<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<itemContainer xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/browse?output=omeka-xml&amp;page=228&amp;sort_field=Dublin+Core%2CTitle" accessDate="2026-09-17T17:50:56-05:00">
  <miscellaneousContainer>
    <pagination>
      <pageNumber>228</pageNumber>
      <perPage>20</perPage>
      <totalResults>16324</totalResults>
    </pagination>
  </miscellaneousContainer>
  <item itemId="3580" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2222">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3580/El_Mundo._1898._Tomo_2._No._4._Julio_24..ocr.pdf</src>
        <authentication>5b85e0386f4195fe317fdc0d96946b4d</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117402">
                    <text>60

Domingo 17 de Julio de 1898

EL MUNDO
FIG. 8-TRAJBI PARISIENSBI DE CREPÉ,

Los trajes de crepé están muy de moda este verano.
Ei que ofrecemos á nuestras lectoras es de crepé
beige con aplicación de cadeniña en la forma que se
ve en el grabado.
La falda lleva el bordado en el borde :.nferior y á la
izquierda en una hermosa aplicación.
El cuerpo tiene forma de blusa al frente y se abre
sobre un hermoso yoke de gasa blanca.
FIG, 9-00RSAGE NIÑA,

•

NUMERO 4

MEXICO, .TULIO 24 DE 1898

TOMO II

Ligeramente ablusa.do ade ante y tendido detrás
con tres fruncidos en el talle y de seda brochée gris
pero con bouquets pompadour, cruzada delante y ornada de triple ruché bucleada de 'muselina de seda
crema, encu!Ldrando un plisée de seda gris perla.
Triple ruché bucleado también doblando el cuello
y ornando el remate inferior de las mangas.
Cinturón de seda gris perla anudado á la izquierda.
Este corsage puede llevarse con una falda de la
misma tela
1

_•...-,¡

_;}f;f~ -~~. ':·
.~-;.'l·

í

~::,:.-,
¡::::-

~:;"· .,/•-..

·'Ji'./.';~/ .

;:_;,:;t\/j¡~·:_,:

- ~-

- ,:-..,, .

.

.~;~~~~;;/t:~~
, A'

rl-.,.•· . .J ' /1
:~.,

f.;.
1•~1
1 .,
•'

·,. ,

FIG. 9-0CRSAJE NIÑA

,fi

FIG. 10-00RSAGE MARGARITA,

En dral_) de seda con pequeñas basquiñas triangulares, abierto en el centro en rombos sobre un plas•
trón de terciopelo guarnecido de botones de oro
Revés y cuello Valois en satln blanco con galones
oro. Mangas justas del mismo género. Cuello y corbata de muse!ina.

l

~:JJp
\.

FIG. 11-DOS MODELOS

};14:~

:.-

FIG, 11-DOS MODELOS

Gran aplicación de punto de seda en el primero, sobre
satln rosa, leve, formando un emred'.'S del mejo_r
gusto; en el segundo gran plastrón de plisé y aplicación &amp;ambién
consistente en volantes decrescentes. Todo de eatln.
FIG, 12-TRABAJOS P.I.RA LAS DAMAS,

Una nueva colección donde se hallarán los más graciosos modelos
para niños.
_

General

W. R· $1tofter

DEL EJERCITO DELOS ESTADOS UNIDOS

~' IG 12-TRABAJOS PARA LAS DAMAS

FIG, 10-0 0RSAJE MARGARITA

,f ...
~·

�62

. EL MUNDO.

un momento en que nos creímos en el carro de la
diosa india y temiendo circular sobre cadáveres.
Al llegar á la estación, asalto y escalamiento; la
invasión de los Bárbaros. La gente de la verbena
SUMARIO - Benito Juárez.-Suntuosa manifestación de previendo lo que después aconteció, quería á toduelo-La gratitud popular. - Verbena oe San Angel.
-Vias de incomunicación.-Granizada de fuego.-tJe da costa escalar el tren é ir hasta Tizapam á
trueque de poder regresar á México. Gritos, emlllésmeri'l.,-Su talento.-Sna éxitos.
·
pellones, malas palabras, presiones de prensa hiVerdaderamente suntuosa estuvo el 18 de Judráulica; el tren se atestó de gente; los menolil,
lio la manifestación de duelo en honor de Benito
Juárez. La figura heroica é impasible del patri- sentados; muchísimos, de pié, apuntalados unos
cio, no la esfuma la lontananza, no la amengua el con otros; no pocos, colgados de los bHandales
tiempo; su poderosa silueta se destaca en el con- de las plataformas, de las manijas del gai-rote, de
las jameas de la!:! puertas; había pasajero que no
fuso tumulto de la historia patria, con perfiles de
camafeo, con lineamientos de bajo relieve. Y es tenía en el tren sino la punta de un pié y dos ó
queJuárezfuéála vez grande, bueno,inteligente y tres dedos de la mano aferradas á algo.
En Tizapam nos esperaba una ovación; los
probo, enérgico y hábil, y que consagró'toda su vida
paseantes
domingueros aguardaban en la estaá la conquista de la Libertad y á la reconquista de
ción
un
tren
para regresar; grande fué su decepla Patria. Su vida fué la lucha, su placer el trabajo, su descanso la muerte. Nacido en humildí- ción é intensa su cólera al verlo llegar atestado,
sima cuna, hijo de pura raza indígena, y por con- repleto y tomado de antemano por entero. Grisiguiente, paria, comenzó áluchar para ilustrarse, tos, rechiflas, mueras á la Empresa, amenazas á
para conquistar un título profesional, para ele- los primeros ocupan tes, todo fué en vano; no se
varse á la magistratura, para redimirse del pe- pudo embarcar un solo viajero de esa procedencado original de ser indio y para emanciparse cia. En San Angel el nuevo.tumulto por idéntica
de la esclavitud de la ignorancia y de la mise- razón y en Mixcoac, Tacubaya y San Pedro de
ria. Rendida esta primera etapa de la jornada, se los Pinos. El tren humeante, atronador, envuelto
enamoró de la Libertad, de la Patria; entró de en fuego y saludado al paso por las imprecaciofrente en linea de combate y conquistó la Prime- nes de la multitu4, parecía un monstruo en fuga
ra Magistratura de la Repúbllca; mas no para perseguido y acosado por un pueblo delitante.
Llegamos á México con dos horas de retardo,
descansar en el goce y en las grandezas del pocambiamos
las de lujo por las de brega, ósea, la
der, sino para volverá luchar de nuevo contra
la reacción aliada al enemigo extranjero. Todos locomotora incendiaria por las mulitas, y á la alsabemos su éxodo; su peregrinación á través del de- tura de la plazuela de San Juan, caimos de proa
sierto, sus tormentos de hombre y sus angustias de en un profundo barranco abierto por la Empresa
patriota: la derrota acosándolo, la muerte amena- del saneamiento. Entiendo que touavía el wagón
zándolo, el hambre, la sed, la desnudez y el desam- permanece ahi".
Y yo que iba en busca de aire puro, de vastos
paro torturándolo. Triunfó al fin, la Reforma yla Se .
gunda Independencia fueron su obra; la Patria horizontes y de un poco de soledad! Pero n0 me
no ha sido con él olvidadiza y ha hecho de su se- vuelve á atrapar la Empresa del Ferrocarril del
pulcro una Meca á la que lleuden los fieles de la Valle; otro día que se me ocurra ir áTizapam, alRepública y los admiradores del prócer, á depo- quilo un burro; así llegaré más aprisa y con masitar las flores de la gratitud. Imitemos ese gran yor comodidad.
ejemplo; Juárez nos anseftó cuanto va-le y cusmto
puede la virtud de que estamos menos dotados:
***
la constancia; de él debemos aprender á aliar las
De Mésmeris está haciendo las delicias del púaltas virtudes cívicas con las nobles virtudes p~i- blico mexicano. Es un transformista rival de Frévadas y á saber sacrificar familia, riquezas y bie- goli y tan acabado como él en su género. Estos
nestar personal á los intereses superiores de la artistas escéntricos son en general una maraHumanidad y de la Patria.
villa.
Dotad_o s de gran talento, bohemios por lo co*
**
mún; revelan dotes excepcionales, habilidades
Por mal de nuestros pecados, se nos ocurrió el múltíples, capacidades especiales. Casi siempre
Domingo pasado tomar el Ferrocarr:l del Valle y son políglotas; De Mésmeris, por ejemplo, habla
empi·enderla á Tizapam en busca de aire puro, de con envidiable corrección su lengua materna,
vastos horizontes y de un poco de soledad. Igno- que es el italiano, el español, el francés, el inrábamos que San Angel festejaba á la Virgen del glés, el alemán y el portugés.
Carmen; de haberlo sabido nos hubiéramos queTienen muchas cuerdas en su arco; son actodado en casa. Y desde luego el Ferrocarril del res, cantantes, bailarines, prestidigitadores, equiValle no es un medio de locomoción sino un ins- libristas, ecuestres; practican algo el ocultismo y
truwento de tortura; ¡qué muelles! ¡qué asientos! algos la medicina; dicen la buena ventura y sa¡qué persianas desvencijadas! ¡qué gotear del pe- can horóscopos; tienen remedios infalibles para
tróleo de las lamparas! No bien el tren se puso los males incurables; dan excelentes recetas de
en marcha, comenzamos á ~xiarnos, una densa cocina y suelen invitar á la prensa á íntimas y
humll.reda se colaba por las ventanillas y por las divertidas reuniones á las que sienten, á veces,los
numerosas grietas, hendiduras y agujeros de las invitados no poder concurrir.
especies de huacales en que caminábamos; quiEn general esta clase de seres son f~lices, si bien
simos encerrarnos, pero ninguna persiana funcio- no siempre son ricos. En el fondo de su retina esnaba ni ninguna ventila giraba ni ninguna puerta tán pintadas los más grandiosos y los más pintodeslizaba en su corredera; momentos después, rescos panoramas cómo en las hojas de álbum de
espectáculo grandioso, una granizada de fuego un pintor turista; su corazón guarda las emociosólo comparable á la que descargó sobre Sodoma nes de sus múltiples aventuras, de sus amores cosy Gomorra, comenzó á azotar los carros; en el mopolitas, de sus triunfos artistícos, de las quietecho de hoja de lata del wagón, se oía un redo- bras de sus empresarios; veteranos y aventureble siniestro, de uno y otro lado veíanse por las ros de la vida, todo lo han visto, todo lo han senventanillas pasar como centellas tizones incan- tido, todo lo han experimentado; una punta de
descentes que pautaban el espacio con líneas de escepticismo emana y un grano de aplomo queda
fuego, algunos de ellos, candentes aerolitos, grue- de su vasta experiencia y de sus muchas a ver.sos como avellanas y hasta como nueces, birando turas, y De Mésmeris, como Frégoli, lleva á la es- ·
de bordo se introducían al coche. El fuego se ini- cena ese bagage de observación personal y de
~ió á la vez en la crencha rubia de una prima y estudio individual de todas las cosas y de todos
en la falda vaporosa de una compatriota, y hubo los hombres.
que acudir en su auxilio y extinguir á papirotaNo se necesita menos para representar sucesizas el voraz elemento que amenazaba destruir tan vamente y en unos minutos, ya la nifta melancó
bellos allavíos y poner á la vista mayores encan• lica y tierna, ya la matrona imperiosa y exigente;
tos. En la canal de un fieltro de quesadiJla se ya el viejo caduco, ya el joven impetuoso, y para
alojó cautelosamente una chispa, y ~cabó por abrir- pasar sin transición de las furias de Otelo y las
se paso hasta el cráneo de un pasajero; otro· idem perfidias de Yago, á la ternura y á la pureza de
se sacaba después á puilados el cisco que le había Desdémona. Para ser un Mésm&lt;::ris es forzoso te•
caído en los bolsillos.
ner un álbum de instantáneas en el que se hayan
Al llegar á San Angel, el pánico se apoderó de coleccionado todos los aspectos del ridículo, tonosotros;una multitud compacta, comprimida, ín• dos las matices de la pasión, todas las aparientimamente amalgamada llenaba la plaza del Car- cias de la idea. Se necesita, además, todo un mumen; en vano el tren silbaba y repicaba; la mul- seo de trajes, de actitudes, de movimientos; un
titud, embobada con un desollinador que escalaba juego completo de voces y entonaciones, l!e diael palo ensebado, no abría paso al tren y hubo pasones y de ritmos q'le permitan copiar y re-

LASEMANA

Domingo 24 de Julio de 189o.

'producir lo mfsmo al pueblo que á la aristocracia, al Instituto que á la Alta Banca, al clero que al 1
ejército, á la mujer que al hombre, en todas y cada
una de las circunstancias de la vida.
El Arte escéntrico de De Mésmeris es un caleidoscopio de la vida humana y se necesita gran .
talento para abordarlo y una maravillosa intuición de la vida y de la realidad para interpretarlo.
De Mésmeris lo posee y el público se lo reco-noce y se lo oplaude.
LOPEZ l.

-------•-·-----ll)olitirn ~tntral.
RESUMEN.-LA RENDICIÓN DE SANTIAGO DE CoBA.-UN MISTERIO IlIPENETRABLE.-Los DOCO·
MENTOS OFICIALES Y LA INTERVENCIÓN OFICIAL.
-EL GENERAL TORAL y EL GOBIERNO DE MADRID.-COINCIDENCIAS.-AMERIOANOS Y CUBA·
NOS.-RENCILLAS Y RIVALIDADES.-LA JUNTA
CENTRAL DE NUEVA YORK Y LAS PROMESAS DE
Me KINLEY.-LA CAMPAÑA DE PUERTO R100.Co11rnATES SANGRIENTOS EN LO PORVENIR.-Los
CARLISTAS Y EL PARTIDO DE LA PAZ.-AMENAZA
Y TEMORES.-EL PATRIOTISMO DEL PUEBLO ES·
PAÑOL.-ÁTRÁS LA OLA NEGRA,-CONCLUSIÓN.
Desde que fueron conocidas las condiciones
bajo las cuales se rindieron al General Shafter
los defensores de Santiago de Cuba, mucho ha
variado la opinión respecto á aquellos hombres,
que tras sus fuertes y trincheras defendían la bandera gualda y rojo. Mientra.. se creía que la ciudad asediada iba á caer en poder del invasor,
falta de provisiones, escasa de víveres y pobre
de elementos de guerra, se pensó que el General •
Toral caía en medio de su angustia, al peso de
la fatalidad y cedía á una fuerza superior, ante la
cual era inútil toda resistencia y estéril cualquiersacrificio. Pero cuando se ha sabido, según la información cablegráfica, que entre los pertrechos
de guerra entregados al vencedor, se cuentan diez millones de cartuchos, el ánimo se suspende y se piensa en algo sombrío que ha pasado
en el interior de Santiago.
¿De quién es la culpa, si la hay, de no haber
intentado una salida victoriosa, de no haber rotoel cerco que nunca fué perfecto, de no haber resistido hasta agotar la abundante provisión de
municiones de guerra que tenían á la mano los.
sitiados? En un documento oficial, puolicado ya,
dice el General Toral que las condiciones de la
capitulación fueron arregladas de acuerdo con el
Capitán General de la Isla de Cuba, que había
consultado al Gobierno de Madrid. Nuevos informes desmienten tanto la intervención del General Blanco, como la del Ministerio Sagasta en la
expresada capitulación. Quedará siempre un misterio por descubrir, un punto sombrío que nos
oculta la verdad de las cosas, un problema que·
no podemos resolver.
También á propósito de la destrucción de la
escuadra espaftola en las costas meridionales de
Cuba, se habló de órdenes superiores recibidas.
por el Almirante Cervera para que saliera de la
rada de Santiago, aunque en su salida habría deencontrar: una derrota caFi cierta. Después, el
Ministro de Marina Seftor Auftón, ha negado que
existieran esas órdenes, y sobre elilustremarinoespaftol se ha lanzado terrible acusación.
Curiosas coincidencias que sólo el tiempo podrá explicar; extraftas obscuridades que alguna
vez alumbrará con luz meridiana la triunfadora
verdad.

*

**

Entre tanto, allá se disponen los soldados prisioneros á marchar al patrio suelo, tristes, desarmados, con la angustia en el rostro por no haber
alcanzado el triunfo que anhelaban. Las guarniciones de las plazas vecinas á Santiago, comprendidas en la capitulación, se disponen unas á entregar sus armas, en tanto que otras preparan una
resistencia inútil, pero firme y sostenida, apoyadas en las leyes militares que los rigen.
¡Vano intento! El nuev o régimen se ha establecido definitivamente en Santiago de Cuba. Si es
cierto que ha desaparecido la autoridad que representaba al gobierno espaftol, también es verdad que ni la ciudad, ni la provincia, se han
puesto por el Gener.tl Stiafter en manos de los

Domtngo 24 de Jubo de 1898.

todas las fortalezas de la
costa, para cooperar con el
ejército en sus movimientos agresivos.
Exentas del bloqueo por
más tiempo las costas de
Puerto Rico, y más próxi•
mas á la metrópoli, han podido recibirmayoreR recursos para resistir la invasión;
allí el c lima es menos inclemente, as guarniciones no
están fatigadas con luchas
anteriores, todo hace creer
que la resistencia puede ser
muy eficaz¡ pero también
aquella isla pacífica y tranquila no se acomodará á
los sacudimientos que traen
consigo los azares de la guerra, y quién sabe hasta dónde influyan en los combates
los clamores de la gente pa•
cifica, demasiado •pacífica,
para ver sin recelos, sus
ciudades bombardeadas, y
sus campos fecundos con•
vertidos en campamentos.
Si fueron terribles y sangrientos los combates que
, . precedieron á la capitulación de Santiago, y se vie,
ron las costas meridionales
manchadas con las olas rojas después del combate na.val en que fué destruida la
escuadra de Cervera, no
creemos que sea sin dificul'tades y sin sangre la cam~
pafia de Puerto Rico.

insurrectos. Con gran prudencia, con exquisito tacto,
el jefe americano ha establecido un régimen militar;
mas como quiera que los
pueblos necesitan alguna
autoridad para su régimen
interior, ha apelado inmediatamente á la gran institución democrática, al gobierno municipal, á cuyo
ampa!'o quedan todos los
habitantes, y á cuya salvaguardia se ponen todos los
intereses materiales de la
población.
Naturalmente, los cubanos, que ansiaban entrnr en
son de guerra á la capital
de Cuba Oriental, han visto desvanecidos sus sueftos
y evaporadas sus bellas
ilusiones, cuandorecibieron
la orden ineludible de per
manecer en sus campame1 •
tos, con prohibición expresa
de entrar en armas á la ciudad de Santiago. Han comenzado las rencillas, han
estallado las pequeilas rivalidades entre el ejército americano y las huestes de Ca·
lixto García; los oficiales
cubanos se retraen un polo
de la lucha; dispuestos como estaban A nombrar m
gobernador de la provincia, siéntense como ofendidos ante las decisiones del
Cuartel General de Shafter,
y hasta ha llegado á temerse una colisión entre las
tropas aliadas.

***

***
No juzgan del mismo modo la situación los representantes de Cuba, que en
Nueva York han mantenido
viva la llama de la revolución, y han trabajado des·
de el territorio extranjero
por allegar elementos á la
insurrección, proporcionando primero el apoyo moral
y luego el material del pueblo y del Gobierno americano, en fil.vor de la causa
de Cuba. No juzga del mismo modo 1a Junta central
revolucior.aria, que ha ex¡ resado por la v , z a11torizada de uno de sus wii mbros más conspicuo ,
la satisfacción que Jp, causa la marcha seguida
por el ejército americari0, y la 11ctitL1d re-uelta
de su Jde en e l arr~glu intedor del territorio sujeto á su autoridc1J.
Los que ven con verdadero cariño 1 ,s intereses reales de la patria cubana, sab,m por 4ut1 se
someten á las decisiones del vencedor sin procurar inmiscuirse en los asuntos interiores, hasta
que llegue la hora del triunfo ddinitivo. Quizá
confían, fundadamente, en la declaración solemne del Congreso americano, cuando al aprobar
las resoluciones famosas de la intervención arma da en los asuntos de .Cuba, protestaron, á la
faz del mundo, que aquella intervención había de
dejar intacta la soberanía del pueblo cubano para darse el gobierno que mejor cuadrara á sus
deseos y que mejor conviniera á sus intereses. Si
el Congreso hubiera reconocido la independen·cia de Cuba y el gobierno que representan Ma
ssó, Méndez Capote y los qne funjen como ministros de Estado de la naciente República, causaría
verdadera extrafteza que no se nombraran des•de luego autoridades cubanas y se comunicaran
al llamado gobierno central de Cuba los avances de las fuerzas invasoras, para sujetarlos á su
jurisdicción, á medida que fueran vencidas las
autoridades militares espaftolas. Mas como no ha.
habido tal reconocimiento, preciso es confesar que
Shafterobra,deacuerdo con el gobierno de Was. hington, en la esfera de sus facultades, y de conformidad con la resolución del Congreso americanc.

63

EL MUNDO

NEW YORK,-DESPEDIDA DE LOS VOLUNTARIOS,

*

* *

Una vez en poder de los americanos la ciugid
y el puerto de ::$o111tiago, base de futuras operit
clones, parece que IÍay una suspensión de ést11s
s )bre el territorio de Cuba, y toda la actividad
de la ma1 ina y del ejército, se v11n á concentrar
sobre la vecina isla de Puerto Rico. De varios
puertos del Atlán~ico comienzan á zarpar los primeros transportes con tropas, armas y provisiones, que constituyen la formidable expedición
contra la pequefta Antilla. El Gral. Miles, autoridad suprema en el ejército de los Estados Unidos, es el que toma el mando en jefe de esta expedición, donde acaso, después de las lecciones
recibidas en la costa meridion11i de Cuba, se tomarán mayores precauciones, se evitarán inútiles efusiones de sangre, se procurará hacer más
seguro el golpe,para hacer menoscostosalacampaila portorriqaefta.
No ha mucho que el Gral. M11cías, Gobernador
y Capitán General de Puérto Rico, ha~ía vrotestas y juramentos solemnes de mantener incólume el honor de su bandera, de combatir hasta la
muerte en la defensa de aquel tnritorio confiado
á su valor, y ·ofrecía derram11r su sangre antes
que conse·n tir que la tü,rra portorriquefta fuera
mancillada por la planta del extrnnjerc-.
Ha llegado la hora de nuevos combates. La escuadra del Almirante Sampson que tiene ahora
por única misión mantener estrecho el bloqueo
de las costas cubanas, tiene facilidad de desprender todos los buques que sean necesarios para ·
proteger el desembarco de las tropas expedicionaria;, atacar por mar las plazas fortüicadas y

Todavía es para Espaftá
,una amenaza constante la
sombra delos carlistas, que
· se proyecta negra y fatidi• ca en las abruptas monta•
. ftas del Norte. Por declara,
ción expresa del pretendiente sábese que él ha prometido permanecer quieto
y tr,anquilo hasta que cambienla!! actuales circunst11ncias; pero diciendo que en:trará en actividad· no sólo
de palabra, sino también de
obra, cuando llegue el instante supremo de la liquidación; y llama así á las
condiciones de la paz.
Y estas condiciones ya se repiten y murmuran
por lo bajo. El partido de los que quieren la pa~
á cualquier precio, vlextendiéndose y ganando
la ¡.,úbJica opinión, en todas las esferas sociales.
8e ~iente el estremecimi1mto del desastre, se resp ira una atmósfera de angustia, se oyen los clamo!'• s de las viudas y las· lamentaciones de los
hué1 fanos; se escucha el rumor de los miles de
obreros que han quedado sin _ trabajo; se ve por
todas partes la tristeza y la desolación de los
campos que han quedado sin cultivo, de las plazas que han quedado sin movimiento; y en esta
ola ascendente tiene que verse envuelto el Gobierno, y transigir y mediar entre los que desean
llegar pronto á las labores de la reconstrucción,
y los que anhelan seguir la lucha sin tregua, el
combate sin descanso, la guerra cruel hasta la
muerte, hasta el aniquilamiento.
Si la suerte adversa que hasta hoy ha seguido
á las armas espaftolas no cambia de rumbo, y
nna victoria notable, si no decisiva, no viene á co1 onar los esfuerzos de los que defienden la causa
espailoia, no llega á confortar los ánimos, pensamos que á pesar de todas las amenazas del
carlismo, habrá que secundará los que pÍden la
paz. Los pueblos no se sui.cidan nunca. Que yenga Don Carlos con sus hordas negras . A encender
las hogueras de la guerra civil; que ardan fas
teas del incendio y que alumbren cuadros y espectAculos de horror: hay todavía energías y v:ri•
lidades en el pueblo espaftol, para vencer por ter•
cera vez á la hidra del absolutismo encarnada
en el impenitente Don Cárlos. Acaso esta vez no
habrá tolerancias de-ningún género, no habrá
contemplaciones de ninguna clase, y los que aman

�EL MUNDO,

64

Tlm,.ing-o '.H dP ,Julfo df'I 1R9P

Domin,ro 24 de Julio 1~

65

EL MUNDO,

molde artistico una cantidad devida poqitiva, calie~t.e, palpitante, :-eal. Asi ~n Un drama nue_vq, en Virginia, á pesar de su clasicismo; en lo Positivo. á. pesar
de su trabajo de adaptación; en Lances de Horwr, á
pesar de su tesis, lo que se impone lo que se destaca,
conmueve y subyuga, es el aliento enteramentehumano con que la pasión y el dolor y el vicio y los conflictos emre alma y alma aparecen y bat!'-11ª!1· . .
Ese arte no puede se· nunca transitorio m c1rc11nstancial. Cuando muestra su labor cumplida se hace
contemporáneo y conterraneo de·t?da:: las épocas y
de todos los hombres.
Y en ello, precisamente, ha estado el secreto de que
Ta.mayo, sin escribri! ha más de treinta año~. haya
seguido siendo la primera de nuestras «actuahdades•
dramáticas, y sea hoy, l}IUerto, no un nombre que _se
borra, síno una gloria que se engrandece y se afll'•
ma.

el progreso y el engrandecimiento de la tierra
espaftola, arrancarán de raíz la mala yerba del
tradicionalismo, que ha extendido sus ramificaciones por todas partes del edificio social, y las
lanzarán á los cuatro vientos, para que no quede de esos hombres negros más quela triste sombra de su recuerdo.
Así lo exige el bien de la patria espaftola.

X.X. X.
21 de Julio ne 1898

~n el mundo de los r17illo_narios
EIJprogreso y la dicha humana.
Leyendo las curioRas y extrañu narucion.is del
Mundo de los millonarios piensa uuo 8 Lu 4 uo::rer en d
cuento dt1 Lafomaint1 en que figura uu po:::TO que con
sólo sacudir las ornjad hacia catir de tillas oro, diamantes y joyas prt1ciodlsimal!,
.
Pero reahuente hay gt1mes tau ricas en este mundo? ......
¿Existen acaso personas que sin ninguna de las moleetas obligaciones que impone á los soberanos el ori•
gen de su lista civil, pued-,n gastar sin mermas para
el capital dosciencos mil francos diarios? Al pensar
en ebtos sere~ extraordinarios¡ experiméntase cierta
melancolla, porqut1 entonces y sólo entonces comprendemos que los archi·millonarios no 1100 folices ó
que al menos .u fortuna no deriv.i. directamente de
los millones 4ue han acumulado.
Tafter da uu sabio condejo álos tour1stas: llevar en
su~ exp11diciout1s poco dinero y mucho buen humor.
El pli.cer no se cowpra y el que no lo tiene consigo
corre el peligro deno t1ncomrar10 en ninguna parte. Lo
mismo sucede con el g·ran via;t1 de la vida, porqutl,
en verdad, dtldJJUé; de hab11r v1oto, ó leido algo de lo
que ocurre 1:1u el Mundo de los millonarios, nos pre•
guntamo11 para qué sirve el dint:ro: sólo es envidiablo, la sue1tt1 de 1011 que consag1 an sus rentas coloealcs a al!rnna obra de benefkeucia ó civilizacióu;
¡0 ., demás parece q uc han perdido lo que Montaigne
llawaba. 11 e1 sentido de la vida" vo::getando como esos
Boudhas de orv que se admira e1.1 !as Pagodas de Indo-China.
O encontrais que sea. digna de envidiarse la vida
de 1:1se afortunado cuyo único placer consiste en. salir en su coche que él mismo guia, lanzando los caballos á todo el correr de sus pié$ iigerisimos, por las
calles de una ciudad enmedio.d~l azoramiento de la
multitud que se agolpa en las ace1 as esperando á cada instante un vudco trágico ...Par11. dar empleo á los
setenta poneys de sus caballerizas hace circo con
media docena de carros de bancoti que giran vertigino~amente en la playa en medio de una multitud del!·
pavol'ida de mujeres y de niños que no hallan á qué
santo encomendarse. Si un pobr1:1 diablo se t1ntl'egara á esos estúpidos y pehgrol!os esparcimientos, liarla
con su cuerpo en la cárcel ó seria encerrado vitali•
ciamente en un manicomio; pero se trata de un millonario y la po1icia no lo importuna porque á la meno.·
indicación que se Je hiciera abandonaría la ciudad,
re•irando de la circulación ditiz millones anuales por
lo menos y ¡qué diablo! diez millones no son una cifra despreciable aun en el pals de los millonarios.
El hecho no es único: una milloraria americana,
, Mrs. Hetty Green no paga contribuciones Esta mujer extraordinaria ha encontrado en su riqueza misma fuerzas suficientes para pont:rse en pugna y hacer capitular á una ciudad t~n opulenta cowo Chicago. c.;11a misma refiere la anécdota:
"Tenia, dice, mi dinero en cinco bancos de Chicago y á los cinco les comuniqué mi resolución de rt1tirar de ellos mis fondos. Los banqueros se pusieron
dA acuerdo pa_ra. dirigirse al R.ecuadador de contri·
buciones: ¿sabéis lo que están h11ciendo? le dijeron.
Vais á expulsar de Chicago millones y millontis. Si
¡0 creis bt11..éfico para la ciudad cobradle contribu•
ciones á Mrs. Green; pero no contéis en lo sucesivo con nosotos para ninguna de vuestras operaciones"
Mre. Green se puso muy contenta por el buen
resultado de su estri.tagewa. "~l recaudador se quedó de una pieza, agrega la archimi1lonaria. Ya no
tuvo valor de cobrarme y en vista do, eoto dejé mi di•
nero en los bancos."

***

UNA TESIS DE F0GAZZAR0

CUBA,-ESTACION Dl!l LLUVIAS: EN LA MANIGUA
l l'BA.- ESTACIÓN DE l.LUVIAS: EN LA CIUDAD,

**º
El buque caminó días r días; hasta que los excursio1listas llegaron á la Tierra del F11ego en donde
desembarcaron, y '111rantt1 una semana, hubo fíe,tas
y bailes en las selvas virgenes. Ll\ señora Cansirto es
bella., pero siempre se ha negido á. c,i.sarse. Ya s11
puAdesnponersi habrá sido por falta de pretendieotias
El prestigio de los título11 de nobleza de la pobre
Europa ejerce una fascinación ~ingular sobre el espiritu de las ricas herederas americanas. Sabido 1:s
que muchas d11 ell1s se caian con los nobles :ngleses
y franceses. El matrimonio de Mi3s V.i.nderbilt con el
duque de Malboroug causó en los Estados Unidos
una emoción extraordinaria sobrexcitada por dos sentimientos opuestos: el org11llo y el de3contento; la satisfacción por el honor que recibía el oro americano
y el disgusto por su exportación al extranjerc
He aquflostérminos en que loanunciaroJolosperiódicos de New York; este es, oor otra parte, el estilo
que gasta en los encabezados de toda noticia má.s ó
menos interesante:
MISS V ANDlllRBil,T,
Nuestr11. nreva duquesa.
D~to~ biográficoij de la gran heredera
que Vi&amp; a adquirir

E~ ve.dad que la señora Green. por más que se per•
mita estas estravagancias y tenga cien millones, no
dej&amp; de ser una pobre al lado de la sef!.ora Cansino
UN TITULO EXTRANJERO
que vale más del doble y es la mujer mas rica del
CON LOS MILLONES nJ11 VANDERBILT,
mundo. Vive ordinariamente .,n Santiago gastando
en tr1:n regio,- lo llamaremos atf á falta de otro epíNo es notable ni se ha distinguido:
teto. Juzgad si nó: su palacio de Macul, con jardines
es et tipo medio dela joven americana.
y dependencias, se extiende desde las puertae de SanEdad, estaturll, cómo se vist11.
tiago hasta las Gordilleras. Un dia invitó á los oficiaSus habilidades, su género de vida y
les de la escuadra americana de los cuales veinte
SU ENORME FORTUNA,
aceptaron la invitación Puso la ciudad de Santiago
Aspecto
(Personal de.~cripcion.)
á. su disposición ordenando que todos los gastos que
hiciesen los bravos marinos en teatros~cafés, tiend?s,
Ed-:id: 18 años. Altura: 5 piéa 6 pulgadas Color de
etc., corrían por cuenta de ella A veces-Ofrece á sus los cabellos: negro Color de los ojo.~: ob ~curo intenso.
huéspedes una isla para que hagan en ella cu1mto Cejas: !lelicadamente arquedas. Nariz: ligeramente
quieran y los hace conducir en alguao de los steamers remangada.. Peso: 116 libras y media. Pié: pAqueño,
que forman su flota.-Un día hizo arreglar un buque -empeine arqueado. Número dPl calzado: 3 Longitud
de su propiedad con todo el lujo imaginable é invitó del pié: 8 ¡tttlgadas y media. Manos: delicadas, dedos
á cincuenta personas para que hiciesen con ella una delgados Número de lo-~ guante.~: 5¾. Longitud de la
excu1sión, embarcóse una orquesta, provisión de mano: 6 pulgadas. Mediáa del talle: ::!O pulgadas. Ta
champagne que habría bastado para formar un rio, maño de la falda: 4-l pulgadas Rostro: ligeramente
eu fin, todo lo que la fastuosidad de esa gente ha ovalado. Tinte: muy claro, mf'jilla~ rosadas 11ar·ba:
im&amp;ginado para divertirse con el mayor costo posibie. puntiaguda, signo de vivacidad. Boca: pequeña. y

sin carácter. Dientes: blancos y bien conservados.
Labio.~: gmesos. con una c,uva si,mejante al arco
d1:1 \Jupicto. Talento y habilidades: música. pintura,
leng-uas. Tú.lento principal: ninguno. Dote: 10 millones
de dollars. Furtuna por venir: 5 millones. Orejas: pequeñas y pegadas a la cabeza. Cabeza: redonda y bien
eqULlihrada. Gusto especial: ninguno. Color favorito:
rosa Sport: tt1unis. J!Jjercicio favorito: bicicleta.
Lo que no i11d1caba li&amp; Personal descripcion de la
rica l:ieredera, pt&gt;ro que no dl'jaro11 litl dt:cir los periódicos más graves. es qne Miss Vanderbilt vivia
rodeada de- una multitud de animales prediltictos:
avestruces, ibis, buitrei. águilas. serpientes, etc. El
dia de la ceremonia matrimonial. habla en la iglesia
flores cuyo precio no bajó sin dud11. de cien mil dollars!
Este puffismo esti\., como s11 vé. muy lejos de las
discretas atenuacione.i de futuoeidad que constituian
antaño el buen gusto aristocráttco .....

En este género de crudaq ostf'ntRciones, un tipo excelente de millonario es Edwa1 d Drouin. El año de
1886 era eepecier,, ne una casa de Philadelphia, tenia
l'ntonces quince años P0co des¡.,ués lanzó~e á la especulación de ~ewillas y awoutonó millones sobre millones con una rapidez sin precedeute A~ ora vive en
Atlantic City y g.i.l!ta diez mi'lone.- al año.
Su gran placer couAiste en luchar con un macho
cabrlo enorme, sintiéndose plt·namtinte satisfecho
cuando logra cl~var en tiPr"a 1011 cuernos lle e1l digno adversario. U La ve1, fué á un banco con motivo de
algunos negocios, y dtispechado Dro11in porque uno
de loe f'mpleados Je ·tr11tó con pocas lltenciones, el
mismo dia compró todas las &gt;1cciones del banco para
desped.r de la casa al dependiente que tuvo la desgracia de disgust•rlo.
Hay otro millonario que se ha hecho célebre por la
exageracióu con que hace u~o de los diamantes; los
lleva hasta en los cordones de los zap11tos. Todos loe
botones de sus pantalo1,es son rle diamantes; los mangoR de sus paraguas éentellean; los manublios de la
bicieleta fulguran .. . ... Aun d J noche usa diamantes
l'n la ropa de la cama y en su bat11. adornada de pinturas art'stlcas.

Y es curioso notar que todos, ó cas! to..;os, han ea\&gt;ido Jo que es la miseria; ellos son los autores de su
for tuna edificada entre rudezas de la adversidad y
privaciones. ¿Qué magia ha formado estas colosales
fortunas en tan pocos años? Oómo han ganado el pri•
mer millón, el único, según se dice que sea dificil '.1-d·
quirir? Es el secreto del país del dollar, cuya vida
es un perfecto hervidero de actividades; por cien que
llegan á los esplendores de la opulencia, cuántos serán los que se quedan en el camino, vencidos por la
suerte!. ...
Ciertamente el azi&amp;r debe de influir; pero no olvidemos que hac influido también en el é::nto de estas ambiciones, la incansable laboriosidad, el genio de los
negocio, la int.repidez, el espiritu de aventura y el
vafor. Qué ejemplo más significativo que el de Joseph Puiitzer? Hace treinta años llegó á Saint Louis,
-desconocido, sin influencia ni dinero; se hizo repórter de un periódico. De repórter paso á re~actor, de
redactor á editor, y luego fué propietario del New
York World.
Cuando compró este periódico, en 1883. tiraba 35,000
ejemplares. Cinco años despl.lés el World llegó á tirar
'750,000 cuotidianos de 16 páginas y000,000 semanarios
-de 52 páginas! Mr. Pulitzer gana diez millone.e al año.

DON MANUEL TAMAYO Y BAUS.
Como si en estos tan negros dlas toda pena y todo
dolor quisiera entrar á saco el corazón de España viene hoy la muerte de Tamayo, de una de las glorias
más excelsas de aquella nación, á poner en el alma de
eus hijos nuevas amarguras.
Silenciosamente, en la laboriosa soledad de su rPtiro académico, alli donde p.i.ra siemrre quedará colgada 111 pluma insigne de D Joaquín Estébanez_. y alli
donde el erudito, y el bibliófilo y el elegantis1mo disertante dieran descanso y aun procuraran olvido al
genio de.sil~l~i&lt;'nado y entristecido, ha muerto el autor
ilustre de Un dram an·uevo. ¿De qué? ¿A qué edadlSon esos detalles sin import11ncia al lado de lo demás:
y lo demás-doloroso y lamentabilisimo-es queaque-

lla resplandeciente antorcha intelectual no brillará
ya nunca.
En el orden soc'al, civil y politico. don Manuel Tamayo y Baus, era una «respetabilidad». Director de
la Biblioteca Naci&lt;'nal. jefe del cuerpo de Archiveros
y Bibliotecarior,, académico, secretario perpetuo de
la Española. mantenlase en la llnea media á que euel11n llegar, no los Tamayos, sino esta levita solemne
ó aquel frac aparatoso .........Sin necesidad de ser Ta•
mayo, es decir, el primero y más universal poetadra•
mático español de nuestros tiempos, habria podido
ocupar las mismas posiciones burocráticas y académicas y llegará. mayores alturas. No son precisamente el genio ni el g1 an talento los que abren la mayor
parte de las puertas: antes suelen ser advertencia
para que se echen llaves y funcionen cerrojos ..... .
En la vida polltica, Tamayo no pasó de carlista platónico; y hasta su platonismo polltico acabó cuando
un buen movimiento del Sr. Pidal lo puRo en compromiso de aceptar un nombramiento de D, Alfonso: la
direción de la Biblioteca.
Cabe, pues, en una tarjeta la biografía de Ta.mayo
cómo un hombre extraño á las letras. Y sin embargo,
la vida ciudadana, la vida obscura y pacifica de los
Archivos y la Academia parecía satisfacerle en extremo. Aquel buen señor, un poco achaparrado y á la
burguesa vestido, con sus gafas montadas en oro,
con su especie de media barba mefistofélica, metido
con su berlina en la fila de cuches de laCastellana ó
del Retiro, dab-a idea de un rentista,deun alto funcionario á. quien el Estado paga un carruaje-alquilón y
pasea una feliz y estéril vejez ant e los demás mortales sin sueldo,sin cochero y sin uniforme.
¿Er.. eso Tamayo?

***

Relativamente su personalidad literaria no es de
nuestro tiempo Lo más saliente, lo más «hecho&gt; de su
obra es anterior ála Revolución de Septiembre. A pesar
de ello, nada más sincero ni iná.s firme ni más general que el respeto y la admiración con que el nombre
de Ta.mayo ha sido pronunciado aun después de treinta años de silencio. Y es que Tamayo pertenecía á la
raza de poetas creadores. Con ser maestro en el artificio y enla habilidad teatrales, con tener muy suelta y
acertada la mano para la preparación de efectos y la
urdimbre necesari~ á todo poem11. dramático. lCI ::w.minante en él es el genio: la facu'.tad de vac!ar en

' No hace cuatro meses todavía que visitó Francia el
eximio litera.to italiano Fogazzaro y al abandonar la
Ciudad Luz se dirig·ió sin pérdida de tiempo á la Ciudad -EterLa.
El 31 de Ma!'zo dió en el gran salón del Colegio Romano ante S M, li&amp; Reina de Italia y un concurso numerlsimo, una interesante confertincía sobre este te•
maque se le hab1a propuesto para que lo desarrollara:
"El progreso y la dicha humana"
Damos á continuación en un breve resúme!l la tésis
original y elocuente del escritor italianu.
"¿Ha aumentade el progreso la suma de dicha de la
humanidadl"-Si, afirma Fo~azzaro, La evolución de
la humanidad o.ienta á los rndividuos haci&gt;i la satisfacción cada vez mayor de sus deseos materi~les y
de orden moral.
Esta marcha ascendente no podrla compararse á
una linea recta de una manera absoluta pero á lo
menos es posible representarla bajo la forma dt1 una
espiral.
La causa del prog-rebo es incocogno~cible para
Herbert Spencer. y Fogazzaro, por el contrario, cree
discernirla cada dia con mayor clarid·td.
"Cada vez, dice el conferencista. se precisa mejor
en la conciencia humana la causa del progre-o bajo la
forma de un poder misterioso que atrae hácia si á la
humanidad,"
HHy dos coss.s que creeFogazzaro evidentes: l.º Un
cono~imiento más y más exacto de Dios por obra de
ia ciencia; 2 ° la multiplicació11 de vinculos de unión
entre los hombres En esto consiste el progreso innegable de nuestro tiempo.
En lo que se refiere á la corrupción engendrada
por el refinamiento de la civilización, no hay motivos para que nos inquietemos de un modo exagerado.
N:is hallamos en preeencia de verdaderos accesos de
fiebre. Esas fiebres han matado las civilizaciones antiguas, porque eran esencialmente e11;oistas y desconocían el principio de la subordinación del presente
al porvenir; pero tales perturbaciones no pueden
aniquilar la civilización cristiana
Por el contrario, la favorecen, eliminando los elementos más nocivos y a11tisoci11Jes
El sentimiento de la solidaridad, de la subordinación df'lpresente al porvenir es paraFogazzaro el fenómeno culminante y la garantía más firme del pro,
greso contemporáneo.
·
Es, además, una fuente de felicidad perenne para
el alma humana. En ese principio e~triban, pues, las
leyes de la humanidad.
La ciencia reconoce en el espíritu individual la
acción de un trabajo que ha durado Pigloe y siglos;
todo eér viviente es solidario del que le J1a precedido
y del que le seguirá. J;'or eso la muerte es sólo un accidente y cree Fogazza•o en 11110 destino sublime del
hombre, más allá de la tumba."
Por esta árida y sucinta exposición podrá apreciarse el interés de los problemas metafii!.cos y eociides
discutidos ¡,or el literato italiano.
En su conferencia se encuentra la elevación de miras 1 que di,tinguill.!oe discursos del autor, sobre la teoría de la evolución y 11u concordancia con loe dogmas
cristianos.
Fogazzaro es darwiniano ardiente y católico sincero. Ya otros espíritus selectos, en América principalmente, lo habían precedido en esta conciliación
del evolucionismo y la doctrina religiosa; pero en
Italia es el inioiador del movimiento, y un iniciador
por cierto de gran autoridad
No se podría negar que la fusión de ideas anglosajonas y germánicas en esta alma latina, hará del
gran novelista filósofo, uno de los pensadores europeos rnás peri,onales de naestroe tiempos.
Comenzamos por repetir lo que dicen los demás y
solo más tarde nos atrevemos á pensu libremente.
fules Demaitre.

*"'*.

Los que viven en el mundo literario ellbPn que ser
célebre es ser desconocido por la gran mayoría.
Paul Bourget,
En preRencia de fas luchas entre la fuerza -y la justicia, el mundo de loe intereses materiales, sin odios
ni preferencias, calcula. la utU.idad de los resultados
G. M. Valtour,

�Domingc 24 de Julio de 1898

EL MUNDO

66

Nuel!lltros e-re bados

Lra manifestación en honor de ~uárez
El General W. R. ~bafter.

Juárez, "el autor prominPnte de la obra de reconstrucción de la patria", recibió Pl 18 de Julio en rn severo mausoleo los homen~jes que en pomposa solero·
nidad anualmente conmemoran la muerte de nuestro
insigne regenerador.
Ya hemoP dado oportnna noticia. dela cPremonia en
nuestras ediciones diarias y uno de nuestros compañeros ha dt&gt;jado correr de su pluma fra8es palpitantes de emoción "La Patria ha cubi1:ntu la tumba de
Juárez de un infinito número de flores, flores de todos los matices y de todos los perfumes.

LA TUAlBA DEL SEÑOR JUÁREZ

JEFES Dlll L~ ESCOLTA PRESIDENCIAL

Ante aquella invasión de nectarias quedó oculta la'
yacente estátua de u.ármol, que reposa en actitud
blanda y serena sobre el mausoleo, y en su derredor
los centenares de miles de cálices difúndense aún ca•
lladamente como poéticas lámparas votivas en una
capilla llena toda por un recuerdo.
Uada año va la primavera á llamará esa tumba que
no responde, porque la tumba y ia primavera no son
hermanas Cada Julio desgaja sus tallos floridos para e?redarlos en coronas de nácar y de fuego, con
destmo á ese mau~oleo que guarda cenizas donde ar-

El 18 de Julio es ¡:,ara México un dia solemne, un
dia de luto, y no sin razóri además de los edificios pú·
blicos, se cubren de crespón los círculos sociales _v
las Legaciones extranjeras, como un signo de simpatia á nuestra Patria.
¿Por qué olvido, por qué desdén inexplicable señalóse entre todoP e11te año un respetabilisimo centro
extranjei:o, por la ausencia de muestras de duelo en
su exterior?
.
El nombre y la figuradeJuárez no simbolizan odios
ni exclu8ivismos: fué el rt&gt;presentante del ideal democrático y liberal, es decir, de la fraternidad de los
pueblos. La obra lle la Reforma abrió nue8tras puertas y ofreció nuestro suelo á los extranjeros de buena voluntad: ¿n,. es razón ~ue su memoria sea universalmente y con cariño venerada por todos los que
en esta patria mexicana vivimos en el consorcio armónico del trabajo y de la libertad.

El General William Rufus Shafter, jefe de las fue r -zas expedicionarias uorte- americanas que tomaron
la ciudad y provin~ia de Santiago de Cuba. es uno de..
los veteranos del ejército de los Estados Unidos del
Norte.
Nació en Galf1sbourg, Eotado de Michigan, el 16 de
Octubre de 1835; tiPne pues cerca de 63 años de edad.
A principios de 1861 se alistG cumo voluntario del
Ejército de la Unión en calidad de TenientA del séptimo Regimiento de Michigan Un añodPspués ascendió á ,nayor del 19 Regimiento de Michigan
Fué hecho prisionero por 1011 confederados en la batalla de Thompson's Station el 5 de Marzo de 1863, per•
maneciendo tres meses en pod11r del enemigo.
EL la batalla de Fair Oaks fué nombrado Coronel
encargándose del mando de un Regimiento de tropa~
de color desde Agosto de 186i hasta la terminación
de la guerra.
IJ.uando e11 Noviembre de 1866 dejó el Bl'lrvicio de
voluntarios recibió el nombramiento de Brig-adlerGeneral y pasó en comisión como Teniente Corocel
del 41 ° de Infantería del Ejército regular de los Estados Unidos
Hasta entonces todos sus ascensos babian sido concedidos en campaña activa; pero como siguió prt&gt;Rtando sus servicios en tiempo de paz, el año de 1897
recibió el despacho de Brigadlu -General en promoción regular
Los acontecimientos que se hav sucedido con ocasión de la campaña de Cuba atraen la atención pública sobre esta figura del ejército invasor.
l:omo mmtar ha llevado á cabo una emprPsa dificil
y al mismo tiempo se ha distinguido por la hidalguía.
de su comportamiento con el vencido, no menos que
{,Or su conducta correcta y prudente en la ciudad de

EL COCHE DEL SEÑOR PRESIDENTE

dió en otro tiempo el ideal de la Reforma con llamaradas de ?rto al levant~miento del Sol, y parece que
la memoria de Juárez tiene el singular privilegio de
los árboles, absorber la savia de los centenarios para
crece-: hácia los cielos"
El señor Presidente de la República fué el primero
que dejó en la capilla sepulcral su corona una corona hecha de camelias, pensamientoi y ros'as aprisionadas entre anchas hojas de begonia. En pos del Jefe del Estado, venian ks señores Ministros la familia
d~l héroe y las innumerables representa~iones del
EJér~ito, del Poder Legislativo, de los Tribunales de
Justicia, de los E@tados y de las Sociedades patrióticas y mutualistas.

UNA FIESTA ORIGINAL.

Sant'ago, á la que según dicen los cablegramas no oprime ni causa las vejac;ones que
sufrenordinariamentelos pue•
blos tomados por conquista.
La partida de los voluntarios
Las mujeres norte-americanas no han sido un elemento
adverso al estado de guerra;
por el contrario, las ha singularizado en esta ocasióll la
simpatía rayana en entusiasmo con que se h -n asociado
á la politiea adoptada por la
Nación del Norte á fines de
Abril último
No quiere decir esto que todas las que ven partirse á la
~uerra á sus hijos, hermanos
o prometidoe no sientan ese
desgarramiento delas fibras
sensibles de la mujer, que ei;i
mujer en todas partes. pese
á los convencionalismos literarios puestos en moda por
ciertos viajeros que sin observar más que el barniz superficial de las sociedades,
han creado ese i;:po facticio
de mujer sin nervios ni emociones profundas.
Sin nervios puede ser: la
norte-ameiicana difiere delas
mujerPR de otros pa.ises en
Psa selfishness quelaacostumbra deijde niña á vivir de una
vida propia, á buscar dentro
de si misma fuerzas y estimu
los para vivir; que le crea en
1ma palabra, una personalidad original y robusta.
Pt&gt;ro esto no es necesariamente una negación ti.e hs
cualidades quellevadas al ex•
tremo constituyen debilidad
y esclavizamiento de seres im •
potentes; no, la norteamericana no es una rebelde ni una
insensible marisabidilla Los
ejemplos de mujeres refractarias á la misión de ternura y
abnegacion que les impone la
naturaleza son deformaciones que hacen una variedad,
no ef tipo de la raza, ni siquie
ra. constituyen una gran ruay ~ria desconsoladora como algunos creen. Seres faltos de
ponderación en el caráctl'r y
de buen sentido en la conduclllANJLA.-LA IGLESIA DE &lt;lAN SEBASl'IÁ~ CONVBIRTIDA E~ HOSPITAL
ta, naufragan en el escollo
que tienen todos los ideales:
la exageración sistemát:ca.
Como á un despo3orio con la patria II évanlo sus pa¡Cuántas son las jóvenes norte-americanas que al
impulso de hondos afectos han consagrado su unión dres y sus hermanos al altar que guarda los ex- votos
con los voluntarios en el campament&lt;&gt;. junto al estri- de la familia. Al_pié de esa misma ara su padre y sus
bo de los trenes ó en los muelles, ante los bu'lues que abuelos vinieron como él á consumar la inmolación
se llevaban á sus esposos de un dfa, de una hora, á de toda una existencia entreg-ada á los ignotos pelila guerra lejana, á los peligros de la fiebre implaca- gros del mar v de la guerra.
¿No está allf, á su izquierda, el viejo marino retirablfl y de las balas enemigas! ....
do cuyas narraciones Inclinaron su infantil vocación
Al menos, seamos justos con ellas.
á las aventuras épicas del Océa.nc?
La madre llora ¡madre al fiu! pero no ha.ce vacilar
La estación de las lluvias en Cuba.
la decisión del adolescente. La sostienen en su sacrificio heroico toda una tradición de madres abnegadas
y la creencia ciega de que sus ors ciones serán amuleAun á los que vivimos en ciudades que como Mé- tos y la bendición de la Virgen, eficaz salvaguarxico tienen anualmente una temporada de lluvias dia que ampararán á su hijo contra los huracanes del
copiosas, entabladas con regularidad, no deja de sor- cielo y las tempestades flameantes del combate.
prendernos el aspecto de la ciudad antillana, a.negada durante toda una estación bajo las pertinaces cataratas diluviales. Es por demás melancólico elasoecto
Un hospital de saogre
de esas calles desiertas en las que se suspende toda
manifestación de la vida, como no sea la que puertas
adentro, tieja oír en este tiempo de guerra y calamidades la voz de sus quejas, dolientes como la canción
Después de la acción librada en Cav1te por los es•
perenne de la lluvia estival.
p~ñoleJ y norte-americanos, la Igle11ia de San SebasY entretanto la manigua aprisiona en la malla de tián de Manila vióse de pronto C)nvertida en hospital
sus follajes y en la turra de sus pantanos, á las esca- de sangre para la curación de los españoles heridos
sas partidas de guerrilleros é insurrectos qur ae avenel combate.
turan en aquel laberinto tropical. Sin la. complicación enNo
falta para dar carácter al cuadro la figura clásiinternacional la guerra habria sidc una tela diaria- ca en la historia del htiroismo femenil, de la hermana
mente tejida y vuelta a destejer. No era aquella una
la caridad.
guerra sino una exasperante porfia de los. unos pro• de"La
Cruz Roja" ha organizado legiones laicas de
curando encu.entros campales y de los otros esqui- mujeres dispuestas á todo, los sacrificios. por ri-mevándolos entre quiebras y malezas, verdaderas gua- diar en lo posible los tristes y sangrientós infortunios
ridas de merodeadores, fnaccecibles á un Pjército en de la guerra.
orden regular de c11mpaña.
Las sociedades m,)dernas deben eminentisimos serSólo dos grande¡; masas de combatientes, dispuesá esa institucion admirable concebida por el
tas á la pelea y (leseosa.s de lanzarse á un exterminio vicios
humano más generoso y respetable; pero no
colectivo, podfan dar al conflicto la solución final que móvil
á las hermanas de la caridad, cuyo nombre
e11pera con ansia el universo, para bi.en de la Nación olvidan
dulcemente poético. abre una de las páginas más
que ha sufido estoicamente el desangramiento dolo• blancas del catolicismo.
roso de su vitalidad.

LA OOMl'l'IVA

Son tantas las coronas que la gratitud nacional lleva é esa tumba, que llenan el interior del mausoleo y
por fuera lo convierten l'ID un monte de flores
. ~a voz simpática de Peza. evocó la memo~i11, del
i!1sig?e Px:esidente en aplaudidas estrofas, y el distmgmdo Jurisconsulto Sr. Raygosa pronunció un
amplio y soberbio panegírico escuchado por los conC'u:-rentes con el respeto que inspira siempre el raro
mérito del orador
·

¡Dio• prote}a sus arma~ y su vida!

jDIOS PROTEJA SUS ARMAS Y SU VIDA!

El joven marino, como los antiguos caballeros de la
leyenda que velaban sus armas en el santuario del
castillo, pone su espada bajo el amparo de la Virgen
tutelar, ímp..,trantio para la iniciación de· su carrera
loe divino,, auxilios.

67

EL MUNDO

Domingo 24 de Julio de 1898

La Patria es para muchos una enferma que decla•
ran incurable á fin de no preocuparse por los reme•
dios que necesita.

'

La Comedia francesa ha celebrado fln el Trocadero una
fiesta de carácter en extremo
orig'ÍDal, destinando sus prod:.ictos al monumento que se
nigirll. en honor de la trági•
ca del Siglo XVIII Mlle. Clairon.
La prePideLcia de honor
fu é concedida á M. Jules Ola·
retie. La fiesta fué una evo·
caclón de todas las artes tea·
aales: Tragedia. Comedia,
Canto, Poesia, Música y Baile,
tales como las cultivaban y conocían los tiempos brillantes
de los abates. p etimetres y
marqueses.
Entre las piezas que representaron los actores dl:'I la comedia Francesa ene! Trccadero figuran los más delic11dos
fragmentos y escenas de Zaim v del Barbe;ro df Sevilla,
recitando también poemas y
madrigalPs del siglo galante.
Los artistas de Ia ópera Cómica cantaron trozo&amp; &lt;1e esas
óperas graciosas de Mozart y
de Gretry y las canciones del
refinado abate Voisenon.
El clavicordio, la viola y Pl
harpa sonaron en honor de la
célebre actriz cuya ~loria se
perpetúa en nuestro siglo pro·
saicr.
Hubo bailes del tiempo de
los Luises: minuetos y gavotas para los que vistieron los
más vistosos trajes los primeros artistas de la ópera.
La ceremonia terminó con
la coronación de la trágica y
u11a. lectura de los versos que
le dedicó Voltaire.
·
Todos los pormenores de la
encantadora matinée aparecieron en un programa artfstico,ilustrado por Alberto Guillaume, y que fué vendido en
la sala del Trocadero por
quince de las bailarinas más
bonitas de la ópera.
El furor que hace todavía
en Paria el arte del siglo
XVIII es uno de los fenómenos más curiosos y significativos de nuestra época utilitaria.
Vivimos ahogándonos en
nuestro medio estrecho y sin
DE SANGRE
alientos ni estímulos para
·
crear con originalidad formas
artls ticas nut&gt;vas que satisfagan á la gran exigente.-la fantasia-vamos á tomar en los tiempos que
fueron un poco de aire fre11co y ·puro que vigorice
las almas sedientas de ideal.

PATINES DE RUEDAS NEUMATICAS

:..

,..

Pocos serán los que andPn p01· su pié en el siglo futuro Esto significa que habrá muchos cojos?
Nada de e@to; por el contrario, aún sin bici.::leta ni
motociclo podremos recorrer grandes distancias con
velocidades vertiginosaP,
Ya en el Bosque de Boloña. de París, es fácil ver
11qui y allá algunos aficionados al nue, o modo de lo·
comoción: los patines neumáticos.
Los antiguos patines de ruedas pequefíaP. sólidas. han
sido abandonado~,
olvidados ya. No
podían servir y de
hecho no servirán
sino en salones de
pavimento perfecta
mente pulimentado.
Hoy se ha imaginado un patín con
dos ruedas, en vez
de tres que tenia el
antiguo, y colocadas una delante de
la 1, tra lo que le da
gran semejanza con
el patín de hielo.
.,._demás tienen las . Patines de ruedas neumátlcasestno bl•
.á t
clcleta, para correr en los caminos orrue das un dI me ro dtnarlos.
de 15 á 20 centimetros y yantas de cautchuc llenas de aire como las bicicletas.
Están montadas en una armadura de acero de 30
centimetros de longitud, que se amarra al pié por medio de correas.
Parece que es posible recorrer de 15 á 20 kilómetros por hora en un buen camino, Es una máquina de
correr; pero probablemente fatigará más este ejercicio que el de la bicicltta.

�EL MUNDO

68

Domingo 24 de Julio de 1898

Domingo 24 de Julio de 1898

li'T, 1\.fTNnO

EL TELEGRAFO SIN HILOS.

CURIOSIDADES CIENTIFICAS

Teoria é historia del problema-Conocidas son
ya las experiencias de Hertz que han permitido comprobar la posibilidad de traLsmitir á distancia rayos
electricos comparables á los rayos lumiuosos Estos
efectos se obtienen empleando una bobina de Rnmp·korft, un oscilador eapecial y un resonador. El oscilador consiste en principio, en dos esferas metálicas
pulimentadas, en ~omunicación con superficies metá.licas.1Rlve y Sarazin han observado q " e a1.menta considerablemente la producción de oudas haciendo es-tallar la chispa en un liquido aislador. Cuando funcio•
11a el aislador, compruébanse loe efectos á die,ancia,

EL AIRE LIQUIDO Y SUS APLICACIONES IN0US 'RIALES

Produccién del aire U.quido.-Qué lejos estamos ya
de la época en que los sabios creían permanentes
ciertos g1tses es decir no susceptiblt1a ae pasar del es·
tado gaseos~ al liquido El 5 de Noviembre de 1877 M.
L. Ca1lletet logró licuar el ga~ acetileno que 1istaba
inscrito en l1t lista de los r1icalcitrautes; el 2?. d_e Noviembre obtuvo el mismo resultado con el b1ox1do de
azoE'I· poco después, el 24 de Diciembre del mismo año
de 1877 el oxigeno y el óxido de carbono entra.ron á
formar parte de la catego~ia de gases suctiptibles d_e
liquefacción. El año termmó con un gran acontec1miento: el 31 de Diciembre de 1877 el aire, el azoe y
el hidrógeno pasaro1.1 al estado liquido. Los gases
permanentes no eran y a sino un recuerdo de la historia cieutifica.
A decir verdad las operaciones se hacían en pequeña escala no produciendo más. qu~ algunas g_ot1tas de
liquido, 9 bien en el case del h1arogeno una ligera neblina de condtm~ación
El resultado se obtenla por el procedimiento Cailletet coro primiendo los gas~s y enfriándolos al 0(?erarse la dilatación. Con el obJeto de llevar ¿;ás leJos el
enfriamiento y alcanzar el punto critico del oxigeno
(-113º), evaporó etileno licuado en_ el vacío como lo
habla hec,,o Faraday con el protóxido de azoe.
Con este método los señores Wroblewskiy Olszeus•
ki produjeron el año de 1883 cautidades apreciables
de oxigeno, de azoe dey óxidll de carbono llquido11. El
aparato qut1 emplearon abatía la temperatura hasta
los-139º l!:n 1884, Mr. James Dewar de la 8Lciedad
Real de Londres, siguiendo el mismo camino y perfeccionando los aparatos, obtuvo volúmenes de gas liquido muy superiores.

**•

Hasta aquí sólo se trataba de experiencias de laboratorio. Mas de diez años hubieron de trans-11rrir para que viera el mundo la fabricación indut1trial del
aire liquido y sus múltiples aplicaciones á la química
y á la llletalurgla. Este resultado considerableª" elebe á los trabajos de un físico alemán, Linde, de Municb Ultimamente el doctor Arzonval instaló en su
lab ira.torio en el Colegie, de Francia una maquinita
de tres caballos de fuerza, encargándose Linde de la
instalación.
Ea notable la disposición del aparato de Linde con
el que puede el sabio alemán resolver económicamente y de la manera más sencilla el problema de la licuación del aire. Sus predecesores empleaban tres
máquinas para producir el frío por evaporación, sirviéndose para obtenerlo de liquidos á cual más volátil; ácido carbónico, etileno, oxigeno La explotación
de este sistema complicado era impropio para los usos
industriales, pero M. Linde ha auoptado el principio
fecundo del enfriamiento por la dilatación del mismo gas, principio indiGado por Cailletet, aunque con
ciertos artificios extraordinariamente ingeniosos.
Proscripción absoluta de refrigeradores auxiliares:
el aire se enfría y BE.' li~úa por si mismo! Todo el mecanismo se reduce á una bomba que comprime el aire
y á una serpentina en la que se dilata de uua manera
continua empleando una sola llave. No siendo gas
perfecto el aire, enfriase por dilatación á razón de un
cuarto degrado por atmósfera, para enfriarlo á-200.º
temperatura necesaria para la licuación, serla preciso
comprimirlo, préviamente á 800 atmósferas cuando
menos. Este trabajo de compresión serla E.'lílorme y pa•
ra suplirlo ha empleado M. Linde toda su sagacidad,
encontrando medios ingeniosos: 1.0 acumular los efectos de la dilatación continu11; 2 ª, no permitir que el aire se düate hasta llegar á la presión atmosférica.

[Experiencias de M. Ducretet]

hilos e y d al condensador de la bobina de inducción.
Los hilos f y g del circuito inducido de la bobi~a están relacionRdos con los dos extremos del oscilador
(núm 4). En una cubeta R, llena de un liqui&lt;\o aislador h1&lt;y dos esferas cuya distancia _puede regularse á voluntad. Eotr11 ellas brota la chispa, lo que se
puede observar en O. Uno de los hilos de un _extremo
exterior se relaciona :¡,or medio de h con la tierra; el
otro por medio de i se liga á una varilla vertical sostenida en un taburete.
Tenemos ya pues todos los aparatos necesar~os ~ara una instalación transmisora. Cerramos el c1rcwto
de la corriente P ' por medio de un interrumptor colocado lateralmente y ponemos en movimiento el motor
del interruptor. Cerramos en seguida el conmutador
colocado Robre la misma tabla y con ayuda del manipulador M se establece una serie de contactos breves
ó largos; de este modo se producen entrti las esferas

dente. El desplazamiento más pPqueño es de 15 centímetros y el mayor de 2 metros 50 centímetros; la fr~cuencia del choque de las olas es por término medio
de 3 á 5 por minuto "
.
Por medio de un mecanismo muy sencillo y apro•
piado se relacionan edas b,uras con una bomba que

1

.t -~-'~
1et-~

UTlLIZ~CION DEL IIOVJHIENTO DE LAS OLAS

A parato que funciona desde hace un ello, en California. El movimiento de los flotadores mueve una bomba que surte de agua un
receptáculo. Rsta agua se emplea en mover una rueda Pelton.

EXPER IENCIAS CON AIRE LIQUIDO
1.-A"CIÓN DEL IMÁN SOBRE EL OXÍOFNC LIQUIDO ,2.-ACCIÓN DEL AIRE LÍQUIDO SOBRE EL HIERRO,
3-FUBRZA EXPLOSIVA DRL AIRE LÍQUIDO,
4 -EXPLOSIÓN DE UNA ESPONJA,
{&gt;,-HUEVO Y BOLA DE CAUTCHUC FLOTANDO SOBRE EL AIRE LÍQUIDO,

La acumulación de efectos se obtiene por medio de
una serpentina formada de dos tubos concéntricos de
15 metros que entran uno en otro. El tubo interior
sirve de conductor al aire comprimido á 200 atmósferas que sale de la bomba; al llegar al ex-tremo se dilata en el seg,mdo tubo á 20 atmósferas y lo recorre
en sentido inverso d~spués de sufrir un enfriamiento
de 50º por la dilatación. En este segundo trayecto
cede el frío producido á la otra corriente de aire que
viene con pre,ión de 200 atmósferas, de suerte oue al
llegar á la extremidad del segundo tubo vuelve á
la óomba el aire dilatado, des1;ués de haber cedido
todo el frio de la dilatación al ñuevo aire que llega.
Los dos tubos están enredados en serpentina, para
ocupar un sitio menor aislándose en una caja de madera llena de lana. De este modo la temperatura baja progresivamente hasta la licuación completa cuando el aire acumulado en estado liquido cae en el recipiente que se adapta Ala parte inferior del aparato.
· ,La maquinita del Colegio de Francia, gracias á los
principios según los que ha sido construida, gastl4
apenas 3 caballos de fuerza por hora para dar un litro de aire liquido. Hay máquinas mucho más grandes de 50 y 100 cabllllos que productin de 60 á 100 litros de aire liquido por hora.
..**

Experiencias y aplicaciones.-El liquido se evapora
muy lentamentt1 y puede conservarse horas enteras
en un recipiente de cristal de dobles _paredes entre
las cuales debe hacerse el vacío de Crookes. Si se
vierte el aire liquido en una alcarrara la evaporación
hace oajar su temperatura de-191° á-220°
El oxigeno hierve á-194º el azoe á-182° y el aire
á-191°. Compréndese que por efecto de la diferencia

OTRAS CUATRO EXPERIENCIAS
6.-SOLIDIFICACIÓN DEL MmDCURIO. 7 - MARTIL: O DE MERCURIO SOLIDIFICADO,
8.-SOLIDIFICACIÓN DEL ALCOHOL.
9.-EXPERIENOIAS CON UN CIGARRO, · 10.-FORMACIÓN DE LA NIEVE SOBRE EL l&lt;'UEGO,

en loe grados de ebu\lició e, el aire liquido se enriquece ráp1dameute de oxigeno: M. Linde afirma que es
posible obtener 6 metros cúbbos de gas oxigeno por
medio de aire licuado con tres cab11llos de vapor. No
podía ser más barato el oxigeno .........
En los Estados Unidos, Mr Trtpler h!lce funcionar
una máquina análo~a á la de Linde con la que, según él, fabrica 150 litros de aire liquido por hora con
una fuerza de 50 caballos.
El oxigeno licuadn obra frente á un imán como una
aguja d , acero. Se llena un tu bit:-, se le suspende de
un cordón y acercando un electro-imán el tubito obedece á la atracción.
Los vaporee engendrados por la ebullición á una
temperatura de 191º bajo cero sun pesados, se dispersan eB derredor del vaso que contiene el aire liquido y se arrastran como nubes cargadas sobrela mesa
de experiencias; es una catarata de aire.-Una bola
.:.e cáutchuc flota sobre el liquido, y cuando se saca
de él se rompe en mil pedazo~. Un huevo sumergido
durante un minuto en el aire liquido, se endurece com 1 el plomo y se rompe á la menor prePión; un objeto de hierro se rompe también fácilmente al salir ael
liquido. El cobre y el platino son maleables á la tempPratura de-191° No hay para qué decir que el aire
liquido tit1ne una enorme fuerza de espansión puesto
que para volver á su estado primitivo necesitaría
ocupar un volúmen 748 veces mayor.
S-, 11, na de aire liquido un tubo de acero, y se les
pone un tapón bien apretado; al producirae la evaporación salta el tapón -violentamente, como el de una
botella de cbamp11gne.
Si á una esponja embebida de aire liquido se le acer
ca un cerillo prodúcese una explosión inmediat saltando en todos sentidos los fragmentos de la esponja·
El mercurio se so idifica á 40° Una gota de aire Ji.
quido produce la transformación del mercurio en una
pieza resistente; tan resistente que se puede utilizar
como martillo y clavar con él alguoos clavos .... El
alcohol que se prefiere al mercurio para hacer termómetros porque no se congela en ningún clima, se solidifica progresivamente: sumécjase en un vaso de
alcohol un iubo lleno de aire liquido y á poco la maza de alcohol formará un bloque compacto. Hasta
hoy nunca se habla visto alcohol sólido.
Citemos por último otra experiencia. El gas ácido
carbónico, producto de la combustión del carbón ·se
licúa y se solidifica á-32: aproximando un cigarro á
un vaso de aire liquido, se vé cómo el humo del cigarro se va transformando en nieve. El ácido carbón.co
que procede de la combustión del papel y del tabaco
se solidifica rápidamente bajo la forma de ténues
cristales. Puédese repetir de otro modo la experiencia, causando la ilusión de que se hace nieve sobre el
faego. Se sumerge un carbón incandescente en un
vaso lleno de aire liquido: bajo la influencia del oxigeno el carbón sigue artliendo; pero el ácido carbónico producto de la combustión se condensa. se licúa,
se solidifica y cubre de escarcha el carbón También
se hace la experiencia poniendo al fue~o un recipiente de vidrio con aire liquido; el gas del fuego se transforma en nieve de ácido carbónico al tocar las p11redee dt1l tecipienttl. .Se diría, al ver esto, que el calor
produce nieve!
Para t~nninar acentuemos este hec'ho: f'] hombre ha
llegado á produeir artificialmente temperaturh inff'I•
riores á las que se observa en la naturaleza. En los
Polos, l" temJMlratura más baja osci11t entre -60º y
-70°: los flsicos han logrado los - 260. 0 Un pequeño
esfuerzo más y habremos alcanzado loe -273º, es decir, et cero aoso.um,

PUESTO RECEPTOR

PUESTO DE TRANS.MISIÓN

EL TELEGRAFO SIN HILOS,
'Por medio de un condnctor discontinuo de forma cir•
·&lt;miar que condtituye el resonador; entre lae dos ex•
tremidades del conductor brota una chispita de induc-ción.
.
Ese es el principio fundamental d~ la prod1;1cc1ó~ y
de Ja tra.nsmisión de las ondas hf'r•z1a11a~ á d1stanc1a,
de una manera análoga á las ondas luminos11R Regún
'la teorla de Maxwel. La experiencia ha venido á ro'bustecer esta tAOria. sin dar lu~ar á dudas
El año de 1890 M E. Branly rnventó los radio-c01~ductoree. Son éstos aparatos reveladores muy sens1'bles á las ondas que se emiten, por larga que sea la
distancia.
Utilizando esos aparatos y los principios de que he•
mo~ hablado, realizo e_l profesor ruso Pop?ff t:1 añ~ de
1895 varias experiencias de telegrafb sin hilo; ideó
un aparato para registrar las on-ias elActricas producidas por las perturbaciones de lll atmósfera y transmitir á distancia señales re~istradas por un rereptor
según el sistema Morse. Ultimamente 1\1. Ducretet, en
ta Exposición de la Sociedad francesa de f\sica ,Y en la
Academia de Ciencias, repitió estas experiencias, obteniendo resultadoe verdadflramente curiosos.
.Explicación -Puesto transmisor. En nuestro grabado hemos rnpuesto una instalación tranRmlsor_a á la
izquierda y otra receptora á la derecha. Lo.e diversos
aparatos están repres~ntados como s_eles dispone palas experiencias uméndolos con hilos de una ma•
nera scbemática. La corriente enviada por un pequeño generador eléctrico P' llega primno alint~rruptor
1 cuyas funciones vamosáexphcar Estacorr1entelir.;0 sólo par• poner en movimiento el motor colocado 1:n
]aparte superior del interruptor. Este es de mercurio
encerrait.i en el receptáculo K; 1:ncima ha:y- alcoh?l
protegido por una cubierta metálica¡ la varilla vertical interruptora está relacionada c_on el árbol del
motor eléctrico y la anima un moyiml~n~o altérnativo
rectllineo. Se han tomado estas d1spos1c1ones para el
Interruptor porque las chispas de ruptura que estallan t:1n el airo producen una temperatura "levada que
-deteriora las superflciea metálicu é impiden la maréa rt-gul&amp;r de la bobina de inducción. De una fuente eléctrica exterior IIPga á Puna corriente hRstalos
extremos del conmutador colocado á la .derecha so;
bre la tabla del interruptor,. sale por ~l hilo a. l)ega. a.
segundo extremo de la bobma, atrav1eP!l ~ 1 circmto
inductor, sale de nuevo por el antepenult1mo extre•
mo y por el hilo b llega á un manipulador M ~eprese~tadu en 3. Este aparato consiste en una varilla ver~ieal que se sumerge manualmente en ~n liqnido aislador apoyándose en 1.na parte metál_,ca para cerr_ar
el rlrcuito. Permite conducir la c_orr10n~e por el c1~culto primario de la bobina tl.e mducc.ón: al sahr
del manipulador sube la corriente por l,ll Jiilo e, á un
extremo del interrumptor, después at,av1esa una varilla vertical, el receptor de mercurio ~. vuelve al
conmutador l de aquí á la fuente eléctrica P; lo~ dos
~xtremoe últimos del interruptor están unidos ~~os

"ª

Ay B chispas y una serif' de descargas largas ó breves.
Las ondas eléctricas se transmiten á distanciaá través
del espacio y se recogen en la iDPtalación receptora.
Puesto receptor.-En el que aparece á la derecha del
grabado eneontramos desde luego en el campo y á
cierta distane,a, una barra vertical de-atinada á recoger las ondas eléctric-as semejante en todo á la que
vimos en el puesto transmisor. En F está el tubo radio-conductor con un golpt1ador automático G que toca el tubo después de cada recepc¡ón y lo deja en su
estado primitivo El segundo hilo baja á la tierra T.
Estos condi.:tores hacen el oficio da colectores delas
ondas eléctricas. Hay en el punto receptor, además,un
renovador polarizado R muy s""nsible, una c11mpana
S, un registrador Morse y otro renovador R para
fraccionar los elementos de 1.. pila local que hace funcionar el apara.o desde que ee pone en accián el radio-conductor. El registrndor Mor!'E'I de M. Dueretet
es automático; reghtra sin necesidad de telegrafista todas las ondas eléctricas emitidas ya en la atmósfera, y_a por el puesto receptor ó cualquiera otra fuente. M 1Ducretet ha dispuesto un registrador horario
de marcha continua durante ocho dias para regia•
trar las ondas eléctricas y atmosféricas en los observatorios.
Como se vé, estas experiencias presentan ~ran interés y demue~tran que ee ha resuelto á satisfacción
un problema q\le hace algunos años nadie so hubierli
atrevido á plamear.
UTILIZACION GEL ■ OYl ■ IENTO DE LAS OLAS,

Entre las fuerzas naturales disponibles sólq hemos
aprovechado en grande escala las corrientes de loe
nos y arroyos. El viento apenas Pi se utiliza indus•
trialmente, el movimient.&gt; de las mareas muy poco y
el de las olas nada en lo absoluto, y sin embargo todas estas fuerzas s:gnifican un buen número de kilográmetos en reserva.
Se hlln hecho algunas tentativas, á veces con cierto
éxito, pero si no se ha continuado la empresa débese
indudablemente esa inconstancia á que la fuerza de
las &lt;Jlas siempre irregular, no está locallzada prec:sa•
mente en donde mejor pudiera utilizarse, por la difi•
cultad de construir fábricas y otras circunstancias no
menos atendibles.
Pero hoy que es cosa ordinaria la transmisión de
fuerzas por medio de la electricidad, serla oportuno
y conveniente volverá reanudar la tarea. Ee lo que
ha hecho una Sociedad americana en el Estado de Ca
lifornia.
Sobre un warf que avanza ll0metros mar adentro se
han fijadotresflotadoresde 3metros, que rematan en
otras tantas barras verticales de modo de que la ola
imprima en ellas un movimiento ascendente y deseen-

arroja el agua á un receptáculo herméticamente cerrado, de tal manera que á medida que va entra~do
el agua comprime el aire que está e~ la part_esuperior.
D6 este modo dispónese de agua b&amp;J0 presiónl la que
se emplea en hacer girar una rueda Pelton aaherida
á un dinamo; hasta hoy sólo se ha aprovecb.ado la corriente para el alumbrado eléctrico
La fuerza motriz de que se dispone es de 2 á 4 ~aballos; pero el costo de la instalación no pasa d~ diez
mil francos y la Compañia suoone que con una mstalaclón mejor se podria obtener una fuerza cuyo i~porte seria 65 francos anuales por cat-allo, lo que equivale á menos de 20 céntimos al dla. Con un motor
relativamente débil solo puede pensarse en cargar
acumuladores; pno si se disp1IBiera de centenares de
caballos serla posible diatribulr A distancia la energía eléctrica.
Hemos hablado de la rueda Pelton. No es ésta una
invención nueva; sus prime.ras aplieaciones reJ:?0~tan á quince años, pero ~s poco co~~cida. El prmcipio en que se funda cone1st6 eL ut1hzar el agua animada de gran velocidad, como cuando cae de una altura da 500 á 600 metros ó que la arroja el aire comp~imido; lleva en su circunferencia cubetas con una arista cortante en medio. Al salir el agua del tubo choca
fuertemente contra las cubetas, cayendo después.de
comunicarles el movimit1nto que trata. La instalación
de este tipo de rueda es muy rudimentaria; su potencia varia con el diámetro y con la velocidad que trae
el agua, pAro ya es suficientemente f.ierte uua ca.ida
~600metru.
.
Hav ruedas Pelton que con 15 centlmetroe de diámetro tienen un poder de muchos caballos; las ~áe
grandes no miden 2 metros. Una rued!l de este t~po
de 90 centímetros de diámetro y un peso de 80 k1Iógramos, produce cien caballos cou una calda de agua
de 600 metros y gira con una veloc_idad ~e 1,150_ rev~luciones por minuto Una rueda h1dráuhca ordmar1a
no utilizarla la fuerza viva de la caída sino sólo el pe

Rueda Pelton que utmza agua bajo presión y que reemplaza
las ruedas hidráuilcas de graudesdilimetros.

so del agua sob~e un brazo di, palanca que tiene la
1Uerza del diámetro de la rueda; en ciertos easos han
legado li. medir 20 metros, como sucedió en una mina
de Irlanda en la que era objeto de curio1ldad esa in&amp;·
talación gigantesca.
Puesto que hablamos de ruedas hidráulicas, digamos de paso que se podrla utilizar, con más frecu-,ncia que la que se cree posible las corrientes rápidas
de agua colocando sobre ellas, como se hace en el Danubio,-ruedae hidráulicas instaladas en barcas que
se amarran á la orilla.-Sobre todo, con auxilio de la
electricidad seria esto ventajoso; un dinamo ocupa
muy poco lugar y la energla eléctrica que engendra
se transmite á cualquier parte con un hilo.
La transmisión á distancia de la fuerza motriz nos
permitirá aprovechar una gran parte de las que pone
á nuestra dispoelcu~n la naturaleza y que no hemos
utilizado por falta de medios para aplicarlas á la industria.

�PSIQUIS.

era un vaso de follajes,
colocó el bastón nudoso,
siguió luego hacia adelante,
trepó•por la escalinata,
cruzó el pórtico. Las av&lt;-s
cuchicheaban:-;.Quien viene?
· ¿Es un santo? ¿Es una imagen
desprendida de su nicho?
No; es un hombre.
El caminante
se borró al fin en el fondo
de las sombras impalpables.
VII

T

¿Lo conoces? Es un cuento
con que divierten las madres
á los niños, en las frias
tristes noches invernales,
mientras ese vagabundo,
el viento, silba en las calles
sus baladas quejumbrosas,
é invisibles manos ágiles
tamborilean en todos
los empañados cristales.
¿Quieres oirlo? Pues mirame
profundamente: que radien
en tus pupilas de onix
las arenas de diamante
que se encienden t&gt;n tus ojos
cuando quieres deslumbrarme.
¡Oh versos! Aves ingratas!
Volved ~ e~p~ender el viaje;
ya torno m1 primavera,
¡Oh versos, ingratas aves!
Abrid las alaR azules
y anidad en mis romances!
; v

,'

;-"'
.,,,,)'''

(4l,
'

.··•

,
A

II
Hace mucho tiempo, mucho,
muchos años, siglos hace
que aquella iglesia ruinosa
parecia en lo distante
un capricho de las brumas
suspt»ndido de los árboles.
A lo lejos, era masa
informe; mas acercándose,
claramente se velan
dombos, torres, arquitrabes,
un pórtico hecho pedazos;
grifos, endriagos, arcángeles,
y en equilibrio pasmoso
columnatas por los aires.
Y los fragmentos de muros,
cual desgarrados velámenes
recortaban las lejanas
'
y azules diafanidades.
.... En aquel claro de bosque,
le~rosa1 desmoronándose,
la 1gles1a muda y sombría
meditaba.
-Los diamantes
de tus pupilas, fulguran ....
¿me alientas?.. Pues bien que radien
¡Oh romántica!Hace tiempo
mucho tiempo, siglos hace ..•. . .
III
. Pero como no hay tristeza
srn consuelos, la gigante
ruina triste y silenciosa
gozaba en sus soledades.
Por las mafianas-¡Si vieras!. . , ...
Al rayar el deslumbrante
primer brote de luz virgen
el fondo de lapislázuli

del horizonte, salían
de los f·isos y arquitrabes,
del gótico campanario,
de las alas de los ángeles,
de los muros cincelados,
del nicho de las imágenes
los pájaros 'e n bandadas '
bulliciosas y cantantes.
Y cuando el sol encendía
sus vivos arcos triunfales
tras las montañas borrosas
y las nieblas dAl paisaje,
en las rotas columnatas,
en los torcidos pilares,
en las truncadas agujas,
en los huecos de las naves,
brillaban-hechas de átomos
inquietos y centelleantessutiles gasa@ de ero
como girones de chales.

tornasolado, intranquilo
de libélulas errantes.
La yerba menuda y verde
se inclina ... . ofician las aves ....
¡Ahl La iglesia no t»stá sola;
hay creyentea como antes.
La tristeza halla consuelo;
y aquella ruina gigante,
llena de antiguas memorias
y de eternas soledades,
medita:-¡Oh naturaleza!
Eres madre, buena madre!. ...

IV
¡Ah! No está sola la iglesia,
hay creyentes como antes:
¿No "es cuántas charladoras
golondrinas en el ábside?
Son las monjas de este templo... ..
Los gorriones son los frailes ... .
.En las guirnaldas de piedra
hay muchos nidos.
Y salen •
de las negras hendeduras
en cortinas de follaje,
fas moradas campanillas
las caléndulas salvajes, '
los jacintos de alabastro,
los bermejos tulipanes,
las margaritas ¡¡ilvestres,
y, bordando el cortinaje,
á trechos-manchas de púrpuralos mirtos color de sangre.
Y las felpas de los musgos
verdinegros y joyantes,
festonean los contornos
con tapicerías árabes,
que parecen des~arradas
á los impulsos del aire
en calados rosetones
y tréboles colosales.
¡Ah! La iglesia no está sola;
hay creyentes como antes;
es la musa de las floreF;
¿No ves cómo los rosales
por la toaca escalinata
extendieron sus ramajes?
Suben, suben en tumulto;
son devotas matinales,
religiosas campesinas ....
Van al templo .... Ya es muy tarde.
Los violetas han llegado
hasta el coro, y columpiándose
hacen de cada corola
un incensario fragante.
Los claveles hl'n erguido
sus pompones en fafanjes,
las ortigas ornamtintan
el ara de los altares,
y. la amapola que tanto
cuida el raso de su cáliz,
se asoma entre el espinoso
laberinto de zarzales.
Es la musa de las flores;
hay proce~ión, un enjambre,

V

•

¡Pero qué triste te pones,
templo en ruinas, por las tardes.
cuando se duermen los pájaros.
las flores cierran sus cá1ices,
y las parásitas negras
de las bóvedas, pintándose
sobre el Ocaso, parecea,
inmóviles, rectas, grandes,
como fúnebres airones
de cimeras de gigantes!
Largo, horizontal y débil,
fatigado del via1e,
como un venablo de oro
llega á prenderse un instanteen la cruz del campanario
que al cielo sus brazos abre,
ur. rayo: el último aliento
de la luz agonizante!
¡Tornad como siempre, frias,
sigilosas, impalpables,
Oh tinieblas, las calladas,
las traidoras, las constantes!
¡Tornad!. ... Y la triste iglesia-.
medita: -¡Oh Dios, cómo arden
las estrellas! ¡Qué infinita
fulguración de diamantes!
Es unP capilla ardiente
el espacio .... ¡Qué millares
de lámparas en el cielo!
¡Qué trans¡,ar encia en los aires! ·
¡Ay! ¡Si viniera algún astro
en mis sombras á clavarse!
1Ayl si alumbraran mis sombras.
sus trémulas claridades!

VI
Una noche de Diciembre ....
¡,Cómo fué? ¡Nadie lo sabe!
Noche, fria, tanto, tanto,
que en los cielos irradiantes,
las estrellas derramadas
como lluv ia de azahares
temblaban .... Y llegó solo
triste y solo, el caminante. '
Entre las hojas de espino
de un capitel que volcándose
~obre la yerba del suelo

..

De repente, crujió el templo
y re.ámpag os fugaces
cruzaron la sombra. como
luminosos estandartes.
¡Y se hizo el milagro! El pórtico
se alzó severo. triunfante,
se completaron los muros,
y se irguieron los pilares,
y se abrazaron los arcos
y se combaron las naves.
La arquitectura gallarda,
esbelta, elegante, ágil.
en una ascensión gloriosa,
fué elevándose, e'evándoPe,
hasta clavar sus agujas
en el zafir!-Ni un detalle
perdió; ni santos ni reyes,
ni en la ojiva los cristales,
ni en las guirnaldas las hojas,
ni en los mu"os los encajes,
ni en las piedras las aristas
ni las vetas en los mármoles.
Hasta ta herrumbrosa máquina
del reloj, pausada y grave,
•comenzó á. seguir el tiempo
grano á grano, instante á instante.
VIII
¡Cuánt11 luz en la tallada.
cancela!... ¡Qué! ¿Viene álguien?
A lo !ejes un reguero
de antorchas inunda el valle.
Y en el bosque espeso y hondo,
aquí y allá, entre los árboles
van picando la tiniebla
llamas rojbs ,y brillantes.
Todo vive: la campana
se balancea 1:1n los Aires ....
¡Acudid almas en pena
que la misa va á empezarr,e!
Y en literas, en corceles,
en masa, por todas partes,
llegan nobles y plebeyos,
la princesa, los infantes,
pecheros y campesinos,
los obispos, los abades.
Suben por la escalinata;
pasan la cancela, invaden
el templo .... se oye que grita ·
la mulfüud anhelante;
quiere entrar, y no es posible
que penetre: ya no cabe.
Y por dentro ...... ¡cuántos cirios!
Constelaciones radiantes,
que inceudian los arabescos,
liacen áscuas los altares,
ponen flecos amarillos
á las columnas en haces,
ó :ncrustan de pedrerías
los ornatos de las naves.
Los candelabros de plata
chispean .... ¡Cuántos arranques
· de inesperadas fulgencias.
ciegan, en torno del áb3ide.
¡Qué vividas colgaduras
en los áureos barandales!
¡Qué floridos ornamentos!
¡Qué matices! ¡Qué contrastes!
Y abiertos en los atriles
¡cómo albean los misales!
La muchedumbre se agita,
se encrespa ondula, combate,
como las aguas de un rio
que sienten estrecho el cauce
y desesperadas bullen
,
hasta saltar por las márgenes.
Todo brilla y resplandece:
La seda de los briales,
el brocado de los paliod1
el oro de .los collares,
las dalmáticas de púrpura,
los joyeles de brillantes,
el terciopAlo de obscuros
reclinatorios, y el traje
heráldico y r.-camado
del ejército de pajes.
La procesión se adelanta.
cruzan lentos los ciriales;
los incensarios voltean,
el humo borda los aires,
rompe el órgano en sonoras
harmonias celestiales ....
La multitud se arrodilla,
pasan obispos y abates,
y toca en el campanario
)a gozosa. la incansable:
¡Acudid almas en pena
La misa va á terminarse!
IX

¡Cantó el gallo! Surgió el alba
y la lluvia de azahares
se diluyó en las azules

71

EL MUNDO

Domingo 24de Jubo cte 1898.

¿Lo conocías? ¿Te agrada?
¿Lo he contado bienl .. .. Pues dame
tus manos, quiero te11erlas
un instante ¡un solo instante!
Me siento dichoso cuando
con la mirada me aplaudes.
Dime: ¿Es cierto que está en ruinas
tu corazón? ¿Que no late?
¿Que están los nichos vacíos?
¿l.,lue se 1'an caído los ángeles?
¿Y que cantan los recu erdos
alguna vez-fieles avesy que las flores marchitas
de tu ternura se abren
si en tu nublada memoria
brilla el sol de otras edades?
.... Mi amor llegó: el taumaturgo
el buen mago, el nigromante,
hasta ese templo. Oala
la noche de los pes,.,res.
Se acercó triste y cansado
-¡fué tan penoso el viaj, 1y en medio de las riiinas
gritó: ¡Que asciendan las naves!
¡que resplandezcan los cirios!
¡que se adornen los altares!
Corazón; vive y palpita
soy el que esperabas: ¡ámame!
Mira: llegan An tumulto,
fa tigados, anhelantes,
-dolientes almas en· pena
que de sus sepulcros salenambiciones, e~peranzas,
y delirios y ansiedades.....
las más nobles, las más ricas,
las más bellas, las más grandes,
ilusiones-h,s princeoasy los ensueños-los pajes¡Oh hermoso templof Al conjuro
de mis deseos levántate ... .
mi felicidad te invoca ... .
Va á amanecer ... Es muy tarde ...
Y mi amor, el taumaturgo,
llama y no contesta nadie ....
Y se pone de rodillaR ....
¡Y el milagro no se hace!
Lrrrs G.

URBINA.

¡Madré :rnía!
(FRAGMENTOS)

VenU.e et videte Bl est·dolor
sicut dolor meUB.
·

I .
Cuando dAjó de quejarse
Yo me incliné sobre el lecho,
Y sobre su frente húmeda
Le di un beso ....
Todos de alli se ausentaron
porque el contagio temieron,
Y al verla sola .... tan sola,
Sentí miedo ... .
Y por la angustia vencido,
Y sollozando y gimiendo,
¡Madre! .... grité madremia!....
...... ¡Qué silencio!. . . ...
II
Abrid la caja; mir&lt;\ndome
Se quedó por tanto tiempo,
Que temo que todavía
Tenga los ojos abiertos ....
Envuelta en blanco sudario
Parece que está durmiendo:
Encended los cuatro cirios
Y venid todos, recemos.
"Oh Madre de los Dolores
Que al ver á tu hijo muerto,
Exclamas entre sollozos,
Alzando la vista al cielo;
!Ved si dolor como el mio
Cabe en el humano pecho!
¡Oh Madre de los Dolores!
Ve si hay dolor como el nuestrof
. III
invioladas claridades!
Llegó el céfiro, el heraldo,
el que despierta á las aves,
el que derrama en la yerba
á puñados los diamantes.
Y el milagro de los sueños,
la orfebrería elegante,
de un solo golpe se hunde,
se rompe, se vuela, cae,
se esfuma, se desvanece
y se borra y se deshace.
Y en las rotas columnatas
en los t.:ircidos pilarf' s,
en las truncadas agujas
en los huecos de las naves,
brillaron-hechos de átomos
inquietos y centellantessutile&amp; gasas de oro
como girones de chales ..... .
Cuando el sol trazó en el cielo
sus vivos arcos triunfales
tras las montañas obscuras
•y las nieblas del paisaje,

•

salió de la iglesia el triste
misterioso caminante,
tomó en sus manos el seco
nudoso bcrdón de viitje,
y se alejó entrl' las brumas
y se perdió entre los árboles.
Queoó la rüina eola
con sus flores y sus aves ..... .
Una noche de Diciembre ... . . .
¿Cómo fué? ¡Nadido sabtil
X
¡Cuento azul! ¡Sencillo cuento
de los tiempos medioevalesl
Te pareces á mi vida,
te pareces á los lances
de mi amor ...... ¡Se te parecen
tantas historias vulgares!
¡Oh mi romántica! Mirame
profundamente: que radien
en tus pupilas de onlx
las arenas de diamante!

Las florecitas de Mayo
Que puse sobre su féretro,
Mirad ¿lo v~is? .... ya, de pena,
Se murieron.... .

IV
Cuando la aurora, del monte
Bajó al campo, sonriendo
Lloró al mirarme llarund~
Camino del cementerio ......
V

Al pié del sauce, cavando
Cantaba el @epulturero:
'
Abra su seno la tierra,
Abra sus puertas el cielo ....
ENRiQUE_FERNÁNDEZ GRANADOS,

31 de Mayo de 1897.

- - ----~.,

�flomtnp 24 de Julto de ll!!jf'

EL MUNDO,

EL LEON DE BRONCE
Aquello fué horrible; te aseguro que. fué _horr~le.
Bien cutlgado t,dtoy; como no puedcm_ 1magmar o os
·ueces ue me condon1t.!°0D, los Hlguac1lesque me con;
~ujer,.,? a la cárcel v el carcP.IMo que me g:.uardad S~
ellos supiesen mi secreto, me dejal'ian en libefta • · ·

•Mi secreto! No lo saben; ¡no lo sabrán. nunea. ¿Para
Qué?
A ti 8 ¡ quiero revelbtelo, A fm de que me
comPi.dezcas. de que me consueles, de que conozcae
mi desventura .... ¡Sufro tanto! Oye y no me tomes

or un loco Te juro que es verdad.

P Si el pech~ f ..a era trasparente, si en el sitio donde late
mi corazón qe abriese una ventana y_ te ~sornases A
mirar or e'la, lo verlas con tus pro_p10s0J0B ¿Queverlas?. ,P_ . Vas a saber.lo, A. saberlg tu sólo. Escucha la
historia de mi martirio y luego calla; calla siempre!

Al fin vino la noche Y pasaron horas y dieron l~s
dos en un reloj de la vecindad; todos dormían en. ~
casa; el pado sataba obscuro¡ ¡muy_ obacj!º~i?r~leº/~
asi uo podria ve,.me nadie, ni yo Dl]BIDO,
del cuarto del av.-ro reflej11.ba_los resplandore; de una
lamparMla quP é1te dejaba encendí~"' ant68 e. ªdºªi
tarse Era su úu co despilfarro. Deb1a tener m1e o
h. sn1~bra. Estar en lu tinieblas es estar á eoh1s con
el remordimiento.
.
Amarré u ,tt. cuerda de nudos al slféizar demt ven·
taua v la dejé caer con ID;ucho_cuidado, poc~ ~ ~oco~
au . ue no hicitiae ninguo ruido; luego cog e ca
pón d~ la m+&gt;sa un puñal de boja firme y ~ortan~e, cu·
J os brazoe remedabHn una media luna mvert_1da y
{dornada en uno dA sus extremos por un Jeonctl~o d~
brvnce· me descaké; aubi al antepecho e ma era,
me p,us·e fl horeajadai1 en él; afümeé 18; cuerda Yd ~mecé A bajar despacio muy despacio, apoyAn orne
p n la a1ed con mis piés dt-snudos y en la cuerda con
:ita m~nos tembloroua· hubo un Instante en que, presa de terrible alucinación, crel que la cuberda_se co1f~
vertla en el cordel de una horca y busca a mt cue .
para elttrangularlo ... Aquell~ pasó prtontob ªt~rgtoi:~
lantasen la ventana del avaro, en rea r.
~ente la vidriera; pen~tr~ por el hueco liu~tb~:o 9Óe
&amp;P.&amp;recia delante de mis oJo.s y entré en a a ac1 n.
E~taba enfrente de mi victima.
á
El avaro dormía con la cabPza calda ~acia atr 8 y
el busto fuera de la sábana No he visto tm~gen más
re 1,gnante que la suya: su cara huesosa, ltvida, establcubierta de arrugas, que se desprendían de su
cráneo calvo y amariJlento, para extenderse por sus

no se la reveles A nadie.
.
. ,.
.d
No sé explicarte cómo se aposentoenm1crtr.neo1 ea
tau ruin· pero es lo cierto que no pensaba en o~a cosa.
Al iguatde e::as pl,ntas que nace~ e~t.re_lasgr1eta~ de
los muros ruinosos y siendo al prmc1p10 mpercep~ble
mancha verde, se extiende pronto y cre~en Y se esarrollan y trepan por el mUI o adelacte é !nvaden Aisu
victima de granito, est~ idell ~rotó en m1 ~erebro
determinada, confusa, meonsistente; su primera
. rictón fué tan rápida, q~e apenas Pi me di cuenta e
ella· no hice caso; tmogmé q_ue se habla ldo
~o
vol;er nunca; pero aquella idea tenla la con I~ u e
los traidores· acechaba en la. sombra y echó ra ces, y
comenzó A e~tender¡;e con si~ilo; y ~repó por todos
los füamentos nerviosos d~ ~1 máquma de, pensar y
ocupó las celdillas microscopicas dc;mde_gestan los ~ecretos de la voluntad y las determm~c1ones de.J JUii
un dia se levantó delante de m1, despótica, a~:o~'v~nte, Unica. Era su esclavo, no tenia más remedio
que obedecerla.
.
Asi vivl mucho tiempo, mu~ho; solo en m1 pobre·
a en mis ambiciones, en anatas de placer_ de for- (
:®a de poderlo ........ Ea dec~r, sofo. 1;10, con ella,,,/
con 1[maldita idea causa de m1 perdición
.
y de mi deKgracia.
.
Mil veces, cruzando el estrecho !ecmto
' .
de mi habitación. entablaba esos diálogos
en que la personalidad se duplica: en qu•1
el hombre se dobla par~pregun·
..
tarse y responderse. Tu ya cono·
,
ces estos dialogo&amp; de uno ~olo,
durante loa cuales el bien discurre como un justo. Y el mal argu,._ ¡;
menta como un sofista.
.
-Soy joven, decla ~no de m~s
Yo, y mijuvent1:)-d S':p1erde ent.1e
los jirones de mt traJe Las muJe·
res no me mirRn; 1..,1:1 h~1~bres me
desprecian; mis amb1c1ones ~e
agostan, mis anhelos de pla_cer
no 86 cumplen. Si yo fuE'ra rico,
inmensamente rico, tend ·ia cuanto mi deseo apetece. ¡Y esto es
imposible!
-¿Imposible? ¡,Porqué le con testaba mi otro Yo, por q~e no
quieres. Con despre4;&gt;cupac1ón Y
con audacia se consigue todo ¿Qu'é dices?-La verdad; no es
esta la vez primera que la escu·
chas ni tampoco ea la primera
vez 4ue te indico el ~odo de con·
se~tr lo que amblc1onas.-¿Ro·
bando al v1ejo?-Sl, vive en el pisn ter:
cero de esta ca¡;a: su ventana cae dAb&amp;Jo
de la tuya·1 es un at.varo Y.ue poaee mucho
oro, está. s olo y es débil .-Por qué no lo
intentaa?-Porque no quiero cometer nn
.
crlmen Además el avaro defenderla 11u ~rea.
está alÚ no se aparta de ella, es un oh&lt;1t ic?lo
vivient~ ¿Cómo voy á vencer ePA ohtilculo Como se vencen todos los obstáculos en el mundo suprlmiéndolos,-¡No contento con propoi;enue
un• robo me propones un asesinato!. ..... ¡Cflll 0 I ¡cá·
llat . . .. ~ Eres un infame.-¿Infame porque tepropon0 matará un avaro caduc~. que ha hech~ su fortuna
fon la de~graeia de sus prÓJlm~a? El Yie.JO posee un
ctt udal enorme que de nada le P.trve y A. nadie aproye·
cht1· esta execrado por losl 1 ombrPS vmaldito de D1m;
de 1t1ada goza y todos le a_borrecell; y_o trato de qut,
St:&amp;i\ dueño de ese tesoro¡ tu que erE's Joven, vigoro ·
801 inteligente,aud11.z que pue~~B utilizarlo en v;entur11. propia y acuo en btmeflcto rle tu~ seme1an·
tes
¿Soy infMme por eso? .... No sé a1 seré infame.
IÚ eres cobardeé imhécil -¿Y la ley?-La
tey' se ha escrito para que los tontos Ja sutran y la
eviten los hAbilea -Repito que !!alles.-Y yo repito
que no te quiero obedecer.
Aht tienes lo que hablaban ellos A. todas_ ~oras; &amp;hi
t1 6 nes cómo la maldit\ idea de mllt&amp;r al v1e10 se fué
apoderando de ml¡ abi tienes cómo una i:oche decidí
roc1tarlo y preparé el crimer,
Mi lan era senctllo. El &amp;VA.ro-te lo be dicho antes-vYv1a sr lo, y para evitar el calor del verano, dejaba entreabierta la ventana de su alcoba todas las
noches.
A uella ventanR. eE¡tab111. debsjo de lamia¡ ~na cuer~
dK. Je er" suficiente para realizar mi proposito. p~scender por la cuerda, penetrar en la alcoba del v1e~o.
sor renderle dormido. acercarme á él y herirle con
unf de eso&amp; goll&gt;es que r.o ceden puesto A la defensR.
ni ocasión al grite, un golpf'I en el pecho ó en la gar·
ganta era obra de un instante; luego cerrarla la ventana 'abrirla el arcll, y una vez dueño del dinero,
uld;la por la puerta de :a escalera, la cerrarla cen
doble ll~v«.-, subiría á mi cuartr 1 y despuéaé.oc~lt~r~i
tesoro i\ eng_añar á la gente, á desplflt&amp;r a la JU~1cJª'
á ser t'eliz ¿Quién ibR. á saberlo? .. . .No. cabía u ~li"staba en lo firme el Yo que me aconse.Jab~ el ase&amp;t·
n'ato del avaro· el otro que lo tachaba de crimen, era
un mentecato, 'un pusilánime . ... un pobre hombre,

ªPdº:
/¡ªfó

pe~o

:!

:!

d!

d\

PºY

ADIOS

Veraneando en Mtxcoac.

párpados, por sus mejillas, por su nariz, estrecha Y
1a.rgt1, la cual encorvAodose en. el centro de su tra•
yectoria y cayendo sobre los labios del avaro, parecia
un candado lle carne c,,ustruldo por la Nateraleza
para cenar lu11 secretos de su boca aumida, falta de
dientes y dtti!proviata de expresión. Un ronquido fatigoeo Bd escapaba por aquella boca . . Di algunos.pasos y negué junto á la cama¡ alcé el puilal, Y deJ&amp;n·
dolo caer cou fuerza, lo envainé hasta el ~augo en el
cuello del vh•jo Este xbrió los ojos, me miró ~on mAa
asombro que dolor, hizo una mueca horrible _y quedó
inmóvil, con loa labios contntdos y las. pupilas ~esmesurad•mrnte abhirtas. Un chorro tibio y pegaJo~o
salpicó mh; dedos. Era su sangre. . . . Rabia suprimido el obstáculo
Lo que faltaba hacer no ofrecfa peligro; pero necesitaba darme prisa. Extendt el brazo para apod~urme de las llaves que t-1 vit·jo tenia ocultas deb&amp;]O de
la almoh8dn, al cabo tropecé con ellas. Por fin iba á
ser rico, feliz, ¡qué ventura! En aquel 1:11-omento sentl
un dolo?" agudo en la mano con que suJetaba ~1 arma
cubiertll ut, sangre. Miré y vi una cosa horrtblP, El
ltón que adornaba el mango de I!li puñxJ se babia
erguido sobre la reluciente media luna,_ erizada la
melena de bronce, y amenazadores los 0308.
.
No tt\ sonrías .... no me contemples con la lást1ml\
compasiva con que se contempla A los locos No _fué
un delirio te juro que ea verdad; el león 1::staba ,v1vo 1
deegarran'do mis mli.sculos con sus uñas de hierro¡
dispuesto á hundir sus dientes en mi carne ... - Abri
la mano; el puñal cayó sobre el suelo_ desnudo, .produciendo un ruido estridente y metáhco y la ftera

¡POR UN MARIDO!
NOVELA. ORIGINAL DE MARC DE CHANDPLAIX-ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES,
Verei6n española de "El Mundo Ilustrado'"

r'

°
ªºJi~

d

11

a artándose de la empuñadura di:&gt;nde eEtaba soldada
s: dirigió hacia ml lanzando ru1?1doe es1u1.ntosos,
El miedo horrible que me invadta fué cay~an~e ~~~
no prorrumpiese en un grito de espa1H~hutr en twr
saba en el tesoro del adva;o; p~nsya~~
pasC: haciaJa
cuanto Antes, y traté e acer Ond. •
h · mis pier•
ventana; pero Pl león ab~lanzA 1 o;~e ~~: diminutas
nas con fuerza i~concebd,ble
bé inli.tilmente trataproporclonea, Y t1ra nde, ': ro ' quef é ttcercando á lt1.
ha de ~itorb_ar su pror,óst~, 1m~e Jt, él bttciéndome
cama dPl vi~JO, Y me pusbo ht ª1"da por donde o:otaba
clavar los OJOS en la. anc ~0
u~rla ver aquello y
un hilo de sangre. • • · · · \
. ,q I
La fit,ra apo•
•
me
Todo
mutl
•-••
tra té d e aieJar • • • · 1 . -0 atarazando
mi pel h o
, Andose en el cuerpo dt" vteJ Y. t ba a.ili
No po·
Con 8U8 garras de bronce, !-Dt Be~J: ~ectao e~t8rm.int1.r
di&amp; ~rnapar. Para cons~gutr Je ira Pde terror, ganoso
A mt adversario., -.Y ciegu
hieavalancé aobr8
de herir, neceai~ado de s1:t.lrar¡e, lo empuñe con maPI puñal que brillaba en e 15ue o, i
ue me
no agitada y convulsa, caí sobre mt enem g O,_q óvil
miraba en actitud de reto desde el cuerpo mm
del avaro. y empezó la lucha.
i tible La
Lucha espantosa, aob~enaturalt ildi!~c;fcho Amis
fie:-a se arrojaba A mt gargan a,
con fu~or y
brazos; mordía en ellos, deistirozán~~~ºa\a wiB gotPets,
cuando yo trataba de her r a... esa
á
saltando de costado, em?istienl? 6 fr~1~f:ft:~m~~
dose diestramente bácia atr 81 yo es el arma no
la dejaba caer una vez Y otra; :pero n el del ~vaencontrando su cuerpo, iba A bun_dirae e . d 8 el
ro, produciéndole nuevas Yh sangrie~ta:!r!~~s:
mi
avaro, inmóvil en su lee o. pM.rec a "ble de subocon sus ojos mates y con la mueca horri
ca desdentada y satánica.
d
lt d las fuerzas el su or
Senti que me iban fa an
taa ancha~ y abrasabrotaba de m_l frente
•aban por el cansandoras1 mis mus culos se . Jte minar de u.na vez.
cio de la lucha Er~ Pfectso rapreté con ira el
8
recogl
:::r;\mcaJados loa dienmango te i~as 1a'a pupilas y anhelante
tes, con_ rac·,o· n desplomé mi brazo sola respira i , .
bre a 1Lera..
El ¡¡olpe fué certer~; h• bia
toeaao al.león; pe_1=0 m1 puñal,
resbalando sobri¡, aquel _organismo de bronce con. cb~rndo
angustioso, no conaig~nó h~rirlo¡ no lo conseguir~&amp; nunca_ . __ t.,a lucha era tnutil, ~i
enemigo inmortal, mi P~~cJ.l·
ción cierta. Cuando vtuc1do
por el miedo retrocedl dos pa•
1508 y abri la boca. con angustia ocurrió una cosa hornole.
El 'teón dió un salto formid&amp;·
ble v entró en mi boca, y se
desli.zó por mi garganta, deaarrándo.a con sus uñas.
g L&amp; fiera estaba d.entro ~e
mi yo la sentía romper mlB
ca;nes arañar mis huesos y
seguir' su camino, estuvfl '
punto de desvanecerme.••••
Luego experimenté un dol.or
mAs agudo, más hondo; la he•
r&amp; habia Jiegado á mi pece.o y
me mordia en el corazon. .
¡Y aqui estA, en mi corazon,
nutriéndose de cada uno de sus latl•
dos verdugo de mi vida; del que no pO·
dri.'librarme nadie, ni la muerte,
que como la fiera vive de?tro demlt aj,
ma y el a1ma es inmortal, tri. con e a
todas partes!
JOAQUIN DIO"'KTA.

- - Y o no pu•éln '1arte un oldo
c, 00 de reonja~ 1us plumu
ni puedo dar" un amhlente
donde encleudu.s tu luz pura.
A LU9A.,

-VRB a decirme adto11 .. .1
-Si. que te f'Xtrañai'
No ves que truatt'I y IE"nto
vá concluvPndo el dia?
No vea como se "pif'rde
el sol tru la montaña
Envuelto por vapor .. a
de incierta IPjania?
-Es porültima vez ... .?
· -81, que no sa bPB
Cuánto el invierno cruel agoi't&amp; y seca,
Cómo mata lu flor•• y las aves
y en tristisimo P1ial el prado trueca?
-Pero .... es tu adioa poatrt•r?
-Si, cuando el alma
S n fé ein ilusionesi. df'screidR
No pu'ede darte vida ni,afcccior:iesi
Porque ni tiene amor DI tiene vida;
Si de leyes fatales al impt:"rio
Formas un eslabón de mi cadE'na,
Rompe el acero, mata la gangrf'na
con el remf'dio heró1co del cauterio.
-No te vayas mi bien . . . .
-¡¡¡Que 110 me vM.yal!! .
¡La pn1det11t.inación! El atav1Rmo'
La lucha de la t•arnP&gt; triui:ifadora.,
De la materia vil. del e~o111mo,
Con el alma divina y Foñ1odnra'
¡Adios! Adío!§! ali.n ,~ ama el pecho mio,
Ali.o sufro con tu póna y tu1:1 dolores;
Que te maten mil vecE"B mis amores
y no mueras de hastio.
P&amp;.DltO ULLOA.

73

EL MUNDO,

Oomtnro 24 de Jnlio 1898

Número 4.
Al ver el Doctor á Nelly le dijo:
-Puesto que usted, Sellorita, es qnien debe
-cuidar al sellor Mayor, diga usted esto: régimen
.soberio, nada de salazones ni de licores, vestidos
-de lana, evitar la humedad y darle las medicinas
que mandaré de Diego. Por el momento, está á
pnnto de terminar el acceso agudo y por si vuel-ve he dejado estas instrucciones escritas.
-¡Qné agradecidos le qnedamos á usted! Aquí
escribió usted que trae consigo la veratrina que
hay que dará papá. Yo la iré á buscar esta tarde
á la. casa. de ustedes.
-No quisiera ocasionar á usted esa molest!a.
-Déjeme ustod hacerle esta visita y al mismo
tiempo veré cómo están instalados; y si les hlta
algo, hallaré placer en serles útiles.
-En todo caso, nos será usted agradable, dijo
•el Comandante.
-Pues están muy bien estos sellores, dijo Yo•
lanabé: yo Jo preparé todo.
-Entonces, no hay que hablar; dijo el Mayor
·irónicamente y luego afiadió: excúsenme ustedes
seno res, si no acompatlo ANelly esta tarde, pues no
puedo salir como lo sahe bien el Doctor: si tuvie-ra yo mejor alojamieLto no permitirla que estn-vieran ustedes sino en mi casa; pero ya ven qne
las habitaciones no son grandes aqui. En todo caso cuento conque maliana me acompaliarán los
-dos á comer al medio día.
Será un gran placer para nosotros, dijo el Comandante.
Ya es la hora de los oficios, dijo Nelly. Vamos
-Comandante?
-Yo también voy, dijo el Doctor.
-Entonces deme usted el brazo, setlor Lerbón.
El Doctor y la joven se tomaron del brazo y en
J&gt;OB de ellos iban de Chalmont y Volanabé.
Ella apoyaba apenas la mano, tan levemente
que ni aun dejaba sentir su pesoi pero su bombr J
se apoyaba en el de su compallero y parecía así
-clavada á él, marchando el mismo paso, siguiendo
todos sus movimientos y sin separarse un instante.
Lerhón parecía rabioso y rejuvenecido con toda
-esta juventud cuyo brillo reflejaba sobre él.
Dónde bahía aprendido Nelly todo esto? Don·de los pMaros aprenden á volar, se preguntaba y
:respondla ele Chalmont, pensando luego que po•
•dríaestanitla ser una deliciosa querida, pero tam•
bién una esposa encantadora.
En la iglesia, Nelly, ~ntre el Doctor y el Coman•
•dante, habría edificado A un trapista; permanecía
de rodillas, con los bellísimos ojos sin apartarse
,de su devocionario católico sin una mirada para
la multitud curiosa que Ja rodeaba.
Todo Ambohinarina e•taha a!Jí: los dos generales, los coroneles, los capitanes, loe notables
del país con sus mujeres y sus hijos, estos uní~
lformemente vestidos con una blusa azul Araíz de
la piel y las mujeres con trajes de seda, de cachemira ó de algodón. Pocas iban calzadas, pero to·
das llevaban sombreros de paja ó de fieltro, muy
.adornados.
Volanabé ganó un lugar aparte y tomó un acordeón en las manos; 3U mujer Ravouna y la chiquilla estaban á su lado y de repente entonaron
no salmo q.u e fué coreado por la concurrencia.
Volanabé hacia con su acordeón el acompalla•
}miento.
Los franceses qne se aguardaban algo discordante y monstruoso, quedaron agradablemente
·sorprendidos y encantado• de la afinación, la harmonía y el arte con que fueron ejecutados esos
coros y basta se sintieron conmovidos por aquellos cantos primitivos 1 en tono menor, sencillos,
dnlces y tristes.
Cuando terminaron, el Gobernador, vestido de
-clérigo comenzó un sermón del cndl los asistentes
parecieron no preocuparse mucho, pues hablaban
•entre sí en voz baja, mostrando las mujeres y los
trajes cnyo bnen gusto les cansaba admiración.
Un canto mAs vivo, más alegre, una especie de
marcha terminó la ceremonia y la multitnd salió
·silenciosa esta vez ante el Gobernador que se babia vuelto á poner su uniforme de prefellto, flamante y nnevo.

Estrechó la mano á Nelly cnando pasó junto á
él, Je preguntó si estaba contenta y recordó á los
franceses que les esperaba A las siete.
Nelly ofreció otra vez su brazo al doctor y estnvo muy amable 'pero sin coqneterlaalguna para
con él ni para el Comandante que iba á su lado.
Volanabé habla quedado acompallando á su.iote•
resante familia.
En el umbral de sn puert•, Nelly estrechó á los
franceses la mano afectuosamente, dió las mAs
exvresivas gracias al Doctor, é hizo una reverencia muy digna, elegante y ceremoniosa que le debieran haber ensenado para las grandes circunstancias en el Convento de Montreal.
Lerbón parecía estudiarla como A un insecto
curioso, ó á una yerba rara.
-Encantadora! exclamó al fin en voz baja.
-Una epelra mauritia no es tan bella, dijo
sonriendo de Cbalmont.

te y luego, sin aguardar respuesta se tomó del
brazo del Doctor.
La frase de N elly trajo al espíritu· del marino
el recuerdo del servicio que le debla y por el que
aún no demostraba su reconocimiento.
Nelly seguía conversando con el Doctor, pero
derrepente volvió la cara y vió á Juan, y Juan la
vió A. ella con una mirada tan tierna, tan ardiente, ta.n dulce qne encendió en los ojos de la nilla
una luz que ya Juan había sorprendido en ella
una ó dos veces esa maftana.
En la casa, Nelly se ocupó particnlarmente del
Doe.tor; vació con él la caja de herborizar y parec!ó interesarse enormemente por la botánica y
por el estudio de las arácnides.
Lo que aprendió sobre las aralias en gener~l y
sobre las epeiras Madagascaricenses en particular, la dejó maravillada; y luego, que el Doctor
se explicaba tan bien y era tan indulgente! No

....,,,,

Íiíi{f,i

.e\

En efecto, dijo el Doctor con solemnidad.
se molestaba ni un poco cuando la manecita de
-Qué estarAn ustedes diciendo? preguntó Ne- Nelly tropezaba con la suya queriendo tocar las
lly que veía las sonrisas sin oir las palabras. Se flores esparcidas sobre la mesa, ni cuando se re•
estA usted riendo de mi sel\or de Chalmont? Ni fugiaba familiarmente á sus brazos en un moviporque he estado muy formalita qneda usted con· miento de espanto, cuando aJguna arafl.a salía
tento, decididamente, no tengo éxito con usted! de los compartimientos especiales de la caja del
Serla yo muy dificil de contentar respondió el Doctor.
aludido haciendo un saludo tan ceremonioso como
El Comandante parecía escuchar atento la lecel de Montral.
ción del naturalista, pero de lo que se ocupaba
-Decimos que es usted adorable yeso es todo, . era de estudiará Nell,1 cuyos movimientos llenos de gracia le parecían absolutamente natura.agregó el Doctor.
-Esas cosas, Doctor, no se dicen á las nitlas, so- les. A veces ella se aproxiwaba al Comandante
bre todo si no son verdad: pero los perdono h us - Y tomándole la mano le decía:
- Y ea usted esto.
tedes, dichosa de tener á mi vez algo que perdoY él se dejaba arrastrar por el encanto que esnar ...... Adios, sen.ores, hasta la tarde.
ta nil\a derramaba profusamente en la habitación
Y luegc ttlladió de improviso:
Y si acompal\ara yo á ustedes ahora basta su por sus sonrisas, su gracia, su alegría, flores más
casa? Eso les evitaría estarme esperando esta bellas que todas las recoj:das pos el Doctor.
En cua.nto á Lerbon nunca babia encontrado
tarde, y me dari/\ d gusto de traer más pronto la
medicina á papá: Espérenme un minuto, voy A un auditorio tan complaciente y si se atreviera,
convidaría á Nelly á almorzar.
buscar á Prince y vuelvo.
N elly dijo de pronto:
-Prince .... y que es eso? preguntó el doctor.
-¿Qué hora es?
-Un perro contestó el Comandante sin dejar
-Las doce y enarto, contestó Jnan.
sospechar que babia tenido sus amistades con él.
-Y papá que me espera! exclamó ella con esPrince vino con Nelly, é hizo cariliosos halagos panto. Me voy, pero despnés de todo estoy coná de Cbalmont.
tenta de que haya pasado la mal\ana.
-Ayer debió nsted tratarlo con muchas bon-¿Por qué? interrogaron los dos.
bades y está agradecido, dijo N elly distraidamen•
- Vean ustedes respondió mostrándoles una.

1

--

�75

74
arana qu~ subía por la pared; ya empezó la tarde y ver una arana significa ..... .
-Esperanza, concluyó Juan.
-Si. ... esperanza dijo ella sonriendo y mirán•
dolo frente á frente.
Luego, llamando á Prince que dormitaba en
un rincón, estrechó la mano al Doctor, dándole
las gracias por la medicina y por el buen rato
que la había hecho pasar.
El excelente Lerbon entusiasmado por el éxito que acababa de obtener, hizo intención de
aproximar sus labios á la mano de la nifl.a que tenía entre las suyas, pero ella no le dió tiempo y
alegre é ingénua le presentó su frente para que la
bes11r11.

EL MUNDO

voz baja con aire miste!'ioso y protector estas palabras enigmáticas.
-No diré nada al Gobernador.
-¿Nada de qué? dijo el Comandante.
Volanabé tomó una actitud más misteriosa todavía y ¡¡parentaba no querer explicarse; pero
luego, cuando al Comandante qéjó en sh ' casa le
dijo familiarmente, estas palabra6:
-Pero no era por el fuerte ¿verdad?
De Chalmont vaciló un momento sobre si seria
lá mano ó el pié lo que pondrían en la cara ó en
las espaldas de la Gran Luna pero reflexionó que
Ivo,n se encargaría más tarde de ese cuidado y
se contentó con encojerse de hombros como quien

Domingo 24 de Julio de 1898.

Domfngc 24 de Julio de 1898

EL MUNDO.

ca del otro cuando creía que babia fumado bastante y lo colocaba en la suya. Por lo demás,
los d~s eran muy amables; ofrecieron un vaso de
cognac á cada uno de sus visitantes y no les
ofrecieron cigarros, sin duda porque no tenían
más que el que estaban pasando de boca á
boca.
Al volver á su c11sa los franceses vieron con
tristeza que el Doctor tenía un violento acceso
de fiebre.
Yo no soy Doctor, dijo Ivonsinmalicia alguna,
pero la fiebre de Madagascar y yo nos conocemos bien. Como la estación no está avanzada, eso
no será cosa de cuidado, senor Lerbon, y vino de
que. ayer debe usted haberse fatigado; r~c?jase
usted temprano, tome qumma y
mañana no repetirá el acceso.
Lerbon dijo que no si, habfa
fatigado en el viaje de la víspera y que otras veces había caminado más; pero encontró bueno
el consejo de su '.colega el Doctor 1von,
tomó su quinina y se
acqstó.
El Comandante,
' .
desolado por
'.·.
este contra·.
tiempo en.
cargó á I von

,
/

Al Comandante le estre•
chó solamePte
la mano diciéndole en voz baja y muy
contenta.
'&lt; ~
-Ya no hay plaza va..,". &lt;~~
cante .... ya tengo un tío,
pero ese tío no es usted.
Y él quedó encantado de que la nill.a
no le hubiera presentado también la
frente.
En el resto del día el Comandante de·
cidió _visitar á la fam_ilia de Volanabé que á la luz
del dia_y con sus traJes domingueros le pareció
menos mteresante que la víspera. Estas damas
estaban muy entrajinadas con la comida oficial
á la que asistieron en su calid;id de sobrinas del
Gober~ador. Había que preparar la ropa de ceremoma, que hacer algunas compras y esto demandaba mucho trabajo.
-;--Y muchos gastos, anadió Volanaoé muy pensativo.
Entonces el Comandan.te hizo á la Senora Vo•
lanabé un bu~n reg~lo e!1 especies sonantes y la
cara del _marido se llummó de alegría, ilonriendo
con sonrisa-tal que los extremos de la boca le llegaron á las orejas.
Después de_haber dado las gracias, él deslizó en

.

no entiende ni le interesa entender lo que le han el cuidado del enfermo y se dirigió al palacio def
Gobernador. Un soldado le introdujo directamendicho.
Por esa insinuación le trajo el recuerdo deNe- te al comedor donde cuando él llegó habían en•
lly; y pensando en ella toda la tarde pasó sin sen- trado todos los convidados excepto Nelly. No·
tirlo varias veces cerca del templo protestante vendría? Su _padre_ estaría ~,&lt; enfermo? Con tal
é no hubiera coen su paseo por Ambohimarina pero no entró ni de que este imbécil de Vola
tampoco á la casita situada -al lado y que t~nía metido alguna tontería!
Allí estaba Volanllbé más emperefilado y unta•
una ventana, desde la cual pudieron verle sin
do de_pomada que de costumbre, y con sus botas
que él lo notara.
Después, en compailía de Ivon fue á visitará amarillas de los grandes días y su uniforme de
los dos generales que poseía la ciup.ad, uno de sargento, paseando su mirada de satisfacción entre los generales, los coroneles y sus mujeres que
los cuales no estaba en casa.
~
El otro en traje íntimo, desnudos los piés y la buscaban el lugar que les correspondía.
-Donde está el Gobernador? preguntó el Co•
e~palda gustaba un vaso de cognac y fumaba uncigarro en compa:ilía de su mujer; es decir, que mandante.
-En la' cámara de al lado, informó Volanabé
cada uno ásu turno retiraba el cigarro de la bo-

está con Miss Nelly y con la seilora de Andevourante. Ya iremos á verlos cuando haya yo senalado sus lugares á estos senores.
-Quién es la seiidra Andevourant?
-La mujer del primer General, de éste. Y designó á Bancis, á quien de Chalmont bahía visto
en la tarde ocupado en fumar y beber cognac.
-La colocará usted allí, prosiguió Volanabé,
frente al Gobarnador. Usted se sentará á la derecha de ella y Miss Nelly se sentará á la derecha. de usted.
Y á la derecha de Miss N elly?
-El Doctor.
-Tiene fiebre y no pudo venir.
-Ah! lo siento, hay que cambiar los lugare~,
pero no me preocupo por esa dificultad, vaya
usted á encontrar al Gobernador. A la derecha
de Miss Nelly colocaré á un Coronel que sabe algo de ingléa, pero que de francés no conoce una
palabra.. . Soy discreto, eh?

El Comandante, sin responder se dirigió al salón donde estaba el Gobernador calzado con bo•
tas charoladas, rígido como la justicia, y dirigiendo hácia el comedor miradas impacientes.
-Quiére usted, excelencia, que vaya yo á ver
lo que pasa? decía Nelly en inglés.
Pero al verá de Chalmont volvió al sillón que
había dejado y dirigiendo al oficial. un saludo
amistoso, anadió:
-Aquí está uno de los invitados que nos dará
noticias de los otros.
El Comandante, de gran uniforme, llevando al
pecho una condecoración, se inclinó ante su ex•
celencia negra que ee dignó sonreirle y tenderle
una gran mano enguantada.
Rogó de Chalmont al Gobernador excusase la
ausencia de Lerbon que estaba enfermo, y luego
aproximándose á Nelly que estaba encantadora,
le tomó la mano y se la besó respetuosamente.

-Diab!o! Comandante, dijo en voz
baja Nelly, he envejecido desde esta
mailana?
-Desgra&lt;:iadamente no ha envejecido usted lo bastante pero sin embargo, en traje de ceremonia está usted
más crecidita.
Y temiendo haber ido demasiado lejos, afl.adió:
-Además, perdí la esperanza de que
me presentara usted la frente.
-Está usted celoso del tfo?
- Y del amigo.
- Usted ha comprendido bien: lamano, las dos si usted quiere, pero la frente para el Doctor.
De Cbalmont veía bien que después
de esas manos que se le ofrecían había
brazoR blancos y mórbidos y luego Ún
busto griego y pensaba que no seria
penosa la situación de quien las manos
obtuviera y hacía para sí tan deliciosas
conjeturas sin poder ex.p resarlas en
alta voz. De consiguiente se conformó
en responder por medio de una de esas
sonrisas qut; significan gratitud sin
que se sepa á punto fijo lo que quieren
decir.
l'or otra ·p arte, no había oportunidad para lanzarse en largas disquisiciones, ·porque tan pronto como llegaron, la muchedumbre de los invitactos
vino á presentar sus respetos al Gobernador.
Nelly ·se dirigió modestamente ácolocarse entre las damas negras á quienes dirigió ama bles cumplimientos sobre sus trajes; pero cuando se terminaron los saludos, el Gobernador fué
á donde el:a estaba para hacerle presente que el banquete era en honor
de los extranjeros y para ofrecerle el brazo y lle•
varla á su asiento.
De Chalmont les seguía con la senora Andevourante y luego el General su esposo con la mujer
de su inmediato subalterno; luego la esposa de
Volanabé y por último las de los demás oficiales.
Un potage líquido, negruzco y frío, fué servido á los convidados que lo veían por la primera
vez. sorprendiéndoles más aún el pan que un expreso había ido á buscará Diego la noche prece•
deme, galantería que fué sugerida al Gobernador
por el progresista Volanabé que sabía muy bien
lo mucho que los europeos estiman ei pan y quiso que figurara no sólo en la mesa sino h11sta en el
menú. Porque había un menú en tarjetll de letras
verdes con la nomenclatura de los platos y vinos
que se iban á servir.
Decía así
hova:

en

�~MUNDO

76

FIIDNANA.
Soapi.
Dipaina. (el famoso pan.)
PS!tidpo~ ] (cbieharos y sardinas.)
ar mma
Varona ritra si vary.
Jeli peso.
Mang1&lt; voankaso.
FISOTRO.
Hant Sauternes.
Bondeau wine. (Burdeos inglés)
Oporto wine.
Volnay wine.
Cbampagne.
Whisky.
Anissete.
Mis Nelly con pretexto de leer el menú, se in•
clinó y pidió excusas al Comandante porque se
acercaba demasiado á él para salvar suropanneva del contacto del Coronel vecino y luego dijo
que había para comer, pichones, poHos, chícharos, sardinas, pericos en arroz, mangos y pláta•
nos y luego cambió una sonrisa con la sefl.ora
Andevourante y la cumplimentó respecto á su
traje; resolviéndose por últimv A tomar una ala
de pichón. Pero hacia todos estos complicados
movimientos con una gracia extremada, convencida de que la observaba el Comandante y como
para testificar que nada tenla qué temer de un
exámeI?.

Era en lo que menos pensaba Juan, en medio
de ese pueblo salvaje donde la bella canadiense
por ser canadiense y por ser bella, le hacia olvidar todo, basta la diferencia de edad y se sentía
unido a elido por ese encanto con que se respira
una flor cuyo perfume no puede ser venenoso.
Durante la mayor parte de la comida estuvieron muy cohibidos los invitadoF; pero deseoiios
de comer convenientemente observaban con cuidado al Gobernador, á Miss Nellyy al Comandan•
te, nadie osaba levantar la voz y en espera de los
platos siguientes, cada uno bebía para matar el
tiempo. Molestada por todos esos ojos blancos y
fríos que estaban fijos en ella, Nelly cambiaba
apenas algunas palabras e.on el Comandante; pero sentía impresiones semejantes A las de él y se
sentía feliz con su afecto adquirido en aquella
tierra de negros. Juan que era ya su amigo, podía ser hasta su protector en caso necesario, y
por momentos Nelly se hacia la ilusión de que estaba realizándose el sueiio de independencia, ambición y deseos precoces que desde un alto antes
le venia intrigando el espíritu y haciendo hervir
su sangre; conquistar un marido.
Al servirse el Champagne fué cuando la acti•
tud de los convidados dejó de ser tan embarazosa y las lenguas empezsron á desatarse: los generales y los coroneles demasiado comprimidos en
sus uniformes, los desabotonaron; la seiiora Andevourante se quitó una especie de golilla tricolor
que le apretaba la garganta y algunas otras nobles damas, entre ellas la fdmilia de Volanabé,
se desabrocharon los corpillos.
Nelly que proseguía en sus ensue!los, alzó su
copa, hizo un movimiento por el cual casi apoyó
su cabeza en el hombro del Comandante y le di•
jo en voz Oaja y acariciadora:
-Juan ..... .
Pero traída á la realidad por el mismo sonido
de su voz, se detuvo de pronto, se ruborizó muy
confusa y se decidió al fin á tomar el único partido pósible: reir.
Juan, sin embargo, había dirigido á la joven
una mirada que no manifestaba ni la menor sorpresa ni el má.s leve descontento y que más bien,
benévola y afectuosa, solicitaba la continuacióri.
de un discurso tan bien comenzado.
Cuando Nelly hubo reído lo bastante para coordinar mientras reía, sus ideas, proaiguió diciendo con presteza:
-¡Es curioso eso de que derrepente venga á
los labios nna palabra en vez de otra! ¿No le ha
sucedido á usted nunca? Yo quería decir: "Comandante" y me parece que Jo que dije fué
11 Juan. u Ya mi mortificación me ha castigado.
-No se apene usted; las contusiones de esa
clase son comunes y por otra parte Juan es mi
non.bre y este ·nombre ridículo nunca me babia
parecido harmonioso hasta que lo oí pronnnciado por usted. Llámeme nsted Juan siempre que
guste, por puro favor, diga al fin lo que iba a decirme.
-Siempre burlesco! ¿No lo había usted adivinado? Pues bien: en vista de que ha llegado la

hora de los brindis y de que el Gobernador no
tardará. en pronunciar su discurso que ya mascolla á su• solas, quería yo anticiparme y decir
á usted sencillamente: Comandante ..... .
-No: Juan . . .... nsted dijo, Juanl
-Dejemos sentado que dije Juan. Prefiero esto, porque la palabra cComa11dante• me intimi•
da. Yo, que soy un poco hija de la naturaleza y
no conozco el mundo, iba A decir: cJuan: una inglesita mny francesa por el corazón, á quien va
usted á dejar mallana y ll quien tal vez no vol ve•
rá A ver nunca 1 guardará. eiempre un grato recuerdo de usted, hace votos sinceros porque sea
usted feliz y vuelva pronto á su patria y al seno
de las personas que ama.• Eso es lo que iba á
decir; y luego, chocando nuestras copas al uso
francés, habrla alladido el tradicional: •á su salud! •
.
Nelly pronunció su brindis con extremada sencillez y su acento sincero, cordial y natural, conmovió al Crmandante; además ,estaba ta·n linda!
-Sefl.orita, le dijo; ante todo es usted encantadora: me han conmovido prqfundamente sus palabras y estoy avergozado de haber dejado que
se me anticipara usted con su brindis. Yo también
hago votos sinceros por la dicha de \lllted, y más
que nsted, haré recuerdos de estos días, porque
á mi edad se olvida menos pronto y ..... .
-No bable usted de su edad; eso es ridienlo;
parece un propósito formado de antemano.
-Bueno, dijo de Chalmond riendo: hé aquí que
ya cortó usted mi discurso. Pero véamos ¿ll qué
propósito se refiere usted?
-Usted debe haber observado, contestó e1la
con aire de enojo, que digo cuanto me viene A
los labios, en tanto que usted no obra del mismo
modo y se nota cierta afectación de su parte para achicarme á mi y envejecerse usted. ¿Es por
atraerse una galantería? No. ¿Entonces porqué
es? ¡Verdaderamente me encuentra usted demasiado peq ueiia.
Dígamelo u_sted con franqueza, porque á su
respuesta le voy á dar importancia trascendental.
Juan habría querido tomar el asunto á la ligera, pero Nelly que lo comprendió, le tomó la ma•
no sin cuidarse de los convidados y estrechándosela en un arrebato de impaciencia, de ternura y
de amor y viendo al marino con sedienta ansiedad, exclamó:
-Respóndame usted seriamente: yo se lo ruego.
Una confesión habría conducido necesariamente á otra y por eso Ju•n vaciló buscando una
respuesta, pero su sonrisa y sus ojos respondieron antes que la boca y acabó por inclinar la cabeza como un vencido. Entonces se dulcificó la
expresión dela fisonomía de Nelly y un relámpago de alegría vino á iluminarla. Le abandonó
su manecita suave y tersa que Juan estrechó con
pasión y á su vez bajó los ojos, feliz, sonriente y
al mismo tiempo pensativa.
-Miedo! decía para sí, tiene miedo de amarme.
Y esto era lo que en efecto sucedía; pues de
Chalmont se sentía con miedo de cometer una
villanía ó de caer en ridículo con alguna importunidad.
Una sola cosa le tranqnilizaba:su próxima partida, y este pensamiento trajo la calma á su espíritu y á sus labios la sonrisa más natural. Comprendiendo que babia sido adivinado y con la
rsperanza de disimular sus sentimientos reveladores de debilidad, hizo como el medroso, que
cuando atraviesa de noche por un bosque som:
brío cuyo misterio le espanta, entona canciones
belicosas- que luego interrumpe pidiendo gracia,
al oír el ruido mAs leve.
Exagerando el tono de la galantería, dijo al
fin, no sin esconder las miradas:
Oh! nv, sefiorita: no es usted una chicuela sino
una joven encantadora, adorable y bella, digna
del amor más profundo, mAs sincero, más firme
y ....
Juan vaciló de nuevo asaltado por el temor,
pues la joven por oírla mejor se habla acercado
tanto que sus alientos se conrundian.
-Y qué? pregunto ella con voz tierna y conmovida.
- Y si hablo con tanta frecuencia de la diferencia de edad que hay entre nosotros, es que
desde ayer esta realidad se presenta tenaz ante
mis ojos bajo una forma de lamentación muy ridícula y sobre todo, superflua; pero usted no se
burlará de esa ridiculez puesto que confesársela,
es dejar de tratarla como A unll pequelluela.
Nelly no contestó desde luego sino que paseó

Domingo 24 de Jnlio de 1898

Domlnl!'O 24 do Jnllo do 11198

su mirada sobre los convidados que hablan d&amp;
improviso cesado de conversar.
No queriendo abusar de sn triunfo dijo con
ademán regocij•do.
-Habla usted como nna esfinge. Lamentaciones? No comprendo bien. Ridíenlos? puede que sí,
pero no el sentido que usted pretende. SerA necesarlo que volvamos á hablar de esto otra vez,
pues ahora hay un silencio que acaso ha sido provocado por indicaciones del Gobernador. Prepárese usted ll oír su discurso y á responderle con
más claridad que A m!.
En efecto: los hovas se hablan abotonado sus
uniformes, las damas arreglarron un poco sus trajes y cada cual inmóvil en su asiento parecía en
espera de algo solemne.
El Gobernador dirigió nna mirada en torno de
la mesa y cuando estuvo convencido de que to•
dos le prestaban atención, tosió tres veces, y co•
menzó con voz fruerte y en lengua bova este dis- •
curso que ya debía haber servido en otras ocasiones para casos semejantes:

EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA

••Sefi.or: seiiores:

«Soy ciertamente el intérprete de todos vosotros y de la gran nación malgacha al manifestar
lo felices que somos recibiendo en suelo hova (1
un representante tan distinguido de nuestra grande amiga la República francesa.
«Su presencia aquí es una nueva prenda de
amistad que estrecha los lazos de afecto que
unen a ambos pueblos; cuando los corazones se
estiman, las inteligencias se comprenden y esto
asegura que nada vendría A interrumpir esta harmonfa que es tan necesaria para llevar A buen
término los vastos proyectos de ci,ilización que
que ha concebido el Gob:erno de la Reina para
asentar nuestra autoridad benefactora sobre toda
la tierra de Madagascar.
«Para cumplir esta misión, nosotros necesitamos si no de los consejos, si del concurso de una
nación ilustrada, rica y poderosa y la Reina ha
e;cogido para ese objeto á la Fraocla.
cSeilores y sellaras:
cMi sobrino el capitán Volanabé va A traducir
al francés mi discurso: y cuando baya concluido
uniremos en el mismo brindis el nombre venera:
~o-de la Reina Ranavalooamanjaka y el del Presidente de la República francesa. Luego brindaremos por nuestro huésped el Comandante del
Colibri y por nuestra bella amiga Miss Nelly Stephenson.
T~dos los invitados ~speraron de pié, que el
sonriente Volanabé rep1t10ra casi textualmente el
pretencioso brindis del Gobernador y luego gritaron. por tres veces hip! hip! hurra! y tomaron
sucesivamente con frenesí salvaje con motivo de
los di versos brindis propuestos.
Desde luego contestó el Comandante con palabras de gratitud y de elogios para el Gobernador y rectificó bábilmunte la afirmación de haber escojido la Reina á Francia como su aliada
sino que Francia expontAneamente había venid¿
por amor á los hovas.
Volanabé tradujo este uiscurso qne no pudo
ser comprendido por aquellos cerebros que el vino perturbaba pero que fué aplaudido A reventar. Se bebió otra vez por la Reir.a, el Presidente
Y. el Gobernador, y con gran satisfacción los convidados se sentaron por rm y las conversaciones
recomenzaron más entusiastas, más ruidosas más
libres que la vez anterior.
'
La sellara de Vclanabé, Ravouna, y algunas
otras damas que se ahogaban bajo sus corpillos
decidieron desabrocharlos enteramente y algu'.
nas1 como la generala Andevourante se los quitaron.
Nelly no se fijaba en nada de lo que pasaba
en _torno suyo; replegad~ en sí misma, pensaba
fehz en su amor, tan ráp1dam~nte concebido
que le llenaba sin embargo la vida.
y
Seria muy grato volver á Europa á Francia
oírse llamar la sellara de Chalmond° ó tal vez'
sellara Condesa, porque Juan debía de fijo tener
un título. En eso babia sonado, pero reflexion •
ba quo no era es,a ambición la que la movía si:o
un amor puro y desinteresado.
'
~~n esa r.cultad_de. embellecerlo todo y eM
fac1hdad de autosu¡est1va que las mujeres p~seen
en tan alto grado, apartaba de su conducta toda
id~• de ~álculo para no v~r más que un senlim1ento srncerv que la dommaba a pesar suyo.

l

1

j

'· •.

~-!_\
-~;·,,

1 'i

1:

(Continuará)

FI0.1-TRAJEl l'ARISlENSE DE TAFETÁN y GUIP UR"!C

77

�1

I·1

78~==~======-===---~---=-=======~EL~~MUN~~D~O~.======-=========,.;D;;;;o;;;m;;;,l~n~~,;,º.;;2;,;4,,,,ll=".;;J,,,,11.;.;Jl.;.,,o.,;d=11=1=R91'==-nía es perfecta y no h11y qn11 tener miedo á.
L ectura para la lil úainas
difguetos matrimonial~s por diferencias de
caracteres.
Keely no habla a humo df'I pHjas.
La música del cuerpo humano
Ant11s óe hacer público ~u 111¡,r,mioso iuvento, lo ha experim1mtndo nada mt&gt;nos que con,
Interesante á las damas
tres mil pe~eon .. s casadas ó rrñxim11s á cafarse. y dice querariHima v ..i-. hi vi~to desmen1ida su teorla de •que D() hav f •lic.dad•
LA ATRACCIÓN DE LAS AL\!AS -EL CARÉCTtilR.
posible entre marido y mujer Rila~ notas
Lo1. SIMPATÍA, -LA ANTIPATlA.-ACORDES.musicales distintas de uno y otra no forman
DISONANCI,\S,
harmonfa al ~er riadas ni mfp.mo tiPrnpo.,
Uno de los invento~ má~ sorprendenteR de
Pero los tubos Keely no Fólo ~irven nara
r~te ~ig-lo t'B el QUA pretende ha bAr realizadeterminar esa h11rmonfa, sino qnP también
do PI Profe1rnr K11ely, hombre que hace año¡¡
sirven para dará conocn el grarlo rl,i 11ner&lt;'rPó una revolución en los motores v se hizo
gla de los cara.cterAB si el dlap11zón &lt;le la no•
millonario.
·
via vibra con mas fuerza que el del novio, 110Lo• poetas. Joq novefütae v los filósofos hacabe duda que ella RerA quien lleve loR panb\.Rn frecuentemente dfl e!la ·misteriosaatractalones en la casa. Sólo 11sas dos apli caciorión dA las almas qufl llaman •afinidad elecnes para comprob'l.r la 11rmnnia de caracte•
t.iva , á falLa de nombre más preciso. Grethe
res, ó sea la afinidad electiva .v pau metituló •Las afinidadPs elPctivas, una de sus·
dir la energía compara1iva de caritcter,
novelas. Pero faltaba un inventorprA.ctico cobastan para hacer iuteresamlsimo el invento
mo ahora se estilan. q1tP idease la manera de
del Profesor.
dar forma exterior y mati&gt;rial áes11 ser.timienPero échese á volar la im11gin11ción v seto de las almas. y de apoderarse d11 él como
verá qué inmenso porvenir y r¡ué desarrola ciencia se ha apoderado. ile ese fluido aún
llo más sorprendentA agu11rd,. A esOR tnbos
miRterioRo llamado Elpc•ricidad.
Keely, que marci,n hov el primPr paso ¡,ara
El Profesor Keely afirma que ha conseguireducirá manifestaciones mAteriale11, cosas.
do eeo.
que hasta ahora hablan Pido tPnida~ como
Su teoría es que c11da Per humano tienA
p_ntrimonio exclusivo é impalpable del espl·
notas P.alienteR de carácter v corrientes de
rIIU
•impatía que sintetizan ~u na'turaleza ent11rR.
Terminaremos con una obRPrVR&lt;'ión hecha
La Arlncación. el disimulo. el amor, pueden
por Keel.v, y que será leída con interéd pormodificar pasajeramente P•os rafgos de caloQ músicos.
rActer y Psas simpatías. Pero la naturaleza
Dice el Profesor que las vibrncionea del'
verdadt1ra del individuo acaba siempre por
diapazón su11len prolongarse bastantA v que
sohreponArRA, puPR como dice 111 refrán cas- ·
A veces. combinadas las de dos amantes. pro~
tA!lano: •genio y figu1·a ..... • Y la cne@tión es
ducen harmonfas verdaderamente celPstiacómo •e pu11de conoc"'r el caráctt&gt;r de la
les .V tal. como han podido producirla,; hasta,
verdadPra natura(A1.a de una perRona.
ahora solo los grandes maestros.
De cada Rer irradian ondaR eléctricas QU"',
z.
1iunqu"' muy ténuPs, son füsceptibles, Aro·
nleando p~ra rPcibirlaR, aparatos delicados.
En esos t&gt;fluvioa va envuelta-según Keelv
-la verdadPra naturaleza. de la persona de
que preceden.
, .• 1
RECETAS UTILES
El Profesor. para recogerlo y hacerlo mll!~~
nife@tarse en forma que puedan apreciarlo
nue•tros sentidoR. ha idea&lt;io unos rec11pto.¡.
MANCHAS ELANOAS Y ROJAS DEL CUTIS
ree Po forma de tubos que al ser cogidos y
'!!'.,
t•midos en la mano durante algunos eee-un!-:~ •
Estas alteraciones de la piel son una fealdos. hacen vibrar el diafragma de que esdad de que no saben librarse muchas persotán provistos.
nas. A veces son muy tenaces y sobre todoEl diafragma esU en comunicación con un
en los días calurosos del estío.
diapazón extremadamente sensible, el cual
Se combaten con buenos resultados con:
vihrH entonceP. también y da una nota.
I. Bálsamo de la Meca.
EB'a nota es la caract,eristica d11l individuo
II Tintura de Benjui.
que tiene el tubo, pues cada persona tiene
III. Leche de almen.dras amargas ó de
11egún parece, su nota propia que no es igual
rosa.
á la de ningún otro.
VI. A~ua. de lirio, asociada á una pequeLR aplicación que, por ahora piensa dar
ña cantidad de eubcarbonato deªº"ª·
el Profesor Keely A su invento, es puramenV Bórax en eolucion de 10 gri,moR en l()()i
te filantrópica. Compadecido de la vida de
gramos de agui de rosas ó ti.t-1 plantaje, ó en
FIG
2-UNHERMOSO
GRUPO
Dil
NOVEDADES
martirio que llevan loe matrímoniosmRl ave100 gramos, mitad agua de l'Odas, mitad agua.
nidos, quiere impedir que esto~ se realicen.
de azahar.
Al efecto, pedirá á los novios que ames de formali- no hay acvrde, sino disonancia; y esa es-según el
Se empieza por lavar las manchas con agna tibia,
v.arse sus relaciones, comprueben por medio del tubo Profesor-la mejor prueba de que sus naturalezas son se enjugan suavemente con un lienza fino Después
de su invención si sus dos naturnlezas están en har- antit~ticas, y de que no podrán ser fel;ces viviendo se empapan en una de las preparaciones indicadas ymonía, es decir si dan notas ruusi;:ales que formen un jur:tos, aunque un pasajero enamoramiento les enga- se deja ¡,ecar.
acorde.
ñe haciéndoles creer en otra cosa.
Hay que reiterar las aplicacione¡¡. haciéndolas con.
Por ejemplo, si la irradiación eléctrica de la novia
En cambio, si al dar la irradiación de la novia el preferencia por la t.oche al tiempo de acostarse
produce en el diapazón un SoL y la del novio un LA, SOL la del ·novio da un Mr. ó un SI ó un Do, h harmo
';te

ósculos inefables impre~,
nados del néctar infinito
la mente como pobre viajera de los sueños, se abisma.
y se pierde en 103 intrinca.dos senderos de lo ideal; la.
falda blanca delaalmagto•
riosa, el traje nupcial y loe
albos azahares, la ilusión y
el amor óogendrando mirajes, ¡¡onen elcaminodel ensueño, leja.nías eu la ruta
del espi~itu
Por eso exclamab.ael poeta, cuando le pedia á. la niña de sus pensamientos que
no vistiera de luto:
11
Lo negro es Jo mis triste
Lo más sombrio;
Negros son los pesares
Negro el olvido.
No te vistas de negro
Que al verte cual la noche
No sé qué siento."
11

................. ··········
• • • • '..!' • • • • • • • • • ' .

.........................
. ... .............. .
'

11

"Cuando mi pobre cuerpo
Baje al sepulcro
Y el hado á separarnos
Venga :mportuno,
Viste entonces de negro
Y ve á llorar si me amu
Al cementerio."
Viudedad doliente signi•
fica esa falda que parece
llevar en sus pliegues las
!!ombras de la auRencia y el
tedio del recuerdo; ausencia horrible sPmeja el traje
negro que alberga en sus
arrugas las tristezas del alma. La noche del no ser
ha dejado reflejadas en el
vestido de luto todas las
amarguras de una ete:na
•lespedida, todos los desconsuelos de n:iestro espíritu

•

FIG. 6-TOILETTE

nm PASEO

El Treje Negro.
Parece que todos los infortunios han acumulado su
amarga tinta para teñir las telas con que se visten
loe desventurados de la vida.
Las telas negras llevan impregnadas lágrimas, recuerdos é imposibles, y tal parece que las tristezas
del alma se acurrucan en la sombra del traje, y que
loe duelos del corazón se arrebujan en loe pliegues del
vestido negro.
Una mujer que viste luto, es algo como un ciel., tenebroso, por la luz de sus ojos que se apaga, un horizonte obscurecido, por la rubicundez de las ~ejillas que palidece; un m{lr tempestuoso po~ las sonr~sas
amortiguadas que se pierden en la severidad del henzO negro en que €e r,flejan.

FIG,

Fl'.l.4

79

EL MUNDO

Oominiro 24 de Juho dA lRAA

5

Negra es la ausencia que nos hun&lt;le en desengaños
ó incertidumbres, negra la realidad que mata nuestree creencias y negra la muerte que nos lleva dehnproviso á los nuestros, á. los que tanto amamos.
En las noches en que los cielos amontonan sus som •
bras y el esplritu acumula su.i pesares; en esa11 horas
negras en las que el alma sueña con su antigua patria
y la materia descansa de sus pesadas luchas; cuando
seres ideales vienen á nuestro lecho y nos besan con

FIG. 7-DOSTRAJRS DJD PASKO

por loe que se han ido, por loe nuestros á qmenes tanto
amábamos.
Que la tela blanca de la desposada, como lampo luminoso en las negruras del ensueño, sea siempre un
miraje, y que mi eepiritu, E&gt;n su ruta ideal. como pobre
viajero lleve el grato recuerdo de una falda clara y
no las trijtezas de un vestido negro.

Las miradas deben refulgir en el cielo de la vida,
las mejillas han de esplender como arrebol en el espacio del cariño, y las &amp;onrisas han de ser como brisas
delicadas en el mar de la existencia.
Y lo negro mata esas miradas, marchita el color de
las mejillas y entristece las sonrisas.
!No te vistas de negrol-FARICO DE GRECIA,

�'TOMO U

FIG, 10-CREPÉ DE CRINA, AMARILLO, CON BLONDA
DE CHANTILLY

Nue¡;¡ztros e-ra.b a.dos
FIG. }-TRAJE PARISIENSE DE TAFETÁN Y GUIPURE,

Las modistas tienen e~pecial cuidado de que los
trajes para campo, sean de géneros vistosos á la vez
que ligeros, e_sco&amp;'iendo para e~to con el mayor cuidado las combmac1ones necesarias.
El traje que señala nuestro número 1,
es de tafetán malva, con amplia aplica•
.
.
ción de guipure.
El cuerpo tiene un yoke cuadrado
,;
del mejor efecto con plissés finos que
¡
van del uno al otro lado; bajo el yoke
hay utJa banda de guipure crema, con
otra pequeña aplicacion punt~ada y el
'1;'"":t.;&gt;..
corpiño tiene delicados fruncidos que
vuelven á repetirse bajo la basquiña al·
¿_;~., .i:?~~;;{
ternando con un gran plissé que rodea
r.:::=' :.;:.a::/
toda la falda. entre dos nueva11 bandas
de ~uipure, una ampllsima, en el borde
de 1a falda y otra en la medianla, más
angosta

flores y en el segundo alternan en guias y lineas paralelas. Museta ligera en el segundo dejando ver un
plastrón acordeón Sombreros de paja de Francia con
grand s aplicaciones de tul blanco y borlas el primero Y. el i!egundo de blonda y plumas rizadas.
0

FIG. 8-CAPOTA

y

JA"QUET.

Dos elegantes val'iaciones, de los descritos frecuen•
temente y cuya descripción h.olgaria.
FIG. 9-PAÑn ROJO Y SATíN NEGRO,

1Jna hermosa combinación que no
rleJa de estar de moda para rubias y
morenas
Este tiene plena ralda con cinco pliegues en la parte posterior y tres órde•
' nes de cintas de satin negro en el re•
, 11rnte de la misma.
El bolero tiene también ribete am•
plio de satín, oue se aplica así mil!mO
i,n dos hermosas bandas á izquierda y
derecha.
Peto de blonda de Bruselas con dos
¡?randes volantes superpuestos cubier•
ta de muselina d!l seda papillón.

FIG, 2 -UN fil!IRMOSO GRUPO DE
NOVEDADES.

FJG. 10-CREPÉ DE CHINA AMARlLLO CON
BLONDA Dlll CHANTJLLY

Compónenlo: Un frock para niña de

La falda e11 completamente lisa sin
más aplicación que la de chantilly en
el borde inferior
Bolero elegantísimo, todo cubierto
de la misma blonda; gran cinturón
Alternado con otra banda de chantilly
y plastrón-de muselina de seda-collar con elegante lazo á la izquierda.
Mangas muy aj11stadíiscon abullonado
muy ligero.

3 á 4 anos, un hermoso traje de foulard

estilo escocés, sin más adorno que apli•
cación de cadenillas de seda, un plastrón plissé de muselina blanca; yockey
ligeros y un cinturón de satfn obrnuro:
y un frock para niña de 8 á 9 años de
adorable elegancia.
FIGt'RAS 3 y 4.
La figura tres nos muestra dos mo•
delos de cuerpos de muselina blanca,
para casa y c3mpo con ade,rnos de
cinta.
·
La figura cuatro un traje de campo
también, para dama y otro de dril asar•
gado para señorita.
El primero es de sarga de seda figurada con sobrefalda y cuerpo ribeteados de chenill•1 de seda negra, cuyo
dibujo á rombos sirve también de tema
en las mangas, tm la parte posterior
del cuello -y el talle. E1 segundo sólo
lleva una ligera aplicación bordado en
el jacquet, en cuatro parlllelas y en
los bordes del jacquet y la falda.
FIGURA 5,
Prenda interior para dama, de alpa•
ca con cintas de felpilla.

FIG, 11-TRAJE PRINCESA

Cna11:do un traje de estilo princesa
eeti\. bien hecho, luce extraordinaria•
mente: pero requiértlse suma habilidad
en la factura
Este que ofrecemos á nuestras lec•
toras, es de una gentil originalidad.
Todo de l'gera cachemira violeta de
parma, muy ceñido, con aplicaciones
de guipure en todo el frente de la fal•
da y en el cuerpo, aef como en los n.
ger()s yockeys de las mangas y en el
cuello.
FJu. 12-TRAJE DE TAFETÁN AZUL.

FJG. 6-TOILE'rTE DE PASEO.

Es de paño de estlo azul mate coro•
puesta de una gran falda plissé en for ·
ma á la altura de un volante.
Cuerpo plissé de la misma suerte
con pliegues separados y guarnecidos
de bordados de seda á la altura del peto.

FIG, 12-TIUJEl Dlll TAPJHÁN AZUL,

FIG, 11-TRAJE PRINCESA

El corpiño se abre sobre un peto de muselina de
seda azul fincé y rematado por una gran corbata pa·
pillón.
FIG 7- l'OS TRAJES DE PASEO,
De gasa acordonada ambos, variando de muy di•
versa manera los dibujos que en el primero recuer•
dan el estilo escocés, itera más grande cordones de
Eeda atados junto á los hombros formando grandes

MEXICO, JULIO 31 DE 1898

FIG, 8-CAPOTA Y JAQUET,

Falda de merlia vuelta con tre~ órde_nes de bandas ondulantes figuradas y
dos grandes.
Yockey pleno con hermosos plisséa
agajados, de muselina de seda blanca.
Peto orlado por dos bandas ondulan•
tes de la misma forma que las de la fal•
da. Mangas ang-ostasligeramente fruncidas con ligerlsimo bullón,

Nelson

Gt.

lbliles,

GENERALÍSTYIO DEL EJERCITO DE L'lS E3TADOS U~ID03

•

NUMER05

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93401">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93403">
              <text>1898</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93404">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93405">
              <text>4</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93406">
              <text>Julio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93407">
              <text>24</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93424">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93402">
                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 4, Julio 24</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93408">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93409">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93410">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93411">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93412">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93413">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93414">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93415">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93416">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93417">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93418">
                <text>1898-07-24</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93419">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93420">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93421">
                <text>2017514</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93422">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93423">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93425">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93426">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93427">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1225">
        <name>Aire líquido</name>
      </tag>
      <tag tagId="503">
        <name>Benito Juárez</name>
      </tag>
      <tag tagId="511">
        <name>Cuba</name>
      </tag>
      <tag tagId="1221">
        <name>El mundo de los millonarios</name>
      </tag>
      <tag tagId="1223">
        <name>General W. R. Shaiter</name>
      </tag>
      <tag tagId="1222">
        <name>Manuel Tamayo y Baus</name>
      </tag>
      <tag tagId="1224">
        <name>Patines de ruedas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1226">
        <name>Telégrafo sin hilos</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3581" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2223">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3581/El_Mundo._1898._Tomo_2._No._5._Julio_31..ocr.pdf</src>
        <authentication>9bded8ce9f8ca81267a89909645dcfdc</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117403">
                    <text>'TOMO U

FIG, 10-CREPÉ DE CRINA, AMARILLO, CON BLONDA
DE CHANTILLY

Nue¡;¡ztros e-ra.b a.dos
FIG. }-TRAJE PARISIENSE DE TAFETÁN Y GUIPURE,

Las modistas tienen e~pecial cuidado de que los
trajes para campo, sean de géneros vistosos á la vez
que ligeros, e_sco&amp;'iendo para e~to con el mayor cuidado las combmac1ones necesarias.
El traje que señala nuestro número 1,
es de tafetán malva, con amplia aplica•
.
.
ción de guipure.
El cuerpo tiene un yoke cuadrado
,;
del mejor efecto con plissés finos que
¡
van del uno al otro lado; bajo el yoke
hay utJa banda de guipure crema, con
otra pequeña aplicacion punt~ada y el
'1;'"":t.;&gt;..
corpiño tiene delicados fruncidos que
vuelven á repetirse bajo la basquiña al·
¿_;~., .i:?~~;;{
ternando con un gran plissé que rodea
r.:::=' :.;:.a::/
toda la falda. entre dos nueva11 bandas
de ~uipure, una ampllsima, en el borde
de 1a falda y otra en la medianla, más
angosta

flores y en el segundo alternan en guias y lineas paralelas. Museta ligera en el segundo dejando ver un
plastrón acordeón Sombreros de paja de Francia con
grand s aplicaciones de tul blanco y borlas el primero Y. el i!egundo de blonda y plumas rizadas.
0

FIG. 8-CAPOTA

y

JA"QUET.

Dos elegantes val'iaciones, de los descritos frecuen•
temente y cuya descripción h.olgaria.
FIG. 9-PAÑn ROJO Y SATíN NEGRO,

1Jna hermosa combinación que no
rleJa de estar de moda para rubias y
morenas
Este tiene plena ralda con cinco pliegues en la parte posterior y tres órde•
' nes de cintas de satin negro en el re•
, 11rnte de la misma.
El bolero tiene también ribete am•
plio de satín, oue se aplica así mil!mO
i,n dos hermosas bandas á izquierda y
derecha.
Peto de blonda de Bruselas con dos
¡?randes volantes superpuestos cubier•
ta de muselina d!l seda papillón.

FIG, 2 -UN fil!IRMOSO GRUPO DE
NOVEDADES.

FJG. 10-CREPÉ DE CHINA AMARlLLO CON
BLONDA Dlll CHANTJLLY

Compónenlo: Un frock para niña de

La falda e11 completamente lisa sin
más aplicación que la de chantilly en
el borde inferior
Bolero elegantísimo, todo cubierto
de la misma blonda; gran cinturón
Alternado con otra banda de chantilly
y plastrón-de muselina de seda-collar con elegante lazo á la izquierda.
Mangas muy aj11stadíiscon abullonado
muy ligero.

3 á 4 anos, un hermoso traje de foulard

estilo escocés, sin más adorno que apli•
cación de cadenillas de seda, un plastrón plissé de muselina blanca; yockey
ligeros y un cinturón de satfn obrnuro:
y un frock para niña de 8 á 9 años de
adorable elegancia.
FIGt'RAS 3 y 4.
La figura tres nos muestra dos mo•
delos de cuerpos de muselina blanca,
para casa y c3mpo con ade,rnos de
cinta.
·
La figura cuatro un traje de campo
también, para dama y otro de dril asar•
gado para señorita.
El primero es de sarga de seda figurada con sobrefalda y cuerpo ribeteados de chenill•1 de seda negra, cuyo
dibujo á rombos sirve también de tema
en las mangas, tm la parte posterior
del cuello -y el talle. E1 segundo sólo
lleva una ligera aplicación bordado en
el jacquet, en cuatro parlllelas y en
los bordes del jacquet y la falda.
FIGURA 5,
Prenda interior para dama, de alpa•
ca con cintas de felpilla.

FIG, 11-TRAJE PRINCESA

Cna11:do un traje de estilo princesa
eeti\. bien hecho, luce extraordinaria•
mente: pero requiértlse suma habilidad
en la factura
Este que ofrecemos á nuestras lec•
toras, es de una gentil originalidad.
Todo de l'gera cachemira violeta de
parma, muy ceñido, con aplicaciones
de guipure en todo el frente de la fal•
da y en el cuerpo, aef como en los n.
ger()s yockeys de las mangas y en el
cuello.
FJu. 12-TRAJE DE TAFETÁN AZUL.

FJG. 6-TOILE'rTE DE PASEO.

Es de paño de estlo azul mate coro•
puesta de una gran falda plissé en for ·
ma á la altura de un volante.
Cuerpo plissé de la misma suerte
con pliegues separados y guarnecidos
de bordados de seda á la altura del peto.

FIG, 12-TIUJEl Dlll TAPJHÁN AZUL,

FIG, 11-TRAJE PRINCESA

El corpiño se abre sobre un peto de muselina de
seda azul fincé y rematado por una gran corbata pa·
pillón.
FIG 7- l'OS TRAJES DE PASEO,
De gasa acordonada ambos, variando de muy di•
versa manera los dibujos que en el primero recuer•
dan el estilo escocés, itera más grande cordones de
Eeda atados junto á los hombros formando grandes

MEXICO, JULIO 31 DE 1898

FIG, 8-CAPOTA Y JAQUET,

Falda de merlia vuelta con tre~ órde_nes de bandas ondulantes figuradas y
dos grandes.
Yockey pleno con hermosos plisséa
agajados, de muselina de seda blanca.
Peto orlado por dos bandas ondulan•
tes de la misma forma que las de la fal•
da. Mangas ang-ostasligeramente fruncidas con ligerlsimo bullón,

Nelson

Gt.

lbliles,

GENERALÍSTYIO DEL EJERCITO DE L'lS E3TADOS U~ID03

•

NUMER05

�8:?

LASEMANA
RESUMEN-Seis ejecudones capitales Pn Oaxaca.-Te,
rrible ejemplo.- La lucha entre el criminal y la sociedad.-Armas iguales.-Adulterio y asesinato.-La
más negra de bs traiciones.-Esa mujer no debe 8tr

EL MUNDO.

nnmtniro 31 do Julio 1898
Oomlngo 31 de Julio de 1898.

ven Juan C. Vazquez, miembro de una distinguida familia de Mazatlan.
No tiene duda, esos hombres eran carne de
horca; no debemos llorarlos, antes felicitar á Ja
Justicia de Oaxaca por su recdtud y su entereza.

83

t9olitica Obtntral.
LA GUERRA HISPANO·AMERIC.ANA.-Los PRELIMINA..-

R ES DE LA PAZ.

*

**

Por fío ya es un hecho que el Gobierno Espafiol se ha resuelto á pedir al de Washington las.
Y á proposito ¿qué género de pena, que espe- condiciones de paz. El Embajador de Francia.
La Justicia del Estado de Oaxaca ha d11do terrible ejemplo á todos los delincuentes del país, cie de castigo merece Casino del R11.so, asesino ante la Casa Blanca ha sido el encargado por el,!
enviando al p11tíbulo y ejecutando de un solo gol- del Presidente Municipal de Santa Cruz, en Tlax- Gabinete .de Madrid de entablar las negociaciope á seis delincuentes de la peor especie, á los cala? Protegido, colmado de favores y de distin- nes preliminares para el arreglo de la paz.
Los que hemos visto con dolor cómo se derra-.
asesinos crueles, traidores y alevosos del Sr. Tro- éiones por su víctima, estimado y considerado por
ella, casi de la familia, del Raso, hombre nada maba la sangre á torrentes, cómo se derrochaba
va mala.
La primera impresión que una hecatombe de vulgar y que ha recibido alguna instrucción, el din~ro en Ja lucha terrible entablada por dos.
esa naturaleza pr!&gt;voca, es la del horror, y las pri- no encuentra mejor manera de pagar los servi- pueblos que representan los intereees de distinmeras reflexiones que acuden al espíritu, son las cios recibidos, que enamorar, seducit, hacerse el tas razas, los que hemos seguido paso á paso los.
de un sentimentalidmo extraviado y los de una amante de la esposa de su proLector; sorprendido episodios de esa lucha desigual en que las ventadeclamatoria tan elocuente como hueca. ¡Cómo! una noche en brnzos de la adultera debió, estoico, jas han estado constantemente por parte de los.
en pleno siglo diez y nueve, en sus gloriosas pos- impasible esperar la muerte ó interponerse caba- americanos, y hemos admirado el heroísmo del,
trimerías, se lava aún la sangre con la sang-re! llerosamente entre el esposo airado y Ja cómplice pueblo espafl.ol ofrecido en holocausto poreltriun¿Es remedio al homicidio, la pena capital? Para de su delito, é implorar para si la muerte y para fo de una idea, m&gt;1.rchando ciego al comoate sin
vengar la muerte de un hombre se sacrirican seis, ella el perdón. Cuando un hombre de mediano aquilatar lo, peligros, sin medir los obstáculos,
¿y eso se :Jama proteger la vida humana? A tan- corazón se ve arrxotraio por pasión irrefrenable sin ver loe&lt; abismos abiertos a sus pies, sino sóloá los brazos de una mujer casada, debe dar por fijos los ojos en su bandera orlada con los nimto equivale ese bárbaro proceder como á
firmada su sentenc:a de muerte, hacer á su extra• bos de gloria que han cantado sus poetas y sus.
vio el holocausto de su vida y saber morir. Pero historiadores; loR que hemos percibido desde nuesquita1' el dolo1· de la cabeza
del Raso pertenece á la peor categoría de los tra tierra apartada las lamentaciones del huérfaquitando la cabeza que lo siente.
hombres perversos, á la de 103 ingratos; tal vez no, los ayes de la viuda, las dolorid:ts quejas de
es un cobarde, y al ver aparecer al esposo, an- la madre, los gemidos sofocados de la esposa queUna madura reflexión sobre el problema resti- tes que éste tenga tiempo de reconocerlo y de satuye el problema á su verdadero punto de vista y ber de qué se trata, hace fuego sobre él y k, hiere han visto desaporecer en las fauces insaciables.
del Moloc de la guerra á los seres más queridos,
lo reduce á las proporciones de una operación de muerte.
á los pedazos más caros de su corazón; los quequirúrgica repugnante, sangrienta, dolorosa; peEl esposo ultrajado, casi agonizante, tiene to- sin prevenciones ni prejuicios, sin preocupacioro preservadora y salvadora del vigor y de la
vida del organismo social. Nada m~s odioso que da vía el tormento de ver cómo su desleal compa- nes de ningún género, sin apasionamientos de
una cauterización con el hierro canden té; las car- ftera y su iof11.me asesino lo desoalijan, se apo- ninguna. naturaleza hemos comparado fríamentenes humean, la sangre hierve con siniestros chi- deran de su dinero y de sus joyas y huyen á ocul- los elementos con que cuenta Ja Unión .Americarridos, un vapor nauseabundo se esparce y pro- tar, sabe Dios en qué antro, sus criminales amo- na en pleno gocP de su fuerza y poderío, con los.
que tiene á su disposición la Monarquía espaflola
voca vértigos, escaras negruzcas aparecen y de res.
lo que !ué organismo vivo, palpitante, activo, deYo quisiera ver desde aquí la cara que pondrán agotada por tres años de guerras coloniales; ameja solo placas de escoria, tizones negruscos, in- los filántropos y abolicionistas de la pena de nazada de divi~iones, cprrofda por los partidos,
sensibles é inertes. Pero la operación, cruel en muerte al relato de tan infame crimen! ¿No les acosada por las rivalidades interiores, amenazasí misma, cuando se ejecuta en úlceras infeccio- parece que 1v mejor sería Ha.mar á los fugitivos, da por la guerra civil y sola y abandonada en Slh
sas, en cánceres corrosivos, es fecunda en bienes amonestarlos uulcemente, hacerles prometer que congoja por las Potencias Europeas .... los quey salvadora de vidas. El organismo desembara- no volverán á hace1·lo; exhortarlos al bien y á todo esto hemos visto, sentimos una especie de sazado de gérmenes nocivos y de tejidos dafütdos, Ja v:rtud, casarl:&gt;s, especialmente por 111 Iglesia, tisfacción al ver aproximarse el fín de todas esrecobra Ja fuerza y lit salud, la dicha de vivir; unc1, vez muerto el Sefior Rosario; buscar la re- tas angustias y llegar á una resolución honrosa.
desaparecen los dolores agudos, lor ardores que- productiva inversión de sus economías v esperar para entrambos brligerantes.
L"os pueblos no están obl:gados á alcanzar la.
mantes, l11s punza.das asesinas y e] sacrificio de sentados su regeneración y ~nmienda? Procedien•
una colonia de celdillas dafünas basta para curar do así no se corre riesgo de agregar una gota de victoria. Los ejércitos y las escuadras que marmales mortales.
su sangre impura á la generosa del Seftor Rosa- chan al combate nunca van con las seguridades.
Lo mismo en sociedad: el criminal, el bando- rio que con tanta profusión derramaron. í ya que del triunfo. No son los triunfos modernos los delero, el hombre desnaturalizado que no respeta al esposo le llegó su ho1·a y que la fatalidad lo con- la , i~ja Esparta en que la estratega y el soldavidas ni haciendas, el asesino, como en el caso dena á la muerte ó á la desgracia, siquiera que do que salfa en defensa de Ja patría tenían el dede Trovamala, de un anciano impotente, ciego, la intempestiva intervención de la justicia no ba- ber ineludible de volverá sus hogares con su essolo, confiado; el cruel destructor de vidas hono- g... dos víctimas más; ya tenemos bastaL t} con cudo cargado con ]03 laureles dtJl triunfo, ósobresu escudo en vuelto con los sudarios de la muerte•.
rables que machete y garrote en mano viola el una!
hogar, hace irrupción en el sagrado de la alcoba,
En este terrible crimen no se sabe á punto fijo Menos asperas nuestras costumbres, menos exise congrega en bandas numerosas y desenfrena- quién es más culpable, si la mujer ó el amante. gentes nuestros deseos, basta á los combatientes.
das y hiere y golpea y tortura y destruye, no es
La mujer que viola la fé jurada, que mancha el cumplir como b:ienos las leyes militares, basta á
un hombre, es una fiera; no es nuestro semejan- tálamo, que pone sobre la frente de sus hijos un los pueblos ofrecer las resistencias que impone
te, es nuestro enemigo; y si forma cuadrilla debe estigma de infamia y de vergüenza, que, como di- el Qódi¡ro de honor, basta á las naciones cumplirexterminársele con mayor razón que si delinque ría Otelo, hace ruborizar al pudor mismo, que en la e~fera de su actividad y en el orden lle Jo
solo.
paga con falsías y con traiciones la protección, posible las aspiraciones populares, par1t que seLos partidarios de la abolición de la pena de el amparo y el amor del esposo, no debe en con. consideren libres de toda responsabilidad.
muerte nos dan envidia; ¡quién, como ellos, pu- . trar para su culpa remisión. El matrimonio es
Ya otra vez Jo hemos dicho: no existen los suidiera creer que los hombres son todos buenos; una institución sagrada que uniendo á un solo cidios colectivos; es cruel y t~rrible empujar ab
que la dulzura y Ja convicción son los mejores hombre con una mujer, redime en lo posible al ser sacrificio, y al sacrificio estéril, álas ciegas mulcorrectivos del delito y del crímen; que cebándo- humano de las fatalidades animales á que Jo con- titudes que se deslumbran con oropeles, que selos en las Penitenciarías se apaga su hambre de dena Ja Naturaleza, que corre un poderoso velo sugestionan por vanos resplandores, qµe se pamalsanos placeres y su sed de criminales aten- sobre nuestras más necesarias é intimas miserias, gan mucho de 10s impulsos instintivos, y sólo á.
tados, que su corazón, tierno como de paloma, se que encubre y suaviza las brutalidades del ins
fuerza de desengaflos atienden á los dictados deabrirá a las predicaciones de, misionero, á las su- tinto, que idealiza y ennoblece una función y que la razón.
gestiones del moralista, á las aspiraciones del fi. hace al hombre menos animal y más espiritual.
Las clases directoras, los grupos pensa.dorPs,
lántropo y que el crímen desaparecerá el día que Es la mujer quien menos debe romper ese pacto los que representan los intereses legítimos de E:1,
desaparezca el castigo!
que hace compatible su fanción suprema de ma- pafia, há tiempo que abogan por la paz, há tiempo que reclaman la suspensión de tantos y tan
Desgraciadamente nada de esto es verdad; hay dre con su noble pudor de ser civilizado.
estériles sacrificios, há tiempo que reclllman una
hombres fieras como hay hombres corderos, por
La esposa que rompe el pacto vuelve á la cateinstinto, por organización, por naturaleza, por goría de hembra; se prodiga cuando del:iía reser- dirección nueva en las actividades y energías dell
atavismo; una fatalidad comparable sólo á la que varse y se entrega cuando debía guardarse. Y so- país, para enjugar tantas lágrimas vertidas, para.
rige la vida del tigre inclina á aquellos al mal, bre todo si es madre, su delito ni tiene ni puede cicatrizar tant1ts heridas sangrientas, parn c,..garcomo A estos al bien, educación, buen ejemplo, tener redención. En cuanto al amante, no hay para tantos abismos abiertos, para llama1· tantos ob3,
principios, consejos, nada vale, nada puede con- él pena bastante severa; quien nos roba Ja espo- táculos levantados á Ja regeneración y á la reconstra sus tendencias á la destrucción; A estos se les sa nos debe su vid!l; quien nos quita A la vez la trucción de un pueblo quq se siente fatigado dedebe sacrificar, suprimir, eliminar para defender mujer y la vida .... ! lástima que sólo pueda me- la lucha. cansado del combate, agotado por el,
sacrificio.
á la sociedad contra.sus atentados, y para que no recer Ja muerte.
difund1m en ella la mala semilla.
A eso tienden las negociaciones que por fin seY tan es así que uno de los fusilados de Oaxaca,
LOPEZ l.
ha decidido á entabl&gt;tr el sefl.or Sagasta. ArrastraRafael Castellanos, asesinó en la carcel al preso
do á lá guerra contra su propia voluntad, jefe de
l&lt;'rnncisco Gonzalez y otro, Marcos Vela seo, comeuna situación quP. él no había creado, enfl'ente
tió un homicidio proditorio en la persona del jode una crisis que no pudo evitar, convencido a,i
fin de Jo inútil y estéril de todas sus tentativa&amp;.

madre.

EL MUNDO

Don C!arlos ae @?rbón, Duque ae roaaria,

i!a Princesa rouia

PRETJiNDlENlE Á LA CORONA DE ESPAÑA

para contrastar y vencer á un enemigo superior, Muy de prisa, tuvimos tiPmpo apena~ d~ ~~ihr ~\
se decide á pedir lt1. paz, después de las catástro- enorme Hottil Palruer, el glga!ltesco Atu.litonum: mis
lectores creerán quti soy vród1go en eplttitod de aufes por tierra y mar en Cavite y en Santiago de mento· la verdad ec que los E,tados U nidos en s11 conCuba.
junto ysus detalles 1J.Jerecen los susodichos epit~tos
¿Que, hay que hacer nuevos sacri~icios~ ¿q~e, no y no merecen otros.' .h:I Auditorium, mlls granrl1oso
debe esperarse nada de un enemigo v1ctonoso? quizás, que los hoieles de primer orden de N~w York,
con su tt:atro que puede conteuer algunos millares_de
¿que, ha de conseguirse poco de un ~u~blo nuevo personas cart:ce dtil supremo lujo de confort artlst1co
que arroja osado el guante á las vieJas monar- del Waldorf, que tistá á punto también de tt1ner s~
quías? .... Pues por csv; por eso hay que apresu- teatro y cuyo jardín es ya. uno de los centro3 de reu
. .
rarse á entablar las negociaciones de paz, para niór dti1 Nt:w York eltigaote.
Nuestro amable cicerone quería que. v1s_it~ramos ~¡
que las pérdidas sean menores, par~ que cese de edificio
en q11t1 se halla el palacio de J11st1c1a· no qmcorrer ese río de sangre y de lágrimas que em- ~e. Cuando pienso en la _ignominio~~ c~;serna que e~
papa el suelo espafl.oJ y salpica los hogares de Méjico llamamos "Palacio de J11st1c1a. no mti que
luto; para que el territorio sufra menos ~olorosas dau ganas de hacer compa1·aciones en detr1m,mto de
biliario.
.
amputaciones; para que todas las energias laten- miElequilibrio
cielo seguía gris; atravesábamos_ una es_pec1e de
tes que quedan al país se dediquen con amor, atmósfera de ag ..a. porfirizada. reducida á impalpadespués de tan dolorosa exp~riencia, á la alta_ Y ble polvo que no ocultaba lod ~dificios, q 110 sólo los esmeritísima tarea de reconstruir toda una patria, fumaba en laa aristas elevadas, en lo~ balaustres de las
corn1zas y lo,¡ remates de 'as mansarr.a~. E\ lago acot1de restablecer en sano equilibrio, después de las tado
á nutistra izquierda, sin un sollozo, Sin :un mursaludables enseftanzas de la pasada luch~, todo murio escamlldo 1evls1mamente de plata páh~a.. nos
enfriaba con su aliento húmedo; un barco d1buJaba
un nuevo estado social, político y económico.
Es llegado el momento supremo de las pru~- su fantá1:tica silueta en la ntibhna del horizonte.
bas ahora es cuando se va á ver en las clases di:r**
rectoras y en los partidos y fracci~nes políticas
Entramos
por
un
largo
viaducto de madera desde
que se disputan el poder en l~ atribulada _E~pafta, quiénes son los que se gman por ~e~timien- donde dominábamos los campos que l?ºr aquel lado
limitan la ciudad, convertidos en v:astis11,1os t~bleros
tos vinculados en el verdadero patriotismo, Y en cuyas casillas acotadas por r~c1os travesanos de
quiénes se dedican impíos_ á medr~r bajo la som- palo, se clasifican diariamente millares de r~ses
A ciertas horas del dla toman éstaq ~l cammo de las
bra de un falso amor patrio, empuJ1td011 por torgalerías puentes que nosJtros segu1amos en aquel
pes egoísmos.
momento y penetran en el matRdero; todo está muy
X.X.X.
limpio lavado y restregado á porfia, pero todo per29 de Julio de 1898.
manec'e resbaloso, grasoso á fuerza de ~augre Y unto
derr,..mado por doquiera; un tufo de e3t1ércol, de carne viva y de animal muerto se cuela ror las vías resiratorias y determina desde aque momento ha_sta
fa vuelta al aire puro un estado de nausea cootemda
qu11 no tiene nada de paradls•aco.
.
El escenario de los primeros pasos d!' esta roJa Y
hedionde tragedia, es muy poco comphcado; un alto
envarillado de hierro que recorre. l?s cuatro lados de
una pieza que tendrá cuatro ó qumiento3 metros cuadrados· de las varillas cuelgan en ar!?oilas, p1ra due
pueda~ correr sin tropiezo é inceunt11mente, sen 0:1
NOTAS A TODO VAPOR
garfios de hierro. A un lado la entradll de las reséS
que se precipitan en una especie de estrecha canal de
CARNE
madera; á un lado de esta canal funcionan dos ó trns
hombres fuertemente muscullldos .Y armados ?,6 maMuv temprano emprendimos el viaje; ibamos. á ver zos de hierro pasando por un p,w1mento pegaJoso de
sangre y bab~; subimos á un balcón desde donde se
lo más caracteridtico de este repent1!10 y prodigioso
.
emporio de los granos y dela carne; 1bamos ver los domina toda la escena.
Entran las reses. encajónanse golas, r~c1ben sendos
estable,.irnientos de matanza de Armor &amp; C. , uno de
golpe•
secos
11n
el
testuz
y
ruedan
fulm1_nad_os.
por un
los excell'los emperadores de la mai;,teca y del Jamón;
aqni fllt Chi,.ago P.ntTa un Tio de m11fz y sale conver- plano inclinado de donde, atadas rapidl81mamente
t,do eu carue cte puerco (puesto que este gr~no es el por las patas traseras, son enganchadas y levant_adas
alimento principal del risible y solemne ammal con- á la altnra de las varillas y _a:Jl quedan BUApend1das,
denado por el hombre 111 pecado capital de la gula) convulsas aúu y con el hocico embadurnado de mu-

t

ae

Roltan,

ESPOSA D.El DON CARLO:!

cocidad y sangre TJ lo ~:.to es m 1mentllneo; _cien ó
do:1cient·1s re-1e:1 son S&gt;lcrmcada:1 tin ali;-11no:1 mtnut,H
y no bien se le:1 ve iz idas, cuando ha.ciéod?las corr.ir
por lai v Lriila:1 qued-rn dt1la:-1te de lo-1 eu11h11ler~a: C·&gt;n
uu solo movimien,o de es,;oa artistas la yug.1lac1ón se
verifica y dej rndo correr la sangre á negros ~orbow ·
nes de la Pnorm" hnida, las resesson empllJl\das á
otra sección en donde, ya casi exangües, se les d11d•
pr¡j i de las vhceras en un: s_a~tiamén_, y luego _Pon
de:1pPllejadas por otro regimiento hediondo, y roJo y
as! llegan á la cuarta varilla en donde div_idida ~u
dos cada Ms v enju 00ada con eriormes espon¡as, baJ i
del g ..11cho á' uoo-1 ºcarros ad hoc q11e violentamen&amp;e
las llevan á los refrigt1radores ¿El suelo quedará con•
vertido en un hacinamiento ho~rible de eacombr&lt;&gt;s
animales? No· la limpia se verifica con singular pr.&gt;steza; l1L sangr~ corre por las canales del piso, las vl~cAras, las cabezas, las pezuifas, las pieles, son recogidas instantáneamente y lltiv&gt;ld&amp;i á departamento:1
e"peciales en q11e todo se aprovecha¡ de la sangre se
obtiene una sub:1tancia de que se hacen objetos s~mtijante;; á los de goma laea._coo los vellos ~e lupitl•
les se !lacen pinceles, y las pieles. la mater,1a córnna
y las pezuña.e de los carneros van al Japon y todo:1
los intestinos y todo, t(Jdo se utiliza. El ingen·o de e:1te pueblo para dividir el trabajo y para obtener ~e la
industrialiZ&gt;lción de un producto natural el maximun
de rendimiento es pasmoso.
Mis compañero:1 se, empeñ iiron en verlo todo; yo qn ~
tengo una evidente vocación al marti_rio con tRl q11_e
se pueda irá él cómodamente, es decir, que yo 9111zás subirla al Ca.vario si pudiera hacerlo en fumcnlar, me dejé guiar. Fuimos, pues á_ver mataralgunoi
centenares de carneros; pobres victimas, con sus grandes ojos humanos, llorosos, re:1ignados; era aqu!'lla
una d"go llación de inocentes, de slmbolos de lamocencia, yo tenla lmpetus de romperleala c11,beza á sus
herodes. Luego pen.etramos en otro _matadero, el &lt;l"
los cArdos, el i'1Agocio supremo en Ch1c:•go ;.no le llaman Porcopoli$? ¿No es la tierra del Jamón y de la
trichinal'
Tristes animl\les, mueren sin dignidad, mueren en
caricatura; sus chillidos, después del silen~io de lo:1
otros sacrificados, irrita; sus actitudes, su f1sonomla,
por decirlo asl, son cómicas. Y luego c11ando se los
ve pasar en una cadena sin fin por las ~anales llen~s
de aguR caliente con unas figuras furiosamente r1•
dlculas, para ser epilados, pri~t1ro, y despe)lej~d.os
después, la risa se vueive carcaJada. 1Qué ii:i1ustic1al
Era la nuestra una risa que tenla algo_ de lugubre y
noi dejaba desc:mtentos de nosotros mismos.
Despué:1 vlsitll.mos los departamentos en que doscientas muchachas. hermosas algunas de ellas, hl!-cen
paquetes de picadillo que olf_a muy bien y á m.1 !11ª
produjo náuseas. En sPguida v1mo:1 hacer mantequilla
con aceite anim,i.1,-m ugarina-y un poco de crema.
De la 1tolicuación de estas gra~as resulta la mante•
quilla que comen las tres cuartas partes de los yankees y que est:\.n comenzando á hacernos comer ~
nosotros. E3 infame; cuando al calor de la boca se ltqulda, se siente que es aceite; es una iniquidad. . Yo
decla para mi coleto: con 811 pan se lo coman. y_Juré
no volverá comer mantequilla en los Estados U01doR.
y lo cumpll. Pasamoa por los refrigeradores, inmeL -

�EL MUNDO

84
sas catedralPs de carne formadas de diez ó doce naves cuyos r,,jizos, calados muros están he chos rle •millares de mita'Cles de reses colg adas en intermin11blll11
hileras, bajo -uu frio polar; no11 enseñaron un trozo ne
carne incorrupta que tenia vei te años. Tiritando,
estrangulado el estómago por el horror y el asco, im
pre.siouado por el tono neutro de muerte industrial
que alli reinaba, pensando que la premisa obligatori L
de todo jamón sabroso era el martirio de uno de esos
gordos y ventrudos per.:onajtls, cuyo risible martl·
rio acababa yo de prt&gt;1seuciar, sal! del me t-1.dero, de
jándome referir que en i,.a sola casa de Armar and
Cº St' habían matado ese dia cinco mil coch1uos y pueden matarse dit&gt;Z y seis; tres mil cu11trocientos carneroR y siete mil doscient~s resPs Supe también que los
ochocientos ó mil obreros que alll tfllbajau ganan diez
ó quince centavos por hora. que las rayas y gastoe suben á 120,000 .,esos mensualt&gt;s y otru cosa11 que he
oh·idado; mi rnemoria no tenia en aquellos momentos
su plasticidad acostumbrada.
Toda la ciudad me parrcia hecha de carne grasosa
y sanguinolenta; cuando en los apar.. doreR de la~
tiend11s de come~tibles ó "" las puertas de los r e.~taurants vela vo, y t&lt;l!tO se v,i A cada veintl.l pasos, un
gran carnero nesollado, purpurtlo, r1c•&gt;, en tornasolea
dos músculos envueltos en su aponeurosis, gruesa malla de adiposidad muerta. me invadia un a~co inefablfl.
Mlentr11s mis compañeros, bajo la hábil dirección de
Berriozábal, comian copios.. mente en uu inmenso
salón cuyos muros y techos eran espejos, Y? tUYf'." &lt;JUe
circunscribirme á una taza de té y á una mdefm1da
repetición del valsecillo de modll, tocado por una or-

Domingo /ll de Julio de 1898

Oomfn,rn 31 dP .Tulio de 1898.

EL MUNDO.

Ofelia ó con el pecado sentimental de Gretchen, no
:a:*•
con este animallsmo erótico de las regiones que el
Pe_nll_ando en estas i;:oeas semi -tristes, entré en un desierto lHme con su lengua de fuego.
café cantante (llamémoslo así.) Abajo babia una gran
Oos muchachas si11mes11s simpll.ticas, ris™'ñas, bes,
cervecl.lria en que 1:1ntraban y salían nlegreme11te mu- tialee, de abultado estrapentin, c&lt;'mo las hotentotas
chas Rt-ñoritas que ahf desembarcan de todos los con- que llevan li. la espalda á sus hijos parados, en vertitin,mttlS, sabiendo que Chicago es uno de los princi- calidad perfecta. maravillas de esteatopigia, cantaron
pales mercados de carne del mundo.
acump11ñadas de guitarras primitivas, guiEn aquel teatro asistimos á unas tandas divertidlsi- tarrbién.
d11 la época cuaternaria, unas melopeyas lenmag; en primer lugar porque no babia cantos de ne- tarras
111.nguidas y opae:as.
gros. capaces de sugerir el suicidio con su monotonía t&amp;R,
Tenian, desde medio muslo, las plernlls y los piée
:.,oológicamente melancólica. En seguudo lugar por- desnudos. con unas ajor.:as en los tobillos, ca paces de
que en vez de cantos negros, escuchamos cantares e.-rvir de cintura floja á la menos esbelta de nuestras
irlandeses.
aquella pareja de paquidermos
Nos arecieron llenos de melancolia ardiepte, dig- pollas. Y sin embargo,
se movia con cierta graciosa agiliaad
nos de pais del arpa; dignos de la isla verde; dignos adoleecentPS
Robre sus bae1-1e que parecian atacados de elefanciasis.
del verde mar; y los bai113sf Tan simples, quiero dt1ci:1 Hondamente
fastidiados, causadoey;enervados, abantan sencillos, tan inocentes, como bailes de niños, encantadoramente ineipldos ¡qué bonito todo esto! Yo dopamos aquel lugar ..... .
tengo una gota de sangre irlande,ia en las venas y
aquella guta me tiñó de irlandés toda la b&amp;ngre
al oír e¡¡os cantares y, al ver á las caut?doras, dos
De focos como estos irradian las lineas negras de
de ellas, sobre todo. eran p1•r la armonía perfecta de las liof'&amp;S, por el color suavisimamente rosado una lnme,,sa red de impureza cosmopolita que ende la pit'I y del cabello.por la profunda obscuridad de vut-lve al Chicago nocturno.
Centenares, millares de sacerdotiza~ de la Astarté
los O(·eauicos ojos 11.zules. verdaderos tipos dti belleza.
E~ta raza céltica hace más f,na \ mái poética, diga- internaci"nal, vagan eutre la sombra ó se reconcenmos, á la raza sajona cuando con ella se mezcla. y tran en E»l bajo y pestilente tugurio negro ó en magniaqui en loe Estados Unidos crece y se multiplica con ficos palaciod d"II pecado donde los opulentos retretes
tal vigor, que acabará p )r abeorver,e toda la savia en que se sacrifica á todos los vicios en todas las force! Ar bol s11jón, ó la mitad de esa 1&gt;avia; la ,,tramitad mas, semejan fragmentos vivos d~I Festin de Babilocorre dti Ctlenta d11 ,os alemanes. Ya verá Iuglatt-rra nia de Rocht'grosse.
Un joven médico americano que ha estado en Méun dla, lo qu11 de todo estort&gt;1sultará; Irlanda está.destinada A ser la cuestión de Cuba de mediados del si- jico y que nos acompañaba á nuestro hotel, nos det liaba lus ritos de estoo nefaudos cultos y que seria
glo próximo,

1

EN UN PUERTO FORTIFICADO. -'Bt:QUE .MERCANTE DET:RlNIDO

questa más ó mf'nos italiana ó húngara, flanqueada
por un mlstico harrnonium. Hubo al_go menos monótono por fortw,a: un grupo de jóvenes de la flamame
Universidad de Cbicago invadió 1,l restaurant armados de pintoreecos garrotes con moños del color distintivo de éste, queserá un plantel maravilloso, y cantando en coro no sé que breve, guturaly jocoso estribillo; se sentaron en derredor de una g-r an mesa y se
dispusieron á comer alegeremente: aquellos muchachos, 11. pesar de ser sajones, tenían la sangre efervescente como los Tinos espumosos; no hay me,or
Champa;;ne que la ju.ventud.
Las grandes Universidades hoy- en plena actividarl aqui y las en formación de Cb1cago y San Francisco, cuyos egresos superarán á cuanto gasta nuestf'O gobierno en la Instrucción Pública, pondrán
rápidamente á los E~tados Unidos en la categoria de
los grandes pueblos creadores de civilización. Aquí repitiendo como estribillo eso de que el pueblo americano es un pueblo esencialmente práctico, queremos
decir que los yankees desprecian todo cuanto es teoria y ciencia pura ó encumbrada filosofía, Error inmenso; los centros de enseñanza superi,,rentre nuestros vecinos, son laboratorios tan admirablemente dotados de inetrumt'ntoe de progreso intelectual que estos
diablos de hombree qne lo ambicionan todo y todo lo
logran, que en el siglo futuro el centro de gravedad
de la elaboración de la Teoria, será probablemente
norte-americano. Cuándo tendremos nosotros no ya
una universidad de Chlcago, sino una escuela superior, una sol&amp;!

En segundo lugar uoa orquesta árabe dejó oir sus imposible trascribir, ni en latin siquiera. La civiliza•
expresivas y desa1;1acibles inarmonla11; no sé para qué ción tiene sus inmensas cloacaR á donde va todo lo
las dejó oir; esa musica debla siempre ser subjetiva, que ella t·it¡¡ra, desorganiz&gt;\ y defoca, para hacer la
exist.ren el fuero intimo, como loe casulstas decimos,y dt~ha precaria d11 unoij cuantos grupos selectos; es el
alli permanecer inviolable y muda. Acompásdeaque- sistema de tout a l'egout. En ese albañal florece. hija
llos agrios atabales y roncas guzlas empezó á mover- de la miseria y de la noche, la espléndida fLr · negra
se una mujer, lentamente primero, en girada rapidí- del vic,o..
sima. después y al fin vertiginosamente, en que
JUSTO SIERRA,
ci.si no se vela la figura y pólo .se ad vertía el mo vi•
miento; cuando la joven rotatoria terminó su danza
inveroslmil nuestra situación era imposible, esti\.bamos co11tagiados, nuestros nervios hablan l111gado á
una tensión dolorosa, ib11mos á ponernos 11. bailar tam- La escuadra del Almirante Cámara
bién, nos explicábamos las rondas prodigiosas de los
derviches en las mezquitas de Oriente.
'Viuo luego el cuchi-cuchi, la famosa danza del vien•
L!'- última flota de guerr~ que pos~e España, la del
tie, bailada ó expresada., diremos, por una egipcia almirante Cll.mara, encammóse hacta Manila á fines
de g-randes ojos urentes, negros como un brasero del de Junio por la ruta del Canal de Suez para vo,ver en
infierno. de gran boca roja, ámanera de herida abier- seguida á lo.a costas españolas desistiendo de su reta, y espantobamente sen:mal sobre la dentRdura de mota exped'ción.
marfil africano. A compás de un r,tmico movimiento
Dos veces pagó la flota loe dere.chos de portazgo en
de caderas, el vientre desnudo comienza pot· ~legar- el canai, que ascendieron 11. $3:20 000 duros, oro con
se en ondas concéntricas y acaba por verdaderas loe que se gravG inútilmente el Tesoro de Espada.
gesticulaciones convulsivas que le daban un einies•
Parece que hubo en Madrid algunas vacilaciones
tro aspecto de maecarón de fauno epilAptico: no he sobre el destino que deb1a darae á esa flota y que las
visto nada ni más curioso ni más horrible. A seguida opiniones anduvieron muy divididas: el hec'ho conouna blondin&amp; y enjuta americana se presentó á hacer cido para todos es que tras de algunas aventuras cu•
10 mismo, y á pesar de sus abominables contorsiones
rioeas que en seguida reseñaremos, la flota de Cáno logró sino hacer reir; era la caricatura odiosa y mara regresó á los puertos patrios, abandonándose
repugnante del cuchi-cuchi. No, los cabellos rubios definitivamente por el gobierno español todo plan de
no casan, sino con el sensualismo inconsciente de ataque naval contra loe americanos en aguas asiáU-

Duke reclamo

E

�86

cas ó americanas. Tal vez los
rumores de la expeaición de
Watson al Mediterráneo djeron consistencia al plan de
una defensa bien orgimizada
que hubiera sido imposible si
se distrae la única escuadra
hábil antes del desastre de
Cervera v la única en térmi •
nos absolutos, despuée de la
batalla del :3 deJulio, para enviarla A alguna de lascoloniaR
amagadas, desamparando la
metrópoli.
El 26 d~ Junio último, á las
9 de la mañana:, el vigla de l11s
oficinas de la Com¡;añia del
Canal de Suez enPuerto Sard,
anunció el arribo rle los doce
navlos del Almirante Cámar11:
inmediatamente que se supo
la nueva, la multitud ansiosa
de acontecimientos extraordinarios, invadió los muelles
presenciando el desfile de la
escuadra El Ptlayo con el pabellón almirante amarró el primero frente al consulado de
E~paña, el Carlos V veDia en
po., de JI v se dir:g-ió al Cherif; él Patriota, el Buenos Ai
res, el Audaz, el Rdpido, el Colón el Proserpina, til O.,ado, el
San FranC-.:sco, etc, etc., fueron tomando los lugares má3
conveniente@ en el puerto.
El recibimiento que se hizo
á los marinos españoies fué
cordial. A eso de laa cuatro de
la tarde la música Intornacio•
nal, bajo la dirección &lt;lel maestro Portirli, tocó la Marcha de
Cddiz en medio de la multitud
quese amontonaba frente al
consulado de España y que
&amp;?laudia frenéticamente. Sin
embargo á las cinco corría va
el rumor de que haolan surgido dificultades entre el cónsul
de España y el gobierno del
KhPdive sobre el aprovisionamiento de careón de la flota.
La policla estaba sobre las
a r mas, aprestándose para impedir manu militari, que las
casas de comercio vendiesen
carbón á la escuadra. Los únl cos 1lepósitos de combustible
en Puerto Said están en poder
de Worms y Cª, Sa.,on-Baztn, Wills y C.ª y de la Coal
Compay; todas estas casas recibieron la siguiente circular.

•

EL MUNDO.

Domingo 31 dP Julio de 1~
que daba cuenta de su viaje
con motivo de la
últnua guerra entre el Imperio del Sultán y el Rdno de
Grecia, En ese estudio resaltan por modo .singular las fa.
cultades de observación d, L
espíritu anglo-sajón y la frialdad con que los soldados yanketis, aun los más entusiastas.
para la técnica de la guerra,
miran 1011 asuntos que A esta
se refieren. sin deseu tenderse
jamás delas condicioues sociales de otro orden á que están
subordinad11s ni e11castill11rse
en la torre de su especialidad,
pues antes bien adwira cómo
son antes que guerrerros, hom.
bres práctico11 dispuestos Areconocer que la humauidad no
tiene por fiu ú ltimo la discordia nerenne 11ino las actividades· pacificas productoras de
dicha y bienestar.

a. Turquía

r

Don Carlos de B9rbdn, Duque-

de Madrid y su esposa.

· La Rgitaclón Carlista de España va á encontrar un cama
po fecundo para sus propó11itosiniestros en el aniqui!Hmiento de España y la relativ,. debilidad de su gobierno tru
una lucha bien larga y la 110lución desfavorable del conflicto internac·onal.
Las reivi11dic11ciones que intent!l. el preteuuiente, son de
aquellas que sólo pueden hallar eco en el fondo de conciencias entenebrecidas por la ignorancia ó la maldad, pues no
son de nuestro siglo ni merecen respeto esos merodeadores delll poUtica que al amparo
dA una :radición desacreditada ante el bueu sentido, se
erigen aute si y ante las turbas estúpidaa como rt&gt;presentantes de aupuestos designios
providenciales. Jamás han
pensado estos fanáticos ó mistifica dores alegar méritos perrnnales para suplantar gobier.
nos estable~idos y retr, traer
la historia de un pueblo á sus
dlas do embrutecimiento: no,
su propaganda y su acción
no son ni la difusión de un
sistema racional de gobierno
Port SaYd, 26 de
ni el e11fuerzo fecundo de los
Junio de 1898.
lucha•lores del progreso. AcaSeñor: Tengo el honor de
so les falte, como al pretenponer en conocimientc de usdiente Don Catlos hasta esa
ted que el gobierno de S. A.
autoridad moral que hace de
el Khedive examina en este
les fanáticos seres vigorosos
momento si hay lugar á que
esclavizados á un ideal, respese autorice el embarque de
tables aun en sus extravíos y
carbón para los buques de la
LA CLASE MEDIA EN EL CAFÉ COLÓN, PASEO DE LA REFORM-.
duelios de si mismos, para imescuadra española y se opon•
poner silencio A toda pasión
drá por la fuerza á que se le@ prove.1 de combustible en Suez, recibiendo ali! órdenes terminantes parR que
que no sea la de su misióu y
antes de que se haya tomado una resolución defini- abandonase el puerto dentro de las veinticuatro ho- á todo apetito que la desvirtúe ó contrario sus
fine~.
tiva.
ras, y por ningún motivo hiciese carbón en aguas suSoy, etc.
jetas á Ru autoridad
Don Carlos ha sido un calavera y aun en Venecia
Ya en otras ocasionPs hPmos hablado de la escuadra hizo figura como Tenorio, contrastando singularHussein Oassif (firmado)
Cámara, de sus unidades de combate y de la fu!lr- mente su conducta con la de su primera esposa la
Esta circular escrita en términos de sobra enérgi- de naval
que representan. Con ella iban cinco traus- au11tera y noble princesa Margarita de Parma. Viudo
cos era tan~o más grave, cuanto que fué redactada á za
portes, antiguos tran.11a•lánticos de la española, que se ca~ó con una hija de la orgullosa casa de Roban;
consecuenc_ia_ de un despac~o en lenArna ár11be dirigi- conduelan á bordo fuerzas de tierra dPstinadas á uuir- cuyo lema es "No puedo ser rey; desprecio la dig1.1ido por el M1mstro del Int,.r,or á S. E. Hussein P1tehá se á las del Capitán General de las Filipinas.
dad de Principe; soy un Rohan.11 Joven, bella y altiva
Oassif, y_ que ~J Ministro del interior está bajo la dela
espoPa de Don Carlos, es tal v11z demasiado altiva
pendencia casi a.b~oluta de lord Cromer, es decir, de
para qu11 sus hijastras no vean con disgusto á la que
Inglaterra. Por ultimo, en el veto del Ministro habla
deben 11cat11r como madre creyéndose superiores á
una frase que caracterizaba el mensaje; la frase deell~ en alcurnia. ¿Deriva de este sent;miento la resocía asi: "Se le dardn todos los elementos á la escuadra
NUESTROS GRABADOS
lu~1ón fatal de Doña Elvira, y hay que a•ribuirle el
en caso de que vuelva á España. 11
origen de la aventura toscamente ridicula de la hija
En vista de esta actitud, el Almirante Cámara, por
El Oeneral Nclson A. Mlles.
de Don qarlos? El pretendiente á la corona de Espaconducto del Consul&amp;do. elevó una @ollcitJd al Ge ña no qmso, á !o que parece buscar explicaciones ni
bernador General pidiéndole que le permitiera surtirDesde los primeros anuncios del conflicto empezó paliativos; y para condenar enfAtieamente á Doña El•
se de carbón, y como no se accediera li lo que deseaba, á sobresalir
fig.ira de este vetuvo que hacer su embarque de combustible en alta terano de lalaguerra
eeparatieta,
.
mar valiéndose de mil arbij;rlos.
jefe de los más distlnguitfos del ··re=-~-=:,:-,-::
\ Hubo algün incidente diplomático con motivo del Pjército norte americano que por
paso de la escuadra orden de antigüedad en el serviy de su e~ tación en cio, no menos que por prooios
Puerto Sard y Suez. méritos y una df di&lt;'ación asidua
SPgún las capitula- á su c.1rrera, llegó á ocupar el
ciones khedivales no puesto de Generallsimo de Jaq
puede comunicars1 á fuerzas de tierra de aquella Relos eurcpeos ningu- pública
na orden sino por
M11nda actualmPnte la expedicc;nductc de sus res. ción de PuPrto Rico en donde
pectivos cón.11ules y •in duda, á juzgar por el SPsgo
en el caso, Hmsein diplomático que va tomar.do la
Oassif, obedeciendo cuestión, poco tPndrá que hacer
instrucciones preci- como s.o ldado el General Miles y
sas hizo á un lado esa mucho acaso como organizador
dispoRicfón, lo que si la isla gu11 ha invadido en son
motivó una protesta de guerra pasa ¡:orun tratado de
del Cónsul de Es- cesión á poder de los Estados
paña.
Unidos.
Una vez que la esUnll de las revistas mensuales
cuadra hubo pasado de mRyor crédito y circulación,
el canal rumbo al publicó bar.e pocas semanas un
PROFESOR D. CARLOS J. MENESES OrientP, hizo estación
estudio del General Miles en t:l
SANTIAGO DE CUBA-PALACIO DEL GOBlllRNADOR

Domingr 3l de Jallo de 1~

87

EL MUNDO

vira, repartió esquelas de luto anunciando la defunción de la culpable.
Pero ni este escándalo, ni los que él ha dRdo á (jiario durante tantos años, llenando de anécdotas los
periódicos del mundo entero, desvi1tn á este ambicioso de sus sueños autocráticos que ofenden la cultura
de España como la ofenderla un asalto polltico capitaneado por musulmanes.
Afortunadamente más de uno de esos representantes del derecho divino figurarfa al lado del novelesco Cristian de Iliria, tipo acabado y cómico del soberano sin corona y sin el prestigio del mérito que reclama nuestro siglo á todos los que pretentien
gobernar pueblos.
Desde el fuerte
La elocuencia de los artilleros es de las quq más
se insinúan. Un cañonazo de aviso, ¿no se detiene el
buque? Me le dispara otro con punterta más próxima
al blanco, y otro y otros más que lo destruirán si la
desobediencia del buque mercante no cede ante tan
significativas demost:aciones.
Dulce reclamo
En más de una ocasión habrán observado nuestros
abonados que las ilustraciones artlsticas de este semanario aunan al mérito real de las obra!! que les sirven de modelo una cualidad que las hace doblemente
valiosas en una colección destinada á los hogares.
Casi siemnre buscamos esas escenas dtl interior en
las que todo es gracia, sonrisas juegos infantiles. La
preciosa niñita de nuestro grabado no puede ser más
mteresante y adorable: esa. niña es la infancia candorosa, la vida del corazón en sus revelaciones aurorales
La clase media en el café Colón
Entendám'.lnos en cuanto al término para conocer
lo que designa. ¿Qué clase social es la que aqul llamamos clase media?
En lenguaje serio de prensa ó de academia la clase
que vive entre la que blasona titulos ó posee millones
arriba de ella y la que subsiste penosamente con el
producto exiguo de su trabajo personal abajo, esa
es la clase media; es decir, esa masa activa, laboriosa, inteligente, previsora y rica si no opulen.ta: _la de
los propietarios modestos, la de los profes1on~stas.
funcionarios, industriales etc, etc, En lenguaJe corriente llamamos claAe media la de los inclasificados
que no visten chaqueta pero que no saben llevar bien
puesta la levita; la de las niñas cuyo sombrero denota falta de recursos pecuniarios y de gusto para aderazar adornos; la de la matrona solemne que ha~la de
Echegaray y entiende diflcilmente á Pérez Escnch.
De ese mundo son los tipos y á él debe referirse la
Pscena de nuestro grabado, reproducción del Café
del Paseo en uno de los dias de Carnaval
El Maestro Meneses
"Un supremo artistk que ha llegado al más alto grado de la estimación de los amantes de la música; uno
de los los pocos sostenedores del arte en nuestro
pais. 11
La presentación que hace el gran pianista de sus
dicipulos en el local de la Cámara de Diputados, ha
demostrado que el Sr. Meneses es un JJ.:faestro, que ha
hecho escuela y que es cor: juetica acreedor á la inmensa reputación que tiene su nombre en el mundo
del arte.

LA GUERRA MODERXA-EMBARQUE DE CAÑONES

Si como oimos y admiramos A sus discipulos,
pudiéramos escuchar su maravillosa, inspirada
ejecución ....... .
Casa del Oobernador de Santiago
Pronto pasará, con el desenlace del conflicto Hspano-americauo, el interés que despiertan los lugares en que se desarrollan los acontecimientos militares que hemos seguido paso
á paso.
Antes de que acabe el último acto de la tragedia hemos querido reproducir aqul los sitios
más importantes de la provincia de Santiago de
Cuba, asi como los edificios públicos y particulares que tengan especial interés:
Embarque de cañones.

La movilización de los ejércitos y del material rle guerra es uno de los problemas más graves de la guerra moderna, La de 1870 maravilló al mundo por la prodigiosa celeridad con
que puso .H.lemania un ejército sobre el campo
de batalla, movilizándolo con una exactitud de
concepción y una ejecución tan mecánicamente
precisa que en seis semanas no babia un soldado fuera de su puesto estratégico.
Et transporte de tropas y artillería por mar,
centuplica las dificultades: nuestro grabado representa con pasmosa realidad el esfuerzo de
mgenio y disciplina con que el hombre ha logrado vencerlas.
El parabo en la tierra seriiL esto: los padres
siempre jóvenes; los hijos siempre niños.
Victor Hugo.

L.A. ESCU.&amp;DRA DEL ALMIR.Ali!TE CÁMARA EN PUERTO SAID

En el mundo del alma, la segunda floración
difunde más perfume.
Mauricio Paleól,ogo.

�DomlDJ" 81 de Julio de 189,,. •

1!.L MUNDO,

~,~~~l

11

'Estamos en plena temporad11. de lluvias. Algunas
publicaciones cientiflcas se han ocupado en la11 nuevas defen&amp;as inventadas contra las &lt;lescargaa eléctrl·
cas, y no creemos inoportuno resumir en pocas pala•
bras el estado actual de la cuestión
Créese generalmente que un p&gt;t rarrayoa se forma
de una varllla meté.lica de hierro ó cobre tan alta co•
mo sea posible1 con su extremidad superior de platl·
no, aguzada, y unida por buenos conductores á u11as
placas metáhcaa coloca.das bajo de tierra para establtcer la comunicac:ón.
Resulta de esta diilposicióu que si durante una tempestad ocurre una descarga. eléctrica entre una nube
y el pararrayos, la descarga seJuirñ el conductor, difuud1éndose Pn la tierra, á condición de que se hayan
observado todas las precauciones necesarias.
Una creencia errónea, n¡iuy generalb.ada todavla 1
atribuye al puarr&amp;yos un espacio eficaz de protección comprendido en un cono de revolución con su
punta en la del pararrayos, sien io su eje la varilla y
11u radio de base el doble de la altura del aparatiJ.
Una multitud de casos han demostrado palmariamente que ea&amp; hipótesis no se fundaba tttn ningtin h~cho
cierto y estaba muy lejos de responder con exartitud
á la realidtt.d No puede indicarse la distancia á qut,
llega l&amp; esfera de acc:ón de un para-rayos¡ es deseo•
nocida y depende de una serie de circunstancias ina•
preciablea
Las varillas de los pararrayos son pe 0 adas, estorban y Aveces sonmá.11 peligrosas queütilesycast sif'im·
pre alraea lae df&gt;scargas atmosféricas. Si el conjunto
del aparato se halla en buen estado, no hay que temer
accidentes deplorables; pero si el conductor es débil,
si está desprendido ó tiene @oluciones de continuidad
los p ~Ugros son graví11imos.

I

I

1

__ ....... _, , /

1

\ ... _________ ___
e ,.,.

1
I

/

v,11• .
L/lf'"-dv s~

-Condueteur. -- - -Condvet•ur en tranc:Mto. -CouU.iire.
o Pointe . !DlSouelitcr."eheminh av•e t.uJ'&amp;u •"' t.Ole.

RED D111 CINTAS DB OOBRBI INSTALADA EN EL TJIIOHO

Las dieposicioBes tomadas por los mé.s escrupulo•
so1 y acreditados constructores de pararrayos, supri·
men por completo las .grandes! varillas, empleando
puntas de pequeña longitud y uniéndolas entre et por
medio de láminas de cobre rojo, para hac~rdel edi·
ficio que quiere protegerse, una é. modo -le jaula. La
armadura metálica constituye una pantalla que detie•
en todas las descargas eléttrlc11.s.
Inspirándose en fas instrucciones de la Academfa
de Ciencia&amp;, alguuos constructores han reemplazado
las puntaa agudas de platino, que eran malas por un
cilindro de cobre rojo de cincu,nta centlmetroe de
long.tud y cu:va f.arte superior forma un ángulo de
15º con la vertica .
En nueetras ilustraciones aparece la. vista g-eneral
de una casa rle los alrededores de Paris, proTista del
pararrayos MHdé. La figura muestra toda la red

~·

-=--~
.

":;:..,;·.

,;,

.,,,_:·,~.
~~

89

EL MUNDO

.gulador A que manea la palanca B mientras no ha sipara dirigirse, por uu&amp; parte-A. la extremidad sur de do arrojad&amp; por uc pistón cierta cantidad de aceite,
New York, Exchange Office, e3:.tendiéndose una rama en el concepto de que el aceite tarda en salir ese tiempequeña hé.cia el este, y tres más grandes, casi para•
jti.etamente.
lelas, al norte, para elserviciodelainmenea peninSula poExammemos
ahora los receptores que permiten seEmpleando audf!,z_ metáfor,a,. designase en Paria con en que se asienta la gran ciudad norte-am~rlcana.
parar
t-1 cilindro á su llegada: difierer. en la of1cina
•el nombre de servicio tel,egrafico el envio violento de Habrá., además, una linea especial que, pasando por
cart&amp;B por medio de cilindros que ee deslizan en el el puente de Brooklin llegará al barrio de este nom• central y en las subalternas. En ~stas el cilindro llega
velozmente á. una sección de tubo R. que tiene dos
interior _de un tubo baj~ la ac~191:1 del aire comprimí•
veces ijU longitud, y que oscila sobre goznes coloca.
do. No sm razón se queJa el pubhco de esos mensajes bre.
Ya están terminadas dos de e&amp;RS lineas, la del
-neumdticos, como se les llama actualmeñt~ porque Exchange
Office y una del Norte que
en relación al servicio postal ordinario no economizan llega á la altura
de 111. calle 42.
-el tiempo que se gana utilizando el telégrafo.
Los tubos tienen un diámetro de 203
milimetroe; cada linea esté. formarla
por dos conductos que corresponden A
los dos sentido,&amp; de la circulación. ha116.ndose fijos uno al lado del otro y á
una profundidad del suelo de O,m91 á
2m:M para reunirse á las extremidades
del tr~yecto como lo indica la figura
schemdtii-a reproducida dela excefente
3-INSTALACIÓN SEHIOllATICA
pub1ieación Scierúific Am~1ican.
Los cilind~os conductores se mueven
con una velocidad de 48 kilómetros por
dos en su parte med[a; el cilindro comprime el aire
hora aproxiqiadamente (haciéndose losenvios de co• de:ante de si, lo que juntamAnte con una placa de rerreepondenc1a cada 121{2 segundos) por la canaliza• sorte dispueEta ad. hoc contribuye Aamortig-uar el cho•
ción indieada en el acherna, y segúu la dirección de que, y cuando ha entrado al receptor el aire comprilas flechas parte el airt, di:,) compreacrjpara volver áél. mido sigue pasando por loe conductos A para volver
El compresor c instaiado Qn la Oficina Central en · al transmisor y termmar su ciclo. Por otra parte, la
via el aire á a bajo una presión de 12 kilógramoe por llegada del cilindro abre una válvula que impide la
declmetro cuadrado en el tubo de lanzamiento: el ai- proyección de retroceso del cilindro mientras uoa
re se precipita con velocidad creciente Y presión de• parte del aire de escape pone en acción el pistón D
creciente, reducida A menos de 20 kilógramos en la
que hace oscilar R de tal modo que el cilindro se des·
estación de arribo B de la oficina receptora; pero lice en E: el empleado puede apoderarse de él tanto
1-UN TRANSMISOR
vuelve por el segundo tt1bo para Uegar por Ultimo al más fé.cilmente cuanto que el platillo de contrapeso
receptAculo en que se efecttia la aspiración del com- cae al choque.. se coloca horizontalmente y presenta
No obstante, si la aplicsción es poco feliz en el su• presor.
por decirlo asl su carga al agente de Pervicio Cuan•
El cilindro es de acero deun eepP.sor de08de mili- do el platillo vuelve A tomar su posici(m en 3 ó 4 se-puesto que se quiera reemplazar el telégrafo con el
metro:
como
en
los
servicios
pneuma.ticos
ordinarios,
gu.ndos. tod.&gt; queda dispuesto para otra operación co•
'tubo neumAtico, en principio este género de trans•
pÍ'ovisto de dos anillos que aseguren su contacto mola descrita. Haremos notar que el tubo R, tiene en
misión de correspondencia ea de lo más int"'resan· e11té.
intimo
con
el
tubo
para
impedir
que
el
aire
se
escape,
la t-xtremidad una superficie curva P que ciete y puede prestar grandes servicios para la acumu•
rra absolutamente la canalización cuando R se
lación de las cartas y bultos postales, en el ceo•
"tro de las ciudades extensas. Las piezas ordiinclina.
El receptor de la Oficina central difiere algo
narias, cartas y pliegos de t , da clase, que tan
de este tipo. El wagonciJio conductor llega á
difícilmente se recoje rle las oflcinalf' eeeunda•
una cámara con una puerta vertical ·p1 y ami Ti&amp;B para reconcentrarlas en una oficina princinora su velocidad comprimiendo el a re que
'l)al y enviarlas á sus destinos respectivos,
hay delante, y en cuanto al aire de la canaliza•
-exigen para su transporte coches ó carteros
ción vu.elve a, recep¡i\culo y al compresor por
•que cuestan mucho y proceden cou demasiada
e,scapes que le dan acceso á un tubo vertical.
lentitud.
Una parte del aire comprimido por el cilindro
sigue d tnyecto indicado por una flecha en el
grabado,y deprime un pistoncillo B levantado
Es evidente que una instalación pneumé.tiea
por un resorte que obra en sentido opuesto¡ es·
de este género sel'ia semejante á. las que hay
te moYimiento 11aca el cajón de un gran pi1tón
-destinadas al servicio de cartas •telegramas en
pne&amp;mático vertical A que puede verse sobre
Paria, Londres, Viena, Lyon, Marsella, etc, etc
la puerta P.
El tubo parte del compresor volviendo á él el
El aire que "Tiene del compresor se encuentra
-('otro extremo, de suerte que el aparato empuja.
asi admitido en A que se levanta. La presión
.Y atrae á. la vez un cilindre que recorre el tt.bo.
ligera que se ejerce tras el cilindro lo lleva has•
Esta idea á lo que parece data de dos siglos
ta. el tapón J y se puede recogerlo y abrirlo; de
atrás, puesto que Dionisia Papin, en 1667 eome•
paso ha tocado el dedo D que sube el cajón de
'tió un proyecto semejante a la Sociedad real
A de suerte que éste bRja cerrando P.
de Londres; Van Estln, imaginó algo an6.golo á
Como se ve por las explicaciones que hemos
fines del siglo pa.sado 1 y Medhurst el año de
dado, este sistema 11.e comunicaciones postales
1810 llegó á. proponer que bJ1.rla el transporte de
ttende A. operar una verdadera revolución en el
-viajeros por un tubo neumltico. En 1867 Beach
servicio urbano de correos. Doede luego, y
instaló en N ew York una linea que debla reciprescindiendo del tiempo que se gana, hav que
bir directamente las cartas depositadas en los
tener en cuenta de una manera especial pro•
buzones
greso realizado con la supresión de un ejército
El año de lb93 se creó por primera vez un ser·
ae intermediarios que por muy aptos y leales
vicio complPto de tubos postales en grande es que se les suponga no tendrán nunca la exac•
cala haciendo la instl:ll&amp;ción en FiJadelfia la
tltud impersonal ni presentan las seguridades
.BatcheUer pneumatic Tube Company. la cual es·
del wagoncilo pneumátic_o.
tableció !a comunicación entre la Oficina Cen·
Otra consecuencia y no muy despr"'ciable se
tral de Correos y la oficina colectora. de Ches•
deriva del nuevo sistema: no sólo la&amp; oficinas
nut Street, distantes una de otra un kilómetro.
postalfls pueden recojer sus beneficios; una in- Los tubos tenlan Om, 152 de diá.m ·troy podían
4-0FICINA SlllCtnrDA.RIA RECIBI~NOO
finidaddeinetiuciones ganar&amp;n tiempo y econopor consecuencia servir para un movimiento
mizaran molestias y trastornos eetablecieodo sus tu..
•considerable de correspondencia.
y_ por último la parte dehmtera se cubre con un tRpón
bos de comunicación · con el correo Los bancos, las
de fieltro¡, cobre que amortigua los choques á la lle- oficinas públicas, los periódicos están en el caso y
gada. Na a t!ene de p~rtícular por otra parte, si no ea muy en breve aprovechad.o el resultado de tan Util
su magnitud, pues debiendo ser de la mlyor capaci• invenC'ión, tanto má.s Util cuanto que esté. perfecciona•
El éxito ha sido posteriormente tan completo • que dad posible mide eu longitud 51 centimetros. La tapa da hasta lo último.
-cuando se autorizóá la Tubular Dispatech Co. de New es de visagras y se asegura con un fuerte pasador;
Y no sólo emplearlo los tubos neumáticos en el ser•
York. para que estableciese un sistema aná.logo entre cuando no cierra bien, el cilindro no puede deslizarse
vicio postal sino que por esa fecundidad de aplicaciones
la GineraL Post Office y algunas sucursales, se deci• -por el tubo.
-dió copiar la instalación de Filadelfia. Por otra parte,
Como el aire circula constaBtemente por la canali- que caracterizan el ingenio cientlfi"o de nuestra ciel plan que se quiere ejecutar ee :realmente de gran- zación, necesario es hacer uso de apa~ atoe tranemiso • vilizaciórl, se les irAn encontrando usos que tihora ni
des proporciones: trátase de un sistema de tuhos que res y rectptores para que &amp;la partida se pueda colo- aun sospechamos. pero que no sorprenderAn dentro
j&gt;&amp;rtan de la G.P. O. (abrev:atura con que se desi~na car en el tubo el cilii1dro, ó quitarlo cuando llegue. de poco. Ya en algunos almacenes se emplean wa•
para el transporte de pequeño@ bultos de
la Oficina General de Corroas, General Post Office) Los transmisores designados con las lecras a y n en goncillos
nuestro echema son toO.os del mismo tipo. Dispuestos uno á. otro lugar del e&amp;tablecimiento, sólo falta amsobre el tubo pneumUico tienen una sección móvil pliar y perfeccionar el procedimiento.
de dicho tubo la que se transforma, haciéndola oscilar en un eje horizontal E, en partb integr~nte del canal, pudiéndose también separar como si fuese un
'
fragmento del tubo hecho con un doble
corte de sierra. Las extremidades de la
o
A
sección móvil esté.u ajustadas de l,na ma•
nera tau completa que las junturasno de·
jan escapar el aire.
Regularmente el transmisor en la posición de espera no forma parte integrante
de la canalización, el tubo receptor se ha
. movido hacia adelante mientras que dos
18.minas por un movimiento solidario, cie•
rran los dos orificios libres de la canalización: cl aire circula entonces por el tu•
bo en forma de U marcado con la letra
o
F. Cuando se haya deslizado un cilindro
conductor en el tubo receptor y se quiera
poner éste en linea con la canalización
para que el aire ~mpnje el wagoncillo, se
moverá con la palanca B un cilindro pneumAtico inclinado b. La regularidad de los
envíos que se hacen cada 121/ 1 segundos
-f&gt; RH.OltPCIÓN RN LA OFICINA CENTRAL
s
e obtiene por medio de un aparatito re2-UN RECEPTOR Dlll OFICINA BlllCUNDAR-IA
'-OS TUBOS NEUIIATICOS POSTALES DE NEW YORK.

CURIOSIDADES CIENTIFIOAS
Ull IIUEVO PARARRAYOS

Domingo 31 de J olio do 18911

Diremos, para terii.tnar; que las nuevas iDB·
talaciones ► On mucho más económicas que
lae antiguas do larga varilla y que d .. de
hace elgunos sños todas las experiencias
que se han hechopara probar su eficacia, dan
resultados utisiactorlos.
EL CAÑONERO "VlSUBIUS"

J

Desde que el 11 Ve.subins 11 ha tomado una
parte activa en la guerra actual, empleando
obu11es cargados con algodón pólvora y dis
parAndolos con éxito contra las fortificaeio •
ne11 enemigas, se ha reconocido que el 11 V#subinst como unidad de combate, es todo un
éxito.
El calificativo 11dinamitero 11 que He ha apll·
cKdo á este barco, es del todo erróneo, pues
el II Veaubins 11 jamás ha urojado :proyectiles
de dinamita. l ué construido para la ddensa
de los puertoa y debió disparar obuses car•
gados con dinamita.
Es un barquito tan esbelto y_ gracioso como un yacht y mh rápido que la mayor par•
te de esos barcos de placer.
Su velocidad es de 21 n:idos I poco más
ó menos 25 JJ1illas inglesas por hora. Tiene
250 pies de longitud, deaplazA 95() toneladas
y sus mé.quinas deParrolh&amp;n 4 000 caballos de
UNA CASA CON PARARRAYOS MILDÉ
.tuerza; cuando está descargado, cala 10 piea
dA cintas dft cobre instaladas sobre el techo: las tres 11 pulgadas.
.l!;sU. armado con tres caflones de dinamita que son
puntas está.o unidas entre si y ael mismo lo esté.o &amp;
loo conduetores troncales delas chi •11eneas con tubos de en r~alidad tres tubos fijos que salen del puente de•
palafltio. También as canales metá.licas est&amp;n unidas lantero á ángulo agudo; estos tubos miden 55 pies
al l!listt1ma en diversos punto:,. Loa conduc.ores que do largo por 15 pulgadas do diimetro. El corto lonba1an A lo largo del edificio en dos puntos opuestos gitudinal adjunto, muestra cómo están colocados PSse ponen en contacto con la canalización de aguas de tos cañones. Son fijos y no pueden ser desplazados
en ningú~, sentido1de manera que,para apuntarlos,es
la ciudad.
A este respecto recordamos que la Academia de
Cienttas, en una memoria e,epeoial. reconoce que pa•
ra realizar de la manera mis prudenta la mejor pre•
1ervaclón de los efectos del rayo, es .ndisp,msable
establecer b•tenas comunicaciones entre el aparato
del para-nyoe y todas la&amp; piezas metálic&amp;s de cierta
importancia, tanto interiores
como exteriores, conductos de
a~ua, de gas etc.. Ptc En laa
c111dlldes la comunicación se
obtienfl en mPjores condicio·
nea eu lo relativo á conductos de sgua los que presentan granae1 superficies metá•
licas, acarrflando un volúmen
dft agu" considerable.
En la figura primera la inshlaciónse vé en una chimenea,
con un remate de 60 A 80 centímetros. Con la11 di venas die·
po&amp;lcionee que aca.bamos de
indicar, se asegura un paso
fé.cll A la corrientfl, sin provo•
car deicargas en lA.s rPgiones
superiores de la atmósfera.
Los conductor011 exteriores
ltL 11 Val!IUB[U811
que comunican con el Puelo la
r~d instalada en el techo 1 de•
el barco. Por esta razón seria di·
ben ser objeto de euidados prolijos y mtnuclosns, ha• necesario mnver
11
11
ciendo que presen~en la mayor•--superficle y sobre to• fleil para el Vesubius bacPr blanco en un objt-to en
do una masa suficiente AIln de que resistan los etec• movimiento; pero le eaJ4cil, según se experimento
toa de fusión de las fuertes descargas. Muchos son, ya, hacer un eficéz fuego contra las baterlas de tieen efecto, los accidentes que han ocurrido por fu. rra. Los proyectiles empleados en estos cai\ones son
do 10'/, pulgadas do diAmetl:O y de 9 ples do largo,
sión d,j los conductores.
Emplease la cinta de cobre estañado de tres centi- afectando la forma de un cigarro monstruo. Son bue•
metros de anchura por dos milimetros de espesor. cos y la materia explosiva, ordinariamente algodón
Estas cintas ee fijan á los muros aprovechando las pólvora, de que esté.o cargados, se Inflama por un
molduras y salientes de su superficie. Remata el pa· fu.lmtnante que estalla al cltocar el proyectil contra
rarrayoe en Uerra una espiral de 15 metros hecha con un cuerpo duro ó por un mecanismo que puede ser
un conductor formado de un alma de cobre rojo esta• regulado antes de hacer el disparo.
La fuerza empleada para di11parar ea la del airA
ñado cubierto por una envoltura de plomo antimonioso. Tiene la ventaja de que no se oxida jamAs,cual• ccmprlmldo; un manómetro fija la cantidad de aire
quiera que sea la naturaleza del suel(!, y e&amp;tf.\ es ya necesario para lanzar el proyectll á. la distancia re•
·
un !'vanee de la mayor importancia. La altura de la querida.
El disparo se hace por medio de palancas; el proespiral es de 8 á. 10 centimetros¡ es posible en conseyectil
sube
ré.pidaml
nte á una altura de 3IO pies y
cuencia establecerlo en el fondo de un pozo que ten- ~
ga sólo de 15 • 20 eentlmetros de agua de nivel cons• en seguida camina horizontalmente en perfecta line'a
recta y por fin desciende y da en el blanco.
ta.nte.

•

e1

•

CÁMARA D111 LA8 MÁQUINAS

TUBOS OA1tONB8 SOBRlll 'BL PUENTE DBL

11

:
Vm8UBJUS"

�90

Domingo 31 de Julio de 1898

EL MUNDO

La última noche de la novia.

1
1

11

. ::·,

~~

·:lt~

. ,, 'lí',

,

U ANDO Rosita despertó toda medrosa y
extremecida, el ruido babia cesado, pero á
poc&lt;• volvió á comenzar máR sonoro, más
redoblado, más persistente Era algún ratoncillo travieso que devoraba algo en el
inte-ior del antiguo armario normando; si,
no cabe duda: er • 11lgún ratón:
Rosita se incorporó lentamente en su gran
lecho de madera esculpida: lecho suntuoso,
rodeado de anchas colgaduras de seda que
le daban aspecto de dosel, frotó sus párpados con dedod perezosos. tosió y be puso &lt;\
-~ escuchar
.
•
Siguió otro intJrvalo de silencio.
Al travéd de los cristales de la ventana se
distin~uia una espléndida claridad de luna;
y p_e naiente del techo la antigua lámpara de
aceite velada por numerosos encajes colór
de rosa, enviaba sobre el lecho sus rayos
.'
misteriosos No había que temerá la'-bscundad. Cabalgando en la s0111bra no podían venir los duendes y los vestiglos á in·
vadir el viej~ castillo s~ñorial. Los habitantes s·niestros de la selva negra se quedarían allá, f1ltra_ndo el Jugo de plantas venenoRa~, tamizando polv&lt;&gt; de huesos
huma~os. y haciendo con tales ingredientf's hervidos en sangre de niños, esos
brevaJes mfernales que permiten leer claro en el libro de la naturaleza.
Las hadas y los silfos si podían venir, pero esos no espantan, sacuden sobre los
lechos polem de amapolas, y luego cantan canciones apacibles que i,,spiran ensueños dulces de felicidad ....
El ruido volvió á comenzar.
pecididamen~e R!Jsita no p~dia ~ormir. L" parecia eEtar oyendo que allá. á lo
leJos, un gran t&gt;Jérc1to marchat&gt;a siguiendo á los tambores que redoblaban sus
toques militares.
Por otra parte; la idea de su matrimonio la desvE&gt;-laba también. Eso de ir á cas_arsP, ella qu_e desde cuatro años antes tomó la resolución de quedarse para vestirá Santa Rita! y luego, casarse con un aldeano vigoroso y mofletudo, aleg-re
. c~n eter~a alegria vulgar y orondo como los manzanos de sus propiedades de
m11lonar10 ... .
1' ,,_.,,.

BALADA DE KLINGSOR

Pero era nt&gt;ceEario obedecerá su tia qi..e la recogió de~de pequeña, la ci:ió y educó con maternal ternura y se desvivió siempre por hacerla feliz. Ahora l:&gt; tia estaba ya con un pié en H1. sepultura, y quería ¡pobre anciana! colocar á su sobrina antes de saldar sus cuentas con la vida.
En todo esto pensaba Rosita, ó talvez no peneaba en nada, viendo sobre el
mármol de la chimenea un gallardo músico de porcelana que eEtaba en actitud.
de tocar el violin y sucedió que entonces el ruido del ratón volvió á sacarla de.
sus cavilaciones Levantó la colcha de seca ornada de pájaros azules y flores.
bordadas, retiró las ricas sábanas de lino, y al de;-lizarse del lecho, apenas envuelta en su leve y
vaporoso traje de
dorm;r, sintió un delicioso es treme:: imiento, y sin cuidarse de Clllzar sus piéR
sonrosados. e o r rió
sobre la alfombra y
fué á abrir la puerta de encina del antiguo armario,
Había alh trajes de
marquesas de dos
cientos años ,te antigüedad, telas y terciopelos de ramazones que nose tocaban
nunca; y levantando una saya del siglo XVT, deseubrió Rosita una linda chinela.
de, ras_o de donde salió d;lndo u~ salto, el ~atoncillo gris de_ cola sedosa, autor
de, ruido y que se quedo unos mstantes mirándola con sus OJOS de cristal penetrantes y vivos.
'
R_osita lanzó un ligero grito de terror; pero luego, medio tranquilizada y mediocuriosa, tomó la chinela y rt-gre1&gt;ó y deslizó su cuerpo delicado y friolento entre.
los corbertores de la cama calientes aún
P~ro au!lque hubiera cesado todo ruido, Rosita no podía conciliar el sueño. Coloco la chrnela en la mesa de noche v se puso á vestirse lentllmente, con la esperanza de que esta monótona labor la adormecería; luego tomó un libro místicoy se fué á. sentar junto á la ventana con intención de leer á la luz com'.Jiuada dela lámpara y de la luna.
_Tampoco pudo leer. Al lado de la ventana estaba
aun la me~a que se trajo al aposento para que cenara. alli Rosita que no habiil _querido esa noche concurru· al co~edor y que hab1a pretextado eHar enferma p~r_a librarse de la conversación de las numerosas v1s1ta~ que est11ban en d castUlo con modvo de
su casamiento.
Sobre 1~ mE&gt;sa no quedaban má.s que algunos platos, la caJa de dulces, copas, la bote11a de vino y la.
garrafa de agua. ¡Cosa curiosa! en el centro de efta
garrafa, por una rara combinación de la luz se vela.
como flotand? entre dos aguas al vi,,Jinista d~ porcelana de la ch1me_nea, pero no esbelto v gallardo como era él, sino r1dictUamente enano barrigón y mofletudo.
'
Rosita sintió un arrebato de ira contra la garrafa.
lE avan~ó á la mesa para romper ese cristal que asi
e de~f1gurab~ s;u más que~i?o bibelot, pero apenas
caro bi? ,de pos1cion deeapl!-uc1ó del agua Ja figura,
Y surg10 d~ nuevo en la chimenea hermosa y atracti-•
va coro? s1e':[lpre, tocando su violín de sonidos dulces y m1stenosos,
;.Era en ef~cto ese violín el que sonaba?
Rosita_ª"· r~ó de sus preocupaciones. 1·Tocar deveras un v10hmsta de porcelana!
Esa. IJ?ÚBica q~e se oía en el aposento, debía sn·
el dehcioso conJunto de los ruMos noctarnos pene~rando por la vE&gt;ntana entreabierta: canto de ruisenores en_amorndo.s, chirrido de grillos filarmónicos,.
murmur1? de arroyuelos, susurro de auras entre la
fronda, piar de mdos desvelados, serenatas de los silfos desde las corolas ....
fero no; la.':llúsica V(;nia justamente del lado de la.
c~1menea 'f fJJándos~ bien, se vela que el violinista..
m1croscóp1co ¡qué miedo! movía ágilmente su arco v
hE;rfa con él las cuE;rdas doradas del instrumento dimmuto. Como Ros1ti. no quería seguir vieudo cerró
llena de tE;rr_ores la ventana, corr;ó á su cama, ~e desnudó prec1p1tamente. se ocultó bajo las sábanas y cobertores apretando mucho los párpados y tapándo•
con las manos los oídos.
.e
A -e~co se durmió y empezó á soñar.
Sono qu~ e_ra otra vez una chicuela de vestido corto; y que vm1endo de la alde!l cercana, habla encontrado por E;I _cam_l~o á su vecino Verneuil; que le dió,
tanta _mort1f1cac1on verlo, que al pasar el puenter.íllo
de_ Sarnt Ormand estuvo á punto de perder el equilibr1~ y caer. Entonces tendió la mano, tomó la de su
vecmo ... y despertó.
·
Rosita entre ~ueños hl!-bfa en efecto tendido el brazo, habla tomado la chmela que estaba ·en la mesa..
de noche, y cuando despertó quedó admirada del
asombrosa e~cadenamiento que tienen todas las e 0 .
sas de esta vida.
. Esta_ &lt;:hinela de raso blanco que acababa de haber
• .
sido v1s1tada por un ratóu, vino al mundo en tie
pasados bordadacuidadcsamente de manos dt&gt;Rosita, manos delicadaR v dieiosque dejaron sobre la tela lilas y campánulas de primoroRo colorido Todo eÍ ras.
sa?oentr~stecedorquedespertabalachinela, revivió de improviso ~n el alma
la Jov~n inocente y. turbada
eRosita entone.e~ como ahora, habita?ª en el antiguo casfllo de su tia, Ja cual
era toda su fam1ha a un lado del cast1llo, apenas á medio kilo metro de dista •
tenían los Verneuil su casa de campo, techada de tejas rojas en medio de u hncia,
to con tantas rosa,¡ que pareciajardln ó con tantos perales. manzanosLv av~ll:er~os que pareciahuerto.Por aquellos tiempos vino de Paria á visitarlos un p• rle~t
Joven que también se apellidaba Verneuil y se quegó á pasar las vacaciones e e
la casa de campo_ ~sto sirvió de pretexto primero para reuniones ceremoniosa!
entre ambas famillas y luego para una dulce intimirtad.
Cuan~o la tia n~ llevaba á su bella sobrinita á e.omer ciruelas al huertc de los.
Verneml, era el primo, elegantemente vestido y en~uantado con corbata blan
Y crJ;sant~ma en el oj9:ldelalevita, quien venia á visitarlas. La tia se ponla á e~~
Fer o á teJer por si m1Fma sus Il'E'dias de hilo de Escocia ó bien~ e ocu ba
alguna criada los deFpojos de antiguos trajes de pastoras del Trianon qife: A f;~~

Pt

Domingo 31 de Julio de 1898.

91

EL MUNDO

Rosita deslumbrada ante las mil galanterías y distinciones que tuvo para con ella, se enorgulleció de
lucirlo como adorador; y toda trémula y emocionada
se dejaba arrastrar por la diclta al bailar con él.
Ese dia fué cuando Verneuil la dió su primer beso
en la mejilla y como ella en vez de resistí~ se dejó
llevar en delicioso abandono, la besó también en los
labios.
Tres dias después el apuesto y encan~ador jóven
fué á. dar su tierna y respetuosa despe&lt;!Ida á to~os
los vecinos prometiendo Vl)iver muy pronto. Ro~1ta
llorosa vfó aesde su ventana, salir de la ca~a de campo al sobrino del señor Verneuil en la calesa de dos
caballoR que le condujo por la avenida sembrada de
álamos, agitó desde a1ll su pañuelo blanc~ en se_ñal
de "adiob" , turnó á sutl labores domé:1t1c11s, triste
pero pensando en que, en efecto, p_onto regresaría
ue Parle su novio para casarse con ella.
De todo ese ~-ran poema de amor, Rosita no conser•
vaba más objetos materiales como recuerdo, que algunas flores secas y una de la3 dos chinelas de raso,
pues la otra se habia ido con Verneuil. Los dias pasaron.
y las flores fueron palideciendo. ~I ~igui~nte estlo Veri:euil no vino á pa~ar 1.. s vacaciones, m los estios sucesivos tampoco, y lentamente has~a l .s rememb!anzas de esa época feliz se fueron pomendo descolor1das
como los hilos de seda de ia chinela de rato blanco
que acababa de sn visitada por un ratón,
Y la bella, sentimental y soñadora joven ~mpezó á.
dedicarstt sin gran dolor á vestir á Santa Rita, y ha
bria pasado en esa tarea lo':! años que de vida Le qui'•
dab11n, p,,rque el novio á qu,en esperaba no volvió
nunca.
O más bien si vino, gracias á la
amante solicitad de la tia que con
la edad se habla vuelto muy cuidadosa y que no queriendo morir dejando sola á Rosita, se lo presentó
una bella mañana bajo la forma de
uno de esos aldeanos ricos de levita muy corta, zapatos muy largo~,
de appecto desmade.ado que sequ1tan obsPquiosamente el sombrero
con el más fútil motivo y que tienen
siempre muchas vacas en sus establos y más piezas de ?ro en su
bolsa de cuero que sonrisas en sus
labioP. El tal pretendiente le agradó á Rosita Jo mismo que cualquie•
ra otro de su calaña; y con el hábito que tenia, de obedecer siei.Dpre
á su anciana tia, aceptó el ca~ade l&gt;uenas rentas le hablan IE&gt;gado aquellos abu11los mlento sin protestar, y ya hasta eijinmóvile&amp;y unifOrIJ?a~os que ador~aban en cuadros taba listo el traje de novia.
pomposos la sala pr1ne1pal de\ cast11lo. Duran~e este
Y he aqui ~ue la noche víspera
tiempo Verneuil acaso por distraerse, y Rosita del de ,a boda, Dios quiso, ó acaso el
modo más inégsuo, se hablan ido aproximando de diablo travieso, que un ratoncillo
modo que sus corazones q11edaran muy cerca. lo ~ás desvelado viniera á deFoena~ y recerca posible el uno ~"l otro. Y estas er11-n sonn~llB vivir en el corazón de Rosita todo
y
por una flor que cambiaban, y ~s~as erau conv11rsac~o- el mundo de sus recuerdos y de sus
nes interminables por los más fut1les motivos, Y d1s- tristezas, al reapue1er la. chinelita de raso blanco
cusionesacaloradas sobre si parll el sombrero tal t&gt;ra quH te· fa casi o! vidada..
mejor pluma negra ó blanca. ó si en el volante cuál
Como una procesión fantástica aparecida del foco
debían ponerse blondas de Malinas ó punto de A~en- de una linterna mágica, pasaban frente á los ojos dei
son, y riñas y rabietas por nada y ~!Lda, y ese conJu~- . Rosita, mezclándose á veces y confundiéndose. los
to en fin de amargas y dulces nmerias que conFt1- cuadros de ,m pasado y de su presente sin. qu" putuye eso tan adorable que se ~a convenido t&gt;n lla- diera, á peHar de sus esfuerzos, conciliar el sueño. y
llevaba ya muclto tiempo (de·de que a'pagó la luz) de
m11.r amor.
Precisamente por estos dias venturosos fué cuando tener los párp:idos fuertemente cerrados para escllRoilita para corresponderá un deseo del primo de los par ¡loca ideal más fá.cilment11 aEi de 1tquellas visiones.
Verne;il, habla b •rdado las chinelas de rllso, de l~s
Viendo que ni asi lo~raba_el anhelado reposo, buscuales una era la que acababa de sacar del armar.10 có á tit1ntas una cer• 11la, hizo frotándola contra el
de nogal y que muchas veces colo&lt;:ó entonceR: V aun muro nn pequeño arcoiriP, la desea bezó, tomó otra y
después con amoroso celo en sus p1és pequeñitos que á poco un botón de oro lució en el extrE'mo de la buse embellecían más aun dentro de ese calzado V se- jia rosada que había en su mesa de noche.
mejaban los de una had:i. que el encantado_r ~erlin
Como los niños pequeñitos que nn pueden rE&gt;si•, tir
hubiera dejado olvidada en aql?-el obscuro ~mcon de al deseo de ver lo que les asusta. Ro~ita lo primero
provincia. Ro1&gt;ita llevó sus chmelas al bail_e de los que hizo fué dirigir sus miradas á la chimenea.
de Cantarive donde el ahijado de los Chavmevrnnt
¡No estaba ali! el microscópico violinista de porcetocó la flauta' el Señor de Verneuil el clavicordio y lana!
_
11u gallardo y' elegan_te P~bríno _el harpa de p~dales,
Se había ido con otros músicos á un rincón del apoEste, lo mismo que s1 hubiera sido para un ha.1le de sento y les conversaba alegremente. ¿~uiénes eran
Parla, aprisionó su pescuezo en un ~i;iorm11 Y r_esplan- esos músicos? Ah! si. los conocla muy bien, eran andeciente cuello de camis11., se embut10 t1n el aristocrá- til!:'U0B amigos. Empezaron á tocu una especie de
tico frac y llevó en fin todas las prendas del gran ¡,olka ó gavota, de bellas combiuaciones musicales:
vestido de etiqueta

Cantaba la flauta. le respondía el viollo y entraban
luego el clavicordio y el harpa de ped,ües, formando
todos un concierto delicioso. El aposento, tranef!)1·m~do en salón de baile tenla luz, mucha luz que 1lum1naba. á las alegres parejas de bailadorel!, que danza•
han emocionados.
Derrepente la música cesó y las parejas se rletuvieron.
..
-Toca ustedlaflauta como un Marcyas, d1Jouna voz.
-Y usted m11ravillosamente el Clavico~dio, stñur de
Verneuil, añadió otra l'0Z.
Pero las mayores alabanzas eran para el harpista.,
el Pobrino del señor de Verneuil
Rosita, que estaba en el salón de baile, vistiendo
su tra.je de boda, se acercó 11.l ijitio e11 que los mus1cos eonveri1ab11n, y entonct&gt;B Verueuil, el haryista,
vino á ofr11cerle una rosa que ella se colocó eu el
pecho.
Luego los otros músicos preludinron un wals que
Rosita y Verneuil se lanzaron á bailar. Ro,ita se sentia esbelta y ligera como un niño, giraba rápidamente llevada por SUR chinelitas de raso blanco bordadas
que h-abia v uelto d e:,trenar, y se estrechab&amp;;t mucho
contra su compañtiro. Después cesaron de bailar aun·
que la música seg!lia y se fueron á reclinar l!-1 balcón
desde rlonde se veian los gran~es árbole, casi neg_ros,
las silueta:1 de los montes le.1anos, y arnba el c10lo
Ieutejuelado de estrellas parpadeantes
Hacia un airecillo fresco y perfumado, Rosita sentia quo le latía el r.orazón como si tistuviera á pu ato
de rompér11el1&lt; y Verneuil la tomó por la cintura e.1
amoroso abrazo, se inclinó lentamente y la be, ó con
beso feor I y apasionado, en el cuello, abajo de la ore-

ja, en el punto mismo en que Rosita tenia unos rizos
muy suaves y sedosos
-Rosita ......... te amo, te amo, te amo!
Rosita se , xtremeció toda en una eFpecfe de éxtasis voluptuoso v extraño ... .IR música, no .... el violín solamente, continuaba tocando en sordina y entre tanto los labios seguían apretados al cuello sobre los rizos, transmitiendo p11ra lo más intimo del
cuerpo un fluido tibio que penetraba adentro, II!UY
adentro hasta lo profundo del alma, y la música sPguia, segula, y el fluido penPtraba, haEta que de súbito y con estallido seco y doloroso una cuerda dd
violin reventó .. . .

.............. ········ ........... ....... .................. .
'

A la siguiente mañana, la tia, de~pués de oír PU misa y rezar su rosario, vino á. llamar con mano temblorosa á las puertas del aposento de Rosita, Pntró IUP-·
I!:'º .v halló la bugla extinguida Pn el candelero, E'l
violinista de p1rcelana despedazado sobre la chimenP.a, y á Rosita en su cama, muerta y con una chinPla de raso blanco que apretaba con la mano contra
su Reno.
Rosita murió de la ruptura de una aneurisma.
·

JAVIl!R SANTA MARÍA.

�EL MUNDO,

. 9i!

llnmtnro 31 ~~ Jnho 11198

Lo que no pude hacer al día 11lgutente; lo
hubiera hecho al otro, y estaba resuelto á
matarme si la desgracia seguía persiguién•
dome. Pero me ha faltado tiempo para realizar mis propósitos.
El Presidente le escuchaba con extraordinaria atención. ·
-Señor- continuó Lavardin-tengo una
madre enferma y anciana, que vive lejos de
Parle Cada mes le enviaba la mitad de mi
sueldo, y la infeliz ignora mi falta ymi detención. Si se me condena, la pobre vieja morirá de desesperación y de vergüenza ....
El abogado defensor estuvo elocuentlsimo,
y t&gt;l Presidente le animaba agitando maquinalmente la cabeza en señal de aprobación.
El Fiscal pidió contra Lavardin la aplicación de la ley.
El Presidente guarda silencio. Ha de resumir el debate, y teme no tener fuerzas para
ello.
Al fin se resuelve á cumr lir con su deber,
y, sin quererlo, hace hábtlmente la defensa
dPI acusado.
Después de haber formulado las preguntas á las cuales debe el Jurado contestar,
abandona consternado el ealón de la Audiencia.
_T ranscurren algunos minutos y luego se
O} ó un campanillazo .
. E~ Jurado considera culpable A Lavardln,
s1 bien reconoce ale-unas circunstancias atenuantes en su favor.
El Presidente está agitadisimo y sus ojos
b..illan con si:rigulares resplandores
Sus movimientos son bruscos é irreflexivos y nada hay de magestuoso ni de digno
en su actitud.
Con voz trémula y apagada dijo al fin:
-En atención á ]as circunstancias atenuantes que militan en favor del acusado ...•
Su acento era cada vez más débil, y apenas se le oyeron estas palabra&amp;:
- ...... El Tribunal condena á Andrés Lavardin á dos años de cincel y al pago de las
cust&amp;A.
.
-El Presidente debe estar enfermo-decian los abogados al salir del Palacio de
Jmticia.
Chaverny regresó inmediatamente á su
casa! al He.gar A elh:1. no correspondió á las
Margarita, Condesa de Casa Romero
mh.mfestac1ones de cariñ1' de su esposa ni
RES1DB_NT111 EN LA CAPJTAL.
á. los besos de su hija, 7 se lcostó rendido
por una f:ebre iutensls1ma.
.
Hab'a cumplido con su deber; pero-su deJorge. Nada ha cambiado, solo se cuenta c'&gt;n un la• ber iba á matarle.
Sin embargo. al dla siguiente se levantó
drón más
Salió á. la calle, se prespntó en el El'seo y celebró
Por la no~be en el Circ?lo paga su deuda de la vrs, ·
tera; á mAdla noche empieza á tallar y al rayar el al • con el !'residente de la República una entrevista que
a, cuandt? sale del establecimiento, ebrio de gozo. duró una hora.
l_leva consigo cincuenta mil francos que ha ganado al
Al dia siguien~e se lela en el Diario Ql'icial el indulto de Lavardm.
''
JUPgO.
1
A las diez de la mañana, los treinta b lletes vuelven
Pero aquella miama noche fué Chaverny victima
á estar en la caja. Todo b" terminado y nada hay que de un ataque cerebral.
temer, nadA. mis que el recuerdo dA lo ocurrido.
En. uno. de los ~omentos de lucidez que tuvo, se
Durante todo el dta estuvo nervioso v decla para si: volvió hac1~ su hiJo, lo mismo q11e en otro tiempo su
- ¡Si Mr La!)ce hubiese vuelto de pr"onto! ¡Si se hu•
padre, y diJo:
.
biese deecubterto el robo, estaba yo perdido p...ra
-¡La. coucjencía! ¡La. conciencia!
siempre!
Eatas fuPro1, las últimae palabras del infortunado
Jorge de Chaverny.
IV
A. DAUDE.T.
DAMAS DISTINGUIDAS

EL SECRETO
I
Jorge de Chaverny babia terminado la ca-

rrera de Derecho. Su familia le habla legado un nombre sin mancha; pero su padre
magistrado de provincia, carecla de fortun~
por haber preferido casarse por amor á casarse con una dote.
Hacia mucho tiempo que babia muerto la
madre de Jorge y en cuanto al Conde de Cha•
verny, cuando se convenció de que iba á
morir, llamó a Jorge y le dijo:
-Note ~ejo ninguna deuda pendiente. Esa
es tod11. mt fortuna. Has terminado con apro•
vecbamiento tus estudios. Vé a. Paris y presenta esta carta al abogado Mr. Lance· es
amigo mio y te admitirá. en su despa~ho
donde ganarás lo suficiente para atender A
tus nect:Sidades Si llegas A ser magistrado
no olvides que tu padre murió con el alm~
tranquila, por9ue ~iempre sigui~ los impulSOFI de su coc(:1enc1a. ¡Dame el ultimo beso!
Jorg~ besó la helada frente de su padre.
El anciano perdió el conocimiento· pero al
cabo de una hora recobró el ReJtid~ y murmuró afanoso, mirando á su hijo:
- ¡Lct. conciencia! ¡La conciencia!
. A los pocos instantes exhaló el último suspiro.

II
. Al cabo de uu mes, Jorg-e ejercia las func1nnes de pasante de Mr.Lance.
El ti bogado era un tipo que compensaba
con su silencio en la casa, el flujo de su palabr,a. E&gt;n la AudienciA..
H~mbre de erudición, muy elocuente. in~en1oso y malévolo en una pieza todo el
mundo le temfa y nadie le profesaba afecto
alguno.
. Jorge de CbA.veroy ganaba en su casa quimeatos francos al mes. Mucho m!ls de lo que
necesitaba para vivir modestamente.
Dotado de una fisonomia seductora alto
distinguido. no pudo resistir A las ten'tacio:
n_es di:, to.do género qnA ofrece la vida de Pana. J Ul(•&gt;, gauó y perdió, :·E'lcorriendo con
arreglo á ia~s ganancias y pérdida1, la 'escala de 1~11 v10lentas emociones que acompafian al Juego.
Un11. mañana entró (?baverny en el despacho deMr. Lance, plhdo 1 extenuado, convulso. Rabia
pasado la noche ~n el Circulo, donde había perdido
to~as sus gA.nanc1as y además veinticinco mil francos
baJo pal11bra de honor. No babia más remedio que
pagarlos iutes del,térmiuo de veinticuatro horas.
Y ~lli: eu su gabmete, se hallaba Jorge con los ojos
enr0Jec1~os y la barba en la mano, pensando en lo
que debu~ra hacer y en lo que pudiera ocurrir
¿Ganarlo~? ¿Cóm~? ¿Pe~irlos preRtados? ¿A quién?
¿!',. su prlnc1pa_I._ al mtrans1g_ente abogado que no vac1larla en sacr1f1carle á. sus iras en vez dA salvarle generosamente?
Y sus ojos se dirigían hacia la caja cuya llave tenia en @u poder y en la que babia cincuenta mil francos. AIU estaba su salvación, pero á costa de un
crimen
Mr. Lance Iba y venia de su despacho al de Chaverny.
Tan pálido estaba el pasante, tan extraña era su mirada, que el _ahogarlo le preguntó bruscamente:
-¡,E.stá. us1ed enfermo?
-No, se~or, ~ontestó Jorge con voz temblorosa.
Salió el rn.fehz á las once con objeto de almorzar·
pero le fué imposible probar bocado
'
Entonces. se puso A divag_ar por los muelles, con la
cabez&amp; ard1endu y perséguido por la obstinada idea
del robo
¿Pero lo ~r&amp; acaso? No. Se trataba únicamente de
u~ empréstito ignorado y nada ml\s. Cogería treinta
mil trancos; pagarla su deuda y Pro baria fortuna c.. n
los cmco Ulll francos restantes. Y una voz le decta en
el fondo del alma:
-¡Ganarás al juego. reemholsarás la cantidad sustraída y te salvarás! ¡No Vllciles!
0

III
A las dos de la tarde vuelve A estar Chaverny en
su despacho.
Todo cuanto hay de honrado en él lucha contra su
funesto proyecto.
. Entr~ de pronto Mr. Lance, examina algunos legaJOS, y dice después á. Jorge:
~algo para Chateauroux, donde tengo una vista
Edaré ausente tres dias. Adiós.
·
Al e:abo de media hora Jorge estaba solo sin temor
á testi~o alguno: y la caja excitaba m&amp;s' y más su
tentación con su promeH de Hlvnle
Chaverny cierra CA.utelosamente la i,uerta dejando
la llave en la cerrad11ra para evitar toda mirada indistreta, y baja las cortiuas de las ventanas.
Eatá resuelt&lt;;l á Wdo y no hay nadie en la casa.
S11.s manos t1emblan pero su corazón ha deja1lo de
palpttar con violencia. El sudor inunda su frente .....
Cuando abre la pesada puerta de la caja, retroc"de
porque h_a creido ver un roetro amarillento que le mira y le dice:
-¡La conciencia!. ...
Chaverny se enjuga la frente y se echa á reir. Sus
mano~ se apodera.o de treinta billetes de mil francos.
La CA]&amp; está cerrada; vuelven á levantarse las cortinas de las ventanas y el sol inunda el despacho de

Han transcurrido veinte años. Mr Lance ha muerto y _Jorge de Cbaverny ~e ha casado despué:1 de haber mg!'esado en la magutratura
E~tA fati~~do por el trabajo, tiene la cabeza cana y
ha de pres1d1r er. breve un, vista en los tribunales de
Paria.
Su mujer vive todavía, y causan las delicias de
aquel matrimonio una hijA. ~· un hijo, que, como Jorge
y como su abuelo, está destinado A. la magistratura.
Cbaverny es complet~mente feliz.
La vista n~ ofrece ningún asunto interesante Chaverny examma los autos que le han presentado y en
los que sólo se trata de cuatro robos y de una estafa.
Sin embargo, entre los primeros fig11!"aba un proceso que le llama prpfundamectl', la atención.
Cuando ha recorrido el legajo se levanta sobresaltado y se Jleva las manos á la cabeza.
Cree haber leido mal y reanuda su lectura. No, no
se ha eq~lvocAdo. Lav~rdfn, cajero de la casa Canselme,1 era Jugador _¡Lo m1s~o que Jorge en otros tiempos. Vn dia perdió~ perdió y robó cinco mil francos de
la c11Ja _de su principal con la esperanza de ganar y
de res.t1tuirlos sln des~~rtar la más minima so!-pecba.
¡Lo m1~:110 que Jorge! Lavardin babia perdido, sin hab~r poa1do reembolsar¡ se h.. bia descubierto el robo,
é iba á compare.cer ante el Tribunal.
. -;Y voy yoáJuzgarle!-murmuró Cbaverny aterror1za~o.-¡Es.postblt,I ¿Estoy soñ mdo acaso? ¿En qué
~e d1ferenc11t. de mi ese hombre, de mi que soy su
Juez? Su crimen es el mio. ¿Puedo 1 por lo tanto condenarle?
'
Chaverny sintió deseo de presentar su dimisión.
Pero ¿por qué razón? Otro más severo que él podria
condenar A Lavardin al mAximun de la pena. ¿No tenia, por el contr.ario, el deber de seguir en su puecto
para mostrar&amp;e mdulgente con aquel desdicha . . . o? ,

v.
Llegó el dia de la vista.
Lavardin se. presentó casi sereno ante el Magistra•
do q_l!e debía Juzgarle.
-No tuve intención de robar-dijo Lavardin llorando.-Crei ganar y restituir el dinero é. ml principal antes de que pudiera abrigar la menor sospecha.

LEJANIA

Tú_derramas en torno de las cosas

un ahentu de tibiu primavera·

Y llevan como tú también la; rosas

el alma del pe1 fume prisionera.

Relicario de un sueño, en que se inclina
_la luna como plA.clda azucena
mlentr~s el alba dora la nebli~a
Y convierte la luna soñadora
en algo triste que á n;torir camina,
Apare~es como algo que se aleja
que acaricia el oído
'
que ~.rrulla, que su~pira y que se queja
tan suave. tan dulce, que semeja
el arrullo de un pájaro en t-1 nido.
Y te vuelvo á mirar ~ortando flores
allá en lc,s campos húmedos y tersos
donde be@é en tu frente á los amorea
Y me besaron los primeros veraos.
Torna, torna de nuevo¡ ahora que be vi 8 t0
cómo el ala t.lel negro sufrimiento
me cubre arrodillándome ante el Cristo
y también ante u~~ejo pensamiento,
Tengo anhelos de fé, de té sincera
de pensar como entonces;
tan solo en ti, desde la luz primera
hasta el toque selemne de los broncep.
To!ºª de nuevo; como en otras veces
enséname á soñar, pues lo he ol vid JI.do·
como ens~ña la madre junto al lecho '
al débil mño las primeras p:eces
sobre el muelle colchón arrodillado
y con lae nuuos jun,as en el pecho.
M. E. PEREYRA.

93

ELMIJNDO.

Domingo 31 de JnHo de 1898.

¡POR UN MARIDO!
NOVELA. ORIGINAL DE MARC DE CHANDPLAIX-ILUSTRACJONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES,
Versión española de uEl Mundo Ilustrado"

Número ó.

