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EL MUNDO.

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

Año VI

LA ULTIMA JORNADA.

Tomo 11

México, Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Número 23

�..
EL MUNnO.

328

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Ahora que con motivo de la zarzuela de unos jóvenes literatos, estrenada reciencemente en el Principal se babia. del arte popular mexicano, bueno es
recor'dar q:ie el vlejd\Fidel es el padre de este género de poesía que tiene el don de despertar en las
multitudes el amor á estas tres cosas santas: la P:ltria, la Libertad y la Belleza.
Guillermo Prieto es bardo de alta entonación líxica cuando canta á esas sus deldades. Con la caoellera y el traje en desorden en un di vino. arrebato1 vuela su inspiración á las alturas. Sus libros de
ve rsos contienen fragmentos de epopeyas gloriosas.
Es olímpico narrador de batallas. Su Romancero es
una marcha tocada en m~dio del campamento por
una banda de clarines de guerra. J ..:gó de joven en
el Olimpo. Es un lwplita.
Mas este poeta homérico, es también á las veces
Arlstófanes. Nadie como él para la sátira de costumbres. Y antes que par11. la sátira, para la pintura;
todo un Melssonier por lo fino y por lo intencionado.
Después de leer la Musa Callejera de Guillermo
P!'ieto se queda uno satisfwho, sonriente, tranquilo,
como el que torna á casa, ya entrado el día, de vuelta de un paseo matinal , después de empaparse en las
campiñas, de rocío, de perru~e y de sol. No conozco
artista que despierte la emoción de modo más sencillo y natural.
La rima corre fácil y ligera, dAliciosamente desalii'!.ada, retozona y risuei'!.a, como linda muchacha
que, á medio vestir, salta del lecho despertada por la
luz de la aurora.
Los hábitos populares toman artístico y brillante
atavío en caprichosas conversaciones de versos de arte menor que chorrean picarezca gracia. Los roman.
ces y seguidillas, sobre todo, suenan á canción de callejuela, acom pafl.ada de rasgueos de guitarra, y risas
frescas como de mujeres alegres.
Se antojan los sueños -de_ Ffdel á manera de esos
sueños coloridos, de esos pa1saJes esfumados que la
fantasía de los nUios suele ver en un frasco de cristal
lleno de agua, y puesto á través de la luz. Todo en
elles es límpido, !rizado, radioso. Todo derroche de
color é inquietud de ondas.
y en aquel relampagueo de reflejos, el verde es esmeralda, el blanco nieve, el rojo púrpura.

*

**
La Musa Callejera es un hervidero de chinas t,jínegras y brunas, de clwrros barbudos y de léperos parranderos, y audaces.
Por allá va la enagua roja salpicada de lentejuela,
siguiendo el rítmico movimiento de las caderas; la
zapatilla azul como chapín de reina, h01Iando el empedrado de las plazas; el rebozo de &amp;eJa transparente
y abrillantado como chal de odalisca, prendiéndose
en las birolas de plata de las botonaduras. Allá va el
sombrero deslumbrador, lanz11.ndo chispas de oro de
los galones, y sobre la chaqueta de cuero, el zarape
de bordaduras vívidas, agitando los hilos del fleco.
Cada romance de Prieto es un cuadro pintado á
grandes brochazos, pero de un efecto admirable. Como
esos lienzos tan estimados por los devotos, deben ser
contemplados á cierta distancia.
¡Qué color! ¡Qué movimiento! Os acercáis y todo
se desvanece. Sólo quedan grumos de pintura, montones informes de color, como si alguien t raveseando
se hubiera eritretenido en frotar sobre aquel lienzo
una paleta. Guillermo Prieto es un poeta altísimo
\iue habla en caló. Ma~ el dialecto popular sale de
sus labios excelso y purificado.
y es que el lenguaje de envilecida dicción y aspecto bajo sirve de verbo á ~asiones nobles, á ide.~les supremos, á ter~~nos l_nfimtos, como tosca vasija que
contiene exquisito vmo.
El bardo desciende á las últimas capas sociales para
sorprender costumbres y arrancar al argot obscuro las
ideas grandiosas como la negra piedra del mineral los
átomos de oro que la abrlllantan.
li'idel hizo versos con el idioma que vacila y tartamudea. Volvió á las crisálidas mariposas.
En esas estrofas se agitan nuestros t ipos nacionales. Sólo que á través de la poesía del maestro, aparecen esos tipos idealizados.
Apenas hoy fermento ?e vicio en esos protagonistas callejeros. El patriot1smo, el amor, la compasión,
la lealtad, encubren las perversidades, las degradaciones . los odios. Alli todo es bueno; el contento
sano, Ía ironía. inofensiva, la embriaguez jocosa, el
chiste a1ado.
Fidel es un modelo que debe servir á nuest1os jóvenes literatos para costumbres y tipo~ del país, ahora
que el género chico ha tomado ese serio y provechoso
camino.

***

En este combate de teatros, á última hora ha
triunfado el Nacional. ¿No es verdad que todos celebramos esta conquista del Arte, esta toma d~ una
plaza amurallada por la indiferencia, esta hábil batida á los insurrectos contra el Buen Gusto?
La victoria de la ópera ba sido completa, á pesar
de las desgracias y contratiempos de \a última semana.
Hemos oído Carmen y FausU&gt;, durante ella, y las
dos magnas obras pudieron salvarse sólo por el respeto y el amor que de antaño les tenemos.
¿Quién ha dicho que Carmen es e_spañola?. No, sellor; Merimée, el creador del tipo, hizo una g1t~na, y
Bizet, el maestro, una andaluza ..... . traducida al
francés.
Las pasiones sí pueden ser espallolas:son un horno;
caldean. Hay mucho fuego y mucha luz en el dra1!1ª·
Huele á clavel el aire y suena la guitarra á lo leJoS.
Y á pesar d9 eso, á la letra y á la música se les conoce que, aunque bien disparadas, no son de España.
ál pasar los Pirineos se refinaron con.o le sucede
al aceite, y al vino. De la monotonía de los cantares
ibéricos Bizet hizo maravillae de movimiento. Enriqueció con nuevos sonidos las castañuelas, la pandereta y la gui¡,arra. Vertió una gota de champagne en
las cañas de Manzanilla.
En cuanto al Fausto . . .. ¿le parece á usted bien,
sei'ior Sienl, que en lugar de hablar de la audición
hable de Goethe?
El viejo Goethe era un impasible. Amaba la serenid~d olímpica dé la eterna belleza. Meditativo profundo, hundía tranquilamente su pensamiento en el
Océano de la vida, sin temor á los temblores de la
ola. Analizaba mucho este poeta excelso que no sintió jamás los frenesíes de las pasiones cuando se
exaltan ni los arrebatos de los ideales cuando se enloquecen. Por eso las creaciones de este inmóvil sublime son todas símbolo. Bajo el nel{ro birrete de
Fausto sueña la Humanidad; con la carcajada de Mefistófeles se ríe la Duda; dl corpiño azul de Margarita, como el níveo peplo de Helena, cifle los s~nos palpitantes del eterno femenino.
¡Feliz tú, buen viejo, divino viejo, que arrellenado en tu sillón, de rojo y oro, puesta la mano firme
subre la ruuosa mejilla, serena y pensadora la frente
bajo el bla~co palio de la peluca, escéptico, burlón y
risueño, viste pasar la procesión desordena.da de
n·1estros anhelos, el tumultuoso séquito de nuestras
esperanzas, el apocalíptico desfile de nue~tros dolores, el visionario cortejo de nuestras ambiciones, el
infame. aquelarre de nuestras perversidades! ¡Feliz
tú que pudiste reunir lo disperso, atar lo alado, encadenar lo enfurecido en nuestras almas, y sin rencor y sin odio, nos arrojaste, viejo Goethe, tu ironía
hecha libro para que nos reconociéramos en Fausto,
amáramos á Margarita y tuviéramos un fiel compaiiero de insomnio en Mephistol Gracias á tí, nos asomamos á la véntana OJival en busca de la Verdad
Eterna, durante las noches diáfanas y frías de tu
Alemania, y nos sentamos junto á la nliia rubia, á
la fresca sombra de los árboles, para deshojar flores
y contar melancolías ... . . .

Domingo 3

ne Diciembre de 1899.

ecuación especial (cada alm&lt;1 tiene la suya), no es
sensible á todo en el mismo grado, el poeta (hablo
del músico) no lo vió todo pero lo que vió lo vió bien
y nos lo dice encantadora.mente.
Así el primer acto es francamente !.imbólico; la incurable friYolidad de la sociedad en vísperas de la Re.
votución, ftivolidad heredada de un siglo entero de
galanteos y placeres; el amor á la virtud, predicad1,.
por Rousseau y su secta con vertido en una moda en
un juguete, en una especie de traje á la griega 'quedeja.ba á la naturaleza toda su libertad de movl~ientos y de extlibiciones, el amor á la libertad del géne.
ro humano profesado por las marquesitas de tacón
alto, meJia calada, seno al fresco, peinado en las nu.
bes: deliciosas cabezas de Boucher y de Watteau, que
en las puntas de las picas, iodaviaconservarfanlosrlzos del tocado empapado en sangre coagulada y sobre
la tez lívida dt: muerte, el carmín y los lunarcillos delos afeites postreros; la igualdad aclamada en los salones con las rosas y los pomos de esencia en las na.
rices para no sentí~ el aroma animal del pueblo soberano; la fraternidad profesada en forma de luises de
oro dejados caer en las manos negras y húmedas del
hambre, por las manecitas finas de uñas rosadas y
piel de seda, y un sordo delirio por gozar mucho, por
gozar pronto, por saberlo todo, por apurarlo todo,
como si en la luz azulada y triste que SE' mezclaba á
la de las bujías al fin de una noche de baile, se ad!.
vmase una agonía, un fin; de todo eso hay un poco
en el primer acto, que parece un idilio en los umbrales de un cementerio. Marquesas; perfumados abattirw.~ que agotan la dulzura de vivir, como el futuro
príncipe oe Benevento; poetas declamadores; lacayos
insolentes en quienes el odio y la envidia maduran á.
los próximos proveedores de la guillotina; pastorcillos de comedia acicalados y pomponados y trascendiendo á jazmines y el grupo escuálido, brutal y astroso de los famélicos, en quienes la plebe del día.
siguiente muestra los colmillos afilados y la gola roja,
son los personajes de ese primer cuadro un poco Incoherente y murmurante y_ vago como era la época;
delicioso paisaje decadente y lánguido al través del
cual serpea el grácil dibujo melódico de una gavota.
fin de s :glo ....
Muy bien; pero siyo hubiese sido el autor (no aoy poco presuntuoso como veis) le habría da.do un segundo
cuadro á ese simbolismo claro del co=iienzo, habría
contado y puesto en acción la vida de las prisiones
durante el Terror; allí precisamente donde estuvo
Chenier, en donde conoció y cantó, en las inmortales
estrofas de la Joven cautiva, á la d llCJ uesi ta de Fleuryla Magdalena de Coigny del libre¡¡o: dice así la prisionera:
La i!usión fecunda aquí en mi seno habita,
Sobre mí en vanc pesan de una pri&amp;ión los muros,
Pues mías las dos alas de la esperanza son;
Cuando escapa á las redes del pajarero impío,
Más feliz y más vivo del cielo en los espacios
· Cantan to vuela el ruiseñor.
¡y qué! 1morir yo puedo! yo que duer1no tranquila.
y que tranquila velo, sin que en vigilia ó sueño,
El cruel remordimiento me haga padecer.
1Mi bienvenida al día me ríe en tantos ojosl
y en tantas frentes triste¡¡, un poco de alegría,
Con solo mi presencia casi bago renacer!
¡Oh! mi hermoso viaje tan lejos del fin se ballar
Voy; de los verdes olmos que bordan el camino,
A penas los primeros acabo de pasar;
Y á penas de la vida en el festín que empieza
Los bordes de mi copa, que llena todavía.
Un instante mis labios acaban de tocar.
Estoy en primavera, q::iero ver la llosecha;
De una estación en otra yo como el sol deseo
Mi afio concluir .. . .. .

................ ............ ............

A propósito de Andrea Chenier.
¿Queréis, amables lectores míos, y pacientes y nobles, que dejemos por hoy el Transvaal á punto de

