de que áellas, que son las más lindas y las
más elegantes, va á. ir primero que á ningunas el galán desdenoso.Por entre la hierba1 C.flmo por entre los
barrotes de una reja, se asoman, en actit,ud humilde,
Jas violetas, porque aunque pobres y modestas, saben
bien lo mucho que valen. Las margaritas enarcan sus
estrellas de nieve, impacientes y contrariadasdeque,
quizá porque carecen de fragancia,_ no les baga caso
el Ingrato. Las azucenas están furiosas: ¿cómo; será
cierto que el viento desdefia su limpia y perfumada
blancura?
Entretanto llueve sol, un sol rabioso que parece
mal humorado, y que gusta. de quemar ~étalos, resquebrajar ramas, secar el jugo de las hoJas y beber
en la copa de las campánulas las hects del rocío.
Las siestas de Julio son fatigosas, enervantes, pesadaF. Todo dormita con una pereza voluptuosa, mezclada de cansancio y fastidio.
No no saldréis de vuestro febril sopor, pcbrecillas
mártires del sol y desdetlarl3.b de los céfiros, basta que
las nubes, que también tienen mucha sed, acaben de
llenar su tonel en los lagos del Valle, para apagar la
Ir.gua de los cielos antes de que llegue la noche.
Al me~io día, el viento está muy ~ntretemdo con
las amapolas 1 esas rollizas aldeanas que se ríen de puro coquetas, entre los trigales, y no volverá á los jardines de la ciudad sino después de haber corrido mucho por sembrados y campiilas.
Es verdad que este sol es cruel como un inquii;;,idor;
y que con gran aparato y áurea pompa, recorre el in!inito ordenando autos de te, y martirios terribles
para castigar á las flores. Los pájaros y las mariposas están salvade,s. Ellos tienen alas y pueden volar
en busr.a rle sombra y de frescura.
Vosotras, no¡ que estáis prendidas ~ la rama, y la
rama está afianzada á la tierra, y la tierra no suelta
nunca por voluntad eino por tuerza.
Pero .... ¿no veis cómo se realiza el milagro? Se
oyen risas y cucnicheos. Baja por la escalinata, sal•
tanda y a.tropelláodose, una banda alegre de muchachas bonitas.
Vienen en busca de vosotras, para llevaros primero á. sus labios, luego á sus búcaros, en seguida á su
seno v más tarde á la mano trémula de algún sonador {lúe os guardará, ya secas, como una reliquia, en
la caja de palosanto, entre listones, guantes y .:.ocles
de cabello per!umado.
El amor os libertará del sol y de la lluvia; de caer
tostadas con la arena humeante, 6 de nautragar en
la charca fangosa.
El amor es divino para realizar estos milagros.
Suele hacer con el corazón lo que con vosotras.
¿ Qué, no estáis contentas?

***
Estov seguro de que muy pocos se han fijado en la
noticia~. La curiosidad no tiene ya nada que extraer
de ese suP.lto de gacetilla que pasó inadvertido entre
el relato de un escandalo vulgar y la lista de las parejas que se han presentado ante el juez Brlse~o, para convertir, según la opinión de Byron, su vino en
vinagre.
y sin embargo, si ia curiosidad no fijó en la noticia sus mil ojos inquietos, la piedad de uoOS cuantos
sí despertó en la memoria un melancólico y compasivo recue::-do.
Sonsa, Treftel y Caballero, aca'o'-1.n de solicitar de
los tribunales su libertad preparatoria. Nueve allos
han vivido en el Castillo de San Juan de Ulua, fortaleza azotada atuera. por el mar y adentJO por el dolor
y la desesperación.
Tuvo el crimen cometido por estos hombres rasgos
y perfiles de melodrama, sombras y misterios de cuadro efectista, enredos y tramas de novelas de fo•
lletfn.
¿No lo recuerda usted, cuidadoso memorista, que
ha becho una c:;peclalidad de los anales del Mal, y que

se sabe de coro llS nombres de los presidiarios más
terribles y la.i fechas 11e los crímenes mas espeluznantes? Este Sousa, este Caballero, este Tret:re!, fueron
los héroes, los protagenistas de una vulgar, pero es•
pantosa tragedia. Asaltaron con audacia estupenda
una. joyerfa, asesinaron al anciano joyero, se repar•
tieron los diamantes en la casa de una perdida y se
echaron á vivir por esos mundos1 fastuosamente, con
el producto de su sangrienta fecborla.
El roho se llevó á cabo en la calle más céntrica,
á la hora más concurrida, cuando los ri.x&gt;s vuelven en
carruaje del paseo, y los pobres salen del trabajo á
divertir un poco sus tristeza.-,. La sociedad tembló, la
justicia. investigó, la policfa. espió, y, como á la conclusión de un drama sentimental, fueron negando los
cult&gt;ables á las puertas de la prisión para extinguir
eD ella, después de un Jurado lleno de IDteresantes
incideDte:l, una larga y dolorosa condena. Se les con•
denó al castigo supremo de vivir. El más joven y esforzado, el inteligente, el director de esta cuadrilla.
de bandidos, no pudo resistir la pena tremenda de
existir á solas con sus remordimientos, y forzó la
pUerta de su propia vida para escaparse de la cárcel
de 8i mismo.
El suicidio de Nevraumont resucitó por algunos
dfas á la curiosidad. La leyenda se apoderó del crimen y lo contó, 1.\ su ruanera, al estilo de las aventuras de Rocambóle. Martínez que era un nato, un perverso Instintivo, tras estúpida tentativa de e\•aslón
y ensayos de salvajes venganzas, no se arrancó la
existencia, porque las fieras jamás hincan en su carne la garra enfurecido, sino r¡ue recibió la muerte
de las sagradas manos de la ley.
Quedaron estos tres miserables que ahora, ansiosos
de libertad, piden vol VPr al grupo social de donde sa.
lieron, en demanda de perdón y de olvido. Quizá la
justicia los amprare y los arroje de las sombras de
sus calabozos. Quién sabe si ellos habrán podido arrojar de igual manera del pensamiento la memoria
sombría de su delito. Quién sabe si aun respirando
á grandes sorbos el aira de las plaza y de las calles,
sean, de esos hombr~s que, como dijo el poeta, llevan un monstruo secreto, un mal que alimentan, un
dragón qu€ les roe, una desesperación que vive en su
noche.

*••
La gran manifestación hecha en ia presente serna•
naant.e el sepulcro de BeDito Juá.rez, es significativa
y trascendental, por lo que ba tdo educando á las
masas en la idea liberal é infiltrando en ellas, el supremo culto de los héroes.
En el dieciochodeJulioesyauna necesidad popular,
irá depositar ofrendas y á ..:antar himnos ante la rfgtda y marmórea figura del gran ciudadano, cuya
cabeza sostenida por la Patria, parece abstrafda
aún en la profunda meditación de una idea excelsa:
la de hacer feliz y próspero á un pueblo joven.

***

La llegada de dos nuevas ti ples ha animado la seman!!. teatral. Los cronistas especiales aseguran que
si las recién venidas no son artistas de subido méri•
to, son, en cambio, mujeres muy be11as. En lo cual
todo el público está enteramente conforme. Y á fé
que tiene razón porque, como dice La Bruyére, un~
linda cara es el más bello de los espectáculos.

to, el fiel consejero de nues~ra. conducta, el espejo in•
comparable en que se 1efle¡a y se hace perceptible y
acce8ible el mundo.
De la vista vivimos, con la vista actuamos, por la.
vista gozamos y sufrimos más aún que con toda nuestra sensibilidad; ella es crlter•.o de verdad y garantía
de acierto y por su intermedio Jlegan al eRpíritu como una caricia todas las grandezas y todos los esplendores de la Naturaleza.

***

Pues bien; ese gufa Infalible es pérfido y ese mentor seguro e~ falaz. Creemos en él ciegamente mientras él astutamente nos engaña; la mentira e-ssu ley,
la ilusión su principio y en luerza de !ugaces espejismos y de enganosas apariencias, nos forja un mundo
que ne, existe, una vida real que no palpita, un desfile de seres Que al anális's se desvaDecen como el humo y se disipan como la nube,
He abf el lago: el bruñido espejo de sus •~uas se
tiende en el JlaDo encuadrado en un marco de verdura salpicado d.e flores; el oleaje que la brisa agita
lo surca de saetas de plata; en sus linfas se miran
complacientes las montañas de ametista, las arboledas de esmeralda, las nubes de ar.niilo, y el sol de
luego. En dulce y extátlca contemplación podria encanecerse mirándolo y admirándolo. Y bien, no hay
tal Jago, ni tales aguas, ni tal oleaje riz~do. Lo único
que precisamente no se ve es el agua y Justamente lo
que la vista no permite distinguir es el lago. La retina nos ha jugado una mala partida, nos ha hecho
ver lo invisible y ha dotado de sorprendente belleza
á. un mito y á una ilusión. Mientras más transparente y más tranqmlo, menos visible es¡ creemos ver el
agua y no la vemos en realidad, el lago es fruto de
nuestra razón y de nuestra imaginación y no resultado de una sensación. Un lago es un girón de cielo en
una hoquedad de la Uerra 1 es un árbol cabeza abajo,
una mancuerna de islotes soldados por su basP, es
una estela de soles convertidos en serpientes de ruego, es placas de sombra, es decir, de nada, irregulares y flotantes, es un grupo de caballas por partida
doble. Y el agua? y las l!nlas purísimas? y el oleaje
cadencioso? somOra, quimera, ilusión, nada.
Qué es un espejo? un !ragmento de salón ó de alcoba; un medio sofá y dos medias sillas, un busto de
mujer con peinador y á medio peinar. De la pompa
de jabón, aér~a, flotante, finísimo cristal de ba.carau
trisado, no se ve nada: unos desfigurados mofletes de
nil.io, un ven~ana.1 encorvado y convexo convertido en
vitral por las irisaciones de la pompa, muros hemisféricos, techos como cúpulas, curvos girones de luz;
pero la pompa misma queda Invisible y latente.
La cara.ta de agua cristalina que alarga su cuello
de cisne, coronada de diamc1.nte como una reina, de
contornos elegantes y suavei:, no existe para la vista
que la cont.em9la, sólo logra verse el ramilll te cercano, la vajilla de porcelana que las curvas de la carafa deforman y adulteran , destellos que son tan sólo
la luz de las bugfas coloridas de rosa ó de violeta. Está llena? está vacia? dificil es decirlo y sólo se puede
opinar cuando comparando las imágenes que refleja,
se &lt;..,bservan unas más deformes y extravagao:es que
otras.
Una diadema de diamantes es un amontonamiento
de chispas¡ una espada flamjgera, un abanico de relámpagos. A cada paso y por donde quiera creemos ver
y no vemos, y á cada momento nos extasiamos en la.
contemplación de lo invisible.

***

LAS ILUSIONES DE LA VISTA.
Ver; abarcar en una sola sensación todo un complicado panorama, cielo, lago, bosques, serranías; escudrlilar horizontes y lontananzas; absorber luz y color; sentir impresos en la retina todos los contornos,
todos los relieves; volver los ojos y cambiar de mundo, alzarlos y extasiarse en )a contemplación de los
astros, bajarlos y sondear abismos, cerrarlos y ver
aún esfumados y atenuados el hormiguero humano
el jardín florido, el mar agitado, el aienal rojizo, n~
puede darse facultad más preciosa ni fuente más
abundante de goces, ni manantial má.s fecundo de
ciencia y de acción.
La vista es el sentido por excelencia, el que inspira mayor fé, el que garantiza mayor certidumbre.
Mientras sólo tocamos ó palpamos, mientras sólo
o~mos ó gus~amos, ni el placer nos parece completo,
m el coooc1mlento preciso, ni la acción adecuada.
Una vaga aprensión nos sobrecoge en medio de la
obscur1dad, nuestro paso es incierto y torpe nos causa. miedo el movimiento, el menor rumor s~ hace siniestro, el menor contacto sorprende é import,una.
Entre las sombras nos sentimos como desamparados,
como que falta el guia de nuestros pasos, el mentor
de nuestros actos, el excitante de nuestro peosamien-

Es más aúD¡ 1.mando llegamos á ver realmente, jamás vemos las cosas tales y como realmente son. Si
en presencia de un dado preguntamos á cualq ulera.
qué es lo que está mirando, dirá con absoluta seguri·
dad y un poco de pedantería: Veo un sólido reg11lar,
constituido por seis caras cuadradas y perpendiculares. Y justamente ni ve un sólido, ni lo ve regular,
ni percibe sus seis caras, ni las percibe cuadradas, ni las ve ;¡erpendiculare:s. Lo que ve realmente
es una superficie, con sombras y penumbras, limita•
da por líneas divergentes qu e forman ángulos agudos ú obtusos que limitan caras romboidales, irregularmente inclinadas unas sobre otras. Mentira,
para la vista, el paralelismo de los árboles en una.
calzada; mentira el círculo regular y s)métrico de la
glorieta que la interrumpe; mentira la forma humana. que duerme bajo su blanco sudario en la cumbre
del Ixtacihuatl; mentira la inmensidad infinita del
horizonte de mar, y mentira, como-lo ha dicboel poeta, la bóveda azul de los &amp;ielos. Las formas armon iosas de la estatna griega son tan sólo sombras y penumbras; las figuras inmortales de Vioci y de Rembrandt, manchas; los astros, chispas; los soles, destellos.
Tremenda contradicción! CuaDto los ojos miran,
cuanto la retina graba, cuanto la vista vislumbra, es.
falso, engaiioso, talaz;y no hay sentido, sin embargo,
que más abarque, que más ldnseñe, que penetre más.
á. fondo los misterios de la Naturaleza.
La conci1iación existe y se impone. Las sensaciones consideradas aisladas unas de otr9.s, stn conexiones reciprocas y sin lazo de unión, no son nadan~
sirven para nad~. Un coDtacto, una presión, un so-

.

45

EL MUNDO.

nido no hablan al alma s\Do como iDdlctos y sella.les rra, ó iban fascinadas y locas, saltaDdo de uniforme
ciertas de otros atributos y propiedades de Jas cosas e? uniforme y de color en color, como una danza má•
que los producen. Se oye un gemido y la madre ex- gica. De tiempo eD tiempo se posaban en la negrura
clam~: Es mi hijo que sufre¡ desgrana sus perlas una de un ~ostro de U!l soldado, negrura de ébano, intecarcaJada y decimos: E~ mi amada que rie; 'orilla rrumpida solamente en la boca y en los ojos: en la
UD&amp; luz, es el sol que nace¡ una 80mbra nubla nues- boca por la sangre de los labios¡ y en los ojos por las
tra vista: es la iDvaslón de la nocbe. Cada sensación blancas escleróticas, á. cuyo borde asomiibase á veces
simple encierra un mundo y despierta un universo un alma. salvaje, en la que ardían todas }83 pasiones
de recuerdos; cada mirada dirigida á un objeto ctps. y aullaban todos los fanatismos.
corre un velo tras del cual se deseDvuelve un vasto
Puco anteb de ll~gar el ~mlti\n, vinieron tres ó cuae;;cenario. ~a~ ~ensaciooes son materia primii., tos- tro carr?zas cargadas de princesas y otras mujeres
ca. burda., rnut1I, estorbosa; es el capullo q~e la de la ari8tocracla turca á est,aclonarse á la sombra
rd:lexieln, la memoria, la imaginación, la ibteligen- de unos árboles, ~asi frODteras á. nosotros. Muchos
cia, en fin, deshila y teje, y que la pasión colora pa. eunucos, negros y blanco~, escoltaban esas carrozas.
Al fin, el que todos esperábamos apareció, no á la
ra fonnar rica y vi8tosa tela. Es el metal negruzco
sin brillo y sin pulimento, que el espíritu traDsfor- usanza antigua, sobre no caballo árabe Pnjaezado rima, moldea y cincela en espléndido joyel. Las seDsa- ~mente y conducido por dos palafreneros de trajes
cioDes son la paleta y con sus colores difuso~ y con fu- ,:nntorescos y fastuosos, sino á la usanza nueva que
nada tiene de noble, en un coche tan vulgar co~o los
Sl'S el alma hace el cuadro.
Tan es así, que ,.ma misma sensación se modifica que ruelian por las calles de cualquier metrópoli moal tntinito bajo la influencia de la Imaginación y de derna. Un ademán fríamente rutiDarlo fué su única
la reflexióD. En un girón de nube pueJe ver&amp;e á vo- respuesta al triple ¡burra! estentóreo con que le re•
luntad yt1. un sudario flotante, ya un ánuel volan- cogió el ejércit&lt;,.
J.,'ué una ¡burra! formidable, un viva que r~sonó codo, ya una ninfa perseguida. Una masa d: sombra
puede ser un fantasma, un monstruo, la boca de un ·mo alarido gigantesco, poderoso á conmover montaabismo, Ja entrada de una Jave rna. Asistidas de la nas de granito, aunque no á despertar la emoción
reflexión y del aDállsls las sensaciones son eminentes más ligera, bajo la máscara pálida é impasible del
pedagogos¡ sin el concurso de la inteligencia no son tiranuelo acostumbrado á todos los homenajes.
En tanto que el Soberano decía su plegarla, y un
sino charlatanes de feria.
Los pueblos incultos, los niílos, los igDorantes dan almuédano, presa de arrebato místico agitaba en nn
á _s~s s~nsa~iones proporciones extravagantes y sig- b~lcón de minarete sus vestiduras cá.ddidas y esparn1ttcac1ón rnaceptable. De ahí las mitologias: las c~1. con voz clara y vibrante la palabra de Alá en el
fuentes que son ninfas, las montañas que son dioses, aire seren o, mis ojos iban de los coches llenos de mulos árboles que son tetlques, los ríos que son divini- jeres á la mezquita, óe la mezquita al ejército, y sedades. Para estos et-píritus la noche con su destile de guían saltando de uniforme en uniforme y de color
sombras, está poblada de monstruos, deseresmuer- en color, como en una danza mágica.
Pero llegó un instante en que se fijaron en una de
tos que vagan eq el bosque, de di vinldades siniestras
en acecho. Y los poetas son los soberanos artífices las carrozas cargadas de mujere,s, para no apartarse
que con la materia prima de las sensaciones y la fra- más de ahi. Hablan di visado algo muy bello, la únigua de la imaginación crean mundos, cielos, pa- ca belleza que enaguas y velos no encubrían celo&amp;&amp;·
mente: una maDo desnuda, muy blanca, posada en el
raísos.
Quien sólo ve sin reflexionar en lo que ve, es un regazo de una princesa.
Desde entonces no contemplaron otra coi,a que la
ciego de una especie nueva. Las sensaciones no entrenadas ni disciplinadas por la intellgeDcia y la re- blancura y los movimientos de la mano. Todo lo deflexión son un caos. En ese caos solo la razón y el aná- más desvanecióse para ellos, como se desvanecen á
los ojos del creyente, la multitud arrodillada, el ~ro
lisis pueden pronunciar el fiat.
del altar y las ofrendas motivas, cuando de entre las
manos del sacerdote surge la nieve inmaculada de
la hostia. Mis ojos y mi pensamiento se clavaron con
la dulce ?bstinación de un beso muy largo, en aq~ella
mano pnmorosa, blancura vi va, ja:tmfo de carne y
seda.
Aún después de terminada la ceremouia, cu;ndo
ya el Sultán babia partido y se alejaban los coches
llenos de mujeres y se retiraba el ejército, la imagen
de la mano seguía tenazmente impresa en mis ret1nas
ofuscadas. No logró borrarla ni el fantástico relampagueo de hermosas tintas en medio al cual se movieron los Zuaoos dt la Meca. Mis ojos, alucinados, la
ORIENTAL.
vefan flotar en el polvo que, alzado por el ejército en
marcha, ondulaba en los aires como velo de gasa muy
fina
y transparente .
. \que1la maíiaoa supieron mis ojos que Ja lm y los
Pero la blancura de la mano me babfa hecho pencolor~s embriagan como el vino y los besos porque
sio d_uda, fué embriaguez de luz y de color~s lo qu~ sar en otras blancuras veladas, escondidas en el tonde los serrallos, en el secreto misterioso y tibio
:.ieh1zoaodar, todo un día, sonando con los ojos abler- do
del harem, de suerte que, al cabo de algún tiempo
tú~, p~r lascalles de Constantinopla. Hasta entonces
la visión que llenaba mis ojos no era la de una sol~
mis OJOS conocfan el vértigo fugaz, el éxtasis efímero
blancura, sino la de mil blancuras iguales, no era Ja
la turbación pasajera, no la embriaguez wuday honra'. de
un solo jazmín1 sino la. de todo un vergel plantada, y eso queyahabíancontempladobasta la saciedad do de
jazruines. Vi á lo lejos brillar les palacios que
l~s telas de los grandes coloristas italiaDos, aquellos se alzan
orillRS del Bóstoro y en el Bósforo, corrienhenzos en que el pincel de Bonilaclo escribió la epo. do entre álos
palacios, ví un extrai'io río azul, á cuyas
peya del fuego y de la púrpura.
crecen, como el Joto á orillas del Nilo, nares
Era un viernes, día de parada, díaenqueelSultán orillas
maravillosas. ¡Pobres flores que languidecen implaabaDdona los e~plendores de su palacio, deja su ta- cablemente recluidas en invernaderos grandes y trisbemáculo de mezquino dios de la tierra, y va á pos- tes! ...... Mucbas de ellas pade~n un mal divino y
trarse, humilde como el último, á pedir al ~eilor de terrible: se agitan desesperadas en los temblores del
los señ"ores, al omnipotente Alá por el bien de sus deseo, y se desmayan de amor, suspirando en sus desvasallos y la prosperidad de su imperis.
mayos por alguien que las arranque del jardín en que
Unos cuantos extranjeros curiosos, instaladós por vegetan,
inútiles, perdidas para la voluptuosidad. y
un maestro de ceremonias en un sitio desde el cual tal vez en el seno de su blancura, como en cárcel de
podía verse todo muy cómodamente, esperábamos alabastro, arde la llama azul de una alma buena. Pecon impaciencia la llegada del soberano.
ro el seiior, el amo, harto de placer, ni siquiera se
Et sol_ 'oo.ñaba el paisaje con su oro más puro, y no digna verlas. El espectáculo de sus gracias no exishabía lll UD solo rayo de luz que no cantase la gloria te sino para les ojos del eunuco, ojos que miran en
d_e un color intenso ó acariciara el desmayo de un ma- el vacío, ó infaman lo que miran.
tiz exquisito. A nuestra derecha, en una esplanada
La onda del Bósforo viene, juega, ríe y pasa, re.
veclnc1., la caballería desplegaba su Jujo de uniformes tozando siempre, al aire el vientre desnudo, azul y
vls_t..osos, caballos de bríos y glnetes bizarros; á la iz- diáfaDo, en el que se clavan multitud de flechas de
qmerdade palacio se extendían los infantes, sellara- oro. Mientras tanto, á la orilla, en la monotonía de
dos en dos alas, hasta la puerta misma del palacio los encierros prolongados, en la tristezct. de su8 granpor donde habla de salir el sefior de los turcos; en- des invernaderos suntuosos, esas pobres flores, las
freDte, resplandec1a la mezquita en donde el monar- desdei1adas, las que ignoran las alegrías del amor y
ca iba á decir su plegarla.
no saben sino de congojas y torturas, se con8umen
Muy chica y muy blanca, aislada en el medio de en el ardor de una fiebre inei:tiDgulble, y en el ardor
~n vasto espacio libre, resplandecía la mezquita, seme- de la fiebre se tornan mustias, sin que jamás las re!~Dte ~ un copo de nieve que se riera delsol ó á un ve- fresque el rocío de los besos, sin que jamás las bafie
n ca1do de -una de esas ovejas que trizcao por Ioscam• lluvia de caricias, sintiendo huir, para nunca más
pos azules del cielo en los claros días estivales. En su volver, la propia fragancia, viendo pasar, para nunpequenez y blancura, C'JD sus finos labrados arquitec- ca más voh·er, la propia belleza., como la onda azul y
tónicos, á. pesar de sus cúpulas y minaretes, la mez- profunda que se desliza cantando bajo las rejas de
9uita parecla más que templo, un juuuete delicioso
sus blancas prisiones.
~oya rara, preciosidad martileila salida de las mano;
M. DIAZ RODRIGU.EZ.
e ~envenuto impregnado de arte isla.mita.
Nuestras miradas segufan la hilera inalterable de
1OS fez, altos y rojos, como himnos de orgullo y gue-

LA MU.l:i:RTE
DEL

Benemérito

c. Benito Juárez.

El Sr. Juárez esperimentó los primeros síntomas
d¿su enfermedad-una neurosis crónica de) gran slm•
pático-á las siete de la mafiana del 17; como de costumbre, el 8:-. Balandr~no, Redactor en Jefe del
e Diario Oficial&gt; le leía lo más notable que conteDfan
los periódicos dt, esa maf\ana, y el Sr. Juárez escucbaUa atentamente, haciendo de vez en cuando alguna
observación, cuando repentinamente se le,·antó de su
asiento y dió algunos pasos sin quejari:e, pero lleYándose la maDo al cerebro; Ba.landrano suspendió su lect':lra y le preguntó si se sentia. indispuesto. cEotoy
bien, contestó, puede usted c'Jntinuar.&gt;
Pocos momentos babia.o pasado, sin embargo cuando volvió á levantarse, rogó á Balandrano qu~ espe•
rase, y esta vez extendió su paseo hasta el salón de
Iturbide. Reg, esó de nuevo y pidió ..¡ue le sirviesen
el desayuDo, que tomó muy tranquilamente. No obstantee~calmay esa,trauquiJidad se sentía enfermo, y
~sf lo di¡o después. afladiendo que comerla de dieta.
Efecti~amente, á la una de la tarde, mandó que se
le sirviese una sopa hecha en su propia casa y que
apenas probó.
Algo había en su semblante que denotaba tm sufrimiento, pues el Sr. Latrau-ua lo ohsenó y así se lo
dijo. ~ególo el Sr. Juárez c;n una sonrisa, y coDtinuó la conversación, en que tomaban parte todas lA.s
personas que lo acompañaban á la mesa. Habló allí
de los pensamie1itos que más le preocupaban: la reforma de la Constitución y la cvncluslón del Ferrocarril de Veracruz.
En la tarde, termiDarlos los acuerdos qae fué po~\ble despachar, concurrió al paseo con algunas personas de &amp;u famtlia1 según acostumbraba.
A las ocho de la noche el Sr. Santacilla llevó á su
sellara y á sus hermanas políticas al teatro.
El Presidente se quedó en su casa: estaba de muy
buen humor, y conversó alegremente con los señores
Dubián y Maza. A las diez y cuarto se recogió pero
no pudo dormir; á las once sintió náuseas y encendió
la luz. Pasó todo el resto de la noche bastante mal
pero no permitió que Benito, su hijo, que dormía e~
la misma pieza, despertase á pers')oa alguna.
Al día siguiente por la mafiana experimentó alg(m
malestar y no fué á palacio: sus hijos, sus cul111.dos-,
sus yernos y sus amigos, le preguntaban cómo se sentia, y les contestaba que estaba un poco cansado
porq?e no babfa dormido bien en la noche: les reccmenaaba que no hablaran de su indisposición, y que
sólo dijeran que padecía de un reuma en la pierna.
Estuvo todo el día con intermitencias de dolores
agudes en la región cordial y de ali vio pasajero. Por
la tarde, sentado en su recámara, recibió al Sr. Lafragua y al General Alatorre, con quienei; estuvo hablando un gran rato,-coo el primero de asuntos generales, y con el segundo de la situación del E:,tad.J
de Puebla, pero de vez en cuando se quejaba de cierta opresión de pecho que le impedia respirar con¡¡.
bertad.
A Jas seis de la tarde, el Sr. Santicilia participó al
seilor Presidente que el administrador de la Aduana
de Veracruz babia enviarlo UD telegrama, anunciando
que el paquete americano no saldrfa esedia, como es taba determinado, sino ayer J 9.
-Vaya, me alegro, contestó el Sr. Juárez¡ así llevará al extranjero la noticia de la toma de Monterrey.
.A. las siete de la noche el mal venció su tuerza. de
voluntad y hubo que ponerse en cama.
Desde aquel momento fué empeorando progresivamente.
No obstante, después de un sfncope vió á su lado
de pié cerca de su cama, al 8eilor Ministro de la Gue~
rra, que le contemplaba con solícito cariño.
-¿Cómo estás? ¡Has recibido algún parte telegráfico?
-No, contestó el Sr. Mejfa, no hay novedad. •Cómo te sientes?
c.
-Mejor, gracias. Será cualquier cosa. Anda vete
á tu despacho.
El ministro saltó de alli inquieto y volvió á las
nueve.
Ya el Dr. Al varado, médico de cabecera, había
manifestado á la familia sus terribles temores.
. Está muy grave el Presidente, dijo al Sr. Santa•¡.
ha: desespero de la curación, y creo que no le quedarán tres boras de vida.
Por indicación suya se babfa llamado á los Doctores Lucio y Barreda.
Desde aquel momento fueron aumentando de tDtensidad sus dolores, pero no babfa posibilidad de
calmarlos por medio de pociones internas porque el
Sr. Juárez tenia continuamente vlolenta's náuseas.
Tuvieron, pues, los médicos que recurrirá inyecciones locales de una solución de morfina dirigidas sobre la parte adolorida, esto es, sobre el lado izquierdo del pecho.
A las diez y media, siendo Inminente el peltgro
se mandó llamar á los Señores Ministros Latragua'
Mejia (D. Francisco) y Balcárcel.
'
El Sr. D. Francisco Mejía acudió en el acto; el Sr.

�46

Balcárcel nada supo, porque el portero de su casa no
quiso abrir, ni darle aviso, por temor ó desconfianza;
el Sr. Lafragua llegó un poco más tarde.
Todas las personas allí presentes estaban consternadas.
Poco antes de las once el Presidente llamó á un
criado á quien quería bastante, llamado Camilo,
oriundo de la clierra de Ixtlán, y le dijo que le comprimiera con la mano el Jugar donde s~ntía un iutenso dolor. Obedeció el buen hombre, pero no podía
contener las lágrimas.
Padecía atrozmente el 8r. Juárez, pero no tenía,
al parecer, conciencia de su fin próximo.
Momentos antes de morir, estaba. sentado tranquilamente en su cama: á las once y veinticinco minutos se recostó sobre el lado Izquierdo, descansó su cabeza sobre su mano, no vo lvió á hacer mov:miento
alguno. y á las once y media eu punto, sin agor.ía,
sin padecimiento &lt;i¡H,ento exhaló el último suspiro...
E l Dr. Al varado dijo esta sola palabra.
-Acabó!
S.i.ntacilia no quería creer en semejante des!!'racla,
y esperaba que aquello no fuera más que un síncope.
- Doctor, CrP.e usted que ha muerto?
El Dr. Barreda encendió un fósforo·y lo · acercó á
lo,; ojos del Presidente, para ver si la intensidad de
la luz imprimía. movimiento á las pupilas, pero nada! .... no quedaba ya ninguna esperanza .... Juárez
había muerto.
Poco antes de las doce de la noche. el Sr. Ministro
de la Guerra, D. ,Ignacio Mejía, se dirigió á la casa de
D. Sebastian Lerdo de Tejada; y no queriendo desde
luego darle la fatal noticia para evitar una Impresión
demasiado violenta, le dijo que el Sr. Juárez estaba

Domingo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

!Jomlngo 23 de Julio de 1899.

47

EL MUNDO.

á los Secret arlos de Rela-

EL SR. GENERAL DIAZ

&lt;"i ones y Hacienda. El Sr.
Lerdo de Tejada, President e interino de la RepúbliLA TUMBA DEL BENEMERITO.
ca, ven ia al fin de este inmenso cortejo, acompailado
de los Sres. Mazay Dublán,
Este ailo como los ant ed olientes que representariores se ba celebrado d1g,
1an á la familia del tinado
na y patriótica.mente t1
ciudada noPresidente. Desmemorable 18 de J olio,
pués del encargado del Poconcurriendo el l::ir. · Presid er Ejecutivo, marchaba
dente de la R epública á la
]a columna de tropas en
manifestación de duelo que
e ' orrlen si~uiente: Colehacen ante la tumba del
gio Militar, una batel'ía
Sr. Juárez todas las agru&lt;le campana de la primera
pacione.-. poi! t ica~, ci I iles
brigada de artillería, el priy militares del país.
rner batallón permanente,
La escena denueist ro ¡nael pri mero del Distrito y
bado representa al Sr. Gedos cuerpos de caballería.
n('ra 1Díaz, acom pailado del
().:rraba la marcbauna proSr. Jt.:árt:z, bijo, y seguido
iongada. hilera de carruade los señoreis Ministros,
j
es que ocupaban la longien el momento en que va á
tud de cuat ro calles.
depositar la corona que lleEste extenso cortejo ocuvada por el P, irner Magispaba todo el trayecto comtrado, simboliza la ofreuda
pr&lt;&gt;ndido entr e el Pande Nación agradecida.
t ••ón de San Fernando y la
E-cogimos de preferenPlaza &lt;le la Constitución.
cia esta escena de la maLlegaban los batidores al
nifestación, ,mstituyendo
primer punto, cuando la
otras que pudimos haber
ti la de carruajes sa movía
presentado por algunos gralentamente por las calles
bados de grdn interés hisde Plateros y San Fr1rnclstórico.
ro, habiendo tardadocerca
MANIFESTAt;ION DEL 18 DE JULIO DE 1899.-EL SR. GRAL. DI.AZ A1'TE LA TUJ\IB.\. D!!:L BEN'E:MERrro.
de dos horas en desfilar la
procesión fúnebre. En el
ángulo que forman la igledes funciones oficiales. \ ' enían lueg-o los miembros sia y la fachada del Panteón cte San Fernando, se elede la Uiputación permanente y t orios lus dewás di
v,1ba un elegante catafalco, en el que descansó el férepotados al C-Ongrei,o de la Unión residentes en Méxi- t,ro antes &lt;le ser conducirlo al sepulcro de ia familia
Ayer según lo dispuesto por la nueva administra- co, una comisión de la 8uprema Corte de Justicia, J11árez. Al lado del catafako secolocó la tribuna, que
ción, han tenido lugar los funerales del Sr. J uárez. otra del Tribunal Superi or, y otra, muy numerosa, rué ocupada primeramente p0r el Sr. Lic. D. JoséM.
Inmensa multitud circulaba desde muy t emprano en en representación del Culegio de abngados. Seguían l!.('lesias, orador oficial nombrado por el gobierno.
toda la carrera que debía seguir el fúnebre cortejo. desp·~és, los Secretarlos &lt;lel l&gt;espacbo y oficiales de Acto continuo. subió á ella el Sr. Diputado Silva, en
Las ~lles de Plateros, San Francisco, Sta. Isabel y los ministerios acompailadus de los miembros del uombre de la Diputación permanente.
Después, y por el orden que en seguida señalamos,
Avewda de los Ilombres Ilustres, presentaba.u un Cuerpo Diplomático. El Ministro de F omento iba al
imponente golpe de vista. Todas las casas de las ca- lado del representante del Imperio alemán, Conde hicieron uso de la palabra los Sres. Alrredo Chavero,
lles del tránsito ostentaban cortinas con lazos de cres- Eulemberg, que llevaba el unit'orme de coronel de en representación del Ayuntamiento; D. Francl!,co
J&lt;'. Gordillo, á nombre de los mai.ones mexicanos: D.
pón negro y coronas de siemprevivas. Las banquPtas,
J 11sé María Vigil, por la Prensa Asociada; D. José
los balcones y las azoteas de tono ese largo trayecto
María B,1.randa, por la Sociedad Filarmónica; D. Roestaban o-:upadas por millares de eispectadores. A las
que
Jacinto Morón, pnr la Sociedad Médica " Pedro
nueve y media de la mailana comenzó á organizarse
Escobedo;" D. Victoriano Mireles, pGr el Gran Cirel acompallamiento en el Palacio Nacional y á las
culo de Oúreros; D. José Rosas Moreno, que dijo una
&lt;Hez y cuarto la cabeza de la prr,cesión fúnebre llegama~nífica composición poética; D. Gumersindo Menba á la esquina de la calte de Sta. Isabel. Conforme
clo..a, en representasión de la Sociedad de Geograffa
á lo dispuesto por el bando del Gobierno del Distrito
~· Estadística y los niños Antonio Alvarez y 8alvador
~bría l_a marcha una e:scuadra de batidores; seguian
1\fartínez Zurita, alumnos del Tecpan de Santiago.
rnmed1atamente los niilos de las ei;cuelas munit:ipaConcluidos
los discursos, se verificó h inhumación
les, los de las Lancasterianas y los alumnos de las est-n el sepulcro de la familia del Sr. Juárez presidiencuelas nacionales; precedidos de una gran banrlera
no el acto el Sr. Presidente interino. Al depositar el
blanca en que se leían las siguientes palabras: cGran
cadáver,
se inclinó sobre él la bandera nacional y
drculo de obreros,&gt; marchaban cerca de trescientos
1,e dispararoa veintiun cailonazos. como i;olemne y
1•iudadancs, representantes de los artesanos de la capostrera despedida. El acto concluyó á las dos meno&amp;
pital. Seguían después los alumnos y profei;ores de las
cuarto de la tarde.-«El Siglo XIX&gt;, Miércoles 24 de
-escuelas primarias y superiores, los jueces, los empleaJulio d:i 1872.
dos y jefes de oficina, mezclados con tos innumerables
inv!_tados, en los que notamos muchos extranjeros,
los Jefes del ejército, los generale¡; residentes en la capital y personal del Gobierno del Distrito y los miembros del Ayuntamiento. Inmediatamente después de
EL LUGAR DONDE NACIO EL SR. JUAREZ EN SAN PABLO GUELATAO.
la corporación municipal, venía el carro fúnebre tirado por seis hermosos caballos conducidos por cnatro
lacayos á pie y descubiertos. Lle vaban los cuatro corDamos en estas p~glnas dos vistas dPl Jugaren que
LA SRA. D ORA MARGARITA MAZA
dones del féretro el tesorer,J general de la nación. Sr.
est,aba la. caballa doude nació el gran patriota mexiD O: JUAREZ Y SUS HIJAS. (18 6 5 )
Izaguirre, el director de la ei,cuela de jurisprudencia,
\
.
cano.
St. Velázquez, el Gral. de división. Don Alejandro caballería bávara; el Secretario de la guerra marcha8e11alliba ese sitio h 'stórico, como se ve en el priGarcía, y el Sr. Cbavero, miembro del Ayunta,nlento ba acompailado del Plenipotenciario de Espafla, Sr. mer grabaao, un sencillo monumento de canteria,
de México.
Herreros de Tejada, que vest ía rig-uroso unltorme, ro&lt;leado por una empalizada que á poco se cubrió de
A los lados del cuadro marchaba la guardia de ho- así como los demás miemhros de su Legación; el Sr. enredaderas.
nor del finado ciudadano Pre¡;ideut,e, llevando la ban- Nelson, Ministro de los Estados Unidos de América
La gratitud &lt;leí pueblo oaxaque!Io manifestóse desdera recogida con lazos de crespón. Detrás, seguían y decano del cuerpo diplomático, llevaba á los !arios pués noblemente. t •a~ladan&lt;lo á e~e lugar el pedestal
el Gobernador de Palacio, General Zé rega, rodeado
y la estatua ne Ju \r,·z que formaban el anti~uo mode los ayudantes del Presidente. Después del carro
numeuto erigido al Benemérito en la caplLal de Oafúnebre marchaba el cocbe enlutarlo de la Presi&lt;lenxaca.
&lt;lia y que era el usado por el Sr. Juárez en las granANTE

EL COCHE DE LA PuESIDE:-:CIA t'SJIDO HABITUALMENTE POR EL SR. J U AREZ, SEGUIA AL CARRO
FUNEBltE EN EL CONVOY DEL ENTIERRO,

LOS FUNERALES DE JUAREZ-

PIEZA DEL PALACW NACIONAL, DEL LADO DE LA CALLE DE LA MONEDA,
EN DONDE :uumo EL S R. JUAREZ.

Los

ULTB!OS MOMENTOS DEL SR. JUAREZ,

gravement,e enfermo, y
A las cuatro &amp;e dispuso
que su médico de cabecera,
trasladar el cuerpo á Pal&amp;•
Dr. D. Ignacio Alvarado,
cio: fué llevado por la ser•
había perdido toda espevldumtre, tendido en un
ranza de sal vario.
catre ligero y acompatiado
de los ayudantes del PreEl Sr. Lerdo se afectó
sidente y de varios de 108
profundamente; quiso ir
ami gos que se hallaban
en el acto á ver al Sr. Juárez, y mientras se disponía
presentJs.
para salir, le dijo el Sr.
Después de levantarse el
Mejía:
acta de defunción, prooe•
-No crea usted encondieron los .Cres. Alrnrado,
trarle con vida, le he dejaBarreda y Lucio al emb&amp;l•
do casi agoni7.and'o.
samamiento que quedó
--Será una crisis, cont erminado á las siete de
testó el Sr. Lerdo con aflila noche.
gido acento.
A las diez cumpllm08
--No, seilor, repuso el
con el triste deber de Ir'
general; forzoso me es dedespejirnos por última ves
círselo: ha fallecido ya.
del que todavía antier era
Presidente de la P.epd·
Y ambos se dirigieron
blica.
tristes y silenciosos á la
casa mortuoria, donde paLe contemplamos con
saron el resto de la noche
una emoción que no tratatratando, aunque en vano,
remos de describir, en Sil
de consolar á la atribulada
recámara, encima de su ca•
familia.
ma de bronce, vestido de
A las dos de la mafiana
negro, pálido, pero con la
llegaron el Sr. General D.
fisonomía tranquila, sin
Alejandro García, en unión
contracción alguna y pareLA CAPILLA ARDIENTE EN EL SALON DE EM13AJ ADORES.
de los Sres. Alatorre, Baciendo más bien dormir
(De un grabado que publlcó el perlóJlco Múico y sus ooslunibrta ,1 25 de Julio de 18i 2.]
randa y Nicoli, y dictó descon el plácido y pas 1jero
de luego dis~osiciones resueí'iu de la yida que con
latí vai. á la guarnición de la capital. Poco después se Montiel, D. Manuel Saavedra y algunas otras per- el eterno y profundo de la mur
presentaron los Sres. D. Juan José Ba,z, D. Euge- sonas que acababan de tener noticia del infausto
DE &lt;EL FEDERAL
, '
nio Barreiro, D. Eduardo Arteaga, el Gobernador acontecimiento.
del 20 de Julio de 18i2,

\

\

Il11:::s-n o J u,1m.z, lllJo. (1 8U:i.)

A~TON[O JU.l.llEZ y }l.\z.\ , Ml:J::HTO EN

N.e:w YuRK.

.; O~E JUAREZ y

)1 \ZA , MU EIITO EN NEW YORK.

�EL MUNDO.

48

nomtngo 23 de Julio de 1899

Dommgo 23 de Julio de 1899

EL MUNDO

49

_j
CABAi'!A DON::&gt;E NACI.) EL SR. JUAREZ, EN SaN PABLO GUELATAO.-EL ANTIGUO Y EL NUEVO MONUME);TO.

EL SR. CORONEL MONTENEGRO.
Este digno patriota vivió con Juárez en Nueva OrJeans en la época de las persecuciones &lt;le ;a administración santani1,ta. Los proscrito'! ganab1n el pan
con el producto de un trabajo material ímprobo: Juárez era operario en una fábrica y Montenegro pescaba en el Mississippí. Habiendo enfermado el Sr. Juáraz, su compañero Jo atendió cariñosamente, redoblando sus faenas para ganar el sustento del ilustre
enfermo.

el gobierno en la lejana población fronteriza. No habiendo obtenido todos los retratos, aparecen sólo los
que nos fué dable proporcionarnos.
Publicamos los retratc.s de los Sres. Idueta y HerPresidente de la Renández, cochero y camarista respectivamente del
pública: Lic. D. Benito
eminente Juárez.
J uárez. Ayudantes: TeIdueta estaba. empleado en el palaciJ de Montenientes Coroneles Franrrey cuando llegó el Sr. Juárez á esa. ciudad el año
dsco Noroa y Francisde 1864 y desde entonces estuvoá su servicio como coco Díaz.
chero hastd. la muerte del Presidente. Fué abnegarlo
Secretario de Relacic•
y leal, pudiendo gloriarse de haberle prestado grannes Exteriores y Goberdes servicios cuando peligraba la vida de su amo. Hoy
nación: Lic. Sebastián
el Sr. Idueta es conserje de la Escuela Normal de
Lerdo de Tejada.
Prnresores.
Secretario de JustiCamilo Hernández es muy conocido por figurar su
cia, Fomento y Haciennombre en algunos episodios de la vida del 8r. Juáda: Lic. José María Iglerez. Es indígena oriundo de Ixtla en Oaxaca, y cosi:&gt;s.
mo camarista y hombre de confianza del Sr. PresiSecretario de Guerra.
dente Juárez vivió muchos años en su casa.. En la
y Marina: General Ignarración de la muerte del Benemérito que !!.parece
nacio Mejía.
en este número de nuestro semanario lo vemos auxiJefede la Sección de
liando á su amo y llorando por su muerte.
Justicia y Fomento: Sr.
Es conserje de la Secretaría de Hacienda, uno d'3
Manuel M. Molina; Ofiruyos empleados lo retrató por sorpresa, pues Ilercial,
Sr. Ramón Alcalnández se ha negado mil veces á permitir que tomede. Jefe de la Sección
mos su fotografía. Esto explica la poca precisión
de Hacienda: Sr. Luis.
del retrato que de él damos.
García Ramírez; Oicial,
Sr. Eleazar Loaeza.
Oficial Mayor de la
8R. CAMILO HERNANDEZ. Secretaría de Guerra:
SlfüVJDOI{ DE CONFIANZA DEL Tte. Coronel .Anastasio
SR. JUAREZ.
Aracda; Coronel Maria( De una !ustantAnea.) no Díaz; Coman date
Para explicar los retratos que publicamos en las
siguientes páginas, damos á continuación una nota de
Ramón Cuéllar; Capi•
los funcionarios, empleados y amigos que acompa- tán José García y García; Comandante Mariano Beceban al Sr. Juárez durante su permanencia en Paso rra. Médico cirujano.
Pagaduría del Supremo Gobierno: Pagador Geaedel Norte. Naturalmente no figuran aquí los nombres de todas las personas que allí estuvieron en di- ral, Sr. Adrián Busto; Ayudante, Sr. Francisco Busto.
Artillería y Maestranza: General Fernando Pou·
versas ocasiones, pues seria imposible, y así se redi..ce nuestra lista á los de todos aquellos que e'l- cel; Comandante D. Humeau; Oomandante José Matuvieron de una manera continua mientras residió ría Iturralde; Teniente Francisco Chavfra: Pagador,
Erniliano Bubto.
Escolta: Primer cuerpo permanente
de carabineros á caballo. Guardia de
los Supremos Poderes: Comandante
Carlos Noriega; Capitán, Antonio Herrera; Tenientes Epigmenio Esco'l-iar y
Sabás Rodríg"uez; Alt'érez, Antonio Espinosa; dos Sai'gentos primeros; seis
Sargentos s~gundos; diez cabos; dos
trompetas y veintisiete soldados.
Diversos puestos: Magistrado de la
Suprema Corte, Lic. PedroOrdaz; General Francisco Ortiz de Zárate; Coronel, Anrlrés Bravo; Diputados: Ingenieros, Bias Balcárcel; Lic. Juan de
Dios Burgos: Lic. Manuel Sánchez
Posada, y Sr. PedroContreras Elizalde.
Particulares: Sr. Manuel E. Goytia
y Sr. Manuel M. Mayol.
Servidumbre: Salomé Olivares, camarista del señor Presidente; Valentfn Morales, cochero; Juan Idueta, CO•
SR. JUAN IDUETA, COCill':RO DEL chero, y Juan Morales, Adrián MoraSR. JuAREZ.
les, N. Colunda y Vicente Pérez, mozos.
Aparece ta~bién el r~trato del Sr. Coronel Armendáriz, pu~s aunque no
figura en la lista anterior, prest? ~xcelente~ servicios, y además ilustra,
por ser de cuerpo entero, el conocimient,o del uniforme de su grado en aquella época.

LIC. DON J OSE MARIA IGLESIAS,

Lrc. DON SEBASTIAN LERDO DE TEJA.DA.

GRAL. DON :!:GNAClO :\fEJIA,

Dos servidores del Sr. Juá1:ez.

SR. LUIS GARCIA RAMIREZ.

COMANDANTE Je SE MARIA !TURltALDE.

INGENIERO BLAS BALCARCEL,

El Gobierno de la Rev1blica en Paw del Norta.

EL SR. CORONEL JOSE GUADALUPE MONTENEGRO,

SR. ELEAZo\R LOAEZA.

COMANDANTE RAMON CUELLAR.

SR. MANUEL M. MOLIN ,\.

CAPITAN JOSE GARCIA Y GARCIA

ASPECTO DE LA TUMBA. DEL SR. JtTAREZ EL DI.A 23 DE JULIO DE 1872.
COMANDANTE CARLOS! N'ORIEGA,

TENJJ!NTE CORONEL FRANCISCO
Duz.
1

CORONEL ENRIQUE ARMENDARIZ

�Domingo 23 de J ullo de 1899

EL MUNDO.

50

CURIOSIDADES

CIENTIFICAS.

Los felices sibaritas de este maravilloso fin del siglo de los milagros cieatílicos, disrrutao alegre~ente
del bienestar que es el objeto y la com,ecuenma del

1 -PRIS)IA PARA Vluh.IER \,
2-VIDRIERA PRISMA'!'ICA.

L.A MISllA CON VIDRIERA PRISM.ATICA

flABITACION BAJA CON VIDRIERA COMUN,

HABITACJON SUBTERRANEA CON TECHOS
DE VIDRIOS COMUNES,

LA

ro res0 sin preocupa1se poco ni. mucbo por averip ua~ có~o ni por qué caminos ha logrado la human_i~a hacer la vida tan dulce Y cómoda en un me~IO
ta~ hostil como ingrato para. la delicada complexión
del hombre.
ífi t
Hay sabios que se han abrogado la pac ca area
de referirnos ese cómo Y es i pJr qué, Y por ellos _sabemos que \a principal de las comodid~des de la vida
moderna, la casa, aun cuando fuese la de los poten_tados, est::vo en otros tiempos rr.ur Je¡os de tener 1~
menor de las ventajas que ahor~ tiene la buhardilla
de cualquier bohemio en el sentido figurado de esta
tan de moda.
d . b
Palabreja
Por e·emplo, el c:i.pítulo de las ,·Jdrieras, _eJ_a a
b Jpero mucbo que desear ea aquellas d1vrnas
:~~:,i.¿nes habitadas por los dioses h«_l~nico~, como
únicos huéspedes dignos de tales magmfic1mc1as, admirables todavía abura. que están en ruinas._ La fortuna era que P.! clima del legendario arcb1piélago,
atria del art.e arquitectón:co, e~a Y es muy _du)ce
tero en los cl:mas rigorosos,, ·mientras los ~•dnos
!anos no fueron inventados, a los hombres, rncluso
ios re es y los poderosos, no les quedaba má~ r~curso
a ~etenderse de las inclemencias del rnv1erno,
p~~ el de encerrarse á obscuras en sus sombrías y peiadas mansiones feudales, reemplazando la luz del
día con la rojiza y humeante de los haobones de cera
de los tizones de las chimeneas.
y Por fin, alguien, no digo quién porque aún está

MISMA

CON TECHO DE VIDRIOS PRISlfATICOS.

sesión sólo estaba reservada á los muy poderosos y
aun éstos cuando abandonaban temporalmente sus
múradas 'como el Rey .Felipe August,o de F rancia
para irá. )a Santa Cruzada, mandaban quitar y ¡;uardar cuidadosamente sus vidrieras para no perder tan
preciado tesoro.
La imposibilidi.d de fabricar vidrios planos de gran
tamaño, hizo que con ,·idrius colore~dos pequel'lo;¡,
unidos por alveolos de piorno! se fabncaran esas waravillosas vidrieras de mosarno que son actualmente
preciadas obras de arte que procuran imitar á gran
costo los artífices contemporáneos.
Poco á poco los vidrios planos fueron al_canzando
mayor super ficie, hasta que ahora, cualquier almacén de ropa posee por docenas vidrios que en la .Edad
Media bubieran valido un reino entero con todo y
babitan tes.
Pero aun dejan qué desear esos grandes vicrios pa•
ra llenar su ::&gt;bjetc, de iluminar perfectamente la mo•
derna habitación humana. En erecto, una habitación de piso bajo ó suuterránea en las ~Itas ciudadtlll
de estos tiempos, siempre queda med10 á obscuras
aun '!on toda una pared de vidrio.
Por eso un industrial francés. M. Luxfer, Ideó
una forma de vidrieras prismáticas que toman en
sus facetas toda la luz ambiente y luego la dirigen
hacia adentro de una babitación, dispersá ndol,1
y repartiéndola en todos sentidos de maner a que
de una cueva lóbrega, hacen un camarín del bada de
la luz.
Nues•ros g rabados dan cabal idea de la forrra de
estos prismas aislados y formando una vidriera, as(
como del efecto producido en las habitaciones obscuras ó · mal iluminadas. Tienen además la cualidad
inapreciable de no •permitir paso al fuego á pesar del
incendio más violento. Las piezas dotadas con estas
vidrieras en una casa incendiada en Chicago, permanecieron intactas pues el fuego no penetró á ellas.

LA CARICATURA EN E L E X TRANJB:RO.
. . ---

-··

EL MUNDO.

la fiesta de los techos? ¿No sabéis que el Dios niño va
á venir para hacer su distribución á los ni!los?
Los GORRIONEs.-El Rey niño ..... .
LA CHIMENEA.-Sí .... Ob I si pudierais ver abajo,
en las casas, tudo~ esos za patitos alineados junto á la
tibia ceniza .... Los hay de todas formas, de todos
tamaños, desde los diminutos zapatitos que calzan
los piececillos vacilantes aún, hasta las botas que resuenan fuertemente corr.~teando por teda la casa;
desde los chapines bordados con guzanillo, basta
los zuecos de las largas correrías, hasta esos z9,patos
tau grandes que·, al azar, se calzan los piés desnudos,
como si el pobre no tu viera edad ni derecho á ser
niño ..... .
. Los GORRIONES.- Y ¿á qué hora ha de venir ese
pequeñuelo? ... , ..
LA CHiMENEA.-A media nocbechist! ..... escuchad!
EL RELOJ (con voz grave). -Dan.. . dan .... dan ...
LA CHIMENEA.-Mirad hacia allá cómo se ilumina
el fondo del cielo ....

Obl cómo resplandecían los techos aquella noche!
Q ue síleucio, qué calma, que claridad subrenaturall
Abajo, las calles negras de lodo, el río pesado de
nieve, y las tristes luces del gas que se ahogaban en
~!-deshielo de los arroyos.
Arriba, en los palacios, las torres, las
terrazas y · las cúpulas·que se perdfan de
vista, sobre la aguja
de la Santa Uapilla,
y en esa multitud de
, tecbos pequeños ó
grandes, inclinados
los unos sobre los
' otros, la nieve cintilaba con mágica blancura y reflejos azulados, lo que hacía de
todo esto una segunda ciudad, un París
aéreo suspendido entre la vida del hombre y la 1"antástica luz
de la luna ..... .
A pesar de que aun no era muy tarde, los fuegos
~st aban ya casi apagados, al menos el humo no se extendía sobre los tecbos. Pero las cbimioeas de las
easas fellces donde cada día la leña arde y crepita, se
reconocían por el círculo negro que tenían al rede&lt;lor, y su soplo tibio subía á la fría. atmósfera, como
€1 alien to de la casa dormida. L:ts otras, rígidas,
surgiendo de entre la nieve espesa, guardaban aún
nidos de la última primavera, vacíos como ellas
-de calor y de vida .... Y en esta ciudad alta y, pudiera decirse, paralizada bajo el níveo manto que las
&lt;:a.Bes de París dividían en todos sentidos como inmensas grietas, las sombras de las chimeneas, desiguales, recortadas y negras como los árboles de invierno, entretejfanse en esas avenidas desiertas, por
-donde jamás ba marchado nadie, excepto los gorriones
parisienses, cuyos pasitos nerviosos dejan hondas sefiales en la nieve cristallzada. Precisaruente en estos
momentos se agita una 1Jandaila de est,as bohemias
avecillas, revoloteando al borde de una gotera y sus
g ritos turban el silencio religioso, el,solemne sileneio de la ciudad de los tecLos, cubitrta completamente por un tapiz de regia blancura, como preparada
para el paso de un rey niño.
Los GORRIONES DE PARIS.-Dlablo! qué frío hace!
No bay modo de dormir. De nada sirve erizar las plumas; la escarcha os despierta y no queda más que
temblar ....
UN GORRION, (desde lejos).-Oé, Oé, veuid aquí
vosotr os. He encontrado una vieja chimenea con cobert izo de hierro, donde se ha hecho fuego muy tarde.
Nos calentaremos muy bien abrigándonos contra ella.
T ODA LA BANDADA,-(vola'lldo hacia la chimenea)
H&lt;1lal es verdad.. . . qué bien se siente aquí, qué
ealorcito. ¡Viva la alegría! Piú, piú, cuí, cuí, cuí.. ..
LA CHIMENEA.-¿Queréis callaros, galopines? Solo
vosotros gritáis ep tal momento, cuando todo se recoge
en el silencio. Ved! el mismo
viento ahoga su soplo. Ni las
veletas se muernn.
Los GORRIONES (más bujo),
-¿Qué es lo
Los GORRIONES (con el ingenu() entusiasmo de los piquebay,pues, lluelos parisienses al mira·r los fuegos artificiales Oh!
vieja?
chic .... . .
LA CHIMELA. HC•ltA (continuando).-Dan, .... . Dan .. . ... Las
NE\. -·Cómo! doce de la nocbe! ..... .
¿no sabéis que
t:Sta uocne e.s

II

LA DiOSA DE LA PAZ EN LA fu YA
( De Life, "S"ew York )

LA DlVISION DEL TRAB \ TO.
arrancaré la cola, si tu te encargas de COI"'

.Francia ,t .Rusia.-Yo le

tarle la cabeza.

51

Lf\ FIESTf\ DE, LOS TEOHOS.
I

en litigio el punto entre los historiado7es, discurrió
bac('r vidrios planos pmne, o y, después, imaginó colocarlos en las ventantis de las casas.
Pero un vidno plano de aquellos tiempos_ apenas
alcanzaba unas cuantas pulgadas y. ~n carnb10 valía
tanto dinero y era tao difícil a.dqumrlu, que su po-

LAS VIDRIERAS PRISMATICAS.

Domingo 23 de Julio de 1899.

Apenas acab i de sonar la última campanada cuando, por todas partes. óyese el retintín de mil campanas que suenan á la vez. B~jo los campanarios encapuchona,dos de nieve, repiquetean á la altura de los
tecbos y como para ellos solo, alternan sus vqces, las
confunden, ruezclan sus repiques con los acentos de
las esquilas, se alejan, se acercan, con esas amplitudes
y desfallecimientos del sonido que el viento trae y
que bacen la ilm,ión de un campanario que voltejea
como un faro.
LA.s CAMPANAs.-Bum, bnm .... Helo allí; es él,
es el pequeño rey niño.
EL vrnNTO. -H ú .... hú .... Sonad recio, mis buenas campanas, á. todo vuelo, más fuerte todavía.
El niíio Dios esta aquí, viene conmigo. ¿No sentís
este buen olor de heno verde, de incienso, de cera
pP.rfumada que traig-o en las alas? ..... .
Los REPIQUES.-Din, din, don ... . Din, din, don...
Navidad! Naridadl

r

EL VIENTO.-Vamos! chimeneas! ¿Qué hacéis ahí
con las bocas abiert:i,s? ...... Celebrad al Díos niño
conmigo .... Cantad, tecbo'l, cantad, veletas!
LAS CHIMENEAS.-Ui . . . Ui .... Navidad! Navidad!
LAs VELETAs.-Cra .... era .... Navidad! Navidad!
UNA TEJA (con entusiasmo).-No .... (En su alegria da wnsaltoy cae á la calle).-Patatrás .... Bisgl
Los GORRIONES.-¡Qué tonta!
LA CHIMENEA. - y bfenl
gorrioncillos, vosotros no
decís nada? .... Este es el
momento de cantar.
Los GORRIONEs.-Pfo,
pío, pío. Cuí, cuí, cuí ....
Navidac! :Navidad!
L.4 CHIMENEA.- Subid
á mi espalda, allí veréis
mejor.

�EL MUNDO.

52

D Jmrngo 2:i de Julio de 1899

EL MUNDO

53

IV

Los GORRIONES (sobre,la chimenea).-Gracias, vieja.
Oh! qué bonito, qué bonito! Todas esas luces color
de rosa., verdes, azules, que danzan sobre los techos.. ..
LA CHDrEMEA.. - Y esa procesión de canastos llenas
de ju~uetes, de cintas, de flores, de bombones, todo
el invierno de París que pasa envuelto en dorados y
colores vivos.
Los GORRIONES,-¿ Quiénes son esos hombrecillos
que llevan las canastas~ Son reyes nlfios también?
LA ca1111ENEA.-No, no; son los kobolds.
Los oORRJONES.-¿Qué dices? e.los .. . . qué?
LA cnrnENEA.-Los kobolds, es decir, los espíritus
familiares de cada casa que conducen al niño á. todas
las chimeneas donde nay zapatitos que llenar.
Los GORRIONES.-Y el Dios niffo ¿dónde está,
pues?
LA cmMENEA.-Es el último de todos, ese pequefio rubillo de ojos dulces, de: cabellos que caen con"ertidos en rayos de oro á su derredor, semejantes á.
hriznas de paja, y de mejillas sonrosadas por el ahe
rrío. Mirad I allí viene: sus piés van desflorando la
uieve biD dejar huella ninguna.
Los GORRIONES.-iQué hermoso es! Parece una
in,agen ....
LA CHIMENEA.-Chist! escuchad ..... .

Entonces las lucecitas se repartieron por todos lados como si se hubiera sacudido sobre la r.ieve de los
techos todas las ramas iluminadas de uu árbol de
Navidad. Niogun11, chimenea se olvidó, desde los palacios rodeados de terrazas y árboles blancos, hasta.
esos pobres techos de
miseria que parecen
sostenerse los unos á.
los otros para impedir
que vengan al suelo.
Bien pronto sobre todas las casas de París
se escucha el repiqueteo de los cascabeles, todos esos ruidos
fantásticos y diversos
que se oyen en los bazares de juguetes, los
balidos de los borregos, la.; quejas gangosas de las muñecas, el frú-frú da las seda~ bordadas,
las trompetas, los tambores, las rodajas de los caballos de posta, los fuetazos de los postillones, la r ueda volteadora de los molinos de viento. '.rodo esto se
agi~aba, desaparecía, retozando á lo lare-o de las chimeneas. DondP. no había niños, el reyecito, guiado
por sus kcbolds seguía de largo; pero algunas veces al
acercarse con las manos llenas, la chimenea cuchichaba con su boca negra: "Se ha muerto, es inútil ....
ya no hay zapatitos en la casa .... guarda tus juguetes, reyecito, porque la madre llorarfa si los viera... &gt;

1

.a

III
En este momento una voz grave y joven, perlada
corr.o la risa de un uifio, resuena en esta atmósfera de cristal que en las
alturas funden el frío y
la luz de la luna. El Rey
ni!'io se dt•tiene sobre en
techo, y allí, de pie, rodeado de todos sus canastos, habla así:
EL DIOS Nn-!O.-Buenos días, techos. Buenos
días mis viejos campa\
narius. Está la noche
tan clara que os veo muy
bien á mi derredor, en
este gran París que
amo .... Sí, sí,
París mío, te
amo porque tú
que ríes de todo, no has osado reírte del p~q uefio Rey, porque en él crees,
tú que no crees
en nada .... Por
eso, ya lo ves,
vengo todos los

Domi.ngc 23 de Julio 1899

A

se alza de Dante, nítida, Rin velo,
entre la hirviente humanidad y el cielo,
la figura talar de mármol blanco.
Ni límite, ni espacio, ni horizonte:

la curva de su vuelo
queda á trechos, ó rota 6 invisible
en enormes fragmento:. por el cielo.
Su sino es irá iluminar; no tiene
el li rmameoto mismo
de ¡¡us alas la rígida medida;
para crear la vi cta
Dios le entregó las llaves del abiHmo.

UN GORRION DE PARIS.-Bravol Voy á. engullirme
á. ese pequeiiuelol.. . .
·
TuDOS LOS GORRIONES -Pío, pío ... Cui, cui. ...
¡Viva el nifiol
u N.A. BANDADA DE CIGÜER A.S [pasando por el cielo en
un la1·go triángulo.-Ua . . .. ua .... ¡Viva Navidad!
EL v1ENTO, arrenwlinando la nieve.-Canta tú también á. al Dios niño . ...
LA NIEVE, muy bojo,-Yo no puedo, p:iro incienso. Ved los torbellinos de fino po1villo blanco que
arrojo á sus canastos, y que pongo en los blondos cabellos del reyecito ...... Es que él y yo nos conocemos mucho tiempo hace .... Pensad que lo he visto
nacer, allá, en el pesebre ..... .
EL VIENTO, LAS CAMPANAS, LAS CHIMENEA~, cantando á la vez con todas sus fuerzas. -i Navidad 1 ¡Navidad l

a!los. Jamás he

EL mos NI1\l'o.-No tan fuerte, amigos míos1 no tan

fal!ado. lle venido hasta durante el sitio ¿lo recuerdas? Bien triste estaba todo. Ni fuego, ni luz, las
chimeneas frías .... los obuses que disparaban sobre
mi, destruyendo loe techos, echando abajo las chimeneas . . .... Y, sobre todo, tantos nlfios que faltaban! . . . . Pero este afio traigo muchos juguetes: mis
canastos vieoen llenos ...... Felizmente no descansaré esta noche. Sé que hay muchos zapatlllos que
llenar. Y traigo juguetes maravillosos, todos franceses ... ,

fuerte. Es preciso que no se despierte nuestro pequeliv
mondo de abajo. Es tan dulce la alegría que llega
cuando no se la. ei,pera .... Entre tanto, sefiores kobolds, venid conmigo sobre la pendiente de los lechos;
es tiempo de comenzar á. hacer la distribución. Solo
que este afio he resueito pont:r en práctica un nuevo
pensamiento. Todo lo más hermoso que traemos, como los polichenelas dorados, los saquitos de seda repletos de bomboues, las grandes muñecas llenas de
encajes .... todo esto deseo que cai~a en los más pobres zapatitos, en las chimeneas sin fuego. en las
bohardillas fríaF, y que, por el contrario, á. las casas
dichosas arrojemos sobre el terciopelo de los tapices,
sobre las pieles pesadas, todos esos juguetillos de á.
centavo que huelen á resina y á made1a blanca.
Los GORRI0NES DE PARTS.-Muy bien, muy bienl
He aquí una hermosa idea.
Los KOBOLDs.-Perdón, pequeño soberano. Con este
nuevo sistema, los pobres serán fel1ces; pero los ricos
llorarán. Y vamos! un niño que llora no es ni rico
ni pobre: es un niño que llora; ¡y es tan t•lste ésto!
EL mos NIRO.-Adelante, adelante; yo conozco eso
mejor que vosotros.... Los pobres se maravillarán de
tocar esos juguetes complicados que les parecen tan
tentadores tras del cristal de las vidrieras y cuyo lujo dorado no aumenta nada á. su valor de juguete, á.
su gracia de entretenimiento. Y ya me parece ver á
los niños ricos, contentísimos de tener, siquiera por
una vez, títeres de 6irtón pendientes de ao hilillo,
muliecas de resorte, todas esas tentaciones de á. trece centavos que se venden en los bazares á. donde jamás hao entrado. Adelante! Hay tantas chimeneas
en París, y la noche es tan corta! ....

Es su destino iluminar: emite
luz como el noctíiuco su llama
en el instante efímero en que ama:
su espíritu er{abundo que gravita
bacía un centro abhcóndito y arcano
&amp;ólo por el dolor parece humano.
Ru

Mas el dolor su espíritu caldea
y la perenne irradiación aviva
del nimbo que en su frente centellea
anhelante cte lauws y de palmais,
se lanza trasponiendo cimas y almas,
sobre el corcel domado de la muerte.
Y como arena que el Simún levanta
en el Desierto, elévase en sus huellas

poi vo sutil de ideas y de estr~llas
que esfuman, en la uoche de la historia,
la pálida vía-láctea de la gloria.
¿ Es un Dios por ventura? De sus labios

Largo tiempo, muy largo tiempo anduvieron erran•
do las lucecitas ...... De pronto, un gallo ronco se
oyó cantar en el fondo de la obscuridad, un hilillo de
luz apuntó el ,:.lanco,día en el cielo, y en un instante la
magia de Navidad se desvaneció. La fiesta había c-:)0•
cluido. La de las casas comenzaba. Y un rmdo armonioso y dulce salló por las chimeneas junto con 'el
humo de los fuegos encendidos. Eran los gritos de
alegrí~, las risas locas de los niños que gritaban:
"Navidad! Navidad! ¡viva la Navidad! ...... " mientras que sobre los techos desiertos el sol que se
levantaba, un bello sol de !nvierno, artiticial y rosado, dejaba caer sus primeros rayos que, al reflejarse
en 13: nieve, hacían elefecto de lentejuela y nácar, de
frao¡as de oro caídas de los canastos del reyecito ... .
ALFONSO DAUDET.

brota el Verbo que deja eternamente
impreso augusto signo
en la tenaz quimera de su mente.
En torno de s·.1 frente,
sol de invisibles mundos,
circula, constelando el tirmamento,
el Zodiaco idea.! del pensamieuto.
Nada calma, ni colma, ni sujeta
su aspiración, ni el tiempo ni el espacio
ocultan ,para El lindero ó meta.
¿Quiéµ' es? ¿Decid su nombre?
¡.Su nombre? Es un poeta ....
Un dios caído condenado á hombre?

*
«Nido de árticos cisnes me parece,
en un azul estanque mi Inglaterra,&gt; ·
dijo el cantor que con los siglos crece.
De la roca en que el nido audaz se aferra
junto al frío y :.iniestro umbral del Polo,
írguese basta el zenit el regio bronce
de Shakspeare el Poeta, el Grande, el Solo.
Su asce11sión llega al punto en que es corona
de su iomóvll cabeza el Sol del Arte;
quizá el cielo natal, Je luz escaso,
esrumó su contorno en triste bruma,
no así su frente de astro sin ocaso.
Tiempo y mar, á sus piés, tóroans~ ei;puma.
Shakspeare ¿quién es? El mundo del ensueflo,
de la pasión y de la risa trágica,
en un hombre sumados, lo pequeño
Y lo gigante, en una copa mág ica
forjada en verbo humano, confundidos.
Ese es el Poeta, y es el Alma
su materia, y en ella está esculpida
su obra en que se amasan llanto y sangre,
Y amor y sumbra y luz y muerte y victa..

*

Frente al bronce británico, en el suelo
de Italia, amor del alemán y el franco,

Así en estatua retornó á Florencia
que en él proscribió un día.
ti..do lo que hay de poesía
.
en la imgustia inmortal de la Conciencia.
Pedestal de la estatua del Proscrito
es la ef.pira siniestra del In tierno;
Beatriz, una estrella en su infinito,
y Ru lira -de fierro y de g ranito,
del porvenir de Italia el nido eterno.

*
Del sentimiento eternizado en arte,
sois dos eimas de luz;~ vuestra altura
en cla)'idad los siglos se amontonan,
así como en espléndida blancura
las nieves que las cúspides coronan.
Más allá. de los soplos de la tierra,
que vuestra obra de pasión embruman,
descolláis á. la par; sois dos Iguales,
y en un solo ideal de amor se suman
vuestros dos dolorosos ideales.

*
Shakspeare á tí la admiración y el canto.
Vedlo en el campo-santo,
triste como el crepúsculo y la duda;
en su mano una vieja. calavera
se torna esfinge, y es tu esfinge muda
¡oh! destino. Y el alma desmedida
de aquel hombre pretende sorprenderte,
arrancando el secreto de la vida,
al diálogo de Hamlet con la muerte.
Sbakspeare á. tí la admiración y el canto.
A t1 que con las sienes palpitantes
de emoción, inclinado, grave y triste,
sobre el cráter de todas las pasiones,
con tu frialdad heroica descubriste,
de la noche del mal en el abis•oo,
los JineamiPntos lívidos del odio,
el miedo, blanco y de sudor cubierto,
los 0jos sin mirada del que ha muerto;
el gemido fatídico que inspira
pavor y la siniestra
risada de agonía de los antros;
el relámpago azul de los aceros,
los ayes last1 meros
del que convulso de doler espira ..... .
Y trémulo te alzabas, jadeante
de enclm&amp; del volcán que el mal encierra,
y contabas . ... Aun oye palpitante
tu eterno cuento de áolor la. tierra.
A tí la admiración. Cual tú, sublime
cantor de los amores,
ni las aves cantaron en los bosques,
ni en perfume su ser dieron las flores.
Si tu clara pupila por ternura
sobre humana, inefable, iluminada
veía al cielo, ensueño del Poeta,
del azul de ese cielo y su mirada
se formaban Desdémona y Julieta.
A tí la admiración.
Colón un dfa,
abandonó las playas espaiíolas,
á lo ignorado er:!derezó el navío,
y aparecióse América en las olas.

J eeúa

Co ntr-e r-a a.

Y tú así, britano,
c:m la infalible brújula del genio
surcaste el mar profundo
del corazón humano
y descubriste un mundo.-

C A NT,-. NUEVO .
Los viejos ideales están muertos! ....
Lloremos pur los viejos ideales,
que cayeron radiantes y triunfales
como el sol, en los pálidos desiertos
'
salpicando dt:. luz los arenales.
Los vlPjos ideales redentores
rle seres idos, y pasadas cosas
cayP.ron, mas también cual los maymes
en s.:s tumbas de nieve, hay muchas rosas
y hay lágrimas que caen sobre esas flores. '
Y del mármol, becbo arte, por sus venas
la sangre de sus venas aún circula
y esa sangre á la nueva se encadena:
d~ Venus en el peplo que se llena
y en la flotante curva cuando ondula.
Mas si es verdad que para siempre han muerto
las imágenes son de las palmeras,
'
cuando el ~ol t oca el borde del desierto:
las siluetas se alargan, colosales;
y al augusto país de las quimeras,
aún r:lan sombras los viejos ideales.
MIGtTEL E. PEREYRA.

En el álbum de la ~eñorita Julia Zárate.
¡Sin duda es e! amor tu enamoradcl
Del ensueño de Psiquis escapado,
Cerca de tí revolotea, busca
Tus ojos garzos, en su luz se ofusca
Y, de tos labios en la flor, semeja,
Al punto en que se posa,
Una fúlgida abeja
Sobre el purpúreo cáliz de una rosa!
F.ERNANGRANA.

EL SONETO.
Para Rodolfo Reyes.

Será su forma des_lumbrante y pura,
Al lento golpe del cmcel forjada;
Y como bella y reluciente e11pada
Tendrá la rima fuerza y ht rmosura.
La estrofa es gema luminosa y dura
Difícil de tallar y ser labrada
'
Mas la idea en su mold,: apri11ionada
Como el d_iamante y el metal perdura.
Han deJado en el bronce del soneto
Lope, Ileredia y Petrarca su secreto·
'
Y su fama de egregios pulidores
Atraviesa en los versos soberanos,
Como en les medallones sicilianos
El desfile triunfal de Emperadores.
EFREN REBOLLEDO,

�Domingo 2~ de J ullo de 1899

EL MUNDO.

54

LOS HOTEL68 MODERNOS DE MEXIO0.
Año VI

Tomo 11

México, Uoming0 30 de Julio de 1899.

Número 5

GRAND HOTEL DE FRANCE.-ORIZABA.-VISTA INTERIOR.

UN HOTEL MODELO.
Orizaba cuenta ya con un establecimiento para los
turistas, digno de las bellezas pintorescas y del clima delicioso de esa ciudad llamada á ser el punto de
reunión de los que buscan en los viajes desLanso, salud y recreo.
Como se ve en el grabado superior, el hotel fundado por M. Luis Leroy, es un edificio perfectamente
adecuado á su objeto. Amplio patio, corredores es-

paclosos, llenos de plantas exquisitas, distribución
cómoda de las habitaciones, con sus puertas independientes adornadas de vidrios de colores, todo contribuye á dar al bote! el aspecto más simpático.
Las piezas son amplias, los muebles flamantes y de
estilo moderno: tienen alfombras y alumbrado eléctrico y todo lo que puede desear en su alojamiento
una familia habituada al comfort.
Hay además departamento de baños, servido
con las atenciones más exquisitas. El comedor, es de
estilo moderno y bien decorado, y la cocina está bajo

gas-!
l

la dirección inmediata del dueilo del hotel, hábil
trónomo, ventajosamente conocido en su especialidad.
A mayor abundamiento las bodegas y despensa poseen
existencias que permiten al establecimiento satisfacer todas las exigencias de su clientela.
El «Grand Hotel de France&gt; está situado en lugar
céntrico, al paso de las tranvías, tiene luz eléctrica y
una dirección habilísima, pues el i::lr. Leroy y su esposa atienden personalmente á los huéspedes proporcionándoles cuantas comodidades pueden desear.

G-RAZIELLA.
CUADRO DE E t'GENIO BLAAS.

,

GRAND HOTEL DE FRA.NCE.-ORIZAB} .-RECA)IARA DEL PJ{lMER l'IiO,

•

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 4, Julio 23</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Benito Juárez</name>
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        <name>Camilo Hernández</name>
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                    <text>Domingo 2~ de J ullo de 1899

EL MUNDO.

54

LOS HOTEL68 MODERNOS DE MEXIO0.
Año VI

Tomo 11

México, Uoming0 30 de Julio de 1899.

Número 5

GRAND HOTEL DE FRANCE.-ORIZABA.-VISTA INTERIOR.

UN HOTEL MODELO.
Orizaba cuenta ya con un establecimiento para los
turistas, digno de las bellezas pintorescas y del clima delicioso de esa ciudad llamada á ser el punto de
reunión de los que buscan en los viajes desLanso, salud y recreo.
Como se ve en el grabado superior, el hotel fundado por M. Luis Leroy, es un edificio perfectamente
adecuado á su objeto. Amplio patio, corredores es-

paclosos, llenos de plantas exquisitas, distribución
cómoda de las habitaciones, con sus puertas independientes adornadas de vidrios de colores, todo contribuye á dar al bote! el aspecto más simpático.
Las piezas son amplias, los muebles flamantes y de
estilo moderno: tienen alfombras y alumbrado eléctrico y todo lo que puede desear en su alojamiento
una familia habituada al comfort.
Hay además departamento de baños, servido
con las atenciones más exquisitas. El comedor, es de
estilo moderno y bien decorado, y la cocina está bajo

gas-!
l

la dirección inmediata del dueilo del hotel, hábil
trónomo, ventajosamente conocido en su especialidad.
A mayor abundamiento las bodegas y despensa poseen
existencias que permiten al establecimiento satisfacer todas las exigencias de su clientela.
El «Grand Hotel de France&gt; está situado en lugar
céntrico, al paso de las tranvías, tiene luz eléctrica y
una dirección habilísima, pues el i::lr. Leroy y su esposa atienden personalmente á los huéspedes proporcionándoles cuantas comodidades pueden desear.

G-RAZIELLA.
CUADRO DE E t'GENIO BLAAS.

,

GRAND HOTEL DE FRA.NCE.-ORIZAB} .-RECA)IARA DEL PJ{lMER l'IiO,

•

�EL MUNDO.

58

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
. ---------------------------------------------·
LA SEMANA
Un día la curim,idad abre un arcón mucho tiempo
cerrado. Y dentro de él se encuentran chucherías curiosas, telas amarillentas, objetos raros, flores secas,
paquetes de cartas, monedas antiguas. Esta exhibición despierta entre nosotros no sé qué extiañ&lt;,s sentimientos de apacible melancolía. Se reconstruye el
pasado, se dibuja en la fant,asía un cuadro vivo, se
hace la novela de toda una vida, y dP, sueño en sueil:u, se llega á resucitar una época. Es una sensación
deliciosa, tenue y vaga, semejante á la que experimentamos cuando en la noche, !ll abrir la ventana de
un jardín, vemos á lo lejos brillar un traje de mujer
en un claro ce luna.
Oyendo música antigua nos asalta igual emoción,
es una arca que guarda las melodías pasadas de moda, temas arcaicos y aires envejecidos. Esa música
tiene algo del perfume de lo viejo, un perfume exquisito de rosas muertas. Escuchándola, reví vimos
una época.
Y sin P,1Dbargo, nos fatiga, y más que nos fatiga,
nos aburre la monotonía de estas partituras escritas
para nervios más sano!\. Son pastoriles. Nos parecen
una égloga de Virgilio acom¡:,añada con zampoñas.
No nos conmueven ni nos interesan ya. La sencillez
toca en muchas partes con la tri vialidad y origina el
fastidio. Y el fastidio es padre del bostezo
En general, los argumentos de estas óperas están
hechos para campe!.inos de la Arcadia. Tienen el clasicismo meloso y falso de las tragedias del sig-lo décimo octavo. Vemos aparecer griegos y romanos de pantomima.
La música suele tener bellezas, delicadas melodías,
pasajes inspirados, graciosas combinaciones, pero todo viejo y desteñido como un girón de seda antigua.
En una sala, entre amigos, frente á una taza de té
y una nube de humo, nos deleitarían esas obras, á
fragmentos . Eo un teatro nos desesperan. Hay mucha fiari,ture y mucha filigrana en esa mú,üca, pero lo
que no hay es emoción, arranque, pasión, polifonía,
todo lo que necesita nuestro complicado espfritu moderno.
Esto pensaba yo, escuchando con una atención
complicada de hastío, varias escenas de las de Soffo
de Pacini, represent adas mucho ba en el escenario
del Nacional
A fuer de sincero debo declarar que ya apenas me
seducen esas excursiones artísticas, en las cuales, por
u na sugestión inexplicable, tal parece que el alma
rejuvenecida y alada, toma de nuevo el brío de las
alas nuevas y recién emplumadas. ¡Qué cosas tan raras, tan sutileR, nos van diciendo esas arias iotermi•
nables, esos dúos melifluos, esos conc.:rtantes de sencilla y pueril harmonía! Nos dicen: ¿te acuerdas?
Eramos el aire gárrulo de tu espíritu en primavera. Nosotros fuimos los que despertamos tus pasiones dormidas, nosotros, ks que echamos vaho azul
en los paisajes de tus sueños, los que arrullamos Lus
primeras esperanzas, lo~ q uetej irnos unahamacadedGlces melodías y la clavamos en las estrellas para que se
columpiaran tus amores en la diafanidad de J ,s cie1(,s. Ahora nos desdeilas, nos desconoces, nos recibes
con una sonrisa de burla y i;n gesto rle desprecio; pe•
10 pcr más que bagas partL olvidarnos, ahí están como púas lucientes, en la penumbra rte tu memoria,
los recuerdos de tu vida inquieta y f.iliz, los recuerdos que avivamos á nuestro paso, como sopla el aire
y aviva la llama en el mal apagado rescoldo. Mientras nos oyes con tu apariencia indiferente y aburrida, tu pensamiento teje y desteje la tela de Penélope
de aquella estrofa empolvada:
Esa es mi juventud que dfsfallece,
es mi ilusión que canta;
mi primer desengPilo que aparece
y mi primer amor que se levanta.
¡Operas viejas, fastidiosas melodía~, aires senci.
llos, temas sentimentales, idos en paz; no l,S amau,os
ya; sois nnestra desesperación y nuebtru remordimiento, y nos obligáis á pensar en cosas lejanas y
tristts de las que ya no queremos acordarnos!

***

Ha cesado, por algunas horas, la mon6tona decoración del horizonte, durante los crepúsculos lluviosos.
Las ~oches de Julio han sido grisPs, de esas Pn que,
como dice un poeta, la luna corre detrás ele las cortinas cenicientas, que s~ rasgan de ':,recbo en trecb,)
para filtrar !ª luz de los astros; noches con pocas estrellas, sem1ahog'ldas en la cerrazón húmeda ne los
campos, silenciosas como las quimeras de los soñadores,. noches de las almas buenas en las que el cielo semeJa el dombo de un templo gigantesco elonde los
luceros arden como ~i fueran blandones qu~ alumbraran las criptas azules de los ángeles muertos.
Pero las tardes han sido monótonas y frías, metidas en. agua, con su fJ.ngo obscuro y su llovizna per1,lst,P.nte.
Unas cuantas horas, sin embngo, el m!ércoles al
acabar el día, sobre la placa de plomo del Orie~te,

enr.endiéronse dos arco-iris triunfales, tan radiosos
y vivo~, que la fangosa ciudad pa~eció, de p~onto, como vista á través de un gran prisma de cristal. El
sol, entonces, elesde el ocaso, hizo estupendas mara•
villas de su oro: lo arrojó en placas y florones sobre
los muros, sobre los cristalPs, sobre los charcos, lo
deshiló en redes sutiles y deslumbradoras sobre todos
los objetos, hizo grandes mariposas de los murciélagos, de los paraguas, y pavonadas salamandras de los
carruajeR.
.
.
MElxico fué, por hreves instantes, una feé~JCa c_m:
dael de Cuentos ele Hada~, romo las que se 1magrno
Luis de Ea.viera en sus nebulosos ensueños.

** *

He visto en los periódicos la inaca.bable rliscusión,
refrescada por asuntos teatrales del género chico: para
la época mederna vale ser p,&gt;eta en el alto sentido de
la palabra?
y me he puesto á leer una y cien veces la irónica
página de un libro inmortal:
«Un día, M. Jourdain, ya todo un mamamuchí, y
habiendo aprendiJo la ortografía, llamó á su casa á
los escritores más ilustrados del siglo. Se acomodó
en un sillón, les señalaló con el dedo sillas de tijera,
y les di jo:
- 8eñores: He leído vuestros chascarrillos, me han
divertido y quiero daros trabajo. Se lo he dado últimamente á vuestro colega, á Lullí. A petición mía
h1 introduddo en los conciertos la trompa marina,
instrumE&gt;nto harmon:oso en que nadie se hil,brá fijado
aún y que es de gran efecto. Deseo que sigáis mis
ideas como las ha seguido él, y os encargo un poema
en orosa.
Ya sabéis que todo lo que no es prosa es verso y
que todo lo qne no es verso f'S prosa. Cuando yo digo:
« Nicole, t ra( dme las za patillas v dadme el gorro de
dorn ir.&gt; bago prosa. Tomad es! a fras,; por modelo.
Ese e~tilo es mucuo más agradable que la jerigonza
de renglones sin acabar que llamáis versos. En cuanto al asuntv, seré yo mismo. Pintaréis la bat,a rameada que acabo de ponerme para recibiros y el traJecillo de pana verde que llevo debajo para mis ejercicios durante la mañana. .A.puntaréis que la indiana
cuesta á un luis la vara. Esa descripción bien perjeñada se presta á toques de muy buen viso, y enseñará al público el precio de las cosas. Quiero que habléis también de mis espejos, de mis alfombras y colgaduras. Mis proveedores os darán la nota; no dejéis
de insertarla en vuestra obra. Me gustará volver á
ver allí al natural, con todos ses pelos y señales, el establecimiento de un padre que vendió pafio á los ami gos por servirles, la cocina de mi criada Misle, las habilidades de Bronsq•1iet, el perrillo de mi vecino M.
Dimanche. También podréis explicar mis asuntos
domésticos; uada más interesant~ para el público que
saber cómo se gana un millón. Por eso os pagaré generosamente á medio l uis la vara. dé escrito. Volved
dentro de un mes y enseiladme lo que hayáis sacado
de mis ideas.&gt; 10b, M . Jourdain, eres eterno!