:

sns labios se unieron en un beso oprimido y prosolemne, bajo la mirada lejana de los astros bri- longado y lnego como si estuviera deliciosamente
¡Qué feliz se sen tia de que la hubieran conviaterrado, murmuró quedo, muy qnedo:
dado á esta fiesta! y con todo y eso vela sin pe- llantes.
Y se oprimía contra Juan, con los ojos medio
-Te amo Nelly, te amo .... !
sar que se acercaba su término, para huir de la
cerrados, la frente ardiendo, el corazón palpitan·
SI: Juan estaba aterrado y feliz al mismo liemcompall.la de tanto negro incorrecto!
do de modo qne parecía qnerer sallrsele del pe- po; feliz porque sentía esos traneportes cuya épo·
El Comandante la acompall.arla seguramente,
cho, los oídos atentos á la frase qne ansiaba ..... ca parecía haher pRsado para él; feliz por haber
contento también de sustraerse á la orgía de los
Pronto se distinguió la casa del Mayor, junto sentido la presión celeste que mezcla las almas más
hovas qne empezaba á ponerse repugnante y as!
al templo en cuya pnerta habla tres gradas.
de lo que pueden ligar.e los cuerpos, pero aterrado
no se separarían; y para no abreviar los pocos
lban á separarse asi?
enisu honradez por el grave compromiso que acamomentos que les quedaban de estarjnntos darían
Nelly dijo:
baba de contraer haciendo sn confesión.
un paseo, lo que les permitirla respirar un poco y
La solemnidad de su acento al pronunciar aquedesembarazarse de esas exhalaciones de que sen•- -Hace calor: quiere usted que nos sectemos
tía impregnados sus vestidos, por más cuidado aquí? ¡Son tan bellas las noches después de estos lla frase trascendental en medio del silencio imque había tenido de alejarse de su vecino el Co- días estivales! Lueg@, entraré á casa y devolveré ponente de la noche, arrojaba el espanto en todo
A nsted su libertad ....
su ser.
ronel .
. Bruscamente desprendió sus labios de los de
Y pensaba, pensaba levantando en el aire castiEl Comandante le contestó con voz acaricia•
su amada, y se irguió. Ella entonces echó los dos
llo sobre castillo; el corazón deliciosamente redora:
brazos desnudos al cuello del marino, y con liemovido por el amor y por la esperanza, las mi-Si nos sentamos, el aire de la noche y la falradas perdidas en el infinito aunque fijos los ojos ta de movimiento le darán á usted frío: es prefe- bre, con amor, con delirante arrebato, exclamó:
-Oh! Juan, No se arrepienta usted de lo que
en la faz augusta de SnExcelencia el Gobernacaminar.
acaba de decir; leo en el alma de usted y por eso
dor, y pensaba .... cuando la trajo á las reali- rible
-Frío! exclamó Nelly, sinliendo que echaban
te amo tanto; no se arrepienta usted de sus paladades de la tierra un criado amarillo que la tocó
llamas su cabeza y su corazón.
bras y rcpítalas porque ¡si viera usted cómo me
casualmente al pasar.
Y soltando el brazo en qne iba apoyada, se
hacen feliz! El recuerdo más
Pronto iba á concluir la comida: los servidobrillante d~ mi vida entera
res ruidosos desembarazaserá siempre el de esta no ban la m.Jsa y se servia el té
,.'.·.
che en que un grito sinceá la inglesa y unR intermi1 '
ro exhalado de nna alma
nable serie de licores, delos
leal, vino á ball.ar de lnz y
que el Coronel hova no dede felicidad el alma mía.
jó de hacer provisiones pues
"
Msll.aca se va usted y ya
iba prevenido para tomar y
no vol veremos á vernos nunllevar.
ca!. . . . Déjese usted sin
Advertido el Comandante
,_, preocupación arrebatar por
del proyecto de N elly lo
sus sentimientos, y repita
agradeció vivamente; y noque me ama. . . . y lnego
tando que ya se ponía luego
uos separaremos llevando
A varios cigarros se lo avidulces memorias que, por
só á la nill.a que levantán•
lo menos á mí, nada ni nadose con resignación se didie me arrancará.
rigió al lngar donde se ha-Si, Nelly: yo la amo á
llaha el Gobernador, acoro ·
usted desde qne la vi; y si
pall.ada de Juan. Apeló á
lamentohabérselo dicho, es
todos sus conocimientos en
porque después de estos corel idioma del pajs para dar
tos instantes de ventura,
á Su Excelencia las gracias
nuestros deberes respectien su nombre y en el del
vos van á apartarnos para
Comandante; alabó la comisiempre.
da, los vinos y la elocnenLa joven sonrió con triseiadel fu.ncionario 1 y cuanto
teza y respondió:
habla hecho y dicho en to·
- Cuando se ama uno
da su vida.
bien, sabe siempre enconPor mny poca analogfa
que tuviera Su Exct'lencia
qnitó el abrigo y corrió á sentarse en las gradas trarse. A.unqne -sea por un minuto me ha amacon el pavo estúpido y vanidoso, pne11 era de piedra.
• do usled y yo le qnedo agradecida cualquiera
en el fondo una buena persona, quedó mny pa-Imprudente! le dijo Jnan renniéndosele: de- que fuere mi destino .... No me interrumpa usgado de tales ala bauzas; y si no insistió sino muy me nsted ese abrigo.
ted .... Yo tengo en electo sed de ternezas y de
débilmente en detener á los europeos, ha de
Nelly ooedeció, dominada como un nill.o, por amor, y desde el principio me hizo usted comhaber sido sin dnda porqne ya tenía como sus e\ tono de autoridad afectuosa con que Juan le prender que no se casarla con una chiquilla de
otros convidados, necesidad de dar suelta A los habló.
mi edad, ni menos sin saber quién soy ni de dónbotones de sn uniforme.
Entónces lentamente y con mil precauciones de de vengo; hace nsted bien, no debe nsted incuLos demas hovas, ebrios ya, ni notaron la par- ternura, volvió á ponerle el abrigo, le arregló los rrir en esa locura ó á lo menos yo no debo pertida de Nelly y del Comandante.
lazos sobre el pecho, le levantó el cnello y sen- mitirls; pero todo esto no por los motivos que nsAfuera, la noche era profllnda .en la tierra, pe- t~ndose A su lado, en un primer movimiento ins- ted piensa de que sea yo demasiado joven para
ro alegre y estrellada en el espacio qne los dos tintivo de que no lué duell.o, extendió el brazo usted ó que sea uRted demasiado viejo para mí;
enamorados contemplaron sintiendo la turbación para estrecharla contra su pecho, acariciarla y creame: si alguna vez encuentra, en condiciones
diferentes de las mías, una mujer de mi edad qne
misteriosa de lo infinito. Luego sus mir:adas se abrigarla.
encontraron, sonriendo los dos, y sus manos se enPero vino la reflexión, lnz de previsión ó de le ame tan lealmente como yo, mAs por nstedque
trelazaron como para hacer un pacto de unión. prudencia y contuvo sn brazo á medio camino, y por si misma, que esté pronta y feliz como yo paEsto no duro mAs qne nnos instantes, pero fué la mang tímida, avergonzada, se contentó con ra consagrarle toda su vida, su corazón y sus pensuficiente para transmitirá sus cerebros el himno a poyarse en la piedra á espaldas de la jtiven.
samientos en cambio de e~,q Rte(•.ción grave, se~
de pasión que vibraba en sus corazones.
A pesar de eso, como si la iniciación de e~e rill y profunda que he sos¡, ,;: e- i.,&lt;t.o en usted, no
Nelly en seguida se apoyó en el brazo de su movimiento hubiera transmitido una irresistible V.Acile: cAsese.
amigo y silenciosos y felices iban vagando al azar
Nelly pronunció su discurso como persona que
atracción, Nelly se reclinó sobre el pecho de Juan,
á través de la aldea dormida y dirigiéndose sin
y lijando en él miradas de pasión, parecía decir- ha reflexionado largamente sobre su situación y
darse cuenta de ello á la casa del Mayor.
le sonriente y agradecida: "¡qué feliz soy!" Se sobre el amor; que siente de veras lo que dice y
Para qué hablar?
entreabieron sus labios y dejaron deslizarse la que aunque se emociona al explicarlo llena así
Nada de cnanto hubieran podido decir habría palabra ºgracias" con tal entonación, con tal dul- un deber. Evitó ante todo tomar un tono lacrimotenido ni el poder ni el encanto de aqnel apretón zura, que equivalió á ese te amo que brota de los so, sentimental ó ingénuo que no habría cst•do
de acuerdo con sus maneras independientes y que
de manos. Habría sido imitilóembnsteradespnés corazones verdaderamente apasionados.
1
no convenía A relaciones nuevas, por mucho q11e
El
Comandante
inclinó
la
cabeza
abrumado
por
de eso, toda lrase que no fuera: "te runo'
hubiesen andado largo camino en corto tiempo
la
tempestad
de
apasionados
deseos
que
en
ella
Pero una vez pronunciada esa frase no podía
gracias A la complicidad de circunstancias excepse
agitaban;
y
poseído
él
también
de
gratitud
y
ser recogida y tendría la significación de un jucionales. Por el contrario, si al concluir de hacasi
sin
conciencia
de
lo
que
Fucedia,
lentamente
ramente eterno ... . Nelly no se resolvía ádecirla,
blar
tomó las manos de Juan, lué de un modo
pero quería escucharla en medio de esta noche filé acercando sn boca á la de Nelly hasta que

r:·-;:o-.·:

'

�94
cordial, enteramente cordial como las estrechó;
su voz se había serenado y un relámpago de alegrta iluminó su faz. Parecía un amigo, un amigo
ijiqcero que da consejos desinteresados sin gran
esperanza de que se le baga ca&amp;o.
Juan, aunque extraviado por la fiebre, conservaba suficiente criterio para comprender que no
estaba en un camino muy seguro por más que
fuera muy sgradll ble y 1,Hfirió ese tono ligero
en materii1sgravcs, aunque al mismo tiempo le
preocuparan las reticencias inexplicables que
contenía el discurso de .Nelly. «No debe usted
casarse conmigo&gt;-«No debo permitirlo&gt;- «Otra
joven que no esté en mis condiciones» ....
Mientras se aclaraba un poco el problema, Juan
cubrió de besos la mano amiga que se le tendia
y dijo:
-Gracias por el consejo, sef!.orita Nelly, pero
pienso que correrá la misma suerte que la mayor
parte de los consejos. Ya comprenderá usted que
cuando la víspera de una separación hemos cometido la imprudencia ....
Nelly hizo ademán de interrumpir esta frase
pero éi no ie dió tiempo y sigu:ó muy resuelto
acentuando mucbo ciertas palabras:
-La imprudeucia de confesarnos nuestro amor:
yo, á pesar de mis ideas bien definidas, y usted,
a pesar de sus razones que ignoro, no habiendo
obrado hoy en el sentido de su indicación es probable que no loha1 é nunca, ni podría, puesto que
usted se pone fuera de su consejo.
-En decto, contestó ella, nuestra conducta,
aobre todo lamia, ha sido loca. Usted á despecl!o de sus resoluciones ha cedido á mi atracción,
en un arrebato de amor siu ninguna idea de cálculo, sin premeditación (y esto me enorgullecerá
eternamente) pero las reflexiones no tardaron en
venir, llegaron ya y por eso he querido ser yo
quien ponga punto á la novela antes de que usted cierre el libro. ¿Y habla usted de imprudenciasi' Usted ha comeLido una, pero yo oé á donde voy
y sé que ni se casará usted conmigo ni haría bieu
si se casara, de :o cual 11e convencerá cuando le
diga las uzones graves en que me fundo, más
serias que la diferencia de edlid. «Sé bien que
no puedo aspirará un hombre como usted; y que
sólo me casaré (~i me Mso) en una clase iuferior.
Eso es todo. Sin embargo, amé á usted desde que
le vi, lo confieso francamente como digo todo, y he
ansiado que me amara usted también y que me
lo dijera; pero á eso he limitado toda mi ambi•
ción y todo mi ensutflo. No pido más.»
Cada vez entendía menos Juan esta situación
y se preguntaba quién seria entre él y la nifla el
más loco de los dos. Tranquilizado sin emblirgo,
y dejándose arrastrar por ia embriaguez del momento dijo:
-Si, Nelly, la amo á uated mucho, mucho.
Ella le apretó la mano en muestra de gratitud
y agregó:
-Si, esto es loco, es una fantasía de chiquilla
sof!.adora. No me ritla usted ahora ya que partirá maJlana; aleje to&lt;10 escrúpulo puesto que me
ha dado una gran alegría que no será seguida de
dolor alguno. Por mi parte no creo haber hecho
á usted ningún mal porque su amor, por i.iucero
qPe sea, no es bastante profundo para hacerle
padecer largo tiempo si llCaso le hiciera pade•
cer ....
Luego abandonó de improviso la mano 'lUe
había tenido entre las suyas, y con labios ardientes besó en los labios al marino con uu beso de
despedic!a.
-Oh! diga usted, diga usted sin temor y sin
pena, diga otra vez que me ama!
-Te amo, te amo, te amo, repetía él ya enloquecido y cubriéndola de caricilis.
Entonces ella se desprendió del abrazo, se levantó, y poniendo las dos manos sobre los hombros de Juan para impedirle que la siguiera, le
dijo mirándolo con ojos suplicautes y cobardes
á la vez.
-Quédese usted aquí, amigo mío, tenga piedad
de mi y déjeme el tesoro de esas palabras de
amor, que pienso no repetirá usted cuando sepa
que soy una hija natural recojida por caridad en
el Convento de Montreal, que mi madre era la úl•
tima de las criaturas, que mi padre esun antiguo
sub-oficial arrojado por ébrio del ejército inglés .... Oh! ruego á usted que por compasión
no diga ahora una palabra más.
·
Y luego cerrando con un nuevo beso más tierno, más apasionado, los labios de Juan para impedirle que hablara, le abandonó de improviso y
dió á correr hacia su casa.

EL MUNDO,

Juan no pensó en seguirla.
Se pasó las manos por la frente, se restregó los
ojos para asegurarse de que estaba despierto y
luego se echó á reir.
-Qué! Estaba loca esta chiquilla; loca de atar,
ó qué demonios pretendía?
Qué pretendía? Sus ideas no estaban bastante
claras para permitirle responder á esta pregunta.
Puede ser que ambos hubieran bebido más de
lo regular en el intemperante banquete de los hovas; y pensando en esto tomó rápidamente el camino de su casa, encantado de poder dirigir na•
da más que ese reproche á su conducta para con
la bella inglesita.
Entre tanto, Nelly en su aposento se desvestía
lentemente sonriendo frente al espejo.
Loca la hermosa Nelly?
Ah! no. Había comprendido bien que ciertas
cosas debe uno decirlas por sí miemo, antes de
que bocas indiferentes las relaten de mala mane•
ra. Además, su confesión tenía el mérito de la
sinceridad y se sentía como aliviada del peso de
un remordimiento.
Luego, en su imaginación fértil se había desarrollado súbitamente todo un plan que le hacía esperar que volvería á verá Juan y que ac11so se apoderaría nuevamente de él, cuyo plan según su propio criterio era inspira.do únicamente
por su amor. Y por eso era por lo que la hermo
sa Nt·lly sQnreía voluptuosamente á su espejo desvistiéndose poco á poco y admirando su cuerpo
de estátua,
Apenas regresó á su casa, el Comandante fué
á llamar á la puerta del Doctor que no dormía,
pero que se sentía mejorado y hasta preveía que
al día siguiente iba á tener un apetito voraz, regocijándole la idea de ir á almorzará la casa del
Mayor y de la sefl.orita Nelly.
-Qué criatura tan fresca y tan encantadora!
Un regalo de los ojos. Verdad?
El Comandante hizo un signo de aprobación
pero siu manifestar demasiado interés y le con•
sultó si dos ó tres horas después del almuerzo no
sería prudente regresar á Diego, aunque temía
que el viaje fuera fatigoso para. Lerbon y por po
ca que fuera la fatiga ninguna razón les obligliba
á partir desde luego pudiendo diferirse la marcha
pAra el siguiente día.
El Doctor á punto de acordar la prórrog:1. se
arrepintió, pues le desolaba la idea de que por
su causa se alterara el programa del viaje. El reposo de la noche le repondría y además, salvo el
descenso por las escalas, todo el camino en fita •
kon era más bien para dormir que para cansarse.
Insistió de Chalmont declarando que en eeta es•
tación no le preocupaba el Colibrí y que por la.
salud dd Doctor consentiría sin la menor pena en
quedarse dos días más. Pero Lerbon insistió en
la partida y no habiendo má.s que decir arubos
amigos se recojieron.
Pero el Comandante no podía conciliar el suefl.o y tardó dos largas horas en dormirse. Durante
ese tiempo cuAntas reflexiones! No tendrían consecuencias las palabras de amor que acababa de
•pronuncilir? En verdad, una bija natural, cuya
madre había sido una perdida y el padre un éblio
arrojado del ejército, no era un brillante parlido.
Así lo habla comprendido ella misma y cor,f&lt;Jsó
su amor sin temer que su confesión comprometiera al Comandante, lo cual era de agradecérsele
por la responsabilidad que ql1edaba suprimida así.
Pero si bien se ahorraba todo lazo también &amp;e
prescindía del placer de ese amor, tan embrit1gador y atractivo ...... De todos modos, lo mejor
era partir y no pensar más en este asunto.
Sin embargo, siguió pensando ...... Pensaba
que toda joven es sof!.adaray que vale mucho esa
flor de lo ideal que embalsama la vid11 y que
puede cultivarse aun teniendo mucha rectitud de
espíritu.
Nelly había deseado oír el grito de pasión de
un hombre que estuviera más arriba de sus aspiraciones. Era esto un capricho de sofl.adora? Puede ser, pero era capriclrn peligroso. ·
En estos momentos, también ella se desvelaba
preocupada por su aventura reciente? Cuál era
su propós~to real, aquél que reside en lo íntimo y
que no suele uno coufesarse á ~í mismo?
Todas estas cavilaciones hacían pasar ante sus
ojos una procesión encantada de cuadros vivos como los que torturaron á San Antonio en tiempos
pasados. Y si no rechazaba sus visiones con la feroz
energía que le valió la gloria al bienaventurado,
deseaba ardientemente á lo menos que el sueno
las borrara de su cabeza!

Domingo 31 de Julio de 189b.

Al día siguiente, en vista de que Lerbon estaba ya restablecido, de Chalmont mandó llamar á
Ivon y le ordenó que de acuerdo con Volanabé
arreglara la partida para salir A las dos del~ tarde· si á las dos y media. las mulas estaban hst8Ben' la aldea del Pié, á las siete llegarían á Diego y
á las ocho cenarían en el Colil&gt;ri.
Jacques bajo la dirección del Docto~ ~arfa los
equipajes y entre tanto el Comandante m~ á despedirse del Gobernador y otros personaJes; volvería á las diez, y á las once estarían en la casa
del Mayor.
Dadas estas órdenes salió; y corriendo como si
tuviera mucha prisa, hizo su visita á las autoridades. Cuando regresó, encontró á Nf,l)y en gran
conferencia con el Doctor, pues habfa venido á
informarse del estado de su salud y hallándolo
bien trabó con él conversación y presa de un súbito deseo de aprender botánica é historia natural, hasta le pidió libros para estudi!lr.
Con mucha naturalidad, sin la menor timidez
y como si nada extraordinario hubiera ocurrido
la vi~pera, Nelly estrechó al Comandante lamano y siguiendo su conversación con el Doctor,
manifestó que el deseo de instruirse le había venido de un suelio que tuvo la I!Oche anterior.
¡Vaya un suefl.o raro y espantoso! Una hada
se le había ...parecido, joven y bella, pero con los
ojos sin iris ni pupila, solameute unos globos blancos, inmóviles, como los que tienen las estátuas
de mármol. Se acercó á Nelly la besó en el seno
sobre el corazón, con labios al'dientes y causándole dolores atroces: «be perdido mis ojos áfuerza de llorar, le dijo, y quiero que sufras como
yo .... amarás y no te amarán á tí." Luego se
fué volando por la ventana entreabierta.
Inmediatamente vino otra hada también muy
bella, pero tenia los cabellos blancos y le surca•
ba la frente una honda arruga, apesar de que en
todo su cuerpo brillaban las morbideces de la
juventud. Esta besó á Nellv la frente haciéndola
sentir emoción deliciosa y ie dijo: «Yo te traigo
el remedio contra las angustias torturadoras del
amor; el consuelo y el olvido están en la ciencia .... hazte sabia!•
Este lindo cuentecillo de hadas lo terminó Nellycomo convenía, riendo, y cerró tan bruscamente un libro de botánica que á ser otra persona
quien así lo cerró, habría sufrido una reprimenda del DJctor, pero la joven ¡lo hizo con tanta
graciA!
-Ya. es hora, dijo Nelly; vamos á verá papá?
Y mientras el Doctor acomodaba cuidadosamente sus libros, ella se llevó á Juan aparte y le
dijo:
-Tvda la noche estuve sotlando cou usted ....
no creía amarlo tanto.
De Chalmont, no hallando qué contestarle se
conformó con estrecharle la mano carinosamente.
Ella afl.adió sonriendo:
-Pero estoy resignada y seguiré el consejo
de la hAda protectora: trabajaré.
Y como ae Chalmont. sonriente iba a. contestar
en tono de broma, ella le interrumpió gravemente diciéndole:
-Silencio! no se burle usted de mí. y déjeme
creer hasta el fin que me ama usted algo todavía
apesar de mii cor,f ,siones y apesar de todo. Va
á srr tan pronto la partida! ..... .
Y par11. evitar una respuesta ó para aprovecharse del limoso "quien calla otorga" agregó en
v::iz alta y alegremente.
-Bueno, Doctor, ¿ya está usted listo? ¿qué
aguarda usted para ofrecerme su brazo~
Abandonando libros, insectos y cuanto tenfa
Ler~on vino solícitCI y quedó t,m encantado d¿
sentir apoyarse en ~l la manecita blanca y suave
de N elly, que no vió cómo una Epeira Mauricia
se estaba escapando de la caja.
En casa de Nelly el Mayor estaba esperando y
en cuanto vió venir á &amp;us invitados se adelantó
á ~e~ibirlos, manifestando que se encontraba muy
ahviado.
- Si, si, dijo ~erbon, esto va bien, pero acuérdese usted de mi recomendac:ón: nada de alcohol!. ...
No la olvido, Doctor.
.~er? _n? bien habían entrado al salón cuando
diJo dmgiéndose á su hija:
~Nelly: haz.el favor de traer 1&gt;l Vermouth.
Nelly lo traJo y obsequió A l11s visitas y Stephenson '.'ªció tqn rápidamente su vaso, que hubo_ necesidad de llenárselo de nuevo para que
brmdara con sus nuevos amigos.

Domingo 31 d&amp; Julio de 1898

95

EL MUNDO

-

- ------~¡
-1

.¡
¡,

glés me ha prometido un empleo en Canadá si le
llevo de Madagascar ciertos informes ....
- ;,Militares? dijo negligentemente de Chal·
mort.
-Comerciales más bien? preguntó el Doctor.
El Mayor observó A los dos franceses, vaciló Y
luego dijo:
.
-Si, comerciales, puesto que Inglaterr~ no tiene sobre esta isla ninguna idea de conquista.
-Así lo creo, dijo el Comandantx_puesto que
la isla está bajo el protectorado de .I&lt;'rancia, pero de todos modos y aunque no sea sino á título
de mera curiosiosidad, siempre es útil recojer
datos militares ... .
-Y guardarlos, agregó riendo Lerbon.
-Bah! lo que yo poseo en este particular, carece de importancia, d eclaró modestamente el
Mayor. De todos los pu~blos, el fran~és es el que
ha explorado mejor la isla y el que tiene de consiguiente datos más precisos. sobre sus elementos
militares.
Nelly que había llegado oportunamente, oyó
esta conversación con interés; y sin embargo no
tomó parte en ella y se limitó á decir al Mayor,
que el almuerzo estaba. servido.
.
.
El almuerzo no fué alegre ni expansivo, pues
el Mayor no brillaba por su inteligencia . Y no
pensaba sino en beber sin llamar la atención; el
Comandante parecía preocupado; Nelly tris~
seguramente por la partida de sus nuevos ami-

gos, en vano se esforzaba por
aparecer galante y solo el Doctor contento y rejuvenecido
aparecía con rosto tan radiante como el día en que descubrio que había araftas diurnas
y araf!.as nocturnas.
Cuando pasaron á la sala á
tomar el café, Nelly desapare•
ció un momento y fué A su
cuarto de donde sacó un paquete cerrado que decía en la
cubierta:
«Itinerario secreto de Majunga á Tananari ve por el Mayor.H. Stephenson»
Tomó la' pluma. y escribió abajo: Recuerdo del
autor ·al Coinandante del Colibri. Luego volvió
á la sala, guió há.bilmente la converaación á. tr~tar de los orígenes de la raza hova, y cuando vió
que su padre y el Doctor se arrojaron con ardor
en ese asunto, dijo en voz alta:
-Comandante: mientras estos sei'lores discuten ¿quiere usted d11,rme su opinión sobre unas
acuarelas que he pintado? Venga usted A verlas.
-Con mucho gusto, Sefl.orita; dijo el Comandante sonriendo aunque le alarmaba la idea de
una entrevista tan peligrosa como la de la vi spera.
Ya que ella tuvo la generosidad de no abusar

de su triunfo pues comprendía que no podía ha•
ber matrimonio entre ambos, habría sido mejor
evitar toda confidencia y separarse de golpe sin
una nueva lucha. De antemano temía él la fascinación que Nelly ejercía s?bresu espirítu, qu~ lo
embriagaba y lo enloquecia. Pero ¿cómo evitar
ese peligro?
.
.
. .
. .
El Doctor los vió partir con envidia, casi sm•
tió celos, y lamentó haberse dejado aprisionar en
las ruedas de la etnología;perotuvoquequedarse
con el Mayor, el cual aprovechó al instan~e la
salida de su hija para beberse un vaso de wh1skY'.·
Una vez en su cuarto, Nelly se puso á volti·
jear nerviosa, cortad11, como quien no sabe lo
que quiere, y luego, súbitameoteresuelta, un tan-

�to pA!ida y con los ojos bajos abriendo el csjón de
nna cómoda:
-Aquí están mis horribles acuarelas de colegiala, pero no lo traje I!. usted para enseliárselas,
no! Dentro de nnas horas va usted á partir y es
casi seguro que no ~os volvamos A ver nunca.
Nada tenemos ya que esperar el uno del otro, ni
nada tampoco que temer ...... Déjeme acabar, se
lo suplico ..... , Nada que temer. Lo digo sobre
todo por mi, pues una vez hecha nuestra confesión reciproca y después de mis revelaciones,
mucho tendría que temer si usted se quedara,
pero nada si se va. , . . . Respecto á usted guardarl!. nn recuerdo de sabor especial en el depósito de sus otros recuerdos ...... primero con un
poco de remordimiento que se irá borrando hasta
que venga el total olvido ... .luego se casará. usted en Francia ..
-Pero Nelly, querida Nelly
¿estA usted loca? ¡Qué está us-

ción del Mayor, y luego ...... qué me habla usted de itinerarios en estos momentos en que sólo
me preocupa el amor?
-Tiene usted razón: dejemos eso y vamos á la
sala. Después lo llevaré á la casa de usted y eso
me dará pretexto para verlo una vez mas. ¡Qué
feliz me hace la convicción de que me escribirá
usted! Vamos ..... .
Al pasar frente al espejo, Nelly se arregló rápidamente el traje y los cabellos, luego abrió la
puerta y se dirigió 1\ la sala.
Juan que estaba como embriagado por la felicidad, recobró su sangre fria al ver al Mayor y
como si tuviera prisa de retirarse, dijo alegremente:
-Pienso, Selior Stephenson, que habrá usted

ted diciendo así!

- 'Comprendo su admiración.
No está usted habituadoá oir hablar así á las nilias de mi edad
pero eso es porque su situación
difiere mucho de la mía, lo cual
es una bendición de Dios para
e-111\s que no tienen ni mi corazón
ni mis deseos ó que aparentan
110 tec.erlos pues quedarían de•oladas si alguien sospechara que
s1t bían ciertas cosas .... que sin
embargo no ignoran. Pero el tiempo vuela, mí querido Juan; no
tP1•go intenciones de quejarme
11' de llorar; amo á usted y .....
Sintiendo que las pasiones rujian en suinterior, conmovido por
este amor doloroso y vibrante
que veía en ella y que juzgaba
sincero, en estos momentos de
eterna despedida, Juan la inte-

•

-Es nna locura decir esto al
partir, pero yo también amo á usted, nifla, como nunca me había
creído capaz de amar.
-Justamente porque nos estamos despidiendo me he atrevido
á decir á usted que le amo, pues
comprendo que en otra ocasión
tal vez no me creería. Pero ahora no duda usted ¿verdad que
no duda?
-No, Nelly: te creo y te amo,
Y la estrechó nerviosamente
entre sus brazos.
Ella se dejó acariciar; y con
la cabeza reclinada en el pecho
de Juan prosiguió á media voz:
-Quisiera ser fuerte, pero no
pnt-clo contenermis lAgrimas;qué
feliz soy! Mi confesión creída por
ust,.cl contiene la discuJpa de mi
tondncta tnn condenable en apariencia. -No me juzgue usted
con rigor ...... si me he dejado
1urastrar sin resistencia en esta
pendiente, es porque sabfa yo
que se iba usted y no qnlse que
J.P. NWRPAra la única hora feliz
de mi vida.
-¡Que encantfl 'tiene tu voz,
Nelly, y que dulzura tienen tus labios! Te amo,
te amo, te amo .. . .. .
. Y brnscamenr_e desatando el abrazo que los
hgaba, retrocedió algunos pasos y dijo con fir.
meza:
-Te amo, y me quedo.
Un relámpago de alegria pasó por los ojos de
Nelly, pero conteniéndose tomó con efusión la
mano de Juan y le dijo,
-No: no puedo consentir eso. Es preciso que
parta usted en seguida y que vuelva á su barco.
Allí lo pensa":á usted, y si es cierto que me ama,
ya encontrará usted la manera de volver A ver·
me. Pero lo que mas le conviene á usted es olvidar todo esto y no buscarme mas.
-lile autoriza usted á escribirle algnnas veces?
-Y contestaré con exactitud. Pero vamos á la
sala A ver al Doctor. Ah! me olvidaba: vea usted
esto, es un itinerario que mi padre juzga muy importante y que le regalo á u•ted con una dedicatoria de mi letra.
-No, Nelly, no puedo aceptarlo sin autoriza-

El Mayor dió las gracias y se excusó de no.
acompaliar á ans invitados, en tanto que Nelly·
murmuraba:
-¡Quién sabe!
Luego la joven estrechó la mano á_ sus amigos.
y luego permaneció en la puerta s1gméndol?scon,
la mirada hasta que desaparecieron I!. lo le¡os.
Cuando esto fué, corrió á su aposento, se dejó,
caer en un síllón y lloró .. . ... Por qué?
¿Alegria, tristeza, emoción, inquietud? De todo,
había un poco .en las lagrimas de Nelly.

0 om.Jngo 31 de Jubo 4e 1898.

EL PLAN DE NELLY.

En la noche de ese mismo día, .
á las ocho, un bote conducía dela rada de Diego SuArez A bordo,
del Colibrial Comandante, al Doctor y Prince.
Prince?
SI, Prince también.
El pobre perro errante, cambiaba otra vez de duelio y venía á la población en que nació;,
,
sin
demostrar por esto último la
,
menor alegría. · Por el contrario,
lloraba y olfateando sin cesar portodos los camarotes, arrojaba gri' tos cortos y pla:ttideros, lo cual•
··t. '
duró toda la noche.
He aquí lo quehablasucedido:,
Algunos minutos antes de que
la caravana saliera de Ambohimarina, mientras Jacques, lvon
y el Doctor mismo, despachx ban,
los equipajes, Nelly acompallada.
de Prince, llegó muy fatigada y
encontrando al Comandante soloen el patio, le explicó por qué babi-a venido tan tarde, á pesar suyo, para despedirse. Por mAsque habla empleado horas ,v mAshoras en buscar el itinerario, se·
le había extraviado y por hO no
lo pudo traer como tenía prometido. Quién lo habría tomado?
Seria Volanabé que estuvo en su,
casa en el breve rato empleado
por ella para orar en el te10plo
por el buen viaje de sus amigos?·
.
""
No es posible que se hubiera
~
atrevido á entrar al aposento de
*'
Nelly. Acaso ella misma, que con
lo de la partida tenla la cabeza
á pájaros, hubiera guardado el•
'
paquete quién sabe á dónde.
Juan le dijo:
-Es usted una chiquilla. Cree que tengo necesidad de algún objeto para acordarme de usted?
De todas maneras, Nelly decía..
que le era muy doloroso haber
perdido tan preciosos apuntes y·
eso en momentos en que la partida era inmediata y no volverían.,
á verse más.
,,
,,,.; \ .
-Pot qué no hemos derennir- ·. . .
nos otra vez? dijo Juan: no lo.,,--:,
~
prometo, porque no puedo: pero,
quién sabe?
-No quiero esperar, contestó Nelly, y me resigno convencida de antemano. Pe-ro pido una sola cosa: cumpla usted su promesa
de escribirme siquiera una carta.
Acababa de decir estas palabras, cuando seoyó (,, Ivon que decía desde atuera
-Faltan cinco minutos para las dos: v~y á •.
avisar que todo esta listo, vámonos.
Nelly había oldo bien: quedaban no mas quecinco minutos. Entónces se dió prisa y enjugando una lágrima, murmuró:
-Juan: hágame usted un favor muy grande. .
Va usted á decir otra vez que soy una chicuela
pero ¡me haría usted tanto bien aceptando .... 1•
Quiero que se lleve usted consigo á Prince y que
tenga usted presente que lo he abrazado mucho y le profeso un gran caril!o. Esto es una tontería,
pero no rehuse usted, se lo suplico, el tiempo co- ,
rre, Ivon va á venir, y aún falta que me despida
yo del Doctor: tranquíllcese usted, soy fuerte y
no lloraré, sonreiré si fuere necesariJ 1 ya verA .
uste~ .... AbrAceme pronto, pronto ¡oh! cuántole ame! Con todo mi corazón.-(ContinuardJ

- ~-1
•

/"l
~

_,

encontrado grata la compal!ía de mi amigo, pero
el tiempo ha volado y me veo en la necesidad de
despedirme de usted y de la Seliorita Nelly. No
olvido la galante hospitalidad de usledes y espero que la próxima vez que venga yo á Diego, me
pagarán mi visita.
-Ay! no puedo prometerlo, porque los hovas
no me consienten mucha libertad. . . . . . Sin em•
bargo ....
-Sin embargo, heremos todo lo posible, ·aliadió Nelly, notando que ya la lengua de su padre
no estaba muy expedita. Me agradar!\ mucho visitar nn barco de guerra y ver además la rica colección de aralias del Doctor Lerbon.
Al decir esto último, dirigió al sabio nna de
sus má.s arrebatadoras sonrisas.
-Seliorita Nelly, dijo amablemente el Doctor:
la visita de usted será para mis aralias y para mi
nn gran favor. Adios, y no hay que creer en •uelios. Quién no ha de amar á usted? Adios, selior
Stephenson; de Diego enviaré A usted las drogas
prometidas.

l!:L MUNDO

rn.

.

rrumpió diciendo:

97

Domingo 31 de Julio de l!lll'

EL MUNDO.

A

Gli:ffoéh

La siesta
[A BUbéD M. campos.)

Dt&gt;ecama, es la hora . n
. e lo .alto. desciende
en sueltoR gironee la ro13: cahn!l, d
el Sol-tgneo loto-su cáhz enc1en ~lcina.
y t&gt;l fuego que. esp arcd~~~~~~t;~ ces hor~:
Descanll&amp; m1 re 1011..
•
la tierra vomita su alient~ tie fragua,
ya tedas lns flort.'S marchitas es~áe~fi~~a
el pez-áurea flecha-nervioso
\ag ondas del Agu~, 1
y sale á loa bancos de arena el ca1m&amp;n.

•••

Su oliente resir.a surlc\ el lii:¡uid~mbar
-11roma enerva.nta, selvático yd rl~bar
perfumt'S e
Y el aire. con ténues
it 1I sedeño abamco.
1
r;e'f!~º ~~rd~ ~~p a!!iente. no tardes. t~ espero,
l bam~ca á. la sombra del plátano use1la,
a.
6 el toldo de un gran parasol. ...
;~ ~~!~e flauta del ind1.o h~maq~ero · · · ·
¡Oh ven, m1 tranqm a,
mi tierna, mi dulce toNaz torna~ol.1

!a

•••

dJ~~~~ ~~:~e:i:.~ t:~I ~Th~!bl~n•f~if•~f~,°he
tu ob~curo cabello P.be::li ~~s~lba triunfante.
que enreda sus aom
. .d f
¡Tus ojost-En ellos con fulgt o tego,
Amor-mariposa voluble-hace ga ~
batiendo do~ pétalos de orol y ~z11~,
1
en ellos un vivo¡~~cd¡zv;!e~~
Ala . . , . ..
·en ellos esplende la lumbre del Sur!

'

.

[Del álbum del Sr. Edua.rdo Me1o y Andrade.]

.
d
ue vudve del torneo
Belleza tmrnfa 0 r8: q
b ' t de et1plendor
Con el es.:udo heráldico cu
•;eteo
Detente: tJOy poi,t~I escus!: :11:s el trofeo
De mis galantes r1mae:~antaF· cantando en tu loor.
,
Q ue traigo b&amp;iSta tus P
o vi tu triunfo,
olfmpicl_l grand eza.'
Yo v t · · · · Y
cicias A tus p1és,
y vi como rodaron Vt\~
'
de bellez 1,
Deidades con teiSoros rnmeusoes realeza
Altivos y potenltes bl}z~nsi~ trillo el ·ancho frés.
Manchados ya os gu 6 ·
.
;-ue intrépida esgrimiste:
Yo vi las reg1as ar_ma t~ altivo porte real,
T11 rostro de c"uc&amp;:SIC · aetas ue encendiste
Los "'.'ayos de tul! ºJºt;i1a
y 1uigo convertiijte
En luz de alguna 68 ;eño 'que vuela al ideal.
Ea llamas d" un en1:1
d- - gentil cla.rineria.,
y oi que la estruen ºS:himno triunfador,
Regó sus notas_ de ore. e
•ada de barmonia
y al eco des~ idmeasb c~gc Un beso con que ungía
Siguió ~I cruJtrlb efunnt:s d~..diosa. d~l amor.
L&amp; g1orl&amp; tu a a re __
vuelves del noble y leal torneo
y ahora quehya Aldico cubh,rto de eSplendor,
Con el e"cu.do er
lleva mi trofeo:
¡Oh, Rcünal pasa·· · · pas~~ ti mido aleteo
Las rima.e qude ru_mo1~: cantando en tu loor!
Acá dentro e m1 a
,

tet

'

Luis FntA.s FERNÁNDEZ.

~f

La funeraria

••

Pareces querube tendido en la cuoa

. •CA oyendo de c:clóglcos sor es,
1a muSl
t
vito de luna

ó bien. tremu\an e rad,.., l&amp;cteos bollones.
prendido en U'!-- co_po deRc&amp;nP.&amp;. ya es hora:
Desc1tnsa, m1 rema.
d h
o
la tlerra vomita su ahento . e o~nn~ flor
"todo se A.duerme, no se irgue u
....
¡118. entre las ramas el ave ct1.nora
sacude el bochorno,
y t-n tanto, yo arrullo tu ensueño de amor .
JUAN

B.

DELGA~O.

J:~~~

lal:~:~~~{::to

;i:l

!,a canción del nauta, del mar y de la onda.
Un barco!: ta.u sing~lar,
ue finge A la mente rncautR.
i a. visión de uu sueño nauta,
peregrino del azar • • • •
De su prora, si el bramar
del viento no las ab_oga.
surge una voz que rnterrrga,
surge otra voz_ que resp~nde:
una voz que dice: ¡dónde
y otra voz que ordena: ¡boga.1

8

Cae la somb r a
: 0 ~~i~:~c:éerfano
como un man10
b d o
e doblea-a el pesar del a an . on
qu
:, d enorm~s desahentos.
co(}b8 ~~:~gt~isie es el llanto de lo,4 hijos
,
da.mente sobre el féretro. .
due cae s3.r ! cu&amp;n triiStea son las lluvias
e los 1t11.u!~:a que segó el Invieri:i,o!
ªºt~emuerte llega VKcilante y pálida,
cubierto el rostro por el manto uegro,
como uu visitante que tmrortunu.
y . nt&amp; silenciosa sobre e lecho.
se.
moribUt!do, qul e
rueba a, esquivar e sop .
pque le hiela ,as sienes, y se ierlgue
asido á su11 cabe ,os.
con t l terror
as! El cada.ver,
Qué noche de amarg11r
en la torva quiíltud del aposento,
medita en 111.s eternas soledades
i1 8.rbPl caldo en el desierto.
coy~:•torno.del difunto se congrega,
b .0 las lucf's de los cirios trémulos,
&amp;J un collar de Uvidas bacantes
com 0
O dó recuerdos.
u{)~ºP:!:~;¡~~~~8 la luz de los blandones
ba·11.~do temblorosa. sobre el velo
dellas siniestras viudas solloz~nt(s
q ui, atenacea sin cesar el vé~t,go
leteando los suspiroiS
que puebla el desconsuelo,
:~mo arvada de nocturu~s av:es
hi"as
la Tiniebl)t. y el Misterio.
~ la exaltada m,;:,nte qu~ ºª~!raga
de la pavura en el pr?fundo .pielago,
ve surgir cien diabóhCHS qutmeras
arvada dó vora · es cuerv_os_.
0
cCJÚh ~uá.n triste es la marcha s1g.1\osa
'uesi ue al cadA.ver el corteJo!
coé.nq enstivos mécense los s~uces
cu
uietud del cementerIOI
en~ªcuri: ~ristes las flores de las tumbas!
los cipreses del jardtn, qué tétricos!
¡"610 el ave gorjea (acaso el ave )
osee de 111. muerte los secretos
p y la tierra ha caldo poco A pow
con su redoble de sonidos huecos,
y las corona.a cubren el sepul~ro,
los pasos &amp;8 pierden á. lo leJos.
y y despertando las tinieblas, miran
ómo en fecunda inspiración el vienta.
~a entonando un solemne De Profun_ is
del mustio sauce en lo ... sonoros nervios.

cí:::fa.:cia

•••
Hincha1 rugie~do, el tit&amp;n
Atlante su ola hera,
f
como un gran vi1-1ntre que uera.
¡, parir á Leviatb&amp;n;
entre los soplos que van
ca~bando el mar q~e se azoga,
surge una voz que mterrog1t,
surge otra voz que rerpodn1e:
una "ºz que clama: ¡dón e.
y otra voz que ordena: ¡boga!

•••
Pobre ánima que avanza
con su galerR. por lo~
océanos h&amp;cia un Dios
t
Un rib'azo . ... que no alcanza
y Vanamente s~ esperanza
con el abiemo d1alo~a. • • · · ·
surge una voz que mterroiª'
surge otra voz. que. respof e:
una voz que gime: idónde. t
y otra voz que ordena: ¡boga.
AlUDO NERVO,

fe

fi

AURELIO

G ONZALEZ CARRASCO,

�98

EL MUNDO.

Domingo 31 de Julío 1898

PAGINAS DE LA MODA

Dolaj.ngo 31 de Julio de 1898
del prójimo, tildando A las de su sexo que visten el
sencillo ropaje de la mode,tia.
La niña que reciba en el hogar la educación, que
le dA una madre cariñosa y buena,quese desvela por
tener buenos 11jemplos y A quien se la inculca el desprendimiento y el desinterés, la modestia y el pudor.
será una mujer respetable y respetada, merecerá la
consideración de todo hombre honrado; la estimación
que se captará no se limitará á los suyos solamente,
f'i que tRmbién se hará extensiva entre todos los que
la traten y vean con los ojos del desinteréd sus buenos sentimientos, si e,s pobre. tendrá conformidad en
las necesidades que indudablemente la pondrán en
Ja lucha constante con las tentaciones de los hombres
buscará con el trabajo honroso el modo de hacer llevar la vida honestamente: desoreciarA toda riqueza
que no sea adquirida co,1 delicadeza y sin detrimento del honor y la virtud. si la dePgracla se empeña en
aembrar eeprnas de d!s,gusto en el corazón, sumiéndola en el infortunio en donde será victima de los
males y precipititda enla sima del descrédito, y vién •
dose agobiada por la fatiga tengan que sollcitar la
protección de las almas caritativas, lo hará con deli•
cadlbima modestia: demostrará. con firme abnegación
que no hay poder humano que pueda quebrantar una
voluntad enérgica y mucho menos corromper los sentimientos cuando é;tos se han formado en la escuela
del pundonor: si es favorecida por la fortuna. prestará. todo género de alivio al necesitado, prodigará con
desprend·miento las buenas obras, solicitará. 111 me•
nesteroso para apagar su eed de alivio con el bálsamo del consuelo.
¡Ah! mucho puede influir la modestia en el norvenir d,, la mujer; ella puede evitar múltiples sufrimientos y las grandes penalidades á. que está expuesta
por la debilidad de su sexo y la veleidad de su carácter
Ninguna mujPr puede presumir de que con su be•
lleza, ijUS atractivos y coquetismos basta para que el
hombre se prosterne y la rinda llmoroso culto, no el!
pre.:iso reunir aquellas cualidades que forman las
delicias del corazón y llenan al espirita de consoladoras mi•iones ensanchando el alm.l con grata é inefable ilu8ión.
Penetremos en ·.m lu~ar en donde la de•gracia ha
sumido en la pobreza a una familia, en éf hay una
madre anciana, y fatigada por el peso de los alío~,
más aún, por el infortunio; el hueu esposo y excelente

99

EL MUNDO
padre que la sostenla, murió dejando con su dulce
compañera, tre~ hijas en la mas completa orfandad;
á la anciana como toda buena madre, es natural que
la preocupe el porvenir de su11 hijas, ella sabe que
estas están bajo la vijilancla de un juez severo, que
castiga sin contemplaciones. y muchas veces con dema~iada injusticia -la sociedad: también conoce por
experiencia las murmuraciones del vecino, que con
ojo malicioso escrudiña todo lo que p.iede servirle de
cróuica pRra divulgarlo en calidad de secreto; pero
desgra.ciada11ente dicho secreto se l-lxtiende por todas partes haciendo blanco de calumnia A las rná~
puras reputaciones; pues s ..bido 11s gue cada cual
quita y le aumenta según su capricho. lntl-lrroguemos
á 11111 jóvenes, veámos en qué eatado se nallan
sus ánimos.
Ah lector! no lo dudeis, si la modestia ha Rido
inculcada en sus corazones, oiremos palabras
de resignación y conformidad, sus casti~imos
labios serAn incapaces de proferir una blasfemia; ocultarán sus males con dignidad y pudor;
rehusarán adoptar una
mejora en sus sufrimientos si esta puede lastimar enlo intuno de sus
sentimientos: mas si por
el contrario descuidada
ha sido la educación, llena de mimo y toleran•
cia .... entonce~ ¡ay l so·
lo veremos act ,1s deverg on zosas impúdicas,
que nos horrizarán
porque la inmoralidad
pen11tra en donde no ha
habido f,eno para tener
las pasiones, las niñas
educadas en la escuela
~
del interés. que ven malos ejemplos en sus ma
vore~, no tendrán pudor ni mucho menos modestia; el materialismo
metalizar&gt;\ sus corazo•
nes,ensus ojosnoha.brá
!Agrimas porque gus sentimientos estarán· disec~dos por la indiferencia,

FIG,

Las primeras podrán tener penalidades múltiples en
la vida, pero bajarán á. la tumba con la paz del alma y
conciencia Jimpla. Las segundas satisfacen sus mun ·
danales caprichos, colmarán sus deseos, gozarán de
todos los gustos que pueda haber en la tierra, mR' el
dia. fun11stls,mo dtil aesengaño, cuántas van á exh~lar
el ultimo suspiro.en el misero lecho de un hoPpllal,
olvidadas completamenttl y lamentando no h» ber sido
modestas sufren cruentltimo11 remordimientos.
Puede que haya alguien quien nos juzgue exajerados en nuestros escritos, puede que sean muchos
los,que los desaprueben en todos sus sentidos; emP.ero, deseamo11 contribuir al perfeccionamiento de la
humana especie de la cual formamos parte; y en efte
concepto, nada; m nadie podrá ha.cernos retroceder;
hemos experimentado todo género de desengHños;
hemos sentido y llorado con nue~tra buena madre
multiplicad11s c11lamidades en medio de la
desesperación; á ella, y sólo A ella debemos
aquellos consejos que nos han desviado del
mal; ella nos ha infundido el respeto que
siempre hemos tenido por la mujer modesta; ella n.&gt;s ha recomendado la. moderacion
en todos nuestros actos, ella constantemente
nos exhorta pua que no desmayemos en inculcar buenos ejemplos en la incipiente juventud, y ella en fin, es la que ha formado
nuestro corazón. siempre humilde ante la razóni siempre sensible
por las agenasaes~racias, y muy
en particular por la mujer que
reune las bellisimas dotes de la
modestia.
"Siempre se puede hacer el bien
aún en la indigencia." Asl pueP,
creemos hacer un bien á alfunat•
madres recordándoles que .o pri
mero que deben enseflar á. suf _,,. - ·
hijas es el ser modestas, de mane
ra que puedan !'vitar en todo
tiempo y circunstnncias, caer en
el proceloso mar del descrédito

FJG. 1.-TRAJE PARHIE:SSE DB ESTÍO

La mujer modesta
El talento de la. mujer
consl~te en saber ser
modesta.
L. l. A.

Los padres que anhelan para sus hijas un porv11nir lleno de contento. y dt1licia, que abrigan la Jisongera esperanza de que sean el fuerte báculo que lo

sostenga en la edad decrépita, los cuiden con cariño- hace á las niñas acostumbrarse á la malicia: cuando
sa solicitud cuando se encuentran postrados en el le- lleguen
á ser unas señoritas nad·1 eabrán hacer que
cho del dolo1 , abatidos por las er:fermedadeR d11l cuer , sea de provecho:
acostumbran A e•pPr11rlo todo de
po, y les prodiguen sus consuelos en los sufrimientos sus padres, d~ Russehermanos
y muchaR veces ),asta
del esp!r1tu y el tedio del alma., deb1minculcarles des- del extraño: s1 lle~an á casarse_precipitá~
al espo,o
d11 la mñez los bellos sentimientos del pudor el amor Y lo hacen contraer compromisos 1rnper1ores
A sud
al trabajo y á la virtud, alardeanao slemr,re·'con can- . fujlrzas, sólo por safüfacer RUR caprichos; descaradadorosa modeetia.
demol'trarán. R_u disgusto por los trRbajos doUna educación demasiado descuidada y tolerante, ment11
mésticos; serán envidiosas y egoístas, y murmurarán

4 -TRAJlll SA!!Tltlll

FIG, 2 - TRAJlll Dlll PIQUÉ

FIG, 3 - TRAJE DEI PAÑO AMARlLLO

EMILIO GrnoN S.

FIG. 5-TRAJlll PARA NIÑA.

�Oomln¡¡!'G 3l de Jul;o de 1898

EL MUNDO

100

denuncian mis leales primorl's. Tú acechas, tú aco·
mt:tes sin dar la cara A tus victimas, q11e agonizan
maldiciéndote porque hieres y no curas, porque ma•
tas y no mueres.
-Calla, to11ta. que tires del engaño em_blema. Mira
tus vivos colores; polvo vano que en mis manos se
deshace, asl t os halagos, asl los giros bellos con que
facinas las almas ingenuas
-Razó n tienes, rHpaz ladino Mi belleza es polvo
si la palpan. En cambio, si tú tocas lo~ corazo1:1es, l_os
conviertes en llamas v l11ego en ce111zas. DéJame 1r,
que á nadie ofendo. Yo no iré á denunciar tu Kcecho,
pero si á las zagalas Ancuentro les diré. 11 011,zadorcitl\8 de mariposas, segidme. que eo_v la tlmida iJuijión.
Huid del Amor, q11e t1s audllZ y traidor"
N.

FIGS.

10 Y 11-DOS MODELOS

BOLET

TOMO U

MEXICO, AGOSTO 7 DE 1898

PERAZA.

DEI JACQUETS

RIFA DE MUJERES

FJG, 7-Tll.AJ"l!I DE CICLISTA

Es por dl'máe curiosa la costumbre que cay en al~unae_poblacioutie de la provincia de Smoleoeko, del
1mper10 ruso.
· .
Cada ti;es meses se escoge una joven bellR r, virtuosa con objeto de rifarla; se emiten 5,000 billetes
de á rublo cada uno, 11. loe que tienen derecho los jóvenes y viudos de la población y de las localidade11
vecinas
Hecho el sorteo, el agraciado puede casarse con la
joven ó ceder sus derechos á algún amigo
Aei mismo la rifada puede rehusar al favorecido
por la suerte.
La joven recibe loe 5 000 rublos que produjo la rifa
como dote, y en l'l caso de que no se verifique el en•
lace, se reparte la mitad á cada uno y en paz.
Por lo general lns jóvenes rifadas aceptan como marido al dee:gnado por la suerte, siendo esos matrimonios un modelo de felicidad conyugal.
FIG, 9-TRAJE SASTRE

Lectura para las da'Dlas

EL SERVICIO DOMESTICO
LOS QUE SUBEN ·y BAJAN

Una gota de agua que babia eet11do millares de
años con 1: e demás en un 111~0. sintió de pronto que
se transformaba y adquiría ligereza extraordinaria.
Estaba evaporándose.
-¡Tengo alae!-dijo flotando sobre el lago-Adios
amigas Ya babia presentido muchas veces que mi
naturaleza era distinta de la vuestra. Voy II las altu•
rae, al pala de las nubed y de las águilas. Ya no nos
veremos más.
.-:-No te enorgullezcas-le dijo otra gota que habla
VIaJado mucbo.-Yo be estado en esas altas regionl'e
y sé que no se permanece en ellas mucho tiempo. Pide á Dios que cuand" caigas, quizás hoy mismo, te
deje volver á e~te lago tranquilo. Eres como todas
nosotras: un poco de calor te eleva; un ligero enfriamiento te hace descender.
-Aunque eso sea-repuso la soberbia partlcula de
vapor. Hil. llegado mi época feliz.
-¿Quién sabe? Acaso esta.a destinada á hundi.rte en el terreno y encerrarte para siempre en una
cueva obscura.
.
Algunos días después, la gota, condensada, caía
sobre una hoja, resbalando por ella temblaba, resi~tiéndose á deepnmderRe.
Venia de loe cielos: iba fatalmente á rodar sobre la
tierra.
FElRNÁNDEZ BREMON,

AMOR E ILUSION

Quieta te has de quedar, voluble alada; le dice el
niño: aleve á la traviesa mariposa. ¡,A qué ir de flor
en flor diciendo á torlas que las amas, para luego dejarlas engañadas y tristes?
Y la mariposilla, irónica. le responde:
-Dame, nifio tu constancia; dame tu quietud, dame
tu fe. Sentado estás en el brocal de esta fuente, aguardando á las zagalas l!encillae que no han amado para
herirlas en el corazón, una ahora, otra después, y á
todas sin píl'dad. Te finges cingo y no yerraslo~inocentee pechos A que disparas. Yo beso á las flores, tú enloqu11ces á las donctlllaP. Yo vuelo por doquiera y me

FJG 8 -MODEL() DE

PRUIA\"ERA

Qu~janee y con justa razón muchas famili its de la desmoralización que hay e11trt1 los criados. Raro A~, en
efecto, el que cumple honradamente con eu11 obliga•
ciones y que puede llamarse un buen eirvie11te, pnee
generalmente sucede que loe que se ofrecl'n á de1 empPñar el ?fido de cliados. tengan defectos y viciosque constituyen un verdadero tormento para las familias Inveterad.o es el vicio de sisar, dt suerte que
ya no llama la atención y por lo mismo no es á él al
que nos rPferimoe, sino á otros más graves y trafcendentales. Entre la gente de nueftro pueblo no es por
fortuna frecuente l'l rc.bo, pero en cambio son muy
comunes loe caeos de hurto, cometidQe en las casas
casi ~iempre por loe criados, que como no son cogidos infraganti niegan desc1tradaml'nte l'l hecho, y
basta se atreven á amenaza,. con dejar el Jervicio, desuerte que los amos trae de haber perdido su rlinero,
ropa ó alhajas se quedan sin sirvientes. La embria.
guez que los insolenta. loe hace i11eubordinados v
perder el respeto y la obediencia, única cualidad qu·e
conserva la di8c;pfina doméstica; puede decir~e pQr lomismó que es muy raro el sirviente que no es altanero é irrespetuo110 ocasionando disgustos a las familias que por no ver8e pri ;adao de sus servicios tienen
necesidad de sufrirlo con vicios y todo A estos malesdebe agregrrse el más funesto, el más perjudicial. el
que causa más escándalo y del cual adoll'cen las criadas. Cas-i todas ellas eje cen la prostitucióti clande~ti•
na, siendo el vehículo para propagar las enfermedades i'1feccioeas que hacen sus vlctlmae á jóveoes
inexpertos ó poco escrupulosoR quti no temen contraer
tales enfermedades, ignorando fin duda, que mman
su existencia y la de sus descendientes.
No exageramos asegurando que los que se dedican
al servicio doméstir,o constituyen una verdadera plaga social que t~n.emos la desgracia no ya de tolerar
&amp;loo hasta de d1e1mular, puesto que necesnriamPnte
tenemos que recurrir á ella para los trabajos domésticos. Pero si es inevitable, eremos que puede remed_iarse ha~ta donde sea posible haciendo que la autor:dad expida u ... reglamento sobre criadoes y expidié~~olee boletas que sean una garantla para las
fam1hae De este modo, lo repetimos, si no se evitan
Pe remPdian al menos los male, que li"'"ramente
he0
mos señalKdo.

•

EL PRIN01F6 D6 Bl8Mf\ROK
(De una fotograna de Pllartz, tomada en Klsslngen.)

•

NUMERO 6

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93428">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93430">
              <text>1898</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93431">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93432">
              <text>5</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93433">
              <text>Julio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93434">
              <text>31</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93451">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93429">
                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 5, Julio 31</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93435">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93436">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93437">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93438">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93439">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93440">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93441">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93442">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93443">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93444">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93445">
                <text>1898-07-31</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93446">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93447">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93448">
                <text>2017515</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93449">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93450">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93452">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93453">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93454">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1228">
        <name>Almirante Cámara</name>
      </tag>
      <tag tagId="1227">
        <name>Carne</name>
      </tag>
      <tag tagId="1014">
        <name>Damas distinguidas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1229">
        <name>General Nelson A. Miles</name>
      </tag>
      <tag tagId="1232">
        <name>La última noche de la novia</name>
      </tag>
      <tag tagId="1230">
        <name>Pararrayos</name>
      </tag>
      <tag tagId="1208">
        <name>Por un marido</name>
      </tag>
      <tag tagId="1231">
        <name>Tubos neumáticos</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3582" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2224">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3582/El_Mundo._1898._Tomo_2._No._6._Agosto_7..ocr.pdf</src>
        <authentication>56bd117f33d7b673cd37b793d8c1ef3a</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117404">
                    <text>Oomln¡¡!'G 3l de Jul;o de 1898

EL MUNDO

100

denuncian mis leales primorl's. Tú acechas, tú aco·
mt:tes sin dar la cara A tus victimas, q11e agonizan
maldiciéndote porque hieres y no curas, porque ma•
tas y no mueres.
-Calla, to11ta. que tires del engaño em_blema. Mira
tus vivos colores; polvo vano que en mis manos se
deshace, asl t os halagos, asl los giros bellos con que
facinas las almas ingenuas
-Razó n tienes, rHpaz ladino Mi belleza es polvo
si la palpan. En cambio, si tú tocas lo~ corazo1:1es, l_os
conviertes en llamas v l11ego en ce111zas. DéJame 1r,
que á nadie ofendo. Yo no iré á denunciar tu Kcecho,
pero si á las zagalas Ancuentro les diré. 11 011,zadorcitl\8 de mariposas, segidme. que eo_v la tlmida iJuijión.
Huid del Amor, q11e t1s audllZ y traidor"
N.

FIGS.

10 Y 11-DOS MODELOS

BOLET

TOMO U

MEXICO, AGOSTO 7 DE 1898

PERAZA.

DEI JACQUETS

RIFA DE MUJERES

FJG, 7-Tll.AJ"l!I DE CICLISTA

Es por dl'máe curiosa la costumbre que cay en al~unae_poblacioutie de la provincia de Smoleoeko, del
1mper10 ruso.
· .
Cada ti;es meses se escoge una joven bellR r, virtuosa con objeto de rifarla; se emiten 5,000 billetes
de á rublo cada uno, 11. loe que tienen derecho los jóvenes y viudos de la población y de las localidade11
vecinas
Hecho el sorteo, el agraciado puede casarse con la
joven ó ceder sus derechos á algún amigo
Aei mismo la rifada puede rehusar al favorecido
por la suerte.
La joven recibe loe 5 000 rublos que produjo la rifa
como dote, y en l'l caso de que no se verifique el en•
lace, se reparte la mitad á cada uno y en paz.
Por lo general lns jóvenes rifadas aceptan como marido al dee:gnado por la suerte, siendo esos matrimonios un modelo de felicidad conyugal.
FIG, 9-TRAJE SASTRE

Lectura para las da'Dlas

EL SERVICIO DOMESTICO
LOS QUE SUBEN ·y BAJAN

Una gota de agua que babia eet11do millares de
años con 1: e demás en un 111~0. sintió de pronto que
se transformaba y adquiría ligereza extraordinaria.
Estaba evaporándose.
-¡Tengo alae!-dijo flotando sobre el lago-Adios
amigas Ya babia presentido muchas veces que mi
naturaleza era distinta de la vuestra. Voy II las altu•
rae, al pala de las nubed y de las águilas. Ya no nos
veremos más.
.-:-No te enorgullezcas-le dijo otra gota que habla
VIaJado mucbo.-Yo be estado en esas altas regionl'e
y sé que no se permanece en ellas mucho tiempo. Pide á Dios que cuand" caigas, quizás hoy mismo, te
deje volver á e~te lago tranquilo. Eres como todas
nosotras: un poco de calor te eleva; un ligero enfriamiento te hace descender.
-Aunque eso sea-repuso la soberbia partlcula de
vapor. Hil. llegado mi época feliz.
-¿Quién sabe? Acaso esta.a destinada á hundi.rte en el terreno y encerrarte para siempre en una
cueva obscura.
.
Algunos días después, la gota, condensada, caía
sobre una hoja, resbalando por ella temblaba, resi~tiéndose á deepnmderRe.
Venia de loe cielos: iba fatalmente á rodar sobre la
tierra.
FElRNÁNDEZ BREMON,

AMOR E ILUSION

Quieta te has de quedar, voluble alada; le dice el
niño: aleve á la traviesa mariposa. ¡,A qué ir de flor
en flor diciendo á torlas que las amas, para luego dejarlas engañadas y tristes?
Y la mariposilla, irónica. le responde:
-Dame, nifio tu constancia; dame tu quietud, dame
tu fe. Sentado estás en el brocal de esta fuente, aguardando á las zagalas l!encillae que no han amado para
herirlas en el corazón, una ahora, otra después, y á
todas sin píl'dad. Te finges cingo y no yerraslo~inocentee pechos A que disparas. Yo beso á las flores, tú enloqu11ces á las donctlllaP. Yo vuelo por doquiera y me

FJG 8 -MODEL() DE

PRUIA\"ERA

Qu~janee y con justa razón muchas famili its de la desmoralización que hay e11trt1 los criados. Raro A~, en
efecto, el que cumple honradamente con eu11 obliga•
ciones y que puede llamarse un buen eirvie11te, pnee
generalmente sucede que loe que se ofrecl'n á de1 empPñar el ?fido de cliados. tengan defectos y viciosque constituyen un verdadero tormento para las familias Inveterad.o es el vicio de sisar, dt suerte que
ya no llama la atención y por lo mismo no es á él al
que nos rPferimoe, sino á otros más graves y trafcendentales. Entre la gente de nueftro pueblo no es por
fortuna frecuente l'l rc.bo, pero en cambio son muy
comunes loe caeos de hurto, cometidQe en las casas
casi ~iempre por loe criados, que como no son cogidos infraganti niegan desc1tradaml'nte l'l hecho, y
basta se atreven á amenaza,. con dejar el Jervicio, desuerte que los amos trae de haber perdido su rlinero,
ropa ó alhajas se quedan sin sirvientes. La embria.
guez que los insolenta. loe hace i11eubordinados v
perder el respeto y la obediencia, única cualidad qu·e
conserva la di8c;pfina doméstica; puede decir~e pQr lomismó que es muy raro el sirviente que no es altanero é irrespetuo110 ocasionando disgustos a las familias que por no ver8e pri ;adao de sus servicios tienen
necesidad de sufrirlo con vicios y todo A estos malesdebe agregrrse el más funesto, el más perjudicial. el
que causa más escándalo y del cual adoll'cen las criadas. Cas-i todas ellas eje cen la prostitucióti clande~ti•
na, siendo el vehículo para propagar las enfermedades i'1feccioeas que hacen sus vlctlmae á jóveoes
inexpertos ó poco escrupulosoR quti no temen contraer
tales enfermedades, ignorando fin duda, que mman
su existencia y la de sus descendientes.
No exageramos asegurando que los que se dedican
al servicio doméstir,o constituyen una verdadera plaga social que t~n.emos la desgracia no ya de tolerar
&amp;loo hasta de d1e1mular, puesto que necesnriamPnte
tenemos que recurrir á ella para los trabajos domésticos. Pero si es inevitable, eremos que puede remed_iarse ha~ta donde sea posible haciendo que la autor:dad expida u ... reglamento sobre criadoes y expidié~~olee boletas que sean una garantla para las
fam1hae De este modo, lo repetimos, si no se evitan
Pe remPdian al menos los male, que li"'"ramente
he0
mos señalKdo.

•

EL PRIN01F6 D6 Bl8Mf\ROK
(De una fotograna de Pllartz, tomada en Klsslngen.)

•

NUMERO 6

�102

LASEMANA
SUMARIO-Mendicidad latina y mendicidad anglo-sajona.-ProceHmiento oratorio y procedimiento ejecutivo.-Dos razas y un abismo.-Cubierto adicional en
todas las meiall.-Rapto y atrapamiento.-Una pianista enamorada.-Escuela de cadetes.

EL MUNDO
Ante procedimientos de esta índole se estrella
nuestra oratoria, se despista nuestra dialéctica;
el anglo-sajón, que tiene el buen sentido de no
hablar, tiene el talento de no escuchar y no nos
queda más que uno de dos recursos: llamar al
gendarme, cosa que importuna nuestra pereza, ó
bien, y esto es lo más práctico, poner de hoy en
adelante un cubierto suplementario en nuestra
mesa.

*

Domingo 7 de Ago8to de 1898
mentos de la historia de la humanidad v al arquitecto para remontar hasta los orígenes de los tipos primarios derivando de ellos inspiraciones para la moderna construcción.
Dice el señor Salazar: "ea la actualidad nada puede hacer producir ni dará luz una arquitectura completamente nueva, enteramente original, puesto que
no hay por ahora ninguna raza nueva que traiga un
sentimiento que interpretar, desconocido actuah;nente. Lo original, lo inventado, lo nuevo, si se produce,
está conc11bido con elementos preexistentes, siendo
incueationab'e qu~ nada st1 puede crear de la nada.'•
La arquitectura de un pueblo no es un producto
aislado y ~in relaciones con la vida y costumbres de
la sociedad: resulta del temperamento de la raza y de
las condicior:e¡; especiales e'l que se desarrolla ese
pueblo dentro de su medl 'l, Si las condicienes localesdel medio no varían, es lógico que todos los países
constituyan con elemento~ é inspiraciones de los diversos periodos d_e su arquitectura un ~stilo propio
moderno por medio de una transhrmacrón sucesiva.
é insensibles trausiciones.
Es mauifiesta la afinidad de las antiguas construcciones mexicanas con las del antiguo oriente; los monumentos de Yucatán, Chiapas, Oaxaca, etc, traen á,
la memoria los de Egipto y Asiria, y con su riqueza
exuberante pueden proporcionar los elementos de
una ornamentación fecunda y flexible Los grandes
muros incrustado~ de ~eandro8, relieves y geroglificos-labores prec1osis1mas-de los fastuosos edificios
de Uxmal, Kabah_y Chicheultza,son elementos originales para formar nuevos modelos dt1 una arquitectu•
ra ti pica nacional. 'l:n esta parte de su estudio pasa el
autor del terreno abstracto al concreto, de la teoiia
á la demostración aduciendo tres ejemplos que son:
l. 0 el monumento conmemorativo de Cuauhtemoc en
el Paseo de la Reforma, obra del señor Francisco M.
Jiménez; 2 ° el pabellón de México en la Exposición
Universal de 1889, del arquitecto Don Antonio M Auzit con la colabura-:ión del Dr. Antonio Peñafiel y
3.0 un proyecto para el mismo edificio he•:ho por ios
señores Vicente Reyes, José M. Alva y Luis Salazar.
El monumento de Cuahtemoc, acaso el menos puro
arqueológicamente, de los tres mencionados, está sin
embargo lleno de vida y parece que surge naturalmente del medio deccrativo que lo rodea: desde luego se vé que ese y no otro alguno debe ser el género
arquitectualque cuadra con la calzada y con los opulentos ramajes de los árboles que le dan sombra.
El Pabellón Mexicano de la Exposición de París
que todos velan con curiosidad-y en el q_ue sin duda
nadie habría parado mientes si hu bien sido concebido en el estilo neo-clásico,-fué una aplicación del arte tlahuica, ostentaba.el simbolismo del teocalli 1 reproduciendo integro el lineamiento exterior y la silueta
del antiguo tipo monumental.
El otro proyecto era una aplicación habilisima de
los elemen~o~ :lrquitecturales. de1Palll1:lque y de Mitla
para un ed1f1c10 que respondiese á exigencias exclusivamente modernas.
Estos tres ensayos de arquitectura nacional son por
demás signtficativos, son tres soluciones distintas de
la ecuación teórica desarrollada y documentada por
el Sr. Salazar en su estudio. Pero ¿por qué esa ecl.ación no ha tenido un número infinito de soluciones?

**
Para medir la profundidad del abismo que seU na pianista enamorada no es un fenómeno
para las razas latina, si es que la hay, y anglosajona, basta un botón. Todo el hombre, decía extraordinario y á la inversa el hecho es igualun pensador, está en cada uno de sus actos y lo mente real: no conozco, en efecto, una enamomismo se disciernen el pensamiento, el carácter, rada que no sea más ó menos pianista. Amar, llolas propensiones y los ideales de una raza y de rar, suspirar; fundir en otra la propia existencia,
un pueblo en las proezas de su historia, en la es- darse cita dos almas en el idE&gt;al, ¿qué significa, á.
tructura de sus instituciones, en las formas y pro• qué ccnduce, de qué sirve si no se está en capacidad
cedimientos de su literatura y de su arte, que en de ejecutar al clave en los ratos de melancolía
su vestido y sliste,nto, en sus usos y costumbres La Stella confidente ó no se puede acompailar en
familiares y basta en la forma en que practican tono menor aquello de
la mendicidad.
Soñé y o un ángel
Cuando un latino, y especialmente-un mexicaDe luz cubierto ....
no, y particularmente un indígena, tiene hambre
ó necesita dinero para pulque ó mezcal, aborda á
No bien, pues, una mexicana se ·e namora, coun transeunte, se reviste de un aspecto de,doloro- mienza para los vecinos el tormente; se sienta al
sa compunción, baja dulcemente los ojos y en tono piano, comienza á sacar de oido el vals lánguiplaftidero, casi en canto de letanía, comienza: Ni- do que bailó con él, la danza palpitante á cuyo
fi.ito, por los buesesitos de su madrecita y las ce- compás le declararon su atrevido pensamiento, el
nizas de su papacito, por lasnifütas, por los siete acompañamiento de M'amasti mai! deNonm'ama
dolores de María Santísima Virgen, por la Divina piu! ó más simplemente de T'amo ....
Infantita, por el Santo Nillo de Atocha, un centa viSi la cosa apura, se toma UQ profesor y van á
to para mi pan! Dios le dará á usted más, la Di- medias Kramer y Tosti, Bertini y Tito M:attei,
vina Majestad se lo pagará, las santas ánimas ben- Eslava y Alejo Infante. Y dan las diez, las once
ditas se lo agradecerán! Niño, por vida suyita, y las doce, y la niña al piano y los vecinos en peun centavito! ..... y así sucesivamente durante pitoria.
diez kilómetros. Si obtienen, nueva letanía y acEsto es lo habitual, lo general, y repito que no
ción de gracias interminable y pegajosa como hay que asombrarse de ello. Pero lo que sí sale
lombriz solitaria.
de lo común, lo que puede consolidar la gloria
Esta invocación á toda la corte celestial, esa de cualquiera pianista y crearle una fama de otro
avanlancha de diminutivos que va hasta formar- género é igualmente ruidosa que la de su habile uno ad hoc al pronombre posesivo suyo, esta lidad dactilea, es vestirse de hombre, abandonar
humilde cantilena susurrada casi sin voz, descu- el hogar patP.rno y emprenderla á San Luis con
bren el temperamento oratorio, suplicante y com- un cadete. Este plan abortó por completo; el conpasivo de la raza y revelan la fé en el discurso,
fidente, un. confidente con moralidad y sentido
la confianza en la palabra, la convicción de que común (!) dió el soplo á los papás de la.s dos fugila compasión y el sentimentalismo excitados son tivas, porque eran dos y las dos evidentemente
el móvil de la conducta latina y de que el verbo pianistas, y raptores y raptadas fueron sorpreues el primer motor de toda la actividad de una didos y reintegradas éstas á su domicilio con gran
raza. El corazón y el espíritu latinos son volca- contentamiento de padres, tutores y superiores
nes en actividad, calderas en ebullición, pero que
gerárquicos.
tienen un cráter: la boca, y una válvula de seguEste idilio manqué me sugiere la filantrópica
ridad: la lengua, por donde se escapnn las lavas idea de aconsejar á las pianistas enamoradas, es
y los vapores; una vez que hemos hablado, re- decir, á todas las pianistas, que en 111ateria de fu•
cobramos la calma, la tranquilidad del espíritu, gas no cultiven sino las de Sebastian Bach, que
En el mismo Congreso de Amerieanistas al que nos
la serenidad de nuestra conciencia: hemos cum- no practiquen otras escalas que las cromáticas y· hemos referido, decía enfaticamente Don Teodoro
plido cc,n nuestro deber. Hablar nos dispensade
las naturales, que no tengan más aspÍ'raciones Juárez hablando en pura lengua nahuatl: .. . . "Solo
obrar; cuando hemos dicho lo que queríamos, ya que las indicadas en la pauta, que hagan silen- México, por no sé qué maldición del cielo, no ha tenido quien fomente su lenguaje, desarrollando y culpodemos prescindir de lograrlo.
cios completos cuando se les propongan raptos y tivando la lengua azteca, dulcísimo idioma de los meToral, después de haber dicho que la, palabra
calderones prolongados mientras la dominante xicanos" ... .
rendición no se conoce en el diccionario castellaLit misma fatalidad persigue á la arquitectura abono resuene en la Vicaría ó en el Registro Cino, ya no tuvo necesidad de batirse y con ese
rigena; porque si es muy larga la serie de los monuvil.
mentos arqueológicos, es pobre en extremo la de los
rasgo oratorio y con echar d$lspués ln culpa á la
Siguiendo este método que podía !!amarse de la arquitectónicos. Lord Kingseorough, Waldeck Dufatalidad, ya podfa rendirse sin esc1•úpulo; había
perfecta pianista enamora.d a, no tendrán que te- paix, Chamay, etc. fueron analista¡¡ de las ruina~ mecumplido como buen latino.
mer nada de sus amados padres ni de la moral xicanas; pero aún no ha habido [quien haga grandes
Lo más florido y granado delaguerrabispanosintéticas de los antiguos v1istigios
indignada, ni correrán el peligro de fundar ·es- . reconstrucciones
discifrados por aquellos.
amer:cana, por parte de España, han sido los edicuelas de cadetes en vez de propagar las buenas
Si México hubiera tenido un Vitrubio ó un Vignola.
toriales de los periódicos, los discursos en las
c_ue con el auxilio de las indagaciones arqueológicas
cortes, las proclamas de los Almirantes y de los escuelas musicales.
Por lo demás, todo acabará bien y el cura no coordinara y clasificara sus resultados, componiendo
Generales, terreno fecundo en que las papas frucun tratado, una gramática de aquellas formas arquitardará
en marcar un compasillo lento sobrelasca- tecturales,
cuántas derivaciones, cuántos números se
tificaron y se multiplicarou como la semilla del
formarían con las unidades y elementos esparcidos y
tibico. Después de haber hablado ¡que más daba bezas de las pianistas y las de sus adoradores.
aún no·catalogados! Antes deque sehubif senacumulavencer ó ser vencido!
LOPEZ l.
do en un Gran Museo Nacional todos los tesoros arVolviendo á nuestro tema: Cuando un amequeológicos mt1xican, s,-con un procedimiento sabio
en demasia-á muy pocos era dado estudiar las prericano tiene hambre, busca una casa de bueciosa~ ~uinas del pais y eso á costa de largos y penona apariencia, aspira desde la calle las emasos VUIJ6S.
naciones culinarias que de ella se desprenEl mundo de los estudiantes de historia y arquitecden; hecha su elección, entra resueltamente, sube
tura conoce y aun está familiarizando con las ruinas
del Acrópolis de Atenas, pero quién há visitado ese ot1o
las escaleras sin saludar al portero, llega al coAcrópolis occidental de Yucatán?
medor, suelta apeni.s un « ••. d m01·ning!» lacónico y
El Ingeniero D. Luis Salazar acaba de publicar una
Los vestigios verdaderamente originales de la ardespreciativo, toma asiento, se sirve y devora en memoria
que había presentado a! Congreso de Ame- quitectura griega_ son bien pocos; los iniciados los asilencio la comida del amo, y una vez satisfecho, ricanistas y que tiene por titulo "La Arquitectura y ben y saben también, que casi no hay dos ejemplares
se retira dejando á la familia sumida en la más la Arqueologia.11 El estudio del señor Salazar es muy d(: la t~ab~zón corintia ó de la base áti~a. Las mil y
profur;ida de las estupefacciones. Esto es rápido, si- ínteres¡¡nte porque señala nuevos rumbos á la arqui- mil aphcacrones de esas formaii son derivaciones dedel porvenir y dilucida con éxito la siguiente bidas á la propagación clásica y literaria quede ellas
lencioso y práctico, como todo lo que es sajón; tectura
tesis: 11Si México ha visto nacer y morir una arqui- se ha hecho, al constituirlas en ley-es y reglas teóriesta raza va derecha á su fin y pone la mano so- tectura llena de originalidad, es posible resucitar en cas. Y podrfa afirmarse que el numero de vestigios
bre su objeto con lafirmeza con que el balcón cla- nuestro país formas arquitectónicas eminentemente auténticos de la arquitectura helénica no es con
',_
mucho superior á los restos del arte de los mayas .
va su garrs. enlapaloma.Desdeftosoelsajóndelas nacionales."
El autor trata la cuestión teórica y prácticamente.
Esto no siO'nifica de ningún modo que la perfección
figuras 'de retórica, de los tropos y artificios de Afirma
que asi como la arquitectura antigua auxilia la intensidaa estética de la arquitectura helénica puela oratoria y de la poética, menospreciando al eficazmenie á la ciencia arqueoló¡~'ica,, la arqueolo- da compararse con las formas trapezoidales de UxDios Logos y tributando culto al Dios Opus, lle- gía á su vez puede ser un factor de importancia para • mal.
Tal comparación corres~onde á otro orden de ideas·
ga, ve y vence, devora nuestro alimento, consu- el arquitecto moderno. El análisis de los monumentos
antiguos es una fuente de reminiscencias sugestivas: pero no perjudica á la tesis de nuestra estudio coX:
menuestrovino y seretira conun «••• dbay!» instan- la
interpretación de los diversos estilos y su corre- la cual se demuestra que asi como existe, por eje::Oplo
táneo, devorando de paso en la despedida una lación con las formas sociales de la época que los un arte árabe, bien determinado en sus formas típi:
palabra entera, como lu hizo en el saludo.
produjo, sirven al arqueólogo para descubrir los ele- cas irredu~tibles y susce¡,tible de indefinidas, mttg-

~a arquitectura nacional

103

EL MUNDO.

Oommgo 7 de Agosto de 1898,
nffícas derivaciones, del mismo modo deberla de haber un estilo mexicano con toda una seri11 de aplicaciones posibles.
Objétase principalmente á estit resurrección que el
gusto estético y las exigencias de la vida. moderna,
son esencialmente diversas del gusto y de las necesidades que privaron en los tiempos remotos; pero esta
objeción no tiene fuerza, pues aunque las condiciones
sociales y los usos del tiempo de Pericles, difieren de
los del tiempo presente, por una serie de transformaciones sucesivas, se ba llegado de las enormes columnas dóricas del Pa1·tenon al simple t1nlazamiento toscano que informa las columnatas de los patios burgueses.
Y en lo que se refiere á la adaptación de las formas antiguas al gusto moderno, sin salir de los ejemplos indicados, pregnntamos ¿quién hay que al pasear
por la calzada de la Reforma no pretiera el monumen
to de Cuaub.temoc al de Colón,-éste, de gusto académico moderno. aquél, inspirado en el antiguo estilo
de los mexica?
***
De algún tiempo á esta parte vuelve á debatirse en
las revistas europeas la cuestión de "la Arquitectura
del porvenir." La revolución del sistema de conHrucciones es un hecb.:, consumado: se ha introducido definitivamente la armazón de hierro y acero, del mis-

Las columnas, los frontones, las balaustradas, etc.,
quedarán para los edificios monumentales de cará~ter err.inentemente público: lo demás será una arqut•
tectura, por decir asi, de incrustación puramente de
curaóiva.
El arquitecto del porvenir que pondrá una ·colum•
nata en el segundo piso sin sost,mes en el primero
-aunque esté apoyada en cariátidt1s aladas ó sin
alas,-provocará á risa, como quien quisiese )?ll\ntar
una fila de plátano~ mucho mts altos que el nivel de
la calle, suspendidos ó sostenidos con vasos de la al ·
t ura de un primer piso.
La arquitectura 11t1l futuro deberá, pues, abandonar el engrane clásico que no tiene ya razón de ser
más que para determrnados Adificios; deb&lt;&gt;rá libertarse de la imitación de un estilo dado en su cenjunto; deberá atenerse al puro esplritu decorativo del
mismo. desarrollando 1011 puros elementos originales.
Hasta hoy se ha procedido de lo general á lo particular, del andamiaje á las formas ornamentales, y será
preciso hacer todo lo contrario.
Y aquí surge naturalmente la pregunta: ¿seria posible redimirse de los antiguos estilos y buscar moti·
Ji.OS nuevos fuera de aquellas fuenttos de un arte palado y muerto?
·
Mas es negittiva la respuesta, pues lit arquitectura
se repliega sobre si misma, valga la frase: la pintura
y la escultura tienen por modelo, por fuente de ina·

yectando sus reflejos so~re los futu~os ed~ficios de
ladrillo acero y mayóhca. ¿Qué d1ferenc1a habría
pues. e~tre formar el ti¡ o decorativo con elPme~tos
árabes, griegos, egipcios, ó con los del a_rte tlahuica?
En tal virtud pod·án renacer las creacroneij exube·
rantes de los siglos olvidados y de lo~ primeros ingenieros aborlgenas. Y México podrá asi ~norgull_ecerse con justo titulo de no _pedir prebta das msp1rar1?nes
para sus monumentos, smo que tendrá una propia y
verdadera arquitectura nacional.
ADAMO BOARI

Jolitim {jttttral.
La muerte de Bismarck.

Después de ochenta y tres aftos de luchar y
combatir con sus ideales, a(',aba de extinguirse
una gran vida que forma por sí sola. la historia
toda del moderno Imperio Alemán. Bismarck ha
muerto en su retiro de Friederichsruhe, solo, triste,

'.

lo·

O C E A N

.
M

...

A

t fl

O

A

e

TI 1

:\ N

A

R

r

( o

B

.;-

'

....~,.,

E
E, ta

..

1(1.

..

b.wriulros
!O

Croquis de la Isla de Puerto Rico.
mo modo que se sustituyen los puentes férreos á los
de madera y á los de cal y canto, tan costosos éstos, y
aque1los tan provisionales y frágiles. Los muros no
son hechos ya para sostener, sino para ser sostenidos.
La "steel constructión " ha empezado á emplearse en
México, tímidamente si se quiere; pe·o á no dudarlo,
aentro de pocos aiios tendrá toda suerte de aplicaciones en este país. Aparte de las razones de economía y de su mayor adaptación á lo¡¡ usos modernos,
hay una ventaja estática enorme en favor de la construcción de hie~ro y acero por las condiciones peculiares de México, país amenazado constantemente por
las oscilacioneR eeismicas y quizá por los terremotos.
La construcción de ladrillo y acero, por cuanto con
ella se puede hacer de los edificios sistemas rlgidos,
soporta perfectamente las oscilaciones más violentas, reumendo á esta ventaja que ya es inmensa la11
de poder hacerlos á prueba de fuego, "fire froofing.
Ciertamente, si la construcción americana toma auge en -México, esto no quiere d..:cir que arraigue a9.ui
el gusto americano; el sistema de fabricación no tiene que ver nada con la forma estética exterior. Siendo
un hecho que el ladrillo está destinado á suplantar la
piedra costosa y rebelde al labrado. este país, donde
reina el sentido de la ornamentación, podrá á su antojo dar vuelo á sus gustos sin sufrir las restricciones
del torpe cincel.
Una vez aceptada. la "steel and brick constructión,11
debe necesariamente cesar el ordenamiento clásico.

gotable imitación la verdadera naturaleza; la arquitectura, en ca!llbio, tiene por modelo, por inspiración,
por modelo unicamente los productos del mismo arte arquitectónico del pasado.
Aquellos que creen posible intentar una decoración enteramente nueva, realista, sin preocupación
de las formas del pasado, serán escultores d11 rica
imaginación, pero nunca arquitectos. Toda tentativa
en ese sentido ha fracasado.
En la Exposición Universal de Chicago habla un
"Palacio de la Pesca" del arquitecto ! ves Cobb, en
el cual todo el decorado se componía de reproduccioses de la flora y la fauna marina; pero aquellas anguilas enredadas en las columnas, los peces y ranas
agrupados en los éapiteles, nada tenían que ver con
el naturalismo de las hermosas catedrales francesas
de Souíllac y Avallon. Más reciente todavía Bolberg
ha pretendido aplicar en Stokolmo el estilo floral á la
arquitectura: la misma dirección siguió 'vVelgreen en
sus obras decorativas; por ejemplo, en el camino de
piedra en el que hay damas veladas, danzando entre
flores.
Pero todas estas pruebas han resultado grotescas
porque la arquitectura vive de si misma, vive del pa'.
sado, y una vez que se elimine el escollo de la inte•
gración compleja, la dlf[cultad del lineamiento general, el arquitecto del porvenir podrá con mayor
aplomo ?iscernir y_aprOV(:C~ar los elementos simples
de los diversos estilos, asimilar sus cualidades, pro-

rodeado de sus hijos y de sus nietos, y lejos de
las pompas imperiales que lo acompaftaron cuanexplendía en el pináculo del poder.
Su ocaso no ha sido como el del astro rey que
se extingue entrenubes de púrpura que le forman
cortinaje, y mares iie nacar que le preparan su
sepultura. Se ha apagado la luz de su inteligencia en la soledad de su retiro, en el castillo fabricado sobre la dura roca, nido de águila desde
donde desafiaba las últimas ondulaciones del mar
de la política, que iban á perderse al pié de sus
murallas seculares. Él, que guardó en su cerebr"
el pensamiento germánico, que encarnó en su espíritu gigantesco la idea de una patria alemana,
que hizo br otar de su cerebro como brotó Palas
Atenea del cerebro de Júpiter, la gran Germanía
armada y esplendorosa que recibió el homenage
de todos los de su raza, y que casi llegó al apoteosis en vida, cae en el abismo de lo desconocido, provocando el duelo nacional, haciendo aparecer lágrimas en muchos ojos; pero fué tan firme
su obra, tan ruda su labor, tan eficaz su trabajo
al fundar los cimientos del Imperio, al levantar
ese edificio colosal donde, modernos césares ro-

�104

EL MUNDO,

EL MUNDO

Domln2'0 7 de Agosto de 1898

105

,-,..

,.;
CI)

..tid
Q

Q)

,:q

ó
CI)

"d

o

d

"d

..-,4

1-4

m
o____,
;:s

¡¡

.

1

fil

.....m
~

o

a
CI)

arn
·I

;:s
rn
o

"d

=

..,_
=

.....
Q

"d

..tid
Q

~

=
a
.....
l1l

,:q

•.-4

a

•.-4

s

::s
ta
~

.!d
C)

;.e

m

a
U2

•...C

~

�EL MUNDO.

106
manos, se hnllun sent11dos los Hohenzollern, que
no se ha alterado .en nnt.la ni se echa de me11o.s la
falta del gran estadista en el mecanismo guber1iamcntul que dirige solo Guillermo II.

***
Cuando se contempla ern figurn gigantesca que
llena por sí sola :a historia del prPsente siglo en
la gran Germanía, se pueden i,dmirnr sus deli11Paruientcs de titán, sus partes forjadas á martillo, sus contornos ciclópeos, fundidos al fragor de
]As tormentas, sus facciones broncíneas eincelad11s por el rayo de la guerra y la expresión adusta de surostro, modelada eutre el fragor de tod11s las tempestades.
No es Bismnrck un personaje del s:glo XL"'\..
Pertenece á las edades medioevnle3, á los puriodos feudales en que la lucha entre los pueblos
vecinos y las razas comarc,rnas, ern una lucha de
muerte; pertenece á les tiempos en que los burgos se mnnumitfon de los barones, en que los
siervos de la Gleba gemían bajo el duro yugo de
los seilores de horca y cuchillo, en que los margraves defendían á filo de espada con sus mesnadas, su dominio sobre el terruiio; y en que los
burgraves simguinarios, arrollaban ;'t sus rivales
y ahogaban las ;;spiruciones del pueblo y de los
nobles inferiores, en torrentes de sangre a l resplandor de los incendios.
No pertenece Bismat ck á 1a era moderna que f/e
enorgullece con la conquista de todos los deí echos, que se ufana con el parlamentarismo, que
se ennoblece con las libertades, que levanta á
los humildes, que redime á los oprimidos, que ensalza á los miserables, que establece la igualdad
legal entre los hidalgos y los pecheros, entre los
nobles y los villanos; á esta era que ha l1orrado
it golpe de zapa el c¡arcomido edificio del derecho
divino de los reyes, que ha levantado sobre lamermada soberanía de los monarcas absolutos la augusta soberanía de todos los pueblos. No, Bismarck
no pertenece á esta época del jurado popular y
del sufragio universal: pertenece ít la época del
absolutismo. y todas sus miras, todos sus conatos,
todas sus luchas titánicas, toda su labor, las dedicó á la resurrección del sacro romano imperio,
ll!'rebatando para Prusia, lo que los siglos habían
dado á los hjjos de Rodolfo de Hapsburgo.

Difícil seria seguir paso á paso al estadista alemán que acaba de morir, en su grande y gloriosa carrera política; pero se impone de tal maner a su grandeza, tan grande ha sido su significación en la historia contemporánea, que mal que
nos pese, tendremos que bosquejar los hechos
principales de esa vida que nos d11rán á conocer
d carácter indomable del que tuvo á orgullo
llamarse el Canciller de hiecro.
Desde que se sentó por primera vez en los escaftos de la dieta prusiana, ha~ta que, due:flo absoluto de los destinos de Alemania, después de
la victoria en Sedan y de la coronacién de Guillermo I en el palacio de Versalles como Emperador de Alemania, su voz nunca se levantó para
dt:fender los derechos del pueblo. Amigo de los
privilegios y de las prerrogativas de la Corona sobre las aspiraciones del pueblo, siempre opuso el
valladar de su pecho robusto, á la palabra de los
apóstoles de la buena nueva, y á la semilla de los
filósofos que habían depositado en el surco los
gérmenes de una Alemania Nueva, pero protegida por la sombra de la libertad. El choque formidable de las guerras napoleónicas había des .
pertado el espíritu germánico á una nueva vida,
se sentía por todas partes el deseo de respirar
llnevos aires; la ansia de constituir nuevas socied&lt;1des, la sed inextinguible de beber en fuentes
claras, el espíritu moderno. La losa pesada del
feudalismo, había pesado con pesadumbre inmen.
tia sobre los hijos de Arminio, la raza potente y
vigorosa pugnaba por romper los lazos que la
ataban á las viejas tradiciones y, un sent:miepto
general de constituir una nueva patria fuerte y
JJOderosa, era fruto del ehoque más formidable
que había habido entre las ideas dela revolución
que llevaban los soldados franceses con su espada y su fusil, y los sedimentos de la tradición,
que habían formado hasta entonces la vida del
pueblo.
'rodo astaba preparado para la evolución pacífica. La multitud de régulos y príncipes que gravitaban como satélites en torno de la casa de
.Austria, también aspiraban ellos mismos á un

nuevo orden de cosas. Bismarck concibió el pensamiento de recoger todos esos elementos dispersos, de encauzar todas esas fuerzas vivas, de dirigir á uu objeto todas esas potentes energías, y
á la realización de eso que parecía un sueño, dedicó los aflos mejores de su vida.
El Gr1m I&lt;'ederieo, el Rey Sargento, había puesto ~•a los fundamentos de la potencia militar
de Prusia; su monarquía se constituyó en un campamento, su palacio en un cuartel, sus ministros
en oficiales, sus agentes en soldados, su actividad
toda se dedicó á constituir el ejército. Frescos
torlavía y envidiados los laureles de Blucher, era
preciso buscar la grandeza por la conquista; tendió los ojos por t0das partes el director de la política prusiana, y se dirigió contra Dinamarca
que, incapaz de resistir, dejó como trofeos de la
victcria los ducados de Holstein y de Schleswig,
entre las bayonetas de Federico Guillermo. Después de esos triunfos, Prusia quedó dueña del
Bá llico.
La revolución de 1848 que como hoguera resplaud~ciente había estallado en las calles de Pa•
rís, se propagó á Alemania; los pueblos reclama•
ron de la casa de Austria la supresión de la pohtica absolutista de .Meternich, sancionada al
parecer de una manera permanente, después de
los conciliábulos odiosos de la Santa Alianza. L11.
idea de libertad había germinado en la Alema•
nia del Norte, era preciso segregar aquellos do·
minios del cetro de los llapsburgos, para constituir con ellos la joven nación, siquiera hubieran de pasar del dominio austriaco á lahegemonia
prusiana.
Hábilmente el en~onces conde de Bismarck,
Embajador de Prusia en las Tullerías, acalló todas lns suspicacias del tercero de los X apoleones.
Aseguró su neutralidad y en el caso necesario
hasta su misma alianza, con refinada astucia engañó al que entónces se llamaba árbitro de los
destinos de Europa; atrajo á sus filas las huestes
Yictoriosas de Víctor Manuel que luchaban también por constituir una nueva Italia, y venció al
Austria en la terrible y fulminea batalla de
Sadowa.
Ya estaba alcanzada la supremacía de Prusia
sobre los pueblos germánicos; era. necesario que
e3a supremacía se transfigurara en un Tabor, se
engrandeciera con una nueva conquista, llenara
el mundo con el himno de sus victorias, y otra
vez la diplomacia prusiana con motivo de la revolución de Espafla que derribó el trono de los
Borbones y expulsó de su patria á Isabel segunda, obliga á .1:&lt;'rancia á una guerra desastrosa.
Prusia estaba. armada de punta en blanco; Francia entregada á las fiestas del cesarismo. se en•
con traba desprevenida: las jornadas de Sedan y de
i\[etz abrieron á los soldados de l\falthe las puertas de París y el Rey Guillermo pudo ser proclamado Emperador de Alemania en el Palacio histórico de Luis XIV.

Entre tanto, el pueblo alemán deslumbrado
con tantos resplandores de gloria, hipnotizado
ante los fulgores de tanta grandeza creada en pocos aflos, no se cuidaba de ver que cad11. paso dado hacia la unidad alemana, era cercenándole derechos y esca.timándole prerrogativas.
Fundose el Imperi@ Alemán sostenido por la espada de Mo'.tke y la intelig1mcia deBismarck, dióse una constitución que templaba la autoridad
absoluta del monarca teutón, se abrieron las cámaras dei Imperio y la3 dietas del reino de Prusia; pero una nación que se había constituido so•
ore la base de !as glorias militares, tenía que propender necesariamente al cesarismo que apenas
mitigaban las voces de los diputados del Heichstag, que eran ahogadas cor. lus cantos del vivac
en que vivía el Imperio.
La obra de Bismarck estaba concluida. Los primeros aiios fueron dedicados á afirmarla, á sostenerla, á cimentarla en sus fundamentos seculares.
Mientras vivió el viejo rey Guillermo, primer
césar germánico, á su lado estuvo el viejo batallador; imposible romper la comunión del anciano cés&amp;r con fü viejo canciller. Juntos habían
alcanzado el triunfo, y debían estar cobijados
los dos bajo el só!io del Imperio. Entre ellos no
cabían rivalidades, entre los dos eran imposibles
las envidias, juntos impusieron su soberana voluntad en el Congrcrn de Berlín, para hacer pesar por primera vez la supremacía del nuevo Imperio en los destinos de Europa.

Domingo 7 de Agosto de 1898

*

**
Había cumplido su misión el águila deSchoen-.
haussen, ya estaban vigorosos sus polluelos y
podía retirarse á su nido construido en las abruptas rocas.
Después de cerrar los ojos á su augusto compaflero de luchas, el viejo Emperador Guillermo,
después de presenciar el efímero reinado de Fed,erico el Noble, en el que muchos esperaban algo
de reacción liberal¡ pero que llevaba el gérmen
de muerte al ascender al trono, el Emperador
Guillermo Segundo, joven, altivo, orgulloso, anhelando seflalarse y distinguirse de sus progenitores, y dueiio absoluto de su soberana voluntad,
nL1 podía consentirá su lado tanta grandeza, ni
tolerar otra energía más que la suya en la dirección del Imperio.
Bismarck •e retira A su ..:astillo solitario dP Fre drischsrue, desde donde á las veces se dejaba escuchar su voz autoritari.:l., pero á donde iban á
morir, callauas las olas de la política a:emana.
Su misión estaba concluida, pudo envolverse
en su manto de príncipe y esconderse en su TP.•
tiro sin que un momento se conmoviera. el edificio gubernamentol del Imperio. -Desde el punto
en que Caprivi fué creado canciller, Bismarck
babia muerto para la política.
·
Sus últimos aflos son los de un viejo burgués
que se dedica á gozar de las dulzuras del bogaren medio de la opulencia y comodidad que le
han proporcionado los ahorros de su joventud.
A veces se escucha como el bramido dPl león,
se siente el zarpazo de sus múseuloR de acero:
cuando revela á los ojos atónitos de Europ~. que
la alianza franco-rusa en que hoy se apoya el
equilibrio europeo y los partidarios de la p11z, fué ·
arreglada por él en buen tiempo, y la dej&gt;lrou escapar los sucesoros de su viejo compailcro.

***
Tal es la figura de bronce que acaba de caer
en las sombras de lo desconocido. Fundida de
una pieza, modelada á golpes de martillo, se erguirá serena sobre pedestal de granito, proclamando la grandeza de un pueblo que quiere
constituirse, ia. sereuidad de un cáracter indomable en sus aspir'aciones, inflexible en sus destinos.
que camina frío y sereno á la realizacíón de un
ideal.
Que Bisma::ck sirvió :\. la monarquía, puso sus
actividades á disposición del Trono más que á
favor de los pueblos, no importa ;eso no amengua.
su grandeza. Contribuyó á la cristalización de
un gran Imperio, que entra por mucho en el coneier-•
to de los pueblos civilizados, y eso basta para.
que tenga derecho á la inmortalidad.

X.X.X.
.Agosto 5 de 1898.

EL PRINCIPE OTTO VON BISMARCK
Por una extraña coincidencia el Canciller de Hierrl).
murió en las últimas horas del dia que la Iglesia conmemora como aniversario de la muerte ne San I••nacio de Loyola, fundador de la Compañia de Je~ús.contra la cual sostuvo Bismarck la más ruda camp11ña..
de su hrga exidtencia de batall11dor. Bismarrk y Loyola, separados como están por abismos profundos
tienen un punto de contacto: si aquél fué el palad1t.:_'
del derecho divino de los reyes contra los derechoR
del pueblo y éste eostuvo con tezón la supremacla deL
Pontificado sobr11 los reyes y emperadores, ambos.
co1..isagraron su vida á un lema semejante "absoluta.
sumisión á un jefe, llevada hasta el extremo de diri•
gir eu conducta para hacerle adquirir una suma mayor •le poder "
Bismarck nació en un pueblo de Prusia el dial.º de
~bril de 1815, algunas semanas antes de que llega.ra
as~ ocas!&gt; en ~aterloo, la estrella de Nap••león. En.
su mfancia lo mismo que en la Universidad en laquepa,ó los primeros años de su juventud. el 'futuro di-plomático rePpirabacon el aire el esplritu de reacción
contra las afirmaciones de la causa popular. com11cuencia ln!llediata de la caí-la del Emper11dor. Et
p~dr~ de Bismarck er!' un hidalgo prusiano, oficial del
eJérc1to que pronunciaba con más reverencia la palabra rey qne la palabra patria, y asi no es de extrañar quela "Voelker l!ruehling" (primavera de los pueblos) no iluminara el espiritu del joven alemán sustraído por completo á la influPncia liberal del ~Ppiritu fI ancés importado á Alemania y aclimatado alli durante la efímera dominación napoleónica.
E~uca_do como los nobles de su tiempo, @u vida uni-versttaria no salia de los clrculos aristocráticos que
repudiaban los idealPs republicanos de algunos de
sus pr~feso~es; siguió_ la carrera judicial y luego la.
adm1mstrat1va, al servicfo del Estado pensillno después de haber desempPñado sus deberes milita/es en..
un regimiento de arisiócratas.

Domingc 7 de Agosto d11 H,~

107

EL MUNDO

como premio á sm serviSe hizo cargo de la posecios, la diguidad de_Duque
sión que tenta por su pade Lauenburgo.
dre en Shoenhan~t&gt;n, lugar
Desae entour.es vivió el
de su nacimiento, admi•
Príncipe de Bismarck e1t
nistrando esa tierra, y á los
su retiro, sin tomar parte
treinta y dos años entró
en los negocies públicos, los
á la vida politica como
que sin embargo no podfau
miembro de la A,amblea
&amp;erle índifer11ntes al autor
provincial y desde luego
del Poder imperial alemán,
llamó la atención por su~
cuyo jefe reinarite, sintiénexageradas teu denci a~
dose fuerte y capaz de
r e11ccionarias
o &gt;rar con independencia,
Protestó enérgicamentP
d'ó de @ano al Jea! servicontra la idea, tan cara A
dor de su abuelo Guillerlos corazones alemanes, de
mo T.
que la emancipación poNo se obscureció Bi~litica fué el objeto del 11-'marck en su nueva vida ni
vant»miento popular di-'
dejó de ser por un momen1813 loU&gt; é insistió en qutto el que babia Rido duranloa prusianos comt-atierou
te el periodo activo de s ,l
pr imero por su rey y en seexistencia,--un hábil diplogundo lugar por la patria
ma tico capaz de revolucioLa historia verá en aqu, lh
nar el mundo entero con sus
iniciación ¡,olftica d11l esta•
manejos sutileF;-más dti
dista la clave de la obra de
una vez se estremecieron
toda su vida.
pueblo. parlamento y sobe•
Durante la época revohtrHno con, Bus inte1tcionacionaria de la insurreccióu
das revel~cionPs, alg-u11as
contra los reyes y prlnci
de ellas verdaderas indid ·
pes alemanes mantuvo la
crecionee.
m1sma 11ctitnd anti-libe
Ahora que su vida se ha
ral clamat1do contra tal mao' extinguido pasan 11us hPclpaciÓJl del pueblo. Sostu•.
chos y su nombre al dom'vo con firmeza que la mo
nio de la historia,-!.. Ju~tinarquia era la única forciera, la Implacable. Ella
ma de gobierno acPptab lP:
medirá su talla y apreciaujamás se inclinó su espiri
do la moralidad de su obra
tu II nte el principio de la
dirá friamente lo qúe fué
soberanla pop11lar.
para su p11tria, para su siEl año de 1851, su rey 1,,
glo y para Europa ese homconfirió un cargo con el
bre extraordin11rio.
que asumla la. repr111111n
tación de Prusia en el Go
bierno de lll. Confederación
Alemana. Hizo rápidos pro
Croquis de la
g resos en 11u carrera diplo
Isla de Puerto R i&lt;'o
mática. Reconociendo I a
debilidad de la Conleder:.Las operacioneq del Geción tuvo el proyecto d,·
neral Miles en la I~la de
aprovecharla en benPfici"
Puerto Rico continúan á
del r eino de Prusia dPI qu11
pesar de lasnegociaciones
quiso hacer una nación pode p11z entablada1;1 entre el
derosa para que se aduc Presidente Me. Kinle.v y el
ñara de la hegarmonía d ·
Sr. Camben, l\liniPtro do
los paises germánicos y lll• ·
Francia en Wuashington
R"ara por último su rPy á
y actualmente PlenipotenEmperador hereditario.
ciario de España y su reCc,n estos propósitos en·
presentante en las confetró al servicio dela casad!'
rencias diplomáticas de la
Hohenzorlern, y nunca 11e
Casa Blanca.
ha visto un ag11nte má~
Y dado que las hostilidal11al ni más empeñosa que
des se suspendan, para liien
Bismarck por el engrande
de los paises contendientes
cimiento y poderlo del so•
y de la humanidad, el ma•
berano á cuvos intPr"'~e~
pa que aparece en nuesconsagró su eiistenciB. D ·• tri¡. tercera plana será de
empeñó su ~apel con tan11Uma utilidad á los 11,,ctores
to ahinco que á veces ~"
de "EL l\frNDO ILUSTRADO,
desentendía de la voluntad
para que sigan los acondel rey y aún la contrariatedmientoe, mi litarrs ó de
ba en pro de los fines lle la
El Príncipe de Bismarck en la Estación de A.uhalt en Berlfn.
otro orden, que ha~au de
din astía.
[De un cuadro ori;¡lnal de Fritz Werner]
desarrollarreen la hermosa
El año de 1862 ocupó un
isla antillana.
puePto distinguiuo en el
gobierno prm,iano al que habla representado como neral cuando loa ejércitos alemanes pasaron la fronembajador en San Petersburgo y Paria. Ya se habla. tera; celebró con el Emperador Napoleón la conferenEcos de la guerra
preparado para su obra magna y con toda la ,mer~ia cia de Frenois después de Sedán; trata con Favre en
de su carácter y la fuerza de su inteligencia. auxilia- FerriereR. imponiendo al representante dfl la "Defensa
La lectura de los sombrios despachos de la g-uerra
dos por su vigor flsico extraordinario, empezó la ca- ,Nacionnl 11 condicionPs quP hacían la ¡;az imposible. y y l:l impresión que esa. lectura ha causado en Esp,tña,
rrera de ePtadista que pocos como él han sabido se- por último, hacA en Vtirsalles la coronación de Gui- Pugiere á los artistas de dos publicacione11 peniu~uR'Uir, venci11ndo dificultades inauditas para coronar- llermo, Rey de Prusia, como Emperador dinástico do 1» res los dibujos que por artisticos, inspirados y sigAlemania. firma un armi~ticio y los preli:nin&amp;res de nificativos, rt,produce hoy nuestro Semanario
la con el éxito más completo de sus planes politicos.
Su primera tentativa consistió en debelar á los re• la paz de VPTsalles v el tratado definit;vo de 1 rancInútil Pxnlicarlos. El comentario huelga donde hay
preRentantfl~ di&gt;! pueblo con el fin de robustecer la fort cuy1111 ratificaciones fueron canR"eadas el 20 de tal intensidad de expresión artística.
r egia autoridad, y para lograr su intento, hizo que se Mayo de 1871 Entre tanto la gratitud de su s,1berano
Al r!'unirloR en una composición nos propusimos dar
le dies3 gran importancia á los elementos militares le dispensó el titulo de Principt1 y una dotación con- ánuestros lerto res una impresión de conjunto que redel gobierno. Cuando los medios normales eran ine• siderable.
sulta admirable, pues los cuatro grabados se cumplef.caces, h&gt;tcla s11spender la Constitución y gobernanVencida Francia, los esfuerzos de Bismarck tien. tan acentuando lo que cada uno de ellos dicP; muda
do sin curar8e de los derechos del ¡.,ueblo para decr11- den á lograr un aumento constante del e1é:cito ale- y patética historia de un duPle nacional! quien vea
tar por el voto de sus representantes los gastos pú- mán, suRcitándose con tal motivo grav11s conflictos con atención esa plana de nuestro semanario comblicos. pasaba por sobre la oposición liberal y su entre el Canc.ller y el Parlamento. A fin de no verse prenderá á fondo la realidad de la actual situacióu
dictadura no respetaba ni aú11 los fueros de la no- obligado á sostener anualmente una lucha contra las del pueblo ibero y laR calamidades que lo entristt&gt;cen.
blPza.
Los originales d11 donde tomamos nuestro graba.do
resistencias parlam11ntadas inicia la combinación llaDesatendiéndose del aspecto amenazador de la opi- mada .~eptenato según la cual, el prl'supuesto militar valen mucho. por el art11 y la Pjecnción técnica de lo~
nión del pueb,o prusiano, inició si¡. politica agresiva se vota por periodos de siete años Despué~ de la cri- grabados de "Blanco y Negro" y "Barcelona Oómica, 11
contra el Austria y los Estados alemanes E¡ue preten• sis de 1887 disuelve el Parlamento y el que le sucede, el público dirá si han desmerecido al pasar á nuesdfan favorecer 11us intereaes en la Dieta, jugando con vota un a11mento del efectivo dPI ejército en tiempo tra publicación.
tal habilidad que de11poseyó á Dinamarca de los du- de paz. Ohtiene lai, leyes militares mostrando los pecano11 d11 SchlesviR" Holstein en provecho de Prusia, y ligros con que amenaza á Alemania el Imperio mosNOTA.S E IMPRESIONES
el 3 de Julio de 1867, después de la batalla de Sadowa covita y divulga por medio de rns periódicos, el traquedó Austria á discrecf(ln de las amhiciones prusia- tado de 1878, basta entonces secreto y que constituia
nas. Est11 es el principio del papel verdaderamente ac• la alianza Austro -Alemana contra Rusia.
El hombre que tenga necesidad de mi es el hombre
tivo de Bismarck.
La 11cción diplomática del Principe, siempre omni- que yo necesito.
potente, Re distinguió por la accesión de Italia á esa
Th.ADAM.
alianza, formándose en tal virtud la Triplice.
•*
,.**
La mue,·te del Emperador Guillermo debía ser faEl año de 1867 se organizó la Confederación de la
Qué feliz me siento por no ser irlandesa! Odiarla
tal
para
el
poder
ilimitado
del
creador
y
Canciller
del
Alemania del Norte, integrada por veititidos Est.1do:J
demasiado á Inglaterra.
que representaban una poblaeión de 29 millones d-e Imperio alemán: paFÓ el breve reinndo de Federico
LADY FULLBRTON.
ITI
y
su
hijo
y
sucesor,
Guillermo
II,
no
hizo
nada
al
habitante11 Discernida la Presidencia de la Confedeprincipio
que
pudiera
señalar¡¡e
como
una
11firmación
* •
r ación al Re;r de Prusia, Bismarck fué nombrado CanNo es tan fácil como se cree tener imparcialidad y
contra el autoritario minlstro El año de 1889. transcuclll11r y Presidente del Consejo Federal.
0
En la lucha entre Franela y Alemania, cuyos ante• rrió sin incidentes; pero el 1. de Febrero de 1890, le b~nevolencia, cuando hay algún interés de por me•
cedentes son demasiado conocidos para que nos de- fué aceptada la dimisión de Ministro de Comercio é dio.
AL!''JANDRO Du.&amp;!AS.
tengamos á pormenorizarlos, los acontecimientos mi- Industria del Reino; conservó durat te alirinas semalitares afPctan una importancia capital; pero no obs- nas la. cancillería del Imperio, el Ministerio de Rela**•
tante, el Conde Blsmarck no deja ni por un momento ciones Exteriores y la Presidencia del Consejo de Mi•
El efecto de una educación muy intensa es impo·
de ser PI alma y el primer personaje de la situac!?º nistro de Prusia, v finalmente, el 20 de Marzo renun- ner al 11epiritu una tensión tal que la realidad se h~ cti
como Minhtro director y como diplomático; su acc1ou ció á t!'dos eso11 titulos y funciones. retirándos11 á invisible.
personal en todo se hace sentir: sigue al Cuartel Ge- Fríedrichsruhe. Uua orden del gabinetll le confirió,
En LOCKROY.

..

•

•

�109

EL MUNDO

Domingo 7 de Agosto de 1898,

LA CA.RICA.TURA. EN EL EXTRANJERO

- ___

...

-

EGOS DB Lft OUERRft

Los infortunios que ha
lamentado España en su
lucha contra los Estados
Unidos, imponen silencioá
la verba de los caricaturistas de la República del
Norte, y aunque no sea sino por breves días dejan
en paz al enemigo postergado para romper lanzas
con el pro·lable enemigo
de mañana. España no es,
ni puede ser ., ·a para los
Estados Unidos un adversario y mucho será si los
tratados de paz no han de
señalar en la historia la
formación de una nueva
corriente de simpatías en•
tre vencedores y vencidos.
Mucho se ha hablado ya en
loa Estados Unidos y la
prensa. de ese pais ha he•
cho declaraciones significativas acerca de los sen·tlmientos de concordia que
substituyen con frecuencia
en los encuentro~ •le pueblos enemigos á los odios
más 3:rraigadoa; s.i la guerra sirve para algo será
ciertamente para poner en
contacto á hombres que
creyéndose fieras, acaban
por llegar al convencimien.
to de que sus enemigos
abrigan sentimientos dignos de alabanza y que no
hay ni una huella en ellos
de la barbar:e ó de la fero.
cldad qne antes les atri·
buian.
Sea cual fuere la solución que se le dé al problema filipino. Alzase ante los
I&gt;!_anes del gabinete de
w ...shington, madurados
acaso de acuerdo con la
co·te de Saint James, la
actitud un 1,i es no es ame•
nazadora del Emperador
Guillermo II, ese hombre
que pretende· aparecer en
Europa como heredero y
representante de loa jefes
más conspicuos que han
impuesto ála historia como
realidad el sueño portentoso de un Sacro Romano
Imperio Germánico. Natu•
ral es que la democracia
americana, - acostumbrada como está y hecha á ma •
ravillas menos facticias y
formales quelae realizadas
por el genio y el poderío
militar de loa emperadores
germánicos, - natural es,
df'cimoa, que rompan á reir
dudando mucho que la expansión natural de las sociedades modernas. orientadas hacia un ideal de per•
feccionamiento y bienestar
dentro de las mayores libertades posibles, encuen •
tre un obstác..tlo serio en
las violentas afirmacionP-s
de ambición insaciable que
nos prepara, acaso para un
porvemr muy próximo. el
Joven heredero dela coro•
na imperial de los Roben•
zollern.
Tras de ese desprecio con
que miran los periodistas
yankees á Guillermo, tratándolo como á un niño voluntarioso, ocúltase quizá
la sugestión inglesa: ¿quién
sabe? Lo cierto es que de
bambalinas afuera 110 aparece en el juego escénico
más que ese personaje extraño, nuevo en la historia,
más nuevo en la diplomacia y hace dos meoes aún,
desconocido por completo
en la cuestión del Extremo
Oriente: el yankee.
La índole de esta publicaCLón nos veda toda par•
cialidad y aun la simple
complacencia de dilettantti
divertidos, para que pudiéramos hacernos cómplices
del fun que ocultan estas
caricaturas: les damos ca•
bida en nuestras col,1mnaa
como curiosidad, y á titulo
de revisteros !ro.personales que comentan loa acontecimientos sin curarse de
eus consecuencias remotas
en la historia, nos permitimos subrayar esta aitua•
ción extrafia é inusitada

i

,

--

,~,

1

'

eu los antecedentes de las
vit•jas Cancillerlas,
(.!ué sorpresas tan desconcertadoras presenta la
vida! Una república del
Nueve Mundo, ayer in~ignificante, entrando en pri·
m~ra fila y deungolpe, a la
palestra en que miden sus
armas las potencias del
Congr~o de Viena y de la
Tripüce ........ .

~
, ..

Anécdotas Bisma.rkinas.

.

lfi1{:'f't1A'
,¡l/!i

!

I

!

r

í
i

11 /

'¡

/
! /)

j

¡ ,
'

¡CUIDAI.&gt;O!
Tio Samuel advierte al Emperador de Alemania del peligro de tocar esa sierra.
(N. Y. Herald)

Muere un hombre ilustre
y se abre para la prensa el
filón de la;; anécdotas, filón
tanto más rico cuanto que
como nadie responde de Ja
autenticidad de la literatura anecdótica, todos loa que
tienen más ó menos inge•
nio llevan á ella su ('Ontm·
gente amparado por el anóuimo.
El viaje que hizo Biamark
á Paria el año de 11:67 d1ó
ocasión á 1011 caricaturistas
europeos para hacrer de las
suya~ á expensas del famoso diplomático prusiano.
Loij fraucese;; no se entusiasmarou grandemente
con la vi;;ita que le haclan
á Napoleóu el Rey de Prucia y i;u .Primer Ministro, á
pesar d.e los deseos que te11la el Emperador de hacer
á ~us hué;;pedea uua mag•
nlfica rec~pción.
Guillermo acaso pudo
creer sinceras las manifes•
taciones oficiales y nada
expontáneas de 1011 pari·
aieusea; peroBiemarck vela
claro y no se dejaba enga•
ñar.
Un embajador quería perauadir1e de que· en la revista de 1aa Tullerias, tl
pueblo habla gritado muchas veces:
-"Viva Bismark. 11
El ministro de Guillermo
contestó fríamente:
-Os equivocais no gritaba el pue1:&gt;Jo11Viva Bismark"
sino 11V'Ja Biemark" ( ah!
está Biamarck); no es lo
mismo que decis, pe1 o eso
me halaga tanto como un
''viva."

***

Cuaudo el conde Bismark repreaantaba al Reino de Prusia en la Embajada de San Petersburgo,
fué una noche á cenar á la
casa del Primer Ministro
moscovita.
La noche estaba obscura
y al salir d, la casa fu é
asaltado Bi;;mark en medio
del patio por U!J perro quo
se vino ladrando tras él.
Inmemediatameute salió
al balcón el dueño de la
casa, que no era otro que
el Priocipe Gortschacoff, el
cual gritó:
- Señor Conde, señor Conde, por favor no muerda
usted á mi perro!
La anécdota no ser! autentica, pero pasó por tal
haciendo las delicias del
público y de loa salones de
San Petersburgo du!'ante
muchos años.

***

Una vieja adivinadora española dice:1a buena ventura al joven Emperador de Alemania.-Veo á un
vejete alto con una mota cana en la barba. Usa chaleco con eat:rellaa y pantalón rayado de rojo.
Cuidado con él, Guillermito; no intantes pegarle con tu guantelete caballeresco, porque tendrás mucho trabajo.
[N. Y. Journal)

Un diplomático inglés
lord F.. . . se hallaba dé
visita en un salón parisiense. Uno de loa nifü.s de la
casa derribó un velador
"Pillete" le dijo la madr~
(petitpolisson,) reprendiéu&lt;lolo. El diplomático preguntó qué significaba
aquella palabra y la seño•
ra, confusa y avergonzada
de haberla empleado en
presencia de personas ex~añaa, le dijo que petit p olisson era un niño 1nge11ioso é inteligente.
En eso ~ntra Blamark y
al serle presentado al inglés, éste le dijo:
-Señor de Biamark, ten•
go el honor de saludar al
pillo más grande de Europa (GTand polieson).

�EL MUNDO,

110

Domingo 7 de A1rost.o de 1898

Domingo 7 de Agosto de 1R98

111

EL MUNDO
cación. Durante el santo sacrificio, renovó muy

I.
La pequella capilla de
Nuestra Se!lora de la Castidad, era la preterida en
la iglesia parroquial de
Tlauzingo. A toda hora del día, veíase repleta
de orantes, pues que la fama milagrosa de la santa imágen habíase propagado por muchas leguas
á la redonda y no sólo era venerada por los buenos vecinos tlauzinguenses, sino también por los

bajo la · advocación que reza el letrero de
l~ esquina i11ferior derecha. »
No estaba firmada tal epístola, mas acompafláb1mla cuatro notas bancarias de A quinientos duros, que el Cura Don Abundio
_estrujó entre sus manns presa degozo, pues
de tiempo atrás acAriciabx Ja idea de hacer una
capilla lateral en la iglesia, para eternizar con
ella su paso por aquel curato. De fijo que él habría dedicado su proyectada capilla al muy glorioso Senor SBn Expedito, santo con quien simpatizaba singularmente, pues contra el natural'

de los villorios circunstantes; y aun dP. la no lejina ciudad, solían ir peregrinac:ones de damas
elegantes, cuyos lujosot1 atavíos volvían locos A

los del lugar, encantados y enorgullecidos al ver
que su vi!"gencita querida, recibía homenaje de
tan linajudas gentes.
No databa de antallo la atracción de la parro-

miembros, que más hubieran cuadrado á rudo t,borador de la tierra proficua, que á bisollo cleriguillo.
Mostróle D. Abundio los cuatro billetes y la mi·
si va, y con infantil alegria y dándole palmadas
en la espalda, le dijo:
-Anda, muchacho, trae pronto un martillo para abrir la caja. ¿Qué santo será? iA que ha hecho completo el milagro la Providencia y nos ha
enviado un San Expedito!
No era San Expedito el lienzo, encuadrado en
rico anaquel tlorentino de gran primor.
Sobre fondo muy obscuro, Como evocación de quién sabe qué sombrías profundidades, destacábase una gran mancha blan•
ca, modelando los contornos de un cúerpo de
inmaculada horra. La
doncella que representaba á la Santa Vír6 en
inviolada é inviolable,
ergulase esbeltamente
en suave actitud uncia

quia tla1;1-zinguense: algunos aftas apenas haeia 1
que en c1ertc.. maftana, llegara un carro á la casa
cural, cargado con una caja de madera, y el conductor entrególa al cura juntamente con una car-

ta que para él traía.
El bueno del padse Abundio, por más que en
el sobrescrito leyera: Al Senor Cura de Tlauzingo.-Con una caja,-dudó que el enviofueserealmente para él, así estaba de poco acostumbrado
á_ recíbi_r misi_vas y oosequios. Pero á las categóricas ahrmac1ones del d.Uriga conductor decidíoee al fin á abrir la carta 1 y vió que decí~ así:
« Un artista que ama el rU➔tico recoO'imiento de
la iglesia parroquial de Tlauzingo, :nvía en donación para ella la imagen adjunta, suplicando
al Sellor Cura, disponga que sea colocada en altar especial y obtenga del Illmo. Sellor Obispo,
el permiso necesario para que sea venerada

de los clérigos rusticanos, Don Aba.ndio nunca
d?jaba las cos11s para el otro día; pero ya que su

p1q suello tardaba en realizarse por falta de dineros, se conformaba de buen grado con que la
capilla fuese dPdicada á esa anónima donación
. siempre que el Setioi Obispo otorgara su Jicencia:

l

Ya le llegada su torno al muy glorioso
santo que firma Hodie.
Al P. Abundio poco le importaba conocer la procedencia del envio; tenía profundo convencimiento de que, mientras
más inexplicables son los hechos, más anda en ellos la intervención providencial;
y así, nada halló de extrallo en que hubiese alguien que, sin prurito de accionar
graci,s ni de pedir mercedes y por pura
sunpatía artística pRra el templo de
aquel humilde lugarejo, fuese capaz de
desprenderse de dos talegas de pesos y
de enviarle un cuadro.
Porque era indudable que la imagen á
que la ca-rta aludfa, era pictórica: amen
de la advertencia epistolar referente al rótulo colucado en una esquina, pregonábalo á las claras lar )rma alargada y ma.
gra de la caja.
Repuesto de su placer el ;ura, dióse a
llamtir A grandes voces al vicario, en
tanto que el automedonte, cumplido su
encargo, se perdía entre una nube de
polvo, al trote dé sus rocines.
-Padre Luis, criatura, venáver lo que
nos manda Nuestro Sellor para la Iglesíal
Acudió el P. Luis, flamante vicario de
Tlauzingo. Era un garrido mozo de equilibrada salud, sin coloraciones ultra-sangíneas, pero sólidamente crecido y robusto, mal caía la sotana sobre sus recios

sa. Vestía alba túnicR amplitlotante que por m, .
do castísimo esbozaba las venéreas curvas yqne
cerrándose de súbito en el cuello y en los pui\m,:
sólo ~ostraba de aquella carne núbil, el rostro
de prima veral frescura, y las manos mifionas y
ducales. Abajo, la veste perdí.ae en las sombras
A manera de paulatina incrustación.
Del estrecho enlazamiento de las manos, 1ll~adas A _la altura del sene, surgía con chocante
msolen;-ia una ama~ola; capricho de pince · 1i:,1a
que qmere poner ro¡o sobre blanco.
La gran mancha blanca daba sensación de algo
muy puro y producía deslumbramiento de albura, que aumentaba en intensidad con la contero·
plación del rostro de aquella á modo de visión
celeste, rodeado de opulentas crenchas rubias. como chorros de oro. Partlase la cabellera por me•
dio de la cabeza y caía luego sobre los hombros
en harmónicas ondulaciones. Sin diademas ni au reolas la virgen, parecía resplandecer su flavo
cab~llo con luminoso nimbo, y rayos de luz desped1an los OJOS, grandes ojos obscuros que miraban honda ! derechamente con ingénua curiosidad. Una etnta, blanca también, atravesando con
tersu~a la frente de sien A sien, evocaba el estilo
de Siena Y de Florencia, con Botticelli y Bcnozzo y Fra Angélico.
Al ~escubrir el cuanro, exclamó elPadre Luis
extático:
- TU,rris eburnea!

El letrero á que aludía la carta del incógnito
donante, era este:

«Nuestra Sellora de la Castidad.•

enérgicamente sos protestas de amor y de pureza
y apodóse maldito y maldecido si A ellas hubiere
de faltar.
Era un pro~igio de meticuloso cuidado !acapilla de Nuestra Sel!ora de la Castidad, en la parroquial iglesia de Tlauzingo; había siempre tlores
frescas y húmedas, muchas flores por todas par tee:, en los jarrones del altar y en los vasos dela!'i
cornisas; pendía de lucientes eslabones un lampadario de oro, sin interrumpción ardiente¡ quemá•
banse en broncíneas Anforas ricas refinas surianas de aroma suavemente capitoso .. .. . .
Todo eso era la materialización del culto que
absorbia al P. Luis.
Y al caer la tarde, á I, hora del crepúsculo vespertino que es para las almas solladoras la de los
regocijos íntimos; cuando el último beso del sol
muriente engendra misteriosas penumbras en las
lejanías de los campos, y alarga sobre el pavimento de las iglesias la policromía de los vitrales
góticos; cuando el cesar de los ruidos callejeros
anuncia la ascención de la noche y se alegran los
bogares con el descanso y se vacían los templos
para que lC's hogares se completen, el joven vica•
r~o acudía á la capilla de su bien amada virgencita y se entregaba á la oración. Cumplía primero las preces que la Santa Sede tiene impuestas á
· los sacerdotes, y en seguida entregAbase á sus
propias iPspiraciones y decía á la Virgen cosas
que más que oraciones, eran confidencias y char•
las.
Narrábale con largueza todos los pensamientos
que habían atravesado su mente durante el día,

II
Torre de marfil fué, en efecto, para el joven
vicario de Tlauzingo, y en ellaencerró el perfume todo de sus amores.
El amor á la madre de Cristo, creación sábiamente femenil sin cunalidades, e~ la atracción
suprema de los seminarios y enciende en vivas
llamaradas de entusiasmo el alma de los garzones místicos que hallan en la Siempre Virgen
ternuras de mayor humanidad que en el Crucifijo. Creen ellos amarla por modo reflejo· creen
y firmemente, que en ella aman á 111. madre dei
Cordero, y que la aman por electa de Dios y como amada Suya¡ mas en realidad es para ellos
una deidad por sí, equipotente á Cristo austero
y más accesible y allegada por materos! y feme'.
nina. Las tocas monjiles, en CRmbio, més se prostern11n ante el Crucificado. D~ la misma suer•
te, en la familia humana, obra el sexo. Eso es
eterno y ineludible. Tuvo Zeus, en el paganismo,
sacerdotizas, y camUos Atenei\.
Y muy especialmente y dc,sde jovenzuelo. nutrió el P. Luis ese santo amor por la Madona, y
ointióle mayor y más vehemeate á medida que iba
aprox.imá.ndose el día de su tonsura.
Cuando por vez primi'ra, allá en el seminario,
habí&gt;t. sentido los aguijones mundanos, aeertó A
vencerlos con facilidad á tuerza de jaculatorias
marianas, y A MariA. prometió solemnemente su
pureza y ofrendó sus diarios combates contra el
más cruento é invencible de los enemigos del
alma. Vivía en Ella y por Ella, y era todo Suyo.
De todas las Rd vocaciones y representaciones
-comunes de la Virgen, ninguna llenaba, empero,
sus propios altísimos anhelos;antojAbanseletodas
easi vulgares y casi pedestres.
Por eso encantóle el cuadro de Nuestra Se!lora
de la Castidad, y prometióse desde luego dedicarle todas sus energías y toiios sus sentimientos, felicitAb•la por la afluencia
ya que pintura y advocación respondían tan jus- de fieles en IR capilla ó por
el nuevo ex-voto prendido
tamente A sus ensuefios.
Sin duda, e!Se!lor Obispo mostróseescrupuloso en los manteles del altar,
para autorizar el nuevo culto y aun infinuó que prometíale funciones y de A su juicio era ese asunto que A Roma competía; vociones, y reiteraba, cada
más el P. Luis, con la ayuda de cierto notario día. los juramentos ·de su
eclesiástico, asAz bisbiringo y de talentosa faDla, propia dedicación en cuerlogró convencer á Su Uustrísima de que la nueva po y alma.
1Y cuán dulcemente pre- •
adv0cación 1 en resumidas cuentas, no era otra
que la muy antigua dt la Purísima Concepción miaba la Santa Se!lora ta·
les ternuras! El P. Luis sende María.
Consintió, pues, el :)bispo y procedióse á cons- tía la paz en ,u corazón y la
truir la capilla requerida; mas como se viera que tranquilidad en su concienlos dos mil duros del donante no bastaran para la cia, y su vida era un rosaobra, con todo deleite de su corazón presentose rio de dias felices y de inal P. Luis oportuuidad deservir á la Santa Se!lora efables goces. Su mundo
é hizo vender unas parcelas de panllevor, quepo- era la cap'lla, y en él disfrutaba plena venturanza.
seía por ftt.miliar herencia.
El Cura D. Abundio bro
Con presteza concluyóse la capilla, merced á
meaba
á menudo con su vi•
la eficacia y atención del vicario, y con supremos
éxtasis cantó él mismo la solemne misa de dedi- cario:

Oye, P. Luis, hoy no te inclinaste al pasar tren·
te al tabernáculo. Ya con tu Virgen no te das
tiempo ni atención para nada, y ten por segnro
que eso llace dallo A tu alma.
Pero un dia esas bromas cesaron, porque el vi•
cario respondió &lt;le mal modo.
-Padre, yo sé lo que hago! Déjeme usted con
mi devoción, pues por elia soy capaz de dar mi
sangre . . .. . .
Y D. Abundio pensó para sus adentros:
-¡Qáspita, esto parece ser más serio de Jo que
yo me imaginaba!
Y sonrió dulcemente.

III

. ..... .. . . . , .. .. ............. .............. .

....... . ......... ...........................

La noche estaba tría y lluviosa.
Hetirábase el P. Luis después de sus vespP.rtinas oraciones, cuando al entrar a ltt. sacristfa fué
detenido por alguien que precipitadamente preguntó:
-¿lss usted sacerdote? ..... .
-¿Si?
Pues. padre, venga conmigo un momento y dígnese escucharme.
Sintió el vicario que le tomaban del brazo y
le conducían hacia el circulo de luz que sobre el
pavimento vertía la !Ampara sacramental. Pudo
ver ~ntónces á su interlocutor, y reconocerle va•
gamente: era el caballero que la víspera habfaído
á buscarle solicitando pRra una moribunda confesión y viático. El cual, á su vez, mirando el ros•
tro del vicario:
-Ah, es usted mismo, pndre! No sé su nombre,
de otro modo á usted hubiera buscado directamente, porque 1 en fin, usted debe saber cuAn buena era su alma, puesto que usted la confesó . ...
Li víspera, esa misma voz que ahora le hablablaba-pero con unaespresión de tortura-había
le suplicado que fuera presto á asistir á la muriente que pt!dia los auxilios religiosos.
-Dónde es la casa? . .. . Iré luego, sólo necesito el tiempo necesario para renovar el aceite de
unR lámpara que se está acabando ....
Era·Ja horade sus rezos en la capilla de la Castidad. Pero el otro, insistió con energin:
-No, padre! Venga usted conmigo luego, está.
algo lejos, es allá en el Castillo, y pide con insistenci4 un sacerdote . . ... .
A orill11.s del pueblo, derrumbábase lentamente
un caserón de señorial abolengo que, por su leuda! aspecto, la gente llam,iba el Castillo. Dc•habitado de tiempos Atrás, habhllo ocupado desde
hacía pocos ataos una rareja, cuyo misterioso pro•
ceder traía á mal trn.er i~ todas las imaginaciones
del lugar, mayormente cuando supierou los tlauzinguenses, que los que ayuntados vivían en el
Castillv, ¡no habían pasado p01· el santo sacramento del matrimonio!
El cnserón surgía en medio de un parque, de
un parque hirsuto y a1Jandonttdo, con estanques
secos y mármoles polvosos, como soñó d 1 Annunz10. Y e11os, sus habitantes, jamás cruzaban por las callejtis de
Tbtuzingo: bastAbales el parque para sus paseos. El senor
sulia tomu los trenes dt tiempo en tiempo, con rumbo &amp; 1~
ciudad vecina, y regresaba cargado de telas, de bastidores y
de brochas; en cuanto á ella, aparte de una vieja que consigo
tr~jertt11 A su venida,-vieja silenciosa y discreta,-quien les
servia y les cocinabt1., nadie en el pueblo la conocía . ...
Cu•ndo llegó el P. Luis, la enferma agouizaba; eu la obscu-

�112

rielad del cuarto no pudo el sacerdote verla el rostro; más escuchó sus euipas, las eulp11 s de una
pecadora arrepentidu, dichas entre sollozos humanos y temores de ultratumba, y conforme ~l
ritual, casó á los descarrindos, in artículo mortis.
Después ella había muerto. Aún estaba en el
centro de la parroquia el caU1falco que babia s~stentado su ataúd, esa mañana, durante la misa
de requiero.
..
. .
-Y bien ¿qué se ofrece?-d1Jo el vicario al
viudo.-Estoy á sus órdenes ..... .
-Pttdre, la prometí que roe confesaría hoy, !
quiero cumplirlo ...... Me lo pidió tanto: agomzante, que no pude negárselo. Pero n? quiero engañar á nadie: sólo ven~o por cumphr la promesa, más no i;oy creyente .... Voy á contarle á usted mis yerros, mis yerros que usted .conoce ya
por ell11 misma, puesto que fuero11 nuestros yerros ...... ¿Yerros? Padre se puede llamar falta
el haberse amado mucho?
Y el vicario dulcemente:
· -El amor no es pecado, .... . . por el contrario, es precepto. Pero precisa amar santamente ... . .. La esposa de usted, está ya con el Seiior
que todo lo perdona; ¿por qué no sigue usted su
ejemplo y se reconcilia con la iglesia? Ell~, h1
muerta, se lo pidió a usted, y usted se l_o tiene
prometido. mas no una confesión convencional Y
sin fé, que no es confesión y que nin~ú_n sac~rdote puede conceder, sino un arrepentimiento sincero y profundo de las faltas come1idas y una
confianza ciega en la misericordia de Dios 'y en
las atribuciones de su iglesia ..... .
-No puedo, padre.
-¿Y por qué?
-Porque no creo.
El P. Luis sonrió para sus adentros. Opinaba
en efecto como opinan todos los que siempre han
sido receptáculos de fe, que la no creencia es más
una ocupación moderna, una auto-mistificación,
que un sentimiento real y sincero. P;i,ra él, todo
ateo e"a jacobino, no conocía-¡qué iba é conocer él, que 'ele las faldas maternales pasó al stiminario de Pradela, y del seminario de Prao.ela ~
la parroquia de Tlauzingo! ni la frialdad analltiea que des_trnye, ni la reconstrnccion afirmati ya
del positivismo. Y tenía el vicario plena convicción de que en esot. espíritus ap11rtados de la
senda religiosa, se puede operar fácilmente c?n
palabras dulces y obtener asombrosas convers10nes. ¡.Ah, y para conversi9pes, ahí estaba el milagroso poder de Nuestra Se.flora de la Castidad!
¿Pues no con ella había convertido al mismísimo
Juez del Registro Civii, ex-coronel Chinaco y
blusa roja, que hoy era porta-estandarte de las
"Hermanas del Santísimo?"
Y formó luego su plan para volver al redil á
aqnella oveja descarriada: prepararía su corazón
á bienhechoras ternuras por medios puramente
humanos, y luego le llevaría á la capilla de la
Castidad; allí la Inviolada J)oncella baríaelresto.
Y así:
-Creer es muy fácil cuando se tiene voluntad ,
para ello. La promesa que tiene u,;ted hecha

EL MUNDO

n, mingo 7 de AgoHto de 1898

Domingo 7 de AgnFto ,1 .. 1!,IQ,II

no debe tomarla com0 referente nl hecho concreto de
ta confesión; es promesa tácita de creer, y ~ebe u~ted
cumplirla puesto que dice que tanto amó á quien la tien&lt;:
hecha . .... .
Y el otro, febricitante:
-¿Que si la amé? Ah, padre: uste~
no sabe cuán10! ¡Si era ella parte de m1
ser! llfire, padre: me parece que desde
que ella se fué, yo ya no vivo; me parece que eila se llevó mi alma; la amé co_n
todos mis sentimientos y con todos mis
sentidos, y fní suyo como ella
fué mía: sin reservas. Y hoy,
padre, ya mi vida no será
más que un luto eterno, no sen\ más que una noche eterna
y obscura ....
Un sollozo enorme interrumpió sus frases y de sus ojos se
desliza1·0n sendas iítgrimas
que el P. Luis vió temblar trágicamente brillantes, so. bre su3 pestañas largas y
negras. El momento propicio, según el vicario,
había llegadú. Tomó del
brazo al viudo, que se
dejó conducil' como un
niiio, y con paso firme
le encaminó hácia la capilla de la Castidad.
Mientras encendía
las velas y el otro
contenía sus soll0zos pegando la frente á los helados muros de la capilla, el
...
P. Luis daba gracias al cielo porque le había sido dado poner su vaba aún en las manos; por lo cual y por la
propio amor en aigo eterno, perdurnble y no en &lt;'pinión del médico adscrito á este Juzgado, no pucriatura mortal y transitoria. Y profusamente do dudarse de que se trataba de un sui~idio. Inteiluminada la capilla, miró el cuadro que hacía r1'ogado el Cura Pár1'oco, manifestó que ésta e1·a
destacar sobre su fondo obscuro la mancha blan- su opinión igualmente, pues le constaba que la noca y diáfana de la Virgen. Y sonriente:
che ante1·io1· el vicario se habia 1·ecogido como de
-Anda, 1:iña mía, salva esta alma!
costumb1·e después de acornpaffar al decla1·ant&amp;
Fué hacía el pecador y rodeánaole con sus bra- hasta m1ty entrada la noche y que le habla pedido,
zos, buscó las entonaciones más dulces y las fra- las llaves del templo, manifestándole haber olvidases más tiernas para decirle:
do 1·enovar el aceite de una lámpm·a; que conoció
-Ea, aquí está la Todopoderosa, la madre de al mum·to desde muy joven en el Seminario dePraDios; mírala y no tardarás en caer de rodillas.
dela. y que era y habia sido siemp1·e de tempera-

.......... .. .................... ............

mento extremadamente ne1·vioso é imp1·esiona-

........ . ................ . . ·•· ............. . ble . ............................. "

Púsose lívido como un cadáver y estremccióse
como por choque eléctrico, el viudo, cuando
vió el cuadro. Y gritó:
-Pero, padre: ¿por qué traerme aquí? ¿quiére
usted matar!Ile acaso? . ... Ah, no, usted no puede
saberlo. porque nadie lo sa.be: pero yo voy á decírselo. Esta imágen es su retrato, lo pinté yo mismo y lo doné ~í esta Iglesia porque quise que todos se arrodillaran ante ella. Sí,padre, y lallamé
casta porque lo era! Sólo fué mía y guardó mi
amor como una reliquia. Ah, padre, ¿para qué
vendría á verle? Este cuadro me desespera: mis
labios buscan sus labios y mis ojos sus ojos .... y
t:.stá muerta, padl'e, está muerta! .Ah, quiero que
esos cabellos me cubran otra vez, quiero que mi
cabeza descanse. sobre ese seno como tantas
veces .... . .
Y, loco, se aproximó al cuadro, ascendiendo
, por las gradas ael altar. Mas el vicario le detuvo
con férrea mano y lo arrojó basta el fondo.de la
capilla. Eu.tonces el pintor, dijo:
-¿Le parece sacrilegio, padre? ...... .
Pues bien, me voy. Allí dejo el cuadro,
adórenlo .... Ella la verdadera, fué mía,
sólo mía, y .... ha muerto .... ha muerto!
Y sacudido por nuevos sollozos, el artista atravesó la iglesia y se perdió en
las sombras de la calle ............... .

................. . .............

Este es un fragmento de un aeta
que levantó al día siguiente el Juez
menor de la villa de Tlauzingo:

" .......... en la capilla
llamada de Nuestra Sefl.ora
de la Castidad del templo
parroqaial, de esta villa, el
cadáver del vicario Luis X.,
estrangulado con una esto•
la, cuyos extremos con ser

El sacristán de Tlauzingo, que lloró muy de
veras al padre vicario, tuvo, sin embargo, un
consuelo: para sus exequias no fué preciso armareatafalco, pues aún estaba allí el que acababa.
de servir para la muerta del Castillo.
¡Y es tan broruoso armar catafalcos!
JUAN SÁNCHEZ .AzcoN.A..

-------"•-·------HISTORIA VULGAR
¡Oh., cómo en mi mente gravosa e.1 recuerdo!
¡La ira hizo eterna su triste impresión!
En un mar de fuego, detrás de los montes,
hablase hundido la gloria del Sol,
y en negra bandada las sombras noctumas
cubrian !a tierra de luto y pavor,
salitmdo medrosas de sucias callejas,
de obscuros follajes, de viejo torreón.
La esquila doblaba .... Su lengua de b~onc&amp;
llamaba á las gentes á hacer oración,
algunos transeuntes cruzaban las calles,
alzaban los coches confuso rumor.
Liorosa mendiga de harapos cubierta
tendiendo la mano que el cierzo entu~ió
á algunos señores con débil acento,
'
pidió una limosna . ... ¡en nombre de Dios!
¡Ob., cuánta vergüen;;a pedir le eausabat
Yo vi en sus mejillas arder el rubor,
brillar en sus ojos hundidos el llanto
y temblar su mano y gemir su voz!
¡Quién sabe si sób ptinsando en sus hijos
sufría animosa tan duro baldón,
sus hijos que acaso en sucia guardilla
se ~sta_bau muriendo sin pan ni calor!
S1gu1eron hablando los nobles señores;
la triste demanda ninguno escuchó ... .
¿Quién obliga al prócer que vive en la holgura.
en sucios harapos fijar la atenciónl
JJe nuevo sus_quejas alzó la cmtada,
de nuevo hacia ellos la mano tendió
y_eo_n voz qu~ ahogaban rebeldes sollozos,
g1m1ó: ¡una lunosna por amor de Dios!
¡Punible osadía!. ... ¡La pálida mano
gue pan imploraba un traje manchó . ...
La escoria, el andrajo, no tiene derechos
¿cómo es que insolente molesta al señor?
Un l•ombre de aquelloR miró á la mendiga
y en justo castigo la dió un bofetón......
¡Un rayo de luna, cayendo del cielo
Chispeó en diamante que el rostro ;asgóf
ANDRÉS CAL-.:ÁNEO Y DIAz

-POR UN MARIDO!

•

'NOVELA. ORIGINAL DE HA.RO DE OHANDPLAIX.

Ilustraciones grabadas en nuestros talleres.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Número 6.
Y Nelly rodeó con sus brazos el cuello del Comandante Y le d:.ó
•en los labios un beso largo y apasionado.
..
Después se aproximó al viejo Bretón y le d1Jo: .
Ivon, ye le perdono á usted pero no le doy mi perro, p~rque
-estuvo usted muy duro conmigo la primera vez que nos vimos,
pero se lo regalo al Comandante y así la victoria queda de todos
modos á. la Francia.
Ivc-n sorprendido quedó mudo por unos instantes y luego, en
'Un arrebato de entusiasmo exclamó:
-Bravo, sefiorita Nelly, viva Francia ..... ! usted merecía ser
.francesa.
.
Ella tendió su manecita al Doctor que ya estab!t mstalado en
·su fitakon y después de una muy afectuosa despedi~a, cuando la
caravana estaba en camino, Nell-y se puso de rodillas, arrancó
1ma flor de las muchas que había cerea de ella, la besó y luego
la arrojó con tanta habilidad que fué á caer en las manos del
Doctor.
.
He aquí todo lo que el Comandante había visto en 1os momentos
-de partir de Ambohimarina, y he aquí enlo que pensaba al entrar
ensueamarote preguntándose si todo ese pasado era un sueiio y
:si verdaderamente había estado fuera de su barco.
Prince olfateando por todos los rincones y llaman~o á su ama
-con ahogados gritos. le trajo al sentimiento de la-rea-hdad.
Era una verdad t¿do lo que había visto.
.
Pero lo que no vió es que despu_és ~e la p~rt1~a de los v1aJeros, Nelly entró en la casa que hab1a sido habitación del Co~an-dante y se puso :\ llorar: luego, pensando en _que los p~opuital'ios legítimos de la humilde morad~ no tardar1an en vemr, sacó

EL MUNDO

113

�EL MUNDO,

114

de su bolsa un paquete, lo dapositó sobre la cama con mano trémula y se escapó espantada y
corriendo.
Sus sienes ardían, su frente estaba empapada
de sudor, su corazón palpitaba tan fuertemente
que sintió un dolor físico y se vió obligada á andar con más lentitud. Hasta se detuvo un momento y dirigió una mirada a I sitio de donde acababa de separarse, como si estuviera pronta á
volver sobre sus pasos.
Pero después de una corta vacilación, hizo un
gesto decisivo y tranquila entró en su casa, atravesó la sala donde su padre dormía en un sillón
y fué á encerrarse en su cuarto y á pesar de la
emoción que la agitaba tcdavfa, recordó que babia prometido á de Chalmont escribirle y tomando papel y pluma empezó la redacción de un diario sincero como lo son todos los diarios.
Durante este tiempo los propietarios de la casa
que había sido prestada al Comandante, volvieron
y la recorrieron ansiosos de ver ü algo se les babia perdido, pero ePcontraron todo completo y en
orden y descubrieron además sobre el lecho un
paquete de papeles cubierto con un eobre
en el que había escritas palabras para
ellos incomprensibles.
Este paquete era el obsequio que Nelly había dado por perdido, y estas palabras decían:
«Itinerario secreto de Majunga á Tananarive por el Mayor H. Stephenson.&gt;
«Homenaje del autor al Comandante
del Colibri.»
Estas buenas gentes reunidas en Consejo de familia ante el hallazgo, resolvie
ron enviarlo al Gobernador y asilo hicieron sin perder ni un instante.

blicaron una traducción los periódicos de aquellos días.
Mientras ella escribía, de Cbalmont reflexionaba en que de seguro la jovencita, que reinaba en
Passandava, tendría un gran éxito en Paria, no
precisamente cerca del gobierno, sino entre lapoblación, porque era una negrita mizy linda y llevaba su elegante traje Ara be con una majestad
natural templada por la encantadora languidez
criolla.
A. pesar de su origen Ara be, las mujeres sacalavas n0 se cubren el rostro, lo cual era circunstancia favorable, tratándose del de Binao que era
dignJ de ser visto y aun admirado; ni blanco ni
cobrizo, sino más bien como dorado por un rayo
de sol, ostentaba dos ojos muy negros y muy
grandes coronados por largas y rizadas pestai'ias,
tenía las manos pequei'ias, los piés desnudos
sobre las sandalias que. se ligaban á las piernas
mórbidas con cintas de oro, y un cuerpecito robusto, gallardo, flexible y tentador hajo las telas
leves que lo cubrfan. ·
De Cbalmont la veía escrib;endo; pero pronto

..

_~ ~~ ~~

,ir ...

IV

LA REINA. BINA.O
Dos meses habfan pasado desde que el
Colibri zarpó de la rada de Diego Suárez.
Al día siguiente de su regreso de Ambobimarina, el Comandante de Chalmont
recibió una carta oficial del jefe de la División Naval en que le ordenaba prescindir de su viaje á las Comoras y dirigirse
sin tardar Ala bahía de Passandova, soberbia recortadura de un país fértil y
boscoso que perteneció á los Sacalavos y
que habría pertenecido luego á Francia,
si razones políticas no le hubieran hecho
preferir tratar con los hovas, siendo por
consecuencia de ese tratado el Gobierno
de los Hovas, el único á quien Francia
reconoció como legitimo y aun exhortó
á los Sacalavos á someterse á la reina
Ranavalo, bajo el protectorado francés.
L os Sacalavos no entendiendo de sutilezas diplomáticas, lo que vieron claramente fué que la Corte de Esmirna envió A su territorio basta allí independiente una multitud de funcionarios hovas
que substituían á los de su propia raza,
raza fuerte y leal, descendiente do los
oficiales de Mahoma, y que Bínao misma, la reina Sacalava, no era sino uno de
los súbditos de Ranavalo á quien detestaban.
Sin el apoyo de Francia, ni los jefes Sacalavos
ni su soberana se atrevieron á resistir con la.. armas,
pero enarbolaron e: pebellón francés como para
desafiar á los hovas á arriarlo. Los hovas no se
atrevieron y se contentaron con sei'ialar al Gobierno francés esta situación irregular decidiéndose
entonces que fueran los franceses mismos los que
hicieren esa operación.
El Comandante del Colibrí fué comisionado para esa triste misión, así como para exhortar á los
Sacalavos A someterse, haciéndoles comprender
que bajo la autoridad hova estaba Ja mano oculta de Francia y que no quedarían abandonados.
Esta declaración no bastó para tranquilizar A
la reina Binao cuando de Chalmont se 1a hizo, y
ba:llada en llanto le suplicó que la condujera á
París donde quería arrojarse á los piés del rey y
pedirle justicia. De Cbalmont n@ intentó convencerla de que el Jefe de Estado de Francia no es
un rey; pero lo hizo comprender que tan largo
viaje no se podía resolver de improviso, y era mejor escribir y esperar la respuesta.
Binao era de resoluciones firmes: aprobó la
idea y escribió una carta conmovedora que fué
en efecto enviada á Afr. Grevy y de la cual pu-

dejó de verla y apareció en su lugar una joven
b:anca, sí blanca, en traje descotado y que le
sonreía diciendo: «te amo.»
Era ya ridícula esta obsesión que llevaba dos
me,es de estarlo persiguiendo, apesar de sus esfnerzos por olvidar.
¡Decir que había tenido á Nelly en sus brazos,
que la había besado y que si se hubiera quedado
esta felicidad duraría aún ...... 1
Pero no: hizo bien partiendo, alejándose y, haría mejor evitando tornar á ponerse bajo el encanto de esos ojos dominadores, de esos labios
rojos, de esos dientes brillantes, de ese cuerpo
tan blanco y tan arrebatador.
¿Y por qué entónces la escribió?
10hl una carta banal, muy estudiada, meditada
largamente para que no llevara esperanzas ni promesas. En cambio, él había recibido cuatro, cada
una de doce ó más páginas, verdadero diario en
que estaban todos los actos de Nelly, sus pensamientos, sus deseos y sus suei'ios, donde le instaba á volver y en donde alguna vez surgía un ardoroso «te amo» entre mil frases de apasionada
ternura. Cartas que la mostraban viviente conmo-

Domlniro 7 de Agosto de lll 8'

vida, candorosa y apasionada, cartas que Juan
leía y releía sin cesar.....
Estos pensamientos eran una obsesión ridícula.
para un diplomático que en esos momentos estaba frente á una pobre reina afligida que necesitaba algún consuelo, reina negra, es verdad, pero,
bella, noble y graciosa.
Terminada la carta, Binao vino á decirle:
-Escucha: aquí está mi carta, te la leeré en tu,
barco y luego la enviarás á tu rey.
-Al Presidente, dijo de Chalmont, sonriendo,
¿y por qué no me la lees aquí?
-Porque no quiero, porque no puedo permanecer aquí ni un momento más: hay muchos hovas, yo te ruego que me lleves á Nossi-Be que es.
población francesa y allí permaneceré basta que·
llegue el día de mi viaje á París.
El Comandante reflexionó sobre este proyectode 1.. joven, y basta temió que pudiera acarreardificultades al gobernador de Nossi Be, pero pesando en su ánimo el caso, vir.o á convenir en
que era ésta una buena solución y en que el Gobernador no se la tomaría á mal. A.si pues, dijoá Binao:
-Dices bien y comprendo tus sentimientos. Eres una reina digna. Ven entrenosotros y nos será honroso recibirte..
l\1i barco no es muy grande pero NossiBe no está lejo11; partiremos ma:ilana á la.
hora que quieras y llegaremos allá tres.
horas más tarde.
-Eres bueno, le contestó Bínao. Ahora no podremos partir porque falta pocopara que anochezca; pero oye, llévame
á bordo esta misma tarde porque no quiero dormir aquí, pues les tengo miedo á,
los hovas y á sus venenos, y tengo miedo de todo. Voy á dar órdenes á mi hermana Otavi para que dentro de pocos.
días se me reuna llevando lo que nos pertenece y entre tanto me contentaré con.
lo que puede llevarse en una maleta. Ven
á buscarme dentro de dos horas, y ya.
estaré lista. Mira, no voy A serte enojosa
y para no ocupar mucho sitio en tu barco, me haré muy pequeliita, muy pequei'iita.
Pobre magestad caída! para apoyar su
súplica, se arrojó á los brazos del Comandante, ensayando la manera de hacerse
muy pequei'iita, y Juan la abrazó, la besó en s_u~ ojos de gacela y se despidió
tranqmhzándola y ofreciendo volver dos.
horas debpués, quedando ella desde luego al amparo del pabellón francés.
Cuando salió á la puerta, se encontrócon Prince que lo aguardaba· Prince ese
perrillo tan feo que fué caus'a de nu~ un•
francés y una americana se encontraran
ciert~ noche en una posesión malgRcha.. ,.
Prmce había contraído por su nuevo
amo una gran afición y le segi..ía por todas partes; así es que ahora que le dejóen e1 barco, se había impacientado y después de una hora de espera, rompió con.
toda consideración, se arrojó al mar y vino violentamente á la playa. Realizado
su dese~ de encontrará Juan, expresaba.
su al~gna de la manera J?ás entusiasta.
Quién sabe cómo la imaginación de
Juan, fué vagando desde el origen desconocido
de este perro al orígen bastardo de Nelly, yacabó por. p_r~gunt1lrse como quien combate contra.
un preJu1c10: ¿pues qué en el fondo no todos los
seres venimos á resultar hijos naturales?
Pero esto está bueno p~ra dicho en tésis general; concretando la cuestión quedaba planteada
así: ¿debe uno ó no, casarse con una hija natural?
Definitivamente, no!
Y sin embargo ¿por que? Desde el instante
que es P? bre, no puede du_rgir la acusación de q::
el casamiento sea promovido
.
. por el interés s·IDO
que por el cont rano, constituye un acto de ge .
rosidad, de desprendimiento, pero estas virtud~!
en este caso son de aquellas que más vale no te~
nerlas.
Juan !1º quiso h~ndirse más en estas cavilacio•
nes; f viendo á Prmce que después de haber per~
seguido á un gato, Ja emprendía con las galli
de la vecindad, lo llamó enfadado.
nas,
-Ven acá, perro feol Es preciso no retozarmás que ~on los otros perros y dejar en paz á los.
demás animales, pues el dfa que sus dueftos tematen á palos, harán muy bien.

Domingo 7 de Agosto de 1898.
Prince inclinó la cabeza unos instantes como
para reflexi~nar sobre tan sabio consejo y luego,
fijando los OJOS en su amo, parecía decirle:
-Todo eso seria muy discreto; pero ¿qué hacemos aquí, parados junto á esta puerta? Regresemos al barco, ya que en tierra hay tantos peligros.
-Tienes razóu, Princc; á bordo está. uno tranquilo y los escollos más peligrosos no están en el
agua, pero no podemos regresar al
barco desde luego,
porque espero á
Binao, reina de los
esca l a v o s ~on
quien espero serás
muy atento. Aho-

ra pienso en que hay que
dar algunas órdenes previas á la recepción de esta
encumbrada personita: vamos á la playa.
Allí encontró un botecito de á bordo que le esperaba.
-Madic, dijo al patrón, vuelve á
bordo en el acto y dile al Teniente que
me envíe la lancha grande, tripulada
por gente vestida de gala para conducir al barco á la reina de los escalavos. A nuestra llegada, toda la tripulación formará en los
puntos acostumbrados, se izará el pabellón y se
dispararán veintiún cai'ionazos. ¿!las comprendido
bien, hijo mío?
-Sí, Comandante.
-Pues bien, date prisa.
Madic saltó ágilmente al bote que llevado por
cuatro remos vigorosos, voló sobre las aguas
tranquilas de la bahia.
-Buenos muchachos! decía el Comandante,
mientras el bote se alejaba: esa, esa es la única
familia que un marino debe tener.
Después se dirigió bácia la aldea por la cual

EL MUNDO.

anduvo vagando antes de volver á la casa de Einao, á fin de dar tiempo para que viniera la lancha que había pedido.
Por el camino siguió pensando en Xelly, y recorrió otra vez en su imaginación el problema
del matrimonio; las diferentes clases sociales que
hay, la grave cuestión de los hijos naturales y
hasta la ley de la herencia, en tanto que Prince
sin tener en cuenta los consejos que le habían si-

do dados, corría hacia todas las gallinas y gatos
que encontraba por el camino.
Cuando llegó á la puerta de Einao, el Comandante estaba convencido ya de que un marino francés podía casarse con una hija natural como Nelly, sobre todo si mediaban ciertas reservas. De
pronto en Francia liabía que presentarla como
huérfana, y además de que no habría motivos para sospechar su origen ¡qué salón había de cerrársele cuando se llamara la Condesa de Chalmont?
Pero se necesitaba también que el Conde aumentara su fortuna para rodear á la joven de lujo y comod:dades y que presentara su dimisión

115

para no verse en la necesidad de dejar sola con
frecuencia á su esposa .... era preciso que ella
rompiese con el atavismo y que la hija no resultara por el estilo de la madre ¡y estaba tan dispuesta á parecérsele!
Se necesitaba también (¡ay! estoera imposible)
que Juan fuera más joven .... No, en definitiva
era una locura eso del matrimonio en semejantes
condiciones.
En todas estas cosas iba pensando al llegar á la casa de Binao. Sin reflexionar lo que hacía,
empujó la puerta y encontró á la
joven reina que, bañada en lágrimas daba sus instrucciones á su
hermana Ottaví, pero que en cuanto vió al Comandante eniugó altiva su llanto y· diJ~ tiODriendo y con gesto ue resignación.

-Estoy pronta y me entrego confiada!\ tí como
A un hermano. Cuando
quieras partiremos.
-Entoncee, desde luego, contestó
Juan que creyó preferible abreviar
las despedidas.
Binao hizo una se:llal á dos sacalavos para que tomaran los rquipajes que estaban listos ya, dió un beso á su hermana r ogándole que no
la acompai'iara, y sin llevar consigo más que una
criada, modestamente á pié-¡pobre reina caitla!
siguió al Comandonte á través de las arenas ardientes de Passandava.
Con la movilidad de impresiones propias de
su edad y de su poca cultura, Binao se consoló prontamente al llegar á bordo, halagada por los honores militares que se le hicieron y que la llenaron
de orgullo tranquilizándola contra los atentadcs
de sus enemigos los hovas. Comió con buen apetito acompa:ilada de Juan y del Doctor que se divirtieron mucho con sus preguntas inocentes, y
bebió con gusto el champagne conviniendo sin
embargo, en que esta bebida es de las que prolli-

�116

be el profeta Mahoma. El excelente Lerbon, ga•
}ante E&gt;iempre con las ·damas de todos los colores, con tal de que fuesen jóvenes y bien formadaF, no permitió que Binao pasara, trabájos en el
salón y le cedió su propio camarote·p asándose ~l
11.l comedor, donde se coñformó con poner una
hamaca; pero recordando sus colecciones que
estaban esparcidas por todos los muebles, y lamentando su 11mabilidad, no pudo dormir en toda la noche.
T11mpoco la reina durmió. El-Doctor la oía gemir y suspirar y más de una vez tuvo intenciones de acudir á consolarla y á ver de paso sus
colecciones. ¿Lo hizo? El Comandante no lo supo nunca, pues le traía preocúpado el recuerdo
de Nelly.
Al día siguiente, tempranQ, todo el mundo estaba en pié á bordo del Colibri. El Comandante
subió al puente para dar la orden de zarpar y
Binao colocánµose á su lado dió su adiós á la playa, y el Doctor entre tanto entrnndo al camarote
pudo convencerse de que estaban muertas ya todas i-us araflas, suceso que le habría desolado si
no fuera porque en ese instante recordó que estaba en vía el.e un importante descubrimiento que
iba á añadir una página importante á su obra y
se puso á escribir.
Dos horas después de su salida de Passandava
el Uolil&gt;ri franqueaba el pintoresco canal que separa Nossi-Bé de Nossi-Comba,y echaba el ancla
en el puertecillo de Hell-Ville en el fondo de esta maravillosa rada que no sin razón comp«ran
los mttrinos con la famosa de Hío Janeiro.
Encantados por los paisajes que se ofrecían á
su vista, Bina o olvidaba su odio á los hovas y el
Comandante su amor á Nelly, y ambos permanecían en el puente sentados, mirando sin ha'blar,
cuando su atención fué atraída al mismo tiempo
por una piragua del pa1s que parecía venir al
barco.
-Se diría que dentro hay una mujer, observó
Binao estendiendo su brazo desnudo circundado
por un brazalete de oro.
-Es posible, respondió el Comandante, sin
duda alguna lavandera que viene á solicitar ropa
interior, ó alguna vendedora de .. . .
Pero no acabó la frase pues viendo mejor, palideció y tomó febrilmente el anteojo.
-No; no es nada de eso, dijo Binao, sino una
mujer blanca y rica,
Binao tenía razón.
La piragua avanzó rápidamente y ya sin necesidad del anteojo se distinguía á una joven blanca, que impacitnte excitaba á remar con rapidez
al negro que la conducía.
Juan de Chalmont sintió que su corazón palpitaba violentamente .... No soflaba, no. Era ella,
en qui"'n estaba pensando sin cesar desde hacía
dos meses. No podía imaginarse por qué suce•
sión de acontecimientos habría venido, pero el
hecho es que estaba allí y le sonreía tiernamente.
Desde su partida de Ambohimarina, Juan estaba como un enfermo que sufre, se agita y desespera de recobrar la salud, y he aquí que de improviso la salud viene. Ya no padtcía, ni era viejo; y los paisajes que le rodeaban eran maravillosos y la vida era bella porque amaba, sí, amaba ..... .
Pero era necesario evitar e1 ridículo y no olvidar en el puente de ese barco, que era su Comandante.
La piragua iba á atracar.
El Comandante entonces, con voz tranquila dijo á Binao.
- Yo conozco á esta joven; excúseme usted,
voy á recibirla.
Y gravemente avanzó há.cia la .escala á donde
Nelly se había lanzado ya valientemente.
Juan sintió impulsos de abrirle los brazos y
estrecharla contra su pe~ho y de decirle "¿si vieras con que afán te esperaba?" Pero descubriéndose ceremoniosamente le tendió la mano y le
dijo:
•-Sefiorita: es un gran placer para mí volverá
ver á usted; sírvase .subir y decirme á qué debo
su inesperada visita que espero no será motivada por contratiempo alguno. ¿El 1\fayor no está
peor de sus males?
-Oh! no, ningún contratiempo y papá sigue
muy bien con las medicinas del Doctor Lerbon.
¿Pero como se entra aquí? No entiendo esto de
los barcos.
-Tome usted mi brazo; se lo suplico.
Y sin pensar más en Binao en la cual ni aún se
fijó Nelly, Juan pasó entre los marinos respetuosos
y bajó á su cámara acompafiado de la joven. El

EL MUNDO.

Doctor ocupado en sus labores de sabio ni les oyó
-pasar.
Nelly sonrien:io dirigió una mirada en torno
.suyo y preguntó:
-¿Estamos solos aquí?
-Solos.
Entonces ella le abrió los brazos y awbos se
estrecharon con efusión.
-Oh! qué dicha, decía, es e,;ta de volverse á
ver. He pensado tanto en tí! Cuando partistes
de .A.mbohimarina creía que te olvidaría fácilmP.nte y que no tendría intento alguno de rebelarme contra el destino qu~ nos separaba, pero
luego comprendí que era imposible. Yivía en tí,
constantementP, como si tuviera derecho para
ello, como si fuera tu mujer ó tu bijR. ó un ser
creado por tí y p11ra tí ¡ay! amándote de un modo que nunca soflé fuera t,rn profundo. Te amo:
y si esto te enoj&lt;1, Eé caritativo y no me dejes
sospechar tu des,·ío. Calla, c11lla todavfa y no me
mires con esos ojos de cólera que me d,m ruiedo.
Ya sé que me porto como un chico mitlcriado y
que merezco que se me rilla muy fuerte, muy
fuerte ..... .
El la besaba no pudiendo resistir á los impulsos de su corazón.
-Ne!Jy, Ne:ly mía, te amo, yo también te amo
así, con toda la vida; pero es una locura todo esto que hacemos y que decimos ....
-Tiene usted r11zón, mi Comandante, contestó Nelly esquivando las caricias, pero es tan agradable ~er loco así de cuando en cuando!
Luego se alejó, se sentó ~n el divAn y dijo:
-Vamos ... . y a estoy muy formal ita con todo
y mi dicha ¿está bien así?
-Ya sabe usted Nelly cuanto la amo y que no
puedo ni un momento ocultárselo apesar de que
podría yo ser su ....
-Chut .... calle usteJ, pues ni usted mismo
cree lo que va á decir: a su edad todo hombre
es joven y yo ya soy una mujer. Nos amamos
¿porque no nos lo hemos de decir? ¿qué mal hacemos?
-Sí, ¿pero después?
-¿;Después? La pregunta es cruel . ... ¿pero
por qué amargar con esos pensamientos nuet1tra
dicha y llorar la próxima separación cuando apenas nos estamos reuniendo otra vez?
-Es verdad, Nelly, pero me espantan los progresos que hace mi amor, y siento algo como remordimientos ante la idea de ligar la juventud
de usted á ....
-Ah! si no hubiera más que esta razón .... y
Juego ...... la partida está tan próxima otra vez!
Yo estoy aquí de paso y tal vez me iré esta tarde. ¿Cu&lt;rndo volYeré á ver á usted?
-Calle usted, se Jo ruego. En la alegría de
volver á verla, no había pensado en eso. Dice
usted bien, gocemos del momento presente y Dios
hará lo que quiera del porvenlr.
Entonces el111. se sonrió, le echó los brazos al
cuello y prosiguió en voz baja:
-Oye! déjame ocultar la cara contra tu pecho
para decir esto: "te amo, te amo".
Juan le tomó amb'11.s sienes, le levantó la cabeza, le vió l1ugo rato los ojos entrPcerrados por la
emoción y le dió un bP~o en los 1~ biM.
En este momento Nelly retrocedió. lanzó un
grito de horror y tendiendo el brazo hacia la puerta exclamó:
-¿Quién es esa mujer y por qué viene aquí?
Binao que se había fastidiado sola en el puente, vino para preguntar al Comandante á que hora la llevaba á la casa del Gobernador. Sin ruido, porque calzaba sandalias, avanzó Y. permanecía sonrien•e en el marco de la puerta, en actitud de estátu11. con el brazo levantado que sostenía
la cortina. Viend') 111. impresión que había causado, se aproximó á Kelly, le tomó la mano y se
la besó humildemente como para excusarse. Luego con mucha dulzura le preguntó:
-Lo amas tu?
Nelly no sabía que responder y ruborizándose
. dirigió al Comandante una mirada interrogadora.
_Este, dirigiéndose á Binao le dijo:
-Oye, Binao, si en algo me estimas por el pequeflo servicio que he tenido la dicha de hacerttl,
me vas á jurar que no diras á nadie lo que acabas de ver aqui.
-¿Pues qué es casada ella? preguntó Binao
con su lógica de chicuela inculta.
-No.
-¿Y tú?
-Tampoco.
-Entonces ¿de que tienen miedo?

Domingo 7 de Agosto de 1898

DomJngo 7 de Agosto de J '&lt;98.
-No puedes comprenderlo. Júrame que nado&amp;
dirás.
-Lo juro, dijo Binao poniéndose la mano en el
corazón.
-¿Quién es y por que esta aquí? insistió Nelly
en prPguntar.
-Es la reina de los sacalavos, dijo tristemente
de Chalmont, pues t!'aido A la realidad recordó
que tenia que ir á la casa del Gobernador y luego partirá Diego, tan triste ahora que ya Nelly
bahía salido de Ambohomarina.
Y á todo esto ¿por qué Nelly estaba en NossiBe? nihabia pensado en preguntárselo.
-Es la reina de los sacala vos, repitió: desposeída
por los hovas prtfiere emigrar en vez de vivir
entre sus antiguos enemigos y viene á Nosei-Be
en demanda de la hospitalidad francesa. La tomé
en Passandovil esta maflana y la voy állevar ante
el Gobernador; luego volveré á bordo y seguiré
viaje á DiPgo donde deberé aguardar al jefe de la
División Naval ámenos de que aquí reciba yo
nuevas ordenes. Pero ustedNelly; ¿cómo salió de
Am bohimarina?
-No tengo prisa de irá tierra, interrumpió
Binao, quédate aun con tu amigo, me es grato
verlos felices á los dos.
- ,Qué buena es usted, seflorita, dijo N elly muy
respetuosa estrechando las manecitas de la reina,
qué buena es usted que piensa en los otros cuando debe estar t,m afligida! Pero no quiero retar•
dar su marcha y si usted consiente descenderemos á tierra los tres. El Comandante no va á
zarpar tan pronto como se fig11ra.
-¿Qué sabe usted Nelly?
•
- Que va usted en efecto á encontrar nuevas
órdenes en casa del Gobernador.
-¿Cuáles? ¿Y usted está de paso aquí? ¿Va us,
ted á Diego? ¿Cuándv?
- ¡Cuántas preguntas! Hace un momento no
las hacía usted.
-Es cierto; cuando después de larga ausencia
vuelve uno á verse, no hay de pronto más idea
que la de verse juntos otra vez.
-Es cierto. Y esa poca curiosidad y su actitud de usted son lo que me ha tranquilizado a pesar de su 1 palabras desconsoladoras. Temía que
me hubiestl usted olvidado ...... su carta era tan
corta y reservada! no como las mías en que dejé
hablar al corazón. Pero estamos abusando de usted, reina, dijo volviéndose á Binao: vamos, y por
el camino referiré á ustedes por qué estoy aquí.
Binao la escuchaba sonriente y asombrada.
-No; no abusan ustedes. Estoy enc1rntada de
oír cómo hablan las mujeres blancas, cosas tan
lindas.
·-Cuando amamos. Ame usted Binao y hablará C')mO ye, y ni aún pensaría en la corona per•
dida.
Juan besó á Nelly tiernamente y le dijo:
-¿Pe1 o es verdad que voy á permanecer aquí
conti~o? Dime todo lo que sabes.
-Si es cierto y más todavía ... . figúrate ...•
figúrense ustedes que ..... .
Pero decididamente el Comandante no debía
11ún saber la verdad, por que en este momento
llamaron á la puer1a y Nelly, desprendiéndose
de sus brazos, fué á sentarse al lado de la reina.
Adelinte, dijo de Chalmont.
La puerta se abrió y apareció el Doctor Lerbon teniendo sati~fecho en la mano un frasco destapado. Prince que sin duda se había encerrado
con él le seguía con la cara de quien acaba de
despertar de un largo sueflo. Viendo que el Comandante no estaba solo, hombre y perro se de•
tuviP-ron un instante; pero Princetuvo la decisión
más rápida y abriendo mucho los ojos y agitantando la cola, se lanzó sobre la~ rodillas de Nelly y la empezó á acariciar.
-Todo el mundo te ama, dijo Binao, hasta loa
animales .... ¡Eres tan dulce y tan bella!
Nelly hizo una encantadora mueca de gratitud
y desembarazándose de Prince, tendió las manos
al Doctor que sorprendido no sabía que hacer con
el frasco.
-¿Cómo, Doctor, no me reconoce usted?
-Ya lo creo! pero no tengo la decisión tan rápida como Prince, ni puedo portarme como él, lo
cual en verdad que me es muy sensible.
-Déjese de cumplimientos, ponga en ese frasco en 1a mesa y venga usted á abrazará su amiga.
Lerbón dejó el frasco y abrazó á Nelly afect110samente.
-Le veo á usted muy contento, Doctor, dijo
ella.
Oontinuard,

EL MUNDO

117

UN VIÁJE DESÁGRÁDÁBLE
Esperaba yo á mi amigo Révol en la estación del ferrocarril Je Lyon. Llegó el tren; fren•
'te á mi comeuzó á vaciarse un wagón, pero yo no percibía á mi amigo. Salieron suce@ivamente un hombre gordo y una mujer gorda, dos niños gordos arrastrando abrigos y maletas, una nodriza gorda llevandn en sus brazos un niño gordo, luego paquetes, una jaula
eon canarios, una máquina de coser y por último un perro gordo que sacaron de un asiento
bajo el cual dormía. Al fin apareció Rebol que delgado como era,pareclaaún más detrás de
aquel cargamento humano.
-¡Pob!'e amigo! le dije
-Nó. me respondió. no me compadezcas, por el contrario, bendigo á estas gentes. Si
supieras el consuelo que he tenido de verlos subirá mi wagón! Su salud y robust11z me han
compe11sado del riesgo que he corrido de morir ámanos de un loco que durante media hora
me ha tenido bajo el cañón de su revólver.
-¡Un locol exclamé. Si, un loco, un Joco de atar. Yo te contaré todo en el coche.
-Ahora me ve11 reir, pero entonces ....
Hicimos tra@ladar su maleta á un carruaje y poniéndonos en marcha me dijo!
Subí en Laroche á un compartimento de primera, donde no habla @ino un viajero
que en el rincón opue~to mi·aba por la portezuela. Partió el tren y el h 1mbre se volvió hacia mi: su mirada y su sonrisa me prod11jeron una impresión extrem~damente desag.·adable
sin que, de pronto, pudiera explicarme la causa. Tenia la cara larga, en figura de rombo y
su parte inferior terminaba en una barbicha punteaguda. Ni un solo cabello en el cráneo; sus
ojos, de un verde marcado y su soi,risa, tenían una fijeza inquietante. Sin embargo, me pa•
reció que procuraba ser ama ble.
-¿No le incomoda á usted el olor? me preguntó.
Creí que solicitaba permi@o de fumar, pero en sus manos no vela cigarro alguno y me
limité á centestarle con un ademRn tan vago como su pregunta.
-¿Percibe usted olor á mosca? dijo cortesmente, no es desagradable, pero es necesario
estar acostumbrado. ¿Es usted médico?
Le hice señal que nó Pareció dudar de mi respueata, me examinó con atención perspicaz y desconfiada y repuso.
-Yo al lo sc,y. He hecho un estudio sobre los animales quevuel~n,son los únicos que me
'interesan por el batimiento que sus alas propaga en esas ondas oduriferas el efluvio absoluto.
-¡Ohl dije con inquietud.
Ya ~abia á qué atenerme. Miré el ventanillo, el tren corria á ¡?ran velocidad. Consulté
el indicador; durante una hora, hasta Joigny, no habla parado. Busqué la campana de alarma pero justamente se encontraba arriba de la cabeza del loco que -co me quitaba la vista
-de encima siguiei:;do la dirección de mis miradas, de pronto exclamó con tono imperioso:
-¿Es usted médico?
-No, señor, no soy méd,co?
-Entonces, dijo con aquella lógica desconcertante que á veces tienen los locos, ¿por qué
mira usted la rampaniila? ....
Desabr,tonó su paletot, un buen paletot con cuello y mangas de p!eles, y sacó un revolver de bolsillo.
-¿Es usted médico? repitió.
-No, señor, contesté con desesperada sinceridad y vacilando entre el partido de arrojar•
me sobre él y arrancarle su arma, á riesgo de que me matara, ó ablandarlo por la dulzura.
El Joco me dijo con tono melancólico:
-¡Vaya! Está ustPdloco, le compadezco Y agregó.
-No me gustan los locos; sin flmbargo, ,os cuido por pura caridad porque ten¡;o buen
eorazón. En mi hoepital cuido cuatro mil quinientos veinti.;1ete, digo, cuatro mil qumientos
veintisels. Olvidaba que uno de ellos murió ayer
-¡Ah! .... y ¿cómo murió? le dije fingiendo ur. interés que estaba bien lejos de sentir.
-Muy fácilmente, dijo el loco, 10 maté.
Y haciendo funcionar su revólver envió una bala sobre uno de los vidrios, se volvió
lentamente teniendo su revólver en mi dirección, á la defensiva, el compartimento se habla
llenado de un humo azul que se disipaba poco á poco y el ruido de la detonación se había
perdido en el que producía el tren.
- Le digo á usted esto, continúo con satisfacclóu. para probarle q•1e no Je temo á los locos. ;.Tendría usted la extrema amabilidad de cantarme un aire de ópera?
Su voz era dulce, insidiosa y persuasiva; pero á través de sus párparlos medio cerrados,
me espiaban sus ojos como los de un gato en acecho.
-No sé cantar, me atreví á decirle.
-¡Sil exclamó el loco con voz tonante, usted sabe, sabe y quiere engañarme, como lo
hacen todc,s.
¡Cllnte!, me ordenó. Y no mire de ese modo la puerta ni la campanilla de a.larma!
-Se~a usted que no h_ay nadie en el compartimento de al lado, lo he visto bien antes de
montar a. tren. Cante, porque adoro la música.
Y dirigiendo negligentemente su revólver hacia á mi, continúo:
-Voy á contar liasta diez: uno .... des .... tres ....
No esperé que llegara sino hasta el siete y me puse á cantar con todas mis fuerzas la can•
cioncil!a de 111\ialbrouk.11 El loco balanceaba, á compás la cabeza y parecla gozar con delicia.
-No está mal. dijo al fin de la segunda copla. ¿Sabe usted ~olar?
Lo miré con estupefacción y terror.
-Volar, explicó agitando sus dedos con gracia, volar en el aire?
Vacilé en comprometerme ignorando si mi respuesta me atraerla una bala en mitad del
pecho. La mirada del Joco resplandecia de piedad y de triunfo.
- Yo si sé, me dijo.
Un rayo de esperanza me animó y simulé la más viva admiración.
-Eso le sorprende! dijo con ironía, no sospechaba usted semejante cosa, se habla usted
dicho: "heaqui un pobre diablo que no conoce nada de la vida, un bobo, un necio;" no eedisculpe usted, porque ha tenido esa idea, la estoy mlr1mdo ....
¡Pum! Se oyó otra detonación, el loco habla disparado.
-Mirad vuestra idea; la he matado al vuelo. Y agregó severamente:-¡Cuidado con otra!
-¿Habéis hablado de volar? aventuré, ¡oh, 4.ué feliz seria si viera una cosa tan bellal
¡Qué descubrimiento tan admirable! ¡Cómo quisiera veros volar!
Juntaba las manos con admiración. El loco me lanzó una mirada inepirada:
-¿Lo desea usted sincE'ram_ente, J?rofundam_ente, absolutamente? Su voz tenia una entonación solPmne, Ul'l fervor mlst,co ammaba su f1sonomla.
-Mirad! me dijo:
y se inclinó, descorrló el pasador de la portezuela, la abrió, tomó empuje y añadió con
acento de sospecha: Ueted es médico!
Vió en mi semblante tal desesperación tan estúpida y horrible angustia que se conmo·
vió y dijo:
-No, no es usted médico: lo calumniaba, ya veo que es usted un Joco.
Pu~s bien, si yo he aprendido á volar es por la salud de los locos que de esa manera podrán evadirse de sus en~ierros; es para el alivio de los miserables; para que los obreros puedan transladarse sin fatiga á su trabajo, mi descubrimiento está consagrado al mayor bien de la humanidad. Voy á lanzarme, va usted á verlo y volando á lo largo del camino llegaré á Montereau antes que usted: ¡atención!
Sus ojos estaban llenos de fé y de caridad, un éxtasis de iluminado brillaba en su largucho eemblante. Me invadió profunda piedad, y le dije:
-Esperad, todavfa. Yo le creo, le creo á ojos cerrados, pero los demás ... , . .la multi
tud ...... tendrá dudas. Vamos á llegará la estación ..... .
Consultó su reloj y exclamó: -En once minutos.
-Vamos á llegar á la estación, insisti, alll os lanzareis, aqcendereis al espacio y todo el
mundo se prosternRrá al veros, el jefe de estación blandirá en vuestro honor su cachucha
galoneada y yo gritaré tbravo! con todas mis fuerzas.
-Si, . ..... si. ..... decía el loco, e! jefe de estación ...... ust~d gritará bravo! hurra l. ... ..
y en su entusiasmo comenzó á quitarse los botines que arroJó por la ventana, im pantalón
siguió el mism? camino y s~s calzoncillos volaban tam_bién en momentos en que el tren silbaba· entonces se detuvo: -He aqui e 1 momento di'o· ¡oh q
ltl
tud! ya veo al Jefe de estación, los veo á todos, ate~món que voy á lanzarme!
'
,
J ·
ue gran mu ·
y al precipitarse cayó en loe brazos de dos guardianes y un médico que avisados de su fuga le esperaban y ¡0 recogieron apresuradamente
-Entonces fué, con_cluyó Révol, cuando. todas esas gentes gordas y sus grandes pa1uetes invadieron mi compartamiento. Con paternal sol!citud ad é á ¡
dri
2a á colocarse y acaricie al perro cuyos OJOS humanos y dulces me tranquilizaban.
uy
a no •
p AUL MARGUERIT'r.E,

�118

EL MUNDO,

Uomlnlfo 7 de Agosto de 1~

Domingo 7 de Agosto de 1898

EL MUNDO

119

cepto una, han sido ébrios consuetudinarios, y que aún alguno de ellos ha muerto ya á consecuencia de su vicio.
El hombre, pues, que, al buscar su cara y dulce mitad, obra con prudencia á
fin de evitar uncasodeatavismofotal,se preocupa ya por la educación de sud hijos.
Si la Pedagogía toma en cuenta lad lt&lt;yes del atavismo ó de la hereneia y nos
hace reflexi,:&gt;nar sobre ella, si nos pone de manifiesto que el trato dado por el marido á la mujer tendrá futura resonancia sobre el carácter de esos seres tan queridos que han de llevar nuestro nombre y por quienes somos capaces de los mayores
sacrificios si lleva á nuestro espíritu la convíccic&gt;n de que la labor educativa puede comeuzar desde los albores de la vida del niño, si nos da luces para sentar conveniente y sólidamente los cimientos del im¡;ortante edificio de la educación 4110,
según sea bien ó mal dirigida, hará á nuestros hijos felices ó de11graciados, y si
todo~, por regla g,\neral. estamos llamados á. ser padres de familia, es evidente
que el dominio de la Pedagogla se extiende mucho mAs allá de los linderos de la
escuela y que su est11dio puede interesar no sólo al profesor de instrucción primaria sino á todos los hombres en general.
No es por cierto mi humilde y dt1sautorizada voz la primera que se alza para
afh mar que el estudio de la Pedagogía es de interés general. Herbert Spencer
con inimitable elocuencia hace notar, en su interesante obra sobre la educación,
cuán 11bsurdo, cuán incomprensible es que el hombre se aficione preferentemente
á cuidar la prole de los animales más bien que la huya propia En efecto, señores,
es muy extraño qne mientras uos interesa vivameute lo relativo á la crla y ceba
de las reses, al adiestramiento de los perros de caza y á la producción de soberbios caballos de silla ó de tiro; manifestemos el más alto desdén por las cueEtiones
que atañen á la crianza y educación de los niños, como si un hombre valiera meno~ que un animal y como si la raza anglo-sajona no nos estuviera gritando, por
decirlo así, á voz e:a cuello, cuanto vale un país de hombres vigorosos é ilustrados.
Concluiré mis razonamientos con las ,igulentes palabras del ya citado Spencer: «Seriamente hablando, dice, ¿no es un hecho sorprendente el que, aún dependiendo del tr~tamiento demos á nuestros hijos, su vida ó su muerte, i&lt;u ruina ó ~u
bienestar moral y físico, sin embargo, 110 concedamos ni una palabra de instruc•
ción espPcial á aq_uellos que más tarde habrán de cumplir con los deberes del padre de famllia? ¿No es monstruoso pemar que el destino de la nueva generación
haya de dejarse á merced de irreflesivas costumbres. impulsos ó caprhhos uni•
dos á las sugestiones de ignora11tes nodrizas y á laR preocupaciones de las abuelas? Si un comerciante iniciara sus negocios
sin conocimiento de la aritmética y de la tenaduria de llbros,
protestaríamos contra su indiscreción y esperaríamos ver las
funestas consecuencias.. O si un hombre, antes de estudiar
anatomía, se estableciese como cirujano, nos sorprenderíamos
de su audacia y compadeceríamos á sus pacientes. Sin embar~o, el que los padres !!omiecen la difieil tarea de educará sus
hijos, sin tener idea ninguna de los principios fisicoP, morales é intelectuales que deben guiarles, eso ni causa sorpresa
con respecto á los autores, ni inspira lástima p:ira sus victimas A los miles de niños que ya han muerto, agréguense los
cientos de miles que aún existen con delicada y raqultica
constitución, y los millones que crecen y no ~on tan suficientemente robustos como debieran serlo; y entónces se tendrá.
idea del mal ocasionado al géner6' humano por los padres que
ignoran las leyes de la vida_."

PAGINAS D.E LA MODA

DIA DE PRIMAVERA
PARA MADEMOl&lt;1ELLE . . ..

Cerca del blanco tronco de la haya, estarías vos, señorita con
vuestro sombrero blanco, vuestro vestido blanco, vuestra alma
blanca. Yo tendría mi negro dolor. Procura ria ha ceros soñar
dulces sueños, y el laúd no tendría para vos sino los más acariciadores sonidos.
-Si, dice ella-más esa villa italiana ¿no será la morada de
la más infeliz de las mujeres? Los árboles sombríos forman un
misterioso recinto de duelo. El agua de los arroyos parece monologar extrañas historias de amores difuntos. El ere púsculo
inunda con su ténue tinta. de melancolía todo el pa·saje. El anciano que contemp1a meditabundo las linfas parece la encarn!lción de un triste pasado. Los mhmos niños que juegan cerca de la "villa" no alcanzan á hacer que mi alma encuentre una
sola nota de alegría.
-Nuestra alma, á veces, contagia con sus males el alma de las
cosas.
RUBEN DARio.

FI«. 2-TRAJEDE GASA

L ectura para las dainas

LAS BEGONIAS

FIG, 1-TRAJE PARISIENSE PARA VERA;O

Las flores son una de las cosas que más contribuyen á hacer atractiv.1 Ia vida en el campo, pues no solamente embellecen el panorama que se presenta á la
vist a por todas partes, sino que embalsama el aire que
se respira. Por eso es que, á nuestro juicio, las florea
no deben faltar en ninguna finca, ya sea. grande, ya
pequeña, ni tampoco en las casas que dispongan de
algún terreno en que poder formar un jardín por pequeño que sea, y aún en los casos extremos, s~ deben
tener algunas en macetas puestas en cualqwer vent ana en que dé el sol.
Como son tantas y tan diversas las plantas de flores
y las de hermoso follaje que hoy se cultivan en los jardiues, cada floricultor y cada individuo tien sus favo ·
ritas, pero hay algunas que no pueden menos de agradar y convertir en admiradores á cuantos las ven.
Entre las flores, es reina la rosa porque á su gran
tamaño, hermosos tintes y grato aroma aduna una variedad infinita de formas y colores; pe~o enti:e !as
plantas curiosas y elegantes por su follaJe, .se dist,n·
g'llen decididamente las begonias, introducidas e~ la
botánica por el sábio francés Miguel Begón, de qmen
ha tomado su nombre.
La extraordinaria belleza del follaje de muchas de
las variedades de esta especie de plantas, justifica la
gran estimación de que goza toda la familia entre los
floricultores y la generaU~ad del· público, ~de'!1ás,
hay también algunas especies cuyas flores rivahzan
oon los geranios en exhuberancia y variedad de tinte11.
Otra de las cualid~des que distinguen á las bego-

nías es que v.iven y medran en condiciones y circunstancias que serian fatales para otras plantas, por ejemplo, cuando "ª pone en algún tiesto en alguna ventana del lado Este, donde no reciben casi nada de la
luz del sol. Aún la exposición al Norte. donde la luz
del sol no les da nunca, no es obstáculo para su desarrollo, con tal que la temperatura no baje de Mi grados F, pero siempre conviene sacarlas al sol de vez
en cuando.

El tramiento one dBbB darse álos hijos.
HEREOÍAS.

De una importante conferencia peda&lt;&gt;'ica dada en
Guanajuato, tomamos los siguientes interesantes datos útiles á los matrimonios y á las madres de familia.
Hay un hecho existente desde hace si¡los en la
conciencia de la humanidad, según lo comprueban
algun?B proverbios de uso com~!1· como de tal palo,
taí astilla, á tales padres, tales h1Jos, etc.
·
La antropologla, ciencia qu~ sirve de base á la Pedagogía, hi hecho estudios profundos y serios sobre
este asunto. ha llamado en su a•u:ilio á la estadlstica
y ha patentizado que existen geneologlas enteras de
desequilibrados, de hombres perversos, de criminales
que han ido transmitiendo fatalmente á ~us hijos, como ter~ible herencia, un organismo predispuesto al
vicio y al crimen Esto es lo que se llama la ley del
atavismo. Pero no sólo los cónyuges viciosos pueden tener una descendencia perversa; puede ésta generarse igualmente de los histéricos v de los epilépticos. El Sr. Dr. Manuel F lores aseg:111:a en au "Tratado elemental de Pedagogia" haoer conocido á una
histérica., cuyos hijos toao3, hombres y mujeres, ex-

•\.,i/

t: . .
FIG,

,.&gt;/

3 - NUEVO :MODELO DE TOCA

.

�Domingo 7 de Agosto de 1898

EL MUNDO

120

Cada. uno sa.be donde,

.-r,-..· ~ -:,·/•,

tt?},,

:-?"'
&lt;•,'

H'

f

';/,,',

r~

,f/4.? '1':;

,,J;,%., },f

1

Un pobre desea~a separase de
su esposa, con quien basta entonces babia vivido, al parecer
en paz y en gracia de Dios.
El juez conocía á los esposos,
y preguntó al marido:
-¿Por qué se quiere usted separar de su mujeri' ¿No es virtuosa?
- Si, señor.
-1.No es trabajadora?
- Si. señor.
';j, ,'f-?
-¿No es buena madre?
-Si. señor.
.
'
&amp; ,. ?~~~
, ~-~-. .:, -Entonces si tiene tan buenas
,•-· .._,....·,:-:·-·
cualidades ¿cómo quiere usted
•.-..~,::_
dejarla?
' ;
Al llegar a qui se quitó el hombre un zapato:
/;'
- ¿Ve us.ed este zapato, señor
. ·• juezi'
;;~;\
,¡1,_. J -Si, señor.
-¿No es nuevo?
},~,1Í
-si: señor.
//'
-1.N o está bien hecho?
-SI, señnr.
-¿No ei; buena suela y buen
becerro?
-SI, señor.
-l'ues sin embargo, este zapato me aprieta.

TO.M:ou

.MEXICO, .AGOSTO 14 DE 1898

EL GRAN TEATRO JUAREZ EN GUANAJUATO

'

~-

{:
,1·-' //,

.

···"":'~
,.:;.~-

, t,

•.. i,

\jt;~ \".
~-:-~.,.,·-

.

~.:'

/ ..,:}_}\

-,~
'/i~?
.. t.~~..
.

vv·_.,,
.,

-¡Ya!

-Y lo mismo me pasa con mi
m'ujer. CADA UNO SABE DONDlll Llll
APRIETA ~L Z4PATO.

L,

I

...

:_. ·...

..~·

-~

:

i

Torta. de cama.rones enteros

-:~¡~~

~· -/::""\(~

FJG.

5-CALZONES PARA NIÑAS DE 6 Á 13 AÑOS

jacquet es redondo, con jockeys y mangas an~ostas,
con aplicación en la parte inferior de muselma de
seda.
Falda plena de satín crema leve con gran adorno de
guias y flores adornos.

FIG, 2-TRAJE DE GASA,

ulo de los más hermosos modeh,s para el estío, con
cuerpo blusa cerrado en bandas, abnénclosesobre un
plastrón de tafetán finisimo, cruzado en bandas también.
Cinto de raso en lazos caprichosos ornando el _rordo superior de la blusa y la falda, con lazos caprichosos.

Se frien en manteca ajos y gitomates picados, y se les ponen
clavo, azafrán, canela y pimienta en polvo,estandosazonadaesta salsa, se le añaden alcaparras,
pasas, almendras, sal, vinagre,
un pedacito de azúcar, perejil
deshojado y los camarones limpios y cocidos; cuando esté de
buen punto, se &amp;},arta del fuego
y se revuelve la pasta con huevos
batidos, poniéndose todo en una
cazuela con manteca, encima se
le ponen rueditas de betabeles
cocidos, y en seguida se añade
gitomates y cebollas rebanadas,
cubriéndose todo con el resto de
los huevos y pasta, y poniéndo•
se á cocer á dos fuegos. Se puede servir con salsa de chile.

; ~ &lt;1&gt;.'-~f~--~ .

( .\~t(

•

Vista de uno de los ángulos del foyer.

LOS PESCADORES DE SIRENAS.
FIG. 4--TOILETTE DE PASEO.

CURIOSIDADES
La mujer sabe de eso-Papá, preguntó un niño á su
padre, ¿de cuántas palabras se compone el idioma ca3tellano?
Tu madre es quien entiende de eso, hije mio. Pre•
gúntale á ella.
-La pequeñez del hombre es la base de su soberbia. por eso los más soberbios son los más pequeños.
_:_Una fuerza de ~ien mil bayonetas puede ser vencida por otra de ciento cincuenta mil. Una idea santa,
san~amente pra-cticada, no hay poder que la venza.
-El mérito de las mujeres no brilla sino después
que ha pasado la luna de miel: es l&gt;reciso casarse con
ella~ para saber lo que valen" -Richtev.
-El matrimonio á los 20 años, es un peligro; á los
30 una esperanza; á los 40 una necesidad.
Los unos Pura te nombran
Los otros Concha te llaman,
yo, en vista de tu dureza,
tus tretas y tus escamas,
opino que Concha Pura
es el nombre que te cuadra.
11

Péscame una, oh egipan pescador, que tenga en sus escamas
ardientes la irrisada riqueza metálica que decora los admirables arenq~e&amp;. Péscame
una, cuya cola bifurcada puede_hacersonar.en el pav~
real marino y cuyos costado~ fmos y reluc~entes tengan aletas semejantes á orientales abamcos dA pe•
dreria; péscame una que tenga Terde_s los cabellos,
cerno debe tenerlos Lorelay, y cuyos 01ostengan fos·
forescencias raras y mágicas chispas; cuya-bo&lt;:a salada bese y muerda, cuando no c~nte las canciones
que pudieran triunfar de la astuc1_a de Ullses; cuyos
senos marmórP.os culminen, flore~i~os de_ rosa Y cuyos brazos, como dos albo~ y divrnus p1thones me
aten para llevarme á un abismo de ardie~tes placeres. en el país recóndito en donde los palacios son hechÓs de perla, de coral y de concha de nácar.
Mo s esos dos sátiros que se divierten en la costa de
alguna ignorada Lesbos, Tempo ó Amatunte, son
clertitmente malos pescadores. El uno viejo y fornido,
se apoya en un grueso palo nudoso, y mira con_ cómica 11strañeza la sirena asustada y poco apetecible
que su compañero ha pescado, Este saca la red y no
parece muy satisfecho de su pesca. De la red, de los
cabellos de la sirena, chorrea el agua formando en el
mar clrculos concéntricos. Sobre las testas bicornes y
peludas, se extiend~ al beso d~l dla, un fresco follaje,
mientras rema en su fiesta de oro, sobre nubes, tierras y olas, la antorcha del Sol.

FIG 6-0AMISAS DE NOCHE PARA NIÑAS Dlll 8 Á 14 AÑOS
FIG, 3-NUEVO MODELO DE TOCA,
La originalidad de esta toca, más que en @u escarapela de seda, más que su elegante penacho de plumas
y su hebilla fantasia, está en los manojos de cerezas
que alternan graciosamente coB chifones de raso.
Lo recomendamos especialmente á nuestras lectoras.
FIG, 4-TOILETTlll Dlll PASlllO.
Falda de sarga azul guarnecida de galones azules
y metal, doublé de seda azul.
Cuerpo ornado de los mismos galontis y abierto sobre ui: plastrón de satín blanco rayado de ne~ro.
Corbata de encaje. Cjnturon anudado á la izquierda, de tafetán violeta Mangas justas con pequeños
yockeys ornados de galones.
FIGURAS 5, 6, 7 y 8.
INTJllRIOR PARA SEÑORAS,
Cumplimos nuestro propósito de dar con intervalos regulares, esta sección que ofrece modelos graciosos de labores de casa y ropa interior.
Damos hoy lindos modelos de calzones y camisas
para niñas y de chambritas de lino y batista de encantadora novedad.
ROPA

•.

1
1

l

!

NUESTROS GRABADOS

·1
FIG, 7-0A!USAS PARA NIÑAS Dlll 10 Á 14 AÑOS

FtG. 1-TRAJlll PARISIENSE PARA VERANO
Desde ~e empezó el verano, las novedades que inauguró fueron, con toda especialidad, los jacquets de se1ia ó de satin, hechos regularmente de color negro;
á medida que ~a est~ción avanza, la popularidad de estos tra1es es _mayor; el que
señalamos en IR figura numero 1, es de la
casa Félix de Paria y de un efecto admirable. El jitcquet negro y ceñido . de salón,
"e abre en dos solapas elegantis1mas, dcublée de satín &amp;la.neo sobre el pecho. Como
adorno lleva galones de felpa de ~eda. El

FIG, 8-0AMISETA Y OALZONlllS PARA NIÑITAS

Gran escalera en el vesU:bulo

•·

NUMERO '1'

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93455">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93457">
              <text>1898</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93458">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93459">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93460">
              <text>Agosto</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93461">
              <text>7</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93478">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93456">
                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 6, Agosto 7</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93462">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93463">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93464">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93465">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93466">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93467">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93468">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93469">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93470">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93471">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93472">
                <text>1898-08-07</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93473">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93474">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93475">
                <text>2017516</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93476">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93477">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93479">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93480">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93481">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1235">
        <name>Caricatura en el extranjero</name>
      </tag>
      <tag tagId="1234">
        <name>Isla Puerto Rico</name>
      </tag>
      <tag tagId="1238">
        <name>Las begonias</name>
      </tag>
      <tag tagId="399">
        <name>Moda</name>
      </tag>
      <tag tagId="1233">
        <name>Muerte de Otto Bismarck</name>
      </tag>
      <tag tagId="1236">
        <name>Nuestra señora de la castidad</name>
      </tag>
      <tag tagId="1208">
        <name>Por un marido</name>
      </tag>
      <tag tagId="1237">
        <name>Un viaje desagradable</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3583" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2225">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3583/El_Mundo._1898._Tomo_2._No._7._Agosto_14..ocr.pdf</src>
        <authentication>0fd99fcbe590761b4bf4cc3d05006bac</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117405">
                    <text>Domingo 7 de Agosto de 1898

EL MUNDO

120

Cada. uno sa.be donde,

.-r,-..· ~ -:,·/•,

tt?},,

:-?"'
&lt;•,'

H'

f

';/,,',

r~

,f/4.? '1':;

,,J;,%., },f

1

Un pobre desea~a separase de
su esposa, con quien basta entonces babia vivido, al parecer
en paz y en gracia de Dios.
El juez conocía á los esposos,
y preguntó al marido:
-¿Por qué se quiere usted separar de su mujeri' ¿No es virtuosa?
- Si, señor.
-1.No es trabajadora?
- Si. señor.
';j, ,'f-?
-¿No es buena madre?
-Si. señor.
.
'
&amp; ,. ?~~~
, ~-~-. .:, -Entonces si tiene tan buenas
,•-· .._,....·,:-:·-·
cualidades ¿cómo quiere usted
•.-..~,::_
dejarla?
' ;
Al llegar a qui se quitó el hombre un zapato:
/;'
- ¿Ve us.ed este zapato, señor
. ·• juezi'
;;~;\
,¡1,_. J -Si, señor.
-¿No es nuevo?
},~,1Í
-si: señor.
//'
-1.N o está bien hecho?
-SI, señnr.
-¿No ei; buena suela y buen
becerro?
-SI, señor.
-l'ues sin embargo, este zapato me aprieta.

TO.M:ou

.MEXICO, .AGOSTO 14 DE 1898

EL GRAN TEATRO JUAREZ EN GUANAJUATO

'

~-

{:
,1·-' //,

.

···"":'~
,.:;.~-

, t,

•.. i,

\jt;~ \".
~-:-~.,.,·-

.

~.:'

/ ..,:}_}\

-,~
'/i~?
.. t.~~..
.

vv·_.,,
.,

-¡Ya!

-Y lo mismo me pasa con mi
m'ujer. CADA UNO SABE DONDlll Llll
APRIETA ~L Z4PATO.

L,

I

...

:_. ·...

..~·

-~

:

i

Torta. de cama.rones enteros

-:~¡~~

~· -/::""\(~

FJG.

5-CALZONES PARA NIÑAS DE 6 Á 13 AÑOS

jacquet es redondo, con jockeys y mangas an~ostas,
con aplicación en la parte inferior de muselma de
seda.
Falda plena de satín crema leve con gran adorno de
guias y flores adornos.

FIG, 2-TRAJE DE GASA,

ulo de los más hermosos modeh,s para el estío, con
cuerpo blusa cerrado en bandas, abnénclosesobre un
plastrón de tafetán finisimo, cruzado en bandas también.
Cinto de raso en lazos caprichosos ornando el _rordo superior de la blusa y la falda, con lazos caprichosos.

Se frien en manteca ajos y gitomates picados, y se les ponen
clavo, azafrán, canela y pimienta en polvo,estandosazonadaesta salsa, se le añaden alcaparras,
pasas, almendras, sal, vinagre,
un pedacito de azúcar, perejil
deshojado y los camarones limpios y cocidos; cuando esté de
buen punto, se &amp;},arta del fuego
y se revuelve la pasta con huevos
batidos, poniéndose todo en una
cazuela con manteca, encima se
le ponen rueditas de betabeles
cocidos, y en seguida se añade
gitomates y cebollas rebanadas,
cubriéndose todo con el resto de
los huevos y pasta, y poniéndo•
se á cocer á dos fuegos. Se puede servir con salsa de chile.

; ~ &lt;1&gt;.'-~f~--~ .

( .\~t(

•

Vista de uno de los ángulos del foyer.

LOS PESCADORES DE SIRENAS.
FIG. 4--TOILETTE DE PASEO.

CURIOSIDADES
La mujer sabe de eso-Papá, preguntó un niño á su
padre, ¿de cuántas palabras se compone el idioma ca3tellano?
Tu madre es quien entiende de eso, hije mio. Pre•
gúntale á ella.
-La pequeñez del hombre es la base de su soberbia. por eso los más soberbios son los más pequeños.
_:_Una fuerza de ~ien mil bayonetas puede ser vencida por otra de ciento cincuenta mil. Una idea santa,
san~amente pra-cticada, no hay poder que la venza.
-El mérito de las mujeres no brilla sino después
que ha pasado la luna de miel: es l&gt;reciso casarse con
ella~ para saber lo que valen" -Richtev.
-El matrimonio á los 20 años, es un peligro; á los
30 una esperanza; á los 40 una necesidad.
Los unos Pura te nombran
Los otros Concha te llaman,
yo, en vista de tu dureza,
tus tretas y tus escamas,
opino que Concha Pura
es el nombre que te cuadra.
11

Péscame una, oh egipan pescador, que tenga en sus escamas
ardientes la irrisada riqueza metálica que decora los admirables arenq~e&amp;. Péscame
una, cuya cola bifurcada puede_hacersonar.en el pav~
real marino y cuyos costado~ fmos y reluc~entes tengan aletas semejantes á orientales abamcos dA pe•
dreria; péscame una que tenga Terde_s los cabellos,
cerno debe tenerlos Lorelay, y cuyos 01ostengan fos·
forescencias raras y mágicas chispas; cuya-bo&lt;:a salada bese y muerda, cuando no c~nte las canciones
que pudieran triunfar de la astuc1_a de Ullses; cuyos
senos marmórP.os culminen, flore~i~os de_ rosa Y cuyos brazos, como dos albo~ y divrnus p1thones me
aten para llevarme á un abismo de ardie~tes placeres. en el país recóndito en donde los palacios son hechÓs de perla, de coral y de concha de nácar.
Mo s esos dos sátiros que se divierten en la costa de
alguna ignorada Lesbos, Tempo ó Amatunte, son
clertitmente malos pescadores. El uno viejo y fornido,
se apoya en un grueso palo nudoso, y mira con_ cómica 11strañeza la sirena asustada y poco apetecible
que su compañero ha pescado, Este saca la red y no
parece muy satisfecho de su pesca. De la red, de los
cabellos de la sirena, chorrea el agua formando en el
mar clrculos concéntricos. Sobre las testas bicornes y
peludas, se extiend~ al beso d~l dla, un fresco follaje,
mientras rema en su fiesta de oro, sobre nubes, tierras y olas, la antorcha del Sol.

FIG 6-0AMISAS DE NOCHE PARA NIÑAS Dlll 8 Á 14 AÑOS
FIG, 3-NUEVO MODELO DE TOCA,
La originalidad de esta toca, más que en @u escarapela de seda, más que su elegante penacho de plumas
y su hebilla fantasia, está en los manojos de cerezas
que alternan graciosamente coB chifones de raso.
Lo recomendamos especialmente á nuestras lectoras.
FIG, 4-TOILETTlll Dlll PASlllO.
Falda de sarga azul guarnecida de galones azules
y metal, doublé de seda azul.
Cuerpo ornado de los mismos galontis y abierto sobre ui: plastrón de satín blanco rayado de ne~ro.
Corbata de encaje. Cjnturon anudado á la izquierda, de tafetán violeta Mangas justas con pequeños
yockeys ornados de galones.
FIGURAS 5, 6, 7 y 8.
INTJllRIOR PARA SEÑORAS,
Cumplimos nuestro propósito de dar con intervalos regulares, esta sección que ofrece modelos graciosos de labores de casa y ropa interior.
Damos hoy lindos modelos de calzones y camisas
para niñas y de chambritas de lino y batista de encantadora novedad.
ROPA

•.

1
1

l

!

NUESTROS GRABADOS

·1
FIG, 7-0A!USAS PARA NIÑAS Dlll 10 Á 14 AÑOS

FtG. 1-TRAJlll PARISIENSE PARA VERANO
Desde ~e empezó el verano, las novedades que inauguró fueron, con toda especialidad, los jacquets de se1ia ó de satin, hechos regularmente de color negro;
á medida que ~a est~ción avanza, la popularidad de estos tra1es es _mayor; el que
señalamos en IR figura numero 1, es de la
casa Félix de Paria y de un efecto admirable. El jitcquet negro y ceñido . de salón,
"e abre en dos solapas elegantis1mas, dcublée de satín &amp;la.neo sobre el pecho. Como
adorno lleva galones de felpa de ~eda. El

FIG, 8-0AMISETA Y OALZONlllS PARA NIÑITAS

Gran escalera en el vesU:bulo

•·

NUMERO '1'

�EL MUNDO,

122

LASEMANA
Es ya cosa corriente que París carece de
atractivos duranteiosme3es de verano; pero atractivos no quiere decir sucesos, y así se explica que
vengan henchidas de notas, á cual más curiosa,
las revistas de la gran capital. ¿Es en alguna de
ellas ó en las columnas de nuestro pobre noticierismo,-que con razón llamamos Crónica neg1·a,
-donde be encontrado ese refinamiento supremo del crimen,-el crimen filosófico y doctrinario? :Marcos López es un simple carrero y puedo
asegurar que hasta la fecha en que fué consignado á los tribunales no había leído, ni imaginado
leer, una sola página deloe flamantes teóricos de
las escuelas anárquico-socialist1:ts; y aún creo que
ni de nombre conocía á Ravacholl, Vaillant v
sus secm,ces. Prueba evidente de que las inteligencias extraordinarias,-así se alojen en el ce•
rebro inculto de este carrero ó de aquel gaftán,no necesiten de una educación especial para concebir, desarrollar, y aun para aplicar y propagar
una teoría, es qe Márcos López al ser aprehendido por robo de un tercio de azúcar, alegó que había cometido el hurto porque .... el duefto del
azúcar es hombre rico, y según el credo moral
del delincuente López la propiedad es el robo. Ya
imaginais los resultados de la misión apostólica
de .lllárcos López en ese foco de cultura que se
llama Belén: su propaganda nos proporcionará la
fortuna de contar dentro de poco tiempo con una
poderosafalanje de comunistas y anarquistas, tanto
mejor dispuestos á la propaganda por la acción,
cuanto · que no habrán •derivado su sistema
de una teoría, sino de un hecho,-la pena que impongan las autoridades al futuro jefe de los enemigos de la sociedad.

,_

Pero si por un concurso de fatalidades que
asombran, nuestro pueblo manifiesta algunas tendencias al crímen, en sus formas violentas, en
cambio, las clases media y superior, no admiran
precisamente por un olvido e4 traordinario de la
propia conservación. Cayó el. duelo en desuso, el
duelo-tragedia, y hoy el duelo farsa no se desen
laza en la Concordia sino en et Juzgado; los conocidos caballeros J. O. y M. H., apadrinados por
otras cuatro iniciales, dirimen sus querellas en
un acta y para salvagnardia de su honor conservan en sus gavetas el párrafo de gacetilla correspondiente. La. riña trágica no es el sucedaneo necesario del duelo. ¿Quíén piensa en arriesgar la
vida en esta tierra felíz de la eterna primavera?
Ni aun los que van á Sll!ciclarse están al cabo de
su determinación. Matarse .... y para qué, si la
comisaría se encarga de impedirlo? Un joven, impulsado acaso por una de esas negras melanco•
lías que nublan el espíritu de los pollos imberbes
á quienes el papá echa en cara sus hábitos depravados y su holgazanería incurable, huye de la
casa paterna y á poco envía un ultimatum en el
que ha garrapateado con ortagrafía que excusan
las ·c ircunstancias su resolución definitiva, el suicidio. Mientras la madre y las h6rmanas lloran,
rezan y sufren síncopes, el hermano del suicida
corre á recoger su cadáver el cual vuelve por su
pr0pio pié, sano, salvo y acaso satisfecho de su
comedia. Habrá que agregarle á l¡i. estadística
una partida,-suicidios frustrados,- y será la
más numerosa.. .
'

,_

Creamos á los periodistas franceses. Los microbios y los automóviles son los grandes enemigos de la existencia humana. En París, por ejemplo, ya nadie piensa en vivir desde que los
chauffeurs surcan ld.s calles en sus máquinas
vertiginosas, derribando á éste, aplastando al
otro y aterrorizando por todas partes á los indefensos transeuntes de infantería, que ya no van
al Bosque ni se aventuran por los bulevares temerosos de regresará casa con el cráneo hendido ó algunas costillas menos. En México nos contentamos,-buenos burgueses tradicionales -con
las antiguas plagas endémicas. sin pedir á Ía civiJizaci&lt;in procedimientos destructores inéditos. A
título de curiosidad tenemos un ejemplar de automóvil en la persona de cierto americano grave y tieso, infatigable chauffeur que á bordo de
su auto-ciclo recorre la ciudad en todos sentidos
y á todas horas con una velocidad uniforme de
cuarenta kilómetros por hora. Va usted al Paseo
de la Reforma? pues á poco aparece en un extremo de la Calzada nuestro ·hombre, digo, nuestra mAquina; pasa, y se pierde á lo lt&gt;jos en un

abrir y cerrar de ojos; y así en todas partes,
frente al Correo, en Plateros, en Buenavista, en
Belen, el moto ciclo zumba, rt&gt;pica, aturde, y deja á los transeuntes boqui-abiertos. Ese hombre
y esa máquina, ubicuos y semi-fantásticos, son
un conjunto inseparll.ble, forman una pieza que
nunca se dt sarma, y á fuerza de verlos tau to
creeis en una entidad, una representación abstracta del reclame, puesta. al servicio de alguna
casa constructora de automóviles. Evocais el personaje misterioso de .Julio Verne, aquel inventor
de una máquina para volar A quien vió una maftana París asombrado, evolucionar por los aires
y sentarse luego en las torres de Nuestra Se:fl.ora
y en la cúpula de la columna Vendome. A diferencia del novelesco nadador aereo, el hombre
auto-ciclo ele México un día dejó de ser el prodigio de nuestra vida callejera, y los curiosos de
Plateros rieron de buena gana al ver un automóvil d~sbocaclo, y tras del automóvil á su duefio y
parte complementaria corriendo desesperadamente hasta alcanzarlo. Adios prestigio! un autociclo que se desboca-como cualquier bruto pursang - no sale ganando con la comparación,
no satisface los ideales estéticos de nuestro pueblo ginete y dumador. ,_
P.or lo visto los que no van al teatro obran
cuerdamtonte, porque más divierte una escena callejera por anodina que sea que el monótono desfile de las mismas figuras, eternamente iguales á
sí mismas, entre los frisos y la rampa. Y no hablo de Mésmeris ¡si al menos todos se transfo1·•
maran como él al presentarse ante su público!
Pero ni Pepe Vigil con toda la f11stuosa varied~d- cle su indumentaria deja dp. ser el mismo Pepe
V1g1! en todas sus obras y papeles. Y los coristas .... por le menos de ellas quisiera hablnr con
todo ~l respe~o qu~ merecen esas sexagenarias,
que s1 cantan mal tienen la disculpa de su edad
valetudinaria y que compensan su cruel entonación con supremas ventajas decorativas. Lo exótico, ó por mejor decil', lo anacrónico, encanta,
l?º un gran este~a contemporáneo viste jubón y
c1:fl.e espada med10eval para escribir novelas moder_nísimas? Así las antiguas coristas y i.ntiguas
muJeres de nuestros _teatros; hay peto que pasa
del busto de una sacerdotisa á las carnes adiposas _de·una burgu~sa Renacimiento, y falda campesrna qu~ se aphca á lucir los primores de una
bayadera. Y los hombres .... Un amable espectador vecino mío creía reconocer entre ellos antiguos subalternos de Yamagata, reconcentrados
desertor~s de las filas de Aguinaldo, y todo ·¡~
que la Micronesia, Polinesia y Melanesia produce
do ~ás rar? ! est!ambótico en materia de singularidades f1S1ológ1cas. El anuncio azul que habla
de la fusión de varios cuerpos corales promete
má~ de lo que im~gmaron los fecundos · empresanos. Una colección de ochenta variedades ....
Deberfon repartir en dos ó más funciones el espectáculo.
,_
. Y el p~blico lo verá con agrado; porque al
f~n las constas _tienen un mérito,-aunque negativo, no son afici'onados. Oh! los aficionados ....
Desde que hacen su primera salida á los verdes
campos de lo lírico, helos ahí convertidos en gallardos pa_vos reales, autores, oficiantes y narcisos á un tiempo ~e su incipiente gloria. El ilogismo más que la risa caracteriza específicamente á
la humanidad, y si nó ¿por qué esos aficionados
que escuchan un aplauso de estímulo quieren ver
er. la corte3ia del público algv como una sanción
conmemorativa? No, mis queridos especialistas
el espectador imparcial de las butacas os din\
que un público· que ha llegado en su tolerancia á
d~jar inadvertido~ los defectos para que el principia~te cobre ánu~o, no autoriza estos pecados
capit~Ies de la vamdad de ciertos artistas. Los
qu_e tienen el talento y la fortuna de vencer las
pnm~ras jornadas sin pagarse de triunfos ..•
relativos,-muy fáciles en ail.os de esterilidad _
son los únícos merecedores de la simpatía popular; p_ero por d~sgracia es contado el número de
los discretos.

,_

No hay razón para extremar los pesimismos.
li:l arte ofrece á los selecto~ la solemnidad de sus
r~~os augustos. Después de las audiciones exquisitas de Meneses la velada fúnebre de Bismarck
en la que volvió el maestro á empu:fl.ar su irre~
prochable batuta, Profunda significación yacentua~o sabor germánico el de esa conmemoración,
sabia! noblemente impregnada de los perfumes
artísticos de la Patri!\ alemana A la quedió el di-

Domingo 14 dt&gt; Agosto de 1889.

Dómin!Z'n 14 de AJroeto de 1898.

funto Canciller nueva organización dentro de lo~
viejos m0ldes, cerrando los eslabones dela cadena imperial con la masa que esgrimía en su brazonervudo Martel el osado. Los hombres como Bismarck no pertenecen á la humanidad, por más
que su nombre y sus hazanas sean de la historia;·
pertenecen á un pueblo, representan sus tradiciones, esclavizan á ella y á los destinos de la
Patria sus esfuerzos, y la Patria los santifica en
el recuerd o y los consagra como héroes ó semidioses . . Pe10 la humanidad, poniéndose fuera,
de las ideas dogmáticas de un convencionalismo,
los declara justiciables ante la amplitud del criterio sin vasallajes. Los alemanes han hecho de
la solemnidad bismarckina un acto esencialmente patriótico, religioso, encerrándose en la capilla de sus creencias para dar forma á la expresión de sus dolientes recuerdos y de sus altivas
aspiraciones nacionales.

,,.,,,
Dos raptos la semana pasada y tres en ésta.
Es mucho, pero no es todo; lo curioso esla rabiosa
huelga de h#os que escandaliza y divierte á nuestra socie'dad, el toque maestro está en las nuevas Bplicaciones invers11.s del Código Penal. El
feminismo hace su aparición en México de una.,
manera original. Una doncella ha tenido la hu•
morada de cometer un t1·iple rapto contra :a voluntad de sus victimas, y lo más adorable de la,
aveutura es que los raptados, acaso sin compensación de ninguna especie, van á ser huéspedes.
de Belen. La raptora merece algo más queuna encerrona en las Vizcaínas, destino que le ha asignado la voluntad paterna. Cuidado, caballeros!·
el caso puede repetirse y .no sería malo reformar
·el Código en el capítulo respectivo; nuestra h onra y nuestra tranquilidad están amenazadas por·
las sef/.oritas rapto1·as. A defenderlas contra la
ola ascendente del movimiento feminista.

DICK,

RESUMEN-Fin del confflcto htspano-amerlcano.-Las:
condiciones de paz.- Espana acepta las bases Impuestas por el venee1lor.-Los partidarios de la guerra. _
Vanas esperanzas.-La sltualllón de Espana.-;,(lué
ha hecho el partido llberal't-La fuer,a de las cosas
-La obra de Sagasta,-Los partidos. -La voz del pue-h
blo.-Concluslón,
Después de prolongadas meditaciones y de consultas repetidas con los diferentes corifeos de 103
partidos políticos; después de analizar detenidamente la situación donde no se encuentra un rayo•
de luz, y convencerse de que la lucha por desespe!ada que sea, por más que se cuente con el he:01smo de los soldados, tendrá que ser estéril érnfe~unda para la causa espaftola, el gabinete q u~
preside ~l Sr. Sagasta, autorizando debidamente
al Em_baJador de Francia cerca del Gobierno d eW~shmgtou para representar los intereses del
rem~, ha decidido admitir las condiciones depaz impuestas por el presidente Me. Kinley.
Presentada la contestación de Espa:fl.a por M.
~ambon ante la Casa Blanca, hubo breve discusión sobre pequeftos detalles, se discurrió un po~o _sobre Ugeros incidentes, y quedó convenido,
ult1mamente, según las noticias que nos comunican las agencias cablegráficas, que, aceptadas.
en lo fundamental las proposiciones de paz formuladas por la Casa Blanca, pronto se hariai)
constar en un protocolo firmado por los respectivos representantes, constituyendo así las bases á.
que_ se han de sujetar los comisionados de ambas
naciones, que han de reunirse á la breveJad pJ-

•

123

de restaurar las fuerzas agotadas en lucha
DAMAS DISTI.NGlJIDAS.
sible en París, para convenir el tratado de
paz definitiv!\.
desigual.
*
* * los que sostienen
***
Digan cuanto quieran
Grande es !'a responsabilidad
que tiene
toda vía la guerra á cualquier precio, los que
ante la nación espaftola el ministerio Sa•
pretenden que Espafta se desangre hasta Jo
gasta; grandes han sido las dificultades con
último en una lucha desigual, los que anheque ha tenido que luchar en el interior y
lan que el pueblo espaftol llegue al mayor
fuera del país. En el interior las facciones
extremo de sus sacrificios; digan cuanto
republicana y carlista, se aprestan á la luquieran los que abogan por una resistencia
cha, pretendiendo aprovecharse del deseontenaz, heroica y sin límites, es lo cierto que
tento general, que oe11siona la derrota, pael gabinete esp11ftol ha obrado en esta ocar a derrivar la dinastía en provecho propio.
sión ur~ido por las circunstanci11s. Al acepPor fuera un enemigo fuerte, poderoso y
tar la situación que heredó del partido conenorg-ullecido con sus victorias, exigiendo
servador, no se ocultaban al Sr. Sagasta y
sacrificios de territorio, ya que no puede
á sus partidarios, las dificultades con que
cobrar indemnizaciones en numerario; y e~
tendrían que Juchar; oíanse y a los rumores
medio de estas angustias, la voz del pueblo
sordos de próxima tempestad, relámpagos
exaltada por los agitadores de oficio, acucárdenos surcaban el horizonte anunciando
sándolo y haciéndolo respons11,ble de la gran
te~l'ible tormenta, el suelo mismo de la pacatástrofe. Se necesita de la energía del antria cspaftola se hallaba sacudido y agitado
ciano liberal, para permanecer enhiesto, firpor convulsiones tremendas. La insurrecme en el puesto que se le ha confiado, y
ción cubana combatida á sangre y fuego por
resistiendo el vendaval que en su torno se
e.l Gral. Weyler, no había sido sofocad11.
desata.
Muertos algunos de los principales caudiSi alguna vez se exigen responsabilidades
llos de la revolución, brotaban nuevos camcreemos que se hará justicia al jefe del parpeones que sostenían en la manigua la bantido liberal.
dera insurrecta. Firmado en Bit1cnabató un
X.X.X.
convenio entre los jefes tagalos y el Capitán
Agosto 11 de 1898.
General de Filipinas: dá.base poi· concluido
y fracasado el intento de Aguinaldo y sus
socios en el Archipiélago Magallánico, por
más que se sentía cierto descontento que
no había podido ser arrancado de raíz.
Entre tanto los trabajos de las juntas' re•
volucionarias cubanas · no cesaban en los
Estados Unidos, allegando elementos y con,
citando voluntades áfavor de su causa; y podía c1c1lcularse, sin necesidad de vista pro--NOTAS A TODO VAPOR
fétic.c\, que en tiempo no remoto, era de teSeñora Esperanza Navarrete,
merse la intervención armada de la Unión
MARQUESA DE LARRINAGA,
americana, contra el dominio español en las
RUINAS
[Residente en México.]
tierras antillanas.
Dos guerras coloniales en apartadas v remotas muros de Cavite, y acaban en la capitulación de
_Estasform!dables ciudades americanas no son para
regiones. habían necesitado de innúme;os sacri- Santiago de Cuba, bajo unas bases que habría -vrstasendos o tres días; se hacinan de tal modo en el senficios en sangre y en· dinero, por parte de la Me- rechazado en otras condiciones elpatriotismo es- sorio las imágenes y las impresiones.y cansan por tal extrópoli; ya la opinión se sentía vacilar, y no fal- pañol, pero que fueron impuestas con dureza por tremo los esfuerzos para retenerlas que acaba cualQuiera por sentirse enfermo. Este Chicago renaJido destaba quien aconsejase el abandono de Cuba, para el implacable vencedor. Todavía habremos de pués del incendio de 1872 como por ensalmo-selibrarse de posibles complicaciones y aligerar al ver en juicios posteriores, la depuración de la senta mil edificios en treinta años-con sus avenidas
Estado de la pes!lda carga de una guerra larga, conducta del general Montojo por su derrota de interminables, mal pavimentadas, bordadas de altísimuros cuadriculados por aberturaR iguales, sin
costosa, que hab1a sembrado ya el luto en mu- Filipinas, y del general Toral por su rendición mos
ornamentación ninguna, especie de murallas ciclópichos bogares, y aún la miseria en muchos terri- en Santiago.
cas que se suceden dti manzana en manzana, á veces
torios.
interrumpidas por edificiotes obscuros ricamente columnados de mármol ó pórfido, ó por brechas ceTal era el estado en que recibió el poder el Sr.
***
rradas por maderos y donde aún no hay construcciones
Sagasta. Los acontecimientos se precipitaron; el
Pero faltos de medios de combate, deshechas las ó por casas en vla d"' erección y que asi, en in~
desgraciado incidente del «Maine,» exaltó los ániescuadras
de que podía disponer el gc,bierno es- mensos bloques y por medio de mecanismos que funmos de los que abogaban en el Capitolio por la intercionan admirablemente, se elevan á muchos metros
paftol,
imposibilitado
de desprenderse de los últi- sobre el nivel del suelo para dar entrada á dos ó más
vención; se desechó como inútil el expediente de
reconocer derechos de beligerancia á los insu- mos elementos navales que le quedan para la de- cuerP.OS nuevos; este Chicago parece á propósito para deJar en el cerebro la impresión y el recuerdo de
rrectos, se discutió la independencia de Cuba y fensa de las costas peninsulares, sin poder remitir una Babel de las regiones frias.
auxilios
de
ninguna
clase
ni
socorros
al
apartado
se llegó á un acuerno, cuando las dos Cámaras
Y como van y como vienen y como parece que no
colegisladoras convinieron en pedil' á Espa:fl..a archipiélago de Filipinas, lo mismo que á las An- se paran nunca, los wagones. los carros, loe coches la
el retiro de sus fuerzas navales y marítimas, au- tillas; abandonados á sus propios recursos y á sus gente, todo trabajosamente encajonado en el cauce'de
aquellas ampliascalles y desbordándose en las esquinas
torizando al presidente para emplear las fuerzas solas fuerzas los Capitanes Generales de las colo- con ímpetus de torrente y rumores mayarescos. Alde mar y tierra de los Estados Unidos, á fin de nias antillanas y del Archipiélago Magallánico, gunas yeces tomábamos sin qutirer el paso de ataque de
llevará cabo esta determinación, y hacer que el bloqueados los puertos todos de Cuba y Puerto la cori:1ente humana que nos ?ompr.mia y arrastraba,
pero s1 alguna cosa logrará siempre no mexic•mo es
pueblo de Cuba se diera el gobierno á que tenía Rico por numerosa escuadra que impide que ven- la
de ser perezoso en medio de la actividad de' un
derecho. La guerra fué inevitable, el ministerio ga de fuera cualquier auxilio, cercado en Manila mundo y la de vagar negligentemente en medio de
el
general
Augus"ti,
reducido
al
recinto
de
sus
liberal la aceptó como una necesidad imprescincien mil individuos que corren montados y espoleadible: fué á ella no por su propia voluntad, sino fortificaciones y· acosado por las tribus tagalas, dos por el jockey impasible é implacable del amor al
Nuestro compañero de paseo nos enseñaba
obligado por las circunstancias, urgido hasta el en tanto que el contra almirante Dewey recibe dollar.
numerosoe refuerzos en hombres y provisiones en esta Calle del Estado que vo crefa que terminaba
último extremo, después de haber agotado cuanen San Luis Missouri, el limite á donde habla llegado
tos recursos le ofreció la diplomacia. Las poten- de guerra, ¿á donde iba el gobierno prolongando el incendio en 1861
la
lucha?¿
Con
qué
objeto
dejar
perecer
en
el
comY un recuerdo me bailaba en mi memoria. A mi me
cias europeas en quienes pudo confiar un mo~_ran impresión este incendio porque lei su des•
. mento, vieron desarrollarse los acontecimientos bate á millares de soldados heroicos; que con ad- hi~o
cr1pc1on en El Journal des Debats. que recibía el excon pasmosa indiferencia y frialdad nunca vista, mirable valor han hecho prolongada centinela en celente y paternal anciano M. Guilbault, director pey fué preciso abandonar toda esperanza en la in- los muros de las plazas fortificadas en Cuba, en ritlsimo del Liceo franco-mezicano en donde yo vivía
terposición de sus buenos oficios. La misma voz Puerto Rico y en .filipinas? ¿Eµ qué fundarse pa- á la sazón.
La descripción, si no recuerdo mal, venia firmada
del Papa que hablaba en nombre de la cristian- ra llegar al extremo de dejarlos perecer en el despor el brillante é infortunado Prevost-Paradol; haamparo,
sin
tener
medios
para
auxiliarlos?
¿Por
dad fué desoída; las palabras del lwmbre .blanco
qué no acudir á tiempo para ahorrarles nuevos blaba del inmenso primer tren de auxilio formado en
del Vaticano se perdieron en el espacio, entre el
para socorrer á Chicago que ardla; el tren
sacrificios,
para economizar 1:1angre, para dispu- aNew-York
·todo vapor pa1tió y llegó á la ciudad incendiada
rumor bélico de los grandes aprestos que hacía
tarle vidas preciosa., al monstruo de la guerra? después de arrojará eu paso centenares de miles de
la Unión Americana.
¿Por qué no evitar el rubor de nuevas derrotas, llamamient1s al pueblo americano para que se apresacaso sin combates y solo por el aislamiento y tase á socorrer á la hermana abrasada; inútil es decir que esta voz no clamó en el desierto; fué oída y al
*
la miseria?
calor de estos actos de solidaridad·humana. ha in*
*
Eso es lo que ha visto Sagasta, eso es lo que cubado la enorme confusión de razas, lengllas y cosSi hay que achacar algún error lo mismo al gabinete liberal que al gobierno conservador, es de ha pesado su ministerio, eso es lo que ha discu- tumbres que se llama los Estados Unidos, esa alma
es la Patria
no haber vivido prevenidos á cualquier evento y tido en largas conferencias con los jefes de par- que
Poco antes de llegar á Chicago el tren paró; la via
no haber creído en la posibilidad de la guerra, tido, y por eso se han decidido á aceptar las con- atravesaba un bosque espeso que era presa en aquepor más que veían los preparativos que se hacían diciones impuestas por el vencedor, duras, es llos instantes de una fo1·midable conflagración tampor el gobierno americano. Ese error, esa impre- verdad, y dolorosas, pero que al fin evitan nue- bién. Obstáculo inesperado é insuperable. ¿Qué havisión, han sido causa de que al estallar la gue- vos dolores, nn,evos sacrificios, y dejan al país cer? Pregunta del conductor. ¿Los durmientes están
quemados?Contestación:empiezan á quemarse. La exrra, solo se hayan visto series continuadas de con vigor para trabajar . en esa obra gigantesca citación profunda que causa ene! frlo temperamento
descalabros y catástrofes, qtl.e empiezan con la de reconstruir todo un estado social, de cicatrizar de loe anglo-sajones la presencia de un gran pelidestrucción de la escuadra espaftola frente á ' los hondas heridas, de enjugar raudales de lágrimas, gro, se ha conver.tido en el yankee, en el deseo inven-

L

,,.,,,
El Principal es ya una Corte de los Milagros·
aunque de buen tono¡ duelos á navajazo vil en
el for_o, duelos entre coristas hembras, duelos entre c~banos y espa:fl.oles, entre bonánsulos y Ric~u:ditos. Hay en ese teatro un espíritu de ~ombativ1dad que va opacando el brillante contingentede _escándalo de las verbenas populares. Lo3 mo~ahstas que concurren al Principal están perpteJ?s y no h~llan á qué causa atribuir la impetuosidad erótica y guerrera de los beligerantes. Si
la paz entre Espaiia y los Estados Unidos no lo,
remedia, y mientras cambia la estación convendría operar un descenso artificial de la' temperatura. Seria de una novedad deliciosa y tranquilizadora este anuncio: Sábado en la noche, tandas,
con refrige1·ador.

EL MUNDO.

�124

Domingo 14 de Agosto de 1898

n,mtr.go 14 de Ago!lto de 1898_

EL MUNDO

cible de sobreponerse al obstáculo poniendo dA su
parte á ;fuerza de audMia, el azar, ó lo quA llamamos
así. El conductor del tren pronunció .el All right sacramental y Go ahead .... adelante, adelante, adelante, besados, lamidos, mordidos por las llamas, so•
focados casi y adelante, adelante ...... á todo vapor, á
todo vértigo .... y llegó el tren á la in1:1ensa ~oguera
de Chicago saludado por un hurrah sm térmuio.
El escritor francés presentaba á los latinos como
ejemplo este hecho; asl, les dicA, ael debemos movernos, asi se hace asl 11e vence. Es verdad, asi hay que
moverse para no quedarse atrás, hay que pasarse l!'
vida moviéndose, moviéndose y moviéndose 1Qué v1
da tan hermosa y tan t~rrible e~ta vida yankee, Dios
mio! Cuand'l Prevost Paradol. nombrado m,nistro de
Francia en Washington la vló de cercá, se pegó un
tiro. El maestro Spencer (desde entonces lo quiero
más) interpelado en un b11nq uete en N eW' York. para
que, en vittud de sus observaciones, formulas.e. u!l
consejo al pueblo americano, coutestó: este es m1 um•
co con.,ejo: sefíored, sentaos.

***
El frio se acentuaba en aquellos po~treros dlas ~e
Octubre; muy divertido cuaudo se traduce por la cns·
talizaclón de todas las molécul11s de agua de la atmósfora y su precipitación en f,ores de inmac,ulada
espuma como hace dos dias en la nevada del Niága
ra ó mu'y agradable cuando el aire inmóvil y glaci•l
baja como un bloque inmenso y en él inmerge el cuerpo que se deia picar y morder vc,luptoosamente en la
p'el y flota ágil y vivo en la masa aer11a, como un na·
dadur en el agua fria y transparente; eR abominable
cuando el vi11nto sopla y fustigan las rAfagas y pare
ce penetrar en los tubos de los huesoe, cumo el que
nos regaló el,Michígan mientras en un ligerlsimo carru11je r11corriamos E&gt;l Parque Jaeksou en que flo•
reció en gigantesca flora de yeso, de piedra y de hie·
rro, lo Exposición, la Feria del mimdo como aqui la
llaman, y que hoy es un cam¡,o de i·uina, ·aunque no
dt' soledad; no b.ay modo, pues, de ~itar la Elegía á
las ruinas de Itálica.
• ,
Un ejército de trabajadores recogía los restos de los
eflmeros y ostentosos palacios que doro yankee agio•
meró en breve tiempo á orillas del lago y que en
unas cuantas horas deshizo el incendio; por todas
partes llenaban de escombros e , vastlsimo parque,
fragmentos de madera, de hierro, de piedra artificia),
que aqul y ;.llá formaban tristes monliículos; avanzando, uh poco, vimos l.as' enormes masas de hierro
del Palacio de las máqumas, deformadas y torcidas
por el fuego, y formando un brutal y espantoso con•
Junto, como si una mano 11atánica hubiera hecho un
amasijo de zócalos, columnas, traves y techumbres y
con él hubiese bombardeado la tierra de11de un circulo del Infierno. Ma• allá de aquellas torres Eiffel .
convertidas en tirabuzones, tomamos la vía monumental que conduela al primoroso la,guillo que estaba al
pié del edificio principal de la Exposición, incinerado casi por la hoguera formidable; la estátua rigida
de la República; que surgla del agua, está ah!, toda•
via despostillada y lúgubrei ahl estan las grandes estátuas de ~nimales que boraaban la vla, ahi el colosal
marino y el enorme labrador; todo muestra ya la osa•
menta bajo la deleznable muscul11,cíón de Staff. todo
va á desaparecer, todo está en agonía IY qué agonial
la infinitamente lívida agonía del yeso y del cartón
piedra.
Un espectáculo angustioso: el convento de la Rá·
bida, copiado con .notable exactitud á ·or1llas del Mi·
chigan para hacer más característica la Exposición
Colombma, aún está en pié; alza tristemente en aquel
crepúsculo de ópalo sus parede11 que nacieron viejas
y sus esquinas gastadas, y abre sus puertas y ventanas sin ornato, frias y sin luz como los ojos de un ca•
dáver......... Al pié del convento está amarrada una

-.

-del sol ee babia apagado en la sombra de abismo de
la noche.
Tenia yo tal seguridad de no encontrar una sola
-estrella en el cielo que ui por un momento tuve la
-ocurrencia de levantar los 0J0B. Preferla ver los primorosos juegos de luz eléctrica que los anunciadores multiplican en las calles. En un café de irlandei,es, ó en aonde cantaban irlandeses. hicimos alto.
Una especie de cleriguillo pálido y ardiente, como un
jesuita regicida, declamaba más bien que cantaba
una imprecación terrible contra los opresores ingleses; era la voz de la Irlanda norte •americana que recordaba el gran apóstrofe de Walt Whitman: "¡Oh!
11
• Irlanda, '¡oh! anciana madre, una palabra: alzate del
"suelo so'lre que yaces abatida. con la frente hundi"da entre las rodillas; levanta el velo d11 tus blancos
·"cabellos en desorden, porque sábelo, ese por quien
"lloras no está en esa tumba, es una ilusión; el he"redero, el hijo que amas no ha muerto aúu; el Señor
11
• no ha muerto, vigoroso y joven ha resucitado en otro
11
• Pais. Mientras que llorabas junto á tu harpa rota,
"junto á tu harpa regia, muda ya sobre este sepulcro.
'"El que llorabas ha sido trasportado á lo lejos; vientos
"'propicios, lo empujaron por la mar, y hoy, henchidas
·"las venas con sangre de nuevo joven, prospera y ere•
11
• ce gigante en la tierra de una Patria nueva."
Salimos, y en la primera encrucijada que a.tra"''}·
.samos, presenciamos un espectáculo con el que ya
estábamos casi familiarizadús; en New York lo habiamos presenciado con frecuencia mis compañeros
.YYº·
Un grupo de seis ú ocho perllona.s se hablan insta.lado bajo un fanal eléctrico; treinta ó cuarenta cir-cunstantes formábamos el obligatorio público de bobos con que cuenta toda manifestación al aire libre.
Les actores de esta pequen.a comedia característica,
eran verdaderos tipos de impavidez. Uno de ellos )levaba una banderá, otro un fanal semi-chinee~o, el
'tercero un banco que pudiera servir de tribuna, otros
&lt;loe tocaban de acuerdo sendos acordeones. Cada. uno
de estos individuos era al mismo tiempo oradcr, co•
;rista, músico y porta-faros ó porta-estandarte: era
una sección ael salvation army, del ej6rcito de salva•
ció n. E.n aquellos momentos tresciento1.1 ó quinientos
grupos idént!cos á édte funcionaban enChicago. Des·
JJUés de un 'himno ó salmo cantado con la música de
uno de los aires en boga, sube uno de los ocho indi•
-victu.os; todos llevan una especiedeuniformequecon.siste en una levita larga en guisa de sotana, y un casquete como los de los jockeys ó ciclistas y prorrumpe
en un discurso lento primero,precipitado y vehemente al fin; tal fué el que nos tocó o¡r. Pintó el orador
loa estragos cada vez mayores que el vicio hacia en
-Cb.icago é :nvitó á los que olan á afiliarse en el Ejér,cito de salud. Despué3 d , l discureo los dos individuos
que delante del orador mantenían tendida la bandera
~mericana, reco¡?"ieron su lienzo, moviérorise los acordeones ae lo lindo, el faro se levantó en alto, el jefe
,ó capitAn entonó una ferviente jaculatoria, al que
hicieron todos coro con la música del after the baU y
&lt;i':lspuée de recibir algunos óbolos, entre ellos loe
nuestros, continuaron su excursión.
Tengo muy pocos instintos militares; cuando lei "El
()onsulado y el Imperio me ere! General; ¡qué diablo!
M. Thiere, era un mariscal de Francia, s'n haber es•
.,grimido en su vida otras armas que la lengua, la pluma
y el tenedor; tan general me ere!, qne un general de
veras, mi respetable amigo el Sr. Berriozábal estuvo
-á punto de hacerme Coronel provisorio durante el pe•
riodo en que el S·. Iglesias se empeñó en constitucionalizar la oposición invencible del país á la reeleceión de un ilustre y obcecado repúblico. Pudo ha-c-erme Coronel, ero soldado nunca. Pero admiro á
los soldados en e sacrificio, me encantan en forma de
-defensores heróicos de las causas buenas y á veces
hasta de las malas, son mi delida desfilando pfntorescamente al son de las fanfarrias bélicas y les tPngo
-cariño bajo las especies d':l alumnos del Colegio Mili•

f

Fachada del Teatro .Tmtrez

Teatro .Tmirez.-•El Salón visto desde los pateos primeros.
tar. Y m11 parec11 di~no de loa esta idea deun barbón
puritano inglés, Mr. Booth de redimir df'l vicio á la sociedad, formando, por medio de una mú!lica de quin•
to orden, de una elocnencla de sextn, y de un desprecio al ridlculo de primera calidad. una giganttisca
guardia social que cuenta sus soldados por centenares de mil, que arrostran las lapidaciones de las multi
tudes y las censuras de los sabios y los prudentes.

reproduccióa de la Santa Maria; la caravela no se balancea, no se mueve; p,uece un ataúd saque!ldo, quieto y lamentablemente solo en aquel rlncóu abrigadó
del vfonto que apenas plegaba las olas como con un
hálito fatigado de moribundo.
El cuadro era sinie~tro; parecla aquello un nitufragío en que se hubiesen CC'mplicado en lúgubre conjura el tiempo y el e~pacio, los siglos. el olvido, el desprecio y aquel sitio mortuorio y aqu11l Rgonizar de
dia de otoño. Los empresarioR de la Feria llamaron á
España para decorarfe con ella, con el empeño con
que los advenedizos colocan en sus salones un viejo
mueble hli!tórico; Espafla coqueteó con aquel pueblo
musc~loso y ro bu.to, d"' quien t11mla y prevela un
ultraJ11 supremo. Mandó sus tesoros artlsticos y arqueológicos, y todo lo que simbolizaba el mágico enc,into áe su pa~arfo he1·oicamente aventurero, las ca•
ray, Jas de Colón y todo cuanto en_carnaba la gracia
aristocrática de su presente, la prmcf'sa Eula1ia· el
robusto y brutal mocetón se quitó ante todo estd !IU
gorra de marino, saludó y se sintió con más apetito
que nunca.
·
Un pabellón alemán, un templo japonés,' perfectamente cpnser,ados, bonitoR .v vulgres formarán parte de la oroamen•ación defin tiva tl.11 e¡te parque que
va á ser poblado de árboles y flores y ser;l 1 de s~o-u~
0
ro, una maravilla deotro de r•ocos ario~ Lo más h er•
mo.so de todo cuanto perdonó el incendio y será consolidado y traducido en la ete.roidad de la1iedra y
del mármol. &lt;'S este palacio d11 las Bell11s , tes en
que un a, quitiicto europeo, según mis informes 'sumó con verdadera ele~ ancia y buen gusto alg~nas
imitaciones muy puras de i.,s monumentos helénicos;
e~e será el Museo artístico del Parque nuevo. super!or, como aep_ecto, al fa'!loso metropolitano de New
í ork, y soberbiamente situado Pntre jardines que
sirven de marco al. espejo vivo del lago.

El vesUbulo de.sde·la puerta de cu tralla. al salón del patlo

Las ciudades de Europa y los Estados Unidos han
silbado despiadadamente las procesiones ruidosas del
Ejército de salvación, arrastrado por el lodo sus ban•
deras de Circo, despanzurrado sus tambores y apedreado sus insignias. Bieu ¿por qué? Convengo en
que esa promiscuidad de entusiasmos súbitos de hombre.. y mujeres en favor de la regeneración social y
la forma que toman se presta á la explotación de unos
muchos por unos cuantos. ¡Vaya una novedad! Casi,
casi, pudiera decirse que esta es la forma de toda organización social y el Siglo que ha jnventado puede
decirse. las sociedade11 anónimas, no puede 1trrojar la
primera piedra.
Mas vo me siento desarmado ante la tenacidad de
estas valientes prédica•s contra la. borrachera y la
prostitución...
·
En un café de gente non sancta en Chicago, se presenta uua muchacha bonita, una antigua hetaira; risas generales. curiosidad uuánime;la muchacha sube
tranquilamente á una mesa, toca en su violín una sonata ti'erna de esas que conmueven mucho á los sajones; murmullos. La muchacha en seguida cuenta
su historia (la histoda de Magdalena) é invita con la
voz inpregnada de sollozos á sus antiguas compañeras á hacer lo mismo que ella. Silencio general.
A eso me resigno a r, te ePta asociación ya enorme yrica y tolerada; ya no silbadd., ya no lapidada, al silencio. ¡Ay! el silencio; pensar en el silencio teniendo
en perspectiva cinco días de ferrocarril continuo, es
un horrible suplicio,

.Tusto Sierra.

El desastre de "La Bourgogne."
lRelatadopor la señora V. Lacasse, única dama del pasaje
que se salvó del naufragio).

*

.
**
Dispomamos
ya de poqui•lsimo
tiAmpo, debíamos
tomar el tren directo para el Paao a11tes de las nueve
de la noche y el crepú3culo, la· gran aureola palida

125

EL MUNDO

{)antina. al lado del -vest1bnlo.

Aun no despuntaba el primer albor de la mañanadel
dia cuatro de Julio, cuando me dl'spertó e áspero soni
do de la trompeta de bruma. La exitación que en mis
nervios produjo impi&lt;:lióme volver á conciliar el sue•
ño y medio vestida volvi a1 lecho.
'
Cerca de las cinco, ·un crujido horrible trajo á mi
espiritu la idea de una probable catástrofe y temblando de miedo salté de la cama y rompí á llo!'ar.
Mientras yo me vestla, mi esposo precipitábitse á la
cubierta á fi!J- de inquirir lo que ocurría.

�'
EL MUND~O~=======~=======,;;D;;;o;,;;m;;;in;;¡g¡,;o;,:1;;;;4=d;;;e;,,;A=·ggo=s==to==d=e=189-=8-·_

1!6

mente, para su~ergirse por el la~o ~~ proa, produciendo un ruido rnfernal é indescriptible
El hundimiento determinó en aquel lugar la formación de un maelstrom, cuya fuerza de succión atrajotoda la masa de náufragos, ahogados unos, y luchando con la muerte otros. NueFtra frágil balsa, obedeciendo á esa ley fisica, también siguió h linea de
hundimiento de "La Bourgogne, 11 pero por una mera
casuahdad al desprenderse un enorme trozo de obra
muerta, en su fuerza ascenc:onal oblicua, f_ué á darle
en un lado, arrojándonos asi fuera del radio que formaba el rnaelstrom ..... .
En nuestro derredor escuchábanse lastimeras ~oces implorando auxilies que, por las circunstancias
del'momento, nadie podía impartir. Cada fragmento
de madera que del fondo del mar llegaba á la superficie, era invadido por aquella turba de desesperados,
que con su peso hacían zozobrar el leño Falvador.
La bruma que tan demamente nos había envuelto
se iba disipando por momentos y. el_ sol alumbró por
fin el teatro del desastre, donde umcamente quedaban t•es balsas y un bote, éste con el fondo vuelto
hacia arriba y con más de treinta náufragos que ansiosos luchaban por asirse á él.
Otros dos botes ya estaban á Jerga distancia del lugar de la catástr..ife y un pequeño esquife lleno de
mujeres y niños, infortunadamente fué tocado por un
ventilador del "Bourg_ogne," en los momentos que se
hundía, y se fué á. pique con su carga humana, en
medio de los ayes más desgarradores y tiernos que
jamás escuché.
·
No lejos de nosotros también hundiase otro bote,
debido al gran número de los que en él querían escapar de la muerte.
Nunca podria yo describir tan espantoso cuadro.
Muchas y trist!simas paginas se requieren par~ ese·
patético suceso! ¡Que el Dios de los buenos se encargue de llevar el consuelo á los que hoy sufren, y acoja en su inmensa bondad á 1011 ya muertos! ........ .
Por espacio de dos horas ningún buque pasó al al•
canee de nuestra vista, yhubierasid9 verdaderamente imposible pasar la noche sobre la balsa que con
bastante dificultad nos contenia, pues los que no cupieron se asian á ella, con todo el cuerpo suml'rgido
en el mar, y ya estaban casi yertos de frio. ¡Que eternos son los momentos de aquellos qu.e en su inmensa
desgracia se ven obligados á esperar!
De pronto uno de los que tripulaban la balsa exclamó·-•Allil .... allil .... -seña !ando el horizonte co11-

Teatro Juárez --El sal6n visto desde el proseenio.
Breve fué el tiempo que tardó en regr_esar; su rostro estaba lívido, aus miembros agitábanse convulsiva.mente y con dificultad pudo balbutir las siguientes aterradoras palabras:- 11 Victoire, nos hundimos! ...
¡Corre!. . .. ¡Ven l. ... 11
¡Los instantes eran supremos y no babia tiempo
que perder!
Sin 41oncluir mi tocado, volé á reunirme con mi esposo y ya sobre cubierta, nos dimos prisa para pnnernos los salvavidas, ayudando á. o.ras familias para
que hicieran lo mismo, pues todas estaban poseídas
á tal grado por el pánico, que no hacían otra cosa que
ir y venir, al acaso, sin darse cuenta de que "La
Bourgogne" se hundía con suma rapidtiz. ·
En un instante la cubierta quedó oculta bajo la revuelta multitud de pasajeros: unos gritaban desespe•
radamente, pálidos y con el terror pintado en el semblante, otros permanecian cual si hubiesen sido clavados en la obra muerta, agitando las manos con febril ansiedad, inconscientes del inmenso peligro que
nos amenazaba.
Entre los pasajeros babia varios sacerdotes: uno de
ellos multiplicábase en todas partes, repartiendo sus
últimas bendiciones entre aquella masa de gente que,
en tan angustiosa situación, arrodillábase ante él implC1rando salvación y valor para resignarse con la
suerte que le esperaba.
8:ste noble ipóstol, sereno, resignado y sublime
consolaba á todos, yendo y viniendo de un lado al
otro del buque, sin demostrar el terror que á los demás agitaba, y sin pensar en procurarse un salvavidas.

El Capitán desde el puente daba órdenes, más su
voz se perdía entre los clamores de la multit11d: su fi •
gura destacé.base en el obscuro fondo del cielo, y valiente esperó el trágico fin de la "Bourgogne. 11
Súbitamente se inclinó el buque sc.bre fa. banda de
estribor, formando la cubierta un ángulo agudo con
el mar, y siendo ya imposible el mantenernos en pié,
entramos en un bote que, aunque estaba amarrado
todavia al costa.do del buque ya no podla contenerla
gente que á él habla acudido para salvarse.
Pocos momentos permanecimos en el bote, pues
no obstante c¡ue el vapor se sumergia, la pequeña.lancha estaba bien afianzada de sus ganchos y no daban
traza de cortar loe amarres.
Al ver esto mi esposo, con suma dificultad me arras
tró haci11. una balsa que se hallaba en la popa: y justamente llegamos á ella en los momentos en que la
embarcación acababa de inclinarse sobre su co11tado
de estribor, y las olas saltaban de un lado al otro del
maderamen arrojándonos al mar con nuestra balsa.
Con esfuerzos inauditos logramos ponernos á flote
sobre las mal unidas tablas, las que fueron asaltadas
por una veintena de nadadores. El peao de ellos, mayor que la fuerza de flotación, causó el hundimiento
de la balsa, y todos quedamos suspensos en las olas
esperando el ansiado retorno del precioso leño. No se
hizo e3perar mucho, y en seguida volvimos, aunque
ya en número más reducido, á ocuparle, arrodillándome yo en el centro pa:·a guardar mejor el equiiibrio.
"La Bourgogne" que habla empezado a sumergirse siguiendo un plano inclinado, según la posición
antes descrita, ahora el0vaba su proa, y desviándose
un poco de su sitio, trazó un zig-zag longitudinal-

Domfn¡ro 14 de Ago11to de 1898,
su brazo extendidohay algo que parece
un buque!. ... •
Al ¡,rincipio nadie
tiió crédito á sus palabras, pues nuestra vista se habla acostumbrado á ver tantos
muertos, que la idea
de una próxima s..11va&lt;.ión era para nosotro e una paradoja
inadmisible; más pronto nos pudimos convencer de nuestro error,
viendo á lo lejos las
nubecillas tie hum o
que se escapaban de
las chimeneas de un
buque.
Con la esperanza del
socorro, J!lresto adquirieron nuestros ateridos múrculos las energías perdidas en tan
horrenda lucha.
Todos nos apre¡¡ta·
mos á bogar en direcció~ al vapor, de la
meJor manera que pudimos, y nueetra ansiedad crecla por momentos al pen~ar qu.e
podíamos quedar
abandonados en me'
dio del océano si el vigla no noR avistaba
con oportunidad
¡Dios mio, ¡qué instantes aquellos tan angustlosoo!
La cabeza de algún
compañero de balea
con seguridad ha de
haber encanecido en
esa tan angustiosa mañana!
Poco a poco el punto
negro que á lo lejos
veían nuestros inyecta dos ojos tomando
forma, y dos horas después pudimos, con bastante gusto nuestro
distinguían alSteame,!
·que babia causado el
desastre de "La Bourgogne", pues trala la
proa deformada.
~
Los pocos naufragos que habíamos quedado en la balsa nos
volvimos locos de júbilo cuando el "Cromartyshire" echaba al
agua sus bates para
impartirnos el tan desea ~o socorro. Se
arroJaron los ca bles
y después de alguna~
dificultades y no po~os baños, quedamos
mstalados en diversos
camarotes. ha biéndome tocado· el del Capitán.
¡Jamás he experimentado m11yor bienestar_ y alegria que
cuanoo entré al camarote en compañia de
la eaposa del Capitán
del buque que causara nuestra inmensa
desgrac:a! Empecé á
tocar las paredes,y todo, todo lo que en mi
alrededor babia no
estando convencida aún de mi salvación: y pi.ra comfllemento de mi dicha se me antojó que los fajarilºs, con sus cantos dulces, celebraban, acaso, e triuno que había obtenido de la muerte cuerpo á cuerpo!
¡Cuán agradables pareciéronme las flores!. ...
***
Cuatro horas de3pués de que fuimos recogidos á.
bordo, "El Grac;:ian" era avistado, y una vez eambiadas las señales del caso,
dirigió su proa hacia nosotros, remolcó al buque
averiado y nos condujo
al puerto de Halifax donde desembarcamos el dia
se;s de Julio.
¡Nunca podré olvidar lo
confortable. lo hermoea
1 y hospitalaria quema pa•
reció la tierra firme de
los Bancos de Nueva Escocia!
¡Aún el vértigo me atrae
con su desconocida fuerza!. ... ¡Y mi retina guardará. por mucho tiempo
las negras sombras que
:Mme. Vlctolre Lacasse. la muerte produjo en torno mio!

lJn sal6n contiguo al foyer.

EL MUNDO.

127

@u regreso más que
armar las estructuras
de fit·rro, colocar la
ornamentación de Japili 11uevo (f:'reproof)
la cnpinter!a, muebles y cortinajes.
Cuanto se tr11jo para
el teatro fué confeccionadu en E,tados Unidos. por las mPjores
casas especiafütas de
Chicago y Nt·w York.
Algunas otras cos11s,
como muebles del foyer, telón y manto de
arlequín, 11si como el
gran candil, son hel'hOs en París por los
señores Bertraud, Tailet y el telón pintado
por el gran pintor escenógrafo señor Lavasta del Teatro 'de la
OperaCómicadttParis.
Todas las obras, tanto de ingenieria como
de ornato, fueron terminadas en Guanajuato bajo la dirección de
los señores Malo y Rivas Mercado.
La ornamentación
traida de Chiaago la
colocó el señor J. Cabrera (hijo).deMéxico.
Y este señor también
ejrcuti&gt; la parte de
pintura, siguiendo en
todo las instrucciones
dadas por el arquitecto Rivae é ingeniero
Malo.
En un principio, por
indicación de estos señoree, se pensó en
traer las decoraciones
tales como vistas y
previstas, rompimientos y telones de fondo,
bambalinas de Italia y
Pari~, pues sabido es
que á la gran perfección y habiliaad de los
pintores escenógrafos
de esos paises, se reune la gt·an ventaja de
la baratura en el precio; pero elseñor Obregón González creyó
poder por medio de un
concurso entre los señores Américo, Herrera y Pérez, obtenerlas
aqui reuniendo buenas
condicionrs de pre cio y de savoir {aire.
Al efecto nombró
una comisión de personas nota bles de Guanajuato, entre los que
figuraban los Sres. Alcázar y Castañeda para que hicieran un contrato por terceras par•
tes de la decoración
que se necesitaba, con
cada uno de esos señores pintores ya nombrados.
El Teatro ocupa una
manzana aislada. Su
frente ve al Oriente y
ostenta un pórt,co
monumental formado
por una gran columBl desastre de "LaBoorgogne''
nata que abarca dos
'
pisos.
' ~Cinco grandes entradas dan acceso al público de
patio y palcos.
Las galerias y palcos terceros tienen sus entradas,
Muy cerca está el dla en que debe inaugurarse el escaleras y expendios de boletos especiales, complegran teatro Juárez construido en Guanajuato, y cree- tamente independientes.
mos conveniente anticipar á. nuestros lecto!"es el coEl Ayuntamiento y Gobernador tienen i~ualmente
nocimiento de alguno« detalles de esta primorosa obra por las calles laterales sus entradas y-e,caleras para
de arte, cuya terminación se debe al progresista éin- lleg11r á sus respectivos palcos.
teligente Lic. D. J oaquln Obregón González. Cuando
Hay además otras cuatro puertas de salida para el
se Inaugure tendremos el gusto de publicar cada una público en caso de incendio.
de las maravillas de este edificio.
El servicio de los artistas, entrada y salida de ma•
Su costo total fué de $600,000 más ó menos, v lama• terial de la escena, queda asegurado por detrás con
yor parte de esta cantidad fué gastada por el Gral. D. entrada especial.
Manuel González en su época, siendo la otra, y no
Como el edificio tiene numerosos balcones en cada
pequeña, la q_ue ha empleado el actual Sr. Gobernador para deJar completamente terminada la obra. uno de sus pisos que dan á las calles laterales, hay
Comenzada en la administrción del Gi"al. Aotillón, también escaleras de salvamento, de acero, colocadas
fué después abandonada la obra durante 18 años has- al exterior.
SI á esto se agrega que el telón de asbestos inte•
ta que el Gral. González, coutando con los recursos
rrumpe toda comunicación con el foro y que todo el
suficientes, determinó concluirla.
Al efectv pidió al arquitecto Sr. Antonio Rivas Mer- Teatro está provisto de agua, con presión de varias
cado, el proyecto y presupuesto respectivos para tt\r· atmósferas, se comprenderá que un incendio nocauminar la obra, introduciendo grandes reformas y ba• · saria desgracias ni grandes desperfectos materiales.
La ventilación por medio de tanto balcón que da
jo uµ plan más lujoso y más de acuerdo con la i~ea
moderna de seguridad y salubridad requeridas pa- al exterior, si se quiere, será directa é inmediata;
pero además, el foro y la sala, tienen su ventilación
ra esta clase de edificios,
Aprobados que fueron los planos del arquitecto y tomas de aire perfectamente establecidas,
En cuanto á lo verdaderamente notable de este
Rivas Mercado, éste, asociado del ingeniero Alberto
Malo, fueron á los Estados Unidos á contratar y ha- Teatro¡ es la .Parte artfstica; llama sobre todo la atencer ejecutar bajo su dirección, todo lo necesario pa- ción e interior de la sala de espectáculos. Es de ar•
ra el Teatro, asi como el de Silao, á fin de no tener á ~uitectura morisca,

Teatro de Guanajuato.

�EL MUNDO

128

Grnpo de alumnos ciclistas del Liceo Francés
~

El desarrollo nstco en los nilios
El dig~o y culto director del Licto Francés M F é·
lix Weill y su intellge11te y activo colabor3:dor M.
Dupargue, han tenido una feliz idea org~mzando
lln ese establecimiento que cada dla adquiere. más
créclito entre las familias mexicanas y ext~a1,Jeras
de la Capital, un grupo de alumnos ciclLtas, 9~e funciona plenamente en los diae de con,qé y que d10 mues·
tra~ de suma habilidad en el manejo del moderno
aparato en las carreras que tuvieron verifícativo el
14 de Julio último, dla en que ese que podriam~s llamar Club infantil de cidistas, se estrenó con éxito.
Publicamos con estas notas una fotografla del gra ·
closo grupo á la derecha d ~ la cual aparece M. W eill Y
á la izquierda M. Duparque.
.
Como verán nuestros lectores, el núcleo de petits
sportmen es nutr~do_y en él figuran niños d~ todas las
edades intermediaruis entre los 6 y los 16 anos
Causa placentero asombro ':er laelegantt: facilidad
"ºº que Eisoe chicuelos maneJan sus máqurnae, roer•
ced á prévios y pacientes ejercicioo en qut:1 M Dup_ar·
que, Presidente como si dijéramoa del Club. ~a sido
iufatigable, y en que las palabras de aprobación de1
señor Director del colegio sirvieron de poderoso estimulo. Cualquiera diria al ver la hel'mosa fotografia,
que tiene por fondo el rarq ue umbroso y pródigo
de brisas e dudables rle Colegio, que los ciclistas
..dolescentee Hon los más hábiles á juzgar por su con-

Domingo 14 de Agosto de 1898

129

EL MUNDO.

Clement Petit, Maure!, Marron, Pérez, Guill~n, Montauriol García Manrique, Couttolene, Garcidueñas
Nelson', Tumoine, Ponce, Burgos, Vent, Laborde y
Linder.
d 1 ·
El Sr. Weill y el Sr. D~parqu~, dando to a .ª importancia debida á la eábia máxima m_~ sa"!a in cor_pore sano alternan hábilmente por mtm~terio de_l ciclismo el' ejercicio vigorizador con las tare~s mtelectualee, y merecen por ello nuestro más smceroaplauso.

La policía de Madrid impide la eiHttlaei6n
de peri6dicos.
Cuando llegaron á Madrid las noticias ~el. denetre
de Cavite ocurrido el lº de Mayo, loe periócuc.oe de la
capital de España, admirables por la oportuntdad de
su informacion, dieron á la estampa todos los pormenores de tan grave acontecimiento.
La policía de Madrid, llevada de un celo taJ?, importuno como necio quiso ~uepender, y d_e h_echo impedía
en las callee,la circulac19n de loe per1_ódicos que contenían noticias de loe sucesos de Cavite.
Pronto tuviPron conocimiento de loe desmanes de
la policia las autoridades superiores. y de~de lu~go
ordenaron el restablecimiento de la hbro circulación
de loe papelee públicos.

Sra. Lucrecla A..llen de Romero.
+ en Nueva York.
Sus palcos volados llevan á guisa de barandillas,
unas filigranas de oro de un gran efecto. El arco de
pro•cenio es riquisimo, de bellas proporciones y brillantes coloree.
La profusión de toqutis de metales de todos eones,
asi como las 400 luces incandescentes que alumbran
la sala, dan un conjunto feérico.
Hay en el primer cuerpo un hermoso foyer, salón
de toilette y bufett para las damas, situado en el
Gran. Patio de cristales.
Este teatro puede contener unas 1,500 localidades.
Todos sus asientos son americanos y apropiados á
lo caluroso del clima.

!Jópezanza {jutiéztez· 8T6enoez.
Vino del país donde florecen loe naranjos ......... del encantado país que envuelve
el sol en llamaradas de oro; vino, y se trajo consigo guardados cuidadosamente en
lo intimo de su alma, murmurios de olas y cantos de ruiseñores, eu~piros de brisas y
arruyo,, de frondas, to•lo ese conjunto de rumoree. misterioso y solemne, que puebla
las selvas al mar vecinas, en las transparentes noches tropicales
Ese era su tesoro de artista, su tesoro amado que le hacia arder la sangre en las
venas y- que le encendiay avivab'.I el fuego de la inspiración. Pero todne loe amores, como las religiones, nece, itan culto, y el culto de loe ideales harmónicos es la música como
el de los ideales luminosos es la pintura y como el de loe ideales infinitos es la poeeia. '
Esperanza ~oñó en la mú~ica y ~eepertó de.~'!! sueño arrancan~o i'aurele·e á la gloria, y aplau•
,os á la fama. El Conservatorio Nacional la acoJ10 en su seno, y ano por año la concedió las más
altas distinciones y prt mios en toda la época de su aprendizaje.
.
Dicen que el estudio del piano es lento y dificil. Así debe creerse. Ese impasible, se resiste á
las instigaciones de loe frlvoloe y no entra en comunicación con las almas vulgares ni lo con~-_
mueven fas . súplicas, ni !º ablanda 13: constancia, ni el amor mismo. tiene poder sob~e él, como
no sea dommador y altivo. A semeJanza de las mundanas capr1choeae, el piano se burla de
todoir á t dos atrae y loe deeeeper3: y martiriza, sin concederles más que ineipidoe favores: pero
llega su !!legido, su amad~ de! corazón, su señor, y la fiera se amanea y viene á lamer las manos que la castigaron, y á g~mil y sollozar de felicidad al contacto de una caricia.
El piano! ......... máquma imponente se os ríe á las barb11e con sus teclas blancas y grandes, que pal'ecen los dientes de una enorme boca de clown · pero llega
el artista y reeul_ta que esa máquina tie¿e alma y nervios y delicadezas de ~iño mimado y _arre~atoe de gladia~or enfurecido. Piano y pianista se ~strechan en
abrazo convulsivo, se besan con felina desesperación, se desprenden de la tierra y roban al mfimto la augusta emfonia de los astros.
Cuando un artista viene, es Puk, el perseguido de las abeJae1 quien baila sobre sus manos y las hace recorrer el teclado. produciendo músicas deliciosas; y mientras toca el artista sigue Puk derroclíando el caudal de sus gorgeoe, aprendidos durante muchos ~fgloe en las selvas que ha llenado de encanto el reir de loe
manantiales y el parlotea1 de los nidos. Pero si no es artista quien llega, Puk vuela, vuela con sus ahtae de duende y se va á seguir jugaudo con Flor de Chícharo
y Tela de Araña.
-Está usted solo? preguntaban una vez á Mozart.
-No, contestó; estoy con mi clavicordio.
Y en efecto, los pianistas no están solos nunca. El pie.no, gran amigo de todas la_s horas, guar~a !11 capital de loe recuerdos y siempre cariñoso y lleno de inefables ternuras, suele, entre las cenizas de alguna memoria muerta, encender la chispa de una ilusión venturosa.
E~peranza sabe todo eso porque es artista de corazón y ha conseguido, como la pareja enamorada de que habla Victor Rugo, prender al .silfo por las alas y
no deJarlo que se vaya nunca.

VIEJOS ROMAN·r lOISMOS

DE "ACUARELAS"

ae ~ruselas

Det museo Snternaéional

AVES
A Jesús E. Valenzuela.

Para Bernardelll, dlrect.or artístico
de la

L
Niña! .. Qué hondo recuerdo arrancas
Era un alero mi corazón
cuajado siempre de aves blancas
cuando en mi cielo nacía el eoL
ExuberanciJ.s. vida, firmeza,
todo le trajo la juventud.
Ayl pero huyeron de su belleza
as e.ves blancas de la pureza
como espantadas de tanta luz.

-~·

l

La Sra. A..llen de Romero
Una de las damas más distinguidas que figuró en
esta capital y en la de los Estados Unidoij.
Esposa de nuestro representante en Waehigton ha
dejado al morir un desconsuelo inmenso entre las
damas de las dos naciones vecinas, de las que fuá
honra y ornato.
Norte americana por nacimiento, por su matrimonio con el Sr. Romero adquirió la nacionalidad mexicana y nuestra tierra recojerá su cadáver
Las honras fúnebres que se h'cieron en Washington
á la distinguida señora y las que se le preparan en
México, indican el alto y gran aprecio que disfrutaba en ambos países, por sus mérito@ y virtudes eminentes.

Domingo 14 de Agosto de 1898,

Lapollctade Madrid impide lacirculaci6nde peri6dicos.
fin da aGtitud junto á sus máquinas Empero los cicfütas niños compiten con ellos m,1y ventajosamente
á las veces, batiendo records proporcionados á su
edad y dando muestras de una soltura admirable.
Mencionaremos los nombres de los niños que figu·
ran en el grabado, estampando de paso un elogio pa- ·
ra su uniforme de campaña, muy elegante Y. gracioso:
Moreau, Bourlon, Combaluzier, Huguenin, Dublan,

**,.
mayor prodigalidad

La pereza es la
del mundo.
Pierde lo incalculable en relación á lo que se podría
hacer en el presente, lo que es irreparable una vez
pasada la hora; porque la hora es imposible volverá
encontrarla por poder ninguno del arte ó de la naturaleza.
Jeremías Taylor.

IT
Y fue más tarde, de aromas suaver,
árbol umbroso mi corazón,
donde.cantaban azules aves
cuando en mi cielo eubia el sol.
El sol se puso vino la obscura
y negra noche de mi dolor,
•/
y se perdieron en la espesura
las harmonias de mi ventura,
aves azulee de la ilusión.
III.
¡Sol de mi cielo, ya no me alegras!
Es templo en ruinas mi corazón,
lúgubre nido de aves negras
(
entre las sombras de m1 dolor:
,,
Un misterioso rayo de luna,
pálido y leve hilo de luz,
esta tiniebla sólo inportuna ....
¡Que no se apague! . ... Es mi fortuna,
es un recuerdo de juventud!

{ i;\
·,

I
Y de pronto loe negros nubarrones
se abren, como boca de caverna;
y aparece €ID el fondo del espacio,
transparente y azul, la luna llena.
Matizan;,e las nubes desgarradas
con coloree de ámbar y de perla,
y la luz, en loe gruesos ~oteroneR,
simula un vivo chaparrón de e~trnllas.
El chubaRco del Sur silvando a;ia,ta,
los pinos Reculares d" la, Rierra;
y rompe con estruendo el ole11je
sobre del peñallcal de la ribera.
II
No lejos del recodo en g11e amontona
el vaivén de la mar, mPnuda. arena,
sobre la que, en lati noche~ estrellad1s
Re recuestan y saltan la8 NPrP.i1las ... .'
En fluctuación que á zozobrar lo empuja,
va la barquilla frágil y ligera
sobre las olas turbias y encree'padas
que en espumajes de furor revientán.
Y en tanto que en la barca combatida
· un pescador anciano rema, y rema,
la huerfanita, con las manos juntas,
sobre la playa arrodillada, reza!. ...

JOSÉ B E CERRA

J)

NIEVE TA.BDIA.

Grupo de alumnos ciclistas del Liceo Francés.

OCCIDENTAL

III
Súbito, retorciéndose espantosa,
se alzó la mar, como montaña inmensa,
-!espedazó el timón de la barquilla,
y una racha terrible abrió la vela . ...
-Oh Dios! Entonces convulsiva y loca
se puso en pié la niña macilenta,
# á tiempo que el anciano la bendijo,
,, le-vantando á los cielos la cabeza . . ..
) ¡Después abrióee el espantoso abismo
,, eo~bió la ba·r ca y se cerró trae ella! ... :
,i?.• ¡La niña alzó loe brazos, y en seguio.a
,.,;, cayó, como un cadáver,en la arenal

IV.
!Oh tiempo! Dejo las puertas francae;
veloz penetra, que si es verdad
que todo arruinas, que todo arrancas,
cual la" azulee. como las blancas,
le.e aves negras te llevarás!
LUIS G. URBINA.

Trae de vernal temperatura, nieva.
En los recien reverdecidos campos
tiende la nieve silenciosos ampos
sin que las hojas ni los tallos mueva.
Mae, presto, el sol á deslizarse prueba
por fugaces y súbitos escampos,
y ~e trasluce, á los inciertos lampos,
baJo el copo sutil, la fronda nueva.
L11 nevasca en las sendas derretida,
en árboles y cuadros permanece;
y en medio á su blancura esplendorosa,
verdeguea la yerba humecida,
surgen violas moradas y se mece
con nieve entre sus pétalos la rosa.
J. GARCÍA RonRiíGUEZ.

EsTa&amp;LLA

}
í

,,·)
,/

...... ./ .

·,

;..
-•

.

. - -

--~_;-fl•

, -

LA SEGADORA-Cu.adro de Reabur.

L.A. PODA

Antes de que la gaya primavera
loe despojados árboles del huerto
vista otra vez, cultivador alerto
empuña la sonante podadera.
Guiada entre el ramaje la tijera
por mano vi~orosa y ojo experto,
corta la inútil yema, el ramo muert.:,
y la flor que aparece tempranera.
Y cuando en loe manzanos y rosallls.
al soplo de las auras matinales;
vuelvan á susurrar hojas lozanas,
loe que hoy sufren heridas dolorosas,
serán loe que más bellas den las rosas
y más grandes y dulces las manzanas.
J. GARCIA RODRIGUBZ.

�130

EL ?tfilNDO

Domingo f4 de Agosto de 1898.