p~:r~~:t~:f~:irn~~~h~!~!s

;~1f!º;d:~gs
~~~:~~!
por los maxims y los dum-du:ms y á los tagalos probablemente ya despojados de su Aguinaldo ysu hosca y
bravía libertad, y al Emperador Guillermo borrando
con la champaña de Windsor el telegrama al presidente Kruger, para hablar un poco de arte, un poco
de un poeta muerto á los treinta ailos y que por eso
me es dolorosamente querido? Supongo que decí&amp;:
¡Bah! Veamos. Ved, lectores.
En la obra aplaudidísima de Giordano y que es de
veras interesante, la música traduce con elegante sobriedad algunos de los principales elementos de aquella época infernal y divina y los combina en un tono
de pasión y de sangre. El joven artista italiano se metió dentro de aquella gran historia como en uno de
los círculos dantescos, procuró vivirla, dejó que se
imprimiera hondamente en su alma y nos tradujo en
música su impresión; es reducida, su alma por su

Y por cierto que esta joven cautiva no fué lapasión del poeta; fué la encantadora mujer que en al·
gunos divinos versos llama Fanny (Mme. Laurent•
Coulteux); y por cierto que la bella Franquetot de
Colgny salvada de la guillotina á fuerza de oro por
su ama~te M. de Monrond, se casó al fin con este caballero y pudo ver brillar la aurora del renombre de
su cantor que murió en plena noche; la luz que brotaba de su tumba tardó mucho en traspasar el olvido· los dioses los dioses heléniccs de este último de
lo; poetas paganos, que mostraron, como suelen, su
dilección por él haciéndolo morir joven, le dieron lentamente la gloria; don divino, don eterno.
Pero vol vamos á nuestros carneros; la vida de las
prisiones durante e!"Terror, allí, sobre todo, donde
abundaban los nobles, las señoras y la gente de buen
tono, al través de miserias indecibles y de mortales angustias, continuó siendo la vida t_rí~ola de los salones y los boudoirs; citas amorosas, liaisons d&lt;tngereuses,
bailes, comedias en que reían las muchachas Ylaa
viejas de la horrible protagonista Mme. la Guillotine,
eso constituía la ocupación de los prisioneros que no
pudiendo evitar la muerte le hacían la mamola. Algohabría dado, por ver musicada una escena de este género, con el antiguo lacayo bacien~o el papel con tan:
ta energfa trágica burilado en sus iambos por Chenier ·
Et sur les gonds de fer soudain les portes crlent;
Des juges-tlgres, nos seigneurs,

Domingo &amp; de Diclemtre de 1899.
Le pourvoyeur para.it. Quelle sera la prole
Que la hache appelle aujourd'hui?
Ch!Ulun frissonne, ecoute; et cb~cun avec joie
Volt que ce n 'est pas encore lu1.

y el pueblo asomado por ahí bajo las nuevas espe.
eles de soberano abso:uto, decorado con el gorro fxi .
glo de los antiguos libertos, descalzo y hambriento,
como en el coro de los famé!icos del primer acto, pero

aatlsfecho con su coron¡¡, roJa;
.... il demande du pain,
Oo lui donne du sang. Il vol tomber des tetes;

II chante et ne sent plus la faim.

y entre risas, desmayos, gritos de an11;ustia, solloga-

r.os de agonía, y risas, y ecos de carmai'iolas y de

ira serpea-: el dibujo melódico de la gavota fin de

slgio .... trasporta.da al tono menor para darle aire
de marcha fúnebre ... . ¡obl qué bien, que bien, en
esta&amp; escenas que yo sueño, daría valor á las transiciones-que son todo el arte-Adela Gin! con su maravtlloso poder de expresión.

329

EL MUNDO.

No, los poemas perdurables son los del sentimiento, esa es la.sola verdad que eterniza el arte: la del
amor, la del dolor, que es la misma; querer descubrlr
las causas de las cosas, hará de un poeta un Fausto,
nunca un Da11te; nunca un Virgilio, este otro rimador
divino que pegaba el oído al corazón de la naturaleza
y murmuraba, escuchando sus misteriosos latidos:
son las lágrimas de las cosas.
Pero si la empresa de Pste último heleno era imposible, el solo intento engrandece el alma .... Y así,
entre ensuei'ios de amor indeciblemente voluptuosos,
que parecían depurarse al ser vaclado1:1 en el molde
purísimo del arte, el joven hijo de Bizanclo, que llevaba en sus venas la helénica sangre materna y que
había nacido á la inteligencia silabeando los poemas
homéricos, llegó risueño á los umbrales de la Revolución.

*
* *

Era una aurora, la saludó, en el estilo de los líricos de su época, como una venida de sol; había rastros de sangre en esa aurora, sangre derramada por
la demencia de las multitudes hambrientaii, pero es*
**
to era pasajero; efectos de púrpura en el Oriente; asCbenier es casi un ausente en la obra; viva y pre- cenderfa
Apolo en su carro de oro y las nubes se disisente está Magdalena, no Chenier que es allí un dul- parían y la
luz serfa., en el zafir inmaculado, esa
ce y declamador poeta erótico cualquiera, sólo ha nueva luz nueva
entrevista por los grandes precursores,
servido de pretexto á la descripción de las pasiones seria la libertad. ¡Ohl qué sublime delirio, qué emde aquella época convulsivamente trágica, en que briaguéz sagrada; asistir al Génesis de un mundo
los cantos eran rugidos y los suspiros esterto:es de mejor: en la noche del 4 de Agosto, en el momento
agonía· diez ó doce poetas como ese deben de haber de
suprimir para siempre el derecho feudal á ruegos
muer~ en la guillotina. No, la ópera de Giordano de la nobleza y la Iglesia, la Asamblea nacional prodebía titularse «La Revolución:&gt; el protagonista es nunciaba el fiat lux de la flamante creación.
Gerard y Gerard es la Revolución.
Adorador de la libertad, pero desde arriba, in
Chenier era otra personifil;3.ción no tan grande, excelsis, una libertad inmaculada como la Pallas-Aquizás pero más bella; es la poesía pagana, de már- thené, una diosa de acrópolis helénico, digna del
mol p~ro y claro como el dios de Klaros, mutilada
de Fidias y de la adoración de Atenas, una lipor el martillo de los iconoclastas y arroja:la de su cincel
bertad á la griega, 1:1. república, no como los griegos
pedestal enflora.de, á un charco de sangn La poe- la habían practicado, ¡~r 1sino como la habían amado
sfa pagana ha tenido después imitadores, repr,1duc- algunos de ellos, los Cbenier del tiempo de Periklas;
tores perfectos, pero no en mármol blanco, sino ne- pero el joven poeta francés olvidaba que esa libertad
gro de pesimismo y de dolor secrAtu (pienso en Le- por él adorada, que esa redentora de manos }luras,
conte Dellsle). Chenier no es eso, no es un imitador, que esa agua lustral más clara que la de la fuente
aunque Imita, no es un reproductor, es un creador Kastalia, no había existido nunca; pensaba en Arísde poesía transcripta en lengua inbelénica, exacta- tides y en Catón, ¿por qué no recordar á Kleon, á
mente como lo eran los Alejandrinos, los deliciosos .A.mytos, á Clodio? .... En suma, confrontaba, muy
poetas del ocaso espléndido de la poesí!l' griega; es lo pronto inquieto, desilusiona.doy triste, su ideal platómismo que Tibulo, que Catulo, también creadores, nico de virtud republicana, con la realidad brutal que
también latinos que reproducían, pero que eran poe- crecía tumultuosa ante sus oj0s de. artista, y vaciló y
tas completos, poetas griegos en latín; de esta selec- dudó .. . . Despuéi,, cuando vió todo respeto humano
ta y exquisita familia fué este «primer poeta de su escarnecido, cuando presenció el arrastramiento de
época, el artista superior y delicado que reabr~ó las la inocencia sobre el pavimento ensangrentado de las
fuentes antiguas y abrió las modernas.&gt; (Tame- calles por las multitudes epilépticas, cuando asistió
La .Revolmion-VI).
al estupro feroz de la impúber libertad republicana,
¿Abrió las modernas? No creo; no hay en su copa todo lo que en él había de pasión por lo bueno y por
una sola lágrima cristiana y si el siglo XVIII es el lo bello subió desde sus entrañas en una ola de hiel
fln del movimiento esencialmente pagano del Rena- á sus 1a'bios y empezaron sus odas á silbar como el
cimiento, ca.si exactamente como el período alejan- sarcasmo (el himno á los soldados de Chateauvieux)
~rino de ciencia y de flébil y deliciosa poesía, fué el y luego á crugir como e~ hierro ~ndente plantado
período final de la cultura helénica; el alma cristiana · en la carne vi va, y luego mventó el iambo francés, pa·que renace con las alas teñidas de sangre por la Re- ra desahogar su cólera inmensa, inmensamente novolución eu el alma de Chateaubriand, anima toda la ble y justiciera: los alejandrinos combinados con los
poesía moderna hasta la de los que la rechazan con octosílabo!ó! con una maravillosa gracia de movhniendesdén ó con ira en nombre del arte puro; no, no to suelto, ctljerón en rimas alternadas lo que nadie
hav un solo vislÚmbre de ese espíritu nuevo en la se atrevía á decir, lo que nadie quería pensar: que
poesía de Andrés Chenler; cuando decía:
aquellos imbéciles trágicos que subs~ituían la liber811,r des pensers nouveaux f aisons des vers antiques tad con la guillotina, pasarían, mondan, ó moralhablaba de pensamientos, no de sentimientos: el mis• mente cambiando la adulación al pueblo en adulaterio, la inquietud, la sublime angus~ia del senti- ción al César, y trocando la blusa de la secci6n por la
miento cristiano, el don de lágrimas de la poesía mo- librea napoleónica, ó materialmente, y estos eran los
derna, que ha tornado á perder la fe conquistando mejores tragados por el ídolo que babían levamado
como elemento supremo el incurable dolor de haber- sobre la~ aras volcadas de la justicia y la piedad ....
la perdido, todo &amp;to es un mundo, ni entrevisto siquiera por el divino poeta del Ciego y de la Joven ta*
múina. El pensamiento nuevo, sí; la eterna ambición
**
de los poetas de alas grandes: reducir, como Lucuando aparece Chenier en el drama lírico que ·tocreelo, la ciencia de su época á fórmulas poéticas, dos hemos aplaudido, ya circulaba en manos de mucontar, al son de la lira, los orígenes del Uni verso y chos la oda á la matadora de Marat, á Carlota Corde la Tierra y de la sociedad, mostrar todas sns le- day,-'la Juana D'Arc del homicidio. Al piE: de este
yes resumidas en una ley suprema y todo movimien- artículo la encontrarán nuestros lectores rápidamento, es decir, toda libertad, convergiendo hacia la uni- te traducida.
~ y sumándose en el orden. Vano empeño este de
El poeta no sólo tenía un gran valor, sinouna~ran
hacer decir á la lira la verdad de la ciencia, que es razón, no en santificar á la homicida, sí en a~~uar. un perpetuo d.e-llenir, una relatividad perenne; hoy sí, la: no en levantar el pui'!.al sobre los que hicieron
mai'!.ana no, siempre quién sabe; empresa sobrehu- imposible, con la guillotina, la consolidación de la
mana la de hacer caber en una ánfora delicada y pu- república en Francia, pero sí en enderezar su ~usa
ra del Cerámico,
altl va y vengadora en frente del patíbulo y decir al
Terror, encarnado en unos cuantos demen.~ y en mul' ocean et.ernel oú bouillonne la vie
chos cuantos foragidos: no sólo eres crimmal, eres
estúpido. Es muy fácil y puede eso servirnos para
que era lo que Andrés quería .... Pasan, se mo::lifican
ubrir nuestras pavorosas pusilanimidades cívicas,
las doctrinas de los sabios, la verdad de un gran s.s. ~n la máscara de una feroz virilidad retr~specti va
tema se dt!rrumba minada por sus errores y el monu- ensalzar el Terror, cubrir con flores el cuchillo de la
mento poético que la contenía se deshace en fraguillotina como si fuese la espada de Harmodio oculmentos 11ue cubre el polvo de la eterna marcha hu- fa bajo los mirtos, y atizar )as lámparas que ardían
mana. Suelen esos fragmentos ser gemas fulguran- en los altares dc,nde recib~a culto el sag1·ad.o cerrazón
tes; de esas hay en el Hf!l-m.es, que empezaba el poeta de, Marat; pero esta manía Jacobina, buena !?ara asus4 ~uejar; pero una obra imposible.
tar á los ignaros ó á los cobardes, no seducirá nunca
Lucrecio la llevó á cabo y del sorprendente edificio ni á ;a justicia ni á la historia.
&amp;ólo retenemos un ángulo de cornisa, la hoja de acanArmar á la Revolución con el hacha, para combato admirablemente volutada de un capitel de már- tir á los enemigos intericres, aunque est~s fueron
mol, un trozo de friso digno de Fidias, la estatua creados e,xpi·ofeso por los errores de los legisladores, enmutilada de Venus:
hGrabuena: los instantes eran supre~o~, formidables
los peligros; Francia era una plaza s1t1ada, hervía la
Alma Venus hominum divomque voluptas.

conspiración á sus pies, el patriotismo en forma de
cólera roja, le congestionaba el cerebro v no había
remedio: la muerte era una arma que defendía la república; mas poner esa arma en manos de la pasión
más brutal, más ciega, másimbécil, encargándoselaá
la injusticia misma personificada en unos animales
de instintos puros de sangre, encarg:n el castigo á los
ant ropófagos, esto es indefendible, h8.l&gt;t,1 la defensa
se v11elve horrenda. Y si el Terror constituirlo adrede
pan no poder jamás discernir la culpab1 h&lt;lad de la
Inocencia, t iene alguna explicación pató'og-ica cuando la república est aba en peligro, después, cuando la
Coalición fué becha pedazos, cuando fué vencida en
Fleurus y el peligro cesó y la republlca. sP. volvió
Invasora y los ejércitos he1oicos de la revolución despert aron los ecos de la gót ica Alemania con lase&amp;trofas de la Marsellesa, entonces ¿ qué significación
podía tener? ¿que era más que una de las má• temerosas aberraciones que han afligido á la hii,toria?
Y, sin embargo, sig uió y siguió: la guillotina no se
LJaclaba, tenia que devorará la revolución misma, tenfa que hacer posible á Napoleón.
Cuán heroicamente grande aparece el joven prisionero de Saint Lazare, irguiéndose en medio de ..stos
horrores con · su lira de fierro en la mano p:ua rimar sus mald-iciones elocuent es. Falta este Chenler
en el drama, así corno fal t a el poeta griAgu; y cuenta
que no incrimino al autor del libretw por babn alterado casi toda. la historia del poeta, este era isu &lt;lerecho, Ri de tillo resultaba una obra de arte; en manos
de uu creador de belleza la historia sólo puede ser mat eria prima transformable, pero cuando se quiere resucit ar en el mundo ideal del arte una peri,onalidad
histórica, preciso es respetar su alma y su carácter,
que es la e~teriorizaclón del alma. ¿No os parece,
lectores?

*

* *
Bueno, ¿habéis leido por curiosidad el proceso de
Andrés Chenier publicado como introducción de sus
obras en prosa? Lo habéis leido con sus e-qui vocaciones y sus equívocos, su redacción s~l vaje, su ortografía inverosímll? qué efecto os ha producido? A mí me
ha causado siempre la impresión de un efebo hermoso y tierno mitchacado hasta la muerte por las férreas patazas de unas mulas desbocadas, ¿ Y sus pus.
t reros versos, su último suspiro de poeta, ese que
Glordano traduce en una esquisit•a melodía:
«Como un rayo postrero, como una ráfaga última,
ensayo mi lira al pie del cadalso; pronto vendrá mi
turno.-Acaso antes que la hora girando en circulo
haya descansado en el pulido esmalte su pie vigilante y sonoro, el sueño de la tumba, pesará sobre mis
párpados-antes que el verso aquí empezado, baya
llegado á la última de sus dos mitades, quizás entre
estc.s pávidos muros, el mensajero de la muerte, negro reclutador de sombras, conmoviendo con mi nom.
bre estos largos y sombríos corredores, en que, solo
entre la multitud, discurro aguzando estos dard&lt;1s
perseguidores del crimen, de súbito la rima suspen.
derá en mis lábios. Y cargando de ligas mis brazos,
me arrastrará, atrayendo en tOI!:!O mío á mis tristes
compaileros cautivos; todos me conocían antes del
mensaje espantoso, pero no me conocen ya.
«Y qué ¿nadie sobrevivirá para conmoverá la historia, sobre tantos ju~tos asesinados? Para que es.
tos omino~os foragidos tiemblen ante sus retratos,
negros de semejanza, para descender hasta los infiernos, anudar el triple látigo, el látigo de la venganza ya levantado sobre los malvados; para cantar sus suplicios! ¡Ah! ahoga tus clamores; sufre,
corazón pre!'íado de 1)dio, hambriento de justiuia...
Virtud, llora tú si muero.&gt;
Bravo, poeta, así se muere; así se pasa, ó con infinit a misericordia, 6 con supremo valor; eso corno
decía. uno de tus augustos abuelos, eso es morir en
roí. Tu corona ensangrentada empezó á irradiar sua .
vemente en la tumba y después fué una constela ción frente á la cual gira en su órbita inmensa el
sol del artie. Eres más que un poeta; eres la musa
trágica del amor á la verdad y á la justicia.

--1 ~ J ~
A CARLOTA DE CORDAY.
E jecutada el x8 de Julio de x893

¡Qué! mientras que los perversos y los cuh .Jen
consauran entre los inmortales á su Marat, e, ,, ,;i,.
grim~ y sollozos ó fingidos ó sinceros, y que. ~u ..~r bio sacerdote de este ídolo vil, un reptil iwpu•, , vo
mita desde el fango del Parnaso un bimno inf,,,. e ú
pie de sus altares.

*

*
La verdad calla! En su* gélida
boca, la leng11 , r•.i.
ralizada ,por el miedo, escatima un justo homc ..aj~
á las proezas gloriosa.si ¿Vivir es, pues, ta.n 11 '!c.•~
¿Cuál es el precio de la vida, cuando, esclaviza.o , el

�EL MUNDO.

330

pens&lt;\miento bajo un yugo ominoso, se esconde á todos los ojos temblando en el fondo del corazón?

***
¡Ohl no, no, yo no quiero honrarte á tí en silencio,
á tí que creíste re!&gt;ucitar á Francia con tu muerte Y
consagraste tu vida á castigar el crimen. La espada
armó tu brazo, nifia grande y sublime, para avergonzará los dioses, para reparar su iniquidad de haber
dado á un monstru..i las facciones de un homb:e.

*

Sí la serpiente neura, *en* su caverna impura, sintió, ~l fin, desgarrado por tu mano segura, el venenoso tejido de sus horrendos dhsl A l~s entrañ~r. del
tigre, á sus dientes homicidas, tú v1mste á pedir los
lívidos miembros, la sangre de los hombres que de.vorado había!

***

Sus ojos moribundos alcanzaron á verte, soberbia
en tu alegría, felicitar tu brazo y co~templar tu presa. Tu mirada decía: «ve, tirano fur10s0, ve, corre _á
abrir el camino á tus cómplices. Fué ~u mayor dehcia bañarte en la sangre humana, báñate en la tuya
y confiesa que hay dioses.&gt;

***

La Grecia, ilustre niiia, de tu valor admirada, habría agotado los mármoles de Paros, para colocar tu
imagen al par de la de Harmodio y d~ la de su amigo· cien coros en tu tumba, con embriaguez sagrada,
hahrían cant~do á Nemesis, la tarda y lenta diosa
que hiere á los malvados en su solio dormidos.
;;:

cuando, sin temor y sin apoyo frente á_ ellos, tu dulzura, tu simple y magnánimo lengua¡~, les enseñó
que, por potente que el crimen sea, qmen renuncia
á la vida es más potente que él.

***

Bajo el gentil aspecto de tu jovial sonrisa, largo
tiempo los senos impenetrables de tu alma, ocultaron
la suerte segura del perverso. Así acumula decretamente la borrasc!l el cielo azul, que rie, mientras se
apresta mudo á fulminar los· montes y á sacudir los
mares.

*

* *cuando ibas al verdugo,
Joven, brillante y bella,
llevada, parecías, en triunfo al himeneo; tu frente
era apacible, serena t,u mirada; en lo alto del cadalso,
tranquila despreciaste la rabia de un pueblo abyecto,
servil y fe0undo en ultrajes, que sólo así sé cree soberano y libre.
***
La virtud sola es libre. Honor de nuestra historia,
nuestro inmortal oprobio vi ve allí con tu gloria; tú
sóla fuiste un hombre y v~ngaste á los hombres.
Nosotros, viles eunucos, rebaño cobarde y sin alma,
sabemos repetir algunas quejas de mujer; mas pesaría el hierro á nuestras flaca,s :nanas.

***

Tú no pensaste nunca que á los.manes de Francia,
que á su venganza tuera bastante un traidor muerto, ó que tú sola podías sacar del caos sus dispersados miembros: querias, inflamando los corazones timidos, un despert'lr de hierros sob~e esos parri_cidas,
hartos de sangre, grasos ;!e infamia y de rap1iia.

*'*

Mas la Francia abandona 9.1 hacha tu cabeza, y á
quien prepara fiestas es al monstruo rodeado de sus
compai'lerosdiunostodos desu suerte. ¡Ohl Cuán no.
ble desdén son~eía en tu boca, cuando un foragido,
queriendo vengar á la fiera, creyó ponerte_ pálida
mostrándote la muertel

*

***

E&amp; un criminal menos, que se arrastra en el fango· y la virtud te aplaude; de su viril encomio, oye,
bella heroína, oye h voz augusta. 1Obl Virtud, el
puñal, he aqu[ tu arma sagrada; el pu~al, s_ola esperanza de la tierra., cuando el rayo deJa reinar el
crimen y te vende á sus leyes.

* *él y t u~ ~lniestros _jueces
El debió ponerse pálido,
y nuestro ominoso senado y sus mm1stros ommosos,

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

J)olll1DgO 3 de Dlotembre de 1899,

EL PLACER Y LA FELICIDAD.

EL MUNDO.

331

MONTERREY.-Manifestación en honor del Sr. General Diaz.

Acaba de darse un caso de suicidio típico, característico, admirablemente descriptivo de cómo
solemos entender la vida, de la desmesurada
importancia que damos en ella á todos los goces á todos los deleites, á todos los placer es y
tlo '1a bancarrota de la felicidad que resulta de
aspirar tan sólo á ser felic_e~.
Un joven de buena !aD11l~a he~eda. un8; fortuIJ'ta no despreciable. S1 hubiera sido mgles, norframericano ó siquiera francés, su primera
preocupación habría sido . invertirla en algo
productivo, hacerla fructificar, acrecentarla.
Tomándola como punto de apoyo y sirviéndose
del trabajo como de una palanca, hubiera emprendido, negociado primero en pequeña escala,
después y poco á poco en mayor proporción;
hubiera comenzado con un tendajón y hubiera
i,c-abado con un almacén. Acumulado grano á
grano el ahorro diario y el fru~o del trabajo cotidiano hubiera empezado poquitero y acabado
inillonario; se habría casado, fundado y educa&lt;lo una familia numerosa, socorrido desvalidos,
fundado obras benéficas, calmado hambres, vest.i.do desnudeces, restañado lágrimas, prodigado
consuelos y hubiera vivido largos años feliz y
derramando en torno suyo el bien y la felicidad.
A lo largo de esa senda de labor y virtud
hubiera .cosechado flores y frutos, gozado de las
más nobles satisfacciones de la existencia, del
respeto de sí mismo, de la posición dignamente
conquistada, de la conciencia de ser útil y bueno
y de haber llegado á ser poderoso con sólo el propio esfuerzo y la personal energía.
Ante los inevitables contratiempos de la vida
y ante las dramáticas peripecias de sus empresas y de sus negocios hubiera encontrado como
consuelo la fé en sí mismo, la nobleza del
fin perseguido, y al sentir la presión de las energías internas, jamás abatido y siempre confiado,

01·ganizp.ción de la procesión civica en la Alameda Porfirio Diaz.
Fot. D. Lagrange.

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1
El Estanque de Saint- Cucufa.

M. Bucquet.

hubiera afrontado adversidades, soportado catástrofes y hubiera sido feliz en fuerza de no preocuparse de la felicidad.
Así proceden y así viven los hombres fuertes
Y los pueblos enérgicos; "tiran" sobre la felicidad por elevación; apuntan, como los billaristas,
por tabla. Se proponen un :fin cualquiera, la riqueza, la gloria, la grandeza de su patria ó de
su familia, la conquista ó la propagación de la
verdad, cualquier cosa difícil y remota, elegido el fin se consagran á realizarlo, luchan y
bregan, salvan obstáculos, sortean escollos, inventan medios y combinan cálculos y siempre
c?n la vista fija en el norte que los guía, sólo
piensan y se afanan por llegar á la meta. Si se
les _p regunta ¿ cuáles rnn tus goces, tus sa.tisface1ones y placeres? Contestan: luchar y si
posible es, vencer.
Nada más profundamente sabio que vincular
la felicidad en la lucha. Desentenderse de la dicha
actu~l y tangible, menospreciar la victoria misma sm dejar de perseguirla; gozar con solo combatir,_ disfrutar con solo emprender, hacer del
.tra~aJo un deleite, de la lucha una voluptuosidad
es Jugar una "mala pasada" á la adversidad,
burlarse del sino que nos condena á la desgracia,
reír á las barbas del destino que nos acosa y
:ranformar la parrilla de San Lorenzo en el
echo de rosas de Cuauhtémoc.
La ~icha es esquiva y voluble, huye de quien
1a persigue y busca. á quien la desdeña, hay que
t nderle r edes como á un ave, que ofrecerle ces Y anzuelos como á un pez; los niños que
pretenden atrapar mariposas con las manos, corren, giran, saltan, se afanan y fracasan; sudorosos Y agitados acaban -por caer rendidos
Ylallorosos con el corazón desolado y las manos va-

e s.

Tal el suicida de que antes hablábamos.

Una vez en poses1on de su herencia se traza un
plan descabellado, estilo Espronceda, propio y
peculiar de nuestras almas volcánicas y de nuestros corazones ardientes. ¿ Qué quieres? parece
decirle la fortuna ¿ trabajo, prosperidad, posición,
grandeza, gloria? Pues ahí tienes los medios de
alcanzarlas. El contesta: quiero gozar, quiero
inundarme de dicha, disfrutar de todo, aspirar
todos los perfumes, sentir todas las embriagueces,
habitar todos los paraísos, amar á todas las huríes. Y se lanza y aquellas embriagueces son de
alcohol con resabios y náuseas; aquellos perfume~
son de alhucema; aquellos cálices de amargura.
Las huríes, mercenarias; los amigos parásitos,
los paraísos, antros. En vano clama :
Inventad otros placeres
Otro mundo, otras mujeres!
No 1os hay; los grandes goces humanos son de
imaginación y no de realidad; las emociones extremas y. sublimes son propias de poetas y no de
vividores. :Mientras más sed se siente de goceH
inéditos, refinados, exquisitos, más turbias é
impuras resultan las linfas que han de calmarla.
1Iahoma colocó su paraíso más allá de la vida,
porque no existe ni puede existir en la tierra.. La
sed de placer mata la felicidad; el sibarita acaba por no tolerar en su lecho de rosas las arrugas de un pétalo. Consagrarse al placer es condenarse al sufrimiento y á la muerte, como consagrarse al ocio es condenarse á trabajos forzados. Por no querer slúrir, por rehusar la lucha,
por aspirar tan solo el deleite el hombre se ata
al pie una cadena de galeote.
Para sentir blando el jergón es necesario
rendirse de fatiga en el trabajo; para encontrar
delicioso el pan es forzoso no abusar de la trU-1
fa, para beber con avidez el agua pura es inclispensable no estragarse con el alcohol~ para sen-

tirse feliz en el seno de la familia hay que huir
del casino y del club. Una ley natural é ineludible
obliga al trabajo para que sea grato el ocio,
Pxije haber sufrido para ser capaz de gozar é
impone como precio de la felicidad una indispensable dosis de sufrimiento.
Quien olvida esta ley ó trata de transgredirla
se condena al hastío ó á la desesperación. El infortunado suicida que despedazado el cráneo yace
desnudo y abandonado sobre la plancha del
anfiteatro en espera de la autopsía, es ejemplo
vivo y palpante ele ese olvido y de esa transgresión.
La fórmula de la felicidad está toda constituida en la frase profunda de Juan Valjean á
un ladrón:
-Ah! quieres holgar? pues trabaja.
DR. MANUEL FLORES.

LA GRAN MANIFESTACION AL SR GENERAL:nuz
EN MONTERREY
De La Voz de Nuevo León tomamos la siguiet:Lte
completa reseña de la notable manifesta·!lón con que
fué acogida. la candidatura del Sr. General Díaz para·
la Presideucia de la Repúbiica:
La circunstancia de estar próximo el tiempo en
que debe efectuarse la renovación del Poder Ejecutivo, ha movido á todos los que sienten verdadero interés por el progreso de México á fijarse en la persona que ha de desempeilar tan alto puesto; y ninguno
se ve, dadas las notables condiciones por que atraviesa el país, que pueda ser más á propósito que el integérrimo y notable estadista Sr. General Porfirio
Diaz.
Al conc~birse la idea de que hacemos mérito, procuróse con prudencia explorar la opinión pública, y

�EL MUNDO.

ésta de un modo maní fie~to i,e ha pronunciado en fd•
vor del ilustre caudillo de la paz.
Es i rnpos!ble arrancar oe la conciencia del pueblo
mexicano, el afecto que si,mte hacia el gobernante
moclelo, que ha sabido encumbrará México, notable•
mente, y encumbrarlo por me&lt;iios tan firmes que ellos
mismos harán que sean perdurables losadelautosque
alcance en las luchas del trabajo.
La minería, la agricultura, el comercio, to-lo ,o
que es grandioso elt!mento para el progrebo de los

833

E L MUNDO.

indlforente á tan justa muestra de gratitud y patrio•

Hnnterr.-y. Manifestación en honor del Sr. General Diaz

C'omimza el ilnfile i/P. Ta p l'nce.-ión cirfra , snlir 11dn de la AlamPcla Porfi1'io Diaz.

po~ingo_3 de Diciembre de 1899.

Domingo 3 de Di~lembre de 1899.

tiSmO.

Fot D. Lagrange.

p11ehh,s, ha p&lt;,dido encontrar apoyo en el esfuerzo táneas simpatías que se sienten pr~,fundamente por
del acLU"I Primer Magistr ldO d e la República, y así , el que asi ba hecho grande y próspero á México.
es ..:orno palparnos esta voluntad incansable y perseOomo al principio expresamos, las clases que mlis
v,mrnte, que no cesa en su labor por robustecer la suponen en ~l país, se propusieron bacn una maniobra que t1n patrióticamente principió á levantar festación de aprecio en honor del Sr. General Díaz.
por sobre los escombros de nuestras extintas revoluEn México se efect~ó esa manifestación, según lo
clúnes pasadas.
Todo esto lo sabemos los que hemos visto cómo esa ha expresado la prensa; y 11qui en esta ciudad, que
obra ha ido agigantándose, alentada por un.L vo- hlen refit·ja la atinada gestión g ubernativa del seilor
luLJtad enérgica. En estos hechos radican las espon- Presidente de la R ~pút.lica, no be podía permanecer

El jueves de la semana que boy termina, á la vez
.que en la Capi tal de la República se verificaba lamanifestación de que antes hablamos, aqui tenía lugar
la misma, entusiasta y digua, como la hemos presenciado todos los que asistimos á ella.
o~conformidad con el programa y ceremonial respect,i vos la que aquí se efectuó tuvo un éxito hermol
1IO cual convenía á la alta personalidad á quien se
de1fü,aba.
En la procesión civica que partió de la Alameda
Portirio Dlaz, figuraban las representaciones del comercio, la banca, agri~ultura é industria.
La procesión cívica formaba un conjunto verdaderamente grandioso. Cada corporación llevaba al frer.. te el estandarte que la simbolizaba, y cuatro músi-0as Iban interpoladas en la columna. Se distinguió,
por las especiales banoeras que llevaban los que for•
maoa.n el grupo respectivo, por un carro artísticamen te ornamentado y aun porlo numeroso desu per-sonal, la Cervecería Cnauhtemoc, así como los gremios
de obreros presididos por el Sr. Marin Peña, y la S'Jciedad del Sr. Pedro Treviíio.
Por lo demás todos los grupos se esforzaron en pre.sentarse decorosamente y centenares y centenares de
pequeiias bauderas con los colores nacionales ondean~º en lo alto cuando la música sonaba, daban un aspecti&gt; arrebGtador á la solemne procesión cí vic;;, en
la que no se advirtió una nota discordiante ni un
solo atropello siquiera; y bien se miraba que Lodos
i;in excepcion interpretaban el objeto de la fiesta y se
conducían como á ella correspondia.
Contri buyeron á su mejor organización las acertadas disposiciones con que fué preparada y la correc-0ión del Sr. Ingeniero Ignacio Morelos, maestro de
· ceremonias y las personas que le servían de ayudan•

tes.

Al llegar los manifestantes á la plaza de Hidalgo,
e n donde se levantó una amplia plataforma, frente á
la er,tatua del padre de nuestra independencia, el Sr.
Lic. D. Vicente Garza C,intú, pronunció un discurso
,(que ha merecido muyjustos elogios).
El paseo siguió en la Alameda Porfirio Diaz, con-0urridísimo por todas las clases sociales y amenizado
po,· tres bandas de música.
E n lo general casi toda la Ciudad se engalanó para
la llest,L óe que hllblamos.
Los eddkios públicos y particulares, presentaban
en sus fach;1das bellos adornos, figurando con profu~lón muchísimas banderas que ostentaban con ga•
llardía nuPstros colores nacionales.
Las P;azas de Zaragoza é Hidalgo estaban hermO·
:$&amp;mente adurnadas con multitud de banderas y gallardetes.
Por 1~ noche 13. iluminación de las Plazas de Zara;goza é Hidalgo y la vistosa ornamentación atraían
-con sus encar,tos irresistiblemente. Millares de focos
,Incandescentes ele colores y de luz de arco derrama-

Un transporte inglés batido po,. la tempestad en el Golfo de Vizcaya.
ban su fantástica luz sobre aquellos hermosos lugares.
La serenata, no obstante que al principio de ella
hubo un paréntesis ocasionado por una fuerte 1luvia
1ntempestiva, estuvo esplendidfslma, durando basta
las once de la noche.
Gratos recu.erdos dejó en el alma la manifestación
que Monterrey ofreció al Ilustre Gobernante de Mé•
xico, al Ciudadano dlgnísimo, cuya histori.:1, sin manella ofrece nuestra patria como ejemplo de h eroica
virtud y de excelso patriotismo.

co obrero de la ventura bumanR.
Que su inmarC€sible memoria sea
el faro que alumbre el camino u.:
los que empiezan á vivir.
LUIS E. Rmz.

LA

NOVELA
DE

LA INSTRUCCION PRIMARIAEN MEilCO
DR. VALENTIN GOMEZ FARIAS

II

DON V A LENTIN GO::IIEZ

T,a c&lt;
,mitha hace alto en la Plaza de J;idrtlgo, e11 donrlP se fo d'il·ige un d iscu1·.,o dr.qde l o alfo d'! una p lnt(.f&lt;,rm a en qve se reunen los estandades

de las corpo1'adone.~ que la t ormai·on.

Fot. D. Lagrange.

F ,, IU .\S.

En el límpido cielo de nuestra amada Patria se
...,resenta, cronológicamente, como segundo astro de
la enseñam.a primaria el bene mériro Dr. Valentín
G lmez Farías, 11amado por muchos el Patriarca de la.
Dem~cracia.
Ocupando la primera. Magislatura de la República,
el memorable afio de 1833, expidió leyes y reglaroe ntos que hermosamente forman la magestu.osa port ada del ya sólido templo erig idJ á la lnstn.1,cci6n P rimn,ria en la Nación mexicana.
La claridad con que percibió los caracteres funda•
mentales de la Enseñanza pública, el acierto con que
sustit nía lo informe y sin objeto con la coordinación
de medios ¡,ara alcanzar un fin, bien definido, y la
inflexible voluntad con que emprendió la gran tarea,
hacen de este notabilisimo ciudadano, más que factor politico, po:leroso ariete de la refori:na y el pro•
greso sociales.
E3te sencillo, pero sincero y grato recuerdo, es bu•
milde homenaje al inteligente, al bueno y al enérgi•

"El Mundo Ilustrado."
CJmo lo ofrecimos á nues,
tros lectores, este mes recibirán TODAS las entregas '}Ue
faltan para la conclusión de la
n ovela de Víctor Hugo,

"Nuestra. Señora. de Fa.ris."
En nuestro próximo número reanudaremos el r e parto,
pues ya llegó el papel en que
se imprime esa novela.

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·ttianufa11turali en,ia ciudad de :l\uebla;
y el análisis de la materia.prima vino

á comprobar una vez más q ue los

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má rmoles mexicanos, cualesquiera que
sean sus especies variadas, compiten
con el artículo similar que á los Es•
tacos Unidos se importa ue ot1os países.
Debe mos hacer constar que los mármoles que mayor aprecio tuvi eron en
el Ce1 tam~n, fueron los que presentó
el :::ir. D. Amador Cárce:ias, de l11s ri cas caot&lt;&gt;ras que tiene en Jimulco,
del Estado de Coahuila. Los vit,itantes tomaron diversos info1'mes acerca
ae esos mármoles, los cuales obtuvieron el primer premio. Las ricas cnuteras del seflor Cárdenas se verán muy
en breve explotadns en toda forn:a,
constituyendo la nueva Industria una
fuente más de riqueza para el Estado
de Coabuila.
Otros artículos, como las frutns secas, alcanzaron el debido premio; gustan mucho los norteamericanos de esos
productos, principalmente de los pro,·enientes de la zona tórrida de México. Algunas de nuestras frutas son
poco ó nada conocidas y por esa circunstancia no tienen demanda en 1,,s
grandes mercados; pero hay otras en
cambio, que desde hace tiempo bao
sido aceptadas y que van cobrando ma.
yor demanda. Por lo que respecto á
las frutas frescasGde las que no se enviaron ejemplares á la Exposición, po-

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México en la f.XI1osició11 Internacional de san Antonio Texas,
EI vasto contingente que el Gobierno Gentiral de México y el de
Coa hulla remitieron á la reciente Exposición Internacional de San
Antonio Texas, fué bien recibido en aquella impJrtante población
con la que pocas relaciones comerciales había entablado nuestro país
antes de ahora. No hay hipérbole alguna al asegurar que los miembros de la DJreclón del Certumen esperaban mucho de nosotros, pues
ei,,taban y están ciertos de que nuestros elementos industriales y
agrícolas bien podían entrar en concurso con los de algunos Estados
de la Unión Americana, lo que resultó exacto del todo, con beneplácito para los productores mexicanos y provecho para los comerciantes de una extensa región próxima al Bravo.
Entre los numerosos artículos enviados á Sao Antonio, llamaron
Ja atención prerer&gt;nte los deshilados y mantas flnils del Estado de
Durangu, ciertos cereales de zonas septentrionales, los azúcares de
Morelos, los vinos de frutas que se ehboran en esta ciudad, los chiles jalapellos, poco ó nada conocidos en los mercados de Téxas, y las
labores manuales de sel'loras, debidamente apreciadas por los conocedores y las cuales no entraron en concurso por no haberse presentado en el Certamen ohjetoR similares que pudieran fundar la competeocin. Fueron también dignos de figurar e n la Exposición los ri •
cos cigarros y tabacos elaborados en México por casas bien conocldos y acredl1 a das. En este ramo se encuentra nuestro país á una alttJra superior á la de los Estudos Unidos, toda vez que los productos naturales siempre han tenido la meJor aceptación en los mercadnR norteamericano!&gt;.
~o c,bstante qur los Estados Unidos pueden ser considerados como
el granero del mundo, las muestras de trigo que fueron de México
llamaron la atención por la calidad del cereal. Bien saben nuestros
vecinos, que México tiene escasa producción de los principales ce· reales de consumo, pero no lgn.:&gt;ran que en materia de calidad los
nuestros s~n superiores á muchos de los que sus terrenos producen.
Fueron objeto de especial atención las figurillas de tecali que se

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dr mos decir que su calidad es superior á las análogas del país veci•
no y que la compE&gt;tencla que con las de California vienen 1,osteolendo, será mayor dentro de algunos a!I s.
A juzj!'ar por los cooceptvs vertidos en público por los se!IoresSayers y Hogl!', Gobernador el primero y ex-G,Jberoa'lor el segundo
del Es~ado d e T i:xas, el Interesante concurso de México determinó
el éxito de la Exposición.
El Estado de Coahulla remitió su contingente por separadt\;cuan•
tas riquezas agrícolas, lndustriales y mineras posee esa entidad federatl va figuraron en el Certamen texano. Quiso &lt;ji sef1or Goberna.
dor Cárdenas corresponder ampliamente á ,a especial invitación que
recibió para concurrir con los productos del Estado que gobierna, y
pudo lograrlo, dando provecho á los habi~aótes de Conhulla y contribuyendo al desallo comercial entre los mismos y los hombres de
negocios que tienen de vecinos muy cercanos.
El contingente pre~entado po· el Delegado del Gobierno de México, constante de productos de esta capital y de algunos de los Esta•
dos de la Unión, obtuvo veintitres premios; el del Estado ,deCoahulla alcanzó cincuenta y seis.
Los grabados representan los salones del Departamento de Méxt.
co, en los cuales se exhibieron la mayor parte de nuestros p1 oductos. Ea estanterías de rlc 1 madera 7 vitrinas se ven las botellas de
vinos, aguardientes y llcorei, las frutas secas, los puros y cigarros,
los deshila.rlo,, las pinturas al óleo y acuarela~ que Ll\n bien reclbi•
&lt;fas fueron, los varios folletos y muestras de pro iuctos minera.les
que envió el Instituto Geológico de esta el udad; en suma todos los
artículos producidos ó elaborados en el país.
Ei Departamento mexicano, que obtuvo el primer premio por su ador
no y dec•,u io, e~tatn coustruido de madera, revestida en su Interior
por elegante taplc_rfa. de raso de los colores nacionales, en plissé. El
aspecto de los salones era agrad,ible por el colorido de lqs adornos y
por la excelente colocación de los objetos, que fo:mabab. artístl-cos
grupos.
Cuatro medallas especiales fueron concedidas por la Dirección del
Certamen: una de oro para el Sef1or Presidente Dfaz, otra de plata
para el selior Secretarlo de Fomento, Ingeniero Fernández Leal, y

SALONES DEL DEPARTA.MENTO MEXICANO EN LA. EXPOSICION INTERNACIUNAL DE SAN A.NTONIO,TEXAS.

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�Domingo 3 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

336

EL MUNDO.

il37

UN GRAN BUQUE MODERNO.

Un entierro en Dawson (.b..londike)

dos de bronce, una para el señor Gobernador de Cuahuila y la otra para el señor Ingeniero .Albino R.
Nuncio, Delegado del Gobierno Federal en la Exposición. Los premio3 ordinarios, acompañados de sus
respectivas dlplomas, se entregaron ya á sus duefios.

ENKLONDIKE
Hemos elegido para esta plana dos grabaaos que
muestran aspectos típicos de lo quses la vida y también de lo que es la muerte en la metrópoli boreal.
El primero es el cortejo fú::J.ebre de .Mrs. May L.
Edgren, hija del Capitán Bennett, célebre en aquellas regiones. La llevan á su última morada los fieles

perros que pocos días antes la paseauan, feliz y sonrlente, por la llanura cubierta de nieve.
No es un entierro común y corriente, pues se trata
de una persona distinguida. cuya muerte habrá sido
comentada en Dawson como lo es la de una Carnegie
en Nueva York.

** *
El otro grabado es el arribo de un cargamento de
o.-o á Dawson.
La policía escolta el convoy, cuyas mulas cargan
cuatro sacos de oro cada un:1,. Los sacos pesan cincuenta libras del precioso metal.

Ensayarlo éste, los bancos pagan de 80 á 90 frao
cos por ooza de 31 gramos.
Luego lo envían al Canal!~ ó á los Estadc,s Unidos.
Una cláusula del contrato celebrado por los Bancos y
las Compafíías de seguros marítimos estipula que en
1~s buques que hacen la travesfa á Vancouver ó San
.l!'rancisco no podrá embarcarse más de cinco millones de oro virgen en cada envío.
·
Como rasgo curioso diremos que algunas de 111&amp;
notas que hemos consignado en Et Mundo llustradosobre la vida y costumbres ne Klondike, las tomarnos dlrectamentP. de periódicos de Dawson en donde
hav cinco publicaciones, una diaria y cuatro semanarias. ·

La navea-ación marftima se ha transfor~ado t'.ltalmente en ~tos últimos tiempos, no sólo por la aplicación del vapor, sino por el aumen~o de la velocidad
que se ha obtenido después de aplicada la máquina
de vapor.
para satisfacer la necesidad creciente de rapidez
en las comunicacirnes, vemos que se ponen á flote buues cada vez más gigantescos.
q La flota pacífica se h1. enriquecido con dos poderosos leviatanes, el Kaiser Willulm y el Oceanic.
Pero al mismo tiempo que ganan en velocidad ganan en comfort los buques modernos. El 1ujo que hay
en algunos de ellos es extraordinario. Los buques
belgas que hacen el servicio entre Ostende y Douvres
&amp;&lt;&gt;n soberbios; pero no igualan el lujo de los grandes
paquetes de la Co:npaffia de Mensajerías Maritimas.
Esta Compaflia es la más antigua de todas las de
navegación en Francia. Actualmente tiene líneas
que surcan el Atlántico del Sur, el .Mediterráneo, el
Mar Negro y que pasando por el Canal de Suez llegan á los puertos de Indo-China y .Australia. En esta última tiene sus buques mejores para luchar con
la&amp; Compañías inglesas y los habitantes de la Gran
Bretaila la prefieren á los buques de las empresas de
au tierra.
·
Entre las últimas adiciones de la flota. de las .Menaajerfas Marítimas, debemos citar el Laos y el CordiUere.s, que ofrecen el lujo más grande que se baya
TiatO fl bordo y acaso en los mejores hoteles.
El Laos fuá puesto al servicio público en Julio de
1897; es un poderoso navío de cerca de 150 metros
de longitud total por 15,50 de anchura; desplaza
8,910 toneladas y en las wuebas dió una velocidad
de 18 nudos y medio, aunque ordinariamente camina
con una velocidad de 16 nudos, no teniendo que entregarse á la terrible competencia de tos trasatlánticos que hacen el servicio de Nueva York.
El Lao3 tier..e cabida para 143 pasajeros de primera clase, 71 de s~gunda y 81 de tercera.
Lo notable de este buque es su elegancia, como lo
es de casi todos los de la Crmpañfa propietaria del

El Paquebot "Laos·•

Las últtmas aDlicaciones de la ciencia
Los rayos X y la. Tipografía.
Ya se~habla mucho en el mundo científico de la impresión por medio de los
rayos X.
Dicen los que pretenden saberlo que
esta aplicación clentffi.ca está en sazón y
que muy pronto tendremos libros y periódicos sin el concurso obligado de los
tipógrafos.
Hace algunos años se pensó en reproducir sobre bleques de hojas de papel los
caracteres de una hoja-tipo, empleando
para ello la corriente eléctrica, como Jo
hizo Caselli en el pupitre de su telégrafo
de 1864.
L0s rayoh X presentan un resultado
más sencillo y día á día se multiplican
las tentativas de los sabios .en todos los
lugares del globo.
Los rayos X pueden atravesar cien hojas de papel yuxtapuestas é imprimir radiográfica.mente todas á la vez en el momento en que E.e las sitúe ante un manuscrito-tipo ó un texto, para lo cual basta exponerlas algunos instantes á los rayos Roentgen.

ÚJ/&gt;8.

Una conocida casa recibió el encargo de amueblar
y decorar el salón ae conciertos de primera clase, así
como la entrada principal y dos corredores del puente superior.
En el puente principal está el gran salón que se
domina desde las galerías con balaustradas situadas
á uno y otro lado de un gran espacio libre de donde
re:ñbe luz el salón.
Es maravillosa esta parte del buque. Las galerías
cayas balaustradas y puertas se ven en el grab~do
que representa el gran salón, están decoradas al estilo Luis XIII con profusión de ornamentos de un
gasto exquisito. Hay en ellas notables panneaux de
flores obra de un artista de talento, M. Cerbron. El
mismo grabado nos presenta, transversalmente al salón, una balaustrada de madera y un vestíbulo cou tapicerías, que da al salón de música.
Este l1ltimo es ::na joya estilo Luis XV: también
lo reproducimos en esta página.
Las puertas vidrieras, fas maderas esculpidas, los
espejos, ias pinturas de Cerbron sobre las pue, tas, el
clt;lc, pintado por .Moreau-Neret, todo esto hace olYidar que está 11no en un buque.
La parte decor!ltiva del gran salón es de Jo más
bello y la profusión de luz y la amplitud di, la esta.a-

***

Gran salón.
cla hacen olvidar al viajero la sensación de '.\sfixla
que se experimenta en los buques de otra clase.
El salón de fumar es también elegantísimo y el aspecto de los dos que aparecen en esta página les indicará á nuestros lectores lo que será esa otra maravilla del lujo de los buques modernos que tienen la
primacía. en materia de seguridad, comfort y buen
gusto.

Con lo dicho se comprende cuál es el
nuevo sistema de impresión.
Para imitar la tlpografía se cubre de
tinta grasosa el papel-tipo y se escribe en
máquina con tinta azucarada ó engomada, obteniéndose con el desarrollo ca.rae- teres negros en fondo blanco.
Para imprimir las dos caras del papel se sensibilizan en bandas paralelas, de tal modo que las líneas
del anverso correspondan á las interlfneas del reverso; se pega el texto de ambos lados por bandas y en
caso de corrección, se rectifica ndda más la banda que
contenga el error.
Naturalmente es posible radiografiar muchos bloques á la vez; si se opera con 20 bloques de 100 hojas
cada uno, se obtienen como 6,000 ejemplares por minut,o, pues se desarrollan y se secan automáticamente. Así, pues, diez personas producirían en ocho horas de trabajo más de 7.500,000 de ejemplares, desarrollados, lavados y secos.
Todo esto es seductof, pero la máquina de escribir
no proporciona un texto regular y elegante, a~í es
que tendríamos muchos ejemplares aunque detestabl~s,. á meuos que se perfeccione la máquina de escribir y se obtenga con ella un texto que pueda servir de tipo.
También hay que examinar si industrialmente el
tiro es más económico por la radio~rafía que por la
prensa mecánica.
Esta ec; la incógnita del problema; pero de todos
modos la impresión radiográfica podrá ser muy útil
en ciertas circunstancias y servir como auxiliar del
invento de Gutenberg.

NOTAS
Cuando visito un país me preocupo menos por conocer las leyes que por saber si las aplican.
Montesquieu.

*
* *valen lo quP, su gobierno.
Las alianzas de un país
G. Valbert.

***

El"cumplimiento del deber, como toda victoria, es
tanto más glorioso cuanto mayores son las di.ticultalles que se han vencido.

Llegada de un convoy de &lt;&gt;ro á Daw,on.

Sal,ón de

C&lt;&gt;ncurtos.

Valtour.

I

�EL MUNDO,

Domingo 3 de Diciembre de 1899,

Et reflejo, el olor, la flama y la imagen.
Una tarde que estaba muy pobre, más pobre
todavía que el día anterior que estuvo tan pobre,
Albo Cirilo, hacedor de Vc!rsos por vocación y
muerto de h'¼mbre por costumbre, se empezó á
convencer de que el tiempo era largo. No habiendo podido di~traer su fastidio ni por su aplicación ferviente á. acabar un soneto, tomó el partido de dar una vuelta por el boulevard: allí al
menos se oye ruido y se ve muchas cosas.

Al torcer una esquina, c imino del bonlev&amp;rd,
vió por las cuatro ventanas abiertas de un primer piso un suntuosísimo salón, donde bajo los
cristales deslumbrantes de las aranas coruscaban
los moarés rojos de las tapicerías y de los muebles y chispeaba el oro de las molduras: algún
salón preparado para una fiesta. Y más lejos,
por el claro menos iluminado de otra ventana se
veía las sedas pálidt1s y. los encajes vaporosos de
un lecho. Albo Cirilo, expulsado tre3 días antes
de un hotelíllo de la C'llle de Alemania donde ocupaba un enarto miserable.juzgó brutal, mediocre
y burgués el lujo de aquellos salones, y banal el
elegante misterio de aquella alcoba. Y seguía au
camino, cuando vió. sobre el asfalto brillante por
la lluvia el reflejo del palacio. Lo vió hermoso,
se mclinó, lo recogió como se haría con una hermo9a tela, lo dobló cuidadosamente y lo guardó
en la bolsa derecha de su gabán para hacer uso
de él en caso de necesidad.
Un olor lo atrajo. Guiado por su instinto notardó en encontrarse frente á un almacén de comestibles, donde tras el cristal de los escaparates,
apezonados aquí y ~llá por las negras redondeces de las trufas, ostentaban los pavos sus enormes vientres entre dos platos de rombos adornados con perejil, bajo una especie de emparrado
donde se entrelazaban ramas de cerezo y de donde colgaban naranjas y anonas con la corteza
chorreando azúcar.
Desde que ya no tuvo crédito en el fonducho
situado en la esquina de la calle de Alemania y
del Ahorro, Albn Uirilo comía en las mafianas
(nunca comía en las tardes) en un mezquino restorante que vendía por seis céntimos una tajada
de ternera porque era de caballo, y por tres una
costilla de carnero porque era de perro. Cirilo

despreció los pavos, volátiles prosaicos y vulgares, los rombos tan eatimadoa en las cenas de
bodas y en los banquetes burgueses, las frutas
maduras aunque exóticas, y sólo las diminutas
naranjas que temblaban en el aire le pqrecieron
graciosas, tan graciosas que las habría mordido.
Una sola cosa le agradó completamente: el incitante olor de los manjares y el fresco perfome
de frutas que exhalaba todo el almacén. Entre
sus dos manos que cerró apresuradamente para
que nada se escapase, aprisionó aquel olor y lo
puso en el bolsillo izquierdo del gabAn. Qt1izá.
se presentaría ocasión de servirse de él.
Una multitud ávida, en la que se veía por entre
los cuellos de los hombres adelantarse cabezas
de mujeres con lo~ ojos deslumbrados, en la que
se crispaban con instintos de apropiación los punos
codiciosos, se agrupaba, se amont0naba, se encarnizaba. frente á un escaparate de joyería que
en un enorm~ estuche de terciopelo azul pálido,
mostraba todas las alhajas de la archiduquesa de
Tesalia: collares de triples sartas de diamantes del Brasil, brazaletes de rubíes del Cabo y
pendientes abiertos en pétalos de zafiros, como
rosas hechas con esplendores az11les. Cuando llegó de su provincia, Albo Cirilo traj) consigo una
crucecita de oro hueco. q ne su a bue la, una anciana con la cabeza RiPmpre envuelta en una mascada roja, muv ab ·igada, con las manos seniles
vueltas hacia los brazos di&gt;I sarmiento, bajo la
gran chime!'lea, le había confiado como un talismán; y como la habfa empefiado en tres francos
en el Monte de Piedad no se explicab!\ que se
pudiese codiciar las vt1lgares alhajas modernas
hechas con piedras finas que se encuentran en
todas partes. Lo que hubiera querido ver era ·la
diadema de la P11loma Pico de Hierro, con que
Camira, reina de Asiria, viuda de Menonés y de
Nino, se engalanó para desposarse en el sepulcro real con
el cadá.ver de Ara el hermoso.
Sin emb11rgo, derram ,do por
encima de las cabezas atónitas
el esplendor del i&gt;scaparate era,
muy bello. Levantando una
mano, Albo Cirilo atrapó aquella flama como se haría con
una ma.-iposa de luz y la encerró en uno de los bolsillos
de su chaleco. En ciertas circunstancias las menores cosas
pueden ser útiles.

En la plaz¼ de la Opera, se detuvo frente Ala
escalinata de breves peldafios á ver las mnjerea
hermosas que b!ljaban de los carruajes. Primeramente aparecieron muchas viejas y muchas
feas, porque con frecuencü, las pobres son Ju
que en compensaciin de tantas cosas que no tienen, poseen h gloria (más gloriosa en los vestidos sucios y los harapos) rle tener veinte an.os y
de ser guapas. Sin emb11rgo, he aquí que salió
de un coup_é capitonado_ de seda malva, y aquí,
y allá., lummoso de espe¡oe, la perfecta Princesa
en quien triunfa el m&amp;s milagroso deslumbramiento qlle pueda producir una mujer, y que
tiene, aprisionado y oculto, bajo una bruml\ de
encajes, las gracia~ de Afrodita, hechas con espuma marinq, redondeada y solidificada por la primera caricia de la mano de un dios. Albo Ci"ilo
se quedó frío. Y no era que tuviese alguna mujer cuyo amor lo apartase de cualquier otro amor•
su último amor fué una criada de cortesana'.
una mujer casi vieja, casi sucia que se encontró
en el fonducho de la esquina delas calles de Alemania y del Ahorro; sino que poco pagano (desde que el Pttrnaso no existe se ha renunciado al
Oiimpo) se había consagrado á las pálidas y delgadas y melancólicas gargantas de las vfrgene~,
ya enflaquecidas por el próximo martirio; y la
fdrviente devoción de su sueno ac,niciaba aque,
lla belleza divin1:1.. Corno se alejara vió en uno
de los espejos del coupé la imagen de la Prince~a
que se volvía á tomar su abanico olvidado. Y
aquella.imagen més bella que la mujer de quien·
era imagen lo entusiasmó á tal grado que se precipitó sobre el coupé para robarla. La multitud
entonces se arrojó sobre é', lo injurió, lo amenazó con conducirlo á la cárcel. fuá necesario golpearlo; pero él se dejó maltratar y se alejó,
contento, porque había aprisionado la imagen en
su rauda m11no. La guJtrdó en una de las b:&gt;h u
de su gabán, pero no en una de las de abajo, sino

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

en esa bajo la que late el corazón. Aquella ima.gen la sabría emplear muy bien, ¿cuándo? al insiants tal vez.
Atravesó el boulevard, la Calle Real, Cruzó la
plaza de la Concordia, costeó el Sena, caminaba
velozmente por la banqueta del muelle entre los
transeuntes á cada momento m&amp;s raros. No habiendo dormido desde hacía tiempo en un lecho
cansado, con el vientrA adolorido á causa del po'.
.co alimento, sombrío por las tinieblas que arroj aba en él la esperanza extmta, y también de
solado por no ser querido ni por la criada de la
,oortesana, .b uscaba algún refugió donde pudiera
eatar solo, aunque triste. Sabia que existe un
puente cuyo primer arco cubre una ancha acera
embaldo~11da. Allí había dormido algunas veces.
..Reconoció la escalera, se encontró completamente solo bajo la ojiva del arco, y el silencio ruido·10 del agua corría á lo largo de las piedras,
Divagó largo tiempo.
Y sonrió
De la bolsa derecha de su gabán sacó el reflej o del salón y de la alcoba, más bello que la alcoba y que el salón, tapizó con él las piedras gri..aes del puente y todo el crepúsculo y quedó enmedio de una fiesta. Como tenia hambre tomó de
-su bolsa izquierda el olor de los manjares y de
las frutas, y sobre una mesa ofrecida por el reflejo del salón hizo un hermoso festín. Pero ¡es tan
lúgubre comer á obscuras! Se acordó de la flama
que llevaba en su chaleco y al instante ardieron
por todas partes diamantes más luminosos que los
diamantes, zafiros más azules que los zafiros y
todas las mar11villas deslumbrantes de una ideal
j oyería; no, no eran más cl11ros los fulgores de
las pedrerías de la diadema de la Paloma Pico
de Uierro. Y en la incomparable luz, entre la
pompa soberana de las telas y de los muebles de
oro se puso á comer, teniendo en las manos un
-cuchillo y un tenedor de plata, platillos fabulosos
y frutas que no se maduran más que en el jardín
de l~s He~pérides. Comía furiosamente, comía y
-comia Si por momentos se veía obligado A
cerrar los ojos á causa de la mucha luz que había en torno suyo, no podía dejar de abrir más,
más, y siempre más la boca, á causa de su
apetito renovado por manjares milagrosos é imprevistos. ¡Pero es tan fastidioso cenar solúl Y de
la bolsa de su gabán, esa bajo la cual late
el corazón, sacó la imagen, la imagen más bel la que la Princesa, la imagen que parecía una

339

frágil mArtir demacrada. Y cenaron juntos, la
imagen y él, en el suefio del palacio y en el sueno de las pedrerías. Pero como el suefio A
veces exige la realidad la llevó, reflejo ideal, al
reflejo del lecho más misterioso en el inefable es,
tremecimiento de las sedas y de los encajes. Y
de la misma manera que había comido mucho A
la luz de engaflosas el Árida des, softó mucho sobre
aquel lecho de ilusión. Y se sentía transportado
en una purificación celeste, hacia los países maravillosos del amor, donde los goces se perpe•
túan y se realizan los más locos deseos. Y sofiando, soflando, le faltaron las fuerzas y el aliento y desfalleció extasiado.

*

* *
Algunas horas después de salido el sol, el trasquilador de perros y descuatizador de gatos que
une á su oficio ordinario la fnnci ~n de afeitar al
aire libre á los marineros de los buques mercantes, vió á alguien que estaba muerto sobre el embaldosado, baJo el arco. Ft1é á avisar al comisa1 io de policía que se apresuró á acudir acompafi11do de un médico. Un tumulto de gente que se
amontonaba _en torno del muerto, viendo los mis~rables vestidos, murmuraba: alguien que se suicidó á causa de, la miseria, alguno que se murió
de hambre. El Doctor, con una rodilla en tierra
comprobó la muerte de Albo Cirilo. Pero ¡qué
asombro cuando después de un examen atento
del cadáver declaró que contrariamer.te á. todas
l11s ver0similitudes debió morir de un exceso de
mesa, d.i indigestión en una palabra, y de algún
otro exceso, un exceso de amor. Y los ojos de
Albo Cirilo no
cerrados aún, estaban secos y
calcinados como
los de un hombre que hubiera
estado mucho
tiem¡&gt;o con la cabeza adelantada
hacia un horno,
ó que durante
muchas horas hu•
hiera visto de
frente a! sol.
Ü.ATULLE

MENDES.

OUf\TRO PRETENDIENTES
En la aldea, entre las muchachas casaderas,
'tan aólo la hija del labrador Denizot era hermosa,
oon la belleza de la campesina, las mejillas rosa-das y los brazos bien torneados y llenos de hoyuelos. Ademá.s, Celestina tenía mucho de seflollita, pues había sido educada en la ciudad, en el
-colegio de las Hermanas.
Así, pues, los más apuestos mozos del pueblo
habíanse enamorado locamente de la hermosa, y
-cada uno juraba conquistar su amor. Entre los
enamorados contábase Teodoro, el hijo del al-calde, un p0co pagado de sí mismo y que se morfa por ejercer su mando á propósito de todo.
~ lemente era el segundo enamorado, un moreno
muy peripuesto que estudiaba para profesor; y
'?ra el tercero Aug:!sto, albafiil inteligente, trabaJ ador obstinado y hombr, de constitución robus•
ta que se ganaba espléndidos jornales. Era el
enarto pretendiente-i1un cuando nadie lo sospe~hab_a-Desiderio, un jovenzaelo pálido, cuya
intehgencia era mucho más aventajada que su
,Pers_ona, de modestos i-leales y de carácter de~ as1ado tímido para osar ponerse en competen·ci11 con los otros, contentándose con suspirar en
secreto, y sin permitirse otra cosa que lanzar á
la bella Celestina una mirada de soslayo cuando,
al llegar el domingo, la muchacha iba á la misa
P~sando entre la fila de sus admiradores, muy
bte~ vestida, con su aspecto un poco altivo que
hacia á los mozos atuzarse nerviosamente el bigote, mientras que Desiderio se ocultaba detrás
de ellos, avergonzado y confuso.
F.l tio Denizot y su hija no habían hecho aún
'111 ~le:ición. Celestina era deml\siado joven.

-No l~ casaré sino hasta que pasen tres afios,
-había dicho el labrador;-de aquí á entonces
hay tiempo suficiente para escoger la mercancía
y pesarla bien. Dentro de tres anos Celestina hará su elección.
Así, los enamorados decidieron hacer proezas
para ver cual de ellos se llevaba á la hermosa
muchacha cuando llegara el tiempo fijado.
-Los galones! -dijo el primero, á quien gustaban las campaflas y quien, por otra parte tenía

qu~ hacer_ su servicio militar;-no hay para las
muJeres smo la gloria; los galnnes de oro sobre
las mangas y un hermoso uniforme. Voy á eng~ncharme eu .Aftica, y dentro de tres afios, á
m1 vuelta, ya con el grado de sargento, me despos11.ré con la bella Celestina.
En cuanto á. Clemente, que estudiaba para profesor, había resuelto irse á la ciudad para ingresar en la Escuela Normal. ·
-Profesor en un colegio, proresor en la ciudad, he ahí lo que es preciso que yo sea; un ver dadero senor como M. Duhamel el profesor de
matemáticas en el Liceo, que va por allí con su
gran s?mbrero_ de copa, su bastón bajo el brazo,
Y una mstrucc1ón superior. De esta manera eclip•
saré á todos los campesinos.
. Por lo_ que hace á Augusto el albafiil, no temendo smo sus brazos para trabajar tomó también su partido.
'
-Tr.,s aflos .... es preciso que en tres afios
haga yo una fo:::-tuna, una verdadera fortuna; quA
pu~da yo llena~ con oro un gran saco, para constrmrle á Celestma un castillo que haga palidecer
á todos_ de envidia. Precisamente acaban de ser
descubiertas en América unas minas de oro· allí
es donde los hombres esforzados hacen dU f~rtuna. Yo me casaré con Celestina.
Y Augusto se fué también como los otros llevando. algunas economías y sus dos fuerÍes y
nervudos brazos.
Y ~sí fué como ~n 1~ aldea. no quedó más prete~d1ente que Des1derio, tan mofensivo, tan tímido, que nadie_ se fijó en él .... y sí por la primera vez Celestma.
Ahora que estaba él solo esperándola A Ja ea-

�340

EL MUNDO.

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Domingo_ 3 de D~ciembre de 1899.

341

EL MUNDO.

CANCION DEL ALCOHOL

lida de la misa y que los otros no se enc?ntraban 1111! para_ ocultarlo con sus estudiadas posturas, Celestma no podia deJar de
mirarlo al pasar; y él, desembarazado de sus rivales, parecía más
Acaricio al Dolor y lo duermo
alto y menos delgado, y sus grandes ojos se haci~n más dulces
con mi onda que robo al Nirvana.
y tiernos cual'.ldo, con la punta de los dedos, o!rec1a el agua benEste siglo caduco y enfermo
dita á la muchacha. Así, poco á poco, Celestma llegó á encon·
me apura, me apura como una tizana.
trar gran placer con la presencia de Desiderio.
_
Y un hermoso día de primavera, fastidiada por la ausencia
-:*** •
de sus pretendientes, instintivsmente_bus~ó á alguie~ á su ~erredor y sus miradas cayeron sobre Des1der10, mudo é mmóv1l, ab
Soy blanco, soy rubio, soy hecho con rayos de sol
sorto en la contemplación de
soy negro, s: y verde, soy rojo: me llamo el Alcohol~
su amada. Ella entonces sintióse también conmovida, y
su corazón latió fuert~mente
Contemplad la mundana balumba;
como nunca había latido ni
impotente el hambriento en su afán,
por el hijo del alcalde, ahora
y
ve á sus hijos cual larvas de tumba
en .Africa,ni por Clemente que
que sudan miseria, gritándole: pan!
estudiaba en París, ni por Augusto que se había marchado
¿Mas que importa la sucia caverna
á buscar· oro á Klondike.
y los gritos del lívido enjambre?
al entrar en la humada taberna,
El tio Denizot, al caoo de
se borra, se borra el fantasma del hambre ...•
algún tiempo, sorprendióse vivamente al encontrarse, en su
*
paseo por el campo, con la
* *
pequefta vifta de Desiderio,
El que llora imposibles amores
tan bien cuidada, que el fruto
y de lutos eternos se cubre,
parecía doble, y las cepas
y vió muertos sus sueños, cual flores
más eRpesas.
que tronchan los vientos del pálido Octubre,
-¡Vaya con el perillán de
En mis brazos de mago se enreda
Desideriol ¡Quién lo hubiera
y realizo su ardiente deseo:
creído!. .....
yo le tiendo la escala de seda;
Absorto estaba á la vista de
le finjo la dicha que tuvo Romeo ..... .
tanta belleza, cuando se presentó Desidnio, un tacto conToda pena se aboga en las cubas
fuso por hallarse delante del
donde bulle la sangre de Bacc,
padre de la que adoraba.
exprimid hs pletóricas uvas
-Y el perillán se pone co·
y alzad el sonoro .:arquesio d:osiacol
lora.do siempre que me encuen
tra, como si me hubiese robado algo,-pensé el naje con su gran sombrero de copa, su bastón
*
* *
bajo' el brazo, y su levita bien abrochada.
viejo.
.
El tio Denizot al encontrarlo en la calle quedóSoy blanco, soy rubio; soy hecho con rayos de sol,
Y como dijera esto en voz alta, un campesmo
malicioso que á. la sazón pasaba, dijo al tio De- se encantado y mientras le echaba los brazos al soy verde, soy negro, soy rojo: me llamo el Alcohol.
' ternura que ponía 1agr1mas
.
cuello con una
en sus
nizot:
*
- No enrojece por lo que te robó, sino por lo ojos, se decía interiormente con unsentim_iento d~
* *
que quiere robarte .... ¿.Acaso no has observado orgullo: «He aquí el marido que necesitaba mi
El anciano que trémulo marcha,
las tiernas miradas que dirige A tu bija á la sali- Celestina; hoy verá cuánta raz.5n tenía yo en
apoyando los piés sobre ruinas,
querer
esperar
hasta
el
último
momento.»
da de la misa?
con la frente cubierta de escarcha,
- Al fin volvemos á verte, querido Clemente.
El tiv Denizot nada dijo, y se fué prontamente
con la vieja frente cubie"ta de espinas,
Mucho
tebas
hecho
esperar;pero
ahora
sí
que
to
A su casa para interrogar á Celestina.
Halla en ::::í su ya muerta energía;
- Cierto- dijo la muchacha- y es verdad tam- das tus ansias quedarán satisfechas y tus esfuerzos
soplo en él los alientos del fuerte,
recompensados. Celestina es tuya y la boda se
bién que lo quiero.
y al calor de mi roja ambrosía
efectuará tan pronto como lo quieras.
-¿Y los otros, Teorloro, Clemente, Augusto?
piensa el pobre viejo que engalía á la muerte.
-¡Cómo! ¿no sabe usted. tio Denizot?-dijo
- ¿Para qué se fueron?-dijo Celestina.-Sime
Clemente
un
tanto
sorprendido-¿no
sabe
usted
hubieran amado estarían aquí. ¿Es que puede uno
*
* *
alejarse de los que ama? Lo que ellos querían que me casé en París y que traigo conmigo á mi
esposa?
eran vuestras tierras. Además ¿dónde están ellos
Y ese :oco genial que vislumbra
El viejo, avergonzado y confuso, no encontró
á la gloria-querida cruelahora? Han visto ya el mundo Y. nos han olvidauna sola palabra que contestar y se alejó apreY sólo halla la envidia-penumbrado, es seguro que no se acuerdan de nosotros.
que marchita en su frente de augur, el laurel.
-Veremos-dijo el viejo-tienes que esperar suradamente.
Al llegar á su casa, fué Celestina quien le dijo:
hasta que llegue la fecha que he f!jado.
En países de ensueño se pierde,
-Padre mio, acabo de ver pasar por aquí á
-Pero, padre ¿por qué he de esperar si es á
y el arcano ideal quizá ve,
Clemente,
tan
repantingado
en
su
levita
y
tan
Desiderio á quien amo?
cuando prendo en su cráneo.la verde
-He dicho que tres ailos,- dijo secamente el . ridículo que aunque me suplicase de rodillas que
estrella de absintio que amó De. Musset.
consintiera en ser su esposa, no accedería yo por
tío Denizot.
nada á su petición. .Amo á Desiderio y pido á us*
* *
ted su consentimiento para casarme con él.
Pronto iban á terminar esos tres ailos, cuando
Con mis aguas lustrales, remedio
-Lo tienes hija mía. Yo también he encontrael hijo del Alcalde volvió. Buen soldado, ofi- do en la calle á Clemente, y me ha parecido lo
el fastidio del oro: el spleen,
cial, pero de conducta completamente deprava- mismo que á ti, muy ridículo y muy pagado de
y á mis risas febriles, el tedio
reprime un bostezo, se vuelve.Arlequín.
da, con el rostro ennegrecido, el uniforme aban- sí mismo. Avisa á Desiderio que consiento en tu
donado y sucio, y un olor á ajenjo que no le aban- boda con él, y dile, además, que lo e..timo y que
Enrojezco la faz de la Anemia,
donaba nunca, Parecía haber envejecido diez siempre lo he querido por haber reconocido en
mi caricia es mordente y extraffa;
ailos, y desde su llegada se instaló en la taberna, él al hombre trabajador que para nada se ocupa
y en el fino cristal de Bohemia
- Ya lo ve usted, padre, ¿á qué esperar más?
ríe la burbuja del áureo champaña.
en vanidades.
- He dicho que tres ailos.
Y la boda se efectuó ooco después en uno de
Sí! yo arrullo al dolor y lo duermo
Vino después Augusto. Tras de largas fa- los más hermosos días de primavera. Desiderio
con mi onda que robo al Nirvana.
tigas había logrado recoger en Khmdike un po- estaba radiante de alegria y el rostro de CelestiEste siglo caduco y enfermo
co de oro, pero habiendo caíjo enfermo, su pe- na coloreado por la felicid11.d, parecía una rosa
me apura, me apura como una tizana.
queflo tesoro le fué robado, y con terribles penas silvestre caídA sobre la nieve de su hermoso tray trabajos había logrado volver al pueblo, gas- je blanco de novia.
*
tando lo poco que le quedaba en su pasaje y en
* *
ENRIQUE CORMIELLE PERIER,
medicinas. Al verlo no se le hubiera reconocido,
Soy blanco, soy rubio, soy hecho con rayos de sol,
tan amarillo estaba y tan pegada tenía la piel á
soy verde, soy rojo, soy negro: me llamo el Alcohol.
los huesos. Lo había perdido todo, hasta su fuer•
za y estab'l oculto en su casa, lleno de confuRAFAEL LOPE7..
sión.
.:....Ahora sí, padre, ya no hay que esperar-dijo Celestina con impaciencia. Amo á Desiderio,
¿para qué peraer más tiempo?
-Falta Clemente ..... .
El tío Denizot estaba ansioso por la vuelta de
Clemente, pues mucho era lo que á sus oídos babia llegado sobre las aptitudes del muchacho y
sus éxitos.
Y al fin llegó también; venía hecho un pe~rn-

IV
Colombina sale de su es•
condite y se desespera porque ama á Pierrot. En su
angustia va á colgarse de
su chal; pero vuelve la cara,
ve al Amor niilo de pie en
el altar y se arrodilla é implora su auxilio con fervor.
El Amor sale de su inmovilidad, se anima, sonríe, se
de'spereza, cambia de postura y recita unos versos.
-Puesto que siempre me
has servido y Pierrot te
abandona, voy á proporcionarte los medios para
que lo castigues. Te olvida por la luna sin saber que
ese amor es insensato. Diviértete á eosta de él y para curarlo de su insania,
conviértete en

~ \\
~~,'!
-·

,r¡~'

HADA DE LA LUNA,

la luna, exponiéndose á caer en el agua. Salta al
brocal y se inclina. Quiere coger á la l~na en el
agua que le refleja y quiere besarl '\ y se tiende en
la orilla. Se moja los dedos y bebe un poco de
sgua que lo hace estornudar como un gato resfriado.

II

PIERROT ENAMORADO
DE

LA LUNA.
La escena pasa en un parque Watteau baila~o
por la luz de la luna. Setos vivos. Bruma sutil.
La luna llena, en el centro de la decoración, se
refleja en un estanque azul rodeado por un brocal de mármol blanco. En primer término, á la
derecha, un altar del Amor, baftado por la claridad de la luna y cubierto de guirnaldas. En el
zócalo, la estatua del Amor-niño, con arco y carcaj, y dos alas blancas, se destaca blanco Y sonrosado en el cielo pálido.

...................... ............. ....... ..

I
Pierrot llega corriendo como si alguien lo persiguiese. No viene vestido de largo saco flotante
da algodjn; trae una blusa algo ajust~da de primoroso Gi!les. Tiene la cara enharmada como
siempre y la cabeza cubierta con su montera yu~
eombrerillo. Huye de Colombina quien le p~rs~gue como una abeja importuna cuyo rumor uri1ta. Ella lo hostiga ó quizá lo cree loco porque está
enamorado de la luna. y ¿por qué no habí:3- de
sentir ese amor? La luna es bella, suave, brillante, pura como un lirio, magnífica como una rosa•
La contempla y la admira arrobado.
Le canta una balada.
Se arrodilla y eleva hasta ·ella una oración. .
Lo llama con palabras dulces. Implora su piedad,- ¡Nadal
Quiere ir á ella, puesto que ella no :viene á él.
Una navecilla está amarrada A la orilla del e~tanque; entra en ella y levanta los brazos hacia

•

Suenan los timbales, caen
la" ropas de Colombina y
aparece en la forma de media luna, vestida de falda
corta de g-asa azul sembrada de pedrería y con
una diadema en los cabellos. El rostro, los brazos y las piernas tienen la l}alidez d9l astro,
La luz nocturna se va disipando.
La luna del cielo, por efecto de transparencia,
se reduce á su cuarto creciente,
Suspira un scherzo.
Es la primavera.

V
Pierrot despierta y admira, deslumbrado, al
bada de la luna. ¡Qómol ¿es ella? Sí, ella es; ha
bajado á la tierrs: baila, simbolizando rn
danza la juventud de
la Luna y su propia
juventud. Pierrot qui e•
re sujetarla, pero fa
virgen se le escapa de
entre las manos v lo
amenaza como si· fue.
ra una cabra, con 11\
punta de la media Inna luminosa, prendida
en los cabellos.

Llega Colombina, vestida con su falda rayada y su chal lila, Le hace á
Pierrot amargos reproches. ¿Por qué
huye de ella que lo cuida tanto y le da
golosinas? ¿Ya no se acuerda de las
piernas de carnero asadas, de· los enormes jamones, de las tortillas de huevo tiernas y sabrosas? ¿Y los vinos
suaves que calientan la sangre, y el
champagne que estalla y hace espuma? ¿Y ella, el regalo más suculento,
merece tanto desprecio? Sin embargo...
y se mira y encuentra que sus gracias
son dignas de un Dios.
Pierrot permanece insensible.
-¡Vamos! Elh lo engaftarA con un
capitán de bie-otes de media luna,
insolente y bello.
Pierrot no se inmuta.
-Entonces lo dejará por Arlequín,
el brillante abigarrado.
Pierrot sonríe con incredulidad.
._
- ¡Vaya! pues en ese caso, se irá
con un banquero barrigudo, de cuyo vientre bro
tltrán los luises de oro.
Pierrot se encoje de hombros.
Ella se desespera.
-Me mataré, dice.
-Perfectamente, yo te ayudaré. ¿Qué quieres,
1
cuchillo, cuerda, fuego, veneno?
- ¡Ay! exclama Colombina; ¡qué desgraciada
soy! Todo por esa Luna maldita, pintada de blanco, horrible, vieja, decrépita! ¡u_fl ¡horror!
y amenaza con el puilo á su rival, escupti en el 1
estanque sobre su imagen. Pierrot indignado la
amenaza y Colombina se ríe de él. Pierrot la
persigue y ella se refugia en el altar del Amor.

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III
Pierrot vuelve jadeante por la inútil persecución, Prefiere vagas amenazas contra Colombi·
na invisible y cediendo á la fatiga se tiende sobre un banco de flores y se queda dormido.

V;i.f!,-_v. t

:,¡

.

.'

�342

EL MUNDO

Otra vez suenan lo timbales.
El hada de la Luna se convierte en luna llena
con un disco diamantino en la frente. Al mismo
tiempo la media luna del cielo ilumina todo su
hemisferio. Se eleva un andante. Es el estío y la
noche está clara. Se oye una danza sensu9l y
lánguida: es la madurez de la luna, la luna mujer. Pierrot quiere estrecharla entre sus brazos,
pero como está ella helada, lo hiela. ¡Birl
Sa~nan de nuevo los timbales.
El hada de la Luna se transforma, ya no lleva
en la frente sino un cuernecillo pálido y los cabellos se tornan grises. La luna del cielo se opaca, se opaca hasta no quedar sino un peque:fl.o arco luminoso. La noche se ensomorece. Suspira
un adagio. Espira. la danza del bada; es el oto:110 de la luna y el oto:fl.o de la m·u jer. Pierrot se
siente triste y desengaftado como ella, cuy a melancolía rechaza al amante.

Se oye el redoble de los timbales.
La luna desaparece. La noehe es obscura, Es
el invierno; nieva. La diadema desaparece de la
frente del hada que se aleja entre las sombras,
mecida por el lamento de un scherzo. Por fin
Pierrot la pierde de vista.

VI
Asoma-el alba triste y fria.
Pierrot se frota los ojos. ¡,So:fl.6? Se siente fa.
tigado. El frío de la maftana lacera su cuerpo y
lo asaltan mil reflexiones burguesas. Si estuviera en &amp;U ca1,a al lado de Colombina no sentiría
frío, comería. bien y bebería mejor. ¡Y los goces
del amor! . ... ¿Para qué exponerse tanto? Siente que ya no ama á. la luna. Llueve, el viento lo
molesta; ¿y Colombina? ¿A dónde habrá. ido?
¿Con Arlequín, con el capitán ó el banquero? ¿Se

OFRENDA.

Un perfume sutil de primaveras
.Me mostró como un ramo de jazmines
Tu seno, y en tus mieles y satines
El enjambre guardé de mis quimeras.
Quiero bajo el frescor de adormideras
De tus ojos, mirar nuevos confines,
Y distraer mi luto en los jardines
Azules de tus lánguidas ojeras.
Y en cambio de tus llses opulentos,
En cambio de los místicos ungüentos
Que hay en tu cabellera luminosa,
.Mi juventu1, que exhalará en las gradas
De tu altar, á la luz de tus miradas
Su perfume como una tuberosa.
. EFREN REBuLLEDO,

-------..•-------FUGACES.

Si eres p.iloma, yo tengo un nido
sobre mi pecho, blando y mullido,
para que arrulles, mi dulce bien:
será ese el nido de tus amores
donde te besen brisas y flores
de un armonioso, fálgido edén.
LOS BESOS.

Dame tus manos puras: una gema
Pondrá en cada falange transparente
Mi labio tembloroso, y en tu frente
Cincelará una ftílgida diadema.
Tus ojos soíiadores donde trema
La Ilusión, besaré amorosamente,
Y con tu boca rimará mi ardiente
Boca un anacreótico poema.
Y en tu cuello velado por las gasas
Del corpiño, pondré un collar de brasas,
Que tus bombros pulidos y morenos
Queme, y cuando en tu alcoba lo desates,
Ruede como una lluvia de granates
.Martirizando el lino de tus senos.
EFREN REBOLLEDO,

Si eres ensueíio, tengo una mente
bañada en rayos del sol ardiente
que hiere el prlsm!I. de Jo ideal:
allf viviendo feliz y hermosa
entre ilusiones eolor de rosa,
serás la reina, la sin rival.
Si eres aurora, tengo en el alma
límpido cielo que en grata calma
luce esplendente su regio azul:
cuando tú llegues á ese palacio,
tendrás alfombras de oro y topacio
y albos cendales de leve tul .. . .. .
Mas si al fin eres mujer altiva
que cruza el mundo provocativa
cual bella sombra de una visión,
para ti tengo luz en la mente,
nido en el pecbo, cielo esplendente
dentro del alma, y un corazón.
RANULFO PENAOOS.

Domtnge 3 de Diciembre de 1899.
ha~rá matadc,? _Sí, probablemente; todo ha con.
clmdo y ya no ,e queda más salida que collt'arse
de un árbol. Coge el chal de Colombina , haee u
nudo c?rredizo y busca con la vista una r ama :
propósito.
Entonces el Amor extiende el brazo y en clásico verso r~procha á Pie~rot su inconstancia. El
Amor es quien ha convertido á Colombina en el
h~da de la Luna, á fin de curar de su pasión A
Pierrot.
Si éste promete ser cuerdo, se la devolverá.
. -¡A.mala siempre! dice el Amor en tono imperioso.
Juramentos apasionados de Pierrot, el Amor
bendice á la pareja.
Fuegos de bengala.

p AUL

-.A.ilo VI -Tomo II

México, Domingo

10

de Diciembre de 1899.

MARGUERITTE.

E@.PEJISMO
Los dueloq de mi vida
son nubes que se alejan.
Hoy al tender la aurora
su rosado cendal sobre la niebla,
.;alí á llorar en mi ruinoso huerto
la inclemente orfandad de mis tristezas;
todo hallábase en pie, todo cambiado,
y en su dfa nupcial la primavera
ceñía una corona
de orquídeas y violetas.
El friso de las lilas festoneaba
el calado ojival de la glorieta,
la fimbria del rocío
temblaba en las libélulas,
colgaban en los olmos
sus balaustres de plata las falenas,
y en el raso del musgo los helechos
dei,ple¡mban sus túnicas de seda.
Vestí mi plectro entonces
con pasionarias y con rosas nuevas;
tomé la pauta de mis viejos bimnos,
dejé mi luto y me sentí poeta.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
Mis dichas resurgieron;
volví á cantar la reja
velada entre jazmines,
nelumbos y camelias;
torné á evocar la imagen
sobre el marfil de cuya sien la estrella
temblara como nívea mariposa
sobre el diáfano tul de una caléndula;
soíié con un esquife fulgurante,
con un lago de .i.zúcnbares y anémonas,
y entreví la eminencia de una costa
s0bre el pórfido azul de cuyas peñiis
destacara el castillo de la dicha
la corona triunfal de sus almenas.
Todo alzaba otra vez en su lenguaje
la canción fes ti val de las promesas;
mis suelíos ·renacían,
tornaban mis quimeras.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
PEDRO J. NAÓN,

1

0L ftzeoid ente· del ?5zanovaaL y ou eopooa.
•

Número 24

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 23, Diciembre 3</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>General Porfirio Díaz</name>
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                    <text>342

EL MUNDO

Otra vez suenan lo timbales.
El hada de la Luna se convierte en luna llena
con un disco diamantino en la frente. Al mismo
tiempo la media luna del cielo ilumina todo su
hemisferio. Se eleva un andante. Es el estío y la
noche está clara. Se oye una danza sensu9l y
lánguida: es la madurez de la luna, la luna mujer. Pierrot quiere estrecharla entre sus brazos,
pero como está ella helada, lo hiela. ¡Birl
Sa~nan de nuevo los timbales.
El hada de la Luna se transforma, ya no lleva
en la frente sino un cuernecillo pálido y los cabellos se tornan grises. La luna del cielo se opaca, se opaca hasta no quedar sino un peque:fl.o arco luminoso. La noche se ensomorece. Suspira
un adagio. Espira. la danza del bada; es el oto:110 de la luna y el oto:fl.o de la m·u jer. Pierrot se
siente triste y desengaftado como ella, cuy a melancolía rechaza al amante.

Se oye el redoble de los timbales.
La luna desaparece. La noehe es obscura, Es
el invierno; nieva. La diadema desaparece de la
frente del hada que se aleja entre las sombras,
mecida por el lamento de un scherzo. Por fin
Pierrot la pierde de vista.

VI
Asoma-el alba triste y fria.
Pierrot se frota los ojos. ¡,So:fl.6? Se siente fa.
tigado. El frío de la maftana lacera su cuerpo y
lo asaltan mil reflexiones burguesas. Si estuviera en &amp;U ca1,a al lado de Colombina no sentiría
frío, comería. bien y bebería mejor. ¡Y los goces
del amor! . ... ¿Para qué exponerse tanto? Siente que ya no ama á. la luna. Llueve, el viento lo
molesta; ¿y Colombina? ¿A dónde habrá. ido?
¿Con Arlequín, con el capitán ó el banquero? ¿Se

OFRENDA.

Un perfume sutil de primaveras
.Me mostró como un ramo de jazmines
Tu seno, y en tus mieles y satines
El enjambre guardé de mis quimeras.
Quiero bajo el frescor de adormideras
De tus ojos, mirar nuevos confines,
Y distraer mi luto en los jardines
Azules de tus lánguidas ojeras.
Y en cambio de tus llses opulentos,
En cambio de los místicos ungüentos
Que hay en tu cabellera luminosa,
.Mi juventu1, que exhalará en las gradas
De tu altar, á la luz de tus miradas
Su perfume como una tuberosa.
. EFREN REBuLLEDO,

-------..•-------FUGACES.

Si eres p.iloma, yo tengo un nido
sobre mi pecho, blando y mullido,
para que arrulles, mi dulce bien:
será ese el nido de tus amores
donde te besen brisas y flores
de un armonioso, fálgido edén.
LOS BESOS.

Dame tus manos puras: una gema
Pondrá en cada falange transparente
Mi labio tembloroso, y en tu frente
Cincelará una ftílgida diadema.
Tus ojos soíiadores donde trema
La Ilusión, besaré amorosamente,
Y con tu boca rimará mi ardiente
Boca un anacreótico poema.
Y en tu cuello velado por las gasas
Del corpiño, pondré un collar de brasas,
Que tus bombros pulidos y morenos
Queme, y cuando en tu alcoba lo desates,
Ruede como una lluvia de granates
.Martirizando el lino de tus senos.
EFREN REBOLLEDO,

Si eres ensueíio, tengo una mente
bañada en rayos del sol ardiente
que hiere el prlsm!I. de Jo ideal:
allf viviendo feliz y hermosa
entre ilusiones eolor de rosa,
serás la reina, la sin rival.
Si eres aurora, tengo en el alma
límpido cielo que en grata calma
luce esplendente su regio azul:
cuando tú llegues á ese palacio,
tendrás alfombras de oro y topacio
y albos cendales de leve tul .. . .. .
Mas si al fin eres mujer altiva
que cruza el mundo provocativa
cual bella sombra de una visión,
para ti tengo luz en la mente,
nido en el pecbo, cielo esplendente
dentro del alma, y un corazón.
RANULFO PENAOOS.

Domtnge 3 de Diciembre de 1899.
ha~rá matadc,? _Sí, probablemente; todo ha con.
clmdo y ya no ,e queda más salida que collt'arse
de un árbol. Coge el chal de Colombina , haee u
nudo c?rredizo y busca con la vista una r ama :
propósito.
Entonces el Amor extiende el brazo y en clásico verso r~procha á Pie~rot su inconstancia. El
Amor es quien ha convertido á Colombina en el
h~da de la Luna, á fin de curar de su pasión A
Pierrot.
Si éste promete ser cuerdo, se la devolverá.
. -¡A.mala siempre! dice el Amor en tono imperioso.
Juramentos apasionados de Pierrot, el Amor
bendice á la pareja.
Fuegos de bengala.

p AUL

-.A.ilo VI -Tomo II

México, Domingo

10

de Diciembre de 1899.

MARGUERITTE.

E@.PEJISMO
Los dueloq de mi vida
son nubes que se alejan.
Hoy al tender la aurora
su rosado cendal sobre la niebla,
.;alí á llorar en mi ruinoso huerto
la inclemente orfandad de mis tristezas;
todo hallábase en pie, todo cambiado,
y en su dfa nupcial la primavera
ceñía una corona
de orquídeas y violetas.
El friso de las lilas festoneaba
el calado ojival de la glorieta,
la fimbria del rocío
temblaba en las libélulas,
colgaban en los olmos
sus balaustres de plata las falenas,
y en el raso del musgo los helechos
dei,ple¡mban sus túnicas de seda.
Vestí mi plectro entonces
con pasionarias y con rosas nuevas;
tomé la pauta de mis viejos bimnos,
dejé mi luto y me sentí poeta.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
Mis dichas resurgieron;
volví á cantar la reja
velada entre jazmines,
nelumbos y camelias;
torné á evocar la imagen
sobre el marfil de cuya sien la estrella
temblara como nívea mariposa
sobre el diáfano tul de una caléndula;
soíié con un esquife fulgurante,
con un lago de .i.zúcnbares y anémonas,
y entreví la eminencia de una costa
s0bre el pórfido azul de cuyas peñiis
destacara el castillo de la dicha
la corona triunfal de sus almenas.
Todo alzaba otra vez en su lenguaje
la canción fes ti val de las promesas;
mis suelíos ·renacían,
tornaban mis quimeras.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
PEDRO J. NAÓN,

1

0L ftzeoid ente· del ?5zanovaaL y ou eopooa.
•

Número 24

�EL MUNDO,

344

Dirflctor. LIC. RAFAEL REYES SPIJDOLA.

---------------------------------------

J.':i;tos horizonte~ de Diciembre, con sus blancas
y pctID.d11s cortinas ele brumas, sus montañas obscur:1s erizadas de ramazones secl\.S y l:iU luz triste
y soñolienta, provocan en los espíritus contemplativos una (le eeas melancolías mansas y suaves que
nús llernrn &lt;le la dulce resignación de ,·ivir.
Los grise8 pai~1:ijes ele invierno tienen en las
campiñ11~ americanas una belleza exótica. "Gn camino, tomo un cinto de tierra hlllnecla y negra,
tnt re do~ fila.:; ele árboles desnudos, un llano de
ycrbaje marchito, sobre cuya alfombra de verde
muerto. va silenciosa y pausadamente la vacada,
un pe&lt;lazo de jardín silvestre regado de pétalos
amarillentos y podridos, una lejanía envuelta en
, aho tenebrO!so, picado aquí y allá, por ]a cruz de
un ('ampanario. ó la boca ci'líndrica de una chimenea. ó el espinazo rojo de un tejado, despiertan en
nosotr:os una vaga y fantástica idea de In vida,
semejante á la emoción que experimentamos reconlanclo "Olla vieja leyenda clel N'orte, dormida
hat(.; mnt:ho tiempo en el fondo de la memoria.
He a&lt;¡uí el encanto que en este n1es nos ofrece
]a tierra que no tardará en deshacerce .en flores
En verdad que el invierno en :México no es otni cosn que una coquetería de ]a Primavera, que gusta
v,~siirse con tocas de luto y telas de matices opacos y atasiarse con gasas de niebla virgeu, ó peE:arlos mantos de brumas. Mas á través de este
trilje severo, cómo se adivina á la munduna pom!-'OSa y elegante, y cómo sonríe la pícara y traviesa
muchacha por entre el velo de largos y rígidos plieg,.1es. Estos campos solos, límitados por la franja
de acero de una agua. inmóvil, estos campos sin
fi~uras humanas, estos campos que se extienden
colllO desperezándose de fastidio hasta las remotas
se:aanías, son efímeros telones que de un momento á otro se transformarán, como en una comedia
de magia. en parques luminosos, en floridas colgt·ii urm:., en guirnaldas de pájaros, en aire azul,
rn11eical y deslumbrador.

qunm. ningunas tienen el delicioso encanto que
los que nos trae el buen Diciembre.
El Carnaval es una prolongación de las saturrnlies; es una costumbre romana que se ha filtrado
al través de los siglos y ha invaclido las sociedad&lt;~a modernas. Los señores se confunden con los
sirrvos, y el vicio, que se oculta dentro del abigarrado traje ele chillantes tono5-, nutoriZ'ado por la
c:ivHizaeión, arroja su carcajada orgiástira en la
yfa pública, )', beodo cínico, abraza con üupúdico
deseo el talle r ecio de las bacante;, y besa los
,lesflorados labios de las hetaira,.
El C'arnarnl abre la puerta de la orl(ÍU á las pa:,j1,nes romprimiclaF-. orna con rosa.R frep,cas las
Jrt!ntes jm-eniles, pone ósculos lúbricos en las hol'&lt;lS, toques ele luz quemante en las pupile:3 y vino
11r1l icntf' en los ,·asos.
El Carnaval se adorna C'On ca¡.;cabcles. ríe y se
(•rn briaga en las obscttras barraras de los barrios.
rnnta copla.-, obscenas, como los fialti!Tibancos.
La virtud frunce el ceño, v v,1 cerrando, con
,·ue•~tas de lJa\'e, las puertas eie los hogares honrntlo3.
La Semana Santa no es una fiesta. El Cristiani~mo ha puesto en e~a época el sello de in.finita
tristeza &lt;le sus ceremonias: apenas si el último día
descorre el negro velo ele los altares, arroja. puña~los de amapolas en el pórtico ele ]as iglesias y
ileja flotar las nuhes de incienso en el ambiente
violeta de 111. prima\"era.
Rn Semana Santa los niños juegan y los espírit m: contemplativos meditan. El cielo sonríe.
l:if: flores inundan los campos, e1 aire se perfuma
al pasar por ]os bosques; pero en ht ciudad las
ni 111as piadosas rezan, las músicas tocan marchas
júnebrcs, y la curiosidad vacía los hogares y llena
los templos.
La Semana Santa es triste v es la fiesta de la
primavera; y-oh contraste___:la noche Buena es
,,legre y es la fiesta clel Invierno.
Porque la Noche Buena es la fiesta del hogar,
la íutima, la ele las ternuras, la de las expansiones, la de los recuerdos.
¡ Oh, mes de las noches azulea. mes de las noches claras, mes ele la ~oche Buena, bien ve-

&lt;:;&gt; ,/1-'v-

;. Y ele qué podemos quejarnos? ~ os dan mañaRin aurora, mañanas morenas, que no vienen
vc~ridas ele blanco como van las niñas á la primera c·omunión, sino, por el contrario, cubiertas en
rardos mantones, como las devotas á la misa del
nlbu; nos dan tardes frías, lúgubres, con el sol
clorótico que cae sin majestad y sin fausto en la
cenicienta hornaza del Poniente; pero en cambio,
q•1é noches divinas, inmaculadas, puras, empapaclos de claridades 1nisteriosas, tejidas con argentinas transparencias, ele cielo tan profundo que no
parece sino que, ascendiendo, se aleja á cada instante de nosotros, de horizontes tan cristalinos
&lt;(He en ellos los níveos y sutiles vellones de las nubes se nos figuran alas de ángeles que pasan.
.~bajo no bay rosas; se han manchado y d~stefüdo las púrpuras; no hay lirios, se ennegreció la
plata de las urnas; el viento,al pasar, cerró piado-~mente los ojos azules de las violetas 1nuertas
y ele! quebrado y torcido alfiler de oro de las
;nargaritas se desprendieron los pétalos estrujatlos y marchitos. No hay ramas, no hay hojas,
no hay ni&lt;los, no hay pájaros que canten los salmDs funerales de las flores.
.
Pero las flores, que no son más que las almas
b~1cnas que se cansaron del encierro de la carne,
;·esucitaron allá arriba en el infinito cielo fulgurante, en el inmortal y sereno jardin que habitan
lo..: ensueños y riegan de lágrimas las esperanzas.
Allí están meciendo sus corolas de luz al hálito
rnave. que sube de ]a tierra, de los castos suspiros
y cic las tranquilas oraciones. Alli están las flores
herhas a~tros, allí están las rosas transformadas
en luceros joyantes, y las margaritas vueltas temUic-rMas estrellas.
¡ Oh, noches ele Diciembre, noches puras, mmacnLalas y cliYinas !. ...
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¡ Oh. mes de las noches radiosas, m es de la No(;l1e Buena!
En Diciembre, la humanidad se reconcilia con
la alegría. Entre todas las fiestas con que el muno o civilizado celebra los grandes acontecimientos,

-

Domingo 10 de Dlcleml re de 1899.

Domingo 10 de Diciembre de 189~.

LA VIRTUD PERNICIOSA.

Siempre que la conducta humana no va dirigida por
la razón y por la ciencia, que los sentlmleotoo é lm
pulsos que la sugieren y la. dictan no se ven contra·
pe8ado• por la reflexión y el cálculo, la cooduc1oa .;
e-xtravía, hierra. el golpe, se desvía de su objeto
•nele eo la mayoría de los casos orillar i re•ultad~
contraproducentes.
El hombre obra Impulsado por el instinto acoose
jado por la reflexlón ó arrastrado por la p~slóa· d;
abí que haya actos lm,Untivos, actos reflHlv~ 1
actos pasionales.
Deet:itos tres motores de nuestra acción, el primero
fS clE'g11 y rectilíneo, el último impetu06o y turbulento; sólo el segundo es ponderado, proporcluuado al re•
soltado que se busca, adecuado a.l fin que se quierealcanzar. Si el hombre quiere obrar ret t twente, hi
aspira. á que sus obras alcancen la posible perrec~lóo
s1 anhela el éxito y la realización de sus prupóstWO:
no d~be dejarse guiar ni por sus solos im"tlotos ot
por sus solas pastones. y ya que no sea dable ni desea.
ble despojarse completamente nt de los unOR ni de
los 1..,t,.ni,:;, debe ponerse á ambos el vigoroso y rieldo
freno de la razón y de ta reflexión. Sometido á. la accióu del solo tnbtiuto, el ho:nbre es un animal y, ve,.
ces una simple mltqulna, bajo la presión de las solu.
pasiones es un vc, Jcáo en erupción; sólo por lll acción
per;lstente de la tria razón , es propia y verdaderamente un hombre.
1nstintos y pasiones se fundan y amalgaman para.
constituir los vicios como también las virtudts hu~
manas; lnsLinto y pasión son la avar icia, la lujuria,
la gula; instintos y pasiones son el patriotismo1 la.
fllantrop1a , la caridad.
Ante esta asimilación del vicio y la virtud, con los
Instintos y las pasiones: sorprende en extremo que
siendo común su origen y común su naturaleza, todo
el mundo esté de acuerdo en aconsejar se moderen
los viclo3 y s~ atenúen bajo la influencia de la ,olun.
tad, que no es atoo la. reflexión y la razón en acthldaJ, y que nJ se aconseje lo mismo respecto de lu.
virtudes, que también su&lt;?len necesitar gobierno y di•
rección, y cuyos extremos necesitan también freno
porque suelen ser perniciosas.
Ante la celosa ceguedad de Otello todo el mundo
cl•wa y protesta; oe admira estéticamente el tipo,
pero el hombre resulta odioso y repugnante. Pua:iamos horas enteras en aconsejar al moro brutal
un poco de sangre fria y de sentido co múo bastantes
nido!
á restltu!r la rectitud á su conducta y la calma Asu
&lt;:;&gt; $ &lt;::&gt;
corazón. Si llegáramos á encontrarnos cara á eara coa
Al rededor de la !)lesa llena de viandas se en- Ilarpae-,m le reprocharlamos su parsimonia, le harla-labian las cónversaciones familiares, los cliálogos mos reflexionar en que la. prudencia, es decir, la ra~
zón, aconseja la economía, pero repudia la av1rtcl1;
que, vierten, corren de boca en boca las pa- que la pasión de poseer y el instinto de acumolu,
labras que acarician, las sonrisas que besan.
necesitan moderación y freno, y que el tuen sentido
Dentro de los hogares los cuerpos se juntan basta á establecer el justo medio entre atesorar ala
y las almas se confunden.
tasa y despilfarrar sin medida.
cPiensa en lo ue haces, reflexiona en lo que InAfuera silba el viento, parpadean los mech eros
solirt:: las desiertas aceras, lrny soledad, silencio tentas, calcula á o que te expones, medita en el mal
que á veces interumpen ]os ecos ele músicas 1eja- que puedes ca.usarte y causará los demás1»son fra&amp;el
1
!1as, ~• el tronar de los cohet es que rayan con que todos tenemos en los labios en rreseocla de 08
vicios, de las malas pasiones y de los ciegos arreba¡,arábolas ele oro el esmalte bruñido ele los cie- tos agenos y no se nos ocurre decir lo mismo y aco•
!os y derraman en la transparencia clel aire una sejar lo mismo cuando se trata de las pastones nobles
Rora de colori&lt;los fulgores. _\ fuera hay frío y y generosas. ¿E~, aca.80, porque éstas, intrfosecameo•
t&lt;l buenas no daflan, no perjudican jamás cualesqule•
tristeza. .
.
_!\.dentro están }os ambientes tibios, ]03 reflejos raque sean su grado y su exageración? Tal eftrma!?-C'renos, los rejocijos castos y las almas tranquilas. ción es insostenible ante la experiencia diaria; uo
Adentro se hacen confidencias tiernas, se cantan hay virtud, por excelsa que se la suponga, que lle,..
,;}l~ncicos, se sueñan cosas blancas. Y á un gol- da á cierto grado de exaltación no resulte perolclroa
pe de ala de ]a esperanza se pienc;;a en el porvenir y contraproducente, que no pueda sembrar la desola,
y la ruina eo la sociedad.
azul, tachonado de estrellas é infu:úto como el clóo
La caridad irreflexiva, ardiente y ciega, crea y•
firmamento del mes último del afio.
tlmula la vagancia, la pereza y el vicio y trae A1..
1Fiestas de Diciembre! Bajo las arcadas de h eno
pueblos á la decadencia; el amor locondlclooal y slo
que despiden aromas de penetrante frescura, ba- Hmites de los padrea á los bijos, conduce á coosentlr•
jo las caprichosas arquitecturas ele ]os farolillos los, á tolerar sus !altas y con ello á pervertirlos y eJ•
venecianos, ll8y viejos risueños que e,·ocan su travlarlos; la abnegación absoluta y la sumisión 11D
pasado, r ostros infantiles radiantes ele angélica protestas de la esposa al esposo, esti mula Aést.e, la
lnfidel\dád y al olvido de sus deberes conyugaleo; el
tr'rnura y jóvenes enamorados que cuchichean.
patriotismo rectilíneo, Intolerante, Irreductible Y
Lns músicas suenan á serPnatas ele mandolinas
extremado, conduce á los pueblos á descuidar su~
las c uerdas h eridas vibr,m con una. dulzura ex~ grf'S01 la. enmienda de sus vJcios, el mejoral_Dlento de
tr;1ña 1 como de cristal que se J"Omne.
SllS condiciones matertaleE-¡ la. generosidad s:n Hmltel
Y cuando el alba prenclC sus florones de nácar crea el parasitismo y fomenta la a.byeción cor1$D 1•
No acabaríamos de senalar los estragos que en 11
en ln cre.;ta de las montaña.: cae ~obre los párpados un sueño hermoso en el que van ú. reposar sociedad y en el corazón de los demás hombrea pueden cau(\_Br las ,•1rtudes excesivas si la ratóa ao gula
ntwf5tras ilusiones.
¡ Oh, noches ile Diciembre. nM•h""' ,,l ,.. los cie- su Pjerciclo, si la n flt&gt;xlón no las orienta y eafreBI
sus excesos. De ahí un resultado para.dojal en •~
los profun&lt;los y de las fiestas apacibles! ...
rler.cla: que puede bHber hombres ad mirables pouu

1

-S:::,. $ 'v-

El Xacioual cerró s 11 1:; puertas: ha quedado varía la jaula. Aún suenan en nue¡;:tro,· oídos los
últimos gorjeos de estas aves de Italia que de
c nando en cuando hacen su n ido en nuestro
vetusto teatro como en una. vieja techumbre.
Los "dillettanti" están tristes. Que esperen un
poco. Para consolarlos viene surcando el mar
~fnría Guerero.

coadar

virtud y excecrable• les por resultadJS de su
ta. Tal Torquemada que en su exaltación por la e
asoló la cristiandad; tal Robespierre cuyo excelso.,,..
triotlsmo y acendrado amor á la llbe1ta 1 y á loa prtoclplos de justicia le hicieron crear el i,,-,w Y cooslituir la gu11lottna permanente.
Tan es así, que la sabiduría de las Ncu-'if/Nt3 eoclerf'I
al lado del veneno el contraveneno, y que a.l tleat
máximas como: chaz bien y no veas á quléo,&gt; P~
na.otras, temperantes y mitigadoras, como
rldad bien entendida empieza por sí mismv. &gt;

,ta_.

345

=

EL MUNDO.

EstJa consideración determinó nuestra actitud espectante. No debe uuodesmentiruna cosa sino cuando está seguro de su tal•edad. Suponed que hubléra.
mos .desmentldo formalmente la noticia del fin del
mundo. En rigor podf'?.mos bacerlo· luli Informes re•
cogidfls por los 1cporteri-, las car~ ae provincia y
los cablegramas del ex .. nrnjero nos proporcionaban
d!l'tos para afirmar que la cat.ástrore era improbable;
sm embar~c1 , lo ia,p~ob11ble no es Imposible y si el
mundo se hut&gt;ind acabado á pesar de nuestras aseveraciones en contrario ¿cu,U babría sido nuestra. situación ante los lectoru al día siguiente? E-1 cierto que
aun en ese caso nu babríamos quedado tan ma.l ante
el público, pues nuestras medidas estaban tomadas de
antemano á tia de dar una información completa y
rápida del acontecimiento.
Será paraotraocaslón. Parece que el senor de Falb.
el astrónomo vienés que lanzó la noticia, se engafló
de medio á medio.
Ya tendrá ocasión de vindicarse. Anunció que la.
tle1ra chocaría. con ua cometa.: como se ve, la noticia
tenía cola .• \ caso el ctioque se verificó sin que nt la
tierra ni el cometa pararan mtentes; pudieron estar
distraídos, preocupados. A todos les sucede eso. La
tierra más qu e na,lle, tler.e mot.lvos para andar un
poco ensimismada; no hay existeacia máR ngitada
que la suya. ¿ Qué mucho. que no viera al cometa?

•
••
Quedamos en que el señor de Falb se eaganó; á
menos
que su error haya sido voluntario. Quién sabe
Miulstro Plenlpote=c hulo de J{élglca.
si ese caballero es un filántropo y nos quiso dar algunas sema.oas de ilusión y bact!rnus palpar lo efímero
L'\ virtud exaltada, ciega, extátlca é Irreflexiva, es de ciertas pasiones y de dertas vanidades. Es ev)denvirtud dé poeLas y de ar~1stas 1 ao es virtud de hom- te que la Idea del próximo fin del muodo es benéfica.
bres práctico~, ni de pensadores strlos, ni de ttlóso- Al principio se resiste uno, pero &lt;lespués de reflexiofos profu udOb¡ es peculiar de olilns románticas y bo- na, todo se acepta, porque al Hn·y al cabo, la catás,
0adorus, FiUele ser arma que se ef.grlme para preten- trote colectiva es menos dura que la muerte individer ofender sin conseguirlo, eM peculiar de patrwtems dual que se nos espera tardeó temprano. Lo ml\s pey no de patriotas, de txaltados y no de howbres cir- noso es la idea de la separación, la perocupacióo por
cunspectos.
los que sr. quedan cuando nos morimos; pero si todos
Se puede ser modeto de vtrtudeR y ei-tfmu 1o de vl- emprenrferuos Rlrnultáne'imente el viaje, la cosa camcl0t.; practicar la caridad y loment,1r la pertza; sen- bia de ª"pecto, y el tal viaje s~ bace excursión de
tirite inundado de patriotismo y dañará su pafs; s~r recreo. Los lamentos, el dulor, el luto son palabras
fanático :r ser por eso mismo 1 perseguidor; tilántro• sin s~otido.
po y dtti"io~o, con 13. s,1}R, condición de que esoFi St:DtiPensad todo el blt&gt;n que ha.riamos si realmente tumlentos sean exalta.dos, esas virtud es extremaR, esas vléramrns la segurlriad del tin próximo del mundo.
pa•dtJDes ciegas.
Eo primer lugar no nos preocuparfa tanto el qué diUn hombre mel.'!tana.mente experimentado, que rán, desa.parecerfanconvenctonaltsmos; ya. Renan nos
haya vivido un poco, estudiado algo y esté dotado ha mostrario en su Abelte de Jouarre los f:::liceb efec•
tan sólo de buen sentido tiene un modo seguro da tos de esa libertad de la conclencla.-Todos se ponprever si un hombre llegari\ ó no á ser pernicioso y drán en paz con eUa y verlamos tal vez tanto á los
dantoo. P,ra ello le basta inquirir si los vicios ó las pueblos como á los individuos acatar, sloulera por
'Ylrtudes del Individuo en cuestión son extremadas ó algunos dfai,:, los grandes principios de la. solidaridad
enjeradas.
y dt? la fraternidad qu~ todos predican y nadie obeEn siéndolo, no cabe ya duda, aquel ser podrá ser deCE". Apuesto á. que si d~ ven1s se anuncia el fin
y será dailoso, y, modelo de virtudes, puede, sin con- del mundo para quince dlas de la fecha, los ingleses
cietcla. y casi sin responsabilidad, causar graves reconocerían sin vacilar la Independencia de los bóem\lea.
ros. Mucbas cuestiones sociales se resolverían por sí
solas y la polltlca aparecerfa bajo otro aspecto.
En efecto h oy se presenta cómo cuestión muy grave la resistencia del gabinete á las primeras batallas
parlamentarlHi- y sus prnbahillda.des de vida. hasta la
época de apertura de la E'&lt;posición. Ciertamente,
más quJsiera prolong-t.r su vida hasta el fin del mundo. ¡ Esa si sería una bermoi.a caída ministerial!
En matn:a de pacitlcaclón y concordia no podía
tampoco inventarse nada mejor: es imposible sonar
,1n.1. amnistía más completa.
¡ Y cuántos que no pueden llegar al término de sus
aspiraciones, las colmarían si el mundo estuviese en
víi-p~ras de rend'r la c~rgal La Academia, por ejemplo, tiene dos vicantesy seria llegado el caso, ó nunVida nueva y nuevos propósitos.
ca lo será, de que lo(\ candidatos que se presentan cada vez que hay elección y qne nuoca son elegidos, lo
El anuncio del próximo ti n del mundo coiacldió en
fueran en esta coyuntura. Ilay y,entes que se contenEuropa con un fenómeno de los más curiosos é in- tarían
con ser inmortales siquiera por una quincena.
quietantes : cuatro parlamentos, el francés, el alemán1 el 1tallano y el belga, abrieron sus sesiones á la
vez. Probablemense eso era lo que hacía creer en el
•
tln del mundo. En efecto, siempre se ba dlcbo qui) el
••
fin del mundo sería. anunciado por signos alarmanNo hablo de Jos procesos en vb de Instrucción, los
tes, por perturbaciones precurspras y la reuni ón de
cuales se juzgarfan de un modo más co1dlal. En vístaatos parlamenws realiza plenamente la prorecfa.
Sin embargo, la alarma era infundada: el muado peras de una. catástrufo no tendría importancia que
no termina aún y la. noticia que iba tomando cierta :M. Deroulede se propusiese ó no alterar el orden de
consistencia no será para la mayorfa de ouestrOi co- cosas establecido. Habta Jas cuestiones de Imperio,
legu sino un tema de disertación á la francesa. Ea RepúbilM ó Realeza perderlan su Importancia. Todos tr ansigirfa.n lo bastaate para reconciliar los á.ot.l!'raocla todo se res u el ve en cróoicafZ.
Nosotros, por nuestra. parte, nos hemos propu':!:sto mos y al i,;er más corta la vida.. vlvlriamos mejor.
observar una reserva que nue~trus lectores sabrán e&amp;- Quedamos, pUPS, en que el Dr. Falb es un filántrot'O,
tlma.r en lo que vale. No le hemos dado gran crédito á menos quu sea todo lo contrario, por~ue bien pueA la nueva alarmante porque nos parecía. difícil que de ser un gran miAAntropo. Lo cierto es que nadie
un acon tecimiento de tanta monta, como es el ti.o conoce á. ese seflor Fa.lb; nunca se habfa habla.do tandel mundo se produjese sin que lo anunciasen pre- to de él hasta que anunció el fin del muodo. Bien
viamente Et Diario Ofl,,iat ó á lo menos la Agencia puede ser que al verse viejo y con la muerte encima,
ll•vas. Es Imposible que el fio del mundo nos baga quisiera que los demás slotleaen lo que él siente ante
tronar sin que el gobierno tenga aviso y sin que á su el to 1.ie or not to be. Es un consuelo para los ancianos
vez nos comualque la nueva por algún medio oficial, creer que después de su muerte vendrá el diluvio.
NI aun los más 11ustres se libran de este ettolsmo,
estando como estamos tan Interesados en el asunto.
Craemos, pues, que todas las noticias que circula- que ea iostlntlvo. Hay uo&amp; graciosa anécdota de la
ban no tenían un apoyo serio, aunque por otta par. época del sitio. Vfctor Hugo, el gran poeta algo olte todo ea posible; bien podla ,acabar el mundo á lo vidado ya y á quien hace de actualidad en eatos
meJor é inopinadamente; tantas cosas se han visto y momentos la publlcaclóo de su libro cCosas vistas.&gt;
una noche en que tenía. invitados, les dió cueata con
tantas veces se ha venido el mundo abajo!
81· Bm·ú11 ele ilfonrhP.m·,

El fin del mundo en Francia

S1·. Celedonio C. Ortiz,
Vlee-Gobernador de Sonora, en ejercicio del Poder EJceuttvo.

su solemTJldad babltual, de un medit&gt; que se le había.
ocurrido para que te!'mlnara el sitio de París.
-Es muy sencillo, lt-s dij o. Maflana., solo, sin armas, yo, Víctor Hugo, me dirigiré á las tnaR euf&gt;migas .... Me expondré al fu(\ilawienlo. Caeré, berido
d~ muerte .... y el Bit.o habrá. termlaadol
-Para vd. ! . ... le dijo tímidamente uno el~ los
oyentes. Vfctor Rugo encontró la observación irrespetuosa. y tal vez lo era; pero no por eso dejaba de
ser muy exacta..
El caso del Sr. Fdlb no es Idéntico, pero cada cual
cree lo que se le antoja y es muy posible que el fin
del mundo esté muy próximo para el abtróoumo vienés.
Por lo que hace á nosotro:i, parece que 1:,e nos prorroga el plazo. Aprovecbémosto, sin abusar y aun
procuremos ¿por qué nó? ser más justos, más tolerantes, más fraternales. Respetemos la. opinión agena, moderemos nuestros ímpetus en las polémicas,
esforcéa_wnos por ser mej ores, má" razonables y si lo
conseguimos, ese será verda.d~rawente el ti.o del
mundo!. .....

LOS PRIMEROS FERROCARRILES
No sólo las clases ignorantes 1 sino personas de notoria ilustración, fa~osos l1teratos, ti&amp;blos estadistHS
y hombres de ciencia, aceptaron eo un principio á
regailadlentes la magna. invención de la locomotora,
y unos en serio, otros en broma.1 ya. abiertamente ó
de maaera embozada, se declararon rnemlgos de las
vías terreas, suponiendo que ne prosperarían.
El célebre autor de Los tn,:; Mosqueteros, Alejandro
Dumas, hizo muy escamado ~u primer viaje en ferrocarril (~e Bruselas á Gante), y según confeslón
propia, obltgado á. ello por no eucontrar otro medio
de locomoción. Verdad es que babfan ocurrido dúS
descarrilamientos en aquella vía.
cLos caminos de hierro de S. M. Leopoldo I (die )
hacían de las suyas .... Como el establecimiento de
las locomotoras de vapor acabó con tas postas, noi
vimos obligados, á. pesa r de aquellos dos accidentts,
á tomar el ca.mico de hierro de Gunte, á. riesgo de
caer de cabeza en el tercero .... Los ferrocarriles se•
rán una maravillosa lovención para los comtslonlst1s
y las maletas, pero de seguro son la ruina de lo pintoresco y de la poesl&amp;.&gt;
El famoso doo Modesto La!uente (Fray Genmdio),
en su amenfslma obra 7'eatro social o.et siglo XIX, puso al frente de uno de sus sabrosos artículos las siguientes líneas: cPercanclllos acaecidos en los ca:nlnos de blerro en todo el pasado Julio del presente
ano (1846).&gt;
A continuación enumera los desastres !erro1larlos
de París, Bruselas, Valenciennes, Orleans, Ipswicll,
etc., etc., y 1efiere estos percances (dice) coada. má.11
para que sirvan de a.visillos saludables .... &gt; Y term!na así: «Esto no obsta para que ...sea. uaa dc:licia viajar por caminos de hierro, y más en Espana, donde
somos tan cuidadosos y precavidos.»
A dos célebres personajes franceses, Thlers y A1·ag:-1 no les entró por el Ojo derecho la nueva invención. El primero decfa en 1835: cCoovengo en que
los caminos de hierro otrec~n algunas ventujas para
el traasporte de viajeros, pe ro lhnitando el servicio
á pequeüas Haeas (sic), y eso en poblaciones de gran

�EL MUNDO.

346

A. SANTIAGO TLANGUISTENGO.
De g-ran provecho ha sido para los alumnos del Colegio Militar la expedición de este año, pues en ella
hicieron grandes aplicaciones prácticas de sus conocimientos en el arte de la guerra.
El lunes 27 del Noviembre tuvo el ~fecto el simulacro en las inmediaciones de Santiago. En el tomaron parte con los alumnos algunas tropas que los auxiliaron en sus operaciones de práctica.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,

347

EL MUNDO.

.,.
....

importancia, como P,uís&gt; (?) El mismo Mr. Thier&amp;
declaró en 1842, que los ferrocarriles csólo podrían
ser u tlliza.dos .. . . por las clases ricas,&gt; y no se olvidó
dd mencionar espantosas catástrofes.
Mr. Arago, á pesar de su sabiduría, hizo fiasco en
clase de profeta. Allá por el aiio de 1838 escribía
cPongáw0nos t&gt;n guardia contra las fantasías en materia de locomotoras de vapor; desconfiemos de la
imaginación, la loca de la casa, (como la llama Malebranchl·), y riámonos á todo trapo de los que creen
que los ociosos ricos podrán á primera hora de la mañana marcharse á Tolón para ver aparejar la escuadra, almorzarán en Marsella, visitarán los establecimientos termales de los Pirineos, comerán en Burdeos y antes de que expiren las veinticuatro horas
pod1 án regresar á París ;&gt;ara asistir al baile de la
ópera .... Rebajen, ret&gt;ajen de eso las nueve décimas, para el caso de que se lo lleve todo la trampa al
primer trayecto.&gt;
Algunos periódicos de la época, espallo'.es y extran,
jeros, se declararon abiertamente hostiles y refracta.
ríos al nuevo sistema do locomoción. Decían entre
otras cosas: cNo hay para qué ocuparse de esos visionarios que pretenden cubrir el país de ferrocarriles y
reemplazar las diligencias y postas por ese nuevo medio de transporte. ¿Hay algo más 1idículo, más absurdo que sostener que una locomotora nos llevará con
dob te velo::idad que una diligencia?&gt;
En la misma Io¡;laterra, cuna de las primeras locomotoras, el entonado y doctoral Times, se expresaba
en estos términos, algunos meses antes de inaug urar
se la línea férrea para viajeros ent re Stockton y Darlington (27 de Septiembre de 1825):
·
e Es evidente que la mayor parte de los proyectos
relativos á la creación de compailías que se proponen explotar esas nuevas vías de comunicación que se
llaman caminos de hierro, han sido ideados por gentes que desconocen por completo Jo que es un fei:rocarrll. Nada menos pretenden que alcanzar por medio de locomotoras una velocidad de 16, 24 . ... y aun
32 klómetros por hora, y sabido es que la mayor velocidad que &amp;e ha logrado hasta ahora. en las vías mineras es de 9 kilómetros.
e La perfección á que aspiran en la época futura es,
pues, más que problemática. Además, las locomoto.
ras act'lales tienen un peso enorme: las qne hacen
servicio e'l la mina de Killingworth, pesan ocho to neladas, y un peso tal lanzado á la velocidad de que
se habla destrozaría los carriles y la máquina y los
coches descarrilarían .... ¿y qué esfuerzos no serían
precisos para volverá ponerlos en su lugar?&gt;
L1 impresión del Times queda sobradamente disculpada si se recuerda que los primeros ensayos ferroviarios (como todo lo que empieza) estaban erizados de dlfümltades, y había que luchar con infinidad
de inconvenientes que poco á poco han ido desapa,
reciendo.
Se inventaron los mis absurdas sistemas .... Creyendo que las ruedas resbalarían por falta de cohesión sobre la superficie del ~arril, propásose que éste
y aquellas estuviesen provistos de asperezas 6 ranuras transversales; otros in ventores, creyeron resol ver
el problema fabricando ruedas dentadas que encajasen en ios rails, es decir, un ferrocarril de cremayera
para :erren os llanos ..... .
Bien justificado está que la primera locomotora
útil, construida por Stephenson, y que andaba sus
trein t a kllómetros por hora, la locomotora Rock.et
(cohete) se conserve como una reliquia en el Museo de
Kensington!

La eXI1ellición de los alumnos del Colegio Militar

Domingo 10 de Diciembre de 1891!

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BOUGUEE.EAU.-La Vfrgen de los Angeles.

La fortificación se construyó bajo la dirección del Teniente Alfredo Gutiérrez, con el concurso de 1011
principales alumnos que habían cursado la clase de fortificación pasajera. Aquella se hallaba en una elevada colina, cruzada por dos caminos difíciles.
Antes del simulacro, el General
Vlllegas dispuso que los alumnos
de artillería hiciesen con los caiiones :ie batal;a, Bange, y con los de
montaiia, Mondragón, el tiro directo é indi~ecto, á una distancia de
4,000 metros, observándose con gusto el resultado dado por los caiiones
mexicanos del Coronel Mondragón.
Estos ejercicios comenzaron á las
nueve y media y terminaron á las
once, teniendo los alumnos la di• rección
dP.l Capitán Rafael Eguia
Lis.
Los tiros más notables que se hicieron fueron los
primeros de tiro directo, con caiiones de batalla.

** *

El simulacro comenzó á las once y veinte minutos·.
El Colegio comenzó á moverse, destacando su línea
de exploradores, seguida de la cadena de tiradores,
sostén y reserva, llevando dos piezas de artillería. Salieron los alumnos de la Hacienda de Ateneo.
La columna de Zapadores había tomado el pueblo
de Almoloya, de donde salió dividiéndose en dos columnas, sostenidas éstas por fuerzas de caballería.

Santiago y Calpulhuac habían sido tomados por
otras fuerzas de caballería las cuales se msvieron para dirigirse al punto objetivo.
Generalizado el ataque, hubo un momento en que
los alumnos ganaron con rapidez la altura-de la colina, en combinación con los Zapadores, hacién.:ose un
fuego nutridísimo.
Este asalto dló por resultado la ocupación de la
fortificación, la cual estaba protegida p,ir dos piezas
de montaiia.
Tomada la posición, las bandas tocaron diana.
La multitud que seguía con interés to:las las peripecias del asalto, prorrumpió en nutridos aplausos Y
en vivas al señor Presidente de la Eepública y al seffor General Villegas.

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La construcción de los puentes fué muy notable.
el de balsas, lo dirigió el cabo de alumnos, Gustavo
Acosta, ejecutando la obra en ocho horas. Este puen•
te se colocó sobre el río de Almoloya.
El Teniente de Ingenieros, Rodrigo García, se hizo acreedor á felicitaciones, por el puente colgante
que dirigió, el primero de este género que han tenido tropas mexicanas.
Se aprovechó una barranca de quince á diez y sie:
te metros de profundidad, y de poco menos de 3o
metros de anchura.
Pasaron sobre él todas las tropas y los alumnos, Y
al llegar una de las piezas de batalla Bange_ al ceo·
tro del puente, se corrió uno de los cables y aqu~l
pareció ceder en resistencia, pero no fué así en realidad, pues el pesado caffón siguió hasta salir sin no•
vedad.

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�Domingo 10 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

348

Domingo 10 de Diciembre de 1699

349

EL MUNDO.

El Señor 'Ministro de Bélgica.
El Selior Barón de Moncheur nació en Bru •
selas. Es miembro de una antigua familia
originaria de la parte francesa de Flande&amp;.
Empezó su carrera diplomá.ticacomoag regado á la Legación de Bélgica en La Haya,
el afio de 1883.
Pasó luego á la Legación de Madrid en
calidad de secr~tario y con el mismo rango
diplomático estuvo después en Viena, B~rlín y Lisboa.
El año de 1892 se le nombró consejero de
la Legación de Bélgica en Roma. Después de
haber desempeliado las funciones de en?a.rgado de Negocios en Luxemburgo rec1b1ó
en 1897 el nombramiento de Ministro resl•
dente en México y hace algunas semanas le
llegaron las cartas que lo acreditan como
Ministro Plenipotenciario en nuestro país en
donde se ha hecho acreedor al respeto y á las
simpat,ias del público por el acierto con q_ue
desempelia sus funciones así como.Por la rn•
teligente atención con que estudia los problemas económicos que más nos interesan Y á
los cuales ha consagrado un folleto notable.

EL V ICE-GOBERN ADOR DE SONOR A·
Publicamos en otro lugar el retrato del Sr. Don CeJedonio C. Ortiz, vice-Gobernador del Estado de Sonora, encargado por ministerio de ~a ley del ejercicio
del Poder Ejecutivo de aquella entidad.
También publicamos un grabado que representa el
acto de la inauguración de las tranvías de Hermo•
sillo.

(.,lub de Ciclistas de la Isla d el Oa1·men.

OAXAOA. -Manifestación en honor del S1·. Geieral Dlaz -F1rente al Teatro Ju&lt;lrez.

y fidelidad, reprob~das por el hombre libre, y el primer acto de deferencia llevará en sí el germen de la.
hipocresía. La soberanía absoluta rige par la sujeción de los súbditos al código de su hipocresía y el
parlamentarismo, apoyándose en el sufragio unlver.
sal, finge la soberanía popular con· el espejismo del
vot'l electoral. La hipocresía es inherente á la fa •.
milia des~e la primera manifestación con tendencia.
á la futura asociación conyugal. Los novios se ocul.
tan sus defectos, y sometida ya á las imposiciones.
del Código, pone la esposa en juego toda su educación atávica para obtener por la astucia del marido cuanto en virtud de su autoridad legal y de su
carácter dominante pudiera rechazar, explicándose
así la inferivridad social de la mujer. El nlilo, con
su voluntad naciente, tiende á emanciparse de los.
padres, y colegial, cohibido por la prohibición de satisfacer los arranques espontáneos de su imaginación, devora á hurtadillas las lecturas que se le niegan. Más tarde, en Job cuarteles, en las oficinas, en
las redacciones, aparece la hipocresía Mmo mal necesario, y contrapesa les impulsos de los que se esfuerzan en esparcir la verdad, á costa de aparecer
como peligrosos pan la seguridad social. La madre,
que con una selia hace salir á su bija del salón donde va á referirse el escándalo del dia, se considera
idónea para saborear las más perversas conversaciones. El entusiasmo de una educación bipócritamente·
teñida de idealismo, nos hace á los veinte años romper lanzas contra estas bajezas, pero la gente sen•
sata de mayor edad, reprueba esa co!!ducta, y cuando,
llegamos á los cuarenta cesa nuestro franco quijotismo, y desarmados, callamos, porque á la par que ne•.
cesario, consideramos ese mal como incurable.

Mandó edificarlo el Conde de la Valenciana en el
último tercio del siglo pasado.
La parte arquitectónica del edificio es una verdadera obra de arte.
Los mineros del lugar tienen por este templo una
veneración grandísima.
Cuando se trató de demolerlo, porque se creía que
aliriéndose allí una entrada ó boca, aumentaría el
p1oducto de la mina, los barreteros s~ opusieron
tenazmente.

UN DlSCARRILA M llNTO
DEL

Ferrocarril dB sonora.
Una persona de Her·
mosillo nos en vía fotograrías referentes al último descarrilamiento
del Ferrocarril de Sono•
ra, ocurrido al llegar e.
tren de pasajeros á la estación de la capital del
Estado, el día 13 de Noviembre último.
El descarrilamiento
causó la muerte de un
pasajero y otras desgracias personales que llenaron de alarma á la so
ciedad de Hermos11io.

en la Sorbona, el país se conmovió, y la Cámara de que lo refin'ldO se con¡¡ervase entre los que quisieran
diputados emitió su opinión. Maillet, que emplea en culti vario, pero que se diese á la inmensa mayoría
su trabajo la nota humorística, deduce de todo lo pu- tan sólo lo conveniente y adecuado al fin del aprenblicado la absoluta incapacidad de los universitarios dizaje. La disputa enardeció á los contendientes, pe•
para rerormar la Universidad, porque casi todos ellos
caen en puerllidades y sutilezas dignas de la ironía
de Rabelals, y siguiendo cada cual su especialidad,
rooomlendan corno medios soberanos ó rechazan como Inútil el estudio de la filosofía, la retórica, la
qufmlca, las matemáticas ó el que se les ocurre. En•
tiende el autor que la discusión act11al puede compararse á la que Robre la equitación se entabló hace
treinta ai'íos, siendo entre ambas las relaciones muy
estrechas y enseñanzas semejantes.
Hubo un tiempo en que la equitación fué algo muy
sabio y complicado, y en que un buen ginete obtenía
más consideración que la que se otorgaba al que poseía un titulo académico. E '. prestigio de la equitación, caldo con la nobleza, conservó la tradición legada por los grandes maestros, y halló asilo en la Escuela de Ca.ballería de Saumur. El arte de montarse
afinó, los caballos aprendieron á saludar, á bailar, y,
graciosos y amanerados como señoras de la antigua
corte, recibieron en los carrausel.s los aplausos que
desde las tribunas les mandaban los iniciados en
aquel arte sublime. Los detractores del sistma declan que la Escuela de Saumur tenía por verdadero
objeto educar caballos manejables, dóciles, capaces
S a n Juan Bautist&lt;t Tabasco.-Manifestación
para &amp;alvar obstáculos y te.-renos difíciles, inaccesi•
en honol' d el 81·. General, Dlaz.
b1~•a1 miedo, fuertes y ardorosos, propios para las
rudas necesidades de la guerra. La equitación prác- ro al cabo las exageraciones se calmaron, y p':&gt;co á
tica se ponía enh'ente de la equitación sabia. Los poco se impusieron los métodos razonables que hoy,
ginetes sabios, como ahora los uní versitarios, veían con aplauso de todos, predominan.
Otros ejercicios han sufrido igual transformación.
mezquindad en los otros, desdeliaban un trabajo pu•
ramente útil, y hablaban de un pasado glorioso in• Media docena de sesiones bastan para iniciar en el
herente á la raza francesa. Los prácticos pretendían baile, del que hicieron nuestros abuelos casi una filo-

¿UTILIDAD O MODA?
I n augU1°aci6n de las t1·anv-ias en H e1·mosillo, Sono1·a

Fot. Monteverde.

TEM PLO DE LA VALENCIANA

LA HIPOCRESIA SOCIAL.

Es notable el templo de la Valenciana, de Guanajuat.:i, por las grandes riquezas que encierra. El tabernáculo del altar es d~ plata extra.ida de la mina,
así como los antiguos· candelabros que se conservan
todavía.

Alcanter de Brahm hace en La Oritiq¡,w rápidas é
incisivas consideraciones acerca de la hl pocresía social. Admitido el estado de guerra como natural entre los hombres, todo vencedor someterá al vencido
por medio de convenciones de obediencia, respeto

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LOS NUEVOS FINES DE LA E DUCACION
Este problema de la educación preocupa mucho los
ánimos. Arturo Maillet lo trata también en L a F rance de Demain, después de haber examinado los t rabajos á que ha dado lugar la investigación comenzada
hace tres alios por La France E xterieure, al pedir su
parecerá cuantos tuvieran algo que decir sobre tan
interesante materia. D1éronse muchas conferencias.

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Guaiwjuato. - 1'emplo de la l'alencicuw.
D esca1·rilamiento d e un tren de pasajeros en la Estación ele 1Ie1·mosillo, Sonom.
Fot. Monteve"&lt;le,

La manif1'sf.ací&lt;in en la Alameda
de la Libe1·tad .

so fía; la es¡Jada ha dest ruido al florete; y si se necesitaban seis años para manejar el florete bastan seis
semanas para presentar un tirador de espada aceptable. La educación general no debe escapará esta ley,
y rompiendo los moldtis en que se e!icerraba hace
un siglos debe lanzarse baci11, el porvenir, sin que
al adoptar los métodos que dan á Inglaterra una juventud vigorosa y emprendedora, se disminuya en
nada el carácter nacional, ni se haga más que ajustarse á las necesidades del día.

EL PELIGRO FRANCES
Y LA EXPOSICION UNIVE RSAL.

A la cabeza de la Rivista Politica e Letteraria, aparece, sin firma, un artículo rotulado «El peligro francés,&gt; en el que se revela espíritu hostil á la Exposición Universal que el ai'io próximo !::a de celebrarse
en Francia.
Según el anónimo escritor, y dado el lugar del trabaJo, la redacción de la Revista, la realidad de una
Francia desinteresada, generosa, guerreando en 61
mundo, convertida en paladín de la justicia, de la
libertad y de la frat ernidad, si ha podido existir alguna vez en el transcurso de los siglos como ideal de
algunos pocos individuos superiores que encarnaban
un principio humano, cual recientemente ha sucedido con ocasión del proceso Dreyfus, no ba sido
atendiendo á la masa de la namón, más que una fal~
sa, peligrosa y nociva leyenda, lo mismo para Francia en si miRma, que para el mundo entero. No son
el desinterés y la generosidad virtudes obligatorias
para los pueblos; mas nadie, como Francia, ha vrganizado sistemáticamente el egoísmo propio coa perjuicio ele los demás.

�Domtngo 10 de Diciembre de 1899,

3GO
Algo de esto sabe Italia, porque desde los tiemposde Pepino y Cario Magno, y desde la fundación del
poder temporal, objeto constante de la vida política
francesa, y pasando por Carlos VIII, Luis XII, Francl ..co I, Luis XIV, la Revo~ución, Napoleón I, los
Borbones, los Orleans, Thiers, Gambeta ó Mac-Mahón, y cuantos presidentes y ministros se han sucedido en el último decenio, sea cualquiera su nombre
y origen, sólc ha vis1,o una guerra declarada ó sorda,
func!ada en la conquista ó el predominio, y empresas en que Francia exigía usurario interés. Citase
con frec:iencia el egoísmo de la política inglesa; pero
Italia, en su renacimiento nacional, sólo debe á Inglaterra simpatías y amlstai, tal vez por la_ prvpia
conveniencia, perú leales y sinceras.
Carácter del pueblo francés es el de asociar la idea
de patria á un irreductible sentimiento de superioridad, bárbara vanidad nacional, que le hace intervenir á título de tutela con las armas ó con la diplomacia en los asuntos de otros pueblos, no exentos de
responsabilidad en el hecho por la perpetua adulación que con cualquier motivo prodigan á Francia,
cantando su generosidad y desinterés á compás que
acrecía en ella la tendencia egoista y exclusiva. No
es extrail.o que el humo del incienso provoque una
aspiración permanente á la dictadura intelectual.
En los últimos ail.os ha pasado la nación francesa
por terribles crisis internas. A partir de 1870, se la
ha visto recorrer una senda de errores, pero dete•
niéndose siempre al borde del abismo en que parecía