***

La Sociedad Chibuahuense celebró una de sus simpáticas fiei,tas.
Estos famosos bailes ti&lt;&gt;nen el atractivo de prender las alas del tiempo con los cla,,os áureos de la
alegría. Tal vez ningún círculo en México posea como éste en tan alto grado la facultad de inspirar el
contento sano y el placer tranquilo. Hé aquí por qué
todas las mujeres hnmosas y jóven!'s se dan cita allí.
La fiesLa ele la t-;uciedad Chihuabuense no tiene
más que un defecto: que no f'S interminahle, y que la
Aurora se encarga de decir á los in rifados:
-Señores, es hora ya de descansar, dormid un
por.o.

EL EXTERIOR.
Revistas Politicas y Literarias.
1.-LA CONFERENCIAD.E LA PAZ: SU PROXIJIU CLAU·
SURA; SUS ACll.EltDUS DEFCNlTIVOS. LOS 1!:XPLOSI·
VOS, EL DESARME PARCLAL, LA COltTE DE A.KBI·
TRAMENTO.- l N T.ERES DE LAS POTENCIAS MILI•
'.l.'ARMENTE INFERIORES EN ESOS ACUERDOS.
2 -LA. SITUACICN GUBERNAMO:NTAL EN FitANCIA:
VIDA NECESARIAllIENTE PRECARIA DEL JIUNISTERlO; LOS OBSTACULOS CASI INSUPERABLES; LOS SO·
CIALlSTAS Y EL EJERCITOj LOS SOC[ALISTAS Y LA
LIBEKTAD Ail::lOLUTA DE LA PRENSAj REFORMAS
INDISPENSABLES
3 - L 'A}'lfAIRE,

Está á punto de di sol verse la confuencia de la Haya; á pesar del secreto oficial de sus deliberaciones,
casi todo se ba traslucido, y el público sabe ya á qué
ate~er~e en lo que toca á 0oncluslones generales. Los
penódicos del mundo entero han publicado memorias

Domingo 30 d~ Julio d~ 1899.
de los delegados, extractos de sus discursos, etc. Mu,cbo quedará pendiente después de firmada el act,a general y será necesaria otra conferencia que podrái.
partir de ana base mucho más sólida que l~ que h?Y
ba servido para las labores de la conferenc1~: la mrcular del ministro del Tsar, conde Murav1ew querinterpretando la augusta idea ?e su soberano_, form ula ;mros desiderata. En la próxima conferencia las re-sol ur.iones de hoy podrán ser completadas; ojalá que
no corra entre ella y la que va á clausurarse el lapso
de tiempo que entre ia de Bruxelas y la actual.
Sea lo que fuere, el concilio inter?aci~nal de la Hava abrirá una época nueva en la h1stor1a del derecho,
de gentes y resulta, ciertamente, un homenaj~ á la
gran memoria de Rugo de Groot, el haber esco;ido su
tierra natal para reunirlo. Pueden considerarse, á más.
de la sanción de muchas de las minuciosas y eminentemente humanitarias reglas de Ginebra y BruxeJas1 sobre protección á los heridos y reconocimiento,.
de derechos á los que defiC'Dden el te1ritorio sin ser
soldados, como obtenidos en principio estos puntos.
de magno Interés: no se hará uso en la guerra de proyectiles quf:l causando el mismo efecto que los ordinarios (poner á un hombre fuera de combate) hagan
crueles y dolorosas las heridas; co1110 entre estos proyectiles estaban comprendidos las balas de envoltura.
metálica, como las dum--dum, ingleses y americanos.
reservaron su voto: ya sabrán á qué atenerse los negros africanos y los tagalos de Luzón. Resultado incompleto pues. Otro punto: la reducción 6, mejordicbo, el statu qiw de los efectivos de guerra.
Como era este el punto principal de la iniciativa.
de Nicolás II que, eu realidad, no habló de desarme,
sino de suspensión de armamentos, y como grandes y
pequeños, lo mismo ingleses que suizos, estaban dispuestos á enterrar el magno pensamiento, hubo necesidad de bac.irle solemnes funerales. El rlelegado,
ruso Giliniski invitó, no á votar, sino á deliberar isob1e el asunto, el delegado holandés Den Beer Portugael, hizo ciertas reflexiones favorables al designioimperial y le salió al encuentro, era de esperarse, el
coronel Schwarzhuff delegado técnico alemán. «Mi
patria, dijo en resumen al general Beer Portugael,.
no necesita suspender sus armamentos para prosperar y es un hecho indubitable, aunque parezca asombroso, que á compás del aumento de los ejércitos alemanes y de su incesante perfeccionamiento la prosperidad general, el comercio, la industria, el trabaju remunerado, en suma, han ascendido constantemente. ►
Entre paréntesis, este argumento del delegado alemán, muy jugado y manoseado por todos los partidarios de la guerra, es un sofisma ,:hay relación posible
de causa á efecto entl'e el fenómeno militar y el fenómeno económico en Alemania? No sin duda; son
sim¡:,les fenómenc s concomitantes; valía la pena, entonces de investigar si, sin el crecimiento de la producción militar, la producción industrial, dabida á la
ciencia, es decir, á la transformación de los medios
productores, no sería cinco veces mayor de lo que esY no habría permitido á Alemania fundar algunasAlemanias coloniales; único medio que t iene la civilización europea de contrarrestar el avance mercantil de los asiáticos, el peligro amaril!o que, al mediar
el próximo siglo, habrá becbo ictérico al mundo. Y
cuando el orador dice que en su país el bi.,nestar común aumenta y el tipo de vida (standa?·d of life) se eleva día á día, todrs nos figuramos lo que cincuenta
oradores socialibtas compatriotas suyos tendrían que
responderle.
Después de probar que era nulo el argumento tomado del cansancio y de la anemia nacional, el impugnador del pensamiento del Tsar se encaró, muy
cortés, pero muy resueLamente, con el ruso Gilinski.
La cuestión de los armamentos, dijo, no es una cuestión aislada, es 1uuy complexa y está tan íntimamente ligada con otras, como el grado de instrucción, la.
duración de1 servicio, el número de los cuadros, losefectivo~ de las unidades de tropa, la colocación de
los cuerpos, de las plaz~s fuertes, etc., que es imposible detener el mecanismo de esta maquinaria sin exponerla á serlas avería1,; á más de esto las necesidadesde los ejércitos coloniale1,, etc., demuestran que nopodría oponerse á una obra eminentemente nacional
una convención internacional.
Esto dijo, en extracto, Alemania; Francia, por el
órgano de León Burgeois que, intelectualmente, ha.
hecho, en compañía del profesor Martens, el primer
papel quizás en la conferencia, ]!,rancia contestó•:.
«También yo soporto sin mal humor (allegrément) las
r.argas formidables de mi situación militar y el añoentrante mostraremos al mundo que no ha desmayado nuestra actividad, ni ha mermado nuestra situación económica. Pero es indudable, y debe de creerloasí el delegado alemán, que si los recursos con&amp;iderables destinaJos á sostener nuestros servicios militares estuviesen al servicio de la prosperidad de cada.
nación, ésta adquiriría mucha mayor rapidez. Es necesario, agregó M. Bourgeois, que el mundo sepa quesi mi país estuviese llamado á votar sobre este puntovotaría por la alirmativa. Y si es una dolorosa necesidad vernos obligados á renunciar hoy por hoy á un
acuerdo positivo é inmediato sobre esta proposición,.
debemos intentar probará la opinión pública que hemos examinado sinceramente el problema formulado,
ante nosotros. Y no habremos trabajado en vano, si.

Domingo 30 de Julio 1899
al precisar sus términos generales, indicamos el fin
baeia donde deseamos unánimente, así Jo espero ver
dirigirse á todos los pueblos civilizadoe.&gt;
'
De las elocuentes palabras del delegado francés
surgl? la proposic_1ón, por él redactada, que expres~
el de-~deralum, el 1d~al de futuro desarme, diremos
así, de la conferen~1~ de la Haya y que el último
martes nos transm1t1ó el cable.

* **

En realidad, la constitución de un tribunal de arbitramento permanente, aunque sólo condicionalmente obligato_rio, es el resultado más trascendental
de la conferencia; de ello no babi aba la circular del
ministro del Tsar y, sin embargo, puede decirse que
es Jo que La concentrado los esfuerzos de los deleo-ados y la atención~ un poco sorprendirla, del mu;do
clvillzaclo. Ese tribunal se llamará «Oour permanente
d'arbitrage,&gt; porque la palabra corte, indic"' según Ja
opinión de Mr. Pauncefote adm:tida por los delegados, una categoría superior á todo otro cuerpo judicial y, sin duda, podría acaecer que la corte de arbitramento tuviese que decidir entre las opiniones de
!os más altos rep~esentantes del p!)der judicial de dos
naciones eu confl:cto. Esta Corte se someterá á un
código de proce?imientos que ha redactado ya la sección corre~pond1ente de la conferencia, ;;obre un proyecto ruso que contenía veintisds artículos y que
acaso al publicarse estas líneas nos será ya conocido.
Los pueblos de segunda importancia desde el punto
de vista internacional, como nosotr'os, tenemos un
interés magno, supremo, en estos capítulos de la convención de la Haya; los débiles militar, 00 patrióticamente considerados, y entre ellos estamos nosotros,
tenemos que ganarlo todo, en cuanta tentativa de
poner al derecho un reparo contra la fuerza, encuentra la eficaz garantía del mundo civilizado. Nada tendremos que ~e_mer ?ntonces y podremos consagrarnos no sin v1g1lanc1a, pero sí sin perenne recelo á Ja
obra de nuestra reconstitución ~conómica, porque si
nuest~o derecho ha de ser siempre respetado, seremos siempre respetados, porquP. jamás, jamás saldremos del derecho; es nuestro terreno en él hemos
vivido siempre.
'
Y e&amp; una fortund. que quienes hayan tomado parte pr!ncl palísima en cuanto á esta cuestión atañe
sean los delegados americanos, á quienes los mejica:
nos tenían instrucción, no de subalternarse como
malignamente se ha dicho, sino de incorporarse en
cuanto no creyeran incompatible con nuestro interés
nacional. Es una fortuna porque indica que entre
ellos y nosotros la pala.:.ra definitiva tocará siempre
á la j ustlcia.
Así sea; la obra es buena, y los deleo-ados en la
Conferencia pueden tomarse unos días d~ vacaciones
mient ras su comité de redacción prepara el acto. general que todos deben firmar, y revestir, las naciones
representadas en la Haya, de su sello soberano antes
de terminar el año.

,

EL MUNDO.
Y ya sabemos l? 9ue sucedió; el ejército de hoy está
e~fei:mo de poht1ca y de vaga a ..piración al pronunciamiento; es pr~ciso desinfectarlo enérgicamente.
Per~ no destruirlo, y los socialistas á esto tienden,
Y Gal!1fet no lo habrá de consentir, y llegado el caso
fe retirará; W. Rousseau le seguirá, si los exaltados
le_gasen á arrastrar en pos suya á la mayoría desonentada de la Cámara, ó Waldecx-Rousseau pasará p~r las exigencias socialistas y será su prisionero,
Y el Jefe del gabinete será, en realidad Mille,and y
C?mem,ará la más tremenda aventura don que en su
;.ida ~zarosa h:lya tropezado la República: la coos,it~ción_de un gobierno enemigo de las bases legales
é históricas de la actual sociedad francesa.
Afortunadamente no es posible creer en una mayoría capaz de apoyar un ministerio socialista· al
r.abo de?º siglo, éste sería el verdadero aborto de la
Rev?luc1ón francesa, que trató de fundar una democr'.1c1a Y una libertad, no una tiranía, no la más ternble Y_ abominable de las tiranías. Si &amp;obre este
punt~ viene la crisis, ya podrá encontrarse quiénes
substituyan á los ministros actuales dentro de los
elementos de gobierno del partirto republicano liberal; ab?ra no sería lo mismo; ahora, como ha dicho
muy bien M. René Goblet, una crisis ministerial 110
tendría salida y se converti:ía en crisis presidencial
gravísimo peligro para. la Repúblic".
'

***

. Algo hay_, por desgracia, que va á hacer más difícil Y complicada la liquidación !le l'aO'aire después
del fallo de R1innes: el martirio de Dreyfus en Guayana. Los telegramas hablan de un artículo, sensacional por extremo, publicado por L' Aurore, el órgano del ardiente veterano de la palabra de la intrio-a
Y de la ~udacia que es el Dr. Clemeng~u, y que pu~de co~s1derarse como el portavoz en la prensa de la
fam1ha Drey~us. Sería espantoso, ciertamente, lo
que el periódico refiere de las tentativas hechas para
obt.ener la fu~a. de Dreyfus y darle muerte, ó plira
obligarlo á smcJdarse, después de infligirle la insólita tortura moral de sug,erirle la creencia en la infidelidad de su esposa. E~peramos que la versión de
L'.A.urore result~ parcialí&lt;,ima y exagerada, y, si los
h~chos fues_en_c1ertos, _deseamos creer que sólo la simestra oficws1dad de Jefes subalternos en el ejército
hayan podido urdir una trama á tal grado infame·
este, sf que hiere en el centro del corazón el honor d~
un ejéccitJ y de un pueblo; es preciso, pues, depurar
Y depurar: y en eso está la necesidad fatal y la dificultad suprema.

*

* forzosamente habrá que
Mas ha:V: oti:-o ~sunto á *que
llegar el dia s1gmente de la reunión de la.~ cámaras
y en dotlde uos parece que todo el talento de Waldeck-Rousseau, que va á dar ahora su verdadera medida&gt; corre riesgo de fracasar: oos referimos á la cuestión de la Prensa.
Ya lo hemos dicho, es pasmoso el tono á que en la
prens'.1- fra~cesa ha llegado el insulto procaz y la ca***
Cuando el asunto Dreyfus entM de lleno en el lumma aviesa; apenas la prensa norte-americana en
período defervescente, que ha comenzado ya; cuan- época electoral se le acerca. No hay institución no
do, después de la sentencia del consejo de gue- hay personalidad que no quede así desacreditada á
rra de Rennes, el ministerio conservador- llberal- los ojos de la multitud que es el voto: de donde esta
soclalista creado por la necesidad, Je que fué enér- idea, más vale la dominación de un tirano que la de
gico Intérprete M. Waldeck-Rousseau, haya hecho esta oligarquía de civiles, de burgueses, profundafrente á las consecuencias inmediatas del fallo y so- mente corrompida, en donde ni hay una sola virtud
metido á un juicio á los militares que por creerse en ni una sola pasión noble.-Esa burguesía sin embar:
el deb~r de fraguar la prueba, que no existía, de la go ha dado á Francill, más de veinticinco aíl:os de Reculpa?1lidad de Dreyfus, de que tenían convicción pública, de libertad y de progreso ascendente-Y esfortísima, de esas que inspira la antipatía, han rea- ta otra idea: hay que acabar con todo lo existente
lizado u~a de las mayores inlq uidades de que los ana- porque es incurable; el liberalismo es la máscara d¿
les judiciales hacen mención; cuando reunidas en No- los intereses de los propietarios; suprimámoslo todo
viembre las cámaras reanuden sus tareas normales, y veremos des;més C&lt;imo constituimos un -oder perya desg-arradas Jas negruras del horizonte por el faro manente: viva la Social.
rde la Torre ~yffel _que indica el puerto de la ExposiEn suma: i,i toda libertad deja de ser un derecho
ción en el ag1tadís1mo océano de la política republi- desde el momento que se transforma en opresora, la
cana; cuando-y basta de cuandos-cuando todo esto opresión ejercida sobre las clases superiores por el teYotras c_osas su~edan, el gobierno se disolverá y un rror y sobre las clases inferiores por el ene-afio es de
~lni¡,ten o M~lrne-Poncaré-Gallifet ó Poincaré-Ga- tal manera clara y palpable, que no hay gobierno, á
~et-Bourgeo1s, ó algo así, podrá surgir y acaso po- no ser que se sienta con vocación al suicidio, que no
d, .. durar.
luche contra este microbio implacable que ha hecho
Los puntos determinantes de la diso-regación es- del alfabetismo obligatorio, el vehículo de propagandel _Gabinete son tantos, que par~ el obser- da de una espantable epidemia moral. Y, sin embara r que 9wera preverlos no existe más que la di.ffi- go, la prensa \lomo difundidora de luz científica, coculté du clwix. De los mismos actos del gobierno, res- mo sugerido:a de actos morales, como denunciadora de
17cL_o de los generales, vendrá ld. escisión y la discu- abusos granries y pequeños, no tiene comparación, es
una fuerza solo comparable á las grandes fuerzas na8 ón, claro es que el actual jere supremo del ejército
no ha ~e querer desarmarlo privándolo de algunas de turales, á la electricidad, á la luz, al calor; de todas
~118 m~J~res cabezas; tendrá la tendencia de reducir á ellas participa, digámoslo así, en el orden espiritual.
~ minirnum las responsabilidades. M. de Gallifet He aquí lo hondo del problema; mermar esta fuerza,
n ta hoy ha_ cumplido al pie dela letra su programa: en el sentido de neutralizar sus energías para el bien,
e~;°leraré ~1 q_ue_ el _ejército sea in&amp;ultado, ni que el es un crimen; dejarla viva en su obra de mal, es imJ Cit9 _sea md1st;1plmado; y ya hemos visto qué ma- posible.
La solución de todas estas antinomias sociales
: tan firme ha asentado i;obre las eminencias miliem peñadas en infring ir Ja regla; la casi desti- está en la justicia. Que todo derecho encuentre en
r~ n del general de Negrier, sobre todo, ha hecho ella amparo, lo mismo el del individuo que el de la
~ / efecto: este oficial superior era, por sus méritos, sociedad, y el problema se resolverá caso por caso y
de¿~ bravura, por su feliz audacia en las catnpañas el mal será menor, siempre menor. Urg-e, pues, podado a, por su carácter mismo, un ídolo de los sol- ner al derecho en condiciones de realizarse, porque
a! g Y crey~ndose intangible, se-permitió censurar · hoy por hoy, en Francia, en los asuntos de prensa,
perd~d1e_rno; s1 éste se hubiese mostrado débil estaba no lo está. De esta convicción ha nacido el proyecto
satos 0, mas no ha sido así, y todos los hombres sen- de ley que en las próximas sesiones será yotado por
~ a aplaudt n. El ejército francés, en tiempo de el Senado. Ese proyecto tiene por fundamento la repoleón III, est:i.ba enfermo de abusos y corruptela, forma que nosotros hicimos aquí, con excelente acuer-

rdotánea

t/:

t

59

do, en el artícu;o 7 ° de la Constitución. Consiste en
descartar al Jurado del conocimiento de los delitos
de prensa y encargarlos á la justi&lt;¡ia correccional.
Ese efect,i vamentt es el único remedio posible.
La experiencia, único medio de alcanzar una verdad sociológica, ha demostrado que el jurado es de
tal manera impotente para ser imparcial ó neutral
tratándose de asuntos de prensa; está tan inevitablement~ sometido á las sugestiones de la prensa misma; tiene tan necesariamente en cuenta sus temores
si burgués, y sus pasiones, si obrero, que no puede co:
loca~se moralmente en condiciones de ser juez, de ca?ª c!e~ veces, en noventa y cinco. Y sin juez no hay
Just1c1a.
~a absolución si.;temática de cuanto acusado por
deht?S d~ pr~nsa es conducido al jurado, indica que
esta 1_n"lt1tuc1ón se declara incompetente á sí müma
para ¡uzgar de estas infracciones dela ley penal aun
cuando manifiestamente sean obra de malhechores
públicos que asesinan en las columnas de un periódico, porque no pueden hacerlo en el camino en que se
as~ltab:1. antañ0 á los viajeros, porque ahora están
cuidados por la policía.
_Urge, pues, dei.cargar de esta jurisdicción, por él
mismo rechazada, al tribunal p0pular. ¿ y cuál será la garantía de la prensa en el juzgado correccional? No basta que el juez tenga que motivar sus fallos, lo que no puede hacer el jurado, se necesitan su~remas seguridades .para la libertad de opinar, de
censurar y de denunciar el abuso· sin esto no hay
pueblos libres.
'
Esto es perfectamente cierto; y quiere decír que
los franceses, antes de aprolJar su ley, deben hacer un
examen de conciencia y preguntarse: ¿nuestr'.ls jueces son independientes? ¿Lo son~ Su inamovilidad
está realmente garantida? ¿Sus responsabilidades
pueden realmente ser exijidasi' Sí? Pues adelante, y
no haya miedo á la reforma; pásese la prensa delincuente al fuero común. En caso contrario ...... en
caso ~on~rario asegúrese previamente esa independencia; s1 no lo hace la República otros lo harán.

*

* pren1,a va á dividir al
_P~fs ?Sta cuestión de* la
mm1steno francés. Los r.adicales y socialistas en general y todos los per1od1stas en particular chillan
~ás que los gansos del Capitolio cuando se toca á la
l~_bertad sacrosan.ta ~e la difamación y del ult:aje.
81, todos los per10d1stas: vease si no. El presidente
de la Asociación parisiense de la prensa, M. J ean
Dupuy_ ac~ba de ser nombrado ministro; al felicitarlo
la asociación por este honor, sin admitir su renuncia
más que tem_p?ralmen~e, le maniliesta que «espera
que no perm1t1rá restncción ninguna á la libertad de
la Prensa.&gt; Y lo punzante del caso es que el presidente de la asociación que tales votos formula es su
vice-pre~idente M. Paul de Cassagnac. Pues n~ hace
mucho tiempo que este divertido forfanton que ha
llevado á la tribuna y á la preusa. sus modales de li~uero del duque de Guisa. y su f'XUberancia de QuiJote grueso, no hace mucho tiempo que decía: &lt;la libertad ilimitada de la prensa me parece una estupidez; pero la República no tiene derecho á tocarla; está obligada á soportar todas las consecuencias de
eso y que con eso reviente- et qu'elle en créve.&gt; y és
verdad lo que dice este gascón; pero yo me moriría
de pena por largo tiempo, si la ::"lepública hubiese
de reventar en manos de M. Waldeck Rousseau.

*

**
Y ahora que ya va á revisarse
en toda forma y en
toda regla el asunto Dreyfus y mientras todo el mundo ríe de las _afirmaci?nes solemnes de M. Quesney
de Beaurepaue, graCJosamente místificado-no sé si
así suele decirse en español n_i si preferiréis, lectores,
que yo u~e de esta otra locución hecho gU,Oje-he aquí
que, segun el cable, el periódico mas serio de Francia, aflr~a que Rusia denunció la traición del capitán semita. ¿Afirma? Yo os aseguro que no afirma
na.da. Y apuesto ..... .
¡ Uffl ¿Cuándo terminará este fatigante asunto?
Cuándo? Cuándo recobrará todosu buen humor Dios
mío, el pueblo del Champagne? Dicen que este' vino
que parece esprit líquido, cuando se toma desde la so:
pa vuelve tristes los postres; en las postrimerías del
siglo ¿estará decidido el pueblo francés á volverse
triste? ¿ Ya no nos hará el inmenso se1 vicio de extraernos de nosotros mismos y de mostrarnos el aspecto dulcemente cóm~co de la humanidad, separándonos del suplimo constantemente renovado del pensamiento interior, de P,Se suplicio que hace de cualquier hombre un niño soil:ador como ese que Anatole
France retrata divinamente en su flamante Pierre
Nozié:rel Le dejo la palabra, lectores míos, para el bro?M de or_o: «J?e noche veía yo extrail:as figuras, y de
1mprov1s0 m1 alcoba, tan bien cerrada, tibia en que
morían los pos tre:os vislumbres del hogar, ~e abría
anc~amente á la rnvasión del mundo sobrenatural....Leg1ones de diablos cornudos danzaban allí sus rondas; y luego, lentamente, una mujer de mármol neg_ro PftB!-~ª ll?r~ndo .... _. . Y ~ó)o_ con el ti~m_po SUP,8
que_ los d1abl!llo_s danzaban en mi cerebro y que la
muJ~r lenta, tnste y negra ...... era mi propio pensam1ento.&gt;
JUSTO SIERRA,

�Dommgo :JO de Julio ele 1899
60

letargo y se revela de nuevo, cada vez que la emoción ponla, ni que pueda llegar á convertil á esa tribu minos embarga ó cada vez que la pasión uos ofusca.
serable en un pueblo civil izado y poderoso. Hoy se
Ea plena civilización, en plena época actual de sabe que la cau~a principal del atraso de las tribus
escepticisn,o y de alta cultura intelectual, no hay uno centro africanas, es principalmente, el rigor de
denusotros, por ilustrado q ueselesupoagay por escép- su clima tropical, contra el cual se estrellan los
tico que se le crea, que, al tropezar, no vuelvaairado poderosos esfuerzos del mundo europeo por llevar
la vibta contra el obstáculo y no formuie contra él un á aquellas regiones la tUOderna el vilización.
reproche ó una injuria. Arrojamos indignados y venEl Nilo y sus inundaciones explican todo el antigativos, apoi-tro_ráodola, la pluma que no quiere es- guo Egipto y la prosperidad norte-americana tiene
-eribir. No sé, d1ceu á menudo las mujeres, qué tiene como factor fundamental la estructura plana de su
mi wáquina que no quiere coser. A este reloj, oímos territorio y su abundante irrigación. No obstante
decir eo otras ocasiones, no se le da la gana de andar. todo esto, continuamos atribuyendo á los hombres y
Hacei mucho q1.1e no quiere llover. Todas estas formas espec1alment,e á Jo¡, eminentes, la grandeza de alguna
del lenguaje, je las que no nos es posible prescindir, ci viiización, como á otro~, perversos ó imbéciles, la
revelan }a.existencia actual, aunque momentánea, de ruina de antiguos poderíos.
~sa tendencia primitiva que denunciábamos, ó por lo
l:ii el pensador y el tilósofn, á sangre fría y ayudamenos, nuestro modo orlginal de concebir el mecanis- dos de todasu razón, se ofuscan á wenudoy atribuyen
mo y modo de acción de todas las cosas.
á un hombre intiut'Dcias de que ningún hombre es
Si tratándose de los fenómenos del mundo mate- capaz y resultados á los que principalmente concurren
rial, es tan irresistible la tendencia á explicarlos por el medio físico, la índole de la raza y las peripecias
Ja acción de voluntad interna en las cosas ó de volun- á veces inesperadas é imprevistas de su blstoria, cótad extraña que las gobierna, natural es que ella se mo no comprender que las multitudes, y las multiturevele más irresistible y m&gt;is imperiosa tratándose des ofuscadas por la pasión ó extraviadas por la emo-0e aquellos fenómenos en que manifie&amp;tamente lavo- ción, caigan en el mbmo error. En el momento de
luntad del boto bre interviene y es capaz de gobernar. la derrota y bajo la intiuencia del pánico, el soldado,
Así pues, si ba habido una época eu que todos los fe- c·omo todos los hombres, vuelve a l pri:nitivo periodo
nómenos naturales se explicaban porla voluntad de las fetiquista, y la desbanda.da, explicable acaso, y mejor,
cosas mismas ó voluntades divinas, no debe sorpren- por h echos impersonales, por laaccidenLación del teder que todavla en la act,ualidad, los historiadores y r:eoo, por la calidad de las armas y &lt;le las pólvoras,
los tilósofos de la historia,!pretendan explicar la gran- por la lluvia Intempestiva ó por cualquier otro acci~eza y 1"' decadencia de los pueblos, las peripecias dent,e, el ejército en derrota la atribuye á un homde la vida social, el poderío cumo la deCildenvia de bre, á un traidor, y cuando no acusa de Impericia. á
las naciones, por la influencia preponderante ó ex- 1,us Jefes, los acusa de traición.
El pueblo francés de 89 sufría hambre, miseria,
•clusil'a de la inteligencia. ó de la voluntad de determinados hombres.
desoude1., y lejos de explicárselas por sus verdaderas
La filosofía moderna demuestra que la acción vo- &lt;.:ausas y je referirlas á sus positivos orígenes, enconluntaria y deliberada del hombre es, apenas, par- tró mas llano y más sencillo at,rlbuirlas á la nefasta
ite, y acaso no la principal, en la evolución hist,órie&lt;1. de
acción del tfrano.
Naturalmente, este regreso á las épocas del fetlun pueblo ó de una raza; que no hay h ombre de genio que pueda neutralizar la influencia funesta de la quismo y á las explicaciones antropomórticas, tiene
.ari~ez del suelo ó de la inclemencia del clima en La- que ser más acentuado y más frecuente en los pue-

MEXICO MODERNO.
En espiritual artículo publicado en el «Fígaro ~e
París&gt; Gastón Deschamps denuncia la tendencia
irresi~tible v dominadora. del espíritu francés de
atribuir todos sus fracasos, todos sus contratiempos
y todas sus desgraci_as, á la influencia y á la acción
tenebrosa de un traidor.
Para el francés la batalla que se pierde la ba hecho
perder un traidor. _Son traldor~s, los qu_e ha~en fracasar sus maquinaciones financieras, traidores los que
derrccan sus combinaciones dipl•Jmá~lcas, y en. sn
vida militar, c-)mO en su vida económica_ y _política,
la traición y el traidc,r desempeñan el prmc1pal papel
y son los protagonibtas ocultos de todos sus dra-

ma

61

EL MUNDO

EL MUNDO.

.

Ponson du Terrail y Javier de M:ontepm, en sus ~ovelas sensacionales de.homicidios, robos, asaltos é u1:cendios, hacen tigurar siempre c0mo Deus ex ma~ch1naá un traidor más ó menoi; invi,,ible, y la popularidad
de sus escritos y el fanatismo que su literat_ura ba
despertadosiempreen las masas, corroboran la 1cea de
que la explicación decisiva de todo cuanto pasa, ante
el criterio francés, es la acción del traidor. Ya E~ilio Zola había denunciado el mismo hecho; _per~ DI él
ni Deschamps bosquejan siquiera una explicación de
fenómeno tan singular. Si analizamos otros _pueblos
y otras razas, podremos ~erciorarnos de que 01 en Al~mania ni en Ilolanda, DI en Inglaterra, ni en los E:s·
tados Unidos existe esa misma propensión. En dond_c
se grita traición á cada día y á cada paso, ea cada siniestro como en cada catástrofe, es de toda prefer~ncia en Francia, después en España, después en Ital!ª•
y en Có~ceg:i, no sólo s_e .&amp;rita, sino que se practica
sistemát1c&lt;1.meate la tra1c1Jn.
IIojeando la historia militar de Francia, no se comprueba una sola derrota. del ejército francés, eo la que
la desbandada no vaya acompañada del grito. es~ridente de traición! traición! En Waterloo, el eJérmto
de Napoleón el Grande, se desbandó al.grito de traición! Ya antes, en todo el dcloroso ca~ino d~ la retirada de Rusia, oo dejó de resonar el mismo funehre
alarido. Durante la guerra fnnco-prusiaoa, en Wisembourg, como en Sedán, se clamaba traición. La
revolución francesa no fué otra co1;a, en concepto de
los revolucionarios, más que una perpetua y no interrumpida traición del tirano contra el pu~bl~, de
la nobleza emigrada contra Francia y de 1Dd1gnos
acaparadores contra el hambriento estómago francés.
Ultimamente, en Espafia, durante su desastrosa
guerra con los Estados Upidos, jamás dejó de atribuirse á traiciones toda la dolorosa é instantánea
tragedia.
Esta propensión á mirar traidores en todas partes,
explica la frecuencia con que, por todas partes, se cree
encontrar espías.
.
•Cómo explicar y en función de qué datos de la ID·
teÍígencla y del•carácter francés y la~ioc, esta ol,sesi_ón
perpetua y esta té ciega en la traición? Vamos á mtentarlo basadnR Po bechos familiares y en leyes gene!ales del espíritu bu111ano.

blos oaturalmeate impresionables, apasionados, imagioati vos, como los pueblos la Linos. Ya hemos dicho,
en efecto, cómo son precisamente las emociones y
las paswnes, las que arrojando un velo sobre la razón
y entenebreciendo momentáneamente la reflexión,
nos retroLraen á la primera tilosofía fetiquista. 13 L·
jo la influencia de la necesidad que apremia, de la
ira que ciega, del amor que enloquece, del pánico que
paraliza y hace enmudecer, retrocedemos siglos eo la.
historia, remontamos el curso del tiempo y vol v...
mos á ser aprensi VO!', tímidos, irreffoxivos, volubles
é insensatos como nuestros primeros antecesores, y
las multitudes son más susceptibles aún de ese retroceso, y más sensibles á la 1Dfluencia pasional. Las
ideas, como las emociones y los actos de los hombres
en grupo, son, y así Jo han demostrado pensadores
modernos, las ideas, las emociones y la conducta del
uiño, de la histérica ó del salvaje.
Uuaodo vemos, pues, al pueblo francés, al español,
al iLaliano, al latino-americano, adorar con tanto ranatismn á sus héroes, odiar con tan profundo rencor
~- sus verdugos, levantar al sollo á sus favoritos y
arrojarlos luego y á veces con negra ingratitud al
poi vo; cuando los vemos elevar hoy, á la ligera, monumentos que, á la ligera tambléo, derribarán mana.
na, forjar reputaciones que la calumnia manchará
á poco, no nos sorprendemos ni nos indlgc.amos. Es
fenómeno fatal é irremediable de nuestra sensibilidad exqui;ita, de nuestra imaginación volcánica, de
nuestra. pasión ardiente, á las que debemos nue,-tros
errore~, nuestras desgracias, nuestra secular impotencia, pero á las que hemos debido también nues•-ra
glorias de poetas y artistas y el goce de las más ardientes é iuteosas emociones.
Pueblos de nuestra índole Infantil y femenina. de
nuestra sensibilidad exquisita y de nuestra ima!!lm,
ción volcánica, no están ciertamente llamados á ser
los más fuertes de la tierra; pero sí han podido y pueden ser aún, de entre todos, los más felices.

\

ÜASA. DE

M.

EMILE BER'IHIER.-COLONIA. DE SA.N RAFAEL.

Todos los espíritus inferiores, los hombres primitivos, las gentes incultas, la~ mujeres, l&lt;&gt;S niüos, no
tienen á mano más explicaciones de todo cuanto ~os
rodea, que asimilar las cosas á seres bumanos é ID·
terpretar los fenómenos como erectos de la voluntad
de esos seres.
Si llueve, es que la nube ha querido transformarse
en lluvia, el río magestuoso fecunda los campos,. porque es bondadoso y ha querido sembrar la prosperidad
en la campi!'ía. La coLOpaslva palmera tiende sus
umbrosas frondas porque quiere protejernos contra
lus rayos ardientes del sol canicular. El arco-iris
que lrradla en el espacio, es un arco de paz y de es_peranza tendido en el cielo por la voluntad de un D10s.
El rayo atronador y mortlfero que desgarra la nu

CA~A DE

be, es un estallido de ira de alguna potencia celeste.
Una voluntad Idéntica en todoá la volun1 ad humana,
agita el oleaje de los mares y calma la tempesta\l.
Todas las mitologías y todas las religionesyrimltl•
vas explican asl el curso de los astros, movidos por
ángeles; la sucei;ión de las estaciones, determinadas,
ya por Proserpina que sale de los ~rotundos ~ntrosde
la tierra, ya por el viejo Noel ?ub1erto de D1eve que
trae consigo las brumas, los Cierzos y las cortantes
brisa;; del invierno.
Hay, pues, en el espíritu hu~ano, una tendencia
natural é irresistible á personlticar las cosas, á atribuirles inteligencia, pasiones y voluntad como la del
hombre. Y esa tendencia que sólo la cultura reprime y sólo la ci vi!izacióo neutraliza, despierta de su

VENECIA.

M. E. CAB.\SSUT,-ÜOLONIA DE SAN RAFAEL.
)

..

VE:S-ECIA,-PLAZA DE SAN MARCOS.

fT abía salido solo de Milán y llegaba á Venecia con
un camarada. Era un ruso, llamado Staal, estudiante de derecho de San Petersburgo. Por uno de tantos mínimos accidentes de viaje, nos bablamos. Cuando le dije que era americano del sur, tuvo como una
sombra de duda en el fondo celeste de sus ojos de
septentrional, y, respondiéndome que no babía. visto
ninguno hasta aquel momento, me fijaba la mirada
asomb1ado y receloso, como si esperase descubrir u~
carcaj debajo del cuello de mi paletó ó plumas de
papagayo debajo del ala de mi sombrero.
A la vuelta de dos ó tres horas nos conocía:mos
ideas, proyectos y esperanzas. Ambos íbamos á V~necla por la primera vez, y ambos llegábamos con el
dulce desasosiego conque el enamora :lo, largo tiempo
ausente, se aproxima á la hermosa adorada. Venecia
es para muchos hombres una deaquellasamadas ideales, musas de la adolescencia, que junto con los sueiios de la gloria y los amores románticos y el fúlo-ido
enjambre de las ilusiones, vinieron á tentarnos e~ las
horas del estudio, pero dejándonos siempre miel en
el corazón y luz en la mente. De ahí ese grito que
nosotros lanzamos y que se ha escapado á tantos viajeros, chicos y grandes, ilustros y oscuros, al divisar,
después que el treo abandona la tierra firme, los campanarios de Yeoecia, la ciudad de las cien islas,
en la brumosa lontananza del Ardiático: c¡Vececial
1Venecia!&gt;
Cada uua de las ciudades italianas se distingue de
las otras por cierto sello característico, pero Venecia
no sólo difiere de aquéllas, sino que difiere de todc1.s
las del mundo.
Se llega á la ciudad por un puente batido en sus
costados por el mar. Al salir de la estación, no nos
espera ómnibus ni cocbe. Nns espera una fúnebre
góndola, pintada de negro, con su grande espolón de
proa. Al bullicio del andén tumultuoso, y al formado por los !!"ritos q::e lanzan los gondoleros para atraerse algún cliente, sucede, despuE18 que nos separamos
del embarcadero, un silencio casi absoluto. La isóndola se desliza sin rumor por el agua verdosa y rn uerta, que baña l:ts graderías de mármol &lt;le los palacios.
Estos se levantan á cada orilla del Gran Canal, narrando en su lenguaje mudo, al viajero qi.:e pasa, episodios alegres y lúgubres, histerias de la Repúhllca.
Son, en su mayor parte, de los siglos XIII, XI v y
XVI, y en casi todos vive el arte traído de Orlen't e
en las galeras vencedoras. Algunos, medio inchnados,
parece que fueran á derrumbarse ó que doblasen la
frente augusta, reflexionando en grandezas pasadas,
mientras que en las paredes, color de ladrillo vetm¡.
to; y en las ventanas ojivales, flotan los sueños del
tedulno, expatriado en DUt!SHos pa~ses, Y. perse~ui-

�62

Domingo 30 de Julio de 1899.

Domingo 30 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

63

.EL MUNDO.

de los balcones, nidos de espectros, no resplandecen
las eedas, los candelabros de plata bruñida, las grandes luces, el torbellino del baile; ni el loco amórfo de
livianas hermobas escancia el vino de la inspíraclón
en el vaso de oro de los poetas orgiásticos. La góndola va entre las dos hileras de palacios como una lá.gri maque rueda lenta y solitaria entre dos cantos de
una elegía de piedra. El gondolero comienza á hablar, y parece que fuera á romper en sollozos; el remo, llora; y 1Jna onda parte, meciéndcse suavemente,
á gemir en las gradas marmóreas de la orilla sus secretos cristalinos. De otra góndola que se acerca á la
nuestra, coronadada de globos luminosos, vuela á los
aires con los gemidos de un violín y de U'la voz joven
y lánguida, una romanza de Tostí muy conocida.
¡Qüién sabe cuántos la habrán oído de unos labius
fríos, pálidos y crueles! ¡Quién sabe para cuántos no
habrá sido en aquella hora y aquel mismo sitio la
canción de la propia nostalgia, canción de tarde otoi'ial, de nidos vacíos, de amores muertos!
M. DIAZ R0DRIGUEZ.

LA VUELTA DE DREYFUS.

RENNES.-ENTRADA DE DREYFUS A. LA PRISION MILITAR.

LA. VUELTA. DE DREYFUS.-UNA. CHALUPA LL"EVA. A. DREYFUS
do por la visión de largos crepúsculos sangrientos-y noches tibias, llenas de perfumes y . amor, en laderas sembradas de
áloes.
Por un espacio de dos kilómetros,
aproximadamente, fuimos entre dos hileras de alcázares seculares. Se diría una
inmensa flota de navíos de marmol encallada en las lagunas.
El gondolero, queriendo mostrarse complaciente con nosotros, nos señala un palacio, y con el dejo cantarín y quejoso del
dialeJto veneciano, pronuncia el nombre
de una de las familias ilustres que lo habitaron, y refiere una anécdota.
Cerca del puente del Rialto, nuestra
góndola penetra por un pequeño Mnal,
para llegar más presto á la Riva degli
Schiavoni, en la que está situado el hotel
á donde nos dirigimos. Pasamos al píe de
los muros amarillentos de un teatro, á la
sombra de dos iglesias góticas antiqufsimas, y debajo de varios puentes miuúsculos, sencillos arcos de piedra con los
que amenaza estrellarse el espolón de
nuestro esquife, al mismo tiempo que el
gondolero, para advertir al que viene en
sentido opuesto y evitar un choque, pro•
rrumpe en uno de aquellos gritos singulares, que aun cuando son arrancados por
la ira, tienen una resonancia melancólica.
En casa Kirsch desembarcamos, para
después de reposar un poco, salir de nuevo en marcha basta la Plaza de San Marcos.
Lejos, á nuestra izquierda, rematando
el edificio de la Aduana, brilla. un globo
dorado, sobre el que apoya un pie mientras en una mano levanta su veleta, una
pequei'ia estatua de la mudable Fortuna.
En la misma riva, pasamos por una estación de góndolas, donde los propietarios
de éstas nos instan con voces y ademanes
á ir de paseo. En seguida nos detenemos
en el puente de la Paglia, para desde alli
contero plar el de los Suspiros, tendido entre el Palacio Ducal y las prisiones. Ligero, esbelto y grac10so como una joya, es una sonrisa de filigrana en la cara de esfinge del misterio. Allí
sufrieron el martirio de entrevn el día en un momento fugaz los .condenados por un tribunal terrible, á vivir sepultados en un calabozo. Debajo de ese
nuente las aguas cunearon una barca que, muchas vee is entre las luces y los ecos de una fiesta, partía, llevando en su vientre maldito, cuerpos convertidos por
la tortura en una sola llaga y cuya vida no era más
que una queja destinada á extinguirse en el turbio
seno de un canal remoto.
. Continuando nuestro camino, seg'limos entre el
Palacio Ducal y la Laguna, y luego, por la Piazzetta
entre el mismo Palacio Ducal y la librería Vecchia,
hastallegar,al medio de la plaza por cuyo inme11s0 pe-

J.

Una ramiil.itera de cabellos teñidos con el blondo del
Ticiano nos ofrece violetas, las postreras de la estación; los dos Vulca.nos de la Torre dell' Orologio suenan
una hora, golpeando en una campana con sus enormes marLillos l'iclópeos; y, despidiéndose hasta el día
siguiente, pian y revolotean, llenando los ámbitos de
la plaza, centenares de palomas que desde tiempo inmemorial habitan los históricos monumentos de Venecia, como guardando en el pico de marfil y en las
alas azules y l&gt;lancas la inspiración artística anegada
en esa melancolía vaga é inefable que constituye la
mejor atmósfera del arte veneciano.

LA BARCA DEL cSFA.X.&gt;

DREYFUS A.L LLEGAR A BORDO DEL cSFAX.&gt;
rímetro se extienden las Procurazzie sus escuadrones
ge columniis. En este corto tuyecto recorrido se admiran todos los géneros arquitectónicos en una proximidad rayana de la confusión y en su admirable desorden que es afrenta de la simetría vulgar. De la
metopa dórica que humilla dos triglifos oprimidos, de
la arcada ojival que la sombra recama con encajes de
suei'íos, del capitel que amaga desgajarse bajo una
carga de cabezas y follajes, perteneciente á una fauna
y una flora monstruosa; de la cúp.:la bizantina, de
cada piedra, de cada ángulo se desprenden armonías
serenas que forman, enlazándose, como un himno al
arte entonado por el más sublime de los poetas líticos.
En nuestro primer instante de asombro no sabía-

mo&lt;i si dirigir la vista á la Basílica, á las
Procurazzie ó al Palacio Ducal. De nuestra perplejidad vine á sacarnos un cicerone que en francés bastante correcto nos
ofreció sus servicios para visitar el Paiacio en cuyo interior, yendo solos, dtlcía
él, corríamos el riesgo de extraviarnos,
sin hallar salida, en un dédalo imposible.
Como le respondiéramos en italiano, diciéndole que por de pronto nada queríamos visitar, y que en aquel día ni en los.
siguientes necesitábamos de cicenme, nos.
confesó que hacía algún tiempo no ganaba para sostener á su familia y nos exigió humildemente le suministráramos.
medio franco. Casi al mismo tiempo se
lanzó hacia mí una pobre mujer desgreñada, con una luz extrai'ia en los ojos
profundos, la ropahechaañicos, y que con
acento desesperado me gritó: t.engo hambre, señorito, tengo hambre, mient,ras en unode sus brazos descarnados me hacía ver,
bajo los hárapos, un pequei'iuelo, blanco,
pálido, sucio, racimo de filipéndulas caído en el pantano.
Esta escena produjo en mí una impresión imborrable, aunque en condiciones
análogas, la vi repetirse después m otras
ciudades de Italia, ensei'iándome siemproá ver más y mejor en los hondos abismos
de nuestra sociedad moderna. A dos pasos de la infeliz que implora un pedazode pan, yacen en San Marcos incalculables riquezas, ofrendadas á un Dios dejusticia y misericordia.
En el altar mayor de la basílica fulgura la pala d'oro, cuajada de pedrerías, en
tanto que á la puerta llama en vano la.
miseria con el rostro anémico de la fiebre
y del hambre, y próxima á dar sus flores.
siniestras de locura y de crimen.
En la galería que circuye l:l. plaza bay
tiendas y ca.tés, donde se reunen por la
tarde r..asi todos los viajeros que se encuentran en Venecia, á esperar, primero
la hora de la comida y luego la hora de
la música, sentados al rededor de una mesilla ó pa•
rándose á husmear delante de cada tienda, llena de
objetos de la industria veneciana, caprichos de vidrio, grabados que representan edificios ó cuadros
célebres. Como brillante sei'iuelo á la ingenua alon-dra, atrae á muchos, más que la concurrencia y la
música, la fachada de San Marcoil, ·que es la más hermosa facb¡i.da de templo. En aquella hora tiene algo
de fascinante. La última reverberación de la luz en·
vuelve en aúreola de triunfo la gallard"' cuadriga de
bronce&lt;Jue corona la tachada; debajo de la cuadriga, 108mosalcos de oro que eternizan la vida de Marcos despiden un relámpago místico; y, á cada lado de la puer•
ta, haces de luz y sombra, de todos los colores, libr&amp;lll
una batallad~ fantasmas en una selva de columnas

*

*
En las iglesias, bajo las* bóved'\S
góticas, florece un
a.rte misterioso. Una aspiración divina y una palpitación bumi.na se abrazan y confunden en los reta.
bluS cincelados, en las esculturas y en los lienzos.
Cerca de unos santos sumidos en éxtasis de fakir sin
animación y sin alma de Pablo el Varonés, grita el
colorido victorioso en las figuras del Tintoreto, y las
sant as de Sebastián del Piombo, queriendo, llenas de
vida, salirse de lQS cuadros, inspiran, más que rezos
y oraciones, culto sensual á la forma triunfante. Una
Virgen del Ticiano, difundiendo de su&amp; facciones
beatíficas amor y confianza, sube entre una g[{)ria de
esfumados rubios; y en una capilla olorosa á incienso
Y á _humo de cirios, en la claridad trémula y desvanecida de una lámpara moribunda, se alarga la &amp;ilueta de un ángel negro, de autor desconocido, símbolo
del silencio, de la desesperación, de las tinieblas.

s~n, cantan y ensartan perlas. El sol, el viejo lujurioso, colocándose en el modesto retiro, va de puerta
en puerta, besando sabrosas nucas morenas y humildes pies descalzos. Otra vez nos ballam0s en el
puente de un pequeño canal; á la derecha, en un recodo que el canal forma, se alza un palacio berroqueño, s~vero, como de e&amp;tilo fllorentino; á la puerta del
palacio está una góndola amarrada, inmóvil; dPl otro
!~do, los árboles de una huerta, tienden por l:is tapias Y sobre el ·ag-ua un ancho festón de esmeralda;
enrrente, en un balcón vecino qe las nubes, se asoman, e~tre dos macetas, unos ojos y un par de labios
encendidos que nos sonríen picarescamente. . . Para
C?mpletar un _pastel que fuese imagen viva de Venecia, no _falta smo un celaje de rosa en el cielo, y entre el cielo y la tierra v.na bandada de palomas.

*

* *
U~os buye_n _el hálito ponzofloso
de las lagunas y la
música martmzante de los mosquitos. Otros huyen
la tristeza. Palomas blancas, góndolas negras, canales verdes, todo, en la ciudad de los Dux es triste
tristr. con esa tristeza que embriaga, del 'amor y del
vino, tristeza de voluptuosidades peligrosas para lus

Hoy que podemos examinar en todos sus detalles la
inteligente fisonomía del deportado, estigmatizada
con las huellas de un dolor moral inenarrable, nos es
fácil imaginar lo que debe ser el temple de ese hombre, que al volver en sí de una pesadilla horrible. al
verse de nuevo en su patria, pr~o, pero entre los·s uyos, al amparo de la piedad y de la justicia, no enlo~uece ni se .apoca. Apenas si una ligera y brevísima
fiebre acusa en el férreo organismo del capitán la
reacción que pudo haber hecho peligrar su exl:;tencia
y con ella la fe en la integridad de la couciencia mo:
ral de un gran pueblo.
Muerto Dreyfus antes de que la justicia prormncie
su veredicto definitivo, se ahondarán en vez de colmarse lJs abismos que separan á dos fraccione'I de la
socie_d"d francesa; quedaría en pie un p1'oblema que
arroJaría la sombra se su incógnita sobre el campo
de los disturbios contemporáneos.
Afortunadamente para Francia y para la humanidad, ese hombre, mudo y elocuente acusador de los
crímenes que se cometen en nombre del régimen mi.
litar, vive para hacer posible una conclusión cualquiera que sea. De esa conclusión esperan todos los
pueblos, no sólo el francés, la orientación para las
luchas futuras.
.Al llegará bordo del Sfax el Capitán Dreyfus recogió la justicia una ruina viviente, una existe~cia
agotada acaso ya en la tormEmta de las pasiones púplicas: L~ obra de reparación se hará; pero ,¡qué indemnización será ba6tante á reparar el aniquila mien-

to de una juventud vigorosa, de la. dicha de un ho(Tar
del equilibrio mor.;.l de un pueblo?

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~_.;::::;.,~:;::;:;;:;;;;..:.:.;;,=-.;..,;:;~~~~

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0

*** una racha de invierno,
Cuando corta aún los aires
Y comienzan las yemas en las ramas escuetas á ofrecer al bosque aterido, junto con una explosión de
bojas nuevas, rumorea y perfumes suaves como terciopelo, una turba alegre salida de todas las regiones
d_e Europa y compuesta de pareja.o; enamoradas, de
ricos desocupados y artistas perezosos invade, buscando calor y vida, la tierra italiana. La turba alegre llena por algún tiempo con zumbido de abejas
10s museos y templos de Venecia, para continuar luego hacia el sur, siempre bulliciosa y frívola, á mariposear alrededor de otras estatuas y de otros lienzos,
bajo el risueño azul de Florencia ó en la sagrada Roma. Muchos de estos viajeros, movidos sólo por ese
anhelo, que en nuestros días conde por todas partes,
de conocerlo todo, se van sin sospechar siquiera que
al lado de la Venecia legPndaria, bay otra Venecia
casi ignorada, encantadora y pintoresca. Para llegar
á é_sta, es necesaaio vagar á pie por la ciudad, siguiendo las vueltas y revueltas de callejas semejantes á escondrijos, que por Jo estrechai; y cortas, más
parecen pertenecer á una ciudad de tfteres. Pa.ra
DUPstra excursión partimos casi siempre óe la Torre
de!l'Orologio, y llegamos pur la Mercería al puente del
R1alto.
Aquí nos mezclamos con la multitud bullanguera
Mme. Hadamard.
Mme. Dreyrus.
M. Haramard (hermano de .Mme. Dreylt s)
de los mercados, y caminamos un momento entre
M.i11.E D.REYFUS LLEGA. A R:KNN.KS.
montones de legumbres, ne uvas, de albérchigos rojizos y velludos, como mejlllas de frescas montañesas;
Afortunadamente bay en el hombre superior fuenY luego emprendemos el raro paseo en que á cada pa- que han sentido en el cerebro los dolores de la pasión
tes de idealidad que no se agotan, y los sufrimientos
so debemos retroceder delante de un paredón que nos herida, del ideal crucificado.
Casi diariamente, antes ne que acabe el movi- nada son para el que ve en ellos espinosos peidaños
obstruye el camino, ó de un canal que no puede pa•
Barse, por estar en aquel punto desprov\,,to de puente. miento febril en la plaza de San Marcos, empezamos, por los que asciende la humanidad á las alturas del
Después de inverLir algún tiempo en este avanzar y acostados en el fnndo de una góndola, nuestra currt&gt;- pt!rfecci::mamiento moral.
retro..:eder alternativo, sin encontrará nadie como en ría nocLuroa por el Canalazzo desierto. Las venLanas
un yermo, penetramos en u,a calle diminuta. A las de las antiguas casas señoriales miran en las noche:;
puertas de las casas, muchachas del pueblo conver- como órbitas vacías de calayeras gigantescas. Detrá11

�fl4

EL MUNDO.

Domingo 30 de Julio de 1899

...

Dommgo 30 de Julio de 1899

..,

EL MUNDO

65

"

'-

,---EL CANTOR DE KIME.
·caminaba por el sendero que sigue la ribera á lo
largo de las colinas. Su frente amplia y cubierta de

arrugas profundas, estaba ceñida por una venda de
lana roja. Sobre las sienes flotaban sus blancos bu-eles de cabellos, agitados por el viento de la mar, y
su barba parecía hecha de copos de nieve. Su túnica
_y sus pies desnudos, habían tomado el color de los caminos por donde iba errante largo tiempo hacía_ Y
·de su cintura colgaba una tosca lira. Se le llamaba el
..Anciano, ó por otro nombre el Cantor. Los niños á
quienes instruía en la poesía y la mústca, le llama.-0an de otro modo, y los demás conocíanle por el Cie•
.go á ca.usa de que sobre sus pupilas, empañadas por
los aíios, caían los hinchados párpados, enrojecidos
_por el humo de las chimeneas, junto á las que
.acostumbraba sentar.se para entonar sus cantos.
Mas él no vivía en eterna noche, todos aseguraban
•que veía mil cosai, que los demás seres humaqos jamás verían. Tres generaciones bacía que iba sin ce.sar por las ciudades. Y a.hora, después de cantar todo el día en el palacio de un rey de Egea, tornaba. á
-su hogar del que ya veía el techo humeando á lo lejos. Después de haber caminado toda la noche, sin
detenerse, temeroso de ser sorprendido por los ardores del día, acababa de descubrir en la claridad de la
-aurora, á la blanca Kimé, su patria. Siempre seguido de su perro y apoya.do en el nudoso bastón, ava.n-Zaba. con paso lento, recto el cuerpo, alta la cabeza
por un resto de vigor, y esforzándose por contrarrestar la pendiente del ca.mino que descendía á un estrecho valle. El sol lavantándose tras las montañas
del Asia, teñía con una rosada luz las nubecillas li,gera.s y las costas de las islas hundidas en el mar. La
playa reverberaba. Pero las colinas, coronadas de
lentiscos y terebintos que se extendían por el Oriente, retenían aún, entre su sombra, la dulce frescura
-de la noche.
El anciano midió sobre la pendien~e del suelo el ta.mano que darían doce lanzas colocadas una tras otra,
:Y encontró, en seguida, entre dos rocas gemelas, la
entra.da estrecha d0 un bosque sagrado. Allí, á la
-Orilla de una fuente, se levantaba un altar formado
de piedras no talladas. Un laurel la cubría con sus
ramas brillantes. Ante el altar blanqueaban los hue,8()S de la~ víctimas..... En torno de él las ofrendas
estaban suspendidas de los ramos de los olivos, y más
adelante, en la sombra horrible del desfiladero, dos viejos robles se elevaban teniendo adheridas á su tronco un par de cabezas descarnadas de toro. Sabiendo
que este altar estaba consagrado á Pbaebos, el anciano penetró al bosque y, desprendiendo de su cinturón donde estaba suspendida por el asa, una pequeíia.
copa de arcilla., se inclinó sobre la corriente que, tendida. en un lecho de apio y berro, y después de mil
rodeos, iba á regar la pradera. Con aquella. agua fres-

ca, llenó su copa, y como era piadoso, regó algunas de una cabeza de hombre. Y el viejo se lo mostró á
gotas al pie del altar antes de lleva.ria. á sus labios. Melantho:
Adoraba á los Dioses inmortales que no conocían ni
-Mira, mujer,-le dijo-que este gijarro tiene.seel sufrimiento ni la muerte, en tanto que sobre la mejanza con Pakoros, el herrero; á no ser mediante
tierra iban pasando las generaciones miserables de el permiso de los Dioses, sería imposible que una pielos hombres. Entonces se sintió poseído de inmenso dra se le pareciese tanto.
espanto, tuvo miedo á las flechas de los hijos de LeY después que ¡¡,. vieja Melantho vertió a.gua sobre
to. Agobiado por las enfermedades y cargado de sus pies y manos para quitar el polvo que los manaños, ii.waba la luz del día y temía morir. Víoole, chaba, él tomó entre sus brazos la pierna de buey,
pues, un buen pensamiento. Inclinó el tronco flexi- llevóla cerca del bogar y comenzó á partirla. Sabio
ble de un olmo, y acercándoselo, colgó la copa de ar- como era y prudente, no dejaba ni á las mujeres ni
cilla en las más altas ramas del árbol que al erguir- á los niños, la tarea de preparar la comida y á ejemplo
se de nuevo, levantó hacia el cielo la ofrenda del an- de los reyes, cocía él mismo la carne de los animaciano.
les.
La blanca Kimé, ceíiida por sus muros, se levantaSin embargo, era Melantho quien reanimaba el fueba sobre la ribera del mar. Una calzada. montuosa, /:!º del hogar. Soplaba sobre las briznas de leíia haspavimentada de piedras planas, conducíaá la puerta ta que un Dios las envolvía. en llamas. Y por más que
de la ciudad. Esta puerta había sid@ construida. en esta tarea fuese santa, el viejo sufría de que la desépocas remotas, perdidas ya en la memoria, asegu- empeñara. una mujer, agobiada como él, por la fatirándose que era obra de Zeus. En su dintel estaban ga y la ancianidad. Cuando brilló la llama, el anciano
grabados varios signos que nadie sabía explicar, pero arrojó sobre ella las descuartizadas carnes, á las que
que se veían como signos dichosos. No lejos de esta daba vueltas con una fuerza de bronce. De pie respipuert'l, se extendia la plaza pública, donde relucían raba el humo acre que llenaba.la sala, haciéndo'. e debajo los árboles, los bancos de los 11.ncianos. Después rramar lágrimas; pero su espíritu no se irritaba conde atravesar esta plaza, hacia el Jado opuesto del tra éste, estaba acostumbrado y además ese humo
mar, el viejo se detuvo. Allí estaba su casa. Estre- era signo de abundancia. A medida que la dureza de
cha y baja, en nada se pllrecía á la bella mansión ve. las C&lt;\rnes se ablandaba con la fuerza invencible del
cina. en donde un adivino ilustre vivía con sus hijos. fuago, llevaba. á su bo~ pequeños trozos que saboLa entrada casi desaparecía bajo un estercolero que
un puerco esca.rvaba con la: trompa. Era el estercolero mucho más pequeño que los que se veían ante la
morada de los hombres ricos. Pero tras de la casa se
-~
extendía el vergel y los establos que el anciano había
¡t
construido con sus propias manos, hechos de piedras
desiguales. El sol subía por las alturas del blanque......__,,,.~G ~!1
cino cielo; la brisa del mar no se movía. Un fuego
I·
sutil flotaba en el aire, abrasando el pecho de los
•.
.....
bombies y de los animales. El viejo se detuvo un momento para enjugar el sudor de su frente con el dorso de la mano. El perro, con la vista atenta y la lengua colgante, jadeaba.
La vieja Melantho que venía del fondo de la casa,
paróse con la cara al sol, pronunciando palabras de
,,
buen agüero. Se había hecho esperar porque un dios
había puesto en isus pobres piernas un mal espíritu
que las bacía más pesadas que dos odres llenas devi.,'~
~\·.
no. Era una esclava de Ca1.'ie, que un "!'ey había da.do al Cantor cuando ella era joven y él estaba lleno de
fuerza. Y Melantbo habíale dado un gran número de
hijos; pero de elloR no quedaba uno solo en la casa:
los unos se habían muerto, los otros habíanse ido le- reaba. lentamente y en silencio. •y á su lado la vieja
jos para hacer en las ciudades de Acaya el oficio Melantho escanciábale el vino negro en una copd de
de cantor ó de carretero, pues todos estaban dotados arcilla, semejante en todo á la que al Dios ofrede un espíritu ingenioso. Y Melan':iho moraba sola ciera..
en la casa, con Areté, su nuera, y los dos hijos de
Cuando a.pagó el hambre y la sed, preguntó si esAreté.
taba toJo bien en la casa y en el establo. Se informó
Condujo al amo á la gran sala de vigas ahumadas, de la lana tegida en su ausencia, de los quesos que se
en medio de la que se extendía., cubierta de brasas habían hecho, dll las olivas listas para la prensa. Y
rojas y cenizas ardientes, la piedra del hogar. Al de- pensando en los pocos bienes que poseía, dijo: &lt;Los
rredor de la sala se abrían, en dos alas, los estrechos héroes alimentan en sus prados grandes rebaíl.os de
aposentos, y una escalera. de madera conducía. á las bueyes y terneras. Tienen esclavos bellos y robustos,
habitacione.:1 altas de las mujeres. Sobre los pilares las puertas de sus moradas son de mar.fil y bronce, y
que sostenían el techo, estaban las armas de bronce sus mesas están cargadas de cráteras de oro. La fuerque el viejo llevó en su juventud, cuando acompaíiaba za de su corazón asegura. sus riquezas de las que casi
á los reyes á las ciudades á donde fueran pan resca- siempre gozan hasta que su edad declina. Ciertamentar á las bijas de Kymé que los héroes habían te que en mi juventud les igualé yo en valor; pero no
arreba.tado. Una pierna de buey pendía de una. de tenía ni caballos, ni carros, ni servidores, ni siquiera
las vigas. Los ancianos de la ciudad la habían envia- una armadura fuerte para igualarles en los combates
do la víspera al Cantor y él se regocijaba. al verla.
y para ganar con ellos Lrípodes de oro y hermosas muAl fin lanzando un hondo suspiro, sacó de entre su jeres. El que á pié combate y no tiene sino débiles
túnica, con algunos dientes de ajo-restos de su co- armas, jamás podrá matar muchos enemigos, pues
mida rústica-el presente que babia recibido del rey que él mismo teme la muerte. Así combatiendo bajo
de Egea.: una piedra caída del cielo, tanto más pre- los muros de las ciudades, entre el confuso tropel
ciOSd cuanto que era de fierro, pero demasiado peque- de los servidores, no llegué nunca á traer rico boíia para poder formar una punta de lanza. Sacó des- tín.&gt;
pués un guijarro que había encontrado en el camino,
La vieja Mela.ntho respondió:
y que visto de cierto modo presentaba la imagen
-Así como la guerra da á los hombres riquezas,
I

"

r \v-- --&lt;,,;__: -

~.

�66

EL MUNDO.

Despnésapartó patambién se las quita. MI padre Klpbos poseía en
Miliata un palacio é innumerables rebafios. Pero los ra su cena los más
hombres armados se lo llevaron todo. Yo misma caí exquis:tos trozos de
en sus garras como esclava por más que no me mal- la pierna de buey. Y
tratasen, lo que sólo fué debido á mi juventud. Los hac,iéndolos saboreajefes me recibieron en su casa, y nunca me faltó el do junto al bogar,
sustento. Tú has sido mi último amo, y también el rompió con un hacha de bronce los huemenos rico.
sos á fin de extraer
Y esto lo decía sin alegría y sin tristeza.
el tuétano que, en la
El anciano le respondió:
-Melantbo, no puedes quejarte de mí pues que casa, sólo el Cantor
siempre te traté con dulzura. No me reprocho por no era digno de probar.
haber podido ganar grandes riquezas. Hay armeros y Y del resto de las
herreros que son rices. Los que construyen carros, viandas, dividió la
sacan provecho de su trabaJo. Los adivinos reciben parte que corresponvaliosos presentes .... Pero la vida de los cantores es día á las mujeres y
á los nliíos para dos
muy dura.
días.
La vieja Melantbo dijo:
Entonr.es, mirando
-Dura es ta.mbién la vida de muchos hombres.
Y con paso vacilante, salió de la casa en compai'iía que dentro de poco,
de su nuera para ir á buscar leila á la despensa. Era nada quedaría del alila hora en que los ardores del sol agobian á los bom• mento, pensó: Zeus,
bres y á los animales, haciende. callar hasta la voz de ama sólo á los ricos;
á los pobres, no. Inlos pájaros entre el follaje inmóvil.
El se tendió sobre una estera, y contemplando el dudablemente, sin
saberlo yo, he ofenp'I.isaje, quedóse dormido.
Acudieron á su suei'io mil imágenes no más raras dido á algún Dios
y bellas que las que siempre venían á visitarlo. Sus que vi ve oculto en las
suei'ios representaban imágenes de hombres y anima- florestas ó en las monles. Y como en ellos reconocía seres humanos que ha- tañas, ó más bien al
bían vivido sobre la tierra florida, y quE' cuando no hijo de algún inmor.
vieron ya la luz del día se los llevaron á dormir bajo tal; y por eso expío
un fúnebre montón de t ierra, se persuadía de que las mi crimen, viviendo
almas de los muertos flotan en el aire, pero ya sin vi- en la indigencia. Mii
gor, como sombras vanas. Sabía que los muertos veces, sin intención,
errantes en el Hades forman ellos mi&amp;mossu imagen, se cometen acciones
no pudiendo ningún ser mortal concebirla en sus sue- punibles, porque los
ños á menos de ser la imageu de uno de esus Dioses dioses no han revelaque se complacen en engaflar la débil inteligencia hu- do de una manera
mana. Pero no siendo adivino, él µo podía distinguir prellisa lo que es per.
los suei'ios engañosos de los verdaderos. Y cansado
&lt;Je buscar semejanz:1s en las imágenes confusas de la
noche, las miraba pasar con indiferencia bajo sus cerrados párpados.
Al despertar vió, arrodillados ante él en actitud
respetuosa, á los nii'ios de Kimé, á quieues enseiiaba
la poesía y la música con el cariño de un padre. Eatre
ellos estaban los dos hijos de su nuera. Varios eran
ciegos, pue,¡ los que carecían de vista eran destinados al canto por estar imposibilitados para trabajar
en los campos, ó seguir á los héroes en las guerras.
Tenían en la mano las ofrendas con que pagaban
al cantor: frutos, quesos, panales de miel, pieles de
cordero, y esperaban que el maestro aprobase estas
ofrendas para colocarlas en el altar doméstico.
Ha.;iéndose levantado el anciano, tomó su lira que
estaba colgada en un pilar de la sala y dijo con
bondad:
- Hijos, muy justo es que los ricos ofrezcan un
hermoso presente, y que los pobres den uno menos
valioso. Zeus, nuestro padre, ha repartido desigual- mitido y lo que no lo es, y su voluntad está obscura.
Por largo tiempo pensó en esto, y, temiendo la
mente los bienes entre los hombres. Pero él recomvuelta
del hambre, resolvióse á no pasar una noche
peneará al nliío que rinde el debido tributo al Cande ocio en su morada, sino encaminarse esta vez hacia
tor divino.
La vieja MelantLo llevó al altar las ofrendas, las comarcas donde el Hermos corre elltre las rocas,
y el cantor, después de templar su lira, comenzó á y donde se ve á Orneia, Smyrna y la bella Hissia reenseñar un canto á los niños, &amp;entados en tierra á su costadas en la montaña que, como el espolón de un
navío fenicio, se hunde en el mar. Por eso á la hora
derredor.
- -Escuchad, les dijo, el combate dP. Patroclo y de en que las primeras estrellas tiemblan en el pálido
cielo, cii'ióse la correa de su lira y fuese á lo largo de
Sarpedon. Muy bello es este canto.
la ribera hacia la morada de los hombres ricos que se
Y, cant,ando, modulaba los sonidos con fuerza, complacían en escuchar, durante sus largos festines,
aplicando el mismo ritmo y la misma cadencia á to- las proezas de los héroes y la genealogía de los Diodos los versos, y para que su voz no se debilitase, la ses.
.
sostenía, por intervalos regulares, acompai'iando esHabietido caminado toda la noche, según su costos calderones con un largo acorde. Y después de to- tumbre, descubrió, á la claridad rosada de la mañamar el reposo necesario, lanzaba un grito agudo que na, una ciudad que se extendía sobre un alto proge unía á la vibración estridente de las cuerdas.
montorio, y al puato reconoció á la opulenta Hissia,
Después de repetir un número de versos igual á amada de los dioses que, desde lo alto de una rodoce veces el número de los dedos de sus manos, ha- ca, mira brillar las blancas islas desparramadas en el
cía que los nliíos los repitieran cantándolos todos á mar resplandeciente. No lejos de la ciudad, sentóse
la vez, con penetrante voz, tocando, á ejemplo del al borde de una fuente, para reposar y apaciguar el
maestro, sus pequei'ias Jiras, talladas por ellos mis- hambre con cebollas que llevaba en un pliegue de su
mos en el bosque y que no exhalaban sonido alguno. túnica. Apenas acabada su frugal merienda, una joPacientemente el viejo repetía los mismos versos, ven que traía un canasto sobre la cabeza, vino á la
hasta que los pastorcillos podían repetirlos con fide- fuente para lavar su ropa. Miróle la joven con deslidad. Alababa á los niiios atentos, mas á los faltos confianza, pero, reparando en su lira y en s u desgade memoria y pobres de espíritu, los tocaba ligera- rrada túnica, y mirando además que era viejo y
mente con su lira, y ellos íbanse á llorar junto á un estaba agobiado de fatiga, acercóse á él sin miedo,
pilar de la sala.
y llena de ~iedad y veneración~ juntó en sus manos
Dábales hermosos consejos y les decía:
una poca de agua y la vertió después sobre los secos
- - Honrad á los reyes y á los héroes, quE' están muy labios del Cantor.
por encima de los demás hombres. Nombrad á los bé·
El la llamó, entonces, bija de rey, pronosticándole
roes por su nombre y por el de su padre, á fin de que una larga vida y diciéndola:
ese nombre no se pierda nunca. Cuando toméis asien-Hermosa joven, á tu derredor están flotando los
to en las asambleas, colocad vuestra túnica sobre amores, y juzgo dichosísimo al que te tome por mulos muslos, y que toda vuestra persona destile gracia jer. Yo, viejo ya, ensalzo tu belleza, como el pájaro
y pudor.
nocturno que lanza su desagradable grito sobre el te•
Decíales también :
cbo de los esposos. Sey un cantor errante. Hermosa
- No escupáis nunca en los ríos porque los ríos son joven, díme palabras de buen augurio.
sagrados. No hagáis cambio alguno, bien sea por falY la joven respondió:
ta de memoria ó por capricho, á los cantos que os en-Si como dices, y como pareces, eres un taseíio; y cuando un rey os diga: «Bellos son esos can- i'iedor de lira, no es mal destino el que á esta ciudad
tos; ¿quién os los ha ensei'iadoh Je responderéis: «Los te trajo, porque el rico Meges recibe hoy á un huésaprendí del anciano de Kymé y á éste se los enseiió ped que le es que~ido, y, en honor de él, da á. los prini.\l padre á quien Zeu~, sin duda, se los it:spiró.
cipales habitantes de la ciudad un gran festín. Sin

Domingo 30 de Julio de 1899.
duda querrá que i,u huésped escuche á un buen cantor. Ve á buscarle. Desde aquí se ve 1,m casa. No e&amp;
posible llegará ella por el lado del mar, porque está
situada sobre ese alto promontorio que se interna en
las olas, y á donde no van más que los alciones. Pero
si asciendes á la ciudad p01 la esJalera tallada en la.
roca, del otro lado, al encontrarte con grandes viíiedos, reconocerás fácilmente, entre todas, 1a casa de
Meges. Está pintada de blanco y es más espaciosa.
que las demás.
Y el viejo, sosteniéndose sobre sus vacilantes pierna~, subió la escalera, tallada en la roca por los hombres de otros tiempos, y una vez en la meseta, sobre
la que se extendía la ciudad de Hissia, reconoció, sin
trabajo, la casa del rico Meges.
Su vista le fué agradable, porque la sangre de los.
toros recientemente degollados, relucía afuera, y el
olor de los caldos se difundía por todas partes. Traspuso el umbral, penetró en la vasta sala del festín, y
después de tocar con la mano el altar, se aproximó á
Meges que daba órdenes á sus servidores trinchando
las viandas. Los convidados estaban sentados al rededor del hogar regocijados con la esper11nza de una.
comida suculenta. Había entre ellos muchos héroes
y reyes. Pero el huésped en Ci..yo honor dábase el
festín, era un rey de Kblos, quien, para adquirir riquezas, había navegarlo por largo tiempo en el mar.
Se llamaba Oineo. Todos los convidados mirabanle con admiración, porque él, como en otro tiempo el
div1no Ulyses, había escapado en innumerables naufragios, yendo á pernoctar á las islas donde las sirenas lo amaron y de donde se llevó inmensos tesoros.
El contaba sus viajes, sus fatigas, y como estaba dotado de un espíritu sutil, afladíales lo que no había.
sido.
r Reconociendo al anciano como un cantor por la.
lira que llevaba consigo, el rico ~eges le dijo:
-SEcas bien venido. ¿Qué cantos sabes?
El viejo respondió:
- -Sé la «Querella de los Reyes,&gt; que causó tantos •
males á lus Akeos; sé el &lt;Asalto del muro.&gt; Ese canto e·s muy bello. Sé también la canción de «Zeus engaflado,&gt; la «Embajada&gt; y la «Resurrección de los
muertos.&gt; Y estos cantos son hermosos también. Sé
además seis veces sesenta canciones muy bellas.
e De esta manera daba á entender que sabía muchas,
pero ,:¡ue no conocía el nombre de todas.
El rico Meges replicó en tono burlón:
- Los cantores errantes, en la esperanza de una
b'.lena comida y de un valioso presente, siempre dicen que saben muchas canciones; pero al llegar la
prueba se ve que han aprendido unos cuantos verses.
que, en fuerza de repetirlos, fatigan los oidos de lc,s
héroes y de los reyes.
El viejo, después de una larga pausa:
--Meges, dijo, tú eres ilustre por tus riquezas. t:;a-

be que el número de los cantos que conozco, iguala
al de los toros y terneras que tus boyeros apacientan
en la montaña.
Meges, admirado del ingenio del auciano, le respondió con dulzura:
--Pues no poca inteligencia se necesita para retener en la memoria canciones tantas. Pero dime: lo
que sabes de Aquiles y Ulyses ¿es verdad? Porque
se cuentan innumerables mentiras sobre estos héroes ....
Y el cantor respondió:
,
-Lo que yo sé de estos héroes, me lo enseiió mi padre, quien á su vez lo aprendió de las mismas Musas
porque habéis de saber que en ')tro tiempo las musa~
inmortales visitaban á los cantores en las grutas y en
los bosques. Yo no digo una sola mentira en mis
cantos.
Así hablaba, siempre con prudencia. Sin embargo
á los cantos que había ap~end!do desde la infancia:
tenía la costumbre de ai'iad1r versos tomados de otros
cantos ó encontrados en su espíritu. El mismo componía cantos casi enteros, mas nunca decía que fuesen obra suya, temeroso de que les encontraran defectos. Los héroes, de preferencia pedían recitados
antiguos que creían dictados por alg(m dios, y desdefiaban los cantos nuevos. Así, cuando recitaba versos.
suyos, cuidll.dosamente ocultaba su origen. Y como
era tan b~,en poeta y observaba con exactitud las reglas establecidas, sus versos no discrepaban en nada
de los de sus abuelos. Iguales eran en su forma y belleza, y dignos de gloria inmortal.
El rico Megesi á quien no faltaba la inteligencia
adivinó que el viejo era un butn cantor, y dándol~
un lugar honorable en el hogar, le dijo:
- Anciano, cuando hayamos apaciguado el hambr",
nos cantarás lo que ,abes de Aquiles y Ulyses. Esfuérzate por balagar los oídos d? Oineo, mi huésped,
porque es un héroe lleno de sabiduría.
Y Oi_neo, que anduvo errante en el mar por tao
larg-o tiempo, preguntó al cantor si sabía los viajes
de Ulyses. Mas la vuelta de los héroes qne habían
combatido en Troya, estaba aún envuelta en sombras
y nadie sabía lo que U1yses sufriera cuando erraba
por el esteril mar.
El anciano respondió:
-Sé q ue el di vino Ulyses engalió al Cíclope por
medio de un ingenioso ardid. Las mujeres refiér ense
unas á 0tras mil cuentos. Mas la vuelta de los héroes
está oculta para los cantores. Los unos dicen que en-

Domingo 30 de Julio de 1899:

EL MUNDO.

tró de nuevo en posesión de su mujer y de sus bie•
nes; los otros, que rechaz5 á Penélope por haber dado
oídos á sus pretendiem.es, y que él, castigado por los
dioses, fué errante y sin reposo de pueblo en pueblo,
con un mazo á. la espalda.
Olneo replció:
-Yo supe en mls viajes que Ulyses murió asesinado por su hijo.
E ntretanto Meges distribuía á los convidados la
carne de los bueyes, dando á cada cual el trozo que
le convenía. Oineo le elogiaba con entusiasmo.
Meges, le dijoi bien se ve que estás acostumbrado
á dar festines.
Los bueyes de Meges se nutrían de yerbas odoríferas crecidas en las f:1.ldas de las montafias. Su carne
estaba perfumada también, y los héroes no se saciaban de saborearla. Y como Meges á cada instante
llenaba una honda copa que en seguida pasaba á sus
huéspedes, la comida se prolongó basta muy tarde.
No había memoria de un festín semejante.
Próximo estaba el sol á descender hacia el mar,
cuando los boyerC1s que en la montaña guardaban
los ganados de Meges, vinieron á tomar la par te que
les correspondía de carne y vino. Meges los distinguía p:&gt;rque cuidaban sus ganados, no indolentemente como los boyero!\ de la planicie, sino armados de
lanzas de bronce y duras &lt;:orazas á.- fin de poder defen&lt;!er á los bueyes de los ataques delos pueblos de Asia.
Y s~mejábanse á. los héroes y á los reyes porque los
igualaban en valor.
ba bien, se le aprobó en todo Jo que dijo. Una vez
Do&amp; jefes los conducían, Peiros y Thaos, á. quienes restablecida
la calma, Meges dijo al anciano:
el amo había escogido por ser los más bravos é inte~Amigo,
cántanos
la cólera de Aquiles y la asamlil{entes. Y verdaderamente no podrían encontrarse blea de los reyes.
dos hombres más hermosos. Meges los acogía en su
Y el viejo, después de templar su lira, dejó que se
casa como á ilustres guardadores de sus riquezas. y extendieran
por la sala, los acentos vibrantes de su
les daba carne y vino tanto como querían.
voz.
Oineo, admirado, dijo:
aliento poderosu se exhaló de su pecho, y todos
-No lfo vioto en mis viajes hombres que tengan losUn
convidados
se acercaron para escuchar las palaunos brazos y unos muslos más vigorosos y mejor bras ritmadas que
hacían revivir las pasadas edades.
fo rmados que los de estos dos jefes de boyeros.
Y muchos pensaban: «Es admirable que un hombre
Entonces Meges pronunció un frase imprudente: tan
viejo y tan agobiado por los aflos, como una ce- Peiros es más fuerte, pero Thaos le gana en Ja pa que
ya no tiene fruto ni bojas, tenga esa potente
carrera.
voz!. .....
Al oír estas palabras, los dos boyeros miráronse uno
Porque no sabían que la fuerza del vino y la cosá otro con mirada en que se adivinaba la cólera y
tumbre de cantar, prestaban al cantor las fuerzas que
Tbaos dijo á Peiros:
'
sus nervios cansados le rehusaban.
- Preciso es que hayas dado á beber algún brevaUn murmullo de alabanzas se devaba de la asamje al amo, porque sólo un insensato podrá decir que blea
como el soplo de un violento Zéfiro en las flo1 eseres tú mejor que yo en la lucha.
tas.
Mas, de pronto, la querella de los dos boyeros,
Y Pelros, irritado, respondió á Tbaos:
un momento apaciguada, estalló con violencia. Enar-Yo me precio de vencerte en la lu.:ha; en cuan- decidos
por el vino, se desafiaban para la lucha y la
to á la carrera, no te disputo el premio que el amo
te ba otorgado, porque no es de sorprenderse que te- carrera. Sus feroces gritos cubrían la voz dal cantor
que C'n vano alzaba, sobre la asamblea, el ciamor de
niendo tú el corazón de un siervo tengas también los su
boca y de su lira. Los pastores guiados por Peiros
ples.
y Thaos, ebrios también, agitaban las manos, gruPero el sabio Oi:neus, se interpuso entre los dos ñendo corno puercos. Desde bacía largo tiempo que
bo:veros. Contó fábulas ingeniosas donde se veía el estaban
divididos en qos bandos y compc:Lrtían la enepeligro de las riíias en los banquetes. Y como habla- mistad de
sus jefes.

DE "PERLAS NEGRAS."
En las noches de Abril, mansas y bellas,
en tanto que recuerdas ó meditas,
ascienden al azul las margaritas,
Y se truecan en pálidas estrellas.
Cuando el sol en las mares infinitas
del orto desparrama sus centellas,
descienden á los campos las estrellas
Y se truecan en blancas margaritas.
Por eso, cuando llena de rubores
deshojas margaritas de alabastros,
auguran el olvido y los amores;
presienten el futuro: ¡han sido astros!
eomprenden la pasión: rhan sido flores!
AMADO NERVO.

67

-Perro! gritó Thaos.
Y dió á. Peiros una bofetada en el rostro, de donmanó la sangre En abundancia por boca y nariz. Peiros, cegado, empujó á Thaos que cayó hacia atrás
con las _c~stillas rotas. Al punto los boyeros ri vale;
se prec1p1taron unos sobre otros, cambiando injurias
y golpes.
Meges y .los reyes, en vano trataban de separar
aquellas furias. Y hasta al mismo Oineo rechazaron á estos boyeros que un dios había priv.ado de la
razón. Las 0opas de brouce vuelan por todas partes.
Los grandes huesos de los bueyes, las antorchas bu~eantes, las trípodes suben y caen sobre los combatientes .... . . Los cuerpos de los hombres ruedan sobre el hogar apagado, entre el vino de las odres reventadas.
Una obscuridad profunda envuelve la sala, donde
sólo se escuchan imprecaciones á los Dioses y lamen.
tos _de dolor. Los brazos empuíian furiosamente Jos
ard1~ntes leños y los lanzan en las tinieblas. Un tizón rntlamarlo hiere en la frente al cantor que permanece de pie, mudo é inmóvil.
::mntonces, con una voz más grande que todos los
rmd~s del combate, maldice esta casa y á sus hom.
bres 1mpíos. Después, apretando la Jira contra su
pecho, sale de la morada y se encamina hacia e! mar,
á lo largo de~ alto promontorio. A su cólera, sucede
una gran l~s1tud y un profundo disgusto de los hombres y la vida.
El deseo de unirse con l?s Dioses llenó su pecho.
Una sombra dulce, un silencio religioso y la paz de
la noche, envolvían todas las cosa&lt;;. Allá. en el Occidente, por las regiones donde se dice que flotan las
sombras de los ~uertos, la luna divina, suspendida
en E&gt;l Iímp1do cielo, sembraba de argentadas flores la
sonorosa mar. Y el viejo Homero avanzó sobre el
a)to promontorio basta que le bitó bajo los piés la
tierra que lo había sostenido tantos años.
ANATOLE FRANCE,

RONDELES.
Al esplrltu de ella,

I
Una fuga de Bach su melodía
desgranaba en las cuerdas del pfano
y una risueiia claridad nacía
de ignoto oriente en el confín lejano.
¡Y soíiabas amor! ...... tu alma sentía
el beso de los ángeles, y ufano
Bach rimaba su dulce melodía
en las sonora,.-¡ cuerdas del pi:ano.

***

Y vino el desencanto, la noche fría
cubrió con su negrura la selva, el llano;
y mientras tú llorabas, la luz morfa
y Bach doliente y torvo temblar hacia
las vibradoras cuerdas de tu pi:anol
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •• • • • • • • • • • • • • • • •• • *

II
¡Fué un delirio! Los cambiantes de la luz estremeida
se quebraban en los rizos de su hermosa y blanca frente
y la luz de su esperanza por el llanto ensombrecida '
en su espíritu ya enfermo se apagaba lentamente.
¡Fué un ensueíiol La mirab" rebosando amor y vida
en las alas de un anhelo, carliíosa sonri:ente
y los nítidos fulgores de la luz est~emecida '
corouaban de reflejos la blancu:a de su frente.
¡]' ué un re;:,uerdo l Yo la miro de alba túnica cefiida
en el fondo de mi alma, luminosa y esp;endente·
¡ Yo te adoro_l-clamo- y ella sollozando entrist~cida
baña en lágrimas de amores la blancura de su frente
que coronan los cambiantes de la luz estremecida.

. .. ..... . .. ...... .. . . ........... . .. ......... . ..
RAFAEL MA.RTINE Z RUBIO.

México, 1807 .

�Dommgo 30 de Julio de 1899

69

EL MUNDO

Domingo 23 de Julio de 1899.
EL MUNDO.

LA
I

LEJOS.

LOS ULTIMOS VERSOS

DE JOSE I[. BUSTILLOS,
¡SOLOt
{Inédita.)