CUENTOS DE SOBREMESA
-Mis quer'dos a1,1igos-dijo el Doctor Poupardot,
poniendo su tazll en el platillo y arrojando UDI\ bocanada de hum&gt; del excelente cigarro que fumaba,-es
muy bonito el concurso general, las distribuciones de
premios y los recuerdos de colegio, pero no es todo
color de rosa en el oficio de antiguo camarada de clase, según la experiencia que hice el mes pasado,
-¿Cómo? le pregunté,
-Con aquel animal de Galimard
-¿Cuál Galimard? ¿el que estuvo connosotros en el
liceo?
-El mismo.
-Vamos! y qué se ha hecho aquel buen Galimard?
-Se ha vuelto muy viejo.
-Cómo, muy vie¡o? Supongo que no lo será más
que nosotros. Éramos de la misma edad aproximadamente.
-Pues bien, querido Galimard tiene hoy cuarenta
años más que nosotros.
-¡Que bromal
-No es una broma, vais á verlo.
-Sell. Pero al menos nos dirás cómo se ha operado
ese milagro.
-Figuraos que el mes- pas-ado Galimard llegó súbit1tme'lte á Parle. Porqué? Por una razón bien sencilla.
Hacia quince años que plantaba coles en su provincia
c:uando una bella mañana se imaginó que en aquel
penoso oficio habia contraído una enfermedad mortal.
No comía, no bebla, no dormla, asilo afirmaba, y
sintiéndose perdido, una idea cruzó por su genial cerebro.
-¡Vaya!-se dijo golpeándose la frente-ya tengo
lo que me hace falta!
Poupardot, mi amigo Poupardot que se ha establecido en París como médico,_!}o dejará morir as! como
asi á un antiguo camarada Me examinará, me cuidará,
me salvará. Corramos á verá Poupardot.
Y vino á verlo Es decir, que llegó á mi casa un domingo á Jaij siete de la mañana, al baj,u del tren, y
me declaró tranquilamente que teniendo necesidad
de mis más asiduos y atentos cuidados, no se moverla
de mi casa hasta que estuviera radicalmente curado,
Ya me conoceis cuán débil soy.
Me describió minuciosamente todos sus males fiei-

coa y morales, eUB tristezas y sus esperanzas, su pasado, su presente y su porvenir. En asuntos de intereses no andaba mal, pues no solumente conservaba
su heredad sino q11e la habla mejorado notablemente,
agregándole extensas porciones de terreno, compra-

do á sus convecinos Para. completar su ventura, un de París Cada cuarto de !:!ora, drin drin, era la cambuen matrimonio lo habla pue~to en po•eeión deotras panilla del teléfono queme llamaba y Galimard,siemtierras y una abundant11 sumll de dinero en tltu!os de pre Galimard pidiendo hablarme
A la vigésima cuarta vez rompi.rabioso, mi aparato.
la deuda pública que formaban la dote de su mujer
Esta er11 lo que se llama una alma de DioP¡ tenia Aquello me costó cien francos de reparación y una
ocho años menod que él, carácter blando y jovial, be- docena de visitas á que no concurrí por no haber sido
lleza sana y atractiva y otras muchas cualidades '1D· advertido á tiempo.
Al dia siguiente tocó el turno á los relojes neumá .
tre las que descollaba su habilidad para hacer paeteles de liebre y compotas de manzana que se comia
uno los dedos tras el bocado.
Ahora A~taba en cama todavia á consecuencia del
último alumbramiento; un chiquitín, tamaño de gor
do, el aéptimo de la Bf'rie, pero pa:1ados los cuarenta
diae la baria venir á Paria con todos eue váetago~,para que yo la cenociera y ella conociera la capital.
Entre tanto, él ee instalaba conmigo y yo mismo le
cuidarla, put&gt;s de e1,e modo y fiado en mi antigua
amistad estaba mas &amp;1'11,'uro del rPeultado.
No me atrevi á ponerlo á la puerta; un cuarto de
hora despuee estaba instalado en una cámara al lado
de la mi11 y al,i ePtuviera aún si al cabo de quincedias
no hubiera encontrado el medio de librarme de él.
-¿Era molesto?
-¡,Mo1esto? es poco. decid que mi casa se habfa vuAlto inhabitable: imaginaos un mocetót: que andaba
por todas partes como en su casa que lo desarreglaba todo, quA ocupaba á mle tres criados para eu ser•
vicio, cambiaba las horas de mis comidas. se instalaba
en mi gabinete cuando daba con~ulta á un cliente, y para coronar su obra entr11ba á las dos de la mañana
h-ciendo un ruido terrible con las puertas.
-¿Y su enfermedad?
-No tenia ninguna. Galimard se habla cuidado y
nutrido muy bien durante muchos años, y ;;u enferme
dad era sencillamente un exceso de salud.
-¿Entonces? . .... .
-Entonces, el movimiento que se daba en Parle su
:primia la causa de su malestar, se sentia cada vez meJor y no pensaba en regresarse.
Hasta llegó á pensar en lo conveniente que seria no
llevará cabo el viaje de su mujer, porqnt,-me reveló en confian:&gt;ia-habia tropezado casualmente con
una joven, modelo de virtudes y linda como una amapola, á quien le habla hecho creer que erR soltero y
con la cual teni11 relaciones honestas desde hacia una
semana.
Como me rPfiriera que esa virtuosa joven trabajaba en un café cantante echando al aire coplas de color subido y bl.'itando jotas y boleras, traté de desvanecer su error haciéndole ver era dificil si no imposi- ticos. Al principio _no los había notado creyendo que
ble que ninguna virtuu genuiJa, pero ni siquiera eran como los reloJes co_munes, pero una mañana, á
falsificada pudiera txistir ni subsistir en establt&gt;ci- consecuencia _de un acc1~ente sobrevenido á un tubo,
mientos de esa categoria. Pero ¡qué babia de conven- todos los r eloJes del barrio se detuvieron á la ve,z
cerlo! por el contrario montó eu cólera, me tachó de
?'allmard pr&lt;'guntó }a causa y yo pasé dos horas exenvidioso y á no sl'r por la habilidad con que supe phcándole ~ómo funC\ODaban aquellos aparatos.
apaciguarlo haciéndote ver que podla yo estar equiF1;1é precu,~ C?nduc1rlo al tal_ler donde se fabrica
vocado, creo que me rompe una silla en la cabeza
el aire compr1m1do que se arroJ&amp; en seguida á Jos tuLo dejé, pues, con rn capricho que en último análi- bos, mostrarle aquellos tubos que corren subterrásis me libertaba del peligro de que un bello dia ama- neos en t~do Parle y alimentan á millares de relojes cuneciera en mi casa con to1a su familia, v procuré no yas aguJas marchan lgualt&gt;e . ~ada mi_nuto, es decir,
preocuparme m ie por lo que le ocurriera en el mal cada vez que una nueva porc10n de aire se introduce
camin~ á que podían llevar!o su natural fogoso y su á los tubos.
carencia absoluta de conocimiento de la localidad.
Pero cuando supo que aquel sistemR lo tenia en
Además, Parle lo divertia enormemente; como en su casa, aquello fué o~ra C?sa, "¿Cómo, el rf'll&lt;'j que estaba
vida babia venido, todo era nuevo para él: los monu- alli, sobre su propia chimenea, en en propi11 cámara
mentos, las calles, las plazas los jardines públicos lo~ marcab~ IR hora que le enviaban de allá abajo, po;
picos de gas, la luz eléctrica, ¿qué se yoi' ...... E;t t~lé- 11quel boplo de ¡ilre reg ul11r e.:b.ado en los tubos cada
fono, sob!'e todo. le producía una admiración profun- minuto? ¡Ohl era verdaderamente prodigiosolRecibir
da. Tengo uno en mi gabinete. Un dia Galimard que el agua y e! gas á domicilio por tubos subterráneos,
andaba de paseo encontró una distracción inteligente: ya_ era ~dm\rable, pero ¡la hora!. . . . aquello confundia
consistía en platicar •~onmigo desde todos los puntos la imagmaciónl

Domingo 14 de Agosto de 1898

131

EL MUNDO

Era media noche y_ yo me retiré dejándolo en con- permaneció sentado, abriendo desmesuradamente los
temrlación delante de BU chimenea.
ojos, entonces exclamé con un grito de estupor.
A día siguiente, mi criado que había entrado en la
-¡Dios mio! ¿qué te ha sucedido? ¡estás completacámara de Galimard, me comunicó que babia roto el mente cano!
tubo de su reloj, sin duda mirando cómo funcionaba
-¿CompletamentA cano? repitió con aire de espanto.
Una idea infernal surgió en ml esplritu.
·
- -Enteramente. Mirat.,
:- ¿Está roto el tubo de su reloj? pregunté á mi
Dócilmente saltó de la cama y corrió hacia el especriado.
jo de la chimenea.
-Si, señor, enteramente.
Al contemplarse eé estremeció todo su cuerpo
-¿Y qué hace ahora?
-¿Ed posible? exclamó.
-¿El Señor Galimard? Duerme.
-¿Está bien dormido?
- Profundamente.
Me levanté de mi
escritorio, pasé á
mi gabinete tocador y tome un paquete de polvos de
arroz y una borla,
luego, de puntillas;
me dirigl al cuarto
&lt;le Gahmard. Abri
la puerta con pre-caución: Galim11rd
en medio de la rama y boca arriba
-dormia el sueño de
la inocencia; me
acerqué é impregnando la borla ae
polvo de arroz, con
mano ligera, ineent1ible, para no hacer le cosquillas, le
empolvé pacientemente loe cabellos
y la barba..
Poco á poco, bajo
la finalluviadepolvo, su barba y cabellos tomaron un
tinte g~ie qui' acen •
tué gradualmente
basta el blanco más
puro. Cuando juz
gué completa mi obra, gu'ardé la pnlvera en mi bolsiDetrás de él yo hacia &lt;?estos como un hombre dello y tocando á Galimard en el hombro, exclamé con sespAra do.
voz natural: ,"y; - '¡
-Pero en fin, le dije, ¿qué b.ae hecho, qné te ha su-Y bie11, mi viejo, ¿cómo va esta mañana?
cedido?
-¿Acaso lo sé? contestó enloquecido.
Despertó sobresaltado, se incorporó en su lecho y

Me babia aproximado á la chimenea.
-¡Ab.! dije bruscamente, ya caigo! ¡Desgraciado,
tú has tocado este reloj!
-¡Si! murmuró Galimard, cuya voz no era más que
un soplo
-Y lo has deell.rregladol mira el tubo, está roto.
-;.Y bien ... ?
-Pues bien, triple imprudente ¿no comprendes lo
que te ha sucedido?
-No.
-Y. sin embargo;
es bien sencillo, supongamos que e~e
•·
tubo, es de gas, si
lo rompes¿qué efecto se produce?
-¡Tomalun e1,cape de gas.
-Pues bient lo
que llega por ese
tubo no es gas, sino
horas.
-¿Y qué?
-Que has tenido
toda la noche un es•
cape de horas eu tu
cámara, y tan to,
queahor11 ... .
-¿Ahora .... ?
-¿A quéhorahas
roto esoY le dije, sacando mi reloj.
-No recuerdó,
pero ere,; que fué á
media noche.
Miré mi reloj y
movi los labios como si estuviera haciendo un cálculo.
-Ahora, le dije
fríamente, tú tienes
ses ental siete años!
Arroj un grito
de terror, se precipitó sobre su pantalón que se pnso
con febril rapidez y
cinco minutos des pué~, con eu maleta en la mano. bajaba de cuatro en cuatro, los escalones de la casa.
Nunca lo he vuelto á ver.
JOSlllPH McNT~T.

LOS VIEJECITOS
I

La señorita d'Outreval vivia en el extremo de la calle de Recoletos. en una casita que cubrían con su
.sombra. las altas torres de la Catedral. Muy cascada,
muy arrugada, no teniendo fuerzas más que para
arrastrarse de un sillón á otro, pasaba las horas atizando el fuego con sus tembloroPae manos cubiertas
con mitones¡ adormeciéndo~e en dulces y vagas somnole1,1ci«e, en que los recuerdos del pasado le fluían
al corazón oyendo á una cotorra verde que. con eu
voz aguda gangueaba sin cesar las mismas frases: y
cuando el eolhacia 1•1 mPdio dla, iluminaba por un ine•
tante los empolvados vidrios, observando loR carruajes que rodaban afuera. sobre la• grandes y húmedas
ba1dosas.
Ella no echaba de menos ninguna fPlicidad, ni tenia. nostalgia alguna y aguardaba su fin con la altiva indiforencia de: creyente que entrevé el eterno
descanso á travé3 de lae estrellas
No habla en el silencioso ea.Ión ningun reloj qu"'
marcara la huida del tiempo.
Sola en el mundo, la última de su nombre, no contando los años que se agregaban á lo.i años y que le
abrumaban con eu peso¡ la solterona estaba reducida
á la compañia de su sirvienta casi tan vieja como ella
y de un pobre caballero de Malt11.1 que la habla adorado en otro tiempo en Combletz; y que c!l-da tard~,
-como un devoto que va piados9 mPnte á recitar su oficio á la iglesia, descendla cojeando desde el otro extremo de la ciudad con su bastón de puño de oro y
sue zapatos de lazos, á tomar una taza de té y á hacer una partida de pharaón de á dos centavos.
Entre estos dos abuelos, esta amistad era CJnfiada,
apacible, tan suave como el olor de esas frias rosas
de invierno cuyos pétalos deshojados dejan sentir al
menor contacto cierta impresión de hielo.
Ellos no reñian jamás; tenían el uno para el otro
esas delicadezas del corazón tan entemecedoras y
casi infantiles. Se olvidaban al~nas veces de su
edad y chocheaban exquisitas cosas, sonriendo como
.A lejanas visiones entreviatd8 en la nieve.
S1lvina babia llenado la e~trech11 habitación del señor de Nauvicourt de baratijas que ostentaban las
consolas, de cuadros de sederlas, de bordados simbólicos, de sentimentales grabados, según la moda de
antes.
El caballero, por su parte, se privaba de ~u rapé
economizaba sus mezq_uinas rentas para de tiempo en
tiempo llevar á. su amiga un ramo de violetas ó un
cartucb.o de almendras que juntos roían después con
sus bocas desdentada¡¡. .
II
Hubiera sido preciso verlos bajo el resplandor amarillo de la lámpara que cubría una gran ~antaya de
guipur antiguo con sus sllut-tas de pájaros cuya
sombra se movia sobre las paredes, sus dedos huesosos que temblaban al arrojar las cartas, y sus anteojos que se deslizaban á cada instante.

El vapor del té subía por encima de lae tazas; ellos
reflexion11ban gravemente, titubeaban; contaban los
puntos á media voz. ee animitban, se despertaban poco á poco dA la alucinación de todas esas figuras que
danzaban delante de ~us cansados ojos. y 111 fin de la
partida, el caballero aproximaba su silla con un aire
desembarazado, char111ba, aventuraba un cumplimiento sobre el aroma de ioe polvos ó el color de las
cintas, se inclinaba. besaba -por encima de los mitones
las manos que la señorita d'Outreval le abandonaba,
moviendo 111 cabeza, y entonces decia con inflexiones
tiernas:
-¿Od acordáis, corazón mio, cuán cruel fuisteis
conmi2'o?
Ella suspiraba sin responder nada y pensaba entonces en que b.abian sido jóvenes, en que sus corazones hablan lattdo en unldono, en que demasiado
coqueta y demasiado romántica, habta ella de repente vuelto á otro lado la cabeza y cantado una nueva
canción.
Se acordaban de las frias ciudades de Alemania en
donde tiritaban, de las batallas iuútiles, de las escarapelas blancas que prendían á los remendados vestidos de Corte¡ del destierro tan largo, en el cual, ein
embargo, ee hi,,bla tan arrogantemente luchado contra la mala suerte; bosquejado tan tiernas aventuras
y roto mucb.as espadas, tanto por la buena causa como por los lindos ojos de las hdllas emigradas.
-¡Cómo bailaba este audaz cornet.t de Dragones!
¡Cómo hablaba de las mujeres con el insolente aplomo de eus veinte añoel ¡Vómo sabia hacer sonar sus
espuelas en loe corre&lt;1ores é implorar por lo bajo una
cita!
•
EIIR, ¡cómo había sufrido y llorado para resistir á
la tentación de est11 dulce voz 11rdorosa y vibrante
que la suplicaba, para ser la más fuerte y encerrarse en su orgullo como en una torre iuaccesiblel
1Cómo le babia él idolatrado! ¡Cómo habla deseado
cerrar con sue incesantes y deliciosos be&amp;os sus grandes ojos de terciopelo, donde por momentos ardia no
sé que luz eep,ritual y turoadoral y puesto que ella
lo deaecuaba y lo ridiculizaba, con su sonrisa incrédula, puesto que ella tarareaba una copla burlesca
cuando él pretendía supremos asaltos, él había huido
y en veinte batallas habla jugado su piel como se
Jut&gt;ga un luis.
¡Qué cruel fuisteis conmigo, Silvinal repetía él con
la mirada perdida en el vacio; y la señorita d'Outreval ropetia muy dulcemente:
-¿S11rlamoe los mismos buenos amigos que somos
ahora, mi querido caballero?
Después, ella llamaba á eu sirvienta: se dejaba besar aún la punta de los dedos, acompañaba al señor de
Nauvicourt hasta la puerta, y mientras él baJaba la
escalera, a.poyándose en el p.isamanos de fierro, exclamaba con voz inquieta y paternal:
-Sobre todo, tened mucho cuidado en el último
escalón.

III
Pues una noche, 11lloe charlaron un largo t:empo,
bPbieron, s'n apercibirae de ello, tantas t11Zas de té
que poco á poco sus ojos se cerraron y se durmieron
en mitad de sus ensueños acostumbrado•, la boca entreabierta y las manos caldas y oecilllndo, como dos
buenos viPjos que han velado b.aRta demasiado tarde.
La sirvienta. á quien no llamaban, continuaba su
s_u eño en la cocina. Lae bujtas s3 consumieron hasta
el candelero: e! fuego ~e apagaba.
El día penetraba eutre las cerradas persianas¡ loe
pájaros cantaban en loe árboles del jHrdln, y de repente el repique que anunciaba la primera misa, la
misa de los slrvh,ntes. de la gente pobrP, estalló fuera. concluyendo bruscamente en una lluviii de notas
agudas y sonoras que sacudió loe vidrios. La ulle se
despertaba. Los carros de los hortt&gt;lanos deecendian
á gran trote por la plaza del Mercado
La señorita d'Outreval entrt&gt;abrió los párJlados. se
estiró, bost1::zó ,Y &lt;tió un gran grito de estupor al ver
al caballttro que roncuba apaciblemente en el fondo
de su sillón con la peluca al través y lll corbata desatada.
El grito hizo enderezarse sobres11ltado sobre sue
poco seguraij piernas al Sr. de Navicourt
Se miraron con un azoramiento cómico de culpables á quienes un marido celoso acaba de sorprender
y que avergonzados, no osan articular palabra.
-¿Era eeo posible?
¡Et caballero habla pasado toda la noche alli.
¿Qué irhn á suponer? ¿qué irían á decir las perversas comadres, las buscadoras de escándalos?
¡Ella seria la fábula de la ciudad! ¡Estaba irremeciiableplente comprometida! ¡ella, la inmaculada que
no habla jamás cometido ni un pecado venial! '
¿Cómo saldrla él á esa hora, en pleno dia sin ser
visto de los vecinos y los canónigos que iba~ á Maitines? ¿qué pensarla la dirvienta?
La pobre vieja se desesperaba, sollozaba en su pañuelo de encajes, y murmuraba con un tono lamen tahle:
--¡Qué desgracia! ¡qué desgracia!
Mientras tanto. el Sr. Nauvicourt habiendo arre•
glado el _lazo d~ BU larga corbata y arreglado eu pefl!ca, tosió como un hom1:Jre que se prepara á pronunciar un gran discurso, bien que mal, enderezó el torso, y muy conmovi•to, con entrecortadas palabras.
-Habría un m~dio, s~ñor,ta . ..._un medio_de reparar .... nuestra distracción . ... decid, ¿queréis concederme vuestra mano? ....
Silvina Je miró fijamente y tembló todo su cuerpo.
elloa se abrazaron dulcemente sin decir nada.
Y hé aqul por qué la señorita d'Outreval ee casó á
los ochenta y cuutro años con el caballero de Nauvicourt, y no llevará en su entierro las blancas vestiduras que hacen pensar en las alas de los ángeles y en el b rote de lao azucenas.
RENÉ MAIZEROY,

�Domfn,rc 14 dt- Agosto de 1~

EL MUNDO

132

D omingo 14 de Agosto de 1898.

133

EL MUNDO.

¡POR UN_ MARIDO!
NOVELA. ORIGL""TAL DE MARC DE CHANDPLA.IX-ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Número 7.
-Sí: ese frasco tiene un perfume muy vivo que
posee propiedades particulares y me ha traído á
1un descubrimiento importante.
Binao dijo:
-Es un perfume indio: contiene aceite de pal1mero, sándalo y el jugo de una planta.
-Quisiera conocer esa planta, dijo el Doctor
y la conoceré. Pues este frasco se dejó destapa·do en mi camarote que cedí á la reina anoche; y
1
lioy al recobrarlo tuve una dolorosa sorpresa hallando á mis araiias muertas todas en torno del
frasco. Así lo creí de pronto pero luego noté que
no estaban sino adormecidas y mientras pensaba
en esto, como el perfume me mareaba, tapé el
!frasco y A poco las araiias empezaron á caminar.
Entonces, el perfume las narcotizaba! Para estar
cierto llamé á Prince, le dí á oler el frasco y se
·durmió también.
-¿Y usted? _preguntó~elly sonriendo.
-Yo sentía más bien cierto bienestar.
-Sí, dijo Binao, este perfume atrae á los
insectos y los adormece. Los indios dicen
•que se hace uno amar poniéndoselo en todo
-el cuerpo.
El Doctor dijo riendo á Binao.
-En ese caso regálame un
tfrasco.
- Y á mí otro, aiiadió el Comandante.
-Ese efecto sólo lo produce
-en las mujeres, respondió seriamente Binao.
-Déjeme usted, pues, éste, di.jo Nelly.
-Si lo quieres. . . . pero tú
no necesitas de eso.
-Exacto, concluyó el Coman·dante. Pero ahora que el asunto
·del perfume estl\ agotado ¿no me
dirá usted Nelly por qué está
aquí?
-Pues bien, mi padre y yo,
·como la reina Binao, hemos sido
·expulsados por los hovas.
-¿Expulsados? dijo el Coman-dante.
- Oh! yo! dijo Binao, partí por-que quise.
Pues á nosotros se nos puso á
la puerta y sin pagar á mi padre
'lo que se le debía.
-¿Y qué va á hacer ahora?
-, .
preguntó el Comandante.
é '. \
-¿Porquélos expulsaron?pre- ,
~.. ,
~untó el Doctor.
,,~
-Pues yo por mi aturdimiento
~,
tuve la culpa, Re~ordará usted,
/ ...,,
'Comandante, que le ofrecí un plano de Madagas·car que había sido levantado por mi padre y contenía un intinerario secreto; para cumplir mi ofre-cimiento, puse de mi propia letra:
«Homenaje del 1tutor al Comandante del Co1

TRITONIADA.
Cómo surgen mis memorias ante d Mar alborotado! ·
El Mar es mi padre augusto .... Deja, deja que recuerde ....
En los viejos episodios fui tritón enamorado
de un11 joven oceánida oji-verde.
Sus cabellos impregnaban de su olor mi cuerpo todo,
cuando trémulos mis brazos musculosos la ceiiían;
sus cabellos eran alga 1 verdinegras, que de iodo
y de ozono los perfumes embriagantes despedían.
Qué dichoso si los besos de sus labios escarlata
se posaban en mis labios, descendían por mi tronco
y erizando de deleite mis escamas de oro y plata,
inspiraban A mi oblicuo caracol su canto ronco . . . .
¡Cuántas veces, en la noche, de la luna á los reflejos,
en la roca hospitalaria más distante y más esq_uiva
constelada de rojizos carapachos de cangrejos,
entregábase á mis ansias, ardorosa ó pensativa!

EL ORGULLO DEL VENCIDO.
L
-¡Avanza! Aunque es muy áspero el camino,
Siguele con valor
De la jornada al fin puso el destino
El fin de tu dolor.
Rompe las ligaduras de la tierra
Que encadenan tus piés ....
Toda eeoeranza el porvenir te cierra
• Si dudas . ... ¡Anda, puée! ... . . .
Ya sé que es fatigosa la penditnte
Que tienes que subir;
Mas el que siente lo que tu alma siente,
Por ella tiene que ir.
No vuelvas la cabeza y sigue andando ....
Pararse es vacilar.
¿Qué tardas mucho?-Llegaráe . . . . .¿Qué cuándo?
· ¡Cuándo debas llegar!
¿Brota la sangre de tu piel? ¡Qué importa
Si vas hacia un edén!
¡La jornada más larga es siempre corta
Si se camina al bien!
Yo te aseguro que tus tristes quejas
Pronto han de tener fin ....
Olvida tu pasado .... ¡Lo que dejas
Es tan pobre...... tan ruin!
Pasiones bajas que tu eér ligaron..... .
Estúl)ida ilusión ....
Ansias locas é mnobles que dejaron
Seco tu corazón.
¿Y qué hal'aste? ¿Qué dicha te dió el mundo
A cambió de tu afán?
Ninguna, Con el impetuo profundo
Que tiene el huracán,
Arrancó la esperanza mantenida
Por un fatal error,
Logrando que en el árbol de tu vida
No quedase una ilor.
Justo es, por tanto, que tu amor le niegues.
¡No lo supo apreciar!
¡Ya verás su mideria cuando llegues ...•
Donde debes llegar! ... .

II

-Tienes razón . . .. ¿Qué importa la fat'ga
Que consume mi sér?
Sólo un afán mi corazón abriga:
¡El poderla vencer!. .....
No supongas que el áspero sendero
Me da espanto. No tal. ...
Quien quiere con el ansia que yo quiero,
Lucha y llega al final.
Me atrae aquella luz resplandeciente,
Y hasta ella tengo que ir...

Cómo hendíamos las olas irritadas ó serenas,
con su mano entre mis manos y en la suya mi pu.pila,
y qué dulces serenai.as nos brindaban las sirenas
en los hoscos arrecifes de Caribdis y de Scila!

...................... ......................................
Quién dió muerte á mis venturas? Un delfín gallardo y bruno.
-Te burlaron?-Me burlaron.-Te vengaste?-Sabiamente:
Demandando su tridente formidable al dios Neptuno,
los clavé sobre mi lecho de coral con el tridente . .. .
Cómo surgen mis memorias ante el Mar alborotado!
El Mar es mi padre augusto . . . . Deja, deja que recuerde:
En los viejos episodios fuí tritón, enamorado
de una joven oceánida oji-verde.
.AMADO NERVO.
México, 1898.

Bien dices ... :Aunque es ruda la pendiente,
Pararse es sucumbir.
La blandura del suelo me sujeta;
Quiere hundirme quizás.
Mas siento la arrogancia del atleta
Que no se vuelve atrás!
Tienes razón .... El mundo ha despreciado
Todo lo que le di. .....
Con su desdén mi rabia ha despertado ....
¡Y ahora me vengo asil
Sigo .. ¿no he de seguir? Lo que era un sueño
A realizarlo voy,
Y el mundo, que me tuvo por pequeño,
Ha de ver lo que soy.
¿Qué importan la fatiga y el trabajo
Si se han de compensar
Con el placer que vean los de abajo
Que al fin puede llegar? ...,

III
-.Espera .. .. Ya es inútil. ... Te has vendido ....
No sigas .. Me engañé...
Loco estás .. No cambiaste ....Yo he creído
Que tu orgullo era fé.
Vuelve dt nuevo al mundo que encadena
Tu vida y porvenir,
Porque resulta estéril tu faena ........ .
¡Nadie te ve subir!
-,¡Nadfe?-No.-Pues entónces imagino
Que es una insensatez
Luchar con la aspereza del camino,
¡Y me vuelvo otra vez!
LUIS DE ANSORENA.

Quién es Gliffnéh.•. ?
Al Lic. Manuel Marrón.

Gliffnéh es la dulce niña de blonda cabellera
Que en mágicos ensueños el bardo concibió
Cual una de esas sllfides que surcan la pradera
A las cadencias lánguidas de amante ruiseñor.
Ella es la que rompiendo mis negras nostalgias
Llevóme con sus alas al reino de lo azul
Donde al brindarme suaves é ignotas si~fonfas
Vibrar hizo de nuevo mi tétrico laud.
La v:rgen, que al abrigo de rosas perfumadas
Que forman como un manto teñido tm arrebol
Cambió por frescas flores mis flores deshojadas
Y al corazón ya muerto con besos despertó.
Por eso yo la adoro!; por eso cuando tiende
Sus alas-rosa y oro-la brisa matinal
Y á los nivosos pc\talos de las camelia; prende
Millares de perlitas de limpido cristal,
Mis pasos inseguros dirijo con anhelo
En pos de su adorable poético jardin
Y corto las campánulas, azules como el cielo
Para alfombrar con ellas su regio camarín. '
Y entonce entre las ramas de colosal parota
Desgrana sus melifluos arpegios el turpial '
Y canta enamorada la pálida chiltota
'
Mirando á los polluelos que pronto volarán.

i{bri.»

Las ondas del torrevte se ocultan fugitivas
Entre los terebintos pintados de carmin,
Entreabren sus corolas soberbias sensitivas
Y el sol surge entre nubes de gasa carmesi.

SONETO
(PENSAMIENTO DEI AiUlAND SILVESTRE.)

¿Todo en el mundo, abismo de amargura
cambia, desaparece ó cae vencido;
'
todo se precipita en el olvido
ó en el seno de negra sepultura?
No: que hay algo eternal, algo que dura
at través de la edad, firme y erguido:
el corazón del hombre, combatido,
y de las hijas de Eva la hermosura.
Si; la belleza, fuente de poesía,
que en el pagano altar brilló sin velos,
sigue retando al esplendor del dia;
Y ardiendo en fiebres. cóleras y anhelos
el corazón del hombre desafía
'
hoy como ayer, las iras de los 'cielos.
MANUEL REINA.

¡Oh reina! ¡oh soñadora! ¡princesa de un pasado
Que de~hoj&amp;ste lirios al pié de un ataudl....
~
Magnifica corona los elfos me han mostrado
Con que ceñir anhelan tus sienea de querub.

............. ... ····················· .............. .

E&amp; ella, la que en noches calladas y tranquilas
Cuando la luna vierte mirifico esplendor
'
Descien?e hasta mi alcoba que alumbra~ sus pupilas
Y entusiasmada vuelca la copa del amor.
La que me arrulla cuando letal melancolfa
Acerba y punzadora se adueña de mi ser
L~ rubia por q:uien tengo inmensa idolat~fa,
M1 ensueno, mi esperanza ...• esa es, esa es Glüfnéhr
EDUARDO MELO Y ANDRADE,

,.

Pues yo no supe donde puse el tal plano, que
estuvo á punto de dejarme sin despedirme de us:
tedes porque había ofrecido llevárselo al Coman. -dante al tiempo de partir. El caso es que á pocos
·días, el Gobernador mandó llamar á mi padre y
-con el plano en la mano le dijo: «Mayor, ya no
necesitamos de los servicios de usted. Volanabé
-porque allí estaba Volanabé, más sonriente y
·empomadado que nunca-va á dar orden de que
·se preparen los fitakones para conducir á usted
á Diego y dejarlo con sus amigos los franceses.»
Mi padre quiso dar explicaciones, pero le fué
'imposible hacerse entender de esos brutos.
-¿Pero cómo_ cayó ese documento en las manos del Gobernador? preguntó el Doctor miei:i'tras de Chalmont reflexionaba.
-Eso es lo que nunca pudimos averiguar. ¿Sa'ben ustedes lo que dicen ellos? que lo encontraron en la casa que ocuparon ustedes en Ambolbimarina.
-Imposible, dijo el Comandante.

-Sin embargo, es lo que pretenden, y como
decía Ivon, en esto se debe ver la mano de Volanabé, pero esta nueva picardía no le ganará el
paraíso y el viejo Ivon es un valiente á quien
siempre le conservaré gratitud
-Por qué? preguntó Lerbon mientras Juan
seguía preocupado.
-Volanabé nos condujo g, Diego; y como no
estaoa11 ustedes ya allí, (lo que fué para nosotr Js
una gran decepción) pensamos en el viejo marino y lo fuimos á ver, refiriéndole lo que nos había sucedido. El se indignó, nos instaló en su casa y fué á ver al Gobernador francés para que
nos concediera una entrevista. Nosotros entre tanto fuimos á' la playa cavilando en nuestra desdicha. l\ri padre estaba abrumado, pues aunque el
Gobernador consintiera en repatriarnos ¿qué iba
á hacer él en el Canadá? Yo le consolaba dicien_.--·-- ~ --:··- .

.....

/·,=,../__ · .~'""·,

Mora Foutssy que apenas volvía de su terror nos
contó la escena que acababa de presenciar.
-¡Bravo por Ivon, bravo! exclamó Binao, ese
trato se merecen todos los hovas.
El Comandante y el Doctor no pudieron prescindir de reírse de la salida de Binao, mientras
Nelly continuó:
Lo que más nos interesaba era la respuesta del
Gob¿rnador y como Ivon lo comprendía así cor•
tó el relato de su mujer y nos dijo: «El Goberna•
dor espera á ustedes y tiene una colocación para
el Mayor.-¿Aquí? interrogó mi padre.-No, pero
cerca, en las islas Qomoras con un inglés muy rico que vive solo en sus tierras, se fastidia y necesita un dependiente.» Todo esfo era bastante
vago é inesperado; pero el Gobernador nos dió
informes más precisos y mi padre, instigado por
mí, aceptó. Por el camino daré á ustedes más detalles, porque ya es tiempo de que vayamos á tierra; mande usted echar al agua la
lancha.

.·¡· /l t~ /j¡·."'-"-.,
/.

( ¡
•

.

C. (

Jj·

/

' ·í

.

do que mis conocimientos me permitían dar clases de canto, piano, dibujo y otras materias y
que sus parientes de allí podían ayudarlo á colocarse; pero lo que me desolaba era partir sin
despedirme de ustedes.
- Seil.orita, dijo PI Comandante, no puede usted figurartie lo apenado que estoy por la parte
que tengo en ese d1:sastre.
-No lamente usted nada, pues ya las cosaf se
arreglaron conforme á mis deseos. Pero déjenme
continuar, y mientras, mande usted, Comandante,
preparar 111 lancha que nos va A llevar á tierra á usted á la reina y á mí. Pues bien, mientras
nosotros paseábamos Ivon volvió á su casa y encontrando allí á Volanabé, objeto de sus odios y
rencores, le dijo: «Al fin te cojí, perro ladrón y
ladrón de perros,» y sin darle tiempo de escapar
tomó un rebenque y le administró una tunda de
mano maestra. Mora Foutsy no se atrevió á pedir gracia para su compatriota sobre el cual llovían los golpes. En estos momentos llegamos mi
padre y yo y entonces pu.lo escapar el ecnpomadado Volanabé á quien no quedó ni un dieute para sonreír, porque todos cayeron en la golpiza y
que salió baiiado en sangre, arrastrando una
pierna y en estado desastroso. Ivon, radioso dejó su rebenque, nos estrechó las manos y luego,

El Comandante llam_ó, y mientras daba
sus órdenes, Nelly ail.adia:
'·
.A los pocos días un barco nos
J. \,, \
trajo aquí; pero como ninguna lí·
\
nearegularuneá11Iadagascar con
las Comor'as, el Jefe de La División Naval nos autorizó á tomar
pasaje en el Colibri que se dirige
á esas islas.
-.Aquí, en el Colibl'i.2 pregun•
tó Juau sorprendido.
-Aquí, para ir á. una isla, se
necesita un barco, dijo Nelly
1 riendo del efecto que la noticia
causó al Comandante, y aiiad.ió:
se diría que eso le es á usted
desagradable. .A mi! estuvo á
punto de gritar el Comandant~
en un arrebato que le habría traicionado, pero se contentó con
decir:
-Me será muy satisfactorio,
seil.orita, contribuir á que olvide
usted los disgustos que sufrió con
morivo de nuestra visita á .Ambohimarina.
-Yo, declaró el Doctor, estoy encantado y siento que el
viaje que vamos á hacer con usted seiiorita,
no sea alrededor del mundo. ¿Cuándo se
embarcan ustedes?
-Pienso que será dentro de dos ó tres
días, y entre tanto espero que tendré el gusto de verá ustedP,s con frecuencia. .Además,
creo que el Colibri no va di!'ectamente á
Mohelia que es donde debemos desembarcar, sino que va antes á Mayotta; luego se detendrá en
.Anjouan y por último en Diego, según he oído
decirlo al Jefe de la División N1lval. El Comandante va ahora á recibir del Gobernadorinstrucciones sobreel particular. Diga ust,id Doctor:
¿qué es Mohelia? Loignoro, pero mejor no me lo
diga usted. No he sido tan halagada por Madagascar que lamente dejar esta tierra. Lo que me
tiene encantada es hacer una travesía en un buque de guerra y además, si no le agradamos á
Mr. Thomas Poole, (así se llama el propietario)
regresaremqs al Canadá llevando una buena provisión de recuerdos.
TerminabaNellyestasexplicaciones cuando vino un marinero á avisar que la lancha estaba lista. Binao, Nelly y el Comandante escoltados por
Prince que no sabía á quien seguir de estos dos,
descendieron á tierra y se presentaron al Gobernador q 11e los recibió muy afablemente.

V
DO~DE EL DOCTOR EMPIEZA Á VER CLARO
-¡Diablo! dijo ei Doctor tomando á peqe:flos
sorbos su café hirviendo. Decididamente el café
helado sería mejor y es de sentirse que mi imbé-

•

�EL MUNDO,

134

Vomlngo 14 de Agosto de 1898

lugar en que estaba se raya con estrías rápidas,
cil criado haya'roto la máquina de refrigerar que
como relámpagos que producen la ilusión de:
funcionaba tan bien.
crepitaciones lejanas.
-¿Fué su criado de usted? Yo creí que había
La frente del sol emerge deslumbradora; y súsido el mío.
·
bitamente de un solo golpe el cielo y la mar se•
-En fin, quien quiera que sea,la máquina está
inundan de claridades . .... .
inservible y es absolutumente necesario que tenAllá á lo lejos en la superficie de las aguas que
gamos otra esta misma tarde: hizo usted bien al
parecía ilimitada y desierta , aparecieron un is•
recordármelo.
lote primero y luego otro y otro y otro aún .....
-Es indispensable, y voy á tierra á procurarA medida que el barco avanzaba, más islotes.
me una.
aparecían, se soldaban entre sí y tomaban nue-¿Con este calor? Ni lo piense usted, amigo mío,
vas formas: luego se vió que eran las cimas de
voy á enviará Jacques.
un mismo país del cual aún no se perfilaban las.
-¡El calor' estoy acostumbrado; y con mi quicostas. Una de estas cimas era bien característita-sol y mi casco no le temo. Déjeme usted, Coca, con su cúoula redondeada y sus pendientes
mandante, pues prefiero ir yo mismo porque los
rápidas incliñadas por igual en todos sentidos, un
recurscs no abundan en Nossi-Be y Jacques nada
verdadero pilón de azúcar ligeramente inclinado..
encontraría, en tanto que yo no volveré con las
como si la base hubiérase carcomido por un cosmanos vacías.
tado.
Si se trajera usted también algunas flores. : . . .
El Mayor Stephenson, indiferente á las belle-Es verdad, y aguas de t0cador, y perfumes:
zas de la naturaleza dormía en su camarote con
-Decididamente piensa usted en todo: pero
sueilo profundo; el Doctor acababa apenas de leella tiene el precioso perfume de la reina Binao
vantarse y estaba tomando una taza de café para.
que narcotiza los mosquitos .. . . . .
ponerse inmediatamente á ernribir, siguiendo su
- Y que provoca al amor, concluyó sonriendo.
costumbre de dejar listas con la primera luz maLerbon. ¿A qué hora viene con su padre?
tinal, dos ó tres páginai, respecto á las araftas; Ne'¾:~
lly con traje de ma:liana blan-Esta noche, á las ocho ó á las
-"\.
co de fra?1ela, y un abrigo de
nueve, pues ya sabe usted que zar-,-: -\
seda,azul, se apoyaba en el paparemos á las diez.
samanos del puente al lado de
-Pensaba que comerían aquí.
de Chalmont. Maravillada por
-No quisieron, ó más bien, no
la belleza del espectáculo, olpudieron, pues aún les quedaban
vidando la presencia de los
por hacer algunos prepara.tivos; ademarinos que les rodeaban, se
más, tenían invitada á la reina Biestrechó contra Juan y reclinao que se ha apasionado terriblenando la cabeza en el pecho
mente de Nelly y también me hadel marino, le dijo.
bían invitado, perono
-¡Qué bello, qué bello es.
prometí que iría y me
esto y qué feliz soy!
propongo permanecer
Luego, volviéndo en sí seá bordo.
separó de Juan vivamente y·
- Hará usted mal,
porque apenaría á Nele preguntó:
que es tan afectuo-¿Qué cima es esa?
sa. ¡Vaya una criatu- Esa, le contestó el Comanra encantadora! . . ...
dante es el Ouchon- gui que.
Valiente, adicta, resignifica pilón de azúcar.
suelta, instruida y so-Y éste otro?
bre todo, bella. Será
-"' t
-El cerro cuadrado.
feliz quien la logre por
.¡_.?
La isla entera era Mayotta,
esposa.
una
isla gallarda y riente que- -:_.....•E.. -¡Qué entusiasmo,
ocupa un sitio equidistante entre Africa y
Doctor! ¿Piensa usted
. , _
Madagascar y que es producto volcánico.
ofrecerle su mano?
. '
como las Comoras brotadas de una in-Ay! si tuviera yo
-,; ,h,..._
mensa erupción.
la edad de usted! Si
_ j,l!:1.:p · ·"
Acercándose, todo aparecía sereno, repo-yo fuera usted . ...
?::il~=""'~·
sado y agradable y había en casi todas di-Juan se ruborizó.
recciones grandes árboles entrelazados por ·
-Pero no hay gran
lianas de flores brillantes; una bóveda de diferencia entre usted
verdura sombría que recortaban aquí y allí con
barque
del
Mayor
y
su
hija:
en
primer
lugar,
Mr.
y yo, Doctor.
-Enorme .. . . diez ailos por lo menos, y ade- Thomas Poole, el rico propietario de Mohelia ha- manchones de un verde más claro, vastos plan-bía sido muy correcto dirigiéndose á las autori- tíos de caña de azúcar. En algunos raros sitios.
más, está enamorada de usted.
dades francesas para que le designaran la perso- aparecía la roca volcánica lustrosa, guinda, so•
El Comandante intentó sonreír.
na
á quien debería llevar á su lado, con la con- bre una tierra roja y muy fértil en que surgían,
-No se ría usted, amigo mio, eso es bastante
visible para que no lo baya notado un viejo como dición si de que fuera de origen anglo-¡¡mericano, al capricho altos cocoteros cuyo tronco desnudoyo, y si se lo digo no es para preocuparlo, sino Stepbenson, que tenía ligas con los franceses, que y esbelto coronado de soberbios abanicos, rom-para im¡pirarle confianza y que no se oculten de el Gobierno inglés desconfiaba de él y que se pía la monotonía del paisaje.
El barco avanzaba con rapidez y todos los de-había malquistado con los hovas, sería un agente
mí.
-¡Es que usted es el enamorado y está ce- con quien podría contarse en caso dado y por talles empezaban á mostrarse bañados por la reseso lo escogieron aunque tenía reputación de be- plandeciente luz: los islotes cincelados, esparci. loso!
dos en torno de la isla principal; las recortaduras
bedor, pero también la tenía de honrado.
El Doctor se ruborizó á su vez y exclamó:
Esto complació á Juan, pues Nelly no le min- de la playa cubiertas de arena dorada: algunas.
-Yo, Dios me libre! pero le tengo á usted envidia .... Y si algún día tuviere usted contrarie- tió puesto que su padre fué dado de baja por em- casas blanqueadas con cal al uso árabe tachonadades y tristezas y necesitase de apoyo moral y briaguez solamente y no por embriaguez y robo ban con puntos blancos el follaje, y al rededor deese conjunto, bastante lejos ne la orilla, el ancho
consejos, no siga siendo reservado y tenga fe en mí. como Juan temía.
Stephenson es honrado, decía el Jefe Naval y cinturón de coral, dique natural apenas visible,
- Sí, pero usted no sabe todo lo que yo sé sobre el padre, sobre la madre y sobre la niila mis- su palabra era para el Comandante un Evangelio. al ras de las olas que se revolvían sobre él, rebo-Largo espacio de tiempo permaneció pensati- sando espumas hlancas.
ma; usted no ha oído sus palabras atrevidas, amorosas, experimentadas ya; usted no conoce la vo en un sillón, abrumado por el calor sofocante
Más allá de estas rompientes, en el interior deturb'.\ción, el miedo y el encanto ¡ay! el encanto de la tarde, y después llamó á Jacques y le dió la corona. dormitaba un pequeilo Mediterráneo,.
orden de que le alistara un traje de paisano.
omnipotente que ejerce en mí, deseó decirle.
un lago apacible sembrado de islotes fragantes.
Apesar del rigor de la temperatura, apesar de colocados allí como cestos de flores.
Pero nada dijo; y más contento que disgustado
del descubrimiento de su amigo, no quiso enta- la lluvia que se preparaba ya, impacientado por
-Oh! qué feliz soy! qué feliz soy! gritaba Neblar discusión y se abandonó á la grata idea de la espera enervante, se dirigió á la casa del Ma- lly cuyas miradas s~ cruzaban á cada instanteyor, no sin prevenir á Jacques que no vendría á con las de Juan; y á veces añadía en voz muy
que no tardaría Nelly en venir al barco.
-Entonces, ha.ata la noche, dijo el Doctor. No comer y que regresaría al bar.co á las nueve con baja: y cuánto te amo!
me espere usted á comer, pues estoy invitado por el Doctor, el Mayor Stephenson y su bija.
Era el momento de la baja mar y el agua esmi compailero el Director del Hospital y volveré
taba agitada por una ondulación que al retirarsaVI
con el Mayor y su hija en el bote que mande usdejil. ba ver por breve espacio algunas cimas de la
ted para ellos.
corona madrepórica, de modo que parecía impo-AMOR,
REY
DEL
UNIVERSO
....
-Desde á las ocho estará en.el muelle á la dissible que barco alguno pudiera penetrar mas allá
posición de ustedes.
No más una ligera tinta rosada en el horizon- y llegar al mar inter_ior tan sereno, tan apacible,.
Cuando el Doctor se fné, el Comandante acu•
te indicaba la próxima salida del sol. En esos tan atractivo.
dió personalmente á ver si todo estaba en orden
No obstante, fijánd0se bien, se distinguía quepaists no hay aurora ni crepúsculo-Todo es ráen el comedor y el salón que iba á poner, con sus ·
pido. Venus se apaga de improviso como si un en determinada extensión las olas no reventaban,.
camarotes á disposición del Mayor y de su hija.
soplo poderoso hubiera pasado sobre ella; y el el agua permanecía azul como la profundidad deLuego volvió al salón, releyó las instrucc:ones
que había recibido de su jefe y se puso á estudiar
en su colección de cartas marítimas, la ruta que
iba á seguir.
Nelly había sido bien inforn;iada. Aunque el
Comanaante debía aceptar como pasajeros al Mayor y su hija, no por esto debía modificar el itinerario, fijado de antemano, sino ir á I\layott;. y
permanecer allí uno ó dos días informándose del
Gobernador si tenía comunicaciones para los sultanes de las Comoras que acababan de someterse
al protectorado francés; luego irían á Anjonan
donde conferenciaría con el sultán y en seguida á
Mohelia donde podía quedarse algunos días; pues
allí había peligre de una rebelión contra el sultán y era necesari'J restablecer la paz sobre bases sólidas. Terminada esta misiva, iría á la gran
Comora y volvería á Mayotta y á Diego Suárez,
donde daría cuenta.al Jefe de la División Naval.
En una carta amistosa este Jefe ampliaba sus
instrucciones y explicaba por qué autorizó el em-

11r

~t!:

lr.T, MTThJOO

Domingo 14 de Agosto de 1898

los cielos y allí estaba «el paso» hacia la cual, mando. ¿Sabes que me intimidas cuando tomas
sin ocuparse porelmomento de Nelly, dirigía cui- esa ¡¡ctitud?
- Vamos, no te burles de mí: eso no está bien,
dadosamente su barco de Cha!mont.
·
-Cuidado, decía á los marinos encarg11dos do amada mía.
-Pero si esto es serio, muy serio; te encuentro
la maniobra, atención todos. Rectos, sobre el alinea.mento de las pirámides.-A babor, más á ba- tan superior á todo el mundo que me das miedo
bor.-Hay que desconfiar de la corriente. Bien, á á veces y basta me pregunto cómo ba1&gt; podido
virar ahora. A estribor rápidamente, toda la ba- hacer caso de mí y si es verdad eso de que nunca me olvidarás y que me seguirás amando así.
rra, toda sin miedo. A estribor.
El Oolibri, obediente, seguía por todas las si• Dime, dime si es verdad.
- Locuela! Bien sabes que sí, y basta me imanuosidades del paso, enmedio de los arrecifes
y pronto hubo de penetrar al mar interior, ese gino que be vivido amandote toda la vida.
-Así me sucede; y apesar de cuanto se diga
lago apacible lleno de islas que semejaban canastillas de flores. Ya no quedaba pues por qué preo- en contrario, no creo que sea pecaminoso amarcuparse, pues quedaba el barco al abrigo de la se así. ¿Qué piensas sobre eso? A veces me vietempestad y de todo peligro en esa rada maravi- nen escrúpulos porqu! la religión nos ordena
llosa que los ciclones no visitan nunca y donde amará Dios sobre todo. Pues bien. . . . yo ....
la linfa transparente no sabe lo qne son olas ui No, no: decididamentt: es muy malo e8o que iba
á decir. Oyeme, ayer al regresar del paseo,
espumas.
No se necesitaba sino aproximarse á IR peqne- cuando me dejaste para ir al hospital á buscar al
1!.a isla de Zavuclzi donde habita el Gobernador Doctor, entré á la iglesia. Era yo tan feliz que
y echar el an.c!a muy cerca de tierra, casi á la tenía ganas de llorar, de orar, y ví al cura que
sombra de los gre.ndes árboles que reflejan su estaba á punto de salir y le rogué que me confesara .... le conté todo, todo lo que pensaba y me
silueta alargada en el cristal del fondeadero.
regail.6 repitiendo varias veces.
- Fondo, gritó el Comandante.
-Es preciso amará Dios más que á sus criatuEran apenas las siete de la mailana y no podía de consiguiente pensarse todavía en la visita ras y así él bendecirá vuestra unión. Luego se
al Gobernador. El Comand11nte terminó de dar dulcificó un poco, me preguntó cuándo sería el
sus ordenes y para huir del baldeo que iba á co- matrimonio y le respondí que dentro de tres meses ¿te parece mucho tiempo?
menzar, bajó al aalór. acomµailado de Nelly.
-Bueno, dentro de tres meses: tan pronto coPero á punto de entrar le dijo con voz muy ba•
ja seilalándole la cortina que cubría la puerta del mo venga el oficial que deba remplazarme, te
iré á buscará Mohelia, bien que no está lejos y
camarote del Doctor:
- Silencio: no interrumpamos á nuestro amigo vendremos a Mayotta y nos casaremos allí, en
en el calor de sus inspiraciones; vamos mejor á esa modesta iglesia que se divisa desde aquí: mí
la cámara de usted y luego le enseilaré la mía; rala! Luego esperaremos el paso del vapor-e.o
v erá usted que bien instalada estoy.
· rreo y volveremos á Francia con derecho de amarnos y a á toda luz.
El la hizo entrar.
-Ob! qué bueno, qué bueno!. ... y no nos vol - Oh!, dijo ella, ¡qué lindo está todo esto! ¿sabe
usted seilor que es usted muy coqueto? Esos ta- veremos á separar. Eso me hace el efecto de un
pices de Turquía, ede aubre-cama, ese espejo ve- sueilo, y tengo miedo de despertar. ¡Que no sea
neciano, ese bronce.......... qué admirable mailana ese día bendito de nuestra unión! ¡Cuánto amo esta isla! Pero si me olvidas en ese tiempo!
bronce!
Tres meses tienen muchos días, muchos. r,Qué
-Es Diana, la casta Diana.
- ¿ Y esta mujer que está en este cuadro?
- .1!:s mi hermana, vive en Rusia y hace tiempo
que no la veo.
- ¿No tiene usted más parientes?
-Ninguno .
-¡Pobre amigo mío! Entonces usted es más
digno de compasión que yo! Al menos tengo á
mi padre.
Esta soledad de usted me hace amarlo más ...
Pero ¡que digo! si ya no es posible que crezca mi
amor .... Tú ocupas todos mis pensamientos, todos, y á veces en esta obsesión, me imagino que
tengo aspecto de loca y que todos leen en mi pensamiento. Figúrate, el otro día en Nossi-Bé,cu11ndo jugaba yo con ef chico del Gobernador, de improvisó lo abracé con delirio yledije. ¡«AyJuan,
J uan, cuanto te amo.» Su madre riendo me dijo:
«Cuánta ternura, seilorita Nelly, pP.ro nose llama
J uan sino Eduardo.» Entonces me ruboricé como
u na colegiala y no supe quP. contestar .... y me
reprochaba en secreto mi acción y te culpaba. también un poquito.
- Vida mía .... Ven para que te abrace yo como abrazabas á Eduardo.
Juan se sentó en un sillón y ella saltó á sus rodillas y le enlazó el cuello en dulce abrazo, diciéndole:
- Y me amarás siempre así, siempre, siempre?
¡Qué b~llo será vivir juntos y poder estarse besando todo el día sin que me den remordimientos!
porque esto que hacemos ahora es malo ¿sa•
bes? .... Me parece que estoy soilando desde que
vine á Nossi-Be, porque estaba segura de verte y
te vi al fin. Luego, no nos hemos separado: digo,
· sí, perv anoche, la noche solamente. Y luego, como no más un tabique me separaba de tí ..... .
quise salir y acecharte, ver cómo dormías y me
vestí y salí y .... ¡qué cosa tan particular ¡t:ú tenías el mismo pensamiento y nos encontramos á
medio camino. Entonces corrí, me volví al lecho
y cerré ha.gta la escotilla á pesar del calor ¡qué
calor hacía! ¿Verdad? Y me dormí más dichosa.
- ¿Dormiste bien?
-Como una reina ...... que duerme tranquila. No deEperté sino hasta esta mailana cuando
llamaste á mi puerta para preguntarme si quería
ver la entrada de M:ayotta. De un salto me levante y salí y pude abrazarte antes de que salieras
al puente. Qué hermoso estaba todo en el cielo y
el mar, qué liermoso, pero no tanto como tú. Se
te veía soberbio, y magnílico al dar tres voces de

..

135
vas ha hacer mientras pasan? ¿Por qué no? ....
pero iba á decir una tontería; eso no es po~ible,
hay formiílidades que llenar y aquí no es como
en América donde se casa uno con tanta facilidRd; y además, mientras estés á bordo no es posible. Mailana ó al otro día, me dejas en M:ohelia
y te vas ....
-¿Crees que regresarás algunas ocasiones dentro de esos tres meses?
- No; es muy raro que venga yo á las Como•
rRs .. .. Pero ahora, voy á estar algunos días en
MohelÍil.
-¡Cómo volarán estos tres meses! ;,Pensarás
mucho tiempo en mí? y si me olvidas! Desde que
te conozco, lils mismas ideas, las mismas, están
dando vueltas en mi cabeza como un caballo en •
el circo. ¡Qué miedo dan las separaciones cuan·
do se amll ! ¡Cómo haría yo para que me recordaras noche y dia , teniéndome sin cesar en tu cabeza y en tu corazón como yo· te tengo á tí! Sí
pudiera irme desde luego contigo ....
Y lo contemplaba pensativa mientras él cubría
de besos sus manecitas.
-Oye: le dijo luego. Voy á darte mi retrato,
un retrato que me hice para tí expre~amente cuando estuve en Diego-Suárez. Me puse el traje que
te agrada; aquel con que concurrí al banqnete
del Gobernador de Ambohimarina. Tú, me darás
el tuyo y de día lo llevaré conmigo á donde vaya y de noche.....
Nelly se interrumpió vacilando; él la pre~untó:
-Y de noche? qué harás de noche?
Pero ella no le contestó, sino que prestó atención á un rumor de voces que se oía afuera.
-Silencio! dijo: oigo al Doctor y creo que está en el salón.
-¿No será tu padre? interrogó el Comandante
algo intranquilo.
- Va mus á ver, dijo ella muy serena. ¡Pobre
de papá! hace ya tiempo que no me ocupo de él
porque mis pensamientos son todos para tí.
En los momentos de salir de la cámara, Juan
preguntó:

�136

-Apropósito de tu padre. ¿Qué le has dicho?
¿Le has lla.&amp;lado ya de nuestros proyectos?
-Para qué? No se usa eso entre nosotros. Ya
habrá tiempo de decírselo más tarde, cuando sea
necesario. ¿No es más bello amarse así, sin que
nadie lo sepa y sin deberse á nadie más que á
uno mismo? Está uno más cohibido cuando sus
padres están al tanto ...... ¿no eres de mi opinión?
~ .Sin explicarse por qué, Juan prefería también
que no se lo dijera al Mayor Stephenson.
-Es cierto, dijo sonriendo, tú siempre tienes razón: déjame besarte una
vez más.
Y luege entraron al salcín.
No era el Mayor quien hablaba. Como la víspera había bebido mucho,
dormía aún apesar de los ruidos formidables que se producen siempre al llegar á puerto una embarcación de vapor.
.-::-Era Lerbón, que detrás de su cortina se
entregaba á un monólo•
go muy animado.
-¡Sorprendente,
sorprendente, sorprendente! decía; nunca hubiera creído que una
presa tan grande ......
¡;;. Nelly interrumpió el
monólogo sacudiendo la
cortina y diciendo desde afuera alegremente:
-Eh! Buenos días, ,
Doctor querido, ¿qué le .
sucede á usted que á

.EL MUNDO

sopechaba sino imperfectamente, en tanto que
nhora tengo ya uua certidumbre absoluta, indis•
cutible.
-Sobre qué? preguntaron á la vez el Comandante y la joven, vagamente inquietos por el temor de que su conversació~ hubiera sido oída.

Domingo iJ.4 de Agosto de 1898
marote que ocupa usted, pero desde hace dos días
la transladó á este otro, sin duda también en una
escotilla.
-Sí, dijo Lerbon y este animalito tan benéfico
como interesante, me ha tejido en breves horas
un mosquitero diáfano, y tapando con su tela la
boca de la escotilla y sin privarme de aire ni de
luz, atrapa al paso moscos y mos•
quitos.
-Yo, dijo Nelly, para librarme
de esos enemigos, tengo
cosa mejor: el
perfume de
Binao.
-Es verdad, dijo Lerbón, pero la

Domingo 14 de Agosto de 1~

137

EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA

FIG. 1-DOS TRAJES PARA JilL E'-TÍú

Lectura para lallil damas
Las labores manuales
. Entre los conocimientos lndiRpensables á toda mu~er que quiera poner en práctica los principios más
importantes de la economia doméstica, se encuentra,

~ hora como esta no ha salido de su concha?

Pero el Doctor nada había maliciado ó á lo
No tiene usted vergüenza! ¿A.caso ignora usted menos así lo creyeron ellos cuando les dijo con
que hace ya tiempo que hemos dado fondo fren- aire de triunfo:
te Mayotta?
1
-Ya sé por fin ahora para qué sirve el hilo de
Lerbón levantó la cortina y salió al salón. Lue- plata en ziz-zag. L~ Epeira Mauricia se ha decigo tomó la manecita de Nelly y la besó galante• dido por fin á revelarme su secreto.
mente sin apresurarse, como quien saborea una
Como Nelly parecía no comprender, el Comanfruta delicada y después dijo c·o n acento de cun- dante le dijo sonriendo:
.
vicción:
-Es bueno, sepa usted que el doctor ha con-Pero querida seiiorita, decididamente usted seguido domesticar una araila grande de jardín á
me trae la dicha. Imagínese que acabo al fin de la que los sabios llaman Epeira Mauricia. Prime•
descubrir lo que tanto había buscado y que no ro la hizo construir su tela en la escotilla del ca-

Epeira es mejor porque no se limita A desembarazarme de esos dípteros: figúrese usted .....•
pero no va. á creerme ...... figúrese usted que
en este momento está en vía de comerse una de
las más corpulentas mariposas crepuscularei!:-una.
esfinje! ¿Cómo 111. capturó? Es fácil de verse, por
que la infeliz presa está rodeada aán del lazo de
que se sirvió su matadora. ¿Y sabe' usted cuál es
este lazo, Comandante?
(Continuará)
FIG. 2-TRAJ E PARA NIÑO

sin duda alg,una, el conoeimi.-nto perfecto y amplio
de las labores manuales. Ba~ta. para comprobar edto,
fijarnos en la diforencia notable que existe entre el
hogar de una madre de familia. que no tien11 conocimientos en las labores manuales y el de aquella qµe
ha tenido la felicidad de cursar dicha asignatura. Alli
todo es desaseo, gasto excesivo y falta de atractivo;
aqui puede verse la economía, el buen gusto y la corrección en el corte, pero sin derroche.
·
Desgraciadamente, á pesar de la gran Importancia
que tienen las labores manuales. su enseñanza está erateramente descuidada en las escuelas, pues aunque
año por año, acudimos alli para admirar las suntuoFas exposiciones de costuras hechas por las alumnas,
hay que advertir que esos trabajos han sido dirigidos
por perso!las que no se cuidan tanto como debieran,
por seguir una metodologla convenientemente en sus
clases.
Una lección de costura en nuestras eFcuelas primarias, bien puede tomarse como i,J tip,:&gt; de la más completa anarquía, en donde los conocimientu adquiridos son ficticios y pasajeros, pues se han dado sin orden y sin método; por más que éste sea preconizado
por todos, descuidado por !a mayoría y necesario para el éxito de nuestros trabajos. L.t elección de las
labores que han de hacer las alumnas durante el año,
queda al capricho de cada una de ellas ó al gusto de
los padres de familia, transformándose.dicha clase en
una especie de aquelarre de primorosas hadas, que
hacen brotar de entre sus manos, como por arte
mágico, las blancas garzas bordadas en seda y oro
para los biombos al estilo oiient&gt;al, las flores de nacarados pétalos y la rizada espuma del finísimo encaje
de bruselas. Esta profusión de quehaceres heterogéneos. tiAne algunos inconvenientes, entre ellos. perjuicio para sus discípulas, que se dedican á las lt bo•

res que más son de su agrado. descuidando quizá las
que le serán indispeusablt&gt;s más tarde y por otra parte, ut. trabajo ímprobo é infructuoso tal vez para la
maestra, qnEI no puede mutiplicar su, tención, para
atender il todas debidami,nte. Así, pues laenst:ñanza
de las labores manuales, debe ser slm11ltá.neamtlnte,

FIG 3-TRAJ E PARA NIÑO

�138

EL MUNDO

recibió hospedaje en casa de un caritativo boticario
amante de imprevistos y de novedadee.
Los bicicletistas tienen el esplritu de cuerpo. El
señor Bonvalot pretende que cuando su "Club" se encapricha en pedir algo, no hay fuerza humana que
le resista.
En el caso presente, se ha demostrado que se es 11nglo•11Bjón ó no se es. El dueño del "Caballo blanco"
pr~tendió ser amo de su casa. y no tenie~do que _c01:~tar con su diputado ni con H . .Ayuntamiento, dificil
fué "hacerlo andar." Según la ley inglesa habla un
sólo modo de molestarlo; este es acusarlo de
"haber faltado á sus
ob!igllciones de hotelero," rehusando alimento y hn~ar á una
señora ciclista bajo ,
pretexto que llevaba
un traje que vestía separadamente cada uno
de sus miembros. Esto significa calzones,
palabra que la buena
sociedad inglesa no
permite se pronuncie.
Las palabras que sirven para designar el
contenido de ese contenientes siendo por
completo prohibidas,
habrá que usar é in•
ventar cantidad de efemismos para defender
ante los tribunales un
asunt" en que sólo es
cuestión de objetos
queno11epueden mencionar.
Un repórter ha ido á
entrevistar al dueño
del 11 Caballo blanco"
quien le manifestó que
el pleito que se le promueve lo tiene sin cuidado y que exigirá se
presente la señora ante los magistrados de
la Ley, con el traje que
llevaba, seguro que
admitirán que tenia
razón en criticarlo.
Apenas circuló la
noticia de ese incidente cuando la prensa
inglesa comenzó á. re ·
cibir infinidad de cartas referentes á la
11~ran cuP;stión de Darkrng." La mayorla de
los ingle11ee está en
contra del hotelero por
amar al principio.
Son anglo-s,ijones y
no menos quisquillo ·
sos sobre el capitulo
de la independencia.
Pretenden vestirse co ·
mo bien les parece, y
rechazan el d~recho
de censura en los hoteleros.
¿En qué se mete ese
hombre? ...... ¡que lo
abandone desde luego toda su clientela!
Algunas mujeres se
rebajan hasta usarles
y dicen más ó menos.
FIG. 4-ELEGANTE MODELO DE VERANO
3:1 «traje racional&gt; no
es una especialidad
homogénea y desarrollarse por medio de ejercicio~ de los bicicletistas. Es el traje del p_orvenir. Se busprogre11ivos. Seria además conveniente, que una mis- ca su forma definitiva desde hace anos en los Estama profesora dirigiera á las alumnas en todos los cur- dos Unidos y en la Gran Bretaña_ por ~edio de sosos en que se subdividiera la ensefünza de las labo- ciedad de muje:·es inteligentes é mst~mdas que se
res manuales. Si atendiendo á estas ref.irmas, se pro- preocupan de la higiene y de las necesidades modercurase dar la preferencia á lo úcil y á lo indispensable nas engendradas por nuevas actividades_ Las ena- .
aRtes que á lo vistoso y superficial, es seguro que ca- guas largas recogen loa microbios. Con~tituyen un
da alumna al cerrarse para ella las puertas de la es- estorbo y á veces un peligro para las muJer~s que se
cuela, quedaría habilitada competentemente para el entregan á los juegos de los hombres. El traJe ae !_as
establecimiento de un nuevo hogar, feliz en lo que á «señoras bicicletistas• represen~a unl!- de las. soluciones del problema y quizá la meJor Aun considerando
esta parte de la economía pudiera corresponderle.
que la solución fllera mala, nada tiene que vei: con el
MARÍA M. ROSALES.
hotelero sin 1 con las diversas ligas que trabaJan de
ambos !~dos del océano para substituir U!} traje práctico á nuestros atavíos de animales de luJo,
Liga del traje para mujeres ciclistas.
Los ín~leses, menospreciando la política d~l. día,
las comphcaciones 9-ue pu_ede atrae1 la gu~rraH1spano .Americana, sus rntenc1ones secretas con relación
Hay ~ran alboroto en Inglaterra entre las señoras á las propiedades españolas que van próximamente á
y señoritas bicicletistas. I..;a "liga dd fraje-1·acional" ponerse en subasta pública secreta, bajo el martillo
se ve obligada á tomar en mano la causa de la vic- de la diplomacia, han gastado saliva. tinta y algo de
tima 11
talento en sus ataques contra el Caballo Blanco y en
El escritor .Arbe de Barine ha tomado apuntes so- su defAnsa.
bre tan interesante cuestión y cuenta su erigen y
En el siglo tres los Padres de la Iglesia se opusieconsecuencias.
Una pareja legitim~mente unida por los lazos del ron enérgicamente á que los hombres recortaran sus
matrimonio salió de Londres en 11tandem11 y pretendió «tunicas• considerando como muy afeminados aquepasar la noche en la. pequeña ciudad de Darking que llos que «adoptaban el traje bifurco, importado de
Persia.•
sólo posee dos hoteles decentes.
El "León colorado" se negó muy civilmente á reciEn Oriente, las mujeres usan aún ese t•aje con~ebir los pasajeros, pero no escondió que era con mo- nado. La justicia inglesa no se ha pronunciado 11un,
tivo de los pantalones cortos de la señora. El "Caba- no da su sentencia. .Algunos pretenden ~ue si la mullo blanco" no puso formalidad al~una en su negativa jer es bien formada, los calzones sondehciosos. Unas
y cerró la puerta sobre las narices de la cansada pa- maestras de escuela se quejan que el uso de esas funreja: "¡No recibimos señoras en trajes de fantasial" das, convierten sus disclpulae en hombres.
exclamó el hotelero.
Muerta de frío, mojada y desfalleciente, la pareja

Domingo 14 de Agosto de 1898.

Domingo U de Agosto de 1898

139

EL MUNDO

Plantas -venenosas

Nuestro• Grabados.

Muchas hay que tocamos diariamente y creemos son
inofensivas. Para enumerarlas tendríamos que hablar
no en griego sino en latín, tomando en cuenta que
aquí se bautizan las flores, los arbustos con entera
libertad.
Lo que no necesita griego ni latln es el germen de
la papa el cual contiene un veneno temible. Este se
llama solanina, se encuentra en las hoj&lt;ls de la planta
y sólo el tubérculo bien 11eparado de su vástago está
exento de él.
Debe cuidarse quitar á las papas la base del germen, con buen cuchillo y cuidadosamente. Esto se
llama el ojo de la papa
Es muy general pelar las papas sin.extraer ese germen Cuando las papas maduran en sacos. en cajll.s ó
en almacén, deben recortárseles todas las partes verdes.
La solanina causa males de estómago é irritaciones
de intestinos que siempre se atribuyen é otras caueas.

FlG. 1-D0S TRAJES PARA EL ESTÍO,
Hermosos y ligeros, el primero de bengaliua á gra~des rayas, con cuerpo bolero, ornado de J.na capeh•
na de gasa btanca pfüsé y abierto sobre un plastrón
plissé t.-mbién de la misma; cinturón de seda asargada y mangas juntas con un pequeño volante en el remate.
El segundo, de gasa figurada con blusa de plissé,
abierta sobre una pechera de lino semi-cubierta fOr
gran corbata fantasía, y con dos solapas triangulares
muy elegantes, doublees de seda, cinturón negro de
seda acordonada.
Hombreras ligeras ornadas de pequeños volantes
ó cintas que se repiten en la basquiña y en el remate
de las mangas.
FIGURA.S 2 y 3-0')S TR\-TIB P \R \ Nc'io.
Un frock, delantero y espalda, de sarga con
blusita marinera y ci11turón blanco y un trajecito sastre de sarga también. formado por una
blusita de gran novedad y pantaloncito de bombacho.
FlG. 4-ELEGANTE MODELO PARA VERANO,
Es un traie de piel de seda de una encantadora originalidad. .Asciende la falda hasta formar
un elegante coeeleto y se abre á todo lo largo
sobre un fondo de 9atln bordado y en el cuerpo
sobre un gr11n plastrón de muselina obscura
pli~~é.
Un medio jacquet con tendAncias á. estilo bolero, que es una primorosa aplicación de bordado, asciende formando un cuello Médicis, alterna con yockeys en los hombros; muestra mangu ajustadas can aplicación de cintas de seda
negra.
Un pequeño volante de m11selina de seda orna la parte inferior de las mangas.
FlG, Ó-TRAJEDE CALLE-DELANTERO Y F$PALllA.
El corpiño es fantasía, hecho todo de tafetán
y muselina de seda, la cual asoma asi en el peto
como en las mangas, á través de ligeras bandas
cruzadas por galoncitos de beda en ángulos.
Gran plastrón plissé de m11Selina con gola
Médicis.
Dos bandas de la misma á ambos lados de la
blusa, prendidas á los hombros por elegantes
rosetones.

FIG. 5-TRAJ"El DE CAL!:E. DELANTERO Y ESPALDA

,.**
Creemos que más vale que la mujer quede mujerr
pues al convertirse en hombre, pobre de nosotro&amp;
!Ya nos da bastante trab11jo!

--------·--------

FlG. 7

Precio dela mujer
Cierto sabio italiano se l1a dedicado á. reunir con•
cienzudos datos acerca del precio que alcanzan las
mujeres en los paises en que su venta es todavía co·
rriente.
Entre los cafres una mujer hermosa acostumbra
valer 70 cabtzas de ganado lanar.
l!:n el Estad o de Mishmi en la India, vale 20 cabezas de cerdo.
En Tin:.or se dan por u11a esposa 200 ó 300 búfalos y
ademas una infinidad de ovejas.
Entre los Samoyedos una joven soltera de elevada
familia se paga con cuarónta rublos de plata, do,¡
pieles de zorra, seis metrcs de paño rojo, una cace10la de hierro y cuatro pides de castor. Como ca~i la totalidad de los hombres no pueden dar todas estas cosas, muchos toman un partido más .... -económico
pordecirlo asi- de robará las mujeres.
Los esquimales las pagan C&lt;'n 100 á 150 rengíferos.
Los orampos dan por una mujer dos vacas Uu pretendiente ricQ paga adómás tres bueyes.
Los Balakeles, en el Africa ecuatorial, compran la
mujer con algunos dientes de elefante.

Las mujeres médicas

FIGURA 6
Otro frock para niña de 2 á 3 años, de muselina de seda, ceñido arriba del talle por un lacito de seda rosa y adornado de tiras bordadas,
prendidas sobre loe homt&gt;ros, á derecha é izquierda por '.azos de seda rosa también.

Se estan multiplicando en los Estados Unidos en
proporción extraordinaria. En el año de l&amp;fü se contaban 527, se cuentan ahora 4,5001
Parece que muchos de esos honorables practicantes tienen productivas clientelas y algun&amp;J de ellas,
que no eon seis pero pasan de tres, ganan fácilmentesus $5,000 oro anuales.
Conociendo nuestra afición á lo nuevo y á lo desconocido, no creemos errar al opinar en que algunas dec
esas Doctoras. sobre todo siendo bonitas, establecerlan.
en nuestra Metrópoli unagrancompetencia médica, si
se resolviera avisitarnos.Hay que recordar que mucho&amp;
enfermos sanan ó cuando menos se alivian á la vista.
de un Doctor que les simpatiza. En el dolor de muelas, es caso tan frecuente, que ni debe mencionarae.

FIGURAS 7 y 8
Seis prendas de ropa blanca para niños, propias para labores de mano de señora3, Da senc1lla factura y última novedad.
' FlG. 9-TRAJE SASTRE PARA VIAJE
Es todo de sarga gris acero, en forma de
bata, con falda plena y adornado con cintas
paralelas de seda clara.
Dos filas de botones fantasía ornan el peto
hasta la basquiña.
Dos alas de mariposa de falla blanca figurada, forman elegante solapa á la derecha
Manga justa con varias órdenes de pequti·
ños yockeys.
FlG 9-TRAJE SASTRE PARA VIAJE

FIG.8

,,,,............................................................................, .....................................................................

La escena en santiago de Cuba.
FIG. 6.

(Kladderadatsch, Berlin.)

Después de una minuciosa investigación, las potencias deciden que Tío
Samuel no es un mal cliente.
.
(Puck, N. York)

�La Karatina

HILAR/O MEENEN

Ea un re medio vegetal de a plicación externa,

AVENIDA JUARHZ Ns. S, 4 y r,,

que hace desaparecer todas las enfermedades de la piel, que cambian su color
6 su textura: Quita toda clase de
erupciones, escamas y manchas. Desapareeen Inmediatamente la mayor
parte de las enfermedades de la
piel con la

REPRESENTANTE D E - - - LAK FABRICAS
B nmber y Co., London,
E.e. Steams y Co., Byrucus0 , E . U. A.

The Record C¡ cle works.

Aplicaciónexternadela Karatina

detDr.AYER
Curan la Dispepsia,

y el tratamlentncomplementarlo de 16• n rt
nulos de la m isma
substancia, comblnadosco
moestá.n con el arsénico, hierro
y azufre. C'a da frasco y cajita de
Gránulos, lle van iustrucc!ones para
usarse. De venta en las prmclpales Droguerlas . Agencia en Méx.co Novaro.tGoet.schel Sucs.

UEXICO

Apartado 189.

~FABRICA. DE BICICLETA~~

TOMO U

MEXICO, AGOSTO 2 1 DFl 1898

Talleres de composturas, Accesorios, Ropa., Todos artículos de este ramo.
CA-.,.A. FUNDA. DA. EN 1892

Más antigua. y más acreditada de este ramo en la. República.
PIDA.NSE CATALOGOS

gall0jón Espiri~u Santo oº l. Apartado 648

Unico Depósito

MESAS DE BILLAR Y PIÑA

Estreñimiento,
Jaqueca y Desarreglos

con barandas de patente "MONARCH"

-:COMICO:-

~ DEL -

ESTÓMAQ-01

SEMANARIO HUMORISTICO.

HÍCADO y VIENTRE
Son puramente vegetales,
Son azucaradas,
Son purgantes.
Nadie debe P.star sin un pomito de
Píldoras Catárticas del Dr. Ayer,

para poder tomar una pequeña
dosis, á. los primeros smtornas de indigestión, y evitar asi un sinnúmero
de enfermedades.
Preparadas por e l Dr. J. C. Ayer Y Ca.,
Lowell. lllass., E . U. A.

~20~
LAMPARAS

para bicicletas de paseo
De Ntquel Plateado Pequenas, Bonitas y d uraderas.

Fabricadas exclusivamente por

Queman queroslna y se con

servan encendidas. Las
LM mejores luces para BI•

The Brunswick--Balke-- Co/lender Company.

clcletas. Las prlnr.lpales
Umparas para Bicicletas
en los Estados Unidos y

Europa
=· - - - - - - - - - 20TH C:KNTURT
CICJ.AMETROS

PRIMER PREMIO EN LAS

\;nosiciom UniversalAs de Barcelona yChicairQ

·

40,000

ACCESORIOS DE TODAS CLASES
Dldglrse á JO LlO BA.LKE, .11!1 exlco, D. F,

klló..,etro•

CALLEDEGA.NTE NUM. 4 APARTADO 889
PIDANSE CATALOGOS ILUSTRADOS

20th Cf't. tnry MF6
C6mpar,y

17 Wr.rren si.,N. Y. U. B. A.

LAS. FABRICAS

.La Nueva ludu•t.ria.

UNIVERSALES

a.

Grañ Fibrlca
Cani~,, Catne, •
y Cunaa de lat4o y Dlerr■.

ESTILO INGLES GARANTIZANDO SU CONSTRUCCION.
SNOL.le~ alDOK ltN

ON .-A .. L.lt ..... ANc;:A1a

~ -p

Portal

ae las Gflores ~ ~allejuela
-MEX1CO-

RUE DES PETITES ECURIES,

24,

PARIS.

~

Sin igual surtido en telas de seia para la estación, pongé,

!N!ST!SIO HEST!I T CIA.

,e la Menterllla núm. 11. Mhlee. Apartado Postol

ajia,

897

muselina, gasas, etc., etc.

-:PARAGUAS:para Sefiores y Sefi.oritas, á precio sin competencia.

LOEB HERMANOS

SOMBRILLAS GRANEL PRIX.

CRISTALERIA
TODO MARCADO CON NUMEROS CONOCl'lOS.

.A.LOAIOERIA Nº210

PRECJO@FIJOS.

A.PARTA.DO t508

~~MEXIco~

11

•

-La paz, nin.a, con las últimas noticias de la guerra.

•

NUMERO 8

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93482">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93484">
              <text>1898</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93485">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93486">
              <text>7</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93487">
              <text>Agosto</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93488">
              <text>14</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93505">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93483">
                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 7, Agosto 14</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93489">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93490">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93491">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93492">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93493">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93494">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93495">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93496">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93497">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93498">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93499">
                <text>1898-08-14</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93500">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93501">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93502">
                <text>2017517</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93503">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93504">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93506">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93507">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93508">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1240">
        <name>Alumnos ciclistas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1241">
        <name>Circulación de periódicos</name>
      </tag>
      <tag tagId="1014">
        <name>Damas distinguidas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1210">
        <name>Desastre de La Bourgogne</name>
      </tag>
      <tag tagId="1242">
        <name>Esperanza Gutiérrez Méndez</name>
      </tag>
      <tag tagId="1239">
        <name>Teatro de Guanajuato</name>
      </tag>
      <tag tagId="522">
        <name>Teatro Juárez</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3584" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2226">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3584/El_Mundo._1898._Tomo_2._No._8._Agosto_21..ocr.pdf</src>
        <authentication>6aeffd842dcdc2b1cae7cc06e0bba4f3</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117406">
                    <text>La Karatina

HILAR/O MEENEN

Ea un re medio vegetal de a plicación externa,

AVENIDA JUARHZ Ns. S, 4 y r,,

que hace desaparecer todas las enfermedades de la piel, que cambian su color
6 su textura: Quita toda clase de
erupciones, escamas y manchas. Desapareeen Inmediatamente la mayor
parte de las enfermedades de la
piel con la

REPRESENTANTE D E - - - LAK FABRICAS
B nmber y Co., London,
E.e. Steams y Co., Byrucus0 , E . U. A.

The Record C¡ cle works.

Aplicaciónexternadela Karatina

detDr.AYER
Curan la Dispepsia,

y el tratamlentncomplementarlo de 16• n rt
nulos de la m isma
substancia, comblnadosco
moestá.n con el arsénico, hierro
y azufre. C'a da frasco y cajita de
Gránulos, lle van iustrucc!ones para
usarse. De venta en las prmclpales Droguerlas . Agencia en Méx.co Novaro.tGoet.schel Sucs.

UEXICO

Apartado 189.

~FABRICA. DE BICICLETA~~

TOMO U

MEXICO, AGOSTO 2 1 DFl 1898

Talleres de composturas, Accesorios, Ropa., Todos artículos de este ramo.
CA-.,.A. FUNDA. DA. EN 1892

Más antigua. y más acreditada de este ramo en la. República.
PIDA.NSE CATALOGOS

gall0jón Espiri~u Santo oº l. Apartado 648

Unico Depósito

MESAS DE BILLAR Y PIÑA

Estreñimiento,
Jaqueca y Desarreglos

con barandas de patente "MONARCH"

-:COMICO:-

~ DEL -

ESTÓMAQ-01

SEMANARIO HUMORISTICO.

HÍCADO y VIENTRE
Son puramente vegetales,
Son azucaradas,
Son purgantes.
Nadie debe P.star sin un pomito de
Píldoras Catárticas del Dr. Ayer,

para poder tomar una pequeña
dosis, á. los primeros smtornas de indigestión, y evitar asi un sinnúmero
de enfermedades.
Preparadas por e l Dr. J. C. Ayer Y Ca.,
Lowell. lllass., E . U. A.

~20~
LAMPARAS

para bicicletas de paseo
De Ntquel Plateado Pequenas, Bonitas y d uraderas.

Fabricadas exclusivamente por

Queman queroslna y se con

servan encendidas. Las
LM mejores luces para BI•

The Brunswick--Balke-- Co/lender Company.

clcletas. Las prlnr.lpales
Umparas para Bicicletas
en los Estados Unidos y

Europa
=· - - - - - - - - - 20TH C:KNTURT
CICJ.AMETROS

PRIMER PREMIO EN LAS

\;nosiciom UniversalAs de Barcelona yChicairQ

·

40,000

ACCESORIOS DE TODAS CLASES
Dldglrse á JO LlO BA.LKE, .11!1 exlco, D. F,

klló..,etro•

CALLEDEGA.NTE NUM. 4 APARTADO 889
PIDANSE CATALOGOS ILUSTRADOS

20th Cf't. tnry MF6
C6mpar,y

17 Wr.rren si.,N. Y. U. B. A.

LAS. FABRICAS

.La Nueva ludu•t.ria.

UNIVERSALES

a.

Grañ Fibrlca
Cani~,, Catne, •
y Cunaa de lat4o y Dlerr■.

ESTILO INGLES GARANTIZANDO SU CONSTRUCCION.
SNOL.le~ alDOK ltN

ON .-A .. L.lt ..... ANc;:A1a

~ -p

Portal

ae las Gflores ~ ~allejuela
-MEX1CO-

RUE DES PETITES ECURIES,

24,

PARIS.

~

Sin igual surtido en telas de seia para la estación, pongé,

!N!ST!SIO HEST!I T CIA.

,e la Menterllla núm. 11. Mhlee. Apartado Postol

ajia,

897

muselina, gasas, etc., etc.

-:PARAGUAS:para Sefiores y Sefi.oritas, á precio sin competencia.

LOEB HERMANOS

SOMBRILLAS GRANEL PRIX.

CRISTALERIA
TODO MARCADO CON NUMEROS CONOCl'lOS.

.A.LOAIOERIA Nº210

PRECJO@FIJOS.

A.PARTA.DO t508

~~MEXIco~

11

•

-La paz, nin.a, con las últimas noticias de la guerra.

•

NUMERO 8

�li!L MUNDO

142

LASEMANA ..
Dicen por ahí que el aniwoso parlamentario D?n
Ju11n ~fateos escribe la historia de la guerra h1sp11no uroericana para apoy11r una iniciativa que
se propone encomend11r á la deliber,1ción del
pró:ximo Congreso constitucionnl. Entret~n~o,
abre una campaña periodística contra el ciclis•
mo de11unciando los inconvenientes que trae
ap;rc jado t:I nuevo sistema de locoll'.1oció~. La
bicicleta, sin t-mbargo, debería ser simpática al
Sr. Mateos por la infiuencia sori11l que le reconocen los dt-mócratas del Viejo Mundo, (los del
NuE'vo Mundo no EOD tan sutiles para preocupnrse por esas minucias). Antes no había en Europa
pu·ntos de contacto entre los nobles y altos burgueses y la gente llana; cada casta ~onservab~
sus placeres y sus medios de locomomónexelusivos: el rico te11fa caballos de raza y cupé muelle,
mientras el pobre caminaba á pié 6 en la imperial de un ómnibus· ahora todo el mundo pedlllea
fraterr.almente, m~nos los curas. Ha visto el
Sr. Mateos un cura en bicicleta?

paftola en la isla desprendida de la dominación
ibérica? Una víctima más del fanatismo, que ha.
arrib11do {l nuestras playas hospit11larias, para dejar tal vez en ellas se¡iultada la última creencia
de su vida.
f"'W

Chnrubu~co congrega á un paeblo que en el jubiloso deFpertllr de la esper11nza no olvida los
días lúgubres. Hay un acto de valor en esta conmemora eión de los desastres nacionales; los
triunfos engríen y envanecen el espíritu sitmp,·e
inf,rntil de los pueblú~, y la derrota es una enseftanza que restituye á la rliZón sus fueros y al
carácter sus brfos. No fueron nuestres muertos,
mártins de la patria; hay en su sacriricio algo
más grlrnde y algo más triste que la inmolación
estoica al deber. Perecieron sacrificados impfa.mente por los revoltosos de todos los partido,,
que incapaces de ese análisis concienzudo de la
responsabilidad que implica la dirección de un ·
pueblo, 11 os arrojaron á un11 guerra que pudo evitar la prudencia y hncer menos funesto el patriotismo. Sin la fuerza l!ohesiva de la organización,
un pueblo no puede lucbar: luchamos sin jefe ni
concierto, y fuimos vencidos. La memoria de
N
esas hecatombes inútiles, y porinútilescriminales,
Los apasionados del arte nacional están gozo- inspira los alientos con que caminamos hacia un
sos por el próximo estreno de la Vecindad de la porve11ir fecundo y pacífico. l;l quijotismo baPuri.sima, cuyo autor es al mismo tiempo empre- tallador está de¡;acreditado para siempre.
sario del Teatro Arben. Por definición, un emN
presario es ó debe ser un psicólogo de la multitu_d
Mátala! ha dicho el dialéctico mAs hábil entre
-necesariamente he~erogénea-que forma su publico, y esto J1ace dos veces delicado el problema todos los que modelan la materia plástica de las
cuy as incógnitas son las incertidumbres del autor altas cuestiones dC&gt;I alma con un fin estético más
que preseuta una obra nueva, cuando e~e autor que moralizador. Para el simplista y genial sigestá al mismo tiempo interesado en satisfacer á natario de la epístola soore «La cuestión del disu clientela. Dejemos al público y al empresari0, vorcio» ha habido sólo unll solución extrema: la
sin anticipar suces0s, y pues mútuamente se co- que se condensa en el crimen pasional mAs cxcenocen, uno y otro sabrán ya si la Vecindad de la crable. Una mujer que cae, no es siempre el ser
Purísima es la -obra ideal que prometen estas dos abyecto y monstruoso que cede á los impulsos
palabras, fánáticamento asociadas á un senti· satánicos de una fisiología anómala. A veces la
miento de patriotismo mí;;tico, arte nacion_al. El culpable ha sido víctima y el vengador la ha cotraído y llevado arte nacional ha iuspirailo ul• ·rrompido, la ha impulsado al olvido del deber.
trajes plebeyos contra este o~ro seftoró~ d~ pro- ¿Luego el perdón resuelve el drama trágico en
sapia que se llama, con sencillez de anstocrnta una expiación que redime? No, y en esto el mágico poeta df·l Nabab es tan iluso creyendo en la
verdadero, el Arte.
fuerza salvadora de la misericordia, como el que
N
pone en lit mano del esposo engaftado el revólver
Pero esta es una palabra que se dispersa en asesino. Expúlsala! Aconsej~ el anafüta del Dismil combinaciones. Hay arte de Cúchares y ar- cípulo,
te .... Yo no sé como se llama el arte que cultiSi al menos llevaran los hombres una teoría,
van y explotan los ~elotaris. ~e leí~o la «h!storia
de un p elotari» de Pi_erre Lotl y el tipo es i~tere- buena ó mala, cuando sienten sobre su cráneo el
santísimo; pero moviéndose e~ el escena~10 de desplome de todas liis ilusiones ... Perq,qué prinlas aldeas pirenaicas, en las riberas del. Btdasoa cipio filosófico enlazará en un haz de resolucioque ritma con ~l. murmullo ~e su _corriente las nes lógicas la conducta del loco que sigue, al azar
canciones primitivas que repiten aun los vásta- d~ todas las imprevistas sugestiones de la pagos de esa raza de aventureros y softadores. Ti- sión, la ruta de sus desencantos? La sociedad
. pos de opereta que aparecen co~o desteñidos en tiene el derecho de ignorar esas teorías puesto
]as avenidas de las grandes capitales, en donde que el delincuente las olvida y por esto no hay
pierden el atractivo l~terario y pintore_sco de piedades pusilánimes ante la necesidad del casaquella patria legendaria. Pero los que asisten al tio-o ni el Otelo feroz modera sus ímpetus en la
Frontón no sun contemplativos ni van en busca c:'misa de fuerza de uua filosofía de perdón 6 inde emociones librescas, los atrae e~ cxitante de dulgencia. Entre el hombre de pensamiento que
la apuesta, como en el turf, de una estética tan fábrica cóc!igos de moral y el insensato que percGmplicada y exquisita. En el jueg~ de los pelo- sigue á la mujf'r desleal, y la injuria, y la abofetaris pierden á veces los dos partidos, cuando tea y la mata, habrá siempre infranqueables abis•
hay por ahí algún corredor que desaparece con mo3 de ignorancia, de heredismo criminal 6 de
locura. Dejemos al pensador sus ideas y seamos
las apuestas.
rígidos con el criminal, Es la fatalidad humana.
f"'W

N

La visita del General Pando y su breve y furtiva estancia en nuestra capital, seftalan un aspecto adyacente, pero curioso, de la guerra. L~ psicologia de esos hombres poseídos de una pa~i?n que
lleva al arrebato delírante y que desqm_~rn los
espíritus, interesa más ~ue las charcas roJtzas en
que espiran los combatientes. ¿Qué tempestad de
údios y de ambiciones, de quiméricos su~ftos y
&lt;le insanias habrá deshecho en los arrecifes del
delirio al bravo general que abandona sus bizarras columnas para precipitarse quizá en las emprPsas imposibles de la conspiración? Sus facciones alteradas, la incoherencia de la frase y la
obsesión política, asomándose en cada palabra,
acusan la ruptura de la dinámica mental. Aún
hay hombres ofuscados por los irreales vasallajt&gt;s de la utopía qo.e sustraen las fuerzas de su
espíritu á los imperativos del deber; no saben, no
pueden encauzarlas en el raud!ll de las aspi~lle'ones generales de nuestro _tiempo. La desvia1!lón de las falsas perspectivas históricas, hace
&lt;·un&lt;'-"bir 11caso á este hombre la necesidad de una
}'auia cubana, desprendida del seftorí~ de E~pafla, .pero extrnfta y hostil al norte-am~ricano. ¿Irá
-A coronarse rey ó A proclamar una dictadura es-

Otro drama quizá menos aparatoso que el de
la Piedad, el encarcelamiento y la deshonra del
jov1•n ciijero de una Compañ.ía. Es esta una vieja histuria, siempre nueva. ¿Qué es entonces la
honradez sino una resultante, casi mecánica, de
contrarios impulsos? Ese joven era honrado, merecía la confianza de sus jefes; pero un día, por
descuido, pierde fondos ajenos y pan pagar el
déficit desnivela su presupuesto, contrae deudas
y sacrifica su bienestar. Y en tanto que su familia carece de lo necesario, la caja de la Compaflía
está repleta de billetes, toma uno, lo aventura en
la casa de juego y la suerte no le favorece; vuelve por otro, y otro, hasta abrir en sus cuentas
una brecha que no se oculta. Por insensible deslizamiento ha llegado al delito una probidad
ayer innegable; del delito á la cárcel y después .... ¿quién tiende la mano al que una vez
ha delinquido?
Dlek.

DomlBgo 21 de Agosto de 1898

NOTAS A TODO VAPOR
La postrer Jornada
No había más remedio: yo he siilo siempre hombre
muv formal ba~ta cuando fui poPta-sabido es que en
Jod ·poetari l¡ informll.lidad es profesional, y á fuer de
formal tenia que cumplir mi compromiso de abrir un
periodo de exámenes de historia el dia cuatro de Noviembre y fil dia cuatro de Noviembre debía estar y
estuve en México-me fué imposible arrastrar en pos
rola á mi inmPjorable compañero de viaje y dejar de
vi@itar PuUmann City ciudad• fábrica, que deseaba
ver desde que el excdente Doctor Liceaga me hizo
una pintura admirativa de ella, á la vuelta de su pri•
mer viaje á estas comarcas en compañia del General
Diaz y su familia.
No habla remedio; nos despedimos del amabilisimo
FelipA Berriozábal que n·•s habla acompañado de una
estación á otra, dentro de Chicago misma y adelante.
Entré v11lientemente en mi camarott&gt; con ánimo de
dormir Pero como no se. duerme con el ánimo (¿con
qué se duerme?) me entregué á. la contemplación 1el
paisAje que pensaba, porque apen!1s se vela, gr11:cias
á una luna pudorosamente arrebuJada en los primeros celajes del invierno. Y la te,a sin fin que se desarrollaba ante mis cri~tales era tan igual, tan igual,
tan igual q)le acabó po~ hipnotiz';lrme; prRderas sin
término. como que el Illmo1s ha sido llamado el Esta·
do Pradera.
¿Praderas sembradas? ¿cultivadas? Supongo que si;
á. veces pasábamos un puente, de improviso cruzábamos un cbar~o, laguneta ó cosa parecida sobre gran•
d!'R estacas; acá y allá parecia que la luna habla dejado caer un trozo de su cristal al suelo, era nieve
congelada desde el dia antiirior. Grupos de farol3:s
eléctricas manchaban de luz la oruma y con la rapidez de nuestra carrera las veíamos formar ruedas en
movimiento, girándulas fantáRticas de brillo lastimador. Esta llanada inmensa del IUinois con su cintura
de lagos y de rios, es un granero inagotabla en el
suelo y un hullero inacabable en el subsuelo; el territorio de los Estados Unidos, me decía yo casi durmiendo, podla representarse por _una serie de billetes
de lotería premiados con el premio gordo ....

Despertf!I corriendo en linea recta hacia el Missouri
rumbo á Kansas City; lo que habJa e1:trevisto en la
nocbt.1, lo veía ahora y seguia no diver,tiéndome. A;quel
paisaje suculento, me. parecia una e~orme foJa de
expediente de estadistica hecho más bien con datos
que con colores, un paisaje de economia politlca. en
fin. Sólo Bulnes con su prodigiosa fantasia ha podid?
encontrar el modo de hacer pintores~a la estadistica
y fingir poiicron:_i{as orientales con columnas de gu~rismos; en cambw, un poeta de fond en comble, Luis
Urbina hace años que se bate con las sumas de la
sexta ~ección del ministerio de Hacienda, sin poder
hallarles consonante. Estos gravísimos pensamientos
me tratan por fáciles asociaciones de ideas el recuerdo de la Patria.
El Señor Romero hllbla tenido la bondad de enviarme periódicos de Méjico que aún no lela yo .... Lo hice con cierta emoción. ¿Y cómo no? En uno de ello;;
me encontré un discursl).de un mi antiquísimo amigo,
en que me retrataba, di¡:-iriendo mi sueldo deflamante magistrado á orilla, del Niágara ...... Por más que
esté uno aco!ltumbrado á estos afectuosos recue~cos de los amigos, aquel me trajo las lágrimas á los
ojos.
.
.
Pasamos fil Missouri; á nuestra vista, un poco leJos,
estaba Kansas City. una ciudad doble que está parte
sobre el Missouri y parte sobre el Kansas; que nació
ayer y nació de golpe con sus edificios, sus fábricas,
sus tranvías. sus rastros que rivalizan con los deCbi•
cago, etc. ¿Queréis, lectores, queos las describa? Nada más fácil; aquí á mano tengo una buena descripéión hecha por un ~iajero, ..Y Kansas City es muy
conocida por lostouristasmeJ1canos. Pero yo no la vi,
sino de paso: Kansas Oity,noedijoelnegroquenosservia en el carro-comedor. . . . ¡Ah!. . . . Hasta luego,
repusimos y seguimos comiendo. De esta prosaica
manera pasamos por el centro geográfico de los Estados Unidos, por el ombligo de la Federación, como
habría dicho Esquilo.
Un amigo mio decía que percibía el movimiento de
rotación de la tierra y que eso lo tenia neurasténico,
(no se decia as! cuando vivia m_i amigo¡ pero esto m_e
queria decir) y cansado de la vida. Ya o creo: me fl.
guro su tormento, pensando en el supllcio mio; tengo
á. la vista un paisaje que no dice nada, un cielo de
acuarela de princi1¡&gt;iante y una luz . cualquleri., una
luz chillona y dommguera sin c!lrá.cter, sin_ estilo, sin
chiste. Y vamos corriendo, corriendo, corriendo por
este desierto sin dignidad y 11in gracia. y hasta sin
melancolia, y asl, inmóviles y moviéndonos furiosamente á la vez, sentimos que él fastidio nos lleva al
idiotismo, quisiéra?3-0S parar, quis~éramos correr_por
nosot1os mismos, digámoslo asl,qwsiéramos no asistir
á. este implacable desmenuzamiento de nuestra personalidad en el espacio, en la distancia.
El tren seguía devorando millas, mascándolas con
susenormesmandibu'as de fierro, cuyo chocar perpetuo nos dilaceraba los nervios digiriéndolas y excre•
tándolas instantáneamente en forma de solitllria sin fin

EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1898.

143

dobladillada de acero. Por el di&amp;, casi blasfemRndo de- ceptos y vocablos, que en el fondo son inofensivos, nes y de las Ideas. Oh! la im11ginación, la loca de la
eiayo: ¿nos pararemos,conmildiablo~?Yporlanoche, convengo en ello, pero que de pronto atemorizan co- Cba,
cuando volvía á la conciencia de mi mismo después mo ojo11 de gato vistos en la sumbra; en donde, digo,
*
de algunos momentos de entresueño, clamaba yo: suel1&gt;n hallar esa1:1 metáforas tan voluptuosas,tan tris·
.
' *
¿nos pararemos, Diod wloi' Y era la voz que clamaba tes, de cout.ornosimprecisos, esfumadod por el ensueño.
Por &amp;qui, por e'!til,- ampa •le Mnte _,ares de legu¡¡s su•
en el desierto
que les sirven para traducir la sensaclon de la noche? be maje.teo11am11me á la11 ¡lf~•a.-1 Ult'Jtcanas ó trepando
Cuando amaneció el di.a de muertos, la forma de los !Je molde me vendría ahora una de esas metáf&lt;&gt;ras; y serpeando poi las cordillera11 que forman sus bordes
ceiajes indicaba la proximidad dt1 las m, ntañas; allí mas no de 111.s que expre11an el afán de infinito y de titánil.:os, han mucltado sin cesar la11 razas abo rige•
estaban efectivaq¡ente y ,i hubiera tenido humor de vuelo que fluye de las noches trágicas, en que el re- nes basta que quedaron comp1imidu, iumovilizada11
Ter algo, las habría per ·ilii&lt;lo d111,d-1 que pasamos el lámpago revi,la la pasmosa cantidad de luz latente y velozmeuteahogadas, ó leutam11uteatrofiadas por las
Arkansas y llegamos á Zq.~ Ve.ga~, .,n Nuevo Ml'jico. en la bumbra; no tampoco de. esas que parecen com
dos corrientes de la11 raza➔ blauc s Uuas no renun•
Yo no cambio las montll.na• por lll. mar; pero cuando puestas de tinieb:a, de abismo y de anhelo doloru110 ciaron j11más al movimi.. uto, e~ decir, á la libertad Y
no hay mar. ¡obl dio11es, montañas, si, montañn11, no la de más allá, ni de esas que producen algo asi como del Cl,icbim,,ca al Pid Roja, ha11 ido Y v .. nido estre•
mar de tierral Las Roc11llosae recortaban con em per- la fugaz iutuición del UJJiverso y que nos hacen adi- liándose en las ciud«de~ 4ue la religión creó para los
filas extraños el horizonte á nuestra derecha. El rio vinar que las constelacioues son hieroglitos sin clave, 11edeutarios eu torno d"1 lu11 teocali11 11agrados. Otros...
Pecos y el Rio Grande (Bravo) bañan unas zonas exí- por dei:;ventura. No, nada de esto: qm11iera una figuNQ, mis lectored, 11e dormirá.u sobre e11tas bojas posguas de eFtas áridas cowarcas: entramos de nuevo en ra, un tropo que trasladara A la palabra por compa· treras con otro mrtivo, nu cou el de que les baya trai•
el país de lll. sed. ¿Pero cómo vinieron a qui l~s babi• ración, esta mist,•riosa impresión de paz sepulcral duramente deslizRdo una meditacióu hit1tórica para
tantea de los grandes pueblos, grandes como ciuda- que derrama desde su globo deslustrado esta divina cerrar con broche de oro. como se dice en füeratura
des, que han dejado tanta~ monótonas y tristeR y cu- veladora de la noche y que expresara cómo nos su11- ,te brindid, este vi11j.i.
riosas ruinas en este cuadrilátero neo-mexicano? trae de lo material y de lo que pasa la claridad de la
Pt.1ro si me perdonarán (ó no me perdonarán, es lo
¿Cómo creció v semultiplicóaqnientre la civilización luna lentamente traspasada al alma, mientras su res• mismo) que yo aclibe por dos minutos de exAmen de
rudimentaria de los mou11t-builders y la civilización plandor frio parece congelar las estrellas y apagar• conciencia A~i diib~n aJabar11e toda8 las jornadas de
plena de los nahoes de 11ue81ra Me11a Central, este hll· las luego en leutas agonías.
que la vida se compone st'gún l'itágoras, Séneca,
cinamiento de grupos sedentarios y a~ricolas que ha
Et trt'n habla anclado en pleno desierto á las nueve Marco -Aurelio y S.1.u A~udtin,-verifiquense las ci•
dejado regado de los vestigios d~ 11u alfarerla la área de la n&lt;.cil.e, con la locomotiva rota; antes de dos ó tas-¿Qué he sacado de mi vi11j, á los E:1tados Uni•
eno::-me dt&gt; Utah, de Arizona de Nuevo Méjico? ¿Se· tres horas no llegarla la que se babia pedido al Paso. do~? Poco, nada. ¿Supe verr A¡,enas. ¿Supe mirar?
rá cierto que el blanco trBjo aquí la sed con la tale. Aprovechando la forzosa inmovilidad de los carros, ¡Tampoco! ¿Snpe didcP.rnir? No pude ¿Q 11é me queda?
implacable del boeque; la se&lt;l y la muerte? Si ebto los pasajero11 se habill.~ dedicado á dormir; aunque ¿Cómo me explicare? ~PI- queda una especie_ ~e zum•
parece el cement,rio de las razas. Alli arriba en la11 no á pierna suelta, cosa que ni ese Puck que se firma bido de oídos e.i el espmtu; una suerte de v1s1óu apohoquedades de las sierra11 qut&gt; nos acompañan eu pro- Micrós, lograría en un SteP.ping-car.
caliptica, algo como una serie de fragmentos de una
cesión fJ1.ntasm11górica, est\n los depó11itos de agua,
Uno de tos conductores y yo nos echamos á andar espiral de fierro, cuy is vuelt,,s me ocultan.las brumu
las tinajas. y acá abajo ePtá la admirable tiflrra sea- via aoelante, pisando (sin retruécano) las cabezas de
del horizonte y CUj os extremos se pierden, arriba en
rreada por los torrentes pluviales de las m o n t a - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - la irradiación dt'l cielo_y abajo eu lit noche del in•
ñ11s desnudas ya, y que uebe ser 011omlwosamente
fierno .. . . Por esos frngmentos de tramos. corre la
f P-rtil, qufl lo es en cuanto, como en la:; Vegas, la toca
gente sin cesar, sin cesar, go ahead, go ahead .. ..
el agua. Ya el yankee emprendedor puijo su ojo y
NE1; vengamos del apoca1ip_!!id 11.-1a- tierra; si yo
su espíritu frente al proolema de la iJ rigación de
pudiera. personifica.r_á e~te pueblo, y así me lo
esta comarca¡ :va puso la mano y el'doUar en la sofiguro siempre, lo-pmtaria en forma de atleta'. d&amp;
lución del p-oblflm&amp;. lo que quiere decir q'.le rerá
púgil, Hs:o para romper los huesos de los Corbett
resuelto indefectiblemente, &amp;qui primero y en Mé·
ó Fitz11imons que se le pongan delante. ¡Vamo.;.
jico después.
á vetl Helo aqui plantado Hagamos como las mis,,.**
ses de ~ew York ó de Boston, que siguiendo el:.
Para mi compañero y para mi, él de estómago
.-jemplo de la riqulsima Mrs. Jackgardner de Bosexigente y de t'XigentEI paladar yo, el problema
ton, la amiga de Paul Bourget, se .-ntregan á una
conslstia en huir de las fondas en donde en un mispersonal examination de l08 mú.culos de los bomo plato se comen diez inuefinibles manjares de
xeadores. E~te es admirablemPnte desarrollado:
cuello, brazo~. pierna@. torso y dorso, protubi:ran8808 que provocan en los comien11os mismos ds
una encrespada digestión, esta preg«nta: qué fué
tes de músculod duros se amontonan bajo la tur•
lo que comimos? Pero para realir;ar esta fuga, era
getcia de la piel slanca, enrojecida por las dupreciso, ayl cai,r en la cocina de carne y de legumchal' frias y dorada por el fOI, 1.Y la cabeza? Desbres conservadas del buffet dl'I los carros dormitoarrollada por la voluntad. ¿Y el rostro? Armado,
ríos, si sabrosa al paladar, fatal at estómago y
de ojos duros y de mandíbulas de fieno por el ape••
mo,·tal al bolFillo. Pero no había remedio, por ella
tito insaciado. La vida mental y la alimentación.
nos decidimos; por ocho ó diez pPSOB mexicanos toá outrat1oe enfermJrán del e~tómago á este atltt11,.
roamos un plato de cornea beef. otro de Bostonlo harán neul'asténico y vendrán terribles desebeans con tocino. unos ehpárragos y una botella de
quilibrios... Ved los prodromos; una tiemocra•
Zinfandel de California, de sabor ligeramente farcia que a1,pira á la gloria militar y caerá en el cemacópico.
sarismo; una démocracia facticia que está domi***
nada por una plutocracia de cuatro mil millonarios,
Al mediar el día llegamos al Paso; el Bravo nos
que la tiene á 11us piés y de quien.sumisa ó rabiopareció un poco menos manso aqul qae en Eagler
sa, es esclava. Uns. plutocracia que quiere conjuPass A nllesta salida de la República, h.. cia má11 de
rar el odio de cincurnta millones de pobres. dánun mes Nuestro viaje había concluido; el territorio
doles la limosna de los hospitales, de los asilos
queibamos á pisar, vuto. despoblado, inculto en I
Y de maravillosos institutos de imtruccion púsu mavor extensióll, ejercla sobre nosotros una fas- 4
blica, que pondrán armas terribles en manos de
cinación extraña, completamente subjetiva, pero
suR adversarios ...... Y las mujeres deseando ser
ab8 o!utamente dominadora; nos parecla que allí ,
hombre~ para luch&gt;ir también por la vida, es decir
en la orilta derecha de este rto que completa los •
por el luju y el comfort, y corriendo al través dei
limit.es j!'eodésícos que estos fuertes nos impusie•
matrimon'o Y del divorcio como en un steeple-cha1
ron en 48 estaba reconcentrada en un puñado de
se, pa~a con seguir una folicidad sin reposo, sin ho
tierra., toda la RP.públic&amp; nuestra, toda la Patria
gar, BID alma.••
nuestra aúo. y un latido de emoción, y un conato
Todos estos pesimismos me vienen de los libros
delAgrimas nos invad'ó instantaneamenre; en sique be leido sobre la sociedad americana, son lilencio tomamos nuestras maletas, y con ansiedad
brescas; yo 110 vi bien. entrflvi un gran pueblo....
singular como si hubiéstmos estado ausentes cien
y adquirí una convicción, que la libertad es un air6
años, entramos en el wagon que nos condujo á lo
respirable.
lllrgo ilfl un hermoso puente, desde la aduana del
***
Paso Texas A la del Paso Juárez; cosa extraña:
,41,,,.,,,,sL;eri,,
Una horda, no de chichimecall, sino de coyoteª
venia yo del país de la libertad y me parecia que
que ululaban como hienas, nos hizo volver de
la recobraba al salir de él; la enorme actividad, la
priea al tren y media hora después el tren voobra enorme del pueblo de que me separaban
Geaeral Manuel Rinc6n,
laba, recuperando el tiempo perdido. Adios pues
cincuenta metros, en aquel instante me habla heD!IIFENSOR EN JEFE DE CHURUBusco _ 1847
¡oh! tierra de lo repentino, ds lo colosal de' lo es:
cho en el espiritu el efecto que diez arrobas ,le
tupendo; naciste ayer y has crecido en ~na hora·
aci;ro sobre el oecbo.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - brotan tus ciudade¡¡ en los pantanos, en los desier~
Bajamos del wagon frPnte á la aduana mejicana y los durmientes. A quinientos metros, el tren me pa- tos, en los bosques como pasmosos hongos de hierro
yo cai en ¡08 brazos de Javier Osorno, tan feo como recia uno de esos colosales cetaceos ae los maresgeo- Me voy á la tierra de las horribles chozas de adobe·
yo pP-ro tan correcto, tan eleg1mte, tan último corte lógicos, varad~ en las playas del tiempo, 9.ue nos se- de las casas bajas,banales y sin comfort; á la tierr~
en' el traje, tan bien ba~nizado ~n la piel d~ Rusia del guia con su OJO de llama en aquellas soledades amor- de las personas lentas, negligentes, anémicas· de la
borceguí roiizo como bien tendido en la piel de Sue· tajadas por la luna.
·
temperatura enervante y dulce, del cielo tran~ado de
ciado ¡08 guitntes marran abotonados de oro. ¡Medió
Mº1
b 810
.
dO
. d
luz. Esa tierra á donde vov me gusta más· pobres
1
un gusto verlo! Y al gordo y simpático Bauche, admi•
companero que parª ª
mie
y ·sm escan• pequeños é inactivos, los pueblos á q~e p~rtenezc~
n:strador de la Aduana y al bizarro Marcelo Leon con so un español capaz de sacar callos, por erizado de se han apropiado un lote mejor en la batalla de la
su cara dfl último A bencerrajl', y su noble corazón de guijarros. si11tió la influencia enmu&lt;1ecedora de la no• vida; á hormiguear indefinidamente en t:-rno de mi'é
d b
che, y respetando mi silencio, me hizo el obsequio del
. h
f d
amigo y de papá.¡Ob! qu p,acer encontrarse e ue- suyo; la verdad es que daba miedo interrumpir el de gaJas, emos pre eri o cantar al ·sol como las ciganas á primeras con tanta buena gente. y tan am11 b)e, la inmensidad, Hablamos andado dos kilómetros, nos rras de la fábula. Bah! séamoslo siempre cantemos
tan franca. de idioma tan dulce .::omolas UV';\S demtel
siempre, puesto que todo es ilusión.
'
de ¡011 viñedos cercanos! Me despedí con tristeza de detuvimos, mi compañero colocó su linterna en el
Sólo el amor es cierto, con su divina certeza de un
.
d
d
suelo
y
nc&gt;s
sentamos
sobre
unos
troncos
medio
carM
b
flstos viejos a_migos, y A__1as cinco e Iatar e empren- bonizados, restos de una anti'}uisima fogata de cam- minuto. añana f)rraré con mis besos las lágrimas
dimos el citmmo de MéJico, regresando á los Estados
f
.
D r i
. ló •
dt los rubios que me aguardan en mi bogar y cam•
Unidos bajo las especies del ..terno Pullman-car, á pamento erroviario.
e Ic oso momento psico gico; bio feliz los millares do sensaciones que he r~sentido
del
Imperio
Chino,
en
forma
de
cocineros
chisen
tia
que
la
conciencia
definida
en
todo
mi
ser,
·se
en mi rápido vi11J·e por la emoción de mañana.
través
redu-:ia, como el dolor bajo la influencia de la morfi1
0
noR Yde manjares que merecen ser •
na á un solo punto casi ~mperceptible; mi yo deseanJusto Sierra.
Bllndémonoe pues de paciencia Y de sueño · · · · · saba en la invisible punta. de aguja del átomo y p&amp;•
¿Y contra el poi vo qué blindaje hay? Hay uno; leo en
i
ºb.
á
b
b
d
y
¡
e&amp;tfl in11t11nte qufl un señor Green, hijo de la famosa rec ª que 1 ª rea sor erse en e1 to o.
e campo
archimiilonaria Hetty Green. ha intentado el modo de que la conciencia abandonaba, lo ocu_paba no sé aué
La serie de artículos «En Tierra Yankee»
colocar en las ventanillas de los wagon es dos hojas de fuer:..a ó qué energía esparcida en el Cosn¡os, yo sen¡
h
tia que eso que se llama la naturaleza, la vida uní- del Sr. Sierra, por los cuales ha recibido El
tela metálica finísima, entre as que ace pasar una versal, compuesta de indefinido número de muertes
corriente de agua vaporizada por un ventilador, y
b d
i y
b 'ó
Mundo tantas y tan sinceras felicitaciones,
¡ad'óe calor! y ¡adiós polvo! SI, pero cuándo 88 aphca- parciales, se enseñorea a e m .
esta 1ucu raci n
rá. á los Wll"'Onea mexicanos esta invención bendita? no será correcta en Epsicologla (¡oh! cruel Acade- terminó en este número; pero ofrecemos á
,..
1 ó¡
·
mi11) y temo el s'lño fruncido de mi t&gt;abio Ezequiel,
La noche aplacó el polvo Y nos ap ac Oij nervios.
pero ¡qué fruición deliciosa! Por desgracia esta ca- nuestros lectores otras producciones inéditas
talepsia del espJritu esta iniciación en 1011 supremos del mismo eximio literato.
goces del nirvana, es fugaz; la imaginación que sigue
***
El Sr. Sierra hará un tomo reuniendo di¿En dónde diablos encuentran mis jóvenés amigos automáticamente su trabajo de combinar eu nuestro
los simbolistas. delicadísimos artistas que tienen la espíritu nuevas y viejas placas fotográficas, excita chos artículos; anunciareml)s oportunamente
ASpeluznante mitnia de escandalizarnos ~ lo~ :omán• de nuevo la actividad de nuestro yo casi perdido, y el día en que se ponga á la venta.
i:coa viejos y á 1011 viejoil a&lt;:adémicos, con giros, con· lo hace reentrar en et torbellinó de las impresio-

r

�144

EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 18 98

O omlngo 21 de Agosto de 1898,

145

EL MUNDO

&gt;-

uJ
~

o
o
~

q:
[O
-~
[lJ.
e

z
-

(fJ

&gt;-

la canción de las ilusiones.--Cuadro de Hoe:flinger.

--

�Domingo 21 de Agosto de 1898

EL MUNDO

146

Jolitica ®tnerttl.
Rl!:SlJME.N.-Temores de un conflicto anglo ru~o. - T,os
Intereses europeos en e1 extremo Orlente.-EI Imperio Chino abierto á todas las ambiciones. -Tocios
satlsfecbos.-Fln de la guerra hispano-americana. Los preliminares de la paz.- L:1s bases del protocolo
-Porvenir de las colonias espafiolas.-Puerto Rico,
territorio amerlcano.-Cuba.-¡,Anexlón ó lndependencla?-Los elementos conservadores J los rcloluclonarlos.-La promesa de McKlnley.-La suerte &lt;le
Filipinas. - Intervención europea.-t'oncl uslón.

Mucho se ha habllldo en estos últimos días de
un rompimiento posible entre el Reino Unido de
la Gran Bretafia y el poderoso Imperio Moscovi•
ta. Pensando que están frente á frente los intereses de los dos dilatados Imperios en el extremo Oriente, y que las rivalidades se han exacerbado y que las competencias se han desarrollado
de modo notable, afirmase que las dificultades
ocurridas últimamente, podrían resol verse por
una contienda armada.
Nada más falso que esos temores, nada más
fantástico que esas amenazas. Es verdad que
desde ha tiempo es el territorio chino la manz,ina de la discordia arrojada á las concupiscencius
de las naciones continentales de Europa; es cier•
to que allí se han dado cita todas las ambiciones,
y que la preponderancia entre el Czar y el Gobierno de Londres es una disputa continuada para someterá su talante y voluntad Ja política de
los mandarines que rodean al hijo del cielo. Cierto es que, desde que los triunfos del Japón sobre
China revelaron al mundo Occidental la debilidad de ese coloso de pié, de barro, todos se disputan á porfía el botín, y el Gobierno de San Petersburgo interponiendo su influencia poderosa
entre la espada del vencedor, ha podido adquirir
gran ascendiente, y en cierta manera buscando
la cooperación de Francia y Alemania, imponer
su omnipotente voluntad en los destinos del Celeste Impericl-; No cabe duda en que esos avances
han tenido que tropezar, y en efecto han chocado
contra la antigua influencia de Ja vieja Inglaterra, que de tiempo atrás venía ejerciendo un verdadero monopolio en los negocios chinos.
Esa lucha, esa competencia, se han manifestado últimamente y se han acentuado al grado de
temer que se turbe la paz europea, á propósito
de una línea ferroviaria de Tien Tsin á Chan
Hai Kwan, que quiere prolongar la China hasta
Nueva Chan, puerto libre de la Manchuria. El
director chino de este. ferrocarril, se dirigió al
banco inglés de Hovg Kong y Shangai, q11e ha
suministrado el capital para la parte de línea
construida, y ese establecimiento financiero aceptó en un contrato preliminar, adelantar el dinero
necesario para la conclusión de la línea. El Ministro de Rusia se ha opuesto á esta transacción

Gener&amp;I Wheeler.

Coronel Wood.

General L&amp;wton

Cor-&gt;nei Rooseveit

lJn Consejo de Guerra delante de Santiago
apoyada por el Ministro de Inglaterra. En ese es-tado los negocios, el Marqués de Salisbur.v ha
declarado ante d Gobiern0 Chino que la Gran
Bretafia ,lyudaria á resistir la agresión de cualquiera potenda que se opusiera á la autorización
concedida á los ~úoditos bt·itímicos. El &amp;gente
rusg ha renovado sus protestas, y por fín ha obtenitlo un verdadero éxito suspendiéndose los
tfectos de la antigua concesión.
De estos pretextos, tanpequeños al parecer, se
han valido los políticos que pretenden descubrir
los misterios del porvenir, para lanzar ii los cuatro vientos de la publicidad los temores de un
ccnflicto armado entre RuFia é Inglaterra. Decididas las Potencills á ir tomando paso á paso posesión del territorio chino y á hacer prevalecer
cada una su influencia con perjuicio de las demás, si es posible, no son de extra:llarse estas
peque:llas diferencias; pero sí extrafi.aría que por
razones de t1rn po~a importancia, como las que
se aducen hasta ahora, se lanzaran en formidable
lucha la primera Potenci,. continental y la primera mnrítima de la vieja Europa.
Rusia ha logrado extender su influencia activa
hasta los confines de Manchuria, ha tomado posesión de Puerto Artur, desde donde puede desafiar con esa importante base de operaciones,
la influencfa. 1.:ombinada de otras potencias. In-

glaterra se ha apoderado de W ey Hay W ey inmediatamente después que el Mikado lo abandonó,
pagada la indemnización de la últim i guerra.
Tiene á su cargo la administración del gran Valle
de Yang Toe con un millón ochocientos mil kilómetros cuadrados, y con semejante punto de
apoyo, puede esperar nuevas concesiones para loporvenir. Alemania ha tomado posesión del puerto y la bahía de Kiao Chao con los territorios.
adyacentes. Francia desde su colonia de Ton
King, vigila cuidadosa los cambios en aquellas.
regiones y se dispone á invadir la isla de Hay
Nao. Japón se conforma con dividir _pacíficamente su influencia en Corea, con los ageutes.moscovitus. Todos los que de cerca ó de lejos, tienen
inte::eses en aquellas ricas comarcas, han tomado
su parte en el botín, mie11tras se prepara el gran
desmembramiento ya decidido en los consejos
supremos de los poderoFos de la tierra.
¿A qué pues esos conflictos armados? ¿Con qué
objeto un rompimiento capnz de encender :aguerra universal, sin que puedan preveerse los resultados de la lucha? ¿A qué lanzarse á una guerra que s.ería formidable entre dos poderosas y
ricas naciones, cuando por medio de la diplomacia, por los manejos secretos de los comerci'lntes.
y los misioneros van entrando todos en pacífica
posesión de la presa codiciada?
No, el asunto de un ferrocarril en China, no es
causa bastante para romper el equilibrio europeo. Rusia é Inglaterra, Francia y Alemania, que
tienen rivalidades en Europa, se entienden admirablemente, se comprenden á maravilla, cuando
tratan de definir la suerte del caduco Imperio
Chino. Esperemos que por hoy no se turbará la
paz de las grandes potencias.

***

El servicio postal del cuerpo expedicionario amerJcano.

Esa palabra ha sido pronunciada en lo más
acre de la lucha, entre Espa:lla y los Estados Unidos. Después de las catástrofes de Manila y de
Cavite, el Gabinete español aun venciendo las
resistencias que oponían las clases militares, y
oyendo los clamores de los pobres que más sufren en las grandes cl'isis nacionales, se decidió
á. pedir la paz, que ha sido concedida mediante
condiciones dolorosas por el vencedor.
Los preliminares han sido firmados ya por los
respectivC's representantes de Espa:lla y delos Estados Unidos, en d salón de recepciones dela Casa Blanca. En ellos se ha acordado la renuncia
de toda soberanía y dominio de España sobre la
isla de Cuba y la cesión de Puerto Rico y de las
islas adyacentes del dominio espafiol, á los Estanos Unidos, la entrega de Manila con el territorio
circunvecino, en tanto que se decide la futura suerte de las Filipinas, y se acuerda también el nombramiento de comisionados para arreglar la in•
mediata evacuación de las fuerzas espafiolas que
hoy guarm.cen las colonias antillanas, y la reunión de una comisión del tratado de paz definitivo, que debe celebrar sus sesiones en París, á
mástardarde&amp;de el primero de Cctubre próximo.

Domfngo 21 de Agosto de 1898

EL lr.JNDO

Queremos suponer quue ningunas difi&lt;inltades se opondrán á la celebración de
un tratado de paz sobre las bases concertadas, queremos creer que por parte.
d~l pueblo ~spafiol no h11 brá protestas
violentas, m entre los partidnrios qe la
din~.stí~ reinante ni entre los republicanos., . m tampoco entre los que pudieran
seguir la bandera del pretendiente. Esperamos tambien que la representación
nacional en las Cortes, no opondrá ningunas dificultades á la aprobación deltratado, ó bien, q~e la oposición abierta en
la tribuna parlamentaria, quedará equilibrada por la mayoría de que dispone el
Minist~rio Sagasta en el Parlamento. Pensamos también que en el Senado americano no habrá dificultades, porque Me Kinley ha tenido siempre Ja·confianza entera
delpueblo amerícano.Pero aún así ¿,cuál
es la suerte que aguarda á las co'1ónias
españpl~s _segrt&gt;gadas en todo ó en parte
del domm10 de Ja metrópoli?
Nada hay que decir respecto á Puerto
Rico, señala~o d~sde un principio como ur.a especie de mdemnización territorial por gastos de !aguerra, á favor de
los Estados Unidos;seestablecerá alli un
gobierno militar mientras baya gérmenes
de oposición armada al nuevo orden de
cosas, se organizará después como un
territorio federal, para que mientras se
hace la asimilación, mientras se americaniza el país, se prepare debidamente
á formar parte y á brillar como una estrella en la constelación americana.
¿Qué hará el Gobierno americano de
la perla de las Antillas? ¿Cómo se manejará con ese pueblo que en tres ailos de
lucha desesperada por su independencia
Bismarck en los distintos períodos de su vida
en tres añus de combates sin tregua po;
s~ libertad,?ª aspirado á d1irse un gobierno _propio? ¿Cómo cumplirá el compromíso de hostilidad.es, el puerto y la ciudad, asediados
contra1do a~te el mundo civilizado después de por 1:11~ª d~ tres meses, han caído en poder, por
l~s declarac:ones de McKinley y de las resolu- ren~1c1ón mcondicional, del Gral. .M:errit y del
ciones aprobadas por el Senado y la Cámara de Almirante Dewey. Son ahora los americano:. duerepresentantes? ¿Cómo corresponderá á los de- ños de la capit~l del archipiélago, y tienen en su
seos y á las índicaciones ae la opinión, manifes- poder á las pnmeras autoridades de la colonia.
tad!s en la pr_ensa y en la tribuna, de dar sobe- Más duras tendrán que ser ahora las condicior~~l~ á la antigua colonia? He aquí un problema
nes de la paz, y más en su poder quedará la suerdificil de resolver.
te de la colonia.
Los elementos superiores de la revuelta AntiY en tanto la Europa, que se interpuso entre
lla, los que constituyen la clase conservadora de el Japón vencedor y la China vencida, que detula soci&lt;Jdad, por su riqueza y su posición socia1 vo el golpe fulmíneo del&amp;. espada de Skobeleff
Y. que apoyaron mientras pudieron, la domina'. sobre los vencidos de Plewna, que discutió las conc1ón espail.ola, no tienen intenciones de someter- diciones de paz en el-tratado de Berlín verá con
se á un gobierno _emanacto de la revolución, y la mi~ma indiferencia la desaparición del poder
formado con los Jefes más distinguidos entre las colomal de E-,paña? No acudirá presurosa á ver
huestes separatistas. 11}1 elemento espail.ol en cu- qué le toca á la hora del reparto? No serán las di!ªª ma~os estl1. la riqueza territorial, mercantil é ficultades en los mares de China, ocasión para que
mdustrial _de la colonia, busca amparo á sus in- s~ mezclen en el tratado de paz, y quieran decitereses baJo el ~ominio americano directo, y re- dir eu su propio beneficio, el porvenir de las Iscba~a ext"emecid~ un gobierno revoluciunario, las Filipinas?
te~iendo por sus mtereses. Los jefes de la reb~hón que se ?ªn sacrificado por crear una patria cubana, tien~n- derecho á ser oídos, y son
acreedores á p"rtic1par activamente en las labores
de la c~nstmccian de la colonia. Unos aspiran á
la anexión, otros pretenden la absoluta é incondicional independencia. Para satisfacer todas las
aspiraciones, para conciliar todas las voluntades
para acallar sus propios intereses, para cumplí;
sus solemnes promesas, el Gobierno de Washington ten~rá, pues, que luchar y discutir muy seria
Y detenidamente, con propias y agenas opiniones,. antes de decidir la futura suerte de Cuba.
Piensan muchos que pasando por encima de
t~das las fórmulas, se establecerá como único medio un gobierno militar, para pasar de frente á
la anexión definitiva. Por nuestra parte, tenemos fé en la palabra de McKinley, y esperaD:1~s que de acuerdo con todos los elementos poht1cos de la isla, de conformidad con sus vitales
energías, proceda á reeonstruir .un gobierno indepe1;1diente siquiera sea bajo el protectorado
americano, y así habrá cumplido la misión que
se pro!)uso al intervenir con las armas en la mano, en la revolución separatista.

***

¿Y quién definirá el porvenir de Filipinas? Como una _concesión se pedía la entrega y rendicíón
de Mamla á las fuerzas americanas en los prelíminares d~ la paz; pero antes de que llegara á aquellas regiones apartadas, la órden de suspensión

Pozo artesiano en Le6n.

ll7
Quién sabe! Pero si ahora qumeran
!nt, rv~nir l11s que no fueron capaces dP.
impedir el conflicto armado, es posible
que se encuentren·con lit arrogancia del
vencedor, que ha recb11zado hasta ahrra,
y parece resuelto á rechazar en lo sucesivo, toda intervención extraña. Nos sugiere esta idea la noticia circulada ú ltim11mente, de que la e3cuadra de Watrnn destin11daáatacar las costas españolas,
"~_P~epara ya á zarpar rumbo á las aguas
fl11pmas, no p11ra ddender los intereses
amt:ricanos que hoy están á salvJ de cual•
quier golpe de mano por parte de España, sino tal vez para hacer una ostentación de fuerza contra cualquier intento de
una potencia extranjera. Y nos afirmamos
en esta creencia, cuando se acaba de
anunciar que los Est11dos Unidos se preparan á reforzllr con nuevos elementos
de combate, su ya respetable escuadra
vencedora en Manila y en las costas de
Cuba.
X. X. X.
19 de Agosto de 1898.

El ~eneral Don Manuel Rlnc6n.
El defensor de ChurubuEco, glorios11mente derrotado hace cincuenta y un años pot·
las fuerzas l!-mnic11na~1 merecA los respetos
de l_a ~oster1dad, porque supo resistir hasta
e\ ult11?0 extremo.~ ven•iido se entrt'gó á
d1~crec1ón con esto1c1smo heróico.
El y los demás jefes m~xicanos de la jornada deChurubuijco recibie1on los testimonios de aprecio del jefe vencedor y fueror
tr ~tados por_ ést~ cou el rePpecto y Jo,; mira•
mientos que mspiran el infortuuio no merecido y el valor mi'.itar.
· Un consejo de guerra delante de
Santiago..
Concluida la guerra, faltá.banos algo interesante de su historia para que la colección
~º grabados de El Mundo Ilus1,rado consl'r·
ve los tipos. •as escenas y las si-tuaciones más caracterfstic11s de los últimos sucesoP.
Inútil parec~rfa insistir ~p. el valor de estos grabados como med10 de sugebt1on retroFpectiva.
. En la eecena ~el mundo_ pronto pasará, ó ha pasado
ya, c?mo actuahdad palpitante el conflicto hispanoameucano; pero será. grato á. los coleccionadores encontrar en cualquier tiempo en los volúmenes de
nueRtro semanari? la !'vocación de acontecimientos
cuyos detalles se 1ráu borrando en la memoria de los
contemperAneos.
El servicio postal
del Ejéreito expedicionario amer•cano.
No podia p~sarse el ejército expedicionario de
e@as dos neces1d~~es supre_mas de su espíritu, la lectura de mformac1on P,er1ód1ca y la comunicación epiFtolar. Desde luego u.ií peridista audaz fundó sobre el
campamento, entre las balas, una publicación quedaba al dia, 11s decir al momento. todas las notas de Ja
~udable Rituación A poco ya_ nabla también estable:
c1do á lo largo de las lineasm1l;iares todo un servicio
r,·gular de correos que por la festinación natural de
las circunstancias aprovechaba los árboles cl11v&gt;1ndo
e_~ ellos sus buzones á falta de tiempo para hactir y
f1Jar postes.
Bismarck en los períodos sucesivos de
su Tida.
El (?anciller von Bismarck pasa á. la historia con
U!3&amp; f1sonomla que no alteran las diversas y variadas
urcunstant ias de su agitada existencia.
_Esta penistencia del tipo á través de cambios infil!u~s e11 el. transcuso·de los años. es una de las pecuhandades más salientes del Canciller de Hierro.
_Nuestros l~ctores_ verán en el grupo de retratos de
Bismar_&lt;·k, _como _el Joveu un~versitario y el corifeo de
la ~olit1ca 1mper1al, fon el mismo hombre de ojos vivos
Y fisonomía ill11lterable que dominó todas las borrascas de una época y marcó úna pauta á la historia europea contemporánea.
Pozo artesiano de Le6n.
E~ta oora fuéllevadaá.cabo por o~den del Sr. Obregón González, Gobernador del Estado.
El ~la 1° de Marzo del año en curso iniciáronse los
traba;cs llegando á.su terminación el 2deJulio último.
Los gl;I-Ftos de perforación suman $4 400 y la tuberfa costo $1,500.
'
Produce este pozo en 24 horas,548 640 litros deagua
Su p~oft\ndidad es de 255 metros 70 centfmetros. ·
Pubhca1!1os este grabado, haciendo notar que este
po_zo artesiano es uno de los más notables de la Repúbhca, por la profundidad á. que fué necesario llegar
y por- la cantidad de agu,a que se obtuvo.
'
- El maestro Meneses y sus discípulos
EL ~fuNoo ILUSTRADO rinde públicamente sus ho~f~~Jes al M~estr? que ha sabido consumar una obra
c1v1!Jzadora 1mpr1miendo vuelos artísticos al grupo
selecto de alumnos y alumnas que con tanta pasión y
&lt;'OD talento innegable, forman ya una escuela de verdad1:ros arti~t~s, encargados de sostener y enseñar en
Méx1co la mus1ca moderna.
Damos e.o este número los retratos del Sr. Meneses
Y de _los d1scipulos suyos que tomaron parte en los
C(!DC1ertos últimamente verificados en la Cámara de
Diputados.

•

�FL MUNDO

Domin~o 21'de Agosto de 1899

149

EL MUNDO

Domingo 21 de Agosto de 1898

LOS 1JLTDIOS CO:XCIERTOS MENESES

Lf\ HlOUERf\ D5 LILOT

RAFAELA PARRA,
PJIIDRO OGAZÓN.
GRBGORIO ORIVJD.
EDUARDO REGUJCR

MANt'lllLA MALANCHlll
FlllRNANDO PEÑA.
lllNRIQUlllTA N9ZARI.
INBS BRISl!'ÑO,
FlllLIPA MUNGUIA.

Prof. Carlos J.

ALBA HERRERA Y OGAZÓ!f,
LUlll M.OCT.BZUM.A
Meneses.
MARJAMILÁN
CARMEN llUNGUIA.
OTILlA AYALA.

ESTHEK ltUt,ALmS.
CAJtLOS DBL CASTILLO.
ALFONSO HARRON.
JOAQUÍN VILLALOBOS

No era precisamente un lince el joven heredero de
Biremus. ¡Ah, no! En la escuela no pasó nunca del silabario y las ideas no parecían florecer en su mente
sino como ciertos musgos del polo; cuando la primavera e1 a excepcional.
Pero si no podia coronarse á Lilot con el laurel del
sabio, era en compensación tan vigoroso que á los
quince años cargaba sacos de m1dz como un molíne•
ro, á los diez y seis levantab a entre los dientes una
mesa de seis cubiertos y sus padres cuando le
veían hermoso y gallardo hacer estas haz11ñas
probaban algo dtl aquella satisfacción que sintieron al vender en q&amp;inientos francos .v en la
feria de Laboubeyre al fam1,so Zéfiro III, po ·
tro de las cuadras de la heredad.
¡Y en verdad que era airoso el tal Lilotl ¡Y
qué salud, Dios poderoso! Pulmones Fólidos como fuelles ele fragua, corazón arreglado como
el relox de la pRrroquia, movimientos sueltos y
ágiles: si por desg-racia recibia un arañazo, no
hacia más que lamerse á gui~a de perro y á las
dos pasadas de lengua querilLba como nuevo.
Lilot sabia la causa de su vigor, la cual era
que su arbol gozaba de excelente salud, porque
Lilot como la mayor parte de sus compa,riotas tenia su arbol En su país, los labradores
acostumbran plantar un arbol cada vez que
les nace un niño y tienen fe en que el vegetal
y el rorro correrán la misma suerte: si el ar bol
prospera sucederá lo mismo con el niño y languidecerá si la P.lanta se marchita.
El árbol de Lilot era una higuera que @e ha.lfa
plantado cerca de un lagunato á fin de que tu·
vieran ;;us raíces jugo suficiente, y se encont~aba bien el muy goloso. Era frondoso, enor•
me, cargado de frutas y protegido por una corteza lisa como la -piel de una doncella. ¡Qué
buena sávia absorvia al borde de ese lagunato
al gue las aguas pluviales traían los abonos de
todas las colinas del contorno!
Además Lilot lo cuidaba con empeño: iba á
vilntarlo frecuentemente, casi todos los domin·
gos, lo descargaba de hormig-as y de caracoles, sobrevigilaba el brote de los renuevos y curaba con limón las heridas que le quedaban
cuando la tempestad le arrancaba algu-oas ra•
mas. Gracias á tantos mimos, la higuera engordaba como un canónigo mostrando un tronco hinchado por la savia, rodeado de ramas vi- e
gorosas como brazos deHércules que extendian
71
su sombra sobre los árboles circunvecinos.
P11es bien: á la otra orilla del lagunato, en
tierras de las Cazerotte, tejedoras de la parro- {
quia, babia un ciruelo raquítico. un pobre día- l
blo de ciruelo que no prosperaba. La higue1a.
de Lilot tenla el aspecto de ahogarlo, de sofo·
cario con el peso de una rama enorme que alargaba en aquella dirección como un puño amenazante.
Una tarde Lilot, que por entonces tenla diez
d seis años, vió venir á una chiquilla, morenita
yelicada, con ojos de capulines y un pañuelo
rojo anudado en derredor del cuello, lacual era
Totina Cazerotte, hija de la tejedora. Brincó el

arroyuelo surtidor del Jagunato, ligeramente, como
una cabra que retoza y 11e aproximó á la higuera,
un poco avergonzada, mostrando en su rostro una
sonrisa conciliadora, una bella sonrisa que abría el
apetito como una tajada de pan con mantequilla.
-Buenos días Lilot.
-Buenos dlas, Totioa.
-¿,Cómo es que no podas la higuera?
-Si, vecina, la podo.

Totina inclinó la cabez11 y su sonrisa se extin~uia
como ~i tuviera algo serio que deciI, al mismo t1emp? que sus labios con movimientes insólitos dejaban
adivinar qui: un torrente de p11labras estaba próximo
á. salir de aquella boquita.
De pronto, armándose de v11lor dijo ruborizada:
-Lilor, venia á traerte un recado.
-¿Cuál?
-Mamá me encargó te dijera que serias mu:v amable, pero muy amable, si cortaras á tu higuera
una rama.
-Cómo! exclamó i-1 muchacho con entonación
ho~til, ¡cortar una rama á mi higueral
-SI. ... esta grande, mira; esta que cae á
nue,sro jardín y que nos hace sombra.
-Ahl ¿Les hace sombra? Tanto peor, tanto
pror
--No hay medio de lograr en nuestro jardín
una lechuga.
- ;,Dtl veras?
-Las zanahorias no se dan, ni las cebollas,
ni la11 patatas
-E~ un gran oerjuicio
-¿ Y qué me dices de nue~tros á1boles frutales? Re mueren todos.
-Bah!
-Mira, Lilot mira un peco la facha de ese eiruelo que está. al otro l11do del agua,
-Ahl ese si. ese si tiene una triste figura ....
-No le quedan dos años de vida.
-Eb posible: pero ¡qué te importa esol ¿Te
gustan mucho las ciruelas?
.
-Me enloquecen.
-No tienes buen gusto. Las ciruelas no sirven, en tanto que los higos .... 1
-No te burles, Lilet, te ase.guro que soy muy
desgraciada!
- ¿A causa de esta rama?
-Sí. si no la cortas. voy á caer enferma, lo
presiento. 1Córtalal ¿Si?
-Pero ,,¡ no p11edo.
-¿Y por qué?
-Porque... ¿eres mi amiga, Totina? ¿me
prometrs no decirle nada á nadie? Pues bien
eEta higuera es mi árbol.
:
- ¿Tu árbol, Lilot?
-Si, lo plantaron el día de mi nacimiento.
Ahora comprenderás que no debo, que no puedo tocar una sola de sus hojas.
¡ -Totina se echó á llorar.
-Bueno, pues el ciruelo es mi árbol, dijo en, tre su~ snllozc&gt;s.
-Ah! Babi
- Lo plantó mi padre cuando·naci y tu higuera lo mata, Lllot, y yo también moriré pronto
por cama tuya .... yo que habría querido alcanzar los veinte años.
Y la niña, tan ~uperticiosa como su vecino,
lloraba á mares _y sus breves hombros temblaban con estremecimientos convulsivos.
Lilot estaba abrumado.
-Tu arbol. ... tu a.roo!..; repetía con voz sorda .. ¿y por qué día blos lo plantó tu padre aqui?
-Por el agua. Todo crecía muy bien aquf,

�150

EL MUNDO.

antt1s de que adquiriera tanto desarrollo tu maldita.
-¿Qué tienes muchacho? Algo malo rc,es desde hace
h1g-uera: ¡qué desgraciada soy!
ClfllR,
Sí que Jo era y Lilot no lo dudaba. pero ¿qué podla
Y era ve!'dad Lilot se veía en los espejos pálido y
hacer? Nada. porquti seria atentar contra. su persona, demacrado. y cuando quiso levantar una mesa con los
seria como corta.rae un brazo.
diP.ntP.s, cayó dP. boca ~ se lastimó
El muchacho se pasó la. mano por la frente para faTotina.en cambto.esta.ba-resplandeciente,crecida, becil,tar la. eclosion de alguna buena idea que se rtivol- lla y vigorosa.. Si: de seguro 9ue algo babi" en eso]
via a.111 y dij'):
Mes por mes sus ojos pnrec1an más brillantes y sus
-Babi No es enteramecte seguro que la muerte de formas más correctas, sin que con todo y eso se viera
t~ ciruelo t~ pueda traer desgracias; las gentes que que el ciruelo mejoraba maldita la cosa.
d'.cen eso dicen tontem1s; pero el ma.istro de la escue~ilot a brl&lt;l los ojos espantado sin encontrar la exla que no era nada lerdo, condenaba eaa.s preocupa• phcación de esta doble metamó~fosis y mientras más
ciones. No llores. Totina Ademá,. aunque rl ciruelo vela á Totina m4s pensativo quedaba y más descon•
esté enferm'J tú tienes más salu&lt;i que uua primavera. tento de ~i mismo.
Ya ves quti el árbol no tiene que ver con uno.
J.No habla est,1do. en efecto, demasiado duro con la
-,-Pues entonces; ¿por qué no dejas tocar tu ár- niña? Despues de todo ella no era mala; bastaba para
bol?
convencerse con ver su sonrisa r asi debían pensnrlo
Esta con~estación dejó mudo al heredero de Bire- los muchachns de la aldea que la perseguían todas
mus.
.
las tardes cuando iba á la fuentA. Ah! pillos: de buen&gt;t
Se volvió á pasar. la mano por la frente, pero nada gana les arroj,1ria pictdras Lilot. p,.r lo demás, á pesar
pudo sacar de alli.
suyo, y Rin duda inspirado por el dAmonio él, como
-¿Quieres, Lilot? ¿quiéres? preguntaba. la chiquilla loe demás, tambien iba á esperar á Totina detrás de
zalamera mostnndo su sonri:1a apetitosa. como una los árboles P.n el eaminito de la fuente, pero se ocultajada de pan con mantequilla.
taba enrojeciendo hasta las orejas, cuando la joven
Pero el la rechazó.
SA acercaba; y cuando sus pasos se dejaban oir muy
-No: le dijo, no quiP.ro, no quiero!
.
cerca, Lilot temblaba y
, -¿Es to Última palabra?
Penti I como si cada paso
-Si, dejamt1 en paz.
fuera un golpe sobre su
-Pues bien, a.dios replicó ella picada enlo más vivo. corazóu.
Ah! ¿no quiéres pelder una. rama? Pues ten cuidado!
¿Q·1é le pasaba? E,ta.no sea que las pierdas todas. Y,¡ te arrepentirás.
ba enfermo, se volvialo•
Lilot palideció con esta a.mena.za.
co, espiritus malig-nos
-¿Que quier.-s decir? preguntó
debían haber soplado
-Yo me entiendo, murmuró Totiria y atravesó et sf'bre su cerebro y Je
arroyuelo leva.utándose el ve1:1tido y dt'j&amp;ndo ver unas trastornaron todas PllS
piernas bla.nca11 ya. bien desarrolla1las que se espe- ideas como una ráfajaban en el a.gua murmuradora.
ga de aire revuelve las
11
Ya te arrepentirás" parecían decir esos murmullos hojas de la encina,
"ya te arrepentirás"
A veces, por la noche,
Lilot temblaba de· cólera.
se quedaba con-¿i:,msa·á a.caso matar mi árbol? se preguntaba, Lilot
templando horas enteras
Ah ¡miserable.... !
Y sentia. impulsos de cojer á la. chica por las orejas un hilito de luz amarilla
y tratarla como se merecía 1Qué abominación! Iba en que le lleg-aba al través
de los árboles, desde la.
el acto á dar aviso á la gendarmeria ..... .
de Totina v
Pero Lilot se detuvo, .tpenas habla ar.dado algunos habitación
no era. por defender su
pasos.
higuera por lo que así se
¿Y si los gendarmes no lo creían?
Son gentes ignorantes que vienen de palses Jrjauos desvelaba. oh! no, haen que no se s_abe nada dt: eetas cosas y se burlarían bria. por el contrario side él, Era meJor no ocurnr á ellos y sobrevigilar á do m11y feliz si hubiera
venido la joven á derriTotina.. Eso sil
A partir de este momento Lllot venia varias veces bar alg•mas ramas. porcada ~1" á vi~itar ta higuera armado de un solido ga- que en suma eso no harrote: mspecc10naba el árb.ol minuciosamente, contaba bría. perjudicado á su
las ramas con los dedos, y reconocia particularmei..te arbol gran coda ttenia
la que daba sobre el cimelo vecino. Algunas veces tant1ts rama.si y hasta
haeta revolvla la tierra al rededor del tronco para exa- puede ser que quttándolevarias hubiera que·
minar J,¡s raic es.
De vez en cuando al hacer estas inspecciones veia dado más bonita.
-Ah! si me atreviera,
á_Totina_ ?el otro la.do d~t lagunato, burlesca y con
OJOS ma.hc10sos que parec1an decirle "ya te arrepenti- p msaba Lilot rascándorás" y este aire agresivo de la muchacha. le ponla Ja se la oreja, si me atreviera á cortarlas yo miscarne de gallina.
-Tiene en la cabecita. algon mal proyecto, se decia mo para hacer las paces
él y hasta creyó necesario empezará vigilar por ,a.a con Totina, y merecer
nuevo aquellas sonnoches, lo cual le ocasionó un catarro abundante· y de
com~ no se al_iviaba se alarmó. Seguramente el árbol risas de ·o tros tiempos .
sufr1a, le hab1&amp;n hecho algo ......y ápesar de pacien- que hadan 811 can-ap-etitosa como una tajada
tes investigaciones nada pudo descubrir
-Ah! la maldita! ... . murmuraba mostrando et puño de pan con mantequilla.
Una noche Litot descerra.do en dirección á la. caRa. de las tejedoras
De noche. desperta\i11 sobresaltndo creyendo oir pertó sobresaltado. ¿Qué
hachazos y como dormía mal com .. nzó á enflaquecer, ola? ;Hachazos? Sil v
venlan del laguna.to, Le
y su padre le preguntaba inquieto:
estaban derribando · su
higuera!

Domingo 21 de Agosto de 1889.

Domingo 21 de Agosto de 1898.

Se levantó, se vistió, tomo su garrote y salió en tan•
to que los g-olpes se oian aún. P ..recian vacilantes, ti·
roídos, casi vergonzosos.
Lilot marchó con rapidez y sin ruido bajo los ár•
boles á la claridad dudosa de la luna creciente que
bogaba en el horizonte como un barco lejano.
Si, era su higuera la que ee cortaba y Lilot distlnguia ya la silueta de una mujer en el extremo tle una
escala, una mujer cuyo brazo se levantaba y se abatía sobre la. rama principal del árbol, la. que era perjudicial al ciruelo de las Cazerotte.
Es Totina! excl.. mó palidec.endo de alegria y perdonándole desde el fondo del corazón. Habria. querido correr á darle las gracias pero le temblaban las
piernas y vacilante, deslumbrado, cohibido, como si
marchara en una nube, se aproximó ála joven que no
le babia visto venir y continuaba cortando pronto,
pronto como si tuviera miedo de ser sorprendida. Lilot se acercó aún conmovido y dijo en voz dulce.
-Buenas noches, Totina
Ella le respondió con un grito. un agudo grito de eepaoto que dePpertó los ecos de la. aldea!
-Socorro! socorro! al asesino! clamaba la joven con
terror
Y como quisiera bajar con demasiada rapidez, cayó de la escalera.
Lilot también gritó al verla caer.
-Dios mio! ¿~e ha hecho usted daño? dijo precipitándose á su lado.
- Socorro! al asesino! seguia gritando Totina que
crrla llegada su última hora.
lnetintívamtnte quiso levantarse y huir, pero le faltaron tas fuerzas cenó ,os ojos y se desmayó. Litot
temblaba.
-Totina. decii,. con voz sorda ¿no me &lt;&gt;yes? Perdóname¡ te aseguro que no iba. á hacerte daño¡ respónrteme-, Totina; no puede ser, no puede ser que te muer11s tac prouto!
Y se arrodilló llorando junto a.l cuerpo inmóvil de
Totina.
Pero de súbito fie levantó, la tomó en sus brazos ro•
bustos y la llevó á la aldea para que la curaran y pudiera volverá abrir sus lindos ojos negros como capulines y sonreil' con sus labios que olían &lt;i fresas. Y
al cont11cto de eHe amado cuerpecito, Lilot sentía
que se estaba fundiendo como !a nieve al calor del
sol.
-Totina. murmuraba ext1i.siado, apretándola contra su pecho y lut&gt;go, sin pensarlo, por movimiento
irresisti-ble se inclinó y poaó un.. lteso ardiente y prolongado en ms labios olientes á fresas.
Ella se estremeció, entreabrió los párpados y viendo al que la llevaba en sus brazos volvió á gritar:
-Socorro! socorro!
Y de un salto escapó, entró en su casa y cerró la
puerta con violencia..
Lilot no durmió en el resto de la noche¡ le apenaba
verse odiado de Totlna.. Tempranito se levantó y fué
á la. casa. de las tejedoras.
-¿Cómo sigue Totina? preguntó con voz tlmida á
la viPja que salió á abrirle
-Muy mal, le contestaron. Ya verás lo que resulta
de haberla hecho caer de lo alto de una esca.la.
Y le cerraron la puerta en las narices.
Al medio dia volvió á preguntar y le dieron la misma respueFtil.
Luego vió entrar al médico y se alarmó más toda vía.

-¿Estaba realmente grave Totina? ¿qué iba á ser

-de ella con un árbol tan raquítico c.&gt;mo el suyo?

Corrió á ver el ciruelo y lo encontró en un estado
-dep~ora.ble. El tronc~ se torcia como el espinazo de
11n Jorobado para hmr de la higuera. que Je oprimla y
_ya sus ramas estaban muertas. Esta higuera esparcía
Ja. muerte en torno suyo con sus ralees glotonas que
-chupa_ban todo el jugo de la tierra. ¡Qué ogro! No habría s1_dq bastan~e cortar l1&lt;. rama. principal para que
se reviviera el ciruelo. ¡Pobre Totina!
,Y los ojos de Lilot se humedecieron, creyó sentir
aun en sus brazos el cuerpecito de la niña ese cuer.po que pronto se iba á enf.iar.
'
-Oh! 110. dij•&gt;, no. Y un pensamiento dulce irradió
de su fr,mte obscura: el ciruelo vivirá y ella también.
Yo sé cómo.
Por la tarde fué á ver a.1 Cura, se confesó largamente en la iglesia invadida por las sombras crepu!I•
cu1ares, y a.si que sintió su alma bien pura, regresó
-A su casa. Asi que todos se durmieron, tomó un hacha
y se dirigió á la higuera bajo 'a luz mortecina de la
luna, un poco menos pálitia. que la noche anterior.
¡L1Jot levantó el hacha y la dPjó caer sobre su ar-0ol! _Si, lo cortaba. por9ue en su opinión era. el único
medio de salvará Totma. Y cortaba. sin pena esta higuera querida, Pernbra.da por su padre y de la que
dependia. su propia existencia
Para que no le faltaran las fuerzas pensaba en Toitlna. y cortaba, cortaba haciendo retumbar los ecos
-en el silencio de la noche.
Y cuando el árbol vacilando crujía ya, Lilot o:, ó
_pasos, len~os, breves, que parecían pesar apP.nas so-bre las hoJas secas. Se volvió y distinguió á 'Potina.
-¿Eres tú? preguntó tembl1rndo de piés á cabeza.
-Oh! Lilot, dijo ella junt1mdo las manos en señal
-dt- aflicción, ¿qué haces, qué haces?
-Ya lo ves, cc-rto mi á.rbol.
-¿Para. qué?
-Para. que prospere el tuyo, para que vivas largo
'tiempo y seas feliz porque te amo.
-Oh! Lilot, ¿qué dices, me amas deveras?
-Si.
-¿Y por mi cortas tu árbol, porque me• creiaa enferma? Pues no lo e11taba. Era por asustarte. Pero me
amas y esto me regocija. ¿Por qué no lo babias
-dicho?
-Porque no me a.trevia. Te has puesto tan linda . . .
.¿Y tú, me quieres un poqúito?
-Que si te quiero! Toma, toma y mira si te quiero.

151

EL MUNDO.

Y le besó repetidas veces en los ojos, con su11 labios olientes á fresas. MiehtraP, el alma de Lilot temblaba toda. ¡Qué sabrosos eran los besos de Totina!
Suspiró y creyó morir du1cemente junto á su hermana la higuera que acababa de abatir.

-Puesto que me amas, Lilot, dijo ella con voz que
parecía. venir de muy lejos, pídeme en matrimonio y
nos casaremos para la. pascua.
Los ojos de Lilot se abrieron, se fijaron en la joven
y sti llenaron de lágrimas
-¡Casarme! bien lo hubiera querido, pero ya no
puedo.
-¿Por qué?
-Porque voy á morir.
-¿A cau11a. de la higuera?
-1:,i, mira, ya está al Cl\er.
-Oh! Es verdad, dijo Totina palideciendo ¿qué has
hecho, de.agraciado?
Y retrocedió de un salto. Sin un soplo de viento, ta
higuera se inclinaba y se ohm crugir sus últimas fi.
bras; luego con un gran estruendo se a.batió, revolviendo con SUR pesadas rama! hasta el fondo del agua
Totina lanzó un grito y coutempló á Lilot que temblaba.
-Ahora., dijo con débil voz, soy yo el que moriré,
pero uo tengo miedo, Totina., esta tard"I me confesé y
recibi la absolución.
Entonces, pensando que ya no iba. á vivir más, se
ttindió o.,n la yerba y cerró los ojos.
-Y deveras vas á morir? Socorro, socorro! gritó la
joven aterrada, y corrió hacia la casa de Biremus,
golpeando la puerta con todas sus fuerzas.
-Despertad, gritó: vuestro liijo se muere.
E! pad~e de Lilot y toda la familia. se levantaron al
momtmto y corriendo al lado de la h;guera a.batida
levantaron al joven y lo trajeron á su lecho.
'
Al dla. siguiente 1espiraba aún.
-Dios mio! qué hambre tengo! gritó á las diez.
Al medio día querieudo medir sus fuerzas, observó
que podia levantar con los dientes la mesa de seis cubiertos.
-Vaya, va.ya. se dijo, puede que el viejo maestro
de escuela tenga razón.
Y sus antiguas creencias sobre el poder de los árboles, dieron una. voltereta.
A los seis meses, como segula viviendo apesar de
t~da.s las preocupacione_s, fué á pedir la mano de Totlna, que por su parte, viendo que el ciruelo 11e obstinaba en no dar fruto, lo habla mandado también dercibar.....
-¡Qué lástima! las virtudes maravillosas de lo~ árboles, se van!
JEAN

R.Al!EAU,

EL ·AB-I SMO.

l

Ella puso á un lado el periódico que habla estado
leyendo. El sin notarlo, continuó absorto ea la 1ec1ura de su libro.
Afuera bramaba el viento del invierno y eacudia.
impetuoso las ventanas, mientras que en el interior
el fuego de la chimenea calentaba el aposento, ilumir ando el suelo con un color rojizo. La lámpara dibu,jaba un circulo de suave luz sobre la mesa, en torno
de la cual obscuras butacas Pxtendiansusbrazosconvidando al reposo. En el rincón, el pendiente reloj
,ha.cía oir su a.compad&amp;do tic- tac. El silencio era. tan
profundo, que podian contarse las oscilaciones del
i)éndulo.
Sintióse de pronto el redob'ar d.el viento. El viejo
cancionero clamaba, grit11b11, gemia en el cañón de
la chimenea. La joven escuchaba con at!'nción. No de
·otro modo deb·ó sopla:r el viento durante la noche en
.la cual sucumbieron los dos p1 otagonistas de la historia. que acababa de leer. Era. una de tantas crónicas
-como de ordinario aparecen en los diarios. Se las
lee, en lo general, con indiferencia, algunas veces
con cierto interés Dos personas llevadas á la desesperación por la miseria, escapan de la vida por el ~amino dtil suicidio. A! día siguiente la Gaceta alude á
la autopsia. de los cadáveres, á rn entierro; y el epi:sodio ha cor.cluido asi. En seguida viene el olvido.
Pero la mujer que ahora junta. sus manos y fija.
.ávidamente sus miradas sobre el periódico, parece
singularmente conmovid:i.. No le es dable aparta.1 su
pensamiento de aquel breve relato. Su meditación silenciosa levanta en alto sus luces, para iluminar el
eua.dro en todos sus aspectos Se trata de una pareja
que se ha suicidado dándose la. muerte por medio de
la asfixia. No eran jQvenes, y los años habían recrudecido los males de la miseria¡ pero ésta, aunque cruel,
no babia sido bastante'á separarlos. $e hablan sustr8ido al dolor por el suicidio. Y sin embargo, la mujer habria podi1o aún asirse á la ribera, y tal vez
salvarse. Tenia amigos y parientes que pudieron
ofreeerle un asilo. Su marido, por otra parte se babia hecho en cierto modo culpable por la mala. dirección de sus negocios. ELio no obstante. la mujer no
quiso abandonar á su marido: sin quejas, y a.un con
buena voluntad, prefirió acompañarlo también en la
muerte. Se 1tbraza1 on para hundirse en la sombra de
la tumba. como años atrás, jóvenes y felices, se hablan abrazado bajo la bendición del sacerdote para
marchar al tálamo cubierto de rosas Juntos hablan
f\Dtra.do en el pais de lo desconoC'ido, donde jamás
debían separarse. La tempestad que afuera bramaba
amenaza.dora, ya no podiP. nadll contra. ellos. Se poseian el una al otro para siempre, y hablan triunfado
de los dolores de la vida con el sentimiento de una
inquebrantable fidelidad.
La joven que acaba. de leer esta historia, toma et
papel que la relat!l, y lo estruja C&lt;'n crispada mano.

Dolor punzante hiere su corazón, y está á punto de
estallar en lágrimas . .Pobre y desnudo debió ser el
cuarto donde se consumó el drama. Tiempo hacia que
su modesto mobiliario estaba en el Monte de Piedad.
En la. edtufa bri.la la siniestra brasa cuyos gases han
de traer la inviaible y silenciosa muerte. Pero la mujer se siente segura en los brazos de su esposo; ahora.
y para. siempre se pertenecen el uno al otro. "¡Cuán
he!'moso debe ser esto'." se dice mentalmente la joven; un suspiro se escapa de ~u pecho. "¡Oh:11 continúa, "¡quién pudiera t1strechar entre sus brazos un
corazón fiel1 11 Mira á su marido, que está sentado· al
frente, pero no le extiende los brazos. Hace largo
tiempo que viven de eote modo. Ella contempla aquel
b'el!o y va.r~nil semblante quo tiene grabado en el
fondo de su alma., conoce todas sus diversas expresiones y hasta eab!' cuál será su movimiento a.l voltear la hoja del libro que está leyendo Se hallan tan
cercanog el uno del otro. que sus vestidos se rozan; y
sin embargo ella. no le extiende los brazos. Están juntos, y, no obsta.11te, ·m11dia entre ellos una incomensurable distancia. Mira.lo fijamente, ca,i sin conciencia¡
él levanta por casualidad sus ojos del libro cuya :ectura lo absorbe; las mira.das se cruzan, ambas frias,
indiferentes, v frias é indeferentes también se apartan en seguida. Tan juntos están y al mismo tiempo
tan distantes.
Con horror, con estremecimiento contempla la joven el abi¿mo que h1ty entre ellos y que acaso los sepa.re eternamente. Viven juntos, pero sin cambiar una
palabra cordial y de confianza. Mútuamente se miran
mdolentes y frios, y en ocasiones esquivan mirarse.
Son extraños entre si, y cada uno lleva una máscara.
rígida, impenetrable. Media entre el!os alg-o invisiblque nadie sospecha, que ellos mismos jamát1 mencionan, aunqu., lo conocen bien; el abismo, el ancho tenebroso abismo.
A -veces llegan amigos: se conversa., se ríe, se toca.
y se canta. Los extraños creen que estos dos anean•
tados ee pertenecen; ellos conversan también, ríen y
hasta se miran con afabilidad. Pero saben muy bien
que es pura comedia. Cuando qued.a.n solos el abismo·
reaparece Lentamente se enfrian se entumecen y se
asus,an de esta soledad á cuatro manos como antes.
Hace a)gunas semanas les vino una buena noticia.
El ma1ido obtuvo un empleo honroso q11e trajo á la
casa un modesto bienestar. La suegra fué la primera
en participarla. 11Alegra.os, hijos mios!" les dijo. De
todas partes vinieron felicitaciones, se alquiló una
casa más cómoda. &amp;e compraron muebles más confortables y ocu:rieron otras cosas semejantes. Estas gratas sensaciones volvieron á serles comunes, y por un
momento comprendieron de nuevo que se poseían
mútuamente. La vida tornó á parecerles dulce y más
bella bajo una nueva luz. Rabia tanto que consultar•
se entre si! Se sorprendlan con miradas afables, soli-

cita.e, cariñosas. Parecía que una corriente invisib
los unia de nuevo el uno a.l otro como ruente mista
rioso donde, á la luz de lvs astros de amor, dos a
mas que se comprenden cantan á duo la más bell·
canción de la vida. El abismo se hacia. pues más pe
queño y podia salvarse de un solo paso.
'
Bajo estos auspicios se instalaron en la. nueva habitación, pero á poco andar. los brillantes dias palirlecieron y las cos1ts recobraron eu anterior aspecto.
Cada uno de los dos creia. que era. el otro quien debia
dar el primer p~so. :":aperaban '!-l~tuam~nte, _pero en
vano. ¿Era ob ➔t1Dac10 1, pusila.mmidad, mdec1sa lucha
interior? En medio de sus nuevas habitaciones de sus
recien amueblados cuartos, a.nubláb1tnse de' nuevo
sus semblant"'s, recaían en laindefer1::ncia. el antiguo
abismo se agrandaba: perdieron el va or, la esperanza, el renaciente calor de la. mañana. La tarde los en•
coi:itraba otra vez fríos entumecidas sus almas. El
abismo bostez-i.ba entre tillos como anteR.
Asi tramcurrieron algunas serna.nas. En ocasiones
esta fria calma era interrumpida por él con una palabra en la que se sentia la cólera: olla lo dejaba ir casi sin advertirlo, de todos modos sin conmc.ver~e y
dando por cierto que lo que le pasaba entonces debla
repetirse indefinidamentr. ¿Era e~to verdad? ¿La escena no debía cambiar? ¿Habla sido siempre asi?
Reflexionó: no; el paRado había sido muy diferente
En otro tiemp? reclinaba la cabeza en el amante pecho de su marido. La. voz que ahora le replica con
dureza se suavizaba singularmeute a, sonar la suya
Sus miradas se confuodian Pn mutuas promesas: n¿
sólo edtaban juntos sino que estaban también unidos
¡Qué lejano le pa,·eció aquel tiempo. vago y encanta~
dor como un sueño! Apenas podía darse cuenta de la
realidau de aquellos días. ¿Cómo se habla operado este cambio?
En el verano ligeras nubeR oscurecen el sol se disipan, rea.parecen, y de pronto uegra v dens~ nube
cuaja la tempestad sin que pneda explicarse Ja. rapidez de esta transform,.ción. Ellos también, en el cielo de su vida, hablan visto deslizarse pardas nubecillas disipadas bien pronto para condensarse después
El era inclinado á la ira y dl'jaba escapar con faci:
lidad palabra.e duras, agresivas, amargas. Ella. no lo
notó ni en el noviazgo, ni en la luna de miel porque
él se contenía. cuidadosamente; ahora cedia facilment6 á sus impulsos, y en pocas ocasionP.s bastaba la
más ligera contradicción, el más leve contratiempo
para estallar en cólera y prorrumpir en palabras
ofensivae. Ella se lastimaba profundamente, no olvidaba. ni podia perdona.e. Se r11pleg-aha. sobre si misma, se hacia más intima, cas: impenetrable. silenciosa en su exterior, menos amante y tierna. El la. ob•
servabaconrencoryencono,porquenosabfa.perdonar
una palabra proferida de ligero. Gradualmente se
iba. levantando entre el1os algo como una mampara

�152

Domingo 21 de Agosto de 1898

EL MUNDO

''CE QUE JE VEtl'X"
[A Luis G. Urblna.]

No los versos seucillos de Anacreonte
rimados en laúd de filigrana;
ni los suAves acentos pastorlleR
del dulce y tielllo trov11dor de Mantua·
No las tistrofas pobres Je energía
'
que dan los tristes ritmos de las hupas
cuyas vibrantes cuerdas han so1Jado '
con la misma canción; la misma esenia·
~o los flébil~s tonos, las imáienes
'
mconE'xas, sm arte, que no nablan
cual siluetas de sueños, vaporosas '
oue e~ los profundos tenebrarios nasan ....
Yo quiero para mi la eterna estrofa
de cadencias homéricas, que cantan
guerreros trovador11s en la breg-a
y que el cincel en pórfidos ':'eincarnal
yo quiero ~ara m1·1a et11rna e~trofa
por Tólstoi y Verlaine, feliz. crfll\da,
de contornos robustos cual las formHs
del Hércules que en mármol se retrata!. ...
¡Dadme Vt'rso&amp; con vida, dó la sangre
se sienta circular en cada estancia
versos cuyRs imágenes desnudas '
muePtren la forma que el buril realza!
!Que el número sonoro, 110 el oido
repita el clamoreo de la batalla!. ...
versos que estén batidos en la forja
aonde el estro inmortal siempre se inflama.
No los cant11res pá idos, sin furrza,
que v!bran hoy para morir mañana;
dadme es~rofas dó el músculo se adune
A. la belleza ideal de la obra plástica!
¡Yo quiero para mi la eterna estrofa
que lleve sav•a ard,ente en las Pntrañae .. . .
versos de cuyas notas se desprenda
la risa ó f'I ilnfn,._ i'l''P t n'?'lln .olmq,!
0

DA.MAS DISTINGUIDAS.

Srita. Carlota Clayton
RESIDENTE EN MÉXICO

(Fot. Valleto)

En su Interior una voz triPte murmura la melancólica canelón de lo que fué. ¡Es tan triste el aislamiento, y tan bella y sonriente 'a comunidad del amor. ¿Y
esto ha de perpetuarse? Nó: seémos fuertes y_ olvidemos. Ulvidt'mos que este abismo ha surgido entre
nosotroP. Nos amábamos y ér11mos felices; lo que intervino fué una peeadilla! ¡Qué vuelva á ser todo co•
mo antes!
Pero i!UII labios, que debían murmurar estas cosa~,
permanPcen cerrados: ¿Por qué noPedesplegan para
decirlas? Ella misma no lo eabe. Vuelve á Puspirar
profundamente, pero él no oye ese suspiro. Hace ya
mucho t•empo que sus almas no go;;an de la dulce
fruición de semejantes citas.
El fuego lan~uidece en la chlmene11, el viento aletea con menos fuerza en las ventanas, y las calles de
la ciudad están silenciosas. El reloj anuncia la hora

¡Trovadore~ guerreros: la Epopeya,
desde la cumbre -ie Helicón, os llama!. ...
¡Templad la lira de oro, y que el espacio
pu11blen las notas de inmortal hosanal
México, Julio de 1898.
LUIS EMILIO LEPINJII.
SOMBRAS.

A mis padres.

Hay en el alma lívidas visiones
de ausentes seres, que espirando vimos,
al compás de profundas oraciones:
seres, ay! que queremos y quisimos.
Tienen rugosas r dolientes faces;
y vierten de sus OJOS empañados,
una cinta de luz, como esos haces
con que raya ei invierno los nublados.
Lividas, tristes, de la noche, hermana.
del sueño, en torno giran;
y á la primera luz de la m11ñana,
tan tristes cual llegaron, se retiran,
Pobres, pobres, que lloran cosas idas
que se refugian en la noche obscura;
y sus alas, sus alas desteñidas,
caen plegadas en su amplia vestidura.
Amo esas tristes sombra¡¡ desoladas,
y tal cariño siento para ellas,
9.ue en mi alma, y en mis sueños sus miradas,
tiemblan, como en las ondas agitadas
el salpique de luz de las estrellas.
México, 189d.
MIGUEL E. PEREYRA,

del sueño El se levanta y enciende una bujla cuya luz alumbra su rostro varonil, serioé inmóvil. Ella tiembla de susto y de congoja: parécele que él va á all'jarse para siempre. Su pensamiento íutimo, fijo y concentrado en él mientras estaban sentados, siente que se rompe como la malla de una red que
deja en el fcndo del Océano un tesore inapreciable.
Su corazón late con precipitación, como
un reloj que apresura locamente su movimiento. Si encerrado en su cuarto aquel ga11
mortlfero llegara á asfixiarlo, si se perdiera
de su vista hundiénd1.se en las sombras, si
trau11curridos algunos minutos funa ya demasiado tarde y l'I sueño se deevaneciera
para siempre ...... Y aun cuando nada de esto
ocurra y el mañana sea como el hoy, ¿vale la
pena de seguir viviendo asi?,¡Con qué horror
contempla ahora este género de vida! "¿Cómo be podido soportarlo?" se pregunta.
RePurge en su imaginación el matrimonio
suicida, el pobre y vacio cuarto •:uya miseria 1~ parece una opulencia comprada con
la mlderia de su bienestRr. Al lado de ella,
joven floreciente y rica, ¡cuán felices y verdaderamente ricos le parecen aquello!! desgraciados! La imagen de estos muertos no
la abandonará ya más y la acompañará siempre como hado amonestador atizando en su
alma el tantál'co deseo de un amor y una coufianza compartidas.
El toma su libro y se dirige á la puerta; ni
siquiera le dice ahora, precisamente ahora,
aquel frio saludo de "t,uenas noches" con
que hace tiempo acostumbra deFpedirse de
ella. Se va. Por un movimiento irresistible,
casi inconsciente, se apresura á erguirlo~
1ahora ó nunca! Pero ¿qué quiere? ¿qué va
á hacer? Ella misma lo ignora.
El oye sus pasos, el roce de sus vestidos,
· y mira atrás Su mi•ada asombrada é interrogativa encuentra la de la joven. Ella Pe
detiene algunos pasos delante de él. El abismo está entre los dos; no pueden salvarlo, ¡im
posible! Un frío mortal invade E.U cuerpo i~nora que lar lágrimas inundan su rostro. En
aquel instante él avanza un paso, uno sólo la.
bugia cae de sus manos, y la luz se extingue. Un sollozo eHalla en su pecho y depga.
rra su gargauta como fuerza incontenible y
podernsa que sale á la superficie.
Quién fué el primero eo. abrir les brazos?
Nadie lo sabe, ni lo dejaron ver las lágrima@;.
pero el abismo está colmado. Dos brazos la
han atraido dulcemente sobre un pecho bajo
el cual el corazón • eeucitado por el amor toca la diana de la nueva -;ida.
Afuera el silencio e11 absoluto Sobre las dens11s tinieblas brillan aquí y allá las luces de los faroles, yen lo alto, en un frag-mento dtil pálido ciel.. del invierno, grupos de estrellas miran como testi'!'O➔ eternamente indiferentes los pasajeros dolores v alegrías.
de aqui abajo.
"
FRANCISCA DE EASCUTHER.

"Los mejores circulos no son los mayores; sino los
más exactamente trazados; asimismo la mejor vida.
no es la má, larga; es la más rica en buenas acciones.
Waller.

Al partir.

¡POR UN MARIDO!
NOVELA. ORIGL~AL DE MA.RC DE CHA.NDPLAIX-ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.
Versión espaXola de "El Mundo Ilustrado"

Número 8.
Pues el famoso hilo blanco plateado puesto en
:zig-zag· en medio de la truma y del cual ningún
sabio había podido descubrir la utilidad. ¡Como
·si la naturaleza pudiera producir nada inútil! Es~te hilo por consiguiente es útil y de 11\ mayor utilidad, porque se emplea en los casos extremos,
en las circunstancias graves, para ligar y dejar
sin movimiento una presa cuya. magnitud apenas hace creíble que la arafta pueda contra semejante enormidad. Pues todo se logra con ese
hilo que pre1Serva la tela contra cualquier choque
demasiado violento. Es una especie de cable de
salvación, es el recurso supremo, es ....
El Doctor se detuvo de pronto y sonriendo y
1fijando en la joven su mirada apacible y bundadoss, le dijo:
-Pero estoy fastidiando 1\ usted, sen.orita, y
hasta me parece que se defiende usted contra mi
relato pensAndo en otras cosas mientras hablo.
:Excúseme ulted .... perdone mi manía ó más
propiamente dichú, mi monamanía.
-Al contrario; me ha sido
muy interesante saber por boca
•de usted que las arafl.as no son
tan tontas como yo creía.
-Siempre hay algo qne apren•
"·
•der de ellas, dijo Lerbon, porque
poseen en grado supremo una
-.irtud que conduce á todos los
•éxitos: la paciencia.
-AhlsuspiróNellycómicamente, dirigiendo á Juan una rápida
:mirada de inteligencia: he aquí
una virtud que yo no tendré ja-

-.

lJD.!\S,

-Por lo mismo no quiero abuf
- sar de usted y voy ... .
Para retener al Doctor bastó
que Nelly le pusiera brevemen;te su mano en un hombro, en tan'to que le decía.
l
·•.
~
-No es eso lo que quería decir
¡
! e,'
y c:nvidio las distracciones que
f
halla usted en el estudio. Lo que
.sucede es que esto . me recuerda
un suefl.o que tuve.
-¿Qué sueno? preguntó el Comandante interesándose en la
-conversación,
-¿Se acuerdan ustedesdemis
dos hadas, una que me auguraba
•que amaría yo sin ser ~orrespondida .... ?
.
-Y otra que ofrecía el estudio
• como remedio contra las amar~t,. . . ..~
~~~~-.
,guras de amor, concluyó el Doc•
.{ ~f-;
tor. Pues las dos engaftaron á usY
✓--~
"./;.._.... ~n..J,
~,.,• ~\
· ted. El estudio es un anestésico
-que ....
-Preciosa frase, dijo de Chal1mont.
-Qne adormece de tiempo en tiempo pero que
1no cura. En cuanto á no ser amada .... eso es
•impoaible tratándose de usted.
-Eso no es más que una galantería, Doctor, y
·una galantería nada prueba. Puede uno estar
,segura de ser amada aun cuando .así se le asegure? Vamos .... usted que es un sabio profundo
.¿podría decirme-hablemos de un hombre y la
cuestión será más facil para usted-¿podría de·eirme que es lo que puede dar á un hombre la
-convicción de que es amado, sinceramente amado, sin que quede iugar á duda?
El buen Doctor sonreía frotándose las manos.
-Tenemos trazas de convertirnos en tribunal
-de amor-dijo-debemos sentarnos y mientras
que mi arana acaba de comer voy á intentar responder aunque no soy perito en la materia; pero
acaso valiéndome de las luces del Comandante.....
-A fé mía, dijo éste, uno está seguro, absolutamente seguro de ser amado, cuando cree serlo.
-Eso, exclamó Lerbon, esol Clemencia Isaurl\
misma no habría contestado mejo1·. El amor es
ona religión y necesita apoyarse en la fé; El ere-

!

~

:;,

Es hora de partir; al fin me alPjo;
Quizá no VUE)lvaya, tú lo has q11erido.
Sólo recuerdos de mi amor te dPjo,
Que morirán mañana en el olvido.
No lo extrañes, mujer, esa eR la vida;
Soñar, ebrios de amor y de contl'nto,
Y ver nuestra ilmión ctesvanrcida
Cual nube blanca que disipa el viento.
Pasaron ya los venturos,,s días
En que al primer albor de la m11ñana,
Temblando de placf'r me sonr,1las
Tras el limpio cristal de tu ventana.
Las tardes silenciosas en qu,i hablabas
De azules lirios y botones roj"s,
Y una historia de amores me contabas
Con las pupilas 11egras de tus ojos.
Las horas, en que humilde. penitrr cia.
Te obligabas á hacer en el santuario,
Revisando callada tu conciencia
Al repasar las cuentas del rosario.
Las noches mageFtuosas en que bufa
De cualquiera mirada inoportuua,
Y bajo de las frondas, me esconoia
Del imprudente beso de la luna.
Las veladas sencillas de mi estancia, ·
Do sumergido en gratas reflexiones,
Jamás penseque es dardo la in&lt; onstancia,
Que hiere sin piedad les corazo1Jes.
Todo pasó, como el placer, volando;
Porque es la vida, vegetar creyrndo
En mil sueños de amor; dormir eoñax:do,
Y de~pertar, para vivir sufriendo.
HERIBE.RTO AGCIRRE Y Fil!IRRO.

153

EL MUNDO

llomtnJl'O 21 ile Agosto de 1898

invisible La palabra no partla de su11 labios
con la espontánea cordialtdadde otroatiempos; cada uno ae ellos hacia sus reservas las
acariciaba, y por decirlo asl, las rumiabR¡ cada uno pesaba las culpas del otro y la,i propias. y liallaba su platillo el más liviano.
Solirevino al fin una hora fatal. El habla
llegado áfü casa contrariado por algún des
arreglo en sus negocios. Ella sabia que en
semejante estado de ánimo bastaba una mera palabra para colmar su irrlación; pero
quiso la casualidad que se traspapelase un
documento importante que él necesitaba con
urgencia: la joven no acertó á encontr&gt;&lt;rlo
y fué reprendida con dureza. Ella se irguió
esta vez y lo reconvino con amargura y desdén. Dos manos crispadas cayeron sobre sus
hombros y la sacudieron con violt1nci11. Ella
no se quejó, no profuió una palabra, drjó la
casa de su marido y se fué á refu~iar tm la
de sus padres de quienes, como hija única,
era adorada.
El esposo fué á solicitarla alli sin pérdida
&lt;!e tiempo, le pidió pt&gt;rdón y juntos se restituyeron á la casa. Ella no pudo h9cer otra
cosa en vista de sus súplicas, ainn á riesgo
de parecer obstinada y terca; pero no hab1a
podido perdonarlo sino á medlas. y una retonciliación efusiva, sincera, del corazón,
era por el momento imposible. A~i Jo comprendió él, advirtiendo que habla sido estérll el sacrificio de su humillación. Porque
cuando en la siguiente noc!J.e se sentaron el
uno frente al otro, las manos enlazadas, ella
sintió hien á pesar de la ternura que él le
manifestaba, que )1,s cosas no eran ya como
antes En apariencia todo eFtaba reparado.
pero en el fondo ambo¡¡ comprendian que
11u ternura no era ya genuina, y sin c.¡ue
desde entonces otra nube se hubiese interpuesto ent7tl ellos, el amor vacilaba en sus
pechos como la llama de una lámpara que
está á punto de consumir el aceite que la ali·
menta. Alli estabn el abismo, ensanchándose dia é. dia en medio de dos corazones des•
fallecientes y paralizados.
Hace mucho tiempo que esto sucede. En
aquel instante la joven parece contemplar el
abismo, se horroriza y se pregunta cómo ei:1
posible que las cosas continúen asl. ¡Se amaban tanto antes! y ahora? .... No tiene él t:.davia suficiente poder sobre su alma puesto que todavi a la fascina y encanta? El levanta lamirada, pero no para fijarse en ella;
ve la lámpara, redobla la actividad de su
luz y voltea otra hoja del libro en que lee.
¿Qué pasa en aquella alm11? ¿Comprende su
ai~lamiento? ¿Está conforme con él? ¿Está
aún contento? ¿Piensa que esto puede Y, SObre todo
debe cambiar? Ella nadaeabedc. todo esto: el inteno~
de aquella otra alma es tan impenetrable como p) de
la suya propia. Ambos á dos son enigmas dolorosos
que el orgullo hace indescifrables. que sólo el amor
podrá aclarar y resolver. Ella ll•·ga á comprender
has~a. con horror que los dos son extraños entre si. El
la dmge algu~as VPces ~n~mir!1dasombria. ¿Quésign_ifica esta. mirada~ ¿od10, ira, o queja y dolor? ¡Ah!
s1 ella pudiera arroJarse otra vez en sus brazos y con•
templarlo dichoso como en mejores diasl Al pensarlo
se estremece con delicia: muchas veces ha e,entido
este impulso, y el pensamiento ha pasado por su ah11a
como un hermoso sueño .Pero una vez al frente de
su marido, el abismo se abre de nuevo se siente paralizada, y 1011 brazos que quiere tend~rle permanecen i~ertes á lo largo de su cuerpo.

-9

---

vacilar, pero de improviso con una especie de
arrebato que no le era habitual, con gran sorpresa para sus amigos prosiguió:
.
-Excúseme usted, Comandante, y usted también, selloritaNelly, pero ¿quiéren que se los diga?
Se está.o burlando ustedes de mí. ¡Ay! Ustedes
creen que no soy capaz de adivinar más secretos
que los de lns araftas. . . . ¡Pues bien; el de la
Epeira era más obscuro que el de ustedes y aunque no sea yo un perito para leer en las almas,
ya lo he dicho, se necesitaría que fuese ciego
para no haberme apercibido de que se aman locamente ustedes dos y que se atormentan con luchas, dudas, esperanzas y vacilaciones, á menos
que no lo estén fingiendo los dos ...... Amense
pues, como todo el mundo, cá.sense y tengan muchos hijos y no me sigan haciendo decir tonterías!
El Comandante se puso en pié y con aspecto en•
tre enojado y risuetlo respondió:
-Doctor: desde que vivimos juntos he comenzado á conocer á usted mejor y á d.('.}recillr el ardor que se oculta bajo su frialdad aparente y sin embargo, el
tono de sus últimas palabras confieso que me deja sorprendidc, y
acaso.yo también adivino nlgo. .".•
Lerbon interrumpió:
-¿Qué quiere usted decir?
-Nada.
El Doctor insistió:
-Pero que quiere usted decir?
-Nada. Y para que de su parte sea usted igualmente franco
conmigo, le confesaré que (aunque secreto de dos no tenga solo
un duello) que, lo que usted ha
sospechado es verdad..... á lo
menos de mi parte, pues amo á.
Nelly.
-¡Que feo es hablara si, interrumpió Nelly.
-La amo profunda y sinceramente, como se ama á la edad
de usted Doctor, como se ama á.
mi edad cuando se siente que es
el último amor. Pero ella que es
) tan joven ¿no puede estar equivocada?
-¡Y todavía duda! dijo Nelly
melancólica y entristecida .... Y
&gt;
nudará. siempre, Fiempre ... .
¿Cómo probarle?
-Dentro de dos ó tres días.
aft;;.dió Juan, vamos á separar✓;¡,.. 4-&lt;"
nos, forzosamente, y no será po•
. ;~~-;;...✓
sible que volvamos á vernos si:"~
no después que entregue á mi
.,,,..
sucesor el mando del Colib1·í. La
ausencia nos iluminará.
El Doctor que había recobra•
cumplir en una imposibilidad física, leer á través do su calma habitual preguntó sonl'iendo:
-¿Por qué díce usted «nos iluminará&gt; si está.
de un cuerpo opaco una frase que no ha sido esseguro tle sí mismo?
crita.
-Quise decir: ''la ausencia hará luz" rectificó
-Bravo, dijo el Comandante, bravo, Doctor!
el Comandante.
A lo menos tiene usted la vocación.
Si el Doctor hubiera querido revelar el pensa•
-En mialegría de haber descubierto el secreto
de la Epeira, me sien o con vocación para todo;y miento que pasó por su cerebro en ese momento
por agradar á la seftorita he querido salir una y lo alumbró con claridad de esperanza, habría
vez siquiera del dominio científico en el cual el dicho: "Cuando se vacila así, cuando se prepara
amor se trata de un modo má.s simple, más prác- una puerta de salida, es que no hay resolución firme y debe uno andarse con cuidado porque un
tico y es fuerza reconocer que más justo.
-Es muy malo, Doctor, muy malo eso que está soplo, cualquier cosa puede cerrar esa puerta.....
usted diciendo. Y yo que escuchaba de tan bue• Conozco hombres de más edad que usted, los cuana fe . ... pero desgraciadamente los sacrificios les ..... .
Pero Lerbon no quise revelar su pensamiento
no están al alcance de todo el mundo y yo no poá nadie, ni aún á si mismo y Mlló mientras N elly
dría ¡ayl hacer ninguno.
-¡Quién sabe! Los sacrificios no son sino for- reflexionaba: "Sí: vacila, y apesar de sus juramas diversas que toma l1L c11ridad yno hay quien mentos se guarda algunas reservas; lejos de mi
carezca de ocasión para ejercer esta vil'tud aun- cavilará y la razón es fría de por si. ...
¿Cómo convencerlo de mi amor? ¿Cómo ligar•
que sea humildemente puesto que no siempre lo
lo? ..... .
más valioso es lo más meritorio.
Y no teniendo para callar los mismos m )tivos
Se detuvo un momento mientras que Juan y
Nelly sonreían: luego los contempló y pareció que el Doctor, replicó:
yente al comulgar, cr,ae firmemente que es á Dios
á quien recibe.
Y luego agregó con seriedad cómica.
- Y la mujer que ama se conoce por ciertas seftales que en algo se parecen á la locura: tiene
una idea fija, rechaza cualquiera otro sentimiento que no tenga por objetivo á. ilU dios; se abandona por completo á él y está por él pronta á. •odas las abnegaciones, á. todús los sacrificios, á toaos los martirios .... ¿Se espanta usted seftorita
Nelly? ¿No tiene asted vocación para el caso?
-No, dijo ella riendo. Lo que sucede es que
no comprende esas palabras rntumbantes. Amar
me parece muy sencillo, muy dulce; y eso que
usted llama sacrificios no pueden ser sino una
alegría si el fin es hace1· feliz al 1Sér amad().
- Pues tiene usted razón, replicó Lcrbon, puesto que el sacrificio cuando es útil es la prueba
cierta del amor, la seguridad de procurar á quien
se ama una gran sum1L de dicha terrestre, hacerle
realizar un iiuefto, penetrar en un pensamiento,

l

~~·~-

---

_;,jJ

�151

EL MUNDO

-¿No be sufrido ya la prueba de la ausencia? ¿No podríamos vernos antes de tan
lRrgo plazo? Si la ausencia es necesaria lo será por usted pero no para mí que con
ei;:te amor satibfago á la vez mi corazón, mi razon y mi orgullo en tanto que usted .... l oh! que no pueda yo con uno de esos sacrificios á que aludía el Doctor
probar á usted toda mi adbesiónl La ausencia que de nuevo va á separarno.s y por
tanto tiempo, será en verdad una prueba cruel pero yo la soportaré con valor sin
tener nada que temer de mis propios sentimientos aunque tenga que temer algo por
los de usted. Sin embargo, abrigo cierta confianza . .. . ¡Es tan comunicativo el amor!
Juan le tcmó las manos comü una muda demostración pero Nelly se desprendió
del dulce lazo, y mientras el Doctor la ob~ervaba con tanta curlosidai. como si examinara una Epeira, ella aiiadió con exaltación.
-Decididamente no quiero promesa alguna;las que me ha hecho usted se las de•
vuelvo, pues no quiero conservar mAs que mi esperanza. Sea lo que fue1 e el por ve•
nir ¿me comprende usted bien? sea lo que fuere recordaré á usted con et1::1n-1. gratitud por haber insistido en amará una joven como yo·, después de lo que le he refe•
rirl.o .. ...... .
El Doctor sorprendido; no pudo menos que pre&amp;'untar:
-¿Y qué puede usted, seilorita, haber referido que sea grave?
Nelly iba á responder acaso con franqueza y á rtvelar su nacimiento, por lo cual
de Chnlm0nt se apresuró á cortarle la palabra.
-Niflerías, dijo, intentando sonreir,niilerías, porque
la seilorita Nelly, como ya lo tengo dicho, no es más que
una chicuela y estoy admirado de que nuestra convers11ción esté tomaudo este tono de seriedad delante de
usted, querido amigo:
-No, yo no soy una chiquilla, declaró Nelly con energía, y sab1é probarlo oportunamente .... pero como
usted, ruego al Doctor no1 perdone por haberle hecho
presenciar esta eseena ....
-De famLi1t, concluyó Lerbon, de familia, porque
tengo mucho afecto al Comand:lnte y usted me inspira
una simpatía sincera por más que mi carácter sea poco
comunicativo.
Juan contestó:
- Gracias, Doctor, gracias, y fiado en esa amistad,
ocurro á ella para suplicar á usted no revele un secreto del cual ha descubier~o usted la mitad y que nosotros le hemos revelado por entero. El Mayor Stephenson no sabe nada todavía y es necesario que no coi;oz.
ca nuestros proyectos más
que cuando se los demos
nosotros mismos á conocer.
-Ah! dijo Lerbon. ¿No
le han dicho ustedes nada?
Y fija11do en N~lly una

Domiugo 21 de Agosto de 1898.

EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1898,

•

mirada profunda por encima de les anteojos que velaban
sus indagadoras y penetrantes pupilas, preguntó:
-¿Y está bien eso, seilorita? ¿Pues qué aguarda usted?
Nelly se ruborizó un poco, (lo que después de todo era
natural) y fué el Comandante quien por
ella dió la contestación:
-Esperamos mi regreso, diju, pu~s
Nelly lo ha q uertdo así.
Lerbon tuvo una idea que no expresó
en voz alta.
-Es curioso, pensaba para sí, es curio·
so cómo poco á poco etita joven me va
pareciendo muy d iferente de lo
que me pareció en un principio ...
Seré ahora m!\s clari vi den te ó estaré más ciego que entonces? ·
Y en voz alta agregó:
-Dt&gt;cididamente uo comprendo á ninguno de los dos, pero
ustedes se entienden y eso es Jo
que interesa; por mi parte doy
mi palabra de que á nadie diré
nada y pueden ustedes estar se-

~

•..

.,

.'.;\
.:t\
\o;. ..

·2

guros de que la cumpliré. La confesión que me han hecho lf s permitirá cuidarse de mi menos que antes y en esa confianza, me re
tiro; vov á ver á mi Epeira que tal vez tenga otros secretos á mi
disposición.
-Ya hny pruebas evidentes de que los secretos no lo son para
usted, Doctor, dijo Nelly con una sonrisa arrebatadora.
-Muy bien podría ser! contestó Lerbon levantando la cortina
que cubría la puerta de su cuarto, muy bien prodría ser...... .
Adios, sefiorita, hasta la vista, Comandante, voy á arreglarme un
poco el traje para bajar A l\Iayotta donde permaneceré basta cer•
ca de la hora del almuerzo.
Y dejando caer la cortina se metió á su huronera.
Entonces Nelly dando un beso al Comandantele dijo:
-Ya te probaré, ya te probaré que no sov unacbiquilla.
Iba él á pedir explicación de estas palabras pero Nelly se escapó de sus brazos y se fué corriendo al camarote de su padre.
-Adios, dijo con alegría venida dflimprovit,0 1 yo también, Comandante, le devuelvo á usted su preciosa libertad y .... ¿sabe
usted lo que debería hacer de ella? pues aprovecharla para irá la
casa del Gobernador. Entre tanto, daré á papá los buenos días y
me embeJ:eceré para esperar la vuelta de usted. Regrese pronto,
pronto ... Es tan agradable esta vida y nos va á durar tan poco ...
VII.

PRUDENCIA, ADIOS!
Despues de permanecer dos días en Mayotta el Colibri aprovechando las últimas luces de la tarde, franqueó los pasos sinuoso;;
de ]a salida y se Jirijió á Anjouan donde esperaba dar fondo á la
'
manana siguiente. Pasaría allí el día y por la tarde iría al fin á
"-':,.
auclar frente á Mohelia.--- ..
Es cierto que el Mayor y su hija no desemb·\rcarían apeMs lle·. · ·
" '.,::-:,· ·
gados y en plenas tinieblas en un país en que la noche llega con
·. _-,. ·
tantl\ rapidez y esperarían al otl'O día, pero este día ¡estaba tan cercano! y luego partiría esta. joven que llenaba el barco de alegría, de sonrisas de
amor .... El Colibrí tendría que permanecer tal vez una semana en Mohelia, donde el Sultán y el pueblo estaban en desacuerdo, pero Nelly no seguiría
á bordo sino en tierra, en las posesiones de Tomás Pool esquire y esto no era lo mismo. Juan no la vería al despertar como aquí, no se sentaría en la
mesa á su lado, ni la sentiría muy cer~aá cada instante, ni hllría con ella largos pascoF por el campo, entre las rocas agrestes á-la orilla del mar como lo
J,11 híR hPcho en Mayotta y en Nossi--Be ...... Por la noche, no tstaría ella en la puerta - &lt;IBl comedor pr-esentá.ndole los labios para recibil· el beso de
despedida.

/

�156

Con que íntima dulzura guardaría en su corazón y en su memoria ta n preciosos recuerdos si
los sucesos no hubieran venido á un punto en que
el remordimiento empezó á cumplir sumartirizadora labor.
Stephenson, un poco ébrio, como todas las noches, se acostó muy temprano, y el Doctor, despucs
de pasear un rato por d puente con el Comandante y Nelly, se fué á reun ir á sus arnfl.as. Entonces los dos amantes se sentaron en un banco
á proa de la embarcación. Del cielo claro y luciente se deslizaban como fuegos artificiales las
estrellas errantes, el mar presentaba á trechos
surcos fosforecentes; las luciérnagas venidas de
la costa parecían inmóviles en el aire: se habría
dicho que había faego en esa atmósfera que ningún soplo agitaba y sin embargo comparada con
el calor abrumador del día, ¡que fresca y grata se
sentía la noche!
Ningún rumor llegaba de la cercana costa; á
bordo no se oía más que el chlrrido de la rueda
manejada por el timonel, quien á intervalos regulares picaba la hora en la campana de bronce que
vibraba largamente.
Para reanudílr la conversacion interrumpida al
partir el Doctor, Juan soltó esta frase banal pero
que hace siempre estremec~1;se profundamente á
los corazones enamorados:
-¡Que hermosa noche, amada mía! .
Nelly no respondio: tembló toda, aproximó al
cuerpo de Ju11n, su cuerpecito envuelto en un lijero peinador blanco, tomó la mano del marino,
reclinó la frente en su hombro y cerró los ojos.
El no osába hablar, ni moverse para no interrumpir los ensueños de la joven y sonreía feliz,
al sentirla tan completamente suya enmedio de
esta soledad profunda y á la luz de las cintilantes
estrellas.
Aunque Nelly parecía también enteramente feliz, Juan creyó sorprender en sus ojos el brillo
de una lágrima, inclinó la cabeza para asegurarse y posó los labios en su megilla.
No se había equivocado; la joven lloraba dulce
y silenciosamente bajo una emoción profunda en
la embriaguez de su amor.
Más conmovido por estas lágrimas que si le húbiera dado un beso, preguntó tiernamente:
-Y por qué lloras tú?
Ella entonces como disgu3tada por haber sido
·sorprendida, se levantó bruscamente, enjugó sus
ojos y respondió en tono burlesco.
-Con que usted creyó que estaba yo llorando?
Pues no. Dormía, so:fiaba y era feliz. ¡Si usted supiera! Hizo usted mal en despertarme. Adios,
buenas noches, me voy á recoger.
Juan la siguió sin explicarse la situación y en
la puerta del camarote le dijo, tendiéndole lamano y con voz suplicante:
-Me perdona usted? Ha sido muy severa conmigo y me está castigando cruelmente. Por qué
se retira usted tan pronto? Estábamos tan bien
allá arriba! No piensa usted en el precio de las
pocas horas que nos quedan de estar juntos?
Por un largo espacio de tiempo, ellá le retuvo
la mano, apretándosela como para 110 dejarlo ir,
y no hablaba y temblaba y seguramente de un
modo inconsciente lo atrajo hácia ella en un movimiento nervioso como para hacerle franquear el
dintel de la puerta.
-Tiene usted razón, diJo luego, soy una tonta:
hay días en que no hace uno lo que quisiera. No
sé lo que tengo esta noche, estoy nerviosa, agitada, contrariada y enojosa, y tengo miedo. Es mejor que me quede yo sola. Déjeme usted, déjeme
usted Comandante, buenas noches, duerma bien,
si puede.
Juan presintió que el momento era grave y
trató de bromear, apesar de que se sentía con
fiebre.
-Decididamente, estamos reñídos? le dijo, no
me da usted esta noche el beso de despedida como lo hacen los ni:fios bion educados''
'
Ella a~ contr_ario, como un chico rebelde, dijo
con voz 1mpacie11te.
-¡Déjeme usted, no. ahora no, déjeme usted!
Y l1u•go a:fiadió amorosa:
-Y sin embargo, no estamos refl.idos, allá va
la prueba.
Y con las puntas de los dedos le envió un beso
volado. Luego alzando la cortina muy rápidamente, penetró al fin de un salto en su camarote.
Junn permaneció un momento inmóvil detrás
de esa tela leve que le separaba de su amada,
conservando el brazo en la misma actitud en que
quedó cuando también con un beso volado le devolvió el suyo, y después hizo intención de par-

EL MUNDO

tir, pero apenas dados algunos pasos, volvió sin
ruido y al través del tejido transparente vió á
Nelly sentada en una silla, apovando la frente en
sus m anos y llorando todavía. El tuvo impulsos
d e precipitarse y arrodillándose á sus piés, enjugar con besos aquellas lágrimas, pero en ese
momento Nelly se leva ntó, dirigiéndose hdcia esa
cortina, breve barrera que los separaba.
A pun ·o de levantarla vaciló como indecisa y
espantada.
Juan quería huir, pero la curiosidad le tenía
clavado en aquel sitio todavía.
¿Creería ella que Juan estaba allí? No era de
pensarse, pues le oy-ó irse y debió suponer que
entró en su cámara al lado de la de N elly y que
e3tarí!l. leyendo ó habría subido al puente sin resolverse aún á dormir. Juan veía, adivinaba los
combates de esta alma débil como la suya, y observaba que la pobre nilla tenía como miedo de
sí misma.
El Comandante se decidió al fin á partir; y de
puntillas para no hacer ruido, atravesó á tientas
el comedor obscuro, guiado no más por la lámpara que ardía en el camarote de Nelly y que
dejaba filtrar una tenue luz á travé3 de la cortina. Así buscaba su camino, para subir por la escalera á cubierta, bajo el cielo tranquilo, pero
tropezó con un mueble y se detuvo.
Nelly de un salto se asomó á la puerta y envolviendo su cuerpo en la cortina y asomando
no más la cabeza, preguntó con voz á la vez inquieta y amorosa:
-¿Quién anda por aquí? ¿Es usted, Juan?.
-Sí, Nelly. ¿Aún no se recoje ustedi'
-¿Donde va usted?
·-Al puente, solo, puesto que usted me h.a
abandonado ¡ingrata!
-Pues vamos.
Y volvieron al puente .l os dos.
Empezaba á amanecer cuando ambos, ebrios
de felicidad volvieron cada uno á su camarote.
A la hora del almuerzo, como si nada hubiera
sucedido tendió la mano Nelly á Juan sin ninguna conmoción aparente, y sin embargo, el corazón
le palpitaba con fuerza y apenas habló al principio: luei;o pensó que esta actitud tan poco común
en ella iba á venderla, pues el Doctor l,L observaba ya con ojos de sabio escudrilladores y empezó
á cilarlar con volubilidad no importa sobre que y
á reir con cualquier motivo.
El Doctor no la observaba menos atentamente
que cuando estaba silenciosa, y muy sorprendido
y ligeramente .inquieto se preguntaba si no estaría l'U amiguita con fiebre. Tal vez hasta adivinaba algo más. El buen Doctor tan taciturno cuando las arañas se le conservaban reservadas y
misteriosas, lo estaba ahora más aún y.conformándose con sonreír á las travesuras de Nelly, behió
á grandes sorbos su café y se retiró á su laboratorio pretex !ando la necesidad de escribir algunas cartas.
Stephenson habfa permanecido más tiempo con
su hija y -.:on el Comandant~, no porque la conversación le interesara gran cosa, pues casi ni
escuchaba lo que decían, sino porque como se había dado prisa con el primer vaso de cognac,
quería ser más parsimonioso con los siguientes.
l'ara este fin, se tendió en un sillón de paja, y cerrando á medias los ojos, gozaba de su ·placer
favorito hasta que se durmió,
Entonces Nelly que había estado hablando de
cosas que le eran absolutamente indiferentes, tomó á Juan,~ mano y se la estrechó conmovida;
Juan le dijo con el tono más natural que le fué
posible:
-Nelly, hoy no hemos ido á nuestro paseo de
costumbre ¿quiere usted que vayamos cuando
haga menos calor?
Nelly respondió en voz muy baja y escondiéndole los ojos.
-Y11 sabe usted bien que·yo quiero .... todo
lo que tu quieras, amor mío!
Luego, después de una vacilación aiiadió más
quedo todavía.
- Ya es mi deber ahora .... y un deber muy
agradable por cierto. No ves que soy ..... .
El le cerró los labios con un beso, más bien
que para acariciarla para impedirle que hablara
pero Nelly concluy ó.
·-No ves que so y ya tu mujer?
Al oír estas palabras Juan sintió una especie
de estremecimiento interior y dirigiendo una mirada al Mayor Stepilenson y observando que seguía durmiendo tranquilamente, posó por segunda vez sus labios sobre los labios de Nelly que

estaba ruborosa; pero cohibido por la presencia
del padre, pronto tomó una actitud natural.
-Oyeme N'elly, dijo en seg uida : en tierra hablaremos con más libertad, porque tenemos mucho que hablar y seriamente, amor mío. Anda á
dormir tu siesta habitual y te iré á buscar á tu
camarote esta tarde á las cuatro.
N elly se atrevió esta vez á fijar en él sus ojos,
y habría querido leer en ellos de antewano lo
que intenta ba decirle durante este paseo; y luego tranquilizada sin duda por el aspecto de Juan
contestó haciendo una reverencia, aquella gran
reverencia aprendida en el convento de Montreal:
-Obedezco, seiior, pues ya no tengo derecho
de hacer otra cosa. Hasta la vista!
Y enviándole con las puntas de los dedos un
beso volado, y . haciendo una mueca infantil y
graciosa que le era característica, entró en su
cuarto y después, sin ganai;i de dormir se sentó
en un sillón y se puso á soñar con los ojos abiertos.
Juan no quería ni permanecer en el comedor
ni ir al salón y refugiarse á su cámara que estab11. tan cerca de la de N elly .... . . Deseaba sustraerse á su influencia que le hacía débil y cobarde; y ahora, cuan:io ya no había remedio comenzaba á tener conciencia de sus actos, y una.
mezcla indifinible de alegrías, de temores y de
remordimientos le Henaba el corazón. Para poner
en orden este enjambre de ideas tumultuosas necesitaba reflexionar y encendiendo un cigarro se
puso á pasear pensativo por el puente á la. sJm•
bra de la toldilla.
Por unos instantes Nelly oyó los pasos de Juan
sobre su camarote y después comprendió que se
había pasado al otro extremo seguramente por
no despertarla. Aunque no podía ser vista por él
la joven sonrió y levantando la. cabeza le envió
un beso .... oh! en verdad que no tenía intenciones de dormir; era demasiado feliz y se sentía febricitante. Aún no sentia remordimientos y la
cortedad de p1·esentarse delante de la gente que
sintió al principio, había empezado á disiparse.
Tan frecuentemente pensaba en Juan, se sentía de tal modo e5posa suya que estaba regocijada y como orgullosa de habérsele sacrificado.
"No hay nadie tan pobre -habia dicho el Doctor-que no pueda consumar un sacrificio en un
momento dado y habría podido agregar: "los mejores pensamientos pueden motivar los peores ac•
tos según el corazón de cada persona,» Porque
Nelly se había apoderado de las palabras de Lerbon y con ellas se había narcotizado como hubiera podido hacerlo con un ramo de amapolas ó con
el perfume de la reina Binao, borrando así sus
escrúpulos de conciencia.
¡Qué feliz se sentía de haberle dado una gran
prueba de abnegación! Ella h&gt;tbia dudado, dudaba aún de que Juan le cumpliera sus promesas,
y de cons:guiente, ningún pensamiento calculista ó interesado normnba sus actos. Esto suponía.
Nelly creyéndose sincera. ¡Qué talento tenemos
todos para vestir y engalanar los espectros de
nuestras faltas, que nos espantarían de fijo si se
nos presentaran en su odiosa desnudez!
¿Pero qué llama era la que brillaba en los ojos
de la coqueta joven, por más que1o dudara, sino
la de la ambición? Si solo el amor la hubiera impulsado no estaría tan triunfante y feliz; lamentaciones y dolores se mezclarían á su alegría y
sus sonrisas se mojarían con lágrimas.
La satisfacción del bien alcanzado y el orgullo
de la victoria era Jo que le hacía olvidar al dolor
de laca1da. No: su mirada no era la mirada lánguida y pudorosa del amor vencido pasando al travé; de sus p1::stañas de oro, y no era la expresión
de la resignación lo que contraía sus labios; pero
pronto esa llamarada se habría extinguido en sus.
ojos y habría des a parecido esa triunfal sonrisa, si
hubiera Nelly podido observar las rebeliones que
se agitaban y a y rugían en aquel corazón que
ella juzgaba completamente subyugada.
Exactc., á su cita, Juan a cudió á las cuatro de
la tarde par/\ llevar á su amada al paseo prometido y se hicieron llevar con la lancha á una bahía pequeiia y desierta en la que había árboles
que bañaba n sus troncos en lils olas. Dije1·on al
patrón que les esperara allí y desembarcaron tomando luego el único sendero practicable que
había á través de los á rboles y que se dirigía á
una aldea que erguía á lo lejos sus casas pintadaa
de blanco.

(Oontinua1·á)

157

EL MUNDO

Domingo 21 de Agosto de 1&gt;198

Domtngc 21 de Ag oeto de 1~

PAGINAS DE LA MODA
•

FlG, 1-SC'MBRERO D UQUESA.

1a educación b~o su doble asDccto de utilidad y ornato.
Que es una necesidad imperiosa la completa educación femenina en loe tiempos por nosotros alcanza.·dos, es cosa que nadie ha pensado ponerlo en duda,
y que el orden y ta cto que esa educación exige. es
cosa principalisima de estudio para las madres prudentes y cariñosas, tenem"s ocasión de comprobarlo
infinitas veces en el variado transcurso de loe diae.
Ahora bien: tratados de educación se han escrito
muchos; todos son incompletos, dejan bastante q1,1é
desear y la mayorla de ellos sumergen en un cúmulo
-de dudas á la persona, madre ó deudo. que se ve en
el caso de arrostrar las graves responsabilidades anexas á la formación, por decirlo asi, moral de una joven, ¿Por qué? Muy sencillo; porque en modo alguno un mismo patrón puede ad31&gt;taree á la infinita vaTiedad de caracteres, poeicicnes é inteligencias que
forman el núcleo femenino Lo sano y lo lógico estriba pues en sentar reglas generales acertadas; los pormenores y detalles quedan á ladiscreción de cuantos

en una educación intervengan, y aún juzgo que pueden proporcionarlos mejor las circunstancias especiales que rodee11 á l&lt;1. educanda
Desde un prindpio importa englobar el tema bajo
sus dos esencialleimne únicos a~pecto•: la educación
de utilidad y la de ornato, no "acilando á renglón s~gui do en asegurar que por mil causas, la primera ha
de ser más importante que la segunda. Lo qu-3 tenga
positivamente de útil la educación de uua muJer, re•
dundará en provecho de ella misma y de cuaut11e
evolucionen en torno suyo, padres, hermanos. maridos, hijos; por lo tanto, y a que á los mencionados ex•
tienden su bienhechora influcencia, natural nos parece que lo que asi influye en el porvenir, tienda á
ser consider11do con todo esmero y diligencia Lo ú til
á la educación femPnina es cuanto se relaciona con
el hog-ar, el conocimiento exacto de los deberes, y
además lo que concierne al empleo del tiempo y á la
manera de ordenar loa at toe de la v1d11. Todos estod
elementos educativos utillsimoe, han de ser transmitidos á la mujer desde su infancia, presid'endo á. su
ordeuación un conocimiento del mundo y del alma,
cuanto más perfecto ¡;iea posible; por eso deseamos en
las madres, además de un gran caudal de amor, una

ilustración vasta, pero apropósito para ser transmitida dulcemente sin empalagosa«! disquisiciones.
Respecto á la parte de educación que ..:ondensa el
ornato felllenino, sin quP de él en absoluto deba carecer mujer alguna, bien podemos decir que es susceptible sin peligro de imp'&gt;rtantee redtricciones,
cu11ndo Ja posición social las hace necesarias. y de
amplitud infinita t11mbién en caso contrario Música,
idiomas, literatura, dibujo, pintura, nociones de arte
y laboree de fanta¡¡ia: he aqut lo que ~ntendemoe los
mode~nos por educación de ornat&lt;&gt; Pues bien; suele
suceder que abarcando tantas materias, la edad c.ducati va es corta. para posarlas aunque sea de un modo
imperfecto. ¿Cómo no ser aei si sólo lo mencionado
no basta una vida entera para asimilarlo? Queda,
pues, sentado, que la mujer recibe nociones más ó menos ciertas de mucho, pero no llega et posesionamiento del todo.
Y ahora nuestras lectoras nos permitirán que intro~uzcamoe á este est udio general una opinión particularlsima nuestra. Admitiendo la posibilidad de
que una familia pueda otorgar á una joven la educación brillante y envidiable, que no repara en sacrificios pecuniarios, lo más cuerdo seria consi derar para

�158

Domingo 21 de Agosto de 1898

Ji'.L MUNDO

que se reuna más, mejores aptitudes, bien sea la música, la pintura,
las letras, etc., y encausar por ese
sendero el plan de educación de ornato, pues de esta manera, ni se
pondria á prueba la p11ciencia ile la
educanda, impeliéndola á et1tudios
que no fueran de su agrado, ni se
tiraría inútilmente el dinero contrariando vocaciones y guetos.
La educación del adorno circunscrita á los elementos que permiten
brillar en sociedad resulta casi siempre deficiente, cuando no inútil; apt1·
naslamujer;asi educada se casa y
penetra-si es buena - de todo corazón y con todo el emusiasmo dt1
que es capaz, en los problemas arduos de la familia y del hogar, esas
doradas frivolidades á tanta costa
adquiridas, se desvanecen como el
humo; prueba evidente de que no
son necesarias. Lo útil, por agole·
mo prop· o, procura el individuo
conservar'o. Creedme, queridas lectoras miae, lo que queda en pié de
la edución de una muier, pobre
ó rica, para el caso es igual, siempre viene á ser la educación práctica, la que al hogar, á la familia y
al deber hace relación. A elh, á ese
capitulo importantlsimo de la dicha
humana, deben encausar las madres sus perseverantes esfoerzos,
toda la p?-evi•ora ternura de que
es eu11ceptible su amante corazón
y su clara inteligencia.
Aquellas madres que por vanidad, sólo en concepto de lujo e:, afanan porque en sus hijas se sobre·
ponga la educación de ornato á la
de utilidad, se hallan en un lamentable error, que no podrán ,:orregir á tiempo, pues form11.ndo la educación la ba1,e de nuestro carácter
y nuestras costumbres, una vez cona•
tituidJ el ser moral femenino, nadie
puede torcer los emprendidos rumbos, y el hogar donde domine la
mujer de educaciónimperfecta,será
la primera victima dti la imprevisión de una madr., vanidosa ó poco
experta.
Partamos seriamente siempre del
principio salvador, de que la mujer
ha nacido, en primer lugar. para hacer la felicidad de su marido: para
conseguir esto no son necesarios
los elementos de adorno. sino lo
práctico de la vida, amalgamado
con la pura moral y las nociones
de cuanto nos permite conocer el
mundo y los séree bajo su verdadero aspecto, porque asi, con escaso
esfuerzo, evitaremos desengaños y
peligros.
De una mujer educada bajo los
austeros principios del debe~ y de la
utilidad práctica, puede esperarse

Do mingo 21 de Agosto de 1898.

169

EL MUNDO.

Los enemigos de los tomates

,,

..
...c.

. -1?'-.
·"';;.~

..

\.

~~

t&lt;-;f.:;

~;~

\: ~

.-

-•~

\

.-...
'i."'
~~

""-....1,. - -.....

FIG, 2-TRAJE DE PASEO

t?do, de aqutlil3: que cifrara sus efimeros éxitos soc_1ale~ en _el conJunto de frivolidades que tantos parti~_arios tiene en la época moderna, nada ó casi nada.
f1Jémono~ en las ventajas que ofrece lo uno y en loe
mconvementes propios de lo otro, y considerando en
globo la educación femenina en toda la inmensa
traFcende!]~ia que entraña para el progreso delmun
do y la_ fehc1d~d del hogar, invitemos á las madres á
q_ue midan la importancia de la labor moral y material que les está encomendada. Un hábil jardinero Be
desv1ve_por lograr, aún bsjo climas contrarios, el
espléndido desarrollo de nna flor: flores son también
las. mujeres en la feliz adolescencia, y de ellas ha de
cu!dar la madre con amor y con constancia infinita,
á fm de que un dia pueda eentirse orgullosa de sus
desvelos. No importa que tRmbién en la atmósfera
poco sana del mundo, cueste arraigar lo noble¡ 10
~ueno: dentro de una sociedad perfecta, la virtu no
sobresaldrla por ser regla general. Formar mujeres
virtuosas y sólidamente ilustradas en las postrime•
rias de un shdo que t~nto tiende á renovación y mescolanza es la dulce y santa tarea que la sociedad encarga á las madres, tendiendo con podereso anhtilo al
mejoramiento dti las razas.
JOSJ.FA

Los tomates son una fruta que se
estima en todas partes por su buen
gusto y por la infinita variedad de
platos que se pueden confeccionarcon ellos. Su cultivo es, además,
bastante fácil, pero sin embargo de:
su vigor y resistencia las plantas
sufren de vez en cuando ciertas
enfermedades que las debilltan ó el
ataque de los insectos que las destrozan. Estas enfermadades y estos
insectos son el enemigo con quien
tiene que luchar el hortelano que
quiera !!&amp;car de los tomates el provecho que pueden dejarle. La más
frecuente de las enfermedades es e~
tizón, la c:ial se manifiesta en forma de una mancha negra en el punto de los tomates donde estaba la..
flor y que poco á poco se va exten diendo hasta que por fin cubre toda.
la superficie. Generalmente esta enfermedad ataca á los tomates más
temprano y á medida que la estación avanza va desapareciendo. La
causa de ella parece ser el abonoque se echa en la huerta sin haberse descompuesto por completo. El
remedio consiste en abonar exclusivamente con abono bien maduro,
al cual se añade un poc:&gt; de nitrato
de soda y cenizas de leña.
Otras veces, el mal ataca á los tallos de las plantas, cerca del suelo,
y entonces se marchitan, las hoja!!
se ponen amarillas y al cabo mueren. 'La causa y el remedio de esta. variedad del mal son los mismos
que dejamos indicados más arriba.
El gusano verde (Phegethontinus
celus) que ataca los tallos y las hojas procede de huevos que ha. dejado en ellos la hormosa estinge. Estos gu!!anos, siempre voraces, se deben coger uno por uno para mat11rlos tan luego como aparecen, Hay
también otros gusanos, de color
pardo amarillento y hasta de una
ó dos pulgadas de largo, que cor•
tan las plantas cerca del pié. Las
muiposas que ponen los huevos de
que éstos salen son nocturnas, abundan en el verano y cada una pone
de 200 á 500huevo.s Luego que corta la planta, los gusanos se ocultan
en el suelo cerca de ella. y escarbando tm poco se descubren para
matarlo!!.
El insecto de las patatas suele bacer también bastante daño á los·
tomates, pues ataca á los tallos para alimentarse de ellos. Si abundan
mucho, lo mejo.. es destruirlos rociando las plantas con una solución
de verde de Parla. lo mismo que se
hace con las patatas.
En tiempo húmedo ó de frecuentes lluvias, los tomates suelen rajar•
se mucho, especialmente los que
e~tán madurando y algunas especies más que otras.
Para este mal no hay otro remedioque _el de recogtr el fruto luego que
e~y1eza á madurar, antes que la
pie se rasgue por el exceso de agua.
que las plantas absorven.
Algnnos de los tomates muy bue,
nos que se quieran guardar para.
semilla, etc., se pueden proteger ta•

.~

..

,n,

FIG, 4-TRAJlll DE REOEPCIÓN Ó GARDEN PARTY
PIG. f&gt;-TOILETTJll

pándolos con una caja ó con una esiera, pero, naturalmente no siempre se
puede hacer con todas las l'lantas.

FIG, !-SOMBRERO DUQUESA,

Muy lindo sombrero de paja tabaco,
mostrando delante un elegante nudo
Luis XV, de cinta de terciopelo negro.
A la izquierda touffe de rosas the,
rosa pálido y rubia claro con follajes y
botones apretados en un nudo de blonda antigua que se drapea- detrás y sobre el costado derecho.

La prensa y el divorcio.
Los periódicos franceses se ocupan
de la reconciliación de la célebre ac•
triz Mad. Réjane y su esposo Monsieur
Porel, director de un teatro de Paria.
Mad. Réjane entabló demanda. de di•
vorcio, y varios de los más ilustres cronistas de la px:ensa parisiense publicaron largos articulos para. convencer á
la gran actriz de lo inconveniente de
su petición.
Emmanuel Arene y Edmond Lepelletier han hecho una brillante campaña para lograr la reconciliación de 1os
esp_osos.
Varios diarios de Paria dicen que
en vista deque son pocos los conyuges
que se reconcilian fºr los consejos de
los tribunales y de excelente resultado alcanzado por los cronistas, la prensa debe interponer sus buenos oficios
cerca de los matrimonios mal avenidos para evitar el divorcio.
Pues ya es tarea.

FIG. 2,-TRAJE DE PASEO,

Es de muselina á rayas diagonales,
con gran aplicación bordada en la falda y en el cuerpo, formando en este
último, un semi- bolero muy gracioso,
prendido por un elegante lazo y que
se arre sobre un p1astrón triangular
ligeramente chifoneado. Cinturón de
raso negro, ¡,rendido con una hebilla
fantasia.
FIG, 3-CUERPO ÚLTIMA NOVEDAD,

Es de sar~a lle seda crema, con
adornos de CJnta bordada alternados
con pliesés ligeros en bandas paralelas.
Una gran corbata fantasía, estilo papillón, figurada y tres órdenes de ¡ockeys constituyen los adornos prmci•
pales de la prenda.
Cinturón de satin crema también con
elegante lazo á la izquierda y grandes
volastes ornad~s de blonda, en el remate de las mangas.

nos engañan.

•**

El dinero es la última palabra del
mundo civilizado; un puñado de oro tiene más probabilidades de alcanzar lo
que se desea que un puñado de verdades.

FIG. 4-TRAJE DE RECEPCIÓN Ó
GARDJllN PARTY,

•*•

FIG, 7-ClllSTO PARA ESCRITORIO

PARA PASEO

Nuestro&amp; Grabados.

No hablemos mal de nuestros enemi-

P. Dlll COLLADO,

Un poco de tiza pulverizada y unas gotas de amoniaco quitan fácilmente las manchas que los sedimentos del agua dejan en Jo3 -lavamanos de mármol

- ~~'¡

gos, porque son loa únicos que jamás

UNA RECETA.

FIG, 3-CUE~PO ÚLTIMA NOVEDAD

.

Jamás serán tan elocuentes en la
tribuna los hombres politicos de todas
las naciones, como lv es la madre de
familia en su casa.

FI.G 8-TRAJES DE CASJ\,

Es todo de crespón y piel de seda, la
cual forma una faldeta de fantasiaesti•
lo colombina con puntas que en su in•
tersección th nen elegantes lazos pren-

�160
EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1889,

didos
de plata. Estos se repiten en el corpiño sobre las bandas de piel de eda que al
ternancon
conhebillas
el crespón
8
Elegantísimo
modelo
es
este
que
tiene
detalles
ñe
adorno
como
el
de
las
mangas,
de una suprema originalidad.

/?-T-,

~.7.;:,

.

&gt;•

_,,d,:' /

,;:~ .-t~- 0::.·

FIG.5,-TOILETTE PARA PASEO.

,,

Es un modAlo elegante de velo de parma, guarnecido de malinas y de pequeñas vueltas de satin
cielo.
Eetá compuesto de una falda con tablero, que proporciona el volante.
Este eetli coronado de uua blonda que asciende por
el corpiño de manera que simula un del,mtc&gt;ro abierto sobre un chaleco formado por una linea de botones.
El corpiño está hecho de una espalda tendida y de
delantero fruncido en el talle,
La parte superior del delantero se repliega para
formar dos vueltas que se recubren de satin incrustado de encaje.
Un pequeño empieza.miento de satln, forma una de
las aplicaciones más graciosas.

,

'Í.

:·/

i

L

MEXICO, AGOSTO

TOMO II

28

DE 1898

FIG 6-UN GRUPO DE MODELOS PARA ESTÍO,

Nanzuk, beng111ina, foulard y escocés de algodón:
he aqui los grandes compoaentes de los trajes que

F!G. 9 -FORRO DE SACHRIT,

forman el encantador grupo que ofrecemos. ·hoy á
nuestras lectoras.
Todos son de una factura tan sencilla c?mo ligera
y elegante y de colores medianamente vivos, tal cual
se estilan para trajes de esta estación.
Elijan nuestras lectoras, que hay de sobra dontle
elegí: en grupo tan harmonioso y lleno de novedad.
FIGURAS 7, 8 1 9 y 10,
Incluimos en este grupo una serie de labores para
damas, propias para los largos días del estlo, en el
que figuran verdaderos tours de coqu~teria y de gracia, y una colección de modelos para trajes de casa
de formas sencillas: delantales, un jacquet de dril, una
bata de escocé$ de algodón claro, una de sarga obscura y la espalda de la propia bata de escocé¡¡,
Hemos elegido los-modelos- más- en boga.

~ La educacion es un cepilJo que alisa los ángulo;;,
pero que no puede mejorar la madera
A HOUSAYE.

FIG, 6-UN GRUPO DB .MODEL• 8 PARA EL .ESTÍO

La incf'rtidumbre de la felfci-lad es más cruel que
la certidumbre de la desgracia.
Si todos nuestroR sueños se rei.lizaran, muv p10•1to
acaba.riamos de soñar.
•
No se duerme sin soñar sino cuando se. vive Ein esperanza.

Hay en la vida horas mortalmente tristf's en que ni
el amor puede darnos un recuerdo siquiera,
Todas nuestras alrgrias están hech-as d-e dolores
porque lo mejo,- que tienen es el deseo.
.
'
H.

ÜONSCIENS.lll,

En materia de moral, la moda es para el mundo el
más intolerante de los censores.
A.

FIG, 10- TAPICERIA PARA BILLAS,

SOR.lll.L,

Con el próximo número se
repartirá á los señores abonados de este periódico, la novela que como prin1a corresponde al mes de Agosto.

(2
~1'.

General

ek. (t arlos

Diez Gutiérrez,

Gobernador de San Luis Potosi.

+ el 21 de Agosto.

•

NUMERO 9

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93509">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93511">
              <text>1898</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93512">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93513">
              <text>8</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93514">
              <text>Agosto</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93515">
              <text>21</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93532">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93510">
                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 8, Agosto 21</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93516">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93517">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93518">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93519">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93520">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93521">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93522">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93523">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93524">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93525">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93526">
                <text>1898-08-21</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93527">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93528">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93529">
                <text>2017518</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93530">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93531">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93533">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93534">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93535">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="446">
        <name>Bismarck</name>
      </tag>
      <tag tagId="1014">
        <name>Damas distinguidas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1245">
        <name>Educación femenina</name>
      </tag>
      <tag tagId="1244">
        <name>El abismo</name>
      </tag>
      <tag tagId="1243">
        <name>La higuera de Lilot</name>
      </tag>
      <tag tagId="399">
        <name>Moda</name>
      </tag>
      <tag tagId="1208">
        <name>Por un marido</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3585" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2227">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3585/El_Mundo._1898._Tomo_2._No._9._Agosto_28..ocr.pdf</src>
        <authentication>9bad2ff15f7b0cc21cc6ddac0494d330</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117407">
                    <text>160
EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1889,

didos
de plata. Estos se repiten en el corpiño sobre las bandas de piel de eda que al
ternancon
conhebillas
el crespón
8
Elegantísimo
modelo
es
este
que
tiene
detalles
ñe
adorno
como
el
de
las
mangas,
de una suprema originalidad.

/?-T-,

~.7.;:,

.

&gt;•

_,,d,:' /

,;:~ .-t~- 0::.·

FIG.5,-TOILETTE PARA PASEO.

,,

Es un modAlo elegante de velo de parma, guarnecido de malinas y de pequeñas vueltas de satin
cielo.
Eetá compuesto de una falda con tablero, que proporciona el volante.
Este eetli coronado de uua blonda que asciende por
el corpiño de manera que simula un del,mtc&gt;ro abierto sobre un chaleco formado por una linea de botones.
El corpiño está hecho de una espalda tendida y de
delantero fruncido en el talle,
La parte superior del delantero se repliega para
formar dos vueltas que se recubren de satin incrustado de encaje.
Un pequeño empieza.miento de satln, forma una de
las aplicaciones más graciosas.

,

'Í.

:·/

i

L

MEXICO, AGOSTO

TOMO II

28

DE 1898

FIG 6-UN GRUPO DE MODELOS PARA ESTÍO,

Nanzuk, beng111ina, foulard y escocés de algodón:
he aqui los grandes compoaentes de los trajes que

F!G. 9 -FORRO DE SACHRIT,

forman el encantador grupo que ofrecemos. ·hoy á
nuestras lectoras.
Todos son de una factura tan sencilla c?mo ligera
y elegante y de colores medianamente vivos, tal cual
se estilan para trajes de esta estación.
Elijan nuestras lectoras, que hay de sobra dontle
elegí: en grupo tan harmonioso y lleno de novedad.
FIGURAS 7, 8 1 9 y 10,
Incluimos en este grupo una serie de labores para
damas, propias para los largos días del estlo, en el
que figuran verdaderos tours de coqu~teria y de gracia, y una colección de modelos para trajes de casa
de formas sencillas: delantales, un jacquet de dril, una
bata de escocé$ de algodón claro, una de sarga obscura y la espalda de la propia bata de escocé¡¡,
Hemos elegido los-modelos- más- en boga.

~ La educacion es un cepilJo que alisa los ángulo;;,
pero que no puede mejorar la madera
A HOUSAYE.

FIG, 6-UN GRUPO DB .MODEL• 8 PARA EL .ESTÍO

La incf'rtidumbre de la felfci-lad es más cruel que
la certidumbre de la desgracia.
Si todos nuestroR sueños se rei.lizaran, muv p10•1to
acaba.riamos de soñar.
•
No se duerme sin soñar sino cuando se. vive Ein esperanza.

Hay en la vida horas mortalmente tristf's en que ni
el amor puede darnos un recuerdo siquiera,
Todas nuestras alrgrias están hech-as d-e dolores
porque lo mejo,- que tienen es el deseo.
.
'
H.

ÜONSCIENS.lll,

En materia de moral, la moda es para el mundo el
más intolerante de los censores.
A.

FIG, 10- TAPICERIA PARA BILLAS,

SOR.lll.L,

Con el próximo número se
repartirá á los señores abonados de este periódico, la novela que como prin1a corresponde al mes de Agosto.

(2
~1'.

General

ek. (t arlos

Diez Gutiérrez,

Gobernador de San Luis Potosi.

+ el 21 de Agosto.

•

NUMERO 9

�EL MUNDO

162

LASEMANA.
Tt·istes nuevas nos ha comunicado el telégrafo
esta semana. U na existencia más, consagrada
al bien social, se ha extinguido.
Don Carlo, Diez Gutiérrez, jefe del Estado de
San Luis y eminente figura del partido liberal,
fué en la entid&gt;1d que go.b croaba fiel y afortunado
representante de los aubelos de reconstitución social y de adelanto.
Luchó como soldado, y como hombre de administración siguió la ruta abierta A los destinos de
la Nación por su Jefe Supremo; dió nuevos impulsos á las aspiraciones de la época. y cimentación á las conquistns de la paz y el trabajo.
La gratitud popular lué elocuente en sus demostraciones, impregnúndolas con suaves perfumes de amor y piedacl. Veinticinco mil dolientes
siguieron el cortejo que conducía el cada.verá su
cripta bizantina del Saucito, y la honda emoción
ele! pueblo atestigu&gt;1ba que no eran aquellas las
,,ompas fúnebres decretadas por el duelo oficial
en honor de un gobernante, sino el homenaje justo
y expon té.neo que se tributa á un ciudadano grande y benemérito.

~

ol~idar sus ocupaciones más urgentes para seguir_ A,_nn grupo, A donde quiera que este grupo
se dtr1Ja, para silbar, gritar y apedrear siempre
que ha.ya una ocasión propicia .. . .
Un _cente_nar de operarios resuelve suspender sus
trabaJos mientras se decide esta 6 la otra cuestión do salarios, y se encaminan A las oficinas de
la empresa para zanjar la diterencia.
Un economista objetaría al movimiento de los
h?elguistas que por mucha razón que tengan, más
pi_erden que ganan, abandonando sus tare~s1 pu1:1s
aun en el caso de que el arreglo sea satif:fdctorio,
sobre ellos cae el déficit del tiempo que no trab•¡an.
Pero la gente que encuentran al paso, piensa
de otro modo, ó mejor dicho, no piensa: siente la
necesidad del alhoroto, y abandonada al instinto
de motinero latente, ullá Vll 1 empujada por impulsos irrefrenables, inconscientes.
Silb11r1 gritar mueras ó vivll~, arrojar piedras ..
Y ese es el ciudadano de una autrusta democracia;,e! eterno revoltoio que, á te~er voz política,
pedma una Constitución que aboliera la policía ..

~

Todos los quo por falta de una iniciación suficie?te en los misterios del reporterismo, leen con
senedad las notas escaod11lo.sas de los diarios
creen á estas horas que la sociedad mexicana es:
tA de~quiciándose, y que las virtudes femeninas
m!\s excelsas, el pudor y la sumi:üón, no existen
y a ó desn parecen violentamente.
Ahoguemos el pesimismo y fllera temores: el
peligro de las selloritas ráptoras no es tan inmi•
nente como se cree; la seguridat.1 personal del
sexo que suponiamos amen11zado, no sufrirá los
ataques gravísimos que tanto nos ht1bí1:1.n preocupado.
Por u~ exceso d~ celo profesional, los reporters, olvidaron decir que el último rapto anti-mús•
culi~o, tenía por ejecutante á las mismas protagomstas de anteriores fechorias. Dos, sólo dos,
so~ l~s sefioritas raptoras, y según mis noticias,
la ulttma empresa que acometieron salió fallida
. al vulor .y sangre fría de la ' víctima, dis-'
graci1ts
cretamente d esignada por iniciales y alo-unas
0
sefi.rts car,acteristas en los reportazgos.
No estamos en el caso de recurrir á medid1ts
extremas; para dos raptoras el remedio es defácil
aplicación1 aun suponiendo tan recalcitrantes á
las entusiastas feministas que no sean con ellas
eficaces los recursos de un tratumienso domé3tico.
Aunque no sea sino por honor del s~xo emprend.edor y aventur ero, consigno con jú.bilo que no son
siempre ellas las que recluman la iniciativa de
la a ventura: la que corrieron dos colegrnlitas
escapadas con un joven imberbe 1 supone en éste
facultades excepcionales que restablecen el equilibrio social.
Para un raptor hay cárceles; pero ¿qué castigo
merece el hombre que se deja raptar?

En materia de convencionalismos estamos como
el primer día. peor aú.n¡ porque al fin ltts tribus
merodeadoras de los tiempos prehistóricos nos
avent!ljaban en la superioridad de una virmd
que hemos perdido 1 ó poco menos 1 -la sinceridad.
Tt'.nian, como nosotros, el culto de los héroes,
aceptndo; pero eran héroes inmediatos 1 parientes
ó be~nefactores directos de los ofrniantes¡ adorábanlos en recuerdo, en efigie 1 en su túm ulo y á
veces en su mismo hogar tmtre las reliquias de
~u v ida1 que acá para inte r nos, no era siempre
de lo mAs ejemplar.
Así iban las cosas, hastl que cambiando los
tiempos, nuevos vínculos de rttZ&amp; y otro medio
físico, hacían A un l11do loe primitivos semi•
d.ioses1 suplantAndolos ou·os de factura más moder'tHl. y· proezas más relacionadas con las condiciones existentes.
Ese es el mundo y no .queremos creerlo·' nos
empefiamos en clavar sóhdameate sentimientos
qne pasan, atribuyéndoles una perpetuidad imvosible.
.
No estoy rellido con el culto de los hombres
extrao~d.inarios. Culto he dicho y tentado estoy
de rccuhcar I porque el culto supone una creencia
y un amor: creencia bien difícil en tiempos de libre examen y 1:1.~or muy &lt;lébil si se re¡,arte á
prorrata entre los grandes paladines de la humanidad.
Cuda hombre tiene su capilla y en ella los ídolos que adorai pero la vehemencia de este celo
religioso está en razón in versa de la distancia y
directa de la semejanztt moral.
De cien mexicanos, creo que noventa y nueve
nueve décimos 1 se interesan más por el mitic~
Homero que por el auténtico y ~utóctono NetzaDeslizase el raudal de los delitos más violenbualcoyotl puesto al alcance de los menos po!í• tos á nuestra vista, sin que sean parte á sorprenglotas por el Sr. D. Joaquin Pesado.
dernos y a ni su número ni la atrocidad que los
¿Y diré sin que se ofendan los hiprresté.ücos particuhtriza.
que S.M. Cuauhtemoc, celebrado anualmente en
l!n l~ombre, un lépero cualquiera, insulta Auna
clásico nahuatl por dos ó tres filólogos no enar- muJer Joven y bella cuyo hermano reclamaexcudece.tanto como fuera de desearse nuestro ya s~s por la ofens::.; y cuando vuelve la espalda,
caldeado civismo?
disgustado del soez galanteador, siente un golpe
. Y~ admiro, como todos en esta tierra, la egre- brutal y cae asesinado.
gia f1g~r~ del guerrero azteca; pero desearía que
_Y_ este.hombre dominado por instintos que holo adnuraramos en espafl.ol, aunque esto sea me- rripilan uá ante un jurado 1 Sd debatirá. el hecho
nos aparatoso y académico .
prolijamente, con argucias sutiles por parte de la
_O 111 me~os,-_y-a que_ el idioma nacional y co- detensa, y los sen.ores jurados, olvidando el senr~1e11te se Juzga 1mprop10 de la majestuosa solem- timiento de la solidaridad social perdonarAn acamdad,-¿por qué no se reparte entre los asisten- so una vida que sólo pueden co~servar la piedad
tes traduc~iones .de los discursos, para que cada extraviada y las precupaciones de una filimtrouno, ol mismo tiempo que se deleita cvn la mu- pia tau incomprensible como peligrosu.
s_ical peroración mexica, pueda ir leyendo en su
ilbreto Jo que dice el sibilino orador?
Sé de alguien que se propone poner A la venta,
Y en _tanto que los sen.ores asesinos riegan con
anu~lmente con toda oportunidad, libretos para sangre mocente las calles de la Capital, llegan de
los Estados remotos, narraciones de increib1es
la fiesta de Cuauhtemoc.
perversidades. El siglo acaba y aún se perpetüa
la fisonomía del bárbRro encomendero en Jos
¿Qué es una huelga?No cabe ciertamente en la amos y los capataces de las haciendas. El indio
ri.gidez de una definición doctrinal la ruidosa y ba sido sustituido por el enganchado, A quien con
pmtoresca multitud que inundó la Avenida Juá- aman.os y promesas se arranca de su tierra y en
otra lejana, inhospitalaria y cruel, si:, le esclarez el martes Ultimo.
Menos aún podía decir lo que es un huelguista. viza, se le apalea y se 16 mata de hambre. Ni las
Un huelguista es .... todo el mundo, en México· mujeres escapan de la ferocidad de los explotaes decir, los incontables callejeros que se halla~ dores del hombre-acémila de ~uestros campos.
Y nuestras leyes humanitarias son impotentes
siempre dispuestos A desviarse de su camino, á

~

,..,

,..,

Domingo 28 de Agosto do 1891!
y la acción protector. de Jos gobiernos 110 llega
A donde imploran su justa int~rvención los miserables y los desamparados.
No hay rigores que valgan contra el malhechor
que esconde sus crímenes en los abruptos picos de
la montana., guarida legendaria en donde anidan,
ausentes de la civilización, supervivencias de un
pasado ensombrecido por todas las barbaries de
la colonia brutal. .. .
Dick.

l)olitica ©tntral.
RESIJllEY,-El protocolo de la paz,-La crisis espafto•
la.-Convocatorla de las Cortes.-El Ministerio Sagasta ante ta representación nacional,

Aceptadas por Espalla las bases de la paz en
protuco:o firmado por ?ti. Cambon en representación del gobieruo responsable de la monarquía
espa~ola, prepAranse en Wáshington y en Ma·
drid A dRr touas las instrucciones necesarias á
los comisionados que han de arreglar la m anera
de cumplír r.on alguna de las prescripciones sefl.aladas en el mismo protocolo. Por una y otra
parte se han nombrado ya los miembros que deben constituir el comité internacional, que determine puntualmente de qué modo se han de r etirar y en qué tiempo, las tropas que gua r necen
Cuba y Puerto Rico; de qué modo las g uarniciones de las principales plazas en las Antillas han
de abandonar sus puestos en dondt, hicieron guar dia duranle toda la guerra de insurrección, y donde permanecier on con el arma ni brazo esper an ·
do las fuerzas invasoras. OcUpanse ya también
los gobiernos espafiol y americano 1 en buscar ltts
rersonas distinguidas A quienes se confiará. la alta misión de concluir el trntado difinitivo de paz,
á quienes corresponde principalme11te, determinar la cuestión filipinll 1 en donde aparece más de
un punto obscuro 1 á causa de acontecimientos
supervinientes después de firmado el protocolo.
No babia recibido el jete americano que dirigía el
sitio de Manila,ni podía h•ber llegado á su conocimiento en tiempo oportuno la suspensión de hostilidades,cuaudo lanzó las fuerzas combinadas de mar
y tierra sobre la capital del Archipiélago filipino
en dont..le por mús de tres meses, falto de auxi i JB
y en situación desesperada, se había sostenido el
General Augusti.Comenzó el bombardeo por la eicuadra de Dewey sobre las fortificaciones de la
ciudad nmurallada; cuando callaron los caflones
de las fortalezlls, lnnzáronse al asalto los regimientos del Gral. Merrit, y aquella guarmción
l1eroicn que había resistido por tanto tiempo, sola y desamparada1 sin tener recursos, sin esperar auxilios, tuvo que sucumbir á fuerzas superiores. Una capitulación honrosa para el Gener al
JAudenes lué el re,ultado del as•lto, y desde el
di• 13 de Agosto ondea sobre la capital del Arcl1ipiétago el pabellón de lt1.s estrellas.
Ap11.rte de este hecho de armas que pene á los
invasores en posesión de una plaza tan importante, Dewey hab.ia iniciado movimientos agresivos contra lt1s costas vecinas, enviimdo sus cruceros A Ilo llo y A Panay, para capturar los
calloneros espalloles que allí se habían r elngiado y para someter, si era posibie, la prov incia
de las Visaya. Aunque se h• restablecido la comunicación directa con Manila por la vía de
Hong-Kong 1 no ije tienen noticias ni en Washington ni en Madrid, del resultado de esas expedí,
ciones; y si es cierto que oportunamente secomunicaron las órdenes para la suspensión de hostilidades, los buquts americanos, en alta mar y
faltos de comunicacion~s, 110 hnn podido r ecibir
contra órdenes y habrán seguido adelante su misión ofensivo. sobre lns plazus del litoral.

*
••

Entre tanto, cediendo A los clamores de la prensa, acatando sumiso los preceptos de la constitu•
ción 1 y queriendo quizá depurar su conducta y librarse de toda resp9nsab1.1dad en la crisis actual
en que ha habido que sacrificar en medio de an~
gustias terribles una parte del territo rio1 que
ceder s.l enemigo la isla de Puerto Rico, siempre
fiel á la tradición monárquica, que abandonar
toda soberanía sobre la is'.a de Cuba, y que exponerse acaso A una pérdida considerable en el rico
archipiélago, descubierto por Magallanes y conqmstado por Legazp1, en aquellos tiempos en que
el pendón victorioso de Castilla se paseaba altanero por los mares conocidos y buscaba los des-

O,

11 1 '\

&lt;:onocidos para extender el peder de aquel manare~ que .P?do exclamar: :•el sol no se pone
en mis domm1os, 11 ha convemdo el ministerio S.1...gasta en llat~ar A la rep_resentación nacional para.
que ella dectda los destmos de la patria, antes que
sea un hecho el tratado de paz.
Acaba de expedirse por la Reina Regente el
&lt;lecreto que convoca á las Cortes espaftolas para
que reauuden sus labores en el actual periodo de
prueba por que atraviesa la monarquía, por proJlios y por extrallos combatida.
Awenazado por dentro con los rugidos del carl ismo, que desde las abruptas montttftas navarras
trata de lanzs.rse sobre los campos de Cttstilla·
amagado por las huestes del Pre:endiente qu¿
aspira á, enarbolar su bandera i:iangrienttt ag'itar
la tea de la discordia y entrar á saugre luego
y asentars.~, aunque sea sobre ruinas, entre l11s
]lamas roJtZas de ]a guerra civil, en el trono
.ambicjonndo; agitado por las dispersas fuerzas
r epublicanas que aspiran también, aunque sin tener elementos suficientes á derribar la dinastía·
-compelido en el exterior, por meLlio de la ruerz;
abrumadora, á aceptar las bases de una paz doloTosa, por la que A falt&gt;1 de indemnizaeión pecuniar ia de guerrR. se la exigen sacrificios de territorio á los que difícilmente se resignará el pueblo:
-el gobierno de E;p1t:lia que prelitle el Sr. Sagasta
y_ q ue por tanto tiempo ba sostenido bajo su propia responsabthdad moral todas las dilicultades
de la c,1mpafl.a, to&lt;los los trabajos de la or1ranización de los ejércitos de mar y tierra en u;a lucha tan poco espernda, llama A los elegidos del
pueblo para representarlo en las Cortes, á fin de
compar ti r con ellos las dificultades de la situa-eión, acud~ á la re~r~sentución nacional después
&lt;le haber 01do la op1món de los jales de partido
de los caudillos y coriteos, esperando de ello, el
.ap oyo moral y material de que tirnto h&gt;1. necesitado en la tremenda crisis.
No todos h&gt;1n respondido al llamamiento pa·
triótico que-les hiciera el Presidente del Consejo.
Alg uien ha habido como el General Weyler, que
á pretexto de un catarro se hu excusado de concurrir, y sin poderlo remediar nos recuerda A la
zorra de la fabula. Ocros, como el jete de la minoría republicana1 han rechazado toda participa-eion en el asunto, rehuído toda responsabilid11d
y remitido su opinión para ante las Cortes reuni:
d_as. Algunos, e.o fin, se han declarado partida11·1os r esueltos de la guerra á todo trance de la
lucha.sin cuartel, del sacrificio del país h~:Jta el
sui cidio, con tal de no aceptar lo que llaman una
tr ansacción vergonzosa con el enemigo.
No todos se han mo·s trado tan implacables con
el gabinete liberal. Los correligionarios están listos para la lucha, y cualesquiera que sean sus as•
piraciones, se disponen á seguir en apretadas tilas al lado de su jefe. El General Martioez Campos se ha cobcado decididamente dellado de los
que_sostien~n la conveniencia de defender, por
ser 1rrem~dtable, la solución que Sagasta ha dado _A la cr1s1s actual. Silvela, representante de la
um~n conse~vadora, la ha aceptado también, prometiendo, sm embargo, levantar la voz en nombre de su partido, cuando llegue la hora de exig ir r esponsabilidades A los que han traído al
pais á este tr!ste doloroso extremo. Los más, en
-~eneral, ~e . ha°: 19:vado las manos, dejando al
¡efe del mm1ster10 hberal la respocsabilidad tremenda de sus actos. ¡Cuánta política en los momentos actuale~, en que el pa.is, lo único que cxi.ge, es a bn_e gación y patriotismo, guiados por el
buen sent,dol ¡A. qué pruebas tan rudas ha dehi•
&lt;lo sujetarse el esforzado campeón de ih Espaila
liberal!

y

•
••

163

1:LMTJNDO

p =B l~ Agosto de 1898.

Casi simultAneamente se reunirán enla Ilabana
Y en S~n:Juan de Puerto Rico, las comisiones para
la r etirada del ejército, se abriran las Cortes
-del reino para resolver la crisis conforme á las
pr evisiones y promesas del Gobierno y se celebrarán en París las sesiones de los representantes de Espolia y Estados Unidos, para formular
en definitiva el tratado de paz. ¿Prevalecerí,
e~ esa luch;\ parlamentaria la disciplina que
rige~ los partidos militantes, y se dejarán guiar
los d1 potados y los senadores por las promesas
que at.gún jete ha hecho al sellar Sagasta?
Los grrtos de angustia y de dolor que salen de
las tilas del pueblu, los clamores de pena, los
ayes desgarradores de las madres y de los huérfanos que han visto á los pednzos de su corazón
destrozados por la guerra ¿no encenderán los pe-

chos de patriotismo, exigiendo de modo fiero res•
ponsabilid&gt;1des A los mini,tros y A los jefes milita:es que han tomado parte en la lucha? ¿PredommarA en esa conflagtación de intereses en esa
e.xplosión de patriotismo, el sentimiento
fidehdad por la dinastía reinante, de obediencia A las
inslituciones actuales, de disciplina A las exigencias de partido, sobre los deseos de venganza
sobre la fiebre de represalias que enardece algu'.
nos corazones y los lleva ht1sta rechazar todo avenimiento, y los empuj.._ á querer untl lucl.ia sin
tregu~? ¿Encontrar• el Sr. Sagasta el apoyo que
necesita para que prevalezca la resignación á
que él ha llegado? ¿Pvdrá convencerse el país,
cuando las Cc,rtes aprueben el decreto de indem•
nidad sancionando lt1s determinaciones del Ministerio liberal, de que por encimi rie todas las
aspiraciones están los ft1.llos inexorables de la
necesidad?
9uién sabe! Pero serA interesante ver y segmr P•~•. á paso las fases por las que ha de pasar fa. cr1s1s espafl.ola, discutida simultáneamente
en _el seno d~ las Cámarns colegisladoras en la
captt~l del :emo y pesada tttmbién y juzgada
al ~1smo tiempo por los comisionados que en
P,m, han de acorda~ el tratadodelinitivo de paz.

de

X.X.X.
25 de Agosto de 1898.

BELLAS ARTES
Una Exposición en perspeclirn

homogénea, componentes todas de lo que puede lhl.·
m"rse arte nacioual y propio.
El arte hispano, ea su ira.splantaclón á est11 Amérl•
ca nuestra, uo sufrió modific&amp;ción alguna, y fué cultivado con suma aegltgenci&amp; aguend~ los mares por
que-entre otras cauui:1 de menor peso-no llegó á
sentlr11ele btteta.ntemisnte. Lo que no podia ser de o&amp;ro
modo, dado que el arte es reisultado de muchos é ine•
l~dibles factort,s iudependientiss de la vol notad indivu1~a1, y nunca pueds St,r ni expontáneo ni arbitnr10
La Religión y el Rey amamantaban al arte por aquel
entonces y _t,Hos aie eucargaron de sosienerle en ebtas
nuev~s r .. g10nes. Mad, ya t1e&amp; porque los españoles de
A 1n.é:1"ica fo.eran ho_wb.res más dados al aeaparamlenio
¡e riquezas pecuu.1ar1as 4.ue A las cristalizaciones de
8: Beue.t.a y en consecuencia fueran poco artistas, ó
bien que édtos con j L11tlsima razón but1caran y encon•
traran en la Metrópoli mayores glorias para sus t&amp;•
lentos¡ eis e! caso que hl.s obrita d~ arts que nos leg11.rott, m son tamas ui t&amp;n bllenas, como suele pret"'nderlo un mal fundado orgullo n&amp;Bional (t).
Una vez alc1mzadit. nuedtra em,rnc1p1tc1ón politica
todaM,n0:estr1ts energhu nacionales cuucrttArouse i
cousttiuLr la !'airta cunquistada, y el cultivo del Arte
entt·e nosotros sólo tuyo vergonzi,.ntes rel!impagueos
pu~s lll ~spada .embargó lai; manos aptas para empu:
llar buriles y pinceles y la. épica glorü, di, los justos
combates, mouopo izó tas caricias ue todas Dllessras
frentes al tai;.
Muy poco t.iempo hace que la pRZ nos 11briga, y lu
mano~ guerrerais 4 ue tlm g1Dgutarmeote hau sabido
maneJu.r ~¡ arado y el martillo hálhms.e torpes para
el trat~m1ento de l1t. arcilla. p!Adtlca.¡ los elegidos del
A;rte siéntense sobre un fali;u terrt,nO y ghnen au-o.
b1udos por la Jlbsoluta imposibilidad de satista.~er
¡,or m~do _inmediato suó altos anhelos y su noble
1mpac1enc1a
J!;s put:s t;id~P? de que la lucha. empiece y opo'rtuna
es la dlspos1c1oa. de uuestro gobierno que motiva
estas line:-s, p11es ademát1 de estimular grandemente
las energ1as ~n acción, ella nos permitirá. juzgar del
estado eu que se eacuisnt ..an las artes plásttcas ea Méxlco1 la cual coustancia servirá de punto de partida
pua los f1uuros esfuerzos que é. ella h~yan de den.icarse.
No vamoo ya ea pos de un arte nacional¡ somos un
pueblo absolutameie nuevo, y estamos obligados á
rncorporarnos á las tendencias anisticas de los pueblos mh avanza.dos en la materia.
No nos falta edplntu artbtico; si la obra !::.a sido exig.ua, por obo;ácutos-dt,l módw, no asi Jo.:t esf-u~rzos
~1sl1t~os y ~astantes para d~mostrar que ese espiritu
art.is&amp;1co existe enire uoRotros: aun htimos tenido en
la époc1:1 nu6va personalidades artisticas clara.men,e
&lt;lis.termina.das, como Villanueva y Gutiérrez Nájera.
(Cito sólo mut,rtoP, porque la suscepubilidad suele
enmudecer ante la tuuene).
. Podemos, puea, eeperar mucho de los tiempos ve•
mderos.

Tene'D_os en psrspectiv&amp; y muy próxim&amp; ya una
exposicion de aries pl&amp;siicas en la Eicusla N. d6 Be}lai¡ Artes, rrganizada por nuet1tro Gobierno para fomento del gu6tO a.rtit1tico y para estimulo de los que
al nuble cu.mvo dd nrie se dedican.
P~~ mát1 que será.o humildes los frutos que tal ex•
J?On1c1óu produz.ctt, en razón de que estaruos mu.y le•
JOB de iser un pa1t1 productor en acoaques de arte ella
mer~ce tod,ll nuestra attmcióa puessu que cooAti'u1 ye
un..ac~utecunhmto artístico e'n ouestru medio, H.COil•
tt,.,1m1euto que puede ser de muy benéfica n:tscea•
denc11t. 1 hoy- que al amparo de unit paz de que por
1lleugos anos carecimo11, hemo:3 entri:tdo en una era
propicia al florecimiento del arte, que nos proporciouara elevados y nobflitlimos goces, por nuestra crsc1ente cultura reclamados cou urgeucia
•
El Art~, el cultivo de lo bello, ed en efecto una nec~sidad p;1.ra los pueblos. puesto que las inteligenTropiézase con un ob3tá.culo que halná de exigir
c~,,s hnn menester, lo mismo q11s los ebtómagod de m11.yor~ d.-11velos para el t:i11nfu: la m!l.yorla de uuisscierta dosiis d~ alimentos dulce~; pero es uaM nec'esl· tra sociedad carece de educación artlstica.
dnd secundnr1a, só1~ atendible de parte d~ los GobierEs fácilme.nt_e.comprensible la. trasctmdeacia que
nos, Cllando las terrtbles criepacloues polfticas ceden par1t el def11nt1vo progreso de nuestro arte tiene tal
el c~mP&lt;? _A la proflcua quiet11d q11e consigo trae la hecho.
reahzacion de_ los idea1e\ y la efectuadit conquista
.P11_ra el desarrollo material de la tarea artistica¡ es
de ;os pnmord1ales derechos de la exlsteocia.
pr~c1so que édt&amp; tenga demanda,. y la sociedad es
r.::I. Arte, pa.ru los pueblos, es unil m,cceida.d de per- qmen la consume¡. ahora bien,. por Jas miemas eepe·
feccionanuento, no de constitución, y por encte, C1ebe c~&amp;~eg..circuutita.&amp;Wl&amp;S que he a.puntado ya y que pre11er pospuet1tt1. á todas 11:Ls di, esta últimit índole.
s1d1eron á ~uecstra conslitución l:lOcial, obltgáudouos,
Pero ~011. vez q11e el edificio está. cuncluido órnalo "t"D asuntos 1Dtelectuales, é. "ntrar de i;Úbito en la órel a~qu1tecto con delicados relieves que mé.s á. la. per- btta de adelanto de los pueblos mAs cultos dase ec.
fecc1on _le a.cerquen, v no de otra s11erte proceden Mé~tco el singul~r caso de q11e puede ha.b~r eximios
los Gobiernos al tender un pliegue de su manto pro- art1t1ta~ en me~10 de un_a 11oc1edad artlilticamente
tector sobre las f!lªDitestacioues de l1t Bellez11. tan analfaoeta, pudiendo ~eallz&amp;rse asi positivamente el
l~~go como han c1m~ntado lo indispensable. E~ Mé· en otras ~ll.rt;es paradog.co fenómeno de losgeniosno
xtco ha habido repetidas veces ~x.pusictones de pin- cmn,prendid_os. La. adivrnación in11tintiva de tal estli.·
tura y de escultura, y si bieu es cierto que en ellas do patológico de nuestro medio artiatico trae consihemos "."isto ob~as de mérito, eotas han sido muy po• go el lamentable efecto de servir de con~ol1:1.dora hincas. y nmguna verdaderamente notable
chazdn é. much~s insufribles nulidades.
Tal conuancia no debe desanimarnos· porque está
.Para normahzar nueistra pr1.1ducción artfstica es
dentro ~e las invariables leyes de la so~ioloD" 1a y no menet-ter esperar que en nuestra 1wcied1td surja y
acusa, m mucho_ menos. impotencia 11.rtlstlca de 'ta ra- prospere la 6ducacióo arUstica y á este f10 deben teuztt El arte nacional, nuestro verdadero arte nacio- der 1011 primeros esfuerzos de los ami..ntes del arte
nal, murió á los golpes de las tizonas conquistadoras
La exposición ~e la Escuela de Bella~ Artes será {in
que apénas nos dejaron las indispensable~ ruinas pa• paso en_ese senttdo pero es preciso que se la haga
1
ra _as~ctar hoy con fundamento y prueba, que aquél una rac1or,.al. propaganda.
e~1~t1ó Y. muy; delanta.do. Trajéroauos los iberos su
Con tal obJet;O creo ser oportuno iniciando en estas
c1v11izac1ón europea y destruyeron la autóctona para colnmnas una ~eris de a_rti~ulos que preparen al púimplantttr la suya; desdeñaron por completo los ele- bllco á 1~ ~eJor aprec1ac•ón de los trabajod que en
mento~ aprovecbn bles de aquella, como despreciaron es&amp; expos1c1ón se pres en tea, narrando brevemente
Y en$'nllaron la raza aborigen, y diéronse á crear un las diferentes etapas de dissttrrollo de las arted pl&amp;smedio ~nevo para una r~z11. nueva. ¿Para unH. raza ttcas! estudiando someramente las obue maestras
nueva?, ... No, ésta, b cr10Jla, no h1. presintieron los que ellas h.,. a producido en todos loe tt~mpos y tmu•
iberos, y á ello se debe que tan duramente trataran á merando las poquisimas de mérito que nuestro p!!:ia
la r/\za conquistttda, impeliéndola bacía el mb com- posee.
pleto retroci:,so y borrando á cañonazos toda huella
¡Ojalá que el.p~blico, conociendo á grandes rasgos
de su1;1. esfue.rzo~ ascendentes; á ello se debe .. .. ¿por los vastos dom1n10, del arte, sepa aprt:cinr sus rtoraqué no dec1rlot .... que el transcurso de cuatro si- cin?es por si mismo., sin deja.rae sugaetrnnar por ponglos haya bastado para que todas ltts colonias 11meri• tlfices absolutistas 11i por impecables tticnü;ns.
canas se desprendiesen de España muy naturalmenPorqua si el Arte es uno. mültiples sou en cambio
te, como la fruta madura del árbol
sn.s manifestaciones y procedimientos, y en él no hay
Al sentar sus reales en estas tierras nmericanas mls dios que el Arte mismo.
los espttfi~les e_ntendieron colonizarlas por ellos mis~
ÜSCAR HEez.
mos, previo aniquilamiento de la u.za autóctona 1 de
suerte que en el tram1curso de los tiempos ftlerna las
n_uev~s poseaiones no colooiae proplamem;e dichas
srno tu,rras de absoluto dominio ibero y exclusiva~
mente_pobladas por iberos No obstante la agonla
aue, s1emp~e _creciep.~e. fué desde l11ego patrimonio
e_ La raza md1a, surgió la raza nueva, la cruzada la
Con el presente número repartimos el primer
crioll~ q~e es la nuestra; muy diferente dela iber~y
de la 10d1a1 con singular amalgama de elementos de volumen de la preciosa novela de Al!Jnso Dauam~ 1s, un tanto bib_rida y en. consecuencia sin persou:thsmo marcado 1 m tendencia genuina, ni tradición det, titulada: CABEZA DE FAMILIA.

••

A nuestros suscritores.

�EL MlTNDO

Domingo 28 de Agosto .de 1898.

J)ominfo 28 de Agosto de 1898.

EL MUNDO.

.

f/)

ou
::s
t-1
s.-.

::s
o

•

sp..
a&gt;

tr)
~

-·rd

o

i::

.

....s...

O)

.

o

o
s.-.

rd

tj

::s

~
1
f/)

....s.-.
'l

~

•

(I&gt;

ra

·-··o
u

::s

-

(8

,. .

i!a guerra }iispanc-americana.-Una ba~aera ae parlamento.

�-

Domingo 28 de Agosto ile l"'!l~

EL MUNDO

166

-=º=º=m.,.tn2 g5:o=2=8===d=e==A=e=º=P=to====d==11=lR9R==================E;:;;L;;;,;MUND~~º~========================l67_
Notas y m\mero

Diámetro.

&lt;1e orden.

CURIOSIDADES CIENTIFICAS

lm.,50
lm,25
lm.,20
lm_,15
lm.,05
0m..98
0m.,92
0m·,87
9 ºº········· ····· ··· 0m.,82
10 Do sostenido ..... . 0m,,77
11 Re ............... . 0m,75
1 Do ... . ...•.... .. .
2 Re ................ .
3 Mi............ .. l ..
4 Fa............. ... .
5 Sol. ... . .......... .
6 La......... . ........ .
7 La sostenida...... .
8 Si.,. :-............... .

Un nuevo alumbrado de luz eléctrica
LA. LlJZ FRIA. ES EL DESIDER..l.TlJ.M
TEORIA,

La luz artificial dPbe acPrci1rse cuanto· sea J'OSible
como est:1 última. conv1.-ne que 8t1a
difusa y que se reparta un1formPmente en 111 medio
que ilumina sin conce11trar.e "º 11n pequeño foco. Por
otra partl', toda la energla obsorbirla po, el aparaw
luminoso, debe convertir~e en luz y no en calor.
La lámpara incandesc~nt' no lle.na estas condici_o•
nes: su luz ee muy concPntrada, produce calor en demaeia y en proporción á la l'Dergia que ab$Orbt1, la
fuerza luminosa es insignificante.

a la luz del día:

*
**
La revista de "Las grandes fábricas-" ha publicatlo
un estudio completo del nuevo sistema de alu,ubrado
que intentamos dará conocer someramentti á nuet1 ·
tros lectores.
Conocidos son los tubos Gehsler. Son tubos de vidrio que contienen en su interior gases enrarecido~
atravesados por una corriPntt1 de do~ eléctrodo sunidos á los extremos de una bobina de Rub.mkórff.
Al establecerse la corriPnte los ga~es encerrados
•en el tubo be hacen luminieentes, y la luz. que produce
es fria.
La transformación de la enPTgiaeléctricaen fuerza
luminosa efectúase dfrectam•nte, sin intervemión de
calo1· ni de cuerpos incandeceutes y en t~I. virtud PI
rendi:,,iento del aparato es muy considerable. Porotr11,
parte, la luz se produce en toda la extensión del tubo,
de modo qu~ cambiando la forma y dimensiones de
es.te último, ~e puede hacer que varíe la superficie lummosa.

***

'

***

•

1.- l. APARATO I2'{TERRUJlTOR. 2.

DISPOSICIÓN GENERAL.

APLICACIÓN PRÁCTICA,

Hasta últimas fechaP, los tubos GeisPeler no hablen
tenido aplicacionPe práctricas porque la luz que eoii·
tian era muy débil y todos los esfuerzos empleados
en darles una intensidad suficiente habian sido inÚ•
tiles.
-Hace algunos años M. Tesla. con el auxilio d11 corrientes de gran intensidad y extrao!'dinaria frecuf'n•
cia logró comunicar una alta potencia luminira
á lÓs tubos de gas enrar1•cido; pero su método exigía aparatos muy voluminosos y compllcados, y en
consecuencia era costosísimo.
Un electrit'.~sta americano. Mr. Moore, llegó á obte•
ner U\J excelente me-lío d~ alumbrado de e11tos tubos,
valiéndose de 11paratos sumamente sencillos. Para
comprender el m11canismo'y f'fectos de tales aparatos,
ei, necesario previamente indicar eómo se produce la
luz en los tubos (}eissler.
·

1

FIG.

Empleue ordinariamente con eFte fin una bobina
Rub.mkorff con un interruptor automático de resorte:
la intensidad de la luz está en función de la potencia
de la corriente primad&amp;, del número de vu·eltas de 111
espiral secundaria, de la frecuencia de oscilaciones
del interruptor y sobre.todo dt, 18 rapidez con que se
efectúe la interrupción da la corri,mte en cada periodo de oscilacióu del interruptor. A medida que es
más violenta la int11rrupción es más viva la luz; ahora bien, mientras más corta es la cb.isp11 en.t re las corrientes del interruptor, más rápida es lainterrupción.
Si pues laf chispas se producen en el vacío, basta para
la mterrum~ción completa de la corden\eunadistancia insignificante entre los contactoe, un tiempo mínimo por cons,·cueucia.
•

Mr Moore realiza Asta t&gt;o11ilición por medio d., un
aparato repr1111Pntado Pn la figura número l. Es un
interruptor ordin~rio de rP.sorte, colocarlo dentro d11
un tubito de vidrio, cerrado en sus PXtremos, y en PI
que SP lleva el vaclo al último grado poRible. El número 2 indica la disposición rlel 011evo interruptor en
presencia de un pt&gt;queño electro imán que prodnM
l1111 oscilacione~. Al ligarsfl las f'xtrProiriades de • rollo del imán con 1011 do&amp; eléctrodoR del tubo, este último emite una hlz blanca muy brillanre
El interruptor quP. oscil!J, en el vllclo con11tituye el
elemento esencial del aparato de Moore. Para que
responda po!' completo á RU fin debe conQtruir•e con
escrupulosa preci1,ión. Tienf'n gran influencia la
longitud y el espei or del rf'sorte, y al mismo tiempo
es prPcieo que el electro-imán se escoja con sumo
cuidado.
Han sido construidos otro11 interruptores más complicados, como se ve en el número 3 Estas dos figuIas muestran que se pued11 unir los tubos no ~ólo con
las extremidades del rollo del imáo, sino también con
las extremidades de la armarlura del interruptor. obte01éudose el mismo resultado (núm. 2) Por último,
si uu eléctrorio &lt;le! vibrador ee li~a 4 una tlA lás Pxtre•
midadPs de un hilo' conductor soldado en el interior del
·tubo, llénase é~t" de una luz blanca y lechosa. Puédensf' emplear con este fin los ¡rlobos ordinarios de
laM lámpa~as in&lt;'andesr.Pntes f\Fta es otra aplicación
del apar11tv· de Moore (figura 2)

***

Los tubo" emplt&gt;ados en el alumbra.do no tienen
eléctrodos intniores evitándose asi la. e~tratificacion
propia de !01&lt; tuboM Geissler y aumentándo su resistencia y su duración.

3.

OTROS ARRBlGLOS

4.

INTERRUPTOR OSCILA~TE

Los condnctorPs se enrollan en los extrf&gt;mos lle los
tubos cubriéndoles pr1wiamente &lt;le goma laca mezclada' con polvo de aluminio. Mr Moore ha empleado,
p'lra el alumbrado di' locales amplios tubos de dot1
metros 30 centimetroij de longitud por 44 milimf'tros
rle diámetro. Absorben la misma energfa que una.
lámp1tn fn('andescP.nte de 16 b11gías es d11cir. cu,ll•
renta watts aproxima mente. No se han h&lt;'cho auo
con torlll precMón medidas fotométricas porque et1
muy díficrl comparar la. luz de un11 bug'ia ó de u~a,
Jámp1tra incancescente con la luz del tubo, tan d I!·
tinta por su calor y 11u carácter propio.

*

**
Según laR ú'timas noticias Mr. Moore organizó f'n

New York el met1 de Julit, último una Ei,p0Hic.ió11 d..,
su sistPma en un local de diez metros de lar¡ro por .J
de anchur,. La luz se produjo por _m edio df' si~te t11bos y el alumbrndo era tal qu" podía leerse fácilm11n•
te á favor de él haciéndose Cotografias mediante tX·
posiciones de 30 segundos.
El interruntor oscilan.te 11e su11tituyA pnr uno rotat:vo (figura 1 número 4) que produce f.0.000 iuterrup•
clones.

EL CAMPANARIO
DE

S. GERMAN L'AUXERllOIS.
Desde hace '8lgunos años vuelven los campana.riosá merecer tl favor púbilco. Sabido es q,ue m11chas
ciudades de Bélgica y del Norte de Franda tieneo
en sus campanarios verdadera11 '!rq11est11R de campa•
na¡¡ que datan de los siglos XVII y XVIII Por incuria no pocas de esas mlltavillas se fueron aeti&gt;rierando, quedando en 110 estado deplorable hasta. qnA t-1
abate Van Wooreubecek, benefactor de Santa ·GArtrudis de Lovaina inició una obra de rt-snauracióu
general en Diest,. en O;;tende, Oudenarde, Rouders, etc.
El mismo celo se manifestó también en Francia,con
esta. diforencia, que siendo laicas las municipalidad1::s
de este pals, la al.l~oridad eclesiástica ha erogado todos los ga11tos de instalación ó restauraclon de loo
campanarios, como se ha. visto en Dax, Pontmaiu,
Cambrai y Valenciennes. Una excepción á esta rtt•
gla es la municipalidad de Pari~ la cual votó los fo11 •
dl)s necesario;; para. la. restauración del campanari-&gt;•
de San ~erman l'Auxerrois.
Ciertamente, este campa11ario es una obra soberbi, ~
-y PU tal virtud no era mucho que se gastara en el
5.000 francos á duras penas obtenido~ del Ayuut&lt;A·
mitiuto por el arquitecto municipal.

FH'I. 2-1.ÁMPAR\S lNCAND~SCEl\TES MOORE,

Las campanas instaladas en la-torre de S11n Germán son treinta y ocho, ocupa.o un lugar considtlrn ·
ble y pesan 10000 kilógramos: la mayor que da l:t, ..
ta do pesa 2,000 kilógramos. He aquí las dimen11~oues
de las notas principale&amp;:

Peso.

2 000 kilógramos.
1500
11
1,000
11
850
600
450
350

11
11
11

325-

"

250

11

200

"

2'25

11

11

Cada nota tiene cuatro martillos m.:ividos por un
engranaje de ruedas particular é Independiente; sólo
la campa.na mayor carece de martillos, aunque como,
las otras está ligada á un mecanismo y no toca más
quf'_para dar las horas del reloj En conjunto el campanario consta de 148 martillos con otras tantas cuer•
daR de movimiento y 152 c·abos de martillo.
El toque de las campanas se hace automáticamente
ó á la m,no: aquel depende de un cilindro de acero
de lm ..m de longitud por 0m.,40 de diám1-tro y 4 milimetros de espesor1 cou 29,184 ~gujeros dispuestos en
228 vueltas de espiral. El reloJ de la torre se combina
con ~l :los v~c~s al dla, _á las once y á las cuatro, y
pone en mov1m1ento un sistema de ruedas que hace
girar el cilindro guarnecido de puas que corresponden á las d.iveri!as pieza~ dA ejecución Estas son tres
á la fecha: la marcha de Turenne, de C'ulli, el Tambourin, de Rameau y una antigua canción francesa.
La cadencia de estos aires corresponde al 76 del metrónomo, y en valores dfl campana.e represeutau res·
. pectivau,ente 320, 224 y 120 unidades
Será muy fácil cambiar las piezas á voluntad dán
doles nueva colocación á las púas ó poniendo otras
nuevas. Cada una i:lE, ellas se compone de una parte
exterior de siete milimetros más ó menos; al pasar,
ldvantan las palancas que corresponden á la O')ta que
ha de sonar. La palanca pone en movimiento las ruedas de llU campana, leváatase el martillo y da un gol•
pe. Hemos dicho que el mecanismo de ca.da campa.na
pone en acción cuatro cabos de martillo. La. disposición en que se hallan éstos ante los dos lados de la
campana es tal, que uno de ellos está sit&gt;mpre dispuesto para dar el golpe. dos en preparación más ó
menos avanzada. y el último en reposo.
En virtud de ese arreglo, el campanero que ejecuta en el teclado Je! campanario puede tocar piezas
'rápidas. Los grabados permiten al lector darse cuenta del conjunto pintoresco del mecanismo que describimos.

·•

campo, á las ¡!'randes cacería~, y su amor á los anima.·
les era tal y tan hondas ralees había echado en él,
que prefe1ia muy á'menudo la sociedad dti sus perros,
sus insepar11bles, á la de sus compañero11 de Uni ver•
sidad .
Merece ser contada 111 historia de su primer cor.flicto con el Rector de la Universidad, y que demut:atra
el carácter del joven Otto.
Cuando fué recibido como miembro de la corporación •Hannoveriana.• el estudiante cre,·ó de su deber festP j::ir la admis1on con un banqu~tP, .V asilo hizo. Bebióse aquel dia con exageración, como en todas
las reuniones de I ste géuero, y Bismarck, durante.
una discusión acaloradi~ima. arro;ó en un momento
de exaltación, por la v~nta.'la abiPTtll, un irasco va•
clo. Un transeunte, que sin duda fué herido. quPjóse
en seguida, y como la frasca hubie11t1 te11icfo lugar en
la misma casa de Bl.marck, cerca de 1as murallas.
nuestro PStudia11te recibió una cita para comparecer
ante el Rector.
Estaba aún aco¡:tado, cua1;do la cit:i. llegó á sus
manos con la si_guienta inscripción;
"Dominus Bi,;marck"
El joven dominus II ba.ndonó el h.cbn. FA vistió con
una bata, calzósti cc,n sus kanonenst,iefel (botas de
cBñon) colocó un e lindro sobre su cabeza. y con tan
extraño aparato dirig óse A la. casa del Rector, oprimiendo la pipa entre los dientes y ijeguidu de un
enorme perro inglés.
El rector, intimidado al ve- al animal, parapetóse
detrás del escritorio y procedió en ~eguida á condenar al joven domirius á cinco thalers de ruulta, para.
enseñarle á µreijentarse en trajti más conveniente an. te el tribunal académico De Fp ués, y duraLte el iute. rrogatorio, Bismarck empeñó,e en probar que el frasco pudo haber volado por si solo hasta la calle. y
pretendió á manera de demostración, hacer tomar
igual camino al tintero del Rector, lo cual le valió al
cabo, que la pena ímput&gt;sta Fe extendie¡:e hast11. tres
dlas dti calabozo; pena que sufrió eu seguida el dominus.
uespués de este acontecimiento, las visitas de Bism~rck al calabozo hicíéron·se más frecuentes; pues él
nn~mo pretende haber pasado hasta dit·cisiete días
eu el t&gt;ncierro, tanto en Berilo como en Goettinga.
Sea lo qntt fuere, todavía Pe ve en Gc,t:tt nga una
putll ta de calabozo en que el nombre de BiemArck
11~arece baE.tant, legiblt; se debe sin embargo agre•
1
gar que por ha her transcur:ido desde eLtonct-s la
friolera de setenta años, algunos bió~rafos han emitido duda:,i res11ecto á la autenticidau de este documento.

**..

La ejecución artística se obtiene por medio de un
Campanas y baterfa del campanario
t11clado abso1utam~nte semejante a.L. de·un piano. To--- -----------------~~-~=--~-~~~~~~_: __________________ _
do lo que se necesita es alguna fuerza. pitra herir las
teclas. Estas son 46, de las cuales ocho no corresponla amplitud de la frente, la forma· dPJicada. de la na·
de~ á ninguna campana y una pone en acción el roriz, de 'fentanas bien arquPadas, y la, barba cuadrada
daJe del do más grave que no tiene bateriRB de mar•
firme y poderosa, verdadtlro rostro de titán a l cual
tillos. El campanero puede utilizar. pues, 37 teclas y
el grabado y la caricatura han popularizado bastante
El General Lle. D. Carlos Diez Gutlerrez.
ejecutar las piezas que permiten: la misma nota es
y mucho tiempo ha, para dispene~rnos &lt;iti insilltir
suceptible hasta de cinco repeticiones por segundo.
Por aqut1l entonces. un crecimiento dPmasiado preLas teclas obran sobre las palancas del mismo modo
Publicamos en la primera plana de nuPFtro semamaturo había casi espiritu11lizado las facciones d..J Isque las púas del cilindro.
nario el r1 trato del Gobernador de San Luis, cu.va
tudiante, á quien sus pr&lt; ft&gt;SOl'eS han rP presentado
muerttl, acaecida el último domingo, puso fin á una
como á un muchacho d" PStatur,. y flaqu"zª f'Xtrañas.
*
enfermedad que pi obó con los más duros y agobiado•
La vida del estudiante Otto de B;Rmark,por lo deml s ,
El conjunto del sistem; e~ extremadamente volures padecimi~n1011 uurante un mes ccnsecuuvo la re•
fué la de todos sus iguales: la vida d« col.,gial afecto
minoso y tiene 20 metros de altura sobre una supershtencia del dhtinguido potosino.
á disputas y camorras que dPjaban poco tit ropo para
ficie de 10 metros cuadrados, lo que hace un espaNuestros diarios han dado una información porme•
el estudio y que,á poco mb, habri~n comprometido se•
de 200 metros
noiizada acerca de loR funerales del Sr. Diez Gutiériamtmte su ingreso á la carrera á que fué dedicado.
· La im talación es única en su género. El campanarrez y de la inhumación del cadáver en la elegantísiSin embargo, hay que advertir que no era Psta disi•
rio de Slin Germán fué acabado en 1878, b.abiendo
ma cripta bizantina que posee la familia do ef Sa.ucipada existencia la que rntisfacia eFpecialmeLte rns
tardado su construcción quince años. El mecanismo
to SHntuario situado á inmeniaci-0nes de la. ciudad de
gustos: Otto de Bismarck. por el contrario, abrigaba.
es obra del reloje.-o M. Collhi, ·quien antes de presenSan Luis Potosi.
yaen eiita época un verdadero culto ála naturalez , al
tar el sist·ema définitivo, hizo numeroslsimas expe•
riencias ante una comisión formada por M. Ballu arquitecto promotor de la idea; M. Cb.aix d'Est A~ge
e_l músico Bozzozi, M Barksr y M. Lepante. Los pa~
risienses !1º han podido apreciar su hermoslsimo
campanario, porque apenas construido se abandonó
enmudeciendo durante veinte años. La obra de res~
tauración quedó oficialme.ate consumada el 7 de Julio último.

Nuestros Grabados.

***

. Para dar una idea del. valor de la joya que guarda la torre_ de S_a1;1 Germán, dirsmo~ que el constru~tor Collin, rec1b1ó .,or su trabijo 'N,960 francos;
casi Igual suma cobró el fundidor de las campanas y
el barómetro, el termómetro y el rAloj de la tor;e,
costaron 27.00&lt;? francos. Los 200 000 francos que suman estas cantidades y el costo de la torre, construida. exprofeso para el mecanismo descrito nos indican
las pr?babi!idades que tendremos de ver' y oir algo
parecido s1 no nos tomamos el trabajo de cruzar el
Atlántico,

BISMARCK ESTUDIANTE.
. Fué en la Universidad de Goettinga en dondo el
J!&gt;ven Otto de Bismarck se matriculó por vez primera.
.1!.tra en aq~el ~ntonces un r~paz bien parecido, de cabellos rubros hgera.mente rizados y ojos claros y pro!undo~ que so agitaban constantemente en su rostro
mmób1l, pareciendo recolit'er y conservar fielmente
todo aquello que veían, -en contraste patente con
esa inalterabilidad del semblante que es un rasgo al
~arecer congénito:- reflejaba·. en ellos toda la vida
el alma\ toda!ª vida dH penB11miento y de volición,
con u1;1a 1ntens1d~d de expresiónnotable Ya.entonces
ap~ecrábase la misma armonía de lln11as que disting_ureron _más tarde las facciones del Canciller Imperial; facciones notables por su simetría bilateral, por

Teclado, cilindro y mecanismo del cam1,anarlo de S Germá.n.

�•
Domln~ 28 de Agosto de 1'398

EL MUNDO

168

LA C!RIC!TUR1 EN EL EXTRANJERO.
•

F.L MUNDO.
,

.

•

l

•

I

BISMARCK.

Buen tiempo.

,ariable.

Tempestad·

LOS TRKS CABELLOS OFlL GRAN CANCILLF,R.

( /i.ladderadatsch, Berilo).

EL SUEÑO DE BISMARCK.

C11ando corrió el rumor d, que el ex-canciller yolvería á sus antig11as fu,nciones, soñó que se le rectl-la
triunfalmente.
(St,·ehoza, San Petersburgo, 1891)

!

.

1Jna 1&gt;arlida de ciclistas americanas en Inglaterra.
~

Al día síguiento de la defunción, fué conducido el
ilustre muerto á la Sala d1-1 flesionl'~ de la L1&gt;gislatura del E•tado, convertida en t:ip1lla ardie1•te, y 111li
se le tributaron los h•more~ oficiH\Ps que como Gobern11dor le corre~pondlan, y acto continuo una comisión nom]:&gt;rada por la fawilia crnó el féretro, llevándolo á la CatPdral.
Solemnes fnncn las ceremoniaR ecl11~íá•tica11 preRididas por el OblRpo de Ran Lais y pres1&gt;nc1aifas por
una concurrenc~ aristocrática. comoneRta 1&gt;xclusivamente de perBnnas invitadas privadamente por la fa milia del difunto
De la Catedral partió el cort1&gt;jo sej?uido de una
multitud que Regún dicen los tel1&gt;gra-mas 111&gt;1?11 ba á
veinticinco mil almas y quti acompañó al cadll.ve, hasta el S1ucito.
En este lu"'ar esp1&gt;r11ba ya el Obi11po de San Luis
para pronun~iar las últimas oraciones en el momento
de la inhumación.
El juicio de Paris.
Es graciosa por 1~ ironía esta. in~antil escena en la
que Paria, - un Paria rorro-ad1ud1ca la manzana de
la eterna di@cordia femenina, á la más bella,-una
Venus inocente y mofletuda.
•
Notarán nuestros ll'ctores la prPdilrcción nuestra
por los grabados artísticos que tienen por asunto epiaodio11 cfo la infancia.
"El Mundo Ilustrado" pntendA ante todo. ser una
publicación para el ho¡rar, y á "ªª mira ajustamos la
elección entre los más bellos y acabados modelos del
arte contemporáneo.

lJna bandera de parlamento en el Caney.
No hubiéramos insistido mh en dar grabRdos con
· asuntos de la última guem1. si el que hoy ofrecemos

á ntl!IRtros favorec11dore11 no Jlflvara un Rello peculiar

q11" lo hace d1¡¡-oo d•• figurRr Pn las colecciones.
Reprt111enta la primP.ra embaja.da de paz, después
d11 los Ppl•odioR cru .. ntos jiel CanPy PU los que por
una y otra part.._ hubo hnroismo• nobilisimos y pérdidaR ite conRíd11ración.
Nuestro grabi.do 11s 11n cierta manna simbólico, Y
muestra cómo f'.n las crlRls niáR intPn11as de los sentimiento~ humanitarios de nue~tra civilización, sobrevive y florPce opulento y perfumado el instinto del
bi1m aocial y de la fraternidad humana.

-~ --i ;-=

DESPUBl::! DE L.O. RECONCILIACIÓN

El prlricipe dejl\ crecer cul\tro Cl\b.ellos para que
formen la inicial del Emperador-W.
tDer Floh, Viena 189 t)

CAPRICHOS.

lJna excursión de ciclistas norte•
americanas.
DPsde "que la bicicleta ha lleglld'&gt; á ser el sport favorito, se multiplicaron las aventuras, audaces unas,
y otras di venidas, dti las que ti! ciclismo es móvil y
_aliciente.
Libros enteros se han escrito de viajes en bicicleta
á través de todos los p.-i~es civillzl\dos.
Una joven norte am'lricana llegó hasta á publicar
en un conocidisimo Magazine, largos artículos en los
que exita á su~ compittriotas á recorrer los antignos
países europeos en bicicltita, insistiendo en la baratuu de la expedición y sus atractivos.
Natur11lmente Iuglaterra es el pais predllecto de
las misses para sus viajes de recreo y fatiga. y ya las
últimits l\ldeas británica. mir1Ln sln asombro á las em•
prPndedoras hijas de la América del Norte crunr
sus calles solitari11.s y perderae en las lejanías del horizonte.
Lo que puede verae en la cara de BiamaNk,
(Por Moch )

El niflo salió temprano, despué3 de h!l.ber reE,tab1 decidid ) 1 lo había jurado in p 0.tto, miel\-·
dbido el beso maternal sobre la fresc1 m ejilla. tr11.s, en pié, jClnto al sillón de la abuela, mudo,
-Salió calladamente, ale~re, contemplativo y ri- arrepeCltido, tembloroso, en lucha iCltima con las
-s uefio, mirando, con fijeza distraída, cómo p'l.• lágrimu rebelde:11 sentía la se'!a mano de la aniidecía en elhorizonte el rosicler de la m 1ñ1na. El · ciana posar sobre su cabeza, en delicada caricia,
aire estaba frag'\nte y sacufüa entre lns ciClcela- como se posa un ave en el nido, y oía la voz ·
duras del follaje los primeros rayos de sol. .Aú t ~lulce, SQ.plicativa, con entoClaciones de plegaria,
los estambre'i de las eClred'l.dcras temblaban con decir el tierno estribillo: hijo, sé bueno; ve A la
ia lluvia de cristal del rocío. L')s p áj iros salían, escuela!
en pufi.ados, de las copas húmed,1s y se de3gra***
naban á la vera del camino. El muchacho camiY sí que irfa.l ,B:ieno, eran los amigos paraim- ·
naba, pensando, como el Dio3 biblic:&gt;, qu~ lo pedirlo! Nada; yano m \s ver la cometa incruscri11 do era bueno. Y seguí~ su mucha con leCltitud ' tar:1e, susur.r;ando en el azul del horizonte; ya no
-y uniformidad, seguro de que ibil A ser delos pri- más arrojar la peonza sobre el terrafo para que
meros en sombrearse bajo la vieja po1·talada, en su vértigo levante microscópico, torbelliClos de
espera de que el semblante rugo30 del dómine, polvo; ,tdi63 iris delas canicas;11.dio3 1 ave d el paasomando por el entreabierto pos~i.;o, anunciua uí,o de la rllquetal
la hora de la clase.
El muchac.hu va palpando con dichosa fruición

la bolsa de los libros; allí la lleva; e1 el mismo
sitio donde lo3 guerreros y lo,trovalJres de sus
cuentos, llevaban la espadi y el laui. A!lor,~ si estA. seguro¡ la n'lclle anterior, al C0Clcluir el rezo,
había preparado la lección, y casi resuelto el
problema de aritmética, plar1teado, después de
larga meditación por el sabio vejete de la escuela.
¡Qué hermoso día! L'\ luz clara, virgiClal y fresca, se filtraba por todos los porns del alegre caminante, hasta llenar su alma de resplandores y
'a lumbrar inte-riortnente aquella c 1bez t pensativa llena de números y preceptos científico i.

*

* * hora; pasó junto al
Llegó á la aldea, á buena
Abside d el templo, en cuya cornisa destartalada
las golondriClas que charlaban, reco nociéndole,
abrieron las alas azules; y él creyó que le de•
cíirn: vamos, amiguito, á la escuela. Torcía las

�Domlnl?'o 28 rlP A2"011to rlfl 1898.

EL MUNDO.

170

ante la tapia del hog9.r por donde asomab3: un,
ciprés que se movía, cabeceando, como mano ,
• que a~enaza. Entonces él, arrepentido, sintió el
zarpazo del remordimiento, y tembloroso, mudo,
luchando con las lágrimas rebeldes, al levantar
el brazo para tocar la puerta, exp~ri!Dentó sobre
su cabeza la sensación de una caricia suave, y
escuchó una voz dulce, suplicati va, con entonaciones de pleg11ria, que cantaba el tierno estribillo: sé bueno, vé á la escuela! ....

callejas, saludaba á los transeuntes, andaba listo,
radiante, con el cuello erguido y la gorra levantada, para que pudieran ver en su frente la estrellita uel estudio.
Poco falt11ba, cien pasos á lo más, cuando de
la plazoleta vecina salió una explosión de risas
chillantes y de gritos 11gudos; un tr&amp;queteo de
chiquillería desenfrenada. Y el buen muchacho
se detuvo bruscamente como si algún obstáculo
invisible le impidiera el p11so. Había reconocido
á sus camaradas, á su traviesa banda, á su cuadrilla regocijada.

Así. amiga mía-¿lo ***
ves?-así he sido yo toda
la vida. ¡Cuántos propósitos ~e he hecho! ¡~ué raudal de juramentos he vertido! Voy de pnsa
hacia la Gloria, hacia el Bien, hacia la Verdad;
Pstoy firmemente decidido y me empefio en seguir adelante. Héme ya en camin?, con p_as~ seguro enérgico, sereno; he prometido á. mis 1de~les '10s que me acariciitn y reprenden, cumplir
co~ los deberes que me han impuesto.

*
*.*
El era del enjambre, y de pronto, una ola ele
deseo, viva, furiosa, enérgica, se levantó en su
pensamiento, y el joyero de la memoria, abierto
de par en par, le presentó las riquezas de los días
felices, hurtndos al rincón obscuro de la escuela.
al pupitre raspado, al tintero que se volcaba sobre la banca grasienta, al libro que se despanzaba echado perezosamente en la palma de la
mnno, al rostro de abate irascible uel maestro.
Aquellas ris11s, aquellas exclamaciones, aquellos
gritos eran la música a1Tulladora de placeres
queridos; le h11cían ver llanos empapados de ,sol;
árboles cargados de frut~s, zanjas de agua verdosa, colinas escarpadas y en todas partes, la
banda de chicuelos colgada de las ramas, bafiándose en los arroyos, apedreando á los pájaros,
persiguiendo á los reptiles.
¿Cómo fué que tan luego se hubiese podido
destruir la firme catedral de su., propósitos? ¿Qué
soplo apagó el incendio de su fé? GQué viento
arrasó la pirámide de su arrepentimiento? Un
inst11nte de indecisión, un minuto de angustia, un
combate de titanes en el reducido espaciu de
aquella almita, y en seguida .. . ... el saludo dé
un rezagado de la fiesta, los aplausos de bien
venido, la discusión de las excursiones, el eJér-

*

,r-

cito en camino, la caravana bulliciosa, corriendo
libre y olvidada de todo, á. través de las llanuras
sin límites y bajo la sereuidad de los cielos.

***

.... Cuando el muchacho volvió á la ca.sa, después de cazar nidos, bailar pionzas y aventar el
ave del paraíso de 1a raqueta, se paró, para ocultar su agitación y limpiarse el sudor de la frente

* *de una risa, el rumor de
Mas de repente, el eco
un beso, la música de una palabra carifiosa, me
detienen; allí están mis camaradas, allí está.o las
pasiones que me dijeron: vuelve; allíestá.el amor
ligero, alado y olvidadizo que cuando pasea conmicro suele ponerse serio; allí están las frágiles
est;ofas que se rompen, y los ensueilos luminosos que sc, desvanecen; allí están los amigos de
un día, la amada de una hora, el placer de un
instante . . .. y yo con ellos sin acordarme de mi3
promesas.
Y cuando vuelvo á tí, encarnación de mis supremos ideales, símbolo puro de mis ~u~ilos, llego cobarde, pem,ativo, y: mudo, srntiendo en
mi espíritu la caricia de tu mirada, y oyendo en.
él tu voz dulce, consoladora, suplicativa; sé bueno; vé á la escuela! ..... .
LUIS

G.

,~;;.;..;.i;c-.;.:,
·"':::;~.::...~c:;.;...
"".,._, . _,"=·~=-==.:·_-_
~

URBINA.

_______ _________

bia dualizado?

,.

Fué ya inevitable; él había repetido sus burlas punzentes toda la noche, yo prometí castigarle si reincidia. Repitió ..u inaulto, y en presencia de los amigos, á la aalida del Teatro, le abofeteé. •
Mucha gente lo vió; entre ellos, su novia. El lance
era indudable. Nombró sus padrinos y yo los mios.
Cuando ya en la madrugada me separé de los amigos para retirarme á mi casa, sentí, ¿por qué no confesarlo? un miedo grande, muy grande.
Apresuré el paso; sentía recorrer mi cuerpo un fuerte escalosfrio que me hacia estremecer. En las calles
desiertas, resonaban mis pasos como en el interior de
una caja; hubo un momento en que oí ciar~ y distintamente los pasos de un hombre que corria en seguimitmto, de puntillas, por cautela, después, una mano
se poeaba en mi cuello; me volvi violentamente; nadie; y sin e;:;ibargoyo le habia sentido á mis espaldas,
corriendo tras de mi. Traté de convencerme de que
el ruido babia sido causado por un un papel que
arrastraba el viento por las baldosas de la aceca. Una
silueta se dibujó en la pared, y me horroricé ¡Babi
quizá hubiera sido mi propia sombra; acababa de dejar á mis espaldas un foco de luz eléctrica. Me habría olvidado de que tenia sombra, pero creo que no;
aquella era larguísima y flaca, muy flaca.
Para dar vuelta á una esquina fui basta la mitad
del arroyo, el miedo que sentia eradealgoindefinido,
de algo no, de todo, pero de todo vago.
Me encerré en mi cuarto.
Seguía sin tiendo mucho frio, el friodel miedo; pareeta que alll en el interior de mi recámara nevaba
miedo.
Quise leer, ya arropado en el lecho, para entrar en
calor; pero habria necesitado unas ropas de sertinidad
para calt,ntarme.
Castañeteando los dientes lei algunos renglones. Alf(o se dibujó en la pared, alg~ siniestro; lovi de soslayo,
al Tolver la cara desapareció; volvi á leer, y volvió á
aparecer aquello moviéndose, como temblando- al dejar caer la mano se me ocurrió que podia ser e1libro;
eso era, ya lo sabia, y aún volví á colocarme en laposición en que estaba, para convencerme de que era
el libro.
La vida de la vela se exth1guló; lanzó un sUS'!)iro
de luz, una llamita que se fué, que voló quién sabe á
donde.
En la obscuridad de la pieza, habia muchas Juces
de variados colores y figuras azuladas, como violetas
luminosas; amarille11tas, como lunas; rojas, como gló-

bulos de sangre ígneos; blancas, de· todos colores, y
varias incoloras. Baj11ban en hilillos, como &amp;i del techo
las arrojaran en cohetes, y i-.travesando el suelo, ib,_m
á estallar .en chispas de obscuridad abajo,muy abaJo,
muy lejos.
Yo quería "er la obscuridad, nada más la obscuridad, y me eubri la cara y la apreté -contra las almohadas, pero los ojos seguían viendo todo aquello.
Después, como en kaleidoscopio, pasaban muchos
ro~tros h11ciéndome muecas, el de una joven, el de un
niño, el de un vil'jo, el de otro, y otro más. todos viejos pero distintos, y se reían de mi angustia; dl'bO haber estado ridicnlo en mt&gt;dio de mi espanto; sus carcajadas comenzaban ensordecedoras y se iban amortiguando hasta hundirse en el silencio, pero aún se oía,
ya casi callada, la del viejo, cuando surgia la de una
niña.
Después siguió el silencio y ola yo un rumor sordo,
indifmible: ef ruido del silencio. El silencio estaba formado por multitud d1-1 ruidos, que chocaban y se deshacían. Queria huir de todo, hasta de ml mismo, ¡Oh,
mi ideal! poder huir de mt mismo. Putné en vano por
levan tarmt'; parecía de hierro mi CUt'rpo, ¡·de pronto 98
alargó mucho, sobre todo las piernas, lo lejos se
veian conTertidas en dos puntos las extremidades'
¡que ansiedad! yo queria recojerme;¡¡lfin lo conseguí
y fué más de lo que yo deseaba. El cuerpo se metió
en la cabeza, lo sentl muy bien;entonces podiayomenos levantarme; no ttlnla más qutl la cabeza que salia de las sábanas; más tarde y a sentl cuerpo, pero un
cuerpo de aire. Vino un soplo, no sé de dónde y me
impelió; ya estaba en pié.
El cráneo que estaba en mi buró me miraba, asi
como estaba siempre, sin ojos, pero yo sentía sus miradas abatiendo las mias, y ola 1a respiración de la
maldita cabeza hueca; ya no estaba g,is[ada, tenla su
cuerpo, un cuerpo luminoso, fosforescente, qull se incrustaba tendido sobre el buró, prolongado an el intllrior de la pared, era un cuerpo hermoso, formado
por lineas, por cu_rvas, nada más por curvas, ni una
recta, era de muJer.
Junto á mi se oia un ruido, como si latiera un corazón, pero no era el mio, era probablemente el de la
maldita mujer.
En el fondo de la pieza se oyó un golpe; no era el
de la puerta, á pesar de todo la abri, nada, y sin embargo, al volverme ya estaban sentados, esperando
á que mearreglase, mis padrinos vestidos de luto.
Entoncl!S me serené. Juro que ya no tuve miedo. Yo
mismo me asombraba de mi valor.B;en pronto meencontre en el campo. Apen&lt;1s babia luz. Pasaban los ga-

_..;;;::,,__

. . _~;;;;:~7.._ . ~

yo llevaba los de dos personas iigualef con un mismo
yo con una misma almai' ¿éramos dos personu dlsiU:t11s y un solo yo? Si yo habla muerto, yo quien
era? .... Y corri á go_l.,ear las puerta!' que hablan cerrado mis deudos, mis dolientes, g,1tándoles: ábranme áhanme, ¿quién soy yo? ¡eh! ¿quién soy yo?"
Al fin, se abrió la puerta y dos pariente~ mios salieron, y Juego otros más, y entre todos, ¡vahentes cobardes! trataron de asegurarme; me _-~esisti, mas el
número me venció. Uno de ellos me d1Jo, lo oi como
entre sneños; "es necesario que se calme usted, váy ase." Yo podfa atender á todo. en aquellos mome~tos vivía mucho, pero con esa vida acelerada, ~alp1tante y muriente de los fragmentos de una serpiente
acabada de despedazar. ¡.St1rian los últimos restos de
vida. del alma de aquel mi cuerpo muerto, que se ba-

¿QUIEN SOY Y O ?
I

l'il

Domingo 28 de Agosto de 1898

"Bueno, pero ¿,vo quién soy? díganme y haré todo
lo que ustedes quieran 11
Entónces alguien dijo á mis espaldae-¡cuánto siento no saber quien fué!-•está loco,• "está loco."
Llamaron á. un guardia, ese atrajo con su silbato á
otro v otro más, y á muchos curiosos.
Y~ "seguía preguntándoles: ¡.quién soy yo? pero
aqu ellos imbéciles que me _creían loco, ya lo habían
dicho,-solo procuraban l'UJetarme._
.
Mis parientes1 ¡Pfempre los malrl1tos parientes! hablaron algo con Pl lnRpector, y ~i. él, ni los t'scribientes ni los practicantes me quisieron oir; unos, much¿s de los curiosos, se retan de mi. y me silbaban,
algnnos me veían con horror. otros me com¡,adeci~n.
"Un espejo, un espe~o" grité; se me babi_a acuri:1do
que era lo único que podla salvarme; él s1 me dula
cual era mi exterior.
No me ha clan caso, v eso que con piés y manos golpeaba la puert,i de mi"en_cierro.
..
Al fin quizá por ver s1 mfl tranquthzaba. un poco
me llevaron un espejito, de esos d~ bols1llo ¡al fin
iba yo á conocerme! Encendí una cenlla .... ¡Qué horror! ¡yo era mi primo! es dflcir. el cuerpo que !_levaba yo, era el del que habla dado muerte á m1 otro
cuerpo, al verdaderamente mio. ¡Caso extyaño! ,vo me
habla matado, y sin embargo no era 11;n smcida. Aquella mano gue entónces era mla, al disparar sobre mi
cner po, aun no me pertenecil!-· fl cómo fué aq~ello?
¡Habíamos muPrto los dos, m1 p_r1mo Y. yo. Y babia resucitado su cuerpo, pero con m1 alma? Si, eso debla
ser; ltabla habido en los cuerpos una muerte, la dt1l
mio, y una separación de alma, 11!- de la suya. En el
cuerpo de mi primo, no ha~ia habt~o muerte; se habla verificado una suspensión, de vida, mientras babia estado sin alma, y lut1go v1via ya su cuerpo, pero
con una vida que era mia.. ¿Y el alma de m1 prim_o?
¡.Habrill ido á meterse en m1 cuerpo? No: era un avatar, avatar expontáneo, mcompleto: aqµél cuerpo que
yo habfa visto era un cadáver; no tenla nlma; e~ el
fondo de aquellos ojos no la habla; me _hablan ~1st?,
como ven los ojos de los retratos, los OJOS de v1d.r10
de los muñecos
Pensé en suicidarme, era el mejor medio de libertará mi alma; pero reflexioné; déspuésdetodo al que
daba yo su independencia, porque era el esclavo, era
al cuerpo. No. ese no era el me~lo de vengarme de
mi matador, dPbla yo sujetará mt cu~rpo_ á ~ucbos
sufrimientos. ¡Cómo iba á golpeará m1.~r1mol ,Cuánto iba ha hacerle sufrir! Hambres, vfg1has, enfermedades, todo lo sufrirla con gusto, sólo porque era en
el cuerpo de mi matador!. . . .
. .
.
A la mañana siguieme, tampoco ~ms1eron 01rme,
"loco, Joco" repetían todos, y me traJeron á. esta casa,
donde--¡no lo saben bit1nl-me dan gusto, porque me
m11ltr11t,in.
.
.
Sólo A vPces rnfro y entonces s1 soy ~o qmen sufrfl. rorquP- pienso: y si no ha,v al.T-~, .V bl tod_lf_A snn
manifestaciones de la materrn, e1.to11ces ¿quien soy

nados, silbaban las fábricas, ya se ve que podía fijarmfl en todos los det,illes.
Se midieron las distancias, y se nos entregaron las
armas . ... Hicimos fuegos á lll señal, y cai sintiendo
un dolor en la cabeza.

II
Al despertar, porque aquello sin liuda fuédespertar
me hallé en un cuarto de un µotel; tenia el sello especial que tienen los cuartos de los hoteles. Los ruidos
llegaban amortiguados hasta mi, como llegan á la recámara de un enfermo: el toque de oración, la música de un organillo, los gritos de alguno• vendfldores.
En casa deblan de creer que yo habla muerto,Meapresuré á llegar para desengañarles. ;\fi madre sufrirla
mulhO en aquellos momentos: era lo que más dolor
me causaba, porque yo la amaba mucho, aún cuando
ella no lo creta, porque á pesar de las súplicas suyas
yo segula tomando alcohol y seguia inyectándome
morfina.....
Las puertaa estaban abiertas todas; había mucha
luz en mi recámara. Muchas personas estaban sentadaR frente á ella.
Mis padres, que se hallaban en el corredor, al verme co1rieron á esconderse en su alcoba y cerraronla
puerta. ¿Tan irritados estarían contra mi?
En mi recámara alguien rezaba.
En una cama, sobre las tablas desnudRs, había un
cadáver alumbrado por cuatro cirios. Al verme, huveron gritando los que rezaban ¿Por qué me huían?
'y aquel cadáver ¿de quién era?
Resolví levantar el lienzo humedecido que Je cubría el rostro. Aquello erll terrible, para vol verse Joco!
¡El muerto era yo! Es decir, aquel era mi cadáver. Le
alcé los pll.rpados, nos vimos, pero nada más, no nos
miramos, aquellos ojos eataban triatt1s, opacos, mudos,
muertos
No sé de dónde me habla llegado calma. Le tomé
el pulso á aquel cuerpo; no había pulso y estaba frío,
rlgido, no citbia duda, estaba mue1to, ·1y era el mio!
Entonces yo que estaba alll, yo qui• le buscaba el pulso al calláver ¿quién era? Y levanté de nuevo el paño
de la cara; sin duda, era mi cuerpo.
Mi inteligencia, e&amp;taba como una máquina eléctrica en acción. y relampagueaba pensamientos. ¿Eramos aquel cuerpo y yo,-quiero decir el que yo tenia en esos momentos vivo,-dos sinóninios materialmente? Yo tenia cabales todos mis sentidos, completo cada unó¡ luego ¿eran el cuerpo muerto y el que

u

-

yo? ¿qué me ha sucedido? ¡Oh! pero no quiero pensar
en eso; entónces si me volverla loco,
F'lANCIFCO ZÁRAT~ Ru1z.

LOS SONETOS

DEL ILMO. SR. DON JOAQUIN ARCADIO PAGAZA,
OBISPO DE VERA.CRUZ.
Máxico, á 24 de Agosto de 1898.
Al f3eñor Director de EL Mmmo.
Presente.
Muy estimado amigo:
Recientemente llegado de Jalapa, tengo el gusto de
enviar á mted un ramillete de la~ más esqu1sitas rosas que florecen en aquello\ poética ciudad: un grupo
de sonetos de D. Joaquín Arcadio Pagaza, cincelados
como ánforas de plat!l de Benvenuto Cellini.
Si el mejor poeta clá~ico es aqu11l que expreAa de la
manera más sencilla los pensam1entod mll.d dUblimes,
y asi se aproxima Jo más posible á la perfecctón del
arte, entendiendo por esta perfección el consorcio del
fondo con la forma, del pensamiento con la expresión,
de la imaginación co.n la razón y de la grandeza con
la verosimilitud y la sensatez, todo esto co1,Dbinado
con un profundo amor al buen gusto, creo que pocos
pueden rivalizar en el género clásico con el árc1tde
Obil!po de Veracruz cuyo estilo es la naturalidad
misma, cuyo gusto es de una purezll intachable y cuya versificación, fácil y fluida, tiene uua harmonía,
correspondiente al asunto, en extremo delicada.
Lejanos t'Stá.n los siglos ele Pe:-1cl :s, dfl Augusto y
de Luis XIV, los tieQ1po,1 de Platón y S6foc1es,-la
abeja ática, -de Horacio y Virgilio, de Bossu, t, Racine. Moliére y La Foutaine, autores de eter. a juventud;·pero el clasicismo no puede morir, y má3 tarde,
más temprano. se volverá á escribir imitando la majestuosa antigüPdad griega y latina; porque la lheratura clásica será, como Ilión, "arrasada dos veces y
1,tras tantas levantada altivamente sobre los 10udos
c~minos. 11
Ecléctico por temperamento. plácenme en grado sumo esas hermosas revo:uciones que hoy expMimenta
el arte literario, lo que no empece para que siga sien•
do constante admirador de la vieja poesia, que ha de
perdurar c:.mo quedan las estrellas cintilando sobre
el terciopelo sombrio del cielo des pues de las más gigantescas borrascas, como permanece el manantial,
claro y bello, por más que el torrente arroje al cielo el
agua encolerizada, como brillaron las blancas alas de
la paloma del arca en medio del negro diluvio.
El autor de los sonPtos que envio á usted es un devoto admirador de Horacio y su fiel traductc,r. Hablando con él de los imitadort1s del inmortal poeta romano, movió la cabeza en ademán de suprema duda,
ó, más bien, en señal de la vrofunaa convicción que
alienta de que nadie volverá á escribir iguales mouu•
mantos para la eternidad:
Exegi nw,wmentum rere perenniu.,
Piensa el Señor Pagaza. respecto d~ Horacio, lo
que éete creía acerca de Pfndaro, que riva,lzar cou
él es querer repetir con alas de cera el vuelo de Tcaro. Tal adhesión á. las cosas antiguas me recordó la,
de ERqullo, quien, exhortado á rehacer el pP.án de
Tlnnico con que solla darse principio á los j11egos,
"Excelente," respondió, "es este himno y componiendo
uno nuevo temería Je sucediese lo que á las nuevas
estatullR comparadas con las antiguas; ~iues estas. en
su tu .. ca sencillez, 1:;on tenidas por divinas, al paso

que las nuevas, más artificiosas, se admiran, pero
ninguno descubre en ellas áJa Divinidad"
Acaso por tan singular prúpensión á volver el rostro hacia atrás, abriga el .:&gt;t&gt;ñor Pagaza tauta fé en
su corazón tanta e3peranza en el progreso de nuestra literatura; sutlña con tiempos mejores y desea ardi..ntemente poderlos revivir, juzgando que México si
puede aliar sus concepciones á una forma acabada y
que no le pasará á nuestro paid lo que, segúu una f;a.
se célebre le pasó á Egipto, que hizo colosos como los
asirios, pero no estatuas como los griegos.
Al poeta de quien hablo sólo se lt1 puede en justicia
formular un cargo: el de excederse uu poco en la
ele.!ción de voces y de frases, en el edcogimiento de
exquisiteces de lenguaje; pero hay que decir en su
abono que tal "'~mero y semt'jante a1 tificio .no le hacen perder la d1lzura y grac111. vir~ilianas de su esti•
lo, ni la naturalidad de ideas y propieda... de expresión que traen á la memoria las elegías de Ovidio ni
su ingenio y gusto horacianos, ni la música de los 'sonidos t1spondáicos y dó1icas mtllodias quu se escuchan siempre en el curdo maje.. tuoso de sus endecasílabos.
El autor dl'•los "Murmurios dela selva" canta en los
sonetos que entrego hoy á la publicidad el cielo del
Eetado de Veracruz. lavade por c&lt;,utinuas tempesta•
des; cama el Papaloápan, que besa las deliciosas riberas de Tlacotá1p ,1.11, haciendo rodar sus aguas claras, azules y profuudas, entre el gorjeo de la$ aves
que desgranan su gama de notas 11rgentin11s; canta el
cerro de l\iacuiltépetl, que toma tintes color de malva
bajo la lluvia de oro del B!ll de Jalapa, cuya luz dora
los caminos poblados de valles de flores y de rosales·
canta las perfumadas noches de los trópicos que dad
vigor ul pecho y fort11J~za al pensamitmto, y todo esto lo cama ti vbispo po~ta t1n versos puros como el
grumo de cera q ut1 rodea las llamas de los cirios &lt;le Ja
Catedral j~lapeña, como t&gt;l agua que brota, fresca y
limpia, del ag-rio peñón de la sierra ......
De usted aftmv. amigo S. S.
ADALBERTO A ESTEVA.

LOS PANTANOS.
Soy admirador apa@ionado del agua: PI mar demasiado grande, demasiado vivo, de imposible posesión:
los rios que pasan, qufl hu ven, que se van. y sobre
todo, los 1-'antanos en que bulle la vida indescifrable
de los aaimales acuáticos. Un pantano es un mundo
sobre la tierra, un mundo aparte, con vida propia, con
pobladores permanentes y con habitantes de un db·
con sus ruidos, con sus voces, y singularmente co~
un caracterlstico mtsterio; nada que tanto co11turbe
que t·,nto inquü t }, que tanto asuste algnnas veces:
¿Por qué ese miedo singular que se siente en esas
llanuras cubiertas de agua? ¿Será por el rumor vao-0
de las aguas por los fuagos fatuos, por el sileni'¡ 0
p~ofuudo que \as envuelve eolias noches de calma, por
la bruma caprichosa que viste con sud.1rio de muerte
á los juncos, por el htlrvor cuasi imperct1ptible de
aquel mundo tan dulce, tan fugaz, pero más aterrador á veces que el estruen1o de los cañones de los
hombres yde las tempeatades del cielo? ¿Qué, será por
lo que semPja los pa11tanos á los paf ses del ensueño
á eslls regione11 eEpantables que ocultan un secret~
inescrutable y peligroso?
No. Otra cosa es lo que de alli se desprende; un misterio mi\s profundo, más grave, el que flota sobre
aquellas b"umas, ¡el misterio mismo de la creación
qt,izásl-GUY DE MAUPASSANT,

�Domingo 28 de A!Z'o•to itA 1R9R

EL MUNDO

173

EL MUNDO.

Domingo 28 de Agosto de 1898.

172

¡POR UN MARIDO!
NOVELA. ORIGL~.A.L DE MARO DE CH.A.NDPL.A.IX-ILUSTR.ACIONES GR.A.B.A.D.A.8 EN NUESTROS TALLERES.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Número 9

A Don JosB María Roa Bárcena.

AL CITLALTEPETL.

Arribé apenas por querer del hado
Benigno y dulce á las campifiaR bellas
y boS"t¡ues de Jalapa, y ya tus huellas
Buscaba en este verdecido prado.
Subí de Macuiltépetl al collado,
Anhelante, al clarur de las estrellas
y de Pacho á los montes, las querellas
De Cedeiio después que hube escuchado.
Que te llamaban con amor y e~npeño
Parecióme entender, la helada sierra
y Pacho y Macuiltépetl y Cedeño;
y qud decürn: «¡Mísero e~ que yerra
«En míser11 labor sin paz n1 sueño
«Del hogar lejos y nativa tierra!»

DP. madrugiida á. la ft\raz pradrera
Salir hollando el matinal rocío
Con ágil planta hasta llegar al río
y allí tender el vuelo .... ¡quién pudiera!
No del mar cristalino la ribera,
No de Orizab'l. el amplio caserío,
No de Alvarado el cucotal sombrío
Buscara n; su tímida barrera.
:Uel Citlaltépetl que en el 1:°i~n:o cielo
La frente encaja, raudo opnmiria
Aquel eterno inmensurable hielo;.
Y con mirada présaga y sombna
Los caros montes del nativo suelo
En el ancho horizonte buscaría.

..

EL COFRE.

Magestuoso y zafíreo se levanta
Solo entre mil á la serena altura
Dejado el mm,lle lecho de verdura
y viendo el mar atlúntico á. s~ planta;
Las canecidas sienes le abrillanta
Cerco real de inmaculada albura;
y en desorden Ja barba se apresura_
A cubrirle mejillas y garganta;
En los calores míra&lt;,e tendido
Gris nublado sobre él, que se ave~na
y Je asombra el semblante desab~1do;
.Anhelante en su manto de 1;1eblrna
Envuélvese, rebrama enfurecido, .
Piedra arroja, estremécese y fulmrna.

EN LAS SELVAS DE PACHO.
Salve, oh dulces y castas Oreades
Que solas habitáis e~te sagrado
Donde jamás un bállto ~afiado_
Puso en fuga á. las rústicas deidades.
Aun danzais en aquestas soledades
Húmidas y musgosas, y os h~ dado
Con virgen piar.ta bolla~ el v!rgen prado,
Sin tedio, sin zozobra m a~siedades.
·Quién me diera allegar siempre la boca
Se~ienta á los cristales de la fuente
Que de la entraila fluye de esa ro~al
y ¡quién me diera, si el dolor rngent~
Con su mano de plomo el alma toca,
En estos troncos apoyar la frente!

AL OEDE~OHumilde río de gramosa orilla,
De airosos giros, de correr violento,
De blonda e.spuma, de sonoro acento,
De álveo arenoso que cual plata: brilla.
Beba de tí la agreste cervatilla;
De la torcaz aduérmate el lamento;
Y el lucio y ágil toro pazca lento
A tu margen, dorada manzanilla.
En donde arranca el Cofre soberano
Sacudes hacia atrá.s la nívea greña
Y raudo corres á bafi.ar el llano;
.Al labrador Je brindas que en tí sueila
Frutos opimos y de fértil grano
Henchida titnes la insaciab;e aceiia.

Al ver el mar DOr vez Drillltlra.
Tu transparencia é inmensidad, tu acento
Dulce y terrible, aquesa tropelía
De tus olas plomizas, tu porfía,
No me sorprenden, ni tu blando aliento.
Vi en alas de mi ardiente pensamiento
Que de tu vítreo dorso el sol nacía
'l'remulante, y que dabas áurea vía
A Delia casta de aire sofi.oliento.
Vi medio hundidas las ferradas naves
Y resbalar la góndola ligera
Del pescador sobre tus linfas graves;
Y al pelícano y garza venturera
Con las gaviotas y nevadas aves
Cernerse en el z1:1firo de tu esfera.

..l.L M..l.CUILTEPETL.

Sultá.n de esta región, levanta el brazo;
Levántale, incorpóráte en el lecho
y deja contemplar latiente el pesiho
.A l.\ reina que duerme en tu regazo.
Forman tu solio el índico lampazo
Ceiba y bambú y arborescente helecho;
Y juntos bajan del florido tecb.o
La hiedra y trébol en fragante lazo.
A través de tu verde celosía
O envuelto en el vapor de la m1fi.ana,
Todo es en ti belleza y poesía.
-Duerma, duerma en tu seno la sultana
Que te da cetro, brillo y nombradía
En cambio de tu~ linfas, poma y grana.

AL PAPALOAPAN.
Escucho aún tu plácida quejumbre
Gigante río; 1:ímpida guirnalda
Tu sien orne, y del médano la falda
Cíilas con aparente mansedumbre!
Del sol hermoso la divina lumbre
Retrá.tese en tu linfa de esmeulda;
Y en tíse vea, tint'l. de oro y gualda
Del Oitlaltepetl la nevada cumbre.
De tus riberas el papayo rico
La poma ostente en nido de verdura
Del tordo herida por el rojo pico
Y mézcanse tus palmas en la altura
Blandamente a_gitando el abanico
Qun al dulce Tlacotalpan da frescura.

LOS DOS HERMANOS.
¡Mapre infelízl. .En lúg·ubre mail.ana
A los dos hijos todo su consuelo,
Envuelve y hunde bajo turbio cielo
La nína espuma de la mar cercana.
Empínase y abátese la insana
Linfa, del Bóreas al sentir el vuelo,
Cuando echaban tranquilos red y anzuelo
De leve esquife, Plácido y Elcana.
Ser padrón dt: tamaiia desventura
Pregonan los dos montes no lej,rnos
Que suben coniformes á la altnra.
Hacia ellos tiende la'&gt; cansadlis manos
Del terso ponto en la desierta ancb.ura
El nauta al divisar Los d~s Hermanos,

(JOAQUÍN ARCADIO PAGAU.)

Desde que quedaron fuera del alcance de las
,niradas de los marineros que les habían condu-cido, Nelly se sentó en una roca y Juan se colocó
á su lado; por un movimiento instintivo en ambos
se tomaron las manos y permanecieron contemplándose en éxtasis y sin atreverse á pronunciar
runa palabra.
Nelly fué la que rompió el silencio, diciendo
-en voz muy baja y con la frente inclinada:
- Y ya crees que te amo, estll.s bien seguro de
-ello?
Esta frase descorazonó á Juan, pues parecía
revelar que la joven no había cedido á amorosos
impulsos sino á proyectos por largo tiempo premeditados; y recordó entonces aquella fr;1se «yo
sabré probarte que no sor una chicuela,» pronun•ciada por Nelly en presencia del Doctor y que se
relacionaba con lo acontecido despué3, De todo
lo cual re11ultaba que había en efecto una víctima
y que no era sino él á quien correspondía este
papel. Desde el primer día en que se conocieron,
Nelly se apoderó de su espír:tu y de todo su ser,
y Juan no había · sido en aquellas manecitas encantadoras más que un juguete; se nececitaba hal&gt;er estado muy ciego para no descubrirlo sino
hasta este momento.
Por la mafl.ana, á pesar de
la alegría que le inundaba, se
8CU ~aba de haber cometido una
:mala acción.
¿Una mala acción? Era preferible que así fuese, porque
-en sus manos estaba la posibilidad de repararlo y esto le hubiera causado un gran placer,
pero estaba resultando ahora
que Juan podía haber incurri•do en una simpleza y eso era
irreparable.
- ¿Y ahora ya crees que te
.amo? repitió Nelly que lo veía
pensativo y ¿crees que soy tu_ya para siempre? aftadió ci11.éndolo en estrecho abrazo.
Juan estuvo á punto de desprenderse dulcemente, pero
•ella insistió y apretándose más
-eontra él, le dijo al oído en voz
,suave, ahogada, muy conmuvi,da, com&lt;&gt; fÍ fuera á romper en
sollozos:
- Respóndeme. . . . respón-deme.
Al contacto de estos brazos
blancos y mórbidos, sintiendo
.'en iius méjfllas el aliento ar-diente de la joven, Juan, como
.la víspera, se sintió subyugado
y cobardemente, á pesar de sus dud1:1s, exclamó:
-Sí amada mía, estoy seguro de tu amor.
Después continuaron su paseo sin decirse nada
-de lo que tenían en el fondo obscuro de sus pensamientos, sii1 revelarse sus preocupaciones y no
pronunciando más que palabras de ternura.
En la aldea entraron á la tienda de un célebre
joyero árabe muy conocido de todos los mal'inos
y allí compró Juan un brazalete muy original y
lo colocó en el brazo de N elly.
-No me lo quitaré nunca, dijo la joven sin
dar las gracias, como si fuese ya la esposa del
-Comandante, no me lo quitaré ni por las noches.
Después escogió dos sortijas de oro y sin piedra alguna de las que se obstinó en pagar el valor de la más grande que deslizó en un dedo de
la mano izquierda de Juan ante las mfradasrisue-Jlas y benévolas del joyero que parecía un personaje de la Biblia con su ancha túnica azul y su
barba blanca.
Durante esta operación, N elly tomó un aire modesto como si hubiera estado en una iglesia, y
acaso hasta rezó interiormente.
Más tarde á través del bo8que, llevando las
manos enlazadas, felices los dos, ella había acabado por perdonarse y él por no pensar en el poi·•

venir y así llegaron al punto donde la lancha los na3, vuelven más obstinadas, mis dolorasas tan
pronto como se detiene el soplo benéfico que las
esperaba y regresaron á. comer en ei Oolibri.
Al día siguiente era necesario dejar Ma yotta, había por un momento alejado.
partir, partir siempre y proseguir la misión diplomática que apenas estaba comenzándose.
VIII
Ahora, en esta hora crepuscular, melancólica y
DIPLOMACIA
tranquila, apenas acabado de desparecer el sol
en rápido descenso, Juan pensaba en todo esto
Ya llevaba el Oolibrt quince días de fandeado
reclinado en el pasamanos del puente, con los
.en
Mohelia, y durante estas dos largas semanas
ojos fijos en la dirección de Anjouan donde llegai'ían al amanecer: en la tarde daríun fondo en Juan había visto apenas dos veces á. Nelly en caMohelia y luego llegaría el momento de la sepa- sa de .Mr. Tomás Poole, y eso, apresuradamente
ración. Pero no tardaría en volver porque así de- y delante de todos sin haber podido cambiar ml1s
bería hacerlo, no tardaría en volver á buscará que miradas, sonrisas, fugitivos apretones de masu novia, más bien dicbo, á su mujer. En verdad nos y alguna que otra palabra tierna al descuido.
Bien habría querido por lo mismo Nelly ir
que asi debe1·ia hace1·lo y su corazón ni aun sosá.
bordo,
pero no se atrevía á pesar de su audaz
¡.,echaba que fuera discutible ese deber. Pero
cuánta amargura producían ya estas simples pa- serenidad de otros tiempos, y esperaba impaciente que de él saliera la proposición. Se podía penlabras formuladas en su pensamiento:
sar que era más reservada ahora que su fin pa-E3 mi deber!
recía alcanzado, y que estaba acaso más entrisPrince á. sus piés dormitaba .... Prince, ese tecida por una más completa revelación de la vi•
pobre perro bastardo de quien nadie se cuidaba da. Además, sabía que Juan tenía absorvido el
desde algunos días antes.
tiempo por grandes ocupaciones ....
Una vocesita llamó:
Y esperaba, esperaba dolorosamente impaciente, creyendo que se haría amar más dejándose
-Prince, Frince!
desear y pasaba por alternativas de alegría y de desesperación que vigorizaban su cerebro, como se maduran los rE'•
nuevos á la sonrisa y las lágri•
mas del cielc de Abril:
Los cuidados y las ocupaciones no habían escaseado, en
tfecto, para el Comandante de
Chalmont, pues á su llegada
encontró á toda 111 población
levantada en armas, rebelada
contra el Sultán Ornar, quien
era demasiado débil é incapaz
-~,
de reprimir la rebelión. Se ha.",f'
bían abandonado las labores
del campo; los caminos estaban
infestados por bandas de mal,,., ./, hechores que aprovechaban la
.,
revuelta para entregarse A los
,.,- :'
mayores excesos, y todo era
de temerse como consecuencia
en este país tan apacible por lo
común.
Inmediatamente Juan hizo
bajar á. tierra una parte de su
tripulación con dos piezas de
artillería ligera, y ocupó y fortificó el palacio. El Colibri se
aproximó á. la playa tanto como le fué posible sin peligro
.
de los arrecifes madrepóricos
Prince paró las orejas, levantó la cabeza y mi- y tenía la ciudad bajo el fuego de sus caiiones.
Pero las fuerzas de que el Comandante podía
rando á. su amo p11recía preguntar:
disponer, eran bien débiles y no dejllba de com-¿Qué sucede? ¿Voy?
-Prince, Prince! llamó con más fuerza la voz prender que no podría conseguir que se reco b:-ara
la tranquilidad pública, sino por medios pruden•
que se aproximaba ¿vienes por fin?
Y había tanta dulzura y tanta fuerza en esa vo- tes, enérgicc,s y llenos de diplomacia.
cesita, que el perro, decidiéndose se levantó brusDespués de expedir una proclama en que hacamente y de un salto se lanzó regocijado por el cía ver el espíritu de justicia que animab~ á Franpuente.
cia, bajo el protectorado de la cual la isla por su
Parecía también qne un aliento benéfico se ex- propia voluntad se había colocado, reunió á los
halaba de esa voz y en ese soplo de aire perfu- notables y á. los jefes de la insurrección en un
. mado volaban todas las penas que le roían á punto fuera de la ciudad, y solo y sin armas fué
á. conferenciar con ellos.
Juan el corazón.
Dirigió una mirada hacia el horizonte claro en
Toda la plobación le aclamaba al paso como
el que algunas estrellas coqueteaban mirándose un libertador y los principales revolucionarios,
al espejo de la mar apacible, y como sabia que conmovidos por esta demostración de confianza.,
por aquellos sitios tan poco frecuentados no cru- vinieron á inclinarse ante él y á. poner de un mozaba barco alguno ni había escollos que temer si- do respetuoso en manos del jefe francés, su causa
no en la proximid11d de Anjouan, arrancándose que consideraban excelente.
á sus reflexiones y penetrado poco á poco por la
Hasta allí, en efecto, se habían conducido con .
calma que descendía del cielo, se dirigió-tam- mucha moderación. Estaba á. la cabeza de ellos
bién alegremente-entre .la sombra al lugar de el hijo del difunto sultán .Ahmed, el joven .Alídonde la vocesita había salido, mientras se agita• ben-Ahmed, que era muy valiente, muy genero•
ban a penas las olas azules en la silenciosa majes- so y muy popular, y había logrado impedir á los
tad de esta nocb.e.
alboratadores atentar contra la vida de Omar,
Pero las penas son como las moscas importu- que consideraba como el elegido de Francia. Ali

.,,.

�EL MUNDO

174

Domingo 28 de Agosto de 1898

Domiugo 28 de Agosto de 1898
# •••

de sus súbditos, ni Francia ni nadie se los podía devolver.
Como amigo privado y sincer0, el Comandante le aconsejaba que abdicara voluntariamente,
puesto que el Oolibri no había de estar siempre
anclado en Mohelia., y en cuanto zarpara de nada
se podfa responder, porque la insurrección era
fuerte, y no digo su palacio que estaba poco defendido, sino hasta los mejor guardados no ponían á un rey impopular, en seguridad Mntra el
acero, el veneno ó el fuego.
· Por poco que amara su vida, lo prndente, discreto y
hasta. necesirrio era que abdicara. Después de todo ¿no había abdicado en realidad desde que estalló la rebelión,.puesto que ni él gobernaba, ni na- .

•

·,·

,,

.r

r¡'

r.'1•

vi.. ...
_

'

EL MUNDO

Libre ya en consecuencia de toda preocupación diplomática y habiendo co11seguido desenredar á. su entera satisfacción los complicados
asuntos de Mohelia., Juan no pensó ya más que
en los suyos propios.
Como de costumbre, la víspera al acodtarse y
ese día al despertar, las mismas reflexiones penosas más bien que dulces se apoderaron de él.
Cierto es que se sentía feliz con la idea de que
podía bajará tierra á la hora que quisiera y acercarse á Nelly .... Era preciso hacerlo y tener

/';·

,:¡

~;
., '·'"/,

•,

175
resolución resultante ¿lo conduciría deveras á la
felicidad?
Honor, amor, deber, conciencia y razón, ¡felices en la tierra las almas sencillas que logran poneros de acuerdo! Son las únicas que viven bien
aquí y más ali:\ de la tumba.
En e&amp;to pensaba esperando que sirvieran el almuerzo cuando se le presentó Nelly; inopinadamente y sin aviso· previo, la joven vino á bordo.
No había podido resistir más á la inquietud que
la atormentaba; pero aún cuRndo todavía no habían cambiado dos palahras se tranquilizó ante
la mirada de amor conque
fué acojida.
Apenas llegó, se sentarón á la mesa y se almorzó como e11 los buenos
tiempos cuando todavía
nv los ligaba ningun lazo.

,.'"
¡t
·•.1._• "· .

~

;
;

:-

~,•i' :'.

/,\i

, _.,v:: -- ;,
~~~.-~