próxima á precipitarse. Ha sabido sortear la guerra
civil, ora le incitasen á ella los anarquistas_ó los imperialistas de Boulanger, y con exquisita. prudencia
ha evitado los conflictos de Terranova y Fachoda. En
el proces0 Dreyfus la energía de algunos hombres superiores se ha impuesto, evitando el espectáculo medioeval de una proscripción judía.
Hoy la Exposición abre á Francia un periodo de
paz y de fiesta, que la lucha antisemita ha podido
truncar, como la cuestión politic:i. la Exposición de
18i8. El éxito grande, inesperado é imprevisto de
esta última, fué parte á una política internacional
invasora, turbulenta, ofensiva, acrecida por el de
1889. Fuera prudente en la actualidad, por parte de
los Eitados europeos y cou respecto á la Exposición,
una reserva que llevaría á Francia un equilibrio mental y la consiguiente tranquilidad internacional. El
festejo universal que se prepara s6lo puede servir para aumentar un ansia de aventuras en que se confundan semitas y antisemitas, adversarios y defensores
de la República. El peligro francés es ahora para el
mundo más inminente y más grave qut:l nur.ca.

· LA MAQU INAR IA TEATRAL
El Ca.ba.llo de Troya en la. Opera. de Paris
El teatro de la Opera de París acaba de montar
una obra de Berlioz, cuya primera parte, bajo el
nombre de Los Troyanos, se re?resentó hace poco en
la Opera Cómica. La otra parte, que se está representando en la Opera, se llama La toma de Traya.

EL MUNDO.

Domingo 10 de Diciembre de 1899

EL MUNDO.

Damas

gramos. Las narices, los ojos y la frente están escuJ
pidos y lo demás está hecho de tablas ensamblad~
como las de un pavimento.
Como el Teatro de la Opera no presenta diariamente la misma pieza y un accesorio de este calibre e,itorba dem&lt;tSlado, era preciso que se pudiera desarmar al
caballo; y para ello se ha dispuesto cables que corren
dent ro de anillos ad hoc y subea y bajan las diversas
partes del c.i.ballo. Por lo que hace al armazón, en
mf\nos de una hora se desarma.
Sin embargo, cuando las obras representadas en la
semana no exigen muchos trabajos escénicos, el caba.
llo queda intacto, pero hay que ponerlo á un lado
para lo cual se le levanta á una altura de cincuen~
centímetros y mientras algunos maquinistas retiran de allí el pl.rno inclinado en que descansa otros
le dan una desviación de noventa grados y á ~na señal se le deja caer sobre otra vía de rieles perpendicular á la primera y por donde se lo llevan al fondo
de la e.;cena. Es de ver esta maniobrll angustiosa para los qne la presencian; á cada momento se cree que

351

Mexicanas.

Simulacro del transporte del caballo pvr los troyanos.
La gran particip1ción que to'Ili el célebre caballo
le da á la. obra un carácter cómico que no ca-:-ece de
encante.
í"' Lo probable es que Homero, Virgilio y lo&amp; otros
autores que sobre el caso escribieron, seguían más ó
menos literalmente lo que la tradición decía sobre un
suceso militar que. hizo mucho ruido en el antiguo
continente; pero bien vista la cosa, no es de creerse
que los griegos fueran tan niños para encerrar á sus
guerreros más reputados en un armatoste de palo,
n_l que los troyanos cometieran la torpeza de permitir que entrara al recinto de la ciudad un cuartel
tr~nsportable sin advertir que venía poblado de enemigos. Por otra parte, aun cuando hubiesen llegado
á ese extremo de candor, dados los medios de trans•
porte de las grandes masas con que contaban entonces los hombres, mucho tiempo se habría necesitado
para conducir el caballo al Jugar de su destino.
Pero los_poetas y los músicos no se paran ante esas
tnenudencrns y para seguirlos á donde los lleva su
capricho, se han visto precisados los
hombres prácticos de fines del siglo
XIX á construir el Caballo de Troya.
Y ahí tenéis á M. Vallenot1 el hábil
maquinista del Teatro de la Opera
encargado de la tarea que ha llevado
á buen remate como podrá verlo todo
el que pase la vista por lo'&gt; grabados
de esta página.

va á caer sobre los maquinistas la enorme masa suspendida de dos cables.

*
* *
El caballo no es habitable, pues el libreto no exige
la entrada y salida de los guerreros griegos delante
del público; pero tiene que atravesar la escena en toda su longitud, saliendo de los bastidores á la izquierda del espectador para entrar por la brecha del muro
de la ciudad en el Jado opuesto.
"Esto da lugar á una interesante procesión formada
de troyanos que arrastran el caballo.
Como por grande que sea el escenario no se produciría la ilusión de un largo trayecto, han ideado los
maquinistas el siguiente engafio: las cuerdas de que
tiran los troyanos se atan al caballo, el cual se supone muy lejos (en realidad esté muy cerca, detrás de
las bambalinas);,pero las cuerdas estan enrrolladas

* **
Los documentos instructl vos no abundan: sólo uno que otro bajo-relieve, y:i.
gastado por el ~iempo, recuerda lo que
fué ó lo que imaginaron en la antigüedad que fué el caballo de Troya.
En los comentarios de La lliada y
de la Eneida se dice entre otras cosas
que las piernas estaban hechas con cuatro troncos de encina joven y que el
cuerpo y la cabeza eran de pino rojo.
Para seguir esta descripción, los barnices empleados imitan la coloración
de las maderas de que se habla en los
poemas citados; el conjunto resulta, y
podemos admitir que así era la máquina de guerra que construyeron los helenos para entretener sus ocios durante el sitio.

*

**
El caballo de la ópera tiene más de
¿¡ metros de alt ura y descansa sobre
una plataforma de 3 metros de largo
por 2 ó 3 de ancho; pesa 4,200 kilógramos.
Las piernas forman la base de una
gran armasón sobre la cual se adaptan
·el vient-re, la grupa, los lomos, las cost illas y la cabeza del animal; sólo éstl\
tiene 3} metros y pesa más de eoo klló-

El caballo.
en varios tambores instalados dentro del armazón Y
provistos de frenos á fin de que aquellas queden ti·
rantes como si en efecto los troyanos arrastrasen un
peso enorme.
En realidad, el caballo se mueve por la acción de
las máquinas que lo a.rrast:an sobre una vía herrada en plano inclinado para figurar el talud q ue con·
duce á los muros de la ciudad.
El efecto que produce esa masa al atravesar la
escena es imponente y ate~tigua un éxito más de la
mecánica teatral.

S1·ita Elena Labat de México.
Fot. de tange.

EL HIJO DE LA TRISTEZA.
( DIE HERDER).

A la orilla de un arroyuelo, que se deslizaba
IDurmuraodo entre guijas de colores, estaba sent ada la Tristeza, mustia y silenciosa como siem•
pre...... Entregada por completo A sus melancólicos pensamientos, tomó distraidamente entre
A lll dedos un poco de barro y se puso A modelar
la figura de un nilio.
Pasó J úpiter por allí, y admirado de ver el trabajo a. que la Tristeza se dedicaba, Je pregun~ó:
-¿Que es lo que haces, oh diosa pensativa?
-Ya lo ves . ... esto es eólo una tosca imita-cióo de la r ealidad-contestó.-Pero tú, padre
de los dioses, podrías si quisieras darle alma y
vid11.
-,Que viva, pues, y me pertenezca!- exclamó
Jti.piter.
-¡Oh, no .... , no me prives de él ¡es tan lindo!
-dijo la diosa estrechando contra su seno A la
tierna criatura q ue le sonreía.
Entonces d ijo la Tierra:
-Este nilio me pertenece, es mío, puesto que
ha salido de mi seno.
-¡Esperad!-replicóJúpiter.-Aquí viene quien
ha de fal111r el pleito en favor de alguno de nosotros; resignémonos á acatar su decisión.
. Era Saturno el que llegaba., el cual, con la sab~~uria que le da la experiencia dd los siglos,
d]JO:

.

- Que ese nilio os pertenezca á los tres; eóa es
la voluntad del Destino. Tú, Júpiter, que le has
dad~ el alma, le poseerás después de muerto. A
ti, Tierra, te corresponde el cuerpo; no tienea
derecho á más .... Pero tú, Tristeza, su madre,
le poseerás mientras viva, nunca te abandonara.
Y 8118 sufrimientos se prolongarán hasta el sepulcro.

ZARZUELAS MEXICANA_S -Personaj es de «La Cuarta Plana,,
Fot de Lange,

�•
EL MUNDO.

352

Domingo I O de Diciembre de 18 911.

Domingo 10 de Diciembre de 1899.

roe eo el Circo, ignora lo que ea el esplendor del
IDAB espléndido de los dioses olímpicos.
Al dar vuelta al límite del fondo, allí sobr e
todo, se eleva_ el alma al verlos, en medio de
ese esfuerzo siete veces renovado á cada carrera y con peligro cada vez mayor, á medida que
lo; caballos van juntos más arrebatados y con
mayor fatiga, ebrios de su propia fuga y de los
golpes que los fllst'gan, y de los clamores del
Circo entero exaltado con las maravillas del voltear. ¡Nada más admirable entonces que el cochero inclinado sobre el caballo de mano y reteniéndolo mientras que azuza á los otros tres para que el cárro sólo r oce el poste y no detenga á
la rueda! ¿Hay algo más trágico, más adecuado
para sobresaltar el corazón que el choque-sucede A veces - de una ruc:da contra el poste, que
el carro despedazado en el momento, y que el

353

EL MUNDO.
cochero que cae entre las patas de los caballos,
en momentos en que otro carro se precipita Su·
bre esos obstáculos imprevistos, y que un tercer o y un cuarto vienen á estrellarse, formando
así en un minuto, los caballos, los carros, las
r iendas, los ammales y los hombres una. mezcla
horrorosa y magnífica, convulsa, intrincada, mul.icolora y multiforme que se muere en medio de
una nube de polvo de oro, sobre el amarillo tapiz
de la arena que purpuran manchas de sangre y
que semeja la piel de un león constelada de anchos carbunclos? ¿Hay algo que embriague m(ls
que el delirio del momento augusto en que la victo"ia se decide, cuan jo la multitud enterd. puesta de pie, jlesticula, vocifera, au'la y desencadena huracanes de cólera y de entusiasmo?
¡Vengan, pues, si deben venir, los días anua·
ciados por las aves de siniestro augurio! ¡C,mti-

núen las nuevas sectas royendo en su base el culto de nuestros antiguos diosesl ¡Acaben los bárbaros de devorar nuestras fronteras! ¡Encamínense á su fin los destinos de la Cindad de las
Siete Colinas! ¡Qué importa! ¡Dejemos que digan
y que hagan, y vivamos! No será la generación
de hoy la que vea esas cosas fúnebres. Y, entre
tanto sucede eso, Roma sigue siendo Roma, la
única Roma, la prestigiada y prodigiosa Roma,
la Roma en donde se levantan mil doscientas estatuas de cocheros, la Roma en donde los emperadores guiaron carros, la Roma ev donde un
caballo estuvo á t'unto de srr Cónsul, la Roma,
en fin, donde cuando se dan carreras en el Gran
Circo, trescientos ochenta y cinco mil espectadores son los pétalos vivos de esta colosal rosa de
mármol.
,JEAN RICHEPIN.

EL RETRATO SOBRE LA PARED DESNUDA.
JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. J ) ..-i $ $ JI. JI.

En aauel 11,posento donde me alojé en los primeros días de ese invierno tan crudo, habh quedado un retrato de mujer, sin cuadro, clavado en
Ja p,1r ed de la pieza que iba á ser mi cuarto de
tra bdjo. Lo miré apenas, en tanto que los _criados ponían mis mueoles en su lugar, Rostro borrado, vago, una pintura mediocre, El anterior

OUENTOS DE Lf\ DEOf\DE,NOlf\ ROMf\Nf\
•

L A S

C ARRERAS

Df'jemos que grulian los estoicos de cráneo cal
vo, barbudos, bebedores de agua avinagrada!
DPjemos que digan que la corrupción de las
costumbres públicas y privadas ha hecho de Roma la cloaca máxim11 del mundo! Dejemos también q11e declamen los que se jactan de viejos
quirites, sin tener de viejos quilites más que las
ct&gt;jas enmarañadas y las piernas en arco! Drjémosles que catonicen contra las i:uevas sectas
que van royendo en la base el culto de los antiguos dioses protectores de nuestra gloria, y que
escipionicen contra los bárbaros que, poco á poco, van devora1,do las fronteras dd imp~rio! Dd·
jemos que todos esos pájaros de siniestro augu rio graznen, que lús destinos de la Ciudad de !as
Siete Colinas se acercan á su término. Dejémos
los y vimamos, porque los or áculos sibilinos llOS
aseguran la eternidad, porque los bárbaros están
lejos, porque las costumbres son lo que siempre
fueron, por que todavía nos aman los dioses, por que el imperiú á pesHr de tod(I está en pie, porque,
finalmente, Roma no dejará de ser Roma mientras subsista el Gran Circo construido por Julio
César, reconstruido por Nerón, hermoseado por
Tito, restaurado por Domiciano, concluido por
Trajano, y en donde las carreras se dan hoy ante trescientos ochenta y cinco mil espectadores .
¡Por Epona. diosa de los caballos! ¿No basta
para nuestra gloria este arte de las carreras con
q •1e se entusiasma el pueblo todo, desde las clases más altas hasta los últimos infelices de la más
humilde plebécula; _este arte maravilloso entre
cuyos adeptos se cuentan no sólo aficionados sino hasta los especialistas y los emperadores,
este arte que prt firieron á todos los d11más un
Calígula, un Nerón, un Vitellio, un Lucio Ve
ro, un Cómmc.do, un Caracalla, un Domiciano,
un Heliogábalo? ¿Se ha olvidado qué prestigio
Je dan hechos históricos c0mo éstos, por ejemplo:
Vitellio que en su juventud se dedicó á curar en
las caballerizas de los azules; Calígula que rega1 ~ dos millones de sostercios al cochero Eutycbio
que era del partido de los verdes; el mismo Calígula que quiso nombrar cónsul á ~u caballo Iocitato? ¿En suma, no tendría yo raz&lt;', n par?l. de•
cir quti quien niega la grandP1.a de las carreras
es porque está enteramente ciego, toda vez que

el Gran Circo es por sí solo grande crmo una
ciudad y toda vez que Roma posee unas doscien•
tas estatuas que representan cocheros de circo?
¡Oh, grandeza de las carreras! ¡Y sus delicias,
y su embriaguez, y los esplendores de semejante
espectáculo, y los encantos sin número que en
ellas encontramos! .... ¿quién pudiera pintaros
A no tener, á la vez, el soplo épico del viejo
Eonio, la gracia descriptiv,-1. de Virgilio Marón,
la. abundar.ciR de Ovidio Nasón, la precisión de
Manilio, el ingenio de MarciaP Y no obstante,
¡oh suaves y feroces placeres! ¿quién puede ha b !•
ros gustado sin desear pintaros?
En cuanto se llega al Circo, en sus alrededores, bajo el vestíbulo de arcos, ya so está en
medio de la fiesta. y del goce, con la multitud
que pulula tumultuosa, y se empuja frente á las
popinae que humean con las frituras, á los mostradores de quienes venden vino, á ~os acróbatas
que lucen su faerza y su destreza, A l0s astrólogos y á los brujos vendedores de pronós1icos, á
las danzadoras gaditanas que mueven la cadera
y el vientre al martilleo d.e los crótalos y al re sonar de los tamboriles. ¡Ah, cuánto mienten los
que afirman que ahora hay desprecio para los
antiguos dioses! No tienen sino venir aquí para
ver con qué fervor se hacen sacrificios á Baco, á
Ceres, á Venus y al rojo niiio de L\mpsacol
Empero ya estamos en el Circo, al que huhimos de penetrar sin trabajo, no obstante la multitud de los q ue llegaban, gracias á tantos vomitorios sabiamente dispuestos ¡Qué inmenso hormiguero de cabezas el de esas gradas en t.,rma de
anfiteatro y cúyas últimas fil9s tocan al cielo!
Dada esa luz que tamiza el velario de color de
azafrán, dijérase una cesta de flores humanas
dispuestas en crátera; y de esta crátera salen risas, gritos, canciones, llamadas, en continuas explosiones que zumban y crepitan, que se hinchan
de súbito y estallan como una fanfarria cuando
lod cousulares ó la 1 Vestales, ó tal mimo célebre
ó cual cortesana a.'1mirablemente hermosa, entran, y sobre todo, cuando César se sienta en su
palco y con el esplendor fürmeimte de la pedrería finge que el Sol ha descendido sobre la tierra.
Y decir que todos esos ruidos se apaciguan:
primero un grutiido sordo semejante al lejano
estrépito del mar, luego un murmullo ligero, y al
fin un prdundo silencio en que únicamente se
oyen los latidos de tamos corazone3, en cuan-

to se ve a~a.recer en el balcón que domina la entrada principal al que preside las carrer as y que
arrojará en la arena el sudario blanco, solemne seilal de la salida! ¡O.il Entonces todos los
rostros se ponen graves, te.dos los cuerpos rígidos,
en inmóvil actitud de estatuaE; todas las miradas
se dirigen hacia las barreras tras de las cuales
piafan los caballL s impacienteb! Esa es la concordia entre los ciudadanos, la perfecta concordia
en que trescientas ochenta y cinco mil almas se
funden para ser una sola alma., la propia alma de
Roma.
Bruscamente alza el vuelo el sudario, r echinan los cerrojos, se abren las barreras, salen las
cuadriga&lt;1 por el espacio abierto y con ellas y á
la vez truena el clamor unAllime de todo el pue•
blo que saluda á los concurren tes, á esos héroes,
á esos dioi;es, A los sublimes cocheros.
Sólo los filósofos ó los pontífices, hábíles para .
pcnetr11r los arcanos de las cosas, podrían decir
qúé significan los colores de las facciones; por
qué, en el origen, nada más había blanco y rojo;
cuándo y por que misterio ée Bgregaron el verde y el azul; cómo. é inútilmente, intentó Domiciano ail.1tdir el púrpur1t y el oro, y qué ley del
Destino quiso que no quedann sino dos: el verde que representa la tierra y el azul con que se
figura el cielo. En cuanto á mí, sólo sé una cosa:
aue frenética é inquebrantablemente org ulloso,
porque en esto sigo á los emperadores Calígola,
Nerón, Lucio Vero, Cómmodo y Heliogábalo,
estoy por la facción verde; y si algún día Roma
debe pert:cer, sea cu1mdo dtfinitivamente triun•
fe la facción azul! Así entiendo mis funciones de
ciudad11no romano y la gloria. de Roma .
Pongamos punto á las disertaciones y continuemos describien-:o la carrera que, entre torbelli•
nos de polvo, va á toJo empuje, Ver des ó azules, los cocheros sublimes son lo más bello que
pueden contemplar los ojos de los mortales. De
pie sobre sus carros ligeros, pequeiios y de dos
rnedas vertiginosas, con las túoicas cor tas y sin
mangas, con loi gorros que cuelgan sobre la
frente y azotan las mejillas. con los crujientes
látigos y con los amplios cinturones en donde s~
enrollan las riendas y de donde cuelga el cuchillo destinado á cortarlas en caso de caida, los
cocheros son la imagen misma de Apolo, ó para
decirlo mejllr, son todas las encarnaciones -vivas
de él. Quien no vió correr á los sublimes coche·

locatario, pensé, olvidó este retrato y vendrá
por él dentro de un momento ó maiiana. Resolví
dejarlo alli y no tocarlo; tal vez sería precioso á
quien viniera á reclamarlo. Pero nadie lo reclamó. Como dos días más tarde me Bentara ante
mi mesa me molestó á la vista. Llamé: ya mi
criado se lo llevaría y lo refundiría en algún rincón, Esperando, lo contemplé con atención; Y
cuando al llegar el criado me preguntó: ¿Qué
desea el seiior? Nada., le respondí. Porque se me
figuraba que reconocía no aquel retrato sino la
mujer cuya imagen era.
Bi, la. r econocía, segura, indudablemente.
¿Quién era? No lo hubiera podido decir. Aquellos cabellos castailos sin brillo, aquella frente un tanto amarillenta, muy lisa, atravesada
por una sola arruga, aquellos ojos que tenían el
azul gris de los lagos poco profundos ¿dónde los
habia visto, vivos? no lo sabía. El verlos me causaba una melancolía que no carecía de dulzura, y
al mismo tiempo me pareció que flotaba en el aire un olor de fuego extinto, de ceniza, como si
el viento que se colaba por la chimen6a hubiera
esparcido en torno mío, spÍ&gt;re mi, antiguos recuerdos.
Oh! exclamé.
/
Bi, era Ja. semej,nza, evidentemente deb!da á
la casualidad, per}udicada además po~ un pmtor
torpe, de la tiern1i amiga, amante casi maJ¡.ernal,
de la tlulce cons?.ladora que con sus brazos siempre abiertos á mi llegada, siempre clemente en
mis faltas,fué ~l caro arrullo de mis primeras fatiaras y mis r,,rimeros arrepentimientos.

¿D:nde estaba? donde están los muertos. Aquel
olor á ceniza que había llenado el cu11rto era ta l
vez el perfume de su lejana tumba. A través de
mis lágrimas más vagamente veía el retrato.
Después tuve un temor: que se me quititse aquel
retrato. Pero pasaron muchos días sin que tuviera noticia del locatario anterior y acabé por per
suadirme que el. lienzo era mío. Le puse un cuad ro de madera negra, pero no lustroso, donde coloqué un ramito de esas flores que parec.i endo
muertas no se marchitan. EN el sosiµgo de mis
horas inquietas, tener allí, frente a mí, muy cerca, á la dulce y consoladora amig11.
Pero una vez que, obligado á un trab11jo nocturno, había encendido todas mis lámparas y las
bujías de cuatro candelabros para que hubiera
claridad bastante, no pude al lev1rntar los ojos hacia el retrato, retener un grito de sorpresa. No,
r.o, ya no se parecía. á la maternal amante de mi
adolescencia. ¿Qué engailo ó qué ilusión me hicieron reconocerla en él? Por borrado que estuviese, culpa del torpe pincel, se asemejaba, no
podía dudarlo, á la resplandeciente y maravillo•
sa criatura que en un añ.o de goce y de gloria
encantó mis ojos é inflamó mi espíritu. La iluminadora de mis viríles aiios triunf11ntes, extinta
¡oh! hace tanto tiempo, estaba allí, 11rdiente-mente · bella, como un astro vuelto á encender.
Y estaba seguro de ello, aunque viese mal el retrato en aquel deslumbramiento.
Durante algunas semanas, dormí durante el
día y trabajé por la noche. ¡Oh! si me dejaran ti
retrato. Le había hecho un cuadro de oro, radiante, donde ardí~ un ramillete, cada dfa. renovado, de lirios de oro y de sangrientas adormider as. Y cuando veía extinguirse mi genio lo reavivaba á la llama de la resplandeciente y maravillo0a criatura.
Pero una vez que, 11gobiado por el estéril es fuerzo de los desgarradores y penosos trabajos por la ideal obra
nunca acabada, me babia dormido con la cabeza sobre la mesa, tuve,
despertado por la luz del
alba, una extraña sorpresa -yiendo el retrato. Y
pensé que durante mucho
tiempo había estado loco. No, no, no tenia ninguna relación con la belleza de la espléndida
amante y de la lumino•
sa inspiradora! Aquella
vez vi, al pálido rubor de
la aurora, poco esquisita. es cierto, demasiada
humanizada tal vez por
mi pintor poco idealis•
ta, á la deliciosa criatura
que, siendo tan niila, y
tan casta se dignó amarme, siendo yo ca.si viejo, y que con su primave•

ra hizo el sol de mi otoilo. Ella también había
muerto ¡ab! como mueren tódas. Pero la volvía
á ver, en la ingenuidad de su juventud próxima,
semejante á todo lo que aerá flor, canto, rayo, y
no lo es aún. Estaba seguro de ello, aunque apenas me fuese visible al través de las lágrimas que
teda en las pestañas como un rocío matinal.
Durante varios ml'!ses, trabajé á las primeras
claridades de la maliana. ¡Qué desastre si el antiguo locatario me hubiera pedido el retrato! En
el cu~dro de madera pintada de blanco ponía, cada aurora, una pequeña margarita, una sola margarita, ó un lirio silvestre ó una eglantina apenas
sonrosa.da; y bajo el seráfico candor ae la deliciosa niila que se dignó amarme, siendo ya casi
viejo, mis poemas se llenaban de un aliento fresco
como la brisa, y de perfume de rosa que no ha
reventado aún.
Pero poco á poco me entró el desdén de las
obras antes realiza.das y el fastidio de J1;1s obras
futuras. Ya be.cía largo tiempo que estaba alojado er: el aposento donde el locatario anterior había dejado el retrato, Y cada día se parecí!l. menos aquel rt trato á la niña muerta algún tiempo
resucitada en él. Bien pronto ya no se le pareci9
nada.. ¿Serh que habría recobrado lus rasgos de
la triunfal amante ó de la maternal amiga? No,
ya no se asemejaba á ninguna de las que amé y
que me amaron; no se asemejaba á nadie. Ya no
veía en él más que cabellos castaños sin brillo,
unli fre·n te un tanto am'\rillenta, muy lisa, atravesada por una sola arruga y unos ojos que te•
nían el azul gris de los lagos poco profundos. Y
ya no pensé en él, ya no lo miré; no hubiera
sentido ninguna pena si hubieran venido á !levárselo.
Sin embargo me asombré, sin tristeza, por otra

�EL MUNDO

354

parte, un día (¡cuánto tiempo había pasado desde
que habitaba allí!) un día que, alzando los ojos
noté que el retrato no estaba en el muro. Llamé
á mi criado que se había envejecido á mi servicio; tenía los cabellos blancos como yo; le pregunté:
-¿ Ha venido el antiguo locatario?-Pare Jió sorprendido.

-Nu, sell.or, respondió, no ha venido nadie.
-Entonces, volví á preguntar ¿quién se ha llevado el ratrato?
Me vió como quien vé á un loco.
-¿Qué retrato?
-El retrato que estaba en esa pared.
-No ha habido ningún retrato en la pared, me
dijo.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,
-Bien, es posible, respondí, retírate.
-Y no me entristecí. No hay aposento nuevo
do:ide vara aquellos cuyo corazón vive aún no
traiga el recuerdo cambiantes imágenes; pero des,
pués de los aftos viene al fin el invisible olvido
que se lleva los retratos de 111, pared desnuda,
CATULLE MENDÉS.

A.i'io VI-Tomo 11

Número 25

México, Domingo 17 de Diciembre de 1899.

7, .

~ •$°d1.rwler f8S7,
De "El Jardín de los poetas."
ANDRES CHENIER
De cólera sublime el alma llena
y de piedad ardiente,
defiende al rey, con ímpetu valiente,
cuando el furor contra el monarca truena.
Y á prisión reducido, se enamora

de cautiva hermosura
que, olvidando la propia desventura,
por las desdichas de su, patria llora.
El rostro de la bella, dolorido,
y su seno de nieve
dignos son de inmortal bajo-relieve
en pentélico mármol esculpido.
Arde el sol en la rubia cabellera;
la luna en su mirada,
y en su frente má.s pura y nacarada
que la ccncha en que Venus la luz viera.
Junto á su amada tiembla de alegría
y de pasión el vate,
y es su cerebro arrulladora late
la paloma torcaz de la poesía.
Y grita ante el ,fantasma de la muerte
cuando fiero le acosa:
«Quiero vivir para mi joven diosa;
. quiero vivir por defender su suerte,
cQuiero vivir-después con ira clamapor saciar mis furores
azotando á. los viles opresores
de la nación, con látigos de llama.
«Quiero ¡oh franceses! conservar la vida,
para teftir mis manos
·
eon la sangre infernal de los tiranos
y escupir en su frente maldecida.&gt;
Y cuando, en tarde lúgubre y helada,
al patíbulo sube,
en los edpacios flota negra nupe
eual funeral bandera desplegada.

LUNATICA.
li'lsta yo que amo exaltado
las neurosis de la lucha,
me hipnotizo entre las redes
de esas tus miradas húmedas:
¡sonámbula de los cielos!
¡sirena de las alturas!
Cuando rondando las nubes
vas, con tu rostro de viuda
y con tus gasas de novia,
recuerdv las aventuras
de las damas que escondidas
van á las citas nocturnas ....
Tú, que eres la rosa blanca
sobre el mármol de la tumba,
así pá.lida y enferma
quizás tus pecados purgas.
¡Oh, tíaica inconsolable,
traviata de las penumbras!
Tú eres la pálida diosa,
que ebria de opio, triste y mustia,
hace mil telas de arana
y mil siluetas esfuma;
y duerme, y duerme, soll.ando
con fantasmas y con brujas .. ,,
Vas y vuelves y te alejas,
y apareces y te ocultas,
siguiendo exóticas ansias,
trl.lzando invisibles curvas,
¡con la blanca frente erguida
entre la estelaria chusma! . ...
Copa de un festín volcada
por la embriaguez de la altura,
derramando eternamente
eucarísticas espumas
y nítidos azahares
en adormecida lluvia ....
Por tu faz desencajada
y el beso que te circunda,
eres un copo de nieve:
algo así como la urna
en que yacen las cenizas
de las estrellas difuntas ... .
Tal vez, tal vez-¡oh misterios
íntimos de la Natural-tú eres la lente fantástica
con que un ojo enorme estudia
los microbios infinitos
y las monstruosas burbujas ....
JOSÉ S. ÜHOOANO,

&gt;·

LASMANO!i

Más süaves que un bálsamo, mis besos
FervienteR han ungido su blancura,
Y en mis rimas elogio su hermosura
Sin igual en los Paros y en los yesos,
Cuando hundes su marfil en tus espesos
Cabellos, las empapas de frescura,
Y mis fastidios sabe su ternura
Cambiar en inefables embelesos.
Bajando de su palma bondadosa,
Cuando estoy triste siento en mi ardorosa
Frente un haz de caricias boreales,
Y en las noches, calmando mis anhelos,
Las miro levantadas A los cielos
Mostrándome los astros inmortales.

LOS OJOS
Felinos y traidores como el viejo
Mar, su calma engafiosa me fiiscina,
Y veo en su llanura cristalina
Cruzar mis ideales en cortejo,
En sus aguas serenas, un reflejo
Verdiobscuro dibuja la divina
Esperanza, y como una golondrina
La ilusión raya el ónix de su espejo.
Mirando su cristal pérfido y hondo,
Presiento tempestades en el fondo,
Zafiros y coral en sus arenas,

ti

Y al abismo atrayendo mis miradas,
Saliendo de sus ondas hechizadas
Oigo el canto traidor de lu sirenas.
EFREN REBOLLEDO.

Y Chenier, sofocando sus querellas,
dice en la Guillotina:
«¡Muero por la verdad, virgen divina,
coronada de abrojos. y de estrellas!»
Del crepúsculo rueda á la vislumbre
la cabeza del lírico valiente,
y, en copioso raudal, su sangre hirviente
salta sobre la fiera muchedumbre.
MANuEL REINA,

Un

Lector de Baoccacio.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alumnos Colegio Militar</name>
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                    <text>EL MUNDO

354

parte, un día (¡cuánto tiempo había pasado desde
que habitaba allí!) un día que, alzando los ojos
noté que el retrato no estaba en el muro. Llamé
á mi criado que se había envejecido á mi servicio; tenía los cabellos blancos como yo; le pregunté:
-¿ Ha venido el antiguo locatario?-Pare Jió sorprendido.

-Nu, sell.or, respondió, no ha venido nadie.
-Entonces, volví á preguntar ¿quién se ha llevado el ratrato?
Me vió como quien vé á un loco.
-¿Qué retrato?
-El retrato que estaba en esa pared.
-No ha habido ningún retrato en la pared, me
dijo.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,
-Bien, es posible, respondí, retírate.
-Y no me entristecí. No hay aposento nuevo
do:ide vara aquellos cuyo corazón vive aún no
traiga el recuerdo cambiantes imágenes; pero des,
pués de los aftos viene al fin el invisible olvido
que se lleva los retratos de 111, pared desnuda,
CATULLE MENDÉS.

A.i'io VI-Tomo 11

Número 25

México, Domingo 17 de Diciembre de 1899.

7, .

~ •$°d1.rwler f8S7,
De "El Jardín de los poetas."
ANDRES CHENIER
De cólera sublime el alma llena
y de piedad ardiente,
defiende al rey, con ímpetu valiente,
cuando el furor contra el monarca truena.
Y á prisión reducido, se enamora

de cautiva hermosura
que, olvidando la propia desventura,
por las desdichas de su, patria llora.
El rostro de la bella, dolorido,
y su seno de nieve
dignos son de inmortal bajo-relieve
en pentélico mármol esculpido.
Arde el sol en la rubia cabellera;
la luna en su mirada,
y en su frente má.s pura y nacarada
que la ccncha en que Venus la luz viera.
Junto á su amada tiembla de alegría
y de pasión el vate,
y es su cerebro arrulladora late
la paloma torcaz de la poesía.
Y grita ante el ,fantasma de la muerte
cuando fiero le acosa:
«Quiero vivir para mi joven diosa;
. quiero vivir por defender su suerte,
cQuiero vivir-después con ira clamapor saciar mis furores
azotando á. los viles opresores
de la nación, con látigos de llama.
«Quiero ¡oh franceses! conservar la vida,
para teftir mis manos
·
eon la sangre infernal de los tiranos
y escupir en su frente maldecida.&gt;
Y cuando, en tarde lúgubre y helada,
al patíbulo sube,
en los edpacios flota negra nupe
eual funeral bandera desplegada.

LUNATICA.
li'lsta yo que amo exaltado
las neurosis de la lucha,
me hipnotizo entre las redes
de esas tus miradas húmedas:
¡sonámbula de los cielos!
¡sirena de las alturas!
Cuando rondando las nubes
vas, con tu rostro de viuda
y con tus gasas de novia,
recuerdv las aventuras
de las damas que escondidas
van á las citas nocturnas ....
Tú, que eres la rosa blanca
sobre el mármol de la tumba,
así pá.lida y enferma
quizás tus pecados purgas.
¡Oh, tíaica inconsolable,
traviata de las penumbras!
Tú eres la pálida diosa,
que ebria de opio, triste y mustia,
hace mil telas de arana
y mil siluetas esfuma;
y duerme, y duerme, soll.ando
con fantasmas y con brujas .. ,,
Vas y vuelves y te alejas,
y apareces y te ocultas,
siguiendo exóticas ansias,
trl.lzando invisibles curvas,
¡con la blanca frente erguida
entre la estelaria chusma! . ...
Copa de un festín volcada
por la embriaguez de la altura,
derramando eternamente
eucarísticas espumas
y nítidos azahares
en adormecida lluvia ....
Por tu faz desencajada
y el beso que te circunda,
eres un copo de nieve:
algo así como la urna
en que yacen las cenizas
de las estrellas difuntas ... .
Tal vez, tal vez-¡oh misterios
íntimos de la Natural-tú eres la lente fantástica
con que un ojo enorme estudia
los microbios infinitos
y las monstruosas burbujas ....
JOSÉ S. ÜHOOANO,

&gt;·

LASMANO!i

Más süaves que un bálsamo, mis besos
FervienteR han ungido su blancura,
Y en mis rimas elogio su hermosura
Sin igual en los Paros y en los yesos,
Cuando hundes su marfil en tus espesos
Cabellos, las empapas de frescura,
Y mis fastidios sabe su ternura
Cambiar en inefables embelesos.
Bajando de su palma bondadosa,
Cuando estoy triste siento en mi ardorosa
Frente un haz de caricias boreales,
Y en las noches, calmando mis anhelos,
Las miro levantadas A los cielos
Mostrándome los astros inmortales.

LOS OJOS
Felinos y traidores como el viejo
Mar, su calma engafiosa me fiiscina,
Y veo en su llanura cristalina
Cruzar mis ideales en cortejo,
En sus aguas serenas, un reflejo
Verdiobscuro dibuja la divina
Esperanza, y como una golondrina
La ilusión raya el ónix de su espejo.
Mirando su cristal pérfido y hondo,
Presiento tempestades en el fondo,
Zafiros y coral en sus arenas,

ti

Y al abismo atrayendo mis miradas,
Saliendo de sus ondas hechizadas
Oigo el canto traidor de lu sirenas.
EFREN REBOLLEDO.

Y Chenier, sofocando sus querellas,
dice en la Guillotina:
«¡Muero por la verdad, virgen divina,
coronada de abrojos. y de estrellas!»
Del crepúsculo rueda á la vislumbre
la cabeza del lírico valiente,
y, en copioso raudal, su sangre hirviente
salta sobre la fiera muchedumbre.
MANuEL REINA,

Un

Lector de Baoccacio.

�EL MUNDO.

356

Dom1ngc 17 de Diciembre de 181111

na.l la dicisión de la Corte sobre su competencia.

de Suez y de Panamá la estatua J.c Lesseps para
absolverlo así ante la histori.1 :le los carg-os c0n
que sus contemporáneos llem,ia pretendi1ll) mandi..r ¡:,u nombre il:J.s~r'?.
'l la predicción s~ lrn cumpE-h
} .t,~eps tiene una e,-t.11t11. E.,; un 1frrnfod•Jl' ce
ultratumba.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Esta es, año por año, una semana ruidosa,
J&gt;orque las tiestas populares, &lt;:omo el mar inquieto, atruena el aire con sus algazaras y sus
ruidos.
Sin embargo, para los espíritus solitarios y silenciones, estas alegíras escandalosas y frenéticas
t ienen una invencible repugnancia.
A veces esos rumores se convierten en causa
dolorosa de mil pern~amientos extraños y extravagantes quizá.
Es singular cómo ciertos ruidos, cierts notas
y ciertas voces nos desgarran, vierten en un segundo en el alma todo el dolor, toda la locura
y angustia que puede contener.
Un gran poeta describe así un estado de ánimo
que provocó un r uido cualquiera.
Escuchaba, esperando, y oí otra vez aquel
ruido que parecía salir de mí mismo, como arrancado á mis nervios, y que resonaba dentro de
mí com,o un llamamiento íntimo, profundo y desconsolado. El débil y caprichoso sonido pasaba
sobr e mí, como sembrando espanto y delirio, pues
al punto tuve la potencia de despertar el horroroso desconsuelo que de continuo dormita en el
alma de todos los humanos. ¿ Qué era ? Era la
voz que grita incesante en nuestro pecho, que
n os echa en cara, de modo continuo, obscuro y doloroso, punzante, inolvidable y fer oz todo cuanto
hemos hecho y al mismo tiempo lo que
hemos dejado de hacer ; la voz de los vagos remordimientos, del pesarirremdiable, de
los días acabados, de las mujeres que tal
vez no hubiesen amado, de las cosas que desaparecieron; las vanas alegrías, las muertas esperanzas, la voz de lo que pasa, de lo que huye,
de lo que engaña, de lo que desaparece, de lo
que hemos conseguido, de lo que no conseguire~~s nunca; la :flaca vocecilla que pregona la _inutilidad del esfuerzo, la impotencia del espíritu y
la debilidad de la carne. Me decía con su breve
murmullo, que comenzaba á cada paso en el trist e silencio, todo cuanto confusamente había des~ado, esperado, soñado, todo cuanto hubiera quendo ver, comprender, saber, apreciar; todo cuanto mi pobre, insaciable y débil espíritu había rosado con la inútil esperanza, todo aquello hacia
lo que intentó volaT, sin conseguir romper la cadena de ignorancia que lo sujetaba.
. Eso es lo que las almas solitarias y contemplativas suelen sentir en la honda noche, cuando
pasa frente á ellas la verbena popular con su algazara de mar inquieto.

Se ha levantado por fin una estatua á Fernando de Lesseps, el "gran francés," como le
llamó Gambetta en un momento de entusiasmo y
el pueblo parisiense en un instante de delirio.
¡Oh! merecía ese homenaje, á pesar de su caída de Panamá.
La obra monumental de Lesseps, ó bien la obra
monumental del siglo XIX, había de ser sin duda alguna el Canal de Suez.
Y un día, la mirada que se detuvo en Suezla lengua de tierra desde donde viera Moisés
desaparecer en las aguas de la marea que subía
el famoso ejéricto de Faraón- detúvose en Panamá,_ la tierra por donde pasó Bolívar para ir
hae1a el Sur á completar la Independencia de
América.
Panamá fué la tumba de grandes capitales, del
, honor de muchos hombres y de millares de perso1 nas. Y un contemporáneo escribía estas pala1ras á raíz ele la muerte del gran hombre:
E l venerable anciano hubo de ser condenado
como corruptor de altos empleados públicos, pero
la sentencia no fué notificada. La dureza empleada en el ruidoso proceso se calmó llegado que fué
el momento de anunciarle el fallo de los altos
T ribunales de J usticia. ¡ La cana cabellera del
moribundo anciano impuso el respeto que s~ debe á la desgracia. ¡Pobre viejo! ¡murió ignorante del formidable escándalo!
La posteridad habrá de le.antar .i. fa entrada

"ª

Los periódicos italianos anuncian el próximo
estreno de una ópera de Puccini : ''La Tosca,"
Me causa extrañeza y no acierto á explicarme
con claridad cómo los elementos dramáticos de
Sardou, tan deleznables y poco piscológicos, tienen, según parece, un atractivo tan grande para
los modernos compositores, todos ellos profundos conocedores del corazón humano.
Ya es sabido que Sardou, según la frase de
un escritor célebre, posee fortuna, gloria, un público atiborrado de golosinas, y una crítica idólatra.
Porque golosinas, y no alimento sano y fortificante, son las obras dramáticas del aplaudido
autor de "Dora."
Sar dou ha sido un gran triunfador, porque ha
sabido explotar á maravilla todos los asuntos de
interesante actualidad; posee el instinto del momento oportuno para lanzar una producción á la
escena. Ah! y conocimiento teatral. . . . . vaya si
lo tiene!
El conoce todos los ocultos resortes, todo el
convencionalismo escénico, todos los golpes de
efecto, y ahí le teneis dominando al público,
emocionándolo, forzándole á aplaudir, y manteniendo en apogeo sus obras por más de doscientas y trescientas representaciones.
Cuando Sardou llega, y llega las más veces, á
armar una obra con toda clase de tramas, logra
escribir escenas interesantes, diálogos, frases enérgicas, situaciones conmovedoras que absorben por
completo la atención del espectador.
Pero cuando de vuelta del teatro, se recoge uno
en sí mismo para analizar la impresión, nota inmediatamente que el artificio á que ha recurrido
Sar dou, no deja la más leve huella en el espíritu, ni genera una nueva idea, ni, como los grandes maestros, imprime el troquel de sus creaciones en la encendida plancha ele la memoria. La
impresión, pues, ha sido rápida y efímera. Inmediatamente volvemos en nosotros para reconoecr
el engaño.
Ah! las situaciones son falsas y están tejidas
con hilos mu,v gruesos; los personajes son manequíes, no hombres; Sardou ha logrado el movimiento, no la vida .... pero es un diestro prestidigitador que nos entretiene con sus juegos y escamoteos. Un crítico suyo dice : es un almacenista
de juguetes, que tiene á la venta preciosos muñecos parlantes. Sardou no se propone más que
una cosa cuando escribe: conquistar al público
á toda costa, achicándose á su medida cuanto
haga falta . Su ambición no va más allá de los
aplausos. Ya con esto se empieza á comprender.
Xada tan penoso como una verdad. Sarc1ou ameniza las verdades dislocándolas. Exagera todos los
pormenores, hasta ponerlos en caricatura;
coloca en un rinconcito novios de mantequilla,
y divierte á la concurrencia con juegos de salón.
Pero el armazón crujiente y defectuoso de sus
dramas está cubierto por telas brillantes y coloridas; suele asomar un alambre y rasgar ·1a vestidura, pero el habilidoso constructor pone allí
más luz y más interés para que la vista se deRlumbre y el criterio se divague. Es un consumado maestro en su arte, iba á decir oficio.
Sardou ha puesto su gran talento á disposición
del gusto dominante.
Dicen que cuando alguien le echa en cara sus
defectos, él se sonríe maliciosamente. Es académico; es popular; y tiene rentas suficientes para
p~gar un palacio. ¿ Puede ambicionar mayor gloria un hombre á quien el teatro ha dado todo
ésto?
No obstante, después ele la "Fedora" de Giordano, viene la "Tosca" de .Puccini.
Veremos qué pudo hacer ron este drama. de
un desesperante efectismo, el exquisito cantor
de Mimí y de Manón.

o~ go 17 de Diciembre de 1899.

1.-El Ministerio '\Yaldeck-Rousseau.
2.-Bl socialismo tranformánclose en partido
de gobierno.
3.-Un libro de Han, ~obre la intervención.
-!.-Lo que debemos á los Estados Unidos durante la intervención.
5.-Lo que ellos nos tlebieron.
Me empeño en creer que M. Waldeck-Rousseau
sacará su ministerio arnnte hasta el próximo receso; es Jo que se llama "un tour de force," en espafiol de "boulevard." :Xo ha siclo para él un lecho
de rosas Ell tal ministe1:io; el hombre menos jacobmo del mundo republicano, se ha puesto en ciertos momentos el chaleco de grandes solapas de Robespierre, y el más anti-colectivista de la F rancia
política, parece dar oídos á las sujestiones de su colega lifillerand que tiende á hacer del Estado un
órg¡¡no del "trabajo en lucha con el capital."
Esta actitud es sumamente curiosa, interesante
é inquietante; en honor de la verdad, nadie crevóque esta reunión de hombres venidos de puntos
tan distintos y tan distantes, para reunirse detrás
de una trinchera y cerrar con sus cuerpos una brecha, pudiera militar bajo una misma bandera al
día siguiente de la retirada del enemigo. ¿Hasta
dónde llegarán para mantener esta unión las concesiones mutuas? ;, Se ha formado un socialismo degobierno que de hoy en adelante puede tomar parteoficial en la dirección de la República? La verdad
es que si el partido socialista tiende á transformarse en uno de sus grupos más importantes desligándose por completo del anarquismo'(antagonista por
esencia de toda organización social procurada por
el Estado) el partido liberal se ha disuelto Tª ar
declarase impotente para facilitar la solución de lascuestiones sociales, por no mermar la facultad dol
individuo para disponer de lo suyo á su guisa, "para
usar y abusar," según la definición clásica, y que,
por consiguiente, niega al Estado el derecho de
obligar, v. g., al patrón de una fábrica á asegurar
contra la miseria final á los obreros inutilizados.
Este liberalismo del antiguo tipo es ya una reliquia; ahora el liberalismo parte en sus programas
de esta verdad, á cuyo establecimiento ha concurrido todo el trabajo de la sociología moderna para
definirse : individualismo y socialismo son denominaciones vanas si se presentan como antitéticas ;
precisamente el derecho individual está en razón
directa de su carácter social, y el objeto del Estado~
hasta en los tér1uinos mismos en que lo indican
las constituciones como la nuestra, está formulado
por una ecuación entre el interés social y el derecho individual: los derechos del hombre son la
base y el objeto de las instituciones sociales.
W alcleck-Rousseau representa este libernl isn10
nuevo, que no es moderado, sino moderador ; quetoma en cuenta todas las condiciones que al Estado
moderno rodean, todas las exigencias j Listas cie l0s
grupos que luchan por el pr•uer en el campo político y que las resume en una conrErión s11pre11lll :
la existencia de la República.-Cuando aceptó, con·
tal cual modificación, con tal ó cual letrero, la exhibición ele la bandera roja en la gigantesca manifestación política llamada "el triunfo de la República," yo temblé : de veras me pareció que una
concesión más y el ''leac1er" del partido republicano puro en Francia se volvía socialista y entraba á
depender ele :Millerand su colega, á pesar de sus:
breves declaraciones desdeñosas en la sesión en que
obtuvo tamaño voto de confianza : "nos hemos
puesto de acuerdo para defender á la República, Y
yo no había de ir á buscar mis colaboradores entre sus enemigos: pero ni mis colegas socialistas ni
,vo hemos abandonado nuestros programas y, pasada la urgencia cada uno encontrará el suyo."

Y yo me preguntaba: ¿ pues qué, el peligro no
ha pasado? Y me respondía: tal vez se espere el fin
ele los demasiado largos debates en ''la Alta _Corte," es decir, en el Senado, ejerciendosusfunc10nes
de cuerpo judicial. ¿ Cómo terminarán estos debates? Me parece un indicio claro del resultado fi-

desde la verdaderamente pecaminosa que pone en
parangón al diestro y agradable (y poco escmpulos?) narrador Luciano Biart, con el exquisitísimo
artis~a,que se firma Pierre Loti, hasta la que niega
con iromca cortesía á los mexicanos el apellidar
'.'una ~uerra de independencia" á la lucha con el
imperio y la intervención.
_Eso f~é, sin embargo, en toda la fuerza del térmmo; s1 una guerra eminentemenr.e nacional so~t~nid2 contra un ej€:rrit0 ex~r.rn,iero que ha invacl_1do un país para organizar en él un gobierno que,
sm raíces en la historia, en las costumbres ó en
la opinión, esté perennemente á la merced de
su sostenedor y bajo su tutela forzosa y forzada,
no e~ una guerra de emancipación y de independencia, mal pueden llamarse guerras de independencia las de Polonia en la última década del
siglo pasado y en 1830 y 63; la de Italia en
48--49, la de España iniciada en 1808 y la de
Alemania en 1813. No es preciso que una guerra nacional tenga por objeto "sacudir un yugo
secular" para poderse llamar de independencia,
dad.
Pero el mismo Presidente del Consejo lo ha di- basta que se trate de un "yugo extranjero," pacho: el peligro ha pasado. La penúltima vez que ra que lo que sea. No es, pues, legítima la censura
se reunió la Cámara, hubo necesidad de organizar del señor Hans, es una "chicana" de palabras.
toda la policía de París en torno del Palacio del
Y aquí va un recuerdo mío muy perlegislativo y acuartelar la guarnición; el ministe- sonal: yo, simple y gordo estudiante de filorio aotual no ha necesitado de cincuenta gendar- sofía y derecho, complicados con la lectura asidua
mes para cuidar de la seguridad de los legislado- de los folletos antinapoleónicos de V. Rugo y de
res en la apertura de la sesión actual. El peligro, cuanta obra revolucionaria podía pescar, asistí
á algunas conferencias de hombres perfectamente
pues, ha pasado.
Pero entonces surgió la idea, y era necesario que probos y liberales que dieron su adhesión al imBUrgiese, de aproVJJChar las lecciones de la expe- perio, en virtud de este razonamiento que oí reriencia para preservar á la república de confüc- petir cien veces: la República no puede restatos análogos, á los que la hicieran tambalear: blecerse contra el empeño del emperador franblindarla mejor para aumentar su coeficiente cés resuelto "evidentemente" á apurar en Méde resistencia á los choques. Todo lo que en mate- xico todos sus recursos hasta lograr la pacificaria de reorganización de la dirección suprema del ción; el gobierno legal de J uárez va á acabar
ejército y de la justicia militar, se ha propuesto ó ó ha acabado, sin substitución constitucional podecretado ya á ese fin, sin duda ha sido muy bien sible; J uárez para sobreponerse á los franceses,
pensado. Pero además, se han proyectado leyes un necesitará venir en los bagajes de cien mil amepoco inquietantes y ele cierto aspecto jacobino,aun- ricanos : la independencia del país, que es antes
que tal vez sea una simple apariencia : me refiero á que la República, tiene, pues, dos amenazas sula ley sobre asociaciones, que hará imposible la premas : el imperio sostenido uor los franceses;
vida de muchas asociaciones religiosas, y la que li- la república restaurada por los americanos. Tenemita la libertad de enseñanza con el pretexto de mos, pues, el deber de ayudar á quien trate
reglamentarla. No las censuro, no conozco los tex• de impedir estos dos peligros. Los que habían
tos; pero no desearía que, para desquitarse de la hablado con M:aximiliano (nodía yo citar
parte activa que una. fracción del clero y de los cle- nombres, lo haré en mis memorias) afirmaban
ricales, t omó en la inmensa confabulación para que el príncipe les había comunicado condesprest igiar á la República, á que dió origen el fidencialmente este programa: si el partido liasunto Dreyfus, se dictasen leyes que pudieran ser beral me ayuda, prometo, en primer lugar, y
tachadas de sectarias y se abriese un nuevo perío- esto de acuerdo con las miras de Napoleón, condo de "Kulturka.mpf." Claro que la República será solidar la obra reformista, con ó sin el asentiperdurable en la proporción en que mejor organice miento de la I glesia. En segundo lugar, hacer
la educación de las generaciones nuevas; inútil por medio de la paz no sólo impuesta,
claro que á eso tienden las leyes de salvación pr?- sino aceptada y por medio del divorcio con el
mulgadas bajo los auspicios del eminente Julio partido "mocho," que nos atraerá á los liberales
Ferry, que los clericales llaman ''les lois scelera- militantes, la permanencia ele los franceses en
tes," pero claro también que ellas bastan, y que México; obtenida así esta independencia, yo doy á
abandonaría el partido liberal su papel ele modera- ustedes (decía Maxirniliano) mi palabra ele honor,
dor, si para satisfacer la clerofobia socialista, a~o- de que me considero un jefe provisional y de tranyase al gobierno que renovara una lucha confes10- sición de la nación mexicana, -que, una vez consolidada nuestra independencia en ambos sennal.
Mucho más mal ha hecho al catolicismo como tidos, hemos de llamar al pueblo á una consulta
secta política en Francia, la actitud republicana de libre, enteramente libre. y si se pronuncia por
León XIII, que todas las prédicas iconoclastas de la República, entregaré el gobierno á quien elija;
los clubs socialistas, y se trata de no arranca:le las lo natural es que sea J uárez.
Ahora es cuando vemos la dosis formidable
riendas de la mano convirtiendo á la república en
de
ilusión que había en este modo de pensar;
1lil gobierno de pe;secución. Por fortuna, la actientonces
era muy difícil, casi imposible, ver claro
tud de W. Rousseau enfrente de la tentatin de
y
ver
recto.
De este error vino la adhesión
supresión del presupuesto de cultos y de la embajada en el Vaticano, tranquiliza bastant~ Y s~ ele muchos al Imperio, no del deseo "inhumano"
triunfo da esperanzas fundadas ele que, s1 permi- de traicionar á la Patria; creyeron servirla, los
tió pasear por las calles de París la bandera roja, que no estaban obcecados por la pasión política
ó religiosa, los que no podía.u partir del concepto
el andrajo de guerra civil, como le llamó ~~betta, de que no hay patria sin religión y menos conaun guarda la enseña tricolor de la repubhca, su
tra la religión. Y cierto, la franqueza en aparienlema verdaderamente nacional de "libertad Y
cia incontestable, del razonamiento que acabo de
paz."
simplificar en unas cuantas proposiciones realza
~
el mérito de quienes se mantuvieron firmes en
. Alberto H ans, el oficial imperialista que, con la torno de la bandera republicana en una lucha
imparcialidad posible en un vencido y. en un pro- que durante una época, fué sin ilusiones, casi sin
fllildamen te adolorido contó en un libro que es esp;ranza; esto lo ha de haber oído alguna vez el
popular, las trágicas y heroica; peripepcias del sitio Sr. Hans de boca de nuestro común amigo el Sr.
de Querétaro, acaba de reunir en un folleto algu- A1tamirano.
nos ar tículos recientemente publicados sobre los
historiadores mexicanos de la guerra de I ntervenEl autor sirve á sus lectores franceses una sución. T odo lo que ha ganado el antiguo oficialito posición que aquí y allá habrá de parecer peregrifrancés de la brigada del cruel Ramón Mé'?-d~~' en na. Hablando de la necesidad de la guerra entre
serenidad de juicio, en equidad de a~recrac1on Y los Estados Unidos y Francia, caso de que Napoen exactitud de información lo ha deJado ver en león III se hubiese resuelto á dejar en nuestro
su muy breve, pero muy inte~esante op-ásculo .Es- país el ejército de la intervención, da como segura
-to lo decimos á pesar de no estar conforme~ ~on el la rendición de las tropas francesas, lo que efectiexcelente escritor en toda una escala de opm1ones,

La ley abre la jurisdicción del Senado como Corte
cuando se t rata de un "atentado," y los "derudelistas" y colegas están acusados de "complot; pues
~tas" y colegas están acusados de "complot,' pues
la primera parte del atentado, y se declaró competente ! Es un Pº?º f?rzada la i_nterpretación, pero
indica cierta sohdandacl de miras entre el Ejecutivo y el Alto Cuerpo. Habrá, pues, condenación de
algunos, leve, probablemente; 1:11as ~ueclará establ-ecido qye no se puede conspirar impunemente
contra la República, aunque como los mismos acusados han dicho,'sus conspiracioPes fueron pueriles· esto es buscar el ridículo como circunstancia
ate~uante, dijo W. Rousseau. Y quedará demostrado que la conspiración no tenía importancia "interna" de ninguna clase, pero sí la tenía
"externa;" sí podía súbitamente constituir un nucleo de resistencia al gobierno, que en la tremenda
excitación de los días en que se rejuzgó á Dreyfus,
podía hacer nacer un peligro de suprema grave-

357

EL MUNDO.

vamente es indudable, y conjetura que á consecuencia de esto, habría caído el trono imperial en
Francia, lo que habría retardado la guerra con
Alemania hasta que los franceses hubiesen estado
en aptitud, por la realización de un plan de reformas militares, de aceptar la guerra con probabilidades de buen éxito. H ay en este ensueiío uos hipótesis pasmosas: la una consiste en creer siquiera posible (y lo posible sólo es conjmable) que
con la conciencia plena de una guerra inevitable
con los Estados Unidos, el emperador francés hubiera dejado aquí al ejército; éste habría sido el
más consciente de los suicidios y el más estúpido.
Consiste la otra en pensar que los alemane~, que
no sólo habían pem;ado en la guerra con Francia
y la habían preparado minuciosamente, sino que
clescle Sadowa estaban, con los ojos clarividentes
del terrible Bismarck, en acecho de una &lt;:oyuntura, no hubiesen aproYechado la guerra con los Estados Unidos para caer sobre la Fraucia desarmada y vencida de antemano; no habría habido ni
Sedan ni Nietz por ventura, pero de seguro habríanse registrado espantosos desastres en París,
Lyon y Burdeos ó cosa así, no habría sido la
ane~ión de Alsacia y Lorena la que se habría
registrado en el tratado de París, sino ademáslasumisión de la Champaña y la entrega de la escuadra.
Precisamente esto fué lo que determinó á Xapoleón á retirarse: tres cosas exi&lt;1ían con la exigencia de tres fatalidades inelucttbles, la retirada
del ejército francés : la. la imposibilidád ele aclimatar en el suelo mexicano formado por la laya ele
las revoluciones, una monarquía : la resistencia
?reci~nte ó decreciente, p_ero incesante del pueblo
a los mvasores, que llegó a fOTmar, para estos mismos, la demostración perfecta de la primera verdad
queestá documentada ya y lista para ser utilizada
por la historia: 2a. la amenaza cada vez más clara
de una guerra con la triunfante federación.americana; _cierto que_hubo_ unmomento en que se pensó
orgarnzar la resistencia y en que Napoleón ofreció
á Bazame mandarle los refuerzos uece~arios, pero
esto fué una de tantas veleidades uel irre,,oluto
soberano, y pronto se encomendó á. la diplomacia
dar un aspecto decente á un abandono ineYitahle :
3a. el estado de la cuestión germano-italiana en Europa. Si antes de Sadowa pudo haber vacilación
no la hubo después; la concenb-.1ció11 v rcor"aui~
zación de todas las fuerzas de FrnT•.CÜJ. er11 la ~eccsidacl suprema. Y estas tres fatalidades se con,binaron con una espontaneidad admirable: la resi1tenci~ del país_fué la base de la política ~¡;:pectr..nte primero, exigente después y apremiante al fin
del gabiente de Washington; esa fué la base: fué
la fuerza ele esa política el :fin de la o-uerra de secesión y la posibilidad de dar al ejército triunfante un empleo que, por cierto, habría sido desastros~ para nosotros, y que nuestros generales republicanos, aun en forma ele ayuda voluntaria. decl~naron ó, 1:echazaro~; y fué la ocasión pará esa
misma politica, la actitud de Alemania. Todo esto
resulta ya bien claro para el que estudia los detalles de esta lejana tragedia de ayer.
-S:::,..(X:&gt;-

y las lucubraciones clel Sr. Hans nos inducen á
resumir _aquí algunas observaciones sobre la ayuda
que debimos á l~s Estados Unidos, y que, hay que
confesarlo paladmamente, sea cual fuere su móvil
y aun cu~ndo ést~ se juzgue limitado precisamente á la misma sene de causas determinantes de la
famosa fórmuL rle lii. doctrina Monroe, el resultado obliga la gratitud nacional; la flamante carta del Sr. :Mariscal ha dicho en esto una incontrovertible verdad. P ero puede decirse algo más; yo
creo que aun cuando la guerra de secesión se hubiese pro1ong-ado tres años más, los franceses se
habrían visto obligados á abandonar su desatentada empresa mejicana y el imperio habría venido por tierra; así es como este problema debe
estudiarse, es inútil plantearlo en este otro sentido : ¿ los republicanos habrían acabado por oblig~ á los franceses á reembarcarse después ele vencidos en los campos de batalla? Esto es ocioso
históricamente hablando, porque la discusión no
llegaría_ nunc~ ~ _un fin cierto; no tendría objeto,
por la 1mpos1biltdad de pocler aplicar á la cuestión un rigoroso cálculo ele probabilidades.
Planteada la cuestión en los términos indicados
basta, en mi sentir, .fijarse en las tremendas difi~
cultades que fueron atajando la libre acción de
Francia en Europa, desde la entrada en plenaactividad militar del reino de Prusia en la lucha con Dinamarca para comprender lo que antes dijimos: no

�358

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

hab~'l posibilidad para Napoleón de dejar comprometida la espada del Imperio en ninguna aventura marginal; le era forzoso, angustiosamente
forzo~o, tener en mano todo el ejército. Las exigenc:ia.~ de los l◄;~tados Unidos precipitaron esta
decisión, ó mejor dicho, proporcionaron á Francia,
ante la Europa ansiosa, un pretexto para volverse y
desamparar á stL infortunada criatura, sin neceE-idad de renilar º"ten~iblemeute sus gravísimos
temores por su propia eofüenueión.
:E:-to en nachi meHoscaba el servicio que los
Esta.dos l 'nidos nos pre:,taron; sencillamente
tiende á demostrar que si la. República les del&gt;ió una condición de primera importancia para
realizar ::-u triunfo ele fi7. no les debió la vida.

Pero ~i iue,:timahlc fué ese servicio, nosotros no
i::ólo pusimos al gobiemo de Washington en condicione,- de pre¡;tarle. por nuestra resistencia tenaz, ~ino que antes nue,-tra actitud constituyó también un 1:-enicio tan seüalado á la Unión americana. e~ decir. á la causa federal, que si no supera al que nos hicieron, sí es de elemental equidad histórica ponerlos e n parangón.
Constan estos hecho,-:-lo. Lo que Napoleón
Jil llamaba "el gran pensamiento de su reinadoº'
eonsi,-tía en crear un imperio en :México bajo los
au;,.pitio~ de Frn11cia, llamado á ejercer una suerte
ele lwgL•monia ~obrt• d mundo latino-americano
y á rnntencr el movirnitnto expansivo de los Estado, nido~. Con c:,;h• pensamiento "de derriere
la trte" fné el imperio francés á la convención
de Londres Y e~lo mi11i,tra la clave de la actitud
ele Franeia
la ejec·nción del convenio tripartito.--:.?o. ParlL· import,mtísima de la realización
de su de¡;ignio era pam Napoleón, no sólo la prolongac·iún ele la guerra de Secesión, sino el triunfo
ele lo" rnnfedcrado:-. f"'l decir, el desmembramiento
de la rniún anglo-americana. Y no hizo sobre esto
una tPrmiuank dec-larac·ión pública por los escrúpulos de Inglaterra. c,uyo gobierno deseaba unir
fm poi ítiC',l á la imperial, pero que no lo osaba
hasta , er hien dibujada la situación militar de los
E~tado~ rniclo~. rna gran fracción de la opinión ingle,:a, á peBar de la general antioatía hacia
la c·au,-a ele la e•claritud, apoyaba vivamente la
actitud ho~til ít los del Xorte; de aquí vino, como
primrr pa,:o, la declaración de neutralidad entre
lm- cm1trineankt-, que tendía á dará una guerra
ci,il 1111 f•arác-tcr internacional.
IIalag-anclo lo,: enH1t·ños napoleónicos la Emperatriz Eugenia ~- el duque ele Morny. hermano
ha,:tar&lt;lo del emperaclor, empujaron á Francia haeia }fhi&lt;"o para re:,;talll'ar el predominio del elemento hi,.pano-L•ele,:iú,tieo la una, para realizar
un agio inmen:--o el olro.
, \l c·ornenzar lc1 g11Prra de intervención todo
era irnlec-i-o en la eontiencla norte-americana. nada
podía lll'&lt;'Yer~e. no en ruanto al resultado que
generalmente ~e juzgaha favorable al :Norte, sino á
Ht dura(·iún qur lo;:: ronoreclores caleulaban en 10
años. ~las en lo~ último~ tercios ~fo! uíío de (i'?,

r

en

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

J ackson primero y L ee después infligieron tan serios descalabros á los federales, q1te la. toma de
Washington llegó á dars:i por cier1.,1. Y he ,v¡uí lo
que de e:,ta n•miniscenci,1 re3•1: tu: si de ;,[ayo de
62 á Mayo dl' 63 los franceses no lrnbieran tenido
todas sus mirn:; concentradas en la conq ui~ta de
Puebla; ,;i no hubiese limitado su acción al camino de V cracruz la victoria del General Zaragoza; si esta victoria que inmovilizó al invasor
no hubiese permitido poner en movimiento los
elementos de resistencia posibles en un país agotado por la última cruentísima guerra civil, el
ejército franeés dueño desde entonces de México
y de las pri neipales ciudades u.el Iuterior, dueño de
los puertos del golfo, habría arrojado su espada en
la balanza del lado del Sur y habría arrastrado á
Inglaterra y á Espafia en pos suya. Entonces el
desmembramiento, destino forzoso, íbamos á decir
"biológico'' del enorme organismo anglo-americano se habr ía anticipado de un siglo y no es una
insubstancial metáfora decir que el porvenir del
mundo americano palpitaba en la bandera de victoria de Zar,1goza.
Cuanuo en l\Iayo de 63 Puebla fué tomada, el
cuadro había carn 1)iado ya; en vano dijeron las
ilumiuaciones de Richmoncl el regocijo de los
confederados por nuestra derrota; precisamente
en esos días la caída de Vicksburg, el Sebastopol
de la rebeli/n," en poder de Grant y la formidable
batalla de Gettysburg, comenzaban el período
agónico de los estados escla,·istas. Y la resistencia
que enlodas partes presentamos y la m'cu;idad
de los francese~ de dispersar sus columnas en todo
el país, y la ~ituación que definían así los oficiales, " no es nuestro más que el terreno que pisamos," y J uárez, que por su granítica persistencia
dió á la, Intenención el aspecto trágico de un
empeño insern,ato en lucha con la inmutable fatalidad, hicieron imposible todo plan de ayuda á los
secesionista,;. Cuando la invasión lanzó hacia el
N orle su postrer oleada, cuando Brincourt aeupó
Chihuahua, todo había concluído, la guerra ciYil en los Estados Unidos había pasado á la historia.
TodaYÍa no hay suficiente perspectirn para trazar una historia definitiva de la Intervención,
pero sí es tiempo de que la generación que la Yió
como un apasionante y grandioso drair,a. la cuente, sacrificándolo todo á la Yerdad, intentándolo
cuando menos; no faltará, según creo, quien acometa la cmpre~a de nuestro lado; del francés toca
hacerlo á Hans; tiene para ello condiciones espceiales de buena fe, de ciencia notable de los h1&gt;cho,,,
ele amor por el país en que comenzó Ht Yida de
soldado y de facilidad y limpidez ele estilo que le
son garantes del buen éxito. Ojalá. Ahora, lectore;, ramos Ít hablar de lo que pasa en el Exterior.
Tienen ustedes para bien saber y mejor entender .... . .

_j~J~

Patio di' la fábl'ica En el fondo el departamento donde comenzó el incendio.

tfetnando

359

EL MUNDO.

empezada con tan buen éxi~o &lt;;ontra la resistencia de los hombres, se contmuo más encarnizada
y sa.ngrienta co~tra la ma~e!ia inert~ y enemiga.
Diez, cien, doscientos, qllllllentos millones, nada