La nube se extiende y baja,
La tempestad se aproxima
Y la soíiolienta cima
Con la niebla se amortaja.
El maizal lánguido oscila,
Y se disuelve en el viento
El melancólico acento
Del mil pero que vigila.
¡Todo en paz! ¡Todo cansado! ... .
•Masqué tristeza tan honda! . . . .
~Poi qué gemirá la onda
y por qué gemirá el prado?
•Quién perturba el sueiío incierto
De esta tarde soberana? .. . .
¡Del Hospital la campana
Que llora tocando á muerto!
Y amarillento y sombrío
,
El sol, se apaga entre tanto;
Y en la alcoba ¡cuánto llanto!
Y en las llanuras ¡qué frío!

Y llueve . ... llueve! Las gotas
Caen con triste chasquido,
Y mueren la flor y el nido
Entre las frondas ignotas.
Con un buril invisible,
En la pizarra del cielo,
Traza el rayo con anhelo
Alguna frase ilegible.

Lejos! .... Ya no me miras ni te miro ... ,
Tal se alejan las hojas en su giro
Llevadas por los vientos inclementes ...
Mas no se apartan los que están ausentes:
Puede la luna unir con sus reflejos
A todos los que se aman desde lej~s.
Yo te amaré por siempre con el m1,;mo
Afán; y tú también en tu lirismo,
Evocarás mi imagen desde aquellas
Regiones. Así se aman las estrellas;
y así las mariposas en su anhelo,
Sueíian subir para llegar al ciele.
¡Feliz quien lo que anhela nunca alcanza!
Ese podrá vivir con su esperanza.

..

.... No oiré tu voz desde esta lejanía
Ni tú tampoco escucharás la mía.
No todos los amores
Tienen, como la mar, dulces rumores:
Hay amores que viven ignorados,
...
Hay amores callados ...
¡Oh! ¡salve! á quien enlaza con ternura
Lo que vive en silencio ó que murmura;
Al que lleva hacia el sol las golondrinas,
Al que junta la yedra con las ruinas!
tOhl tierno amor que en nuestro pecho exi3te
Con toda la dulzura de lo triste!
El me traerá tus gratos juramentos
y llevará hacia tí mis pensamientos!

1osa.

Los que ven, dos á dos, cruzar las aves
Por los abiertos horizontes suaves,
No han visto en su abandono y sus congojas
Al ave entre los árboles sin bojas . ...
Yo estaré así, cual ave entristecida
Que va, sola, cruzando por la vida.
y allá . .. . tu corazón, viudo y sombrío,
Que llora eternamente por el mío,
Vivirá del amor en el santuario
Cual un monje escondido y solitario ....
,,

MARIA E~RIQUETA,

(

Laredo, 1897.

,,

-~\~

~·

A,

' ......

Y el Temor llega pausado
Y la Angustia lo acompaíia . . ... .
¡Allá tras de la montaiía
Quién sabe que habrán pactado!

.. ..... . ...... ..............
......... . .. . ................
.. ... . ......... . .... .........
Calma, corazón desierto,
Tu tempestad silenciosa ... . . .
¡Ay, aun sigue la llorosa
Campana tocando á muerto!
¿Dónde estoy? ...... ven y descansa
Junto á mi, Melancolía ..... .
¡En el cielo, murió el dfat
¡En la tierra, mi esperanza!

l,j,

DESA.LIENTO.

"
El camino antes fácil y espacioso
en áspera vereda se convierte;
parece que :a luz que el día vierte
es reflejo de un cielo tormentoso;
para el ánimo inquieto no hay reposo
cuando sus golpes la enemiga suerte
redobla con furor, cuando la muerte
hiere traidoramente al valeroso.
Sin horizontes, la esperanza duda
y huye ante el temor toda alegría,
pues que la vida, eu la batalla ruda,
su crepúsculo tiene y desconfía ....
y teme al fin que tras la sombra muda
venga la eterna noche.... y nunca el día!
JOSE M . MATHEU,

J'OSE M. BUSTILLOS.

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Castillo de la Serraz, 14 de Mayo de 1857
Ha quince días que las autoridades federales nos
interoan en este viejo rincón perdido. Un mundo entero de republicanos é insubordinados: franceses,
austriacos, venecianos, polacos, rusos. Están acuartelados con oosotros en las antiguas salas donde florederon los seíiores de La Serraz y sus respetables veteranos. No se podría Imaginar tiranía más encantadora Los dos guardianes y los tres inofemilvos gendarme11 se desviven por sus cautivos. Están orgullo,
60S de estas b1avas gentes, y cuando salimos, la población de los alrededores no'! saluda con muchas ceremonias. Porque salimos. .Basta nuestra palabra
para garanti1ar todas las licencias. Un día que no
llegué á la hora de la cena, encontré melancólico al
viejo gu,1,rdián Mermoz.
-Ya estará frío el guiso, sel'lor Durville, y mi mujer que se había excediJo á sí misma preparándolo ..... .
Lo consolé de su pena y me prometí no volverá entrar después de las siete,
El país es una mara.villa. Uo lago fresco, claro, Impresionable á los camblús del cielo como una criatura
viviente; hermosos pastos donde S'leoa todu el día
una esquila de bronce; y en el horizonte cien montafias, verdes, violetas, ni vosas, donde cada aurora y
eada crepúsculo ejecutan una vasta, sutil y divina
-ópera de luz. Además, un tiempo hecho á propósit.o
para hacer la vida amable y los suelios exquisitos y
una hermosa sonrisa de Primavera donde revientan
las primeras florecillas al borde del agua temlJlo-

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Cuanto á mis com paiíeros, son casi todos agradables,
Excepto dos ó tres fanáticos, de ese géoero Eombrío
-que crean ioquietudes de estómago ó de hígado, son
todos hombres alegres, á ratos pendencieros, siempre
-charlatanes, y fastidiosos solamente en sus largas dis-euslones ;,olítlcas.
Eso sí, todos decididos á «extrangular el último
tralle con las entrañas del último rey&gt; en teoría. Especialmente un gigante ruso, de cabe~a de león, melena, ojos brillantes y voz furibunda que canta caneiones terribles. Se les ahorcará, se les guillotinará,
se les empalará, á la .nanera de aquellos guerreros
australianos que durante tres días y tres noches enteros, juran romperse los brazos, roruperselas piernas,
romperse la cabeza, rompers? la espalda, etc. etc. y
acaban sencillamente haciendo las paces. Esperando
la gran carnicería, el buen Rethnikoff devora cotidianamente diez libras de carne, dos docenas de huevos,
un pan de cuatro abras, seis kilos de frutas y legumb'!'es, bebe diez litros de vino y cerveza, se harta de
té, y lleua de gozo y admiración álos dosguadianes, á
los lnofensi vos gendarmes y á las esposas de estos funcionarios, que lapida con propinas. Porque su familia posee cien leguas de bosques, tierras arable11, y
ríos que abunoan en pesca en la pequena Rusia.
27 de Mayo.
Han llegado dos nuevos prisioneros á la Serraz. El
primero, el Doctor Ojettl, un venec;~no afiliado al
earbonarlsmo, y varias veces encerrado en los calabozos de Austria, es un buen viejo al modo de su país;
vivaracho, seco, de ojos ce tinieblas, aspecto simpático,
palabra abundante perfumada de metáforas y superlativos, talento flexible, penetrante, claro, nutrido
á la vez de cienci,1,1 de arte y literaturas antiguas, entusiasta, lleno del sueí'ío de la unidad Italiana y
siempre dispuesto á sacrificar su vida ó su libertad
por sus creeocias. El otro cauti vo-cautlva:-la hija
del Doctor admitida en la Serraz por favor especial,
bajo la condición de vivir con las hijas del guardián
Mermoz.
Francesca Ojetti es por todos puntos fascinadora.
El día y la noche se escapan á la vez de sus bellos
ojos color de amatii,ta Su tinte realiza la perfección
de las más bellas pulpa~ en flor, y parece despedir luz
como las rosas frescas de los Alpes; cada uno de sus
ademanes acusa el cuidado que la naturaleza puso en
perfecionarla. Esta magnífica criatura es silenciosa.
Noseoyemás que rara vez su voz en laque se adunan
la pureza de los metales nobles y la suave eotooaclón
de las aguas corrientes. Es triste coo esa tristeza
en la que no se transparenta nioguna mordldez, sino
más bien armonía de salud y gracia divina y fuert,e.
No evita la presencia ni la conversación de las gentes
pero desanima á la almas frívolas y las deset,n&lt;1ierta
á su pesar. Acompaiía á su padre á tudas partes: á
los patios, á los jardines del castillo, á los prados y á
los bosques. Tiene seguramente por él un amor que
confina con el culto.
Naturalmer::te, toda la banda. de prisioneros permanece en éxtasis ante esta admi:able veneciana.
Retcbnikaff se olvida delante de ella de i;;us cantos
sanguinarios y de sus propósitos destructores. Los jóvenes ponen cara de Romeos y los viejos no pierden
ninguno de sus ademanes. El doctor ha llegado á ser

SILENCIOSA.

por ello el soberano absoluto de la Serraz, peM, acostumbrado á estos halagos de reflejo n1J les da ninguna Importancia. E Ignoro por qué le agrado, por qué
me he hecho su compañero de paseo y por qué son
para mí el mejor apretón de manos del padre y algunas de las muy raras sonrisas de su hija.
Salimos los tres, después de mediodía, cuando el
sol se dora, cuando las sombras de las montaflas, de
las ha.vas y de los ploos se acuestan sobre los pastos.
Ojetti habla mucho. Su alma es un vivero de anécdotas, un depósito ioagotable de recuerdos. Todo esto
hormiguea, cintila, reluce, y bace ver en un instante
mil siluetas de seres, mil acontecimientos, mil aspectos de alma. Ese hombre es el más maravilloso educador. No lanza una frase sin darle la agudeza, el
adorno, el sabor que la hacen penetrar como un arma,
agradar como una obra de arte, ó gustar como una
golosina.
Fraocesca, en sileoclo, escucha. Nunca habla sino
para responder. Nunca siente necesidad de expresar
el goce ó la melancolía, la teroura que se reflejan en
sus hermosos ojos según la anécdota oída, el gracejo
celebr'ldo ó lats armonías de la luz entre las sombras
temblorosas. Su alma me llena de sua·ve inquietud.
Quisiera conocerla, y á pesar de eso encuentro encanto en su mlste,io, y sin duda rechazaría yo á quien
me ofreciera penetrar el i,,ecreto de aquella criatura.
Es ioteligente: sus respuestas son de una exactitud
perfect,a, de una concisión elegante, de un sabor á
la vez tímido y audaz.
Yo no suefio más que con ella. MI corazón se ha hecho Insoportable. El universo es más grande. Me parece oír en mí el rumor de todos los siglos, de todas
las dolorosas y magoíficas generacioues que vivieron
y murieron porque el amor fuese más bello, porque
la historia de la esposa y del esposo fuese tan vasta,
tan bella y tan armoniosa como los abismos estrellados del espacio.
18 de Junio.
Es verdad. Este misterio me encanta de preferencia. Los profundos ojos de amatista se iluminan al
mirarme. Su sonrisa es con!iada, en su bello rostro
de luz mi llegada hace aparecer una cariíiosa bienvenida. Cuando la veo á lo lejos mi corazón se llena
de temor, pero ya cerca me sereno, como si estuviera
al borde de un precipicio sembrado de fresco!! heliotropos. Y Frances~ no hace esfuerzos para disimular su placer. Está ausente de sus ademanes todo
asomo de coquetería. Manda en su belleza como un
rey poderoso en su Imperio. Ignora ó quiere ignorar
toda seducclon buscada, cuanto más que sería Inútil.
Tiene para cooquistar y conservar las almas, su orgullo y la In vencible fuerza de su silencio.
25 de Junio.
.Al principio be saboreado, como un favor divloo,
esa alegría de bienvenida que sonreía en los labios de
l!,rancesca, pero ha ,legado la angustia. La franqueza
misma de la virgen se convierte en mi suplicio. Temo la separación que es lo peor que puede sucederá
los amantes; esa cruel famitiaridad que crea amistades, y aleja, prolongándose, toda esperanza de una
afección más violenta. Aun podría yo resignarme á
ella porque juzgo demasiado b?llo un destino donde
se mezclara el amor de la maravillosa criatura. Pero
lo siento, sé que Francesca no se casará nunca, sino
que permanecerá siendo siempre lacompaí'íera-feliz
y adicta-de su padre.
l. 0 de J ullo.
Hemos ido hoy hasta ·1a aldea de Los Llanos. La
mootaiia está revestida de su gran traje deslumbrante: los bordadores eternos la siembran de vivas flores
de frágiles pedúnculos, de pequelios re!lplandores, de
zarzas ardientes que bailan su momento de gloria en
el flan ..:o áspero de la ro~a, en los minúsculos jardines suspeodidos, hechos del poi vo de las piedras molidas átomo por átomo á través de lus siglos. Las hayas suben cumo un ejército en batalla y los pinos
tiemblan simultáneamente, con el mismo movimiento, al paso de la bris-i. de Estío.
Nos detuvimos al bnrde de un torrente ante los
rebaflos r.:gieotes de lai,; olas. Francesca pasó el puente y se puso á bacer un ligero croquis al esfumioo.
Ojetti, interrumpiéndose en medio de su jardln
de anécdotas, me dijo:
-Estáis pálido y triste, ¿no créeis poder confesaros
ccnmigo?
Lo miré. Estaba sin aliento, sentía inmóviles mis
arterias en el exceso de mi inquietud. Respondí:
- ;.No podéis adivinar?
-No debo adivinar. Vuestra pena no será más dura por haber sido confiada. ¿ No estáis seguro de mi
simpatía?
Eotooces hablé muy bajo. E l me replicó muy tiernamente.
-Estoy de vuestra parte y tengo mucbasei,peranzas. Sin embargo, no quiero hacer pesar mi autorida&lt;!

en el destino de Fraocesca, porque tengo de masiado
dominio sobre ella. ¿Queréis hat&gt;larle?
-Le hablaré.
Estaba lleno de terror. El misterio era más profuodo, los frescos heliotropos parecían haberse marchitado al borde del abismo. En el momento que
avaozaba hacia ella, sentí elevarse en mí la palabra
del Gran Maestro: Abandonad toda esperanza. Y verdaderamente era la puerta riel Infierno á donde liamaba yo cuando llegué al otro extremo riel prado.
A mi llegada, ll'rancesca dejó de dibujar, y levantó su rostro y sus ojos semlabstraídos por el trabajo. Conocí q11e no tenía idea ni presentimiento de
lo que iba á decir, y me turbé más. Notó mi turbación y una sombra inquieta se extendió sobre su.
frente.
Le hablé temblando al prloct pio, después ofreciéndole vehementemente mi vida. A medida que hablaba, palidecía Francesca, y cuando terminé, estaba ante mí con la cabeza inclinada, las manos trémulas, la di vlna boca contraída por una especie de horror. Guardaba silencio. Parecía no querer ni poder
dar ninguna respuesta.
-i,Üt! be ofendido?
Respondió con esfuerzo:
-No me habéis oreodido.
-¿Puedo concebir esperanzas?
-No puedo responderos. Lo ignoro como lgno:o
todo mi porvenir.
Contesté bumllde y d,isanimado:
-¡,Es nada más Ignorancia? ¿No es porque os desagrado?
-Por ahora no siento nada favorable ni desfavorable para vuestra persona . . ... .
-Estáis mortalmente pálida, como si os dominara el horror.
Bajando sus ojos llenos de sombra:
-us engañáis, contestó, no es horror sino temor.
III
12 de Julio.
Cada vez que me presento ante Francesca veo pasar por sus ojos la misma turbación. Sube á sus mejillas y desaparece una rápida palidez; cuando me
tiende la mano la siento fría y trémula. Después se
sereoa. Noto que vuelve su amistad y que mi compañía no le es desagradable, 11.l menos cuando estamos
los tres, cuando el doctor está con nosotros. En nuestros momentos de más intimidad, Francesca se a¡&gt;art11. y mira á lo lejos. E:-1 tan grande su malestat que
estoy impregnado de él como de una atmósfera. Sufro con su sufrimiento. Yo mismo rompo esa mala
iofluencia alejándome, y siento verdadero alivio cuando al fin se acerca Ojetti á nosotros y hace vol ver la
claridad al rostro de su hija.
Mi pena P.S mortal. Roe mis noches, me entrega al
pálido insomnio y á los largos ensueiíos siniestros de
la sombra. El opio solamente puede alejar de mí t'\n•
ta angustia; pero no siento por Francesca ni enojo ni
reocor: mi prueba tiene algo de divioa porque es un
sacrificio que acepto, estoy presto á todas las inmolaciones. Y mi amor crece con mi sufrimiento no por la
contradicción y el iostlnto de lucba que son la base
de estos sentimientos, sino porque mi sufrimiento
es algo como una forma más alta de mi adoración.
He querido también evitarle mi presencia, pero
Ojetti ha hecho esta resolución imposible. Como tiene verdadero afecto por mí, apenas me encierro ó

�Domingo 30 de Julio de 18\lll
70

me aparto me hace volverá su comparua. Una ve;;,
había ido ~olo á la montaña. Divagaba tristemente á
orillas de un bayal, cuando vi venir hacia mi á !rancesca y al Doctor. El buen carbcnaro estaba ~rist~ Y
deshizo su tristeza en expansiones. En la animación
del d"scurso llegó á decir:
-Dile, Francesca que es nuestro ú?ico consuelo
en el destierro, dile que su presencia es nuestro
goce.
Francesca, pálida como el hielo lej'ino, murmuró
con voz quf:'jumbrosa.
-Os lo suplico pur mi padre.
17 de Julio.
Ha llegado un carbonaro Míl~nés. Es vi~o y gentil
como Arlequín, con hermosos o¡os que bailan en _su
rostro á manera de diamantas negros, una sonnsa
que conquis~a todas las voluntades. graciosas anécdotas que ríen en los saraos, y el don de las lenguas
que le permite hablar el francéi- tan agradablement_e
como el italiano. Unido á todo esto, un amor frenético á la Italia. Una lealtad y un alma ent,usiasta, pero alma peligrosa de lc,s Lovelace, llena de ardor presente y de ternura fugitiva. Agrada al Doctor porque conoce á su familia, y hoy por hoy, sumos cuatro
para pasear por los prados cuando las sombras se hacen largas. Lulgine marcha al lado de Francesca;
el Doctor y yo le seguimos á algunos pasns.
En el fondo de mi ser busco ks celos: están ausentes; si nacieran, desaparecería mi amor por la Silenciosa. En el exceso de mi pena me acontece ~esear
que se levanten, y entonces observo á la pare~a encantadora· miro los ademanes elegantes del Milanés,
sus mirad~s que se vuelven con admiración bacia su
compafiera. Pero Luigini me parece tan le¡ano como
el Monte-Rosa, su galantería tan frágil como las aristas arrastradas por la tempestad, y comprendo que
nada; fuera de la ausencia y el tiempo, podrá combatir contra Francesca.
Ayer pensaba en esto, sentado en un tronco derribado cerca de una fuentecita que saltaba de la roca.
Cien'especies de plantas florecían en mi derredor. La
tierra correspondía con llamas de ~lor y con p~rf~mes el fuego del Gran-Astro. Una penumbra miste•
riosa de pureza envolvía todo; la humilde-vida lucha
tan afanosament.e, cada brizna de hier~a, cada hilo
de musgo oculta tal energía, que me siento desfallecer. Era un paria ante una muchedumbre ~legre;
sentía sobre mi la sombra de los malos presagios que
pierden los destinos, y la voz del Milanés y del Doctor, llegaban á mi como una ir?nía:
Mientras me abismaba en mi tristeza, Francesca
escalaba la roca seguida de cerca por Luigini. Se detuvo un momento en el peñasco: el sol la rodeaba de
un resplandor de gloria, se asemejaba a,,i á una -Yirgen de Leonardo que dejó en mí, cuando era mño,
un recuerdo de esos que no se borran nunca. Bajé la
cabeza: cuando ellos desaparecieron, un sollozo in vencible levantó mi pecho, y se llenaron de lágrimas
mis ojos.
Estaba así bacía un minuto, cuando un paso ligero me bizo estremecer. Ví á Francesca en el extremo sur de la correntera. Se acercaba: al ver mis lá~rimas pareció impresionarse, pero luego, con no sé
que dureza que apareció en su boca, ella que no preguntaba nunca, me preg~n.tó_:
·
-¿Estáis celoso de Lu1g1m?.
Al principio la sorpresa me hizo enmudecer, pero
luego con algo de cólera repuse: .
- 1PJuguiera al ciilo que estuviese celoso! asi quedaría curado de mi amor.
Se puso pálida, como el día de mi confesión, con
el mismo temor retratado en las pupilas, y pasó silenciosa, á reuniri;e con su padre que nos llamaba.

EL MUNDO.

Domingo 30 de Juiio_de 1899.

EL MUNDO.

71

Se apoyó sobre un árbol, y balbutió, como hablando consigo misma:
-No debo retenerlo.

V
7 de Agosto.
"NI be ensayado dormir: habría necesitado tomar
io en dosis peligrosa. Me be quedado en el balcón
d~l chalet, mirando la noche y las torres de la Serraz,
· entre las estrellas. La somb:a. el estío y la
d e pie
montaña hacen más bellas las noc h es. M'1s sen t'd
I os
·1·
dos
ban
gustado
basta
agotarla,
la
amarga
sut i IZd
. . .
t
L
t
mezcla del esplendor y el sufrimien o. a muer e se
abatía en mi pecho retumbante.
.
Las cimas confusas, las aguas palpitantes, los pra.
dos, los astros, todo parecía tomar la forma _de una
t,umba. Experimentaba como u~a. contracción del
.
Universo, como una asfixia del In~mto.
Pero nunca me rebelé. Me resignaba á sufnr uno
de esos grandes amores que h_acen al amor más noble
entre los hombres; me parecia que este dolorº? era
solitario ni el!'oísta y silenciosamente ofrecía mi sa.
.
crificio á ot ros seres.
El alba argentina escalaba los hielos; ~a brisa del
lago se elevaba con la aurora; las aves a.m1g~s ve~ían
á reclamar su alimento; un co·hero tomó m~ equ1pa·e
me dirigí á otra ciudad. Pero ante&amp; quise pasar
~~/el Calvario. Detenido cerca de los árboles donde
hablé ayer con Francesca, y próximo ~ desfallec~r,
me apoyé donde ella se había apoyado. Cerré los o¡os
largamente.
.
Un estremecimient.o de ramas me sa~ó de m1 su~f!o, y ví el milagro: Francesca había vem?º· Me miraba con dulzura. Estaba llena de turbación, pero no
de temor. Una las-itud encantadora azulaba sus párpados, y dije:
.
-¿Por qué queréis hacer mi partida más terrible?
Se sonrió; por primera vez vi a¡Jarecer en su rostro
la malicia. Me respondió:
-No pudo vivir lejos de vos.
La vida, la gloria, el poder entraron en mí como la
luz en las tinieblas.
Francesca añadió.
-No be sido culpable. Mi temor era real; más fuerte que mi alma. En vano be querido vencerlo. No
bay tal vez criatura en el mundo á quien el amor sea
más temible.
Tomé suavemente su mano, su pequeña mano que
se sometió tierna, temblorosa y confiada.
- ¿ Y por qué teméis al amor?
Volvió su ma~nífico rostro hacia la se!va:
.
-Porque sabía que me iba á confundir con lacnatura que amaría; porque me debía entregar toda entera, lo mismo que mi esposo; porque, en fin, desde

0

-No será más incurable vuestro mal si esperáis
aún algunas semanas.
-Pero yo no puedo soportar más, me quedan muy
pocas fuerzas, y vos no me dais ninguna esperanza.
Ojetti no es diplomático como la mayor parte de
sus compatriotas.
Guardó silencio, y luego, mientras lo veía tristemente:
-Habría jurado que os amaría, dijo, aún creía haber descubierto en ella una inclinación naciente, pero ..... .
-Sabéis que le inspiro una especie de terror.
-Sí, aunque no me lo explico; sería menester hablarle otra vez.
-Y ¿de qué queréis que le hable?
-Poco importa; de lo mismo. Pero sed elocuente
y obligddla á que os responda.
.
. .
Hemos atravesado el gran calvano srn1estro que
se extiende basta más allá de los llanos. Se asemeja
á un cementerio de titanes: en él, las cruces, las piedras, las enigmáticas piedras alternan con fosas profundas, y los ecos resuenan como antiguos clamores
d1; agonía. A la salida del cal vario bay una calzada
ascendente de sabinos surgidos de las viejas edades.
El Doctor se ha apartado con Luigini suplicándonos
los esperemos; Francesca y yo hemos quedado solos
en aquella catedral viviente. La inmovilidad y el silencio parecfan confundirse con la luz. oía latir mi
corazón y el suyo, y bruscamente le dij.,:
-He llegado al término de mi sufrimiento. Voy á
partir, y be resuelto hablaros por última vez. El suplicio que be sufrido por el so10 becho de vuestra
existencia, es bastante grande para que a.bora soporIV
téis que os ofrezca t,oda. mi vida segura de que no
Soy libre. Las autorid1des me ban absuelto el 26 amaré nunca á otra mujer. Hablo sin esperanza y
de Julio. Si me place, puedo otra vez conspirar con- casi por cumplir un deber-porque tenemos también
tra las potencias amigas hasta volver á caer en el la- deberes para con nosotros mismos,-tales como .b uszo, Jo que no haré porque ya se ha entibia?º mucho car una felicidad que debe hacernos mejores. Sé,
mi ardor, cuanto más que no creo que el tirano sea Francesca, que si hubiera sido más noble, má,; digno,
derrocado por los medios de que disponemos. Más para obtener el goce inmenso de ser vuestro compaimportantes acontecimientos restablecerán el equili- ñero; sé que semejante favor hubiera bastado á da.~brio entre la fuerza y el derecho. Dos ó tres cama- me resignación en las peores pruebas, y bondad para
radas franceses se han aprove;bado de la clemencia mis enemigos. Pero yo no gozaré de esa gracia sufederal, y sólo nuestrc,s amigos venecianos, polacos prema, ni tampoco os guardaré rencor por elle;, Frany milaneses siguen prisioneros. Yo rondo como un cesca. Si fuerais responsable de las ternuras que puealma en pena en torno de la prisióu. Al principio de despertar vuestra persona, sería tanto como hacehan pretendido los guardias ejecutar su consigna y ros responsable de vuestro nacimiento. Solamente os
desterrarme con todos, pero han acabado por permi- pido una mirada de piedad, y que me perdonéis si os
tirme algunas horas de visita, de manera que no me ban ofendido mis palabras.
Permaneció un moment0 siu contestar, bermosa
privo completamente del placer de oír á Retcbnipoff
que jura gui\1:&gt;tinarlos, ahorcarlos y hasta echarlos como una Afrodita del silencio, inclina.da lJ. ca"eza.
hajo sus largos cabellos de sombra; luego, llena de
en agua fuerte.
Mi ,tristeza es cada vez más terrible. Francesca turbación, respondió:
-No me toca á mí, sino á vospedonar. Estoy llecont,inúa encerrada en su misterio, pero ,:.']ué me importa este misterio si no brilla en su fondo la espe- na de remordimientoti, me acuso de vuestra pena,
daría algunos años de mi vida porque esto no hubieranza?
se sucedido. Ne dudéis que, en cualquier circunstan5 de Agosto.
cia. estoy dispuesta á un gran acto de reparación.
Nada ba cambiado. Voy á partir. No creo más
Y me tendió la mano, que yo no me atreví á llevar
que en el tiempo y en la ausencia, únicos médicos á mis labios.
-Adiós, Francesca; marrana, á la salida del sol,
para el alma. Ojetti á quien consternó mi resolución,
habré parLido.
me dijo:

este momento d~jo de ser, no existo. Mi libertad ha
muerto. Ya no soy más que vuestra esclava; desde
abora se hará vuestra voluntad y no la mía.
Y mientras descendíamos la colina, murmuraba yo
muy quedo:
•
-¡Ah!quémaravillosamente dulce es que en labre
ve aventura de nuestra vida, nuesLro mayor anhelo
no sea ni la gloria, ni la riqueza, ni el poder, 81011
una débil criatura, un rayo de luz, un rasgo, un c(lntorno, algunos ademanes, y el ritmo de unos pab•l3o

J. H. RosNY,

EL BANQUETE.
Cuando el maitre d'hotel-¡nh qué abdomen respetable, ceñido por el a.m plio cbaleco de casimir! qué
cara roja con patillas blancas! todo un par de Ingla.wrra, os lo aseguro;-cua.ndu el maitre d'hutel abrió
de par en par la puerta del s:ilón, y dijo cun voz de
bajo cantante, sonora y r.,spetuosa á la vez: «La señora
Condesa está servida,&gt; los invitados pusieron el sombrero en las consc,las, los caballeros de mayor respeto
ofrecieron el brazo á las damas y todos se dirigieron
al comedor, silenciosos, cai,,i abstraídos como en una
procesión. La mesa resplandecía.. Cuántasfiurt&gt;s, cuántas lucesl Ca.da invita.do ocupa su sitio sin diticultad;
no bien leía su nombre en la cartulina lustrosa, uu
lacayo con medias de seda llevaba hasta él una silla
muelle y con la corona condal bordada en el réspaldo.
Só!o babfa quince invitados, ni más ni menos; cinco
damas jóvenes escotadas y dit&gt;z hombres de la aristocracia de la sangre ó del mérito que llevaban esa noche tudas sus condecoraciones en nonor de un diplomático extranjero, que se sentó á la derecha d&lt;:J la
señora de la casa. Las medallas colgaban de Ja.s solapas, y dos ó t~es casacas ostentaban placas de diamantes; en la pechera de un genera!, que llevaba corbata
roja, se irisaba una gran cruz de Comendador. Po~su
parte las damas lucían todos los esplendores de sus
joyeles.
La reunión era exquisita, elegante. Respirábase
una atmósfera de completo bienestar en el comedor
alto y ornamentado en los cuatro muros con grandes
cuadros de naturalezas muertas en los que colgaban
frutos, anima.les de caza y vituallas de t odas clases.
El s~rvicio•se bacía sin ruido; los lacayos parecían
deslizarse en el suave pavimento y el escanciador
daba el nombre de los vinos al oído de los invitados,
en tono de confidencia y como si les revelase un secreto del que pudiese depender acaso ~u vida.
Servida la i.opa, un consomé suave y enérgico que
llenaba el estó:r.agu dH fuerza y juventud, comenzaro1;1 Jas conversaciont'S parcia.les. Sin duda hablaron
primero de banalidadei,; pero cuánf a urbanidad en los
ademanes sobrios, qué benernleccia en las miradas y
en lR:S, son:1sas. _Después del Cbateaux. Yquem se encend10 el mgemo: lus caballeros, viejos ó ya maduros
en su mayor parte, todos notables por el nacimiento
ó el talento, llenos de ex1eriencia y de recuerdos, no
deseaban sino entrar en conversación y la belleza
de_ las mujeres allí reunidas, les Inspiraba el deseo de
brillar excitando riralidades intelectuales. Las frases

brotaban de sus labios y se formaron grupos de dos
y de tres que bablaban entre sí con vivacidad. Un

viajero famoso, de tez bronceada, que acababa de VPlver del fondo de los desiertos, narraba sus aventuras
en la caza del elefante, sin exageraciones y con tanta
tranquilidad como si bablasede una batida de conejos.
U n puco más lejos, la figura delicada. con ca.bellos
blaccos de un ilustre sabio, se inclinaba bacia la condesa que lo escuchaba riendo, esbeh,a y rutiia con sus
ojos brillantes y atentos, y un aderezo de espléndidas
esmeraldas en el pecho de belleza profesional parecida al de la Venus de Médicis.
El suntuoso banquete prometía ser también encantador. El fastidio, huésped frecuente de las
fiestas mundanas, no tf:'nía sitio en aquella mesa. Esos sere felices iban 4 pasar una hura deliciosa y á gozar por todos los poros y por todc,s los sentidos.
Y en aquella misma mesa, en el lugar más humilde,
un hombre, joven aún, el menos disti nguido, el más
obscuro de los que allí había, un imaginativo y un
:soñador, uno de esos divagadores que tienen algo de
poeta y algo de filósofo, permanencía en silencio.
Adm itido en la alta sociedad gracias á su reputación de artista; aristócrata por naturaleza, aunque
nada vanidoso, hijo del pueblo al que no olvidaba, aspiraba con vol u ptosidad esa flor de civilización que
se llama la buena sociedad; sentía más y mejor que
cualquiera, cuán raro y selecto era este medio y todo
lo que forma su encanto: la belleza de las mujeres, el ingenio de los hombres, el lujo de la vajilla
y el vino blanco que humedecía sus labios; lo sentla
y se regocijaba de que hubiese en el mundo un conjunto de cosas tan amables y armoniosas. Parecía sumergido en un b,1ño de optimismo.
Creía bueno que hubie~e, á lo.menos algunas veces
y en ciertos Jugares de este triste mundo, seres casi
felices, con tal que fuesen accesibles á la piedad, caritativos, y torios estos arortunados lo eran probablemente, ¿á quíén podían hacerle mal? Oh bella y consoladora quimera, creer que la vida los hacía inmunes,
que conservaban siempre ó casi siempre la luz dulce
y alegre de la mirada, la sonrisa de la serenidad que
había suprimido basta donde es posible en su existencia, las necesidades deshonrosas y las miserias abyectas.
A esto había llegado el soñador en sus refl~xiones,
cuando el gallardo maitre d 'hotel trajo solemnemen-

te en un gran plato de plata un rodaballo de dimensiones fabulc,sas, uno de esos peces enormes qué sólo
vemos en lus cuadrt,s antiguos que representan la
pesca milatrusa, 6 en las vitrinas de Cheveu ante los
pilluel&lt; s azorados que se aplastan la nariz cóntra el
cristal.
Cuando el soflador vi6 en su plato un pedazo del
monstrm,su rudaballo,el ligero olor marino pro"ocó en
su Pspíritu, indinado á las correspendencias súbitas
el paisaje de costa bretona del pueblo miserable d;
pei,cadores, en donde se detuvo el otoño pasado ha'lta
el equinoccio_presenciando furiosas tempestados. Recordó la homble noche en que no pudieron las barcas
llegará la orilla, aquella nucbe que pasó en el muelle entre los grupos de las mujeres consternadas 4e
pie y recibiendo_los g'llpes de agua que ernpap~°"1
su rostro, y el viento frío y furi oso que casi le arrancaba. la capa de los h ombro~. Qué vida la de estos
pobres des~i~hadosl Cuánt,a s ,viudas babía visto, jóvenes y vrn¡as, que se cubnan para siempre con el
manto negro y que salían al despuntar la aurora á
ganar el pan-sólo el pan I trabajando roded,das de hUS
hijos en las sardinerías, envueltas en el olor nauseabundo del aceite caliente, y ve.ía en sus recuerdos la
iglesia que coronaba el pueblo en la pendiente de la
(JOSta, aquella iglesia pintada de blanco para indicar
á las barcas el paso de los arrecifes.
Re?Ordaba tambi_en las piedras sepulcrales medio escondidas entre la hierba corta del cementerio, en muchas de las cual ..s se veía esta inserí pción sinii,stra:
]JfU(fT'tO en el ma1· . .... . Muerto en el mat . ..... Muerto
en el mar ..... .
El enorme. pez tenía el sabor más Pxquisito y lo
sazonl!ba un Jugo que indicaba los prc,fundos conociniien t(,s del cocinero del Sr. Conde, alu~no sin duda
de la cocina del Café Ingltss. Hemos llegado en nue"tra civilización á ver ducLures en asados y bachiller;s
en salsas. Todos ltJS invitado~ comían dtdicadamente
y con apetito aunque sin hacer manifestaciones en fa.
vor ?el excepcio □ al pla_tillo. pur buen tono y por el
hábito de la a l1menta.crón exquisita.
El soñador casi no comía. Segufa pensando en los
bretones, en los hombres de mar que babían pescado _ese magnífico ejem piar. Recordaba el día que siguió al de la tempestad, la mañana lluvisa y gris, en
que paseándose an~e las.ondas pesa.das color de plomo,
encontró y re??DOCJÓ el cuerpo de aquel viejo marino,
padre de fam1ha, que biibía desaparecido tres dü s

�., .

~

..,

[)omtngo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

12
antes, y que estaba oculto entre el tango de la playa,
con los cabellos grises pegados al rostro y cubiertos
de arena y de conchas.
Sintió un estremecimiento en el corazón; pero ya
los lacayos se babia.o llevado los platos haciendo des•
aparecer los restos del enorme pez, y en tanto que
senían otra cnsa, los elegaotei- y trholos invitados
seguían su conversación. Ya el hambre se babia aplacado y esto lo., animaba; bablabancon másabandono, sonreían y sus rrnses eran deliciosas.
El huésped silencioso sintió una tristeza infinita
porque en su Imaginación de sonador surgía la 1epresentación viva y dolorosa de todos 10.-, trabajos y penalidades que son necesarios para crear el bienestar
de los escogidos.
Para que éstos pudiesen llevar un frac delgado en
pleno Diciembre y para que RUS mujeres Luvlesen los
brazos y el cuello dest1Udos, el col,irítero saturaba lahabitacióncon el calor de una mailanade primavera. Pero
de dónde procede el calor:' El condenado del pafs ne•
gro, el obrero subterráneo que vive en el Jnflerno de
las mtnas extrajo el combustible. Qué blanca, qué
fresca es la piel de esa joven que o:,tenta victoriosamente su cuello que emerge del corpiílo de seda.
Quién ba tegtdo esa seda? La araña humana de Lyon,
el obrero siempre inclinado aobre su eterna labor.
Luce la dama elegante dos perlas admirables de opalina transparencia, y casi esféricas. La perla que tragó Cleopatra después de hacerla disol ,er en vinagre,
y que no vaHa menos de diez mil ,;extercios, no era
más pura. ;. Y sabe ladl\ma elegante que allá en Cey•
lán, en los bancos perlíferos de Arlppo los Indios de
la Compailía penetran á doce brazas de profundidad
heroicamente, con un ple en el peAAdo estribo que
los arrastra al fondo, y un cncbillo en la mano lz•
quierda para defenderse de los tiburone:.?
¿Qué relación puede haber entre todas estas elegancias y todos estos retinam ientos y el obrero tenebro•
so que escarva á cincuenta p1és bajo tierra, y el Li?je•
do~ deformado que trabaja ante la máquina, y el sal•
va3e que se arroJa al mar y á veces lo enrojece con su
sangre? ¿Por qué pensará uno en cosas tan tristes y
tan feas? Sin embargo, el soilador está perseguido

por su idea fija. Desmenuza sobre el mantel en pe•
dazo de pan dorado, alimento de capricho, inslgnltl·
cante en una mesa tan lujosa, pero que hace pensar
en la frase candorosa de la gran dama que hablaba
de los miserables hambrientos: csi no tienen pan que
coman pasteles.&gt; Y este pan que procede como el pan
del campesino, como el zoquete del soldado, de la sementera de los campos, ~xlge la labor paciente de
muchos pob~e.'i.
El campesino ara, siemhra y cosecha. Llevó su ara•
do á las tierras bllmedas, recibiendo en la espalda las
frías agujas de la. lluvia otoilal: en la noche, cuando
amagaba la tempei,tad, despertaba temiendo por su
sementera.; temblaba al ver pasiir las pesadas nubes
violetas cargadas de granlzo,'.y salió, seco y negro, del
enorme trabajo 'J de los sudores de la siega.
Y cuando el viejo molinero, deformado por los reumatismos que le trajeron las brnmas del rfo, envió la
harina á Parfs, los ruocetones del mercado, cubiertos
con sus grandes sombreros blancos llevaban los sacos
en sus espaldas auchfsi mas, y la noche anterior los
panaderos trabajaron basta el alba.
Todos estos esfuerzos y todas estas penas se acu•
mulaban en el pedazo de pan que desmenuzan las ma•
nos blancas y paLrlcias. L:i. obsesión se apodera del
incorregible sonador. Del banquete wagnifico sólo ve
los sufrimientos humanos que ha costado, y cuando
el escanciador le i,irve un Vd"º de Chambertln, recuer•
da que ciertos ubreras de las fábricas de vidrio:i se
hacen tísicos soplando las botellas.
Vamos, esto es ridículo. A"( es el mundo. Un economista se reiría de sus escrúpulos; siempre hibr,,
ricos y pobres del mismo IDL)do que habrá siempre
hombres erguidos y jorobados. ¿A.caso va á pc1.rar en
socialista?
Los arortunajos qu~ se slent&lt;1n á la mesa, no tlenen privilegios iojus~os; no son favoritos vulgares
del becerro de oro, ad venedlzos, egoísta&lt;; y groseros.
El gran señor que preside llevc1. b ,m orílicamente uu
nombre unido á todas lai glorias de Franela; el Ge•
neral de bigote gris e.-, un oéroe que dió una ca•ga
con la Intrepidez de )iurat en Rizo o vllle; ese pintor
y ese poeta trabajan con fiielid.1d en pro del arte y

A LulsG. UrblDa.

La sombra da la fé. Su lmágen muda
A nuetitras a•was en su seou embosca,
Cuando el dolor, al engendrar la. duda,
Como una sierpe al corazón se enrosca.
Bajo el dosel de sus flotantes velos
Se evaporan las trágicas angubttas,
Y á ella van á refugiar sus duelos
Las alma~ tristes y las trentes mustias.
Desde que el hombre á la existencia asoma
Siente doquiera palpitar su huella;
La vida en ella sus potencias toma,
Radia un momento y se disipa en ella.
¡Oh, no digáis que de su vientre obscuro
Surge la. envidia y se levanta el odio;
Ni ella da al vicio su vagido impuro
Ni empuja al crimen el puilal de Ilarmodio.
Amad la sombra. l-iu exprei.ión augusta

La saila cruel del sufrimiento aleja;
Ante ella toda tempestad &lt;;e asusta,
Toda inquietud á su contacto ceja.
Ante el poder de su pupila In mema
Arden y alumbran con fulgor de aurora,
Ya la razón cuando Investiga y plensc1.,
O bien el alma cuando impreca y llora.
¡Oh amada sombra, tu sitial bendigo
Hoy que en tus na,•es con mis ansias bullo
Para que des á wl Ideal tu abrigo
Y á mi convulsa inspiración tu arrullo.
Ya que las fuerzas de mi ser cautivas,
Paso el umbral de tus gluriosas puertas
Para encender mis esperanzas vivas
Y sepultar mis ilusioueb mi;ertas.
BENITO F.ENTANES,

Julio de 1899.

rA la manera deJobau de

de la belleza; ese quf1nlco, hijo de sus obras, que em.
pezó de mozo de farmacia y que ahora es una auto.
r!dad del mundo cientltlco, todo lo debe á. su genio,
y por último, esas nobles damas son generosas y buenas y con valor discreto llegan á veces basta el fon.
do de los mayores Infortunios para aliviarlos. ¿Por,.
qué esos seres excepcionales no bao de tener gooea
excepcionales también?
El soñador se dice que ha i,ldn injusto y que lo que
ha pensado no es sine Hofii,ma. bueno á lo sumo para
un club de barrio; pero el banquete llega á su fin 7
mientras que los lacayos llenan por última vez Iaa
cupas de Cl.iampagne, reina el silencio, los convidados sienten la ratiga de lf' digestión. El soflador loa
mira todos estos ro.'&gt;tros que tienen una expresión ele
fatig-a y de hartazgo que lo inquieta. Sin embargo, wt
sentimiento puro, Inexpresable, pero lleno de amargura, protesta en el fondo de su corazón contra eaoa
saciados, y cuando dejan al lin la mesa, repite en VOi
baja obstinadamente:
-Sí, están en su derecho . ... ¡,Pero sahen acaso que
su lujo está amasado ele miserias? .... ¿Piensan algu,.
na vez en esto? .... ¿ Piensan en esto tanto como d&amp;,
ben pensar? ..... .

F.

A ño VI-Tomo 11

México, Domingc- 6 de Ago""'to
=de 1899.

CoPEE.

i

Umbría.

DK ZlR,

FRAGMENTO.
Si odiáis la sombra porque en ella duermen
Los que en la vida la impotencia abate,
Sabed que en ella se elabora el germen
De luz que en todo movimiento late.

1

Dueuyas.J

Reina Venus, soberana

capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dló el sino
y en ella bebf tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hlw experi mentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvldoel turbulento
sentimiento,
y bailé un sátiro ladino
que dió á mi labio sediento
n::evo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi ruJa sangre fiera
triple llama fué encendida:
yo al flamante amor entrego
la. vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.
En la fruta. misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente ó \Jeso sabio.
1Bien haya el sátiro griego
que me euseiló el dulce juego!
Ea el reino de mi aurora
no bay ayer, hoy ni mailana ·
uanzo las danzas de ahora '
con la mfü,ica pagana.

(De Florell de humo.)

Con su manto escarlata de emperatr!z gloriosa
se va la tarde, el cielo, toda vía desierto,
muestre. pálidas lilas en un fundo de rosa,
un vago color rosa, un triste rosa muerto.
Es la hora solemne, callacfa, misteriosa,
en que dan su perfume las flores de mi huerto,
cuando cae la sombra como ala pavorosa
melancólicamente sobre el paisaje yerto.
Porque mi alma vibra con la moda carleta
de las t&lt;,rvas tiniebla~; E.'S la hora propicia
de empollar el Ensueilo que entusiasma y alegra,
de abrir á las quimeras el mlrflico broche
para que el Verso tienda las alati en la negra
desolación augusta de la pávida noche!
RAFAEL LOPEZ,

EN UN LlBRO.
Tienes 1fellzl inspiración divina.
Ave que ama los boscajes nuevo:,·
En tu arpa de oro, i,unorosa encl~a
Colgó su nido y empolló i.us huevos'.
Marcha serena; aquel p·eilasco hirsuto
Que t'Stá circuído por duq uier de abrojus;
Aquel manzano de olorusu rroto
Y flores que huyen como insectos rojos;
El rubio sol de claridad bermeja
Que d~ las nub~s entre el bumo vago
Al baJar á su tumulo semeja
Un luminoso y transparentE lago,
Tu retorno verán; ya se derrumba

l'FlNlDA.

Bella á quien la suerte avara
ordenara
martirizarme á ternu1 as,
dló una negra perla rara
Luzbel para
tu diadema de locuras.
RUBEN DARIO,

~I altar de mis suei'ios: triste herido ....
No vayas á. buscarme hasta mi .umba

LA. PRIMERA V ANIDAD.

Tras tanto insomnio . . . . m &gt;! hal:arás dc,r.nidc.
Ay! amar ya no puectv; mi alma enferma
Que fué campl"a embalsamada, luego
Trocóse en soledad ardiente y yerma
Del sol de mis dolores por el ru..go. '
ABEL

C.

SAL.\ZAR,

Cu~DRO DE Ts. CRusT.

Número 6

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>., .

~

..,

[)omtngo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

12
antes, y que estaba oculto entre el tango de la playa,
con los cabellos grises pegados al rostro y cubiertos
de arena y de conchas.
Sintió un estremecimiento en el corazón; pero ya
los lacayos se babia.o llevado los platos haciendo des•
aparecer los restos del enorme pez, y en tanto que
senían otra cnsa, los elegaotei- y trholos invitados
seguían su conversación. Ya el hambre se babia aplacado y esto lo., animaba; bablabancon másabandono, sonreían y sus rrnses eran deliciosas.
El huésped silencioso sintió una tristeza infinita
porque en su Imaginación de sonador surgía la 1epresentación viva y dolorosa de todos 10.-, trabajos y penalidades que son necesarios para crear el bienestar
de los escogidos.
Para que éstos pudiesen llevar un frac delgado en
pleno Diciembre y para que RUS mujeres Luvlesen los
brazos y el cuello dest1Udos, el col,irítero saturaba lahabitacióncon el calor de una mailanade primavera. Pero
de dónde procede el calor:' El condenado del pafs ne•
gro, el obrero subterráneo que vive en el Jnflerno de
las mtnas extrajo el combustible. Qué blanca, qué
fresca es la piel de esa joven que o:,tenta victoriosamente su cuello que emerge del corpiílo de seda.
Quién ba tegtdo esa seda? La araña humana de Lyon,
el obrero siempre inclinado aobre su eterna labor.
Luce la dama elegante dos perlas admirables de opalina transparencia, y casi esféricas. La perla que tragó Cleopatra después de hacerla disol ,er en vinagre,
y que no vaHa menos de diez mil ,;extercios, no era
más pura. ;. Y sabe ladl\ma elegante que allá en Cey•
lán, en los bancos perlíferos de Arlppo los Indios de
la Compailía penetran á doce brazas de profundidad
heroicamente, con un ple en el peAAdo estribo que
los arrastra al fondo, y un cncbillo en la mano lz•
quierda para defenderse de los tiburone:.?
¿Qué relación puede haber entre todas estas elegancias y todos estos retinam ientos y el obrero tenebro•
so que escarva á cincuenta p1és bajo tierra, y el Li?je•
do~ deformado que trabaja ante la máquina, y el sal•
va3e que se arroJa al mar y á veces lo enrojece con su
sangre? ¿Por qué pensará uno en cosas tan tristes y
tan feas? Sin embargo, el soilador está perseguido

por su idea fija. Desmenuza sobre el mantel en pe•
dazo de pan dorado, alimento de capricho, inslgnltl·
cante en una mesa tan lujosa, pero que hace pensar
en la frase candorosa de la gran dama que hablaba
de los miserables hambrientos: csi no tienen pan que
coman pasteles.&gt; Y este pan que procede como el pan
del campesino, como el zoquete del soldado, de la sementera de los campos, ~xlge la labor paciente de
muchos pob~e.'i.
El campesino ara, siemhra y cosecha. Llevó su ara•
do á las tierras bllmedas, recibiendo en la espalda las
frías agujas de la. lluvia otoilal: en la noche, cuando
amagaba la tempei,tad, despertaba temiendo por su
sementera.; temblaba al ver pasiir las pesadas nubes
violetas cargadas de granlzo,'.y salió, seco y negro, del
enorme trabajo 'J de los sudores de la siega.
Y cuando el viejo molinero, deformado por los reumatismos que le trajeron las brnmas del rfo, envió la
harina á Parfs, los ruocetones del mercado, cubiertos
con sus grandes sombreros blancos llevaban los sacos
en sus espaldas auchfsi mas, y la noche anterior los
panaderos trabajaron basta el alba.
Todos estos esfuerzos y todas estas penas se acu•
mulaban en el pedazo de pan que desmenuzan las ma•
nos blancas y paLrlcias. L:i. obsesión se apodera del
incorregible sonador. Del banquete wagnifico sólo ve
los sufrimientos humanos que ha costado, y cuando
el escanciador le i,irve un Vd"º de Chambertln, recuer•
da que ciertos ubreras de las fábricas de vidrio:i se
hacen tísicos soplando las botellas.
Vamos, esto es ridículo. A"( es el mundo. Un economista se reiría de sus escrúpulos; siempre hibr,,
ricos y pobres del mismo IDL)do que habrá siempre
hombres erguidos y jorobados. ¿A.caso va á pc1.rar en
socialista?
Los arortunajos qu~ se slent&lt;1n á la mesa, no tlenen privilegios iojus~os; no son favoritos vulgares
del becerro de oro, ad venedlzos, egoísta&lt;; y groseros.
El gran señor que preside llevc1. b ,m orílicamente uu
nombre unido á todas lai glorias de Franela; el Ge•
neral de bigote gris e.-, un oéroe que dió una ca•ga
con la Intrepidez de )iurat en Rizo o vllle; ese pintor
y ese poeta trabajan con fiielid.1d en pro del arte y

A LulsG. UrblDa.

La sombra da la fé. Su lmágen muda
A nuetitras a•was en su seou embosca,
Cuando el dolor, al engendrar la. duda,
Como una sierpe al corazón se enrosca.
Bajo el dosel de sus flotantes velos
Se evaporan las trágicas angubttas,
Y á ella van á refugiar sus duelos
Las alma~ tristes y las trentes mustias.
Desde que el hombre á la existencia asoma
Siente doquiera palpitar su huella;
La vida en ella sus potencias toma,
Radia un momento y se disipa en ella.
¡Oh, no digáis que de su vientre obscuro
Surge la. envidia y se levanta el odio;
Ni ella da al vicio su vagido impuro
Ni empuja al crimen el puilal de Ilarmodio.
Amad la sombra. l-iu exprei.ión augusta

La saila cruel del sufrimiento aleja;
Ante ella toda tempestad &lt;;e asusta,
Toda inquietud á su contacto ceja.
Ante el poder de su pupila In mema
Arden y alumbran con fulgor de aurora,
Ya la razón cuando Investiga y plensc1.,
O bien el alma cuando impreca y llora.
¡Oh amada sombra, tu sitial bendigo
Hoy que en tus na,•es con mis ansias bullo
Para que des á wl Ideal tu abrigo
Y á mi convulsa inspiración tu arrullo.
Ya que las fuerzas de mi ser cautivas,
Paso el umbral de tus gluriosas puertas
Para encender mis esperanzas vivas
Y sepultar mis ilusioueb mi;ertas.
BENITO F.ENTANES,

Julio de 1899.

rA la manera deJobau de

de la belleza; ese quf1nlco, hijo de sus obras, que em.
pezó de mozo de farmacia y que ahora es una auto.
r!dad del mundo cientltlco, todo lo debe á. su genio,
y por último, esas nobles damas son generosas y buenas y con valor discreto llegan á veces basta el fon.
do de los mayores Infortunios para aliviarlos. ¿Por,.
qué esos seres excepcionales no bao de tener gooea
excepcionales también?
El soñador se dice que ha i,ldn injusto y que lo que
ha pensado no es sine Hofii,ma. bueno á lo sumo para
un club de barrio; pero el banquete llega á su fin 7
mientras que los lacayos llenan por última vez Iaa
cupas de Cl.iampagne, reina el silencio, los convidados sienten la ratiga de lf' digestión. El soflador loa
mira todos estos ro.'&gt;tros que tienen una expresión ele
fatig-a y de hartazgo que lo inquieta. Sin embargo, wt
sentimiento puro, Inexpresable, pero lleno de amargura, protesta en el fondo de su corazón contra eaoa
saciados, y cuando dejan al lin la mesa, repite en VOi
baja obstinadamente:
-Sí, están en su derecho . ... ¡,Pero sahen acaso que
su lujo está amasado ele miserias? .... ¿Piensan algu,.
na vez en esto? .... ¿ Piensan en esto tanto como d&amp;,
ben pensar? ..... .

F.

A ño VI-Tomo 11

México, Domingc- 6 de Ago""'to
=de 1899.

CoPEE.

i

Umbría.

DK ZlR,

FRAGMENTO.
Si odiáis la sombra porque en ella duermen
Los que en la vida la impotencia abate,
Sabed que en ella se elabora el germen
De luz que en todo movimiento late.

1

Dueuyas.J

Reina Venus, soberana

capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dló el sino
y en ella bebf tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hlw experi mentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvldoel turbulento
sentimiento,
y bailé un sátiro ladino
que dió á mi labio sediento
n::evo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi ruJa sangre fiera
triple llama fué encendida:
yo al flamante amor entrego
la. vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.
En la fruta. misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente ó \Jeso sabio.
1Bien haya el sátiro griego
que me euseiló el dulce juego!
Ea el reino de mi aurora
no bay ayer, hoy ni mailana ·
uanzo las danzas de ahora '
con la mfü,ica pagana.

(De Florell de humo.)

Con su manto escarlata de emperatr!z gloriosa
se va la tarde, el cielo, toda vía desierto,
muestre. pálidas lilas en un fundo de rosa,
un vago color rosa, un triste rosa muerto.
Es la hora solemne, callacfa, misteriosa,
en que dan su perfume las flores de mi huerto,
cuando cae la sombra como ala pavorosa
melancólicamente sobre el paisaje yerto.
Porque mi alma vibra con la moda carleta
de las t&lt;,rvas tiniebla~; E.'S la hora propicia
de empollar el Ensueilo que entusiasma y alegra,
de abrir á las quimeras el mlrflico broche
para que el Verso tienda las alati en la negra
desolación augusta de la pávida noche!
RAFAEL LOPEZ,

EN UN LlBRO.
Tienes 1fellzl inspiración divina.
Ave que ama los boscajes nuevo:,·
En tu arpa de oro, i,unorosa encl~a
Colgó su nido y empolló i.us huevos'.
Marcha serena; aquel p·eilasco hirsuto
Que t'Stá circuído por duq uier de abrojus;
Aquel manzano de olorusu rroto
Y flores que huyen como insectos rojos;
El rubio sol de claridad bermeja
Que d~ las nub~s entre el bumo vago
Al baJar á su tumulo semeja
Un luminoso y transparentE lago,
Tu retorno verán; ya se derrumba

l'FlNlDA.

Bella á quien la suerte avara
ordenara
martirizarme á ternu1 as,
dló una negra perla rara
Luzbel para
tu diadema de locuras.
RUBEN DARIO,

~I altar de mis suei'ios: triste herido ....
No vayas á. buscarme hasta mi .umba

LA. PRIMERA V ANIDAD.

Tras tanto insomnio . . . . m &gt;! hal:arás dc,r.nidc.
Ay! amar ya no puectv; mi alma enferma
Que fué campl"a embalsamada, luego
Trocóse en soledad ardiente y yerma
Del sol de mis dolores por el ru..go. '
ABEL

C.

SAL.\ZAR,

Cu~DRO DE Ts. CRusT.

Número 6

�76

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA
Desde hace algún tiempo teníamos ?lvi~ad~ el ~oblo y no obstante nuestras etnológicas rnclmac10~!s d~ pereza, parece que desdeñábamos seguir el
ideal que fué medio siglo atrás, el encanto _de nuestros oetas. Hoy vuelve, de manera repentma, evocado ppor quién sabe cuáles viejos r~cnerdos,.,la dul_ce
palabra que, como ttdo lo desvanecido y leJano, ~1~ne un encanto singular de perfume mu_erto, de _mus1ca remota, d~ ensueño resucit~do. Qm~ro decir que
torna á hablarse de la bohemia .. . • ¡~10!._ mfol Pretender en nuestros tiempos reproducir, s1qmera sea
en cuaresma, el milagro d_e Lázaro! No, no ha de resucitar Ja amada muertec1ta.
.
Colocad si queréis, jóvenes poetas, un ramo de lilas, las primeras_ de la reciente Pr!m~vera, en el sepulcn, imaginar10 de la buena amiga, pero no la llaméis . .Acordaos del compañero ausente:
,Qué madre puede revivir al niíJo
que duerme bajo el musgo de la tierra?
Henry Mi.irger escribió una del~ciosa narr_ación i_~re nada de suave poesía: «La vida bohemia.&gt; Mur:erg cuenta en estilo c:mmovedor las aventuras_ Je
tres muchachos que se lanzaron á la buena de _Dios,
en la agitada vida de París, en busca de glona, de
posición y de dinero.
.
El tipo de e'&lt;tos bohemios, en la época en que el
libro fué escrito, era muy común.
Todos los que en nuestras mocedades hemos _devorado las obras que produjo el ardor romántico en
]'rancia, conservamos estereotipad_a entre los rec.uerdos más frescos, la imagen de un Joven de rostro pálido ojos de prc,funda ternura, alborot~da y abundante melena y largo y ajustado levitón: en una
mano sostiene de la falda un sombrero de copa de
forma extravagante y en la otra lleva u.,n rollo de papeles á manera de cetro. No hay más que evocar memorias de cosas idas, para que aparezca en_ nuestros
sueños ese tipo del bohemio. Es el novehsta, es el
dramaturgo, es el poeta que nos ha le~ado 1~ revolucionaria generación de 1830. Es el mismo Joven de
las confidencias de Lamartine, es el desesperado de
eLa Confesión de un hijo del siglo,&gt; de Musset, es el
Marius de Víctor Hugo.
.
y no cabe duda en que este romántico personaJe quellora en la sublime noche d,e Diciembre y rie en «La.
Vida Bohemia&gt; nos encanta aún y subyug_a nuestra
imagfoación, porque dentro de su fantástica envoltura~ hay mucho de verdadero y humano.
Pero lo cierto es, que en el estado actual de nuestra sociedad, en medio de esta constante mare~ de
progreso y orden, dentro de este circulo en_ real!d~d
que se ensancha cada vez con mayor empuJe, el 10,11.ántico de 1830 es un ente ridículo. Y sin embargo
la manía de la palidez demacrada, de la melena, del
largo levitón, parece que quiere volver aquí, y que
empieza á enamorar á algunos incau~os. Cuántanme
que existen-no he logrado verlos-1óvenes que toman ajenjos tan sólo por imitar al autor de «Rolla,&gt;
que se intoxican con malos alcoholes á falta de buen
hachis y que evocan la sombra de su musa, puestos
en la hierática actitud de los bro.hamanes.
Sin embargo, lo perjudicial, lo nocivo, no está ~n
esas manifestaciones románticas, sino en la creenma
que aún tienen algunos de nuestros jóvtines p~etas,
de que el arte es algo divino que i~funde el cielo á
los seres privilegiados, los cuales brnu pued~n esperará que flote sobre sus cabezas esa llama! ~10 nece~
sidad de estudiar nada, ni de conocer el 1d1oma, m
tan siquiera de haber leído obras que desarrollen sus
facultades.
Urge que nu~tra juventud se convenza dP. que el
artista no es un profeta analfabético, que obedece á
una revelación; es necesario asimismo que se pers•1ada de que tampoco debe ser ui_i holgazán, que entre holgorios y disipaciones, escr1be obras maestras
6 pinta cuadros inmortales. La época actual no se
presta ya á estas comedias vividas.
Emilio Zola, que en uno de su_s iracundos ~r~ebaws acaba de di\orciarse de la Juventud parisiense,
de ~sa juventud simpática, irrev~rente y den:iole~ora, pero ilena de estudi-l y pletór1ca de en_e~g1as m.
telectuales, combate enérgicamente ese. v1c10 de la
bohemiada, que todavía tiene 1:,us adeptos entre nuestros flamantes literatos.
·
El inmortal autor de «La Comedia Ilumana,&gt; escribía acerca del artista, en 18:31:
.
«Obra bajo el imperio de ciertas circunstancias, cuya reunión es un mi&lt;;terio. No se pertenece. Es un
juguete de una fuerza eminentemen_te caprichosa.
Tal día, sin que él Jo sepa, sopla un_vrnnto y todo ~e
relaja. Ni por millones _t~caria 5U pmcel, modelana
un trozo de cen, 6 escnb1ríauna línea ...... Onanoche en medio rie la calle, una mañana al levantarse,
6 e¿ el seno ile una alegre orgía, acierta un carbón
encendido á tocar ese cráneo, esas manos, esa lengua;
de pronto una palabra despierta la11 ideas, que nacen,
crecen fer metan .... tal es el ~rtista; humilde instrumento' de una voluntad despótica, obedece á su amo.

EL MUNDO.
Cuando se le cree libre es esclavo; cuando ~e le ve
agitarse abandonarse á los a~rebatos de !.US ocuras
ó de sus 'placeres carece de voluntad, está muerto.
Perpetua antítesis que se encuentra, así en_lamajestad de su poder, como en la nada de su vida, es
siempre un dios ó siempre un cadáver.&gt;
y Zola responde á esta lucubración brillante con
estos acentos de verdad y de ironía:
«Hoy nos hacen sonreír esas cosa~. Tod~ una época está ahí: la alegre orgía, el carbón encen4ido, la an.
títesis del dios 6 del cadáver, delatan claramente _la
fecha de ese trozo. Se creía entonces que los artistas pintores poetas, novelistas, abrían la ventana á
la \nspiración, la esperaban co_mo una a~ante que
viene ó no viene, según su capricho d~ muJer: El g,:nio no se concebía sin el desorden. ~e trabaJaba al
fragor del trueno, en medio de las ;1amas de ~engala
de un apoteosis, con el ca!Jello erizad? P?r .a. ~ensión cerebral cediendo á un furor de p1ton1sa v1s1tada por un di~s. Estas actitudes líricas no están Y&lt;\ _de
moda, y boy apenas creemos más que en el tr_abaJo;
el porvenir de las personas laboriosas que_ S3 sientan
todas Jas mañanas delante de su mesa, sm otra cosa
que Ja fe en el estudio y su voluntad ~otad ~ue nada había más desastroso para los escntores Jóvenes
que esta teoría de la inspiración que ha?ía_ de un _autor un tabernáculo inconsciente, donde:e. d10s ba_b1taba por accidente de tarde en tarde, y_sm regularid~d.
Entonces ¿á qué el trabajo, la energrn, la contrariedad del esfuerzo1 ¡Cuánto mejor vivi• en la a_legre orgía., e~perando la abrasadora_ del carb~n divmo l Yo
he conocido jovenes del corteJo ~ománt1co llenos de
menosprecio por nuestro trabaJO regular, por ese
arrastre de la inteligencia, por esta faena en que se
doblegan el cuerpo y el pensamiento, y que ll~T?ªn
desdeñosamente faena de albañiles. S_omos epiciers,
es verdad, pero eso precisamente constituye nuestra
fuerza y nuestra gloria.&gt;
Estas últimas p:Llabras del gran nove~ista francés,
son consoladoras, e,timulantes, y const1~uyen el credo de los que en la presente época trabaJan y estudian par11. conseauir lo que en los tiempos de Henr.v
Miirguer se bm~caba en las orgías alegres y con las
ventanas abierras.
·
y ..... . creo, amigos míos, jóvenes bohemios, que
basta y sobra para tardío sermón de temporada.

Domingo 6 de de .Agos~o 18!19. ==

·

El autor de la música. inspiránd_ose también en
compuso una.
f rase de Puccinl en la Bohemia,
una
·
partitura
rica de .instrumentam"6 n Y :¡ue t·iene 108•
piradlsimos pasaJeS.
El buen gusto está de plácemes.

EL SECRETO DEL RATERO.

Paseaba un día en compañía de un amigo; de pronto un movimiento brusco, un empellón, y el alfiler
d¡ su corbata ea manos de un ratero. ~o a~rapamos y
lo \levábamos al gendarme, cuando m1 ~migo se detuto y le dijo: -Te dejo libre si me expllcas _como te
las arreglas para sacar pañuelos, extraer reloJes, birlar
ortamonedas, alfileres y carteras.--¿Palabra de ho~or?-Palabra de honor. _El muchac_h? comenzó en,
torrees uua larga e:xplicac16n q~e qms1~ra reproducir
textualmente, con sus locumone~ prn_toresc~s, sus.
metáforas leperunas, su caló enérgico ~ rnt~nc10nado,
ue me limito á parafrasear para ed1ficac1ón y enY
q
· Ject ores•
señanza
de mis
.
«~o crea usted, señor, que para ratear se neces1tagra~ habilidad, destreza 6 agilidad. Por ahí dicen.
que aprendemos con un muñeco colgado de un mecate y lleno de campanitas y que le ~emos de sacar el
reloj 6 el pañnelo sin menearlo y s10 que suenen las.
campa:ias y qu€. si uó nos dan de palos los maestros.
N O e,; verdad, señor, nosotros no aprendemos con muñec:,s ni con campanas, sino en la calle y con la gente misma.
«Lo importante, lo que es indispensable e~ saber casm· su partidito. Va usted por la calle y empieza á verá los que van pasando y á poco rato ya sabe uno COll
r uien puede rifarse y darse gusto. Unos son mal encaiados, con muchos bigotes y ojos turbios; no s~ meta usted con ellos, porque lo parten . Otros no deJande
manosea,· la cadena del reloj, de tentalear el prendedor, de sacar de cuando en cuando de la bolsa ~e ~*
cho la punta de la mascada, de verse en los vidrios
* *
de los aparadores y acomodarse al disimulo la corbaNos ha llegado el espectáculo noble.
Tal parece que despertamos de un sueño largo Y ta. A estos hay que dejarlos porque _están, muy penalegre, durante el cual hubiésemos estail? escuchan- diente.; de todos sus dijes ...... y ni modo.
«Las señoras arande&amp; se acalambran apretando el
do ruido de ca¡¡cabeles, serenata de mandolinas y pasaportamoneda y ios paquetes que sacan del come~clo;.
calles de bandurrias.
.
La zarzuela del género chico, como se estila ahora se prenden fuerte los :fistoles y esconden el reloJ en
decir, ha dominado el teatro, loba invadido, y se ha el seno. No se puede con ellas. Las ?e~tas no llevan.
más que el libro ce misa y un rosarJG. 10serv1ble; los
adueñado, como una conquistadora, del gusto_. .
Sin embargo, de cuando en cuando nos v1s1ta la cobradores cargan mucho, pero lo cmdan como á_ las.
ópera y reenciende nuestros entusiasmos por el dra- niñas de sus ojos y sólo cuando están contando dmema de alto coLurno y la música de vuelos gigantes- ro se les puede tantear. Pero hay otros, señor, que
deveras dan gusto. Van bobeando, atontados, no se
cos.
b
La compañía que acaba de visitarnos y que a re lijan más que en las niñas que pasan, espían para tola temporada es de las que llaman populares y que, dos los balcones, se paran y se eterniza? en los apa•
desde el punto de vista del arte, prestau un gran ser- radores y se quedan lelos en las fotogra~1as. Ta! pare•
vicio á la cultura hum&lt;\na, en cuanto que democrati- ce que tienen el cuerpo dormido, no srnntei_i tuunes,
zan l&lt;ts obras exquisitas y arrojan en las masas el ni empellones, ni pisotones. Para probar s1 están de
germen fecundísimo del amor á la Belleza.
punto pasa usted Junto á ellos y les Jala los faldones,
Entre los artistas de la nueva ópera, se ha hecho ó los testerea; si se quedan como si tal cos~, entonces esnotable la seííorita Chalia, una soprano dramática pera usted que pase una muchacha bonita, 6 que tra,
que posee, agregadas á sus,raras facJ?-lta~es natura- ben conversación con un amigo, y cuando l_os ve usles, mucho estudio y una gran ,experiencia del palco ted lelos se les atraviesa y les quita usted s10 que loescénico.
sientan, basta la muela del juicio.
La Cllalía se ba presentado, du:ante la seman~,
«Por ahí por San Francisco, con ojos de huevo ti·
tres veces en .dida y la última vez cssecbó más nutn- bio, hay un catrín que está todo el _día haciendo el
dos y espontáneos aplausos.
oso, y á quien le he quitado el reloJ, dos mascadas,
Dentro de muy poco tiempo será entre nosotros un prendedor, un limpia dientes, y un d_ía que le ha•
la preferida en tratáudose del noble espectáculo de blaban por señas, por nadita le seico el amllo del dedo.
la ópera ..... .
Los coyotes dan muy buen resultado; á la hora e~ que
se están tantiando unos á otros con lo de las acciones,
*
* *
ni ven, ni oyen, ni entienden, y los limpiamos que da.
Porque en tratándose de Zarzuela, Esperanza Di- gusto.
marías se llevó, como dice el Padre Isla, de calle
«Los que van por la calle hablando solos, son mulos estrados. Conquistó con el lema de César: llegó y cho muy buenos y los puede su merced desollar vlvo&amp;venció. Su juventud y su talento triunfan desde_ el sin que chisten palabra.
primer instante. No se había dado caso en México
«Cuando vea discutir á dos y gritarse y manotearse,
de un debut más violento y de una victoria más ines- láncese á la desg1·acia, que al .tia no le ban de hacer
perada. La señorita Dimarí_as ha pisado ~a escena caso. Si quiere hacer chuza, improvise con dos ami·
por prime1a vez con la segundad de una art11,ta enve- gos pleito en la calle, y mientras todos están peo•
jecida entre bastido,.es. No riñó batalla con el púb_li- dientes de las trompadas, puede usted hacer s~ ag0&amp;to:
co para arrancarle un aplauso, sino que entró, lo v16,
«A las mujeres hay que trastearlas en el caJón, cuan
le habló, le cantó y el público se rindió, obedien~e y do les están enseñando géneros y listones; s~ les va.
mansamente sin necesidad de hacer esfuerzos m de el santo al cielo, dejan caída la sombrilla, olv1da1!f
recurrir á subterfugios. La Di marías, como la prin- portamoneda en el mostrador, y mientras, se pu 8
cesa de los Cuentes de Hadas, está llena de dones. usted habilitar. También es bueno cuando pasa otrt.
Hay en ella una gran alma de artista.
mujer, y más si es bonita y está bien vestida; por esIrá muy lejos.
tarla barriendo con los ojos y recoJ"tándola, no sabeD
ni con la que pierdP,n y puede usted armclrse. P~
**
*
Los periódicos han hablado lar¡;amente, desha- las beatas lo mejor es la iglesia á la hora de alzar,
.
ciéndose en alabanzas, de la obra de Paso, Dicen- también uno se alza con lo que puede.
«Las tl'ompetos no tienen precio y por eso dicen luete y úbapí, estrenada noche¡¡ ha en el Teatro Argo: «Es como quien desnuda á una torracba. &gt;Las gatf;
beu.
El Curro Varyas, es, en etecto, una zarzuelita de tas son buenas porque siempre están pensando en
tecolote y los payos, como se engentan y se les cae la ~
merito y de carácter netamente español.
Los autores de la letra se inspiraron en una nove- con cualquier cosa, también tienen rnuchct cuenta. P~el
la de Alarcón sobre cuyo argumento bordaron finos por lo que es á un fraiie, á un gachupín, á uno
depósito ó á uno que_preste con logro, no los tcmtell
arabe~os poéticos.

Dommgo 6 de Agosto de 1899
ni con padres descalzos ni los limpia ni con jab&lt;Jn de
Cast illa.&gt;
Mi amigo y yo escuchábamos absortos, sin pestañear, aquellas ingenuas revelaciones.
Sí, á no dudarlo, el secreto del ratero estriba en
conocerá fondo el corazón y el -:arácter humanos; en
diagrwsticar por la fisonomía, por el porte, por el andar, al ser concentrado, abstraído, di vagado, extraño
á cuanto Je rodea; en aprovechar aquellas ocasiones
en que nos olvidamos de nosotros mismos, para hacer
tabla rasa de nue~tros fondos. .Aquel muchacho tenía razón; hay rateros porque hay distraído&lt;; y absor•
tos· porque no falta quien caig-a al pozo por cuntempla~ el astro; porque la atención no puede ser múltiple y porque no tS posible á la vez ocuparse de la mujer que pasa .Y de la cartera., de la conversaciún que
se escucha y del portam,medas.
En cumplimiento del pacto le dimos suelta. c ..ando
el muchacho desap.1reció, babia desaparecido también
mi relox. Quod erat demostrandum.

EL INGENlOSO HIDALGO

. DON QUIJOTE DE LA IIANCHA
POR

Miirrel de Cervantes saavedra.
Ed•ción Seix, ilustraja ricamente con oleogralias
de J. Moreno Carbonero y L. Barran y con un prólogo ,1el Excmo.
Sr. JJ. José ll~ Asensio. Dos tomos. Barce1ona, 1899. (lJ

Una nueva edición del Quijote es siempre un acont ecimiento en el wundo de las letras, por más que
sean ya innumerables las ediciones que van publicadas de la inmortal ol,ra de Cervantes. Con mayor razón lo es, cuando se publica con las excelentes condiciones que enriquecen la que tenemos á la vista y
motiva estas líneas, pues dudamos que jamás la obra
española por excelencia haya sido presentada con maJOr gusto y distinción, á la parque con tal sobriedad
y riqueza, acompañándola tan valiosos documentos
referentes á la obra y á la vida del autor, como los
que la acompañan esta vt:Z.
Semejantes cualidades exigen que no se pase en silencio la aparición de tan hermosa publicacióll, pues
hay q¡ucho que admirar en ella v no poco que apren.
der. Jamás, por mucho que se diga del Quijote, se
habrá dicho lo bastante en consideración á lo que se
merece ese libro sin par, joya de la literatura castellana y admiración de todas las demás literaturas que
se han bourado prestando la vestidura gráfica de su
leng uaje á las descomunales aventuras del ingenioso
hidalgo manchego.
P ero, con el Quijote abierto ante nuestros admirados ojos, ¿de qué hablar que no se haya desmenuzado ya por eminentes críticos y peregrinos ingenios
cer vantistas que han descubierto en él hasta la quinta esencia de un profundo significado? El filólogo
t iene en cada una de sus páginas ancho campo donde
extender sus investigaciones, pues no existe otra obra
que igualarse pueda á ésta en punto á la riqueza y
variectad del lenguaje, constituyendo por sólo este
mérito un verdadero tesoro de la lengua castellana,
un gran monumento de esa lengua que hoy por hoy
babia la mayor parte del continente americano. El
historiador encuentra en ella datos inapreciables para el estudio de la raza entonces dominadora y predominante en Europa y América; el moralista baila
en ella también un verdadero caudal de máximas y
sentencias que no por revestir un carácter sencillo y
popular, dejan de interesarle por lo sensatas y lo profundas. En fin, dad á leer el Quijote á infinidad de
personas ilustradas, 6 sencillamente curiosas, sean de
la condición que fueren, y todas sacarán un determinado provecho de su le.-.:tura, todas encontrarán en
sus páginas un manantial de su ciencia, de su arte 6
de sus aficiones. ¿Qué más necesita una obra literaria
para labrarse la inmortalidad y una fama universalmente pregonada? Tal es lo que consigue el Quijote.
Dejemos aparte este sinnúmero de bellezas, y fijémonos solamente en una, tal vez la que constituye
el alma de la obra, la que inconscientemente tal vez,
impulsó á su autor á escribirla, y á su vez la que
creemos menos estudiada basta ahora, pues siempre
se había tenido en poco el valor sociológico de la obra
de Cer vantes. Nos referimos como ya habrá comprendido el lector, al genio de raza encarnado en el
carácter simbólicamente humano del Caballero de la
triste figura.
Es lo cierto, que por más que por algunos espíritus
(1) Esta edición es elZl!vir!ar,a pura. con inic lale• y frisos policromados al estilo d.e los au,lguos codlces, y la acompañ~n un gran
nt\merode do~umentoslnédito, y de autógrafos MJ propio Cervantes.

EL MUNDO

ligeros se baya negado tal significación al béroe manchego, Don Quijote es la más vi va encarnación del
pueblo castellano; no español como pretf&gt;nden algunos; porque dent,ro de la península, hay pueblos antitéticos al de Castilla, como es el catalán, frío, trabajador y comercial, y el gallego económico, pacífico
y humilde como el que más. Don Quijote e:. esencialmente castellano, quizá tal vez con mezcla de andaluz; en qu,ien puede que haya algo de los demás pi;eblos peninsulares es en Sancho Panza, especialmen·.e
delos del Ebropara arriba;perocomo eso no entra en
nuestro propósito, vamos directamente á Don Quijote
y dej::&gt;mos para otra ocasión al panzudo escudero, antítesis de su amo y señor.
¿Quién no le ha segu·do por las yermas y despobladas llanuras de la Mancha, por las escabrosidades
de Sierra Morena y por las agrestes regiones de Aragón y Cataluña, buscando tuertos que enderezar, viudas
que consolar, justicia que furer y huérfanos que amparar
debajo su jamás desmentida y leal caballerosidad?
Pero !oque él quería realizar, cosa muy digna al fin, lo
quería también conseguir como él, al pueblo castellano, por medio de la fuena, confiándolo todo á un
brazo armado, exponiendo mil veces en designal 'Contienda su noble existencia, dejando abandonados sus
bogares, su hacienda é intereses, pues que nada le importaba que se perdiera lo suyo con ta1 de que se salvara lo ageno, siempre que fuera por obra y gracia
de sus admirables leyes, usos y costumbres que á la
fuerza imponía al mundo. Para él, la sociedad vivía.
sumida en la peor de las esclavitudes, gemía víctima
del error de los que no conocían al Cristo ni á su iglesia, 6 les desconocían habiéndolos conocido, y se figuraba que á su brazo estaba encomendada la tarea de
volverá las gentes al estado de justicia, de esa justicia que el delo había infundido en su cerebro, erigiéndose por propio impulso en batallador apóstol de
su fé. ¿ Quién no ba visto en el Qu;jote al soldado aventurero que alentado por un mal entendido espíritu de
conquista y de religión, muchas veces creyéndose impulsado por el mismo Dios, se anexiona una parte de
Europa, atraviesa el Oceano cuando aún nadie había
osado, se apodera de las regiones de América y Oceanía, las explota más tarde á cambio de lo que él llama beneficios de su civilización, sin que al hacer todo esto le alentara otro espíritu que el que guiara al
famoso hidalgo manchego al proponerse llevar á cabo
sus estupendas aventuras? En Flandes para imponer
la Fé exterminaba á las gentes; en Italia atropellaba
pueblos, y á América y Oceanía las civilizaba. Dominando, explotando, fanatizando 6 destruyendo á sus
raza.~, pacíficas las más de ellas por no decir todas.
J)las como aquellos conquistadores partían de principios equivocados, obraban sin conocimiento de causa y asentaban el edificio de sus obras sobre falsos
cimientos, tantas y tan maravillosas proezas no pudieron menos que re~ultar transitorias, ligeros caetillos de naipes que el aire de la fantasía levanta y
derrumba. Su ideal miraba hacia atrás y no hacia
adelante; y sólo dura lo que progresa.
No es propio de personas de sano criterio creerse
autorizadas para imponer sus particulares leyes á los
demás; máxime cuando se trata de razas diferentes
y con diversos estados de cultura. Hay que partir de
un principio evolutivo, clásico, humano y saber distinguir claramente entre las necesidades de unos y
otros. ¿Qué logró Don Quijote al proponerse arreglar
el mundo tratando de meter á todos en un mismo
molde, acuñándolo todo con un mismo troquel, midiendo todas las tallas con un mismo rasero? Desarreglarlo todo, producir mil disturbios, y estrellarse
en cuantas empresas acometiera.
¿Qué hizo España al tratar de nivelar v colocar
bajo un mismo cetro á tantos Estados europeos como Ueaó á dominar y á los de allende los mares? Encender°en ellos la guerra y provocar la discordia por
todas partes, verter ríos de sangre y de lágrimas y
desangrarse á sí misma, para concluir perdiéndolos ·
con la misma facilidad con que los había adquirido.
Exaaerandc&gt; el cuadro, Cervantes hizo patente el
por qué no se realiza la justicia sobre la tierra á pesar de las buenas intenciones. Si el Quijote no la producía, no era por falta de voluntad, sino por falta de
conocimiento. Su voluntad era grande, grande como
sus empresas y grande como los disturbios que producía por doquiera que se proponía intervenir. Pero su ignorancia era mayor. La buena voluntad de
Castilla fue grande, grande como sus conquistas,
grande como los estragos de que fue causa por donde
quiera que llegaba á ejercer dominio. Mas su falta
de saber la superaba: si como el beroe manchego no
ha realizado la salvación de cuanto se propuso, no
fué por escasez de voluntad sino por ausencia de conocimiento. ¿Quién duda jamás de la sinceridad de
sus buenas intenciones? Escuchad á todos los polítir.os desde las tribunas, absolutamente á todos, desde
~ más rojo al más moderado, y no oiréis más que el
eco de intenciones inmejorables; pero á todos por
igual les falta lo que le faltaba al héroe manchego,
y que fue la causa de su!&gt; inmensos fracasos. Hoy
por boy un sólo pedazo de patria les queda, próxima á desmoronarse el mejor día y aun aspiran á re.generarla y á robustecerla con la misma .:.uena voluntad, de la misma manera que aspirando á reg&amp;wirarlo todo, todo lo perdieron. Nápoles, Sicilia, Cer-

77
deña, el Milanesado, el Rosellón, los Pafses Bajos, el
Perú, Chile, México, el Paraguay, el Plata, !as Antillas, las Fll1pinas, etc., etc, en otro tiempo fueron
suyos; mas hoy nada les queda ya ni en los conti nentes, ni en los mares, lo ban perdido todo lucbando
como el paladio manchego por una justicia imaginaria y por una fe ignorante, al grito sacrosanto de
¡Patria!
¡Cómo se parecen ]os últimos momentos de E!&gt;pai!a y los de Don Quijott! .Ambos tuvieron su dfa de
gloria, su apogeo glorioso en sus empresas, España
viéndose sentada en el trono del imperio del mundo,
y Don Quijote glorificado en los salones ducales,
cuando
princesas cuiclaban dél,
doncellas de su rocino.
Pero toda medalla tiene un reverso. Hay en la Yida de cada hombre,-dice Alfonso D,rndet en su Naiab,-una ci.na luminosa, en la cual espera y recibe
todo cuanto le e&amp; dable esperar en punto á prosperidades, á goces, á triunfos. La cima es más 6 ru¡-,nos
elevada, más 6 menos accesible; pero existe de igual
manera para todos, así para los grandes como µara
los pequefio~. No hay sino que á maneradeaquel día
más !argo del aíio, en que el sol parece agotar tcdos
sus resplandores, y cuyo día siguiente parece ya un
primer paso hacia el invierno, ese summum de las
existencias humanas no dur&lt;1. más que un momento,
después del cual no cabe más que descender. Bien
podemos aplicar á la vida de los estados lo que el
gran novelista francés aplica á los hombres. Para tí,
¡ob España castellana! la del universal Imperio, ese
momento de oro fué el siglo XVI, el siglo que pre·cediera al en que vivió el inmortal autor del Qu~j,,te;
señora del mundo cómo te vistes, apenas hoy tu dominio se circunscribe á tí misma. Si dominas, es falsificando caracteres, disolviendo conciencias, proclamando estados de sitio. ¡Sí! ·Te encuentras en la
agonía; mas acuérdate que el héroe aquél, la personificación de tu genio, en sus últimos instantes supo
conocer que había vivido y obrado como un Joco todo
el tiempo en que quiso imponerse por la fllerza;
acuérdate que su vida es tu vida y su historia tu
historia, y que si al mor1r vuelto en su cabal juicio
confesó su er~or, otro tanto te queda que hacer á tí,
si es que no quieres d~smentir la sublime intuición
que guiaba al príncipe de los ingenios al escribir su
inmortal sátira.
POMPEYO GENElt.
París, 1899.