.

"·

no quería la muerte del culpable sino sencillamente su caída, después de la cual, los notables
reunidos en asamblea, elegirían un príncipe para
ocupar el trono, elección que sería sometida á la
ratificae.ión del Presidente de la República Francesa y si no era de su agrado, Francia designaría el que quisiera.
Al hacer estas declaraciones, A'.í por medio de
un juramento solemne se excluyó de la sucesión
por más que sus derechos fueran mejores que los
de cualquiera otro príncipe por ser hijo de Ahmed,
de quien el actJual Sultán había sido Visir.
Omar, en efecto,no era de raza noble y sehabfa
elevado solamente por medio dé artificios, embustes é intrigas, primero, á elevadas dignidades,
y por último, al supremo poder. Poseyó un gran
dominio sobre Ahmed de quien halagaba las pasiones, lo persuadió de que su hijo Alí conspiraba y logró que éste fuera expatriado, consiguiendo después queAbmed, abdicara en favor del autor de todas estas atrocidades.
Una vez amo absoluto, su reinado no había sido más que una. larga serie de injusticias, exacciones y abusos; y los notables presentaron sobre ese particular un voluminoso informe al Comandante.
Este, que había estudiado ya bien la situación
política de la isla, sabfa que las reclamaciones
del pueblo eran fundadas, pero no se apresuraba á darlo á conocer y se contentó con asegurar

á los jefes que examinaría con la mayor atencióo la memoria que le fué confiada, y pidió que
las armas se depusieran, comprometiendo su palabra de que cualqui~ra que fuese la solución definitiva, no se haría represalia de ninguna suerte.
Alí-ben-Abmed ofreció el des11.rme y lo cumplió.
Más tarde, después de haber leído todos los
documentos que se pusieron en sus manos, eL Comandante reconoció la necesidad absoluta que
había de derrl car al Sultán; pues sólo á este precio podría el país recobrar una completa tranquilidad.
Pero se presentaba una-dificultad: derrocar al
Sultán por la fuerza, ¿no era dará la rebelión una
potencia que acaso mego fuera perjudicial al
principio de autoridad? Por otra parte, Omar, á
pesar de todo, disponía de una milicia fiel, podía
resistir primero ó sublevarse con ella mAs tarde,
y lo mejor era evitar de antemano toda efusión
de sangre.
En vista de esto, se esforzó en llegar á su fin
por el camino de la persuación, tarea tardía y
enojosa, y en las conferencias que había tenido
que promover y aceptar, el tiempo había pasado
casi insensiblemente.
No obstante todo esto, cuando por las noches
traspasaba Juan el dintel de su dormitorio y dejaba en reposo los acontecimientos del día, una imagen se presentaba á sus ojos: la de Nelly; su no-

via, su esposa casi, porque poco tiempo faltaba.
para que lo fuera.
Y discutía en su interior este punto interesantísimo:
¿Debería en efecto casarse con esta mujercita ligera., coqueta y engaftadora?
¿Era ese de veras su deber?
Y seacordabade que Nelly había cometidouna
falta, pero se acordaba también de los hermosos días pasados, de las creencias adquiridas,
de las alegrías cambiadas, de las emociones sentidas y se dormía, y al día siguiente el cuidado
de su misión le absorvía de nuevo, y ponía todo
su afán en llevarla á buen fin.
Y así i;e deslizaban los días.
Poco á poco los asuntos políticos le habían ido
causando menos disgustos, y á fuerza de persistencia llegó á dominar las irresoluciones del Sultán. Le mostró todas las acusaciones y Jns pruebas irrefutables que había contra él, y le dijo y
le repitió de todas maneras, que si bien es verdad que como soberano aliado estaba bajo el
protectorado de Francia, no lo estaba menos el
pueblo de Mohelia; que si cuando este protectorndo se inició, es cierto que un Sultán llamado
Omar, estaba en el trouo, y en él se le había dejado, Francia no era quien lo había elegido ni tenía compromiso de conservarle el trono á toda
costa, A él sólo le tecaba entenderse con su pueblo, y si había perdido el afecto y la confianzii

die le obedecía, .ni aún se
atrevía á salir del palacio?
Que la abdicación se hiciera pues pública y solemne, y dejaría el trono
de una manera digna. Juan
de Chalmont le transportaría con honores reales á Anjouan, llevando su
familia toda y todos sus bienes, y. . . . ¡quién sa.be! los pueblos son tan variables! llegaría un dfa
en que el suyo lo llamase á gobernarlo de nuevo.
Ornar acabó por ceder.
Convocó á la asamblea, y solem"lem ·mte, con eSI\
dignidad que es instintiva en todos los árabes, le
a1iuució que renunci1.tb11. á sus derechos y en la
misma sesión declaró la asamblea que puesto que
Alí-ben-Abmed no quería el poder, se le confería,
con acuerdo de Francia., á la hija de Fathima,
reina célebre de otros tiempos de l\fohelia, á la
joven Ioumba Fathima que á la sazón vivía retirada en un convento de Mayotta.
No restaba, en consecuenda, mAs que poner
provisoriamente el poder en manos del primer
Ministro y conducir á Anjouan al rey caído, ha·
biéndosele dado á éste tres días para sus preparativos de viaje.

con ella una larga e11tr~v-1sLa que fijara de un modo definitivo el porvenir. ¿Por qué, después de
todo, no había de tener el valor de decirle lealmente todo lo que penSAba? ¿Qué temer? ¿Sus lágrimas, su cóleril, algún arrebRto sentimental?
Nada de e.sto le eipintaba. Había procurndo en
su fuero interno echar sobre ella toda la responsabilidad de la falta cometida sin aceptar que
también tuviera su parte de culpa él, que tenía
mejores luces sobre las consecuencias de un mal
paso y que contaba con armas más idóneas para
la lucha.
Pensaba que luchó y fué vencido y ¿no es al
vencido á quien cc:,nesponde pagar? Su nombre
erit el precio de la victoria y ¿qué podría proponer en vez de su nombre si no qt1aria cumplir el
compromiso de honor que había contraído?
¿Qué diría en esa entrevista que deseaba y temía al mismo tiempo? Y cualquiera que fuese su

Nell.v sin embargo p9.recia
un poco triste.
¿Habría resentido algo por
la a parente indiferencia á que
se había visto obligado Juan
durante sv. perma.ne1Jcia en
Mohelia?
Sí: había tenido sus dudas con todo y que su
padre y Mr. Tomás Pool e la habían estado informando de las graves tareas del Comandante y
con todo y que debía explicarse su discreción por
razones de delicadeza que le hadan más awable.
Hasta estuvo á punto de venir desde la víspera
en cuanto supo que el Comandante se había embarcado, pero no se atrevió.
En el Colibri, durante la travesía qu~ habían
hecho, se sentía embriagada por el trato frecuente de Juan por la prosecución del ensueño que se
hrmó desde la vez que le conoció en Ambohimarina, por la ilusión del matrimonio que desde entonces so le clavó en el cerebro, y su caída le había parecido natural y no le produjo casi remordimientos. Pero ya en tierra y en la casa de Mr.
Tomas Poole, había. reflexionado más que nunca

•

�-

en su vida, y pensamientos nuevos acudieron A
su espirltu y los remordimientos que juzgaba desapareeidoi:s volvieron levantándose precisos ante
sus ojos.
Franca entonces consigo misma, se confesó que
fné la ambición la que determinó su caída.
Y sin embargo, ¿amaba il Juan?
Sí: Je amaba un poco en otro tiempo y ahora
mAs porque le sentía necesario nl reposo de su
conciencia. Y por eso era que le venían los rnmordimientos, y mejoriluminadasobre su conducta adivinaba algunosde los pensamientos queentristecian á Juan.
Con todo y que el Doctor había recibido las
confidencias de ambos y no podía admirarse de
sus familiaridades, el recuerdo de su falta y ]a
natural tendencia de ocultarla, les hizo más circunspectos que otras veces delante de él, y el al•
muerzo pasó sin que hubiesen eambi,do palabras
de amor. La converttación acabó porlaqguidecer,
como si estuvieran cansados de reprimirse y Lerbon que como buen criollo tenía tal vez verdade•
ros deseos de reposar en la siesta, dijo sonriendo.

-Ah! ¿están ustedes enojados? Se diria eso ó
que ya llevan tiempo de haberse casado, porque
no creo que yo les estorbe. Por otra parte, voy á

pedir á ustedes permiso para dejarlos, porque en
estos países de la malaria y el calor, ha)' algo mejor que el bailo y la quinina, la siesta. He conocido personas que murieron por no haber creído
en esto, y como no tengo muchas ganas de morir,
voy A administrarme unR. dosis. Debería usted
hacer otrotnnto, seilorita NeHy, yendo como otras

veces al canapé del salón, y el Comandante lapa·
seria bien aquí en el comedor,p11es tambiénleveo
ganas de dormir.

•

EL MUNDO

176

-Será verdad, Comandante? preguntó Nelly,
-~•fo crea usted una pal&gt;t.bra, respondió ;Juan;
el Doctor babi• aei por hacerme rabiar. Vaya.
usted á acostarse y deje en paz A los demás, Doctor leo.
-Voy, voy, eontestó Lerbón.
-Sin embargo, si Kelly también quiere reposar ..... .
Lerbon se lué y Nelly como respuesta tomó la
mano al Comandante y ruborizada y mirándolo
con ternura le dijo:
-Vamos al salón juntos. Allí hay más aire y
estaremos más lejos del Doctor.
Juan la llevó al salón er. el eual entraban bo•
eanadas de 11ire caliente un poeo húmedo que floreaba el rostro con manchas rojas. Se sentaron
en el div,\n y ella apoyó la eabeza en el bombro
de Juan en esa postura indolente y confiada de
los ni.fl.1s que tienen sue:ft.o.
Juan siempre combatido por su lucha entre
Ja pasión, la conciencia y la razón, no habría podido decirle mí,s que palabras de amor que Je subían del enrazón á los labios, quejas y reproches
que le inspiraba su despecho de sentirse vencido,
ideas de fuga que revolaban en su mente, y mejor eall•ba. Qué!. ... mentir todavía? ¿Dejarla
en la creencia de que la amaba lo suficiente pa•
ra hacerla su esposa y luego, una vez lejos, aclararle al fin la verdad?
Ese procedimiento le avergonzaba por indigno
y guardaba silencio.
Derrepente sintió en su cuello los labios de Nel!y é inclinándose depositó en cambio un beso
en la frente coronada de rizos de oro delajoven.
La besó y esta idea pasó por su mente.
-Y si se muriera! ..... .
Porque preferiría verla muerta y no en brazos
de otro, sobre todo si ese otro era su amante.
Pensaba que si abandonaba áNelly, ésta más tarde tendría que pertenecer fatalmente á otro; bien
un nuevo amante ó bien un marido, porque en
estos paises, cálidos y semi salvajes están un po•
co rlesleidas las ideas referentes á la moral.
Pero pronto rechazó este pensamiento y sus
labios descendieron con más fruición sobre la
frente y los ojos y los labios de la joven, la eual
Je contempló con una mirada de gratitud t,m profunda y tan reveladora de haber adivinado los
pensamientos de su amante, que este quedó más
a \"ergonzado de sí mismo y más débil en su re•
solución.
Por un arrebato irresistible, Juan cayó por un
momento de rodillas y siguió besando eon ternura l•s manos de Nelly.
Ella rompió al fin en silencio.
-}ye, Je dijo ámediavoz:haymuehaluz aquí
y me duelen los ojos.
Juan se puso en pié y Je dijo.

-Estarlas m•jor en mi camarote para que descanses algm,os minutos.
Y-la precedió; y como Nelly \'aeilara sin atreverse á despedirlo, él 1... tomó en sus brazos como si tuera un nib.0 1 la colocó en el lecho que es•
taba cubierto por una estera muy fresca, le arre-

gló las almohadas y Je arregló los vestidos eon
cuidados de madre mh bien que de enamorado.
Después la besó en la frente y Je dijo:
-Duerme ahora. Cuando despiertes h•llarAs
en el tocador todo lo que necesites para arre-

glarte, hasta ganchos de sujetar los ea bellos, pues
reeoj( los que quedaron cuando te luiste. En !rente, como tu recordarás estA el cuarto de ba:ft.o.

Ya conoces, bien mío, esta casa que es la tuya,
pero no duermas mucho. A las cuatro á más tardilr iremos á tierra los dos.

Nelly tenla impulsos de preguntarle:
-¿Y tú que vas ha bacer? ¿Me vas á dejar?
¿dónde vas? ¿No estarlas mejor aquí junto á mi
corazón que está lleno de tu amor? ¡Tenia tantas

cosas que decirte! ¿Cuándo hablaremos al !in sin•
ceramente como yo quería antes de esa partida
tan próxima? No, no creaf: me falta fé .... ahora
que he reflexionado ¡comprendo tantNS cosas! y
te amo, te amo tanto. . . . Se diría que temes prJ•
nunciar nuevos juramentos, que tienes miedo de

repetir esas palabras de amor de que tengo tanta
necesidad para excusarme y acallar un poeo á mi

rido arrojar sobro ella toda la !alta y no piensas

de ]azos en voz baja para nn caer en ridículo si
que se ve, que se conoce, no son tal celada ni tal
experiencia ni perspicacia. Hay mil maneras
se llevar por viento y corriente si empujan en di-

reeeión del escollo. Esto último es Jo que has
hecho, y quien obra asi ó es un neeio ó lo hace
porque le conviene. Porque. . . . dices bien, es
una tontería, pero reparable en ciertos cases, y el
presente es uno de ellos. Eres solo, sin tNmilia,

ya tienes cerea la vejez y no te quejarás de poseer una mujer encantadora, amorosa, agradeci•

mores que proseguían.

-¿Qué le reprochas? ¿Dices que su cAleulo?
¿Pero el tuyo no es también repugnante? El suyo,
su sueno, m,s propiamente hablando, su ambi-

clamores.

en un medio ideal en que todo parece transpa•
rente.

Nelly cuyo corazón estaba entreabierto por el
sufrimiento al amor sincero, no leyó en los ojos
de Juan sino sentimientos de inmaterial ternura
á los que consideró que obedecía, y ese nombre
de "mi prometida 11 li\ confirmó en su creencia

quedándole agradeeidapor haberlo pronunciado,
y después de sus dudas y después de haber implorado caricias, ahora se sentía más feliz y mAs
conmovida A causa del respeto que le demostra-

ba Juan de lo que se habría sentido eon los más

quiera.

Y eomo de Cba:mont vaeilaba, siguieron los
-Bah! todas las excusas, todas las indulgencias

del mundo, serán para tí 1 porque la moral humana sólo es implaeable eon las nillas y tiene ra-

zón .... Pregunta, pregunta. y Jo verás ....
Sí, Juan había querido hacer sus eonlideneiaa
pero ;.il quién? Su secreto era uno de aquellos
que un caballero no puede divulgar.
En los momentos en que p~nsaba esto, una ma-

no se apoyó en su hombro y al vol ver él la eara,
vió al Doctor- amigo i11dulgente-q11e Je dijo eon
voz afectuosa:

-No ha podido usted dormir. ¿Qué tiene usted? ¿por qué sufre?
Juan respondió sonriendo:
-¿Y por qué diablos quiere usted que sufra yo?
-No lo quiero, pero lo veo,

-Bah! me espanta usted eon su perspieae!a y
es us,ed capaz de convencerme de que estoy en-

fermo aunque no tenga nada.
Lerbon se sentó y eontemplando !rente á !renNo intentó, pues, detenerlo más y cerró dulcete
al Comandante, agregó:
mente los ojos1 no para dormir sino para fijar me-Oígame usted, Comandante: tengo algo que
jor su sueno.
pre11untarle, algo dilíeil de deeiryen verdad que
El volvió al comedor, lejos de la adorable ene- no sé eómo lo diga .... Pero apelo á toda su inmiga de su reposo, y se tendió en la silla de pa- dulgencia y A toda su amistad. Oigame: se Jo suja donde tan bién dormía en tiempos anteriores,
pero no duró alli mueho tiempo pues estaba. de- plio.o.
-Hable usted, contestó Juan muy muy Interemasiado agitado para poder dormir; y vol viendo sado. Mi amistad, ya usted Jo sabe, Je pertenece
sobre sus pasos regresó al salón, dirigió una mi- y en cuanto A mi indulgencia, no la necesita us•
rada al camarote que ocupaba Nelly y estuvo A ted y estoy seguro que ....
punto de aproximarse y eseuehar. Luego se re-Sí, si, insistió Lerhon humildemente, y para
prochó este intento y casi corriendo tornó al co- predisponer li usted A mi favor, Je recordaré que
medor, cerró la, puerta del sulón, se sentó junto
fué usted quien solicitó mis confidencias.
á la mesa y sonrió burlándose de si mismo.
-¿Qué eonfideneias?
No: decididamente se conducía como un niilo
-Usted me dijo una vez, no haee mucho tiemque no sabe ni lo que quiere, y no obstante senpo, en Mayotta. •~Conque de su parte no es usted

ardientes y apasionados besos.

tía que un pensamiento oculto todavía r,o bien
delineado entre el tumulto de sus pasiones, recuerdos y esperanzas, se adivinaba como se vis-

lumbra el sol A través de las nubes que lo cubren. Todas sus sensaciones iJ.ternas le decían

que se casara eon Nelly, pr,mero porque la amaba y nunca podr(a soportar q ne fuera de otro, y
luego porque era su deber. Para probarle esto
último abundaban las razones que apelaban á la
moral, á la religión, á la generosidad, il los juramentos, á las cosas más santas y desafiaban al
pensamiento oculto para que presentara abogados semejantes. Pero b!'uscR.mente aquel pensamiento aparecía y murmuraba: «Como Nelly te
bA. engafl.ado contigo mismo, te engaflarA más tarde con otros: no se casa uno con la mujer de
quien es amante; acuérdate cuanto te has burla-

do de los que han beebo ese disparate.•
Pero pronto las nubes volvían y una voz que
salía de su interior le gritaba:

-¿Y puedes comparar? Esta mujer no más á
tí te ha pertenecido y esa es ya una diferencia
eapital como Jo sabes muy bien .... Tú has que-

ga El &lt;J,,rreo d, la Ta,•d,. de Mazatláo.

de evitar un escollo, ¿no Jo sabes, hábil navegante? y hay una infalible de tropezar con él: dejar-

de un llamamiento mudo.
Juan tuvo unos instantes de vacilación, pero
pensando en que toda debilidad era una vileza

-Duerme mi bien, mi prometida, duerme.
Cuando se ama sinceramente no se atribuyen al
ser querido sino pensamientos delicados y se ima•
gina uno que puede leer en su alma porque se vive

Es asunto i'!Dportante el que §.6 trata en el si,guiPnte articulo, ffUPJ tomamos de nu~1:1tro cole-

lazo, y li ti para ver y conocer es9 no te faltan

-Pero no dijo nada y mientras sentía que una
lágrima rebelde le temblaba en las pestallas, sonrió tiernamente y tendió los brazos en la actitud

en el estndo de ánimo en que se hallaba, Je dijo
eon dulzura después de darle un beso en la !rente ....

El matrimonio en"peligro

Jo decias en alta voz .... Un lazo, una celada

eiún si quieres, está llena de excusas. Te babias
comprometido con ella y ella ha liado en tu palabra sin garantía alguna. ¿Puedes considerarlo
eomo crimen? Ahora quieres escaparte. ¿Quién
de los dos es el despreciable? Pregúntalo á cual-

conciencia.

PAGINAS DE LA ..MODA

en que es una acción vil, la más vil de todas, se-

ducir á una nilla, por más que Intentes disculparte eon que lué ella quien te sedujo li ti y hables

da, que te deberli toda su dicha y de la que habrás
sido el primero y el último amor.
-¡Quién sabe! se contestaba á si mismo Jaeó•
nicAmente en lo profundo de la conciencia.
Pero esa exclamación lné ahogada por los cla-

enteramente franco conmigo en momentos en

que no puedo ocultarle li usted nada? Pues bien:
es verdad: usted ha adivinado: estoy, yo por Jo
menos. enamorado de la seflorita Nelly.»

-SI, me acuerdo perfectamente, dijo Juan eon
embarazo, los recuerdos de usted son exactos.

Lerbon prosiguió después de una pequella pausa.
-Si los de usted lo son igualmente también
reeorderá que acentuó usted mucho las palabras
referentes:\ la lr,,nqueza que de mi reclamaba
en compensación A 1ft suya.

-Mi memoria, querido Doctor; no llega A tanto: pero ¿donae va usted á parar?

(ContinuardJ

177

EL MllNDO.

Domingo 28 de Agosto de 1898.

Domingo 28 de Ago•to de lt!91!

•

11El matrimonio mod~rno J,a sido condenado
•como opresivo y añejo por un partido femenino
de alguna fmportancia 1 y los ingleses estudian
con que reemplazarlo.
Dos partidos habla qué tomar. Ensayar el
salvamento del mat.rimooio rejuveneciéndolo
y recomendándolo, ó suprimirlo, pero no bru~
talmente de un golpe Fino por medio de un1t
aerie de med•das transitorias que acostumbrarlan poco á poco á pasarse Aio é l. Alguuas per•
sonas tlmidas ó s'n reflexión se inclina.b1m hacia una compostura que no chocara. dem..tsiado
.á, las buena~ gentes ,·lctimas de preocupaciones Las muJeres que aaben y se •tre\'tm á ir
al cabo de una idea hao admitido sin titubeHr la doctrina
•que se llama del 11 bloc. 11 Se 1.. s
dice: El matrimonio caerá. si
se le mete una cuña.11 y Pilas
contestan! º¡Pues que c11igal
.¡Barramos Jos pedazos y no
hablemos máa de élP'
Es en la puritana Inglaterra donde se ataca el m11trimonio con tal desenvoltura.
.Arvé de B,1rine1 escritor francés ha ido expreAamente á.
presenciar esecombate,y ao;:e.
gura que la tésiA d1·d escobazo es la predilecta actualmente en la literatura brJtáoica
LRB mujeres domiaan entr6
los defensores, y una de las
más rMuelhs es .Mona Chdrd.
Esta bella persona admite
que habré. probttblemeote desastres el dla en que la lrgisJación sobre el matrimoui("I
sea 11seri11.mentealterada: 1 No
Je imagina tampoco ni por un
m,mento, que Ja "independencia eco11ómlca 11 de la mujer, preludio obligado de to• 1
das las reformas, sólo trHerfa
beneficios á su sexo. Pero no
debe uno dejarse detener p,r
el temor del porvenir cuando
un gran principio eatá en juego. La.a mujeres además, co
pueden perder en el cambio:
1u suerte es demasiado cruda. ¡Que sigan Hdijl&amp;ntA1 "u•c-:,da lo que sucediere! En
cuanto álos hombres que pretenden a todo tran~e prot~•
gerlas contra su imprudencia
la en~antadora Mona Cldird
los dtapensa de ello: coaaidera su solfci&amp;nd como un nue vo ultraje.
E~o era bueno en otros tlempoa: La mujer modernau 110
quiere que se le proteja, Ya
no. admite se la true como
chicuela; pretende en Jo futuro s"r la autora d.., su vida como los hombres Jo son y 80 .
bre un P!é de igualdad/ Esto
va á su riesgo y costas. Si hay
imprudencia, es asunto que
i el.la solo concierne "Si 1&amp;1
muJeres reclaman, como si.-odo natural y humano, el derecho de tomar Hu parte en
laa buenas ó malas probabilidades que el mub.do puede
pre_senhr¡ s_i deiteao el privilegio de la mdependencia ¿á
nomb~e de qu é se ?o ne,c~ria
la sociedad? Sucede todos los
días q~e los hombres ll t,van
mala v1da. 1 cometen acciones
que comprometen el bienestar de In raza; ¿en virtud de
qu~ principio se ataría Alas
~UJer~s de manos, A las m1.1Jeres ur!l~a_ment_eí' ¿Por qné
·ese sacr1f1cio umlHteral? ¿Por
q.ué esa dei,fgnación Hrbitra
ri.a de vfctima11 sacríficadu Al

Es 1~ solución que el s~ciallata Bebel ha preconizado y profp,tizado,
hará qumce años. 11 La muJer, esccibia él, sólo tendrá consideración l\ su
propia incl!nación en el acto de celebrar su unión. Esta consistirá en un
t·ontrato privado, sin intcorvención de funcionario alguno. Los Instintos
del sér humano, Pólo á él Je interesan. con tal que su satisfacción no cause p~rjuicio á nadfP.. 11 Deben compreDderse aquí todos los instintos natuJep, ~m excepción. 11En caso 4.e incomp,ttbllidad, proseguía Bebel, de deailuc1ón ó de simpatla entre los cónyUJ6B la moral ordenará se des11te un
)uzo que se ha vuelto contrario á la naiuraleza, y por consiguiente 1 inmoral.••
Todo lo que antecPde es poco, en comparación á lo que sigue.
Acaba de t1alir á. luz un opúsculo escrito por un socialista Crancé, en el
que se lee. Entre las coHs que @onde desearse y son posibles d'e su11tra_~rse casi por completo a1 tm_perio de la ley, tenemos que contar la
1m1ón del hombre con la mujer:' .I_,¡a sociedad no tiene el derecho de imponer un compro~_iso por toda la vida á dos seres que pueden ser enga- .
fiados en PU elecc100 y descubrir f'ln el curso de RU existencia común exc~lenteEI razo~es_ para separarse. No tiene la sociedad el derecho cte 'exi~ir. el c~ns,mt1m1ento de los padres. Lo mismo que no será necesnio autor1zac1ón. nlguna para caSRrse idéntrcamente lo mismo la voluntad claramente _e:z:presHda por uno de los cónyuges. bHstará p&amp;ra romper el lazo
voluntario que habrán creado entre 8llos.
11

11

11

bien de la humanidad

ó á ¡0

Conversaciones del Doctor
DOS EFECTOS DE PRIMERA NECESIDAD.
L, sal de cocina no solamente es un alimento Pino que ayud1t á. la d1gPstió~. Su sabor que guataá_ todcs, 8umenta la secreció1_1 dt, 111. saliva; del jug~ gádtrlco y de otros productos de
Aecrec1ón, neceHrios á la d1so1ució0 y á la digestión de los ali•
mentos
La sal se s11c.a del agu11. de mar ó de las minns. La eal que
R~ saca de las mm~s se llama sal genimá Para el uso de la corrna es mucho mPJor l1t &amp;Hl que se ea.ca del ngua del mar porque ét't&amp; es mas rica en cl&lt;ruro de m1tgneaio, subst,_mcla q_ue en el estómago se deacompone en magneF1a .V ácido clorhldrico, que ea el Acido del estómago
y que e~ tan necesario para la dige;atión
Quim.tcameute la sal si;, llama cloruro de sodi-0.
No soh1mPnte lR ul 11.yudl'l
la digt-stión sino que aunienta
tamb én los glóbulos rojos de
111 i.:iangre, y cont:·ibuye ul á
fortalecer nue ~tro organismo.
No eetá todavía Aprobado
&lt;¡lle los animales herviboros
1,umenten de peso con el uso
rle la sal, pero es cinto que
#tozan de mf'jor salud tienen
11l piel mAs lúcida y sus carnes
son mé.s sn bro@aR.
La sal defiende de la escrófnh1. y mejora, basta que puerte Hn~rl_a; por --eso hay que
liacer v1v1r á los niños escrofnlo11os y débiles en una ciudad m11rina. La s1tl se encuentra en mucha cantidad en el
,dre marino y es por esta razón que los marineros ó los
que viven en las orillas del
mar. respirando un aire muy
lfco rn sal, tienen muy buen
1tp..-tlto y gozan de ópima sa·
lurl

Hll&amp;tli la tuberculosis mPjn•
r&amp; mucho en los que viven en
el OCf'áno ó en PUB erill&amp;s
DPjad por lo tanto qu~ loa
niños y los hombres pongan
1.-al en sue alimento¡.
El azúcar es un alimento y
Pe ha dicho que PI 11-zú cu P.S la sal de los niños como
H, tin.o es la leche de los 'anciatios. El azúcar en Pl organtamn se convierte en gr1ua.
Todo el almidón lfU6 comemo~ con_ alimentos vegetales
HA cambia PO azúcar bfljo la
~afluencia de h\ saliva y del
Jugo pancrático. E~te azúcar
t-6 almacen~ en el higndo (que
yiuede cuns1derarse como una
verdadera csja de ahorro de
t&gt;-Fte alimento) y en PI curso
dt11 dia poco á poco pasa á la
snngre.
El azúcar también es un PX•
celen te 1:xit1rnte d A las funciones a.igestivas. Un vttso de
agu,1. fria ó calieotA (no tibia)
con un po(o de azúcn ayuda
al trabajo quimico de la di-

que ee supone serlo?" Las ve•
tuS t.8 S leyendns nferentes á
ge,tlón.
Por consiguiente el café que
las Jóvenes doncellas que cada año se elegia para ser enPe tomR después dela comida
cadenadas á una roca de Ja
tiene que Per con azúc11r¡ eÍ
Flg. 1-Trale de luto para calle.
p)aya, con el fin de que los
c&amp;íé con azúcar acelera Ja didioses ó loa monstruos mari•
.
gestión: al contr,uio el café
dos tueran. propicios, no him perdido aún ;¡u actnalidaii
s¡ n 11zucar, 1a entorpece y ret11rd11.
No es cierto 9.ue el azúcar produzca lombrices en los niños y hmpoco es ciersione: J~~~edad ~1itá, P!J68, obligada en rigurosa justicl~ A atender A 111.s pretenménos ie·ao~ muJeres _sin detenerse en las consecuencias Si en un futuro más ó !º ~ue dañe los die~tes y los predisponga la carie Para que el azúcA.r pueda perla unión ~ibr 1 ~sas ~x~fenc!as tienden á reemplaur el antiguo matrimonio por JUd car, ea .necesar10 ahusar de él. Pero es sabido que de nada hay que abusar,
po pero al ~' 11 op m n publica deber&amp; acostumbrari:1e á ello. Quizá pase tlem- ni de la 11zucar, ni de la ad, y ddl p\n mhm1.
Verdaderamente en loa trópicos se abusa del azúcar, ó por menos se usa mucit'ivou en f~~ dli se llrgará., á buen seguro, á no admitir més 11 el elemento coer•
C!,)menzarán á :nbÍato que debe ser libre entre todos. ºCon el tlPmpo, las gentes cho Esta es una de las razones por qu~ 11.lli l&amp; gente y las señoras 68pecialmente
dos Ene
u evaref' contra la ingerencia del Estado ,o sus asuntos privH- son muy ¡;rruesas. Y11. he dicho que el azúc11r se convierte eu gra;¡a en el organis-c o~tra d~ntrar1n padrtiNcularmente nocivo que se les obligue á v'vir juntos en mo. Por consiguiente, los que no q•tleran ponerse dema.siado gra.e~os hag&amp;n un
tuvo unta . o considera1án esa obligación como sagrada, 11
limitado uao del azúcar. Uu poco menos de azúcar y un poco di;, sal. '

•

�Domingo 28 de Agosto de 1898.

EL MUNDO

178

Domingo 28 de Agosto de 1898

PRECEPTOS.DE HIGIENE.
ALU1'1BRADO ARTIFICIAL

El alumbrado artificial debe parecerse en todas
sus propiedades al alumbrado natural, esta es la condición que debe procurar alcanzar.
Algunos autores t.stablecenla~ diferE'.ncias siguientes entre los alumbrados natural y artificial: en cuanto é. la cantidan es axcesivamente débil la del artificial; esto se comprueba por la poca claridad que despide el foco luminoFo más fuerte, en medio de la luz
del dia; el alumbrado artificial apenas llega á ser suficiente, y no porque los niños pequeño~ lo buscan
á la hora que el sol se oculta, se debe establece,r entre la luz natural y la artificial una semejanza que en
realidad no existe.
Los aparatos de alumbrado deben llenar d~e indicaciones importantísimas: dar una luz convemente y
quemar todos los productos de la combustión. . .
La luz que se acompaña de mucho calor es perJud1cial.
Los ojos deben ver el objeto alumbrado y no el foco luminoso; el ejemplo de esto lo da el sol. que por
medio de rayoe oblicuos alumbra todo, esrando cu•
bierto muchfsimas veces é nuestras miradas.
Los antiguos hacían uso de la recina para el alum ·
brado: más tarde emplearon los cuerpos grasoso•,
muy especialmente el sebo, pero las velas de
sebo tienen muchos inconvenientes: la luz
es poco clara, es vacilante. amarillenta, con
intermitencias cada vez que crece el pábilo, la combubtión es incompleta; y además
I d
in d
del humo, el mal olor, etc., como la mecha no
Fig. 3.-Mod e O e pe a 0 • se quema bien, es indispensable e~tarla tecortando con muchísima frecuencia. Despren •
dE', además, algunos productos dañosos á la re~piración.
Hoy se usan, de preferencia, las velas de estearina. de cera, de esperma, de parafina. etc; la luz es más viva, blanca, de~prende poco calor, y la combustión es
más completa.

,r

f

l.
l

'

':···-';_,.\

K~~

Fig. 7'.-CJnerpo bordado.

~

o;

Fig. 8.-CJnerpo fantasía.

El lenguaje de los timbres posta.les.

·t.o

•
,,,

·::\l

,

""¡. ~"'
.,,.. \ '

·~
Flg. 2.-Toilette de -visita para señorita.

Amor á la familia en las testas coronadas.
Un diplomático muy bien informado y dotado de
una memoria excelente, recorda&amp;a un incidente que
pasó entr!l el Emperador Guillermo y su hermana la
princesa Sofia de Grecia.
E~ un error creer que el disgusto entre los des data del dia del casamiento y de la conversión de la Duquesa de Esparta.
Este abori ecimiento es mb antiguo: viene desde
aquel dia en que, en San Remo, se encontraron en•
frente á,· 1,u padre ya muy enfermo.
Guillermo, que entonces se consideraba separado
por dos escalones del trono imperial, veia con irrespetuosa impaciencia que se prolongaba la vida de su
padre. Fué á Sat Remo por un solo dia y demostró
una frialdad tan grande que hizo llorará l&lt;'ederico:
La princesa Soffa que adoraba á su padre y la prm ·
cesa Irene de Heeee le hicieron duros reproches, que
terminaron por el s'guiente apóstrofe lanzado en inglés:
"Eres tan cruel ahora, como cuando te complacías
en golpearnos siendo niñas."
El futuro Emperador escuchó impasible aquellas
terribles palabras y, alzando los hombros, salió sin
pronuncial' palabra y tomó el ferrocarril para regresar á Berlin.
La pobre madre de Guillermo ha sufrido horriblemente por el orgullo ,te su hijo, al extremo da querer
volver al lado de su propia madre. la Reina Victorf.t,
abandonando aquel palacio imperial que es para ella
una verdadera cárcel dorada.

•••

Es malo leer estando acostado, porque se conges•
tionan los ojos y se someten los musculos del ojo a un
trabajo excesivo.
Es malo leer en el ferrocarril, andando el tren, el
movimiento hace trab11jar demasiado áloe músculos
fijadores del ojo.
Es muy malo emplear espejuAlos que tengan vi•
drios de números no eaecuados á la vista.
BARNIZ NEGRO IMPERMEABLE

Los tres cuerpos que entran en la preparación s1,n
tanino, alquitrán y per sulfato de hierro, resultando
el barniz más ó menos reluciente é impermeable, según eean las proporciones de estos tres ingredientes
que se mezclan en una vasija á propósito sometida
á la acción del calor
Se aplica este barniz en caliente, á manera de pintura, sobre el papel de embalar, sobre la madera, lo•
na y en general á todo lo que convenga hacer i::.;per•
meable.
~l que no toma consejo de loe más entendidos, se
expone á errar.

•*•

Los insultos de los necios, son como los ladridos de
los canes á la luna.

Flg.10.-Frock blancoparanlña
de:6)i 7',ailos.

LOS OJOS.
Nuestros ojos es pr6ciso preservarlos de la acción
del viento, del polvo y del liumo.
No debemos pasar repentinamente de una habitación candente a una admósfera fria.
No debemos abrir los ojos bajo el agua, sobre todo
t-n el baño salado.
..,_•
No debemos mirar fijamente una luz fuerte, como
la luz eléctrica.
No debemos forzar la vista leyendo ó cosiendo con
una luz insuficiente.
.
Si los ojos estiln inflamados no debemos !abarloe
con agua cruda, lo mejor el lavarlos con agua previamente hervida y algo caliente.
. El reposo es uno de los factores más importantes en
el tratamiento higiénico delos ojos: reposo de los ojos,
reposo del cuerpo, reposo del espiritu.
Los borrachos pierden la vista muy pronto 6 su mal
es casi siempre incurable; se quedan ciegos y degradados.
Es preciso no ponerse A leer con luz pálida ó cre-

Para un corazón recto y sincero es menos odiado
el crimen que la adulación y la bajeza.
Los que viven encenegado11 en el vicio, jamás pue•
den comprender:-.ei-valor y la virtud,

Fig. 6.-Toca chelrel.

La posición de las estampillas en· el sobre quiere
decir lo siguiente:
En la esquina derecha, arriba, y el timbre derecho:
Deseo tu amistad.
Esquina derecha, arriba, timbre al revés: Ya no es•
cribas más.
Esquina derecha, arriba, timbre acostado: Escribeme inmediatamente.
.
Esquina izquierda, arriba, timbre derecho: Te amo.
Esquina izquierda, arriba, rimbre al revés: Quiero
á otro.
Esquina izquierda, arriba, timbre acostado: Todo
marcha bien.
Esquina- derecha, de abajo, timbre derecho: Tu
amor me hace feliz
Esquina derecha, abajo, timbre al revés: No vales
nada.
Esquina derecha abajo, timbre acostaito: Me hiciste
enojar.
·
Esquina izquierda, abajo, timbre derecho: Premia•
ré tu fidelidad.
Esquina izquierda, abajo, timbre al revés: He probado tu amor.
Esquina izquierda, abajo, timbre aco1,tado: Déjame
sólo en mi dolor.
En medio de la orilla superior: Silencio.
En medio de la orilla inferio1: No me ocultes nada.
En una linea con el ape11ido, timbre derecho: Acep•
ie mi cariño.
En una linea con el apellido, timbre al revés: Tengo mucho anhelo para ti.

Fig. 4.-Modelo de peinado~

puscular.

La luz para leer, escribir y coser debe llegar por el
Flg. 9.-Frock para nfila de 10 á 12 anos. lado izquierdo.

Flg. 11.-Frockdefoulard para nHla.

�Domliuro 21 de Ago■to de 1898

Jl!L MUNDO

180

FIG 5.-TBAJB DJII CALLlll,

Es de alpaca azul, con gran aplica•
ción de t11fetán escocés en la par·
te inferior de la falda unida á ésta
por cinta de tafetán. J aquet fantasía
con reminiscencia de bolero, grandes
solapas doublé de dril de lino finislmo.
Chaleco de lino también y camisa de
batista acordoneada. Gran corbata de
raso negro y collar de m~selina de_seda. En las mangas, muy JUetae, aphcación de escocés como el de la falda,
hasta el antebrazo

•

NUMERO 10

MEXICO, SEPTIEMBRE 4 DE 1 898

TOMO II

FIG. 6.-TOCA CHlllffilllL,
Toqueta de tieeú de seda rosa tierno
con fondo béret, rodeado de una draperia muselina del fondo en que está
retenida por una tortuga de atraes. A
la izquierda la draper!a fo~ma torealee
al rededor de una pluma blanca y rosa.

~-

.

té~tit: ::::\\

i ·-

•

FIG, 7.-Cl'ERPO BORDADO.

FJg. 13 -Angulo de pailuelo.

Ee todo blanco, con grandes guias y
ciutae ondulantes. Solapa fantasla que
se abre sobre una camisa de batista
acordeón que muestra una 1:,ncantadora corbata de seda ribeteada de ligeros volantes El jaquet se cierra por un
cinturón de piel de Suecia.

-------------------------------------------------- Nuestros Grabados.
Está
FIG. 1.-TRAJIII Dlll LUTO PARA CALLE,

Es de surah negro formando una gran veste cemda gracloeament11 por un lazo de tafetán negro. Un
yoke redondo, hecho de surah negro y b Jrdado, luce al rededor de los hombros. mostrando una doble
fila de ruches de surah. Al rededor del cuello hay otro
doble ruche de surah formando un ancho ruff. El
cuerpo es de brocado surah tan transparente que
muestra el doublee que es de satln ligeramente asalmonado. No hay un sulo botón en la toilette. Una dt
las grandes particularidades de ésta, nótase en las
mangas hechas de surah negro pleno, en acordeón y
cayendo amplias y luengas de los hombros.
PIG. 2 -TOILETTE DE VfolTA PARA SEÑCRITA,
Modelo en crepé de china gris plata, bordado ó.e
seda negra.
La espalda y el frente del c'lrpiño, están guarnecidas de una especie de. plastrón
Crepé de china bordado de cadwilla que forma espaldas.
Los bordes de ese plastrón están cortados en festonee de terciopelo: sobre un bordado de tejido, simulando un doble plastrón.
El tablero de la falda continúa la gu~rnición del
corpiño. Esta falda está tallada en forma.
FIOS, 3 Y 4 . -DOS MODELOS DB PIIIINADOS,

Damos ba.jo estos dos números dos modelos de peinados de suma. elegancia y de alta novedad.

FIG. 8-CUERPO FANTASÍA..

hecho en combinación con batista
azul pálido bordada y muselina de seda azul.
El bordado forma el corpiño y gran parte de
las mangas. u.ándo8e la muselioa para los
pufs y el plastrón y ascendiendo hasta formar un collar recto.
FIGS. 9,

10 Y 11. -TRES TRA,TBIS PA.B A NIÑAS,
Damos, comprendidos en estos tres números, tres encantadores modelos para niñas.
El número 9 és un lindo frock de challi, blanco y rojo, figurado con un plastroncito de
muselina de seda acordeón y jockeys ribetea.dos de blonda. Es,á ceñida por un cinturón de eatln. El número 10 es de nansú, con
cuerpecito blusa y un elegante joke con
aplicación de cinta bordada. En cuanto al
número 11 es todo de fulard, con plastrón
de guipure y galones en forma de cuadrados
~ue corresponde á aplicaciones de guipure.
Elegantes Jockeys v abullonados en los hombros y en 'el centro de las mangas, manguetas de_mue~lina con aplicacióu de galón
de seda. Cmturon de satín con un gracioso
lazo á la izquierda.

&lt;,·,&lt;/c.'

.FIG, 12,-TRAJE D!!I PASEO

Es de gr anadina, á lineas ondulantes, alternad!!&gt; en ll falda y el cuerpo por galonee
de blonda paralelos. El cuerpo muestra ua
plastrón pleno de falla blanca con radios
puntados, collar de lo mismo, pnntado también, una aplicación de blonda une el corpiño al plastrón.
FIG 13.-ÁNGULL D!" PAÑUELO.

Es de encaje y se ejecuta
con lacet inglés
El dibujo está. reproducido
sobre papel ó sobre una tela
encerada y se arregla el lacet
siguiendo los contornos.
Unense los di versos motivos
con bridas; comolfdanse tod11s
las parte3 del dibujo éon mu
cha limpieza y cuidado des•
pués se retira el bo1 dad~ del
papel ó de la tela encerada
se aplica c11da ángulo sobre ei
cuadrado de bat•sta preparado para el pañuelo y se guarnece de linda blonda de hilo.

FJg 12.-Traje de paseo.

-:~\~~ t~-.
:·~·.,•

~

.: •¡., ••·

-~(!:;:\
&amp;S\ ,,

He aqui tres combinaciones muy lindas.,
La una es un cortinaje de seda japón cruda con blonda !n•
cru8tada.
La cortina está drapeada á la izquierda bajo un nudo de cinta.
El segundo modelo 68 de muselina Liberty, con un hermoso
dibujo.
El tercero 68 pliesé á pliegues redondos y guarnecido de una
incrustación que forma dientes.
E n la punta dfl cada diente hay un anillito dorado.

' .-~,::,
~-:

' . ·:~-

.

\}t:&gt;: _
:-~

FIG, 1 4 ,-BOLSA ELEG ANTEl.

El número catorce rPpreeenta la bolea completa. Et fondo
ee de cartón recubierto de seda drapeada. La bolea está
hecha de Eatln doublé de la
miEmlf seda. Se hace esta bolsa más alta y más larga que el
fondo, p_ara darle la amplitud
necesaria.
La parte superior está extendida pero se forman pliegued en la parte baja. C:-mo
guarnición lleva un torsal de
cinta en la parte alta y unvola11te de bloma y un aconchado en los costados. Los lazos
son de cinta y hay tres nudos
de la mioma cinta mezclados
con la guarnición.

..
1

$

LLAMADOS "MISTERIO."

,

Fig. IIJ,-Pequeños cortinajes llamados ".Misterio."

Guillerm ino, Neina ae }(olanaa.

Se coronará solemnt'mente el d1a 6 del actual.

FIG.15-Pll:QUEÑOS CORT INAJES

La moda de los pequeños
cortinajes "misterio" cada dia
está más en privanza y todos
se ingenian para variar los
modelos.

ro.

FJg, 14.-Bolsa ele¡ante.

( Véast el texto.)

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93536">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93538">
              <text>1898</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93539">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93540">
              <text>9</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93541">
              <text>Agosto</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93542">
              <text>28</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="93559">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93537">
                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 9, Agosto 28</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93543">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93544">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93545">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93546">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93547">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93548">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93549">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="93550">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93551">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93552">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93553">
                <text>1898-08-28</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93554">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93555">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93556">
                <text>2017519</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93557">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93558">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93560">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93561">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="93562">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1251">
        <name>Alumbrado artificial</name>
      </tag>
      <tag tagId="1247">
        <name>Campanarios</name>
      </tag>
      <tag tagId="1250">
        <name>El matrimonio</name>
      </tag>
      <tag tagId="450">
        <name>Joaquín Arcadio Pagaza</name>
      </tag>
      <tag tagId="1249">
        <name>Los pantanos</name>
      </tag>
      <tag tagId="1246">
        <name>Luz fría</name>
      </tag>
      <tag tagId="399">
        <name>Moda</name>
      </tag>
      <tag tagId="1208">
        <name>Por un marido</name>
      </tag>
      <tag tagId="1248">
        <name>Ve a la escuela</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3604" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2245">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3604/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._1._Julio_2..pdf</src>
        <authentication>f4d77c229242dd2502c9900177bd5f77</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117425">
                    <text>..

• •

,,.

..

Año VI-Tomo ll

México, Doming0

2

•

Número

de Julio de 1899.

BELLAS ARTES.

t31BUOTECA UNlVERSt¡AntA
'' ALFONSO REYES
FONDO Rto.r::&gt;O COVARRUOIAS

ESPERANDO.
D ELANCE.

1

�1

EL MUNDO.

2

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
:::;::;=======~============-----------------------·

LA SEMANA

l

Cuando ha llovido por la tarde y sobre los cielos
limpios y brillantes, como mármol recién lavado, co•
mienzan á aparecer las estrellas, es una delicia gozar, en cualquier parte-en uoa calle desierta, en un
balcón abierto ante el horizonte, en el Paseo de la
Reforma, en una plazuela de barrio,-de estas blancasnoches de primavera, perfumadas y transparentes
que adormecen el alma, columpiándose en la hat:?aca
que prendieron de los astros,-¡ayl hace tanto tiempo-uuestras ¡::rimeras ilusiones.
Yo no sé por qué en estas hermosas noc~es, más
sofiadas que vividas, me viene á la memona un encantador y sencillo y tierno cuento de Erckmann
Chatrian que posee una misteriosa evocación, como
si las pal~bras que lo componen fuesen cabalísticas y
estuvieran pronunciadas por :ilgún Merlín todopoderoso? No recordáis aquel idilio, de fuerte sabor alsaciano que se llama «Gretchen,? Sí lo recordáis, porque es de esos que una vez leídos no se olvidan ja
más.
Comienza así: «Eran 1as diez de la noche cuando los
bebedores salían de la Cervecería del Cisne. Teodoro
bizo como los otros y 1:1e alejó silencioso. Las ven1:ianas se cerraban á lo lejos y se oía á las buenas comadres gritar en la noche, cerrando sus postigos: ¡Buenas noches, Orchel! ¡Buenas noches, Giedel! ¡Dormid
bien! Después todo quedó en silencio y Teodoro permaneció en la calle s,,mbría. Las estr.,llas brillaban
sobre su cabeza; los árboles se extremecían á su lado
y él permanecía en la calle, contemplando, escuchando y soñando., .. ¡Cuántas cosas fugitivas nos revela la noche!. . . . Escuchad ese vago murmurio, ese
gato que huye, ese pájaro que gorgea débilmente,
tan débilmente que la garduña, siemp1e en acecho,
apenas lo oye.
«A Teodoro le gm,tabi;. la nocbe;,andaba un poco, se
detenía vol via prestando el uido .... Cuando miraba
hacia ei cielo, venían á su memoria las palabras de
Conrado el tejedor:-¡Conserva tu almal ¡Conserva
tu alma J Pero al mirar hacia la tierra, al respirar
los dulces perfumes de la primavera, de los festones
de heno de los árboles de espeso follaje, entonces
pensab~ en Gretchen, en la linda Gretchen, tan fresca con sus labios húmedos y rosado!,, con sus grandes
oj~s azules, tan sonrientes, tan limpios, con su carcajada tan franca. ¡Cuán bella le parecía entonces y
cómo le palpitaba el corazón .... ! Le parecía verla
correr detrás de una mesa y otra, y~verter la cerveza
en los grandes tarros relucientes, levantando el blanco brazo de marfl.1, el talle bien arqueado, las dos
trenzas de blondos cabellos, flot,ando hasta el extremo de su falda color de amapola, y con sus dientes
deslumbradores de un esmalte fino. Gretchen reía
con todo el mundo, excepto cou Teodoro! Apenas le
veía entrar se ponía seria; pero al mismo tiempo i,us
grandes ojos azules tomaban tal expresión de tern1;1·ra que el corazón del pobre muchacho se consumia
de amor. . . . Perdía la respiración y balbutía pa.labras ininteligibles. Teodoro sofiaba en estas cosas.
«Volvía también á ver al viejo Reebstock, el padre
de Gretchen, con su gran peluca gris, con su mi rada
cándida llenade fina beuevolencia... y la tabernibúmeda de bajo techo .... el reloj de ·piedra azulada.... la
lá~para suspendida iluminando los rojos semblantes
delos bebedores, campesinosdesombrerohastalosojos,
con su pequeiio cubilete de est~i'io en las anchas ma1;1os
ásperas y rajadas por el ~raba.jo y el _frío:--cLa vida
está sobre la tierra-se decía-esta vida fresca, esta
vida de amor, de sentimiento, de bienestar ...... el
vino, los bellos frutos, los perfumes .. , . y Gretchen,
to;io eso es la vida terrestre.,-Temblaba d~spués,
pensando en la joven: se la repre~entaba tan. bien,
que hubiera podidp contar cada bilo de su traJe, cada cuenta de su collar, cada inflexión de su sonris1
en los hoyuelos sonrosados. Ningún rasgo se le escapaba. Miraba á las estrellas y veía á Gretchen. Escuchaba el rumor del aire y oía lll voz de Gretchen. Sof!.11.ba en el mundo y Gretcben estaba allí, siempre allí,
respondiendo, á su pensam~ento. 10b amor! amorl
¿quién eres tu? ¿de dónde vieD'es?
«Y Teodoro andaba así, á través de la noche luminosa detrás de la aldea, costeando los breí'!ales, recorriendo las angostas avenidas, abiertas entre palizadas, escapándose hacia e~ valle recientemente segado, contemplando las casas con s~ construcciones
extrafias é irregulares, sus escaleras exteriores, sus
balaustradas mohosas, sus patios bajos, sus grandes
techos sobresalientes, todo circundado de misteriosas penumbras~ ..... .
Engarzo esta bella página, turquesa de luces claras,
en la desbrui'Hda placa de mi ~stilo porque, en estas
nocbas de Junio, mi estado de ánimo, corresponde
por algún obscuro simbolismo, á la escena del cuento
alsaciano.
Yo-y cuántos lo mismo que yo!-como el enamorado campesino, voy y vengo por la ciudad ale-

targada y dormida en la noche, sofiando en que una
vida fresca, una vida de amor. ha caído sobre la tierra.
Sólu que mi Gretchen, la que amo, no q~edó en la
taberna bromeando con todos y llenand') los picheles
de cerveza, risueña y cándida como la moza de
Erckmann y Cha.trian; mi Gretchen acompafia á mis
amigos ]es artistas y los rimadores, ríe con ellos, los
mira amorosa y lánguidamente, y charla, olvidada
de los que por fuerza nos vimos obligados á salir del
Cisne á las doce de la noche, cuando las ventanas se
cerraban á lo lejos y se ola gritar á las comadres en
el silencio de la calle som brfa.
Porque una vez fuera del Ci.~ne, sigo, como·Teodoro,
pen1:1ando en Gretchen, y como á él, á mí me parece
que está en todas partes, y que responde á mi pensamiento en todos los fulgores, en todos los aromas, en
todos los ruidos.
Todavía, aunque me lo crean, estoy perdidamente
enamorado de la Belleza, y en un seno que aletea, blanco y espumoso como un pichón en espasmo, en un faro que brilla como una banderola de luz, en el mármol de una estatua, en,el colorido de un lienzo, y sobre
todo, en las horas de misterio y quietud de estas noches maravillosas, veo á Gretchen, á la divina Gretcheo, de la que la realidad-¡oh, amante cruel!-me
obligó á separarme, y digo como el inocenr,e muchacho:
-La vica está sobre la tierra!

***

Para mí la locura de Cantoya, el romántico enamorado del aire, es una locura noble, tramada de idealidad y de grandeza. Esa original megalomanía de
subir, de volar, de contemplar el mundo á vista de
pájaro, da origen á cómicas y admirables aventuras,
dignas de un poema épico-burlesco, como el inmor1,al del Ariosto. Lleg,ar á lo alto, tocar con los nudillos en el azul del cielo, como en la puerta de lo infinito, esperar á que abra el Gran Misterio, siempre
en vela, y no consiguiéndolo, bajar con sobrrbla luzbélica, á encender la admiración de los hombres, á
narrarles el peligroso viaje por los espacios, los encuentros con las estrellas, los combates con los vientos, las luchas con las caudas de los cometas; es el
suefio, largo tiempo nutrido de esperanza, de este
aereonauta decidido que á falta de ciencia, posee la
ciega seguridad del creyente. Cantoya sube en su
globo primitivo, convencido de que los elementos son
amigos suyos, de que el aire es su fiel camarada, de.
que el horizonte es su palacio, de que son hermanas
suyas las águilas, de que las nubes construirán á su
paso arcos de triunfo.
Es verdaderamente espiritual esta, insania que desprecia la tierra y que cada vez que puede, asciende
porque le gusta abrir las .alas.á sus delirios en plena
inmensidad.
Lo cierto es, que á pesar de las burlas que provoca,
este hombre es simpático; y hasta, si nos ponemos á
pensar un poco, se nos antoja que todos tenemos, muy
escondido, algo de Cantoya, que no nos atrevemos á
sacará luz por temor á los envenenados venablos de
la ironía.
El anhelo de Cantoya es nuestro anhelo, es el eterno anhelo del género humano. Subir, huir de este
planeta, volar en busca de lo desconocido, perderse
en el laberinto de los astros ....
¡Oh lrrealisable sueño de Cantoya, eres nuestra obsesión y nuestra desesperación ! ..... .

*

* * la Dolores de Feliú y
Reaparece en nuestra escena
Codina hecha ópera espafiola. El doliente drama
sirve de libreto á una música que, aunque alta, parece que no se halla á la altura de la letra.
Sin embargo, la acción es tan intensa en la Dolores, los caracteres están tan "líen forjados, la pasión
es tan caudalosa y desbordante, que á pesar de que
en el pentagrama pierden un poco su brío los gritos
de la mujer ofendida, las amenazas del amante cruel
y perverso, y las ternuras del cándido enamorado, el
público se estremece bajo la zarpa de león de un poeta que encuadró en el marce del Arte, un conmovedor fragmento de vida impura y apasionada.
***

Un escritor característicamente americano, nos envía desde Cuba el último de sus libros: Ent1·e brumas.
Es Andrés Clemente,Vázquez uno de los narradores
que más interés despiertan con sus rel.tos, impregnados siempre de una admirable sencillez poética.
Hablan de cosas pasadas, de viejos episodios, de
lejanas memorias, con un acento de abutlo lleno de
melancolía y de dulzura. ¡Alma dichosa que el crepúsculo de la vida, ve florecer como si fuera pleno día, la imaginación juvenil y feclUld&amp;! . .... .

Domingo 2 de Julio de 1899

,-

Revistas =rpliticas .y Literarias..
No en el úl~~o escrito literario de nuestro Castelar, p.orque es~ ~¡tuda es el _breve y expresivo que
escribió para ¡¡114: m que han preparado las Señoras.
de Ja Jdnta Dlmt:! va del Asilo Galán, pero si en uno
de los últimos¡(el $producido por el l mparcial poco&amp;.
días ha, algunqs d4 nuestros lectores habrán advertido este conce! s~gular (no tengo á la mano el periódico para e r ton precisión) el Austria alemana
se está tornan ¡testante.
Esto quizás. pa zca una enormidad á muchos de
quienes conozca.o fidelidad al C':1.tolicismo de la inmensa mayorí~ de os súbditos de los Habsburgosque
abrazaron la R~(\:) a en Austria, en Hungría y, sobre todo y desde n:tucho antes de Lutero, en Bohemia
pero que, sometidos por las armas, fueron luego afor.tiori, aunque ~iínltiva~ente, conver~idos _al c~tolicismo, gracias1i.t celo ngoroso y á la mtehgenc1a de
los jesuitas. Qµlw atribuyan el mencionado concepto al brío antiolerklal que resucitó siempre en el gran
orador cada ve:i que creyó en peligro la supremacía
del Estado lai()o, actitud política que jamás mermó
en nada, por cierto, su profundo sentimiento cristiano.
Como sucede en todo escrito político, destinado á
causar determinada impresión, las ideas y los hechos
toman un resalto exajerado; un orador y un político
haráa siempre de }a historia una materia tr!l.nsformable á ríes"º de alterarla, ó un depósito de donde
pueden extrairs~ maravillosos efectos de color ó la
arcilla propia pata elaborar estatuas y bajo-relieves.
Nadie como Em;io Castelar para servirse de ese material: conocía 1 hlstoria de un modo pasmoso, pero
sólo le interesab como colorido y como drama; para
trazar con ella
dioramas que han asombrado al
mundo la convir~óliteralU1ente en una paleta ..... .
Este buen seño¡· está á punto de di vagarse, dirán
mis cinco lectore (juro que los tengo, porque los he
contado). Siemge estoy á punto de eso. Vamos al
grano. '
l.
¿ Por qué los cit,ólicos de Austria se tornan prútestantest La cabe¡a de Francisco José es (dicho sea
con respeto) la pMra angular de un edilicio heterogéneo compuesto!rincipalmente de tres materiales
disímbolos: el ro érial eslavo distribuido en dos zonas paralelas al . y S. del Valle del Danubio ocupado en toda su egión media por diez millones de
alemanes y seis ••magyares (húngaros) que componen los otros dos ateriales. Estos son quienes mandan y dominan, e os constituyen el duali,-mo; la doble
corona de emper or de Austria y rey de Hungría
que lleva sobres canas Francisco Jm,6, quiere decir: sumisión de os eslavos del N. á los alemanes,
sumisión de los d 8. á los húngaros.
•
En todas part los eslavos protestar. y por todas
partes se registjin anuncios de cambios futuros,
próximos quizás. ~n Hungría el odio al eslavo forma
parte de la. religi cívica, y preciso es recordar, que
los húngaros y lo turcos son hermanos de raza y que
entre esta raza tu nica á que se gloría de perteuecei:,
en verso, Juan Rtepin y los eslavos, el duelo étnico
se inició al •man r de la historia y se agravó hasta
el paroxismo cu do croatas y rusos, ¿sla.vos todos,
aplastaron en 48 I 49 á los l~berales alema°:es y á los
patriotas húngar9S. Pero liberales y patnotas han
alzado la frente ~1e el día siguiente de Sadowa; _la
Hune-ría asesina1 hace cincuenta años por Pask1ewitch ha resucilo triunfant,e y es duefia de sus destinos. Para los e lavos no puede baber autonomía
dentro del dualis o ¡así han pagado los Habsburgo
los servicio1:1 de ~iados de nuestro si¡;lo!
. Con todo los dmbios vienen; un fuerte grupo de
nacionalist~s hú aros á cuya cabeza figura el hijo
mismo del liber dor Kossuth, habla de una cosa
que habría hace oco parecido imposible, de la reconciliación de búng os y eslavos. Esto tras~ormaría la
faz del imperio. a Austria, al contrano, la lucha
entre alemanes eslavos se exacerba más día á día;
en Bohemia, com es sabido, toma las proporciones de
una lucha nacion 1 renace en los grupos universitarios el culto por u'an Huss, el santo. mártir de lapatria tcheque ree plazado por el culto de Juan de
Nepomuc, cuand el emperador !erna~do II y lo_s ~esuitas ahogaran a independencia nap10nél.l y relig10sa de los bohemi en el siglo XVII; y los alemanes.
acostumbrados á obernar en un país en que siempre
han estarlo en ro oría, protestan contra las tem1encias autonómica de los jóvenes tcheq~, ausentándose
de las asambleas de las universidades.
Lo mismo en ustria; allí los alemanes están en
mayoría mas L bién el elemento eslavo tiende á
á compa~ttr con ellos el poder, á. pesar d~ la vivísi•
roa resistencia e se le opone. Los conflictos de este género en el f,alismo austro-húngaro ~ornan forzosamente unca !!ter confesional, se ,uelve~ lucbas.
religiosas. El el ;ro católico, bastante mal dispuesto
para los eslaTos li Bohemia, es aliado natural de los.
eslavos del S. coatra los liberales alemanes. Basta recordar que entf esos eslavos del S. descuella como
un caudillo·y co o un apó11tol el gran obispo Stross~ayer, cuya voz, o qesta á la in.falibilidad del p.ontifi-

*

3

Domingo 2 de Julio de 1899.
ce, abogaron en las sesiones del Concilio Vaticano
los obispos zelotas de Pío IX, entre quienes uno ó algupos mexicanos se distinguieron. Hoy Strossmayer
es uno de los misioneros favoritos de Leon XIIl; le
ha dado la misión de trazar el programa de la reunión futura de los eslavos cismáticos y ()3.tólicos.
Resentidos profundamente los alemanes católicos
por la parcialidad de sus cleros en favor de sus enemigos hereditarios, hin puesto en el cielo sus quejas,
y los exaltadoR, obedeciendo á la direcc!ón de dos furiosos agitadores, Wolf y Scbenerer, La.o anunciado
su conversión al protestantismo. Los corifeos y un
grupo de personas que·no llega á un ll\,illar, han realizado su amenaza ell el N. de Bohemia, sobre todo,
donde algunas pequeñas poblaciones alemanas se han
declarado protestantes en masa. El clero austriaco
hizo al principio po.:o caso de esto; pero boy, profundamente alarmado, multiplica las deprecaciones, los
sermones vehementes, las conminaciones y las cartas
pastorales; Monsefior Gruscha, el cardenal Obispo de
Viena, ha resuelto dirigir la campaña y ha hecho un
llamamiento á la fuerza pública para que impida h
propagación del mal: al brazo secular como se decía
en los tiempos inquisitoriales.
A este extraí'!o movimiento hace alusión el escrito
de Castelar, exagerándolo un poco, porque la verdad
es que lo que se anunciaba como una conversión en
masa, ha resultado poca cosa. á la postre. No es eso
lo grave para el dualismo austro-húngaro, sino que
los eslavos en cuanto la mano de hierro del magyar
se hace sen~ir demasiado, vuelven los ojos al Tsar,
especie de jefe honorario de todos los eslii.vos del
mundo, y los austro-alemanes, cuando temen que su
preponderancia decline, ,suspiran por el Kaiser de
Berlín, centro vivo del pangermanismo.

* **
¿En dónde se baten? En donde ya no se batirán
es en S&lt;tmoa; los ri va!_es Malietoa y Matai,fa han depuesto las armas y la alta comisión arbitradora ha
decidido suprimir la monarquía é instalar en Appia
una suerte de gobierno republicano; esto pa_rece que
será un sedativo para los arde-res belicosos de los samoanos; lo seguro es que las tres potencias, Ing1aterra, .Alemania y los Estados Unidos, meditan cada
una sola cómo birlarár: su parte á las otras dos: Alemania pag-ara el plato.
;
En donde parece que se batirán pronto es en el
Transvaal; los burghers del presidente Krüger se arman hasta los dientes y la mayoría de los uitlanders
se preparan á conquistar sus franquicias con el auxilio de Inglaterra, cuyos callones manda limpiar y
preparar el gobernador del Cabo. En Bloe1nfontaine
no pudieron entenderse, como dijimos en nuestra última revista, el bíblico señor Krüger y el exigente
sefior Miliner: deje usted á los uitlan.ders tomar parte en el gobierno, decía Mr. Miliner, deles usted el
voto á todos, y desde luego, con sólo ciertos ilusorios requisitos de vecindad; es decir, déjelos usted gobernar.-No, respondió el bíblico Mr. Krüger, no;
les daré franquicias pero poco á poco, mediante natu~alizaciones que no produzcan su erecto iumediatamente, sino al cabo de cinco años; además obliguen
ustedes á la Charte:red (la compañía organizada por
Cecil Rbodes) á pag-arme una fuerte indemni7.ación
-por la invasión de Mr. Jamesson, un doctorci!!o en
obstetricia, y además comprométanse ustedes á someter al arbitraje de una potencia cualquier nuevo caso de conflicto entre boers é ingleses.- Imposiblr, no consentimos, replicó M11iner, y concluyó la
r- conferencia.
Ilay en todo esto 1ma cosa risueña (¿Puede decirse así en vez de risible? Creo que no y por eso lo di. go.) El fogoso imperialista Mr. Chamberlain, secretario de las Colonias en el gobierno del Marqués de
Salisbury, en cada uno de sus discursoi,, eompromete
la acción del gobierno inglés; es decir que el Ministerio acuerda poner el pié en una linea y el enfant terrible del unionismo en un discurso del día siguiente
del acuerdo, pone el pié en la raya y, por la propensión natural de todo orador de ir hacia el público,
da un paso más. Por eso han convenido los miuistros
de S. M. B. en no dejarle e1 primer monólogo del acto; sino que Mr. Balfour hombre de un talento infinito y filósofo en sus ratos perdidos, se adelanta á
declarar la verdadera inteución del gobierno; y así
el paso de Mr. Chamberlain es por su cuer:ta y riesgo. Curiosas costumbres parlamentarias.
Lo que sí nos ha conmovido profundamente basta
las lágrimas contenidas, que son el preludio de las
que corren, pero que no pueden correr en esta crónica decentemente, es el discurso pronunciado el lunes
pasado por el propio Mr. Cbamberlain. &lt;¡Los peligros
que corre Inglaterra en esta cuestión de los boers
son para partir el al mal ¡ Los boers se arman; los
boers tienen dinero y soldados; los boers van á creer
que nuestra paciencia es debilidad, y abusarán; verán ustedes cómo abusan de esa debilidad! ¡Oh! no,
es preciso ser fuertes, no; ao queremos la guerra, pero si nuestra dignidad lo exije, nos sacrificaremos y
mostraremos que somos capaces de defender11os ....
Mostraremos los dientes-&lt;¿ Y para qué son esos dientes, abuelita?-Para comerte mejor, hija mía.•
En donde sí se baten á más y mejor es en la isla

SR. JOSl!: M. 8 USTILLOS1
Poeta Mexicano
ten Toluca el 2 0 de .Junio de 1aee.

Ultimo retrato.

Fot. Torres.

de Luzón, tagalos y americano,;. E l goberna&lt;'lor Otis
se ha visto obligado después de una trabajosísima
campal'!a en el centro y sur de la isla, á darla por terminada hasta que pase la mala est,ición, contentándose con limitar la ocupación á una zon1. que al N.
de Manila llega hasta San Fernando y al S. se limita
al distrito de Ca.vite. Algunos puertos dominaoos
por la flota pueden considerarse también en poder
de los americanos. Y es muy poca cosa. Si entretanto los filipinos no se desorganh,an, si continúan ayudando al calor y á la humedad, siendo la pesadilla de
las avanzadas de Lawton y Me Arthur, la nueva campaña, que es, como si dijéramos, una campaña prei,idencial, porque &lt;'le sn buen suceso depende quizás
la reelección de Me Kinley, recomenzará bajo malos
auspicios. Será, en suma, un mal negocio; si llegan
á demestrar esto los filipi nos, habrán ganado la partida.

** *
Los 'últimos periódicos franceses, en cuanto se refiere al asunto Dreyfus, son verdaderamente dignos de
estudio. Todos los enemigos de la revisión clamaron
porque·las salas de la Corte de Casación (civil, criminal y de requetes) conociesen reunidas y resol viesen el
caso. El gobierno de M. Dupuy, sin motivo legal
suficiente, como se ha visto hoy que se han publicado
1011 pormenores de la investigación, sin nada que lo
obligase á despojar de su jurisdicción á lc1, sala del
crimen, pero con una mira polítka que ha resultado
justa, Mnfirió, por medio de una ley que resulta ad
hoc, la rei,ponsabilidad de la decisión al Supremo Tribunal ent,ero. J)ió así plena sati.,facción á las exigencias de la prensa reaccionaria y antisemítica. El solemnísimo farsante que se llama M. Quesnay ,de Baurepaire, que quiso explotar la excitación de las masas
en favor del ejército, para ver lo que pescaba, se declaró satisfecho: sus colegas de lasa.la civil, el mismo
magi!,trado ponente, Ballot-Beaupré cuyo informe es
sin duda la pieza capital de los autos, le habían manifestado su hostilidad á la revisión.
Mas ¡oh! dolor ! M. Ballot-Beaupré ydespuésdeéllos
cincuenta primeros-magistrados de Francia, se declaran unánimemente en favor de la revisión, casan el fallo del eunsejo de guerra de 94 y determinan en una
sentencia concisa y precisa á la vez, que "el acusado
Alfredo Dreyfus comparecerá ante el Consejo de Guerra de Rennes, designado á este fin por deliberación
especial habida en sala del Tribunal, para ser juzgado sobre el punto ·siguiente: ¿ Dreyfus es culpable
de haber, en 189!, provocado maquinaciones ó mantenido relaciones con una potencia extranjera ó con
uno de sus agentes, para comprometerla á cometer
actos de hostilidad contra Francia ó emprender contra ella la guerra ó para procurarle los medios á este
fin encaminados entregándole las notas y documentos
contenidos en el bO'l'dereau1"
Esta declaración era clara para todos los hombres
sensatos; habría sido necesario desesperar de la justicia humana si un tribunal de la competencia y del
prestigio de la Suprema Corte Francesa, hubiese cedido á la influencia de un grupo de obcecados y energúmenos que soliviantan á las multitudiB francesas.

Sin embargo, el fallo causó emoción profunda; la reflejan bien los periódicos. Todos habían ofrecido inclinarse ¿se ban inclinado todos? Los que habían
guar Jado una reserva neutral y respetuosa como el
Jou1"?ial des Debuts, modelo impecable del periodismo
ilustrado, espirit ual y cortés, órgano de la burguesía
irremisiblemente demor:rática, pero relig!osaw~nte
liberal, se bao inclinado siu ret,icencias ante el fallo
de la Corte; de esta parte sana de la población francesa que guarda GOD una gracia de tan buen tono y
con tan exquisita inteligencia de fas necesidades sociales, la gran tradición de las épo,cas parlamentarias,
es una expresión admirable en su limpia sencillez el
manifiesto de la. asociación política, lu Unión liberal.
«Tenemos que combatir dos clases de enemigos, dicen al terminar los autore1:, del manifiesto. Por un
lado el partido radical y socialista que no ha cesado
de ganar terreno desde lr,s comienzos de la legislatura y pür el otro un partido formado con todos los deshechos del pasado y que sueüa con golpes de Estado,
con plebiscitus, con servidumbre, en una palabra, y que
busca por t odas partos á uno á quien conferir la peligrosa misión de imponérnosla. Nosotros, republicanos liberales, no desmentiremos nuestro pasado; vemos con toda claridad y acostumbramos denunciar
sin piedad las faltas del Parlau1ento; no por eso se ha
mermado nuei;tra adhesión á las iru.tituciones republicanas. Si aún están demasiado vi vas las pasiones
para que sea pusible hacer aceptar los consejos de la
moderación y la prudencia, esforcémonos al menos
por evitar males irreparables; y colocados entre dos
partidos que luchan igualmente por ahogar la li':ertad, continuemos defendiéndola con la convic.::ión
profunda de que sólo ella puede abrigar la tolerancia
religiosa, asegurar la plenitud de su independenciaá
Ja justicia, inspirará todos el respeto á los derechos
de cada uno, fortificar las costumbres públicas contra una cobardía que prnpara. el camino de la corrupción, y por la Cúntianza que inspira, hacer volver á
los espíritus y á los corazooes la paz social de que tentmos necesidad tan urgente.,
Eotre los perUdicos antirevisionistas, algunos, los
menos, se someten corno el periódico rle Paul de Cassagnac; otros como la. frenética Libre Parole del frenético Drumont dicen: cS1 todos esos oliciales á quienes
defendiamos, hubiesen tenido el temperamento de los
hombres de antaño, habríamos ganado la batalla,
porque Francia estaba con nosotros. Nada hemos encontrado, nada, nada, nada más que felicitaciones y
apretones de mano.&gt; El autor quería un pronunciamiento, la mayor parte finge n esperar que el Cunsejo
de guerra r econdenará 4 Dreyfus, á pe¡,ar de la confesión misma del condottiere l!:sterhazy.
Lo que ennoblece á la especie humana y consuela
de lo que indudablemente ha sido una obra deespanto.sa inquidad, es la actitud de la sociedad en que si
tamaño crimen pudo cometerse, tamaña reparación
puede esperarse, en que ha bdbido h'.)mbres que todo
lo sacrificaron para obtener justicia, y mujeres c,,mo
Mme. Dreyfus con cuyo corazón acabarán por latir
al unísono los de todas las mujeres buenas de Francia.
¡Oh! cuán bien dijo Rugo:
«Quand tou.t se f uit petit, fermnes, vous restcz grandes.&gt;
Saben los lectores rle mi últi ma revista cuán natural me parecía que Waldeck-Rousseau y el I11arqués
de Gallifet se encargasen de dar solución á la crisis
ministerial; nosotros considerábamos necesaria una
concentración de las fuerzas repnblicanas, mas nunca supusimos que el radio de concentración pasase de
los radicales y alcanzase á los socia.listas, menos que
un liberal de la altura de Wa!deck-Rousseau se aliase á el!os; mas si nos sorprende que lo baya hecho,
nonos plfrece que por ello debe condenársele, y el grupo moderado que encabeza M. Meline hace mal quizá
en negarle su apoyo. Lo que ba hecho el insigne repúblico, con sacrificio de arraigadísimas convicciones,
es una revelación del peligro que corren en Francia
las instituciones republicanas; como cuando se trata
de las defensas supremas, no ba sido posible rechazar ninguna alianza y desde el republicano conservador GalJifet, que guarda incólume un inmenso prestigio en la masa del ejército, basta el socia.ista Millerand que 7ocos días antes de ser ministro proclamaba. en su p.eriódico (La Lanterne) que la justicia no
conocía ni represalias ni venganzas, y que es, como
si dijéraD10s, un socialista de gobierno, todo cuanto
elemento de orde!l podía encontrarse en los grupos
que combaten entre sí, perc á la sombra de la bandera republicana, tienen una representación en el nuevo gabinete que no es una conciliación, sino una
tregua.
El Presidente del Consejo lo dijo muy bien en su
conciso programa, que fué un breve comentario de
la orden del día que produjo la caída del ministerio
Dupuy. Lasdificultadessongravíslmab, parecen Insuperables, eso es lo que demostrará si Waldeck-Rousseau es, como hemos afirmado, ó no, el primer hombre de estado con que la república cuenta.
El programa es muy concreto y esto facilitará al
gabinete mantenerse muy compacto; la decisión
del consejo de guerra que juzgará de nuevo á Drey!us no puede hacerse esperar. La declaración de inculpabilidad es inevitable, tratándose de un grupo de oficiales de honor, sobre los que no pesan las

�EL MUNDO.

4

Domingo 2 de Julio 1899
Domingo 2 de Julio de 1899.

sugestiones que puso en obra el ministro de la gue- M. Loubet, y esto podría ser la seilal del conflicto cirra Mercier cuando deliberó el primer consejo. El vil; creemos que Waldeck-Rousseau, queGallifet, qll:e
ejército habrá así pronunciado la última palabra y el Presidente, pueden ponerse á la altura de esta siesta palabra será justicia y caerán como por ensalmo tuación.
todas las prevencione¡, que contra él tiene una parte
Pero si nuestra primera hipótesis se realiza, como
del país republicano, prevenciones hábilmente explo- lo creemos firmemente, el ministerio, tal como está
tadas por los grupos que proclaman la revolución compuesto, perdería su razón de ser y á las tentativas
social.
de convertir al Estado en un organismo absorbente
Si contra la convicción que ba penetrado ya en la de todo capital, que es el programa colectivista, pueconciencia de todos, aun de los que tingen creer en den los liberales desplegar toda i,u resistencia, segula culpabilidad quand mime de Dreyfus, como el gt&gt;- ros del triunfo, asf como esa misma resistencia sería
nual Mercier, si contra el análisis irrefragable becbo hoy dar el triunfo á los enemigos de la República.
Veremos; precisam:mte acaba de presentarse un capor el magistrado lntormante de la Corte de Casación é lmplícita•nente admitido por ésta, si contra la. i;o en que la euergfa del ministro de la gue:ra tiene
terminante confesión de Esterhazy, el Consejo, que ocasión de revelarse en toda su fuerza; un oficial del
sólo puede examinar, como prueba, la única quo sir- ejército se ba permitido Insultar en un periódico al
vió de base legal á la condenación de Dreyfus, el bor- jete del Estado; si él y todos los que como él piensan,
treTeau, declarase culpable al capitán acusado, lacues- parece que son varios, no reciben un castigo rápido,
tlón tomaría repentinamente un carácter de espan- seguro y decisivo, de esos que muestren la mano del
tosa gravedad. Vendría al dfa siguieute el Indulto de jefe de la carga histórica dtJ Sedan, calzada por un

EL MUNDO.

guante de acero, no sabríamos qué :'.)ensar ni á qué
atenernos.
Nadie duda que Francia necesite un gobierno, todas las democracias latinas y, sobre todo, las democracias militares, (lo que parece un contrasentido y
ese es el contrasentido que causa la dificultad fundamental é Insoluble en la existencia de la República),
todos necesitan gobiernos fuertes; es hábito y necesidad de conformación. Pero no necesitan dictadores
perpetuos, porque esos tras de ser la opresión, sou
la guerra, son Waterloo y Sedan. No, por más que
asf lo piense el estentóreo Dérouléde que gritaba ante el tímido jurado que lo absolvió: d'rancia necesi
ta un hombre&gt; dando así á su patria la obscena actitud de una mujer atacada de una de esas vesanias
que Cbarcot trataba en la Salpetrlére. Implo, loco.

__J ~ J

~

-

EL ESCANDA.LO DE AUTEUIL.-LA P0LICIA APltE11ENDE AL CONDE CmtISTI.I.NI.

EL MIEDO A LA MUERTE.

EL ESCANDALO DE AUTEUIL.
EL CONDE CHRISTIA.NI AMENAZA. CON SU EAST0N AL PRESIDEl&lt;T.E DE FRANCIA.

¡

Oportunamente nos transmitió el cable y leímos
con más desagrado que sorpresa la noticia de este lamentable escándalo provocado por uo grupo selecto
de gentile$-homlnes en las fiestas del Steeple-Chase de
Auteuil.

Dice un cronis!a parisiense: &lt;No exajeremos la importancia de esa tonta barrabasada de petimetres que
se lanzaron gloriosamente al asalto de una tribu;1a
ocupada por el invitado de una Sociedad, para ir después á dormir en la vil D.:tenclón. Esto oo ba sido

más que el ensayo de un nuevo sport, cuyos resultados son poco alentadores en razón de su taita
de elegancia. No es fácil comprender lo que ¡&gt;;Jeden ganar esos sefiores entregándose á tales ejercicios, pues lo único que bao becbo es perder, con
algunos bastones y no pocos sombreros, los últimos girones de una fama de buena educación y
de exquisitas maneras que ya muy pocos lee reconocíc1,n.
M. Fernand de Cbrlstlani, el máis audaz y más
torpe, si no el jete de ese grupo de elegantes, tiene treinta y ocbo aITos de edad y es nieto de un general del primer imperio.
Al llegar M. Loubet al bipodromo de Autt:uil el
dfa de los escándalos que tué el 4 de Junio, se le
recibió con aclamaciones de entusiasmo; pero á
, poco se oyeron gritos Insultantes para el Jefe del
Estado.
Uno de los insultadores, el ridículo y universalmente célebre en estos dfas, cuyo retrato figura
en un ángulo superior de nuestro grabado,. el conde Christian!, escaló la tribuna presidencial con el
ímpetu, aunque con menos berofsmo que su abuelo las trincheras enemigas, y se lanzó bastón en
mano sobre el Presidente Loubet.
Afortunadamente el General Brugere previno el
· bastonazo y M. Loubet recibió sólo un débil golpe
t&gt;n la copa del sombrero. La escena produjo un tumulto espantoso.
El agresor fué detenido inmediatamente, y con
más cardenales que él quisiera, fué á. parar en
manos de la policía y llevado bajo severa custodia
á la Detención.
Entretanto, los turiferarios del héroe (Jl:;1 liitlani, libraban una verdadera batalla con la
policía bajo el mando de M. Touny, auxiliado
por el oficial Grlllleres, el cual rué herido gravemente en la cal,eza.
Reducidos á la Impotencia los revoltosos, bien
pronto rueron á bacer compa!Iía al benemérito
Cbrlstianl y á felicitarlo por su brillante proeza.
No es Inútil recorda: á nuestros lectores que la víspera de los hechos que rererimos, es decir, el sábado
3 de Junio, la Corte de Casación pronunció el magui.tico fallo de rerlsión del proceso Dreyfus.

El Instinto más poderoso y dominador
en el hombre y en los aniwa.les en geoe!!'al, es el de conservación. Vivir. á todo
trance, á toda costa, sea corno fuere, en
-cualquier condición; per&lt;&gt; ,·ivir, be abi la
gran aspiración bumana, P4ra ~a lnmen-sa mavorfa de los hombres, la vida no vale p1&gt;r lo-; goces que promete,,por las satisfacciones que procura, por los apetitos que
sacia, por las concupiscencias que harta,
por las ambiciones que colma, sino por
-ella. rulsma, independientemente de sus
,goc&lt;!s, con entera. abstracción de sus dolores.
Aman la vida, la quieren perdurable é
inextinguible, César en el solio y Job en
-el estercolero; desde el peilón desierto de
!:;anta. Elena, entre las ruinas de un poderío casi extravagante y los laureles marchitos de una gloria casi di vlna, y después
de haber vivido él solo mil vidas, Napoleón que nada espera., des':.'a aún vivir, y
frun'ce lnrli!tnado el ~i'io á las acometirlas
-del mal que lo consume y,ha de ,miqufürlv.
Ricos ó pobres, gloriosos ó igncrados,
reyes ó mendig~s, genios ó imbéciles, para
los hombres la vida no es un medio sino
un Un, estima.ble en sf mismo y por sí
mismo, y la imaginación y la fé la prolongan más a1lá de la. muerte, lmpoten.
tell para conservarla real y efectiva. más
de lo quedura.n un soplo ó un suspiro.
La sola Idea de la muerte, biela la sangre en las venas y yergue el ca.bello en la
-cabe:1.a. Soledad, trio y ~ilenclo ... extin-ción del cambiante panorama exterior,
dlsl paclón de los fantasmas del mundo
interno; el músoulo, rígido; el nervio,
Inerte; mudo el labio, 1 ncunmovible el corazón, inactivo el cerebro; sólo de pensarlo
se siente horror y miedo. Y luego, más
allá, un misterio impenetrahle ¿la. nada?
.¿el éxtasis místico? ¿el viaje interminable á través de otros mundos y en la envoltura de otros cuerpos? ;,el fuego eterno? La fé intenta en vano alumbrar ese caos, subsisten siempre dudas, inquietudes, angustias que
llacen, aunque dolorosa, preferible esta vida á otras
vidas, y los dolort'S ciertos á los goces dudosos.
El amor á la vida en si se complica. con el terror
que inspira lo descono.:ido, y la vida se hace doble0

EL POETA RUSO ALEJANDR.:&gt; PUSC11KIN.
mente amable, por lo que ella vale y por lo que puede signilicar lst muerte. Este cúmulo de rertexiunes
acude, sobre todo, al pensamiento en presencia de un
cadáver, severa y muda Interrogación que los cirios
alumbran y no esclarecen, y que la.s flores perfuman
sin mitigar el horror que inspira.

SI tanto asf amamos la vida y tan tr meado problema. encierra su extinción,
qué terribles y dolorosas deben ser la inminencia y la proximidad de la muerte.
Sentir que la sangre se biela poco á poco
en las venas, que la fuerza se extingue,
que la vista se anubla, que la palabra se
estanca en los labios; entrever al rededor
de sí llorosos y doloridos á los seres que se
ama.; pensar en su viudez y su orfandad;
prever para ellos el abandono, lc1, miseria,
el extra vio por falta de consejo, el vicio ó
el crimen por falta de dirección y ejemplo; considerar de antemano el hogar triste y trio, las asechanzas contra ,a inexperiencia, las confabulaciones contra la
debilldarl, el desplome por falta de sostén
y el dolor á dQmlclllo por taita de apoyo
y de defensa; todo esto oprime como una
pesadilla, llena de dolor y de angustia, y
creemos que en el dintel de la muerte nos
atenacearán todas las furias ó nos chuparán todos los vampiros.
De abf ese afán por perder la razón antes
que la vida, por morir hundido en el coma
estúpido, ó caer fulminado por el rayo
sin que la reflexión, el cálculo y la previsión
tengan tiempo de atormentar nuestra
agonía. El agonizante pareet: no tener
m¡is que una de dos actitudes: estallar en
protestas ó prorrumpir en gemidos; renegar como un condenado ó llorar com'.&gt;
una plañidt&gt;ra.
Contra esta previsión hablan los hechos;
la muerte, la inexorable, la implacable, la
f riu segadora, tiene com pasión de sus víctimas y antes de levantar sobre ellas su
atiiada guadaí\a, les inspira resignación,
serenidad y calma: tiene piedad de ell.lll
y las arma de valor ó las Insensibiliza y
embrutece. Nada, en efecto, más rudo
q·1e el contraste entre lo que debía ser y
lo que es en realidad la proximidad de la
muerte. En plen'l vida la temíamos y la
esqulvábam~s, la juzgábamos horrible y
atormentadora; cuando la vemo:1 venir, ó
la llamamos con anbelo ó la acogemos con
calma ó la miramos con indlrerencla.
oi la muerte sobreviene entre sufrimientos agudos y crisis do,orosas, ansiamos su llegada, la llamamos como á una redentora y preterim08
mil veces morir á sufrir. Si se acerca silenciosa y
compasiva, si la vida se extingue sin dolor y sin angustia, la recibimos como una amiga esperada y no
temida. En estas condiciones el agonizante llama á

�EL MUNDO

6

Domml!'o 2 de Julio de 1899

Domtnl!'O 2 de Julfo dP. l~!l!l.

7

EL MUNDO.

LA NUEVA SINAGOGA EN CHEMNITZ.

¡PER

E:XPOSICION DJ!L,CASJNO NACIONAL,

los suyos, les sonríe, imprime en sus frentes el último beso, desliza en sus oído!&gt; el último consejo, les
sugiere resignación y valor, apenas si un vago tmte
de melancolía cubre su semblante; habla de sí mismo como de un indiferente, encuentra natural y lógico morir. prodiga aliento en vez de solicitar consuelo, juzga llenada su misión, alcanzada la meta; la
vida que le pareció siempre tan estimable y valiosa
le es indiferente, en su último balance le parece fallida; acaba por reconocer que no vale gran cosa y sin
tristeza como sin amargura, sin prot,estas como sin
blasfemias, expira resignado y tranqullo y hasta feliz á veces.
El he'cho, sorprendente en sí mismo, lo es más aún
en los éasos en que la muerte sobreviene cuando una
• enfermedad prolongada y aniquiladora .no ha t,enido
tiempo de extinguir las fuerzas, de embotar las facultades, de provocar esa indifeiencia apática y pro•
--funda características del agotamiento supremo; cuando se impone, como en la pena capital, á un hombre
sano, robusto, á veces en plena jnventud y en pleno
vigor.
El ajusticiado que protesta, se agita, reclama la
viJa como un derecho, se defiende y resiste, á quien
hay que llevar al patíbulo maniatado y á empellones
como al loco furioso á la ducha; el t ondenado á muerte que gime, llora, suplica, reza y clama al cielo son
la excepción y no la regla; tanto son la excepción que
entre nosotros casi no se registran casosde ese género.
Los casos ordinarios son de tres clases: E: fanfarrón que llega. á la muerte con la frente alta, la.mirada
altiva, verboso y decidor, prodigando bravatas y hasta chascarrillos, que rehm,a la venda, que pide man' dar la ejecución. Hemos visto morir así á O'Horan y
á un sargento del antiguo Cuerpo de Tiradores; este
último leyó unas décimas al cuadro de ejecucióp, ven-

Los .M.\ RMOLES

SACO!

Los israelitas de la ciudad de Chemnitz, que
apenas pasan de mil, careciendo rte un sitio
apropiado para sus servicios religiosos, resolviéronse en el aiio de 1897 á construir una sinagoga, para lo cual empezaron por adquirir un amplio terreno en la plaza de San Esteban
No obstante el corto número de adeptos que
forman el grupo judio de Cbemnitz, no hubo
dificultades para reunir los fondos nesarios al
efPcto que se habían propuesto y una vez adquirido el terreno procedieron á abrir un coucnr¡;o
artístico entre todos los arquitectos del Jugar
para que presentaran proyectos apropiados tanto en la parte de comodidades y exigencias pa
ra el servicio, cuanto en el carácter arquitectónico que debería concordar con la índole de la
estética Lebrea.
Presentáronse setenta y ocho artistas y obtuvieron respectivamente, el primer premio el Ingeniero W. Buerger y el segundo los Ingenieros Hoeniger y Sedelmayn. Naturalmente fué
el proyecto del pri::.iero el que se llevó á la práetica. y á su autor Buerger se confió su realización.
La construcción duró sólo quince meses, al
cabo de los cuales fué entregada al servicio tal
cual pueden verla nuestros lectores en el grabado que les ofrecemos.
Forma un hermoso adorno de la ciudad y produce una impresión maJestussa.
Usóse como principal material piedra artificial roja que con el contraste del tejado verde
claro, es de gran efecto, según dicen los periódicos técnicos alemanes.
El nuevo templo judio t!Pne cabida para unas
setecientas veinte personas é importó su construcción 120,000 pP.sos aproximadamente.
Ofrecemos á nuestros lectores este-grabado
por el interés que actualmente despierta todo
lo que ataíie á los judíos, tan traírtos y tan llevados en estos últimos tiemposá causa del asunto Dreyfus.

CUADRO DE R ULL,

éló á sus dos compañeros de patíbulo, rehusó vendarEL CENTENARIO DE ALEJANDRO P'O'SOHXIN
se y mandó la ejecución. El segundo tipo es el inerte, el indiferente, el inconsciente casi; va á la muerte automáticamentr, habla poco ó nada, no hace reEl siete de Junio último (26 de Ma:vo según el ca,.
comendaciones ni encargos, todo le es igual y no ma- lendario ruso) se celebró en Rusia el 100° aniversario
nifiesta ni valor ni cólera, ni miedo ni aolor.
del nacimiento de un poeta que tiene derecho á un
El tercer tipo corresponde. en general al mártir de
lugar preferente en el Parnaso de su patria, pues fué
alguna grande idea ó á la v!cti ma de alguna gran
el iniciador de la nueva poesía rusa que había consercausa. Sereno y tranquilo, sin fanfarronada como sin
vado un carácter exclusivamente doctoral y educaautomatismo, Heno de fé en su ideal y de estoicismo
tivo, siendo Puschkin quien le dió un sello verdadeante su infortunio, se prepara á la muerte sin apararamente artístico.
to ni ostentación, va al p'ltíbulo sin desfallecimil'nto
Nacido en el seno de la más alta sociedad de su
y se le sorprenden en la mirada relámpagos des11pretierra, su educación primera fué más brillante que
ma satisfacción y de legítimo orgullo de morir por lo sólida; pero sus grandes disposiciones poéticas y su
que cree ó es en realfdad la justicia ó el derecho, la afición al estudio, hicieron d.; él una de las primeras
virtud ó el bien· humano. .A.sí murieron Hidalgo, Mo- . figuras intelectµales de Rusia.
relos, Ocampo, .A.rteaga, Salazar. En el Cerro de las
Compuso muchas piezas de alto vuelo; impregnadas
Campanas se vió á Miramón y á Maximiliano morir de un espíritu netamente nacional y zahiriendo sin
con valor sereno y á Mejía conindiferente y apática piedad á todo lo viturable de su tiempo y de sus confrialdad.
tempóráneos. Esto ocasionóle repetidos conflictos, y
Esta comprobación es consoladora; imaginada, la al fin murió en duelo el 10 de Febrero de 1837, cuanmuerte es terrible y parece aterradora; pero vista de do aún se esperaba mucho de su fuerza creadora.
terca y frente á frente no inspira en general, ni
miedo ni horror y se la puede afrontar con indiferencia, cm resignación y hasta con audacia. La vida tiene siquiera eso de bueno, que siendo tan ansiada y
deseada, no es su pérdida tan cruel y dolorosa como el
hombre se imagina. Esta consideración puede contribuir á hacer menos terrible el supremo trance.

MEXICANOS EN

El taller fotoITTáfico de los hermanos Torres.
Presentamos este interior de taller con la
nota de novedad que le presta la presencia de
la mujer desempeñando las tareas del arte fotográfico.
Los señores Torres han sido los primeros que
en nuestro país implantaron tan feliz innovación, con la que ganan no sólo las favorecidas
con esos empleos, sino el público y principalmente las damas.
En efecto, si hay ocupación propia para la
mujer, es la fotografía: tienen aptitudes y habilidad manual extraordinarias, y sobre todo,
pueden servir mejor que un hombre{~ la&amp; damas que se retratan, arreglando ellas mismas
su tocado, dándol?s la posición propia con una
confianza y minuciosidad imposibles en personas de distinto sexo.

LA

NUEVA SINAGOGA 1l.N CHEMNITZ,

Los mármoles mexicanos en París.

p ~nis.

El Sr. D. Cárlos Sellesier, Jefe del grupo XI de la
Comisión Mexicana para la Exposición lfoi versal de
París, ba tomado positivo empeño en ba0er lucir los
objetos de ónix extraídos de las canteras deJ.país.
Secunda con éxito los esfuerzos del Sr. Lellesier. el
8r. A. Donnamette, agente honorario del citado
grupo y autor del proyecto que representa nuestro
grabado. Dicho proyecto fué aprobado hace dos días
por la Secretaría de Fomento. Ampara una colocación artística de numeroso~ objetos y bloques de
ónix de variadoscolores, la cual, á nodudarlo, llamará
poderosamente la atención de los concurrentes al
gran Certamen.
Varios son los expositores mexicanos que presentarán artículos, bloques y placas dE. ónix; pero entre los
principales debemos citar á los seííores D. Enrique
Fenocbio, que remitirá á París dos colosales bloques
de ónix verdoso extraído de las ricas canteras que
posee en el Estado de Oaxaca; á Doña Luz Arenas viuda de Miró, que enviará también riquísimas muestras de sus canteras de Etla, Carmen y Sorpresa, Oax11ca; á D. ,Manuel Oliman, que preparó
cincuenta láminas trasparentes y cincuenta bloques
de los vistosísimos mármoles de Puebla; á D. Amador Cárdenas, propietario de las canterasde Jimulco,
las más ricas y abundantes de mármoles en t odo el
país y sin disputa, las mejor explorades y administradas, y tantos y tantos otros individuos que se dedican á la explotación de las ricas piezas.
Los pedimentos de admisión del Grupo XI fueron
de los primeros que se enviaron á la Delegación de
México en París, habiéndose dedicado en seguida á
la formación del proyecto adjunto con los datos en
aquellos expresados, el agente honorario Donnamette, como se dedicó el agente viajero A. Leduc á la
consecución de los materiales.

'

EL TALLER DE FOTOGRAFL..: DE TORRES HNOS. , CALLE DE LA PROFESA N !JM, 2.

�\
8

EL MUNDO.

Dominl!O 2 de Julio de 1899

Domingo 2 de Julio de 1899.

9

EL MUNDO.

(TRA.DICION MEXICANA,)
A mis amigos Luis González Obregón y , acobo M. Barquera.

-cSeííor, oh gran señor, oh señor mío!
soy tuyo ¿qué me mandas?-&gt;
dijo el bardo, y el rey Motecuhzoma,
le contestó con despotismo:-cCanta!&gt; ... ,
.Ah! decid ¿qué se hicieron las canciones
de aquel bardo de .Anáhuac?¿Las tiene acaso alguno de los lagos
en sus palacios de cristal guardadas? .. , •
¡Lagos azules, lagos espumosos,
lagos de ondas de plata,
arrojad esas muertas armooías
y en mi lira hallarán vibrantes alas! ....
......ya he hallado á dónde habemos de Ir, y
todos vosotro• conmigo que es en Oincalco....
y si alll entramns. JamAs moriremos..... .
TEZOZO)!OC.-Orónica Mexicana.

Cap. CIII.

I
Cayó del astro el resplandor purpúreo
sobre las crestas blancas
de los volcanes, resbaló en el hielo,
y fué á besar los nidos y las ramas.
Entreabrió los botones de las rosas
con sus dardos de grana;
y, rod':lndo después sobre los lagos,
ensangrentó las soñolienuas aguas.
Y el viejo Tonatiuh de los mexicas,
el sol de tez dorada,
subió al zenit. 8us rayos chispearon
en los teocalis y ruidosas plazas:
c;Ob diosa de las flores! Coatlantona!

-la multitud cantabaHoy es tu fiesta, diosa de las llores;
la pri,navera de las cumbres baja!
«Venid, corred, llegad, ra~illeteros,
que la diosa os aguarda;
y el teocali de Yopic necesita
que lo adornéis con trémulas guirnaldas.
«Arrancad al arbusto de la chía
sus flores azuladas;
á la amapola de coral sus pétalos,
y al chícharo sus cálices de nácar.
«Venid, corred 1cantadl ramilleteros;
el teocali os aguarda ....
Hoy es tu fiesta, diosa de las flores;
la primavera de las cumbres baja!&gt;
Y mientras tanto el rey Motecuhzoma ....
allá. en su rica estancia,
permaneció en silencio, rodeado
de nobles, de bufones y de esclavas.

El rey estaba triste, el bardo inmóvil,
en silencio la estancia ....
se deslizó un instante, y el poeta,
acer.:;á.ndose al rey, cantó en voz baja:
-«Cerca de Coyoacán, en Atlixucan,
en la tierra sagrada,
está. la alegre gruta de C!calco:
¡La misteriosa: ~ruta del fantasma!
«Cerca de Coyoacán .... Nadie la ha visto;"
pero dicen que el alma .
halla en ella una vida sin anhelos;
una vida feliz que no se acaba!
«Cerca de Coyoacá.n .... ¡Todos lo cuentan! .... ,
De Huemac es morada.
De Huemac, el autor de los placeres,
el que llena de luz todas las al.nas.
,El toldo de la gruta está. tejido
con rosas encarnadas;
y á su entrada se agítan y aletean
papagayos, y mirlos y calandrias.
«Hay en :.u fondo chozas de diamantes
con techo;; de esmeraldas;
·
y hay ídolos de mármol y de uro,
y templos de coral y concha nácar.
«Cerca de Coyoacán .... ¡todos lo cuentan! ....
·
¡Es la gruta encantada! . ...
¡Allí viven cantando, los placeres!
¡Alli está la existencia que no acaba!&gt;Calló el bardo, y el gran Motecuhzoma
·
bajó las regias gradas;
y, sin su corte, triste, pensativo,.
éon lento paso atravesó la estancia ....

............................. ·•• ....
Murió la luz. La noche silenciosa
·
rodó por las montafias:
La sofiolienta Mextli-la áurea lunamojó en el lago su cendal de plata;

y todavía en las alegres calles,

la multitud cantaba:
cHoy es tu fiesta, diosa de las flores!
¡La primavera de las cumbres baja!&gt;
II

TRISTE

CUADRO DE MLLE. ECKERMI\NS,

t

I

AMANECER.

1¡

Hizo un!l. seña el rey: todos salieron
con la faz inclinada;
Y un poeta acercóse al áureo trono,
con traje humilde y descubierta planta:

El r.ey sintió temor.... ,¡temor! .... Oh lira!
no tiemblen tus estrofas,
que no se mancha el nombre de aquel pueblo
de ese cobarde al invocar la sombra!
Y fué cobarde, es cierto, porque un día,

al despertar la aurora,
llamó á. dos de los nl-bles impaciente
y les dijo con voz pausada y ronca:
-«Arrancadles la piel á. diez cautivos
¡que la sangre no 1 mportal
id á buscar la gruta de Cicalco,
y á Huemac noticiad que el rey lo invoca.
«Otrecedle las pieles, y decidle
que el gran Motecuhzoma
quiere habitar con él, quiere entregarse
á la vida feliz que no se agota.&gt;Pasó el tiempo, pasaron muchas .noches
arrastrando sus sombras;
y tornaron por fin los mensajeros
al venir una noche tempestuosa:
-«Cerca de Coyoacá.n está la gruta;
Huemac en ella mora,
y nos dijo, Sefior, ob seííor nuestro,
que tu amistad acepta y ambiciona.
«Que te entregues á. larga penitencia
que pases muchas horas
nutriéndote con yerbas; sin mujeres,
• sin ceílir á tu sien piedras preciosas.

Una tarde acercóse un sacerdote
al rey Motecuhzoma:
y le dljo:-cSeñor, oh señor mío!
han llegado unos hombres á. la costa

«Que busques en la límpida laguna
una isleta, una roca,
y que en ella con ramas de zapote
una tienda y un trono le dispongas.

«Son !::lancos como el cuello de una garza;
su cabellera es blonda;
y parecen espejos sus ropajes,
y parecen palacios sus canoas.&gt;-

«Que él, en Cbapultepec, sobre la selva
de ahuehuetes canosa,
á. tí &amp;e mostrará, para indicarte
que vayas á. esperarlo en tu canoa.&gt;-

Se alejó el sacerdote lentamente.
,
La palidez traidora
cayó en la faz del rey. Vino la noche;
y el suefio huyó de la r eal alcoba ....

Subió entretanto, como un ave inmensa,
la nube tempestuosa;
y un relámpago azul mostró á. los nobles
la alegre faz del rey Motecuhzoma.

�EL MUNDO.

10

Domingo 2 de Julio de 1899

¡Trc.,nó la tempestad! ... Cruzando el llano,
saltando por las lomas,
huyó el coyotl, el de la piel dorada,
el de aguzado hocico y luenga cola.

&lt;La gruta de Cicalco, no es un nido
de placeres eternos.
Allí vive el dolor. Allí está el ho•nbre
que da á la noche sus fantasmas de ébano.

La víbora enredó su cuerpo frío
bajo las negras rocas;
el armadillo se ocultó di&amp;creto
con rapidez en su armadura córnea;

&lt;No hay allí más que flores amarillas;
no hay mirlos, no hay gilgueros.
Hay víboras de dientes venenosos
y tecolotes de plumaje negro.&gt;

las gallinas del agua y las garc?tas
de!&gt;pertaron medrosas;
y las grullas dejaron los maizales,
y silbó el tecolote entre las frondas.

&lt;¿A dónde vas, Sel'ior?&gt;-El sacerdote
guardó largo silencio;
y arrancó de la frente del monarca
las corvas plumas de color sangriento.

¡Qué inmensa tempestad! .... Cada relámpago
parecía en la honda
inmensidad, una sangrienta flecha
que iba á clavarse en la apli1ada sombra!
La lluvia restallaba al estrellarse
sobre ias yerbas rotas,
y con sus tenues dardos daba muerte
á las negras y errantes mariposas! ..... .
¡Qué inmensa tempestad!-Aquella noche
el rey Motecuhzoma
dló á los nobles, en premio, ricos mantos
cubiertos de diamantes y de conchas;
y se alejó después ...... Quitó á sus sienes
la brillante corona;
desdeíió los manjares de su mesa,
y, solitario, se encerró en su alcoba.

III
Ochenta veces desató la aurora
sus cabellos de fuego;
y ochenr.a veces desprendió la tarde,
melancólica y lánguida su velo.

Y entretanto el diamante luminoso
recogió sus reflejos.
Motecuhzoma suspiró vencido,
saltó á la barca, y empul'ió lonemos ..... .

Y aquella luz acarició las ramas
del ahuehuetl inmenso;
extendió su haz brillante sobre el lago,
y penetró del rey al aposento ..... .
-&lt;Allí está Huemac-exclamó el monarcame aguarda, lo comprendo&gt;LJamó á los corcovados y les dijo:
-&lt;Me dispongo á partir; tomad los remos.&gt;Motacuhzoma con la piel de un hombre
vistió su oscuro cuerpo;
clavó á su labio una esmeralda inmensa;
se suspendió las arracadas de ébauo;
largo plumaje, rojo cual la sangre,
enredó á sus cabellos;
tomó el collar de gruesas amatistas
y las pulseras de encarnado cuero.

Y el rey, al terminar su penitencia,
con semblante rlsuel'io
se presentó á los nobles, y afanoso
arregló los asuntos del gobieruo.

-&lt;Allí está Huemac-repitió anhelanteCorcovados, marchémos&gt;y partió la canoa ...... ¡Sollozaron
del triste lago los ocultos genios! ..... .

Alzó, en seguida, la soberbia frente
interrogando al cielo,
y vió que ya la noche desplegaba
sobre el espacio azul su ala de cuervo.

Partió .... llegó .... y allá, bajo la tienda
que los D()b]s tejieron
con húmedo ramaje, un sacerdote
presentóse ante el rey con torvo ceiio.

Clavó después la indagadora vista
eu el confín inmenso ....
Miró á Chapultepec, al mustio bosque
que entrega al aire sus guirnarlas de heno.

--c¿A dónde vas?-le dijo conmovido-

¿A dónde vas? ¿Qué es esto?
¿Acaso el gran monarca del Anáhuac
huye, cobarde, abandonando al pueblo?

Y en ese instante apareció en la sel va
una luz, un lucero,
a.lgo como un diamante luminoso
que fué creciendo, sin cesar creciendo .. .

&lt;¿Qué se dirá de tu ciudad bendita,
de la opulenta México;
de Méx1co, la garza de los lagos,
la que es el corazón del universo?

Comenzó á amanecer. Alegre el alba,
al inundar los cielos,
hizo palidecer con sus fulgores
de los teocalis el eterno fuego.
La aurora desryertó, y al derramarse
sus amorosos besos,
ruborosas abrléronse las flores;
se apagaron, temblando, los luceros.
Los patos, los faisanes y las garzas
levantaron el vuelo,
los mirlos, esponjando sus plumajes,
platicaron de amor sobre los fresnos.
Vino el sol, y al mirarlo, el gran monarca
se ocultó en su aposento ..... .
¡Allí esperó la noche del futuro,
lívido el rostro y contraído el sel'iol

............................ ...... ... .
.................................... ..
¡Ah! jecidme: ¿Bajó del áureo trono?
¿Rompió su fuerte cetro? ..... .
¿Al poner en mi cítara su nombre
se mancharán las alas de mis versos?

•

No ... . Ved! La Tradición viene á mi lado
y me dlce:-Cantemos;
cantemos, que. el cobarde desparece,
bajo los lauros de su heroico pueblolJ OSE M. B!!STILLOS.

6N Lf\ Sf\LPETRIERE.
El gabinete de Charcot, en la Salpetriere, una mañana de consulta, hace diez ó doce años. En las paredes, fotografías de sencillas pinturas italianas y espal'iolas representando santos en oración, mujeresextáticas, convulsionarios, demoniacos, la gran neurosis
religiosa, como se dice en la casa. El profesor, sentado
delante de una mesa, cabellos largos y lacios, frente
abultada, 1.1.blos delgados y altivos, y mirada aguda

brillando en la palidez de su ancha cara. Ir y venir
del interno de blanco delantal y gorra de terciopelo,
ojos pequel'ios, invadidos p◊r la barba cerrada. Al derredor de la sala algunos invitados, la mayor parte

Domingo 2 de Julio de 1899.

médicos, rusos, alemanes, italianos, suecos. Y comienza el desfile de los enfermos.
Una mujer del Vartrae á la consulta á su hija, fea,
gruesa y baja de cuerpo, con las mejillas llenas de rojas cicatrices, En su traje meridional de domingo,
verde y amarillo, el talle se infla y se desborda. La
muchacha parece un jarrón Informe, caído al fuego,
falto de cocimiento, ¿cómo es que eso ha podido llegar á ser madre? &lt;En un acceso de epilepsia .... &gt; dice Charcot. La mujer del Var, débil y llorosa, nos habla de la indisposición de la muchacha, mientras se
dirigen á la otra pieza. El profesor se vuelve al interno.
-¿Hay fuego allí? Examinadla y ved si tiene
manchas en la piel.
El acento, esa deformidad ...... estoy conmovido,
y más aún al ver al nuevo paciente,- una niña de
quince aíl.os, muy aseada, con una toca minúscula,
traje de pafio color castaiio, de rostro candoroso el vivo retrato de su padre, fabrican fe de la calle' de
Oberkamlf, que la acompal'ia.
En_ medio _de ~a sala, tí~idos, con los ojos bajos,
se amman d1rig1éndose muadas fultivas. Se les interroga sobre la enfermedad. ¡Qué desconsuelo! y hay
que responder en voz alta, delante de tantos seiiores, dónde está el mal, cómo es y cómo vino. &lt;A la
muerte de su abuela, sel'ior doctor&gt; dice el padre.
--¿La vió morir?
-No, sel'ior, no la vió.
La voz de Charcot se dulcifica al hablar con la nil'ia: &lt;/Querías mucho á tu abuelita?&gt; Ella responde
que s con un movimientv de la toca, .sin hablar, el
cuello hinchado por los sollozos. El médico alemán
se acerca. Es un especialista que estudir. las enfermedades del tímpano, propias de los histéricos; y aco-

m.odándose sus lentes de oro, y colocando un diapa·
són sobre la frente de la chiquilla, ordena con autoridad: &lt;Dí como yo ... . el dumingo ... . &gt; Nada responde. El sabio triunfa; la enferma no oye .... Yo
creo más bien que no comprende lo que dice el alemán. Larga disertación de éste; el italiano echa también su cuarto á espadas y el ruso murmura una frase. Las dos víctimas esperan, olvidadas é Inquieta!&gt;; y cuando el interno, á quien comunico mis dudas, dice en voz baja á la pequel'ia parisiense: &lt;Repite
después de mí .... domingo . ..... &gt; ella abre sus grandes ojos y repite sin esfuerzo: e Domingo&gt; en tanto
que la .discusión sobre los desórdenes en los órganos
auditivos de los histéricos, continúa.
De pronto el Dr. Charcot se vuelve hacia el pa
dre:
-¿No querría usted dejar aquí á la niña? La cuidaremos mucho ....
Oh! el n-0 que dice ella, aterrorizada, mirando á su
padre, y la ~ierna sonrisa de éste al mirarla: "No temas nada, querida mía. " Parece que adivina lo que
sería su vida en esta casa, sirviendo para las observaciones y experienchs, y tan bien cuidados como lo
están los per:os en casa de Sanfourche, como esta pobre Daret y todos los demás á quienes se va á hacer trabajar delante de nosotros una vez que la consulta haya terminado.
Daret, una muchacha alta, de treinta afíos, cabeza
peque!Ia, cabellos ondulados, pálida, delgada, con los
ojos húmedos como si acabara de llorar. Daret está
en la Salpetriere, como en su casa; lleva una camisola ligera y un pal'iu:ilito al cuello.
-Dormidla .... ordena el profesor.
El interno, de pié detrás de la alta y débil criatura
pone las manos un instante sobre los ojos . . .. Un sus:

piro .... ya está hecho .... duerme al fin, rígida y
recta. Ese triste cuerpo toma todas las posiciones
que se le dan; el brazo que se alarga permanece estirado; al tocarle los músculos mueve uno tras otro todos los dedos de la mano que tiene abierta é inmóvil. Es el manequí del taller, el más dócil y más flexible. &lt;NO cabe engal'io, afirma Charcot, sería preciso
que conociera la anatomía tan bien como nosotros.&gt;
Siniestra, la autómata está de pié, en medio del
.círculo que le formanos con nuestras sillas, dócil á
todo wandato, dando á su rostro la expresión correspondiente al gesto que se le ordenaba. Si son los dedos juntos, sobre la boca, simulando un bese, los labios sonríen, y el rostro se ilumina; si cierra el puño
eon una crispación de amenaza, la frente se pliega, la
nariz se hincha con una cólera frenética .... "Aun
podemos hacer esto" .... y el profesor le alza el puño
para que golpee dando al mismo tiempo una actitud
de caricia á la mano derecha. El rostro entonces
gesticula con una doble significación, furiosa y tierna, es una máscara infantil que rie y llora.
y el alemán sigue con su diapasón, con su specuium auricular, sondeando el oído con una larga aguja.
-No hay que fatigarla, dice el Maestro, id á traer
á Balmann.
Pero el interno vuelve solo y contrariado. Balmann
no quiere venir, furiosa porque se llamó á Daret antes que i ella. Entre estas dos catalépti.ms,-sujetos
predilectosdeexpP.rimentaciónen laSalpetriere,-hay
esa rivalidad profesional que sienten las celebridades-disputas, palabrotas, insultos con tétminos técnicos, una batahola que pone en movimiento el dormitorio.
A falta de Balmann traen á Fifina, cubierta con un
largo manto; cutis rosado, boca gruesa, narlcilla chata y dedos de costurera picoteados por la aguja, Entra resistiéndose, porque es del partido de Balmann
y no quiere trabajar. En vano procura dormlrla el
interno; llora y resiste toda tentativa. cQue no se la
eontraríe,&gt; dice Charcot volviéndose hacia Daret
qué ha descansado ya y está orgullosa porque vuelve á empezar con ella la sesión. Misterio del suel'io
-cataléptico que forma en derredor de la enferma una
.atmósfera de ilusión de suel'io vivido( Se le muestra
una ave imaginaria en las cortinas de la ventana, lo
ven sus ojos cerr~dos con su aspecto propio y ~us m~vimientos ligerísimos; la vaga sonrisa de la hipnot1?;ada murmura: &lt;Qué bonito&gt; ...... Y creyendo que
lo tiene en la mano, lo acaricia cuidadosamente.
Pero el interno con voz terrible dice: &lt;Daret, mira
.ahí en el suelo cerca de tí una ·rata. . . . . . una serpiente ...... &gt;
Al través de sus pesados párpados caídos ve todo
lo que le dicen y comienza entonces á hacer ademanes de horror que jamás han igualado ni Riiehel ni
la Ristori ni Sarah; el clásico sello del miedo humano, siempre idéntico á sí mismo, cruza sus brazos,

11

EL MUNDO.
conmueve su ser entero en un movimiento de espanto
que petrifica la faz pálida, muerta, pues sólo vive en
ella la boca que lanza un largo suspiro.
Por favor, despertadla! Pero no hacen sino desviar
su visión, mostrándole supuestas flores sobre el tapiz
y pidiéndole que baga un ramillete; se arrodilla y
siempre dentro de su atmósfera de cristal que basta á
romper la ord,m del interno ó del profesor, ata delicadamente sus dedos con un hilo imaginario que
rompe entre los dientes. Estamos presenciando esta
pantomima inconsciente ci;ando olmos un estertor y
una tos ronca en el vestíbulo. &lt;Es Fiflna que tiene
un ataque,&gt; y corremos.
La pobre muchacha, tendida sobre el fríoembaldosado, echa espuma por la boca, se tuerce, truza los
brazos y enarca el cuerpo poniéndolo casi en el aire.
&lt;Las enfermeras! que se la lleven y la acuesten... &gt;
Llegan cuatro mozas robustas y sanas, con sus grandes delantales blancos y una de ellas dice con ingenuidad de campesina: cSé 1,ujetar, sel'ior doctor... &gt;
Y 1a sujetan, la comprimen, llevan por lo&lt;i. patios ese haz de nervios enloquecidos, que gime yse revuelve con la cabeza echada hacia atrás: diríase que
es una !nñemonlada en el momento del exorcismo,
como la del viejo cuadro religioso que miro cuando
vuelvo al gabinete de Charcot.
Ya habíamos olvidado á Daret que, dormida todavía, seguía cogiendo flores y formando y atando ramilletes ..... .

le dice mil tonterías al interno, mientras que por una
puerta asoma el rostro largo y terroso_ de una mujer
que nos llama con sonrisa amable, diciéndonos: &lt;Sel'iores, yo pinto, ¿quieren ustedes ver mis obras? ~ro aguarden á que me ponga antes mi sombrero tirolés, porque no pinto sin mi sombrero tirolés.&gt; Des-

•••

aparece un instante y vuelve á poco con un sombre·
ro verde cuya pluma le daba el aspecio de uno de mis
sombreros de Munich. Los internos se sorprenden como yo ante aquella extraíla coincidenci~, y la desdichada que nos muestra dos ó tres horribles garabatos, se enorgullece de nuestra Súrpresa que toma
por admiración. Al partir observo en el muro del patio multitud de sombreros pintados al carbón por la
loca.
La puerta de entrada está abierta de par en par~
el triste rebal'io delirante que nos sigue, grita Y parece animarse con nuestra partida. Una ve1. fuera,
vuelvo el rostro y veo, en el limite del patio que nadie cierra ni vigila, un ancLo rayo de sol, una barra
luminosa que hipnotiza á las locas, alineadas, que
gritan y gesticulan. Una de ellas, la vieja h~rmana
del rey, con un brazo en alto y el otro en_la cmtura,
en ademán de vivandera, clama en voz baJa:
&lt;¡Viva el Emperador!&gt;
Luego patios y más patios, con arbolillos, bancas Y
locas que bullen al aire helado, se agitan, dand~ grandes pasos, lúgubres visiones del desequilibrio humano.
-Ya ven ustedes, yo me voy, nos dice una bu~~a
mujer, apoyada contra la pared, con un saco d~ VJaJ&lt;"
en una mano, y en la otra una servilleta prendida en
un bulto; tiene un aspecto bondadoso de parienta de
provincia, sonríe á todos los que están en torno de
ella diciéndoles adi6s. Y eso todo el día desde hace
diez affos, y quién sabe por cuántos más aún ... •

Como con los internos en la caliente sala de guardia, y mientras saboream,,s el platillo tradicional y
nos sirve el vino una vieja epiléptica, hablamos de
magnetismo, sugestión, locura, y yo les cuento á ~os
jóvenes materialistas un episodio extral'io de mi vida,
la historia de tires sombreros verdes que compr6 en
Munich durante la c-uerra de 1866. Eran unos sombrerillos de fieltro d~ro, color de musgo, con un pájaro en la copa, un pajar!llo de alas abiertas y ojos de
esmalte; se los dí, pues, al volverá París, á tres compal'ieros mío~, buenos chicos á quienes quería mucho:
Charles Bataille, Jean Duboys y Andre Gill. Los tres
han muerto locos, y á los tres he vlsto en épocas distintas delirar C'Jn manías que tenian por objeto mis
sombreros tiroleses.

Escucharon mi anécdota cortésmente, pero dando
á entender con sus sonrisas que la tomaban como una
invención de novelista. Después de tomar el café y
de fumar 1 el jefe de clínica de Charcot me propuso dar
un paseo por el departamento de las locas. En el inmenso patio de atmósfera invernal, clara y fría, se
calientan al sol las pobres loca&lt;; cubiertas con sus abrigos y acurrucadas en los qui?ios de las puertas; tod~s
ellas estaban aisladas, silenc1osas, privadas de la vida de relación: todas clausuradas dentro de su idea
fija, prisión invisible que golpean con sus cabezas á
cada choque exterior. Fuera de esto no ha.y en ellas
signos visibles de malestar en i,u fisonomía tranquila y eu sus movimient,os racionales. Por la ventana
entreabierta de una sala baja, veo una muchacha bonita, con los brazos desnudos y la falda recogida por
delante, que friega vigorosci.mente el suelo: es una
loca.
En el patio siguiente, á donde entramos 11espués, había mayor tumulto. Sobre la banqueta bitumiaosa
que corre á lo largo de las celdillas, están sentadas
dos muchachas, de saya azul, con_ los cabellos alborotados· ambas son bonitas y moy Jóvenes. La una se
ríe á ~arcajadas, se echa hácia atrás y besa en las
mejillas á la idiota triste que está á su lado. Vimos
otra muy alta, de movimie~tos vivos, que caminab_a
con pasos furiosos, y aproximándose .á nosotros le dijo al interno: &lt;¿Qué hago aquí, sel'ior? Usted tal vez
lo sabe, yo no lo sé.&gt; Y nos volvió la espalda, continuando su violenta carrera . ...
Luego ms rodea una multitud curiosa y habl~dora;
una mujer joven, con el vestido corto de pens10nista, y blanquísima cofia de lino, nos cuenta una historia incomprensible, acompal'iada de ademanes mesurados· hay en toda ella un aspecto de felicidad que
da envidia. La hermana de Luis XVI (ella es quien
lo afirma) vieja de nariz y barba en forma '.le ga.ncho,

TRISTE.
Mano experta en las caricias,
labios, urna de delicias,
senos albos, cabezal
para todos los sofíares,
ojos glaucos, verdes mares,
verdes mares de cristal:
Ya sois idas, ya estáis yertas,
manos pálidas y expertas,
largas manos de marfil;
ya estáis yertos, ya sois idos,
ojos glaucos y dormidos,
de narcótico sutil.
Cabecita aurirrizada,
hay un hueco en la almohada
de mi talamo de amor;
cabecita de oro intenso:
que vacío ~:1.n inmenso,
¡tan inmenso! en rededor .. ..
AMADO NER.VO.

�12

EL

MUNDO.

nomlngc 2 de Julio 1899

HOJAS.

BALADA EN PRCSA DE HENRY IURGER.

A lllI MADRE.

Sopló el viento ... y cayeron en _el río!
Miradlas! van en pos de otras orillas;
Esas bojas oscurl\S son barquillas
Cargadas de rocío.
Los pétalos nevados de las rosas
Fueron alas de blancas mariposas;
Y en las noches de luna, todavía
Por el espacio slecten nostalgía,
Y se esparcen Yolando misteriosas

El primer pecado de llargarita.

Las que escalan el muro carcomido;
Las bojas de ciprés y cinerarias
Son bojas funerarias;
Las ho;as del saúz son el olvido

I

Empuja el Boreas con extrai'io ruid?
Las hojas que se arrastran y se aleJan:
Esas bojas dolientes, van llorando . . ..
Esas hojas se quejan.

Pasa, leda, la brisa

Las tersas y lustrosas
Que despiden reflejos
En las noches amantes y estrel)adas,
Son brullidos espejos
Donde se miran con amor las badas.

Entre los negros tules,
O en las bojas de viejos abedules
Ya jugando indecisa:
Esas hojas alegres tienen risa.

De las bojas nevadas
Hacen albums los genios de las flores;
Escriben sus amores,
Sus dulces esperanzas y sus cultas,
En bojas de gardenias
Y en hojas de platead'.ls margaritas.

Simbolizan los pétalos azules
L':l ilusión-astro que jamás se alcanzaLos rosados, se antojan los ensueiios,
Y los verdes, semejan la esperanza.

Sobre la turbia linfa del pantano,
Grandes bojas se mecen, medio abogadas
Suspiran por la vega, por el llano ....
¡Pobres hojas! ¡bohemias desterradas!
En la verde pradera
Hay mil hojas que duermen blando suelio,
Llenas de opio, cargadas de beleiio:
Las hojas de la suave adormidera.
Cada. hoja lleva en su &lt;0 1 or, bU historia:
Las hojas de laurel encierran gloria;
Hojas abandonadas siempre han sido

..,

tvlexico, Domingc- 9 de Julio de 1899.

II

Una tarde de estfo :Margarita estaba sentada á la.
puerta de su casa hilando el lino doméstico.
Era la hora en que se encienden los astros en el
cielo y sirven de seiial á los amantes, que corren á la.
cita con pierca11 ágiles de veinte arrus y llegan antes de la hora; porque el ~razón adelanta siempre el
reloj.
'
Margarita cantaba su canción haciéndo girar la.
rueca.
Cuando pasó ante ella una de sus vecinas que se
dirigía á la p·róxlma tiesta. Llevaba traje nuevo, y
corría, llamada: por los tamboriles cuyo sonido traía.
el viento.
Pero se detuvo delante de Margarita, para que
viese su nuevo vestido, y su colldr y sus pendientes.
Y le dió la mano para que pudiese ver un anillo
que brillaba en su dedo.
Despu~s se alejó ríendo.
Y Margarita la siguió con la mirada, lo que inquietó á-su ángel bueno.
Y el lino se deslizaba menos rápidamente entre los
dedos de Margarita y la rueca no dejaba escapar su
ruido monótono y el huso cayó de sus manos.

Esas hojas qu:i viven dulcemente
A orillas de la fuente,
Llenas de vida, jugueteando ansios48,
Mirando eternamente
Cuál pasa la corriente
Cantando mil canciones rumorob88 . . ..
· .,,. Esas bojas tan frescas, son dichosas!

Y esas pobres hojillas
Tostadas y amarillas
Que van rodando por sabanas yermas,
Son ¡ay! esas bojillas
Las tristes... las enfetmas... 1
.

Año VI-Tomo ll

Margarita era su nombre y en el Paraíso se la esperaba, porque Dios había dicho: Es uua excelente alma, y como allá abajo, fácil sería que la hiriera-una.
debgracia, la habré de llamar uno de estos días según
lo he pensado.
Era en verdad una moza humilde y dulce y se la.
llamaba comunmente el angel del lugar.
:Matinal como el alba y fresca como ella, todos los
días al despertar, rezaba la oración que su madre le
bahía ensei'iado y en seguida se vestía en su alcoba,
entregándose á las ocupaciones de la vida doméstica.
Pero al fin la necesidad obligóla y 1&gt;ara vivir honestamente, eótró á un obrador.
Y cigarra y abeja, trabajaba al por que cantaba.
Era una vieja canción de glc,ria y de amor que se
bahía mecido sobre muchas cunas y cuyos versos podían acariciar un alma inocente sin turbar su limpidez. _

MARIA. ENRIQUETA.

III

:EL VINO DE LOS AMANTES.
(BAUDELAIRE.)

El espacio está espléndido y sereno!
Sin espuelas, sin látigo, sin treno,
Partamos á caballo sobre el vino
Para un cielo de luz, puro y di vino.
Cual dos ángeles blancos que tortura
Una ardiente, Implacable calentura,
l!Jnt,re el cristal azul de la 1na1Iana
Raudos sigamos la visión lejana!

Y como el ruido que había p:oducido al caer hizo
salir á la jo~en de su ensimismamiento, al levantarlos ojos vió á un joven con el fieltro en la mano. Eo
el chambergo flotaba una pluma temblante como una.
llama. El jo ,en era un caballero magníficamente vestido que le dirigió un respetuoso saludo y con voz.
dulce y galante le preguntó:
¡, El camino de la ciudad?
Margarita se lo enseñó y extendió la mano para
mejoJ" indicarle el rumbo que bahía de seguir.
El extranjero entonces se inclinó y en recompensa
del servicio que acababa de hacerle, quitó de su dedoun anillo de oro en el que estaba t:n~astado un diamante que resplandecía como una estrella y lo colocó en el dedo de Margarita, la cual encontró el diamante más bello que el de su compal'iera.
Y el semblante del Cllballero se iluminó por una.
sonrisa extrai'ia.

MIGNONE
Bohemia ¿qué vendes en tus correrías,
Bajo el rojo fuego de los medios días?
¿Son los dos carbunclos de tus negros ojos,
O las coralinas de tus labios rojos?
¿Son las finas ágatas de tus dedos plenos,
O las gemas rosas de tus breves s;:nos?
¿No vendes tu cuello, brul'iida espinela,
Ni tu gracia impúber de inquieta gacela?

Mecidos sobre el ala, muellemente,
Del veloz torbellino Inteligente,
En un delirio Igual, delirio hermoso,

¿No vendes los besos, no vendes la loca
Cabellera bruna que alberga tu to:ia?

Flotando juntos, de la dicha dueños,
Ilulremos, alma mía, sin reposo
Al azul Paraíso de mis suei'iosl

¿Qué vendes, bohemia, eo tus correrías,
Bajo el rojo cálido de los medios días?

CARLOS ÜRTIZ.

IY
Pero sucedió entonces que un mendigo vestido de
andrajos se detuvo tamblen delante de :Margarita ycon voz lastimera exclamó:
-Una caridad, hermosa sef!orita.
:Margarita quitó el anillo de su dedo y lo díó al
pobre.
El extranjero exhaló un grito de rabia y tendió la.
mano hacia la hermosa nlila.
Pero el pobre--que no era otro que el ángel guardián de Margarita metamor!oseado,-la cubrió con
sus alas.
Y Satanás que iba á tentarla retrocedió ante el espíritu celeste.
Y esa misma tarde, el ángel guardian fué á contar Jo sucedido al buen Dios.
--Se!Ior, bueno sería llamarla.
Y Dios respondió:
- En efecto lo pensaré.
Pero al día siguiente no lo pensó más.

MIGUEL ESCALAD.A.

V

.

f

' ~1·:,·

... . , ................

Y un afio después, :Margarita, al salir dP la iglesia.
encontró un Joven que le ofreció agua bendita.
Y t enía un corazfo de niño y un espíritu secular.
Y se llamaba Fausto.

[Veue la P'g{na 1;.J

LA. LECCION DE MANDOLINA.
POR VILLASANA.

:

1

•

Número

2

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94049">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94051">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94052">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94053">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94054">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94055">
              <text>Julio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94056">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94073">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94050">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 1, Julio 2</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94057">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94058">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94059">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94060">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94061">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94062">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94063">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94064">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94065">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94066">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94067">
                <text>1899-07-02</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94068">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94069">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94070">
                <text>2007059</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94071">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94072">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94074">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94075">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94076">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1367">
        <name>Alejandro Puschkin</name>
      </tag>
      <tag tagId="1365">
        <name>Conde Christiani</name>
      </tag>
      <tag tagId="1364">
        <name>Escándalo de Auteuil</name>
      </tag>
      <tag tagId="1368">
        <name>Mármoles mexicanos en Paris</name>
      </tag>
      <tag tagId="1366">
        <name>Miedo a la muerte</name>
      </tag>
      <tag tagId="1363">
        <name>Revistas políticas y literarias</name>
      </tag>
      <tag tagId="1369">
        <name>Sinagoga en Chemnitz</name>
      </tag>
      <tag tagId="1370">
        <name>Taller fotográfico</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3613" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2254">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3613/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._10._Septiembre_3..pdf</src>
        <authentication>6731d2bcb8255b7d9d00d02d34df977e</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117434">
                    <text>150

EL MUNDO.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

==

.A.í'io VI-Tomo Il

rflLLmo. @r. 2),-.

México, Domingo 3 de ~eptiembre de 1899.

:IJ. !Jacinto

Número

10

Jl,/yJe5, 84izobi.Jpo electo Je {juadalaja-cCkJ.
FOT. DE MORA.

�Domingo 3 de _Septiembre de 1~1111.

l)O!lllngo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

155

EL MUNDO.

154

DirBctor: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------

LA ~EMANA
Me desdigo: no es Septiembre mes de verbenas
nada más. :Ks mes de fiesr,as y de pompas, este SeptiembrP. voluble y falso que muestra por las mafianas
un ...ol limpio, primaveral y fast,uoso, y p0r las noches
una luna fría con su balo joyante y húmedo, y sus rosas
y oriente de perla que traen á la memor'.a los ciel_os
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10sas y grises, están entrii.tecidas por una luz opaca Y
soñulienta qne parece cansada de haber alumbrado
tan to por el día.
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre,
como las mujeres que al terminar el baile, á la luz
indiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba,
y o.:.servan las primeras canas entre las flor_es de su
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su
rost.ro.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescurc:1.
de la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha buído
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuando entreabre su boca la ingenua y dulce sonrisa que
era el encanto de los primeros adoradores.
Mas el gozo humano no se preocupa por eso: celebra
sus festivales en los campos melancólicos del Otoño,
bajo los árboles que empiezan á cubrirse de_ hojas _secas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóv1les
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantásticos y caprichosos mausoleos.

***
La fiesta de Covadong1. es en la América latina,
una de las más afamadas y brillantes. Suen,i, á castaíiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montalia española que tanto
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Trueb¡¡,, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos Y
tiernos, ó nos -::antaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
1,e buscarán entre el ruido para hablarse de la madre
desconsolada. U n soplo de pena pasará á veces, por
entre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
risas se quebrará por instante!? sin motivo aparente.
En la profundidad de la mirada, es posible que asome
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo ni se
escapará un suspiro; la indomable energía de una raza vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los corazones á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá
en el ruido la tristeza.
El contento dirá como el poeta:
Parad el vuelo, tacitumas horas

***
La fiesta de Covadonga abre la puerta á las nuestras. En primer lugar viene una, callada y envuelta
en at9,víos de luto: año po, año se acerca á nosotros
para recordarnos la divina muerte de unos cuantos
niños. El viejo avaro ha bebidu ":tvaramente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de estos muchacho;; heroicos, sacude alegremente las
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes
pensativos. 1Canta, canta, estrofa de hierro y oro de
la moderna epopeya, la audacia infantil de estos chicos que entraron en la inmortalidad por una sublime
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
del titán y el niño, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de
los ahuehuetes pensativos .... . .

En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolongación de ego!smo que llamamos Patria, palpita en
nuestro esplritu con mayor .:xaltación, como vigorizada: por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudida por las primeras dianas de las músicas militares.
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo
y recorremos con la violencia de la imaginación desencaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de
nueRt~¡i, vida social.
Es qello el espectáculo.
Vemos, al principio, ese movimiento imperceptible, débil, inctefin!do que imprime en un pueblo la
fecunda savia de la lil,ertad, y que es como la pugna
misteriosa de la planta que rompe el terrulio para
beber la luz.
Del postrer aliento del último héroe muerto en el
campo de bitalla ó ejecutado dentro de un cuadro de
fusiles, brotaba un héroe nuevo: 1Quéverdad tan profunda encierra la fábula de Graco!

saba to lo, interpretaba todo, suplía todas lM deficiencias salvaba todt,s los obstáculos y hacia vibrar
honda, profund~, vivamente todas las cuerdas de la
lira y todas las libras d_e la pasión._ .
. .
No tenia como Adelrna el prest1g10 ad1c10nal de la
belleza y de la suprema e_legancia, de los modales aristocráticos, de la pducacrón cortesana; era una artista un poco bohemia, pero que amaba y conocía su arte; que se prodigaba y se ostentaba; que no regateaba ni ponía á subasta sus notas; r¡ue cantaba porque
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
sus pasiones, como en el ruisei'ior, y que derrochó ,·oz,
alma, vida y fortuna por puro y desmteresado amor
al arte.
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la corrección del estilo, italian&amp; por el desbordamiento de
la pasióti, francesa por su gusto exquisito, alemana
por la nobleza de su ideal, mexicana por la siucer\.
dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, eu Ruma.' como lo son todos los grandes, sintetizando en
su alma t,odas las almas y en sus creaciones toda la
vida humana.
Detrás de la artista había todavía una mujer; tier.
na duh.:e compasiva, generosa; y coronada de W·
da~ estoi; ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
su carroza por la plé_yade de sus admiradüres, ungida
reina cada noche é incensada como una divinidad,
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
y nada más me queda que decir, muchacha curio- como una burguesa.
Pesa sobre el artista cantante una fatalidad de la
sa v burlona.
qud recientes descubrimientos hab1án de redimirlo:
Én esta semana han pasado los días en blanco.
no puede aún, como el poeta, legar ,á la más remota
Se parecen al verso del Lied:
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un hurizonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mar.ivlilosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ,.:Lees mi crónica, para di~t• a~r tu tista no ba podido legar más que el recuerdo de Rll
fastiidio,? Pues haz de cuenta que leü;te la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía pürlo que no ha sucedido . .... .
que fué buei;ia y muchos desgraciados la bendicen
porque fué caritativa y generosa.

Es preciso romper la tutela para no perecer, como
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que
vuele la maripos'I.
. d l Re
Al reflejo de las JlamaradaR ele incendie P- a . ·
volución Francesa que alumbró nuestras obscun da•
deR nos vimos fuertes y nos ser,tim0s apt,os.
Üna ~áfoua épica sopló en las tinieblas de nuPstras
almas y no:lanzamos seguros y resueltos á la conquista del ideal.
vencíNo caímos en el abismo. desesperanzados Y
.
dos como los caballeros ele! Apocalipsis .. _A_nte!. b~en,
á través de las penalidades y de los sacr1fk10s ai,.,anzamos la Tierra Santa.
Pero no adelantemos los sucesos. ¿Acaso soy
·· ··
el cronista
de lo que va á suceder ? ;.•11e b·ª n nomú
brado acaso para declamar una arenga en la plaza P •
b~a?
.
Ya veremos-no vamosá esperar, por cierto,-:lo que
nos prepara el día de la patria. La noche del qiimce va
á ser, se&lt;&gt;ún dicen los '1eri6dicos, una maravilla.
Tocar~, como en otros aiios, la campana del curato
de Dolores.
.
,
No seamos impacientes. Faltan muy pocos dlas para la fiesta.
H·1blaremos de ella cuando pase.
Los recuerdos suelen ser ,oás elocuentes que las esperanzas.

ANGELA PERALTA.
Angela Peralta ha sido la artista lírica más admirable que ha producido México y una de las más grandes de que se ufana la humanidad. Sus dotes. naturales, su educación musical, su inspiración y su amor
exclusivo al arte hicieron de ella un admirable conjunto que rara vez la naturaleza y el medio logran
combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admirable que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de
ángel y de ruiseñor; voz de sirena. Era la voz de Angela un resumen de toda la naturaleza; en ella había
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel
va, gorgeos como en los nidos; ecos sonoros como en
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y planaba magestuosa como el águila.
Escalaba las más altas cimas de la gama y descendía á sus más hondas profundidades, siernpre pura,
siempre igual, sin adultera~iones de timbre ni desfallecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
de perlas, tal era su gorgeo; para ella la vocalización
no tenía secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
en la más inestricable maraña de notas, cada una de
las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
é individualmenr,e perceptible, y además, matizada,
acentuada, intencionada.
En el canto amplio, lento, modulado, recorría órbitas inmensas; el balance de su canto era majestuoso, como giración de astro, y su voz, que podía retozar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo,
sabía también correr ma;estuosa, imponente, inmensamente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
Por su timbre y su modulación, por su a¡;ilidad y
su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba
la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba
y rela, gemía y &lt;Jamaba, sollozaba y atronaba. Amor
y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida todo
en1;ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio, su
expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa eólica y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni
Adelina Patti, la semidiosa; ni la Miolhan Carvalho
h emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevad~
ni la Van- Zaut, las marquesas del arte lírico, poseyeron esa garganta divina ni esa voz celeste de Angela Peralta.
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~
como toda alma de artista. Angela era artista· no
una artista escénica; su ceguera casi completa vedaba
á su juego, la a.mplitud, la rapidez y la oportunidad de
1~ acci?n. Cantaba _en las tinieblas, y no pod!a servirse sino de la actitud y del adem.ln para completar
la expresión del sentimiento; pero la voz sola expre-

----EL ILMO. SR. DON JACINTO LOPEZ,
ARZOBISPO ELECTO OE GUADALAJARA,
Honramos la portada de nue&amp;tro semanario con el
retrato de este disting•1ido y virtuoso prelado que
sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
Loza.
·
El Sr. López rigió por muchos años la diócesis de
Linares. elevada más tarde á la categoría de arquidiócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal en
los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
diocesanos.
Es originario del Est1J.do de Jalisco, circunst ancl&amp;
que unida á las cualidades de espíritu y carácter que
tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocu par la
nueva sede para la que ha sido electo.

La primera audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.
La sala de a~tos del Liceo de Rennes, local elegido
para el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
rectangular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 dealtura; las paredes están pintadas de ocre y las later~les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
bretones ilustres.
En el fondo hay un foro de un metro de altura, Y
en el ex~remo opuesto un busto de la República. En
tres días se hicieron todos los muebles necesar!Jll,
mesas, bancas y barandillas. El tribunal se instaló
en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillones de telas desteñidas y la silla del presidente con
su respaldo monumental. Detrás de los asientos de
los jueces hay otros destinados á las autoridades, Y
en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
da á presenciar, del año de 189-l á la fecha, escenaJ
tan poco cristianas. .
El toro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
lugar en el de la derecha del presidente al banco del
Miuisterlo público y á la izquierda al de la defeO:
En el centro están los testigos y á la derecha de •
tos el acusado, dando Ja espalda á SUb defensores.
La sala e~tá dividida en tres departamentos por
medio de barandales: el primero es el de los testlgUS.
con sillones de terciopelo rojo para ios generalaut
ministros y demás personajes de alto fuste Y 8 a&amp;

DIST.RAIDA
comunes ele paja par i la gente menuda; el último dep~rtarnento que es el más pequefio, está de~tinado al
Lb~ico, Yel del centro ocupado por k,s representan-·
ctn e la prensa del mundo eotero, tiene por un lado
co filas de mesas paralelas al gran eje dP- la sala, y
~~::_1 otro, diez y nueve mesas perpendiculares á esa

ba~ primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

reA º¡. 00 fué lo que han 1:1idu las aurliencias posteriola detd~el dfa en qut&gt; el público hostilizó á Mercier,
rt la d en que se cometió el atentado contra Labolt¡clde et careo eotre Perier y Mercier, tan lleno de
A. D PS drarnáticos.
dad v1~ seis Y. media de la maüana, la pacífica ciu1 de ª el desfile de los testigos, de los periodistas
os curiosos que venían de París y del extran-

f

1

jero á presenciar _l~s audiencias d~l proceso. Ne. hay,
sin embargo, ind1c10s de esa febnl ag11,ac1ón del proceso Znla; los espectadores y testigus que se dirigen al Liceo, van Lan tra~quilos en apariencia, dice
un periódico, como l~s _m1emb_ros de un Congreso de
economistas-que se dmgen á rnaugurar sus tareas.
E: público y los periodistas se instalan en los lug::.res que tienen designados; bay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa «dama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
.
Ya están instaladüs el Comandante Comére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtremos del banco con sus
secretarios Collenot y H1ld entre ellos. Llegan los

testigos: Casimir P erier, Mercier. de Boisdeffre, Zurliadeu, Cbanoine, Picquarr,, Lebrun-Renault,, la viuda de fTenry ....
Suenan las siete: se anuncia al ConsPjo, la guardia
present,a sus armab; el bilencio se h'ace prot'undo y
lus jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salóo y ocupan sus asientüS.
Todo el interés se concentra en la figura de Dreyfus: el aparecido de la isla rlel Diablo se presenta, su
pabO es lirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene an te sus jueces, se para con los talones juntos. militarmente, saluda, ,;e descubre y se sienta. Todos dicen
que ba cambiado poco; está más delgado, más nervioso, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión ....

�Domingo 3 de _?ept.iembre de 1111111.

154

J)ODliogo 3 de Septiembre de 1899.

155

EL MUNDO.

EL MUNDO.

saba 1o lo, interpretaba todo, suplía todas las defiEs preciso romper la tutela para no perecer, como ciencias salvaba todt,s tos obstáculos y hacía vibrar
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que honda, profund3:, vi va mente todas las cuerdas de la
---------------------------------------------· vuele la maripos&lt;1.
lira y todas las libras ~e la pasión: _
__
d" d ¡ Re
Al reflejo de las llamaradas &lt;'le incen IC e ª . ·
No tenia como Adeltna el prest1g10 ad1c10naldela
volución Francesa que alumbró nuestras obscur1da· belleza y de la suprema elegancia, de los modales arisdes nos vimos fuertes y nos ser, tim'ls apt,os.
tocráticos, de la educación cortesana; era una an isÜna ráfaga. épica sopló en las tinieblas de nuPstras ta un poco bohemi;i., pero que amaba y conocía su arMe desdigo: no es Septiembre mes de verbenas almas y nos lanzamos seguros Y resueltos á la. con- te; que se.prodigaba y se osten~aba; que no regateanada más. Es mes de tiestas y de pompas, este Sep- quista del ideal.
d
venci- ba ni poma á subasta sus notas, c¡ue cantaba porque
tiembrP. voluble y falso que muestra por las mañanas
No caímos en el abismo. desesperanza os Y .
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
un ...01 limpio, primaveral y fastuoso, y por las noches do~ como los caballeros &lt;'lel Apocalipsis.. _A_nte1,_ b~en, sus pasiones, como en el ruise!ior, Y que derrocbó \'OZ,
una luna rríacon su balo joyante y húmedo, y sus rosas á través de las penalidades y de los sacr1fü:10s ai...an- alma, vida y fortuua por puro y desinteresado amor
y oriente de perla que traen á la memor;a los ciel_os zamos la Tierra Santa.
al arte.
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10.... Pero no adelantemos los sucesos. . ¿~caso s:z_
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
sas y grises, están entri ...tecidas por una luz opaca Y el croni!;ta de lo que va á suceder? ¿)le ban no ,
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la C/J•
soñulienta que parece cansada de haber alumbrado brado acaso para declamar una arenga en la plaza pu- rrección del estilo, italiana por el desbordamiento de
tanto por el día.
l ue Ja pasiór.,, francesa por su gusto exquisito, alemana
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre, bica?
Ya veremos-no vamos á esperar, por cierto,-: 0 q
por la nobleza de su ideal, ~e~icaaa por_ la sincericomo las mujeres que al terminar el baile, á la luz nos prepara el día de la patria. La noche clel qu,mce va dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, e11 suindiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba, á ser, según dicen los ...eriódicos, una maravilla.
ma.' como lo son to::los los grandes, sintetizando en
y o.:.servan las primeras canas entre las flor_es de su
Tocará, como en otros aiios, la campana del curato su alma t,odas las almas y en sus creaciones toda la
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su de Dolores.
.
,
vida humana.
rost.ro.
No seamos impacientes. Faltan muy pocos dias paDetrás de la artista había todavía una mujer ; tler.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescur" ra la fiesta.
na duh;e compasiva, generosa; y coronada de ~ode la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha buído
H:iblaremos de ella cuando µase.
da; estos ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuanLos recuerdos suelen ser 1aás elocuentes 'lue las es- su carroza por la pié.vade de sus admiradures, ungida
do entreabre su boca la ingenua y dulce sonrisa que peranzas.
reina cada noche é incensada como una divinidad,
era el encanto de los primeros adoradores.
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenMas el gozo bu mano no se preocupa por eso: cele~ra
ta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
sus festivales en los campos melancólicos del Otono,
una burguesa.
como
y
nada
más
me
queda
que
decir,
muchacha
curiobajo los árboles que empiezan á cubrirse de_bojas_sePesa sobre el artista cantante una fatalidad de la
cas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóviles sa v burlona.
qu~ recientes descubrimientos hab1án de redimi rlo:
Én esta semana han pasado los días en blanco.
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantástino puede aún, como el poeta, legar _á la más remot&amp;
al
verso
del
Lied:_
Se
parecen
cos y caprichosos mausoleos.
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un hur1zonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mardvillosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ;,Lees mi crónica, paradi~t,a~rtu tista no ba podido legar más que el recuerdo de su
***
fastidio,? Pues haz de (menta que leiste la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía p11rLa fiesta de Covadongi. es en la América latina, lo que no ha sucedido . . . .. .
que fué buena y muchos desgraciados la bendicen
una de las más afamadas y brillantes. Suen&amp; á castaporque fué caritativa y generosa.
iiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montaña española que tan~o
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Truebci, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos Y
tiernos, ó nos ,:iantaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
se buscarán entre el ruido para hablarse de la ma.dre
desconsolada. Un soplo de pena pasará á veces, por
Angela Peralta ha sido la artista lírica más admientre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
EL ILMO. SR. DON JACINTO L0PEZ,
risas se quebrará por instante~ sin motivo aparente. rable que ha producido México y una de las más granARZOBISPO ELECTO DE GUADALAJARA,
En la profundidad de la mirada, es posible que aso_me des de que se ufana la humanidad. Sus dotes. natura.
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo DI se les su educación musical, su inspiración y su amor
escapará un suspiro; la indomable energía de una ra- ex~lusivo al art,e hicieron de ella un admirable conHonramos la portada de nue&amp;tro semanario con et
za vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los cora~o- junto que rara vez la naturaleza y el medio logran
retrato de este disting1iido y virtuoso prelado que
nes á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admira- sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
en el ruido la tristeza.
ble que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de Loza.
·
El contento dirá como el poeta:
ángel y de ruiseñor; voz de sirena. Era la voz de AnEl Sr. López rigió por muchos afios la diócesis de
gela un resumen de toda la naturaleza; en ella había Linares. elevada más tarde á hl. categoría de arquiParad el vuelo, taciturnas horas
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel diócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal eo
va, gorgeos como en los nidos; ecos sonoros como en los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y plana- diocesanos.
ba magestuosa como el águila.
Es originario del Est&lt;1do de Jalisco, circunstancia.
Escalaba las más altas cimas de la gama y deseen. que unida. á las cualidades de espíritu y carácter que
La fiesta de Covadonga abre la puerta á las nuestras. En primer Jugar viene una, callada y envuelta día á sus más hondas profundidades, sierupre pura, tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocu par la
en atg,vfos de luto: año po,· afio se acerca á nosotros siempre igual, sin adultera:iiones de ~imbre ni desfa- nueva sede para la que ha sido electo.
para recordarnos la di".ina muerte de unos cuantos llecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
nilios. El viejo avaro ha bebidv g,varamente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de es- de perlas, tal era su gorgeo; para ella la vocalización
tos muchacho;. heroicos, sacude alegremente las no tenía secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
pensativos. ¡Canta, canta, estrofa de hierro y oro de en la más inestricable maraña de notas, cada una de
la moderna epopeya, la audacia infantil de estos chi- las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
La sala de a~tos del Liceo de Rennes, local elegido
cos que entraron en la inmortalidad por una sublime é indi vidualmeme perceptible, y además, matizada,
para
el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
acentuada,
intencionada.
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
En el canto amplio, lento, modulado, recorría ór- rectangular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 de al•
del titán y el niíio, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de bitas inmensas; el balance de su canto era majestuo- tura; las paredes están pintadas de ocre y las later~so, como giración de astro, y su voz, que podía reto- les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
los ahuehuetes pensativos .... . .
zar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo, de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
sabía también correr majestuosa, imponente, inmen- bretones ilustres.
samente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
En el fondo hay un foro de un metro de a)tura, Y
Por su timbre y su modulación, por su ag"ilidad y en el extremo opuesto un busto de la Repúblwa. _Ea
En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba tres días se hicieron todos los muebles necesariJII,
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolon- la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba mesa&amp;, bancas y barandillas. El tribunal se instale&gt;
gación de egoísmo que llamamos ~atria, palpi~a e_n y r~fa, gemía. y damaba, sollozaba y atronaba. Amor en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
nuestro espíritu con mayor ;:xaltac1ón, como v1gon- y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida, todo del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillozada por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudi- enc.;ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio su nes de telas desteñidas y la silla del presidente con
da por las primeras dianas de las músicas militares. expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa ~óli- su respaldo monumental. Detrás de los asiento&amp; de
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo ca y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni los jueces hay otros destinados á las aut oridades, Y
y recorremos con la violencia de la imaginación des- Adelina Patti, la semidiosa; ni la Mlolhan Carvalho, en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
encaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de lq emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevada indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
ni la Van-Zaut, las marquesas del arte lírico, pose- da á presenciar, del año de 189-! á la fecha, escenll&amp;
nuest~¡i, vida social.
yeron esa garganta divina ni esa voz celeste de An- tan poco cristianas. .
Es qello el espect~culo.
. _
.
.
Vemos, al principio, ese movimiento impercepti- gela Peralta.
El toro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
ble, débil, imlefinido que imprime en un pueblo la
lugar en el de la derecha del presidente al banco del
fecunda savia. de la liliertad, y que es como la pugna apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~ Ministerio público y á la izquierda al de la deren:.
misteriosa de la planta que rompe el terrufio para cerno toda alma de artista. Angela era artista· no En el centro están los testigos y á la derecha de
una. artista escénica; su ceguera casi completa vedaba tos el acusado, dando la espalda á sm, defensores.
beber la luz.
Del post,rer aliento del último héroe muerto en el á su jw;go, la amplitud, la rapidez y la oportunidad de
La sala ei;tá dividida en tres departamentos por
campo de b 1talla ó ejecutado dentro de un cuadro de la acción. Cantaba en las tinieblas, y no podía ser- medi? de barandales: el primero es el de los testlgoB,
fusiles, brotaba un héroe nuevo: ¡Qué verdad tan pro- virse sLno de la actitud y del adem,in para completar con sillones de terciopelo rojo para los generalall:
la expresión del sentimiento; pero la voz sola e:xpre- ministros y demás personajes de alto fuste Y 8
funda encierra la fábula de Gracol

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
LA SEMANA

A'NGELA PERALTA.

I

Z

Q

U

I

E

e

R D o

EDAD MEDIA

R

O

S

E

L

SIGLOS XV

-----

LA . IND'l.ISTRIA TEXTIL EN LA EDAD MEDIA •

Aquí tenemos un grupo de
hilanderas que nos da idea de
lo que la industria de los te,.,
jidos es en la época medie,.,
val. Están trab~jandó, con el
huso y la rueca, en la prepa,.,
ración de las lanas que más
tarde han de ser tejidas. Se
trata de un ¿¿gran" taller y, no
obstante, su labor nos pro,.,
duce una triste impresión de
lentitud,. sobre todo si recor,.,
damos los métodos mecáni,.,
cos y rapidísimos que en el si,.,

-------~--------

La primera audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.

glo XX se empleaban. Las. te...
las preparadas en talleresÍe~
j
pecialmente dedicados a Uo
e·s casean tanto que,. en r
dad,. son un verdadero artfcu..
lo de lujo,siendo muy frectren.. ·
te heredar trajes que usaron
los padres y hasta los abuelos. En los campos las famf,.,
l\as tejen unas telas bastas~
la. lana. de sus propias oveja(
o el ¿¿lino'' de sus tierras, !el•
que dedican a. la. confección
de los toscos vestidos.

6'1
( Muestra de una página del libro LECTURAS HISTÓRICAS)

comunes
p, rtame
público
tes '
el de la n:osa ae1 mundo entero, tiene por un lado
filas de _mesas paralelai; al gran eje de la sala, y
rinea.l otro, diez y nueve mesas perpendlculares á esa

!~

badLa primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

fe.i º¡. ~ fué lo que han sidu las aurliencias posteriola detdlel día en qut&gt; el público hostilizó á Mercier,
rl la d f ea que se Cúmetió el atenta.do contra Labocareo entre Perier y Mercier, tan lleno de
tu'ctd
en.,..s dramáticos.
~ ~~ seis y. media de la mailana, la pacífica ciu1
ª el d_estile de los testigos, de loi; periodistas
os curiosos que venían de París y del extran~A

de!

erier, Mercier. de Boisdeffre, ZurPicquart, Lebrun-Renault, la viugen al ·Liceo, van Lan tranquilos en apariencia, dice
un periódico, como l~s_miemb_ros de un Congreso de
economistas-que se dirigen á maugurar sus tareas.
E: público y los _periodistas se instalan en los l?g::.res que tienen designados; hay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa cdama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
Ya están instalados el Comandante Corriére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtre mos del banco con sus
secretarios Collenot y H1ld entre ellos. Llegan los

Suenan las siete: se anuncia al Consejo, la guardia
present,a i,;us armas; el :,ilencio se hace profundo y
los jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salón y ocupan sus asientos.
Todo el interés se concentra en la figura ae Dreyfus: el aparecido de la isla del Diablo se presenta, su
pa:,o es tirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene ante sus jueces, se para con los talones juutos, militarmente, saluda, se descubre y se sienta. Todos dicen
que ha cambiado poco; está 'más delgado, más nervioso, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión .. . .

�Domingo 3 de _Septiembre de 1~1111.

Doinlngo 3 de Septiembre de 1899.

155

EL MUNDO.

EL MUNDO.

154

DirBctor: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------------·

LA SEMANA
Me desdigo: no es Septiembre mes de verbenas
nada más. Es mes de fiestas y de pompas, este SeptiembrP. voluble y falso que muestra por las mañanas
un ...ol limpio, primaveral y fastuoso, y p0r las noches
una luna fría con su halo joyante y húmedo, y sus rosas
y oriente de perla que traen á la memor;a los ciel_os
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10sas y grises, están entrh,tecidas por una luz opaca y
soñolienta que parece cansada de haber alumbrado
tanto por el día.
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre,
como las mujeres que al terminar el baile, á la luz
indiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba,
y o.:.servan las primeras canas entre las f\or_es de su
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su
rost.ro.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescurd.
de la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha huído
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuando entreabre sn boca la ingenua y dulce sonrisa que
era el encanto de los primeros adoradores.
Mas el gozo humano no se preocup~ por eso: cele~ra
oUS festivales en los campos melancóhcos del Otouo,
bajo los árboles que empiezan á cubrirse de_ hojas_secas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóv1les
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantásticos y caprichosos mausoleos.

***
La fiesta de Covadong, es en la América latina,
una de las más afamadas y brillantes. Suena, á castaíiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montaña española que tan~o
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Truebli, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos y
tiernos, ó nos -;antaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
se buscarán entre el ruido para hablarse de la madre
desconsolada. Un soplo de pena pasará á veces, por
entre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
risas se quebrará por instante!! sin motivo aparente.
En la profundidad de la mirada, es posible que asome
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo ni se

escapará un suspiro; la indomable energia de una raza vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los corazones á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá
en el ruido la tristeza.
El contento dirá como el poeta:
Parad el viielo, tacitumas horas

La :fiesta de Covadonga abre la puerta á las nues•
tras. En primer lugar viene una, callada y envuelta
en atavíos de luto: año po, año se acerca á nosotros
para recordarnos la di".ina muerte de unos cuantos
niños. El viejo avaro ha bebidu ":tvaramente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de estos muchachos heroicos, sacude alegremente las
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes
pensativos. ¡Canta, canta, estrofa de hierro y oro de
la moderna epopeya, la. audacia infantil de estos chicos que entraron en la inmortalidad por una sublime
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
del titán y el niño, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de
los ahuehuetes pensativos ..... .

En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolongación de egoismo que llamamos Patria, palpita en
nuestro esp!ritu con mayor c:xaltación, como vigorizada por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudida por las primeras dianas de las músicas militares.
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo
y recorremos con la violencia de la imaginación desencaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de
nuest:/l vida social.
Es qello el espectáculo.
Vemos, al principio, ese movimiento impercepti•
ble, débil, im1efinido que imprime en un pueblo la
fecunda savia. de la lil,ertad, y que es como la pugna
misteriosa de la planta que rompe el terruño para
beber la luz.
Del post,rer aliento del último héroe muerto en el
campo de bitalla ó ejecutado dentro de un cuadro de
fusiles, brotaba un héroe nuevo: ¡Qué verdad tan profunda encierra la f1bula de Gracol

saba to lo, interpretaba todo, suplía todas las deficiencias sal vaha todt,s los obstáculos y hacía. vibrar
honda profunda, vivamente todas las cuerdas de la
lira y todas las tibras ~e la pasión._ .
.
No tenia como Adeltna el prest1g10 adicional de la
belleza y de lasuprema e_legancia, de los modales aristocrár,icos, de la Pducac1ón cortesana; era una artista un poco bohemia, pero que amaba Y conocía su arte; que se prodigaba y se ostentaba; que no regateaba ni ponía á subasta sus notas; &lt;¡ue cantaba porque
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
sus pasiones, como en el ruiseñor, Y que derrochó \'OZ,
alma, vida y fortuoa por puro y desmteresado amor
al arte.
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la corrección del estilo, italiana por el desbordamiento de
la pasión, francesa por su gusto exquisito, alemana
por la nobleza de su ideal, mexicana por la siacert.
dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, e1t RU•
ma.' como lo son to:l.os los grandes, sintetizando ensu álma t,odas las almas y en sus creaciones toda la.
vida humana.
Detrás de la ;utista había todavía una mujer; tier.
na dulce compasiva, generosa; y coronada de wda~ estos ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
su carroza por la pléyade de sus admiradores, ungida
reina cada noche é incensada como una divinidad,
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
y nada miis me queda que decir, muchacha curio- como una burguesa.
Pesa sobre el artista rantante una fatalidad de la
sa v burlona.
qud recientes descubrimientos hab1án de redimirlo:
En esta semana han pasado los días en blanco.
no puede aún, como el poeta, legar ,á la más remota
Se parecen al verso del Lied:
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un horizonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mar.ivlilosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ;_Lees mi crónica, yara di~t1 a~r tu tista no ha podido legar más que el recuerdo de su
fastidio,? Pues haz de cuenta que leiste la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía. pi,rlo que no ha sucedido ..... .
que fué buena y muchos desgraciados la bendicen
porque fué caritativa y generosa.

Es preciso romper la tutela para nQ perecer, como
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que
. d I B
vuele la m¡i,ripos1.
Al reflejo de las llamaradas de incendie P. a . "evolución Francesa que alumbró nuestras obscurida•
des nos vimos fuertes y nos ser,tim&lt;is apt,os.
Una ráfoga épica sopló en las tinieblas de nuPstras
almas y nos lanzamos seguros y resueltos á la con._
quista del ideal.
No caímos en el abismo. desesperanzados Y ve~ci
dos como los caballeros clel Apocalipsis.. _A_nte!._ bien,
á través de las penalidades y de los sacnfü:ius alcanzamos la Tierra Santa.
Pero no adelantemos los sucesos. ¿Acaso soy
el ~~¿~ista de Jo que ,a á suceder? ¿)le han no~brado acaso para declamar una arenga en la plaza puhlra?
.
Ya veremos-no vamosá esperar, por c1erto,--:lo que
nos prepara el día de la p~tr!ª· La noche del r¡timce va
á ser, sea(m dicen los "'er16d1cos, una maravilla.
Tocará, como en otros anos, la campana del curato
de Dolores.
.
No seamos impacientes. Faltan muy pocos días para la fiesta.
Hablaremos de ella cuando pase.
Los recuerdos suelen ser 111ás elocuentes IJUe las es•
peranzas.

&lt;

HISTORICAS

FCTURAS
D. JOAQUIN

IZQUIERDO

CROSELLES

lbooo

PARA LA FORMACIÓN EN EL NIÑO DE
ÚN CONCEPTO CLARO DEL TIEMPO HISTÓRICO

El ensayo qne presentamos a los señores profesores quizá pudiera parecer a algunos un atrevimiento pedagógico, pues invierte el orden de la
cronología, conduciendo al lector desde la época actual hasta los tiempos
p~ados, en lugar de partir de la antigüedad para llegar a nuestros días.
Nos parece que este método presenta ciertas novedades ventajosas para
la ,enseñanza y, por otra parte, su aceptación entusiasta en ciertos países
~xtranjeros y la adhesión sin reservas de algunos ilustres profesores es-·
pa,ñoles nos ha decidido a publicarlo, esperando sea recibido con agrado
por los amantes de la renovación de la enseñanza.
Se pretende con este método pedagógico, ya adoptado, como decimos,
por algunos señores profesores, y al que damos un aspeeto elemental, que
el niño adquiera desde sus primeros estudios el sentido de la Historia, es
dtoir, una noción intuitiva de que han existjdo, antes de la vida actual,
otras vidas y otros tiempos diferentes.
No sólo es desarrollable en los niños este sentido de la cuarta dimens' , del TIEMPO, sino que lo adquieren rápidamente, como cualquier
f~sor qui emplee este sistema podrá observar desde los primlros días.
Nadie dudará de lo importantísimo que es, en los albores del conocimiento, adquirir unas nociones dar~ de la existencia de un pasado, así
como la evidencia de la duración de ese pasado y de los cambios fundamentales que en él han tenido lugar ; de este modo el niño se sitúa en 'una
posición más segura de su vida, logra comprender el significado de la
hora presente y, por contrapartida, adquiere uná lúcida visión del porvenir, calculando las consecuencias de sus actos.
Si el alma del niño se ensancha en el espacio tridimensional de la
Geografía y los viajes, mucho más se enriquece su.espíritu cuando consigue una noción indeleble del Tiempo, verdadero hilo de la Vida y sustento _.de todo pensamiento racional.

ANGELA PERALTA.

L

Angela Peralta ha sido la artista lírica más admirable que ha producido México y una de las más gran•
des de que se ufana la humanidad. Sus dotes natura,
les, su educación musical, su inspiración y su amor
exclusivo al arte hicieron de ella un admirable conjunto que rara vez la naturaleza y el medio logran
combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admirable que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de
ángel y de ruiseñor; voz de sireaa. Era la voz de Angela un resumen de toda la naturaleza; en ella había
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel
va, gorgeos como en los oídos; ecos soaoros como en
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y plana.ba magestuosa como el águila.
Esralaba las más altas cimas de la gama y descendía á sus más hondas profundidades, sierupre pura,
siempre igual, sin adultera\)iones de ~imbre ni desfallecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
de perlas, tal era su gorgeo; ¡&gt;ara ella la vocalización
no tenia secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
en la más inestricable maraña de notas, cada una de
las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
é individualmenr,e perceptible, y además, matizada,
acentuada, intencionada.
En el ranto amplio, lento, modulado, recorría órbitas inmensas; el balance de su canto era majestuoso, como giración de astro, y su voz, que podía retozar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo,
sabía también correr majestuosa, imponente, inmensa1Dente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
Por su timbre y su modulación, por su agilidad y
su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba
la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba
y refa, gemfa y tlamaba, sollozaba y atronaba. Amor
y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida, todo
en~ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio, su
expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa eólica y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni
Adelina Patti, la semidiosa; ni la Miolhan Carvalho,
h emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevada
ni la Van- Zaut, las marquesas del arte lírico, poseyeron esa garganta divina ni esa voz celeste de Angela Peralta.
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~
como toda alma de artista. Angela era artista· no
una artista escénica; su ceguera casi completa vedaba
á su juego, la a.mplitud, la rapidez y la oportunidad de
la acción. Cantaba en las tinieblas, y no ¡&gt;odia servirse slno de la actitud y del adem,1n para. completar
la expresión del sentimiento; pero la voz sola expre-

EL ILMO. SR. DON JACINTO LOPEZ,
ARZOBISPO ELECTO OE GUAOALAJARA,
Honramos la portada de nue1,tro semanario con et
retrato de este disting11ido y virtuoso prelado que
sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
Loza.
·
El Sr. López rigió por muchos años la diócesis de
Linares. elevada más tarde á la categoría de arquidiócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal en
los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
diocesanos.
Es originario del Est'l.do de Jalisco, ci rcunstancl&amp;
que unida á las cualidades de espíritu y carácter que
tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocupar la
nueva sede para la que ha sido electo.

PRECIO :

-------·-------

La urinrnra audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.
La sala de a~tos del Liceo de Reunes, local elegido
para el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
recungular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 de altura; las paredes están pintadas de ocre y las later~les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
bretones ilustres.
En el fondo hay un foro de un metro de altura, Y
en el extremo opuesto un busto de la República, Ea
tres días se hicieron todos los muebles necesarlJR,
mesas, bancas y barandillas. El tribunal se instaló
en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillones de telas desteñidas y la silla del presidente coa
su respaldo monumental. Detrás de los aslentoS de
los jueces hay otros destinados á las autoridades, Y
en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
da á presenciar, del año de 1894 á la fecha, escenll8,
tan poco cristianas. .
El foro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
lugar en el de la derecha del presidente al b¡¡.nco del
MiDisterio público y á la izquierda al de la defeO:
En el centro están los t estigos y á la derecha de •
tos el acusado, dando la espalda á sui, defensores.
La sala e1&gt;tá dividida en tres departamentos par
medio de barandales: el primero es el de los testlguSt
con sillones de terciopelo rojo para los generaJazOA,
ministros y demás personajes de alto fuste Y silla&amp;

Para pedidos:
. Manuel

4

PES ETAS

EDITORIAL.

Paso,

2.

URANIA

GRANADA

DIST.RAIDA
comunes ele paja par i la gente menuda; el último de~~t~ento que es el más pequeño, está destinado al
tea d00, Y el del centro ocupa.do por ic,s representan-·
cin e la prensa. del mundo entero, tiene por un ladíJ
co lilas de mesas paralelas al gran eje dP. la sala, y
ri~~l otro, diez y nueve mesas perpendiculares á esa

badLa primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

~º¡~rué lo que hao sidu las auiiiencias posterioladefdtl d!a en que el público hostilizó á :Mercier,
rl la d t en que se cometió el atentado contra Labol;clde et careo entre Perier y Mercier, tan lleno de
n PS dramáticos.
~ seis y. media. de la mai1ana, la pacífica ciu1 de ~ía el destile de los testi gos, de los periodistas
os curiosos que venían de París y del extran-

;as

jero á presenciar las audiencias del proceso. N&lt;, bay,
sin embargo, indicios de esa febril agit,ación del proceso Zola; los espectadores y testigos que se dirigen al Liceo, van Lan tranquilos en apariencia, dice
un periódico, como los_miemb_ros de un Congreso de
economistas-que se dmgen á rnaugurar sus tareas.
E: público y los periodistas se instalan en los lug:1res que tienen designados; hay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa «dama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
.
Ya están instalados el Comandante Comére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtremos del banco con sus
secretarios Collenot y Hild entre ellos. Llegan los

testigos: Casimir Perier, Mercier. de Boisdeffre, Zurlindeu, CIJanoine, Picquart, Lebrun-Renault, la viuda de flenry ....
l:;uenan las siete: se anuncia al ConsPjo, la guardia
present,a sus armas; el :,ilencio se hace profundo y
los jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salón y ocupan sus asientos.
Todo el interés se concentra en la figura de Dreyfus: el aparecido de la isla del Diablo se presenta, su
pa:,o es tirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene ante sus jueces, se para con los talones juntos, militarmente, saluda, se descubre y se sienta. Todos dicen
que ha cambiado poco; está ·más delgado, más nervioi¡o, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión ....

�EL MUNDO.

Domingo

a de Septiembre

0om1ngo 3 de ?epti!l!D_!&gt;re de 1899.

de 1R99.

15

EL MUNOO.

sara.h B;rnardt en el papel de lbmlet.
Se ha discu tido y aun_ ocasiunó un duelo entre, dns
¡t,eratos,
interpretación del Harulet, hecha ult111Dameote la
por l::iarab al represent,ars !. una nueva t.ra•ducelóo francesa del drama dP Shakespeare. .
MorenPt- 8ully .... qué gran precedente! Sm embargo, dh:en por ahí que laSarah es admirable en bU
pel de prln-:ipe dinamarqués.
paNue~tro g rabado, que es adrni rabie J:Or la preri:&amp;ión, da á nuestr~s lec tOrPS un E'.lemento suficient~ rle
juicio para que digan ellos. 1&gt;Pgun i-usgu1,1osy su ir11presión propia, si es ó no. Saral.J, fiel mtérprtte del
;gran poeta.

PERFILES FEMENINOS.
La italiana es la mujer quP. prPsenta casi toda la beileza de la edad moderna. Plfoida y de curvas exagerad11-~ y senimales en Lombardfa, con su color rubio
,á to T1claoo en Venecia, de formas escult,urales en
Boloola, marmórea en Roma y de belleza clásica grie,ga en Nápoles..
. .
.
Artista apas10nada por rnstmto, ;gnorante en general, modesta, menos fiel que mucnas otras muje·res, se ca.o;a siempre sin amor y por tener á mano el
•recunio del di 1•orci o.
Gato y serpiente, palma y violeta es la francesa;
frágil 1:11 apariencia é impávida en las luchas del
amor, llena de gracia aunque no hermosa; es tres ve-ces mujer y tres veces adorable.
En su parte moral es amable; cequeta incorregible,
no allla casi nunca por temperamento, siempre es infiel razonadamente.
Ejercita nn_a influencia sobre el hombre mayor que
las dem.\s mujeres, por su cultura y sobre todo por
:su esp,-it y por su travesura.
En su mismo tipo está el temperamento de la fran-

cesa.

Rubia, con ese rubio pálido; fría, tranquila; lo!!
-ojfJII azulPS, la nariz aristocrática, los dientes correctislmamente formados, y joven siempre, pnsee el
temperamellto frío y razonador.
Su belleza física es demasiado correcta para ser art~1ca, pues le falta el sentimiento. La explicación
de su carácter es asimismo demasiado entero y ené r¡ico, demasiado frío y demasiado serio para recordaroOB á la mujer.
Reservada, casi hipócrit-a, exag-eradamente casta,
-esclava de los respetos bu manos, ama fríamente y por
convencimiento, sin estar nunca dominada por los
tJDpulsos ~el corazón.

M.

Y

M.ME.

LABOlU SE .:)lttlGE:.

AL

CONSEJO DE

GUERRA.

de tantos desean por sobre todas las
cosas, un empleo que les asegure vida
tranquila, y no sueí'ían sino con gangas sin responsabilidl\des, no se repetirá demasiado que nadie tiene derecho para abstraerse lejos del mundo,
que el hombre crece lanzándose á la
lucha, no despr,·ciando nada de lo que
es honesto, y que se eleva por la acción.
l::iin embargo, cuidémonos de no dejarnos engallar por una nueva ilusión.
Para ser legitima y aun necesaria, no
bast,a la predicación, y además, el carácter esencial de la acción verdadera,
f'S que sea determinada y precisa.
Ahora bien: pululan por abí jóvenes
que anuncian con énfasis su intenc!ón
de «obrar.&gt; de «luchar.&gt; No lPs pre•
guntéis cómo; no lo saben todavía;
tal vez no lo sepan nunca; pero tened
por cierto que estarán convencidos de
:ser bom bret; de acción. Y estad per_suadidos también de que entre todos
los lite~atos que quieren seguir el ejemplo dado por sus maestros, se observa
el mi~mo fenómeno. Predicando la
acción, creen obrar.
Es ni más ni menos como lo que
sucede en los coros de ópera, que cantan: «Marchemos! Marchemos!&gt; dando
en el entablado. Tratemos de no caer
en semejante ridículo. Bastante campo se presenta á nuestros esfuerzos;

cura.mente en el derrumbamiento de lo viejo, reclama obreros. Hermanos, solo la acción es bendita:
hermanos, es necesario obrllr.&gt;
Y, ciertamente, el espectáculo es bello, el celo de
los apóstoles admirable, y su doctrina excelente en
todo sentido. Para poder pensar es necesario vivir, y
1i vida práctica tiene derecho á todos los miramientos de los pensadores. La metafísica ó la poesia no
son, seguramente, ocupaciones despreciables ó va'las;
pero tampoco son, necesariamente, superiores á la
construcción de caminos ó á la fabricación de conservas. La grandezlJ. de una depende en gran parte
del modo con que se la ejecuta! Tal comerciante posée más elevada inteligencia que muchos escritores,
y por lo mismo que se ocupa 'con celo en los progre.
sos materiales, trabaja quizás e ticazmente en la me•
jor moral del muudo. Eu uu país como Francia, don-

La alemana es poco graciosa en los mov..imlentos y
en las líneas, pero sólidamente construida, resistt:nt.e á todas las injurias del tiempo y del amor.
Rubia, cerúlea y blanca, parece formada para efectos dJraderos, y es en su modo de ser mejor esposa
,que apasionad~ amante.
No 11e deja dominar nunca por los entusia&amp;mos del
'COrazón y solo ama de un modo espiritualista, con in.genuldad Idealista y fantástica.
EL TENIEN'.lE CORONEL PICQUART,

La espa!'iola soberbiamente hermosa por los espre'llvus rasgos de su cua, los pies y lds manoi peq Ué ñÍ·
Rilllos, dos grandes ojazos como ventanas abienas en
~o palacio de mármol las curvas de su cuerpo p:1.lpitantes de vida y voluptuosidad y el cabello sublimemente negro y lustroso.
Ama como no aman las demás mujeres, con amnr
salvaje, dominada por la sangre caliente que recorre
'8U8 venas y se entrega en un momento de delirio, sin
'Cálculos, sin amor á los respetos humanos, febril de
pasión.

, bastantes obras reclaman nuestra buena voluntañ.
Nosotros, pues, que creemos en la necesidad de la
acción práctica, y que nv tenemos una ardiente
palabra que arrastre las turbas, escojamos en silen-. cio una empresa que nos convenga, y sea cual fuere,
'. démosla concienzudamente nuestro tiempo y nur!i,, t ros esfuerzos. El mundo no sabrá nada, y por tan1o, no nos colocará entre los hombre de acción, pe1 o nosotros merecemos quizás ese titulo.

PEoao PvLON3K[.

CHKI~TIAN SCHEFER.

Las mejoras ofrecidas.

NUEVOS IO~ALES.
PENSAMIENTO Y AOCION.

La acción esta de moda. Por mucho tlempc, el do•
~lnio del pensamiento puro y el de la realidad prác11lll permauecierou voluntariamente separados. Con
:88;:e~clones, los tilósofos ó literatos que se con- ,,
p g~
a, primero, creían deber ignorar y aún des- ✓&gt;, ..,
ttree ar el segundo, ju1.gando que la grandeza de las _:"
... peeulaclones ó de los sueíios provenía sobre todo &gt; uesQ
' ,,
1 ad. Pero las luchas del 'mundo, cada;,
dla IIIt t·tld
De
ásperas, van desvaneciendo los espejismos en •'
ibo aquellos ut opistas se complacían: y estos sienten -'-·
pro:confusamente que todo cambia, y los tenibles ·
11len~mas de la existencia se les t_m~onen brutal meo- tts:,.
'IIDo á · Turbados así en su q u1et1smo, los ;,oetas,
ffk." . ..

t,"l

f.~tC::g~ ;~ ~~~=:tºa1t::,use~ ~~!!s~ep~:i~~\[a;ª;
0

'iteen,
un nuevo evangelio: «Han llegado los tlemen que la grande obra que se elabora os-

-c=:;.\ti:&gt;&lt;-,···

ll08,

SARAH Be:KN.~RDT EN EL PAPKL DE IlA.MLET.

Como toda maquinaria nueva, la nuestra,
al armarla, edtá f;!;astándonos mucho tiempo
y trabajo, más del tiempo que habíamos supuesto; por eso no hemos podido comenzar
las mejoras ofrecidas de que ya tienen cabal
concepto nuestros abonados.
En esta semana quedará listo el departamento especial que estamos instalando, y ase. guramos que el retraso involuntario que se
· ha sufrido, quedará ampliamente comFensa.do.

�Domt?go 3 de Sei:tiembre de 181111

Domlngc 3 de Septiembre de 1899

EL MU~DO.

EL MUNDO
158

ramaje exuberante y lujurioso que, como una cabe•
llera de Furia, se desparrama en su carga de higos
maduros y verdes por el balcón del pibO alto; por úl·
timo, en el otro ángulo del fondo una pequen.a p_uer•
ta da acceso á la extrafl.a bab:taclón, que á un vempo es cocina, sala, centro de tertulia y comedor de
los poco favorecidos por la suerte, pues que nos~tros los dos únicos huéFpedes que merecen cum,1•
der~ción en el albergo, hemos de l'Omer siempre en
íntimo aparte, arriba, en el balcón, asombrado P!'r
la higuera. En el centro de la habitación á tao u,ultiplti, uf.OS destinada, l,ay una larga mef\a er,tre
dos bancos de igual longitud; á un lado, una gr~ll·
de y tl ..nada chimenea, en cuyo hueco se ma11t1e•
ne sobre un montón de etniza, y sujeto de una cuer•
da ahumada y gorda, el caldero donde se cuece y
ablauda la amarillosa polenta; cerca de la chimenea
arranca una escalera que suoe como la del patio al
pisu alto, y en el miswo punto comienza la verd~de•
ra cocina, es decir, el Jugar com,agrado á los hornillos
humeantes y á la espetera limpia como un sol y llena
de cacerolas y sartenes en ad111irable ordenco!ocados.
E11 la atmósfera de humo y olores de cocina true•
na la seilora, dueña y cocinera de la casa, vieja re•
gordeta y rechoncha, pero que guarda en las lineas
lle la cara, arrugada como una pasa, seilales evideo•
tes de haber sido codiciada y bonita en sus ya leja•
nas mocedades. Cuando llegamos, nos viene al en•
cuentro con una sutén en la mano Izquierda y uno
como hurgón en la derecha, nos regala ~u más ama•
ble sonrisa, y para darnos la bienvenida nos espeta

un discurso, del que apenas comprendemos dos ó tres.
palabras, cosa que achacamos á nuestros pobres alcances en el habla divina de Petra.rea; pero, al cabo.
de algunos días y para consuelo nuestro, sabemos-porexperiencia propia y por lo que lenguas maldicientes murmuran, que la seora Rosa, coLDO la llaman.
en el pueblo, ou ba podido nunca fo rmar siqµiera.
una frase de puro tosca.no, y por más esfuerzos que
hace cuando na.blacoo personas de calidad, no logr&amp;.
sino hablar, y eso no correctamente, el áspero y mal•
sonante dialtcto de Lombardía.
No es necesario ser caballero andante, movido de
generosa locura: cualquiera que llegue desprevenido
al hotel de las dos espadas deslucidas por la herrumbre, puede, en los pri1oeros días, padecer i lusiones.
quijotescas. No son para menos ciertos ruidos noctu,nos insólitos, unos atribuiblesá jugarretas de hechicerof, otros á pesadas bromas de malandrines y
follones; sin contar con que la hija y úntca heredera
de la seora Rosa bien se miraría, sin hacerse violencia á si propio, como princesa convertida á media&amp;
en fregona por arte de los oiablos. He dicho fregona
á medias, porque se ocupa á veces en las más recias.
labores, y no porque ande jamás desaseada y pringosa, que antes por por el contrario brilla de pulcra y.
va, por donde pasa, derramando frescura y perfumecomo una flor serrana. Más alta que la madre, Clotilde cuenta dieciocho años y es morena, lo que quiere decir que la sangre no se le está quleLa en el cuer~
p0. sino que hierve, rebulle y comienza á decirlti y
coutarle, en la" sienes, cerca del uído, cosas tentado-

ALDEA LOfdBARDA
En la tarde calurosa de Julio, todo pare•

ce hundido en profundo letargo. El lago se
extiende, hasta perderse de vista, hacia el
norte, entre colinas y aldeas, quieto, brillan•
te, y copiando como una lámina de acero
bruilido los últimos arreboles del crepúscub
E&gt;n tanto que hacia el sur se estrecha, se
a ielgaza basta cambiarse en río, después de
rormar un remanso y de rodear, no lejos de
la orilla, una pequeila isla, bosque de rosa•
les y manida de patos silvestres.
A la derecha de un promontorio eoronado
por un castillo feudal, detrás de una ala me•
da de castailoR, alineados en cuatro hile•
rab á la orilla del lago, se dPscubre la al•
dt·a silenciosa. á donde venimos buscando
rt&gt;poso para nuestros cuerpos, serenidad para. nuestras almas, un soplo de aire puro que
harra de nuestros pulmones el Infecto polvo
de la gran capital, un puco de sol que nos
recuercle el sol de la patria; soplo de brisa
y rayo de sol que, trayéndonos la salud coro•
pleta, vigoricen nuestros nervios reseoti•
,tus y desvanezcan en nuestros cerebros los
fantasmas de la neurosis.
El absoluto recogimiento de este rinconc!llo de Italia satisface cumplidamente nues•
tr•,s deseos dP. calma, pero nos vuelve mudos y tristes. Sin proferir una palabra, desembarcamos, después que el bote, guiado
por un viejo remero, penetra en un espa•
cio circuido de muros, especie de puerto in•
vadido por altas yerbas que Sd asoman á la
superficie del agua, y ceden, doblegándose y
gimiendo, al paso de la pequeña embarcación. El mismo barquero se encarga de
nuestras balijas y noi, endereza hacia el
ho~el.
Digo hotel como diría ventorrio, figón,
posada ó fonda, pues de to'.lo esto hay, aunque, en realidad, la casa en donde hemos de
posar es más que hotel. ventadecaminoc0n
aires grotescamente seiloriles, que nos despejan el ceño, haciéndonos pensar en a ven tu•
ras quij0tescas. Nada t,an á propósito, en
efecto, para dar al traste con el meollo poco
firme de algún andante caballero, cvmo este
caserón, que bien podría ser tomado por castillo ó vivienda solariega, con su holgada
puerta cochera, sobre la. que se cierne, destacándose de la pared, una.corona, probable•
me~te de hojalata, injuriada por la iotem•
pene, tomada de orín y sostenida por dos espadas en cruz, del mismo metal que la co•
rona, y limpias de todc, crimen si no de herrumbre y moho.
El patio, á donde el portal nos conduce
no deja duda sobre el género de casa en qu~
noshallamos. En un ángulo del patio, una
chica extrae por medio de gruesos cordones
de las profundidades de una cisterna, u~
cántaro rebosante de agua fresca; á la de•
recha de la entrada, se está quedo, con sus
timones en el aire, un coche polvoriento que
espera, quizá, las órdenes de los huéspedes;
en el fondo, en el án¡1;ulo izquierdo, se le•
vanta una escalera de piedr~, tan angosta,
que no puede una persona bajar mientras
que otra sube, y, al pie de la escalera, crece
una higuera centenaria de tronco espeso y

ras, de esas que hac.:n :-uborizar á las ni•
nas. sus cabellos son ébano luciente; sus
c,jos, vivos carbunclos, sus mejillas, dos
rusas que el sol no se cansa de besar; su
alma es toda fuego cuando se asoma á
Jos ojos, y toda sal y donaire cuando vie•
ne á los labios, hendidura de una granada entreabierta, á decir palabras bellas
de un italiano algo embastecido por el
acento rudo de los campesinos lombardos;
su cuerpo robusto, ágil, no acostumbrado á estrecheces y apreturas, es, cuando
i;e mueve, gracia y zandunga; y sobre todo esto, dos puños más fuertes, capaces
de poner á raya á los más atrevidos mocetones de la aldea, clientes revoltosos de
la media noche.
Al principio fatigados por el viaje, y
luego molidos por largas excursiones en
los alrededores, dormímos en los primeros
días con el sueilo de los justos, plácido y
sereno. Al fin, una noche nos levantamos
sobresaltado~, oyendo voces violentas, ai.
radas, que gritan un número y se acompanan de terribles puñetazos, recibidos
aparentemente por una mesa. Creemos
en una rifla trabada en la cocina. Las voces callan un momento, pno á poco rei;uenan de nuern, repitiendo los mismos
ndmeros. y continúa el alboroto de gri•
t.0sy puiietazos. Son unos jugadores de
morra. No hay una venta de vino, ni
hostería de villorrio lombardo, donde no
estalle por la noche el E&gt;strflpito de la morra. Es el juego del país. Dos jugadores,
de ple, se muestran el puño cerrado: simultáneamente extienden uno ó más de•
dos, y simultáneamente gritan un míme•
ro, que debe ser el que resulta de la suma.
de los dedos extendidos por ambos contentlores. El que acierta, gana. Un chiquillo de mi tierra desdeilarfa tal vez jugar, por demasiado pueril, este juego por
el que en Italia se desviven hombres her•
cdleos de barba hirsuta.
Los que j!1egan á la morra en el alber•
go de la seora Rosa s9n los pndidos, le s
libertinos.. del pueblo, los que se van de
taberna en taberna, gastando en fran.
cachelas y vino el dinero y la vergüenza
de sus honradas familias. Llegan casi
siempre á la ce cioa cuando ya ha ter .
minado la tertulia de las personas de pro;
traen el sombrero ecbado hacia atrás ó
llObre una orej:i, y miran á tod~s partes
con aire de valentones y perdonavidas.
Dos de ellos nos llaman especialmente la
atención: uno. cariancho, de mandíbula
saltente y poderosa; otro, delgaducho,

México Moderno

sobrino del alcalde, la boca inmensa, y los
dientes tirados en desorden hacia adelante, como si se atropellaran por salir,
lo más rápidamente posible, de aquel
abismo de inmundicia. Beben, Juegan á
la morra, y gritan basta desgailitarse,sin
que se les importe un bledo el sueño de
lús vecinos. Mientras la mesa inocente
sufre el mal t.rato de los puilcs callosos
y la vajilla tiembla en el viejo arma1i~
de madera, Clotilde, con los ojos medio
soilolientos, observa á l0s j ugad0res y es•
pei:a una oportunidad para empujarlos,
quieran que no, basta la puerta de la calle. Y entonces, pasan bajo nuestras
venta_nas, y se van cantando á veces, lc¡s
~uy irrespet~osos, con la voz enronqueoda por el vrno, alguna rle esas canelo•
nes que vuelan por el cielo de Italia
tortas ternezas y amor, endechas de rul:
seílores caídas una á una como lágrimas
en el silencio de la noche, desde la cop~
de un ciprés ....
Más agradablemente que la desapaci•
ble serenata de los jugadores de morra
nos sorprende un murmullo misterioso
que oímos algunas noches desde el balcón.
Es un cuchicheo, sostenido abajo, en la
sombra del patio, al ple de la higuera v
entrecortado po.:- algo así como cbasq:1i.
dos, que no son otra cosa que besuqueos
d~ enamorados. Srn pecar mucho de in•
discretos, reconocemos por fin en los causantes del misterioso murmullo al mejor
mozo del p~eblo, pastelero de profesión,
y á una pnma de Cleotilde, recién llegada del Piamonte, y que, según parece, no se duerme en las pajas, cuando
lleva ya prendido á aquel pobre diablo de
muchacho en su red de seductoras artimailas. Nuevas parejas vemos1 en el cur•
so del tiempo, sucederse en el mismo si•
tlo, c~mo si todas buscasen de propósito
á la b1guera centenaria para muda confidente y protectora de sus enredos amorosos. Es lo cierto que siempre las hi•
gueras han andado mezcladas en . tales
bistoria~, ! no sé de dónde les venga el
ser prop1crns á corazones amantes, si no
es de algún viejo resabio contraído en
el Paraí~o, donde, segtín la bíblica. leyenda, cubrieron con sus hojas la desnudez
pecadora de nuestros primeros padres.
[:Cel libro «Sensaciones de Viaje&gt;
de Díaz Rodríguez. J

CASA DEL SR. LIC. JESUS

F. URIR:'E. -CALLE DE TARASQUILLO,

•1

rJ

,I

N.,.

r,~
- -..::...·

LAS VIRGENES D"i!: LAS Jt;)CAS,

.

CASA DEL SR. GENERAL LAURO CARRILLO.-GLORl ETA. DE CCLON, P.A&lt;"EO DE LA REFORMA.

�l60

NOVEDADES CIENTIFJCASLA. FE y LAS MATEMAT,CAS,-LAS CASAS AN~~~•.
-ARTE E IND!JSTRIA.-LA MECANICA VENC
RA,-TESTWUS AUTOJIUTICOS.--LA VERDAD y LAS
MAQUINAS,
La fe t, aosporta las mootailas,&gt; decían se~tencio~eote nuet1Lros abuelos, aludiendo á la rnme~s!I'
~~erza que desarrolla toda creencia hondamente arraI •
gada en el espíritu.
• , ·
d la
y por si álguien duilara del p,,der dinamico Y 1iaplicación exacta Y material de la fuerza desar¡~
da por la fe al transporte de mon_tañas,. ª.hí _es\ 'ión
vas Y erectas las pirámides de Egipto para con us
de excéptkos.

!:

-. - .

'

¡ . ....
1
1

. C Ión sin haberlo he- color Y la forma, han sido invadidos y conquistados
el movimiento propueSlo, u~ p~día darle la vuelorla Industria, basta el punto de que h~y. pesimi....
p poco reflexivos que concluyen pred1c1endo que
cho, sabia de antemano \ verdad matemática; del tas
ta al Mundo, Lndado en un .
ó miaió un as- el ane está c,JOdenado á muerte.
mismo mo::io Leverrier descf!rI~j6sesclfri videt!tes del
Pero importa tijar las ideas sobre lo que.es el Arte
Y sobre lo que la Industria le roba, supomendo qu.,
T rigooometría..
.
rfg!~ªrav,e[!ºG:~~ei~:
rtan las montañas, meJor algu pudiera robarle.
Por eso ahora se traospo
· ·1t 1·¡ pero sí las
A te todo hav que tener en cuenta que en toda
ñas
porque
es
1 número!
dicho 110 las UlOn t ª 1 '
ohraºde arte hay dos partes bien distiutati y que su.
' .
antaño con la fe·· · · en e
d s géoeros diferentes de aptitud en el aruitar una casa y ponerla
casas, como
• .
On iuo-ciniero necesita q
.
,·dad de unas P.º_tt~ la~oocepcióo y ]a ejecución. La P.rimera co.011 º
í
Ja pesa s10 oeces1
más allá 6 más ac ;_ pues
d sde su gabinete, y con ~:~uªv·:i las personalidades artfi,ti~as, rac11ca esencial.
1a 1·otelio-eocia y es siempre un don de la
balanzas inverm,ím1tes, s!r:iºdce a el Y un l~piz, y no mente
en
°
I d
·ó • 1 se
uo simple rne~ro, una h~!!°0
ués de pesada, lo naturaleza, nunca uo pro?ucto de a e ául~acf1 n, ª16 .
e
unda
or
el
e0otrar10,
es
ageoa
a
ormac
n
se equivoca 01 en un.:r~de.termigar
la excursión que
demas es Juego de 01 os.
le sus nuevos cimien- ~eguna glbria del arte, 6 cootribu~e muy poco á ella,
ba de hac~r la wole, preparar meterle debajo una es del todo mecánica y procede directamente de la
tos. ~epararla de losdant1góuopi,,la{arorma rodante, Y la educación.
.
arma ura
Poned
cualquiera
de
los
mar~vm.osos
rnveotos
.con
casa cambia de sitio.
.
ue la Industria, trabajando rnsp1rada por la CienPur supuesto que sin la fe en laCienomc&gt; en esta operación no caben ~. h dotado al hombre para resolver ias d1ficulta~~pe~imeotos, nadie arrost~~r~a el pe- ~1a, !cánicas de la producción dt&gt; una obra de arte;
es mdl
dio-o en las manos de un imbécil, y sólo
ligro de perecer bajo el ed1tic10 ªttes pone
os, .mamarracho.s;
o ,
y crea•
oducirá
dadias á un ar t·st
J "ª• .
desplomado que movido; ~ero n~ ay
porque
la
creación.
artfatica
es
prerrogat1
va satt&gt;•·,or alguno, porq•1e media la e,
1 . ieneo ustedes un arco de tnuo o grada de la inteligencia huma~a.
J• v
aque
En consecuencia, ia Iudustna no am,eoaza_ io~adlr
actualmente ao d a de. paseo escoh
giendo su nueva residencia en Roe e- los saarados dominios del Arte, ni eo e. sentido ideolóo-icoº ni en el cJnvencion~l.de la palab.ra; antes bien
fort, Francia.
Lo notable de este caso, es que no l ~ u'da Je sirve fiel y sol1c1ta, removiendo los obsse trata de una de estas colmenas ~O· t~:%l JS y'quitando las espinas del gl~rioso camino del
t·1 t e O el concurso de la mecamca vencedo~a de
dernas, todas de una pieza y re~a;t~ vameo Le ligeras, lo que bace fac1hs1mo
1: ~u~tades puramente mate~iales. Por la misma
su desplazamiento: no, este arco es razón ni la obra de arte ni el ~rt1sta pueden co~si~e~na estimada obra del .arte a~ti~uo, con rarse anulados ó si•.¡11iera rebaJados porque en la eir
tres siglos de existencia encima, y que, cución de una obu de arte inter~engan los proce •
sin desmoronarse, anda echando 1:1ºª mientos industriales modernos, siendo así que, s!n la
.. a al aire por esas calles de Dios, personal1.da d del artitftia , la obra de arte nu existe,
can
gradas si~mpre á 1a fe·· · · Todavía
les falta á h,s pirámides, =======~
que ya han de creers.e las
muy vanidosas á cub1~rt.o
de tuda sorpresa, recibir
la estupenda de.que, como
su paisano y qmen sabe s1
amigo, el obelisco de Luksor, el capricho de un monarca europeo les ordena
cambiar de clima Y fija.r su
residencia en cualqmera
plaza de Vmdres.
.
y entonces sí que se reirán las pobres viejas de los nombres_, P;ro no de
los modernos á quienes od1anan ~n tal
caso por haberlas expatrhdo, srno de
los antinuos que las hicieron tan grandes precisamente para im,iedirles m?•
verse .... sin presentir el poderdel nu.
mero!

ti~

in, ·

bef

f:s 1

·

Por mi parte cr.:o firmemente q.ue, si esa~dtrdágáicals
. tau enérgica tenac1 a
a
an~iaoas se ar~;!ºe~º~nico objeto de atestiguaroos
ex1steoc1a,
es 1
ida de ultra.tumba y en el poder
6 0 la fe en a v
bo divino de los faraones, pudo hacer que
e m
por/':[e~s montañas de rocas fueRen arrancadas del
ueleto de la madre Tierra, transportaver ~ er
~~s°~1:~~~~:ssqd istaocias y con vertidas en figuras geoét · amente dispuestas.
.
m yr~c esto último debemos felicita:nos, porque sm
e
ular de las pirámides, ev1dentemeote gela fo~map~;~I saber humano, los hijos del siglo de la
nera a
m larlas después, de las cuarenta ceo.
dud_a, al conte p e uivocadameote les atribuyó ne
t11~1as q~e
Jeroqy áltimo de los Napoleones, reex1steoc1a e p ,
ndríamos formadas por una de
sueltam.~~~eul:fo~~~~eológicas y las confu~dirfamos
tan~as e
con la más vulgar y pat1mondad.a
last1m~sªfaen;:scooocieodo así la demostracióu eVJ:o~ta~:tio'me~so poder dinámico de la fe, digno aneo e del invento ce los Papio, los Fulton Y los
tecesor

Pt~f

Sterhe~s:á.s cuanto que la fe andaba de capa caída
d 'I:nque el ~acionalismo contemporáneo. le arran:ó
es e
simbólica venda. Hay -iuten se atr ~·
~~u¡~:Cf~~:~ªnada le dió á cambio de la venda rota;
na calumnia insostenible.
esto. est0u es ue el racionalismo desvendó á la re, la
Cier 1 r~er momento debe de haberse sentido un
que en e ps d slumbrada por la falta de custumbre de
si es no 1ida
e "en luengos siglos
.
de cegued a d vo¡ unta.
ve~, per• lueao advirtió-que su libertador ha blale puesria~~e~~s m~no,;; preciosos juguetes de gran novedad,
~~ales son el telescopio, el microscoplo Y sobre JºdJ,
y de to o a
uno que todo l o ve, todo lo comprende
,
b lé impecable noción: el numero.
de este modo la fe ciega se transformó en la fe
e observa analiza y sabe.
quDicen los 'metafísicos que esta ouev~ fuerzan~ es
la fe sino una falsificación, más todavia., una ant1tesis d~ la idea origmal de la. fe.
Puede ser no discuto porque me asustan las controver8iast ~etaffsicas que en lo general se áme anto. hermosos torneos de palabras y nada m ~.
lªto cierto es que la fe, con el sentido metafísico de
1 alabra en la infalibilidad del número, ha llegado
áaiealizar 'prodigios muy superior~s en c~nt1dad Y
alidad á los realizados por la fe ciega é ignora~te
~el número; la imaginación creadora (no es para~o~a)
de las matemáticas, ha engendrado cuantos prod1g10s
constituyen el glorioso monumento del progr~o co~tempo1áneo, si~ verlos materi~lmente, pero sm equ1unca en sus alirCD6c10nes.
vocarse necáoico no necesita construir una máquina
p!º s~er con evidencia absoluta que obtendrá

EL MUNDO.

161

Lf\ HBRENOlf\ DEL TI0 FL0ROT.

0

l rI,

Arco triuof11Í trdnsport.do en Roohefort, Fr4acla.

Domtngc 3 de Septiembre de 1899

Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

*

**

El Arte Y la Industria: «ésto matará á aquello!&gt; No sé si álguien añadió
ya esta parodia á las much~s que, como todo lo grande, ha sufndo la enorme frase del Maestro.
.
La Industria bate en rncansable
1 . ta registro.
ataque al Arte hasta ea sus últimas Reloj registrador de entradas Y salidas de los trabaJadore~ H muestr~ acin .
defensas; armada de todas armas p~r
la augusta Palas, cada día nos anuncia . d á ida puesto que la mecánica es capaz de ejecutar' pero
haber akaozado un nuevo triun.fo, hacie.n ~ Pt. . nunca de concebir.
oda
fácilmente h, que el Arte por rntermedlo e ar is
Actualmente la escultura recibe .u na gran:: ria bacía en luengos años de paciencia y .estudl~. .
de la fotoo-rafía mediante un procedimiento q f
Ora es el piano automático que substituye~
mite hace~ alto~ relieves .hermosí~imos, aprobvi~:o!~:
nista; ora la fotograrfa que primero d~i;~aoc a l· do las propiedades químicas dP. la gelatina
cada
bujaote más tarde al colorista, y por ultimo, al es- tada. El procedimiento se llama FuTOSTERIA., .~ d11
cultor
aldominios
escultor también.
':rod'os~¡1'os
del Arte, el sonido, la línea, el día se extiende más. Nuestro grabado da una I ea
sus magoíiicos efectos.

f

t~~-

** *

C!J.;

Alto reueve en b:o:ice oblentdo por m}dto de la foto :r1fla.

Parece que los hombres van convenciéndose de que
ld. Verdad
,.
" .........Es flor del cielo que se marchita en la tierra.
Permítaseme la paráfrasis.
uestra
En efecto, el aparato ingeniosísimo .que 'fn error
nuestro tercer grabado, sirve para intctr, : sus la•
posible, la Lora de llegada de los emp ea º \ave nu•
bores: el emp,eado, al llegar, introduce ~ut de papel
mer11da en el aparato, y marca en una c O .ª acióo al
su número de urden y la hora con aproxim ·
minuto.
d
len nr. de•
Esto quiere decir que los emplea os ~ue
da el
cir con verdad la hora de llegart.a;. ta~bi!~ ~~abajacaso de que los eocar!;"ados de v1g1lar á 1 t stlgo au•
dores los calumnien; entre ambos eSt e e
tomático, insobornable é incapaz de cUal~:nlr~ ton6Por la misma razón, en Estados 01 06
grafos sirven de tei,tigos Y hacen prue~a. las máqui·
¡Pobre Verdad! Solo en la buena fe e
nas puedes confiar:
M. R. I.

L dicha no necesita grandes espacios, á veces

:~.t

: caber en el compartimiento acolchonado
expresa. Si no queréis llamarle dicha, conId en que es algo que se le parece, el placer
"den
de veinte
e ce ntemplar á una bella desconocida
á
.
.
aloa, seria, rubia, dulce y a1tiva un tiempo,
aeompaftada por una mamá bonachona y res~eiable-. El corazón se alegra, y, no h~y remedio,
108 sentimos tentados de trabar amistad con la
Jfiida joven.
Tal era el caso en que se veía Mauricio Girard
81 el trayecto de París al delicioso lugarejo de
las Ardeoas, término de su viaje, contra el cual
habfa prote,tado en su interior, porque i~ter~~mpfa BU farniente de solter~ y porque no JUst1!1caban tanta molestia co~o .1 ba á tomarJe, los. mt J·
reses aleatorios que sol1c1tabm su presencia en
aquel pneblo. Iba tlll vez á recibir una herencia
Ó, •.. . A volverse como fué. . . ,
.
-,Para qué diablos me escrib1na ese notario?
Yo n~da tengo que esperar de la sucesión del tío
FJorot ... ,. •
La carta de 1.0aese Boubert, notario de Sancy,
era evasiva como lo exigía la decencia y tan po•
oo p·ecisa como tentadora. Decía así:
cSeftor: T engo el honor de comunicar á usted,
que habiendo f,dlecido su pariente el sefl.or l!'lo•
rot. el martes 15 del corriente, se romperán los
1eilos puestos en los muebles.
cComo pariente del difunto, se invita á usted
para que asista á dicha diligencia. que se efec•
'1lará en presencia del juez de paz y de los otro1:1
parientes y en interés de los derechos personales
de U8ted y bajo la reserva dtl testamento que podrfa encontrarse entre los papeles del difunto
hasta hoy intestado.

Mauricio una admiración íntima, callada. Y la mirada azul, luminosa y altiva de la joven, que sorprendió furtivamente el observador, lo pPI'turbó
de tal modo,que ya no pudo reconocerse. V1toid030 y sPguro de sí mismo hasta aquel momento, se
sin tió de pronto humilde como un nifl.o, de eseu•
cia grosera é inferior, avergonzado, tímido a1.te la belleza de expresión y de alma que adi•
vinaba.
Los poetas orit&gt;ntales comparan los ojos de la
amada con el sol, y nosotros sooreímo:1 lll leer
esa hipérbole. Pero Mauricio se pregunt11 ba si no
había realmente una verdad en la metáfora declamatoria. La pura luz de vida y de pensamiento que alborea en nuestra alma, bajo unos párpa-

cSoy de usted, etc.»
El tío Florot era un sclitario, un misántropo,
eaprichoso y desconfiado, que vivía en su propie•

dad de Sancy, apartado de la sociedad y de los
pocos parientes que le quedaban. Tan completo
era BU aislamiento. que se le había olvida.o o y
llin la carta del notario no habría tenido Mauricio
noticia de su muerte.
-El pobre viejo ro habrá querido que asistiera yo A sus funerales y con mayor razón debo
creer que no pensó en mí al hacn su testamento.
Sólo en caso de intestido puedo esperar algo, la
mitad de la herencia, pues la otra mitad les toca
t DO se qu é parientes de otra rama, á los cuales
les ha de haber dejado todo si es que testó.
Estas preocupaciones de her~dero no er an tan
~andes que le robasen su tranquilidad á Mauricio, demasiado rico para pensar más de lo debí
do en una herencia que nunca había esperado.
Hás bien por deber de conciencia y para llenar
una fórmula iba á la cita del notario. Deseaba
ante todo conocer aquella región montuosa en la
que se había aislado el tío Florot, y encontrar
las huellas de la existencia del buen hombre, sin
dejar por esto de renegar contra las molestias del
viaje.
Su mal humor se disipó bien pronto por la sorpresa agradable que sintió al penetrar en el compartimiento. Al princi pio sólo fué agradable su sorpresa, pero al cabo de tres horM que duró el vi11je
Ydespués de ruúltiples observaciones, se convirtió en un verdadero descubrimiento, un descubrimieuo psicológico de otro mundo más seduc~~ q~e el conocido y antiguo; un descubrimiento
lllltórico en los anales juveniles de la existencia
de Mauricio y que prometía hacer época; un descubrimiento r evolucionario, pero que no se reve
laba como tal al principio y que no era sino
~-'!11~ª.de pequeiios descubrimientos sucesivos,
11111go1f1cantP.s en apariencia.
Al entrar en el vagón, dijo:
-¡Qué linda joven!
Primera observación, completada luego por
e•ta otra más analítica:
-Cuánta seriedad y cuánta resolución en esa
cabeza rubia!
Pero «seriedad» y · «re3olución» le parecieA Mauricio términos insignificantes, infs:i,.~rea en realidad á las cualicfa.dcs evidentes de

:n

.. ,oven.

En efecto, había en aquella mujer no sé qué
nobleza, un hermoso heroísmo que inspiraron á

dos aterciopelados, tiene á veces el poder de ilumin11r súbitamente la obscuridad de un corazón,
y tifl.e con un color maravilloso de aurora la existencia crepuscular y gris; se ve el mundo más
grande, más claro y mas alegre. como si en efecto el sol hubiese aumentado su fulgor.
Asi avanzaban las ideas de Mauricio, con velocidad de tren expreso, cuando la voz de la joven
que habló un minuto á su madre en una parada,
acabó de conmover deliciosa~ente al viajero.
-¡Eolia! exclamó el joven An su lirismo. Esa
es la palabra y no ha.y otra. 1Eolfa ! Cada sílaba
es una música, una cuerda vibrante de harpa; llega al oído, palabra á palabra, como una piedra
preciosa.
Pero se rehizo, y mientras partía de nuevo el
tren murmuró:
-¡Vamos! ¿Dónde tengo la c&gt;1leza? ¿E,t11ré
11caso en vías de enamorarme? V!lya una estupi •
dez ..... .
Pero ¿qué estupidez era aquella?
- Dios mío, se respondió maquinalmente Mauricio; vivir como yo vivo. ¿Es vivir vegerar 11sí, solo.
ó en compaitía de amigos que se ríen de uno, irá
derecha é izquierda sin objeto; llevar esta vida
de soltero, vida de oso, de inútil, de guardacantón. de araiia y de rata, como el monomaniaco
tío Florot, pudiendo ser feliz completamente?
El hecho es que sin buscar el por qué, desde
que vió la aurora que asomaba en los ojos azules,
Ja vida que había 1:evado le pareció la ocupación
m!is trivial y menos interesante.
Un espejismo que Jo atraía, apartaba su vista
de todo lo demás. Nunca había sentido nada
igual ó comparable á la impresión que conmovió
todo su ser cuando puso los pies en el coche.
Inconsciente del tiempo q ae transcurría, se
dijo:
-Iría ·hasta el fin del mundo ..... .
El tren se detuvo y un empleado gritó:
- Sirncy.
M,rnricio sintió como si despertara á la realidad.
,
- iCómol ·¿ra IJegamos?
Era necesario bajar, dejar para siempre á aquella mujer, su ensuefl.o de un instante, el espPjismo
efímero que se desvanecía . . ... .

-¡~o! se -dijo: que rompan los sellos. Yo continúo el camino.
.Pero ias sefl.or11.s hajaron del tren.
-1Cómol ¿también ellasi'
Entonces notó quP. estaban de luto como él. Ya
ha bfa salido del cuch ,, y recordando de pronto,
avanzó hacia ellas.
-Perdóneme usted, sefl.0ra, dijo, saludando á
la madre; si me permito dirigirle la palabra, es
pcrQue nuestra llt'gt1da bimultánea á este lugar
me h ~ce auponer que 110s rt une la misma circunst11ncia ...... ¿Tengo el honor de hablar con Ma'.i.
Delize?
-Madame Delize. siiior, pqra servir á usted.
-P,.,rmic11mP u,ted qutl A mi vez me presente:
l\Iauricio Girard.
- Sobrino nieto del seflor Florot, de
quien soy prima hermana. Casi somos
parientes, sefl.or, dijo amablemente la
1:1nciana.
En eso se acercó un mozo:
-El notario ·b izo prep11rar aloji•
miento en la casa del sefl.or FJorot.
Aquí está U!l coche.
Madame Ddize subió a él con su
h ij {.
-r.No viene usted á la cas11, sellor?
-Dispénseme ueted, dijo Mauricio,
prefiero ir á la fonda. Hasta maiiana se
practicará la diligencia; pero recibiré
·uo gran honor si me permiten ustedes
que vaya es1a noche á presentarles
mis res petos.
-Con gusto, sefl.or.
El co. he caminaba ya y Mauricio ~e
quedó en la carretera, con la maleta
en la m11no, sin volver en Eí de su asombro todavía.
-¡V1:1mob! se dijo; acaso la Providercia anda en el asunto.
Ya comenzaba á interesarle la herencia del tío Florct, y viendo en derredor el
c11mpo y los bosoues iluminados por la luz cruda
del med10 día, le pareció aquel lugar el más bello del mundo.
*
* *
Si para Mauricio fué el viaje de Sancy una obligació n penosa 1t! principio, y luego una de las
más deliciosas expediciones de descubrimiento
en los mágicos países del ensuefl.o, aunque de
importancia muy secundaria desda el punto de
vista de la perspectiva aleatoria ele la herencia
no era lo mismo para sus dos compafl.eras de cu:
che.
Mildame Delize y su bija tenían, por el contrario, u11 ioteré3 muy- vivo en la sucesión y esperaban con ansia, valerosamen te disimulada la
diligencia de ruptura de los sellos qúe iba á decidir de su suerte.
Viuda de un antiguo oficial de marina, la madre de la j oven ac-t baba de perder su fortuna en
una serie de operaciones desgraciadas. Las dos
mu¡eMs, Y. sobre todo. la madre, tenían graves
prciocupac1ones. Perdida en el desastre financiero la dote de Georgina, Mad. Delize veía á su hija nifl.a encantadora, de carácter noble y con todlls las t-legancb.s d3 una educación distinguida
expuesta á las mil penalidades de nn porveni~
mediocre y sin recunos. T ,d era la situación de
ltts dos mujeres que G ~orgina con la energía de
su alma valerosa, había resuelto expatriarse y
estab.t ya en arreglos para contratarse como instill~triz .de .una rica f , 1:llilia. americana. Más que
la 10fer,onp.ad de su s1tuac1ón precaria las atormentaba la amargura de la separación. Estaban
don.inadas por esa angustia de las resoluciot1es
desesperadas, cuando recibieron la carta del notario con la noticia de la muerte del tío FJorot y
la esperanza de una herencia que vendría á rehacer su eituación en el momento supremo.
Como Florot siempre había mantenido re1aciones amisto3as con ellas y aun llegó á manifestar
seotim;en~os patern~les h~cia Georgina, hasta
qu.e la vrJ•z 1? volvió definitivamente hipocondr.aco y retra1do, las dos sefl.oras creían tener
ciertos derechos á la herencia. Si el tío no ¡:ensó
en mejorará Georgina, por lo menos era de supo •
nerse que no hizo testamento Dd ese modo h e-

�162

redaba" la mitad de Joq bienes. lo que las i:alvaría, según la frase de Mad. Delize, sin perjuicio
para nadie.
Desheredadas, volvería á presentarse la cruel
necesidad de la separación de Georgin11 .... De
ahí la emoción que las angustiaba, no obstante
la resignación que se h 1bían impuesto de antemano para el caso de un desengailo.
Al día sigui ~nte se reunieron con Mauricio y el notario en presencia del juez de paz pllraabrir los ca·
jones de los mnebles del tío Florot, de los que iba
á salir para ellas como de un ánfora de lote1 ía,
la felicidad ó la dese-racia, escrita en un pedazo
de papel por la mano caprichosa de un anciano.
A pesar do sus preocupacic,nes, no pudieron
contener una sonrisa cuando se acercó á ellas
Mauricio cada vez más contento de ver á la joven
y con una vivacidad templada por el respeto
que Jo hacía tímido en preseucia de ella.
La víspera habló algunos minutos con la ma•
dril y la hija en el jardín del tío Florot, ante el
magníftco horizonte de colinas boscosas que ro•
dean la propiedad y en las que el sol ponient,
tendía largas sombras maje~tuosa!'; en la intimi•
dad breve y deliciosa de su presencia, de su voz
y (le su mirada, el entusiasmo jo"en y viril de
Mauricio iba en aumento hRsta el punto de t0mar
el partido deliberado de reconocerse defü;itivaIDf'nte enamorado.
Cuando se encontró de nuevo jnnto á Georgi·
na su vemura era. tan grande que ya no sabía á
lo qne iba ni qué era lo que htcia el notario, chiquitín, gordinflón y jovial, ni el juez de paz, alto,
seco, taciturno y solemnemente envuelto en una
levita negra. Bien poco significaba la herencia
del tío Florot para Mauricio, nada mejor dicho,
pues todos loe bienes de la tierra eran polvo dP.s•
preciable, comparados con los tesoros de belleza
y juventud de Georgina.
En nada ni en nadie paró mientes y se absorbió ei:. la contemplación asidus. de la joven sen•
tada con su madre cerca de una mesa en la que
se iban amontonando los papeles A medida que
el juez y el notario los sacaban de los muebles.
Ya se había prolongado mucho aquella operación, seguida con el ansia que es de suponerse
y que ocultaban bajo apariencias de tranquili !ad
las dos mujeres. Todos los papeles habían sido
examinados y en ninguno de ellos se encontró el
testamento.
-Ya lo suponía, dijo maese Boubert. En mi
concepto no hay testamento.
-Bueno, agregó Mauricio, sin saber lo que
decía.