bastaba, aquellos arenales. absorbían el oro, como
Hoy que la gratitt~d de los accionistas del Canal
de Suez elern grandiosa estatua al prodigioso ingeniero y al fecundo é infatigable hombre de empresa, que rompiendo un istmo, corno Je un hachazo, m~dificó la C?~figuración del planeta y
transformo las cond1c1ones del comercio del
mundo; hoy, que una obra de reparación se lleva á cabo, lenmtando ante la posteridad la figura
del grande hombre sobre el océano de iniquidall
en que naufragó su prestigio, importa recordar
q:Uién fué el hombre y reavivar en la frágil memona de los hombres y para enseñanza de todos
el ejemplo de sus energías, de su labor inmensa.,
de sus luchas y de sus triunfos.
De L esseps, más que "gran francé~ " título
que justificadamente le otorgaran sus' con temporáneos, era francés completo, acabado tipo de
lo que de más noble, más grande y más 'brillante
tiene esa raza privilegiada. Era francés porque era
c'.1-ballcresco, gal~ntc y p_ulcro ;_ cuando el 4 ele Septwmbre, su amiga de mfancia, la Emperatriz
Eugenia, se Yió como )Iaría .Antonieta, sitiada
por una multitud indignada, ciega, dispuesta á
todas las Yiolencias y á todos los arrebatos, de
Lesseps, hendiendo la furiosa multitud Yino á las
'J'ullerías á ofrecer su brazo como apoyo y su pecho como escudo á la infortunada soberaP'l.
Ri era francés por lo c-aballcresco, lo era mús
ai'.m por el brillo de su talento, por el ímpetu de
su voluntad, por su desparpajo y su "cranerie''
para manejar hombre!', eosas y fortunas, y por
el carácter grandioso y altamente poético ele sus
eoncepcione~ técnicas. Romper un itsmo, comuntcar dos mares, di,:poner como un tábm,) el Jet ii.l
del canal de Suez al beso Í!l.t:111•&gt; v á la f 1:~d,a
completa de la ola amarga de! .\J c·.hirrrú n&lt;'O &lt;·r,·1
la onda i-alobre del }far Rojo, antes parece un
poema, una epope_ya., que :m hnrdo i.rr1u,1.in material. Ese carácter épico reYestían fos c·,rnquisl.13
napoleónicag y ese eBpleJHlor mágico el de,potismo
del Rey Sol, y esa grandiosidad, bien que trágica y sin ic~tra, los exce~os de la Gran He\'olución.
Grandiosas y bellas, tal es el carácter que el espíritu fran&lt;'('s da á todas sus concepciones y ]¡¡
energía francesa á todas sus ideas. La de Lesseps
era empre$a tan temeraria, al parecer, y al parecer también tan irrealizable, que cuando el Gran
Francés propu!'o eRe retoque á la ohra del Creador
y esa. portcnto!;;a ernlución al comercio uniYersal,
f'.C vió, como todos los genios, tratado ele iluso, y el
recelo, la dc•confianza, la sátira y ha~ta el anatema, se le atra,·e~aron al paso.
Lesseps, como Colón, hizo frente á la tempe,tad y persereró en ~u magna obra. Sedujo con
la magia ele im palabra la imaginación oriental
de Jsmail, recorrió Francia, hizo una propagan&lt;h
febril y pcr;,e,·erante, nucYO apó1'tol propagó la
fé )' dió al fin comienzo á sus tareas. La luc-ha

Estanques de aceite inctndiados.

El lunes 1t después de las diez de la noche se declaró un lncendlo en la Fábrica de Aceites de la f'alle de las Delicias negoclacllln de la que son doeftos los s
Go ál H
N b I te¡
n canll 'ad
de aceite depositada, 108 bomberos hábUmence d1rlgld01 cortaron el luego pocas horlU! después. Se eeiunan lae pérdldas'en máa de '50,000. Por esta cantidad ea~t! ase~tr:Ja J!i::'egoc~a~i~n":n
• gra

rocío. Ejércitos de trabajadores con la portentosa
artillería de una maquinaria formidable apenas
lograban arañar la rebelde corteza terrestre; el
istmo se defendía tenazmente contra aquella violación, ya era la roca dura é impenetrable que levantaba ante el trabajo de zapa reductos inexpugnables, ya la arena movediza que tendía redes y organizaba emboscadas y oponía el derrumbe y el hundimiento de los esfuerzos de la excavación; brotaban á veces las aguas subterráneas y
anegaban, inundaban y ahogaban los trabajos y á
los trabajadores. Aquello no era un canal, era un
abismo que había que colmar con oro. Inglaterra miraba aquel esfuerzo ciclópeo con irónicas
ojos y esperaba con burlona sonrisa el desastre.
De Lesseps se multiplicó ante el peligro y se
agigantó ante el obstáculo; la fecundidad de su
genio y de su saber técnico inventó recursos para
todos los eventos, soluciones para todos los problemas, teoremas para todos los cálculos. E l ingeniero vencería si el financiero combatía á su lado,
y Lesseps se hizo financiero el más fecundo, el más
ingenioso que puede darse. Inventó títulos cuya nomenclatura seria interminable, creó valores sin
cuento, ideó combinaciones :financieras prodigiosas; consumió un capital enorme, de imprevisible
magnitud y abrió al tráfico el canal en presencia de t estas coronadas con la bendición de obispos
y de gerarquías eclesiásticas y rodeado de cuanto de más grande é ilustre tenia entonces la Europa civilizada que aplaudía, incensaba y casi deificaba á aquel hombre.
Aquel opoteosis debía tener su cruel y doloroso reverso ; la materia vencida en Suez, tomaría
su revancha en Panamá y el vencedor de las
arenas del desierto, había de ser vencido por los
fangos del Chagres y los peñascales de la Culebra.
¿ Por los fangos y los peñascales? No; la justicia
histórica dirá que el coloso fué vencido por la
maldad y la corrupción de los hombres. Aquel
Austerlitz tuvo como epílogo un Waterloo, pero

Monumento e1·i9ido á Lesseps en Puerto Said.
no fueron un barranco y una escarpada meseta los
que obstruyeron y cortaron el camino del triunfo, fueron abismos de iniquidad y monst ruo~os
hacinamientos de vicios los que cerraran el paso
al triunfador de Suez é hicieron de Panam1 un
Waterloo.
Las finanzas salvaron la empresa de Suez, los
financieros hundieron á Lesseps en P·m:un!t, lo
saquearon, lo despojaron, lo arruinaron en complicidad con politicastros venales; y ese abismo es
incolmable, y ese buitre insaciable y si devoró
seiscientos millones sobre mil cutrocientos hubiera acabado por devorarlos todos y por vaciar la
alta :finanza y la baja política en sus cajas fuertes todas las medias de lana ele Francia.
El proceso de Lesseps no fué el ae 1m homhre,

fué como el de Galileo, el ele una época y el de
una institución. Condenado por los jueces salió
de la prueba engrandecido ante la opinión por
el injusto martirio; arrastró las gloriosas cadenas
de Colón, vistió un sambenito como Giordano
Bruno; pero la sentencia que no se atrevieron á
aplicarle le ungió vítima, sus ca,denas se transformaron en palmas y su coraza en laurel.
L os accionistas de Suez, enriquecidos por Lesseps. le levantan un monumento expiatorio y lo
rehabilitan ante la posteridad. Ese monumento
acabarán por hacerlo suyo Francia y la humanidad.
Dr, M. FLORES.

�m, HUNDO.

360

Domingo 17 de Diciembre de 181111.

ALREDEDORES DE

vomlngG 17 de Dlcíembre de 1899

EL MUNDO.

361

MEXICO.-TLALPAM.

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5. Alberca de la «F~ma ·Monta esa ,.ªm~n~:t1~- t.
~u; Y,tmdandan~ial de las Fuentes.-4. El canal de la «Fama Montañesa.»
11
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uen es.- . v1 a a e .a casa de la Sra, Landa,-8. Ermita del Calvario.

1, Casa del 81·. Espinosa - 2

,1. Casa del L ic. Victoriano .Agüei•os.-2. Oasa del 81·. h·i~s.-.3. Una calle de '!~álpam. -4. Casa en q 1.1,e estuvo preso el libei·tador Morelos. Tiene una
lápida con za inscripción siguiente: «In Memonam. Esta fué tu prisión ¡oh gran sol~a~o! Por el crimen de habernos libe1·tado .»
fí. _ El Mercado én conslrucción. - 6, Oasa del Sr . Balme. - 7. El Mercado en ;,ervicio. -8. Detalle de la Alberca en ias Fuentes,

�Domingo l '7 de Diciembre de 1899

EL MUNDO,

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de pie, con la cabeza erguida mostrando su obra gigantesca. La vista de esa
estatua disipa la atmósfera de tristeza
é incertidumbre dolorosa., que opacó los
últimos años del prodigioso Innovador.
Recordamos, sin quererlo, las fotografias que lo representaban, débil, paralitico, hundido en un sillón. Gracias
:l M. Fremlet y !l. la compañia, veril. el
r.. ,mdo al Fernando de Lesseps que fué
á, la vez una naturaleza tau enérgica y
un gran seductor: al "Gran Francés,"
erguido, glorioso, transfigurado, en el
teatro de sus proezas.
En la mano izquieraa tiene Lesseps
un plano, el del canal, tan fielmente reproducido en el bronce, que bastarfan
sus indicadones para hacer de nuevo
la obra.
En el pedestal se lee el nombre de
Lesseps, y más abajo, entre una corona,
la divisa "Aperire terrarn gentibus."
El monumento parece que surge del
brazo de mar formado por de Lesseps,
á la entrada del puerto.
La obra de Ifremiet fué conducida á
Puerto-Said por un buque inglés, porque ninguna compañia francesa se
atrevió íí transportar las enormes piezas de bronce. Amagado el buque por
una tempestad en el Golfo de Gascuiia,
regresó á Ing}aterra, para comprender
de nue,o su viaje que llevó íí cabo con
felicidad.

UNA INSTI'IUCION :MONASTICA
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El P. BaiUy, director de «La Cruz,&gt;
senta la figura histórica del "Gran
Francés," asi es que sólo hablaremos
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aqui del monumento que consagra á la
El 17 de Noviembre se inauguró en memoria del eminente Ingeniero la graPuerto Said la estatua de Lesseps, cos- titud de los accionistas del canal.
La estatua es obra del célebre escult eada por la Compañia del Canal de
tor Fremiet. Tiene siete metros de altuSuez.
En otro lugar se pubilca un artículo ra y se levanta sobre un pedestal de
en que el Doctor Manuel Flores, pre- ml'ls de diez metros. M. de Lesseps estl'l

LA ES 'l'A'IUADE M. DE LESSEFS

Acusados de conspiración los Padres
que dirigen "La casa de la buena prensa" de Parts, han recibido visita domiciliaria, en la que se dice que diez comisarios de policta encontraron la enorme suma de un millón ochocientos mil
francos, dentro de una caja de hierro.
Justa ó injusta la acusación, culpables ó inocentes los venerables Padres
de la Asunción, dueños y gerentes de
esa casa editorial, lo cierto es que la
institución que han fundado y que llega á un grado de prosperidad asombroso, despierta la curiosidad del mundo
civilizado, porque muestra uno de los
organismos Industriales m!í,s Importantes, puesto al servicio de la idea católica.
~·~
Los Padres de la Asunción ocupan
en Parfs, en el barrio de los Campos
Eltseos, la casa número 8 de la calle
de Francisco I y las que tienen los números 3 y 5 de la calle de Bayardo.
La sala de redacción de la casa es
muy vasta y trabajan en ella mlis
de cincuenta escritores de planta.
La imprenta est:l admirablemente
montada. Los talleres de composición

dan ocupación á m~s de cien sei'ioritas, obreras, aprend1ees y correctoras
bajo la dirección de Hermanas de ~
A:sunción. Los talleres de tiro tienen.
diez y nueve prensas de las mejores.
marcas y de los sitemas m!\s perfeccionados. En el subsuelo hay dos motores.
de vapor que mueven esas mli.quinas y
los dinamos de luz elcétrica, y un motor auxiliar de gas. En los talleres de,
fotograbado, de encuadernación y en.
los demás anexos, trabajan otras cien
mujeres. Por último, las oficinas de en_vfo y la administración, tienen un personal numeroso, organizado admirablemente. El efectivo total de empleados se ele,a á la cifra de quinientas..
personas.

e&gt;omtngo 17 de Diciembre de 1899.

363

EL MUNDO.

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¿ Qué relación puede haber entre un.

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establecimiento industrial de tan vastas proporciones y una comunidad religiosa? Héla a qui:
La idea de los fundadores de "La
casa de la buena prensa," se condensa
en los siguientes
términos:·
"Como la Iglesia tiene la facultad maravillosa de adaptar sus medios de acción á las exigencias de los tiempos, la
enseñam:a de la cátedra debe reforzarse con la propaganda por la prensa; al·
periódico propagandista de ideas sub-versivas. d~be oponerse el periódico sano." La empresa de los Padres de la·
Asunción, es la aplicación de esta fórmula.
Este es el origen de sus publicaciones
periódicas, veinticinco por todas, y de•
su diario de á cinco céntimos "La
Cruz."
Algunas cifras bastará.u para Indicar
el desarrollo y la gran prosperidad de·
esa casa. "El Peregrino," fundado en
1873,. tira 190,000 ejemplares: "Las·
Com·ersaciones Dominicales." 102.000;
"Las Vidas de los Santos." 500,000~
"La Cruz," fundada en 1883 y eser!:
ta á la manera de los diarios popularestiene un tiraje de 190,000 ejemplares~
"La Cruz del Domingo," con "El Labrador," para. los campesino!'(, tira ... .
520,000, y "La Cruz de los '.\farinos, . . .

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10,000.
Si á los periódicos, desde "El Cosmos," gran revista cientffica. hasta "Et
l\Ies Literario y pintoresco," y "Noel,"

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revista. infantil semanaria, se añaden
los libros, las estampas y las fotografías para proyecciones luminosas y clnematogr:íficas: si Ré considera que cada año hace circular la casa, ciento,
treinta millones de hojas impresas,
que todos los dfas le lleva el correo,
más de seiscientas cartas, y , por último, que con su personal administrativo y obrero, tiene cincuenta escritores de planta, na.die extrañará, onE&gt; los
reverendos Padres ocupen tres edificios
con su gran instalación.

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Imprenta de la «Casa de la buena prensa,&gt;

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Domingo 17 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO

Domlncro 17 de Diciembre de 1899.

mente, algunas arrodilladas, con las manos juntas, mostrando al cielo sus cabelleras tronchadas ..
Un eg,pitán acercó su caballo:
-Todo está listo, mi coronel.
Los cabellos cortados ,estaban alineados por
tierra, formando cerco a la plaza, á semejanza
-de un cortejo de serpientes ....
El coronel, muy divertido, pasaba delante de
las caballerías, corriendo al trote. Tras de él
iban los soldados á caballo, y se complacían i"'ualroente viendo á las mujeres que en medio d~ sus
llantos, se cubrían la cabeza con sus pañoletas
v mantillas.
~ Los cabellos eran negros, y de ellos se exhalaba
un suave y dulce olor á jardín . ...
De pronto el coronel detuvo su caballo.
-¡Dragones! gritó.
Y luego, de un salto, se puso al frente de sus
soldados, diciéndoles:
-¡ Poned esas melenas en lo alto de vuestros
-cascos!
Un estallido de risa se alzó del escuadrón.
Todos á la vez, se avalanzaron sobre las cabelleras, y como las había en profusión, cada uno
tomó la suya. Las más eran sedosas, "infantiles,"
:si cabe la palabra, y ondulaban como en los campos el trigo; otras espesas y pesadas, que harían
inclinarse hacia atrás las cabezas de los guerreros.

LOS

PENACHOS

A principios de Diciembre, poco después de
Entre tanto, los grupos de mujeres llegaban
que Lannes saliera de Tarragona, un escuadrón como rebaños; las calles se inundaban de zagalede dragones entró á esta ciudad.
jos claros, y mil voces agudas llenaban el aire
Era un gran regimiento destrozado, aunque con improperios. Una vieja, con los brazos lepoco temeroso, diezmado por las emboscadas, tan vantados, chillaba más que nadie.
abatido por los sufrimientos, que la mayor parLos soldados escoltaban á aquellas infelices;
te de sus hombres parecían viejos. Preocupados las bonitas sonreían, pero casi todas caminaban
únicamente por la gloria, habían atravesado la • á viva fuerza, con los dedos engrifados, presas
Europa y, de 1805 á 1808, eran los últimos del An- de horrible desesperación. Al oir las carcajadas
tiguo Ejército, los que durante las marchas re- de los dragones, insultaban al coronel, y algunas,
ferían sus aventuras, contando á los quintos con más valientes, lanzábanle guijarros á la cara.
voz baja que temblaba todavía los terribles su-¡ En montón, en montón 1
cesos de Austerlitz.
Había algunas que daban el seno á sus chicuelos desnudos; otras con un santo furor sacu-&lt;:::&gt;-()..;:::,,
dían ~us vestidos. Se les seperaba de los' viejos
en
qmenes encontraban amparo, y de los niños á
-¡Alto!
Habían llegado á la plaza del mercado, rodeada los que infundían valor. Una muchacha se daba
de bajas casuchas. La ciudad parecía muerta. Sólo golpes en el pecho y las otras hacían con su sanse oían, de tiempo en tiempo, las pisadas de unos gre el signo de la cruz, arrojándole después sozuecos ferrados, la monótona canción de los bre los soldados; y la vieja gesticulaba y gritaba
arroyos que cruzaban la ciudad y el inmenso grito del viento de la montaña que soplaba á lo
lejos ....
-i Hola! dijo el coronel; que registren las
casas!
El tal coronel contaría á lo más unos treinta
años. Era delgado, rubio, y seguramente al fuego de los eombates había ido á buscar todas las
heridas que, de pies á cabeza; se ostentaban en su
cuerpo. Columpiándose nerviosamente en la silla
de su caballo, miraba hacia las puertas que los
soldados estaban ya demoliendo, y se acariciaba
sus rojos bigotazos atuzados á la "gauloise.'
-i Ah! con que se han encerrado esos brutos!
En efecto, mujeres, ancianos y niños se habían
encerrado en las casas al ver llegar á los dragones.
-¡Juntad á las mujeres! dijo el coronel.
El terror invadió todas las casas y la ciudad
entera abrió sus puertas.
-~o se encuentra ni un sólo hombre dijo
un oficial.
'
-¡Diablo! dijo otro, esto quiere decir que
se nos prepara una emboscada.

7

0

con una voz tan ronca y tan terrible, que á lo
lejos, entre los inmóviles pelotones, los caballos
espantados se encabritaban . ...
-¿Ya? preguntó el coronel, ¿ están aquí todas
las mujeres?
-Todas.
-Bien; id ahora por todas partes á buscar tijeras!
Varios soldados, guiados por tres de las muchachas menos furiosas, entraron á las casas,
volviendo á los pocos minutos.
Entonces el coronel se acercó á las mujere~
y tomando á una por el cuello, al mismo tiempo
que señalaba á las demás con un gesto :
-Cortadles á todas el cabello, dijo, sin excep·
tuar á ninguna y á raíz de la piel.
Y se echó á reír mientras subido en su caballo, que se impacientaba po; lanzarse á la carga, miraba en derredor á las mujeres.
Adivinando más que oyendo el mandato, éstal'
se lanzaron sobre los dragones, entregándose e11a~
mismas á las cortantes hojas de las tijeras. Ilubieran querido morir, pero sostenidas fuertemente, no pudieron moverse ya, y bien pronto, con lo,
cuellos inclinados, vieron sus hermosas cabelleras
caer por ti.erra .....
Se les cogía por el talle, haciéndolas adoptar
una postura que las obligaba á deponer el orgullo de sus altivas cabezas, y ellas entoncel'
mordían con rabia los puños de las espadas.
Sus gritos fueron inútiles. El coronel, desde
su caballo miraba que ninguna fuese exceptuad,1
y asistía con regocijo á la operación. De la nuca á la frente, los hermosos cabellos caían formando una cascada, los unos largos, tan largo~
que llegaban al suelo, los otros espesos y opnlentos; y todos caían, caían á los pies de los
soldados, como velos, como pesados paños que
resbalan ....
-¿Ya? preguntó de nuevo el coronel, ¿ están
ya tonsuradas todas las mujeres?
Sólo se oían los gritos de las infelices. La mayor parte de esas cabelleras estaban prometidas
á la Virgen. Las mujeres se quejaban dolorosa•

La tarde caía. A los débiles rayos de un sol
melancólico, estos hombres parecían ochocientos
fantasmas, y las cabelleras que fl.otahan sobre
,sus cascos, semejaban ochocientas fuente~ ue
·sangre negra .... Un viejo sargentrJ, de altura
prodigiosa, balanceaba en alto el hermo5o pena-cho. Otro llenó sus botas con una d.e aquellas
·cabelleras. Un subteniente separó en dos bandas
la que á él le tocara, y hundió en ella su rostro,
:aspirando con voluptuosidad su perfume, mientras reía de júbilo. Algunos soldados muy jóvenes,
-escogian las más hermosas y aspiraban también con
-delicia el suave alor que emanaba de ellas. Esto
duró una hora. Al fin los cascos estuvieron listos.
Estos cascos habían sido en otro tiempo "á la
Minerva," y estaban todos acribillados por las balas y los sablazos, habían cambiado de dueño más
de una vez; habían cruzado la Europa y, de 1805
.:á 1808, eran los últimos del Antiguo Ejército,
,que durante las marchas, posados ya otras cabeias, contaban á los asombrados ginetes el gran
;suceso de Austerlitz.

365

EL MUNDO.

Sonó de pronto, una trompeta.
Inmediatamente el regimiento se puso en marcha. Todos los soldados eran altos, y de sus penachos se exhalaba un aroma delicioso.
El coronel desenvainó su espada y se colocó á
la vanguardia. De pronto oyóse un grito, y una
vieja que salió de entre unos matorrales, echó á
correr tras de los caballos. Era la vieja que poco
antes gritaba enronquecida por el furor. Uno de
los soldados se detuvo para arrestarla, y como no
se le hubieren cortado los cabellos, el coronel exclamó:
-¡Y bien .... . .
Alguien proporcionó al pronto unas tijeras.
-Deprisa ..... .
Los cabellos blancos como la Jlleve, cayeron al
suelo.
-Para mi casco! se dijo el soldado.
Y colocó en él aquella cabelicr&lt;1. l~iai:ca qu&lt;' parecía nimbarlo con una luz suave. En me&lt;liú •~e l.t
confusión de los soldauos, la vieja se reYolv1a como
una leona herida.
-Xada importa, dijo el coron,_•J, v mirando hacia la montaña, agregó: alli eslarán sus hijos esperándonos en el desfiladero.
Y á su grito de ¡marchen! los escuadrones se
pusieron en movimiento pasando junto á las mujeres que con los puños apretados, les lanzaban mil
injurias.
Los viejos soldados pensaban en la emboscada de
la montaña, pero los jóvenes veían en su imaginación á sus madres y herma.nas. Uno de ellos volvió
el rostro hacia las mujeres, y casi llorando, les dirigió un saludo.
A la salida de Tarragona, las veredas no son anchas; hay que cruzar caminos erizados por los picos de las rocas.
El regimiento avanzó por un desfiladero, caminando así por espacio de una hora, entre la sombra
azulosa de una tarde fría, hacia la emboscada, hacia los españoles, sin duda hacia la muerte. Y quizá una de aquellas mujeres que !'le habían quedado
allá en la plaza, arrodillada y atenta, se P,mocíon:1.ba mirando á la tropa vagar por los montes, decreciendo poco á poco como una banda de pájaros que
van ele viaje, y entristecida, se preguntaba mirándolos, cuál de todas aquellas cabelleras que agitaba el viento, sería la suya .... . .

&lt;8uento&lt;1

8i3 Íanco&lt;1.

Una Vieja Historia

GEORGES D' ESP.\ ,ni Ea.
l")uesto que tú lo quieres, sea, i oh hermana armoniosa!
Pero créeme: ha mucho tiempo que de mi pluma huyó el perfume lilial; ha mucho tiempo que
mi pluma, de infatigable mariposa que era, revolando siempre en torno de todas los pensiles y libando en los cálices de todas las rosas, se ha trocado, fatalmente, en acero disector que sólo busca corazones que mondar y estados de conciencia que
sorprender.
~las no importa, amiga mía: cuando vienes á mí,
radiante con la núbil alegría de tus quince años,
dando al aire el áureo chorro de tus cabellos y dispersando saetas azules y húmedas con el arco augusto de tus cejas, no sé qué viejas remembrru1zas
se esperezan y cantan en el fondo de mi alma y no
sé qué fulgores alumbran las crecientes sombras ..... .
Y tú, no me temes porque sabes que no pido más
caricia á tus·eucantos que el inefable júbilo de verte vivir; porque sabes que para conmover mi pobre
espíritu, aún sembrado de i-omanticismos á pesar
de todo, me basta contemplar tu virginidad nimbada de divinas inconsciencias.
Y quieres cuentos . ... . Pues bien, para tí, es
preciso que mi pluma sea virgen y santa, amorosa
y pura, blanca y piadosa. Lo será, por arte ele tu
blancura y el.e tu pureza, por tus ojos color de cielo~ por tu frente de marfil, por tu boca de frambuesa, por el oro de tus cabellos ....
Y porque tú lo quieres, amiga armoniosa.

I
Esta es una vieja historia que en una tarde de
deshielo, mientras las alburas de la niern se manchaban ele lodo y los hielos del estanque se rompían con fragqres cristalinos, me fué narrada por
el vetusto, marmóreo Cupido de un parque muy
viejo y muy sombrío.
¿ Conoces tú esas estatuas de mármol, sucias y

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EL MUNDO.

366

Domingo 17 de Diciembre de 1899

carcomidas por la lepra de los tiempos, que se es- no saben abstraerse en la contemplación de las co- jaron el cincel para acariciar la lira en cantos
conden en los recodos de los viejos parques? ¡Po- . sas silenciosas y quietas. Por lo demás, casi todos que solían empezar así:
"Ninón, rubia Ninón, mi .Amada, mi Delicia"
brecillas ! En sus pupil~ petrificadas, siempre he . los desocupados quieren ser poetas ó casi todos los
Cuando la piedra con sus rebeldías inconscie~:
creído hallar un amargo reproche; paréceme que poetas son desocupados: no lo sé de fijo. No me incuando allí fueron colocadas, para ornato de aque- . terrumpas y escucha: cuando se viene á un parque tes y purificadoras, detenía por un momento el
llos vastos asilos de amor, el enarcamiento de sus como este y en una tarde como esta, ó se viene á torrente de, . imp~tus con que el a~tista quería
labios debió ser más amable que el que hoy osten- cumplir mecánicamente un precepto higiénico ó hacer de 1Ill su obra maestra, Rogel10 no juraba
tan, y parecéme que hoy guardan un coraje pro- se viene á recrearse en tristezas y en despechos; y sino por Ninón. Y cuando quedé concluído y safundo y eterno contra estas nuevas generaciones como casi todos los hombres lloran desdichas de tisfecho él, para premiarse, como suprema reque no hemos sabido sorprender las delicias de la amor, y como todas las desdichas de amor tienen compensa, se atrevió á robar el primer casto
línea que recorta albamente los sombríos hacina- remedio, oye una historia que ha de servirte y beso á los frescos labios de su Ninón . ..
Y así pasó el tiempo .. .
que es tan vieja como la primavera y tan etermientos de las matas y de los arbustos.
Un día, como todavía hoy sucede, la sonronamente
nueva
como
la
prü.aavera
:
El Cupido de quien tengo la historia que voy á
saua_y pura Ninón fué puestai entre dos capas
11arrarte, habíase pasado luengos años inmóvil sode tierra para que durmiera el sueño eterno,
bre su pedestal, &lt;le suerte que sus ojos sin vida haIII
env11elta en las alburas de la batista y encebían visto ú muchas parejas enamoradas, y sus oírrada en una blanca caja, capitonada de raso.
dos de mármol habían escuchado los madrigales de '
Rogelio estaba inconsolable. Quiso hacerme pemás de diez generaciones. Había sido el confiden-:Ningún mozo ha amado tanto como amó
te forzado de más de un conflicto amoroso, y á sus Rogelio, e~ que me dió forma de la masa inex- dazos, porque decía que yo le recordaba su amor
pe,rdido. No sé por qué no lo hizo, pero dejó el
pies habían rodado las lágrimas de muchas vírge- . presiva de la piedra.
nes que hoy son polvo en las entrañas de la tierra,
Fué en los últ imos tiempos de los reyes ves- taller entre sollozos y por mucho tiempo no seny que, si vivieran, tendrían la suerte de contero- tidos de seda y de pelo empolvado, cuando gra- tí sobre mi dura epidermis más que la caricia
plarse entre nosotros en la veneranua calidad de ciosamente se reclinaba sobre las lises de Francia torturante del olvido y del polvo. .
Y volvió á pasar el tiempo .
bisabuelas.
la r.u bia. majestad de María .A.ntonieta y cuanUn día mi sueño fué interrumpido por un
.Aquella tarue de deshielo en que trabé relacio- . · do se presentía entre las vagas brumas del futuro,
- rumor de besos : Rogelio, el inconsolable Rogelio
nes con tan experimentado Cupido, r ecorria el · el pavoroso brillo de la cuchilla popular.
parque en pos de no importa qué quietudes, cuap.Rogelio amaba á una Ninón encantadora, son- amaba á otra, había olvidado á Ninón y se em~
do escuché un gemido, un gemido angustioso que rosada como un clavel y pura como azucena- briagaba de besos en unos labi.os nuevos!
Y mientras tanto, la pobre Ninón en su
perecía surgir del fondo de algún sepulcro milena- · (pensé en tí, oh her~ana armoniosa !)-y esa Nir io, y que detuvo mis pasos con el imperio de un nón ama:ba á Rogeho que era hermoso y gallar- tumba ....
conjuro mágico. Y, como era de rigor, lniré en do entre los gallardos y los hermosos.
IV
torno mío y no ví nada. Mas persistía la queja, y · La conoció durante un lninuetc campestre en
persistia de tal manera desgarradora que, en me- • los p, ados de Versalles y con ella danzó la paAl llegar aquí el relato del marmóreo Cupido
dio de mis propias tristezas, senti una piedad infi- vana, á los ojos del buen rey Luis que, al mi- un burgués cruzó las avenidas del parque y l¡
nita y me creí capaz del consuelo. ¿ Pero á quién rar tan apuesta pareja, tuvo una amplia sonri- estatuilla enmudeció.
consolar. si á nadie veía?
sa _de buen padre de sus pueblos y de cerrajero
Yo temblé, creyendo que no conocería ya el final de la historia. Pero cuando el burgués se
Seguí la dirección contraria al viento que en feh z.
sus vibrantes ondas traía. el gemido y tras mucho
Se amaron locamente. Ninón amaba á Rogelio hubo alejado, sonando su pesada cadena de oro
buscar. dí con un montón de nieve que envolvía co:1 el abandono y todas las timideces de los sobre la redondez de su enorme vientre intea-paren temen te alguna escultura. Escuché el sus- . primeros amores; le amaba con toda su alma na- rrogué al Cupido :
'
piro con mayor vehemencia, me acerqué más y da más:. así se ama por vez primera.
-¿ Y mientras tanto, qué sucedió á la pobre
más al níveo bloque y no dudé ya: de él partía la
Rogebo amaba á Ninón ... ¿cómo la amaba? Kinón en su tumba?
queja maravillosa que tan inoportunamente había Ah ! n? p0dré decírtelo : pero sus manos que en
-¡ Tenía frío !
roto el silencio vespertino del parque umbrío.
a9.uel entonces esculpían mis formas, tremaban
JUAN S.A.NCHBZ AZCON.A.
Empezaron mis manos á desgajar la nieve endu- sm cesar y alguna vez-¡ mira qué pícaro !-derecida, y poco á poco fué surgiendo la marmórea
escultura del Dios .A.lado, con su carcaj al hombro,
con su arco al cinto, con sus alitas frágiles y desplegadas.
o
Debieron mis ojos prenderse en ella con manifiesta estupefacción, porque, interrumpiendo
el gemido, surgió de la impasibilidad del mármol
una voz uniforme y pausada, y dijo :
.
-Se admira un hombre de que el mármol gima,
cuando la nieve lo profana? Sepan los hombr~s,
que cuando la piedra es símbolo, la piedra llora . ..
JUVENTUD DE MUS SI T

Año VI - Torno ll

México, Domingo 24 de Diciembre de 1899.

°"0-)0(°"0-

II
Y prosiguió de esta suerte el marmóreo Cupido
del bosque umbrío:
·
-Tu piedad es rara; es rara la piedad que liberta á los mármoles de los abrazamientos de la nieve.
Voy á premiarla . . .. ¿ Qué buscas en este parque
solitario en tarde de deshielo? Es evidente que no
Yienes á mover tus piernas ankylosadas nor el reuma ni á emancipar tu vientre de una indigestión
laboriosa, puesto que en tu testa no miro uno solo
de esos hilillos de plata que consigo traen semejantes sinsabores. Támpoco acudes á una cita de amor_,
porque los besos y los madrigales se entumecerían
en el frescor de este fin de invierno y en estos tiempos sólo se ama al calor de la chimenea. Ni higiénico ni erótico es tu paseo: luego eres poeta y vienes
á soñar tontamente, como todos los poetas.
-Pero,-dije entonces á la parlera estatuilla¿ no puede traerme aquí alguna otra causa ? ¿ Es
acaso preciso ser un enfermo á un amante ó un poeta para reco"!rer un parque?
El Cupido no contestó de pronto; su frente de
piedra pareció contraerse un momento, como por
una abstracción ó por una ofensa, y en la tersura
del mármol señalóse un reborde impoluto y opaco,
cual rastro de un cincel incipiente. Y con voz severa, con severa voz que luego fué dulcificándose
paulatinamente basta recobrar su extraña y rítmica monotonía, habló el Cupido en el silencio de la
tardemoribuncla,mientras algunos pájaros errantes
quejumbrosos y friolentos, entonaban vagamente,
allá en las alturas de la arboleda desnuda y albinegra, quién sabe qué plegarias vespertinas. Y dijo :
-Te quise llamar poeta, por no llamarte desocupado. Hoy sólo estos visitan los p~rques en_ tiempos de nieve, porque ya las generac10nes modernas

1

l\Iimi Pinson, la griseta
seductora,
arrulla, dulce y coqueta,
con su risa trina.dora
la juventud del poeta.
.Tunto !í su amada, el cantor
da al olvido
toda amargura y dolor,
al pie del rosal florido
donde mora un ruiseuor.
Y ella, con vivos fulgores
en los ojos,
al vate de sus amores
ofrece sus labios rojos
y una corona de flores.
Y á la luz de astros radiantes
y entre notas argentinas
tlel a,e, estallan triunfantes
las rotas frases divinas
Y el beso de los amantes.

------~-

---= - -

~

II

tarde resph1mleeiente
y aromada,
reclina el genio la frente
sobre el cabello esplendente
de su gentil adorttda;
cuando, envuelto en áurea bruma,
cruza el cielo
cisne blanco cual la espuma.
que, herido, pierde en su vuelo,
una ensangrentada pluma.
Con rápida sacudida
se alza el vate,
y ase, el alma conmovida,
la pluma en sangre teuida
cual lanza tras del combate.
Y arranca. de ella el tesoro
ele sus más tristes canciones,
bajo cuyas alas de oro
i,e anegan en dulce lloro
los dolientes corazones.
Agosto 97.
MANUEL REINA.
En

VIRGEN PALIDA
..,:::&gt;-)0(°"0Pfllida como una lila,
nevada gardenia en flor,
la neurótica vacila
entre el claustro y el amor.
Y cuando reza, medita,
6 los pétalos arranca

de nevada margarita,
por lo bella, por lo blanca,
La colocarfa yo:
en un verso 4e Verlaine,
en un lienzo de Watteau,
6 en un m!írmol de Rodin.
RUFINO BLANCO FAMBONA.

FLORES DE INVIERNO,

Ouadro de M. Simonidy,

Número 26

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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EL MUNDO.

366

Domingo 17 de Diciembre de 1899

carcomidas por la lepra de los tiempos, que se es- no saben abstraerse en la contemplación de las co- jaron el cincel para acariciar la lira en cantos
conden en los recodos de los viejos parques? ¡Po- . sas silenciosas y quietas. Por lo demás, casi todos que solían empezar así:
"Ninón, rubia Ninón, mi .Amada, mi Delicia"
brecillas ! En sus pupil~ petrificadas, siempre he . los desocupados quieren ser poetas ó casi todos los
Cuando la piedra con sus rebeldías inconscie~:
creído hallar un amargo reproche; paréceme que poetas son desocupados: no lo sé de fijo. No me incuando allí fueron colocadas, para ornato de aque- . terrumpas y escucha: cuando se viene á un parque tes y purificadoras, detenía por un momento el
llos vastos asilos de amor, el enarcamiento de sus como este y en una tarde como esta, ó se viene á torrente de, . imp~tus con que el a~tista quería
labios debió ser más amable que el que hoy osten- cumplir mecánicamente un precepto higiénico ó hacer de 1Ill su obra maestra, Rogel10 no juraba
tan, y parecéme que hoy guardan un coraje pro- se viene á recrearse en tristezas y en despechos; y sino por Ninón. Y cuando quedé concluído y safundo y eterno contra estas nuevas generaciones como casi todos los hombres lloran desdichas de tisfecho él, para premiarse, como suprema reque no hemos sabido sorprender las delicias de la amor, y como todas las desdichas de amor tienen compensa, se atrevió á robar el primer casto
línea que recorta albamente los sombríos hacina- remedio, oye una historia que ha de servirte y beso á los frescos labios de su Ninón . ..
Y así pasó el tiempo .. .
que es tan vieja como la primavera y tan etermientos de las matas y de los arbustos.
Un día, como todavía hoy sucede, la sonronamente
nueva
como
la
prü.aavera
:
El Cupido de quien tengo la historia que voy á
saua_y pura Ninón fué puestai entre dos capas
11arrarte, habíase pasado luengos años inmóvil sode tierra para que durmiera el sueño eterno,
bre su pedestal, &lt;le suerte que sus ojos sin vida haIII
env11elta en las alburas de la batista y encebían visto ú muchas parejas enamoradas, y sus oírrada en una blanca caja, capitonada de raso.
dos de mármol habían escuchado los madrigales de '
Rogelio estaba inconsolable. Quiso hacerme pemás de diez generaciones. Había sido el confiden-:Ningún mozo ha amado tanto como amó
te forzado de más de un conflicto amoroso, y á sus Rogelio, e~ que me dió forma de la masa inex- dazos, porque decía que yo le recordaba su amor
pe,rdido. No sé por qué no lo hizo, pero dejó el
pies habían rodado las lágrimas de muchas vírge- . presiva de la piedra.
nes que hoy son polvo en las entrañas de la tierra,
Fué en los últ imos tiempos de los reyes ves- taller entre sollozos y por mucho tiempo no seny que, si vivieran, tendrían la suerte de contero- tidos de seda y de pelo empolvado, cuando gra- tí sobre mi dura epidermis más que la caricia
plarse entre nosotros en la veneranua calidad de ciosamente se reclinaba sobre las lises de Francia torturante del olvido y del polvo. .
Y volvió á pasar el tiempo .
bisabuelas.
la r.u bia. majestad de María .A.ntonieta y cuanUn día mi sueño fué interrumpido por un
.Aquella tarue de deshielo en que trabé relacio- . · do se presentía entre las vagas brumas del futuro,
- rumor de besos : Rogelio, el inconsolable Rogelio
nes con tan experimentado Cupido, r ecorria el · el pavoroso brillo de la cuchilla popular.
parque en pos de no importa qué quietudes, cuap.Rogelio amaba á una Ninón encantadora, son- amaba á otra, había olvidado á Ninón y se em~
do escuché un gemido, un gemido angustioso que rosada como un clavel y pura como azucena- briagaba de besos en unos labi.os nuevos!
Y mientras tanto, la pobre Ninón en su
perecía surgir del fondo de algún sepulcro milena- · (pensé en tí, oh her~ana armoniosa !)-y esa Nir io, y que detuvo mis pasos con el imperio de un nón ama:ba á Rogeho que era hermoso y gallar- tumba ....
conjuro mágico. Y, como era de rigor, lniré en do entre los gallardos y los hermosos.
IV
torno mío y no ví nada. Mas persistía la queja, y · La conoció durante un lninuetc campestre en
persistia de tal manera desgarradora que, en me- • los p, ados de Versalles y con ella danzó la paAl llegar aquí el relato del marmóreo Cupido
dio de mis propias tristezas, senti una piedad infi- vana, á los ojos del buen rey Luis que, al mi- un burgués cruzó las avenidas del parque y l¡
nita y me creí capaz del consuelo. ¿ Pero á quién rar tan apuesta pareja, tuvo una amplia sonri- estatuilla enmudeció.
consolar. si á nadie veía?
sa _de buen padre de sus pueblos y de cerrajero
Yo temblé, creyendo que no conocería ya el final de la historia. Pero cuando el burgués se
Seguí la dirección contraria al viento que en feh z.
sus vibrantes ondas traía. el gemido y tras mucho
Se amaron locamente. Ninón amaba á Rogelio hubo alejado, sonando su pesada cadena de oro
buscar. dí con un montón de nieve que envolvía co:1 el abandono y todas las timideces de los sobre la redondez de su enorme vientre intea-paren temen te alguna escultura. Escuché el sus- . primeros amores; le amaba con toda su alma na- rrogué al Cupido :
'
piro con mayor vehemencia, me acerqué más y da más:. así se ama por vez primera.
-¿ Y mientras tanto, qué sucedió á la pobre
más al níveo bloque y no dudé ya: de él partía la
Rogebo amaba á Ninón ... ¿cómo la amaba? Kinón en su tumba?
queja maravillosa que tan inoportunamente había Ah ! n? p0dré decírtelo : pero sus manos que en
-¡ Tenía frío !
roto el silencio vespertino del parque umbrío.
a9.uel entonces esculpían mis formas, tremaban
JUAN S.A.NCHBZ AZCON.A.
Empezaron mis manos á desgajar la nieve endu- sm cesar y alguna vez-¡ mira qué pícaro !-derecida, y poco á poco fué surgiendo la marmórea
escultura del Dios .A.lado, con su carcaj al hombro,
con su arco al cinto, con sus alitas frágiles y desplegadas.
o
Debieron mis ojos prenderse en ella con manifiesta estupefacción, porque, interrumpiendo
el gemido, surgió de la impasibilidad del mármol
una voz uniforme y pausada, y dijo :
.
-Se admira un hombre de que el mármol gima,
cuando la nieve lo profana? Sepan los hombr~s,
que cuando la piedra es símbolo, la piedra llora . ..
JUVENTUD DE MUS SI T

Año VI - Torno ll

México, Domingo 24 de Diciembre de 1899.

°"0-)0(°"0-

II
Y prosiguió de esta suerte el marmóreo Cupido
del bosque umbrío:
·
-Tu piedad es rara; es rara la piedad que liberta á los mármoles de los abrazamientos de la nieve.
Voy á premiarla . . .. ¿ Qué buscas en este parque
solitario en tarde de deshielo? Es evidente que no
Yienes á mover tus piernas ankylosadas nor el reuma ni á emancipar tu vientre de una indigestión
laboriosa, puesto que en tu testa no miro uno solo
de esos hilillos de plata que consigo traen semejantes sinsabores. Támpoco acudes á una cita de amor_,
porque los besos y los madrigales se entumecerían
en el frescor de este fin de invierno y en estos tiempos sólo se ama al calor de la chimenea. Ni higiénico ni erótico es tu paseo: luego eres poeta y vienes
á soñar tontamente, como todos los poetas.
-Pero,-dije entonces á la parlera estatuilla¿ no puede traerme aquí alguna otra causa ? ¿ Es
acaso preciso ser un enfermo á un amante ó un poeta para reco"!rer un parque?
El Cupido no contestó de pronto; su frente de
piedra pareció contraerse un momento, como por
una abstracción ó por una ofensa, y en la tersura
del mármol señalóse un reborde impoluto y opaco,
cual rastro de un cincel incipiente. Y con voz severa, con severa voz que luego fué dulcificándose
paulatinamente basta recobrar su extraña y rítmica monotonía, habló el Cupido en el silencio de la
tardemoribuncla,mientras algunos pájaros errantes
quejumbrosos y friolentos, entonaban vagamente,
allá en las alturas de la arboleda desnuda y albinegra, quién sabe qué plegarias vespertinas. Y dijo :
-Te quise llamar poeta, por no llamarte desocupado. Hoy sólo estos visitan los p~rques en_ tiempos de nieve, porque ya las generac10nes modernas

1

l\Iimi Pinson, la griseta
seductora,
arrulla, dulce y coqueta,
con su risa trina.dora
la juventud del poeta.
.Tunto !í su amada, el cantor
da al olvido
toda amargura y dolor,
al pie del rosal florido
donde mora un ruiseuor.
Y ella, con vivos fulgores
en los ojos,
al vate de sus amores
ofrece sus labios rojos
y una corona de flores.
Y á la luz de astros radiantes
y entre notas argentinas
tlel a,e, estallan triunfantes
las rotas frases divinas
Y el beso de los amantes.

------~-

---= - -

~

II

tarde resph1mleeiente
y aromada,
reclina el genio la frente
sobre el cabello esplendente
de su gentil adorttda;
cuando, envuelto en áurea bruma,
cruza el cielo
cisne blanco cual la espuma.
que, herido, pierde en su vuelo,
una ensangrentada pluma.
Con rápida sacudida
se alza el vate,
y ase, el alma conmovida,
la pluma en sangre teuida
cual lanza tras del combate.
Y arranca. de ella el tesoro
ele sus más tristes canciones,
bajo cuyas alas de oro
i,e anegan en dulce lloro
los dolientes corazones.
Agosto 97.
MANUEL REINA.
En

VIRGEN PALIDA
..,:::&gt;-)0(°"0Pfllida como una lila,
nevada gardenia en flor,
la neurótica vacila
entre el claustro y el amor.
Y cuando reza, medita,
6 los pétalos arranca

de nevada margarita,
por lo bella, por lo blanca,
La colocarfa yo:
en un verso 4e Verlaine,
en un lienzo de Watteau,
6 en un m!írmol de Rodin.
RUFINO BLANCO FAMBONA.

FLORES DE INVIERNO,

Ouadro de M. Simonidy,

Número 26

�...
368

Director: LIC. RAFAEL REYES SPDDOLA.

---------------------------------------------

A1;1taño, era es~a una temporada de jolgorio
contmuo, nueve dias de apuros y trajines ví,,peras
de otras tantas noches de fie,tas alegres en las
cuales no faltaban, por supuesto, su hora de rezar, su r~to de concierto, y un resto de baile para
que lo~ Jóvenes quedaran contentos.
~~é~1co se divertía en masa, el )léxico aquel ele
la_ Cmd_ad de los palacios," el de las calles con
canos abiertos, y empedrado común más lleno de
escarpaduras que una montaña, el de las ventana•
con r ejas ele prisión y los balcones con toscos ba:
randales, el de loJ faroles colgados en m edio de las
calles, el de las puertas claveteadas; ese :\léxico
que ~ontemplamos con cierta curiosidad risueña
al hoJ;ª~ cualquier libro viejo, y detenernos ant~
una, lam_ma de dibuj,o _algo infantil y perspectiva
conv en c1onal, ese ::\Iex1co que vive en los artículo~ de P ayno y _de Zamacois, en los versos de Juan
D 1az Cobarrubrn~ ~· en la " Linterna )Iágica" de
Facundo; ese Mex1co que se va delineando ante
n_oso~ros con precisión fotográfi&lt;'a, cuando en el
rmcon del estrado cursi, fuera de la charla loca de
l~s _muchachas, y de la grave conver sación de los
v!eJos, nos ponemos á echar palique con la más anr~ana de la casa, una viejecita de rostro rugoso baj" la~ clos blancas ondas del peinado, de mascada
colorida sobr~ el to!so enjuto, la cual nos cuenta
e1_1 su lenguaJe sencillo y pintoresco, lleno de modismos Y adagios, y mientras sostien e en la mano
hu_esos_a Y declamatoria una colilla humeante, los
episodios y costumbres de aquella época maliciosamente c~ndida é inocentemente supe;sticiosr..
Era el tiempo de las "Posadas " el tiempo go1,oso de los "peregrinos," las noches de procesión
casera en qu~ se cantaban las letanías y los villancicos, acompanados de los pitos de caña de los much~chos, fos panderos de los papás, y las risas y cuchicheos de los novios.
Entonces toda la tarde era animación y bullicio.
La Plaza de Armas parecía un mar agitado en el
que flotaban-mástiles verdes-las ramas del pino
chorreando _hebras de h eno; se balanceaban las
barracas baJo las cuales se guarecían cordilleras
d~ confites como pequeños volcanes cubiertos de
meve, ó a_ltos d~ pastillas como montones de piedras preciosas, o filas de pereg rinos, en supuesta
mar~ha por los pedazo_s de co_rteza de árbol, rocas
fingidas de aquel cammo fatigoso; gritos de los
vendedores, tumulto y batahola, ansia de lleo-ar
/i la casa par~ colocar el " Uisterio," dentro de las
ª!c.adas de pmo y he~o, puestas en el lu,e-ar mas
v1s1ble de la sala; gorJeos de los niños entusiasmo
de los g:randes y animación y tumulto por todos
los ba_rrios de la Ciudad; eso era la tarde de aquellos dias.
Por las noches las calles quedaban solas, alum-bradas por la lu~ ?lanca de los astros-en ,\léxico
l~s noches de D1CJembre son la primavera de los
ci_elos~y por los faroles colocados de distancia en
d1st_al!c1a, que derramaban una luz tan macilenta
Y debil que más parecían lámparas de ~,illa ue
n? representantes del alumbrado público:Pero\o
bien sonaban las ocho en los r elojes de la ciudad,
cuando de las c~sas cerradas, altas y bajas, &lt;'hiras
y grandes, surgia la salva de las "posadas:" un
regu~ro de c?hetes que rayaban la atmósfera con
caprichosa~ hneas de oro; una flora aérea, luminosa y ~~imera; rosetones carmesíes, ramilletes
azules. lmos de llama deshojándose en el viento.
. y el transeunte sol? que caminaba por la desierta acer~, ,tal vez sm familia, sin hogar y sin
amor, per c1b1a brotando en una onda de gozo de
cada ventana, d~ cada puerta, de cada case. et' ru,..
m?r. de las or~c10nes, los acordes de cristal de las
mus1cas, las risas de los niños y los suspiros de los
enamorados.

- Hoy au~ queremos retener esas costumbres que
ano por ano están más leios de nosotros· aun hav
"puestos" frente á la Alameda, y "po;adas" en

EL MUNDO.
las casas de nosotros los burgueses; pero ya en los
puestos hay pocos peregrinos, y en las "po~adas"
no se cantan vi)lanciccs. Esta animación que ahora tenemos no es fresca, es recalentada. Hemos
perdido el entusiasmo, como hemos perdido otras
muchas cosas.

Estas noches de i11Yierno empapadas de azul
con salpica~uras de astros s~n muy hermosas, so~
lo que, como los alfileres del frío asaetan en o-randes puñados las carnes descubiertas, muy pocos
transeuntes se atreYen á cruzar bajo el toldo Lliáfano &lt;le los cielos, las calles .de la capital.
Xo hien principia á caer la sombra, cuando se
va q~edan&lt;lo de_sierta la vía pública; en la gran
avemda l_~s cornll?s de los elegantes se desgranan,
la l'.roces10~ qu e nene del paseo se rompe y bifurca a cada mstante y h ronda de luciérnagas que
fosforece desde la Calzada de la Reforma hasta el
fin de la "gra!1 a_rteria," se derrama por las calles
transversales md1cando el rumbo de los carruajes.
Y queda únicamente brillando por un momento
sobre el crepúsculo de cris~al del Ocaso, la aguja
de uno que otro campanario con su toque (le Juz
en el remate.
Per? ya s:&gt;bre el plano obscuro de las fachadas
se en cienden los escaparates de las tiendas marcos de resplandor amarillo, tras los cuales lu~e una
fantasmagoría de colores; los cambiantes de las telas1 _la desl~m brante rutilación üe las joyas, los
gumapos brillantes de los juo-uetes v los reflejos
de raleidoscopio de las botell~s.
' •
·
Entretanto los huevos de leche de la luz
eléctrica arrojan su claridad temblona v linda hacia el cordaje aéreo del telégrafo. La decoración es
bella, pero le falta movimiento y vida.
"Ya las parejas de enamorados no van como en
pr1maYera á pasear su felicidad á la ca.ida de la
tarde y á decirse ternezas, aisladas entre la multitud inquieta.
A las nueve ele la noche ya no "flanean" los niños, c_antando sob~e las aceras rebosantes; ya no
se detien en las muJeres hermosas en bandas risueñas, soñando con los ojos entornados ante las telas y los encajes fantásticos ele los escaparates.
Y cuando el reloj de la Catedral da las diez ele la
noche, n o Quedan en las am_Plias avenidas más que
uno que otro gru_p? de ebrios, alguna mujerzuela
rezagada que va tmtando nor el arroyo desierto, y
alguno que otro enamorado escondido en el vano
obscuN de la fachada. .
La ciudad queda silenciosa v triste. Sólo las esfrellasrien en la transparencia infinita ele los cielos.
Xacla palpiti1 en el sutil cortinaje del viento. Acaso
el poeta. vidente que vela, sorprende rastros de
almas y huellas de oraciones en la diafanidad del
amhiente.
Sin embargo. hay seres que no se preocupan
del invierno ni procuran calentar sus ulaceres
junto á la lumbre del bogar t ranquilo.
Los ''bars" abiertos durante la noche arrojan á la vía su cudrilútero de fulgor amarillo. De
allí salen, como de una hornaza diabólica la carcajada cínica y la palabra brutal y obsc~na.
Es el antro de los desterrados ·del amor y de
la virtud.
Y si leYemente, por un ra~go de malsana curiosida.d, entrea_brís Jevem_en te la vidriera, podéis
v~r en un ~meón 1ummoso estP. personaje invariable. Es viejo, decrépito, sucio, macilento. En- ·
tre. una b~rba hirsuta de canas amarillentas y
lacrns, gesticula con dolorosa E&gt;xpresión la boca
desdentada. Sobre la palidez de los pómulos asoma una manc~a cárde~'l y tras los opacos vidrios
de tm?s anteoJOS de barillas torcidas, chispean bajo
las CeJas ásperas y blancas, las pupilas claras y vivas, como dos puas de acero.
·
Alrededor de la mesa ele e~te patriarca del
alcohol, se_ agrupan unas cuantas caras estúpidas y nerviosas que parecen iluminadas por la
llama verde de un ponche invisible.
. Cerrad. Allí no hay aleirría sana. ¿ Que oís tambi~n algazara y risas? Son las tristezas que se embriagan.
Seguid por las calles solitarias. Ya nadie pasa.
Y no es que clue:r:man los habitantes ele e,ta riuclad abandonada, es que el amor bueno se ha queen casa para bendecir el in vierno que
Junta las bocas y las almas .. . . .

?ªªº

Domtni?o 24 de Diclemhre rle l ll!li.

Domingo 2 4 de Diciembre de 1899

Los niños han escrito muchas cartas y los h
bres sonreímos. Estos pequeüos sOJiRdor·eº 1 om.11
.
'
~ te marav1 as nos contagian con su fe inocent e },'
b 1,
d
. .n CiH1a
a_ con, enA ?ªt· ª, vedntana, ur1 zapa tito e~pera el
mi1agro. sis ira, e seguro S:rn ta Cla u, : 1
cita misterio,;a. De allá \'eil(l;..-t • del Ori·e tH, ,i .1
·el ·
' '
n e azu 1
empah ec1do por un~ serena fulgeucia y atrave8 ar.i
con. su ma~to amarillo, su_ barha de niC\·e . sa
goria ele mgromante
la crndacl Jormi•,',
1.1- 1Y)e1&gt;e
•
t ~-aer, comdo s1em~re, un cargamento de c: huchcrias, q~e es(1e leJos, en la marcha apresurach á
la claridad blanca de las estrellas brill•1 r:111 '.
. t sment e como un eJérc1t.o
· · &lt;le luciérnao-as
'
' ' ,lllqure
,
,.. .•,, o
t an]aran en aparec~r •obre la esfumada cre~tería
q ue r ecor tat el ho~JZonte, reflejos de acero, astíl1as e1e p1a a y relampagos
fran'eados
de m:it·l('C,;
. .
J
como pe dazos de iris roto.
.
Espera á tu regio protector, za.patiHa charola&lt;l,1
que, cuelga_s, del barandal, l_anzando brillos d!!lce~,
y tu tambien, obscura botita de tacón o-astado
·
pun t a roi'd a ~ e1unesca,
y todos los quei:, curiosa-v
~1ente asom~1s por entre las brumas de las rcJ~,. como atisbando en la remota perspectiva ];1
sub1ta y _d e,lumbradora aparición; esperad la hora anuncrnda, en el mi•terio de la noche
)':__en el fondo de cad~ _uno. de rnsotros, pt•quenmes en vela, _qt~e habeis deJa&lt;lo la tibieza de
la alcoha por recibir los premios relesiillles. el
a~ba sorprender-á el juguete, la moneda ó la o-:&gt;losma.
i:,
Y o sé bie~ qu~ las manos de los ángel e, preparan esta ~1len c1osa '·kerme~sc" de la inorenria.
¡Oh, es c1ert? ! Ya por el mar azul profundo
de la noche. vienen bogando ''barcas de cr:~tal
llenas de lirios" ....

t

d;

r

Dejemos la descripción de la fiebre taurin&lt;i para otra vez. Que no se interrumpan egtas HneP~
serenas con aquellos alborotadores r ecuerdos. El
entusiasmo r ayó en frenética locura.
No mezclemos al azul del cielo el púrpura de
sangre.
::N"o falta rá lu ~ar. Y además, acaba de pisar e~ta
tierra María Guerrero. Pongámonos en pie 1n r;i
saludar al Arte excelso .... .
LUIS G. U RBIXA.

LA BENEFICENCIA PRIVADA.
Nada fija mejor el nivel &lt;le civilización &lt;le
los pueblos, que la organización de las instituciones de beneficencia. L os pueblos primitivos, h~
hordas salvajes, las tril&gt;us nómadas, desconocen d.:
t~do punto la caridad y ni la practican entre si
m menos aun con los extraños. En muchas de esas
agrupaciones, lejos de amparar y defender al in~á~~o, al enfermo, al anciano, se ies sacrifica por
mutiles y onerosos. En áspera y cotidiana luchil
por la vida, esos hombres se deshacen de tod,1
"impedimenta," aligeran lo más que pueden la carga, sueltan lastre para mejor marchar y ya, como en Esparta, sacrifictn al niño deforme, y.1
como en China, ahogan al hijo sobrante, ya conu
en la India, instituyen para las viudas el deber de morir con el esposo que las mantiene, y.i
coro~ entre las canacas, suprimen del catálogo al
ve~c1do de la existencia y asan y condimen tan
en barbacoa á sus padres ancianos ó á sus nudres impotentes.
Con los progresos de la civilización estas costumbres salvajes y menos que animales, se dulcifican; la caridad reviste la forma negativa de 110
dañar; para pasar más tarde á la forma positiva y activa de hacer el bien. Son los potentado:;
de la tierra, los monarcas, las castas pri,·ilegiada~,
las únicas ricas y poderosas, las que fundan !ns
instituciones de beneficencia, las que crean asilos, hospitales, orfanatorios, las que distribuyen í1
la puerta de claustros y palacios las migajas tle
sus banquet~s y los restos de sus festines. En
Ro~- se distribuye trigo á la plebe romana_ .Y I_J
solicitud de los poderes públicos va hasta mstituir el circo gratuito para solaz del público; en
la España medio eval al rededor de cada convento pululan mendigos á quienes se ctiEtribuycn
vi veres; los señores feudales van siempre rode~dos de parásitos, á quienes mantienen y dan 1:mosna.

~ os_ monarcas absolutos suelen mostrarse esplcnd1d~s
fundan gr~ndes in,tituciones de beneficencia de _su prop10 peculio., (léase del fruto ~e sus exaccio~es) p~ro la caridad privada langmdec~, apenas s1 se eJerce de la mano á la man?, baJo. la forma ele pobr~s y_ raras limosnas, ó
bien, b~JO _la
una hosp1tahclad momentá nea
y transit,oria. Y no \rnede ser de otro moclo bajo
esos r eg1menes, 1a riqueza pública está concentrada, la monorolizan contadas JJersonas V el resto es P?bre, miser~ble, casi mendigo.
•
De tiempo e~ tiempo ~urgen filántropos eminentes, como V1ce1;1te de Paul, como Carlos Borromeo, q1;1e mendigan para l0s pobres, que piden y obtienen, y con ello fundan instituciones
benéfic~s sin llepar, á pesar ele sus esfuerzos, á
ge~eral1zaclas ~ a promover acentuado movimiento
privado en su favor.
La caridad_ priva~a no se generali za, fortifica
y_ pr?spera, smo baJO el régimen industrial que
d.stribuye en muchas manos una inmensa riqu;za1 que crea burgueses má; opulentos que
prmc1pes, que unge reyes del oro del fü,rro del
carbón, ~el trigo á_ innumerable~ particul~res,
que desvmcula la riqueza ele mrnos de ks castas
privilegiadas y la difunde á torrentes en la masa
de los pueblos.
En csh1s rondiciones el archi1:1illof'll!,:,1 ']t,c 11'.l
luchado, t rabajado y sufrido y que ha acumulado
tesoros Pª~- sin transición y sin l'Onciencia, casi
de la avaricia á la generosiclacl, de la codicia
al ~esprendimiento, de la "tominería" á la prodigahda~. Al período de w ncentración y de acumulación sucede el de expansión y distribución.
Saciada su ambición, atesorados los caudales conj 1:1~ado todo peligro de miseria, allegadas probabilidades de mayor lucro, el millonario comienza á perc_ibir que hav seres oue sufren, que hay
dolores_ sm consuelo, penas sin r ecompensa, lab?res _s m fruto, y oue el comb11te en que él salió
victonoso, ha dejad_o tendidos en el campo
mucl~os luc)rndores sm f?rtuna, muchos paladines sm gloria; que otros, m~uficientemente armados, se aprestan á una lucha en que sólo les espera la derrota. El potentado abre entonces sus
cajas, prodiga á manos llenas lo yue acumló gran o á grano, funda hospitales para los herid:is
en la pelea, asilos para los inutilizados en la
campaña, escuelas para armar á los inermes; y
como los potentados nululan y los millonarios se
hacen incontables, la caridad privada extraofici~l, pr~spera, se prodiga y alcanza p~oporciones maud1tas y refinamientos sibaríticos.
Tal pasa en Francia, en Inglaterra, en ~orteAmérica. Ya es la baronesa ~ataniel ele Rostchild que lega millones y millones á la beneficencia; ya la señ ora Hea;t, que funda una Universid!!d; ya otras mil qu e crean ho$pitales sunt uosos como palacios, que levantan y sostienen escuelas monumentales y que organizan soberbias
ambulancias en caso de guerra.
Tal comienza ya á pasar entre nosotros como
consecuencia natur11 l de nuestra prosperidad y
&lt;l~l aumento y di fusión de nuestra riqueza.
Siempre hemos sido caritativos de la mano á lamano; pero desde la conquista hasta la r eforma fueron
los gobiernos, el clero -:y contacl0• magnates quienes hicieron importantes fundacione, benéficas.
Cortés fundó el Hospital ele Jesús; Lorenzana,
La Cuna; muchos ho•pita les el clero y el gobierno; }faximiliano ó más bien Carlota, "La ~fatern idad ;" alg,:¡TIOS mineros r icos como Borda, instituciones de importancia,
.
Después de la Reforma las fundaciones piadoi:as de origen privado fueron nocas; pero no esrasearon las de origen oficial. La ::\Iaternidacl de
Puebla es privada; l a Casa Amiga de la Obren1. también, a,t como los asilos de Colón ~f
rl_e Mendigos. Con esas instituciones uareció ini":ar~E' un r enacimiento de la car idad, v el Asilo
de Niños que acaba de fundarse en el Saltillo
e~ ele ello uTJa prueba. Un :filántropo sin hijos
nuiso hacer el bien á los hijos agenos, y con
~~gró closcientosmil pesos á fundar un asilo modelo
rl" la infancia, con todo el confort y el refinaT'' 'Pnto ele exigencias que h ubiera. Querido ofre"~r 4 su propia prole. Bn él vivirán "en familia"
l 0 R huérfanos, los abandonados y los deshereclMlo&lt;&gt;. Serán pocos para que puedan estar bien
noisticlns v recibirán no sólo l a cas'l, el vestido. el surtento y maternales cuidados, sine
t 11m bién enseñama que eleve su nivel moral Y
los arme ele p1mta en blanco para afrontt.r la
lucha por la vida.

l
1

1

l
1

1

'1

J

369

mr, Jm-lff&gt;O.

Grande obra y gran ejemplo; todo corazón 110ble debe conservar el nombre de ese noble filánatr opo que no sólo supo ser espléndido para
con _la orfan_da&lt;l, sino que supo dar á su filantrop1a la meJor de las orientaciones. Xo hay forma &lt;le caridad m~s tierna, más noble y más pura,
que la que se eJerce con la niñez.

~ ---PROF.t.:TAS ENGAIAI03.
-&lt;::&gt;)O(-&lt;::&gt;
Los enemigos declarados .de los caminos de hierro neg~ban á é3tos toda importancia comercial,
estr atégica, etc., por la razón (para ellos incontrover tible) de que las máqumas no alcanzarían la
deseada perfección para correr con gran velocidad
Y que _no era posible que prosperasen.
'
i 9mén les hubiera dicho que antes de morir
el siglo hablan de llegar á ser los ferrocarrile" el
factor más importante clel moderno pr ogreso
En nada acertaron. . . Consideraban el mavor
~le los abrnrclos pretender_ que los trenes sobrepuJaran en un doble la velocidad de las diligencias ..
Y he_ aouí _la progresión que ha resultado del perfecc1onanúento de las máquinas :
En el año de J825 recorrían en una hora las
locomotoras 9 kilómetros. En 1829, 25 kilómetros. En 183-!, 34 kilómetros. En 1838, 51 kilómetrcs. En 1839, 62, kilómetros. En 1868 (tipo
Crampton) 70 á 80 kilómetros. En 1899 9o'y más
kilómetros.
'
El tren que recorre el trayecto de Farfar á
Perth (Escocia) devora una distanem de 52'29 kilómetros en 33 minutos; unos 95 kilómetr os por
hora.
i Y aún se pretende duplicar esta velocidad
en?rme, suprimiendo en los trenes todo objeto
sahente que oponga resistencia al aire!
K o hay para qué hablar del inmenso desarrollo
alcan~~clo por est,e medio .de_ locomoción, que va
adqumendo d~ d1a en día gigantesras proporciones; baste decir que solamente en Alemania se fabric~n al año 1,500 locomotoras, y que en la a&lt;·tuahdad la longitud de las vías férreas en serYirio. es tal. que "podría" tenderse con ellas una
"doble" vía desde el planeta á sn satélite.
Si tan equivocadamente discurrían los sabios
;. oué extraño es que el vulgo se mostrase acérrimo enrmi!rn de los ferrocarrilE's?
_ En tod?s los naíses, y espe_cialmente en Espana. las primeras locomotor11s rnfuniliernn al pueblo ve~dadero terror, en parte justificado, porque
(s~a. dicho, d~ paso) la imperfección de las prim1tiva~ maqumaR y sus acce~orios, coches, frenos,
Ptc.. &lt;'&lt;'11sionab'l frecuentes de,rarrilamientos . . ..
I~a regla general era seguir viajando en diligencia, más cara, más lenta v m:Í&lt;; incómoda que los
trenes. pero en cambio más ~einrra.
AdPmás. clecíaf'P que el eqtablecimiento ele laR
vías -frrrea, haría imoosib1es 1~ pa1;tos: que el humo :l~ l"" loco1:1otoras envenenqr[a el aire; que
mor1nlll lo• pá1aroq; que ht:; chispas cfo las m.íquinas incenc1iarían los poblados y caseríos, por cerca de los cuales pasa,e el ferrocarril; que qued,,rían en la m:seria infinidad de arrieros, carreros
m:worales. nosaclero&lt;&gt; v empr esarios de coches . ..
Tan arrlligadas estaban estas creencias, que mnchos pueblos de no escaso vecindario, se opusieron ron inusitada tenaridad á que pasara por su
término tal ó cual vía férrea en proyecto.
Fiemplo ele est!l irra&lt;'iomil te•tiiruclez tenemos
en Fraga, importante nohlación de la provincia de
Hnesca. que hizo sobr&lt;'humimos esfuerzos para
evitar que pa~ara por allí el ferrocarril, y sil} él
,-i!{lle á estas horas. habiendo crnedailn rezagada v
"fuera ile concurso" entre otro,- pueblos que van
rreciendo v prosperando. I &lt;rUal lamentable condurh1 siITT.JÍÓ Carmona, (Sevi1111.) y cu&lt;indo "volvió en
sí," despuPs de ver oue se iba· queilanclo á la cola,
empleó todaq SU'- influenrias. su dinero y sus rerursos P.n rorregir el daño que por voluntad propia se haMa causado .. .. hoy ruenta ni1d!l men0R
nne con dos vías férreas que la unen á la capita 1 v al resto de España.
Tampoco f'e había Pnamorado de los ferroca-

i"

rriles el gQbierno español, pues como &lt;leda un escritor &lt;le aquella época (ld-1.ü) "en lugar de fomentar, proteger, alentar, activar y favorecerá la;;
empresas de ferrocarriles, lo que ha hecho ha sido
emlJar,azarlas y _entorpecerlas cuanto ha podido,
su,c1tandolas mil obstáculos, tropiezos, dilacionc.y dificultades:' Es la eterna historia ele esta pobre Espeña ....
La primera concesión que se dictó en la Península ll?va la fecha &lt;le 6 de Abril de 18-!,5, parJ.
la _sección d~ Almansa, comprendida entre )Iacln~ y _AranJuez_; pero no fué ésta la que se inauguro p1rmero, smo la de Barcelona á ~lataró en
;¿g de Octubre de 18-!8, concedida el 16 ele )lar7,0 del mismo año. A esta sig-uieron 111 de .\.ranjuez, Langreo á Gijón, Valencia al Grao, etc.
l&lt;,xtrernadamente curio,o era ob~erYar el indecible asomb.ro, la estupefacción que, ~egún testigos presenciales, causaba á las sencillas gentes del
camp? el ver pasar con rapidez Yrrtiginoi,:a el tren,