Un ideal místico en el teatro.
Si de Grecia hemos heredado el germen de una cu ltura amplísima, sus0eptible de alcanzar mayor desenvolvimiento, en cuanto se haga aprecio de Ja harmonía que supieron dar los hijos de Palas á lo real y á lo
ideal, el fondo y la forma; del Norte llegan al Mediodía de Europa las manifesliaciones, un poco sombrías,
del espíritu moderno, que as;:iira á reconstruir la metafísica creando la filosofía científica. Esta filosofía
desea fundar un concierto inmutable entre lo eterno
y lo perecedero, concierto que los materialistas han
roto al confundir sus análisis químicos con la grandeza de lo infinito. Creyeron que del fondo de las retortas salen las fuentes de la vida, y la vida es una
guerra misteriosa que se niega á dejarse conocer de
los hombres ..... .
El Renacimiento del siglo XVI, que fué doble, helénico y hebreo, ha tenido una inOuencia decisiva en
Europa, la cual ha de afirmarse más toJavfa según
pasemos del positivismo crítico á las aseveraciones
metafísicas.
El ingenio de Grecia y el de Judea, cuando tom"n
caracteres abstractos, llegan al más allá, que es la
verdadera meta de toda poesía y de todo arte, como
dice Mateo Arnold. El alma helénica con su belleza
plástica, y el espíritu hebreo con su pensamiento subjetivo, se compenetran fumando un ideal único en
el mundc, ideal que aún no ha dado sus frutos.
Reine, griego por el encanto de sus versos, y hebr¿o por la profundidad y «el anhelo, que no puede
expresarse,&gt; de su pensamiento, simboliza en el poema Fehucláben Jfakwy el deseo que existe de unir el
clasicismo y el cristianismo con el 1azo del arte, la
ciencia y la fé.
.Antes de que el tierno trovador cayera en t ierra
herido de muerte, cantó las excelencias de su amor
di vino y al cerrar la naturaleza, clemente, sus OJOS,
su último suspiro moribundo fué el nombre de Jerusalén, pobre querida agostada por eloinfortunio, triste 0uadro de desolación.&gt; Si Grecia es el arte y la libertad, Jerusalén es el resplandor que al.luncia un
nuevo día.
La venida de ese día podrá retardarse, perc, llegará
sin filisteismos y si con el lttcido cortejo de la verdad y
la compasión, que prefiere los vencidos á los vencedores. El amor, en su acepción más desinteresada, se
apodera ya de muchos corazones, y la ley del amor
acabará con el _egoísmo y la hipocresía; las murallas

�Domingo 6 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

7R

mosmulti,1licadotanto los puntos de vista, ~efin~co con t.al_ habilidad
las interpretaciones, investigado con tal pacie~c1a _el Génesis, y, por
consiguiente, la legitimidad de todaslas doctrmas, q?e he1;lJOS llegado
á creer que un espfritu de verdad se esconde en las b1pót_es1s más contradictorias acerca de la naturaleza del hombre y del umverso. Y corno
por otra parte no Lay ninguna hipótesis suprema qu? concierte todas
las demás v se imponga íntegra al entendJm1cnto, rema una anarqufa
de un carácter excepcional enLre los que r~flexi_onan. D~ abí se deriva un escepticismo sin otro análogo en la historia de las ideas, escepticismo del cual es Renan el más extraordinario representante.&gt;
Educados en la aridez del escepticismo y en la tolerancia que nos ha
traído la civilización moderna, nos maravilla el espectáculo de un
creyente que, á pesar de combatir su fe el indiferentis~o reinante,
i;igue admitiendo la acción de lo sobronatural en los negocios d~l mundo, y que á cada audacia de la crítica responde con una afirmac1ó~ ~eológica, las cuales aún tienen el don de fortalecer al caído y de m1t1gar
el dolor del triste.
La oposición que encuentra su entusiasmo religios? le fuerza á 1ecurrir á los procedimientos reaccionarios, y, como es cons1guie;11te, los acentúa con la experiencia que ad'luiere de que es problemático el triunfo
de su ideología. Si le dejaran al creyente sinceso imponer su dogmatismo lo haría como Torquemada, no como Lammenais. Prefiere el hierro á la persuasión; la- fuerza al derecho, y es que la intoleranc~a manda i.in admitir niugún mandato. Colocado frente á esa esfinJe que á
nadie cuenta el secreto de lo porvenir, él lo define en leyes de amor y
castigo, y si con ello no satisface al sabio, puede, en cambio, mostrar
á los afligidos, á los desheredados, á lo~ oprimido~ que constitu) en
las legiones del pauperismo moral, el cammo de la dicha, el P,uacleto
de Abelardo ....
Ya que contra su voluntad ba venido Bjmrnsren al mundo en este siglo, que con la sal de su crítica evita que se corrompan las ideas madres, se translada in mente al pasado, complaciéndose en evocar una sociedad muerta, la cual sólo podemos verla á través de la poes(a melancólica que alienta en cuanto fué y ya no será.
La tradición es su musa, y el culto que la profesa le hizo exclama r
en 1880: e Nunca saldré de Noruega; aquf quiero llorar, cantar y morir.
No me seducen los portentos de la civilización, esos adornos con que
engalanan las cortesanas del saber su miserable esqueleto, y prefiero
meditar en las iglesias á tener que asombrarme viendo los adelantos
contenidos en una Exposición universal.&gt;
Examinada atentamente la fisonomía interior de Bjmrnsmn, y leídas
que son sus obras, se comprende quE' le aten lazos de verdadero afecto
á Noruega. Domina allí á los campesinos con su talento, y una parte
considerable de la clase media piensa como él por haberse adaptado á
s~ medio y estar en comunicación intelectual con ese pueblo tan demó ;rata y tan moralista.
La influencia del medio es innegable en la colectividad y en el individuo, reflejándose además en la obra estética de modo concluyente.
Los fenómenos de simpatía y contagio mentales se manifiestan de
hecho, dando origen al parentesco espiritual que media entre la li teratura y los movimientos sociales, y aparecen desbordados en el teatro, ó bien al agotarse rápidamente las ediciones numerosas de un 11-

DAMAS lllEXICANAS.
'

'

_...

Domingc 6 Agosto de 18.99

EL MUNDO.

bro. La obra artística nunca es a~ena á lds costumbres y los sentimientos del país d:inde se establece.
Habiéndolo reconocido así la crítica, pasa, del estudio psicológko del autor que pone á contribución,
al de toda su raza, porque de no hacerlo de e.:.ta
suerte, fragmentarios y sin método, serían sus trabajos.
La historia de un pueblo, da, en parte, la medida
de los cambios porqu? ba pasado. Su literatura pone
de manifiesto las pas10nes y las ideas que en él tienen
representación, sus _cualidades, sus sentimientos, el
complicado engranaJe de su naturaleza. Y es que, el
escritor, aun desdeñando la realidad, el mundo que
le rodea, acaba copiándola por imponérsele á la voluntad. Su alma siente .:on las almas de sus contemporáneos,. y cuando imap;ina, es ig?al en el fondo á lo
que imaginó la generación de su tiempo. El sabe recoger las ideas 110 contenidas en un Sihtema filosófico
que están dispersas en la colectividad, las viste con
el ropaje brilla.ate del arte, y con su intuición, y su
experiencia penetra E'n los adentros de cuanto con él
vinieron. Hay una solidaridad en las razas, como
hay condiciones climatvlógicas opuestas en las distintas partes de la tierra, y la me1ancolía, la duda y
las sensaciones experimentadas por el hombre culto,
siguiendo una corriente psíquica desconocida, reper.
cuten en millones de ánimos que conservan la identidad de origen. El escritor que sigue la marcha de su
sociedail, lega al historiador, con sus obras, uu cua.
dro vi1&gt;iente que le permite recomponerla sin falsearla.
El rey y el vasallo de una época, el prócer yel lacayo,
la dama y la obrera, son ramas de un mismo tronco
que florecen y enferman en periodos invariables.
AHnidades ó disposiciones ó venidas de lo alto, podrán ser est:is aspiraciones sintético-sociales; pero la
crítica, poco amiga de admitir las causas desconocidas, en algunos de nuestros actos, procura conocerh s, y para. ello se auxilia de la ciencia que acabará
estableciendo las leyes denominadas del medio ambiente.
E. ALONSO Y ORERA,

EL MINISTRO DE COLOMBIA
EN .MEXICO.

ExMo.

Sa.

D. LORENZO MARitOQurn,

ll!ln!stro Plenipotenciario de Colombia en México.

El jueves 12 fué recibido solemnemente por el Sr.
President e de la República, el enviado extraordiuarlo y Ministro Plenipotenciario de Colombia, Exmo.
Sr. D. Lorenz&lt;• Marroquín. Selecta y numeroi,o fué
la concurrencia que presenció la ceremonia, distinguiéndose en ella muchas damas de la alta sociedad
de México.
Desdequeel Sr. Marroquín penetró en el S Ión de Embajadores, despertó espontán('a ,;im patía a laque eran

parte su fisonomía interesante, su bizar:a postura y
la. naturalidad de quien sabe a.traer sin turbarse la
atención pública. El discurso que pronunció c1.l poner
en manos del Sr. Presidente las cartas que lo acreditan como representante de C,1lombia, es fiel testimonio de la culjura y alta inteligencia del Sr. Ministro, así e omo de la simpatía que tiene por nuestro
país, en cuyos triunfos ve «un ej~mplo vivo que no

ha de ser estéril y un esplendor de gloria para la gran
patria americana.&gt;
Al terminar los primeros periodos de la alocusión,
el numeroso auditorio mostró su entusiasmo tributándole al Sr. Marroquln aplusos que se repitieron
más nutrí dos al terminar el discurso.
El Sr. Marroquín tlent una vuz amplia y sonora,
por lo que todos los concurrentes al Salón de Embajadores, oyeron sus frases sin perder una sola palabra. Su entonación y la galanura de sus frases, revelan al urador experto y al tribuno elocuente que es,
cuando la. peroración requiere amplitud y .vuelo.
Fué muy notable en e::I diiscuri.o del l:ir. Prei,idente,
RU marcadlsima. simpatía por la República del ::iur,
hoy con tar,to brillo representada ante nosotros·y con
1a cual siempre ba mantenido Méxieo relaciones cordialfsimas y que se estrecharán más, así lo esperamos,
con la acertada elección que ha becbo el gobierno de
Colombm, env1ánrlonos un Plenipotenciario tan hábil y bien dispuc sto á llenar ampliamente los empeííos de su co11Jetido.
El l:ir. Marroquín pertenece á una de las familias
más il•1stres de Colombia, que desde antes de la independencia figura brillantemente en la sociedad y
en la dirección de los negocios públicos de aquella nación. Uno de sus antepasados es el ramoso fiscal D.
Francisco Antonio Moreno y .Escandón, el culombiaño más ilustre de su época, que murió de Regen~e
de Chile; Don Andrés Marroquín, Diputado al Primer Congreso. y quien el libertador llamó admirable;
Nariííc, el primer apostó! y mártir de la Independencia americana; B,icaurte, el héroe de ::ian Mateo;
Alejandro usorio, Presidente del Congreso de Cúcuta
y Secretario de E~r,r.do de Bolívar y de otros presijentes.
Don L,,ren10 Marroquín es hijo de D. José Manuel
Marroquín, uno de los colombianos á quienes más debe el adelanto intelectual de su patria.. Es director
de la Academia Colombiana de. la. lengua, puesto que
ocupa desde hace mucbos affos; como litólogo y hablista, es uno de los primeros en la América Latín~
y sus obras didácticas han prestado grandes servicios y son harto conocidas en toda ella. Es poeta y
escritor humorístico, que ba deleitado á cuantos conocen sus escritos; d:itado de una fecundidad admi•
rable ha enriq11ecido las letras americana¡, en los últimos años con varias novelas, obras maestras corno
estudios de costumbres y caracteres, y por su rico y
atildado estilo. Hombre profundamente moaesto,
ageno á la ambición, vi vía lejos de: la polftica, pero
su inmensa popularidad, su ri::ctitud, su talento y sus
virtudes, lo arrebataron de la. apartada labor literaria y científica, par'J. llevarlo á la Vicepresidencia de
la Repúbli~a, que aceptó bien á pesar suyo y que desempeffó, ejerciendo el poder ejecutivo durante tres
meses con aplauso y reconocimiento de todos los CO;
lombianos sin distinción de partido. La edad muy

1

SRITA. ESPERANZA DIMARIAS,
Soprano dram1\1Jca del Teatro Principal.

/

Vease "La Semana."

que contienen el advenimiento de los modernos ideales. Quizás estén en 10 cierto los
que anuncian que la fiera de la Edad Media se ba convertido, en nuestros días, en un
hombre sensible y razonable, hasta cierto punto.
Dos direcciones, al parecer antitéticas, toman en el Norte las especulaciones señaladas, desarrollándose ambas con calor en la literatura dramática.
Mientras Ibsen cifra su anhelo subjetivo en investigar las cosas por el pensamiento,
en la libertad individual, en el cumplimiento del deber colectivo y en conseguir la
desaparición del mandato ciego y brutal de las mayorías; Bjrernsceen ama al modo de
los mis~icos con su poco de lujuria hábilmente disimulada, y supone que dentro del
cristianismo habrán de resol verse cuantos problemas preocupan al sociólogo, entristecen al moralista, é irritaná las muchedumbres, condenadas á la pobreza física y á la
atrotia .intelectual basta que la riqueza y el saber estén menos centralizados.
La afirmación de Spencer, según la cual vivimos de ideas muertas, conviene en
l!l.n todo con el modo de ser del dramaturgo noruego.
De nacPf Bjrernsren en el siglo XVII, hubiera llevado su baz de leña á la hoguera
donde se quemaban las carnes de los herejes que, al convertirse en cenizas, abonaron
con ellas los inquisidores el árbol del progreso, el único que se riega con lágrimas y
sangre, dando la paz á los hombres en un porvenir lejano, muy lejano.
Estos casos de atavismo moral abundan más de lo conveniente, y es que á miles
de años de distancia resucitan los caracteres y el medio, haciéndonos creer que existen los avatares de la India. A modo de fuerzas puestas contra la corriente de la nega-::íón sistemática las coloca la naturaleza, y debido á la resistencia que ofrecen encarna el pasado, su contenido es siempre joven en la filosofía moderna, que muchas veces
es ciega y sorda para las cosas del alma. La religión, ba dicho Hegel, puede más bien
existir sin la filosofía que ésta sin la religión.
Vivimos en una época de disolución religiosa. Y lo prueba así el becbo de que todas las doctrinas han sido escarnecidas. Carecemos de un credo que sujete las creencias; y como la inteligencia del hombre no se dirige á ese centro de atracción, nos
perdemos en la incertidumbre y el de¡,aliento, sin crear nada duradero. Demolemos,
poseídos delfurm· de analizar los problemas éticos y teológicoi. que se nos ba entrado
desde el afio 50, y en punto á la edificación abstracta que persei{uimo¡¡, teóricamente
suponemos que habrá de fundarse en la psicología y la cosmología, y pare usted de
contar. ¿Calmará semrjante conjunción el desequilibrio que existe entre la religión y
la ciencia? La pregunta no ha tenido aún contestación y cuenta que l-0s pensadores de
todos los siglos, al igual del loco del Intermezzo, la han demandado inútilmente del
cielo y de la tierra.
Bourget ha sintetizado con verdadero acierto nuestro malestar moral, al decir: e He-

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,/

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I

)
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SRITAS. ANOELA G t'TlEl'.REZ CORTINA y RAFAELA OBREOOX P RIETO.
(De Tamplco.)
Fot. Méndez.-San Luis !'o&amp;os1.

EL EM'rERA.DOR GUILLERMO VISITA EL CRUCERO-ESCUELA FRANCES clFIGENL\ 1&gt; EN EL PUERTO DE BEBGEN,

�EL MTTNDO.

80

...

avanzada del Sr. Presidente que en la actualidad ejerce dignamente el Poder Ejecutivo, hará que dentro
de plazo más ó menos largo vuelva el Sr. Marroquín
á la Primera Magistratura de esa República.
El Sr. :Ministro de C0lombia se colocó desde muy
joven en primera línea entre los literatos colombianos, obteniendo el premio en el concurso abierto por
la Academia Colombiana para celebrar el centenario
de Don Andrés Bello, obteniendo por este y otros muchos méritos, el sillón de miembro correspondiente
de la Real Academia Española. Ha cultivado la poesía, y son de citarse sus composiciones, &lt;el T iple,&gt; &lt;el
Lenguaje&gt; y da Cosecha&gt; y un poema religioso, &lt;En
la gruta de Lourdes,&gt; obra de alto aliento aplaudida en los países espaiíoles.
Ha escrito en prosa sobre viajes, crítica literaria
y artística, y multitud de artículos políticos que
contribuyeron en gran parte á fijar el rumbo de l,,s

destinos de su país. Su estilo, del que tenemos una
gallarda muestra en su discurso, es abundante, delicado y atildadísimo.
Ultimamente ha sido Director de la &lt;Revista :Nacional,&gt; periódico q·1e ha tenido gran aceptación en
Colombia y en el extranjero.
Llevado por sus convicciones polfticas y en defenRa de ellas, empuñó la Pspada, ganando el grado de
Coronel del Ejército de Coloro bia.
El afio pasado fué elegido Senador por el Departamento d.; Cundinilmarca, y ocupó el pues~o de Presi&lt;lente del Senado en la Legis:atura del período actual.
En la car1 era di plcmática ha desempPñado los cargos de Cónsul en Soutbamtpon, primer Secretario de
la Legación de Colombia ante la Santa Sede, puesto

EL

sin embargo todas las características de aquellas hermosas montañas, con su exbuberante vegetación de
pinos, con sus enormes despeiíaderos, sus cascadas
y picos nevados.
Una gtan parte de est,a región, era intransit,able
hasta hace t odav1a pocos aílos, debido á las escabroi-idades y ondulaciones del terreno que no permitían
llegará los más atracl i ,·os puntos de vista si no es á
alpinistas muy expe1imentados. Pero no han falta-

EMPERADOR

DE

AL EMAN IA

ABORDODEL CRUCERO ESCUELA FRANGES "IFIGENIA"

En los momentos en que los periódicos europeos escribían grandes editoriales sobre los trabajus de la
Conferencia de la Haya, vino un hecho inesperado á
abrir nuevos horizontes en el dominio de la diplomacia.
El 8 de Julio, Guillermo II
tuvo á bien visitar el cruceroescuela francés lfigenia, en el
puerto de Bergen. La recep-ción que le hicieron los oficiales de ese buque determinó un cambio de telegramas
entre Guillermo II y M. Loubet, acusándose en ellos una
'Cordialidad afable y amlstoi-a.
Un órgano respetable de
la prensa de Paríli dice: «La
aproximación de los gabinetes de París y de Berlín es deseable en el terreno colonial,
y todo lo que pueda favorecerla debe ser acogido de buena voluntad por lob franceses.
Los telegramas de ayer son
una nueva prueba de las intenciones de Guillermo II.
«En todo caso, no habíamos
uído desde hace treinta anos
·que un emperador alemán se
dirigiese á un grupo de marineros franceses, diciendo de
F rancia: &lt;Yuestra noble Pa•
tria.&gt; Y estas palabras no se
han dicho en secreto: el telégrafo las recibió para hacerlas públicas. No se perderá
una sílaba de ellas en Londres.
Y por su parte no ha faltado en Alemania la expresión
de sentimientos pacíficos. El
Berliner Tageblatt dijo&lt;¿ Quién
habría creído posible esa escena hace algunos años? ¡El
Emperador de Alemania en
un buque francés! ¡Aspirantes de la marina francesa maniobrando ante el rey de Prusia!
«Desde hace veinticinco
aiios no ha babi do un día más
notable, m;ís feliz ni más propicio á la recom,iliación de alemanes y franceses.&gt;

en el que fué parte para la conclusión de un concordato, y encargado de negocios en Berlín.
El Sr. Marroquín ha viajado mucho y ha estudiado
con profunda atención los países que ha recorrido
visitó todas l11s naciones de Europa y estuvo en Asi~
Menor y en Egipto. La narración de sus viajes, y
principalmente del que hizo áGrecia, fueron publicados en el &lt;Repertorio Colombiano,&gt; revista mensual
que tiene desde hace muchos anos justa fama en el
mundo de las letras.
Este es el hombre llamado á representar ante nues.
t ro Gobierllo y en nuestra sociedad, á la República
de Colomba, bPrmana de la mexicana por ei habla, pur
la raza y por las aspiraciones, y protectora en la época de las luchas de la Independencia, d&gt;i uno de
nuestros grandes patriotas, del sabio Dr. Mie!, quien
dedicó en Londres su obra sobre la revolución de
Nueva España, al Congreso de Colombia.

do empresas que, ávidas de obtener beneficios de
ls enorme tropa de paseantes, que se arroja aílo por
aiío sobre aquella r&lt;'gión privilegiada en busca de bellezas naturales, hayan ideado hacer accesibles loa
caminos por medio de instalaciones ani.liciales.
Una de estas es la que muestra nuestro grabado
y consiste en una escalera que se prende en las ro~
vertical~s del Valle de Kaprun y que permite
el ascenso de los viajeros de una manera cómoda y
segura. Además, la misma
empresa hizo allí una rica
· ·~
instalación eléctricaquesubs.'
tituye el claro de la luna en
las noches obscuras.
·
Desde que esasobrasse inauguraron, el número de vlsi•
tautes del Valle de Kaprun
ha aumentado considerablemente y es de aplaudirse que
la iniciativa y el ingenio de
los hombres, puedan arrancar
al celo de la naturaleza la contemplación de bellezas antes
augustamente defendidas.
L. a.. C RITI CA.
[Fragmentos de una carta.)

Rinc,nes pintorescos.
Aun cuando Europa estií.
muy lejos de poseer las bellezas naturales del Continente
Americano, tiene en cambio
lo ventaja de que las que po•
see son constantemente visitadás y admiradas debido á
las numerosas vías de comu•
nicación con que cuenta.
Hoy presentamos á los lectores de este semanario una
vista del Valle Raprun, en los
Alpes austriacos, que es u11
r incón encantador y muy preferido por los touristas para
sus excursiones estivales.
Los Alpes aus1riacos, aunque menos gradiosos que los
suizos y los italianos, poseen

Domingo 6 de Agosto de 1899

EL VALLE ,DE KAPRUN.-ALPES AUS'{RIACOS.

No se deje usted inficionar
de la peste que informa y ca.
racteriza á eso que se llama
c,itica madrileiía: esa costum.
bre de mirar de alta á abajo
los libros criticados, sean &lt;le
quienes fueren, olvidándose
lus seííores críticos imberbes
de que las obras de arte no
se hacen á compás y t iralf•
neas, y sobre todo, de que la
autoridad para fallar ex cothedra y sentar jurisprudencia,
hay que ganarla con los anos
y á fuerza de merecimientos
bien acreditados.
· Dar por bueno ó por malo
un pasaje ó un libro ent ero
perque guste ó no guste á un
crítico de esos, es el colmo de
la petulancia y del absurdo.
O probar lo que se afirma, ó
no aJirmarlo,
Además, á una obra de arte
fresca, y de estilo, no debe
juzgársela con la química del
análises frío y matemático:
por este tamiz de los tiquis
miquis, de los puntos y CO·
mas y de las genealidades del
autor, el Quijote mismo deja•
ría las tres cuartas partes entre las mallas.
No hay que confundir la
sana críLica con la ped~gogía
antipática y pedantesca, que
es la dominante en la «j u veo•
tud ilustrada&gt; que hoy nos
dispensa el honor, á los viejos que escribimos libros, de
111encionarlos desdeñosa.mente y r·on cierto airecillo de superioridad protectora.
De esto¡,¡ pel !gros quisiera
verle á usted alejado, y por
eso me permito señalárselos.
Hay en usted madera de crí•
tico; y sería una compasión
que la peste le invadiera á 108
comienzos del oticto; con lo
cual le declaro que no le ten•
go á la presrnte por apestado,
aunque le vea un tantico arrimado á la pendiente.
JosE M. DE PEr.EDA.

u omtngo 6 de Agosto de 1899.

EL .MUNDO.

81

INVENTOS EXTRAV!GANTES.

1.
1

.Aplicaci6n de la e.'caEl coche baño dt
la á 'USOS múltiples.
duc'ia de la figura
Un invento'. decepcionado pone al frente del opúsMúltiples efectiva7 es otro ejem.
1:ulo que pu?hc,a para dar á conocer un aparato v _
piar curioso. Las
mente, pues el inventilado1, el s1gu1ente epígrafe:
en
i;acudidas qne retor se si rve de la esEn los slglns de lgnorarcla la g~nte solla rtecl
cibe el aparato
cala como mango de
ventore•, y tras de sacarles los ojos 6 marcarlos ~~~• ~•u¿;s á lo• lo-dente, se les encerraba en un calabozo.
ll
erro can,
pala, culata de fusil,
provocan la agitaHoy, cual!do i\ cost.. de grandes trabajos logra el p b 1
ción del agua y su
remos de canoa, apanua eutrev1,ta del banquero, é!ttl aprovech 1
°
re . nventor
rato de durh1, euc..
ascencióa por los
médico ,J11ra decirle al oldn: "Doctor, vea us~l /~e~nhcia
de su
8
"Jllllaelo; creo que esta loco."
= umbre y
Cree
uno
soiíar
cuant11bos.
Como se ve,
SI Ir s tiempos progres,m, el inventor será maniatad 0 1 ñ
Flg.'4.-llañera de báscula.
traute.
e a o endo lee los pormenoel coche está dires de este invento,
vidido en varios
compartimientos.
Lo que este inventor dice melancólicamente en de- expues1'.&lt;&gt;s con toda SPTied id y que parecen una burla.
El mismo Doctor Bois es el autor del Si.~tema amEt inventor se refensa del grem10, puede afirmarse en general
Flr. 9,-Baño de esponja.
se1 va hacerlo roironía de los mil y mil chiflados que se present~ sin bulan~e Y dialitico, aplicado á la hidroterapia, á la aero.
dar en terrenos
las oficinas de ,registro de
n en terapia, al lavado, etr,.
desmveladosal capricho, y además las ruedas del co.
privilegios de invención en
Aunque el mécbe de baños dialíticos y arnbuluntes pueden ser ovatodos los países de la tierra.
todo se aplica inl~dos ó de una forma que di liera de la circular; por
¡Cuánto papel inútil en
distintamente á
eJemplo, una de ellas será más grande que la otra ó
esos expedientes! pero tamlos cuerpos vege.
tendrá ángulos salientes y toda clase de irregularidabién, cuántos elllmentos
des II bien estudiadas! 1
tales y animales
para estudiar las aberravivos ó muertos'.
La figura 8 representa el interior de una pista de
ciones mentales de los Bounos limitaremos á
Flg. 5.-Banerasglratorlas
ducha.• Cada uno de lo~. que se bañen moverá un sisvard y Pecucb'3t chiflados
la aplicación que
'
tema ue pedales y el moviento se utilizará (Dios sapor las quimeras de una
be cómo) para elevar el agua por
se h~ce de él á los seres vi vos.
ciencia mal digerida!
una columna central de dond~
Dice el Doctor Bois que el gran inconveniente de
Un periódico francés hacaerá 11obre los ciclistas.
los baiíos ordinarios consiste en Ja inbla de alg unos in vel.ltos ex.
sensibilidad á que está sujeta la persoPara terminar daremos los di•
travagantes entre los cuana que se baña. Según su sistema la
,
bujos de di versos sistemas de dules no podemos omitir la
C?ndición esencial de un bailo higié?ba amparados con patentes de
hélice sal va- -vidas para
mco es la agitación del agua que pror
lllvenc1ón en l!'rancia.
náufragos cuyo diseiío se
du~e un duch~zo continuo, y esta agive en el grabado número l.
Flg. 10.- SombreroLa figura 9 muestra á una
tamón se gradua en los aparatos que
E l in veutor anuncia que
ducha. .
persona que se baña con cuatro
vamos
á
describir.
ya no habría abogados en
g randes esp'JnJas lleuas de agua y esprimidas simulUna manera muy sencilla de recibir táneamente por mediu de un n~:,orte.
los siniestros marítimos,
una
corriente
continua
de
agua,
sería
siempre que los ;:asajeros
colocarse en un buque con cuartos de
y tripulantes lleven su apabaño. A la hora que se quiera puede
rato y no lo olviden á la hopenetrar el agua por las veritanillas. El
ra del peligro. Pueden sosmovimiento de translación del buque
tenerse en la superficie del
su hélice, etc., producirán eu el cuar~
agua varios días y varias
to de baiío ol:is y remolínoches si se proveen de los
nos.
;;paratas neeesarios para
La figura núm. 2 mues·
Flg. 12 -Ducha &amp;fplrante•
una navegación, como brúFig. 11. - Sombreros-ducha.
impelente,
tra la manera de evitar pe·
jula, cartas marinas, linterligros, atando á la persona
nas, trc,mpeta de alarma,
que se baiía áunglobocan .
velas y .... un kilo de choEn el sombrero, ducha, (figura 10) el agua se almacetivo.
colate y dos ó tres litros
na., en una esponJa oculta dentro del sombrero; al cuEsta
seguridad
es
útil
de agua y cognac. Según el
bnrse con _ést~ la cabeza el líquido la inunda. La fisobre todo en el establee!,
prospecto el aparato puegura
11 md1ca las formas que pueden tener los
miento de bañOl'l imaofoa.
de tener una h élice de fonso.1mbreros duchas, según los gusws de cada indi vid
do
por
el
Doctor.
Lo
co
nstiY la moda del día.
uo
do para descender ó subir
tuye un inmenso buque
voluntariamente á la suNo podemos omiti~ un modo de dar •auchas t
de vapor sumergido á me- Fig. 6. -Ducha de resorte
perficie del agua. Por últipoco ~legan te, ideado pur nuestro dor.tor: el i~di
dias, de manera de que pe·
mo basta los obesos pueden Flg, L-Héllce salva-vidas.
du.o ttene en la. boca dos tubos de hule (figura 12 . el
netre
el
agua
libremente
y
que
lvs
baños
estén
en
lueprovech ar el aparato, ocu .
pnme10 comumca con un recipiente lleno de a),
p~ando un. cogín especial ideado por el inventor para gar cerrado como en los establecimientos de baños la cual se. aspira por él y se laaza luego por el
1~ comodidad de esos seres demasiado exigentes. El de río, CCln la diferencia de que se mueve dentro del á una espiral hueca con muchos orificios que la d
enáufrago se sostiene á horcajadas en el flotador y agua. La Golondrina, tiene ajemás todas las comodi- rraman sobre la cabeza.
hace mo~er una hélice de eje horizontal que dirige
Como se ve, una de las características
-el movimiento de progresión. La hélice inferior sira.e estos l?cos es una preocupación por la
~e para sumergir el aparato ...... si tiece tan feliz
c1enc1a oficial y por Ja pedaatería cientíueseo el náufrago.
fica, absorbente de tal modo, que sustraOtro inventor pidió privilegio &lt;para la aplicación
y_éndolos á las sugestiones del buen sende la fuerza de los
tid? les d!L de la realidad una visión se.
peces de agua dulce
mPJa~te_ á la que rn obtiene con unananteoJo rnvertido. Así, por ejemph, para
y salada y delos otros
animales acuáticos
hec.er .un cañón en vez de adoptar ~¡ procomo fuerza motriz
cedimiento empírico á que se refiere la
f6rmula: &lt;Se toma un agujero y se le rode las barcas destidadas al salvamento de
d~a de b~once;&gt; ellos quisieran hacer una
Fig. 7 -Coche-baño "dialítico y ambulante."
pteza sólida perforándola después.
los náufragos, así como de las canoas y a.ades y distracciones de una estación balnt:aria en
.
.
En vez de buscar los medios llanos
fáciles, rnven~an dificultades, acumulan coro lica~iJ.
esquifes útiles ó de tierra fir~e, restaurante, salón de conciertos, etc.
nes, crean obstáculos para darse h satisfacció¿d
Ff
recreo.&gt; Ese pri vileEn la f1gur~ 4 el baílo es de báscula y el Ue se bag.•9 ,-Globo de rngurldad.
gio otorgado por la
iía la hace osc~lar tirando de una cadena qde está en darse á 1.a mitad del camino, aventurando reso1:i~
nes teón?as pa.ra un problema innecesario.
ec
oficina francesa res- la parte supenor.
pd tlva, es de Junio de 1869. Hay otro más rnclente
.Demasiad~ ilustrativos y típicos son los casos aduEl dibujo de la figura 5
Cldos para que insistamos en ridiculizar~!~ de Marzo de 1894) y que tiene este título: Apli• muestra
dos
baños
instalade la fuerza de las aves al tmnspm te de personas
los. P!'ueban ?ºn evidencia que fuera de
de
dos
en
ambos
extremos
Y mei·cancías.
la i:eahdad el rngenio se extravía y lejos
una báscula giratoria.
na~ntre los i~ventos extravagantes, son de menciode ilustrar el PRpíritu los datos ciPntífiEl
que
busque
una
agitase los de cierto Dr. Bois. Uno de ellos es el de la
cos, por insuficiencia de compraba 'ión lo
ción menos vioofuscan.
. lenta que la
La verda~era, la única fuerza creadora
• del modelo ande grandes rnventos, es el genio aguijoterior, preferin_eado por 1,a necesidad de resolver dificulrá el de la figut.ades pr~n_w,sas y graves. Ejemplo de ello
ra 6 asentada
la prod1g1osa fecundidad inventiva del
sobre dos resorpueble americano, puesta á prueba por la
tes que muefalta de ~razos Y el jornal á alto precio
ven el agua con
que lo obliga á suplir la fuerza humana
sólo el balane m el maquinismo.
ceo del cuerpo.
E:; ~n bec~o comprobado que el inventor
El aparato tiepo.r diletta11ti~r1&lt;0 acaba, si no lo es ya por
ne además una
chiflar,e Y et mejor dia, hay que supli~arle
ducha formada
al Doctor que le tome el pulso y lerecete
Fi¡r. 8.-Pibta para duchas.
por dos tubos
duchas frías (y no en aparatos de su inlaterales en.
venclón) ó nos resignamos á sufrir sus
cor!ados y que terminan Pn la parte su- impertinencias, pues en punto á obst'nación no le ce
penor por una regadera. El movimiento de el lugar á nadie cuando se trata de imponer las ex.
del agua la hace subir (?) por los tubos celenclas de sus inventos.
Fl. 3.-Buqne balnear:o.
•
cayendo después en lluvia finísima.
0

:¡~
~~:¿

'

V

'

�82

EL MUNDO.

Domingo 6 de .Agosto de 1899.

Oomlngo 6 de .Agosto de 1899.

=

EL MUNDO.

sa

llas palabras dichas en latín con sonsonete y lentitud
desesperantes?
Le hicieron ocupar su puesto en la carroza para que
fuesf. delante de nosotros, como correspondía.
Y subimos al coche encortinado.

¡Cuán larga es una noche pasada en compa!Iía de
un cadáver!
Las horas se arrastraron muy lentamente, rodeadas del negro silencio.
.
Sólo cortaba el silencio del luto uno que otro sus-Pues bien, oye; sacia tu tenaz r.uriosidad aún piro periódico de dolor, de simple desahogu, ó .... de
•cuando sea á costa de mi reputación de hombre rastidio, y el cuchicheo de los que fumando charla•cuetdo. )
ban de política, de ruedicina, de comercio.. . para
L Veremos si sabes guardar el secreto.
no rodar al abismo del suefio.
De cuando en cuando, alguien se acercaba al infeliz Juan, y nuevo rucio desinfectante que hacía salCuando Juan murió, no esta vez, la otra, recibí la tar, en la sábana blanca, manchas obscuras, y nueva
•noticia inesperadamente, bruscamente. Me hallaba despabilaJura á los gruesos· cirios que crepitaban
·en una cantina, y me produjo el espasmo que me hu- acompasadamente, como si murmurasen una oración.
Andaban Jautelosamente, sin producir ruido.
biera causado una agresión violenta, á mano armada.
Lo de siempre: rM parecía rMntira. Me entró la trisEra el temor de que se fuera á despertar de su esLas conversaciones eran obligadas á tema triste.
peso sueño.
teza de la muerte.
El aire del campo, ese aire puro, me hizo mucho
Debe ser espantosísimo el que un muerto resucite.
Cie1tamente, era de muerto aquella inmovilidad.
Estaba rígido, sobre las verdes tablas de su pobre ca- Hasta los que habían tomado parte más activa, en el mal.
Me pareció que aspiraba una cantidad enorme de
•ma desnudada. Tenía cruzados los brazos sobre el coro de lamentaciones, de llanto y de sollozos, con
pecho, y un tanto inclinada hacia adelante la cabeza; que acompañaron el estertor de su agonía, hubieran gas ácido carbónico.
¡Cómo me repugnaron aquellos árboles que corrían
-así, con los brazos cruzados y la cabeza inclin~da so- emprendido la fuga aterrorizados, si lo hubieran visto
en sentido contrario, como si vinieran huyendo del
bre el pecho, durante los crepúsculo se paseaba me- moverse.
·dltando por los sombrosos correJores de la escuela.
Al fin llegó la luz del día, levantando ruidos por panteón, y al pasar rápidamente, nos hacían las más
¡Oh, qué hermoso cuadro, si se hubiera incorpora- todas partei;: abrir y cerrar de puertas; toses de ma- estrafalarias genuflexiones; contorsionaban sus trondrugadores, mugidos de ganado;, gritos de vendedo- cos, como lo hacen con sus cuerpos, los cirqueros.
do, para recorrer meditando las ;:,iezas de su casal
¡Qué extrafio!
Con una solución desinfectante le baíiaron el ros- res, rodar de carruajes, llantos de chiquillos.
Sentía la angustiosa sofocación que debe sentir la
·tro,-rostro de pergamino viejo-y el cuerpo esquele¡Cuánta cabellera en desorden, cuántos semblantes
·tudo, que tenía por mortaja, como él 1o pidió, una empalidecidos y manchados por las huellas de un río nube cargada de electricidad, antes de unirse á otra
blanquísima sábana. Ni un signo de protesta; nin- seco ya, de lágrimas amargas, porque amargo es el para que estalle la chispa. Mi cuerpo se convulsionaba,-inleriormente,-con los estremecimientos que he
sabor de toda secreción.
.gún mú&amp;culo de la cara se le contrajo.
El anciano, eterno acompañante de los que por la visto en los hipnotlzac!os.
¡Debía de estar bien muerto!
Los latidos de mi corazón, que parecía a!&gt;ustado,
Siguió espiando por sus párpados entrecerrados y última noche están visibles para los de este mundo,
·dejó, indiferente, que le rodaran las gotas venenosas aquél que hizo rezar tantas oraciones, tenía enrojeci- repercutían dentro di: µii cabeza, como si fuera mi
cráneo la l;&gt;óveda de una gigante catedral en dond6
por los ojos, por las mejillas, por la boca entrMbin- da hasta el escarlata, la esclerótica.
Comenzaron á vaciar la recámara; precisaba•la des- una multitud de herreros golpease fuertemente y li
ta. Era una lluvia de lágrimas que rodaba hasta el
infección, y urgía que la familia no encontrase el compás sobre un yunque descomunal.
·cuello.
Experimentti la impresión de que mi pobre cabeza.
Sus cabellos y su bigote desordenados, parecían mismo aspecto para que nosurrier-1. con los recuerdos.
·entonces más negros que nunca, sobre el amarillo ma- ¡Qué grande empeiío tienen los vi vos en ul vidar pron- era una bomba pletórica de dinamita, á la que len~mente se iba acercando el fuego de una mecha encente del cutis de tísico. Todos Je tenían miedo, asco, y to á los muertos!
¡Ah, si él pudiera haber asistido á las escenas que dida para hacerla estallar. Me faltaba oxígeno para
por precaucióu lo velaban desde la pieza inmediata,
la res¡&gt;i ración.
'
enfrente de su cadáver¡ y todos llevaban esenelas eu se desarrollaban ante su cadáver!
Salí
á la plataforma.
.
Siempre
lo
había
dicho:
«sería
curioso
presenciar
•sus pa!Iuelos.
Me causé lástima, y me inspiré temores por mi &amp;atodo lo que hacen los deudos y conocidos cuando uno
¡Es tan horrible la tisis!
lud. Intenté tranquilizarme ..... .
acaba de morir.&gt;
De pronto subió al cochP. un hombre.
Llegaron los enlutados enterradores, y procedieron
""· ,.....
Vestía
de negro y cubría s~1 cara una gran bucomo muy amaestrados á su tarea de recojedores de
¡\
fanda.
cuerpos
inútiles,
perjudicialc::s,
en
vísperas
de
putre,, ... '.
.A.penas se le veían los ojos, unos ojos negros, muy
facción.
negros, de extraíio y poderoso brillo.
Los deudos se entregaron á los más desesperados y
Me tendió la mano y estrechó la mía, de maner&amp;
ruidosos desbordamientos de óolor.
significativa.
Hubo
gritos
agudísimo&amp;,
llantos
escandalosos
y
1
¡Su voz! No podía dudarlo; la conocía bastante.
frases impresionantes.
-¡Qué curiosas son estas escenas! me diJo.
Ona joven enamorada. de Juan, se abrazó al cadáNo había duda; era Juan.
ver y pretendía no separarse de él, besándole por toLlamé todas mis 1inergias, y creo que estuve sedos lados el rostro duro y frío.
reno.
¡Qué repugnante!
-He presenciado todo lo ocurrido anoche, y deseoso
~
,, ;
Algunas
frases
me
parecieron
demasiado
dolorosas.
de ver las últimas pantomimas de esta gente, con un
'
~
.
¡Por qué te vas, y no me llevas contigo?
esfuerzo supremo de voluntad, be logrado venir has¡Hermosas escenas para un drama espeluznante!
ta aquí. Y con voz de ultratumba, me refirió tod~s
Una sonrisa de Incredulidades y de despre&lt;'io, se las conversaciones que tuvieron frente~ su cadáver.
asomó por los entreabiertos labios del muerto.
S11 voz resonaba como si saliera del fondo del
Muchos lloraban, aun sin ser parientes del que se ataúd.
llevaban los enterradores.
-¡Lástima que no pueda yo pres¿nciar la escena
,¡
Por egoismo unos; por contagio otros.
final de mis funerales. Tendré que regresará tiempo
Al pensar en el padre, en el hermano muertos, ó para que me sepulten.
valetudinarios, enfermos desahuciados.
Y rió, rió con risa macabra.
Por contagio, como se ríe con lus que ríen, y se
¡Oh desdicha! La bufanda se le cayó por el movibosteza, y se come con apetito, con los que bostezan, miento de las mandíbulas
ó comen con apetito frente· á nosotros.
Y-¡est~mos en el origen de la desgracial- un joRecordé á los que alquilaban !,orones para sus muer- ven anémico le vló y lanzó un grito horrible: &lt;¡el
to:;.
muerto!&gt;
Sacaron el ataúd.
Y cayó desmayado.
El pobre Juan se estropeaba el cuerpo contra las
Todos lo atendieron compadeciéndolo por haber siparedes de .,;u última casa tan fría, tan obscura. tan do víctima de una alucinac.ión. ·
lóbrega coi'no ninguna de fas frías, obscuras y lóbreJuan aprovechó la confusión, y descendió violengas que antes había habitado.
tamente.
Después, la misa de requiem.
Le ví, le oí, con gran terror, alejarse de prisa, en
La voz artificiosamente triste, lúgunre del sacerdo- sentido coot1ario del que llevábamos.
Se perdió entre los árboles de la calzada. Pero ¿á
te, resonó en la iglesia espaciosa. fatídicamente.
L¿Le bastarían para la salvación de su alma aque- dónde iba? ¿á quién íbamos á sepultar entonces?

r-

•

PRIMA.VER.AL.

�Domingo 6 de Agosto de 189~

EL MUNDO.

84

¡Qué angustia!
Llegamos; alguien quedó al cuidado
del infeliz joven que tenía fiebre.
¿Ilusión? Eramos entonces dos los ilusi&lt;,nados.
Yo llevé en hombres el féretro.
¡¡Estaba vacfo!I
Un sepulturero confirmó mi sospecha.
Al bajar á la fosa nueva la caja m1..rt1:oria, lo dijo: ¡Qué poco pesa este muertol
La tierra resonaba sobre la tapa del
ntaúd como cuando se golpea una caja
hueca.
Colocaron una cruz rnbre la tumba y
partió el severo c1.rtej J.
E) pobre Juan estaba candenado á
quedar insepulto.
Esperaba hallarlo muerto, tendido en
el ramino.
¡Oh! y si Jo encontraban ¡cuántos iban
á morirse de miedo; horrible muerte!
Nada; Juan no pareció.
Los dolientes se habían salvado de una
impresión superior á las energías de sus
vulgares espíritus, pero Juan ¡el infortunado Juanl ¿qué sería de su cadáver amlmlante?
Cuando ya entrada la noche, la luna
fingió fantasmas por todas partes cou los árboles de
la calzada, resol vi volverá mi casa. Traté de convencerme de que era yo juguete de una pesadilla..
Y seguí muchos días con la duda siniestra, clavada en mi cerebro como un claro monstruoso.
Y varias veces he visto pasará ese hombre rápidalDf&gt;nte, velozmente, junto á mí, en la calle.
El mismc traje neg,o ya deteriorado, la misma
enorme buf'lnda cubriéndole el rostro.
Una noche, lo entreví en el fondo de una cantina
de barrio.
¡Naturalmente no tomaba alcohol!
Tenía 'la vista perdida en el espacio. Ya no brillaban extrafia y poderosamente sus negros ojos. ¡Mirada
idiota! Cuando llegaba á mi casa, ha pasado no muy
Jejos de mí, como siempre, corriendo, como si le urgiese llegará tiempo á alguna parte.

Estoy seguro de haber sentido olor de cuerpo putrefacto.
Y Riempre el temor al ridículo me impidió hablar
á ese hombre, llamar á ese cadáver.
. Agotadas sus energías, seguía caminando p0r
ine'rc;a, como un autómata, sin saber á dónde iba,
ni qué podía hacer? Si hubiera resucitado, si estuviera vi rn, lo más fácil le hubiera sido vol ver á una
vida de trabajo; pero ¡estaba ruuertol ¿ Y qué necesita un mue1to?
Lo único que le hacía falta era una fosa. Pero
acaso él mismo ya no lo sabía, porque ya no pensaba.
¡Y si era un trasunto de éll
Si mi imaginación ccbarde, a,mstadiza, le había
hallado parecido con aquel hombre que era acaso un
limosnero vergonzante!¿ Y por qué corría?

Los mendigos no corren; siempre van,
despacio, abrumados bajo el peso de.su
miseria.
En todo caso yo no podía presentarmeá dennnciarlo ante una auMridad, ni detenerlo para darle sepultura.
Pero ayer, ayer han cesado todas mis.
dudas.
Ese hombre que has visto en la plancha del anfiteatro, que fué destrozado
por un tren, ese cuerpo putrefacto, cuya1:, vísceras no hemos podido ya examinar, cuyos mtestinos estaban vacíos dealimentos, ese ¡e.ra Juan!
Ustedes han creído que es un infeliz
que murió de hambre, y á quien ya muerto, trituró la locomotora. Bien, esa hipótesis robustece mi creencia ó bien, ya
falto en lo absoluto de energías, de facultades mentales, lo ha eorprendido el tren,
ó acaso con el último resto de inteligencia, comprendió su desesperante sltua-.
ción, y se arrojó á la vía, para que lo re.
cogiera muerto y le diesen sepultura.
Debe de haberle repugnado mucho Irá
compartir su lecho con toda clase de gente: á la fosa común.
¿Comprendes ahora mi empeño por hacer la autopsia de e~ nauseabundo c;adáver?
¿Comprendes mi obstinación por que se me entregara?
y yo solo lo he velado, y yo solo he asistido á
sus funerales, pero ahora sí no me cabe duda; está~pul ta do. Esta vez no se escapó.
Ya ese cadáver no se paseará más por las calles.
Ya estoy tranquilo.
¡Y la ridícul~. romántica enamorada de Juan, si al·
gún día quiere hacer ostentación de su dulor de oropel, depositará flores sobre una tumba si11 muerto, sobre una t"osa vacía!
FRANCISCO

ZARATE RUIZ,

Dommgo 6 de Agosto de 1899

EL MUNDO

-~

(La quinta de los Cyclamens, cerca de Ouchy, en
el Leman. Frente á la terraza florida que desciende
hacia las aguas azules del lago, se extiende el delicioso panorama de los Al pes, cuyas al tas cimas están
11ún incrustadas de placas de nteve. Junto á un macizo de verdura, en un punto desde donde se domina
todo el paisaje, se levant.. un pabellón cubierto ~asi
por los rosales. Concluida. la. comida. todos los convidados de la quinta se han reunido allí para tomar el
café. Después van, poco á poco, dispersándose todos,
y sólo quedan en el pabellón Roberto Favrette y Gabriela d 'Azel.)
Favrette, despué.s de un largo silencio.-¡ Qué hermoso es estol
Gabriela.-¿ "El paisaje?
Favrette.-Sí, este paisaje delicioso que caia vez
que vuelvo de mis largas ausencias, encuentro más
twllo y más hermoso.
G&lt;lbritla.-¿Sí? Con esta van quince veces que viene usted. Sé contar mu.v bien.
Favrette.-Ciertamente, ¡quince ar'íosl Y la primera vez, cuando tus padres we invitaron á venir a:¡uí,
eras así, pequefiita ....
Gabriela.-Ya lo creo, como que basta nodriza
J;'avrette.-Y no era yo, por cierto, un Matusalem,
puesto que acaba~a de salir del colegio; pero para tí
era ya lo que nunca querré dejar de ser,-el hermano mayor, casi un papá ...... un segundo papá. Te he
visto ir creciendo poco á poco, be asistido á todas
tus etapas, y te he traido tudas las muffecas que tienes! ...... A propósito ¿i;abes lo que traigo en mi ma-

letaf

Jorge lllanr.ique
Nave de mi fantasía,
tu casco por cristalino
mar resbala,
y al soplo de la poesía,
despliegas tu blanco lino,
como un ala.
¡Nave azul, boga ligera
y condúceme al verjel
de la Historia:
á la mágica ribera
donde florece el laurel
de la gloria!
Allí, de torres feudales
al pie de los ~incelados
miradores,
cintan hazafias triunfales
•y el amor los afamados
trovadores.

Entre todos, allí brilla
el vate Jorge Manrique,
gran guerrero,
luz y espada de Castilla,
que venciera al cuarto Enrique,
con su acero.

que villas y corazones
conquistó,

Manrique, mozo gallardo,
arrogaot,e defensor
de Isabel (1);
paladín como Bayardo,
á su reina y á su honor
siempre fiel,

y Jc;rge, al ver apagado
sol tan hermoso y luciente
de virtud,
besa á su muerto adorado,
v baila con lloro ardiente
·
su ataúd.

espejo es de la bravura,
del asalto en los furores
y en torneos,
y consagra á una hermosura
sus endechas, sus amores
y trofeos.

Y ante el palacio deshecho
de su iusión, su alegría
y esperanza,
el bardo siente en su pecho
la afilada punta tría
de una lanza.

El lauro de Jorge ufana
la ancianidad de su noble
padre amado,
como la yedra engalana
el tronco de un viejo roble
deshojado.

Después, RU estro volador
de tinieblas y congojas
al través,
gime como un ruisefior
que se queja entre las Lojas
de un ciprés.

11) La Reina de castilla.

Muere el héroe don Rodrigo (2),
el que á insignes campeones
humilló;
aquel de buenos abrigo,

Y canta en bella elegía
la inconstancia y los rigores
de la suerte;
¡profunda, excelsa poesía
que ornan las pálidas tro:res
de la muerte!

... . .. ............ . . .............
¡Nave azul, boga ligera
y condúceme al ..-erje:
de la Historia:
á la mágica ribera
donde fulgura el laural
de la gloria!
Allí, en la noche estival,
de la luna al argentado
resplandor,
vibra en arpa de cristal
el canto más inspirado
del dolor.
MANUEL REINA.

Enero 9~.

(2) El padre de Jorge M&amp;nrlque.

.

Sí, de conversar como toda una persona grande, según lo parece ya.
Gabriela.-Y á la que no tomará u., te I en serio,
¿eh?
Fravrette, con incredulidad.-bí, sf; ya me acostumbré. ¿ En qué pasa usterl ahora su tiempo?
Gabriela.-En París trabajaba; ya ~abe usted, las
seíioritas trabajan mucbo en Pa.rf~. No sé si será tanto como en las escuelas de provincia ..... .
Favrette.-Y aquí, ;,qué bace usted?
Gabriela.- ¿Aquí~ 01:11 leo mucho ...... Precisamente en ese pabellón, frente á este paisaje que no
me canso de admirar ...... por más que usted me acusa de no comprender su hermosura ...... Dibujo, lntento copiar los colores de la luz ...... y ...... pienso
en la vida.
}i'avrette.-¡, Piensa mted en la vida? ¡Dios mío!
Pero si nada más los desdichados piensan en esto.
Gn.briela.-0 los que reflexionan. Reflexionando se
comprende que las sat,isfacciones d~l dinero, del orgullo, del placer, de toda esa multitud de cosas que
me rodean, no son la verdadera existencia ... _Yo soy
así .... pero ¡á qué viene esto! pienso en tantas cosas
que no pueden interesará usted., ..
Favrette.-Por el contrario; todo eso me interesa
en gran manera ...... ¿Qué cosas son1 (Insinuante.)
Gabriela. -Suenos.
Favrette.-r.ImposiblPs?
Gabriela.-No lo sé. (De.• pué~ de una pausa.) Me
permite ·usted que á mi vez Je haga una pregunta?...
¡,Cómo entiende nsted el amor?
Favrete, asombrado.-¿El amor? ...... 1Vaya un .

tema!

Gabriela.-¿Qué· puede ser!
.
Gabriela.-Es el tema del matrimonio; un buen
Favrette.-Pues..... ¡la muñeca de este afíu! Ayer, _ tema. . . . . . ¡ Y y o deseo tanto saber lo que usted
tarde no tuve tiempv de sacarla. Pero hoy mismo ,piesal
Favrette.-¿ Yo?
te la daré...... Es encantadora, ¡y muy inteligente!
(Mirando que ella permanece silenciosa). ¿Qué tiem,s,
Gabriela. - ¡Hola! A los treinta y cinco anos se deGabi, no estás contenta?
be ya comprender bien ese problema. ¿Cree usted
Gabriela, fríamente. - 8í, Rf; muchas gracias.
que debe ser eso una asociación, un negocio, ó la
Favrette, levantándose.-Oh! mira, mira, ese rayo unión de dos caracteres. de dos corazones? ..... .
de sol cómo dora la montailal Qué luz tari bella coloFa.vrette.-¡ Diablo! E➔ que ....
ra el horizonte..... Pero, ¡ vamos! qué puede imporGabriela- Se dice que es usted un feroz fSCéptico.
tarte á tí todo esto 1
Escil;.tico, ¿no es esto lo quf quiere decir ser un poGabriela.--¿Por qué le -:ree usted así?
co ligero, divertirse mucb.o y no creer eJJ nada?
Favrette.-¡Oh! porque yo supongo que los t rajes
Favrette. -No creer en algunas cosas. Además, yo
de las famosas mnr\ecas deben de absorbe1te por com- no soy Pscéptico, y despaé11, esta palabra quiere depleto.
cir: hombre que se burla de las quimeras sentimenGabriela, mirá'lldole--Vamos. creo que papá tiene talPs.
razón cuando á todas horas le dice á mamá que es usGabriela.-¿Qué es eso?
ted un muchacho encantador que no conoce la psicoFa.vrette.-Los juguetes de las mujeres y los lalogía.
zos para los hombres! .... Pero á usted la creo uua
Favrette, riendo. ¿Psicología?... ¡Esto es divino! ..... filósofa! ..... .
Me divierte oírte empleando esas palabras....... Pero
Gabríela. - Cree usted que yo no...... Pero en fin,
¿sabes acaso lo que es la Psicología?
vov á Cvntarle una historia.
G:ibriela.-Naturalmente, puesto que la he est,u.
Fa.brette.-;, Una historia verdadera?
diado en la clase de literatura.
Gabrlela.-Tan cierta como que ha. sucedido á una
Favrette, admfrado. Pero ..... .
de mis amigas...... íntimas.
Gabrieia,-Ahl sf; es que á pesar de haberme visEsta amiga se llama Syb1l, y tiene casi mi edad.
to crecer, no sabe usted mi edad ...... ¡ Diez y seis Es moren¡¡ como yo, y muy bonita...... en esto si que
anos, eeflor 1
no nos parecemos.
.ll'avrette. -¿ Es que ha hP,cho usted también un
Favrete.-¡Señorl ¡Oh! conque me tratas con ceremonia! ..... .
curso de coquetería?
Gabriela.-Sí, desde el momento en que mis vestiGabrirla, sin responder.-Sybll, desde que era muy
dos se han alargado, la pequeila Gabi no tiene el de- niña, vió siempre en las vacac1ooes, venir á su carecho de llaa,ar á usted Roberto.
sa á un joven á quien llamaré yo el j&lt;&gt;ren, rubio y
Favrette-cambiando de tono, y muy sorprendido. que á ella le gustaba mucho. Cdda año ju~aba
-Pero, veamos, veamos ...... es c!erto, el vei,tido grandemente con el amigo, hasta que un día se
larvol ...... ¿ Queréis acercaros un poco, Gab ..... . encontró, de pronto, con que ya no podía jugar
má~ con el joven rubio porque...... lo amaba.
Beilorita ...... para qne os vea mejor: ..... .
Gabriela.-¿Pues qué no me había usted visto anFavrette, estupPjacto.-¿Ella lo amaba?
teR? ..... .
Gabriela. -:8f.
Favrette.-;, Y entonces? ......
Favrette.-A fé mía no; crpfa que estaba usted corno _otras veces. ¿Querrá usted hacerme el honor, no
Gabriela.-Entonces ella 1,e puso muy triste pende Jugar, sino de conversar conmigo un poco? ..... . sando que nadie la tomaría. en Strio y mutho menos

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f\UR0RA DE AMOR.

tenía.

DEL "JARDlNDELOSPOE'l'AS."

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el joven rubio que era diez y seis años mayor que ella,
y que todo esto era una. locura que no osaría confe-

sar. No hace mucho tiempo que ella me cont,ó su......
estado de ánimo... esta es la palabra, , no? Decíameque
esto hibía durado más de dos ruese~, y que se sentía
ya sin fuerzas. La frase de usted es la. que me ha hecho recordar la historia de Sybil.
Y asf es como la pobrecita está condenada á no
confesar jamás su amor porque se le diría que es una
quimera sentimeutal.. .... Vamos sefior, lo tomo á
usted por juez.
Favrette, alterado,-Peto, franr.amente, me pone
usted tales cuestiones. . . . . La oigo hablar de cosas
tan extraordinarias..... Es cierto que á la edad de
su.... amiga no se ven las cosas claras.... Pero ¿en
qué conoce que eso es amor?
Gabriela. -Puei;.... porque al llegar una hermosa
maíiana no jugó ya, oioo que se puso á reflexinar,
pensafido siempre en la misma persona, sonando con
no sé qué conquista.... en tin, que ella sentía una
transformacióu, una metamorfosis, como una luz que
penetraba en su alma. Yo... . no soy bastante grande para saber lo que es eso.... (rnaticiosamente) pero
Sybil me lo ha repetido tantas veces que, ya lo ve
usted, á mi vez puedo decirlo con todas sus expresiones.
.li'avrette. -Lo sabe usted de memoria. Pero su
amiga, que me parece una razonadora de primera
fuerza, ¿no ha dicho á usted cómo arreglaría aquello
de la gran diferencia de edades?.... Porque, en fin,
el señor cen esoR diez y siete ai'íos que le lleva.
. Gabriela.- ¡Oh! Dios míol Eso lo arregla ella perfectamente. Al prmcipio no es difícil. ...
Favrette.-¡Ahl
Gabrlela.-Sf, al principw del matrimonio.....
porque ya he dicho a usted que los dos son igualmente gentiles.
Favrette.-Pero ¿después? ...
Gabriela.-Después.... ella cree que este después
vendrá tan tarde.... y, además, depende de la habilidad de la mujer el saber manejar su dicha. Sobre
todo, cree que cuando el amor se atenúa para transf?r~arse en afección, la diferenciad~ edade_s nada
s1gmfica, pues que el del:.ter de la mlljtr es vigilar por
su marido y cuidar de los niños.
Favrette.-¡ Diablul Arregla usted las cosas como
en las novelas que acitban bien.
Gabriela.-¿Encuentra usted que no debe ser como
lo digo!
Favrette.-Lo que encuentro es que habla usted
como una verdadera mujer, y que ;me sorprende extraordinariamente!
Gabriela.-Es cierto; me mira usted con unos
ojos....
FavrettP.-Sí, como el jardinero que habiendo dejado una flor eri botón, la encuentra de pronto completamente abierta ....
Gabriela.-Sí, que le sorprende · á usted; pero que
no le complace....
Favrette, visiblemente impresionado. -Sí. ... sí me
complace.... ¡muchí-Jimol....
Gabriela. -A ~usa de su florescencia espontánea?....
Favrette.-¿A causa de la histo:ia de Sybll?.. ,.
Gabriela, un poco_pálida.-¡Bab!.... ¡una quimeJal .... ¡un juguete:.... (At,já11.dose algunos pasos.)
Vamos á ver el mio.... ¡la muñeca lnt,eligente que
ha traído usted!.... ¿t::labe esa pequeñuela decir
mamá?
F¡ivrette.-No! ... No es ese el juguete que he
traidr.... Es un joi:en ruliio, de cabeza un pooo dura, que comienza á decir.... Gabrielal
MICHJ!:L

PROVINS.

�Domingo 6 de Agosto de 1891.
EL MUNDO.

86

Domrngo O de Agosto de 1899

EL MUNDO

I

LOS ADELANTOS DE NUESTRO PAIS.

DEZIRES, LAYES YCANCIONES.

BALADA CASTELLANA.
Cefilda al cinto la espada,

DEZIR
(á la manera de Joban de Duenyas.)

Ponte el traje azul que má•
conviene á tu rubio encanto.
Luego, :Mía, te pondrás
otro, color de amaranto,

y el que rima con tus ojos
y aquel de reflelos rolo•
que á tu blancor sienta tanto.
En el obscuro cabello
pon las perlas que conquistas¡
en el c:&gt;lumbinu cuello
pon el collar de amatistas,

y ajorcas en los toblllos
de wpacios amarillos
y esmeraldas nunca vistas.
Un camarín te decoro

La capa al vien to , e ¡ sombrero

Con la ancha ala desplegada,
Va por la verde hondonada,

Galopando el caballero.
.
Ya al corcel allento falta,
Ya cruza un ribazo ó salta

En tantástico galope
Por los l!scarpes de un tope,
Que la negra noche es~al ta.
Por el rudo casco herida
La pieC.ra relampaguea;

Suelta el ginete la brida
y se hunde y pierde en seguida
En la extensión, que negrea.

-¡Ah del ginetel ¿quién va?
grita de pronto una voz.

-Quién es?

donde sabrás la lección
que dló á Angélica, Medoro
y á Belklss dló Salomón;
arderá mi sangre loca,
y en el vaso de tu boca
re sorbe1 é el corazón.
Luz de sueno, flor de mito,
tu admirable cuerpo canta.

la gracia de Hermafrodito

BOCETO.

con lo aéreo de Atalanta;

y de tu beldad ambigua
Allí estaba la E'Statua blanca Y pura,
Inmaculada flor de mármol, vi va,

Que radiosa brotó de la locura
De yo no ee qué artista, y que cautiva.
Admirable portento de escultura,
Prodigio del cincel, la diosa altiva
Simboliza la clásica hermosura,
Una Juno de !rente pensativa.
Me puse á contemplar en mi embeloso
Aquella creación que enloquecía,

Aquella boca en que dormí, el beso,
Aquellos ojos de mirada !ría:
Recogido el cabello en grupo espeso,
·Qué pureza de lfneas! ¡qué armonía
be contornos! ¡qué porte! ¡qué aire impreso
De majestad en aquel rostro había!

la evocada musa antigua
su himno de carne levanta.

Del án!ora en que está el viejo
vino anaCfeóntico, bebe;

Febe arruga el entrecejo
y Juno ar~ugarlo debe,
mas la joven Venus ríe

y Eros su filtro desl!e,
en los cálices de Hebe,

LAY
{li. la manera de Joban de Torres.]

¿ Qué pude yo hacer
para merecer
la ofrenda de ardor
de aquella mujer
á quten, como á Ester

maceró el Amo~
Intenso licor,
perfume y colc.r
me hiciera sentir
su boca de flor;
dile el alma ::-or

La carteta del mármol esplendente

Que en mis dedos el hielo di!undía.
A mí llegaba el soplo tibio y blando,
El aliento de amor de las violetas;
y de aquel ~itlo me aparté, pensando,
A merced de encontradas y de inquietas
Impresiones, poder que reconozco
Que en mí se ejerce, ideal que me consume,
¡Ay! en muchas .estatuas que conozco,
Bellas flores de carne sin perfume.

-El mismo, Don Menda, soy.

Por la palabra que un dla.
Empelló vuestra hidalguía,
Cual cum,le á un noble vengo hoy.
y ecbando ple á tierra, alzadas
Sierpes de acero enroscadas

A los bravos combatientes.

CANCION

Sobre la diosa Inmóvil; senti !ría

-¡lra de Dios! 1Don García!

y eran al chocar hirientes

(li. ta manera de Valtterra.)

Ya es un mandoble, ya un quite,
Ya una estocada, ya un sesgo,

Que el ardor loco repite;
y entre estocada y desquite,

Amor tu ventana enflora
y tu amante esta mañana
preludia por tl una diana
en la lira de la Aurora.
Desnuda sale la bella,

La rabia crece, y el rlebgo.
La aurora vió al otro dla
.Al despuntar por la slerrd
Junto á un cadáver en tierra,

y del cabello el te•oro

Rota una espada de guerra.
Mientras sus trinrn; lanzaban

pone una nube de oro
en la desnudez de estrella;
y en la matutina hora
de la clara fuente mana
la salutación pagana

de las náyades á Flora.
En el bailo al beso incita
sobre el cristal de la oada
la sonrisa de Gioconda
en el rostro de Afrodita;
y el cuerpo que la luz dora,
adolescente, se hermana
con las formas de Diana
la celesce cazadora.
y mientras la hermosa juega.
con el sonoro diamante,
más encendido que amante,

el fogoso amante llega
á su divina sefl.ora.
FFIN

Pan, de su flauta desgrana
un canto que, en la manana;

perla á perla, rle y llora.
RlTBEN DARIO,

V. Acosu.

•

UNf\ ORf\N IN D U S T R lf\ .

Don Mendo, uno de lofi dos.

Relucieron las espadas,

tan dulce ellxlr.

Era la hora serena y per!umada
En que el sol tras la sierra apenas arde
y en que flotante, ideal y enamorada,
Náufraga en mar de luzi muere la ~arde.
Aquel rostro Jn..mdó un r~yo muriente,
De claridades trémulas; di ria
Que el mármol se animaba derrepente,
Que lba á hablarme y los brazos me tendía.
Mi mano fue á posarse irreverente

-Pues buena la habr4,
Que en el campo quedará,

Símbolo de la bldalgufa,
Los pájaros en la lronda,
Las H.ores se despertaban,
Rodaba cantando la onda
Y las hojas murmuraban.

La industria nacional, como hija .predilecta de
la paz, toma poderosos vuelos en nuestro país

augurando una época de crecidas riquezas para
loa luchadoras en la contienda hermosa del trabajo.
Todo linaje de publicaciones en México, actualmen te, experimenta ]a necesidad de comunicar
au~ impresiones gratas, de moltiplicarJae en el
cerebro de sus lectores, de afirmarlas en la vo•
Jun ta~ colectiva para determinar la consecuencia
de este movimiento de energías, despertado en el
país, que maravilla, reclutando hombres, redimi,cdo brazos, cosechando productos, levantan•
do f&lt;\bricae y entonando por lin, con voz sonora,
dei,poés de va rios siglos de mutismo, el himno

Estado de Na evo León, refiriéndonos A su cnlta
y progresista capital, para exhibirlo con las ven-

tajas logradas por el trabajo. No sería posible encerrar en el brevísimo espacio rte estas lineas los

adelantos todos de aquella región, y de aqul el
haber elegido una A nna las importantes instalaciones fabriles que posée. Vamos A deecribir, siquiera sea A grandes rasgos, uno de los más nota-

bles de aquellos e,tablecimientos lronterizod: LA
CERVECERÍA CDADHTEKOO.

incomparable de la redención por el trabajo.
El país en general, siente los estrem"'cimientos

de l• lecundación benéfica y activa. Pero por sell, l•da manera, el enérgico impulso se manifiesta
vigoroeo y feliz en algunos Estados de nueetras
costas y aJgunos !rooter}zos. Veracruz con su

V. AcosT.lo

es el estímulo. mnltiplicador de los fecundos esfuerzos iadividuales.
Volvemo11 á ocuparnos en estas columnas del

magnífico valle de Orizaba. constituye nna lisonjera prome•a de preciados frutos para la industria
del porvenir, y Nuevo León con portentosos adelantos, es el heraldo de nuestro progreso, A las
puertas mismas de la República.
En la tarea de resellar Jas instalaciones, como
la mejor razón que &amp;3iste A. nuestro entusiasmo
Por loe avances conquistados, hemos de fijarnos

en •~uellas qne por sn capital, revelador de la
conf1anza que inspira la tranquilidad del país; por
au éxito que acusa Ja inteligencia directora, po-

■eedora de la previsión y duella delos resultados,

por sus productos envidiables que denuncian un
aumento de cousumo emulador de la explotación,

constituyen un hecho que es el progreso realizacon la riqueza creada, y una esperanza que

do

La Cervecería faé fundada el allo de 1892, con
capital netamente nacional enbscripto por las lftlsmas personas que forman hoy la Compallía, y
que son casi todas miembros de una misma familia é hijos de aquella población.

La Mesa Directiva estA formada por loe Sellores Isaac Garza, Presidente; José A lluguerza,

Secretario, y Francisco G. Sada, Gerente Gene,
ral.
El objeto de los Directoree de la Compallía faé
desde UTJ principio competir en calidad con las
cervezt1s extranjeras, y el éxito obtenido ha sido
admirable¡ no solamente reciben á diario testimo-

nio de todos loe inteligentes consumidores de la
República, que reconocen en los productos elaborados por la Cervecería Cuauhtemnc, una calidad mny superior á todas las marcas importadas
de Alemania y Estados Unjdoe, sino que amparados por la bondad de sus productos, que se recomiendan por el solos, han logrado extender el

campo de exportación de una minera prodigiosa,
Un gran número de Agentes Viajeros recorren
toda la República y la mRyor parte de las principales poblaciones de América; recibiéndose cons-

tantemente pedidos importantes de las República, Centro Americanas y aún de Canadá y Estados Unido,.
El crédito de ms productos, impulsado hábilmente por una administración inteligente y em-

prendedora, ha hecho en eortos altos dela «Cuauh,
témoc • uno de los primeros establecimientos de

su género en el Pals. Allo por allo se ha ensanchado la planta y perfeccionado los aparatos y
sistemas de fabricación; pero principalmente de
tres allos A esta parte, ee cuando ha tenido la
Cervecería un desarrollo asombroso.

•••
Tres ferrocarriles han tendido sus rieles dentro

del edilicio mismo de la IAbrica, el del Golfo que
carga los abundantes productos de las regiones
exhúberas de la costa, el Nacional que atraviesa
las grandes extonsiones centrale• del pals, llevando productos de toda snerte y el Internacional que une á Monterrey con la gran arteria del
Ferrocarril Central y lleva directamente los productos de aqnella ciudad privilegiada hasta Guay
mas, desde donde se hace la distribución para
todos nuestros puertos del Pacifico.
El edilicio de la fabrica es suntuoso. El electo
para la vista ee bello, acabado y corresponde
ciertamente á la riqueza que la previsión inteli¡¡ente ha acumulado en el interior para las labores. Un jardín, estilo parque lo¡¡lés, le presta el
bonito aspecto de su cuidada vegetación y agran-

�EL MUNDO.

II

la evaporación del amoniaco, al que ha~en circular los comprensores ó máquinas d? hielo á _tra•
vés de un sistema especial de tuber1a, que tiene
varios kilómetros de extensión.
Después de convertirse por los ~ás modernos
procedimientos de la industria el lup_ulo Y la malta en un líquido aromático y ambarmo, se efec•
túa lo que se llama el cocimiento de la cerveza,
en grandes calderas de me~al _pulimentado que
deslumbran por su brillo y hmp1eza .. De allí pasa
la cerveza, hirviente todavía. al Enfr1adorB~ndeCuenta la fábrica con tres inmeTisos patios, uti- lot, cuyas espir ales de tubería recorre, ?aJando
lizados todos en Ju labor diaria. En el primero, rápidamente su temperatura. E_n segmda, po r
A la entrada, se puede apreciar el _cap~tal nada medio de bombas finísimas especiales se e1e~a el
despreciable invertido en la fabr1cae1ón d_e la Jiquido basta el tercer pbo en que se erectu~ la
cerveza. En ét se bailan colocadas tres máqurnas fermentación. Del depar tamento de fermentación
refrigeradoras de pot?ncia nota ble, ~estinadas á cae la Cerveza al segundo piso, llamado de rela fabricación del h,elo y producción de frío, puso. donde permanece ta~b!én ~argo tiempo,
indispensable, como se s~be, para la e~aboración para volver finalmente al pnmer piso, en que_ se
de Ja cerveza: las máqumas son americanas, de ef•ctúa l• cl,rificación. Esta mar~b_a del liqmdo
construcción inmejorable, griln precio y resisten• tiene un sin fin de detalles y reqms1tos, pues no
eia comprobada y con capacidad en junto de 225 hay cosa más delicada y dificil que la preparatoneladas, aunque no tod~s trabajilu _sie~prr, pues ción de una cerveza perfecta. La fabric,ción de
en invierno sea provecha el extraord10ar10 descen- la cer veza requiere de Sf'is á ocho meses de laso de la temperatura ugional,. sí lo h .-ceo la !Dayur bor diaria, constante, A todas horas del _día Y de
parte del afto, produciendo rnmensas cantidades la noche, y basta el descuido de un mrnuto, de
un segundo, para echar á. perder enormes depó•
de hielo.
No todas se utilizan necesariamente en la ela- sitos, cuyo costo podría hacer la fortuna de vaboración. El lujo de !a lábrica del hielo es un rios hombres.
Antes del envase, pasa la cerveza, ya hech.11.,
derivado de la grandeza de los industriules. ~•
producción de hielo pasa de 40 toneladas al d1a, por filt: os finísimos y que completan las dos opeJlenando en invierno y en verano el consumo de raciones precedentes: el reposo y la clu1f1caMonterrey y el importantísimo de una gran co- ción. Algunos de estos filtros h•n ~ostado $8.000,
marca tributari1'. A las poblaciones peque.ft.as ó su calidad no sólo tiene el crédito de 1" casa
cerc mas se hacen Jos envíos por Express, y A cunstructora, sino la confirmación de los meJo mercados lejanos lo~ embarques se tfectúan en res resultados en la fábrica de Cuauhtémoc, que
carros refrigeradores especiales, constr_o~dos ex - ]os utiliza. sin descanso y sin Que algo.na vez baclusivamente para ] H. Cervecería .. Sd uul•za tam• ilan presentado deficienci•s. Como todas los útibién el hielo en el empaque y conservación de la les y máquinas de la instalación, los filtros resul cerveza en cuft.etes 1 que debe tenerse siempre he- taron de gran cvsto por su excelencia, pero tamlada, y de la cual se hacen grandes remesas A to- bién por ella altamente remuneradores del desem•
das las poblaciones de Nuevo León, y á los Es - bolso de adquisición; puesto que u na de las con
tados de Coahuila, T.11maulipas, D. rango, Zaca - diciones que ha logrado la aceptación inmensa en
el mer cado de la cerveza Cuauhtémoc, es su clatecas Chihuahua 1 San Luis Potosi, etc.
Pe;o la t~rea más importante de laP máquinas rificación irreprochable, quizá s uperior á la de
de hielo es la refriger•ción de la Cerve.. pro- lllB cervezas extranjeras.
Los filtros realizan la clarificación del llqnido
pia ment~ dicha Está ésta constituida por un gran
editicio de tres pisos, cuyas bodegas se guardan con la rapidez posible en este trabajo, lento de
Eiiempre á una temperatura glacial, obtenida por suyo, para acumular en barriles enormes el llquida á través de sus arbustos y sobre el musgo verde
de su suelo lAB proporciones de la construcción
magnífica. Con mucha justicia, los regiomontanos se hallan orgullosos de esta instnlación modelo y jamás permiten al tourista abandone aquellos
Jugares, sin haber coseehado los aplausos de admiración calurosos y repetidos que rec!ama la
contemplación de tantos e,luerzos hábilmente
acumulados.

•••

1'
1

1

1

Domingo 6 de Agosto de 1899.
do depurado de toda impureza que pudiera ba,.
cerle dall.oso á la economía ó desagradable Ala
vista.
E n esta ala del edilicio se encuentra también 1111&amp;
maquinaria. import,ante: los poderosos dioamoe
que inundan los departamentos todos de la UbJ1.
bric11. de lucecitas ineandecentes, ora fij as, o.._
movibles y distribuidas con discreción notorl¡
en los a ngulos, en los patios, prc!odidas al Dllll'O
ó pendientes del techo. El alumbrado es una de
las mejores obras del establecimiento y en las qae
por manera especial se revela el arte y la rique.
za que han presidido á las labores tod&amp;s de la
construcción.

• •*
Merece cuidado especial de los fabrica ntes, el
lúpulo que e, la substancia fermentesci ble y q111
da á la cerveza el sabor amargo tan agradable
como estimulante. Se mantiene en aquella fábrica
en bodegas perfectamente acondicionadas, en lu
que se le preserva, por procedimientos ad hoc, de
las extremosas condiciones climatéricas del lagar. El lúpulo se, limpia, se seca, se aparta en gna.
pos; es, en fLn, obj1to de cuidadosos detall es por
parte de los grandes cerveceros, que pudiéramoa
llamar los cerveceros artistas, ya que perslguea
con afán el ideal de un proyeoto que alcance !odas las posibles perfecciones.
Ni el molino donde se macbac, la Malta ea oor riente y comúu , ni éste dej~ de distinguirse dt
los ordi~ariamente empleados¡ pues p&gt;1.rece que
en esta instalación todo se concibió y r i.:alizó coa
el prurito de notoriedaa que fuera satistactoria i
los ideales de los fabricantes y provechosa á la
calid•d del producto. De mejor material, de mavor potencia, de capacidad notable, cuenta lalll•
biéa la particularidad de llevar, á poca distancia
de la m0lienda y en la esfera de acció n de 1111
dientes, unos electru imanfs peque:fios, pero edr•
gicos, que s nbstraen inllex bl ,mente, ellragmeoto
de clavo, la partícula de fierro, y en general la
i mpureza metálica que tienda á pasar junto COD
el grano y que baria poco llmpido el liquido 6
pertur barla su fermentación regular.
Dicho se está que la materia prima qu e ha da
alimentar á organismo tan a ~abado y v igoroso,
debe la previsió~ haberla a 1m1cenado e a canll-

,

Domingo 6 de Agosto de 1899.
- dad es proporcionadas al enorme gasto de es-1e INbor atorio gigantPsco de la iPdustria. Y sorpren de á la par que la cantidad de grano alm acenada, la limpieza sin mácula de llis bodegas en donde •e orea, dejando lucir limpia y brillante su cl1scara dorada sin oue la aféen mater ias extratl11.s ó cuerpos sucios que harían en seg uid a dificil las operaciones que han de practicarse con el mosto.

•••
Preciso es seflalar rugo saliente de las prodigalidades de la fortuna ó de los aciertos de 111
inquisieión diligente, que en f l terreno elegido
para elevar la fAbrica modelo se encontró como
bRllazgo riquísimo el venero más abundoso de
la localidad, del que se extraen má, de 600 000
galones de agua di1uiamente. Es éste un II bunJ oso río subterráneo, cuyo H.:¡uido se considera
el tesoro mAs preciHdo dP. la Negociación, poes
al mandar se pra.ebao de él para analizarse en los
mb reputados lab JrRtonos de Alemania y Eita
dos Unid os, fué declarado superior pttra la hbricación de cerveza Alos mAsaf lmados veneros
del mundo.
No se necesita tenrr el conocimiento técnico en
la fil bricaeión de cerveza, para darse cuenta del
util íii mo y casi por~entoso contingente que trae á
la ei&lt;boración esta clase y cantidad de agua tan
fi\cilmente accesible A las riecesidades de la confección. Se sabe que la cerveza es el mosto del
grano fermentado en agua con syuda de lúpulo,
y por lo tanto se comprE'lnde sin esfuerzo que el
aga.d, elemento principal de todas las industrias, es
capitll l indispensablemente precioso para la industria ce'"vecera. En la actualidad sólo existen cua•
tro bombas que extraen el agua en la proporción
que antes seftalamos; pero ésta, no obstante ser
notoriamente grande, no basta. á las necesidRdee
de aquella industria próspera. y pronto se instalará n otr as dos bomb•• que ayuden con las primer as á obtener la ltbulosa cantidad de agua
que ofrece el abundante venero.
Los méritos de la construcc•ón, el hallszgo del
manantid, la introducción benéfica de tres de los
pri ucipalrs ft&gt;rrocarriles frcnterizos; se debe á la
feliz conjunción de los elementos primarios de
111 industria: capital respetable, concepción vasta, ingenio de detalle y sostenido esfuerzo. El
Capit•l lo aportó la Sociedad con admirable fé y
es¡;íri tu de empresa, cuando se tenía todavía poca confiiinza en nuestras industrias y muy pocos
aug uraban fdiz éxito al colosal negocio; y la
ejeoución de los planos y pro y ectus la tuvo á su
ctt. rgo el ar quitecto especialista de San Louis Misoo ri, O. J. Wilhelmi, que llamado por los accio nistas fu ndadores á Monterrey, logró con una
o bra mas extender su f 1ma á riuestro país como
constructor de flbricas de cervez!l, dotando á
la frontera con un establecimiento acabado y
digno de su renombre y de nuestro adelanto.

•••
U no de los departamentos que más ostensiblemente muestran el colosal movimiento de la inst.lación, es el de empaque y embotellado. U,anfie par a la demanda del mercado dos clases de
env•se: el de barril y el de botella, y ambos se
verifican con extraordinaria precisión y rapi•
-dez. T uberías de no escaso volúmen comunican
&lt;&gt;on las bodegas que hemos descripto y en las que
la cerveza repoaada, clarificada y filtrada, sólo
11guarda el instante de ser lanzada al Comercio.
L as tuberías se hayan perforadas lateralmente
-en doce sitios equidistantes y A diversos tramos,
en cada uno de los cuales se coloca una boteila,
Y que se bailan provistos de un gobernador auto m ático, por tal manera que colocado el cuello de
la botella en alguno de los pequenos tubos que
penden de las perforaciones, se llena pcr sí sola
•in necesidad de llave, y retirado el casco basta
• Ole hecho para que el gobernador automático
inierior , cierre rApidaruente las válbulas sin que

EL SEfWR GERENTE GENERAL DE LA ÜEHVECERIA, U.ODEADO DR SUS PRJNCIPALES EMPLEADOS.

EL MUNDO.
se escape una sola gota más del líquido que ha
llenado 111. botella. En un orden enteramente semejante pasa lo mismo con el envase de l JS barriles, y es una operación aunque más sencilla
también más vistosa de las que pueden presenci,rse en 11 f~brica y que sorprende agradablemente A los visitantes.
El envase consume diariamente más de ochenta
mil botellas queabsorveel mercado tan luego como
le llegan, destinAndose algo de este producto res petable á la exportación c11da día creciente. Hasta hoy se ha consc.mido de preferencii y en ciertas ocasiones, exclusivamente botella alemana de
la m,·jur acondicionada para el objeto; pero el
impulso de los f•bricantes entregado ya á la expeculación progreEi va, ha proyectado establecer
como anexa á la ntgociación principal, una fábrica de botellas que le proporéione ú liles econó •
micos, A la vez que pueda Mislir con la rapidez
deseada á las exigtneias del consumo. Y oo obstante, como hemos dicho, el embotellado actual
hace un gasto de ochenta mil cascos por día.
Tiene labores preparatorias eata operttción del
embotellado; con tanta rapidez como cuando se
llenan, se someten préviamente á la acción dA
cuatro mAqoiaas lavadoras que af1ctan la forma
apropiada y se cargan con muoiC'iones de díterentes tamafl.os en order:. descendente, pasando
en seguida A recibir el frotamiento de los cepillos que a rman otras cuatro maquinas; y por úl·
timo, á la acción del agua que á torreo tes penetra
y SRle de )os cascos para entregarlos extraordi•
nar iamente .'impíos. La operación se completa.
por el tapado, erc,sqoillado y pestall.a de e1iquetas que también se vt:rifica automáticamente por
medio de aparatos tao sencilJ03 como ingenh,sos
y que con rapidez que asombra, reciben la bote•
lla llena de liquido fermentado, y la entregan á
los almacenes vestida con la etiqueta, adornada
con el casquillo metálico, sujete pcr el alambrado, es decir, con todas las condicionp,s de seguridad para el tráfico y de buen gusto para el mercado.

•••

El articulo destinado á la exportación sufre
antes de la salida de la IAbrica y de ser envaoado, una última operación, úaiea en su objeto.
Consiste en someter el líquido A la temperatura
deun bailo de agua birvi~nte. Por este tratamiento cuidadosamente verificado se logra la muerte
de los mi.Jroorganiimos que pudieran ser perja.diciales á la fermentación y con esto noscivos á la
••lud. Se ve que no hay un de,alle que escape á
la penetración de los intP.ligentes industria 1es, y
que por el contrario los inquieren, 101 l igran, los
adh·ioan y los resuelven por manera que favorecen á su honradez de comerci1nte y al beneficio
del consumidor.
En el departamento opuesto de la fábrica que
recibe los productos abundantes cuy a elaboración hemos pálidamente descripto, esper•n los carros la llamada de los almacenes oara entregarse
al vértiA"o de a'-!uel movimiento febril. Las Cttjas
de empaque llegan del Norte, y no porque nuestros industriales no pudieran lograr artefactos de
sencillez semejante, síoo porque nuestras maderas
no rebi iten, se deshacen, no sirven. Y aq ni una
oportuna rec'&gt;rdación á nuestros agricultores, la
de mejorar las condiciones de sus maderas por
medios tan conocidos como aconqeja los, y prevenir así la competencia victoriosa de las maderas
extranjeras. El número de cajas empleadas para
las seguridades de las exportRciones, no es despreciable, puesto que han de contener capacidad
bastante para que puedan sumar anualmente buen
número de millones de botellas.
Instalación tan vasta como ésta, cuenta con talleres accesorios, pequeft..os necesariamente, si se
miden por las grandes dimensiones de la lábric,
principal; pero eiempre dignos de atención y
aplauso, porque también en ellos el esplrilu previsor ha acumulado los elementos precisos á la
labor fácil y rápida, y allí también, como en las
ricas maquinarias o en las inmensas cubas de fer-

III
mentación, se advierten el orden sin tropiezos, el
aseo que e•plende, la diligencia que admira.
Los principales de estos talleres son los de talabartería, carpintería, herrería, carrocería y pintura, que cuentan un número nada escaso de
obreros habiles, y se ocupan constantemente en
reparaciones de útiles, refacción de piezas, construcción de otras nui.,vas 1 factura de carros y c11jas de empaque y decorado, siempre atendido, de
todos los departamento• del edificio.