Madame Delize y su hi:ja se sentían más tranquilas ya, cuando al vaciar un cajón cayó un
pliego muy grueso sobre la mesa.

EL MUNDO.

-¡Vl\yal ¡Vaya! dijo Maes~
BoubPrt. calándose las gafas; s1
habré hablado antes de tiempv .. ,.
Con grave lentitud abrió el sobre. Era, en efecto, un testamento muy corto, p1:ro decisivo.
Sancy, .... de Junio de 18~...
.. sano de cuerpu y de e~píntu
escribo aquí mi testllmPnto.
«Instituyo al senor M mricio
Girard, sobrino nieto mio, legatario universal de todos mi&amp; bie1aes .... &gt;
Maese Boubert se volvió áMauricio:
-Usted es el heredero, seflor.
-¿Cómo? exclamó Mauricio
que apenas había oído; supongo
que yo no soy el único hereder?·
-No, señor; usted es legatario
universal.
-¿No hay otros legados, algunas cláusulas?
-Nada.
-Es imposible.
Avergonzado des~ vent~j~ involuntaria, aunque s10 ad1vmar
toda la crueldad del golpe secreto que recibían las dos desgraciadas mujeres, dirigió una
mirada de excusa á Mad. DeJiz.,
y á su hija.Aquella estaba pálida,
próxima á desfallecer, pero al
pronto se repuso. Georgina no
hizo un so!J movimi1mto que alterara el tinte purísimo de su
cara,
-Ei incomprensible, re¡,itió Mauricio, verdader11mente contrariado. Mi tío me conocía. muy
poco y ya me había olvidado. Acaso ustedes se
engafl.an; debe haber otra cosa.
-Puede haber otro testamento, pero no hay
naiia escrito sobre este.
Bus1.:aron, pero los otr os papele'! eran insignificantes.
-Es claro, concluyó el juez de paz. Todo lo
hemos examinado, y hasta h'lV no se ha depositado otro testamento en la oficina de ningún no,
tario; usted e~ el único heredero.

Ya ee habían levantado Madame Delize y su
hij-1,
-¿Se van utitedes? preguntó Mauricio desolado.
Madame Delize pudo l!Onreír.
-Tenemos prisa y volveremos por el primer
tren. T,o dejamos A usted en su casa.
-¡En mi casa! exclamó Mauricio. Pero si yo
no quiero esta herencia, renuncio al testamento,
n0 11cepto sino mi parte legítima.
M11dame De!ize se volvió:
- E~ usted muy bueno. seilor; pero no podemos aceptar en esas condiciones. Los bienes pasarán al Eitado.
Mauricio estaba cada vez más abatido; se representaba A sí mismo ·como un monstruo de
egoísmo, como un acitparador. Si el notario
no lo hubiese impedido, habría roto el maldito
testamento.
- Vaya una tontería del tío Florot, dijo, una
vez que las dos damas hubieron salido. Darme todo8 sus bienes, cuando tenía una sobrinita tan
linda, tan adorable, tan ..... .
Al v~r el entusiasmo del joven, m'lese Boubert
se sonrió malieiosamente.
-Vamos, dijo con su vocecilla clara; todo puede arreglarse todavía. ¿Quién sabe? Y vale la pena porque mucho me temo que esta decepción
sea un verdadero desastre para esas sen.oras.
-¿Cómo es eso? preguntó con inquietud Mauricio.
Dadas las buenas disposiciones de Mauricio,
maese Boubert no creyó conveniente ocultar la
verdad y en dos palabras Jo puso al corriente de
todo.
Mauricio ya no pudo contenerse mh y dejan•
do al notario y a.l juez con el testamento se lanZ? en busca de Madame Delize. ¡No, no aceptana! Cnando creyó que sólo era una vejación de
heredeu se apenó; pero era algo mh, ¡era la ruina de aquella pobre anciana y de su hijlll y se
juzgaba á sí mismo como un ladrón, como un bandido digno de execración s1 aceptaba una herencia que para él, rico y enamorado no era nada
y para Georgina era la fortuna, el'porvenir, una

oomlJlgO 3 de Septiembre de 1899,

Domingo 3 de Septiembre de 1891
vida feliz, al lado de su madre. No conaenttrfa
en esa monstruosidad Y obligaría A Madame DeJize A aceptar su parte legítima.
Ya iban A subir al coche cuando llegó Manrloto
como un loco.
-¡Sefl.oral ¡señora! gritó.
.Madr.me Detze lo miraba sorprendida,
-¿Qué desea usted, sefl.or?
G,mrgina bacfa los mismos preparativos, aUq.
ciosa y tranquila.
-¿Qué desea usted, seilor, repitió Mad, Dellae
ya molesta.
Mauricio se cortó, avergonzado de sí mismo de
su impulso, de su actitud; se creyó indiscr~to
importuno, y no sabía qué hacer ni qné decir:
Comprendió todo lo que había de humillante 8ll
su insistencia. No teuia el derecho de tocar Ja
desgracia oculta de Mad. Delize por dolieada.
mente que lo hiciese. Ante la 1&lt;ltivez sombrfa 1
cerrada de las dos mujeres se sintió lleno de 1'6mordimientos. Se sonrojó y se inclinó.
-Seil.ora, perdóneme usted: sólo deseaba 11•
ludar á ustedes por última vez y presentarles 11111
respetos antes de su partida.
.
- Es usted muy am!lble y le agradecemos q
atención.
Georgina inclinó ligeramente la cabeza y Ha•
ricio saludó con una profunda inclinación,
Cuando el coche se alejó, perdido entre una
nube de polvo, Mauricio se quedó, triste primero; pero animado por una idea corrió en buoa
de maese Boubert. ¡A.diós! sí, pero no para eiempre. Maese Boubert sabía las seil.as de la cua
de Mad. Dclize y Mauricio concibió un plan que
no sólo le sirvió de consuelo sino qne exaltó•
espíritu á un grado de entusiasmo que ditfoll•
mente pedía contener. Como dijo maese Boubel1
todo podía arreglarse. Había en efecto un medio
deque heredaran al mismo tiempoGeorgina y 61.
¿Cómo no pensó en eso desde antesi' Porque Maa•
ricio lo que pretendía era no heredar sólo, como
avaro, como egoísta y soltero.

EL MUNDO

'llll fórmula de cortesía; la sdiorita De-

lile DO me quiere, es evidente
_Serfa muy tonta, objetó Mad, Carlier No tiene dote.
·
_:No todo lo hace el dinero, dijo Mau-

ri~~
.
En efecto, en la segunda entrevista,
)(ad, Delize manifestó categóricamente
,que no se aceptaban las proposiciones
-de J(auricio. La fortuna que é,te poseía
DO era uno de los menores obstáculos
que ae oponían A la unión deseada, En su
orgullo de sensitiva la seilorita Delize
nbmaba un matrimonio desproporciona1lo y al que daban las circunstancias cier.
to aepecto de compensación que estaba
muy lejos de la intención real de Mauri-cio pero que no por eso dejllba de ser
ad, La seliorita Delize tenía su plan determinado, ir A América.
Cuando volvió la tía de Mauricio y le
dló cuenta de su misión, llegó un tele•
,grama del notario. Decfa así:
«Segundo testamento depositado en estudio de notario en París• .A.nula el anterior éinstituye legataria seilorita Delize. »
Era en efecto un teStlimento hecho por
-volubilidad de anciano en la primera no1aria que encontró al paso durante un
viaje AParís.
Poco le importaba á Mauricio el cómo
y el por qué de aquello. Lleno de conlfianza en su suerte, ni aun permitió A su
1fa que tomase aliento.

163

-Tienes puesto el sombrero. Vete en una
Mrrera, y sí sólo tenían un escrúpulo de
dignidad, diles que ya todo cambió; dirA.
quP si ... .
Mad. Carli~r partió de nuevo para volver á la media hora.
¿Q11é sucedió? preguntó con ansia
Mauricio.
-Mad. Delize recibió un telegrama
igual.
-Ya lo supongo; pero ... .
- Va A e0nsultar de nuevo con su hija.
-1,Y no podía hacerlo desde luego?
-Qué prisa, hijo mío. Esas cosas no
se hacen á la carrera.
-1,Nada podré saber entonces?
-Nada preciso, pero la afab ilidad de
Mad. D~Iiz:i y su benevolencia dan á entender que no está mal dispuesta.
Mauricio se arrojó A los brazos de su
tía,
••••

1

••••

•

••••••••••••••

•

••

•

••••••••

Algunos días de3pUé3 Mauricio fué autorizado A presentarse como novio oficial
en la casa de Georgína,-una Georgiaa
nueva, cuya belleza se dulcificaba y se
hacía mt\s seductora, A medida que la felicidad de su situación pre~ente dejaban
libre curso á la ternura de su alma virginal.
HENRY FEVRE,

LA BOHEMIA DE MURGER.

***
En su impaciencia y temeroso de que Mad.
Delize y Georgina tomlisen resoluciones extra•
mas, á los pocos días de su regreso á Paría, eovt6
A su tia Mad. Carlier para que pidiese en su DOlll•
bre la mano de Geo:-gina.
-Hazle comprender á Mad. Delize que amo A
su hija, que estoy loco por ella desde que la 'ff,
cuán grande sería mi orgnllo si ella consintic,ra 1
mi pena si. ..... Porque ¿quién sabe si no me
quiere? Mauricio se quedó lleno de inquietud, liR
poder comprender cómo la bella, la noble, la a;
quisita Georgina podía aceptar A un bárbaro ele
su especie ....
· l\fad. Carlier trajo una respuesta evasiva¡ Jhd.
Delize había e&amp;tado muy fría, pero nada dijo 1
ofreció comunicar el asunto A su bija.
- Se acabó, dijo Mauricio desesperado. Eso•

Tendrfa yo diez y ocho aftos cuando conocí A ustedes IQ noche juntos; está en la prevención y
ptraonaje bastante singular, que shora, á dis- reclama á usted como fiador,
tancia, se me aparece cumo la viviente encarna- El sefl.or Des roches .... ¡ah, sí! ... . perfecta'Clón de un mundv aparte, de lenguaje especial, mente. Bueno, pnes si me reclama como fiador ...
-de costumbres extrailas, mundo que hoy ha des- ¡que lo suelten!
- Usted perdone, pero hay que
p11gar un franco y cincuenta céntimos.
-¿Por qué?
-Es la costumbre.
Di el dinero El del frac ne. • gro se marchó y yo me quf'dé
sentado en la cama, medio dormido
y me daba bien cuenta de las aventuras extrailas A consecuencia de
las cuales me encontraba yo obligado - nuevo hermano de la Merced
- á rescatar, mediante un franco
cincuenta céntimos, á un redact0r del P lgaro, no de las garrns de
los turcos, sino de la~ de la policía,
-aparecido Y casi está. o! vida l\1is reflexiones no dutaron mudo, pero que tuvo grande imcho. Cinco minutos después, Desportancia durante algún ti"mroches, libertado de sus cadenas, se
'PO en .el París del Imperio.
presPntaba, sonriendo, en mi cuarto:
lle refiero á esa partida g:ta.
- Mil perdones, querido colegP,
na, soldados irregulares del
de todo ello tienen la culpa Las
sublevados de la filosouvas ·moscateles . . . . . . sí, Las uvas
fa Yde las letras, fantaseado..
moscateles. mi primer artículo pur~ie todas las fantasías, que acampa b,q, trente blicado ayer por el Fígaro.
~ ouvre Y al Instituto, y á la cual partida En• ¡Malditas uvas moscateles!
IUqueMurger, embelleciendo y poetizando=un poco Ya comprenderá usted que
reeiuerdo, ha celebrado con el nombre 1de «Bo- al cobrar. . . . como era el
bem
a.»
•
primer dinero que cobraD Designaremos al personaje con el nombre de ba .. .. se me subió A la ca- ,
~oches.. Le había yo conocido en un biile del beza . ... .. Cuando nos se• ;
. 'ter O Latino, con unos amigos, cierta noche de paramos de u ,ted corretea
la
¡olví muy tarde A casa,-mi cuutlto de mos todo el b,q,rrio ... . al
1lía 1 8 e Tornon-y dormía como un lirón al fin. . . . se turb.rn mis re
, 1~ g~ente P~r la maliana, cuando se presentó cuerdod . . .. pero teago la
1raee!t;s te mi camaun caballero,defrac negro, sensación vagn de un pun- \
procur ec O Y de ese negro raro que sólo solían tapié recibido en cierta par
-V:rse los pofü:ontes y los enterradores.
te ... . Luego me eucontré {
_ E¡"go de Parte·del seilor Desroches.
sin saber cómo .. .. en J .
•dije O fsefl.or Desroclres? ¿Qué seft.or Desroches? prevención. . . . unli noclrc: \
dos
rotándome los ojos, porque mis recuer- deliciosa: Primero me me'IIIUeh&amp;quella mafiana se obstinaban en despertar tieron en un sótano... . . un
~'8 tarde que mi persona.
aguj&lt;.' ro n.-gro que huele
1
ebr Desroches, del Ftgaro¡ han pasado rulil ... . ; pero hice reirá L.&gt;
'11D

.;ne,

:..~r
t

_¡

seilores agentes .... y tuvieron la bondad de llevarme con ellos al cuerpo de guardia ..... charla•
mos ..... jugamos A las cartas..... me hicieron
que les leyera Las uvas m oscateles . . . .... ¡qué
éxito! .. .. ¡Qué buen gusto tienen los guardias

municipales!. . ..

¡Juzgad de mi asombro y del efecto producido
en mi cándida y provinciana juventud por la revelación de esas extravagantes costumbres lite•
rariasl Y el colega que de tal suerte me contaba
sus aventuras, era un hombrecillo rechoncho. cepillado, afeitado, que demcstraba modales muy
corteses y cuyos botines blancos y levita de corte burgués hacían el más perfecto contraste con
los endiablados gestos y las muecas de su cara
de borrachín, Me asombraba y me asustaba· y
como evidentemente lo conocía él, se complacía en exagerar. en obsequio mío, el cinismo de
sus paradojas.
-Me es usted simpático, me dijo al despP.dirse;
vaya usted A verme el domingo que viene por la
tarde .. .. Vivo en un rinconcillo delicioso, cerca
del castillo de las niebli.s, en los terreros, por la
parte que mira á Saint-Ouen .... ya sabrá usted
la viila de G11rardo de Nerval.. .. Lo presentaré A
usted á mi mujer, que vQle la pena .. .. Precisamente acabo de recibir un barril de vino bueno¡
beberemos en tazas, como hacen los comerciantPs ricos en Bf'r&lt;•y, y dormirPmos en la cueva....

�Domingo 3 de Septiembre de 1899.
164

Además, un amigo mío, un dominico exclaustra•
do irA á leerme un drama en cioco actos. Lo oirá
usted· asunto magnifico; al1i se viola A todo el
mundo. Está convenido. La vifta de Gerardo de
Ntirval· no olvide usted las senas.
Tod¿ lo que me había prometido Desroches se
cumplió. Bebimos vino de lo lindo y por la no~h~
el supuesto dominico nos leyó el drama. Don,101•
co 6 no l era un bretón alto, buen mozo, sober·

b:o, de 1rnchos hombros, cortados p1Ha vestir PI
hábito, con algo de predicador en la redondfZ
de la voz en el ademán y en el gesto. Luego ha
sabido h¡cerse un nombre en la literatura.
Su drama no me asombró. Pero hay que ?rl
vertir que después de pasar una tarde en la v1fh
de Gerardo de Nerval, en lo que Desroches lla ·
mab&lt;1. su casa, no es fácil asombr~rse por nad&gt;&lt;.
Antes de subirá 1 0s terreros ..¡mse yo vclver
á leer Jao: p:lginas exquisitas que Gerardo, el aman·
te de Silvia. consagra. en sus Paseos y recuer~os
á la descripción de aquella pendiente septentno ·
nal de Montmartre, pedazo de campo e1 cerrarlo
en París, y por lo mismo más precioso y querido.
«Quédannos unos cnantos ribazos cerra.dos po_r
espesos vallados verdes, decorado_s por los esp1 ·
nos, con sus florecillas color de v10let11 .. .. _Hay
en ellos molinos, ventorrillos y tabernas, ehseos
campestres y calJPjuelas silenciosas .... . . Hay
hasta una vifta., la última del céli-bre puro Montmartre, que competía en tiempo de los romanos

Domingo 3 de Septiembre de 1899. _

EL MUNDO.

rra con rayas encarna~as
echada á la oreja, y el lát1~0
metido en la correa de la ern•
tura.
-El sefior A1 fonso Dau•
det .. . . . . La seftora Ddsroche• ... .
Porque aquel monstruo ~r~
realmente su mujer, su legi· 1 ·
maesposa, siempre vestida con
aqueltraje quele agradaba
y que en verdad sentaba á las mil mar11villas á su cara Y á
su voz. Fum&lt;i ba, escupía, jura•
ba tenía todos los vicios del
ho:nbre, dirigía su casa á latigazos, empezando por su I,Da·
rido que estabacompletamente domado. y siguiendo por
dos chiMs f[&gt;1cuchas .... ¡sus
hijas! de 11specto extrafto. Y
hvmbruno, cuyos trece y qu~nce anos, maduros prematuramente, y ya en sazón, prometían que se parecnían ~ su
seflora madre cuando tuviesen
los cuarenta. que ésta contaba.
Verdaderamente valía la pena de cc:,nocer aquella

enrojecidoci, la barba rala, indicios de la medillna san"'re p11.risiense.
Viví; en Marlotte, P.erca del bosque de Fontaf.
nebleau; siempre con la escopeta al hom?re, haciendo como que iba de caza. pero en rigor corriendo en busca de la salud, más que en buaea
de perdicPs y conejos.
.
Su residencia en el pueblo hab1a llevado allí
toda una colonia parisiense, hombres y mujeres,
flores de betún y c!e café que produc_ían un efecto singular deb11jo de las vetmtasencmas de Fontainebleau. Marlotte se resiente todavía de aque111111 visitas.
Diez años después de la muerte de Murger,que murió como es sabido, en el hospital Duboat
'
-estuve allí con
'
unos amigos en casa de la tía Anto•
ny, una taberna célebre. U n hombre
del campo, viejo,
bebía allí á nuestr&amp;
lado; ur. campesino
J como los de Balzac,
negro y curtido.
Una vieja harapienta. fué á buscarlo,
con la cabeza cubierta con un pa•
ftuelo encarnado. Le llamó tragón, borracho; él
quiso hacer que se la llevaran presa.
-Su mujer de usted no tiene el genio suave,
dijo uno cuatdo la vieja se hubo marchado.
. -No es mi mujer es mi querida, contestó el
campeBino.
¡Pero había que oír el tono con que lo dijot

c11i;e·s·r~~b~F, era, sin embargo. hijo de un _rico
comerciante de París. fabricante de joyas si _no
me equivoco. Su oadre Je había echad? varias
veces su maldición y le pasaba un reducido suel•
do. No escasean tn Frimcia ejemp~os de esos lo
cos de atar especie de azotes de Dios que se presentan de pronto en las familias para turbar la
tranquilidad del hogar y para hacer circular más
que de prisa las monedas de oro ahorradas ~~­
rante mucho tiempo; en una palabra, para castigar á la burguesía en su propio egoísmo.
He conocido más de un pato de esos, encubado por gallinas, que apenas h,¡, podido comer
solo se ha marchado á la laguna. La laguna, el
pan{ano mejor dicho, es la literatura, son l~s l~tras, la profesión abierta á todo el mundo srn tl·
tul0a y diplomlls.
,
.
.
.
Desroches, al salir del colegio, se ~ab1a metido
en el arte en todas las artes. Hab1a empezado
por la pin{ura, y el paso por los estudios de aquel
cínico muchacho, frío, regular, abrochado, que
conservaba aún, en medio de las m!\s dese_afre•
nadas francachelas y calaveradas, el sell? mdeleble Ja marca de fábrica del burgués, fue desde
anto~ces ]pgendario. La pintur_a lo rech~zó Y
entt nces Desroches la emprendió con la literatura. Acab&gt;1ba de escribir Las ·uvas moscatelestal vPZ inspirado por su vifla-¡un artícu.o de
cien líneas! En vano procuró después hacer otro;
jamás volvió á estar de veua, y llegó á los c~arenta aflos, y sus obras completas se compusieron de Las itvas moscateles.
.
con el vino de Argenteuil y de Suresnes. Tod"s
La conversación, las salidas de tono del amigo
los anos ese humilde ribazo pierde una línea de Desroches rue diver'.ían; pero su casa no me ~us•
sus cepas. que van á parar á Jo hondo de una taba. No volveré nunca á Montmartre, pero si pacantera. Hace diez :-iños lo hubiera podido ad- saba el rio algunas noches para irá verlo al café
quirir al precio de diez mil frnncos . . .. . •Y hu• de la calle de los Mártires.
biera hecho en la vifta un edificio muy llgero;
El cafetín de los Mártires, tan tranquilo ahora,
un bonito hotelito imitando los Pdificios de Pom• en el cual juegan á las damas los tendero_s de l~
peya, con una cisterna y una cella ... . . •"
calli&gt; representaba entonces una potencia en 11En el Jugar de aquel ensueftogriego de un p~e- tera(ura. El CRfetín daba diplomas; se era céleta era donde vivía mi amigo Desroches. Alhbre por el cafetín y en medio del gran _silencio
¡oh espantosa antítesis!-á la luz de la luna, b11jo del Imperio, París volvía la cabeza al ruido que
un cenador cubierto de saucos en flor, en donde metían todas las noches ochenta ó cien mucha•
se oía el ruido producido por el vuelo de las abe· chos, mientras fumaban sus pipas Y tebí_,m
jas, me presentó á un monstruo andrógino en trai sus jarros de cerveza. Se les llamaba Bohemios
je de carretero: blusa azul, calzones de pana, go· v no se enfadablll. El Fígaro, el de entonces, pe·
riódico no político que se publicaba una_vez po_r
semana, era casi siempre el 'lUe les servia de tribuna.
.
Había que ver el cafetín-y decimos el caf~tm
á secas como los romanos decían la ciudad cuando habÍaban de Rom11; - había qae ver el cafetín
á eso de las once de la noche, ensordecido por la
bat11hola de todas aquellas voces y envuelto enel
humo de todas aquellas pipas.
¡Murger peroraba en la mesa del cent~o! Murger, el Hómero d ... aquel mundo des_cub1erto por
él, y que ha sido sonrosado y poetizado por la
fantasía.
Condecorado y Y"' célebre, cuando publicaba
sus novelas en la Revista de Ambos Mundos, no
dejaba de asistir al cafetín para refrescarse como
é l decí.J. y para recibir los homen11jes de aquellos
buenos muchachos que él había des,:rito. Me lo
ensei:laron:: una cabeza aplastada y triste, los ojos

Evidentemente aquel viejo conocía

á

marcial que envidiaría un capitán, estaba A su
lado, imitandv su voz, copiando sus gestos, Fernando Desnoyers, un original que escribió B1·azo
Negro, pafüomima en verso. Al otro lado de la
mesa discutía uno con Dnpont; era Reyer, nervioso, rabioso, que tomaba nota de los aires improvisados por el poeta; Reyer, el futuro autor de
La Estatita, de Sigit1·d y de otras obras bellísimas,
¡Cuántos recuerdos evoca en mí el nombre sólo del catetínl ¡Cuántas fisonomías ví allí por primera vez envueltas por el humo y al reflejo de
Jos vasos de cerveza!
Citemos algunos al azar, entre los mnctísimos
que han desaparecido y entre los pocos que sobreviven. Ahí tenéis á Monselet, prosista delicado, buen poeta; sor.riente, gordinflón, co:.:. pelo risado, el seiior de Cupidon parece un galanteador
abate del antiguo régimen; sin querer se busca
sobre sus hombros la esclavinilla corta, flotando
al aire como un par de alas.
Champfleury, por entonces jefe de escuela, pa•
dre del realismo, el cual confundía en el mismo
farioso amor la música de W agner, las porcelanas antiguas y la pantomima.
Al tin las porcelanas pudieron más: Champ•
fleury ha visto colmados sus dPseos, porque es
hoy consE1rvador del Museo cerámico de Sevres.
Alli estaba Castagnary, con chaleco de grandes solapas, á Jo Robespierre, cortado del terciopelo de un sillón viejo. Primer pasante en casa
de un procurador, se había escapado del bufete
para venir á recitar los Castigos, de Víctor Rugo,
con todo el sabor de fruta prohibida. Lo rodean,
Jo aclaman, pero se va en busca de Courbet; necesita A Courbet; necesita hablllr con Conrbet so•
bre su Filosofia del ai·te en el salón de 1867. Sin re•
nunciar al arte y sin dej11.r de escribir cou elegante estilo páginas notables sobre nuestros sa·lonea anuales, aquel muchacho simpático, siem•
pre con su burlona sonrisa en los labios, medio
ocultos por sus bigotes caídos, se ha ido metien•

Murger y i

sus amigos, y hacía la vida de bohemio á sumanera.
Pero volvamos al cafdtín. A medida que ü
ojos iban acostumbrándose al picorcillo dtl humo, veía yo ir saliendo por la derecha y por la
izquierda, en la densa niebla que nos rodeaba,
una porción de cabezas famosas.
·
Cada hombre tenía su mesa, que venía á sere)
núcleo, el centro de toda una legión de admira,
dores.
Pedro Dupont, vit·jo de cuarenta y cinco all.011
grueso y encorvado, con sus hermosos ojos d&amp;
buey de labor, apenas visibles bajo sus pesadoa
párpados, trataba, con los codos apoyados en l&amp;
mesa, de cantar alguna de aqu ellas canciones políticas ó rústicas de hermoso ritmo y palpitan•
tes de los bellísimos ensueftos del 48, en l11s cu•
les resonaban los mil ruidos de los oficios de la
Cruz Roja, embalsamados por los mil perfam•
de los valle&amp; lioneses. Ya no tenía voz, destruida
por el alcohol, parecía un ronquido.
- ¡Necesitas el campo, pobre Pedro! le decfa
Gustavo Mathieu, el autor de L os Buenos Vil&amp;Oli
de El Gallv Gafo y de Las Golond1·inas.
De buena cepa de burgués auverné3, éstehabfa
navegado en su juventud y conservaba de BU
viaj es una gran afición á los aires puros y A }08,
vastos horizontes. Los encontrnba al rededor de
su casita de Bois-Je Roi, y no asistía al café Jml
que para pasar por él, encorvado, sonriente, coa
aspecto de Enrique IV, y en todo tiempo con D
ramito de flores del campo en el ojal.
Dupont ha muerto en Lyon, en aquella negra
ciudad industrial, pobremente.
Sano y seco como un sarmiento, le ha sobre,
vivido mucho tiempo Mathieu. Hace muy P~
aftos que, después de una corta enfermedad, •
amigos le condujeron al cementerio de BoiJ.leRoi, cementerio separado por una simple barU
de los campos, verdadero cementerio de poe&amp;lt
donde se descansa sobre las rosas y A la sombnii
de las encinas.
El primer dfa que vi á. Gustavo
muchachote alto, colorado, flaco,

EL MUNDO.

biando licores ingleses en compaiiía de Constantino Guys, el dibujante, ó del editor Malassis.
Aquel era un editor como no los hav hombre
de talento y literato, gastaba á Jo prí~cipe una
bonita fortuna, editando obrac; de gentes que Je
agradaban. También ha muerto; murió sonriendo, casi sin dinero, pero sin quejarse. Y me &amp;iento emocionado siempre que me acuerdo de aquella cabeza trapa'cera y pálida, alargada por las
dos puntas &lt;le una barba roja que le daba aspecto de M:tfistófeles del tiempo de los Valois.
Alfonso Duchesne y Delvau se me aparecen
también en un rincón del cafotín. ¡Otros dos!
¡Destrno extraiio en esa generación agostada en
flor, en la cual nadie pasa de los cuarenta aftos!
Delvau, parisiense, enamorado de París, lo admiraba por sus flores, amaba hasta sua defectos
sus libritos, muy cuidados y llenos de hechos
pequeños y de observaciones pintorescas, han
llegado á. ser el regalo de las gentes de buen gusto y la alegría de los bibliófilos. Alfonso Duchesne, famoso entonces por su gran disputa con
Francisco Sarcey, el cual, enarbolando el pabe•
llón de los arreglados enfrente de la bandera de
los Bohemios, acababa de hacer sus primeras armas en literatura, publicando un artículo de ba•
t_a lla: L os melancólicos de café.
En el cafetín era donde Alfonso Duchesne y
Delvau escribían sus Oa1·tas de Jitnius, las cua-

les eran ll~vadas Ala redacción del Figa1•0 toau

.v '

do poco á. poco en la política. Concejal, luego direc!or del Siecle, hoy consejero. de Estado, ya no
recita versos ni lleva chalecos de terciopelo
grana.
Allí estaba Carlos Baudelaire, un gran poeta
~tormentado en el arte por la necesidad de lo
Inexp~orado, y en filosofía por el terror de lo des•
conocido. Víctor Rugo ha dicho de él que ha in~entado un estremecimiento nuevo. Y, en ef~cto,
d~ hecho habl11r como él al alma de las cosas; nar le ha traí~o de más lejos esas flores del mal.
esplandec1entes y extrafias como flores tropica1es_que CNcen hinchadas de veneno en las mís:1osa11 pr?fundidades del alma humana. Pacien•
f do Y delicado artista, muy preocupado de la
Y del vocablo, Baudelaire, porunacruelirosuª· e la suerte, 111 muerto afásico, oonservando
t ttelig~ncia, como lo espresaban dolorosamen•
t; as queJas de sus negros ojos, pero sin enconlD~ Ya para traducir sus pensamientos, sino el
18 0
Juramento confuso, repetido mecánica•
01811~
c e. Correcto y frío, de ingenio que cortaba
e1rac~o inglés, de una cortesía paradógica.,
ca etrn asombraba á sus compafteros be•

n~ª•:

e:~r

las semanas por un emisario misterioso, y que
traían vuelto fl juicio á todo París. Villemessant
ya no jnraba más que por aquel Junius misterioso. Evidentemen!e era un personaje. Todo lo indicaba así: el corte de las cartas, el tono burlón
y caballeresco, cierto perfume de nobleza y de
barrio aristocrático. Así es que hubo verdadero
furor cuando cayó la m!\scara y cuando se supo
que aquellas páginas aristocráticas estaban escritas á vuela p'.uma por dos bohemios llenos de
necesidad en la mesa de una taberna. 1Pobre
Delvau! 1Pobre Duchesnei Villemessant no les
perdonó nunca.
Prescindo de muchos, porque se necesitaría todo un lihro para ir describiendo et cafetín mesa
por mesa.
·
Allí había también la mesa de los pensadores:
esos no dicen nada, no escriben; piens•n. Se les
admira, se dice de ellos que son profundos como
pozos, y el hecho es que bien podía creerse que
lo eran, al verlos tragar jarro tras jarro de cer•
veza.
Cráneos desnudos, bar•
bas en cascada, olor á
tabaco fuerte, á sopa de
coles y á filosofía.
Más al!á blusas, boinas,
gritos de animales, cargas, palabras de doble
sentido: son artistas, escultores, pintores. En medio de ellos una cabeza
fina y suave, Alejandro
Leclerc, algunos de cuyos admirables frescos,
que cubrían las paredes
del ventorrillo del Moli·
no de Piedra, en Chati•
llon, destruyeron los pru•
sianos.
A ese se le encontró un
día ahorcado, se había

165

ahorcado él mismo en medio de las
tumbas, en el patio alto del cementerio del Pére-Lachaise, en el sitio mismo desde el cual Balzac ensena á Rastignac la inmensidad de París. En mis
recuerdos del cafetín de los Bohemios,
Alejandro LeclPrc aparece siPmpre
risueiio y cantando canciones de Picardía; y aquellos aires de su país natal,
aquellas coplas rú~ticas esparcían en
torno de la mesa donde él se sentaba,
en aquella atmósfera saturada de tll•
baco, no sé qué penetrante pcesía de
los trigos de los llanos.
Se me olvidaba hablar de las mujeres, porque también había allí muj ires; antiguas modelos de pintor, ht:rmosas hembras, un poco ajadas.
Cabezas singulares y nombres extraftos, 'apodos que huelen á malos sitios, partículas presuntuosas. Titina de
Barancy y Luisa Nabajazo. Tipos irregulares, extraiiamente afinados, que habían pasado de mano en mano, y que de cada uno de sus
amantes habían conservado cierto tinte de erudicion artístic,1 ,
Ellas tenían opinioLes sobre todas las cosas,
y se declaraban según el amante del día, realhs .
tas ó románticas, católicas ó ateas. Aquello era
conmovedor y ridículo 111 mismo tiempo.
Muy pocas nuevas, jovencillas á quienes h11bía
admitido en su seno el terrible areópagc; ]ll mayor parte de ellas envejecidas en aquella vida,
habían conquistado por rigurosa antigüedad cierta autoridad indiscutible. Luego había las viudas,
las antiguas queridas de autores 6 de artistas conocidos, dispuestas á educará cu.alquier prin'.!í•
piante recién llegado de su pueblo. Un conjunto
revuelto donde se fumaban cigarrillos que arrojaban pequeftas espirales azuladas de humo en
medio de la densa niebla producida por las pipas y por los alientos.
Los jarros de cerveza ruedan, los mozos corren, las discusiones se agrían; hay gritos, bra•
zos que se levantan, melenas que se sacuden, y
en el centro, gritando nor dos, gesticulando por
cuatro, de pie encima de una mesa, moviéndose
como si nadara en un mar de cabezas, Desro•
ches, que guía y domina, con su voz de Paltimbanqui, la batahola de aquella feria. Estaba muy
bien de aquel modo, con aspecto inspirado, con
la camisa abierta, la corbata. suelta, flotante, hecho un verdadero bastardo del sobrino de Rameau.
Todas las noches iba á aturdirse, A emborracharse de palabras y de cerveza, á buscar colaboradores, á h11 blar de proyectos sobre libros, á
engaftarse á sí mismo y á olvidar que su casa le
era odiosa, que era imposible trabajar sentado. y
que ya no sería capaz de volver á escribir Las
itvas moscateles. Cierto que había alJí, en aquel
cafetín, espíritus no bles y serias preocupaciones.
Y á veces, un hermoso verso, una paradoja elocuente refrescaba la atmósfera como coniente de
aire puro que disipase el humo de las pipas. Pero
si había algunos hombres u.e talento, en cambio,
¡cnántos Desroches! Si había algunos instantes de
viveza, en cambie;, ¡cuántas horas tristes y perdidas!
L1..1ego, ¡qué tristeza al día siguiente; qué despertar más amargo en el descorazonamiento de
la náusea; qué dis~usto de aquella vida que, sin
embargo, no tenía uno faerza para dejar! ¡Ahí
tenéis á Desroches; ya no ríe, queda en suspenso

�EL MUNDO,

Domingo

a de Septiembre

de 1899.

Domingo 3 de Septieo:ibre c'e 189!i.

166

desde por la mal'iana estuvo tomando en la ta•
berna.
la mueca qua estaba haciendo, acaba de _pensa:
Pe"O alguien camina por el corredor: es el heen sus hijos que van creciendo, en su muJer qu
rrero
que vuelve.
1
envejece, y que cada vez se encanalla m_ás; en e
- Cristián, ahí está ya tu padre, pronto, escónlAtigo t-D la gorra, en la blusa, en el _traJe de cadete mientras tengo tiempo de hablarle, de ex,
rreter'o, que parecía original en otro u~mpo-una
plicarle . . . .
.
noche de baile de mbcaras fué 111. primera que
y Jo empuja tras del gran hormllo; después
se lo puso,-pero que le p~rece nauseabundo
quédase de pie, con las manos tembloroeas. Por
ahora!
·d
D ~s
desdicha el fez del zuavo se ha quedado sobre la
Cuando Je acometían esas negras l eas,
mes!\, y es lo primero que Lory. ve al entrar. La
roches desapRrecia, se iba á un pueblo y se llevapalidez de la madre, su confusión ...... lo comba A. su extraiia familia.
prende todo.
.
Vendedor de relojes, cómico en Odessa, algua-Cristian está aquí!. ... grita con una voz tecil en Bruselas, compadre de un esc~moteador,
rrible, y, descolgando_ su sabl~,.. con loca preci·cuántos cxtral'ios of:c1os no ha tenido? ~uPgo
pitación, se lanza hacia el bornul -~ donde el zuatolvía cansado, disgustado basta _de es? mismo.
vo está. escondido, lleno de ve, guenza, apoyAn,
Un día, en e l bosque de Boloma, q~1so Rhordose en el muro para no caer.
carse pero lo de icolgaron unos guardias. En el
La madre se arroja entre ellos.
cafetí'n le dieron broma, Y él mismo bab!ib~ de
-Lory, Lory, no le mates ... . . -~ºY !º quien
su aventur a con una sonrisilla f,ilsa. Alg~n. nemle ha hecho venir, diciéndole que tu temas necepo después, deciJido á concluir, se pr_ee1p1tó ~~
sidad
de su ayu ia en la fragua . • .. •..
una de esas espantosas canterai!, ab111mos f! y
se
arroja á los brazos de su mando, henchises y calcáreos que hay en las cercatias de las
da
de
sollozos.
fortiticaciones de París. Alli pasó ll\ noche, reEn la sombra de su recAmara los nillos lloran
ventado V con los br11zos y las pi~rnas rotos.
al
escuchar esas voces llenas de cólera y de li•
Aún vivía cuando lo sacaron de la cantPra.
grimas, tan cambiadas que apenas las recono«Vaya, ahora van A decir que soy el hm,bre
cen ..... .
que marra siempre.»
El berrero se detiene, y mirando á su mujer:
Esas fueron sus últimas palabras. Tuvo s~sen-¡Ahl
¿eres tú c¡uien le ha hecho venir? . .. . en•
ta días de agouia, y luego murió. No le olvidaré
tonces . ... está. bien, qua vaya á acostarse. Majamás.
nana veremos lo que hay que hacer.
A la siguiente manana, al despertar Cristian
de un pesado sueno lleno de pesadillas y terro•
res, se encontró en su recámara de nil'io. Al través de los vidrios encuadrad~s en plomo y don•
de se extienden grandes ramos en colores, se ve
el s , 1 bien alto ya en el cielo. Abajo los mart.iEl grueso her~ero Lory, de Saint-)iaric-1uxllos golpean sobre el yunque .... La madre estA
Mines no e3tab&lt;1. contento aquella tarde,1
allí, á su cabecera; no le ha abandonado en toda •
Un~ vez apagada la fragua y luego que el_ sol
la noche temiendo la cólera del padre. El viejo
acababa de o:!ultarse, tenía por costumbre ir A
sentarse en un banco, delant~ de la puerta, para m s al ver este honr11do rostro de alsaciano, en- tampoco' ha dormido. Toda la noche ha recorri11
do la casa, llorando. suspirando, abriendo y cesaborear esa laxitud que dPJa el mucho traba- negrecido
y quemado por el sol, con esas bla~JO después de un caluroso día; y antes de despe- curas y esas sombras que toml\n los colores vi- rrando armarios. Y de pronto, entra en la recAdir á los aprendices, bebía, con ellos, algn:nas co- vos en plena luz, el viejo), súbitamente se calmó, mara de su hijo, severamente vestido como para
un viaje, con altas botas, el gran sombrero y el
pas de cervezR fresca, mientras los trabajadores
prorrumpieLdo en risas.
bastón de montana, sólido y de punta ferrada.
abandonaban la fAbrica.
-De nada se me calienta la cabeza, como si Avanza, recto, hacia el lecho.
Pero aquella tarde el buen hombre se qu~nó
-¡Vamos! pronto, levAntate.
en la berreria basta que llegó el momento de 1r ~ nuestro Cristián f.1era capaz de eso .... •.
y reanimado, volvióle su belio humor, y el
El muchacho, un tanto confuso, va A tomar 111
111. mesa, y aun allí, todavía estaba como ensibuen hombre acabó de comer alegremente, y sa- uniforme de zuavo.
mismad().
-No, no, ese no .... dice el padre gravemente.
La viPja Lory peLsaba mirando á su hom~r~: lió de la casa df!spués de haberse tomado un par
Y la madre. apenada, responde:
-¿Qué será lo qne tiene? ... . ¿H?~rá r~cibi- de copas d11 « Yille de Strasbourg.»
La vieja Lory quedó sola. U ua vez que _aco~tó
- Pero, amigo mío, si no tiene otro traj?·
do del regimiento alguna mala noticia qt.e no
- Dale los mios .... yo ya no los necesito.
quiere darme? . ..... ¿Estará enfermo nuestro á sus tres pequenuelos cuy a pausada respiración
se oía en el cu11rto de al lado, chiquilín como un
Mientras que el muchacho se viste, Lory dobla
hijo? .. · · · ·
d
l
Pero no osaba preguntar nada, ocup'l a st a- nido, tomó su costura y se puso á zurci_r junto á cuidadosamente el uniforme, el chaquetón, los
mente en hacer callar á tret1 pequPl'iuelos ru. ios la puerta que daba al jardincillo. De tiempo en grandes calzones viejos, y hecho ~l paquete, 18
color de espiga, que reían en derredor de la me• tiempo sus¡iiraba pensando ....
cuelga del cuello el estuche de ho¡a de lata don•
-Sí, lo sé bien .. . . Son cobardes, son rene- de guarda su pasa~orte. .
.
sa, ml·entras saboreaban una buena ensalada de
gados .... Pero 1es Jo mismo! Sus madres estarAn
-Ahora bajemos de pnsa, dice.
.
.
rabanillos con crema.
Al fin el herrero, poseído de cólera, empujó su tan contentas de volver á verlos ..... .
y los tres caminaron hacia la fragua sm ha•
Y, con el pensamiento, se remont~ al tiempo blar. . . . El fuelle lanza resoplidos; todos estio
asiento.
-¡Ah! holgazanes, canallas!
en que su hijo, que entonces estaba adí, ~eoia que en el trabajo. Al vol ver á ver la gran galera
--¿A quié'.l te rdieres, Lory?
partir para el ejército. Mira el pozo arteaiano don• abierta, en la que tanto pensab~ cuando e~taba
de acababa de llenar sus regaderas, en blusa, los lejos, el zuavo recordó su infancia, cuando ~uga•
y él por fin estalló.
.
.
-Me refiero, dijo, A cinco ó seis perillanes que cabellos largos, sus hermo~os cabellos que le ba en aquel calor, mirando entre lae bnllan•
desde esta manana he visto andar vagando por fueron cortados para ingresar á los zuavos.
tes chispas de la fragua subir y bAjar el polvo
la ciudad, vestidos con uniforme desoldado franSúbitamente la vieja se estremece. La puerte negro. Vínole un gran acceso de ternura, un de:
cés del brazo de los Mvaros ...... Son de esos cilla del fondo que da al campo, se abre. Los pe- seo inmenso de obtener de su padre el perdón,
qu~ ... , ¿cómo se dice? .... han o~tado por la rros no han ladrado .... El que acaba de entrar mRs al levantar sus ojos encontrAronse con una
nacionalidad de Prusia...... ¡Y decir que _todos camina á lo largo del muro como . un ladró~, se mirada inexorable.
.
los días vemos volver á esos falsos alsac1&lt;1nos. desliza entre !as colmenas . ...
Al fin el herrero decidióse A hablar.
¿Qué es lo que han bebido? ..... .
-Muchacbo, dijo, aquí está el yunqu~, los úd·
-Mamá, mamá!. .....
La vieja trató de defenderlos.
Su Cristián está allí, con el uniforme desabro• les .... todo esto es tuyo . ... Y eso tam b1én, all.a·
-¡Qué quieres, hombre! después de todo no es
cbado, ruboroso, casi tero blando, la boca seca .. dió mostrAndole el jardiocillo que se miraba en
tan grave la folta de esos muchachos. . . . está
El
ir.feliz ha llegado al lugar con los otros, y ha- el fondo lleno de sol y de abejas, por entre el
tan lejos ese Argel de Africa A donde loa mance
una hora que ronda al derredor de la casa en marco recortado de la puerta ..... .
dan
Allí sienten el mal del país, y la tenta•
-Las colmenas, el viftedo, la casa, todo leper·
espera de la salida de su padre para entrar. Ella
ció~ d~·volver es tan grande, la obligación de
querría refl.irle pero no tiene el valor de hacerlo. tenece ...... Puesto que has sacrificado tu hoser .. oldados. • • •
nor á estas cosas, bien está que las guardes••··
1Hace tanto tiempo que no lo ve, que no lo abraza!
Lory dió un pul'ietazo en la mesa.
.
E res tú aquí el amo ya ... y() .... yo. parto.···
y
Juego
da
él
tan
buenas
razones
...
.
..
Se
fasti·
-¡Cállate, cállate! .... ustedes las mu¡~res lo
diaba del país, de vivir siempre lejos de los su- Debes cinco anos A la Francia, voy á pagarlOI
ignoran todo. A fuerza d_e vivir con los mii?s y yos; además, la disciplina babia llegadv á ser por tí.
sólo para ellos, todo lo discurren como 1~ discu-Lory, Lory, ¿á dónde vaa? gritó la pobre
muy dura y aquella manía de los companeros de
rriría un chiquillo . . .... ¡Vam0sl te digo que
llamarle
con
el
sobrenombre
de
'll
prusiano
A vieja.
esos hombres son unos holgazanes, unos renega•
- ¡Padre mio!. ..... suplicó el mu&lt;!bacho,
caul!a de su acent•&gt; de Ahacia ...... Ella le credos, unos cobardes, y si, por una negra _desgr~Pero el herrero babia partido ya, y se alejaba
yó
todo;
no
tenia
sino
mirarlo
para
creerlo.
.
cia nuestro CristiAn fuera capaz de una mfamia
Siempre conversando, llegaron á la sala ba¡a. á grandes pasos, sin volver el rostro .. • • • ·
semejante, tan cierto COJ?O que me llamo Jorge
E n Sidi-del -Abbes en el cuartel del tercero
Lory y que he servido siete _anos en l?s cazado- Los pequenos, despertados por el ruido, vinieron de zuavos, hay un e~ganchado voluntario de ein·
con los pies desnudos y en camisillas de dormir
res de Francia, le atravesana con mi sable de
para besar al hermano mayor. Ofreciéronle algo cnent11 y cinco anos .. . . .
parte á parte.
A LFONSO DAUDET,
y terrible, erguido, mostraba su gran lanza de de comer, pero no tenía hambre, sólo sentía sed,
colgada al muro, debajo del retrato de mucha sed, y bebía grandes tragos de agua pa•
dor
&lt;1aZ11
h
Af . . ra refrescarse un poco del vinCI y la cerveza que
su hijo, un retrato de zuavo, hec o en
nea,

creadora, el punto de unión con los abuelos, era
l..&gt; que no tendrían ya. Quedaban solitarios, aislados, no podían ya mirar detrás de ellos.
La religiosa dijo á su hermano: ¿Recuerdas
que mamá leía siempre sus c11rtas? todas están
allí, en su escritorio. Si las leyéramos, si vivié•
ramos esta noche toda su vida junto á ella. Sería
nuestro camino de la cruz, y conoceríamos á
nuestros abuelos, A todos nuestros antepasados
desconocidos cuyas cartas están allí, y de quienes ella nos habl11ba tan á menudo ¿te acuerdas?

- --,

V

EL MAL ZUAVO

167

EL MUNDO.

-

Había ronerto sin agonía, tranquilamente, como una mujer cuya vida fué irreprochablP; repo.
taba en su lecho, sobre la e1,1pald11., con los ojos
eerrados, las facciones serenas, con sus largos
cabellos blancos, cuidadosamente peinados como
1i ae hubiese hecho el tocado diez minutos antes
de morir, con su fisonomía pálida de difunta tan
.apacible, t11n reposada, tan resignada, que luego
110 adivinaba qué alma dulce habí1 habitado aquel
-cuerpo, qué existencia incontaminada había llevado aquella anciana tranquila, qué muerte sin
acudidas y sin remordimientos había tenido
.aquella sauta.
De rodillas junto al lecho, su hijo, un magis•
&amp;rado de principios inflexibles, y su hija Margarica, en religión Sor Eulalia, lloraban sin consue
lo. De..de su infancia los había armado de una
moral inquebrantable, ensefl.ándoles la religión
aio debilidades y el deber sin gazmonerías. El
bombre era magistrado. y blandiendo la ley heria sio piedad á- los débiles y á los desfallecido,,
la hija, penetrada de la virtud que la había ba1lado en aquella familia austera, se había despo•
udo con Dios, por di~gusio de los hombres.
No habían conocido á su padre; sólo sabían
-que babia hecho desgraciada á eu madre, sin co•
noeer mas detalles.
La religiosa besaba locamente una mano de la
muerta, mano de marfil semejante al gran Cristo
yacente sobre el lecho. Al lado opuesto del cuerpo ieodido la otra mano pareda estrujar aún las
aibaoas con ese ademán errante que se llami;, plie•
,gue de los agonizantes, y el lino lo había conser•
vado como un oleaje de la tela, eomo un recuer-do de los ú ltimos momentos que precede~ A la
eterna inmovilidad.
Unoit golpes ligeros dados en la puerta hicie•
ron levantar las dos cabozas sollozantes, y el sacerdote que acababa de comer, entró. Estaba rojo, sofocado por el trabajo de la digestión, y había mezclado su café con fuertes dosis de conac
para lnchar con la fatiga de las últimas noches
pasadas y de la noche de velada que comenzaba.
Estaba triste, con esa falsa tristeza de eclesiás•
tico para quien la muerte es un oficio Hizo
la aell11l de la cruz y dijo acercándose consu ges•
&amp;o profe~ional: vengo á ayudaros A pasar estas
\rii;iea horas, hijos míos; pero Sor Eulalia conteslólevantándose: gracias, padre mío; deseamos mi
hllrmano y yo permanecer solos con ella, son los
1\l&amp;imos momentos que tenemos para verla y queremoaeatar solos, como antes, cuando.... cuando éramos pequelios y nuestra. . . . . . nuestra pobre
madre .. .. No pudo terminar, tan ..bundantes
eran sus lágrimas y tanto la ahogaba el dolor.
Tranquilizado el sacerdote, se inclinó pensan-d? en su lecllo: Como queráis hijos míos. Se arroililló, se santiguó, oró, se levantó y salió suave•
mente murmurando: era una sa!.ta.
Se quedaron solos la muerta y sus hijos. Un
péndulo oculto lanzaba en la sombra su ruido
regular, Y por la ventana abierta penetrabll el
:~~. olor de los pastos y de los bosques con la
--swdeacente claridad de la luna. Ningún sonido en el campo, sino las notas rfrpidas de las ranae Y A veces un zumbido de insecto nocturno
1}Ue entraba como una loba rozando los muros.
0

Una paz infinita, una divina melancolía, una si·
lenciosll serenidad rodeaban á la muerta; parecían emanar de ella, exhalarse al exterior y spa•
ciguar á la na!;uraleza misma.
Entonces el magistrado, siempre de rodillas,
con la cabeza hundida en el lecho, con una voz
lej,rna, desgarradora, lanz11da &lt;.!entro de las sá.banas y l11s ropas, gritó: Madrer madre, madre,
y la hermana, abatiéndose sobre la tarima. pe
gando en la madera con su frente de fanática,
convulsa, torcida, vibrante. como en una crisis
de epilepsia, gimió: Jesús, Jesús, madre míll.
Y sacudidos los dos por un huracán de dolor,
jadeaban. aullaban.
Después la crisis lentamente se calmó y lloraron de una manera más suave, como l, s calmas
momentaneas siguen A las borrascas en el mar
agitado.
Después, mucho t!empo después, se levantaron
y se pusieron A contemplar el cadáver. Y los recuerdos, esos recuerdos lejanos, ayer tan gratos,
hoy tan torturantes caían en su espíritu con to•
dos los detalles olvidados, esos detalles íntimos
y familiares que resucitan al ser desaparecido.
Recordaban circunstancias, palabras, sonrisas,

entonaciones de voz de aquella que no les hablaria más. La veían feliz y tranquila. encontraban frases que ella les decía, y un ligero movi•
miento de su mano derecha, cuando pronunciaba
un di:1curso importante.
La amaban como no habían amado nunca. Y
notaban, midiendo su desesperación, cuánto la
habían querido, y -tué abandonados iban á quedar...... .
Su sostén, su guía, su juventud toda, toda la
parte alegre de su existencia era lo que desa,:&gt;a•
recia; su lazo con la vida, su madre, la carna

***
Tomaron del escritorio varios paquetes de papeles amarillentos, atado~ cuidadosamente y colocados uno contra otro. Pusieron sobre el lecho
aquellas reliquias y escogiendo una de el111s en
la que estaba escrita la palabra «Padre&gt; la ab:ieron y leyeron.
Eran de esas cartas viPjas que se encuentran
en los secret.-:.fres de familia, cartas que huelen al
siglo pasado. Lll primera decía: mi adorada;
otra: mi hermosa hija; Juego otras: querida bija
rnfo; otras aún: hija idolatrada; y luego la religicsa leyó en voz alta, leyó á la mu11rta su historia
y todos sus tiernos recuerdos. El magistrado,
con un codo sobre el lecho, escuchaba, con los
ojos sobre la muerta. El cadáver inmóvil parec1a feliz.
Interrumpiéndose Sor Eulalia, dijo: las pondremo~ en su tumba, le haremos un sudario con
todo esto y lo sepulraremos con ella, y tomó otro
paque~e en el cual no estaba escrito ningún nombre revelador. Y comenzó en voz alta: «Mi adorada, te amo locamente. Desde ayer sufro como
un condenado, quemado por tu recuerdo. Siento
tus labios sobre los míos, tus ojos sobre mis ojos,
tu carne sobre mi carne. Te amo. Te amo. Me
has t:nloquecido. Mis brazos se abren; me estremezco sacudido por un deseo inmenso de abrazarte aún. Todo mi cuerpo te llama, te quiere.
Guardo en mi boca el sabor de los besos,&gt;
La religiosa se interrumpió. el magistrado le
arrancó la cartli y ouscó la forma. Solo habfa
estas palabra~: E l que
te adora, y este nombre:
Enrique. Su padre se llamaba René. No era pues,
él. Entonces el hijo, con
mano rápida, buscó en
el paquete de cartaR y
tomando otra leyó: «No
puedo vivir sin tus e , ri •
cias." Y de pie, severo co.
mo en B:! tribunal, miró
á la .muerta impasible.
La religiosa, rígida como
una estatua, con las lágrimas en los ojos, vie::do á su hermano, esperaba. Entonces él atravesó
el cuarto con pasos lentos, llegó hasta 111. venta•
na y con la mirada perdida en la noche, pensó.
Cuando volvió lacabeza, Sor Eulalia, con los
ojos secos, estaba aún
en pie, cerca del lecho,
con la cabeza inclinad1.
Se acercó, juntó apresuradamente las cartas
que arrojaba desordrnadamente en el cajón, y luego cerró las cortinas
del lecho.
Y cuando el día hizo palidecer las bujías que
ardían sobre la mesa, el hijo abandonó lentamt!nte su sillon, y sin ver una vez más á la madre
que había condenado, dijo: Ahora, vámonos,her~
mana mía.
Guv DE MAUPASSANT.

�Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

168

-Siete clavos, como.garfios, se bao hundido en mis entra!'ías,
Oh Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces! ...

La Fosa:
_ Yo soy la tela insi~ible que tejen negras araíias ... .
y con lágrimas y sangre se alimentan los cipreses! ... .
Primer sepulturero:
-Uno! Dos! Tres! ... Un esfuerzo! Empujad bacía la fosal
El muerto: (Sin desplegar los labios amoratados, ycon
sonrisa resignada)
-Oh! Martirio! También tienes tus profundas embriagueces!
Tere,e1· sepulturero:
•
-Se alza la Luna siniestra con una mueca espantosa!
El muerto: (con voz opaca)
-Oh! Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces!
P1imer sepulturero:
-Cae una lluvia de sangre de una nube pavorosa! ....

El Arrecife mudo, bajo la bruma helada,
Es una Esfiinge ciega que el horizonte mira ..... .
El mar gime y solloza cual una inmensa lira,
Y cae la noche fúnebre ::omo ala ensangrentada
De un negro cisne trágico, que en el silencio expira.
El mar gime y solloza cual una inmensa lira
Y c11nta el Viento astuto su pérfida balada.
E l Arrecife mudo se iergue en el MiE.terio.
Pasa una Sombra, y dice:
-«Oh! mi siniestra huella
Donde la ortiga brota! Oh mi fatal imperio
Donde brilla una sola y agonizante estrellal:1&gt;
Pasa otra 8omlira y dice:
-«Yo vivo en lo más hondo
De la Desesperanza y del Remordimiento:
No hay abismo más negro que mi abismo sin fondo;
NQ hay filo lascinante como mi Pensamiento?&gt;
Pasa otra Sombra y dice:
-« Yo soy como el gusano
Que se arrastra en las tumbas y en el horror camina:
Espanto, eres mi guía! Dolor, eres mi hermano!
Cómo acaricias, látigo! Qué blanda eres, espina!&gt;
Pasa otra Sombra, y dice:
-«Yo soy cual una inmensa,
Cual una taciturna floresta deshojada;
Mis hojas van rodando por la planicie extensa
Al soplo de los Vientos febriles de la Nada!&gt;
Todas las Sombras cantan:
-«La muerte nos conduce
Por sobre adelfas mustias y amargos asfodelos:
El Miedo es nuestra lámpara funesta que reluce
Debajo de la enorme tristeza de los cielos!&gt; ..... .
Cuatro sepultureros fornidos, en sus hom!"Jros
Conducen un gran féretro con una marcha extra!'ía;
Cuatro sepultureros conducen entre escombros
U n atahud más grande que un trozo de monta!'ía.
Llegan al borde obscuro de una profunda fosa
Y clavan siete clavos sobre la tapa negra;
Retumban siete golpes en la extensión brumosa
Y el gran martillo lívido parece que se alegra.
Luego, los cuatro empujan la c'\ja lentamente,
Pero la caja, inmóvil, clavada sobre el suelo
Parece el negro monstruo.de sueño febriciente,
Una Quimera horrible, que ha replegado el Vuelo ...
Sobre el cielo sombrío, donde no luce un astro,
Detrás de nubes grises, como alas de vampiros,
La Luna, inmensa y roja, deja un sangriento rastro
y como una intangible diadema de Suspiros ..... .
Se inclinan los adustos cipreses macilentos
Cambiándose un saludo con aire sigiloso,
O cabecean tristes, con vagos movimientos,
Como siguiendo el ritmo de un baile silencioso.
Y las nubes parecen empapadas en llanto,
En el llanto diabólico de invisibles Satanes:
y el silencio se rompe, á veces, con el canto
De infinitos Dolores y estériles afanes.

La Fosa:
-Y con Hgrimas y sangre se alimentan los cipreses!
(Se hunde la Luna roja en el mar, y todo
queda en silencio.)
Como pulpo en acecho, proyecta el Arrecife
Entre la bruma pálida su amenazante orilla,y van las Siete Sombras, en un extral'io esquife,
Sobre la Noche fosc.i cual una pesadilla ....
Y van las Siete Sombras .... Y el Mar gime un lamento,
.El Mar gime y solloza, cual una inmensa llra,Y, como negro cisne quP. en la ribera expira,
8us elt,gías hondas canta al Azur el Viento!
LEOPOLDO

Ginebra.-1899.

Primer sepulturero:
-CuánM pesas! Cómo abrumas! Cuánto pesas, negra caja!
Segundo sepultul'ero:
-Se diría que es un mundo de tristezas y dolores.
1'ercer sepultiirero:
-O que el mue1to es un gigante, y es de ptomo la mortaja ...
Cuarto sepulturero:
-O el cadáver de tres siglos de venganzas y t errores ....
El muerte: (mentalmente, y dejando correr de sus ojos
hinchados gruesas lágrimas)

por la lluvia, se ven puntos
de tan di versos matices,
-vivos, opacos, obscurosque en la rica policromía
de ton'JS suaves y crudob,
la pared arlequinesca
que, á trechos, ornan los musgos,
parece beno manchado
traviesamente con grumos
de color. Una parásita
en los ladrillos desnudos,
hinca su ramaje como
los tentáculos de un pulpo,
y entre la mara!'ía verde
un juguetón rayo súbito
en cada gota de lluvia
prende un rubí diminuto.
Y en la fantasmagoría
de la luz, que hc1.ce del muro
moi,aicos de pedrería
y deslumbrantes y estucos,
h,s dos muchachos semejan
en medio de tanto lujo,
dos príncipes del oriente
en espera de sus súbditos.
¡Qué tocado de diamantes
en el ceniciento rubio
del ca.:.ello de la niña!
qué reluciente y qué fúlgido
el toisón que ostenta el p€Cbo
del rapaz! ... y qué conjunto
de áureas telas y tisués
sobre los harapos sucios!

Ai'io VI-Tomo ll

México, Uomingo

10

de ~.-ptiembre de 1899.

Andrajosa reinecita
que vistió la. 1uz y cuyo
corpiño de re..plandores,
cubre el talle y eme el busto!
Duquecito del arroyo,
Buckingham que el cielo tuvo
á bien ataviar con sedas
y brocados del crepúsculo!
Tú ~qué cuentas? Tú ¿qué oyes?
Tú la grave, tú el adusto? ...
Yo me acerco poco á poco
y sonrío y lus escucho.

Duz.
Bien, muchacho! Fuiste al bosque
corriste mucho, mucho,
y flores y mariposas
la traes .... ¡Lindo tributo!
'.ru gorra de saltimbancohecha una criba--es refugio
de caléndulas doradas
y de rosae, donde ocultos,
se agitan entre los pétalos
los cuerpecitos convulsos
de las pobres mariposas
heridas. Hundes los puíios,
y narrando tus proezas
sacas con pueril orgullo
tu presente de perfumes
y de alas ... ... y el tributo
va cayendo, va cayendo,
del aire sereno y puro
á la falda de la niíia
que oye con asombro mudo
la historia de la aventura,
mientras fijos en un punto
miran cosas invisibles
sus ojllS meditabundos.
y

VERSOS INOCENTES.
PUESTA DE SOL.

Por la calle ~olitaria
cuyo t érmino confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo,
silencioso y pi,nsati vo
como siempre, voy sin rumbo
enhebrando fantasías
en el aire azul y puro.
Tranquila está la barriada,
los talleres están mudos,
no se ven las chimeneas
empenachadas de humo,
y á lo lejos, de las fábricas,
salen alegres, los últimos
obreros, que se atropellan
en caprichoso tumulto,
y cuyas blusas azules
borda el sol de hilos purpúreos.
Yo callado y pensativo
como siempre, voy sin rumbo ..... .
Mas de ;:ironto me detengo,
mis quimeras interrumpo,
y las vanas fantasías
del pensamiento sacudo
par¡¡. ver curiosamente
á dos chicuelos- im grupo
adorable-que cabría
en una canción de Hugo.
El la. llama y ella acude,
se hablan bajo, y así, juntos,
siéntanse en los escalones
del portón, ~l pie del muro,
y en una senedad cómica,
ella grave, y él adusto,
principia la conferencia
más inefable del mundo.
¡Oh! viejo pintor de ni!'íos
que andas en busca de asuntos,
mira: la luz pone toques
divinos á este conjunto!
En el fondo de sillares
con lepra, rojos y húmedos,
frescos y recién la vados,

Cuando mi presencia notan
ella inquieta y él ceñudo,
parecen decirme: Vamos,
no nos turbes; vete, intruso.
Y yo me alejo sin pena
p:irque dejar soio es justo
á Buckingham de siete años
con An:i. de .Austria de un lustro.
Y pienso: yo también tuve
aventuras, y di muchos
re¡.,;alos de alas y flores,
y fui amado y tuve orgullo.
Dí esperanzas, ilusiones,
fe, ternuras, con el único
placer de posar los l,abios
en unos cabellos rubios.
Un coloquio de chiquillos
fué mi amor .. ..
Y taciturno,
solitario y pensati ,o
como siempre, voy sin rumbo
por la calle silenciosa
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo.
LUIS e-. UUBINA,

Composición artística y cliché fotográfico de Don Octaviano de la Mora,

Número u

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94301">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94303">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94304">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94305">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94306">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94307">
              <text>Septiembre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94308">
              <text>3</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94325">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94302">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 10, Septiembre 3</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94309">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94310">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94311">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94312">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94313">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94314">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94315">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94316">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94317">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94318">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94319">
                <text>1899-09-03</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94320">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94321">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94322">
                <text>2017546</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94323">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94324">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94326">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94327">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94328">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1431">
        <name>Aldea Lombarda</name>
      </tag>
      <tag tagId="1428">
        <name>Ángela Peralta</name>
      </tag>
      <tag tagId="1372">
        <name>Consejo de Guerra Rennes</name>
      </tag>
      <tag tagId="1433">
        <name>La bohemia de Murger</name>
      </tag>
      <tag tagId="1432">
        <name>La herencia del tío Florot</name>
      </tag>
      <tag tagId="1408">
        <name>Novedades científicas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1430">
        <name>Perfiles femeninos</name>
      </tag>
      <tag tagId="1429">
        <name>Sarah Bernardt</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3614" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2255">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3614/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._11._Septiembre_10..ocr.pdf</src>
        <authentication>8613e9f7d843f14252da46f7137f4405</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117435">
                    <text>Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

168

-Siete clavos, como.garfios, se bao hundido en mis entra!'ías,
Oh Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces! . ..

La Fosa:
_ Yo soy la tela insi~ible que tejen negras ara!'ías ... .
y con lágrimas y sangre se alimentan los cipreses! ... .
Primel' sepulturero:
-Uno! Dos! Tres!. . . Un esfuerzo! Empujad bacia la fosa!
E l muerto: (Sin desplegar los labios amoratados, ycon
sonrisa resignada)
-Oh! Martirio! También tienes tus profundas embriagueces!
Tel'cer sepulturero:
•
-Se alza la Luna siniestra con una mueca espantosa!
El muerto: (con voz opaca)
-Oh! Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces!
Primer sepulturero:
-Cae una lluvia de sangre de una nube pavorosa! ....

El Arrecife mudo, bajo la bruma helada,
Es una Esfiinge ciega que el horizonte mira ..... .
El mar gime y solloza cual una inmensa lira,
Y cae la noche fúnebre como ala ensangrentada
De un negro cisne trágico, que en el silencio expira.
El mar gime y solloza cual una inmensa lira
Y Cllnta el Viento astuto su pérfida balada.
El Arrecife mudo se iergue en el Misterio.
Pasa una Sombra, y dice:
-«Ohl mi siniestra huella
Donde la ortiga brota! Oh mi fatal imperio
Donde brilla una sola y agonizante estrella!:1&gt;
Pasa otra Sombra y dice:
-«Yo vivo en lo más hondo
De la Desesperanza y del Remordimiento:
No hay abismo más negro que mi abismo sin fondo;
NQ hay filo lascinante como mi Pensamiento?&gt;
Pasa otra Sombra y dice:
-«Yo soy como el gusano
Que se arrastra en las tumbas y en el horror camina:
Espanto, eres mi guía! Dolor, eres mi hermano!
Cómo acaricias, látigo! Qué blanda eres, espina!&gt;
Pasa otra Sombra, y dice:
-«Yo soy cual una inmensa,
Cual una taciturna floresta desbojada;
Mis hojas van rodando por la planicie extensa
Al soplo de los Vientos febriles de la Nada!&gt;
Todas las Sombras cantan:
-«La muerte nos conduce
Por sobre adelfas mustias y amargos asfodelos:
EJ Miedo es nuestra lámpara funesta que reluce
Debajo de la enorme tristeza de los cielos!&gt; ..... .
Cuatro sepultureros fornidos, en sus homoros
Conducen un gran féretro con una marcha extrafia;
Cuatro sepultureros conducen entre escombros
Un atahud más grande que un trozo de montafia.
Llegan al borde obscuro de una profunda fosa
Y clavan siete clavos sobre la tapa negra;
Retumban siete golpes en la extensión brumosa
Y el gran martillo lívido parece que se alegra.
Luego, los cuatro empujan la cija lentamente,
Pero la caja, inmóvil, clavada sobre el suelo
Parece el negro monstruo.de suefio febriciente,
Una Quimera horrible, que ba replegado el Vuelo . ..
Sobre el cielo sombrío, donde no luce un astro,
Detrás de nubes grises, como alas de vampiros,
La Luna, inmensa y roja, deja un sangriento rastro
y como una intangible diadema de Suspiros ..... .
Se inclinan los adustos cipreses macilentos
Cambiándose un saludo con aire sigiloso,
O cabecean tristes, con vagos movimientos,
Como siguiendo el ritmo de un baile silencioso.
Y las nubes parecen empapadas en llanto,
En el llanto diabólico de invisibles Satanes:
Y el silencio se rompe, á veces, con el canto
De infinitos Dolores y estériles afanes.

La Fosa:
-Y con Ugrimas y sangre se alimentan los cipreses!
(Se hunde la Luna roja en el mar, y todo
queda en silencio.)
Como pulpo en acecho, proyecta el Arrecife
Entre la bruma pálida su amenazante orilla,y van las Siete Sombras, en un extraffo esquife,
Sobre la Noche fosc.t cual una pesadilla .. . .
Y van las Siete Sombras .... Y el Mar gime un lamento,
.El Mar gime y solloza, cual una inmensa lira,Y, como negro cisne quP. en la ribera expira,
Sus elt:gías hondas canta al Azur el Viento!

por la lluvia, se ven puntos
de tan di versos matices,
-vivos, opacos, obscurosque en la rica policromía
de ton'JS suaves y crudob,
la pared arlequinesca
que, á trechos, ornan los musgos,
parece heno manchado
traviesamente con grumos
de color. U na parásita
en los ladrillos desnudos,
hinca su ramaje como
los tentáculos de un pulpo,
y entre la marafia verde
un juguetón rayo súbito
en cada gota de lluvia
prende un rubí diminuto.
Y en la fantasmagoría
de la luz, que hc1,ce del muro
mo:.aicos de pedrería
y deslumbrantes y estucos,
h,s dos muchachos semejan
en medio de tanto lujo,
dos príncipes del oriente
en espera de sus súbditos.
1Qué tocado de diamantes
en el ceniciento rubio
del ca.-.ello de la nifla!
qué reluciente y qué fúlgido
el toisón que ostenta el pecho
del rapaz! ... y qué conjunto
de áureas telas y tisués
sobre los harapos sucios!

Ai'io VI-Tomo ll

México, Domingo

10

de ~.-ptiembre de 1899.

Andrajosa reinecita
que vistió la. luz y cuyo
corpiño de re:lplandores,
cubre el talle y cifle el busto!
Duquecito del arroyo,
Buckingbam que el cielo tuvo
á bien ataviar con sedas
y brocados del crepúsculo!
Tú 6 qué cuentas? Tú ¿qué oyes?'
Tú la grave, tú el adusto? ...
Yo me acerco poco á poco
y sonrío y lus escucho.

LEOPOLDO DIAZ.

Ginebra.-1899.

Primer sepulturero:
-CuánM pesas! Cómo abrumas! Cuánto pesas, negra caja!
Segundo sepulturero:
- Se diria que es un mundo de tristezas y dolores.
'l.'ercer sepulturero:
-O que el mue1to es un gigante, y es de ptomo la mortaja . ..
Ouarto sepultt¿rero:
-O el cadáver de tres siglos de venganzas y terrores ....
El muerte: (mentalmente, y dejando correr de sus ojos
hinchados gruesas lágrimas)

Bien, muchacho! Fuiste al bosque
corriste mucho, mucho,
y flores y mariposas
la traes .... ¡Lindo tributo!
Tn gorra de saltimbancohecha una criba--es refugio
de caléndulas doradas
y de rosae, donde ocultos,
se agitan entre los pétalos
los cuerpecitos convulso¡¡
de las pobres mariposas
heridas. Hundes los puños,
y narrando tus proezas
sacas con pueril orgullo
tu presente de perfumes
y de alas ...... y el tributo
va cayendo, va cayendo,
del aire sereno y puro
á la falda de la niña
que oye con asombro mudo
la historia de la aventura,
mientras fijos en un punto
miran cosas invisibles
sus ojus meditabundos.
y

VERSOS INOCENTES.
PUESTA D.E SOL.

Por la calle solitaria
cuyo t érmino confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo,
silencioso y pensativo
como siempre, voy sin rumbo
enhebrando fantasías
en el aire azul y puro.
Tranquila está la barriada,
los talleres están mudos,
no se ven las chimeneas
empenachadas de humo,
y á lo lejos, de las fábricas,
salen alegres, los últimos
obreros, que se atropellan
en caprichoso tumulto,
y cuyas blusas azules
borda el sol de hilos purpúreos.
Yo callado y pensativo
como siempre, voy sin rumbo ..... .
Mas.de pronto me detengo,
mis quimeras interrumpo,
y las vanas fantasías
del pensamiento sacudo
par¡¡, ver curiosamente
á dos chicuelos-un grupo
adorable-que cabría
en una canción de I-Iugo.
El la. llama y ella acude,
se hablan bajo, y así, juntos,
siéntanse en los escalones
del portón, al pie del muro,
y en una seriedad cómica,
ella grave, y él adusto,
principia la conferencia
más inefable del mundo.
¡Ohl viejo pintor de niiios
que andas en busca de asuntos,
mira: la luz pone toques
divinos á este conjunto!
En el fondo de sillares
con lepra, rojos y húmedos,
frescos y recién la vados,

Cuando mi presencia notan
ella inquieta y él ceñudo,
parecen decirme: Vamos,
no nos turbes; vete, intruso.
Y yo me alejo sin pena
pJrque dejar soio es justo
á Buckingham de siete años
con Ana de A ustrla de un lustro.
Y pienso: yo también tuve
aventuras, y dí muchos
relalos de alas y flores,
y fuí amado y tuve orgullo.
Dí esperanzas, ilusiones,
fe, ternuras, con el único
placer de posar los l;lbios
en unos cabellos rubios.
Un coloquio de chiquillos
fué mi amor ....
Y taciturno,
solitario y pensativo
como siempre, voy sin rumbo
por la calle silenciosa
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo.
Luu; ~-

UnBINA.

Composición artística y cliché fotográfico de Don Octaviano de la Mora.

Número n:

�EL MUNDO.

l'l6

Director: LIC. RAFAEL BEYES SPINDOLA.

-----------------------------------------

LA SEMANA
He visto en los periódicos de estos días una noticia que quizá baya pasado inadvertida para muchas
pobres gentes que no busmean, como otras las huellas del escándalo. La tal noticia está semivelada,
castamente encubierta, y aunque no por vulgar, deja
de ser triste, pasa entre las demás, sin despertar la
curiosidad ni dar pábulo á la murmuración. Es un
cuento vulgar en el que los personajes se llaman él_ y
ella.~ Et, es el seductor; ella, la víctima. Un pobre JOven enamorad,,, que llfga más tarde, al conocer el secreto, retira su palabra de casamlento y hace pública
la deshonra de su prometida.
Los periódicos no dicen los nombres; 1Jero los nom•
bres importan poco. El problema es eterno: una muj.er caída en el infame lazo de un amor mentido, manchada en la blancura dé su cast:dad ;.puede elevarse
luego basta el- matrimonio? ¿puede, sin mepgua, caminar por la vida de la mano de un hombre hon-

rado?

¡Ab, sf! Cuando la mujer, después de la falta , rug-e
-como leona ante los fragmentos de su honra mancillada, cuando vfctfma de un perjurio amoroso llora
basta borrar la huella de la caricia lasciva, y después,
cuando sufriendo mucho, y ocultando mucho su vergüenza, siente que entra, por fin, en la convulsa sombra de su espíritu el hálito perfumado de un amor
nuevo que le dice: Yo beso los ojos que se humedecen con lágrimas, y las frentes que gúardan los pensamientos puros: yo vierto bálsamo de consuelo sobre
las alas heridas ;iara que sanen y tornen á 'l'olar: yo
despierto esperanzas en las almas cansadas y pongo,
en silencio, sonrisas castas en los semblantes tristes:
yo perdono, yo 01 vid o .... entonces, elevada, dignificada, asciende del fango de 13: culpa la muj~r caída,
y pU&lt; de abrir los brazos al esposo, la conciencia al
deber y las puertas del bogar honrado.
¿No es ·verdad, pensativo Dumas, que opinas lo
mismo, tú el glorificador y el defensor de la perpetuamente débil, de la.eternamente herida? ¿No es
verdad, buen Micbelet, gran compasivo, viejecito de
nieve cuya casta sonrísa de .abuelo feliz nó ha plegado nunca labios más paros, ni servido de expresión á
alma más noble y santa?

da tentativa para humanizar la guerra es un avancebacia la paz, es poner de resalto la inhumanidad fundamental de la guerra y eso es lo que sin sensibler~
ni declamaciones hao hecho los delegaaos en la capital de Holanda. Ya sé todo lo que aquí puede salir.
me al encuentro, desde las flamantes teorías del profesor Gurnplovicz atribuyendo toda la evolución nu.
mana, y dentro de ella á su accidente (con perdón decierta escuela) el progreso, á la ~uerra, hasta las paradógica!i afirmaciones de Brunet1ere que recomendan.
de&gt; á la juventud francesa en una reciente conferencia, elocuente, espiritual y laboriosa, como todo 10 ·
i,;uy J, Ja vuelta al catolicismo y á la devoción al ejér.
cito. sostiene que la. guerra, y su condición necesaria
el ejército, es causa prlncipalísima de la prosperidad
actual. El publicista francés no ha hecho más que am.
pliticar las famosas frases dei feld-mariscal Von .Molt ke &lt; La. guerra es parte del orden di vino: en ella se
desenvuelven el valor, el desprendimiento, el sacrift.
c:o al precio mismo de la vida. Sin la guerra el mun.
do se abism:i.ría en el materialismo.&gt; ¡.l&lt;'ormidablesofismat Resultaría el triunfo de la fuerza (puestoqueel arte de la guerra consiste en aglomerar sobre el
punto menos ruert~ el m~s. fuer~e peso) •idéntico a}
del espíritu. No, s1 el espmtuahsmo nace de la guerra es por reacción. Y qué? nu bay un millón de obje-.
tos v dé fines, fuera de la guerra, en esta tierra de
dolor, de miseria y de resistencia, en donde el sar.rift-'
cio y el desinterés pueden emplearse á costa de la vida? ¿Quien es más admirable, el conductor del .Me.
rrimac iendo al naufragio y á las balas en el canal de
Sintiago de Cuba, por deber, ó el padre Damian ten.
do á la Isla de la Lepra por amor? ¿Quién levanta
más el corazón hacia lo ideal, ese triunfo ó esta
muerte; ese héroe ó este martir? El teniente amerl•
cano recibió los besos de diez mil muchachas (y ¡ay!
algunas viejas) anglo sajonas; si el alma de la humanidad pudiera concentrarse en un beso sería S')brelos.
labios agonizantes del pobre sacerdote católico incen.
diado por la lepia é iluminado por la fé.
Por supuesto, no soy tan poco profesor de historia.
que niegue la nobleza suprema de la guerra, en cier** *
En los anaqueles de las librerías se ve un diminuto tos momentos, ni sus inmensos servicios para realirecién llegado; es un humilde tomito de versos, en zar la selección, la civilización; no. Pero sé que, res•.
cuya portada puede leerse este titulo cal!rlchoso: G¡i.- to y denuncia del origen animal de la borda bumaua,
lería genérica de Miguel Ulloa. ¡Ah! Miguel Ulloa, pasó de ser una necesidad, á ser un estado permanen.
un bohemio incorregible! Sí; sólo que en él la bohe- te y luego un estado intermitente y después un temor general. Sé que todo avance humano ha sido una.
mia y la poesía son dos hermanas inseparables.
Parece increíble que en esa vida loca, se haya con- lucha; pero sé que desde la lucha por comerse 1Q8.
servado tan sutil y tan exquisito el ensueño. La va- unos á los otros basta la lucha por conser var la par.
sija ha ido de mano en mano; á veces en alto como interior en las naciones, la guerra si no se ha transforllevada por alas invisibles, á veces por el suelo, dan- mado en paz normal, sí se ha transformado en par.
do tumbos por ~scarpaduras y matorraleR; pero el v_i- armada y la paz armada es por razones económicas
no generoso que contiene n·o ha perdido su fragancia el preámbulo de la paz entre pueblos civilizados.. ...
¡Oh! si, pasará much') tiempo antes de que los tiburoni su fuerza.
El nuevo libro de Ulloa es una colección de cien nes pierdan la tentación de comPrse á la~ mojarras,
décimas- En estos mil versos hay algunas preciosi- pero e,;e tiempo pasará ... Y la conferencia de Le.
dades; algunas rimas flojas; algunos descuidos ..... . Haya habrá marcado una etapa en esa marcba vaciy un gran aliento de poesía, cargado de aromas, co- lante hacia el estandarte blanco; el trabajo dela civilización humana, para expeler de si la guerra,.
mo un sm,piro de cármenes lejanos.
comenzó á ser consciente el día mibmo en que un caLUIS G. URBINA.
rro de ambulancia atravesó un campo de batalla llevando entre un torbellino de combatientes, de gri•
tos, de sollozos y de estampidos la sagrada banderita
de la cruz roja ..... .
Es curioso seguir en la prensa europea los diferen•
tes aspectos del efecto causado por la publicación deRevistas Políticas y Literarias, las resoluciones de la Conferencia. Los alemanes,
uno de los delegados entre ellos, protesta en tono
uraño y hostil contra ciertas medidas referentes lila
l. LA CONFERENCIA DE LA PAZ, CONFERENCIA- DE
beligerancia reconocida en los cuerpos irregulares,
L._ GUERRAj L0S IRREGULARES; LA CORTE DE Ai-permítaseme expresarme así, y otras relativas á la
BITRAMENTO.
mediación y arbitramento. ¿Quiere esto decir que
~- ,:Los boers TIENEN RAZON? LA OPINION y LA Alemania no firmará? Los ingleses, á quienes moles•
GUERRA SUD-AFRICANA.
ta todo lo que no hacen ellos, y hoy los amer!canos,
3. Los CIRIOS y EL INCIENSO. .
emiten la sospe~ha de que la Conferencia se reunl64. LA CRlSIS MINISTERIAL EN PRUSIA.
para perjudicarlos. ..:Querrá decir esto que tampoe&amp;
5. EL KAISSER Y EL ASUNTO DREYJms.
los ingleses firmaráni No importa, nosotros(ysomos,
¿Han tenido mis lectores, los cuatro lectores de si no recuerdo mal, los únicos latino americanos quemarras, la paciencia de leer las numerosas conclusio- estamos en ese caso), '.:losotros lo hemos firmado todones, publicadas ya, de la conferencia de La Hayal con los E4ado:; U a idos, Francia, España, Rusia,
A fe que son muy interesantes; corre uno el riesgo etc. Y repito, que bemos hecbo muy bien; á primera.
de dormirse (y yo que soy :..en insomne quisiera co- vista pudo parecer que nuestra adhesión iba á serrrer ese riesgo con r:-ecuencia) dos ó tres veces du- puramente platónica en sus transcendencias, Y que.
rante la lectura; mas entre sueño y sueño, bien vale sólo respondía á la idea constante que el Presidentela pena de saber lo que bao trabajado esos gordos di- ha tenido, de que no haya un solo grande ac~o lnter•
plomáticos en pro de la paz. E~to de gordo:i, lo di~o nacional de carácter artístico, científico, soe1al ó popara mi. propia satisfacción, no es una afirmación sin lítico en que México no figure; idea excelente cuy,.
base; la tiene muy sólida, naturalmente: ved los re- importancia moral se palpa; la República, coa la pletratos; casi todos los delegados son del tipo de los na conciencia de su obra, toma asiento entre los puenuestros, gordo reconocido el uno y el señor Zeail, en blos civilizados; muy bien pensado, muy bien becbO.
vía de engordar. Y á propósito de nuestros delegaPero en este caso otro, y más práctico y más gra,e,
dos, preciso es con venir en que el gobierno mejicano ea nuestro interés; nosotros no vemos ni entrever::
obró con muy buen consejo haciéndose represeptar en una guerra en nuestro horizonte; con nuestros ' •
ese concilio, que se empeñó en no ser un congreso de nos y primos estamos cada vez más íntimamente ll•
utopistas, uno de tantos congreso~ de la paz de esos gados en el orden económico y social por consecuenque celebran un puñado de poetas, filósofos y ¡,ocia. cia, y no ouede presumirst siquiera en qué n.ir.mr.
:istas cada cierto tiempo y en donde suelen decirse podría venir un conflicto, fuera de un súbito é lnel'
verdades de á folio; pe:-o sin resultado inmediato. perado y quizás imposible estado anárquico en noel'
Estos congresos los preside en espíritu León Tolstoi:; tro país ó en el país vecino. Sea lo que fuere, n«-el de La Haya lo presidió el autócrata de las Rusias otros no queremos ni debemos atacar á nadlt; ~~
en espíritu también; pero ese espíritu se ha vuelto podemos y debemos y queremos que se sepa Y se .iun tratado ...... ¿de paz? Pues si, de paz.
pe que estaremos siempre apercibidos para la deYo no niego que también puede llamarse: confe. fensa,
. . h
rencia de la guerra, pero he aquí en qué sentido: toPues ble.11, si algo eminentemente positivo ba e-

alabar á los nuestros; pero al salir á la calle.: .. •:
¡qui!\! si alguien 00:1 babia de.ellos en to?o admiratl•
vo, sonreímos, damos las graCJas y una rnm~nsa alegría nos invade porque cada palabra de elogw es como un beso que le dan á uuestro cariñe;.
y el público de México considera ya á la Cbalía como de casa ... ·. La aplaude á rabiar; p~ro _es como si
Jc1, acariciara. No niego -1 ue baya ad m1 ración, pero sí
estaría por asegurar que hay también ternura en
esos aplausos.
.
La Chalia no ba triunfado tanto por la voz; sus indiscutibles méritos de cantante no han bastado por
sí mismos á conquistarnos.
Hay en esta mujer de g~a? cor~zón una_ co'H superior: su intni;ión, su clanv1denc1a para interpretar
las creaciones artísticas de un modo nuevo y conmo,·edor. Entra en los tipos y los vive; les marca su pr:sonaliqad, los ajusta á su temperamento y se comh1na, por decirlo así, mara,v iliosamente con ellos. Su
N edda y su Swntuzza-las dosheroinas que nos bao causado verdadero entusiasmo en la semana-no _está~
aprendidas-á leguas se les ve-en conservatorios m
academias. Son originales.
.
y mientras esto estoy escribiendo, me digo: .
La Ch~lia no ha necesitado de la belleza para imponerse. El famoso mármol d~ Canova no la simboll·za; no es la hermosura domrnand•&gt; á la F.uerza. La
fiera indómita, cuyos ojos relampaguean de róí'e-!:1!,,
levanta la airada garra y dispone los recics ~ú~culos
para saltar sobre la presa; pei:o no _puede resistir á la
primera caricia de la Venusv1ctonosaydesnuda ~ue
en ella cabalaa. Tiende bumiUemente el lomo Jaspeado é incli~a el cuello melenudo; se siente satisfecba de llevar la blanca y pura carga de una belleza
triunfante.
y sin embargo, mejor y más ~ronto que la_ Hermosura dominas á la Fuerza; una alma ap~s1oaada Y
fuerte vibrando en el fondo de unas pupilas luminosas ....

*

**

· Ha sido esta semana para los dilettanti á manera de
inesperada fontaea, de alma y brillante linfa, abierta de improviso, á pleno sol, en la arena tostada del
desierto. Iban los caminantes fatiga~os y sedientos,
y el milagrc bajó en un ravodeluzque hirió como un
venablo de oro la ·tierra, para. que de la herida brotase aquella songre transparente. ·
Los melómanos están de plácemes. Rl aire se ba
llenado de sonidos. Una estimulante ráfaga de entusiasmo ha sacudido el alma de nuestros músicos jóvenes, de tal suerte que no parece sino que, los inquiews sólo esperaban, para ponerse á cantar, lo que
los páj~ros al amanecer: un perfil de luz inviolada en
la remota serranía. Para marcharse, rumbo al Arte,
han encontrado, no la vía imperial, abiertQ entre arcos y columnatas, por donde va la opulenta _procesión de los escogidos, sino la senda estrecha, fangosa
y t,riste, por donde caminan más plebellos y pecheros que hijosdalgmj y capitanes.
Mas para ir á la gloria no existe hoy en México,
¡oh los jóvenes maestres! más que esta senda, y, bah,
bala, alla van los peregrinos que creen en las hadas
buenas y se enr,omiendan de todo corazón á Nuestra
Sefiora la Suerte.
Ya que la ópera no les abre sus cien puertas de
oro, que entren por la húmeda. poterna de la zarzuela, que de todas maneras han de aduefiarse y de
purificar poco á poco nuestro gusto en las aguas
lustrales de su ingenio.
Los compositores mexicanos pasan en estos momentos por un benéfico período de producción, . que
se 10e antoja algo así como el alba de un día feliz.
La pren.;a ha dado cuenta de algunas audiciones
de obras nuevas, y las empre.sas teatrales no cesan
de anunciar estrenos de zarzuelas mexicanas.
Y be aquí como sucedió i'o que en el cuento de Perrault; que la calumniaqa, la despreciada, la que
siempre estaba junto al fuego, manejando marmitas,
la pobre Cendrillon, es la escogida por el princi pe enamorado.
La moraleja del zapatito de cristal suele tener sus
aplicaciones oportunas en la vida ordinaria.

La Challa es nuestra ya; nos pertenece. La hemos
mimado mucho. Eso tenemos los mexicanos cuando
nos encarllíamos con una artista como la Chalía; que
después de admirarla la queremos, y que Juego el
cariño crece b1sta el punto de confundir y dejar corrida á la arlmiración.
Porque vamos á ver; ¿á los de casa se les admira?
Bien está que en lo íntimo nos bagamos 1enguas para

EL EXTERIOR

Domingo 10 de Septiembre de 1899.

Oomlnl!"o 10 de Septiembre de 18111&gt;.

ebo la Conferencia, es reglame11tar la guerra, lo que
equivale á reducirla, á limitarla, á hacer, en suma,
obra de paz; no sólo revivió todo lo que hace más de
veinte años se acordó en Bruselas, y le dió fuerza obligatoria para los signatarios, sino que se ocupó en dar
~utías á los g-rupos irregulares de defensa efecti,a (leemos gue:rriUas) que basta boy ban sido implacablemente tratados por las tropas regulares; para
ellos uo había leyes de la guerra, contra ellos reterna
IJ1ldl)ritas esw, decía el derecho internacional. De boy

en adelante no será así; los pueblos no preparados
especialmente para la guerra, podrán hacerla por
medio de todos rns hombres válidos, estén ó no
comprendidos en las fuerzas regulares. Para · ello
sólo tendrán que someterse á cuatro cond:ciones que
me parecen absolutamente equitativas: tener un jefe• un distintivo; armas visibles y respetar las leyes
d;la guerra. Es verdad que, y esta limitación explir.a el retraimiento de algunos países pequeños como
Suiza, estas t ropas irregulares sóto pueden aspirar
al tratamiento de re&lt;JUlares cuando se organicen en
paf&amp; todo.vía no ocupado por el enemigo; por consecuencia, la sublevación contra la ocupación extranjera
queda fuera de convenio. Mucho se ha ganado, sin
embargo, y, entre otras cosas, la idea que debe irse
aclimatando entre nosotros, de que el servicio obligatorio, que tiende á preparar á los pueblos á convertirse en ejércitos regulares en caso de invasión, es
· ta suprema necesidad en el período que va á abrirse
para el mundo, y que esperamos que !.erá el que
preceda inmediatamente á la era de paz, que todos
deseamos y con la que soilamos todos.

* **
Todo el capítulo de la mediacién y arbitramento
es Interesantísimo hasta en sus últimos pormenores;
como tenemos la seguridad, lo repito, de que no bemos de provocará nadie, tenemos la certe;.ade poner
11lempre la razón de nuestro lado y la decisión de un
árbitro y la mediación benévola de una nación amiga
nos dan derecho á esperar que ya no encontraremos
un estorbo por el estilo de la intervención francesa en
nuestro progreso económico. Verdad es que nadie está obligado á recurrir á la Corte arbitral; pero los
Blgoatarios de las resoluciones, como, por ejemplo,
nosotros y los Estados Unidos, estamos moralmente
obligados. Y tendremos nuestro representante en
la Corte permanente y hemos de influir en nuest,r,is hermanos sud-americanos, para que pongan
su firma al ladv de la nuestra y debemos de haber dejado entender á nuestros cofrades los conferencistas de La Haya por la boca ó por la pluma de
nuestros comisionados la importancia que damos á la
resolución y nuestra decisión de trabajar sin desfallecer porlareuuión de la «Conferencia del arbitramento obllgirorio.&gt; Nuestros primos norte-americanos
~enen idéntico propósito. AU right.

Claro, mientras llega esta nueva edad de Astrea,
los tiburones tendrán una tendencia irreprimible á
4 comerse á las majorras. Detrás de la figura tribunicia del ministro Chamberl'lin tenemos la pícara
manía de ver como si fuese su sombra proyectada
sobre ua¡¡ mampara blanca, la silueta (con perdón
de la A".3demia) del Napoleón del Cabo, del insigne
Mr. Cec1J Rhodes, el mii,mísimo personaje que nos .
sentenció al papel de mojarras hace u nos cuantos
meses. ¿ Lo recordáis, lectores?
En ~~o este ir y venir de proposiciones y contra&amp;ropos1e1ones entre Inglaterra y el heroico estadillo
íblico del Transvaal, lo que ha puesto las cosas de
de guerra, lo que ba hecho áspera y punzante
discusión es el tono de los discursos Je! leader unionista._ El_mini~tro es de un temperamento muy cálido ba¡o su arrogante flema de inglés rico. Y dice Jo
~ue se le ocurre, aunque su jefe Milord Salysburi se
o medio tome á mal. Y los rumores de guerra hacen temblar todos los cables eléctricos del Globo y
Dboá.1111be uno á qué atenerse ¿quién tiene razón? ¿Har por fin guerra?
ti ¿Quién tiene razón? El débil, señores, el débil
ene razón. Yo no creo que la república burgher
haya hecho todo Jo que bubiera podido para conjuel mal. El monopolio de artículos indispensaes para la minería [dinamita p. e. ] que se ha re:~~o el Transvaal para tener siempre la canasta
los mineros de Johanesburg; el veto que
1es Impedía la entrada aun al ejercicio de los cargos
:fnlcipales en una región en donde esos mismos
rua~eros! los uitlanders como les llaman los boers, !orlos a m~ensa mayoría de la población, lo duro de
·nImpuestos, lo parcial de la justicia revelan el emo de los pastores transvaalenses de bacer la vida
:pislble á los susodichos extranjeros. Mala polítiaupeuando un ~ueblo se bc1olla en contacto coa otro
deber1or en n~mero, en riqueza y en actividad no
endós querer . 1mpe~ir por medios artificiales la
con¡ DlOSls, smo deJarse penetrar y asimilarse las
las• enrh extral!as, apropiárselas y transformarch~
emos hecho nosotros, y eso que hemos belograg 1~ han querido los boers; han querido, ;:iero no
0 acer otra cosa. Resultado, que ha acampa-

tuuto

:r

r

:S

EL MUNDO
do dentro de la Repúbica un grupo enemigo, pero
que no se irá del suelo que explota y Jo enriquece,
basta que lo baya agotado completamente, lo que
tiene que suceder tarde ó temprano: mejor dicho,
lo que antes de medio siglo habrá sucedido.
Pero poniendo á un lado esta pésima política, convengamos en que la enormidad de las concesiones
que el gobierno inglés pide casi en tono de amo explican bien la irritación de estos hijos de !os holandeses del_ Cabo que bu.} eron al Orange y al Transvaal precisamente para no estar en contacto con los
dete¡,tados angJo.c;ajones. El monopolio de la dinamita queda derogado: las franquicias otorgadas ¿Qué
fraoquicias1 las electorales: que todo uitlander que
baya cumplido, ó cada vez que cumpla cinco años de
permanencia en el Transvaal tenga 10s derechos electorales del ciudadano en el orden municipal y general, _aun cuando no se haya naturalizado, propone el
gobierno de la emperatriz-reina. No, contesta Krüger, si se naturaliza, enhorabuena; pero si no, serán
~ecesarios siete años.-No admitimos, replican los
mgles'3Sj pero que resuelva una comib-ión mixta que se
reuna en el Cabo. -Una comisión ;.nixtaslgnifica, reponen los boers, que concedemos derecho á Inglaterra para intervenir en nuestros asuntos Interiores; y
eso nunca. Pero someteremos la cuestión á arbitraje.
-N•,, exclama el Sr. Cbamberlaia, eso nunca; porque equilvaldría á que confesara Inglaterra que no
tiene un derecho eminente de soberanía sobre el
Transvaal: y lo tiene. -No Jo tiene, dice el parlamento de Pretoria, según e: último tratado; pero admitimos la comisión mixta, con la condición de que
se reconozca la independencia absoluta del Transvaal.
Y afü\dinse á este diálogo las precauciones militares
de los boers para impedir á los uitlanders que ayuden
á Inglaterra en caso de lucLa, y la llegada de los regimientos ingleses al Cabo, y el ir y venir de comunicaciones ent,re los bravos holandeses y el gobiernito de Orange y el jefe del ministerio en el Cabo, que
simpatiza abiertamente con los boers y. os formaréis
idea del embrollo ~ud-africano.
Si la guerra estalla será dura; el viejoJoubert (un
descendiente de hugonotes) comandante militar de
los boers ,.,0noce y practica á maravilla el aforismo de
Mauricio de Sajonia «todo el secreto de la guerra está en las piernas.&gt; Y s11.be moverá sus soldados pa&lt;itores, que son por el estilo de los cow boys de Tejas,
con una rapidez y oportunidad singulares. Los ingleses saben eso; hace 18 años lo experimentaron, y magullados y ensangrentados tuvieron que desisti r de
su empresa de cast igará aquella brava republiquilla,
que tiene como córligo fundamental la Biblia. El caso es que ostensiblemente se hacen de ambos lados
preparativos para el futuro conflicto y que en vista
de la nueva actitud del parlamento de Pretoria que
ha retirado las concesiones becbas, si los telegramas
no mienten, el gobierno inglés ha enviado ya su ulttmatum.
No será, bien acogido por la opinióu en Europa; las
iglesias de Holanda escuchan á cada instante las
prédicas ardientes de los pastores, sosteniendo la
causa de aquellos hijos lejanos, pero no olvidados de
la vi~ja madre patria; la reina Wilbelmina. ha interpuesto toda la simpatía que le profesa la gran abuela
Victoria en favor de los h olandeses de Africa, y el
más ~ulto y mejor filósofo entre los bombres de estado ingleses, John Morley, haciéndose eco de la
mayoría del partido liberal, ha calificado de antemano esta guerra como un acto de piratería. Pero, por
desgracia, el sentimiento imperialist a de que es porta-estandarte Mr. Cilamberlain prevalece ....

***
Mientras unos liberales, (hablo de los antiguos sol·
dadoE de Gladstone,) se ocupan en estos asuntos internacionales, otros, ce,mo Harcourt, emplean su actividad contra los cirios y el rncienso. Sabido es que
la Iglesia anglicana fué, a.l nacer, una simple iglesia
católica nacional y que la revolución consistió en
substituir al Papa con el rey y el Parlamento, á lo
que ya estaba la susodicha iglesia preparada. Ritos
y ceremonias, obispos y cabildos, todo se conservó;
pero el Rey y el Parlamento comenzaron á modificar
pronto todo esto y la opinión puritana que llegó
hasta la supresión de la vieja máquina oficial, dejó
en ella su huella de rigorismo y de odio al ceremonial católico. Mas todo ello tiende de nuevo á modificarse y una gran parte de la comunidad anglicana
ha maaift.stado en este siglo su inclinación á resucitar los hábitos primitivos de esplendor litúrgico. Los
católicos, cada vez más numerosos en Inglaterra, ven
el caso con muy amables ojos; el Papa.debedesonreir
benévolo y las procesiones se suceden entre el bumo
del incienso y el resplandor de los cirios en los templos anglicanos. Abominación, exclama lord .ETarcourl; el Parlamento se conmueve y los arzobispos de
Canterbury y de York, después de serias reflexiones,
deciden prohibir el uso del incienso y de los ci rios.
La religión, coIDo se ve, está salvada; no hay cuidado, no se deslizará entre el humo perfumado el espíritu de los ritos viejos y de la vieja autoridad pontifical; no; nunca, no popery for ere1·. Pero los arzobispos, cuentan sin la huéspeda; su decisión no tiene

177
sanción. Las iglesias que usan el incienso, pueden
seguirlo usando y nosotros lo desearíamos; UJl- templo sin incienso, sin luces y sin flores y sin órganos...
;.1ué es? ¡Ah! incorregiblemente sensual latino que
haces de la religión un placer artístico. me diría un
excelente amigo inglés que tengo, sorbiendo á copas
unos tragos de whÚJkey de Escocia ..... .

También S. M. el emperador Guillermo, suele fu. n,.
gir [como decimos en México los abogados que hemos
lanzado nuestro grito de Dolores contra el idioma de
Cervantes] de pastor luterano y celebrar los oficios
á bordo del Hoheuzollern, anclado en los fiordos noruegos y basta predicar largos sermones; uno que
otro marinero se duerme; pero el Kaiser conserva
sus t.iesos bigotes de paladín y su actitud hierática....
Sea lo que fuere, estamos seguros de que en esa actitud, gusta más á los conservadores, que cuando
reempla,.a sus sermones con los terribles discursos
en que compromete á conciencia la actitud del Gobierno prusiano ó imperial en algún asunto en que
no ba habido acuerdo previo de sus ministros y que
cuenta con la hostilidad de la mayoría parlamenta~ia que, sin embargo, le es devota. Así es y S&lt;lrá; es
mm?d_i!icable; su inteligencia es de una pasmosa
flex1b1hdad, pero cuando su voluntad entra en juego
procedeá golpes en un yunque ó en ul\a campana ... '.
Es un cortador de nudoti gordianos ..... .
Ved, si no, el asunto del Canal del Centro, del fa.
moso canal que ha de unir las riquísimas regiones mineras del Rbin con el Elba y Berlín. A este proyecto
se oponen los señores feudales, digo, los conservadores que ven así amenazado el monopolio de que disfrutan en la capit~l para la venta de los productos
del Este, casi todos suyos, y por este interés egoísta
l,bstruían, viene bien la palabra, obstruían resueltamente el proyectado canal. Además de esto, los conservadores tienen una regla inflexible: cuanto favo.
rezca á la industria, favorece al socialismo, es así que
el Canal del Centró favorecerá eno1memente el desarrollo industrial, luego ..... .
«Luego, dijo en s~ discurso el emperador, luego el
Gobierno jura hacer el canal; el canal se hará ... &gt;
Así antes del Canal del Centro quedó partido en
canal el partido conservador. Y como algunos ministros estaban tratand-0 de asegurarse, por medio
de concesiones, á los viejos conservadores, para que
cesaran su política de obst1 ucción, y como en medio de este servicio amistoso, Guillermo rompió los
platos, allí tienen ustedei; la crisis. ·
¡Ba.h! esto nada significa; cambiar de cuando en
cuando ministros es h igiénico en los gobiernos monárquicos; siendo el sol inmutable, preciso es renovar los planetas y exceptuando al canciller del imperio y al babilísimo ministro de hacienda Herr Mi-que!, los demás están ya substituidos .. .. E l canal se
hará.

*

**
Otra preocupación le ha caído al Emperador encima, que debe ser muy más grave. La venia que el
Consejo de Guerra de Rennes ha dado á los defensores de Dreyfus para solicitar permiso de los respectivos sobe1anos con objeto de que se presenten á declarar los ex-agregadoi militares de Alemania é Italia. ¿Lo permitirán? Lo dudo; una manifestación
imprudente, un interrogatorio mal dirijido pueden
hacer surgir una situación eJicesivamente delicada.
Además, si las declaraciones son consideradas como
falsas por el Consejo, puesto que tienen que reducirse á esto: «no hemos tenido relaciones con Dreyrus,&gt;
será una grave humillación para los gobiernos alemán é italiano. Por otra parte, si el terrible embrollo que ha resultado en el proceso y que no ha de desatar la demasiado lista declaración del general Billot: Estcrhazy y Dreyfus son cómplices-si estas tinieblas pueden recibir el rayo de luz suprt&gt;cna con
las palabras de los agregados, el bombre rígidamente justiciero que bay dentro del abotonado uniforme
del emperador debe estar á· punto rte preponderar
y .... veremos, lectores; · la próxima vez con vers'.l.remos sobre este tema; ya habrá material.

*

* *
Ya escrito lo anterior hemos sabido que el gobierno alemán ba hablado oficialmente. Pues bien, sin
meternos en los asuntos de los l'n,oceses, porque nadie les niega el derecho de hacer con el reo lo que les
dé la gana, pero expresando libremente nuestra opinión sobre un becho que pertenece á la historia y
cae bajo el pleno dominio de la conciencia humana,
sostenemos que no h ay un solo bombre á quien no
ciegue la pasión capiz rle vacilar un instante entr,:
la palabra de M. du Pd.ty de Clc1,m y la del emperador de Alemania.

_J ~ J

~-

�Domingo 1@ de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

178

EL MIEDO AL RIDICULO.
Es una cosa generalmente admitida y establecida
sobre sólidas bases que somos valientes hasta el heroismo y basta la temeridad. A diario recoje la policía de nuestros barrios un número no despreciable
de heridos y muertos, víctimas del impulso que los
lleva á la riña sangrienta y al combate singular con
pret extos más ó menos frívolos y á veces p~ra y exclusivamente porque son muy hombres, por simple ost ent ación de valor y de audacia.
En los campos de batalla, durante nuestras-guerras civ:le¡; y extranjeras, nuestros soldados han prod io-ado su beroismo y su vida, sin regatea1la ni esca':notearla. y nuestra historia está atestada de proeza-i casi legendarias, de altos hechos casi épicos, de
sacrificios sin cuento, consumados como dice la canción del guerrillero:

r-·--- --------------------;;:~---

1

Con la sonrisa en los labios
y la altivez en la frente.
Pues bien, hay una cosa que intimida á este pueblo arrojado, hay algo que lo hace temblar como una
muJer y llo-:-ar como un niño, hay un hecho y un peligro ante los cuales huye, de lo!.' que se esqui va y esconde, que le infunden pavor y espant,,, que lo arredran y amedrentan más que el enemigo airado que empuña la daga., que el ejército contrario que asesta
cañones y dispara fusiles, que el huracán que siega,
que la tempe:,tad que arrasa, que el terremoto que
derrumba, que la mar desencadenada que hunde y
aboga. Ese algo que hace erizar en nuestra frente el
cabello, que biela la sangre en nuestras venas y empapa en helado sudor nuestra piel es pura y simplemente: El ridículo.
Vemos con impavidez consumarse la ruina de nuestras esperanzas, disiparse nuestras ilusicnes, hundirse en el abismo de la bancarrota nuestro patrimonio;
con irónica sonrisa recibimos á la enfermedad que
ha de paralizar y aniquilar nuestra actividad y nuestra vida; como Ouauhtemoc, somos estoicos ante el
tormento físico y ante la tortura moral; mas no bien
el ridículo asoma su silueta. raquítica y deforme y
muestra su siniestro é irónico rictus, huimos como
los llamas andinos al anuncio del terremoto, como los
potros salvajes ante el incendio de la pampa, y ocultamos el rostro y vol vemos la espalda y emprendemos la fuga como niños asustados por el coco.
Por buír del ridículo, por esquivarlo y evitarlo,
no hay sacrificios que no estemos dispuestos á consumar, ni peligro ni daño que no nos sintamos resuelto!'. á afrontar ó sufrir. Nos arruinamos por no
caer en el ridículo de parecer pobres; nos exponemos
á la enfermedad y á la muerte por evitar el ridículo
J e pa1ecer prudentes y cautos; y hay amante y hay
marido que matan ó mueren por hufr de.l ridículo de
la situación de desdeiiados ó burlados.
E$te miedo cerv;J.l al ridículo paraliza muchas de
nuestras energías, sofoca nuestra iniciativa y nos
condena á la vida rutinaria é imitativa de carneros
de Pa.nurgo.
No hay ridículo posible dentro de b usual, de lo
habiLual, de lo aceptado; quien viste, come, piensa
y procede como todo ei mundo no se pone jamás en
ridículo. Se exponen á él y an él pueden incurrir
j m,tamente el inovador, el iniciador, el que, tascando el freno de la rutina y hastiado del sendero trillado rompe con lo usual, toma por el atajo en busca
de nuevas rutas y de nuevos horizontes; quien se-

EL ATENTADO CONTRA. M. LA.130RI, DEFENSOR DE DREYFUS.-Ml!:E. Ll130Et[ AUXILIA AL HERIDO,
dien~o de novedad, inventa, sug iere, predica y promueve nuevos usos, nuevas ideas, nuevas costumbres.
Galileo, Oopérnico, Darwin, la mayoría de los pensadores y filósofos, de los revolucionarios é inventores, han comenzado por ser ridículos antes de llegar á
ser sublimes. El Capitolio se codea con la Corte de

DREYFUI! PROTESTA CONTRA LAS INCULPACIONBS QUB LE DIRIG&amp; EL GENERAL °MBRCIBR.

l 1&gt;s Milagros. Heráclito, el llorón, y Demócrito, el rl•
sueño, fueron juzgados locos y befados en calidad dó
tales; Juan J. Rousseau, que había de remover .,¡
mundo, era superlativamente ridfr.ulo ante la aristu·
cracia francesa. Los muchachos berlineses silban en
las calles á Joe~er, el Inventor del t raje higiénico,
como los granujas parisienses silbaban á Mirmao,
que había adoptado la religión musulmana y el pin•
toresco y cómodo traje anexo.
Lus grandes ridículos de la humanidad se cosechan
entre los regeneradores filósofos, políticos, morales Y
sociales, y tan ridículo nos parece el inventor de la
máquina de volar, c:,mo pareció Cristo á los magna·
tes y al pueblo romano. Jesús, coronado de espinas
y con su cetro de caiia, es el símbvlo del ridículo,
torturando á la grandeza.
.
Tener miedo al ridbulo es tener miedo á la 1000
vación, á la reforma, á la invención y al descubrimiento; es decir, es tener horror al progreso; como
ser satírico y sangriento es tener honor á la l!ber•
tad. El miedo a1 ridículo paraliza y enerva y son
siempre más progresivos y más libres los bo~ bres Y
los pueblos que no lo tienen y que no practican la
sátira.
Los pueblos que, como los del Norte, no temen el
ridículo y casi no saben en qué consiste, se expone~
á ver pulular los seres P.xcéntricos y extrav~g~nf~
pero en cambio ganan en libertad y progres1v1da · 0
Los pueblos meridionales que huyen del ridfcu1
como de la peste, se expon~n á cada paso á enfrenar
el progreso y á encadenar la libertad.

Domingo 10 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

179

LA CORTE MARCIAL DE RENNES

~bor~ el soldado, venido de las capas
mfenores del grupo social, recibía su
pré y recogía su rancho que iba á devorar en el suelo entre sus camaradas.
En el Batallón de Zapadores tiene ya
bancas donde sentarse y mesas con
manteles blancos donde comer.
La mejora inaugurada en Zapadores
con honradez, orden y economía, tiene
u_n a;to fin educativo que encontrará
sm duda imitadores en los cuerpos del
ejército nacional.

Dos días antes de aquel en que fué
.herido el defensor de Dreyfus comparecieron como testigos el ex-presidente Casimir Perier y el General Mer,eler. El pr imero vestía 1arga levita y
nevaba en el ojal la cinta de la Le.glón de bonor; al oir su nombre avanzó
gravemente y negándose á tomar
.asiento, empezó su declaración. Dijo
que su objeto principal era protestar
-contra las versiones relativas á su conducta como jefe del Estado en el asunto Dreyfus. Habló en voz alta, con el
tono autoritario del que ba acupado
puesLos elevados y su declaración fué
un discurso político, una defensa de su
intervención oficial en el asunto, una
conferencia sobre las trabas constitu~loles que entorpecen la acción del
.Presidente de la República Francesa
en ,los negocios más difíciles del Es-

EL INCENDIO DE LA CASA TIPOGRAFICA
"LA. EUROPEA.. "

Uno de los acontecimientos más tristes de la semana ha sido este siniestro en el que sufrió graves pérdidas
el propietario de «La Europea&gt; y un
golpe rudo la industria de la capital.
«La Europea&gt; era, en efecto, uno
tado.
de los establecimientos más sólidos y
El General Mercier, avanzó después
de porvenir más abierto. Pasan de
lentamente y cuando acabó de protescuatro las empresas de este género que
.t,ar, pidió permiso para sent"l.rse y hahan fracasado en México y si «La Eubló largas horas. Al terminar se diriropea&gt; se sobrepuso á todas las dificulgió al Capitán Dreyfus y declaró que
Los GENERALES MERCIER
y füLLOl' EN EL CONSEJO DE RENNES.
tades que obstruían su cam!no, fué
1
al se bubiese engallado no vacilaría en
gracias al espíritu animoso y amplio
reconocer su errer y repararlo. Entonces Dreyfus se
Co medor para la t ropa e n e l Bat allón
de su propietario el Sr. Aguilar y Vera, el cual babia
levantó de un salto, y tembloroso, con voz enronqued e Za padores.
conseguido montar un modelo de taller tipográfico.
~Ida, gritó:
El fuego lo consumió en breves horas, no obstante
e¡ Eso es lo que deberíais decir! . . . &gt; e¡Es vuestro
. ~l ~um_in~o p~sa~o el seiior Presidente de la I\epú- los oportunos y solícit')S auxilios de las autoridades
-deber! .. .... &gt; El Presidente hizo un signo con lama- buca se s1rv1ó as1stu á la inauguración del comedor del cuerpo de bOmberos y del vecindario.
'
no y el oficial de gendarmes
~ue estaba junto á Drey:fus lo cont uvo, recobrando
el acusado su actitud serena. Un minuto duró esta
@Cena patética, un minuto .nada más; pero caus6
tanta impresión que el Pre.aldente levantó la sesión
del Consejo.
Ya hemos referido en otro
lugar el atentado contra
Laboti; nos falta sólo decir
~mo se reci bió la noticia
~n el Consejo. E l lunes 14
de Agosto, abrió la sesión
~l Presidente dirigiendo
una advertencia á los concu•
rrentes que en la sesión
-del sábado Increparon duramente á Mercter. Iba á
abrir los debates cuando M.
Tauney, vice- presidentede
la Sociedad de la prensa
judicial, lanzó este grito
en la puert a del Sil.Ión: «Labor! está herido.&gt; El públiC!l se llenó de estupor al
~irlo.
Otro de los incidentes
más notable" fué el careo
entre Casimir Perier y Merder en el cual este jefe del
~Jerclto, este «débil de espíritu&gt; como lo llama Zola
quiso apasionar el debate
relacionando con los hechos
,que se discutían u!la complicación diplomálica entre
Francia y Alemania.
lNAUGURACION DEL COMEDOR PARA LA. TROPA EN EL ÜUAfi.TEL DE ZAPADORES.
Durante algunos momentos salieron á plaza secretos de Est ado, intimidades de esa situación anormal
para tropa que ha estableciclo en el batallón de
Nuestras ilustraciones tomadas de fotoo-rafías
fmo la llamó Perier, en virtud de la cual el jefe d~ mando el señor Coronel Manuel M. Plata.
que hizo un apreciable aficionado, la noche del sábaa Nación francesa puede ser y es en ciertas ocasioProcurando en lo posible la dignificación del sol- do_ 2 _á la hora del siniestro, mue:.tran el estado del
nesgobierna
un func1·onario
· nomma
· 1, un nwnarca que nina y dado, dándole instrucción, moralidad y disciplina, ect1fic10 en su parte interior. Ni aun las vio-as de ace-no
faltaba elevarlo un poco en su nivel social. Hasta ro pudieron resist ir y se _Jas ve en uno de los graba•

su

ASPECTO GENERAL DEL CO:.IIEDOR DE LATROPA EN EL CUARTEL DE ZAPADORES.

�Domingo 10 d~ Septiembre de 1899,

EL MUNDO,

Dcmtngc 10 de Septiembre de 1899
==

/3L incendio dv ltt&gt; caó~

ESCOlrBKOS DEL IJEPAR'l'A)IENTO DE PRENSA8.
ASPECTO EXTERIOR AL DIA SIGUIENTE DEL INCENDIO,

dos caer como cintas de tela sobre los escombros encendidos.

DE

"E!.. MUNDO."
Por los grabados que publicamos hoy, verán n~estros lectores que acabamos ya de montar la maqu_rna- .
ria, y hemos comenzado á trabajar :n ella: los prime•
ros trabajos que se ban emprendido, son los de las
novP-las que daremos en una forma nueva y mucho
más cómoda, siempre espléndidamente ilustradas.

ll&amp;'CON EL PROXIMO NUMERO
COMENZARA EL REPARTO. ~
Al principio de este año, por circunstancias agenas
á nuestra voluntad, dejamos de repartir tres novelas

de prima con ofrecimiento de repo;:ierlas: en el mes
:ie Julio estaban repuestas, y esto nos abona para la
seguridad que deben tener n~es_tros abonados del
cumplimiento de nuestros ofrecimientos.
Con creces serán satisfechos los lectl.res de EL
MUNDO,

Matilde L. Brugulere.

Los

BOMBEROS SOFOCANDO EL FUEGO EN EL INTERIOR,

Sr. Emilio Lange.

Esta soprano de voz deliciosa, formada. en la mejor escuela, tiene en México admiradores que con justicia 111, aplaudieron poco ha en la sa:a Wagner.
:Matilde Brugulere volverá prontoá :M~xlco, y hará
muy bien, porque todos los dillettanti la esperan de•
seosos de tributar nuevos homenajes á una de sus artistas predilectas.

También el Sr. Lange merece grandes y vivos elo•
gios por la excelencia de los trabajos de su fotografla.
Ilace poco publicamos un retrato de la Sra. Challa,
que nos fué proporcionado por el Sr. Lange.
Hoy nos da otra prueba del acierto con que maneja su arte: el retrato de la Sra. Plummer, en el que
verán nuestros lectores una belleza arrogante y un&amp;
fotografía de gran valor artístico.

Sr. Octaviano de la Mora.

EL SR. C. C. i:0S10.

Reproducimos hoy en nuestra primera plana un
grupo de fotografía
hecha en el reputado taller de este caballero, uno de lo~
que impulsan con
más talento y ahinco el arte fotográfico
en nuestro país.
Creemos que ese
grupo, artístico en
su composición y de
notable exactitud,
ser,á del gusto de
nuestros lectores, los
cuales pueden apreciar en él, no sólo la
perfección del grabado, sino el mérito
del fotógrafo.

Es el autor
de los grupos
y de los dos retratos de nii'las
que figuran en
la página 184.
[]Ilacemos es•
ta mención del
aventajado artista, en agrademmiento á
la bondad con
que nos hizo
tan preciado
envío.

l

8RITA, J.!ATILDl!:

L.

BRUGUIERE,

Soprano de Concierws.

SR,

ÜCTA VIANO DE LA MORA.

EL MU~DO.

181

�00
"'
,....

..;

~
~

l

1

t

.;

~

l
....
~

o
z

'◄

A
p

:-~r~~-~-~

¡-:-

'

)1

/

~

~

". -

·~:

-

~~. ~

E

'
:¡

~111

,;

-&amp;·0 :,:]~1--:! "3~

;,,J.

;,.:·

_... _.•~ ---

.

:.:.f. ,;."i- ,', í. .,

.

,,

~

.-

•

j..

'

¡

--·:,.~

.

.['

-;,·,

~

~

..
-:
- 11

-

--

=

o,

00
....
Gl

't:S

...
.a

&lt;I)

1111
o.

'i: -~.·-

•

ª

•..

1

·

·-•

..

~

··~
.,1 - , '.~;l~'
"--~~
~

. 1

'

r _,_

,., l
&lt;

&lt;I)

1

1

■

l

U),
&lt;I)

't:S

o

,-4

o

1a
o

A

.

ó

zAp
:;:J
..:i
t:.l

,1r 'ff ·.
~
t

. . . .. ¡ . .
.

• •

JI

1

: . -· r ·· ,

~·

-~

-~

..

'

*

t

..

'

-•'
+

&lt;N

00
....

ENTRAD.A. DEL COLEGIO MILIT.A.R Y ES'l.ATU.AS EN_BRONCE DE LOS HEROES MUERTOS EN EL ASALTO AL Ü ASTILLO1 DURANTE L.A INYASION .A.MERIC.ANA

1

,,•

�.Domingo 10 de Septiembre de 1899.

Domingo 10 de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

185

EL MUNDO.

f\VENTURcf\ DB HEOTOR.
Los Fossemagne ocupaban tace diez al1os el lu.¡ar envidiable de matrimonio excepcional en los
,écUlo., dela altasoeiedad parisiense, y sunomb,e
aervfa'á los optimistas ( dos ó tres que hay toda•
'ria) para decir que no todo sucede de la peor manera en el má.s malo de los mundos imaginables.
Si alguien decía que ya el amor no existe, que
lo• jóvenes buscan sólo dotes y no corazo_es, al
punto se objetaba:
-Sin embar go, Héctor de Fossemagne que
«a muy rico, se casó con Susana de Craponne
f()f los lindos ojos de la novia.
Contra los lamentos variados de los pesimistas,
toa Foaaemagne, 6 uno de ellos, servían de argu-

mento:

-Todavía hay jóvenes de la altasociedad que

no ae arruinan, y sinó ahí estAn los Fossemagne.
-Por lo menos hay en P 11rís un matrimonio

feliz: los F ossemagne.
11.

12.

n

:14

16.

~_!:·_J~~~~:'.'.:.__~-~~~~~:~~~:°..

1
n Eroestloa cossa. 11 Laura Temo. 13 C{,,rmen Travancc. H Ana Yar!a Co,;sa. _

--------------------------

---

c¿bna velada a:tÍótica en el Cf5eatio &lt;3auz de [/alapa.
d licioso parque. Es proverbial llamarle la tierra de las flores, que, como en el
Jalapa es un e
•
hermosas
apólogo del poeta, son hermants de la: ~u¡eres aquella Óudad una fiesta noble en el Teatro
La noche del 2-l ~e Ago.st
tim\ uu1 p:~a celebrar las obras de misericordia; para conso.
Ca.uz. Flores y mu¡eres, se eron ci ª ª
tlval de caridad que hizo 6¡¡oca.
la1 á los tristes Y socorrer ádlobsl po~re~. Fué ~~~~cuenta una miniatura, un encanto, un friso
Entre las notas más agra
es e reum
enel'csos que las flores y las muJe•
de inocentes cabecitas. Los niños no qulisleron s~~:~~º~a~taron el coro de Doctores del Rey
res Se vistieron de fantasía, Y entre r sas y ap
1 .
'6 i uiente·
Rabi6. ¡Picaruelost Un cron~sta jalapeildo ºsºesl~:~~rpl~:c~c~:p;:~~ ~l s ~te Y p·ara lo bello,
Los niilos de hoy son precoces, pero cuan o
hay que aplaudir Y no entristecehr~e:
stas crlaturitas! Un grupo de dieciocho cabecitas
¡Qué coro de los Doctores nos e1eron e
I miis monas! y que bien lo ht.
infantiles, lo más frescas, lo m1s bonitas, lo mis plc:1.res~,1,s, i~ de todo lo qJe hay de delicacieron esos diablillos! Parecía que tenían comp~.:taácenc encuso música Cnapí - Era de ver
d d r
d picante y de ingenioso en la sátira
que P
·
6
1
a~~ei8gd~~;~ d~ facu~:~~=os, iyº~~ép~:~1s:ae\~nÍ~~~rf;c!~;~:1~~ :1o~~!t:!to
t~=~: y
pauan o, con una m
m
'
. vedad que únicamente se puede adqulexperiencia clásica del agua! Y todo ésto, co_n la gra t ía y Fisiología y todas las demáa
rir después de estudiar muchos anos Pc1.tolog1a Y Ana om