escupiendo ~apor y echando chi,pa~, sin que atinara_n á descifrar aquel enigma .... ¡ Tantos coches
corriendo · sobre la vía sin auxilio de mula~ n ¡
caballos ! Proverbial es ya la explicación ele aruel
palurdo : Los caballos iban dentro . . .
'
,otro moti~•o de terror eran los "tunnels,'' que
as1 se deno1:1i;1aban entonces los túneles, hasta que
se castellamzo la pala~ra; á muchos infundían pavor, con sus bocas abiertas v tenebrosas dispuestas ~ie_mpre á lra¡wr•e los trenes que e~ ellos se
pr ecipitaban con ruido ensordecedor . ..
Los relatos de lo que entonces pasaba las escenas á que &lt;lió lugar el establecimient~ de los
primeros ferrocarriles, nos parecerían ahora cuent~s y exageraciones anda! u1,as si personas muv
dignas .de crédito no las confirmasen en calidaZl
de testigos presenciales. Eran frecuentes las •io-re.
/, 1
'l:)
siones a os trenes, pedrada,, disparos de armas de
fuego, y hasta el hecho criminal de poner obst;iculos en los_ '~rails" ó r~il~s
He oído decir que
algunas v1eJas superstic10sas YO] vían horrorizadas
1~ cabeza y se santiguaban al ver pasar el tren,
firmemente persuadid~s de ~~e aquello tenía que
ser por fuer1,a alguna _mvenc1on del diablo; y que
la gente moza, las muJeres sobr e todo, si bien má i
despreocupadas en cuanto á la inter\'ención diabólica, lloraban presenciando la ver tiginosa marcha del tren, que conducía elegantes viajeras, alegres Y confiadas .... "Ay, pobres señoritas! (0rrritaban) ¡ Se van á matar!"
.
C.:n respetable amigo mío, el sefior B., me contó el siguinente caso, con el cual daré término á
estos breves apuntes :
D~cho señor hizo un viaje de Córdoba á 1Iaclrid
el an~ d_e 1865, cuando no había más trayecto
ferrovrnno que desde )ladrid á Alcázar de- San
u~n. 'l'uvo, _pues, que ir desde Córdoba á esta
:1Itima pob~a?ión e1; diligencia, y entre sus companeros ele viaJe_ vema un, pobre señor casi ciego, ó
enteramente CJego podna considerársele, pues lle,·aba una venda sobre los ojos. Iba á Madrid par.1
someterse á una difícil operación y acompañ.íbale un hijo suyo.
'
Des~ués de mu:has horas de diligencia llegaron
á ~lcáza,r; el sen?r B., al transbordar al tren,
se_ 11_1stalo en el mismo departamento que sus pri1mtivos compañeros de viaje.
Apenas se puso el tren en movimiento exclamó
el caballer o ~nferm? &lt;le la vista:-¡ Cara~ba, qué
hermosa y bien cmclada carretera! ¡ Qué marcha
más ~~ave! Así debiera ser todo el camino .. .
Sonnose el señor B., tomando aquellas frases
por una broma, y nada contestó; pero algún tiempo después tornó el caballero á decir :
-¡ Es extraiio ! ¿No les choca á ustedes el tiempo que tardan en mudar el tiro?
Compre~dió ,ento_n~es el se~?r B. que aquel caballero cre1a aun VJaJar en chhgencia, y va iha ;1
sacarle de su error, cuando le detuvo con un o-esto
el hijo del ciego.
l:) •

f

, :-Ruego, á usted_ que no le dé explicaciones,diJole al 01do.-M1 padre no sabe que viaje P'1
el tr~n ... Cre~ que sólo hemos cambiado de rlil ¡_
grn~ia; pero si ,se entera de que vamos en ferro/"'Arril. Fe apeara e11 1n primera estación sin que
fm-7.S!S humana&lt;&gt; le obliguen Acontinuar el viaje
Le horrorizrn los trenes. . . .
· ··
Como es ele suponer, el silbido ele la m·fo11in,1
el tufillo del carbón v mil detalles más revelarn~
al caballero la verdad. . . Se puso tnn desazonado
v fuera c~e sí, que hubo ner.,sidad ile suietarlo ...
T◄'n_ la pi:_imera estación en donde hizo alto el tren
(V1llacanas) se apearon padre é hijo.

�3i0

EL MUNDO.

EL SOLDATIO INGLES.
-&lt;:::,,~~

X? es este un estudio sobr~ la organización,
~•ual_1dac!';5 ~- defectos técnicos del ejército inglé&gt;'.
mstitue1011 que levanta en los días que corren una
polrnreda de críticas á cual m,ís se,·era por f'U
notoria deficiencia para afrontar una campaña
contra fuerza~ bien apercibidas. Tal vez en otro
artículo digamos algo acerca de la organización

DGmlngc 24 de Diciembre de 1899

hay en los regimientos cuando van á relevar á los
soldados que cumplen su senicio de ocho años en
la India. )Iuchos, empero, quieren que se les llame á ese servicio; los atrae lo desconocido y saben
que las penalidades no abundan allá, pues por lo
contrario, la vida es mejor que en la metrópoli.
Lo,., ocio¡; son interminables y las distracciones infinitamente variadas. X o ha·v servicio manual en
el cuartel; todo lo hacen los 'indígenas. ¡ Hasta los
barberos son indios que afeitan á sus clientes en
la cama! Los cocineros son indios también y le
sin·en el té al soldado i y se lo lleYan á la cama!
Afeitado y animado con el calorcito del té, se
decide el buen soldado á dejar la cama nara hacier
ejercicio militar, tarea bien corta _y nada fastidiosa.
Entretanto, los indios hacen la cama, asean el
dormitorio y mudan ag-ua.
Cualquiera se sentiría tentado de ir á disfrutar
e:,a riela mimada. Aun los peligros que allá se corren tienen sus encantos, los ele la guer ra naturalmente, que en los del clima no haY quien piense.
Por eso hay tantos imberbes en las füas de los
regimientos tropicale~ con ~er tan arenturado paun ad9lescentc meterse en las hornazas ele aquel
cluna. ); o obstante que se prohibe la admisión
de incli,·iduos menor~s de veinte años, no escasean
Fo!daclos ele dieciseis;
pero ¿ cómo impedirlo?
En el Reino 'C'nido no hay "estado civil " de lo
que resulta la imposibilidad de rechazar los infractores. Desde W"ellington hasta Kapier y Wolseler. todos los generales ingleses se han quejado
amargamente de este obstáculo para la buena organización del ejército: la frase de Lord Wolselev
e:: célebre : "mientras 110 se pueda determinar la
celad de un hombr~ como la de un caballo, por
el examen de los dientes, e~to no se remediará."
El clima diezma á los jóvenes en Egipto y en las
Indias, pero las 1·íctimas no se preocupan.

ra

li

PrPpará11cl ,se para el baile.

ele los ejércitos de la _Gran Bretaña. y de los países
que forman el J mpeno de S. ::\I. la reina Yictorifl.
Por hoy nos limitamos á hablar del soldado inglés, d~ ~u vida en el cuartel y en campaña, del
proced1m1ento que ~e emplea para reclutarlo y de
la formación de la ofi¡.,ial i&lt;lad, así como de las relaciones que existen entre esta :y la clase subaltern_a. Estas. iJ;clicaciones casi enteramente descripüvas, sernran para C'omprencler las causas de donde de:ivan las cuali,dad_es y defectos del ejército
,:ometiclo hoy á la ma~ rigorosa prueba experimental en las regiones :-ud-africanae.
El soldado inglés i::e di fcrencia del soldado continental en que es mercenario. En las otras nacio11es europeas de importancia, el scrl'icio militar es
oblig~to~·io y univer,-al: Inglaterra, apoyada en la
impenor1dad de su:; fuerza:;, cree que le basta y sohra par a las cxiirencia~ de su política con un ejército de tierra limitado. Si no tuviera que mantener
la paz en las India,. y adquirir y con¡:errnr_ colon ias, no vacilaría en licenciar su ·ejército.
apltcando al de,arrollo de la flota las economías
obtenidas de tal suerte.
Las exiguas proporcione¡., c1el ejército le permiten á Inglaterra, atraer eoldados con ~l cebo ele
Yentajas pecuniarias. El ejercicio de las armas es
para_ esa gente una profe&lt;ión lucratirn que les proporciona elemento::, para ,·il'ir cómoda y alegrement_e. Ko sólo,_ sino que puede llamarse regalada
eFa nda : á las siete RC lernntan, se desayunan á las
ocho, comen á la una. á la, cuatro v media beben
té, se pasean hasta la,, diez de la noche V á esa hora se recojen. Entre las horas señaladas, h acen
ejercicios que duran una ó dos horas, limpian sus
armas, se asean, fuman Y charlan. El cuadro es idílico : convida á hacer~e· soldado de S. M. n.
~

Para reclutar f,lolc1aclos en un t iempo y en un
paí~ en que la industria paga tan buenos salarios
á los obreros inteligenles y enérgicos, hay que dirigirse á las clases é indi,·icluos que carecen de tales cualidades, á los que en vez de luchas buscan
ociosidad, á los que quieren comodidades gratuitas y un porvenir aseg-urado contra toda eventualidad. El resultado es que las fatigas de la guerra los
ho~rorizan, aunque la guerra sea sn destino, voluntariamente acéptado. Prueba de esto el pavor que

p

•
las des~rciones, una vez que se divulga la lista de
los des1gnadoF, se les abruma á fuerza de trab ·
' .stas . é mspecc10nes.
.
.
8.JO&amp;
)' se l es a tm·ele _con 1ev1
El
cuartel se connerte en un_ mfierno : carros de
transporte, caballo~ que J:&gt;iafan, maletas que ruedan por las escaleras, muJeres y niños que lloran
toques ele clarín, ladriclo3 de perros. . . .
,.
El_ ~oldado que tiene ía~ilia legítima, la lleva
consigo; Tos otros ~e d~sp1den de los suyos y en
marcha. l:Tnos y otros, a fuerza, no lo disimulan.
son mercenarios que cumplen con su deber á re~
gañadientes.
Con todo, el valor no les falta. Lo han probado en todos los campo, de batalla. P ertenecen
á_ ~na raza "igorosa, habituada á todos los ejerClClOS corporales, Pe han fo~·t!fic~do con un régimen regular ~· altamente h1g1é111co y tienen cualidade;:, que valen r¡;¡ucho, flema v ·amor propio
C_iertamente, habituados como están á las como~
el 1cladeR, no las dejan a;;í como quiera; en Crimea
lnás de u_na vez lleg-aron con rPtardo á la cita y
e~o para mstalarse en el vivae con lujos de "confort" que no comprendían los franceses. Pero á
la hora del fuego, el francés los admir ó por su
bravura.
El ejército ingléR parece una supervivencia del
antiguo ré~imen; pu~~le _verse en sus filas algo de
lo que halna en loR eJerc1tos france¡;es &lt;lel sio-10 de
Luis XY, rcclutaclos en el Puente Nuevo / compuestos de soldado,- con apodo, valientes, pero sólo cuando les daba la gana, ~' tan inclinados á la
cle~erción, que tenía que adoptarse por fuerza la
táctica lineal que mantenía á los soldados codo
-con codo bajo la ineesante vigilancia dP los oficiales.
LoR "recruiting officers" OJ)eran en la Plaza de
Traialgar. Los tales "recruiting officers" son cabos ó sargento¡; retirados, á quienes se pao-a, además de ~u pensión, un tanto por cabeza d~ reclutas que logran alistar. Pm:an las de Caín para
atraer gente y aun tienen que apelar al charlatanismo en la enumeración de las ventajas de la
vida del regimiento. El oficio ele reclutador n o e
sólo difícil sino aleatorio, pues qi abundan las ~·-.1citudeR ele alistamiento en años de malas cosechas ó cua1~do hay huelga, ~n cambio hay t iempos
~n :iue nadie ~e presenta y el reclutador tiene que
1r a las aldeas a deslumbrar ron su uniforme á
los mendigo,, á los ngahunclos y á 10s inconstantes, sus clientes habituales.
El que se alista rara ,·ez se arrepiente. Ko hav
por qué, como podemos Yerlo, si rerorremos el interior del cuartel. Llamemos á un dormitorio á las.

Granaderos de la gu m·dia,

J

Al tocar diana .

EL MUNDO.

371

l

L er-tum &lt;fo la 1,1·.lP-n d,,t dia á !r(guardia
~os hombres_ maduros, por su parte, no se engnen con In_ nda a,·enturera, abominan de ella,
}_ cuando 1ec1ben or~en &lt;.le ~narrha sienten qu:~ Ja
b_erra_ se les abre baJo los pies. Obreros sin porvem~ _alts~ados en el ejército por pereza, jefes de fan11h:1:, irregulares, la deFerción es la única sal ;í!,
que tienen para eludir las órdenes de movilización
y en efcto, deFertan, á reser va ele darse de alta e~
otro regimiento, cosa no muv difícil dada la falta
de medios fehacientes para identificar á las
personas. De ese modo evitan el destierro temido
y sin correr grandes peligros reciben una nueva.
p_r_ima. Esta circunstancia. explica la gran proporcwn de desertores que aparece an las estadísticas del ejército inglés. Para evit&lt;Jrla se toman mil
pecaucioRes, tales como no publicar sino hasta
última hora la lista clefinitira del destacamento de
relern. Encierran al batallón, doblan guardias se
pone un co~dón de ,~entinelas á lo largo de 'los
muros exteriores. El prevost serl!eant" y sus ayu1
" como se les ~llama -recorren
.
dantes,-" sopones
los barrios de mala fama, la estación y' el interior
del cuartel. Si con tanta vigilancia se logra evitar

Domingo 24 de Diciembre de 1899.

siete de la mañana, mientr as el oficial de guarciia
Ta. y viene, calentándose al pasar por la chimenea
del garitón; un letrero nos dice el número de solda.dos que hay en el dormitorio v el peso del carbón que se les da semanariamente. Cada. uno de
ellos r ecibe diariamente doce onzas de carne, una
libra de pan y tres peniques para legumbres, sal,
etc. En el dormitorio los "nuevos" andan en ca··
misa y los veteranos están tendidos á la bartola
en sus camas; en el patio hay grupos de soldados
que se abotonan el uniforme con una mano y llevan con la otra. una escudilla de estaño, y los castigados juegan con las escobas. A las ocho, el clarín anuncia la hora del de~ayuno : los dormitorios
están ya aseados, las camas ·hechas, todos los solda.dos lavados de cara y manos y la. mesa puesta.
Se sirve el te y el extra del día, mantequilla,
arenques ó "porridge" (harina de avena.) Además
se proveen á su costa de alguna otra cosa que
compran á un soldado vendedor que va de dormitorio en dormitorio con sus mercancías.
El capítulo de la gastronomía merece lugar
aparte. El soldado inglés tiene un estómago de
gran capacidad. Frecuenta la cantina y un almacén anexo en el que se vende t oda clase de artículos de consumo diario; los precios son muy bajos, porque hay compensación en los que tie~en
las bebidas. Los bebedores pagan por los sobnos,
cosa muy moral. Sólo está permitida la venta de
cerveza, y el alcoholismo i.iende á desaparecer del
ejér cito. En cambio, no se matan ele hambre, como lo hemos dicho. En el c-áfé del "Casino" se
sirve por un penique: un plato .~e sopa, un plato
de arroz ó café y pan con mantequill~.
¿Y los ejercicios militares? El maneJO de las armas y las evoluciones figur_an apenas en _los
cuadros de distribución del tiempo. A esos eJerc-icios hay que agregar la ginmiu:ia, ~l "football"
y los otros "sports., nacionales. La vida del cuartel es divertida v sin duda por eso hay soldados
que salen sólo 1.lila ó dos veces al añ~.
.
La autorización para contraer matnm01uo "S un
favor que sólo se diRpensn: á. iJs e~eo¡{idí~~ ']UP.
t ienen siete año~ de ~rri,.10., y un ahorro 1.c C'lll·
co libras por lo menM. Como las mujeres de los

Soldado de caballf1'ia .
soldados ganan algo lavando y planchando nara los
demás, el matrimonio es un privilegio, objeto ele
las ambiciones del soldado.
Los cabos y sargentos pueden casarse á voluntad, y no es esa su única prerrogativa. Como los
oficiales son grandes señores que no han de mezclarse en detalles de poca monta, se valen de los
cabos y sargentos, pagándoles bien sus servicios,
no sólo con dinero sino con miramientos. En los
bailei,., el sargento le da el brazo á la esposa del
oficial.
Estos viven á lo grande y entre ellos no se ve
la diferencia de graduación sino á la hora de servicio. Pertenecen á la misma casta y eso los iguala.
En la mesa cada uno preside por turno.
Los oficiales hacen sus estudios en los grandes
establecimientos de instrucción, Eton ó Harrow,
y después cursan dos años en el colegio militar de
Sandhurts, en donde pagan como dos mil pesos
anual~ de pupilaje. Otros proceden de las fi.la.q
de la milicia y este medio de reclutamiento tiende
á generalizarse. Lo que no se ve es pasar de la
clase ele tropa á la de oficial, por ascenso, sino
en ciertos cuerpos especiales y subalternos, como
trenes y ambulancias.
¿Y qué decir del lujo de los oficiales ingleses? Tienen para el juego &lt;fe polo, caballos de dos
y tres mil pesos y dan banquetes esplén~idos.
Pero si visten con elegancia y aun son remilgados,
no por eso dejan de ser Talientes hasta el heroísmo. llijos de una raza vigorosa, !On enérgicos,
!:ensatos, y il@bre todo, tienen una. sangre fría admirable para afrontar los peligros de la guerra.
Estas cualidades, su fortuna y el prestigio de su
pOiic-ión y ele su educación excelente, los ponen
á la altura ele las emergencias más difíciles.
;. X o es esto todo lo que se necesita para ser un
wldaclo de primera? Es mucho, pero aún falta
algo que no se suple con nada y que sólo se adquiere con la experiencia de las maniobras y de
la. guerra científica.

1:1jneiode velota enel vaisvasco.
¿ Os ac-ordais de "Ramuntcho"?
Uuando Pierre Loti se aduerme muellemente.
entre los brazos de madame Chrysantéme, enfrente de un paisaje rojo sembrado de árboles pequeños; cuando contempla. los rayos de la luna
desde una terraz'a argelina; ó cuando de la inmensidad del desierto ve destacarse la blanca túnica flotante de un spahi, no impresiona tanto,
no traza tan hondo surco, como cuando del brazo
de Ramuntcho excursiona por las soberlxas montañas del país vasco.
Y es que la armonía de los hombres y de las
cosas resalta en ese libro de una manera maravillosa: para aquellas montañas, aquellos hombres.
Ilombres sanos de cuerpo y de espíritu, fortificados por la salubre brisa montañesa, viven los
vascos una vida amplia y robusta, una vida poderosa y desbordante, en estrecho y constante mariclo.je con la intemperie y el movimiento que, eon
sus caricias bienhechoras, fortalecen sus músculos hasta darles la consistencia del acero.
Esos hombres fuertes y sanos, necesitaban, naturalmente, un "sport" nerte y sumo, al aire libre, bajo las ardientes caricias del sol. Y e~e
"sport,'' es el juego de pelota.
La pelota es para los vascos una verdac!er&amp; pasión. La afición es en ellos congénita y si se pregunta á un niño vasco Qué es lo que le causaría
mayor plaecr, responderá siempre que desea una
pelota.
En el país nsco cada aldehuela posee su frontón más ó menos formal, más ó menos rice, pero
el frontón es allí tan necesario como la iglesia.
J~l vasco juega á la pelota diriamente, como si fuera una tarea fisiológica. é imprescindible, y es claB@,
que en un momento dado llega á serlo realmente.
El obrero, en un instante que el trabajo le deja
libre, aprovec-ha el tiempo ejecutando un centenar
ele rebote,; ]os domingos se organizan grandes
partidos entre los más hábiles jugadores y todo
el pueblo aeude á presenciar su espectáculo favo-

�372

EL MUNDO.

Domingo 24 de Diciembre de 1899,

Domlngc 24 de Diciembre de 1899

373

EL M TTNDO.

¡QUIETO!
~ JI~

El formalismo legal tiene en Francia aspectos
ridículos, casi incomprensibles para nosotros, que
por más que _se diga, no estamos tau empan'..anados en la rutma como los pueblos del Viejo Mun&lt;lo. Y a nuestros lectores saben lo bastante a('('rc,a
&lt;lel proceso seguido ante la Alta Corte de Fran~u
cont ra los señores Deroulede )' sc.cios por conspiración contra las instituciones, y todos los que no
e,;tán muy al tanto de esto,; escándalos, los ignoran
porque ya les fastidia la eterna grita ele protestas
contra-protestas, declamaciones efec:tistas y toda
la balumba que divierte á vece:: ~- aturde siempre
al Universo, porque las agitaciones y golpes dramáticos de la política franc·esa tienen el privilegio
de resonar en todo el mundo.
El grabado que publicamos representa una escena curiosa : para fijar el decreto de "decheance"
contra los conspiradores que tienen representación pública, va el ugier á los sitios indicados
acompaftado por un corneta y por el individuo que
pep:a en los muros los papele~. El ugier lee el
papel y se lo pasa al pegador mientr as el corneta
hwza al aire sus ríspidas nota~.
Las cosas se hacen en forma. :v más desde que
los fotógrafos de las graneles puhlicaciones anclan
en busca de asuntos para grabados.
El señor ugier y sus auxiliares desempeñan las
fun ciones de su cargo preocupándose más por "salir )iien'' en las negativas de los fotógrafos que
por llenar una formalidad á la que, allá en su fuero íntimo no le dan mucha importancia.
Llega, pues, el grupo á la puerta del Senado,
procede á cumplir con rn obligación y al oír la
VC'Z del fotógrafo que hace cabez,t : ·'"(;no, dos, tres,
¡quieto!'' se paran con firmeza en actitud de "pose" y no se mueven hasta que c-ae el obturador
de la cámara.

Partido de 1·ebute en una aldea de tierra vasca .
rito, con más ardor y más entusiasmo oue los
andaluces y l os castellanos cuando van á la plaza
de toros.
A las veces los jugadores no pertenecen á la
misma aldea, y, entonces el amor propio sube de
p unto y el conibate atlético adquiere enormes
proporciones. Españoles y franceses-no importa,
con tal de que sean "vascos"-cifran todo su orgullo en que su lugarejo venza á los otros.
Lo más curioso del caso es que, por lo general,
l as apuestas no son mayores _,. la codicia nada
t iene que ver en el .entusiasmo de los combatientes.
Los vascos aman su juego de pelot.J., por él mismo.
Los especuladores ciudadanos han querirl.n transformar ese juego regional, noble, sencillo é inocente, en una mina de tspeculación para arrancarse mútuamente puñados de oro y fajos de billetes de banco, y en gran parte lo i1an lografk•,
establecien do frontones en varias ciudades de España, en Buenos Aires,- donde el juego ha alcanzado puntos inauditos-en el Brasil y en México
mismo.
Pero el juego de pelota tal como es, noble,
desinteresado, persiguiendo sólo un viril solaz, sólo se encuentra en las blanquísimas· aldeas que,
cual bandada de palomas, cubren las arideces de
la montaña vascongada.
~&lt;$.

Es inútil de;;cribri t' el mecani~mo del j ucgo, ptwsto que en México todo el mundo lo conoce.
Basta presenciar un partido para darse cuenta
de la suma ele habilidad. de conocimiento y de
fuerza que es nece~aria para dominar el juego, y
para explicarse las atléticas cuadraturas y las
acertadaR musculaturas del pueblo vasco, vivificadas y forma~as al :vunque de un ejercicio tan viril.
Es tan general y tan arraigada la pasión por
la pelota en el ¡mehlo va.~co, que hasta los eclesiásticos suelen tornar parte en el juego. Leemos
en una revista que los actuale~ párrocos de San
Juan de Luz ·~.; &lt;le Biclart, son "pelotaris" de
primera fuerza.
En e} país vasco, puede decirse que cada muro.
cada pared, se convierten en frontón; la nelota se
halla siempre á mano y los pequeños partidos se
organizan constantemente y por doquiera. En urio

queotr omurohay inscripciones que prohiben usar
para rebote, pero pu ede estarse seguro de que, en
para el r ebote, puede estarse segur o. de que, en
ese caso, el dueño de la pared no es. ·vasco. ¡A
un vasco jamás se le ocu rrir ía hacer semejante
prohibición!
El juego ele pelota original y geJ1.uino es con
guante ó á mano limpia. La mayoría de los vascos
-aun los pertenecientes á clases elevadas-tienen
la palma derecha ligeramen te encallecida á fuerza
de jugar á man o limpia; los jugadores profesionales la tienen curtida y endurecida como un pedazo
de &lt;mero y privada de toda sensibilidad.
A menudo. durante el juego, la mano i:,e inflama
y se deforma por la afluencia de la sangre. No es
raro entonces ver que el jugador suplique á. cualauiera de los presentes, que le aplane la mano con
los pies. hasta voh-erla á sus proporciones naturales.
La invención de la "chistera" es relativamente
reciente y data apenas de unos treinta años. Alp-uien ha llamado á la chistera el "cañón rayado"
de los pelotaris, y el calificativo es justo, dada la
gran fuerza que el combo adminículo imprime á
la pelota.

Para lo~ buenos jugadores vascos se ha abierto
un nuern horizonte, porque merced á la fiebre de
apuestas pelotáricas que se ha desarrollado en las
grandeR ciudades españolas é hispano-americanas,
son coritnltados en muy buenas condiciones. El
primero. que ohturn una contrata semejante, fué
el expertí~imo "Chiquito de Eibar," hace unos
quinc-e mios, y desde entonces quedó formado el
:rremio de pelotaris profesionales, que aumenta cada día n~á,.
El mencionado Chiquito de Eibar, Portal, Brau,
Inm. )fa.neo do Villabona, )fardura, Elícegui, Beloqui ~- otros, llegaron á ganar_vercladeras fortunas.
Ac-tualmente no es raro que buenos pelotaris sean
contratados para. América á razón de siete ú ocho
mil francos mensuales.
Lo¡,, pueblos de Azcoitia, Azpeitia, Rentería, Eihar. Yerga.ra, Marquina, son céleb'res en los anales
del juego de pelota por los pelotaris célebres que
nacieron en ellos.

Actualmente el Brasi1 es el país en que con mayor fuerza florece la afición y los pelotaris más altamente cotizados son, entre otros, los hermanos
Salazar, el Chiquito de Ondorroa, Zabarte, Oláis,
Pasieguito ~• Ga:mborena.
Fuera de España, en los demás países no ha podido aclimatarse el juego de pelota. En París se hizo una intentona hace algún tiempo, por miembros
de las Colonias española y latino-americana, pero
fracasó.
A últimas fechas se sabe que el sport euskaro ha
sido inscrito entre los que figurarán en Vincennes
con motirn de la próxima Exposición internacional.
¡ Ojala se extienda, porque-prescindien do ele
su faz especulati\'a-es uno de l os sports más Yiriles y hermosos en que el hombre sano puede lucir la fuerza ~- la habilidad de sus músculos !
SARDIN,

Rra. Doña Trinidad N

ll11

Maas.

¡Qnii't,,! E1,ce11 as del proceso cont1·a JJÚ·oulede,
AS I L.O F"AR-"· I-IUe:RFANAS.
~~

m día primero del entrante se inaugurará en la
capital de Qoahuila esta casa de_ beneficencia fundada por el señor Don Ennque M:aas y su
esposa, Doña Trinidad Narro de :Maas, quienes
han cedido para tan noble objeto una hermosa
quinta situada en la parte más pintoresca é higiénica de la ciudad.
El asilo está dotado con e] &lt;:apita] de doscientos mil pesos que le asignaron los fundadores y
según la voluntad de éstos, las niñas asiladas
recibirán en él, educación, amparo y protección
cariñosa que les haga olvidar su de,gracia. En
tal virtud, y para que las beneficiadas sean atendidas con toda eficacia, se limita á cuarenta su
número, á menos que los rendimientos del capital
permitan ampliarlo, y sin que el aumento redunde
en perjuicio de las ya asiladas.
La quinta en que está el asilo es un local admirablemente apropiado á su objeto por las excelentes condiciones higiénicas que reune.
El señor :Maas es oriundo de Guterloh, Westfalia; vino al país el año de 1846 ~- en 48_ se e~tahleció en el Saltillo. donde contraJo matnmomo
con la señora Dofül Trinidad K &lt;1rro. Los esposos

or. D on E 111'ique Maas.
Maas n o han tenido hijos en su unión, :v hoy, que
cuentan con una gran fortuna, consagran buena
par te de ella á aliviar la suerte del huérfano.

OC: ORDEN DE LA EMPERATRIZ.
~

SALTILLO - Asilo « Tl'inidad N .ilíaas&gt; para /mé1'{anas.

JI,~

En un país dende el absolutismo es cosa qu e nadie se atreve á di~cutir, donde hay que aceptar ciegamente y sobre la marcha la orden de un superior,
el monarca má~ juüo y más sabio debe temblar
ante las fatales consecuencias de un mandato irreflexivo ó precipitado (,i es hombre de conciencia),
puesto que nadie o,aría hacerle objeciones, por
descabellado, c-rnel ó torpe que fuera lo que )llanda~c.
· J~jcrnplo mu~· c-urio~o de e~to es la siguiente
?nécdota, que el Conde ele Segur incluye en sus
memorias, aRegurando que se trata. de un hecho
rigurosamente hi~tóric:o, ocurrido en la corte de
RuRia, bajo el reinado ele Catalina II.
1:'n extranjero inmen~amente rico, llam:vlo Snderlan&lt;l, había-e naturalizado en Rusia y era ba1t-quero ele la C'orte.
Su amení,:imo trato, rn amahilidacl para con todo el mundo, ~- espec-ialmente ~u intachable h1,n raclez, le ~1ábían granjeado grande::; simpatías en la
capital; pero de nada mostráhase el más satisfecho que de la prirnnza en que c~taba con la Emperatriz, la cual sentía por Suderland un cariñoso
afecto y le ilistinguía sobremanera.

�.ltL HUNDO,

374

Una mañana despertó al banquero su ayuda de
cámara con la estupenda noticia de que la casa esta.ha rodeada de guardias y que el Jefe superior de
policía deseaba hablarle mmediatamente.
Reliew, que así se llamaba dicho j,efe, entró en
la habitación de Suderland con una cara
tan tristona y compugida que nada bueJl,o presagiaba.
-Señor Suderlancl,-le dijo-heme aquí en situación penosísima. . . ¡ E~toy verdaderamente
consternado . . . . . . y tanto que, á serme posible,
presentaría ahora mismo la dimisión de mi empleo
para no verme obligado á ejecutar la orden que
acaba de dar nuestra Soberana, orden tan severa
que me espanta sólo el recordarla . .. Cuando tan
irritada está con vos S. M. muy grave debe ser el
delito que habéis cometido.
- ¡ Yo, caballero !-respondió Suderland.-Si
vos ignoráis cuál es mi delito, no esperéis que os
lo declare, pues estoy tan ignorante como vos de
cuál podrá ser. . . ¡ Por mi honor os lo juro! P ero, en fin, ¿ qué orden es la que debéis cumplir ?
-¡ Ay, señor !-&lt;lijo Reliew bajando los ojos.En verdad que me falta valor para decíroslo . . ..
-¿ Habré perdido la confianza de la Emperatriz?
- Si fuera sólo eso no estaría yo tan consternado, pues el favor perdido puede recobrars.e.
-¿ Me desterrará tal vez á mi país r
-Eso sería, sin duda, una contrariedad, pero
con vuestras riquezas ¿ dónde no se vive á gusto:'
-¡ Dios mío !-exclamó Suderland temblando.
-¿ Me querrá enviar á la Siberia '.-'
-¡Ay! De la Siberia vuelven algunos, aunque
pocos. . ..
- ¿ Quiere encerrarme en una pri$iÓn ?
- ¡ Qué suerte para vos si fuera eso !
-¡ Bondad diYina ! ;. Ordenará. pues, que me
apliquen el tormento del "knout"?

-Terrible es ese suplicio, pero muchos lo resisten sin perecer.
-¡ Cielos piadosos!-&lt;lijo sollozando el infeliz
banquero.-¿ De modo que mi vida está en peligro? .... ¡ 'l'an buena y complaciente como ha sido siempre conm:.go la Emperatriz, que ayer mismo me habló con tanto afecto .... ! ¡No, no puedo creerlo! Por farnr, acabad de explicaros .. . .
¡ La muerte será menos cruel que la insoportable
espectación en que me tenéis!
-Pues bien, mi querido señor Suderland,-&lt;lijo al fin el jefe de policía con voz ahogada por
la emoción. Nuestra. graciosa. Soberana me ha dado
orden para que hoy mismo. . . os mande disecar.
-¡ Disecarme !-gritó el banquero en el colmo
del terror.
- Sí, disecaro,-, ni más ni menos que á un pájaro 6 un perro. . . de esos que se ven en los museos de historia natural.. ..
,-¡ Dios me valf!a ! ¿ Habrá perdido el juicio la
Bmperatriz? Pero vos, señor Reliew ¿ cómo no la.
habéis hecho comprender la extravagancia y barbarie de esa orden inaudita?
-¡ Ay, mi pobre amigo! Hice más de lo que,
en otro caso, me hubiera atrevido á hacer, permitiéndome formular humildes objeciones ...
Pero la augusta Roberana montó en cólera y con
tono irritado me dijo: "¡ Salid de aquí inmediatamente, y no Of\ olvidéis de que la primera de
vuestras obligacione~ es obedecerme sin chistar!"
Imposible sería. describir la desesperación del
banquero, que Reliew contemplaba con harta. pesadumbre; pero como el tiempo transcurría, y era
forzoso pensar en la propia seguridad, por mucho
que le interesase la agena, el jefe de policía advirtió á Suderlancl que sólo le dejaba un cuarto
de hora para disponer sus asuntos.
:Entonces el pobre señor le rogó por todos los
santos del cielo que le permitiera escribir cua-

Domingo 24 de Diciembre de 18H,

tro letras á la Soberana y que le diera de vida
el tiempo preciso para recibir respuesta ó denegación de ella. Tantas fueron sus súplicas que Heliew, haciendo constar que su complacencia podría ponerle en grave peligro, accedió á la solicitado y él mismo se comprometió á llevar el pliego, no sin poner antes guardias de vista al reo
con la consigna (bajo pena de muerte) de no de:
jarle salir de la habitación, ni hablar con nadie
y que si alguno intentase penetrar en aquella pie~
za fuese detenido por sospechoso.
Y a en la calle, se sintió Reliew sin valor para.
presentar;;e á la Emperatriz con semejante embajada . . .. y ocurriósele la luminosa. iilP.a ile poneren autos de aquel negocio al conde de Bruce rogándole que se encargase d.:; tan espinosa . c~misión cerca de S. 1'1.
· Cuando el conde supo de lo que se t rataba
sospechó que el jefe de policía se había vuelt;
loco, y por primera providencia mandó á los criados que lo ·sujetasen, mientras se llamaba á un
médico. . . . Las lamentaciones, gritos y resistencia de Reliew no dieron mejor resultado que confirmar las sospechas del conde; acordándose luego de Suderland, cuyo escrito tenía á la vista
partió inmediatamente á su casa; pero al quer e;
penetrar en la habitación donde gemía devoradopor la impaciencia el mísero banquero, los guardianes de éste, cumpliendo la rigurosa consigna
recibida de su superior, uetuvieron al conde, encerrándole en otra estancia.
Por lo que se ve, no llevaba trazas de desenmarañarsé aquel complica.do negocio: los guardias esperando nuevas órdenes del jefe, este prisionero del conde, el conde en poder de los guardias y Suderland entre la vida y la muerte, aguardando la. contestación de la Emperatriz .. .
Por fortuna, un alto dignatario de la corte,
atraído á casa ele Suderland por rumores que ya
corrían en la corte acerca ele una "vasta conspiración," pudo hablar con el conde y sin perder tiempo transladó la noticia á S. U.
- ¡ Corred,-díjole la Emperatriz,-y mandad
que dejen libre inmediatamente á ese pobre Suderland, cuyo terror será capaz de quitarle el juicio.
No sin trabajo se comiguió libertar á los presos; y cuando éstos se hallaron relativamente tranquilos en la cámara imperial, díjoles Catalina II :
-Sabed, caballeros, que desde hace algunos
años tenía yo un precioso perrito llamado "Suderland". . .. Esta maiiana amaneció muerto, y ordené á Reliew que lo hiciese disecar. Me pareció queReliew no aceptaba con gusto el encargo, é interpretando yo eso en el sentido de que, por una necia vanidad, juzgaba denigrante la comisión, ledespaché con bastante acritud sin más explicaciones ..... ¡He ahí. lo que ocasionó este incidenteridículo ... que pudo haber ,:ido trágico!
R.\.MIRO BLANCO.

-------•-------nuestros

abona~os.

GRAN EOIClON DE "EL QUlJLTE."

Los P11padas P,•ra,lolPs Fuentes y «Jlinuto» que f1-abnjan en la Plaza «l,fh:fr,. •
LFot. de Ln~ge.)

Hoy recibirán los abonados do este semanar i@
el primer pliego" de la obra. de Cervantes que
publicamos. cumpliendo la promesa. que les habíamos hecho.
Como se ve, la edición es lujosa y los grabados
ele alto valor artbtico. Cu;µiplimos, pues, ampliamente nuestro compromiso al ofrecer la obra
magna de la literatura española en una edición
digna de su mérito, v en la cual insertaremoslas ilustraci011es de Do.re y ele Balaca, que han sido hasta hoy los ilustradores más notables del
tiuijote.
-Las pági11as primeras que hoy damos, son
una gara11tía de lo que podemos hacer en
el orden del perfecc-ionamiento de nuestros trabajos para. satisfacer los deseos del público que
nos favo:rece.
Hemos ordenado un sobretiro del "Quijote"
para responder á la demanda de esa obra, que repartiremos sin r ecargo en el precio á loS" nuevos
abon ados con el primer número de Enero.
,
"NueF-tra Señora de P arís" quedará concluida
en la primera quincena l"!.e Enero.

Domingo 24 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO

;¡75

�EL MUNDO.

376

.oomtngo 24 de Diciembre de 1899.

Domingo 24 de Diciembre de 18119.

rías I Y se echo á reir

RBOf\L0 DE, NA.VIDf\D ·
Cuando se cerró la puerta, el corazón de Weston
latió fuertemente al mismo tiempo que de sus labios se exhaló un suspiro. Un viento frío barría
en las calles los copos de nieve, y á lo lejos las
campanas anunciaban con alegría que era noche
de Navidad. Mientras Weston abrochaba cuidadosamente sus guantes, por la cerrada puerta salían, débilmente, las nota:.; del piano: era Isabel
quien tocaba; y Weston la veía en t&lt;u imaginación,
con su puro y delicado per.fil, y su tiOnrisa discreta.
Mientras cruzaba la avenida, mil pensamientos
bullían en su imaginación. ¡ Cuán loco era! ¿ Qué
derecho tenía él, un pobre profesor de matemáticas de la escuela de Señoritas en Howm:d, para poner sus ojos en la hermosa Isabel? Ni qué razón
había para que hubiese ido á pasar sus vacaciones
de Navidad á Nueva York, en vez de irse á la quinta de sus padres, donde debía estar ya? ¡ La quinta! Eso era todo lo que poseía, "ensó amargamente; y ¡ cómo había de llevar a11í á esconder á
la pobre joven! Oh!. . .. ¡ cuán avergonzado se
sintió esa noche, cuando Llabel le dir igía la palabra!. y qué ruda le pareció su mano mientras
oprimía la de I sabel al despcrliTse ! ¡ Qué locura
pensar en ella! ¿ Por q•ué se le ocurrió á Buckley,-su condiscípulo y á la vez p1·imo de I sabelen un momento de espontaneidad cordial, llevarlo á pr E)sentar á la casa de aquella linda joven
que, sin saberlo, le causaba tantas preocupaciones? ¡ Cómo envidió el pobre W eston á su amigo
Buckley porque, siendo tan tarde, aun se quedaba
esa noche en casa de su prima. muy sentado cerca del piano, oyéndola cantar, con toda la familiaridad del amigo íntimo y del hermano! I sabel
aún estaría cantando .... Oh! su dulce voz! su
acariciadora y dulce voz!. .. .

1

El viento seguía soplando con fuerza. De
pronto, alguien se interpuso en su camino.
-¡ Feliz Navidad tenga usted, caballero! ¿ Sería usted tan generoso de proporcionar una ayuda á una infeliz mujer que hoy mismo ha enterrado á su marido, y que tiene dos hijos enfermos? ...
El profesor no pensó por esta vez en su corto
sueldo, y llevando la mano á uno de los bolsillos
de su paletot, sacó una moneda que alargó á la
vieja, quien se alejó rápidamente; pero, junto con
la moneda, salió del bolsillq un pequeño paquete,
envuelto cuidadosamente y atado con un listón
azul.
W eston, asombrado, no se cansaba de dar vuel-

tas al paquetito sin comprender lo que aquello sería. ¿ Cómo había venido á dar eso á su bolsillo ?
¿ Sería acaso una mala pasada que alguno de sus
amigos querría jugarle?
Después de un momento de vacilación, decidióse por fin á romper la envoltura del paquete. Era
una cajita de cartón. Abrióla. ¿ Qué había ~dentro? Un pequeño corazón de plata, reluciente
como un diamante. Lo tomó en sus manos para
examinarlo ..... ¿ Qué significaba aquello ? ... .. .
De pronto la calle pareció iluminarse con una luz
nueva, y á esa luz Weston creyó ver un rostro de
mujer .. .. sí, era ella que se levantaba del fondo
de su pensamiento, la misma, era Isabel con su
dulcísima sonrisa y sus grandes ojos .... X o, no
era una ilusión. Se apoyó en el poste y sé entregó
á los más halagadores sueños. ¡ Sería posible! Es
decir, que ella había comprendido la gran adoración que le profesaba, y mirando su humildad y
timidez le daba ese corazón, significándole con él
que admitía su afecto y que ella también. . ...
Una inmensa alegría sintió que le subía como
ola, del corazón al cerebro. Sintió que sus piernas
vacilaban, y que le faltaba la respiración.
-11.fañana, pensó, mañana volveré á verla, y entcnces podré decirle cómo la amo y cómo la he
amado desde el primer día que la ví.
Corto se le hizo el trayecto que debía seguir
para llegar al hotel. Deseaba ya estar solo y poder entregarse á sus pensamientos. La imagen de
Isabel transformar ía su cuarto.
Prendió la luz, colocó la cajita sobre la mesa y,
acercando una silla, sentóse y quedó mudo y pensativo ante el pequeño corazón, con la misma placidez con que los devotos clavan sus ojos en las
imágenes.
Sus pensamientos comenzaron á tomar forma, y sin descender del
país de los ensueños,
pensó de una manera
más formal. Cierto era
que su sueldo no ascendía á una gran suma, ni
mucho menos ;-aquí la
sangre se le subió al rostro--pero dentro de tres
años, quizá dentro de
dos, sus entradas serían
mejores. Y lá casita en
que el profesor de matemáticas vivía, allá en
Howar.d, ya sería suya
para entonces, y cada vez
que llegara á ella, una
vez terminadas sus clases, Isabel estaría esperándolo en el pequeño
vestíbulo. ¡ Y qué alegres
veladas serían aquellas,
endulzadas por el canto de la joven! ·
A este pensamiento,
los ojos de Weston se llenaron de lágrimas. ¡ Y
cuando pudiera llevar á
Isabel á la casa paterna!
¡ cuando su madre pudiera estrecharla entre
sus brazos!¡ Oh! qué hermosa i.a encontraría, le parecería un ángel y
cómo iba á quererla .....
Y en su imaginación veía abrazadas á las dos
mujeres, el cabello blanco de la anciana junto
á los rubios bucles de I sabel; la morena frente de su querida viejecita, apoyada en el hombro
suave de la niña encantadora ...
Era tanta la emoción de W eston, que las lágrimas resbalaban por sus mejillas, mientras repetía con sorda adoración:
-¡ Bendita, bendita sea!
Unos bruscos golpes dados á la p~erta, lo sacaron de su ensueño; y á la pregunta de ¿quién?
la voz del muchacho portero respondió:
-Una tarjeta para usted y u:::i. caballero que á
la puerta espera.
Weston abrió precipitadamente y se encontró
con que la tarjeta era de su condiscípulo Buckley.
-¿ Digo al caballero que suba? preguntó el
muchacho.
- Sí, y r1ue pase, respondió Weston.

l

Y de pie, en ei dintel de la puerta, esperó la
llegada de su amigo, mientras pensaba:"¿ qué motivo puede traerle á mi casa á esta hora? nunca
han sido frecuentes sus visitas." Un pensamiento repentino cruzó por su imaginación: ¿ sería
algo que viniese á echar por tierra sus ensueños?
Un siglo le pareció que tardaba Buckley en subir la escalera.
Rápidamente se dirigió hacia la mesa, tomó la
caja donde brillaba el corazón, y la sepultó en
el bolsillo.
Buckley entró en el cuarto con mucha naturalidad.
-Buenas noches, Weston; ya imagino que te·
extraña verme aquí á semejante hora; pero no ignorando yo que acostumbras salir muy temprano,.
quise venir á buscarte hoy rmsmo.
-¿ Se trata de la s(lñorita Isabel? ¿le ha sucedido algo ?-preguntó W eston.
-No, nada ha ocurrido á Miss Carston, está,.
bien; sólo que. . . ha sucedido una cosa graciosa,
inesperada ...
W eston, muy nervioso, acercó á Buckley un:)
silla para que tomase asiento.
Sentóse Buckley. La luz de lámpara iluminaba su rostro, bastante hermoso, aunque un
poco ajado por la vida disipada; y su aspectoelegante contrastaba singularmente con la apariencia humilde de aquel cuarto de hotel de segundo orden. Sacó su cigarrera ofreciendo un
papelillo á W eston; pero, éste, con un movimiento·
de cabeza indicó que no fumaba.
-Pues bien, dijo Buckley, lanzando una espesa bocanada de humo; la cosa es por demás
graciosa, y vas á oírla. Después que abandonaste
la casa de miss Carston, ésta se puso 5- cantar y
yo aún permaneci allí. Cerca de ias once me d€spedí, y al tomar del perchero mi paletot y comenzar á ponérmelo, Isabel, mirándome de pronto, fijamente, me preguntó con gran ansiedad:
"¿ Es éste su paletot de usted?" á lo que yo hubede contestar. "Por supuesto." Entonces ffilSS Carston, echándose á reír con toda su alma, se puso á
gritar: "¡ Dios mio, Dios mío! ¡lo que he hecho!''
Y entonces me contó ésto : que había comprado
para mí un regalo de Navidad, pero que Pª! ª
que mi sorpresa fuera más agradable al ver.o,
pensó no dármelo en propia mano, sino ir secretamente á donde estaba mi paletot y echar la
cajita en uno de los bolsillos para que y_o la
encontrase al llegar á casa. "¡Oh! las muJeres,
agregó Buckley, siempre andan haciendo tonte-

EL MUNDO.

dad.

Después continuó:
-Aquí está lo gracioso, qu_e en vez .de echar
la cajita en m1 paletot,
fué á echarla .. . .. .
.Al lle~ar aquí se inte-

l

doble! ¡ Fervor de las misas celebrada~ ante el
ara de incontaminada blancura! ¡ Embnaguez de
besos bebidos en los cálices de las purpúreas bocas! ¡ Apuraría todos esos goces. Y lernntaría el
Una hada me dió una perla orgullo de mi frente.
diciéndome :
.Pero en aquel momento la mujer q~ie. ado~o se
-Todos creen que las perlas apoyó sobre mi espalda, curiosa de nu silencio, y
se forman en las conchas, y no sentimuycercadel bigote ese soplo tierno precursor
es así. Las perlas son lágrimas del beso. Oh! qué hermosa es. ¿ ~le encantaría hasta
que caen en el mar de las pe- aquel grado la perla-mujer más bella quizá, pero
queñas Elegidas, regañadas por no más deliciosa'.-' ¿ Acaso, por el amor á la perf~~r::=-)
Santa Gudula y Santa Veróni- ción hay que renunciar á imperfecciones exqms1l_=-,
ca, (institutrices del paraíso) tas y adoradas r P erdería tal vez. Por otra parte,
por haber hecho novillos á lo al contrario de los grandes amantes que conducen
largo de la Vía-Lactea.
consigo un innumerable rebaño de Elviras desola-Siempre lo había dudado, das, yo he tenido ~iempre,-lo confieso--el horror
afirmé.
de la novedad.
-Por lo demás, repuso, no
¡ Qué hermo;;o sería habitar un palacio don~e
se trata ele esto. Mira bien lo como el que Pedro Comeille evocó para Psych1s,
que te doy. Es la más clara, la todo está hecho para el deleite de los ojos! La nomás pura, la más exquisita de bleza de las arquitecturas tiene por qué agradar á
las lágrimas lloradas por los co - las almas enamoradas de los poemas bien ordenados
legiales del cielo. Ni Teodoro y blanºcoscomo rcale8 vestíbulos. Pen~é que no sería
de Banville hnbiera podido en- malo convertir la perla en un soberbio edificio. ¿ Y
contrar una imagen digna de fi- si se transform:1ra en un suntuoso dominio, de angurar el milagroso esplendor chas avenidas, donde se pasearan hasta el horizonte
suave de esta perla. En una del mar mis suciios seüoriales? ¿ Si hiciera de ella
un corc~l rápido como el viento, de crines de repalabra: es perfecta.
-Cómo te agradezco tu re- lámpagos que me llevara por los v~rtigos d~ la
ilusión? ¿ Si la transformara en vestidos ta11: neos
galo, buena hada.
-Me lo vas á agradecer más. como no tuvo iguales Sardanápalo en su trmnfal
A esta perla maravillosa que hoguera, ó en un festín cuyo olor, derramado por
nada se le podría comparar, 1~ todas partes, fuera á despertar el hambre resucitahe concedido, tocándola con nu da clt: 3rillat-::i::,·arín y de 11onselet, ó una carroza
varita de avellano incrustada resplandeciente que atravesara entre el entusrnsmo
de rubíes, el milagro de con- de las multitudes, ó un manto de Emperador, ó
' vertirse, según tu deseo en no una corona tan cle~lumbrante que se humillaran
importa qué sér ó qué cosa y ante ella todos los diademas y todas las tiaras? Toconservar bajo su nueva forma das estas metamorfosis de la perla tenían por qué
su belleza incomparable. Esco- tentarme.
Podía también desear que se convirtiese en el trocoge pues : y si quieres que se con~ierta en es~r~lla,
brillará inmediatamente más radiante que Smo Y
Venus y Orión y Aldebarán. .
-Ah! grité entusiasmado, qU1ero que sea .. . ..
-¿ Una mujer? interrumpió el hada. De tí esperaba ese deseo · sabiendo que no eres de aquellos,
bastante raros, por lo demás, á quienes inspir~ horror el tono rosado de las frescas bocas íemerunas.
Sin embarcro no te apresures; nos solemos arrepentir de l~s' decisiones prontas. _?eja P!sar tiempo, reflexiona, y sobre todo, suena. Manana !endré á ver la elección que has hecho. ¿ Convemdo?
-Convenido.
-Hasta mañana, -poeta.
-IIada, hasta mañana.

El Poeta y la Perla

con la mayor naturali-

.

-

tem1pió bruscamente y mirando á_ W eston:
- ¿ Qué tienes? le preguntó te sientes mal ?
El profesor dió algunos pasos por el cuarto, y
rehaciéndose cuanto pudo volvió á sentarse diciendo:
-No, no es nada, gracias. Continúa.
Buckley sacudió la ceniza de su cigarro y concluyó diceindo :
-Pues no hay más sino que te has venido con
mi regalo de Navidad, y vengo á reclamártelo. A Isabel le dije que lo probable era
que no lo vieras; pero ella no quedó tranqu~a
sino hasta que le hice formal promesa de vemr
á recogerlo. ¿ Has dado ya con él?
,
Weiton echó hacia atrás los bucles que barnan
BU frente. Sus dedos apretados en la caja en
el fondo del bolsillo no podían alargar el regalo á Buckley. Por fin, haciendo un gran esfuerzo, entregó á su amigo la caja. , .
. _
- ¿ Será ésto? dijo con voz deb1l fingtencto
una sonr isa.
-Gracias Weston, respondió Buckley, gua~dándose la caja. Gracias, y permite que me retire, lo que no haré sin decirte que _Isabel Y yo vamos á casarnos Nuestros viejos han arreglado ya
el negocio v yo me dejo guiar por ellos. Des:
pués de todo no es Isabel una muchacha desp~eciable, y por otra parte no gusta de romanticismos, lo que me halaga mucho.
El profesor se clavó las uñas en las nalmas
de sus manos, y estuvo á punto de caer sobre
la mesa.
- ¡Cielos! exclamó Buckley al verlo, tú estás
malo. Vamos á que tomes algún confortativo, ó
permíteme ir por él.
Weston movió la cabeza:
- No es nada, no es nada, el frío ... . Siento
mucho haber sido la causa de que te molestaras,
teniendo que venir tan lejos, con esta noche.••·
- No eso no · dijo Buckley. En fin, todo se
ha arreglado. B~enas noches, no olvides ir á la
boda.
Al abrir fa puerta un gran murmull? lo i_nvadió todo. Un cañonazo se oyó á la dist~nCia,
Y en seguida todas las campanas de la cmdad
repicaron á vuelo.
- Noche de Navidad, gritó alegremente :i3uckley, mientras bajaba la escalera. Muy feliz te
la deso, Weston; aéüós otra vez.
,
El profesor cerró despacio la puerta Y au~
8~ ~uedó allí por algunos instan~es. Después,. dingiéndose hacia la mesa sentose en la silla,
mientras dejaba caer la cabeza entre sus manos. · ·
THEODOSIA GARRISON.

377

II
A decir verdad, estaba seguro de que ni la
refl.ección ni el sueño,
modificarían en modo
alguno, mi instintivo y
racional anhelo. ¿ Qué
tesoro equivaldría á la
más bella de las perlas,
convertida en mujer?
Ya el éxtasis que hizo
reventar en un instante todas las rosas de la
tierra, y encenderse la
luz y cabrillear el profundo mar
cuando
Afroditaseirguió en medio de un tenue vestido de espuma, me encantaba el corazón y
el alma, y, no lo creeréis el cuerpo también.
' estrechana,
'
V ería,
poseería la Quimera eternamente esperada Y
nunca alcanzada de la
perfecta belleza, la perfMta belleza que hizo
reir de placer y sollozar
de desesperación á los
Fidias y á los Cleómenes. ¡ Religiosos transportes hacia el infinito
cielo constelado de estrellas! ¡ Adoración con
las manos juntas y lue. go abiertas á la divinidad de la garganta, una

�.l!lL MUNDO.

3 78

Domtngo 24 de Diciembre de 1819.

no ele rayos y de nubes donde se sienta el Padre
Eterno y donde yo me sentaría á mi vez, lo que,
en wrclad, me dejaría sumamente perplejo.

III
Al üía siguien te. de8pués de tantas r eflexiones y
sueño~. no quedaba en mí la menor vacilación.
Cuando entró el hada, c011templaba yo con ojos ser eno,- la perla que me había dado y que había p uesto, entre los papeles de mi mesa, en una copa de
bronce, en medio de un volumen de L eón Dierx y
otro de José María de H eredia.
l\Ic preguntó:
-;, Has hecho ya tu elección, poeta?
-8í, hada.
-¿.?efinitivamente?

Año VI- Tomo IC

-81.
-¿ Y no sientes ninguna tristeza por los bienes á
que has debido renunciar?
-Xinguna.
-¿ Xo dirú~ nunca que em1)leaste mal el privilegio que te dí?
-Kunca.
-Hahla pues, dijo el hada.¿ En qué quieres que
8e conYierta la perla, que bajo su nueva forma, que
será tu~·a, g-uardará su belleza incomparable?
-Yo le re8pondí : en un Soneto.

M é x ico, Domingo 31 d e Diciembr e d e 189 9.

►

CA'r ULLE MENDES.

A LA. MEMORIA DE PABLO AB.AOS.
He escuchado de pronto, en torno mío
Como un. rumor de algo que se muere,
El eco de una cuerda que se rompe,
El eco de una lira que enmudece.

~~

~~

( DE LESSING)

Plutón recibió la visita de Mercurio, que había bajado al Averno para ofrecer ·sus servicios
al dio5 de las tinieblas.
- ¿ Quieres algo para el mundo de los mortales?
-preguntó el mensajero de los dioses.
-Sí,-contestó Plutón.-Mis Furias han envejecido lllllcho; el constante trabajo les ha quitado
fuerzas y no martirizan á los réprobos con todo
el rigor que marcan las or denanzas. Deseo, por
lo tanto, relernrlas . . . ¿ X o podrías proporcionarme otras, jóvenes y fuertes? Anda, pues, y busca
por el mundo tres mujeres que puedan substituir
dignamente á mis pobres Tisiphone, Megara y
Alectona. (1)
Mientras ~Iercurio partía velozmente á cumplir
el encargo, Juno daba instrucciones á Iris, su diosu favorita .
-Venus,-le decía,-se muestra muy orgullosa é impertinente por tener á su lado las tres
Gracias, de quienes se cuentan en el Olimpo algunas historietas . . . . Quiero avergonzar á V enus
y humillarla, haciéndome servir ele tres doncellas
absolutamente castas, que jamás hayan amado y
delinquido (siquiera sea en el pensamiento) en materia ele amor .... ¿ X o se atreve á decir esa odiosa Yenus que todas las mujeres están sometidas
á su imperio ~- al del rapazuelo, su hijo? Vuela,
pues. mi l1uena Iris, y buscas por el mundo tres
mujeres de una castidad severa é inquebrantable.
Obedeció Iris, y no dejó rincón alguno de la
tierra sin visitar. . . ¡ Inútiles esfuerzos! P ersuadida de que no le era posible complacer á Juno
r egresó d'}salentada al Olimpo.
- ¡ Cómo !-gritó la diosa.-¿ Vuelves tan sola
como partiste? ¡ Oh, castidad, Yirtud sublime,
cuan ol Yi,lada te tienen los míseros mortales!
-Excelsa Juno,-contestó Iris,-hubiera podido traerte tre;; jóvenes perfectamente castas, que
jamás habían amado á ningún hombre, que á ninguno habían favorecido con una sonrisa v cu yos
corazones nunca habían palpitado á impi1Ísos c1el
más le,·e J.e~co amatorio. . . Pero ¡ay! llegué demasiado farde .. .
-;.Y bien?
- )Jercurio, en nombre de Plutón, se había ya
apoderado de ellas.
-~ F ;, posihle? i Tres jóvenes que eran la castidad, la virtud misma, que no habían amado
nunca ... ! ¿ Qué quería Plutón hacer de ellas?
-Furias ...
(1) F ;,to;: nombres significan : "rabia, carnicería
y envillia."
•

Yo conoc_í esa lira eu otro tiempo
Fugaz, fugaz, primaveral y alegre;
La conocí cubierta de amapolas,
La conocí ceñida de laur eles.!
~

¡ Cómo vibraba el ritmo cadencioso
Lleno de amor y de ternura siempre,
A la luz de la estrella matutina,
Bajo el follaje de las hojas verdes!
~~

¡ Ay, cómo entonces se acercó al oído
L a rima de tus versos dulcemente,
Con la magia de un himno que despierta
O el hechizo de un canto que adormece!

SIN SOMBRAS.

~

~~

Y áun oigo, dulce bardo t us cantare5,

La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde
conser va los vivos reflejos del sol:
la noche, con astros lucientes y blanco!:'.
no -es triste si llega prendiendo en los flancos
de agreste montaña su azul pabellón .
Si esconde el ocaso su cinta escarlata,
si flotan las nubes con or las de plata,
si brilla la nieve del alto volcán;
si todo se cubre con diáfano velo,
que es luz en el astro, cambiante en el cielo,
color en el lirio y estela en el mar.
No es triste la· noche cuajada de estrellas;
n o es triste, si el aire, fingiendo querellas,
inclina los juncos y arranca un rumor;
si nace el misterio. si surge el encanto,
y ocultos exhalan, el ave su canto.
¡ la flor su perfume y el alma: su amor!
¡ Oh, luna, flor casta del cielo en la noche !
¡ Abriste en la somhra tu pálido broche
y viertes doquiera tu mística luz!
El árbol se argenta con claros reflejo,.;,
se esmaltan los campos, esplende á lo lejos
la selva, y el monte se viste de azul.
¡ Oh d iáfanas horas! ¡ Oh breves instantes!
los ángeles bajan y vuelan errantes
trayendo rocío, consuelo ~' amor.
Reptiles ~· monstruos descansan inermes:
¡ Oh anciano que vela!-, oh niño que duermes!
vuestra alma se hn, ido en busca de Dios!
¡ F eliz tú, si llevas la noche en el alma!
¡ Felices r ecuerdos que viven en calma!
¡ Felices memorias de cándido amor!
La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde,
conserva los vivos reflejos del sol!

Lms G.

URBIXA.

En esas lejanías de la muerte
Donde la juventud alzó las torres
Que nunca al polvo derrumbadas Yienen !
~~

Cúspides altas donde el sol deshace
Del desengaño ~· de la echtd las nieves.
Donde van á abri_garse los suspiros
Que le arrancan al pecho los re,·eses !
~º~

Torres á cuyos pies, más tarde. ,emos,
J,a;; pocas dichas que en el alma duermen
Echúndose á volar como los pájaros
Que al sol las plumas de S115 alas tienden!
-&lt;::)- ~

~

'l'orres ú en.vos pies la fosa se abre,
Que guarrla el barro que la vida envuelve,
Do Íl la vida renace, como el tuyo
El espíritu en medio de la muerte !
"0-v,C ~

Donde hov escuchas nuestro acen to amigo,
Donde rnn ,i llorar los que te quieren,
Donde el último Rueño venturoso
Entre los brazos de la gloria duermes.
~~,;:::,..

uuo

Duerme! . ... y tu sueño venturo~o halaguen
L eves auras de amor de tu Campeche
Y del hermoso mar que tanto amaste
El dulce arrullo de sus ondas Yerdes !

.,

)lé.xico, 1-! de Diciembre de 1899.

,TOSE PEON CONTRERAS.

j

Número 2 7

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>.l!lL MUNDO.

3 78

Domtngo 24 de Diciembre de 1819.

no ele rayos y de nubes donde se sienta el Padre
Eterno y donde yo me sentaría á mi vez, lo que,
en wrclad, me dejaría sumamente perplejo.

III
Al üía siguien te. de8pués de tantas r eflexiones y
sueño~. no quedaba en mí la menor vacilación.
Cuando entró el hada, c011templaba yo con ojos ser eno,- la perla que me había dado y que había p uesto, entre los papeles de mi mesa, en una copa de
bronce, en medio de un volumen de L eón Dierx y
otro de José María de H eredia.
l\Ic preguntó:
-;, Has hecho ya tu elección, poeta?
-8í, hada.
-¿.?efinitivamente?

Año VI- Tomo IC

-81.
-¿ Y no sientes ninguna tristeza por los bienes á
que has debido renunciar?
-Xinguna.
-¿ Xo dirú~ nunca que em1)leaste mal el privilegio que te dí?
-Kunca.
-Hahla pues, dijo el hada.¿ En qué quieres que
8e conYierta la perla, que bajo su nueva forma, que
será tu~·a, g-uardará su belleza incomparable?
-Yo le re8pondí : en un Soneto.

M é x ico, Domingo 31 d e Diciembr e d e 189 9.

►

CA'r ULLE MENDES.

A LA. MEMORIA DE PABLO AB.AOS.
He escuchado de pronto, en torno mío
Como un. rumor de algo que se muere,
El eco de una cuerda que se rompe,
El eco de una lira que enmudece.

~~

~~

( DE LESSING)

Plutón recibió la visita de Mercurio, que había bajado al Averno para ofrecer ·sus servicios
al dio5 de las tinieblas.
- ¿ Quieres algo para el mundo de los mortales?
-preguntó el mensajero de los dioses.
-Sí,-contestó Plutón.-Mis Furias han envejecido lllllcho; el constante trabajo les ha quitado
fuerzas y no martirizan á los réprobos con todo
el rigor que marcan las or denanzas. Deseo, por
lo tanto, relernrlas . . . ¿ X o podrías proporcionarme otras, jóvenes y fuertes? Anda, pues, y busca
por el mundo tres mujeres que puedan substituir
dignamente á mis pobres Tisiphone, Megara y
Alectona. (1)
Mientras ~Iercurio partía velozmente á cumplir
el encargo, Juno daba instrucciones á Iris, su diosu favorita .
-Venus,-le decía,-se muestra muy orgullosa é impertinente por tener á su lado las tres
Gracias, de quienes se cuentan en el Olimpo algunas historietas . . . . Quiero avergonzar á V enus
y humillarla, haciéndome servir ele tres doncellas
absolutamente castas, que jamás hayan amado y
delinquido (siquiera sea en el pensamiento) en materia ele amor .... ¿ X o se atreve á decir esa odiosa Yenus que todas las mujeres están sometidas
á su imperio ~- al del rapazuelo, su hijo? Vuela,
pues. mi l1uena Iris, y buscas por el mundo tres
mujeres de una castidad severa é inquebrantable.
Obedeció Iris, y no dejó rincón alguno de la
tierra sin visitar. . . ¡ Inútiles esfuerzos! P ersuadida de que no le era posible complacer á Juno
r egresó d'}salentada al Olimpo.
- ¡ Cómo !-gritó la diosa.-¿ Vuelves tan sola
como partiste? ¡ Oh, castidad, Yirtud sublime,
cuan ol Yi,lada te tienen los míseros mortales!
-Excelsa Juno,-contestó Iris,-hubiera podido traerte tre;; jóvenes perfectamente castas, que
jamás habían amado á ningún hombre, que á ninguno habían favorecido con una sonrisa v cu yos
corazones nunca habían palpitado á impi1Ísos c1el
más le,·e J.e~co amatorio. . . Pero ¡ay! llegué demasiado farde .. .
-;.Y bien?
- )Jercurio, en nombre de Plutón, se había ya
apoderado de ellas.
-~ F ;, posihle? i Tres jóvenes que eran la castidad, la virtud misma, que no habían amado
nunca ... ! ¿ Qué quería Plutón hacer de ellas?
-Furias ...
(1) F ;,to;: nombres significan : "rabia, carnicería
y envillia."
•

Yo conoc_í esa lira eu otro tiempo
Fugaz, fugaz, primaveral y alegre;
La conocí cubierta de amapolas,
La conocí ceñida de laur eles.!
~

¡ Cómo vibraba el ritmo cadencioso
Lleno de amor y de ternura siempre,
A la luz de la estrella matutina,
Bajo el follaje de las hojas verdes!
~~

¡ Ay, cómo entonces se acercó al oído
L a rima de tus versos dulcemente,
Con la magia de un himno que despierta
O el hechizo de un canto que adormece!

SIN SOMBRAS.

~

~~

Y áun oigo, dulce bardo t us cantare5,

La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde
conser va los vivos reflejos del sol:
la noche, con astros lucientes y blanco!:'.
no -es triste si llega prendiendo en los flancos
de agreste montaña su azul pabellón .
Si esconde el ocaso su cinta escarlata,
si flotan las nubes con or las de plata,
si brilla la nieve del alto volcán;
si todo se cubre con diáfano velo,
que es luz en el astro, cambiante en el cielo,
color en el lirio y estela en el mar.
No es triste la· noche cuajada de estrellas;
n o es triste, si el aire, fingiendo querellas,
inclina los juncos y arranca un rumor;
si nace el misterio. si surge el encanto,
y ocultos exhalan, el ave su canto.
¡ la flor su perfume y el alma: su amor!
¡ Oh, luna, flor casta del cielo en la noche !
¡ Abriste en la somhra tu pálido broche
y viertes doquiera tu mística luz!
El árbol se argenta con claros reflejo,.;,
se esmaltan los campos, esplende á lo lejos
la selva, y el monte se viste de azul.
¡ Oh d iáfanas horas! ¡ Oh breves instantes!
los ángeles bajan y vuelan errantes
trayendo rocío, consuelo ~' amor.
Reptiles ~· monstruos descansan inermes:
¡ Oh anciano que vela!-, oh niño que duermes!
vuestra alma se hn, ido en busca de Dios!
¡ F eliz tú, si llevas la noche en el alma!
¡ Felices r ecuerdos que viven en calma!
¡ Felices memorias de cándido amor!
La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde,
conserva los vivos reflejos del sol!

Lms G.

URBIXA.

En esas lejanías de la muerte
Donde la juventud alzó las torres
Que nunca al polvo derrumbadas Yienen !
~~

Cúspides altas donde el sol deshace
Del desengaño ~· de la echtd las nieves.
Donde van á abri_garse los suspiros
Que le arrancan al pecho los re,·eses !
~º~

Torres á cuyos pies, más tarde. ,emos,
J,a;; pocas dichas que en el alma duermen
Echúndose á volar como los pájaros
Que al sol las plumas de S115 alas tienden!
-&lt;::)- ~

~

'l'orres ú en.vos pies la fosa se abre,
Que guarrla el barro que la vida envuelve,
Do Íl la vida renace, como el tuyo
El espíritu en medio de la muerte !
"0-v,C ~

Donde hov escuchas nuestro acen to amigo,
Donde rnn ,i llorar los que te quieren,
Donde el último Rueño venturoso
Entre los brazos de la gloria duermes.
~~,;:::,..

uuo

Duerme! . ... y tu sueño venturo~o halaguen
L eves auras de amor de tu Campeche
Y del hermoso mar que tanto amaste
El dulce arrullo de sus ondas Yerdes !

.,

)lé.xico, 1-! de Diciembre de 1899.

,TOSE PEON CONTRERAS.

j

Número 2 7

�380

Director: LIC. RAFAEL REYES SPilfDOLA.

Bnropa ·'fin de ~iglo".-1. La Tríplice: Alemaui;l y ~u balance político.-Austria-Hungría,
¿ morirá el Imperio ?-l talia, ¿ habrá recaída?
2.-La duplice: Rusia.-Alta presión exterior.
-Expansión sin hiatoi-.-Francia.-Su nueva
orientación; su problema social y coloniái.--Dosciento¡; millones ele peFo~.
3.-En torno del Mediterráneo clásico.-En el
Mediterráneo escandinavo.
-!.-Inglaterra sola.

&amp;L MUNDO.

Su pro8perid11d industrial -es inmenM-, superior
á cuanto sus hombres de Bstado habían previsto;
puede inundar al mundo con sus artefactos, lo
inunda va.
'l'iene el Emperador que necesita: murmura de
él, le re;;iste, ruge ,:.ordamente á vece;:, pero su domador la magnetiza, y lo adora, en realidad; cosa
singular, no hay un alemán que le perdone, por
eiemplo, el haber de,µedido ca:-:i bru~amente al
viejo Bi~mark de la política y del trono diplomático en que se había ,;entado, y todos admiran, sin
embargo, el ra:-:go de energía .Y de ".-:elfhelp" que
aquel desaeato demo:-tró. Lo, ímpetus de paladín,
los ardorc1, de apóstol, la, actitudes de profeta,
que lo hacen apnreccr de repente como Ralido de
una armadura &lt;le la Edad }Iedia, encantan á las
mujereRyi::eimponen á los hombres; sus 'impromptus" político-: prorncan corajes, temores y algunas veC'e~ :-:ilbido,; : pero ninguna inquietud profunda, ninguna protc.:ta formidable, porque saben que
todo les i-ale bien á la postre.
La poteneia en auge de la producción alemana,
el inmenso capital en ella itwertido, la extensión
de ~u comercio neee:,itan mercadoi; seguros, y de
aquí la idea colonial: el mundo amnrillo y el negro,
e1-tán amagados de comprar la bisutería alemana,
porque el mundo blanco amenaza encerrarse entre las mu ralla~ de China del proteccionismo á todo trapo. De aquí e~as posei-iones de aborde y de
núcleo en In, rostas afriranas, en el }lar Amarillo,
en Hamoa; de aquí el ,·iaje del Emperador á Inglaterra: tenía que ir á besar la mano de su abuela la
noble y hon rnda anciaua, éasi sagrada para su pueblo, en momentm: en que la ultrajaba infamemente e:ia parte &lt;le la prensa francesa que ultraja el pudor ele toda~ la,; mujeres )' que la de buen criterio