T•I es la fábrica de que con justicia se enorgullece la capital regiomontana. Como en épocas
anteriores se ensef\ab~ al toarista el bosque salvaje ó la iglesia e:-- ruinas, hoy se le muestran ltls
fundiciones 1 lo~ telares, las fAbrieas; pero ningu•
na hl\ alcaoz¡¡do el renombre de la Cervecería
Cuauhtémoc. que parece simbolizar, para orgullo
del fronterizo, el triunfo del e,fuerzo hábil y dilig~mte.
Cierto es que los directores de esta próspera
compafl.ía, no se ban dado un minuto de tregua.
Ni el éxito ha sido porte á obligarles al reposo.
Afto por all.o, de,de el de su fundación, &lt;\ sea hace
ocho, se ha ensanchado la planta del edificio para
inaugurar nuevos departnmentos ó ampliar lo-.
anteriores, para insta lar talleres y activar el despacho, para per f,mcionar los aparHtos y sistemas
de fabricación. Hoy tiene uno de los edificios
mAs v.1stos 1 de los mejor apropiados de los
más preciosos en su género; la prod ucción más
abundante, y por ende el consumo ma~ vigo•
.:vso, constituyendo, tal vez eJ primer establecimiento de la República. Pero de tres all.os a.
esta parte es cuando principalmente la Cer vecería ha logrado un desarrollo prodigioso. Para
formarse una idea de la importancia q 1e ha alcanzado, daremos un dato seguro, uno s ulo, pero
elocueante. El nuevo departamento de embotellc1r,
que se inaugurará dentro de un mes, serA el más
grande del Continente Americano; y en todo el
mundo, sólo habrá otro, en Inglaterra, que podra.
igualársele en el número de botellas que lance
diariameote al mercado.
Con respecto a. li f•ma y crédito de sus productos, diremos qua es la q ne exporta mAs cer•
veza embotellada en Amé rica, y que muchas fá bricas de los Estados Unidos han tratado de f•lsificar sus marcas p1:1ra. acr editar sus productos,
tanto allí mismo como en este país, y los de Centro y Sud Amédca.
'

*••
Para la vida Rana de estos organismos se necesita una legislación higiéoica que destierre las
enfermedades viciosas de los obreros y est!mule
sus virtudes, aquellll...!_por las penas y é3tas por
el premio. Y la Cervecería tiene sus leyes. Se imponen multa.a A los obreros faltistas, perezosos ó
descuidades, y con ellas se f ,rma un fond ,, que
sirve para premiar á los atentos, activos y exttctos. En el ano último, y sobre un promedio de
400 obreros de todas clitses, recibieron los premiados una gratilic•ción de $52 por individuo.
Si no se logra extirpar el mal por completo, por
lo menos se miLora, y se estimula al virtuoso
para que luche y venza, redimiéndose al obrero
de un nombre anónimo y de una. calificación colectiva.
Perdónensenos las apreeiacíones entusiastas, si
fueren inmoderadas, y las frase3 cttlurosas, si
trauslueieran apasionamiento; pero el cronista no
puede dispensarse al resellar adelantos tan positivos como los que representa laFábricaCuauh1émocque h~mos descrito, de pag11r su tributo de
entusiasmo en voces clamorosKs, frente al cuadro
del trabajo que hoy presenta el país, cuadro h•r•
moso y admirable en el que ostenta las esperanzas en flor como anuncio de los fruto 3 de oro de
la prosperidad de la Pe.tria.
ALFREDO N. AcosTA.

�EL MUNDO.

Domlngc 6 .Agosto de 1899

IV

•

CP/ .

~agtnaJ
A.ño VI

Tomo I l

México, Domingo 13 de Agosto de 1899.

Número 7

UN HERMOSO CRUPO DE TOILETTES.

LOS CABALLEROS FUMADORES.
Dice una Revist,a para Damas:
«En el número de Febrero del Good Health replicamos á las razones de un caballero que juzgaba no teníamos razón en expresar nuestra duda de si un fumador podía ser considerado como un caballero. No
hemos abriltado dudas sobre este particular, hace
muchos anos, y nos alegramos de ver que otros mil
se están libertando tanto de la esclavitud de la costumbre, que no vacilan en romper su silencio acerca
de esta cuestión.
«Todo hombre tiene derecho de fumar, si así lo
quiere; mas nadie tiene derecho de hacer que los
otros pa.rtlcipen de esta sucia práctica, quieran ó no
quieran. No pocas veces cae al que esto escribe la
suerte de verse obligado á ocupar un ~oche de alquiler que tres ó cuatro fum~dores han ocupido antes, y
que ban logrado saturar tan completamente de nicotina, condensada en las portezuelas, vidrieras, cojines y en todo el interior del vehículo, que era imposible permanecer en él, aun con las ventanas abiertas,
sin ser atacado de náuseas.
«En los carros urbanos, cuando van llenos de gente,
no es raro encontrarse uno encajado entre dos devotos del tabaco, cuyo aliento, cuerpo y vestido exhalan el olor no de violetas y rosas, sino de un articulo
de vegetación de índole enteramente diversa. En tales circunstancias no puede uno hacer otra cosa que
contener su aliento, respirar poco, desviando la cara,
á la inspiración, tan lejos como es posible de la fuente de infección, reprimir su enojo lo mejor que uno
pueda y escaparse en busca del aire libre tan pronto
como las circunstancias lo permitan.
«Ningún fumador puede ser tan ignorante que olvide que no puede viajar en un vehículo público sin
correr el riesgo de sujetar á alguno á la triste ordalla

de respirar su hálito impuro y venenoso, y de recibir
la atmósfera de tabaco que proviene de sus vestidos

saturados del humo de aquella droga.
«Pero el mundo se mueve un poco. Hombres y mujeres están levantando su voz en todas partes para
protestar contra la dañosa costumbre; y nuestros !ec•
tores pueden estar seguros de que el Good Health,
después de estar empei'iado en la campai'ia contra el
tabaco, el alcohol y todos los otros venenos que tienen esclavizada á la humanidad, por más de un tercio de siglo, continuará haciéndose oír en defensa del
derecho inali~nable de los hombres, las mujeres y los
niños, de respirar el aire puro del cido, no viciado
por el aliento de los devotos del sucio yerbajo.GooD GEALTH.&gt;

NUESTRO GRABADO.
UN HERMOSO GRUPO DE TOILETTE$.

El figurfn que aparece á la derecha del grabado, es
de calle. Está hecho de sarga de seda, con gnndes
aplicaciones de guipure en el cuerpo y en la falda.
La seda es mal va. El cuerpo muy ceñido, con la blusa abierta triangularmente sobre un peto.
El figurín del centro es de pongé muy fino, formando una túnica cerrada graciosamente á la derecha,
por un;:. banda de blonda antigua. El cuerpo, muy
caprichoso y elegante lleva plissés amplios, cortados
por una banda diagon.i.l. Gran aplicación bordada en
el peto, que está hecho en fajas circulares concéntricas.
La tercera figura muestra un elegantísimo sombrero, estilo Directurio, de paja de Francia y aplicación
de rosas. Un gran penacho blanco lo corona, cayendo
graciosamente sobre la falda levantada.

Un pago de 140,000 pesos d.e "LA MUTUA-"
El distinguido y bh::n conocido banquero de estaCapital Sr. D. Martín de Castillo y Cos (de 1a razón
social l. R. Cardei'ia y Compaiiía) estaba aseguradoen LA MUTUA, Compai'iía de Seguros sobre 1a VIda (The Mutual Life Insurance Compacy of New·
York) bajo las siguientes pólizas:
2 pólizas de 25,000 pesos oro ameri•
cano, equivalentesá ............... $100,000
2 pólizas de 20, ooo pesos plata mexicana ............................... 40, 000Total, $140,000según, los certificados de los Sefiores Notarios Fran•
cisco Merino Ortiz, Francisco Diez de Bonilla y .Agustín Pérez de Lara.
LA MUTUA pagó los días 15 y 22 de Junio á loabeneficiarios, á la sei'iora Soledad de Castillo de Lerdo de Tejada, Sei'iores Samuel Hermanos, el Bancode «Londres y México&gt; las sumas arriba expresadas.
EL SR. D. EUGENIO A.BBA.DIE.
«E.itoy sumamente sati~fecho con la «Dentadura
.Automática,&gt; que ustedes me .hicieron, pues ademáttde ser excelente la materia de que está form3da, es
muy hermcsa y se adapta perfectamente, hasta el
punto de que puedo usarla luego, sin molestia deningún géntlro.
Yo creo que si alguno aspira dominar el noble arteque ustedes ejercen, sólo podrá llegar á la altura deustedes, pero elevarse más será imposible. Para ali·
vio de la humanidad doliente, Dios suscita de vez eo
cuando algunos génios. De estos "!eres extraordin&amp;•
ríos son us~des, algunos de los más distinguidos eo
su ramo. - Eugenio A.bbadie.- Porta.I Guerrero núm4,
- Guadalajara.
.A. los Sres. Dres. Spyer. Calle de la Palma núm 3,
lléxico. Inventores de ~a «Dentadura .Automática.&gt;

CRISANTEMAS.
CUADRO DE CúNR\DO KIESEL.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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Domlngc 6 .Agosto de 1899

IV

•

CP/ .

~agtnaJ
A.ño VI

Tomo I l

México, Domingo 13 de Agosto de 1899.

Número 7

UN HERMOSO CRUPO DE TOILETTES.

LOS CABALLEROS FUMADORES.
Dice una Revist,a para Damas:
«En el número de Febrero del Good Health replicamos á las razones de un caballero que juzgaba no teníamos razón en expresar nuestra duda de si un fumador podía ser considerado como un caballero. No
hemos abriltado dudas sobre este particular, hace
muchos anos, y nos alegramos de ver que otros mil
se están libertando tanto de la esclavitud de la costumbre, que no vacilan en romper su silencio acerca
de esta cuestión.
«Todo hombre tiene derecho de fumar, si así lo
quiere; mas nadie tiene derecho de hacer que los
otros pa.rtlcipen de esta sucia práctica, quieran ó no
quieran. No pocas veces cae al que esto escribe la
suerte de verse obligado á ocupar un ~oche de alquiler que tres ó cuatro fum~dores han ocupido antes, y
que ban logrado saturar tan completamente de nicotina, condensada en las portezuelas, vidrieras, cojines y en todo el interior del vehículo, que era imposible permanecer en él, aun con las ventanas abiertas,
sin ser atacado de náuseas.
«En los carros urbanos, cuando van llenos de gente,
no es raro encontrarse uno encajado entre dos devotos del tabaco, cuyo aliento, cuerpo y vestido exhalan el olor no de violetas y rosas, sino de un articulo
de vegetación de índole enteramente diversa. En tales circunstancias no puede uno hacer otra cosa que
contener su aliento, respirar poco, desviando la cara,
á la inspiración, tan lejos como es posible de la fuente de infección, reprimir su enojo lo mejor que uno
pueda y escaparse en busca del aire libre tan pronto
como las circunstancias lo permitan.
«Ningún fumador puede ser tan ignorante que olvide que no puede viajar en un vehículo público sin
correr el riesgo de sujetar á alguno á la triste ordalla

de respirar su hálito impuro y venenoso, y de recibir
la atmósfera de tabaco que proviene de sus vestidos

saturados del humo de aquella droga.
«Pero el mundo se mueve un poco. Hombres y mujeres están levantando su voz en todas partes para
protestar contra la dañosa costumbre; y nuestros !ec•
tores pueden estar seguros de que el Good Health,
después de estar empei'iado en la campai'ia contra el
tabaco, el alcohol y todos los otros venenos que tienen esclavizada á la humanidad, por más de un tercio de siglo, continuará haciéndose oír en defensa del
derecho inali~nable de los hombres, las mujeres y los
niños, de respirar el aire puro del cido, no viciado
por el aliento de los devotos del sucio yerbajo.GooD GEALTH.&gt;

NUESTRO GRABADO.
UN HERMOSO GRUPO DE TOILETTE$.

El figurfn que aparece á la derecha del grabado, es
de calle. Está hecho de sarga de seda, con gnndes
aplicaciones de guipure en el cuerpo y en la falda.
La seda es mal va. El cuerpo muy ceñido, con la blusa abierta triangularmente sobre un peto.
El figurín del centro es de pongé muy fino, formando una túnica cerrada graciosamente á la derecha,
por un;:. banda de blonda antigua. El cuerpo, muy
caprichoso y elegante lleva plissés amplios, cortados
por una banda diagon.i.l. Gran aplicación bordada en
el peto, que está hecho en fajas circulares concéntricas.
La tercera figura muestra un elegantísimo sombrero, estilo Directurio, de paja de Francia y aplicación
de rosas. Un gran penacho blanco lo corona, cayendo
graciosamente sobre la falda levantada.

Un pago de 140,000 pesos d.e "LA MUTUA-"
El distinguido y bh::n conocido banquero de estaCapital Sr. D. Martín de Castillo y Cos (de 1a razón
social l. R. Cardei'ia y Compaiiía) estaba aseguradoen LA MUTUA, Compai'iía de Seguros sobre 1a VIda (The Mutual Life Insurance Compacy of New·
York) bajo las siguientes pólizas:
2 pólizas de 25,000 pesos oro ameri•
cano, equivalentesá ............... $100,000
2 pólizas de 20, ooo pesos plata mexicana ............................... 40, 000Total, $140,000según, los certificados de los Sefiores Notarios Fran•
cisco Merino Ortiz, Francisco Diez de Bonilla y .Agustín Pérez de Lara.
LA MUTUA pagó los días 15 y 22 de Junio á loabeneficiarios, á la sei'iora Soledad de Castillo de Lerdo de Tejada, Sei'iores Samuel Hermanos, el Bancode «Londres y México&gt; las sumas arriba expresadas.
EL SR. D. EUGENIO A.BBA.DIE.
«E.itoy sumamente sati~fecho con la «Dentadura
.Automática,&gt; que ustedes me .hicieron, pues ademáttde ser excelente la materia de que está form3da, es
muy hermcsa y se adapta perfectamente, hasta el
punto de que puedo usarla luego, sin molestia deningún géntlro.
Yo creo que si alguno aspira dominar el noble arteque ustedes ejercen, sólo podrá llegar á la altura deustedes, pero elevarse más será imposible. Para ali·
vio de la humanidad doliente, Dios suscita de vez eo
cuando algunos génios. De estos "!eres extraordin&amp;•
ríos son us~des, algunos de los más distinguidos eo
su ramo. - Eugenio A.bbadie.- Porta.I Guerrero núm4,
- Guadalajara.
.A. los Sres. Dres. Spyer. Calle de la Palma núm 3,
lléxico. Inventores de ~a «Dentadura .Automática.&gt;

CRISANTEMAS.
CUADRO DE CúNR\DO KIESEL.

�Domingo 13 de .Agosto _d_e 18!1\,.

EL MUNDO.

88

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

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LA SEMANA

Mes de Agosto... Un gran hálito de vida estremece y resquebraja la tierra. Bajo la corjeza afelpada de los campos, se oyen bullir y cantar los misteriosos manantiales de la savia. Poi las maffanas,
las frondas desperezan sus ramajes y los estienden en
el vacío luminoso y azul, como brazos que buscan en
el aire algo invisible de que asirse. Llegan los céli:os
cargados de polen y-manirrotos cétirosl-por todas
partes Jo avientan y derraman. La ~aturaleza que
se siente hermosa, sonríe con una placidez de matrona fecunda. Todo está ,alegre y satisfecho, el amor
labo!'a, labora en su infatigable y divina tarea. Los
pájaro!. dicen ternezas, Si:: buscan los insectos y se
persiguen las mariposas.
Hasta la ciudad llega este soplo vivificante queparece un gran suspiro de cariño.
-Mira cómo soy ';iuena- nos dice la sublime. madre-mira t.ómo hay toda vía en el Oni verso, fuerzas
para crear las cosas bellas.
¿Qué empeño tienes, espíritu adolorido y escéptico,
en entristecerte y en renegar de mi qu~ no te desconozco y que te amo? Me ves triste como tú y como
tú fatigada y doliente, porque me ves á través de tus
lágrimas. Seca tus ojos para contemplarme; soy la
misma. Búsc'lme en cualquier pd,rte y me bailarás, y
llenaré tu pensamiento de ideas nobles. Flores abajo
y arriba estrellas, claridades y perfume;;, despertarán
en tí esperanzas dormidas y harán germinar nuevos
ensueños. Eres torpe y serás infeliz si cruzas por la
vida sin amarme. ¿Qué harían tus anhelos sin mis horizontes? ¿Qué harían tus placeres· sin mis rosas?
¿Qué harían tus ideales sin mis ast10s? Eres el autor
de tu desdicha.
Si como antes lloraras en mi seno, encontrarías la
misericordia infinita de mi seienidad, y hallarías
la firmeza y el aliento que has perdido por querer
existir fuera de mi. Inútiles son tus complicaciones,
vanas y estériles tus ansias. Sólo mi sencillez es eterna y es fuerte y es todopoderosa. Arrepiéntete y ven,
que aún tengo bálsamo para curar tus heridas, soplo
para orear tu llanto, alas q~e prender á tus ideas y
ternuras con que arrullar tus sentimientos.
y mientras tanto, al caer la tarde sobre la vulgar
melancolía de la ciudad fangosa, los hálitos de las
ce!'canas campiñas, murmuran misteriosamen:.e esas
palabras consoladoras, el alma, como una enferma
que ya no espera alivio, piensa en que, mejor que todo eso, es descansar en el fondo de la sombra sin fin
y sm estremecimientos.

***
Un viejo rey, risueño y santo, coronado con la diadema de hierro y oro de la Sabiduría, que sólo testas
como la suya soportan sin cansancios n i abatimientos, cubierto por la púrpura imperial del Arte, y empuñando el cetro de la elocuencia en la diestra robusta, acaba de ver desfilar ante él, la entusiasta procesión de la juventud admirada y agradecida.
Este último triunfo no ha sido como los otros est repitoso y público; ba pasado en la tranquilidad de
su bogar, en silencio, sin rumor de multitudes, ni
ecos de vítores, ni músicas de bossanas. Pero, á pesar de todo, ninguno quizá más bello que éste, por
lo que tiene de alto y noble ver premiada una existencia que por entero se consagró al Bien y á la
Virtud.
Justo Sierra. celebró sus bodas de plat.a, es decir,
veinticinco años de amor sagrado y puro, cinco lustros de apacible y cándido deliquio con la enamura.
da del corazón.
¡Ob, gran poeta, poeta amable y bueno, bajo cuyos
laureles sombreo mis esperanzas, tú que hiciste de la
poesía una religión, de la f:1milia un culto, de la vida
un elevado ejemplo, permite que boy acalle mis alabanzas y enfrene mis rebeldes eutl\siasrnosl
Quiero respetar el delicado pudor con que me hablas de tus ingenuas y sencillas intimidades. El velo que cubre tus sagrados afectos, es para mf, como
un manto de Tanit. No lo tocaré; no he de cometer
esa tentadora profanación. Ya eé lo que oculta; á
través de su fina malla, se ven brillar r.arii'ios inmaculados, modestas y silenciosas virtudes, luceros avergonzados de esplender, flores ruborizadas de perru.
mar, escenas y episodios de gineceo llenos de amorosa ternura, y aquí y allá gotas de lágrimas sobre las
serenas sonrisas, como rocío sobre las flores.
Pero mi mano no es sacrílega, no levantaré el velo
de tus intimidades.
De lejos, entre la juvenil muchedumbre, confunaido entre las admiraciones, me contentaré con ver
cuál se inunda tu cabeza apostólica en una ráfaga de
gratitud y de amor ... .. .

** *

No hace muchos díasret.oriqueabayo en torno de ias
óperas viejas. En estos instantes te juro-¡oh mi lectora imaginaria y lindal-que no recuerdo cómo di-

vagué de la mano de mi fantasía, á través de los
camp~s dtl ensueño. Co,nservo, sin embargo, unaóva:
ga reminiscencia. ¿.Dec1a que no me gu~tan la;; pe
ras viejasl Si? Pues cuenta que es mentira, me desdigo. Claro que no me agrada ya salir dec~sa,_ buscar
un coche de punto ó ir bajo el capelo de v1dn? opa•
coy sutil que forma la lluvia al rededor de m1 paraguas basta el lejano Circo Orrin, sentarme en la butaca 'incómoda que abre sus brazos desenfadadamen·
te, como mujer cansada y soñolienta, y d~sde allí escuchar y ver esas antig-uallas, hundido en una
penumbra que invita al primer sueño. iOb, eso es
fastidioso!
Gústame quedar, como suelo, en mi cuarto
tra·
bajo·, rodeado de mis amigos, y! á cbarla desb1lvanada y saltante, recordar, entre risa y risa, _burla burlando, mitad á ironía y mitad á adm1rac1ón, ~rase~,
moti vos y melodías de Donizzetti y d~ Verd1, _mu•
sie.1 que cantó en nuestro ~orazón_ los himnos pnmavera.les de las ilusiones recién nacidas.
Bellini está más remoto. Es como un vano de ne•
blina que dulce y vagamente se tiende _en las mo~t~ñas semiborradas del pasado. ¡Oh, arias de Belhn1,
nítidas y suaves, temas exquisitos, desar_rollados, con
el sublime candor del genio, como una mnta de sed~,
aires pastoriles empapados de fragancia~, como ra~~lletes acabados de atar· oh, inocentes arias de Belhm,
habéis sido las precurs~ras de nuestra veneración por
los modernos, por los polifónicos, por los c?mpllcados y. casi pudiera decir, decadentes compositores de
esta época!
_
.
Ahora no vamos á un teatro á sonar con las arcaicas inspiraciones de los maestros pagan?s; pero, n_o
obstante nuestros aplausos y nuestra dec1d1da adm1•
ración, á los flamantes maestros italianos, no podemos menos de vol ver, de ve~. en cuando, como se vuelve á un parque abandonado que años atrás conocíamos florecido, á vuestra expresión y encantadora
sencillez. Al oíros, se recuerda aquel candoroso pasaje del Wertber: «Qué contento estoy de tener un corazón capaz de gozar de la inocente y sensible al~gría
del bombre que sirve á su mesa la col que él mismo
ha cultivado, y que no solamente goza del place~ de
comer su col sino también de acordarse en aquel rnstante de los hermosos días que ha pasado en culUvarla, de la bella mañanita en que la plantó, de las
suaves tardes en que la regó, y en que tuvo la sar,isfacción de observar cómo medraba, haciéndose cada
vez mayor ...... &gt;

?e

~

Y mi amigo me contestó:
-Es verdad; Rosa Fuertts es una artista. Fíjate.
No sólo por su voz y po:- su declamación y por su
tlxperiencia y seguridad en la escena, sino también
por algo de su vida de muJer, inquieta y febril, que
va y viene, como el ftJxp1ess de Campoamor, con uu
trajín de fiera encadenada.
Rosa está enferma de la divina neurosis. Como los
gigantes de los cuentos, duerme y sueña c~n los ojos
abiertos. Hoy vuelve á presentarse al público porque
no puede ya vivir sin las arti liciales, pero dPliciosas
agitaciones del teatro. Dentro de esa exi!.tencia fin gida desbórdaose los dolores reales y cantan las alegrías verdaderas. Rosa está hecha para apurar, sorbo
á sorbt&gt;, la copa de deleite de la ficción dentro de la
cual cabe una alma. Fíjate bien; es una artista ...
Y mi amigo tenia razón.

*

**
Dejo de pensar en los teatros y para elevar mi espíritu recorro las páginas de dos libros últimos, que
sobre mi mesa están esperand:, un fallo mío. Uno viene de lejos, de Nueva York, y es de -Cesar Zumeta,
el brioso polemista, y otro es la obra de un maravilloso poeta: José Juan 'fablada,
-Pierde cuidado, lectora imaginaria, te prometo
que muy pronto voy á contarte mis impresiones.
LUIS G. URBINA,

EL EXTERIOR.
Revistas Politicas y Literarias.
] -EL TRASTRUEQ,U il: DE LAS ALIANZAS,
2-ALSACIA-LGNENA,

3-LAS FILIPINAS; COBA.
Nosotros los diplomáticos de la prensa, (cualquiera
es diplomático en la prensa, eso dep~nde de los periódicos de que se dispone, de un barnicil!o de historia contemporánea, de medio barniclllo de historia
romana ó más bien de algunas citas (hay diccic-,narios
ad lwc) y de algunas frases medioevales tomadas de
Castelar si es espaf'iol, de :Michelet si es francés y de
Green ó :Macaulay si es inglés,-ó mejorque todo eso
de una Enciclopedia brit,ánica que es excelente, ó de
un Larrousse que es malo por regla general, y si á
esto se agrega . . .... ),Con que decía yo que los di plo-

máticos de la prensa nos est\\mos dando el gran rega.
lo con la descomposición del mapa. internacional, no.
ya de Europa, sino del mundo.
Del tratado de Francfort esc~ito . con la humUJa.
ción, la mutilac~ón y la desorgamzac1ón de 1!'ranc1a,
fluyó una situamón que aseguraba la hegemoma contt.
nental de .Alemania. Un momento se vió sola la ven.
cedora pero con las frentes dobladas de las nacion~
europe~s en derredor suyo. Francia la doblaba, con
la muerte en el alma, Rusia la doblaba con la sonrisa
en los labios, Austria con la mano en el puño de la.
espada rota, saludo militar, Italia con efushín, nohay favor comparable con el que nos libra de la pesa.
da carga de la gratitud ¿E Inglaterra? ¡oh! Ioglate.
rra no doblaba nada; se descubría galantemente ante,
la Francia vencida como lo hace uno con una seíiora
anciana y marchita y pobre, con quien se han tenido
relaciones íntimas en el período de hermosura y de
riqueza, y al joven imperio alemán le dedicaba todOlsus shake hanás y los grandes y sonoros besos en laa
mejillas, con que las damas i\e por allá suelen salu.
dar á los consuegros y á los yernos; vamos, era el
amigo de casa, algo así como el novio oficial. Huboun momento en que el supremo viejo verde que se
llama el pueblo inglés, frunció el ceíio, y no fué cuan.
do Bismark insultó p;ácidamente desde la tribuna
del Reichstag á Gladstone en particular y al gablnételiberal en general, sino cuando se adivinó primero y se
supo luego que hab!a una alianz3: entre los t res imperios: Rusia, Austr1a y Alemama; ¡ob! con Rusia,.
¡que horror! ¿cw el elefante? Tembló de ira la ~
llena.
Alianza de razón, impuesta al Austria maniatada,.
por el afecto del Tsar hacia su tío el gran viejo Guillermo. Cuando las cosas empezaron á enfriarse porla i nterposición de Rusia entre el tremendo sable ale,.
mán y la cabeza todavía magullada y desnuda y febril
de Francia que había vuelto á ponerse en pie y trataba de recoger el fusil tirado en Metz y Sedan á lQI.
piés del vencedor, el Canciller de fierro frunció á 81)
vez el ceño; con el ceño fruncido asistió á la guerra
ruso-turca y con el ceño fruncido arrancó á losrusoa.
la presa de San Estéfano en el Congreso de Berlín y
rompió con el viejo Gortscbakoff una amistad anti•
gua y firme como una complicidad; la primera
Dreµbund imperial no fué renovada. Bu~có;;e entonces á un amigo pequel'ío, pero capaz de distraer y estorbar á la Francia del desquite, y que por pequello,
fuese forzosamente fiel, y naturalmente se encontró á Italia: la nueva Tríplice fué concertada en
83, si no recuerdo mal, y fueron los notarios Bismarck,
Crispí y Andrassy ó Taafe.
Alemania triunfaba indefinidamentP., su prosperidad económica comenzaba á ascender, á ascender, y
el mundo recibía los productos de su industria y de
su fecuodidiid; se inundaba de alemanes y artefactos.
alemanes. La Alemania económica es una inmens,.
figura de bronce que se destaca en el crepúsculo vespertino de nuestro siglo; con ella, prendido á sus bom•
bros, ba subido su manto negro: el socialismo. Francia entretanto se volvía sabiamente una potencia colonial asiática y africana y Alemania aplaudía y la vieja Inglaterra se le adelantaba en todas partes y la.
idea de la revancha entraba resueltamente en el período puramente verbal y por fin (no haré la historia de
esta transformación conocidisima) frente á la Dre?1•
bund smgió la alianza franco-rusa. 1Cosa singular! De
entonces data el decrecimiento completo del sentl•
miento del desquite en Francia: «de eso, decía Gam•
bettl\, no debemos hablar jamás: en eso debemos pen•
sar siempre.&gt; Al día siguiente de la visita de M,
Faure á Petersburgo parecía que el desquite ~ había logrado ya; un sentimiento de seguridad 1_nvadió los ánimos, hubo su enardecimiento, los nacwnalistas de Derouléde mostraron el puño á la cara de
fierro de la Germanía imperial y no hubo más, ni
podía haber más: Rusia decía: si Alemania ataca Y"'
te defiendo, si tú atacas yo no te acompaño. Alemania se encogía de hombros y ante el pul'ío cerrado de
Derouléde decía bajo las dos puntas del bigote alzada&amp;
en áno-ulo
recto sobre el labio imperial: yo no ataco,
0
¿para qué be de atacar? «Efectivamente, pensaba el
burgués de Francia, que es todavía el que ma_ndaallf
(para eso hizo la bevolución)efectivamente, srnoatacamos nosotros, ellos no nos han de atacar; y como
no hemos de atacar sin los rusos, contentémonos COD
llevar coronas á la estatua de Estrasburgo, plaza de
la Concordia, y veamos si estas empresa&lt;; coloniales
en que nos metió ese maldito Julio Ferry resultan
buenos negocios. Y por lo demás hay que seguir dejando á los estudiantes, á los papeleros y á esos m~
chachos de cincuenta años que se apellidan los n~cwnalistos que se desgañiten y libren batallas ép1C81
contra los agentes de policía, nosotros vamos al negocio, á l' americain.e dónc. &gt;
M. Paul Leroy Beau1ieu, un pontífice de la Economía política para el uso de las personas sensatas, 9ue
ha demostrado que toda la civilización ba converJldO
en un solo fin: el mejora.miento de la clase obrera.
sin pensar que ha soliviantado al mismo tiempo sus in•
quietudes, sus aspiraciones y sus apetitos un mi~ll
de veces más allá de los medios que ha encontr 0
para satisfacer sus necesid11,des, M. Leroy Beaullell
ha sido el apóstol de la política colonial, y el primero.
el supremo éxito ha sido Tunez-el gran economlstai:

Domingo 13 de Agosto de 1899.

loba probado por A+B. Y como tiene razón, resulta que se ha despertado una especie de remordimiento en los corazones (hablo de la masa capaz de refle:rtonar) bacía el gran ultrajado, y ante la oph:ión el
inicuo fallo moral pronunciado contra Ferry ba sido
revl113do y nulificado, y el acusado resulta lo qne todos cuantos ne-, estábamos cegados por pasiones absurdas veíamos dentro y fuera de Francia: un insig-oe
servidor de su patria. Esto se ba comprendido bien
al día siguiente de Fasboda, después que Francia,
ante el veto altanero de Inglaterra, sintió que la reina del oceáno podía obstruirle de golpe todos los itinerarios coloniales. Entonces ya pudo hablarse sin
ser lapidado de una entente posible con Alemania y
aun de una posible acción común contra Inglaterra. Eso era precisamente lo que á Ferry se había
reprochado, por ello se le había declarado un traidor
hoy se le considera un clarividente.
1'

***

Una revista francesa de primer orden publicó ha-

ce poco un articulo que plaote¡¡,.:,a el problema de 1.s
aliam.as. En suma, dice, Francia debe mantener su
alianza con Rusia, pero la unión cada vez más estrecha entre Inglaterra y los Estados Unidos obligan á
buscar un tercer auxiliar; hay que escoger uno de
dos, ó Inglaterra ó Alemania. Francia está en tal
posición hoy que ambas admitirían una propuesta de
alianza.
En mi parecer de diplomático de la prensa y con
la vaga esperanza de que M. Delcassé lea estas crónicas de EL MUNDO ILUSTRADO que le han de interesar por todo extremo, la alianza con Inglaterra equivaldría al abandono de Rusia y á la guerra con Alemania; antes de un año de hecho el 1,rato, Francia
se batiría en la brecha de los Vosgos y las riberas
del Vfstula y del Niemen permanecerían silenciosa~.
Pero la alianza con Alemania es imposible ..... ¡Alsacla- Lorena! He aquí lo que va á simplificar la
cuestión. Los franceses más exajeradamente patriotas, más chautin.•, convienen en que hay que dejará los
habitantes del Reichland dueños de su suerte; que
ellos decidan si quieren volver á ser franceses ó i,Jemanes; son en su mayoría alemanes de raza, pero de
espíritu son franceses y un plebiscito devolvería á
Franela las poblaciones perdidas; esto es lo que dicen y afirman.
Pues bien, es.to que era cierto hace diez al'!os, apenas lo es hoy y dentro de veinte no lo será en absoluto. La semejanza de lengua y de costumbres ha acercado forzosamente á conquistados y conquistadores,
la dificultad de vivir bien en Francia para los alsacianos emigrados ha crecido eu proporción que
han Ido mejorando las condiciones de la vida en Al,
sacia, por consiguiente el sacrificio que el emigrante
hace, ba subido de punto todos los días y sin compensación, porque en Francia comienza á ser visto de
reojo abara que han dado los nacionalistas en la flor de
11embrar el odio contra los judíos y los protestantes
¡absurda é inverosímil rpaccióol .Ahora bien, los alsacianos en su mayoría son ó protestantes ó judíos.
De_más de esto la prosperidad de las provincias conquistadas, del país de imperio que los alemanes di&lt;ien, es inmensa: la anexión las h:i. enriquecido. Estrasburgo, Mulbouse, son ya poblaciones industriales
de primer orden en Europa y van bada arriba ince&amp;.1ntemente. Este es el becl ,o brutd,J; en suma, el interés de los alsacianos es evidente ya, permanecer
unidos á Alemania; se comprende que el deseo de volverá la antigua patria es ya casi platónico. Y como
coincide con el amortiguamiento del espíritu de revancha en la antigua patria, resulta que en veinte
allos el problema alsaciano se habrá resuelto solo.

***

Las tentativas del Emperador Guillermo para
acercarse á Francia ban puesto á Inglaterra con la
barba sobre el hombro y de unno disimulado mal humor á los rusos; porqu¿ efectivamente en .I!'rancia no
han sido mal acogidas y si muy cortésmente comentadas. Y como el día que se familiarice el pueblo
francés, menos el grupo Déroulede y de los caballeros

del clavel blanco, -:on la necesidad de acoplará Francia con Alemania, lc1. alianza,rusa, hecha sólo para dar
garrote al wagóa aleman el día que quiera pasar la
frontera del Oeste, casi no tendría objeto. ....
De aquí ha venido la necesidad del viaJe de M. Delcassé á Petersburgo; era preciso dar un poco de miel
al oso blanco. Concertar una acción contra Inglaterra, haciendo á un lado al imperio Austro-búng-aro
que está a punto de descomponerse ; obligando á Italia, á pesar de sus simpatías hacia Inglaterra; con:dando á Turquía, tutoreada hoy de A1emanla y gornada por un hombre si11 sangre y de sangre, pero
rrecedor de los ingleses, sería un plan grandioso;
1glca estaría baJo la mano de Francia, Holanda bai1ª de Alemania, Dinamarca bajo las del Kaiser y
e Tsar, y Suecia y Noruega serían movidas por esteba. Inglaterra segura de sus costas entablaría la luc en las colonias y el principio del siglo XX vería
renovarse el bloqueo continental que fué el gigantes~1~sueno de Napoleón, el que Jo subió al trono de
lo ente Y lo precipitó á la roca que le ató al ple
g1aterra en medio del Oceano.

~1:&gt;
1º

89

EL MUNDO.
Mientras esta situación llega, (que difícilmente llegará_, mas que en las conjeturas de nosotros los diplo~át1cos de la prensa que arrimamos y traemos las naClones y las retiram 'JS al margen del mapa con la
punta de la pluma.) !oque es claro es que ha llegado
una descomposición de las alianzas, c•e~t le ren.versemen.t des. Allia'llces como dijeron los di;,lomáticos del
pasado siglo en vísperas de la guerra de Siete años que
t~nto influjo tuvo sobre la suerte de Europa y América, como que de ella vino la independencia de los Estados Unidos, la final desorganización del régimen absolutista en Francia, de donde la Revolución y todo
lo que á estos dos grandes bechos siguió.
Bueno es esto, dirán mis pacíficos lectores, este
cronista afirma que el Siglo XX se abrirá con una
guerra magna que abrasará el Mar del Norte y .el
Mar Amarillo á la vez! No, yo ne creo en la guerra;
resulta anti-económica, por más que M. Brunetiére
afirma que es moral; supongo además que ebe será el
caso e1;1 que la C01tede Arbitramento creada por la conferencia de la Haya, podrá y deberá funcionar. ¿Cuándo si nó?

BELLAS Y FEAS.
lQuiénes son más virtuosas y felices?

Si el Destino se encarara con la mujer y le pregun.
tara como Mefistófeles á Fausto ¿qué apetecesl' ¿quieres los privilegios, los derechos y prerrogativas políticas del hombre? ;,quieres su potencia iotelec..ual y
su energía moral? ¿el poder que lo hace árbitro de
pueblos y conductor de razas? ¿sus millones de financiero? ¿su genio y su gloria de artista ó de capitán?
la mujer como el escéptico doctor alemán, despreciaría el oro, el poder, el genio, la gloria y pediría,
ni siquiera la juventud, sino tan sólo la belleza.
La belleza, diría al Destino, es cetro y es,aureola,
es poderío y es gloria, e,, riqueza y ventura. Quien es
bella, es reina; quien es bella, es rica; quien es bella
subyuga como lo~ poderosos, conquista como los capitanei;, embelesa y deleita como los artistas y son
tales su poder y su grandeza, que la hermosura eleva á la mujer sobre la humanidad y la transforma casi en diosa.
***
Error y error prufundo. La belleza es gloria, pero
Y entonces se repartirán los europeos el Asia, el
A frica y la Oceanía .... al mundo convertido en un efímera; es poderío, pero transit,orio; es grandeza,
pastel por Alláb, como los escogidos del Paraíso de pero aparente; y bien aquilatada, pesada y medida,
M_a~~ma. Pero los americanos tendrán su parte: la&amp; más hace á la mujer desgraciada que feliz, débil que
F1hp1m1s y las 8andwich. Las Filipinas¿ quién sabel' fuerte, olvidada que adorada.
La misión suprema de la mujer s0bre la tierra, es
dicen los pesimistas en los Estados Unidos. Para probar que no somos egoístas, á pesar de que la guerra la familia Ser 1nadre, ser esposa, es su destino. Haen F ilipinas e:stá enriqueciendo á Yucatán porque cer brotar de su ser, como el rosal, tieruos y sonrosaha suprimido en los mercados la única fibra capaz de dos botones que después serán flores opulentas y más
competir con el henequén, á pesar de eso, desearía- tarde granos ftlcundos, tal es su misión, y sin que
mos que concluyese. Sti re¡Jrocha á Mr. McKinley una ella Jo bien ta ni lo confiese, 1,i quiere ser bella, es que
gran falta de previsión y de información suficiente quiere darse la segurirtad de llegar á ser esposa y
al decidir que los Estados Nnidos se quedarían con madre.
Y bien, en este caso, como en tantos otros, el meel Archipiélago; no veo qué otra cosa podía bacer
después de la turna de Manila. Pero dPjemos esto á dio á que la mujer aspira para realizar mejor su desun lado. Lo h ecbo, becllo está. Y es inútil disi mular tino, suele rfSUltarle contraproducente, y hay mujeque la situación actual fué inesperada para los impe- res que en fuerza de belleza, no llegan á ser ni marialista,;· americanos y que habrían meditado mucho dres ni esposas.
Consignemos desde luego los hechos y i;entemos
embarcarse en· ella, á baber podido conocerla. El corto distrito conquistaqo babta ahora, charco á char- que el oúmew de las feas que se casan, excede incomco y pantano á pantano, se les ba metido dentro á los parablemente, en proporción, al núme10 de las hermosoldados de Lawton y McArtbur en forma de mias- 1,as que logr?.n encontrar marido. Claro es que no hamas, de fiebres y de desesperación. Todos creíamos blamos en cifras a.bsolutas; es evidente que siendo
que á fuerza de dinero y aprovechando los odios con- considerablemente mayor que el número de mujeres
tra los tagalos de un buen grupo de los habitantes desprovistas de belleza, el número de ellas que llega
mismos de Luzon, se armarían milicias indígenas al tálamo tiene que ser superior al de las hermosas.
para combatirá los de Aguinaldo; uada se ha hecho; No; hablamo:s de_proporción, de tanto por ciento, y
sr,stenemos que si de cada cien feas se casan ochenta
no ba sido posible, sin duda.
Lo malo es que el honor está comprometido y que de cada cien hermosas apenas se casan veinte. Nos~
una retirada acabaría con el prestigio militar ad- necesita un cómputo estadístico á este respecto. Toquirido en la guerra con Espal'!a. Si el partido demó- dos hemos becno la misma observación y á todos nos
crata subiese al poder con una plataforma anti-im- consta, si bien no en números definldos, que la,¡ reas
perialista, tampoco podría abandonar la soberanía en son más casables que las bellas.
Filipinas, Lo que se haría entonces ¿ por qué no lo
Un refrán y una poética exclamaci5n Jo corrobointentan los republicanos ahora? sería esto: el go- ran. El vulgo dice:
bierno civil y administrativo á los tagalos, el dola fortuna de la fea
minio militar á los yankees. ¿Por que no hacen de
la bonita la desea,
Filipinas un Canadá insular los que aconsejaban oonminatoriamente esa misma política á 11:spaña? Por- y un poeta bien conocido hizo exclamar á una bella:
que no es lo mismo torear r¡ue ver los toros dtisde la
¡ay, infeliz de la que nace hermosa!
barrera, dice un proloquio hispano-mejicano. En fin,
si para hacer eso se aguarda la paciticación comple~Por qué esta anomalía? ¿Cómo es que la belleza
ta, veremos, esperaremos el invierno; lo mismo de- triunfante siempre en el mundo, diríc1lmente asalt~
cíamos de España en las Antillas hace dos ó tres y conquista un hogar1 ¿Cómo es que las Juno, las
af'ios.
Diana, las Venus, á cuyos pies arrastramos nuestros
Lo malo, según nuestro modo de ver las cosas, en homenajes, en cuyos ojos aspiramosá mirarnos. cuyo
esta inminente bancarrota militar de los Kstados aliento anhelamos beber, no ent,an de nue1,t ro brazo,
Unidos en .B'ilipinas, es que allí está, á nuestro en- uoronadas de azahares y envueltas en el blanco velo
tender, la clave de la futura situación de Cuba. Y basta la cámara nupcial?
esto sí nos preocupa hondamente y nos atail.e inneNada hay de anómalo ni de extravagante en este
gablemente. Fracaso en Filipinas, anexión segura hecbo. La belleza embriaga á la mujer, la impregna
de Cuba; tuen éxito definitivo allá, independencia de altivez y de orgullo, la transforma de sumisa en
posible acá. Y este si es nuestro desideratum ar- dominadora, de humilde en altiva, de ebclava en emdiente y reflexivo; que siga siendo solitaria la estrelia. peratriz. La mujer hermosa se -:ree con derel ho á
¡Ay! lo dudamos; tememos, lo hemcs dicho mucho exigir todé&gt;s los homenajes, á imponer todas las huantes de la guerra con España, haciéoc!onos eco de la millaciones, á reclamar todas las abdi r·acionPs. El
opinión de muchos, tememos que no sea. Sería una marido de ia mujer hermosa sabe que no podrá Rer
barra negra fija en nuestro canal de salida al mundo amo en casa, jefe en su hogar, guía y conduc tor de
europeo, con el cual necesitamos y deseamos estar en su familia. Que la paz doméstica b:.1bráde ccstarle el
fnt,imo contacto, una Cuba negro·-sajona. Esperamos sacrific:o de todos i;us derechos y la enagenación de
con desaliento que á la av:dez norte- americana se todas sus prerrogativas.
sobreponga cierto apego religioso á la justicia, que
La mujer hermosa es cara y exigente. Casarse ccn
es propio de la raza entroncada con los "padres pere- una belfa es un acto de lujo; só:o pueden pagárselo
grinos." No nos atrevemos á hablar del interés .... los millonarios. No es posible, decía Victor Hugu, neporque nuestro&amp; argumentos serían débiles. ¿Pero no gar el atavío á quien nos da Ja belleza. La mujer herhay más que el interés? Mejor dicbo, ¿no bay más mosa p:de sedas, joyas, flores, tapices, mobiliaiio y
intereses que los que pueden reducirse á finanzai' En- decorado en que encuadrar su belleza. Difícilmente
tonces ¿por qué al otro día de haber derogado el go- se resigna al modesto percal familiar y á la florecilla
bierno inglés los impuestos contra que se habían coa- entreabierta prendida de los cabellos. Quiere en su
ligado las colonias, y con la conciencia de su debili- calidad de reina, diademas, trono, cortei;anos.
dad-comparada con el. formidable poder militar de
De aquí un seguudo inconveniente. La mujer herInglaterra, se insurgieron los Estiados Unidos? Los mosa nu sólo es cara sino que es también peligiosa.
Franklin, los Washington, los Jefferson, los Richard Nos casamos ;,ara tener una mujer cuyo único penH. Lee, tuvieron delante de los ojos al declarar la samiento seamos nosotros, que nos ame exclusivaindependencia un dallar ó un ideal de libertad y de mente, que sólo de nosotros re(liba agasajos, á cuyo
derecho?
oído sólo hablen nuestros labios, y Ja mujer hermosa
vivti rodeada de la admiración de todos, envuelta en
el deseo de muchos, mareada por el amor de algunos.
De ahí para el marido una perpetua desazón, un estado de vaga inquietud y de indefinida angustia, que
no por no ser siempre justificado, deja de ser dolora-

�Domingo 13 de Agosto de 1899
EL MUNDO.

Domingo 13 de Agosto de 1899.

90

EL TSARVITCR JOUGE1 MUERTO RECIENTEMENTE.
EL NUEVO TSARVJTCR MIGUEL ALEXANDROWITCR.

so. De ahí que, admiradas, galanteadas y lisonjeadas,
las mujeres hermosas ac.Jaben por casa1se sólo con su
propia belleza.
.
No asilas feas. Lejos de exigir culto y veneración
prodigan dulzura y afabilidad.. Sienten que les es necesarla una dosis inmensa de virtud, de mansedumbre de docilidad y de benevolencia, para hacerse
am~r y preferir, y en general, derraman por donde
quiera bondad y ternura.
Sabedoras de que no les basta llegai- y ver para
vencer se proveen de todos los atr'lcti vos morales Y
se prócuran todas las seducciones intelectuales para
suplir la falta de encantos físicos. La hP,rmosa s~ cree
con derecho á ser ignorante y tonta, ~a fea se siente
obligada á ser inteligente é instruida; la hermosa
acepta nuestros homenajes como un deb~r nuestro,
la fea los recibe como un favor. Aquella, siempre dengosa y altanera, acaba por hacérsenos insoportabl_e;
ésta siempre afable y benévola, acaba por conqmstars~ toda nuestra simpatía.
y luego, la fea se conforma fácilmente co_n la posición mode2ta, con el aislamiento d~l munao, Cl'n la
reclusión en el hogar. No vienen á distraerla de sus
altos deberes de esposa y de madre, ni el inci~nso de
la adulación ni el aplauso de los extrai'los, y v1 ve contenta, resignada y feliz, al lado del esposo y cerca
de la cuna ce sus hijos.
.
La naturaleza, que parece inexorable _Y ~esp1~dada con las feas, ha sido en el fondo muencord1osa
con ellas no les ha dado el talle esbelto, el contorno
delicioso: la carne marmórea, la pupila de fuego, el
perfil griego, ni los labios de púrpura; pero en cam·
bio, les ha otorgado, á falta de 1~ del ?uerpo, la belleza del alma, la virtud, la intellgenc1a, la ternura
y la consagración irrevocable á su esposo y á sus
hijos.
DR. MANUEL FLORES.

EL EXPLORADOR

Snrn:s EN

El G:an t uque Jorge y el nuevo heredero
de la. o~rona. de Rusia..
La muerte del Gran Duque Jorge, acaecida en
Abas-Touman el 10 de Julio último, hace ascender
á la categoría de príncipe her~dero al _Gran Duque
Miguel Alexandrovitch, herman~ de Nicolás II_y el
cuarto de los cinco hijos de A.leJandro lIL Miguel
Alexandrovitch fué proclamado mayor de edad en
Mayo último y promovido al grado de ayudante de
campo del Tsar.
El nuevo tsarvitch terminó el afio pasado sus estudios en la Escuela de Artillería de Peter~burgo, Y CO·
mo Re diQe de ~odos los príncipes, dió pruebas de su
aptitud científica. ·
Al salir de la escuela se le nombró comandante de
la 2 ~ Brigada de Artillería é inspector de los trabajos de fortificación en las provincias del Noroeste.
Es de carácter raflexivo y de espíritu observado~;
ha viajado mucho por Rusia, aplicándose al estud10
de las condiciones económicas y de las costumbres del
vasto imperio, cuya corona está destinado á llevar.
ElMensaje:ro Oficial de San Petersburgo publi_có el
ukase imperial, proclamando al Gran D~_que M1gu~l
heredero del soberano, si no nace un hJJO del matrimonio del Emperador Nicolás II.

En Ja parte anterior y superior hay un ligero cafl6n
Maxim, dispuesto de tal manera que puede disparar.
se en cualquiera dirección y sea cual fuere la velool•
dad con que camine el vehículo, sobre el cual caben
mil proyectiles.
Mr. t:,imms ha inventado también otro motor con
dos caiiones montados en sendas torres giratorias 7
con una poderosa lámpara eléctrica de proyección.
El 1:explorador&gt; exhibido en Richmond dió adml.
rables resultados en las diversas pruebas á que se le
sometió, operando el mismo inventor en terrenos lla.
nos y quebrados.
Según los periódicos ingleses, se cree que el inven•
to de Mr. Simms será muy especialmente aplicable ,
la exploración en las campañas e,oloniales.

LA DANZA DEL OSO.

La más re:ióndita entre las raíces de mi corazón ea
una profunda raíz de simpatfa. por Maese Bru-no, el
buen catador de colmenas.
Siempre sentí vivir en mi esta raicilla, en la parte
inferior del corazón, más bien a la izquierda que á la
derecha., mucho antes de comprender cómo de ella
arrancaban ::.:iis sentimienentos poéticos y mis ideal
evolucionistas.
EL EXPLORA.DOR SlMMS.
::;e comprende que habiéndome dejado llevar tan•
tos años de esta inclinación, me sea imposible olr t,o.
.En la exposición de Rich~oad, luglate~ra, se pre- davla que danza un oso por la ciudad sin correr al
sentó recientemente un veh1culo automóvil ametra. punto á mezclarme en medio de la calle con los ma•
chos lilósofosy poetas que no estiman tal espectáculo
llador inventad..) por Mr. Frederick Simms.
Este vehículo, llamado carro-el! p_lorador, tiene una indio-no de abandonar por él casa, familia .... en aa•
fuerza motriz de un caballo y medio, con la que pue- ma, Jas aten .:iones todas de la vida.
Esto es natural; no lo es tanto que mi destino, pade moverse en caso necesario á razón de diez y ocho
ra alimentar mi simpatía y llevarme-por ella á una
millas por hora.
iluminación interior de que hablaré en seguida, haya
puesto en mis manos de cuando en cuando alguna
libros de poetas en los que la bondadoso y potent,
figura del gran plantígrado se mostraba á mis oJ«a
con su mag;:iética y triste mirada.
l\iostróseme primero en la amplitud épica y serena
de Goethe, el oso verdadero, el simplicísimoBlaunbarlado cruelmente por Reineke el Zorro, cuando destrozadas las orejas, el hocico y las uñas de sus garras 81
la henctid•tra de un tronco de árbol, acosado por vl•
llanos con pa1os, ciego por el dolor, corre alocado,
arroja al río y todos se arrojan á pescarle.
Más tarde, enrra!\cado coa delicia en la selva m6gic1 de los cantos de Reine, hallé entre los abetol
Atta Troll, el oso romántico, y á F,·ariz Mulme, su
nerable esposa. Atta Troll me fascinó y me pertur
juntamente. En nada se parece á Blaun; es una
tia sobrenatural, una idea de poeta hecha oso; b
en él algo de humano. Atta 1'roll habla en verso,
que prueba que no es del todo un ser racional, ao
que pudiera llegar á serlo; en suma, este animal
ti ~o inspiróme una vaga sospecha de relación post
entre el hombre y el oso.
En los días mejores de mi juventud hice ~mi
con uno de los más exquisitos y delicados art1staS
Francia, con Meri mée, y él me presentó el oso mis
co (Lochis), el oso de pasiones supraosunas, que a
blciona confundirse con la especie humana.
sorprende en la espe11ura de su sel va á una cond
cazadora, á escape la arrebata, y, menos bestia 4
Atta Troll, se guarda de hablarla en verso; la herm
señora torna después á su castillo: no lleva un
aral'i.azo, pero ha per,óido la razón, y da á lul
ser ambiguo, hermoso é inteligente, de lnstlD

.EL MOMENTO DE LANZAR UN PROYECTIL.

,sanguinarios, pero de la sangre
más juvenil, más pura, más dulce. Se casa, y la noche de bodas, en un ac~so de furor, destroza á mordiscos la carne de su
fresca esposa.
La emperatriz Eugenia y sus
damas no entendieron este relato enigmátir.o cuando l\ierimée
se lo leía; por mi parte me pareció siempre injusto con los osos;
pero la idea de afinidad entre las
dos especie!'. labraba ocultamente en mi ánimo. Pocos años hace
que me dí á estudiar los orígenes
-0e las especies animales inferiores, y me convencí de que todas
proceden poco á poco de un común origen y q uc el hombre mismo, el último en aparecer, es carne de su carne; persuadfme de
nuestro parentesco con todas
~!las, y ballé en el corazón humano vestigio:s de toda la bestialidad existente en la tierra,
~n las aguas y en el aire. A un
no babia pensado en estudiar las
afinidades morales del oso con el
l1ombre, cuando conocí las obras
i!e Ibsen. l bsen, en sus originales dramas, es autor que me
agrada, aunque no lo admiro;
pero la obra suya preferida por
mi es una novela en que revela
~l arte pedagógico de los domadores de osos, el métodasorprendente de enseñar la danza á Mae.
..se B,-uno. Se coge (dice Ibsen en
-su inspirada poesía) una caldera
grande, se coloca boca abajo cubriendo un granfuego; en seguido se bacf- subir al oso sobre ella
y se Je encadena tan corto que
de ningún modo pueda bajar: al
mlEmo tiempo se toca en •P.l or.ganillo una pieza cualquiera;
-cuando la pieza se concluye se
repi te una y oLra vez, mientras
la caldera se calienta; el c,so, in-quieto, levanta una pata, la baj a, levanta otra, después la ter-

91

EL MUNDO.

MEXICO

MODERNO.

ÜAS.-\ DEL Stt. IGNACIO ÜAPETILLO.-ÜALLE DE ROSALES.

f

ÜAÚ DEL

Sn.

GENEJL\L DON PEDRO R1:--co:- ÜALLAHDO. - CALLE DE LA P.ENITENCIAR~.A.

cera y al fin la cuarta; la caldera quema, el oso brin•
ca y baila, y el organillo sigue tocando; cuando se
hace bajar al oso de la caldera, su educación ha terminado y el organillo calla; durante toda su vida no
oirá tocar una sola vez aquella pieza sin ponerse á
bailar inmediatamente; seria inútil explicarle que
tiene las patas sobre las piedras de la calleó sobre la
hierba, ó acaso sobre la nieve; mientras oiga aquella
música el oso bailará siempre.
Esta poesía iluminó mi alma con maravillosa luz·
vi la prueba inefable de una afinidad oculta entre ei
oso y el hombre, y descubrí el secreto de la conducta
de otro modo incomprensible, de muchas personas(
sucede, en efecto, á mucha gente y de la más distinguida, que se turba y se agita al so11ido de ciertas
palabras indiferentes, sin que pueda comprender la
razón. Si admitimos que existe en la humanidad una
m·ezcla de oso, nos explicaremos que el recuerdo de
algún disgusto, de ;::.lgún odio, de algún dolor relacionado C8D esa palabra, el recuerdo, en fin, de alguna cald~ra candente, !PS obliga á bailar.
En una ocasión daba yo una conferencia en NápoJes sobre el origen del hombre, y sólo al oír nombrar
á Darwin y al mono, algunos osos á quienes seguramente había atemorizado el nombre del darwinismo
materiotlista, comenzaron á bailar en la sala. Repetí
en Milán la misma conferencia, y sólo al oírme hablar de la Biblia y la Iglesia, otros osos, que tenían
la memoria llena de tiranías antig-uas. de autos de
fe y excomuniones, bailaron también furiosamente.
Los o~os que bailan al nombre de la ciencia como los
osos que bailan al nombre de la religión, son los más
comunes y se hallan á cada paso; es locura pretender
aq aietarlos y peo irles que escuchen y razonen: se
acuerdan de su caldera, y bailan.
Exh;te otra gran cantidad de osos que no pueden
oír ciertos nombres sin ponerse á bailar, por el recuerdo de alguna antigua quemadura; conocí á un
literato que habiéndose asustado en su juventud de
no sé cual metáfora estrambótica de Victor IIugo
no quiso volverá leer ni una línea más del gran poe~
ta, y si oía su nol1'.lbre, bailaba. Otros muchos padecieron en los bancos del colegio con Horacio y Ovidio, y basta hablarles de estudios clásicos para que empieCPD á bailar. Pa:a terminar: á cuantos observen
el espíritu humano les aconsejo que enciendan su luz
en este fueg-o ofrecido por Ibsen, y con ella recorran
el mundo. No va:iilo en afirmar que la mayor parte
de las opiniones y de los sentimientos humanos tienen más fundamento en la caldera que en la razón·
injusto será el que culpe al hombre: la culpa es de J~
bestia.
ÁNTONIO FOGAZZARO.

��94

Domingo 1 :l de. Agosto de 1899.·

EL MUNDO.

Dommgo 13 de Agosto de 1899.

NOVEDADES CIENTIFICAS.
Los cuerpos opacos! He aquí una gran mentira de
la ciencia. Aunque bien mirado, el culpable de la
mentira 'lO es la. ciencia augusta, sino el hombre su
sacerdote, el cual, como todos los sacer iotes de todos
los dioses, atribuye·á éstos sus propios errores y sus
incurables debilidades.
En efecW, la ciencia. es la obra colectiva del hombre á través de los tiempos y de las generaciones. (Jn
principio científü.:o es el resumen de muchas observaciones y de repetidos experimentos.
El oriaen de mucb.os de los artículos de fé de la
ciencia, fué una observación absolutamente casual y
por ende empirica; la observación se 1epitió por otros
muchos hombres, se hicieron experimentos, se provocó el fenómeno para cumpronar bien las causas. y por
fin, como fruto de todo ese trabajo, se dedujo y estableció una ley que pasa á la posteridad con el cará'.:ter de verdad absoluta é indiscutible.
Pér0 en el origen de la. mayor parte de los teoremas aceptado,¡ como axiomas cientíticos, hay un vicio innato que los hombres debia.mos tener siempre
prei-ente; algo que viene á ser como el famoso peca.do nriginal de las leyes del saber.
VeaU1os por qué. Si los medios de percepción de
que dispone el hombre fuesen perrectos. es claro que
las observaciones y juicios becb.os con aquéllos serían

DisJ)Osltlvo para ver sin lotoirrafiar!os, objetos al través de cuerpos
opacos mediante la luz ,iegra. La placa eu que se proyecta la llave,
es de sulfuro de zinc.

indiscutibles. 8i el hombre pudiese ver, oír y tocar,
todo lo que es visible, sonoro y palpable y tal como
es en sí, sus apreciaciones serian verdaderas; pero
nuestros órganos de -percepción tienen lamentables
debilidades: la mengua.da fuerza de que están rlotados, apenas les permite darse cuenta de una serie de
hechos muy reducida en la inconmensurable escala
de los fenómenos naturales.
Por eso una de las más hermosas conquistas del
saber humano, es la parodia en acción de la enorme
frase del filósofo heleno: «Sólo sé que no sé nada.&gt;
Ahora ya sabe el hombre que no sabia nada y que
sus :1entidos aplicados á la observación de la Natura. leza tan sólo le servian para engañarlo miserable•
me~te. Y porque sabe esta verdad tan interesante,
refuerza su ojo con el telescopio, y con el microscopio,
y con el espectrof-copio para suplir sus deficiencias
ópt,icas; con la ~otografía y _la electrh:id~d para remediar las incapacidades químicas de la retma.
Esto por lo que toca únicamente al capítulo de la
vista la cual siempre se nos había impuesto como el
órgano que más complet,a noción nos daba de las cosas. De los demás órganos perceptivos, ya nadie tiene fe en ellos; hace tiempo están convictos de mendacidad Incorregible.
y de aquí las innumerables sorpresas de la nueva
ciencia, permítaseme la frase, porque, en efec~o, nueva es la ciencia desde sus fundamentos á medida que
van siendo rectificados los errores de percepción que
hasta ba,~,poco tiempo la informaban, sucediéndoles
los descubrimientc.s más cercanos á la verdad que los
nuevos elementos de observación realizan.
Por ejemplo, apenas hay muchacho de escuela que
ignore la clásica di visión de los cuerpos en opacos,
translúcidos y transparentes; cualquier catedrático
de física puede hacer una brillante demostración
de este canon científico basta ayer inviolado. Pues
bien, ese catediático ensella un error y demuestra
una mentira, sencillamente porque no bay cuerpos opacos ni translúcidos; todos son transparentes,
así, cnmosuena.
El Profesor Roetgen dió el grito de alarma y despertó las sospechas del mundo científico desde que
evidenció la transparencia de varios cuerpos tenid,JR
por modelos de op:1cidad y que sin embargo se dejan
atravesar buena y fácilmente por los rayos X.
y el fenómeno fué muy humano: cualquiera cree
en la honorabilidad de una persona, y le prodiga
consideraciones y le presta su fe; pero brota ~-a sospecha y adiós honorabilidad.

95

EL MUNDO

ORBALEJA.
-NOVEL.A.-

I

ntspositivo empleado para hacer fotograUas con la luo negra al través de cuerpos opacos. La lámpara de petroleo estl't_ encerrada en
una caja je cartón negro; el objeto que se va li foto:raf•ar, estl't contenido.dentro de una caj_a de mad_era, piedra 6 ebomta; la Mmara
fotográfica es como todas, teniendo únicamente una placa de sulfuro de zmc en vez de vidrio despuhdo. Para fiJar la Imagen obien!da
se pone esta placa en contacto con otra común de bromuro de plata, la que se trata por 103 procedimientos usua les.
- -""

Por eso es malo vivir de prestado, y esto le pasó al
principio susodicho de la opacidad de los cuerpos; vivía eng-añáudonos y usurpando un n speto que no se
merecía, basta que hu·bo quien le alzara la careta.
Ahora, según pueden ver nuestros lectores en los
grabados adjuntos, una humilde lámpara de petróleo
es capaz de atravesar cuerpos tan aparentementL opacos como una 1lave de acero.
El Dr. Le Bon. sabio físico francés, púsose á estudiar Ju que de pronto llamó la luz rtegra, pero que en
realidad no es sino el mismo y único fenómeno conocido con el nombre de luz; mucb.osexperimentos posteriores lo han demostrado así.
Mediante la fotografía y oper~nc'lo con placas de
especial sensibilidad, el Dr. Le Bon ba po'iido comprobar 110!1 hechos, á saber: que Jo~ cuerpos ti~nen la
propiedad de absorber y conservar una cantidad de
la luz que reflejaron, á la que llamó luz residual. De
aquí parece deducirse otra interesante conclm,ión y
es, que la luz constiLUye un cuerpo distinto y determinado, y no es solamente un fenómeno t,ransitorio
que se produce en los cuerpos, ó un estado de ésto-,
como se ha creído. Esto no es1 á demostrado tofavía.
El segundo hecho es que todos los cuerp(!S _son
transnarentes y se dejan atravesar por cualquiera
fuent~ luminosa, necesltándrn;e tan sólo de la reunión
de ciertas circunstancias ó de la sensibilidad superior
de la placa fotográfica para ad vertido.

*

*
Decididamente el sabiv* &lt;:vunomista
Mal1 hus vló Vi•
siones cuando lanzó su terronfica predicción anunciando que iban á sobrar hombres sobre la tierra.
Nada de eso sucede basta ahora, por el contrario,
faltan bomhrrs, y si no, que Jo digan esos sutiles é
ingeniosos inventores de apara.tus como los que representan nuestros grabarlos.
El principio funda.mental de esos aparatos, es la
substitución del mecanismo animado que se llama
hombre, por un mecanismo merte que desempefle
ciertas funciones del borobr~.
Teniendo en cuenta que los anglo-sajones, primeros inventore" de estos mecanismo~, nada hacen por
simple diversión, sino que todos sus a,·tos tienen pvr

primer causa el utilitarismo, lo (miro que se puede
creer es que para suplir la falta de hombres han discurrido los mecanismos que con más honradez que un
hombre, se encargan de vender desde cigarros y periód icos basta alimentos y timbres postales.
Existen cocinero,;, cantineros, papeleros, limpiabotas, floristas y músicos, tocios automátiros, pero no
ambulantes por desgracia.. ()uando alguien quiere
comprar un periódico, ad ornarse el ojal con una flor,
belwrse un bock de cerveza. oír un desdichado trozo
de música ó enviar un recado por el correo urbano,
s&lt;&gt; va adonde está uno de estos sup~-e-hombres y le
echa por la boca, ó su equivalente, una moneda, y
queda servido.
Pero ¿es siempre moneda lo qué recibe el hombre
automático? He aquí el busilis. Según dicen los Industriosos europeos dueños de estos aparatos, aun los
de la rígida y exacta Inglaterra, al hacer la colecta ó
sea al t omarles las cuentas á estos vendedores de metal y madera, resulta que se dejaron engaliar como
unos chinos por los compradores poco escrupulosos.
Como el pobre aparato no tiene nociones sobre las
monedas de curso lega.l vigente, ni sobre las falsilica•
cinnes, resulta que ~ólo se atiene al peso de lo que recibe para entregar la mercancía.
Y por una moneda de buen peso y calidad, acepta
nueve botones, discos de plomo, troz·&gt;s de metal y
basta municiones pequeñas, y mil basuras pesadas
que constituyen una pesada broma para el negociante.
Cierto que para el comprador serio, honrado y que
va de prisa, es una gran ventaja tratar con un dependiente que no habla, ni se demora en servir; pero por
un parroquiano de estos, ¡cuántos ha.y que se acerca n
al a.narato con la deliberada iotención de pegarle uo
timol
1&lt;..n México por ejemplo, figurémonos un aparato
automático expendedor de .... café, puesto á lamadrugada en cualquiera esquina y abandonado á ~u
propia vigilancia. Es seg-uro que cuando el dUt•iio
fuera á recoger el produ,;to de la venta, no solo no lo
bailaría, sino que encontraría el aparato destruido.
R~sueltamente, faltan hombres.

Nota Importante.

Era una llanura gris y escueta, sin árboles, sin
!inf11s, barrida siempre por vientos furiosos pero
que en el estío se cubría con un manto de oro,
,cuándo el sol de Junio maduraba los trigales.
Unas cuantas casas, pobres caballas, se alza.
ban en aquel desierto. Este humilde caserío se
llamaba Orbaleja, y eran llanura y casas propie•
dad del seilor Vulfrán, un caballero muy rico á
,quien allí nadie conocía, y que sólo se acordaba
del pobre sembrado una vez al ailo, después de
la siega, cuan.lo Pascual el viejo mayordomo,
-rendía cuentas de la cosecha en extensa carta y
pedía órdenes para la venta del gra.no.
Dominando los rú ,ticos techos y algo aoartado
de la plebeya chusma como un gran seilor, er•
.gnfase un antiguo caserón de dos pisüs; era la casa principal. Sobre su fachada se veía labrado un
escudo de armas y en su cú,pide, como una ensena, una cruz de piedra abría sus brazos al cie•
lo y al desierto; los muros ennegrecidos, las puertas herrumbrosas y los patios cubiertos de yerba,
.atestiguaban un largo abandon0.
Una fría tarde de invierno un coche pequefio
tirado p.:r un caballo se detuvo frente A la soli·taria casa, y los maravillados vecinos de Orbaleja vieron descender del vehículo A un caballero
y A una joven.

Te!éfono automfltlco. Funciona dutame cl•rto ti•mpo Introduciendo una
m , 11Lda en la llberturacorrespondlell!e.

en esclavo del niiio voluntarioso y mimado. A
fuerza de ver á su padre erigido en soil.ar absoluto de cuanto le rodeaba, llegó á persul\dirse de
que llanura.,casas y labriegos le pertenecían; y
como para él la tierra no se extendía más allá de
la lejana cadena de montanas que cerraba el va•
lle, ni reconocía bajo el cielo otra autoridad que
la complaciente y suavísima de su padre, convir•
tióse en tirano de aquel pequello feudo. Habíase
criado en la holganza; de nilio echado á la sombra del úoico arbol que crecía frente á la casa
paterna, de joven requebrando á las moz11s, dil?'•
Dándose de vez en cuando empuilar el arado tras
la perezosa yunta que abría el surco ó bien regresando de la siega en las tibias noches de Ju·
lío á la luz de las primeras estrellas, tendido so-

bre el carro rebosante de espigas que se balance.aba al compá~ de los tristes cantos de los se•
gadores. Jamlis Pascual le exigió el menor trabajo; aprendió á leer y algo á éscribir por flU propio impulso, y pasábase A veces los días como un
fakir sentado sobre el suelo, absorto y mudo.
Cuando Julilin vió llegará aquel joven de barba negra, alto, esbelto, alegre, vestido como un
príncipe y Aaquella dama de 0jos azules, blanca,
gallarda, triunral, sintió un aplanamiento, unl\
conmoción inexplicables. ¿C,mque él no era el
amo? ¿El seilor, el duefl.o, era aque! caballero á
quien su padre, Pascual, llamaba respetuosamente don Jorge? ;,Conque la llanura, los trigales,
todo era del intruso, del usurpador que no contento aún, poseía aquella hermosa mujer blanca
como la leche, rubia como las espigas maduras,

de ojos azules y profllndos como el cielo y labios

Pascual, sombrero en mano, recibió á los via- pa, más despejada y mfls limpia de Orbaleja pa•
jeros y, sonriendo amablemente, abrió de golpe ra compai'\ía de esta sefl.ora.
la puerta de entrada.
II
La pareja penetró á la casa enlazada del brazo, ri~ndo con esa risa argentina y ruid.o sa de
Pascual era un viejo de sesenta ailos, de bigote
los vemte ailos, y precedidos de Pascual subieron cano y espeso, recortado militarmente, alto, fuerla espaciosa escalera ,·omo colegiales escapados. te y seco. Hacía treinta anos que vivía en aquel
-No me n egarás, decía el caballero dirigién- retiro encargado por el seilor Vulfrán de l,1 ad•
dose A su compailera y seilalando la silenciosa ministración de la finca que producía poco en
m?rada y el campo mustio y escueto que se do- verdad, pero lo bastante para que el mayordomo
minaba desde el alto corredor, que esto es un ver• viera de afio en ailo alzarse y crecer una relu•
~ader? retiro, un nido de invierno, Fin bosques, ciente montafia de duros, allá en el fondo místeBJD páJaros, sin fuentes, pero á miles de millares
rioso de un arcón antiguo. Habü sido soldado y
de leguas, del mundo habitado. Estamos en Mar- ostentaba una honrosa cicatriz en el carrillo iz•
te, en el supuesto de~e Marte sea un pobre pá· quierdo, -acuerdo del sable de un dragón fran"l'amo.
cés. Era viudo y tenía un hijo, un mozo de veinLa joven alborozada recorría la casa en pos de tiseis anos, raquítico y pálido.
Pascual. ~esistianse y gemían puertas y venta·
Julián se llamaba el mozo; pobre muchacho ennas a~ abrirse, y el solinundaba los aposentos des- fermo á quien Pa.cual adoraba. Era Julián alto,
coloridos y húmedos y los antiguos muebles des- moreno, delgado como una cafl.a, ojos negros, la•
lustrados Y cubiertos de polvo.
bios gruesos sin asomo de barba, el cabello cresLa casa era extensa, severa y fría como un po y abundante y 1a nariz 11bultada y sensual.
·convento, sucedíanse las habitaciones en seriein- Había nacido en aquel desierto que era su impe•
te rmmable;
·
decoraban sus paredes retratos de an- rio; allí mandaba despóticamente, y hasta la vu•
talio Y lienzos borrosos representando escenas luntad de hierro d~l seilor Pascual, cejaba y
·campestres y martirios de santos, las alfombras doblábase ante la suya, convirtiéndose el vie;o
0

Concluida la edidón de
Los TRES itosQUETERos, preparamos la publicación d~
varias obras, superiores, s1
cabe, á la publicada.
En el próximo número dareinos á conocer 'todas las
reforrnas que desde luego
Yamos á introducir en este
~emanario.

estaban destruidas, y sólo resistían en aquel combate con el tiempo y el abandono los enormes
armarios de roble_y los sitiales de brazos tallados.
-No esper aba, decía el viejo Pascual, ld. veni•
da del seiior. y como el amo hace mil anos aue
no nos visita, no es extrano que la casa esté
abandonada.
. -Mi padre, contestó el caballero, h11ciendo un
signo _de inteligencia á su compsilera que sonrió
r?bo~izándose, ignora mi venida, y es ir.útil que
tu, m1 buen Pd.scual. le des 11 viso. Venimos de incógnito á vivir con ustedes, á labrar la tierra, á
cazar, A pescar; Martll, esta dama, ordefl.ará. las
vacas y cultivará el huerto, yo ..... .
-Me permito decir, interrumpió Pascual. que
aquí no tenemos caza, ni ríos, ni huer~o, ni vacas ....
- ¡No importa! exclamó el caballero riendo, nos
pasaremos los días contemplando la llanura que
también tiene sus encantos; veremos ponerse el
sol allatras de aquellas lejanisimas cumbres, y por
las noches nos dará música el viento. En suma,
seremos poco exigentes. Por ahora sólo nece~ita•
mos aquí mucha luz y mucho aire para que estas viejas paredes pierdan ese color de tumbl.
Haré venir un buen cocinero, tenemos por fortuna una estación de ferrocarril pr óxima, y tú Pascual, te encorgarás de traernos la moza más gua•

rojos eomola sangre de las vifl.as? ¿Por qué aquella h~mbra no era suya? ¿Por qué él ¡miserable!
no podía hundir sus labios en aquellas carnes albean tes? Y Julián i;,intió impulsos de rebelarse,
de insu:tar al poseedor feliz de aquel tesoro. Vió•
se humillado como el caballo salvaje que siente
por vez primera el látigo del domador.
Con la frente inclinada y el ceilo contraído
escuchó A su padre que refería, no muy satisfe:
cho, A los mozos de labranza, que aquel joven
era el amo, el verdadero amo, el hijo del seil.or
Vulfrán; que el tal joven habfa llegado como llovido del cielo, aeompallado de la hermosa dama
que parecía ser su .. •. amiga; que le había prohi•
bido dar aviso de su lleg11da al padre, y que él,
Pascual, barruntab'.l en todo aquello cierto em•
brollo de fuga, de misterios ydt&gt; enredo an¡oroso.
J .iliAn bien sabía esto; había viste, un brazo
desnudo, blanco y pulido correr discretamente
las cortinas de la alcoba .... y había sorprendido
miradas y besos furtivos, como sólo se mira, como sólo se besa el fruto prohibido!

III
La primera noche que Jorge y Marta paJaron
en el viejo caserón de Orbaleja, sintieron una alegría loca, casi infantil. Por fin estaban solos libres como marido y mujer! Allí vivirían siem~re
juntos y felices olvidados de todos .... ¡Qué hermosa era la vida! ¡qué pintoresco el valle! ¡qué
alegre la casa, y qué buenos el mayordomo y su
hijo!
Y Jorge oprimía sobre su pecho A Marta y la
cubría de besos. No era su esposa pero ¡qué importaba! la conoció inocente, la amó y la unió á &amp;U
desti.oo. El era rico, brillante, instruido; había tenido amores, aventuras y duelos; ella era una pobre
muchacha hermosa y casta, conoció á Jorge y se
entregó sin vacilaciones, le amó desde el primer
mom~nto, sintióse faecin,ada, vencida por aquella mirada noble, amorosa y leal; no le pidió que
1~ hiciera su esposa, sino que la amase mucho y
siempre.
Sólo hacía cua·ro meses que se conocían. Al

�Domingo 13 de Agosto de 1899

EL MUNDO.

tl6

principio viéronle sólo de noche, después Jorge
olvidó un poco los nPgocios de su casa, el club,
los caballos y los amig-cs, y pasábase _1 as horas
al l11do de s'.! amada. Por fin fuéronle rnsopo.. t,.bles los momentos sin verla; entonees se acordó de
que el st:llor Vulfrán po11eía allá, en apartadísima
comarca unas; fanegas de tierra de labor, Y en
ellas un¡ casa vetusta herencia de su abuelo. Allí
se irían como una pareja de
palomas en busca de la soledad; estarían siempre j~ntos,
-pasearían del brazo b~Jo los
r.tyos del sol y no temerían miradas extra:llas.
Marta 11c.:gió el proyecto /
con entu.siasmo; le parecía una
rehabilitación. Ella, que en 1
medio de su dicha no podía )
olvidar que aquel hombre no
era su marido, que la vi,-itaba
furtivame..:.te, que en público
aparentaba no conocerla, vivir
á su lado, merecer el respeto
delas sencillasg-entesdel campo .... ¡qué felicidad!
Jorge improvisó un viaje.
El se:llor Vulfrán • sonrió con
indulgencia, y sólo dijo á su
hijo al despedirle frente á la gran mesa de su
despacho: Lleva, hijo mío, fondos sobr1tdos. dame no1ici1ts tuyas, diviértete mucho y fastídiate
pronto; tienes ya treinta a:llos, aprovecha el
tiempo.
Y así Iué como Jorge y Marta llegaron de improviso, causando el asombro de los orbalejanos.

Desde el b11.lcón Marta le siguió con los ojos empanados por laa
.
h t perderse el eoche entre el blanco polvo de la carre.
ll'IKnmS~s, .óas ªtonces que los sollozos la ahogaban; parecióle que
t ern mtl en
d
.
. . "bl
e ent:m1gos mv1si ea;
¡¡J.¡• ·quf' d a b a sola , abandonaba • á merced
quiso gritar, llamarle y exclamó:
-¡Jorge!
,d
-SP:llmita Marta, pronunció una voz A su espa. a.
_ Marta se vol,ió sorprendida.
.
Julián, de pie, inclinado con la humildad de un can, estaba allL

VI

\

IV
La antigua casa de Orbaleja habíase remozado
al cabo de ocho días. Jaulas con canarios y tiestos con flores a legraban los rostros marchitos de
damas, caballeros y mártires allí colgados en
marcos enn6gr ecidos; los muebles relucientes y
limpios ostentaban al sol sus mustios tapices; la
cama monumental albeaba bajo sus vaporosas
colgaduras, y en los corrales, desembarazados de
yerba, mugía una hermosa vaca y alborotaba una
tropa de gallinas precedida triunfalmente por un
soberbio gallo de encendida cresta,

Jl,
;
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L. .,-

7:r-:,,,.,..,.,.

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- ~ - · -~

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'.h.

¡Y el autor de tales maravillas era, én partf', el
hura:llo Julil\n! Lo&lt;J deseos de Marta eran adivinados por él, y eabalgando en el caballf'jo de su
padre, sacudiendo su pereza ingénita, sacó, no
sabíase de dónde, jaulas y t:estos floridos. Había
llegado á ser el inseparable de Jorge y Marta.
Adusto y frío para el primero, soportaba en cam·
bio las exigencias y caprichos de la joven.
Sólo que Marta recibía siempre con frialdad
los servicios y atenciones de J ulián; inspirábale
aversión su figura desmafl.ada y torpe, parecíale
necio y cobarde; ridiculizaba su gesto doloroso
de enfermo y burlábase de su completa ignorancia.
Jorge intentó suavizar aquellas asperezas, compadecido del pobre mozo por quien sentía esa
simpatía bondadosa de las almas felices; pero
Julián, que aceptaba las impertinencias agre~iv11.s de la hembra, rechazaba en silencio, herido
vivamente, la piedad del hombre.

V
Habían transcurrido dos meses desde la llegada de Jorge y el joven comenzaba á notar con
inquietud, que Marta, m 'Dos alegre que los primeros días, tenía momentos de pasajero mal humor. Una noche resolvióse á interrogarla.
-Vamos, querida, confiesa que comienza á
fastidi11.rte un poco nuestra Orbalfja.
:uarta sob~esaltóse.
-Te enga:llas, replicó con viveza, mi único temor es que tú no soportes este género de vida,
que nuestra felicidad tenga fin ....
-No, tontica, contigo viviría yo en el último

rincón del mundo. No te ocultRré que algo m~
inquieta el natur al cuidado de mi padre por m1
ausencia; pero, si tú lo apruebas, todo se puede
conciliar. Te pido sólo ocho días y volv ... ré para
no separarme de tí. Mira, tengo grandes proyectos sob•e Orbaleja, que neceüto consul_tar co~ el
senor Vnlfrán. Deseo convertir esta finca miserable,improductiva casi, en una gran explotación
agrícola. He estudiado el caso. Entonc~s ya t~ndrá un ohjeto aceptable mi permanencia aqu1 A
tu lado. Traeré ingenieros, un administrador inteligente en lugar de ese solapado de Pascual,
haré construir una hermosa casa moderna, un
verdadero chalet, y la vida, el movimiento, la lucha sucederán á esta inaeción estúpida. Verás
có~o al contacto de una varilla mágica, tramformo este desierto árido y triste, rdugio de las divinidades campesin1ts, en cultivada campifi.a cubierta de árboles frutales, cruzada por rieles.
Verás cómo empano ese azul sereno del cielo con
el h•1mo de las fábricas y cómo despierto el eco
dormido lle estas soled~des con el silbido de las
locomoto:-as, No; ¡no te rías! fl gran m11go que
efectuará este milagro, ayudado se eotiende por
el dinero del se:llor Vulfrán, será un río que corre no lejos de aquí, á unos cincuenta kilómetros,
y que yo haré venir, obediente como un esclavo,
á desposarse con las tierras vírgenes de Orbalej11.
Marta escuchó con interé1 los nroyectos de
Jorge.
-El único punto negro para mí, replicó, es esa
ausencia de ocho días. ¿Qué quieres que haJra
yo aquí" sola cor_, ese estúpido de Julián? Por lo
demás, ~omprendo que es necesaria tu partida
para ese. proyecto. Me resigno, pues; pero, ¡por
Dios! sólo ocho días te concedo.
Al día siguiente Jorge hacía enganchar el p(quP:ilo coche, y después de besar ardientemente
á Marta, que se abraz1.1ba llorondo á su cuello,
partió rumbo á la estación próxima del ferrocarril.

Sólo Pascual detestaba á Marta; llamAbala con malicia la seflo1·a. Y ernqueásuper&amp;picacia de palurdo no se ocnltabll. que J11lián, su hijo, eft:1ba enamorado de la joveo,
y que ésta sólo ter.fa pl\ra ~l p~br~ mozl),
desprecio y burlas. Al prmc1p10 mtentó,
contrariar á Julián cuitndo é,te recorrfa i
caballo los lugares veci11011 en busca de un.
pájaro y de un raw.o de f:ores. per o bieit
prÚnto comprE-ndió que su empe:llo era lr,(l.
til· el nilio mimado se rev, Jaba con toda
la 'energía de su voluntad jamás contraria•
da. Pc.cü le importaba que su i.:010 le pagafil en desdenes, bastábale que aceptase la
üfrenda, que ac1niciase con sus dedos puli•
dos como tl mar fil la cabecita de oro del
canario ó acercase á sus labios el man0jo de ela•
veles llevados por él amorosamente sobre su CO·
razón.
Julián se levant1tba en la~ noches calenturiento, y llegaba recatándose, sintiendo que el corazón Je goloea ba el pecbo frente al b1.Jcón de l&amp;
alcoba de Marta. Allí. con los 0jos fijos, con lat
manos cruzad11s como ante un altar, indiferente
á todo, abstrllído, pasa ha las horas nocturnas en
éxtasis, inmóvil, sonando con aquel cielo lejano,
con aqufllla aparición que surgill en las tinieblat
de su vida de enfermo como una aurora . .Recor,
daba entonces aquellos suefios sobre el carro hl'D•
chido de espigas en los tibios creoúsculvs de J u•
lio, y pare"-íale que desde entonces conocía á aquella mujPr; la ha_l&gt;ía vi!,to flotar blanca, indecisA,
vRporosa, coronada de estrellas, desnuda y t.ú•
l:.il .... le sonreía y tendíale los brazos. . . . Sentíase transformado. Ya Iio era el pobre JuliAn
desma:llado y torpe, sino el príncipe azul rubio y
hermoso, lleno de ingenio, valiente y amado . ..•
y la diosa bajaba de la nube y besaba sus la bios,
mientrlls él, á la luz de las constelaciones, entreclaridades arcRnas, le dirigía los m~drigales méatiernos como plegarias blancas. Otras veces sen•
tíase invadido por un miedo loco, inaudito, como
si r1,fllgas dP. hielo cruzaran su espalda, se im11•
ginaba que Jorge, el amo, sospethuía su amor,
su deseo, que iba A sorprenderle allí midiendocon los ojos la altura de las rejas como un ladrón. Y no, él no se sentía capaz de arrostrar la
mirada :racunda de Jorge, h11bí1 011cido sierro
y caería inerme bajo el gol pe implacable del ca•
ballero. Era cobarde; sentí11 las punzadas ardieo•
tes del deseo, de un deseo salvaje, imperioso,
mortal, pero á la vez tem'-.llaban sus carnes bajola mano ruda y fuerte alzada para el castigo.
Raquítico y débil, tímido como una mujer re•
chazaba en su mente con indignación los mimo,
de su padre; casi inspirábale odio el viejo sol~a•
do de manos encallecidas y testa plebeya. Decia•
be que él, Pascual, tenía la culpa de su pequeft_ez,
de su fealdad y de su cobardía; había nac1~0oruga, sólo que antes de la llegada de Jorge, slll
pumo de comparación, vivió enganado piadosa•
mente por las lisonjas paternas.
.
Y aquel temperamento sensusl y enfermizo,
vibraba conmovido al choque formidable de loaanhelos incipientes y voraces, martillando en sa.
debilidad v en su miseria.
Cuando ·Julián regresaba á su cuarto en la obS·
curidad, procurando no despertar á su padre, Y
se echaba sobre el lecho, febril y extenuado, sen•
tía la sensacion voluptuosa de quien esc11 pll d&amp;
un gran riesgo, le parecía qull había acudido ~
uoa peligrosa cita de amor y que Marta qued11b&amp;llorando en poder de su tirato, llorando pGr él,
Y esperaba con ansia tl nuev,) día para verla,
para oír su voz, para sufrir sus burlas, no tan
amargas, no tan dolorosas para el iufeliz mCJZ?,
como el gesto compasivo de Jorge, el soberbIOmacho atlético y hermoso.