g/
ª

ª

q;,

tl!f

~:~~~~~h~~~=í~~~~:ad~ ~~
~~f:~!~~€a

~~~

:s
~!il~!~/u~~nt:e ~~r~fd~t~! ;::cei~oi°~es~~u~~::1f~~::~l1~:i~
remediar aquello en pleua escena? Era un pro?le~a átmpr~i~/h!~:;;, Jlla opt~ por llevar•
1
1
~~c~1i J~~:~ou;l :a;2;!\;
;1ªtu~ie~~~
~;:0 r;g~:e~=

:~i

¿\~u:i~~~s~~~~~l

:~l~rn~us~ªf:~t1~::ii~º~ne:! r:::~~~i~~t!fn~ ~~e!:S\a~ :e!es que en consulta se juntan de dos
representantes de la Facultad para arriba!
d
f m
El Mundo Ilmtrado rinde hoy un homenaje á la Ciudad de Jalapa, publican ~ e1 ª 080
grupo de Doctores y dos de los más graves y graciosos, como un eco de la simpática Y encan•
tadora fiesta.

i:co. 3 Guadalupe Jlménez. 4 Marta Parlange. 5 Rosario Cuesta. 6 Ana Fresse. 7 Laura Sandoval, 8 Doloree Teráo. O Emllla :úutlérrez.
Amlnta HernAndez Pé1ez. 2 DlºDISIQ Trava
17 Emllla Gutiérrez. 18 Marta Parlaoge.

-Hay una mujer que no tiene aventuras, y no
f()rque aea fea, la marquesa de Fossemagne.
-Hay un marido fiel: Rector de Fosf!em¡¡gne.
Y aaf auMsivamtnte.
Conocí á. Héctor en el colegio, estaba él entre
toa chicos y yo en las clases superiores, pero la
múaica nos aproximó, él era soprano en los coros
ele la capilla y yo un bajo que hacía temblar las
Tidrieras cuando cantaba. Nos volvimos á vn alpos allos má s tarde: Héctor ya no era soprano,
felizmente para él, pero toda vía le gustaba la mú
alca. A no ser por la mala idea que tuvo su pa•
-dre de dejarle una gran fortuna, sería hoy uno
-cle tantos imitadores de W agner y no de los menos aplaudidos. Tenía á lo menos una cualidad
-de las má.s raras, la de no creerse un genio.
lllly tímido para no ser ostentoso, ocultaba sus
eompoaieiones en el fondo de un cajón y no hablaba de ellas sino á sus amigos íntimos, negán-cloae siempre á. dar audiciones.
-Cómo ha de ser, decía ; guardo para mí las
flores del arte ein dejarles A los otros las espi•

us.
Una fr11sca maff.ana olvidó sus oratorios y sus
sonatas: estaba enamorado, magnífica, poéticamente enamorado de la deliciosa Susana d11
Draponne. Para que la conociera y para saber
mi opinión, me llevó á un baile al que ella conarrfa. Mi opinión, si he de se~· franco, fué que
-ila bella S11sana le faltaba algo para que me
.gastara: lo que le faltaba era sencillamente tener
eorazón. Por lo demAs, teEía todas las cualid11dea, muchas por cierto, que puede dar IR. ed11ca•
-cion A una al ma sin ternura. Reconozco también
i¡Ue la educación de nuestra época eon el d"S·
arrolloexagerado de lai facultades del espíritu, lk
.ga fatalmente á. eliminar la ternura; las especies
de florea crea das en los últimos tiempos por el
-eul.stvo científico, eareeen de perfllme, lo que no
obata para formar eon ella deliciosos ramilletes;
pero estos ramilletes no tienen ese algo indefini
ble, cuya ausencia me inquietó cuando conocí á.
8uana. Nada preciso tenía que decir contra ella
Ynada dije sino que era superiormente bella,
verdad indiscutible.
Me abstuve de calmar los terrores de mi
~migo que en sucAndida modestia veh probabili·
cladea imaginarias de una negativa por parte de
ella que A mí me parecía imposible. Héctor erl\
j'&gt;ven, de buen porte, inteligente, honorable y
artiata hasta donde pu~de strlo un hombre de
sociedad, que no Quiere salir de su circulo . .A.delDia era r ico y la familia de S11sall&gt;l esuba en la
llliaeria y la muchacha ya teni11. más de veinte
atlos. Héctor t1&gt;nía todas las condiciones necesa•
riaa para triunfar, pero era de esos jugadores
-' quienes sólo les interesa una partida difícil. Le
dejé, pues, la emoción de la empresa, las atn!iedadea de la duda y el estremecimiento de su eo•
razón, joven y generoso. Fué el mAs encanta&lt;ior
Y el mb tfm\(10 de los enamorados y su ídolo
PU.do imaginar a l ver el f"rvor de aauella adora.
rión que el pretendiente combatía á veinte rivaea, lo qne en mi concepto estaba muy lejos de
aer la verdad absoluta. Despuéi; de un asedio
demasiado largo pero delicioso, el barnmetro
•entimeual mareaba pasión por parte de Héetor:
-el fdolo eay ó en los brazos del adorador, y el
illlundo loa perdió de vista un allo entero.

Reaparecieron 111 fin más felices que nunca, manifi,stando con un buen gusto muy raro, cierto
malestar por una ventura que los singularizaba
entre la multitud, como si anduviesen vestidos á
la usanza de otro hethisferio. El apogeo de la felicidad humana llegó para Héctor el día en que
tuvieron una hija, A la qut· le pusieron el nombre
de Susanilla. ¡.A.y! el astro de la vida de 11.quel
hombre habfa llegado al extremo de la órbita de
su fortuna, y volvía A acercarse A la tierra. Re•
cuerdo la vaga opri,sión qne me causaron ]Aspalabras de Héctor cuando me hizo esta confesión:
-Tú que analiz11s los corazones, explícame Jo
que me sucede. Desde que nació mi bija mi di
cha es mayor, cosa que yo creía imposible. ¿Por
qué me creo ent0nces menos tranquilo? .A.penas
se a bren los ojos de esa nin.a, y ya me siento perturbado cuando me mira; suspiro como cuando
no tenía la seguridad de ser amado; hay en mi
una especie de malestar absurdo é indefinible.
¿Cómo va a. acabar estor
Por primera vez desde que Sil casó, brotaba
de los labios de Héctor esta horrible palabra: análisi~. En el jardín de mi ponre amigo la orimera
flor otofl.al anunciaba las mallanas grises y las
breves tardes. Sin decir todo lo que sentía, le
contesté:
-Probablemente estés celoso, y si no lo estAs
todavía, un vago instinto te dice que pronto lo
estarás. Si, estarás celoso de tu hija: en ciertos
momentos la madre se interpondrá entre tu corazón y la amada; habrA tres en donde antes se
cantaba el dúo sublime. Es la ley fatal; pero la
naturaleza que nos hiere en cada nueva etapa de
nuestra vida, venda nuestras heridas con admira ble bondad. Nada importa que el río de tu fdlicidad se divida en dos brazos, pues no por eso
deja de correr una sola gota en él.
Héctor meditaba la contestación que yo le dí.
-¿Sabes una cosa? me dijo al cabo de un inPtante; creo haberle dado un nombre al malestar
que siento. Es algo así como el remordimiento
anticipado de UII crimen que voy A cometer. Sí,
siento que voy á amar á mi hija mAs que á ....
nadie.
-¿Y llamas á eso un crimen? le dije riendo.
-E I todo caso es una horrible injusticia. Mi
mujer ha sido durante dos an.os, el único objeto
de mis pensamientos; todos mis actos, todos mis
deseos, todas mis esper.rnzes se han encaminado
A hacerla feliz. Hoy tiene una rival y ¿por qué?
¿1\CaFo ella ha dejado de amarme? ¿la reina ha olvid1,do á su fiel &amp;úbdito? No; meses y meses ha
sufrido las torturas más insoportablee; ha arriesgado su vida tanto como nosotros la arriesgamos

la vida recobra de nuevo su lugar de mujer, los
vagidos de la bija le dicen que debe compartirlo
eon ella. Confiesa que nunca hlls pensado en
esto.
-Sí, he pensado, y, como, gracias A Dios, mi
alma es menos complicada que la tuya, mi conclusión y menos perturbadora. El remordimiento de que hablas es una t'Xager11ción ele refinado;
yo no voy tan lejos como tú y me !illlito á decir
que debemos perdonarles muchas cosas á las mujeres, en primt r lugar porqueaman más que nos
otros y luego porque los sufrimientos físicos y
morales á que estAn expuestas y los peli~ros materiales que corren ha~en que el papel c:myugal
d e ellas sea mAs importante y su situación más
delicada y respetable. La paternidad es en ti
matrimonio, lo que las grandes m1:1niobras para
el ejército y la maternidad es la verdadera guerra eon las balas que silban y los sables que tajrn. Los hombres olvidan esto fácilmimte.
- ¡Ah! exclamó Rector; yo no lo olvidaré. Mucho miedo he tenido en esa guerra de que hablas.
Es problable que Fossemagne llegara A adormecer esos escrúpulos que manifestaban en él un
espíritu nada vulgar. Adoraba A su hija con una
exaltación inquietante, y todos sus amigos creían
que no le sobreviviría Susaoi.la r.i é3ta llegara á
morir. Cuanto á Susana, embellecida por la maternidad, no manifestaba celos; para leer los secretos ocultos bajo ese exterior soberbio, necesitarfanse los rayos de luz negra recientemente
descubiertos. Una cosa sí era indudable: nunca
fué mAs feliz aquella pareja, ni se la vió jamás tan
unida, tan intacta en medio de los peligros que
dominaba como domina el impasible sol la peligrosa agitación de las olas. Héctor despreciaba
á la sociedad, muchas veces me lo dijo, pero tenia demasiada prudencia para manife,tar su sentir íntimo. El y su mujer hacían y recibían visitas, aunque sólo las muy necesarias para no pasar por misántropos ó avaros; muchas jóvenes en
la situación de la marquesa habrían encontrado
demasiado severo ese género de vida, y así se lo
dije un día, elogiándola por su filosofía. Ella me
contestó:
-La filosofía para mí es muy fácil. Estaba
destinada á no saber lo que es un traje eleg.m'te,
un coche ó una joya: tener esas cosas es lo esen.
cial; ostentarlas, lo accesorio. Sólo hay dos seres
en el mundo a quienes me interesa ·tener contentos, mi marido y yo.
.
Era un gran elogio que la marquesa haci1:1 de su
propia virtud; pero creo que no había en París un
solo hombre que lo creyese exagerado. Tal vez
habría hecho mejor en decir «yo y mi marido,&gt;
pero aún así la afirmación no era menos desalen.
tadora para los terceros. Lo que hay de cierto es
que pocas veces he visto una plaza menos sitiada. ¿Cómo podrían perseguirla cuando su marido la acompal1aba á todas partes? Galantear A
la sel1ora cuando el SP.11or e11tá á. dos pasos, y os
mira sin celos y con sonrisa benévola, es un pasatiempo ridículo, y sabido es que en nnestra her•
mosa Francia el dia que sea 1·idiculo come-r, toda
la nación se mo1'irá de hambre.

II

en una batalla. L11. diferencia es que nosotros tenemos tambores que redobla n, banderas desplegadas una mención honrosa en la orden del día,
los galones nuevos, la cruz, todos esos estímulos
que exasperan el valor. ¡Pobre Susana! ella nada de esto ha tenido, y e1111ndo salvada, vuelta A

Si 111. sociedad parisiense tuviera tiempo para
a nalizar por sí misma y no se atuviera a, leer los
análisis que hacen los estritores, se habría preguntado por qué un día Héctor se puso á componer música. Confieso que yo me pregunté la causa de ese cambio en su vida. Creí que mi amigo
volvía A tr11 bajar después de muchos afios de
ociosidad, porque su mujer le reprochitba su inercia, y cuando una mujer comienza á advertir que
su marido está ocioso, la conclusión lógica es que
se fastidia de él. Susana, cuya habilid1:1d me Cl.lU·
só admiración esa vez, comprendió indudablemente la necesidad de impulsar los trabajos de!
compositor, dándole el goceineomparable de ha
eer aplaudir su música. Para un aficionado que
tiene buena casa, este placer es de fácil realización. El marqué3 de Fossemagne no tenía más
que invitar á sus amigos A una audición de sus
obras, y así lo hizo.
Hay en ambas márgenes del Sena 50.000 per-

�EL MUNDO.

186

Domingo 10 de Septiembre de 1899.
la Marcha de Chopin acompaliaba las exequiaa
de la dicha conyugal de mi amigo. Aventuré
pues, esta pregunta filosófica.
'
-¿Es cierto entonces, como dijo Balzac, y mAs.
recientemente un predicador de ejercicios, quela mujer no debe enorgullecerse de su virtud antes de los treinta aflos?
-¿Quién habla de mujer? La pobre marquesa
siempre ha sido irreprochable; el marido fué.
quien hizo el escándalo.
Aquí para inter nos, debió
de fatigar al cielo eon su.
música, y salió de las corcheas para caer entre las.
garras de una damiselaquelo tiene bien preso.
- ¡Héctor!... . . . ¡Héctor
infiel!. . . . ¡Héctor en laa
garras de una intrigante! .. ,
No lo creo.
- Si no lo crees, dílea.
por ahí que te enselien en
la calle de Antibes la villa
de una actriz de cuarto orden llamada Lucila Regnier. Pregunta el nombredel seflor que le ha deparado ese asilo, muy lindo por
cierto, y que se encierra.
allí diariamente. Si es par•
tocar sus composiciones,
compadezco á la infeliz.
-;.Y la marquesa nada
sabe?
- Difieren las opiniones.
Si nada sabe, tiene uns graa
dosis de buena voluntad su ignorancia. Vive fuera de la sociedad, entregada á la educación d&amp;
su hija, di:iliciosa criatura de nueve aftos. No en•
tra un solo hombre á la casa de Susana, ia cual
como lo verás, está más linda que nunca con Stl
belleza triste. No hay que contar con la fellcidad
terrestre: una mujer no debe casarse.
-Sin embargo, querida tía, A todas horas s&amp;
lanzan !lnatemas contra los hombres porque no
quieren casarse. ¿Cómo nos las compondríamos.
entonces? .... Por lo demás, yo no ereeré en la.
aventura de Héctor hasta que tenga pruebas.
Las tuve dos días despuéR. El mundo entero
conocía á Lucila Regnier. El primer transeunt&amp;
á quien le pregunté, me mostró la casa, verdadero nido de enamorados, oculto entre palmeraa.
y baliado por el mar. Para colmo de certidumbre, ví salir de esa casa á mi amigo, el cual teni&amp;
más trazas de amante desdeliado que de Don
Juan triunfador. Al verme se Je iluminó el ro3tr0
con una. alegría que no me gustó mucho.

sonas para quienes constituye el peor de los ma•
les el fastidio de quedarse en casa después de
comer, sentadas en muelles sillones junto á una
chimenea crepitante, en compaliía de un buen li•
bro ó de la mujer legítima, según el caso; companlda con esta que juzgan calamii:lad, los infortunios
secundario"! de la vida les parecen no sólo soportables sino insignificantes. De ahí viene que no
)laya pieza teatral, por mala que sea, sin espectadores, ni sofrée monótona sin una fila de coches
frente á la puerta de la casa. Ddcir que las au·
diciones de Héc~or eran agradables parecería
adulación; vale más decir que desde luego se pusieron de moda. Dió tres un invierno. Aquel alio
su mujer cumplió treinta alios.
La casa cambió de aspecto desde que el arte
se enselioreó en ella; aparte de las veladas mu•
sicales, se veía allí otras veces á varios instrumentistas, algur.os de los cuales eran amigos
íntimos de los Fossemagne. Cit11remos al violi·
nista Kopriva, que entusiasmó á Paríi! un día y
cuya desaparición inexplicable para todos lo será
menos para los que lean estas líneas. Ese joven
húngaro de fisonomía tranquila y sonrosada de
clérigo inglés, no tenía técnica al decir de los intt:ligentes; pero á pesar de e~o puedo decir que
jamás he oído á ningún violinista que lleve á un
grado igual la fuga de la impresión.
Una noche, jamás lo olvidaré, se nos invitó á
comer en la casa de los Fossemagne. A la hora
de los postres, discutíamos Koprive y yo lo po·
tencial de los diversos instrumentos; yo á pe1:1ar
de mi incompetencia me atreví á sostenor que el
órgano es el primero de todos ellos. Esto indignó
al joven artista como si fuera un ataque personal.
Más de una vez había observado que la marque- amplitud magnífica de la obra maestra ejecutada
sa "-ontrariaba lasideas del artista y admirélali- por Kopriva en el boudoir perfumado cubierto de
bertad con que éste sostenía sus opiniones como
tapices ....
si no discutiese con una de las mujeres más be- sordos
L1 tempestad se había calmado. Una melodia
llas de París. Yo mismo no me habría atrevido á len ta, serena, interpretaba la resignación de los
tanto por más que sólo viese una amiga en la mu• que quedan, la eterna pa.: de la tumba despué,
jer de Héctor. Esa noche Susana nos dijo:
-A:ver fuí á San Sulpicio invitada á un entie• de las fatigas de la vida y la esperanza de una
mejor. Al comenzar la segunda repe•
rro. Widor tocó la Ma1•cha fúnebre de Chopio y existencia
tición
del
canto,
el húngaro se paró frente á Su•
todavía me estremesco de horror al recordar a que· sana y entonces la
misma melodía, transformada,
lla música sublime. ¿Qué podría hacer un violín se convirtió en un canto de amor tiernísimo, tan
para igualar la poderosa expresión del órgano? claro, tan audaz, tan manifiesto que vol vi los 0jos
Aun veo la irritación dolorosa que contrajo el
hacia el acompañante, espantado de la escena
rostro de Kopriva é iluminó sus ojos negros.
-¡Vamos! exclamó. ;.El señor Widor leha da- que iba á seguir. Comprendí sin embargo que
do á usted una impresión de horror con ,ms te- Héetor no era en aquellos momentos un marido
clas, sus pedales y sus tubos que parecen chime- sino un mú~ico; parecía no ver los ojos de su muneas de fl\brica? Yo haré que la M.,,rcha fúneb1·e . jer baliados de lágrimas, su pecho jadeante, su
la haga llorar, temblar y pedir gracia .... Ya ve- rostro en el que babia muerto el desdén. Subyu•
gado, abstraído por su tarea de acompaliante, el
rá usted lo que puede un violinista.
Se levantó de la mesa como un loco, y por una infeliz sólo pensaba en dar relieve á la ejecución
especie de extrali11, fascinación lo seguimos sin de Kopriva. ¿Ignoraba la obra maldita, infernal,
pronunciar una sola palabra, Creí de pronto que á la que se Je asociaba? .. . ... Despué, de los úlhabía entre él y Widor alguna rencilla profesio- timos compases, cuya quPja atenuada expiró en
nal, desconocida para el público. Llegó al bou· un agotamiento mortal, Kopriva, con la frente
dofr de la marquesa, iluminado con la luz roja de baliada de sudor, partió sin despedirse, dejándo·
una lámpara velada; en la chimenea se extin- nos abrumados. Casi inmediatamente le seguí.
guían los tizones que habían templado la atmós- El marqués, pálido como un muerto, no me acomfera. Un perfume fuerte, del que abusaba Susa- palió á la puerta y no recuerdo cómo me despedí
de aquella. casa.
Jl a desde hacia algún tiempo, ponía nuestros ner•
El resultado manifiesto de la velada, fué entivios en tensión. Ya el húngaro tenía su violin, y
biar
mis relaciones con lo, Fossemagne. Cuando
con el arco selialó al marqués el banquillo del
ví
á Héctor ya no existía entre Dosotros la fran•
piano. Héctor tocó los acordos, sucesivamente
mayores y menores del preludio, y con eso em- queza casi fraternal con que nos hablábamos
ant s. Me sorprendió encontrarlo súbitamente en•
pezó una escena que jamás olvidaré.
La seftora de Fossemagne se sentó cerca de la vejecido; ya no tenia el mismo placer en vt-rle y
lámpara. La expresión desdeftosa de su rostro sentía que mi presencia le era desagradable.
admirable, le daba el aspecto de una guerrera Nuestra amistad de veinte años, pasó rápidamendispu6sta á combatir, y no el de una dama del te de la espontánea franqueza á la frialdad, y esto
gran mundo que se dispone á escuchar dos pági· aliadido á la separ1tción anual de los parisienses,
nas de música. El genio vibró en las cuerdas después de la estación, hizo que perdiera de visoprimidas por la mano del artista; olvidó el arco, ta á los Fossemagne, los cuales pasaron el siguieuel instrumento delicado y el auditorio que Je es• te invierno en Caones. Era la primera vez que
cuchaba; una fuerza irresistible lo arrastró furio- . visitaban esa eotación de invierno, cuya. vida fastidiosa ponderaban antes como insoportable. A
samente,
Se desarrollaba el drama de los funerale3; nos- mi vuelta de Itaiia me detuve también en Cannes
otros oía::nos los gritos del dolor que brotaban y como pensaba no permanecer mucho tiempo,
de los labios, seguidos de e&amp;os sollozos en los que creí inútil presentarme en la easa de los Fossese _a divina la tem;estad interior de lágrimas con- magne. Sin embargo, tomé infvrmes de ellos y
t'enidas; seguimos con el ritmo lento de los pasos una tia, en cuya casa me alojé, me los dió com·
del cortejo, la lúgubre y pesada carroz11; la mul- pletos.
-¡Ah! sobrino, sobrino, me dijo. Hay todR. una
titud parecía crecer y la orouesta parecía aumentar su fuerza. No era, no podía ser un violín el historia, un escándalo ...... ¿No sabes nada? ¿de
-¡Hola! me gritó sin acelerar·ni acortar el pi-'
único foco de esa. tempestad armónica, de ese dónde vienes que lo igno: asjl Aquí no se habla
so.
¿Qué diablos haces aquí?
de
otra
cosa,
porque
has
de
saber
que
en
C,mnes
vapor µisgoético cuya tensión crecía. de minuto
-¿Y tú? .... le pregunté á mi vez, estrecbP'"
en minuto, al grado de creer que iban á de• somos virtuosos. Si á lo menos ocurriese esto en
rrumbarse las paredes de la pieza, demasiado pe• Niza en donde están habituados A esta clase de dole la mano con poco entusiasmo.
-Vengo de una visita. Pero .... ¡qué fr(o dquenas para contener tamafio desbordamiento de aventuras ..... .
tás
conmigo! ni pareces amigo antiguo.
Tenia
aún
vivo
el
recuerdo
de
cierta
velada
notas. JamAs 11leanzarAn los órganos más pode- Seria más exacto que dijeras que tengo frú&gt;t
rosos, ni la cohorte 1Jumeroea ue ejecutantes, la en la que sentí, por extralio presentimiento, que
0

Domingo 10 de Septiembre de 1899.
le contesté. ¿No te ha pasado lo mismo al ver una
1
casa amiga hecha ruinas?
-¿Y qué e3 lo que cae en ruinas? ¿Mi virtud?
-Para llorar la virtud perdida seria preciso
ser virtuoso y yo no lo soy; _¡:ara la.mentar la dicha que se va, basta ser hombre. Lo que me hace
suspirar es tu dicha destruida,
--Frases, amigo mío, frases nada más. Du'"ante diez atlos he sido feliz y virtuoso; oero esto es
sólo cosa mía. He dado ampliamente mi parte de
moralidad y de f~licidad á la especie humana
¿Acaso no ha cambiado mi cuerpo en estos die~
aflos? ¿por qué entonces mi alma no tendría también el derecho de cambiar?
-Pero no hablo sólo de tu dicha, hablo de tu
mujer ...... de tu hija ..... .
-EstAn bien, gracias. ¿Las has visto?
-No, yo no tengo valor para verlas. ¿De qué
hablaríamos?
-De mí. Las compadecerías; Je dirías á mi
mujer que merecía otro hombre mejor, porque lo
crees así, naturalmente Todos lo dice.o. ¡Se ha
resignado con tanta nobleza!
Una carcajada diabólica, cruel, acompalió sus
palabras, todas ellas tau extraliamente cínicas
tan nuevas en los labios de Héctor que me · llcna~
ban de estupor Y sentía como si hablase cou un
desconocido. ¿Había sido un hipócrita ese mal
marido? ¿Me engalió durante veinte afios? Hice
un supremo e&amp;fuerzo y le contesté:
-Mi pobre amigo, si tú mismo me decías cuando tu bij~ vino al mundo: «Siento que voy á amar14 demasiado y temo que mi mujer se encelt!»
¿Qué, ya no amas á tu pequen.a Susanilla?
Cual si lo hubiera herido e'l ei corazón, llt,vó
Ju manos á su pecho, mu~murando:
-¡Mi hija, mi hija!. . . . No sabes .... Vames,
déjame, que me asesinas!
No me atreví á detenerle. Todo aquello era
tan misterioso, que mi papel de amigo se hacía
intolerable. Partí al día siguiente muy 'descon-eertado y r egresé á París, en donde proi:to oí hablar de la «aventura » de Héctor.
En los primeros días de.Mayo, la habitación de
~os Fossemagne aún estaba cerrada. Después y
J~stameote cuande París iba á quedar desierto,
supose que aeitbaba de pronunciarse uoa sentencia de separación en favor de la marquesa, naturalmente.
El invierno siguiente hallóla instalada en un
modesto entresuelo, con una vieja pariente. Veía
Amuy poca gente y se decía que sólo se consa¡raba á su bija, cuya educación vigilaba minuciosal!1~ºte. .Mi antigua amistad con su m!lrido,que viaJaba fuera de Francia-me impedía ir á
verla.
Aquella pareja que ocupara en mi vida un lu,gar tan comiderable, no constituía ya para mi
más que un recuerdo, pero un recuerdo infinitamente doloroso.

EL MUNDO.

187

cual nr,tarios en funciones. Me aseguró que me
teo~a en concepto de hombre honrado, lo cual
a~r1ó la puerta A sus confidencias, que, debo decirlo'. fueron algo complicadas. No obstante para mi gra~ sorpresa, me declaró que conside~aba
el amor platónico superior al «otro.»
-~Quiere usted decirme qué cosa es el amor
platómc0?-:-la preg1mté con Ja pícara intención
de desmentirla.
-El amor platóoico,-respondióme -es cuan•
do se ama uno sin hacer tonterías.
-¿C?noce usted algunos ejemplos?
-Ciertamente. El hombre á quien más he
a~ado, no me besó jamás ni en la frente. Ni en
mng~na_otro parte!-(11greg6 al ver brotar una
sonrisa 10crédula por b11jo de mis bigotes.] y 1 sin
embargo, le recibía todos los días durante seis
semanas, Me había arreglado una c11sita en Can•
n_es, en. la avenida de Anti bes. Cuando partió el primer día Pin haber hecho más que estrecharme la mano, f..tmar cigarros en mi terraza

'

III
. Apenas me a corda b~ del nombre de Lucila RégDier,. cuando, tres aftos más tarde, una circunstancia fo:tuita nos pg.so en presencia uno de otro.
lJno~ amigos representaban en su salón una comedia pequeliita cuyo autor era yo. Entre los intérpretes recojídos en diversos teatrillos que estaban á mi disposición, se encontraba la. antigua
«aventuro de Héctor y es de comprenderse que
me i~teresa~a más por esta circunstancia que por
mi pieza misma. Como no le faltaba. aliento y
h'\sta tenia una relativa distinción, pront o fuimos
camaradas y en la noche de la representación, bi.zo lo_que pudo para dar valor A la obrilla, que
por cierto no conocerá la posteridad
. Al retirarme, cargado de esos «bravos&gt; que
;iempre se obtienen en un salón, alcancé á Luci•
ª que esperaba un coche:
-¿No cena ~sted? la pregunté.
e· Me contestó que la desagradaban esas colaion~s en que se sirve á los artistas aparte, como si faeran apestados
s·
.
Si - . lD embargo, -agregó-me muero de sed.
1
m ~ autor fuera un ángel, subiría á mi cupé y
e ~ria tomar algo muy fresco antes de irme á
dormir.
guContesté que deseaba ser un ángel y tras de aldo~~s {º.dadas llegamos á un restaurant, en
y e ª Joven actriz tomó una docena de ostras
deu~. ala de pollo frío, rociadas con tres copas
hallt?uot. Era tarde; la sala común en que nos
Lucil amos se encontraba casi desierta y como
ª tenia la champafta triste, estAbamos serios

examinand~ las olas y martirizar mi piano, creí
que era tímido y me burlé de él con mi doncella
de servicio. ¿Creerá usted que después de dos
semanas de tal régimen, e. ruido de sus pasos en
la avenida. me producía sobresaltos y palpitacio.
nes? Yo, que solo comprendo los valses, me pasaba horas enteras escuchando su música, una música capaz de atraer al diablo mismo sobre la.
tierra. Y si hay algú,¡ hombre que pueda vanagloriarse de la fidelidad de una mujer, es él. . ..
Cuando se iba, yo tomaba la pluma .... .. Es
probable que usted haya recibido cartas de
amor, pero como las que yo escribía, jamás!
Cuando concluyó el ensuelio, creí que iba á morir!
E'l vano pedi el nombre de ese ser extraordi •
nario, no pude arrar..earlo á los labios de Lucila.
Por lo demás, no lo necesitaba: Héctor de Fossemagne hl¼bía sido, con toda evidencia, el héroe
de esa extralia novela. Pregunté A mi compalie•
ra, sin dejarla comprender que había adivinado
ese nombre:
- ¿Fué usted feliz durante mucho tiempo?
-Durante seis semanas. El era casado y sin
duda &amp;u mujer sorprendió mis cartas. Hubo es•
cAndalo y separación, ¡y todo por a:gunos cigarrillos, por mucha música lamentable y por charlas poco alegres! ¡Figúrese usted!
Yo no me figuraba nada, pero tampoco mote- .
jé á mi amiguita por su raro amor platónico. Te-

nía enfrente otro misterio que agregar á los muchos que he sorprendido en el curso de mi vida.
y que se desecan poco á poco en mi memoria. Y
de esta suerte, el de la «aventura» de Héctor estaba casi olvidado, cuando recibí una. carta del
marqués, á quien no había vuelto á ver desde
Cannes. Me escribía simplemente, como si nos
hubiésemos separado la víspera:
«S~bras por la prensa lo de la boda de Susa•
nilla. Dame el gusto, ó, mejor dicho hazme el
servicio de asistir á ella. Las cerem¿nias de ese
género nunca son agradables para un padre se·
parado y desearía abandonar la iglesia del brazo de un amigo, pues mid fuerz'ls físicas y morales no son ya las de hace diez alios . Cuento contigo, ¿verdad, quérido mío? ¿Irás?»
No bólo se casaba Susanill i, sino que se casaba bien: «un gran matrimonio » un' matrimonio
de á ~incuenta lineas, como di~en los repórters
especiales. Me encontré el templo de S'ln Agus. tín henchido de concurrentes, y I qué concu.rrentesl¡Qaé flores, qué música, qué .traj ~s, qué nombres!
No ob3tante, sobre aquel millar de personas, empezando
por mí, se cernía una vaga'molesti_a. Creo que muy p~cas
hubieran querido encontrarse
en el lugar de Héctor, oblicuamente arrodillado so'.:-re su reclinatorio, de manera de no
verá su mujer, que también
había cambiado mucho. El
discurso del celebrante fué
~uriosc. Aquel sacerdote, vie•
JO y vener'\ble, no era la primera vez que se hallaba ante
una: situación delicada, evidentemente. La sefiora de Fossemagne obtuvo cumplimiento por sus virtudes, que sin
duda pesaron mucho sobre su
modestia, pues los escuchó con
la. cabeza entre las manos y
sollozando. Hay que suponer
que el orador no había recibido, como yo, las confidencias de Lucila; su dii!curso no
mencionó las virtudes de mi
P?b~e. Héctor, pero se desquitó
g,orif1cando A sus ascendientes, lo que prueba que la nobleza le sirve hasta aun predicador en aprietos.
En la sacristía, el suplicio
f~é v:erdaderamente cruel. De
pie, Junto á su esposa, pudo el
marqué3 estudiar toda la gama de los desdenes, los rápidos apretones de mano las
sonrisas fingidas y obligadas
las fe:icitaciones en voz con:
fusa; de tiempo en tiempo
. .
también la omisión de algun~
vieJ!l, aferrada á las buenas costumbres.
Era c~mo un invitado neces1trio, como un invitado obhgado, cuya presencia helaba á todo el
mundo. Se contuvo, no obstante sus sufrimientos
Cuando se sen_tía dominado por el c ,nsancio d;
su papel, su mirada, en la. que brillaba un rayo de
amor,.s~ tornaba h~cia su hija, A su hija radiante
de fehcidad, de lUJO y de belleza.
Por fin formóse el cortejo para la salida y y
esperé_ al desventurado en el pórtico. Apen'as pu~
do reti~arse, tomó mi brazo y nos perdi mos entre
la ~ultitud. ~os ll~vó un fiacre, con las cortinas
?ªJas, como s1 hubiese llevado, á la salida de un
Jurado, á dos acusados puestos en libertad· despuéi de UDll absolución dudosa.
. Cu~ndo finalmente nos encontramos en la ba_bitación de Héctor, éste se dejó caer sobre un silló~, agotado; yo noté que en ese momento casi
tema el aspecto de un anciano.
. - ¡Pobre amigo! - suspiré -¡Cuánto has cambiado! ¿ Estás enfermo?
. -¡Enfermo!. . .. exclamó, riendo con una sonrisa dolorosa.-Usado por el vicio, agotado por
los desórdenes:
he ahí lo que he leído en los OJOS
·
. . d
Y a d ivma o en los cuchicheos de todos esos idiotas que aca~amos de dejar . ..... ¿Cómo quitarles la creencia de que esta habitación, en doude jamás ha entrado una. mujer, sea el lugar de cita
d; toda s_las. pe~adoras de la capital? ¿No lo has
oido decir tu mismo? ¿No lo has creído tú mismo?

��Domingo 10 de Septiembre de 1899.
EL MUNDO.
190

ALA MEMORIA DEL POETA JOSE MARIA BUSTILLOS.

gracia sin fin, en su resignación dolorosa, en esa
resignación, especie de embrutecimiento. con que
se entregan las almas á las grano.es de~dichas sin
remedio. Y todo ello, quizás, después de una risueña y crédula esperanza.
Gonzalo se sentía anonadado. Dernlvió al ciego
el papel sin decirle una palabra: las mil fórmulas
ele consuelo que en aquel momento acudieron á sus
labios no solamente le parecieron mezquinas, sino
irrisorias. Qui~o darle una limosna, pero un miedo absurdo de ofenderle, de echar ú perder con la
grosería del acto la nobleza del intento, le produjo
una de esas turbaeiones que tan bien conocen los
temperamentos delicados.
El viejo juzgando, ;;in eluda, aquel silencio como
una despedida, saludó amablemente y echó á andar
hacia :fuera. 'l're$ lágrimas brotaron de i,us ojos :
una bajó por el carrillo derecho, untáudo~e eu él,
hasta verderFe en la harba; otra corrió por el izquierdo, pero á la mitad del camino la detuvo el
obstáculo de una arruga, y la tercera. di;;puesta á
engrosar e,;ta última, temblaba, redonda y brillante, en el borde del párpado.
Gonzalo )ledina estaba desengañado de sí mismo. Pesaba en su conciencia. como un delito, la
facilidad con que había oh·idado Hl primera entrevista con el ciego. Juzgúbase n:o de un :fraude co-

INVERNAL;
Ya se ve de los montes sobre las cumbres
La nieve semejando blancos pena;hos,
Hay hielo de las chozas en las techumbres,
Escarcha de las peñas en los picachos.
Las flores se march itan, cierran sus broches
Al sentir el contacto del cieno aleve;
Y pálida y hermosa brilla en las noches
La luna como Inmenso globo de nieve.
Las aves entumidas piando tiritan,
Se congelan las aguas del arroyuelo, .
Los árboles sus frondas con fueria agitan,
El ambi;;ote está helado, diáfano el cielo.
¡Oh! flores predilectas de los poetas
¡,Por qué abrls hechiceras ~l cál_iz tierno?
Ya descubrí el secreto; bellas v10letas,
Sois las celosas novias del crudo invierno.
Nacéis cuando están mustias las flores todas
Para no sentir celos de sus encantos,
Y os preparáis festivas para las bodas
Ataviadas con ricos y azules mantos.
Por eso me entusias!Jlo cuando la cima
Del montecillo enhiesto de blanco viste.
•.romad, puras violetas, mi humilde rima;
¡I nvierno, á tus nupciales mi musa asiste!
MARIA

C. DE KA':'TENGELL,

GOLONDRINAS

metido ante aquellas personas, por cierto no escasas, en cuyo concepto era él hombre de corazón
compasivo. Y entre estos cosquilleos de su conciencia, sentía rn su amor propio, como punzante
alfilerazo, el conyencimiento de que, hasta allí, se
había engañado á sí miRmo, creyéndose mejor de
lo que era en realidad. No se hacía ilusiones de su
conducta futura: había comenzado por dejar partir
al ciego sin una triste peseta, y acabaría por olvidarle como la Yez anterior.
l\fas corrieron los días y el recuerdo del ciego no
se apartaba de su memoria: en ella vivía, e,·ocando con vortentoso vigor la imagen del viejo con su
roto calzado, sus miserables ropas, sus trémulas
manos, sus móviles párpados cubiertos de lágrimas ...... Lágrimas que no se sabía si eran fenómeno peculiar de la enfermedad de sus ojos ó desahogo del dolor que debía de cauf:ar en el corazón de
aquel pobre el convencimiento de su eterna ceguera.

J. G.\RCIA RODRIGUEZ.

En el azul de los cielos
y en forma sencilla y gráfica,
de la línea telegr!Hica
los alambres paralelos
un pentágrama formaban,
y sobre ellos, peregrinas,
dos amantes golondrinas
gravemente reposaban.
La una fingiendo un bemol,
y la otra un sí sostenido,
habíanse detenido,
cuando se ocultaba el sol.
A un eléctrico fanal
voló de pronto una de ellas
y, al quemar sus alas bellas,
en la bomba de cristal,
la infeliz cayó aturdida.
Su compaflera amorosa
se fué en pos de ella, afanosa,
y con queja. tan sentida
piaba y piaba sin cesar;
y 'una nifia que esto vió,
-¡Dios mío!, al punto exclamó:
¡si la pudiera ~alvar!
Un muchacho que jugando
estaba allí. se encarifia
con h piedad de la nilia,
y el poste enhiesto escalando,
y1J. llegaba placentero
al vivísimo fanal,
cuando un grave policial,
con ademán rudo y fiero,
al chicuelo hizo bajar.
Presa de intensa emoción ·
y sintiendo con razón
lai;i lágrimas asomar
A sus pupilas divinas,
se fué la oift.a hechicera
para que nadie la viera
llorar por las golondrinas.
Mas el llanto en vano, en vano,
pudo ocultar, pues lloraba,
y los ojos se enjugaba
cou el dorso d e la mano.
Esa noche no durmió,
¡Qué iba á d ormir! .... ¡Pobrecillal
Recordando la avecilla
toda la noche pasó.
Con el alba, diligente
corrió la nl:ft.a al fanal,
y al fijar en su cri~tal
los ojos, clamó doliente:
- ¡No es una sola, gran Dios!

.... ................ .... ... .

Con las alitllB abiertas
y una junto A otra, ya muertas,
estaban allí las dos.
EmLIO PACHECO,

-------•--------

Joven, llevando en el cerebro ardiente
Pensamientos risueños,
Sintiendo aletear sobre la frente
Bu!llcloso, impaciente,
El misterioso enjambre de los suenos.
Arrancando de su alma apasionada
La trova del amor dulce y secreta
Para ofrecerla á la mujer amada
Que su lira dorada
«Ado1Daba con ramos de violeta.&gt;
Así en la tumba reclluóse el bardo.
-Sol que temprano se ocultó en ocaso..:
La pálida beldad dijo: «Te aguardo,&gt;
El murmuró: «No tardo&gt;
Y ... . se murió feliz en su regazo.
Foy en su fosa lloran los amores,
Y hará ese llanto g-ermlnar las flores
Pc.rque rué de las flores el poeta,
Y su laúd, paleta
Que vistió la ilusión de mil colores.
Los genios tutulares del carií!o
Se postrarán de hinojos,
Y con sus alas de crespón y armiño
Cubrirán los despojos
Del soñador de corazón de niño.
Feliz él que vogó sobre los mares
Del mundo, en el esquife del ensueilo
Entonando cantares.
Era un proscrito quP- volvió á sus lares,
Lo llamaba ,m patria con empeño.
Brotaba el verso de su lira de oro
Impreg nado de notas celestiales
Remedando de alondras dulce coro.
Poeta, duerme mientras vierten lloro
En tu ataúd tus bellas «Inmortales.&gt;
Y en tanto que la fama lisongera
Entusiasta pregona
Tu nombre por doquiera,
Con rosas de la hermosa primavera
Te formará la Gloria una corona.
1\1ARIA C. DE KATTENGBLL.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 17 de ~Pptiembre de :r899.

••

TAPIZ DUCAL .
Ampliando las alas en un arco sonoro,
la hermosa cola abierta. cual panoplia oriental
cruzada de mil sab!PS con límpidos puños de oro,
bajo d negro eukaliptus está un pavo real.
La inmensa emoción pálida de una tarde de rosa
tiembla sobre las nubes solemnes de esplendor,
y soberbiamente ebria de lascivia orgullosa,
como un 8ultán el pájaro glorifica su amor.
Hay una joven blanca, que es una joven bel:a;
sueña en los moribundos éxtasis de la luz.
Tal vez sea tan blanca el alma de una estrella,
tal vez sea tao bella una perla de Ormuz.
Suena un amor de príncipe; intenso aroma exblla
cual brasa de incensarl'J, su boca de carmín.
El pájaro se a.cerca y roza con su ala
la ¡?ala de la falda de crugiente satín.
Y el amoroso pico en la boca entreabierta
se g-uarece, buscando deleites de embriaguez ... .
Ved cómo la doncella contempla el ave muerta
de amor, las alas regias tendidas á sus pies.
LEOPOLDO LuOONBS.

A UNA ACTRIZ
Es preciso que te bable con la franqueza
con que dos aves hab an dentro del nicto,
hablemos, pues, del Arte: de la Belleza
en la estatua, en el lienzo y en el sonido.

Los dos somos bohemios, los dos hermanos;
y, al conquistar serenos triunfos y palmas,
aparentamos siempre rostros ufanos
escondiendo la herida de nuestras almas.
C".láotas veces acaso traidora pena
tu razón deje obscura y enajenada,
y sintiéociote triste sobre la escena
se escape de tus labios la carcajada.
Todo artista, Se!Iora, sufre en secreto .. •• · ·
qué importan los aplausos? .. . . . . la ¡;!orla es , _
yo me rlo y sollozo con Rlgoletto
en esta miserable tragedia humana.
Adios, maga hechicera, .. . ... yo te bendigo
en estos versos-hijos de mi ternuramaüana en otro suelo piensa en tu amigo,
esclavo de tus gracias y tu hermosura.
Adios, guarda mis flores ...... y oye Y
algunas á tus plantas de diosa esparce,
y otras agrega al peso de la corona
que te ha dado la tierra de Nú!ier. de Arce.
Que te conceda el Genio que tanto adoras.
al cruzar por las sendas donde te canten,
no manos que te aplaudan atronadoras
sino manos benignas que te levanten.
JUAN B. DELGADO•

perclolf

J. OlJSA.OHS.-RetraCo del Sr. General Porfirio Dlaz.

(Wase la página 193. ¡

Número 1z

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94329">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94331">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94332">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94333">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94334">
              <text>11</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94335">
              <text>Septiembre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94336">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94353">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94330">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 11, Septiembre 10</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94337">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94338">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94339">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94340">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94341">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94342">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94343">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94344">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94345">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94346">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94347">
                <text>1899-09-10</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94348">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94349">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94350">
                <text>2017547</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94351">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94352">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94354">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94355">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94356">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1437">
        <name>Batallón de Zapadores</name>
      </tag>
      <tag tagId="1436">
        <name>Casa tipográfica La Europea</name>
      </tag>
      <tag tagId="1435">
        <name>Corte Marcial Rennes</name>
      </tag>
      <tag tagId="1441">
        <name>El señor Morados</name>
      </tag>
      <tag tagId="1439">
        <name>La aventura de Héctor</name>
      </tag>
      <tag tagId="1434">
        <name>Miedo al ridículo</name>
      </tag>
      <tag tagId="1440">
        <name>Tacho Torres</name>
      </tag>
      <tag tagId="1438">
        <name>Teatro Cauz</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3615" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2256">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3615/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._12._Septiembre_17..ocr.pdf</src>
        <authentication>38a3982a8c7bb39a1cccac6c52d90d76</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117436">
                    <text>Domingo 10 de Septiembre de 1899.
EL MUNDO.
190

ALA MEMORIA DEL POETA JOSE MARIA BUSTILLOS.

gracia sin fin, en su resignación dolorosa, en esa
resignación, especie de embrutecimiento. con que
se entregan las almas á las grano.es de~dichas sin
remedio. Y todo ello, quizás, después de una risueña y crédula esperanza.
Gonzalo se sentía anonadado. Dernlvió al ciego
el papel sin decirle una palabra: las mil fórmulas
ele consuelo que en aquel momento acudieron á sus
labios no solamente le parecieron mezquinas, sino
irrisorias. Qui~o darle una limosna, pero un miedo absurdo de ofenderle, de echar ú perder con la
grosería del acto la nobleza del intento, le produjo
una de esas turbaeiones que tan bien conocen los
temperamentos delicados.
El viejo juzgando, ;;in eluda, aquel silencio como
una despedida, saludó amablemente y echó á andar
hacia :fuera. 'l're$ lágrimas brotaron de i,us ojos :
una bajó por el carrillo derecho, untáudo~e eu él,
hasta verderFe en la harba; otra corrió por el izquierdo, pero á la mitad del camino la detuvo el
obstáculo de una arruga, y la tercera. di;;puesta á
engrosar e,;ta última, temblaba, redonda y brillante, en el borde del párpado.
Gonzalo )ledina estaba desengañado de sí mismo. Pesaba en su conciencia. como un delito, la
facilidad con que había oh·idado Hl primera entrevista con el ciego. Juzgúbase n:o de un :fraude co-

INVERNAL;
Ya se ve de los montes sobre las cumbres
La nieve semejando blancos pena;hos,
Hay hielo de las chozas en las techumbres,
Escarcha de las peñas en los picachos.
Las flores se march itan, cierran sus broches
Al sentir el contacto del cieno aleve;
Y pálida y hermosa brilla en las noches
La luna como Inmenso globo de nieve.
Las aves entumidas piando tiritan,
Se congelan las aguas del arroyuelo, .
Los árboles sus frondas con fueria agitan,
El ambi;;ote está helado, diáfano el cielo.
¡Oh! flores predilectas de los poetas
¡,Por qué abrls hechiceras ~l cál_iz tierno?
Ya descubrí el secreto; bellas v10letas,
Sois las celosas novias del crudo invierno.
Nacéis cuando están mustias las flores todas
Para no sentir celos de sus encantos,
Y os preparáis festivas para las bodas
Ataviadas con ricos y azules mantos.
Por eso me entusias!Jlo cuando la cima
Del montecillo enhiesto de blanco viste.
•.romad, puras violetas, mi humilde rima;
¡I nvierno, á tus nupciales mi musa asiste!
MARIA

C. DE KA':'TENGELL,

GOLONDRINAS

metido ante aquellas personas, por cierto no escasas, en cuyo concepto era él hombre de corazón
compasivo. Y entre estos cosquilleos de su conciencia, sentía rn su amor propio, como punzante
alfilerazo, el conyencimiento de que, hasta allí, se
había engañado á sí miRmo, creyéndose mejor de
lo que era en realidad. No se hacía ilusiones de su
conducta futura: había comenzado por dejar partir
al ciego sin una triste peseta, y acabaría por olvidarle como la Yez anterior.
l\fas corrieron los días y el recuerdo del ciego no
se apartaba de su memoria: en ella vivía, e,·ocando con vortentoso vigor la imagen del viejo con su
roto calzado, sus miserables ropas, sus trémulas
manos, sus móviles párpados cubiertos de lágrimas ...... Lágrimas que no se sabía si eran fenómeno peculiar de la enfermedad de sus ojos ó desahogo del dolor que debía de cauf:ar en el corazón de
aquel pobre el convencimiento de su eterna ceguera.

J. G.\RCIA RODRIGUEZ.

En el azul de los cielos
y en forma sencilla y gráfica,
de la línea telegr!Hica
los alambres paralelos
un pentágrama formaban,
y sobre ellos, peregrinas,
dos amantes golondrinas
gravemente reposaban.
La una fingiendo un bemol,
y la otra un sí sostenido,
habíanse detenido,
cuando se ocultaba el sol.
A un eléctrico fanal
voló de pronto una de ellas
y, al quemar sus alas bellas,
en la bomba de cristal,
la infeliz cayó aturdida.
Su compaflera amorosa
se fué en pos de ella, afanosa,
y con queja. tan sentida
piaba y piaba sin cesar;
y 'una nifia que esto vió,
-¡Dios mío!, al punto exclamó:
¡si la pudiera ~alvar!
Un muchacho que jugando
estaba allí. se encarifia
con h piedad de la nilia,
y el poste enhiesto escalando,
y1J. llegaba placentero
al vivísimo fanal,
cuando un grave policial,
con ademán rudo y fiero,
al chicuelo hizo bajar.
Presa de intensa emoción ·
y sintiendo con razón
lai;i lágrimas asomar
A sus pupilas divinas,
se fué la oift.a hechicera
para que nadie la viera
llorar por las golondrinas.
Mas el llanto en vano, en vano,
pudo ocultar, pues lloraba,
y los ojos se enjugaba
cou el dorso d e la mano.
Esa noche no durmió,
¡Qué iba á d ormir! .... ¡Pobrecillal
Recordando la avecilla
toda la noche pasó.
Con el alba, diligente
corrió la nl:ft.a al fanal,
y al fijar en su cri~tal
los ojos, clamó doliente:
- ¡No es una sola, gran Dios!

.... ................ .... ... .

Con las alitllB abiertas
y una junto A otra, ya muertas,
estaban allí las dos.
EmLIO PACHECO,

-------•--------

Joven, llevando en el cerebro ardiente
Pensamientos risueños,
Sintiendo aletear sobre la frente
Bu!llcloso, impaciente,
El misterioso enjambre de los suenos.
Arrancando de su alma apasionada
La trova del amor dulce y secreta
Para ofrecerla á la mujer amada
Que su lira dorada
«Ado1Daba con ramos de violeta.&gt;
Así en la tumba reclluóse el bardo.
-Sol que temprano se ocultó en ocaso..:
La pálida beldad dijo: «Te aguardo,&gt;
El murmuró: «No tardo&gt;
Y ... . se murió feliz en su regazo.
Foy en su fosa lloran los amores,
Y hará ese llanto g-ermlnar las flores
Pc.rque rué de las flores el poeta,
Y su laúd, paleta
Que vistió la ilusión de mil colores.
Los genios tutulares del carií!o
Se postrarán de hinojos,
Y con sus alas de crespón y armiño
Cubrirán los despojos
Del soñador de corazón de niño.
Feliz él que vogó sobre los mares
Del mundo, en el esquife del ensueilo
Entonando cantares.
Era un proscrito quP- volvió á sus lares,
Lo llamaba ,m patria con empeño.
Brotaba el verso de su lira de oro
Impreg nado de notas celestiales
Remedando de alondras dulce coro.
Poeta, duerme mientras vierten lloro
En tu ataúd tus bellas «Inmortales.&gt;
Y en tanto que la fama lisongera
Entusiasta pregona
Tu nombre por doquiera,
Con rosas de la hermosa primavera
Te formará la Gloria una corona.
1\1ARIA C. DE KATTENGBLL.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 17 de ~Pptiembre de :r899.

••

TAPIZ DUCAL .
Ampliando las alas en un arco sonoro,
la hermosa cola abierta. cual panoplia oriental
cruzada de mil sab!PS con límpidos puños de oro,
bajo d negro eukaliptus está un pavo real.
La inmensa emoción pálida de una tarde de rosa
tiembla sobre las nubes solemnes de esplendor,
y soberbiamente ebria de lascivia orgullosa,
como un 8ultán el pájaro glorifica su amor.
Hay una joven blanca, que es una joven bel:a;
sueña en los moribundos éxtasis de la luz.
Tal vez sea tan blanca el alma de una estrella,
tal vez sea tao bella una perla de Ormuz.
Suena un amor de príncipe; intenso aroma exblla
cual brasa de incensarl'J, su boca de carmín.
El pájaro se a.cerca y roza con su ala
la ¡?ala de la falda de crugiente satín.
Y el amoroso pico en la boca entreabierta
se g-uarece, buscando deleites de embriaguez ... .
Ved cómo la doncella contempla el ave muerta
de amor, las alas regias tendidas á sus pies.
LEOPOLDO LuOONBS.

A UNA ACTRIZ
Es preciso que te bable con la franqueza
con que dos aves hab an dentro del nicto,
hablemos, pues, del Arte: de la Belleza
en la estatua, en el lienzo y en el sonido.

Los dos somos bohemios, los dos hermanos;
y, al conquistar serenos triunfos y palmas,
aparentamos siempre rostros ufanos
escondiendo la herida de nuestras almas.
C".láotas veces acaso traidora pena
tu razón deje obscura y enajenada,
y sintiéociote triste sobre la escena
se escape de tus labios la carcajada.
Todo artista, Se!Iora, sufre en secreto .. •• · ·
qué importan los aplausos? .. . . . . la ¡;!orla es , _
yo me rlo y sollozo con Rlgoletto
en esta miserable tragedia humana.
Adios, maga hechicera, .. . ... yo te bendigo
en estos versos-hijos de mi ternuramaüana en otro suelo piensa en tu amigo,
esclavo de tus gracias y tu hermosura.
Adios, guarda mis flores ...... y oye Y
algunas á tus plantas de diosa esparce,
y otras agrega al peso de la corona
que te ha dado la tierra de Nú!ier. de Arce.
Que te conceda el Genio que tanto adoras.
al cruzar por las sendas donde te canten,
no manos que te aplaudan atronadoras
sino manos benignas que te levanten.
JUAN B. DELGADO•

perclolf

J. OlJSA.OHS.-RetraCo del Sr. General Porfirio Dlaz.

(Wase la página 193. ¡

Número 1z

�EL MUNDO.

Domingo 17 de Septiembre de 1899. ~

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

194

teosible de las relaciones humanas, sin relación alprestó á la excelsa causa; alguien atl~ma_ que es_ uaa guna con el medi0 y ~n las circuastanci_as, y á veembustera, que no llamó á la misa de .a L1 bertad, que ces con sacriliclo, no digamos ya de la hbertad sino.
se quedó muda é iadifereata, contemplando el suceso hasta de la dignidad personal.
---------------------------------------------- en ¡0 alto de Ja to~re; que no sirvió como clarín de Para est,is aaa.rqulstas de la cort~ia, de?ir á una
guerra, que ao llamó al primer combate. .
dama: cA. los piés de ustied,&gt; es humillarse maecesay yo me digo: bien estaba en el campanario de una riamente; el «Sabe usted que puede mandar lo que
~residente de la República. iglesia
de villorrio, domlaando las campiñas bafia1as guste,&gt; es mentir con descaro; permane~er de_ pie ande sol, Jos último:; peñachos de la arboleda, el oro ~n- te una persona respetable, es fatigars~ sm obJeto; es.
dulaate de los maizales, las ~ules y hermosas leJa•
con atención una conversación msulsa, es a.bu.
Tenemos la. honra de ofrecer al Sr. Gral. nías. Allí nadie dudaba de ella_; era dichosa porque cuchar
rrirse sin necesidad; y bien qu_i~ieran aplicar la dinaDiaz el testimonio de nuestra respetl_i~sa soñaba en un pueblo sano y vigoros0, Y porque po- mita á Jos cimientos de ese ed1ticlo estorboso y ridídía, á sus anchas, recordar lo que había vist~ una
adhesi6u, en el aniversario de su natahc10. ma!i'ina en que el alba despertó, á par de los páJaros, culo y condenar al fuego ese código tan insulso como.
ansias aladas en los corazones oprimidos. Ahora est_á absurdo.
Un examen más atento del asunto prueba que la
15 de Septiembre de 1899.
allí, junto al viejo reloj del palacio, mal puesta, cohi- Inmensa mayoría de los preceptos de la urbanidad
bida, fuera de su sitio, como una intrusa en la asi- son ó regla de blgiene ó preceptos de moral dMrau.
métrica fachada. ObJeto de curiosidad, queda allí dos y que su observancia es saludable, filantrópica y
avergonzada, nostálgica, en espera de la noc~e del
_
año en que vuelva á cantar con su voz fiaay tr1s~e, Y benéfica.
Pongamos como ejemplos los preceptos más fundaoyendo á sus crgullosas hermanas de la Catedra, al• mentales y nos cercioraremos de ello. Uno de los preborotar y aturdir á la ciudad á cada momento con ceptos más fundamentales de la urbanidad es el aseo.
Cuando á Dreyfus, después de la sentencia, le ~re: sus len'{uas charlatanas y escan:lalosas.....
Nadie debe presentarse en público, ni recibir visitas,
guntaron qu6 deseaba, él tuvo esta respuesta tru;te.
ni asist,ir á reuni,,nes si no va lavado, peinado, cepillado. Ea las ropas no debe haber polvo ni manchas,
---Uaa novela.
f t ·
quiere
*
**
El obre hombre cargado de in or umos,
ni Jodo en el calzado; la camisa albeando debe res. de los desengallos de la vida, trepando por la
Las grandes fiestas celebradas en honor del Prime1 plandecer de blancura y de pulimento: el sombrero
sa1ir
,,
fi
·Oh
Ja
realidad
es
una
Magistrado de la Nación, han tenido un eco de estu- cepillado y planchado debe ofrecer los ocho clásicos.
escala de Jacob de1 vDSUe o., '
d bTt·
carga abrumadora para las almas heridas Y e l l a- siasm0 y de admiración en toda la República.
reflejos· la cara, las manos, la.s ullas especlalmeate
En Ja capital rué especialmente inusitada la bri- deben dstentar frescura y Jimpiezg,. Este precepto
d l
'
as
í a lo he dicho otra vez Y no me cansaré llantez y Ja magalficencla. Arcos triunfales, carros de urbanidad es pura y simplemente una regla eled/:::e:riJ. sofiar es el consuelo más grande de los alegóricos, procesiones de obreros, desfile_ de escola- mental de higiene considerada en el individuo queres; por todas partes alegría y salud púbhca.
1
la observa y de alta moralidad en relación con los dees~t!!!u~~f!isttene con nosotros las crueldad~s
más uombres.
de la realidad. Nos da siempre más de lo que pdedlLa limpieza es por todo extremo saludable, ella.
**
os
mima·
hace
Jo
que
las
roa
res
*
precave de multitud de males, erupciones cutaneas.
mos· nos contenta, n
'
os
con ios niños; para tenernos en casa, par~ que non
¿Quién vencerá en esta batalla de tiples de zarzue- úlceras, granos, etc. En el polvo, el lodo y las impude él para evitarnos el tropiezo de una la? Hay para todoslosgustos. En Arbeu, Rosa Fuer- rezas de todo género, van contenidos los gérmenes.
~~da¡~~sperve~sión de un desengaño,. nos entretie- tes artista discretísima., que tiene la maestría de la de multitud de enfermedades. El desaseo y sobre tone con cuentos de hadas, nos rodea de l uguetes maral. esc~na porque no se violenta, ni languidece tampoco, do en sociedad, es tifo, viruela, esca"latina; el cólera
ue tenemos una estrella en a y que da á los personajes que interpreta todo el colom~1 bo y la peste bubónica diezman á las desaseadas.
villosos, nos asegura q
d m'Jver el caleidoscopio
rido y el realce que necesita.a, sin preocuparse de poblaciones orientales; la religión musulmana presfrente, y no se cansa nunca e
arrancar un aplauso intempestivo, con esos agr~ga- cribe las abl::ciones.
deJitse~!~'::i:~ngaíia ni es traidor mientras le so- dos y salidas de tono, que suelen tener los cóm_icos
La generalización del aseo en las personas, en laa
mos fieles Y lo preferimos á las malévolas ficciones cuando no son inteligentes y están ávidos de trmn- h1.bitaciones, en las calles, ha extirpado ó atenuado,
d la realidad. La mentira que seduce, que acaricia fos. De modo que con cler~ guliio malicl~so y pleno
eale ra no es mentira; mentira es la verdad que en- de gracia, y una voz bien timbrada y propia así para las grandes plagas que antes aislaban á la humanidad. La urbanidad, al prescribirlo, ba prestado sn
ytristece,
. g ' que desengaña. y que golpea;
mentira
¡
t es el los lánguidos cantos flamencos, como para las hir- sanción á la higiene y su colaboración al bien huma.
mal mentira la ingratitud, mentira a muer e.
vientes coplas francesas, como para las apasionadas
~te deliquio inocente recordaba yo 1;11ientras leía y sensuales romanza.., ltaliaaas, ya t,enemos una real no.
Otro ejemplo: La urbanidad prescribe la moderalos telegramas del asunto Dreyfus. El mfeliz conde- hembra, primeia tiple, que deleita y subyuga! y hace,
ción en el hablar, la sobriedad en el ademán, la conado quiere olvidarse de la vida.
cada noche crecer el número de sus partidarios.
·Qué libro pondrán en sus manos para esof ¿Acaso
La Soler: la adorable Pata, que es la gracia, la ju- rrección en la actiud. Estas exigencias tienen directa.
10;'estudios modernos tan tristes, tan dolorosos, tan ventud y la primavera de la escena, lucha por hacer atingen;la con la moral. La E&gt;ociedad se hizo para
nuevas conquistas y logra, una cosa heroica: que todo gozar y no para sufrir en ella; se acude á una visita
desconsoladores?
ó á un baile no á ser importanado, incomodado, atro.
No Dreyfus necesita de uoa novela de e11as que co- el público sea su admirador.
mo dice un crítico, se compl_azca en presentar un
Ahora, en el Principal, si se quiere una miniatura pellado, sino á gozar del trato de los demás, á re.
sentimiento como divino, inclrnar ante él_ todas las que trine como un pájaro y se mueva como una ma- crearse con la conversación, con el movimiento y con
instituciones, pasearle á través de una_serie d~ a~l_o- rip•Jsa ahí está la Rodríguez; si se quiere una tiple la vida de otros hombres. Las palabro~as, los gritos,
nes enerosas cantar con una especie de mspua- esbelt~ blaaca, con poca voz, pero con dos ojos co- los ademanes brutales, los movimient;is bruscos ofencióngberoica l~s combates que empeña Y los asaltos quetos ''lue anden traveseando por el tea~ro, ahí está den, molestan, mal t rata.a, lastiman y. por bien de to•
stlene enriquecerle con todas las fuerzas de la Ja Obregón; si se quiere .... ¿pero á dónde voy á pa- dos hay que imponer á todos la moderación.
~;:,~~~ncia ~oronarle con todas las flores de la poesía; rar? El ejército de tiples es muy numeroso y no me
Quien en nombre de la verdad, de la sinceridad 6una novel~ que pinte la vida que produce co1:110 más alcanzarían las galanterías.
de la libertad disputa en vez de discutir, ofende en
bella Y más alta que las demás; muy por encima de
Jugar de. refutar, substituye,al ademán el wanoteo, la
¿Quién vencerá en esta batalla?
tod~ las pasiones Y de todos los deberes, en una recarrera ála marcha, e1 brinco, el descoyuntamiento
ión sublime, sobre un trono donde brilla como una.
al bailEya hiere una susceptibilidad, y1.1. ofende una
uz, como un consuelo, como una esperanza y atiae
dignidad, ya maltrata ó lastima de obra, pisa, da em•
***
hacia sí todos los corazones.. • • •
pellones, rompe muebles y trastos y causa daño i\ los,
La
Compañía
de
Orrin
prepara
una
novedad,
que
y la sombra de Papá Dumas sonríe en el fondo de
con todo ahinco esperan los dilettanti: la ópera de que con él se reunea. DéJese la polémica vehementepara el parlamento ó para el club polít ico, la discumi pensamiento.
Giordano, Fedora.
sión
despiadada y testaruda para la academia clent(Esta obra, según los j ulcios europeos, es de un mofica, el ademán furibundo para la riña y el combate,.
*
dernismo
y
uaa
originalidad
notables.
Se
trata
de
**
una música bordada sobre la famosa comedia de Sar- las carreras y empellones yara el "sálvese quien pue,
Hemos vuelto á oir, después d~ un año de silencio dou. La lírica teatral comieaia á ennoblecer la época da.'' En sociedad no se va á salvar á la patria ai á hala campana dP. la Indepeadenc1a. La que vtno en presente. El frac adquiere majestad y elevación. Ve- cer apostolados, sino á esparcir el ánimo, á gozar yi
prodigar momentos de placer y la moral y h urbl•
roceslón cívica, hace buen ti_empo, engulr~aldada remos . ... . .
nidad están de acuerdo en las reglas que para lo-~e rosas y seguida de un corteJO de magaateo, la ~ue
grarlo han de observar!se.
cruzó Ja ciudad al compás de una marcha her01c~,
compuesta expresamente para ella, la que ascendió
Un anfitrión que vertiera acíbar en la copa, distrl•
ante Ja muchedumbre basta colocarse sob~e el balcón
buyera moscas en el ragout, adornara la mesa con cacentral de Palacio y fué saludarla con dianas y dl1:1laveras y canillas é instalara pebeteros con asufre,.
cursos, y circuida por la noche, de ~n ~splendoro~o
sería tac:ado de envenenador y de malvado. Eo la
círculo de fuego, y cop!ada en los periódicos con _luJO
musa la higiene, la moral y la etiqueta se adunan
de pormenores, cantada por Juan Mateos, corte3ada
para prescribir el modo y forma de comer en sooleor los principales hombres de Estado, acaba d: todad sin despertar náuseas excitando el apetito Y Ja.
~ar la hora que nos entusiasma, las 0~1;e del 1? de
digestión de los comensales y procurando no les
Septiembre, y la catarata humana vol vio á he!vir lomal el banquete. En esos principios está construida
camente por abajo de su bronce sagrado, curiosa de
toda la etiqueta de la mesa.
Y L~ MORAL.
verla y de oírla y con el vago anbelo ?e que al volcar
Debe comerse espacio, porque a..&lt;;í se gusta, se mas•
sobre Ja multltad su voz broaca y vibrante, despertica y se digiere mejor; se debe comer y sobre todc&gt;
tara Jas energía., dormidas. Sus campa~adas son coLos espíritus superficiales y poco d¡i.dos al estudio reber con moderación por ser eso vano y por evitar
mo una épica narración de nues~ras glorias: sus repi- y al
análisis de los hechos familiares y comunes, es- las consecuencias morales de la ero briaguez; no debeques suenan como himnos de tnun~o; cada nota que tán muy
inclinados á creer que las reglas de la urba- mancharse el mantel ni dejar el rocío de las sai.
se expande en el aire es como el JatidQ de un corazón nidad revisten
un carácter arbitrario y caprichoso, ea los labios ó el bigote para no inspirar asco; el 1IIO
de héroe.
que
impera
en
ellas un convencionalismo extrava- del cubierto quita al acto de comer mucho de lo qae
1
y para ver y oír esa simbólica c~mpana, aiio por gante y que su única
de ser y el fundamento tiene de animal y de repugnante. Llevar el cucbll e&gt;
aiio, el pueblo curioso llega _á hench_ir la plaza, y sin- en que descansan es elra;.ón
á la bo~a es peligroso v sucio, lo es Igualmente mecapricho
de
un
momento
getiéndose estrecho en el ampho cuadrilátero, se desbor- neralizado por la imitación y perpetuado por la cos- terse el dedo en la nariz, sonar la boca al mastlCll't
da or Jas calles cercanas, como el agua que se sale
escupir, etc.
-•
del~auce, ó bien se encarama á cuanto ofrece un apo- tumbre.
En este caso se ve cómo basta en sus más inslr;-•
Creer esto y rebelarse contra las reglas de la corteo, un saliente, un sitio vacío: las tazas de las fuensía es todo uno. Los espiritu.s f u.ertes, los crit.erios inde- ficantes pormenores la moral y la higiene apoylll 1
ies, las copas de las árboles, las cornisas de las casas, pendientes
se sublevan á la sola lrlea de que se les im- sancionan la urbanidad.
el pa~io de la. catedral ....
Los rebeldes preguntan. ;Por qué ao me be de~
pongan
actitu1es,
movlmieatos, frases con el carácSin embargo, á pesar de esta espontánea ~enerade gratuitas y obligatorias, sin razón de ser, sin car si me pica? ¿Por qué no be de tomarme el ple "t
ción no falta quien, asaltado por la duda, diga que ter
me place? ¿Por qué no he de comerme las ulllll
no ~nemos certidumbre del servicio que la campana utilidad práctica, sin '}()nexión aparente con el fin os-

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SE:MANA

f

ta Urbanidad, la Higiene

ca•

••

EL MUNDO

me agrada? ¿A quién perjudico con ello y qué mal
U' en todo eso1 Hay uao Y muy grave: el hombre
-4 medida que se civillza se hace más delicado y más
sensible; un hecho cualquiera susci~a en él por aso~laelón Ideas accesorias que suelen ser malsanas 6
Inmorales ó por lo menos despertar otras de carácter
repugnante; un hombre que se rasca aate un ,¡alvaje
00 despierta Ideas asociadas ni produce repugnancia;

195

lo que es más: después de aceptado el sacrificio el do, porque agrava su crimen y confirma la monsdolor que nos produce tiene algo consolador ......' Y truosidad.
cua~do ya la tempestad es pasada, el recuerdo de lo
Y es tal la fatalidad con que todas las fuerzas husurrido se ostenta como cicatriz gloriosa y se siente manas trabajan en el sentido de hacer del género
orgulloso al decir: cr.on mis brazos be logrado soste- humano uaa vasta unión de pueblos, que basta la
ner á estos seres :iueridos; me deben la vida, no uaa guerra misma, queriendo contrariar ese resultado le
vez Y por el azar de la naturaleza, sino cien veces, sirve á su pesar, acercando entre sí á los mismos puemll 1•~ces, por mi esfuerzo, por mis desvelos, por mis blos que tratan de destruirse. Este hecho de la hisante hombres civilizados se suscita la idea de un in- coog-oJas y angustias.&gt;
toria ha dado lugar á la doctrina que ba visto en la
-,cro repugnante, de uaa erupc:ón asquerosa, de un
1'.Uás vale--dice ei personaje de Tolstoi,-más vaestado de des'.lseo y hay que evitar causar esas impre- !e pas'l.r hambre y sed, ser espulsado de la casa por guerra un elemento de civtlizaclóo, como podría poseerlo también la peste, el Incendio, el tormento, que
,a1ooes.
rnsolvente; val~_ más encontrarse en J,¡ calle, privado
La mitad de la urbanidad está contenida en este de todo, que vivir en una certidumbre dolorosa ro son causa ocasional de reconstrucciones nuevas, más
.aolo precepto: Xo Inspirar repugnancia;---precep- una soledad ~onti~ua, en un disgusto, que turb~ la bellas y perfectas que las obras desaparecidas.
En ese sentido negativo, la tiranía misma, la intoto higiénico, si los hay, por cuaato á que la sangre, pervierte 1c.s sentidos y acaba por empujarle
ler,mcia, las preocupaciones del fanatismo, han con,impresión de repugnancia interrumpe ó trastorna á uno al abismo.&gt;
tribuido al cruzamiento y enlace de las naciones, por
la digestión, ocasiona náuseas y vértigos y otros camlas emigraciones y proscripciones á que han dado Jubios orgánicos perniciosos-y precepto moral, porque
gar. La tiranía de Carlos I de Inglaterra, tiene gran
la repugaaacia es un sufrimiento de los más desagraparte ea la población y el vilización de la América del
&lt;lables, y nadie debe 1afligirlo á aadie.
Norte. Las persecuciones de los hugonotes han dado
Los rebeldes á la urbanidad prueban UP sentido
un impulso á la industria inglesa.
moral deplorable y un sentido higiénico extraviado;
Ya bemos dicho que .Alberico Gentlle y Hugo Gro(A PROPOSITO DE LA CONFERENCIA DE LA IlAYA).
la urbanidad nace y se impoa., con la ilustración del
cio ao s&lt;.rfan los autores del derecho de gentes mohombre, con su mejor inteligencia de la vida y de sus
derno, sin el destierro que los sacó de Italia y Holanverdaderos intereses; lejos de ser una farsa insulsa y
¡Abolir la guei·ra! Utopía. Es como abolir el Cl'i- da para habitar lares extranjeros. La moderna polí.in simple paso de baile, es una garantía de salud, de
t ica de unión eatre Inglaterra y Franela no
dignidad, de bienestar y de virtud, y sólo con su es- men, como abolir la vma.
La guerra como crimen, Yivirá como el hombre; la sería tal vez un hecho, hoy día, si largos años de emitricta observancia es posible y es grata la vida social.
guerra como pena de ese crimen, no será meaos du- gración ea Ingiaterra ao hubieran hecho de Naporadera que el hombre.
león III el más iaglesado de todos los franceses.
¿Qué hacer á su respecto? En calidad de pena suaTizarla según el nuevo derecbo peaal común: ea caliIY
dad de crimen, prevenirlo como á lo común de los
crimeoes, por la educación del géaero humaao.
Pero ¿qué causa pondrá principalmente fia á la reEsta educación se hace por sí misma. La operan petición de la guerra eatre nación y a ación? La misl~s cosas, la ayudan los libros y las doctrinas, la con- ma que ha disminuido las rlllas y peleas entre los
firman las necesidades del hombre ci vlllzado.
particulares de un mismo Estado; el establecimiento
No será de resultas de la idea más ó meaos justa de tribunales substituidos á las partes para lá decique se baga de la guerra, que ella se hará menos fre- sión de sus diferencias.
'IJN RETRATO DEL GENERAL DIAZ cuente.
El criminal ordinario no delinque pc,r un
¿ Qué circunstancias bao preparado y facilitado el
error de su espíritu en el modo de evitar el hecho establecimiento de los tribunales interiores de cada
POR J. CUSACHS.
criminal: las más veces sabe que es criminal; el la- Est,ad;i1 La coosolldacióo del país en un cuerpo de
En la casa Pellandlni se encuentra en pública drón sabe siempre que el robo es crimen, y jamás ro- nación, bajo un gobierno común y central para to-ei:blblción un magnífico retrato del señor General ba porque piense que el robar es honesto. El crimen do él.
Este mismo será el camiao que conduzca á la asoDíaz, queal propio tiempo que es una obra de arte se impone á su conducta por uaa situación violenta
_pletórico, como composición y como ejecución, tiene y triste, por un vicio, por un odio. Bastaría una si - ciación de las naciones que forman el pueblo mundo
tuación opuesta para que el crimen dejase de ocurrir. á la adquisición de los tribunales que han de subs:
un notable parecido con nuestro Primer MagisEl crimen de la guerra no difiere de los otros en su tltuir á las naciones beligerantes en la decisión de
trado.
Hay que advertir que el pintor español Cusacbs, manera de producirse. Los soberanos se abstendrán sus contiendas.
.Así, todo lo que conduzca á suprimir las distancias
naturalmente, no contó para ejecutar el cuadro á de cometerlo á medida que otra situación más feliz
,que nos referimos más que con fotografías del ilustre de las naciones Je de lo que su ambición pedía á las y barreras que estorban á los pueblos acercarse y forcaudillo que está al frente de los destinos de nuestra guerras; á medida que la economía polftica les de lo mar un cuerpo de asociación general, tendrá por repatria, lo que á todas luces hace más meritorio el per- que antes les daba la conquista, es dech, el robo in- sultado disminuir la repetición de las guerras interternacional; á medida que el miedo al desprecio del nacionales basta extinguirlas ó disminuirlas á lo metecto parecido.
Nuestros dlarics han descrito ya ampllameate el mundo les haga abstenerse de hacer lo que es despre- nos.
Cread el pueblo internacional, ó mejor dicho, de-cuadro en cuestión, y hoy ofrecemos á nuestros lec- ciable y ominoso.
jadle nacer y crecer por sí mismo, en virtud de Jaley
tores una exacta reproducción de él.
II
que os hace crecerá vos mismo, y el derecho interDebemos agregar que el tratamiento del cuadro
nacional ~mo ley vi va, estará formada por sí mismo,
'88 distingue por una sencillez que sólo es dable doLa guerra no será abolida del todo; pero llegará á
minará los verdaderos maestros, como lo es á no du- ser menos frecuente, menos durable, menos general, y con solo eso. Cuando vacfais un líquido en una
fuente, no tenéis necesidad de ocuparos de su nivel·
darlo el eminente Cusachs, de uai versal nombradía menos cruel y desastrosa.
él mismo se cu-ida de eso, y se nivela mejor que 1~
-en su especialidad de pintor de asuntos militares.
Ya lo es hoy mismo en comparación de tiempos pa- haría el primer geómetra. La humanidad es como ese
sados, y no hay por qué dudar de quP. las causas que líq'.liJo. Donde quiera que derraméis grandes porciola han modllicado basta aquí, sigan obrando en lo nes de ella, la ~e•éls nivelarse por sí misma, según
venidero en el mismo sentido de mejorar; como se esa ley de gravitación moral que se llama el derecho.
EL PRELUDIO DE CHOPIN.
ha.o cambiado las penas, como los crlmenes se han Antes de darse cuenta del derecho, ya el derecho la
Con este título ba publicado recientemente uaa hecho menos frecuentes con los progresos de la ci vi- gobierna, como se pára y camina el hombre en dos
novela el hijo del céleb:e escritor ruso León Tolstoi. lización.
pies antes de tener idea de la dinámica.
Ese cambio estaría lejos de realizarse si su ejecu.El Preludio de Ohopin es un elocuente alegato en faAs~, dejad que trabajen en el sentido de una orgavor del matrimonio, así como la novela ae su padre ción estuviese encomendada á los guerreros, es decir, nización iateroacioaal del género humano los siguienLa 8&lt;&gt;nata de Kreutze¡-, es un violento ataque al ma- á los soberanos. Ellos al contrario, están ocupados tes elementos conducentes á esa organización esponen fomentar las invenciones de máquinas y procede- tánea.
trimonio.
Al hablar de este nuevo libro, dice el célebre críti- res de guerra más y más destructores.
Primero. El cristianismo y su propagación, si no
No son la política ni la diplomacia las que han de como dogma. al menos como doctrina moral. El de-co espal!ol Zeda:
Cuando el hombre ba llegado á su madurez y tiene sacar á los pueblos; de su aislamiento para rormar esa recho no e~cli.:ye á los mabometaaos, ni á los hijos
ya trazado el rumbo de su vida, el matrimonio, lejos sociedad de pueblos que se llama el género humano. de Confuc10; son ellos, al contrario, los que excluyen,
-de ser una traba, es un estímulo poderoso á sus am- Serán los intereses y las necesiJades de la civiliza- pues es un hecho que son los pueblos cristianos los
biciones y á sus legítimos deseos de prosperidad. El ción de los pueblos mismos, como ha sucedido hasta que han dado á conocer basta hoy el derecho internacional moderno.
•
-que más y el que menos de los humanos es algo pere• aquí.
Desde luego el comercio, industria esencialmente
ZOSO¡ el trabajo es una maldición ...... «Con el suLa moral cristiana no necesita más que una cosa
-dor de tu frente ganarás el pan,&gt; dijo el Creador, y iateraacional que hace de más en más solidarios los para completar la conquista del mundo, en el sentido
para cumplir con relativa conformidad este casti- intereses, el ble11estar y la seguridad de las naciones. de su amalgama; -que la desarméis de todo instruEl -:omercio es el pacificador del mundo.
,go, son menester mucbas y poderosas causas.
mento de ,·lolencla y la dejéis sus armas naturales
Luego, las vías de .::omunicación y las comunica- que son la libertad, la persuaelón, la belleza.---Un sa:
El ~ombre casado no lucha por él solo, lucha por
clones que el comercio crea y necesita para su labor cerdote de Jesucristo, armado de callones rayados y
•'BQ muJer y sus hijos. Cuaado desfallece, mira en torno suyo, y sus brazos ó su inteligencia cobran nuevo de asimilación.
fu,iles de Cbassep?t para imponer uaa ley que se imLuego, la libertad, es decir, la intervención de ca- pone por rn propio encant::,, es cuando menos un
'Vigor. ¡Cuántas bumillaclones no se sufre y cuántos
-quebrantos no se soportan pensando, no en nosotr1-s da estado en la gestión de sus negocios y gobierno error que aleja al mundo de la c:mstltución de su
'81no en los seres '}Ue de nosotros depeadenl ... . .. Y de sus destinos, que basta por sí sola para que les unidad. Para coa vencer al mundo de la belleza de la
luego que solamente son grandes y nobles las obras pueblos no decreten la efusión de su propia saagre y Yenus del Capitolio, no bao sido necesarias las pe-qne Re nacen para el porvenir. . . . Estas son las úni- de sus prop!os cauda!es.
nas del iatlerno y de la inquisición, ni Maquiavelo
Pero, sobre todo el agente más poderoso de la p!lz, ha tenido que sujerlr el menor lnventv á la tiranía
cas duraderas . . . . como que las hacemos pensando
es la neutralidad, fenómeno moderno que no conocie- para Imponer á los ojos la belleza de la Venus de Mé-en nuestros hijos.
el matrhnoaio es estimulo de la v!da, no sólo del ron los antiguos; cuando Roma era el mundo, no ha- dlcls.
Dad á leer el Evangelio á un hombre de sentido
h1duo, sino de la sociedad, es también el único bía neutrales si Roma estaba en guerra.
&lt;'Omúa; y si no corren de sus ojos esas dulces lágri:uerto tranquilo de la (,Xisteacla. A la puerta de un
III
mas que hace verter la más sublime unción, la más
ogar formado por el amor y mantenido por el tra•
alta y noble poesía, decid que ese hombre no tiene
!-Jo, parece que los cuidados y las Inquietudes se deSe babia con cierto pavor por el ponenlr del muu- alma ó carece de un sentido, pues ni Rafael, ni el Tiienen, como las furias que perseguían á Orestes, se
-e:itenían en el vestíbulo del templo. Y cuando las do de los inventos de máquinas de destrucción, que ciano, ni Miguel Angel, han dado á Jesús la belleza
d amina.des descargan sobre esos bogares, cuando la ba~e cada día el arte de la guerra; pero se olvida que que tiene su doctrina por sí misma. Conquistando á
~~ha Y la mala suerte se desencadenan sobre ellos, la paz es menos fértil en conquistas é Invenciones los conquistadores del mundo, el cristianismo ha pro,.
a entonces el esposo y la esposa, rodeados de que hacen de la guerra una eventualidad más y más bado ser la moral de los hombres Ubres, pues los gerhijos, encuentran fuerzas para luchar y bríos tmpo8ible.
manos han encontrado en él la expres!ón y la !órmu.
Con sus inventos la guerra Be suicida en cierto mo- la de r,us instintos de libertad nativa.
Bacrificarse f alientos para no desfallecer . ... Y

ABOLICION DE LA GUERRA.

------

----------------

tni

:a

�D_o~l!3go _17 de Septiembre de 1899.
EL MUNDO.

ble acepción del vocablo. Picquart tenía tod1Js los
motivos para no obrar por cuenta propia, pues pertenece á un país en que el hom.:;re se entrega á una pa:stón general, á un partido,. á una clase, sin reservas
personales, y por su profesión. por su situación espe·clal-en el Estado Mayor, estaba ,Jamado á hacer esa
fatal y fructuosa re~uncia de las propias convicciones en beneficio de intereses superiores indiscutible'!
,segdn la teoría del Estado que priva en ciertos pa{

196

ses.

Pero Plcquart es antes qu~ fra~cés y antes que sol-

-dado, hombre moral, de cooCieocia serena exio-ente·
-cuando crey_ó en la culpabilida_d de Dr¡,yfus, ~plau:
dló el veredicto conJenatorlo. s10 piedad para el reo·
,cuando creyó en su inocencia, hizo la revisión, po:
ntendo en esa obra toda la impasible energía que los
hombres de voluntad emplean en sus actos cuando la

1117

EL MUNDO.

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

t

oc:1 nt~guo jefe de la oficina de informes secretos
to P 1a ar,:a de _los tPstigos el jueves 1 ¡ de Agos:
tó/ s \te1timomo fué una exposición precisa y me. icab e os hechos en que se basaba su opinión
f avora le á Dreyfus.
noDteíl? de sí mismo, el teniente Coronel Picquart
ó em ª &lt;1ue sus palabras se perdiesen en la atm sfera fü~l salón. Como todos los hombres que son
una autoridad, las dejaba caer una á una sin bus
fªr efectos; el auditorio la:, escucbaba con' atención·
as avaloraba, se sentía arrastrado por ellas en ei
curso de la ai:gumentación que la inspiración del alma de aquel ¡usto hacía elocuente.

~nvlcclón los imp.:.lsa.

Sucedió al anterior el arzobispo de Nlcnsia, quien
con el nombre ele Esteban Pedro X ocupó la sedebasta hace mes y medio que murió.
El nuevo Patriarca será recibido en audiencia por
el s_ultán tan luego como se promulgue el decreto impenal.

LOS DESORDENES DE PARIS.
El Sr. Guerin sigue en su fortaleza de la calle de
Cbabrol, observando á l&gt;\ po1icía que lo vio-ila á su
vez_. ... sin impedí, que los amigos y partid;rlos del
f~r~oso rebe!?e le enví~n. de las casas fronteras, poco
v_1~1ladas, nveres sulic1entes para resistir el larg0s1t10.
Ultimamente ha sobrevenido una cnmp'icacióo que
pnede ent orpeüer los propó_,itus 1.:ómicu-1Jero1cos del

Los OBISPOS C'ATOLICOS ARJIIENIOS REUNIDOS EN SINODO PARA EL NOl1BRAMIE;s-TO DEL NUEVO P.1.TRIARC ,\ ,

La figura de este hombre es la misma en todas las
1lirounstancias. En su oticma del Estado Mayor 1 en
lacát.edra en que enseñaba topografía, en Africa, peraeguldo Y ccnctenado á . muerte por sus jefes, en la
prisión de Cherche ~id1; insultado por Esterbazy, en
su duelo con Henry, siempre es el mismo: un impasible
·que no tiembla, q Je no se exalta, que no se abate.....
Y cuando el partido de la revisión derroca un mi:lsterlo, forma otro, obtiene la sentencia de la Corte
: Casación y Picquart sale de su celda, el bravo teente C?ronel no pierde la cabeza: comparece ante
1conce¡o de Reunes como ante los jueces que vieron
~u propia causa, como iría ante el pelotón si Jo con...~~ran á muerte, imperturbal)le; ni abatido ni
-.......ello.so.
'

!

PICQUAR'.l' RINDE eu DECLARACION ANTE EL CoNSEJO DE RENNES.
r:::. Segundo. Después del cristianismo que ha ense-

ñado á los pueblos modernos á considerarse como una
familia de hermanos, nacidos de un padre común,
ningún elemento ha trabajado más activa y eficazmente en la unión del género humano como el comercio, que une á los pueblos en el interés común de
alimentarse, de vestirse, de mejorarse, de defenderse
del mal físico, de gozar, de vivir vida confortable y
civilizada_ El comercio ha hecho sentir á los pueblos, antes que se d~n cuenta de elle, que la unión
&lt;le todos ellos multiplica el poder y la importancia
de cada uno por el número de sus contactos internacionales.
El comercio es el principal creador. del derecho internacional, como construc~or incomparable de la
unidad y mancomunidad del género humano.
El 'ha creado á AJbérico Gentlle y á Grocio, inspirados por Inglaterra y Holanda, los dus pueblos
más internacionales de la tierra por su rol de mensajeros y ::onductort!S de las nac:ones.

El derecho de gentes moderno, como hecho vivo y
como ciencia, ha nacido en el siglo XVI, siglo de las
empresas gigantescas del comercio, de los grandes
descubrimientos geográficos, de los grandes viajes,
de las grandes y colosales empresas de emigración y
de colonización de los pueblos civilizados de la Europa en los mundo~ desconocidus hasta ento;ices.
Esas conquistas del genio del hombre en el sentido
de la concentración del género humano, han sido
preparadas y servidas por otras tantas que han hecho en el dominio de las ciencias los CopérniC•)S, Galileo, Newton, Colón, Vasco de Gama, etc.
Poniendo al mundo en el camtno de su consolidación por la acción de sus instituciones sociales y necesidades recíprocas, estas ciencias han preparado la
materia vi va, el hecbo palpitante del derecho internacional, que es la organización del género hu ruano
en una vast'3. asociación de todos los pueblos que lo
forman.
El comercio, que La realizado hast,a. hoy las aspira-

ciones del cristianismo y de la ciencia, será el que
trabaje en lo futuro eri el complemento ó coronamiento de la civilización moderna, que no será más que
una semi-civilizaciqn, milmtras no exista un meillO
por el cual pueda _la soberanía del género humano
ejercer su intervención en el desenlace y arreglo de
los conflictos parciales, dejados hoy á la pasión Y i la
arbitrariedad de cada parte interesada en desconocer
y violar el ctn,recho de su contraparte.

EL TENIENTE CORONEL PICQUART·
Est-? notable tes ti o-o, factor principal de la rerlsió:;
es no sólo una figur~ en el proceso, es una figura ,
la época. De él se ha dicho como supremo doglO·
«éste es un bombre.&gt;
Y Jo es en la más amplia y también en la más llOl

Juuo GuERIN, JEFE DE LOS .ANTISEMITAS
FORTIFICADOS EN LA CALLE CHABROL.

El nuevo Patriarca de ..i_rwenia.

Sr. Guerin y dar al traste con su empresa· la fiebre
se h~ enseñoreado del cuartel de los aritise'mitas ....
Mientras el farsante Guerlh hacía guardia en el
tejad? del d'uerte Chabrol,&gt; el Sr. Sebastián Faure
am_otrnaba á las turbas. Ya el cable nos dijo qué Jina¡e de horrores cometieron esos energúmenos en su
asalto á la iglei,ia de San josé, asolada por los revoltosos,. co~o se ~e en nuestro ¡!rabado.
Ep1sod10 cur1oso: á 1íltimas fechas intentaron un
nuevo asalto á la misma iglesia, pero ó los asaltantes
er~n pocos ó el clero no estaba en disposición de sufnr ot~o atentado, y para impedirlo armó de un fusil
al sac~1stán de la iglesia, el cual dispersó la fuerza
enemiga poméodola en vertigino'la fuga.

La muerte del P~trlarca Este_ban P¿dro X dejó vacante_ el trono patriarcal armemo-católico. Los quince obispos que rep_resentan las diócesis del imperh
Otomano, ¡¡e reumeron en sínodo para elegir al nuevo titular, lo que hicieron pocos días ha.
El prelado que reunió la mayoría de vutos es MonSE'ñor Emanueliano, quien bajo el nombre de Pedro
XI fué solemnemente proclamado Patriarca de los
armenios católicos. Recibida la noticia del nombra.
miento en el Vaticano, S. 8. León XII1 lo ratificó.
La comunidad a.rmenlo-católlca fué fl::ndada en
Turquía hace más de ciento cincuenta años, pero hasta 1827 se constituyó oficialmente, separándose de
la comunidad armenio-grei?orlana. • El primer jefe
fué Monseñor Nouridjian,
quien llevó el título de Arzobispo de los armenios -católicos.
En 1831 se promulgó un
firmán imperial que creó
la dignidad de patriarca.
Junto á esta dignidad existía la de jefe e11piritual de
la iglt'lia armenia, el cual
era un arzobispo titulado
Cathólicos de Cilicia que
reconocía la supremacía papal. El Catbólicos residía
en el Libauo y su cargo era
vitalicio.
El año de 1866 el Patriarca Hassoun unió á su dignidad la de Cattólicos; pero el al'lo siguiente la bula
Re•1ersa1"US originó una escición en la comunidad y el
Patr larca se retiró á Roma,
en donde murió después de
CASA DE LA CALLE CHABROL EN p ARIS, DONDE SE HA l!'ORTIFICADO
haber sido hecho cardenal.
GUERIN.

�Domingo 17 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

198

EL MU NDO.

199

~

La columna á la Independencia, erigida en 1822 y
bra del célebre Tres Guerras es po&lt;.0 conocida, por
fo que creemos de interés publicar el grabado que la
e rtlSenta. Narla diremos del mérito de ese monu~!nto ni de su hermosa significación en la época en
ue fué levantado, palpitantes aun los recuerdos de
guerra libertadora en uno de los lugares en que se
s~ntleron los primeros estremecimientos de vida independiente.
En el S,mtuario de Atotonilco el Grande tomó Hidalgo el pendón que sirvió de signo de alianza y 11berr.ad á los primeros com bat,ientes de la Patria. Hoy
se conserva ese estandarte en el Museo de Art illeria que atesora tantas reliquias históricas en E.us salones.
La cas&lt;L del sub--delegado y del h éroe Abasolo en el
pueblo r!e Dolores son históricas. Allí se derramó,
como es.sabido, la primera sangre al iniciarse la revolución de 1810. Mas no sólo guardan ese recuerdo;
son un test imonio de la miseria del pueblo y de la
cruel explotación de sus trabajos en la época virreinal. Cuentan las viejas crónicas que esas casas se hicieron por miserables operarios que sólo recibían en
pago de su rudo t rabajo, una pieza de pan negro y
un pui'lado de maíz .. . .. .

¡

El Puente ae Salvatierrav la Roca del Venadito.
En Septiembre de 1811 salió Castillo y Bustamante de Valladolid en persecución del f}abecilla insurgente Muñiz.
Librada una sangrienta batalla,los independientes
fueron derrotados, coosuwando esa derrota Iturbide,
al frente de su caballería.
En el mismo lugar de la batalla que se ve en nuestro grabado fuerun inhumanamente f usilados tresclentGs prislooer,,s.
Se recordará que Mina, el intrépido caudillo espai'lo! y t:l mexicano D. Pedro Moreno, llegaron en ia
mailana del 26 de Octubre de 1817 á la Hacienda de

ALHONDIGA DE GRANADITAS. ANGULO EN QUE SE CLA VU LA CABEZA DE f-II::&gt;ALGO.

la Tlachiquera. Acompaiíábanlos D. Pascual Moreno,
hermano de D. Pedro, y algunos oticlales que ei,caparon de las matanzas del Sombrero.
Muchos dlas de fatigas llevaban ya los jefes insurgentes; el cansancio los dominó y se retiraron á dormir esa noche en las trojes del rancho del Venadito,
situado en terrenos de la Tlacbiquera.
Orrantia venia siguiendo los pasos de Mina, y en

Mina contestó con entereza y entonces el iracundo
español le dló dos ciotarazo11, que iw,piraron á Mina
estas nobles palabrai;:
«Siento haber caído prisionero; pero este infortunio es mucho más amargo para mi, por estar en manos de un hombre que no respeta el nuwbre español,
ni el carácter de soldado.&gt; Habe querido negar la autenticidad de la frase de Mina, pero quieu conozca.

LA IGLESIA DE S AN JOSE (PARIS) SAQUEADA POR LOS ANARQUISTAS.

Recuerdos de la

l

CASA CURALj B.ABI'l.ACION DEL SR. HIDALGO
EN DuLOliE•.

Ü.ASAS DEL SUB-DELEGADO Y DEL HEROE ABASOLC.
EN DOLORES.

Independencia.

llm,tramos esta edición
de nuestro semanario con
algunos g rabados de la epo•
de la Independencia.
Es el primero de ellos el
que representa el estudio
del Padre de la independencia en la casa cural de
Dolores; tiene de p,nticula.r y g rato para los mexicanos el que están allí reu nidos los objetos de uso
diario del Sr. Hidalga. Toda una época se revela en
esa habitación bumide,austera, de cura de almas; se
comprende al verla que un
hombre superior, tenido
en mucho por el clero alto y en más por la socia.
dad, preocupado pür altas
ideas de regeneración en
prPsencia de la mezquina
condición de la colonia,
viviese torturado en aquella celda, hecha para al•
bergar el embrutecimiento
y el eplcureismo de un cura vulgar, bien cebado y
bien provisto de rentas. Si
es grande Hidalgo en la lucha, es más grande en la silenciosa labor de gestación
de su obra: el que lo admire, lo admirara mucho más
en sus fecundas vigilias
consagradas á la meditación que en los moment(IS
apocalípticos de la matanza.
Presentamos también á
nuestro,; lectores un'\ vlst a
del conocido edificio de la
Albóndiga de Granaditas,
visto por el lado en donde
fué clavada la cabeza de
Hidalgo, condenado como
se sabe por la brutalidaci
virreinal escarnio póstumo en ese lugar que es boy
objeto de la veneración de
todos los mexicanos.

ROCA DEL VENADITO EN LA QUE FUE MUERTO EL JEFE INSURGENTE
D. !'EDRO MORENO.

S.ANT'C'ARJO DE ATOTONILCO EL GRANDE, EN DONDE EL SR. HIDALGO
TOM ú LA IMAGEN QUE SlltvlO DE PJ!.NDON A L OS I NSURGENTES.

la madrugada del 27 llegó al lugar en que estaba el
héroe, mandando que ciento veinte dragones avanzasen al golpe para impedir la fuga de los jefes independientes.
D. Pedro Moreno percibió el rumor de los caballos
enemigos, levantóse violentamente y t omando su espada huyó á una cañada que está cerca de las trojes; el criado que lo acompañ'aba volvió para traer los
caballos, pero habiéndolo aprehendido los enemigos,
á fuerza de amenazas les dijo el Jugar en que estaba
su amo. Dirlgiéronse á él al gunos oficiales y soldados
de Orrantia, trabándose un combate sangriento: Moreno, sin otra arma que su espada, se defendió con
valor be1 oico. Los realistas querían llevárselo vivo,
pero al ver su resistencia dispararon contra él.
Recibió un balazo en la cabeza y cayó cubierto de
sangre. Los soldados le cortaron la cabeza lleváodo .
sela á Oran tia, el cual la envió como trofeo al Brigadier Negrete.
Asi murió Don Pedro More&gt;::Jo en el lugar que se ve
en nuestro grabado.
Entretanto Mina había huido también, sin casaca
y sin armas. Quiso r·e unir á los suyos, pero fueron
vanos srs esfuerzos. Todos habían escapado. Fué
aprehendido por uno de los dragones alli apostados
por Orrantia y atado con fuerte!. ligaduras. se le llevó
á la presencia de er,te jefe,quien •·olvidandolos fueros
de la desgracia,'' como dice un historiador, insultó cobardemente al prision8ro llamándole mal español y
traidor á su rey.
P UENTE DE SALVATIERRA,
ESl'UDIO DEL

SR.

HIDALGO EN SU CASA DE DOLORES,

¡
·
..

MONUMENTO A LA INDEPENDENCIA, OBRA DE TRES
GUEltRAS Y ERIGIDA EN ÜELAYA EN 1822.

�Domingo 17 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

2J O

l)omtngc 17 de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

RETRATOS AUTENTICOS.

DE UN DISCURSO
Pr~nunc'ado el 1R de Sepuemt,re de 1805, en el
campamento de "[A s,,.
b•na," junto l\ Acapulro,
J or encargo de la Junta
patriótica de la ml•ma
ciudad, que con la pob•a•
rión se babia translada~ei~.expnsado campa-

RA.YON.

ALLENDE.

ALDAMA..
Ic,s antecedentes del noble joven, reconocerá el gran
corazón que alentó en él toj a su vida.
Don Jo&amp;é María Liceaga, Don Pascual Moreno y
otros compañeros de Mina huyeron, los demás fueron
muertos en aquel sitio trágico. Pudo salvar la vida
el duP.i1o de la hacienda, ::i1. Herrera, quien conducido á Irapuato, se fingió !eco durante varios ai1os para
no i;er ejecutado.
Mina fué llevado á Silao y de ese lugar á Irapuato. Pusiéronle grillos en los piés; al verlos exclamó
Mina: &lt;¡Biirbara costumbre española! Ninguna otra
nación usa ya este género de prisiones; más horror
me da verlas que cargarlas.&gt;
En el campamento de Liílán, frente á los' Remedios, se le quitaron las prision~s, y recibió luego el
tratamiento debido á su gran carácter y á su altacateg,1ría. No fué este cambio una gracia inspirada en
la bondad; los espai1oles querían sacar partido de su
vícti.na y llevarlo de grado á la confesión de los secretos relacionados con la. expedición orga.nizada en
Londres y en la que tomó parte el célebre Padre
Mier, preso á la sazón en México.
Mina no desmintió sus altas virtudes, y es fama

que todos admiraron la entereza c0n que se resistió á
hacer unaconfesión que perjudicara á otros, y que esta
conduc¡,a le granjeó las simpatías del ejército.
La barbarie espai'iola celebró con repiques y TeD l':Um la aprt&gt;hensión del temido Mina. Los jefes y
soldados que se apoderaron de él fueron premiados, y
!\l Virrey Apodaca recibió el ridículo título de Conde
del Venadito.

Mina era un hombrP. muy simpático, y más lo fué
en su infortunio; así es que hubo de apresurarse su
ejecución para impedir que se hiciesen represeutaciones para obtener su indulto.
Pocas ejecuciones ha habido tan solemnes y aparatosas como la de Mina; llevósele al cerro del Bellaco, y ante los defensores de los Remedio~, se le fusi&gt;
16 por la espalda el 11 de Noviembre por la tarde.
Murió Mina con valor, como murió Moreno, en el
Venadito como mueren tocos los que tienen la conciencia d~ un alto deber noblemente cumplido. Y
Mina, que no apagaba aun los primeros entusiasmos,
(tenía apenas veintiocho años) era quien mejor y más
bizarramente podía afront.u uua mutlrte de néroe
sin desfallecimientos.

MUSA

Aquí. celebramos el irran día de la Patria en-

Suplemento de novelas.
•
Comenzamos hoy á repa rtir en rnplemento las novelas ilustradas que hemos ofrecido
á nuestros lectores. lJa.m·•s prP.ferencia á
Nuestra Sen.ora, de Víctor Rugo, mientras acabamos de preparar la gran edición
del Quffote, que requiere muchísimo trabajo previo.
lJe todos modos, hemos de procurar siempre que nuestros abona&lt;los queden satiefechos, como de seguro quedar~n hoy con la
afamadísima obra de Víctor Rugo, cuya pu·
blicación durará poco tiempo.

HEROICA

Hay versos de oro y hay notas de plata;
Mas, busco, sei1ora, la estrofa escarlat'.I.

MANUEL GUTlERREZ NAJERA.

1895.

IGNACIO

M. ALTAMIRANO,

No se traduce nuestro pittriotismo en vanas

frasea, ni es besando una cadena como nosotros
1

itlorificamos el hecho glorioso de haberlas quebrantado; no es adulando á un extranjaro vás\ago de tiranos, como nosotros proclamam'os la
aobe~~nfa de nuestro pueblo, no: quédese esa ignomm1a pa- a aquella mu ltitud envilecida del
een_tro, raza sin vigor y sin dignidad, sin virtud
Y a1n eeperanza, raza que como el pueblo de li•
rae! adc,ra hoy al becerro de oro desconfi,rnd0
del Dios v erdadero pero que esta~á prontll después á ha~er pedazos su ídolo, cuando baje del
Sinaí, radian te y terrible el Decálogo que lll condena y espanta.
No: nosotros somos los hombres que cotfiamr s
:iernpr? _Y los que ~reemos que la independencia
glor1f1ca combatiendo por ella, muriendo por
a, ~oso~ros somos el Sur, ese pueblo que com:ren~1ó Hidalgo desde los primtros días de su
ero1co levant amiento, y 111 que con tanta razó a
como confianza, envió á Morelos sin armas v sin
tt:0Paa, á la sazón que él mismo se dirigía ;\ Mé·
11co
., ·
. .
tr con un eJerc1to,
como d1c1endo:
- « Al cen°n~e ne~esita vencerlo; al Sur, basta iluminarlo.»
d loa hizo leer á Hidlllgo, como hace lt&gt;er á to·
0 • loa genios en e l libro del porvenir y desde
~ntonces e_l Sur ha realizado el vatici¿io del pll·
re de la m depencia.
~ -r~Jos, g e~io tam?ién y conf.iado por _eso en
80
•uelt lSión: sah ó de M1choacán, y tranqm io re seguO Y 8lll d etenerse, penetró en nuestro rumb0,
cf ro de encontrar á sus hombres. El no co~onombres, pero pronto reconoció sus almas
resacó de las 111as1ls á sus escogidos, E,os
e ayer eran pobres la brit&gt;g'Js ó ganaderos per •

Ji

El chorro del agua con ímpetu rudo,
En alto su acero, brillante y desnudo,
Brufiido su casco, rizado el airón,
Y el iris por banda, buscándote salta
Cual joven aman te que brinca á la alta
Velada cornisa de abierto balcón.
Venid á la fronda quc:l os brinda hospedaje,
¡Ob. pájaros raudos de rico plumaje;
Los nidos aguardan; venid y cantad!
Cantad á la alondra que dijo al guerrero
El alba anunciando: ¡Desnuda tu acero,
Despierta á los tuyos. . . Es hora . ... Marchad 1

blante sus frescas emanaciones.
Aquí, no se ostentan columnas de mármol, ni
estucadas paredes, ni ricos artesones, ni bordadas colgaduras, encerrando la imagen del divino
anciano de Dolores, pero en cambio, enmedio de
eataa montaftas altivas, bajo el hermoso cielo del
tr~pico, junto á este muro de bayonetas, junto á
eate muro de cor azones y fren te al enemi&lt;TO de
la Patria, es donde se levanta, se yergue
flamea el pabellón de la República.
¿Qué más hermoso templo, oh Libertad s11gra da, qué más armonioso himno, oh Patria querida, qué_más ardiente recuerdo, oh sublime padre
de México, qu e este templo, que esta armoní&gt;t
guerrera y que esta efusión sublime de las almas

heroicas?

¡Oh noble sei1ora! La tierra te canta
El salmo de vida, y á tí se levanta
El germen despierto y el núbil botón;
El lirio gallardo de cáliz erecto;
Y fúlgido, leve, vibrando, el insecto
Que rasga impaciente su blanda prisión!
La casta azucena, cual tímida monja,
Incensa tus aras; la dalia se esponja
Como ave impaciente que quiere volar;
Y astuta, pr,mdiendo su encaje á la piedra,
En corvos frstones circunda la yedra,
Celosa y constante, señora, tu altar!

Al viejo primate, las nubes de incienso;
Al héroe, los himnos; á Dios, el inmenso
De bos4.ues y mares solemne rumor;
Al púgil que vence, la copa murrina;
Al mártir, las palmas; y á tf---la heroína-•Las hojas de acanto y el trébol en flor.

el tronco de las palmeras, de los mangles y de
laa caobas. Aquí no es el ju!!'o exprimido en el
Jaborarorio lo que Pmbalsama el templo de la
Libertad, aino esas flores silvestres, de cuya corola se desprende en alas de los céfiros un torrente de aromas, y que matizan esta pradera y
que marcan coa cien colores las arrugas de 'la
montana, y que limitan el cauce de blanca arena
de eae río cuya" linfas de cristal se arrastran
frente Anosotr os y que envía hasta nuestro sem-

y

Que sea toda sangre, la estrofa oriental:
Y húmedas, vivas, calientes y rojas,
A mí se me titmden las trémulas hojas
Que en gráciles redes columpia el rosal.
¡Brotad, nuevas flores! ¡Surgid á la vida!
¡Despliega tus alas, gardenia entumida.!
¡Botones, abríos! ¡Oh mirtos, arded !
¡Lucid, amapolas, los ricos briales!
i Exúberas rosas, los pérsicos chales
De sedas joyantes al aire tended!
¿Oís un murmullo que, débil, remeda
El frote friolento de cauda de seJa
Eo mármoles tersos ó limpio marfil?
;.Oís? ...... ¡E~ la savia fecunda que asciende,
Que hincha los tallos y rompe y enciende
Los rojos capullos del príncipe Abril!

A LA CORREGIDORA

medio de "sta salvaje floresta 11mericana y con
el corazón sincer o Y resuelto. Virgen está nuestra alma de ideas bastardas, como están vírgenes
estos bosqu es, como está virgen esta admira ble
Yatnraleza que por todas partes nos rodea y no'I
proteje. Aquí los colores nacionales se mezclan
Aloa irallardos festones que forman las lianas en

didos en las tinieblas de la nulidad, serán al día
siguiente Hermenegildo Galeana, Vicente Guerrero, los Bravos, Montes de Oca, Pedro A~encio
Pinzón y .Alvarez.
'
El primero será el br11zo derecho del inmortal
caudillo; el segundo será la inquebrantable columna de la i11depencia, aquellos formarán una
pléyade que la Grecia ó Roma desearían tener
en su cielo, éstos será n los bravos montañeses que
salvaron la bandera de la insurrección, el ú ltimo
qu edará en el mundo como el representante de
la generación pasada para ver si es digna de ella
la gen eración presente,
En efecto, nuestro venerable caudillo que presenció las grandes luchas de la primer época de
independencia, ha alcanzado por un priv,legio de
la suerte, las luchas de esta segunda; y ha podido
conocer que su país siempre tiene vigor para
combatir contra los monarcas.
Y es, conciudadanos, que aquul Galeana, que
aquel G uerrero, aue aquellos Bravos, que todos
nuestros héroes no eran seres producidos por el
capricho del Destino; eran la encarnación del espíritu soriano, eran destellos del alma de nuestro
pueblo. Aquellos destellos falgurar0n y se apagaron después en la noche de los tiempos. pero
el pueblo está en pie y aquí el odio á los tiranos
es tradicional. Las generacior_es se suceden á las
generaciones, pero el amor á la Libertad se mama por los niilos surianos en los pechos de las
madres, se aprende por los mancebos en el t&gt;jemplo de los padres y la antigua Epopeya siempre
está pronta á recomenzarse, ora sea Fernando
VII el déspota contra quien se comb11tl\. ora sea
Napoleón III, ora Maximiliano de .Austri~; va sea
que la lucha dure once ailos, como la otra vez,
ya sea que dure un siglr.
El soriano odia á los reyes, y esto basta.
Así: el soldado que tiene un fusil ó un cuchillo
de_labranza, encuentra en él un auxiliar de su
srntimiento.- El rlébil anciano se aleja sombrío á
los bosques en los que pueda esconder sm libres
canas, la débil mujer nit&gt;ga su sonrisa y sus amo res al soldado aborrecible de los déspotas y el
niilo aprende en este divino alfabeto del patriotismo, las lecciones del porvenir.

ESTATUA. DE LA CORREGIDORA
que se colocará en un monumento en el Jard!n Josefl\ OrU• -;
de Dom!nguez de esta c!uda1 : La poesla de Gutlérrez ~ti.jera fué
111tima que compuso el poeta.

v!::a

q,

DEL DI S CUR S O
pronunciado por D. Ignacio Ram1rez, en la Ala meda de M6xico el
16 de ::iepti,mbr.: de 1S61.

Hacer de la fraternidad el grito de guerra para
una nación oprimida y la cuna de sus instituciones
no fué la iospiracUn de Moisés, que sobre todas las
clases levantó al levita, ni fué el programa de Mahomet que con la saogre de los in lides alimentaba su
espad"", ni ese acento de redeución se escapó de los
labios de Washington q ue antes bien á ejemplo del
primer Bruto, retiró el manto de la Repú bl ica de
las espaldas del esciavo: sólo el grande libertador de
México, ha tenido valor para llama.r las primeras bajo su glorioso estandarte á las turbas envilecidas. Hidalgo en la aurora del 16 de Septiembre de 1810 arrojó el guante no solamente á los es¡)añoles sino á la
nobleza, al clero, á todas las autoridades, á todas las
clases, á todas las razas, á todos los individuos que
pudieran tener la pretensión de colocar~e más arriba
que la soberanía popular; nosotros, los que como título de nobleza legaremos á nuestros h ijos la heren-

201

cia de nuestros padres, un lugar en lo que el orgullo
y la ambición llamaran la vil muchedumbre, en este
glorioso aniversario recordamos las b.azañas de aquel
caudillo que puso bajo nuestros pies todas las coronas que no podía ceíiir á nuestra frente, todos los.cetros que no podía colocar en nuestras manos y que
supo improvisamos un trono del suelo nacional y un
dosel del estrellado firmamento.
Descubra la cieocia en mi patria las momias de
cien épocas encerradas por cien diluvios bajo las bases del Popocatepetl y el Ixtacihuatl; niegue si qu:e
re la historia que el cielo estrechó entre sus brazos
un día á la V irgen América. y la dejó fecundada
ocultan-lo sus amnres para a lejarlos del harem dunde
prodigaba sus caricias al Asia, al A frica y á la Europa; y declárense razas expósitas, todas las que pub 1aron en los primeros tiempos el Nuevo Muodu; yo sólo
sé que los reyt&gt;s desde entonCP.S se aclimataban muy
mal en el suelo mexicaoo: yo sé que las instituciones
se levantaron h asta la R'lpública, la A.rq uitectura
basta los palacios y los templos, !a poesía basta la
epopeya y Ja cieneia nasta encerrar los días del año
y las estaciones en un círculo de pórfido, desde cuyo
centro el sacerdote revelaba la expedición misteriosa
del sol por el Zodiaco; y yo sé que entre esas naciones se present6 la azteca, guiada por un geolo sobrehumano, que en el canto ae una. avecilia Je clamaba
sin cesar: adelante! adelante! desde tan antiguo apareció en ouestra patria el oráculo de la Reforma! Pero esa nación c1yó luchando con Cortés y tardó tres
siglos para curarse de la herida.
También en el sistema co'onial nuestra atmósfera fué funesta para los conqulstad,ires como antes
lo había sido para los monarcas; lo, guerreros de Granarta, de San Quintín y de Lepanto aquí se trans tormaron en bandido~; los sabios que en las cátedras y
eo los concilios europe0s resucitaban la historia, aquí
incendiaron sus tesoros; sólo q ue el clero allá quemaba á los herejes, á los judíos y á los moros, y aquí
fabricaba milagos; podía el espai1ol en su patria aliment,arse con algunas ambiciones generosas, podía
distiogui~se como héroe ó como sabio; pero al llegar
á Veracru1, encontraba sobre la plaza escrito: lasciate
ogni speranza oh 'VOi chi entrate. La clase dominadora,
la raza privilegiada, dei-pojándose de su inteligencia,
como de una arma prohibida, se entregaba á movimientos automáticos, dirigidos por el reloj de la Parroquia más cercana; el primer repique del campanario, prebcritía las prolongadas oraciones de la maí'íana; el segundo, llamaba á misa, y después de hora
en hora, hast::. entre los placeres dd lecho continuaban los ejercicios piadoso~,· y la siesta y las repetidas
comidas y el j uego, no dejaban á las ocupaciones del
hombre laboriaso, sino cuatro horas del día.
Así vi vía la nobleza; pero la turba, sin cont;:i.r con
otro capital que con su trabajo, no sabía dónde colocarlo; tras de las horas consagradas á la devoción y
tras de las falanges de días festivos encontraba cerrados los puertos por el sistema prohibitivo, incendiada la viña, el tabaco y la morera por el mooopolio, ocupados los primeros puestos por los extrañ•Js y
la inteligeocia recogidas sus alas y palpitando azorada eotre las manos de la inquisición. Por eso es que
en hombres y mujeres el modelo de la vida era el
conwnto; el fraile y la monja se repruducían en el
mundo con sus trajef:, sus vicios, sus costumbres y
sus preocupaciones. ;,Cómo es que dónde antes se rezaba abora se piensa~ ;.Cómo es qut: el espectro de
la conquista que guardaba nuestros puertos ha per.
mitido la entrarla á las banderas rle torlas las naciones y saluda respetuoso á la nuestra? ;,Cómo es que
la ciencia. el co11Jercio, la industria, la libertad y la
reforma, como el oro inagotable de una Nueva Cali·
fornía, se encuentran regados por el suelo, á merced
de todas las razas desheredadas? ¿Cuándo, cómo se
verificó este prodigio? Al desembarcar en Veracruz
el Virrey Don Francisco Javier Venegas, siutió bajo
sus pies que la parte rle la Nueva Espaí'ía, encomendada á su gobierno, se e~t remecía, anunciando una
vasta axplosióa 1evolucion;iria; Hernan Cortés ~e hubiera regocijado ante esa promesa de luchas y de rapiiías, pero hacfa tiempo que los representantes rle la
monarq uia española no veoían á buscar los agüeros
del combate, sino á esquilmará los pueblos t-i11 encontrar resistencia; y Venegas, fugitivo cid los cam,
po~ de ~atalla donde sospecllaba uoa lucha, tré11Julo,.
se I magmaba ver la sombra de sus derrotas.
Sin embargo, á proporción que se acerc1Jba. á la capit.i.l del Virreinar,o, el horizonte político le sonreía
cambiando sus densr,s nubarrones en un iris de paz
de r_iqueza. LI\ c?nspiracióo n istía, pero estaba descubierta; los traidores, como los reptiles 1·ener.osos,
s~ agita_n cuando la tompestarl se acerca y la. rlenuncian; Dios l?s coloca en el i;t-ndero de h,s h éroes, y
ellos, repudiando una noble alianza, ¡,e anticipan á los
aco_otecin:ii~ntos y se complacen en la popularidad de
su 1gno011n1a y en la grandeza rle su cri meo; en pos
de los denunciantes se extendió por t0da la Nueva
~spaña la P?licía civil, alumbrada por la policía rel1g1osa; y srn saberlo, ya aprisionados dentro de un
edificio de cristal, trabajaban los conjurados.

y

�EL MUNDO.

202

¡Si supiera evocaros! Hoy que henchido
~--:::::::::::::::::::,• de amor el corazón del ¡,ueblo late,
por ren~var la fé que enciende auroras
tras la impura tiniebla. del combate;
1tquí mostrara el colosal espectro
,le Hernán Cortés 1 á quien la historia adula
hundido el pié en la sangre de Cholula,
y rellajando en la mirada fiera
~e Cuauhtemoc la inexpiable hoguera;
reencendería la cruel memoria
,te los días primeros, en que esclav9:
fué la ti•rra de Anáhnae, en que altivo
sentó el coiiquistador aqui sus tiendas
v á un pueblo inerme, exa.nime y cautivo
crucificó en sus regias encomiendas.
Y la divin&lt;t acción del misionero
mostraría, trocándose mundano
banquete de riquezas en que el clero,
cual de una presa 1 arrebató á girones
los fragmentoq del suelo americano;
mientras mudados para el mundo azteca
la patria' en odio, en hórridos vestiglos
1
los dioses bajó el indio lentamente
un peldai!o en la escala de la mente
. y fué el triste menor de los tres siglos!

INDEPEN D ENCIA *
CANTO

t-llSTORICO .

¡Noche en que el sol brilló! Tiniebla densa
de súbito alumbrada por el di•;
sombras de muerte cuya espira inmensa
se rompe y evapora derrepente;
irradiación del místico estandarte
de: cura redentor que sin orieme,
ni esperanza, fué heroica1n:ente ~l~ad_o
sobre un infierno de opresión é rn1ur1as,
y del tiempo y espacio en un momento
borró como relámpago sangriento
el profundo negror de tres centuriac;!
¡Explosión sorprendente del destino
que del no se1· un sol de vida arranca
y brilla en nuestro cielo matutino
con claridad misterlosa y blaoca;
aureola de Uidalgo nnestro padre,
hecha de amor, de anciar.idad radiante,
de inspiración, de audacia de gigante¡
en su foco concentran sus fulgores
tanta piedad, tanto valor unidos,
.
.
que aun brilla intacta y pura en nuestra h1stor1a;
como el sol muerto, extintos ya sus rastros
irradia en plena noche, de los astros
reverberando en la inmutable gloria!
1Santa tres veces seas,
antorcha por un ángel encendida
en el limbo auroral de las ideas!
¡Paréntesis de vida
grabado como cifra indeficiente
en la cuna de un mundo!
¡Omnipotente
Dios que Hidalgo invocó, Iú del Pasado
la sombra vi,te, el Porvenir miraste
que Je la sangre fecundaba el riego,
y entre esas dos noches colocaste
n n eslabón de fnego!
¡Si pudiera evocarte! Era sombría,
ya que aún tu mortaji en nuestro suelo
arrast ras por menguar la luz del día¡
recuerdo de una triste historia rota,
así como se rompe una cadena
de opresión férrea y de callado duelo;
período genésico que aún flota
en los vestigios del obscuro cielo
en que surgiera nuestra libre cuna¡
y eres como el doliente y no extinguido,
globo de ópalo rojo de la luna
que se pone en los mares del olvido!
• composición leida en el Teatro Nacional, ante el Sr. JuArez, en

la noche del 1-':i d e tklptlem bre oe ISGS; al dl11. slgulent.ese luo.uguró el

Fcrrocarrll enntl M.é.z.lco y Puebla.

Cúmulos de ignorancia, espesa bruma,
cubrió á aquel pueblo de su vida reo,
sin redención, sin luz , sin horizontes¡
enclavado en las roc11s de sos montes
higubre y sil~ncioso Prometeo,
en quien de Espatla la gigante maza
tritll.rabA. el cerebro de una raza ....
¿Y comprendéis ahora, cómo al cabo
de tanto padecer, de tanta mengua,
faé un poderoso grito de venganza
el primordial sonido de la leng11a
cu~cdo fué libre? ¿Oomprendéis ahora,
cómo tamalla humillación y ultraje,
tanto sollozo ahogado entre dolores,
trocó en un grito de rencor salvaje
el Fiat-lux de Dolores?
¡Mas no! Por qué la procesión de sombras
evocar melancólico, en los días
en que México, libre de agonías
vuelca de flores y oro en las alfombras
la urna de sus santas alegrías?
Vosotros si venid, Manes aug11stos,
Mártires de la Patria,
que con la sangre audaz de vuestras venas,
engendrásteis sl pueblo mejicano,
educado en el juego soberano
de romper tronos y quebrar cadenas¡
apóstoles de un credo de justicia,
de un ignorado símbolo: el derecho;
paladines A quienes en su ,rnna
acometiera Espafia
con zarpa de l•ón y ronco grito,
por arrancaros d6l oaliente pecho
el corazón de bronce y de granito!
¡Oh! joven libertad de la montat!a,
á cuyo pie p.,lpitan los torrentes
y las águilas cantan en la hora
en que besa las tumbas insurgentes
con su sonrisa de mujer la auroral
¡Oh! si venid; el pueblo que os reclama
un día, al def~nder vuestra memoria,
al cielo como un Dios, arrancó el rayo
y el cuadrante esmaltó de nuestra historia
con la divina luz del Sol de Mayo.
¡Patria, artístico y regio perfumero
coronado de estrellas encendidas,
y puesto ea ara inmensa, euyas gradas,
por todo el oro de la luz hrui!idas
y por todos los climas enfloradas,
guarden dos océanos, dos titanes¡
cáliz de Indico bálsamo cerrado
por el níveo cristal de los volcanes;
fo.ente rica en aromas,
en donde encudntran manantial profun do,

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

203

EL MUNDO.
De Chihuahua inmnrtsl. y con terneza
Pintarle de los tuyos ~l deseo.
En su seno renueva to pujanza,
Y renueva tus vetos en tu día,
Para que oiga de tí la patria mÍAj
P11eblos del Anahmrn, F E Y ESPERANZA.

las ideas, enjambre de palomas,
qne vaga por el mundo. .
.
Oh mi Patria, tu altar des1e~to has visto,
el pálido quernb de !a agon1a,
te veló con sus alas, su sombría
faz reflejando en tu mirar de Cristo ....
Mas siempre que á perder vas la esper anza,
brilla un astro en tu noche, patria mía,
foco imperecedero de ilusiones,
ojo de Dios, abierto en lontan~nza,
sobre el Getsemaní de las nactones!

G mLLEinlO PRrETO.

Chihuahua, Marzo 21 de 1865.

Por eso aunque la man&lt;, despiadada
del infortunio, amargue tus manjares,
annque rompa el dolor de tus polluelos
los blandos cuerpos y l• ciega muerte
se siente desolada en tus hogares,
marcha y trabaja, que con aJma fuerte,
tus hijos su vigor en eso empleen,
que la fortuna es de los que saben
arrebatarla, porque en ella creen.

y hoy que Dios, presente en tus recuerdos,
eucarístiea forma de la gloria,
marca de nuevo en tu radiante horario
esta suprema noche de tu historia,
ante él arrodillate y le ruega,
por todos tus hermanos de ca_lvario:
por nuestra Cuba, por la reg~a Antilla,
caliente nido tropical que brilla,
de nuestra aguila regia con las plumas,
Y hoy en el albor de sus espumas,
á sus nítidas perlas ha juntado

los rubíes de fuego ens•ngrentadol
Por Esp•i!a también, por la gran madre,
que en sos entrsf'ias seculares siente
estremecerse incógnito Medas,
que ha de engastar en no remotos días,
al sol de la República en su frente!
Ruega, rur ga por todos los que sufren,
como ayer tú, por todos los qne lloran;
por Francia, de un sombrío aventurero
espléndida cautiva;
por Italia, que mira en torno suyo,
girones rojos de su carne viva;
por la martir Polonia, en su impotencia,
del alma heroica de los pueblos buenos,
mostrando la inmortal supervivencia.
Por los fieros y rígi'élos helenos
del Paraguay, de cuya sangre se harta
de dos ríos gigantes la corriente
y que ensefl.an al nuevo c1ntinente
la silenciosa abnegación de Esparta.
Y juego álzate y anda; que á tus puertas
A nueva luz, y A nuevo amor abiertas,
llegará. á ti, cuando despunt'3 aurora,
ígnea y negra, la audaz locomotora;
monta en ese corcel, monta triunft1.nte,
es del Apocalipsis del,Progreso,
la férrea bestia alada y palpitante;
silba eomo las Aguilas,
que anidan en tus cumbres, con tremendo
ímpetu, por la ciencia sofrenado;
sus dos alas de acero estremeciendo
te invita á hacer el viaje á lo ignorado.
Del mundo en lo futuro sepultado
el velo, para tí, rompe el poeta.:
allí de un sol de gloria á los destellos,
el Iris de la paz brillara siempre
prendido cual diadema á tus cabellos;
y más allá la libertad, sagrado
ideal del espirito latino!
óleo que unge de esplendor divino
á todo oueblo fuerte,
que como tú, ni próximo á. la muerte,
perdió la fé viril en su destino.
15 de Septiembre de 1868.

La patria estA con su hechicero encanto
Es un rayo de sol que ann si resbala
En la nube sombría,
Allí ae mira sonrefr el día
Formando el iris del pendón de Ign,la!
A tí, no inciensos 1 no¡ no la riqueza:
A ti, la prueba, el torcedor martirio:
A tí, huracanes y fragor de rayo;
Pero á ti, de los héroes la grandeza
Y en tu cielo de gloria el sol de MAYO!
Si, qne se doble al estallar del trueno
PATRIA.
Lo débil cai!a demandando abrigo
A la ruin yerba y al bollado cieno;
'Pero el cedro opulento
Luche esforzado: al trueno desafie,
Brota incendiando, anúnciate tonante
Y si lo incendia destructora llama,
Sublime inspiración, y tu ala ardiente
Quede en pie, mutilado y sin follaje,
Se ■acuda, y qne lluevan cual centellas
Tostado y despareiendo sus cenizas
Los vividos concentos de mi mente,
En el bosque salvaje, ·
Como un raudal de estrellas
Hasta verse terrible monumento
En un océano de éter transparente! . .... .
De su pujanza y del furor del viento!. .....
Alzate de mis canas, como se alza
¡Gloria á los fuertes! ¡gloria á los que llevan
Inmensa llama de la eterna nieve
En alto tu pendón, ¡oh patria mía!
De Irritado volcán, que al agitarse
Para ellos las caricias de la gloria:
Y la ígnea lava despetlar tremendo,
En sus copas contentos y ambrosía:
Ilumina la plácida campii!a,
A su paso, los lauros de los pueblos:
Loe eampos y los rústicos hogares,
Para sus pechos el amor de hermanos¡
Con1e11tando á su estruendo
Sustento y agua, y luz para sns huellas:
En eintieos magníficos tos mares!
Bendigan su camino los ancianos:
¡Oh patria! ¡Oh patria! nombre sacrosanto,
Inúndenlo de flores nuestras bellas.
Sangre del ttlma, esencia de mi vida,
Cuerda de arpa celeste estremecida
¡Ah! y ellos vencerán: al enemigo,
A loe húmedos besos de mi llanto.
El brazo del poder y la fortuna,
¡Patria! foco de sol. ¡Núcleo di vino,
La riqueza y las naves de los mares,
De cuanto ardiente el corazón adora!
Y la traición y su infernal milicia;
Nueatro dosel de púrpura en la aurora,
Pero á la causa de tu patria, ¡oh J nárezl
Ltmpara en tu lucero vespertino:
La pnjanza del Dios de la justicia!
¡Ven, que yo soy el bardo de tus glorias!
¡Ah! y ellos vencerán . .. . .. De Dins la mano
¡Ven, qne soy el cantor de tus dolores!
Llena de indignación se abrirá un día,
¿CuAndo mi musa le negó sns flores,
Y grande y libre el pneblo mexicano,
Jamás, ni á tu atieeión ni á tns victorias?
DirA á la tierra: LA VENGANZA ES MÍA,
¿Y á qué v enir aquí? ¿puede orgullosa,
Sus verdugos caerán, el hondo abismo
La pobre mano del poder y el oro,
A recibirlos tenderá sus brazos,
Alladir una cuerda melodiosa
Parodiando el ltossana
De esta mi lira al tímpano sonoro? ... . . .
Que hoy elevan malditos al Eterno,
¡Puede surgir en medio al estampido
Entre astillas del trono hecho pedazos!
Del ronco bronce que victoria alcanza,
Tú, ¡oh Chihuahua! la fuente de mil huertos,
De la alabanza la flot~nte llama
Que bolles en inmensas soledades;
En medio del espacio estremecido¡
La gacela dormida en los desiertos,
Y alzar, bardo servil, como oriflama
Liza de bravos, ramo de beldades!
Su tributo á un tirano aborrecido!
Blanca garza que animas la llanura
¡Puede al que dieta con su espada leyes,
Junto á las aguas del alegre río,
Infame foragido de corona.
A tí, la gratitud y la ternura
Coplero vil dobl•rle la rodill~I
En estas horas de dolor impío!
¡Puede ha ber un Almonte que traiciona,
Dormido está á tus plantas el desierto
Y ■u lira á sus pie• tender Zorrillal
Como manso león, linda matroua,
¡Eso no supe yo!. ..... Dulce es su nombre
A ti, se llega, cual se llega al puerto:
Cuando ardiente y tan casto como beso
Alegra de tos montes la corona.
De amor de ni n.o nuestro ser despierta:
Ven, le dijiste á Juárez: ven y lneha:
Ese nombre es la madre, es la sonrisa,
Veo, y tu nombre, ¡oh JuArezt eterniza:
Que noa abrió del existir la puerta,
Ven, guardaré tu gloria, que yo guardo
Y 81 dulce nombre en la extensión del cielo,
De Hidalgo y de los suyos la cenizal
Alba formand o y produciendo día,
Y cuando su orna el ancho firmamento
Un nombre que en las alas del consuelo
Posa sobre las torres elevada,
Lleva vertiendo en la alma la alegria.
De la excelsa ciudad, finjo un momento,
Pero un hombre á la música del alma
Matrona al templo que ora al Ser divino,
Hoy transmite sns ricas melodías:
Hincada y con las me.nos levantadas
E■ el verdor de la gallarda palma;
:Mirando de sus huestes el camino!
E, la eeperanza en los acerbos días
81 • nombre, es tu nombre . ... .. ¡feliz Juárezl
Tú, J uárez, sólo á ti digno te creo,
0 . .u, se hace la P•tria ... . .. donde flota,
De abrigar á tu pecho la grandeza,

l

15 de Septiembre.
Después de aquella página sombría
En que trazó la historia los detalles
De aquel horrible día,
Cuando la triste Méxitli vela
Sembradas de cadAveres sus calles;
Después de aquella página de duelo
Por Cnanhtemoc escrita ante la historia,
Cuando sintió lo inútil de su anhelo;
Después de aquella página, la gloria
Borrando nuestro cielo en su memoria
No volvió á aparecer en nuestro cielo.
La santa1 la querida
Madre de aquellos muertos, vencedores
En su misma caída,
Fué hallada entre ellos, trémula y herida
Por el mayor dolor de los dolores ..... .
En sn semblante pálido aur. brillaba
De su llanto tristísimo una gota ..... .
A su lado se alzaba
Junto A un laurel una macana rota ..... .
Y abandonad~ y sola como estaba,
Vencido ya hasta el último patriota,
Al ver sus ojos sin mirada y fijos,
Los espatloles la creyeron muertR.,
Y del incendio entre la llama incierta
La echaron en la tumba con sus hijos . .... .
Y pasaron cien a:flos y trescientos
Sin que á ningún oído
Llegaran los tristísimos acentos
De su apagado y lúgubre gemido;
Cuando nna noche un hombre que velaba
Soi!ando en no sé qué grande y augusto
Como la misma fe que le inspiraba,
Oyó un inmenso grito que le hablaba
Desde su alma de justo ..... .
-Yo soy-le repetía,
Descendiente de aqu éllos que ,in la lucha
Sellaron su derrota con Ja muerte . .... .
¡Yo soy la queja que ninguno escucha.
Yo soy el llanto que ninguno advierte!. .....
Mi fe me ha dicho que tu fuerza es mucha,
Que es grande tu virtud y vengo A verte;
Que en el eterno y rndo su(rimiento
Con que bace siglos sin cesar batallo,
Yo sé que lú has de darme 1o que no hallo:
Mi madre que está aqní porque la siento.Dijo la voz y al santo regocijo
Qne el anciano sintió en su omnipotencia,
-Si el indio llora por su madre-dijo,
Yo encontraré una madre para eoe hijo,
Y encontró aquena madre en su conciencia.
A esta hora, y en un día
Como éste, en que incensamos su memoria,
Fué cuando aquel anciano lo decfa,
Y desde ese momento, patria mía,
Tú 89hes bien que el astro de tu gloría
Clavado sobre el llbro de tn historia,
No se ha puesto en tus cielos toda vfa.

�EL MUNDO.

204

A esta hora faé 00.ando roñó en pedazos
La piedra que sellaba aquel sepulcro
Donde estuviste como Cristo, muerta
Para resucitar al tercer dfa;
A esa hora faé cuando se abrió la puerta
De su hogar, que en rn seno te veía
Con un supremo miedo en su alegría
De que tu aparición no faera cierta;
Y desde ese momento, y desde esa hora,
Tranquila y sin temores en tu pecho,
Tu sue:llo Fe cobija bajo un techo
Donde el placer es lo único que llora ....
T us hijos ya no gimen
Como antes al recuerdo de tu ausencia
Ni cadenas hay ya que los lastimen ..... .
En sus feraces campos ya no corre
La sangre de la lucha y la matanza.
Y de la paz entre los goces suaves
Bajo un cielo sin sombras ni vapores,
Ni se avergüenzar. de nacer tus flores,
Ni se avergüenzan de cantar tus aves.

Grande eres y á tu paso
Tienes abierto un porvenir de gloria
Con la dulce promesa de la hi11toria
De que para tu sol nunca habrá acaso ....
Por él camina y sigue
De tu lección de ayer con la experiencia;
Trabaja y lucha hasta acabar e ➔a obra
Que empezaste al volver á la existencia,
Que aun hay algo en tus cárceles que sobra,
Y aun hay algo de Eipafia en tu conciencia.
Yo te vengo á decir que es necesario
Matar ya á ese recuerdo de los reyes
Que escondido tras de un confesonario,
Quiere darte otras leye.; que tus leyes ....
Que Dios no vive ahí donde tus hijos
Reniegan de tu amor y de tus besos,
Que no es el que perdona en el cadalso,
Que no e@ el del idtar y el de los rezos,
Que Dios es el que vive en tus cabafl.as,
Que Dios es el que vive en tus talleres
Y el que se alza presente y encarnado

Domingo 17 de Septiembre de 1899
Allí donde Bin odio á los deberes
Se come por la noche un pan honrado.
Yo te vengo á decir que no es preciso
Que muera á hierro el que con hierro mate,
Que no es con sangre como el siglo quiere
Que el pueblo aprenda las lecciones tuyas·
Que el siglo quiere que en lugar de templ¿s
Le des escuel&gt;ls y le des f'jemplos,
Le des un techo y bajo dél lo instruyas.
Así es como en tu frente
Podrás al fin cefl.irte la corona
Que el p.Jrvenir te tiene destinad/\;
El, que conoce tu alma, que adivina
En tí, i\ la santa madre del progrei;o,
Y que hoy ante el recuerdo de aquella hora
En que uno de sus besos fué la aurora
Que surgió de tu noche entre lo espeso,
Mientras el pueblo se entusiasma y llora,
Te viene á acarici1tr con otro beso,

A.ño VI-Tomo ll

México, Domingo 24 de ~ept1embre
.
de 1s99 .

Efieótaó ceLelnadaó en !1onoz JeL c:!!Jz.
d
Cí-&gt;
·J
d e La CJbepuoLicCkJ
CD
/1
«:&gt;Zeótuente

MANUEL ÁCUÑA.

DIEZ Y 8 El.8 D E S EP TIEMBRE,.
«Cual al romper las Pléyades lluviosas
El seno de las nubes encendidas,
Del mar las olas antes adormidas
Súbito el austro altera tempestuosas,
De la cater,a osada
Así 'los restos nuestra voz espanta,
Que resuena indi~nada,
Y recuerda, si alti 1a SI': levanta,
El respeto profundo
Que inspiró de Vespucio al rico mundo.
«Ay, del que hoy más los sediciosos labios,
De libertad al nombre lisonjero
Abriese pretextando novelero,
Mentidos males, fútiles agravios,
Del cadalso oprobioso
Veloz descenderá i\ la tumba fría
Y ejemplar provechoso
Al rebel1e será, que en su porfía
Desconociese el yugo
Que al invicto espafl.ol echarrn plugo.,.
Renueva, ¡oh Mu~a! el victorioso aliento
Con que fiel de la Patria al amor santo,
El fin glorioso de su acerbo llanto
Audaz predije en inspirado acento:
Cuando más orgulloso
Y con mentidos triunfos más ufano
E I ibero sanoso
Tanto ¡ay! en la opresión cargó la mano
Que al Anáhuac vencido.
Cantó por siempre á su coyunda unido.

Así los hijos de Vand l\lia ruda,
Fieros clamaron cuando el héroe augusto
Cedió de la fortuna al golpe injusto,
Y el brazo fuerte que la empres11 escuda
J!'altando á sus campeones,
Del temor y la muerte precedidos
Feroces escuadrones,
Tales impunes campos florecidos
Y al de&amp;ierto sombrío
Consagran de la paz el nombre pío.

«Al misera ble esclavo (cruel dP.cía)
Que independ,mcia ciego apellidando
De rebelión el palellón nefando
Alzó una vez en algazara impía,
De nuevo en las cadenas
Con más ri~or á su cerviz atadas
Aumentemos las penas
Que ! su última progenie prolongadas
En digno cautiverio
'
Por siglos aseguren nuestro imperio.

No será, empero que el benigno cielo
Cómplice fácil de opresión sangrienta,
Niegue i\ la Patria en tan cruel tormenta
Una tierna mirada de consuelo
Ante el trono clemente.
Sin ce;ar sub" el encendido ruego,
El quejido doliente
De aq,uel prelado que inflamado en fuego
De caridad divina
La América indefensa patrocina.

«¿Qué sirvió en los dolores vil cortejo
Que el aleve pastor el grito diera
De Libertad que dócil repitiera
La insana chusma, con afán prolijo?
Su valor inexperto
De sacrílega audacia estimulado
A nuestra vista yerto
En el campo quedó y escarmentado
Su criminal caudillo
Rindió ya el cuello al vengador cuchillo.

Padre amoroso, dice, que á tu hechura
Como el don más sublime concedi,te,
La noble libertad con que quisiste
De tu gloria ensalzarlo hasta la altura.
¿No ves que á un orbe enteco
Genio privado de excelencia tanta
Bajo !ll dominio fiero
Del excecrable pueolo que decanta
A3esinando al hombre
D.1r honor á tu excelso y dulce nombre?

Cuánto, ¡ay! en su maldad ya se gozara
Cuando por permisión inexcrutable
De tu justo decreto y adorable
De sangre en la conquista se bafl.ara?
Sacr ílego arbolando
La ense:lla de tu.cruz en burla impía
Cuando mi\s prof mando
Su religión con negra hipocresía
Para gloria del cielo
Cubrió de excesos el indiano suelo.
De entonces su poder ¡cómo ha pesado
Sobre el inerme pueblo! ¡Qué de horrores
Creciendo siempre en crímenes mayores
El primero á tu vista han aumentado!
La astucia seductora
E l auxilio han unido á. su violencia,
Moral corrompedora
Predican con su bárbara insolencia
Y por divinas leyes
Proclaman los caprichos de sus reyes.
Allí se ve con asombroso espante
Cual traición castigado el patriotismo,
En delito erigido el heroísmo
Que al hombre eleva y engrandece tanto,
,!Qué más? En duda horrenda
Se cvnsulta el oráculo sagrado
Por saber si lll prenda
De la razón al indio se ha otorgado
Y mientras R'.lma calla,
Entre las bestias confundido se halla.
;,Y qué, cuando llegado se creía
De redención el suspirado instante
Permites, justo Dios, que ufana cante
Nuevos triunfos de odiosa tiranfa?
El adalid primero,
El generoso Hidalgo ha perecido:
El término po~trero
Ver no le fué de la obra, concedido;
Mas otros campeones
Su.Jcita que redimen las naciones!
Dijo, y Morelos siente enardecido
El noble pecho en belicoso aliento;
La victori&gt;l en su ense:lla toma asiento
Y su f'jemplo de mil se ve seguido.
La sangre difundida
De los héroes su númen recrece
Como tal vez herida
De la segur, la encina reverdece,
Y más vigor recibe,
Y con más pompa y más verdor revive,
ANDRÉS QUINTANA

Róo.

PL.1Z.A. DE LA CO:.'i'STITUCIO:N Y A VENID..i. DE PLATEROS.

Número 13

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94357">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94359">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94360">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94361">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94362">
              <text>12</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94363">
              <text>Septiembre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94364">
              <text>17</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94381">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94358">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 12, Septiembre 17</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94365">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94366">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94367">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94368">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94369">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94370">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94371">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94372">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94373">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94374">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94375">
                <text>1899-09-17</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94376">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94377">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94378">
                <text>2017548</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94379">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94380">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94382">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94383">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94384">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1444">
        <name>Abolición de la guerra</name>
      </tag>
      <tag tagId="1446">
        <name>Desórdenes de Paris</name>
      </tag>
      <tag tagId="662">
        <name>General Díaz</name>
      </tag>
      <tag tagId="1448">
        <name>Independencia</name>
      </tag>
      <tag tagId="1447">
        <name>Patriarca de Armenia</name>
      </tag>
      <tag tagId="1443">
        <name>Preludio de Chopin</name>
      </tag>
      <tag tagId="1445">
        <name>Teniente coronel Picquart</name>
      </tag>
      <tag tagId="1442">
        <name>Urbanidad higiene y moral</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3616" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2257">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3616/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._13._Septiembre_24..ocr.pdf</src>
        <authentication>73b4908af9205a337f413aec5155d06a</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117437">
                    <text>EL MUNDO.

204

A esta hora faé 00.ando roñó en pedazos
La piedra que sellaba aquel sepulcro
Donde estuviste como Cristo, muerta
Para resucitar al tercer dfa;
A esa hora faé cuando se abrió la puerta
De su hogar, que en rn seno te veía
Con un supremo miedo en su alegría
De que tu aparición no faera cierta;
Y desde ese momento, y desde esa hora,
Tranquila y sin temores en tu pecho,
Tu sue:llo Fe cobija bajo un techo
Donde el placer es lo único que llora ....
T us hijos ya no gimen
Como antes al recuerdo de tu ausencia
Ni cadenas hay ya que los lastimen ..... .
En sus feraces campos ya no corre
La sangre de la lucha y la matanza.
Y de la paz entre los goces suaves
Bajo un cielo sin sombras ni vapores,
Ni se avergüenzar. de nacer tus flores,
Ni se avergüenzan de cantar tus aves.

Grande eres y á tu paso
Tienes abierto un porvenir de gloria
Con la dulce promesa de la hi11toria
De que para tu sol nunca habrá acaso ....
Por él camina y sigue
De tu lección de ayer con la experiencia;
Trabaja y lucha hasta acabar e ➔a obra
Que empezaste al volver á la existencia,
Que aun hay algo en tus cárceles que sobra,
Y aun hay algo de Eipafia en tu conciencia.
Yo te vengo á decir que es necesario
Matar ya á ese recuerdo de los reyes
Que escondido tras de un confesonario,
Quiere darte otras leye.; que tus leyes ....
Que Dios no vive ahí donde tus hijos
Reniegan de tu amor y de tus besos,
Que no es el que perdona en el cadalso,
Que no e@ el del idtar y el de los rezos,
Que Dios es el que vive en tus cabafl.as,
Que Dios es el que vive en tus talleres
Y el que se alza presente y encarnado

Domingo 17 de Septiembre de 1899
Allí donde Bin odio á los deberes
Se come por la noche un pan honrado.
Yo te vengo á decir que no es preciso
Que muera á hierro el que con hierro mate,
Que no es con sangre como el siglo quiere
Que el pueblo aprenda las lecciones tuyas·
Que el siglo quiere que en lugar de templ¿s
Le des escuel&gt;ls y le des f'jemplos,
Le des un techo y bajo dél lo instruyas.
Así es como en tu frente
Podrás al fin cefl.irte la corona
Que el p.Jrvenir te tiene destinad/\;
El, que conoce tu alma, que adivina
En tí, i\ la santa madre del progrei;o,
Y que hoy ante el recuerdo de aquella hora
En que uno de sus besos fué la aurora
Que surgió de tu noche entre lo espeso,
Mientras el pueblo se entusiasma y llora,
Te viene á acarici1tr con otro beso,

A.ño VI-Tomo ll

México, Domingo 24 de ~ept1embre
.
de 1s99 .

Efieótaó ceLelnadaó en !1onoz JeL c:!!Jz.
d
Cí-&gt;
·J
d e La CJbepuoLicCkJ
CD
/1
«:&gt;Zeótuente

MANUEL ÁCUÑA.

DIEZ Y 8 El.8 D E S EP TIEMBRE,.
«Cual al romper las Pléyades lluviosas
El seno de las nubes encendidas,
Del mar las olas antes adormidas
Súbito el austro altera tempestuosas,
De la cater,a osada
Así 'los restos nuestra voz espanta,
Que resuena indi~nada,
Y recuerda, si alti 1a SI': levanta,
El respeto profundo
Que inspiró de Vespucio al rico mundo.
«Ay, del que hoy más los sediciosos labios,
De libertad al nombre lisonjero
Abriese pretextando novelero,
Mentidos males, fútiles agravios,
Del cadalso oprobioso
Veloz descenderá i\ la tumba fría
Y ejemplar provechoso
Al rebel1e será, que en su porfía
Desconociese el yugo
Que al invicto espafl.ol echarrn plugo.,.
Renueva, ¡oh Mu~a! el victorioso aliento
Con que fiel de la Patria al amor santo,
El fin glorioso de su acerbo llanto
Audaz predije en inspirado acento:
Cuando más orgulloso
Y con mentidos triunfos más ufano
E I ibero sanoso
Tanto ¡ay! en la opresión cargó la mano
Que al Anáhuac vencido.
Cantó por siempre á su coyunda unido.

Así los hijos de Vand l\lia ruda,
Fieros clamaron cuando el héroe augusto
Cedió de la fortuna al golpe injusto,
Y el brazo fuerte que la empres11 escuda
J!'altando á sus campeones,
Del temor y la muerte precedidos
Feroces escuadrones,
Tales impunes campos florecidos
Y al de&amp;ierto sombrío
Consagran de la paz el nombre pío.

«Al misera ble esclavo (cruel dP.cía)
Que independ,mcia ciego apellidando
De rebelión el palellón nefando
Alzó una vez en algazara impía,
De nuevo en las cadenas
Con más ri~or á su cerviz atadas
Aumentemos las penas
Que ! su última progenie prolongadas
En digno cautiverio
'
Por siglos aseguren nuestro imperio.

No será, empero que el benigno cielo
Cómplice fácil de opresión sangrienta,
Niegue i\ la Patria en tan cruel tormenta
Una tierna mirada de consuelo
Ante el trono clemente.
Sin ce;ar sub" el encendido ruego,
El quejido doliente
De aq,uel prelado que inflamado en fuego
De caridad divina
La América indefensa patrocina.

«¿Qué sirvió en los dolores vil cortejo
Que el aleve pastor el grito diera
De Libertad que dócil repitiera
La insana chusma, con afán prolijo?
Su valor inexperto
De sacrílega audacia estimulado
A nuestra vista yerto
En el campo quedó y escarmentado
Su criminal caudillo
Rindió ya el cuello al vengador cuchillo.

Padre amoroso, dice, que á tu hechura
Como el don más sublime concedi,te,
La noble libertad con que quisiste
De tu gloria ensalzarlo hasta la altura.
¿No ves que á un orbe enteco
Genio privado de excelencia tanta
Bajo !ll dominio fiero
Del excecrable pueolo que decanta
A3esinando al hombre
D.1r honor á tu excelso y dulce nombre?

Cuánto, ¡ay! en su maldad ya se gozara
Cuando por permisión inexcrutable
De tu justo decreto y adorable
De sangre en la conquista se bafl.ara?
Sacr ílego arbolando
La ense:lla de tu.cruz en burla impía
Cuando mi\s prof mando
Su religión con negra hipocresía
Para gloria del cielo
Cubrió de excesos el indiano suelo.
De entonces su poder ¡cómo ha pesado
Sobre el inerme pueblo! ¡Qué de horrores
Creciendo siempre en crímenes mayores
El primero á tu vista han aumentado!
La astucia seductora
E l auxilio han unido á. su violencia,
Moral corrompedora
Predican con su bárbara insolencia
Y por divinas leyes
Proclaman los caprichos de sus reyes.
Allí se ve con asombroso espante
Cual traición castigado el patriotismo,
En delito erigido el heroísmo
Que al hombre eleva y engrandece tanto,
,!Qué más? En duda horrenda
Se cvnsulta el oráculo sagrado
Por saber si lll prenda
De la razón al indio se ha otorgado
Y mientras R'.lma calla,
Entre las bestias confundido se halla.
;,Y qué, cuando llegado se creía
De redención el suspirado instante
Permites, justo Dios, que ufana cante
Nuevos triunfos de odiosa tiranfa?
El adalid primero,
El generoso Hidalgo ha perecido:
El término po~trero
Ver no le fué de la obra, concedido;
Mas otros campeones
Su.Jcita que redimen las naciones!
Dijo, y Morelos siente enardecido
El noble pecho en belicoso aliento;
La victori&gt;l en su ense:lla toma asiento
Y su f'jemplo de mil se ve seguido.
La sangre difundida
De los héroes su númen recrece
Como tal vez herida
De la segur, la encina reverdece,
Y más vigor recibe,
Y con más pompa y más verdor revive,
ANDRÉS QUINTANA

Róo.

PL.1Z.A. DE LA CO:.'i'STITUCIO:N Y A VENID..i. DE PLATEROS.

Número 13

�EL MUNDO.

208

Es el aire del campo; aquella brisa de Becquer que
la sangre orea.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-----------------------------------------

~

LA SEMANA
En esta semana musical anotamos la aparición de
la Fedora de Giordano y la repetición de «Cavallería&gt;
y «Payasos.&gt; Estas tres óperas un~das á la «Bohemia&gt; de Pucini forman los cuatro· clavos de oro de
una Orión recientemente aparecida en el cielo del
Arte. El realismo ba entrado bravamente en la zona.
lírica. La inspiración nueva deja el rumbo ide~l de
la leyenda, y no se rinde ya, como esclava sumisa, á
los impalpables dominios de la fan~asía.
.
Wagner es un soñador teuton. 8u~ personaJes, están hecbos de niebla y misterio. Vienen de las profundidades de las bosques sagrados, tum~n cuerpo en
una ráfaga de luna y se desbacen en el aire com~ nubes. Nunca llegan hasta nosotros. Se qued~n srnmpre en la línea azul del horizonte. No camrnan, se
deslizan. Se diría que vuelan. ¿Aman? ¿Sufren?
¿Lloran? ¿Se desesperan?
.
.
Sí, pero de un modo singular, con una existencia
~xtraña y fantástica que nos seduce.
.
Cuando estéis uo poco tristes, sentaos á la orilla
de un río, en una tarde serena. Contemplad el agua
que pasa clara, ond~lante y rumorosa .. Absorbeos.
Allí, bajo la placa de cristal que os salpica el rostro
d.: rocío, se agita otro mundo, esta otra naturaleza;
un cielo que centelleá más luminoso, una!; frondas
que se mueven más lejanas, un ambiente más puro
por donde cruzan los pájaros con las alas rnmóviles y
tendidas. Hay mucho que se esfuma, que
se desvanece, que no se alcanza. Aquel es
el mismo cielo que tenemos sobre nosotros, aquellos son los mismos juncos que
crecen en la ribera; el sauce meditabundo que se inclina para llorar sobre la corriente, las aves que atraviesan el aire
que respiramos; pero todo está purificado, vago, remoto. No es la naturaleza vivida, es :a soñada. Y entretanto que el
agua corre por aquel cauce de zafiro, pensad en vuestras tristezas, en vuestros
amores, en vuestros desengaños, arrullados por el eterno canto, por el misterioso
monólogo de la linfa, cuyos sonidos tra.
ducís con la maravillosa intuición del
sentimiento.
Esta impresión es semejante á la que
experimento con una obra de Wagner.
El cisne de Lohengrin es 1m fragmento
de bruma; el báculo de Tanhausser es
una grieta de sombra; la cabellera de Eisa es poi vo y sol; la capa del Holandés
errante es una nube de tormenta.
Pero así como Wagner viene del sue•
ño, estos flamantes músicos italianos vie•
nen de la 1ealldad. Wagner es la leyenda,
ellos la vida; Wagner trasciende á incien
so, ellos huelen á carne; Wagner es divino, ellos son humanos.
Las primeras obras de estos grandes
múaicos en gestación nos indican sus ideales. «Cavallería&gt; es una escena de amor
caldeada por el sol de Sicilia. «Pagliacci&gt;
una gusanera de pasiones brut,ales, cuyo
nido es una barraca de saltimbancos.
«Bobemia,&gt; es una risa de París empapa
da en lágrimas y ternuras, y hoy «Fedora&gt; es un gemido de rabia y de pasión
termin&lt;1-do en un sollozo de muerte.
El arte ha puesto la decoración, ha trazado loscontornos, pero el movimiento, el
impulso, el combate,son obra de la vida.
Allí hay nervios, músculos, sangre, calor
de besos, miradas de odio, súplicas, llantos y sonrisas. Allí hay hombres, hay t ragedia humana.
Las figuras de más relieve en estas
obras son las mujeres. No son símbolos
sino hembras.
Poner música á cuadros vivos, encerrar
en la pauta caracteres, dar á cada grito
su nota, á cada frase su entonación, pin•
tar líricamente tipos que vibran v se convulsionan tan cerca de nosotros, ha sido
la aspiración de los jóvenes composit0res
italianos. Las tentativas resultaron soberbias.
Durante la semana nos hemo!! conmovido con aquella música juvenil que canta
alegrías nerviosas, que se levanta basta
el himno uncioso, basta la oración extátlca, que 1101 a y se enternece, y se desespera que es voz de angustia, imprecación
de rabia, adiós adolorido, grito de espan•
to, mugidor torrente de odio.
Y al terminar el drama, al caer rápidamente el telón, después del alarido de
Oavalle,-ía ó el sarcasmo de Pa!Jasos, ó del
suspiro de Fedma queda en nuestros oí•
dos, por muc,b.o tiempo, un rumor lejano.

***
La mita.d del triunfo de esta ópera, pertenece á la
Chalfa. Es indiscutible ya el talento de esta cantante adorable. No olvidaremos jamás la cabeza expre•
siva y rica en gestos de esta mujer que no es bella,
pero que se embellece siempre que lo desea. Ro_stro
franco expresivo, enérgico, ojos de una ob&amp;cundad
de nocie, con toques de luz abrillantada por las lágrimas, boca contraída por los sollozos, moid1~ndo
las maldiciones, reteniendo el suspiro delat,r, humeda por los ósculos, testa, ya erguida, ya inclinada,
ya implorando al cielo con el fervor de la plegaria,
ya inclinándose en la tierra, abrumada b~jo el yeso
de los recuerdos, pero siempre con el rad10so mmbc,
de la tristeza, ó el halo de nácar del amor, ó el fuego
de hornaza de la ira .... todo en la Chalfa forma un
conjunto estético del que se desprenden, precis_as y
conmovedora~, las ardientes figuras de las herornas.
La Chalía, de voz firme y clara, con algunas notas
de oro recorre el registro de las pasiones: empapa
en lla~to las notas, hs hace temblar de angustia, las
arroja como un insulto al : ostro del amante, las sua.
viza como una caricia en un rapto de ternura, las
eleva como una oración. Es inspirada. Siente y ex•
presa con valentía y ardor. ¡Feliz ella 1

***
«El Mundo Ilustrado&gt; dedica hoy su parte gráfica
á conservar el recuerdo de los arcos de triunfo y los

ARCO DEL ESTADO DE TABASCO. (VISTA LA.TERAL,)

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

Domingc 24 de Septiembre de 1899.
carros alegóricos que fueron el atractivo de las p3.11a.
das fiestai:.
México se vistió de gala. Hubo p'.étora d.i multitudes alegres. Solamente las nubes se empeñaron en
impedi r al sol que se asom:1se á su balcón de oro del
cielo. Y la lluvia, malhumorada y rabiosa, deshilachó sus efímeros y transparentes estandartes sobre
la ciudad emperifollada como aldeana en dom mgo.
La alegría, sin embargo, lanzó á los cuatro vientos
el retintín de sus car::ajadas y los gritos de aire de
sus cantare.e;.
1Oh, qué buena es la alegría de vivir 1

EL EXTERIOR.
Revistas Políticas y

Literarias.

l. COSAS DE FRANCIA: l'affaire finie; LA PSICOLOGIA.
DEL CASO; FRANCIA EN DECADENCIA: lNE X ACTI•
TUDESj LA SITUACION DEL 1ITTNISTERIO: ESPB•
RANZAS.
2. DEWEYj M.A!~KI NLEY. LAS PLATAFORMAS ELEC·
TORALES DE LOS NUEVOS PARTIDOS IMPERIALISTA.
Y DEMOCR,\TICO.
3. LA GUERRA EN EL TRANSV.AAL.

Que diablura para los cronist as de mi
calaña que concluya i•ottai?'e La frase sa. cramental faffaire fi;nie resuena lúgubremente en nuestros oídos; era un mate.
rial abundant,e, interesante é incesante
de que se podría dispouer en cualquier
instante. Ahora no, dentro de pocos dias. ,
todo habrá pasado á la historia, no sin
dejar lecciones y enseñanzas que pueblos
y gobernantes se apresurarán ... . .. á no
aprender. Así somos todos.
Si, había una diliculiad que surge, gra,e y á primera vista insuperable; este
asunt:o está empedrado de dificultades
insuperables, que han sido mal que bien
superadas; qué diablo, el mundo marchat
como decfa un viejo maestro de lo~ muchachos de hace treinta años, y á quien
creíamos infalible oráculo ¡inocentes! Se
llamaba Eugenio Pelletan. Veo la diflcul•
tad: para que el asunto concluya precia&amp;
un indulto, pero el indu1to no puede concederse sino á petición de parte. Dreyfus lo pedirá? 8i lo pide se confiesa culpable, loquees imposible. Si no lo pide cómo
indultarlo? La brava carta de Zola, á
quien es preciso absolver de sus magnos.
errores estéticos, en vista de la incomparable grandeza desu actitud moral, anun•
cia el propósito de llevar hasta el último
extremo su lucha por la justicia y el derecho. Palmas; pero ¿y la patria? ¿y la
prolongación de esta guerra civil en poten·
cia, que con cualquier motivo deflagrarA.
en un ambiente saturado de pasión y de
odio? ¿Qué, no vale la.pena de t omar esto
en cuenta? ¿Por qué el Capitán Dreytllll,
uno de los grandes atormentaJos del siglo,
de quien ridículamente se quiere bar.et
un Cristo de kepf, no prescinde de todo&amp;
sus derechos, no hace este supremo sacri•
ficio á la paz de su país? ¿Tiene ó no el
corazón alto y bien puesto? Ent onces podrá el gobierno mot·u proprio hacerle gracia.
de la pena y ponerlo en libertad.
Esto pensaba cuando el cable informó
que el perdón está concedido. E l gobierno ha hecho bien y ha obrado cuerdamente; y como ninguna persona seria, á noser que esté movida por inconfesables sen·
timientos de odio religit.so ó de raza, ó
de idolatría á todo trance por la instltU•
ción militar, lo cual es en el fondo la m~
ma pasión que servía de resorte á los W&gt;pishqui de Hultzilipochtli, atenuada por
el miedo al código penal; co:::io ninguna
persona en la plenitud de sus facultade&amp;
morales, después de la lectura de las crónicas detalladas de las audiencias, Y después del veredicto, puede creer indudnblt
la culpabilidad de Dreyfus, ha ! es~Itado
que el apagamiento de la excitación e&amp;
rápido y que c'est une affaire jinie. ~~10sea Dios. Este resultado pone de r_.•
to la inteligente conducta del Presiden·
te Loubet y de su minis.terio.
Los enemi "'vS de Francia habían aprovechado la injusticia fundamental del ta·
llo del consejo de guerra, para procn·
rar destruir con delirante desr.emplan•

209

EL MUNDO

za su prestigio de nación culta y para minar su
ettuaclón internacional sugiriendo la idea de un inex.
plable ultraje hecho al emperador de Alem,mia; Jo;¡
ingleses eran naturalmente !03 autOrf S de esta mtri•
ga; pero jugaban á cartas vistai. y nadie cayó en esr,a ratonera Claro es que cuando, no un oficial, ni
un agen te diplomático, sino el ministro cte relaciones
del Imperio y no al gobierno fr"ncés, sino al parla.
Diento Imperial, declaró en nombre del soberano que
110 habían existido relaciones de ningún género entre
Ja embajada alemana y el capitán Dreyrus, nadie pudo vacilar; esa declaración era la verdad. 'l'an cierto
l'B esto que in mediatamente se inventó la conseja de
que la traición habfa sido hecha en tarnr de Rm,ia
(un ..:uento capaz de hacer á uno dormir parado.) Si
-el consejo de guerra condenó, esto no era asunto qu.i
pudielle enojar olicialmente al gobierno alemán; un
-consejo de g-uerra no representa á la nación en sus
rdai:iones exteriores, la representa el poder ejecuti,·o de la repú blica; el poder ejecutivo ha indultado;
á un traidor no se le indulta. El presidente de la repúhllca francesa sólo ha podido indu1t~r cr::iyendo in-culpable á Dreytus; tienen razón• los energ1ímenos
-en dlrlgir las más terribles lnsinua/\iOnes contra los
Seftnces Loubet y \'f. Rousseau, tienen razón de fS ·
tar frenéticos contra el.os; el indulto motu proprio ·
no tiene otra significación posible que la que los pia-dosos antlsemiLas le dan: el gobierno creti en la iuo-c11ncla de Drey fus; cree en la palabra del emperador
.alemán. Y nosotros encontrawos I sto perfectamen te honrado, enteramente justo y cuerdamente po.f.

uco.

***
Viendo en conjunto la cuestión, abora que sus
.grandes peripecias pueden incluirse una en la otra,
1JOmo quien cierra un anteojo que va á guardar des.
pués de haberse servido de él para observar el estado
moral de un pueblo, todo resulta Iógko y claro.
Nosotros, en este plural comprendo no sólo á h,s latlnus, sino á la gran mayoría de los hombres ilustra·doa de ambos mundos, exij íamos de un grupo militar
un acto que tormar'.I ecua~ión perfecta con cierta mi.
:¡¡Ión de justicia absoluta que atribuíamos á una F.ran.
-cla Ideal y sed uct0ra que se fuuda más en la literatu.ra que en la blstorh. Teníamos miedo de que esta
-quimera no resultase cierta y nos h·\ dado coraje palpar la realidad : uo, esa nación no es el ángel de, la
. .Justicia; no, el promedio del alma francesa resulta
una alma burguesa, calculadora, escéptica, positiva,
-enalldades excelente:; para llegar á un buen suceso
ftnal, pero exceslvamenLe orgullosa y aticlonada con
invencible instinto á la gloria militar, que es la tuen·te de su org ullo, exacerbado por la humillación y la
-derrota basta el paroxis.no. Y como e,e orgullo se ex-t.erioriza en explosiones ruidosas dd más flexible

Aneo DEL ESTADO DE SONORA.

ARCO DEL E;TADO DE TABASCO. (VISTO DE FRENTE,)

ARCO DEL ESTADO DE MOUELOS.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

210

Domingo 2! de 8eptiembre de 1899.

tiarlo, ban hecho san~ameote; no sé~ qué medws
habrán recumdo, pero de1:laro que el objeto no ba
podido ser ni más grande
ul más moral é Insisto en
preferir á los de 10s sel1ores Esterbazy y Paty de
-Clam, la vida del señor Zadoe - Kahugranrabl as de
Francia) sin miedo al otro
anunciado del ejército, el
parlamento puso la mano
én el boaibro rlel ministerio y la revisión fué decrPtada. Es ó no esto honroso,
cuando se piensa, que si alguna cosa ba resultado
clara del p1oceso de Rennes, es la espantosa deti·clencla del primer proceso
1 Ja presión ejercida sobre
el Consejo que absolvió á
»,terbazy, era un acto de
grao j usticla de la. repre-sentación nacional? Y el fa
Uo de la Corte de Casación
¿no es una reparación hecha, e~ nombre de la cien-eta y de la conciencia, pür
bowbres de distintas convicciones políticas y filosó ficas, pero incomparables
perito&amp;en el arte de juzgar,
de las flagrantes violaciones del derecho que hibfa n
escandalizado al mund o~
Y cuando nay esta justicia
civil en un país, puede decirse que es caduco y que
muestra el fin de la. virlli,
dad de una raza? ¡Oh! no
-dertamente¡ pero el veredlctode Rennes? Pue~bien¡
no os admira que á pPsar
11e lo infinitamente cobibi-

y plástico de los idiomas hablados, resulta que la maravillosa sensatez de este puetlo y su real y religioso

patriotismo, toman el aspecto de la ,·anidad, rtlsuena.n como una g ritería y todos nos llamamos á decepción, cuando de este conjunto de cualidades y defectos, resulta un acto nat,ural cuando esperábamos algo sobrenatural y milagrm,o, cuando esperábamos de
ellos lo que ne "!Speraríamos de nosotros mismos, alemanes, Ingleses, ameri&lt;.:anos ó japoneses, en un caso
idéntico.
Aseguro que bien visto, lo que La pasado, no re.
sulta sublime, pero resulta lógico. tY qué pedíamos
en suma? Que un inocente no sufriera más y fuPse
solemnemente rehabilitado¡ lo primero se ba logrado
de hecho y de derecho por el veredicto seguido de su
consecuencia forzosa, el Indulto; lo segundo se ha logrado de hecho; ese hombre está rehabilitado ante la.
conciencia humana. ¡. Qué más?
Separándoncs del punto de vista absoluto que, en
resumidas cuentas, no es un punto de vista humano,
rlebemos pensar en la situación psicológica de los jueces; apenas con lo que los periódico1&gt; nos han dicho,
podemos formarnos idea de la presión ei,tupenda que
sobre este grupo de soldados que yo persisto en creer
honrados y llanos ejercían la. educación, la disciplina,
h religión gerárquica, el respeto á los jefes, la costumbre de considerarlos casi como infalibles, lapasión de las dos terceras partes del pueblo francés que
sistemáticamente exaltado en su militarismo patriótico, que es en él como la hemoglobina en la sangre,
en sus pasiones religiosas más vivas hoy que antes de
la revolución, y escandecldo basta el paroxismo por
los insul tos brutales y omlno~os al ejército, que, hoy
más que nunra, es la patria armada, vociferaba al
oído de los jueces: no condenéis al ejér ;ito, no lo pongáis en ridículo, no entreguéis á vuestros generales
al ludibrio, no .... Y Cassagnac y Paul Déroulede lo
habían dicho: O Dreyrus es culpable, ó los jefes del
Estado Mayor del ejército francés son los hombres
más inicuos y más d1gnoR de castigo que se han presentado ante la narra de un tribunal ele justicia ....
Los jueces, al declarar culpable á Dreyfus, absolvieron á los generales. Y como la simple condena los
ponía á cubier to de la persecución, inmediatamente
absolvieron de hecho al culpable con la mayoría en
los vot'.&gt;S, con las circunstancias atenuantes, con la
d isminución de la pena, con la solicitud de la nodegradacióo ¡ lo trataron como á un oficial incorrecto,
no como á un t raidor á la Patria. Y, sin embargo,
ante la jus!.icia absoluta no había medio: ó traidor y
la pena suprema, ó no traidor y la libertad. La libertad ba venido. E l veredicto no fué, puPS, un fallo,
fué una transacción; no fué un acto de justicia, :fué
un acto de política.
¿ Y por qué persistí en creer ó en decir, basta el
último momento en el fallo absolutorio? Pues, por
lo iocorregiblemente francés que soy, porque quería
una cosa sublime. no un acto vulgar. Y cuento con
que los defectos de nuestra educación son tan arraigados, que Jo que. queríamos en Francia no nos hubiésemos atrevido á quererlo en otra parte: creo firmemente que los ingleses ó los alemanes hubieran
fusilado á. Drey:fus después del primer consejo.

211

A.ltCu DEL ESTADO DE OAXACA.

dos, (hablo moralmente) de
la imposible Independencia de aquellos hombres sometidos á iaflujo omnipotente de lo que se llama
la solidaridad corporativa,
l'e..~rit ~ co1·ps que los franceses dicen, baya habido
suficiente valor en los jueces para neutralizar su falta encontrando al más abominable de los delitos en
el orden político y mili1 ar .... circunstancias a,~
nuantes? Y qué decir de
esos dos heroes del deber,
de esos dos oficiales que te·
nieodo sobre sus cabezas
la pirámide de J{heops que
se II ama el prettigio del
ejército, habilísimamente
explotado por los oficiales
que complicaron la causa
sa.ota del ejército con la suya 11011 sancta? Cómo, después de esto, insultar á
Francia, desesperar de
}&lt;'rancia, anatematlzarla v
renegar de ella~ No, nunca. Los impíos, los matos
franceses que han querido
hacer creer al mune10, porque siempre se han dirigiClo al mundo y Juego protestan contra el mundo que
fija su atención en elios,
It,s que han sostenido, que
era uecesarlo para salvar la
patria sacrificar á un ino,·ente, no cuent an, son espectros y resurrecciones.
Nobles? son de los tiempos
feudales. Clérigos? son de
los tiempos de la inqui1,i' lón. Plebeyos? son de los
que inventaron el terror·

***
¡Oh! no, lo que sucede, exclaman algunos pesimistas amigos míos, es más hondo y más t ranscendente;
estos hombres no han sabido hacer justicia por ineptitud para el bien, porque Francia es u:i pats que
moralmente agoniza, porque la raza. latina es una
raza qi.e declina, que se va.-.A. 1o que contesto invariablemente: no es cierto, no lo creo; la única enfermedad de la raza latina es el intelectualismo, es un parásito éste capaz de producir ó el s-urmenage ó la neurastenia social. Entiend:i por intelectualismo, e.u el
sentido pa~ológico de la palabra, la tendencia á dará
la vida por objeto el goce Intelectual, lo que se aviene muy bien con el goce físico que los intelectuales
consideran como generador de sensaciones que se analizan, como se paladea el vino, y se convierten en cert!braclones. Así como el siglo pasado estuvo enfermo
de sentimentalismo que acabó en punta, en la punta
del cuchillo de Robespierre, así el tntelectuallsmo, la
religión del talento, el de&amp;preclo del goce m,iral,
puesto que el ideal humano en esta ó la otra vida no
es más que un goce selecto, engendra el egoísmo, la
desconfianza de todo, y acabará en su antítesis, en la
barbarie de los nuevos iconoclastas saqueadores de
iglesias é incendta'lores de museos. La enfermedad
esta es general¡ pero en los latinos está mal compensada: es la enfermedad en que naufragó el hombre típico del intelectualismo actual, Federico Nietzcbe.
Por Jo demás, metiéndose un poco en los antros de
la historia, como se dice en cliché, se ve que los latinos ban pasado por crisis más agudas que la actual,
y que al fin se han sobrepuesto objetiva ó subjetivawente. Y si no, veamos los motivos de la excomunión de Francia en este asunto que vamos á enterrar.
Un consejo de guerra, Inducido á. sabiendas á cometer un crimen judicial por la comunicación clandestlua. de piezas desconocidas por el acusado, sentencia á
la. más dura de las penas imaginable!! á un Inocente.
Algunos años después, un grupo de hombres capaces

ARCO DEL EsT.u: o DE DURANOO.

de honrar los fastos morales de la burnanldad el ofici~I P~;quart, el senador t:;cbeurer-Kestner
el escritor Zola descubren la fuente del error judicial
y uno se encara al gob!erno, miedoso, y el otro se en~
~ra. á las multltud~s frenéticas, y el tercero al ejército, sañudo, y le dicen: e Dreyfus es in()&lt;.ente.&gt; ¿Son
ó no franceses e,1tos hombres honrados?
El terror de l,;,s complicaciones Internacionales ha-

y

ce va ~ilar al gobierno, pero los Incidentes y las ren12clo ,es se suceden y una ,,la de piedad y de duda •
a·za de las eotrafias mismas del pueblo francés 1 •
t1elta su espuma en la tribuna dbl parlamento.
-,
Sin miedo á las insinuaciones de venalidad, de formación de un sindicato judío para comprar adbellO•
nes [si los judíos ~e han aseclado para gastar una
rart~ de su fortuna en sacar inocente á un correllglo-

ARCO D.EL E STADO DE GUJfüLU:rnu.

ARCO DEL ESTADO DE CHIHUAHUA.

�EL MUNDO.

212

Domingo 24 de Septiembre de 1899,

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

:e

d la escuadra española y de sus arsenales; ya sabía
había negligencia, pero no tanta, no se había
4rovisto la bahía de los medios usuales de defensa
pi si uiera en su entrada y los barcos y sus ,cañones
tal punto históricos ó arqueológicos, dada la
apidez del avance de la ciencia de la destrucción,
r ue a se vió: en Ca vite no hubo batalla, hubo eje~uci3n de una escuadra inerme por otra colocada fuera del alcance del tiro español. ¿1::ie tuvo la culpa
Mcntojo de todo es~o? ¿I_ba á improvisar buque-; _de
fierro y proyectiles rncend1antes y cañones de tuo
rápido?
.
Esto no disminuye la ¡;lor1a del vencedor, y se
comprende que el imperialismo americano se dé á sí
mismo una gran fiesta en las canas del formidable
lucbadfJr del mar coronadas de honor. Y el imperialismo refor:1.ado así con estas ren0vaciones periódicas
de sus repentinas y formidables glorias, podrá ir al
combate electoral con bríos redoblados; ya se ve su
Jan de campai'la: reelección de McKinley; dejarlo
krminar su obra; á él se debe la posición de primera
importancia que ocupa la federación en el mundo;
Inglaterra, la reina _del mar, busca. el asentimi_en~o
de su antigua coloma para moverse; nada más significativo, nada que remueva tanto hasta en la médula
el orgullo de Sam. Tanto más halagador as esto para Ja vanidad americana, cuanto que ellos, los Estados Unidos, suelen usar aun de sus modales un tanto
rudo,i con su robusta y coqueta mamá: y ya se niegan á reconocer los derechos del ~anadá en las costas
del Klondike y ya se pagan el lu¡o de quemar en pfi.
gie en una plaza de New York en medio de frenéticos aplausos la efigie de Mr. .A.&amp;ht('r, el archimillonarlo que se ha convertido en súbdito de bu Graciosa Magestad la Emperatriz Reina. _
Los reeleccionistas agregan: á Mr. McKinley debemos la creación de un vastísimo campo de desahogo para nuestros productos (Cuba_y las Filipi~as) y
para seguir p!anteando el monro1smo econó1mco de
Blaine-los mercados de América, para los productos
amerlcanos; y, á pesar de la enormidad de los gastos
de guerra, la prosperidad de la Unión ha t omado un
vuelo tan admirable, que de la guerra acá la brecha
en la fortuna pública se ha cerrado diez vecei, con oro.
¿A qué se debe esto? A la política semi-prohibitiva
iniciada antaño por el diputado McKinley y acrecentada bajo los auspicios del Presidente McKinley.
A él, pues, nuestros votos, dicen los que antes sellamaron republicanos, y en lo sucesivo, imperialistas.
Los demócratas se conciertan para la lucha: lo primero ha sido la reconquista del Estado de New-York,
perdido por el capítulfJ de libre acuñación de plata,
que fué el principal de la plataforma deBryan . .A.hora se notan síntomas de reconciliación. Mr. Croker,
el jefe de los demócratas neoyorquinos y acerbo enemigo del tipo-plata, ha declarado su adm:ración por
Bryan que, á su vez, en uno de sus quinientos mil
discursos ha manifestado su deseo de poner en segundo término su tesis favorita: la plataforma democrática se b&amp;.sará, según parece, sobre estas cláusulas:
anti-imperialismo (si la próxima campaña en Filipinas no tiene éxito, esta parte del programa será de
supremo interés), anti-trustismo y anti-tarifismo.
Estos dos puntos se corresponden íntimamente; los
trusts ó sindicatos, son el resultado de una verdadera

Prefiramos en esta tremenda discordia en que, según parece, llevan la vanguardia los franc-~a~on~s
y los jes,•itas prefiramos los que no somos m Jesmtas ni franc-~asones, al supremo magistrado de_la
Repút,lica frdncesa diciendo perd611. y al supremo Jerarca de la iglesia católica diciendo paz.

!ran\

** *
y el gobierno, dicen los burgueses ¿Por qu~ ~o nos
deja en paz? ¿Por qué al día_si~~ien~e ~e i•affairen~;;
proporciona est&amp;.recaída del1u1c10po1ít1co de la Alta
Corte es decir del Senado transformado en tribu nal
como 'en 88? Yo creo que lo mismo debe decirse el
gobierno ¿por qué no me dejan en paz á mí'? A~ora
bien, toda paz se com pone del miedo de los guerristas,
de los levantiscos y de la confianza de los hombres de
orden, y, generalmente, lo segundo está en razón directa de lo primero; bien lo sabemos por acá. Pues
bien buscando este saludable efecto, en momentos
en que la anarquía si no es aparente. es latente en
Francia, el gobierno que regentea M. Waldech Rousseau ha quetido poner de resalto ante su país y ant,e
el mundo que, precisamente del mismo modo ~ue él
juzgó necesario unir todas las energías republicanas
en un plan de defensa de la república sin atender, á la
incompatibilidad de los programas de grupo, as1 l_os
enemigos de las instituciones han bu~cado un terreno
-de transacción entre ellas en su sentimiento de od10
y que la adición de estos sumand?s plebi:-ci~ari?s, antisemit,as, orleanistas, bonapartistas, cler1cahstas y
nacionalistas, ha sido posible por el elemento que les
es común y suman: abajo la República: Y como en ~l
estado neurótico de Fiancia es excesivamente fáml
pasar del com plot al atentado (aunque, en cambio, excesivamente pasar del atentado al triunfo) resulta que

ARCO DEL ESTADO DE GUANAJUATO.

hipertrofia industrial, producida per la obstrucción
de las tarifas á la concurrencia pel producto extranjero; y los sindicatos, digamos monopolios, han establecido una tiranía económica inmensa y han dado á

CARR0 DE LA CO:UPAN!A. DE SEGUROS
e LA MEXWANA,&gt;

Muy merecidas las espléndidas fiestas navalfs queprepara la Unión norte-americana al almirante Dewey
y New-York espera un alud de medio mi!lón_ de per•
sonas, por lo bajo, para presenciarlas; casi c?mcldirá
el triunfo del viejo marino con la condenamón de su
infortunado adversario de Cavite; háganme ustedesfavor de índuitar á este; es inútil buscar chives e~píatorios. Pregunten los severos jueces del conse¡o
de guerra, pregunten su opinión á Dewey; la bah 8
de Manila estaba desprevenida como todo en EspaDa,
cuando el almírant,e yankee realizó con est~pen12a..
audacia la maLiobra que terminó con la fulmrnacióB

la cuestión social un negrísimo aspecto pa~a el porvenir de la paz en el próximo siglo.

***
Día á día los cables nos anuncian la guerra próxima á estallar entre el Transvaal é Inglaterra; Mr.
Chamberlain, que ha hecbo cuanto ha estado de su
parte para t,acerla necesaria, parece un hombre que
manda y recibe proposiciones con el solo objeto de
dar tiempo á las tropas inglesas de recibir refuerzos.
Los vencedores de Majuha se batirán admiratlemente, la famosa infantería montada de Joubert hará
movimientos prodigiosos, al fin cederá y el Transvaal
se doblará ensangrentado ante la ley del ,encedor:
el uitlande1·, el forastero ele la región minera, llegará
á la mayoría de votos en el raad y á la mayoría de
votos en la urna piesidencial, y por este camino Inglaterra habrá hecho suya el Africá del Sur. Esto
era fatal; está escrito. Los boers y los burghers del
Orange, que desean unírseles, pueden tener el derecho de su parte, ese viejo derecho que viene de la
necesidad de mandar uno en su casa, pero Inglaterra
tiene á Mr. Cecil Rhodes y unas preciosas balitas,
que al encontrar la ligera resistencia del cuerpo se
abren en una flor metálica rotativa, que produce en
los tejidos y los huesos el efecto de cien balas: se lJaman durn-dum; los conferencistas de la Haya quisieron prohibirlas; de donde dedujeron los ingleses que
la Conferencia era un complot contra ellos. ¿Pensarían en los boers?

el gobierno tenía que defender la Constitución y el'
mismo: veremos sí acierta.
Creo que sí; creo que el ministerio W. Rou8seau
puede presentarse dentro de poco tiempo á las Cámaras con este haber: el socialismo revolucionario
desarmado (veanse las anodinas circulares de dos co•rifeos del colectivismo, los seliores Baudio y Mille•
rand); el negocio Dreyfus terminado; el com plot contra la república revelado y castigado; el tratado de·
alianza con Rusia apretado; el au.en vecinismo (¡oh ! Pe-liite)-con Alemania consolidado y el éxito de la E~posición asegurado. Las cámaras dirán, entre la g~1te•
ría de los extremos que van á ser ineliiportables, s1 es-·
peraba algo más que esto. Y para despojar má_s 1~ si•
tuación, tienen ustedes para bien saber y meJor en-tender, que M. d'Artagnan, dijo queM. Gutirin seha.
rendido; empezó diciendo primero la muerte. cYabo•
ra la muerte ha pasado al seguudo término; lo f~lici•
tamos por ello y felicitamos al gobierno por ~u mte•
ligente paciencia; siempre debe temerse el r1dfculo,
alguna vez hay que desafiarlo, cuando está uno segu•
ro de vencerlo.

ÁRCO DEL EST.~DO DE HID.ILGO,

213

-l~J~

ARCO DEL ESTADO DE PUEBLA.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

214

J)omlngo 24 de Septiembre de 1899.

215

EL MUNDO.

"!~.m•1-•"1~U'Jt~~;f~~-!ST~~-.~

,..

.

,. "1\......
••

,

,~•

.
\i...; ~
..,,
't\¡

..

•• . { ~
~ {'( I

"' !-

I , ..

'~'""" •. , :."'

UAU!lO DE LA AGRICULTOR,\,

ÜARRO DE LA lNFANTElUA,

El plagio en música.
En carta publicada ya por EL MUNDO diario, el
maestro Cha pi, el aplaudidoautor de cCurroVarga~,&gt;
se defiende del cargo que se le hizo cte haber plagia-

nJ una frase de Puccini. A este propósito creemos debido invest.igar en qué puede consistir el plagio en
música, en dónde resiae y en qué principalmente
consiste y quién incurre ó no en él.
Chapí se defiende del cargo, afirmando que mal pudo haber copiado á quien no conocía, que sólo ha venido á bojear la partitura de Puccini recientemente,
y con motivo de un cargo análogo que se formuló en
Barcelona. Este alegato absuel ve plenamente á Chapí del cargo de plagio en el orlen jurídico, hace, _ante
un tribunal, prueba plena en su favor y moti vana un
fallo judicial absolutt.rio. Pero ante el público y ante el arte nadi e logra redimirse del pecado de haber
pens.;do y escrito lo mismo q1,eotro, aun sin concienr•ia de ello ni posibilidad de imitación. Alfonso Daudet acusado de haber plagiado á Dickens juró y proclamó no haberlo conocido sino con posterioridad á la acusación y no obstante eso no pudo
evitar ni atenuar siquiera la mala imprE&gt;sión de
ese vlogio illc0rtscie11te, de esa In voluntaria y for-

.7

-

tuita coincidencia entre dos pensamientos. Nunca
es tan cier to como en este caso que el que da vrimero da
dos veces, y quien ha tenido la desgracia de escribir lo
mismo que otro y después de él, sufrirá las consecuencias, aunque sin justicia.
La conciencia del maestro Cbapí puede y debe estar
tranquila; pero n i el público dejará de resentir la
mala impresión ni la crítica omitirá consignarla.
y es que u na cualidac dominante del artista, lo
que todos le exigen con imperio, y en música con
mayor apremio, es la originalidad, la personalidad;
todos queremos, y sólo los genios lo logran , que el
modo de sentir y de pensar del compositor les sean ·
propios, peculiares, novísimos; admiramos á Beetho•
ven y no admiramos á sus imitadores aun inconscientes y de buena fé.

*

**

El punto importante en el caso en cuestión, e11 discutir y aclarar qué se entiende por plagio en música,
y trataremos de inquirirlo discutiendo las doctrinas
del maestro Chapí. A su juicio no debe j uzgarse de
si hay plagio ó no por el sonsonete de unas cuantas_notas sino por el conjunto de la composición y cons1de•
rando todos sus elementos. De no proceder así, dice,
no habría autor original en el mundo, p~esto que es
siempre posible, ae-regamos nosotros, para r eforzar
el ara-u mento en.:ontrar unas cuantas notas iguales en
las c~mposici~nes más disímbolas. ~in duda alguna;
á cada paso en frases musicales sin semejanza, encontramos tres ó cuatro notas iguales, q ue se suceden de la misma manera, y serla simplemente estú·
pido pretender que eso no sucediera, siendo tan lne•
vi table como irremedia1-&gt;lf'.
Pero si la simple coincidencia de iwas cuant((S ntJtaB
conduce á afirmar que no hay música orig inal, la exl·
gencla de Chapí de que la semejanza ba de ser tQtal
é incluir todos los elementos musicales lleva recta•
mente á inferir que no hay plagio musical posible, lo
que es igualmente absurdo. En efecto, siendo la música un arte complexo en el que figuran f undamentalmente: melodía, armonía, ~ontra_punto ~ lnst~~
mentación, es de todo punto 1mpos1ble segun el
culo de probabilidades que dos composiciones masl·
cales ó fragmentos de ellas. escritas independientemente, puedan á la vez contener la misma melodía,
la misma armonización, el mismo tejido contrapuntístico y la misma instrumentación. E l plagio In·
consciente, en ese supuesto, .:is de todo punto imposible. Y si el Inconsciente es imposible el consclent.e
sería imbécil; n'.: hay plagiario que calque y
duzca foto&lt;Tráficamente una composición agena 5 •
quiera un fragmento import ante, porriue sería lapida
do sin miserirordia.
r
Si pues los dos extremos son inadmisibles por se
igualmente absurdos ¿en qué consiste el plagio Y
cuál es el criterio para definirlo?
.
,
Un poco de análisis nos permit irá aproxima.in~
una solución. La música, decíamos, consta de melod~
armonía, contrapunto é instrumentación; de es
cuatro elemento!&gt; pueden faltar algunos; ~ued~
cerse música con simple me'.odía sin armomzación •
acompailamiento alguno; los ejemplos de frases
les ó instrumentales sin armonización ni acompaecel
miento, abundan y constituyen música Y á v

excelente. La posibilidad de hacer música simplemente melódica y la simplicidad que la caracteriza y
la hace Lan accesible á tofos los oídos, explican la
preponderancia de este elemento, su pdpel capital y
la predilección de las wasas por él Puedt haber música puramente a rmónica, y de alto vuelo y exquisita.
lnsplraclóo; pero no puede haber música ni pura nenteoontrapuntíst ica, ni pur.surente instrumental, co- mo nn sea 11\ música rítmica p rlmlti ra ejecutada en
el t.amboril, el tam-tam, el
ttpo1111xtle ele., q ue casi no
werece tal nomore.
En un trozo m usical que
conste, como es hibitual,
de el!OS cuaLro elemen Los,
¿eui\l sirve de criterio · y
de ple1ra de toque para
juzgar del plag io? Eviden1remente la meloiía; desde
luego porque ts la parte
ma\s ac.:esib'.e a l público,
y A la que, en noventa
ocasiones sobre c ien se subordln.1n todas las otras.

Y cuenta que el públicn no es de despreciarse en esta
cuestión; la crítica es impotente para modificar su
opinión y el fallo subsiste y la fama del autor se empaña. Y no puede ser de otro modo; tomemos la meJodfa del andante de la quinta sinfonía de Beetboven;
no hay duda en que es facultativo armonizarla y,aeompailarla en otras muchas formas que la que el autor
eligió. Así arm()nizada y acompaiiada en
otra forma, peor sin duda, pero diferente·
de la que ideó Beethoven ¿constituye
plagio? Según Chapí, no: según todo el
mundo, i,í.
Si se le ocurre á cualquiera armonizar
y acompailár el aria Di,quella pira, como
unas peteneras, habrá plagio quiera ó
no Chapí.
Nos~ necesita plagiar toda la mE&gt;lodía;
compuesta de frases sucesivas que son como las cláusulas aisladas de que consta
un periodo, puede el plagio versar sobre
alguna de ellas y no sobre las otras y
sE&gt;r real y ~ ft et! vo. De otro modo, cobiendo frases sueltas de melodías distlr,•
tas, podrán escribirse cantos y aspirar
á una originalidad de mala ley que nadie
reconocería lE&gt;gítima.

··· 1

Si del canto pasamos al acompañamiento, salta á

la vista que, como materia de plagio, tiene una importancia secundaria. En la ro ús10a anticuada, estilo
Donizze:-.ti, los acompañamientos tienen ritmos con
frecuencia Idénticos y armonización semejante, y nadie for muló por ese concepto acusación de plagió; lo
mismo pasa en la música de baile.
Ec. la alta música y en la novísima, el acompailamiento es á la vez armónico y contrapuntístico,acordes variados y nuevos cantos se mezclan y combinan
con la melodía fundamental. El cargo de plagio, por
concepto del simple acompañamiento, es ya más fácil de for mular y de probar si las melodías secundarías son plagiadas. 8i el acompaflamiento e:i puramente ar món ico como suele suceder, se necesita una.
· identidad casi completa en la sucesión y resolucl6n
de los acordes para acusar de plagio. Con la armonía pasa lo que con la instrumentación, hay creadores de armonías, de res0luciones de acordeF, de conjuntos simultáneos de wnidos, como los hay de combinaciones instrumentales; pero á poco esas creaciones
acaban por ser del dominio público y por pasar al
acervo cvmún, y fundan mal y difícilmente acusa-

•

-✓
- -

--

.

-

regrr

h:.

ve:.

MONU:llENTO DEL E STADO DE ÜAll1PEORI!:.

Üll:lfAMENT AClON DEL Ei:,T.ADO DE VER.ACRU Z EN EL COSTADO SUR DE LA ALAMEDA.

Aneo

DEL ESTADO DE CHIAPAS.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

216

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

ciones de plagio. Acompañar con el cuartero es la regla, pasar del tono mayor al menor ó al contrario; es
el pan de cada día y no se hacen cargos de ¡&gt;!agio por
este concepto.
Desmenuzada la cuestión en s•.1s elementoll, resulta
que la acusa(lióo de plagio tiene por principal fundamento la imitación de la frase melódica ya fundamental, ya accesoria; que imitada la melodía fundamental hay plagio, aun cuando varíen el acompañamiento, y la instrumentación. T&lt;1.l es el caso de
Cb.api, probado por la asernración del mismo hecho
en B:1.rcelona.
Jurídicamente queda absue!t(), puesto que la imitación fué casual; lo cual no quita que el público encuentre des1gradable esa segunda edición de un tema
que ya le era familiar.
En cuanto á que el maestro, en caso de imitar, hubiera preft!rido modelo más grande y más alto, le
haremos observar que eso no es facultativo y que se
imita lo que se puede y no lo que se quiere. Jamás
Dehlle bobiera podido imitar á Shakespeare, nl
Scarron á Moliere.
DR. M. FLORES.

·LASFIESTASDESEPTIEMBRE.
NUSTRAS ILUSTRA..CIONES,

Dedicado especialmente el número de hoy á la revista gráfica, que presentamos á nuestros lectores,
creemos inútil repro:iucir pormenorizadamente la
crónica de las fiestas que publicó la preni-a di.aria.
Sólo consignaremos aquellos datos que sirvan para explicar ni.:estros grabados.
El arco de Tabasco oc.ipó la entrada de la avenida
de Plateros. Era de elegante senci.l!ez y llamó mucho
la atención, mereciendo unánimes felicitaciones sus
antures los señores Ingenieros I&gt;!nacio y Luis de la
Barra y el señor Alfredo Hijar y Raro.
El de Sonora se colocó en la l .e . Calle de Plateros.
,Dirigió su construcción el se!ior Fdlpe H11ro.
El de Morelos fué formado de plantas y flores y tenía en la parte superior del lado oriental un ,retrato
del héroe Morelos. Estaba situado en la esquina del
templo de la Profesa. Lo dirigió el Ingeniero Antonio F. Torres.
El arco de Durango, obra del sel'ior Ingeniero Adolfo Obregón, se erigió al terminar la tercera calle de
San Francisco.
El de Guerrero, situado frente á la Fama Italiana
en la segunda calle de San Erancisco, fu~ dirigido
por el Ingeniero J. M. Alva.-El de Chihuahua se alzaba en la esquina del Jockey
Club. El perito que lo construJ ó fué el seflor arquitecto Alcérreca y Comonfort.-EI
de Hidalgo e.taba al comenzor la .Avenida Juárez. Fueron las autores los señores
.Herrera Gutiérrez y Enrlq.oo Gómez, y autorizó la obra el señor Alcérreca y Comonfort.-El de Chiapas se alzó frente al callejón de Coajomulco y fué proyectado y dirigido por el señor .rosé M. V!ll!tsana.-La parte decorativa que costeó el Gobierno
de Veracrm,, ocupaba todo el costado Sur de la Alameda y fué dirigida por el seiíor
Guil;ermo Valleto.-El de Guanajuato se vela en la desembocadura de la Calle Nueva. Lo dirigió el Ingeniero Gonzalo Garita.-El de Puebla, construido por el Ingeniero A. Ollivier, estaba en la calle de San Dieg-o frente al Hosp!cio. -El de Yucatán ocupaba la desembozadura de las calles de Humboldt y el de Campecbe el frente
de la calle de Balderas. El autor de ellos fué el seiior Ingeniero Leopoldo Batre,.EI de Oaxaca eitaba á la entrada de la Calzada de la Reforma. Lo p1 oyectó el señor
Lic. Alfredo Cbavero.

ARCO DEL ESTADO DE YUCATAN,

CARRO :)E LA AR'IILLERIA.

CARltO DE LA CAB.\LLl!:RIA.

CA.KRO Dll: L.A MINERIA,

217

�Domtngo·2.i de ~eptiembre

EL MUNDO.

1.. 1i11111.

Año VI

Tomo I

1

México, Domingo

1°

de Octubre de r899.

CARRO DE LAS FABP.lCAS DE HILADOS Y TEJIDOS,

LAS NOVIAS DE HUMO

I
Cuando nadie me rodea es cmando estov más
acompaiiado. Repan1igado en un sillón de ·mi alcoba y fumando un cigarrillo mientras se afanan
por llegar basta mí los ruidos de la vida comercial, me encue.,tro en una sociedad exquisita,
evocada por mis ensueflos siempre en parranda.
Entre las nebulo3idades del humo. vr.porosas
y Sútiles vieuen á mi. en largísimo cortej ,, las vi
siones que han vivido alguna vez en mi fantasía
efervescente.
Recibo. Pálida y con los ojos secos viene Otelia, la rubia, arroj,rndo en su camino lo¡¡ pétalos
de las rosas que su mano alba arrancó en el jardín. Sí, la veo vagando loca entre las combas on•
dulaciones del humo de mi cigarro. Delira y me
ofrece sonriendo una campAnula. Acércase en su
amable demencia á ponerla en un ojal de mi vestido. Oh! cómo brillan sus ojos! La inccente niiia
está muy pálida, pero sus labios son rojos y su
complaciente sonrisa despierta en mi organismo
á los enanillos de la sensualidad que bailan furia•
sos por toda mi espina dorsal y pinchan mis nervios. Luego se arremolinan en torno de mi cere•
bro y atizan la maldita llama con sus murmura•
ciones iosolante3 y maliciosas. Mis ojos brillan
también. La hermosa delicada y nerviosa del
cuerpo de Ofelia la presiento bajo su túnica. Extiendo los brazos para estrechar á la virgen loca
y saciar en sus labios purpurinos la sed de amor
que me mortifica, pero el beso queda tembloroso
en mis labios ...... Ofelia huye. La canastilla de
flores se vuelca y, entre las espirales del humo,
veo las rosas cayendo en el espacio como ma~i
posas muertas... . La ceniza de mi cigarro se ha
caído.
II
Vienen, lejos aún. Vagamente escucho el balali
de los caracoles y el ladrido de los perros. Es el
Conde Lascaro que va á la cacería del oso Atta•
Troll. Al fin se acercan. En rápidos corceles que
briosamente galopan, vienen las damas y los caballeros, ataviados con ricos vestidos. Las javalinas y los cuchillos de caza despiden brillores
de plata. bruiiida.
Pt1san junto á mi y resuelv,' tomar parte en la
eaccria. Monto en un caballo ricamente enjaezado, que un paje tiraba de la mano. La hij11 del
conde, desdeiiosa y altiva, va á mi lado en obediente hacanea .. . . El humo de mi cigarro se me
espesa y forma espesos bosques y montaiias rocallosas, en donde nuestras cabalgaduras caminan con dificultad. Eglantina, la hija morena del
conde, apoya imperiosamente su mano sobre mi
hombro con la insultante familiaridad que se tiene con la servidumbre. Sorda cólera me hace palidecer, A la vez que el intenso deseo de humillar
la altivez de la dama y de ser amado por ella.
Nos apeamos porque el terreno se hace difícil. ..
Allá lejos vemos al Conde Lasr.aro, blandiendo
la javalina. El oso Atta-Troll cae herido y ruge
espantosament1:1 ....
Eglantiua se apoya en mi hombro de nuevo y

vo más atrevido, la cojo p0r la cintura y estampo1 un rápido beso en sus labios. Un fustazo crú
zame el rostro. La dama ha castigado mi osadía.
-O~ amo.
-Lacayo insolente y cobarde!
-03 amo: No soy lacayo, ¿por qué me humi•
llAis?
-Mal caballero!
Eglantina levanta nuevamente la fusta :-Te
iimué si me vences-me dice furiosa, arreme•
tiendo contra mi.- ¿Qué hacer? ¿No es ridículo
Juchar con una damai' ¿Herirla? ¿Verter su sangre?-Cobarde!-aiiade con los ojos brillantes de
ira: ¡Qué hermosa está! Par¿ce una walkiria. Un
nuevo fustazo me hiere y veo á Eglantina prepa•
rándose á herirme con la javalina. No reflexiono
ya. Luego. Repetimos el combate de Gunther y
Brunequild11, de que habla la leyenda de los ni·
belungos. Varias veces estoy á punto de ser atravesado por la javalina de Eglantina, quien la
manej&gt;\ con la destreza de un montero; pero mi
destreza me salva, y al fin hiero levemente en el
l'aello á mi adorable enemigo. Suelta el arma y
e1e en mis brazos llorando como una niiia. Sus
r-&gt;pas de seda se han desceiiido en la lucha .. . .
l'lle has vencido, te amo-me dice pegando sus
labios ardientes A los míos. La apretada arboleda
invita á los idilios. Los enanillos q:;.e hay cabalgados en todos mis nervios, despiertan más irritados que nunca. El cutis suavísimo de Eglanti·
na, su seno virginal entrevisto en las agitaciones
de la lucha, sus ojos negros de gitana enamorada, me enloquecen . .. Tomo en mis brazos á
Eglan1ina .... pero el Conde Lascara regresa
inunfante. El oso Atta-Troll cuelga sao~riento
de las ancas de su caballo ..... .De pronto empieza todo a disfumarse, A desaparecer: el bosque, la cabalgata, el Conde Lascara, Atta-Troll,
Eglantina ... . Quiero atraerl11 para darla un beso
h1rgo, muy largo . ..
Mi cigarro ~e ha apagado, el humo se ha des•
vanecido y chupo, chupo en vano la colilla. Vuel•
vo á encenderla.

-¿Porqué me sigues, joven? ¿No sabes quién
soy?
-Sé que eres una reina, la reina de la hermo,
sura y de la gracia. Sé '}Ue te temen ó respetan
todos, viejos y mozos, mujeres y niiios. Quiero
s11ber quién eres, niña gentil. Te veo con los ojos
de mi pasión. Quiero sabet· quién eres, por que
te amo. Ignoro si eres mala.
-No, no lo soy. Soy buena y amable con loa
poetas. Soy la querida de todos los hombres, pe•
ro á unos los trato mal y á o~ros bien. Eso es to•·
do ..... .
-Pero ¿quién eres? Dímelo, adorada rnitia.
¡Querida de todos los hombres! Mientes, eres pu•
ra y virgen como un ángel.
-Iluso, me encuentras joven y bella ... Tú
debes ser poeta. Lo eres?

-Sí.

- Entonces, sígueme. Sígueme, te amo.
La noche av&gt;\nza y llegamos á un palacio blan•
co que hay en las afueras de la ciudad. Es todo
de mármol; parece estar deshabitado, pues no
se oye el meoor ruido.-L1. luna tille con una
luz pálida la silenciosa mansión. La joven toca
en la puerta y ésta se abre inmediatamente. En•
tro. Es un vasto salón. lujosamente ornado. Es,
tán llenos los sofás, las sillas, las v 'ntanas, de
per11nnas con los más variados vestidos. H11y bai•
le. Un melodium toca los acordes primeros de
una cuadrilla triunfal. En cuanto eutramos todos
se ponen de pie para salud11r á la ilustre joven.
Mozart es quien toca; Goethe y Reine saludan fa•
miliarmente á mi guiadora; varios trovadores
provenzales se inclinan ante ella y ella les son•
ríe y con la punta de los dedos envía un beso i
un joven poeta que está de pie en un rincón, pre•
l!"Unto como se llama y me dicen que JuliAn del
Casal. La dama sigue de largo y yo ebrio ~e
amor y curiosidad la sigo. Penetra en su alcooa
f'n donde hay un amplio le,1bo de extral!.a f.irma.
Estamos solos. E la se desciiie la cabellera Yuna
muda cascada de ébano cae sobre sus hombros.
Delirante la estrecho entre ruis brazos; ella, con
III
fuerzas de varón f Jrzudo, me arrastra á su le•
Tvdos al verla pasar dicen con terror: «E3 la cho. Nuevamente me extrafla la formdo de éste-Rdina» - ¿Quién es esta reina á la que todos te• Dime, oh reina amada, ¿qué lecho es aqueli'-EB
men t seflalan? me pregunto, y la curiosidad me el ataúd, mi lecho de dei:1pos11da. Ven. te amo,-:arrastra á 1ieguirla. Voy detrás de ella. Su cin- Un estremecimiento de frío me sacude y estroJa
tura es esbelta. Su vestido es riquísimo, blanco y los nervios al paso que una dolorosa voluptU?·
ceiiido. Su andar rápido, pero majtistuoso. To - sidad me incita á entrar en esa enorme eaJa
dos, al verla, palidecen. Los seiiore:! y la gente negra. ·
-Quién eres, novia mía?-la preguntó con ao•
del pueblo al encontrarse con la «Reina» se es•
tremecen, se descubren con miedu y se alejan siedt1d. . ...
procurando no tocarla. ¿Pero quién es esta rei-Soy la muerte, la rdna muerte ... .
Nos unimos en un estrecho abrazo y murmn•
na?-me digo. Pasa un poeta morfinómano y la
saluda con carifloso respeto. Al fiu nota la joven rllntes, convulsivos de amor, caemos en el siniea•
misteriosa que yo la sigo. Oh! Dios santo, no he tro lecho.
-Dame dame un beso-la digo euplicante,
visto mujer más extraiiamente seductora. Es una
nifla casi, de cabellera y cejas negras como la Entonces ¿lla junta sus labios á los míos y siento
noche; pero sus ojos son verdes, en sus labios hay un dol0r de muerte agudo y terrible que me ha·
como plllpitaciones de besos que pugnan por sa- ce gritar. .
.
Equivocadamente me había llevado el c1g11rro
lir. Pálida, pálida como una viuda joven y adolorida, tiene sin embargo en sus ojos chispeo...de á los labios . . .... por el lado del fuego.
sensualidad y alegría. Su rostro me ha conmovido
C LEA"E ,TE P .\LMA,
hondamente. Se detiene ai oír mis pasos tras ella.

•

RETRATO de MUJER por Franz von lenb~ch.

Número 14

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94385">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94387">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94388">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94389">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94390">
              <text>13</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94391">
              <text>Septiembre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94392">
              <text>24</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94409">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94386">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 13, Septiembre 24</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94393">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94394">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94395">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94396">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94397">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94398">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94399">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94400">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94401">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94402">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94403">
                <text>1899-09-24</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94404">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94405">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94406">
                <text>2017549</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94407">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94408">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94410">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94411">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94412">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="455">
        <name>Durango</name>
      </tag>
      <tag tagId="1449">
        <name>El plagio en música</name>
      </tag>
      <tag tagId="1450">
        <name>Fiestas de septiembre</name>
      </tag>
      <tag tagId="1451">
        <name>Las novias de humo</name>
      </tag>
      <tag tagId="678">
        <name>Oaxaca</name>
      </tag>
      <tag tagId="675">
        <name>Presidente de la República</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3617" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2258">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3617/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._14._Octubre_1..ocr.pdf</src>
        <authentication>f1e2ed1a197924f7ab3f25d8a6a239da</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117438">
                    <text>Domtngo·2.i de ~eptiembre

EL MUNDO.

1.. 1i11111.

Año VI

Tomo I

1

México, Domingo

1°

de Octubre de r899.

CARRO DE LAS FABP.lCAS DE HILADOS Y TEJIDOS,

LAS NOVIAS DE HUMO

I
Cuando nadie me rodea es cmando estov más
acompaiiado. Repan1igado en un sillón de ·mi alcoba y fumando un cigarrillo mientras se afanan
por llegar basta mí los ruidos de la vida comercial, me encue.,tro en una sociedad exquisita,
evocada por mis ensueflos siempre en parranda.
Entre las nebulo3idades del humo. vr.porosas
y Sútiles vieuen á mi. en largísimo cortej ,, las vi
siones que han vivido alguna vez en mi fantasía
efervescente.
Recibo. Pálida y con los ojos secos viene Otelia, la rubia, arroj,rndo en su camino lo¡¡ pétalos
de las rosas que su mano alba arrancó en el jardín. Sí, la veo vagando loca entre las combas on•
dulaciones del humo de mi cigarro. Delira y me
ofrece sonriendo una campAnula. Acércase en su
amable demencia á ponerla en un ojal de mi vestido. Oh! cómo brillan sus ojos! La inccente niiia
está muy pálida, pero sus labios son rojos y su
complaciente sonrisa despierta en mi organismo
á los enanillos de la sensualidad que bailan furia•
sos por toda mi espina dorsal y pinchan mis nervios. Luego se arremolinan en torno de mi cere•
bro y atizan la maldita llama con sus murmura•
ciones iosolante3 y maliciosas. Mis ojos brillan
también. La hermosa delicada y nerviosa del
cuerpo de Ofelia la presiento bajo su túnica. Extiendo los brazos para estrechar á la virgen loca
y saciar en sus labios purpurinos la sed de amor
que me mortifica, pero el beso queda tembloroso
en mis labios ...... Ofelia huye. La canastilla de
flores se vuelca y, entre las espirales del humo,
veo las rosas cayendo en el espacio como ma~i
posas muertas... . La ceniza de mi cigarro se ha
caído.
II
Vienen, lejos aún. Vagamente escucho el balali
de los caracoles y el ladrido de los perros. Es el
Conde Lascaro que va á la cacería del oso Atta•
Troll. Al fin se acercan. En rápidos corceles que
briosamente galopan, vienen las damas y los caballeros, ataviados con ricos vestidos. Las javalinas y los cuchillos de caza despiden brillores
de plata. bruiiida.
Pt1san junto á mi y resuelv,' tomar parte en la
eaccria. Monto en un caballo ricamente enjaezado, que un paje tiraba de la mano. La hij11 del
conde, desdeiiosa y altiva, va á mi lado en obediente hacanea .. . . El humo de mi cigarro se me
espesa y forma espesos bosques y montaiias rocallosas, en donde nuestras cabalgaduras caminan con dificultad. Eglantina, la hija morena del
conde, apoya imperiosamente su mano sobre mi
hombro con la insultante familiaridad que se tiene con la servidumbre. Sorda cólera me hace palidecer, A la vez que el intenso deseo de humillar
la altivez de la dama y de ser amado por ella.
Nos apeamos porque el terreno se hace difícil. ..
Allá lejos vemos al Conde Lasr.aro, blandiendo
la javalina. El oso Atta-Troll cae herido y ruge
espantosament1:1 ....
Eglantiua se apoya en mi hombro de nuevo y

vo más atrevido, la cojo p0r la cintura y estampo1 un rápido beso en sus labios. Un fustazo crú
zame el rostro. La dama ha castigado mi osadía.
-O~ amo.
-Lacayo insolente y cobarde!
-03 amo: No soy lacayo, ¿por qué me humi•
llAis?
-Mal caballero!
Eglantina levanta nuevamente la fusta :-Te
iimué si me vences-me dice furiosa, arreme•
tiendo contra mi.- ¿Qué hacer? ¿No es ridículo
Juchar con una damai' ¿Herirla? ¿Verter su sangre?-Cobarde!-aiiade con los ojos brillantes de
ira: ¡Qué hermosa está! Par¿ce una walkiria. Un
nuevo fustazo me hiere y veo á Eglantina prepa•
rándose á herirme con la javalina. No reflexiono
ya. Luego. Repetimos el combate de Gunther y
Brunequild11, de que habla la leyenda de los ni·
belungos. Varias veces estoy á punto de ser atravesado por la javalina de Eglantina, quien la
manej&gt;\ con la destreza de un montero; pero mi
destreza me salva, y al fin hiero levemente en el
l'aello á mi adorable enemigo. Suelta el arma y
e1e en mis brazos llorando como una niiia. Sus
r-&gt;pas de seda se han desceiiido en la lucha .. . .
l'lle has vencido, te amo-me dice pegando sus
labios ardientes A los míos. La apretada arboleda
invita á los idilios. Los enanillos q:;.e hay cabalgados en todos mis nervios, despiertan más irritados que nunca. El cutis suavísimo de Eglanti·
na, su seno virginal entrevisto en las agitaciones
de la lucha, sus ojos negros de gitana enamorada, me enloquecen . .. Tomo en mis brazos á
Eglan1ina .... pero el Conde Lascara regresa
inunfante. El oso Atta-Troll cuelga sao~riento
de las ancas de su caballo ..... .De pronto empieza todo a disfumarse, A desaparecer: el bosque, la cabalgata, el Conde Lascara, Atta-Troll,
Eglantina ... . Quiero atraerl11 para darla un beso
h1rgo, muy largo . ..
Mi cigarro ~e ha apagado, el humo se ha des•
vanecido y chupo, chupo en vano la colilla. Vuel•
vo á encenderla.

-¿Porqué me sigues, joven? ¿No sabes quién
soy?
-Sé que eres una reina, la reina de la hermo,
sura y de la gracia. Sé '}Ue te temen ó respetan
todos, viejos y mozos, mujeres y niiios. Quiero
s11ber quién eres, niña gentil. Te veo con los ojos
de mi pasión. Quiero sabet· quién eres, por que
te amo. Ignoro si eres mala.
-No, no lo soy. Soy buena y amable con loa
poetas. Soy la querida de todos los hombres, pe•
ro á unos los trato mal y á o~ros bien. Eso es to•·
do ..... .
-Pero ¿quién eres? Dímelo, adorada rnitia.
¡Querida de todos los hombres! Mientes, eres pu•
ra y virgen como un ángel.
-Iluso, me encuentras joven y bella ... Tú
debes ser poeta. Lo eres?

-Sí.

- Entonces, sígueme. Sígueme, te amo.
La noche av&gt;\nza y llegamos á un palacio blan•
co que hay en las afueras de la ciudad. Es todo
de mármol; parece estar deshabitado, pues no
se oye el meoor ruido.-L1. luna tille con una
luz pálida la silenciosa mansión. La joven toca
en la puerta y ésta se abre inmediatamente. En•
tro. Es un vasto salón. lujosamente ornado. Es,
tán llenos los sofás, las sillas, las v 'ntanas, de
per11nnas con los más variados vestidos. H11y bai•
le. Un melodium toca los acordes primeros de
una cuadrilla triunfal. En cuanto eutramos todos
se ponen de pie para salud11r á la ilustre joven.
Mozart es quien toca; Goethe y Reine saludan fa•
miliarmente á mi guiadora; varios trovadores
provenzales se inclinan ante ella y ella les son•
ríe y con la punta de los dedos envía un beso i
un joven poeta que está de pie en un rincón, pre•
l!"Unto como se llama y me dicen que JuliAn del
Casal. La dama sigue de largo y yo ebrio ~e
amor y curiosidad la sigo. Penetra en su alcooa
f'n donde hay un amplio le,1bo de extral!.a f.irma.
Estamos solos. E la se desciiie la cabellera Yuna
muda cascada de ébano cae sobre sus hombros.
Delirante la estrecho entre ruis brazos; ella, con
III
fuerzas de varón f Jrzudo, me arrastra á su le•
Tvdos al verla pasar dicen con terror: «E3 la cho. Nuevamente me extrafla la formdo de éste-Rdina» - ¿Quién es esta reina á la que todos te• Dime, oh reina amada, ¿qué lecho es aqueli'-EB
men t seflalan? me pregunto, y la curiosidad me el ataúd, mi lecho de dei:1pos11da. Ven. te amo,-:arrastra á 1ieguirla. Voy detrás de ella. Su cin- Un estremecimiento de frío me sacude y estroJa
tura es esbelta. Su vestido es riquísimo, blanco y los nervios al paso que una dolorosa voluptU?·
ceiiido. Su andar rápido, pero majtistuoso. To - sidad me incita á entrar en esa enorme eaJa
dos, al verla, palidecen. Los seiiore:! y la gente negra. ·
-Quién eres, novia mía?-la preguntó con ao•
del pueblo al encontrarse con la «Reina» se es•
tremecen, se descubren con miedu y se alejan siedt1d. . ...
procurando no tocarla. ¿Pero quién es esta rei-Soy la muerte, la rdna muerte ... .
Nos unimos en un estrecho abrazo y murmn•
na?-me digo. Pasa un poeta morfinómano y la
saluda con carifloso respeto. Al fiu nota la joven rllntes, convulsivos de amor, caemos en el siniea•
misteriosa que yo la sigo. Oh! Dios santo, no he tro lecho.
-Dame dame un beso-la digo euplicante,
visto mujer más extraiiamente seductora. Es una
nifla casi, de cabellera y cejas negras como la Entonces ¿lla junta sus labios á los míos y siento
noche; pero sus ojos son verdes, en sus labios hay un dol0r de muerte agudo y terrible que me ha·
como plllpitaciones de besos que pugnan por sa- ce gritar. .
.
Equivocadamente me había llevado el c1g11rro
lir. Pálida, pálida como una viuda joven y adolorida, tiene sin embargo en sus ojos chispeo...de á los labios . . .... por el lado del fuego.
sensualidad y alegría. Su rostro me ha conmovido
C LEA"E ,TE P .\LMA,
hondamente. Se detiene ai oír mis pasos tras ella.

•

RETRATO de MUJER por Franz von lenb~ch.

Número 14

�Domingo 1 ° de Octubre de 1899

EL MUNDO.

220

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

los vivos suenos, haces resplandecer los tdeales que el
destino de pueril veleidad Cescuelga entre rosas, la
última noche del invierno, cuando arde sobre la ca•
beza la simbólica fiesta de los Reyes que llevaron á
los creyentes camlnant,es á Betlem y A nosotros á la
tumba! ....

•••
Est,e semanario consagra hoy unas páginas al recuerdo de la ópera que dura.ate la corta tt:!mporada de
Orrin, impresionó más completa y justamente al público melómano. Fedora tué la última mujer á quien
acariciamos en nuestro ensueño.
Nos pareció muy bella y elegante, y nos hizo olvidar por algunas nocbes á. la melancólica. Mimí. Le
hemos dado con tristeza, el abrazo de despedida.
Donizzeti, Cbalia y 8igaldi, bao sido los héroes .
Sigaldi interpreta de muy brava manera el Loris de
Federa. Tiene arranques de pasión y ternura que
conmueven basta las lágrimas. Ha sido aplaudido
con todo entusiasmo.
Después d~ tan inquieta temporada., se van los ar•
ttstas de Orrin. Quizá no vol vamos á ver á muchos
de ellos.
¡Pobres! ...... 1 P&lt;Jgliacci!

El fria ha. comenzado sus nocturnas correrias por
]a ciudad . Las primer~s tm;~s del invierno se o~en á
lo lejos como un coro de vleJOS cascados, á semeJanza
de los de la Kermei$se del Fausto.
¡Oh, las nocheti de invierno! En los cielos la mística florescencia de los astros, las grandes lunas blancas, y en la. ciudad dm mida, en las calles solas, barridas por el cierzo, el gendarme acurrucado frente á
la linterna anémica, el can que trota en busca de un
abrigo, de on umbral, de un vagabundo quizá á
quien acercarse pa,a sentir menos dure el dard o del
frío. El eco devuelve las pi~adas de un rezagado de
la callejuela, se muere á la distancia el rodar del CO·
cbe, el vendedor á tiempo dobló la esquina con su CO·
mercio á cuest.as. y los i,ospechosos, los ebrios, los
desO"raciados, ,las pecadora~, ó el oficial á caballo, tur•
baoº esa calma de Ja atmósfera congelada. Pero qué
calor se adivina t.ras de los visillos de los balcones,
allf en las rendijas de una puerta, y en la estrel,la de
un respiradero.
Las meditacloneo de un abarrotero que recuenta la
venta; en la cantina et último diálogo incoherente
de dos obstinados; más lejos el triángulo de un velador de porcelana y en. torno cabezas bajas que leen la
novela ó cuentan los hilos de la femenina labor; en
un ventanillo pobre la flama inquieta de un velón de
estudiante; tras de la malla, salpicada de pájaros y
flores, el abat jour carmesí que salpica de rubíes
el dorado de los espejos, enciende la seda de los
cortinajes ,y finge como una penumbra de horca•
za. Suena el plano; casi se adivina el aroma del té,
más lejos aún el candil de los saraos, y en la placa
negra de las tachada.'-, bay un sólo balcón abierto de
par en par, uno solo que deja penetrar el soplo
glacial, uno que arroja intensas y luminosas boca•
nadas. El que pasa y lo mira siente miedo y tristeza;
es un muerto; cuatro flamas largas y tranquilas de
cirio, lo denuncian. Puedes entrar, invierno, es tuyo,
cedió como las bojas de los árboles, las amarUlas ho•
jas que aletean un punto, no para vo1a.r sino para
caer!
y desde abara pienso en la muerte je} ano, en la
anemia agónica, símbolo del eterno reposo del no ser,
pienso en les meses invernales, los meses de los re-cuerdos lejanos, de las evocaciones tristes, de las resurreciones queridas, los meses en que se avista después
del vario viaje, una playa, la última quizá, la de la
vida desierta de los caldos, ó la florida ¡ay! que no es
sino un oasis marino y fugaz en el desierto de las
aguas amargas, las que mecen 6 fustigan, cantan ó
clamorean la amenaza ó la sentencia. El nauta recuerda entonces los paisajes lejanos, la salida del sol,
la nube, el pija.ro, la siesta, las espumas, la estrena
vespertina, las tormentas que. pasaron, las quietudes
gratas ó el implacable ruego de las tardes de fiebre.

••*
Por lo demás, la semana teatral, monótona y sin
accidentes como un pedazo rle Sabara. ba t.enido su
oasis: el beneHcio de Rosa Fucrt.es. Ha adquirido la
hermosa artista grandes shnpat.ías entre nosotro.:i, y
sobre ella. flota uoa admiración en continuo aumento, porque Rosa está en estos instantes plena 1e vi•
gor y de tuerza.

Ida la Cbalía, nos quedamos con el género chico, y
la esperanza de que llegue cuanto antes SienL
Mientras eso sucede, di vertámonos con aplaudir
las maripoeas de las lnstantáneas.
No queda. otra cosa.

EL MUNDO.

slones y sentimientos que expresa la letra, que la interpreten fielmente, la acentúen y la subrayea, y que,
sean su imagen acabada y perfecta. Supongamos que
la let,ra. bable de amor; pues bien, ese amor ba de ser
de por fuerza, 6 tierno 6 impetuoso, ó melancólico ó
regocijado, y el músico, eligiendo los matices é inflexiones características, puede cantarlo tal y como el
poeta lo describe, sin incongruencia, sin disparate;
recíprocamente apoyadas, mutuameot,e sostenidas y
acentuadas, la poesia ganará con asociarse á la música
y la música ganará con inspirarse en la poesía, resultando de ese noble y fecundo consorcio una ot ra de,
arte superior, más estimable que la sola ,poesía y la
simple música.

SI este principio se aplica á las complicadas pasiones del drama, si se armoniza su juego, st se sig ue su
evolución, si se cbs~rvan las transiciones, resultará el
dtama lirlco1 concepción estupenda. del genio mo•
dern o.
Pasando de las pasia11es á las situaciones se observa.
un becbo análogo. La música puede pintar las situaciones de una de dos maneras, susceptibles de co mbinación: describiendo los sitios, los panoramas, los
ruidos y sonidos naturales: rumores y cantos de aves
en las selvas, fragores y truenos en la te mpestad,
clarines, vocerío y estamp!dos de caíión en la batalla, sacudimientos, ruidos subterráneos en el terremoto. Con elemento&amp; musicales pueden describirse el
valle florido, el arroyo susurrante, el mar agitado, loa
múltiples rumores de una ciudad, el silencio, la quietud de una alcoba, la confusión y el desorden de un
momento de páalco.
Además, se puede pintar una situación con reminiscencias de pasiones anteriores, con recuerdos de he•
chos pasados ya descritos, con ideas y emociones y&amp;
experimentadas por el personaje y de antemano expresadas lfricamente. En el momento del desengai'io puede evocar la música las ilusiones del pasado;
en el instante de la muerte, los episodios capitales d&amp;
la vida.
Para esto la voz humana no ba.c;ta ya y entra á figurar, con sus Inagotables y poderosos elementos, la orquesta. En tanto el personaje canta sus penas y sus
alegrías, sus desencantos ó sus esperanzas, la orquesta hace desfilar ante el espectador una sucesión de
cuadros vivos, de recuerdos extinguidos, de sensaciones muertas¡ mezcla su voz á la del personaje, pinta.
su situación, describe los e~tados del alma siempre
complexos y completa y acata no cuadro maravilloso
de verdad y de belleza, análogv,c-..mgruente,consletente, vasto como un panorama y complexo como un mo•
numento.

EL DRAMA LIRICO.

!

PANTEON DE DOLORES.
MONUlIENT(l DEL SR DR. JOSE MARIA. MATA.

••*
Con estos elementos y dentro de esos princi pios,
Wagner podrá describirnos la stlva en que sueña..
Stg!redo y en que le bablac. las ~ves; nos h ará penetrar en las purísimas linfas del Rbin y asisti r al jugueteo de sus Ninfas y al cabrilleo de tiUS ondas; ha·
rá flamear y chisporrotear en la orquesta la hoguera
de Brunllda como la !ragua de Mimo y nos bará asistir á la destrucción de los mundos y de las di vlnida,
des en el crepúsculo de los dioses. Verdl nos hará
sentir el desplanamlento de toda el alma y de ~
las energías de Otelo en la escena de las revel aciones
de Yago, y nos hará vivirla vida del héroe, sus t rlun•
!os, sus glorias, sus amores y su crimen en la escena.
final de su admirable drama.
Puccinl, en la Bohemia, nos transportará en alas de
su genio de la buharda miserable y lrla á la t urbulenta y alegre verbena, á la solitaria barrera y al le.
cho de Mimí moribunda cuya alma inocente, cuyo
corazón tierno, cuyo amor abnegado, nos habrá becbo absorber en cantos y armonías, y Giordano en
las impreciClones de Fedoru ante el esposo muerto,
en el formidable y admirable raconto de Loris, 00&amp;
impregnará de las pasiones, de las ansias, de los
odios, de las penas de sus personajes y uos hará vivir
su propia vida, llorar sus mismas lágrimas y expiar
sus crímenes como si fueran nG.estros.
La música, que era ya un arte con los si n!ontstas,
acabará. por ser el arte por excelencia., la manltest&amp;-ción suprema y la síntesis de todas las artes, porque
con el drama lirlco ha llegado, sin dejar de ser md·
sica, á ser poesía, pintura, naturaleza y vida.

221

I

*••

El drama Urico no es tan sólo, como muchos lo
creen y como por largo tiempo fué comprendido, un
drama cantado y acompafiado de música. Sl esto fue•
ra asi, merecerian y llevarían tal nombre 1a cLucfa,&gt;
de Donlzzeti, como la «Sonámbula,&gt; de Bellini; el
cOtello,&gt; de Rossini, como «Los Lombardos,&gt; de
Verdi; babría drama lírico donde quiera que sobre e\
monólogo de Hamlet se escribieran unas peteneras
ó sobre la locura de Ofelia una arla de concierto.
• *
No; el drama lírico, propiamente dicho, parte de
En invierno el alma hace su balance; diríase que otro principio, y aspira á. la realización de otro ideal,
pronta á partir receje su tienda, quema sus tesoros, tiene otras raíces) otra flo:ación, y entre el dra.ma
desconfía del maílana, se sieute arrastrada á la me- cantado y el drarua Ur:co media el abismo que separa
ditación de t:Se elomente aviso que le dan los pájaros lo convencional de lo real, lo artificial de lo natural,
1dos, los árboles desnudos, los surcos quejumbrosos lo verdadero de lo falso.
de hojas secas, el cielo tachonado de estrellas, como
página obscura. de áureos y amenazantes leyendas ca*·*•
balísticas, y, mojados los ojos en ternuras inmensas,
evoca lo más puro y lo más lejano.
El drama lírico tiene por objeto la interpretación
Como un vlej1J, piensa en los ninos, porque ¡ayl en musjcal
de las pasiones humanas y la descripción de
torno de esas caberas pensativas, abrumadas de dolo• las situaciontS de la vida. Su punto de partida es el
re8 y de canas, chispean los ojos azules, y la misma hecho incontestable de que las pasiones ano expresa•
1
flama del hogar juega en la nieve de los que se van, das con meras palabras, incluyen y entrafian
un ele•
y en los rizos de oro de los que llPgan.
mento musical !unC.amental, y de que )as diversas
En tnvierno1 las creencias visten las vestes blancas, situaciones
de la existencia no dejan de ir &amp;.compa•
los órganos severo&amp; entonan el canto pastoril de las nadas de sonidos y ruidos que, musicaUzados, pu~den
misas de Aguinaldo, Dios se bace niño y ríe, y en describirlas y caracterizarlas. Comencemos por las
torno suyo suenan ]as risas de la infancia, los cara• pasiones: es evidente y de cotidiana observación que
millos, la flauta de los églogas. . . . cuando los cam- cada género de pasiones se expresa por gritos, gemi•
pos, yertos de frfo, amarillean, y las almas se vuel- dos, rugidos, murmullos peculiares y propios, y si se
ven como la regia caravana, á la estrella de un Be- expresa de palabra, por entonaciones é inflexiones de
tlem remoto.
voz, que bastan á hacerlas conocer. Por sólo la tona•
Tú eres de invierno, ¡oh, Arbol de Navidad, oh Hdad
aguda ó grave de la vez, por su intensidad, por
árbol de !rondas muertas, de balsámico olor, ob pino la
ó lentitud de su emisión, por las inflexiode las soledades montaiiesasl Cómo te visten de es• nesrapidez
del grave al agudo y del agudo al grave, por los
carcba, cómo enredan á tus vacilantes hojas los hilos intervalos
tonales que median entre las silabas y las
de plat.a, cómo las luces de colores arrancan chispas
palabras, se puede saber si una pernona está triste ó
á, la maravillosa flequería, cómo el heno cubre los
alegre, enamorada ó entusias_mada, si cree ó si duda,
frutos relucientes, el juguete codiciado, el rosetón de si
teme ó espera, si siente ó finge. Las inflexiones y
oro¡ cómo se mecen üual maravillosos frutos, el ángel
tonalidades
de la ironía no pueden contundirse con
de cera, la bolsa de dulces, la joya, el arabesco de
cristal; cómo tu vejez infecunda se adorna y se dis• la.s de la desconfianza, ni las de la interrogación con
de la admiración.
traza con riquezas de altar y fiestas de luz, para que lasSiendo
esto así, es perfectamente posible, estu•
las manos de los ntnos, una por una, te despojen de
dlando á. rondo las inflexiones de la voz bu mana y
la efímera opulencia! . ...
¡Ob espíritu, cómo en el iov!erno que te entumece acentuando y baciendo se destaque su elemento mu•
y te doblega, te vistes las mejores ilusiones, prendes sical, escribir cantos que se cman de cerca á las pa-

•

Domingo ! º_de Octubre de 1899.

MONUNENTO DE DON MELCHOR Ü CA:lrPO.

En el P anteón de Dolores .

La Ur lols d e l T ransvaal.

Los dos monu:J.entos que figuran en esta página son
1ie los últimos que se han concluido en el Panteón de
Dolores y la parte escultórica de uao de ellos el del
:~- Ocampo, fui; objeto de observaciones, ati~1.das ó
pero sinceras, que estampamo:i en estas columnas
&lt;&gt;uóando se exhibió en los salones de la última Exposi1'1 ? Nacio nal de Bellas Artes.
d
de ello lo que fuere, este monumento como el
ttfi ~~ Dr. ~Iata ba sido dedic•do por la piedad
') a hombres em1nen~es de nuestra hJstorJa aate
08 cua1es nos incliaamos con respeto.
'
c':,as huellas del Sr. Ocampo son de gloria para Mé•
11
tim'
Ydon.de quiera que su nombre esté escrito sen•
patrtótlco orgullo, porque ese nombre es de Jo·
JUed onran á una nación, graude ó pequeiia obscur~
v po erosa.
'
Sr Utdo al Sr. Oc,mpo por vlculos de parentesco el
&lt;¡u·e ht~ª lué tambléa tldelfslmo á los principios
lié c eron grande Y augusto entre los héroes de
xI00 al mártir mtchoacano.

El mapa que publicamos dará á nuestros lectores
una idP.a del Ferrocarril estratégico de la Bahía dti
Delagoa á Pretoria, asf como el.el campo de manio•
bras de la frontera entre el Transvaal y la "'OSesión
portuguesa.
rSI de.sgr~cladamente c1mo lo hacen presumir todos los lnd1clos, se desencaddna la gu~rra ang lo-sud.
africana, los lectores de e El Muado Ilustrad.o&gt; podrán ver en esta carta má.s de un Jugar que ilustra•
ran glvrlo~os y trágicos acontecimientos militar~
Como siempre que surge un conHlcto entre dos
pueblos todo el mundo se da. á. bacer suposiciones so•
..,re los recursos y las tuerzas respectivas de !os ad•
versarios, divfdense en sendos bandos l;1s opiniones
se pronun_clao fallos proféticos favorables á aquiÍ
tras de quien se van todas las simpatías.
. En el caso presente, hablar dP. los medios de ac•
c1ón de Inglaterra es laútil : la primera potencia na•
val y. uaa de las más formidables en empresas de
conquista, no admite comparación con la diminuta
republlqu1lla de pastores que preside Krüger, pastor .... protestante.

r

ºb

Sin emba_rgo, la desigualdad misma de las dos naciones, la d1 versidad de tipo social Y de medios de
combate con que cada una el.e ellas cuenta nacen in•
teresante y curioso el comentarin.
'
Por eso los periódicos hablan, ya de los procedi•
mtent.?5 de guerra de las naciones civilizadas, ricas Y
coaqmstadoras, de los procedimientos de la guerr¡¡
n:ioderna en una palabra, ya de las cualidades de re•
s1stenc~a de ]os pueblos poco adelantados, hostiles al
extranJero, independientes, virtuosos, f-obrlos, bábiJes para todos los ejercicios viriles Y dominados or
alguo fatalismo rellgloso ,S político. En preseactlde
este conHlcto, la duela de la mayoría sobre el resulta•
do fln~I de la- coatienda no es muy grande, or ue no
es posible creer ea la inagotabilidad de 1of re~ursos
del débil en Jucba con un fuerte que es persevsrante·
pero en camhlo son pocos los que no teman que ei
patriarca de Prett,ria presidirá al suicidio glorioso d
un pueblo.
e
MIPntras_el cable no nos traiga la noticia fatal de
un rompimiento, esperaremos que el conflcto se allane con medios pacf Jicos y lo esperaremos ansiosos.

M.\PA DEL TRANS 1tAAL CON EL FERROCARRIL ESTRATEGICO
DE DELA GOA QUE PASA POR PRETORIA.
'

�.l!lL .MUNDO.

22.2

... .

Domingo 1 ° de Octubre de 1899.

Domingo 1 ~ de Octubre de ~899.

EL MUNDO

223

EL SUCESO ARTISTICO DE LA TEMPORADA.

....

LA FEDORA.

odiarlo, tiene el propósito de vengar á Vladlmiro,
Lo ama y lo denun•
cla como autor del asesinato. Loris le ha confe¡¡ado
RU deW,o y ella escribe una carta delatora. Pero el
delincuente le revela des¡&gt;ué,; toda una historia dolorosa de pasión infeliz, de traición y venganza. Vlay sin saberlo ama al matador.

Pocas veces noshi dominado con tanta fuerza el pofler suge~t1 vo de 1a. mú ...i,.;a como en el primer acto de
FWJJra. Tórnase en palpitante realidad un mundo
remoto, que hemos habitado en espíritu como una
patria literaria amada tiernamente, y lleno de recuerdos: en ese sillón está la enigmática barina, junto al samovar, arrullado pur sus rumores, sueña largas horas el conde Katilint:; s.e oye el ruido de los
trlnP.os que surcan silenciosam~nte la nieve endurecí-

SR. ALFREDO D01'11ZZE'l'TT 1
Director de On,u~sta de 1,. Com~•ñla de Ope,a de O:rin.

SL. M. SIGALDI,
Tenor de la Compañia de Opera de Orrln.

da. Olvidamos el drama de Sardou para recordar escenas más reales que los personajes del teatro francés, y la imaginación, que es ligera; y la música, que
es omnipotente, nos traen ev0caciones voluptuosas de
la Rusia de Turquenef.
Junto al salón está la alcoba en donde expira el
conde Vladimiro, víctima de un atentado misterioso.
La policía interroga á los criados, todo _lo invest iga
escrupulosamente para castigar el dd1to¡ Feil.ora,
prometida del Conde, está anisosa por saber el nombre del malhechor, para vengar á su novio. Hay presunciones que acusan á Loris, dueño del palacio frontero: corren allá loi- agentes, excitados por los gritos
angustiosos de Fedora.... . . Ent retanto Vlad1mlro
muere.
Pasa el tiempo. Fedor11, da una recepcl5n en su
casa de París. Loris la corteja y el.la, que cree

dimiro era amante de Wanda, esposa de Lori~; éste,
se desposó en secreto cou ella y ~u~ engañada vilmente: cuando Lorls det.cubre la tra1c1ón, mata á Vladimiro en lucha franca. Fedora vt las pruebas, cartas.
de Vladimlro á la infiel esposa de Loris; ya no puede
amar el recuerdo de un au,or pérfido, i.ma á quien,
como ella, fué víctima de Vladlmlro, y ese amur no.
tiene obstáculos, pues Wanda. ha mutrto.
Los amantes vi ven en un c·halet de Suiza. Son fe.
llces allí: olvidan las antiguas penas y el germen de
trágicas desdichas que arrojó entre los dos la delación

Io vi prego come si prega Iddio.

de Fedora. Un día llegan cartas de Rusia, cartas fatales que anuncian nuevas de muerte. Valeriano,
hermano de Loris, preso por la carta delatora, estaba
confinado en una fortaleza á orillas del Volga. Una.
creciente del río inundó la prisión y Valeriano pereció ahogado; su muerte mató de dolor á la madre
Infortunada.
La situación es horriblemente cruel y más cruel
aún por el contraste entre el abismo de negro;i odios
que separa á los amantes y los recuerdos de su '.iivino
idilio, blanco y puro como las nieves alpinas que c!errall el hc.rizonte de su nido. Cuando estalla Ja amenaza mortal en los labios de Loris, Fedora bu~ca en
el suicidio un perjón que la vida baria impusible y
muere entre los brazos del amado.

Fot . Lange.

-~.-.

Fot. Lange.

¡Parla!
~ectos humanos, la lucha con el destino inexorable, con las leyes de la
11aturaleza, en una palabra, cou la voluntad de Dios· mientras la comedia
-estudia al hombre en sus relaciones con otros homb;es.
Pero siga~os el hilo de la acción del drama. La situ11ción de impor1anela que s1gue es aquella en que Loris le pregunta: «¿Qué sabes tú?»
Ella responde: _«Nulla io s?,» dando á entender con esto que el amor que
eie&amp;te por Lor1s ha l!recido, aunque ella misma no sospeche siquiera
que exiote.
Este ª!Dº r que siente su alma y que su conciencia ignora, no impide
,que e1~r1b~ la carta fatal (ótra manifest lCión de sus ímpetds salvajes] que
1&gt;reclp1ta violentamente el desenlace en el tercer acto.

Di. vendicarte io giuro.

Fot. Lange.

El ~mor vence. Las sospech 1.s de Fedora desaparecen y con ellas el
propósito de venganza qn.e tantas veces juró.
Suena la hora fatal. Han llegado las cartas de Ru.sia con sus funestas
noticias para Loris.
Inútil la congoja y desesperación de Fedora. Exclama: o:Che feci? Son~
io che li uccisi!»
En ~l mo~ento sup~emo, cuando Loris la acusa, la maldice y la atne•
na.za. 1mpehda. por la impetuosidad que la caracteriza apura el veneno
diciendo: «Non uccidP.rme. Gu11rdal E la mortel. . • . '
Y la música de la Fedora de Giordano? Ne tengo palabras para expre.
sar lo mucho Que me encanta. Tuve la fortuna de interpretar el papel de

--- - -

MI IMPRESION DE "FEDORA"
El conde Vladimiro Andrejevich yace moribundo en la alcoba contigua al salón. Los implacables 11gentes de la policía interrogan á los a f igidos criados del conde, que no aciertan á aclarar las circunstancias del
misterioso atentadu. La Princesa Fedora Romaozoff. prometida del moribundo, rindiéndose al dolor, da suelta á un torrente de lágrimas amargas· mas de pronto se yergue, exasperada por la torpeza con que dt&gt;c_laran' los criados. Cirilo, el cochero del conde, acaso lo sabe tocio y la princesa le grita: «¡Parla!»
. .
Acaricia felioamente á Dm1tn, el peque:lio g?·oom, par11. alentarlo, y cuando comprende que nada s1tbe, lo arroja de su lado con desprecio, y con
acento de rabia le dice «1Sciocco!»
Los gemidos dolorosos de Vladímiro la despiertan de sus sueiios de
venganza, y vuelve á aparecer en ella la mujer tierna, atribulada_por bon da
pena. Se dirige hacia la puerta de la al,coba y ~uega qu_e la dt&gt;~en. entrar.
&lt;Prego come si pre~a Iddio,-salva_~e lamo~ mio,» le dice nl ciruJan().
En este rápido vaivén de contranas emociones, colma su alma de desesperación la apatía rutinaria de la justicia, y ~or la cruz que lleva al
cuello jura. sacrificar en aras de la venganza, su Juventud y su corazón.
Cuando ve la'I sombras de los agentes de la policía que di3curren c11utelosamente de una á otra estancia en el palacio del presunto acesino, Fedoi·a, fuera de sí, grita: «Prendetelo,» y luego exclama con feroz alegrfa:
o:L'ha.n presso."
La idea de la venganza domina en su alma los sentimientos de piP.dii.d
y de amor hasta qae el cirujan? anuncia _la muerte de Vladi~iro y transforma de nuevo la fiera vengativa en muJer desconsolada y tierna.
He aquí la clave del Mrácte~ de. Fedol'a tal ~omo la pint,a S.ird)u, se•
guido al pie de la letra por el libretista Col_lantt1.
.
Creo que según los prec~~tos de los críticos más acreditados toda obra
drtimática tiene una expos1s1ón, un nurlo y un dest'&gt;nlace.
El dramaturgo francés, siguiendo las tradiciones de rn patria, se ajusta al canon del filósofo griego, y en el primer acto, pinta los rasgos característicos dominantes de eus persona.Jea.

·Napoleón dijo que todo ruso ocultaba uno alma de cosaco, con lo queen mi concepto quiso decir, que la educación y la aparente suavidad demoda les no impiden que los rusos se dejen dominar por sus instintos de
ese salvajismo. cuya nota dominante es, 6egúo la idea convencional que
de él tenemos, el espíritu de venganza un!do á una impetuosidad incon•
tras table.
No es aventurado suponer que este convencion11lismo y el famoso epig-rama de Bonaparte, sirvieran de punto de partida en la creación de la
Fedm·a de Sardou.
Nos presenta con gran habilidad 11n tipo de mujer dominada por sentimientos y pasiones de extraordinaria potencia: el amor, la superstición,
el odio y la venganza, el desprecio á los cov vencionalismos de la vida
, civílizada, todo revela en Fedo1·a un ser pasional en g rado sumo.
Verdad es que tuvo que elegir entre una violación de propósitos sagra•
dos para ella ó cumplir su venganza y ver morir á un hombre inocente á
quien ya amaba.
En la acción moral dPl drama predominan dos tendencias que deter-•
min11n el carácter de Fedo1·a, la venganzll tradinfonal v la impetuosidad
salvaje.
•
Estas dos tendencias explican el fatal juramento del primer acto. En
el segundo,-la parte media ó el nudo del drama los dos afectos unidosproducen el enredo que culmina. en la confe;ión de Loris obtenida
por los artificios de Fed01·a, en la carta acusadora, y por últi~o en la fe•
roz alegría con que dirige á su víctima la terrible acusación: «¡Assas·
sino!»
Asesino! Así increpa al ~ombre á quien ama sin saberlo, y esto pocos.
momentos después de sentir el alma iluminada por la esperanza de com·
probar la inocencia de Loris.
En_ esta _escena agota el autor todos lo~ recurFos d"l arte : no puede ha·
ber situació~ tea.tr~l más conmovedora. No creo que alcance laa altura~
de la tragedia, y digo esto porque en mi opinión la tragedia sólo ve lo~

Fot. Lange .

Prendetelo.

Nu!laio so.

l'ot. Lange.

�Domingo 1 ° de Octubre ele 1899

EL MUNDO.

224

Domingo l::, ~e Octubre_~e 189G.

EL MUNDO.

225

EL ESPIONAJE INTERNACIONAL.

Recuerdos del Primer Imperio.
Sería curiosa é interesante una historia del espionaje militar; sería más dramática que la historia de
}as revoluciones.

Con sus episodios se formaría una

gran novela de diplomáticos astutos, de polizont es

Eri tua Assassina!

Fot. Linge.

Magdalena en las primeras representaciones que se dieron en América de
y ahora por nna carnalidad feliz me veo interpretando su
li'edora.
Muchas veces me pregunto ctmc, podremos honrar Jo bastante á un hombre que c:-eó obras que tanto deieitan, inspiran y ennoblecen al ~énero
humano.
[
.And1·és Cheniéi·

Ghefeci'f Sono io che li uecisi.

Fot. Lange,

Escribe la carta.

Su Andrés Chenier teca las lindes de la perfección. Si de su Fedora no,
se puede acaso decir lo mismo, es tal vez por las limitaciones del drama.
de Sardou que obstruyen de vez en cuando la caudalosa corriente(deinapiración del gran maestro contemporáneo.
México, 21

de Septiembre de 1899,

Ro!'ALí A CHALíA,

Fot. Lange.

Fot. Lange.

Non uccidenne, Guarda! E la morte.

vendidos, de barbas postizas, de ant~ojos azules, de
suicidios y resurrecciones que dejaría muy atrás los
folletines montepinescos.
Como prueba de ello referiremos dos anécdotas,
una cómica, y trágica la otra.
Cuando penetraba Napoleón en los dominios del
Czar el afio de 1812, el gran cunquistadur se preocup.1ba como es de suponerse por conocer la topografía
del Imperio moscovita.
Sabia que el estado mayor ruso acababa r'le imprimir una inmensa carta, cuyos ejem piares, numerados,
se repartieron entre los principales jefes del ejército
de Alejandro.
¿Qué hacer ? La habilidad del General Lauriston
resolvió el problema. Sin saberse cómo ni cuándo, logró el jere francés sustraer no un ejemplar del mapa
sino todas la.~ plancha.~ de cobre que sirvie1·un para hace1: la
impresión. Ba.jo las narices de los oficiales del estado
mayor ruw, sa.có el General Lauriston la masa enorme de planchas depositadas en el Arsenal de Peter,sburgo.
Se hizo una edición de la carta en París y tr es meses después, t0dos los 'jefes del ejército invasor tenían
un ejemplar del precioso documeot o geográfico que
no se hubiera podido consegu!r en Petersburgo á
precio de oro ... ..
La otra anécdota es menos conor&gt;.ida tal vez, aunque tuvo un desenlace dramático. Como la anterior,
data del prlmer imperio.
La escena pasó en la capital austriaca el afio de
1809. El futuro suegro de :Napoleón se preparaba pa.
ra una nueva guerra contra Francia y esperaba sólo
para abrir las hostilidades que se retirara de Viena
el Embajador francés que era á la sazón el Gen~ral
Andreossi.
El Emperador de Austria comprendía que la lucha
decidiría para siempre de la t.uerte de su imperio y
es probable que como lo temía el soberano, el Austria hubiera sido borrada del mapa después de la batalla del Wagran que terminó la campafia, si la. ambición con la máscara del amor no hubiese traído un
desenlace de comedia burguesa a aquella tra1?edla polltlca, -el matrimonio del nuevo Carlomagno con la
bija del César vencido. Pero esa peripecia no podía
dreverse en 1809 y el Emperador de Austria, resuel-

PAL~CIO MUNlCIPAL DE C. PORFIRIO DIAZ. (COAHUILA.)

to á so,teuer una lucha á muerte, confió la dirección
de la campaña al Archiduque Carlos que era el único
militar capaz de medirse con Napoleón.
El Archiduque preparaba pues tranquilamente, en
Viena, su plan de campai'ia cuando recib)ó ~~ anónimo: iba á arrojarlo al montón de papeles rnut1les, pero la curiosidad detuvo su primer movimient,1, pues
vló varias veces repetido el nombre del Embajador
de Franela.
Leyó.
La carta anónima explicaba que el Gene1al Andreossi había recibido ya desde bacía algunos días
sus cartas de retiro y que si no abandonaba Viena
era porque estaba en relaciones con el Feld-Mariscal K ...
quien le vendía los estados de
organización del ejército austriaco y los planes de marcha
de los diferentes cuerpos.
El Feld-Mariscal K era uno
de ICJS jefes más instruidos del
Imperio y el Archiduque que
lo teníaen grande es\iima, hizo de él su. ayudante y jefe de
su Estano mayor. Tenia puesta en él su confianza y no podía abriga r sospecha. alguna.
Rompió, pues, la carta y no
pensó más en el asunto.
Al día siguiente, nueva misiva. El corresponsal anónimo
afirmaba haber descubierto
que todas las noches el FeldMariscal tenía citas en una
casa solitaria del vasto barrio
de Leopoldstadt cuyo número
t1eí1alaba la carta.
El Príncipe . Carlos tenía
t.a.nta. seguridad en la fidelidad
de su ayudante, que creyó cal umniu:sa la acubación y no tomó nrnguna medida para descubrir la verdad.
Entretanto, el Embajador
de Franela había hecho sus
preparativos de viaje y anunció su partida para dentro de
. cuarenta y ocho h oras, cuando
el Archiduque recibió una
tercera nota, en la que se le
decía. que el Feld- Mariscal,
. después de haber trc1,bajado á
solas en su gabinete, en donde tenía los estados del ejército, celebraría esa noche una
conferencia con el General
Andrecssi.
El Ar&lt;;biduque, lejos de
creer esas revelaciones, exasperad0 por no poder castigar
al misterioso calumniador, y
Rt&gt;t•nt&gt;rdoM d e b,M fléliltnl!I.
á fin de disipar toda sombra
OAXACA,-KERMESSEDEL 1 6 DEL ACTUAL. - PUESTO ·DE TE 1" CAFE.
de sospecha que temía conserFot. R. A. c as,•fiecla,

Fot. M. Rodrtguez Pérez.

var, á pesar suyo, contra un jefe que le era tan que
rido, resolvió comprobar su inocencia.
Esa misma noche hizo llamar á uno de sus ayudantes y le dijo:
-Tomad un traje sencillo que os sirva de disfraz,
y venid á las doce de la noche á reuniros conmigo en
la Graben. 8ilenclo y discre.:ión absoluta . . .. que
nadie sepa que os be dado esta cita. No es necesario
que llevéis armas, pero que no os fal te una linterna.
El oficial llegó puntualmente al lugar Indicado:
iba vestido Je obrero, y cuando encontró al Príncipe
pudo apenas reconocerlo, disfrazado como estaba de
burgués.
-:Seguidme sin decir un, palabrP, ordenó el Archiduque.
Y uno en pos de otro, siguieron las calles tortuosas que conduci'in á la de Leopoldstadt. La casa que
se le babia señalado estaba situada en una callejuela
estrecha y sombría. No había luz ninguna, todo estaba cerrado, parecía un edificio abandonado.
El Príncipe y su acompafiante se apostaron en el
quicio de una puerta y e&amp;peraron en silencio. Al cabo
de algunos instantes se oyeron pasos y una svmbra
se deslizó por la callejuela ...... Era un hombre cu.
bierto con una ancha capa, -como los personajes de
novelas en boga ya desde entonces--y con el indispensable soro brero de anchas alas que caían sobre la cara.
.Acer,·óse á la c1sa y llamó suavemente á la puerta,
que se abrió cerrándose luego que le dió paso.
El ayudante del Archiduque no pudo reprimir un
movimientu de sorpresa: el Príncipe con un ademán,
le impuso silencio. Cuando la callejuela quedó otra
vez desierta, se inclinó Lacia el oficial y en voz baja
le interrogó:
- ¡, Y bien:' ¿Os habéis fijado en ese hombre?
-Le ví, Alteza, aunque sin poder distinguir sus
facciones.
-Pero ¿ese modo de andar? . . ..
E l oficial vaciló.
-Mis suposiciones son t an inverosímiles . . .. es t an
poco probable que el que he creído reconocer venga á
estos sit ios apart ados y á esta hora ... . . .
-Bueno, decid quién creéis que sea ... .
-Me ha parecido. . ... en fin .... podría decirse que
ese desconocido es el Embajador de Francia.
-Basta; callad.
En ese momento otro personaj'e ent ró álacallejuela; no se recataba como el anterior. Llegó á la casa,
llamó y desapareció en el int erior. Cuando la puert a.
se hubo cerrado el oficial del Príncipe Carlos quiso
lanzarse á la casa, pero el Archiduque le puso h. mano sobre el hombro. Los dos temblaban de emoción :
habían reconocido al Feld- Mariscal K .. ..
La entrev:sta duró algunas horas, durante lai,cuales el Archiduque, indignado, pues ya no dudaba de
la traición del jefe de su estado mayor, permaneció
pacientemente en acecho ante la casa.
E ra todavía de noche cuando la puerta se abrió y
dió paso al General Andreossi y al Feld-Mariscal.
El Príncipe Carloi; se había situado á un lado dela
puerta y el oficial al ot ro lado : t enía en la mano la
linterna sorda y dirigió la luz hacia el rostro del Embajador.

�Domingo 1 ° de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

226

PALACIO ?iroNICIPAL

Becoerdol!I de las fiestas.

DE

Dml~ngo _1 o de Octubre de 1899.
SAN LUIS POTOSI. - BAZAR DE CARIDAD.

Esta poblacion f ronteriza que tanto ha progresado
en los últimos tiempos, tiene algunos edificios notables como son las Oficinas Federales, las del Ferro.
carril Internacional y esta que hoy publicamos 7
cuya construcción se debe al inteligente y labori~
Pre&amp;idente Municipal de aquella ciudad, Coronel D.
Fructuoso García.
Es satisfactorio, no sólo para los vecinos de C. Porfirio Díaz, sino para la Nación entera, que las auto.
toridades federales y Jo'}ales se empei'ien en hacer de
una población coruo esta, colocada en la línea divisoria
ddMéxico y los Estados Unidos, una.ciudad que nonos
avergüence, sino que, al contrario, nos honre con sus
edificios ptíblfoos, en nada inferiores á los de pobladones de igual categoría, situadas del otro lado del
Bravo.

SAN LUI S POTOSI.-BAZAR DE CARIDAD.

El Bazar d e Carldad de San Lui8 Potosi

El conocido y hábil fotógrafo D. Emilio Lobato nos
Pnvía, de la capital potosioa, los retratos de las oiíias que tomaron parte en el Bazar de Caridad últi mamente organizado en aquella ciudad, y cuyos productos se destinaron al fondo de gastos del Hospital
Ir. fantil.
De las fotografías enviadas por el Sr. Lobato, publicamos los dos grupos de esta página, lamentando
nn dar una nota gráfica completa de la simpática
fiesta.
'

Una. Xermesse en el Jardín Juarez de Oa.xaca.

DESFILE DE LOS CARROS ALEGORICOS FRENTE AL PALACIO NACIONAL EL 15 DEL AC.TUAL.

El Congreso de Apatzlngan.
Con gusto verán nuest ros lectores este grabado que
representa el ·estado actual de la casa en que se reunió el prlmiwCoogreso Mexicano, asociado en la historia tte la, Guerra de la Independencia á la heroica
figura del gran Morelos.
De pai;,o haremos constar el interés que 11e despierta en los mexicanos por conocer y reproducir fotográficamente los edificios y lugares h istóricos, que
hasta hace pocos años no merecían alguna atención
sino de parte de los especialistas.
Nosotros p..:blicamos siempre con gusto esta clase
de grabados y es de esperarse que loi, lectores del semanario, sigan como basta aquí, proporcionándonos
Jas pruebas fot1 ,gráticas que-posean para dará cono•
ct:r al público el mayor número posibl,:: de nuestros
monument·,s histór1cos.

·~CIUDAD PORFIRIO DIAZ

Sentimos no publicar sino un grabado relativo á
esa fiesta de la que tu vieron oportuna noticia los lectores de nuestros diarios. Desgraciadamente no todas las pruebas fotográficas que recibimos pudieron
aprovecharse en el taller de grabados de El .ilfundo.
En el que aparece en la página anterior figuran las
distioguid1s sei'ioritas Rebeca Pérez Reguera, Terry,
Elvira Pérez Reguera, JosefaOlivdra é lgnacia Canseco y las niñas María y E. Sodi.

227

EL MUNDO.

N!RAS

MARIA H.ELGUElU

Y LF.ON"R

NIRAS Doum.Es GEDOVI'(Tf'

UNNA.

V

RARA PALAZUELOS.

Fot. Emilio G. Lobato.

.l'ot. J;;m1lio G. Lou1u,,.

Fot, Manu?l Romero.-•-CJNlobanes 2.

Cuando éste recibió la luz en plena faz, retrocedió
sorprendido.
-Buenas noches, señor Embajador de Francia, dijo el Príncipe tranquilamnnte.
~ ,y sin dignarse hacerle un solo reproche al FeldMarlscal que estaba inmóvil con la frente abatida,
pálid~ de terror, se contentó con iluminar el r0i,tro
del traidor; pero el ayudante, menos circunspecto, lo
abofeteó diciendo:
- Este es el infame K . . .... á qaterr se ctegradará
, mai'iana.
.A.ndreossl aprovechó ese incidente pa.ra escurrirse
en silencio. El mismo día salió para París y la guerra entre Francia y Austria quedó virtualmente declarada.
-;_ El asunto permmecló en secreto. El Mariscal Lan•
nes supo el caso por Napoleón, y lo refirió después á
Marbot, el cual dice algo acerca de él en sus Memorias. Los archivos ddl Ministerio de Relaciones de
Francia serían más explísitos si se les consultase.
Para terminar, dire mos que el Feld-Marlscal K ...
cogtdo,en flagrante delito, y conociendo de antemano
la suerte que se le esperaba, entró á su casa y se
voló la tapa de los sesos.
' Corrió el ru~or de que había muerto de un ataque
de apoplegía fulmlnant,e, pero en las esferas oficiales
se supo que había recibido del Emperador de Francia, como precio de su t'rafción, la suma de dos millones.
GUANAJUATO.-UN CARRO ALKGORICO.

LAS FIESTAS PATRIAS
EN

CUANA.JUATO.

APATZINGAN.-CABA EN QUE SE REUNIO EL PRIMER CONGRESO MEXICANO.
Fot. M. Gutlérrez.----Aguascallentes.

El carro representa en alegoría la I ndependencia Nacional. Sobre un fondo de
nubes, orlado de plata y matizado con los
colores del iris se destaca la figura de Hi•
dalgo, enarbolando el estandarte con la
imagen de la Virg-en de Guadalupe, que
le sirvió de enseña para iniciar nuest ra
emancipación.
A su dereeha y sobre un fondo acoilnado de raso blanco se ve la figura de Morelos, con su tradicional pai'iuelo blanco
ciñendo su cabeza. A la izquierda Allen·
de, con el uniforme que llevaban en
aquella época los generales españoles.
Más adelante aparece la figura de otro
jefe insurgente 0obijandocon el pabellón
tricolor la figura de nuestra patria.
Y por último, delante se ve la diosa
de la Libertad, coronada por el simbóllr
ramaje de oliva, que significa la paz e
que gozamos y teniendo á sus plantas los
emblemas de la ciencia, el comercio Y la
agricultura y las bellas letras.
ToA Hidalgo lo representó el n li'lo
más Orte~a; á Allende, Gustavo LabOr•
de; á Morelos, Salvador Monroy; al Ins~rgente, Manuel Bustamante; á la Patr ':
la seflorlta Cat!l.llna Ramírez, y á la Ll
bertad, Naborina G0nzález.

LA CATEDRAL DE JIIEXICO

;;ºª

I
BREVE IDE.TORTA Y DESCRIPCION.

edificios religiosos despiertan siempre el
nderé'l Y. la curiosidad del viajero, del pensador
Y e1 artista.
coD: sde los sencillos y admirables templos helénid~a;ª~
la suntuosa basílica crist.iana, el arte s e
A O la Y muestra en todo su esplendor.
remun cuando entre nosotro¡; sólo se tenga idea
ota- entre quienes no hayan palpado las be·

llezas de los monumentos r eligiosos del Viejo
Mundo-de cuanto encierran los órdenes y estilos arquitC' c'óoicos que han servido de norma
para elev11r hasta el Cielo las plegarias petriricadas del crevente. SE'g-ún expresión de un insigne
arquitecto francél (Viollet le-Duc). no dejiná de
comprenderse, para nuestra historia artíst ica, la
importancia de los edificios cristianos que Espafta nos le~ó; alziidos muchos de ellos en los momentos mismos en que la Península sentía también la m11ravillosa agitación del grandioso p eríodo del Renacimiento.
Abre hoy EL MUNDO ILUSTRADO una nueva sección, y en ella habremos de ocuparnos á grandes

pi celadas, en describir algunos d e nuestros más
afamados tem plos.
La pluma que llenará la página que se le des•
tina en este culto seman11 r io, es reconocidamente
indocta; pero rebosa de buena voluntad.
Dilremos hoy comiP-nzo con nuestro Templo
Metrvpolitano, que se asienta erguido limitando al
Norte la gran Plaza de Armas de esta Nobilísima
Ciudad.
En el propio lugar donde lil gentilidad azteca
inmolaba las víctimas á sus númenes feroces, allí
se fabric6 la primera basílica de México, que
hubo de construirse como provisional y de ser
miserable y raquítica para el objeto á que esta-

�228

ba destinada. Así lo comprendieron los monar•
cas espatioles, y en cédula de 26 de Marzo de
1551, se ordenaba que "las dos tercias partes que
ha montado este arzobispado, en el tiempo en que
ha estado vaco, se gaste en el edificio de la Iglesill catedral de México, y lo otro se guarde para
e! prelado, 11 di~posición que no pudo llevarse á.
cabo; sin embargo de lo que, insistióse en ello, y
un atio después de expedida la cédula anterior
(20 de Agosto de 1552) Felipe II, que A la sazón
gobernaba en nombre de su f:adre el Emperador
Carlos V, dictó nuevas disposiciones en real mandato de aquella fecha. No pudieron tampoco
cumplimentarse las órdenes inmediatamente por
falta de fondos; hasta que en 1573 se colocó la
primera piedra «en el sitio más eminente y opot·.
tuno de la Ciudad, inmediato á la antigua Igle•
sía con el Animo de que, demolida ésta, que&lt;la ie el sitio que ocupaba, por atrio ó cementerio, en la parte anterior del nuevo Templo »
Comer zaron la obra los maestros Claudio de
Arciniega y Juan de Cuenca; continuAndola
Alonso Pé1·ez de Castatieda, arquitecto de Felipe III.
Les trabajos se prosiguieron con perseverancia y tt:Són, y al caho de media centuria hallábase concluida la difícil labor de los cimibntos; alzados los muros del perímetro á más de la mitad
de B- altura; las paredes transversales de las capillas; los piés derechos de los arcos, algunos hasta los capiteles de las columnas y otros hasta lns
últimos tercios, y diversos espacios cubiertos con
bóvedas.
U na vez concluida l'l S rnristfa mayor, se transladó A ella el Santísimo, que se encc,ntraba en la
Catedral antigua; y ce&gt;mo é ita era ya inú•,il, se
demolió quedando el sitio donde se encontraba,
de atrio del nuevo templo ( 11ll.o 1626). Desde ésta
época hasta 1641 l'e celebraron en dicha c¡acristia los divinos oficios; y se concluyeron las capillas de San I~idro Labrador (hoy entrada al Sagr11rio Metropolitano) y del Sagrario (hoy capilla
de Nuestra Seil.ora de las Angustias de Granada),
en cuyas bóvtidas se varió la disposición haciéndolas más ligeras por lo malo del subsuelo.
Agobiada la ciudad bajo el peso de la inundación de 1G29, la obra quedó suspensa durante
cer ca de seis ailos hasta que en 1635 volvieron
activamente á emprenderse los trabajos, al grado de que ya en 1664 sólo faltaban tres bóvedas
de lit nave mayor y cuatro de las menores, estando ya ejecutada. par te de la cúpula, de la qae
se habían concluido las pechinas y cerrado el
anillo,

EL MUNDO.

J)OJJJ.l.ngO 1 o

Domingo 1° de Octubre de lAAO,

229

EL MUNDO.

de Octubre de 1899.

AMOR

DE G A T O .

se había puesto en camioo, se decían adiós . ... al fondo se volvía subterráneo, asomaron unos
ojos de mirada inquisitiva é inquisidora.
un adiós de enamorados.
Y el noble pardo, el odioso tirano del castillo
La pobre enferma de absurdo amor, recorr!a
eternamente
obscuro, vió al felino que aún se reentonces con cauttlla, silenciosamente, la amplia
lamía
las
fauces,
y volviéndose atrAs se alejó á
galería, para irá. su alcoba--celda de prisionera
paso lento royendo unas palabras:
real-A soil.ar con él.
«Amor de gato.»
El centinela dormía.
FRANcrsco ZARATE Rurz.
Con sus paaos mudos, se alejaba el felino gczando con la idea del descanso y del suetio.
Después, ¡durante todo un día! encerrada. al
lado del odioso tirano del castillo eternamente
obscuro, de su dueilo, de aquel noble pardo de
mira da inquisitin é inquisidora., á. quien su familia la había vendido.
¡Qué negros eran los días! cuánto tardaban en
llegar las noches, esas noches que sí tenían luz,
la luz fosforecente de unos ojos oblongos.
Só'o gozaba cuando no tenia encima el peso de
aquellas miradas negras de su tirano, y podía
pensar en las amorosas palabras que él le decía
en su lengu11je de emes.
El no bahía nacido para sentir el frío y el hambre de las azoteas. Era de estirpe real; una de
las má.s puras noblezas de la raza de los felinos,
era la nobleza suya.
Nadie se atrevía á arrojarla tl.el cómodo sillón
que había adoptado como lecho, y en donde run1·uneando pasaba las horas del día sumido en su
incurable somnolencia, la somnolencia de los en•
La seh'a estremecida, en abanicos
fermos.
Abre sobre los vientos sus ramajes,
Muchas manos iban á prodigarle la voluptuo3a
Ondulantes encajes
caricia. Se incorporaba, esperezábase y erguía
En gotas de rocío y savia ricos.
la cola negra, delgada, esbelta, que levantad.a
*
Peina la fronda el sol con peine de oro,
parecía culebra que q uisiera s• lir de su triste siY á través de las hojaF, sobre el suelo
tuación de reptil.
Por supuesto, no pocas veces, cuando se hallaDe verde terciopelo
ba malhumorado, contestó á las caricias eon un
Que de aroma y frescura es un tesoro,
Al filtrar su fulgor que reverbera,
manotazo que acardenaló la mano humana.
Con lunares de luz mancha la sombra,
De cuando en cuandv, pensaba en la dama ne•
gra de ojos br111antes y redondos, en ll\ cautiva
Y del bosque en la alfombra
Finge la regia piel de una pantera.
que era su único amor.
*
¡No podía tener otro!
El silencio solemne de la umbría
Algunos días bajaba, y se ponía á saltar, y coTurba y llena de pronto un clamoreo
rrer por toda la casa, silenciosamente, sin que su
Con rítmico, vibrante martilleo:
cuerpo de terciopelo negro y blanco hiciera soEs el bravo latir de la jauría,
nar un mueble, ó derribarse un objeto.
Y allá va, jadeante en la maleza
Subía á las mesas cuaJadas de bibelots y se
Chafando el césped y saltando troncos,
complacía en andar por entre ellos, coloc~nd?
Y á sus ladric.os r oncos
Envuelto en un saco las manos y las patitas en los lugares más difíc1Más tiembla y huye la espantada pieza.
de recio lienzo, lo lleva- les; ejercitaba su habilidad y bajaba triunfante.
ron allí cuando era muy
*
De tarde en tarde, hacía sus visitas A la desSalta al claro del bosque, alta la frente
pequetio todavía.
pensa, pero el ama reía de la travesur~, y reDe arborecentes cuernos coronada
Temeroso de los hom· prendía al que había dejado la puerta abierta.
El
ciervo, y la mirada
bres y de las cosas descoSólo una vez lo golpearon, pero no se fué porCo11 angustia en redor vuelve doliente.
nocidos que allí miraba, fué á ocultarlos temblo· que allí estaba muy bien tratado. ¿Iba á vulgariCruza. el aire la flecha silbadora,
res de su miedo bajo amplia cama de p11.lo santo, zarse A las azoteas ó al patio; á vivir en la misey en pie, junto á la res que está tendida,
Ella salió á su acosturo brado paseo nocturno, ria para encanallarse y ser un ladrón, t¡n salteaY sangra p0r la herida,
seguida de una dama, y bruscamente, inespera- dor? ..... .
Se alza gentil la Diana Cazadora!
damente, sorprendentemente se halló cerca de
Una vez el tirano de su amada sospechó de la
M. LARRA~AGA P ORTUGAL,
él; se aterr orizó por el olor que revelaba la preexistencia
de aquellos amores dcblemente crimisenela de un enemigo temible.
El pobrecillo inexperto se echó á temblar Y á nales. ¡Qué vergüenza! ¡Tender la mano á la
odiada raza, á aquella con la cual tenían guerra
maullar pidiendo auxilio.
FUGACES.
Ella que conocía muy bien el idioma, cambió declarada desde hacia tanto tiempo, desde que
sus
antepasados
riileron
en
una
Arca!
1111 temores por confianza y lástima para el inEl noble pardo compró 111 mano de un asesino
fante.
Cuando gozas y ríes y se encienden
Se le acercó, y le prodigó palabras de con• que fué á llevarle un tósigo en un apetitoso pedacual amapolas tus megillas blancas,
zo de carne. Pero el asesino nunca volvió, Aqueauelo.
me figuro que veo entre celajes
El se lo agradeció inmensamente. Podía haber- lla noche, después de las caricias del saludo, ella.
una hermosa maliana;
.
le hecho mucho dalio, porque era grande, era ex- le dijo Jo que ocurría.
y cuando sufres y en tus ojos tristes,
Malas noticias. El, su dueilo, sabia la historia
perimentada.
próximas A caer, t iemblan las lágrimas,
de
los amores criminales.
Desde aquella noche siguieron viéndose todos
me parece que miro agonizante
Una sonrisa deVoltaire asomó á la boca del fefos d[as y siempre á la misma hora, cuando el siuna tarde callada.
lencio iba cubriendo toda la casa, cuando todas lino. De pronto se oyó ruido. Ella pegó A la puerCuando me hablas de amor y en armonía!&gt;
ta su fina oreja. Eran pasos. y eran los suyos, no
las voces morían y ningún paso resonaba.
se desborda tu acento que arrebata,
Ella no volvió ml\s cuando él creció; tenía la había duda, los conocía muy bien.
me figuro que suena en mis oídos
y sus redondos ojos negros y brillantes, se lleobligación de buscarla.
una música extraila;
Y a_ll[, envueltos en sombra, él recost11do, y ella naron de angustia.
y cuando sin hablar y pei:sativll
- «El » dijo implorando ayuda de su amante.
en pie algunas veces. otras dejando perder su
juegas con los encajes de tu foMa,
El felino, sin contestar, sin moverse, hincó los
negro cuerpo entr e los pliegues del blanco y neme parece que escucha en el silencio
gro del am11do, y siempre acaricil\ndose con bo- agudos dientes en el femenino cuerpo negro, en
una música el alma.
cas Y manos, pasaban las horas, viendo con ter- donde la. sangre pintó un listón ~hillante, La ro~RANULFO PENAGOS.
nura inmensa los ojos negros y brillantes, 1\ los dora dió un grito ríspido, metAhco, y todo volvió
al silencio.
ojos verdes y lumíneos.
A !a puerta de ·1a amplia galería del sombroso
Hasta que un gallo amigo suyo les avisaba con
c~stillo
que agujereaba los muros de la casa, Y
l1l canto cortado por aletazos, que ya la. aurora

lió de su somnolencia, dentro ~e la cual run•
Sa do había pensado muchv tiempo con pe,u~nla Ílegada de esa hora. Irguió en el blan111'sillón
en su delicado cue~po, con e I que .r·rngi'ó e l
::CO de un acueducto antiguo, y con fehna suavidad descendió á la alfombra.
Con la boca llena de bostezos reveladores de
tidio emprendió la marcha.
.
fa~ djos llameaban como foquillos de luz en
de J&amp; sombra. Sacudió la cabeza para esID tar el bochor no perezoso, y avanzó resueltapan
ce moviendo la
cola, como si yOr su finura,
189D
•
el viento la impe1iese. .
Se agitaba ccmo serpiente gozosa, la cola nea delgada, esbelta.
gr avanza entr e la silenciosa negrura de la alcoba, Ya lo buscaban en la obscuridad, dos
jlllos negros, dos brillazones de carbunclo.
0
A la puerta de una amplia galería del sombroso castillo que agujereaba los muros de la casa,
y al fondo se volvía subterráneo, estaba ya la
amante esperándole.
.
Llega, y la apasionada con sus ma_nec1tas roaadaa, acar icia la ~legan!e cabeza felina.
El coloquio Pmpieza.
De la delicada boca de la roedora, ruedan pro1881811 de un etPrDO amor, brotan dulces afirmaciones de una poderosa é inmortal pasión.
El la acaricia, procurando ocultar del todo las
corvas y afiladas uiias.
La historia de esa pasión empezó hace ya mucho tiempo, mucho, haee 60 n oches.

:O
y

CATEDRAL DE M:EXICO.-ALTAR MAYOR.

El afio de lí!Jl el arquitecto Damián Ortiz concluyó ca!li las torres, cu vo cuerpo lo ha hían fabricado Juan Lozano y Juan Serrano; siendo la
altura dP. ellits, según su autor, de 72 varas dos
tercios (60.m90) «desde la cruz ha.sta el pavimento. »
La construcción total duró cerca de dos siglos,
sin incluir las int'er'"upcfones; el material empleado fué la cAntería, la chiluca y el tezontle. Sin
temor de exagerar puede calcularse el costo de
la. obra en más de dos millones y medio de pesos.
*
* *
Nos falta espacio para UDI\ descripción que pudierit dar á. los lMtores siquiera una idea vaga
del Templo Metropolitano.
La erguida mole se levanta en elegante forma piramidal sobre planta en cruz latina. orientándose de Norte á Sur (á. este rumbo la fachada.
principal.)
Quisiera hablar con ciert0 detenimiento del exterior de la. basílica, que s~ muestra severo é interesante á pesar de los defdctos arquitectónicos
de detalle que saltan á la vista.
La iglesia. tiene cuatro fachadas que miran sen•
siblemente á los tantos y principales vientos car•
dinales, Compónese la. del Sur de tres puert11s
arcadas y exornadas con columr.as dóricas y jó•
nicas superpuestas respectivamente. En los ángulos de la fachada se levantan !os campanarios
ó torres, de base rectangular, sobre un vasto paralelipípido, y rematando en una cúpula de figura de campana, const.rucción fe!icísima que caracteriza á. aquellos campanariosi..
Los relieves y muchas de las numerosas está •
tuas de gran talla que se muestran al exterior
son muy notables.

En seg-ando término se destac11. la airoea cúp11.,
la ó c imborrio, coronada por una esbelta linternilla.
Complementan todo el exterior series escalonadas de balaustradas con pedebta.l fs y j11~on•
de cantería, y que corresponden, aquellas, A 1111
límites de las bóvedas.
Si el exterior merecería un estudio detenido J
curioso, no meno9 interesante se nos presenta el
interior, que dQ lugar á numerosas consideraciones y á. prolongadas vigilias.
La perspectiva interior es hermosa, elconjonto
severo y quizá. grandioso; aun cuando, como n
otra ocasión el que esto escribe lo ha dicho, apa,
rece desconsoladoramente desmantelado y con
unl\ decoración abandonada y pobre.
Tiene ci1.1co extemas naves: dos cerradas, dOI
orocesionales y la nave central. E n las ¡,rlmeraa
se encuentran distribuidas las ca pillas, en número
de trece: eiete al Poniente, quellevanlos nombrea
de San Miguel Arcángel ( cubo de la torre); dt1 loa
Santos Cosme y Damián, de San José, de la Vi,gen de la Soledad y del Serto1· del Buen De,paCM,
nast'l el crucero; de la T'h-gen de los Dolare, y de
San Felipe de Jesús; seis al Oriente, y se llamar.
de la Virgen de las Angustias de Granada (cubo
de la torre); de la Purisima, de la T'irgen de Gua·
dalupe, y &lt;le la T'frgen de la Antigua hasta el cl'llcero; de San Pedro y del 8 ...nto C,-isto. Algullll
conservan sus hermosas rejas de tllpincerAn,
La nave mayor se halla cubier ta por espléndl
da bóveda de catión, y las colaterales por plallllos principalmente, sobre pechinas. Termina la
iglesia, al Norte, por un ábside exagonal, doudl
está colocRdo el famoso altar de los Reyes, de e,•
tilo churrigueresco.
En la intersección del crucero se alza la cúpula, en la cual hay un fresco pintado por Jim• ;
bajo ella se levanta el ciprés, obra mod1:rna qd
citaremos en nuestro segundo artfoulo.
La C11tedral posee numerosos retablos, a l ~
muy dignos de nota, entre los cuales hay que el,,
tar á los churriguerescos, y diversos detallel 81nosos que reservamos para el próximo escrito,
por haberse Rlargado ya el presente mu delt
que suponíamos.
JEsts GALINDO v VrLLA,

-------•------ Lápida conmeinoratl-va
EN EL TEMPLO OE LA SANTA VERACRUZ.

Hoy debe de colocarse en la fachada de este
plo, una inscripción que recuerde á la po&amp;terldad
en el ant iguo cementtirlo adyacente á la iglesia, f
ron inhuwados los resLos del caudillo de la Iode
cia, Ltc. D. Ignacio L. Rayón.
En uno de nuestros números anteriores publ
mos el retrato auténtico del héroe mlcbOacaoo, 1
con ocasión de la ceremonia á que hacemos
eta, aparece en nuest,ro semanario el grabado
acom pana á estas lineas.

re,

TEMPLO DE LA SANTA VELUCRUZ EN CUYA FACHADA SE COLOCARA HOY UNA LAPIDA CONME:llURATIYA.

Del libro "PURPURA:"

�230

Domingo 1 ° de Octubre de 1899_

EL MUNDO.

EL SACRIFICIO.
Entonces la tierra temblaba ante el rey de 1
yes, Asurnazirpal. La gloria del mar y dt! la 08"6,
ña estaba sobre él, los espíritus del abismo
mando. Cuando los reyes del Occidente se le,'!-_ JI¡
ron contra él, los doblegó como los sauces sob~ •
pantanos. Los reyes del Oriente vinieron co ...,_
sol y los enganchó entre sus caballos.
n
Después aconteció que un jefe de Caldear
hombres contra el Estandarte del mundo y
sorpresa, la ciudad de ladrillos y betún de her~
murallas defendidas por put!rtas de bronce
-Los reyes de Siria y los nómades de los ~renal•
unieron al ruido de sus trompetas. Y marchaba •
diez ejércitos cuyos pasos hacían retemblar
nas y retroceder el firmamento.
•
Pero el rey de los reyes llamó á su&lt;, hombNS de
guerra. Llegaron por los ríos como numerosos calla,
verales y salier~n de las sel vas como leones. Estaban
preñados de od10 y rugían de coraje y marcharon 11
son de la trompeta á la ruina y la venganza. Loa
hombres de Caldea, los reyes de Siria y los oómadel
de los arenales se desplomaron como cisternas enrutn~; llen~ron la Mesopotania con su pavor. Murieron
veinte mil, cuyas manos fut!ron depositadas ante el
rey de los reyes con las armas de bronce los vasos
?ro y las piedras deslumbrantes. Desc~artlzaron
Jefe ?e los Caldeos y á los reyes de Siria les sacaroiil'
los OJOS y los engancbar:m á los carros de Nfolve.
El rey pensaba en su corazón: mi felicidad se
va en su plenitud; he puesto un límite á la montana
y un obstácu_lo al mar. Los hombres se rebelan pero
su fuerza, es impotente contra mi fuerza· he disipa?º á las naciones como rebaños; sus cóler~s 800 11emeJantes á la cólera del insecto contra la hornaza.
Se creía inaccesible al mal.
~ o volvió el Rey á Níoi ve sino después de dOI
primaveras. Cuando penetró en su g1ueceo vló ,
una doncella ta.o hermosa que solamente las d1om
podían serle comparadas. Estaba vestida C&lt;Jn tela&amp;
de oro y bisos venidos de T&lt;!bas. A su vista A11uroazirpa.l olvidó sus velorios y permaneció confundido de
gozo.
-¿Quién es esta que los dioses hicieron crecer para mi aeseo?
. --Es tu hija, rey semejante á los dioses, respon•
dieron sus servidores. Ld. dejaste pequeña y ha lllecido como una acacia..
Entonces se desesperó el rey porque era piadO&amp;O y
observaba los preceptos. Y en aquel tiempo los diuses de Asur consideraban como el mayor de 1011 cr[,
mene~ el comercio de un padre con su hija.
El rey hizo recitar oracion':!s en todos ws temploa
á fin de curarse de su mal, pero no cesaba de penl&amp;l'
en la belleza de su hija. Su corazón estaba lleno de
veneno, recorría Ja~ tinieblas con sm,piros de voluptuosidad y veía el mundo adornado cun la tela deoro
y los bisos. Sus qjos se hundieron en su rostro ftaco
como estrellas en un pozo, estaba. vestido de lnquie,
tud y atado de tristeza. Pensaba:
- Los pueblos me celebraban; era semejante á una
torre entre las cabaflas; mi w1rada era Ja fdeund&amp;ci_ón del país de Asur, mi palabra semejante á la llu•
v1a de la primavera., y todas las nacioot!t1se ri:1or:fao
de pavor al ruido de mis tropas de guerra. Y beaquf
que i.oy más miserable que la langosta cogida por el
gorrión, y estoy más triste que el leoparao mart.irl•
zado por las flechas, y des-:::lado como los campos don,
de esMn agotadat1 Jai; fuentes.
No obstante, su pena. se hacía insoportable; sintió
q~e no podía impedirse el tram,gredir los wanda·
wientos de Asur, si su hija permanecía viva sobre la
tierra. Entonces reunió á los sacerdtites y á lot1 jefell
guerreros y les dijo:
- Estoy enrermo de un mal extraño que los dioses
condenan. Mi corazón está lleno de uu deseo sl.1111·
mi tes; estoy necnizado por la belleza de mi hija, YDO
cen viene que vuestro señor haga lo que está pwh1bldo
en todos sus reinos. No tendré re¡&gt;oii0 bino 1111Cr1dc&amp;D•
do á mi hija, como se riega una planta de peratclóD,
Ordeno que se la conduzca el verdugo y que se Je cur•
te la cabt!za ante la asamblea.
La hija del rey llegó entre los sacerdotes Y los Jefes guerreros. ::;u belleza había aumentado co.no el
sol cuando sale de Jas nubes. Brillaba 1Jumo el broa•
ce fundido en el horno y ruodiáo p•Jr tos arteS11n08
del fuego. Estaba rodeada de su cabellera á tra\'éil
de la cual resplandecía su rostro· avanzaba mail! r,ran•
quila que los corderos al borde cte los ei.Laoquei1.
Asurnazirpal fué nacia ella y la estrt!cbó cunt,rl,
SN corazón. Sci sintió morir j unt,o á aquellos cab6!1Ull
s
de llama y aquellos oj1,s claros como ¡as rueoLeS 118
d
las , rocas. Péro la volYió á poner eu maoo:f ael 4
tema el puñd.l de la justicia y mando cortar 1allur
humana.
Mientras la cabeza ro iab1 á sus pies el rey de 1ol
reyes teofa el I ostro bailado de lágrimas Y 1us Jetel
de guerras decían á los sacerdotes:
¡1
.-En verdad Nuestro Señor ei, más grande por
piedad y la justicia, que por la ftterza de 1,u bf11ZO•

::.illli,.

La reina Maritornes era el terror de las nii1oe,
golosos y ladrones; reinaba en el granero donde
se maduraban, er.filadas, las manzanas y las peras, y en las vasijas donde se guarda el vino era
también el castigo de los borrachos y surgía inesperadamente de las barricas agujereadas fraudulentamente por el sirviente indelicado. Nadie la
había visto nunca pero se sabía que estaba pre·
sente y velaba en todas partes: estaba en las con•
serveras acariciadas por los ojos de los nifios hi•
pócritas y en la penumbra de los armarios de la
repostería; la cómoda ventruda donde las abuelas escondían sus cajas de mazapanes y sus bomboneras repletas de dulces, también estaba defendid~ por tlla, y quien i;e hubiera arriesgado á
abrir el mueble de las golosinas, habría encontrado á la Reina Maritornes teudida á lo largo en
un cajón.
Castigaba á los nii1os glotones que se enfermaban en la mesa y llevaba en los pliegues de su
vestido terrificas indigestiones; distribuía fiebres
y cólicos á todos los culpables, y todos los estómagos rebeldes eran suyos. Residía también en
las cocinas, emboscada á veces detrás de L:s
confiteros y las enormes caserolas de cobre donde en Otoi'io se cuece:: lentamente los guisos de
liebre, frecuentaba así mismo los sótanos obscuros, los fruteros embalsamados, olieutes á ni~pe•
ros, y la sombra de los montones de legumbres.
Tal como vivía, indistinta y vaga eil la imaginación de todos, su silueta obesa y ventruda pe•
saba como un malestar sobre la conciencia y el
estómago de los criados y los nii1os bribones.
Fué inmenso el terror del pequéflo Wilhem,
cuando, llevado de la mesa por haberse hartado
como un gastrónomo de tortas de ciruelas y crema de colt!s, se vió acostado en su camita, en su
recamara obscur,1 y soliraria, con un pril'cipio
de indigestión, solo, en 111 enorme recámara donde dormía con su niflera, completamente solo en
el tercer piso de aquella gran casa, mientras todo el mundo estllba abajo cenando.
Por bajar A donde estaban los otros criados,
su niiiera lo h~ b'a dejado sin luz y por ltA alta
ventana cuyas cortinas se habi11 descuidado correr, entraba 111 luna extendiendo en el suelo una
inmensa tela blanca y congelando en extraflas
actitu~e~ los contornos indeeisos de les objetos.
Y subitamente, en fl cuarto solitario gesticular~n perfiles desconocidos, primeramente, bajo el
v1dno del cuadro el pastel destell.ido de su padre. Allí con su co"bata de muselina, con la levita vientre de cierva abit'rta sobre la camisa
abullonada, mostraba, recto como una cu3todia
un austero y pálido rostro de antiguo magistrado. Repentinamente r,us cPjas se fruncieron y un
rel~mpago de legítima indi5 nac1ón encendió sus
pupilas.
El cólico torció entonces más implacablemenle al infortunado Wilhem que aterrorizado desvió vivamente los ojJs. C,iyeron después en un
sillón donde había un montón de vestidos equívocos; lentamente las piernas flC1jas de los pantalones se animaron, dos pies imprevistos salieron de
ellos, y mientras el busto se enderezaba en un
súbito imflamtnto de la chupa, dos brazos nerviosos se apretaban sobre un pecho escuAlido y
una siniestra cabezR. de viPj'.&gt; &amp;e rió en el silencio. ¡Qué rictus! Todas las teclas blancas del
clavicordio aparecieron E&gt;n la cara de rompenueces del estrambótico vejete.
Pero no filé más que una aparición. La recámara volvió A la sombra, y cuando Wilhem que
había escondido la cabeza bajo las sAbanas aventuró una mirada temerosa faera de su escondite,

no vió nada de anormal; todo había recobrado su
lugar acostumbrado, los objetos manchados de
claro ob,curo, se habían como borrado en la no•
elle y sólo le quedaba una ligera inquietud por
su jarra de agua puesta sobre el lavabo y extra:iiamente colocada enmedio de la jofaina como un
enorme sapo blanco.
··y el pequeflo Wilhem comenzó á respirar pero
su quietud no fué larga. Un ruido iuusitado lo
hizo estremecer. Subían la escalera, y oía pasos,
pasos como el ruido de un ejército en marcha.
Una multitud se amontonaba en las gradas; la
oía atropellarse en el descanso del segundo piso
y luego subir por la escalera del tercero. Seguramente venían á su cuarto.
~ en una gran ola de luz su puerta se abrió
brutalmente. No pu!]o ni lanzar un grito. Toda
la batería de cocina entraba tropezándose en el
umbral; había deslumbrantes caserolas de cobre
llenas hasta los bordes de arroz y de empanadas,
inmensos confiteros contoneándose pesadamente
sobre tres pies imprevistos; moldes de bizcochos
de Saboy11 y escalfadores de caras maléficas,
evidentemente mal iutencionadas, y teteras de
reflejas metálicos, y cafdteras con largos picos
insidiosos, de aire hostil. Tudo aquello hormigueaba, hervía y penetrabi en silencio á la recámara, arrastrándc,se como f rntasma en la tarima;
rodeaban su lecho y como una m ,rea muda su
bfan lentamente ct1yendo y subiendo después á
lo largo de sus ropas.
Baftado de sudor, l·Oo los ojos agundados por
el pavor, el nifio permanecía. mudo ante aqut!lla.
invasión aterradora. El cuarto estaba lleuo de
t?dos aquellos cobres y aquellos t!Rtaflos f intástICos que seguí rn entrando por la puerta, y vió
entonces, mezclados á los escalf.1dores avinagrados y A las cafeteras amenazadoras, salchichones
c~n patas, jamones con figuras de gnomos y gallmas extravagantes revoloteando por e! cuarto,
ya embroquetados y fritos.
Las cabezas de l11s liebres guisadas levantaban
los cuvérc~Jos de las caserolae; los picos de las
alondras puban; los purés, habas y guisantes
estall~ban y reventaban en burbujas en los platos brillantes; un ganso untado de grasa bailaba
co_n la rab_adilla arremangada, presto para la parrill11., y pichones escapados de las estufas fJrm:lban un cortejo de carne hervida á un con ..j, en
gibelota_, T~do eso era horroroso, y en aquel aparato culinario y f1rntástfoo Wilhem reconoció estupefacto, á la R~ina ?ifttritoroes.
'
Era ella: alta, impasible. acoraz·\ da de cobre
rojo, svanzando penosamente en su pesada faJJa
de campana, con la ci 1tura 11.prhionada en una
sopera. Era una criatura horrible, calva y p \!ida, que mostraba sobre su cráneo el desplit•gue
de una cola de pavo-real, adornado y preparado
para la mesa. Lo que se veía de su piel ei:taba dorado y tot1tado como el estóma.,.o dt! un
pavo, ! tenía por mano~ dos enorm:s patas
de galhna. Un collar de salchichas jugaba. so•
bre 1~ porcelima de su pt-cho, y dos monstruosas
morcillas pendían de su cintur11, á manera de
arracadas. En una mano tenía un ramillete de
puerros: de cebollas y zahanorias, y como verda•
dera rema de 111s marmitas bl,mdía con la otra
una enorme cucoara, que intr0ducía sin descanso en los puréi, en las salsas y las empanadas,
aumentando el terror del nifto. Pero lo que no
pudo soport~r, fué la mirada de la espect, a l mufleca, una mirada automática, esmaltada y sin vida, que se clavaba en él despiadadamente. L rnzó un gran grito y despertó á la luz de una lámp~ra Y una bujía; su madre, s11s hermanos y su
mfiera lo rodeaban; estaba confu50 y desconcertado; el pequei1o Wilhem había sido olvidadv en
su lecho.
JEAN LORRArn,

tom:-W

Año VI

Tomo IC

--- - - México, Oomin go 8 d e Octubre
- de

1

s99 _

Número 15

las::

A. DABVlLL&amp;

MANON
A. LYNCH.

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94413">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94415">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94416">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94417">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94418">
              <text>14</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94419">
              <text>Octubre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94420">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94437">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94414">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 14, Octubre 1</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94421">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94422">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94423">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94424">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94425">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94426">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94427">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94428">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94429">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94430">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94431">
                <text>1899-10-01</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94432">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94433">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94434">
                <text>2017550</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94435">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94436">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94438">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94439">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94440">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="362">
        <name>Catedral de México</name>
      </tag>
      <tag tagId="1454">
        <name>Crisis del transvaal</name>
      </tag>
      <tag tagId="1452">
        <name>Drama lírico</name>
      </tag>
      <tag tagId="1455">
        <name>Fedora</name>
      </tag>
      <tag tagId="1458">
        <name>Fiestas Patrias Guanajuato</name>
      </tag>
      <tag tagId="1457">
        <name>Palacio Municipal Porfirio Díaz</name>
      </tag>
      <tag tagId="1453">
        <name>Panteón de Dolores</name>
      </tag>
      <tag tagId="1456">
        <name>Primer Imperio</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3618" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2259">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3618/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._15._Octubre_8..ocr.pdf</src>
        <authentication>8ce65496d6a77abb05a0f026db1eaa4d</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117439">
                    <text>230

Domingo 1 ° de Octubre de 1899_

EL MUNDO.

EL SACRIFICIO.
Entonces la tierra temblaba ante el rey de 1
yes, Asurnazirpal. La gloria del mar y dt! la 08"6,
ña estaba sobre él, los espíritus del abismo
mando. Cuando los reyes del Occidente se le,'!-_ JI¡
ron contra él, los doblegó como los sauces sob~ •
pantanos. Los reyes del Oriente vinieron co ...,_
sol y los enganchó entre sus caballos.
n
Después aconteció que un jefe de Caldear
hombres contra el Estandarte del mundo y
sorpresa, la ciudad de ladrillos y betún de her~
murallas defendidas por put!rtas de bronce
-Los reyes de Siria y los nómades de los ~renal•
unieron al ruido de sus trompetas. Y marchaba •
diez ejércitos cuyos pasos hacían retemblar
nas y retroceder el firmamento.
•
Pero el rey de los reyes llamó á su&lt;, hombNS de
guerra. Llegaron por los ríos como numerosos calla,
verales y salier~n de las sel vas como leones. Estaban
preñados de od10 y rugían de coraje y marcharon 11
son de la trompeta á la ruina y la venganza. Loa
hombres de Caldea, los reyes de Siria y los oómadel
de los arenales se desplomaron como cisternas enrutn~; llen~ron la Mesopotania con su pavor. Murieron
veinte mil, cuyas manos fut!ron depositadas ante el
rey de los reyes con las armas de bronce los vasos
?ro y las piedras deslumbrantes. Desc~artlzaron
Jefe ?e los Caldeos y á los reyes de Siria les sacaroiil'
los OJOS y los engancbar:m á los carros de Nfolve.
El rey pensaba en su corazón: mi felicidad se
va en su plenitud; he puesto un límite á la montana
y un obstácu_lo al mar. Los hombres se rebelan pero
su fuerza, es impotente contra mi fuerza· he disipa?º á las naciones como rebaños; sus cóler~s 800 11emeJantes á la cólera del insecto contra la hornaza.
Se creía inaccesible al mal.
~ o volvió el Rey á Níoi ve sino después de dOI
primaveras. Cuando penetró en su g1ueceo vló ,
una doncella ta.o hermosa que solamente las d1om
podían serle comparadas. Estaba vestida C&lt;Jn tela&amp;
de oro y bisos venidos de T&lt;!bas. A su vista A11uroazirpa.l olvidó sus velorios y permaneció confundido de
gozo.
-¿Quién es esta que los dioses hicieron crecer para mi aeseo?
. --Es tu hija, rey semejante á los dioses, respon•
dieron sus servidores. Ld. dejaste pequeña y ha lllecido como una acacia..
Entonces se desesperó el rey porque era piadO&amp;O y
observaba los preceptos. Y en aquel tiempo los diuses de Asur consideraban como el mayor de 1011 cr[,
mene~ el comercio de un padre con su hija.
El rey hizo recitar oracion':!s en todos ws temploa
á fin de curarse de su mal, pero no cesaba de penl&amp;l'
en la belleza de su hija. Su corazón estaba lleno de
veneno, recorría Ja~ tinieblas con sm,piros de voluptuosidad y veía el mundo adornado cun la tela deoro
y los bisos. Sus qjos se hundieron en su rostro ftaco
como estrellas en un pozo, estaba. vestido de lnquie,
tud y atado de tristeza. Pensaba:
- Los pueblos me celebraban; era semejante á una
torre entre las cabaflas; mi w1rada era Ja fdeund&amp;ci_ón del país de Asur, mi palabra semejante á la llu•
v1a de la primavera., y todas las nacioot!t1se ri:1or:fao
de pavor al ruido de mis tropas de guerra. Y beaquf
que i.oy más miserable que la langosta cogida por el
gorrión, y estoy más triste que el leoparao mart.irl•
zado por las flechas, y des-:::lado como los campos don,
de esMn agotadat1 Jai; fuentes.
No obstante, su pena. se hacía insoportable; sintió
q~e no podía impedirse el tram,gredir los wanda·
wientos de Asur, si su hija permanecía viva sobre la
tierra. Entonces reunió á los sacerdtites y á lot1 jefell
guerreros y les dijo:
- Estoy enrermo de un mal extraño que los dioses
condenan. Mi corazón está lleno de uu deseo sl.1111·
mi tes; estoy necnizado por la belleza de mi hija, YDO
cen viene que vuestro señor haga lo que está pwh1bldo
en todos sus reinos. No tendré re¡&gt;oii0 bino 1111Cr1dc&amp;D•
do á mi hija, como se riega una planta de peratclóD,
Ordeno que se la conduzca el verdugo y que se Je cur•
te la cabt!za ante la asamblea.
La hija del rey llegó entre los sacerdotes Y los Jefes guerreros. ::;u belleza había aumentado co.no el
sol cuando sale de Jas nubes. Brillaba 1Jumo el broa•
ce fundido en el horno y ruodiáo p•Jr tos arteS11n08
del fuego. Estaba rodeada de su cabellera á tra\'éil
de la cual resplandecía su rostro· avanzaba mail! r,ran•
quila que los corderos al borde cte los ei.Laoquei1.
Asurnazirpal fué nacia ella y la estrt!cbó cunt,rl,
SN corazón. Sci sintió morir j unt,o á aquellos cab6!1Ull
s
de llama y aquellos oj1,s claros como ¡as rueoLeS 118
d
las , rocas. Péro la volYió á poner eu maoo:f ael 4
tema el puñd.l de la justicia y mando cortar 1allur
humana.
Mientras la cabeza ro iab1 á sus pies el rey de 1ol
reyes teofa el I ostro bailado de lágrimas Y 1us Jetel
de guerras decían á los sacerdotes:
¡1
.-En verdad Nuestro Señor ei, más grande por
piedad y la justicia, que por la ftterza de 1,u bf11ZO•

::.illli,.

La reina Maritornes era el terror de las nii1oe,
golosos y ladrones; reinaba en el granero donde
se maduraban, er.filadas, las manzanas y las peras, y en las vasijas donde se guarda el vino era
también el castigo de los borrachos y surgía inesperadamente de las barricas agujereadas fraudulentamente por el sirviente indelicado. Nadie la
había visto nunca pero se sabía que estaba pre·
sente y velaba en todas partes: estaba en las con•
serveras acariciadas por los ojos de los nifios hi•
pócritas y en la penumbra de los armarios de la
repostería; la cómoda ventruda donde las abuelas escondían sus cajas de mazapanes y sus bomboneras repletas de dulces, también estaba defendid~ por tlla, y quien i;e hubiera arriesgado á
abrir el mueble de las golosinas, habría encontrado á la Reina Maritornes teudida á lo largo en
un cajón.
Castigaba á los nii1os glotones que se enfermaban en la mesa y llevaba en los pliegues de su
vestido terrificas indigestiones; distribuía fiebres
y cólicos á todos los culpables, y todos los estómagos rebeldes eran suyos. Residía también en
las cocinas, emboscada á veces detrás de L:s
confiteros y las enormes caserolas de cobre donde en Otoi'io se cuece:: lentamente los guisos de
liebre, frecuentaba así mismo los sótanos obscuros, los fruteros embalsamados, olieutes á ni~pe•
ros, y la sombra de los montones de legumbres.
Tal como vivía, indistinta y vaga eil la imaginación de todos, su silueta obesa y ventruda pe•
saba como un malestar sobre la conciencia y el
estómago de los criados y los nii1os bribones.
Fué inmenso el terror del pequéflo Wilhem,
cuando, llevado de la mesa por haberse hartado
como un gastrónomo de tortas de ciruelas y crema de colt!s, se vió acostado en su camita, en su
recamara obscur,1 y soliraria, con un pril'cipio
de indigestión, solo, en 111 enorme recámara donde dormía con su niflera, completamente solo en
el tercer piso de aquella gran casa, mientras todo el mundo estllba abajo cenando.
Por bajar A donde estaban los otros criados,
su niiiera lo h~ b'a dejado sin luz y por ltA alta
ventana cuyas cortinas se habi11 descuidado correr, entraba 111 luna extendiendo en el suelo una
inmensa tela blanca y congelando en extraflas
actitu~e~ los contornos indeeisos de les objetos.
Y subitamente, en fl cuarto solitario gesticular~n perfiles desconocidos, primeramente, bajo el
v1dno del cuadro el pastel destell.ido de su padre. Allí con su co"bata de muselina, con la levita vientre de cierva abit'rta sobre la camisa
abullonada, mostraba, recto como una cu3todia
un austero y pálido rostro de antiguo magistrado. Repentinamente r,us cPjas se fruncieron y un
rel~mpago de legítima indi5 nac1ón encendió sus
pupilas.
El cólico torció entonces más implacablemenle al infortunado Wilhem que aterrorizado desvió vivamente los ojJs. C,iyeron después en un
sillón donde había un montón de vestidos equívocos; lentamente las piernas flC1jas de los pantalones se animaron, dos pies imprevistos salieron de
ellos, y mientras el busto se enderezaba en un
súbito imflamtnto de la chupa, dos brazos nerviosos se apretaban sobre un pecho escuAlido y
una siniestra cabezR. de viPj'.&gt; &amp;e rió en el silencio. ¡Qué rictus! Todas las teclas blancas del
clavicordio aparecieron E&gt;n la cara de rompenueces del estrambótico vejete.
Pero no filé más que una aparición. La recámara volvió A la sombra, y cuando Wilhem que
había escondido la cabeza bajo las sAbanas aventuró una mirada temerosa faera de su escondite,

no vió nada de anormal; todo había recobrado su
lugar acostumbrado, los objetos manchados de
claro ob,curo, se habían como borrado en la no•
elle y sólo le quedaba una ligera inquietud por
su jarra de agua puesta sobre el lavabo y extra:iiamente colocada enmedio de la jofaina como un
enorme sapo blanco.
··y el pequeflo Wilhem comenzó á respirar pero
su quietud no fué larga. Un ruido iuusitado lo
hizo estremecer. Subían la escalera, y oía pasos,
pasos como el ruido de un ejército en marcha.
Una multitud se amontonaba en las gradas; la
oía atropellarse en el descanso del segundo piso
y luego subir por la escalera del tercero. Seguramente venían á su cuarto.
~ en una gran ola de luz su puerta se abrió
brutalmente. No pu!]o ni lanzar un grito. Toda
la batería de cocina entraba tropezándose en el
umbral; había deslumbrantes caserolas de cobre
llenas hasta los bordes de arroz y de empanadas,
inmensos confiteros contoneándose pesadamente
sobre tres pies imprevistos; moldes de bizcochos
de Saboy11 y escalfadores de caras maléficas,
evidentemente mal iutencionadas, y teteras de
reflejas metálicos, y cafdteras con largos picos
insidiosos, de aire hostil. Tudo aquello hormigueaba, hervía y penetrabi en silencio á la recámara, arrastrándc,se como f rntasma en la tarima;
rodeaban su lecho y como una m ,rea muda su
bfan lentamente ct1yendo y subiendo después á
lo largo de sus ropas.
Baftado de sudor, l·Oo los ojos agundados por
el pavor, el nifio permanecía. mudo ante aqut!lla.
invasión aterradora. El cuarto estaba lleuo de
t?dos aquellos cobres y aquellos t!Rtaflos f intástICos que seguí rn entrando por la puerta, y vió
entonces, mezclados á los escalf.1dores avinagrados y A las cafeteras amenazadoras, salchichones
c~n patas, jamones con figuras de gnomos y gallmas extravagantes revoloteando por e! cuarto,
ya embroquetados y fritos.
Las cabezas de l11s liebres guisadas levantaban
los cuvérc~Jos de las caserolae; los picos de las
alondras puban; los purés, habas y guisantes
estall~ban y reventaban en burbujas en los platos brillantes; un ganso untado de grasa bailaba
co_n la rab_adilla arremangada, presto para la parrill11., y pichones escapados de las estufas fJrm:lban un cortejo de carne hervida á un con ..j, en
gibelota_, T~do eso era horroroso, y en aquel aparato culinario y f1rntástfoo Wilhem reconoció estupefacto, á la R~ina ?ifttritoroes.
'
Era ella: alta, impasible. acoraz·\ da de cobre
rojo, svanzando penosamente en su pesada faJJa
de campana, con la ci 1tura 11.prhionada en una
sopera. Era una criatura horrible, calva y p \!ida, que mostraba sobre su cráneo el desplit•gue
de una cola de pavo-real, adornado y preparado
para la mesa. Lo que se veía de su piel ei:taba dorado y tot1tado como el estóma.,.o dt! un
pavo, ! tenía por mano~ dos enorm:s patas
de galhna. Un collar de salchichas jugaba. so•
bre 1~ porcelima de su pt-cho, y dos monstruosas
morcillas pendían de su cintur11, á manera de
arracadas. En una mano tenía un ramillete de
puerros: de cebollas y zahanorias, y como verda•
dera rema de 111s marmitas bl,mdía con la otra
una enorme cucoara, que intr0ducía sin descanso en los puréi, en las salsas y las empanadas,
aumentando el terror del nifto. Pero lo que no
pudo soport~r, fué la mirada de la espect, a l mufleca, una mirada automática, esmaltada y sin vida, que se clavaba en él despiadadamente. L rnzó un gran grito y despertó á la luz de una lámp~ra Y una bujía; su madre, s11s hermanos y su
mfiera lo rodeaban; estaba confu50 y desconcertado; el pequei1o Wilhem había sido olvidadv en
su lecho.
JEAN LORRArn,

tom:-W

Año VI

Tomo IC

--- - - México, Oomin go 8 d e Octubre
- de

1

s99 _

Número 15

las::

A. DABVlLL&amp;

MANON
A. LYNCH.

�Domtn¡¡c 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

228

DirBctor: LIC. RAFAEL REYESSP!WDOLA.--------------------------------

Mientras, dejando el libro Yel sueño, ba:o ~~~~l/¡
ada escapatoria á los teatros1 mientras a ra
~i udad adormecida y fangosa bajo el capelo
mala lluvia al rededor de mi p~rag~as, d~~! de es•a
do en la realidad de mi sttuaci o. d osacunadas p~r
semana nu son otra cosa que mone as
n·
la mano del fastidio. ¿Qué bacerdenl est;e~~:, pa:~
mio? No es posible hablar ya e as

q::t:~~=

da~¡ placer por lo general, no deja buenas de s~
00
0 • ó 8 ¡ l~s deja, son tan débiles que, como
~ mPa de jabón, se deshacen en el viento. Es trág 11l

el :ecuerdo de Ja dicha gm.ada. La memor~~~;a~,
arca santa de las cosas tristes; de las que pe t os
de las que eternamente viven en casa con n7sc, r .
¿No os acordáis de las E11Zwul.a, del
¡Pobrecito! ;No os acordáis qué decla1

~•IIJU•

Suelen dejarme cuando sonriendo
Mis pobres esperanzas
Como enfermitas ya convalesclentes
Salen alegres
A la ventana.
Corridas buyen, pero vuelven luego,
y por la puerta !&amp;Isa
Entran trayendo ~omo nuevo huésped
Alguna triste
Livlda hermana.

nosamente. ¡Qué imbécil! No ha logrado arraoc9,rle
una sola molécula de fastidio.

*••

á~:t;~~~a

Para entretener las últimas velad~s del
hermosa seflortta, de exquisito y ar1r~i°crimprovlsad~
me pregunta, st en cualquier teatr o
d de
podrá ella co~ algunos compafieros ded¡uv~~J~~ en
alegría poner en escena vteJas come as
re
lugar d'e petlplezas Y esbozos dra~átlcos, con su ~pecti va música ligera del géneJ'O chioo. .
. so es
Pur supuesto que sf, encantadora criaturad e
loablt• ·Comedia final y no puedo menos e aco~darm~ d~ aquel Trianon, de aquel rinconcito _de teli cidad un poco tardía y rápida, do0:de una reJDa ~:
traje de batibta blanco, flch(~ de gasa y so~blero le•
paja, corría por los jardines, 1ba de la granJa áa tocherla llevaba á los Invitados á beber leche Y
mar h~evos frescos, obligaba al rey á dejar el br)Squ.e
en que leía, y á merendar sentado en )a bler~a, mi raba ordeí1ar las vacas, pescaba en edl llagboo, ~ b~~n ~
tada sobre el césped, descansaba e
r a
Y
malla, hilando en una rueca de aldeana..
.
Esa reina quiso hacer lo que usted, hada !nterroadora: divertir sus ocios con finas comedlas, y el
~ia 19 de Agosto de 1785 Marla Antonleta h izo de
Rosína el Conde de Artols, de Fígaro, M. de Vandreuil de Alma viva, el Duque de Guicbt, de Bartola,
y Mr. de Crensol, de Basilio.
.
r
El autor era un t11.l Beaumarcbats, un poeta bu lesco que adrede mojó las saetas de su sátira en e1
perf~mado veneno de una filosofía pesimista.
¡Oh, claro que será delicioso volverá ~ir en un ~atro de campo, una de esas viejas y clásicas ~medias
que rechazó el mal gusto y empolva el olvido.

sef

*••
Mientras la ópera llega nos quedamos con nuestra
fiel amante la zarz.uela. Es una mujer tentadon. E:i
nuestra más constante novJa. Nunca uos i:leja, por
más que, algunas veces-muy pocas por cle1 to-finjamos desdenarla.
¡
Napoleón Sien1 Sf' anuncia ya. Que no sea la próx ma temporada el Waterloo de este Napoleón.

Abrese á recibirlos la Infinita
Tiniebla de ml alma,

y van prendiendo en ella mis recuedas
Cual tristes cirios
.De cera pálida.
. Las fiestas de ayer? Bah! ;Quién piensa en el~t

F rieron unas coquE. tas que se nos acercaronbnos

e.

•••

!1

i

se

C'etalt de la chalr vive a veo dn granlt brut,
Une lomoblltté hute d'lnqulétude
Un é 1tt1ce ayaot un bruJt de multude,
'Oe&lt;i truus no1rs étollés par des faroucbes yeux,
D~s evolutlonsde lt'.roupes mn11J1trueux,
Devastes bas-rellefs, des f1':sques coloeeales... .._.,

Pero este enorme muro vivo, no tenia el aspecto t,Ji..
uico de ta visión de Hugo, era un muro q_ue 88 tapa.
ba. de la 110\'izna y del sol r.on dosclentob mil paraguu
sombrlilas y que á la menuda sombra de estosklCllimos de seda, llno ó encaje .que cernían la luz ó d•
untaban las to visibles agu¡as de hielo de lasr4111111
boreales, engullia concienzudamente seis mtllonee de
sandtoichs por hora y tragaba otros tantos millo.
es de bocks de cerveza que trablormada por los ftltnll
~enales debe haber formadv inn um erable&amp; t~ibu1ilrlos del H udson.
Todo eso que vivía turlosamente, con toda la gana
y la facultad de vivir de que es ca paz el hombre,•
concentró, se unimismó en un sólo gr tto, en un 16lo
hurra}¡, cuando pasó el viejo almirante descubierto ea
la opa del Ollmpla. ¡Qué espantosa mol.. ttal iQult!n
butlera sido éll Su dogo de las F ilipinas dormla6
sus pies ó fingía dormir; de cuando en cuando abda
un ojo húmedo y abur, ido. Los perro3 quieren mucho
á los hombres, pero desprecian secretamente, la ha.
manldad. ¡Ingratos! ¿No ha dicho un gran ttlóeofo
chino qae lo mejor que tiene el hombre es el perrot

•••

ron un beso, nos htcteron un juramento, y uyeron,
después; riendo y prometiéndonos volv~rÓ·
Ha cosas sertas y tristes que contar, pero 1a cr
otea ¡o debe ser una prédica nt Jas cláusulas de una
revista etfmera deben sonar á marcha fúnebre ó á
elegia.

En semanas así es cuando me he preguntado qué
es un cronista. y Jo be dtchu ya: una. con~ t a es un Triboulet. .En la vida mundana como
i n la corte del rey gala11tuonw, ba de llegar sonando
u corcoba cascabeleada, batlando su l?antomima
~laudicante Y grotesca, moviendo en un nctU-$ eterno
su cabeza de histrión ...... Lara, lara ..... ¿Qu~os
parece el bufón del rey, magnf!cos caballeros, neos
hombres cortesanas hermosas.
Viene á, sacudi r vuestro hastío, á. poner mo~~'i ~
improvisar chanzonetas, á rimar burlas. Cerf e.
está stem re de buen humor, porque para eso epaan. arl ue reparta la alegria, la inagot~ble ale:rta.'
mioantial tnexbausto de sus gracias. Tr:e
na 'inmensa provisión de canelones de pecheros, e.
;rcverblos plebeyo•, de chistes populares. La calle
es un arsenal.
De todo hablará, soplándose los dedos, Y acompad todo de su música exagerada y ridfcula.
na; 0º1e pidáis una buena ide9:, un cuento bello, una
fábula Ingeniosa. ¡Qulál No sirve para eso. No abre
. f,ol·o
nunca un u1
i , no sabe descifrar un manuscrito
sanscrlto.
D t d su
Ali! está el tlsico árabe que lo sabe. en ro e
birrete negro anida la Sabidurla.
Oh si el cronista tuera el poeta de la Corte'. .
~er¿ él no está obligado á. conocer la gaya c&amp;ena.a,
ni á entfar en lucha con los troveros.
D . dl l'ues que divierta con sus monstruosas
~!.i!'as co~ sus truhanerías regocijadas, porpan cuando~ enseria, u0 tantico siquiera, cuando
iu~ su jubón listado de rojo y amarillo, se ve batir
1:~~tral:la entusiasmada, cuando se le escapa po~ entre las junturas de la risa, algo de lo que tiene ~no cuando pasa junto á una mujer y se le oye etrr-' ué linda!; cuando levanta al cielo los ojos Y se
e 0· 1 ritar: ¡qué azul!¡ cuando se acuerda de un
le ~ Jnoro y rotundo y exclama: ¡qué soberbio! en::~ces el rey frunce el ceno, y la corte entera que
eceslta sacudir su hastío,
siente Irritada.
n _ Eb, Trtboulet, qué es eso? Baila Y ríe.•• •
y !Trtboulet pasa sonando sus cascabeles y bailando su danza claudicante.
La corte del rey galantwmw lo mira pasar desde•

cuares en torno de los kioskos, de las casucas, por el
lado d~ New-Jer~ey, el verde r,riunfa aún, en lu 11.
rombras de alto liso de la grama, peinada y cuidada
como un tapiz de casa de Vanderblldt ó de Astor. Al
pie del ribazo, como los dientes de un pei ne de glgan.
te, los docks; y los vapQres que por ellos ent ran y 11,.
Jen emborronadoi; de humo, que un poco más al1' 11
concreta en penacho ondulante y deja plntane ea
el crlstsl de la babia los gráciles perfiles del barco que
busca los canales del océano. Coronando la margea
del rlo, por el Jado de New York, la amplia calada
del RI verslde. acotada por un muro kilométrico de
palacios de quince pisos.
y ya me ttguro lo que serian los pal acios en cuyOI
tejados cornisas y aberturas rntlnltas borbollonaba
la gen~ y flameaba.u al fresco viento otoiial millonlli
de flámulas y gallardetes y banderas de todos IOI colores que de cuaudo en cuando, el sol salpicaba del111
con un g¿lpe de su brochó~ de oro. Y ya, me figuro lo
e serian los ribazos cua¡ados de multitud desde 111
~~laustradas de la avenida. hasta los mue1les. Eecll
muros humanos son como los que el poeta vió en
suenos:

u. s.

EL TRIUNFO DE DEWEY. Los
SE FESTEJA.NA SJ MISMOS.
2. EL nadie hace lo qm !JO hago EN LA NACION Y EN LOS
INDIVIDUOS; LOS RICOS EXCENTRlCOS.
3. APACIGUAMIENTO EN Fn.ANCIA. LA TRIPOLITANA,
AL ÜOURRIER DU ME:X.IQUE.
4. EL TRANSVAAL.

l. COSAS DE LOS

U. S.

1. Cuando hace un poco menos de_ veintidós siglos
el consul Dullius batió á los cartagrneses en Mylae,
sus compatriotas, llenos de entusiasta ~ratltud al
autor de una. victoria que convertía. á Roma en potencia marftima, le decretaron una columna rostral
en el foro con una inscri pelón votiva, y el prt vlleglo
de ser conducido á su casa por las noches, por flautistas y porta-antorchas. Por puro amor á su patria ~ebe de habe1 aceptado este tormento Dullius, pero JU•
ro que si al almirante Dewe,v quisiesen honrarlo del
mismo modo seria capaz de huir de su patria... y yo
también. Pase por Jo de la columna rost ral, que.de
seguro se alzará pronto en proporciones gigantascas
en el Central-Park ó en el arsenal de Brooktyn, pero
las ftautasl Oh\ no, eso nunca.
y, sin embargo, no pocas han de haber resonado
en el triunto del vencedor de Mantla. Los Esta.dos
Unidos, Nueva York, sobre todo, se pagan lujos in.
verosímiles por lo enormes, Ct1mo esta fiesta, muy
merecida por más que digan, en honor del viejo almirante; no sé en qué otra parte pueda lograrse pasar revista á una formidable escuadra en el corazón
de una ciudad, gracias al Hudson que, amplio y profundo, borda la isla en que ha crecido como Inmensa.
selva de fier ro, mármol y granJto la ciudad- Imperio.
Veo la decoración, los ribazos pardos del rfo, sembrados en Octubre de árboles de todos los colores y ma.
tices con que el verde huye hach las palideces enfermas del amarillo, del rosa¡ hacia la pó.rpura terrugi..
nosa como las manchas de sangre vieja, y el pardo quemado que dejan en las cortezas y las hojas
los besos de las primeras heladas; verde, ¿el verde ha
muertu? No; en derredor de los jardln~tes, en los es-

Inútil es decir que en este homenaje los neoyorklnos en particular, y la Unión en genera\ han querido disputar el campeonato de las fiestas trlunl&amp;IOI,
El imperialismo vencedor, que ayer era apenu u
desideratum y boy es una realidad tormtdable, ae ha
CP.lebrado á s[ mismo en la cabeza venerable de •
viejo Jobo de mar nacido de la mis ma cepa que lcll
Drapper (el capt•Jrador de Manila e~ 1762), losBodney, los Nelson y los .F'a.rragut, maguer el origen •
talán de éste.
ue4e11
El arán de hacer gala de poder lo que no p
otros es propio de la nación como h&gt; es de los 11111tuosi;lmos advenedizos que están hoy al trente de la
riqueza del mund•&gt; y que, ellos ó ~us padr~,
todavía hombres de pena y trabaJO material, pero
conquista de la fortuna es para nuestro'l prlm~ o
sport, la lucha por Ja vida tiene entre ellos,
ttvo de una carre ta d~ caballos ó de un com
púgiles al box.
d d
ente
Los ricos americanos, es decir, los ver a era~mt,.
ricos, no los que, como yo, solo tienen cuato óse•n•
lloneH de pesos,-ese como yo, pueden mis lecto res
pretarlo á su guisa-los arcblm lllonarl os, en • ~
cifran su ventura en bacer lo que ot ros
tener lo q,ue 00 tienen otros. Una de ast'ª1r •
Vanderblldt, por ejemplo, se ha hecho
plena .New York, un palacio en~ramen e ~ rohll
.Malmaison de la emperatriz Josefi na, á qule ,!'.,.
1111
devoción piadosa; otra. señora ha intentadoci ";CIII
quedarse atrás, reproducir en el lnterlor
(situada !rente ai Museo Metropolitano &lt; ó Park) el del palac\o de los duxes; todf
etano ó prehistórico, dice el autor de es 1 ~
pesco estas Intimidades; ali! hay aldabones
de la primera edad del fierro, pavi men~
musaica, que dice Berna! Dfaz, Y ent r~ º !sm iOI •
vieja encina ricamente tal1ada, a mpltos f ~
.,.
109
coradosde,papel rojo rameado de o~ol :1~ºb~ 'no brilllD
jones del artesonado brillan, ó me¡or
d° V ~
vetustísimas pinturas delosantecesor~to ~ojo et•
y Tlzlano y sobre la chimenea d';,,Vªºla el allO pi,
trato de un Dux .... pintado en - ra nc
sado.
nas m!IIC)llllllil,
Bien está; comprendo que los ape rctonant ll
se rodeen de cierta pacotllla, para propo to OOII ij
dulce Ilusión del lujo de arte, por su ~uesro
_.
4
que•tenga algún sello de buen gusto,,irtist!CIIOIII
nes pueden pagar verdaderas obras
si es lllO'
80
pren pacotilla, con tal que sea car:; ~lnero deClllt
1 en 11
mtnable. Uno de est,os señorones vefa
delante delcl814&gt;de Melssonler, que

~rana,:
"t:.'::

ºf 11aoe::.,_
r~s :~ ,1a

iCensn1
~r
\u ':';,,qaiea

)a ,_

ª .-.-

que

Domingo 8 de Octubre de 1899.

-coteea de un o de sus émulos: yo tengo un cuadro

•gual, enteramente igual á éste, pero de otro autor;
me costó se.qenta pesos en un remate, mientras que

EL MUNDO.

Y. la admirable cantatriz sufría un ataque de parállris que aun la tiene inmóvil y muda; también se congreg_aron inútilmente en casa de la dica los mejores
médicos de Europa: y como su pasión por la músi.
ca tomó proporciones extraordinarias1 su mMJdo
se dispuso á satisfacerla: era el único modo de a.liv!ar sus dolores. Un violinista de primer orden se
comprometió á tuerza de oro á no separarse de la casa y un dia que la paralítica puio hacer comprender
su deseo de escuchar Escla1-nHmde, la ópera de Massenet que había sido su principal triuuto, los mejo,
res artistas de la Academia :Nacional de música de
París, organizaron y representaron, en la sala de la
casa, t eniendo por público á la enferma y á su esposo1
la deseada ópera. Mr. TNry no se separó un instante de su triste y excéntrico hogar hasta que murió hace poco en plena juventud; Slbyl Sanderson ha quedado herida de muerte y viuda.

229
y que, muy á mi pesar, no quebrantaré, ni hoy siquiera.

-' Astor Je cuesta el suyo cien mil! Y leyendo esta
•
anecdotllla recordaba yo á aquel cónsul romaoo que,
••
-después de la destrucc:ón de Corinto, remltia á RoLos Ingleses han obtenido en su litigio con Venema algunos cuadros y estat~as de los maestros helezuela m~s de lo que pedian; el fallo de los árbitros
nos, previniendo á los soldados porteadores que, si
les ha sido, en suma, favorable, cegando para la repú,
dejaban perder 6 averiar aquellos ejemplare.~, harían
blica nuestra hermana una. !uentd de peUgrosísimos
-otros Iguales. Algunos ha.y entre estos cresos adveconflictos; todos bao ganado, pues. Ya. no queda más
nedizos, incapaces de distinguir sin guias la superioque marcar materialmente los límites. Pues si tan
ridad de un a pintura sobre una oleogratfa; son de Ja
buen viento sopla á .los brltanos en materia de arbimilma familia 1 diremos del mismo ganado, que altrajes ¿por qué no aceptan la proposición de Krliger,
.gano de nuestros.pudientes que paga, en sólo un maraunque sea haciendo Ja expresa res~rva de la cuesoo de una acuarela de ilustración, exactamente el
tión de soberanía? De veras que se los agradecerla el
precio de uno de esos delJciosos cuadritos de Ramos
mundo entero que va tomando en este asunto poco
.l[arth:iez, el maestro indiscutido de la acuarela en
más 6 menos la misma actitud que en el de Drey)lé1tco.
rus; aquí se trataba de un hombre, allí se trata de
Volviend o á las excentricidades de los reyes del
un pueblo: pero de un pueblo débil y pequeño y trabamlllóo en tierra yankee, NorvJns cuenta que la mlsmíjador que tiene sobre su cabeza por espada de Da.••
.stma duena del palacio veneciano, la Sra. Stuyvesant,
mocles á todo el imperio británico pendiente de un
•
i ~iah, en una fiesta nocturn1 de su casa balnearia de
Sólo be podido permitirme esta digresión porque cabello1 es decir, de una p,labra del Sr. Ministro
New-Port, bacía conducir los juguetes del cotillón el material Dreyf1l8, como lo había previsto, escasea Chamberlaín.
-que valían bastantes mlllares de pesos, por un e.s~ ·y~; la combinación del veredicto y del indulto han
Lo que los boers cllsputan es el derecho de mandar
no berrado de oro puro y guarnecido de piedras pre- apaciguado, el uno al a~to ejército y el otro á la pie- en su casa, lo que disputa Inglaterra. es el derecho de
·cJosas. Pero de estas tantasfas áureas, ninguna co- da.d pública; vale mfs así. El proceso de la viuda mandar en la agena¡ ya he cuestión de las tranq'limo Jade la esposa de W. K. Vanderblldt, á la cual su Henry contra Reinacb, la instancia dal proceso Zola cias electorales de los uitlanders (sobre ella. be con ver•
marido regaló un ani!Jo de boda oon un solitario galvanizarán, pero no darán vida á un muerto; asun- sado en otras revistas con mis lectores) parece pues.
-que valía cerca de cien mil pesos; estasenora1á quien to concluido. Lo interesante es examinar la prensa ta ~ un lado y de hecho_ el Raad, el congreso de Pre.sos amigos llaman por carh1o Birdie (Virginia Fair) de Francia los días siguientes del veredicto; los anti- toria, ha concedido todo Jo que el agente Milner exi,ee hizo construir, iba yo á decir edificar, un lecho
semitas que bao hec ho del energumenismo un eotllo jía. de Krüger en la conferencia de Bloemtonteln;
nupcial de oro macizo, decorado de sedas y blondas normal como Rocbetort y Drummoud, estallan en ahora se trata de que el Transvaal reconozca expre.auperlatl vamente caras; con el precio de los encajes selvas de aleluyas; si se pudieran comerá Dreytus, á samente su dependencia de la corona Imperial; hoy
-que llevaba en su enagua interior el día de la boda, pesar del régi::ien dietético á que ha estado por tan- esto, mafia.na la aceptación de un gobierno inglés eo
bab:la habido. dice un estadista neoyorklno, para ali- to tiempo sometido. lo harían, de seguro : es un caso Oraoge y otro eu el Transvaal y entonces todo el
mentar y vestir durante un ano á los niílos de todo bien caracterizado de canibalismo espontáneo. Los Sud-africano queda en manos de la chartered, de la
un block de casas. Esto es encantador; pero ¡all! mis
dreyfusistas rabian y muestran los p11íios á la Temis companfa organizada por Mr. Cecil Rbodes que, selectoras, poneos neuróticas de envidia al leer esta militar decorada con las dos colas encrespadas de ga- gún parece, no hace buenos 11egocios todavía.! No los
-otra estadistiqu11la; se trata del calzado de Miss to blanco constitutivas de los mostachos del coronel haría malos en la republlqullla holandesa en donde
13rooks-hoy casada: doce pares de zapatos de paseo, Jouaust. Entre estos dos grupos de fratricidas, está. no escasean ni los diamantes ni el oro ¡y este es el
-4 la moda inglesa, suela doble y puntas (?) cuadra- la Francia ilustrada y du efia de sí misma que se ba tondo del pastel! Por desgracia va á ser este un uoldas, oCbo de botines franceses, seis para el golf ó el inclinado sin reserva~ ante el fallo y ha proclamado au..11e11t de carne humana.
El llamamiento de los holandeses de Ilolaoja á los
-tenms,.cuatro para patinar, ocbo pares de zapatillas la necesidad humanitaria del Indulto; y es de ver co.
finas de soiré.e, de seda, bordada:; de perlas con hebi- mo estos periódicos, p. e. e· Journal des Débats y la sentimientos cristianos Je los gobernantes imperiales
llas de piedras del Rbin 1 acero y plata; ocho pares Revue des Dtux Mon.&lt;W;, que bao mostrado tanta se- t:s patético: &lt;Nosotros, dice, neerlandeses1 vinculados
de cabritilla para las recepciones, conciertos y five renidad é Independencia en sus juiclos insinúa.o la á vosotros por un origen común, por las tradiciones y
•o'd.otks y doce de eatin color de rosa, verde Ni1o, oro generosidad y la j usticla de la gracia,1 que la teroz la analogía del desenvolvimiento histórico, por la seviejo, turquesa enterma, bordadas de crisantemos prensa antl-semi{;a a.tribuyó al dominio qut: ejercen mejanza de costumbres é instituciones, orgullosos con
este parentesco, somos osados á deciros: no cometáis
'iS acianos y salpicadas de ametistas, esmeraldas y los dreyfusistas sobre el Presidente Loubet.
robles; pero lo que nadie poseia, y esto es lo intereYa puesto á un lado, por fortuna, el atormentado una espantosa injusticia con la república sud-a!rJllllte, era un par de botines de cabritilla del Cabo de la Isla del Diablo y d.e vuelto á sus hijos y á la es- cana, vástago de nuestra cepa-germánica, con ese
-que su bían hasta las rod!Ua, en donde los cerraba una posa admirable en quien se han encarnado las cuali- pueblo débil por su número y fuerte por sus ,·trbebllla de diamantes.
dad es más nobles de la Francia !emenina, el asunto tudes.&gt; Y acaba así esta deprecación. &lt;03 pedimos
En estos dlas tiene locos á los riquísimos y, so- puede entrar en un período puramente especulativo esto, no sólo porque de otro modo sólo puede resultar
bre todo, á sus mujeres, la conquista del record y científico; ya no hay que ilustrar á los jueces, pa- la violencia, la efusión de sangre, el rratricldio, sidelos sepulcros, ¿quién tendrá el mejor mausoleo? só la hora de los alegatos. Ahora hay que apelar á no también porque el derecho seria profanado y man.
Hasta principios de este aílo se llevaba la palma el la posteridad mejor Informada, pero hay que infor- ciJJado el renombre britá.nico .... &gt; Cien mil firmas
·aenador Ciark de Montana, el rey del cobre; sólo el marla; sobre el veredicto del consejo. de guerra nada al pié de este documento.
¡Hum! No sé por qué se me figura que esta clase
frontón del templo es una pieza de grani.to que pesa hay en el orden judicial; en el orden moral queda el
-cerca de tr~inta y cinco toneladas; costará. más de Jaudo SU'Jremo de la historia. Ya no se trata de la de argumentos tan IJellos desde el punto de vista modoscientos mil pesos este caplcho digno de la reina justJcia, ·se trata de Ja verdad, y después de leer la ral, han encontrado muy poco eco en los oídos ingleArtemisa. Y la pasión de los sepulcros no está ecli p- requisitoria de Carrlere y la plaidoirie admirable de ses; el interés, el business, endurece endiabladamen.'81da, por la de los sombreros y los zapatos, sólo quiserenidad y de juicio de Demange, se comprende que te el tfmpano1 y es causa de sordera nacional¡ Mr.
zás la de los perros le hacen parangón. Extasiadas es- la última palabra de la razón no está dicha. todavía; Cbamberlaln anda enfermo de eso desde hace tiempo.
taban las lindas mises de la Unión, cuando les conta• la paz está hecha, la luz no. Para mí sí, pero no SP. ¡Y lo duras que son estas enfermedades de los ofdos!
ron los periódicos que una de las millonarias más trata de mi, se trata de los que sinceramente han Ciertos doctores las creen Incurables.
Entretanto, el viejo patriarca del Transvaal, diri,ma,t de Baltimore, la Sri ta. Horwitz, en la ceremCJ- creído crlruinal á un desgraciado. Tengo fe profunda
nta nupcial se acercó al altar llevando apretado conen que ese momento no tardará en llegar; cuando ba- giéndose á sus bravos pastores bíblicos, en vez de
tra su corpiílo de seda á su fox-t.e:rrier Jock coronado ya caldo el poi voy se haya desvanecido el humo del hondas armados de m.ausers, clama á ,Jflhveb, y lo llama en su auxillo y en él contía: Domine in aditUoriuni
de crisantemos blancos.
comba.te.
meum intende .... Francamente conmueve esto; pero
Una senora mexicana me decía en New-York: no
ay! también invocaban á Dios los pobres dervJses de
-quisiera para mis hijos mujeres americanas, porque
•••
Ondurnam, &lt;¡ue se erguían con tos brazos abiertos badeliran por el lujo y gastan mucho; en cambio, sí deCon el título de grove rumo1· públicó el Courl'íer du J/e,
,_, maridos americanos para mis hijas1 no 1os hay xique un telegrama rererenteá la próxima ocupación de jo sus alquiceles blancos, y caían por mmares y mimejores. Cierto¡pero hasta en eso pretenden, los que la 'l'rJpolitana por las tropas trancesas. Con razón llares perforados y desbaratados por las dum-dum,,!
El estado de ánimo de estos europeos africanos que
pueden, hacer singularidades; hasta en la. mantfesta- llamó grave á la noticia; no podía serlo más como que
han
vhido retraldos en sus 111.nadas pasta.les desde
1
-eión del afecto. Vayan dos casos: entérmase la sefio- sería la guerra. Jamás la generosa é lmprudentt:
hace tanto tlem!)o, reproduce exactamente el de los
'11 Wblt ney, una de las más bellas mujeres de New1
Francia habría cometido imprudencia de mayor ta.
York, de América por lo tanto; su marido abandona mano. La invasión de la Tripolitana equivaldría si- campesinos del s glo XVI que se reunían en derredor
de Munzer y morían sin quedar uno, cantando los
'1118 negocios, se instala á su cabecera, reune en demultáneamente á la protesta armada de Turquía,
rredor de la. paciente á los mejores médicos de los que e~ la. nación soberana en las comarcas líbir.as, y versicuios de la Biblia, ó el de los hugonotes de DuEstados Unldos 1 y uno de ellos es contratado para esa protesta sería resueltamente apoyada por Ingla~ plessis- Mornay, que penetraban en las batallas ento•
dedicarse exclusiva mente á la en terma, abandonando terra y por ItaUa, de modo que Ja conversión de la nando el salmo de Lutero. ¡Ob! grande alma del gran
viejo Gladstone, ¿por qué no eres hoy el alma de tu
'IU cltentela. Otro médico se consagró á vigilar los
triple-allt:i,nza en una alianza qufntuple por la adhe- patria1
alimentos que un chef traído de Parls á precio de oro sión de los ingleses y los turcos, tal sería f'l afecto
debla prepa rar; el mejor jardinero de la ciudad lué instantáneo de semejante insensatez. Si ha costado
-empleado en escojer y disponer ias flores que, de mi- tanto sacrificio de 1encor y amor propio á los Italia.
·llares enviadas de todas partes, debfan otrecerse to• nos vol ver á su concordia tradicional con Francia,
dulas maf'.i anas á la ente, ma¡ un literato de nota se después de la toma de posesión de Túnez, ¿qué In-encargó de la correspondencia de la joven senora y mensa explosión de coraje acompallaría á la ocupade leerle diariamente algo de sus autores favoritos ción de Trípoli, tan tenazmente codiciada por Itai\cntles serían ?). En este oficio tuvo por colaborador lia? No creemos, pues, en la noticia; no es posible.
propio Mr. Wbloney, que tomó para ello lecciones
Y aquí me permitirán mis amables lectores una
-de dicción y declamación de un actor de gran crédi- simple
nota á propósito del Courn·e1·: nuest ro entendiEl descarrilamiento ocurrido hace poco en Ja línea
to. Mdslcos y cantantes de ambos sexos, como dicen do y cortés amigo el Sefior director de este aiarlo
loe &amp;nuncios de conciertos escolares, regiamente pa- trancés atacó muy vehementemente un fragmento de del c~ntral. cerca de Apaseo, ba sido entre los tris-lldoe, esperaban las órdenes de la doliente, tarde y mi última revista sobre el asunto Drey!us, reprodu, ter. acontecimientos de estos últimos días, uno de
DOChe, para sattsracer sus caprichos .filarmónicos. cldo por el lmparcial; bien se conocía en el a.taque los qne más comenta el pó.1,llco. Por tal razón nos Ji.
,¡Qué tal? no es este el marido m111onario Ideal? No que su autor no había leído todo mi artículo. No por mi tamos á publicar las tres lotogral!as que tomó un
-M yo que ent re mis palsanos haya uno de estos ejem- tal ta de. deseo, ni de deferencia, sino porque no soy artista de la Photo Supply Co. que venia como pasaplares.
jero en el tren descarrilado. Como quiera que los gramás que periodista ocasional en sólo este periódico y
Pues hay otro caso y este si por extremo slmpátl- y en este sitio, mientras torna á ocuparlo el aprecia- badoq que publicó &lt;El Imparcial&gt; pudieran parecer
por más que tengan bien mar-:'; sabido es que la hermosisl ma y lamosa Slbyl San- ble escritor encargado de él, me es imposible, con- apuntts fantásticos,
1
en«Jn Re casó hace poco con Actonlo T erry , joven vertir esta revista en sección de pnlémtrR, y i:idemA~, cado el sello del or ginal rotográHco, las ilustracion, a
'C&amp;pltalt•ta !ormtd,bie. No acabab• la luna de miel quebrantaría así u11 propósito que we he lwpuestu, qne ha~• damos establecen la autenticidad de la. in·
tormacióu dt! uue~tros diari os.

. . . J ~ J ~.

Un descarrilamirnto en 1~ línea del F. c. Central.

�Domingo 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

230

Domingo 8 de Octubre de 1899.

FEDORA.
Los músicos de la viPja escuela
y de la antigua chapa, los partidarios del gargarismo lítico y dd
clownismo vocal, se han queda&lt;!o boquiabiertos, estuptfactos á
la audición de la «Fedora;» con
un poco más de instruccióv clásica, hubieran exclamado: Delen•
da est Cartago! Q,uosque tandem
ab1..ite1·e . ... ! Quam 1·empublicam
habemus! Uno de ellos meneaba
la cabeza con desaliento profundo y sorrla desesperación.
«Dan ganas, decía, de preguntar, parodiando al payo del cuento, ¿dónde está la música? Esto
no es ópera, sgregaba, es un rompecabezas: he ahí un ruido monótono á veces, ensordecedor
otras, ¿dónde están las arias, loe
concertantes, los grandes finales?
¿en qué momento cantan los
personajes? Yo no veo ni oigo
cantos, modulaciones, trinos, sino actores dramáticos que rugen, ahullan, declaman acompaftados de u na orquesta de energúmenos ó de hipnotizados, se•
gún el caso. Ese Homer o dormita á menudo, pero suele roncar
desagradablemente. Ve usted salir un montón de personajes y espera usted un coro ar monioso,
mesurado, original como el del
Silencio de Norma, ó bien sonor o
y retumbante como el de los gitanos del «Trovador,» y nada ...
aquellos personajes no cantan ni
hacen conjunto. A poco, el tenor
se queda á solas con la soprano;
se prepara usted á oír e1 dúo de
amor, la pieza de resistencia del
banquete, con su andante, su alle•
gro y su coda, como Dios manda, y tampoco. . . . Los dos personajes hablan, se arr ebatan la
palabra, gritan; en la orquesta
atrapa usted fragmentos incompletos de melodías truncas, salta usted del compasillo al seis p01·
ocho, del adagio al p1·esto, del pianissimo al fo1·ti simo, y aquel par de badulaques no se arrullan
ni tortolean, ni replica al dolcissimo de él, el dol·
cissimo de ella, y luego dan un grito y caen en
los brazos el uno del otro. Eso no tiene sentido
común; y que con ese fárrago llore el público,
y que esa monserga arranque aplausos y promueva entusiasmos y ovucionesl Los dioses se
van, y primero que nadie, Euterpe; yo hago

UN CAMPESINO RECIBE LA ORDEN DE ALISTARSE
PARA LA GUERRA,

lo mismo y no me vuelven ni á ver el polvo!»
Para quie'l siente la música sólo con el timpa•
no, para quien se sirve de ella como de un rasca
oídos, para quien la reputa golosina y no ambrosía, cosquilleo y no pasión, nada más natural que
opinar y que juzgar así: iba en busca de pastillas, y le sirven acíbar, y se exalta y protesta de
que le hayan amargado la fiesta.
Pero felizmente para la música hay, y cada
día abundan más. a-entes que la siente:: con el
alma y que la analiz11n y jnzgan con el espíritu;

tortura porqu~ sus personajes sufren, atruena
porqu_e las pasiones estallan;· hace gritar, llorar
Y rugir porque sólo con lágrimas, gritos y alaridos pueden e~presarse tan intensas pasiones.
En suma, G1ordano no es un músico para baile~; esos hay que buscarlos en el género chico·
G1ordano es un dramatista lírico y su «Fedora~
es una creación admirable del nuevo género por
lo verdadera, por lo apasionada, por lo complexa y por lo adecuada.
Y cuando quiere, y las circunstancias lo exigen, sabe ser_ e~oiritual y ligero como en las coplas de du S ITl€Ux, elegante y fácil como en el
vals del ~cto segundo, pintoresco é idílico como
e_n las primeras escenas del tercero, melódico y
tl~rno como e~ )a romanza de Loris. En suma,
G10rdano I?amfiesta suficiente flexibilidad para
haber escrito «Lucía de Lamermoor:» el arte le
agradecerá siempre que baya preferido escribir
la «Fedura. »
DR. M. FLORES.

P.ABLO KRUGER.
Presidente de la Reptl blica del Transvaal.

SIR ALFREDO MILNER,
Gobernador de la Colonia del Cabo.

as~sino Y su ven1ranza viene á recaer sobre Valer1ano, Y_sobre la madre de su amado Loris; éste la maldice y ella lo sathface dándose la muerte.
_¿Cabe en este torbellino otra música que Ja de
G~ordano; es posible oue «Fedora » gorgée, qne
acabe :y redondee rns frases, que viertan miel
sus labios? ¿No; en Suiza misma el idilio amororn
es ~mar_go para los dos amantes, la -:!na asaltada
de mqu~etude1 y de remordimientos, fugitivo y
perse~mdo el otro y 11cosado de temores y de d¿lor? S1 todo es complexo, atropellado, tumultuoso, deforme, en las almas y en los sucesos todo
debe serlo en la música que los pinta y que Íos in•
terpreta.
Por _eso ~l público que no lleva ideas preconc?~1das sient_e y llora y aplaude; percibe que
el mus1co se b~ impregnado del medie&gt;, d el alma
de los personaJes. de las peripecias del drama·

'

j

ENVIO DE CABALLOS Y MULAS PARA SERVICIO DE TRANSPORTE

EL REGIMIENTO DEL REY SE J:MBAROA EN EL CABO
P ARA EL NATAL,

231

F edora ~s una muje~ ~oderna y en calidad de
tal, complicada y cas1 mcomprensible· de alt
m1;1ndo y de _alta ilustración ; por ser ;slava e~
oriental, a_pas1?na~a y ardient e; por ser aristócrata es histérica, imperiosa, turbulenta; por viu•
da conoce to?a la vida y toda la pasión. Su alma es movediza
y brillante cómo el Océano, pro
.
f und a y pel 1grosa como él. Loris es también unl\
Fedor a del sexo fuerte, el diplomático es un
.
h
·
es
e épt1~0, . a visto tanto, vivido tanto, gozado tanto é .·rn.tngadol tanto! No hay almas simple S, DI·
sent1m1entos .e ementales,
ni amores pastorile8 1 DI·
l
escenas patriarca es con person11jes de esa índo- ·
le. Y luego el drama tremendo en que va1...
vueltos
: Vladimiro
.
'd . asesinado·, Fedora, su en
ar
d1ente promet1 a Jura consBgrar su fortun» '
d
t
á
ª•
bU
v1 a en era vePgarlo y las consagra en efecto·
de pronto se rasgc1. el velo, Vladimiro, víctim~
apar ente, resulta
. d. d ser traidor é infame•, Lori·s ver
d ugo_d esp1a a o, es un noble vengador de FU
propia ho~ra. Fedora ante tales revelaciones
am/l. á Lons, pero ya lo ha denunciado e orno ,

LA CRISIS DEL TRANSVA.AL.
que no le piden sensaciones, sino
emociones; que no la quierf'!n artificiosa, sino real, y á quienes
en circunstancias dadas, agrad~
más una enarmonía qu e un acor•
de perfecto, é impresiona mAa
hondamente un recitativo que
una melodía. Y esta preferencia
no es estragamiento del g usto
ni decadentismo lírico, ni degene~
1·escencia, es un f.:nó meno natural, lógico, inevitable y evolutivo del arte, y especialmente del
drama lírico. Ya hemos ex plicado por qué, y ahora vamos á
aplicar á casos concretos la ley
estética que informa el drama lírico.
Tomemos como punto de partida «La Soná mbula .» Esa nilia
es cándida, sencilla, tierna, no
ha oído al rededor suyo sino
cantos de aves y mormullos de
bosques; su.a pasiones son patriarcales y pastoriles, sabe llorar y sabe sonreír; pero en la
dulce tranquilidad de los campos y en el curso tranquilo de su
vida, no ha aprendido á gritar,
ni á rugir, ni á declamar; su
amante es como ella, y como ella
ha vivido; patriarcales, benévolos y dulces el seftor del lugar,
los campesinos confidentes y amigos. ¿Qué género de músicl\ conviene á la descripción de ese
medio, á la pintura de esos personajes, á la expresión de sus
sentimientos y emociones? Puea
esa música debe ser simple, CO•
mo son simples aquellas almas;
esencialmente melódica, como
lo es toda una música padtoril,
profundamente tierna como loa
sentimientos en acción. Lo mismo en «Linda de Chamounix •
er.. «Dinorah.» y la intuición de
los autores se ha acomodado á
esas fundamentales condiciones,
y por haberse adaptado á ellas~
se han podido escribir esas deliciosa s comedia.
líricas.
Pero ccando se trata del drama, cuando ae van
á pintar pasiones de otro orden, pe..,.sonajes de
otra categoría, espíritus complexos, agitados por
p%iones contrapuestas, en lucha consigo ~ismoa
y con el medio que los rodea, la música simple,
puramente melódica, resulta disparatada, á tanto
equivale como poner versos de Lamartine en boci de Otello ó églogas de Fray Luis en labios de
Lady Macbetb.

.EL MUNDO.

..

EN EL NATAL•
OFióIALE5 Y MILITARES DE LA REPUBLIC.A. DEL TR.A.NSV.A.A.L.

MARTIN TH. STE IN,
Presidente lle! Estado Libre de Orange.

�.

.1/

)(

r~~ -~ . ,. ~ ' :

~
r

.

..

.-;- :••z .

•~,

t

l

'

. .
.;,: ~

.

.
.

--

1 ~~~~::.:::

l ~-- -· ~ .·
Casa del Sr. Ui·quirrga.

Fachada de la uacumda
Tr
•
de Guadalupe.

----·--

.

-

'\

/

'

1

;.

~~~~

;

' 1

r,
,

-\-

-

\¡\

;~---

-=

,,---

-.s-·

'" -=-==-

_ _,

~- f
::::::._

.

v,J'' .

1~

I

___...-'

\,

"-. - - - - ~

_

1••n•

~-1t
---~
~
.. -----~

*

; ; : -_,. """é

&lt;

Capilla de la Hacienda de Guad(llupe.

-~

:Jí.

~,

-"' _/ _¿(A

"'-

~

'

~

- ,/

Casa del 81•, Castillo.

'.Lb-rreón rle ent1·ada á l a uacienda
rr .
de Guad
del Sr. Don Jos-Jv d·'o 1'1&gt;rP.c:a.alupe, p1·opiedad
1

1

-~ -....... ..
s.

·,

'-:-_

-:::.-,

=-=--s-

-~

~..-o:a,__

-~
~
• -=="

-::::::=::=.

\,,

\

~

..
La Casa Colo1·ada, p1·,x'1!iedad d ,, Don Ftrnando de mLlresa.

Casa del Sr. Ollys.

Casa de la Sra Segum.

Casa del Sr. Payró.

,!

.

�234

EL MUNDO.

CAMPINAS

Domingo 8 de Octubre de 1899.

Domingo 8 de Octubre de 1891!

DE lYIE X:ICO

235

EL MUNDO.

---

DESCARRILAMIENTO DEL F.

u. CENTRAL-EL TREN DESPUES DE LA. CATASTROFE.
(Véase la pág. 229).

7
;ct·
'

"

~}(

- ~·

~

~

~~,.
- '- "'""!t::
,ti# •

~

p ,-LA LOCO:lfOTORA QUE REMOLCABA AL TREN VOLCADO.

revela claramente la luminosa doctrina de Comte y
la alta competencia del exposit:ir que la aplica á casos concretos, La gran capacidad del Dr. Coogreve
para tratar los intrincados problemas de la política
internacional, no ha sido debidamente apreciada por
el público en general á causa del punto da vista en ,
que siempre se colocó y que no es con el que se ba1aga ni á los políticos ni á las multitudes: la subordinaci6n &lt;le la política á la moral.

De los opúsculos políticos del Dr. Cong;eve, el primero publicado en 1856, se refiere á examinar el problema de la posesión de Gibraltar por los ingleses.
Notable es desde todos los puntos de vista el folleto,
en él reclama su au~or como sabia medida poiitica la
devolución del Peñón á España. Con este trabajo
inauguró el Dr. Congreve su larga y gloriosa carrera
de publicista; inspirado por Augusto Comte, dicbo
trabajo mereció su deseada y preciada aprobaciún.
Cuando tuvimos en Londres la satisfacción de conocer y de tratar al Dr. Congreve, nos ex;&gt;resó su ardiente deseo de que fuese conoc~do por el público español su folleto s@bre Gibraltar. De regreso en nuestra patria un inteligente joven ingeniero nos ofreció
su concurso y efectuó la tradución en la que colaboró
el Dr. Congreve con la interpretación de un pasaje
en griego. Causas agenas á nuestros propósitos y á.
nues~ra voluntad han retardado la publicación castellana de Gibr'.Lltar.
,
E l nombre del Dr. Congreve será uno de los má.:1
notables en la historia del movimiento posit!vista de
Inglaterra; su recuerdo vivirá 1,iempre en los discípulos de Augus1'-&gt; Comte. Pertenece el Dr. Congreve

El Dr. Ricardo Congreve.

~;:m;lo

1-Puente~de San'Antonio.
2-R ·
la Casa Qolorada en San .Angel.

ri~~;nade caS~~e Je rj/l.an Ange3l•-Presa
de la huerta '1o,l Convento del Carmen.
4-Pabellórl,_ _de
7-El Panteón.
8-Presa de la Haciend(I. de la Concepcwn.

d lC
t dl C
JJvi:r°me~.

11

El 5 de Julio último pasó á la existencia del recuerdo en Hampstead (Inglaterra), el Dr. Congreve,
uno de los primeros y de los más distinguidos discípulos de Augusto Comte. Nació en Leamington
Hastings, condado d~ Warwick, el 4 de Septiembre
de 1818, y de los ochenta años diez meses que vivió,
más de la mitad fueron por él consagrados con incomparable constancia á la difusión de la Religión de
la Humanidad. Después de haberse edut.:ado en Rugby bajo la dirección del célebre Dr. Arnold, ingresó á
Oxford, Wadham College; en Oxford se distinguió
como estudiante, y en 1840 figuraba entre los primeros de sus camaradas. Su antiguo colegio de Rugby
reconcciéndole méritos, lo nombró uno de sus colaboradores y acudió al nombramiento como maestro ayuJante. Volvió otra vez á Oxford, hacia el año de 1850,
Yhallándo1,e en la vieja y justamente célebre Umversidad, tuvo conocimiento de la existencia de la
doctrina positiva; en un viaje que efectuó por el Continente compró en París las obras de Comte, y tuvo
la dicha de conocerle personalmente y de tratarle allá
por el año de 1852. En Oxtord conoció el Dr. Congreve, hacia mediados del siglo, á los distinguidos estud~antes E. Spencer Beesly, J. H. Bridges y Freden c Harrison; la buena amistad que unió entonces
á los cuatro, fué altamente benéfica ~ara las ideas de
Augusto Comte; los jóvenes escolares abrazaron las
ideas positivas, y boy son los tres escritores, ingleses
distinguidísimoi;, y entusiastas é inteligentes paladines del positivismo en su patria. Pasado algún
tiempo d~ su iniciación en la nueva síntesis, el Dr.
CongrevE&gt;, á fin de consagrarse á su propagación,
abandonó á Oxford y comenzó sus estudios médicos
para completar su educación é instrucción, en King's
College Hospital, alcanzando el grado de miembro
del Real Colegio de Médicos.
Una vez pru1 bto de los medios necesarios para su

~E:.
~-......

....

~

,._

'!!I""'
r-',
~

~·

'.f?

EL CARRO DE EQUIPAJES Y CORREOS VOLCADO EN UNA ZA.NJA.
difícil apostolado, se dedicó á propagar la Religión de á la legión de los que forman «la edad de oro de la'! rela Humanidad, ya por medio de notables dii,cursos, ligiones&gt; según la bella frase de Renan, pues adoptó
ya valiéndose de instructivos y sugestivos opúsculos la idea positiva en la obscura época en que ignorado
ó ya, en fin, en la conversación familiar en la q11e do- el Posit ivismo, era realmente meritorio abrazarlo, y
minaba su estilo persuasivo. Dos voluminosos tomos sacrificando los éxitos inmediatos y los c,ropeles de
cou algunas de las obras del Dr. Congreve se han pu- la vida, con perseverancia y abnegación consagró toblicado, otro tomo también· vol umi noso p0drá. for- dos sus esfuerzos á vivir para los demás.
marse con las no reunidas. De los t rabajos del Dr.
AGUSTIN ARAGON.
Congreve, aquellos que llaman más la atención son
los que se contraen á. cuestiones políticas. En ellos se

�Domingo 8 de Octubre de l o99.

EL MUNDO.

236

BERE,NIOE DE, JUDEf\.
I
Nos cuenta el buen Suetonio que Tito, apellidado más tarde las delicias del Género humano,
fué al principio un personaje bastante malvado.
Prometía ser un profesional imperial á la manera
de los Tiberios, los Nerones y los Vitelios. Era
cruel, vvluptuoso y glotón. Hacía venir curiosidades de boca de las extremidades del mundo ba•
bitable, de los abismoi;: de todos los mares del
Asia, de la Libia y del Océano de los atlantes.
Se rodeaba de hermosos eun11eos 1 de esclavas voluptuosas, de ef,ibos de formas armoniosas y de
bailarinas hábiles en representar lt1.s delicias variadas del himeneo y en despertar los sentidos
adormecidos por el licor de Dionysos. Le gustaba hacer morir á sus enemigos ó á los que creía
tales, ó sencillamente á los que le eran desagrada bles.
Parecía destinado á resucitar aquellas fiestas esquisitas en que los hombres vestidos con pieles de leopardo y
de jabalí eran arrojados á los perros
de Tesalia, al resplandor de los con: {,:
denados untados de betún y de nafta
y transformados en vibrantes antorti
chas.
Esta concepción bastó al principio á
Tito, principalmente cuando no era
más que el lugarteniente de su padre.
Pero la historia nos dice vagamente
que entrevió al fin que no sería muy
dichoso oyendo los lamentos de sus
víctimas y temiendo eternamente el
cuchillo de los asesinos. Prefirió satisfacciones más tranquils.s.

que se cerraba sobre su cuerpo, sembrado de esmeraldas y de ónices. Permanecía inmóvil, exasperada de encontrarse entre hombres ébrios y de
sentir su belleza inútil.
Dijo en voz alta en la lengua de su país:
-¿Quién es aquel que moriría por un beso de
la reina Berenice, como se cuenta que murieron
por Cleopatra de Egipto?
A estas palabras, Lucio Flavio, personaje con•
sular, levantó la cabeza. Todo su cuerpo se estremeció sacudido por un gran frío. Era el único
que tenía el espíritu y el estómago libres en el
festín y se deleitaba viendo á Berenice. Pero como estaba oculto tras las tapicerías, nv lo había
apercibido la Reina Berenice.

~II

Era de noche.
Berenice hacía caer sus vestidos y su cabelle-

IV

II
Una noche, Tito y sus compafteros
estaban embrutecidos por la orgía. Habían comido de todo lo que producen
[
loo archipiélagos, las llanuras líbicas
,.
y los bosques célticos. Flores ardientes y perfumes raros disimulaban el
/
olor humano de la fiesta. Las esclavas
no podían animar ya á los convidados cansados
de vino y de caricias. Pero se continuaba comiendo hígados de mustelas y escaros, rubios muertos en el garum, lenguas de ruiseftores, salmue•
ras mezcladas con nieve y todos los frutos encantados de Sicilia, de Iberia y de Cartago.
Berenice de Judea estaba canstda, Yacía recostada sobre plumas de cisne y de avestruz, y
desde hacía largo tiempo n0 tocaba ni los vinos
ni los platos puestos sobre la mesa de citr a, con
embutidos de concha de tortuga, lámiaas de
plata y marfil de Mauritania.
Se sabe que Berenice era la fav:orita de Tito.
Ejercía esta princesa profundo dominio sobre el
joven .á.ugusto y se esperaba que la hiciera su
esposa. Poseía el secreto de las voluptuosidades
orientales, un cuerpo milagroso construido para
las hermosas actitudes y los bailes, ojos grandes
y suaves que podían expresar todos los sentimientos y la boca admirable con que había esclavizado César á Cleopatra.
Escuchaba distraídamente á tres esclavas que
imitabau la voz de los ruiseftores por medio de
callas húmedas.
Aquellas voces la transportaban á los jardines
de su país á las colinas de olivos, de vides y de
terebintos: cerca de los bosques aromáticos y de
las fuentes brotadas de las rocas, Veía sus cielos
implacables, sus crepúsculos rápidos y sus sec11.s
montaftas perfiladas sobre el horizonte resplandecientr..
Sabía que la vida es triste, árida y solitaria,
En el fondo de su memoria reaparecían esas breves horas eu las que se ha tenido la ilusión de las
cosas. Casi todas pertenecen á la ü:fa.ncia y su
recuerdo es obscuro como el goce mismo que han
dado,
Oía Berenice el aleteo de un en~uefto queno debía realizarse nunca y que había leido en tres
versículos del Cántico de Schelomo.
Sus pupilas profundas moraban ante ella; una
sonrisa confusa vagaba en su rostro pintado de
rosa, y brillaban su~ Is.bias . crueles y voluptuosos, La cubría un rico vestido de tela de plata

Los ojos de la reina no se apartaban de loa de
Lucio, Le gustaba aquella flama devoradora,
aquel amor acre como los perfllmes de su país.
-Lucio,-le dijo,-aun es tiempo de arrepen.
tirte de tus palabras. N adíe te ha visto entrar A
esta alcoba. Si no quieres morir, retírate.
Al pronunciar estas palabras, palpitaban aua
senos; tanto era el miedo de que el Romano le
arrebatase su suefto.
Pero él, altivo, respondió:
-No me arrepiento de mis palabras; eambio
mi vida por un solo beso tuyo, reina Bereniee.
Ella le contestó tiernamente:
-Porque en verdad, Lucio, no podrías vivir,
No conviene que un hombre guarde semejante
secreto.
Lucio alzó las espaldas ligeramente.
Ella sintió una voluntad profunda como el abia,
mo y el amor de cien siglos resumido■
en un solo hombre; miraba á Flavio
con · una especie de veneración y casi
de humildad, pero no olvidaba su pro•
mesa.
Fué suavemente á cerrar la puert11 y volvió sonriente á apoyar sua
roanos en los hombros del Consular,
Le dijo en voz baja:
-Tendrás más que el beso de la
reina Berenice, tu alma ha penetrado
en mí, estoy enferma del mal de tu
amor.
Y lo arrastró como la leona arrastra al león.

ra á la luz de pequeñas !Amparas de Siria, cuya
llama era clara y suave. Miraba su imagen en un
espejo de plata con la tristeza de su belleza inútil. Tito d,;rmía y la hija. de los reyes de Judá
tenía un corazón orgulloso. Desdeilaba las caricias ancilares y no quería comprometerse con los
hombres que la rodeaban.
Se hizo quitar por sus esclavas el polvo de su
rostro y de sus párpados, se lavó en agua perfu.
mada de jazmín. y quedó aún más bella que cuando estaba adornada, con su cuerpo fresco envuelto en una túnica de lino y en la noche fluente de
su cabellera. Despidió á sus esclavas.
Entonces, tendida sobre un vellocino negro,
pasó sus manos por su cuerpo y se dijo á sí
misma:
-¿Quién es aquel que moriría por un beso de
la reina Berenicei&gt;
Se levantaron las tapicerías y apareció un rostro moreno y lleno de energía:
-Lucio Flavio quiere morir por un beso de la
reina Berenice.
La reina quedó rígida de pavor. Pero se serenó oroato. Min, b 1 con arrobo al hombre que la
hacía semejante á Cleopatra.
- ¿Es posible, dijo, que quenis dar vuestra
juventud que es tan b&lt;illa y vuestras esperanzas
que soo tan g.andes po~ un baso de mi boca?
Lucio respondió:
-0, pongo por encima de la juventud y la esperanza. He sentidó mil veces el soplo de la
muerte en las bat1:11las y sé que siempre está próxima, ¿No es preforible que escoji mi hora? No
encontraría otra más bella.
Sus ojos contemplaban á Berenice. La suave
luz de las lámpar11s siriis mostraba todas las armonías de la joven oriental, su rostro, donde se
mezclaban en ritmo Pxtrafto la ternura ingenua,
la curiosidad insaciable y el instinto duro de las
hiJas del sol.
Lucio había nacido para adorar aquella bellez \, má; antigua y má;, profonda que la belleza
latina ó griega. Conocía todo su encanto por haber vivido eu la B.1bilonia y en la B.1ctriana.

Aunque fuese ya de día, no habfa
en la alcoba obscura otra claridad que
la de las lámparas. La reina de Judea
contemplaba cariilosamente el rostro
de Lucio Flavio dormido. Apenas ha•
bían pasado algunas horas y ya aquella cabeza le era más cara que toda
persona viva. Parecíale duro conaa•
grarla á la muerte, pero su alma orien•
tal nutrida de principios seculares ne imaginaba
que Lucio plldiese vivir. Tenía ademAs en el
fondo el ejemplo de Cleopatra, como un soldado
heroico la historia de los Mucios Scévol11, de loa
Dejanvias y de los Leónidas,
Lo despertó suavemente.
Lucio se volvió hacia ella con una sonrisa de
gratitud y de gozo.
-¡Ah! murmuró: ¿es verdad que se ha cumpll•
do mi deseo? Bendita seas, reina de Judea.
-Te amo, Lucio, y te lloraré eternamente,
respondió ella.
Después siguió un gran silencio. Afuera se levantaba la maftana, y los dos comprendieron que
había sonado la hora.
Lucio dijo con indiferencia:
-Estoy dispuesto.
Entonces Berenice abrió lentamente la puerta
y llamó á sus esclavas:
- ¡Socorro! Daovel, Abij!\, Mical.
.
Acudieron las mujeres y los eunucos. La onen•
tal dijo con voz clara:
-Este hombre ha penetrado en mi alcoba Y no
conviene que vuelva á ver la luz del día.
Los esclavos se apoderaron de Flavio y le ata•
ron los braz )S. Desoué, lo arrastraron hacia loa
departamentos de Tito.
El príncipe, que había dormido bien, estaba dt
buen humor. Hizo comparecerá Berenice Y oyó
los detalles de la. 11ventura, Supo que la reina ha•
bfa encontrado á Flavio oculto en su alcoba,
Flavio declaró. Dijo sencillamente que se había ocultado en el atrium y que al amanecer,
confiado en el sueño de los esclavos, hábla pene•
trado en la cám11r11 de la reina.
Esta historia que no podía excitar 11us celos,
interesó á Tito. Rel!ordaba que Lucio l!"'Javlo ha•
bía seguido fielmen~e á Vespaciano y que él Du
podía menos que a 111 bar sus servicios. Tuvo una
de esas crisis de clemencia que debían hacerlo
célebre después.
-Lucio, le dijo, tu crimen es grande y merece
la muerte, pero quizá has sido víctima deun diOI
cruel. Quiero proporcionarte la ocasión de rep•

Domingo 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

rar la injuria que has hecho á la reina Berenice
y A tu emperador. Partirás para el país de los
Cattas que se han revelado y tomarás el manio
de las legiones y permanecerás alli hasta el día.
que crea que puedas volver á Roma.
Esta sentencia llenó el corazón del Consular de
gratitud nacia el Augusto y se pro ..ternó ante él
pero al levc1.ntarse se encontró con la mirada de
li&amp; reina.
Aquella mirada estaba triste, llena de desdén
y de desilusión,

J'

¡
¡Jl
\\

l ,,

,\

1=~
}

V

Berenice estaba hundida en un suefto melaneólico. Con los cabellos esparcidos permanecía
sentada sobre las pieles de animales y las telas
de seda, y veía por intervalos la belleza de su
cuerpo y el encanto de su rostro en el gran espe
jo de Neapolis.
Las tenues lámparas sirias alumbraban el lecho adornado de plata, de nácares, de púrpuras
y esmaltes. Había pocas figuras y ningún simuJaero de dioses, porque Berenice era fiel, si no á
las creencias, al menos á las repulsiones de su
raza. U na poca de mirra ardía en una cazoleta,
Pensaba la reina de Judea en la última noche,
Su cuerpo se estremecía, su alma se turbaba, Pero el disgusto amargo de la esperanza perdida
hacia odioso aquel recuerdo y execrab~e aquella
- turbación. Ber,mice se sentía humillada en su potencia y ee decía con de;iesperación:
-¿Qué filtro poseía, pues, la reina Cleopatra?
¿Por qué los hombres morían por ella? GSeria
acaso más bella que yo?
Después continuaba:
-Pero Lucio quería morir y hubiera muerto
aiu quejarse. ¿No hubieran aceptado el perdón
los amantes de Cleopatra? Perecieron ¡)orque la
necesidad los obligó á ello. Puedo creer que alguien ha marchado al suplicio por un beso de
mi boea.
Pero tales razones no podían satisfacerla. La
aventura parecía. un cuento y no podía siquiera
creer en la voluntad de Lucio.
Apartó de despecho su túnica. Se habría dicho
que todos los divinos escultores habían coopera•
do para modelarla. Unía la elegancia de la Ana•
diomena á las formas firmes y finas de las diosa&amp;
del agua y de las selvas. Su cadera era amplia
y robusta y Bin embargo ondulaba ligeramente;
sus piés pequeflos parecían poder conducirla tan
velozmente como los de un efebo hábil en la carrera.
La pequeflez de su boca era tentadora y no
era ni muy suave ni muy tierna la curva de sus
mejillas.
Se contempló largamente, y sus ojos se llenaron de asombro.
Sin duda Cleopatra era más hermosa, dijo, y
se puso á pensar en Lucio.
Vió su rostro moreno acercarse á ella con los
ojos llenos de amor y d" muerte, y no pudiendo
rechazar la duda murmuró con voz languidecida.
-¿Querrías verdaderamente morir, Lucio Flavio?
Como la víspera las tapicerías de púrpura se
levantaron; apareció el Consular con su barba
corta y sus ojos resueltos y dijo lleno de dulzura:
- Lucio Flavio quiere verdaderamente morir,
Reina Berenice, y no ha aceptado la gracia del
Emperador,
Sintió la reina que una vida abundante y orgullosa llenaba sus venas. Sus ojos resplandecie•
ron. :No podía cansarse de mirará Lucio. Se concebía igual y tal vez superior á Cleopatra porque
é;ite volvía á la muerte después de haber sido
salvado.
Repetía las palabras del Cántico:
...He buscado durante la noche al que ama mi
corazón,»
Y agregaba muy bajo:
-Lo he buscad 1 y lo he encontrado.
Y volvió el alba como el día anterior, pero
Flavio y Berenice nu se habían dormido.
Lucio habló.
~Ha llegado la hora, reina Berenice. Ni tú
puedes llamar á tus esclavas ni yo comparecer
ante el Emperador. Sería una irrisión, También
es peligroso huír. Sólo la muerte parece natural;
vuelve la cabeza si no quieres ver mi r.gonía.
1.A Ella se arrojó sobre él pero luego retrocedió
OM1Sta el muro ocultáddoee los ojos.

237

,,,

/-

- l - --/--.

~

·, .

.

,
/~

Lucio tomó un estilo de acero azul que llevaba escondido en su pretexta, hirió sin vacilación
porquo est11ba ejercitado y se dejó expirar dulcemente sobre los toisones y las púrpuras.
Berenice al principio temió volver la ·cabeza.
Había oído una caída sorda, un gran suspiro,
después el silencio, y se apoyabá enelmurotem•
blorosa.
Al fin haciendo un esfuerzo se volvió. Vió á
Lucio Flavio tendido sobre el suelo con el rostro
ya inmóvil, La belleza de la muerte comenzaba
á derramarse en él.
Entonces sed ,avaneció todo temor en el corazón de la reina, se arrodilló junto al cuerpo bien
amado y unió largamente sus labios á los labios
aun tibios del Consular.
Jamás ninguna ternura, ningún goce, ningún
dolor habían llenado hasta aque. punto su ser.
Repetía con arrobo mezclado de espanto:
-Al fíu soy semejante á Cleopatra, reina de
César y de Marco Antonio.
La hora avanzaba, Berenice con los ojos lle,
nos de lágrimas dió un último beso A Lucio é hizo venir á sus esclavas.
J, SOLDANELLE,

LA BARBERA.
-Francamente,mnchacha, tienes una mano maravillosa. En mi vida me habían afeitado con
tanta ligereza.
-Pues el afeitar á su eminencia no es tan fácil
como parece. En mi vida he encontudo una barba tan difícil.
-Sí, es muy áspera y recia, y, sin embargo no
me has cortado ni una sola vez.
-Porque soy una barbera única en su clase,
-Te daré un di,:&gt;loma con mi sello cardenalicio.
-Mif gracias, seftor.
Acto continuo, la barbera volvió á enjabonar
el rostro del cardenal.
-¿Te has vuelto loca?-dijo éste-¿Qué vas á
haceri&gt;
·
-Hay que repasar la barba de su eminencia
para hacerle los honores que le corresponden,
-Cuidado, muchacha. Creo que me adula~, y
has de saber que no me gusta cierto género de
lisonjas.
-Si fuese yo aduladora no habría dicho á su
eminencia que su barba no es fácil de afeitar.
-Tienes razón. Haz, pue&amp;, á mi barba los honores que quieras, y veremos qué es lo que aún
tiene que afoitar tu admirable navaja.
-Mucho más de lo que su eminencia puede suponer.
y la b1:1rbera volvió á pasear su navaja por el
rostro del cardenal.
-Eres única en el género.
-Y hoy más que nunc'I., puesto que se realiza
el suefto dorado de mi existencia.
- ¿Qué quieres decir con eso?
-¿No se a:merda su eminencia de haber hecho quemar vivos á unos hechiceros de Santa Ma·
ría de los Angeles, en la provincia de Alicante?
-He mandado á la hoguera á tantos hechiceros, que no me es posible recordar lo qa.e me dices.
-Mo refiero á unos gitanos ....
-También han sucumbido muchos en la hoguera.

-Aludo á una familia cempuesta de once personas.
-¿Qué significa eso ante el número infinito de
herejes cuyas almas ha purificado el fuego? ¿Y
qué relación hay entre su muerte y el sueno dorado de tu existencia?
-El día que su eminencia hizo quemar vivas
á las once personas &lt;:le qu.. hablo, tenía yo cinco
aftos. Hoy tengo dieciocho. Pues biE,n, durante
los trece aftos que noa separan de aquel terrible
día he a!imentario mi corazón con 111, esperanza
de que habría d_e llegar el momento en que pudiera hacer la bar ha á su eminencia.
- ¡Con qué suavidad me afeitas mientras vas
hablando!
-Su eminencia no comprende la alegría inmensa que, como buena católica. experimento al
ser la barbera titular del gran inquisidor que ha
hecho perecer en la hoguera á tantos herejes y
hechic~ros
-¿Y estás segura de que serás al fin mi barbera titular?
--Su eminencia es demasiado justo para negarme semejante privilegio,· después de la brillante
prueba que estoy haciendo. Pásese su eminencia
la mano por el rostro y dígame si no está tan liso
como la cara de una doncell8. ¿Quién podría hacer A su eminencia la barba de una manera tan
primorosa cvmo yo?
-¡Nadie, nadie!. . . . Tienes razón, y desde
luego quedas combrada, como deseas, mi barbera titular.
-¡Dios sea loado! ..... .
El cardenal, al pasarse la mano por la barba,
encontró un pelo áspero y solitario 4ue le había
dejado la barbera.
-¿Qné es esto? ¿Por qué me has dej ,do este
pelo?
-Temía hacer dafto á su eminencia al afeitárselo. Es un pelo cuya raíz es muy profunda; tan
profunda, que llega hai;ta el corazón,
-Decididamente estás local
- Nada de eso; por más que su eminencia opine lo contrario.
-Te advierto que si tu razón no está firme, te
retiro el título de barbera que acabo de conferirte.
-Crea su eminencia que no lo seré por mut'lho
tiempo. ¡Lo juro por Santa María de los Angeles!
-¿Por qué lo dices? ¿Porque estoy viejo y no
est&gt;1 lejana mi mu~rte?
-Eotá más cerca de lo que su eminencia puede sospechar.
-¿Qué quieres decir con eso? Habla, dL .. ,
La barbera blandió su navaja, cuyo filo había
aguzado con la palma de la mano y dijo al cardenal:
-¿Tiene empeflo su eminencia en que le efci•
te ese pelo cuya raíz es tan profunda, tan profunda -íUe llega basta el corazón?
-Sí, tengo empefto en ello, pues quiero que mi
piel quede tan limpia como la tuya.
-Y como mi conciencia también,
La barbera besó la hoja de su navaja, y luego
con voz grave y gutural exclam5:
- Hace trece ailos que en Santa María de los
Angeles, en la provincia de Alicante, fueron quemados vivos por orden de su eminencia once gitanos considerados como hechiceros, Eran mi
padre, mi madre, mis hermanos, mis hermanas y
mi primo José, que más tarde debía ser mi esposo.
Y mientras el gran inquisidor la contemplaba
lleno de terror, inmóvil ante las mágicas miradas con que le tenía petrificado, la barbera le
degolló de un solo tajo, amplio, profundo y lento, murmurando once veces:
-¡Aménl
JUAN RICHEPIN,

PARA ENTONCES.

Humilde, aislada, triste y escondida,
así quiero mi tumba, oíd mi canto;
que sea como mi vida:
humilde, aislada, triste y eecondida
y como ella, mojada por el llanto,
MIGUEL E, PEREYRA.

��</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94441">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94443">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94444">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94445">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94446">
              <text>15</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94447">
              <text>Octubre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94448">
              <text>8</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94465">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94442">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 15, Octubre 8</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94449">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94450">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94451">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94452">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94453">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94454">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94455">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94456">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94457">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94458">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94459">
                <text>1899-10-08</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94460">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94461">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94462">
                <text>2017551</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94463">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94464">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94466">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94467">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94468">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1463">
        <name>Berenice de Judea</name>
      </tag>
      <tag tagId="1461">
        <name>Campiñas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1454">
        <name>Crisis del transvaal</name>
      </tag>
      <tag tagId="1459">
        <name>Descarrilamiento F.C. Central</name>
      </tag>
      <tag tagId="1455">
        <name>Fedora</name>
      </tag>
      <tag tagId="1464">
        <name>La barbera</name>
      </tag>
      <tag tagId="1462">
        <name>Ricardo Congreve</name>
      </tag>
      <tag tagId="1460">
        <name>San Ángel</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3619" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2260">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3619/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._16._Octubre_15..ocr.pdf</src>
        <authentication>19fb1d3634d175da43959138bccbbea6</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117440">
                    <text>�240

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Por fin llegaron las tardes de Otoño con sus brumas de rosa y sus crepúsculos de cristal, con sus paisaje!l dorados y melancólicos y su aire fresco y transparente que trae el acre perfume de las hojas secas
y de las flores moribundas.
Son divinas estas tardes de Octubre en cuyos horizontes hace el sol incoucebibles juegos de luz. Sobre
la seda azul de las montañas, pringada de gemas
chispeantes encórvase el acero luminoso de los cielos sobre el 'cual se deslíen las nubes en diáfanas y
caprichosas rantasias. Y abajo, en los llanos y en las
campiñas, tiende la claridad su red sutil y deslumbradora, clavada á la tie1ra, aquí y allá, por largos Y
frágiles dardos de sol. Es este un Otoño nuestro, matizado y lleno de savia, en el que la naturalez~ se ve
más hermosa que en primavera, como una muJer de
veinte años, embellecida por el amor y por el_ deseo,
es más hermosa que la niña de formas angéllcas que
ni sabe aún ataviarse ni conoce la alegría de vivir.
En otras partes, el Otoño es áureo y rojizo, de un
tono uniforme y seco, que no es otra cosa q?e la
transformación rápida del verde muerto. La tierra
no tiene jugo ya; está fría, y en vano los árboles la
cubren con hojas para de vol verle el calor. T• :rlo el
día cae por lus S!nderos y los surcos, una lluvia d•!
alas amarillas que el viento se entretiene en arra11car de las obscu ras ramazones.
En nuestro Otoño, el ve1de no muere; sP. enferma
nada más, palidece, toma un suave tinte flavo y lívido que es de uua infinita variedad de campo á campo,
de tronco á tronco, y de rama á rama. No es el oro
viejo, monótono y sin brillo, _el que cubre )a arena
gris de los caminos y que man posea en los aires y los
llena· es la esmeralda jugosa, bañada en luz de plata,
con dulces reflejos de sangre anémica ó matices de
púrpur,1, desteñida. La tier,a t iene savia; sólo que
está perezosa y soñolienta, y qu iere dormir un poco
porque como el sol la ba acariciado tanto, se siente
camacla ele clar jlr&gt;re.~, de la misma manera que una
amantP. que se fc1tiga de dar besos ....

•

Los diarios de información se ban entretenido durante la semana en pormenorizar dos sucesos, no originales, ni extraños siquiera; pero &amp;í inte~esantes: el
proceso de unos ladrones de cincuent~ m il pe_sos,. y
la aprehensión de otros, que, con hábiles comb10ac10nes, engañaron á un rico español para robarle algunos miles.
.
Estas n'Jticias serían de una aburridora Insignificancia, si en ellas no apareciera el tipo del heroe novelesco de folletín, hecho con un poco de Rocambule
y otro poco de Conde de Montecristo. Hablo del ladrón de levita, del misterioso personaje que se presenta en sociedad con los aparatosos modales de un
actor, de un galán joven, que vi.;te con elegancia,
come y b~be con es plendidez, sabe bailar boston, y
babia del honor como de un ideal ya conquistado y
seguro.
En las sociedades exquisitamente civilizadas se
presenta este caballero con bastante frecuencia y sus
proezas hayan en ellas campo libre y rico. La vida
de estos hombres debe de ser interesante y curiosa
por extremo; debe de estar compuesta de escenas y
episodios jocoserios, como las memorias de Casanova, con un gran fondo de filosofía callejera, pervertida y amarga, en cuyo vulgar pesimismo no palpitará otra cosa que una gran sed de placer y un sensualismo encanallado y brutal. La educación les
ofrece poderosos recursos para llevar á cabo sus fe chorías; y la moda y la urbanidad ponen á su disposición agradable.s disfraces para ocultar sus intenciones y malevolencias. Son hábiles prestigitadores, comediantes de buena escuela, y andan por esos mundos, urdiendo planes y fraguando acechanzas entre el
estruendo de una orgía inacabable, ccmo si la sociedad fuera para ellos lo que para los rom'l.nos de Petronio, fué la casa de Trimalción.
No era común entre nosotros este peligroso embaucador. Nmstro era y henchía las cárceles el tipo del
ladrón miserable que, por las noches, en las calles solitarias, burtaba, puñal en mano, y echaba á correr
con el reloj y la bolsa á su lejano escondite, á su tenebrosa Corte de los Milagros. Nuestro era el haraposo, el hambriento, el vagabundo, que, ignorante y
estúpido, arrebataba á la existencia, para poder vivir, lo que ella no le daba de buen grad~. Pero este
malhechor era fácil de conocer, y la policía lo atrapaba con facilidad entre sus mil y tres tentáculos.
Mas al ladrón refinado, al elegante, al que flanea
por el houleval'd del brazo de lo~ amigos aristócratas,
al que asiste á teatros y clubs, Juega al bacarat, va

EL MUNDO.
en carruaje al paseo, galantea á las perdidas de m~da,
y desafía á los que se atreven á poner en tela de Juicio su nobleza, á ese autor de estafas y eng&amp;i'ilfas, á
ese flamante Plcolet, no le veíamos apa~e~er sino de
cuando en cuando, en los anales del presid10.
Hoy, quizá por primera vez, nos damos cuent3: de
que nos invadió l&amp;. plaga y d~ que la propiedad tiene
un nuevo enemigo, más terrible que el pobre ratero
que va entre la multitud, avispado y audaz, buscando la punta de un pañuelo que extraer, y que el legendario salteador de caminos, que antaño, iba por escarpaduras y ve_.ricuetos, e;1-poniend? la vida, en persecución de algun convoy imaginario.

** *

El ~eatro Nacional, durante nueve ó diez meses_d~l
año, es una jaula abandonada; una jaula, muy v1eJa
y grande que acaba de abrir sus puertas á una buena
bandada de aves que vienen de los antiguos bosques
en que soñaba Mignon.
Por la página que boy publica el Semanario, se
comprenderá que la belleza es la nota dominante en
ia compaiíía de Sien!.
Primero, veamosá las artista&amp;. ¿Verdad que son
bellas? Ahora; silencio, vamos á escucharlas .. • •

La vanidad y la muerte.
Dicen que la vanid?u sobrerive al hombre, que lo
acosa y persigue wás allá d~ la vida y más allá de la
tumba; que el in&amp;tinto de la ostent,acióo, del atavío,
del lujo, que la sed de llamar la atención y d~ producir impresión no tiene por límites los mezqmnos y
estrechos de la bu mana existencia y que perdura y
sub!!iste cuando el último soplo se ha disipado.
En vida, el hombre quiere ser visto, distinguido,
a,dmirado; anhela fijar la pupila del público y atraer
la mirada de la posteridad. Pasar inadvertido es el
más cruel de los tormentos y la más dolorosa de las
desgracias; brillar, figurar, oir vibrar su nombre en
las múltiples trompas de la fama; despertar, y si posible es, acaparar la simpatía, la atención, la. admiración de l1Js demás hombres parece ser la dicha suprema, el éxtasis sublimi&gt;.
Por dejar de ser nadie ó uiw ele tantos, no hay empresa que el hombre no acometa, ni aventura que no
emprenda, ni peligro que no afronte, ni catástrofe' á
que no se exponga. Lo que los capitanes llaman gloria, los poetas f 1.1,ma, los ¿stadistas prestigio, los financieros renombre no son sino formas de la humana. vanidad.
No bay guerrero que no pretenda ofuscar á Alejan.
dro ó á Napoleón, ni a rtista que no aspire á hacer olvidar á Miguel Angel, ó á Leonardo; ni financiero
que no llnhele desbancar á Vanderbilt ó á Gould.
Desde el fondo de su buhardilla el último de los·poetas
sueña con los lauros de Homero y desde el fondo de
su tonel todos los Diógenes envidian á todos los Aristóteles.
Una pasión tan intensa no puede menos de extraviarse, cegarse y ofuscarse á menudo, y si hay quien
vincule la. vanidad en el talento, en la virtud, en el
beroismo útil, en el sacrificio necesario, en el trabajo
fructuoso y en larlquezalegítima, no faltan quienes la
finquen en fll vicio, en el crimen, en la extravagancia. Diógenes aspira á singularizarse y á brillar más
por sus andrajos y su cinismo que por la pro.undidad
de su filosofía; Byron estima en más sus escándalos
que sus poemas y aspira antes á ser D. Juan que á escribir su epopeya. Erostrato, no teniendo de que
echar mano, se bace incendiario para pasar á la posteridad y lo consigue.
Otros, de un género más inofeDRivo, se arruinan
por gastar lujo ó se dejan crecer uua barba monument.al, como único título á la admiración, y los bay que
comen en cuclillas ó d::ermen en su ataúd como se dice de Sarab Bernardt. E l medio es lo de menos, el fin
principal es no pasar inadvertido.
Entre los vanidosos del género inofensivo figuran
los que están poseídos de la vanidad del sepulcro. La
magestuosa columnata y la cúpula arrogante bajo la
cual Uonba su viudez Art,emisa; las mostruosas pirámirles que guardan los restos de los reyes egipcios;
los templos interminables en que duermen su último
suti'io los príncipes indous, son monumentos desmesurados de la desn::esurada vanidad humana. Felipe
II se construye como tumba t0do un escorial; los reyes de Francia no quieren menos que la basílica de
S:i.int Denis para abrigar sus restos; la abadía de
Westminster parece pequeña á los monarcas y grandes hombres ingleses; Napoleón I miraba el Panteón
con la restricción mental de que le sirviera de sepulcro y tuvo que contentarse con los Inválidos.
En menor escala los modernos sabemos construir
suntuosos mausoleos para abrigar nulidades; eu el

Domingo 15 de Octubre de 1899.

Domingo 15 de Octubre de 1699.
Pére Lacbaise, en París, hay un monumento llamad&lt;&gt;
el pilón ele azúcar, rl val de la torre d ' Eiffel y que ca.
si ni se sabe de quién es; en el famcso cementerio deGénova bay un sepulcro, con estátua en p ié admirablemente cil;1celada y pedestal armonivso y elegante,
todo de mármol de Garrara y suscrito por grandes.
maestros. Es de una recaudera que vtvió en la más
sórdida miseria, que se privó de todo, que no disfrutó de nada, que sisó en el peso y la medida de sus.
legumbres y economizó sueldo á sueldo los ciento y
tantos mil francos que destinó en vida para levantarsu propio monumeuto. Este sacrificio de la vida para construir la casa de la muerte es un colmo en su
género y no conocemos nada más extravagante. Las
cenizas de la recaudera deben de estremecerse de
alegría en su sepulcro cada vez que el viajero-en los
cementerios parece no haber otra cosa-al leer la
inscripción que narra la proeza, la califica de pura y
simplemente imbécil.
.
Ver esto los americanos y picarse aljuego fué todo
uno ¡cómo! la libre América que ba levant ado el Capitolio, que construye á diario portaviandas de veinte y treinta pisos para alojará sus compañías de seguros, que ha fabricado los mataderos y graneros d&amp;
Cbicago con elevadores Atlas capaces de levantar al
mundo entero á un quinto piso, batía de dejar á la
vieja y decad!)nte Europa, á la India vé_dica, á la España medioeval, al Egipto de las setecientas mil dinastías la gloria de poseer los monumentos sepulcrales más vastos, más pesados, más feos y más costosos
ne la tierra! Peosar esto y caer sobre el pobre de
Wasllington fué todo uno. En el acto ~e le construyó á guisa de tumba uu enorme cirio pascual de cant!-\ría qne puede ver:,e desde todos los con fines ile la
Uni611 y cuyo úoico mérito es la inscripción: E l p rimero en la gue:rro, el primero en la paz, el primero en ei
c ,raz61t de su.-; conciuduclww.•; igual fortuna epigráfica
ya que no monumental, tocó á Fr,mkliu con el lema:
Eii·puit celwn Júlmine

Cetmnque tirnnis
que en buen romance d!ce:
Arrebató el rayo al cielo y el cetro á los t iranos.
Ante tan saludable y patriót;co ejemplo los reyes.
del oro, del cobre y del plomo, los del jabón pr!tto
y del azúcar moscabado, del jamón gordo y del petróleo
bruto se apresuraron á construirse sns t umbas en relación con sus pingües recursos. El p recursor fué
Jay Gould que gastó sesenta mil dollars en su SP.pulcro el cuJ.l velal,an noche y día unos guardianes con
librea negra franjeada de blanco de uu gusto irreprochable.
Comenzó entonces la puja, pero Jay Gould, muerto, no pudo ya pujar, y por la primera vez d_e su vida, ó mejor, de su muerte, perdió e n Di'~oc10 y lo
pP.rdió por varios cuerpos ele luz. Hutch1son le sucedió con una tumba de ochenta mil dollan;, construida con un mármol especial, único, cuyas cantera.~
adquirió al efecto de que nadie tuvi~ra t umbas del
mismo mármol. E,a previsión lo honra; pero no le
ha asegurado el record del sepulcro.
El cámpeonato recayó por un momento en R obert
Grelett, cuyo cadáver tuvo la satisfacción de ce!lir
por breves días el codiciado cintur~n. Su sepulcro
cuesta ciento veinte mi l dollars corridos. E~ uno de
los más gigantescos de los Estados U nidos; consta de
sesenta departamentos con sala de recibir, des pacho,
y 1:,upongo que también buzón y telHon?; es de estilo jónico y como si esto no bastara, imita la disposición interior de los sepulcros hebreos, muy anterlo•
res á las tumbras griegas y romanas conocidas, con lo
cual el difunto, que aun vive según creo, revela mucha cronología y mucha con!!ruencia a,tfstlca, Y no
incluye-el sepulcro-sino materiales neta~ ente norteamericanos, con lo que prueba-el dll unt o, que
aun vive-su incondicional adhesión al arancel Mac
Rlnley.
Pues bien, esta maravilla arqueológica, arquitectónica y proteccionista, tiene ya una rival: la última
morada de W. A. Clark, el rey del cobre, que por lo
visto no quiere dejarlo ver. El monumento costari
doscientos mil pesos oro, y hay que ~&amp;per_ar que el estilo sea chinesco y la disposición rnt,er!or sea ,l a d~
las tumbas posteriores á todas las conocidas. :Si asi
fuere, Robert Grelett no se levantará del golpe, bieu
que, en obsequio de la verdad, Sir Rober_t haya_construido su sepulcro precisamente con la rntenc1ón de
no levantarse más.
Si así seguimos, acabará por no bastarnos la vida
para ganar lo necesario para abrigar nuestra muerte,
y tendremos que imit'l.r la ava_ricia de la v~rduQler:
genovesa. A cada paso nos mterpelaremos. - ¿ ,U
haces de tu dinero que andas tan desarrapado.Estoy juntando pan mi sepulcro.
_
Y qué menospreciables hemos de ver con el t lem
po á la virgen que duerme bajo el ros~!, Y ª!af~j~
:
que descansa bajo el sauce!.. . . . . Casi tan n e
como á los que andan en calancl?ia.

EL MUNDO.

241

&lt;Eoóaó ant~qua:J de 8T6ext'co.
LA C A TEDRAL.

II

D.t.:T.1.LLES CURIOSOS.

se Indicó en el precedente artículo
-que hoy daríamos á conocer algunos
datos curiosos de nuestro Templo Metropolitano, y á fé que habrá necesi-dad de dejarnos mucho en el tintero
para dar cabida á lo más culminante,
por faltarnos espacio para toao.
Especialment e nos detendremos en
-detalles del interior de la basHica,
Ya se dijo que en las naves cerradas
-estaban distri buidas trece capillas, cada una de las cuales merecería un estudio especial. Enumero simplemente
lo1ue más lla me la atención.
¿Cómo no fijar desde luego nuestras
miradas en la CAPILLA DE SAN JosE,
donde el patriotismo mexicano se agl:ganta y sepulta entre flores ,uariamente la urna consagrada que guarda las
-cenizas de los héroes inmortales, que
tornaron en libre y soberana á nuestra
hermosa Patria 0
Los restos yacían, primero, en la pe-queña cripta del Altar de los Reyes;
-algunos de dichos restos fueron solemnemen~e transportados á la Catedral la mañana del 17 de Septiembre
-de 1823, permaneciendo en esa cripta
hasta el 30 de Julio de 1895, en que
-con no menor solemnidad se colocaron
-en la capl\Ja citada, desde la cual, es
de esperarse que cuanto antes se lleven al sitio que el Supremo Gobierno
en nombre de la Nación les Je~tina.
La CAPILLA DE SAN FELIPE DE JE.
:sus guarda otro monumento patriótico: el se:,ulcro de D. Agustín de Iturblde. Pomposamente se hizo la translación de los restos desde Padilla hast a México, por decreto del Congreso de
6 de Agost o de 1838; celebrándose la
solemnidad en 27 de Octubre de ese
-3110.

Monumento don:1e yacen los restos de los Héroes de la Independencia

Sobre la urna de madera que encie•
rra otra donde se hallan los huesos, se destaca esta
-11.igante inscripción:
AGUSTIN DE lTURVIDE (SIC.)
AUTOR DE LA INDEPENDENCIA MEXICANA
CoMPATRIOTA LLORALO,
p ASAJERO, ADMmA:.o
.EsTJ: MONUMENTO GUARDA LAS CENIZAS DE UN HER0E
Su ALMA DESCANSA EN EL SENO DE DIOS,
Fuera de la reja de esta capilla, se observa una
tuente baut ismal , la que, á su vez, está circundada
-oon otra reja de madera dorada. Dícese que en esa
pila recibió las aguas bautismales el Santo mexicano
.Felipe de Jesús. Es dudosa la especie; porque ni 'lun
.ta ;&gt;artlda de bautismo ba podido encontrarse.
La CAPILLA DEL SANTO CRISTO conserva los bue-

Reja del Coro

sobre las alas de la santidad, dejó profunda huella sobre la tierra!&gt;
Algunas capillas contienen famosos
altares churriguerescos, pero ninguno
como los llamaios del PERD0N y de
LOS REYES.
El primero forma el trascoro del
templo. Al decir de Seflano se dedicó en 19 de Junio de 1737. &lt;Se cuenta que un preso pintó la imágen en la
puerta de su prisión y esto le mereció
su libertad. Torquemada babia de él
y dice que es así llamado por las innumerables indulgencias que se han
concedido en favor de las almas del
purgatorio.&gt;
Efectivamente, la denominación con
toda evidencia no le viene por la
principal imágen que en el altar se venera; pues desde antes de que el retablo existiera, la puerta principal del
Templo frente á la que el altar se encuentra, ya se llamaba del Perdón.
Arriba de la imágen de la virgen
está un San Sebastián cuya pintura,
en opinión de alguna respetable autoridad, tiene el sabor de la escuela de
Baltazar de Ecbave el viejo. Cabrera
en RU E.•cudo de Armas de México hace
referencia ~ este cuadro, &lt;como &lt;imágen excelente pintada por una mujer;•
quizá alguna de las dos esposas que lo
fueron del mismo Echa.ve; aun cuando
se ha dicho por error que la artífice
fué una señora apellidada Sumaya, confundiendo est:&gt; nombre con el del lugar donde Ech11 ve nació en España.
El Altar de los Reyes es también
muestra famosa de ese esttlo original
inventado por el español Churriguera,
que no por ser extravagante nota de
un arte decadente y singular, deja deser rico y de maravilloso efecto. Est;\
colocado, como en nuestro primer artículo indicamos, en el ábside del
Templo ocupando todo este lugar con
sus tallados ornato~, su colección de
santos y de reyes bíblicos esculpidos y
pinturas originales de celebridades
mexicanas y españolas. Citaremos especialmente el
gran cuadro de la .A.sunción de la Virgen, titular de
la Catedral, obra del pincel de Juan Rodríguez Juárez, hermano de Nicolás apellidado el Apeles Mexicano; así como el lienzo que representa la Adoración
de los Reyes.

sos del lamoso eremita Gregario López y la del canónigo Juan González, su compañero. Gregario López
aparece siempre en las viejas crónicas como un ser
mi&amp;terioss y ,;lnl!'ular; las consejas le suponen ser el
mismísimo príncipe D. Carlos, el bullente hijo de Felipe II, al cual retirado en su ermita de Santa Fe, en
el Valle de México, le sorprendió la muerte al cabo
Bajo la bóveda de la nave mayor se yergue el alde los aíios después de una vida austera y ejemplar.
Las ruinas de su solitario retiro todavía se conservan. tar principal de la basflica, el Ciprés, ante el que se
En la CAPILLA DE SAN PEDRO descansan las ceni- celebran las más solemnes funciones :le! Templo Mezas del humilde Arzobispo de M6xico D. Fray Juan tropolitano, y en el mismo sitio donde se alzó el Cide Zumárraga, tras de una lápida de tecalí, que pue- prés antiguo que tué reemplazado por el actual, que
de verse fácilmente en el muro de la izquierda del es de escayola, en 15 de Agesto de 1850, edificándoobservador.
lo el arquitecto Don Lorenzo de la Hidalga.
En la de la PURISIMA yacen el Arzobispo Don LáUn detalle histórico curioso: cuando en 2 de Fezaro de la Garza y el benemérito franciscano Fr. brero de 1656 se verificó la primera dedicación del
Margil de Jesús, modelo de virtud y caridad cristia- Templo, después de la procesión se descubrió al
nas, fundador de los tres colegios de Querétaro, Za- Santfsimo é bízose la señal pata empezar la misa socatecas y Guatemala y de quien El Nigromante dijo lemne; pero tan luEgo como se hubo acabado el In
como el más acabado elogio que &lt;caminando al cielo tróito fueron, respectivameste, ocupando los cuatro

Sede Arzobispal y dllerla del Coro

�Domingo 15 de Octubre de _1899.

EL MUNDO.

242

Domingo 15 de Octubre de 1899.

EL MUNDO

243

cuales enumeraremos en el próximo y
último artículo relativo á nuestra intuesante basflica.

altares del Ciprés, cuatM prestes con
sus ministros, ciriales, incensarios,
maestros de ceremonias y acólitos,
correspondiendo á cada grupo otros
tantos coros de cantores; cantánse ádo
su tiempo cuatro misas, que fueron:
la del deán de la Catedral, por la dedicación dela Iglesia; la del arcediano,
dedicada al Santí11imo; la del provisor,
por la Purificación; y la del tesorero,
por ia Asunción. Las ceremonias todas se veían simultánea1&gt; y completas
y á &lt;la novedad-dice el cronista Guijo-de cantarse cuatro misasá untiempo, juzgando por acto de mofa, concurrió á la Catedral todo el reino y religiones, que quedaron confusos y admirados de ver el acto más grave y má'l
grande que la iglesia de Dios ha usado, y lo que más admiró fué ver obrar
á cada uno lo que competía, como si
fuera solo, guardando sus ceremonias
con toda autoridad y limpieza, sin
confundirse ni ellos ni sus miuistros,
acólitos y músicos.&gt;
Réstanos hablar de algunos otros
detalles, muy es¡&gt;ecialmente de las ri•
cas alhajas que poseía la catedral, las

JESUS GALINDO Y V ILLA,

Con el presentenúmero repartimos á.
nuestros subscriptores la Prima del gran
,vals .de

FEDO RA.

~~Altar del Perdón

..

--

-•

::;:··.ft~s~t:~::::::_?&lt;-=. --

_-

-· --

·-

-jj!

··~,;;:::;;;::;--:-.~ ' · - -····~··-·

.. - ~""•'.' ' i:..: .,..,-j-

_,,,

Artil.'er/a del ·Transvaal.
ti tulo invocado contra los B ieros es muy dudeso que
se aplique en derecho y en equidad á esos heroicos
campesinos.
L" Holanda se había adherido á la coalisión contra
Francia, y era muy difícil que se desposase brutalmente al colono del Cabo en el momento en que se

el preci'l rle la sección del Cabo y no habiendo hec:ho
nada la Inglaterra para vo, verla. á posición de él ¿ no
ha..:.ía la Holanda de apoderarse de nuevo de su antigua colonia? Lo., Boeros lo han comprendido a.sí, de
r.uerte que desde 11ue Pretorius hubo ei,tablecido la
República Na.tal, envió secretamente una carta

La traición de los príncipes destruiría acaso el derecho de los pueblos, sobre todo cuando se trata de
un pacto tantas veces desgarrado?
Damos coa este artículo un grabado que muestra
la a1tillería del '.rransvaal muy bien organitada, y
que uo deja nada q ue desear.

LA CUESTION DEL TRANSVAAL.
EL MAN IFIESTO DE LOS BOEROS.

El manifiesto de los Boeros, al cual nos referimos
al comentar la caricatura qae en la siguiente plana
verán nuestros lectores, establece cifras muy elocuentes: que la monta de los impuestos percibidos sobre
las minas del Transvaal es inferior al 10 por ciento
del producto, y que éste se abate á medida que la cifra total del rendimiento va en aumento. En todo
caso, particularidad cómica, es menor que el que el
gobierno inglés deja que rija en el Klondike por el
gobierno canadense. Por otra parte, las medidas de
policía tomadas en el Transvaal contra los robos co-

La ilusión sería tanto más difícil de mantener,
cuanto que M. Chamberlain se encarga de disiparla. En efecto, él pretende que los Roeros no han podido desembarazan1e jamás de esa cualidld de súbditos ingleses, de'la cual los bienaventurados utlanders pueden desvesuirse tan fácilmente.
La cualidad de súblito británico se pega á la piel
de los Roeros como una lepra,· de la cual no ban po•
dido curarse desde hace más de sesenta años, aun
cuando hayan tomado más de un baño higiénico.
En 1836 los Boeros renunciaron á ella solemnemente por un elocuente manifiesto firmado por Pedro Retief, descendiente de uno de los trescientos

cia sobre todo la política tortuosa del gobierno colonial. Lo que prueba superabundantemente que l&amp;.
cuestión de la esclavitud era secundaria, es que Pretorios, el Washington del Africa Aubtral, se apresuró á abolir la esclavitud, apenas fundó un Estado republicano y á condenarla como un acto imcompartt.
ble con todo gobierno libre. Por otra parte Retlet
mostró un poco más tarde cuales eran los verdaderos
enemigos ante los cuales bufan los Boeros. E l artículo primero de la Contstitución de la República que él
estableció, prohibía &lt;á los misioneros de la Sociedad
Bíblica de Londres poner ahí los piés &gt;
Sobre todo trataba de evitar á los colegas del

Tropa de boe1·os en marcha.
hacía pes ir sobre él una corona. Como Inglaterra ba•
hía siempre anhelado la posición del Uabo, se mostraba muy rígida. S ~ dieron en compensación las provincias belgas al príncipe; pero en 1850 los holandeses
lle revelaron á un mercado eu el cual se les babía trat ailo como á carneros.
Surgió entonces una cuestión á con~ecuencia de est,a luf,rn1e trági-come Ha; ha.bieudo la Holanda. perdido

al Rey de Ilolanda para pedirle su protectorado.
Este monarca prudente no bólo renunció, sino que
envió él mismo h carta al i:;-obierno inglés que se
a¡¡resuró á owanizar contra Natal dos expediciones.
La. cabeza de Pretori us que babia. firmado la misiva
fué puesta á precio y el beróico boero fué obligado á
poner los montes del Dragón entre los ingleses y él
para escapar al fierro de los asesinos.

Una de nuestras fotografías representa, adem~s, l!,
los voluntarios con su uniforme cómodo y élegante,
otra á un grupo de Bueros, y la última á una gran
tropc1. de los mismos en rnari.:ha. Los Hueros son una
pob1ación eminentemente guerrera y eminent~mente
robusta.
Quiera Dios que el éxito esté de parte de la justich1.

LA CARI:,ATURA EN EL EXTRANJER,.

Boe1·os en armas,
metidos por el personal minero, son menos severas
que las que se han adoptado en Kiembrley, en el
distrito que el gob!erno Inglés administra soberanamente desde que se apoderó de él, con desprecio ce!
derecho de gentes.
· La solicitud que el Colonial Office experimenta para
ayudar á los uitlanders á despojarse de su rlerecllo de
súbdito británico, como se despoja uno de su sobretodo al entrará un salón, sería inexplicable si M.
Cllamberlain no preparase un raid electoral, destinado
á reparar el mehec del raid militaire de M. Rbodes.
;,Se puede creer que las autoridades del Transvaal
sean demasiado igenuas para dejar entrar en su República á un caballo de Troya tan grosero?

La espiritual caricatura que reprodGcimos está tomada de un periódico de Londres, que la ha publica.do para acompaüar uu m'l.nifiesto, j ustiticando la IU•
transigencia cte lus Hueros sobre la cuestión de trlbutariado. Este documento ha producido un efecto tan
considerable, que se ba constituido riel otro lado del
estrecbo uo comité de defensa de los Boeros. El Presidente no es otro qne Mr. Frederick Harrison, eminente publicista, cuya rnfluencia es granr:lísima sobre
la. v.erdadera Inglatera, que más de una vez ha detenirlo las 1.1a11guinarias excentricidades del gobierno de
los Jingoes. Caricatura más expresiva y más grálica
uu, p_uede darse, y ha sido muy aplaudida por los pt!nod1ros europeos.

Los volirnta1·ios.
hugonotes franceses que los Estados Generales enviaron al Cabo en 1838. Los franceses adoptaron la&lt;;
costumbres y la lengua de los bravos colonos que los
recibían como hermanos. Pero comunicaron el ardo:de los Teodoro de Beza, de los Celigny y de los Agri ppa de Aubigen, á esas gentes de las cuales hicieron
un pueblo decidido á vivir ó á morir republicanamente.
El manifiesto de Pedro Retief es una pieza que
un Priestey, un Lafayete ó un Franklin habrfan firmado con sus dos manos. No se limita como se ha
dicho falsamente á protestas contra la emancipación de los esclavos, acto admirable que hará el eterno honor del parlamento británico, sino que denun-

farmacéutico abarrotero Pritchard, y prefería exponerse á la zagaya de los zoulous mejor que á los golpes de aguja emponzoñada de esos tráficantes de de•
vocióny virtud al más a.to precio. Como los hebreos
que se iban al desierto para conservar su lengua, su
manera de orar á Dios, su libertad de acción, así
los boeros querían no una policía impotente para protejerlos, querían defender ellos mismos sus mujeres,
sus hijos, sus ganados y todos sus bienes, no querían
exponerse á ser ahorcados por los verdugos de au
~raciosa Magestad como algunos·de ellos lo habían
sido.
En cuanto á los odiosos tratados de 1815, el sólo-

Pronuncia bien: «Soberanía,» p ero el pájaro no sabe decir más que «Convención.•

�1

Domingo 15 ~e Octubre de 1899

EL MUNDO.

244

Domingo lv de 0..,~ ... ,.,re de 1899.

EL MUNDO.

EL GRAN INeE/~D IO UE e HieAGO
RELATO DE U N

TE~TIGO P RESENCIAL

- G R A BADOS D lt LA

COMO F UE.
Con motivo de las sunt'Josas fiestas que se afectúan en la actu11Jidad en Chicago y que celebran justamente la reedificación de la gran ciudad, surgida esplendorosamente de las cenizas á que la redujo el incendio de 1871; hemos creído de sumo interés publicar la. narración que· sigue, escrita por un testigo
presencial é Ilustrada con dos magníficos grabados de revistas de aquella época, conservados á través de mil vicisitudes por la persona· que nos los ha proporcionado y que nos comunica á su vez lo!! datos que aprovechamos. .Juzgamos que nuestros lectores verán con el interés que merece asunto tan curioso
y de tanta oportunidad.
Daba principio la noche del 9 de Octubre de 1871 cuando emptzó á cundir
la alarma del fuego. Sabido es que los Estados Unidos son el país clásico de
los incendios; desde aquella época ba.tian rewrds en este sentido; y no es ni ha
sido raro jamás que en una noche se cuenten dos.
De aquí que los habitantes, flemáticos de suyo y avesados á las sorpresas no
se preocupen mucho de los siniestros, a menos que les toquen muy de cerca.&gt;
Aquella noche que debía ser célebre en ws anales de las grandes catástrofes, los vecinos del barrio en que se incendiaba-la casa en que se inició la conflagracióu, creyeron q11e se trataba de un incenJio común y corriente y se recogieron con toda tranquilidad sin sospechar la magnitud de la di sgracia.
El que esto escribe se despertó á eso de las dos de la mañana, merced á un
ruido in11sitado y ano1mal en el Hotel en que sn alojaba, situarlo en la Rue.h
Street, cer..m del primer ¡:uente y denominado Lake J-Iouse.
Descendió rápidamente á la calle y el primer espectáculo que se ofreció á
su vista fué el de un rojo piélago de chispas qrte lleuaban el aire: ¡la atmósfera
era nn mar de fuego! y estas chispas impulsadas por el viento llev':1.ban rápidamente la desolación á todas partes.
Una multitud· lnmensa se movía en la calle: La confusión de vehículos y
gente era indescriptible. Oíanse gritos por todas .partes. Algunas personas,
enloquecidas en medio del espanto, clamaron: «Todo el centro de la ciudad
está ardiendo. La casa deCorreos y el Ayuntami'?nto están envueltos en llamas.&gt;
Otras, más serenas sugerían á la multitud que se refugiase en la parte oeste
de la ciudad, atravesando los puentes.
'
Por mi parte me apresuré á ligar tres baúles, que me vi obligado á abandonará poco, en la calle, donde había otros muchos y el movimiento era ya dificilísimo. La gente tenia que ocuparse más que en salvaF sus intereses, ,m evitar que las cbispas que á millares llovían sol)re todos, incendiasen las ropas. La
sensación de quemadura que producía sobre la carne aquella infinidad de puntos rojos era intolerable.
Me dirigí hacia el lado oeste de la ciuda1, pasando entre dos muros de llamas. El pavimento, de madera y alquitrán ardía también. A lo lejos, á favor
de los siniestros fulgores escarlata, se distinguían los esqueletos de los grandes edificios que ardían, así comu las torres de las Iglesias, y de cuando en cuando una de aquellas moles gigantescas se desplomaba con estruendo.
Desde hacía tres días soplaba sobre la ciudad un viento del Este; b sequedad era excesiva, y esta circunstancia fué favorabilísima para. el elemento,
acelerando sus progresos.
Por telégrafo se llamó á los bomberos de las ciudades vecinas. La hornaza
era tan inmensa, que según s~ supo despué3, las llamas se distingu!a.n hasta á

1871.

EPOC.A -

r.
..

""tt'

RUINAS DE LA DIVISION NQRTE MIRANDO AL SUR HACIA LA CALLE NORTH WELLS.
cuarenta mtllas de distancia, de suerte que mucha poblaciones relativamente
dist&gt;tntes se dieron cuenta del espantoso siniei.tru.
D!spués de que gracias al telég,aro se supo en tofa S)l extensión la catástrofe, de todos los rumbos d~ Estados U nidos llegaren trenes llenos de provisiones, ropa, etc., para los que quedaban sin hogar y sin pan, y que en sumayor parte se alojaban en los templos, durmiendo sobre las bancas.
Aquella multitud de infelices tingia un ejército de emigrantes, con los restos
da sus ajuares que habían podid:, escapar: colchones, baúles, j,;,ula.s de pájaros. etc.
Yo me refugié en la igles.a situada en la esquina de las 16 th y Wabash

Avenue, hasta que logré descubrirá algunos amiO'0S, loO'rando
pocos días des0
pués salir de la ciudad.
º
... **
E 1 espectáculo de la flr,reciente metrópoli
envuelta en llamas, considerado
desde la parte OdSte de la misma era indescriptible Ante los ojos se extendía
como un gran t elón, de fuego que cubría el horizonte en una extensión de ocho
millas Y que encrestado de llamas gigant.,scas se elevaba hasta los ciP-los y parecfa querer lamerlos. Q11ien vió esto no podrá olvidarlo jamás. Yo creo que el
lncen~lo eu su apogeo duró tres d,ias, mas ocbo días rlespués no se podía transitar au n por parte alguna de las que sufrieron el horrible be!&gt;o de las llamas,

pu~ se encontraba uno_ ácada paso el humo sofocante que surgía de las ruinas
baJo las cuales había aun materiale;; en Ignición.
~P prete'ldí llegar hasta mi bote!, pero me ví precisadu á detenerme á ocho
ó diez cuadras.
Ji'ué preciso proclamar la ley marcial. Las autoridades de la ciudad se encontraron desde luego sin oficinas. Todas las familias, todos los negociantes, vagaban de aquí para abí buscanrlo la. manera de instalarse, y no era extraflrr ver
bancos y empresas financieras instalados en casucas de madera (cottagel'). El
correo fué estable?ido provi_sionalmente en una casa part icular, y no pudiendo
dar abasto al servicio, trabaJábase sin desr.anso frente á una inmensa cauda de
gente ávida de comunicar noticias á sus parientes y amigos lejanos.
Los que huyeron amagados por las llamas. sia baber sido advertidos de que
debfan refugiarse en la parte Oeste de la ciudad, tuvieron que ir hasta Lincoln
P~r-k. Abí enco_ntraron un gran cementerio y se gi:arecieron en las tnmbas, comiendo Y durmiendo al lado de los muertos, inofensivos 1ay! en su silencio ante
las Jlamas devoradoras que todo lo reducían á cenizas.
Jamás pudo saberse el número de víctima¡¡ sepultadas bajo las ruinas enormes._ La ciudad animadfsima antes de la catástrofe, animadísl~a después, fué
surgiendo más ~ermo~a que antes de los escombros. La curiosidad y el espíritu
de empresa atra1eron rnnumerable gente. Palidecieron los terroríficos r""Uerdos
•

'7

Pase general para ~allr de Chlc8R'o, otomado por el Gobenador
á las victimas del Incendio.

- ~. . &lt;!

.:-

'

-

-

do.

*~'

L-Club Standaro..
2.-Salón del Congreso.
3.---De¡:óslto M. S. Y R. I. . 4.·· Primera Capilla pre•blterfana.
5.-·•falle del congrem.
6.--Prlmera Iglesia presblt.erlana.
7....calle del ~sóUCO.
13.-casa de Correos.
14..-Oficina de La TrlbUD&amp; Y l!.ven.lllg Post.
fo,•·•Prlmer Buco._ 16,--Gian Llb1e1!a.
17.---Iglula Me1cdl 61a J!plEtOJ&amp;J de la Trinidad.
18.- -Palaclo del Obispo
•
•
~s.---Lego Mlchlian.
24.•··Te1raza11.lchlgan,
25,-•J, I. scamxnon.
-

RUINAS DE LA DIVISION SUIL-VISTA DESDE EL TECHO DEL SALON DEL CONGRESO EN LA CALLE DEL CONGRESO•

-.

9 -AVPD!da W
de cbJeaiá:
20.-JJeJ&gt;&lt;!ib ash.

DE LA.

i.--Hot.el Btgelow.
lL--Manzana Honore.
!2.--San Pablo.
21.-- Elevador B,
22.--Avenida M!chlgan.

to Centra) d,i lllinois.

. A.VENIDA W.AB.A.SIT, MIRANDO AL NORTE.