y de buen tono, que e;; la mayoría en Francia, por
fortuna, e,-tigmatizó con su reprobación caballerosa y digna. Xo •e necesitaron para ello, las alusiones irritantes del 8r. Chamberlain y el incidente
quedó cerrado &lt;'Oll la digna y cortés invitación del
almirante Bere,&lt;lorf al representante de la marina franre,a en Londres y con la elegante y amable
C'Olltestación tle é~te. Corno era natural, al besamanos :;ig11ieron la~ entrevistas entre el Emperador
y su l1inif'fro de Rela('iones con los :Ministros ingleses, se puso en limpio no un protocolo de alianz2,, pero sí un pro~rama de acuerdo respecto de ciertos puntos ob:-&lt;:nros en que podía surgir algún conflicto y á ¡.eguida voh-iót1e el Emperador á su Imperio, no sin e,tampar de paso nn be,o en cada una
de las mejillai&lt; en flor de la fresca y encantadora
reina de Holanda, bef\o que clebe haber sonado mal
en los oídos de la vieja A.lbión como decimos los
viejo;; afi&lt;:ionado~ í1 la,; fra:;e~ estereotipadas. Y
luego,~' cuando se hahlaba de que la tríplice estaha á punto de con,·ertirse en cuadrúplice, el Sr. de
Buelow, pron uncia su gran tlii&gt;curso sobre política
exterior y adió:, alianzas y adiós ilusiones; y luego
vino el voto de un copioso crédito para la marina
de guerrn y adiú,- ilusiones y adiós alianzas: porque es claro. toda nación que hace crecer en Europa su marina, tiene delante á, Inglaterra.
La marina e,, la imprema necesidad &lt;le los puehlos coloninleB, v Alemania tiene la necesidad ele
~erlo; así C'ree ¡lespejar paulatinamente su enorme incógnita ,ocial. Y no hay imperio colonial
sin marina: Ri en vez de gastar España el dinero
de América en perennes aventuras de guerra, lo
emplea en crearse. aun después del desastre de "La
Invencible'' una marina superior á todas las otras,
limpia de corsarios los mares del Nuevo lfondo y
~alrn su imperio C'Olonial, ó al menos cambia las
conclicionei- de 511 emaneipación; así lo comprendió
á. principios del :-:iglo pa::1aclo el pobre Alberoni, pero era.ya tarde, Inglaterra habiacrecido. Y como sigue creciendo en el Océano, resulta que toda empresa marítima se la encontrará. en sus rutas merrantile, ó colo11ialeR; á todos ba. tomado un siglo
tle delantera y es difícil batir el "record" este.
Resultado: para Alemania ya no es Francia la
nrimera preocupación, ei\ la vieja Albión, y cuando
Chamberlain decía que la raza teutónica y los dos
grupo, anglo-;.ajones deberían hacer se solidarios
por su común origen r sus interefles comunes, la
p rensa alemana contestó "te creo" y el Emperador
dijo para su coleto "te veo."

1.-l"na centuria lega á la que le sigue todos sus
problemas,más complicados por las soluciones parciale~ que periódicamen te encuentran; toda solución á medias es ingerto tle un problema nuevo en
el viejo problema troncal, como decimos en español de ,-ccretaría de vía:; 1le comunicaeión; con lo
que lograulOS debilitar la C'Ue~tióu prim itiva multiplicando las derivadai&lt;. Y dejando estas reflexiones naturales en un viejo floricultor como yo,
daremos un brinco en materia C'0n la ligereza que
me caracteriza. Y creed ¡oh ! mi, lectores, ¡oh! pequeño g rupo de mii' lectore~, ¡oh ! po;;trera ilusión
de mi rnnidad literaria, creed que el reproche de
''ligereza" que algunas peri'onai; de aplomo suelen
lanzarme por ahí (hablo de m is amigos, naturalmente) no me enoja; halaga en ~erreto mi orgullito sentado sobre u n respetable petle»tal de gordura y de años;¿ ligero yo?¡ Oh ! Pimpleas, ¡oh ! musas, ¡ oh! T erpsicore, la de los piés alígeros, ¡oh!
Esculapio, dios prohibidor de féculas y exterminador de las tres razas del ilu,;trado autor de "El
porvenir de las naciones hispano-americanas," yo
os voto, si hacéis de mí un hombre ligero, coronas de flores y lfüarione~ 1le agua clara deliciosa y
fría, como "La. niña boba." que nos sinió }1aría
Guerrero en la copa de oro de su gracia pura y de
su talento impareahle.
¿ Qné dirían mis lectore,: ~i con e;,te motivo(¿ con
cuií.l ?) les hablara ahora de la triple alianza? Pues •
aquí va: la triple-alianza, la tríplice, el "dreibund,"
no existe, ha pasado á la historia. ¿ ('ómo? ~omprendo que es un atrevimiento ít la } Ir. Chamberlain, lanzar esta paradoja á los cuatro vientos
cuando precisamente los ·'cables" últimos nos hablan de ,:u renovación solemúe v el 1Iinistro de Relaciones del Imperio Austro-himgaro, Goluchowski, acaba de declar ar que nunea ha sido tan firme
como hoy. ~o importa, in,-i,-to: he aquí por qu~.
· Cuál era el objeto ele la alianza entre A.lemama
Au~tria para el An4ria ~ Pre:,errnrla un poco
de Italii1, un mucho ele Rn,-ia y a-,eg-nrarle su posición preponderante en una parte ele la península balkánica. P ues en el mismo di;,curso en que
dice que la tríplice e~ perdurable, el $r. Goluchow;,ki, participa al m un&lt;lo que, desde hace dos
añof', la armonía de Au,.:tria ,. Ru•ia uo puede ser
más cordial, que el acuerdo ~obre todo lo concerniente á la península balkánira e~ íntimo y que
mejorará más y má:,. ;, Entonce~, c·uál es el objeto
de la alianza por el la&lt;lo au,.triaeo? Xo ~e palpa ya.
¿ Y por el lado italiano? E l últ imo dil"curso de la
corona no dijo una palabrn de la tríplice, ¿ ohido?
Si, pero ya no hay má~ qne oh·idos Yoluntarios ¿ y
n&lt;-r qué? Porque la triple-alianza, para los italianos, era contra }~ranein, rontra la Francia papista,
contra la Francia colonial en 'l'únez y la Tripolitana. Ahora bien. la FranC'ia papit"ta (nos referimos
á la polí tica) no exii,te; el Papa la ha desarmado;
la Francia en Túnez ha mejorado la situación de
las colonias italiana¡.: y la Tripolitana problablemente iría al poder de Italia con má~ beneplácito
de Francia que de Inglaterra; además, las relaciones económicas entre las dos hermanas enemigas 11yer, son hov de mu•YO tan estrechas,
que bajo la presión de la comunidad de
intere!\es toda desavenencia irá desapareciendo. _La triple-alianza ceM. de ser un objeto
1le primera necesidad para Italia; es un artículo
de lujo; les cuesta mucho; le ha costado un deficit
enorme y una trabajosísima existencia füranciera.
Luego si ya no es un fin de propia conservación
La sue1-te del imperio austro-húngaro preocu¿ cuál puede ser el fin de la tr,:nlire? Yee.lDOf Ale- pa también hondamente á. los políticos europeos;
todos sabemos qqe es este imperio una combinamania.

y

Domtngo 3 l d~ Diciembre de 1899,

Domine-o a1 de Diciembre de 1899.

ción, no una nación; puede haber una nación formada con razas distintas: Alsasia y Lorena eran
francesa~, de alma y alema?-a~ de sangre; pero no
hay nac1on donde hay distmtas nacionalidades
es decir, grupos étnicos ó históricos que tien:
den con todas sus fuerzas á la. autonomía y que
no pueden ser una federación, porque son profundamente antitéticos entre sí: e~to sucede con Austria-llungría. Los magyares son odiosos á los eslaros, á quienes dominan duramente; por solo esta
circunstancia, los alemanes del imperio, igualmente odio::;os á los tcheques (eslavos de .Bohemia) son
aliados de lo$ húngaros; pero los c~lasos sometidos á Hungría y los eslaros polacos de Galitzia, no
tienen los anhelos de autonomía que sus congéneres lo~ bohemios. Todo este mundo heterocréneo es
un ~difi~io que se llama i~perio austro-l~ímgaro,.
gracias a una clave: la vida. de Francisco José·
muerto éste ¿ qué sucederá? El sobrino hereder~
es de una in:,ignificancia popular; ¿ subsistirá el
imperio? Lo;; bohemios formarán un reino aparte; los esla \'O~ polacos seguirán la suerte de sus
hermanos y caerán en manos de los rui,os; los otros
e~lavos se unirán á los balkánicos para formar una
federación entre el Adriático y el Mar Xegro · los
alemanes se unirán al imperio germánico qu.'e sea•omaría entonces al ~Iediterrá.neo por el Adriático en Trie~te? Los húngaros formarán otro reino
como los bohemios? Quién lo sabe? Los optimista!"
y puede que tengan razón, afirman &lt;1ue antes
llegar á un desmembramiento que desequilibraría 1!1~s de lo que ya está á la vieja Europa, se
reumrrn un nuevo congreso de Viena, como en los
comienzos de nuestro siglo, y reconocida la neceRidad de e;;:a entidad híbrida como cuña para
impedir el de~moronamiento de la paz y la reapertura de otra enorme cuestión de Oriente, formaría una federación de autonomías, presidida por
un emperador Habsburgo; puedeu los profetas
echarse á. volar entretanto.

mitido;; po~ ~- Loubet, retira sn mano de la urn~delaHepubl!ca y Re da al diablo. Todas son pamplmas que _l~. Delcas~é ha deshecho en su discurso
sobre la pohtiea exterior ante la Cámara de Diputados; l_a aha~za perdur~ por, la, si~1ple razón de que
su obJeto _;;e a.clara meJor drn a dia y como coincide
con el _obJeto alemán y como de lo que se trata es
~e obh~tll' ~ lng!aterra á compartir con ellas su
mdefürnlo_ imperio colonial, de lo que la dúplicti corre r1e5go es de hacer:;e tríplice á su vez sobre todo desde que las marinas de los Estdos Únido:1 )' el J~pón puede~ reun_irse á la inglesa. Hace
muchos anos que nadie sabia lo que esas marinas
signifitilhan; China y España han demostrado á
sus expensas el verdadero precio de los barcos que
las fulminaron en breves combates.
Y á propósito un oficial francés hablaba en no
sé cual periódico de I)arís, de la facilidad para la
n:iarina de evitar, encerrándose en los puertos contmen talci;, el ataque de las superiores escuadras
inglesai,; ''e' est bienot d it." Ahora resulta que
Francia está desprerepida para una gran guerra
marítima; d~spre~enida ante la fuerza gigantesca de sui- vecmos msulares tanto como ante la mar~na no!·~e-americana )o estuv~ España. ¿ Es posible? ); i buques sufic1ente1&lt;, m entre los existente,; bai,;t~ntes de primer orden, de acero y capaces
de me&lt;.l1rse con los gigantes de C'atorce y quince
mil toneladas que los inglese:- multiplican, ni la
defensa de las costas bien organizada, ni los puertos coloniales en un grado superior ele utilización,
etc. Si en estos momentos egtallara la guerra que
cuen tan que Mr. Chamberlain cle,ea, para rehacer
el prestigio perdido á orillaA del Orange y ·del 'l'ugela, Francia quedaría descalahrada en el Golfo
de T onkin, en las Antillas, en el l1editerráneo.
Ciertamente yo no me atrevería á decirlo ¿ con
qué competencia? ¿ con qué datos? Pero esto y
más dice y prueba en un estudio flamante Ed.
Lockro, dos veces ya }finistro de 1Iarina, perfecto conocedor de las nece~idacles ingentes del
departamento que en los ministerios de concentración ha regenteado. Y la comprobación de que no
son exajerados, se infiere del consentimiento de
las Cámaras francesas en arrojar i-obre los hom~
broa de un presupuesto enorme en el capítulo de
gastos de Guerra y :llarina, dosciento,, millones (en
pesos mexicanos) dedicados á la defensa marítima. Quién no desearía vivamente que Francia
abandonase sus perpetuas reyerta~ en que dos centenares de "tapageur~·, á quiene,;· ,:eguirán eternamente las multitudes ignaras y lmlliciosaR, pretenden imponerse á las a~amhlen~. al gobierno, al

d;

¿ Y la sacra Italia? Si alguna nación necesita
concentrarse, neutralizarse para toda ambición
exterior, completar y organizar su deficiente unidad nacional, que brotó de un gran arranque de
entusiasmo, pero que al día siguiente de los Cavour, de los Garibaldi y lo:, Yíctor llanuel, resul ta llena de dificultades y lagunas, y reparar concienzudnmente las ruinas de su erario, es la noble
nación latina. Si recae, todo quedarií. aplazado,
todo volverá al azar, si recae en el error de una
políti&lt;:a colono-militar; parece que los ingleses
la quiernn arrastrará ocupar una buena parte &lt;le!
8udán .Y del valle superior del Silo, para que ellos
puedan concentrar sus elementos en el .A.frica ..lustr~l ¿ á cambio de qué? ¿ De una futura alianza.
contra el Xegus. de Abisinia? La aYentu ra sería
peligrosísima y la posición de Italia en E uropa
~ería p recaria; ni los alemanes, ni los r usos, ni
los franceses le perdonarían esto; lo que es gral'"e.
Italia pre~enta en estos tiempos el grandioso
espectác·ulo de un gran "risorgimento" intelectual en que domina el espíritu científico de nuestro siglo, sus fuerzas no están compartidas, como
en el Renacimiento, entre la ciencia v el arte; la
primera domina, la era industrial será su resultado, y el arte erguirá después su figu ra eterna
de mármol de Carrara sobre el pedestal gigantesco de la verdad científica; la verdad, que es lo relativo, adquiere periódicamente en el alma inmortal de los latinos, ese esplendor que es la belleza y que ilumina al mundo.
Entonces si que la profecía del "re galantuomo'º se habrá realizado; Italia habrít hecho de sí
misma una nueva guiadora de la civilización humana: es s1i destino.

2.-La al ianza franco-rusa ¿ está deshecha como la otra? ¿la dúplice ha corrido la propia suerte que la tríplice? Así lo aseguran alguno8 ; los
hombres de estado del "Petit journal" lo hon declarado terminantemente, como que están en tod~
los ápices de la diplomacia; üÍ se lo hacen creer
al menos á los quin ientos mil especieroA, cor..ieteros
y provincianos que forman su principal clientela.
Por no haber aceptado una alianza ó por lo menos un acuerdo, como dice Mr. Chamberlain, con
Alemania en las cuestiones coloniales, el Emperador Guillermo alióse con Inglaterra y el 1.'sar,
ya descorazonado por los ataques al ejército per-

país ... . .

r
1

l

1

j

R u~ia marcha mejor; la ma&amp;i de la poblaciún
sigue soportando como un tlecreto &lt;lel Althlimo el
despotismo paternal y hierático del autócrata, las
clases ilustradas suspiran silencio~amente por el
liberalismo del porvenii; que probablemente ~erá
imposible antes d_el siglo XX~ y entreta~~o algunos restos cruelf¡;m10, de la !erren opre,1011 pa,;ada, como la deportación á :-iiberia, tienden á de~aparecer.
•
lh11,ia es una enórme ma,a l)oreal ~iu f'Olución
de continuidad su imperio colonial es ella. mi...mn.
Rusia se sient; europea, pero se quiere aRiática,
quiere ejercer la hegemonin en el _.\.sia. E~ dueñ.t
de todo el septentrión del conti1~e11te.. ha, !)or~ado
la frontera meridional de su mipeno 8ibenano
por un ferrocarril que dentro de poco tiempo habrá puesto en comunicación Cherbourg en el Canal de la Mancha con Plterto _.\.rturo en el Golfo de Petchili · al Snr de esto,: ocho millones de ki'
.
lómetros de terraplenes
herrado~ que _t~enen
por
estaciones fortalezas y que e,;tan m1htarmente
a!ministrados por el -;,.ohierno, e:-\tím ln Per.,ia,
ya casi un protectoradd"ru;;:o -". todo el ant_iguo Ir~n
át-iao é ingrato, en donde e-ni,, no ha~·. mas que t.,
tío é ;nvierno en donde el calor ei; ma, inerte que
en el Mar Roio y el frío irrual al del Spitzherg. un
horror climatérico, pero al través del c·1ial el ru ...o
altaico, mestizo de e::,lttro , de tátaro. hu~ul la
&gt;.1trada á China por lo-: itinerario!'- clásicos &lt;l~ los
Djingliis-Khan y ]os Timur-Leng y la ~pro.x.m~aeión al paraíso que riegan con i-u abamco :fi~nal
10!, siete hindrn, que luego ;;:e trenzan_ en el Hi_ndo
y bajan al Océano; el camino &lt;~e AleJan5lro trmnfante: 1trrancar ]a India á Joi- mgle~es o ayudarla
á arrancarse sola, ¡ qué tentado~ ensueii? ! Y tr~.(arse la mavor parte del com_erc10 ~e Ch!na, i q~
Mbrosa. tentación! En el Asta vera el siglo pro-

,.

EL MUN{)().

ximo desenlazarse el duelo formidable comenzad()
en los tiempos prehistóricos entre el germano y
el eslavo.

- ~ºº

países moribundos, como decía cru,,:
m:,nte en cierbl. célebre ?casión lord Salisbury,
y..~en en torno del :Mediterráneo ó cerca de el
es 1'1~rquía, es Grecia, es la península ibérica. Y~
TYI, :10 de estas profecías, la historia está llena
ue cadáveres de pueblos fuertes y de resurrecciones de naciones moribundas. Y tal nación gigavt~s?~, que veía señale~ claras de agonía en la 1.nprev1si_on suprema de .España en lucha con los Estados
Umdosha revelado una incuria igual, hasta ser sorprendente, llevando á sus bravos soldados á ser ruRilados _y capturados nor un puñado de pastores
sud~afncanos. No me vengan á mí con cuentos:
encienda V., no en la cabeza, sino en el corazón
le un hombre
un gran ideal ó una oerran pasión'
.
(] aR ¡~as1ones
son anetito~) y póngale V. un buen
::\Iartmy-henry en las manos y verá maravillas. En
~tma, hay algunos de estos agonizantes que nece:ntan federarse á otros para viYir al lado de los
Mloi-ales propietarios &lt;.lel globo, ¿ hay im posibilidad ele federarf'e? Pues es caf:i segura la muerte;
loR _tur~os n? ;~e pue~en unir á los balkánicos por
1nt1patia, 111 a los hungaro~, sus congélleres, por
la re! 1gión y la distancia, pue,; á sucumbir; los
helenos y los eslavos del Sur del Danubio , pueden federar~e? Pues lo deben hacer. ¿ E,-p;ña y
Portugal pueden formar un pueblo polítiC'o, como
10 forman por la historia y poi· la raza? Pues háganlo; así España tornará in•tantáneamente á ser
ma potencia de segundo orden, esperando el
,orvenir, y Portugal, &amp;irudirá el vasallaje mercan
j] que, en nombre de Inglaterra, le impuso el
, Jrnelo del actual vencido de los ''boers"en)Ia1
~er~fontein.
Esa 1nisma política está indicada pa_ra los escandinavos; en lugar de inventar pretextos para
"'eJ·ertas mortale,-, suecos y noruegos, reúnanse cou
Dinamarca y . ... . P ero ¡ qué diablos de mapa de
Euroua estoy haciendo, lectore8 ! ¡ Cnir, reunir 1
Ahí es nada; preci8amente e~o es lo diííci l, lo fác-il e-; dividir. En fin, dejemo$ al futuro congreso
tle Yiena esta tarea. Será sen:-ible que allí ni vosotros ni yo tengamos ..-oz y voto.
-!.-Inglaterra parece sola; 'ªu amistad con
los E,;tados l;nidoi-, repicada á vuelo en los
cliscursos optin1istas del señor Chambedain,
e;; positiva, por ahora; mas tiene tantas,
tantas prohahilillades de ruptura y desgarrones en lo porvenir; la masa del pueblo americnno le e~, en realidacl, tan indiferente; los elementos irlandés y alemán, crecen con tal rapidez
dentro de e•a ma&amp;i; ao11 estos elementos tan poco
de\'Otos á Inglaterrn, que sólo forjándose ilusiones
Íl propósito, Be puede c:reer en e;;ta solidaridad setular, de que en la I~la madre se jactan lnA pnlí.
tiros de cierta ei:lcuela. 8u, recientes ofertas á
_.\.lemania en Africa y A::1ia, á expenAAs de Portu~111, le traerán la benevolencia del gobierno del
Kai;:ser, que. ;;:in e~o. y viendo lejana la alianza
marítima con Francia y la. realización (cinco ó
,;eis años) de sus nuevo,; programas marítirnoR,
habría tenido buen cuidado de manife~tar otra
cosa, que amistad ,iincera hacia los súbdito,, de Su
Urado,:a Abuela. Pero mientra¡.: tenga mayor número de entrada-; .Alemania en la zona de lo. dorn inarión inglesa, ya en Asia ó en Africa ó en lR.
.-\u¡;tralasia in~ular, mavor ;:erá el conflicto de mtere~es y de apetitos entre regiones ifüulares y
re¡óoue,1 continentales.
Inglaterra debió á su ai~lamieuto geogr-~r.co la
imposibilidad de Rer atacada y la facultad de tomar parte á su g1tsto en las luchas europeas; las
fomentó á porfía durante todo el siglo XVIII y
lM &lt;'nmienzoA de e,-te, para que la deja~en en
1ibertad de organizar para siempre su imperio colonial y marítimo; por eso tomó parte en el siglo
pasado en las lucha;; entre Austria y Francia, por
e~o en la guerra de Siete Años, por eso en la10 coalic·iones contra la República revolucionaria y ~apoleóu; era claro, mientras Francia que, por su
posición, era entonces con España la sola temible
para ella, ~e lanzaba. á los descalabros de la Guerra de Siete AñoA, Inglaterra se apoderaba de su
imperio colonial en .América y la. India, y proC'Uraba desorganizar el de España; mientraR Franeia recorría Europa en pos del caballo de Napoleón y daba vida á una epopeya verdadera, ;,uperior á cuantas la historia ha engendrado, logia-

terra deshacía su poder marítimo en Trafalgar.
'l'odo para ella fué ganancia, su sol)('rbia no conoció límites; pero era una potencia colonial, luego co?tinental, au°:que muy lejos de Europa;
rn~s Europa se fabrica una paz forzada, su industria y su trabaj? crecen y se agigantan, pieasa
en buscar colomas nuevas en los huecos que la
orgullosa había dejado en el umndo y se tropieza en todas partes con una Inglaterra colonial
apenas militar . . . . Y resulta este u 11 curiosísim¿
apéndice al libro que sobre la superioridad lle los
anglo-sajones ha hecho )f. Dei&lt;molinR.
No importa: la sangre inglesa y holande~ que
se derrama en el Africa Austral, e,; una impiedad:
da horror, p~nsanclo en las cau,.:a~ tle la guen-a,
tanta desolación y tanto luto; admiran los oficiales ingleses, exponiéndose má.: que i,;us soldados
á las balas boeras; y sorprende la habilidad ele los
campesinos y pa.store de las repúblicas libres;
el _tercer acto de la campaña va á ahrirse; fué el
primero la invasión del territorio inglés por los
boers, que llegó á los sitios de ~Iafekin~, de Kimberley y de Ladv Srnith; fué el segundo el a¡.:censo
de Methuen y de Gatacre de me::eta en mesefa.
hasta las orillati d_el Orauge, y el de Buller por
los escarpados vencuetos que llevan de Pieterrnaritzburgo ó Colenzo: este acto terminó con tres
derrotas, una por ejército asaltante. :Mientras llegan los lords Robert~ y Kitehenrr, con "us copiosos
refuerzos, todo parece paralizado, todos se preparan á un choque decisil"o. Y será el acto tercero
del drama sangriento.
Entretanto, pueden hacer mái- mal á los ino-leses la epizootia en lo,; caballos y la debilitarión° de
las guarniciones de la India, que el bien que les
baga la llegada de los ,·encedores &lt;le los afghanes y
de los dervises.
Los boers se atrincheran y seguros de que no
serán atacados hasta el año entrante, han ido en
grupos numerosos á sus aldeas á celebrar la Xavidad y á reparar con crece¡¡ en una noche de amor
robusto y sano, las pérdida;.: que les ha ocasionado
la sagrada defensa de la Patria y del Hogar.

--------·-------E.l Arte y la Barb arie,
~

. A ~o largo de la po_h·oros~ calzada que la impaciencia hace parecer m~e~mmable, una impetuosa
oleada humana se prec1p1ta, corre, grita, se atrope)la en un frenético afán de llegar cuanto antes,
pnm_ero que los demá~. En pintoresca á la vez
q~e 11!1pouente confusión toda clase de Yehículos,
v1etorias, landaus, clogcart", faetons, tirados por
poderosas yeguas ó por microscópicos ponneYS · jinetes en briosos caba\lo~, o~tentando bordados,'galones, chapeta,, reluciente~; peatones vestidos á la
moda de todos los países y á la usanza de todas
las clase,: sociales; mujere~ dando al viento como
penachos de guerra las vi~tosas plumas de sus
sombreros, desplegando y haciendo flotar como estandarte_s de combate, la5 gasas, las cachemiras y
l?s encaJe5 de su ata do; lagartijos de exiguo vestir y formidable "rotten ;'' payos agobiados hajo
~l peso de monumentales sombreros de felpa: muJ~i:_es del p~eblo envueltas en rebozos multicolores;
nmos, ancianos, todo confundido, mezclado, tum~ltuoso y movido por el mismo impulso y siguiendo la mifima pendiente, corren, chocan, se
arrollan, fie empujan.
Si ,no fuera la elegancia del atavío, la bulliciosa
alegria que re~e.lan, el entusiasmo expansivo que
?stentru1_, se d1r1a que h11n&gt;n en tropel de una
munclnc1ón ó de un hnn&lt;.limiento. ¿ A dónde van
envueltos en la den,a polrnreda que el sol clora v
que la luz ~uatiza? ¿ Yan ataso á pre!'enciar el desfile armomo-o tle la teoría griega en los juecros
fl?rales? ¿ Acuden tal Yez al inmenf-o teatro á ~ir
como el coro comenta Jo~ &lt;lolores de Ed.ipo ó canta las glorias de Aquilea? ,: Sale al cneuentro del
v~ncedor ele )[arathón, 1lel héroe victorioso en
cien combates? ~o; ~quella multitU&lt;l ebria ya de
pl_acer y todavía sedienta ele emociones, va al
Circo_ Moderno, al combate sangriento, á. la lucha
salvaJe del hombre con la fiera, á los toros!
En el inmenso anfiteatro la esperan las emocio~es punzantes,. los sacu&lt;limientoR s11lvajes del peligro, las embriagueces de la lucha, las repugnan-

�382

J)omingo 31 de Diciembre de 1899,

Domingo :n de Diciembre de 18H,

EL MUNDO,

'F.L MUNn O.

La Guerra Sud-Africana.

Una battl'ia inglesa de montaña capturada por los boeros.
cias de la matanza, escenas odiosas de deserción v
anatomía, charcos de sangre, vísceras regadas po·r
el suelo, convulsiones de agonía. A disfrutar de
ese placer de dioses acude anhelante, á gozar con
esas escenas de pesadilla se apresta impaciente.
El espectáculo es grandioso y salvaje; los lu'.!hadores se atavían como para una fiesta; desfilan vistosos, bordados, recamados; el circo henchido, atestado, parece un mosaico de telas, de plumas, de joyas;por doquiera flotan :flámulas, ondean estandartes, brillan colores vistosos. Un inmenso clamor estallaá cada paso, y cuando la lucha comienza, aquella multitud, ebria de entusiasmo, ondea como un
océano, ruge como una tempestad, silba como un
viento desencadenado; á veces se precipita en cataratas la granizada del aplauso, á Yeces atruena el
estridor de la silba. Todo es allí ensordecedor Y
deslumbrador. La "corrida" es una orgía, con sus
chuscadas de carnaval y, sus episodios de tragedia.
En los toros el hombre arroja al circo la vestidura decorosa de que lo han medio cubierto dos
mil años de civilizRción y ostenta su alma desnuda; da rienda suelta á sus pasiones, saca á luz
el fondo animal de su naturaleza; rompe las trabas de, lo convencional y de lo conveniente, y se
abandona á sus peores y menos y nobles instintos.

Cómo les dan agua á los caballos en los campamentos ingleses.

------- -- -

.1

J

Soldado.; in¡JltJ11c11 cu,11bat itmdu

á

la marte1·a de lv11 boeros.

j

Geneml W. F. Gatacre.

Grita, blasfema, se agita como un energúmeno, pi- de un castillo feudal, no fueron bellos, ni concede á la fiera bravura devastadora, al lidiador arro- bidos con algún fin estético; fueron útiles, necejo ciego y audacia salvaje; protesta si no hay sarios, como lo son _hoy los braseros ó las puertas;
:sangre; ruge si ve despertar el instinto de la con- pero el tiempo los ha ungido bellos y hoy gozamos
servación; le exasperan las reticencias y los tan- contemplando las ruinas de un castillo feudal. Un
teos, y no se sacia sino cuando el bruto destruc- revólver es casi ridículo porque es moderno; una
tor cae á su vez aniquilado, vencido y tinto en espada es bella y noble. Los trajes romanos, medioevales ó de épocas remotas, se hacen bellos con
sangre.
¿ Cómo explicarse ese regreso al estado salvaje? el tiempo, y no tienen estética alguna asignable
¿ Cómo comprender este momentáneo olvido de to- nuestras levitas ó nuestros pantalones.
Lo que pasa con las cosa¡, pasa igualmente con
do un pasado de civilización? No es como muchos lo creen una especialidad de nuestra raza, los actos hum.anos. Cazar fué una necesidad imuna· peculiaridad de nuestra educación, la acen- periosa, una tarea enojosa; se iba de caza, no por
tuada inclinación que mostramos á ese sangrien- recreo, sino á más no poder, para purgar de
to ei"pectáculo. Tal opinión no es sostenible ante .fieras el bosque ó de alimañas la campiña; hoy es
los progresos que en la delicada y culta Francia un placer, porque es un acto viejo, inútil y par odia
hace la tauromaquia y ante el acentuado placer ó remedo de otro necesario v pasado.
Luchar y boxear fueron actos indispensables de
y afición que ostentan nuestros "primos" y nues·
defensa
personal antes de las instituciones de potras "primas."
Xo; no hay pueblo, no hay época, no ha_v civi- licía, y hoy los ven los anglo-sajones como especlización que no tenga y haya tenido predilección táculos de placer y ocupaciones recreativas. Los
por algún género de sport ó de espectáculo sa.L- moros, al invadir España, la encontraron plagada
rnje. La Grecia antigua y la antigua Roma te- de toros bravíos, peli~rosos y que imposibilitaban ó
nían la lucha, el circo y muchos sports más ó me- dificultaban el trabajo y la circulación Fué necenos salvajes; en la Edad Media, los torneos; en sario para extirparlos, aprender á luchar con ellos,
la civilización musulmana, los toros, de donde los y así nació la tauromaquia. .
Desde el momento en oue la cosecha de lo bello
heredó España y después la Amér ica latina; los
se
hace en el almácigo de lo pasado y
anglo-sajones cultivan el box, de un salvajismo imponderahle, las peleas de gallos, v recientemente el
'·foot-ball ," más salvaje aún, si cabe; y la caza, he•
catombe de seres -inocentes y ya inofensivos, es
igua)mente recreación salvaje y despiadada.
Y todo esto tiene su arranque y su razón de ser
en leyes y condiciones fundamentales de la naturaleza lnimana, que la civilización puede apena¡¡
modificar, pero que no llegará nunca á tranformar.
Es ley ineludible de la naturaleza humana, que
el tiempo todo lo embellece y que por el hecho
de ser antiguas las cosas asumen un acentuado
carácter estético. Y es un hecho, igualmente, que
lo estético es en el fondo una imitación, una parodia, una reproducción, á veces, de lo real. De la
combinación de estos dos principios resulta que
el pasado, por el hecho de serlo, acaba por ser hermoso y por consiguiente, doblemente. el remedo
de lo pasado.
No importa que un acto, una costumbre, un
objeto, no hayan revestido en su principio carácter estético alguno; con el tiempo acaban por
adquirirlo.
{,'n1eral Lo1'd Methuen.
Las troneras, almenas, puentes levadizos y fosos

�Domingo 31 de Diciembre de 1899.

Domtogo 31 de Diciembre de 1899

EL MUNDO.

384

~l lengua.~e de la. América. I spañola.

clesde el punto en que lo pasado, en general,
no fué pulcro. ni moral, ni civilizado; desde el
momento en que lo que llamamos espectáculos
y·'sport;· 0 on de toda preferencia remedos de acto~
de seres inc-ultos y menos civilizados que nosotros,
es inevitaule que el e:opectáculo y el ,:port nos retrotraigan á la barbarie y que haciénuonos Yivir
en el pa,-ado. reaviwn en nue~tro eorazón emociones baja-. remuevan en nueRtro e,-píritu ideas
atrasada~ y Ol&gt;tenten ante nuestra , i-;ta e,pectál'ulo~ repugnantes.
E~ta cloc.·trina no ab,nelre. explica. y habrá que
e•per,u á que la. civilización y la rultura emejezcan JJara que los espec·tác·ulo, puedan ser ;;iempre
pulc·ro,- é ineprochable;::. Y aún a,,í. cuarnlo nuestra.,; c·o,tumhre:; ,ean vieja~. }a;, que la;; reemplacen
serán mú, refinada" y Ja.; nuestras pareeerán to,;c·as y bárbara~ y saln1je sn parodia á nue,;tros remotos ~rn·1•~ore".

~

L a Comisión de diecionario que preside Don
Juan \ alera. ddJÍ,L informar á la ~\.cademia Española, i;obre la. eom·enil'ueia é inconveniencia de
emprc•nJcr el l'stucli_o de los americani,,-mos y neolog1smc;; que• _Don Ha·ardu l'alma, escritor peruano
y cor re_8ponchentl' ue hl s\t:adl'nHa. propone en rn
libro titulado ·· Hctuerdo~ de 1'.spaña. ·
E l Sr. D. Eduardo Benot. que tanta,; prueba~
ha da&lt;lo de ~u alt.i ilustr,Hjón tiloló"tea. eomo lo
a cr e&lt;litun su~ &lt;li\·cr,-a:, ol.irfü; ~obn, li~"iih,tic:a ca~tellana. fué l'l del&gt;ignado vara llcn1r la~ oz en nombre ele la N)]11i~ión del di&lt;·&lt;·ionario.
D es¡mé~ de bre\·e exordiu en c¡ue el Sr. Benot
hizo c·alnro-o t'll('()lllÍt&gt; c1el Sr. Palma c-omo hombre
de let ra~. elijo (¡uc lamentaba que el literato peruano hubiera da(!o · Ú Pntl'nder que en la Atademia
dominaba espíritu &lt;k ho~tilidad contra ..\mériea y
los amcritano~: ptH&gt; t•l ··c-ordón ~anitario," fra;e
del i':ir. Palma. que difü·11lta el ingre~o de neologismo,; en el di('(·ionario. tmo su origen en el exagerado amor ch• lo, antiguo, a(•iulémi(·o, ú lo que
ellos entendíau ne&lt;·e:;ario para t·onscn·ai· la pureza
del lenguajl', pero no en ¡,a~ion&lt;'illa, polítieas. Y
t a n cierto er,1 e4o. que el eordón ,-anitario había
mirauo emno fran&lt;lulenta no ,;ólo la entrada de
rncahlo, venido~ de tieri..a,: lej1ma,-, ,ino también
la de los naciuos en la Penhi,ml,1 rni~ma v u,ac1o;por todo~ lo,; qne saben e~c-rihir. tale;; c·omo ";;umariar," ·'agredir,'' ·'liina&lt;lor ,'' " eaptac-ió11:· '·ext eriorizar:· ·'maritata&lt;' "(•ompenetra('ión," "8ilueta." ..liberali~mo," ..rac·ional i-1110.'' "esperpento·· y otras 1·,rneha~ palalJrai' ele que no aleazamo~ á
tom ar nota. Pero lo~ tiempo;; han cambiado. y la
hi~toria de la relajat·ión del antiguo ~i:;tema (adopt ada con la mayor l;ueua re por acaclÍ'mieoR de autitudeF y c·onocimiento,:, pero á quiene• yo no t:tubeo· en talifü·ar de t,rirerio,.; r-&lt;trecho•), ~e encuentra heeha de m:i&lt;1o ma~i•tral en el reeiente
diFcur,o de rerepción de Don Daniel Cortazar y
en la conte:;tac-ión de Don Eduardo de SaaYedra.
'"Ambos di8c·urKos-añatlió el orador-son testim o11io de la Y11riación del ;:i,:t ema impue,;to por el·
espíritu amplio y liberal de la época, y· esta con-

LA TARANTELLA
La . "Tanrntella'' es uno de Jo;, bailes re"ionales
o
que tienen má, carácter y mayores peculiaridade;:.
Se cliferene1a de ca,-i todos los demás bailes regionales, aun de los mismos italianos.
Xinguno que haya e~taclo en el Sur de Italia,
en la bella Xápoles ó en la enc·antadora isla de
Capri, ha dejado de ver bailar la "tarantella," y
es seguro que ese baile le ha dejado recuerdos
imperecederos, por la gracia v la armonía de sus
movimientos.
•
Es cierto que lo esencial ele casi todos los bailes populares es igual en toda e, partes: la representación de una pantomima am orosa. Pero los
elementos de ella var ían siempre y hay algunos
bailes en que es da&lt;lo representar desde el amor
más puro hasta la pasión más desenfrenada.
A estos pertenece la "tarantella." El carácter
y la intención de quienes la bailan es lo que realmente define el baile. que puede ser de un eroti!'mo pagano ó de una deliciosa ingenuidad.
Los mozo, Y las mozas de la Italia meridional
aman la "tarantella"' ron todo el ardor de $U sangre y ~e entregan á ella en cuerpo~- alma. Cuando
no ha:r parejas. con frecuencia se ve á las muchac:ha;: que enlazan sus numos con el tradicional
pmi11elo para danzar alegremente al son de las
guitarrillas ó mandolina1:1 y dél pandero.
'C'na escena de estas es la que representa nuestro grabado. que e,: un fragmento de un bonito
c·uaclro del pintor alemán Hermann Katsch.

EL MUNDO.

vice1ón mía es la que deEeo que arraigue en el no nos pasma de admiración porque es de ocurrencia diaria, si el capitán de cada buque pudiese alccreuro del l:,r. Palma y de los americanos todos.
terar á. su antojo el Código de banderas?
Para. que una lengua sirva. de vehículo de las
Comentir que una lengua se disperse en diai&lt;lcai; ú rnu&lt;.:hos millones de almas, es preciso que
ledos,
es un ultraje á la civilización; es tanto cola lengua i-c con,,erve sin variat·ión en su esencia,
y que .:ca al mi6mO tiempo :;u,ecptible de los au- mo lernntar barreras intelectuales entre los pueblos, á semejanza &lt;le las murallas de la China; y
mcntoi:: exigidos por las diferencias de climas, inseso no lo hará la Academia Española, rechazando
titurio1w1:,, costumbres, ele. Si viviesen aún los
antiguo, rom,mo,, su latín no ~ería ahora medio de sm examen, sin diséntirlos, los neologismos americ•anos c¡l).e en su libro nos propone nuestro estudio&lt;·omunieal'ión entre los pueblos que hablan los diaso .r querido compañero de Limll.''
h•do,; en que ~e di,;eminó la lengua de Roma; y
'l'erminó así, de-pués de más de uaa hora que
ningún romano entendería ú lo, italianos; ni á los
durÍ&gt; ~u corree-to di,,('urso. el re,,petable Sr. Benot,
france~e", n i ú lu,; portugue-e~. easte!Janos, cataen me&lt;lio de fenoroi&lt;as folicitaciones.
Janl'H, etc·.
.\c·ademia, en rota&lt;·ión unánime, acordó que
t:1 ~r. Bl'not oyó mnchm• mmmullos &lt;le "¡bien ' " en La
el ;;uplemcnto dPl "l)ic-c·ionario," cuya irnpre•·, 11rny bien!" (•ntre lo;; académit·o,;, cuando dijo:
tiión ah-anza ya 11 la letra V, se consideren todos
"Yo &lt;'rro tan perjudicial p] propósito de ha(!er
lo, americ·,rni"mo~ y ¡1eologismos que la comisión
&lt;¡UP el &lt;•a,-tel lano ,:ólo ,;irrn para lo,: penin&lt;"ulare.::,
de le.\.i&lt;'o r,time dP ,,,rn, f:'niente admisión.
c·omn el de qne »u mi,-ma lengua sirva sólo para
Jo~ anwric·ano~. E,; contrario á la civilizaei6n y al
trato humano l'l acordonar Ja,- lenguas v hacer que
,e ('Oll\' ic•rtan en dialedof' . . \ntl'" aislaban á Jo,;
Remolque de los barcos de electricidad.
puehJo, la, di ...tancias, el t iempo y las diferencia;;
-&lt;::&gt;o~-::,..
rh• IPngnaje: pno. por fort u ila, lo" pmgre;;oi:; moderno~ han anulado el espaeio .\' el tiempo. Ei
La lentitud ton que lo~ pequeños vapores retiempo ho_v no tiene tiraniaf:. Al día siguiente de
mokahan
por lo, canales á las embarcaciones de
la rnuPrte &lt;le ( 'a,;telar, lo, diputado~ del Congreso
vela y á .las grandes lanc·has, que muchas veces,
de la HPpúhlil'a .Argentina oían· la triste noticia
por Hl exc-e,i,·o pe-o. ~uperaban en fuerzas de rede pie y en ¡,¡ rná:&lt; religioso silencio.
Xo pa-a. por dewracia, lo mi~mo con las dife- Hir-tencia ú la &lt;¡nl' podían ejercer los vaporcitos
remolcadore;;, ha hed10 que en el canal de :Finow,
. reneia¡: de lo,- idiomas. Todavía cf:as diferencias
Alemania.
~e hi&lt;·ienm experiencias, aplicando un
&lt;liticnl1all el eomercio nniver::-al. ruando no ,e opocarril remolea&lt;lor i;](&gt;,•tric:o. que ha dado muy
nen á él. llay, c:iertamente, tre" idiomas por eu_vo
bueno, re;,ulta&lt;lo~ y que c•F seguro que en breve
medio ~e comm1ican entre ,-í Jo,;, pueblos eiviliza~&lt;' aplicará en otro,: 1·anale".
do": el inglé~. el e,pañol _v el írancé;;. Son entenComo verún m1el&gt;tros lec-tores en el grnbado que
dido~ rn toda,- lai-; eoRtas, y romtih1ren una espe•
&lt;·ie de lengua ttniverRal con tres formas diferen- le~ ofrecemo~. el proc·edimiento no puede ser más
te:&lt;. Y atentará ú la ci,·ilizaciún quien no impida :,eneillo: á un l-aITO pequeño,-que se mueve sobre el carril elé('tric·o del ;;i~tema ele cable que ya
por todo" Jo;: medios posible•, la dialectización de
cono('en, y que ,e ha aplicado á los tranvías ele
t'"ª" ll'ngua,. E;;. pues, p reci"o e011servarlas en su
es~nt·ia. ,v darle,; flexibilidad ba,-tante para que re- e~ta eapital.--e ata el cable que ha de remolcar
el barco y el remolque 'le efectúa de una manera
ciban lo, aumentos necei;ario,;.
Do;, bu&lt;¡nes se entienden en alta mar por medio Hegura y rápida. ¡ &lt;lran ahorro de tiempo y di&lt;ll'l Cí&gt;&lt;ligo lntemacimial ele ::eüales, sin saber lo~ nero!
tripnlaillef' &lt;le un barco la lengua de loR tripulan te.;
&lt;le! otro. ;, Y podría realizar,e e~te prodigio, que

LA TARANTELL.A, baile populm· de Nápoles.
Cnad1·0 de H. Katsrk.

LA CARICAT UR.A. EN EL EXrrRA ~JERO

¡Bu,en bocado!

Godl . .... .

Los DOS ASPE CTOS DE LA CU.ESTION.
Der Walu·e Jacob, Stuttgard

El Tio Pablo pasa 1·evista á .ms tropae.

Pwnch, Londres.

'

J
Remolqne de um•cos en el f'wwl de Finow, de Ebersu:ald1,, Alemania, pvr medio de la elect;•icida&lt;t.

,1

385

�3136

F:t, MUNDO.

Domingo 31 de Diciembre de 1899.

Damtngc :n de Diciembre de 1,911

387.

EL MUNDO.

L,f\ FRINOESA OTILlf\
Levantóse la jon)n maquinalmente dejando las
blanduras del cojm en que estaba reclinada. Se
~cercó á la alta ventana y miró largo r ato hacia la
-ciudad que se destacaba sobre la cinta sombría del
regio parque.
Un grupo de doncellas tañía dulcemente las
-cuerdas de las tiarhas y de los laúdes cuyas notas

.,

llenaban los ámbitos de la torre octágona. La prin'Cesa Otilia nada oía porque era sordo-muda d~ :1a'Cimiento. Más de veinticinco años había v1V1do
-apartada del mundo :;in más comunicac_ión con
:sus semejantes, que alguno~ gest?s, rep~tidos . por
los que la rodeaban. Su ex1sten~ia corna tnste'mente, tan tristemente que la Jo,·en _nun?a sonreía; sus ojos color ele agua muerta, OJ?S sm p~n:sarnieHto y sin ensue1i.os, brillaban baJO los parpados con· el resplandor ele una piedra ~alsa ..
La intE,liz sordo-mulla nació del n'.atm1;1omo ~~l
rey de !::licilia con una prima, matnrnon_10 pohti'C0 oblio-ado. cuyo fruto in,ano enfure~1ó al r ey
· quien 1~0 paró ·hasta repudiar á su pruna Y es-

d
El rev no amaba á la princesa de boca mu a Y
d e mira.da ausente, cu_rn inmóvil y plácida belleza
'nunca se animaba. La hahía r eclmdo ~n u!1 departamento aislado del palacio, en,donde J?-IDªs entraron Jo¡, cortesanos. Los sombr1os follaJes del par
Que rodeaban. ocultánrlolo. el torreón. de míu:m~
rosa donde la dulce Otilia vivió desde su nacimiento hasta la época en que comenza~a á mar'Chitarse lentamente rodeada de sus ociosas dontellas.
, f lt d
Los torneos y las cortes de ,amor, 't ª ª
e
tesas galantes fiestas, el espectaculo stempre nue-

~ a

1

'1

l

ª

Yo del mar Y de sus horizontes, el moYimiento ele
la baliia, la· entrada y salida de las galeras y la
alegre turbulencia clel pueblo que circula en el
muelle y en el canal, tal Yez habrían distraído á
la princ:esa enferma; pero el rey tenía rergiienza de ella porque empañaba el lu•tre de su estirpe.-Oculta en su torre de mármol y en su jardín
umbroso, la pálid11. Otilia no salía de rn recinto
sino para asistir á alguna ceremonia regia y siempre su prestigiosa belleza impresionaba hoo.clamente al pueblo.
Sólo en raras ocasiones el Yicjo rey consentía
en wr á su hija. Su actitud hierática ante el desfile ele lo, guerreros cortejos, era la ele una reina:
la inmoYilidad de su rostro era majestuosa; creería~e al rerla que había nacido para reinar entre
nubes de incien$0 ~- bajo una lluvia de flores en.las
fiestas litúrgicas. bajo las altas bó,·edas de las catedrales. El orgulloso monarca Yeía su noble sangre. bajo el esplendor del oro, ele las pedrerías
y de los pesados armiños que cubrían á la joYen.
)las esas oc:asiones eran raras v de cor ta duración. El corazón del rey estaba clominaclo por el
amor ele su hijo, nacido de un segundo matrimonio celebrado después de la desgracia de la madre ele Otilia. Era el príncipe un jo1·en ele veinte
años, caprichoso y vehemente, que escandalizaba
al reino .'° cli,·ertía al pueblo y á la burguesía con
el lujo de sus fa,·oritas y de sus amigos.
) [enos que á su padre veía Otilia á su hermano.
Xo le gustaba pasar el tiempo con la muda de
mirada inquieta y ademanes de sueño; tanta gra,·edad lo amedrentaba. La pobre no tenía más
distracción que hojear los gruesos misales iluminados. pintar tapices con figuras humanas ó recibir
á los tejedores y joyeros que venían á presentarle. los unos, combinaciones de dibujos y colores
para las telas; los otros, modelos de ?r~ches, brazaletes " collares. Estas eran las umcas horas
claras de Sll soledad.
En la ~ornbra del gineceo cubierto de cristales,
las doncellas que se morían de tristeza, tocaban
con sordina para distraerse, ó jugaban en los rincones apartados.
La princesa estaba de pie,?~ la ventana, co~
las manos apoyadas en el alfeizar, pero sus mir adas no buscaban como otras veces, los campanario'° má!" allá de las palmeras y de .los cipreses,
¡;ino aue ~e fijaban con singular atención en los
jazmines y clemátides que había al pie de la
torre.
Tres hombres habían entrado al jardín. Los
tres, jóYenes ~- desconocidos para ell~ . . Uno de
ellos era aran señor; los otros dos, mus1cos, uno
tocaba h~ flauta y el segundo el violín, un
Yiolín particular; (cuyos sonidos penetrantes
brotan sólo al contacto del arco.) llamado
"violín ele amor.'' El jornn noble sentóse e~
un banco circular y clespleganclo un pergafill110 manuscrito que tenía en
la mano, hizo
una sefial á los otros dos, y la princesa, que desde lo alto de la ventana los Yeía, como en el fondo de un pozo, alejados, y cárdenos. por el reflejo de los cipreses,, ~egu1a con atenc1~n los movilnientos de los mus1cos. Uno se llevo la flauta
á la boca v el otro apoyó el violín en el hombro.
El joven gran seño~, ~levaba el compás; seguía
el ritmo con los movmnentos de su cuerpo y
evidentemente cantaba cosas que la princesa no
podía oír. Aquella música era algún concierto galante destinado á la amada del joven del manus-

crito, y si habían elegido aquel sitio, sería para
ensayar con toda tranquilidad. Ba~taba ver la cara febril del joven noble, sus ojos húmedos y su
actitud extática, para comprender que tanto la
letra como la música eran obra snrn.
Por primera vez lamentaba la p~·incesa no oír
los son idos ni el rumor delicado de las palabras.
Todo atraía en el joven dcsconocido,-su ,·ivacidad, su palidez ardiente, sus ojos húmedos_ de
emoción y la gallardía de su talle. Otilia habría
querido conocer la beldad á quien se di;rigía el
tierno epitalamio, porque aquello no porlía ser
canción ni serenata, y el galán sabía muy bien lo
que hacía al elegir el jardín solitario de la princesa sordo-muda para ensayar su obra. 8orclo-muda !. ... Sentía una angustia infinita al recordar
su miserable estado.
Una de las doncellas se acercó á la ,·entana
cuando se r etiraban los tres jó,·enes, pero pudo
reconocer al poeta.
E ra Beppino de Fiezoles, á la sazón favorito
del pr íncipe, quien le había dado todo;: los empleos de la corte, sin exceptuar el de amante de
corazón de la hermosa duquesa Simonetta de Aydaga, querida del delfín.

\

Esa noche, la princesa Otilia vió en sueños
al desconocido y á los músicos del jardh1; pero
¡ oh novedad milagrosa! oyó dulces sonoridades,
una música divina que llenó !.'U alma de júbilo,
que la extasiaba y la ha.cía desfallecer. ·como si

�388

su carne temblara de frío un momento y luego
circulara por ella un fuego abrasador.
Al día siguiente, al &lt;lar el reloj las cuatro de
la tarde, una semación dulcísima, hasta entonces
desconocida para ella, la forzó á ponerse en pie
y' la arrastró á la ventana.
Ya estaban en su sitio los tres artistas, el poeta sentado y los do~ músicos de pie. La flauta y el violín ritmaban una lánguida chacona
y siguiel1(1o el aire ardiente v amanerado de la
danza, Beppo pronunciaba ,:ersos formados de
palabras suplicantes, en los que había quejas y
elogios para una, dama. La prince,:a sorda comprendía el ~entido de la recitación y su alma se
llenaba de pena porque las rimas ~' ·1a música se
dirigían á otra mujer. Su corazón, súbitamente
iniciado, adivinaba la querella de amor.
Los versos del noble florentino celebraban la
sedosa y rubia ca bcllera de una beldad insensible
de carne ambarina y transparente como las uvas ·
c~lebraban la frescura húmeda y roja de los la~
b1os de una dama, cuyas pupilas eran de acero

rr.r, \ffNDO.

nomtnl!'o 3t de Diciembre de 1899.

Domingo

:n de Diciembre de 1899.

Sus .sueños se poblaron e~a noche de visiones deliran tes.
Pocos días dc,;pués,
una tarde en que el príncipe ~Uejandro, tendido
sobre sus cojines de
terciopelo de Génova
y sui: tapiceB de 8cutari,
jugaba con la~ trenza~ de
la bella Simonetta ¿ "Qué
se hac·e n ue~tro ~eñor
Beppo ., ? preguntó irnl iferentemcnte la duque~a,
El príncipe heredero,
con la lengua e~tropajosa por la embriaguez,
contestó : "X u e s t r o
Beppo debe estar loco;
se olvida de nosotroR,
¿ no os parece? ya hace
tiempo que no le vemos.

UN SUEÑO

y parecían puñales. Sin conocer el sentido de las
palabraf:, la prince~a Otilia sabía que sus cabellos
eran negr.o~ y lustrosos, que su palidez era intensa y que sus ojos eran azules como turquesas.
Cogió instintivamente el espejo que estaba á
su alcance sobre una mesa y se vió en él. Cuando
miró de nuevo hacia el jardín, el joven la veía.
La princesa Otilia se ~onrojó y echó el cuerpo
hacia atrá~.
Al día siguieute volvió á la ventana, Beppo y
sus compañeros ya estaban en la glorieta de los
cipreses y el violín y la flauta cantahan lánguidamente.
Pero, ¡ oh milagro! ya la música no era la misma; imploraba, más persuasiva y tierna, y la princesa sorda podía oírla. También los versos eran
otros: no hablaban de los ojos grises, de una rubia ele tinte de ámbar, sino de laR pupilas de
agua marina v de agua muerta, de una beldad
lunar con cabellos de tinieblas.
El poeta cantaba, con los ojos puestos en. ella,
y la -princesa, ebria de dicha, ya no se miraba
al e~;eio.

rencia, una caéta silenciosa en Bruges la 1Iuerta, un yac:ht en la rada de Argelia ..... Dios satodo lo que poseían.
Hacia un año que habían partido de su isla
,in Yoher, sin dejar en la casa ni siquiera un
criado de confianza que la atendiera, y sin dar á
nadie su,; nuevas ~eñas.
Habían pasado el inviemo en el Cairo porque
la ~eñora to,ía, y ahora:, en lugar de ir á pasar
el e~tío á alguna de sus po~e:;iones á orilla;; de
un lago de }..,:cocia, habían decidido pe una manera bru,:ca. ,-enir á. pasarlo ú su isla encantada,
como Clara la llamaba.
Y habían quericlo \'enir a,-,í de improviso, á
rnrpremlerla en el mi,terio de su n-ituraleza
ahandonacla. Celo,os de que otros lo hicieran ante~ que ello~, llegaban ,olo~ para ,.er los primero;;
&lt;1ne pu•ieran ele nue,·o la planta en ac;uella,; aYenidas cubiertas de- un fino mu&gt;&lt;guillo, B:1jo de
una~ roca¡;; oculta~ por frondo-o,; árbolc,, habían
clejado e$corn1ida la llaYe ele la puerta &lt;le entrada.
-Ya no,; acercamo~, dijo Hirnp,-on, Prepárate
á ,-er bien, Catarina, eRto CR nuern para tí.
La pequeña no conocía esto, por haber pa,ado
todo el año con una tía que re:&lt;iclía en E&lt;limburgo.
-He aquí ya la iglesia ele )Jarieourt !
-Pronto \'eremos ya nuestra i,;la, y el castillo y el jardín. Prepárate Catarina, mira. cuando
lleguemos á aquel ca•taño, entonces podrás ver
el río, la i;:la, el ca,;tillo, el jardín . todo .. .
&lt;.Jatarina batió palmaR y dijo al perrillo :
-Prepárate tú también, Loo.
Y al lleg-ar al castaño, el mi~mo grito de estupor se escapó de lo~ labios de los Simpson.
-¿ Y nuestra isla?. , . . .
El lfarne ,e extendía por todas parte~ azul y
tranquilo.
La isla, con su castillo, su jardín, sus fuente~,
la isla encantada había desaparecido .....
-Un campesino, que en ese momento pasaba por
-allí, se detuYo con curiosidad al reconocerles y
se los dijo todo.
El último invierno había habido una inundación tan terrible, corno en diez años no se viera. La crecien te subió muchí;,iino y la pequeña
isla bien pronto quedó sumergida. Por algún tiempo quedaron aún á la vista las tor recillas del edificio y las copas de los alto;;; árboles . .. después la
casa se fué á fondo, y los árbole,, arrancados por
la corriente. habían huído quién sabe á donde.
Nada quedaba de lo que antes había allí.
Xada había podido aviAárFeles. porque como
todos ignoraban su paradero ....
No quisieron ya e,cuchar al campesino, y volviénclm,e al ómnibu~. cargado de baúle;;, mientras que Catarina derramaba abundantes lág-rirnaR. los Simpson, tristes y pemativos y sahoreamln acaso una voluptuo•irlad más ama;ro-a, v
má~ delicada que cuantas h u hieran probado ÍrnRta
entonce;,, Yeían brillar al sol ern cinta de ao-ua
tranquila . hajo la cual quedaba hundido su ;1eño en la forma ele m1 castillo ele ladrillos rosados ...... .

ue

l

- ¿ Y para qué ha de tomarse el trabaio de vernos? ¿Xo es por ventura el favorito, el mimado
de Vuestra Alteza-? Lo habéis hecho conde, gobernador de Cer deña, á puñados saca dinero de
los cofres y puede aspirar á todo, Ha llegado
hasta pretender hacerme su querida.
- ¡ Cómo! ¿ se ha atrevido?
-Y duraute una semana de él solo dependió
conseguirlo. ¿ Xo es él, después de vos, el caballero más alto del reino? Pero el florentino tiene miras más altas : hace hablar á los 1:rndos y
oír á los sordos.
-¿ Qué queréis decir con eso?
-Xada que no sepa toda l a corte, con excepc1on de S. lI. y vos. Id á pasear mañana á la
hora de la siesta al jardín particular de la princesa.
-Otil ia, mi hermana? Bella duquEí'a Simonetta, si habéis mentido os decapitaré.
De allí á dos días, la princesa Otilia tuvo una
espantosa pesadilla. El hermoso conde de Fiezo-

389

EL MUNDO.

les, acompañado de los mus1cos, le dió su concierto de costumbre. L a canción era ardien te y
apasionada. y la princesa, incli11ada en su balcón
·se extasiaba. oyendo los reclamos de amor . .. cuan:
do de pronto el poeta palideció y la sombra de
los cipreses se hizo má,; densa. Fiezoles calló y
la
princesa
vohió en sí de su arrobamientoJ fría
l
,
lie angustia.
.\l día siguiente, cuando des--.ertó, un paje con
la librea del rey, le entregó un curioso cofre deVene&lt;'ia cubierto de pierlras precio,as. L a princesa lo abrió y vió en el fondo, sobre u n cojín
de seda, la cabeza, caliente· aún, del floren t in0,
Beppo, A l instante se apoderó de ella una fuertefiebre que se la llevó esa m iRma noche,
Así murió la. pr incesa Otilia por haber escuchado "el ,·iolin de amor."
,
JEAN LORRAI N.

j

l

J

En aquel perezoso ómnibus, cargado de baú- hermosa mans1on de ladrillos color de rosa, con
les, al paso de dos ycguab que camtanai.Jan m o- viguería de cedro, y "parterrc5'' esmaltadcs de flolest adas por los t.í.ba11os, y t ras &lt;le un cochero yue res que se metían en el agua.
se m oría ele sueño, los 81mpson, agobiados p or el
Se hubiera, creído que las hadas lo hacían tocalor y en meclio de un ~ol rabioso, no podían do; así &lt;le pronto los albañiles, carpinteros, heya co11 tener su impaciencia,
,
rreros y pintores llamados á toda pnsa y recom¡ Qué largo se hacía el camino!
pensados ampliamente, habían terminado el ediAl salir de una colina apareció el niarne, cu- ficio.
ya cinta clara tan pron to cruzaba un vallado co-¿ Te acuerdas, Santiago, del maestro de obras
mo desaparecía en las inmensidades del terreno, que siempre andaba con una rosa en la boca?
yendo á morir entre los árboles . ... .
E;,e sí que sabía dirigir á su gente!
-¡ Oh, Santiago! dec:ía la m ujer, deliciosamente
-Y aquel pintorcillo patizambo que mienvest ida con trajecillo vaporoso de muselina, ti;as trabajaba cantaba tan bonitas canciones ...
mientras su rostro, coloreado por la luz del sol, Pero, ved que ya estamos al final del camino;
semejaba una rosa viva de· esas que llaman "ro- ¡ qué musgos tan tiernos y qué flores_! Catarina,
sas de Inglaterra,''-,•erdaderamente la idea es prepárate á hacerle á tu madre unos hermosos
encan ta elora . . . . ¡ esto de llegar uno ú su casa sin ramos.
prevenir á nadie, así de sorpresa . . ..
La señora dijo:
-Sí, el encanto de lo imprevisto no l o tiene
-Estoy pensando que somos unos mnos al
nada,-respondió su marido, un hombre joven obrar así; ¡volverá la casa sin haber dado orden
todavía, delgado y corpulento ú la vez,-Creo de que se arregle! Quizá esté húmeda, fría , naque dentro de media hora podremos contemplar die la ha ocupado, nadie nos ha dado noti&lt;'ias ...
desde lo alto de aquella colina n uestra isla her-¡Bah! respondió Simp,on; panr qué serviría
el dinero, entonces, si no ínese para arreglarlo
mosa.
-¡ Qué felicidad, Santiago ! ¿ R ecuerdas , qué todo al instante?
alegre fué la última primavera, cuando se nos
La mayor debilidad de los Simpson era comocurrió comprar esta isla para fabricar en ella ,prar un pedazo de iierra en todos los países donnuestro castillo? Y los árboles maravillosos del de habían estado, posesión qne abaJ?,donahan á
jardín ... . los pájaros, las fuentes . .. . ¿ Llegare- poco :¡ que muchas veces resolvían no ver más.
De esta manera poseían un viejo jardín en Flomos tan pronto como dices?
- Sí sí· respondió Simpson ; veinte minutos á
lo más ' no' tardarnos ya en estar a 11'1.
-P;ro papá si nuestra casa está en una isla,
tendremos que ' nadar para entrar a l cast'111o ?.. ·, .
Esto lo decía una pequeñ a que apenas contana
siete años de cabellos rubios y 'ensortijados que
le caían s~bre una pelerina blan ca de linón.
-No respondió Simpson riendo, hay hotes y
una gr;n barcaza para pasar á l~~. animal;s.
-Entonces, dijo Catarina, acanciando a un
perrillo de ojos inteligente~ que la ohsen·aba, pareciendo comprender la pregunta-¿ e11tonces
Loo entrará también al bote?
-Por supuesto, re;,pondió la mad1:e.
.
¡ Qué sueño tan hermoso el que_ halmm _reahza&lt;lo
los Sirnpson ! Asíduo~ YiajcroF, neo;, ? l_i brese satisfacían todos sus :fantaFeoR. IJacla d1ec1ocho meFes que, al pasar por este bonito rincón. &lt;le la
Fran cia, descubrieron en el nlarne esa 1~la encan tadora, plantada de encinos y sauce,. Co11!pra,rla construir en ella una ca$a, plantar en el J,ll'dm
t;da clase de árboles, regarlo por medio de canalizaciones, transplantar á él flores rara~ de otros
países y amarrar á la puer ta tlll gracioso hoteeillo · 'todo esto no había sido obra más que de
tres 'meseR.
.
En tres mc,es, al golpe mágico de la varita '.1e
11 na hada.-v esta hada era C'lílra 8impson,-la 1~la se había transformado; h alJía allí ahorn una

L

PXC'L Y VICTOR )U.RG'GERITTE.

�Domingo 31 de Diciembre de 1819,

EL MUNDO.

390

Jaramn go.

•bomtngo 2 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

13

EL KU~YO DODEC.ASILABO.

&lt;:::::,.)C(&lt;:::::,.

I
El palacio está desierto, roto el arco; por la ojirn
va filtrando el sol que muere su mirada. pensativa.
su mirada agonizante, como el beso de un adiós;
el pinar parece un túmulo, vibra el arpa de las hojas,
traza el mar i;:obre la playa la inscripción de sus congojas
y en ~u zambra el viento errátil de lo ignoto mela en pos.

II
El c,:tanque está derruído; con saeta refulgente
no herirá su borde trunco la ígnea luz de un nuevo
ni ha d() Yerse á la princesa dibujada en su cristal:
se han deshecho los sillares, las estatuas han
y en el pórtico la alondra clama en lúgubre
por el ara un tiempo rhida del ho_v mustio flores

•
Oriente,
caído,
gemido
tal.

(A Amado Xervo.)
:\Iusa, prende nuerns ritmos en las liras.
nueYas formas, nuerns triunfos, nuevas palmas;
q~t~ en las for_m_as ya gasta~ª? sólo inspiras
neJas cosas. vteJOS temas, vieJas almas.
Xo en el carro de dos ruedas que gemían ·
bajo el peso del augusto Juan de :Mena:
hemistiquios de seis radios, que corrían
doblemente triunfadores en la arena.
Xo en la forma en que cruza claroscuros
la barquilla de sus locos pensamientos,
que va en busca de los puertos más segur0,
al azote despiadado de los vientns .....

III
De la antigua balaustrada se alza el lirio entre las grietas;
en el parque no hay nelumbos, no hay orquídeas ni Yioletas,
ni en la rerja abren su búcaro las campánulas en flor;
sube el musgo como víbora por la informe escalinata,
la ventana está vacía, no hay libélulas de plata
y la hiedra en laR columnas prende el mantotrepador.
IV
E~e lóbrego palacio que en su afán selló el ol vi&lt;io,
fué el magnético palacio por mis sueños erigido,
1
1 y al blasón de cuya clare puse el timbre de mi fe;
la princesa de su estrado, me dejó, fué la esperanza,
'salió en busca de -la dicha, la vió hundirse en lontananza.
y del rumbo de mi huella desvió el rumbo de su pie.
PEDRO J. N AON.

NY:UPHEE
~

La cuadriga del sol baja á Poniente,
." al ir veloz po.r la celeste arena
siente que Apolo su ímpetu refrena ... .
pero vuela sobre or o incandescente.
Se hunde en el mar, que en su hálito potente
y entre su sangrienta luz el orbe atruena;
y ya en la noche límpida y serena,
torna en plata su púrpura el Oriente.
Es la Jiora: al boi:de de la-clara linfa
tiende sin flechas el carcaj la ninfa.
Todo es paz. Muge el ciervo en los breñales.
La luna alumbra el nocturnal concento :
y el dios Pan, ante el ritmo de su aliénto,
ríe al ver que se animan los rosales.
ROSENDO VILLALOBOS.

Musa, canta tus cauciones en la nueva
triple forma de los nuevos cuatro radios:
carro de oro que á la musa rauda lleva
al escape por los líricos estadios.
Son tres golpes remachando la cadena,
son t res altos que coronan tres alturas:
se dirían tres corceles_ que en la arena
estamparan cuatro firmes herraduras
Triple lengua dragoniana, que vibrante
lame el cuerpo de la musa que se crispa:
triple corte sobre 'el dqrso de un diamante,
sobre el cáliz de una rosa triple avispa . ..
Es la sístole y la diástole en el verso,
vaivén loco de las olas en la lira,
trino alegre que gorjea limpio y terso,
aspa triple que en los aires rauda gira ....
Finge trípode en que r¿ja llamarada
arde, y rasga las penumbras más remotas:
es conjuro de sibila que inspirada
da tres veces en tres tonos cuatro notas . .. .
l\Iusa, canta; que así puedes en un día,
ya que tiran de este carro tres corceles,
conquistarte tres imperios de armonía
~- ceñirte tres coronas ele laureles . . ..
Lima, 1899.

JOSE S. CHOCAXO

FIO. !.-GRUPO DE TOILETTES PARA CASA.

Conocimientos útiles.
Manera de desecar nores.

No todas las flores se prestan á la ~nservación por
medio del desecado· las rosas, pensamientos, marga•
ritas el senvita trepador, la violeta, la amarantina
-00einea, la naranja y globulosa son más á propósito
que otras especies.
.
Se cortan de la planta antes de que bayan ab1ert0
absolutamente su corola, casi en el estado de capu•
no tratando de que tengan un buen trozo de tallo
pa~a sujetarlas; la operación se bace por la tarde. .
Se atan por parejas para poderlas colgar de un b1lo dentro de la caja, de modo que no se toquen una
á otra.
Ji
Luego debajo como 0, 50 ó 0,60,_ se coloca ~na gera capa de azufre cerrando la caJa Y se deJan doce

MANTECA REQUEMA.DA.
horas para que se saturen bien de los vapores azufrados· entonces se nota un ligero cambio de eolores.
Las 'rojas se vuelven blancas, _pero el color primiPara hacer bien esta salsa, empezad por dorar la
t ivo vuelve al cabo de dos ó tres días.
Si los pétalos conservasen todavía alguna bume- harina en la manteca ó en la grasa, hasta que haya
dad, habrá necesidad de cerrar nuevamente la caja tomado un bonito color rojizo, evitando sobre todo
que se queme, y meneándola continuamente. Tapad
hasta que sequen.
Deberá tener la caja un ventanillo de cristal para entonces la cazuela exactamente y metedla debajo
del hornillo, dentro de ceniza caliente; la salsa, sin
las observaciones.
Luego se pone en una babitaeión bien seca y orea- peligro de que se queme, continuará haciéndose, lo
da, teniendo cuidado de que no penetre el sol ni ba- que exige media hora larga. En este intervalo, reti•
je su temperatura hasta cero, siempre, por supuesto, rad de vez en cuando la cazuela de la ceniza y menead bien el contenido, colocándola de nuevo en su
colgadas sin contacto mútuo.
Sin más preparación se forman ramos del mismo sitio. La harina cocerá bien de este modo sin queaspecto que recién cortados y que sirven para con- marse, y la salsa, del mejor color posible, no habrá
contraído acritud alguna; mojadla con caldo consuservarlos largo tiempo.
.
Las rosas blancas thé no dan buen resultado; las mado ó salsa del guisado que se prepara. Este es el
único método que hay para hacer una buena requemargaritas pequeilas son mejores que las grandes.
Para conservarlas pueden encerrarse las cajas en- mada de manteca.
tre capas de arena fina dejando los pedúnculos al aire por las crillas.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 9 de Julio 189~
26

EL MUNDO.

Año VI-Tomo ll

Número 3

México, Uoming&lt;' 16 de Julio de 1899.

,I

(lnédita.)

UNA FLORISTA DE GRANADA.
ÜUADRO DE ISIDORO

°hlA m~.

�EL MUNDO.

Domingo 16 de Julio de 189.9.

Domingo 16 de Julio de 1899

31

EL MUNDO.

30
tUSa como ellos la llaman, hábilmente dirigidos, e~tilde esta literatura dominguera, bajo las_ burdas g
'
medio del sufragio obtener preponderancia.
por
.
· l gasas y las flores de trapo de_ mi revü,ta, q~1~ro que Peneran
los parlamentos y cambiar el régimen soCJa p0 •
se deslice una nota de dolor, como en la bu1\Jc10saco- los procedimientos legales. Esta ~ra. l~ consecuen----------------------------rrient,e de uri río de aguas claras y espumantes, boga cia forzosa de la adopc~ón de los pr_mc1pios democrádeshojado y marchito un asfodelo.
ticos que es la irresistible tendencia de los pueblos.
Lo digo con timidez, ansíoso de que algun~s almas plenamente civilizados.
. . d
buenas lo escuchen, y de que en algunos o¡os brote
Quedan pues frente á frente, los part1danos e 1a .
El mes de Julio, metido en agua, con su sol rabio- una láarima ·deque algunos labios se abran para d:r
ro iedad' más ómenos resueltos á sacrificarla en su_
aso ála or;ción y al suspiro. Sal, vergonzante no • ~ajor parte en provecho de los obre:os, para salvar
so de medio día, su lluvia pertinaz y monótona de la
madrugada, su tormenta ruidosa al caer la tarde, Y ~ia fúnebre, despliega un instante t,u crespón de l_uto la otra arte y hacerse perdonar la nq~eza, Y l_os s~sus noches húmedas y sombrías, es, á pesar de todo sobre la blancura de esta página y huye en seguida, cialistaf ¿y el partido liberal? El vie¡o partido. lieso el mes de·los regocijos callejeros y de las fiestas al rincón de la memoria dondP. aguardan los_ recuer- beral doctrinario el de los Frére-Orban, los Rogier,
al ~ire libre· el mes en que 1as viejas fachadas se ata- dos tristes la lleg-ada ce su redentor, el olv1d_o: Ha los Dupont, ha p~sado á la bis~ori3:; represent~nte _de·
vían con ba~deras y cortinajes tricolores, y se ponen muerto Rodulfo Figueroa, otro soiiador, otro ¡oven, la burguesía ilustrada y const1tucion:i,l d_el tipo msu profuso tocado de diamantes eléctricos; el mes en otro poeta.