VII
Una tarde Marta hallábase sola , sentada A la.
vera del camino, esperando descubrir el coch•
de J orge. La alta cerca q ue bordeaba la carre-

Domt_ngo 13 de Agosto de 1899.
tera la ocultaba de un grupo de trabajadores, en
cuyo centro el c11pataz, Pascual, refería algo que,
al parecer, divertía grandemente á sus oyentes,
v Mllrta escuchó . .Alusiones picantes y ag-udezas
torpes sal picaban su nombre entre risas brutales
de palurdos.
De improviso apareció Julián . Estaba trémulo,
tPmblábanle los labios y.le fulgur11 ban los negros
ojos.
-¡Padre! gritó, cállese por su vida, que si no
fuera usted quien es .. . .
Y aquel raquítico erguíase colérico, casi hermoso, chispean.te la miradá y crispados los pu11.os.

P11scual se alarmó, crey6 por un momento que
A lanzársele,
- ¡Bien ! será como tú dices. Pero serénate; puede hacer te mal esto. En verdad, la sefl.ora . ...
digo, Mar ta, es muy buena. Era una broma
tot.lo .. .
Marta se levantó y alejóse, temiendo ser descubierta. Sentía impulsos de llorar, de marcharse
muy lejos. Debpué, de todo, aq11ella gente tenía
r11zón . . . . ¡Quién era ellal ¡la querida del amo!
¡una mujer sin nombre, una .. . se:llora de esas ...
'=omo decía Pascual! ¿Por qué había abandonado
su humilde lecho de virgen. blanco y burdo? ¡Ya
no volverían las alegres mailanas en que se lanzaba por la angosta escalera d ~1 tercer piso entre
las aclamaciones de los habitantes de aquella casa de vecindad que la adoraban, pRra lleg11r sl
taller ruidoso siempre! ¡Con qué afán era esperado el d oming), la fiesta, con su sol radioso! ¡Pobres vestidos de percal, ahora desdenados por la
sed-t crujiente! Nadie la llamRba entonces la seflora; era Marta, la virgen, la hermosa, la mimad11 ....
Y la infeliz estalló en sollozos amargos .... D3
pronto se acgrdó de Julián y sintióse invadida
por gratitud pro!und_a , tierna casi . . ..
Y después de todo, ¿no habría sido mrjor. más
honrado, más noble, ser la esposa de aquel muchacho pobre y humíld~ que la idolatraba, y no
la querida de un libertino rico y apuesto? J ulián,
aquel resignado que e'.la flajelaba sin misericordia con sus burlas, la adoraría, la respetaría, sentiríase orgulloso de llevarla sobre sus hombros
como un esclavo y ella no bajaría la frente enrojecida.

rn hijo i ba

VIII
Al d ía siguiente regresó Jorge.
Cuando Marta corría á su encuentro, dispuesta
A estrecharle en su3 brazos, Jorge, que bajaba
del CLche, la detuvo con una mirada.
No venía solo, acompañábale un joven rubio,
simpático, de pequena t1statura, de ojos claros y
vivos y fino bigote retorcido. Vestía polainas
de cuero inglé3, sombrero de paJa de anchas alas,
pantalón obscuro ce:llido á la piurna y camis11 floja de seda.

r•

- T-i_presento, dijo Jorge dirigiéndose á M1trt11, ;\ m1 11n1iguo amigo y condiscípulo el ingeniero León Ricoy.
M1.1 rta se inclinó turbada sin acertar á. responder casi. Sintió la mirada de Ricoy clavarse en

EL MUNDO.

97

ella con impertinente fijeza, examinarla, abarcar- veas el prodigio. Un dique en el río y un caníll
la, medí.la, adivinarla con ese golpe de vista rá- que provea de riego estos campos es todo lo que
pido y seguro de los inteligentes. Creyó por un necesito.
momento, que la iba á. palpar como se acaricia el
-Hablando en serio-dijo el ingeniero - te dicuello fino y nervioso de un CAballo de r1tza, y ré que apruebo tus proyectos, pero desde distinto
una oleada de sangre le invadió el rostro. Sintió- punto de vista. Construye diques en buena hora,
se enrojecer, temblar; buscó en su auxilio los emprende en cultivos nuevos y emplea útiles
OJOS de Jorge . . .. y vió á éste sonriendo, satis- modernos, maa no pienses por tu vida en redifecho, aprobando, orgulloso de la admiración mir cautivos, sino sólo en tu provech0; en repletorpe que provocaba su querida .... Pero detrás, tar tu c11j-t sin cuidarte de la regeneración del laapartado del grupo, otro hombre, pálido de furor briego. ¡El labriPgo! ¡valiente animal! Para tal
impotente, azotaba co, la mirada al impertinente; empresa se necesitarían santos y conquist11dores;
temblábanle los descoloridos labios y oprimíase un milagro ó el exterminio. ¿I..o dudas? Pues melas manos prontas á alzarse. Era JuliAn.
parece que el muy honorable mayordomo y su
¡Oh! d él estuviera en lu~ar de Jorge, ¡cómo sa- hijo. siendo dos ejemplitres preciosos. Pascu11l,
bría c1tstigar 11y_uel ultraje! Ahora comprendía un viejo rapaz, que ha hecho su agosto abusan con toda cla, idad su: odioso puesto de amiga del do de la confianza del selior Vulfrán y que sería
se:llor. Era la cosa que mostraba su duelio á la feliz, te lo juro, si ma:llana pudiera asistir á tu
curiosidad pública. que se examina y analiza en- entierro. ¡Te digo que me inspiran más descontre picantes comentarios al aire libre, entre risas fianza los ojillos grises de ese hombre, agazapay equívocos.
dos b11jo el matorral hirsuto de las Ct'j'ls, que un
Marta huyó casi, Eintiendo que algo se desplo- f.isil asei:t&gt;1 do en una encrucijada... . .. . . 1 ¿Y
maba en ruinas allá en el fondo de su pecho .... su hijo? ¡V11ya una alhaja! perezoso, hirócrita y
¡Y lll imagen de Julián embellecida volvió á cobarde, no tiene siquiera las cualidades de su
surgir noble y triunfante!. ...
raza: el v11lor, I,1 fuerza y la sobriedad. He ob-¡Hol11! -exclamó el ingeniero cuando Marta servado que cuando tú le dirijes la pidabra, se
desapareció.-¿En qué mares se pescan estas encrje y amilana como un p~rro á quien se amaperlas?
ga con un látigc; mAs que un ed.:rm.:&gt; es un loco
algo extra:llo, un despecbado, ¡qué sé yo! áquien
receta, ía ducbas de agua fria y siete horas diaIX
rias de trabajo rudo b11jo el sol. En es11 cabeza
Pasaron varios días, Jorge seguía entusfasma- mal codormaña no pueden 11lbergarse pensado con su idea de empresa agrícola. Había en- ruientoa sanos. Estoy s ...guro.
- Eres implacable-co11testó Jorge.-En un
contrado en Ricoy un auxiliar inteligente y acti•
vo; antiguo camarada de co!Pgio, aprovechado pobre vie.io que se ha batido en sus mccedades
ingeniero y buen amigo, no vaciló en aceptar las valientemente por su patria, y que por su ignoproposiciones de Jorge.
rancia y falta de morid abusa después un poco
de su empleo, y en un pobre muchacho et f&lt;lrm::-,
León Ricoy era un espíritu cultivado, observa
dor y profundo; pero demasiado vehemente. Ha- te empeñas en descubrir un par de monstruos
bíanle bast1:1d0 tres eemanas de permauencia en abominables. ¡Querido León; eres el de siemprt!
Orbaleja, para medir y aquilatar con su rudeza Recuerdo tus odios de escuela. Pero basta: hablemos de trazos y niveles.
in¡z énita, á sus principales moradores.
Jorge era el de siempre, leal, confiado, g-eneroso, un pocJ pagado de sí mismo á fuerza de
X
oír el coro de lisonjas en su torno alzado (su paLa verdad, era que Jorge que al principio sólo
dre era millonario y él hijo único). Marta, una
hermosísima much cha, algo avergorzada de su buscó un pretexto en su idea para vivir al lado
posición, con rafagas de arr epentimiento, impre- de Marta, había acabado por apasionarse de tosiona ble y dul ..1e. En cuanto á Pascual y su. hijo, das veras de la empresa, á lo que contribu) ó no
eran para Ricoy dos seres completamente antipá- poco el se:llor Vulfrán, qúe dP. esta manera contrarrestaba, abriendo un nuevo ~ampo á la actiticos.
Un día, durante ll\ comida, Jorge habló de su vidad de su hijo, aquella pasión que comenzaba
á inquietArle. Le daba en Orbaleja ur,a riv11l á
empresa con bastante calor.
-Es un crimen, decía, permitir que las men- Marta, rivlil que vencería. Además, el seilor Vulguadlls corrientes de nuestros ríos se pierdan, frán conocía bien á Jorge; sabía que en medio de
mientras la tierra improductiva abrásese .,.or fal- su frivoliaad era inteligente, calculador y tenaz
y que el dinero en sus manos no correría it.f1 uc'.
ta de riego. ¡Y así nos lamentamos del atraso, de tuosamente.
la pobreza y de la debilidad füica de nuestro
En quhn encontró el proyecto un enemigo depueblo rural, que se conforma con espiar desde
cidido,
ciego y tenaz fué en Pascual. Comprenla puerta de ca:ilRs de su 11lbergue f1 paso de
dió
el
viPjo
mayordomo que los tiempos felices
lit nube que refresca el mustio sembr1tdol Pues
en
que
la
veuta
del trigo pagaba al arcón de robien: y o traeré el agua
ble com,iderable tributo, habían pasado, y agopor canales, eea agua
que hoy se desperdicia taba todo su ingenio en probar que los arados de
y que es un tesoro que acero montados sobre ruedas, los mot ores de vanadie aprovecha. Des- por, las balas de algodón y otras patrailas que
pués haré venir má- traía en la cabeza el seilor Jorge, no valían Jo que
quinas y herramientas un s1:1co de trigo sembrado por un par de buPyes.
Svbre el ing.,t.iero muy especialmer. t e fu lminamodernas de agrlcul ban
10s rayos de su cólt,ra, 11quel ca bailen te que
tura y nuestros labriela pretensión de resol ver todo por númc1 os
gos sentados cómoda- tenía
y signos.
mente bajo quitasoles,
Un suceso vino á dar al traste con h escaea
guiando la pareja de
cordura
de Pliscu1:1l y á acrecentar sus odios.
caballos, no volverán
Cierta
m1.1nana en que el vifjo capataz prediá hollar la tierra calcaba
en
grupo
de trab, jadores contra las teorías
cin11da empuliando la
maLcera del tomo ara- descabelladas del amo, que acab11rian por 11rruido primitivo. Enton- nar á todos, presentós.e de improviso el i11!{euieces tendremos c11mpe- ro y dirigiéndu~e á P¿¡scual:
-Usted obrama1,senor mío, dijo, provocando
sinos fuertes, bien nuel
descontento y la desconfianza entre esta g ente.
tridos, inteligentes y
Yo
bien Eé que usted trabaja por su propia cuenlimpios, y el periódico
ta,
pue~to
que le será más d,ficil tr11g11r sacos de
y el cepillo de dientes
harán su aparición mi- algodón que de trigo; pero, amigo mío, h11 y que
lagrosa en la caba:lla! tener paciencia, al fin se agota la ub1 e. 01 eo que
ahora mf'jor ha1 fa usted explicando en 6U cAtedra
- ¡Bravo!-exclamó q?-e el nuevo prayecto significa prJsp ridad y
Ricoy-Ya me figuro bienestar para todos: trabajo moderado y bien
tu campo modelo sur- retribuido, casas higiénicas, venti11.1das y 11legres
cado por discos de ace- en vez de esos cubiles de paja que más parecen
ro y veo tus colonos, refugio de fieras que moradas de hombres civilipulcros y pe1 fumados, con las manos blancas y zadoe; escuelas para los bijos, y médico y botica
tersas, d iscutiendo en cultas y bi'3n parladas ra- Y hasta un capellán para que en la hora rnpr ema
zones sobre malvaceas y gramíneas.
suban libres de c ..dpa las almas de Orbaleja. En-Búrlate si quieres, repuso Jorge jovial, mas sene usted que la fuerza ciega, inconsciente, anino descodio áe CO'ltemplar tu pa~mo cuando mal, no alcanza nur.ca lo que logra el esfuerzo
0

)

�EL MUNDO.

98
racional y metódico; que no basta escarbar el seno de la madre tierra como los topos, y que esas
máquinas, ruedas y palancas hijas de esos números y signos de que usted abomina, ahorran fati gas y sudores sin cuenta y multiplican la producción del suelo.
El in¡reniero alej.5se dej,rndo APascual humillado v colérico. En su cerebro rudo de antiguo
soldado, bullían confui;as i deas de venganza. El
mayordomo, acostumbrado A ser oído allí como
un oráculo, sentíase herido en su amor propio, y
veía descubierta su rapacidad. Todo lo perdía,
fortuna y respetabilidad.
XI
Jorge dedicaba menos tiP.mpo á Marta, absorto en cálculos y trazos. Salía con frecuencia á
caballo acompafiando á Ri,:o y, y hasta hizo nuevos viajes A la ciuctad para conferenciar con su
padre.
Sin embargo Marta no parecía contrariada por
aquel desvío. Escuchaba con indiferencia las discusiones subre malvaceas, arenas y arcillas y
aceptabaellugar secundario á que había descendido.
Ya no tenía para Ju\iAn palabras duras ni burlas sangritntas; tratAbale, al parecer, con cierta
deferencia amistosa que no pasó inadvertida
para Jorge.
-Veo, le dijo éste un día, que el pobre JnliAn
h11. alcanzado misericordia. ¡Eree muy buena!
También Joliánhabía sufrido una metamorfosis.
Su pasión por Marta parecía extinguida; veíala A
todas horas, mas los arre batos, las tristezas, los
duelos de los primerod días había"l desaparE&gt;cido.
El mozo enfermo y neurótico entraba en una
nueva faz de existencia: la alegría .irradiaba en
sus ojos; sentíase ágil y fuerte, sediento de vida:
estaba curado. Ya no sufría aquelios arrebatos
contra Jorge, aceptaba :.u papel de servidor y
abdicaba su soberanía en manos del sefior legf.
timo. Sólo que ahora parecü esquivar la presencia de J orge, y cuando é.ste pronunciaba su nombre palid~cía y temblaba.
Pascual no acertaba A explicarse aquel cambio
inesperado, mas su pasmo subiódepunto, cuando
un día, al regresar del campo con su hijo, vió no
lejos, á Marta y áRicoy que del brazo se paseabau
solos engúlfados al parecer en sabrosisíma plática, á juzgar por la animación de los dos y las risas
alegres de la joven.
El viejo mostró á su hijo con un ademán la pareja, mas JuliAn ¡caso inaudito! conrormóse con
murmurar entre dientes:
-¡Bah!
Esto fué un rayo para Pascual; todo lo adivinaba: Jul:An despechado, herido al fin por las
burlas y desdenes de la joven, cedía el campo,
y el ingeniero, mAs hábil que su hijo, saltaba el
ageno cercado y á furto del duefio hincaba el
diente en aquella dulce y sabrosa poma. Estoera
bien claro. ¡Ah! ¡no podían fallar sus previsiones!
Mas ahora ya tenía su vengan za: su hijo humillado y vencido por aquella sefiora y veucido por
un mufl.eco de manos blancas y bigote rubio, tendría su desquite. Sobre los culpables velarían dos
0jos fijos y tenaces, y A su tiempo, en el instante
critico, é,, el mayordomo, el criado, el último, se
encargaría de alzar el telón para el drama.
XII
Los nuevos trabajos proseguían con acti vi•
dad, abríanse brechas y se limpiaba el terreno.
Jorge multiplicaba sus viajes, ya en busca de
obreros y herramientas, ya para informar á su
padre de los progresos de la empresa.
Durante estas ausencias Marta no parecía impaciente ni contrariada. Pascual ohservaba A la
j.:iven con una perseveranciq de gato; pesaba sus
sonrisas, acechaba sus pasos y espiaba sus miradas. Iba á la casa, en donde Ric0y residía también, con el objeto aparente de recibir órdenes
del ingeniero, mas en verdad A caza de algún indicio que confirmara sus sospechas.
Una tarde, vecina ya la noche, Pascual fué,
como siempre, en busca de Ricoy, mas halló cerrado el despacho del ingeniero. Jorge estaba
ausente y al mayordomo asaltóle la idea de pre•
sentarse de súbito en las ha hitaciones de Marta.
H allábanse en tinieblas; y a. próximo á la puerta
que daba entrada A la alcoba oyó risas y voc~s
contenidas; iba Pascual A penetrar en la estancia
resueltamente, cuando Marta, que sin du da ha•
bía oído sus pasos, sali0 presurosa á su encuen-

tro. El mayordomo, á pesar de la obscuridad que
reinaba, notó la turbación d e Marta.
- Sen.ora, dijo sin deseen cartarse, he venido
en busca del seilor Ricoy, mas no esté. en su des•
pacho y. . . . se me ocurrió .. . .
-.Aun no habré. regresado, repusu Marta, casi
trémula.
-En ese caso me retiro.
Y Pascual se marchó.
¡Ah! por fín tenía la certidumbre de aquella
intrigal Aun sin haber sorprendido aquel cuchicheo en la obscuridad del dormitorio, bastt ba el
azoramiento de la joven para delatarla. Tenía la
plena seguridad de que Ricoy se hallaba allí,
oculto tal vez tras las colgaduras del lecho, cuando él llegó ..... ¡Olll si el seflor Jorge apareciera de improviso una noche, sin que Badie se advirtiera de su llegada cr(yéndole en la ciudad,
es seguro que se verían cosas muy buenas!
Y el viejo reia á solas figurándose la sorpresa
de su amo y el espanto de los culpahles, mientras se dirigía á su casa satisfecho de ~u descubrimiento.
Entre tanto R icoy, ageno á las sospechas de
Pascual, regresaba tranquilamente del campo,
en donde aquel día un reconocimiento de nivel
habi8le detenido mAs tiempo del ordinario.
Marchaba á pie, solo, con la cabeza descubierta,
asp:ran do el perfume con que los campos saludan la noche, viendo surgir las estrellas como
chispas de oro, sobre el azul profundo y oyendo
el canto pausado de los grillos que callaban al
sentir el ruido de sus pasos.
XIII
Pasaron varios días.
Una mafiana en que Jorge, ya. de regreso, se
encontraba sentado en su deepacbo revisando
plan0s y apuntes, vió aparecer al mayordomo
que con cierto aire confuso le dijo:
-Seflor, deseo hablará solas con usted, ahora . .. ... si es posible, de un asunto tan reserva•
do, que he dudado mucho antes de resolverme á
este paso.
Jorge con mAs curiosidad que alarma, miró á
Pascual que permanecía de pie, indeciso y como
pesaroso.
-¿Qué pasa, pues? dijo. Suelta ese grave fardo
que te abroma .
- Es el caflo que estoy cierto de incurrir en el
enojo de mi am0 .... ,. Pero sien~c que mi seflor, el hijo de VultrAn, siga siendo el juguete de
sus amigos .. . .. .
-Habla claro, interrumpió Jorge con rudeza,
que entrevió de súbito la revelación que iba á
oír.
-¡Pues biPnl dijo Pascual, la seflorita Marta y
el cabdlero Ricoy se entienden .. . .
Jorge se puso densam:&gt;nte pAlido, mas, contra
lo que esperaba Pascual, mantúvose sereno.
-Es conveniente que sepas, dijo, que tus pa•
labras pueden traer serias consecuencias. Marta
no es mi esposa pero vive A mi lado, bajo mi techo, la amo, y por ella me he resignado á sepultar•
me en este destierro. En cuanto á León le conozco desde niño: pertenece á familia honorable, es
un completo caballero incapaz de faltar A la hospitalidad, al honor; incapaz, repito, de traicionarme. Recuerdo varios rasgos suyos que env:dio. Es un carácter. Si has juzgado de ligero,
guiado por apariencias ó por ex ceso de celo, reconoce tu error y te absolveré, mas si persistes ... . .. y te engallas, sabré castigarte.
-¡Tengo pruebas! ex clamó Pascual, y el seilor puede convencerse también fácilmente de
que sus . . . ... amigos saben aprovechar sus ausencias.
-Eso, en buen romance, quiere decir que
mientras yo me encuentro en la ciudad con mi
padre, Marta recibe á León .... ¿Eso dices?
-Casi estoy seguro, reapondió Pascual.
Jorge vaciló un momento, sintió que una ola
de fuego le cegaba, mas en breve se repuso y
prosiguió tranquilo casi.
-Pues no basta esa semiseguridad. Voy á
anunciar mi partida para esta tarde, y, por más
que me repugne el medio, vol veré A media noche y penetraré de improviso en esta casa. Quiero darte esta satisfacción .. .. .. á tí, que yo no
la necesito.
Pascual se inmutó.
,
- Deseo equivocarme, dijo, aun cuando sufra
el castigo.
- Tú me a compailarás. Recomiéndote el se•
creto.

Domingo 13 de Agost_o d~ 1899.
El mayordomo salió.
Entonces Jorge levantóse, echó llave A la puerta y se dejó caer sobre el sillón. JamAs ha bia
sospechado d~ Marta; la creía fiel y amant~. .Mas
ahora venían á su memoria multitud de peque•
tlos detalles á los que antes no dió importancia.
En ef¿cto. Marta no se apenaba ya por sus ausencias, le besaba friameote, con el pensamiento
muy distante, con la mirada vaga, vuelta hacia
adentr o, desligada de la suya .... . . ¡Ah! ¡no le
amaba ya!
Jorge que mieotras estuvo seguro de la posesión absoluta, exclusiva de su amada, llegó c11si
á olvidarla, ahora que se 1'~ iba, que sospechaba
de ella, sentía que su amor resucitaba, triunfan.
te, avasallador, incontrastable. ¡Sí, la amaba, la
adoraba, era suya, sólo suya, la disputaría con
su sangre! Recordaba sus noches ardientes de pasión, febriles, embriagadoras. La imagen de Marta aparecfasele núbil, desnuda, los labios sensuales y amorosos, los cabellos "áureos triunfill meote llevados sobre la gallarda cabeza, las carnes
blancas, tibias ..... .
¡Y otro hombre había bebido en a1uella á••fo.
ral otros ojos habían contemplado aquellas alburas! ¡otros labios habían desflorado aquellas gr11nael. . . .
¡No! ¡mentira! Si eso era imposible, mon truoso .. . . .. ¡Calumnia! ¡Calumnia!
Y Jorge arrojando al suelo, colérico, planos y
trazos de la futura Orbaleja, acariciados dur,.nte
tantos días, salió del aposento procurando reco•
brar la calma y se dirigió en busca de Mqrta.
La joven sentada en una chaisse-long~, contemplaba desde su balcón un punto fij" ,
Jorge cojióle la cabeza y la besó como en )os
primeros di1ts de su amor.
-Sabe, la dijo, que esta tarde me marcho; voy
á ver A mi padre.
Si en aquel momento Marta hubiera hecho el
menor esfuerzo para detenerle, Jorge habría renunciado A aquel.l a emboscada que repugnaba
á sucarActer leal; pero Marta se limitó á preguntar:
-¡.Volverás pronto?
Y Jorge creyó sorprender en la joven un estremecimiento de deseo, mientras sus ojos volvíanse á clavar en el árbol que sombreaba la
puert9, de Pascual.
Jorge siguió la línea de squel1a mirada. Bajo
el árbol, de pie, estaba un hombre.
Era Julián.
XIV
Cuando Pascual salió del despacho de J )rg•,
sintióse contrariado. Tal vez acabab'\ de cometer una torpe.:a; tenía mil indicios para sospechar de Marta y Ricoy, más ninguna prueba cla•
ra y precisa. Conjeturaba que viviendo los dos
amantes bajo el mismo techo, era natural que
aprovecharan las ausencias de Jorge para verse.
¿Mas si esto no sucedh aquella noche? ¿Si su
odio, su obsesión le habían hecho ver lo que en
realidad no existía? ¿Si todo al fío no pasaba
de un coqueteo inocente?
Pascual acabó por arrepentirse de veras de su
imprudente paso. No tenia más remedio que ape•
lar A la generosidad de Jorge que vería acaso en
su denuncia, como él mismo lo había dicbv, un
exceso de celo bien disculpable en un antig110 servidor.
Er ganchó el coéhe á la hora indicada y aguar•
dó A su amo.
Pocos momento11 después bajó Jorge acompa•
!lado de Leon.
- Con que te marchas, le dijo éste.
-Es preciso, pero regresaré muy pronto.
Jorge subió al coche y ordenó:
-¡Vamos!
.Al partir alzó los ojos al balcón. Esperaba aún
encontrar aquella cabeza ru"bia de otros días, in•
clinada, buscando su adiós.
Marta no estaba.
Entonces J orge, con el corazón o~·rimido re•
cordó la tarde en que por vez primera hablan
llegado A Orbaleja. ¡Con qué infantil alborozo
descubrieron en la llanura gris y escueta el blanco caserío!
¡Allí iban A vivir solos y felices ! ¡Qué frllail
es la dicha! Gozaba imaginando, mientras el co·
che rodab a por la polvosa carretera, que 1\farta
había muer to. Veíala muy blanca, muy pálida l.
la triste luz de los cirios e-e tarde brumosa, so·
bre alto l.:cho, con los ojos blandamente cerra·

uomtngo 13 de Agosto de 1899.

,dos, Ju manos en cruz y esparcidos los oros de
1 aa rubios cabellos ..... .
El sol iba ocultándose. En la llanura desierta
.apareció una manch11. con fosa de árboles queparecían suspendidos_ en Pl aire A 111. luz del crepús-eulo. Era la estación del ferrocarril; una simple parada de trenes.
Cuando los viajero11 lleg11.ron era de noche.
Las luces de sefia'les proyectaban sus rayos de
colores sobre las cintas de acero de la vía
-que ae prolongaban internándose en las tinieblas. El edificio de la estación alzaba su o bscura mole iluminada á trechos por la luz que se es-capaba por sus ventanas abiertas.
En las negruraP. del horizonte apareció un ojo
de fnego que crecia con asombrosa rapidez: era
un tren que se a cercaba.. Prolongado silbido que
devolvió el eco, turbó el silencio, y el monstruo
Jadeante surgió con su denso penacho de humo
como revueltas crines de dragón, salpicando de
brillante lluvfa de chispas el negro manto de la
noche,
Jorge descendió del vehículo. En aquel mo•
mento el tren llegaba, moderando su marcha. E!
Joven sintió impulsos de arrojarse bajo sus ruedas.
Jor~e penetró en la sala de espera y sentóse.
Había calculado que necesitaba. dejar trascurri:una hora antes de emprender el regreso A OrbaleJa.
¡Que larga ib'l á ser aquella espera! En pocas
horas; qué profnndu trastorno en su vida! Sufría
ia sensación de una caída inesperada, de un cho-que próximo y formidable, como si desprendido
de!ª barquilla de un globo y lanzado al vacío,
-divuara allá, en lo hondo de profunda cima la
roca erizada de aristas en que iría f .italmen~e A
-estrellarse.
Jor~e intentó sobreponerse A su dolor.
¡Cómo! él, educado en una grao capital, cono1'e~or de la inconstancia femenina, él que había
recibo y prodigado desengafl.os amorosos con esa
lige~eza fácil y de buen tono, amable y frívola, de
ilos Jóvenes calaveras y ricos, desesperábase como
un estudiante por la traición prevista de una muchacha vulgar! ¡Esto era ridículo! De tales aventuras, bien lo sabía él, era la infidelidad el desenJace obligado siempre. Se ha,bía dejado engafiar
por el candor de paloma de Marta. Era como todas: el recién llegado sería siempre el juguete
nu~v.o, p~eferido, de cascabeles de oro y colores
-de ma; mientras el antiguo, deslustrado sin brillo
tin misterios, como un Pierrot caduco,' se echa'.
ba al desván de los suetios, al olvido gastado y
~M~
,
Quíso entonces persuadirse á que lo que así le
atormentaba era el despecho por el ultraje recibido, no de la mujer, sino del camarada, del ami•

.go ..... .

Pero si esto era imposible! Cono~ía á León desde nifio; su r_ectitud, su honradez, su hidalguía
eran proverbiales; para un Ricoy la hospitalidad
era sagrado, como entre los antiguos patriarcas,
Y la amistad un culto ..... .
¡Pero entonces las afirmaciones terminantes de
Pucual, el desvío manifiesto de Marta su des-amor, ¿qué significaban?
'

EL MUNDO.

99

¿Qué tenebrosa verdad se revolvía en aquel
fondo negro, que en vano sondeaban sus ojos?

taciones del piso alto, Pascual se detuvo. Para
él sería mejor esperar el resultado á distancia, y
fué á sentarse en un ángulo del extenso patio so. .Éi -t~~~
bre un banco ele piedra.
cobrar su calma_. La noche tornábase pavorosa;
Jorge á medida que subía la escal~ra. recobranubes_ enor~es iban cubriendo el cielo y el relám- ba su aplomo; sereoóse casi. Después de todo se
pago 10term1tente incendiab11. el espacio.
había alarmado sin motivo. 11rras1rado por los re. Jorge trémulo, como si la tormenta próxima celos de un viejo idiota. ¡Qué locura!
vibrara en sus nervios, no esperó más. Volvió al
Cuando llegó al corredor; calJado y tranquilr,
coche y dijo á Pascual:
le pareció que ~odo babia sido un sue:llo. Estaba.
-¡Regresemos!
en su casa: Marta dormiría y su amigo, según su
XV
costumbre de velar largas horas, corregiría sus
cálculos sobre el plano de Orbaleja.
Habían llegado, La obscu-idAd era completa.
La noche ~eguía negra y tormentosa.
Jorge notó que su acom¡,11tian te, al abandoEl
olor de la tierra. humedecida prr las primena~ el coche, se echaba sobre el hombro su antiguo
ras gotas de lluvia llegaba en emanaciones penefn~ll de soldado que bttbfa traído oculto bajo el
trantes en 1tts ráfagas del viento. A la luz de los
asiento del pescante.
relAmp11gos surgian en la sombra los perfiles re-Será inutil, dijo.
motos de las montalias, mientras el trueno sordo
- ¡Quién lo sabe) repuso Pascual.
y constante retumbaba á lo lejos.
Cuaudo estuvieron frente á la. puerta principal
De súoito, por una de esas reaccio!les inexplide la casa, el mayordomo detuvo con u 11 i-.demAn
cables,
Jorge sintióse de nuevo acometido por
A Jorge que iba á llllmar.
la duda, y corriendo casi llegó á las habit11ciones de Marta.
.Ahora tenía la seguridad de su infortunio. Empujó una ouerta con violencia, cruzó la pieza,
Que servia de tocador Ala joven y penetró en el
dormitorio ..... .
Un grito de espanto resonó en la estancia.
-¡Es Jorge!
Jorge quedó inmóvil: era tras el vértigo de la
caída el anonadamiento del choque.
. Tuvo 1&gt;1. visión coofusr. y rl\pida en la obscurid11d de la alcoba, de un hombre que se lanzaba
d~l lecho, que se erguía, vacilaba y por fin derribAndole C!l.qi a l apartarle, ganaba la salid11..
Lll sorpresa del desastre paralizó por un mom&lt; nto sus energías.
Después precipitóse al alcance de aquel hombre; llegó al corredor, mas era tarde, el fugitivo
hab[&gt;1. desaparecido.
En aquel momento fulminó una detonación de
arma de fuego.
Jorge bajó la escalera á saltos y alcanzó en el
patio á Pascual que empufiaba aún su fusil.
-¡En dónde está! gritó.
-¡No lo sél exclamó Pascual agitado. Entreví
apenas al hombre que corría tratando de alcanzar la salida del postigo y disparé al bulto en la
obscuridad ... . .. ¡Creo que no acerté!
--¡Qué pasal-exclamó una voz, mientras la
luz de una lámpara suspendida en alto alcmbraba de improviso el negro fondo del patio.
Los dos hombres alzaron la cabeza sor- rendi~~
'
En lo alto de la escalera el ingeniero León Ricoy, de pie, con el asombro pintado en la fttz,
-Se alarmarían con nuestra llegada, dijo.-Las acabAba de aparecer.
Pascual como herido por una revelación súbitapias del corral son baj11s, puedo salvarlas y
ta, espantosa, abrió los ojos desmesurados, se
abrir el postigo pequefio que cierra por dentro.
Doblaron entonces el Angulo del edificio y avan- llevó las manos A la cabeza y tambaleándose como un loco, lanzóse en la dirección que había.
zaron un largo trecho palpando el maro.
De pr onto se detuvieron soq.. rendidos. El pos- llevado el fugitivo.
. Despué_s un grito formidable, sollozo, rugido,
tigo estaba abierto.
-Ha sido un descuido, dijo Pascual, una casua- imprecación, que salía de las sombras resonó en
la noche trágica.
'
lidad que nos ayuda.
-¡He matado á mi hijo!
-Entremos, repaso Jorge impaciente.
Al pié de la escalera que conducía á las babiURELA.

-h~bí¡ p~¿~d~; ·.;. ¡~ ·¡s~~~ió~ ~~¡;ió A-r~:
0

�Domingo 13 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

100

Dom1ngc 13 Agosto de 1899

portal de la casa Hermelingue, dela11te de una man-

LOS DIAi DE .ADVERSIDAD.

Todas las mal'ianas del afio, á las ocho en punto, en
una casa nueva y casi deshabitada de cierto barrio
de Paris, se ofan gritos, llamadas y estrepitosas risas
en el hueco de la escalera.
-Papá, no olvides la música que te he encargado.
-Papá, el estambre para bordar.....
-Papá, traenos rosquillas ....
Y la voz del padre llamando desde abajo:
- Zazá, bájame la cartera ..... .

- V aya, bueno; siempre
la estás olvidando...... .
Y era de ver el estrépito
con que subían y bajaban,
con las sel'iales del suel'io
en la cara y los cabellos en
desorden, unas cuantas nii'ias cuya algazara no cesaba hasta el momento en
que, inclinadassobre la barandilla, despedían ruidosamente á un anciano, limpio y bitm cuidado, cuya
silueta veían dE"saparecer
al final de la escalera.
E l Sr. Joyeusesemarchaba á su oficina. Entonces
todas aquellasml'ias subían
rápidamente basta el cuarto piso, y después de cerrar de golpe la puerta de
la habitación, se asomaban á 'Jna ventana para mirar
otra vez á su padre. El buen hombre se volvía de
cuando en cuando para verlas de nuevo, les enviaba
besos con la mano y las nlflas hacían lo mismo, hasta
que por fin la ventanasecerraba, y todo en aquella vivienda recuperaba su estado normal, con excepción de
los carteles y anuncios de las tiendas vecinas, á los
que el viento hacía dan~ar de un lado para otro, co~o
si ellos quisieran también tomar parte en la alegria
y la algazara de aquella casa.
Un momento después el Sr. Maianne, fotógrafo,
que ocupaba el quinto piso, bajaba para colocar en el
portal su muestrario, compuesto, como siempre, d~l
retrato del vecino del cuarto piso, rodeado de sus hijas, forD1ando diversos grupos; y después de estas escenas que se repiten diariamente, la calma se restablecí~ de repente hasta la noche, pareciendo que todo
aquel movimiento y aquella vida habían quedado encerrados bajo los cristales del muestrario, que contenía, sonrientes é im:~óviles, los retratos del padre
y de las hijas.
Desde la calle de San Fernando, hasta la casa de
banca He1•11.elinque é hijo, en donde estaba empleado,
el Sr. Joyeuse tenía por lo menos que andar durante
tres cuartos de h'.lra. Marchaba con la cabeza muy
erguida, como si temiera arrugar el hermoso lazo de
la corbata, hecho por sus hijas; y como la mayor de
ellas, siempre previsora y prudente, le_ levantab~ en
el momento de salir el cuello de la levita para evitar
que se constipara, aun con una temperatura de estufa, el Sr. Joyeuse no lo bajaba hasta llegar á su oficina.
Viudo hacía unos cuantos ai'ios, este buen hombre
no vivía más que para sus hijas, que eran su único
pensamiento, y se sentía feliz vién_dose r~deado por
aquellas cabecitas rubias que se agitaban s10 cesar en
su derredor como los ángeles en un cuadro de la
Asunción. Todos sus deseos; todos sus proyectos, se
relacionaban siempre con las hermosas nil'ias.
Como sucede siempre en las familias que han gozado de cierto bienestar pecuniario, Aliua, que era la
mayor, había sido educada en uno de los colegios de
París. Elisa estuvo también dos al'ios con su hermana, pero las dos má!I pequelias, nacidas demasiado
tarde y cuando los apuros entraron en la.casa, fueron
enviadas á uno de los colegios del barrio, en el
que poco aprendieron, teniendo, por lo tanto, que
completar á domicilio su educación. Y no era
cosa fácil en verdad, pues la más joven se reía de to-

do, rebosando salud y alegría; parPcía una alondra,
siempre en moviuiiento y huyendo á todas h?ias del
pupitre y de los libros, mientras que 1~ se:ñonta Enriqueta imbuida no se sabe cómo en ideas de grandeza, n~ gustaba mucho de estudiar. Est~ nili_a
de quince aflos, dotada de grandes facultades imaginativas, arreglaba su vida de antemano y declaraba
formalmente que se casaría con un joven aristócrat.a,
y que tendría tres hijos, un varon para conservar el
título, y dos amas pata vestir siempre ig~ales ... • • •
Si 1 eso es, decía la mamila, las vestirás iguales; pero mientras tanto, veamos si sabes lo que son participios:
La mamita era Aa11a.
-La !Jamábamos as1 cuando era pequeñita, decía
el Sr.Joyeuse, porque con su gorrita enca:ñonada y su
autoridad de hermana mayor, era tan razonable Y se
parecía tanto á su abuela, que se quedó con aquel
nomtre.
El buen viejo daba esta explicación con un tono
tal, que parecía la cosa más natural del ~undo que
ese nombre se diese á tan encantadora Juventud.
Y todos en la casa discurrían de igual modo que el
Sr. Joyeuse, pues hast.a la anciana criada llamaba
mamita á la joven, sin que ésta jamás se sintiese
molestada por ello, toda vez que la influencia de nombre tan venerable, añ-¡día á la ternura que la prodigaban, una deferencia alhagadora, dar:do al mismo
tiempo á su autoridad ideal cierto seductor realce.
Y de seguro que no se aburría. Su vida era una
continua ocup&lt;tción, que com~nzaba con el alba y
concluía hasta la noche; tenia qne alentar y sostener
á su padre, instruirá sus hermanas, ocuparse en todos los cuidados materiales de aquella casa, en la
que faltaba la madre, siendo infatigable siempre,
pero sin aparentar cansancio, cosa muy en armonía,
por cierto, con el egoísmo humano, que de este modo
se libra de todo reconocimiento y que, come contrario á todo sacrificio, apenas se deja vencer por la abnegación y el heroísmo.
.
No era la hija valerosa que trabaja para ahmentar
á sus padres, y que, corriendo desde por la mañana
hasta la noche dando lecciones, olvida en la a~itación
de su vida todos los sinsabores del hogar doméstico,
no; Alina comprendió que debía obrar de diferente
modo; cual abeja sedentaria, se aplicó á cuidar únicamente de su colmena, sin ocuparse para nada del
aire y de las flores. Llenaba mil funciones á un tiempo; modista, costurera, maestra de música, ~stltutriz y tenedora de libros, pues el sefior J oyeuse, rncapaz
de dirigir su casa, la dejaba la libre disposición de
los recursos.

'

Entre sus discípulas, la que más ocLipación le daba
era su hermana Elisa, que habiendo sido reprobada
tres veces en los exámenes de historia, se preparaba
de nuevo, •Y llena de desconfianza y de miedo, no
abandonaba el libro ni aun para comer. Pero no siendo ya una pequeñuela, sino antes bien, una joven muy
linda en verdad, no poseía la memoria mecánica de
la niñez, en la que las fechas y los acontecimientos se
graban para toda la vida. Entre mil preocupaciones,
la lección aprendida se olvidaba en un minuto, á pesar de la aparente aplicación de la alumna, que con

do ~einte veces por delante de una puerta sin entrar.
~ _s1 entraba era aguijoneado por el recuerdo de sus
-Siempre me sucede lo mismo, se dijo sonriendo h1¡as. Eeto sólo era suficiente para darle ánimo, hapasándose la mano por la frente, cubierta de su- ciéndole correr de un extremo á otro de Paris y lle1
der.
gar hasta Aubervilliers, á una gran fábrica donde le
Sentíase de buen humor por tan gratísimos pensa- hicieron ir tres días seguidos para no conseguir
mientos y por el suave ca~or que se advertía en las nada.
diversas piezas de las oficmas entarimadas, enreja¡Oh! Las largas carreras con las lluvias y las heladas y en las que se podían contar las monedas de das, las puertas que se cierran, el principal que ha
oro'sin que molestasen la vista, gracias á la escasa salido ó que está ocupado, las esperanzas perdidas, el
luz que babia en ellas por estar en piso bajo. El se- fastidio que se sufre aguardando en una antesala,
flor Joyeuse saludó alegremente á los demás emplea- les humillaciones reservadas para todo aquel que busdos se puso su saco de trabajo y su gorro de ter- ca tra.:,ajo, como si fuera una vergüenza carecer de
ciopelo negro. De repente SP. dejó oír un silbido, y el él, son cosas, en verdad, desesperantes, y el Sr. Jocajero, aplicando su oí?~ al tubo ~cústico oyó la voz yeuse experimentó todos estos sufrimientos, así cogruesa y pastosa del v1eJo Hermehngue, del mismísi- · mo el fenómeno de ver como las buenas voluntades
mo, del verdadero Hermelingue (el hijo estaba siem- se cansan y descorazonan ante la persistencia de la
pre ausente), que preguntaba por el sel'ior Joyeuse. mala suerte. Y estas an~ustias del hombre que bus¡Cómo! ¿Continuaba so:ñando? El buen h0mbre, en ca ocupación, se duplicaron para aquel pobre padre,
extremo conmovido, subió la escalerilla interior que cuya imaginación no tenía un instante de reposo.
comunicaba con el despacho del banquero, pieza esDurante todo un mes se pareció á una de esas figutrecha, muy alta de techo y amueblada cun enormes ras de movimiento que causan la alegría de los niños;
amones de cuero proporcionados á la espantosa gor- hablaba solo y gesticulaba andando por las calles,
dura &lt;!el jefe de la casa.
tropeziindo con -los transeuntes sin verlos siquiera;
Estaba allí, sentado delante de su pupitre, al que algunos se reían, pero otrGs se sentían llenos de piesu enorme vientre le impedía aproximarse; obeso, dad hacia aquel pobre anciano, poseído, sin duda, de
respirando con trabajo y tan amarillo que su faz re- una idea fija que le cegaba hasta el punto de no sadonda, con narlr. de ave de rapiña, parecía la de un ber- por dónde se andaba. Lo peor del caso era, que
buho gordo y enfermo á un tiempo, ó la de un mer- después de esas largas y crueles horas de fatiga,
cader moro, enmohecido por la humedad del patio en cuando el desdichado h ombre volvía á su casa, era
que tiene su hedionda mercancía. Debajo de sus pár- preciso que representara el papel de un empleado que
pados, que levantó con trabajo, su mirada brilló un regresa de su trabajo, que contara los acontecimienInstante cuando el cajero entró: le hizo señas para tos del día, las cosas que había oído á sus compañeque se acercase, y lenta y fríamente, con palabras ros de oficina; en fin, esas mil nimiedades que entreentrecortadas por la falta de aliento, en vez de «Sr. tenían la velada.
Joyeuse, ¿cuántas hijas tenéis?&gt; dijo:
En todas las casas y familias sencillas hay siem-Joyeuse, os habéis permitido censurar nuestras pre un nombre que se pronucia más á menudo que
1Utlmas operaciones en Túnez. Es !nútil que os los demás, que se invoca en los momentos aciagos,
disculpéis. Vuestras palabras han sido repetidas tex- que se me2.cla con todos los deseos, que alimenta totualmente, y como no me place ser censurado por mis das las esperanzas y hasta va unido á los juegos de
empleados, os advie1 to que desde fines de este mes los niños, quienes también se penetran de su impordejáis de formar parte de mi casa.
tancia; un nombre que representa el papel de segunUna oleada de sangre subió á la cara del desgra- da providencia, ó más bien dP. un Dios las que diridado cajero, que se fué, volvió y revolvió sin saber lo ge todo en la casa. Ese nombre es el del principal,
que hacía, pues su cerebro se llenaba de tumultuo- del director de una fábrica, del propietario, del mi808 pensamientos.
nistro, del hombre cualquiera que sea que úiene en
¡Sus hijas!
su mano poderosa la existencia y la felicidad del
¿Qué iba á ser de ellas?
hogar.
En la familia Joyeuse era Hermelingue, siempre
¡Las colocaciones son ta11 raras en esta época del
Hermelingue, el nombre que se pronunciaba veinte
afio!
La miseria se le representó en seguida, y se veces al día en la conversación de las nii'ias, quienes
veía ya desgraciado, cayendo á los piés de Her- le asociaban el! todos sus proyectos y hasta á los más
mellngue, suplicándole, amenazándole y hasta co- minuciosos detalles de sui, femeninas ambiciones. 1:Si
giéndole por la garganta en un acceso de dese1,pe- Hermelingue quisiera ...... Todo depende de Herración y de ira. Todas estas impresiones ;.asaron por melingue. &gt;
Nada era más encantador que la familiaridad que
su cara como el viento que riza las aguas de un lago,
dejando en él muchos abismos movibles, pero el po- usaban nuestras muchachas hablando de aquel ricabre viejo se quedó mudo, de pie en el mismo sitio, y chón á quien jamás habían vi1&gt;to.
PregunLaban por él ...... Si su padre l~ había hacuando oyó que su principal le decía que podía retiblado, si tenía buén humor. . . . . . ¡Y pensar que torarse, bajó tambaleándose á trabajar en su caja.
Por la noche, al volverá su casa, el sefior Joyeuse dos, por humildes y agobiados que nos veamos por
nada dijo á sus hijas. No se atrevió. La idea de el destino, tenemos en inferior esfP.ra á otros pobres
entristecer la radiante alegría que reinaba en su ho- seres más humildes y más agobiados aún, para los
gar, ver llenarse de lágrimas los lindos ojos de sus cuales somos grandes, somos dioses, y para quienes
queridas niñas le p:i.reció insufrible, y además su ca- aparecemos indiferentes, desdefio~os y crueles! ..... .
Pueden figurarse nuestros lectores el suplicio que
rácter tímido y débil le empujaba ádecirse: «Esperemos hasta maliana.&gt; Esperó, pues, para hablar, pri- sufría el buen señor Joyeuse, obligado á inventar
mero á que acabase el mes de Noviembre, halagán- episodios y anécdotas sob,e el miserable que le había
dose con la vana esperanza de que Hermelingue mu- despedido con tanta ferocidad después de diez afias
daría de parecer, como si no con0ciera la voluntad de leales servicios; sin embargo, representaba su
firme y tenaz de aquel ser, especie de molusco; y lue- pequeña comedia con tanta naturalidad, que engago, cuando cobró su sueldo y vió que otro cajero se ñaba á todos. Sus hijas no notaron más que una cosa,
sentó delante del alto pupitre que babfa ocupado tan- y es que, cuando vol vía á S'G casa por la noche, coto tiempo, palpó la realidad y se resignó, esperando mía siempre con gran apetito. ¡Era natural; desde
encontrar pronto otro empleo que le permitiera no que perdió su colocación el pobre hombre no almorzaba por la mañana!
tener que confesar su desgracia.
Los dfas pasaban, y el selior Joyeuse no encontraTodas laJ! mafianas fingía irse á la oficina, se dejaba arreglar como siemp1e, partía. llevando su gran ba nada, como no fuera una colocación en la Ca-ia Tecartera de piel debaj(l del brazo, conteniendo lo:, nu- rritorial, que rehusó porque, estando muy al corrienmerosos encargos ,que le hac:ían sus hijas, pero que . te de las operaciones de banca en general, y en partiolvidaba á propósito en su mayor parte, no porque cular de la mencionada Caja, prefería morirse de
le fal~se tiempo, pues pasábase todas las horas de hambre á entrar en una casa falaz, de la que tal vez
traba¡o recorriendo Paris, sino á causa del problemá- tuviera que examinar como perito los libros ante los
tico fin_ de mes. No dejaba de andar en busca de una Tribunales.
colocac1ón, y si bien le daban excelentes recomendaContinuó, pues, corr!endo; pero lleno de desalienciones, ese terrible mes de Diciembre tan frío, de to, no buscaba ya nada. Como para que sus hijas no
días tan cortos, lleno de preo1.mpaciones y de gastos, se enterasen de su desgracia t enía precisión de pai.ar
es el peor para colocarse, porque los empleados, y el día fuera de su casa, se paraba delante de los escatambién los jefes de oficinas, procuran concluir el parates ó se apoyaba en el pre~il de los puentes miano con t~anquilidad, dejando para Enero los cam- rando correr e l agua ó descargar las barcas en los
~08 Y meJoras que piensan introducir. Por todas par- muelles. Estaba ya clasificado en el número de desoe~ donde el señor Joyeuse se presentaba, adver- cupados que se encuentran en primera fila cuando sutfa cierta f rialdad desde el momento en que roanífes- cede algún percance en la calle, que se resguardan
taba el objeto de su visita.
.
de los chubascos debajo de los portales, que se acer-¡Hombrel ¿No estáis ya en casa de Hermelingue? can para calentarse á cualquier lumbre que ven huCó
¿ mo es eso?
mear en la vía pública ó se dejan caer en uno de los
El pobre anciano expl:caba la cosa lo mejor que boulevares al sentirse fatigados. 1Qué pesada se le
podía. Un capricho de su principal, de ese feroz ban- iba haciendo ya la vida! ....
ludelrto á quien todo París conocía; pero notaba mucha
Algunos días, no muchos, cuando el Sr. Joyeuse
n erencla y hasta cierta desconfianza en esta res- estaba por demás cansado ó el tiempo era demasiado
Puesta uniforme:
malo, esperaba en la es:¡uina á que sus niñas cerra..,T -Volved por aquí después de las fiestas de Afio sen la ventana, y volviendo á su casa arrimado á la
.1.,uevo.
pared, subía la escalera muy aprisa, pasaba, deteu!totímido por carácter, hubiera llegado hasta el niendo el aliento, por delante de la puerta de su
P
de no presentarse ya en ninguna parte, pasan- cuarto y se refugiaba en casa del fotógrafo Andrés

para, en la que se leía «Caja&gt; en letrus doradas.

Lf\ Ff\MILlf\ JOYBUSB.
los ojos fijos en el texto, Jc,s. rubios ri~os rozando laa.
páginas y su linda boca moviéndose srn cesar, repetía: «Luis, llamado el Testarudo, 1314- 1316.-Fellpe v, el Largo, 1316- 1:!21 .... 1322.. . . ¡Ah! mamita, estoy perdida. J~más lo sabré.&gt;
,
Entonces la mamita se acercaba, la ayudaba á fiJarsu espíritu y á conservar en su memoria algunas de
estas fechas de la Edad Media, dándole al mismo.
tiempo alientos y valor.
, .
.
y en los intervalos de aquellos mult1ples trabaJos.
y de una vigilancia general y constante, hallabasiempre tiempo para ejecutar muy lindas labores, sacando
de alguna canastilla un bonito encaje de crochet, ó
aJc-ún bordado en cafiamazo, pues aunque estuviese
hablando, nun;a se veían ociosas sus infatigables manos.
Mientras tanto, el padre de nuestras niilas iba i .
su oficina constantemente; pero influido por el cariño de sus preciosas hijitas, más que en las ocup~lo•
nes de caja, pensaba en ellas y formaba de contmuo.
miles de proyectos, relacionados todos con la futura.
prosperidad de sus adorados ángeles.
Su imaginación, siempre activa, le hacía divagar muchas veces, ddndo á su fisonomía una expresión calenturienta que hacía contraste con su correcta apariencia de empleado.
¡Y cómo caminaba su fantasía y crecían sus ilusiones!
Una mafiana, Labiendo dejado su casa á la hora y
en las circunstancias de costumbre, empezó, después.
de volver la esquina de la calle de San Fernando, á.
forjar una de sus frecuentes novelas íntimas. Seacercaba el fin del afio, y tal vez la vista de algún
puesto de esos que se improvisan en la vía pública,
le hizo pensar en el afio nuevo y en los aguinaldOll..
En seguida la palabra gratificaci6n se presentó á sa
espíritu, dando pá?ulo á sus quiméricas ilusiones.
En el mes de Diciembre, los empleados del ban•
quera Hermelingue recibían doble sueldo, y es cosa
sabida que en casa de los empleados, esto sirve debase para mil pre'lcupaciones másó menos ag,adables,
tales como regalos que hay que hacer, muebles qu&amp;
renovar, ó bien guardar alguna cantidad en el fondo.
del cajón para casos imprevistos. ,
El sefior Joyeuse, habiendo perdido una pequelia.
fortuna, no estaba sobrado de dinero, y aun cuando.
la mamita llevaba el timón de la casa con mucha cordura, no habían podido hacer ninguna economía. El
buen nombre se figuró que en el afio presente la gratificación había de ser mayo,·, á causa del aumentode trabajo que ocasionaba un empréstito tunecino,
que constituía un magnífico negocio para sus principales, y tan bueno, que nuestro cajero habíase permitido decir en la oficina que la casa Hermelingue 6híjo, habío. trasquilado demasiado á los turcos .. ..
- Sí; seguramente la gratificación será doble, pensaba el pobre hombre prosiguiendo su c.i.mino.
Y se figuraba ya estar, no obstante faltar todavía
un mes, subiendo con sus compalieros para la visita..
de año nuevo, la escalerilla que conducía al despacho
del banquerq; que éste les anunciaba la buena nueva,
y que luego le detenía á él para hablarle en particular, y no obstante ser habitualmente tan frío, se volvía a!ectuoso, paternal, hasta comunicativo, y l&amp;
preguntaba cuántas hijas tenía.
-Tengo tres .... no, me equivoco; cuatro, sefior
barón. Siempre me confundo. La mayor es tan razonable ....
-Querría también saber su edad.
-Alina tiene veinte años, señor barón. Es la ma•
yor . ... luego viene Elisa, que se prepara para s1J
examen, de dieciocho afias. . . Enriqv.eta cuenta ya
catorce, y Zazá doce.
Ese nombre de Zazá divertía mucho al señor barón, que quería conocer todos los recursos de aquella
interesante familia.
-No tenemos más que mi sueldo, sei'ior barón; no
contamos con otra cos:1.. Tenía algún dinero ahorra•
do; pero la enfermedad de mi muJer y los estudiosd&amp;
las nli'ias . ...
-Lo que ganáis no basta, mi buen Joyeuse ...
Aumento vuestro sueldo en mil pesetas mensuales.
-¡Oh, sefior barón! es demasiado.
Nuestro buen hombre, dijo estas últimas palabras.
en alta voz casi al oído de un guardia, que miró con
desconfianza á aquel hombrecillo que gesticulaba Y
hablaba solo; pero el pobre sofiador ne volvió á la
realidad, sino que continuó edificando sus casiiillo:1 eD
el aire, considerando cómo llegaba á su casa y anun•
ciaba á sus hijitas la feliz nueva, llevándolas después.
al teatro para festejar aquel dichoso día. ¡DloiJ mío,
y qué hermosas eran las selioritas Joyeuse, qué ra·
millete tan lozano formaban en la delantera de su,
pal0ol Luego, al día siguiente, le pedían las dos ma•
yores para casarse con.. . . Imposible le fué averl·
guar con quién, pues en aquel instante se halló en

e•

EL MUNDO.

101

•

Maranne que, estando al corriente de su infortunio,
le acogía con la compasión que todo desdichado siente para sus iguales El l::ir. Joyeuse permanecía muchas horas en el taller de su vecino, hablando en voz
baja, leyendo, ó mirando caer la lluvia encima de los
tejad:,s. Debajo de él oía á veces la risa de sus nifias,
la lección de música que daba la mamita, el tic-tac
del metrónomo, en una palabra, todos aquellos ruidos que le alegraban el corazón.
El cándido Maranne le distraía hablando de sus
esperanzas, pues trabajaba para el teatro y nadie en
la casa nueva dudaba del futuro éxito. La fotografía
prometía escasos beneficios, pues los clientes eran
muy pocos, y los que pasaban por la calle no iban
dispuestos á retratarse; pero el joven Audrés con los
inagotables recursos de su imaginación, explicaba sin
amargura la indiferencia del público, unas veces diciendo que la estación no era favorable, otras que todo el mundo se quejaba del mal estado de los negocios, y concluía siempre con estas consoladoras palabras:
- ¡Ah! Cuando consiga que pongan en escena mi
Revuelta!
Re1JUelta era. el título de una comedia suya, en 'l_Ue
trabajaba hacía seis meses de día y de noche, y que
le había hecho sufrir con paciencia los fríos del invierno, bien rudos por cierto. Allí, en su estrecho
taller, 1,e le aparecían tudas los personajes de su obra
y se creía transportado á la sala de un teatro lleno
de luz y con todo el lujo de las decoraciones; oía el
tum_ulto glorioso de su p_rimera representación, y la
lluvia que azotaba los cnstales, el viento que silbaba, las maderas de las ventanas pegando contra la
pared, se le figuraban los aplausos de los espectadores. Y no era sólo gloria y dinero lo que esperaba de
esa bienaventurada comedia, sino otra cosa rrlás preciosa aún, una coisa de la que no se atrevía á hablar
toda.vía al padre de familia, pero que mamita sabía
y la seliorita Elisa no Ignoraba.
'
Cierto día, durante la ausencia de Andrés, el sefior Joyeuse, estando solo en el taller, O.)'Ó dos golpecit?s dados en el techo del piso cuarto, dos golpes con
un mterval~ muy i!istl_ntos. La intimidad del fotógrafo
con ous vecrnos autorizaba aquellas comunicaciones·
ma~ ¿qué significaba? ¿Cómo responderá aquella es:
pec1e de llamada? Pero el cesante ~epitió los go,pes
al azar, y todo quedó después en silencio.
C_uando el fotógrafo volvió á su casa explicó á su
vec100 aquel hecho de la manera más 1,encilla, diciéndole que algunas v~ces, durante el día, las nii'ias, que
no veían nunca al Joven hasta la noche, se informaban de si tenía trabajo, y aquellos golpes querían decir: «:¿Cómo andan los negocios hoy?&gt; A lo que el
señor Joyeuse había contestado sin saberlo: «No del
todo mal.&gt;
Aun cuando Maranne se puso muy encarnado al
dar semejante explicación, el buen anciano lo -:.reyó
sin la menor duda; pero la idea de esas comunicaciones frecuentes entre las dos casas le diü miedo
en cuanto al secreto de Ru situación, y desde enton.
ces se abstuvo de lo que él llamaba «sus días artísticos.&gt;
De día en día sus angustias crecían pareciendo
ahogarle, porque el momento crítico se acercaba en
que no podría disimular más, pues el fin de mes llegaba juntamente con el fin de año.
Paris iba tomando ya su fisonomía característica
de las últimas semanas de Diciembre única fiesta
nacional que ha conservado hasta aho~a el respeto á
la conmemoración del Año N uevo.
Desde los primeros días de este mes una infinidad
de nii'ios se desbanda por toda la ciudad viéndose por
doquier carros llenos de tambores dor~dos, caballos
de madera y Juguetes de todas clases. En los barrios
industriosos, en todos los pisos de las casas de aquellos antiguos palacios del Marais, tan altos de techo

�_ Domingo l 3_Agosto de 1899

EL MUNDO.

DomlnJ¡'O 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.
102
y con magestuosas puertas de dos hojas, es mucha. la
gente que se pasa las noches manejando gasas, flores
y lentejuelas; poniendo rótulos sobre bojas de papel

satinado y e@.COgiendo, marcando, embalando aquella
variedad de juguetes á los que París da el sello de su
eleJlancia.

Luego los ef;caparates se adornan; detrl\s de los
grandes cristales se admiran los doraCos adornos de
los libros de aguinaldos amontonados y brillando á
1a. luz del gas, las telas de colores variados y tentadores arregladas con arte por la!-'i llndi-1S jóvenes dependientes de los almacenes, mientras que otras, artísticamente peinadas y coquetamente ataviadas,
llenan saquitos con bombones, que caen dentro como
una lluvia de perlas.
Pero, enfrente de ese comercio burgués, resguardado detrrui de aquellos ricod e8caparates, se instala
la industria im¡,rovisada de esas barracas de tablas,
cuya doble fila da al boulevard el &amp;€pecto de un vasto campo de feria, y allí es donde se desarrolla el
verdadero Interés y la poesía de los ag-ulnaldos.
Por lo regular, el seilor Joyeuse formaba parte de
ese tropel de gente que circula por entre dichos puestos con dinero en los bolstllos y paquetes en las manos. Corría de un lado á otro en companfa de la mamita, buscando los regalos para las demás, y se detenta
delante de aquellos comerciantes de ocasión que se
conmueven en presencia de un comprador y que, no
teniendo costumbre de vender, creP.n realiz~r en unos
cuantos días ganancias extraordinarias. ¡ Y sun de
oír los coloquios y reflexio;.3es que se entablan entre
unos y otros!
Aquelailo ¡ay! nadasucederfa. El pobres~f'lor vagaba melancólicamente por la ciudad llena de regc.cijo,
más triste y descorazonado viendo la actividad que
le rodeaba, tropezando como todos los que impiden
la circulación de las gentes activas, y cun el corazón
lleno de una continua angustil.1., pues bacía algunos
días que en la mesa, mamita bacía alusionP:s significativas á propósito de los aguinaldos. Así es que el
anciano huía cuanto podía de encontrarse á solas con
ella, y la prohibió terminantemente que fuera á buscarle á la oficina. Pero, á pesar de todos sus esfuerzos se acercaba la hora fatal en que el mister~o se
haría Imposible y en que su pesado secreto stría descubierto.
Una noche la familia Joyeuse se hallaba reunida
en la salita, en que babia dos magníficos sillones, muchas labores de crochet, un plano, dos lámparas cár•
cel con sus pantallas verdes y un estante de figuritas
y caprichos de porcelana.
La verdadera famllla se balla entre los humildes.
Por economía no se encendía más que un ruego en
toda la casa y una sola luz, alrededor de la cual todos se agrupaban detrás de su antigua pantalla, que
representaba escenas nocturnas sembradas de puntos
luminosos que fueron otros anos la admiración y la
alegría de todas aquellas muchacbas en su niíiez.
Destacándose dulcemente entre las sombras de la
habitación cuatro cabezas jóvenes, rubias unas y morenas otras, que se tnc11naban sonrientes ó aplicadas
á su labor debajo de la luz, que parecía alimentar
la llama de sus miradas y acrecentar la brillantez
de su juventud debajo de sus tersas trentes; abrigándolas, preservándolas del frío que bacía fuera de
aquel santuario, de los fantasmas, de los engai.los,
de las miserias y de los terrores, de todo lo que hay
de siniestro, en fin, en una noche de invierno part.
siense en el fondo ,de un barrio desierto, ó poco menos.
Así reunida en una plececita en los altos de la casa deshabitada, en una atmósfera templada, én un
interior bien cuidado y confortable, la familia Jo-

...

algo cortado. El recién llegado explicó, sin embargo,
con mucho.claridad, el motivo de su visita. Iba recomendado por el anciano Passajon, amigo del senur
J oye use, para que éste le pusiera al corriente de hl
contabilidad, pues un conocido suyo estaba compro.
metido en un negocio en comandita, que no acertaba
á examinar. El jovenqueril\ servir ásu amigo enterl\11..
dose del empleo de los capitales y de la rectitud d•
las operaciones; pero era abogado, y por lo tanto se
hallaba poco al corriente de las operaciones financie..
ras, y, en consecuenc1a, deseaba preguntar al sellar
Joyem,e ¡;;f no podría, durante algunos meses, dirl~
tres ó cuatro lecciones á la i,emana
-Si, senor, si ...... murmmaba el infeliz, atur..
dido por tan inesperada suerte. Me encargo de pone.
ros perr.ectamente apto en pocos meses para quepodáis llevar dichas cuentas. ¡Adónde tengo que Ir ,
dar la lecclón1
-Aquí, si lo tenéis á bien, respondió el joven,
pues me conviene que nadie se entere de que meoou..
po en este trabajo. Solamente seotirfa mucbo que
cada vez que venga sucediera lo que esta noche, ea
decir, que todo el mundo huya cuando llegue yo.
En efecto, á las primeras frases pronunciadas por
el joven, las cuatrc mucbacbas habfan desaparecido,
charlando en voz baja, dejando vacía y triste la salita,
tan alegre antes.
Siempre muy desconfist.do cuando se trataba de 808
bijas, el buen padre contestó que sus nli'ias ten(an
por costumbre recogerse temprano, y esto rué dicho
con un tono tal, q ne signi flcaba claramente: cOs ruego que hablemos de nuestras lecciones.&gt; Y se trató
entonces de los días y de las horas útiles de la DO•
yeusE. parecía vivir en un nido en la cima de un árbol cbe.
En cuantoá.lascondiciones, el anciano las dejaba,
muy elevado. Se cosfa, se lt'fa y se conversaba. Los la decisión del alumno.
únicos ruidos que se oian eran el chisporroteo de la
El joven fijó una cantidad.
Jei'ia en la chimenea, ó alguna exclamación del paEl senor Juyeuse se puso muy encarnado; aquella
dre, algo retirado del círculo y como perdido en la suma era lo que ganaba en casa del senor Hermesombra ocultando su ansiedad. Se figuraba que, hallándose ya ea la nec~idad absoluta de confesará sus llngue.
-¡Oh! no, exclamó; es demasiado.
bijas su apurada situación, aqueJla noche, ó á más
Pero el joven no le oía ya; buscaba un medio, abría
tardar al día siguiente, la Provldenc!a le enviaría un la boca para hablar y se detenía como si tu viera que
socorro inesperado. Es fácil, se decia, que Herme- decir algo muy ditfcil de pronunciar, y, por fin, de
língue, a.rrepeotido, me mande, como á todos los que pronto, alargándole la mano:
han trabajado en el empréstito tunecino, su gratifi-He aquí, dijo, el primer mes de vuestros hono•
cación de Diciembre. 8erá un elegante lacayo quien
rarios.
la traiga y diga: e De parte del señor barón.&gt; Como
-Pero, caballero ..... .
el Infeliz soflador dijo estas palabras en alta voz, las
Mas el discípulo insistió diciendo que no tenl a el
lindas caras de sus otila,, se volvieron riendo hacia honor de ser conocido, y que, por consiguiente, er,
él, y el desgraciado vol vló de pronto á la realidad.
justo que pagase adelantado. El señor Joyeuse co w1Ohl 1Cu1n pesaroso estaba de no baberlo conlesado prendtó que Passajon había enterado al joven de
antes, pues tenía ahora que destruir de repente la su precaria situación, y dijo á media voz y muy contranquilidad que reinaba á su alredepor, encontrán..
dose sin fuerzas para conservar y para defender la fe- movido:
-¡Gracias, oh, mil gracias!
licidad de su lamillal Y delante del lindo grupo tan
Ya tenía para vi vlr algunos meses, y con tiempo
alegre y seductor, se veía acosado por remordimien- para buscar un nuevo empleo, sus hijitas no carecetos tan punzantes para su alma débil, que su secreto rían de nada y podría comprarles los tandeseadosagul·
. iba á escapársele, cuando un campaniJlazo, nada qui¡Ob Providencial
mérico, hizo estremecer á todos y detuvo el secreto, caldos.
-Pues bien; hasta el miércoles, sei'ior Joyeuse.
pronto á ser divulgado.
-l rasta el miércoles, señor ... •. . .
¿Quién podía llegará tales horas? Vivían tan ais-De Géry. Pablo de Géry.
lados desde la muerte de la madre, que no visitaban
Y ambos se separaron, encantados, deslumbrados,
á nadie. Cuando Andrés Marenne venía á pasar un
uno por la Inesperada aparición de aquel sal'\"f:Ldor,
rato en su compafiia, llamaba familiarmente con la el
el
e~ro
el admira.ble cuadro, que apenas había tnmano, como aquellos para quienes la pu~rtaestái;;iem- t~ensto,porformado
por toda aquella juventud te mepre abierta. On profundo silencio reinó en la salita moa agrupa.da alrededor
mesa cubierta de llmientras que en la puerta del cuarW se oia una ani- bros1 cuadernos, madejas,dey la
que tenía tal aire de pu•
mada convesaclón, y por fin la anch,na criarla hizo
entrar á un joven completamente desconocido, que reza y de honradez 1 que bacfa. desear \'ivlr en aqutl
se detuvo admirado en la puerta, delante del lindo tranquilo hogar.
ALFONSO DA UDET.
cuadro que formaban las uiñas alredE':dor de la mesa,
lo que fué causa de que se presentara con timidez y

;~,"
- -=-.....:...

-.-

-.-·::::~½::'

--·

EN EL PARQUE.

�Domingo 13 de Agosto de 1899.

=

EL MUNDO.

104

Domingo 13 de Agosto de 1899.

Las ejecuciones recientes me traen á. la memo•
ria !a siguiente hii.toria:
.
Aquella noche, 5 de Junio de 1864. á las siete,
el Doctor Edmond Desiré Couty de La Pomm?·
rais, recientement~ trasladado de l_a C.:.nsergen~
á la Roquette, estaba sentado, meudo en la cam1•
sa de fuerza en la celda de los condenados á
muerte.
.
..
ªl
Taciturno, con los OJOS fiJos, se acodaba e~l ~
reFpaldo de su ~illa; una bujía sobre la mesa i U·
ml·oaba la pali'dez de su rostro frío. A dos pasos

.

un guardián, de pie, pegado al muro, lo observa•
ba con los brazos cruzados.
.
Ordinariamente los prisionerose_on obhgados á
un trabajo cotidiano, de cuvo salar10_descuent~ el
administrador desde luego, el precio del ataud,
que no le _sumini~tra: Sólo l?s condenados á.
muerte no tienen mrgun trab··JO.
.
El prisionero esta b ~ i~pasible, no se leia en
su mirada ni esperenza m temvr,
.
Treinta y cuatro ailos, moren~, de med_iana
estatura, las sienes canosas, la mirada ne~v1osa,
semivelada, frente de razonador, 1~ voz f~rme Y
breve, las manos sa.turnianas, la f1sonomia nor1 d e las gentes estrechamente correctas, las
ma
maneras de una distinción estud'iad a¡ asi. era co•
mv aparecía.
(Se recuerda que en las sesiones e.el Sena, no
habiendo podido borrar el d~fensor.-~. _Lacbaud-de la concienci:l de los Jurados, e, ~nple
t fecto producido por los del:&gt;at~s! la~ conclusiones
del Doctor Mardieu y la reqms~toria de ~ - Osallée M. de La Pommerais, co11venc1do de
car de •V
'
f.
'd
haber administrado, con un m _to_rci. o Y con
premeditación, dosis mortales dedlgitalma á u~a
seilora amiga suya-la seilora d~ P~mo, babia
oído pronunciar contra él, en aplicación de los
arts. 301 y 302 dt,l Código Penal, la pena de
muerte).
. •
b
·
Aquella noche, como de Jum_o, ign~ra a aun
la negación del recurso de casación,. as1 c~~o la
repulsa de toda audiencia ~e gracia solicitada
or sus parientes. Apenas si su dtfensor, má.s fe·
iiz había sido escuchado distraídamente por el
E~perador. El venerable abate Cr~ze~, que an•
tes de cada ejecución, agotaba sus suplicas en las
Tullerías había vuelto sin respuesta. Conmutar
la pena de muerte en semejantes casos, ¿n_o era
aomo abolirla? ¿El easo era eje~plar? Habien_d?
sido rechazado e! recurso y debiendo se~ not1fi.
cadodeun momento á otro, el Sr, Hendre1ch acabRba de ser requerido para q11e entregara al condenado el 9 á. las cinco de la mailana.
.
Súbitamente un ruido de culatas de fusil sonó
sobre las baldosas del corredor; la ~erra.dura re•
chinó pesadamente, la puerta se abnó, las bayo-

~-ªº ,

*
**
Velpeau aquel año entraba en
los sesenta. En el apogeo de su renombre, heredero del sillón de Larrey en el Instituto, primer Profe•
sor de clínica de París, y por ous
obras todas de un rigor de de•
ducción tan preciso, una de ~as
lumbreras de la ciencia patológica
alltual, el ameritado práctico s~ im•
ponía ya como una de las emmen•
cias del siglo.
Dspués de un frio. momento de
silencie-.
- Sefl.or, dijo, entre médicos. se
debe evitar inútiles condolencias.
Por otra parte, una afección de la
próstata (dela qu e seguramente debo morir dentro de dos ailos ó dos
y medio) me coloca también con a_l.
gunos meses de plazo entre el DU·
mero de los condenados á muerte.
A los hechos pues, y sin preámbul~s..
. .
-Entonces, según vos, doctor, m1 situaciónJU·
dicial es .... desesperante?
-Eso se cree, respondió sencillamente Velpeau.
-¿Se ha fijado mi hora?
-Lo ignoro, pero como na_da se ha convenido
Púo á vuestro respecto, podéis seguramente contar con algunos días.
La Pommerais pasó sobre su frente fría la
manga de su camisa de fuerza.
_ Sea estaré dispuesto. Lo estaba ya, y lo
' será lo meJor.
.
má.s pronto
-NO habiendo sido rechazado vuestro recura~,
por ahora al menos, repuso Velpeau, la pro~o.sición que os voy á hacer no es má.s q~e co~d1c10 ·
nal. Si tenéis buena suerte, tanto meJor. Si no ....
El gran cirujano se detuvo.
-¿Si no? pregu ntó la Pommerais.
Velpeau, sin responc.er,
sacó de su bolsa un pequefto estuche, lo abrió, sacó
la lanceta, y rasgando la
camisola en el puilo izquierdo apoyó el corte en
el pulso del condenado,
-Seftor de La Pomme•
rais &lt;lijo, vuestro pulso me
rev;la una sangre fría , una
firmeza rara. La diligencia
que cumplo cerca de vos (y
que debe man~enerse secre•
ta ) tiene por º?j~to una especie de ofrecimiento qu~,
aunque dirigido á. un médico de vuestra energía, á un
espíritu templado en las
convicciones positivas de
nuestra ciencia, y desprovisto de todo temor fantá.stico de
muerte, p~dría parecer de una extravagancia y una _decisión criminales. P&amp;o creo que sabemos quiénes
somos y espero que lo toméis e? consi~eración
por extrall.o que os parezca á. primera vista.

!ª

hoque como la simple lesión de las vértebras
c 8 pr~du~e la insensibilidad atéxicq¡ y luego,
separ11ción misma de la cabeza, la cisión de
espina dorsal, la interrupción de las relaciones
orgénicas entre el corazón Y_ el_ eerebro, no bastaría A paraJizqr en lo más mtlmo del ser huml\no toda sensación, aun vaga, ~e dolor? Impoi¡ible, inadmisible, y vos lo sabéis tanto como yo.
-Lo espero al menos más que vos, seftor, respondió La Pommerl\i~. ~ero, n_o es en realidad un
gr11nde y rápido sufrimiento fJSico (apen.1s concebible en el desarrollo sensorial y velozmente
abogado por la invt1sora ascendencia de la muer•
te) no es eso, digo, lo que temo, sino otra cosa.
-Tratad de formularlo, dijo Velpeau.
-Escuchad, murmuró La Pommerais, después
de un silencio; en di-finitiva los óreanos de la
memoria y de la voluntad (si están circunseritos
en el hombre en los mismcs lóbulos que hemos
comprobado en ...... el perro, por ejemplo,) esto!' órganos, digo, son respetados por el paso del
cuebillo.
Hemos rechazado ya demasiado equívocos
precedentes, tan inquietantes como incompren&amp;ibles para que me deje persuadir tan fácilmente
de Ja inconsciencia de un decapitado. Según las
leyendas, ¿cuántas cabezas, in terpelad11s, han
vnello su mirada hacia quien las interpelaba?
¡,memoria de los nervios? ¿movimientos reflejbs?
Vanas pnla bras.
¿Ot acordáis de la c11 beza de aquel marinero
qu6 en la clítica de Brest, nna hora y cuarto
de,pués de la degollación, cortaba en dos. con
un movimiento de mandíbulas-tal vez voluntario-un lápiz colocado entre ellas? Para no escoger més que este ejemplo, entre mil, la cuestión
&amp;Prfa aquí saber si es ó no el yo de este hombre
el que después de la cesl\ción dfl la hematosis
impresionó los músculos de su c11bflz11. exangüe.
-El yo está en el conjunto, dijo Velpeau.
-La médula espinal es la prolongación del cerebelo, respondió La Pommer11is, y siendo 11sí,
¿dónde está el conjunto sensitivo? ¿Quién podrá
revelarlo? Antes de ocho días, ciertamente yo lo
h•bré aprendido . . . . y olvidado.
-De vos d epende tal vez que la humanidad
sepa la verliad sobre el caso, respondió lenta•
mente Velpeau. los ojos sobre los ojos de su in•
terlocutor .... Y hablemos francamente, á. esto
,18 1\ lo qu11 he venido.
• He sido enviado ante vos, por una comisión de
nuestros més eminentes colegas de la Facultad de
P11rís, y mirad mi pase del Emperador. Contiene
podtrts suficientementó extens-:&gt;s para prorrogar
en caso ni:cesario la orden misma de vuestra ejee11eión.
-Explicaos, porque no os comprendo, respondió La Pommerais turbado.
-Sellor de Li Pommerais, en nombre de la
Cieneill 4ue nos es tan cara y que no cuenta ya
entr11 nosotros con mértires magnénimos, vengo,
(en l!i hipó:esis, p1ir1t mí más que dudosa, de que
f11er!l praetic¡¡ ble alguna experiencia convenida
entre nosotroP) á recl,1m11r de todo vuestro ser
la mayor suma de energía y de intrepidez que
Be pneda esperar de la especie humana. Si vuest~o recurso de gracia es rechazado, encontr1uéis,
siendo médico, un asunto interesante en esta su•
prema operación. Vuestro concurso, sería pues
1neatimable en una tentativa de comunicación,
aquí. Ciertamente, por grande que sea nuestra
buena vol.untad, todo parece afirmar de antemano el resultado negativo; pero en f in, con vos,
(siempre en la hipótesis de que esta experiencia
Do sea absurda en principio) ofrece und probabilidad sobre diez mil de derramar una luz milagrosa, por decirlo así, en la Fisiología moderna, La ocasión, pues, debe aprovech, rse desde
l11ego,_ y en el caso de un signo de inteligencia
Victoriosamente cambiado des pué¡ de la ejecución, dejaríais un nombre cuya gloria científica
borraría para siempre el recuerdo de vuestra fal-

q:fa

E,L, SEORETO DEL Of\Df\L,80.
net11s brillaban en la penumbra y el Dire~ter de
la Roquette, el sefl.or Beauques~e_, apareció sobre
el umbral acompailado de un visitante
El sellor de La Pommerais, levantando la ca?~·
za, reconoció á. la primer ojeada, en aquel visi·
tante al cirujano Armand Velpeau. .
.
A una seilal desapareció el guardiá.n Y retirado
á su vez el seil,r Beauquesne. después de una
da resent11ción, los dos colegas queda.ro~ de
mu t p los de pie en frente uno de otro y vién·
pron
nose f1Jamente.
.
·1
.
eña·
La Pommerais, en s1 encio, s
·
ló al Doctor su propia silla Y en se•
guida fué á sentarse en ese cam~s\
tro donde los que llegan á. dormir•
se sondespertados á la vida en ID?·
dio de un sobresalto. Como se._v?1 ª
apenas se aproximo el gran cll_mco
al enfermo para observarlo meJory
poder piaticar en voz baja.

EL MUNDO.

73

- Contad con toda mi atención, seilor, respondió La Pommerais. .
.
l
,
.
. de Jgnorar, repui.o Ve peau, que
-Estéis 1eJOS
•
d la r
de las más interesantes cuesu_ones ~
I•
u_na .
d rna es saber si persiste algun dess10logia mo e .
de r eflexión de sensibilidad
tello de ml emorbirao, del hombre después de la sec,
real en e cere
ción de la cabeza.
d
A esta salida inesperada el condena o se estremeció, pero luego, repor1ándose:
.
-Cuando entrasteis, doctor, respondió, estaba.
·ustamente muy preocupado
este problema,
~oblemente interesante para mi por _otra Pª:te~
-¿Está.is al corriente de los trabaJos escr~tos
sobre estB cuestión, desde los de Soenumermg,
Sire, Sedillot y Bechat, hasta loll modernos?
-Y hasta he asistido á una de vues~ras_ ~átedras de disección de los restos dfl ur: ~Justlc~ado.
-Ah! A los hechos entonce~. ¿Te~é~s ~ociones
exactas, desde el punto de vista qmrurg1co, sobre la guillotina?
La Porumerais, viendo fijamente á Velpet u►
respondió fria.mente:
-No, seftor.
-Yo he estudiado hoy escrupulosamentP. el
aparato, continuó sin inmutarse el ~octor VelpeAu y doy testimcnio de que es un mstrumento
perfecto.
Obrando á la vez el puilal-cuchillo como r.u.fta,
como hoz y como masa, corta en bisel el c uP-11~
del paciente en un tercio de segundo. E l decapi•
tado bajo el choque de este ¡?olpe fulgurante no
puede pues sentir ningún dolor, como no lo ex•
perimenta el soldado cuando en el campo de batalla le arranca un l'razo .la bala de caftón. La
sensación por falta de tiempo es nula y obscura.
Quizá baya dolor: quedan dos llagas v iva~.
¿No es Julia• Fontenelle la que. dando sus moll•
vos, pregunta si esta misma velocida_d n~ tiene
consecuenciBs más dolorosas que la eJecución con
sable ó con hacha?
- Berard bastó para desprestigiar esta ilusión,
respondió Velpeau.
Para mí ten go la convicción basada en cien
experiencias y en mis observaciones particula,
res que la seceión instantán_ea . d~ la cabeza pro•
duce inmediatamente en el mdividuo el desvane•
cimiento anestésico más absoluto.
El solo síncope provocado por la pérdida d&amp;
los cuatro ó ciuco litros de sangre que salen de
los vasos (Y frecuentemente con una proyección
circular de un metro de diámetro) bastaría para.
serenará l os más tímidos á. este respecto.
En cuanto á los sobresaltos inconscientes
de la máquina carnal, súbitamente detenid a en
su procesus no constituyen un indicio de sufri•
miento, como la agitación de una pierna cortada, por ejemplo, cuyos músculos y nervios Eecontraen pero por la que no se sufre. Digo que
aquí la fiebre nervio,;a de la incertidumbre, la
solemnidad de los preparativos fatales y el sobresalto del despertar matinal son lo más efecti•

Pº:

"---- ...

)

vo del pretendido sufrimiento. No pudiendo serla amputación m!ls que imperceptible, el dolorreal no puede ser má.s que imaginario. ¡Bah! un
golpe así sobre la cabeza no solamente no se sier•
te sino que no deja ninguna conciencia de 1 u.

,.

105

cuchillo yo estaré allí, yo, de pie, frente á vos,
contra la máquina. Tan velozmente como sea
posible vuestra cabeza pasará de manos del verdugo A las mías. Y entonces, no pudiendo ser seria y concluyente la experiencia sino en razón de
su misma sencillez, úS gritaré muy distintamen•
te al oído: Seilor Conty de La Pommerais, en recuerdo de nuestro pacto durante la vida, podéis
en este momento bajar tres veces consecutivas el
párpado de vuestro ojo derecho, manteniendo
abierto el izquierdo. Si en este momento, cualesquiera que sean las demás contracciones fdcia- ·
les, podéis por estos tres parpadeos indi~arme que
me habéis oído y con;prendido y probérmelo im_p resionando así por un acto de memoria y de voluntad permanente vuestro músculo parpebral,
vuestro nervio gomático y ,uestra conjuntiva,
domina.ando así todo el horror, todo el impulso
de las otras impresiones de vuestro ser, este he cho será. bastante á iluminará la ciencia y revolucionar nuestras convicciones. Y yo sabré, no lo
dudéis, notificulo de tal modo, que en el por•
venir vuestra memoria no sea la de un criminal
sino la de un héroe.
A estas insólitas palabras, el seftor de La Pommerais pareció presa de una. emoción tan profunda, que, con las pupilas dilatadas y fijas dobre el
cirujano, permaneció durante un minuto silencioso y como petrificado. Despué3, sin decir pala•
bra, se levantó, dió algunos pasos, pensativo, y
luego sacudiendo tristemente la cabeza:
-La horrible violencia del golpe ·me quitará.
teda conciencia. Realizar esto, me parece un hecho fuera de todo querer, de todo esfuerzo humano. dijo. Se sabe, por otra parte, que las pro•
babilidade11 de vitalidad:no son iguales para to•los
los guillotinados. Sin embargo, volved, !'efior,
la mafl.lrna de la ejecución. Os responderé si me
presto ó no á. esta tentativa, á la vez espantosa,
· rebelde é ilusoria, si no cuento con vuestra discreción, no es cierto que dejaréis sangrar mi cabeza tranquilamente en la. bandija da estailo que
la recibirá?
-Hastl\ la vista, pues, seilor de La Pommerais, dijo Velpeaulevantándose también. Rdlexiont1d,
Los dos se saludaron.
Un instante despué.,, el doctor Velpeau abandonaba la celda¡ el guardián entraba y el condenado se tendía, resignado, en su lecho de campo
para dormir ó sollar.