~i

y boy Chicago cele_bra el aniversario. de su destrucción con fiestas que harán
época, y cuya alegna ne turbará la leJana memoria del tremendo siniestro del
cual no existe la menor huella.
'
Ilustrando estas líneas verán los lectores del MUNDO dos magníficos grabados
de recorte de una de las principales revistas de aquélla época, y que á pesar del
maltrato de los años, mu'!_Stran detalladam,mte la magmtud de la ya histórica
catástrofe.

.

AR.MANDO
MAURI:Ee.
.

'

�I
246

EL MUNDO.

Domingo 15 de Octubre de 1899.

DnminQ'n U ñP Octnhre de 1899.

'?,

~,·, /4j

J_'\' ,t.;¿

• 11

'

r

.

~~-

'

EL MUNDO.

d,
/~

'?

.

(1:í)

Psiquis, mujer al ca.bo, era imprudente y curiosa. ltlíl desventuras le costó su primera curiosidad, cuando quiso ver el rostro del amante dormido y una gota ñe aceite escapada de la funesta
!Ampara ahuyentó al hijo de Venus. Desde entonces, y por muc'lo tiempo, la vida fué para Psiquis una serie de malandanzas. Errante de país
en país y de templo en templo, saboreó todas las
amarguras; padeció dolores y martirios extraterrenos; de sus ojos, convertidos en manantiales
profnndos, continuamente desbordados, corrían,
cruzando sus mejillas, dos ríos de lágrimas; y caminó tanto, tanto, y por tales veredas, que la sangre varias veces tiiió de púrpura los cAndidos
jazmines de sus pies, y los jazmines lucían como
rosas.
La miseria de Psiquis turbó al fin la impasibilidad augusta de los dioses; y la misma cólera de
Venus pa,ió como los íncendios del crepúsculo.
Fidelidad y consta ncia dieron el triunfo á Psiquis, y Psiquis dicposa y en paz reinó sobre la
tierra. Su trono, el más alto; su corte la mAs ilustre: en ésta no había sino grandes artistas. poetas
de corazones puros, filósofos de labios disertos.
~os aduladores de la reina tenían por incensarios
hraa, y como único incienso el Verbo, hecho música en las cuerdas, flor de luz en lvs labios. Pero Atronco tan ex celso y cortesanos tan ilustres
d_ebían, según dijeron much0s, corresponder en
r1_queza y esplendor el cetro, la corona y los atavios reales. Y no mAs dijerun así, cuando artistas
de gusto exigente partieron A buscar, por todas
las comarcas del reino, las preciosidades mAs raras, dignas de resplandecer en la frente, el cuello
Y las manos de Psiquis; revolvieron tesoros ahondaron minas, rasgaron las ent..aiias de la tierra y
d_el mar; Y_ la tie1 ra dió su oro y sus gemas: topacios, amatistas, esmeraldas rubíes de sangre milagrosa, ~afiros de tinta ide~l, diamantes de aguas
puras, m1e~tras el mar profundo y rico, si bien
pobre de piedras preciosas, dió, en corales y perlas, lo meJor que tenfa. de besos muy rojus y ensuetlos muy cAstos.
De vuelta á la corte, los grandes artífices echaron . sobre los hombros de la reina el mar.to de
armitto Y púrpura; luego se dieron A trabajar el
día Y 'loche, puliéndolo, repuliéndolo, cinceb ~ olo, para despué3 embutir en el oro bien traaJado muchas piedras fúlgidas y acabar la corona Y el cetro; por último engarzaron perlas y
corales • Y un rio
· de corales
' y perlas corrió por
1
ª ~frganta de Psiquis.
d 1 cetro Y la corona, fulgurantes como soles,
~s udmbron A la multitud puesta de hinojos á los
P188 e la reina.

fIºd

;~a

, TARDE DE OTOÑO.
Ouadro de José Wencker·.

Y
ar_on d~fas, afios, generaciones de hombres,
liras 4uis,. _ichosa Y en paz, oyendo música de
el min~~siea de labios disertos, reinaba sobre

247

cas, el zafiro marimosa azul, en tanto que de las
piedras policromas volaron policromas libélulas.
Psiquis, como todos los creadores. halló buena
su obra, y se regocijó mucho sl ver su tesoro
convertido en bandada de insectos. Libélulas y
mariposas, antes de huir, se posaron en la frente,
el seno, Ja espalda ·y sobre todo en el cabello
destrenzado de Psiquis, y en el cabello des~renzado mari '&gt;Osas y libélulas fingieron un torrente
de pedrería; lnégo, revolotearon, llenando la estancia real de música de alas y palpitaciones de
élitros, para escaparse al fin al través de la ventana entreabierta y perderse Alo lejos, como Psiquis las vió perderse, entre las flores, entre los
árboles, eu el cielo azul, amAndose al aire y al
sol, muy libre y sanamente.
La reina, con refinada lentitud, saboreó su acto
Pero una maiiana, en el silencio de su alcoba
real, sola con RUS riquezas, que brillaban en la piadoso y, satisfecha de haberse conducido sepenumbra con fulgores mortecinos, se sorpren- gún el amor y la verdad, no adivinó las consedió reflexionando en lo inútil de la corona y del cuencias fatales de au obra . .Ah! no hay como la
cetro, en la mezquindad fastuosa de su manto, en piedad para cometer grandes errores, y el acto
la vana luz de sus joyas, y se arrepintió de ha- piadoso de P11iquis fué el último y el mayor de
ber aceptado como tributo el presente de las ge- sus errores. Cuando se apareció de nuevo ante
mas. En sus reflexiones llegó A sentir u::o como los hombres, cuando su befüza, en lo alto del
vago impulso de piedad, acomp11fiado de un mo- trono, surgió blanca y desnuda como un lirio, los
vimiento de rebeldía, Se despojó de la corona y hombres la desco.coderon: miopes estultos, de no
el manto, depuso el :!etro, y se tió de pies á ca- ver sio o el esplendor de las joyas, habían olvidabeza, blanca. y desnuda, como en remotob días do la b.,lleza incomparable de Psiquis. Y no sopasados. Nostalgica de su ser antiguo, se aver- lamente la desconocieron: entre la multitud hubo
gonzó de vivir di3frazada como una mujerzuela imbéciles que gritaron al ver la: inmoralidad! invanidosa. En sus atavíos regios vió una injuria famia! usurpación!
A su belleza incomparable, porque la belleza de
'A tales gritos, la muchedumbre puesta en pié,
sus formas era superior A la belleza de las pie- desconcertada y loca, semejante á una ebria de
dras preciosas mAs raras, su cabello más rico y mil cabezas empezó á girar, á remolinar, A tituluminoso que todas las coronas, su desnudez más bear, sin saber hacia dónde dirigirse, falta de
casta que el armif1o.
amo, sin saber ante qué ídolo postrar sus rodillas
No contenta con despojarse del manto, el cetro de sierva habituada á la genuflexión, y así estuy la corona, Pdiqui;¡ resolvió destruir s us rique- vo, desesperandv y vacilando, hasta caer á los
zas, á fin de no r ecaer en pecado de vanidad. piés de un grotesco mamarracho de oro, que tePero sus manos, deliciosamente blandas, no sa- nía forma de asno, con _aire grave de pensador
bían destruir como destruye la mano brutal de taciturno, sobre lomos y anca un trapo carmesí y
los hombres. Ella no era capaz de reducir á. pol- por ojos dos inmensns crisolitas.
vo inerte su fortuna, y de aventar luego el polvo:
Aún en lo alto del trono, Psiquis experimentó
su piedad, infinita, abarcaba los seres y las co- la sensación desesperante que han matado dessas, y su piedad era infinita por ser grande su pués á muchos hombres, la sensacjón angustiosa
ciencia, Estaba iniciada en todos los misterios de de una soledad infinita en medio de la muchela vida, y ninguco tan prodigioso como el miste- dumbre. Viéndose perdida para siempre, bajó del
rio de su propia sangre. Nunca se derramó en trono y, como en su anti~ua romería expilltoria,
vano la sangr e de sns venas: en •ionde ésta caía se fué por el mundo, de templo en templo, de
despertaba el germen de un ser de belleza pura, país en país, caminando, caminando. porque sus
graciosa y con alas, como la belleza de Paiquis; alas entorpecidas por la inacción no recordaban
y A favor de tan inefable virtud, la soberana el ímpetu glorioso del vuelo. Recorrió todas las
pensó desembarazarse de sus gemas, convirtién- comarcas, de las cuales había sido reina y sefiodolas en frágiles seres primorosos.
ra, y en ninguna parte la reconocieron los súbditos; despojada como iba de
suotuos9.s insignias reales
Por fin, después de muchos
desengaiios, decidió alejarse
de los hombres y vivir, mientras las alas débiles cobraban
nuevos bríos, en cumbres deshabitNdas, Y así, alejándose de
los hombres, vengóse de éstos
pues A medida que ella se ale~
jaba, los hombres padecían más
y más de una extrafia ceguera que les obligaba á ver las
cosas como al través de un
velo Aureo.
Pero los dioses reservaban
á Psiquis, como la suprema alegría dt- 1 vuelo, la alegría de
hallar en una delas cumbres á
las CUAies trepó, en la cumbre
má s alta, al único de sus vasallos que supo reconocerla
porque Ja nube color de oro no
empaliaba sus pupilas. Era un
pobre diablo moribundo en la
Sin echar si:¡uiera una ojeada sobre la foneata flor de los atlos, mitad mendigo, mitad trovero.
lámpara que debía de recordarle su imprudencia Bohemio le llamaban desdenosamente los hom,
de antailo se dispuso A realizar su pensamiento bres y lo creían estúpido porque despreció la
en la fBji de luz que desde una ventana entre- riqueza, el poder y los abrazos infames. No trnfa
abierta llegaba á morir á sus pies. Con un largo sino nn manto agujereado por las lluvias del cielo
estilo, Aureo y teuue como rayo de sol, hincaba y las piedras del camino, pero él no se hul:&gt;iera
sus dedos, y despué 3 con el estilo húmedo de san- tr.:cado por el mas rico poseedor de tesoros. Dugre tocaba las piedras pr_eciosas ha_sta no dejar rante su vida vagabunda recogió claros de luna
ni una sin el extratlo bautismo sangriento.
puestas de sol, gorjeos de pájaros, fragancias y mú'·
Al contacto de la sangre hubo en todas las pie- sicas del bosque, y con todo tiso construyó suedras un estremecimiento de vida, y !as gemas ilos, muchos suefios, hasta haber en su alma tandejaron de ser piedras para convertirse en lar- tos suenos como hay celdas en el panal y flores
vas. Muy pronto desperezos de alas estallaron en por primavera, en las acacias.
'
las orugas de color; y corales y rubíes fueron maY como Psiquis no sabía de ingratitudes, no
riposas de alas rojas, las esmeraldas mariposiu desamparó esa alma de poeta; antes bien la llevó
verdes, l0s diamantes y las perlas mariposas blan- consigo, al irse en busca de un mundo nuevo, no

�EL MUNDO.

248

-¡Búscamelo, por Dios! ¡yo no puedo vivir así,
no quiero vivir así!
Me volvió la espalda y salió hosco y silen-

cioso.

No volví á verá f.ibéluh en dos días. Había
huido del café porque decía que un hombre sin
corazón como él, no gustaba el placer de la conversación, y aunque para curarle la había yo
asegurado que todos le t.Chábamos de menos, no
pude conseguir que volviera. Le vimos dos noches acerc~rse al puesto del fosforeru y comprar un periódico
que leía rápidamente bajo el
faro de la esquina de la calle
del Arenal, sólo la cuarta plana,
porque me aseguró muy serio
que era materialmente imposible
que nadie hubiese encontrado la
víscera oreciosa que había perdido, en cuyo caso, y si era persona de conciencia, debía anunmanchado de hu manidad: y siempre en compatiía
de esa alma voló, basta posar los ct\ndidos jazmines de sus piés en la Vía Láctea luminosa y
desaparecer por la gran ruta del cielo, blanca y
azut, empedrada de zafiros y diamantes.
MANUEL

DíAZ RODRIGUEZ,

CUENTO FANTASTICO.
El corazón de Libélula.
-Serénate, Libélula -dije al pobre muchacho
poniéndole la mano en la espalda. Lo que acabas de decir es un disparate ...... Sí, un disparate sin precedente, afl.adí con mayor energía al
ver que Libélula movía negativamente la cabeza.-Bueno, pues pon aquí la mano -me contestó muy serio, llevl\ndo mi diestra al lado izquierdo de su pecho. ¿Sientes algo?-No, le contesté;
nada siento, pero eso no prueba nada. La circulación es en ti lenta y silenciosa, y el centro de
la vida trabaja hondo en tu pecho. Libélula volvió A mover la cabeza de derecha á izquierda.
Evidentemente .no- había manera de convencerle.
-Oye,-me dijo fijando en mí sus ojos enérgicamente expresivos: -tan cierto como que yo darla por ti la vida si me la pidieras, es que desde
hace ocho días ando por ahí sin corazón. ¿Qué
sabes tú de esto si no te ha sucedido j ~más? Te digo
que lo be perdido hace ocho días, en mitad de la calle, no sé de cqal, Cdrea, cerea de la casa de ella.
Por allí ha debido caérseme, por allí debe estar.

Cojió mis manos entre las suyas que ardían con
la fiebre, y antes de irse me dijo mirándome con
ex presión de súplica tan honda que me dió frío:

ciarlo un día ú otro. GPara que podía querer nadie ~l corazón de Libélula teniendo ya uno? No
ví jamás idea fija más enérgica incrustada en cerebro alguno. Cuando por vez primera nos refirió el hecho, me aterró el aplomo con que lo contó.-Iba yo á su casa, de noche, nos dijo, cuando
ella no puede distinguirme en la ealle, porque
ya sabéis que no quiere verme, y de p.onto, al
abrocharme, porque sentía frío, eché de menos
el corazón. Palpé por todas partes m~tfa los dedos con ira por las eostillits ... . Nada, ya no estaba allí. Volví atrás, registré todo el camino ....
Tampoco. Llamé á un guardia, le conté lo que
me pasaba, y el imbécil me contestó que no podía ser. ¿Conque no podía ser, y yo, que era el
interesado, había. dejado de sentirle en el pecho?
Busqué yo solo .... y nada. Me fui á casa y en
el camino vi el cuerpo de un asesinado, en el arroyo, guardado por los serenos y con tremenda expresión de agonía en el rostro. ¡Y le miré y pasé
sin sentir nada, como quien ya no tenía corazón.
Y pensando en ello á solas, en mi cuarto, maldije
de mí mil veceR y no me pe¡?né un tiro porque no
sentía .... ¡L1t falta del corazón, os digo!

Domingo 15 de Octubre de 1899.

***
Me puse el frac y fui á verla; á ver si aquella.
mujer quería h \Cer la caridad de curar á Libélula de su terrible manía, aunque fuese engallAndole. Yo tenia duda de que por ella andaba mi
pobre amigo tim des~quilibrad? de facultades, y
si ella no halía perdido también el corazón, se
apiadaría. Iba aquella noche de baile y la encon,
tré en el jardín. Parecía con el abrigo de pieles
una emperatriz bajando á dar A su pueblo la limosna de la vista '1e su persona. Tomó mi brazo
y seguimos un rato á pie, Se lo conté todo, y al
oír la rareza de la manía del pobre Libélula, ae
rió.con la risa fresca y juvenil que á mi me pareció una pufialada, por tratarse de cosa tan serla
pero no la dije nada, ni retiré el brazo. Llegué Á
3entir miedo. Llegamos silenciosos hasta la cr.lle
y como dij'.l que tenía frios los pies, quiso aegui;
andando un rato. En la esquina de una calle, solitaria como todas las de aquel barrio aristocrA,
tico me detuvo de pronto apretándome el brazo.
Me paré en seco y ella se inclinó hacia el suelo,
donde distinguí algo que me pareció una piedra.
Se irguió en seguida y dijo:-¡Tom/l., pues era
verdad! Es el corazón de Libélula. Lo apartó con
el pie, regiamente calzado, llamó al coche, subió,
se despidió de mí y me quedé en el medio de la
calle, clavado por el espanto.
Volví temblando A la acera y recogí el corazón
de Libélula, que con el pequen.o puntapié de ella
había rodado hasta el arroyo. Noté que según
iba andand0, el corazón, que llevaba cuidadosamente envuelto en un pafiuelo, se esponjaba agradecido al seutir el calor de alguien que le trataba
compasivamente y ¡hechos extra:lios que se producen cuando pasan por nuestra vida real y pro•
saica girones de fantasía! hasta me pareció que
la humedad que el corazón destilaba en el palluelo, eran lágrimas del infelicísimo Libéhtla.
Entré en el café y llamé aparte á Ar tiera, el
médico de todos nosotros, y juntos nos fuimos a)
cuarto piso de Libélula. H,1cfa ya dos horu que
estaba dorm;do y no quiso Artiera despertarle;
con ayuda del cloroformo, insensibilizó al hombre sin corazón, y luego, delante de mi, que temblaba de espanto, con maravillosa destreza le
abrió el pecho y colocó en su sitio el corazón, como quien coloca ur:a piez'l de relojer ía, dAndole
luego movimiento con un golpe del dedo fn,
dice . . ..
Pero la locura de Libélula era irremediable.
Tuvo su corazón, pero no le dejó el punzante recuerdo de ella.-Esto no tiene remedio, nos dijo
en el café, días antes de que le lleváramos almanicomio. Le siento aquí, pero enfermo; alguien

J)omtngo 15 de Octubre de 1899,

249

.EL .MUNDO.

le hirió antes de que me lo encontrárais y me lo
devolviérais.
y todavía cuando vamos á verle á la casa de
salud los días de hermoso sol que templa á oleadas tibias el jardín del manicomio, suele decirnos con melancólica sonrisa y resignado acento:
- ¿Oís? Tic-tac tic-tac... . lo mismo que antes, pero más despacio, como si le doliese
herida. Y se queda como en doloroso éxtasis, mirando al cielo con sus ojos dulces y serenos, y la
mano derecha junto al corazón .... ¡Pobre Libé -

!ª

lula!
, FEDERICO U RRECHA,

SERENATA.
Princesita, princesita .
Tan bonitll.,
Sal á hablarme á tu balcón,
T,·aigo versos, traigo flores,
Traigo amores
Y un rayito de ilusión.
Ya la lona misteriosa,
Vaporosa,
En las nubes se escondió;
Y la estrella blanca y bella,
Nuestra estrella,
La que amamos, ya surgió.
Ya del bosque en la enramad9.
Perfumada,

Canta alegre el ruise:lior:
¿Qué no escuchas lo que canta,
Que le encanta
Seas la reina de mi amor.
Ya la fresra enredadera
Hechicera
Al oírme despertó
-.. -·--y sus hojas -eii guirnalda
De esmeralda
Para ornarte preparó.
Princesita, princesita
Tan bonita;
Sal á hablarme á tu balcón,
Trai~o versos, traigo flores
Traigo amores
Y un rayito de ilusión,
DAVID.

·♦

♦

•••

♦

...,.

~

Luego despertarás, sin un reproche,
Bendiciendo tu dicha y mi fortuna,
Sola y dormida estabas, es de ncche,
Y entré .... como entra un rayo de la luna.
Si de tus ojos grandes te envaneces,
Si te recreas en tus labios rojos,
Si amas tus luminosas morbideces,
Es porque son festín para mis ojos.
¿A qué, pues, recatarme tus primores
Que exaltan mi ardorosa fant/\sía?
Mentir enojos ó finjir pudores,
Indigna farsa para tí sería.
Ni teme¡, encender celos ó agravios
Con una confidencia que me asombre:
¡,Hablas dormidli~ Pu~s dirán tus labios
Inefables ternez as y mi nombre.
Soy tuyo y eres mía .... Eternamente
Surgen con simultáneas vibraciones,
Un mismo pensamiento en nuestra roen te
Y en~nuestro cuerpo iguales sensaciones.
Duerme, Nellyl Tu lámpara süave
Envidiosa tal vez, nos acompaila,
Y afuera se alza misteriosa y grave
El nocturno rumor de la monta:lia.
¡Q11é bella estás durmiendo! Ríe leda
La inocencia en tu faz blanca y tranquila,
Y a! través de tus párpados de seda
Centellea tu mágica pupila.

Así te quise ver. , . . Cuando dormida,
Plena y augusta paz tu pecho siente;
Cuando las tempestades de mi vida
No amontonan sus nubes en tu frente.

¡Qué opulenta del lecho entre el armiilo
Emerge tu belleza soberana
Mientras duermes con hálit~ de ni:lio
Y desnudeces de deidad pal:?'anal .

No vine aquí traidor ó temerario
Esclavo torpe de pasión impura:
Soy creyente, penetro en el santuario,
Y es fé mi amor y culto mi ternura.

Lámpara de cristal color de rosa
Ilumina tu alcoba de princesa
Desliza por tu lecho luz medr~sa
Y con sus rayos tímidos te besa.

Junto á tu lecho caigo de rodillas
Y absorviendo el deleite en que me ba:lias,
Ni aún me atrevo á besar en tus mejillas
La sombra que proyectan t~s pesta:lias.

¿Por qué tiemblas? ¿Por qué ya no sonríes
Con la ingénua sonri&lt;1a de la cuna?
Duerme Nellyl Soy yo, no desconfies,
Entré .... como entra un rayo de la luna.
¿ Qué pesadilla trágica te asalta
Y el espanto en tu frente deJa impreso?
¿Lloras N elly? . . .. Ya sé lo que te falta: ·
Acércame tus labios, toma un beso!
Me abres los brazos . . .. ¡ah! bedito sea
Tu amor . ... No temas dolo ni perfidia!
La lámpara vacila, parpadea
Y muere .. .. ¡pobre! se muríó de envidia.
JAVIER SANTA MARiA,

�Domingo U de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

25()

nueva

temporada de Bpera.

L~S ARTISTAS,
A.ño VI -Tomo ll

3

México, Domingo

22

de Octubre de i:899.

BE LLAt!i ART .ES.

5-SEÑO'RA LEONILDA GABBI,
Prima D0nna Soprano Dramática..
(

6-SEÑORITA ~ERF.NA VAREl'&lt;A DEI RONC0NI,
Prima Donna M~zzo Soprano.
7,-SEÑORITA E'mIA. CRIPPA.
Soprano llfera.
4-SEÑORA ADELA GINI PIZZORNI,
Prima_ Donna Soprano Dramática absoluta,

r

T
t
I

COMPROMETIDA.

Número i:7

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94469">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94471">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94472">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94473">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94474">
              <text>16</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94475">
              <text>Octubre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94476">
              <text>15</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94493">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94470">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 16, Octubre 15</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94477">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94478">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94479">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94480">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94481">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94482">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94483">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94484">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94485">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94486">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94487">
                <text>1899-10-15</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94488">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94489">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94490">
                <text>2017552</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94491">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94492">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94494">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94495">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94496">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1466">
        <name>Agustín de Iturbide</name>
      </tag>
      <tag tagId="1468">
        <name>Boeros</name>
      </tag>
      <tag tagId="1235">
        <name>Caricatura en el extranjero</name>
      </tag>
      <tag tagId="1467">
        <name>Cuestión del Transvaal</name>
      </tag>
      <tag tagId="1471">
        <name>Dormida</name>
      </tag>
      <tag tagId="1470">
        <name>El corazón de Libélula</name>
      </tag>
      <tag tagId="1469">
        <name>Incendio de Chicago</name>
      </tag>
      <tag tagId="1465">
        <name>Vanidad y la muerte</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3620" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2261">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3620/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._17._Octubre_22..ocr.pdf</src>
        <authentication>c4bdc0d2425c0038a1481f403a1345fa</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117441">
                    <text>Domingo U de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

25()

nueva

temporada de Bpera.

L~S ARTISTAS,
A.ño VI -Tomo ll

3

México, Domingo

22

de Octubre de i:899.

BE LLAt!i ART .ES.

5-SEÑO'RA LEONILDA GABBI,
Prima D0nna Soprano Dramática..
(

6-SEÑORITA ~ERF.NA VAREl'&lt;A DEI RONC0NI,
Prima Donna M~zzo Soprano.
7,-SEÑORITA E'mIA. CRIPPA.
Soprano llfera.
4-SEÑORA ADELA GINI PIZZORNI,
Prima_ Donna Soprano Dramática absoluta,

r

T
t
I

COMPROMETIDA.

Número i:7

�EL MUNDO.

252

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-No, me dijo mi amiga,-va para nuestro temperamento enfermizo y neurótico, no tienen encanto
las fi,orituri, los arabescos de trinos. las mallas sutile11 de gorgeos, las explosiones de fermatw;. todo ese
alegre juego de las notas, todo ese fino desgrane de
escalas y apoyaturas en que se deshace la vieja música italiana como una nube se deshace en rocío. Los
maestros modernos nos emocionan, nos 3acuden, nos
subyugan con una música dol•)rosa y fuerte en la cual
la voz humana entra como 1m elemento de la polifonía. Ya no canta sola, como antes, St!guida sumisamente por la crquesta, como una reina por los cortesanos obedientes; ya no es soberana y señora, á cuyo mandato iban los instrumentos subrayando con
timidez las melodías; vibrllban con exquisita delicadeza las cuerdas, trinaban con dulzura las maderas,
y de vez en cuando, los latones, á la sordina, intervenían en el acompañamiento con sus quejas mP.tálícas y
duras. Ya no .:s la voz humana la única todapojero
sa y expresiva en el concierto de los sonidos; ya está
descoronada, y aunque coni;erva la nobleza de su linaje, ha perdido su omnipotencia. El arte antiguo
se preocupó mucho en hacer de las gargantas nidos
de ruiseñores y de las aere...s tramas de esa música angélica y candorosa cuelgan, ~ manera de d!á_fanos ornatos y guirnaldas, las más Joviales y del1cwsas sutilezas del canto. No habría entonces pasión sino ternura, ni tristeza sino melancolía ..... ¡ohl las lágrimas no eran tan amargas, ni las quejas tan hondas,
ni el dolor tan desesperante y huraño. ¡Oh, Bellini;
rublo como las mieses, dulce como los ángeles, joven
como la aurora, melancólico como el ocaso, tú eres
u n símbolo! .... Tu música, como la de Donizetti nos
aburre un poco y nos empalaga bastante: es un vaso
colmado de miel, que cuandó álguien lo acerca á
nuestros labios, nos repugna, porque ya estamos habituados á los acres y malsanos sabores. Música sana,
pero sin nervios; sin vigor, sin estremecimientos, sin
angustias, requiere cantantes educados hasta lo imposible, voces sujetas á largos y difíciles estudios,
vocaciones decididas, órganos privilegiados que venzan á la naturaleza y hagan del grito, del suspiro y
de1 sollozo primores de notas. Para tal especie de
cantantes todo rumor debe queda1 dentro del pentagrama: es ésta una terrible gimnasia de las cuerdas
vocales, en las que se enredan y suben y hacen los
sonidos inauditos escarceos, como ágiles y pujantes
acróbatas. Pero, amigo mio, el ideal artístico ha variado de rumbo. Las óperas nuevas no necesitan de
esos 6 lorlosos esfuerzos. Pasan por el escenario de
los teatros primeros, uno, dos, tres, un redncido grupo de cantantes admirables, cuyo antiguo repertorio
es algo así como un museo de chucherías y curiosidades. Convénzase usted; dentro de algunos años no
habrá cantantes para las añejas óperas italianas. Nosotros asistimos á los funerales del bel canto.

***
Y al terminar el en~reacto, me despedí de mi amiga, corrí á mi butaca, y me puse á escuchar á Adelina Padovani.
Es posible que sea una de las últimas sacerdotizas
de la vieja y divina escuela. No estoy seguro de que,
como dice mi amiga, esté próximo á extinguirse la
raza de estc,s prodigiosos cantantes. Pern puedo afirmar que el goce que producen es aún de una infinita
intensldad.
La voz de la Padovani es una maravilla; voz de oro
y cristal, que brota, sonora y pura, como manan las
linfas de las fuentes; voz que se nos entra hasta el
alma, sin quebr.use, con la apacible suavidad con
que se filtra en las umbrías un rayo de la luna; voz
ligera y alada, cuyo timbre argentino tiene no sé
- que de mágico sortilegio para despertar ensueños y
fantasías ..... .
¡Ah, Lucía, la Ilucía de Don~etti, la esbelta y
blanca figura de nuestra ilusión de adolescentes, la
pálida y lacrimosa romántica, la intangible y vaporosa heroína hecha con nubes y lirios de la noche,
cómo te habíamos olvidado, por las mujeres modernas que a;iarecen ante nosotras ebrias de sensualismo, locas de dolor y de ira, crispadas de desesperación, impacientes de amor, empapadas de amargura
y de lágrimas!
No, nos entusiasmamos ya; pero nos conmueves todavía con tus expresiones ingenuas y dulces; tus son1isas tristec; y tus inmaculadas ternuras. Al oírte,
nenc;amos en muchas cosas amadas, que están muy
lejos, que quizá no existieron nunca, pero que llenan
la memoria de un suave perfume de flor muerta ....

Domingo 22 de Octubre de 1899

***
y la Padovani, seguía su aria erizada de t~inos
y apoya.turas que semejaba un despert~r de pá~aros
en una selva virgen. No hay frescura igual á la d_e
esa voz acariciadora afinada como una harpa angélica, que vierte en 1~ atmósfera ~ue re..piramos una
misteriosa y paradisiaca fragancia.
Es tan sutil, tan frágil el tejido de luz en que envuelve la cantante las delicadas melodías, q•ie tememos
por instantes, que la red de hilos áureos se rompa al
tia, ó que la nota audaz dete~ga el vuelo en lo alto,
y descienda rápidamente ahrrota ,como ave mal herida. Pero no; nuestro miedo es pueril y vano; las
notas, como en el verso del poeta, cantan aunque la
rama cruja.
¡Como que sa;:,en lo que son sus ala~! y llegan á la
cadencia sin fatiga, bullentes y sacudiéndose el rodó
del brillante plumaje de colores.
En verdad que la P.1dovani es una consumada maestra. Para.ella el bel canto no ha tenido secretos.-Y
cosa extraordinaria en esta artista su perlor !-lo raro
es que no sólo posee el irreprochable método de c~nto, sino que es dueña, además, de una alma apas10nada y ardiente que la inspira á cada momento y que
le permite expresar hasta las más t riviales frases melódicas con un vigor extraordinario y una verdad pasmosa.
Hemos oído sopranos ligeras que son como cajas de
música, de voz flexible y linda, de registro extensu,
de fácil y educada emisión; pero que no lograron reunir. como la Padovani á las excelentes facultades, el
espíritu rebozante de ternuras y la genial intuición
del Arte, t&gt;Se sonambulismo divino que no se aprende en Conservatorios ni Academias.
Al salir del teatro, vibrante de emoción y entusiasmo, Je pregunté á mi amiga:
- -¿No es verdad que es triste que ya no se cante
de esa manera1
-¡Ob, sí!-me respondió-pero tampoco se siente
así ya. Estos no sólo son los funerales del bel canto,
sino también los del romanticismo. Creame usted; la
Padovani ha galvanizado un cadáver. Lucia está
bien muerta.
Y añadió:
-¡,Qué noticias tiene usted de la Manon de Massenet?

***
Y á propósito de resurrecciones y romanticismos.
La superstición popular, según cuentan _los periódicos, ha inventado una espeluznante conseJa. Una perdida que hace algunos años se suicidó de un modo
escandaloso, ha vuelto al mundo en calidad de alma
en pena.
Reruerdo que el día en que. esta desdichada se quitó la existencia, logró unas cuantas horas de celebrid:i.d. Desde entonces aún han seguido su ejemplo varias pobres muchachas de su clase, las cuales ponen
no sé qué frenesí y vehemente afán en aparecer románticas y sublimes en medio del fango de la vida.
El suicidio les llama la atención por lo que tiene de
aparatoso y teat,ral. Les agrada imaginarse redimidas por un amor que las lleve á la muerte. y como
una justa venganza piensan en lo que las va á compadecer la sociedad que vivas las desprecia. Por llegará ser interesantes logran ahogar sus preocupaciones y sus miedos. Y en fuerza de sufrir c~trariedades alcanzan de veras á desdeñar la vida. Estas infelices tienen su patrona: Nuestra Señora la Dama
de las Camelras. Son fíeles á su culto.
Y he aquí que la superstición popular prolonga el
romanticismo de una existencia, más allá de los tenebrosas lindes de lo desconocido.
El pueblo no dejará nunca de ser poeta.

*

* *
Dos compaíieros míos-un bardo de altos vuelos y
un músico de expontánea inspiración acaban de dar
á la escena el esbozo da un dramita del género chic.:,.
Con este motivo ha vuelto la rancia discusión del
arte dramático en sus relaciones con la zarzuela por
tandas.
¡Oh, señores! Creo que basta de escándalos y garrulerías. El Arte, como Dios, puede estar en todas
partes.
¡l!'eliz el que sepa ver estrellas en los guijarros!

El porvenir de Cuba comienza á preocupará los cubanos; á nosotros nos preocupa tant;o como á ellos; nodeseamos más solución que esta: el cum plimiento
honrado de la palabra de los Estados U nidos: la libertad. Comprendemos que hasta hoy la nación, á quien
Cuba debe favores de madre, se haya tomado y se tome aún todo el tiempo necesario para meditar el mo.
do de salir del apuro: puede que crea que ese tiempo
debe de ser indPfinido, para que el apuro se vaya des.
leyendo en él. Cuando decimos que no deseamos otra.
solución que la libertad, no queremos decir que la.
esperamos. Mucho antes del tin de la guerra
con España temíamos lo contrario de esa solución.
Mientras tanto los americanos hacen la policía de la.
Isla, bastante bien según unos, y cobran los productos aduana.les bastante bien según otros.
Si en e~te momento se recurrwse á un plebiscito resultaría un número considerable de votantes; nada.
alborota más á los pueblos recientemente libres que
el cumplimiento del deber de votar; todos van; todos toman por lo serio el sufragio; luego vienen la&amp;
desilusiones y los retraimientos; luego se abdica~cita.mente el cumplimiento de esta pri mordial obU.
gación cívica en manos de los políticos de profesión
ó de los individuos de la policía. Pero todavía eso no,
sucedería en Cuba; habría, pues, una verdadera gran
votación que se dividiría así: anexionistas, autonomistas, h:dependlentes.
Los anexionistas creen que haciendo ingresar su
estrella en la gran constelación fedtral, fuera de que,
según ellos, este es el 11nico modo para el pueblo cu.
bano de hacer su educación en la libertad, tendría la.
inmensa ventaja económica de un zollverein, de la
unión aduana! forzosa con los otros Estados, y los.
productos de Cuba entrarían libres de derechos en la.
Unión. Esto es contar sin la hué"&gt;pede, es decir, sin
el interés de los Estados Unidos. Es verdad que los
treinta ó más millones de pesos que perdería el Tesoro federal por la libre entraña del producto cubano,
estaría en parte compensado por los prod uctos aduanales en Cuba, pero esto apenas resarciría la mitad
de la pérdida, por lo que se verían los amer!canos
obliga.dos á recargar el impuesto reportado por la in•
dustrla azucarera Cubana y entonces la azúcar subiría. de precio y las cosas quedarían en el mismo estado 11ue ant,es de la anexión desde el punto de vista
económico. Y ello haciendo á un la:o la oposición
formidable que harían á esta política absorvente los
productores americanos de azúcar; el problema ea,
pues, soberanamente difícil,, desde este punto de
vista.
Otros votarían por e, protectorado; estos son los
autonomistas; estos también se fijan en el lado puramente utilitario de lii cuestión, que va resultando,
no una suprema cuestión de honra y dignidad humana, sino un simple bussiness. Los autonomistas son los
mismos que protegió Espafia cuando ya no era tlem•
po. Estos creen, no sé por qué, que los Estaaos Unl•
dos les concederían en esta situación, ciertas ventajas aduanales, que les darían tarifas pri_vllegladaa
bastantes á permitirles luchar con la azúcar de remo•
lacha (alemana y francesa) la gran enemiga de la d&amp;
caíia, y vencerla, lo que urge porqu_e la produccióB
remolachera aumenta á la d-Oliia de diez en diez afi&lt;&amp;
Yo no sé si el gobierno americano consentiría en bacer aquí el p~pel de Dugues0lin en la riña entreT1astamara y D. Pedro, entre la remolacha y !ª ~aíia; no,
veo qué cuenta pueda tener esto á la pob1ac1ón con•
sumidora inmensamente consumidora de azúcar, dela Unión.' Además Java y, sobre todo, las l!'iliplnas,
Puerto Rico en poder de los Estados Unido~ ~an 'extremar su producción azucarera apenas lnc1p1ente,
gracias á los trusts que van á regar oro sobre aquella&amp;
tierras americanas y á decuplicar sus rendimlent-aJ.
agrícolas. A tal punto es este el porvenir cierto, qu&amp;
los yucatecos que han convertido en fibras de plata.
las de su hen~quén gracias á la situación del arc!:I•
piélago filipino, ne~esltaa con ne~esidad urgente la
adquisición y preparación de las tierras fe.taces subatraídas al cultivo por los indígenas. su~tevades,
que cinco años después de la orgamzac1ón de la&amp; Bias asiáticas, las fibras de allí traínas á los mer~
yankes habrán reducld0 el henequén á la nada
·

Pf•

***

i:J:

Los que quieren la independencia ª?soluta,_
la fe en la palabra del Congreso americano, tie d
razón. No tienen razón, no es práctico, abstenerge e,
ir á los comicios, como lo recomienda el (!ubano
no de los independientes; su actitud c~s1 hostil á. lí•nación libertadora, como por allá se dice, es
la
tica, y no lleva á nada. Yo desde mucho antes iein '
guerra y durante ella, y así se los manifesté ai ~
fo1tunado Martí y al inteligente. Y ardoroso ª%buca,..
de Quesada, y así me atreví á proclama:1° Pfatal la.
mente en una memorable ocasión, he cre1do

r':

knj°

Domingo 22 de Octubre de 1899.

=

rclón de la Isla por los Estados Unidos; pero
es donde debe mani festarse el carácter y la entereza de un pueblo, en la resistencia á esas fatalidades históricas que, en suma, son relativas, pues que
la voluntad humana es un elemento importantísimo
de transfo rmación de los fenómenos sociales.
Slel pueblo cubano q'.1e claramente mani~estó que
deseaba su independencia de España. la qmere también de los Estados Unidos (lo que es diferente) que
lo diga con claridad y po: cuantos modos pueda con
108 boletines de voto. Si se retrae, si calla .... «Quien
calla otorga&gt; dice el proverbio, y en este sentido forzosamente interpretarán los americanos el retraimiento. Por lo que el consejo de la abstención nos parece una Imprudencia suprema; es el ¡,uicidio.
No podemos ni debemos meternos en asuntos que
no nos Incumben; perc, tampoco nos es posible ni de-aentendernos, ni desinteresarnos de lo que puede tener grave t rascendencia en nuestro destino, por más
,que digan los optimistas. Pero no es solo nuestro
Interés mexicano lo que nos induce á desear, más
bien que á esperar, la independencia de Cuba. Es que
-creemos que, como algunos periódicos cubanos nos
han dicho, la anexión, desde el punto de vista económico sería un inconveniente para la federación y para
la !si~. Sería el triunfo de los Estados industriales
-contra los agrícolas, sería un triunfo en la guerra
,económica, que es una guerra civil que, menos la san,gre, es tan desastre,sa como la armada. Y esos triunfos preparan el inevitable desmembramiento futuro de
la Unión, y lo precipitan. Una isla libre, con un tratado comercial ó un zollverein temporal con los Estados Unidos, saturada de oro a;nericano que hará de
,Cuba una potencia productora de primer orden, satlafarí a á t odos. Una isla autonómica y protegida, es un contrasentido constitucional en el régimen
-americano; es una absoluta transformación del sistema; es abrir brecha á todo lo que envuelve de aleatorio una alteración repentina del modo de ser político. Una Cuba libre, enteramente libre, no sería
una Cuba anárquica, no podría serlo; la presencia
-del capital americano empleado en mover la enorme
-opulencia agrícola de la isla, rica á pesar de que apenas está explotada en una parte relativamente insignificante de su terrirorio, y la vecindad de la nación
.americana., no son auspicios favorables al crecimiento de la zlzaíia, del alboroto y del desorden, menos de
las luchas civiles. Pues un pueblo latino obligado á
la paz entra rápidamente en los carriles de la prospe?ldad y, á la larga, en el último furgón del tren llega
la libertad.
Por desgracia el partido de la independencia no se
muestra capaz de cohesión, sin la que no hay fuerza,
asilas not icias que nos llegan son ciertas. Un grupo
:se separa del que en derredor del viejo patriarca m11urgente, del Gral. Máximo Gómez, pretende llegar á
realizar su ideal de libertad por medio de un acuer-do con la nación libertadora, aun cuando sea preciso
-esperar bastante y aplazar mucho. Otro grupo, diri,gldo por uno de los más bravos guerrilleros de color
de la guerra de insurgencia, ha adoptado una actitud
hostil á los Estados Unidos, y sobre todo, rencorosa
1 vengativa contra el elemento español. No se neceatta ver muy lejos para comprender que la existencia
de esta facción va á servir de pretexto para retardar
la resolución de los Estados Unidos; á otro día de las
grandes lu::has, los partidos extremos son los peores
-enemigos que la realización normal de los ideales en~entra. Tememos que eso esté sucediendo en Cuba.

Por un lado discursos complicados y altivos, hin1:hados basta rebosar de sofismas y avidez, sorpresas
fingidas ante un documento en el .fondo equitativo y
racional, emanado de la exaspEración de una minús,
001&amp; nacionalidad de hombres libres ante quienes se
bahía levantado, primero un muro y luego una montafia de exlgencias, y á quienes con el pretexto de dejar Ala diplomacia el tiempo de maniobrar con toda
prudencia, se quería encerrar en un cerco wilitar in!ranqueable, y la calificación de ultimatum apropiada al documento en cuestión para provocar las iras
nacionales, y los mutings de indig-nación en que mul,itudes inmensas, ébrlas de valor y de orgullo, hacen
-olr lll rugido del leopardo británico atisbando los corderos de los llamados pastales del Transvaal, y
la movilización de los b!l.tallones acampados en Aldshort,y losoficiales escoceses que dejan el mess eleganltíalaslmo, las salas tapizadas con todos los recuerdos de
hazanas y los viajes del regimiento, el confortable comedor rodeado de escaparates y credencias car.gadas de porcelanas y cristales finos, de vajillas de
plata vl~ja, y los vinos deliciosos de España y Francia,
el Wb~skey natal y las mesas de juego y los prados
e ejercicios de fuerza en donde, después de las cot,loau Y suculentas comidas, se entregan á su pasión
por las luchas corporales, sin distinción da grados, Y
'1111a vez revistados por el príncipe de Gales, empren:enlaA la cab~za de sus sanguíneos y atléticos solda08 ruta del pu~rto próximo para trasladarse al
~~ después de recojer los h1J1rrahs y las flores y los
..._.delas muchedumbres urbanas; y ya en el camc_mento africano la reunión con las tropas colontaes, Vestidas de lienzo °Blanco para soportar el furioso

1

EL MUNDO.

calor del est:o austral y la marcha para el territorio
del Natal, teatro probable de la guerra, y la llegada
á Ladysmlth y las incursiones en tren blindado basta los campamentos boers con el objeto de ensayar
los cañone¡, maxim y probar el efecto de las dumdums
en los cuerpos robustos de los burghers.
Por un lado ...... por el otro, las familias ent eras ,
a~andonando el trabajo para seguir la voz de sus patnarcas, las mujeres preparando el bastimento de
los hombres y abandonando frecuentemente la cómoda granja pastoral para refugiarse en la ciudad, des.
pué.s ce haber leído al alba los grandes versículos de
los libros guerreros de la Biblia, después de haberescuchado las graves palabras del sacerdote armado ya
de su rifle, como los calvinistas que seguían á Gui.
llermo de Orange y después de haberse despedido de
todos los hombres de la familia d ~sde el viejo de cincuenta ó sesenta años, jefe y caudillo de su hogar,
hasta el muchacho de diez y seis años para quien la
campaña y la muerte son una alegre aventura de juventud.
¿De parte de quiénes está la simpatía y la piedad
del mundo? Los holandeses de Africa son de una raza heróica y fuerte: los que, por no soportar la dominación inglesa, abandonaron la punta extrema del
Africa, para erigir un hogar libre en las vastas soledades africanas de un lado y otro del Vaal y los que
quedaron como súbditos de la reina no rompieron
sus vínculos de familia; todos han continuado unidos por la sangre y por la aspiración á la libertad, y
hcy que son mucho más numerosos de lo que al principio del siglo eran, han apretado más los lazos que
los unen y con el nombre de afrikanders tienen el dominio legal del Africa del Sur; esta situación es la
que, largo tiempo hace, han querido transformar los
imperialistas; Mr. Rhodes y Mr. Chambt!rlaln quieren que el vértice meridional del continente negro
sea exclusivamente inglés; esto acabará por la victoria de la fuerza, ya sólo la fuerza trlunfa, la única
esperanza del derecho es convertirse en fuerza tambMn. Esto acabará por la victoria de Inglaterra; los
cuarenta ó sesenta mil burghers que puedan oponerse á los sólidos regimientos británicos á la larga ó
á la corta sucumbirán; la compañía explotadora de
las riquezas africanas que gobierna el Sr. D. Cecilio,
que tan desdeñosa.mente hizo no ha mucho la filosofía de nuestra historia, será la reina desde Mozambique al Cabo; las tumbas de los boers desaparecerán
bajo las casas improvisadas de las colomas mineras,
y la bandera británica y la bandera de la chartered
flotarán juntas en el rústico palacio de Pretoria.
Pero est,os árboles europeos transplantados á tierra feraz crecen extraordinariamente con la poda, cobran fuerza nueva; la familia boera serulrá multiplicándose después de la guerra y una Irlanda protestante brotará para Inglaterra en la tierra de la
Buena Esperanza. Esto dentro del imperio; fuera de
él la cuestión asumirá un gravísimo carácter; las libres repúblicas africanas encadenadas al estupendo
acorazado inglés, harán reflexionar un poco más de lo
que probablemente reflexionan todas las noches á los
franceses, á los rusos, á los alemanes, á cuantos están en vía de forjarse imperios coloniales.
No sería improbable que de la sumisión de los boers
resultase la necesidad de una triple alianza marítima
en Europa; no sería entonces extraño que el océano
asiático viera, en el primer cuarto del siglo próximo,
la lucha más terrible que la humanidad haya presenciado, y que en las ond~s del Mar Amarillo, espumeantes de sangre, be escnba algún día el epílogo de
la conquista del Transvaal.

-ILAA5to ✓ ~

LA HERMOSURA Y LA SALUD
BELLEZA CLASICA Y BELLEZA ROMANT!CA.
Dicen los poetas que la primera obligación de la
mujer es ser hermosa, y contra lo que es común, en
este punto se encuentran de acuerdo los poetas con
los hombres de ciencia. La razón de este acmerdo entre poetas é higienistas es, pura y simplemente, que
hermosura y salud, belleza y vigor son sinónimos, y
que nada suministra mayor contingente de eneantos
al hombre, como á la mujer, como el funcionamiento
normal de todos sus órganos, el desarrollo proporcionado y armonioso de toda su estructura.
Veámoslo si no. El tipo supremo de la belleza plástica femenina es, sin di&amp;cusión, la Venus de Milo y á
la vez, la diosa es el tipo acabado y completo de lasalud y del vigor. Desde luego llama la atención en ese
portento de belleia plástica, la armonla y la propor·
clón admirables de sus diversas formas: torax amplio
y levantado, que revela una "espiración profunda y
vivificadora; cadera vasta, que traza una curva majestuosa, indicio cierto de fecundidad; brazo y pierna finos, pero acojinados, duros, reveladores de tejidos firmes, sanos y bien nutridos; cabeza pequeña, es
verdad, pero ángulo facial abierto, casi recto, caja

\

153
cómoda de un cerebro voluminoso y bien conformado; labios delgados, no ingurgitados por la linfa mal
sana., sino impregnados de sangre generc:,sa; oreja pequeña, bien aplicada al cráneo, que no revela decadencia ni degeneresencia.
Son éstos atributos de un individuo sano y fuerte
descendiente de una raza vigorosa y gimnástica. Entrando en pormenores, se acentúa el contingente que
la salud da á la belleza.
Desde luego una persona sana tiene la piel tersa,
sonrosada, sin cicatrices de viruela, sin costurones de
escrófulas, sin pecas, caspas, botones que afean é insp:ran 1epugnancia; la sangre generosa circula en
abundancia y tiñe de rosa el cutis, de carmín los labios, c!e r,ácar las uñas; la cabellera, abundante y fi na,
cubre la espalda como un nµnto.
Los ojos, bien hendidos, á flor de cabeza, sombreados por pestañas largas no se!l'adas por los parásitos
ó las oftalunias, tienen espresión, brillo y profundidad; uniformemente negra, azul, verde ó garza, la
pupila mobil y bien perforada da espresión y elocuencia á la mirada. El cuello erguido se destaca
arrogante sobre los hombros, sin deformidades ni vicios de curbatura. El andar aplomado y agil envuelve en magestad ó gracia toda la persona, y el cadencioso balanceo oe la cadera revela el vigor de la complexión y la solidez de la estructura.
La debilidad constitucional, las enf0ormedades habituales, deforman, corroen, manchan y se revelan en
el tipo especial físico de quien las padece afeándolo
y haciéndolo risible ú odioso. Los labios gruesos,
colgantes, invertidos, revelan escrófula ó linfatismo;
la nariz aplastada es propia de raquíticos y tuterculosos¡ los ojos opacos y mortecinos denuncian males
ocultos y afecciones crónicas; cualquiera que sea la
conformación original de un ser, la salud lo embellece y ya es mucho conseguir el que no haya nada que
acentúe y agrave la fealdad nativa y el allegarse el
contingente de frescura que de la salud y del vigor
deriva.u.
Hay sin embargo, se me objetará, tipos de belleza enfermiza, delicada, frágil y no menos pvtente y
denominadora. Estúdiese la plástica bizantina; aquellas vírgenes son escuetas como el bejuco y pálidas
cerno el marfil; carecen casi de formas, ni el seno ni
la cadera se delinean ni dibujan bien; hundido el pecho, demacrado el rostro, sombreados los ojos, transparentes las manos, huesudas y flacas, parecen convalescientes ó tísicas, y esas vírgenes constituyeron
durante siglos un tipo ideal de belleza, á sus piés se
arrodillaron los pueblos y cayeron las naciones en éxtasis místico; todavía hoy sobra quien las encuentre
idealmente bellas y sublimt!s.
Otro ejemplo; la escuela romántica tiene por tipo
ideal de belleza á la mujer pálida, delgada, trar:slúcida ojerosa, lánguida. Sanciona el váhido, la crisis
nerviosa, la jaqueca y los vapores; qufare á la mujer
inapetente é infecunda. Las románticas, es bien sa.
bido, tomaban vinagre para anemiarse, no comían
para enflaquecer, vivían á oscuras para palidecer y
enfermar. Y este tipo de belleza patológica fué aclamado, cantado, incensado ó idealizado por toda Europa y por.muchos años. Aún hoy los poetas cursis
entonan endechas que co:::iieman: Pálida joven! ....
prefieren el junco al arbol, y fuerzan á las mujeres
á pintarse ojeras.
Hay pues belleZl, puede haberla al menos, fuera
de la salud y del vigor, y la cloroanemia, la tisis y
hasta la diarrea pueden procurar á la mujer encant os y atractivos.
Nuestra objeción fundamental á este modo de ve.!'
es que toda belleza enfermiza es transitoria, que el
tipo es efímero y no perdura en las preferencias humanas y que las desviaciones del ideal de lo bello acaban por encauzarse de uuevo en el tipo Inmortal de
la belleza griega. Con la caída del Imperio Romano y
la,generalización del cristianismo, vino una reacción
contra la vida gimnástica, puramente física, característica de las repúblicas helénicas y que Roma heredó. Al gimnasio y al baño se substituyó el templo,
al atletismo la maceración, á la actividad flsica la
meditación y la plegaria; todo el hombre se concentró en S'.l propio espíritu y en su propio corazón; se
odiaron y pros'lribiron los juegos, las danzas, las carreras y se orga.nizaron las proce&amp;iones y las tandas
de ~iercicios; los sentimientos místicos exRl::.ados basta el delirio, absorvieron todo la activid d y monopolizaron todas las preferencias y toda la atención. El
hombre había dejado de ser cuerpo para transformarse en espíritu, y la estética, siguiendo el inevitable
impulso, menospreció el cuerpo y aspiró como única
belleza á la del alma. La plástica bizantina describe
dent,ro de un mínimun de forma,material, quea tenúa
y esfuma cuanto más puede, almas exaltados en el
amor divino, corazones torturados por la angustia
mística, espiritus extáticos en la contemplación del
más allá; los cuerpos demacrados por el ayuno y macerados por el silicio, enflaquecidos por el tormento
moral y por la devoción desaparecen envueltos en flo tantes y castas vest iduras; ninguna mujer ostenta
el seno, nido de funestas tentaciones ,ni muestra la
cadera, germen de reprobados apetit: s; sólo á sus
ojos atónitos, profundos y sembreados asoma su alma
angustiada y torturada.
El mismo fen5meno se repite con el florecimiento

�Domingo 22 de Octubre de 1899.
EL MUNDO,

254
d'Eil puritanismo en Inglaterra y con
el del romanticismo en Francia; pero
estas reacciones, lo repetimos, no son
duraderas. El único ideal posible de
belleza es el que pinta al hombre completo, acabado, compuesto de sus dos
elementos fundamentales, cuerpo y alma; el que no lo mutila, ni lo deforma, ni lo tortura para representarlo y
para pintarlo. La plástica griega fué
incompleta por inexpresiva; se consagró al cuerpo y olvidó el alma. Sus
creaciones son forma y no idea, relieve y no pasión; no piensan ni sienten,
ni aman, ni sufren, ni gozan. Las bellezas bizantina y romántica,por el con trario, suprimen el cuerpo, desdeñan la
materia, lo postergan y posponen el
alma y resultan tan incompletas como la otra. Durante e.l Renacimiento
comenzó y se llevó muy adelante la
fusión en un todo armónico del cuerpo
y del alma para pintar al hombre; to•
da vía Rafael es pagano por lo insulso
de sus figuras y lo decorativo y mural
de sus composiciones; todavía Fra Angélico es bizantino por la profundidad
de su misticismo y lo vaporoso é inma
terlal de trns creaciones.
Pero Miguel Angel, Leonardo de
Vinci, Tiziano, Rubens, los flamencos,
hacen plástica perfecta y completa;
adunan á la belleza impecable de los
cuerpos la potente efervescencia delas
almas; sus diosas, sus profetas, sus
apostole8,son hombres acabados, almas
soñadoras, pensadoras, activas encerradas en estructuras armoniosas, poderosas, sanas y la plástica del porvenir se inspirará perdurablemente en
ellos.
No; todo ídeal de belleza dentro
del raquitismo corpóreo es un absurdo; belleza·es fuerza, salud, agilidad,
acción, y es pensamiento, emoción y
pasión.
La mujer que quiera ser bella, que
procure ser sana y vigorosa y á la vez
que trate de ser inteligente y buena.
Que busque primero un cuerpo y luego
aloje en él una alma.

LA INSTRUCCION PRIMARIA
EN

MEXICO.

F ray Pedro d e Gante.
I
Entre los factores del progreso humano, descuella
por su indiscutible importancia la Escuela. Y entre
las divisiones de ésta es de mayor valor la primaria,
porque si bien menos intensa, es en cambio más extensa puesto que aspira á impartir los conocimientos indispensables á todos. Esto hace que sea á la vez
que interesante, grato recordar lo relativo á ella, y
muy particularmente placentero lo que atañe á la
Escuela Primaria en.t re nosotros.
Por eso consideramos benemérito de la Ense!Ianza
en nuestra amada Patria, al F ranciscano Fray Pedro
de Gante; y con entusiasmo y fruición se!Ialamos el
afio de 1522 y la ciudad de Texcoco, como el origen
grande y fecundo de la Instrucción Primaria, propiamente dicha, en el Continente Americano; y lleva la
gloria de haber establecido la primera Escuela en
ese lugar y en esa fecha el insigne Gante.
El más sencillo, pero el más sincero aplauso, tributamos hoy al benemérito Franciscano, presentándolo en este momento á la generación que se levanta, como acabado modelo de virtud, de abnegación
y de ardiente caridad.
LUIS E. Ruiz.

LA DANZA ESPAÑOLA.
Me gusta, ,entre todas, la noble danza espaliola. En
ella se asocia el orgullo castellano á la voluptuos;dad
oriental. F átima y Zoraida la transmitieron á Do!Ia
Jimena, que le ha dado su orgullo, dejándole su languidez. E l doble genio católico y musulmán de la
Espalia, se delata en todos sus movimientos y en todos sus gestos. Allí pasa la mujer por bruscas transicionei;!, de la molicie del harem á la energía del
combate, de la esclavitud al imperio, de la tierra al

Fray Ped1·0 de Gante.
Cielo. Después su pantomima describe movimiPntos
serviles, su cuerpo suave y acariciador parece ascender hacia invisible due!Io.. . . On soplo de aire pasa,
su cabeza se levanta, su nariz se hincha, un Njo de
altivez enciende su pupila, su mantilla adquiere plieguez de manto real; la odalisca se ha t ransformado
en infanta. Otras veces la veréis tomar el aire y el
mov!miento extático con los cuales las vírgenes de
Murillo flotan sobre la media luna, en un cielo purpúreo y rosado. Orgullo, pasión, negligeIJcia, entusiasmo del amor, frenesí del placer y ensuelio de felicidad, todos esos matices del alma se mezclan y
confunden en la danza pintoresca de Andalucía. Expresa, en un instante, pensam!entos de reina y locuras de bohemia. Antes marchaba sobre las nubes á
pasos de diosa, y ahora salta sobre el tablado de los
farsantes y de los titereros.
Hay momentos en que la bailadora entabla con tiU
caballero un1. lucba apasionada, rápida y deslumbrante como esos diálogos de Calderón en que las réplicas
chisporrotean. Ella llega con la cabeza envuelta y los
codos salientes en la mantilla negra, c::,n rosas en la
sien, con la pierna extendida en sus medias color de
azafrán, haciendo silbar entre sui. dedos el abanico,
llevando como una coron~ su alta peineta de carey
calada y piafando, bajo sus arneses de fiesta, con pie
resuelto. El caballero voltea al rededor de ella, implorando una palabra, una selial, una mirada, y dirige á la mantilla las súplicas que el amante, en las serenatas, envía á la persiana cerrada, tras de la cual
se encuentra su ador11.da. La dama se hace sorda y se
oculta más en su velo; su marcha se complica y se
confunde: diríase que pretende derrotar á su adorador y extraviarlo en el embrollo de sus pasos. De
cuando en cuando, lanza de sus pupilas acechadora.'!
una mirada vi va, cruel y traidora, como una pulialada en la noche, luego se escapa, oblicua y ferozment~
por el laberinto imaginario que dibujan sus pies. Al
fin, el amor la vence, una súplica más tierna la ha
herido el c1razón, su resistencia se cansa, su 0 1gullo
se desarma, la mantilla se aparta, se entreabre, cae
al suelo y la bailadora de mil colores, fulgurante de
lentejuelas de oro y plata, brota de ella, con los brazos desrl,.ganos. Las castañu~las desgranan, bajo sus
dedos, las 01,tas petulantes.
Entonces com,eoza una danza soberbia y fantástica, llena de impulsos competidos, de agasajos lasci-YOS, de avances eludidos, donde la cara que se caía
hacia atrás, enervada de amor, se levanta ardiente
en cólera, donde el gesto desmiente la mirada, donde
el abanico se burla de la sonrisa. La joven se debilita
y se rinde al fin: algunas veces cierra los ojos y apoya sobre la espalda del bailador su cabeza inflamada.
El caballero la conduce á pasos lentos, con el dedo so-

bre los labios ... . sus ples bailan toda.
vía y su cabeza flota ya en !a sombra
de un ensueño. El efecto de este reposo después de aquellas violencias tiene algo de mágico; parece que ~ asiste á un encantamiento de amor. Ha.
ce pensar en los intervalos de suenos
y de desfallecimiento que entrecortan
de pausas tan divinas las estrofas del
cántico: «Sostenedme con manzanas
fortificadme con perfumes, porque m~
muero de amo:-. &gt;-«Os conjuro por los
pavos y los ciervos del bosque, á que
no despertéis, ni hagáis levantar á la
bien amada antes de que ella qulera.,U no de los rasgos característicos de
la danza española es su suprema galantería. No tiene diou, como la danza
francesa. El hombre se borra detrás
de la mujer: la sigue, la escolta, la
protege, la rodea de solicitudes y de
homenajes; no tiene la estúpida pret ensión de agradar á su lado ni mostrar sus gracias ante su belleza. Qu6
t riste figura harían los céfiros asmáticos y los silfos derrengados de nuestros bailecillos junto á esos caball-eros,
atrevidos y corteses, que parecen
apearse de un caballo de guerra y cuya
pantomima varonil simula un rapto
novelesco. Así sucede muchas veces
en las fiestas populares de Andalucía.
En medio del bolero comenzado, llega
arrastrándose, desde el fondo de la sierra vecina, un majo en traje de cuero,
la navaja en la cintura, la chupa bordada á la espalda. Lleva en la grup&amp;
su compaliera; el caballo está atado f.
un árbol, y los dos, al saltar del estribo, entran resueltamente en el baile.
No hay más noble ni más encantador símbolo de la servidumbre amorosa que esta figura de b Sevillana. El
hombre tiende ante la mujer la punta
de su man.to; ella-pisa desdeliosa:nente y prosigue la vuelta; el bailador la
sigue repitiendo su maniobra, el manto se mult iplica para reD11lrle homenaje y se desarrolla ante sus pasos como ancho tapiz.
A veces la bailarina, absorta en s(
misma, improvisa el ritmo y las figuras del baile. 8&gt;
ievanta muelle y perezosament e, como pantera des•
pertada que estira ampliamente sus miembros flexibles. Lo11 hombres se enfilan al rededor, la acompa!Ian con un murmullo de guitarra ó la espolean con
las castañuelas. Ya es una avispa lo que busca entre
los encajes de la saya, como en los pliegues de un&amp;
rosa de cien hojas; ya su pié que arquea, admira,
vuelve y revuelve, como una joya encontrada sobre
una mesa divirtiéndose en hacer resonar el talón sonoro. Sus brazos forman al rededor de su cabeza esbeltas guirnaldas, 6 rozan la tierra como alas.
Hace la corte á su belleza, la ostent a, la provoca,
lanza su pierna hacia _fuera con deslumbrante golpe
de basqui!Ia. ¡Bien sacada está/ murmuraría entre
dientes el viejo Goya. Ella se mirá amorosamentb
en el círculo de los ojos ardientes que la rodean.
Pronto el entusiasmo se apodera de los espectadores,
desabrochan las chupas, se desatan los cintu~ones Y
los echan en envuelto m~ntón á sus piés. La bailadora se dibilita lentamente y se apoya en ese trofeo
con aire triunfal.
Alguuos pasos han conservado casi enteramente
el carácter orient al. Allí se encuentra el est ilo de 10&amp;
bailes moriscos en que el busto se mueve so_bre pler•
nas casi inmóviles y con las cuales se asPmeJa la bai·
ladora á una mujer petrificada que se agitase en todos sentidos para salir de su envoltura. Los plés están libres, es verdad, pero caracolean en un círculo
estrecho: el movimiento se concentra en las cantor•
siones y en las ondulaciones del talle. Nada más llamativo ni más extraño. Si la danza europea tiene la&amp;
alas del pájaro, la danza oriental tiene los anillos de
la serpiente. El pájaro encanta, pero la serpiente
cina. Cuando este paso lo ejecuta una bailadora
pura raza, la ilusión es completa y creerels ver
personita árabe bailar la Zambra sobre las losas dal
Pat io de los Leones, delante del califa, sentado
fondo en una posición de ídolo. La mira con sus
fijos, rodeados de antimonio, y su mano cargada e,
sortijas, acaricia lentamente su barba t renzada.

r:,
ºO:

ojr

PAUL DE SAINT VIOTOR.

255

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de 1899,

Y de sus losas pesadAs
Van resurgiendo ilusiones
En aladas
Procesiones .. . .

¡Muertos! .. .. y entonces los míos,
Presa de letal quebr,rnto,
Silenciosos v sombríos
Dejan resbaiar su llanto!. ...

Tri,tes ojos errabundos
Que exploran lf'j ,m os mundos!
Aunque ellos estén abiertcs,
No me parecen despiertos:
Los miro siempre abismados ..... .
Y si se cierran, cansados,
Me parece que están muertos . . ..

Si se cierran, si naufragan
Del sueilo bajo el capuz,
Mis ojos tambi én se apagan
Nostálgicos de su luz,
Y si ven, enternecidos.
De mi alma las soledades,
Bailados en claridades
Se alzan mis sueilos caídos ....

.A la luz de esAs m iradas,
Abrense las tumbas frías
Donde están mis alPgrías
Sepultadas,

¡Dulces ojos que se empeilan
E n seguir idealt&gt;s idos .... !
!Ojvs que mirAn dormidos
Y que suefian!
¡Ojos que al sentirse heridos
P,1r resplandorPs brillantes,
Tilmblorosos deEfdllecen,
C•rn.l rll dian y se estremecen
Al ver la luz, los diamantes
¡Ojos que jamás reflejan
Los enojos ....
¡Son tus ojos!
Ron tus ojos que semejan
Gra ndes gotas de rocío
Que de algun cáliz rodAron:
E5'.rellHS que á ti bAjaron
En una noche de estío!
¡ Pupilas ensoilt1doras
Q 1e ocult11s por las pesta.tias,
Huyen á e~f&lt;lras extrallas
En ·pos de extraflAs AurorAs . . . . 1
1

.llfARÍA ENRIQ,UETA.

Bf\LOONE8 f\BIERT08.
E l dedo metálico y movible del barómetro se
detuvo en los límites extremos de las bajas presiones; la columnilla capilar del termómetro, en
un d escenso brusco, seilaló nueve grados,, bajo
cero; por todos los hilos telegráficos vino de provincias y del extranjero la palabra nieve, y la
nevada empezó á caer de un cielo turbio, en copos menudos.
El silencio y la paz de la calle, por la que no
transitaba nadie, eran profundos, y hacían más
frío todavía el airecillo manso que bajaba de las
cailadas de la sierra. Todos dormían cerca de la
llama alegre de la chimenea ó dentro del tibio lecho, pensando durante el sabroso y vago limite
que separa la vigilia del sueilo, en la nieve que
cae fuera, y en el vientecillo manso que mueve
la persian a. con cadencia intermitente.
No todo duerme.
En la fachada cerrada y obscura de una casa,
hay un balcón iluminado, á ,eces abierto, como
un ojo que vigila la calle y espera algo: aquella

luz alumbra á uo muerto ó á un enfermo; el ojo
vigilante de la fachada espera al médico 6 á los
lúgubres empleados de la Funeraria. Con un poco de atención, se dif,.rencia la luz del enfermo
de la luz del muerto. La del muerto parece más
inmóvil, más triste.
Durante estos días de frío son muchos los balcones con luz y no pocos los balcones abiertos;
si el piso no es muy alto, se Vdn desde la acera
opuesta los cabos encendidos de las hachas, terminadas en llama larga, inmóvil y humosa. Aquel
hueco ilumina do hace entonces un poco tl! efecto
de las dos ventanas de la casa misteriosa que mi •
raban con terror los chicos de qu_e habla Víctor
Hago.
Como aquellas miraban ínquisiti va mente, é,tos
miran trauquilos, solemnes, fijos , como miraría
el muerto si no tuviese los ojos piadosamente cerrados, La apari:ión brusca de la muerte así, en
medio de la calle fría y sileneiosa, sin aparato,
sin aviso, recogida y anón ima, d eja una impre-

¿Seré el extraño A.rgonauta
de algúh falso Vellocino?
¿Será mi eterno destino,
-bella incauta,
andar como el peregrino
tras tu huella
y no dar jamás con ella?
¿Y esta fabula de amores
te será desconocida?
¿Pasará toda su vida
sin que llores?
Somos dos hojas que el viento
puede juntar un momento
en sus marchas inseguras ....
Ya sabes que el viento es loco
y que A.mor dura muy poco ..... .
¿Te aventuras?
Ni te he v isto, ni me has visto,
pero tu sabes que existo,
como yo lo sé de ti.
Tú me esperas, yo te espero ....

sióc. profunda y melancólica que ha~e menudear
el paso para huir de aquello que parece un 11viso;
pero la obsesión del balcón abierto sigue ya le•
jos. y se piensa como el personaje de un cuento
de Coppée, en quién será el muerto; tal vez una
mujer j oven y bonita, quien sabe si un niilo, prob 1blemente un v iejo A quien hi derribado la primera helada del invierno, y se medita sobre que
ya han pasado, en que ya no tienen que sufrir el
temido conocimiento del tránsito al más allá obs•
curo y amenazador.
Ya sabéis lo que ve de madrugada el transeunte, cuyos solitarios pasos en la c11lle oís en compaiifa de la llama ale¡rre de la chimenea ó dentro
del ti bio lecho. Y coDvandréis conmigo, en que
no tiene nada de 11gradable para contároslo á.
fdlta de cosa más alegre, pero ¡hay tan pocas cosas alegres!
FEDERICO URREOHA.

;,Vienes? .... ¿Voy? .... ¿Por qué seniero?
¡Nn lo sé! ¿Lo sabes, di?
N uestro amor es sueilo vago .... . .
Me adivinas, te adivino ... .. .
¿Sabe el lago cristalino,
si á su lado hay otro lago?
Si á los dos poner pudieras
frente á frente, en su embeleso
juntarían las riberas,
como lab ios, en un beso.
Cerca están, pero se ignoran .. , ..•
No se ven, pero se esperan,
Cuando bullen y se alteran,
Es que lloran!
Yo he de hallll.rte, estoy seguro ....
No sé cuando, más te juro
que tu boca he de besar .... l
Tú eres musa, yo poeta ..... .
¿Qué distancia, qué planeta
nos podría separar?
París.

MANUEL UGARTB:,

�Casa del Sr. Tablada,
Casa del Sr. Adolfo Jlegewisch.

/

__ ,

Quinta del Sr, Gral,. Don Manuel, Gonzdlez Oosio.
Quinta «Rosalia »

Casa del 81·. Natalio Sdnchez.

)

Casa del Sr. Don Carlos Rivas.

Casa del Sr. Dqr¡ g,,,,ardo llegetoi8ch.

Quinta «Margarita.»

�258

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de 1899.

&lt;3ampií'íaó dv 8Tt&gt;éxico.--t6Lzededouó de/ &lt;3oJ/oacáv.

Domingo 22 de Octubre de 1899.

2511

EL MONDO

EL SANEAMIENTO DE LA CIUDAD DE MEXICO.

Detalles de constrnrción de las compuertas, VÍ1Jta posterior.

Reseña de las obrasd1saneamiento.
Es por demás i nterEsante conocer algunos
detalles de la magna. obra que i;é tSlá Ilevand1, á cabo en la Metrópoli. Hoy publi-

1. Calle Real de Coyuacan. - 2, a y 4. Estud-ios de paisaje ent?·e Coyoacán y San Angel.- 5. Parroqitia de Ooyvacán.-6. La cantera de basalto.

camos algunos de esos pormenores. tomando
de una reseña especial los siguientes curiosos datos.
La Ciudad de México está asentada en el
fondo de un valle sin salida, y en el que, por
ésto, se acumulan todas las agues de lluvia
que caen en una cuenca tan extensa, que
llega á Pachuca por el Norte, á los Llanos
de Aparo por el Oriente, y está limitada
por las serranías de Ajusco y de las Cruces,
al Sur y a! P oniente.
Esas aguas de lluvia, que vienen á formar
el lago de Texcoco, no tenían más salida
que la at mósfera, pues sólo bajaba su nivel,
cuando disminuía la cantidad de agua por
efecto de la evaporación. A ese mismo lago
tenían que ir los des'lgües y los desechos de
la Ciudad de México, y como el terreno en
que ésta fué construida, está tan bajo, que
muchas veces las aguas del lago invadieron
varias calles de la ciudad, resultaba, que la
expulsión de esos desechos, era muy lenta y
dificil, aun en las circunstancias más favorables, es decil, cuando el nivel del agua de
Texcoco estaba muy baju. El conjunto de
circunstancias que se acaban de indicar, hacían que la vida de la Ciudad fuera en extremo dificil y sujeta á crísis, como las que produjeron siempre las grandes inunq~ciones.
La descripción de todas las obras emprendidas, y de todas las energías que se consumieron durante cerca de cuatro siglos, ha,
ciendo esfuerzos para mejorar las condiciones del desagüe, será bastant,e para ocupar
un libro, que afortuoa.dameote la Junta Directiva ctel Desagüe.del Valle. publicará muy
pronto, y que tiene encomendado el inteligente escritor, seilor Goozález Obregón. No
han sido menos laborio:sos y ta rdíos los esfuerzos que se hicieron p.u a expulsar de la
Ciudad los deshechoi, de las hablt:i.ciones,
pues las primeras atarjeas se construyeroná
mediados del siglo pasado; pero por una par'6 las malas condiciones do México. y por
otra, la imperfección con que en todo el
mundo, se construyeron los desagües de las
poblaciones hasta mediados del presente si-

.. .L

.- .

\

.;
~

-.. ·~

.

"

"'- . . E-,,
• -e,

...

~·

Y'/
r~ -. ~'

.

.

t:

"

L
tr el6n del r:01, etor General del Sur Yde la Bllurcacl6n
1.---Trabajo3 de cons
uc '&gt; á S•n Lll.zaro in ncando el sistema áe ademe
O 1
d,¡l
,•ouduc
ª
~ ~~:J~r!s de pequell.a esc.,11ár!a en las grandes escavac!ones.
que se ha usado par.&lt; em¡, ea

glo, hicieron que resultara en extremo imper fecto el sistema de atarjeas que hasta la
ftcha ocupa la mayor parte de la Ciudad.
Cuando en las principales eludades del
m undo se inició el movimiento q_ue hamod ificado radicalmente el sistema de desagüe,
mejorando mucho lar, condiciones higiénicas,
se trató en México también de llegar al mis•
mo resu!tado pero se tropezó siempre, con
que faltaban las obras del Desagüe del Valle,
que era la base fundamental de cualquier
proyecto para mejorar, las condiciones del
desagüe interior de la Ciudad.
Entre los esfuerzos que se hicieron para
llegar á un resultado, el más vigoroso fué el
emprendido el año de 1876: en el que, una
comisión de Ingenieros bastante numerosa,
estudió en muchos detalles, la pendiente, la
capacidad y las condiciones hidráulicas de
las antigt1.as atarjeas, para definir, de un modo científico, si era ó nó posible mejorarlas.
Los miembros de aquella comh,ión, no llegaron á ponerse d~ acuerdo, acerca de cuáles
eran las obras que deberían hacerse, y como
las condiciones políticas del País, obligaron
á suspender los trabajos de la comisión, nada se resolvió en definitiva, y quedó el asun.
to en suspenso, hasta el año de 1885, en que
se emprendió un nuevo estudio del asunto á
iniciativa del señor Ingeniero Don Man~el
Maria Contreras, que á la sazón era Regidor
de Obras Públicas; pero se tropezó con la
misma dificultad de siempre, con la de que
mientras no se concluyeran las obras del desagüe, no era posible modificar la pendiente
de las atarjeas:
Enton~s se inició de nuevo la prosecución de d1cb~s obras del Desagüe, las cuales
están ya casi termi nadas, debido al grande
cmpeflo qve en Lacerias tuvo el sei1or General Diaz y la Junta Directiva que nombró el
Gobierno, para administrarlas.
En los all?S de 1887 y 1888, sobrevino una
de aquellas 10undaciones que periódicamente afligían á la Ckdad, y entonces, el Ayuntamiento dispuso qne se establecieran las
bombas de San Lázaro, que tuvieron por obindepend_er del lago de Texcoco, el Desagüe
del intenor de laCiudad, mientras se terminaban las obras del Desagüe del Valle.
En ese mismo año de 1888, y á iniciativa
del Sr. Regidor de Obras Públ!cas, Ingenie-

�EL MUNDO.

260

ro Don José María Velázquez, se creó la comis!ón de
Saneami1mto, para que 1::studiara el proyecto definitivo de las obras que debían emprenderse para mejorar el desao-üe interior de la Ciudad, sobre las bases generalesºya aceptadas el año de 1855.
Esa Comisión trabajó tres años, tomanJo d3:tos topográficos y estudiando un sistema, que estuvier_a d_e
acuerdo con los adelantos modernos, y con los pnn~1pios sancionados ya por la experiencia adquirida, en
las poblaciones que han hecho obras semeJantes á las
que aquí se debían emprender.
Los fundamentos técnicos del proyecto, están ampliamente detallados en la memori~ que al .A.~untamiento presentó el jefe de la Comisión, el inteligente
é ilustrado joven Ingeniero Sr. Roberto Gayo!, el
año de 1891, y el Ayuntamiento qu~ entonces_ funcionaba, resolvió pasar dicha me mona al estud10 del
Sr. Ingeniero D. Luis Espinosa, quien presP.ntó su
dictamen á fines de 1893; este dictamen y el primer
informe pasaro~ d:ispués á una comisión compuesta
pcr los Sres. Ingenieros D .. Man~el Cont_reras, D.
Leandro Fernández y D. Lms E;prnosa, quienes concluyeron por aceptar en todos sus detalles el proyecto del Sr. Gayo!, después de que durante seis meses
hicieron el estudio minucioso del asunto.
E l proyecto en lo esencial es el siguieu~e:
El Canal del Desagüe del Valle que t iene su orígen en el extremo oriental de la Ciudad, establece
el punto más bajo de todos los alrededores :le la población, punto á donde ;:ior esta circunstancia deben coneurrlr todos los desagües de la Capital.
Allí comienzan los colectores que tienen su ?rigen á

t:~

Domingo 22 de Octubre de l o99

EL MUNDO.

261

~. - VI sta del frente de las compuertas en vía de construcción.

3 .- 0ubetas de los colectores del Nm·te. Cent?-al y del Sur en el punto donde se r·eitnen para entr·ai·
en las compuertas.
cosa de cinco metros abajo del nivel del terreno y con
una pendiente unif'lrme, entran en la Ciudad.
El Colector general dP-1 Norte se bifurc_a en un pu?to situado algo más de 700 metros del or1gen, Y en 1a
bifurcación se divide en dos colectores de m,ás pequeño diámetro, qne llamamos el colector num. 1 Y_ el
colector núm. 3. El colector general del Sur también
se difurca en otro punto que está á algo más_ ~e 'iOO
metros al Sur del origen, y al bifurcarse se divide en
dos colectores más pequeños, á los que llamamos colector núm. 2 y colector núm. 4.
Cada uno de los colectores, central, 1, 2, 3 y 4, ocupa la linea media longitudin_al de una área, que representa próximamente la qumta parte de la superficie total de la ciudad.
.
Cada una de estas fracciones de superficie, la lla•
mamos zona, y están separadas una de otra por las
líneas que en el plano respe~ti~o van señaladas con
untos y raya&lt;1, que á la vez mdican cuál es. el t1 arecto que deberán seguir los tubos de distribución.
Estos tubos tienen por objeto conducir el agua que
servirá para lavar las atarjeas, de la manera que :i.delante se indicará.
A partir de los tubos de distribución, comienzan
las atarjeas que )Jamamos laterales, que son de peueño diámetro y construidas con tubos de barro vl€rificado. Estas atarjeas están marcadas en el pla.no con líneas delgadas formadas de pe~uei'ias rayas.•
El trayecto que siguen estas atarJeas laterales,
siempre es sinuoso, pues pasan alternativamente de
una calle que va de Poniente á Oriente á otra que se
dirige de Norte á Sur, ó viceversa.
.
El objeto de esta disposición es ~onsegmr ,.,,&lt;i,ue
no quede sin lavai ninguna de las atarJeas de la cm•
d d pues los tubos de distribución están á cosa de
cuadras de distancia de los colectores, y si se
construyeran las atarjeas pequeñas, síg:ulendo
rectas ya fuera en dirección de Onente á o:f:te ó d~ Norte á Sur, seria muy difícil proveer

Domingo 22 de Octubre de 1899.

del agua á todas estas atarjeas, y fácil es convencerse por la simple inspección de los planos, de que la
disposición que ~e ha proyectad? p~ra ias at~rjeas laterales, es la unica que permite mt,roduc1r el agua
con que se bao de lavar todas las atarjeas sin excep,
ción.
Estas atarjeas laterales tienen su pendiente siempre desendiendo del tubo de di,;tribución al Colector,
de manera que este ~irve para recoger ó colectar la&amp;
aguas de la Zona, y por esta razón se le llama Colector.
Las aguas para lavar las atarjeas, se toman del Canal de la Viga, proyectándolas por medio del Canal
de deri vadóo, hasta el crucero de éste con la calzada de la Piedad; e1'l. este crucer0 toma el agua una
bomba poderosa que se ha establecido, y que es capaz
de forzar un metro cúbico de agua por segundo, que
entra á los tubos de distribución, con uoa presión
inicial equivalente á una columna de agua de 12 metros de altura.
En la bomba comienza un tubo de fierro de 108
centímetros de diámetro interior, que sigue por las
calles de Buca.reli y corre ha.Ata Nonoalqo y tendrá
algo más de 3 200 metros de longitud; de este túbo
parten 12 ra~ales: 6 al Oriente y 6 al Pouiente, ~ue
sirven para distribuir el agua á todas las atar¡eas
laterales y que por estas circunstancias llamamos tubos de distribupión.
·
Los ramales tienen O. 76 de diámetro interior y son
capaces de conducir dos de ellos, toda _el agua que
lleva el tubo principal; se les dió ese diámetro con
el objeto de concentrar toda el agua y toda la ener-

5.- Boquillas de los colecto1·es al desembocm· en las compuertas.
gfa de la bomba pc1,ra lavar sólo una zona; pero como
la operación será muy rápida, en un s-:lo día se podrán lavar todas las atarjeas de la ciudad.
El punto en donde conviene colocar siempre una
bomba que debe hacer el servicio de aguas de una superficie cualquiera es siempre el centro de esta superficie, pero como en la ciudad, seria difícil ó casi imposible, colocar la bomba en el centro de la ciudad,
se eligió el crucero de la Calzada de la Piedad con el
canal de deri vación por ser el que estando más cerca
de la línea media, no presentaba dificultad para colocar el !ubo general de distriliución.
En el origen de cada una de las at,ujeas en las cuales entrará un t ubo de fierro de 0.16 ó 0.20 de diámetro que se enlace con los tubos de distribución, y entre
éste y el origen de la atarjea, habrá una compuerta
de fierro y bronce que funcionará con presión hidráulica, y arreglada de tal manera, que con un tornillo
se podrá re'l'ularlzar la cantidad de agua que entra
á cada una de las atarjeas laterales, y una vez que
eae tornillo esté fijo en su lugar, pasará por la compuerta siempre la misma cantidad de agua.
Esta cantidad, la necesaria para lavar cada atarjea, varía con las condiciones de pendiente y diámetro que tenga cada lateral, y estará comprendida entre 90 y 200 lit ros por segundo.
P~r las condicione&amp; de secciór:. y pendiente de las
atarJeas laterales, la velocidad del agua del lavado
será de un meLro ó más por segundo, pero .:omo al
entrará la atarjea el agua llevará una velocidad inicial de 10 á 12 met,ros por segundo, la velocidad media en las atarjeas la pasará por regla general de 2
metros en la misma unidad de tiempo.
Las compuertas de las tomas de agua, 'le tendrán
abiertas todo el tiempo qi:e sea necesario para que
la pr11!1era que entre á la lateral llegue al colector, y
tenientlo en cuenta la longitud de la atarjea y la ve)ocldad con que el agua pasará, en muy pocas atarJeas será preciso tener abiertas las compuertas más
de5 ó 6 minutos.
Con la cantidad de agua que es capaz de elevar la
bomba ya. establecida, se podrán lavar simultáneamente de 6 á 8 atarjeas, y suponiendo que en todos
casos se conserve la corriente en cada una por diez
minutos y fijándose en que cada . una de las atarjeas
laterales ocupa 5 calles por regla general, resulta que
diez minutos se podrán lavar las atarjeas de 30
40 calles, y por lo mismo, en unas cuantas horas,
~ueden limpiar las atarjeas en toda la ciudad. La
~ tica Indicará cuál es la frecuencia con que se de~ dar los golpes de agua, pero probablemente no
se necesai:10 dar más que 1 ó 2 cada semana y co:~el maneJo de las compuertas es tan sencillo, basun personal de 12 á 15 individuos entre maqui~perarios, para conseguir este resu!tado, y
la única ciudad en el mundo que pueda
11mplaréx1co
sus atarjeas con tanta frecuencia y de una
manera tan eficaz.
Los detalles de los pozos de visita, pozos de ins~~n, las coladeras para el pluvial, el sistema de
Bid~ ~Ión Y todos los detalles de construcción, han
qne ObJe_to de un estudio minucioso y '.)rolijo, estudio
las se h~zo analizando la práctica '}Ue se observa en
d principales ciudades de Europa y los Estados Unios, Y eligiendo lo que ha dado mejores resultados,
para aprovechar la experiencia adquirida en otras

partes, y evitar así que se reproduzcan en México los
inconvenientes que se han observado en muchas de
las disposiciones que para todos los detalles se han
ensayado en Europa y los Estados Unidos.
r~
La construcción de todos los elemenLos, cuyo conjunto formarán las obras de saneamiento de la ciudad, ha exigido el estudio de numerosisimos detalles,
cuya rlescripción baremos poco á poco, y que al .fin
se han de compilar en la publicación que haga la
Junta Directiva para drscrlbir las obras.
Por ahora publicamos algunas vistas que dan Idea
de ciertos datalles: unas que representan las obras en
vías de ejecución, tales como el dibujo número 1, que
da idea de las dificultades que en ciertos Jugares se
presentaron para sostener el terreno y poder trabajar á gran profunilidad.
Los dibujos números 2 y 3 representan las compuertas que ligan las obras de la c!udad con las del
Desagüe general del Valle, en el momento en quedichas compuertas estaban en vfa de construcción.
El dibujo número 4 es una vista del aspecto que
presentan los colei::tores en la parte interior y abajo
de un pozo que hay, en el punto en donde se enlaza
el Colect or General del Sur, con el condi;cto de las
bombas de San Lazaro.

El dibujo núm. 7, da una idea de la maquinaria que
sirve para mover la bomba.
La administración y eJecución de las obras, la ha
encomendado el Gobierno á una junta en la cual el
Presidente es el :::lr. Lic. Don José l. Limantour y
los vocales, Ingeniero Don Manuel M. Contreras,
Don Luis G. Lavie. Don Gabriel Mancera, Lic. Pablo Maceao, Ingeniero Don Leandro Fernández, Ingeniero Don Santiago Méndez y Don Pedro Rincón,
quienes desde que se iniciaron los trabajos, nombraron Ingeniero en Jefe y Director, al Sr. Ingeniero
Don Robe1to Gáyol, autor del proyecto y persona entendidísima.
E&amp;te señor tiene á su cargo la Oficina técnica en la
cual hay una sección de Ingenieros que trabajan en
el campo, levantando los planos de las calles y avenidas para que dibujadas en grande escala, puedan
servir de base para ir proyectando uno por uno, todos los detalles de las obras. Los datos así recogidos,
pasan á la oficina ne dibujo en donde otro grupo de
Ingenieros, construye los planos, sobre los cuales el
Director proyecta las obras, y en seguida se calculan
todos los elementos del desarrollo, curvatura y pendiente, y demás que ~on indispensatles para la ejecución material de le,s trabajos.
El mismo Director tiene á su cargo el Dep:1.rtamento de inspección, compuesto de un Inspector General y un grnpo de inspectores auxiliares q1 e á su vez
tienen á su cargo la vigilancla de las obras, para ir
comprobando,pun to por punto, que ellas se ejecutan de
acuerdo con las estipulaciones del contrato respectivo.
Anexo al departamento de inspección, hay una oficina para experimentación de materiales, en donde,
por medio de máquinas y aparatos construidos para
el objeto, se estudian las condiciones de resistencia
y demás, que están detalladas en las especificaciones anexas al con1 rato, y que sirven para impedir
que en las obras se usen materiales de mala calidad,
reduciendo á números sus cualidades, dentro de los
límites estipulados.
En este departamento, además de los materiales
que se emplean en las obras del saneamiento, se estudian y analizan todos los materiales de construcción que llegan á la oficina y que se emplean en los
trabajos públicos y privados, estudio que es de grande importancia, porque se tienen ideas vagas respec,
to de la verdadera reslatencia de los materiales que
en México se emplean.
En esta magna obra ha tomado participación muy
directa y meritislmo empeño el Sr. Gral. D. Manuel
González Cosío, actual Ministro de Gobernación, el
cual desde que ocupó la presidencia del Ayuntamiento, hace algunos años, hizo comprender la necesidad
de llevar á cabo esta importante mejora para la
Ciudad.

,ra

:~"!l

Ji-

4. -Pozo en el punto de enlace del Colector General del Snr y dµl conrluct r· á las bO'l11bas de
San Lázaro; vista mirando hacia el Sur.

7. - Bomba de la Piedcd

F. B. E¡

�262

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de l~AII.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 29 de Octubre de x899.

BELLAl!i ARTES.

PRIMEROS RAYOS DE SOL.

Cuadro de Juan Sala.

CURIOSIDAD.
L . Passini.

Número 18

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94497">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94499">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94500">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94501">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94502">
              <text>17</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94503">
              <text>Octubre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94504">
              <text>22</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94521">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94498">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 17, Octubre 22</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94505">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94506">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94507">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94508">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94509">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94510">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94511">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94512">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94513">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94514">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94515">
                <text>1899-10-22</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94516">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94517">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94518">
                <text>2017553</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94519">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94520">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94522">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94523">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94524">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1476">
        <name>Balcones abiertos</name>
      </tag>
      <tag tagId="1472">
        <name>Belleza clásica</name>
      </tag>
      <tag tagId="1473">
        <name>Belleza romántica</name>
      </tag>
      <tag tagId="1475">
        <name>Danza española</name>
      </tag>
      <tag tagId="1474">
        <name>Instrucción primaria</name>
      </tag>
      <tag tagId="1477">
        <name>Saneamiento de la ciudad</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3621" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2262">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3621/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._18._Octubre_29..ocr.pdf</src>
        <authentication>24f78c4630035f1d77b30e97977f56c5</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117442">
                    <text>262

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de l~AII.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 29 de Octubre de x899.

BELLAl!i ARTES.

PRIMEROS RAYOS DE SOL.

Cuadro de Juan Sala.

CURIOSIDAD.
L . Passini.

Número 18

�Domingo 29 de Octubre de 1899.
EL MONDO.

264

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubr e de 181h,.

te? La solución no puede ser general

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
--····················································· ··················•·······················•··•··•·······

Florilegio de José J1.1,n11 '.J\.il,l((da. -E~te libro que acabo de desflora1 tiene para mi un méntosupremo: encierra una alma. Es difícil ballar en la moderoa poei-ía americana, hecba por lo común de mar11;inal_es y
pastiches, esa misteriosa huella de _la personal_1dart
ue, al través de la retórica y de la runa, nos obl!ga á
4
11t•clr lo que el viajero que ve el molde de un pie en
la floja arena del camino: por aq~í pasó un _hombr~.
l &gt;e algún tiempo acá noto en los Jóvenes recién vem1Jos al arte, la falta absoluta de impresiones directas
y propias, y el afán de oc1·ltar la miseria psicolog~a con
¡!árrulos ,rebuscamientos y vocablos raros y bnllan.
1 es. Son las estrofas de estos flamantes rimadores á
manera de frágiles vasos fabricados con limo tan delt&gt;znable que un soplo basta para desba: atarlos.
El Florilegio de José Juan Tablada no es una urna
,·a ·fa, y aunque se ve que el artífice, al labrarla y
pulirla tuvo delante célebre¡, moiP-los, no por eso co1,,,í co~ el servilismo de un impotente; ~ntes bien,
1,ajo la presión de su mano experta se abneron flores
nuevas, enarcáronse pétalos exóticos y una palpita•
ción de vida recorrió los platerescos oroatoi;. No son
flores artificiales lae de este jardín exquisito; son extrallas á tal punto, que algunas veces semejan extravagantes fantasías. Pero, óyeme bien, curioso em morado de la belleza, si te acercas á esos cálices caprichosos, no encor. trará~, como creías, pétalos · de
alambre y bojas de terciopelo, sino qu~ te ª?!Dirarás
viendo cómo está animada, esa flora rnclas1ficada y
casi sobrenatural, de savia ardiente y !ecu!:!da.

7

/

!

Lo que en Tablada parece artificial no es otra cosa
que el hallazgo de alguna forma que la mult'tud no
trasegó y que el artista aprovechó con la intuición
maravillosa de su t emperamento.
En efecto; no hay exquisiteces más francas, más PS•
pontáneas ni más hondamente sentidas, que las que
caracterizan el Flm·il•;gio, cuyas páginas, nuelen, i;uu
una aristocrática vaguedad, á arrozales del Japón, á
bi"OS de Smirna, á incienso, y á no sé qué i,uave fraga~cla de /¡ibelot t.cado por manos de mujeres herro'&gt;sas.
Mas dentro del verso amplio, sonoro, transparente,
como en el rondo d e una copa de abierta. coroh de
cristal, burbuj(,a y bulle la sangre como un_vino generoso. La poesía de Tc1.blada, llena de primores, de
finuras, de filigranas, obra de un aurlfa.brista deliclo,
so es un modelo de belleza. Y no sólo por su dicclóa
p~ra y clara y por sus felices combinaciones rítmicas,
seduce esta poesía nueva, sino, por que, á la vez tiene un eco lejano, pero constante, de gritos doloroso&lt;:.
E.1. ]as com posici )'lCS batdelalr!a1as se acentúa m&amp;s

el amargo rei.abto de sufrimiento descreído Y ~artlrlzado que el poeta dejo esca.par por entre las Junturas dela rima.
Tablada es ante todo un apasionado; más bic.n, un
pasional. De su pensamiento hiperertesiado por 111.rgos ensueííos y rie su corazóu rebosante de ternuras,
na salido esa dulce y musical elocuencia con que nos
transmite sus raras Pmociones basta t~anspo1 tarnos,
por el poder de una divina taumaturgia, á sus extraflos y luminosos paraísos.
Porque el pueta. del Florilegio es un visionario refinado que por odio al vul"O, ama esos erotismos místices, ~s~s perversiones tra°madas de sensualidad Y de
retigión, en ]as que el deseo oficia como ~n sace~dote,
en misteriosos y satánicos ritos. Tabladarntrodu¡o en•
tre nosotros, el 11uevo estremecimiento de .Baudelalre; Y
de sus vlajfS al alma enferma y hosca de Huysman
trajo el recuerdo de esas infernales y negras ceremonias. Cuando nos da á. CJtnulgar sus lwstias negt~, experiment?.mos una sensación de malestar co~pl1cada
de voluptosidad y de regocijo: en .la obscuridad ~el
templo enlutado, la tantación roza nuestros lab10s
con sus alas velmda~.
El poeta nos contagia con sus suellos d~ opio, y al
rumor metálico de las estrofai:, y á la luz 10t~rmite11te de los tropos, sentimos que
·
El coraz,ín desangra herido
Por e! cilicio de las penas
Y corre el plomo derretido
De la. neuro~is en las vem•s.
Ah! con cuánto phc1 ~ llegamo, al fin.l del 1:bropara
murmurar como á la salida. de un culto;prob1bido, el
Lo.us Deo, con que mansa y serenamente se despide el
poeta de nosot,ros, convencido ya de que el goce satánico no da la. feltcidad y si el hastío,

lentas, las magníficas; nos entusiasman, nos arreba
tan, nos sacuden; pero no bien desaparecen, cua•
ya preguntamos:- r. En dónde está Ml mí?
A hora acabamos de llorar con ella; volvió como
de costumbre, muy tieroa, muy linda, muy dulce,
mny sumisa.
La fresca y deliciosa música de Puccini fué Interpreta.da de una manera excelente por el maestro Bovi. Se conoce que el maestro está como nosotros· en,.
carillado con Mimf.
'
Y, dime, muchacha de los ojos risueños ¿no ener-.
dad :i_ue tiene razón?

***
Confieso que esa parte del libro es la más seductora
para mí, po·rque á través de ella, como á tra\·és de un
símbc,lo artístico, entreveo el espíritu de Tablada,
triste, adolorido, inquieto, nostálf!iCo de ideal y enfermo de escepticismo y dese1&lt;peranz.a.
El Onix-una admira.ble página moderna -es un
profundo sollozo de la tristeza humana, un suspiro
del dolor eterno, un g1 ito de la infinita angustia de
vivir.
Bien hizo en anunciarnos el poeta desde la portada
que su libro era una jaula, una lápida y una lámpara;
jaula de !&gt;US sueños, lápida del RP.pulcro de su fe, lámpara de su amor; su vida, en fin, el resumen de su
vida int,ranquila que promete terminar en la beatífica tranquilidad de un arrepentido y de un resignado.

***
El Florilegio es un libro encantador como obra de
arte; señala un rumbo; fija una época; marca una
ernluclón.
Después de Rubén D u ío y de Manuel GuLiérrez
Nájera, ha sido Jobé Juan '.rabiada. el propag-tndista
más avanzarlo de la actual estética francesa. Este Ji.
terato es japonófilo por inclinación: se sintió desde el
principio de su carrera hermano menor de los Goncourt; y ellos lo llenaron de amor por los crisantemos
y de veneración por las flores de lis.
¡Oh, excelsos admiradores del Japón y del siglo
die-i y ocho!
De sus autores favoritos, de sus e'-tudios y de sus
lecturas, !:O ha tomado sino aquello quf\ con venía á
su temperamento y á la segura formación rie su personalidad. Claro es que en la poesía de Tablada se
siente la caricia de Baudelaire; se oye h voz unciosa
de Verlaine, se ven pasar rápidamente las sombras
de los poetas malditos; pero el cantor del Flo1·ilegio
hace creaciones de sus reminiscencias, y en todas
partes halla su sinceridad y su estilo.
Tablada es un espléndido colorista, y a,í en sus
miniaturas como en sus lienzos decorativos tiene to•
q ues de luz y matices de un vigor extraordinari, 1. Los
poemas exóticos son verdaderas joyas en PSte sentido.
La .Atlántida, el Canto de los gemas, los FUÁ!gos artijlciale.~. son un derroche de pollcromias admirables.
Y cierro el Florilegio pensando en que he admirarlo la labor de un ar!iista y oído la. confidencia. de
un hombre.
¡On, cu::ia rara en estos t!er;µpos de las rimas efímeras y de las estrofas frágiles y vanas!

** *
... . Y no podría contarte más: son muy escasos
los bUCe::ios de la semana.. Cun vén conmigo, muchacha de Jus ojos risu~ñus, que eu México la aparición
de un Ji oro bello es un sui;e~o. Por eso te entretuve
h abl,indute del Florilegio. ~o te eut'ades. Pase mos á
otra cosa. ¿!fas ido á la óperai'
Nos visitó Mimi. .IJ:s imposible ol vidarla. ni d ejarla
de ver por mucbo tiempo. Nada. hay tan tierno ni
tan conmovedor para nosotro'l que verla del brazo de
Rodolfo, mientras cae la nieve en la mallan Ita gris y
triste en que prometen deja rile los dos bohemios cuando vuelva la tiena á cubrirse de flores.
Del idilio callejero nos queda siempre una memoria dulce. Van y vi.:nen las grandes óperas, las opu-

LA FE Y LA FELICIDAD.
Lo, creyentes dicen: &lt;El escéptico es un egolata;
duda. de todo para eximirse del cumplimiento deau
más altos deberes; nie~a el más c1.llá para evitarse la
angustia y el tormento de creer en el eterno caat,lgo,
duda de Dios ó lo niega para no tener,que temerlo ni
que respetarlo; niega el alma para tributar homeuje á la materia y crearse el derecbo á todos los go.
ces. En el fondo de cada escéptico hay un sibarita,
c1eer es maniatarse, aherrojarse, ponerse cadenaa al
pie y esposas en las manos; la creencia es Itinerario
que encarrila y obliga á seguir una senda determinada; dudar ó negar equivale á jlanear, á echar por el
atajo, á proclamar la libertad desenfrenada de la &amp;e•
ción.
&lt;El escéptico es un sediento de goces que rompe todas las trabas y desa'.:a t odas las ligaduras; qulerego•
zar de todo y derriba al rededor de sí los muros que
lo aprisionan y los valladares que lo contienen; tira el
fardo para ali gerar el paso, no tolera presiones ni tell·
sionPs; quiere, como la mariposa, volar de flor en flor
y se aligera de escrúpulos, de reticencias, de susceptl•
bllidades y de preocupaciones para volar más 6gllf
libar mejor miel, en más perfumados cálices!
cEn el fóndo, d escéptico es un sediento de placer y de felicidad que pisotea tradiciones, estruja 1
desgarra respetables textos, vuelve la espalda al ~
sado para mejor vivir de presente y da de barato el
maña.na para disfrutar más completamente de la di·
cha actual.&gt;
Losescépticoscicen: &lt;Felices los que creen! no puede darse mayor dicba que la de esperar y confiar! Saber que tras de esta vida hay otra y eterna vida; que
todo dolor tiene como recompensa un goce lnetablt
é inextinguible; estar cierto de que t ras de cada _.
cuan za hay un amparo; tras de cada desengallo uncOD•
suelo, tras de cada lágrima una sonrisa; sentir al l&amp;do de sí y sobre sí una protección perm ..nente, un•
cudo que cubre contra la saeta, un casc,o que deflendec,mtra la maza, una cota que embota el pulla!, 1JIII.
mano que aparta de Jo;; labios el cáliz amarg'!!,,!.
ciego y contar con un guía; ser ignorante Y ~
un Mentor, caminar extraviado y encontrar una~
jula, na.da puede haber 01 más dulce ni más CO
dor.&gt;
, JII;
eV ivir sin creencias es vivir solo, atenido
•
propias fuerza~; es tripular una barca abandon~
mar proceloso, lanzarse á un c1.rrecif_e sin_ faro,}o8o~
la selva sin una tea. No es la fé qmen t iene
vendados; la duda es la ciega. :Quien c!e~:
palpa; quien duda, tantea, tropieza, nc1la, apaPJaluz quien abandona la fé y está condenado,
medio Errante, á marchar sin objeto, á ~aminar ansa .S.
ta, á sufrir sin consuelo, á luchar sm esper
triunfo.&gt;
r,á ¡ radlf.
En cuál de estos encontrados alegatos~ ~ J~
te
y á quién de esto;; dos contendientes asiS
al'-'"
cía? Es el creyente quien debe men:°sprec1~
céptlco ó el escéptico quien debe envidiar al

ve,º':

nu:

ni absolut1.; hay escépticos y escépticos como hay creyentes y creyentes.
Creer á la usanza musulmana en un
más allá de goces infinitos, tangibles y
materiale~, en bosques frondosJs y lag os tranquilos, en palacios suntuosos,
en h uríes semi di vi nas, en perfumes
embriagadores, en la eternidad del placer y la eteroldad de la dicba, debe ser
una felicidad. Comprar con abluciones
y cort1s plegarlas un paraíso inefable
y cterr.o, nada puede haber mejor. Pero creer, á la usanza india, en di vinidades monstruosas y desmesuradas,
r.rueles como tigres, implacables como
Gorgonas, asoladoras como huracanes
deb? ser el más cruel de ,os torm entos: la mitología escandinava no puede crear ilusiones, ni esperanzas, ni hacer surgir consuelos. El puritano inglés, sombrío, acosado de terrores 11:lÍS·
t1cos, amagado de tremendas asechan ,zas, tiene por patrimonio el dolor y no
la fel icidad.
Creer, no es ser feliz, sino con la cond ición de que la creencia esté i m prego ada de esperanzas y embebida de
i luslóo. Con un paraíso griego, con
d ioses de ópera bufa, se puede á la vez
-creer y gozar; si la fe reviste las sombrías formas puritanas, indias ó escan-dioa vas, t iene más cuenta dudar ó ne-

I

¡

.gar.
La folicidad del creyente está basada, pues, en la naturaleza de su creen-cia, en las promesas que formula, en
las esperanzas que alienta, en las ilu,siones á que da pábulo, f'D las aspira-clones á que promete satisfacción.
-Cuando la creencia que se adopta, con•
-suela á la vez que amenaza, estimula
-á la vez que amedrenta, empuja á la
vez que retiene, el creyente no deja jamás de hacer pie en el lado dulce, con-solador y tierno de su fe, y punto omi•
so ó poco menos en su lado amenazador. Se cree más fácilmente en la mi:sericordia que en la justicia, en el perdón que en el castigo, más se espera
~l cielo que se teme el infierno, y la
t e es sin disputa, en estas circunstancias, un element o de consuelo y de bienestar.
El escéptico no es tampor.o, ni tan sibarita ni tan
-desgraciado como se le pudiera suponer; todo depende de la naturaleza y alcance de su escepticismo. Uu-dar de todo ó negarlo todo, es de todo punto imposible; el filósofo que dijo «dudo de que dudo .... &gt; lo
hacia por jugar del vocablo. En el fondo de todo es-céptico bay un creyente; quien niega lo sobrenatural
-ó duda de ello, cree-en lo natural, y quieu no acepta
~¡ más allá apechuga por lo menos con el más acá. La
duda absoluta, general, universal, no existe; cuando
más, se presenta como un caso patológlco, como una
~nfer medad del e~píritu cuyo tipo inmortal es Hamlet, y B a.mlet creía en muchas cosas, entre otras en
.la Rombra de i,u padre y en su venganza.
P,ua. el esc~ptico hay también un balan;ie que pu;i-de serle favorable ó desfavorable, según la nat,Urale'.f.a y t rascendencia de lo que acepta y de lo que niega
-ó le Inspira duda.
E l escéptico que negara el infierno y aceptara el
J&gt;a1aíso, no podría menos de ser feliz. No dPja. de serlo ta mpoco, puede al menos serlo plenamente, el que,
-como es lo general, niega lo sobrenatural y acepta lo
natural. Negar lo sobrenatural, ya lo hemos dicbo,
~s prescindir de goces, pero también prescindir de
-dolores; es vedarse esperanzas y matar ilusiones; pero
1.'.S también suprimir te~rores é inquietudes. Abora
bien, es indudable que con esa supresión pierden los
:sedientos de place:·es, los insaciables de goce¡,; pero
es Indiscutible que ganan mucho los tímidos, los In-quietos, los que prelieren sacrificar el placer con tal
d e no exponerse al dolor y esta clase de seres son leg ión. En nuestra raza, especialmente, abundan quienes prelieren no gozar con tal de no exponerse á sufrir, y quienes sacrifican gustosos sus goces con tal
de no experimentar contratiempos. Contentars.i con
poco, ren unciar al poder, á la gloria, á la riqueza, con
tal de ev it.arse enojos y desagrados, de trabajar poco,
d e no prescindir de la ,;iesta, d el paseo, de la guitarra, es la regla y no la excepción entre nosotros.
Nuestras clases medias podr!an ser escépticas sin lle•
gar á ser desgraciadas y nuestros indígenas ,o son de
hecho si n ser por eso más infelices.
L o quP.bay en el fondo de esta timdebatidacuestión,
es que la relicidad no es cuestión de fe sino de temperamento y de carácter. Todo sistema de creencias
t iene su lado alhagador como su rincón sombrío; to•
dos encierran esperanzas y temores, ilusiones y desencantos; t•&gt;do~ pro.neten placeres y penaij, todos seducen y todos aterran. Del carácter del creyente depende apoyar de un l&amp;.do ó del otro; sentarse del lado
dp la luz ó del la.do de la sombra; dar mayor importancia al elemento goce ó al elemento dolor, al aspee-

SR. GENERAL BERNARDO REYES,
Gob~rnador del Estado de Nuevo León.

t-0 esperanza ó al aspecto desengaño. Musulmán,
boud ista, católico, Demócrito hubiera.siempre reído;
Heráclito hubiera siempre llorado; Voltaire, católico
no h·Jbiera sido menos feliz y Lamartine, protestante
ó judío no hubiera sido menos gemebundo.
Y es que la felicidad no está ruera sino dentro, y
no radica. ni vincula en el saber, ni en la fe, ni en la
ciencia que se estudia, ni en la filoi\ofía que se profe•
sa sino en el carácter del hombre, en el juego de sus
sentimientos y pasiones, en la forma impetuosa, ex •
ploslva ó serena y perseverante Je la voluntad. Se
puede ser feliz sin fe y sin ciencia y desgraciado sin
ella y al contrario. La ciencia y la fe no hacen por
sí mismas felices á los hombres; pero , pueden hacerlos fuertes: la ciencia siempre, la fe, segúu sea ella. No
hay más que una clase de escépticos desgraciados
necesaria aunque temporalmente: los queban creído;
pero es defecto é inconveniente que, como el de la
juventud, se cura con el tiempo.

HISTORIA DEL EJERCITO.
En una obra que con el título de «México y su evolución social&gt; publicará espléndidamente ilustrada la
casa Ba.llescá y Cía., la parte relativa al ejército ba
sldc. confiada al Sr. General D. Bernardo Reves. Engalanamos nuestras columnas con la últi ·oa página
del estudio del Sr. Reyes, que rc1rnme, en rasgos magistrales, la acción de este magno organ ismo y su
transformación laboriosa y sangrienta de clase pri v1le"lada en instit ución nacional. El ilustrado autor
h ; escl'ito con amore su trabajo, y nuestros lectores
juzgarán con qué 11.rte espontánP.o sabe comunicar la
seria y viril emoción que Jo domina al sintetizar la
obra de sus mayores y sus iguales al través de nuestra dramática bii,toria.

** *
Hemos pasado por las amargas pruebas que nos impuso la ley ineludible de nuestros antecedentes histó-

365
rico,, de los atavismos de las razas de
que somos la resultante, de la ebullición de sangres enemigas, que se mezclaron con sus odios y sus energías contrarias; y al fin, depurados por el fuego de todos los tormentos, acr!solados,
después de sufrir el martirio de tre•
mendas luchas, nos podemos presentar
ante el mundo, con un ejército que ha
sabido, sacrificándose, formándose entre la matanza, salvar la independencia y la libertad de la patria, formidablemente amenazadas en el luctuoso
periodo de sesenta aíl.os de constantes
guerras.
Aquí está, pues. este Ejército 11Iexicano, con sus 26,000 soldados en la
paz, cun sus 160,000 soldados en la
guerra, teniendo por h1storia la que
hemús trazado, por norma el deber, y
por religión el honor.
Para saber cómo este Ejército ha venido á formarse, hemos asistido á la
gran epopeya de la República, y bemús
v isto á sus héroPs luchar, remontánélose gloriosos á la luminosa región de
los inmo:tales.
¡Qué cuadro el que hemos present,adol Se emboza el campo c11n su maleza bravía, su arbolt&gt;da. sombrosa, sus
montañas y s~,s torrentes salvajes; el
flechero cazador de al;í, es el guerrero
que disputa la presa ensangreutada, y
alza el chuzo con nervioso empuje, y
lo hunde en el pecho del contrario.
Aparece la tribu armada de lanza y
arco, que defiende un campo en que
bizo brotar la planta noble, que brinda el alimento tan buscado. Se advierte la ciudad embrionaria, que se apresta á la luchii por su sosiego, en quP, anhelante trabaja po:- su bien, y que
turba la atrevida hueste ávida de botín. Se mi;a la Nación, la raza que
reune sus contingentes y que forma.
las falanges guerreras, que defienden
la tierra en que se extiende y se sustenta, la tierra en que su vida se desarrolla, ó que se lam.an á dar más amplitud á las fronteras, á buscar para
su acción nuevos países.
E~ la raza azteca esa raza, y se la ve asentarse en
el A.nánuac, sobre un valle cubierto de lagos y arboledas; se la ve combatiendo con los vecinos, y organizando un ejército asombroso; pero hombres extraordinarios, cubiertos de hierro, invulnerable á las armas de los aborígene1,, y que disponen del fuego y
del rayo [ el arcabuz y el cañón J, aparecen por el
Oriente, aliados con sus innúmeros y antes vencidos
enemigos, y abogan á sus 11;uerreros en su sangre, y
sujetan al pueblo subyugado, á largo cautiverio.
De la mezcla de cautivado res y cautivos, nace una
nueva y ardorosa gente, que arroj'i al fin á los advenedizos, que siempre engreídos, conservar quisieron
el dominio, cansándolos, venciéndolos en cruenta y
prolongada guerra; y entonces se forma una naciona
lidad beterógenea, la nacionalidad mexicana, de distintos orígenes y aspiuciones, de ilustración di versa; y luego esa Nación escampo deanarquía: conmueven por sesenta allos su tierra, la pelea y ,la lucha, contra propios y ext,raños. ¡Cuánta sangre y qué
vitalidad para soportar las terrible y constantes hecatombes!
¡Qué época la de nuestras guerras! L&lt;lS batallones
que combaten, y SUi restos ensangrP.ntados que son
vencidos ó que triunfan ; los escuadrones arrebatados
por el vértigo de la carga, que caen destrozados; los
cañones que truenan é ilucninan siniestramente; los
estandartes flotando, corriendo con llamas encendedoras, en lo:, amigos y enemigos campos; tropas cho
rreando sang re, q ue se miran entre el fuego y el bu
mo; brille, de armas, fragor de bronces, toques de
cornetas y t ambores, flamear de banderas vencedoras ó vencidas. Tal fué el cuadro apocalíptico de nuestras luchas intestinasl-Y así, despedazados por ellas,
nos agobia la in vasión anglo-sajona, y lu~go, más tarde, viene el galo á nuestro festín sangrien':,o; pero
nada se agota: ruedan instituciones envejecidas. ruerlan cabezas con coronas, y al fin, t,rai; tanto padecer,
tras brega tanta, se alza nuei,tra R~pública glorio~a,
se yergue al cielo, por nuestro ejércit o so,tenida, la
nacional bandera mexicana.
Al reflejarnos la historia en su gigante espejo fiel,
la perspectiva de los t iempos tudos, el vértigo de lo
infinito nos invade, se siente el dest&gt;o de acciones
grandes, y la emoción, electrizando nuestros nervios,
nubla la vista y aprieta el corazóu.
GRAL. BERNARDO REYES.

�Dom1n~ 29 de Octubre de 1!199

EL MUNDO.

266

UN PINTOR DE MUJERES.
HE:LLEU y

LAS

mti·!r:~

***
· ·
¡ ·
J
l lápiz con el mismo buril sobre el coNadle como él ha sabido escnbir co~ ed P;~c:~~~~a~nadie' como él ha aabido pener,rarse de
breó
el yacer~
esta encanto
supremacor
motnogra
ese
raro
delicado
esano dae 1:s muJ·eres d; Watteau, su maestro lejano, su eterno

a imiradol
.
1 t lle ó 4 tan decidido y bello culto por la muCómo, por qué camino, e~e e;Xdl~ls1¡º1~in~:ae vo!ación · era el llamado, era el elegido; era el
ier? Por vocaci_ón, por una eci á
al perflles sus mis altas y serenas concepciones.
único, Y la muJer le debe sus ~ .., 1 e :s ras del siglo X VIII t an amadas por los Goncourt;
El ha resucitado todas esas iv nas gu
m ~lidecida de un ramo de flores próceél ha sabido fijar los viejos encanto:: de unau:ri: e~ ~n parque' abandonado de Versalles por
res en un vaso de Se~res; ~e una t~s a~ua ji:1a1 que ríe ante la majestad triste del sol ponlenlas gulas Y las parásitas; e udn rmrnoecodo umbroso· de una cabecit 11. risueña 11ue se inclite de un pensador q11e se pler e en u~ r la mar en de'un riachuelo, asf á la sombra de un árna hacia un es;,anque pl:cido. d.. y
tta un :red lo así en el bote ligero que boga sobre el
bol, así tras
ver e ql~e
m·er, enigmáti~a, elegante, soñadora ... ... hermosa,
e,tanque
....laempal_iza
la muJer, a.f.iempre
a muJ
infinitamente hermosa!

ªN•

EL MUNDO.

267

LA FRINOBSA DE, LOS GANSOS.

f&gt;ARISJE:NSliS.

Hay músicos feministas, esta ~s la palaura,
en cuyas melodfas, en
cuyas lnstruruentaclunes, en cuyüs mismos
trozos descri ptl, os, palpita el eterno femenino, como siluetas armónicas de hembras tristes ó alegres, en que la.
hembra alta ó baja, plebeya ó hid"lga, rfc, llora, canta, gime; que han
sorprendido y aprisionado en el pentagrama, la
armonía de la mujer.
Hay poetas feministas, que consagran á la.
mujer un platónico culto de ebtrofas, que la
hacen destilar pür sus
versos con ideales fisonomias, que impregnan
de vaguedad melancólica, ó de su embeleso penetrante todo lo que escriben; poetas de alma
llena de su delirante
platonismo para la gracia. femenil que pasa. Y
son muchos estos poetas'.
.
·a to de la hembra en sus pac;teles, en sus
Ha.y por último pintores hechos para fiJar e1 ene ~g ias fuertes· artistas de elección, dlviacuarelas, en sus carbones, en sus cradyotns, dene::sgraci~ eternamP.~te dominadora. en el munnizadores del encanto femenino, sacer o es e
, .
do . ..... Helleu es uno de _ellos; es acaso/o~ por ~~Yc~/!1ti~ntusiasmo, con más delicadeza
como élde ha
po~t1ficado_
con flmores,
s sm
nlflas, estos son los modelos de Helleu,
enNadie
esa capillita
la muJer.
MuJeres
raro maestro de las elegancias, cuyas ob1as están llenas de ensneño.
.

fa

Domingo 29 d_e Octubre de la-99

r&gt;-UI~
···············•1111111~
!i1J~11111111111............
A media noche vaga !a bella Tifa!na
Bal!ada por la luna., al borde del pantano,
y de 1118 rosas frescas la tropa. purpurl na.

antcrchas pendiente3 de argollas empotradas en
y dPjrndo correr lágrimas grandes
el muro, el anciano Seftor del casti!lo, hundido en ydPscarnad11.Q
frías exclamaba:
s_ ancho sillón de baqueta claveteado de bronce,
-Tifoina!
·. Ya los criados haM11n levantado los platos, las se entregaba á la melancólica reminiscencia del
carnes ricamente sazonadas, los enormes past~- pasado,
Tifaina. . . . . . y se borraban las visiones de
les de trigo y miel; ya los pajes habían encerra.Afuera, según la estación, ó se engolfaba todo en hierro y sangre de 11us aftos guerreros, enrojecido en su perrera á galgos y lebreles, ya c1e había el encanto de la luna que platea los -iampos de dos campos de ba!alla sembrados de cad~veres,
alzado el silencio entre las sombras, cuando en avena verde y las florescencias de Mayo, ó los bajo citlos coléricos, incendiados y melancólicos;
el alto salón abovedado, alumbrado apenas por bramidos de la tormenta corrían sobre las olas saqueos de ciudades que retemblaban con los
lllaridos de los vencedores y los gritos de las poencrespadas, en tanto que algunas gaviotas cega
das por los relámpagos y a,rebat11das por la llu- blaciones pasadas á cuchillo; Potradas triunfales
via, venían á estrellarse contra las vidrieras. En bajo los ondulantes pliegues de las banderas; con
noches así, el vetusto edificio asediado por No- el escudo embrazado y la lanza en ristre. entre el
viembre crujía por todas las ensambladuras de su repique de h1s campanas alegre~; march'¼s forarmazón, y las pesadas puertas batían con férreo zadas durante noches frías; emboscadas en la
y espantable ruido, y al mismo tiempo á lo largo sombra bajo Ja lluvia, al borde cenagoso de los
de los ir.terminables corredores de la fortaleza pantanos, todo, todo eso se esfum11 ba en el vacío,
resonaban como sordos golpes de bigornia y ge- y emergía la aparición vapurosay flotante de una
midos siniestros, toda una procesión de almas en joven esbelta, pensadora y graciosa, con manos
pena que hHcía sudar de miedo al scldado, do como hech11s para dllr limosna. Era T faina la
centinela, agazapado en su garita, y tenía des- bella, la que con sus sonrisas y sus caricias había
piertos y con lúgubres pensamientos bajo el crá- como embalsamado el cuadragéiimo ano dela vi•
da de Bertrand y que reapare;ía poco á poco deneo á los hombres de 11rmas, de servicio en lasa- lante
de él
la baja del cas1illo.
Parecía.
cautiva entre los árboles azules de la
Pero ya fuese que la tempestad rabiosa barriera
la nieve de Diciembreó arrastraralas bojas muertas tapicería, sonriendo al través de las ram1ts realde Octubre á los fosos del antiguo dominio, ó ya fue- zadas de los manzanos amarillos de selv11s fabuse que la luna de Junio cirniendo su haz de rayos losas inventadas por los bordadores. Pájaros
por el camino de ronda, recortara en simetas fan- maravillosos de plumas resplandecientes revolotásticas y movibles la sombra de los jaramagos teaban en torno de aquella caheza, y eran los ojos
floridos que pobla'::-an los canalones, el vif-jo Ber- de Tiraina, sus ojos brilladores, transparentes y
trand Du Guesclín, en estío como en invierno, en azules, aquellos ojos inmóviles; y eran rns pies
primavera como en otofto, tenía, al empezar la desnudos los que lucían dulcemente sobre la yerba, en el enmaraf!.ado boscaje de enormes y sunnoche, su hora funesta, la de las lamen.aciones, tuosas
flores.
la de los ensueftos retrospectivos, la de !os espec-Tifaina, . .. !
tros que servían de cohorte á esa huésped de los
Y dentro de su corazón de antiguo jr fe de
ancianos que se llama la Tristeza. Y estando así,
mesnada,
he aquí que la volvía á ver tal como se
en aquel recogimiento, en la sala melancólica, llegaban las veladas largas hasta muy avanzada le apareció la primera vez, sentada junto á la
fuentP, cerca del pantano que limitaba una aftosa
la noche, y el conde permanecía frente á frente selva.
del recuerdo que, algunas veces, llegaba con sanFaé, al caer la tard~, poco antes de que anodalias mudas y presentaba en Pl vano de alguna
checiera,
cuando la sombra de la montafia CHía
puerta sombría su faz risue:lia de otros días;
y el anciano seftor, sumido en una especie de so- lentall1ente sobre el valle y algunos rayos de sol
nambnlísmo,percibía los contornos vagos de per- prófugos doraban por instantes la cima de los
sonajes reclinados en los sillones del recinto, cori pinos y se apagaban luego en el crespón de la
ojos softolientos y labios inmóviles; y susurraban noche. El aire era en ese momento de tan peneen sus oídos los nombres de antiguos compafteros trante dulzura, que Du Guesclin, por esa época
de armas, aclamados en otro tiempo entre el fra- en el vigor de la edad, tuvo que violentarse casi
para no deefallecer ... .
gor de Jos combates ó balbuceados en la embriaLa vió .... Estaba envuelta en una larga túguez cariliosa de los festines; y entre los pliegues
de 11",s tapicerías, figuras de pesadilla con sonri- nica gris, y cafa desde sus hombros un manto de
sas y gestos conocidos, aparecían trayendo en sus pafto color de rosa, bordado de anémonas. Permanos las flores de la juventud, antes resplande• manecía como una estatua, apoyado el codo en
cientes y ahora descolorid11s y mustias; y el an- el brocal de una fuente, y estaban rodeá.ndola
cial!o
levantaba trémulo, erguía su faz surcada numerosas formas blancas que se apiftaban con
por arrugas profundas, y enclavijando las manos suave rumor y produjeron de pronto cierto rnido
de alas. Fijándose el conde, reconoció que era
En los tallos selrgue .Para besar su me.no.

.....

w-(
.

'
,

I~
-.~
-.

ª"

�268

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubre de 1899

llevaban las estolas al brazo, y el cura vestido de casulla bajo las franjas del
palio; las vírgenes amigas de la novia, sueltos al viento los cabellos luminosos, y llevando en las manos ramilletes de lirios; los hermosos donceles conduciendo la trabilla de los perros; la mesnada, de caras impoh,ntes y rudas con loa
morriones enguirnaldados en sefl.al de tiesta; los niJios rientes y mofletudos
estrechando contra sus vientres manojos de yerb_as aromáticas; los trajes
imponentes de las seJioras, el cornete de las seJioritas, las caperuzas de loa
músicos; los portadores de antorchas incendiando las tinieblas azules del bosque; los caballeros vestidos de gran lujo. y la luna reverberando en sus armaduras y en sus escudos de acero .... Tifaina .... !
Y tornaba á verla cu:1ndo, castellana ya, orabii como una santa en la capi,
Jla, trabajaba con 3Us mujeres en el gineceo tejiendo lana ó bordando oro
f ino; colocaba sobre el mármol negro que pavimt:nta el corredor del castillo
macetas de heliotropos, ó aparecía en el ángulo de algún sendero de la campi- ·
fta, á la sombra de los tilos, acompall.ada por el paje nifl.o que cargaba la es-

una parvada· de ánades salvajes, que tendían hacia lo desconocido el es•
faerzo simultáneo de sus cuellos.
.
Apesar de que se hall,1 b11 sentada, le parectó grande, en orme, gigantesca, y a pesar de su proverbial valor y franqueza, él se detuvo vacilante enfrente de tan extraJia silueta crepu11cular, que se perfilaba como Ju·
minosa en el lindero de la selva, junto al pantano engrandecido por la
noche.
Vacilaba aún, cuando la desconocida, levanUndose del banco de piedra
en que descansaba, le saludó con tan dulce voz, que él se imaginó que
estaba oyendo hablar al chorro de la fuente.
-Desde maf1ana, hermoso sef.ior de Tombelaine, le dijo ella, esperaré
á usted todas las tardes de mi vida, aquí, como en la tarde de hoy.
y los ánades tendieron el vuelo parloteando, y la joven apareció por un
momento envuelta en un torbellino de alas, y se veían en tanto centellear
radiosas pedrerías en la seda rubia de sus cabellos y en su manto reca•
mado de rubíes.
Du Guesclin volvió todas las tardes, conducido como por la mano, j1m•
to al pantano, al soto florido que regaba la fuente; y venía no más que
para ver de nuevo al sol ponerse y tell.ir con su último reflejo el manto
y la cabellera de la joven, y sentí~ diluirse su ~orazón como una fr?sa madura, y pasó así tres meses de tiernas entrevistas, tres meses dehcwsos,
hastala nochedeSanJuan, noche inolvidable en la que, entre el claro obscuro de los
grandes árboles rejuvenecí•
dos, fué á buscar, al son de
las flautas y los laudes, á su 1
novia que, vestida de bodas,
adornada y eng,llada como el
camarín de la Virgen, lo esperaba en el dintel ruinoso de 111.
mansión paterna.
Oh! aquel vi!lje al través de
los breiiales de la antigua selva baiiados por la luna, el
olor embriagante de los pinos,
la caricia inconsciente de los
musgos que retardaban su
marcha, la mirada profunda
de las lucernas que parecían
haber deQpertado sobresaltadas entre las raíces nudosas
al pie de las encinas. . . . Oh!
Todo el encanto del bosque
feérico poblado esa noche de
canciones, másicas, banderas
y antorchas errantes, y en
medio, por el sendero tortuo•
so, la desposada vestida de
blanco y cubierta por trans•
parente y tenue velo, conducida al dominio sef1orial de su
esposo,

...... .....................

Y he aquí que de nuevo, e.:•
tre los cortinajes bordados y
las tapicerías descoloridas, el
anciano veía pasar el cortejo
nupcial con los é!.iáconos que

carcela de las limosnas, sierupre con su gran cornete de no ble y poderosa dama, rematando aquel
rostro encantador de ojos siempre bajos y sonri•
sa siempre bondadosa; cornete extra:fl.o de ma6a
..:on la doble punta de sus velos que el menor so•
plo de viento agítala con estremecimientos de
alas, prestándole extraf.io atractivo. Y en pos de
ella, la cola de su gran traje blasonado serpen•
teaba y producía un rumor á veces inquietante. ..
Oh! esta cola ondulante que tenía deslizamlen·
tos de culebra, ¡cómo desmentía lo imponente de
aquel cornete puntfogudo como campanario, que
alzaba su remate á los cielos! ..... .
Y Du Guesclin dió oídos á las insinuaciones
alarmantes del anciano capellán, monje pusi!Ani•
me que der.·amó en su corazón la ponzofia de la
desconfianza, que hiere de muerte al amor y Ala
lealtad.
En efecto: la aparición de esta mujer había si·
do bien extra:fl.a; á la hora misteriosa del crepúsculo, en aquel sitio solitario y que tenía mala b·
roa á causa de la fuente en otro tiempo consagra·
da A los falsos dioses, genios .y ninfas desterra·
dos p,)r el Evangelio .... y es~ amor súbito se•
mejante á una fiebre maligna, y las languideces
que sobrevinieron, y la fuerza irresistible que le
condujo todas las tardes, A pesar suyo, al Jugar de
la cita, y hasta su nombre pronunciado con voz
de agua que habla, y la parvada de á nadt&gt;s, fan•
tasmas tan rápidamente evaporados en la noche.
en todo eso debía haber hechicería y sortilegios,
Y el conde se debatía, cautivo de maléfico amor.
presa en las redes de algún demonio ó de alguna
hada.
Embriagado por el espanto del monje, Ber trand
dió cabida á sus medrosos consejos y entró en
sospechas contra la dul~e y hermosa Tifaioa,
-Por las noches, le decía el sacer dote con vol

,Domingo 29 de Octubre de 1899,

opaca, ella ab~ndona el lecho conyugal, gana el
campo por antiguas poternas que se cr"'ian condenadas, y acompaf.iada por un enano de cabe2a monstruooa que aparta A su paso la ortiga y
la yerba loca, va á sangrar la mandrágora y á
eoaechar la cicuta en las tumbas de los ajusticiados.
y loco de espanto y de ansied11.d, Bertrand quiao verla y seguirla una noche, pero no i,udo pro-

EL MUNDO.
recen mis primer as aterradoras sensaciones de miP.do.
¿Por qué me causaban, desde tan pequen.o. impresión tan
honda los atardP.ceres?
Cuando las campanas daban
el pausado toque de oración,
~omo si se quejasen porq.ie
iban á quedar sumidas en la
obscura soledad de las torres,
me invadía una tristeza infinita, sentía en mis ojos pléto•
ra de lágrimas y la tristeza
era precursora de mi miedo.
Llegaba mi inseparable itcompa:11.ero nocturno haciéndome
sentir siempre su llegada, como en los rieles se siente la
aproximación del tren, por estremecimientos1 por vibraciones.
Odiaba yo la noche, deseaba para tranquilizarme que
pronto encendieran luz.
Las hondas heridas abiertas en mi amor propio,
por mis padres y h1:rmanos, no bastaban á hacerme acometer !a tem~raria empresa de entrar en
una habitación obscura, En una pieza negru. y si•
lenciosa, babía para mí enorme cantidad de miedo que me bailaba al entrar. Se me desplomAba,
abrumándome con su peso, sofLcándome con sus
mil brazos constrictores, como sofoca el boa con
su anillado cuerpo cuando se desprende del árbol
sobre la ternera.
Una noche mi padre me obligó á entrar en la
sala sin luz.
Entré. ¡Cómo me aumentaron las pulsaciones!
Anduve despacio y en silencio; hubiérase creído que temía yo despertará alguien.
Y cual s; manos invisibles me hubieran oprimido bruscamente las costillas, me estremecí, enar•
qué el cuerpo hacía atrás, y volví viol,m tamente
la cara, con un grito de espanto.
Contra un mueble me descalabré y á la carre•
ra salí, chorreando sangre y lágrimas.
En la misma recámara dormíamos, muy cerca•
nos nuestros lechos, mi hermano menor y yo.

longar el espionaje, pues apenas llegado á los foeos del castillo, b3.jo el arco mismo de la entrada
principal.
-Adiós par a siempre, le dijo y volviéndose á él
alladió: adiós, hermoso seftor de Tombelaine, ya
note esperar é más todas las tardes, como la tarde
~quella, porque la tarde de la muerte ha llegado
para T1faioa, Dudaste, y muero: adiós!
Y en tanto que él agonizaba de espanto y de
angustia asiéndose al muro con dedos crispados
,que sangraban, ella se desvaneció en el cawpo
inundado por la luna, vibró un leve rumor de
.aleteo y ya no volvió mAs, nunca más.
¡Tifaina, Tifainal
JEAN LORRAIN,

¡MlEOO!
«Sí,amigomío, beresuelto aceptar esa def,m sa,

_Y,no voy á ser yo quien la haga, va á hacerl1 el
m1sm~ acusado; yo sólo repetiré lo que él me dijo:

- St nunca h'l probado usted ese agrio manjar,
si nunca ha sentido calofriársele la piel. mezclár•
•ele ~a sangre misma dentro de las venas, con el
:frío intenso d el miedo, no acepte usted mi defen•
ea; n? sa~rá defenderme, porque no comprende•
~• m~ crimen -comenzó el imberbe encarcelado
e mirada febril y adem4n nervioso.
JamAs he experimentado la hermosa, la engran11ecedora, la varonil impresión del valor. Nací
,:h4rde, v~rgonzasamente cobarde, desesperan•
mente miedoso. No conozco má~ sentimiento
que el miedo; como los ebrios experimentan to·
~ ~us sensaciones, al travé~ del alcohol, yo he
de~ti.do todo_, todo lo he visto al través del míe~• ahora mismo he deseado e~ntir el remordí. ento, no lo conozco; he seguido sintiendo mi
1niedo generril, un miedo á todo, sin particulari•
!!rlo, &amp;in que me aterrorice la flgu:·a del muerto
·r vr 1as noches.
Con mis primeros recuerdos de la infancia apa-

Nnestro padre se hllbía apiadado de 11quel muchacho raquítico, endeble, deliMdo, fem\!nil que
deshonraba el mayorazgo, que sufría horribles
pesadi,las y prematuros insomnios, y había permitido que nos alumbrase durante la nocbe, velando nue3tro suefto, una lamparilla que á veces
como si quisiera tamblén dormir, parpadeaba. Mi
angustia era grande: ¡quedar A ob,curas!
Envidiaba yo á los gatos que según el dicho de
la abuelita sirvienta ven en la obscuri tiad, «el os
pueden huir del peligro, pueden defenderse de
los enemigos.•

269 7

Juntos entrábamos los dos hermanns en la rec11marita, y me apresuraba á dormir antes que
Felipe entr&amp;se en el suello. ¡Qué horrible quedar•
me solo!
¡Y en la pieza contigua dormían mis padres!
No pocas Yeces, Felipe rendido al cansancio
provocado por sus juegos de atletA, sus retozos
de muchacho sano y fuerte, dormí,1, con sueno
macizo, invencible para el y para mí que pr1-.tendía. me acompa:fl.ara en mi temible soledad. (Yo
prefería á la pelota y el trompo, una novela por
entregas, prffería la inmovilidad á la c'\rrera, y
mi pequelio teatro era el que más me atraía entre mis juguetes) Entonces procuraba que despertasen mis padres; una tos persistente me ata•
caba ó bien un dolor repentino, una neuralgia me
bacía quejar ruidosamente.
Nunca en esas noches tuve Vlllor, sino para
descender de la cama castalleteándome los pocos
dientes que me quedaban delos primeros que ha•
bfa tenido, y acercarme al bulto de ropa que se. m1. consoladora presunción, era el que fingía
'
gun
en la pared, la figura de un burro enorme ó de
un hombre agazapado.
Alguna vez el catre estremecido por mis movimientos, chillaba
como grillo, y no seguro de que
fuese el catre necesitaba yo cambiarlo de lugar.
Uc1:1 noche desperté bruscamente· á Felipe, preguntando qué
le sucedía, porque me pareció
que no respiraba, yo no oía el
ruido de su respiración en el silencio de la alcoba. ¿Estarla
muerto? Me pidió indignado que
le dejase dormir.
Parece que babia una. dvble
personalid11d, y que yo, el menos
cobarde, iba á convencer al ot1·0
yo de que no l 'evaba razón cuando se 11temorizaba.
- «¿Lo ves? no tenías razón.&gt;
Y sonriendo volvía á arroparme.
Pero me engafiaba yo mismo;
mientras apretaba los párpadoi,
y me cubría la cabeza con las
sá banlls, para protegerme de los
mosquitos que entonaban sumonótona serenata, con el oído
atentp pllrecfa. cuidarme de enemigos invisibles, iadefmidos,
imagirarios.
Primero el ruido de un ratón
que entretenía sus dientecillos
contra la madera de un mueble,
despué:1 la tos seca de la vieja
criada allá léjos luego d Iúguhre maullido de un g11to, y yo me echaba á temblar con un estremecimiento constante y suave,
interrumpido á intervalos por fuertes sacudidas
breví•imas, como sucedía á nuestro f.no perro,
cuando le ponían al sol después de bafiarlo.
A veces empezaba yo á dormir y me descubría
vinlentamente la cara, arrojaba lejos las roplls;
había sentido, había tenido la seguridad de que
un fantasma se me acercaba. El coco, ese coco
nunca definido que era para mí bacía algunos
alioR, según la voluntad de mi nodriza, un mendigo de voz ronc3, «que iba á llevarme,» ó un mou-

�EL MUNDO.

270

tón de harapos verdosos que encuadraban una
cara arrugada y negra, me h!zo despertar todo en
llanto muchas noches. Con su reaparición, yo sentia el mismo terror que cuando 11penas empezaba
A hablar. Me invadía todo el cuerpo, pero con es•
pecialidad la frente, un sudor frío.
¡Oh! si, el sudor del miedo es frio, ce&gt;mo el sudor de un bloque de hielo cuando siente calor.
Cuando me berenaba disminuía la impresión.
Los va~ientes deben sentir pocas veces calas•
frío. ¡Qué raramente ba de enfriárst&gt;les el cuerpo!
Ahora aquí, en esta celda, he recordado muchas veces aquellas noches, por estas que paso;
la misma impresión df'sesperante cuando, al despertar entre el silencio, sólo oigo las campanas
del rel"j vecino que indican los cuartos de hora.
Esperaba impaciente, contándolos con cuidado y si
daban cuatro ¡qué al gríal una hora más de marcha lenta, como mar~ha forzada, de la imponente
noche hacia su ocaso.
¡Ah, la Auroral Me producía el mismo efe~to
que be visto luego que causa á Jo., enfermos que
no logran conciliar el sueno.
Me volvía la calma, la confianza en los seres y
en las cosa~. Hasta la esperanza de que viviría
más; muchas noches sentía ahogarme, me hitaba
aire, ¡ignorante puerilidad! ¡el corazón no me la•
tía! Entonces llamaba, gritaba .... Siempre «¡la
pesadilla!;» no me pedfan explicaciones ya.
No olvidaré cuando subía la escalera, silbando
fuertemente para ahuyentar l'l susto, y en el corredor, acurrucado, me aguardaba mi hermano.
Saltó á mi paso, y gritó: ¡abhhl
1,as lágrimas, que procuré ocultará miradas
ajenas, fueron de dolor , de rabia, de desesperación , de impotencia, de vergüenza. ¡Mi hermano
menor me había atemorizado!
Y bien, ¿no era yo hombre? ¿no tenía por mi
sexo obligación de ser valiente? ¿no debia luchar?
Y yo trataba de convencer me: en resumen
¿qué er a lo que temia? ¿qué lo que me causaba
miedo?
¡Si hubiera sido algo definido! Yo no habrfa.
sido, no sería un infeliz cobarde. He conocido á
un hombre que temía horriblemente á los perros,
por pequet'l.os que fuesen; pero sólo eilos le causaban temor.
Trataba yo de per;;uadirme: ¿por qué en las
contiendas con mis compai'leros, cuando preveía
que terminaríamos en una lucha cuerpc á cu erpo, el temblor me in"'adía las carnes, y mi cara
se hacía pálida, como la cara de aqMl viejo santo que en u n nicho cuajado de prismas cristalinos estaba en nuestrll recámara alzando al cielo
sus miradas vidriosas?
En todo caso, si la derrota se declaraba por mi
parte, no podía ser lo que sufriera sino un golpe
má'l ó menos doloroso que nada significaba.
Sin embargo, siempre lo mismo, entonces con
ningún talento, y después con alguna diplomacia,
hui de los asaltos de pugilato callejero, tan comunes entre los escolares.
Una vez, en los momentos en que se levantó,
para descargarse sobre mí, la mano cerrada de
un compat'l.ero, con quien rellía, la vi agigantarse, antieipadamente sentí con descomunal fuerza
el golpe, y grité y corrí miserablemente, sin intentar siquiera defenderme.
Por fortuna no había testigos, y rogué á mi
adversario que al día siguiente no pub:icara mi
desnonrosa derrota,
Lo hizo; seguramente pensó que esos triunfos
no merecen publicarse.
Sólo una vez recuerdo haber llevado en la cara, las huellas de una lucha corta y desigual; urgía demostrar que no tenía miedo y acepté ¡con
qué gran esfuerzo de voluntad!
Pc1·0 Joaquín fué quien comprendió muy bien
hasta qué punto era yo cobarde, y muchas ve,..es
me hizo con sus burlas, con sus sarcasmos, el ludibrio de todos los demás compalleros nuestros,
en aquella escuela primaria.
Ni yo mismo supe por qué aquel muchacho,
diJtraído, juguetón, que parecía no observar hecho alguno, llegó á tener el conocimiento y la
exacta meñida de mi cobardía,
Yo habría sido muy feliz, si el destino nos hubiera separado al salir de aquel destartalado y su•
cio salón, en donde hiciéramos nuestros primeros
estudios.
¡Juntos fuimos á. la Escuela Superior!
Llegó á. tratarme con carillo, pero su carillo
que llevaba lil ternura de la compasión y la fria!0

dad del desprecio, me ofendía, me injuriaba. Me
queria porque no era yo digno de que me odiase.
Su orgullo le obligaba de cuando en cuando, á.
hacerme sentir su superioridad, á. recordarme
que me conocía, que habfadescubiertn la vergonzosa enfermedad, el asqueroso mal de que era
víctima mi espíritu.
Comprenda usted todo lo grandioso de mis esfuerzos, para hallar siempre una contestación ingeniosa á la frase en que iba envuelta una injuria, una respuesta. que les hiciera olvidarse de
que yo debía proferir otra ofensa. Y les hacía
reir con mis palabras, cuando !a rabia me ahorcaba, y el miedo destfü,ba gota á. gota helada en
mi COrllZÓD,
Al separarme me entregaba Ala desesperación
de mi ira contra él, y contra mí que no podía dominarme. Yo empezaba á pensar seriamente: ¿qué
iba á ser de mí en la lucha d:- la vida, si no sabía,
si no podía dominarme, vencerme á mi mismo?
Formaba mi resolución; le injuriaría, re iliria
con él, aun cuando perdie~e; eso ya no era mi
culpa, sino obra de su notable superioridad física.
Y, á la mat'l.ana siguiente, cuando le veía, y sobre todo, cuando el me veía, mi túnica de valor
se me rodab1 hasta los pies y me dejaba al descubierto, tal como yo era: un tembloroso cobarde.
Llegué á. dominar mi amor propio, y una tarde, tarde tempestuosa, lo recuerdo . ..... en esas
tardes el relámpago y el ravo me producían tal
impresión de terror, que huía de la soledad, iba
á buscar compafl.eros; ría usted: ¡al lado de ellos
temía menos al rayo! Esa tarde le supliq!lé: si
era más fuerte, si era más valeroso, podfa. mejor
protejerme contra los demás, que ridiculizarme
ante ellos. Si era duefl.o de mi secreto ¿por qué
no lo guardaba? Me oyó seriamente.
Aquel día sintió, es segu'ro, crecer su desprecio
hacia mí, hasta el extremo de necesitar hacérselo
sentir á los demás, y se los dijo; yo era un cobarde: Gno habían visto cómo procuraba huir
siempre las rifiasil ¿no habían observado cómo me
estremecía mochas veces, con sólo que me grl~asen mi nombre cerca, para llamarme cuando estaba distraído?
1fü era yo miedoso como una mujer, más, más
cobarde que una nill.al Lo verían, Y lo vierou.
Al entrar á mi dor mitorio dí un grito, y salí corriendo.
Los brazos musculosos de Joaquín me scjetaron en la misma puerta, y tal fué el estruendo de
las car:!1:1jadas, que deben de haber desperta&lt;io
de su profundo suet'l.o al esqueleto que yacía en
mi cama, y él mismo debe haber reído del terror
que me inspiró su descarnadv é inofensivo cuerpo.
-T11mbién los cobardes matan; cuídate-le
dije enfáticamente, ridículamente, cuando estuvimos solos.
Un día puso en mis manos un revólver para
que le matara y ¡¡no le maté!! Eufrente, con los
brazos cruzados, sonriendo y mirándome con fijeza, aguardó hasta que arrojé el arma al suelo.
Imposible, me estaba mirando.

Domingo 29 de Octubre de 1899.
¿Temí errar el tiro? ¿Temí las consecuenc1
11
si lo acertaba?
_No sé; «¡tuve miedo!&gt; es lo único que puede&gt;
afrrmar.
Mi mal se exacerbó.
Cuan_do bebía alcohol, al contra~io d e lo que
yo babia notado en otros, me volvta aún mAa cobarde, y al siguiente día peor; sobr e todo la aole:
dad era lo que más me aterrorizaba. No querf&amp;
hallarme solo.
A menudo, en las noches, cuando inclinado 10•
bre el libro. procuraba la resolución de un problema, sentía entrarme el miedo por la cabeza
caerme ~orno si fuese un chorro de agua.
'
Y muchas veces la mismll palabra me abofeteó:
«cobarde, cobarde;» en suenos la oía; salía. de 11lla
garganta poderoSl:l, me ensordecía, y despoés como si me rodeasen montarlas y moi::tat'l.as, t i eco
me la arrojaba muchas veces á la cara: «cobar.
de, cobarde, &gt;
Decidí matarle; me vindicaría á los ojo■ de
quienes me creían incapa z de dar muerte ni á 1111
perro. Me vindicaría á mis propios ojos,
Me urgía confi rmar lo dicho: «también loa cobardes matan», y así me libraría de aqutl dominador mio.
Me bafiaba con sus temibles mir adas, me recorría con la v ista de la eabeza á los pie~, r en el
lugar en que más se detenía mirándome, nlli mismo, sentfa el pinchazo de las agujas de sus miradas y por allí me entraba la inyección del miedo
que se difundía lentamente por el cuerpo. Necesitaba evitar que me viese, llegar sin que sintiera mi aproximación, m11tarle por la es palda.
Gozaba durante el día con la idea d e mi venganza, pero por la noche mis sufrimientos t&gt;ran
grandes; despertaba sobresaltado buscando bajo
la almohada mi acariciada arma, temía que me
la robasen, que él, conocedor de mis i uteccioner.
se me adelantara y fuera A darme muer tP, Y sin
embargo no acababa de resolverme á llevar A cabo mis propósitos,
Pero ese día me injurió nuevamente: «Ere■ t111
cobardts,» y me volvió con desprecio sus ancha1
espaldas presentando un magnifico blanco, aun
para mi mala puntería.
Sin vacilar y~, hiee fuego, y cuando le vi caer
agitándose como culebra herida, temía que se le•
vantara, y disparé, disparé basta que ya no bub1&gt;
proyectiles en el cilindro ¡qué lástima! ¿Qoé habrá. pensado cuando se revolcaba en la sangre que
le brotaba de la herida abierta por la mano deeste cobarde?
Y hoy. en la prisión, me siento libre, afürer11do
de aquella mirada abrumadora, independiente
de aquel dominio,
Yo que he sido 1esesperantemente miedoso,
irremisiblemente cobarde, me siento algunas veces curado de mi mal; ya no huyo á la eoledadt
y creo sentirme valiente.
Ahora comprenderA usted porque maté A eo
hombre.
FRANCISCO Z.ARATE RUIZ,

])Omlngo 29 de Octubre de l o99

EL MUNDO.

271

LOS LUN ARES DE M6XIOO .
En el dorado siglo XVIII, el infinitamente galante y el infinitamente perverso, los artistns ~a
pilare,, vulgo peluqueros, á. sus delicitdas labores
unían otra que ya ha pasado al olviuo, barrida
por las j11foios11s ~implicidades y sencilleees de
81ce siglo moribundo. Me nfiero al arte de hacer
luoares. Un lunar, para la estética erótica del ' i•
l(lO pasado, era algo sublime. Se me dirJ. que to•
davia hoy los l unares están en auge, puesto que
811e1en aú n florecer en los labios de los poetas; pe-

ro hay que advertir que, con la honrosa
exeepct:pción del fresco viejo Campoamor, los poetas que hoy cantan los
lanares andan como los tranvías de esta
muy noble y leal ciudad, es decir, atrasados,
Antallo sobre todas las mesas de toilette de toda m ojer hermosa y hasta de toda mujer fea. babfa estueheti con lunares
artificiales; les había de tafetán para imi•
iar las motitas lisas y opacas, y de ter ciopelo para i mitar esas maucbas lustro·
eae y velludas de la piel que semPjan mi
núsculas zaleas. Los drogueros de en ton•
ces vendían millares de esas ruedecillas,
Y loe de hoy, en materia de ruedecilla s,
sólo venden billones de eonfetti; en cam •
blo, anuncian á montones los específicos
para cubrir lunares di sgraciosos que dicen !ns franceses, y los epilatorios para
limpiar el cutis de ~odo vello aun cuando
eea fino y BU!lve como el del durazno.
De todo lo cual, lógicamente se deduce
que en este siglo les ha caído oolvo á. los

lunares.
Una metrópoli es como una mujer hermosa:
puede ser que un pequefi0 lunar en sitio propicio
coatribuya A embellecerla, sub rayando su carAc•
'4:r; pero confesemos que es muy dirícil atinar
con la oportunidad del sitio y del lunar, y por
ende ■ería prderible que tales lunares no ex istleaen, so peligro de dar al traste con la mejor estética,

México es una ciudad ht&gt;rmusa entre tedas las
ciudades hermosas. Su clima inmejorable, la opulenta cadena de montes que la rodea, la exhuberante vegetación de sus alrededores, todo contribuye á que llegue A ser una gran capital en la
más lata extensión de la p ,tla bra.
~ ~n gritn p"rte lo ha logrlldo ya. El cosmopoht~smo se hl\ it,filtrado en ellll, como se i11fütra Slémpre en todas las gr,mdes metrópolis, hastll el grado de borrar toda d1foreneia en tre la

l r¡ulevarrZ, á la hora de les paseos vespertinos,
cuando e~plenden las doradas incandescencias
de los apandares y repercuten sobre el aEfalto
los cascos de sooerbios corceles que tiran de
magníficos trenes, es igual á cualquier Clille céntrica de cualquiera metrópoli europea.
Las tiendas de todos los giros son ef pléndidas
en el c entro de la. ciudad; por doquiera se lev•1nt11n suntuosos palacios para residencias particulares; la Calzada de la Reforma es un paseo que

muy poco tiene que pedirá sus anillo•
ges de Europa ; el •bosque de Ch11pultepec, umbroso y centena, io, engastan do al histórico Castillo como A una
piedra preciosa montada al aire, es
envidiable y toda gran ciudad se enorgullecería de poseerlo.
La vida de México corresponde al
metropolitanismo del cuadro. La ani·
mación es grande á todas horas v la vida nocturna empieza á iniciarse hasta
donde lo permite la índole tranquila y
a parta da de nuestras costumbres sociales. En fin, el cosmopclitismo ha
sentado sus reales de tal suerte entre
nosotros, que muchos extranjeros que
vienen á la vieja capital de .M:octt&gt;zuma, ávidos de t&gt;xotismo y de novedad,
sufren grandes decepciones al encontrarse simplemente con una ciudad mo•
derna y civilizada.
¡Pero si se apartaran un poquillo
del centro!... ,
E scena en la calle de la Merced.
Es natural, por lo demás, que las
cosas fe11s da las metrópolis se manivida central ostensible de París y de Roma, de fiesten :&gt;n los barrios masó menos alejados, á.
Londres y do Madrid, de Berlín y de Viena.
los que no llega el movimiento que podríamos
Ese cosmopofütsmo que trae aparejadas la be-· ll_amar netamen~e metropolitano y que es pro(lu.
lleza, la c,)modidad y la limpiez.i, siempre em- c1do por el tráfico mercantil y administrativo
pi, zit á. i1 filtra rsP. por el corazón de las ciudades. y ~ lo_s que las_ miradas de la gente culta
El corazón de México es ya completamente cos- qmsqmllosa casi nunca penetran, si no es muy
mopolita ; la avenida de Plateros y San Francisco, de tarde en tarde, superficialmente, y guiadas sótan impropiamente calificada pe r nosotros de lo por móviles de curiosidad ó de dccumentación.

L as baiTacas de la Plaza .r1e San Juan.

y

Pla::ue?a del J ardin, [aj El Baratillo.

�EL MUNDO.

272

Domingo 29 de Octubre de 1899.

Domt_ngo 29 d~ Octubre de 1899.

Los barrios son las enfermedades y deformidades
de la metrópoli: pueden ser arrugas, gibas, pústulas. llagas ó abscesos. ¿Son cur1tbles? ¿Son amputables? Creemos que sí, pero es evidente que para tales operaciones há.se menester de uu gran transcurso de tiempo,
porque muy á menudo la causa de semejante dolPncia,
más que en vicios de conformación y en negligencias de
cuidado, radica en impurezas de la sangre, que no be
curan má.s que con prolongadas sujeciones de todo el
organisno á determinados rt&gt;gímenes de fortalecimiento. Es sabido que la sangre de las ciudades es su vecindario.
El específico único que purificará. esa sangre, es el
progreso moral, y la forma en que ha de administrarse
es en prédicaE&lt;, en periódi,:os y en_ libros. Y noóotros
debem0s confesar que siempre, aunque lentamente, hP,mos v.mido notando la mejoría de nuestra metrópoli
porque ya sus llagas sec1·etan menos podredumbre, ya
sus barrios producen menos homicidios. Por ende, estamos convencidos de que
debemos seguir aplicando el remedio.

27::l

El Baratillo es un formidab1e lunar de México

ea una cosa superlativamente f~a.

'
Participa del aspecto de un suburbio constantinopolitano de truhanes y de mercachifles y ae
una verdadera Corte de los Milagros.
Todo el que por vez primera se encuentra tren.
te al Baratillo, titubea mucho rato antes de atreverse á penetrar en aquel hormiguero erizado de
barracas de madera ennegrecida y apestosa.
Y si penetra, puede estar seguro de que irá pasando de sorpresa en sorpresa, en el conjunto y
en los detalles, y le parecerá un sueno que tod&gt;t.
esa población de podredumbre y de fealdad exista dentro del casco de nuestra ciudad.
El Baratillo en la Bolsa de nuestro puebl0, y las
mercancías que allí se cotizan se componen ue
todos lo.4 desechos de la ciudad y de todos los hu, toa del g énero chico. Por ende, er, el Baratillo constante albergue y no pocas veces ratonera de rateros; por ende, cada barraca del Baratillo tiene
un aspecto original é inde&amp;criptible, entre kahidoscópico y macabro.
Venden allí ropa de todas clases, interior, exterior é intermedia, pero en el extremo estado de
uso; perillas, fierros viejos, sombi eros, z11p tos,
todo lo que una ciudad desecha, después oe haber pasado por muchas manos y por muchos
duefl.os.
Allí, tras de una sabia tran~formaci:in, tras de
un artificial l ejuvenecimiento. te do , uelve á ser
revendid o y vuelve á ser usado por los brujas de

*

**
¡Los birrios! Si á uno de esos turistas superficiales y numerosos que de las ciudades que visitan no ven si no el rostro, es decir, el centro de elegancia, de placer
y de dinero, 1J lleváramos por modo para é l inconsciente á cualquiera de nuestros
oarrioa y de golpe le preguntáramos en qné ciudad se encuentra, de seguro no
sabría qué contestar.
Si, por azar, nuestro turista er!l. gente viajada y observadora, es casi seguro
quu, al mirar las casucas agrietadas, bajas y planas, y !Js pavimentos sueltos
y polvosos, y los caftos reventados, diría:

1

EL MUNDO.

Pl'imera calle de las Damas

Una escena en el Bai·atillo.
Una que otra mujer de enagua almi&lt;lonada y crujiente, de rebozo
nuevo, arracadas de cobre y botín de charol, uno que otro charrillo
ataviado de pai\o, de sombrero galoneado, tilma al hombro y zapato de vaqueta rechinante. Estos son los tipos pintorescos, los que
con una buena mano de idealismo de parte del poeta y otra de buena voluntad de parte del público, pudieran pasar á la escena nacional metropolitaM siempre que ésta sea del género chico.
Pero en lo ger.eral: miseria, sueiedad y descuido, son la BÍ'lteBls
de nue11tros barrios.
Algunos de ellos que fueron nuevos hece más ó menos tiempo,
pero que ya han d ejado de serlo, esperan todavía su definitiva 11dop,
ción por la ciudar! en form&lt;&gt; de pavimento y de empedrado: de modo que son desiertos de Sahara con formidables simvunes en tiempo
de sequía, y tenebrosos y traidores lodazales en tiempo de agoaL
Afortunadamente que esos lunares los tiene nuestra metrópoli
en partes poco vi~it les de su cuerpo. que si no fuera así, ¿que dirian
de nosotros las nacionos e:&gt;:tranjeras?

1

**
*

La Candelarita de los Patos.
-Es un suburbio de ?thrruecos, pero con los habitantes disfrazados.
-No, seftor: esto es México, la capital de la República Mexicana, la antigua y nob'.e Tenoxtitlán; estamos
en plena América civiliz~d!l., no en Africa.
- ¡Quite usted allá! si México tiene hermosísimas calles y avenidas, borJadas de lujesas tiendas y surJadas
de elegantes trenes; magníficos parques umbrosos sembrados de bronces i:le arte y regocijados por los Yibran•
tes ecos de estupendas múücas militares y por las inquietantes miradas de muchas mujeres, bellas como un
ensuefl.o! No, ésto nJ es México. ¿No ve usted que el
ilustre fürón de Humboldt, hace casi un siglo, llamó á
México la ciudad de los palacios?
A lo q ne ncsotros contestaríamos sin vacilar:
-Muv bien, amigo mío, pero en primer lugar, el Se:ftor de Humboldt en muy g9lante, y en segundo .•....
no conoció nuestros barrios « bajoe. »
El que no lo quiera creer, que se dé una vueltecita
por los Angeles, la Merced, la Palma, la Candelarita
de los P!l.tos, el Carmen, la Soledad, Santiago TJaltelolco, Martínez de la Torre, el Baratillo, etc., etc.
Casas bajas, viejas, sucias y agrietadas; olor de miseria, de hacinamiento y de podredumbre; pululación de
un veciodllrio abigarrado, soez, desvergonzado y asqueroso. Las pestilentes pulquerías como centro de reunión de muchas malas hembras y de muchos hombres
de valiente renombre á diez cuadras á la redonda; ellas
desgrefl.adas y &lt;lesceftidas, mal terciado el rebozo descolorido sobre flotante saco agujereado, que acusa por
modo poco decente, como diría un maestro nuestro, las
Ii,situdes de la carne; enzarapados ellos y de pelo hirsuto y luengo que se escapa por las roturas del somhrero d e palma.

¿Conocéis el B 1ratillo? No es probable, porque las dos terciu
partes de los habitantes de esta ciudad no conocen esa interesante
mexican curiosity, no obstante que la tenemos á un paso y que ee
una especialidad neta de la metrópoli. Pero los metr opolitanos somos
así: d f'j imos que nos observen, analicen y conozcan algunos extranjero11 y muchos fuereftos; nosotros sólo nos m:.vemos de la Ala•
meda al Zócalo y del Zócalo á la A lameda.

\

I

Oallejón del Puente de Solano.

Galle de Roldán.

aolemni iad, y hay elegante levita cruzada que
tras de repetida" metempsícosis baratillescas 11c~ba en guante de plancb&gt;\ ó en gorra de «golfo.•
*** calle amplia, limpia,
A la vuelta de cualquiera
moderna y aereada, se tropieza con C'l.l!ejones
angostos, sucios y mal olientes. como el de la Alcaicería, los de Dolores y el de TabaquP,ros; otros,
cerrados en un extremo, constituyen verdaderos
culs de sac, como el del Progreso [,ic!]
Lunares también son las vendiwias ambulantes de fritangas y de carn.itas, que son muy capacea de voltear al revés los estómagos delicados, así como las pulquerías que trascienden A
algo . que no se' puede escribir y que á. lo mejor
aparecen en las esquinas de las calles céntricas
Y nuevas.
¡Y las tortillerfasl 1Y las vecindades!
En las pr!m Jras, dentro de un cuartucho de
cuatro metros cuadrados, aparecen cinco molenderas, una cocinera. y ocho chamacos en traje na.tura! Y primitivo. En aquella pesada atmósfora de
s~dor, sin ventilación alguna, se confeccionan las
triguefias tortillas de maíz que se ofrecen al mercado Y cuyo aspe'!to, francamente, mata el gusto
por el "pan nacional. 11
L~s vecindades son también pavorosas: cuart?s sm más ventihs que la puerta que da al patiWo comú~, ~? las cuales viven familias r.nterae;
· C. prim1t1vos que sólo se limpian por campa•
nada de vacante; borrihles hacinamientos de gente miserable que trabaja dos dias de la semana
para embriagarse cinco . .... .

**

La vecindad de San Antonio, BaiTio de la Soledad de S anta Oruz

¿Desaparecerá t.000 :so?
Es de esperane pero de esperarse . ..... ·e"\

'ªªº·

,

~ ARDÍN,

Gall,j ún ele la Alcaiceria

�:? i4

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubre de 1899.

•

A.iio VI - Tomo U

M é xico, D o m i n go 5 d e N ov i.,rnb re de 1899.

1

DUELO

EL ABECEDARIO
Mlle. Thc,rnam.

Número 19

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94525">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94527">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94528">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94529">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94530">
              <text>18</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94531">
              <text>Octubre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94532">
              <text>29</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94549">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94526">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 18, Octubre 29</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94533">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94534">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94535">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94536">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94537">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94538">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94539">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94540">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94541">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94542">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94543">
                <text>1899-10-29</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94544">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94545">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94546">
                <text>2017554</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94547">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94548">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94550">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94551">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94552">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1479">
        <name>Bernardo Reyes</name>
      </tag>
      <tag tagId="1478">
        <name>Fe y felicidad</name>
      </tag>
      <tag tagId="1482">
        <name>Helleu</name>
      </tag>
      <tag tagId="1480">
        <name>Historia del ejército</name>
      </tag>
      <tag tagId="1484">
        <name>Lunares de México</name>
      </tag>
      <tag tagId="1481">
        <name>Pintor de mujeres</name>
      </tag>
      <tag tagId="1483">
        <name>Princesa de los gansos</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3622" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2263">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3622/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._19._Noviembre_5..ocr.pdf</src>
        <authentication>3fc653106cb6d11760801545cbf87490</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117443">
                    <text>:? i4

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubre de 1899.

•

A.iio VI - Tomo U

M é xico, D o m i n go 5 d e N ov i.,rnb re de 1899.

1

DUELO

EL ABECEDARIO
Mlle. Thc,rnam.

Número 19

�EL MUNDO.

276

Director: LIC. RAFAEL REYES SPJNDOLA.
----································································º"""""""""""

El gran día. de fiesta en las necrópells no es en ve~dad un día de recogimiento y de dolor para los vi.
vos. Lo que sucede es que la alegrí,;. se pone un yoco
melancólica para visit,ar las tumbas, y la vamdad,
cansada de ostentarse en teatros y paseos, encuentra
oportunidad de lucir su fantasía en los adornos d~ los
monumentos sepulcrales. El hombre ha de ser si~mpre un aferrado á la vida, y, por,lo,tanto, un olvidadizo de la muerte. Esta manifestación de pena obligatoria, consagrada por una secular costu_mbre, se ha
desvirtuado con el tiempo hasta convertirse en protanadori1, verbena popular.
.
.
.
Bien es cierto, que vist'l. la existencia, baJo el ~specto pesimista de un Schopenhauer, puede repetirse con el filósofo que la vida de cada !::o~bre contemplada de lejos y desde arriba, en su conJunto y en sus
rasgos más salientes, nos presenta ~n espectáculo trágico pero si se recorre en detalle, tiene el carácter de
una 'comedia. El modo de vivir y el tormento del
día el incesante malestar del momentv, los deseos y
· los 'temores de la semana, la desgracia de cada hora,
bajo el azar que trata siempre de chasqueamos, son
otras tantas e'-cenas de comedia.
Pero los annelo1&gt; siempre burlados, los vanos esfuerzos las esperanzas que huella la suerte implaCd•
ble los' funestos errores de la vida entc.ra, con los suf rl~ientos que se acumulan y la muerte en el últim_o
acto, he aquí la eterna tragedia. Parece que el desti no ha querido afiadir la befa á la desesperación de
nuestra existencia cuando ha llenado nuestra vida
con todos Joi, infortunios de la tragedia, sin que ni
aun siquiera podamos sostener la dignidad ~e los personajes trágicos. Lejos de ello, en el ampho detalle
de la vida representamos inevitablemente el ruin papel de cómicos.
Sin embargo este mismo filósofo, tan descreído,
tan desengañad~, tan dolorm,o, tiene en uno de sus
libros esta página, colmada de consuelo y de fé: «Cuando en Otofio se ob:,erva el pequefio mundo de los insectos y se ve que uno se prepara un lecho para dormir el' pesado y largo sueño ~el _invierno, que otro
hace su capullo para; pasar el invierno en estado de
crlsálida y renacer en un día de primavera con toda
su juventud y en toda su perfección; y, en fin, que la
mayoría. de ellos, al tratar de tomar descans~ en brazos de la muerte, se contentan con poner cuidadosamente sus huevecillos en lugar favorable para renacer un día rejuvenecidos en un nuevo sér, ¿qué otra
cosa es esto sino la doctrina de la inmortalidad enseñada por la naturalE\zaº Esto quiere darnos á entender que entre el sueño y la mue~te no hay dife.
rencias radicales, que ni el uno m la otra ponen
en peligro la existencia. El cu.ida.do con que el,insecto p1 epara su celdilla, su aguJero, su nido, as1 com_o
el alimento para la larva que ha de nacer en la primavera próxima, y hecho esto, muere tranquilo, pa•
récese en todo al cuidado con que un hombre coloca
en orden por la noche sus vestidos y dispo~e su comida para la mañana slgGiente, y luego se situa á dormir en paz.&gt;

dora Mise-ricordia. El alférez veneciano del inspira~o
libretista no es un hombre, es un espíritu; es el Diablo.
i
·
Cuando dice el Credo-monólogo de peslm smo mfernal-esperalllos ver, de un momento á otro, que
se abran sus grandes alas de murciélago Y que. aho•
gue en ellas túdo resplandor. Yago tiene ca~caJada~
Je Satán rabioso, é ironías de demonio vencido. E:.
un filósofo más serio, pero menos experlmenta~o, Y
sobre todo, menos agudo que el Perverso de Goe~he.
No lo imaginó así el excelso poeta inglés. Bo1to,
quizá para hacerlo más lírico le dió esos vuelos tan
poderosos.
.
Yago es el alma de la ópera de Verdi. Siempre en
escena, iosinuante y sutil, vertiendo sus palabras,
recelosas en el gran corazón de Otelo, como quien
gotea veneno en una ánfora de bronqe; Sólv cuando
reza Desriémona no le vemos, pero le 01mos; es la r~faga de vieoto que golpea desesperadamente la vidriera de la cámara nupcial y hace oscilar la llama
de la lámpara.
Otelo es un puñal de ébano esgrimido por la m~no
de Yago en torno de Dt!sdémona, esa blanca epifanía del cando, y de la piedad.
Boito no debió haber cambiado nombre á su libreto escri-to en rotundos y elegantes versos; no debe
llamarse Otello ese drama musical. No es él el héroe
de esa trágica desventura; en el fondo de esa sombra
parpadea una roja llamarada hacia la que van los
ojos atraídos y en la que se queman las almas como
nocturnas mariposas.
Cada vez que oigamos esta ópera la llamaremos co•
mo el poeta pensó: Yago.

*
**
También es muy amada nuestra la obra de Gouncd. El fragmento del gran poema alemán, puesto
en so!ra tiene para nosotros un dulce y sereno encanto.
El viejo Goethe era un impasible. Amaba la serenidad nlímpica de la eterna belleza. Meditativo pr~fundo, hundía su pensamlentv en el océano de la vida sin temor á los temblores de la ola. Analizaba
m~cho este poeta supremo que no sintió jam~ los
frenesíes de las pasiones cuando se exaltan, m los
arrebatos de los ideales cuando se enloquecen. Por
eso las creaciones de este inmóvil sublime son todas
símbolos. Bajo el negro birrete de Fausto suefia la
Humanidad; con la carcajada de Mafi,st6feles ríe la Duda; el corpifio azul de Margarita como el níveo peplo
de Helena, ciñe los senos palpitantes del eterno f emenino.
La celestial música de Gounod encontró en el_ pentágrama notas de suprema expresión. En med10 de
ios cantos idílicos cuyas frases de amor están hechas
de rocío, luz de luna y perfume de flores, s~ena la epiléptica carcajada de Mefis~o. Es la historia de todos
los amores. Es nuestra propia historia. El inmortal
maestro encerró en la pauva nuestrc,s secretos. Era
un vidente.
Ahora la compafiía de ópera nos promete la a-qdición de estas dos magnas obras. Las esperamos con
entusiasmo.

***

La semana Urica ha sido de un inesperado aburrimiento. Dicen que el aire de estas altura~ tiene la
culpa de los contratiempos y fracasos. ¡P1caro ele.
mentol La verdad es que el catarro no sólo dañ_a )as
gargantas de los apreciables artistas,. sino_ que violenta un poqulllo al público y estas v10lenc1as se resienten en la contaduría. Hemos oído esta semana
un Rigoletto muy fastidioso.. &lt;?ualquiera diría que el
aire no quiere ya música vie¡a y que fastidiado de
tocar temas de ópera en los organillos, se venga de la
manera más cruel introduciéndose en la boca de los
artistas é impidiéndoles cantar.
Pero, en fin, la empresa del Naciona~, para recompensarnos un poco, nos promete Ot.ello y Fa·usto.
Ah! la gran obra de Verdi. Para seguir la figura
del terrible moro no se necesita más que apretar el
lápiz: la allueta debe ser muy fuerte y muy negra,
con el objeto de buscar el contr~te, porque el contorno de Desdémona, hecho con extraordin~ria delicadeza apenas sí ha de verse, como embebida en la
luz, i;obre ld blancura del papel. Asi ha de ser el croquis de este cuadro sublime.
Pe.-o, bien pensado, ni Otello. ni Desdémona son
los principales personajes, dramáticamente hablando,
de la ópera de Verdi. La primera figura es Yago, un
Yago distinto del que Shakespeare creó, y como más
alto, más metafísico, menos humano, menos real por
lo mismo.
.
Arrigo Bolto, sugerido por su Mejist6feles, le dió á
Yago todos los caracteres del ángel rebelde. No es
sólo la vengativa envidia lo que domina al Yago de
Boito es la maldad infinita, el odio eterno, el rencor
á la l~z, inacabable y profundo, del rival de la Orea-

1.-Los LATINO-A.MEYtICANOS,
2.-GABINETES EUROPEOS.
3.-FRANCIA; LA RECONCILIACION NA.CION'AL; UN
POCO DE FILOSOFIA HISTORICA,
4. -AUSTRALAFRICA.
Las repúblicas latino-americanas, hermanas nu~stras, van saliendo difícilmente del estado de eqmlibrio instable en que nuestra falta de preparación en
la práctica de las instituciones libres, nos colocó en
el periodo subsecuente á la lucha de emancipación.
Visto en su aspecto inferior todo ello, parece responderá estos móviles: deseo de los hispano-americanos
de gozar de las rentas públicas (empleos, contratos,
granjerías) sin la terrible competencia de los peninsulares; después disputa de la presa entre los criol!os,
que disponían del ejército y el clero, y los mestizos
que carecían de privilegios, tanto ,en el orden social
como en el político. Victoria de éstos; empefio de los
vencedores en enganchar el carro de la patria en el
tren express de la civili1,ación: colisiones, descarrilamientos, stniestros, retardos (parece que estoy hablando de los ferrocarriles del Distrito); mas, en suma, marcha el tren.

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

J)Omtngo 5 de Noviembre de 1899.

Visto desde un poco alto, se nota cómo este mo'flmiento no es puramente del orden económico, íbamos.
á decir, intestinal, es también del orden psicológico
y en el combustible del mo~or no ha_ habido solo pa~
siones inferiores y utilitarias, sino ideales excelaoa,
ensueños na,trióticos, anhelos de levantar de un arranque solo, ~na raza mantenida sistemáticamente en
los limbos de la civilización humana á sus cimas más.
elevadas.
Pero no todo lo que en el orden ideal es bueno, en
el orden real es práctico, y de aquí tantos contrasentidos tantas lncompa~ibilidades entre las teorías y
la po;ible, tanta mentira. escrita, tanta 'falta de libertad en los hechos, tantas ideas muertas, tantas
necesidade.c. vi vas y ta.mafias dificultades para ajuatar y empalmar todo esto y para que todas estas antinomias y luchas se sumen en un pocu de ¡,rogreso
y de vida. Cuando por todo ello se _censura á los la,.
tinos de América, cuando se les qmere escatimar el
tiempo para resolver definitivamente problemas que
en ot:as partes se han resuelto á medias en siglos y
siglos de civilización y orden, y se quiere atribuir
todo esto á imposibilidades radicales de la raza para
llegar á donde aspiran, se comete una suprema Injusticia. Lo que no quiere deci r que no sintamos un
movimiento de impaciencia dolorosa cuando vemog
que toda vía en algnnos de los grupos sud-americanos.
se pretende fiar á las asonadas mili tares, á los pro-'
nunciamienws á las guerras civiles que son forzosa.
mente el gér~en de otras guerras civiles, la realización de progresos políticos y sociales.
Ya no es hora de esto, ya es preciso cerrar est&amp;
cadena, ya es preciso llegar á la última de estas escenas desalentadoras y comenzar una nueva vida.
Por eso, sin fijarnos en programas, ni en planes, ni
en manifiestos, aun cuando parezcan ma~avtllas de
liberalismo y progresismo, no.; vemos inchnados, cada vez que el telégrafo nos habla de revoluciones en
Venezuela en Colombia, en el Perú, en Guatemala,
á hacer votos por el triunfo del Gobierno sea el que
fuere. Sólo hacemos excepciones en los casos en qu&amp;
el gobierno siguifica obstrucción resuelta al progreso
moderno y resuelta decisión en mantener la sociedad
aplastada bajo el pri vllegio de una clase. Pero en
donde Ja ley misma deja la puerta abierta para la :e.
forma aun cuando esa reforma esté por hacer, aun
cuand~ haya inmensa resistencia para llegar á. ella,
deseamos que se bagan á un lado las soluciones mlll•
tares, á todo trance, á todo riesgo. En el ~uadorlas comprendemos; en Venezuela, en Colombia, no.

En espera de los acontecimient os políticos que
traerá consigo la reapertura de la mayor p_arte de JO&amp;
parlamentos europeos, casi _todos los gabmeU3 viven
quietos, pero parecen provisionales. Las Cortes funcionan en Madrid desde hace do&amp; ó tres días y 1&amp;
cuestión financiera, la suprema en la España actual,
tornará á ser revisada, discutida y resuel~ á medias.
Libre el ministerio espafiol de la pres_enc1a embarazosa del general Polavieja, que manifiestamente
nía la conciencia de constituir una entidad tan lm
portante como el resto del ministerio y que se babi&amp;
aferrado, no sólo en no hacer economías en el ramo,
sino en exigir aumentos en su presupuesto, para le&gt;
que habría sido preciso prescindi¡: de los gastos In•
· dispensables en los otros departamentos, y cubierto&amp;
la vacante con el cuerdo y desilusionado, si no desalentado general Azcárraga, el ministro de la guerra.
de Cánovas el gobierno del señor Silvela ha readqol•
rido consisteucia, y hasta la visita intempestiva del
ministro ruso de relaciones extei lores del Tsar á. la
reina, le ha dado cierto prestigio: paree~ que ¡ten&amp;
entre manos una profunda combinación d1plom tlca,
No lo creemos; tampoco creem~s que haya sid~ la del
conde Muraviev una simple visita de cortesía. ¿á.quéfué? Lo del matrimonio de una infanta con un gran
duque ruso, no puede ser; _Jados l~s temperamento&amp;
de ambos pueblos es imposible casi que uno de 1()8.
cónyuges abandc,ne su religión, y este requlsitobaes.
indispensable, sobre todo en Rusia. Yo creo ~!erecf.
que buscar el hilo por el lado de D. Carlos q ó del
bía si no es que recibe todavía, una peo~ 0 mu.
Ts~r. U n acuerdo definitivo entre ambas am au•
importaría más para el porvenir d_e España q~Ora..
mentar con diez blindados su mariaa · · · · por
ue
Pero sobre todo el ministerio Sil vela vivirá., porq
no hay otro posible. Los ultraconservadore!t~n:
las cuatro quintas partes de la opinión e1;1 co 60~ los.
sagastlnos, esos reconstlt,uidos con otros Jeteg cuatrosucesores probables, pero no a~tes d~te~or suvela.
años ¿los republicanos? Imposible.
se bl roo que,
es, como la república de M. Tbiers, ~l go e tiene,
divide menos: por eso, si uo nos flqmvocamos,
el tiempo frente á él.
.
d 1 senor
En Italia, ,gracias á la respetabilldad e sin _
Visconti Venosta, igualmente estimado,_co: 0
lar, en Francia que en Alemania, el gabm;eales (110varo con su sistema precario de decretos. á. básta
bre ~eguridad pública) en vez de leyes, viv_1r y 188
el próximo periodo de ciclones parlamentarios. lftieol
nota contra él la conjura de diversos grupos po
que le harán una vida muy difícil.
t tambliB
En Viena el ministerio Clary represeq ª

te:

J!

transaceióo, casi funda su derecho de vivir en su
:gnlftcancla; el grupo alemán y el grupo eslavo, el
bOhemlo, sobre todo, ¿desarmarán ante él? Precisate tendremos la respuesta en estos días en que
=oda también sus sesiones el parlamento, después
de nueve meses de receso. Es en realidad una situact6n dnlca la de este imperio austr-:&gt;-húngaro; el pacso de unión entre las dos grandes personalidades nactonaJes que lo componen, no se ha renovado; rige un
aooerdo puramente provisional, un expediente; y be
aqof que una tercera personalidad cada vez más pocteroea, la eslava, (polaca, bchemia y eslavona) quiere una silla de honor en el banquete! No es chtco el
enredo este, ¿pertenece al género grande?
En Berlín, todo el trastorno que se predecía con
mott,o del voto de los conservadores, contrario al caDll del Elba, defendido con el ímpetu pomposo que
al Emperador es habitual, terminó con la dimisión
dedOBministros; ¿pero el envidiadíslmo Herr Miquel,
el coni.ejero tavorit,o de quien se decía que era el tnsdpdor secreto de los conservadores, por qué no renunclóP Porque á ese no renunciará Guillermo II,
811 mocbottempo, quizás en ning6n tiempo; tiene mucbfalmo talento, mucho conocimiento de los partidos
de los recursos del imperio para poder ser reerri1i,luado
en el ánimo imperial. No puede ser canciller
ilel Imperio, porque no es hombre de alta alcurnia,
pe.-o es quien lo dlrlje en realidad.

EL MUNDO.

277

regretterit), al monarca, y al Presidente lo tratan, ofl.• tado, exasperado unos contra otros, comenza1 ¡oh!
clales Y obispos, como si fuera un rey, es la imagen, hermanos enemigos, por hacer á nuestro 'Jaís esta jusel espectro del Ausente. Ahora bien, en torno de estos ticia, que es acaso el solo en el mundo en q ne tantos
elementos que han representado el orden al través de hombres sean capaces de atorment arse á impulsos de
toda la historia, y que lo representan todavía, se ~obles sentimientos. Y apaciguaos en esta idea que,
agrupan instintivamente todos los hombres de orden
Juntos todos, sois la Francia una persona histórica
inclusive un gran número de republicanos, todos lo~ muy grande, animada de paisiones que, una por una,
conservarlores; los_ liberales se arriman á la iglesia de tienen su fuente en nuestra historia y que por ende
León XIII por Justo horror á la revolución Rocial; vuestras querellas resultan inevitables manifestaciohay en el fondo de er,o «uoa preferencia dada al agua nes de nuestra vida nacional.
bendita respecto del petróleo.&gt;
&lt; Y comprended también, cuantos habéis defendk o
En _el campo con~rarlo todo es división y discusión: lo qui', en vuestra conciencia. creíais que constituía.
socialistas y repubhcanos son fundamentalmente in- el bien y _el honor de la Pc1otrla, comprende~, repito,
compatibles; «no existe una idea común de orden re- que el odJO mutuo de los ciudadanos es, para la Papublicano capaz de concentrar á todos los adversa- tria, un peligro de muerte. Antaño, en lo más encorior del orden monárquico.,. El estudio que resumi- nado de las guerrl\s de religión, Miguel de l 'H,,pital.
mos hace hincapié más de lo justo en esta situación interponléudose entrA los combatientes les rogaba
del partido avanzado; estas divisiones no pueden con- que recordaran que eran franceses. «Atrás, decía
cluir, es verdad, pero sí pueden convivir por medio esos diabólicos nombres de hugonotes y papistas.;
de treguas y transacciones; ahora bien, es una máxi- Las palabras dreyfruseros y antidreyfuseros son más
ma política profundamente cierta qne sów lastran- diabólicas todavía; echadlas fuera, continuad defenRacc!ones perdurao.-Lo único, añade Lavisse, qúe diendo en libertad, ante vuestro país, vuestros crelos hga es una especie de hoRtilidad á todo sistema dos políticos contrarios que sobrepasan al proceso y
de contrapeso á la voluntad de la ·ARamblea que re- le sobreviven; pero como patriotas, ofreced á la Pc1opresenta. directamente al sufragio público; de donde tria el sacrificio de vue~tros 1encores.
re:,ulta un odio común al Senado y á las facultades
cOs juzgará vuestro país y su fallo será justo. Pordel Presidente.
que otras crísis vendráu, acaso movimientos de reacPara este grupo la Iglesia es el más ~emibleadver- ción, acaso golpes revolucionarlos y h;ibrá villanías y
sario. El ideal de la Iglesia, que considera la tierra deformidades-males de constitución en la historia.
*
* *
No es en la voz de los corifeos políticos, por sensa- como un pasadizo de dolores y lágrimas entre el pa- de los-hombres-mas la resistencia á lo pasado y el esto&amp; y respetables que sean como M. Meline, que se raíso perdido y el parafso celeste se contrapone al de fuerzo revolucionario, deteniendo el uno y empujanatrven para conmover a, país y presentarse como sus los nuevos, que creen que en la tierra puede realizar- do el otro, tubajan de consumo en la creación de una
lllndores posibles, del espantajo socialir,ta de la guar- se lentamente uo paraíso por la supresión de la mise- Frdnci~ en que habrá mayor libertad, más justicia,
dia nactooal substituida al ejército, porque de este ria y la me.jor distribución de la justicia. Y como de menosmterés. Emancipemos nuestro pdiS de lo pasa(faideratum no hacen caso ni los socialistas mismos; l'.us ideales nace para la Iglesia la necesidad de ser do sin renegar de él, resol viendo problemas, en otras
que no tienen inconveniente en solidarizar con el ac- conservadora por Inmutable, resulta para unos el de- p:1ortes apenas plantados, encontrará su fuerz'I. y su
'811 Ministro de la Guerra, que no tiene trazas de seo de sofrenarla, para otros el de romper todo coo- empuje, y, al mismo tiempo prestará un servicio con
querer desempeñar el papel de Comandante general tacto con ella, para muchos el de reducirla por la per- su ejemplo, una vez más al resto de los hombres.&gt;
de la guardia nacional, como Lafayette; no, cuando secución y el miedo. Estos no saben historia.
*
Para el mismo grupo el ejército también es odioso,
• quiera saber lo que piensa la Francia, que verda* *
porque
es
una
escuela
de
obediencia
pasiva
y
el
obsLas
nuticias
de
la
guerra
en Natal, en el Bechuana
deramente piensa, la que piensa alto y siente hondo,
baJ que recurrirá los escritos de hombres de indis- táculo natural á las esperadas revoluciones. Además, y Gricqualands, es decir al Este y Oeste ce tas Repúcutida imparcialidad, cuando á un conocimiento pro- la aventura boulangista conmovió la carlfiosa. con- 1,licas libre~, son por todo extremo interesantes. Sifundo, lnsuperado, de la historia de su pat:ia, unan fianza que en casi la unanimidad de la nación existía tiando á Mafeking,. Vryburg y Kimberley, sobre la
una lntellgencld capaz de hacerlos penetrar analizan- en el ejército, representante armado de la Patria c1onte línea del ferrocarril que va del C~bo á la tierra que
do, dentro de la sttuación actual, hasta dar con sus la insolencia irónica del vencedor. De aquí vino cier- lleva el nombre de Rnodesia, en honor del famosoCe'llementos irreductibles. Un ejemplar de esta especie ta inquietud en unos y el deseo de destruir el ejérci- cilio, llls boers han inmovilizado la invasión posible
por el lado occidental, á reserva de quebrantarla dede hombres que no se hallan ciertamente por doce- to en otros.
Lavisse busca el terreno de la reconciliación de es- finitivamente á pesar de los trenes blindados del co• ni en los rMetings, ni en la prensa y m en las academlaB, es Ernesto Lavisse, maestro, de cerca ó de tas dos Franelas en lucha entre las mismas fronte- ronel -Baden Powell, para los cuales suelen ponerse
leJOB, de cuantos nos ocupamos en estudiar historia. ras; el ensueño patriótico consistiría en que la. lucha en práctica la destrucción de las vías y las bombas
Acaba de publicar un estudio con el titulo de «La prosiguiese en la libertad y por· la libertad y, por me• da dinamita.
Por el lado oriental en la línea que une á Pretoria
ñconclllatlon nationale,&gt; que es lo más filosófico que dio de mútuas concesiones, llegase á ser una reconIIObre el estado de la sociedad francesa, al desembar- ciliación. Nunca ;iodrá.n realizarse los programas ex- con el mar á través del territorio de Natal, es en dontremos; ni resucitará jamás el absolutismo del Rey de el supremo interés de la lucha se ha concentrado.
car de !'affaire, se ha esc1 !to en el último afio.
Ella explica la feliz audacia del ultimatum del TransJ'Avlsse (y si yo fuera más tonto, ó lo que es lo mis- apoyado en la Iglesia y el Ejército; ni puede entremo, más presuntuoso de lo que soy, me daría el ino- verse siquiera el momento histórico en t1ue pudie- vaal; convencidos de que Mr. Chamberlain arrastraba
cente placer de remitir á mis lectores á la primera ran suprimirse ó la Iglesia ó el Ejército. La Iglesia á Ioglaterra indefectiblemente á la guerra, y que toreYlsta en que hace algunos meses hablé del caso da á las multitudes preceptos, esperanzas, terrores, das las meditaciones y consideraciones y silencios no
Dreytos) muestra que, no en el proceso que no fué una explicación de la existencia, y en suma, lo poco eran más que ardides diplomáticos para triplicar los
mu que la causa detern::lnante de la explosión, sino de vida moral que las eleva por encima de la animali- efectivos ingleses en el Cabo, no quiso dejarse degollar
en la terrible disensión oi vil, cq ue es al proceso lo dad. Cierto, añade, creo en la emancipación final de como una oveja y ha saltado como un león al combaque la mar al navío,&gt; hay una lucha que tiene su la razón. ¿Pero cuándo? ¿la fecha? Será por el alio te. Y al cabo de muchas peripecias, , de que no conoftfz en toda la h istoria de Francia, entre dos modos 19,0001 ...... Y el ejército tampoco puede transfor- cemos sino lo que los telégrafos vigilados por las audialmtos de CO'll.Cemrla; entre dos maneras distintas de marse al grado de que deje de serk,; la situación de toridades Inglesas nos quieren dar á conocer, resclta
qu ·• conforme á las máximas de los grandes maestros
eomprender la vida nacional. El eminente profesor la Francia mut,!lada exlje un ejército que lo sea.
Pero no todo debe permanecer así, no puede nin- en el arte de guerrear, que son iguales á las de lus
recuerda la íntima unión, la solidaridad que en el pallado había entre el altar y el trono, y como de estas guna ill3titución substraerse á la ley del perpetuo del arte de pugilar, «quien da primero da dos veces&gt;
lb fnentes provino el espíritu que informaba al ejér- devenir. La Iglesia debe aspirar á ser y lo será, una y que, entrando casi bruscamente en la liza y concito basta los tiempos de las cruzadas. Luego el ejér- gran asociación libre; esto es lo que llamamos la in- centrándose con su rapidez característica en puntos
elto en los tiempos modernos, no era de la nación, de dependencia entre la Iglesia y el Estado ¿será enton- bien estudiadas de antemano, los holandeses han re~ pueblos, de mis pueblos, como decía el monarca que ces más temible? Tal vez, pero que el Estado se de- ducido sus pérdidas y descalabros á accident es y han
fienda. Tiene para eso la Escuela. En cuanto al Ejér- obtenido el resultado total, de localizar, ya. por bds.. Yeia Asus pieii, sino del ~ey.
Las revoluciones disgregaron la trinidad: iglesia, cito su traosformaclón debe ser distinta de la In- tante tiempo, la guerra, fuera de sus territorios y de
ejército y, ~n Francia, acabaron con el rey; mas sensata sofiada por los socialistas; el E~ército debe hacer retroceder el ataque inglés que se dibujaba en
Iglesia Y el eJército, instituciones especiales, de convertirse en una escuela de educación nacional. Newcastle antes del ultimatum, hasta Ladysmith, es
~UCIClón especial, ha&lt;;t,a de traje especial, vi ven ais- Así reforzará su energía moral y se unirá intima y decir, hsta la mitad del camino entre las fronteras
del Transvaal y del Estado libre, y Puerto Natal (Dur08, por decirlo así, de la sociedad, y como viven profundamente á la Nación.
Esta transación no es un suefio; no se hará entre ban) y que este retroceso puede marcarse con una
param,mte de historia, viven en lo pasado, á lo meen la conciencia de sus jefes. Ahora bien, el ejér- el que persiste en ser el gentilhombre m-:&gt;narquistay línea roja; harta sangre lo ha regado.
En diez y seis días se transladó el generalísimo Riorganlzado forzosamente de un modo jerárquico, el socialista revolucionario, sino entre los que jlrigen
como la Iglesia, tiene en la República una causa per- los batallones políticos en que se esconden el monar- vers Buller de Inglaterra al Cabo, y apenas terminade desorientación, si no de descontento: no ve quista y el comunista: entre M. Mellne por un lado ba el lunch con que lo obsequiaba el gobernador y no
punta de la pirámide jerárquica, no ve al jefe. El y M. Bourgeols, por otro, verblgratia. Y yo agrego: cesaban los vítores de los entusiastas aoglocabenseb,
jere,
- _l&amp;f.(m la constitución, es el Presidente de la un principio de transa~ión está simbolizada precisa- cuando los despachos del General White anunciaban
dad. bllca; pero eso es una fórmula, no es una ver- mente en el ministerio en que bajo la dirección del el desastre de Ladysmith. Claro, el General White,
lle I 1no es un hombre. No es un hombre que sepa politico más rminente de la Francia actual, Waldeck- ha obtenido bastante gloria en Egipt~, más no es lo
bl ,ar 108 escuadrones y 0atallones á la guerra: ahora Roussedu, se encuentran reunidos Gallifet y Mille- mismo luchar con los pobres dervlses haciendo fantaen,_Ia guerra es al ejército como la función al ór- rand; es1 e es el primer esbozo serio de reconciliación s-ías con sus espingardas del tiempo de los mamelucos ante los rifles certeros de los tiradores ingleses y
Pno, Bln la función ¿cuál es el porvenir del órgano, nacional.
Lavisse termina su estudio con esta11 palabras elo- egipcios, que con estos burghers diestros en el manequé sirve? Jefes del ejército, como presidentes
-~que no amen la guerra, sino la paz, parecen . cuentes, dictadas por el más acendrado y reflexivo de jo de las armas modernas.
Habrá victorias inglesas, no lo dudamos; habrá
ildades. ntidos al ejército, y son, sin embargo, nece- los patriotismos:
c¡Ob! vosotros todos los que durante este terrible · aglomeraciones formidables de artlllería y de tropas
~ SO.ma, la semejanza de organización, la c-:&gt;mu- afio, sin inrerés egoista, honradamente, habéis sufri- de linea y auxiliares dentro de un mes en Durban; la
do tanto y en vuestras leales conciencias francesas; flemát!ca bravura dE; los soldados de la reina, no se
~ 0 8 recuerdos, la alteza de los ideales, la cirPlra 1 ia de que las instituciones en donde hay vosotros que, en la contraposición que u~a cs,ranta- derretirá ni con el calor del combate ni con el calor del
al OS Individuos peligro de muerte son rellgiosas, ble equivocación habla causado entre la JU!itlc1a y el verano austral que comenzará entonces, pero no habrá
·
IU ~o de que &lt;Si la religión se retl!ase de la tierra, ejército, os habéis afiliado entre los partidarios de Omdurnans como en el Sudán.
Probablemente el General Whlte tendrá que repledado.. mo refugio estaría en almas de marinos y sol- éste ó de aquélla, Igualmente con vencidos de que deyel E~~o ello explica la simpatía entre la Iglesia tendiais á la Patria en peligro: los que habéis segui- garse á Petermaritzburgo y si allí no encuentra re¡ lelltir ;,e to, Y demuestra que no puedfm dejar de do las preferencias de vuestros instintos, ora el pasa- fuerzos, á la costa y los boaros quedarán duefies del
do os encante y os retenga en la provecclón de su Natal, por lo pronto; el dinero que es el nervio de la
1 lino ue supresión de el R ey. No que conspiren, no;
, el~ «floran (Emilio Castelar daba á este provin- 6 ran sombra· ora améis el presente y creáis en el por. guerra reconquistará el terreno perdido. No le hace,
o espano1 el valor mismo del vocablo francés venir dela F;ancia republicana; los que os habéis exal- una reflexión se Impone. ¿Con qué derecho se quiere

1

'

!
t

:1,

:=,

f:':!

=

l

�EL MUNDO.

2i8

imponer la soberanía c1mpleta á un pueblo que
sabe desplegar tama!las energlasl'
¿Con qué derecho, cuando ambas repúblicas
estaba!'.! dispuestas á aceptar y aceptaba.o, y una
más que otra, el Transvaal la tutela de Inglaterra en los asuntos exteriores y el E,;ta.do libre de Orange el protectorado británico, se les
quiere privar de toda libertad?¿ Pues qué '10
110n dignos de ella los héroe!&gt; de Duadee y de
Ulencoe y de Ladysmltb? Laconquh,Upurasólo puede pallarse en nuestros tiempos coa los
inte1eses superiores de la ctvillzacióa, ¿emites
son aquí? No había acaptado el congreso de
Pretoria, las propuestos de arreglo de Mr. A.
Milaer~ No iban á igualarse casi uitlanders y
boer.s en el gobieruu de la casa? ,; Qué más,
pues? Es el secreto de los beñores Cbamberlain
y Rtlodes.
La Gaceta de S James, órgano de los conservadores puros, dice, con énrasis, que, á pesar de
los :evesc:s, uo abriga la. menor inquietu i sobre
el resultado tinal de la guerra. Bien está, pero
cuando no se tiene más razón que la fuerza pura, no va,e la pena de llenarse la boca con el
nombre de nación cristiana y civilizadora, diga
usted, «porque me llamo león&gt; y basta.
¡El resultado tiaall El resultado final será el
triunfo de Inglaterra, se oirán en la~ calles de
Pretoria sonar aguda y melancólicamente las
gaitas de los 1Jipers de tres ó cuatro regimientos escoceses. Bien, ;,y dt&gt;spuési» Hace un p1co
tnás de dosclentvs aíi ,s, Gllillermo d'! Oraoge,
después de la batalla del Boyne, que ganó el
viejo hugonote Schoemberg, vió el resultado
tina) de la guerra de ()ooqu1sta de Irl,rnda¡ y
bace veiotedía~cu indos~ emh-trcab.1.0-Slr Redvers Buller y 8ir Arcbibatd Hunter y un nieto
de la R.iina para el C&lt;ib'l, Irlanda cel,1braba co,
mo una gran tiesta patriót~ca la inauguración
de los trabajos dd monum ~nto que va á eri•
glrse eo DJblin en hooor cte Cuartes P&lt;1.rnell el
organizador de la resisteocla nacional, y el pueblo entero de la capital de la isla, encabezado
por el lo1·d-mayor lar.zaba formidables burrahs
de simpatía. en nonor de sus hermanos del Tra.nsvaal.
Todavía no se ve el resultado final de la batalla de Boyne; el siglo entrante verá el resultado final de la conquista de las repúblicas
bolandesa5 del A frica. Quizá&amp; en ese resultado
no desempeaen papel nioguao las gaitas de los regimi&lt;'ntlls escoceses. El porvenir es &lt;1e Dios, como die~
el Tío Pablo.

_J ~ J ~
iPOR LA HONRA DE MI PADRE ..... MUERTO!
Si las cosas siguen como van, antes de mucho los
maridos de las clase.~ populares y no pocos pertenecien•
tes á las capas lnrerlores de la clase media, acabarán,
como los príncipes orientales, por hacer enterrtr consigo á su ó sus mu1eres, y de descuidar ellos esa precaución, no faltarán hijos que se ofrezcan voluntariamente á hacer respetar la última, si bien tácita,
voluntad de sus amados padres.
En México todo el trabajo es que una mujer pertenezca legítima ó ilegitlmameote á un hombre; llenado este requisito, y aun sin llenarlo, ya esa mujer
no puede pertenecer á nadie, ni á sí misma. En
vano el abandono del marido ó del amante, su ausencia del domicilio conyugal ó amnoial, la falta de
gasto y ainstenciu, su instalación baio otro cielo y otro
dios, devolverán á la esposa, ó á la amante sus derechos de mujer libre; para el ol vldadizo y el fugitivo,
para el vicioso y el desentenaido, los deberes de ella
subsisten intactos ó incólumes cuando ya los de él
yacen olvidados en el fango de todas las abyecciones
ó en el basurero ce todas las igaomiolas y un bello
dia Otello se presenta, pullal ó garrote en mano, en
casa de Desdémona, y ebrio de tlachique y de celos,
traspirando Indignación y aldelda por todos los poros, la reclama, le exige de nuevo la vida común y la
común miseria, en caso de negativa arremete contra
la intiel y la desleal y la hiere y la mat~ con el mayor desparpajo en nombre de la dignidad ultrajada,
del honor mancillado, del derecho bollado y de los
solemnes juramentos cambiados al pie del altar ó al
borne del mostrador de,la taberna.
Que los maridos propiamente tales crean conservar sus derechos á pesar de baber maltratado, desatendido, robado y abandonado á sus legítimas, nada tiene de escandaloso en el orden jurídico si bien
subleva en el orden moral. Mientras la justicia no
pronuncia un fallo de divorcio, la espo~a sigue siendo esposa y el marido no deja de serlo por más que
haya dado ocasión y justificación á todos los extravíos de la mujer.
Pero la cosa comienza á hacerse intolerable cuando él y ella no son marido y mujer, cuando su unión
es ilegal y mera.mente ocasional, cuando, en tal virtud, ni él tiene derechos, ni ella deberes, cuando en

SR.

DR. DON

RAFAEL ZALDIVAR,

Minlslr.:i Plenipotenciario de la Repll'&gt;llca del Salvadcr en México.

suma vi ven y se unen bajo las solas leyes de la más
baja animalidad. En este caso tan iibre es el uuo
como libre la otra de romper un lazo que la volun.,ad
ató y que la voluntad puede desatar y si él clama y
ejerce venganza, lo mismo que si ella la ejerce y la
clama, el uno y el otro son criminales vulgares, no
merecedores de esa compasión sentimental que tan
fácilmente se les otorga..
Cuando el hombre compra y p1ga una mujer como
en Oriente, tiene derecho á encostala.ria y arrojarla
al Bósforo. Cuando ante la ley la toma por esposa
t iene definidos sus derecbob y puede rec1a.marlos y
ejercerlo~ con Ja amplitud y en lo~ términos previstos por la ley; pero cuando la posee tan sólo por la
voluntad de ella, todo derecho cesa donde se extingue esa voluntad y es ésta tan res¡.&gt;eta.ble, en la especie, cuando da como cuando quita.
La mujer no es cosa, es persona; su voluntad es
respetable y sagrada cuando no la ligan y encadenan la ley aceptada ó el contra.to jurídico y legítimo;
abolida la servidumbre y la esclavitud humana, los
actos de la mujer siguen cayendo bajo la jurisdicción
de la ley moral que los ensalza y vitupera, que los fulmina ó los exalta; pero ya no deriva de la jurisdicción despótica del hombre, ni de sus capricho,; ni de
sus extravagancias.
La mujer d:!be ser, en la unión libre, anatematizada por el moralista, severamente juzgada por el pensador, repudiada por la sociedad; s610 el cómplice de
su delito no tiene sobre ella derechos, ni ella para.con
él deberes.
De ahí la superloridai y santidad del matrimonio,
que impone deberes recíprocos, derechos venerables
y que da los medios de hacerlos acatar y cumplir.
El tirabuzón que sirve de criterio á uuestrai;: masas.
pasionales é Incultas y orientales de media sangre,
marca otro norte y traza otro itinerario y la prensa
diaria consigna sin cesar becbos dramáticos que sublevan y repugnan. Ya es un marido que se finge
muerto para poner á prueba la fidelidad de su mujer
y que se hace matar por el amante por venir en són
de guerra á reclamará su viuda¡ ya es un amasio que
abandona durante años enteros á su querida para vivir con otra mujer y que tiene la veleidad de exigir
á, aquélla de nuevo la vida común; la querida resiste
y él la mata¡ ya es un ex-novio -hl)1Tesco referdnSque rapta, C'lmo dicen los reporters, á su ex- novia el
día de su boda y la hiere y maltrata en ejercicio de
sus ya extinguidos derechos.
Estos colmos son 0otldianos y escandalo~os, y sin
embargo bay todavía un reciente colmo de esoj colmos
y que la prensa ha narrado y comentado.
Trátase de una viuda; éi&gt;ta tiene un bljo casado
que vive con su esposa. La viuda tiene un desliz y le
nace un niño. El hijo casado se present,a en la casa
de la madre, que aun no entra en convalecencia y

Domingo 5 de Noviembre de 1899

Domingo 5 de Noviembre de 1899,

guarda cama ; desnuda un par de monst ruOlla
tijeras y cae á pullalarta limpia sobre su propia
madre y sobre el recién nacido, gritando: cHe
de vengar la honra de mi padre muerto.&gt;
Et.te hecho Inaudito es una encrucijada en
la que se dan cita todos los horrores y todos loa
disparates.
Este bijo desnat,uralizado no ha leído Hain.
let. Ilubiera abí visto á un bijo lncrPpando A
su madre por el delito de haberse casado con el
ase~ino de su marido, colmándola de soeces in.
juri:is, agobiándola bajo tremendas recriminaclones y echando mano á la espada para vengar
la honra y el asesinato de su pad re, y hubiera
vist&lt;• cómo el padre ofendido y asesinado 11&amp;le
de su tumha, cómo su noble y veneradasoml&gt;ra
se interpone entre la madre criminal y el bljo
vengador y desarma su brazo y lo hace ~er de
hinojos antt- ella.
Si no ba leido Hamlet, habrá leído al me.
nos los «Veinte a!los después.:a Abi el llljo de
una mujer perversa y criminal tiene una esce.
na terrible con los asesinos de su madre, sobre
quienes quiere ejercer justa venganza¡ ellos ae
defienden narrándole los lncon1,ables crímenes
de Milady, y á cada uno de los cargos el bljo
no da más contestación ni disculpa que es1e gri.
to del alma: ¡Era mi madre!
Así deben ser los hijos: para ellos la madre
no es nunca criminal, ni viciosa, ni abyt&gt;cta;
para ellos debe aparecer slemprecomo uoasan.
ta. Que la sociedad segregue, que la ley castt.
gue á las madres viciosas ó criminales; el hijo
sólo debe amarlas, bendec'.rlas, ampararlas,
protegerlas.
El bljo no debe ser jamás el vengador del
padre contra la madre; el pad re se levantaría
de su tumba piira maldecirlo; ni hay deshonra
del padre muerto por el extravío de la viuda;
la honra del marido queda incólume, aun cuar,.
do su viuda llegue á encenegarse en la más ab.
yecta prostitución.
A lo~ hijos cuyas madres son viciosas ó crl.
minales presentamos este noble ejemplo: Uoa
señora de buena familia se entregó desenfrena.
damente á la embriaguez. Un día al llegar su
hijr, se encontró á la madre abogada, semidea.
nuda y tendida en la banqueta á cien pllllOI
de la puerta de su casa. Los vecinos, amigos y
conocidos de la familia, instigados por malsana •
curiosidad, presenciaban el hecho desde sus balcones
y ventanas.
Llega el hijo, reconoce á su madre ebria¡ vuelve la
vista azorada á todas partes y sólo ve cabezas curiosas y gestos de burla ó repugnancia; sin vacilar se in.
clina, toma en brazos á la madre y cubriéndola de
besos y de lágrimas la lleva á su casa y recorre aquel
camino del Cal vario entre las lágrimas de las muje•
res conmovidas y el aplauso de las madres entu11laa.
madas.
Quisiera grabar en letras indelebles el nombre de
ese bijo subtlme. No lo puedo; honrar al b lju dando
11u nombre sería dE&gt;nimclar y deshonrará la madre.
E-1e gran corazón dejó á poco de latir¡ el hijo 11ubllme
murió ya y tal me parece qne si lo nombrara su s.im•
bra, como la del padre de Hamlet, dejarla el sepulcro y vendría á pedirme estrecha cuenta de la bonr,
de su madre.
E,;a nobleza y ese h~roismo pl\sarán inadvertidos;
pero acaso ese ejemplo sea benético á los hijos desnaturalizados.
DR. MANUEL FLORElil.

EL MUNDO

2iV

EL DESCARRILAMIENTO DEL FERROCARRIL DEL VALLE.

LA NOTA DEL DIA.
El domrngo 2!l de OctubrE', á las 3. 30 de la tarde,
el tren del Ferrocarril del Valle que salió de la Estación de la Ciudadela para Tizapán á las 3.15 descarriló en terrenos de la Colonia Hidalgo. Se volcaron tres carro~, uno de los ~uales quedó pulverizado,
y de los trescientos pasajeros más de treinta y ocbo
fueren heridos y murieron en el acto ó ban muerto
posteriormeute tres.
El becho ha causado honda sensación en el público
por tratarse de una líae'I. suburbana en las que la seguridad debe ser y es de hecho en el mundo entero,
mayor, mucho mayor, Infinitamente mayor que eu
las g randes líneas que cruzan cañadas, salvan abismos, siguen lQ margen deleznable de grandes cauces
torrenciales y se aventuran á través de ríos candalosos; mas no sólo por e&amp;to se indigna la sociedad, siuo
porque la incuria de la empresa. l:lba ya tan escáadalosa, las pésimas condiciones del material amenazaban las vidas Je los pasajeros en términos que la catástrore estaba prevista, anunciada casi por EL IMPARCIAL, periódico que ese mismo dh, pocas horas
antes del descarrilamiento, ad\'irtió á la sociedad del
peligro inminente en que estaban los que I or la linea
del Valle se aventurasen.
La naturaleza. de los descuidos en que ha incurrido
la empreha ,no le permitió repllr•r eu un día. las md-

Los coches volcados vistos por delante.
las condiciones del tráfico, pues no siendo las causas
del desast re Imputables sélo á ineptitud de los empleados sino al deterioro del material rodante, el peligro quedaba en pie y bubo de suspenderse el movimiento de la línea por el gobierno.
Este precedente garantiza para el ¡:,orvenlr en todo
el país una notable mejora en el servicio de las líneas
ferrocarrileras, pues la energía con que en el caso se
ha procedido servirá 1e útil advertencia á las demás
empresas que no pueden contar con la complacencia
del poder público para disimular SLS desmanes. CJ
No todos los mates son males en lo absoluto, á veces traen a parejadas,ciertas ventajas delas que se aprovecha la sociedad, y en este caso, la prensa respetable ha conseguido que penetre en la conciencia popular, la noción del valor de la vida humana. Todas las
víctimas y los herederos de los que han fallecido,
se preparan á exi¡zir respoasabtlidadts, rosa qt:e hasta ayer nadie bacía ea casos tales por uni,ignorancia
que los periódicos han lograoo ilustrar y por un abandon o que va cambiándose en actitud enérgica.
Las f1,tografía.~ que figuran en esta plana dicen más
que todos los artículos de información porque dan un
te:;timoaio irrefutable del hecho, toda vez que la fotografía nada inventa ni exa1era la realiaad.

EL MINISTRO IJEL SALVADOR.
El Sr. Dr. D. Rafael Za.ldívar, Ministro PlenlPo•
teuclario del Sal ndor, na.ció en el pueblo de San
Alejo departamento de San Miguel el allo de 183-l.
Comenzó su~ estudios en San Salvador y los contlou.S
luego en Guatemala, recibiendo el 1,ítulo de Doctor
en Medicina el año de 1860.
En Guatemala desempeñó puec:;tos importantes 1
bonorfficos.
En 1865 regresó á su patria y allí sigui 1 distln•
guiéndose en Ja vida pública como protesor y como
Presidente del Congreso. Pasó luego á Alemania como Ministro Plenipotenciario, y en 1870 volvió al
Salvador para ocupar el puesto de Secretarlo del Despacho en los ramos de Guerra y Ibcieada. DJ•
rrocado el gobierno, se refugió el !:ir. Zaldívar en
Costa Rica, y en ese paf., como en todas partes desempe!ló cargos importantes.
Ocupaba el puesto de Ministro P lenipoteoclarlo
de Costa Rica en Guatemala, cuando estalló la ,i:ue••
rra entre esta República y el Salvador. El Sr. Zaldf•
var intervino como mediador, y á él se debió el arre•
glo de las dificultades y la conclusión de la gue:i,
por lo que se le nombró Presidente interi no del
•
vador, y al hacerse las elecciones, Presidente Collltltuclonal, siecdo reelegido por dos períodos.
En 1885 salió del país y se dirigió á Europa e0
donde permaneció hasta hace poco que fué llamad0
para encargarlo de la repL'e~ent1ción que boy tleDI
en México.

1

l

El tren desca1·1·ilado visto po1· la parte posterior

�7

1

¡

I •

jlLRED

~

Carn del Sr. Arámbu1·0.

-

Iglesia de la Conr,epción.

-----:--~ ~ - 7

Casa del Sr. Bcnuquets.

Quinta de
Casa dd Sr. D. de Ohapeaurouye.

«La,

Torre, &gt;

La Expobi ción de Ganadería.

�J)OJlltDgO

282

EL MUNDO.

5 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

283

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

EL TR!HSVAAL EN LA EXPOSICfON DEPARIS
En la parte izquierda de los jardines del Trocadero como se ya al ()ampo de Marte, hay un edificio
el~nte cuya ~lancura se destaca sobre un fondo
sombrío de follaJes.
En la cúspide de la torrecilla flota una larga oriflama cuyos co10res t raen á la memoria los del pabellón
holandés.
Ese palacete es el del Transvaal, nación que entre
todas las que tendrán representación en el gran certlimen de 1900, se distingue por la exactitud con que
acudtó al llamamiento de Francia.
El avance dP. los t rabajos de su sección bastaría por
si sólo para que el Transvaal llamase la atención cie
lU!I curiosos que visitan el Trocadero; pero el interés
bUbe de punto por tratarse de un pueblo que es actuilmente objeto de las simpatías y de la admil ación
del mundo entero, pues aun en Inglaterra no faltan
personas caract erizadas que por amor á la justicia
tributan á los bravos pastores de Sud-Atrica sinceros homenajes de redpeto.
ü Los franceses quieren ver en la cooperación de los
traosvaleses á la gran feria, un signo del excelente
espíritu que anima al gobierno del tío Pablo para con
la nación francesa. Además del pabellón principal
que reproducimos en esta página, y en el que seráu
-expuestos los documentos
oticiales relativos al ~obierno, á los servicios públicos
y á la población del T ransvaal, hay un grupo de edi·
ficios anexos que
/
tormarán una run.:hería en ese rin- /
-concilio encanta-

\

/

real inglesa y que son de la misma sangre de Guillermo de Orange cuyo nombre, adoptado oficialmente porla República vecina del Transvaal, debía iser
un escudo para la libre existenJia de los holandeses
de Africa.

EL F AVORITO.

LA BOHEMIA DE LEONCAVALLO.

LA. GUERRA DE SUD-AFRIC.A

Exploradores boeros.

Familias inglesas que emigran del Transvaal.

'1lor del Trocadero, donde corren los arroyuelos que
alimentan el aquarium diri&lt;Yldo por M. Touseet de Be•
lleyme.
º
Los edl_ficlos anexos á que nos referimos formarán
una gran¡a boera, con pab~llones en los que se explicará de un modo atrae ti vo y práctico todo lo relativo
á la lcdustria aurífeia del sur africano. Puede afirmarse que allí quedará reasumida la historia política
Y económica del Transvaal.
La granja, con su interior rústico y sus dependene1as pobladas de animales domésticos, nos contará la
vida pastoral de los conciudadanos del viejo Krüger.
Evocará las costumbres bíblicas de ese pueblo migratorio que con sus largas columnas de carros y de bueye¡¡ huye del Cabo y de la dominación inglesa, hasta
que provocado en sus quietas 1;oledades por el codicioso britano, apresta el ágil potro, el certero fusil
las frugales provisiones, y se lanza á una guerra en
a que el fuerte sutre los primeros reveses.
Los dos pabellones en que se exhibirá todo lo rela-

¡

tlvo á la industria aurífera, nos presentan otro aspecto del T rausvaal. Sin el descubricnianto de las
minas de oro, los bóe•os de Krüger serían un pueblo
de pastores y nadie les disputarla el país que bci.bitan
y que conquistaron contra los ne~ros ?e C:afrerfa;
pero los yacimientos auríferos atra¡eroP mm1grantes
del mundo entero, capitales que se valúan encentenares de millones y determinaron ua cambio profundo en las condiciones de la vida social, económica y
política de los primeros ocupantes.
Los intereses comprometidos en aquella región del
continente africano son tan cuanti0sos y de tal modo se relacionan con los del mundo civilizado, que no
bay potencia indiferente al término final de los acontecimientos.
Ojalá que en 1900 la curiosidad de los concurrt-ntes á la Exposición no sea solicitada por el Transvaal en razón de sus luchas con Inglaterra, y ojalá
que ésta, ya que lo olvidó, rec~erde pronto que los
bóeros son holandeses, compatriotas de una dinastía

Los franceses no les perdonan á los italianos que
sean ellos y no algún cooopatriota quien baya llevado á la escena lírica los personajes y los episodio~ del
libro de Mürger. He aquí lo que dice una revtst~ de
París acerca de las sendas creaciones de Puccini y
Leoneavallo:
¡,No os parece que ya estamos hasta la coronilla de
Bohemia? Después de la de Puccini e!! la Opera Cómica, la de Leoncavallo en el Teatro del Rtnacimiento; las dos con sus cualidades respectivas (y respetables) nos dejan la pena de que esta obra francesa, casi esencialmente parisiense, no haya sido puesta en
música por un compositor francés, pues sólo un francés podría apreciar la delicadeza, el ingenio y sobre
todo la sentimentalidad á flor de piel que exigían las
situaciones ingenuas ó tiernas del libro de Mürger.
El público parisiense festejó la obra de Puccini y
acaba de acoger triunfalmente esta segunda edición,
revisada y aumentada considerablemente por Leoncavallo.
Algunos prefieren la partitura de Pucclni, de esencia musical más delicada, tal vez de sentimiento melódico más patético, aunque en 00asiones lacrimosa,
y de estilo castigado, menos libre; nosotr1)s por nuestra parte le damos la preferencia á la de Leoncavallo; hay en ella más movimiento teatral, más variedad escénica y cualidades melódicas excepcionales
(aunque no siempre originales); la orquestación, si
bien algo brutal, es más sólida.
La pieza de Leoncavallo está manejada con mi\yor
habilidad, sobre todo, en los episodios cómicos. El segundo acto, es de uo efecto irresistible de alegría co,
muniLativa.

�Dcmlngo 5 de Noviembre de 1899

rior estaba sembrada de plantas de sombra, de rada está allí inmóvil, lívido el semblante! Y sfn
obscuro y húmedo follaje.
embargo, Villadiego no se había equivocado: un
Allí depositaron el cadáver, encendieron en tor- suspiro prolongado ha partido de aquel sitio: nin•
no de él multitud de braserillos con incienso, y gún ser viviente se descubre en el antro.
colocando á un lado búcaros llenos de agua
Se acerca al cadáver cubierto de frescas flocestos con variados alimentos, la que fué en vida res renovadas no ha muchas horas. Los ojos de
joven hermosa de expresivo semblante, inanima- la doncella están ligeramente entreabiertos: su
da y lívida se quedó sola en el fondo de la yá- cuerpo no está rígido. Le toma una mano y va á
llevarla á sus labios p .ra imprimir un beso ....
Cllta.
Pas11ron dos días: la noche había caído pesada ¡aquella mano oprime la suya]
y obscura: los ruidos fueron extinguiéndose, la
Villadiego quiere huir, pero el contacto se hace
población entera estaba sumergida en profundo más pronunciado, como si la doncella le suplica,ueft.o. Villadiego comprendía lo delicado de su se que no la dejara sola.
situación; era seg-uro que al llegar A Tzintzúntzan
Villadiego vacila entre el temor y la esperanza.
seria sacrificado: había notado el odio con que Mira el rostro de lll joven. Son tan correctas sus
Jos tarascos trataban á los mexicanos, y ningún facciones, tan suave su tez aterciopelada, que el
motivo tenía para creer que los espailoles no fue- · guerrero no puede contenerse y estampa un beso
ar&lt;iiente, prolongado y opresor en
aquellos labios de dulce morbidez!
Atzimba abre los ojos, contempla estática la faz del guerrero, exhala un nuevo suspiro, y, respirando awor, devuelve con usura aquel
sonoro beso. que le infundió el calor
de la vida.
Iba A amanecer: Atzimba, emplean•
do elidiomanahuatl que había aprendido en su infancia, dijo A Villadie•
go, seflalándole la yá1.1ata:
-Hasta la noche, amor mío. Aquí
te esperará tu Atzimta.

ATZIMBA(l)
Tenía Tzimtzicha una hermana menor llamada
Atzimba, joven de veinte aiios y de hermosura singular. Ultima hija de Siguangua, había
sid&lt;' el encanto y las delicias del anciano: los nobles la amaban por su belleza, las mujeres la distinguían por la modestia y dulzurl\ de su carácter, El mismo Tzimtzicha, egoísta é indolente,
babia concentrado en ella el único afecto tierno,
puro y sincero de su pecho.
Impresionable como toda mujer del:cada, 101
acontecimientos de la conquista la afectaban pro·
fundamente, sin darse cuenta del origen~de aquella impresión. ¿Era el amor de la patria, amor inconsciente y vago, que despertaba en su alma?
¿Era el temor á Jo desconocido?
Fuese cualquiera la causa del extraiio malestar, Atzimba cayó en una prcfunda melancolía y
sus deudos llegaron á temer por su vida.
Tzimtzicha convocó á los más hábiles xhuríquiecha del reino, y au opinión unánime fué que
la joven estaba enhechizada y que sería conveniente enviarla á las fuentes termales de Zinápecuaro, consagradas á la diosa Cuerápperi, para
limpiar su cuerpo de la tristeza; y para purificar
su alma, la doncella debía ser consagrada al culto, como la esposa inmaterial del sol.
El consejo fué aceptado, Atzimba, con una bri1lante comitiva, se 'dirigió á los floridos campos
de Queréndaro, y luego A las pintorescas campilias de Vo~ámeo y de Táimeo.
«Junto á este pueblo hay unas pefias, las que
tienen dos bocas, y de ellas salen dos brazos de
agua, el uno muy cálido y el otro frigidísimo, pero uniéndose los dos á corta distancia, la frialdad
del uno templa lo ardiente del otro, y entonces
aprovechan á la salud sus baflos.»
En estas deliciosas termas que en a:,uellos
tiempos estaban rodeadas de jardines y de bosques de flores aromáticas, la princesa permaneció algunos días. Después fué conducida á Zinápecuaro, y en medio de faustosas ceremonias, to·
mó el velo de la Hucháar-Nande, la jefe ó cabeza principal de las guanánchecha.
En aquel triste y solitario albergue iba A consumir Atzimba los afios de su vida.
Allí se la veía recorrer los verdes bosquecillos
que existían entre la casa de las vírgenes del sol
y el palacio, entonces desierto, de los reyes de
Michoac~n. Ignorante de lo que pasaba fuera de
aquel sagrado recinto, pero llena de curiosidad
por saberlo, cada día más bailaba su semblante
el tinte pálido de una letal melancolía. A veces
caía en un profundo abatimiento, á veces experimentaba contracciones musculares ó falta de sensibilidad. Los síntomas de una enfermedad desconocida traían cada día más alarmados á cuantos la rodeaban.

EL MUNDO.

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

284

y

y eran de tanto aprecio en el país, como presen- cerrarlos en el palacio real en esta última poblates ó como rescates de oro; pero Villadiego par- ción, y dar parte de su prisión á Tzimtzicha par&amp;
tió y no volvió nunca á saberse de él ni de los que ordenase lo que le pareciera.
que lo acompaflaban,&gt;
*
Todos los historiadores de la conquistR nos di* *
cen lo mismo que acabamos de copiar. Extrafl.o
La mafl.ana estaba fría; el sol comenzaba á doen gra~ manera es, que jamá3 se haya tenido noticia alguna de Villadirgo ni de los naturales de rar la cima de los montes. Atzimba recorría porMéxico que lo acomp fl.aron en su expedición; milésima vez loe bosquecillos del palacio, cuando.
pero nosotros, refiriéndonos á una vaga tradi- repentinamente vió penetrar en el recinto á un.
ción, vamos á procurar saber el paradero de aquel gallardo mancebo ginete en un caballo blanco, y
soldado. Antes diremos que la Relación que nos -llevando en Ja mano la brill1mte espada toledana~
0

1

*
**

'

¿Qué pasa en el palacio? ¿Por
qué corre la gente en todas direcciones? ¿Eor qué se agitan espantados los sacerdotes del templo?
~
Las guanánchecha entonan cantos
de alegría y conducen en sus hombros, en andas cubiertas de flores, á la hermosaAtzimba que respira salud y felicidad.
Los habitantes se refieren unos á otros el prodigio de la resurrección de la princesa. El cacique del pueblo nombra mensajeros que vayan á.
Tzintzúntzan á contar al rey aquel sorprendente
milag.o, y en el momento de partir, Atzimba los
llama á su presencia y les ordena que de su par•
te digan á Tzimtzicha que venga á TzinApecuaro, porque tiene que hacerle importantes revelaciones que le interesan personalmente, lo mismo
que á su pueblo.
Cuatro días tarda el rey en venir. Cuatro noches de amores y deleites tejen la dulce pero frAgil tela de la felicidad de los amantes. Al fulgor
de la luna se les ve cruzar los bosquecillos im•
pr~gnados de aromas, perderse en lo más obscuro
de las sombras y reaparecer cuando el alba sonríe esperando la salida del sol.
¡Qué fugitivas pasan las horas de amor y de
delicias! Si se pudiese detener al tiempo! . . . .. .
!

__,;...

~•

Rodeábanle multitud!
de guerreros con los
arcos preparados.
Atzimba quedó inontemplando la aparición, Villadiego á su vez fijó sus ojos en los de la
princesa, y la mirada larga y ardiente de
aquellos dos seres, fué un manantial de
fuego para sus corazones. ·
Los soldados se apresuraron á introducir al espa:fl.ol al patio del palacio, y lo,
ha servido de guía en gran parte de este relato, encerraron en un calabozo.
menciona á uu espaflol que llegó á Taximaloyan
La princesa, de pie y extendido el brazo hael día 23 de Febrero (suponemos que de 1522), cia el Oriente, en cuya dirección estaba la pueren la fiesta de Purecoragua. Venía en un caballo ta del alcázar, quedó herida de una inmovilidad
blanco, estuvo dos días en aquella población y completa, como petrificada y conservando la actornóse á México.
titud que tenía al desaparecer el mancebo.
N adíe más que Villadiego puede haber si&lt;lo ese
Las guanánchecha que la servían no se atreespailol del caballo blanco; pero mientras que el vieron á interrumpir el éxtasis de Atzimba, la
cronista tarasco nos' dice que aquél tornó á Mé- contemplaron largo rato, mas al fin cayó en tiexico, los historiadores de Cortés afirman que no rra la joven, y una de aquéllas, llena de terror-,
exclamó:
volvió á tenerse noticia de su paradero. (2)
En efecto, Villadiego y su comitiva de nobles
-¡Nuestra madre está muerta!
***
mexicanos llegaron á T11ximaloyan durante las
Aquel grito fué oído en el palacio de las vírgeMientras que la princesa era víctima de tan ex- animadas fiestas en que los tarascos renovaban nes del sol, y pocos momentos después las gua tra:fl.a y peligrosa aituación, ¿qué pasaba en el anualmente los utensilios de su cocina, estrenan- nánchecha y los sacerdotes rodeaban el cadáver
teatro de la vida pública? ¿Los espafloles se ha• do molcajetes, metates y demás objetos.
de Atz"imoa.
bfan contentado con su conquista de México y liEl espaflol se dijo enviado de U erná n Cortés.
Los criados salieron en todas direcciones á dar
mitaban ya el furor de sus armas? Si así no era, El cacique del pueblo vaciló dos días, meditando la fatal D:oticia, y los nobles y gran parte del pue•
¿qué pensaba Tzimtzicha, el indolente, el sibari- si dejaría ó no pasará los mensajeros. Recientes blo acudieron á prestar sus auxilios.
ta rey de los tarascos? Los guerreros purépecha, estaban los acontecimientos de Tenochtitlán y
El cadáver fué conducido al gran salón en el
vagaban tristes y avergonzados por los campos aunque Tzimtzicha no se preocupaba de Ja su~r- palacio de las vírgenes del sol. Lo lavaron con
de la patria, sin arco y sin carcax.
te del imperio que le estaba encomendado, los agua impregnada de plantas aromáticas le pusieHernán Cortés, en su palacio de Coyohuacán, generales de su ejército ardían en deseos de me- ron ricas vestiduras, y colocá.ndolo en' finísima
se consagraba á la reedificación de México, á la dir sus armas con las de los espafl.oles. Por fin
estera, lo rodearon y lo cubrieron de rosas. Y
reorganización del gobierno y al _cuidado y fo- el seflor de la frontera michoacana tomó la reso:
¡cosa extraila! aquel cuerpo conservaba las pos~
mento de las arcas reales, sin dejar por eso de lución de aprehender en la noche á los extrar:jeturas que las gnaná.nchecha le imprimían para las,
tomar informes de los reinos lejanos, de la ri- ros y enviarlos secretamente á su rey. Si éste los operaciones indicadas. Por fin Atzimba quedó,
queza de sus tierras y de sus elementos de po- recibía como embajadores, se habría cumplido el
.
suavemente recl ma
en su lecho ' de flores, cruza•
blación.
objeto de la embajada; pero si el rey quería sa- dos los brazos y los ojos medio cerrados.
«Comenzaban á ser ya en estos días más preci- crificarlos, iban ya prisioneros, conducidos con
El sol hundía su frente en el Ocaso en esa hosas y halagüeflas las noticias sobre el gran reino toda reserva, A fin de que, juzgándolos extraviara de indecible misterio que los tar¡scos llaman
de Michoacán. Cortés, tenienno conocimiento de dos en los caminos, el general espa:fl.ol no tuviera
incháti?-o, cuando las vírgenes del sol condujeron.
ese reino por las conversaciones de los mexica- pretexto para intentar nada contra MichoacAn.
en hombroJ el cadáver de aquella que llamaban.
nos, envió,á un soldado ~~ellidado Villadiego, Al pueblo se le hizo entender que los mensajeros su madre.
que conoc1a y hablaba el 1d1oma de Jo,. mexica- habían regresado á México.
Tristísimos eran los cantares fúnebres que ennos, con objeto de que fuese á explorar las tieLos presos caminaron de noche; eran vigilados tonaban las doncellas. La concurrencia prorrum•
rras de Michoacán, dándole por compailía algu- eon mucho cuidado y llegaron á Zinápecnaro al
no11 naturale~ amigos y proveyéndole de objetos smanecer. Sus guardianes tenían la orden de en- pía en tiernos sollozos y en el templo taliían los.
sordvs caracoles.
de los que acostumbraban regalar los espailoles,
Había entre los floridos setos del parque red
una yácata nueva, cubierta en la parte exterior[lJ Oel libro Mlcboacán. Paisajes, tradiciones y leyendas del Lic
[2) De aqul trae origen el refrán de " Tomó las de Villadiego," apll•
~uardo Ruiz, publlca·10 en 1891.
·
caclo ti alguna perbona que desaparece siu razón ni motivo alguqo.
de verde césped y de flores, y la· gruta de, inte--.'"'"""--'..~

'
1

aen igualmente aborrecidos. Dos días había estado meditando el medio de evadirse y de regresar
A México. No podía comprar á sus guardianes,
porque en Taximaloyan lo habían despojAdo de
todos los cascabeles y espejos que traía para proporcionarse recursos. Podla romper la estacada
que amurallaba el recinto y huir en su caballo,
pero ¿A dónde? Ignoraba el camino, puesto que
lo había recorrido de noche, y además, le parecía
larga la distancia que lo separaba de México. Hu•
biera deseado consultar con los nobles mexicanos
que lo acompatiaban; pero todos estaban incomunicados y no sabía el lugar en que se hallaban.
Había otro inconveniente insuperable, el idioma
tarasco le era del todo desconocido y no podía
entenderse con nadie.
El valor de Villadiego no desmayó sin embargo. No podía fraguar ningún plan, pero ¿no pudiera presentárselo la casualidad? Así es que juzgó conveniente salir á todo trance de la prisión
A inspeccionar el terreno.
Por otra parte, no había separado de su memoria un sólo instante á la hermosa joven que había visto al entrar al palacio. ¡Si púdiera en~ontrarlal ¡Si ella correspondiese á. su amor! ¿Qué
le importaban entonces el martirio y la muerte?
Lejos de la patria, ausente de la mujer que le
había dado al ser, habría quien derramase una
lágrima al verlo morir, quien recogiese su cadá·
ver y le diese sepultura.
Apartando de su alma estos pensamientos, trató sólo de buscar una salida. En las puertas de la
prisión había centinelas, pero observó con alegría que en uno de los extremos del aposento se
abrían anchas cuarteaduras en la paretl, tal vez
A consecuencia de los últimos terremotos. Pudo
fAeilmente introducir la mano por una de ellas,
desprendió ain hcer ruido una piedra grande y
le fné fácil pasar por la abertura.
Una vez en el bosque, su primer pensamiento
fué, no buscar una salida, sino dirigirse al alto
edificio que veía enfrente. Se imaginaba que dentro de él estaría la joven de triste mirada y flexible talle que embargaba su corazón. Se acercó á
las paredes, halló una puerta y penetró por ella.
¡Reinaba un profundo silencio en los corredores
desiertos! Perdida esta esperanza, volvió á salir
al campo y se dirigió resueltamemte á la muralla.
Al pasar por la yá.cata: que él creyó una peque:fl.a
~olina, sus oídos escucharon un débil gemido, sa•
hendo del fondo del montículo. Dió vuelta al rededor, descubrió la entrada de la gruta y penetró en ella.
¡Qué ven sus ojos! La joven de la dulce mi-

'

::Jl#~.:'.,

*

* sacerdote de CueTzimtzicha llega. El *gran
rápperi ha ido á encontrarlo en el camino y le ha
hablado en secreto.

285
¡Qué adusto está el semblante del rey! Cuando
Atzimba se presenta á saludarlo, los ojos de
Tzimtzicha despiden rr.yos de cólera. Se domina
sin embargo, y á la vista de la numerosa ·cúncurrencia, sonríe á su hermana y oye atento de sus
labios las siguientes palabras:
-«Mi rey y seflor: Cuando después de muerta
era transportada á los cielos, una voz desconocida de un ser invisible me ordenó que regresase
á la tierra para exhortarte á que no hagas oposición á los hombres blancos que vienen á conquistar estos reinos. Su ley es la verdadera y la que
habrá de prevalecer: que en prueba de ello un
mancebo hermoso, con una luz en la mano, ha
venido por la parte del Oriente, llegando á estas
regiones á la hora de ]a salida del sol. Escúchalo, porque es el mer 1:1ajdro de la nueva ley »
Atzimba no era una mujer cínica que guisiera
sorprender al rey y cubrir su falta con un rasgo
de audacia. Creía, como todos, haber estado
muerta, y que por obra deun milagro había vuelto á la vida. El encuentro con Villadiego en la
gruta, durante el período cataléptico que había
suspendido su vitalidad. la hizo creer en el prodigio. Su muerte la había desligado de sus juramentos como esposa del sol. Una nueva vida, una
nueva religión la hacían libre y podía entregar
su pecho al hombre á quien amaba. Esto le h'lbía dicho la misma voz misteriosa que le había
ordenado hablar con el rey.
Tales fueron, en efecto, las palabras de Villadiego, cuando penetró á la gruta, en momentus
en que la princesa, antes de abrir los ojos, comenzaba A dar se:fl.ales de vida, ofuscado aún su
entendimiento. ¿Qué extrafl.o es que aquella voz
le hubiera parecido la de un numen celestial?
Y cuandv despué&amp; del prolongado beso recobró
su entendimiento, ningún obstáculo puso á dejarse bautizar con el agua que V1lládiego tomó de
un búcaro de plata. Atzimba creyó que esta era
la ceremonia nupcial entre los cristianos, y desde
aquel momento se tuvo por esposa del hermoso
mancebo.
Tzimtzicha oyó la relación de su hermana. Era
víctima de emociones que no podía ocultar, y mAs
de una lAgrima de rabia brotó de sus pupilas. El
pueblo pensó que su rey lloraba la pérdida de su
imperio y que palidP.cía _d e miedo.
Concluida la audiencia, el rey entró en Consejo con sus ministros, que eran entonces su hermano Tz·intzuni, conocido por los mexicanos con
el n_ombre de Huitzitzilj el príncipe Ecuángari,
capitán general de los ejércitos; el anciano Huémaxh, gran sacerdote de Tzintzúntzan, y el prín•
cipe Cuininángm·i, sobrino y secretario íntimo
del rey.
Puso éste en conocimiento de los consejeros
que el gran sacerdote de Tzinápecuaro había Qorprendido á Atzimba faltando á sus votos religiosos y que su cómplice era el extranjero que se
hallaba en prisión; el mismo sacerdote agregaba
que la princesa había muerto realmente y que el
extranjero la habla hecho resucitar, valido de
conj.iros hechos á su Dios.
Tzimtzicha, fanático y supersticioso, vacilaba
en el castigo que había de imponerse á la princesa. Sacrílega y perjura, debía ser enterrada
viva; mas su resurrección, obra de un patente
milagro, la ponía faera del alcance de la justicia
humana. Sobre este punto debía rolar la discusión. En cuanto á Villadiego y á los nobles mexicanos que lo acompailaban, debían ser sacrificados en el templo de la diosa Xharatanga.
Largo rato duró deliberando el Consejo. ¿Cuál
fué la resolución que acordó?

�Domingo 5 de Noviembre de 1899.

.mL MUNDO.

286

***
En la tarde de ese día emprendió el rey su regreso á Tzintzú tzan. La princesa Atzimba marchaba entre los viajeros. L'ls lágrimas surcaban
sus mPjillas y una intensa palidez velaba su semblante. Al mirarla el pueblo, creía que lloraba
por el cielo que había perdido, y que anhelaba
. franquear de nuevo la sagrad-\ puerta de las cuatro estrellas.
A los trds dfas de estos sucesos, los habital'tes
de T úntzúntzac se agrupaban en llls calles á ver
pasar unos embajadores que se decía habían venido ele México. De repente circuló la noticia de
que aquellos eran falsos mensajeros, pues que se
su¡)onían enviados del rey de México, cuando
eríl notorio que é;te había cesado de reinar.
Villadiego no marchaba entre la comitiv,i El
rev habfa dado orden de que no faese introduci•
do·, sino á las altas hora'! de la noche.
Se e ía en el templo el r-&gt;nco eón de l 1s caracoles congregando al pueblo, y sin embugo, no era
la época de ninguna fiesta, ni la hora acostumbrada de las oraciones.
La multitud ocupó el espacioso atrio que rodell ba al templo.
U nos sacerdotes conducen diez pri~ioneros,
suben las gradas del santuario, y, pocos momentos después, los corazones humeantes de !os compafieros de VilladiPgo son ofrecidos A la terrible
diosa, cuya efigie representa al astro apacible de
11.\ noche.

***
Cuatro horas hacía que e! sol había desaparecido en el horízonte. U na canoa tripulada por
diez rdmeros se desliza sobre la onda quieta de
la laguna. Los remeros son grandes personajes
de Tzintzúntzan que conducen á. Atzimba y á
Villadiego. I.os jóvenes se entregan á los transportes de la felicidad.
Desembarcaron los viajeros en un puerto escondido de las floridas playas de Carichero, sitio
veraniego de los reyes, por aquel entonces desierto y solitario.
Allí se pasa el día: los amantes ocuparon la
más lujosa cámara del palacio, desde cuyas ventanas contemplaban el lago, las piraguas que surc·1ban la superficie líquida, las aves que nadaban
ó se dejaban llevar por las delgadas olas, y aquel
cielo Bzul, tan limpio y tan sereno. Los guerreros vigilaban el recinto para que no hubiese
ojos indiscretos q ne revelaran el secreto ....
Llega la tarde y la comitiva continúa el camino. Los d.os jóvenes ocupan un cómodo y elegante palanquín.
Atzimba está. impaciente por llegar á los fértiles campos de Curíncuaro. en donde la brisa tibia y embalsamada de la Tierra Caliente será el
aire que respire su pecho. Allí los manantiales
&lt;!e cristalinas aguas murmuran dulcemente y
convidan con su frescura á tomar los deliciosos
bafios; allí cintilan vivamente las estrellas en la
prdundl.\ bóveda de la noche: los dulces cantare~, las horas de amor interminables, los rumores
dd bosque, la ansiada soledad ..... .
Los amantes creen que el cor11zón del rey se
ha enternecido. limitando su castigo á un destierro delicioso. Villadiego piensa ademas que se
le guarda como un rehén precioso, colmánaolo
de dicha y de riquezas.
La comitiva llega Bl amanecer á un alcAzar
arruinado en' los alrededores de Surúmucapio.
La nueva jornada de la noche va á terminar
en las escondidas sementeras de Píndero. Allí
los árboles de la tierra fría y los de 1 a Tierra
C11liente enlazan sus ramas. Los amantes pasan
el día á la sombra de un bosque impenetraole,
escuchando de tiempo en tiempo el rumor majes•
tuoso de la vecina catarata.
Los nobles de la escolta aument, n su vigilan•
cia para que ningún caminante extraviado pueda
burlar el secreto de la expedición.
A la caída de la tarde, Atzimba, nerviosa y
exigente, insta á los conductores A cootinuar el
viaje. Villadiego experimenta un vago temor y
no participa del entusiasmo de su amada. ¿Es
que ya se desvanece en su corazón la. ilusión satisfecha y no tiene para él e::cantos una vida de
amor en bosques solitarios, en vergeles floridos
y perfumados, pero siempre desiertos?
La comitiva emprende esa noche su viaje, m!s
temprano que de ordinario.
Ya entrada la noche, llega A la orilla de la ba-

rranca de Curíncuaro,
cuya sima se pierde
en espantosa profundidad. Las paredes están
aca11tilad11s. Ea el hon•
do lecho se oye el rumor confuso y vBgo de
un arroyuelo cuya corriente va chocando
en las pellas.
At:¿imbl\, aterrori •
zada, vuelve sus ojos
hacia los conductores,
La luna, que en esos
momentos asoma por
un claro de las espe•
sas nubes que cubren
el cielo, ilumina la faz
rle aquellos hombres,
f.iz pAlida,·hosca y te•
rrible que hitce estremecer á la princesa.
De repente los guerreros se dividen en
dos grupos. Uno de
elloR se apodera de Atzimba y el otro de Villadiego. Sin darles
tiempo de oronunciar
una palal;&gt;ra, atan á los
do'l amantes, los descuelgan con larguí~imos cables, y cuando
calculan que han lle•
gado á la mitad de la
altura de la barranca,
el jefe de los conductores esfuerzll su voz
y lee grita para ad ver•
tirles que existe allí
una gruta y les ordena
que penetre:i en ella.
.
Los amantes obedecen, y los conductores recogen los cables. Después bajan provisiones Je boca y d.os grandes tinajas lh,nas de agna.
Luego, todo queda en silencio. Apenas se oye
en el fondo de la barranca el vago rumor de las
aguas que ·chocan en las pellas.

Menos aún se explicaría ese viajero la existencia de dos esqueletos humanos en el fondo inaccesible del antro.
E::&gt;UARDO Rmz.

*

**

Han pasado mAs de tres siglos: el viajero que
atraviesa la barranca de Jicalan Viejo ve con admiración las tinajas que estAn en la entrada de
una grma, A la mitad de las paredes acantiladas
de aquella profunda sima, y no puede explicarse
cómo pudieron ser allí colocadas.

TRES SONETOS.
A.i'ío VI-Tomo II
Faro de los abismos, alba pura
De un saoto amanecer, que en alto brillas,
Luz de las almas buenas y sencillas
A quienes sed de inmensidad apura;
Por tí, en el seno de la noche obscura,
Triunfos canto, y espero de rodillas
La explosión de sonadas maravillas
En los hondos arcanos de la altura.
MI fuerza es el amor, afán sagrado,
Mis alas son las ansias del deseo
Y mi suspiro un himno á lo lgnoradú;
Y en pos de un sol que siento, aunque no veo,
Ante el Misterio angm,to prosternado,
Beso el humilde suelo, adoro y creo.

Guadalajara.

*

Casta paloma: ¿á dónde has Ido
El ala nívea á desplegar? . ...
¡Cuánto tu ausencia hemos sentido!
¡Cuán solo y triste quedó el nido,
El pobre nido del hogart

,...,

',

JOSE LOPEZ PCR'IILLO Y ROJA~.

Has emi~rado á otras reglones,
Tendiste el vuelo á otro verjel
Donde florecen ilusiones
-Urnas dt! aromas y de miel.-

*

de Noviembre de 1899.

&lt;JA.RIDA.D.
De mi vida, Seflor, turba el encanto
Del mendigo la trágica agonfa,
Y del sollozo amargo la elegía
En mis pálidos labios mata el canto.
De todos los que sufren, el quebranto
Es la sombra que nubla mi alegrfa;
¡En el fondo de amor del alma mía
Infinita piedad Lay para el llanto!
Señor, concede somtlra al peregrino,
Amparo al niño sin hogar ni madre
Y paz á todo aquel que sufre angustia;
¡Más si llorar es su fatal destino,
Cuando retornen á tu seno, oh Padre,
Corona de astros su cabeza mustia!

¡Un premat.uro triste invierno
Con soplo helado te arrancó
Del tembloroso tallo tierno,
Y desde entonces un eternn
Dolor inmenso mP. embargó!

En él todo habla con tristeza:
La fuente, el pájaro y la flor ....
A veces ¡ayl Naturaleza
Nos acompaña en el dolor!

12

ESPERANZA.
No hubo desdicha ni pasión bastarda
Que no me hlliesen con su dardo impfo:
Desengal1o, dolor, d.:sdén y hastío
La fo:ra abrieron que mis sueiios guarda.
La paz que tanto en sonrelrme tarda,
Es el laurel que fatigado am,fo,
Como la tierra que abrasó el estío
Frescor de lluvia con afán aguarda.
¡Perecer es triunfar! La tumba es puerta
Al infinito y á la luz abierta
En este mundo de baldón y escoria.
:Venid, penas y abrojos de la vida,
De pie os ag1·ardo con la frente erguida,
Porque el dolor es padre de la gloria!

¡Oh encantadora peqnemta,
Gardenia pálida en botón,
Desde que ví tu faz marchita
Qué hondo solloza el corazón!

1

México, Domingo

FE.

Su clara luz t rocóse en sombra,
Su estancia en urna sepulcral;
Si en su rectrito algu!en t,e nombra,
Cobarde espántasP. y aeombra
Oyendo el eco funenl.

*
Y 1cómo crece mi martirio
Y hace extinguir mi juventud,
Ver en la mPsa el blanco cirio
Que ardiera junto al ataudl

¡

1

Mirar las ro11as todavía
Y aliá, en la alcoba obscura y fi fa,
La blanda cuna ya vacía
Abandonada en un r 1ncón.

*
¡Gol ;,e cruel! ¿ Por qué, Dios mí 1,
Tu mano así nos castigó?
,¡Qué prematuro invierno frío
~el verde tallo la arrancó?
¡Oh pequeñita, alzaste el vuelo!
¡Cuánto be sufrido y sufrlrts!
Y pues feliz subiste al cielo,
En mi profundo desconsuelo
Pronto quizá te seguiré ....
JUAN B. DELGA.DO,

UN BUEN FUMADOR.
Cuadro de A. Schoeder,

Número

.20

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94553">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94555">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94556">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94557">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94558">
              <text>19</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94559">
              <text>Noviembre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94560">
              <text>5</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94577">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94554">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 19, Noviembre 5</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94561">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94562">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94563">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94564">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94565">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94566">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94567">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94568">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94569">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94570">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94571">
                <text>1899-11-05</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94572">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94573">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94574">
                <text>2017555</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94575">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94576">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94578">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94579">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94580">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1492">
        <name>Atzimba</name>
      </tag>
      <tag tagId="1491">
        <name>Bohemia de Leoncavallo</name>
      </tag>
      <tag tagId="1488">
        <name>Coyoacán</name>
      </tag>
      <tag tagId="1487">
        <name>Descarrilamiento del ferrocarril</name>
      </tag>
      <tag tagId="1489">
        <name>Guerra de Sud-África</name>
      </tag>
      <tag tagId="1486">
        <name>Ministro de El Salvador</name>
      </tag>
      <tag tagId="1485">
        <name>Rafael Zaldivar</name>
      </tag>
      <tag tagId="1490">
        <name>Transvaal</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3605" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2246">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3605/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._2._Julio_9..pdf</src>
        <authentication>612c565af4e7448e042ba4abe3a8502e</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117426">
                    <text>12

EL

MUNDO.

nomlngc 2 de Julio 1899

HOJAS.

BALADA EN PRCSA DE HENRY IURGER.

A lllI MADRE.

Sopló el viento ... y cayeron en _el río!
Miradlas! van en pos de otras orillas;
Esas bojas oscurl\S son barquillas
Cargadas de rocío.
Los pétalos nevados de las rosas
Fueron alas de blancas mariposas;
Y en las noches de luna, todavía
Por el espacio slecten nostalgía,
Y se esparcen Yolando misteriosas

El primer pecado de llargarita.

Las que escalan el muro carcomido;
Las bojas de ciprés y cinerarias
Son bojas funerarias;
Las ho;as del saúz son el olvido

I

Empuja el Boreas con extrai'io ruid?
Las hojas que se arrastran y se aleJan:
Esas bojas dolientes, van llorando . . ..
Esas hojas se quejan.

Pasa, leda, la brisa

Las tersas y lustrosas
Que despiden reflejos
En las noches amantes y estrel)adas,
Son brullidos espejos
Donde se miran con amor las badas.

Entre los negros tules,
O en las bojas de viejos abedules
Ya jugando indecisa:
Esas hojas alegres tienen risa.

De las bojas nevadas
Hacen albums los genios de las flores;
Escriben sus amores,
Sus dulces esperanzas y sus cultas,
En bojas de gardenias
Y en hojas de platead'.ls margaritas.

Simbolizan los pétalos azules
L':l ilusión-astro que jamás se alcanzaLos rosados, se antojan los ensueiios,
Y los verdes, semejan la esperanza.

Sobre la turbia linfa del pantano,
Grandes bojas se mecen, medio abogadas
Suspiran por la vega, por el llano ....
¡Pobres hojas! ¡bohemias desterradas!
En la verde pradera
Hay mil hojas que duermen blando suelio,
Llenas de opio, cargadas de beleiio:
Las hojas de la suave adormidera.
Cada. hoja lleva en su &lt;0 1 or, bU historia:
Las hojas de laurel encierran gloria;
Hojas abandonadas siempre han sido

..,

tvlexico, Domingc- 9 de Julio de 1899.

II

Una tarde de estfo :Margarita estaba sentada á la.
puerta de su casa hilando el lino doméstico.
Era la hora en que se encienden los astros en el
cielo y sirven de seiial á los amantes, que corren á la.
cita con pierca11 ágiles de veinte arrus y llegan antes de la hora; porque el ~razón adelanta siempre el
reloj.
'
Margarita cantaba su canción haciéndo girar la.
rueca.
Cuando pasó ante ella una de sus vecinas que se
dirigía á la p·róxlma tiesta. Llevaba traje nuevo, y
corría, llamada: por los tamboriles cuyo sonido traía.
el viento.
Pero se detuvo delante de Margarita, para que
viese su nuevo vestido, y su colldr y sus pendientes.
Y le dió la mano para que pudiese ver un anillo
que brillaba en su dedo.
Despu~s se alejó ríendo.
Y Margarita la siguió con la mirada, lo que inquietó á-su ángel bueno.
Y el lino se deslizaba menos rápidamente entre los
dedos de Margarita y la rueca no dejaba escapar su
ruido monótono y el huso cayó de sus manos.

Esas hojas qu:i viven dulcemente
A orillas de la fuente,
Llenas de vida, jugueteando ansios48,
Mirando eternamente
Cuál pasa la corriente
Cantando mil canciones rumorob88 . . ..
· .,,. Esas bojas tan frescas, son dichosas!

Y esas pobres hojillas
Tostadas y amarillas
Que van rodando por sabanas yermas,
Son ¡ay! esas bojillas
Las tristes... las enfetmas... 1
.

Año VI-Tomo ll

Margarita era su nombre y en el Paraíso se la esperaba, porque Dios había dicho: Es uua excelente alma, y como allá abajo, fácil sería que la hiriera-una.
debgracia, la habré de llamar uno de estos días según
lo he pensado.
Era en verdad una moza humilde y dulce y se la.
llamaba comunmente el angel del lugar.
:Matinal como el alba y fresca como ella, todos los
días al despertar, rezaba la oración que su madre le
bahía ensei'iado y en seguida se vestía en su alcoba,
entregándose á las ocupaciones de la vida doméstica.
Pero al fin la necesidad obligóla y 1&gt;ara vivir honestamente, eótró á un obrador.
Y cigarra y abeja, trabajaba al por que cantaba.
Era una vieja canción de glc,ria y de amor que se
bahía mecido sobre muchas cunas y cuyos versos podían acariciar un alma inocente sin turbar su limpidez. _

MARIA. ENRIQUETA.

III

:EL VINO DE LOS AMANTES.
(BAUDELAIRE.)

El espacio está espléndido y sereno!
Sin espuelas, sin látigo, sin treno,
Partamos á caballo sobre el vino
Para un cielo de luz, puro y di vino.
Cual dos ángeles blancos que tortura
Una ardiente, Implacable calentura,
l!Jnt,re el cristal azul de la 1na1Iana
Raudos sigamos la visión lejana!

Y como el ruido que había p:oducido al caer hizo
salir á la jo~en de su ensimismamiento, al levantarlos ojos vió á un joven con el fieltro en la mano. Eo
el chambergo flotaba una pluma temblante como una.
llama. El jo ,en era un caballero magníficamente vestido que le dirigió un respetuoso saludo y con voz.
dulce y galante le preguntó:
¡, El camino de la ciudad?
Margarita se lo enseñó y extendió la mano para
mejoJ" indicarle el rumbo que bahía de seguir.
El extranjero entonces se inclinó y en recompensa
del servicio que acababa de hacerle, quitó de su dedoun anillo de oro en el que estaba t:n~astado un diamante que resplandecía como una estrella y lo colocó en el dedo de Margarita, la cual encontró el diamante más bello que el de su compal'iera.
Y el semblante del Cllballero se iluminó por una.
sonrisa extrai'ia.

MIGNONE
Bohemia ¿qué vendes en tus correrías,
Bajo el rojo fuego de los medios días?
¿Son los dos carbunclos de tus negros ojos,
O las coralinas de tus labios rojos?
¿Son las finas ágatas de tus dedos plenos,
O las gemas rosas de tus breves s;:nos?
¿No vendes tu cuello, brul'iida espinela,
Ni tu gracia impúber de inquieta gacela?

Mecidos sobre el ala, muellemente,
Del veloz torbellino Inteligente,
En un delirio Igual, delirio hermoso,

¿No vendes los besos, no vendes la loca
Cabellera bruna que alberga tu to:ia?

Flotando juntos, de la dicha dueños,
Ilulremos, alma mía, sin reposo
Al azul Paraíso de mis suei'iosl

¿Qué vendes, bohemia, eo tus correrías,
Bajo el rojo cálido de los medios días?

CARLOS ÜRTIZ.

IY
Pero sucedió entonces que un mendigo vestido de
andrajos se detuvo tamblen delante de :Margarita ycon voz lastimera exclamó:
-Una caridad, hermosa sef!orita.
:Margarita quitó el anillo de su dedo y lo díó al
pobre.
El extranjero exhaló un grito de rabia y tendió la.
mano hacia la hermosa nlila.
Pero el pobre--que no era otro que el ángel guardián de Margarita metamor!oseado,-la cubrió con
sus alas.
Y Satanás que iba á tentarla retrocedió ante el espíritu celeste.
Y esa misma tarde, el ángel guardian fué á contar Jo sucedido al buen Dios.
--Se!Ior, bueno sería llamarla.
Y Dios respondió:
- En efecto lo pensaré.
Pero al día siguiente no lo pensó más.

MIGUEL ESCALAD.A.

V

.

f

' ~1·:,·

... . , ................

Y un afio después, :Margarita, al salir dP la iglesia.
encontró un Joven que le ofreció agua bendita.
Y t enía un corazfo de niño y un espíritu secular.
Y se llamaba Fausto.

[Veue la P'g{na 1;.J

LA. LECCION DE MANDOLINA.
POR VILLASANA.

:

1

•

Número

2

�16

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA

'i.

SobrP mi mesa de trabajo un libro de versos está
abierto, desflorado, con algunas bojas dobladas en
las puntas y algunas pá6 inas con señales en el margen.
Lo he leído con avidez. Acaba de llegar, no hace
aún dos h oras que el cartero lo puso en mis manos, y
ya lo conozco, y ya me sé de memoria la mitad de un
romance, y ya, aunque precipitadamente, me dí_ cuenta de su valor. Para mí vale mucbo, vale una ¡uventud, mi juventud, mis buenos años de versista mcorreuible y de soñador impenitente y terco.
..'.:'...Gracias, amigo cartero; tú que sueles traerme
cartas tristes, tarjetas de luto, papeles lLmos de perfidia anónimos insultantes, me dejas ahora, corr.o una
inesperada recompensa, este libro de forro azul pálido como cielo de mafiana sin sol,-por el que va en
d~orden una bandada de pájaros aliabiertos. MucLas
gracias.
•
•De dónd¡i llegaste, delicado vol u.nen de versos, pequ~ña jaula de golondrinas azules?
Dices que de Madrid; pero es mentira. Vienes de
los tiempos felices en que unos mt1cbalJbos pensaban
que ser poeta valía la pena de vivir y se iban por
los rumbos del ideal c~n lor ojos y el corazón puest.os
eñ alto. Vienes del amor y de la esperanza, y tratc-s
muchos recuerdos, muchas alegrías, muchas aspiraciones, muchos sueños.
;,Cómo te llamas?
Con tus raros caracteres de carmín desleído, me
lo dices: Lejanías. Y no, embustero; viajas de incógnito como los príncipes calaveras. Bah! Te reconozco;
te llamas: Efímeras.
Sí eres el mismo que guardo-hace .... . ¿cuánto
tie~po? ...... ;:n siglo de desengaños y tristezas-en
el estante de los libros amado;;, de las estampas memorables, de los papeles íntimos.
.{Ioy cantas otras ca11ciones, babia!. de otras cosas,
buscas formas nuevas; tus frases tienen quizá mayor
limpieza y esplendor; tus rim~s han adquirido i:iás
elegancia, pero .... . . eres el mismo, no me enga?es,
sonríes con la misma sonrisa escéptica y co:n pasiva;
amas con la misma voluntuosidad pagana, á la siglo
diez y ocho, con un amaneramient_o de buen tono_; te
quejas con el n:.\smo sollozo contemdo, ahogado, ligero, de esos que se estrangulan en la g3:rganta por temor de que nuestra pena estalle en gritos; lloras con
las mismas lágrimas, un poco vergonzantes, de las
que no se atreven á salir de los ojos, á resbalar por
las mejillas, á caer, por miedo de provocar burlascurio::,as,
Eres el mismo, poeta mío, delicado, sutil, lleno de
:fineias, hombre moderno, cortesano exquisito, artista de salón, pulido y correcto, que no ,;ermite á su
Musa la más leve falta, y que sabe expresar sus más
grandes dolores en un idioma i,onoro y dulce que, si
deja adivinar heridas hondas, ne t raspasa _nunca los
limites de una confidencia dicha en voz ba¡a, en un
téte á téte de baile con una amiga discreta.
Las Lejanías-estrofas cinceladas, poesías jugosas
de ideas nuevas--son como las Efímeras, impresiones
rApidas, pasajeras, fugitivas; nube, viento, ola, perfume.
Y caza, como dominador de la forma, está visiblemente adelantado, pero el último libro suyo, psicológicamente hablando, es la prolongación lógica del
primero.
.
.
Su libro tiene unidad. Se percibe en ella el vigor
de un espíritu hecho de una pieza que se ha desarrollado sin perder su carácter, de la misma manera que
un {J.rbol convierte en frutos sus flores, llegada la estación, sin cambiar la forma del ramaje.
Este libro como el otro, es la confesión sincera y
franca de ud hombre que ha sufrido, que ha amado,
que sintió alegrías y penas, dudas y creencias, ilusiones y desengaños, en el torbellino de la vida, en
el que todo se confunde, se mezcla, se entrelaza, metamorfosis del espíritu que pugna por alcanzar un
ideal nuevo tras el ideal desvanecido. Ayer tristeza,
hoy goce, mañana indiferencia; antes sueños, ahora
dtsilusión, después olvido. Y las emociones se suceden y los días pasan, y se unen los recuerdos como
los eslabones de una cadena.
Sí; todo esto es efímero, todo esto es lejanía; la
primera impresión de adolescente, la angélica de los
primeros amores, la epifanía blanca, dibujada con
líneas de luz en la diafanidad del alma; la noche azul
de la cita, el ósculo f urtivo, el juramento santificado,
el adiós bebido en lágrimas sobre las pálidas mejillas
de la virgen; y luego, la pasión juvenil, la. de los besos que arden y las carnes que palpitan, la de las caricias frenéticas, la de los sueños locos encontrados
en el fondo de los vasos; esa que canta y ríe dentro
de la alcoba herméticamente cerrada para ocultarse
á los ojos curiosos y á la icdiscreta claridad de los astros, y, en seguida, el hastío, y m2.s tarde la tristeza,
la bl:isfemia de la desesperación, el desencanto, y el
nuevo amor, la pureza red! vi va, el deseo despierto, la

EL MUNDO.
fé resucitada, la vuelta de Beatriz ó el regreso de
Venus.
De todo ello quedan memorias, huellas de las catást rofes, ruinas de los palacios, ninos de las av~s., .
He aquí por qué el poeta llama Efíme,·as y ÚJama~
á sus estrofas. Las imp1esiones volaron; los recuer·
dos se han ido ó están remotos; pasó la tar.:le brumosa· se fué la melancolía, se partió el amor, se desvane~ió la esperanza, huyó; furtivamente h dicha.
Pasa la niña blonda con su pui'iaclo de rosas en el balda; cruza la querida in tiel y tentadora, blanca como
un lirio y altiva como una reina; allá va la enamnrada, la sensible, la que se arrodillaba llorando para
pedir un poto de cariño; allá van Jo,; desdeñosos y los
ingratos; allá van los ataudes de las ilusiones muertas.
Quedan los versos; se fueron las pasiones. Aquí están las lámparas, aún contienen aceite perfumd.tiO,
pero ya i:e apagó la llama. .
!caza aprisionó sus impres10nes. Ató las alas á sus
recuerdos y escrihió.
Los cantos de Lejanías son lápidas negras y blancas que señalan el camino de una existencia; bay en
ellas fu~rtes emociones del mundo re;i.l y gr~ndes
alientos de alma conmovida. Aquí todo lo produJeron
las cosas vistas y las pasiones sentidas. Bajo la ~pariencia de licción y de aristocrática falsedad _se siente el latido de u11 corazón sincero. Las emociones de
lcl'lza están admirablemente depuradas por el arte.
He abierto be desflorado, he marcado este libro, Y
cada página 'me ha h ecbo una C01Jfiden~ia. Me he
vuelto á encontrar frente á frente con m1 pasado, Y
con mi juventud.
¡Oh poeta del esceptisismo sano y galante, poeta
que estrechas la mano del dolor, con la tuya engu_antada y fina, poeta de la vida moderna, que conviertes en sonrisas, irónicas y punzantf&gt;:S, tus gestos de
angustia, y que jamás dejas salir el llanto de la cárcel de los ojos; yo admiro tus estrofas, pero las a~o
más que las admiro; cantan en voz ba¡a, besan sin
ruido, lloran sin aspavientos . . . . .
,
y sin e mbargo, fueron compañeras de las mias, de
las que aullaron mis penas, anduvieron por esos
mundos, gritando mis regocijos, hicieron con los besos himnos ruidosos, y á todo el que encontraron al
paso, le dijeron: estamos t ristes; ven, llora con nosotras .... .

***
Estaba Emilio Zola in:ilinado sobre su mesa de trabajo; forjaba con un tezóo inaudit~ la _última parte
de su magna trilogía - resumen y smtes_1s_de l~s problemas sociales moderaos-cuando percibió ruido de
espadas y rumor de multitudes que entrab~n por los
balcones de su gabinete. Alzó la cabeza, pusose á escuchar atentamente, se levantó atraíóo por una curiosidad de artista á contemplar el espectáculo, y tras
observar estudi¡¡r y meditar en el acontecimiento
qne lo distrajo, experimentó la sacudida de la indignación, y ante la muchedumbre at.Snita, fulmi~ó el
relámpago de su ira contra un grupo de escogidos,
éuyos uniformes y entorlJbados de~lumbran é hipnotizan á las masas.
El pensador tuvo un arranq~e de a_Póstol. Y?ºº el
ímpetu mismo con que defendió sus ideas estéticas _Y
con que dió cuna á sus Rougon Macquart, emprendió
una cruzada formidable en favor de lo que en el Arte
constituyó siempre su anhelo: la Veidad.
Fustigados por él, dentro de los lí~ites ~e la Poesía, la mentira bipócrit,éi, y el convencionalismo solapado, salían del teatro y de la novela, dejaban á los
comediantes y á los escritores, se desprendían de las
másca.ras y de las plumas, y penetraban !urt~vamente en la realidad, envenenaban la conc;encia de un
pueblo, se enredaban á la_ vida misma _de Zola, en_salzaban y vitoreaban á los mícu'.ls y traidores, ca~tigaban v martirizaban á los inocentes y á los débiles, y
á soplos desesperados hacían oscilar la llama de· la
antorcha, á cuya luz busca su felicidad el género humano: la Justicia.
Entonces, Emilio Zola, enardecido contra sus eternos enemigos, dió su gritó de alarma.

***

Para el eminente novelador el caso Dreyfus fué un
estudio del documento humano. Su pensamiento, habituado á los hondos y stttiles anAlisis, halló las causas generadoras de este suceso en no sé q_ué negra
traición colectiva, que despertó en el escritor una
profunda compasión por la víctima y un odio infinito
por los delincuentes.
La muchedumbre estaba con ellos, porque las muchedumbres son fácilmente . sugestionables, y se enloquecen con iapidez cuando sobre ellas se arrojan
esas palabras esplen1orosas: Patria, Gloria, Libertad,
dentro de las cuales suelen esconderse, como dentro
de una bomba explosiva, tiintos elementos de ruina y
destrucción.
Zolá vió todo eso. 1.Se equivocó? En Versalles, un
grupo de hombres di jo que sí. ¡Qué perfidia! Y_ fué
condenado este Quijote de la Verdad que blandió su
espada herrumbrosa, rompió su lanza hecba con una
rama de laurel y abolló su loriga de cartón por perseguir á fingidos ejércitos y vengar imaginarias ofensa¡¡,

Domingo 9 de Julio de 1899
Los molinos de viento seguían rasgando el aire con
sus aspas enc,rmes; no, no eran los brazos de ese
Briareo que Zolá creyó ver estrangulando el más noble de los ideales bumauos.
Así decía París. cuando, como dice Daudet en su
Nabab, cometió una de las más grandes injusticias
desde que es París.

***

Hoy Zolá, vencedor noble, vuel ve á su bogar silenciosamente después de haber llevado á cabo una obra.
8 ublime de 'caridad y misericord:a. Está satisfecho
de su victoria· no desea más recompensa que las bendiciones de u~a esposa y de unos hijos, el car~í'io de
una familia y la gratitud de un_ bo~?re en qu 1~n ~tá simbolizado el triunfo de la ¡ust1c1a y la solidandad de la especie humana
Como el bravo compañero de Claudio Lantier, después de haber sufrido y llorado mucbo, se limpia los
ojos, sacude con orgullo la cabeza, y exclama:
-Ahora, vamos á trabaJar.
¡Oh excelso espíritu!

LA MUJER FRANCESA
ADrDDÓSito dB Mad. Dreyfns.
Nada más falso que la idea que tenemos en México y en general en el extranjero, de la mujer francesa. Puede en rigor, afirmarse que no la conocemos,
ni en lo idtelectual, ni en lo moral, ni casi en lo físico.
Para nosotros una francesa es una mujer delgaducha desmedrada, nariz remangada, boca fina y burlon~, ojos vivob, expresivos, que~anzanrelámp~gos y
destP.llos, pierna delgada y nerv10sa, seno rudimentario cadera apenas dibujada, andar elegantey garboso' frente alta y retadora, elegancia exquisita, gusto s~premo en el vestir, coquetería en el atavb.
Dentro de este cuerpecito elegante, movible y sutil,suponemos una inteligencia ~hispeante, I:&gt;ero _frívola e."])rít más que talento, ingemo más que ciencia, cole~ión de ret,ruécanos picantes, de anécdotas de doble erecto verba endiablada, rapidez en el ataque,
oportunid~d y vigor en la respuesta, ironía habitual.
Como instrucción: la crónica de la morla, la del sport
y la del mundo; el catálogo de los reyes de Francia
y la lista de los participios. Como biblioteca, todo Zola toJo Daudet, todo Goncourt; la geografía de Juli¿ Verne, la historia de Dumas padre, la psicología
d~ Stendbal 1 la moral de G. Ohnet. En punto, á sentimientos y pasiones le atribuimos fogosidad para.
amar y rapidez para olvidar; tibieza mater';la y ent~siasmo mundano; fidelidad dudosa y frágil; alegria
infantil entrecortada por crisis de lágrimas y nervios; patriotismo decorativo c_apaz de herois~o; gustos refinados y aficiones exquisitas. Tal es la imagen
encantadora y frívola, seductora y frágil, que invo.
luntariameute surge en el espíritu cuando pensamos
en la mujer francesa.
y es que, para nosotros, la francesa es la parisiense
y la parisiense de las novelas, de los dram~s y basta
de los vaudevilles. Conocemos por referencias á FrouF rou á Odette, á Clara de Beaulieu y hemos tratado
perso'nalmente á estrellas de opereta, á histéricas ~el
género grande ó á personaJid9,des de cuerpo de baile
y de cuerpo de coros. Hemos podido conocer y estimar á numerosas francesas que hacen modas y confecciones, que expenden aulce~ ó artícu~os de París
y que dan mejor y más cabal idea del tipo honrado,
laborioso, fuerte, serio y abnegado q~e es general en
Francia y que caracteriza á esa a~mua?le burguesía
caricaturada en M. Jourdan ó v1llpendiada en Mad.
Cardinal; pero que es la verdadera fuerza y la ve:dadera gloria de Francia. Esta francesa que hubiera.
pojido rectificar nuestro falso concP.pto, es en general exclusiva no se mezcla mucho con nosotros, busca relaciones' y esposo entre sus compat,riotas, y ap~nas si se deja entrever, recatada, honesta, correctísima en las soireés del Círculo F rancés y en las Kermesses del 14 de Julio. El resto de su vida lo pasa en
su houar al lado de sus hijos, trabajando y ayudando al ~a~ido, y la más escandalosa ~e las cróni~as no
halla manera de hincar en ella su diente de v1bora.
Los turistas del géner•&gt; chico, los gomosos nuestros que han dado una vuelta por ~l Boulevard de los
Italianos han cont,ribuido á consolidar el error. Como
no tratan sino con mujeresligeras,como en general no
frecuentan sino los bastidores de los teatros, como
sólo cosechan sus observaciones en los bailes públicos
y en las cervecerías á la moda y como todo el que
vuelve de allá no trae otro bagaje que un carnet de
aventuras callejeras, verdaderas ó falsas, y como que-

Domingo 9 de Julio de 1899.

EL .MUNDO.