Cuatro días des¡més, á las cinc,., y media de la
mafl.aoa, el seilor Beauquerne, el abate Crozes, el
seilor Claudio y el seilor Potier, escribano de la
corte imperial, entraban en la celda. Despertado
el seftor de La Pommerais con la nuevB de la hora
fatal, se levantó muy pálido, y se vistió rii pida.mente. Despuéil conversó diez minutos con el
ab11te Crozes, cuyas visitas habfa acogido muy
bien (se sabe que el santo sacerdotti estaba dotado de esa unción de vidente que hace dulce la
última hora) y mego, viendo llegar al doctor Vel-

Allá, detrásdelos árboles, se oían los vagos rumores de la multitud, enervada por la vlg11ia Sobre los techos de las tabernas y en las ventana¡¡
se asomaban en compaflía de tristes vestidos negros, algunas cortesanas lívidas, ajadas, cubiertas por sedería&amp; vistosas, teriendo aún en la mano
una botella de champ11gne. En el aire matinb l V.J·
laban las golondrinas.
Sola, llenando el espacio y limitando el cielo,
la guíllotina parecía prolorgar sobre el horizonte la sombra de sus dos brazos levantados, en tre
los que allá, muy !ejes, en el 1;1znl del a!ba, se veía
cintilar la última estrella.
A este aspecto funerario el condenadc se ex•
tremeció, pero luego avaPzó resueltamente. Subió los escalones. Ya el cuchillo triangular brillaba sobre el negro bastidor, velando la estrellB.
Ante la plancha fatal. después dt l crucifijo be-ó
un bucle de sus propios cabellos levantado durante la toilette por el abat~ Crozes que le tocó
con él los labios: Por ella, dijo.
Las siluetas de los cinco personajes se des ta ban
sobre el cadalso: el silencio. en este instante se
hizo tan profundo que el ruido de una rama quebrada á. lo l&lt;jos bajo el peso de un curioso, llt'gó
con el grito y algunas vagas y pérfidas ris!ls, hasta el grupo trá.g-ico. Entonces como sona rn la
hora cuyo úl1imo toque no debía cír el seflor de
La Pommerais vió frente á. él á un extr11ilo experimentadcr que con una mano sobre la p lata·
forma lo veía. Se recogió un segundo y cerró los
ojos.
Bruscamente foneionó la. báscula, se abatió la
argolla, cedió el botón y pa, ó el relámpago del
cuchillo. Un cheque terrible sacudió la pli,t8fJrma; los cabellcs se enea britaron al olur m ·~ gnético de la sangre y el eco del ruido vibraba 11ún
cuando la cabeza ensangrentada de la v ictima
palpitaba ya en las manos impabibles dt1l cirujano
de París, enroj~ciendole los dedos, las mangas
y los vestidos.
Era una cabeza sombría, horriblemente b!aoca,
de ojos abiertos y como distraídos, de cejas torcidas y rictus cri ipad0¡ los dientes castailetea bao ¡
la barba había üdo iuteresada en la extrem i dad
del maxilar inferior.
·
Velpeau se inclinó rápidamente sobre aquella
cabeza, y artieuló en la oreja izquierda la pregunta convenida. Por sereno que fuera este hombre el resultado le hizo temblar con una especie
de terror frío: el pá1-pado del ojo clerecho se ce1·ró;
el ojo izquiei·do abierto, lo miraba.
-En nombre de Dios mismo y de nuestro ¡e~,
dos veces más ese aigno, gritó algo extraviado.
Las pestaftas se separaron como por un e,fuerzo interno, pero el párpado no se levantó ya. El
· rostro de !!egundo en segundo se hacía rígido,
frío, inmóvil. Todo había terminado.

pea111

-He trabajado, dijo. Ved.
Y durante la lectura de la sentencia, mantuvo
cerrado su párpado derecho, mirando fijamente
al cirujano con el ojo izquierdo.
Velpeau se inclinó profundamente, y luego
volviéudose hacia el seftor Hendreich, q1:1e entraba con sus auxiliares, cambió violentamente con
el verdugo un signo de inteligencia.
La toilette fué rápida: se observó que el fenómeno de los eabellos que se emblanqueeen bajo
las tijeras, no se produjo. Una carta de despedida de su mujer leída en voz baja por el sacerdo.
te mt•jó sus ojos con lágrimas, que el abate
enjugó piadosamente con el pedazo levantado del
escote de la camisa. Una vez de pie, y echada la
levita scbre sus espaldas, se aflojaron las cadeta social.
nas en sus pollos. Despué3 rehusó el vaso de
-¡Ahl murmuró La Pommerais lív ifo, pe- 1Jguardiente y la escolta se puso en marcha en el
ro C&gt;n una sonrisa resuelta, 1ahl comienzo á corredor. Al llegar al portal, y encontrando á
eomprend11r. De hecho, los suplicios han revela - su colega:
-Hasta la vista, le dijo muy bajo, y adiós.
do Ya el fenómeno de la digestión, nos dice Mi;helot. Pero .... ¿de qué naturaleza sería vuesLas pesadas hojas de fierro se abrieron y ro~• experiencia? ¿sacudidas galvánicas? ¿incita- daron a nte él.
e~onea del ciliar? ¿inyecciones de sangre arte•
El viento de la maftana entró en la prisión,
riali' Tod~ poco concluyente.
ama necía; la gran plaza se extendía á lo lejos,
-Creo inútil decir que inmediatamente des- franjeada p or un doble cordón de caballería, enPlléa de la ejecución, vuestros restos irá.o á re- frente, á diez pasos, en un semicírculo de genJiosar en paz y que ninguno de nuestros escal• darmes á. caballo, cuyos sables resonaron á su
Pelos os tocará, dijo Velpeau. No. Pero al caer el aparición, surgía el cadalso.

B1 Doctor Velpeau entregó la cabeza muerta á
Hendreich, que abriendo el cesto, la colocó según
costumbre entre las piernas del tronco ya inerte.
El gran cirujano se lavó las manos en uno de
los cubos destinados al lavado, ya comenzado de
la máquina. En torno suyo pasaba la multitud
.
. reconocerlo. Se secó después en'
pensauva,
sm
silencio.
Y luego, con pasos lentos, con la frente meditabunda y grave se dirigió á su carruaje que lo esperaba en el An~ulo de la ¡:,risiór. Al subir vió
e l furgóa judici11.l que se alejaba al tro te hacia Montparnasse.
CONDE VILLIE RS DE L ' ISLE A D&gt;. M.

�momingo 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.

106

A
Miedo me da el pensar lo que en mí siento,
y por eso en sus males, importuno,
sólo sabe ir á tí mi pensamiento.
Por tus renglones, que besé nno á uno,
ya sé que están en nuestra llumilde casa,
todos muy bien, aunque fJliz ninguno.
Que arrastren, como yo, su dicha escasa
con católica fe, con pecho f.ierte;
que la vida es cruel, mas pronto pasa.
Y sufriendo por Dios, tendrán 1~ suerte
de vivir esa v!da de alegría,
que no muere en el día de la muerte.
¿Quieres saber mi hi,toria, madre mía?
¡Ay! ü el saberla yo me da tormento,
el contártela á tí, ¿qué me darfa?
De un pesar que no espera es mi lamento,
por eso hoy busca tu materno lado,
maniático de tí, mi pensamiento.
Del hijo más que r.ddos desdichado,
abre tu corazón á sus gemidos,
por la vida tan triste que le has dado.

MI

::s

MADRE.

Al fijar tus pupilas en las mías,
como es la voz del alma tu mirada,
¡qué de cosas, callando, me decías!
Ya mi mente en tu e,píritu filtrada,
dejaré deslizarse mi existencia
en tu augusta belleza vinculada.

De tanto ser cc,mo encontré perjuro,
ya dejo hasta el recuerdo, que maldigo,
por tu amor siempre grande y siempre puro.

Año VI-Tomo IC

Desde este día á tu mejor amigo
ya no le importa oscuridad ó gloria,
gusto ó pesar, sufriéndolo contigo.

México, Domingo .zo de Agosto
· de 1899.

Tú sola en mi dolor me das paciencia,
pues siempre con tu imagen me acompaiias,
confidente leal de mi conciencia.
Tú de luz pura el pensamiento baiias,
la infernal lobreguez trocando en cielo,
del hijo, antes feliz, de tus entralias.
Pueda hoy contigo desahogar mi duelo,
pues sabe bien tu natural tristeza
que el placer de llorar es gran consuelo.
Turbios mis ojos, blanca mi cabeza,
perdí con la esperanza la energía,
y ya basta tengo de vivir pereza.
Fué tan larga y terrible mi agonía,
que por tu hermosa senectud te juro
que, á no vivirme tú, me momoriría.

Pensando en goces, para siempre huidos,
mi mano sofocando la agonía,
dtil corazón retiene los latidos.
¡Cuánto recuerdo ahora, m'\dre mía,
aquel dulce mirar con que afrentabas
al sol de otolio al acabar;ie el día!
¡Cuántas dichas entonces me augurabas,
mientras viendo nacer mis sentimientos,
con el alma en los ojoa me mirabas!
L

Y aunque las dichas se volvieron cuentos,
¡cómo, en recuerdo de tan bello3 días,
hoy te besan los piés mis pensamientos!
Del alma, que consagro á tu mem~ria,
presto lo3 males curará la muerte,
desenlace final de toda historia.
Y nntes la edad, más que las penas, fuerte,
me dará poco á poco ese desvío,
que la t•üteza en hábito convierte.

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Buitre de l11s pasiones, el hastío
con sordo bfán mi corazón devora,
y el pecho se me queja A pesar mío.
Mas así iré viviendo hora tras hora
basta que ponga fin á mi existencia
aquel Dios que es más Dios del ser que llora.
_Y querrá, en su hondad, la Providencia,
mientras llega ese fin, dar á mi mente
la angustia que se abisma en la paciencia.
;,Recuerdas la tersura de mi frente?
¡Oh, qué ¡ay! darías sus arrugas viendo,
de esos que dais las madres solamente!
Mas concluyo esta carta, porque entiend o
que lo mismo que á mí cuando te escribo,
te se caerán l11s lágrimas leyendo.

\

· No llores, madre mía, pues concibo
que es pagar con un ¡ay! con mucho exceso
1a ruin parte de vida que ahora vivo.

~---.~
\

¡Cuánto lloras mi mal! A cuenta de eso,
para estampar en tu anchurosa frente,
además de otros mil, te guardo un beso.

·.

~

Dame tu bendición, que ye impaciente
a darte voy cuanto tu amor desea,
que es la ansia eterna de tenerme enfrente.
Y si Dios no permite que te vea
de mi vida los últimos alientos '
besos serán que te daré en idea.
Desde que hallé insufribles mis tormentes,
cuantas horas los días han tenido,
tuve yo para tí de pensami,mtos.
Adiós, mi santo amor; tú ~iempre has sido
el ángel para mí de las mujeres·
recuer?a sin cesar que no te ol;ido,
Y escnbeme á menudo que me quieres.
R AMÓN DE CAMPOAM0R,

EL

CA:NTO..

Número 8

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>momingo 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.

106

A
Miedo me da el pensar lo que en mí siento,
y por eso en sus males, importuno,
sólo sabe ir á tí mi pensamiento.
Por tus renglones, que besé nno á uno,
ya sé que están en nuestra llumilde casa,
todos muy bien, aunque fJliz ninguno.
Que arrastren, como yo, su dicha escasa
con católica fe, con pecho f.ierte;
que la vida es cruel, mas pronto pasa.
Y sufriendo por Dios, tendrán 1~ suerte
de vivir esa v!da de alegría,
que no muere en el día de la muerte.
¿Quieres saber mi hi,toria, madre mía?
¡Ay! ü el saberla yo me da tormento,
el contártela á tí, ¿qué me darfa?
De un pesar que no espera es mi lamento,
por eso hoy busca tu materno lado,
maniático de tí, mi pensamiento.
Del hijo más que r.ddos desdichado,
abre tu corazón á sus gemidos,
por la vida tan triste que le has dado.

MI

::s

MADRE.

Al fijar tus pupilas en las mías,
como es la voz del alma tu mirada,
¡qué de cosas, callando, me decías!
Ya mi mente en tu e,píritu filtrada,
dejaré deslizarse mi existencia
en tu augusta belleza vinculada.

De tanto ser cc,mo encontré perjuro,
ya dejo hasta el recuerdo, que maldigo,
por tu amor siempre grande y siempre puro.

Año VI-Tomo IC

Desde este día á tu mejor amigo
ya no le importa oscuridad ó gloria,
gusto ó pesar, sufriéndolo contigo.

México, Domingo .zo de Agosto
· de 1899.

Tú sola en mi dolor me das paciencia,
pues siempre con tu imagen me acompaiias,
confidente leal de mi conciencia.
Tú de luz pura el pensamiento baiias,
la infernal lobreguez trocando en cielo,
del hijo, antes feliz, de tus entralias.
Pueda hoy contigo desahogar mi duelo,
pues sabe bien tu natural tristeza
que el placer de llorar es gran consuelo.
Turbios mis ojos, blanca mi cabeza,
perdí con la esperanza la energía,
y ya basta tengo de vivir pereza.
Fué tan larga y terrible mi agonía,
que por tu hermosa senectud te juro
que, á no vivirme tú, me momoriría.

Pensando en goces, para siempre huidos,
mi mano sofocando la agonía,
dtil corazón retiene los latidos.
¡Cuánto recuerdo ahora, m'\dre mía,
aquel dulce mirar con que afrentabas
al sol de otolio al acabar;ie el día!
¡Cuántas dichas entonces me augurabas,
mientras viendo nacer mis sentimientos,
con el alma en los ojoa me mirabas!
L

Y aunque las dichas se volvieron cuentos,
¡cómo, en recuerdo de tan bello3 días,
hoy te besan los piés mis pensamientos!
Del alma, que consagro á tu mem~ria,
presto lo3 males curará la muerte,
desenlace final de toda historia.
Y nntes la edad, más que las penas, fuerte,
me dará poco á poco ese desvío,
que la t•üteza en hábito convierte.

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1

Buitre de l11s pasiones, el hastío
con sordo bfán mi corazón devora,
y el pecho se me queja A pesar mío.
Mas así iré viviendo hora tras hora
basta que ponga fin á mi existencia
aquel Dios que es más Dios del ser que llora.
_Y querrá, en su hondad, la Providencia,
mientras llega ese fin, dar á mi mente
la angustia que se abisma en la paciencia.
;,Recuerdas la tersura de mi frente?
¡Oh, qué ¡ay! darías sus arrugas viendo,
de esos que dais las madres solamente!
Mas concluyo esta carta, porque entiend o
que lo mismo que á mí cuando te escribo,
te se caerán l11s lágrimas leyendo.

\

· No llores, madre mía, pues concibo
que es pagar con un ¡ay! con mucho exceso
1a ruin parte de vida que ahora vivo.

~---.~
\

¡Cuánto lloras mi mal! A cuenta de eso,
para estampar en tu anchurosa frente,
además de otros mil, te guardo un beso.

·.

~

Dame tu bendición, que ye impaciente
a darte voy cuanto tu amor desea,
que es la ansia eterna de tenerme enfrente.
Y si Dios no permite que te vea
de mi vida los últimos alientos '
besos serán que te daré en idea.
Desde que hallé insufribles mis tormentes,
cuantas horas los días han tenido,
tuve yo para tí de pensami,mtos.
Adiós, mi santo amor; tú ~iempre has sido
el ángel para mí de las mujeres·
recuer?a sin cesar que no te ol;ido,
Y escnbeme á menudo que me quieres.
R AMÓN DE CAMPOAM0R,

EL

CA:NTO..

Número 8

�Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

110

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
--···················································· ··········•····································

LA SEMANA.

***
Con motivo de la reciente discusi ón sobre~~ te~~o
se ha traído y llevado el nombre de Dumas, h1JO, i '
siempre Francia para nosotros!
á .
Dumas hi jo es para mí el primer dram tico 1rancés De ~us cdmedias, como del amor,-esa otra comedia ese otro drama!-lo que prefiero s_on los próloo-os '·Cuánta oportunidad y cuánta gracia! Lha p~uma d~ Dumas es una pluma de Toledo. He _ec
además esta otra obse7vación que me pahre: J~st
cuando'Dumas habla mejor, es cuando a a e
mismo! En ews prólogos suele contarnos sus má~_secret,as intimidades. Gracias á ellos sabemos la ~ta
que vestía cuando escribió «Diana de Lis,~ y ~s
ant,uflas que calzaba cuando comp~so «La. Prrncesa
~e Ba&lt;Tdad.&gt; En ellos también amplia Y sostiene la t~sis, más ó menos discutida, de sus dramas. Dog':°atiza; se defiende; saca afuera sus puas, como el enzo, y
.
raso-a la epidermis de sus contnncantes.
Yo, sin embargo lo perdono todo, Y leo con deleite
esas obras de .gracia intencionarla. Me entu-lasman
los tiradores que hieren y los litera~os que flageiim.
Una gota de sangre sobre una págrna blanca, es un
rubí.
*

º:
~¡

Tieí los telegramas con una avidez febril, y al dejar
el periódico sobre la mesa, como se deja .un. ª?ónimo
Ueuo de groserías é insultos, pensé en m:s vie;as lleturas y recordé muchas cosas tristes de mi amada
Francia.
• á
Llovía llovía y en el silencio de la noche, vmo
mí el su;ño con' un cortejo de pesadillas extravagantes.
y soñé que una figurit gigantesca, inclinada. en el
borde de mi lecho, como en la barra de una tnbuna,
repetía el iracundo y terrible discurso:
•Oh les abandono mi vida sin pesar! ¡poseo la ex'
'
. ¿ Q ué an11.
periencia
de lo pasado y veo lo porvemr:
go de la Patna puede sobrevi vir al momen~o en q~e
ya no es permitido servirla ni defender la 10ocenc1a
oprimida;&gt; · para qué seguir permaneciendo en un orden de cosa~ en que la intriga triunfa eterna_mente
de la verdad, en que la justicia es una mentira, e_n
15 de Agosto.-Felicit¡clón de las Marías.
. .
que las pasiones más viles, en que los temores más ri_ Decididamente yo amo, como di~e en su del1cio•
dículos ocupan en los corazones el lugar de los mte- sa galiparla, la más divina de las muJeres que conozresrs sagrados de la humanidad. ¿Cómo ~aportar el co yo amo esas reuniones íntimas en que no hay mesuplicio de ver la horribl~ sucesión de tra_1doreF, _más sa; de ecarté ni cuerpos rígidos; yo amo esas alegres
6 menos hábiles en ocultar su alma terrnble b:tJO el fiestas de familia, tan llenas de rrescma y de perfu.
velo de la virtud, pero que todos legarán á la poste- me como el jardín á la hora que amanece.
ridad la dificultad de decidir cuál delos enemigos del
Allí los hombres dejan el paraguas y la gravedad
pafo fué más cobarde? Viendo la multitud de vicios en man·,s del lacayo que les aguarda en la antesesaque el torrente de la Rev?luci.Sn ha ª:rastrado, mez- la; allí la corbata blanca no congestiona ni. agarrota
clado con las virtudes cívicas, he ter:':udo alguna ve~, el cuello· allí se habla y se conversa en el rmcón del
lo confieso, verme manchado. á l•s OJOS de la po~te~1- canapé, 1bajo las hoJaS de uua planta exótica, detrás
dad por el impuro contacto de los perversos. ITe vis- del abanico de plumas y de oro. El salón con sus granto en la historia á todos los defensores de la libertad des racimos de bugías, es el rojo interior de una amaatacados .por la calumnia. Pero sus opresores han pola; el gabinete capitonado, tibio, azul, e~ el cor~muerto también. Log buenos y los malos desapare- zón de una viole:a. Los que tenemos ya la vista faticen de la tierra, ¡pero en qué Jistintas condi?ionesl gada, preferimos las claridades de la veladora. .
F rancP.ses, no consintáis que vuestros enemigos se
Por eso huyo de esas reuniones en que la luz irraatrevan á humillar vuestras almas y enervar vuestras dia, reflejada por los espejss de yenecia, y busco la
virtudes con sus desoladoras doctrinas! ....
apaclble claridad de esas tertunas que nuestros pa¿Por qué los que antes os decían: os declaro que ca- dres conocieron tanto y que nosotros ¡ay! apenas comino:nws sobre volcanes, creen marchar hoy sobre ro- nocemos.
.
.
sas? Los que os dicen que la fundación de la _RepúDejo las grandes salas donde las pareJas tiraban
blica es una empresa fácil, os engañan ó más bien no competencias de pugilato y busco la penumbra elepueden engañar á nadie .... ¡Pueblo! acuérdate de gante de esas fiestas íntimas sin cuadrillas de honor
que si en la República no reina la jus~ici_a con ª?solu- ni brindis oficiales .. ..
to imperio, y que si esta palabra no s1gmfica la igualdad y el amor pat rio, la libutad n,i es más que un
nombre vano! P ueblo! tú á quien se teme, á quien
i;e adula y á quien se desprecia; tú, soberano reconocido á quien se sigue tratando siempre como á esclavo acuérdate que donde no reina la justicia, domina~ las facciones de los magistrados, y que el pueblo, en tal caso, ha cambiado de cadenas, pero no de
destino! ..... .

** *
La otra noche, escuchando «Aida,~ cantada admirablemente por la señorita Chalia, en el Circo Or~in,
me formulabá á mí mismo un problema drolát1co:
, Podré :imar alguna vez á una Venus Negra?
G Un habi tante de Mozambique habría dicho precisamente lo contrario: ¿amaré alguna vez á una Venus
Blanca?
.
El hecho es que el criterio con que se aprecia la
Belleza cambia según los climas y regiones. Lo que
es verdad aqui no es verdad en el centro del Africa.
Lo que es bello en Cb_ina es horrible en Europa. Los
.
negros dicen que el d!ab~o es blanco.
i::,i un conquistador africano entrara trmnfante en
la ciudad de Roma, mandaría que untasen de betún
las grandes estatuas. Los ojos de ese hombre no
son, pues, iguales á los míos: su cereb~o está_ conformado de una mauera distinta: no es m1 semeJante.
Pero el criterio se modifica y transforma. Hay flores que trans¡:,lantadas cambian de color. Hay cerebros que no piensan lo mismo en el Ecuador que en
el EstrechodeBehriog. On negro, arrebatado de Hokanga y puesto en el Boulevard d~ los Ita_liano~, reforma su' criterio con el tiempo. S1 lo ponéis en Londres,•acaba por enamorarse de una rubia, ~uy rubia,
ó de una albina. No he visto sapos que m1_ren el sol;
pero sí he visto negros enamorados de muJeres blanca~.
Ahora bien: ¿ocurriría lo mismo_con nosc.tros si nos
aprisionaran en el centro del Africa? ¿Llega~íamos
á apreciar la hermosura sombría como aprecian los
neo-ros la hermosura rubia? Verdad es que nosotros
oc~pamos un lugar más. alto en la escala ascendente
de la humanidad, Europa es la florescencia de la tierra. Tenemos datos para presum:r que n~estro criterio vale más que el de los negros. Pero bien miradas
las cosas, ellos dirán lo mismo que nos?tros. . . .
Aurelien Scholl decía, con sobrad1sima Just1cra,
que el más insignifican~e diputado no trocaría.su importancia por la de un Jefe de tribu, como el ¡efe de
tribG, á su vez, se negaría á cambiar su posición por
la de un diputado.

JOSE ANTONIO CALCAÑO.
Fresca está aún la memoria de tu muerte, gentil
trovador. Frescas las rosas que deshojamos en tu féretro. Frescas la!. lágrimas que lloramos en tu sepulcro!
Todavía no se ha borrado en nuestras almas el recuerdo lastimero de aquella tarde húmeda, de aquella tarde triste en que te dijimos adiós, por la vez
última en la ciudad doliente coronada de túmulos,
ea la cludad llena de mármoles y de jardines, ciudad
que es al propio tiempo recinto de la paz y albergue
del dolor.
Todavía no hemos olvidado aquella tarde meiancólica de tu entierro; vibraban en el ambiente ráfagas
de hielo y de tumba; el cielo, en parte azul, á trechos
pálido, de un blanco de nácar, se deshacía en lluvia
como llorando tu desaparición, poeta. Y por entre el
.tango del arroyo, bajo la llovizna azotante y sutil,
ibas Lú, sobre nuestros hombros, en hombros de poetas, como alguien dijo, blanco de rosas, blanco de
jazmines, camino del templo, á los ojos de tu capital
querida.
Y ya en la iglesia se desplegó, en honor tuyo, la
gran pompa religiosa: las preces, los psalmos, las hopas purpúreas, los roquetes de.;lumbrantes de blancor, la mitra constelada de pedrería; la luz verde pálida de los hachones, el negro fúnebre de los paramentos, lo violeta arzobispal del Prelado; las cruces
de plata, los cristos de marfil y de oro, los hisopos
abrillantados de níquel.
Después, sobre tu sepultura recién cegada) vimos
nacer, entre las flores frescas, una flor de poesía; vibró en el aire, sobre los cantos de los cipreses funeralei,, el canto de un poeta, el adiós de un j&lt;1.rdinero
del arte que sólo cultiva en su verjel flores de antología.
José A.nt:mio Calcaño es, en América, uno de los
mejores y más eminentes representiantes del romanticismo.

En España ni en América, acaso por exi~üidad de
savia artística, acaso por otras ~ás recónditas razo.
es no apareció nunca el Gaut1er, el Benvenuto del
;e;so; ni el alma, sublimemente desolada, ~e Leopardi; ni el desbordamiento lírico de Hugo; m ~a poesía, toda cumbres, de Byron. :1'ero el romantnlsmo
dió á la Península y á la América trovador~s excelentes, algunos de ellos príncipes en la herá_ld1ca d~ la&amp;
letras, émulus en cierto modo, de los magn(l)S artistas.
del verbo castellano.
En E~paña el más calificado entre est?s poetas PSel cantor de /'.J.ranada; en Venezuela qu_ien supo rimar El paso doble y Los arabescos de Ed~ino.
Bien pudie:a decin,e que José Antomo Calcailo er.
nuestro Zorrilla; pero entre ambos _existen diferencias. zorrilla supera á José ~nt~mo Calcaño "n la.
pompa lírica, en el esmalte or1?01al, en ~l deslumbramiento prismático, excelencias que . a, aloran los
versos del poeta español._ José Anto~10 Calcaño lo
aventaja en elegante sobriedad de estilo, en corrección. Además, el poeta venezolano n_o ~s sombríamente religioso, ni estrechamentie patr1_ót1co. _
zorrilla canta pueblos e~pañoles, monJa&amp; es_panolaa.
militares españoles, reyes españoles, conse¡as españolas. Los Cantos del trovador, pongo por caso, es obra
escrita solamente para España, para la España conservadora y clerical. En los Poemas Y leyendas deJ086
Antonio Cah:año no sucede lo prupio : el poeta ama 1\.
todas las musas, bebe en toda¡; las fuentes, llora to•
das las desgracias, conoce todos los pt.eblos, canta.
todos los cantos. Es más cosmopolita, más moderno.
La relio-iosidad militante de Zorrilla degenera en
fanatismo'? la fé de José Antonio Calcaflo perfuma el
arte con u~ li &lt;Tero perfume místico, lleno de encanto;
perfume que flot,a bObre algu!1as rimas del poeta como el alma fragante de sus versos.
. .
Obediente al prr¡pio temperamento, y. sohc1tado
por las grandes influencias literarias del s1gl~ ~n que
le tocó tlorecer, José Antonio Calcaño s~ adb1_r1ó á la.
escuela romántica, no sin que pagase líneo tnbuto al
viejo ideal clásico, muriente.

Los poetas romántico~ supe!ªº el arte clásico eo
el revoloteo amable del rngemo; en el arrebato, e~
la frondosidad, en la frescura de rosas del poema; en
la música variante y seductora de los metros Y las.
rimas; en el desorden armónico de la inspiI ación.
La inspiración ro01ántica ora vuela hasta perderse
entre las nubes, como un águila; orii se posa en un
grana:lo florecido y canta, á la luz de la luna, comoun ruiseñor; vibra tiernamente como un laúd; espuma
como el mar· aroma como el jazmín; es blanca y pura.
como una vi;gen escandinava, rosada y lasciva como
una bacante, guerrera y legendaria como Juana de,
Arco; es pálica como hilo de lun~, negr~ como punta.
de tinta, azul como franja de e1elo, roJa como chl1:rpa de rubí.
La inspiración romántica llena el alma de ensuei'ios, de mariposas los jardínes, los campos de verdor;
se alza como banco de coral por entre las ondas ~zules; y canta como la estatua de MemoóIJ. á los fulgl•
dos besos de la aurora.
El clasicismo es correcto, pero monótono. El clá-sico diluye el sentimimiento, como una d:og3:, en la.
copa dorada del estilo; pone á abrasarse la 10sp1raclón,.
como un incienso, en el t uríbulo de plata del len•
guaje.
No es que se decadente la rudeza del estilo poético,
La inspiración ha de vestir traje de reina. El vem
ha de brillar como el oro; tener consistencia de di&amp;•
mante; arrastrar púrpura como uri Emperador. Peroque pueda también volar libre como una palom~qu&amp;
en el ritmo no se ahoguen las ideas; que la mef.rica.
no sea jaula de la inspiración; que el verso ande fran•
coy resuelto come un caballero abroquelado en ar•
madura resplandeciente, y no tembloroso ~orno un,
perlático, ni en silla rodante como un hemiplégico..

***
Si José Antonio Calcaño floreciera ahora, no á pr~
medio del siglo, ante!'&gt; que un gran poeta rou:iánUCOsería un poeta original, con marcada tendemaa propia.
Hoy las escuelas, como los dioses, se van. Ningúlll
poeta. se resigna á desaparecer sumado en una escuela. Cada quien aspira á vivir, á perdunr, por derecho propio. La desesperación de los poetas es la orl-ginalldad. Lo bello es lo raro, expresan algunos, 1
cultivan primorosas plantas exóticas. Para ot~osdla.
suprema expresión del arte consiste en una rig~
marmórea. Se ha puesto en boca de la belleza
canto:
Je hais le nw1.t1:ement qui déplace les lígnes;
Et jamais je ne pleure et jamals je ne ris
Hay quien suspira por hacerse pálida lumb:e que,
al través de la obra de arte, esparza rósea claridad
velador, suave luz de poesía. Muchos no conciben
verso sino vibrante de intenso subjetivismo. El verso.
como la nube, debe centellear. La poesía debe
médula de alma.

Domingo 20 de AgoRto de 1899.
Lo cierto es que ya no se habla, ó se ha'::la poco, de
escuelas literarias. Las personalidades llenan toda la
crítica, Sin embargo, las teorías_ han legado_ mucho de buPno á las nuevas generaciones de artistas:
la idea de una forma elegante: l_a i~dependencia revolucionaria; la verdad, la conciencra de cómo es puro elemento de arte lo propio que una. estrella de oro
una estrella de fango, lo mismo que las vírgenes las
cortesanas, igualmente cándidos ensueños de la fantasía y repugnantes lepras de una carne en putrefacción.
.
José Antonio Calcaño, asiduo lelltor de los poetas
italianos franceses é ingleses, se empapó un poco, en
los últim~s años de su vida, del espíritu moderno; pero
éste sólo se manifestaba en nuestro cantor por lamolicie de una factura rosa primorosa.

*

*'*mueren cuando los espíLas tendencias artísticas
ritus se con vierten hacia la aurora de otro ideal. Pugnar por redivivirlas equivale á querer resucitar una
momia. El clasicismo murió. También elromanticismo ha muert o. Su cadáver, en descomposición, produjo miles de gusanos. Bien pronto los gusanos sel.Jicleron mariposa~; las marlposas echaron á volar,
atraída:. por la púrpura de los claveles, por las azucenas eucarísticas, las violetas episcopales, las magnolias, los jazmines y los lirios en flor. Ellas venían de
lo negro, de la muerte, y volaban en busca del color
y el aroma, volaban haci~ la ju_ventud perfumada de
los jardines, volaban bac1a la vida.
Esas mariposas nacidas del romanticismo son las
nuevas estéticas. Y las nuevas estéticas, la juventud
en las venas, el sol en loi ojos, el lauro en la frente,
cab&amp;.lgando á su turno en el Pegaso, sin herir al noble corcel alado con el espolín de oro, lo conducen
por verdes y luminosas cumbres, mientras miran, como los Conquistadores del poeta, cuál surgen nuevos
astros en cielos desconocidos, en cielos de un azul
deslumbrante.
Muchas de estas novísimas flores de estética son
cultivadas por un solo poeta. Todas ellas de distinto color y fragancia forman juntas el gran jardín del arte
moderno. P ero en una cosa, en la cual era descollante
José Antonio Calcaño, están acordes todos los poetas; en cincelar el lenguaje á manera de florentina
joya; en labrar como urna primorosa el estilo; en pulir las rimas como ánforas; en teJer con donosura la
delicada urdimbre de los versos.
***

Tu muerte no ha simado en el dolor, dulce poeta
ido. Rodó tu cuerpo exánime junto al arpa trémula
todavía con la música del postrer cántico: y los poetas, en voces delirantes de amor, queremos, para tu
memoria, rosas; para tu sepulcro, el laurel; para tí,
el mármol.
RUFINO BLANCO FOMBONA,

LA CATEDRAL DE BURGOS.
Al caer la tarde de un domingo de Abril, cpntemplo la ciudad de .Burgos rodeada del esplendo: de una
primaver¡i. meridional destacándose en el fondo áureo y rosado del poniente.
La suave atmósfera está tranquila, una irradig,clón de noche serena y sin júbilo se difunde á medida que va acelerándose la fuga del día, sobre esta ciudad ant igua, aislada, envejecida, moribunda á la orilla de un riachuelo, sin comnnicación con la Inmensidad del mar que alegra y vivifica. Autójaseme que
la opresión de este nombre soberbio: Burgos, de este
nombre evocador de magnificencias antiguas, pesa
al declinar el día sobre las calles festejosas por las
que circula, vestida á la moderna, la España actual,
tan pequeña si se la compara con 1a España de antailo.
La célebre catedral se ve desde lejos: sobre las casas se destacan en la atmósfera dorada, flechas, puntas, inlmag!nables recortes, de una labor delicadísima.
P&amp;recen encajes de papel que d viento va á llevarse,
Y allí están desde hace muchos siglos, inmutables y
ligeros á un tiempo. Baflados por la roja luz del ocaso, dentro de unos instantes, cuando eJ sol desaparez_ca, sólo ellos re~ibirán sus rayos, mientras las calleJuelas sombrías irán quedando solitarias á medida
que la multitud penetre en las casas obscuras.
En medio de la ciudad se alza la catedral á la que
&amp;eme conduce por entre un laberinto de casas centenarlas,-muy de prisa porque me propongo partir al
cerrar la noche. Llego por fin. Allí están los altos muros con venLands góticas, las escalinatas, los pórticos
suntuosos en los que se alit!ean y se superponen las
estatuas de piedra rojiza. Franqueo las verjas majestuosas y me siento envuelto en la penumbra crepuscular; baja basta mí un frío de sepulcro mezclado con
suave olor de incienso en aquella humedad subterrán,ea: penetro en un mundo de increíbles magaificenc.as, en una soledad de encantos sombríos.
Las lejanías huyen, obscuras é iluminadas á intervalos por )a luz de algún vitral; las baldosas tienen
una sonoridad de caverna en aquel silencie que turba
e1 ruido de nuestros pasos ....
Esta es la catedral, la catedral legendaria, mara-

111

EL MUNDO.
villa de los tiempos que fueron, más sorprendente
que las de Milán, Estrasburgo ó Toledo. Está desierta y casi da miedo verla en esta hora crepnscular jel
domingo, cuando ya han callado los grandes órganos
y se han extinguidc, los incensarios.
La primera impresión lo hace á uno creer que está
en medio de no bosque petrificado, bajo el follaje ,d e
árboles gigantescos. Las columnas, troncos monstruosos, se lam.an hacia arriba, cubiertos de guirnaldas que parecen plantas trepadoras, y que son en
realidad esculturas delicadas y maravillosas. Y arriba, en don~e las pilastras dispersan como ramas
sus arcos, los fol!~jes se entretejen, las frondosidades
de piedra forman algo como la bóveda de un bosque,
dando testimonio del trabajo paciente de toda una generación. Todo esto lavrado en la piedra viva, todo
indefinidamente duradero y á pesar de su rara delicadeza, trai¡mitido hasta nosotros de muy atrás por
les siglos pasados.
Crugías inmensas, de treinta pies de altura, prodigiosamente e~culpid&lt;ts, corren en todas direcciones
entre los pilares altísimos, separando de la gran nave
una multitud de capillas secundarias de magnificencia más in verosímil aún, follajes infinitamente delicados que suben hasta las bóvedas también y que no
son de piedra sino de oro deslumbrador.
El guardián de tantas riquezas abre una tras otra
con llaves cinceladas y del tamaño de una daga, las
pesadas puertas de hierro ó de bronce, y el ruido que
hacen al cerrarse de nuevo, resuena largamente bajo
las altas bóvedas.
-Es yd muy tarde para verlo todo; la ncche se nos
viene encima. Y me lleva á toda prisa.
Al principio estábamos solos en este lugar eRplendido; pero á poco entran cuatro ó cinco montañeses,
vestidos á la antigua, y de aspecto hosco, tímido y
miserable. Piden permiso para seguirnos y se nos
reunen, formando entre ellos un grupo compacto,
mirando de cerca en la penumbra aquellas cosas suntuosas, tocanifo con el dedo los oros, empañando con
la respiración los mármoles.
Visitam1-s el coro, tesoro de riquezas inestimables,
encerrado en una especie de jaula de bronce calada,
oculta bajo cortinajes de brocado que caen desde la
parte más alta de la nave. Frente al altar mayor resplandecient e de oro se alinean los candelabros de plata repujada, de cinco ó seis pies de altura. Después
recorremos las capillas secundarias cuyas verjas, al
abrirse despiertan sonori'.iades cada vez más pesadas
y más largas en la creciente obscuridad; vistas de
cerca, sus frondas de oro que imitan acentos y ligeras flores se pueblan de centenares de personajes y
animales.
Cada vez más de prisa, nos muestran las tumbas
de los santos «fundadores;&gt; el guia levanta bruscamente los sudarios de terciopelo rojo y {le oro que
cubren las imágenes de alabastro ó de mármol, las
blancas estatiuas yacentes.
Después cruzamos un dédalo de claustros, lleno de
recuerdos y de reliquias, con puertas cuyas cerradu.
ras son ti.guras humanas gesticulantes en cuya boca
entra la llave. Y por último volvemos á la inmensa
nave, casi negra ya, á la cual penetramos por una
puertecilla medio oculta.
No es la impresión de la paz religiosa la que se recibe; al contrario, el sentimiento de una magnificencia orgullosa, imp:acable, que aplasta. Ni aun se sien:
te la calma, á pesar de las penumbras y del silencio,
ó esa unidad que serena el ánimo, como por ejemplo
en ciertos santuarios japoneses de la Montaña Santa
que son, como éste, los más espléndidos entro los templos de los dioses respeLados aún por el tiempo. En
esta extravagante acumulación de riqnezas se siente
no sé qné ag-itación, algo pesadamente humano, casi
sensual. Se evoca un pasado prodi!{ioso: toda la España de los grandes siglos rebosantes de oro y de poderío; pero la -paz, la dulce paz de tantas otras iglesias cristianas, está ausente.
He experiment,ado ya que esto de ver por la primera vez las cosas, furtivamontie, al atardecer, con la
iebre de las breves paradas, es la manera de recibir
de ellas una impresión completa, definitiva y justa.
Cuando ví por la primera vez el Acrópolis de Atena,,,
de noche y por breves minutos, á costa de mil dificulcades y con la inquietud deque se fuera mi buque,
recuerdo haber entrevisto la magnificencia antigua
de una manera violenta y nueva que no he encontrado después en los mismos lugares. No quisiera, p'.les,
volver á Burgos y detenerme en esta ciudad más
tiempo; por '.llgunos detalles incomparables que descubriría sin duda, se debilitaría y se em pequeffecería mi impresión del conjunto.
Ibamos á salir ya ....
Pero, vemos brillar dos llamas, en las lejanías de la
inmensa nave y cerca de ellas una forma negra, de
rodillas. Veamos qué es. Y nos acercamos sigilosamente para que el ruido de nuestros pasos sobre las
losas no despierte al fantasma que ora.
Los cirios-muy modestos-arden ante un cuadro
de la Virgen que se oculta en un rincón i_gnorado,
en un nicho, detrá&lt;; de uno de los pilares monstruosos.
Sin embargo, es demasiado suntuosa esa imagen por
su cuadro de oro viejo.·

Una mujer vestida de negro y con la mantilla de
luto está allí postrada de hinojos. Tiene en los brazos un niño de algunos meses de edad con el rostro
marcado ya por el dedo de la muerte. Ruega fervo.
rosamente por él, mientras se consumen los cirios.
¡Pobre enlutada que busca la imagen más humilde
para ofrecerle sus cirioR de á dos céntimos!
Ora y tiene los ojos llenos de lágrimas.
Es violento y cruel el contraste entre las riquezas
prodigiosas del santuario y los ve~tidos de la devota;
entre la duración persistente de los mlllares de santos vestidos de oro y la fragilidad de ese pequeíiuelo
sin maíiana, cubierto de harapos, á quien han traído
á su presencia, presentándosele tímidamente para
que se apiadan de é l, y que pronto volverá á la tierra.
Ya es decrépita la desventurada cuya actitud revela un dolor sin límites: es acaso una abuela que
disputa á la muerte el netezuelo huérfano, ó alguna
madre que dió á luz en edad avanzada un hijo no
viable.
Sostiene y cubre con infinita ternura al peque1io
remPdo humano que debe á algún azar su miserable
é incompleta existencia; cubre con un velo negro
su inquietante rostro que expresa ya una clarividente angustia; rodea con una mantilla su frágil cuerpPcito de muñeca, para librarlo de la humedad de sepulcro que baja hasta él desde las bóvedas de piedra.
Y entre tanto, continúa de rodillas, moviendo los labios para repetir los rezos obstinados y vanos.
Alza los ojos y me dirige una mirada desolada, adivinando sin duda la piedad que yo siento por su infortanio. Parece que me pregunta: ¿No es verdad
que tiene cara de enfermito mi pobre niño? Desvío
la vista para eludir la pregunta muda que me oprime
el corazón y aparenw fijarme en :itra cosa.
Pero viendo que no me voy, alza de nue1·0 los ojos,
y despu~s de contemplar un momento los esplendores
de la catedral, nuestras miradas se cruzan otra vez.
No está muy convencida, se comprende, y con mayor
angustia, sus ojos preguntan; c:¿Me escucharán las
divinidades magníficas?&gt;
Dios mío, no sé si la escucharán.
En su lugar, sin embargo, yo habría preferido llevar á mi chico á una de esas capillas rurales. en las
que se complace la Virgen de los humildes y de los
sencillos.
Las madonas y los santc,s que habitan este lugar
son ante todo, al menos así lo creo, seres fastuosos y
altivos, endurecidos por la pompa secuiar.
No, yo no puedo Imaginármelos preocupados por
una vieja infortunada que llora, y por el pequeñuelo
qua va á morir.
PIERRE LOTI.

GnillBrmo II en la Exposición de 1900.
La cuestión de saber si el Emperador de Alemania
irá á visitar la Exposición de 1900 en París, ha encendido recientemente viva:. polémicas en la prensa tanto de F-rancia como de Alemania.
En la primera, la opinión esta dividida, como es
natural suponer, pues deEgraciadamente parece imposible que haya un asunto sobre el que diez francese,; tengan una opinión acorde. Los nacionalistas, ardientes partidarios de la revanchg, soñada, no transigen: mientras Alsacia y Lorena sigan sustraídas á
la soberanía francesa, las relaciones entre Francia y
Alemania sólo deben y pueden ser cordiales en el papel de los tratados y en las melosas cuanto banales
fórmulas diplomáticas; pero recibir al monarca teutón, imposible, porque para la cortesía legendaria del
pueblo francés, esto significaría la obligación de festejarlo y prodigarle atenciones galantes, cosa que es
incompatible con los resentimien~os políticos del pueblo, especialmente ahora que hay interés en avivarlos.
Otro grupo sensato de la prensa francesa cree que
es absurda é indigna de un gran pueblo esta política
de falsa amistad.
O la paz ó la guerra, pero franca y leal. La revancha por ahora es una utopía, y muy ridículo y
pequeño resulta el carácter francés, desahogando sus
justos odios políticos con manifestaciones propias
tan sólo de un chiquillo mal educado.
Con ellas sólo conseguiremos hacer reír, dicen los
de este bando; p:,r el contrario, que venga en buena
hora el Emperador; que nos vea de cerca; que palpe
y aprecie la vn,alidad de este pueblo y así le temerá;
que reciba sus obsequios y cortesías, y así aprenderá
á respetarle y estimará la superioridad moral é intelectual de la raza latina, de la gloriosa. moribunda de
la historia.
Por lo pronto, una intelígencia franca y honrada
con Alei:oo.nia, iuteresa grandemente á los negocios
coloniales de ambas potencias, y buena prueba de
ello es la actitud destem piada y agresiva con que la
prensa inglesa acogió la noticia de la visita de Guillermo II á c:L'lPHIGENIE.&gt;
La prensa alemana y lüs altos círculos políticos
berlineses, opinan esto mismo, y se aventuran á a.firmar que la escena de B-?rgen fué el prólogo de las
que se desarrollarán ea París cuando el soberano vaya á acercar á los dos pueblos r,ivales.

�112

EL MUNDO.

Oom!ng-o 20 de Ag-osto de 1899.

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

113

EL MUNDO

LA GUERRA

EL ATENT!DO CONTRA M. LABORI.

EN LAS FILIPINAS.
El lunes 14 de este mes. á las 6 de la maií~na, se
dirigía M. Labori al local del Consejo de Guerra del
procesado lJreyfus, cuando al_ lleg-ar al puente q_ue
cruza el Vilaine en lo~ suburb10s de Rebnes, dos rndividuos desconocidos se acercaron á él y uno de ellos
le agredió á traición disparando un tiro de revólver
que hirio al abogado porla espalda cerca de la sexta
vértebra dorsal.
Al sentirse berido Labori abrió los brazos y cayó.
Algunos labradores que estaban en _aquel Jugar y el
Coronel Picquart y su cullado corneron en persecución del asesino pero no pudieron alcanzarlo. A poco
se presentó la policía, y 1\f~d_. Labor!, a~vertida de
la desgracia, acudió en auxilio de su rnfellz esposo. .
La escena que si!!'uió á la llegada de Mad. Labon
fué tierna: la pobre señ11ra recostó ea i;u regaz0 la cab•'za de M. Labori y le daha aire con un abamco, procurando á duras pPnas dominar la emoción que la
embargaba. El heroico defensor sonrió y dijo: c:Yo
moriJé acaso, pero Drt:yfus está salvado.&gt;
Afortunada.oente para M. Labori y para la causa
de la justicia, bizarramente defendida por el abo)!arlo
rle Dreyt'us, la bala no interesó la columna vertebral,
y darla su constitución hercúlea y la serenidad df': su
espíritu, es de esperars~ que p·ooto estará en aptitud
cte reanudar sus tareas en el Consejo de Guerra que
juzga á su cliente. ~~ muy si_gnificativa la fr~s~ que
en tono de ch&gt;tnza diJo Labon cuando fué á v1s1tarlo
Mateo Dreyrus, aludiendo á su resistencia: c:Con un
revólver nada me pueden hacer; m.cesitan un cañón
para matarme.&gt; l!:ste buiin humor, esta ecuanimidad
en el cumplimiento del deber, cuando el deber es
sacrificio, dolor y heroísmo, caracterizan al hombre
recto, de conciencia pura como un cristal y de carácter inrlomable. Nunca se ha revelado mejor lo que es
ese sacerdoc:o de la abogacía cuando no se complica
con Ja chicana, cuando no se turba ante las amenazas
ni vacila en el peligro.
Decía atinada mente un escritor mexicano: «El disparo contra. el defensor es como prueba plena en favor del acusado; no se suprime al defensor sino cuan- ·
do no bay ma11era de rebatirlo y deconfundirló; quien
pretende tener la irrecusable demostrac!ón del_ d~lito
no necesita atentar contra la defensa, 01 supnmirla,
ni inutilizarla, y sacriflcar al defensor prueba lo que
todo el mundo sabe hoy: que la prueba no existe, que
por el contrario, vista la inocencia, no puede sostenerse y triunfar la acusación.»
En este proceso que no es el proceso de un bom bre,
pues el mundo entero ve en la causa instruida contra
J)reyfus, en los sufrimientos que ha apurado la víctima y en los esfuerzos que ha costado su rehabilitación, el pavoroso duelo entre la virtud de una humanidad emancipada y generosa y el l'anibalismo cruel
que se oculta en los odios de Roget, en las frías imposturas de Merc1er, en las falsedades de E-;terhazy
y en el criminal encarnizamienta de sus cómplices;
en e$te pro:ieso ha querido el azar, admirablemente

Las publicaciones francesas, semanarias y diarias,
ban abierto una averiguación desapasionada sobre la
uerra de Filipinas, enviando corresponsales que esfudlan escrupulosam&lt;Jnte las condiciones y los resultadas de la campana.
C&lt;imo prueba de imparcialidad publicamos algunas
Impresiones de esos corresponsales, sin comentarios
favorables ó adversos para ninguno de los partidarios
contendientes. Un articulista de El Fígaro, condensa en un artículo lleno de apreciaciones justas los
acontecimientos de la campai'la iniciada el 4 de Febrero y hace atinadísimas ob,ervaciones sobre el fin probable de las hostilidades. Extractamos algunas de
esas observaciones.
Por un esfuerzo de dinero relativamente insignificante, de algunos buques y de unas cuantas armas,
ganar un archipiélago tan vasto, tan rico y capaz de
expedir á los grandes fabricantes de la metrópoli
tabacos y a1,úcares nacionales gracias á la conquista,
es decir, que no paguen derecbrns aduanalt!s, hubiera
sido una operación maravillosa aún para los Estados
Unidos habituados como están á hacer en grande su
negeclo. Pero se había contado sin el Tagalo: desde
queA¡rulnaldo y sus partidarios comprendieron la realidad de la conquista, el aliado de la víspera se convirtió en enemigo irreductible al oro americano. No

MAPA DEL TERRENO DE OPERACIONES.

M. FERNANDO LABORI, ABOGADO DE DREYFUS.

SOLDADOS AMERICANOS DEFENDIENDO EL CAMINO DE CALOCCAN,

auxiliado por las pasiones exacerba- ·
das, que todo sea sombras del lado
de los verdugos y todo claridades
del lado de la víctima.
Con aquéllos han estado Mercier,
un perro de presa; Roget un calumniador despiadado; Henry un falsificador; Esterbazy «un hermoso tipo
de criminal;&gt; Lebon, un Torquemada en frío; Guerin, un singular y
falso depositario de los secretos de
la justicia, etc. etc. etc.
Con Dreyfus y para defevder su
honra y fueros del hombre saltaron á las arenas candentes· 1:icbeurer-Koestner que abdicó las prerrogativas de su alta posición política;
Pi.:iquart, un justo, un desinteresado, un valeroso, el más joven de los
coroneles franceses, que rom¡Jió su
espada y su carrera brillantísima
para hacer bonra á su conciencia;
Zola, un apóstol; Mad. Dreyfus, mártir y heroína, y por último, Labori,
herido en plena lucha por mano
alevosa, y que reproduciendo la leyenda de Anteo, cayó para levantarse más grande y más fuerte.

es sólo dinero lo que se necesita, sino sangre y mucha
sangre de electores americanos para llevará cabo una
conquista en la que todos los elementos conspiran
contra el invasor.
Lá situación del General Otis es dificilísima; para satisfacer á la opinión americana excitada en algunos Estados, y para no dejar un arma electoral peligrosa en manos del partido demócrata, es necesario
el fin de la guerra el General Otis debe pues, ó hacer la paz ó sojuzgar á los filipinos. Ambas cosas tienen grandes dificultades: el amor propio americano
que no reconoce nada igual en el mundo, no puede
admitir una composición con gentes de raza inferior:
Washington no aceptará la paz á menos que los filipinos entreguen sus armas y se rindan á discreción.
La destrucción de los filipinos no es asunto de poca monta y desde hace seis meses los acontecimientos prueban que los americanos no los conocen ni
pueden conocerlos, porque los ciega el orgullo de raza; no pueden creer que el tagalo sea un hombre capaz de medirse con el cow-boy de Nebraska ó con
las tropas regulares de Young. Una escuadra que
bloquea las costas, una flotilla que penetra por todos
los rios y cuarenta mil soldados con armamento superior, con veinte baterías de campana y otras tantas ametralladoras y con todos los medios q u~ procura el dinero, con la libertad del mar y una base de
operaciones como Manila; con todos estos medios
empleados contra rebeldes de raza inferior que disponen de quince mil fusiles y que se ven obligados
ellos mismos á fabricar una pólvora de calidad inferior, no han ganado positivamente sino las siguientes ventajas: al Norte de Manila la vía del Ferrocarru, 60 kilometros, y el curso del Río Grande, 40 kilómetros.
EL ATENTADO CONTRA

M. LABORI.-LA POLICIA ACUDE EN AUXILIO DEL IIERIDO.

Al Este de Manila 20 kilómetros hasta las tomas
de agua de la ciudad en un río navegable.
Al Sur de Manila, 4 kilómetros basta Pasay en donde el corresponsal vió á las vanguardias americanas
á 800 metros de las vanguardias filipinas.
La Península de Cavite está ocupada, pero cuatro
meses de combates y bombardeo,; de Paranaque no
han podido establecer la comunicación ni un solo día
entre Manila y Cavite.
Los Puertos de Ilo-Ilo, Negros, Cebú,y Yolo.
Como se ve, esto es muy poco y examinando un
mapa general de las Filipinas comprende uno que eso
no es nada.
Sin ser profeta se puede asegurar que á menos que
sobrevenga un acontecimiento extraordinario y poco
probable como una t raición de los jefes filipinos ó algo por el estilo, necesitarán los americanos para avanzar mucho tiempo, más dinero y un ejército considerable. A medida que avancen, las dificultades serán
mayores en un país cada vez más inextr'. c3.ble en don•
de en vez de ejército enemigo encontrarán cada no7
che gavillas fugitivas ocultas en las malezas.
Una sola vez han podido los americanos dirigir sus
esfuerzos contra todo el grueso del enemigo: fué al
principio de las hostilidades y no pudieron aniquilarlo; después, no se les ha vuelto á presentar la ocasión.
En el Oeste y en el Sur se confiaron las operaciones al General Wbeaton, y ya hemos visto que ha
g-anado sólo algunos cuantos kilómetros. Conviene
lldvertir, sin embargo, que el esfuerzo más importante se ha dirigido hacia el Norte, por el General Mac
Arthur, y que todo lo que se ha conquistado en esa
dirección lo fué en los meses de Febrero á Junio. En
esta región se han librado los combates más númerosos y más sangrientos; para que se sepa qué clase de
·t erreno es ese, imagínense tres bandas paralelas y
distintas: la primera á la orilla del mar, formada de

UN TREN DE REFUERZOS LLEGANDO A MALOLOS.

�..
EL MUNDO.

114

Domingo 20 de Agost,0 de lRIIII

Oo'llln~c 20 de A~o&lt;¡to de 1899

EL MUNDO.

Gt'1A A LA -'4LTA ESCÚELA.

Entre nosotros el sport de la rueda cuenta con un
UNA PUENTE PROVISIONAL DE BAMBU.

arenales bajos y con una anchura de 2 á. 5 kilómetros; la segunda, rie llanuras de 5 á. 10 kilómetros
cortadas por ríos, arroyos y canales, y llena de po•
blaclones entre bosques y matorrales, cruzados por el
ferrocarril de Manila á Dagupán, y por último, la
tercera, más montuosa y con un buen camino.
~n la co~ta del Sur y en los ríos navegables, las
operaciones han estado encomendadas á los cailoneros, contra los cuales nada tenían que oponer los filipinos; algunos de ellos tienen seis callones y cuatro
ametralladoras, y son más formidables que diez regimlentos.
En la llanura cruzada por el Ferrocarril con la
vfacomo base, como centro y como medio de avance y
de aprovisionamiento, en una palabra, como órgano
esencial, las brigadas del General McArthur avanzaron
lenta y ::ietódicamente hostilizadas las fuerzas
mejores de los filipinos. llubo cuatro jornadas principales marc'ldas con batallas muy rudas: 31 5 de Febrera los americanos tomaron Caloocán á 5 kilómetros
de Manila; el 25 de Marzo tomaron Malinta y Polo á.
15 kilómetros; el 31 de Marzo, Malolos á. 40 kilómetros; el 20 de Mayo Calumpit á 45 kilómetros, y el 24
de Mayo Santo Tomás y 8an Fernando á 70 kilómetros.·
DP.spués de la derrota del b de Febrero, Aguinaldo
instaló su cuartel general en Malolos detrás de las posiciones sucesivas de Mallnta, Polo, Bocá,Blgaa, Guigulnto y Santa Isabel defendidas por trincheras y
obras de tierra con bambús eutretejidos. Por mal de
)os filipinos-había entre ellos un ingeniero educado en
Bélgica, y recordando el trabajo que les costó tomar
las trincheras y los blockhaus defendidos porlos espatloles de Manila, supusieron que esas obras los pro..eger!an contia los americanos. Le dieron pues carta
blanca á su ingeniero, el cual puso en práctica todo
Jo que ensefian los tratados más completo,; de fortificación de campana. Esto les perdió y es fácil comprenderlo.
En una anchura de quinientos á dos mil metros á
tra,•és del ferrocarril cerraban la llanura con sus
obras de fortificación. Los americanos ponían delante de sus locomotoras wagones blindados armados de

CENTINELAS GUARD&gt;.NOO UNA PUENTE,

odmtro locrelble de adeptos, que pertenecen á todas

las clases sociales, y que muy frecuentemente llegan
, sentirse cansados y abandonan al «caballo de acer,,, &gt;
aólo por que ya han recorrido repetidas veces el
«ciclo&gt; de excursiones que están á su alcance y ya no
encuentran atractl vo en seguirlas.
Si varios de éstos se reunen en una pradera que sea
suficientemente plana para la bicicleta, con muy ln:slgnlflcantes accesorios pueden di vertlrse con amplitud, aprovecbando las hermosas tardes otollales que
ya se aproximan.
Pueden ejecutarse con la bicicleta casi todos los
juegos acostumbrados en los manéges de equitación.
As! por ejemplo la Gula á la a/tu escuelo, que es tan
~noclday que recrea, no obstante que tiene poca diferencia con un juego de nillos.
También el sport de ensartar los anillos peo-dientes de un cordel y puesto.e, en movimiento, pi;ede
ejecutarse en bicicleta.
Más divertido y eligiendo mayor destreza y seguridad en el manejo del cwheel&gt; se presenta el «sube y
wja&gt; que, como puede verse en nuestro grabado, consiste en trasponer una tabla, puesta, en 1:1u centro, sobre un apoyo de muelle!&gt;.
El juego de pelota en bicicleta es tam blén muy atractivo. Se observan en él las mismas ó análogas reglas
,que para el polo, que todos conocemos, pero es preciso
advertir que aquel es mucho más dificil, puesto que
una bicicleta en determinados casos, no obedece con la
misma docilidad que un caballo.

for último tenPmos la caza al zorro que cont1lste en

cafiones y protegidos con ellos:
los obreros reparaban la vfa hasta que estaba á. tiro el tren bateria. Entonces se cubría de obuses el terreno de las trincheras
en las que sucumbían como moscas los soldados de A~ulnaldo, y
cuando se creía limpio de enemigos el lugar, la Infantería atacaba por el frente y por los flancos.
Naturalmente cuando llegaba á
la posición enemiga ya no encontraba sino cadáveres. Lo único
que sorprende en esta campana

-alcanzar a un Individuo á quien se ha dado determinada ventaja en la partida y que lleva como distintivo una cola de zorro.
,
Estamos seguros de que muy en breve podremos ver
-ea~ juegos ejecutados por nuestro:. ciclistas.

***
cSUBE Y BAJA.&gt;

es la fuerzii. de resistencia de los filipinos ante 111
enemlgo y ante un procedimiento de ataque tan formldables.
8erfa. erróneo concluir de estos hechos en la ideriorldad militar de los americanos y lo único qt1e
puede sacarse en claro es que son muy lentos en aua
maniobras. Así cuando hubo que hacer el gran el•
fuerzo de fines de Marzo que concluyó con la tomadt
Malolos, el plan de campa!Ia exigía que la brigad_a
McArthur atacase de frente por el ferrocarril.
mientras que la brigada Otbon debía seguir el caml•
no de San José á Bustos para flanqueará. Aguinaldo.
El camino era de cincuenta kilómetros y los voluntarios americanos emplearon veinte días en recorrerlo y
cuando llegó á. Malolos la brigada ya la plaza estaba
ll)mada de11de bacía ocho dlas y los filipinos se reorg-anlzaban en Calumplt.

En los últimos tiempos el sport al aire libre que
pone en sana agitación todos los músculos, se está
'
;aclimatando entre nosotros.
En los po1 reros que encuadran la talzada de la he1orma, puede verse día á día ,zrupos de jóvenes que
'8e entregan é esos juegos de fuerza importados del
Norte.
Antallo, los ejerclcl•;s corporales de n11estra juven1.cd se reducfan á. la gimnasia de salón que se efec.
toaba en los colegios primarios y luego, con la natu-

JUEGOS PARA CICLISTAS.

JUEGO DE PELOTA,

Entre los numerosos adepws de la blcllcleta, ha,
algunos que no tienen la obsesión del «kilómetro&gt; 1
que más aprecian en su sport favorito la calidad que
la cantidad.
Para éstos, que no abrigan las pretensiones debatir crecords,&gt; '&gt;&lt;&gt;n los juegos que en grabados presentamos á nuestros lectores, juegos que están muy ea
boga en Alemania y que quisiéramos ver aclimatarll
entre nosotros, porque á. su gran recreación reunenll
circunstancia de ser higiénicos, pues contltuyen 1111
buen ejercicio sin fatigar sobremanera.

ENS.Ht'!',\N:CO CARTAS,

115

leznables é inconsistentes ante el severo y frío trabajo del aná.llsls ra.
clona!.
Desde luego M. Flammarlon resulto ser un excelentemedium y para
no desaprovechar sus facultades medlan!mlcas, púsose á hacer Invocaciones y, ¡cosa naturalfslma! el esp!rLu que primero acudió á. ellas
fué el de Galileo Galllei.
Esto pareció por entonces muy lógico: claro es que el espíritu de un
genio exclusivamente consagrado en vida á la más noble de las ciencias
y q1:e tan grsndes conquistas supo hacer en ésta, no habría de querer
ponerse en comunl&lt;'ación con un quidarn que le hiciese preguntas
necias é Indiscretas á él que ante el patíbulo supo decir la inmortal
frase: c¡E pur si miwvel&gt;
'
Galileo, es decir, su espíritu, sólo podía consentir en comunicarse
con un bcmbre capaz de e&lt;,mprendPT toda la grandeza del genio Inmortalizado por la humanidad sin necesidad del espiritismo. Y ¿quién más
capa1. de comprender á Galileo que Flammarion, Nadie ha sabido
como el ilustre francés dominar la aridez de la cosmografía mat~mática p:9-ra rem?ntarse basta las altísimas cimas desde donde, sin prescindir de !amencia, alcanza el hombre á. vislumbrar la grandiosa é Infinita poesía de la Creación.
Y co~~ era preciso, Gallleo y Flammarion entablaron sublime plática espmtual sobre el mecanismo del universo, y juntos sorprendieron
asombros~s secretos que la ceguedad física y la estrechez de concepción de la humanidad, habían basta entonces velado á. la ciencia; Juntos oyeron quizá. aquella misteriosa música de las esferas, aspiración
suprema delos místlevs medloevales.

ral pereza física de nuestra raza,
entregábase la juventud á una vida
sedentaria, atrofiándose y matando su energfa física, que, es uno
de los má.spoderosos elementos pa1 a el bienestar de las naciones y de
1os Individuos.
El ejercicio de la equitación, ya
proverbial entre nosotros, está pasando á la historia. Apenas si en las
fincas rústica!&gt; se ejercita todavía de
una manera completa y sólo por ga=-==i~ ~
llanes bravíos.
Pero en las ciudades, en donde-el
ejercicio físico se hace todavía más
indispensable para aliviar los nervios de las tenciones del asfalto, es
preciso fermentar enérgicamente
toda clase de sport sanos y nuestro
Semanario se propone, de tiempo en
tiempo, dar cuenta de los juegos y
ejercicios más usados en el extranjero, con la esperanza deque hallen
aficionados y cultivadores en México.

----

Flammarion traidor.
El mundo de los espíritus anda
alborotadíslmo y la cosa no es para
menos: un traidor vivía entre ellos
y de tal modo ha comprometido la
causa no muy boyante del espiritismo, que si no dió al traste con ella
muy cerca anduvo.
'
El traidor es M. Camilo Flammarlon, el Ilustre sabio, el poeta de la astronomía, el vulgarizador más
inteligente de la ciencia menos vulgarlzable.
Este simpático hombre de colosal talento y dotado
con una Imaginación volcánica, 1:1e prendó del espldtlsmo al primer golpe de vista como sucede á casi todos los hombres de Imaginación siempre que leen por
vez primera esas prodigiosas concepciones espiritas, tan seduct,oras para e1 sentimiento, como de-

Los

ANILLOS.

Del transcendental diálogo del espíritu de un genio difunto, indiscutiblemente inmortal, con un talento vivo y en plena actividad material, de esta especie de unión metafísica y misteriosa, nació un libro
cuya paternidad atribuyó Frammar! on á Galfleo, haciendo el sabio trancé¡¡ de su alma con esta declaración, una nueva rosa místi.:a fecundada por el Verbo
eterno de la Idea.
Después escribió Flamm:irlon otros libros plet6rlcos

�116

Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

samente dentro del círde fé en la teoría de dogculo de su capacidao
mas espiritas. Llegó á
moral é intelectual, dehacer coll su potente
sus aspiraJiones y, en
imaginación, maravillouna palabra, de su vid&amp;
sas evocaciones de la vipsíquica.
da de los espíritus en
No se da el caso de
otros planetas, más leque un médico, por ilusjos aún, en astros y sotre que sea, Pasteur por
les cuya lejanía de este
ejemplo, recibiera la vimísero átomo en quemosita espiritual de Galiramos, parecería ciealeo para hacerle centlción imaginativa si las
dencias sobre Id pluramate(l'láticas no la imlidad de los mundos
pu,;ieran como verdad
habitados como lo reciabsoluta.
bió Flammarión. Esto
Y uniendo en prodilo dice el mismo astrógioso consorc:o la ciennomo invirtiendo el cacia y la novela, la verso. En cambio, si Fas,.
dad impuesta por la rateur hubiese sido espiri.
zón á la c,el!eza .::reada
tista y hubiese hecho
~
por b fantasía, produjo
una evocación, difícil ea.
verdaderas obra¡¡ de arpensar qué espíritu hute en las que es imposibiera acudido á su llable admirar más al sa.-,---;
mamien
to, puest o que
bio que al artista.
siendo la Bacteriología.
Obras que abundan en
unacienciadel t odo nuebellezas literarias creava, no habría habido esdas para engarzar como
píritu legalmente autovaliosísimas gemas, las
rizado para venir á haverdades científicas que
~
.
..:..,
cer revelaciones sobr&amp;
podrían creerse re a!ella.
mente debidas á la reCierto es que el espt•
velación si solo se atenritismo atribuye la con.
diera á su novedad y á
miciencia á los espíritus
que aún noestándel tolibres de la materia, de
do confirmadas por la
tal modo que el mismo,
observación directa aunGalileo puede, según ese
que sí lo estén por el.adogma, acudir á una evociocinio estrictamente
cación y hablar con el
cientfflco.
mismo acierto é igual•
Pues bien, he aquí que
dominio del asunto, tandespués de haber dedito de astronomía, como
cado la mejor y mayor
de bacteriología, de meparte de su vida á la
cánica celeste ó de los
propaganda y á la creenrayvs X, del ferrocarrn
cia del sistema espiritisó del teltígrafo sin hilos;
ta, M. Flammarión con
todo le es igualmente
la serenidad del verdaconocido á un esplrit1&gt;
dero creyente en la Ciendesligado de las debllicia, exento de las tenadades é insuficiencias de
cid9.des del fanatismo
y dotado de esa grandela materia: pasado, preza de espíritu capaz de
sente y porvenir.
comprender que la conY sin embargo, cosa.
fesión de un error, surara y que deja abierta
pone un triunfo sobre
y amplfsima brecha eola mentira y no una dela coraza lógica del sis•
bilidad; pues bien el
tema espiritista: no S&amp;
gran astrónomo acaba
ha dado el caso de que
de declarar que debido
un espíritu venga á coná una serie de estudios
versar con los vivos SO•
psico-ffsicos, ayudados
bre asuntos que descode pacientes observacionozca. Muy al contra,
nes, ha llegado á aaquirio, el mismo Allan Karrir la convicción de que
dec para escribir los u.
no existe ni puede exisbros fundamentales deCASA DEL SR. OCTAVIO FERNANDEZ,- CALLE DE ROSALES,
tir la pretendida comusu sistema filosófioo,
nicación entre los espíritus de los vivos y-los supuestos cede en todas las sesiones caseras de espiritismo: á cual nuevo Moisés que acude á J ehovah· para escribir
espírítus libres ó errantes de los muertos; que las re- preguntas necias .. . . respuestas choca.rreras.
su Decálogo, así él acudió á los Santos y á los filósovelaciones de hechos al pare0er sorprendentes y solo
Este hecho, universal y constantemente observa- fos místicos para darle cuerpo de doctrina á sus in•
conocidos de quienes las reciben, son simples casos do en las comunicaciones medianímicas, es el más po- mensas creaciones imaginativas.
de auto-sugestión, soliloquios, confesiones íntimas, deroso para desmentirlas. Todo el que con más ó meYa vemos por este ligero estudio, muestra pequeexternaciones cuando más del propio espiritu, de la nos buena fe ha evocado, bien á un espíritu determi- iHsima de los hechos por Fll\mmarion y de los quepropia fuerza psíquica.
nado, bien á cualquiera que tenga á bien obsequiar pueden hacerse sobre la interesante cuestión del mási
Por eso es que á él le visitó de preferencia el espíritu la evocación, se ha encontrado con que ese espíritu allá del espíritu, del «ser 6 no ser&gt; del príncipe dina•
de Galileo, como un militar habría sido visitado por le habla en su lenguaje habitual, de sus propias preo- marqués, que el autor de Urania no modificó so&amp;
el de Napoleón Bonaparte, un ladrón por el de Di- cupacionos, de sus secretos íntimos y, en general, de creencias tan ligeramente como parece.
mas y un necio por el de otro necio que es lo que :,U• hechos que le son conocidos y que se encierran forzoM. ROMERO !BAREZ,

o omtngc 20 de Agosto de 1899

MEXICO MODERNO.

t-r-.

q::

donable seguir ilustrando nosotros las si- y Dos aventuramos á decir que será una de
guientes obras, cuando ni en Europa, en don- las mejores ediciones hechas hasta hoy. Conde hay consumados artistas en este género de tendrá las mejores ilustraciones de Balacar~
trabajo, se han alentado parn hacerlo.
y de Gustavo Doré.
Ahora
bien,
como
el
tomo
que
da
nuestra
Los Tres Mosqueteros.
Las obras de Riva Palacio.
edición de Los TRES MosQUETERcs es basA varios de nuestros lectores les ha causa- tante delgado para encuadernar UD volumen
Con extraordinario cuidado y con grao
do extrañeza que al concbir la publicación regular,·publicaremos la otra obra de Dumas, acopio de (Jatos relativos á la época en que
de L os TRES MosQUETERos, no se publi- EL CABALLE:ao DE LA. C.AsA RoJA.
se desarrollan los acontecimientos se están
Esta obra y Los T.&amp;is MosQUET-ERos, for- ilustrando las obras de uno de nuestros más
cara la siguiente obra de Dumas, ceV EINTE AÑOS m.SPU.ES.)&gt; La siguiente explicación marán un volumen á todo lujo que dejará sa- aplaud:dos escritores.
convencerá á todos: nuestro objeto al hacer tisfechos á nuestros más exigentes abonaLa publicaremos también en edición de·
.l a edición l ujosa de Los TRES MosQUETEROS dos.
lujo, y de la mejor manera que esté á nues·
En el folletín de EL MuNDO DIARIO, se tro alcance.
no fué dar á conocer la obra, que apenas hapublicarán
después las obras de Dumas.
brá persona que no la haya leído; nos preoComenzaremos á cumplir estos ofrecimien•
cupamos por publicar las notabilísimas ilustos desde el mes entrante, para lo cual, en
traciones de Leloir que tanto han llamado
I.a gran edición del Quijote. estos momentoH se esta armando la nueva.
la atención en el mundo artístico. Pero Lemaquinaria que se pjdió á los Estados Uniloir no ilustr,ó otra obra de Dumas más que
Preparamos la publicación de esta obra t.os, y que nos es precisa para las edicione&amp;
la pnblica&lt;la, y sería una profanación imper- con más lujo que Les TRES MosQUETEI:.os, de lujo.

Nuestras obras ilustrada~.

117

EL MUNDO.

B AJO E L SAUCE.
I
A CAMPIÑA que rodE.a la pt'quefta ciudad de Kjoegé, en
Seeland, es muy pobre;situadaá orillas
del mar, aunque este elemento ofrece
siempre singulares
en,,.antos,las playas
de Kjoegé, á decir
verdad, podrían ser
más bellas. Al rededor de la población se extiende
una llanura monótona, sin el menor
:,
accidente, com,. ,
puesta de campos
sin árboles y con
un camino que en';_\(
'/..J.: ~v.
fila en línea recta
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el bosque más cercano.
No obstante, basta haber nacido en un país
para tenerle apego: por oobre que sea, no es di1fcil descubrir algo en él que ofrezca un encanto
-particular, y que más tarde, en los días de ausen-eia, se echa de menos y se desea ver nuevamente:
algo que no puede hacer olvidar la presr.ncia de
·comarcas más deliciosas.
Ahora digamos en honor de Kjoegé, que al extremo de la población, junto al arroyo que desemboca en el mar, se encuentran algunos pequeftos
.jardites, en los que, en verano sobre todo, siempre
que medie un poco de buena voluntad, puede uno
creerse en un paraído.
Así por lo menos lo consideraban un niilo y una
nin.a, hijos de dos familias vecinas, los cuales so•
lían ir á jugar á aquel sitio, deslizándose por en·tre la cerca de groselleros que separaba los jardines de sus casas respectivas. En uno de esos
.jardines había un sauco y en el otro uo sauce:
este últim,&gt; era el árbol favorito de la infantil pareja, per mitiéndoles sus padres jugar á la sombra
·del mismo, aunque por su proximidad al arroyo
hubieran podido caer en el agua; pero afortunadamente la Providencia vela por los p equelluelos, sin lo cual más de una vez éstos serían dignos de lástima.
Por su parte los dos niilos ponían mucho cui·dado en evitar una desgracia; el muchacho tenfa
tanto miedo al agua, que en la estación veraníe•ga no había medio de decid irle á darse un remojón en el mar; sin embargo de que t odos los nillos de su edad se recreaban zambulléndose en
las olas. En vano picaban su amor propio y le
·dirigían pullas y chanzor.etas; todo flra inútil
para hacerle vencer sli horrur al agua; sufría
las bromas y se callaba.
Pero J uana, su compafterita, soiio una vez que
·dentro de una barca andaba bogando por el mar,
Y que él (él se llama Knoud) corda hacia ella;
que el agua le cubría el cuello, que Juego le cubría la cabeza y que últimamente acababa por
desaparecer envuelto en las ondas. Desde que
Knoud tuvo noticia del sueflo de su amiga, ya no
aguantó por más tiempo las bromas de los demás
-ehiquillos. El había estado en el agua: Juanita lo
había visto en suellos; pero no por .esto se aventuró nunca á zambullirse, contentándose con ponerse muy orgulloso con el sueño de su amiguita!
Los padres de ambos ninos eran buenos
amigos. Knoud y J uanita iban siempre juntos, jugando ora en los jardines, ora en la carretera, en cuyos bordes había. una hilera de sauces;
pero tan desmedrados y con sus cimas tan des·coronadas, oue bien se veía no los habían plantad~ por la sombra que pudieran dar, sino por la
U~l.1d~d que reportaban. En cambio, el sauce del
VIeJo Jardín ya era otra cosa: nada más hermoso
-que este árbol con sus prolongadas y espesas racnas formando una especie de glorieta., en donde
1

los dos muchachos gustab!ln de pasar la mayor
parte del dfa,
Había ,:m la población una gran plaza, y en ella
se celebraban ferias y mercados. En días de feria llem\base de largas calles formadas de mesas,
tiendas y barracones que se cubrían de cintas,
juguetes, calzado y de todos los objetos imaginables. Por esas calles discurría sin cesar una espesa mucbedumbre. Entre las mesas se contaba
una l'.ena de piezas de mazapán, y el mercader
que la tenía á su cargo durante los días de feria,
se hospedaba en casa de los padres del pequen.o
Knoud, lo que bacía que éste de vez en cuando
se viese obsequiado con un pedazo de esta sabrosa golosina, que, como es natural, compartía con
su Juanita.
Pero lo que para los muchachos valía indudablemente más que estos regalos, era. que el mercader sabía un sin fin de cuentos sobre toda suerte de cosas imaginables, inclusos los mazapanes.
Una noche contó una historia á propósito de esto,
que produjo. en los dos nillos una impresión tan
profunda, que ya nunca, jamás, en toda la vida,
debían olvidarla. Creo que será bueno reprod11cirla íntegramente, pues tiene la ventaja de no
ser muy larga.
«Tenía en el aparador de mi tienda, dijo, dos
figuritas de mazapán: la una era un hombre y
llevaba sombrero, la otra una seftorita y no lo
llevaba. N0 tenían forma humana más que deun
lado; del otro no había que m:rarles. Por lo demás, todos los h0mbres son lo mismo, y nb hay
que examinarles por su enves. El monigote llevaba pegada á su costado izquierdo una almendra amarga, era su corazón; -en cuanto á la sellorita, era toda ella una masa de miel. Yo les había
puesto de muestra en el aparador y estuvieron
juntos durante tanto tiempo, que acabaron por
amarse; pero sin que ni el uno ni el otro se atr~viera á declarárselo. No obstante, era necesano
que se hablasen i,i querían ver correspondida su
ternura y llegar á algún resultado.»
- «A. él, como hombre, le toca comenzar,» pensaba ella, y no ambicionaba otra cosa que saber
si era correspondida en su secreta afección.
«Respecto á las ideas del joven, eran mucho
más vastas, como suelen serlo siempre, tratándose del sexo fuerte, Imaginábase que era un muchacho callejero, uco de esos que él veía pasar
todos los días por delante de la tienda, y se hacía
la ilusión de que tenía cuatro cuartos, con los
cuales podía compra.r á la sefl.orita para comérsela.
«Así, ensimismados en estas ideas, pasaron
días y semanas en el aparador, hasta que con el
tiempo se secaron. Las ideas de la joven eran ca•
da vez más tiernas, afectuosas y dignas de una
señorita bien educada.
- «Ya puedo darme por dichosa, . se drnía
suspirando, de haber podido permanecer tanto
tiempo á su lado»
Y ¡crac! de repen~e se agrieta, se parte en dos
y muere.
- «Si hubiese comprendido mi amor, exclamó
el joveu, ¡oh! de fijo que habría sQportado la existencia.»
«A.quí acaban la historia y sus dos héroes. Tened presente que no son ellos los únicos que por
su culpa se encuentran en el mismo caso._ A otros
que no son de m11.zapá.: les sucede lo mismo: el
amor mudo á nada conduce. Tomad, os las regalo,»
y entregó á Juanita la figura. del joven que aún
estaba entera, y K noud recibió los dos pedazos
en que se había dividido la de la seftorita. Pero
á los dos muchachos les había impresionado tanto
esta. conmovedora historia, que no tuvieron ganas de hincar el diente en los dos enamoradoe.
A.l día siguiente llevaron las figuras al cementerio. Sentaronse en el césped junto al muro de
la iglesia, tapizado, tanto en invierno como en
verano, con ricas guirlnaldas de yedra. Colocaron
las dos figuras en una hornacina rodeada de verdura é inundada por la luz del sol, y contaron á
un enjambre de muchachos la historia del amor
mudo que no conduce á nada.

El cuento gustó extraordinariamente; pero cuando se disponían á mirar de nuevo á la infortnnada pareja, encontráronse con la novedad de que
la seftorita había desaparecido; un muchacho algo
crecido, aprovechando la di~tracción de los de·
m!ls, sela babia zampado disimuladamente. Knoud
y Juanita rompieron á llorar con
nmargura; pero por
último, probablemente para no dejar al joven solo en
el mundo, se lo comieron también, sin
que por esto echaran la historia en
olvido,
En lo sucesivo
continuaron jugan. do bajo el sauce y
el sauco. La nifta
solía entonar 1as
más hermosas can. ciones con una voz vibrante y pura como los
sonidos de una campana argentina; en cuanto
á Knoud, el pobre no tenía voz para acompaiiarla en el canto; pero sabía la letra de memoria,
y con esto se contentaba. L as gentes de Kjoegé,
incluc1a la esposa del fabricante de juguetes, que
había. residido largo tiempo en la capital, se
paraban con frecuencia á oír los cantos de Juinita.
- «Esta muchacha, decía la indicada seftora.,
tiene una voz deliciosa.
Días de ventura eran aquellos, que no habían
de durar mucho. Las dos familias se separaron.
Murió la madre de Juanita, y su padre trató de
casart1e nuevamente, pero en h capital, en donde
le dijeron que se ganaría lf vida mejor que en su
pueblv, entrando de recadero en una buena casa,
cuyo lucrativo empleo le tenían reservado.
Al separarse las dos familias, virtiéronse algunas lágrimas: en cuanto á los nillos lloraran y
sollozaron, prometiendo escribirse por lo menos
una vez al año.

II
Knoud eqtró de aprendiz en casa de un Z!lpa.tero, pues ya era demasiado talludito para que
sus padres le dejaran correr por los campos perdiendo el tiempo. Por fin hi.:o las pruebas del
aprendizaje; ¡y qué no hubiera dado en un día
de fiesta tan sellalado, por hallarse "n Copenhci·
gue, en presencia de suinolvidableJuanital Pero
¡ay I aún debía permanecer en Kjoegé durante algún tiempo.
No había estado nunca en la capital, á pesar
de que ésta se bailaba situada sólo á cinco millas
de.su residencia. En los días serenos, Knoud divisaba más allA del golfo las altas torres de Copenhague, y el día d,e su confirmacion vió distintamente los reflejos del sol sobre la cruz dorada.
que corona la cúpula de la iglesia de Nuestra Seftora. ¡Cómo volaron sus pensamientos hácia su
antigua compafteral
Y elb ,.pensaría en él aún? Sí. Por Navidad recibieron carta de su padre, notificándoles
que todo les iba á pedir d e b oca en Copenhague;
y que respecto á J uanita, á cama de su hermosísima voz, la auguraba todo el mundo un porvenir brillante. Aiiadía que la nilla tenía colocación en la comedia, es decir en la comedia en
que se canta, ganando algún dinero, y que era
ella la que le encargaba enviase un escudo á sus
queridos amigos de Kjoegé, para que pasaran
una divertida noche de navidad. «Bebed un sor •
bo á mi salud," afiadía de su pullo y letra en la
post-data, y además las siguientes palr:tbras: «Mis
mejores recuerdos· A Knoud,»
La lectura de esta carta hizo verter lágrimas á
toda la familia; pero como las notic:as eran tan
satisfactorias, esas lágrimas fueron de alegría.
El recuerdo de J uana había venido embargando
sin cesar el pensamientu de Knoud, quien no cabía en sí de gozo, al observar que ella tampoco

�EL MUNDO.