17

daría deshonrado quien regresera sin media doce- h mártir y de la santa, y si tiene derecho á ser escépmujeres que á la negligé lo reciben, cómo lo perfuman
na de lances donjuanescos, sus supuestas observa- tica de los hombres, está obligada árendir homenaje
ciones y sus descripciones color verde manzana ó ro- á la virtud y á la grandeza de alma de la mujer fran- y cuánta confianza les inspira haciéndolo cómplice
inconsciente de las combinaciones galantes! Las banjo subido acaban por iacr,1star en nuestro espíritu lJ. cesa.
durr!as
y wandolinas son la música del porvenir, pormás falsa y equivocada idea respecto {J. la virtud, al
que vamos de mal en peor.
mforito y al valor positivo social y moral de la mujer
¿ Y ellos? ¿Qué opinan ustedes del varón moreno,
francesa.
corbata lila, chaleco ante, pantalón cuadritos,
rizado,
No; la mujer francei,a no es frívola, ni débil, ni cochoclo
cbarol
para lucir calcetín «serpentina,&gt; pluqueta, ni infiel, ni dilapidadora de fortunas; no es
meando «siempre en sueños&gt; (paso doble), con anillo
madre tibia, ni esposa indiferente, ni bija &lt;lesamorade solitarin brillador adquirido en el Portal de Merda; por el contrario. Para conocerla y estimarla hay
caderes?
Termina él tré molo y exclama Edelmira poque estudiarla, no en las novelas sino en la vida; no
niendo los ojos en el zenit:
en las operetas sino ea la historia; no entre bastido-Pero con qué sentimiento ejecuta este hombre!
res sino en el hogar. Así mirada no puedP inspirar
basta se enchina el cuerpo.
sino respete. y amor, y así estudiada resalta ser supe¡ Y á mí se me traban las quijadas!
rior y con mucbo á su reputación..
¡De patearlos!
Desde luego, tratándose de la mujer del pueblo y
NUESTROS GRABADOS.
de la clase media inferior, lo primero que resalta es
TICK TAClL
la laboriosidad infatigable y lo.s instintos de orden y
economía de la mujer francesa. En este punto la literatura misma está unánime. Pululan en ella los tipos de campesinas, de obreras, de modistillai; y floEL CONSEJO DE GUERRA DE RENNES.
ristas que trabajan doce y catorce h oras por día, que
Entre b guitarra, para mí la reina de los instrusubvienen á las necesidades de la familia y hasta á
los vicios del marido, del padre ó del hermano; que mentos de cuerda, y las bandurrias y mandolinas, hay
En acatamiento á la decisión de la Suprema Corte
lucban y penan, que trabajan y bregan y suelen co- la mi&lt;;ma di ferencia que entre la obertura de Semira- Francesa,elUapitán Dreyfus fué traasportadodc,laisla
mo Desirée Deloúelle encallar ea el suicidio ya por mis y el Duo de los Patos; aquélla es del l{énero mascu- rlel Diablo á bordo del Sfax haciendo tierra en la costa
amor despreciado, ya por miseria inexorable. Casada, lino, digo, del género grande, y ésta del género del Quiberón. de donde se le llevó en tren rápido á la
la francesa reputa que su primer deber es trabajar al chico.
Las mandolinas y bandurrias como son empeñables ciudad de Reunes cuyo Consejo de Guerro que es el
igual del esposo, dividir su tiempo entre la asistendel 10° cuerpo del Ejército Francés juzgará al célebre
cia de la familia y las labores del obrador. Ea el co- se encuentran al alcance de todos los remates, y por acusado.
mercio, ocupa el mostrador ó la caja de su propia eso cuelgan en racimos junto á las barbadas, candiles,
Las medidas del gabinete han tendido á evitar detienda; en el campo, cosecha y vendimia al lado del sill.;s de montar y otros artículos manufacturados que mostraciones favorables ú hostiles, y ya hemos visto •
ma rido; en la ciudad practica un oficio ó profesión extinguen su condena en las galeras de las casas de cómo ·Jas mul titudes que esperaban la llegada de
suplementaria de la del esposo. Es ella laque lleva la préstamos.
Dreyfus, apenas tuvieron t iempo para advertir su
note y no el marido y lejos de ser ella quien despilfaSe pueden dar de cuelga sin rubor alguno, y me- paso por las calles de la ciudad ordmariamente traurra el haber común, es ó suele ser el marido quien lo diante un desembolso relativamente modesto, á no quilas, y que no obstante lo anómalo de las circunsdisipa en la taberna.
ser que el donador quiera preferir el producto extran- tancias actuales, apenas si ha presenciado insignifiAsí ocu¡iada, atareada, siempre previsora del pm- jero, y se declare proteccionista de los instrumentos cantes trastornos.
venir, ni piensa en devaneos ni se ocupa de galante- italianos, alemanes, españoles ó americanos, pues anEl Capitán Drey~us permanece en su prisión, libre
ría; ideati ficada con las uerte del esposo y de los hijos, cha es Castilla para la multiplicación del objeto que completam~nte de 1m por_tunos y aislado de todos, pues
nos
ocupa,
y
entonces
le
cuesta
caro.
es liel y abnegada, vi ve por ellos y para ellos.
apenas hab,a con los miembros de su familia y con
Como las mandolinas y bandurrias son de maderas los ab0~ados Labori y Demange encargados de su deRecójanse al acaso en la prensa cien dramas de adulterio ó de celos; no pertenecerán los protagonistas en finas, admiten monogramas, incrustaciones, pintu- fensa.
diez á e·s a clase obrera, laboriosa y honrada y menos ras al óleo y moiías; llenan todos los geneFales de uu
No obstante, ha llegado basta nosotros más de una
artículo de tocador y hasta decorativo.
aún á esa burguesía abnegada y virtuosa
frase del prisionero y por ellas lJodemos juzgar del
Puede faltar. en una casa (30 pesos adel~ntados, estado de su espíritu que no es el que podría supoEs absurdo suponer que la mujer francesa pudiera
ser frívola, derrochadora, ligera, coqueta, infiel y lo- contrato, por seis meses, fü1dor del comerc10, etc.) nerse; al coatrd.rio, Dreyfus manifiesta una entereza
ca para con su esposo, indiferente con sus hijos y que nna máquina de coser, un irrigador, un mosquitero, pasmosa y la mayor ecuanimidad para juzgar á los
la burguesía fra ncesa y Francia misma fueran como una tina pedilubios, un lugar pata que duerma la co- que fueron factores principalísimos de sus desuracias.
han sido y como son aún tan vigorosas y tan grandes. cinera, pero el instrumento ¡nunea! primero el arte No_ acusa á nadie, explica sus desgracias por ~l odio
al Judío y su condenación por el engafio en que estaCuando la mujer vive ocios!! é ignorante, cuando no que los platos soperos.
logra constituir familia, cuando, como en el Harem,
Junto al Santo Niiío que enseña sus deditos echan- ban sus jueces y la presión que sobre ellos se ejerció.
solo se ocupa de perfumes y joyas, cuando es onerosa do bendiciones bajo el capelo; contra la pared, y el P or otra parte, hace los mayores elouios del Coronel
é improductiva, las ci vizaciones decaen, los pueblos vientre hacia arriba, se morirá el «Pensamiento,&gt; Picquart, quien como es sabido, contribuyó brillantese enervan y descienden como el pueblo musulmán á «La Esperanza,&gt; «La Gemidora,&gt; «El Cefirillo,&gt; «Sus- menLe al esclarecimiento de los hechos y al triunfo
la m~s oprobiosa degradación.
piro&gt;, etc., pues es moda bautizar á la caja acústica de la justicia, poniendo su valor civil frente á las
como
á cualquier cristiano; tienen rosetas trico- preocupaciones y á las intrigas oficiales.
Las mujeres francesas de la clase media acomodada
Dreyfus vive tranquilo, y éSpera con más tranqu ió ilustrada son un modelo de virtudes. A menos que el lores cuando el padre de familia es militar retirado;
comerciante en grande, el rico industrial, el banque- otras, anchos m1,ños ccn flequeríos dorados, pompo- lidad ~ún su nuevo juicio, compartiendo su tiempo
ro afortunado no vayan á buscar mujer á los centros nes, borlas, manojos de retamas artificiales, tul com- metódicamente entre las expansiones de la familia y
brillantes de la galantería ó á los bastidores de los binado con moaré y otros fantásticos adornos que las largas y frecuentes conferencias que celebra con
teatros, y son de preferencia extranjeros y no fran- pintan el carácter de la dueña, quien se pasa gran par- sus abogados. Hace ejercicio en el jardín de la priceses quienes así proceden, resultan sus enlaces afor- te del día con la pierna cruzada plumeando la músi- sión, y aunque lo vigilan de cerca dos soldados, es de
suponerse que esta vigilancia no le cause grandes motunados, sus familias felices, sus existencias envidia- ca idónea: «Adios, Cuca&gt; (danza;) &lt;¿ Diré que sí?»
bles. Y llegados los malos días, las épocas aciagas, (guajira), «Déjame verte&gt; (scbotiscb), «Sollozo ar- lestias, habituado como está, al más completo aislamiento desde que fué deportado á la Isla del Diablo.
la bancarrota y la ruina, la enfermedad ó la deshonra, mónico&gt; (mazurca), «Nadando en leche&gt; (wals) «-En
Mucho han hecho los periodistas para ace~case al
agonía&gt;,
(nocturno.
)
la mujer francesa Se engrandece por la abnegación y
reo, logrando apenas verlo desde la casa frontera, en
el sacrificio; la esposa, aun la del criminal, lucha, suConcluido el estudio de las segundas q~c en un ra- el momento en que salía de su celda para hacer el
fre, batalla para rehabilitar al marido, para recons- to de hambre tararea la cotorra y en todo tiempo ejercicio cuotidiaao.
tituir su fortuna, para conjurar el destino.
silban los chicos "'º el patio, la artista la besa, la volLll, formación del"nuevo Consejo de Guerra es obEn estos momentos Mad. Dreyfus da al mundo tea, y si el revés es plano, sobre el revé&amp; escribe con j~to d~ comentarios y aun de escándalos como el que
y
por
la
boca
introduce
las
lapiz
el
billete
amoroso
ese noble espectáculo. Jamás ba dudado de la inod1 ó el Jefe del 10 ° cuerpo, comentando ciertos actos
cencia de su esposo, sus oídos se han cerrado á las flort:s secas que él le dió: no hay mejor escondite que del Ministerio de la Guerra de quien hay q ue especalumniosas insinuaciones que lo hacían aparecer co- una caja de bandurria.
rar la mayor energía para que se observen esta vez
mo encenegado en el v;cio, arruinado por mujeres de
Porque las mandolinas y bandurrias son un pretex- todas las le1es de la d~scipliua y las que imponen
mala vida. Si ha creído, ba tenido el Leroismo de per- to para reunir gentes que la suerte parece separar: el más e_stncto acata~iento á la corrección judicial.
donar; ha dejado Raagrar sus heridas y preocupádose tocar una ú otra, es tener entrada á las estudiantiLas vistas que publ!c:tmos son de gran interés y
tan sólo de salvar la honra de su esposo. Ha peregri- nas: institucción moderna, netamente socialista, en- completarán el conocimiento que ya tienen nuestros
nado por gabinetes de ministros, oficinas de tribuna- caminada á echar por tierra el antiguo régimen sue- le_ctor~s de los sitios y personajes que figuran en este
les, salones de diplomáticos implorando rehabilita- gril.
histó:1co proceso. En nuestros números subsiguientes
ción y justicia; ha sufrido desaires, menosprecios, aca-¡,Qué hiciera para hablarle? Ni creas que papá ampliaremos nuestra información, publicando en la
so escarnios; promovido una campaña formidable lo deje visitar la casa .... Nadie quiere presentarlo. parte gráfica, los retratos de t odos aquellos llamados
para una mujer débil y al principio sola y aban- Urge que nos tratemos.
á figurar en el nuevo juicio, y las escen!!.s culminan.
donada; ba tenido el heroísmo de ponerse frente á
-En poca agua te abogas, dile, responde la amiga tes que en él se desarrollen.
frente de una opinión no sólo ofuscada si no irritada; consejera, que ponga «Te volví á ven ó «ese soy yo,&gt;
Es singular y digno de anotarse la obstinación de
ha sabido no temblar ante el tumulto callejero, ante y hacemos que lo meta Bastedillo que es tan servi- los que fueron anti- revisionistas y siguen siendo en
el encarnizamiento popular, ante la fuerza y la ce- cial!
el nuevo estado del asunto enemigos de la justicia y
guedad gubernamentales, y al recorrer el tremendo
Ensayo dos veces por semana;sillas juntas: un solo aunque parezca mentira, de los obcecados sólo uno' el
Calvario que ha ele conducirla al Tabor, ha conserva- papel para dos ejecutantes; enseñanza objetiva de có- n:iás_ peligr?s?, Deroulede, ha dado señales de arrep~ndo intacto su recato, inconmovible su virtud, im- mo debe piearse la cuerda; afinación de un la empeña- timicnto diciendo que no habría castigo bastante duperturbables su sereniddd y su modestia.
do en dar el sí; cambio de moiías; epístolas entre los r? para los que desvirtua~on los hechos, ni reparaEjemplo noble y grande: una mujer inerme papeles de música; disgustos caseros; matrimonio ción bastante para la víctima si se declara que el acucontra un pueblo ofuscado y contra un gobierno festinado; tres hijos en menos de cuatro años; desti- sado es inocente. Ojalá que estas palabras del auitapoderoso haciendo triunfar á fuerza de amor ·y de tución de empleo; conato de suicidio; muerte súbit a; dor á ser cierto que las dijo, cambien la orienttción
deber á la Justicia. Es este el verdadero 1iipo de viuda en la miseria, niños al hospicio, calderón, he de las opiniones extraviadas y marquen el principio
la mujer francP.sa; así fueron, en más vasto escena- ahí lo que producen las barmonías. Desde que la del r~s~ablecimiento del equilibrio moral á que aludía
rio, Juana de Arco y Carlota Corday, mártires de cuerda ha entrado á la moda, los profeso~es de piano el Mm1stro Waldeck Rousseau en su discurso ante la
elevados deberes. Cualquiera que sea la suerte que se han dedicado á callistas porque no prospera su ar- Cámara de representantes.
espera á Drey fus, la figura nobilísima de su esposa se te, y sobre todo, en el bello sexo tiene mayor influendestacará ante el mundo, noble, pura y venerada. Y si cia el otro profesor.
la justicia corrobora su terrible fallo, si Dreyfus reQue se llama Don Paco, Don Lolo, Don Meruo, y
sulta definitivamente condenado, F rancia, si puede en momentos de entusiasmo, Paquito, Lolito y Meavergonzarse del traidor, tendrá -que gloriarse de mito; cé.mo lo rodean, qué bendito anda entre las

BANDURRIAS Y MANDOLINAS

�noming-o 9 de JÚlio de 1899.
Domingo 9 de Julio de 1899

EL MUNDO.

18

EL MUNDO,

1!)

EL ASUNTO DREYFUS EN RENNES.

EN LAS CA,ROLIN.AS: ALDEA DE NOLL.JKEN JAP.

tas nuevas adunisiciones alemanas
EN EL MAR DEL S~R.

LAS ISLAS CAROLlNAS.

SALA DEL CONSEJO DE GUERRA EN QUE SERA JUZGADO DREYFUS.

LA PUERTA DE LA PRIS:::ON MII ITAR,

,.

El año proximo pasado trajo
-consigo el definitivo desmembra,miento de la se!Ioria colonial española en ambos continentes y posterio,mente, aunque por modo pa·'Cffi~o, también ha sido arreado el
pabellón de Castilla en sus antiguas
pesesiones del Mar del Sur. El dis-curso de la Corona anunció á las
·Cortes el 2 de Junio último que se
había firmado un convenio con el
Emperador Alemán, por el cual Espai'ia cedía á la vieja Germanía las
.Islas Carolinas, Palau y el resto de
las l\1arianas.
El interés de Alemania sobre ta.
les islas no es nada nuevo, y aún re·cordarán nuestros lectNes la extraordinaria €.Stupefacción que cau·SÓ el hecho de que el 24 de Agosto
·de 1885 el cañonero alemán &lt;litis&gt;
tomara posesión de la isla de Yap,
pertenecientP. á las Carolinas. Por
\lllucho tiempo creyóse en una guerra inminente entre Espa!Ia y Alemania, pero la diplomacia disipó
esas bélicas nubes, c.bteniendo de
,ambas potencias que el caso se so~Etiera á un arbitraje que se depo.s1tó en manos del Papa, quien en 22
de Octubre del mismo afio falló
-en pro de la soberanía de España sobre el Archi.piélago carolino, laudo arbitral que fué aceptade por
-ambas potencias disidentes el 17 de Diciembre si~uiente.
Desde entonc~s intentó Alemania hacerse del ararchipiélago por modo pacífico y financiero, pero el
,amor propio español, entonces muy excitado, desechó
todas las proposiciones de Guillermo I. Su nieto,
&lt;Guillermo JI ha sido más afortunado, y aprorecb.ando las especiales cir~un~tancias porque actualmente
•atraviesa la orgullosa Iberia, ha logrado que le sean
cedidas las islas que mencionamos y que juntamente
con las islas Gilbert (10glesas), la isla Guam (ameri•cana) y las otras que ya antes poseía Alemania, forlD~n la parte de Oceanía conocida con el nombre de
M1cronecia.
Con las nuevas adquisiciones, Alemania posee en
-e~ Mar del Sur una extensión superficial de 253,469
-kilómetros cuadrados, habitadas por 440,000 al-

mas.

Con pocas excepciones, casi todas esas islas se formiron sobre rocas coralinas. aunque hay algunas de
·origen volcánico, tales como Yap, Ruk, Ponape y
Rusaye. Casi todas están cubiertas de exb.uberante
vegetación y ofrecen un aspecto lujurioso con sus
-enormes cocoteros, bananeros y con el clásico árbol
·del pan.
La fauna, en cambio, ,·s bastante escasa, pues no
,hay más que murciélagos, ratas, y una especie parti·&lt;mlar de perros, además de los insectos.
Los pobladores aborígenes de las Carolinas son ro-

FACHADA DEL EDIFICIO DEL CONSEJO DE GUERRA.

LA

PRISION :MILITAR EN DONDE ESTA DREYFWS.

EN LAS CAROLINAS. EDIFIOIO DE JUNTAS Y PIEDRAS-MONEDA EN LA. ISLA. D.E JAP •

bustos y de facciones agradables, su color es amarillo
obscuro. La alimentación vegetal es la dominante,
y el carácter de las gent es es du:ce y sumiso. Viven
dentro de un curioso régimen estre patriarcal y común
y reconocen categorías y jefes.
Presentamos á nuestros lectores dos vistas de las
Carolinas, que dan una idea clara de esas islas :i.ue
acaban dP. entrar bajo el dominio de Alemania.

el dibujo, la brutalidad del toque, la colección extrafla y premosít;ima de tipos que han desaparecido, hacen de Goya el pintor histórico por excelencia, el
evocador genial y magnífico de un siglo y de una
época.
Nos ha dejado en el retrato que reproducimos á la
cabeza de este artículo, con sus rasgos fisonómicos y
la extravagante indumentaria de que lo revistió, uno
de los representantes de la Corte de Carlos rv,-el
artis ~a, el mundano que frecuenta los medios más
elevados y que se jacta de cultivar amistades demaLA TRANSLACION DE LOS RESTOS DE GOYA. siado íntimas con las majas y los toreros.
Goya nació en Aragón á mediados del siglo pasado:
su ti ;¡o moral, su talento y su vida fueron prodigios
Un agente del Ministerio de Fomento de Espai'ia de la época; vivió en Espai'ia. Italia y Francia, conollegó hace poco á Burdeos con el fin de exhumar los ció y entusiasmó con sus obras á Carlos III, á Carlos
restos del gran pintor y transladarlos á la patria.
IV, á María Luisa y á los más altos personajes.
No bien apareció la noticia en los periódicos fra nceSus procedimientos artísticos no tenían por defecses, todos elJos y principalmente las Revistas Ilus- to la banalidad; usaba más de la esponja que del pintradas, dedicaron numerosos articules al grande hom- cel para pintar. Cuando los franceses entraron á Mabre que dormía en el suelo francés y cuya originali- drid, el pueblo silenci0so presenciaba el desfile del
dad artística lo ha hecho acreedor á uno de los re- vencedor. Goya estaba allí y junto á él había una panombres más gloriosos.
red escalada. Saca el pa!Iuelo de la bolsa, forma una
No obstante, desde el alio de 1828 se ignoraba en bola con él, la empapa en e:i fango del arroyo y pinta
Francia y aún en Burdeos que el cementerio de esta un fresco vigoroso en el que los franceses fusilaban á
ciudad conservase tan preciosas reliquias; mas al res- los espalioles.
tituirlas á la patria le dicen adiós conmovidos sus
El fresco fué uno de sus grandes éxitos é inventó
admiradores, es decir, todos los franceses.
procedimientos con los cuales logró efectos ma1aviLa observación profunda, el sentido que supo fijar llosos que se admiran aún en las iglesias de Setodos los rasgos del populacho español, la audacia en villa, Toledo, Zaragoza y Valencia. Los con-

�•
EL MUNDO.

20

'

'

denados, los cadáveres, los monjes son de:un realismo
sorprendente. Hay una inspiración terrible en el San
Antonio que interroga á un cadáver, en su Judas, en
sus Santas Justa y Rutina. Los retratos son siempre
originales, de una originalidad vibrante. Las aguas
fuertes son admirablES, Teófilo Gautier las definía
así: « Una noche profunda con pálidas siluetas y fantasmas extraños iluminados por un brusco rayo de
luz.&gt; Era un artista sin ley, un vagabundo de la calle, amigo del aguador y del tendero, camorrista de
encrucijadas, majo y aficionado á los toros. Su vida
fué una serie de ril'ias y aYenturas de la peor especie;
una noche se _le dejó por muerto en el barrio de Lavapiés.
·
Frecuentaba los palacios y los chirivitiles y pintaba toQO lo que tenía. á la vista, alguaciles, monjes,
contrabandistas, manolas y grandes damas de la Uorte: todo el siglo XVIII español. Fué un humorista
macabro; bay que recurer sus Caprichos y sur,Proverbios, des.file loco de tipos gesticulantes, manolas
enfurecidas, espectros, danzas macabras, escenas de
corridas de toros en las que era pintor y actor, pues
estudió de cerca las cogidas y las estocadas, las suertes de capa y los ágiles movimientos de los banderilleros.
La última palabra de su genio fué la serie de los
desastres de la guerra, ochenta estampas al agua
fuerte conocidas en el mundo entero y que fueron
inspiradas por la invasión francesa. Las escenas son
borribles: incendios, mujeres destripadas, fusilatas,
asesinatos y raptos; todo un museo del terror.
Talento áspero, violento, cruel, brutal y tortuoso
que pasa la vida inclinado ante el. sufrimiento para
AUTORETRATO DE GOYA,
eternizar los dolores y las ansiedades de los oprimidos. En el Garrote, última de la serie que se llama los
Prisioneros se ve un ajusticiado que reza á un lado
del instrumento de ejecución. El mal, la amargura altar antiguo con pilai,tras rematadas por cabezas de
de los desheredados, las contorsiones, las deformida- amores.
Más notable es aún la aventura que llevó á Goya á
des, todo lo horrible lo atrae poniendo en su obra el
morir en país extranjero. En 1814 tenía sesenta y
sello extravagante de su genio.
Hizo muchos ret,ratos de reyes y grandes seííores y ocho años y vivía en Madrid cuando se le solicitó paapenas hay en España familia un poco antigua que ra que hiciese el retrato del General Wellington. Desno tenga en su galería algún retrato de Gaya, El pués de la primera sesión el gran General quiso ver
Museo de Madrid conserva el de Carlos IV,. el de Ma- el esbozo y se quedó anonadado casi ante el revoltijo
pastoso de manchones que tenía la tela. Cogióse la
ría Luisa vestida de Coronel de Guardias y el de h
barba con las manos, miró las manchas, miró al arDuquesa de Alba con traje de maja.
La tumba de Goya en la Cartuja de Burdeos fué tista y se quedó perplejo pensando si aquello era una
poco visitada y las guías de la ciudad no mencionan burla. Tenía_á Gaya por un gran pintor y esperaba
á ese muerto ilustre. "Esa tumba es sin embargo no- efectos maravillosos desde el primer día, sin tener ¡!n
table aunque no sea más que por su aspeeto de cuenta la verba libre y desordenada del artista.

1

Domingc 9 de Julio 189 9
Aventuró una observación: ¿qué contenía aquel revoltijo?
No acababa todavía de formular su pregunta, y ya..
Goya estaba frenético; insultó al general y le dijo:
Zapatero, á tus zapatos. ¿Quién era él para. criticará.
un maestro? Gaya hubiera querido meterle á puiletazossusobservaciones; Wellington la toma con la altivez británica; Gaya gesticula, truena, maltrata al
cliente, y por último, coge una pistola, haciendo huír
al geueral. Sin esto, la bala de Goya hubiera suprimido á Waterloo.
Be le hizo comprender al pintor que, el asunto era..
delicado, y tomó el partido prudente de salir de España, estableciéndose en Burdeos. Ya era viejo y sordo, pero no abandonó el trabajo, y todavía se puede
admirar en Burdeos gran número de sus piedras litotrálicas.
Murió en esta ciudad, en la que hizo amistad muy
int:ma con un español, Martín Goicochea, quien le
dió alojamiento póstumo en su sepulcro. Cuando se
pretendió exhumar los restos del artü,ta, ya el ataúd
estaba hecho poi voy se habían confundido los huesos.
de los dos amigos.
Para saber cuáles eran los de Gaya, fué preciso entregarse á investigaciones muy minuciosas &amp;obre la..
estatura del pintor y de Goicocbea. Goya era un
hércules, un coloso, y se apartaron los huesos de mayores dimensiones, pero faltaba la cabeza. Como Gaya no murió decapitado, la falta de la cabeza no seexplica sino por alguna substracción clandestina, dela que es autor algún frenologista dema8iado entusiasta, que quiso conocer los secretos de aquel genio,
ó algún amigo que quiso conservar tan preciosa..
reliquia. Ello es que al cabo de tan largo destierro,
Goya vuelve, sin cabeza, á la patria en la que
duermen su mujer y sus hijos. Goya fué casado, y
aunque sn mujer no ha de haber vivido muy feliz con
el aventurero que desaparecía semanas enteras, tuvouna compensación, pues le dió su marido no sólo lonecesario para vivir, sino una compaflía numerosa. y
selecta, le dió 20 hijos. No fué padre ni pintor á me...
dias.
lL:-~C, t::::11
Falta ahora saber el monumento tunerario que le
erigirán en España. En Fraucia hay una fiebre de·
glorificaciones póstumab; todos los vivos algo ;nfluyentes quieren llevar á los muertos célebres al Panteón Esperemos que en Espafla sean menos imitativos y honren á su magno artista con originalida&lt;l
y gracia.

Dommg~ ll de Julio de 1s99

EL MUNDO

EL VARADERO NACIONAL EN GUAYMAS,

EL MOTOR,

VISTA EN CONJUNTO DE LA CUNA, TALLER, CASA DEL
MOTOR Y TERRAPLEN NUEVO,

EL VARADERO NACIONAL

Como se sabe, este establecimiento está dedicado á
carena de buques, y al obtenerlo nuest ro Gobierno
realizó _una econowía para
el Erario, pues antes nuestros buques tenían quepagar el precio de su carena, gasto excesivo que
ahora se economiza. .Además, los buques extranjeros que entran en carana
dejan buenas utilidades. '
Durante el tiempo que
lleva nuestro Gobierno de
estar en posesión del varadero, ha introducido o-randes mejoras en él, au"'mentando los talleres y el personal.
_Las vistas que hoy publicamos fueron remi tidas
al Sr. General Berri07ábal
~uien ha ordenado que s;
¡nserten en la Memoria de
la Secretaría de s'u cargo.

.EN GUA.Y.MAS.

Por acuerdo del sellar
Presidente de la República,
se celebró contrato entre el
Sr. General Felipe B. Berriozábal, Secretario de
Guerra y Marina, y D. Joaquín Redo, para que el
Varadero establecido en
G_uaymas pasara á ser propiedad de la Nación.
El contrato fué aprobado y firmado el 23 de Febrero del año de1898.
El Varadero fuévendido
con bu taller auxiliar sus
dependencias y todo; sus
accesorios existentes en el
Puerto de Guaymas.
La compra se hizo en
$106,000, sirviendo de base
para la entraga del v d.radero el inventario formado
por el Sr. Ingeniero Bartola Vergara.
VlST.A

¡i

21

J:?E PAJ'ARO DEL TALLER, MUELLES, CABRIA, NUEVO y TERRAP~EN.

1

l

.,

VISTA SUPERIOR DEL MUELLE DE LA CABRIA

1,

EN EL P A.RQ,UE.
ÜUADRO DE MLLE. MADELEINE ÜARPENTIEB,

VISTA DEL SITIO ~ONDE SE CON'STRUffiA EL DEPOSITO ::&gt;E CARBO:t:,.
.

�Domingo 9 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

3:1

-OUltIOSIDADES CIENTIFICAS.

exacta con las Unid.des métricas y con la división
del tiempo.
t
nomallas y llevar ácomPara subsanar todas es as a ntación del sistema mépleto Y feliz término/ª 1:t~e 1897 se reunió en Patrico decimal, ~n D}c :Cm r clonal para la decimalizarís la Convención .n rna írculo meridiano.
clón del dla Y rerorm! del c Ión se dividió el círculo
Como reaultado de ~ re¡fos ¡{¡últiplos y submúltlen 400 grados, apli~n o denominaciones adoptadas
plos del grado las m:~mdas métricas. Igualmente se
para las demás un a les construcción de un nuevo
abrió un concurso para a
modelo de reloj 6 cr~nó;:'t1{º l!~~;ª~eParís, obtuvo
La reputada cf:od~lo ·de ·contad~r del tiempo deel premio para e
b e de ToP,)ME1.'RO presentó.
cimal1 que con el n?mdj:nto grabado que rep1esenta
el ~i~~:~t:ed~rT~o~ómet;o, ~~~~~~loe~~~:::i~~
en 40 decágrados, en corre P0
•dtano Estos 40
división decimal 1el cí~cul~o~:r~inut~s, subtituidecágrados, que va en ca ª u. • d
·unto á las
rán á lab horas actuales1 equ.1 valb1en ~aena¡ctual solo
í
l
La aguJa oran
,
24 del d a so ar.
d día Los sucesores de los
dará, pues1 una vue1ta ca a
·
u ·a. actual de los
minutos, serán los decígrado•}~ªfe
decígrados
minutos dará una vuelta : 3~Pm~nutos. Por fin, el sepor cada decágra?o ó sea r el milígrado Y la instangundo será substituido po d á
milfgrados por
t 6 aguja de segundos, an ar 100
;;~a decfgrado, 100,000 por decágrado y 400,000 por

Domingo 9 de Julio de 1899.

su sonoridad¡ en cambio siendo
pierde la campana d rebajársele mucho de la talbastante grues~, pue e
asta un tono puede ba~eadura sin per¡ uddl'¡'~~~ Jmpana y solo puede suJarse la nota que

E México donde tan difícil es la poplarlzación 1e
tod nretorma' radical que, aun cuando solo .sea en a
ª
6 moleste á los. comerciantes en
apariencia, afecte
introducir el sistema decimal;
peq·1efio, se logró !:endléndolo á medias y usándolo
Y mu~~~~s !~~o~ uo 10 hayan rechazado aquellos,
del m 1 fln llegará. á arraigarse con firmeza,. cuando
pues a
ue regunten muy sériamente
yaánot ha{!l.=;:!ªba1 d¿México á Veracruz por _lecu n os :i vy,
m rar el azúcar por hlórrocarri~!~
deplorable frecuencia.
metros, 00 debe asombrarnos cuando es un hecho que
ni !!t;rancla, cuna,del ingeulosfstmo invento, se ba
llegado á implantarlo por completo.

AMOR SUPREMO.

do.na!actu~lmente está afinandc:nd~~ea~:s:ra:1ü:
ra repartirlas en los di versos fe fas curiosidades de
rrlo suizo que debe figurar en r
.
la próxima expo~icióa~ampanas se formará un conEntre estas oce
dos do dos mí be·
d' . bemol
cierto de Hiete notas: un la bemo1'
l
dos
la
bemol
octavas
del
primero,
os m
'
O
md 'a.o
ta •as del primero y un fa.
•
os ' o_c , 11
utaclón de los campanarios de
sirven para ejecutar
Es um ,ersa a rep 1
Nuestra Seflora de P~r11 "as 'l~~atas místicas de melanhermosas aunque senc1
cólico encanto.

f~~~:nsdu:a~ºco!

TORNO PARA AFINAR LAS CAlfPANAS.

En erecto, los

YJ:s~:;: t~~!~ ~Ji;\~~

franceses
0
bitantes de Europr, ~s~~i~mpo de dónde resulta, es•
ciedtíH.cos, un&amp; anomalía
decimales,
'A
pecialmentemenols
en os ~-&lt;leculos

que in!~dei~a~~~~f ;~r~f!!p0 , cuya unidades la hora~:dolece fe gra1!~t~dé~~~:~, ~~;;et1~~go~º:~
parada con as un
tódica entre la unidad Y sus
bay ni~gun~ ~~larÍl~~:~na el mes, el ailo, el lustro,
múlétip is: eel
y sus s~b-múltipl1Js; el minutü,
la d ca a Y
'
Estos últimos al menos van
el segundo y el terrro. te 60 veces respecto del indisminuyendo .re~u arm:: la progresión de los múltimediato supenor I pero
en caos· el día es 24 veces
plos el desorden ~s rayano ana ·168 veces y sólo 7
mayor que l~
s:mer~ial es 720 veces mamayor que e . a, e m ar ue el día y 4,2Smayor
yor que la un1da:~s~~ ca~ est¿s ejemplos para demosque
trar lalasemanba.
rnco eren cla de las dlvlsionea usualea del

sff!10·

drl.ªªf ~:s

tiempo. ás 1 círculo meridiano está dividido .en
Ademd
360
gra os,' del vtslón que también carece de relaCión

,.

dí';,odo esto que parece muy difícil Y complicado por
falta de costumbre, es senclllísi-mo y todos ~o
derán cuando los relojeb ahora en uso ay

°°a_~P~f~~

us:~~

rei'.~ti:~~~:i';j:~~~~e~:"f~ Marina Franceaa,
quienes por disposición de~t~~!:~~~' ~~s : : :0

•

?is
~~t:tn~~~:t;a~e!~calcul9:dores clentíHcosi P~~
ahorran mucho tiempo trabaJ0 en suq, opera.e on .
1

Y

Ya verán las lectoras cuan satlstecbas quedará.nial
e comienza un baile y se es
pr_egun¿a~
1~os
decágrados, 48 decfgra~ei,pon ,~· Las once d~ la noche comunes y corrientes,
s~I~~ .ligerísimo error de 8 6 9 segundos. No puede
ser más claro ¿ verdad lectores?

,1,~:ii:1::

CORTE VERTICAL DE UNA CAMPANA.

37

•
••
ecomeudamos á Jos aficionados á la Horlcultura
R eta , el modelo de tiesto querepresentanueatro
enmac

con:

•••
Cuando los periódicos j~cobiaos de
MéxiJo, arden en santa indignación
por las demasias de celo de algún sacrlstá.n que repica las campanas de su
iglesia inmoderadament e, les concedemos plena razón, no tanto por la polftlca sino por la estética del asunto.
En' efecto, de los campanarios de
México desaparecieron ya luengos a~os
hace, las campanassonoras y armon.10samente acordadas entre sí, para deJar
lugar á molestos y ordinarios cencerros.
En Europa, lo mismo en los países
católicos y ,monárquicos, que en los
protestantes y republicanos, aun se
conservan en los campanarios las antiguas campanas, pero la razón es plausible: cada campana es un Instrumento musical perrectameµte afinado y
sada campanario una pequeña orquesta habiendo ciudadea en las que están
ac~rdada.s las campanas de varias iglesias para formar entre todas una orquesta.
.
Es completamente imposible conseguir que una campana dé una nota
precisa y determinada de antemanü,
pues al fundirla cambia de túno, Y
mientras mayor es, la dificultad es
más grande.
En las fundiciones europeas bay eapecialistas que entonan las campanas
en el torno con rara habilidad' Y para esto tienen sus
to
reglas perlectamente científicas.
Para entonar la campana se recorta en e1 rn 0 '
como se ve en el grabado adjunto; pero el lugar donde se debe adelgazar es problemático. El corte en
sección vertical de una campana, muei,tra
pr3r~
en ue di vi den las paredes los afinadores.
on '.l
lo 1Íaman cerebro; la parte comprendida entre e~ ce_1-e•
bro y la mitad de la altura, la llaman vaso superior;/ª
línea media, la ilamacfalseadura; de la lfnea me ta
al arranque de la curva que forma el borde, garganta:
y al reborde extremo, pata.
Cuando se quiere bajar el tono de una camp~na fe
resenta al buril la parte media 6 falseadu:a e a
~m ana. Esta gime perceptiblemente ba¡and~ de
ton!mientras se le va cortando metal. El oído eJercítado del afinador e, el que conoce cuándo debe sus·d be
pender la operaci ln.
Para subir el tono, la pata ó reborde es el que e
'recortarse y la manera de conocer la nota que da es
la misma.
_
Es más fácil bajar el tono de las campanas que su
birlo porque cuando se recorta demasiado la pata,

23

birse med~o cro:~·ue damos son de la Instalación que
M L; f:u: afinador esp,,clalista. tiene en Parla,

\oo

CUADRANTE DEL TROPOMETRO.

EL MUNDO.

gr~~~-te Ja ventí1ación y drenaje de la tierra,
na reserva de agua en e] rondo para ~as conttn
serv~~ de sequedad · tiene una base para fiJar firmen0
6
p~!~!~~~r;,s p~~rtitf~t~~~ cub1:~:~
1
q~~ :n estorbar la ventilación, sirve para becbar poi•
d
ue impidan el paso á las orm 1gas,
~oº!gr\~~~: c~~icoles y demás gente facinerosa que
destruye los afanes de los floricultores.

!=~~• ;:::~~:nf:.

•

1:_

TIESTO MODELO.

Esta maceta modelo tiene otra ventaja muy lm,
por .. ante Por la forma reentrante de la protuberancia ~llfndrica que hay en el londo de ella, la tierra
no está en contacto inmediato con el su~lo, plato,
banco 6 lo que sirva de soporte á la w•ce~j 16 de
Esto es de gran interés, porque la vent ac n
las raíces es perfecta lo mismo que el escurrimlen:
del exceso de agua, pero no de toda, pues una par
queda en reserva detenida en el fondo de la maceta.
Además las lombric,s ó gu~os de tierra se Introducen e~ las macetas comunes por el fondo Y en
éstas no pueden hacerlo gracias á su !orma especial.

-

La humanidad, que á través de las edades ha suen los ojos de aquellos elegidos de la Inconstante nli"ia «nacida con el mal del cielo&gt; según la expresión
frido el encanto del misterjoso Amor, palpita á su so- Fortuna.
lo nornbre sagrado.
de su paf s. El voto de «permanecer seílorita .. que se
En los salones contiguos dasfilaban grupos diplo- sabría.
Siempre divinizó su inmutable esencia, transpaera su secreto, se leía en sus ojos que brillaban
rentada bajo el velo de ]a vida; porque las esperan- máticos, condecorados algunos con un camafeo de con los resplandores de las l'ioletas después de una
zas engailadas 6 no satlsrecbas que dejan en el cora. púrpura. Las extranjeras marcbaban atentas, con el tempestad. Como nlí'ia buena que e:a, se complacía
zón humano las fugitivas ilusioues del amor terres- abanico ea. los labios, del brazo de los cancilleres; al contrario en el aJt.,la.miento dunde se marchit,aba
tre, le hacen preseutfr siempre que nadie puede po- todas las miradas tenían el frío de la piedra. Pa- su radiosa primavera¡ cNca de un \'lejo, cuyas últiseer su real-iaeal sino en la luz creadora de donde recía de buen tono un dejo de fastidio en todas las mas melancolf;is mitigaba. Y rnlu11tarJa1oente se
frente8. En resumee, la Hesta me parecla un baile de acostumbró á vivir así, educando á su I.Jermana meemana.
Por esto muchos amantes-de los predestinados- fantasmas, y me imaginaba que de un momento á nor, consagrándose bnmilde rnente al ca-.Lillo,á los fnhan sabido aquí abajo, desoyendo sus sentidos mor- otra, el invisible manipulador de estas sombras má- geuteR, y á las religie,Sai de 8US cercan fas, desdeñosa de
tales, sacrHlcar los besos, renunciará los abrazos, y, gicas, iba á gritar fantásticamente en los bastidores, otro porvenir.
los ojos perdidos en un lejano éxtasis nt.:pclal, pro. el sacramental: desapareced.
Di.spensadora ya en aquella existencia de obras
Con la indolencia de hastío que fmpnnelaPtiqueta, benditas,
vectar, juntos, la dualidad misrua de su ser en las
hacia. además llt11usnas, trabajos y cánLicos
infsttcas flamas del cielo. A estos corazones elegidos, atravesé aquelJa pieza, y llegué á un salonr:lto casi
desierto,
cuy".&gt;s
concurrentes
veía
apenas.
El
hueco
empapados de té, la Muerte no inspira más que latidos de eHperaoza¡ en ellos una especie de Amor-fénix de un gran balcón abierto invitaba á mi deseo de soha consumido el polvo de sus alas para no renacer ledad: tuí á acodarme en él. Y allí, dejé vagar afuera
más que inmortal: no han aceptado de Ja tierra si- miz:, miradas, sobre todo aquel pedazo del Parfs nocturno, que &amp;el Arco de la Estrella á Nuestra Seno.
no el esfuerzo necesari,, para desprenderse de ella. rase
extendía á mi vista.
Si pues es cierto que semejante amor no puede ser
expreBado más que por Ja prueba, y puesto que su confesión, su análisis ó su ejemplo no podrían ser más
que auxiliares saludables, ¿no debe el que escribe
estas líneas por estar dotado de ese sentimiento su .
¡Ah! la deslumbrante noche. Por todas partes miperlor, no debe una fraternal confidencia á todos los
radas de luces fijas ó movedizas poblaban el espacio.
que llevan en el alma un destierro~
Más allá de los muelles y de los puentes surcados de
Y nG pudiendo, en verdad, apartarla de mi conciencia, he aquí, en toda su sencillez, por qué eslabo- resplandorea, los pesados to!lajea de las Tullerías, en.
nes de clrcunHtancias y fútiles azares mnndanos, tu- frente de la ventana, se estremecían brillando con
verdes claridades, al soplo del viento del Sur. En el
ve esta a ventura sublime.
Gracia.a á la perfecta cortesía del señor Duque de cielo ardían mil fuel(os en el negro azul de la extenMarmler me encontré, aquella hermosanocbe de pri- sión. A bajo tero blaban los astrales reflejos en el agua
mavera del af\o de 1868, en la fiesta dada en el pala- sombrlc:1., y el Sena SP. deslizaba bajo sus arcos con lentitudes de lagum•. Las mariposas de gas, á través
cio de Relaciones Exteriores.
El duque estaba llgado á la casa del Marqués de de las claras hojas de los arbustos parecían flores de
Moustiers, entonces diplomático. Pues bien, la ante- oro. Ea la inmensidad, crecía ó se atenuaba como un
víspera, estando á la mesa de unos de nuestros ami- rumor, la respiración de la. extraila capital, y aquel
gos, había mdnifestado deseos de admirar, una oleaje se mezclaba á aquella iluminación.
Y compases de vals y nutas de vio!Jnes volaban en
vez, la sociedad Imperial, y el Duque deMarmjer· había llevado su urbanidad basta el punto de pasar á la noche.
Al brusco recuerdo del rey en el destierro, vJniemi casa, Calle Real, y conducirme áaque!Jafiesta donron á mi memoria pensamientos de duelo, la triste-de entramos á las diez y media.
Después de las presentacionea de estilo, abandoné za de vivir, y el sentimiento de f'Star, yo también,
como desterrado en esta fiesta. Y cuando ya mi esá mi amable introductor y me orienté.
El aspecto del baile era deslumbrante: los cristales píritu se perdía en este ensueilo, un súbito y deliciode las pesadd8 aranas radiaban sobre las fr~ntes y las so efluvio de 111~ blancas que percibí muy cerca de
sonrisas oficiales¡ los tocados fastu08osdespedían perfu- mí, me hicieron volver hacia la femenina presencia
mes; palpitaba nieve-viva al borde de los corsés, espe- que sin duda ocultaban.
jeaba el satfn de las espaldas, mojado con resplandoA mi derecba, en el alféizar, apoyaba una mures de diamantes.
jer su codo enguantado en las colgaduras de terciodonde la virginidad de su ser, á través del puro InEn el salón principal, donde se bailaban cuadrillas, pelo granate plel(ado sobre la balaustrada.
casacas negras, rematadas por cabezas célebres, dejaEn verdad, su solo aspecto, la impresión que ema- cienso de sus pensamientos, ardía. como un1. lámpara
ban ver, bajo un adorno1 el brilll) de una placa de ra- naba de toda su persona. me turbaron hasta el pun- de oro arde en un santuario .
Pues bien, no habiéndonos vuelto á ver desde las
yos de oro nuevo. Senorltas vestidas de muselina, to de hacerme olvidar todas laR deslumbrantes vlsioceñidas de hermosos cinturones, esperaban sentadas, nea del derredor. ¿Dónde habla yo visto aquel ros- horas de aquellos vagos encuentros en aquel castillo
bretón, he aquí que la encontraba súbitamente en
con la etiqueta en la extremidad de los guantes, el tro? .....
momento de una contradanza. Aquí pasaban agrega¡Ob! ;.cómo podía ser que una fisonomía de encan- París, frente á mí, en aquel balcón nocturno, y que
dc.s de Embajada con el pecbo sembrado de condecora- to tan superior, que respiraba una dignidad decora- me extrafió su aparicJón en aquel sitio.
Sí, era ella, y entonces como antes la dulzura de
clones1 deslumbrantes de pedrerías; allá oficiales ge. zón tan casta, cómo era posible que aquella Beatrjz
de miradas impregnadas solamente de mística espe- los seres que van á hacer ángeles, caracterizaba s·1
ranza-la esperanza era legible en eJla-se encom,ra- pensativa belleza. Dellfa tener de veintitresá veinticuatro ano~. Una palidez extraordinaria, que inunse contundida en aquella mundana fiesta?
En lo más profundo de mi sorpresa, me pareció sú- daba el óvalo exquisito del rostro, se unía, iluminada
bitamentf' reconocerla; sí, en torno de ella, flotaban por dos radiantes ojos azules, á sus negros bandeaux
recuerdos antiguos ya, semejantes á un adiós. Y con- lustroso adornados de lilas blancos que exhalaban su
fusamente, á lo lejos, volvía á ver las noches de un perfume antes de morir.
8u ~vestido, de una distinción misteriosa1 y que por
Otono, pasadas juntas, en otro tiempo, en un viejo
castillo de Bretafia, donde la hermosa viuda de Loe- este mismo motivo le sentaba perfectamente, era de
maria reunía en ciertos aniversarios á algunos ami- seda laminada, de color negro apagado, salpicado de
gos ta.miliares.
finas semtlias de azabache que una clara gasa violeta
Poco á poco volvieron á mis labios las sílabas pali- velaba con su sinuosa banda.
Una frágil guirnalda de lilas blancas, ondulaba sodecidas por la bruma de los afias de un now bre olvidado.
bre su esbelto corpiilo, desde laclnturahasta los hombros y el aliento de su ser avivaba los delica~os per-La seilorita de Aube11eyne, me ai;e.
En el tiempo que recuerdo, Lyslane de Aubelley- fumes de este adorno. Su mano, pendlentesobre su
ne era todavía nilla: yo era apenas un taciturno ado- vestido tenía un abanico blanc0 cerrado, y deuo dellescente, y bajo las seculares calzadas de Locmaria, gado hilo de oro que bacfa de collar, colgaba una
de Yuelta de los paseos, nuestra común burafiez nos pequena cruz de p~rlas.
Y, como antes, sentía que la transparencia de su
había arreglado varias veces: encuentros casuales á
la hora en que se levantaban las estrellas. Y (lo recor. alma era lo único que me seducía en aquella mujer,
daba) la gravedad de nuestras conversaciones tan y que todo pensamhmto pasional, á su vista, me serara en aquella edad, la espiritualidad de sus asuntos ría mil veces menos atrayentes que i.a sencilla y frapreferidos, nos habían revelado á ambos mil afinida- ternal comunión de su tristeza y de su fe.
La contemplé algunos instanteR con una admirades de alma¡ tantas, que hubo rrecuent.Pmente entre
ción ingenua, como asJmbrado de su presencia. en
nosotros largos silencios, extramortales tal vez.
En aquella épuca Lacía ya dos afios que había muer- aquel medio que no era el suyo. Ella pareció comto su madre. El lJarón de Aubelleyne, pasado este prenderlo, y también reconocerme, por una sonrisa
gran duelo babia enviado su dimisión de comandan- nena de clemencia y de candor. En erecto, los seres
te de navío r~tirándose t ristemente con sus dos bi- que se sienten dlgnos de Inspirar la nobleza. de semejas
á su dominio patrimonial, y sólo en muy conta- jante sentimiento, lo aceptan con una delicadeza Innerales, con cor\Jatas de moaré rojo y cruces en aspa
das ocasiones se presentaba en 1a8 tertulias de los finita. Su augusta humildad lo acoge como un simde comendador, cumplimentaban en voz baja á las alrededores.
ple tributo, muy natural, cuyo honor pertenece 4
aristocráticas bellezas de la corte. Se leía el t1iunto
Semejante reclusión no debió afligir en nada á una Dios.

�24
Di un aso para acercarme á e1la.

ble, donde no somos más que apariencias, y del que

- · No )ia, ohidado la st-.florita de Au~lleyne, des-

m~vo!sta:e;~r=~:ae:, :-rr~ ~e:t~~mP.añe1a de aislatento con una especie de lnqu~eta tiJeza.
tró en el castillo de Locmarla?
m -Ciertamente, respondí, al escucharos, reconozco
-En efecto, 00 lo be olvidado, seilor.
_
d 1 ·na de otro tlemp'J. Pero lo que me
Entonces erais una niíla, más sofiadora que tris
te ~ás triste que alegre, cuya sonrisa .ªº 1 era más
~e un relámpauo; y sin embargo, baJO a&amp; pur~s
q
clas a: vuestras miradas de nifto, ¿osana
que bal&gt;fa yo casi arlivlnado á la mujer fu- f:a vi:,~e::, os dan derecho á todos los placeres del
.
ytura, toda llena de melancolía que se me aparece mundo!
·Oh! respondió, con una voz que me pareció ~l
abora1
-~r de una ruente solitaria escondida en una se •
-Aunque enve~eclda, me complace que no me
rum t\l es t:.l goce en el mundo que no se agota,
ncontréis cambiada.
a or sí mismo en su propia saciedad~
e T bién viendoos mezclada en esta fiesta, tengo va, ¿cu
1- :e!tirnl~oto de que estáis ausen~ede ella, Yque que uo se ::~o~r los beneficios de la vida no &lt;¡uee pre ara vos más extranjero que s1 nunca me hu- ;.acasoo:~r sus disgustos? ;.qué son esos placeres que
rer pr
izan sinv mezclados de un esencial rem~ryo
solys p.
bleF.e
vis to. Verdaderamente •·se podría decir que
s~e~:\ y ·qué TOayor felicidad que vivir su ex1s.
ara
• habéis sufr;do la vida?
:cia ~n u~a alma fuerte, pura, invulnerable, y
Y Dejó de parecer dls1 raida, me miró, como P
darse cuenta del alcance que quería dar A mis pa1a- :aberse substraído á. las influencias de. tod: mortal
concupiscencia para no renunciará su ideal.
b"'aS v me respondió:
,
d
1
. -No seño r, al menos como se podna enten ero.
- Es fácil creerbe fuerte rehuyendo la prueba del
'una. desenaanada, y si no be reclamado, si no combate.
f~e~yningó.n go~e de la. vida, comprendo q~e ot;os
-No soy más que una criatura hecha de carne y
~eden encontrarla bella. Estl\ noche, por eJemp o, de d¡bilidades que no hace otra cosa que pecar, ¿pap
dmlrable noche' y aq.:.f ¡cuán suaves ra qué que rer otras luchas que aquellas de las que
~Jsf~,na~ace un moment0, en el salón de baile,. ':í estamos seguros de salir vlctorio..i;:,os?
á dos no.vios : se tenían de la mano, páltJos de rrhc1-

puésGdc tantos ano..;, al pasajero pensat1 vo que encon-

t:~:~~{:s°

Domingo 9 de J ullo de 1899

EL MUNDO.

:~:t~\~trl:;:ri:i1•~lt~dn~::1;1:; r;~~~1~

~!tr:~

Resplandecía como un lirilo ~;~ªfe~~~~!~~
Hadas, que parechto el md~fc~
la de los elegidos,
,
persona, y con uoa voz
me respou~ió: í ? No No podrían tener derecho
-¿DUenr, d~c s . d·el cielo aquellas que pudiemás que una im;o1~~austos de' modo que no arrecie-

~f

"cow~

1

~:~ r~i~t~~\ue las hdec~~ dr: h~~:e~p~d~ l~nC:n!i

de su alma. El po~er e creedwe sólo en el esruer•
esplendor de su para so, y, a des re'oderse de los la•
za soberano que s~ hac~ pa; culJd sobrehumana de
zos rotos, se adqute~ a. ;or qué entonces "acilart
aspirará la Eterna uz:g'ue tan cerca al de haber siEl momento de no ser s1
no se afirma más que en
do, que la vida, en vergad, Cómo llamar así sacrificio
la concepción de su na a. ¿
buen emal abandodno terrteslfitcare/ep~iu:ll!o~~r:u:~r~a inmortapleo pue e san

Domln¡,o 9 de .Juiio rle l ~PP .

EL MUNDO.

Cuando la señorita de Aubelleyne desapareció del
salón, emocionado aún por aquel encuentro y aquella
conversación, quise disipar mi impresión mezclándome á la brillante fluctuación de aquella multitud.
Pero inmediatamente sentí que babia ca(do una
sombra sobre todas las luceh, y que no quedaba en
aquel momento de aquella fiesta más que salas desiertas, donde se deslizab~n como sombras, criados lí•
vidos bajo arañas extinguidas.

2a

lldr~:í la Inspirada sombra ~e _volvió b:~lato~:lóe1
del baile que se entreveía. ªº~·b:: 1:ªbalaustrada Y
purpúreo te rciopelo plegado
lldad sobre la corona.

~~! i::Josfr:re:l~~~~fº~;:6~:uñido,

realzado, que

brill~~!'g' :;;;~~uó· ciertamente son bellas y sed_?C·
, •
e iran bJjo esas arauas
1'
tora~1~!~º;~:sjg!e i!s\~as ~rentes y frescos esos laSin e~bargo, que pase el soplo de una circuns-

~~i:.

A la mafia.na de} día siguiente, salí J;'D'Ucbo antes
de Ja hora :ndlcada. La mañana s11lpicada de oro, era
fría, con ese frío primaveral que hace temblará los
rll88les rejuvenecidos; Abril reía en los aires invitan.
do á vivir aún, y, en los boulevares1 los •árboles, Jos
escaparates es poi vareados de escarcha. como de un
musgo de diamantes, cintilaban en un vapor irisado.
Con el espíritu lleno de una iudefinible esperanza,
torué el primer carruaje que ví.
T res cuar tos de hora despué1:, me encontrnba. en el
at rio de un viejo priorato Nuestra Sen.ora de los
Campos, subi por la gradería de la capilla y entré.
El órgano acompañaba con vuces tan puras que
su ii acentos no parecían ser de la. tierra. Un hemiciclo, de enrejado impenetrable, formaba las paredes
anteriorfs del s~ntuatrlo. Allí cantaban, invisibles,
las conti nuadoras de Teresa de Avila. Cantaban el
oficio de difuntos; un sacerdote reve&amp;tldo de Ja estola negra, decía la misa de muertos. En frt&gt;nte del alta r, se elevaba en medio de ~as espiralefi del incjenso,
una capilla ardiente.
Sin duda se celebraba el servicio de una religiosa
de la comunidad, porque cabria un pafio blanco la
urna colocada sobre las baldosas, y cafa basta el suelo fo rmando pUegues, donde se estrellaba é través de
los vitrales color de ópalo, la luz del sol.

Los mil resplandores de los cirios, de Ha.mas que
parecían lágrima~, iluminaban las otras Jágrimas de
oro del pafio funerario y aquellos fuegos parecían decir muy tristemente á la claridad del día: tú también te extinguirás.
En la nave, la concurrencia de Ja niejor sociedad,
oraba, recogida; el lujo y el aspecto de los vestidos,
el perfume de las pieles y el brillo de los terciopelos
azules y negros daban á estos funerales una especie
de Impresión nupcial.
Busqué con la mirada, entre la multitud á la seííorita de Aubelleyne. No viéndola, a.vaneé, preocupa•
do, por entre la doble fila de sillas hasta el pilar lateral á la Izquierda del ábside.
Acababa de sonar el ofertorio. La reja claustral se
había entreabierto; la abadesa, apoyada sobre una
cruz blanca, se mantenía de pié, en el umbral, con
una deslumbrante cruz de plata sobre el pt·cbo. L38
hermanas de la Observación ordinaria, vestidas de
blanco, rnn velos negros y descalzas, avanzaron y descubrieron la urna, cuyas cuatrü tablas aparecieron vaclas y desnudas.
Antes que me diera cuenta de lo que significaba
aquello, el toque de agonía-esa negación de la
Hora-comenzó á sonar, y el viejo oficiante, volviéndose hacia los fieles, pronunció la pregunta sagrada,
¿no bay una. víctima que se quiera unir al Dios cuyo
sacrlticlo iba á ofrecer?
A estas ".lalabras, se escuchó un extremecimiento
en la concu·rrencla. y todas las miradas se fijaron en
una penitente vestida de blanco y cubierta con un
velo. La ví dejar su lugar y avanzar en medio de un
rumor de tristeza, de lágrimas y de adioses. Sin levantar los ojos se aproximó al earejado, lo .empujó
suavemente, entró en el coro, se despojó de su velo,
se arrodilló tranquilamente en medio de los cirios
que formaban en torno dP. su augusto rostro un círculo rle estrellas, y poniendo su mano virginal sobre
el ataúd, respondió: aquí estoy yo.

Ent1Jnces comprendí. Aquella era la cita sombría
que me había dado esa virgen. Recordé, enmediu
ce un relámpago, el terrible ceremonial de la. toma
de velo en Jas CarmeUtas de la Observancia ese.re•
cha. Los símbolos de aquel ritual se: sucedían seme•
jimtes á llamamientos precipitados de la piedra nepulcral.
Y he aquí que en medio del má.s protundosile'nclo oí
súbitamente levantarse su dulce voz cantando la. fórmula de los ,·otos de su consagración.
¡Ah! no puedo definir aquí el misterioso secreto
que entonces hlzt.. desfallecerá mi alma.
Luego, habiéndola revestido una de sus nueva.i;:,
compaileras, lentamente, del sudario y del velo, y
después descalzada para siempre, recibió de la abadesa las siniestas tijeras bajo las cuales iba á caer la
cabellera de la pálida bienaventurada.
En a.quel momento, M.si-1.na de Aubelleyne se vc1lvió hacia la concurrencia. Y sus ojos, al encontruse
con los mios, se detuvieron mucho tiempo, tanqullos,
fijos, con una solemnidad tan grM·e, que mi alma
acogió la conmoción de su •mira.da como una cita
eterna. prometida por aquella alma de luz.
Cerré los párpados, reteniendo 1.,;na légrima que hu biera sido sacrllega.
Cuando recobré la conciencia de las cosas, la lgle.
sia est.aba deslerLa, declinaba el día, el cortinaje
claustral estaba pasado tras las rejas_. La vlsióu había. desaparecido.
Pero el adiós sublime de aquella sepultada, babía
consumido para siempre et org-ullo carnal de mis pensamientos. Y desde entonceq, idealizada por el recuerdo de aquella Bea.triz, siento •siempre en el fon.
do de mi&amp; pupilas su mística mirada, semejante
sin duda á la que empapada del destierro de aquí
abajo, llenó para siempre del amor nostálgicodel cielo, los ojos de Dant,e Allghieri.
CONDE VILLIBRS DE L'lSLE ADAM.

OJOS TRISTES .

dad· se casarán ¡Ah! ¡Qué goce el de ser madre! y
vi vt'r amada, a~rulla.ndo un tierno niño de sonrisa
como la luz ... •
.
Exhaló un suspiro y la ví cerrar los OJOS.
.
-¡Oh! me hace mal el perfu.ne de estas lilas, dl¡o.
y calló, emocionada.
.
A punto estaba de preguntarle qué vaga tristeza
ocultaba aquella emoción, cuando, como un informe
á. · 3 ro hecho de viento, de ecos sonoros ,Y ~e tlnieb1is el toque de media noche, elevándose sub1tamente
de 'Nuestra-Seilora, cayó pesadamente á través ~el
espacio, y, de iglesia en Iglesia., tocando las ~ieJas
torres con sus alas ciegas, se hundió en el abismo,
vibró, y desapareció después.

11

Aunque la hora ya no sonaba, Ja seflorita d_e Aubelleyne, acodada y atenta, parecía escuchar aun no
sé qué sonidos perdidos en lontananza, y que, pa~a
ella, continuaban sin du~a ague~ toque de _media
noche: porque parecía segmr con ligeros movimientos de cabeza un eco que ya no oía.
-Se diría. que vuestros pensamientos acompaf'ian
hasta lo más lejano de la sombra, esa hora que se va.
-¡Abl murmuró, mezclando los rulgc,res _de sus
ojos al res¡fland•)r de las estrellas, hoy es mi ultimo
tlía. d~ prueba, y est.a hora que huye no es para mí
más que un ruido de cadenas que se rompen, llevando lejos de aquí á mi alma libertada! no solam?~te lejos de esta fiesta, sino tuera de este mundo ,·1s1 -

-Entonces, le pregunté con cari'ñ~so asombro,
. r ué tabéis venido aquí estia noche.
"~n'! inefablesomtsa, hecha de desdén terrestre Y
de éxtasis sagrado, Iluminó la palidez de su semblante.
.
t .
-Debí sufrir en mi docilidad, la antigua cos uro
bre del Carmelo que prescribe á la humilde prometida de la. Crut}arrootar las tentaciones del mundo antes de pronunciar sus vot,os. Estoy aquí por obediencia.

En aquel momento llegaron á nosotros más distintas Jr.s harmoniosas me1odíPs del ba1le¡ se acababa de levantar una tapicería dejando. entre.ver una.
gloria de mujeres sonrientes en el baile, baJo la ~uz.
Viendo á. aquella cuyo austero pensamiento domrnaba así á aquellas visiones le respondí con voz temblorosa por la emoción:
-En verdad, señorita, me siento muy entrlstecl_do
por el rigor de vuestra renuncia. ¿Por qué esta pnsa
de sacrificio? Aunque la vida careciera de goces, no
la hacen grata los que se pueden dispensar? Es_ bello
00 temer los sufrimientos, engañar las ilus1ones,
aceptar las tareas que otros sufr~n por nosotros,
amar, palpitar, sufrir y saber: enve1ecer en fin. Eo:
tonces, nü teniendo ya ningún de~er _:¡ue cumplir, s1
vuestra alma, cansada de los sufr1m1entos bu~anos
aspira al reposo, comprendería vuestra renuncia del
mundo, que me parece ahora, lo confieso, una especie de deserción.

tanela funesta sobre estas antorchas y broscamente
las extinguirá. Todas estas irradiaclone&amp; que se desvanecen en la sombra cesarán, en un momeo~, deencantar nuestros ojos. Ahora, si_no mailana m/smor
un día cercano sin remisión, el "Viento de 1a Noche,
que ya noi:, be~a, perpetuará este desvane~imiento.
Entonces •qu6 impo1tan esas formas pasa.Jeras queno tienen ~ás de real que su ilusión? ¿Para ~,)ue vivir bajo una claridad que se ha de extinguir. Para.
mf vivir asi es lo que seria desertar. Mi primer debe; es seguir }a voz que me llama. Y no quiero en
lo de adelante bañar mis ojos más que en esta h~z in•
terior, con que el humilde Dios sacrificado se digne,
por su gracia, besar mi alma. A él e~ á quien meapresuro á. darme en toda. la Hor de m1 beHeza perecedera. y mi única tristeza es no tener más que sacrificarle.
Penetrando, á pesar mfo, por el fervor de su éxtasis, permanecí silencioso, no queriendo turba~ con
una palabra el secreto infinito de su recoglmtentoF
Poco á poco, sin embargo, su rostro recobró ~u tranquilidad; se volvió casi sonriente hacia el vieJtt almi·
rante de L. M. que se ace rcaba: le tendió la mano Y
se inclinó como para irse.
-;.Partís ya? murmuré ¿no os volveré á ver?
- No, señor, dijo dulcemente.
-¿Ni una última vez?
Pareció reflexionar un segundo y respondió.
-Ona última. vez .... Sea.
-,Cuándo?
- -,Mañana, á mediodía, si vais á la capilla del Carmelo.

La conocí por casualidad una tarde de Otcllo.
De antesala en casa de un notable jurisconsulto,
distraía mi fastidio contemplando las pinturas de au tores ramosos, objeto el que más llamó mi atención,
de los muchos y elegantes que Uena.ban la pieza.
E n el piano de una casa vecina, resonaron las me.
lancóllcas notas de la marcha t,\nebre de Gounod; mil
recuer1os sombríos invadieron mi mente y para disiparlos, escapáronse mis miradas por un balcón abier.
to. A lo lejos se dlstioguía otro, donde trataba de
ocultar la d~nudez de sus toscos hierros 1 una llnda
enredadera de vincapervinca. Preso en humilde jaula de carrizo, un gorrión cantaba alegremente, irguiencfo su cabecita para distinguir mejor por las reo.
dljas de su cautiverio, á las flores azules, que le ha.
blan de cielo y de libertad.
Dentro, adivlnábase una soberbia cabetera obscura, contrastando con la blanca muselina de un traje
de mujer. La insisteLcia de mi vista, la hizo levantar la cabeza del bastidor en que trabajaba y pude
entonces apreciar una de esas fisonomías que, sin ser
precisamente bellas, poseen una simpa tia irresistible
que las graba Indeleblemente en el alma. Despojó
aus sienes de los bucles que las cubrían; cortó una
flor azul y al llevarla con pasión hasta sus labios, sorprendí en sus ojos una mirada de tristeza.
El gorrUo cedó de cantar y yo, con pena, tuve que
pasar al salón.
Transcur rieron algunos meses y felizmente se repitió nü t urno de antesala, en casa del ilustrado legista.

Esa vez no me deti;ve á examinar los interesantes
paisajes ni el poético rostro de Elena, la pobre tísica
que pasa las horas frente á una mata donde un lirio
coa quien ha comparado su existencia, empieza ya
á. marchitarse. Precioso lienzo de la niña pálida, que
mue re, cuando la flor cae, exánime y seca, desprendida de su tallo.
Esa tarde me coloqué muy cerca del balcón abierto, para ver R.quel cuadro animado, en que figuraban
la enredadera verde, el gorrión preso y la joven de
ní veo t raje y cabellera obscura.
Todo est:1.ba como antes. Sólo ella, en vez de coser, contemplaba el cielo con mirada triste.
La hora del crepúsculo, esa hora hecba de lluslo•'
nes y recuerdos, vistió el balcón de luz y claridad.
Una exhalación cruzó el firmamento, ella la siguió
con los ojos hasta verJa desaparecer y creí escuchar
que decia: cEs su alma que viene á la cita de amor.&gt;
Durante mi entrevista con el abogado, tuve lasa•
t lstacctón de 8.:l-ludar á su esposa, y no pudiendo dominar mi cariosidad, pregunté, del modo más correcto que me tué posible, por la bella desconocida.

-Ab ! Clara! ... me dijo, es una muchacha trabajadora y bueaa que vive, resignada y &amp;ola, en espera dP.su
futuro, un oficial de Marina, que vendrá ácasarsecon
ella cuando concluya un largo viaje de exploración, á
que lo ha enviado el gobierno.
Eatonces comprendí todo y pensé mucbo en el balcón lejano. Las flores, azules, como la Inmensidad,
como el mar que él cruzaba¡ el gorrión de plumas
amari11as en eJ pecho, amarillas, como los galones
del uniforme; la vaporosa muselina del vestido, siempre del mismo color, cumpliendo acaso una súplica del
ausel"Jte y ld contemplación extátlca de una estrella,
en donde buscaría miradas de amor, miradas de muy
lejos, tomaron posesión de mi alma, y cuando dirigí
por última vez los ojos á donde Clara continuaba aún

viendo el cielo, recordando su h istoria y la luz r:ñ~Ian
cólica de sus pupilas, recité una y muchas veces, a.que
llos v~rsos de Orbina:
&lt;Oh! tu mirada de pasión quién sabe
Qué misterios oculta! ardiente y viva
Un tinte de dolor pone en tu grave
Cabeza de Minerva pensativa!
Oh! tu mirada de pasión! tu triste
Mirada de mujer que ama. y espera
Y que el Otoílo de la té resiste
Como la última Hor de Primavera .... &gt;
ESCONDIDA.

LEJANIAS.
[ C el

ú l tlm o

l l br-o

d e

Fr-a n clee o

LAS RFJAS.

A .

lcaza.J

PSIQUIS Y AMOR.

Es un poeta el viento, tiene en las rejas
La más extensa gama de las canciones;
La serle indefinida de vibraciones
Que va desde las risas basta las quejas.
Si azota la ventana del alto fuerte,
Como sangrienta mano firme se agarra,
Y cual bordón de bronce trnena la. barra
Con épicas estrofas de gloria y muerte;
Si mece las guirnaldas de enredadera
Que en la rústica reja buscan auxilio
Para escalar el muro, canta un idilio
Impregnado de arom1s de primavera.
Al rozar los dibujos de ferrería
De gótica ventana gala y afiance,
Renueva las historias de algún romance
De las gestas de antigua caballerfa;
La mata de claveles tnquiet,o sopla
Eo la reja aadaluza, la flor bermeja
Con sus labios de grana, toca la reja
Y del beso rurti vo nace la copla.
Llega de las p:-isiones basta el eacierro,
En la veatana estrecha. donde respira
Y toma luz la celda, forma una Jira
y Je p·me por cuerdas barras de hierro.
Yo conozco esas notas, sé que en las rejas
Tiene el vJento la gama de las caacioncs
y recorre la serie de vibraciones
Que va desde las risas hasta las quejas.

Arriba, el sol en lla.maradas rojas
Envuelve el bosque; mas sus vivas llatrlas
Al pasar por los claros de las hojas
Toman el tono de las verdes ramas.
Todo reposa en el paraje umbrío,
Todo respira bienhechor descanso:
La luz, el aire, hasta el revuelto rfo
Se adormece en la curva del remanse-.
Y allá en el tondo, se levanta el grupo
De Psiquis y de Amor, siempre impasible
'
Viviendo con la vida indefinible
Que un arte excelso transmittrle supo.
Y Loy y mafia.na pasarán las horas,
Y sobre el pedestal donde la yedra
E~laza sus guirnaldas trepaduras
Con las hojas de acanto de la piedra,
En un abrazo interminable unidos
Y medio ocultos por ramaje espeso, '
Psiquis y .\.mor en mármol esculo1dos
Eternamente se darán un beso. ·

•

�Domingo 9 de Julio 189~
26

EL MUNDO.

Año VI-Tomo ll

Número 3

México, Uoming&lt;' 16 de Julio de 1899.

,I

(lnédita.)

UNA FLORISTA DE GRANADA.
ÜUADRO DE ISIDORO

°hlA m~.

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94077">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94079">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94080">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94081">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94082">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94083">
              <text>Julio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94084">
              <text>9</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94101">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94078">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 2, Julio 9</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94085">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94086">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94087">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94088">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94089">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94090">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94091">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94092">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94093">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94094">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94095">
                <text>1899-07-09</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94096">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94097">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94098">
                <text>2017538</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94099">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94100">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94102">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94103">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94104">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1376">
        <name>Amor supremo</name>
      </tag>
      <tag tagId="1371">
        <name>Bandurrias y mandolinas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1372">
        <name>Consejo de Guerra Rennes</name>
      </tag>
      <tag tagId="1374">
        <name>Goya</name>
      </tag>
      <tag tagId="1373">
        <name>Islas Carolinas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1377">
        <name>Ojos tristes</name>
      </tag>
      <tag tagId="1375">
        <name>Varadero Nacional de Guaymas</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3624" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2264">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3624/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._21._Noviembre_19..ocr.pdf</src>
        <authentication>7eb4618622e802bc1162eb4d8dceec95</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117444">
                    <text>EL MUNDO,

298

Domingo 12 de Noviembre de 1899

z_

A flo VI-Tomo 11

México, Domingo x9 de Noviembre de

T~Q9•

Número

21

a

Tres noch~s recorriendo las laderas
Penumbrosas, selváticos follajes
Con greiludas malezas que se erizan
Como crines de bestias espantables.
Tres noches comumidas en ardiente
Ojeo, escudriilando matorrales,
J&lt;~n alto las orejas Janceoladés
Erec.as, como dos índices graves
Que seiialan la sombra. Las pupilas
Brillaotes con los brillos del esmalte,
Y los lomos hirsutos y la fiebre,
La fiebre araiendo llamas en las fauces.
Así los lobos van por la ladera
Con fatigas y angustia&amp; en la carne,
Fundiéndose en 111. sombra como manchas,
Y desgarrando aullidos: ¡tienen hambre!

***

El torno, el grande horror de lo lejano,
De lo que nunca llega; el innsondable

MI REINA DE LA FIESTA
Ultim~ po~s:a p~emiada en los Juegos florales de Cartagena.

Verás .... ¡ Yo soy Jo mismo
que aquel romero triste dd alto de la sierra ....
que aquel romero triste de pálidos verdores
y de áspera corteza
que, dci;medrado y viejo,
da flores t1.,cla. vfa, se viste en pr1 rna vera
y todavía ofrecn su néctar delicado,
que l;&gt;Uscan fas abe~asl
. . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. .. . . . . ..
Qué! ¿quieres que haga versos?
¡Pues he de hacerte versos, y tantos como quieras!
Yo romperé mi lanza
.
luchando en el torneo brillante de la'l letras,
y venceré en la lucha para 'l ue tú sonrías ....
¡ para que tú lo veas!
Tú me verás intrépido: para lograr el triunfo
he de agotar mis fuerzas ... ·.
Tú me verás magnánimo tirar todo un tesoro:
1el escondido y san Lo tesoro de mis penas! ... . . .
Me voy haciendo viejo
como el romero triste del alto de la sierra;
¡pero aún me quedan flores y néctar delicado
que dar á las abejas!

..

..

.... ............................ . ..............

Yo lucharé, aunque sufra sangrando por la herida
que tengo en Jo profundo del corazón abierta ....
mas quédese en secreto, si alcanzo la victoria,
y aquél y tú, Sátedlo, sin que otro más lo sepa:
Yo quiero, si es que triunfo, que seas elegida
la reina de la fiesta, ·
y quiero que te elija, cii'iéndose triunfante
wis lauros ae poeta,
el mozo aquel que adoras,
aquel que en tus ensueños con tus amores reina.

.. . . . . . . . . ........ . .. ....... . ................. .
'

Cel llbr-o "Ce el C o l or,

Mar de tiniPblas y olas, y el desierto,
El desierto de tantas soledades.
El frágil bote cabalgando á tumbos,
Cabalg-ando en las olas espumantes.
A tumbos que son vértigos, crugiendo,
Crugiendo á cada golpe y sin velamen,
Abajo en E:l abismo, hondo murmullo;
Arriba en el abismo, quietud grave,
Y el bote como una ánfora de angustias
Perdido entre las dos inmensidades.
Los nAufragos se ven, se ven con odio;
La aflicción arde en todos los semhlantes
Como una llama verde, verde y pálida,
-Blandón sobre el altar de los desastres.y rechinan los dientes y blasfeman,
Y maldicen al cielo imperturbable,

¿Que esto es un sacrificio?
¿Que acaso no me faltan amores que merezcan
de mi glorioso triunfo
la delicada ofrenda?
Verdad que no me faltan amores, que en amorei,
,:.:ifré mi vida entera;
pero los tengo lejos ....
1Tan lejos, que no aguardo que ya á mi lado vuelvan!. ..
se fueron una tarde de otoño en que las hojas
se desprendían se;as ....
se fueron una tarde con sus azules ojos,
con sus miradas tristes, con sus sonrisas tiernas! ....
Se fueron y no vuelvei: ....
Ha tiempo que me espera
la nii'ia encantadora de los azules ojos,
de las miradas dulces, de las sonrlsas tiernas ... .
Ha tiempo que me aguarda... durmieudo eternamente
debajo de unas flores, mi reina de la fiesta!
VICENTE MEDINA.

Cartagena (España), Junio de 1899.

RIMA~ ..

l

Al negro cielo, indiferente, mudo,
Y se asechan con odio: tienen hambre!

1
t

*

* *

El harapo es dolor, dolor mas triste
Porque cruza el asfalto de las calles
Como 11\grima triste de la inopia;
Porque exhibe sus llagas y es cobarde.
El fausto de los próceres lo humilla,
Y humilde se resigna, herir no sabe,
Ni convertirse en rebelión, en ira,
En épica bandera de combate.
El harapo es ml\s triste porque ca.Ha,
Los lobos aullan con dolor salvaje;
Los náufragos maldicen, y blasfeman;
Los harapos se arrastran: tienen hambre!

M. LARRAÑAGA PORTUGAL .

II
.... Ya ves cuánto gozaste: sonreía
Tu boca angelical!
Platícame, paloma, los ensueños
Que te hicieron rdr y no llorar!

*
. ... Ya ves como la noche no es temible
Pues convida á soñar,
Y lo que juzgas ilusión, despierta,
8oiiando se convierte en realidad.

HI
¡Levántate. paloma! el sol que explende
Te devuelve la paz;
Ya no exist,e la noche que temías ....
¡Bajo el auspicio de la luz estásl

*
Compara el Sol radiante con la noche,
¿Qué te deleita más:
Esa estrella que borra los ensuei'íos,
O la noche que brinda el ideal .... ?

IV
A****

I
Es la noche: paloma, ¿por qué temes
Su densa obscuridad?
¡Aquiétate, la sombra se disipa
Como pasa con todo lo fugaz!

*

Duerme tranquila, velaré tu sueño
Que narlie turbará,
Hasta que el rayo de la luz hermosa
Te venga con su be50 á despertar.

.... Goza, paloma.! cifro mi contento
En mirarte gozar;
1Adoro el día porque no le ternes
Y te devueJ ve la per.iida paz!

*
... Lang-uideces?.. comprendo lo que sufres,
Tu pena calmará:
¡Próxima está la noche, no le temas .... 1
Otra vez con loi sueños vol verá .... 1
RICARDO

Som.

&lt;j/llmo. (l!Íz. :i)r. :i)on &amp;antiac90 Je la {jawv g'ambzano,
NOMB&amp;ADO ARZOBISPO DE MONTERREY,

'
/

I

Fot de Mora.

�Domingo 19 de No"._iembre de 1899.

EL MUNDO.

296

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

.... «Manon era una criatura extraordinaria. Jamás tuvo al oro el menor ape~o, pero no podfa gozar un momento de tranquilidad con el temor de carecer de él. Necesitaba placer y distracción. En estando divertida todo le era indi,erente; ni siquiera se
informaba de nuestro estado económico con que pudie"a pasar agradablemente el día. Nada, pues más
fácil que com?lacerla, improvisando todos los días
diversiones á su gusto. Sin este estímulo, no había
que contar con ella para nada. Aunque me amaba
con ternura, y según su propia confesión, era yo el
único capaz de hacerle exp,rimentar el a:::ior, podía
estar seguro de que su cariño no triunfaría de ciertas inquietudes.&gt;
He aquí una alma femenina del siglo XVJII que
hizo de la novelilla del abate Prevost, una obra inmortal. Las escenas, un poco picantes, de esta historieta, las aventuras jocoserias de rufianes y perdidos,
la narración exacta y sencilla de un amor ardiente á
través de peripecias innobles, la confidencia de una
alma enamorada y viciosa, dan á este viejo libro un
tentador y piadoso atractivo que va aumentando página á página, y complicándose de ternura y miseri.
cordia. hasta estallar en un grito de d&lt;1lor humano en
las últimas líneas rebosantes de amarga é infinita
triste1.a. Ese cuenLo juvenil y picar1::sco, q•Je parece
una canción acompañada con ruido de espadas, cho•
car de vasos y estallidos de ósculos, termina con un
petético lamento que seme¡a un canto litúrgico harmonizado por las voces graves y roncas del órgano. Al
principio, huelen las hojas á flores de primavera; lue.
go á esencia de tocador, á exquisitas fragancias, á
perfumes de salón, y después, por el campo desolado
en que agoniza. una coqueta. cansada de vivir, pasa
una ráfaga de incienso.
Massenet puso en música las mundanas baza!'ias de
esta locuela deliciosa que, asomándose á ca.da paso
por la puerta del ensueño, sonríe á todos los muchachos de veinte años.
y es un encanto la obra de Massenet, porque en
verdad que ha seguido las carreras y semi vuelos ele
esta alondra inquieta que salta de rama en rama, sacudiéndose el rocío del plumaje, por el viejo árbol oe
la vida.
La música de Massenet, esencialmente delicada y
tierna, posee. quizá como ninguna, la característica
del espíritu francés: la gracia. Es de una maravillosa elegancia y de una admirable flexibilidad. El maestro francés ba hecho en Manon alta psicclogía musical. Aquella frívola y sensual, vana, y apasionada.,
enamorada del placer efímero, impaciente, generosa,
cruel ávida de ternura y deseos, que apuraba el goce
de u~ sorbo, y presentando al desr,ino su copa vacía,
pedía más, síemp1e más, en una insensata y voluptuosa embriaguez; aquella casquivana que cambiaba
besos por monedas, y que imploraba de su amante
oro y amor, está dibujada por Massenet, en una mústca fina y suave, que tiene toda la_emocionante elocuencia de ese sutil y divino arte de las notas. Massenet ha escrito con lágrimas, y rimado con r isas y
suspirns sus aladas y cristalinas melodías.
No, maestro Campa, ya lo sé; no hemos oído á Ma·
non pero siquiera la hemos soi'íado.
1y la fantasía hace tantas cosas bellas y luminosas
de las toscas y obscuras realidades!

*
* *

amor está el alma de esta tísica que cruza toslend o
á travéi. de nuestras locuras juveniles, y que en el silencio de la noche, bajo las cortinas del lecho, de vuelta de nuestras aventuras y amorfos, nos hace ñerramar sobre el libro a.;ierto una lágrima de pena, y
atraviesa, ennoblecida, por entre los recuerdos de la
orgía y los deseos torpes!
Dentro de la alcoba de tapices obscuros, perfumada
y tibia, hemos bailado á Sn.focon su desnudez envuelta en luz; con su globo de insolente claridad de alum brado público, esperando en la acera al tr11nseunte
ebrio, tropezamos con Naná; posible es que en nuestras correrías de trasnoctladnres empederuidos hayamos visto cómo la risueña .Manón abre los brazos á
D&lt;lS Grleux.
•
A la pálida enfe1 ma, á la triste Margarita., á esa no
la hemos visto porque se encuentra en el límite' preci~o en que acaba la existencia real y c0mienza. la vida de la poesía.
Marga.rita es humana; es de la carne de que somo~,
sólo que se iergue más ante nuestras miserias, está
más alta, y no 1mele darnos la mano en los bacanales
vulgares.
La Vt:tusta ópera de Verdino~ produce fastidio;
sólo el innegable talento de la Pa.dovani logra, por
un milagro, hacernos escuchar esta música aburridora.
Y sí que nos conmueve en el final, cuando la muerte llega á apagar la llama de la dicha sobre el marchito semblante de Violeta. Ella se pone en pie, recibe, con sonrisa de inefable gozo, el soplo frlo, porque
cree que es el aliento de un ángel, la ráfaga de uua.
primavera, el saludo ce la vida nueva, é inclina la
fre nte hermosa y soñadora, basta el hombro del ena•
morado, que estrecha el CU&lt;:lrpo enflaquecido-el pretexto para que una alma quede aún sobre fa tierra,
como dijo el poeta. -Después .... al abrir los brazos
AlfredJ, la pobre tísica cae blandamente, sencillamente, como caen las ves:iiduras que se desciñen . .

"* *

Hago un esfuerzo de memoria y veo al segundo
representante de la dinastía de la zarzuela.-El primero, Ramsés el Grande. fué Don José Cleofas Moreno, y genitor, (en sentido figu rado, se entiende) de
la actual familia reinante.
Eran los buenos tiempos del teatro ¡oh buenos
tiempos!
Todavía cuando paso frente al Teatro Nacional,
paréceme ver la sombra de PasLor errante y desconsolada, como la de César en ios campos &lt;:le F illpo.
El Currillo Pastor era bajo de cuerpo, vestía casi
siempre de negro, y correctamente, como si á diario
estuviese dispuesto á ejercer funciones diplomáticas.
Un rojo clavel decora.ha. á continuo su solapa.
Recargado en una de las columnas del pórtico, ,e.
partía saludos y sonrisas con un aire de satisfacción
burguesa de lo más simpático y expresivo. Eo su cara afeita.da, iluminada por no se qné resplandor de
alegría, brillaban dos ojillos vivaces con una chispa
de carbunclo en el fondo de las pupila,;.
Por aquel entonces la zarzuela no se encanallaba
aún y el público aplaudía los inocentes retruécanos
de «Las dos Princesas,&gt; los discreteas y sutilezas del
«Estudiante de Salamanca&gt; y los diálogos color de
ro&amp;a de las operetas de Suppée y de Lecocq. «El PStudiante Polaco&gt; fué el clau de la temporada. El público se divertía con las aniruadas y vistosas escenas
de estas comedias líricas cuya música reía con la
franca y sonora risa de un regocijo sano.
Abara recuerdo aquellas épocas felices, en que la
zarzuela conservaba cierto viso de cultura, cierto disfraz de buen tono y elegancia, cierto respeto, siquiera fuese fiogido, á la decencia.
Aquel era el bajo imperio del sprit, pero aun su
Majestad !a Gracia, no se disfrazaba de chula para
b1ilar, entre alusiones de callejuela, la da01.a del
vientre.
Poco á poco el mal gusto fué adueñándose del público. Se respiraba en la atmósfera como un miasma.
Acabó por asfixiar un pobre arte anémico y desfalleciente.
Y un teatro licencioso y brutal se adueñó de los
escenarios bajo las reglas de una estética encanallada y de una plástica degenerada y torpe.
Hoy parece que, como reacc:ón, un gesto de asco
y repugnancia frunce las alegres má:,caras de la comedia.
¡Oh, si fuese cierto que el público está dispuesto á
abandonar el chiste obsceno y las desnudeces groseras de la tanda!

.A.delina Padovani, la suprema cantante, ha interpretado Tra1Jiata. El talento de esta artista es un
taumaturgo: resucita á los muertos.
«Traviata&gt; ya está envejecida, manoseada, vulgar.
Llora en los tubos chillones de los organillos de Berbería y se encanalla en las vihuelas.
¿Por qué se nos presenta Ja rugosa quintañona,
que nos sirvió de aya, vestida de fantasía y con pre. tensiones y coqueteos de joven galante? Ah! lo com.
prendo. El grupo de delicados la desdeña, pero vulgar y vieja, Lada via se siente amada de las multitudes admira álos libertinos Ignorantes y humedece
los ~jos de las inocentes señoritas. ¿Por qué? Por la
pai,ión. Por lo miRmo que Massenet se hace aplaudir
*
**
de los esco"idos. Y la pasión está, no en la mflsica
El Cómico comenzó á publicar el cuento más lindo
impetuosa,ºpero monótona y desmafiada, sino en el
drama, en esa Margarita Gautbíer de baile de Carna. de 10s que se hayan escrito en espaflol: «El sombrero
val, en esa Violeta que conserva, no obstante lo tosco de tres picos.&gt; Es un grano de sal andaluza que visto
de pronto parece un diamante. ¡ De tal suerte en él
de la caricatura, algunos rasgos del original.
Este tipo ba teni&lt;lo la fortuna, según la frase de juega y se descompone la luz!
Nada más encantador é intencionado que esta doun crítico francés, Je mostrar por primera vez en el
teatro, el mundo sombrío de las muchachas de vida nosa burla que pinta á la Meissonier, con pinceles
lib~e y de los jovenes ' que arrojan sus corazones al mojados en los verdes patios de Sevilla ó en los crepúsarroyo. «En el fondo de toda mujer-decían los Gon- culos del claro cielo de Granada, los cuadros más deC"ourt-bay algo de febril, de estremecedor, de sen- liciosos de la Espa!'ia de principios del siglo ....
sitivo, y de herido.&gt;
LUIS G. URBINA,
¡ y qué profuudamente herida, qué trémula de

.l)Ollllngo 19 de Noviembre de 1899.
-texto del asesinato de unos misioneros, católicos
r· más senas, envía unos cuantos buques de guerra
Amarillo, pone solemnemente á su propio ber0 al trente de la escuadra y ocupa casi á la endel golfo de Petchlli la,bahíade Kiao-Tcheu, es
decir, el predominio sobre la cuenc~ carbonífera del
Wel-hO,
Este golpe maestro cambió la situa~lón; he aquí
cómo se encuentra, hoy que los telegramas nos hablan
de una alianza entre Inglaterra, los Estados Unidos
el Japón. Bien sabéis, lectores, que en la inmensa
~osula terminal de la China geográfica al S., los
franceses poseen la Cocbinchtna Cambodge, Annam,
oomo tutor&amp;, y como duei1os el Tonkln, pegado á la
trontera china, y que Inglaterra posee ó manda en
todo el resto de la península, en el reino de Siam, en
Jalarguíslma.subpenínsula de Malacca y en Blrmania;
JIO 800 muy ricas las regiones cb.inas cvnfinantes con
eataa comarcas inglesas y francesas, pero cada una
de las dos naciones europeas quiere atraer á sr estera de influencia el Yunnan; los ingleses llevan la
,eotaja. Subienjo bacía el N. por el litoral del imperio ee1este nos encontramos arriba del ext:-emo sur
que Francia. ocupa, á Hong-Kong; de este puerto insular en las bocas del Si-Kiang ba hecho Inglaterra
un puerto mercantil y militar de primer orden que
comprende, puede decirse, á Cantón bajo su gobierno y que por medio de nuevas concesione~ en islas y
)lk,rales vecinos va á constituir un centro de fuerza
que tendrá pocos rivales en el mundo. Subiendo,
trente á la Isla Formosa de que es dueflo el Japón,
el litoral puede considerarse japonés también: y entramos An el mar de Cnina propiamente dicho; aquí
todo eii de los celestes, en apariencia, en realidad todo ello está entre los labios y pronto en el estómago
togléil. Por medio de un t1atado celebra.do con el
Tllong-Li-Ya.men eo 9t! Inglaterra SE' coloca en una
admirable posición; he aquí un rápido resumen del
dor.umento diplomátic'J: todos los ríos chinos quedan
abiertos á todos los b11ques de todas las naciones (esto es lo que se llama la política i1e la puerta franca) ;
00 se dará por ningún moti va á ninguna potencia, en
propiedad ó a.rrendamie~to, porción ~lnguna de ,la
cuenca del Yavg- Tsé-K1ang; a.hora bien, este no,
uno de los mayores de la tierra, riega las más fértiles
comarcas del imperio y las más pobladas (l!SO millones de habitantes), y esa neutralización, como dicen
loa ingleses, quiere dee:ír que se dejaá ellos dominarla de hecho, porque su marina y su industria mara'111011&amp;mente preparadas para esa difusión, llenan ya
el río, imperan en su tráfico, mandan en sus mcrcadoa y explotan sus riquezas.
Por eso defienden los ingleses á todo trance la po•
Htlca de la libertad de comercio ó de la puerta franca, contra la de las esferas i1e influencia, es decir, contra los privilegios mercantiles concedidos en determinada región á determinadc1. potencia; saben que la
puerta abierta hará, por n:i_ucho tiempo, caer á todas
1aa evmarcas del imperio bajo su esfera de influencia
marítima é industrial: tienen el dinero, tienen las
iúquinas, tienen los buques. Y nadie se hace iluBlones, el tratado á que a.ludimos, que termina con
la cláusula eo que se deja la inspección de las aduanas (ministerio de hacienda en China) en manos de
uo funcionario inglés, ba hecho caer bajo el dominio
de Su Graciosa Magestad, todo el centro del imperio
celeste. Slguien fo nuestro camino hacia el Septentrión y pasada la costa que se han apropiado los alemanes, entramos en el golfo de Petcb.ili, es decir, en
el vestlbulo de Peking, cuya entrada vigilan al N.
Puerto-Arturo y al l::i. la rada enorme de Wei-baWei, en sendas lenguas peninsulares. Al tratado de
neutralización del Yaog-Tsé-Kiang, respondió Rusia
con la toma de Puerto-Arturo y de otro cercano, con
la concesión de un ferrocar!il que unies~ su nueva
adquisición con el ferrocarril transiberiano y el permiso de fortificarse á su gusto. ¡Tableaul Los inglellell gritaron, idem los japoneses. ¡Puerto-Arturo;
10 conquista; su gloria, en poder de los rusos! Inglaterra calló repentinamente; había tomado posesión
de Wei-ha-Wei, en la punta que se hace frente á
Pnerto-Arturo. ¿ Y el Japón.? La Rusia lo había
contentado con un tratado de garantías sobre la independencia de Corea . .. . 1 Y allí veis cómo se han
di,tdido lo no-suvo las potencias que tienen grandes
ejércitos ó grandes acorazados. Es muy curiosa la
h!atoria de este siglo que nació proclamando todos
108 derechos y acaba violándolos todos. En fin, así es.
Por supuesto que esas adquisiciones son temporales, por veinticinco afias, por noventa y nueve: ¡cuando se venzan e.c;tos plazos veréis cómo se _apresuran á
devolver sus presas las naciones civilizadas! Entonces dirán los periódicos: ¡cómo devolver! Allí está
noestro trabajo en forma de docks, de ferrocarriles,
de fábricas, de minas; allí está la sangre (si ha babido algún choque cruento entre los concesionarios)
alll las t umbas de nuestros hermanos .... ¡Oh! no,
81 el Tsung-li-Yamen no renueva nuestras concesiones, nos quedaremos con ella.~. Apuesto áque dentro
de noventa y nueve años esto sucede: tendré cuidado,
amables lectores, de recordároslo aquí mismo.
lndtil es decir que cada uno de estos fragmentos
de litoral, arrancados á la corona del Hijo del Cielo,
e'! U!l!l hchada oue cubre un buen terreno de fondo;
este fondo se lla::ia, en ien¡;; -¡a;ie de can:mería, wna·

lT~ar

:=a
1.-LA

CHINA Y SUS COMENSALES.
2.-EL FIN DEL lllll.NDO.

La China, el célebre Ca.tay, para un estudiante deartes en la Universidad ó San Ildefooso de México,
en el siglo X VII, era un pa.fs maravilloso y deforme,
una muralla intioita que subía por las montañas, bajaba á Jo,_ valles y cruzaba los ríos; dentro de esa muralla un país de porcelana, de 8eda y de laca, de todos los colores v de todos los oros; unos templos á.
galsa de ti bares altfs.mos cuajados de esm':llte fino,
unos tibores pequeños que andaban con parasoles.
orlados de cascabeles y que se llamaban mandarines, unas mujeres de ojillos vi vos, que parecían..
ir de las sienes á la punta de la nariz, y que sepasaban la vida sentadas porque los atrofiados pies
no les permitían moverse; unos pájaros que pare.
dan serpientes, unas serpientes que parecían .pájaros, en fin, una China de mantón de Manila y de SO•
brPcama bordada en Cantón ; en suma, la China de la.
Nao, la que atestaba ite sedas las cómodas de nuestras bisabuelas, con gran enojo de los alcaiceros de
Sevilla y de Granada. Setecientas cincuenta y cuatro
veces más sabe boy de China mi buen amigo el profesor Miguel Schultz, y sabe poco todavía, de estepa.is er.orme de trescientos ó cuatrocientos millones
de amarillo~, hasta hace poco entreabierto apenas al
comercio inglés y violado y abierto de par en par por·
los amarillos del Japón que hicieron la olla gorda á
los europP.os, en el tratado de Simonosaki en 1895.
Una g igantesca panza remojada en el grande océ'I•
no cuya curva comienza en el paralelo de New York.
y acaba en los de Yucatáo, esa es la China vista por
la fachada, llena toda de puertas en las desemboca.duras fluviales ó en las vueltas y revueltas del litoral, desde el golfo de Petcbllí al N. basta el del Ton-.
kin al S ; apoyada la espalda en las petrificadas olas.
del levantamiento orográfico del. Tibet. Aquella región es un mundo que se basta á sí mismo, tiene todos los climas, todas las producciones, todos los aspectos y en sus mesetas y sus valles y las cuencas de•
sus espléndidos ríos, junto con la morera de la seda,
y el algodón, y el arroz y el té, se produce con abundancia extraordinaria. la planta hombre; son repues•
t fsimas allí las sementeras humanas: cuatrocientos.
millones de indi viduos ¡qué tentación para convertir•
los en con&amp;umidores de las industrias europea.si Ha
de tener uo sabor particularísimo la lectura. de ese
libro formidablemente moral y pornográfico tiue llama Zola «Fe&lt;Xmdité,&gt; en medio del infinito pulular de
los chinos en China, 1qué fecundidad la de aquel
vientre continental!

*

* 4imperio asiático la fron•
Ru~ia que limita oon su
tera septentrional de Cb.ina y se asoma al mar del
Japón por la vent ana de biela de Vladivostok, en
donde termina el ferrocarril transiberiano, Rusia no.
vió con ojos tiernos la brutal preponderancia que el
vencedor japonés quería imponer á la pobre vieja caduca que había tendid0 magullada á sus pies. Recordó lo que le habían hecho los alemanes en el congreso de Berlín, c.:.on su tratado de St. Estefano, y·
convocando en su ayuda á las avideces europeas modificó de tal modo lo convenido entre Cnina y ,m vencedor, que re:,ultó que la guerra turco -japonesa había sido hecha en favor de Europa. Inglaterra no
tomó parte en estos arreglos; ella los hizo por su
cuenta y r:esgo con el gabierno chino, el Tsung-liYamen. Su primer cuidado, su primer empefio fué
explotar el rencor de los japoneses contra los rusos;
los rusos eran los protectores del celeste imperio, la
Corra que avanza su elegante masa peninsul~r entre,
el mar del Jap6n y el mar .Amarillo, era el territorio
que Rusia y el Japón se disputaban y en donde los
conflictos iban á nacerá cada instante; manifiesta•
mente el ministro Li- Hung- Hang era un aliado de
Rusia; los franceses, que algo habían obtenido al Sur
del imperio, eran aliados de los rusos; todo esto decían los ingleses al oído del Mikado para excitar su,
deseo de rf:stablecer de golpe el derecho de ser el
primero en el reparto chino, derecho gloriosamente·
adquirido en P ing- Yang. Si en esos momentos (mediados de 97) el Japón declara la guerra á Rusia, la
habría encontrado muy mal preparada.-«Bien, de•
cían los japoneses á lnglaterra, nos aliaremos.&gt;-·
«No, cootestaba esta señora, no bay precisamente
necesidad de esto.&gt;
Claro que no había necesidad, como que en dos me••
ses pueden los rusos mover, gracias á sus nuevos ferrocarriles, cien mil hombres sobre la frontera de la
India; y no bay fidelidad de los mjahs que valga ante·
un: «sois libres,&gt; y no hay poder suficiente en Inglaterra para ~eprimir una sublevación índica apoyad~ por
cien mil rusos. Por eso no hubo alianza anglo-Japo•
nesa. Y mientras andaban en cuchicheos el marqués.
Ita y Lord Salisbury, se levanta el Emperador Gui·
n~rmo resuelto á dar -..:na gran campanaia, y c.:n el

297

EL MUNDO.
i1e penetrad,6n, y es indefinida como la e.ojera i1e influencia que, en suma, es lo mismo.
Mas la penetración no es sólo en esta forma; tam-

bién lo es en forma de influencia en la corte imperial;
y ya se recuerda que de intrigas en Pekin. Los rusos apoyan el sistema de lenta iniciación de China en
la civilización europea.; Li Hung-Hang, era el jefe de
este partido; mas se sobrepuso el partido del progreso rápido, el de los japoneses, empujados por los ingleses y por poco obtienen una verdadera revolución,
si no hubiese intervenido á tiempo la emperatriz-mactre y Li-Hung-Hang, hoy el hombre más rico y más
astuto del mundo, no hubiese vuelto al consejo imperial.-¿Qué ha pasado después? ¡Oh! tantas cosas!
Hoy los ja¡:,oneses parecen encargados de administrar
el imperio; ellos van á hacer muchas obras, ferrocarriles, puertos, ;,qué se yo? Van á salvar el imperio·
Allá veredes, dijo el otro.
Otra cosa que ha pasado es la toma de posesión, no
sin protestas, de las Filipinas por los americanos.
Este elemento repentino y tormida.blP. cambiará todas las combinaciones de los convidados al banquete
chino (convidados de sí mismos que son los más glotones). ¿Será cierto lo que nos dicen los coblegramas
snbre alianzas anglo-americo-japonesasY ¿Cuál es el
objeto posible de esas alianzas? ¿ Arrojar á los rusos
de sus posesiones en Cbina1 ,Ballenas contra elefantes?
Si el Japón que, natuulmente, se opone á todo lo
que en C0rea signifique un refuerzo de la posesión de
los rusos (los cables hablan de la adquisición de un
nuevo puerto) quiere de una vez jugar el todo por el
todo, que no cuente con sus proble'lláticos aliados que
no están en estos momentos en el caso de conflagrar
al mundo p~ra dar satisfacción á los súbditos del Mikado; en estos instantes obligarían á las flotas rusas
á estará la defensiva, porque son todavía inferiores
á las japonesas en las estaciones de China y Corea,
dentro de tres años no lo serán, ni las alemanas tampoco; verdad es que entonces, precisamente, los ingleses bo~ar.l.n al mar su nueva flota en construcción
que, con ser solo un complemento de su poder naval, iguala á las escuadras juntas de los Estados ·
Unidos ..... .

***
Suspendí esta crónica. china para ver el fin del mundo; fué una tontera mía; nadie verá el f 1n del mundo: en primer lugar, aun concretando á nuestro planeta la significación indeterminada del vocablo mundo nadie, rodeado de esta suprema decoración de ópera de Wagner, exhalará el último suspiro; cuando la
tierra muera, es deci::, no cuando la tierra caiga de
nuevo en el sol que es su inevitable destino, ,;ino
cuando desaparezc;;. en ella la vida, ya habrán tras•
currido unos cuantos años, seis ó siete mil, de la desaparición del hombre, de los últimos hombres, de esos
adoradores de la belleza, ligeros como silfos, que, según cuentaMallarmé,se reumrán sobre una costra de
hielo para contemplar la ascensión de Venus y un SO·
lo estremecimiento de placer de sus cuerpos semtfluídioos será bastante para romper el cristal del suelo y hundirlos para siempre.
y be aquí un fin seguro de nuestra pobre humanidad: el frío; así está acabando la humanidad de Marte, á nuest,·a vista; si no les tiramos una cuerda y
salvamos á unos cuantos náufragos de esos, perecerán congelados; bay que apresurarse, dentro de quinientos aflos tal vez será tarde. Pero aun cuando no
nos pase lo que á los pobres marcianos, por una causa
local, nos pasará por el enfriamiento total del espacio planet ario; el sol que era una lámpar~ blanca, es
hoy amarilla; cuando acabe su condensación, comenzada cuanrlo la tierra era un átomo de la nebulosa solar ent onces empezará á vol verse sólido y a.dios calor.
y á. pesar de cuanto haya inventado la .:ivilización para calentarse, pronto acabará su reserv'.3-de viejos rayos
solares(es bien sabido que el carbón romeral no esotra
cosa que calor solar fósil) y se morirá, pero muchos
otros organismos le sobrevivirán siglos y slglos; no, no
veremos el fin del mundo. Ni éste, ni t impoco el q.ue
pueda ser causado por la taita de agua lo verán los
hombres· eso va á suceder indefectiblemente á causa
del enfriamiento del núcleo central que, á medida
que se va convirtiendo en roca, va t ragándose al Océano que por su propia pesantez tiende á filtrarse hacia el centro y á combinarse con enormes masas de
fierro y el día que el Océano d isminuya seriamente,
a.dios nubes y a.dios ríos. E;;to si es temible, no la colisión con un cometa, qne se '.lompone de un cuerpo
que, por su tenuísima densidad, es incapazde detener ]a marcha de nuestro planet~, y de un fenómeno
luminoso que se llama cauda; durmamo~ tranquilos,
el cometa de Biela podrá ser una pesadilla, no puede
ser la muerte.
E,o no quiere decir en rigor (yo me muero por contradecirme) que no veamos el fin del mando; cuando
el hombre apareció en la tierra y se dió cueuta de su
presencia en ella, ya la tierra comenzaba á morir, ya
estaban en plena actividad, desp~és de los períodos
glaciales debid0:, á fenómenos a.cc1dentale~, _el av~nce normal de los hielos de los Polos, y la solld1ficación
del sol y la del núcleo terrestre. DJ manera que la

humanidad es un fruto de decadencia del árbol de la
vida universal y la historia una agonía.

_.J ~ J

~

-

Una pieza de gran aparato.
nobinsón Crusoe.
Desde hace dos siglos todas las generaciones de niflos ban saboreado la lectura. del Robin.,6n de Daniel
Foe. un libro maravilloso del cual dice Rouseau en
su Emilio que es el mejor tratado de educación natural. El interés de esa novela original, consist,e prh,cipalmente en la fidelidad con que pinta la lucha del
hombre aislado contra las fuerzas de la naturaleza,
y en la narración,de sus esfuerzos pacientes para dominarlas y servirse de ellas.
Para c,rnservar los elementos fundamentales del
libro y llevar á la escena los personajes que en él fi guran, se requiere un genio especial y superior; la fi,
lusoff,. práctica y la moral en acción que informan
la nova.la. dt. Foe no tienen los caracteres de un espectáculo dramático.
He aquí por qué los autores del nuevo .RobinRón que
acapa de estrenan.e en un teatro de París, Blum y
Decourcelle, bao tomado sólo del original lo más pintoresco, recurriendo á su propia imaginación para
completar el cuadro.
El nuevo Robins6n es víctima de maquinación melbdramáticos. Todas sus desgracia:,,, comenzando por
el naufragio, son obra criminal de un primo suyo, el
pérfido Lord Wilmore, quien desea suprimirlo para
recibir la herencia. de un pariente riquísimo, Lord
Traveyla.n.
Este Lord Traveylan maldice á Robinsón porque
se ba casado con una muchacha francesa llamada 8usana. Al verse arruinado y sin porvenir, hobinsón
deja á su mujer y se lanza á las aventuras en busca
de fortuna.
El pérfido Wilmore teme que el caprichoso é inconstante Lord Traveylan se ,compadezca del exp ,triado y le conceda de nuevo su favor, por lo que ¡,dsuade á Robinsón de que debe tomar pasaje á boI"do
del Velleda, buque cuyo capitán, un bandido italiano
llamado Spargolletti, es instrumento de Wilmore para consumar la pérdida de Robinsón.
En efecto, en uno de los parajes más lejanos del
Océano Pacífico, Spargolletti encierra á Robinsón
ensu camarote é incendia el buque, que naufraga.
Lord Wimore cree haber •hecho desaparecer al nifio y uno de sus sicarios recibió el precio de su muerte; pero .el _a.gente criminal se compadeció de su víctima y en vez de arrojarlo al mar, lo deposittl en la
casa de asilo. Diez años después lo hacen figu,·ar brillantemente en la comedia los señores Bl um y Decourcelle.
Los espectadores asisten al naufragio y ven á Robinsón luchando con la muerte y asiéndose á una tabla para salvarse. .A.si llega á la isla desierta. Entretanto los tripulantes del Velleda son recogidos por
un buque holandés.
Susana, la esposa de Robinsón, entra á la casa de
Traveyla.n en calidad de ama de llaves, gracias á la
protección del intendente Pa.trik, quien la baee pasar como pariente suya. En poco tiempo conquista
la buena voluntad del amo, y cuando éste sabe quién
es y la suerte que ba corrido su esposo, le abre los
brazos y nombra herederos á ella y á su bijo, nacido
unos días después de la partida de Robinsóo.
Entre tanto Robinson, instalado en su isla, vestido pintoresca.mente, con el 1raje tradicional de todos los Robinsones, vi ve rodeado de cabras y pericos.
El perro sobre todo, excita la admiración y las simpa1,ías de los espectadores.
Después invade la isla una borda de salva jes 4ue
ejecutan danzas triunfales en derredor del cauti vu á
quien van á degollar. Ese cautiva es Viernes, sal vado milagrosamente por Robinsón del cual i;e hace
siervo y coro pañero.
Susana, eririquecida por la muerte de Lord Traveylan, fleta no nado, el Eiiperanza para irá buscará
su marido. William el hijo de Robinson va en el buque en calidad de marinerc, así como Lord Wilmore,
este último con el sombrío propósito de malograr la
expedición. Descubiertos los planes de Wlimore por
\Villic1,m, aquel no tiene más remedio que ord~nar el
ataque del Esperanza por el Jaguar del corsario Spargolletti. El combate naval es de gran efecto, pues
bay cañonazos, -abordaje y demás episodios interesantes.
Los pirat as triunfan y de.lembarcan á sus prii,ioneros en la isla de Robinsón para dejarlos abandonados
en ella, pero los salvajes de las islas vecinas, aliados
deRobinsón, acuden á su llamamiento y valiéudtsede
astucias, desbaratan las bandas de Spargollertl y de
Lord Wilmore y ponen en libertad á los prisioneros.

�298

LA GRAN PL!NCHA,
Sedecía: cPérfi:ia como

la onda,&gt; hoy puede decir-

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

Domingo 19 de Novtemhre rlA 1111111.
comenzaron á amontonar.
se y á invadir el espacio, y
como no s~ organizó ningún servicio de orden y no
hubo un mal gendarme,
digo, viento que las di~peri,sara, acabaron por cubrirlo todo, esfumarlo todo y
echarlo á perder todo. El
telón cayó, pues, cuando
iba á empezar la represen.
tación. ¿ Pasaron 11111 leónidas? ;,Se verificó la fun.
cióo á telón corrido? Vaya
usted á saberlo. Los astrónomos di rár: más tarde que
sí; yo reservo mi opinión.
Segtrnda noche.-Cielo
despejado, etc., como la
primera noche. Fada de
bruma ó casi nada; pero rle
lt::ónidas, 1,i si, luz. Los 311.
tróoomos contaron ocho ó
diez dispersas; pero vaya
usted á 11aber.
Tercera nocbe.-Idem,
ídem, i&lt;lem. Disper11as, ni
agua. Y pare usted de
contar.
¿Qué ba pasado? ien qué
quedamos? lo ignoro; en
cuanto á mi est oy resuelto
á no espera rlas más; esta
noche las veré en sueilos ó
no las veré; pero no me
expongo á. una puiwonla
en su obsequio.
Losa.,tróuowos titubean,
se disculpan, no saben qi,é
cara poner: e .. . . luna llena., .. bruma .. . . &gt;
Esos son pretext os y merecen tanto crédit o coruo
°las Ind isposiciones de Cornubert; todoslosmaioscan.
tantes padecen ronquera y
las leónidas no han de haber estado en voz.
Ante tamaiio desencanto
dan ganas de exclamar como JIJl de los claveles dobles;
&lt;;Pero qué plancha, Dios
mío! ¡Qué plancha se ban
tirado esas criaturas! ¡La
gran plancha del slgiol&gt;
A no ser que los que se
bayan tirado la plancbasf&amp;•
wos nosotros y. . . . los astrónomos!

se claconstaate como la estrella.&gt; Lo que acaba de
pasar no tieue nombre, ni
ejemplo, ni oiS ;ul pa en la
historia de !_o s grandes sucesos humanos. Los ast,ros
nos habían mal acostumbrado á una exactlvud
cronométrica, matemática, en sus evoluciunes; con
siglos de anticipación y sin
equivocarse en una tracción de se;;rundo se podfa
pronasticar el pas·i de un
planeta por un punto preciso del cielo; de hoy para
dentro de diez mil años podrá anunciarse una conjunción ó un eclipse á día,
1,ora, minuto, segundo y
fracción fijos, sm temor
de error perceptible; con
un com pás podía trazarse
en un mapa los puntos de
la tierra en que el fenómeno sería observable: Eclipse total en Tecomavaca,
anular en P uente de Ixtla,
parcial en Cacah uawii pa.
EnS&lt;J1ioreadas del espacio,
trazando majestuosas órbitas con velocidades vertl•
ginosas, recorriendo ámbitos infinitos, cruzándose y
barajándose en esplendent e minuet, soles, estrellas,
planetas y satélites con ser •
vaban sus distancias y revolucionaban al reloj, como soldados prus1anes, sin
·choques, si n encuentros,
· sin retardos, grandiosos y
éxactos, raudo~ y precisos
como los aj ustes de una co, losal maquinaria de diamant es.
E n estas condicione'! no
h abía más que consultar
los anuncios de los obser vatorios, con más fé q~e las
tiras del Circo ·p ara conocer el pro~rama estival y
· estar listo á a11lstir á tal
· ó cual magnífica peripecia
DR. M. FLORBS,
de la evolución de los munEL SR. MINISTRO MARISCAL Y SU COMITIVA EN EL NIAG.ARA,
dos. Hoy, eclipse; manaFot. tomada el 19 de Octubre de 1899.
. na, faces de Venus; pasado, t 1ansformaciones del
.
LAS GUERRAS Y LA PAZ.
a nillo de Saturno. Había t iempo de tomar el tren suntuosa, las estrellas fijan su luminosa y aZ01ada puó el paquebot, para asistir á un fenómeno cósmico y pila en el retozón enjambre, la aurora boreal suele
La guerra puede definirse con un a sola palabra: la
n unca se dHeria la f unción por indisposición de algún · formar mágico telón de fondo á la e1,cena y en ocasio.
artista, ni se modlfiCdba el programa con permiso de nes las nubes complacientes fungen .de bambalinas violencia.
entre las cuales jnguetean y se persiguen las leónidas
Un lobo hambriento encuentra u n corderillo en el
la autoridad.
Había, es verdad, elementos revolucionarlos, as- y en ocasiones la luna, discreta como los artistas á bn¡,que; se echa sobre él, le degüella y se lo come.
t ros un si es no es anárquicos, que, refractarios al quienes no se puede elogiar, presta s11 crecierJ.te de Esta es la guerra, porque, para que haya guerra no
es preciso que la fuerza de los combatient es se'i Igual.
" rden y á la disciplina celestes, evolucionaban al ca- plata para complemento de la decoración .
Tal rezaba el programa, y tal ha sido en otras y Es una grao condición para la guerra el ser mucho
pricho, se retardaban en flirteos extemporáneos y solfan no entrará tiempo como los trombones y contra- más felices épocas, el espectáculo. Pero la ratalidad, más fuerte que el adversario.
Otro lobo encuentra al matador del cordero. Quiebajos de la.orquesta de Sieni; pero en suma, eran la · que en todo se mezcla y todo lo echa á perder, ha queexcepción y no la regla y si los c_o metas, estos anar- . rido que en esta ocasión el público encuentre el teatro re coger la presa: gruñe y enseña los dientes. Se en•
quistas del espacio, solían retardar, acababan en su. cerrado, el telón corrido. Invitado por el Sr. Miranda tabla la lucha entre los dos lob'os, también esta es la
ma por llegar si bien, á veces. con sigloi,s de retardo. y Marrón, un numeroso concurso se apiliaba y tomaba guerra. Porque no es preciso tampoco que los dos
por asalto 1"8 mejores localidades; en las balaustraPero no se había dado nunca el caso. en la ópera das de las torres, en las cornisas de las azoteas, se combatientes sean de distinta especie ó familia para
celestial, de que des?rtaran en masa la figuración y el alineaban sombras negras como bandadas de cuervos que haya guerra. Los hermanos se bateo entre ellos
cuerpo de baile; si artli,stas de primera tila solian no y los lentes de los catalejos brillaban en la noche co- sin piedad.
Llega el hombre á su vez: quiere castigar al lobo
acudir a l llamado, las masns corales habían estado mo ojos de bubas. Puede decirse que la capital y aun
siempre puntuales y los directores de escena no ha- lasentidadesfederativas no han dor mido en tres noches. que le comió el corderillo. Con su ba.,tóo, su machete ó carabina, entabla la lucha; también esta es la
bían tenido ·ocasión de Imponerles multas.
Bien que no hubiera ?Odido fijarse la hora ni aun el
Viene todo esto á propósito del fiasco completo de día de la representación, todo el mundo estaba re- guerra.
Es posible que el derecho esté de parte del hom•
las leónidas en su primera presentación de la tempo- suelto á asitir en razón, sobre todo, de la modicidad
bre y no de parte del lobo. Pero no es porque el hom•
rada; till.SC0 tanto más deplorable cuanto que el esbre t enga razón por lo que matará al lobo, sino porpectáculo se anunciaba como magnífico y exornado con de los precios.
Se esperaba el suceso, según unos, para la noche que tiene más fu~rza. Aunque no tuviera razón triun•
todo el luio que el argum.mto requiere.
fa.ria, porque es el más po1eroso. Esta es la esencia
Una lluYia de estrellns! Figuraos una cascada de del 13 al 14; según otros, para la de.! 14 al 15, y sa,- de la g uerra; asegurar el triunfo del más fuerte, no
dlamantesdespeflándose desde las alturas incomensu- gúo algunos, para la del 15 al 16. El público se remás Justo.
rables de las roostelaclooes; luces de bengala, radia- solvió á asistí r las tres noche&amp; manifestando con ello delEn
todos :tempos ha habido guerra entre los hom:
gran tolerancia á la empresa. Hé aqu[ lac, tres jorciones, fulguraciones, relámpagos, surgen, cruzan el
bres. Tribus salvajes ó naciones llamadas clvillzadllll,
espacio, irradian en todos sentidos, divergentes como ·nadas de la epopeya:
Primera noche.-Cielo despeja.do, luna deslumbra- todo es uno. En todos tiempos los hombres ban em•
las varillas de ped rería de un regio abanico, se en•
dora,
horizonte purísimo, ¡toda la lira! hasta las once pleado su energía, su talentJ, su valor, en destruirse
cienden y se apagan dejando tras de sí estelas lumiá otros.
nosas y multicoloras. El cielo así surcado de iris es- y pico de la noche. A esas horas debieran ya haberse unos
¿ Es esto bueno? ¿ Es necesario? He aqul lo que
plendente, psarece inflamarse y transformarse en chis- visto las avanzadas; las leónidas, en efecto, practican
examinar sin cólera ni pasión.
peante hornaza: una g ranizada de solitarios se des- la táctica prusiana y hacen preceder sus tiatallones debemos
Ea una palabra. ¿Es preciso dejar á la violencia
de
una
cortina
de
01iballería.
A
las
doce
nada
de
cortina
p rende, destella, flamea, y todo lo Ilumina. Las leóde
nidas re visten sus més lujosos ternos de luces, (sic) para ni de r,aba¡leria. El observatorio contó de treinta á gobernar el mundo?
¿Es pm1ible concebir sociedades en que el estado ?
la su ntuosa fiesta; un'ls aparecen con verdosas y si- cuarenta dispersas, pero esa no me la cuenta á mí,
niestras livideces, otras se envuelven en púrpura, testigo presencial. A mí y á mis colaboradores no guerraabiertoólatente noconstltuya su modot1:rr.
Y si así fuese, ¿por qué medios podría cons
aquellas se recaman de oro; en esa zarabanda se dan nos constan más que dos, que lejos de venir del ense, en plazo breve, un nuevo estado social?
cita. todas las piedras preciosas, la esmeralda, el ru- jambre le salían al encuentro y que anoto en el pasic. R1cmrr.
bí, el zafiro y el diamante. La decoración es también vo. A la media noche las nubes, curiosas también,

299

EL MUNDO.

SR. ALFREDO RAMOS MARTINEZ.

---------------

El mmo.Sr. Arzobis~o de Mouterray.
El Arzobispo electo de Monterrey, cuyo ret,rato

-aparece en la primera plana de EL MUNDO lLUSTRA.JIO, es un miembro respetabilísimo del clero mexi,cano.

De un puesto elevado que varios al'ios ocupó en el

cabildo de Montérrey pasó el Sr. Garza Zambrano al

...

()blspado del Sal tillo y más tarde al de León.
En todas partes ha dejado el Sr. Garza Zambrano
recuerdos muy gratos, porque reune todas las cuallda-desque cuntribuyen á dar respetabilidad y prestigio á
·1a misión que él sabe desempel'iar con tauto acierto.
Es un grao carácter y un gran moralizador. Adews tiene la preciosa virtud de conocer y respetar
los lfmltei, de su Influencia como prelado, por lo que
ilO sólo acata :us preceptos de la ley sino que sabe W·
mar Inicia ti vas cuyo tin es la concordia social y I a
lf,ranP.formación de nuestro pueblo en el sentido del
j)rogreso.

El Sr. :Ministro Mariscal en el Niágara.
Publicamos un grabado que represeIJta al Lic. Ma'J'lscal ron su comitiva en su visita á las cataratas del
:N°Jjgara.
Ei,te grabado se publicó en varias revistas de ios
"Estados Unidos, en las que se tributan al Sr. Maris-cal grandes y muy merecidos elogios y se habla del
·entu&amp;la~mo con que fué recibido por las autoridades
-, el pueblo de aquella República.

.ALFREDO RAMOS MARTINEZ.
UXACUARELISTA MEXICASO.
'Este joven. notable ya como acuarelista, parti:á
'Próximamente para Europa, á donde va pensionado
,por una respetable dama de California, Estados Uoi·dos Unidos, cuyo retrato publicaremos en nuestro

,semanario.
El Sr. Ramos Martínez antes de levantar el campo
tuvo la fi neza de darnos algunos esbozos que agrupados
figuran en esta. página. No son cuadros acabados, son
est.udtos, fragmentos sueltos, apuntes que el artista
tiene en poco, pero que nosotros, entusiastas admira-dores de su talento, recogimc.s para dar á nuestros
lectores un obsequio digno de su cultura.
Ramos M11rtínez, cuyo retrato también aparece aquí,
ea un talen to 01igioal y fecundo y es ac!emás un labori0110 y un audaz.
Se ha formado solo, sin maestros ni estímulos artificiales. Tal vez á esto debe la gallardía y la liber'tad de su lni;piración: no _imita, no ha tenido á quien
imitar ni lo ha necesitado.
Hoy que t iene ya un no.nbre y que merced á la
reputación artística que ha conquistado, obtiene una
protección para perfeccionar sus facultades y ensanchar el vuelo, no hay peligro de que se 2manere y_ se
avasalle á ningún maestro : su personalidad artlst1ca
·está formada.
Los que inician una educación artística, mjentras
mAa alsladoE están, siguen con más fidelidad la paut a
de los ,?randes creadores; RRmos Martlnez no tuvo
la timlélez que sujeta á un modelo, supo ser él y lo
·eon&amp;lj!"uló gracias á un esfuerzo cuya magnitud sólo
puedlll apreciar los que están cautivos Irremediablemente por el eiipfritu de imitación, contra el que no
•ae rebelaron el primer día.
Ramos Martinez es ya un maest~o admirado cuando pinta las flores de nuestro valle, los tipos y las es-canas populares. Haoe paisajes en los que vemos como

APUNTES DE RAMOfl MARTINEZ.

Fut. de Ar1iaga y C,,mp.

eu un ensuello, Iglesias ruinosas, celajes de crepú~culo, todo maravillosamente poetizarlo, pero que es
111.te~tro, que lo rec ,nocerno11. Irá á P.uís, conocerá á
los grandes maestros y visitará las grandes pinacoteéas, puo no dejará de ser el acuarelista mexicano, el
cindiscutlble maestro de 1a acuarela en nuestro paí'I;&gt;
porque auoqne mucho aprenda-y aprenderá mucho
en Europa-no olvirlará lo que sabe hacer, y á su
vuelta vendrá á completar una obra que es una manifestación muy simpática, nohle y exprei;iva 'ie un
tempzramento arti!,tico excluslvameote mexicano.

•••••

OBSE ~VAC IONES
La vanidad profesional e~ el sent,imient,,1 que predomina en el alma de tus cówku,; , s má~ fue rte que
el amor.
J . L env,ilre.
Es menos triste vivir ignorado que,, orr r mal compr1:1 dido.
Vultou1·.

S,ilo RP. quejan de l&gt;t. brev.,&lt;hd de la virla los que
llegan á la muerte sin hJ.ber aprendid" á vivir.
St. George.

�300

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899,

ALRBDEDORE8 DE

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

MEXIOO.-TLf\LFf\M.

8

:t
0

-

1-« Un ser feliz,» Estudio del natural, 2-0asa del Sr. Fernando Oamacho, 3-0asa del Sr. Fernando Labastida, 4-00¡Sa de la Sra, Oonde..

5-0asa del Sr, Rubal, 6-0asa del Sr• .A. del Rio. 7-0apilla de la Fábrica de San Fernando,

1-Casa del Sr, Lic. Barrios. 2-Fábrica de San Fernando. 3 y 5-0asas del Sr Jesús E. Vall;nzuela. 4-Zócalo de Tlálpam. 6-0asa del Si·
Jlolmes. 7-.Avenida en la Fábrica de San Fernando. 8-0asa del S1·. Zorrilla, 9-0asa del Sr, Garay.

301

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

ltELIQ, 'O'IAS PROFANAS.

Tonerina, la incomparabl
contralto.
e
Y para facilitar la dlges.
tlón tomarían el café frente
á_ la vitrina del museu duwéitt 1co, contemplando ¡1111 reu.
quías anunciadas
¿ Qué no invén1 arán -tos
hombres en el porver,lr par~
hacerse má¡¡ extravagante11 de
lo que son en el día:~jemplo de que la imagt.
nación no descansa eu sus tuvenciones macabras: Ha surgido el proyecto de et.tat.,le.
cer en el subsuelo de París un
1'eatro de las Catacumbas.
Hay allí colocados en arti,,.
tica simetría, huesos y cala,e.
ras. La luz eléctrica hará un
papel de importancia, con h,a
juegos multicolores de sus rayos, proyectándose desde el
fondo de las cuencas vacías de
los ojos de las calaveras pua
quebrarse en las convexidades
cr11neanas de los muertos decorativos y de los concurrrntes calvos.
Preparados así los favorecedores de esos egpectáculüs,
escucharán conferencias so tire
la brevedad de la vida ó plezas de música de cámara ea.
cogidas entre lo más fúnebre
de los repertorios clásica&amp;.
"'

Ya los caprichos de los millonarJo¡, VllQ tomando aspectos mae&amp;br-0s que dan escalofrío.
Cuenta una crónica que
cualquiera de esos ricos uorteam.er!canos le dló á Adelina.
Pa1iti un cheque por valor de
500,000 !rancus como precio
de una venta horrible. L.~
cantante le cede al caprichoso millonario su garga~ta, ó
lnejor dicho, le da el derecho
para que después de su muerte haga cortar su garganta y
la conserve en un !rasco ho•
norilko.
La anécdota no se confirma. Ojalá que no se confirme
y que sea una invención reporteril.
Si fuera Yer jadera, no tardaría en sancionar 111, moda,
un linaje de transacciones que
desenfrenaría el capricho de
los ricos con perjuicio de la
respetabilidad delos personajes célebres.
Ya os imagináis á los coleccionadores disputándose fragmentos de poetas, de oradores, de cantatrices, de cómicos, de polftlcos, de pintores
célebres, aun antes de la muerte de ellos ó de ellas.
Se organizarían batidas en
regla para adquirir pequeños
pedazos de celetrirlad: se for•
marfansiniestros muset s, panteones de despojos fragmentarios, en los que las diversas
partes del cuerpo ee una celebridad se clasifica1 ían en el
orden de las c&lt;,tizaciones del
mercado de reliquias. El rledo índice de la mano derecha
de Zola raldria más que una
clavícula del mismo e5critor,
y si le quedaban manchas de
la tinta con que escribió su
última obra, mejor.
A la hnra de los postres esos
mecenas de cadávere!. les dirían á ~us invitados:
-Señoras y señores, acabo
de adquirir dos maravillas.
La primera es un molar auténtico del novelista Loti, la
segunda, una amfgdale de la

A nuestros abm·ados.
Por retardo del vapor que
trae el papel en que se tira la novela, no damos hoy
la entrega que coaesponde 11
PSta seruana. En cambio, aumentamos el número de loa
pliegos de esta edición del semanario y damos el bellfsimo
Minueto de la ópera Man6n.
Garantizamos á nuestros lect,ores que este afio quedará
concluida NUR,Stra Señora ds
París.

romiD~o 1_9 de Noviembre de 1_8~9.

EL MUNDO.

EN E.L CAN1PO DE LA GUERRA.
Desde que se rompieron las hoGtilidades entre los ingleses y los
boers, hemos procurado que todas las ilustraciones relati vas al co:itlllcto sean alg•&gt; más interesante y útil para el lector que las esi:enas de ma;,anza cruel que con tanta complacencia reproducen los
periódicos de actualidades.
Más interesante que las cargas del Coronel Baden- Powell en las
que aparece el jefe m 61és en actitud épica lanzándose al galope solire las lilas de los boers, de mayor atractivo que las horribles catás trofes de los trenes acorazados, y las sorpresas en las (l'argantas de
las montai'ias, son á nue¡,tro juicio los uniformes típicos de los cornb11tientes, las costurubres de los pueblos holandeses del ACrica rlel
Sur, el aspecto de bUS granjas, sus montañas en las que la defensa BLOEMFONTEIN.-El P1·esidente del E~tado libre de Orange con su escolta.
puede ser etic·az con efectivos mucho menores que los del enemigo
cuando los ingleses de in, adidos se tornen invasores por la espec,al
tándüse ~e vecino~_tan at&gt;sorbentes, tan superiores en fuerza y en civilizaciór ,cooflguracíóa de e~as montai'ias. Y lo mismo en punto á interés puede decirse
tl_ ~ r_es1dente K1 uger se. presenta rn le,s balcones del Palacio de Pretoria I ara
de los grabados que hoy publicamos.
du1g11se á ~us compatnotas, y les babia sobre los gra.ves acontecimientos del
Sabido es que Kiüger, y como él todo Presidente del Transvaal, más que
día con la srncillez de un predicador y la confianza de un amigo, de un i·gual
Magistrado á la moderna es patriarca, completamente Identificado en intereses
puest? por la Providencia al fren_te de un pueblo de creyentos r¡ue atribuy~n á
y sentimientos con sus conciudadanos.
s~ pr;mer mandatario una espeue de derecho divino emanado de la libre elecSiempre que '{lay alguna complicación difícil con los ingleses,-y los conción del pueblo.
tllctos Lieneu _que ser frecuentes y lo han sido en efecto como es natural tr11-

UNA ANCIANA ESPAffOLA.
Fot. de Arrlaga y Comp., Calle del Esplrttu Santo,

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO

---~--- -~~-·;

A.STUCIA. DE LOS BOERS.

:

Y'i
.f

~
•

Fabriquemos una caja ...... una
magnífica caja .... bien .... . .

Vamos á p: nerles una celada.

.. '.':) -s~!

;?e? -

r ong1 mos un letrero: &lt;Valor.:.
diawautes.&gt; ....

Pongamos din.1mlta en el fondo
y enciwa vidrio1:1 que pare1.can dla•
wantes.

'1',IV!/ ,I_J¡ ~ \.'

-1\

~ ,,,--.
-=----

; - '------.. ~

,) ..,"' .,. '\ ---- -'l✓J

:.'l.

/

,,.,,,.__,, ~
/'-, . --..?~~
:"\ . ,,, ,,,.

»~

... ''••~iv..

~

~

Un Lilo •eléctrlco nos comunicará·
con la caja. La dejaremos en una loma. El olor de los diamal.ltes atraerá
á los ingleses.

· - God!

· .:...su·peflor qu·a nty.

-Yell

-La fortuna.

- Ail right.

-.

,,

Ilorrible detonación.-La codicia rompe el saco.

303

PRETORIA.-El PI-endente Kruger pronunciando un discu1·so patricíticn

�304

EL MUNDO.

Domingo lll__ de 3-ovlembre de 1899.

Domingo_19 de Noviembre de 1899.

FL MUNDO.

que no lej os de la boca del cañón hay una abertura
por la que se escapa una parte del gas del disparo y
que la fuerza de este gas mueve un pistón que está
paralelo al alma y lo recbaza bacla atrás compriwc1 aes. La .nayor parte de las piezas son
rfe sitio, de 155 mili metros; y de campa- miendo un ]argo resorte antagonist.a.
Cuando ya no se siente la presión el pistón ocupa
í1a. y tiro rápido, de 75 milimetros.
Con tanta actividad y prudencia se ha Ja posición primitiva y este movimiento alternativo
llevado á cabo la instrucción de los arti- produce el automatismo.
El arma tiene una culata que se apoya en el hom lleros del Tran.svaal que los ingle.ses reconocen la eficacJa de i,u servicio en Glen. bro del tirador, como se ve en el grabado 1 y asf quecoe, del mismo modo que ban hecho jus• da asegurada la puntería.
Los cartucbos están dispuestos en láminasrlelgadas
1 icla á la excelencia del plan de campa.
de latón, á razón de 30 por lámina, y ésta~ se superfia desarrollado con tanta habilidad.
ponen en cajas de cartón.
Se emplean dos hombres para ejecutar el tiro: uno
apunta y el otro mtroduce sucesivamente las láminas
de cartuchos en la ametralladora.
Se puede regular la velocidad del tiro continuo para ello se varia por medio de un tornillo Ja capacidad
Una revista mHitar presenta la eme- de! espacio en que hacen sentir su acción los gases.
En 10 segundos se desarma y en 15 se arma. El matralladora automática Hotchki&amp;; como el
;-irma adoptada por el ejército francés pa• nejo puede hacerse con toda seguridad, pues la pre.
ra. luchar contra la ametralladora Maxim stón de prueba es de 5 1 000 atmósferas y no se nece¡;i.
ta hacer uso de más de 3,000.
elegida por los alemanes.
Para la guerra de montana se monta sobre un triPor otra parte el uso que se hace de la
pié que se conduce en mula: cada animal de estos
1futcbklss en la campaña sud-africana le
da. al estudio de esta arwa un gran inte- puede llevar la amerralJadora, el trlplt! y 600 cartu Ametralladora de ti?-o rápido llotchkiss.
chos: otra mula puede llevar 1920 cartuchos, lo que
res de actualidad.
Fué inventada hace t!'es anos por un hace una dotación de 2,520.
En la guerra de campaíia se monta en una flecha
oficial aus~riaco llamado Odkolck y perfeccionada S'.l·
LA ARTILLER!A DE LOS BJERS.
sostenida por un eje y dos ruedas. Ea el eje hay un
ces! vamtnte basta ser lo que hoy es
El objeto de las ametralladoras es retarzar el füe- escudo que pone á los tiradores al abrigo de los proSe ha hablado mucho de la efioacla de la arti fierra go de Ja infanterfa. Es un fusil de tiro extra-rápido. yectiles del enemigo.
-de Jos boers y á ella se atribuye más de uno de los La Ilotcbkiss reall:,.a esta cendlción puesto que hace
Por último cuando se emplea la ametra11adora en
,tctorlosos resultados de la ca::ipaíla de NaLal.
hasta 600 disparos por minuto; además para dotarla un fuerte ó á bordo de un buque se apoya sobre un
Aunque el boer no tiene Roldados proreslonaJes, de municiones con más racilldad emplea los mismos soporte fijo.
.hubo de comprender que los artilleroi:;•no se improvt. cartuchos que las tropas de infantería.
La ametralladora pes• 24 kllógramos y el trlpi~
Mn el dfa de la guerra y organizó un cuerpo de artiEl principio que aplica es el empleo del ,automa- 15. Con estos datos podrá apreciarse exactamente las
llería que tiene un efectJvo de 1,200 plazas.
tismo del gaS&gt; ó Jo que es Igual cada disparo se pro- noticias de la guerra en las que á veces se bab!a de
j Los artllleros boers tienen unirorme que no difiere duce por la acción que ejerce en el mecanismo una ametralladoras Hutchkiss.
do! traje del volun tario. !Sólo los ottciales llev•n tra- parte del gas de la :,ólvora del disparo anterior.
je milU.ar, como Jo entienden los europens Algunos
No entraremos eu detalles fastidiosos para explide er,os oficiales son de origen holandts O ah:wá.u.
car el mecanismo de la ametralladora. Baste decir

Hace tres ó cuatro ailos hizo el Trans-

val sus pedidos serios de cafiones y se dirigió á los Industriales franceses y ale-

La ametralladora antomática,

GCERRA DEL 1'RA,YSl'AAL -Las ambulancias
También verán n\.lestros lectores Ja esoolta ddl
Presidente de la República de Orange. El aparoto
mtlitar de P.ste magu;trado no es el que rod ea á un
Gu1llermo 11 ó á un Pr~sideote de Fi-ancla: en aquellos pueblos el representante !iupreruo de los destinos
nacfc,uales nada tiene que tem~r de la insurrección
ni del atentado anárquico.

No se ve en ese grupo de rudos glnetes á los mercenarios sin más consigna que la desconfianza para
tod1..1 el mundo Y con una responsabilidad tremenda
y ditícil, la defensa de un hombre amenazado¡ los
boers que forman la escoltJI, de Steia como lo~ que
custodian á Krüger, son ciudadanos á 4utenes I.:1. costumbre de los pueblos p1imltivos encomienda una
comisión de ceremonial, tan infantil como simpático.

Ea la ambulancia que se ve en uno de n11estros
grabados aparece el guerrero boer como lo que es un
voluntario para quien la guerra no tieue Ja tmPurtancia pr?f~slooal que le da el soldado eu ropeo. El
boer considera una campana como una de tantas cootlugenclas de la vida, íntimamente relacionada con

los asuntos cuottd!anos que preocupan normalmente
á 110 hombre de trabct.jo. Guerrear es para el holandés de Afr,ca como para el holandés de Europa hacer

diques en la playa: aquél sabe que su granja, sus ganados y su habitación no sólo exigen los cuidados con
q ne atiende sus negocte,s un ganadero de Australia.
La condición de su vida es tal, que entre sus atenciones existe la necesidad de combatir contra un enemigo eterno, el inglés, y esa necesidad, como decimos,

GUERRA DEL 1'RANS VA.AL. -Los transportes militares.

forma parte de las exigencias ordinarias de su vida
La lámipa en que hay un tren boer vadeando u~
río es wuy tnstruCtiva porque reveJa la diferencia
de condiciones para loN contendientes de Sud-A trlca
El inglés necesi ta grandes trenes, movidos rápida:

305

mente y á todo coi,to; el boer por más que actual.
mente es invasor ae territorios ingleses, no se ve en
la precisión de transportar grt1.ndes mesas de mate•
r1a1es de guerra y subsistencias. Fuera de la artille.
ría para cuya conducción tiene ferrocarriles, el boer

no necesita muchos recursos de vida.

E:1 esencialmente móvil como soldado porque es
frugal, buen glnete y buen tirador: necesita menos
víveres y menos CJ.rtuchos qud el europeo.

La artillu·ia de lob boers - Ejercicio de tiro.

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

307

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

LA DICHA.
..

Era la hora del té, antes que las lá.mparas se
eneendiesen. Li Quinta dominaba. al mar; el sol
aeababa de desaparecer dejando, á su paso, rosado y salpicado de polvo de oro; el MediterrAneo sin un oleaje, sin movimiento alguno,
liso reluciente todavía, bajo los últimos fulgores
1
del día., parecía una. inmensa lámina de metal pulido.
A lo lejos, hacia la derechq, las montan.as dentadas, dibujaban su perfil obscuro sobre la pálida púrpura del sol poniente.
Se hablaba del amor, se discutía sobre ese viejo amnto, se decían cosas que se habían repetido A menudo. La dulce melancolía del crepúsculo
suavizaba las voces, hacía flotar la ternura en
las almas y esta palabrB: «amor,» que viene sin
eesar á los labios, ya pronunciada por
una voz fuerte de hombre, y a murmurada por la de timbre lijero de una
mujer, parecía llenar el salón, revolotear como una ave y cernirse como
un e'lpíritu.
-Podrá amarse durante muchos
aftos seguidos?
-Sí, pretendían algunos.
-No, afirmaban los otros.
Se d iscutieron los casos, se estableeieron las difer enci~s, se citaron ejemplos; y todos, hombres y mujeres, llenos de recuerdos que surgían turbadores, que no podían citar y que les
llegaban hasta los labios, parecí,v1 conmovidos, al hablar con un ardiente
interé3, con una emoción profunda,
de ese sentimiento tan banal y tan soberano, del acuerdo tierno y misterioso de dos seres.
Repentinamente alguno, fijando los
cjos en un punto lejano, exclamó:
i·
-¡Oh! Mirad allá ¿qué será?
Sobre el mar, en el fondo del horizonte, surgía u na masa gris, enormey
confusa .
Las mujeres se levantaron y rieron
sin eomprender ese fenómeno tan sorprendente que jamás se había preseQtado á sus ojos.
Alguien dijo:
-Es Córcega! Se puede ver así dos
ó tres veces por afto en ciertas y ex
cepcionales condiciones atmosférfoas,
cuando el aire de una limpidez perfecta no la oculta con esas brumas de
vapor de agua que velan siempre ltis
lejanías.
Se distinguían vagamente las crestas de las
montafl.as, se creía recono1;er la nievt, de las cimas. Y toda la reunión permaneció sorprendida,
turbada, casi espantada por esa brusca aparición de un mu.ndo, por ese fantasma salido del
mar Tal vez tuvieron esas mismas visiones extraftas, los que partieron, como Colón, á través
de los Océanos inexplorados.
Entonces un caballero anciano, que no había
hablado todavía, dijo:
-Yohe conocidoen esa isla, que se levanta delante de nosotros, com" para responder ella mis~ª á lo_ que antes decfamos y traer á mi memona un smgular recuerdo, un ejemplo admirable
de un amor constante, de un amor dichoso hasta.
lo inverosimil.
Oíd:

LA .PRnfERA ORACION.

montón de rocas en la cima de un monte. Ningún cultivo, ninguna industria, ningún arte. Jami\s se descubre un pedazo de madera tallada, un
trozo de piedra esculpida, jamás el recuerdo del
gusto infantil ó refinado de los antecesores para
las cosas graciosas y bellas. Y esto mismo es lo
que más llama la atención en ese soberbio y agreste país; la indiferencia hereJitttria por ese deseo
de descubrir formas seductoras que llamam.Js:
; el arte.»
La Italia, en que cada palacio lleno . de obras
maestras, es una obra maestra también en que
el mArmol, la maderí'I, el bronce, el h' erro, los
DH,tales y las piedras ponen de manifiesto el genio del hombre, donde los más peaueftos objetos
antigos qu~ adornan las viejas casas revelan esa

V~ l¿. ·~,
~·\-_ ,.._i..4·,~
.

&lt;..,P"-

"'a:.

s,

. ..... -~ "'l 'r .

,

.........

divina inquieted de la gracill, es para todos nosotros la patria sagrada que se ama porque nos
muestra y nos prueba el esfuerzo, la grandeza,
la potencia y el triunfo de la inteligencia creadora.
Y enfrente de ella, la CórcPga salvaje h11. permanecido como en sus primeros días. El hombre
vive allí en su casa tosca, indiferente á todo lo
que no toca de cerca su existencia propia é: sus
cuestiones de familia; ptrmanece con los defectos y las cualidades de las razas incultas, violento, rencoroso, inconscientemente sanguinario; ;- ero hospitalario t ambién, generoso, adicto y sencillo, abriendo su pue"ta á los transeuntes y dando su amistad fiel en cambio de la menor muestra de simpatía.
Hlicía un mes que erraba á través de esa isla
magnífica, coa la sensación de que estaba yo al
otro extremo de 1 mundo. Ningún albergue, ninHace cinco aftos hice un viaje á Córcega. guna taberna, ningunos caminos. Solo por estre•
Es una isla salvaje más desconocida y ml1s leja- cbos senderos atravesados por mulas, FOdía llena de nosotros que la América, aunque se la dis- gAne á esas caballas fijadas al flanco de las montaftas, que dominaban los tortuosos abismos de
tinga algunas veces desde las costas de Francia
eomo hoy.
' donde, durante las noches se oye subir, el ruido
Figuraos un mundo todavía en el Mos una continuo, la voz sorda y profunda. del torrente.
tempestad de montailas que separan barráncas Se toca á las puertas de las casas; se pide un
estrechas do_nde corren torrentes; ningún plano, abrigo para la noche y con qaé vivir basta la
Sólo ~ocas mmensas de granito, gigantes on- maftana siguiente. Se toma asiento en la humil•
dnlac1ones de tierra cubiertas de matorrales y me mesa, se duerme bajo el humilde techo y al
~Ita~ selvas de castallos y pinos. Es un sue- otro día se estrecha la maco que nos tiende el
.o virgen, inculto, desierto, aunque de cuando en bué,ped que nos conduce hasta los límites de la
cuando se encuentra una aldea, parecida á un aldea.

Una tarde, después de diez hcras de marcha,
llegué á una pequen.a morada muy aislada en el
fondo de un estrecho valle que se prolongaba hasta el mar, una legua más lejos. Las dos pendientes rápidas de la montaila cubierta de matorrales, de rocas desiguales y de grandes árboles,
encerr11 ban como dos sombrías murallas esa barranca lamentablemente triste.
Al rededor de la cabafta, algunas vilias, un pequeilo jardín y, más lejos, algunos altos castaftos,
lo necesario en fin para vivir, toda una fcrtuna
para ese pobre país.
I.a mujer que me recibió era anciana, severa y
limpia por excepción. El hombre, sentado en una
silla de paja, se levantó para saludarme, volviendo á sentarse sin pronunciar una palabra. Su
compaftera me dice:
-Excusadle, está enteramente sordo. Tiene ochenta y d0s al.los.
Ella hablaba el francés de Francia.
Esto me sorprendió:
Entonces le pregunté. ¿No sGis de
Córcegar
-No, me contestó, somos del con'l
tinente, pero hace cincuenta al.los que
' habitamos aquí.
Una sensación de angustia y de miedo se apoderó de mí al pens,.r en esos
cincuenta aftos trascurridos en ese agujero sombrío, tan lejos de las ciudades
donde viven los hombres. Un viejo pastor entró y se le dió de comer el único
plato que componía la comida, una so p11 espesa donde se habían cocido juntos jamón, patatas y coles.
Cuando terminó la corta comida, fuí
á sentarme delante de la puerta, con
el corazón oprimido por la melancolía
del sombrío pBisaje y por esa angustia que sobrecoje algunas veces á los
via jer.,s en ciertas tardes tristes, en
ciertos lugares desolados. Me parecía
que todo estaba próximo á terminar,
la existencia y el Universo. Se percibe bruscamente la espantosa miseria
,,.,...
de la vida, el aislamiento de todos, la
nada absoluta, y la negra soledad del
corazón que se mece y se engalla él
solo con ilueiones hasta la· muerte.
La anciana· se reunió á mí, y torturada yOr esa curiosidad que vive siempre en el fondo de las almas más resignadas:
-¿Venís deFrancia?-me preguntó.
- Sí, y viajo por placer.
-t',Sois de París, sin duda?
-No, soy de Nancy.
Entpnces me pareció que una emoción extraordinaria la agitaba. Cómo sentí y ví esto, no lo sé.
Ell11 murmuró lentamente:
-¿Sois de Nancy?
El hombre apareció en la puerta impasible como todos los sordos.
La anciana dice, mirándolo:
- No importa. No oye nada.
Pasados algunos seg:mdos, continuó,
::-¿Entonces conocéis los habitantes de Nancy?
-¡Oh! Sí, casi á todos.
-¿La familia de Saint Allaize?
-Sí, muy bien; eran amigos de mi padre.
-¿Cómo os !lamáis?
Dije mi nombre. Ella me miró fijamente, en seguida pronunció con esa voz muy baja que despierta los recuerdos:
- Sí, sí, yo me acuerdo perfectamente. Y ¿los
Brisemare, qué se han _hecho?
-Todos han muerto.
· -¡Ah! Y .¿los Sirmont, los conocéis?
-Sí. el último es general.
Entonces me dijo, temblando de emoción, de
angustia, de no sé qué sentimiento confuso, poderoso y sagrado, de no sé qué necesidad de hacer confidencias, de decir todo, de hablar de esas
cosas que ella había tenido o~ultas hasta entouces en el fondo de su corazón, y de esas gentes
cuyos nombres habían trastornado su alma:
-¡Enrique de Siemont! ¡Ah! Es mi hermano.

�308

EL MUNDO.

Lleno de sorpresa levanté los ojos hacía ella.
Repentinamente el recuerdo me vino.
Una joven, bella y rica, Susana de Simont había desaparecido con un sargento de húsares del
regimiento que mandaba su padre. Esto había
causado antes un gran escándalo en la noble Lorena.
Era un joven guapo, hijo de campesinos; pero
llevaba muy hien el dormAn azul, ese soldado
que había seducido á la hiji de su Coronel. Susana lo había visto, admiradc y amado al mirarlo
desfilar en los escuadrones, sin duda. Pero ¿có·
mo le había hablado, cómo se habían podido ver
y entender? ¿Cómo 'había osado ella hacerle comprender que le amaba? Esto no se supo nunca.
Nada se había adivinado, nada presentido. Una
tarda, cuando el soldado terminó su guardia,
desapareció c,m ella. Se les bus:!ó y no se les encontró. JamAs hubo noticias de ellos y entonces
la familia de Susana la consideró como muerta.
Y sin embargo yo la encontré en ese siniestro
valle.
Entonces dije á mí vez.
-Sí, recuerdo bien. Vos .;ois la sei!orita Susana.
Ella hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. Las lAgrimas rodaban por sus mejillas. Y
mostrá.ndome con una mirada al anciano inmóvil
en el umbral de su cabafl.a, me dijo:-Ei él, y
comprendí que le amab:1 siempre, que ella le veía
con ojos llenos de ternura infinita.
-¿Al menos habéis sido díchosa? le pregunté y
me respoJ:dió, con una voz que le salía del corazón:
-¡Oh! Si muy dichosa. Meha hecho muy dichosa. A su lado jamás he extraftado nada.
Yo la contemplaba, triste, sorprendido, maravi-

Domingo l!l de Noviembre de 1899,
tos, ni el tibio perfume de las cámaras cubiertas
de cortinajes, ni la suavidad del lecho donde ae
hundía su cuerpo para reposar. Ella estaba satisfecha con sólo él, con tal que e¡.,tuviese A su l1t.
do, nada ambicionaba ya.
Había abandonado el mundo, muy joven, así co,
mo á los que la habían amado y educado. Se
había retirado sola con él, á esa salvaje barranca. Y en él se había concentrado todo para ella,
todo lo que se desea, todo lo que se suefta, cuan•
to se aguarda sin cesar, cuanto se espera sin fin.
El había llenado de dicha su existencia de un
extremo al otro. No había podido ser más feliz,
Y toda esa noche al escuch~r la ronca respira,
ción del antiguo soldado extendido sobre su humilde lecho, al lado de la que le había seguido
tan lejos, pensé en e•a sencilla y extrafta aventura, en esa dicha tan completa, he::ha cou tan poco,
Partí al amanecer después de habt-r estrechado,
muy conmovido, la mano de los viejos esposos.

liado por la potencia del amor! Esta jcven rica habiaseguido Aese hombre, áesecampesino. Ella mis·
ma se había convertido en una campesina. Se ha·
bía acostumbrat.lo A esa vida sin encantos, sin lu·
jo, sin delicadezas de ninguna especie . Se habh
plegado A esas costumbres sencillas. Le amaba
toda.vía. Era la esposa de un hombre rúatico; cubría su cabeza con una modesta cofia y su cuer;,o con un traje de tosca tela. Comí11 en un plato
de barro, sobre una mesa de madera, sentada en
una silla de paja, una sopa de col y de patatas
con jamón, y dormía sobre un colchón de paja al
la.do de su marido.
Jamás había pensado en nada que no fuese él!
Nunca había extraftado ni las alhajas, ni las telas
de seda, ni el lujo, ni la comodidad de los asien-

*

**

El narrador 11e calla. Una mujer dijo.
-Es igual, ella tenía un ideal demasiado fácil,
necesidades demasiado ¡,rimiti vas y exigencias
seoci11ísimas. No debía ser mlis que una tonta.
-Otra pronuncia con una voz lenta:-¡Qu6
importa! Fué dichosa.
Y, allA A lo lejos an el fondo del horizonte, la
Córcega se hundía en .a noche, se escondía lentamente entre el mar, borrándose su gran silueta
aparecida, como para revelar ella misma la historia de los dos humildes am11,ntes que abrigaba
su ribera.
G ú Y DE MAUPASSANT,

Lf\S OENIZf\S.
I
Valentina de Terneuse no ha llegado aún A la
edad en que comienzan á apuntar las primeras
C!l.nas, pues se halla en ese momento de la vida
en que todavía se es joven.
Si no ha querido ir al e.: treno de La 1·ueca de
cristal no se debe á los treinta y seis afl.os de
existencia que lleva en este mundo; se debe á que
está harta de todo y no encuentra lenitivo A su
soberano aburrimiento.
Ha dicho á su marido: «Eres un hombre insoportable;» y después de haber indicado A su
doncella que se retirara, se ha echado en una butac.J. colocada junto á la chimenea.
,
Acaban de dar las nueve. ¿En qué piensa Valentina? ¿En su marido, No ¿En su amante? No
lo tiene ni quiere tenerlo. Piensa en su pasado.
Antes de llamarse Valentina de Terneuse se 11&amp;.maba Valentina A secas. Ha sido actriz antes de
ser condesa. No se había distinguido nunca por
su talento y había rendido culto A esa honradez
relativa que basta para la buena reputación de
una mujer de teatro. Después se casó con M. de
Terneuse, el cual la adoraba con delirio.
¿En qué detalle especial de su pasado pensaba
Valentina?
Eo un amor que tuvo en los primeros aftos de
su juventud.
Tenemos todos en nuestra memoria un sitio de
refagio que nos acoge durante las horas de indiferencia y de fastidio. No hay alma que no sea
vestal inconsciente de una llama que no ha de
extinguirse nunca.
Valentina ha amado hace diez, doce, quince
aftos, acaso más.
Siendo casi una nifta desempeftaba papeles sin
importancia en un teatro de tercer orden. Su
amante Aureliano, estaba empleado en una alcaldía, donde ganaba cien francos mensual~s y
estuvo á punto de ser despedido porque escribb
comedias en el papel del Municipio.
'
Hoy es un hombre ilustre que ha tenido grandes éxitos en el teatro y ha logrctdo obtener una
fortuna muy regular.
¡Cuán felices eran Valentina y Aureliano en
aquellos tiempos de miseria!
Se habían conocido en un café de Montmartre,
en el que se desayunaban diariamente.
Estaban tristes, descorazonados y enfermos;
pero deliciosamente satisfechos.

Los domingos, cuando tenían algún dinero,
iban al Vesioet, donde comían eo una modesta
posada que existe todavía.
Valentina recuerda aquellos tiempos ya muy
remotos y teme haber envejecido.
Pero no. Levántase de su butaca, se mira al
espejo y se sonríe de satisfacción. Si Aureliano
la viese la reconocería en seguida. Pero ¿á. que
pensar en eso? ¡Hace tantos aftos que no se han
visto!
Ella vive muy retirada y
él estA muy distraído con
los triunfos literarios que
de continuo obtiene.
Si Valentina frecuentase
los bailes y los teatros podría encont. arle alguna vez.
-La verdad es - piensa
la condesa- que oi me empefiara en verle no me costaría gran trabajo lograr
mi propósito. Estoy seguro
de que no falta á ningún
estreno. Nada tan sc,ncillo
como hacerlo seguir á la salida para averiguar dónde
vive. Pero no quiero, porque respeto á mi marido, á
quien debo todo g énero de
atenciones. A pesar de to•
do, me gustaría verle, aunque fuese de lejos.
Valentina toca un timbre,
y A los pocos instantes se
presenta su doncella, trayendo en una bantleja el
billete correspondiente á
un pal!o para el estreno de
L a 1·ueca de cristal.
- Rosa, vísteme en seguida y dí que enganchen. Voy
al teatro.
Al cabo de un cuarto de
hora hallábase Valent~na en
su coche, pensando en Aureliano y en la modesta posada del Vesinet.

II
Los dos amantes se encontraron al fin. La condesa hizo seguirá Aureliano á la conclusión del
espect9.culo, á fin de que llegaran á sus manos
las siguientes líneas: «Si reconoces mi letra, vé el
domingo á donde tú sat-es.»
Aure liano la reconoció, en efec~o, y recordó inmediatamente la posada del Vesinet.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

309

EL MUNDO.

de la enemiga duranLos dos antiguos ama~tes acu~ieron puntuales atrás nos unía. Entre tú y yo se ha interpuesto
te un viaje que el rey
,Ala cita. ¡Ccn ~~é apetito comieron. el pan de algo, y e9e algo eres tú. Somos muy desgracia
su esposo tuvo que em. unición y el vmillo blanco de otros tiempos!
dos, porque lo que y o siento lo sientes tú tam• 1
preLder. Júzguese el
~ Se hicieron mil juramentos de amor y desea- bién .
'
peligro en que se han
ser
pobres
para
reanudar
su
antigua
y
aza«Adiós
para
siempre,
Valentina.
Huye
de
mí
'1'o
.
llaba
la joven reina sin
como
yo
procuraré
evhar
tu
presenc;a,
y
procurosa existencia.
la protección de su herDespués estuvieron en el café &lt;le Montmartre, raremos olvidar A fin de acordarnos de nuestras
mana; la reina madre,
por )a noche asistieron al teatrilllo donde em- pasadas venturas. »
proponiéndose hacer~zó su carrera Valentina. ¡Qué hermosa era la
Valentina dejó caer la carta al suelo y se que•
la sufrir mucho tiem·vida! ¡Qué bien habían hecho en buscarse don- dó absorta y pensativa. Removió con las tenaci• ,
po, hizo que le corta •
de entonc&lt;::s 6ólo podría separarles la muerte!
llas el fuego de la chimenea que iba á extinguirran las manos y que le
Al día sig uiente, mientras Valentina estaba es- se. Bajo un arco de cenizas había un diminuto
sacaran los ojos; desperando un carruaje de punto que había manda- tronco que aún ardía. Cayó la ceniza y el tron•
pués la abandonó en
·do á buscar para ir á ver á su amante, entró Ro- co se apagó.
1
un camino apartado
sa y la entr egó una carta de Aureliano.
-¡Ah! -exclamó Valentina.-¡Tiene razón! ¡Al
, . ... _ _ _ 1 y
lleno de precipiLa condesa se estremeció de gozo al ver la le- remover las cenizas hemos apagado el poco fue1
go
que
quedaba!
tra de su amigo.
He aquí lo que decía la carta de Aureliano:
C ATULO MENDES '
cNo vengas esta tarde, ni man.ana, ni nunca.
:Si tienes piedad de mí y de tí refúgiate en el pa-aado. E res hermosa y yo soy Joven; pero ya no
BLANCA-BELLA. ·
nos amamos. Somos unos muertos qu 3 tratamos
(Cuento de la época de PJrrault.)
-de parodiar una existencia anterior.
Había
una
vez una mujer, próxima Adará lu~,
«Al beber yo en el Vesioet el vino de la posa- que se paseaba
por el hermoso jardín de su casa. cios. Esta última circunstancia pareció á Bl mea,
da hice un gesto in visible de desagrado y al
Un día durmióse en él, rendida de cansancio y Bella el único conmelo que un ser tan desgrapasearnos después por el boulevard exterior tu- · de calor. Su boca había qutidado abierta y por
viste frío y pensaste en las comodidades de tu ella deslizóse una serpiente. Ttascurrido algún ciado podía. eneontrar. Deseaba la muerte. La fortuna la había conducido al borde de un abismo.
-casa. Terminemos de una vez esta farsa ridícu- tiempo, la mujer tuvo una nilla. Pero esta nifl.a No
tenía más que dar un paso para caer al precila y no intentemos galvanizarnos. La poca ter- tenía el cuerpo rodeado por una se:piente que picio,
cuando sintió un brazo que la detenía.
nura real que sub3iste en nuestros corazones es asustó á todos, pero que por fortuna, desapareció
Pretendió
desasirse inútilmente, y al fin reconocomo ese r esto de savia vital que hace crecer la
al
punto.
ció
por
la
voz
A su herm'lna, que se obstinaba en
·barba y el pelo á los cadáveres.
Se creyó que la nifi.a no podría vivir mucho no dejarla perecer. La condujo á una casa vecina,
«Para el hombre no hay má.s que un amor y tiempo. Un dia que la aya la condujo al y allí la dejó algúo tiempo, privada de ojos y
una primavera que no renacen jamás. N_u_estra jardín, donde ;;e entretenía en coger flores, se de manos parll. hacerla expiar su falta.
deaventura actual tiene un efecto retroactivo y mostró A ella la misma serpiente que se había
Algún tiempo después, creyóndola suficiente:hemos dado muerte al pasado. El caso es horri- presentado á su m!l.dre, y le dijo que era su her- mente castigada, le devolvió su hermosura prime"ble pero irremediable. A nuestra edad no se tie- mana, y le prometió toda clase de venturas, ra. No podía la reina aprec~ar esta ventura. La
ne~ ilusiones. El recuerdo es lo único que hace siempre que no hiciese nada sin su consejo.
vida sin el rey, su esposo. á quien amaba loca8118 veces. La separación da á la antigua reali•
Comprometióse á ello la nifta, y mAs tarde se mente, no le era posible. La culebra trabajó para
dad el suficiente encanto para que se asemeje al- confirmó en la promesa. Algunos aftos después completar su dicha. Averiguó que el rey había
,go al ideal.
la serpiente le pidió que pasease un día con ella regresado y que tal había sido su pesar alsaber la
«Cuando somos jóvenes nos preceden las ilu- en el jardín, á lo que accedió. Cuando hubo en- pretendida muerte de su esposa, que juró no volsiones· cuando llegamos á cierta edad nos signen. trado en el jardín y cerrado la puerta, encontró ver á casarse jamá.s¡ pero el tiempo y las instan·
Pues bien, nosotros hemos matado nuestras ilu- preparado un bafto lleno de lech~, má~ blanca cías de sus súbditos comenzaban á alterar su re•
aion,s, que eran nuestro único refugio contra las que la nieve, mezclada con agua perfomada. Su solución.
Juzgó la serpiente que era preciao apresurar•diarias amarguras de la existencia. Te confieso hermana la dejó dentro, y en seguida la colocó
que be cometido contigo una traición al tratar para que·reposase en uo lecho de algodón, sus- se, ~ hizo construir en un momento un castillo de
de amarte todavía. Si no te hubiese amado en pendido de los árboles más elevados. Al desper- alabastro resplandeciente, cuya construcción era
•otro tiempo, tal vez te amaría hoy mucho má.s tar la misma serpiente la arregló los cabellos. Y tan perfecta que hasta entonces no se había ad-que antes. Pero te adoré tal como eras entonces tales atractivos pidió para ella, que su belleza mirado una obra semejante. Estaba rodeado esnatural aumentó excraordinariamente, y al salir te palacio de balaustradas de oro; los capiteles y
y ya no eres la misma.
del jardín fué la admira- los frisos eran del mismo metal, así como la cución de cuantos la vieron, bierta, que consistía en una plataforma muy esEl baflo delechehabíada- paciosa. La situación y los alrededores de este
do á su piel una blancura castillo respondían á su belleza, y era imposible
y un perfume, que nada que el que descubriese de lejos til maravilla no
del mundo podía a.lte - se apresurase A contemplarla de cerca. El hada,
rar. Como esta blancura para no atraer las multitudes, hizo que el palacio
excedía á todas, su her- no fuese advertido má.s que por el rey, qu:i en la
mana le dió el nombre caza se había extraviado con su favorito. L'.egó
de Blanca-Bella. S11s ca- al castillo con su acompaftante, donde encootró
bellos que eran de un ru - al hada, que no era entonces serpiente, quien le
bio único, no podían dis- permitió venir á descansar en este lugar deliciominuir ni obscurecer . so, pero á condición de no ser acompailado má.s
E ran largos, espesos y que de su favorito. El rey encon.ró encantador
ondulosos. Cada vez que este retiro, que le atr11ía constantemente. Un día,
se los peinaba, caían una durante las horas de calor, reposaba en un gabiinfinidad de diamantes, nete cubierto de diamantes, que servían de escon los que su cabelle- pejos y que embellecían de un modo inexplicable
ra quedab1 siempre or- todos los paisajes y jardines cuya imagen conada.
piaban; en un lecho, suspendido de la techumNo tardó mucho en ins• bre, gozaba del fresco que producía una fuente
pirar amor. Un rey era, que estab, debajo y cuya concavidad era un solo
A la vez que el mAs no ble rubí de O·iente. El hada, queriendo unir los plade sus amantes, el pre- ceres dP.l oído á los t.le la vista, hizo aparecer una
feri do de Blanca-Bella. máquina de forma portentosa, de la que surgían
Celebróse la bodaalegre- los sonidos mAs delicados. El rey guedó embar•
mente. Blanca, loca de gado de placer y de asombro; pero cuando a esgozo al ver su inclinación tos sonido., maravillosos se ur.ieron bellas y tiery su ambición satisfe- nas palabras el príncipe parecía fuera de sí. La
chas, olvidó comunicar voz misteriosa cantaba las desventuras de Blaná su hermana tan impor- ca--Bella. El dolor y la ternura fueron mAs vivos
tante suceso. Esta, justa• que nunca. El hada hizo desaparecer el artificio
mente irritada por tal para no extremar el sufrimiento. El rey hizo en
ingratitnd, pensó en cas- seguida pesquisas secretas y públicas sobre la
muerte de Blanca--Bella. Vió confirmadas las Dü·
tigarla cruelmentti.
El rey, conducido por tieias que había sabido en el palacio de alabastro.
la pasión, celebró el ma- Muchos vinieron á quejarse de las tiranías y crueltrimonio
sin
co:isentimiento
de un.a madrastra dades de la reina madre. Ella mism·\ compren«Has engordado-lo cu.al te sienta muy biene
le
había
gobernado
con
autoridad durante dió que no podía defenderse, y tuvo el valor de
lpero yo te quise cuando eras delgada. Te has
;:
infancia.
Esta
muJer
imperiosa
desaprobó la preparar los verdugos y de procurarse una muer1lustrado, y á mí me encantaban tus cartas lle•
alianza,
y
cuanto
más
digna
~e
ser
am~da
la te inevitable. El rey, tranquilizado por esta venIJlas de faltas de ortografía. No podemos pedir al
ganza, volvió en busca de la música misteriosa
nueva
reina,
mayor
era
el
odio
que
le
mspuaba.
Pasado los consuelos que antes nos prodigaba,
que le eonmovía de dolor y de placer.
Vivió
la
desgraciada
Blanca-Bella
á
mer
ced
e&gt;ues se ha roto el encanto misterioso que aftos

~:ª

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

31(1

Encontró más de lo que esperaba. De la caja
musical surgió Blanca-Bella, que era la que había cantado sin que el rey lo advirtiese. En el estado en que el rey se hallaba, puede juzgarse el
efecto que producirfa esta súbita aparición.
Blanc~-Bella estaba mlis hermo~a, y el rey fué
con ella más carifloso que nunca. Se amaron mucho· ningún enemigo turbó su ventura; fueron
sie~pre adorados de sus súbditos; tuvieron hijos
tan hermosos como ellos. y no cesaron de ser
protegidos por la serpiente, quien les r:galó el
castillo de alabastro, en el que establecieron su
corte.

EL DESPACHO

¿No has visto, cuando prendes la hamaca en los naranjos

Antes de que pudiera ve~garme, ni aun d~rme
cuenta de mi mal, ya la obscuridad del encierro
me cercaba. Horas eternas pasé á solas con mis
celos, sordo al ruidoso traqueteo, sin otro afán
que el de terrible venganza.
Al fin un hombre pálido y ensangrentado me
dió libertad, despnés de colocar en mi ala un des-pacho.
¡Qué cuadro desde lo alto! Una ciudad murada
ocupaba el centro de inmenso valle, surca~o por
un río de rojizas ondas. En torno pueblos meen•
diados, campos sembrados de 11rmas y de cadáveres, y llenando de humo elambiente y el esp~cio de clamor, un círculo de caftanes tronando sm
tregua.
Mi horrib'le pena se mitigó al pronto ante aque•
lla inmensidad de sufrimiento. Pero el recuerdo
de mi amor perdido venció á mi dolorosa curiosidád y tendí el vuelo. Al mirar por última vez á
la ciudad, á la cual afluía innúmera muchedumbre dispersa y derrotl;\da, sobre la puerta de la
mnralla flotaba una manchita blanca. Se rendían!
Volé á todo vuelo, con la vaga idea de que era
portador de la noticia de un desastre y exclamando con feroz alegría:-¡Voy á vengarme! Ví
entre suenos ruinas humeantes, mieses abrasadas, campos desiertos, soledad y muerte que n~
me apiadaban .... ¿acaso eran comparables á mi
duelo?
Al llegar sin aliento me aguardaba el jde, que,
apoderáudo~e turbado de mi despecho, huyó dejando mi jaula abierta ....
En ella estaba sola la infame ...... quiso fingirme am0res ... . .. ¡cuánta hiel y qué amarga
· cabe en nuestro pecho! A picotazos la maté y su
sangre enrojeció mi plumaje.
Desde la airosa veleta contemplé á mis pies la
gran ciudad insurreccionada, Yo había sido el
portador de la infausta nueva que la enloque•
cíll ...... ¡Venganza justa! ¿Por qué habían destruido mi felicidad?
Por las anchurosas vías circulaba negro torren•
te entre bramidos de cólera. Y al ver el estruend~ con que se hundía un trono, me pareció que
el mundo lloraba en los funerales de mi dicha
muerta, y que era la sangre que goteaba mi pecho la que ensangrentaba á París.

¡Qué alegre vida la nuestra en los palomares
de París!
¡Qué paz tan dichosa; bien cuidado por ague•
llos simpáticos veterar.os, adorados por nuestras
companeras!
De cuando en cuando, por ejercitar nuestro
instinto, nos llevaban lejos, muy lejvs, durante
horas enteras, encerrados en grandes banastas,
oiamo~ en las tinieblas entrechocar ruedas velo•
ces sobre carriles rle hierro, silbidos agudísimos
y trepidación atronadora, que nos angustiaban al
principio y á los que nos habituamos en breve.
Al llegar á puntos elegidos, cada vez más distantes del palomar, nos daban suelta. Eramos
dos centenares: deslumbrados al principio, nos
elevábamos á gran altura, con atolondrado vuelo
y describíamos ancho círculo volando iguales.
De repente, nosotros, los guiones, sentíamos la
misteriosa atracción del palom9r, ese impulso secreto que nos orienta y guía más allá del límite
de los sentidos más perfectos, y allá íbamos como flechas, seguidos por los pisteros de instinto
menos seguro. Y ¡qué peripecias! Ora las aves
de rapiil.a dispersaban el numeroso bando; ora
elevadas montanas nos oponían valla casi insu•
perable, y el viento contrario y la nieve fatigosa.
Algunos faltaban al recuento; otros ostentaban
heridas de garras ó perdigones. Pero ¡qué al6gría al llegar! ¡Con qué júbilo nos acogían los
veteranos! ¡Con qué amor nuestras esposas! ¡Bendito aquel adorado hogar tranquilo, tan apacible,
pese á los atributos bélicos que le adornaban!
Un día uno habló de nuestra misión guerrera,
y aseguró infatuado que se contaba con nuestras
alas, como preciosos elementos de la defensa na•
c,ional. Milagro fué que no muriéramos de risa
al oírle. Nuestros irónicos arrullos alarmaron á
JUAN ARZADUN,
los veteranos de cabellos blancos, tan pacíficos
como nosotros; ¡y decir que éramos de guerra!
¡Quelle blague!
Pero no hay dicha eterna. A mediados de Julio del 70, una actividad desusada reinó en nuestro palomar; los veteranos encanecidos hablaban
de la guerra con los dientes apretados y un aire
fiero del que yo no les creía capaces.
Nuestros companeros fueron expedidos por
centenares á todas las plazas fuertes del territoI
rio, al Este sobre todo, y les esperamos en balde
durante muchos días. El primero :,ue regresó
Yo mojaré una pluma del ala de un arcángel
herido en una ala nos refirió cosas horribles. Ha•
Eo la más blanca estrella,
bía visto aldeas incendiadas, ejércitos inataca- y en la olorosa página de un pétalo de nardo
blea, legi'Jnes en derrota arrastrando su desaTe contaré mis penas.
liento por todos los caminos, dejando en pos de
sí muertos y más muertos, de bala y de fatiga.
Sin duda, el despacho que traía. confirmaba
aquellas cosas horrendas, porque durante todo el
Serías mi perfume, si al florecido valle
día oímos maldecir á nuestros custodios; por vez
Tu paso dirigieras,
primera nos olvidaron á la hora de nuestra co- ¡Pues orlaría todos !05 flecos de tus rizos
mida, y tarde y al re,·és, nos sirvió un viejo con
Con mucha Primavera!
los ojos encendidos, que se mordía los mostachos y si algún día unieses á tu adorable espíritu
Mi alma de poeta,
por no sollozar.
Estas escenas me llenaban de fúnebres presen- ¡En todas las batallas y en todos los torneos
Serías mis bandera!
timientos, pero la horrible realidad la superó en
¡Oh!
flor
de
las e.urora.;, sultana de las tardes
breve .
Y maga de las tiestas,
Una t,arde el anciano tembloroso, jefe de los Señora del castillo de oro de mis suelios
demás, vino en persona á sacarme de mi celda,
Y esplendorosa reina!
tan bruscamente que no pude despedirme de mi
amada compailera.
III
-Alguna mi•ión difícil-pensé sin temblar,
viendo cómo en mi presP.ncia preparaban con ex•
¡Oh! ¡cuánto me subyugan tus árabes pupilas
quisitas precaueiones la ceata que había de conY tus pestafias negras!
ducirme.
¡Bien sabes que á tus galas es1:oltan mi_s ternuras
Antes de guardarme en ella cometieton una
C,,mo rendidas siervas!
crueldad inenarrable, El jefe mismo me vol- ¡Bien sabes que en las flores azules del romero,
vió á mi celda, en la que vi, estupefacto primero,
Que en tu balcón golpean,
y enloquecido luego, a. mi rival odiado ocupando Cuando abres las persianas, se agitan mis canciones
Como un tropel de abejas!
mi puesto, arrullando á mi adorada companera . .

De tu oriental flor&lt;Jsta,
Caer mis azahares que esmaltan los primores
De tú amplia cabellera?
Pues bien, esas caídas de símbolos nupclale~
Son flores que voltea
El melodioso enjambra de versos de mi lira
Que síguente doquiera.
¡Porque eres la paloma, la Venus de mi patria,
La Musa prindpesca,
La luz de mis malianas, la luna de mis noches
Y el canto de mi selva!

Año V I

Tomo

[l

México, Domingo .26 de Noviembr~ de

r~o&lt;.J

Número

IV
¡Escucha! Cuando exoirP, me arrojas una lágrima,
Que en el fulgor de ella
Se 1:1.vará mi alma para ascender radiante
A la celeste esferal
Entrar al Paraíso, que es donde van las novias,
Mi espíritu desea,
¡Para tejerte un solio de rosas y de astros
Al lado de Graciela!
GUZMÁN PAPINI y ZAS.

1

l

r· .
1

CRISTO.
Recepción en el patio central del Palacio Nacional.
Venía de Oriente, como el Sol. Venía
de la Mesopotamia,
dejando sobre mares y desiertos
larga estela de lágrimas.

Fot. de El Hundo.

Su inefable mirada, siempre triste,
se quedaba en las almas,
como un rayo de sol, hecho brillante,
se queda en la montaña.
Su palabra era pan. Y la echó toda
sobre la hambrienta raza
que gruñó al recogerla. ¡Cocodrilos
atrapando una garza!
Y mientras él, humilde, proseguía,
como uoa nube blanca,
lloviendo sobre estepas infecundas,
su bendición de lágrimas;
la tribu miserable se nutría,
de aquel pan con substanc_ia
que fecundó malditos embriones
de flores escarlata.
Y se fué la blanquísima silueta
perdiendo en la distancia ... ~
Como un dolor, la negra cabellera
le caía en la espalda ....
Ya sólo quedan de él, del compasivo,.
fulgores da miradas,
como raros diamantes, incrustados
en el duro carbón de nuestras almas.
JOSÉ MARÍA QUEVEDO..

La Junta Directiva organizadora .de la manifestación.

Fot. deJ'. P. Amago..

22

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94609">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94611">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94612">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94613">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94614">
              <text>21</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94615">
              <text>Noviembre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94616">
              <text>19</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94633">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94610">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 21, Noviembre 19</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94617">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94618">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94619">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94620">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94621">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94622">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94623">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94624">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94625">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94626">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94627">
                <text>1899-11-19</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94628">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94629">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94630">
                <text>2017557</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94631">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94632">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94634">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94635">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94636">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1505">
        <name>Acuarelista mexicano</name>
      </tag>
      <tag tagId="1504">
        <name>Alfredo Ramos Martínez</name>
      </tag>
      <tag tagId="1503">
        <name>Guerras y paz</name>
      </tag>
      <tag tagId="1501">
        <name>La gran plancha</name>
      </tag>
      <tag tagId="1502">
        <name>Niagara</name>
      </tag>
      <tag tagId="1380">
        <name>Presidente Krüger</name>
      </tag>
      <tag tagId="1507">
        <name>Reliquias profanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1500">
        <name>Robinsón Crusoe</name>
      </tag>
      <tag tagId="1506">
        <name>Tlalpam</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3625" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2265">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3625/El_Mundo._1899._Ano_6._Tomo_2._No._22._Noviembre_26..ocr.pdf</src>
        <authentication>62c98f96a9d615cc4104d14fb83c6721</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117445">
                    <text>Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

31(1

Encontró más de lo que esperaba. De la caja
musical surgió Blanca-Bella, que era la que había cantado sin que el rey lo advirtiese. En el estado en que el rey se hallaba, puede juzgarse el
efecto que producirfa esta súbita aparición.
Blanc~-Bella estaba mlis hermo~a, y el rey fué
con ella más carifloso que nunca. Se amaron mucho· ningún enemigo turbó su ventura; fueron
sie~pre adorados de sus súbditos; tuvieron hijos
tan hermosos como ellos. y no cesaron de ser
protegidos por la serpiente, quien les r:galó el
castillo de alabastro, en el que establecieron su
corte.

EL DESPACHO

¿No has visto, cuando prendes la hamaca en los naranjos

Antes de que pudiera ve~garme, ni aun d~rme
cuenta de mi mal, ya la obscuridad del encierro
me cercaba. Horas eternas pasé á solas con mis
celos, sordo al ruidoso traqueteo, sin otro afán
que el de terrible venganza.
Al fin un hombre pálido y ensangrentado me
dió libertad, despnés de colocar en mi ala un des-pacho.
¡Qué cuadro desde lo alto! Una ciudad murada
ocupaba el centro de inmenso valle, surca~o por
un río de rojizas ondas. En torno pueblos meen•
diados, campos sembrados de 11rmas y de cadáveres, y llenando de humo elambiente y el esp~cio de clamor, un círculo de caftanes tronando sm
tregua.
Mi horrib'le pena se mitigó al pronto ante aque•
lla inmensidad de sufrimiento. Pero el recuerdo
de mi amor perdido venció á mi dolorosa curiosidád y tendí el vuelo. Al mirar por última vez á
la ciudad, á la cual afluía innúmera muchedumbre dispersa y derrotl;\da, sobre la puerta de la
mnralla flotaba una manchita blanca. Se rendían!
Volé á todo vuelo, con la vaga idea de que era
portador de la noticia de un desastre y exclamando con feroz alegría:-¡Voy á vengarme! Ví
entre suenos ruinas humeantes, mieses abrasadas, campos desiertos, soledad y muerte que n~
me apiadaban .... ¿acaso eran comparables á mi
duelo?
Al llegar sin aliento me aguardaba el jde, que,
apoderáudo~e turbado de mi despecho, huyó dejando mi jaula abierta ....
En ella estaba sola la infame ...... quiso fingirme am0res ... . .. ¡cuánta hiel y qué amarga
· cabe en nuestro pecho! A picotazos la maté y su
sangre enrojeció mi plumaje.
Desde la airosa veleta contemplé á mis pies la
gran ciudad insurreccionada, Yo había sido el
portador de la infausta nueva que la enloque•
cíll ...... ¡Venganza justa! ¿Por qué habían destruido mi felicidad?
Por las anchurosas vías circulaba negro torren•
te entre bramidos de cólera. Y al ver el estruend~ con que se hundía un trono, me pareció que
el mundo lloraba en los funerales de mi dicha
muerta, y que era la sangre que goteaba mi pecho la que ensangrentaba á París.

¡Qué alegre vida la nuestra en los palomares
de París!
¡Qué paz tan dichosa; bien cuidado por ague•
llos simpáticos veterar.os, adorados por nuestras
companeras!
De cuando en cuando, por ejercitar nuestro
instinto, nos llevaban lejos, muy lejvs, durante
horas enteras, encerrados en grandes banastas,
oiamo~ en las tinieblas entrechocar ruedas velo•
ces sobre carriles rle hierro, silbidos agudísimos
y trepidación atronadora, que nos angustiaban al
principio y á los que nos habituamos en breve.
Al llegar á puntos elegidos, cada vez más distantes del palomar, nos daban suelta. Eramos
dos centenares: deslumbrados al principio, nos
elevábamos á gran altura, con atolondrado vuelo
y describíamos ancho círculo volando iguales.
De repente, nosotros, los guiones, sentíamos la
misteriosa atracción del palom9r, ese impulso secreto que nos orienta y guía más allá del límite
de los sentidos más perfectos, y allá íbamos como flechas, seguidos por los pisteros de instinto
menos seguro. Y ¡qué peripecias! Ora las aves
de rapiil.a dispersaban el numeroso bando; ora
elevadas montanas nos oponían valla casi insu•
perable, y el viento contrario y la nieve fatigosa.
Algunos faltaban al recuento; otros ostentaban
heridas de garras ó perdigones. Pero ¡qué al6gría al llegar! ¡Con qué júbilo nos acogían los
veteranos! ¡Con qué amor nuestras esposas! ¡Bendito aquel adorado hogar tranquilo, tan apacible,
pese á los atributos bélicos que le adornaban!
Un día uno habló de nuestra misión guerrera,
y aseguró infatuado que se contaba con nuestras
alas, como preciosos elementos de la defensa na•
c,ional. Milagro fué que no muriéramos de risa
al oírle. Nuestros irónicos arrullos alarmaron á
JUAN ARZADUN,
los veteranos de cabellos blancos, tan pacíficos
como nosotros; ¡y decir que éramos de guerra!
¡Quelle blague!
Pero no hay dicha eterna. A mediados de Julio del 70, una actividad desusada reinó en nuestro palomar; los veteranos encanecidos hablaban
de la guerra con los dientes apretados y un aire
fiero del que yo no les creía capaces.
Nuestros companeros fueron expedidos por
centenares á todas las plazas fuertes del territoI
rio, al Este sobre todo, y les esperamos en balde
durante muchos días. El primero :,ue regresó
Yo mojaré una pluma del ala de un arcángel
herido en una ala nos refirió cosas horribles. Ha•
Eo la más blanca estrella,
bía visto aldeas incendiadas, ejércitos inataca- y en la olorosa página de un pétalo de nardo
blea, legi'Jnes en derrota arrastrando su desaTe contaré mis penas.
liento por todos los caminos, dejando en pos de
sí muertos y más muertos, de bala y de fatiga.
Sin duda, el despacho que traía. confirmaba
aquellas cosas horrendas, porque durante todo el
Serías mi perfume, si al florecido valle
día oímos maldecir á nuestros custodios; por vez
Tu paso dirigieras,
primera nos olvidaron á la hora de nuestra co- ¡Pues orlaría todos !05 flecos de tus rizos
mida, y tarde y al re,·és, nos sirvió un viejo con
Con mucha Primavera!
los ojos encendidos, que se mordía los mostachos y si algún día unieses á tu adorable espíritu
Mi alma de poeta,
por no sollozar.
Estas escenas me llenaban de fúnebres presen- ¡En todas las batallas y en todos los torneos
Serías mis bandera!
timientos, pero la horrible realidad la superó en
¡Oh!
flor
de
las e.urora.;, sultana de las tardes
breve .
Y maga de las tiestas,
Una t,arde el anciano tembloroso, jefe de los Señora del castillo de oro de mis suelios
demás, vino en persona á sacarme de mi celda,
Y esplendorosa reina!
tan bruscamente que no pude despedirme de mi
amada compailera.
III
-Alguna mi•ión difícil-pensé sin temblar,
viendo cómo en mi presP.ncia preparaban con ex•
¡Oh! ¡cuánto me subyugan tus árabes pupilas
quisitas precaueiones la ceata que había de conY tus pestafias negras!
ducirme.
¡Bien sabes que á tus galas es1:oltan mi_s ternuras
Antes de guardarme en ella cometieton una
C,,mo rendidas siervas!
crueldad inenarrable, El jefe mismo me vol- ¡Bien sabes que en las flores azules del romero,
vió á mi celda, en la que vi, estupefacto primero,
Que en tu balcón golpean,
y enloquecido luego, a. mi rival odiado ocupando Cuando abres las persianas, se agitan mis canciones
Como un tropel de abejas!
mi puesto, arrullando á mi adorada companera . .

De tu oriental flor&lt;Jsta,
Caer mis azahares que esmaltan los primores
De tú amplia cabellera?
Pues bien, esas caídas de símbolos nupclale~
Son flores que voltea
El melodioso enjambra de versos de mi lira
Que síguente doquiera.
¡Porque eres la paloma, la Venus de mi patria,
La Musa prindpesca,
La luz de mis malianas, la luna de mis noches
Y el canto de mi selva!

Año V I

Tomo

[l

México, Domingo .26 de Noviembr~ de

r~o&lt;.J

Número

IV
¡Escucha! Cuando exoirP, me arrojas una lágrima,
Que en el fulgor de ella
Se 1:1.vará mi alma para ascender radiante
A la celeste esferal
Entrar al Paraíso, que es donde van las novias,
Mi espíritu desea,
¡Para tejerte un solio de rosas y de astros
Al lado de Graciela!
GUZMÁN PAPINI y ZAS.

1

l

r· .
1

CRISTO.
Recepción en el patio central del Palacio Nacional.
Venía de Oriente, como el Sol. Venía
de la Mesopotamia,
dejando sobre mares y desiertos
larga estela de lágrimas.

Fot. de El Hundo.

Su inefable mirada, siempre triste,
se quedaba en las almas,
como un rayo de sol, hecho brillante,
se queda en la montaña.
Su palabra era pan. Y la echó toda
sobre la hambrienta raza
que gruñó al recogerla. ¡Cocodrilos
atrapando una garza!
Y mientras él, humilde, proseguía,
como uoa nube blanca,
lloviendo sobre estepas infecundas,
su bendición de lágrimas;
la tribu miserable se nutría,
de aquel pan con substanc_ia
que fecundó malditos embriones
de flores escarlata.
Y se fué la blanquísima silueta
perdiendo en la distancia ... ~
Como un dolor, la negra cabellera
le caía en la espalda ....
Ya sólo quedan de él, del compasivo,.
fulgores da miradas,
como raros diamantes, incrustados
en el duro carbón de nuestras almas.
JOSÉ MARÍA QUEVEDO..

La Junta Directiva organizadora .de la manifestación.

Fot. deJ'. P. Amago..

22

�312

EL MUNDO.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

¡,
¡
1

Es bueno leer, de c11anrlo en _cuando, algunas pá.
glnas de cualquier libro de Lamartine, abiertas
al acaso. Eso rejuvenece. E'! una e~capatorta de
mucbacbo á las campiiias luminosas del ideal donde
el bc,rizont:, como el del mar, es sólo una línea de
claridad azul. No hay poeta que, como Lamartine,
sepa bacer de la vida un" melancólica aspiración,
una perfumada nube de incienso, un vago y tímido
suspiro, un extático sueño de amor y de esptranza.
Para este maravllloso narrador de Ja11 co:,as di vlnas,
la existencia es un combate bíbll~o entre ángeles y
demonio.;. Las mujeres de este sublime lírico tienen
las p~oporciones inverosímiles pero sugerentes de las
vírgeoe'I prerrafaelitas. Cuando las vemos en nuestra
fantasía, venir hacia nosotros, con silencioso paso de
sonámbula~. tenemos miedo de que al más ligew ruido de una afiuranza torpe, abran las alas y se echen á
volar como pájllrossorprendidos. En verdad queGrazlella y Julia :son ángeles caldos. Han tomado de la
realidad la f,,rma más delicada é ia:precisa, y el contorno de su cuerpo, de líneas purificadas y suaves, se
deslfe en la luz, como pronto á &lt;'.e~vanecerse.
Pero en el momento en que Lamartine baja la mi.
rada y se pone á contemplará loshomlires, es un ad.
mirador, un vidente, un profeta, un intuitivo filósofo
de ltmpia y caudalosa elocuencia. Allí están sus Gi1·ondi·1ws, magna obra de pensador y de poeta que, á
través de las decepciones y vicisitudes del espíritu humano, nos sirve todavía para confortar y vig-orfzar nuestra fe desfalleciente y nuestros débiles é inciertos entusiasmos.
Ent-:-nces Lamartine es vigoroso, enérgico, terrible y de sus cláusulas de fuego salen las voces atropellándose y armadas como guerreros que de improviso oye~en á lo lejos el toque de guerra.
La H istoria de los Glrondinos es un libro de aliento y fuerza, ent·e cuyas hojas palpita, como águila
prisionera, el alma loca de nuestra amada Francia.
Taine, un observador sereno, un estupendo f?OCiólogo, un minucioso y admirable analista, ba pensado
más, pero ba sentido menos los episodios de ese inaudito melodrama de la revolución francesa que es algo
así cerno el desbordamiento del mar del dolor y de la
mlserh1.
Y sin embargo para juzgará aquellos ho=ibres colosales repletos de pasión y de odio, tiene Lamartine
no sé qué milagrosa adivinación. Es un profundo psicólogo, que amplifica. la vida sin desproporcionarla.
Como .Miguel Angel, engrandece y vigoriza ,ms figuras con un dibujo lleno de relieve y atrevimiento.
Mas esos seres titánicos siguen i;iendo, á pesar de la
estatura gigantesca que al poeta plugo darles, hombres mezquinos, vasos de sentimientos ruines, juguetes de una inexorable y tremenda fatalidad.

***
Despué!&gt; de leer algunas páginas de los Girondinos
de Lamartine puedes irá ofr, i;i quieres joven escéptico, la ópera de Giordano que es el triunfo de la actual temporada en México. Ei una música becha á
propósito para acompafiar este pasaje doloroso:
... . ~Sesenta y do&amp; cabezas habían rodado la ·víspera entre el primer discurso de Robespierre y su caída.
Entre ellas se coi:tatan la de Roucber, autor del poema de los Meses, esos Fastos franceses y la del joven
poeta Andrl!s Cbenier, la esper.anza entonces, el luto
eterno después de la poesía francesa. Estos dos poetas estaban sentados el uno al lado del otro, en el
mismo banquillo, con las manos atadas á la espalda.
Hablaban tranquilamente del otro mundo, y con desdén del queabandonaban;apartaban la vista de aquel
tropel de es~lavos y recitaban sus versos, inmortales
como su memoria. Manifestaron la firmeza de Sócrates. Sólo Andrés Chenier, al verse en el pat íbulo, se
dió con la frente en un poste de 1a gulliotina diciendo: 1Es lástima; algo tenía yo aquí! lJnica y tieroa
reconvemión al destino, con la cual &lt;;e quejó, no de
la vida, sino del numen arrebatado antes de tiempo.
La Francia, como Ofelia, la loca de Shaskespeare,
arrancaba de su cabeza y arrojaba. á sus pies, entre la
S3pg re. las flor~s de bu propia guirnalda.&gt;
La ópera de Giordano es de una arrebatadora se,.
noridad, es ruidosa, desbordante de clarinada.s, hasta el punto de ahogar muchas veces las voces ó de
combi11arlas de una. manera extraiia que impresiona
por la verdad de la descripción. Así deben de haber
aullado las multitudeb desenfrenadas y ciegas. El
maestro italiano muslcó la época de un modo admirab'.e. Su ópera suena á canto patriótico. H iy en
ella una mezc:a conmovedora de grito&amp; de venganza,
de lloros de desesperación, de himnos de triunfo, de
rumor de batalla!l. Está hecha en un soberbio to:10
lírico. Es viva, furiosa, exultada. Oyese en ella el
crugir de la carreta, el rechinar de la gulllotlna, los

·]amentos de los débiles, }ns arengas de los revolucionaric,s, y á lo lejos, fragmentos ne Mar.•ellesa entonados por las muchedumbres hlstérica11. El idilio de los
amores de Andrés Cbenler y de Magdalena de Colgny apenas si pasa cantando, á través de esa música
febril, la eterna estrofa, ~e ritmo lánguido y doiien•
te; apenas si en rápidos silencios mientras callan un
instante los tambores v la multitud se b, cansado de
alular, suena el chasquido de un beso furtivo, ó la
palabra dicha en voz unclosa y pura como un cántico
Así tenía que i,er. Ese es el colorido r.on que tenía
que pintarse '?Se torme'ltoso episodio. Giordano puso
ea él, todo su talento ju venll y logró rudur la ficción dramática de un artístico ambiente de realidad.
El .Andrés Ohenie;- f'S obra escrita con genial y subyugadora audacia. Tiene escenas grandiosas, d~sarroll11das con entereza y soltura extraordinarias. El
compositor hallé amplio el camin.:&gt; aunque escabroso
y echó por él á su inspiración en busca del sa¡:-rado
ideal del arte. La creación de Giordano, si bien meditado, está becha con sobuda espontaneidad. Hay
en ella efectos teatrales, pero no rebuscamientos. Es
una música que sale sin esfuerzo cocno brota el agua
de los manantiales. Posee ignoro qué nuevo y virginal encanto. Es anunciadora d~ fuLUras concep~iones
artísticas.
¡Oh. de estaópern moderna n1s quedarán imborrables recuerdos! ....
***
Adela Gini ha sido la heroína d~ este triunfo artísco Sus raras facultades dramáticas se prestan para
interpretará estas mujeres sublimes que cortan el
conflicto con su muerte ó desatan el nudo con los crispamientos de su angustia; de estas mujeres que lloran
con todos los dolores, aman tofos los infortunios, estrechan á su corazón todas las tristezas, rezar, junto
á todas las agcnías, mueren con todas las afrentas.
Temperamento intensamente apasionado, sopló su
aliento p1deroso sobre la figura imaginada por el poeta, le infundió su espíritu abierto á las emociones
como una flor á los rayos del sol, y surgió la conmovedora encarnación de Magdalena, palpitante de verdad y de vida. La Gini ha descubierto los secretos
del corazón humano: sus recursos escénicos no son
solamente obra de una meditación bonda, sino que
entra en ellos, por mucho, el arranque sincero, la
expresió11. eilpontánea que es la caracteristica de
los grandes artistas italianos.
Como cantante, la voz de esta soprano corresponde
á las facultades de la actriz. Aunque la voz ba perdido quizá algo de su frescura y flexibilidad, es pastosa y limpia todavia y está impregnada de entonaciones elrgiacas que enternecen basta las lágrimas.
Es una voz que, cuando quiere, se deslíe en una ternura infinita, como los astros en el azul del cielo
cuando aparece la mañana.
Y así fué como la Magdalena de la Glni ha logrado,
como dice el poeta, triunfar del olvido.

***
.Andrés Ohenier es la noticia de la semana, la noticia que pudo recoger la crónica de entre el montón
de apuntes de los reporte'l·s.
Joven escéptico, te aconsejo que después de leerá
Lamartine vayas á oirá Giordano. Uno y otro han
hecho óperas sonoras sobre temas de la R evolución.

i!L TEATRO OBSCENO
Y LA. F.RIVOLJ.OAD FEMENINA .

U na última producción escénica en la que el estilo
y las artistas han rasgado Lodos los velos y ostentan
el uno toda su cr udeza y las otras t8dos sus encantos vestidos de una simple hoja de parra, ha venido á sembrar la alarma y á producir escándalo. En
el seno de las familias hon~rables se h ,m formulado vehementes y justas protestas y se ba r~suelto no
poner más los pies en teatros que tan po~o se respetan y respetan tan poco á su público; la prensa ha
levantado indignada la voz y ba propuesto á las empresas la institución de «teatros de hombros solos&gt;
en los que puedan darse cita t1dos los viejos verdes,
todos los lagartijos iosust;anciales, todos los pseudocala veras de vecindad y á donde las damas que se estiman y los hombres que estiman á las damas, sepan
de antemano qne no deben jamás concurrir.
Prensa y particulares nci Be han cónformado con
protestar y vituperar, sino que se preocupan de buscar remedio á un mal cada día más grave y á un escándalo cada. vez mis ruidoso, y como para encontrar
remedios nada hay más e.fbn que investigar causas,

Domingo 26 de Noviembre de 1899

Domingo 26 de Noviembre de 1899.
todo el mundo se ba afanado por llegará averiguar.
las y const!guir definirlas y nemine discrepante se ha
opinado que es el público mismo el culpable.
No era difícil llegará es:io conclusión; prensa pror.az, literatura libre, teatro obsceno, suponen público
frívolo, mal inclinado, am:mte de la difamación y de
la calumnia, de la obsicnidad y de la exhibición pornográfica. Sin público d_e este género toda publicidad
inconveniente sería imf)OSible y el libro, el teat ro y el
periódico se verían obligados á amoldarse á las e:xt.
genclas del decoro y de la moral, si el público les impu~iera esa actitud y los obligara á ese modo de concebir y realizar el arte.
Dasde el momento en que sin público adecuado
las formas diversas del arr,e no pueden subsistir, ea
claro que la enmienda y el mejúramiento del arte suponen uno, correlativo, en las inclinaciones, lat1 costumhres y las preferencias del público. Corregido
el público, el mal desaparecería y~ante el vacío delos
salones de espectátulos, autores y empresas buscarían y acabarían por encontrar su camino de Damasco.
Formulado a~í el correctivo se percibe desde luego
cuán dtficii es poder aplicarlo y cuán larga, labor!o.
sa y tardía en resultados sería la empresa de moral!.
zar el arte moralizando previamente al público. Vi•
cios emanados de la raza y de la educación, tendencias que la tolerancia del medio ha arraigado y desen vuelto, sólo se modilicm á través de los siglos y
mediante cambios radicales en el medio ambiente.
Hay una parte del público, honorable. moralizada,
de costumbres morigeradas: padres y madres de familia, !::ombres laboriosos y austeros, damas bonestas que se abstendrán, que ya desde hoy se abstienen
de concurrir á ese género de espectáculos, que n1e.
g,m el contingente de su presencia, de su dinero y
cm mayor razón del estimulante aplauso, á ese géne.
ro de ;&gt;oraografía teatral como á todo género de por.
nografía, y si la proporción de esta clase de público honesto fuera suficiente, no habría espectáculo
obsceno posible.
Pero bien que la mayoría del público piense con
esa rectitud y proceda con esa cordura, existen clases
sociales bastantes á alimentar ese zénero de recrea.
ción malsana y á llenar los teatros de esa clase, CO·
mo á sostener publicaciones y producciones de arte
Inconvenientes y desmoralizadoras. Solterones, viejOB
vE:r11:lS y sobre todo la jw;entud dorada de la goma,
del calaverismo y de la aventura, subvencionan, á vece!! con esplendidez, todo género de malsanas instituciones y constlt::yen público bastante á dar vida y
auge y procurar lucro á este génno de empresas explotadcras de vicios y de malas pasiones.
Que la juventud ame los placeres; que sedienta de
goces toque á cada paso los lindes de Ja prostitución;
que beba. que juegue, que busque amores fáciles y se
deje arrebatar por el torbelltno de la vida alegre y
aventurera, es tan deplorable como ir~emediable. Todos ó casi todos tenemos una época en la ..-ida en que
de¡;os y arrebatados, impetuosos é inexpertos, caemOB
en tentaciones reprobadas, nos pervertimcs más ó
menos, hasta que el hastío, los desengaííos ó nuevas
aspiraciones nos encarrilan y nos traen á la buena
senda.
Perc una cosa es el extravío y otra más grave es
su publicidad; un&lt;\ cosa es el vicio y otr~ su ostentación ; una cosa es el P.rror y otra su d1vulgaclón, y
nosotros no sólo padecemos esa pasajera enformedad
juvenil que nos impulsa á todos lo-i excesos, sino que
sen'timos igualmente la necesidas de bacerla pública,
de darle notoriedad. El placer discreto no nos parece grato; necesitamos de la plaza públ~~• de espectadores y de auditorio y querríamos er1g1r tablados
para practicar nuestros vicios.
Fh,rece entre nosotros el espectáculo inmoral porque satisface á la doble necesidad que sentimos de
practicar ó de contemplar el mal y de practicarlo ó
de contemplarlo en público. Uon sólo qu&lt;:! nos faltara
esta segunda propensión, con sólo que, au.ique vicio·
sos, no fuéramos escandalosos; con sólo cer1ar puertas y correr persianas al rededor de nuestras abyecciones, bast aría p'l.ra que el espectáculo pornográO.co
muriera de inauíclón. t:H nos embriagáramos, como
los ingleses, á puerti cerradii, no ser~amos menos bo•
rracllus. paro darí,uno11 mtlnos mal eJemplo y produciría.mus menos escándalo.
E,ta tendencia á ostentar nuestros vicios t iene
t,ambién su ra.zón de ser. El hombre joven es lo que
la mujer quiere; agrad u y conquistar á la mujer es
una de las aspiraciones preponderantes d~l bombre,
y esa propensión tan natural y tan dom1a.i.dora es,
según el caso, freno ó e1 pue1a para las pasiones; estímulo ó valladar p.i.ra la, constumbre~; cebo ó retraent e para los vicios. L1. LDUjer holandesa y la alemana
son CIJ,S(ll'itas, laboriosas, mujeres de bogar y de familia, y sus preferencias y simpatías p~r los hombres
que piensan y proceden como ellas estimulan á éstos
á, la vida metódica y arreglada. E a Holanda Y en
Alemania, es casi desconocido el calavera, y cuando
los hombres tienen vicios ó aventuras, las ocultan.
En Inglaterra y los Estados U nidos las mujeres gustan de los hombres de trabajo, de empresa, de iniciativa, capaces de acumular millones, serios Y adus•
tos; el gomoso Inglés está siempre forrado de I un
hombre de trabajo: comerciante, iud..istrial, polít.oo.

~

La americana despreciaría á un hombre que no fuera respetuoso y sumiso con las damas, y así son los
.americanos. Cuando Byron escribió el Don Juan, fué
, buscar su t ipo á España; el tipo del joven Inglés es
Robtnsón Cr usoe, nt1 Lovelace ni Grammont Caderouse. La italiana gusta del amor pasional, arrebat.Mto, trágico, cap:lz de conducir á la muerte y á la
~t,'8trote, y t rágicos, impetuosos y dramáticos son
108 italianos. La ·francesa ama al hombre de socle-dad, de mundo y de salón; encuentra poético que su
pretendiente haya tenido amantes y batíduse en

313

EL MUNDO.
duelo: el calavera de buen tono, semi velado, casi
discreto es un tipo trecuentíslmo y esencialmente
francés.
En Espafia, en México, en toda la América latina
privan, en las preferencias de la mujer, el lagartijo, el
ser frívolo, elegante, y sobre todo, desocupado, imítll é insustar&gt;cial; el calavera turbulento, pendenciero, estilo Perico V ,die ó Pepe Bucbelll, es objeto de
singulares preferencias y realiza valiosas conquistas
femeninas. Cuando la novia ó la promet ida lo ve medio ebrio, del brazo de una mujer ligera, cuando sabe

que ha. perdido una fuerte suma al juego ó la ha empre11dido á palos con U!) amigo en la cantina, llora,
sufrt', se siente mor!r, piensa en el claustro ó en ~¡
suicidio; pero lejos de despreciarlo lo ama car.la dfa
más y en lo íntimo de su conciencia siente cierta vanidad de amar y ser amada de un hombie que ba vivido, que ha mo.ripo.~eado, que ha hecho tantas conquistas y que ella tendrá la gloria de subyugar y de
rendir.
El gomoso siente vagamente que el géuero chico,
1a cantina, el bacarat y otros excesos sun nuevos tí•

j

Un grupo de la C'ol-Onia Alemana.

lolonia Au stro-llú 11ga1"Ci

Cownia Espaftola.
fr to,¡raJ!as de J . P. Arr.aga,

�Domingo 2ll de Noviembre de 1899

EL MUNDO

314

315

Domingo 26 de Noviembre de 1!199.

Fot. de J. P. Aniaga.

D esfile ele los m anife:;ta'flte.~ en la Plaza de la Constitud6n .

El Sr, Lic. Rafael Dondé p1·onunciando su

-acepta, como acepta los grabados hechos según las

discu1·so ante el Sr. Presidente.
Fot. de El Mundo.

tulos á la preferencia femenina, garantías de más
frecue:1t,es Y. preciadas conquistas, y que acaso su asi&lt;lua as1stenc1a á la platea del teatro libre, le facilita el
atrapar una heredera rica que pague los trastos rotos
y cubra las brechas que el vicio y la incuria han
abierto en su patrimonio.
Como se ve, el ejemplo y el estímulo vienen de
arriba; la frivolida5. de la mujer, los vicios de su educación, sus arrebatos pasionales, su amor á lo llaero
á lo inconsistente, sus preferencias por la maripos~
sobre el águila y por el libertino sobre el hombre
fuerte, son parte principalísima y causa indirecta.
pero eficaz, del desenvolvimiento de nuestros vicios,
y como consecuencia de ellos del auge :ie los esDectáculos pornográficos.
·
E l b-Ombre no es circunspecto sino allí donde la
mujer es sensata, y de la mitad ó más de nuestro~
vici~s tienen la culpa la frivolidad y h ligereza femenmas.
DR. M. FLORES,

Comi~iones de los Estados.

LA GRAN MAN'IFESTACION
En honor del Sr. General Diaz.
NUESTROS

GRABADOS.

Permftasenos seiialar á los lectores de nuestro sem3:narlo los grabados que á la Gran Manifestación ~e
refieren, como una prueba de la perfección que en
b!ev_e tiempo ha alcanzado en nuestro país t:1 P"·
rwdismo Ilustrado, poniéndose á la altura de las rt.
yistas de esta índole que se publican en el extranJero.
Y pase no ~o~o inmoil2stia sino ce mo expresión
del orgullo leg1t1mo que caui,a la sath,facción de dar

Fot. J. P. Arrlaga.

f otografías, sin poner reparos. porque conoce las difi•
i:ultades de la labor perjodfstica. Nosotros limitando
nuestros esfuerzos al medio tono, somos más exigentes
en la •aceptación de los originales fotográficos y de
aquí procede que nuestros fotógrafos sean más ex-i¡Ulsitos y hayan logrado dominar todas las dlliculta&lt;1es del arte, haciendo en las peores condiciones de
luz y en los sitios menos a;roplados, fotografías que

serían muy buenas, excelente.~, si ~e hicieran en el gabinete.
Es muy grato para nosotros hacer aquí una mención pública, muy honorlfica., para los fotógrafos, Señores Arriaga (E ~píritu Sa.nto) y Romero It&gt;ái'íez (de
los talleres de EL MUNDO).
También sefialamos el hecho de la rapidez con que
fueron ejecutados en nuestro taller de grabados, los
de la Gran Manifestación que publicamos, pues si esta hubiera t enido lugar el viernes, el sábado habría

Eot. de El Mundo.

podido Imprimirse nuestro semanario, sin perjuicio
de la ejecución perfecta de nuestras ilustraciones.

... **

Nada tenemos qué decir sobre la Gran Manifestación, cuyos pormenores son conocidos de nuestros lectores por la ampiia Información de la prensa diaria:
nuestro deber está cumplido al publicar los grabados
que aparecen en las primeras páginas de EL MUNDO
!LUSTRADO.

cima á una empresa para la cual los medios han sido
C?n mucho, inferiores á las dificultades que era pre:
c1so vencer.
Compárese la parte gráfica que hoy publicamos en
las primeras páginas con los grabados de actualidad
de las revistas europeas y se verá que podemos presentar_ los nuestros s.in temor á ninguna comparadón,
p_ues s1 examJnados desde el punto de vista de la exactitud los nuestros salen airosos, la oportunidad con
que los damos á la estampa es la misma de que tanto hacen nlarJe los editores de ultramar.
Los periódicos ilustrados de Europa dan grabados
en los q_ue la :ealidad queda á veoes velada por la Imperfección, disculpable, del trabajo fotográfico, y luego sobre esos modelos imperfecto&amp; los grabadures en
madera hacen planchas convencionales que el públie&lt;&gt;

Desfile de los mnnifestantes al partir de la Alameda.
ret. J. P. Arrlagli,

L os manifestantes en e.~per a del Sr. G1·al. Di az en el p atio central de Palacio.

Fot. de El Mundo.

�l)Omtngo 26 de Noviembre de 1899.

Domingo 26 de Noviembre de 1899,

EL MUNDO.

316

1

t'

Alrededores d e M éxico .

1

foé que la construcción de fincas adecuadas menudeara, y ! la construcción pesada y et~rna de los espaft~les, que tod~via pued~ verse en la an•
tiga&amp; finca veramega de los Arzobispos de México, sucedieron construcciones de nuevo estilo, construcciones modernas y elegantes,
siendo b primera que rompió de lleno ccn la rutina y que por
aquel entonces mllyor atención llamó, la finca del negociante
francés Monsieur Bardet, que sucesivamente pasó después á. la
propiedad de Don Martín_ del ~a~tillo, :f.H~istro del Imperio, de
Don Manuel Romero Rubio, M1mstro vanas veces de la República, y que hoy posee uno de los miembros de 111. familia Escandón.
En nuestras revueltas intestinas y en nuestras guerras ex
iranjeras. T acubaya ha hecho gran papel y más de una vez
ha grabado su nombre en las páginas de nuestra historia.
A menudo ha sido cuartel general de fuerzas sitiadoras de
iodos los bandos y desde Tacubaya dirigieron sus operaciones
varios generales antes de tomar nuestra metrópo!i, como MArquez, cuando se salpicó de sangre inocente en
1859, y el General Don Porfirio Díaz al mando de
las fuerzas liberales.
Por su posición estratégica, el jefe que tomaba
Tacubaya podía considerarse casi duetlo de la Capital.
En la cruenta guerra que con tanta desgracia sostuvo nuestro país centra los Estados Unidos del
Norte, los campos que rodean ! Tacubaya se im pr11gnaron de sangre: la batalla del Molino del Rey
tuvo efecto á un tiro de callón de la población citada.
El Plan de Tacubaya, expedido por el general
Santa-Anna para recuperar y afirmarse en el poder,
fué signado igualmente en la entonces villa que le
prestó su nombre.
I,os seis kilómetros escasos que separan á Tacubaya de la Capital, han
sido recorridos por ,ía férrea desde hace cerca de cincuenta años, empleándose primero tracción de vapor y luego tracción animal. Actualmente existen dos vías, una de tracción de vapor y otra de tracción animal, cuyos vehículos podrían cómodamente recorrer el trayecto en

Jm·din de San Diego.

TA.CUB A Y.A..
Hay en el Museo Vaticano un enorme mármol
que representa el Nilo: u n anciano, soberbiamente musculado y de luenga barba, en actitud yacente, se entretiene jugando con un enjambre de
pequeftos amoreillos, chicuelos yocundos y regordetes, que se le trepan por todos lados, que
se asen de su barba y de su cabellera, que cabalgan sobre sus rodillas, mientras que el viejo,
con una benevolencia de abuelo, les deja hacer y
les !1}lra con expresión de caritloso orgullo. El
anciano es el Nilo, los chicuelos son los afluen•
tes del poderoso río.
Es hermosa esa alegoría tan de acuerdo con
e ~ antropomorfismo pagano que tiende á. humanizar cuanto plásticamente representa, y que en
todas sus creaciones, con esa humanización constante, pone un gran sello de vida amplia y opulenta.
Y al recordar ese mármol, paréceno, que no
sólo cuadra al asunto que r11presenta, y que con
mucha propiedad podemos ver en él
un símbolo de las grandes ciudades,
en medio de sus pueblecillos circuns
tantee, de esos villorrios que ee acurrucan en torno de la metrópoli como
los niftos en las faldas maternales ó
junto ! las barbas del abuelo.
No hay ciudad de importancia quP
carezca de ese marco de lugarejos que
le son por cierto modo tributarios, y
que nacen, crecen y florecen Asu abrí •
go Y bajo su protección. Y ·casi todos
los pueblos que rodean á. las grandes
ciudades son hermosos y pintorescos,
ó cuando menos, hacen la impresión
de tales, por fuerza de su contraste
con la monotonía y la febril agitación
de las ciudades. Entorno de Parisbrotaron Passy, Suresnes, Saint-Cloud,
Saint-Mandé, etc.; en torno de Méxi-eo, Tacubaya, Mixcoac, San Angel,
Atzc~potzalco, Tacuba, T lalpam, Guadalupe, etc.
.
La cadena de montes que encierra
el hermoso Valle de México, engasta
i toda una pléyade de pequenas po-

blaciones frescas y floridas, cuyas casucas blanqueB.n sobre la eterna verdura de los llanos y se
destacan sobre el fondo obscuro de los boscajes,
E l cie1o del Valle de Méx ico es un cielo casi
único en el mundo, por su limpidez y su diafanidad atmosférica, y nuestro azur nada tiene que
pedir al proverbial azur de Italia. lle aquí una
prueba: todos conocemos el magistral ¡)aisaje
de Don José María Velasco, que representa la
Villa de Guadalupe Hidalgo, y la ciudad de México, vistas desde el cerro del Tepeyac.
En ese lienzo, nuestro maestro-•paisajista copió
el insondable azur de nuestro cielo con asombrosa fidelidad, y expuesto el cuadro en París, en
1889, muchos le tacharon de falso y de exagerado, y aún los que conocían el cielo napolitano se
preguntaban ante el lienzo mexicano:
-Pero, ¿en qué parte de la tierra existe un
cielo tan maravilloso?
La respuesta era obvia: ¡en México, seft.c,res
nuestros!
Esa esplendidez natural de nuestro clima, de

El Mercado.

nuestros paisajes y de nuestro cielo, hace resal•
tar todavía más la belleza intrínseca de las poblaciones del Valle de México y si satisfecho,
podemos estar de la cultura creciente de nuestra.
metrópoli, no menos satisfacción ha de proporcionarnos la belleza de los pueblos adyacentt,a,
que son siempre el complemento obligado de lai
grandes ciudades.

*

**
Hemos hablado de pueblos.

Pues bien, - a tout
seigneur tout honneur,-Tacubaya no es ya un
pueblo: es una. gran villa con honor es oficiales
de ciudad,
Tacubaya es víeja, hasta donde en este país
puede haber poblaciones vieJas. La factura de
sus construcciones m!s antiguas y una que otra.
inscripción que los ojos pacientes pueden encontrar-en la Parroquia, por ejemplo,-se remon•
tan al siglo XVI, es decir, al primer o de la do•
minación espatlola, de suerte que Tacubaya fué
uno de los primeroil cacicazgos que los iberos es•
tablecieron en torno de la conquista•
da y reconstruida TenoxtitlAn.
¿Dióse importancia é impulso á. la.
población en los primeros tiempos?
Parécenos que no, si hemos de juzgar
por la rara mención que de ella ha•
cen las viejas crónicas, y decimos ea•
to á reserva de lo que sobre el partí•
cular juzgue el erudito Don Luis GonzAlez Obregón.
Pero es el caso que, pobre y aban•
donada, ó rica é impulsada por la me•
trópoli, Tacubaya se fué desarrollan•
do paulatina pero seguramente, y que
en breve fué sitio de veraneo campes•
tre de mucha gente noble y principal,
tradición que, por muchas causas, se
ha conservado hasta nuestros días, no
obstante haber adquirido hoy tal des•
arrollo y tal índole urbana la población que, salvitndo el inconveniente
de los justamente zarandeados Ferrocarriles del Distrito, vivir en Tacuba·
ya equivale ya en todo sentido A vivir
en México.
Como lugar de veraneo, natural

31'1

EL MUNDO.

El observatorio.
menos de cuarenta minutos. Como es sabido, en la última se va á
emplear próximamente la. tracción eléctrica, por vez primera en nuestra
Capital, y además hAllase en vía de conclusión el nuevo carril para
tracción de vapor, que va á. denominarse «Ferrocarril I ndustrial,&gt; de
suerte que las comunicaciones de Tacubaya con la Capital, llevan buenas
trazas de mejorarse por la competencia, para bien de ambas
poblaciones.

***
Pero, para recibir una. impresión completa de Tacubaya moderna, para sentir todo el atractivo de aquel riente retotlo de
lametrópoli, es preciso ir en carruaje y descubrir paso ! paso
•ua bellezas.
Cl
El camino es delfoioso: la calzada de la Reforma primero, el
futuro boulevfl,rd de México, bordada de chalets y sembrada
de monumentos, que á la hora matinal, umbrosa y recién rega•
da, brinda exquisitas frescuras que hacen olvidar el monótono
aol de las ciudades; después, el parque de Chapultepec, cesto de
verdura coronada por la airosa magestad del Alcázar, Y por
últimolos dos tramos de calzada que unen A Chapuhepec con
Tacubaya, umbrosos también, bordados de frondosos !rboles, '
Y de pavimento propicio al carruaje y á la bicicleta.
La entrada de Tacubaya está marcada por la casa habitación de la soberbia hacienda de la Condesa, que
•e extiende hasta tocar las lindes de la metrópoli
Y que, por desgracia, no está. cultivada como debiera estarlo. Allí, se experimenta una sensación de
campo: el mugir de la vacada y el acre olor de los
establos recuerda todas las delicias de la bucólica,
mientras que la brisa de los montes, soplando libre
Y sin obstáculo, riega sobre toda la campiña su sano olor de yerba fresea y de tierra húmeda.
Esa sensación de campo amengua. no obstante,
al entrar en la antigua can~ Real de Tacubaya, hoy
Avenida JuArez, que r ecibe desde luego y conduce
hasta la plaza principal de la. población, la de Car-

L a Parrvquia.
t11gena. Es e·s a una calle de ciudad, flanqueada de sólidas construcciones
tiradas á cordel, sin jardines frontales y sin carácter rústico alguno.
La única nota agreste está constituida por la doble fila de aftosos y grandes árboles á orilla de las banquetas, que la sombrean de tal suerte que
nunca en la Calle Real de Tacubaya reverbera el sol; es una penumbra
discreta y deliciosa durante los hostigantes calores del
1 estío.
Al primer tramo de esa calle, en el minúsculo jar•
din de la Ermita, la vía se bifurca sobre un arco que
tiene toda la apariencia, á primera vista, de )03 triunfales del foro romano, pero que, bien visto y consi•
derando las exiguas construccio11es adyacentes, aparece impropio, de poco gusto, sin objeto, sin estilo y
sin arte. Es el arco de la casa Mier y Celis, cuyo solo
mérito está en la mano de obra de la piedra labrada. La vía se bifurca, hemos dicho: recta prosigue
la calle Real hasta desembocar en la plaza de Cartagena; el 01ro ~razo fórmalo la calle del Calvario,
moderna y graciosa, que muestra verdaderas casas
de campo, rodeadas de amenos jardincillos por los
cuatro costados, y que, ! su vez, desemboca en la
.Alameda.
Porque, como la mayor parte de las ciudades mexicanas, Tacubaya también tieLe su jardín principal,
llamado Alameda tal vez porque en él no hay muchos álamos. La Alameda de Tacubaya está. bien cuidada y es un hermoso parquecillo.
Para unirse con la calle Real de la Alameda, parte la tortuosa calle de
la Doct,ora, con su puente sobre un río eternamente seco y con el nuevo
mercado central, amplio y moderno, bien provisto y mucho más limpio
y mejor acondicionado que la ma yor parte de los de la Capital.
La plaza de Cartagena, que hemos setlalado como el centro de la población, ofrece
un aspecto muy pintoresco, principalmr,nte
los domingos y los días festivos
en que numerosos naturales de
los lugarejos Próximos, acuden á.
vender sus productos agrícolas
y sus artefactos. En tales días la
plaza hierve de gente y los trajes
blancos de los indios, salpicados
aquí y acullá. por la nota roja y
caliente delos zarapes,fomran un

Plaza ele Cartagena.

•

�EL MUNDO.

318

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

3111

EL MUNDO.

LOS NlJEVOS C ARROS DE LOS FERROCARRil~ES DEL DISTRlTO.

La E7·mita.

•

En dos clases pueden tlividirseaus habitantes: los que sólo veranean y los per,
man entes.
Hay en Tacubl\ya activa vida decomercio, más que suficiente para sus trece
ó cat0J.'.Ce mil habitantes, y goza de amenas distracciones públicas, tales como
las audiciones que los domingos da una
bacda militar en la Alameda por lamafl.ana y en la Ermita por la tarde,
En suma, no ya como pueblecillo veraniego, sino como casi barrio de la me•
trópoli, Tacubaya es uno de los puntos
más agradables del valle de México, y so.
porvenir será brillante, como ya lo de,
muestra el afán de construcciones que
ha ligado la ciudad de Tacubaya con la
métropoli.
La propiedad en Tacubaya aumenta
de valor cada día más, el comercio se
desarrolla de una manera notable, el
Ayuntamiento actualmente tiene e&amp; caja
más de cien mil pesos, y todas estas son
razones más que suficientes par11 justifi•
car nuestra predicción del futuro bienes,
tar de Tacubaya.

conjunto lleno de color y de vida y muy grato á
las miradas exó,icas.
Las calles Jatera!es de las que hemos apuntado, son igualmente cuidadas, rectas y ostentan
fincas hermosas y propias para el veraneo. Entre
estas son notables, especialmente por sus jardines, las de los señores Ernandón, la de Don Ig·
nacio de la Torre y
Mier {1mtigua casa
Bá1·ron), la de Don
Antonio de Mier y
Celia, la de Don Romualdo de Z1mora
y Duque, la de Dvn
Fernando de Teresa, y otras muchi\s
que alargarían h
lista en demasía.
Y he ahí que Tac u baya reune, á ,
más de su proximidad á la metrópoli,
otras dos ventajis:
tiene las comodidades y todos los r ecursos de un a ciu h 1 y tiene el cam JJ, el pleno
cam;io, á Stl'I p11'lrtas, coa sólo eac1miaer3e á
ciu.lq11ier.1 d! su1 3il.b:irbio3,
_.
j _J

SARDÍN.

***
La vida de Tacubaya es uniforme y tranquila,
pero no es tampoco la de un pueblo rústico y
aislado.

nr,lle del Calvario.

La Alameda.

Intt1·i1w d e u n cm·1·0 de primera de la via de tra cción Pléctrica.

Cm-ro de dos pisos de la via d traccitn el éctr ira.

ta Fotografía de las nubes.
El afio p•óximo pasado publicamo8 en estas columnas unas fotol{rafias de uubes obtenidas en el Observatorio Metereológico de la Escuela Normal, é indicamos la importancia rle esta clase de investigaciones.
El Sr. Profei-or Luis G. León ha dirigido á nombre de
lacSooiedad Mexicana para el Cultivo de las Ciencias,&gt;
una excitativa á los Señores Directores de los Observatorios de la República y á las perso:ias amantes de
laclencia metereológica para que desde el día p:imero del año entrante, se dediquen á obtener fotografías
de las nubes, anotando la hora de la observación, la
clase del meteoro, el cuadrante en que se obse1 va, la
ve:ocldad con que camina, si dió ó no lugar á lluvia, etc.
•
Los estudios durarán todo el afio de 1900, que será conocido entre los meteorologistas mexicanos con
el nombre de caño de las nubes.&gt;
Para la fotografía de las nubes hay que advertir
que cada vez que hay nubes sombrías sobre un fondo
azuló blanco, no es difícil obt3ner buenas pruebas con
placas de gelatina, bromuro de plata y con un obturador que permita pequefias exposiciones. Pero para la
fotografía de las nubes blancas y ligeras, tales como
los cirrus y los cirro -cúmulus que se destacan sobre un
fond~ de cielo azul claro, se presentan algunas dificultades. En efecto, sobre las placas ordinarias, la acción fotogr:Uica del azul es cal!i idéntica á la del blan.
oo. Se necesita, pues, buscar un artificio para opacar
la luz azul del cielo, pero conservando la luz de las
nnbes. Sin esto, la;; aparieni1ias nebulosas quedarían
muy débiles en el cliché, tanto para las medidas como para las reproducciones positivas. No se obten,
drla más que un cielo casi uniforme.
Para evitar este incoovenien te, se emplea entre otros
procedimientos, el de interponer sobre el haz luminoso una pantalla amarilla. El azul del cielo no conteniendo rayos de ei.ta luz en cantidad apreciable, será detenido, mifmtras que las nubes impresionarán la
placa fotográfica por su :m. amarilla.

Con las presentes líneas publicamos dos fotografías
de nuhes obtenidas por el Profesor León el día 6 del
presente mes á la 1 de la tarde.
Son unos hermosos cúm·ulos con tendencia á eon vertirse en pallío-cúmultlS.
El viento los disipó cercarle las tres de la tard?.
El rumbo de aparición fué de N. W.

LOS NUEVOS CARROS
DE LOS

Ferrocarriles del Distrito.
La próxima inauguración de la vfa de tracción
eléctrica, ·hace oportuna la publicación de los g1abados que representan el inter10r de un carro de primera clase y uno de dos pisos de los que próximamente pClndrá al servicio público la empresa de los
Ferrocarriles del Distrito en la mencionada vía, que,
como saben nuestros lectores, se extiende de la Villa
de Guadalupe á San Angel.
No describiremos estos nuevos euros, pues con ver
los grabados basta para formars'l cabal y perfecta
idea de ellos.
Se dice que los carros de primera clase son muy
elegantes y que t ienen todas las comodidades apetecibles.
.
Una de las reformas reglamentarias que se pondrán
en vigor, es la disposición terminante de que e.o se
detengan los coches para que suban ó bajen los pasajeros, sino en las esquinas.

Una civilización entre los hielos.
En el país del oro.
Las grandes civilizaciones se han cristalizado á la
orilla del mar ó de los grandes ríos de las regiones
templadas. Era lógico que la humanidad se orientase
hacia los puntos de menor resistencia.
Pero los progresos milagrosos de la ciencia y de la
industria todo lo ban cambiado, toda vez que el hombre puede corregir la naturaleza á su antojo. Se
acerca la hora ea que la inclemencia de los climas sea
un facto~ despreciable que no impedirá ya que toda
la tierra sea indiferentemen:e habit able y que las S)·
ciedades florecientes y las fecundas civilizaciones se
desarrollen en la zona glf.cial cuyas riquezas, largo
tiempo inaccesibles, yacen inutilizadas.
Klondyke da el primer ejemplo. Dawson es ya una
ciudad casi tan civilizada como París, Londres y Berlín. El cbampagne es algo y aun algos más caro, pues
cuesta así como veinte pesos oro la botella; pero hay
en cambio más se~uridad que en los bulevares de París, y esto lo confiesa más de un viajero francés de
los que borronean cuartillas en las grandes redacciones parisienses.
En Dawson son muy raros los crímenes, y cosa curiosa, en un país en donde la codicia debía de ser
atroz, dominan los crímenes pasionales en las estadísticas de la delincuencia.
El oro, factor de tantas maldades y de tantas degradaciones, el amor al oro, la pasión '}Ue hace nacer en los hombres y que llevó á tantos y tantos
aventurero'&gt; á las ingratas regiones do.nde se asienta
Da.wson City, es el autor de ese nuevo centro de ci•
vilización que será en lo porvenir una de las ciudades célebres del mundo, cuna futura de grandes di•
nastías de m1llonarios y acaso de sabios, poetas, filósofos y estadistas.

�Domingo 26 de Noviembre de 1899,

))omtngo 26 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

321

EL MUNDO.

e

EL :MONTE RAINIER YEL PARQUE WASHINGTON
Desde 1790 conoclan los espaOoles 1• reglón del estrecbo de Puget y la inmensa montana llamada Ta.
coma por los Indios.

l.

¡

En 1792 ,Vancouver hizo trecuentes explo!'actones
en el estrecbo de Puget (l'uget Sound) y levantó unas
cartas de )a reglón. A los monteR que veía á Jo lejos

t

les dló los nombres de B•ker y Roo:! y al Tacoma Je
puso el de R Linier, en b.oaor de Los lores del Almi-

rantazgo inglés. Los americanos conservaron esos
nombres geográficos, aunque era má.s natural que
cuando menos al monte Tacoma se le restituyese su

designación lodfgena.

La magnificencia del monte R:\lnler y las bellezqs
excepcionales de lo'i slth,s tnmecllatos b1cieron nacer
en los Eitados Unidos el deseo de bacer de aquella

----

reglón un parque nacional. Et gobterao, con muy

...... ~." .. ---- -

muen acuerdo, ha tomado d eterminaciones semejan-

tes para el Yellowstone en Wyomiag y para el célebre valle Yosemlte en California.. InspirAndose en
esos precedentes1 el afto de 1893 ordenó Cleveland
en una proclama que se reservase para el Estado una
extensión dJ 3:) mll,as cuadradas en cuya superHcie
ouedara comprendida la parte occidental d ;.l monte
Ralnter y una gran extensión de bosquP.s vírgenes.
La. parte orieotal de este terreno diHere de la occidental por el cllina, la fauna, lc:1. flora y el aspecto
de los paisajes. Las pendientes occidentales de Ja
montana tienen más cascada.11 1 y los preclptcios son

-

El Mo e Rainier
que las alturas nivosas, van á conocer el maravUloso
Valle del Paraíso, célebre en el muado por sus patsa•
jes ,:raodlosos.
El valle está. situado en una región cuya altura
varfa de 1,500 á 2,000 metros. Para llegará él, el

que espeso, en un lugar delicioso por su aspecto
agreste y primitivo, une á esto una ventaja más, sua
aguas rerruglaosas y gaseosas con las que se ha formado allí una reputada estación de ag uas t ermales.

El

•••

Paraíso -visto desde la cima del Monte Rainier •

1 de los electros polarizados ó de la corriente alt.eroatl va y de alta teaslóa , permltla obtener todos
108 electos c:n sólo dos h!los.

'DU&amp;

A Ha de facilitar 1, protección oficial de t ao bella
comarca, el 11 de Junto de 18 91\ se propuso al Congreso de los Estados Uoielos una ley para ec.saocbar
el dominio que alll tiene el Estado y forma r despué&amp;
un parque de grc:1.0 extensión que llevará el nombre
de «Parque Washington.&gt;
En el último período de sesiones de la anterior Le.
gh:;Iatura iba A votarse la ley en referencia, pero h•
habido moratorias que Im posibilitan la sanción presidencial, indispensable para dar A esas maravillas
Jtaturales y á esos bosques antiquísimos, notables en
el mundo entero, la protección que ha. de salvarloe
de manos destructoras.
Es rle suponerse que muy pronto quedará fo rmado
y reglamentado el E,randioso cParque Washi ngton.&gt;

La cienci a de los espectáculos.

1·uue del

mo tienen tres ó cuatro metros de largo caben varias
personas á bordo, pero no vast.no una en cada buque.
Decir que el tripulante est~ cómodamente Instalado
serla exagerar, pero, en fin, no le falt,a un regular
a,:itento sobre los acumuladores. Mueve el timón Y
tiene al alcance de la mane una manl vela que le permite int,.oducir resistencias en el circuito para variar
las velocidades é lnvert.tr la corriente y cambiar dirección. Ilay un conmutador para encender lámparas
incandescentes en el tope de los mástiles y que representan proyectores ó sella.les. Por último, tiene al alcance de la lllaDo un revólver cargado de cart.ucbos
sin proyectll coa el que hace el bombardeo.
Para subir á bordu el «Almir,lnte&gt; levanta una
parte del puente que está bajo una torre, una chi•
menea ó a1gúu otro apéndice importante y una vez
sentRdo todo vuelve á su Jugar y él queda oculto á la
vista de los espectadores aunque pu~da ver perfectamente el campo de maniobrai;, al través de numerosos orificios que tiene la torre.
Los buquas condenajos al naufragio no son tan
completos como el descrito y como hacen pocas evoluciones no tienen mecanismo: un hombre que cami•
na en el piso del estanque los lleva en hombros, y en
el momento oportuno encienda los ruegos de benga~a
que producen el incendio y los bace naufragar según
las instrucciones que se le. hayan dado.
De noche. sobre todo, el tspectáculo es muy bri•
nante y termina con una gran revl&amp;ta naval en la
que hay petardos, fuegos ae bengala é iluminación
eo. la ciudad y en las fortifica.clones.

•••
Ahora se trata de otro combate naval, más en
grande, por lo cual se ha tuscado un sitio á extramu:ros de París y se ha hecho un vasto estanque de
10,000 metros cúbicos. Ese estanqne representa la
rada de un a lmportinte ciudad que se ve á lo lejos,
1'Qdeada de montanas y guarnecida por excelentes
:fortificaciones.

. -. :

--

,,ri'.

~

-,\,Y_

. ~i

•

Combate naval en miniatura.

Bosque de '.l'acoma, Camino del Valle del Paraíso.
frecuentes, sobre todo cetca del monte Rainter :uyos
muros rocallosos se elevan Aalturas enormes. Al Norte y al Sur el suelo descleade gradualmente y los
boJq ues son má.s espesos; abundan allf los cedros y
los pinos de hasta cuatro metros de dlli.metro y noventa de altura.
El R11.tnter no es como el Monte Blanco, punto
culminante de un, larga cadena con picachos nevados,-es majestuoso en su aislamiento con el Fuji
Yama del Japón y se eleva á mils de 2,500 metros
sobre las alturas que lo rodea!l. A lo lejos, desde la
nueva ciudad de Ta.Coma, se admiran sus contornos
majestuosos que le dan el aspecto cte una colosal pt~
rámide truncada que se desta.ca en el cielo á 4,400
metros sobre el nivel del mar.
Eite monte es un volcá.n apagado de cuyo crlter
se escapan adn vapores sulfurosos .

turista atraviesa bosques magolflcos formados de pinos de la especie blanca, roja, amarilla y la llamada
de Alask,, árboles de grao corpulencia.
Long Mirea es el Jui¡ar donde babltualmente se detienen los turi~ta.... Sitn~'i11, en el tundo de un bos-

Hace diez afios, los periódicos francesf's hablaban
de un especMculo náutico arreglado por M. Soltgoac
para el nuPvo circo cuya pista se transforma en piscina. Diez pequeilos acora1.ados ejecutaban todas laa
operaclo □ es de un combate naval, y cosa notable, In•
teresa.ate desrle el punto de vista cientifico, no habla
tripulantes á bordo, no obstante lo cual, evoluciona-bao los buques en todos sentidos, hozaban callana•
zos, se incendiaban, se iban á pique, etc., bajo la di •
rección de un solo hombre oculto entre bastidores 7
que manejabi un teclado en co::uotcación con lo&amp;
,paratas eléctrlooa. El empleo de la corriente contl•

El Arsenal.

El puerto, las f01·tificaciones y la ciudad.

Un buque mercante escoltado por baques de gue.
na y protegido por los ruegos de las tortlflcaclones,

-entra al pue rto con provlslo~e3 . para la ciudad. La
Got.a enemiga, compuesta de torpederos y ~couzados,
Yiglla la rada y corta toda comuotcac16n con el
mar. D e ese conflicto nace el combd.te entre los bu•
"!•as 1 el bombardeo de la ciudad y de lo• fuertes.
Los espectadores ocupan una gradería de 80 me•
'tros á la orllla del estanque y al ver los buques creen
11,ne son acorazados reales y verdaderos vistos Jesde
"'1Uy lejos.

•••
Ea 1870 se hizo la primera ascensión en el Monte
Ralnler, dlrlgleado la expedición el general Hazard
Stevem1.
Pasaron por el camino que siguen a.et ~al mente t.odos los turistas, es decir, por el Valle del Paraíso y
las rocas cte Gibraltar.
Después de pernoctar en la cima bajaron por el
mismo camino. Al referir su expedición determina•
ron el movimiento de curiosidad que puso de moda
el pico R,lnler.
Ea Octubre del mismo allo de 1870 los sabios Wllson y Emmons, de la expedlcióa geológica del paralelo 40' en los Estados Ualdos, hicieron otra ascensión en la que recogieron Interesantes datos elent!ficos.

El bombardeo .

•

De diez allos á la !ecba•el• monte Ralnter es más y
mils visitado por numerosos turistas, los cuales, más

Entre b,stldores está el cArsenal• donde se alista
'Y prepara las unidades de combate para que entren
1!n acción.
Los buques se mueven per su propia tnerza¡ cada
de ellos está pro•l•to de una baterfa de acumula&lt;foreo, un motor eléctrico, una héltce y un timón. eo.

"ºº

BafloB de Long bffres.

Inte1"ior de un acorazado cm el "almirante•• á bo,·do.

�Domingo 26 de Noviembre de lo99
EL MUNDO.

322

Mas si de la Omnipotencia
Mayor bien deseando estás,
y á rezar al templo vas,
Y una maravilla quieres,
Pide á Dios ... . Ser como eres,
¡No se puede pedir más!
JAVIER SANTA MARIA,

Mérida,

De u n poema que todos bao escrito
y todos e.c,lb1ré.n. J)Orque es la esen•
cla misma de la vida,

En la ventana tú; ye junto al muro;
tu mano entre mi mano prisionera;
y en el confín del borizonte ol:iscuro,
la lun,¡, alzando su amarilla esfera ..... .
-¿Me das un beso . . .. ? P or mi amor, te juro,
que es tuyo el labio que tu labio espera.
Nadie nos mira. Ven l Si Amor nos hizo,
cede de Amor al invencible hechizo.

·---------------------------------------------·
E L MILAG RO.

Tu frente virginal de blanca nieve,
sa tifió de rubor, pvr ser más bella,
y ce,n tu mano de alabastro, breve,
me dijiste que nó. ¡Blanda que1ellal
-¿Tc:mes, repuse, mi amorosa aleve,
que deje el beso de mis labios huella? . . ..
Y el fuego huyendo de los tuyos rojos,
busqué la luz y te besé en los ojos.

(Del album de la Srih.. Manuela Llzarraga),

Cuando á Dios rezando estás
1,Qué cosas le pedirás
Con esa boca de guinda?
Eres buena y eres linda
Y eres feliz ¡,quiéres más?
;.Si? Pues pídemelo á mí
Qne en mis reinos de poeta,
Una colección completa
De maravillas reuní.
Coronando un pe!íascal
Tengo un castillo feudal
Tan inmediato á las olas,
Que vienen, de espuma llenas,
A dejar conchas y arenas
En sus campos de amapolas.
De nocbe allí las sirenas
A cantar empiezan solas;
Y antes de que el día vuelva
Ya se oye juntos cantar,
.A. los faunos de la selva
Y las sirenas del mar.
T ras las torres almenadas
Hay princesas encantadas
Desde hace siglos dormidas;
Y Po los amplios corredores,
Guerreros y trovadores
Que cantan CO?las sentidas,
Y cantan himnos de amores
De sus liras á compás.
¿Quiéres, Nelly, quiéres más?
Pues cuanto sue!ía el deseo
Y finge la fantasía,
Yo lo conquisto y poseo
¡Me lo da la poesía!
¿Quiéres nubes astros, flores,
Fuentes, peces de colores,
Lucernas, cocuyos, aves,
Limpios lagos, selva u.!!bria?
¿Templos de góticas naves
Llenos de melancolía,
Vitrinas de tonos suaves
Y aras donde el alma mía
Se te ofrezca en holocausto?
¿Quléres grutas misterl'.&gt;sas?
¿Quiéres de Siebel las rosas?
tQ·Jiéres las joyas de Fausto?'

~

• Gloria, placer, alegria,
Irisadas ilusioóes
Que animan los corazones
Y pueblan la fantasía,
Encantada pócsía
Que del .mundo.es embeleso
Y en el cielo enciende el día,
1Yo a tesoro tod~ eso 1
y no vale lo que un beso
De tu boca fresca y pura
Llena de miel y de esencia.,
Lo que vale..tn.Jnocencia.
Lo que vale tu hermosura.
Lo que vale la ventura
Que gozas en tu existencia.

REQUIEM.
La luz por las ojivas penetra y biere
Los lienzos que nos cuentan largos martirios·
Se oyen las notas tristes del MISERERE· ,.
Se quejan las campanas, lloran los cirios.:..

1► 95.

FRAGMENTO.

SRITA . MANUELA LIZARRAGA [DE MERIDA.]

Luego el alma, turbada en su retiro,
sa asomó á tus pupilas con ternura,
y de tu pecho se escapó un suspiro
mezclado de plac:!r y de amargura.
Juego fué más ardiente tu respiro
y tu mano en la mía más segura;
que el capullo de rosa, antes opreso,
abrió las alas al calor del beso.

Poema del amor! ¿Quién, en la aurora
juvenil de la vida, no ha temb!ado,
al recibir de la mujer que a.dorl¼
el dulce beso de su labio amado?
¿ Y qué mujer, cuando el amor devora
con su torrente ciego y despe!íado1
pudo tener el corazón en calma,
Tranquilo el pecho y en silencio el alma?

La luna resbalaba el disco suyo
y en silencio lloramos de alegría;

tú, feliz, al saber que yo era tuyo;
yo, feliz, al sabe1 que tú eras mía.
Luego, turbando ese silencio cuyo
la.mento singular enardecía,
Joco yo de pasión, tú de ansia loca,
nos desmayamos al juntar la boca.

Extiende la tristeza su negro manto,
El alma, en lo pasado, vuela perdida,
A todas las pupilas acude el llanto
De los viejos dolores sangra la heri'da.
¿Quién no siente del pecho las fibras rotas

Al ver que le recuerda cada sonido

"Esas que a.compafiaron, dolientes ~otas
Al pedazo de su alma que se baya ido?'
En tropel los recuerdos brotan y vienen
E l hombre se concentra dentro sí mism~
¡ Y los ojos que miran al suelo, tienen '
La suprema fijeza q ue da el abismo!
El Réquiem funerario suena en el coro
Apagados ac,1rdes que se agigantan
Y ascieudeo en concierto dutce y s~noro
Unas notas que lloran y otras que canta~.
Sus notas son el himno de los dolores
La humanidad que llora sus alegría.~'
Es la profunda queja, son los clamor~
De todas las humanas melancolías. . '
AlJí, cual un arrullo, dolfonte brota
Del corazón herido la íntima fibra
La plegaria y el grito lanzan su n~ta
Modula la esperanza, y d amor vibra'.

Cuando ·partí, so!Ianáo en el mal'iana,
noté que, como un áugel de consuelo,
flotaba en el azul de tu ventana
con alas de paloma tu pa!íuelc ;
y, desde el borde de la mar cercana,
prestando vida á mi amoroso anhelo,
flotó el mio también.-Y al ser mecidos,
fueron dos ave&amp; que buscaban nidos.
MANUEL UGARTE.

U Nf\ DELf\OION INVOLUNT f\Rlf\

Allí de lc1, paloma la lastimera
Queja, que apenas _nace fugaz desmaya,
Las nacientes canc10nes de primavera
Y el tumbo de las olas sobre la playa{

La rubia mamá bordaba tranquilamente y su
liijo Mario, sentado en la alfombra., recortaba una
hoj'l con figuras de soldados rojos y azules.
Cuando más entretenidos ~ataban, se asomó á
la puerta el papá.
-Mario, chiquitín, que te vista tu mamá. Va•
mo'I a. pasear.
La setl.ora arrugó el ceiio y siguió bordando
-eomo si nada hubiese oído; pero Mario, se puso
en pie de un salto y abrazándose de las piernas
del papa. se a pretaba contra él como un gato mi•

El canto de los cisnes en la laguna
Y soplos de tormenta que se dei;at~
Arrullos maternales sobre la cuna '
y lejanps rumores de catarata. '
Tiene todas las notas del sufrimiento
Encierra de la vida todo el amargo '
Ese pr?fundo _li~quiem, pausado y iento,
Ese adiós al v1aJero del viaje largo.
Y del órgano en tanto las notas graves
Con un clamor de ruego, suave y dolie~te
A_l subirá los cielos, cual grupo de aves '
Piden misericordia para el ausente.
'

Y parece que el alma, libre precito, •
Que los lazos del mundo por siempre deja
Enendidas las alas al intinito,
'
Al compás de 'lUS notas, fugaz se aleja . ..•
La l~z por las ojivas penetra y hiere
Los henzos que nos cuentan largos martirios·
Se oye1;1 Jas notas tristes del MISERERE, •
Se queJan las campanas, lloran los cirios.

. . .. .. . . . . . . .. .. .. .

París, 1897.

323

EL MUNDO.

Domingo 26 de Noviembre de 1899

.. . . .. . . . . . . . . ..

... . ... . ........... . ... .

•

•

•

•

•

•

•

•

•

•

•

4 •

••

;,is;, Luego lentas pisadas que ya se alejan,

Y el d?lor que nos clava su diente agudo,
Las brisas 9ue ~n las ramas tristes se q úejan.
La tierra silenciosa y el cielo mudo!

10ado.
-Papa.sito, papa.sito querido, decía riendo y
bailando de gusto.
-Vamos, Eugenia, viste á Mario porque se ha•
·ce ..arde.
-Pero 1,es cierto que lo vas á llevar contigo?
preguntó sorprendid1t, sin dejar su labor.
- Figúrate. . . . Tengo dos horas libres. Esto
-es un milagro, porque Mario jamás sale conmigo.
- Si vas á llevarlo al Pincio piensa que hace
:mucho frío.
-No, no lo lleva::é al Pincio. ¿No es cierto,
monín, que lo mismo te da ir al Pincio que á
-cualquiera otra parte?
-Sí, papadito, siempre que vaya contigo y que
:mamá me ponga mi traje de terciopelo .
-En el Castillo está muy húmedo, dijo la se1lora.
- No iremos al Castillo. ;,Quieres que no salga
el chiquitín? ¿Estila celosa?
-Vaya u na tontería, dijo alzando los hom•

'broa.
DIEGO URIBE,

Levantóse lentamente, como con repugnancia,
anduvo de aquí para allá lentamente, abrió todos
loa roperos sin encontrar lo que buscaba, y por
tin, A llls mil y quinientas vistió A Mario.
Este entre tanto, de pie en la cama, se agitaba
como un diablegín mientras Je traían el vestido:
jugaba con su padre, pedía que le hiciera cosqui•
llas, y se dejaba caer sobre las almohadas. ríen•
-do A carcajadas y besando al papá el cual A su
~ez se acostaba junto á Mario.
Mientras la seflora vestía al niflo, al ponerle las
medias y al anudarla las cintas de los zapatos se
tncl~nó como par a besarl&lt;&gt;, pero en realidad para
decirle algo en secreto.
Ptro no había modo de conseguir su intento
porque el setl.or no se apartaba de allí, co;nplaci-do en la contemplación de su hijo.
L~ 11etl.ora puso mal el primer botón y no lo
advirtió sino hasta que llegó al último. Tuvo que
-empezar de nuevo su tarea. Mario rabiaba de
tmpaciencia. Ya tenía el sefior el sombrero pues-

to y todavía a ndaba la seftora buscando un pa•
:ll.utlo para el niiio.
- Le daré el mio, Eugenia, si lo necesita.
-No lo necesitaré; vámonos, papa.sito.
- No vayas A comprarlP. juguetes, le dijo la se•
:iiora á su marido, en voz baja.
- No tengas cuidado.
Lll maml\ besó la frente de m hijo y aquel beso faé tan largo que se dijera que quería darles A
sus labios la expresión de un lenguaje desconocido. S,llió á la antesal,i, y mientras el padre y el
hijo bajaban. salt,mdo y hllblando á vocea.
-¡Mario! gritó la se:ll.ora.
- ¿Qué, mamá?

-Ove.
-Dime desde ahí lo que quieres, mamasita.
-Vas á tener frío, toma tu abrigo.
- No, no tengo frío. Adios, mamá.

Al llegar á la puerta de una barraca en donde
habitt tíl{res enjaulados y cocodrilos en una laguneta, el valor y la curiosidad de Mario disminu •
yeron .
Miraba á su padre con una cara que revelaba
la lucha interna entre el miedo y la curiosidad.
Ni se atrevería á dar un paso.
- ¿Son muy grandes los cocodrilos, papá?
- 8í y tú muy cobarde.
-¿Son del tamaiio de Nana la cccinera:&gt;
-;:,on de otra forma, son largos y aplastados.
- Vámonos de a,uí papá . Ya me contarás cómo son los tigres y los cocodrilos, eso es mejor,
y ahora puedes comprarme un juguete con el di·
nero que les i oas á d1tr en la barraca.
-No, ya tienes muchos juguetes.
-¡ y si vieras cuántos tiene Alejandro! Son muy
bonitos, tienen mecanismo para andar. Hay un
ferrocarril con tres wagones y viajeros adentro;
en la caldera está el maquinista, muy negro; po•
brecito! Alejandro tiene también un circo con
caballos que dan muchas vueltas. Y tú, papá, ¿tenías juguetes cuando eras chico?
-Yo no tenía tantos como tú.
- ¿Y hacías travesuras?
-Menos que tú.
-¿Y te pegaban??
--Sí, monín.
-¿Y te dolía?
- Algunas veces.
-Mira, papá, ~uando mamá. me da un cachete
no me ca.usa mal; lloro y grito por no dejar.
Ahora ya no me pega.

-;,Y quieres mucho á tu mamá?
-Sí, papa.sito, pero á tí te quiero má.s.
- No digas eso. ¿Por qué me quieres más qué
A tu mamá?
-Porque A tí sólo te veo á la hora de la comida, mientras que con ella estoy á todas horas. Si
me crmpras un juguete diré que á los dos loa
q uiero igual.
- Vamos, mentiroci!lo. ¿No q uieres ir á comer
un helado en casi\ de Singar?
-Sí, papá , un helado de frambuesa, color de
rosa.
Después de comi,rse su helado muy despacio
para que le durara, Mario quiso llevarle A su mamá
unos pastelillos. ¡Pobrecita mamá·, se habfa que•
dado en la casa y no comió su helado! El mismo
le llevaría los pasteles, enredándose en u 'l de 1o
la cuerda del paquete.
-Papá, J.CUá ndo sea grande podré comer un
helado todos los días?
- Eso te haría daft.o.
-No, no me haría daiio. Papá, yo quiero ser
c0racero.
-¿Y si te qaedas chiquitín? Eres uca criatura,
eres mi ni:ll.ó mimado .
-Mira, dame mucho de comer, p iira ser grande y grueso, porque si me quedo chiquitín no
me harán coracero.
Al paslir por la calle Nacional, lo deslumbró el
aparador de la. juguete,í• de Natalí y se quedó
mudo de asombro. Tantas maravillas le extasiaban y se puso á contemplarlas con los ojos fuf.
gurantes de deseo.
Con su mamcita apretaba la de su papá, como
para comunicarle su i,stremecimiento: el rostro
pálido, y las mi radas llenas de asombro, formulaban una súplica mudt1, tsn elccuente, que el pa•
dre no puclo resistir y eutró á lt1 tienda para com•
prarle un juguete.
-Eotoy contentísimo con esta aldea que me
compraste, murmuraba el niiio cuando iban camino de la casa. ¿Cullntas casas crees q aé tieÓe?
-Veinte tal vez.
-Bueno, pues te daré veinte besitos y si hay
una iglesia con campan&gt;trio te daré un beso muy
largo. Estoy muy contento porque con este ju•
guete me divertiré mucho en casa. El viernes
mamá. me compró un aro y una Te lota. ¿Para "'
qué me sirven un aro y una pelota en la casa? Podría romper los muebles y los espejos, ¿no?
-Pero podrías divertirte con ellos en el Plncio.
-No, no, en el Pincio no. Dondeyn me divier•
to es en la villa Pamphil Y'. El viernes fuimos maro~

�EL MUNDO.

324

y yo; en el coche iba muy aburrido, pero mamá
me dijo: «Al llegará. Pamphily, bajaremos.»
- ¿Nunca babias ido en coche cerrado, Mario?
- Nunca. papá,
-¿Y en Pamphily jugaste con tu aro y tu pe•
lota?
- Sí, mientras mamá platicaba con Ricardo.
-;.Con Ricardo?
-Sí, papá..
- ¿Y qué hacía allí Ricardo?
-Se andaba paseando. Me estuve un momen•
to con él y con mamá, pero no me hacían caso,
v entonces me fui corriendo delante con mi pe•
iota. La pelota se fué rodando hasta otra aveni•
da y por buscarla se me perdió mamá. Oye papá,
¿~i yo me hubiera extraviado en el bosque me
habrían comido los lobos?
-Sí. . . ... tal vez. Y ...... ¿tu mamá?
-La encontré cerca del coche en dondt me
aguardaba ya.
.
-¡,Cuánto tiempo te estuvo aguudando?
-Cinco minutos, papá.
- ;.Cinco minutos nada más?
-O cinco horas. Me regaftó y yo me puse á.
llorar. La _culpa la ttnía la pelc,ta y le pegué. Ri·

cardo subió al coche con nosotros y bajó las cortinas; no se veían las calles. Nos apeamos en
Ripetta pero antes Ricardo le dió á. m11 má un beso
en el cuello. ¿Por qué baria eso, papá.?

.. ~N;s· f~í~¿~ y éi S~· q~~dó
0

0

~~- ~i ~~~h~. 'p~;~.

;.por qué besó á. mamá.? El no es papa.sito, ni ea.
Mario, el chiquitín mimado, para que bese á mamA.
Dile que ya no lo haga, papá.
-Ya se lo diré.

* **

La madre esperaba A su hijo en la antesala
poniendo atención al ruido de sus pasos.
'
-;.Estás sólo, Mariojl
- Si, mamá., !!olito. PapA me compró una ald e~Y paste les para tí.
Estaba pálida y temblorosa; el nifto la mirab11.
con sus ojos candorosos y brillantes.
·
-;.A dónde faé tu papá., Mario?
-Fué á decirle A Ricardo que no te bPse.
-¡Hijo mío! gritó, y cayó en tierra con los brazos abiertos.
MATILDE SERAO.

UNA VENGANZA.
El naturalista después de levantar el bordado
gorro, para cosquillearse la cabe:i;a calva, con los
afilados dedos, y alzarse hasta la frente las gafas de color, para restregar los ojos irritados por
la prolongada lectura, salió de la pieza en donde
durante tantas noches como aquella, se había
entregado á los estudios quA constituían su espe•
cialidad, y le habían dado nombre entre la gente
docta.
Y recorriendo piezas amplias y solitarias, en
cuyas paredes la bugía le dibujó, caricaturizAn•
dolo, su cuerpo · envuelto en aquella larga bata
floreada, empequeileciéndolo y alargá.ndolo, extraordinariamente, ridículamecte, llegó al cuartucho húmedo, lóbrego, destinado A bodega y biblioteca.
La bugía seilaló con su dedo luminoso las grotescas figuras de todos los desechos de la casa
que habían ido á sepultar allí, en desordenado
hacinamiento, en abigarradísima multitud.
Unos zapatos viejos hacíanse guifios, burlán•
dose de una an~igua bailera que, reina destrollll·
da, ostentaba aún los brillos de la corona, y unos
sabihondos librotes, muy serios y orgullosos, aunque vestidos de polvo, y olvidados en ridícula
postura de vulgares ebrios que van á caer.
Dejó en el suelo la amarilla palmotoria para
levantar el viejo diccionario, y vió entonces moverse a lgo muy cerca: ¡un animal! Y lo ba:ll.ó de
luz; era una lagartijilla entumecida, asustada,
acasc medio dormida ó moribunda que, apenas
po Ha menearse.
y era preciosa, ¡qué piel! hubiéraso creído que
era un trozo de cé3pe~húmr,do y animado.
¡Un ejemplar raro!
¡Un buen ejemplar!
Con la hoja brillante del pe1uell.o cortaplumas
de cubiertas de concha, la pinchó en mitad de la
espalda, la prendió contra la madera del piso y
¡cosa rara!, sintió que un estremecimiento le recorrió el cuerpo, y le pareció que un quejido dé•
bil, apenas ptirceptible, quejido de lagartija, extraflo como lamento de flor azotada, brutalmente
golpP.ada por el viento, salió de la boca del ani•
mal herido.
Vió con tristeza cómo se retorcía ansiosamente cómo levantaba del suelo la cabez11, agitaba
la~ manos y la delgada cola haciendo esfuerzos
para huirá aquella mortal presión, y sólo conseguía hacerse mayor la herida. Deseó que muriera pronto, para ahorro de sus dolores y sus ansias· sintió en el pecho un pequeflo -oeso de tris•
tez¡ y de temor que bien pudiera ser remordi•
miento por el crimen cometido. Ante los agóni•
cos estremecientos del reptil, recordó á. cuántos
a nimales babia aA.do muerte, sólo porque eran
hermosos, para enriquPcer so colección, á cuántas
plantas había sorprendido en momentos de amo·

Dominio 26 de Noviemhre de 11199.

Tlom1n2'0 26 de Noviembre de 1899.

Cuando volvió á. sentarse ante el tapete verde de la.
mesa, notó que Uovia.
Hasta entonces, y toda la tarde, con aburridora constancia se hllbía oido el repiqueteo de los dedos ociosos de la lluvia, en la vidriera de 18. pieza. T uvo frío •.
Tendió sobre la tapa del tintero el cuerpo de la in•
fortuna da criatura, y abrió nuevamente el libro .
En el fondo negro de la taza de café apar eció un ojo•
brillante que le miraba atentamente. Retiró la bugía.
Se s~n~ía fatigado, sentía en el rostrola calentura de
la irritación, v resolvió irá. la cama.
Mientras se desnudaba oyó á un grillo que en un
rincón de la pieza silbab9, y silbaba. Otro•
le contestó; le despertaron la idea de esos
b11ndoleros que en mitad de los obscuros..
caminos, se ponen de acuerdo para salir a¡l
encuentro de la victima que se aproxima,.
por medio de silbidos significativos.
Luego, un negro moa•
cardón revoloteó en tornosuyo. Quién sabe que le
dijo en su lenguaj~ y conuna voz ronca v solemne,.
como la de un ·riscal acu•
sador ante los jueces.
Con el cuerpo ya cu•
bierto por las blancas sA•·
banas del lecho, y la ca•
beza oculta entre el espeso velo de la obscuridad.
tendido sobre la alcoba,
quedó pensando: «¡si los.
deudos de los animHle&amp;
muertos por losnaturalis•
tas,
se vengasen!»
rosa unión y con la misma hojll l&gt;rillante del cor
Y los grillos silbaban en los rincones de la al•
ta.plumas de cubiertas de concha, había roto esos
coloquios con la muerte. Pensó en las muchas coba. Había aumentado el número. Dentro dealegrías criminales que babia experimentado la escala aguda de sus voces, había infinita va•
cuando se apoderó de esos lYUenos ejempla1·es, y riedad; eran muchas voces distintas, seguramerr
sintió un remordimiento equivalr,nte á la suma de te de muchos grillos iguale5.
Y el negro moscardón zombab'\ &lt;iicien do qu:én
muertes que habfa causado. ¿Tenía él derecho
sabe qué en su lenguaje silbado y con voz ronca
sobre todas aquell&gt;1s vidas?
Esp:.&gt;ró; los movimientos se hicieron menos rá- y solemne.
En el techo los alacranes gritaron algunas pa• .
pjdos, menos fuertes, menos frecuentes, y a1 oa.
bo vino la inmovilidad, se fué aquella pequefia labras, gorgoritearon algunas frases.
Sobre
el
buró
se
oyeron
·
p
asos
menudos
y
d1a•
vida.
Salió rumbo á. la mesa de estudio con la pal- cretos, y cautelosas palabras, apenas murmura•
matoria en una mano y el cadá.ver flexible en la das.
Después le pareció sentir esos pasos ligeros.
otra; por el vientre blanquizco asomaba la punta
menudos, sobre sus piernas, como si un ratón co·
brillante del arma.
·
Y tomando por pantalla la pared, nuevamente rreteaee por encima de él.
se entretuvo la bujía en dibujir ri&lt;liculizá.ndolos,
Algunos cuerpos poco pesados caían desde e)
los cuerpos del vivo y de la muerta.
techo sobre el suyo. Pero eran tan leves los gol·
Pareció en un m(lmento que iba á. saltarle á la pes que, sólo por su excesiva sensibilidad, el na•
cara el animal aun vivo, y en un temblor instan- tura.lista podía darse cuenta de ellos. ¿Sería ap~en·
táneo, dejó caer su ejemplar el nervioso natura- sión suya? ¿De veras estaría.u cayéndole encima
lista.
algunos animales? .. ..

1

l

Sintió en la cara la misma ligera molestia que
babia eent.ido tantas veces, al tropezar en un jardio con una telarafta tendida de un árbol á. otro
cercano, y quiso pasarse la mano por lA. cara, pe
ro una ligera presión Pj ~rcida en el brazo se lo
impidió, la presión de una lig1tdura hecha con del
gado hilo; ¡y no pudo vencerla!; era un hilo del
gado y fa~rte como finisímo alambre de acero,
un extraordina"io hilo de arafla.
Pretendió incorporarse; l'O pudo; iguales ligaduras le oprimieron en las pLirnas. en los brazos,
en el tórax, AD todo el cuerpo, y le oprimían mfts
y más, como si alguien estrechara las mallas de
11 qnella grande y extrafla red. Cuando no pudo
absolutamente moverse sintió sobre el cuerpo el
cosquilloso y horripilante andar de innumerables
aratlas.
y las vió, las pudo ver milagrosamente, á través de la compacta sombra. Entonces pudo darse
cuenta de su angustiosa situación.
Un golpe de horror le hiio estrem ~cer,
Las ara.ti.as recorrían por todas partes el techn,
entrllndo y saliendo por las ropas que mostrahlln
algunos agujeros. Los ratones con tezón trabaj&gt;l•
b&amp;n y abrían otras nuevas bocas en laR sAbanas
despedazadas, y mientras roían incansablemente,
moviendo sus hociquillos en donde temblaban los
largos bigotes, haclanle muecas, y le clavaban en
Ja cara, como desafiándc,le, sua miradas brillanteP, negras, vivarachas.
Bien pronto la obra estuvo concluid!\.
Las ropas roídas con faria, le rodaban sobre
el cuerpo en pelmazas, como grumos espesos d"l
j11bón, y hasta como cenizas volaban los mAs pe•
quetlo11 pedazos.
Entonces comenzó una invasión inesperada.
Del cielo de la pieza se desc.0lga ban las arai\11s, '
bajaban por sus hilos, cabriolellndo y deteniéndose A trechos, como esos saltimbancos que en
los circos detcienden de los trapecios por una
cuerda, poco á poco, tomando figuras efectistas
ó ridículas. Luego se desprendfan cerca de su
cara y oía la agitada respiración de los pu!mones
de las a raiias funambulescas.
Se de~ató una lluvia negra, muy negra; los ala•
cranes chirriaron, agitando sus tenazas, caían, se
revolcaban sobre él, lograban tomar su posición,
y ligeramente se resbalaban por la cama. Algunos como por distracción le hirieron con sus armas. E l dolor le atrofió los órganos voc1des y no
pudo gritar.
Alguna colmena se vació y el emjam~re invadió la pieza. Todl\s las abejas seguían á su reí•
na; el ruido que producían era ensortlecedor, y
reianse cuando él, el desgraciado naturalista, cerraba instintivamente los ojos al verlas acercAr•
sele aterradoramente, hasta rozarle las mejillas
con sus alas.
¡Las abejas! y pensó en la miel y en los cirios.
Anunciándose á la puerta con ruidosos aleta•
zos, llegaron aviones y salangos que rompían á.
gritar como si viesen una ave de rapiila. No salla aún del nuevo temblor miedoso que le causaba la reciente aparición, cu11ndo hizo su entrada
triunfal, como todas las suyas, nna nube de lan•
gestas que hacían retumbar el aire con su estru.,ndoso vuelo.
Bandadas espesas de mosquitos revoloteaban
por todos los ámbitos de la pieza museo.
Sólo él, él que era un notable naturalista, po•
día distinguir las voces de tantos animales, y po•
dia distinguir unas de otras las variadas especies.
Mientras se fijaba en los mosquitos, cuyas picador~ tanta molestia le causaron siempre, un en• ·

325

EL MUNDO.

zó á. chupar la sangre
basta d ..jarlos pálidos,
muy pálidos, ceráceos,
«Debían llamarse bemófilos. » -quiso gritar.

!-

L
jambre de cantáridas le llamó la atención. No
pudo fijarse en el hermoso color de los élitros,
porque pensó en 111 fiebre que iba A causarle el
olor de ellos; y sintió la fiebere, y quiso esca•
parse al delirio que veía aproximárs.elel
Bajó la vista; el suelo estaba sdfombrado; desagradable alfombra l\nimada. Por los pies del
catre subían escorpiones rabiosos agitando des•
sesperadamente los garfios de sus colas ya henchidos de veneno, y sobre ellos cabalgab&amp;n las
tará.ntulas.
Se arrastraban penosamente incontables aligatares iguales á los del Nilo,-con los ojos desbor•
dantes de sangre y los cort!lntes dientes descu•
bie rtos,-pero empequeilecidos hasta como una
lagartijilla; ¡ h, la lagartijilla muerta!
Tortugas que andab1n inusitadamente despacio, tortugas viejas, subían también produciendo
con sus carapachos al chocar, ruido de castafluelas rotas, manej!ldas por manos torpes. Y abrían
las bocas para morderle y le mordían, ¡qué dolor!
Había en la movediza alfombra un fragmento
rojizo que se agita ha sin cesar, y b. illaba á intervalos, como las lentejuelas de u, traje fant4stico, cuando las golpea la luz: las hormigas. Su•
bían, subían y cubrían completamente las cuatro
piernas de lR. cama. En los cuatro estremos del
catre vió á cuatro cuervos que graznaban á com•
pás.
Describiendo elipsoides, voltejearon entonces
en derredor de sus ojos unas falenas. Se le ocu ·
rrió: r,despedirían luz sus ojos? ¿El estaría vien·
do á. favor de esa luz?
Y p11rpadeó repetidas veces.
Sir.,tió en los pies un hormigueo y logró ver á
dos hormigas que se colocaban riendo-de veras
refan -en una misma línea, y se preparaban á.
A correr. Empezaron la carrera en línea recta,
cada una por una pierna.
Ellas creían que era carrera, y el cosquilleo le
molestaba profundamente.
U n hidrófilo se le clavó en los labios, y empe•
0

Una abeja se le había
prendido en Pl vientre,
y empezaba á introducirle poco á poco el
aguijón.
El naturalista recordaba el suplicio de Prome•
teo y él se creyó un sen•
tenciado de lo!! diúses.
El piquete de la abeja
fué la seflal de ataque.
Todos los animales se
avalanzaron sobre él y
le picaban ó le mordían
por todas partes, hasta
los de ordinario más ino•
fenslvos, como las golondrinas. Algunos no OOD·
tentos con herirlo, le
arrancaban pequefios pe·
dazos de c11r ne. Le pa•
reció que era un caballo
muerto arrojado en mi•
tad de un muladar pobla•
_J
do de hambrientos ZOt"i•
lotes.
En un Angulo de la alcoba convertida en jrnla•
una triste tórtola lanzó su lúgubre cucú.
Las hormigas fatigadas, seguían, sin tomar des•
canso, su carrera á través del cuerpo del infeliz
sabio, lleno de piquetes y mordeduras, salvaban
las zanjas abiertas y desbordantes de sangre, y
les dejab'ln paso libre las araflas, los alacranes,
los grillos y las hormigas sus compafleras. El las
vió aproximarse y apretó los labios blancos, te•
mía que le entrasen por la boca, perc, no llegaron
y aignieron su camino.
Creció su angustia. ¿A dónde iban?
Al llegar á los ojos se detuvieron; P-ra el punto
marcado para final de su carrera. Todos los animales cr,lebraron la llegada con gritos.
¡Apareció una lag-artíja con un cortaplumas de
ca1.1has de c0ncha clavado.en la espalda!
Se arrastraba penosamente, quejáoase con
amargura.
Y empezó su peregrinación sobre el cuerpo
destrozado.
Por última vez quiso gritar, llorar, moverse,
correr, huir. ¡Imposible! Cuando ella llegó al
corazón se detuvo.
Muchas hormigas comenzaron á. subir sobre el
cortaplumas, como A una percha.
·
¡Iban hundiéndolo poco á. poco en el pecho del
naturalista!
Las dos hormigllB se arrojaron al fondo de los
ojos como dos nadadores á un estanque.
Su desfallecimiento creció grandemente.
Y lo último que vió, con los oj J i! ya ciegos, fué
otro naturalista igual á él, quizá. él mismo dentro del vientre de una gran vaca que se e~hibía
en un tablado, y un mono con la cabeza llena
de canas que le hacia muecas de burla y de des
precio.
FRANCISCO ZÁRATE

Rurz.

�326

EL MUNDO.

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

Año VI

LA ULTIMA JORNADA.

Tomo 11

México, Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Número 23

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94637">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94639">
              <text>1899</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94640">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94641">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94642">
              <text>22</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94643">
              <text>Noviembre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94644">
              <text>26</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="94661">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94638">
                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 22, Noviembre 26</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94645">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94646">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94647">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94648">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94649">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94650">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94651">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="94652">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94653">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94654">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94655">
                <text>1899-11-26</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94656">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94657">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94658">
                <text>2017558</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94659">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94660">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94662">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94663">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="94664">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1514">
        <name>Combate naval miniatura</name>
      </tag>
      <tag tagId="1515">
        <name>Delación involuntaria</name>
      </tag>
      <tag tagId="1511">
        <name>Ferrocarriles</name>
      </tag>
      <tag tagId="1510">
        <name>Fotografía de las nubes</name>
      </tag>
      <tag tagId="1509">
        <name>Gran manifestación</name>
      </tag>
      <tag tagId="1512">
        <name>Monte Rainier</name>
      </tag>
      <tag tagId="1513">
        <name>Parque Washington</name>
      </tag>
      <tag tagId="312">
        <name>Porfirio Díaz</name>
      </tag>
      <tag tagId="1182">
        <name>Tacubaya</name>
      </tag>
      <tag tagId="1508">
        <name>Teatro obsceno</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
</itemContainer>