Y el buen hombre llamó á la puerta discr~tamente como si en vez de ser el padre de la mfia,
fuese ~n forastero y entró seguido del joven.
¡Qué lindo era tod~ en aquel cuartito! Ni la re~na
"tiene una casa mejor, pensaba Knoud; no, es imposible. Allí había alfombras, cortinajes qu?caían
hasta el suelo, un sillón forrado de terci_opelo,
flores y cuadros á profusión, y un magi::ífico ~spejo al que uno no se atrevía á acercar3e de miedo de romperlo con los pies, pues era grande como una puerta.
Knoud abarcó de una sola mirada todas aquellas maravillas sin embargo de que no tenía ojos
bastantes para'contemplar á Juana, de pie delante de él. Encontróla hecha una seftorita, muy distinta de lo que había imaginado; pero infinita•
mente más hermosa. De fijo que enKjoegé no había otra que pudiese comparársele, pues -por _su
aspecto distinguido, casi era imponente. Juamta
pareció asombrarse de ver á Knoud; pero sólo un
momento, pues luego se precipitó hacia él; como
si hubiese querido besarle, y aunque no lo hizo,
poco le hitó.
Sí indudablemente tuvo una inmensa alegría
de v~Iver á ver á su compaftero de infancia. Pues
qué, ¿no se le llenaron los ojos de lágrimas? ¡Y
qué de preguntas no le dirigió! Quiso enterarse
de todo, y de todos pidió noticias: de los padres
de su amigo, de la comad'!'eSaucv y del compadre
Sauce, así designaban á los dos árboles en los
venturosos tiempos de su infancia, atribuyéndoles cualidades personales.
- «Después de todo, por qué no habían de tenerlas, preguntaba Juana, en unos tiempos en
que las adquirían hBsta las figuritas de mazapán,
según reza un cuento que en estos instantes me
viene á la memoria?
Juana se refería á los monigotes del mercader
de la feria, recordando perfectamente su amor
mudo durante el largo tiempo que permanecieron uno al lado del otro en la parada, hasta que
por fin uno de ellos se dividió en dos pedazos.
La joven sonri6 al recuerdo de esta historia; en
cambio á Knoud le subió la sangre á las mejilias
y redoblaron los latidos de su cnrazón.-«Loado
sea Dios, dijo para sus adentros:
después de todc no se ha vuelto or/
~'
gullosa.»
-Ella fué ademáE-y esto lo tuvo el
joven muy en cuenta -quien hizo
que sus padres le invitaran á pasar
con ellos el resto del día. Después
tomó un libro, y dió una lectura en
voz alta, y á Knoud se le antojó creer
que lo que leía se relacionaba con
su amor, de tal suerte los pensamientos del autor estaban identificados con los de su alma. Luego .
cantó una canción muy sencilla y
Knoud se figuró que los pocos versos que encerraba eran todo un
poema rebosando del corazón de la
doncella. De suerte que ella le amaba, no cabía duda. A este pensamiento no pudo contener dos lágrimRs que brillaron en sus ojos, pero
en cambio no acertaba á proferir
una palabra, y creyó haberse vuelto tonto, á pesar de que ella le estrechó la mano diciéndole:
- «Tú tienes buen corazón, querido Knoud: procura conservarlo
siempre.»
Aquella fué una velada sin igual,
Dió con la casa que andaba buscando, y tuvo y no había que pensar en dormir en toda la noque subir tantos escalones, que hasta temió tener che: en efecto, el enamorado mozo no pudo cevértigo, sobre todo al considerar, no sin horror, rrar los ojos, máxime recordando que al despela manera de vivir que tienen las gentes en aque- dirse el padre de Juanita le babia dicho:
-«Ahora ya sabes dónde está tu casa; suponlla horrible capital, hacinadas las unas sobre las
go que no nos olvidarás y qu~ no dejarás pasar
otras.
Todo en la habitación respiraba comodidad y todo el invierno sin volver á hacernos alguna vibienestar. El padre de Juana le recibió de buen sita.»
Estas palabras, á su modo de ver, le autoriza.
talante, y en cuanto á la nueva espoaa de éste,
aunque no conocía per;;on~lmente á Knoud, le ban para volver á casa de Juana el próximo dotendió la mano y le sirvió una buena taza de mingo, y aun cuando resolvió hacerlo así, todas
las noches después del trabajo (y esto que en el
café.
-¡Qué contenta se pondrá Juana de volver- taller se velaba) salía á dar un paseo, recorriente á ver! dijo el padre. Noto que te has hecho un do cada día la calle de Juanita. Así tenía ocasión
soberbio mocetón. A ella ya la verás. ¡Oh! Es una de contemplar las ventanas de su cuarto, casi
chica que ha venido al mundo para darme mu- siempre iluminadas. U n día ¡qué día aquel! divichas alegrías: muchas me ha dado ya; pero espe- só la sombra de la joven proyectada en la cortiro que con la ayuda de Dios aún me dará más. na. En vano á su patrona le sental-an muy mal
Aquí, junto al nuestro, tiene un cuarto para ella esas contínuas salidas, meneando la cabeza en
sola. Mira, Knoud, ella misma se paga el al- seftal de disgusto: el amo sonreía diciendo:
-«Considera que es joven y que hay que dar
quiler.

le olvidaba. Cuanto más se aproximaba el término de su aprendizaje, más persuadido estaba de
que se casaría con Juana. A esta ,idea dibujábase
una sonrisa en sus labios, y este pensamiento le
venia 11 las mientes en su trabajo, por lo que tiraba del hilo con doble rapidez, y aún le sucedió
alguna vez que, apoyándose con todas sus fuerzas en el tirapié, se clavó la lesna en un dedo,
sin hacer de ello caso alguno. De lo que Knoud
estaba bien seguro, era de que cuando llegara el
caso, no había de perderse por callar su amor, á
imitación de los dos ena:rnorados de mazapán;
cuya historia debía servirle de ejemplo y enseftanza.
Por fin pasó á oficial. Con el morral .1. la espalda, vedle ya en camino de Copenbague, en
cuya ciudad no ha estado nunca, y á. la cual va
colocado de antemano en casa de un maestro zapatero. ¡Qué alegre se pondrá. Juana al saberlo! ¡Qué sorpresa experimentará c..:ando le vea!
Juanita tenía diez y siete aftos y Knoud diez y
nueve.
El joven trataba de comprarle una sortiJa en
Kjoegé; pero después dereflexionarlomejor, tuvo
nor seguro que había de encontrarlas más hermosas en la capital. Despidióse de BUS padres y en
un Jluvioso día de otofio dejó su ciudad natal, haciendo el viaje á. pié. Caían las hojas de los árbOle~; y llegó á Copenbague bastante calado, dirigiéndose en seguida á casa de su patrono. Al
inmediato domingo dispúsose á visitar
al padre de
/
Juana, poniéndose su traje
nuevo y un
sombrero comprado en el
pueblo, que le
.
sentaba mu y
/ ./ /
bien. Hasta en,. / //
tonces Knoud
,
sólo había llevado
gorra!
,,;
/
/

Domingo 20 de Agosto de 1899.
á. la juventud lo que de la juventud es pro..
pío.»
- «El domingo --;-olveré!'í verla, pensabaKnoud
y le diré que reina en mi alma, Y que ha de se; .
mi esposa. Es cierto que yo no soy más que un,
mísero oficial zapatero; pero me pasaré á maestro, trabajaré, me sacrificaré, en una palabra,.
haré cuanto de mí dependa para llegará ser al-go. Fuera vacilaciones: el domingo me declaro, .
le hablo con entera franqueza. El amor mudo no
conduce á nada: desde ni:l!.o conozco la historia
de las figuritas de maza pan.
Llegó el domingo y Knoud cumplió su propósito, presentándose en casa de Juana; pero ¡oh,
desgracia! la encontró disponiéndose á salir,.
pues estaba invitada á una tertulia; y como Knoud
no se marchase, fué menester advertírselo. No .
obstante Juanita le dió un apretón de manos diciéndole:
-«¿No has ído todavía al teatro? Pues quiero .
que vayas una vez. El próximo miércoles yo
canto, y si estás desocupado te enviaré un billete. Mi padre ya sabe donde vive tu amo.»
¡Cu!'ínta amabilidad! pensó Knoud. El próximo,
miércoles al mediodía recibió en efecto un pliego cerrado, que contenía el billete que le había .
ofrecido Juana, sin ninguna carta acompaftatoria. Por la noche fué al te~tro por primera vez,
y vió á su amada en la p.sce11a. ¡Qué oella esta-- ·
bal ¡Qué graciosa! Bien es verdad que la casaban con un extranjero; así lo disponía el autcr ·
de la comedia; sin embargo ya comprendía
Knoud que aquello era una ficción, pues de otro,
modo Juana no habría tenido la crueldad de enviarle un billete para hacerle presenciar una
monstruosidad semejante. Todo el mundo aplaudía y aclamaba á la joven artista, y el mismo
Knoud se unía al general entusia3mo, gritando::
«Bravo! bravo! »
¡Aht Hasta el rey sonreía á Juana, demostrando el placer que experimentaba al oírla. ¡Qué pequel'l.o, qué insignificante se sintió Kcoud en
aquellos momentos!
·
-«Y sin embargo, se decía, yo la amo y ella .
me ama también: el amor lo iguala todo. En estos casos al hombre le toca decir la primera palabra; esto pensaba la se:l!.orita maza-pán, y su,
historia encierra más de una enseftanza.»
Al inmediato domingo hizo una nt¡eva visita A
sus paisanos, hall!'índose tan en extremo conmo•
vido, como en el día de la confirmación. Eacon-tró sola á Juana y le recibió: todo, pues, marchaba viento en popa.
- «Me alegro de tu visita, le dijo Juana: pensaba enviarte recado por mi padre; pero porotr&amp;•
parte tuve el presentimiento de que est1t tarde ibas á venir, y no lo hice. DeseabR participarte
que el próximo viernes salgo para Francia: de•
bo emprender este viaje si quiero hacer algo de·
provecho.»
Al pobre Knoud le pareció que el mundo sel•
venía encima; todos los objetos del cuarto empe•
zaron á bailar ante sus ojos: . sintióse el cor azón
próximo á estallar en mil pedazos, y ni una IAgrima acudió á sus ojos. No obstante la pesadum•
bre más intensa se reflejaba en su semblante.
-«Qué bueno eres!» dijo Juana. .
A esta cariliosa exclamación, Knoud desató sa
lengua y le dijo que la amaba y quería hacerla
su esposa.
Apenas acabó de pronunciar estas palabras,
observó que Juana se demudaba y palidecía,
dejaba caer sus brazos y respondía con voz gra·
ve y afügídB:
- «No te hagas desgraciado, Knoud, ni me ha-gas desgraciada á mi. Yo seI é siempre respecto
de tí como una buena hermana, en quien puedes
tener plena confianza; pero nitda más que una
hermana.»
Y paeando con dulzura su linda mano por la
ardorosa frente del mancebo, aftadió:
-- «Dios nos conserve la fuerza necesaria para
llevar á cabo las cosas más difíciles, siempre que
nosotros tengamos valor y voluntad.»
En estos momentos la madrastra de Juana en··
tró en el cuarto.
,
-«Knoud, dijo la joven, está fuera de sí á cau•
sa de mi viaje. Ea, amigo mío, sé hombre.&gt;
Y hablando así, le pasó cari:l!.osamente·1a ma·
no por la espalda para dar á entender que se ,ra•
taba del viaje y no de otra cosa.
-«Vaya, no seas nifto, continuó diciendo; ahora y siempre quiero verte bueno y razonable, como en los felices tiempos de nuestra infancls,.
cuar.do jugábamgs bajo el •sauce,»

Domingo 20 de Agosto de 1899.

A Knoud le parecía que el mundo se desquiciaba; sus agitados pensamientos podían compararse á un hilo suelto flotando en el aire al soplo del viento. Permanecía clavado en aquel sitio, sin saber que partido tomar, ni si le habían
dicho que se quedara; pero tanto Juana como su
madrastra er an amables y compasivas, y aquella le sirvió una taza de té y cantó. Su voz no
vibraba como otras veces, pero era incomparablemente arrobadora, y al escucharla, se iba dilatando el corazón del pobre mancebo.
Después se separaron y como Knoud se marchase sin tender la mano á Juana, ésta le dijo:
- «¿Y te irás sin dar la mano á tu hermana,
mi antiguo compaftero de infancia? ... »
Al decir estas palabras sonreía á través de las
I•grimas que se agolpaban á sus ojos y resbalaban por sus mejillas.
Todavía repitió alguna otra vez la palabra
hermano, ¡Bonito consuelo para Knoud!
Aaf se despidieron.

III
Desde que Juana se embarcó· para Francia,
Knoud iba vagando todos los días por las calles
de Copenhague; y sus compafteros de trabajo,
después de preguntarle inútilmente por la causa
de esos paseos sombríos que le sumían en las
mAs prof11ndas preocupaciones, le invitaron á tomar par te en sus placeres.
-c¡EH! le dijeron los jóvenes, á divertirse !&gt;
Un día les acompafló á la sala de baile, que estaba llena de hermosas mujeres. Ninguna, no
obstante, le pareció tan bella como Juana; y le
auc;dió precisamente que habiendo ido allí para
olvidarla, tuvo con más tenacidad que nunca fija su imágen en el pensamiento.
- cDioe nos da fuerza, había dicho ella, siempre que nosotros tengamos valor y voluntad. .,,
Al recordar esta frase tuvo lástima de Juana.
Sonó la orquesta y aquellas jóvenes bailaron
con alegría haciéndole estremecer de espanto.
Parecíale encontrarse en un sitio al cual no habría podido acompafiar á Juana, y no obstante
ella estaba allí, puesto que la llevaba en el corazón.
Salió del local y recorrió varias calles, pasando por delante de la casa en que ella había vivido: la noche era obscura y por todas partes reinaban la soledad y el silencio. El mundo seguía
•u ~ mino y Knoud el suyo.
Vmo el invierno, se helaron las aguas y la naturaleza trocó sus galas por los fúnebres arreos;
tero al renacer la primavera, cuando el primer
tiuque_ de vapor se hizo á la mar, Kooud se sinó estimulado por el deseo irresistible de hacer
un
F
vi~je largo, muy largo, hasta más allá de
rancia.
Preparó su saco y se marchó lejos, muy lejos;
~: av~sando toda la Alemania, de pueblo en pueU : sin hacer alto ni detenerse en punto alguno.
d: Jc~mente al entrar en la antigua y curiosa cjudu e Nuremberg, le pareció que volvía á ser
Nilo de sus pies, decidiévdose á quedarse allí.
lle e~remberg es una pobl;;ción singular que tieUn .ª~Pecto de una estampa desprendida de
? eJa crónica ilustrada. Sus calles serpetean
las~ chosamente: sus casas se separan de las fieadellando la línea recta: multitud de está•

ea;

EL MUNDO.

tuas sobresalen de las paredes sobrecargadas de
~aras y extrav:agantes esculturas; y desde los te•
Jados, á _cual más caprichosos, se prolongan en
el espacio hasta mitad de la calle gárgolas de todas formas, semejando perros, liebres, dragones
y monstruos.
Knoud con el saco á la espalda, hizo alto en la
plaza d?l Mercado, permaneciendo de pié junto á
una antigua fuente adornada de soberbias estátuas de brunce, figurando personajes bíblicos, por
entre los cuales surgen los chorros de agua. Una
linda criada de servicio llenaba el cántaro, y como Knoud, cansado del camino, sintiese una sed
abrasa~or~, ella le ofreció de beber, regalándo!e
al prop10 tiempo una rosa que extrajo de un ramo que llevaba. Esto le pareció á Knoud de
buen augurio.
Los vigorosos sonidos de un órgano proced.:ntes de una iglesia vecina recordáronle su país,
pues se parecían mucho á los que resonaban en
el templo de Kjoegé Penetró en el vasto santuario: los rayos del sol filtraban á través de las
pintadas vidrieras de los ventanales iluminando
caprichosamente las hileras de altas y esbeltas
columnas: la piedad embargó todos los pensamientos de Knoud, y la paz y el reposo penetraron en su eapíritu.
Buscó y encontró en Nurembergun buen maestro: se hospedó en su casa y así aprendía el idio•
ma aleman.
Los antiguos fosoc1 que circundan las fortificaciones
están divididos, trocados en huertas , pero
.
aun permanecen en pié las altas murallas flan•
queadas de macizos torreones, así comv los caminos cubiertos que actualmente utiliza el soguero
para la elaboración de sogas y cordeles. Espe·
sos grupos de sancos arraigados á las grietas de
los viejos muros, cobijan con su ramaje~las casitas adosadas á las fortificaciones, Pues bien, en
1ma de estas casitas vivía el maestro de K noud.
Precisamente el joven oficial trabajaba junto á.
una ventana sombreada por el ramaje de uno de
aquellos daucoe.
Knoud permaneció en .ia misma casa todo el
verano y hasta el invierno; pero volvió la primavera, floreció el sanco, embalsamand&lt;1 todo el
ambiente, y Knoud empezó á entristecerse y preocuparse pensando en otro sauco y sintiéndose
transportado al jardinito de Kjoegé, por cuyo
motivo despidióse del maestro y buscó nueva colocación en el interior de la ciudad, donde no
hubiera sancos que despertaran en su ánimo dor•
midos pensamientos.
El nuevo taller se hal~aba situado en las inmediaciones de un viejo puente, por debajo del cual
corrían con rapidez las aguas deun arroyo, que hacían dar vueltas con estrépito ála rueda de unmoli•
no. Las aguas pasaban tlncajonadas entre dos casas, que parecía que iban á sacudir sobre el arroyo sus destartalados frontispicios. Bien es verdad que por allí no había ningún sauco; pero precisamente delante del taller crecía un robusto y
viejo sauce cuyas raíces se agarraban á la casa
para vencer el ímpetu de la corriente, y cuya3
ramas se reflejaban en el agua de un modo parecido al sauce del jardín de Kjoegé.
En realidad el pobre Knoud había ido del compadre Sauco á la comadre Sauce; y las noches
en que brillaba la luna tenía este último un aspecto indefinible, que le lleg-aba al corazón llenándoselo de ternura y abatimiento. Ya no podía Knoud permanecer por más tiempo en Nuremberg, y si queréis saber por qué, preguntád•
selo al sauce, preguntádselo el sa.ico en flor.
Despidióse de su maestro y abandonó la ciudad,
sin que jamás hubiese hablado á nadie de Juanita, sepultando sus pesares en el fondo de su alma.
Varias veces le asaltaba el recuerdo de la historia de las dos figuritas de mazapán, y entonces
se daba cuenta de que el hombre tuviese una almendra por corazón: también e! suyo era todo amargura. En cambio J uanita tan dulce, tan
amable, tan afectuosa, ¿no estaba acaso formada
de azúcar y miel como la señorita de aquella historia tan sencilla y tao ingénua?
Su imaginación no podía desprenderse de esos
recuerdos que le oprimían y apenas le dejaban
respirar. Creyendo que esto dependía de las correas del saco que llevaba á la espalda, se las
aflojó, pero sin resultado. Para Knoud había dos
distintos muncos, el exterior que le rodeaba y el
que llevaba en el fondo de su espíritu, mundo de
recuerdos y de sentimientos en el cual vivía con
preferencia al otro, que le era poco menos que
indiferente. Tan solo al divisar las altas ,mont,a-

119

ftss pudo su espíritu desechar las sombrías ideas
y fijarse en los objetos exteriores. Ante tan imponente espe~táculo, los ojos se le llenaron de lágrimas.
Aparecféronsele los Alpes como las alas plegadas de la tierra. «¿Qué sucedería, decíase, si d'erepente desplegase y extendiese esas alas inmensas con sus bosquee sombríos, con sus torrentes
y masas de nieve? Sin duda la tierra el día del
supremo juicio se elevará al ir., finitc, y como una
pompa de jabón á la luz del sol, estallará dispersando los millones de Atemos que la componen,
al resplandor de los rayos de la Divinidad. ¡Oh!
¿Por qué no han de sonar en estos momen tos l •s
trompetas del juicio final?» exclamaba K noud
exhala!'ldo un profundo suspiro.
Y atravesó aquél país, que iba tomando á
aus &lt;'jos el aspecto de un verdadero paraíso: las
muchachas que batían el cá:l!.amo, le saludaban
con un airoso movimiento de cabeza desde los
balcones de las queseras, y á este halagüe:l!.o saludo respondía Knoud cortésmente, sin aftadir una
sola palabra alegre, como suelen hacer en tales
casos todos los jóvenes de su edad.
Cuando á través del follaje descubrió los vastos lagüs de verdosas Bguas, víoole ála imaginación el recuerdo del mar que bafta la s playas en
que había nacido y la profunda bahía de Kjoegé.
Pero esta vez y a no sentía dolor alguno, sino
profunda melancolía que le embargaba el alma.
Vió al Rhin precipitarse todo entero desde lo
alto de una roca, raegándose en millones de gotas que forman una masa blanca y vaporosa á
través de la c~al se descompone y toma todos los
colores del iris. Este imponente espectáculo le
trajo á la memoria la espumeante y rumorosa
. cascada del arroyo de Kjoegé, al precipitare sobre la rueda del molino. Por todas partes le acosaba el recuerdo del lug.llr de su nacimiento y de
su venturosa infancia.
De buen grado se hubiera establecido en una
de las tranquilas ciudades que se levantan á orillas del Rhín, pero el país estaba cubierto de sancos y sauces. Continuó marchando, atravesó las
~Itas montaftas siguiendo los senderos que se deshzan por entre rocas cortadas á pico, divisó las
nubes flotando á sus piés y escuchó el estrépito
de los torrentes que corren por el fondo de los
valles, á una profundidad prodigiosa, sin experimentar pavor ni asombro.
Desde las nevad11s cumbres en que florece la
rosa de los Al pes se dirigfa al país del sol: dió ua
adios á las camarcas del Norte y llegó por fin á
los bosques de casta:l!.os, á los viñedos á los maizales. Una cordillera de escarpadas montaftas le
separaba ya del lugar en que había ·dejado ya
tan tristes recuerdos.
- «¡Por fin! se dijo; ya era hora de que así su•
ce&lt;.liera.»

IV
Había llegado á la vista de una populosa y
magnífica ciudad; las gentes del país le daban el
nombre de Miliin. Encontró en ella un maestro
alemán y que le proporcionó trabajo. Era un viejo y guapo sujeto y su cónyuge una mujer buena
y muy piadosa. Ambos se prendaron en seguida
del oficial ext:anjero que hablaba poco, trabajaba mucho y vivía honesta y cristianamente,
Parecíale á Knoud que Dios por fin se había
digna~o librarle del ~n~rme peso que Je oprimía.
Su meJor placer cons1stia en subir á los terrados
de la Catedral, cuyos mármoles eran blancos como la nieva de su país, y correr á través ~ las
agudas torrecillas, de las agujas y de los arcos·
pero en cada recodo, en cada ojiva descubrí~
blancas estatuas mirándole y sonriéndole. Extendíase sobre su cabeza la azulada bóveda Jel
cielo, á sus piés la ciudad, en torno de ésta la inme~s~ llanura ~e la verde Lombardía y al fondo,
en ultimo térmmo, altas y soberbias monta:1!.as.
Pe_1;1saba á veces ~n la iglesia de Kjoegé, en sus
roJizo~ muros tap1z~dos. de yedra; pero ¡qué diferencia entre esta iglesia y la Catedral milanesa!
Knoud no deseaba ciertamente volverla á ver
antes bien se hizo el propósito de dejar los bue'.
sos s.llí, detrá.s de las monta:l!.as.
Llevaba. ya un afio de residencia en Milán y
hacía tres que había abandonado su país. Un
su maestro 1
distraerle, le llevó no al Circo
á ver los eJermcios ecuestres, sino al gran teatro
de la Scala, es decir, á la ópera. La sala valía la
pena de ser visitada. Sus siete galerías de palcos
adornados con ricos cortinajes de seda, desde la

Pª:~

día

�Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.
primera á la última, y en toda su extensión estaban atestadas de elegantes damas, compuestas y
prendidas como para ir á un baile, y ostentando
hermosos r amos de flores. Los caballeros vestían
asimismo su traje de etiqueta, y algunos llevaban uniformes recamados de oro y plata. El vasto recinto estaba iluminado como en pleno día, y
llenaban el espacio los brillantes acordes de una
nutrida orquesta. Aunque este templo del arte
era infinitamente más bello que el teatro de Copenhague, ta mbien allí debía renacer poderosamente en el ánimo del pobre Knoud el recuerdo
de Juanita.
Como por arte de encantamiento, apenas se levantó el telón, apareció Juana cubierta de joyas, de bl 0ndas y seda y ceflida su frente con
una diadema de oro. Cantó como sólo los ángeles del ciP,l o pueden hacerlo, y adelantándose hacia el proscenio, Knoud vió brillar en su., labios
una encantadora sonrisa, como sólo podía brillar
en los labios de Juana. Sus miradas se dirigían
al joven, y el pobre mozo cogieudo las manos de
su amo, exclamó en voz alta: «¡Juana!»
Sólo el anciano pudo oírle, pues los acordes de
la orquesta ahogaron su acento. Y el 11mo de
Knoud, haciendo con la cabeza un movi miento
afirmativo, dijo. «En efec o, sí, se llama Juana. »
Y al mismo tiempo sacando del bolsillo un programa impreso, le ensefió este nombre puesto en
letras muy grandes que cogía por .;u ancho el
papel de parte á. parte.
No, aquello no era un suefio: el oúblic0 transportado de entusiasmo, inundaba el palco escé nico de flores y coronas, y cada vez que Juana
dejaba la escena, era llamada, dos. tres y cuatro
veces, recibiendo los fren éticos aplausos del auditorio.
Termi nada la función un grupo numeroso rodeó el carruaje de la diva; la multitud desenganchó los caballos y so dispuso á. arrastrllrla llevándola en triunfo. Knoud estaba en primera fila, ébrio de contento y más entusiasmado, 8i cabe, que el resto de la muchedumbre congregada
á las puertas del teatro. El carruaje se paró enfrente de una casa espléndidamente iluminada,
en la cual Juana se hospedaba. Cuando ésta bajó del coche, Knoud estaba pegado en la portezuela. La luz caía de lleno sobre el agraciado
rostro de la joven, quien sonreía dando las gracias á todos con una amabilidad sólo comparable á la profunda emoción que experimentaba.
Knoud la miró en los ojos, y ella le míró también
pero sin reconocerle. Un caballero que llevaba
en el pecho una deslumbradora condecoración
cuajada de diamantes, le ofreció el brazc .
- «Es su novio .... se vaá casar con ella, » decía la muchedumbre.
Knoud volvió á su casa y preparó en seguida
su s11co de viaje: le era forzoso regresar á su
país, irá ver los lugares de su infancia, contemplar de nuevo el sanco y el sauce. ¡Ah! Bajo el
sauce basta una hora para que un hombre pueda
hacer concienz udo exámen de su vida entera.
En vano las buenas gentes que le habían acogido en su casa, le rogaron que se quedara; en
vano le hicieron notar que iba á. v enir el invierno, que las montafl.as se cubrirían de nieve, que
los caminos estarían intransitables.
- «Es necesario, respondió Knoud, que los carruaje¡¡ se abran paso de un modo ú otro, y yo
no haré más que seguir el surco que dejen en el
camino.»

Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

121

V

Tomó el saco y el bastón y se marchó, camino d~ los montes: subió y bajó, y sus fuerzas iban decayendo, sm ver casa
ni poblado. Se encaminaba al Norte; llls trémulas estrellas
brillaban á. su alrededor, sus piernas vacilaban, su cabeza se
desvanecía. En el fondo del vall~ veía parpadear nuevlls estrellas, como si se encontrase suspendido en la inmensidad, con
un cielo arriba y otro cielo abajo.
Sentíase enfermo: las es~rellas de abajo iban en aumento, creciendo en numero y en intensidad y moviéndose de un
lado á otro: eran las luces de una aldea; y en cuanto se hizo cargo de ello,
reunió todas sus fuerzas y llegó á una
vemana pobre y desmantelada.
Pasó en ella toda la noche y el día siguiente, pues sentía necesidad de reposo
y de cuidados. En tanto vino el deshielo y llovía á mares. A la mañana siguiente llegó á la venta un mendigo en
compafl.ía de una anciana, y tocó un can·
to que se parecía tanto á. una melodía
danesa, que á Knoud ya no le fué posible
permanecer un momento más en su hosped11je. Púsose en marcha nuevamente,
siempre hácia el Norte, anduvo días enteros, sin descansar, lleno de excitación
y con p11so precipitado, como si temiese
que al llegará su país debiese encontrarse con que todos hubieran muerto.
A nadie contaba el motivo desu viaje,
aunque era fácil leerlo en sn semblante
que reflejaba el pesar más vivo que puede sufrir un hombre. Estos dolores no
suelen interesará na die, ni á los amigos, y Knoud debemos el haber alcanzado nuestro pr opósito J
por otra parten.: los tenía, pobre extranjero que estar á punto de cas1Jrnos. »
Esto decían y atravesaban las calles de Kjoe,
atravesaba países d esconocidos, siempre en digé, cogidus de lila manos, present'lndo un aspeo,
rección al Norte.
Al caer de una tarde, andaba por la carretera, to decente á. lo sumo, y sin que por su reveno
el viento era glacial, el terreno llano y cubierto diesen nada que decir. Dirigíanse á. la iglesia, 1
de campos y prados. A orillas del camino se le- Knoud y Juana les seguían cogidos así mismo
vantaba un robusto sauce. Todo le recordaba á de la mano. La iglesia tenía el aspecto de siemKnoud su país natal. Sentóse bajo el á.rbol, ren- pre con sus paredes tapizadas de verde yedra.
dido de fatiga, dobló la frer.te y el suel'i.o entor- Abríanse de par en p ar las dos hojas de la puerta; resonaban los sonidos del órgano y los cuanó sus párpados
Esto no obstante, vió al á.rbol extender y bajar tro penetraban en la espaciosa nave,
sus ramas, formar un pabellón, convertirse en
- «Los amos delante,» decían los novios de
una especie de vigoroso anciano, tomar la forma mazapán, abriendo plaza á. Knoud y J uana que
del compad1·e Sanee de Kjoegé, levantarle entre se arrodillaban al pié del altar. Juana inclinaba
sus brazos y translad11rle, viendo su~ fuerzas ago- la cabeza apoyándola en el rostro de K noud, 6
tadas, A su querida patrh', á las monótonas y uni- i nundándol11, con sus frías lágrimas. Era q ue el
formes playas de su pueblo. Sí, era el mismísimo hielo de su corazón íba derritiéndose al calor del
compadre Sauce que había recorrido el mundo amor ardiente de su novio.
en busc!l de su querido Knoud, y que al enconEn esto despertó y se encontró sentado bajo el
trarle le transladaba carifl.osamente al jardín de enorme sauce, solo, en un país extranjér o, en m•
su casa, junto al arroyo, en donde Juana le es- dio de una rigurosa noche de invierno. Caiagraperaba. con todo su explendor, cefiida la frente nizo y le azot~ ba el rostro.
con una diadema de oro, tal como la había visto
- «Estos, dijo, h~n sido los mejores momentol
la última vez, la cual corría á su encuentro y de mi existencia. ¡Dios mío, dejadme sofl.ar ata
desde lejos le gritaba:
un poquito más!»
- «Bien venido seas.»
Y volvió á. cerrar los párpados, se durmió 1
Veh además delante de él dos figuras, á. quie- volvió á. soflar.
nes conocía desde su infancia; pero tenían entonA la madrugada empezó á nevar, el vienw
ces una forma más humana que antes; habían arremolinaba los fríos copos alrededor de Knoud
cambia do mucho, ganando en el cambio. Eran que seguía durmiendo.
los monigotes de mazapán, el hombre y la mujer
Más tarde pasaron por ahí las gentP,B delaa oaque le miraban con regocijo.
baiias circunvecinas yendo á la iglesia, y vieroa
- «Gracias, mil gracias, le decían, nos has he- e1 cuerpo de un hombre tendido al borde de Ja
cho un favor inmenso: has desatado nuestras len- e arretera. Era un joven oficial zapatero.
guas, enseiiándonos á no callar los sentimientos
Knoud había muerto de frío bajo el sauce.
del alma, pues el silencio no conduce á. nada; te
ANDERSEN,

/

J,,.;,,.,,,,,=-=----- ---------------------r-...,._t

como si el dios pretendiera satisfacer en la débil Si-,
ringa de caña, todos los deseos inspirados por la Siringa de carne, hecha de lirios y claveles. Bajo sus
labios, y seg1\n et deseo del momento, la flauta cantaba, sollozaba, ó reía, pero siempre dulce ó melodiosa. Y_la natural~za entera e~cuchaba sin comprender,
extasiándose ó riendo: dejatían de past,ar los rebaños;
las fuentes paraban su curso, tratando. luego de remedar, en su murmullo f. esco y delicioso, la canción
de la flauta; y en los viliedos, ent.re lus pámpanos,
los racimos repicaban alegres como resonantel&gt; '.'.:ampanillas de oro.
. Pero nosotros, los sátiros, penetrábamos el mister~o doloro~o y cruel de la música nueva; con todaclar1dad leíamos en el porvenir el destino de la flauta y
sabíatno!i todo lo que encerraba de desventura y dolor para mu..:hos hombres Abandonada de Pan, la
~a.uta habí~ de recobrar, con el Liempo, su primitiva
figura de vi rgen montañesa; y este milagro se realizó cuando la gran catástrofe anunciadora del advenimiento de Jesús, el dios nuero, cuya ley domina el
mundo.
Entonces, precisamente, fué cuando los semidioses, fa~nos y _sátiros, nos dispersamo.; por la tierra,
Y el mis_mo d10s capr~pede hu yó despl!,vorido, olvidando, al pié de una encina, la •flauta prodioiosa. Si algunos sátiros, proscritos de los perfuma"'dos bosques
helenos, ban sucumbido á la nostalgia, la mayor parte perduran, más ó menos conformes coa sus actuales condiciones de vida. Por ahí existen muchos disfrazados de poetas, dh,. raza.dos de labradores, disfrazados de políticos, y no l 1lta uno que otro sátiro académ ico. Pero nadie sab.:: hoy de Pan: tal vez en el
rondo de una gruta espera que se acabe el imperio
d_e la fealdad y la tristeza, ) vuelva á reinar, sobre
tierras y mares, en ciudades v vlllorrios la vieja y
'
sana alegría del paganismo. ·
Ea el momentu de }a gran catástrofe, Pan dormía
á la sombra, descuidado y fel!z, soiiando en fugas de
radiantes desnudeces de ~infas al través del follaje
traspasado de saetas lummosas. Un clamor inmenso
l? despertó, y sus ojos, dilatados de terror, presenciaron un espectáculo fatídico: en medio de un estrépito colosal se desgajaban los bosques; las montañas,
vac!lando s?bre sus cimientos, parecían bailar como
etm~s; la tierra era toda convutsiones, como un epiléptico; una gran tiniebla en volvía las cosas y en el
seno de la gran tiniebla caían :odando los s¿les CJmo
lágrimas de diamante.
Pan, sobrecogido de pavura, huyó dejando olvidadas las coronas de jacintos, la bermeja piel de lince
y la flauta de sones mágicos.
Más t~rde, y_a en reposo la tierra, apagado el estrépito, mmóv1les las montail.as, desvanecida la sombra, se realizó el mi.agro previsto. Siringa, la virgen
agreste, libre d.: los dedos y labios de Pan volvió de
su lar_go sue~o harmonioso, bella como antes. Poseía
los mismos OJOS verdes y turbadores, las mismas rosas de las mejillas, los mismos labios dulces y purpúrt!OS, la misma garganta como un torrente fresco. y
los mismos senos como botones de magnolia, firmes
Y bi~ncos. Pero su alma no era la misma, y en eso
consistía la venganza de Pan. Este había transformado aquella alma, recia como troncu de encina
fuerte como el bronce, inexpugnabie como una for:
taleza1 en alma de caiia endeble ó de rosales huecos, dispuesta á vibrar á cada Instante. Lleno de ira

Pues bi~n, en esa época feliz, cuyas memnrias guar·
do como s1 fuesen oro acendrado, era Pan el Dios omnipotente de la camp1ña. Todos los seres y las cosas
le re~df'\n homenaje: los pastores le sacrificaban los
ca!m~os más tiernos; para él criaba el campo azafrán
Y Jacrntos; para él danzaban las ninfas en los claros
del bosque¡ los manantiales le decían en su Jeno-ua
pura y cristalina, los secretos de la ti~rra; y los á;boles mismos, á fin de proteger el sueño clel· Dios, á la
hora del bochorno, entrelazaban sus ramajes, baciendo mayores la sombra y la frescura. De Pan, soberanamente dichoso, fluía, derramándose por la tierra,
el contento del vivir. El vino era alegre, y el amor
no turbaba los corazones, como eso que llamau amor
los h~mbres actuales. Pero un día se i nterrumpió la
plac1ae~ augusta de Pan, y germinaron las tristezas.
U:□a h1Ja del hombre se atrevió contra el poder del
d10s cap•fpede. Se llamaba Siringa y era virgen montaraz y g uardadora de cabras. De virtud áspera y
fuerte co~o t ronco de encina, su virginidad se conservaba sm mengua como la vi rginidad del mármol
no acariciado ni por loi. besos de la luz en las entrañas del monte. Los ocios del pastoreo Siringa los llenaba_ cantando con_ vo~ blanda y melodiosa, ingenuas
canc10nes. Y fué s1gmendo el sonido de su voz como
Yo meditaba, apoyado en el tronco de un árbol. Pan llegó á ver, sin ser visto, oculto enlasombradel
boscaje, el esplendor de su belleza. Entre zaoalas y
)!! amigo, acostado en la hierba, de codos en el suelo, la cara entre 1as manos, me veía de cuando en boyeros nadie recordaba hermosura comparabie á su
cuando con ojos cada vez más escrutadores. A pesar hermosura: eran sus ojos como agua de la mar, turmfo, sus OJOS me penetraban como puñales. Y cada badores y verdes; sus mejillas como rüsas de Jonia·
vez, después de observarme por alj!'ún t iempo, y como sus lab!os rojos y dulces, como vino de Chipre y can'.
si quisiera libertarse de una obsesión, tendía su mira- to de cigarra::,; su garganta, como un torrente frese'&gt;
da, ya por el lago azul, dormido al pie de la Roca Bo- y harmonioso; y cada seno, entreabierta magnolia
rromea, ya por las viñas cercanas, entre cuyos pám- henchida de rocío.
Pan amó á Siringa, pero ésta desdeiió sn amor dipanos, aún verdes, los racimos, próximos á la madu •
rez perrecta, empezaban á reír al sol con risas de oro vino y rechazó con repugnancia el abrazo de sus miembros velludos. ~es d~sdenes incendiaron el pecho del
y púrpura.
lJe pronto mi amigo empezó á hablar, y parecía Dios, y con rabia, tristezas y dolores corrompieron la
fuente de lo antigua alegría,
como s1 sus palabras vinieran de muy lej0s:
El furor de Pan, desdef!ado por la primera vez, no
-Sé en lo que estás pensando. Piensas en lo mismo que hace días te trae meditabundo y caviloso; tuvo límites, Juró no dd.rse punto de reposo hasta
piensas en la Marzuchelli, esa italiana, reciente ami- ver prisionera de sus brazos á la pastora temeraria·1 y
ga nuestra, cuyo cuerpo es flnr de gracia y perfume la persiguió por valles y oteros, como autes á las ni nlo~f~bles. Pero no es la belleza de su cuerpo sino la fas por la espesura de las frondas. Lleno de furia y
entregado por completo á perseguir á la humilde
mus1ca de su voz lo que ha turbado tus sentidos.
Es inútil negarlo: á mi experiencia no se oculta un g~ardadora de cabras, Pan ol vldó los placeres de la
solo repliegue de t u alma. Y, si no deseas caer vícti- vida: en vano los campos le ofrec'eron jllcintos y azama de un maleficio, escucha mis consejos. En tus frán, en vano los pastores le sacrificaron los cabritos
oídos canta continuamente esa voz dulce y tentado- más tiernos y lo invocaron las ninfas, tristes é inra. Parte, huye, ó el encanto de esa voz pasará á tus consolables, á orillas de las fuentes. Pan no echaba
venas y emponzoílará tu sangre como un tósigo. ¡Ahl menos la belleza al el amor de las ninfas; antes reba_stante conozco esa voz de seducción y perfidia. Yo cordaba con náusea y hastío sus formas blancas, terasistí á sus primeros balbuceos tímidos en la caiia so- sas, lustradas en la onda de los arroyos Impolutos.
nora de un instrumento rústico. Los labios de un dios Sus deseos iban todos, como tropel ce leones hamlB despertaron y esparcieron por bosques y praderas, brientos y bravíos, detrás de los pies de Siringa, meY rué, al nacer, paz y alegria de pasLores y rebaños. nudos y ligeros como pétalos con alas. Pero por más
Inofensiva y pura, al resonar en las praderas y en los dei,enfrenados que corrieran, los deseos del Dios no
bosques, pasa_ba como una bendición por sobre los se- llegaron ni aun á rozar la piel de la hermosa fugitiva.
res Y las cosas; y nadie la hubiera creído destinada á Detrás de los árboles, detrás de las rocas, Pan espió
..
ser la ejecutora implacable de una venganza tremen- los movimientos de la virgen zagala, esperando la
da. Hoy, al resonar, suspende su hechizo como una ocasión oportuna para caer sobre ella; y cuántas ve~"' ..... '
espada de fuego sobre la cabeza de los hombres. Y ces intentó sorprenderá Siringa, otras tantas, ágil
l'~ 1.I
como yo sé el secre~o de su origen y el misterio de su y despierta, Siringa se le escapó de entre las manos,
.
conversión, por eso temblé por tf al reconocerla días como una sombra.
,.,,.;J
atrás en la voz de Teresa Marzuchelll. 1. No recuerdas
l:iin duda la virtud, como una coraza inquebrantacómo se estremeció todo mi cuerpo al oírla cantar, en ble, defendía á la pastora esqui va y zaharef!a. Y el
"r ◄
el ambiente perfumado del jardín, impetuosa y vi- buen dios Pan, fatigado de una persecución larga y
brante como alondra sedienta de luz? En mi memo- difícil, desbordante de cólera ante aquella virtud In¡' _,.~I
ria~ alzaron-inacabable teoría de figuras resplan- capaz de ceder á r uegos, llsonjas ni vio!encias, implod~c1entes-los recuerdos de una edad maravillosa y ró el auxilio de Júpiter, á !In de vengarse de Sirinle¡aaa. Entonces era yo uno de aquellos sátiros, di- ga y de la raza de Siringa.
vinos habitadores de la selva, más tarde fugitivos
Aún perseguida de Pan, Siringa se convirtió, por
por ciudades y montes, cuando el advenimiento del mandato de los dioses, en bosquPcillo de caf!as flexidios nuevo, an te cuyos altares te arrodillas. 1. No lo bles y verdes. Sonriendo con sarcástica sonrisa, Pan
crees? Bajo mis apariencias de juventud paplta un se llegó á las callas, las cortó, y con desiguales cañualma_casi tan vieja como el mundo, y dentro de mi tos, puestos en orden, uno á otro ligado, construyó
feo disfraz de hombre del siglo, se aburre un pobre su flauta famosa.
llátlro medio muerto de pesadumbres y nostalgia.
Pero si muchos conocen la historia de esa flauta,
¡,Rfes? ¿Acaso no has visto cómo enarco las cejas sólo unos cuantos conocemos el mal de ella prove- contra aquella virtud orgullosa que siempre recbazó
abr_azo de sus miembros nervudos y el hPso ne sus
cu_ando una emoción brusca rompe la monotonía de niente. Cuando los labios del dios le arrancaron un labios
sensuales, Pan convirtió esa virturl, pri~ioneIllJS hcras, ni te has burlado muchas veces de mi pie
torrente de música, la naturaleza toda vibró alborode su flauta, en música, sonido, rumor viLno.
Izquierdo, contrahet:ho y deforme?
zada ante el prodigio, y no vió en la venganza de Pan ra Poco
después de tomar su primitiva fionra Rlrfn.En la manera como enarco las cejas, conservo el sino algo así como una venganza de artista, bella y ga estaba
condenada á ser totfn de un so~fad¿ de RorecuerJo más fiel de mi antigua máscara sardónica, y generosa. Pan llevó por todas partes el hechizo e:x:~¡ r:r deforme es el residuo viviente de mis prlmitl- trahumano de la música nueva, y tan furiosamente ma. Luego, de brazo en brazo v de caricia Pn caricia
habh de ir, voluntariosa y fácil, caprichuda y Ji via:
~ ,1fias de cabra.
apretaba la flaut&amp; con labios y dedos, que parecía na,
sembrando por donde quiera, una simiecte mal-

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�Domingo 20 de Agosto de 1899

EL MUNDO,

122

dita. Y de la simiente, sembrada con profusión, viene toda esa casta de mujeres de voz blanda como el
terciopelo, suave como plumón de cisne, dulce y melodiosa como són de flauta, y de virtud quebradiza
como el cristal muy tenue. 800 criaturas bechas de
fragilidad y harmonía, ce gracia y de pecado. y, semejantes á las cañas frágiles y á los rosales hueros,
al menor soplo ceden, cantan y se rompen Guardan
un eco para todas las voces, contestan á todo reclamo
y, ejecutoras de una venganza cruel é injuRta, esparcen c:m la música de su voz un filtro ponzoiiobo. 1Ay 1
de aquel á q ulen balague y turbe eRa ,·oz hecnicera!
víctima dócil del encanto, verá un ola 1,u destino encadenado para siempre al debtino voluble y perverso
de una hija de Siringa; envuelta en una red inextricable de maldad, irá tropezando de trakión en traición, de asecbanza en asecbanza, hasta dar en el crimen ó la muerte. Y ninguna de las voces de mujer
que he oído hasta hoy recuerda tan bien las suavida-

des de seda, las frescuras de arroyo, las finezas de
cristal y fas dulcedumbres de miel de l.i. voz de Siringa, como la voz de Teresa Marzuchelll. Por eso este
viejo sátiro, amigo tuyo, te aconseja que partas; de
lo ce,ntiarlo, el maleficio de esa voz penetrará en tuii
venas y quemará tu sang re, como un tósigo.
Unas veces mudo de admiración, sospechando otras
veces una falaz jugarreta del sabroso vino italiano,
oía yo sin decir palabra la historia narrada por mi
amigo.
- No dudo-me atreví por últ,imo á responder-no
dudo de la verdad de tu blstoria, delicada y sutil C0·
mo rayo de luz, ni de tu origen y alcurnia celestes;
pero he conocido y conozco mujeres de voz áspera Y
ruin, como la voz de las campanas rotas, y de virtud
vana y deleznable como el vidrio. Abí está ....
- ¡.Ah! sí-me interrumpió mi amigo el sáti?o, considerándome á la vez con cierto aire amblgi;o, entre
enojado y menospreciador-esas de voz cascada y de

virtud efímera deben de provenir de algún calluto
roto de la flauta de Pan, caída en el lecho de piedras
ó guijarros mientras el Dios trepaba, como solí.¡, alguna cuesta penosa.
De improviso, muy cerca de nosotros, resonó tur.
bando el silencio y la calma del mediodía, la voz de
Teresa Marzuchelll. Como de un solo resorte movl.
&lt;los, el sátiro y yo nos pusimos en ple y nos apresura.
mos á ir al encuentro de la italiana encantadora. En
el mismo instante la brisa, hasta entonces quieta, 80•
pió como obedeciendo á un conjuro; agitó, al ple de
la Roca Borromea, la superficie dellago, como un sueño de amor agita el seno de una virgen dormida; aca.
rieló nuestras frentes mojadas de sudor; besó nuestros labios húmedos de vino, y penetró en la ,iña cercana, murmurando no sé qué discursos burlones. y
entre los pámpanos verdes, los racimos danzaban y
reían al sol con risas de oro y púrpura.
RUFINO BLANCO FOMRONA,

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO

1.23

sar las tijeras por la hendidura, después de las
tijeras mtrodujo un guijarro como el puilo y luego
una piedra. Así, poco á poco, fué abriendo el árbol
basta que pudo pasar su hijo. El niño se había dormido diciéndole mil monerías á la luna.
Lannefranque se descubrió piadosamente, tomó á
80 bljo en brazos, y pronunciando una oración, ¡0 introdujo en la h~ndldura de la encina. Como apenas cabía, despertó el m'.1cbacho con el frotamiento, pero
00 1:oró; miró á su padre con cierta sorpresa y reanudó su conversación con la luna.
Lannefranq ue estaba emocionado.
-¡Anda, chiqulllo! dijo cuando el cuerpo de Mauricio pasó por la hendidura; ya verás como sanas.
y lo acostó de nuevo, á fin de cuidar sin tardanza
la herida del árbol. Con lodo del pantano vecino cubrió las fibras desgarradas, y ató el tronco. Tembláensaya?cs, cantan el himno de victoria de la natubanl~ las manos al ha~r esta dellcad" operación; en
raleza mmortal.
108 o;os tenía la expresión de la plegaria muda .q ue
Meses ban transcurrido y el caballPro no ha dejaJlrlgía á la tierra en demanda de jugos fecundos para
J'EAN RAMEAU.
do un solo día l_a caballa encantada. Un viejo monje
las rafees del árbol mutilado, y al cielo cuya luz dede luenga y mvea barba, el mismo que casó á Mabla alimentar las hojas, á fin de que la muerte no hitllde con Maleck Adel, el mismo que casó á Julleta.
riese .ni á la encina desgajada ni al ni ño raquítico.
con Ro!Deo, el mismo que no tiene más oficio que
-Sanarás, decía. Y estas palabras se dirigían al
bendecir los amores de romance, bendijo la unión de
4rbol y al chicuelo.
es, os dos ámantes venturososAl acabar, Lannefranque sintió un ruido extrallo
Menguando va ya la dulce luna, á modo de torta
que salía del prado.
-Me bao visto, tal vez. Alguie'l anda por ahí
Fuerza es que en los cuentos los reyes y prfncipes servida á nliios g?losos. La rústica nii'la no es tan
Exploró las tinieblas, pero nada vió. Entonce~ co- cazadores se extravfen en el bosque, y tuerza es que lerda que no advierta el fastidio atroz que de su hergió en brazos á su hijo que dormía y se alejó rápid,- llegada la noche una lucecita que á lo lejos pestafiea moso cazador se apodera. Varias vt:ces ha sorprendido e~ su antes ardiente boca el bostezo vil de hartura
mente, temeroso bas1 a del ruido que hacían sus pa- les gufe á la pobre cabañ:i, en donde una doncella matnmonial.
sos en los matorrales.
hermosa Y cuanto hermosa ingem1a, aguarda el lan.
. -¿Qué tiene mi amado, qué anhela mi sei'lor? le
El nlllo ~ejoraba y la enci na no languideció. To- ce para Irse á la grupn. del caballero á ser soberana dice
con acento de terníslma queja.
dos los dommgos el padre de Mauricio visitaba la en- de un gran pueblo ó sellora de un opulento ducado.
-Y
él, sin devorar á besos su cuello di vino; sin micina y cubría de estiércol sus clcatriceb amontonaba
rar siquiera aquel:os sus ojos adoratierra vegetal junto al tronco y matab~ las hormigas
bl~s, que parecían dos cielos que suque Pubfan por la corteza para que prosperase, para
plJCan, pensativo y suspirando le resque viviese mucho tiempo el árbol querido cuya
ponde:
'
suerte estaba unida á la de! nifio.
En Ago,to Mauricio se indispuso. Lannefranque
_-;, Ves aquel monte azul que á lo
Inquieto, fué á ver á la iincina y encontn~ T()Zadura~
leJos se empina? Quiero ir allá. El veren el tronco. El corazón del padre se sintió oprimido.
de perpetuo de esta mon Laíia me bas¿Quién ha hecho esto y con qué fin, se preguntó
tí~. . A'} uélla P.S azul; ¡qué bien se debe
Lannefranq ue.
v1 v1r en un monte azull
Tuvo presentimientos dolorosos. ¡Si moría la enciy ella, con melanc6Jica dulzura
nal.. Pasaron dos días, Mauric10 no mejoraba y
desflorando con las palabras los labio~
Lai:nerranque t'ué otra vez al bosque. Encontró una
del ingrato, le decía:
nueva Incisión en el tronco del arbol: se puRo pálido
- Verde t!S la esperanza, nliio inconY recordó el ruido que había oído la noche de la opeforme. La ilusión es azul, como hija
ración.
de es~ bella impostura que llama.
-Alguien me ha visto seguramente, pensó; alguien
mos cielo. Aq'.lí eres dichoso aqní está
que me odia y que quiere la muerte de mi hijo. ¡Mila dulce realidad. ¿Por qué 'perseguir
serable!. ..... Volvió á su casa, se echó al hombro
la pérfida mentira?
su fusil y se ocultó detrás de 1m bordo, á diez pasos
Pero nada, á la mai'iana siguiente el
de la encina. Permaneció toda la noche en aquel sicaballero se encaminó hacia el monte
tio, cuyo silencio solo turbaba el canto monótono de
azul, que estaba !ejes, muy lejos de la
las ranas.
montaña verde en que dejaba á su
~o ob,¡tante la nocbe siguiente, volvió á su espío•
amor llorando su desvío.
:aJe. A poco de estar allí en acecho, con el fusil so.
C~minando, caminando, al fin llegó
re las piernas, oyó un mido entre la maleza. Puso
al pie de la montafia color de cielo.
~tenclón; era un ruido ligero, regular, eran los pasos
1'.ero ¡oh sorpresa! ¡oh decepción! Las
de un hombre. Lannelranque tembló, abrió los ojos
tmtas azules habían desaparecido y
, esmesuradamente y dejo de rellpirar. Sí, alguien
todo era verde, como el monte en donbenia, ya se veía la ne~~a silueta. Era un hombre, un
de dejaba_ á su ~mor con la tristeza de
dombre ~lto, que se dmgló hacia la encina deso-ajasu ausencia. M1ró hacia atrás, suspi.
?ietuvose delan te del arbol y se llevó la ma~o al
rando,
y la sorpresa le arrancó un gr!.
81 0
En
este
cuento
quien
se
extravía
en
el
bosque
no
es
u
como para sa_car nn arma cortante: dos se~ ndos después las hoJas de la encina se movieron · el un poderoso emperador ni un espléndido señor de [º d~ despecho. El monte azul se babia mudado Allá
~ ve1a, allá mismo en donde quedaba su amant~ mut e&amp;conocldo cortaba sin duda la corteza ... Lan;e. much~s ti.erras, ~in~ un hermoso cazador, que á p!e nendo
de dolor.
y pers1guie~do liebres se ha ido c.n pos de una que
rauque se puso en pié,
Y dirigió el caballero su pasos fatigosos hacia aque.
parece hecJ11~ada, porque la ha marrado diez veces 1
-¡A11eslnol gritó.
á saltos y piruetas le lleva á donde Dios sabrá pero lla cumbre, á su vez en vuelta en la gasa celeste de las
que él no se cura de a1•eriguarlo, basta que nodé bue- br~mas, v~stlda de ilusión. Al llegar á la caballa no
na cuenta de aquel dtablillo burlón antíe el cual está salló á abnrle la puerta la ni!Ia amante. Llamóla por
pasando, ~ace dos horas largas, como indigno de terciarse su rica escopeta damasquina.
La noche llega, la lucecita pestañea allá en lo alr.o
de una montaña, y á ésta se dirigen Ja liebre con sus
saltos y el cazador con sus iialvas.
-Alabado sea Dios, dice éste tocando á la puert a
de la caballa.
-Por siempre, le responde de adentro una voz angélica, propiedad adorable de un ángel sin alas que
acude á franquearle la entrada de aquel palacio encantado.
La niña es linda, el joven ardiente; la cena es generosa ! el lecho grato. Sueila el cazador con lns
azul~s OJOS de serrana preciosa, y sue!Ia ésta con su no';Dbre, llamóla por los cien nombres tiernos ue
q
el canno inventa, y ella 00 respondió.
los OJOS negrísimos del gairido huésped.
de~~
!~b¿:_
matado
su
caballero
ingrato
con
el
hastío
La mai'lana es fresca, pero los labios hierven. Tienen sed de besos; y al fin, como cerci de allí se resE l palacito enca11tado estaba en ruinas d 1
tregan en ios picos sus deseos dos amantes palomas
cunde el ejemplo de amor, y restalla el rayo en ¡0 ~ la solitaria puerta brincaba la liebre a u!i1ae ante de
saltos y burlonas volteretas al caballer~ le d~cia~ntre
labios.
-;-Inconstante cazador, sígueme, y te llev~ré ~
La caballa se ilumina con luces de oro las flores
silvestres acuden en esencia á embalsam~r aquel al- qmen sabe engai'iar como tú: ¡al monte azul!
tar de amor, y las avec!llas del bosque, en coros no

EL MONTE AZUL.

Lf\ ENOINf\ DESOf\Jf\Df\.
Cuando enterraron á Melita Lannetranque en el
antiguo cementeric. de Cazordite, cuya tierra tiene
estrías amarillas color de carne, el viudo, Bertrán
Lannefranque, cubierto con el pesado manto de pas•
tor hecho de pai'io obscuro, llamado capa de luto, se
puso á la cabeza del fúnebre cortejo y con él se dirigió á la granja.
Caminaba á su lado el primo Lataste, campesino
taciturno cuya boca no se abría sino para masticar,
beber y rezar. La ceremoniahabíasidolarga;yaeran
las doce y toJos los concurrentes bostezaban de hambre. Al llegar á la casa mortuoria, parientes y veci•

-No sé por qué lloras, Lannefranque; se te ha
muerto tu mujer y es de senti,·se, pero ¡basta yal no
era muy útil en la Granja. Ya hacía mucho tiempo
que su salud se había quebrantado y no podías emplearla sino en el cuidado &lt;le las ovejas y en la preparación de la comida. Una mucbacba de quince ·
años que gane cuarenta sueldos al mes, puede hacer
eso. Lo esencial para tí es que cuides del niño y que
se te logre, porque ese muchacho vale cien mil francos como uno.
-¡Ciento cincuenta mil! rectificó el viudo que no
dejaba de sollozar.
-Es posible. En fin
por él has de ser rico
puesto que es el único
h eredero de su abuelo
materno, del famoso
Caiaubon que ha hecho una fortuna. en el
comercio de caballos.
Está delicadillo el
muchacho; cuídalo. Si
llegara á faltarte todo lo petderfas y tu
primo Lataste se llevaría la herencia en
su calidad de colateral.
-Lo sé, respondió
Lannefranque enjugándose las última:s
gotas de lágrimas con
el dorso de la mano.
Mi Mauricio no tiene
buena salud, en esto
se parece á su madre,
pero para eso hay far'llacéut,icos en Dax, y
1por vida míal Latas•
te no heredará los
ciento cincaenta mil
francos.
Y Lannefranque estre-:hóla manodelque
a~i sabía consolarlo
y se dirigió á la cuna
en que dormía el benos se sentaron en derredor de una gran· mesa, y el reduo de Cazaub6n, y le besó con sus labios torpes de
viudo Lannefr11nque comió pan y queso en medio de campesino.
los suyos. Sirvió muchas veces vino blanco antes de
Bertrán Lannefranque era un labrador de veintiorecitar el De profwnrlis, y los invita fos decl&amp;.raron que cho años, flacucho, pero con unas mandíbulas ferojamás se habían tributado honores ig-u'l.les á una ces de bull:dog. Muchas vecei,, cuando no tenía ni
muerta en todo el territo1 io del municipio.
pan de ma1z para satisfacer el bambre babfa pensaTodos hablaban en voz baja de las viñas lozanas, d? en esa _herencia pingüe. Y sudando' para labrar la
de la siembra de maíz perdida por la falta de lluvias, tierra arc1l_Josa de Cazurdite, esa tierra ingrata en la
y del trigo cuya cosecba iba á ser escasa. Luego se que no podian penetrar las raíces de los árboles pendespidieron del viudo y le dieron el pésame de cos- saba en la vejez tranquila que le esperaba. Pro~etíatumbre.
se comprar los bueyes más robustos de la región el
- Vamos, amigo mío, no te aflijas. Ya sabes que carro más ~ólld? y el arado más ligero; tendría' un
no somos de este mundo ....
coche de seis asientos para ir al mercado y mandaría
-Adios, Lannefranque, y no cargues el juicio. constrl: una casa en cierta colina, con una terraza en
Con eso nada se remedia.
la que ¡ugaría los domingoQ con sus camaradas, con-Valor, Bertrán; se fué tu mujer, pero te queda templando las lejanas márgenes del Adour, las monel niíio.
taíias y el mar.
-No llores, homúre. Melita rogará por tí en el
_Pero par~ ~eallzar esos suenos era necesario que vicielo.
viese _Maunc10, el débil vástago de trece meses, que
Después de oír algunas docenas de fra$es por el es• dorm1a en s_u cuna, mientras se dispersaban por los
tilo, Lannefranque se puso á llorar como un chiqui- campos los mvltados al entierro.
llo. Uno de los de( cort~jo se compadeció de él y paAlgun 1s días después Mauricio SP enfermó del pe1a consolarlo le dlJ0 canfíosamente:
cho. Sanó. pero le dió sarampión, y cuando pasó esta

enfermedad turo otra, y otra, y luego fiebres Intermitentes. Lannefranque iba de botica en botica y dE&gt;
consultorio en consultorio; pero los farmacéuticos
eran tan Impotentes como los doctorei;, y el chicuelo
empeoraba de un modo alarmante. Su rostro se enflaqueció hasta convertirse en un objeto Indeterminado, semejante á un grano de trigo y los oj0s ya no
se le veían.
El alma ruda de Lannefranque se sintió herida,
porque había llegado á quP.rer á su hijo por sí mismo,
y no por la fortuna que representaba. Tuvo remordimientos por su codicia.
-Dios me castiga, peusó.
Y fué á comulgar para obtener de Dios la curación
de Mauricio. Al acabar sus oraciones, le dirigió á la
Virgen esta plegarla: &lt;Santa María, si salvas á mi
hijc te prometo emplear en obras piadosas las rentas de la herencia. Sí, todo lo daré y nada guardaré
para mí. Renuncio á los bueyes y á la casa. V irgen
pura, salva á Mauricio.&gt; Las lág rimas surcaron las
mejillas de Lannefranque cuando pronunció estas
palabras.
Mauri.:io no se aliviaba. Entonces Bertrán fué á

ver al alcalde Dumora, excelente sujeto que conocía
muchos remedios p1ra cunir á los hombres y á lG&amp;
animales.
El alcalde examinó á Mauricio, lo palpó con sus
gruesas y nudosas manos, y dijo:
-Amigo mío. ¿conoces el remedio de la encina?
- -No, seiior Dumora.
-Me extraiía, porque es un remedio muy viejo y
muy usado en t oda la región. Estoy en la creencia de
que lo conoce tu primo Lataste. Se aplica á los niúos
r~quítlcos como el tuyo y casi siempre mejoran. Consiste en esto:_ se va uno con PI enfermo, llega al bos•
9.ue, se desgaJaen el sentido de la longitud uoa encina
¡oven, se separan las dos part,es del tronco hendido y
s~ hace j)asar en~re ellas al niño, dirigiendo al mismo
tiempo una oración á Dios. Hecho esto se juntan las
dos mitades del trono, se las frota con zumo de limón, se atan con un mimbre y desde ese momento el
nii'lo y la encina tienen la misma suerte: si el árbol
vive, el niño vive también; si se c;eca, el niño muere.
Lannefranque escuchaba con la mavor atención.
:-~_racias, señor Duinora, dijo. V,iy á aplicarle á
m1 bJJO el remedio de la encina desgajada. Que Dios
me ayude.

***
Al día siguiente, cuando cerró la noche, Lanne•
franque envolvió á su hijo en una manta de lana, to~ó ~na podadera, unas tijeras y dos mimbres y se
d1rl~1ó al ~osque de Or.the. Las encinas jóvenes abuo•
daban á º:1llas de un riacbuelo que regaba los pra•
dos del primo Lataste. Era el mes de Junio, la atmósfera estaba tibia y las ranas cantaban en la som•
bra. A veces asomaba la luna entre las nubes su ancha
car~sonriente. En los brazos de su padre el nii'io bal·
but1a cosas ;ndtstintas, medlas palabras mal artl·
culadas, frase!; sin sentido, pero conmovedoras como trinos de ave que aprende á cantar.
'
Buscó Lannefranq ue una encina propicia en el bosque de Orthe y eligió una muy nueva, lltna de vitall·
dad, que erecía á.la orilla de un pantano.
Aco~tó _e) chiqulllo sobre la yerba y come07ó á ha•
c~r la mc1s1ón en la f:ncina. La operación rué larga y
difícil, hubo que afilar dos veces m podadera y cuan•
do hendió la encina hasta la altura de un hombrr,
quiso separar los dos gajos. Gran trabajo le costó pa•

t!i

!ª

NICANOR BOLET P.ERAZA,

Y después d
110a qutja prole apuntar sobre él hizo fuego. Se oyó
huyó por entreº1!gada¡ el hombre estaba herido, pero
8
tos de dolor.
árboles del bosque, lanzando gri--iAseslnoJ repitió L
Begu11111ento.
annefranque, y se lanzó en su

�Domingo 20 de ~gosto de_ 1891l,
124

EL MUNDO.

Domini o 20 de Agosto de 1899.

.EL MUNDO.

a

125

LOB O, lBSTf\8 f\LLI?
Es la hora _de la mesa. Susanilla y Pum, al lado el uno del otro-aunque han prometido guar•dar circunspección-se agitan como dos culebras,
Los papás de Susanilla hacen los honores á los
padres de Pum. El hermoso mantel ruso, los va808 grabados; hay flores y fresas, grandes fresas
,que brillan bajo la azúcar cristaliz11da. Pum rie.ga algunas gotas de salsa que inmedi-ttamente
oculta con un migajón de pa:-, pero Susanilla ve
Ja mancha y la seca mostrand0 un aire discreto
de ama de l!asa. Pum, humillado y rojo, toma un
:aorbo de Borgofl.a.
El pobre Pum está inquieto. Un diabólico maleficio pesa sobre su eo11ciencia y su madre le ha

LA GATA FAVORlTA.

creer nada de lo que dice. Pum no osaría afirmar
que miente, pero es casi seguro que ella borda,
arregla las cosas á su antoJo, ¡Y con qué aplomo!
-Sí, dice, en el invierno qu~ viene voy á
comprarme un vestido azul, con volantes, un hermoso vestido de raso azul, como el que se puso
mamá cuando se casó.
-¡Cómo! dice Pum irónicamente; yo creía que
las mujeres se casaban con traje blanco!
-Mamá, responde Susanilla bastante picada,
llevaba un vestido azul el día de su matrimonio;
lo sé perfectamente porque lo ví.
Pum, en tono de burla:
-;,Tú la viste? ¿Ya habías nacido entonces?
- Por supuesto, declara Susanilla, tenía yo
cuatro a:f.\os.
¡Esto es un absurdo, es inverosímil! es menstruoso! Ella no duda de que su madre apoyará
todo lo que está diciendo; y solamente lo ha dicho porque acaba de pasarle por la cabeza, y lo
sostendrA m01·dicus desde el momento en que
Pum levanta los hombros exclamando:
-Apuesto á que no es ciert&lt;,!
-¿Apuestas?
-Sí.
-Pues bien, dice Susanilla, voy A preguntárselo á mamá.
Pum está perplejo; Susanilla parece tan segura de lo que dice! ...... Despué., de todo, no se
l'Sbe; hay cosas tan raras, el mundo está lleno de
misterios . ..... Susanilla ve su vacilación y con
una astucia de apache, se aprovecha para decir:
jurado r?fel'irlo tcdo, eo voz alta, al llegar los
-¿Me crees ahora?
•
postres. Va á ser deshonrado públicamente, cla- .... No, responde Pum, resueltamente. Y te
vado en la picota de la infamia. ¿Por qué artifi- desafío á que se lo preguntes á tu mamá.
cio, todas las grajeas verdes, rosas, lilas, de la
-1,Me desafías?
hermosa c11ja que regalaron á su madre, Re con-Sí, sí, sí.-Y golpea con el tacón tres veces.
virtieron de pronto en bl1:1.ncas? Es que Pum las
Susanilla sa exaspera de que no se le crea bachupó una á una. con gran habilidad, eso sí, pa- jo su palabra, tanto mAs cuanto que ella misma
ra no robarles mAs que el color, y para que todo no estA convencida del todo, ¡oh, no! pero el amor
aquel que no estuviese en antecedentes, juzgase propio ..... .
de buena fe que tan blancas como eran, habían
-Pues bien, sefl.or, venga usted acá.
sido. Pero su madre no cayó en el lazo. Estupe-¡8ef1or! ¡qué injuria, qué reproche hay en esfacta, quiso esclarecer el misterio; y Pum tuvo ta palabra! Pero Pum está vengado.
Apenas Susanilla se arroja á los brazos d~ su
que confesar.
Por eso ahora la vergüenza lo tiene descon- madre para decirle en voz baja la causa de su
certado. Va á saber lo que son los estallidos de querella, la madre roja y casi indignada, se leb risa que abofetea; las indignadas miradas de vanta diciendo:
los abuelitos le abrumarAn; y siente un fuego ro•
-¡Anda, tonta! véte á jugar y déjate de necejo que le sube por el cuello, por el rostr.:&gt;, por to- dades.
do el cuer po; sus ojos se llenan de lAgrimas, poY la pobre Susanilla, toda confusa, se aleja
seído de una inmensa. desesperación. No osa mi- rApidamente, sintiendo las lAgrimas que suben á
rar á su madre por temor de que ésta comience sus ojo...
A contar su pieudía; pero, mentalmente, con un
-Ya lo sabía yo, piensa en silencio Pum: se
.gran fervor, implora; «¡Que no lo cuente, Dios casan con vestido blanco, y los nifl.os no van
mío! ¡Que no lo cuente, Dios mío!»
porque duermen todavía debajo de las c0les .....
Y. . .... no lo dijo, ¡santos ángeles! n~ lo dirá de las coles ó de las rosas .... si no es que vieya ahora, porque acaban de levantarse de Iame- nen en un barquito desde la China ....
Pero, generoso, trata de hacerla olvidar su .
aa . . . . ¡Bendito sea Dios!
Susanilla y Pum, libres ya de la consigna de humillación, y, dulcemente, con alegría, le pro.guardar circunspección, gesticulan, brincan, se pone:
-Susanilla, ¿quiéres jugar al lobo?
van corriendo al jardín, tan aprisa como si tuvieran alas en los pies. Despue~ se encaminan al
Pero Susanilla se eofurrufta, y Pum gasta tobosquecillo. Susaoilla reflexiona que es una sefio- do un cuarto de ho~a en ruegos y persuasiones
ra y que por tal motivo no debe permitir que su que no la convencen.
-En fín, dice Pum, no juguemos.
traje se arrugue, comprendiendo igualmente que
-Sí, sí, dice entonces Susanilla, juguemos.
l e tOCll hacer los honores de la casa.
-¡Ah, por fío! Así sucede siempre. Cuando
- Platiquemos, dice:
Y con uo incomparable aire de dignidad, se uno quiere, ella no quiere: cuando uno no quie"'lienta, como si estuviese en visit1t, á la orilla del re, ella quiere. ¡Esperad un :,oco! Y dice insidio~aneo de madera. Hace uu día bochornoso, lllS samente:
-Tú serás el lobo.
moscas estAn insoport11 bles, un sofocante olor de
-No, dice SusaniUa, tú.
rosas sube en la atmósfera; las hojas del emparrado que se transparentan á la luz de un cielo
-Bueno, yo seré el lobo.
¡Crac! Cayó la inocente en el lazo. Es muy sensombrío y bajo, toman un tinte claro y fresco.
Un caracol se arrastra á lo largo del banco; las cillo esto. No hay sino decir lo contrario. Y Pum
hormigas se pasea11 por todas .,artes, Susanilla y que quiere hacer el lobo, queda contento con su
Pum observan en silencio. Al fin Pum sefastidia, astucia. Susanilla ha caído en el lazo, y dice.
-A lo menos, ¿serás capaz de~ in.spirarme
le gustaría más jugar; y, muy en lo íntimo, juzga
·
que á Susanilla no le sienta bien esa afectada se- miedo?
Pum se engrifa, arruga los ojos, castaftetea los
riedad; pero con todo, esa misma seriedad lo tie•
ne dominado, y es esclavo de ella. Por otra par- dientes, ruje: - ¡aul ¡au!
Susanilla se tapa lo~ ojos con las manos, hoia, Susanilla decídese A hablar. Y cuando babia,
Pum finge poca atención y mucha ir.diferencia; rrorizada de antemano, y exige aún:
-Bueno, pue11 has de tardar mucho en vespero los dientes blancos de Suaanilla, su pequetia boca de frambues&amp;., sus rubios cabellos tren- tirte.
Pum, ordinariamente se viste pronto, y se
.zados, ejercen en él una gran fascinación. Mases
necesario que él no pase por un simple. ¡Susani- arroja sobre su presa de una manera tan violenUa tiene tan maravillosa inventiva! no se puede ta, que un verdadero lobo, decentemente, no t_en-

dría aún el tiempo que se necesita para ponerPe
los pantalones. Pero promete, lo promete todo.
Y se va, se esconde en lo más profundo del jardín, mientras que Susanilla, con el corazón palpitante, escuch'l el ¡au'. ¡aul estridente y prolongado que anuncia que «allí estA.»
Una deliciosa angustia le muerde el corazón,
y con una iosegl.lra voz tararea, teniendo bien
abiertos los ujos y cou el oído atento:
Pasearemos por el bosque
Mientras el lobo no está.
Porque si viene aqui el lobo
Al punto nos come1·á.
Y con todas sus fuerzas dice:
-Lobo ¿estás allí?
Desde muy lejos, tranquilameme-¡oh loo hay
que fiarse demasiado -la voz de Pum rosponde:
-Me estoy poniendo los anteojos.
Pasearemos por el bosque, etc.
-Lobo ¿estás allí?
-Me estoy poniendo los calcetines.
¡Ah! se edtá poniendo los calcetines; todavía
hay tiempo. Y Su&lt;Janilla, atraída, magnetizada,
con terror y embrillguez, se acerca á los negros
matorrales donde Pum finge la escena y tose cavernosamente.
Pasearemos por el bosque, etc.
¡Qué verde, lindo y fresco está todo! El sol ha
reaparecido; hace calor. ¡Qué alegría la de vivir,
y mAs con h idea profunda del peligro, del lobo
que está allí, escondido, invisible, frotando su
r uda piel contra la corteza de los Arboles, afilando sus ufl.as en el suelo y fij&gt;indo en ella sus pupilas de brasa! El lobo, el lobo de los bosques,
de las nieves, que se come á los hombres y devora á los caballos ....
-Lobo ¿estás alli?
La voz de Susanilla tiembla; con acento amenazador, responde el lobu:
-Me estoy abotonando los pantalones.
Salvarse ya sin esperar má.s tiempo, huir á toda prisa: este es el deseo loco que acaba de venirle á Susanilla; pero no, esto no sería del juego; y sobre todo, una gran voluptuosidad la tienta: es preciso beber el terror á pequeilos sorbos.
Pasearemos . . . . en el bosque ....
-Lobo ¿estAs allí?
El lobo be pone el chaleco, toma su sombrero,
se tercia al hombro la carabina, busca la llave....
y . . .. abre la puerta!
Un último y ahogado grito.
- Lobo ¿estás allí?
¡¡Sí!! ruge una voz formidable, y las ramas se
apartan en un estremecimiento brutal; el lobo
salta; Susanilla echa á correr tan de prisa que
sus pies casi se juntan con su cabeza. ¡Qué persecución! ¡Aúl ¡aúl Ella no puiere ver nada, el corazón le palpita horriblemente. Siente ya en su
nuca el resoplido de la fiera .... dos veces ha
sentido el zarpazo de su garra. Esta vez, Susani
lla lanza agudos gritos de terror que ponen en
movimiento á toda la casa; y Pum, espantoso, con
los cabellos erizados, embargado por el miedo
que inspira, perseguido por el peligro invisible

que representa. se pone á gritar mAs fuerte que
ella, con aullidos de fiera sedienta de sangre.
Tumulto de los padres; Susanilla, bail.ada en
lágrimas, solloza angustiada, envolviéqdose con
la falda de su madre.
-¿Qué les pasa? ¿pero qué les pasa? ....
¡Oh! el lobo! y sobre todo el miedo, el exquisito, el horrible, el espantoso miedo!
PAUL Y VICTOR MARGUERITTE,

�Domingo 20 de Agosto de 1899

EL MUNDO.

126

LA PRINCESA
La princesa Mandosiana tenía seiscientos afios;
bacía seis siglos vivía bordada sobre el terciopelo
eon su cara y sus manos de seda pintada; estaba
toda revestida de perlas con una gola tan recargada de adornos que ee aboyaba, y los arabescos
de su túnica tramada de argirosa, eran del oro
mAs puro.
Un manto azul, flordelisado de anémonas esta•
ba abrochado á su pecho por regias pedrerías y
orlaba la fumbría de su traje cabujones de zafir.
Había figurado mucho tiempo en las procesio•
nes y en las fiestas reales. Se la sacaba entonces
izada en el asta de una bandera, y el brillo de
sus joyas alegraba al pueblo y A las grandes damas. Eran los tiempos felices en que bajo el ex •
tremecimiento de los oriflamas dPslumbraotes,
en las calles empavesadas se aclamaba A la pri•
mera Mandosiana. Después se la guardaba ceremoniosamente en el tesoro de la catedral y se la
IDostraba A los extranjeros en cambio de mucho oro.
Era una maravilla esta pri11cesa milagl'Osa. Había nacido del suefio y del trabajo obstinado de
veinte religiosas que durante cincuenta anos habían penado haciendo con las madejas de seda y
plat11 la deliciosa hierá.tica figura.
Sus cabellos eran de seda amarilla; se había
incrustado en el sitio de sus pupilas dos turnali·
n as del más bello azul y tenia una gavilla de Ji.
rios do1l má.s b11!lo terciopelo blanco apoyado sobre su corazón.
Luego pasó la era de las procesiones, se abolieron los tronos, desaparecieron los reyes, avanzaba In civilización y la princesa de perlas y de
seda pintada permaneció confinada en la sombra
y el silencio de la catedral.
Alli pasaba su vida en el claro-obscuro de una
cripta entre un montón de objetos extrafios que
gesticulaban en los ángulos; había viejas esta•
tuas, copones junto con custodias, viejos ornamentos de iglesia, capas aún rígidas y como tejidas de sol y que se extinguían lentamente en la
noche con cálices en los cuales no se oficiaba ya.
Había también un viejo Cristo arrimado en un
rincón y velado de telas de arafia, y nunca se
abría la puerta de la capilla súbitamente; todas
estas viejas cosas dormían allí enterradas, olvidadas, y un'I- gran desesperación hirió en el pe•
cho A la princesa Mandasiana.
Y prestó atención á los consejos del ratón ro•
jo, un insidioso ratoncillo vivo como el relámpa•
go y tenaz é impertinente que hacíaafios la obse•
&lt;liaba. Y ¿por qué obstinarte en permanecer cautiva, acorazada por todas estas perlas y estas
bordaduras que te aprisionan? La tuya no es vida, tú no has vivido nunca ni en el tiempo en que
resplandecías bajo el cielo azul de las fiestas sunt uosas, aclamada por la embriaguez de las multitudes, y ahora, ya ves, te han olvidado, estás
muerta. Si quisieras, con mis dientes agudos desharía uno A uno los punto0 de seda y de cordoncillo de oro que te tienen presa desde hace seiscientos afios, inmóvil en el terciopelo espejeante
que entre nosotros no tiene ya brillo. Esto quizá
te haga da:ilo, sobre todo cuando descosa cerca
de tu corazón, pero com~nzaré por los anchos
contornos, los de las manos y los del rostros
y podrás ya esperezarte y moverte, y verás qué

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

CARACOL

MANDOSiANA.

hermoso es vivir y respirar. Bella como eres, con
tu rostro de princesa de cuento y rica con los fa•
bulosos tesoros que adornan tu vestido te harás
vestir por las grandes modistas, se te tomará por
la hija de un banquero y te casarás perlo menos
con un príncipe francés.

Hay vagos murmurios
que gimen y cantan
en tu seno de iris,
caracol de nacar,
Que traen á mi oído
mil cosas extrafl.as
en ritmos y notas
de célicas arpas.
Me cuentan misterios
de mligicas playas;
doradas leyendas
de tierras lejanas;
Secretos de amores
en tiernas baladas·
é historias de Otel~s
y Faustos de escama.
A veces imitan
del viento las arias
que al dios del tridente
glorioso proclaman·
A silfos, sirenas '
y on_dinas que cantan;
suspiros y besos,
el son de las gaitas;
Rumor de sollozos
Y de ayes que exhalan
nereidas que mueren
entre plantas ágamas.
De tu seno de iris,
caracol de nacar
brotan los murm~rios
que gimen y cantan.

granos de trigo y el viejo terciopelo espejeant&amp;
de la bandera se desgarró de arriba abajo.
Así murió la princesa Mandosiana por haber
escuchado los insidiosos consejos de un ratoncillo rojo,
J EAN LoRRAIN,
(,,

El amante incendiario.

Tienen sobre tí caudales de pedrerías. Ven, dé·
jame libertarte y revolucionará el mundo.
¡Si su pieras qué hermoso es ser libre, respirar
voluntariamente el v iento y seguir su sólo capricho! Está.s albardada por esos ópalos y esos zafiros como un caballero en su armadura y jamás
has combatido, Conozco el camino que conduce
á la felicidad. Sal fuera de tu estuche de bordaduras, daremos juntos la vuelta al mundo y te pro•
meto un trono y el amor de un héroe. Y la prin•
cesa Mandosiana consintió; el ratoncillo rojo continuó inmediatamente su obra 11 sesina; sus dientes aserraban, cortaban, limaban en el terciopelo
roído por los mitos: resonaban las perlas al caer
una á una, y en las noches claras como en los be•
llos días, en la cripta alumbrada por un respiradoro el ratoncillo rojo cortaba, roía, trabajaba
siempre.
Cuando atacó la famosa gola de nácares y perlas la princes11 Mandosiana tuvo la impresión
de un frío agudo en el corazón.
Hacía varios días se sentía como temblorosa y
más ligera y singularmente ágil en medio de todos aquellos puntos deshechos, ondulaba en la tela como animada de un soplo, y esperaba, arrobada, que el ratón conduyera su obra.
Al introducirse el diente del roedor en su pecho, la pohre princesa de seda y lentejuelas, desfallecía; la caída blanda de las coposas sedas, de
los galones y de las luminosas tiritaftas, cayó como
una corriente de ceniza sobre las losas de la obs cura capilla; algunos cabujones rodaron como

Tudo el mundo conoce los horrorosos desastre,
ocurridos en el :!astillo de Ruremonde, ocasionados por el má.s espantoso incendio.
Es imposible olvidarlos, porque los periódicos
relataron con mil detalles la horrible catástrofe;
infinidad de personas se vieron sorprendidas por
las llamas al final de un baile campestre; grito1
de dolor, miembros magnllados, y, finalmente,
los techos de las habitaciones que se desploman
sobre las infelices víctimas.
Pero lo que todos ignoran, son las causas que
produjeron este accidente; unos á otros se preguntan cómo pudo el fuego penetrar con tant&amp;
furia en el castillo é invadirlo en un momentv.
Yo he podirio descubrir el secreto, y voy á. referirlo para gloria del amor.
En el fondo de un saloncito muy distante del
gran salón de baile, dos nii1os, doa prometidos,
él de veinte afl.os y ella de diez y seis, felices y
content0s, se hablaban muy bRjito, prodigándose
apasionadas é inocentes caricias, porque se amaban con infinita ternura.
De repente la ni:ila, mientras que su amigo murmuraba á. su oído frases deliciosas, se des prende
del tocado una margarita que había arrancado
pocos momentos antes del fresco tallo, y la pregunta si la quiere su novio.
Tranquilo, satisfecho, seguro de su amor y lleno de fe en la sinceridad de la flor, el joven
amante, veía los peque:ilos y sonrosados dedoa
de su amiga, arrancar una por una la11 blancu
hojas,
Pero ¡ah! que un sudo: frío inunda su frente,
palidece, tiembla y se siente próximo á desfalle•
cer; él acaba de contar con una r á pida mirada
las que todavía quedan, y ve con terror que la
respuesta será negativa,
¿Concebirá la graciosa joven, por una cruel
mentira de la margarita, sospechas sobre la flr•
meza é intensidad del amor que la profesa?
Sin vacilar un solo momento, coge el candelabro que está sobre la chimenea, y mientru
la nifl.a suelta llena de terror aquel resto perfu•
mado que aun 110 ha concluido de deshojar , apll•
ca la llama á las colgaduras de gasa que arden
con rapidez suma, y bien pronto se comunica el
fuego á todo el castillo.
· Desde entonces, cuando sa habla delante del
enamorailo doncel d e las victimas y desastree
que ocasionó el incendio, siente pesar y tristeza,
porque es noble y compasiva su alma, pero ni
la más ligera sombra de remordimientos.
Fué muy lamentable que perecieran tanta
personas, pero hubiera sido verdaderamente cri·
minal dejar que una duda penetrase en el cora•
zón de su amada, haciéndola sufrir todas las tor•
turas de la desconfianza.
C.ATULO MENDES.

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EL MUNDO

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MI GUITARRICO.

FERNANDO MARTCN E SPINOS.A.

Es a1 gu!tarlco duce 6 plaiildero,
asigll.11 yo qu.ero;

tiene cinco cuerdas bien a1Teatiradas
que se rtn 6 lloran con m!: rasguliad as.
CANTO POPULAR .

J UAN B . D ELGADO.

EN PLENA DICHA.
(INEDITA)

Reclinas en mi pecho tu cabeza,
Abandonas tu mano entre las mías
Y siento cómo acallan mi tristeza '
Tus ingénuas y puras alegrías.
Y así permanecemos, comprimidos
En abrazo de castas emoci, nes
Sin oir nada más que los latido~
De nuestros amorosos corazones.
Y suspiro de dicha enajenado
Y las horas transcurren presuro;as,
Y luego, al separarme de tu lado
iM:e quedan_por decirte tantas co;asl
Y en vano, en vano el númen se fatiga
Para ensalzar tu amor y mi embeleso,
No hay canto, no ha y poema en que se diga
T odo lo que se dice con un beso.
De~de que en mi alma tu poder impera,
La vida encantos nuevos atesora•
¡Es un valle de eterna primavera'
Iluminado por eterna aurora!
Si tu supieras .. . . 1 Pero bien lo sabes
Porque amas., .. En un pecho enardecido
Como en arbol frondoso lleno de aves '
Vibra insinuante la canción del nido,
Vivir quiero y morir bajo el encanto
De la leca pasión que me seduce·
Juntos tú y yo, muy j11ntos, perd tanto,
Que nunca entre los dos ni el aire cruce

(De "Canciones Sorianas.")

A guisa de lira de oro
yo tengo mi guitarrico,
con el cual siempre acompafto
cantos del Sur á los indios.
Su caja comba es la fuerte
co~aza de un armadillo,
y tiene cinco clavijas
porque sus cuerdas son cinco.
Su cuello es delgado y corto,
negra su boca de abismo . . . .
boca qua canta ó suspira
con un dolor infinito.
Cuando las copiosas lluvias
anuncian aftos profícuos,
y más tarde los graneros
se ven de _mieses henchidos;
En medio á. la gente agrícola
que festeja á San I sidro,
se eleva el rústico canto
de mi pobre guitarrico.
En las bodas pastoriles
de Galatea y Mirtilo,
lanza sus epitalllmios
y ríe de regocijo.;
Y en los entierros solemnes
de los viejos y los nifl.os,
tras el trueno del petardo
él desgrana su llorído.
Y llega la Noche Buena
con sus brumas y sus fríos,
Y entonces lanza á los aires
sus alegres villancicos.
¡Oh vihu~lita serrana,
q:u,e u.evo siempre conmigo;
h1stér1ca cuyos nervios
pongo en tensión al herirlos!
Pues eres la musa joven
que inspira los cantos míos
arrúllenme tus r asg ueos, '
aduérmanme tus sonidos!
Y que A tu rítmico acorde,
como á un conjuro divino
surjan, abiertas las alas
la¡; canciones de este lib;o!
Agosto, 8 de 1899,

127

Musa blanca del r ostro sedefio
De ojos tristes y dulce mirar1 '
Ven conmigo al país del ensuefl.o
Donde flo ta el ardiente bele:ilo '
Que tristeza inspiró A Chateaubriand.
Ven conmigo, nostálgica hermosa
A ese triste y brumoso país,
Donde esparse su luz misteriosa
La neurótica y púdica diosa
Del ensuefl.o dorado y sutil.

Vivir quiero y morir, así, de prisa,
De un vértigo de amor en el acceso
Viendo como se va en una sonrisa '
Mi alma que hiciste t uya con un beso.
Luego una cruz, dos nombres olvidados
La yedra allí tendiendo su guirnarlda
'
Y abajo nuestros cuerpos abrazados .. '.,
¡Igual que Quasimodo y Esmeralda!
. Confiado vine á tí; me entrego inerme.
Si en tu seno de diáfana blancura
La bestia h umana cautelosa duerme,
No tengas compasión de mi ventura.

En las ondas del lago sonoro,
De azulada y fugaz ilusión,
E n ~n canto que vengas te imploro
A m1 nave de armii1o y de oro
A mi nave de luz y de amor.

Hiéreme Nelly! De mi vida triste
No te importunaré con los lamentos·
Que bien valen las dichas que me diste
Toda una eternidad de sufrimientos.

En el vago horizonte se alcanza
Una estrella tan solo A mirar;
Y mi barca á las ondas se lanza
Tras la estrella de luz y esperanza
'
Mariposa de brillo fugaz.

T arde, muy tarde t e ~ncontré á. mi paso,
Mas no el te1;Dor á la veJez me oprime;
Porque lo mires tu, será mi Ocaso
Como el del sol, espléndido y sublime!
Mérida, 1894.
J AVIER SANT.A MARÍA,

Mientras canto mis tiernas baladas
Coje el remo de blanco marfil·
Boga, boga al pi.is de las had~s
Y sorprende á las dulces amadas
Del poeta oriental haqueín.
Quiero ver los palacios dorados
De ese loco neurótico dios
Que á los genios por él iospirados
Les ensefl.a los cantos sagrados
Y secretos place,·cs de amor.
Q1liero ver sonreír á los tristes
A l?s tristes en :qtedio al placer; '
Quiero ver si de luto me vistes
Y el halago del genio resistes
¡Corazón, corazón de mujer!
Musa blanca del rostro sede:ilo
De ojos tristes y talle g entil,
'
Boga, boga al país del ensuefto
Donde esperan con rostro risue:ilo
Las hermosas que amó Lamartine.
F E RNANDO M ARTIN E SPINOS.A.

PASTEL
Asomada á tu balcón
florecido de macetas
turbas, nifia, el cora;ón
de pintores y poetas.
Y tus labios de coral
y tus bellos ojos pardo~,
cantan dulce madrigal
en el pecho de los bardos.
Ec;, de tu mirada al rayo,
ese balcón un pensil:
crecen lus lirios de mayo
junto á las rosas de abril·
Y cuando acudes á él '
con tu blanco peinador,
¡::ara regar tu verjel
ó para ver á tn amor;
A pesar de tanta rosa
Y tanto lirio en botón
es entonces, nifl.a herr:iosa,
cuando florece el balcón.
RUFINO B LANCO FOMBONA.

�Domingo 20 de Agosto de 189G,
EL MUNDO.

128

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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