lés ue gobernó brillantemente en Bélgica durante·
d
Ab 1 muerte querida insaciable, qué enamora a ~ei~tfcinco al'!os, la trasformación ~ocial lo ha p?uesque la ciudad, que á diario presenta su aspe~to conventual, modificado aquí y allá por los. caprichos_Y estás de los gallardos paladines de la Belleza! En ta~ to en poco tiempo en minoría mJmma. ¿Por qué.
elegancias de la moda, toma, de improviso, un_ aire poco tiempo, en unos cuantos días, has levantado .
Precisa tener en cuenta que una part~, aunque l~de satisfacción, de goce, de salud, de atr~ct1 vo Y dos comensales del festín del ideal. ¡Ob, compañeros, menor, de las poblaciones urbanas y )a mme~sa ma
fresco entusiasmo, como si cansada de su vida mo- ya bay muchos sitios vacios!
..
yoría de las poblaciones rurales, so°: ca~óhcas, en,
Rodul!o Figueroa era un ;¡oeta dehc1osamentesen- Bél ica, por causas eminentemente históricas Y. pornástica, se despojara de los hábitosgrises y, para_entregarse á los placeres mundanos, probara á vestuse cillo y tierno, adorador y cantor perpetuo de_ la na- extfemo difíciles de destruir. Los_ liberales pudl~ron,
turaleza, y que rimaba del modo má? suave_, sm afec- mantener su dominación, (encammada á consolidar
de fantasía.
Dos colonias extranjeras en México, hacen es~e tación, casi sin artificio, todas sus impreswnesd ~n la rosperidad material del ~eino! y lo lograron, y á .
milagro tan admirable como cualquiera de los bíbll- poeta provinciano, cuyos versos empapados e. a co!batir la influencia de la iglesia en )ª ensei'!~nza,
frescura dé sus campos, del matiz glor1_oso de su c:·
co&amp;: la Colonia americana y la fr~ncesa.
no tuvieron tiempo de lograrlo) gracias al ré~1men,
El grupo americano que habita en el corazón de la lo hacían entre los atildados y pul!dos versos. e !1ectoral censitario (sólo el que paga~~ determ1_nada.
Capital y que allí ba impuesto sus _costumbres, ce- lo~ poetas de la ciudad, el efecto de .una rol~1za
t"dad podía ser elector). Los catohcos pudieron
lebra el día glorioso, el cuatro de Jubo, con derroche campesina en compañía de pálidas y ans~ocráti~as ~~n8¡, á pe:,,ar de esta restricción, formar mayoría.
de trofeos y de adornos y con burras, vítores Y ex• mujeres. En Figueroa todo era espontaneidad, sm- con los radicales y derrocará Frére-Orban; mas para.
pansiones de marcado gusto .sajón. El yanke~ que es ceridad, naturalidad. Sus asunto~ eran, po~ lo gene- consolidar su triunfo ensancharon ~l ~uerpo electouna máquina de negocios, un tenaz perseguidor ?el ral, regionales; cosas vistas, emoc10nes sentidas.. Sus
al por medio del sufragio sin restncc10nes'. el sufradollar una constante fuerza acaparadora, un mamá- estrofas cantaban aires de la tierruca. La Mari~ba, r io universal. Asf su triunfo era indefi~1do; sería.
tico f~rmidable de la acción, del movimiento, de la la Sandunga, son composiciones llen~s de un ex~tismo ~reciso para ech arlos por tietra descaGohzar á Béllucha, un cruzado de la riqueza, un ferviente sacer- delicado y fragante. El tm·o salva1e es una pmtura
dote del oro, tiene sus goces rudos, grandes, escanda- decorativa, de grandes proporciones, traza~a. con ad- gi;i enemi&lt;TO estaba en su propia vict:iria: una escilosos, un tanto primitivos, frec~en~emen~e faltos de mirable maestría, y en la cual se ve la pr~ms1ón Y se- sión se prod~jo entre los vencedores; sef?rmó _un_gruproporción y de estét,ica., y que mdlcan bien la ten- guridad del dibujo y la exactitud y el vigor del co0 católico disidente, el de la democraCJa cristiana,
dencia y 1:,l carácter de un pueblo que ~bstr~ído en la lorido.
~n guerra con el católico conservador que, con tanta
.
f
labor de hacer útil y cómoda la ex1stenc1a, se ba
Llamaba, desde luego la atención su _manera ra~- inteligencia y vehemencia, dirije M. Charles ~oes~
preocupado poco de aristocratizar y pulir y ennoble- ca su estilo suelto, su verba rica y fácil y la sonor~- y el grupo socialista hijo también del sufra_g10 umd;d serena de su rima. Claro que dentro de esa senci- versal. Por horror al socialis~o en quien. miran una
cer sus alegrías.
El yankee se divierte con el mismo ímpetu con llez conmovedora, hay un trabajo de art,ífice; pero no doctrina esencialmente enemiga de la hbertad, noque trabaja; gasta sus energías enel placer, _segur? de se nota nada de aparatoso, de forzado, de falso. Pa- sin razón, unos liberales pasaron á los conseryadono agotarlas, y va rumbo al placer con la v10lenc~a Y rece que la estrofa mana de la inspiración como la res· otros bao reclamado, para poder poner en ¡ueg&lt;&gt;
la firmeza que emplea en sus asuntos mercantiles. linfa de las fuentes.
.
.
sus' diseminados, pero considerables eleme~tos, la rePara él llegar más pronto €S el problema; pasar el
Rodulfo F igÚeroa dejó su obra d1semmada ~n pe- presentación proporcional, la representac1?n de las..
día de fiesta en el frenesí del contento, derrochando riódicos y revistas. No ba de faltar mano P!adosa minorías, consecuencia forzosa de t~d~ sistema ~e
á manos llenas, cuanto guardaba de "eprimidos de- que ate en un haz esas flores de la poesía q,mencan~, verdadero sufragio universal. Los soe1ahstas se umeseos y de mal contenidas tentaciones. Beber, cantar, rebosante de aroma, acre y silvestre.: .. Rodulfo F1- ron á lrn, poco~ liberales que bao luchado _por la resa,mdir el al ma y el cuerpo con el estremecimiento
ueroa será entonces estimado y admirado como me- presentación proporcional ó, como también se dice,
de un regocijo amplificado hasta la loc.:.ra; eso es lo ~ece. Te lo llevaste-¡ob querida iosaciablel-cuando contra el vot") uninominal (porque para obtener la,
que constituye su ideal y su aspiración. El ya'Tlkee no aful tenía que hablarnos mucho de sus sueños .. • •
representación de la minoría prec1sa que se reunan
sabe sonreír sino reír; no atina á bromear con los alvarias circunscripciones electoral~s y el "?oletín del
fileres del epigrama, sino quegolpeacvnla ru~a m~za
voto no contiene un solo nombre si_no vanos.) Y, en
* **
del sarcasmo, no afina. sus gritos de gozo, anues bien
La competenciq, del género chico, en A.rbeu y en el hooor de la verdad, el jefe del gobierno conser_vador
los amplia, los sostiene por iargo tiempo, atruena con Principal, hace boy por hoy la delicia. de nuestros Beernaerts, eminente estadista, apoyó con sineeroellos el aire y tal parece que su anhelo es que lle- buenos burgueses. El reinado de la zarzuel~ se_ pro- esfuerzo la tentativa, al grado que cuando fracasó su
guen á la cima de las montañas y desbaraten las nu- longa. La tanda ba tomado carta de naturalización en
intento, abandonó el poder.
bes,del borizon;,e.
van der Peerebon que lo sustituy 5 ha extremado•
costumbres.
.
Esta viril y poderosa alegría, en cuyo fondo se nuestras
y a~í pasamos la vida, y, sin pedir más, nos senti- la política couservadora; ha tratado,. sobre_ todo, ?e·
agita la tierna y sencilla candidez d~ la raza, tr~nsinferir mortales heridas á la instrucCJón laJCa. Y sm
forma el cuatro de Julio en una avemda neoymkma, mos felices.
aparecer como enemigo resuelto de la represen~aclón
las calles de Plateros,
de las minorías, sino aceptándola en determmadasDesde la esquina de la Profesa
circunstanci~s, ba presentado un proyecto de ley
que iba á ser indudablemente votado, en __que resultahasta la puerta del Jockey Club.
ba que sólo los colegios electorales católicos se aprovechaban de ella.
.
.
** *
De aquí ha dimanado 1?- ~renética exaltac1ó~ de:
Diez días aespués, el catorce de Julio, los francelos grupos radicales y soe1allstas y de la población
ses se divierten. ¡Ob, leroi s'amuse! Porque el pueblo
que les es adict'.l. en .Bruxelas y los gra°:des centros.
francés es el rey de la alegria. Nadie como él pa_ra
industriales. El rev, empei'!ado en el éxito. d~l prolos sortilegios de la dicha. Taumaturgo de as trisyecto de Van der Peerebon, saldrá desprestigiado de
tezas, hace con ellos los más hábiles juegos de presla contienda. Ya el ministro retiró su ~roy~cto Y
tidigitación, las más inauditas magias, los _encantamientos más deliciosos. Para el francés la vida es un Revistas Politicas y Literarias. puede entreverse el día en :¡ue el par~ido hberal
transformado reocupará el poder, para h?~ar al sodesierto árido de trabajo fatigoso con su oasis de
cialismo su ali11do de hoy, la batalla defimtiva.
sprit y de buen humor. Para los buenos, las penas de
Su pr~grama no puede ser más justo, más sensa!°'
este mundo tienen por premio el cielo; para los traEn mi última revista preguntaba yo ¿en dónde se
bajadores la monótona agitación de la semana, tiene batP.n? Dos días después me respondía el telégrafo: y más moderno: libertad de conciencia¡ i~d~penden?1a
también su recompensa: el descanso d~l domingo, y en los parlamentos belga é italiaro; en la~ calles de y neutralidad confesional del poder c1v1l;_ 1~struc_c1ón
el catorce de Julio en medio del año, es algo así como Bruxelas, en Barcelona. Se trata pues de guerras ín- laica y obligatoria; igual_dad en el serv!c!o militar;:
un terceto del Paraíso, incrustado en el Purgatorio de timas, domésticas, fratricidas, como se decía en representación de las mmorías; repartición de los.
la Divina Comedia. No es otra cosa la. existencia pa- tiempo de Comonfort; en dos palabras, de guerras at cargos públicos en armonía con la fortuna de los conra un francés: comedia di vertida, fácil, chispeante,
tribuyentes; revisióu de las ley~~ que regulan el concon escenas serias, incrustadas de sutiles y picares- lwme.
y para ir aprisa, vamos por partes, á ver si logra- trato de trabajo y la responsabilidad de los patrones
cas ironías y lances m::ilancólicos que muy á tiempo mos no embrollarnos.
en caso de accidentes; reconocimiento legal de_ ~os.
cortan los equívocos, las alusiones y las salidas inessindicatos profesionales, exte;:¡sión de l?s comicios.
a&lt;"rícolas; medidas encaminadas á, destrmr el ~lcoboperadas!
** *
El francés posee en un alto grado de perfección,
li~mo; desarrollo de las instituciones de crédito poEn Bélgica, como en t,odos los países representati- pular de ahorro y de seguros.- -A ser belgas, mucbosel sentido de la jlracia. l'or eso sus alegrías son tan
elegantes, tan artísticas, tan plenas de encanto, tan vos en plena actividad, los viejos partidc,s fundamen- amigbs míos y yo lo suscribiríamos con entusiasmo.
subyugadoras. Todo lo sabe preparar un francés; pe- tales conservador y liberal, tienden á desaparecer ó
han desaparecido ya: este hecho, como tod~s los ~ero nada como una fiesta.
Está hecho para gozar, y goza sin esfuerzo y con la nómenos políticos, tiene una cau~a ec~móm1ca; _la rn***
propia naturalidad con que iluminan las estrellas y dustria, y en Bélgica es extraord~nar1amente mtenEn
España
los
planes
financi~ros
del gobierno properfuman las flores. El francés tiene muchos siglos de siva, ha creado un grupo en formidable y forz~so cre- vocan resistencias armadas en di versos centros, sobre
cimiento: la población obrera. Como las doctrmas coconocer á fondo los secretos de la alegría.
todo en la separatista y proteccionista Ca~alu!ia. E n
Todo él la respira y la va derramando como un vaso lectivistas ó an?.rquistas (aunque en el fondo perfec- los países en que el régimen parlamentar1_0. está faltamente
antitéticas),
puesto
que
una
otorga
todo
el
colmado de miel. El mundo entero para gozar tomEL
seado por la formación de may_orías artificiales y en
el patrón francés y le pide á París á cada momento poder de distribuir la riqueza a~ E~t~do y 1~ otra su- que la nación no se siente genu_mamente ~epresentaprime al Estado), tienen por prmc1pio co1:1mn la s~una copia de su animación y de su entusiasmo.
presión de la propiedad particular y el odio al régi- da, babrá siempre la tendenma á pro~es.ar á mano
*
men existente, los obreros afiliados en uno ó en otro armada, máxime en un pueblo que trn_ne l_a sangre
* *
caliente, el arma en la TlJano, el pronunc!am1ento en
As!, como escondida entre estas rápidas y alegres bando, reciben el nombre común de socialistas Y en la herencia y cuya fracción industrial está completalugar
de
atacar
á
mano
armada
la
organización
bur•
divagaciones, semioculta en .la pompa efímera é inú-

mente ganada por los socialistas, que prometen realizar un sueño de felicidad lierrestre en el acto que
los obreros se cuenten, comprendan que es suya la
fuerza y bagan uso de ella; lo cual es en puridad una
locura absoluta, por lo que tiene mayor influencia sobre el alma actual de las clases obreras, descontenta,
inquieta, febril de anhelos de goce material y cc,lmada hasta d-.isbordarse de rencor y de odio.
Sin embargo lo que hace el ministro de hacienda,
es lo que todo gobierno español se vería obli&lt;Tado
á
0
hacer en vista de la deuda formidable creada por la
guerra: el presupuesto era poco más ó menos de trescientos millones de pesos (en nuestra moneda, se entiende). Pues bien, el aiío entrante el déficit, á pesar
de la supresión de las amortizaciones y de la reducción de las deudas coloniales, el déficit se acercará á
noventa y cuatro millones. Hay que buscarlos y be
ahí el quid. Verdad es q~e los recursos de España resultan superiores á lo que sus mismos estadistas imaginaban; pero á pesar de eso la suma es demasiado
fuerte. El ministro para consolidar la deuda flotante, operación indispensable en toda reorganización, y
esa deuda sube á más de trescieut")s millones de pesos, anuncia un empréstito interior al 5 p g garantido por las rentas aduanales y del tabaco; y para su
déficit proyecta impuestos sobre la renta de los valores mobiliarios, sobre la exportación de minerales,
sobre el tabaco, el azúcar y los alcoholes. Al mismo
tiempo anuncia la iniciación de convenios con los
acreedores extranjeros para obtener reducciones im portantes. Y con un espíritu realmente de progreso
y orden ha puesto en vigor las disposiciones referen•
tes al catastro, para conocer el valor de la propiedad
y du.1 base segura al impuesto.
Es muy probable que las medidas propuestas por el
minis1 ro ú otras semejantes, pero que todas se sumen
en esta frase: aumento de los in,puestos, sean las únicas
posibles en la actual crisis española; si se disminuyen
á compás de ellas los gastos, y si el manejo es honrado
y si el cumplimiento de los compromisos es religioso,
todo eso lo sabemos por experiencia propia, la restauración de España es segura.
Como era de esperarse, los centros industriales,
porque los pro1ectos del ministro no tocan á la agricultura, gravados por los nuevos tributos y amenazados de una baja de salarios, protestan y se remueven;
la situaci.ín es muy dificil para la pobre Espaila en
bancarrota efectiva, herida, humillada, despojada y
mutilada; ¿tendrá serenidad suficinte para entrar sin
vacilaciones en· el período doloroso y silencioso del recogimiento y del trabajo? Está salvada er:tonces,
nosotros lo creemos y lo deseamos. Y sentiríamos
que el partido liberal provocase crisis nuevas; el partido liberal necesita trasformarse, necesita hacerse
bastante amplio para dar cabida á las legítimas aspiraciones de las multitudes socialistas en su prog1ama y á los republicanos de gobierno en sus filas. Dejt! entretanto al distinguido señor Sil vela proseguir
patrióticamente la premiosa liquidación de la catástrofe y espere la mayoría del rey.

Director: LIC. RAl'AEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA.

***

También se 1-Jaten á pescozada limpia y silletazo
franco en el parlamento italiano y decididamente, como decimos en español los franceses ... . .. de pega,
el parlamentarismo no se aclimata entre lo&amp; latinos,
dicen los pesimistas. Como si en las asambleas americanas é inglesas, y en estos últimos aíios, no hubieran lucido sus bíceps y puños de boxeadores los señores diputado¡¡, Babi El parlamentarismo no es cuestión de raza, sino de educación y de práctica. Ni hay
otra forma constitucie,nal posible en la Europa repubiicana ó monárquica, que esa; allí el presidencialismo, que es el sistema de la constitución americana y
el de la nuestra, se convertiría en cesarismo puro y
el cesarismo es un fenómeno de transición, no de vida normal, porque entonces mata.
El general Pelloux, presidente basta hoy del gabinete italiano, es un hombre honrado un poco aburrido. La discusión de sus proyectos de ley sobre seguridad pública, los proovedimenti como en Roma se dice, ha provocado una oposición frenética de la minoría radical y socialista que forma la extrema izquierda del parlamento italiano. Seguros de que la
mayoría acaudillada por Sonnino apoyaría al gobierno y sus proyectos liberLicidas, como se dice en cliché,
los opositores resolvieron hacer obstrucción; y la han
hecho endiabladamente. El diputado Del Balzo, apurando una sesión entera en una disertación sobre las
constituciones de Esparta y Atenas y las opiniones
de San Agustín y Sto. Tomás trae á la memorla de los
hombres de mi tiempo aquellas sesiones del congreso
que vió morirá Juárez ¿hace un siglo? en que ]os
oradores de la coalición Lerdo-Porfirista, como el
dor.Lor Buenrostro, hablaban seis horas sin interrumpirse para impedir el voto de :as facultades extraor-

EL EXTERIOR.

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'

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dinarias.

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•

Así hacen los diputados italianos; discursos interminables, votaciones nominales á cada momento; lo
mismo. A esto la mayoría y el gobierno responden,
naturalmente exasperados, comü en el parlamento
Inglés, ni más ni menos, cuando la obstrucción parnelist a, con modificaciones al reglamento de debates.
Y como urgía al gobierno refrendar sus leyes de seguridad que son temporales y cuya vigencia termina

en estos días, todo ba sido precipitado, porque todo
era urgente. De aquí la furia; las euménides corrían de curul en curul soplando coraje en el ánimo
de los diputados y al pie de la tribuna se libró el ho~
mérico combate; golpes mortales, cabezas rotas, in•
sultos delirantes, narices aplastadas, representantes
del pueblo más ó menos privados de sentido .... La
verdad es que todos estaban en este estado. Si el general Pelloux se hubiese en aquellos instantes llevado
la mano á la hirsuta cabeza, de seguro &lt;¡ ue los energú menos de la izquierda habrfan gritado: c:m uerte,
muerte, quiere hacerse rey.&gt; Y la sombra de Tiberio Gracco se habría levantado por allí cerca, clamando: es mucho ruido este, dejadme dormir.
Italia tiene bastante vida para sobreponerse á estas calenturas de la atmósfera estival de Roma; es el
impaludismo socialista, no es la malaria.

siast.as de las multitudes que se aglomeraban en
Longcbamps.
Un buen día para la República, en ¡,uma. Y ua.
buen rato el que deben de hat&gt;u pa,ndo los ,respetables comisarios que conferencian en La Haya, al leer
bace pocos días el telegrama del Emperador Guillermo 1I á M. Loubet, después de su visita al buqueescuela francés. Eso, y la correcta acogida., que la expresiva maoit'estación del joven soberano laa ba.llado
en la prensa francesa, ba hecl:lo ver cu:ín profunda- '
mente van cambiando las cosas; h-1.ce diez afios, un
presidente francés que hubiese dado al ffim perador de
Alemania las gracia,; en los términos que M. Loubet
lo b:i. becno, habría tenido que dimitir al día siguiente. Hoy no; y la causa de la paz ba avauzado
más con esto que con los niemmandums eruditos de
los nuncios reunido-; á la graciosa sombra de la Reina
de Holanda.

***
Como era de preverse, á pesar del dcticoncierto rabioso de la extrema derecha de la cámara de diputa.
dos en Francia, un verdadero extremo, un cabo, una
punta monarquista que con gritos é insolencias, algunas veces del mismo tono y jaez que las proferidas
en Auteuil contra el presidente Loubet por el grupo
de degenerados holgazanes compañeros de Cbristiani;
á pesar del enojo moderado del grupo de los ex-monarquistas recién convertido~, los catecúmenos de la
República; á pesar de la oposición resuelt,a del grupo
de liberales que regentea M. Meline, el ministerio
Waldeck-R,.mseau se ba impuesto. Es híbrido, inconexo y basta inexplicable como gobierno de periodos
normales; muy difícil sería y será poner de acuerdo
á Gallifet y á Millerand sobre un programa de reconstitución parcial del ejército y á W. Rousseau y
á Pierre Baudio sobre un programa de inte1 vención del Estado en los conflictos entre sbreros y patrones; no difícil, imposible; por consiguiente este
gabinete de defensa republicana es de circunstancias,
no tiene, no puede, no debe tener día siguiente. Ese
día siguiente comenzará uno ó dos meses después de
la sentencia del Consejo de Guerra de Rennes que dará fin oficial al asunto Dreyfus. Pero es, en toda. la
eJJtensión de la palabra, el gobierno necesario de boy;
el único que por su composición podía agrupar una
mayoría, heterogénea en el fondo, es claro, pero dominada por un sentimiento común del peligro que
corre la República entre la hostilidad más ó menos
latente de la alta oficialidad del ejército y la desconfianza de las masas electoras.
Esta situación es, con torla evidencia, y á pesar de
las denegac1ones de los republicanos moderados, un
preámbulo de guerra civil; seguramente no hay complot y los caballerl,s de l'oeillet blanc que manifestaron contra el presidente parapetados tras de las deliciosas toilett~ primaverales de las señoronas y señorinas en Auteuil, no bao de ser los feroces pretoiianos
que saquen de los pliegues de una tapicería flamenca
á Monsellor el duque de Orleans, para hacerlo rey de
los franceses. Pero el complot existe en la exasperación y la fatiga de los ánimos; un accidente de esos
que son inesperados, que surgen repentinamente,
puede traer una nueva crisis ministerial, esta vez insoluble, la retirada de Loubet y la entronización de
una dictadura militar. Esto sí es una posibilidad,
sobre cuya probabilidad repentina, nadie se hace ilusiones.
Waldeck-Rousseau, que es un hombre no sólo de
superior inteligencia, sino de frío y resuelto carácter,
· un hombre capaz de llevar un mensaie á García, como
dicen ahora los americanos, el día que, durante este
supremo momento en que todos se alarman y vacilan,
sintiera que sobre un asunto que juzgare de primera
importancia, la mayoría de la Asamblea popular le
escapara, no tendría empacho en disolverla, en uso
de sus atribuciones legales y de acuerdo con el Senad0, y apelaría al país elector. Lo acabamos de 1•er:
con motivo de una furiosa interpelación al ministro
socialista, encaminada á hacerlo saltar de su puesto
en el gobierno, el presidente del consejo intervino,
habló, asumió con su gran palabra la responsabilidad
de los actos de sus colegas, definió sin una sola línea
esfumada ó vaga la solidaridad de los individuos del
gobierno, pidió un vot,o de confianza, obtuvo una mayoría imponente y en el acto clausuró las sesiones de
la Asamblea. Esperamos que no la convoque hasta
que la sentencia del Consejo de Guerra baya sido
pr-0nunciada.
Entretanto, el general De Gallifet, á quien todos
aconsejaban que suspendiese hs fiestas militares del
14 de Julio, y á quien el Consejo Municipal de París
babia pretendido facilitar este camino con un voto
en favor del descanso de los soldados en ese día, se ha
negado cránement, así es él, á este acto de debilidad
y la guarnición de París,~on su nuevo jefe á la cabeza, el flamante gobernador militar Brugere ba ido á
hacer los saludos marciales de costumbre al Presidente de la República, y al ministro que sostuvo con
su ma~nífica prestancia, su reputación de primer ginete de Francia y el prestigio del oficial herido mortalmente en Puebla, del general que substituyó á
Margueritte en las horas supremas de Sedan y del terrible debelador de la Comuna anarquista deParís, lo
que no ha sido parte á privarlo de los aplausos entu-

KL 14 DE JULIO.
Quie11 quiera formarse idea exacta de la riqueza y
magnificencia de París, quien se proponga medir la
amplitud de las vibraciones y de los transport€S del entusiasmo, quien quiera darse el incomparable espectáculo de una inmensa masa humana, a.ni mada de un
sentimient&lt;&gt; noble y grandioso, debe ir á París y asis,
tir á la gran fiesta nacional francesa.
El 14 de Julio es un símbolo, el dela emancipación
y de la redención humanas. A la luz de la filosofía de
la historia la toma de la Bastilla es· un hecho relativamente insigni!icante. Propiamente Lablando, la
Bastill.i. habh. sido tomada mucho antes. Buenos
aiios hacía que el tirano se desentendía de su papel.
Los calabozos estab,m vacíos y las LETTRES DE CACilET
eran ya puramente un mito. .M:arat mismo se ba encargado de demc,strarnos con documentos incontestables que no hubo tal asalto y que la fortaleza fué entregada por sus guardias y no toruada á viva fuerza
por el pueblo. Pt:ro en todo caso, al apoderarse de la
Bastilla, por bien 6 por mal, el pueblo parisiense derribó un símbolo material y viviente, si bien ya inofensivo, de la pasada tiranía. Su triunfo, antes que
material, fué moral; el golpe, precisaruente por -ser
teatral, impresionó el espíritu francés y ese solo episodio creó más revoluciones que toda la lilosofía de
Rousseau y todas las arengas incendiarias de Danton
y de Camilo Desmoulins.
La Francia republicana, hija legítima de la idea
revolucionaria de 89 y de 93, dió pruebas de singular
acierto al elegir entre todas esa fecha para conmemorar el advenimiento de la libertad.
Para celebrar tan fausto suceso, la Fnncia toda y
especialmente París se visten de gala. El pabellón
nacioual ondea en los palacios como en lc,s tugurios.
El gas y la electricidad deslumbran la vista en las fa.
chadas de todos los edificios públicos y privados. Córtanse á porfía todas las flores de las campiñas, despuéblanse los invernaderos de sus maravillosos y ex,
traños ejemplares, codeanse las orquídeas más extrangantes con las más humildes violetas y la riqueza
y el gusto se disputan los honores de aquella decoración sobrehumana. La Plaza de la Concordia ciñe su
gargantilla de luminosas perlas, el Arco· de Triunfo y
el Troca.dero perfilan con la luz en el espacio los lineamientos de su arquitectura, el terrado de las Tullerías se corona con las luces multricoloras de los fuegos artificiales como diadema de zafiros y rubíes,
atruena el estampido del callón los aires, LA voz DE
DJOs se eleva imponente y magestuosa en medio de
aquel oceano de luz, surcan el 8ena multitud de barcas empavesadas y vibran las azules ondas del río con
el eco de las orquestas y de los cantos como en una
fiesta veneciana; resucitan todos los esplendores de
las satrapias orieotal~s y de todas las fantasías de
los principados italianos medievales; sola la estatua
de Strasburgo, velada, enlutada, cubierta de fi'me
bres coronas permanece muda, taciturna y triste es
perando el día de la anhelada emancipación.
Entretanto, allá en medio del campo, en el centro de un panorama incomparable, al aire libre y bajo un sol esplendente, desfilan todas las fuerzas vivas y todas las esperanzas tle la Francia. El ejército
francés regenerado va á ostentar su disciplina, su
porte marcial, sus brillantes atavíos y su formidable
armamento ante el gobierno y ante el pueblo. Los
regimientos más selectos de todas las armas, infantes, dragones, artilleros, de gran gala, rígidos y alti vos bajo el uniforme que los honra, van á demostrar al país que aún vive la Francia y que aún es capaz de hechos heroicos.
La multitud amontonada en las tribunas ó diseminada por valles y collados espera ansiosa aquella
imponente manifestación. A lo lejos, en los linderos
del bosque, á lo largo de las calzadas, en los puentes
que atraviesan el río, todo es brillo de sables, de cascos, de corazas, y flamear de estandartes; las negras
baterías de Bange y de Canet, insectos colosales y

�32

F.T, MUNnO.

Dom_~ go 16 de Julio de 1899.

Domfn¡l'ú 16 de Julio 1899

33

EL MUNDO.

UNA LECTURA MEMORABLE.

,

En mis primeras mocedades, cuando contando más
de doce otullos no completaba diez y seis, tenía una
afición extraordinaria á la lectura de entretenimiento; las novelas eran mi pasión dominante en esos mis
tiernos y felices años. Andaba siempre á caza de
-ellas: su amena lectura me curaba del tediosfsimo Nebri ja y del incomprensible Bouvier. Excuso
o eclros que mi atición á e.-.os libros nada. tenía de estudiosa; su lectura era para mi de mc:ro pasatiempo,
nada sabía en esa época de principios literarios ni en
mi wollera babia uo sólo grano de eso que puede llamarse criterio estético; nunca pasó por mis mientes
la idea de juzgar el libro que t'Staba leyendo, ni siquiera me lijaba en el nombre del autor que con los
partos de su ingenio llenaba el vacío de m1 ocios, y
qoizá mi simplicidad llegaba á tanto que: mi inteligencia en agraz no hubiera podido forruarse una idea
-exact a de lo que es un autor de novelas.
Entretenimiento y más entretenimiento era lo único que yo buscaba. eu mis asiduas lecturas: me bo;.
gaban las narraciones estupendas; me suspendía el
r c:lato de odiosas y bien mauejactas intrigas; me parecían de perlas aquellas relaciones de crímenes aoominables con tanta sangre f1fa concebidos, con tanta
resolución ejecutados, y descubiertos después con
tanta pe rspicacia. Cumu nada me percataba yo entunees de sucesión de siglos, de distinción de épocas
sociales, y del continuo cambio de ideas y de constumbres cuyo coojunto constituye la evolución bumaoa,
-creía candorosamente que aquellos sucesos acaecían
-en realidad, sólo que se representaban en esceoario
más previlegia.do, más rico, y mucho ·mejor decoraque el tranquilo recinto de ml humilde ciudad
Del.tal.
No era posible que por las, pacíflcas calles de la corta ciudad en que 1,rans,;urría mi intaocia, trans11,a,.
.ran misteriosos embozados, las casas de los moradores de aquella villa tranquila nada tenían de muraoas fortalezas, no encontraba por más que lus buscaba ni los rosos, ni los puentes levadizo:s, ni siquiera
la alta y enrejada. ventana por donde e11 las altas huzas de una noche de luoa., asomase, eclipsándola, la
blanquísima. raz de una dama semejante á las heroínas de las novelas que yo lefa; pero estaba persuadi&lt;lo de que pasando la8 wontallas que limital.ian el hori%onte de mi ciudad natal y ca.minando muchas, muco1:simas le~uas, se pudría llegar al país de los prodigios, á la. región de las hermosas quimeras, á la
t,ierra fé rtil ~n estupendas aveot,uras, á una comarca,
en lin, donde pasa.sen como cusa corriente suce8os
aemejanws á aquellos cuya narración me deleitaba
taoto.
.l!:n mí peq.iella ciudad no abundan los libros; habla
agotado cuauto de novelas contt:nla la limitada bi-,
blloteca de mi abuelo, y cuanto del mismo género
tenían wis conoddos y awigos; me había echado á

MEXICO MODERNO.

ºº

,---------------

-

CASA DEL

SR.

IlARTM.1.M.-CALLE DR LAS FUENTES BnoTANTES.

-~----

CASA DE LA VDA. DE D. JosE MARIA DEL Rro.-C.~LLE DE L.\S FOENTJ:S BROTANTES.

�EL MUNDO.
cuestas casi todas Jas de aquel novelador feouo~o, las
de a uel narrador mágico que se llamó AleJandro
Dum4.s babia del padre, que el hijo no salía aúo de
las ma~tlllas literarias, ya ha?ía recorrido de cal10 ~
rabo sus generacio~e'S intermrnables de suce~os aºº
velescos uLos tres mosqueteros' ' "Veinte anos ~spués " ,;El Viscondede Bragelonne, ,, "Las memonru:
de ~n médico" "El collar de la reina, " IIAnge
Pltou " ºLa c'ondesa de Cbarnyt'· 11 El caballero ~e
Casa É.oja/· ó como si dijéramos, había co~ocldo . a
novela bisabuela, la abuela, la. madre, la b1Ja y aun
la nieta, y ya casi no me quedaba ~ue leer.
Ansioso como ca.mi nante extraviado que busca e1
sendero corría en pos de nuevas novelas más escasas
cada ve~ cuando uno de tantos días tropiezo con una
lectura. ~xtraiia, estrambótica, extravagante; en nada
se parecía á lo que yo había leído, y sin embar~o, me
causó hon:lislma impresión: co1;a. extraordinarrn.; en
mis lecturas anteriores sólo encontraba el f_útll placer
de seguir el hilo de la narración, y en el hbro á que
me refiero no sólo hallé sabroslsimo gusto, aunque
de una fndole extraña, sino que me hizo pensar,. me
hizo sentir el Contacto de la realidad, y por la pnmera vez de mi vida adquirí en sus admirables páginas
una idea aproximada de lo que es la vida real.
Todo en ese libro me pareció desudado, tuera de lo
común: su tamaño, su pasta, su papel, sus caracteres
tipográficos sus ilustraciones y lo que representaban,
y sobre tod~ su contenido tan diverso de c_uanto yo
conocia basta entonces y que me causó :ma 1mpresi.ón
ue no pude detinir. Los libros que yo había leído
iran voluminosos, estaban empastados á la holaod~sa;
su papel era blaoquislmo 1 terso y lustroso, Y lo impreso estaba dividido en pequellos párraros; las ilustraciones de esos libros consistían en imperfectos
grabados comparados á los "clichés" de ~uestros pe•
riódicos y lo que esas ilustraciones dibUJaban, eran
duelos ;ntre denodados espadachines, era un bandido,
ó un asesino que como cruenta ave de raplila caía
sobre la degcuidada victima, ó una dama privada de
sentido que era llevada en brazos de un caballero ~e
larga espada colgada,.¡ cinto y de sombrero empl~mado encasquetado á la cabeza.
Nada de esto habla en el llbrtto raro que me encontré : era un pequello volumen, su pasta estaba to•
rrada en fina piel, sus hojas eran de un papel tieso
que t iraba á pergamino, el texto, impreso en dJminutos y correctísimos caracteres, se dividía en largos
períodos, no en cortísimos párrafos.
y las Ilustraciones muy notables, tanto por la llmpteza del dibujo como por lo extraño de las compostciones· en todas sus lámtnas había un escuálldo personaje' caballero en un rocín flaquísimo y un grue6o
rústi~ siempre acompai'Iado de un maosísimo borrl.
co, los personajes. secundarios eran venteros, arrieros,
ú otra gente menuda y las escenas representadas te•
uían más de comedla ó de satneLe que de !ragedta,

hacJendC' reir mejor que temblar. Ya eran granizadas de piedras que llovían sobre el pobre bldalgo, ya
era el labrador n\sttco que desnudo de medio cuerpo
arriba azotaba sin piedad: los árboles de un bosque,
mientras que allí cerca. el armado escuálido estaba. en
cnclillas pasando por las manos las cuentas de su rosario: en otra el avelJona.do hidalgo y su barrigudo
acompanante se destacaban en primera línea en la
situación más extraf'ía, pues con los ojos vendadGE,
montaban un tosqufslmo caballo de palo, mientras
en su derredor 5e veían gentes queconhachas encendida~ ó con fuelles se burlaban Jindamente de aquel
par de simples.
¡
Respecto al contenido de aquel libro m~rav11 oso~
•qué podré decir, sino que á pesar de mis tiernos
~ños y de mi falta de gusto literario, me parecM bellísima y me impresionó proruodame1_1te? ¿! cómo
nó, si aquel libro que un teliz azar tr~J~ á mis manos
era el clogenloso btdalgo Don Qui¡o¡e de la Matcba. &gt; Pasó el tiempo, avancé en mis estudios, ~ude
explicarme la rara impresión de que he hablado. supe que ese libio era considerado como una de las más
esclarecidas producciones del ingenio humano; supe
que las naciones civHlzadas llevan más de dos siglos
y medio de leerle, de aplaudirle, de ad~irarle, de
anotarle de comentarle; supe que había sido traducido á to'das ]as lenguas cultas y que se habían hecho
de él incontables ediciones. Por lo que supe Y por lo
que me ptt.só cuando sin instrucción le leí, colegi que
su priocipal mérito es: regocijar al _i~noraote y al~a•
bio, al adolescente, al adulto y al vie¡o, en hacer d!scurrir al iliterato y en inspirar profundas medttaclO•
nes al erudito y al pensador. Como seduce ~1 sol con
su brillo, tanto al rudo campesino para qmen no es
más que un disco de ruego, l:omo al sabio astrooómo
que ha medido, que ha pesado, que ha_ analizado ese
grandioso centro de nuestro sistema, e1 glorioso 1ibro
de Cervantes lo mismo admira á los que nada saben
ue á los hombres del más profundo i,aber.
q He leído libros calificados unánima_mente de obras
maestras: como la e Divina Comedia,, el e Paraíso
perdido,&gt; cLa Mesic1.da, el cFausto,&gt; Jas tra_gedJasde
Shakespeare y otras obras monumentales, pero al
leerlas mi espíritu tba dispuesto á admira r, pesaba
sobre él la opinión de los hombres, ~o se encontraba
ya virgen de doctrinas !iterarlas y hbre de toda_ au torizada opinión como cuando leí cEI Qul¡ote,&gt; DI sabía ni me importaba saber que era un gran Jtbro.
lte~nocer el mérito extraordinario de aquellas obras
maestras de la llLeratura fué en mi !'ruto tardío d_el
estudio, mtentras que el del Quijote saltó á mis o¡os sm
que lo tmpldlera mt Ignorancia.

PAL,\CTO DEL GOBIERNO EN PRETORIA.

PORFIRIO PARRA.

Domtngo 16 de Julio de 1899

Dommgo 16 de Julio de 1899

EL

~r u:--nn

35

=
=--_
:,:

=EL PRESIDENTE KRUGER YEL GOBIERNO DEL TRANSVAL.
Ya tienen conocimiento nuestros lectores del con.
fltcto existente entre el Gobterno británico y el de la.
República del Transval sobre las lranqutclas que demandan los Ingleses residentes en la 1 eglón mtnera.
de ese pafs. La cuestión en substancia se reduce á
que los Ultlanders pretenden ciertas franqulctas polltlcas con las cuales se harán dueil08 del
país, pues su número, la riqueza con qut:,
cuentan y el carácter emprendedor y ambi•
cioso los hacen con mucho superiores á los
genu inos ciudadanos d,el Traasval.
No obstante lo inrructoso de lasconferencla.R celebradas entre Mr. Krüger, presidente del Transval, y Mr. M.ilne~, representante
del gobierno tnglés, el gobierno de Pretoria hace lo posible por contentar las aspiraclones de las Ultlanders y de una ú otra
manera es seguro que éstos acabarán por
absorberá los Boers tragándose el país cuyo
oro tienen y cuya domtnaclón adquirirán por
buenas ó por malas, apoyados como ..:Stán por
un gobler110 ante el cual toda rei,tstencla,
por .heroica que sea, de foe transvaleses, no
producirá otro resultado que acelerar la
agregación de esa República al vasto Imperio Brttánlco.
Ultlmamenteha surgtdo un tncldente nueve en esta cuestión. Los americanos que por
sangre y simpatías están dispuestos á aliarse coa los togleses [nos re!ertmos á los americanos que residen en la República Sud.
Africana, J recibieron la orden de alistarse
y tomar las armas en defensa del país para
la emergencia de una guerra contra Inglaterra. Naturalmente la altiveza americana
no ha becbo esperar mucho tiempo la res puesta al Gobierno de Mr. Krüger el cual no
podrfa esperar nada favorable de los norteamericanos que tomen las armas si á ello se
les obllgua, pues las volverfan contra el
mismo q tre las pusiera en su mano.
En nuestras ilustraciones se ve la figura
bíblica (de biblia protestante) de Mr. Krliger vestido á la usanza, que no es muy pari•
siense, de los valles sud africanos, habitados por virtuosos pastores tudescos, tradicionalistas y pacíficos sin dejar de ser muy valientes cuando llega la ocaslón,-basta el día
en que 1.10 prospectar britano descubrió prodigiosos bolsones de oro, atrajo la inmigra•
cJón inglesa y norte americana y encendió la
codicia del gran tmperlali&amp;ta Mr. Rhode,,
quien ya quis~era Yer desbaratado hasta el
~om bre do la R epública.

- .

EL CoHANDA.NTE MARCDAND ACLAMADO POR EL PUEBLO EN

La mella de M
archand á su ciudadnatal.
La prensa tnglesa ha hablado también, aunque en
tono de crítica, menudeando observaciones irónicas
sobre la vuelta de Marchand. El Lmdmt News, entre
otros pertódlcos que hablan del asunto, dice
que en los festejos con que Re ha recibido
al explorador, hay más deseos de sacar á plaza las pretensiones !ranceaas á los terrlto•
rlos domtna dos por Fasboda, que admtraclón por el ilustre vtajero. Hay un engallo
en e8ta opinión: muy bien puede ser que el
pt\bllco francés aproveche las demostraciones al héroe del día para lanzar uno que otro
venablo envenenado contra la victoriosa y
odiada Inglaterra; pero tambtén es cierto
que el pueblo de la capital y del mediodía
de Francia ven en Marchand un ídolo, un
glortoso vindicador del maltrecbo ejé1cito
y un nombre que oponer á los que después
del sesgo que ha tomado el asunto Dreyfus
enarbolan en sus pendones de combate los
partidarios del elemento civil y los que no
se resignan á que caiga el país en mano.s de
un césar militar.
No puede negarse que á pesar de sss lmpetuosld ades, el público francés no aprovechó los festejos de la recepción de Marchand
para entregarse á desabogos
¡,ellgroso,, tanto desde el punto de vJsta. de un conflicto Internacional como en lo rela•
tl vo á lasdiffclles y angustiosas luchas interiores.
El Mayor Marcband desembarcó en Tolón el l º de Junio,
y al llegar á París se le recibió oficialmente en el Ministerio de Marina, acompa•
Dándolo el Ministro de ese
departamento y el de las Colonias al Ellseo, en donde M.
Loubet le dtó el parabién por
sus atrevidas cuanto- poco
fructuosas exploraciones. Se
le han colgado al pecbo cuantas medallas puede llevar, y
es seguro que pronto se Je da•
rá algún puesto colonial ó adrninistrativo de importancia.
Las sociedades geográficas no
sólo de Parls, sino de Londres
7 de las otras ciudades europeas Importantes, &amp;e disputarán el honor de recibirlo corno conferencista de moda.
EL COMANDANTE MARCJIAND. {:&gt;E UN R.li,'TRATO PUBLICA.DO EN

-

TIIOJSSEY,

Entretanto, el Mayor Marcband ba quertdo hacer
una visita á Ja ciudad de Tholssey, en la que era,
cuando emprendió su vtaje á las Colontas, bumtldo
amanueose de notarlo. Entró tri un talmente áThots..
sey en coche descubierto, acompaflado por su padre
y por el Alcalde de la ciudad, saludado por la reglamentaria Marsellesa, que t&gt;jecutó la fanfarria
de la que en Otro tiempo formó parte1 y acJa ..
mado por sus patsanos. En el Palacio del Ayuntamiento se le puso otra condecoración, la del
Valor .Militar, en nombre del pueblo y una
medalla que le ofreció laUoión Patrióttca del
Ródan('I.
Al dlrt¡,:trse al lugar en que se ledló un banqueLe de 1,400 cubtertos los estudtantes lyoneReS, pretendieron desprender el tiro de caballos
del landau, llevándolo ellos mtsmoa en peso.
Nada raltó en la fiesta, y como es de rigor, ya
corren por ahí las anécdotas más ó ruenos conmovedoras como el saludo que dlrtgtó el examanuense á su antiguo patrón el uotario,
quien presenciaba con s11 familia la gloriosa
ovación que se le bacía al que anos atrás rectbló má• de una reprimenda por sus descutdos
caligráficos, cuya causa hoy se conoce, pneR el
joven aprendiz de notario se distraía de sus
obligaciones sallando con viajes y aventuras
coloniales.
Tamblén se cuenta otra anécdota, en la que
la generosidad jeJ Mayor Mar.
chand se dlscuttrfa si todos
tuviesen presente que el des-interés no es sincero sino
cuando, como dice el Evangelio, la mano izquierda igner
rala dádiva qt1e bace la mano derecha. Pero sea como
fuere, el hecho es que los
15,008 francos que Je otorgó
como premto la Soctedad de
Ctenctas Morales y Pollticas,
• pasaron por donativo del Ma~
yorMarcband álas cajas dela
Liga Marítima Francesa.
De vuelta á París, el Mayor Marcband ha visto aumen•
tar en vez de disminuir el en•
tusiasmo con que lo aclama•
ban las multitudes. En las
fiestas del 14 se presentó en la
Revl&amp;ta de Longchamp, montando soberbto caballo y seguido de una escolta sudanesa.
Como era de es;,erarse, lasa ludaron con frenéticos aplausos que no cesaban sino hasta
INGLATERRA.)
que se perdla á lo lejos.

�EL MUNDO.

36

771

==

Domingo 16 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

DUQUE

DE LOS A IHlUZZOS

retumba el eco, la montaüa gime
con med_rosa inquietud la re1&gt; sal;aje
escapa sin cesar de risco en risco
se oculta la avecllla entre el ram~je
en su ?ueva el reptil, basta en su aprisco
la oveJa se acobarda, y solamente
el águlla caudal, cuya pupila
sonda la inmensidad, vuela tranquila
sobre las turbias aguas del torrente.

lV

TEITTEETE QUARINI.

ÜAPITAN HUMBERTO ÜAGNI.

DOCTOR ÜAVALLI, DE LA MARINA RE,\L DE ITALIA,

------------------------------------------------------------------------------------------ ·--------------------------------------------La ciencia debe á los cometas el servicio inmenso de la
tentativas que la e.'lpecie humana ha hecho pa- invención del pararrayos, hecha mediante un cometa de
Los cometas de vauel y la meteorología.
ra enseñorearse del espacio, han tenido el mis• papel por el gr,rn Franklin; ahora va á deberles la retorm,r
~- Camilo Flammr.rióo, el poetadelaAstronomía,
dijo alguna vez, hablando de los prooóstlcos sobre fenómenos meteorológicos, que todos los que se blcle•
ran tenían que resultar forzosamente fallido,, ó si se
cumpliesen, sería. debido á la casualidad y en ningún
modo á la ciencia. ¡, Por qué~ Por la sencilla razón de
que ha sido Imposible estudiar los fenómenos atmosféricos de una maner·:1. extenS'4, g~neral y profunda
para descubrir y codi6car las leyes que rigen su
producción y que indudablemente deben existir,
puesto que en la Naturaleza nada sucede caprlcbosamente.
El Rey de la Creación, á pesar de su majestad, está arraigado á la costra terrestre por la doble tiran la
de la pesantez y de la debilidad de sus pulmones. De
manera que el hombre no conoce de las capas atmosféricas sino una porción íntima y precisamente la
más alterada y modificada por su contacto con el
mundo animal á cuya existencia subviene.
De tiempo en t·empo suele lanzarse valiente y os'ldamente el hombre á la conquista del aire y de sus
secretos; pero la má'l gráfica y lastlmo.i,a de las caídas
le recuerda que desde !caro basta la fecha, todas las

I~s~t:':¼t:.S'!'Oe REG!eTR.U&gt;ORES DE LOS C;)METAS.

37

ta en la que Ee d!Rtinguló por su valor y sangre frfa,
y por último, el Dr. CavaJll, médico de primera clase de la Marina Real de Italia.
El Duque dirilr!ó personalmente y CúD sumo cuidado los preparativos.
Tripulan su buque, la «Estrella Polar,&gt; dos marinos italianos de larga experiencia, cuatro guías de
montail.a, diez marineros noruegos que conocen los
mares del Norte, y un esquimal que sabe dirigir los
perros de los trineos. Lleva además veinte perros de
Arkangel.
En cuanto al equipaje se compone de 1:iOO cajas de
encino que contienen vest!dos, víveres é Instrumentos científicos, y dos globos con sus aparatos de gas
, construidos en Parfs.
La «Estrella Polar&gt; levó anclas en Cristlanía. el lunes 12 de Junio. Despu~s de abordar á la tierrc:1. de
Francisco José, el Duque de los Ab:uzzos procederá
por etapas, marcando su ruta con pc,stes que le servirán de indicación para la retirada en caso de fuerza mayor. Calcula que su expedición durará tres
aíios.

UN PRINCIPE REAL EN EL POLO NOR1'E.

s. A. R. el Prfncipl' Lnls di- Saboya, Duque de los
Abruzzos, sobrino del Rey de Italia, é bi;o de Amadt'o ex-Rey de F.spaña, emprende una conquista pacífica, la élt'l Polo Norte.
Tiene 2(i ail.ns el nuevo explorador, e!l CaplMn de
Fragata y ha dado dos veces la ,,uPlta al mundo.
Su aspecto no indica la tuerza física requerida pa•
ra estas aventuras. Aunque si nos atenemos á las
pruebas de resi~tenr.ia y de valor q,1e ha dado, á nadie causará extrañeza q ueqnien intentó y llevó á cabo
la ascensión al Monte de San Elías de Alaska. sea
ca,&gt;!lZ de Invernar entre los hielos polares, y de inscribir su nombre y clavar la bandera italiana en el
punto m:ts avanzado de las reglones árticas.
El nombre dt• suscom pañeros cuyos retratos 11amos
también porque van :í i;er famosos y muy comentndos
dentro de PoCO. i;on &lt;'I ayuilant&lt;' del Príncipe, Capitán
de Corbet,a Humberto Oagni, oticial valiente ~ instruido; el Teniente de navío, Conde Quarlni, cuyos
conocimi&lt;'ntos filológicos de poco le servirán en el
Polo Noru· como no le sirvieron en la guerra de Ore-

Domingo 16 de Julio de 1899.

mo tin y remate: perder las alas cuaudo menos. ele la meteorologla. Bienvenidos sean los cometas-obserY ~'lammarión sabe mucho de ésto, como que
es uno de los aereonautas máR osados que por vatorios.
arrancarle á la atmósrera sus m lsterlosas leyes,
ha expuesto innumerables veces la existencia
en peligrosa.'&gt; ascenclones, sin lograr otra cosa
que el convencimiento de su impotencia lealmente con resada.
En efecto, para llegar á un resultado práctl
cosería preciso que en un mi1,1mo momento ascendieran incontables aereonautas en toda la
superficie del globo, para realizar observaclo•
nes simultáneas del estado de la atmósfera,
muchas veces en medio de las más rudas
tempestades, y ésto, particularmente la ascención en momentos tempestuosos, es perfecta.mente imposible para su majestad el hombre.
Sin embargo, no es tan irónica la majestad
humana, puesto que tan maravillosamente sabe suplirá la debilidad de su carne con la incontrabtable fuerza de su espíritu. No puede
reorganizar en per&amp;ona la hazaña de recorrer
y escudrll'!ar el espacio, pero Inventa aparatos
lnsensibleR á la Inclemencia de las ~Itas reglones atmosféricas, victoriosos de la pesantez y
que con toda fidelidad vienen á contarle lo que
sucede en un mismo momento, y en mil lugares
á la vez, y á millares de metros sobre la superficie de la tierra, y aun cuando reine la más
furlcRa tempestad.
Actualmente la meteorología ha roto las cadenas del em plrlsmo para entrar de lleno en la
experimentación directa, substituyendo las hipótesis con hechos.
Para las observaciones de 3 á 18,000 metros se
mandan los globos SIN AERE0NAUTA, pero provistos de toda clase de instrumentos registrad1Jres automáticos, de maneraqueásu regreso traen
las temperaturas, las presiones, la dirección y
fuerza de los vientos, muestras de aire y vistas
fotográficas de lo que viel"on metro á metro del
espacio recorrido por ellos. el que también viene registrado en una brújula. adecuada.
Para las alturas menores de 3,000 metros, se
mandan cometas ó papalotes, provistos de iguales mP.dlos de observación, cuyos model.:is damos, y á los cuc:1.les se deberá que en tiempo no
lejano ya no se bagan los calendarios con pronósticos del tiempo como los usuales: «tal dla
CoMETAS OBSERV.A.TORIOS.
lloverá .... ó no lloverá.&gt;

I
En soPtaria y eminente roca
de los montes cantábricos, altiva
ras~a el espacio y en las nubes toca
v!eJa torre feudal. La peña viva
de donde arranca el resistente muro
con tan diffcil corte el paso ::ierra,
que no existe castillo más seguro
coronando los riscos &lt;ie la sierra.

II
El pefión que le sufre, en dos partido
por un extremo está, cual si de un tajo
en formidable lid le hubiera hendido
el hacha de un titán, de arriba abajo.
Silvestre helecho y trepadora. hiedra
los bordes cubren de la herida piedra
por cuya enorme cavidad sombría '
SUrge e_spantable y prolonga'.lo grito,
como s1 aquella mole de granito
.se doliese del golpe todavía.
III

Es la voz del torrente fragoro~o
que se despefla de escarpada altura
Y al pasar por la estrecha cortadur~
del cast!llo reudal, muralla y foso, '
se arremolina, se ret.wrse, choca
Y salta, enfurecido y espu.:noso
como el mar por las quiebras de la roca.
&lt;Juando acrecienta su raudal la nieve
que derretida de las cumbres baja
Y los cimientos sólidos conmueve '
del cerro, Y piedras y árboles descuaja
ante aquel es_¡)ectáculo subl!me
'

El castillo, elevándose imponente
como un fantasma en el picacho esc~eto
Y sobre el negro tajo por do corre
revuelto río, el levadizo puente
con cadenas fortísimas sujeto
como un esclavo á la almenad'a torre
todo infunde en los ánimos respeto ,.
Resalta el ancho Y ostentoso escud~
- S?bre la puerta gótica, en la parda
pied ra_ por toscas manos esculpido,
y_de pié en el umbral siniestro y mudo,
vigila el puente y sus contornos guarda
un soldado con aire de bandido.
Aumentan el misterio y Ja pavura
de aquel lugar inexpugnable y rudo
la monótoma voz del centinela
'
que las traiciones de la noche bbscura
siempre temiendo, sin descanso vela·
Y en bandadas los cuervos agoreros '
que, al volver d~ los próximos pina:es,
buscan las hendiduras y agujeros
de aquellos murallones seculares.
V

Era una tarde de Noviembre, helada
como la mano de la muerte; espesa
niebla cumbres y valles envolvía
Y estaba el m1,nte sumergido en ~sa
confusa claridad, tenue y velada
como el vago crepúsculo del día
Ton débil era y apagado el brlll~
de la pálida luz, que compartía
su lm~erlo con la sombra; á suR reflejos
amort11:{uados, en el fondo oscuro
de la sala espaciosa del castillo
se destacaban sin color los vlej~s
y anchos sitiales de tallado roble
que adornaban la estancia, y en el muro
relucían los bélicos arneses
el férreo casco, el colosal m'andoble
?ruílldo escudo y rígida coraza,
'
Junto á la armada testa de las reses
que t:l personal valor cobró en el noble
y arriesgado ejercicio de la caza.
De propincuo lugar. como el ornato
principal del salón, cuelga un tablero
donde inhábil pincel trazó el retrato
del m1gnffico y alto caballero
glorioso tronco de la ilustre c~
y enfrente de él en su sillón de c~ero
con los piés arrlm,ados á la brasa
'
que dejó en el hogar ardido tuero
manchado por ia crápula y el robo'
el Sdiior del castillo, IIernán el Lobo
,como le llama el general espanto, '
:ahogando estaba su conciencia en vino
Y no muy lejos su afligida esposa
·
:hilaba sin hablar, deshecha en llanto
el rublo copo de encamado lino.
'

VI
Mil amargos recuerdos en profuso
tropel cansaban su memoria, en tanto
que entre sus dedos resl)alaba el buso
¡Con qué dolor! pero también ¡con cuánto
enamorado arán clav:i.bc:1. ansloRa
sus húmedas pupilas de bito en bito
en la faz descompuesta y borrascosa'
de aq~el malsín que embruteció el delito!
Y él, rnsenslble á todo, el cuerpo laso,
balbuciendo palabras desacordes
Y una vez Y otras cien vaciando ~l vaso
lleno de aflejo vino hasta los bordes
evn el rostr? encendido, la mirada '
atónita Y vidriosa, el sentimiento
anonadado y la razón turbada,
me1.cla11do &amp;in cesar un juramento
á su insensata y bronca carcajada
ni áun reparaba en la !nfellz aqu~lla
que á su maldad encadenó el destino
p~ra amarle Y llorar, sola en el mundo;
y1c~lma desdichada que atropella.
rnd1terente y fiero en su cammo
como la flor de las alturas bue!!~
el oso montaraz. ¡Con qué iracundo
y bárbaro de.i,dén Hernán la abruma!
Mas ¡ay! hundida en su mortal congoja
sufre en s!lenclo y cual la flor, perfuma'
el pié que torpemente la deshoja.

VII
¡Oh! ¡si supiera odiar! .... Pero no sabe
No sabe, no, su espíritu sereno
·
lo que es rencor, ni en su apacible seno
la ruin pasión de la venganza cabe
En medio del horror que la rodea ·
tan sólo el bien su corazón desea '
y cual la ~ieve que en la excelsa 'cima
conserva 1nmaculada Ja blancura,
cuanto más su conciencia se sublima
más se destaca inalterable y pura. '
1Cuán suave y dellcada es su hermosura!
Como el murmullo de los bosque11, grata
suena su dulce voz: la misma queja
en sus labios de rosa es un halago.
Toda el alma en sus ojos se retrata
que su pupila transparente deja '
escudriñar _el fondo, y como un lago
la luz del cielo en su cristal refleja.
llaz de rayos de sol es su cabello
que al deshacerse en ondas, ilum'ina
los nobles hombros y el desnudo cuello.
¡ay! ¿por qué misterio que no alcanza
a mente á descubrir, tan peregrina
beldad, pone su gloria Y su esperanza
en una bestia indómita y jañina?
Busca el cootras~e el corazón humano
con insaciable sed: Ja tierna Aurora
cede á esta locl!nac!ón que la domina.
En sus noches de !nsomnlo intenta en vano
torcer su voluntad, y gime y llora;
bien conoce que es pérfido, Y tirano,
Y codicioso Ueroán; pero le adora.
Le ado~a, Y sigue con amargo duelo,
cual hoJa seca que arrebata el río
por do la lleva su pasión bastard~.
Mas ¿cómo no, si basta en el mismo cielo
tiene el sér de la tierra más impló
un ángel que, ante Dios, le escuda Y guarda?

flas

�Domingo 16 de Julio de 1899.
Domingo 16 de Julio 1899

'"'

EL MUNDO.
38

Vlll

llora de los recuerdos, que en las trías
nocbes en que el pesar nos enageoa,
con las gratas memorias de otros días
no endulzas, sino agravas nuestras pena¡
tú cuya voz como to visible espada
n~ lle_si:a al corazón, ¿qué la decías?

¿No de~pertaste en su abatida mente
las muertas dicbas de la edad pasada
como uo1:} angustia más de la presente?

•Av si! Que alguna.vez, la infortunada,
~"0~6, sollo1.ando, en la inHnita_
a~solación del alma que la aqueJa,
los bre,·es goces de la ansiada cita
en que geoti.1, apasionado y tierno _
Herná.o, al pié de la imponuna re;a,
rendido le juraba amor eterno.
•Cómo negar el merecido pago
su ruego ardoroso? ¿Cómo, esquivo,
vol Yer el rostro al hisinuante bala.ge,
y cómo resistirá su embeleso,
si eran en él cada mirada un vivo
rayo de luz y cadll. frase un beso'!
Todas las tardes, cuaado ea la alta. sierra
desmayaba del sol la roja lumbre,
solo y á escape ea su corcel de guerra,
al tra"és de la lólrega eRpesura
Hernán ganaba la. riscosa cumbre.
Hin que estorbaran su certero tino,
ni el bitio agreste 1 ni Ja sombra obscura,
seguro rle si propio y del caballo,
~1olaba, cuma raudo torbellino,
sal va.ndo abismos y cruzando bren.as,
entre las cbii.pas que arrancaba el callo
del ágll bruto á las cortantes penas,
pard tanzar:;e, al !in de su camino,
con el trupulso desatado y ciego
con que desborda la corriente brava,
allí donde ella, en contenido fuego,
t!wida y palpitante le esperaba.
¡Qué sceilosl ¡Qué coloquios! ¡Qué arrebatos!
¡Qué éxtasis de pasión! ¡Qué horas aquellas
tan venturosas ¡ay! como fugaces!
¡Wn qué re renovaban, insensatos, .
á la indecisa luz de las estrellas,
sus tiernas riñas y su~ dulces paces!
¡Cuántas veces la luz de la m-1.ñana,
ni aguardad4 por ellos ni sentida,
inundando de pronto la ventana,
puso fin á su lorga despedida!
¿Cómo no compatar la pobre Aurora,
en la nocbe terrible de su vida
y en el tedio mortal que la devora,
el bien sollado á su desdicha cierta?•
Y ¿cómo no llorar, si su espera.nza.,
como paloma á quien el hierro alcanza,
desde el cielo al ablsmCI cayó muerta?

1

IX
Aquel Hernán que despertó en su seno
amor ton infeliz y tan profundo,
estaba allí, como el reptil inmuudo
que se ravuelca en pestilrnte cieno,
abrum·-\d0 de crímenes, be0do,
sin luz en la razón, sin re en el alma,
y tranquilo quizás .... ¡Nol que entre el lodo
jamá.s conserva el corazón su calma.
¿Quién tiene de los réprobos la clave?
¿Engendran las blasremias en su boca
la impiedad ó el esp•nto? ¡Dios lo sabe!
¡N•d• hay estéril en el mundo! Crece
el musgo humilde en la desnuda roca,
entre hielos el liquen aparece;
arraicra el pino en la rasgada grieta
que a°bre la lluvia en el peñón tajado,
sobre las tumbas el ciprés vegeta,
y el miedo en la concieLJcla del malvado.
X
¡Cuán banda, cuá.n fatídica tristeza

inspira aquel salór:! Encenegado
el licencioso Hernán en su torpeza,
y ella entregada á vanos desvaríos,
Juntos están en soledad medrosa,
como dos muertos que en la misma rosa
yacen mudos, inmóviles y fríos.

XI
De pronto, con estrépito la puerta
abri óse, y un pastor recio y m~mbrudo,
de torrn rostro y de expresión incierta,
pentitró en el salón. Rústico sayo
de pieles sin curtir, con tosco nudo
ceiildo i\ la cintura, era su traje.
Paróse en el umbral, miró al soslayo
con la. Inquietud curiosa del salvaje,
y luego, destocando su cabeza,
enmaraílada como bosque e.~peso,
avanzó Dacia Fernán. La triste Aurora.
disitnular no pudo bajo el peso,
de su terror, la femenil flaqueza,

y aturdida quedó, cual queda. el ave
al sentir la mirada abrumadora
del ra¡&gt;az ga,,iJán, en ella tija.
Heroán 1 con gesto reposado y grave,
quiso ponerse en ple¡ pero en mal bora.
Volcó su torpe esruerzo la vasija
de blanco estaiio, que el licor ardiente
encerraba, y C')n cómica sorpresa.
esparcirse le vló como un torrente
de rutilante sangre por la mesa.
-¡Cuerpo de Dios!- refunfuñó impaciente
-el diablo en mi camino se atraviesa.y descargando su toroide pui'io
sobre el t,ablón nudoso:-;Habla, por Cristal
balbuciendo exclamó:-¿Qué pasa, Nuilo!

xn
-¡Escuchadme v sabréis! Por la ca.nada
del puerto de las V!boras he visto
buen golpe descender de gente armada.dijo el zatio, clavando l~ mi rada
.
oblicua. en su señor.-Son mercaderes,
muy precavid&lt;JS van I pero no creo
que den pruebas de aliento ea un _apuro.
Marchan revueltos hombres y mu1eres,
y juzgo, si no miente mi deseo,
la lucba fácil y el botin seguro.
Diez mulas llevan de poder .v brío,
rendidas bajo el peso de los lardos
que en vuestras cuevas bacinar ansío,
y exploran ol te .. reno dos gallardos,
ágiles y rob,ustos montañeses...
-Quisiera-exclamó flernáo-que me dtJeses
cm\nLos los hambres son.-Gente no taltarespoodV&gt;le el past.or.-Mas cuando asalta
el lobo algun redil, ¿cuenta las reses? -Nuno, tienes razón: fuer&amp; cobarde
reparar en el número-repuso
el fiero Hernán con desdeñoso alarde.
Da vil codicia disipó el cooruso
vapor, que sus potencia~ envolvía,
como súbito viento de la tarde
barre las brumas, aclarando el día,
y alzóse con indómita energía,
parecido al león, que se espereza
sacudiendo su crin deF-ordenada,
cuando siente, al t1avés de la maleza!
el resoplido de la presa ansiada.

XIII
Arrasados en lágrimas lrns ojos,
trémula incierta y sin color Aurora
á. los piés de Ferná.o cayó de hinojos,
y con la voz de la mujer que implora
y acaricia á la par, voz que se~eJa,
vibrando de c1.nsiedad y de canño,
del bien amado la sentida queja
y la inocente súplica del niñ o:
-¿Qué Vas á hacer?-le preguntó-¡Insensato!
y él, mirándola. airado y cejijunto,
prorrumpió con estúpido arrebato:
-Hilad, senara, en paz que no es asunto
propio de flacas bembras el que trato.Exhaló la infeliz sordo gemido,
y de sus manos se escapó la rueca
como asustado pájaro del nido.
Volvió otra vez á interponer su ruego;
pero con rrase dominante y seca,
t.an seca como el ái.pero chasquido
del azote que al siervo despe.daza: . .
-¡Bastal-gritóle Hernáo, de rabia ciego,
ó juro á Dios que os pongo un¡i. mordaza.-

XIV
Bajo el torpe rigor de la amenaza,
ella temblando obedeció. Profundo
y lúcrubre silencio, tan sombrío
com~ el que cerca al triste moribundo,
en la estada feudal reinó un instante,
que allí también desamparado y fr!o
espiraba dd angustia un pecho amante.
-Casi es seguro-con feroz sosiego
el rústico siguió-q UI:! aprovechando
la ocasion, despoj emos á maasal va ..
Hernán mlróle con fijeza, y luego
le preguntó i-in respunderle: -¿Cuándo
pasar los vi~te?-¡Al despuntar el alba!Nufio le contestó. Como la fiera
ola del mar, que con murmullo blando
suavemente acaricia la ribera,
hasta que oi;;ada ráfaga de viento
su furia excita y su quietud altera,
Hernán alborotóse de improviso,
y yendo Dacia. el pastor, que sin aliento
le contemplaba atónito y sumiso,
cólerico exclamó:-¿Cómn, menguado,
acudes en tal hora á darme aviso?
Si rtices la verdad, ;,dónde,bas estado?-Tened pierlad de la flaqueza míadijo Nui'io turbado como un reo
delante de su juez, y las palabras
temblaban en los labios del espíe:

-He llegado hasta aquí, dando un rodeo,
por donde acaso las monteses cabras
no estamparon su huella todavía,
y la razón de mt tarda □ za es esa.-¿ Y por qué uo vea ir por el atajo?prt'guntó Heroán.-De mi valor respondoel pastor replicó bajo, muy bajo:
-Mas ¿quién se dttermina á tal empresa1
¡Pasar junto al abismo en cu~o rondo
vos! ... . ¡Im¡&gt;0siblel-Y i.e erizó la e.~pe~
tiel\'a de sus cabellos.-;.Qulén se arrimat
c..:uantos se adelantaron a,1,re,·ido~
d~cen que &amp;aleo de la horrenda sima
maldiciones, sollozos y alaridos. Nuño calló, sus e.r..pantados ojos
giraban en sus órbitas obscuras,.
como acosados tigres entre abroJOS,
cuando audaz cazador los acomete
en su propio cubll.-¡Mucho q,veoturas!
-gritóle Hernán.-De mi p·eseucia véte, 1
v pide á Satanás que los alcance.
Que ~¡ por tí se nos malogra el lance,
bi tu incuria mis brazos encadena
y vuelvo sin botln de la jo_rnada,
óyelo bien, te cuelgo, á mt llegada,
para pasto de buitres, de una almena.-

tnliUlmente auxilio, y sólo escucha
¡8 voz de la borrasca bramadora,
aunque distante de la amiga playa,
lucha. sin esperanza, pero lucba,
y mient ras tiene vida no desmaya,
tal la Inocente y desolada Aurora
pretendió resistir de aquella fiebre
nunca saciada el sanguinario intento.
--¡Ayl-con amar¡;to y penetrante acento,
gi mió, abrazada á su verdugo:-¡Esperal¿No ves, si alguna compasión te inRpira
mi amor , que me asesinan tus desvfos?y el monstruo, rechazándola con ira,
- ¡Cansada está!s!--la contestó-¡Moriosl-

XIX
Soltóse con tal impet,u y coraje,
que Aurora vino á tierra trastornada,
y más que el golpe la dolló el ultraje,
aunque bien ad vlrtl l la desgraciada
que por su rostro pálido corría
la Rang re con las lágrimas mezclada.
De pronto, el sol atravesando el velo
de la niebla sutil que le cubría,
vertió, desde el ocaso, sobre el suelo,
su luz, más bella cuanto más t.ardfa.
Un rayo melancólico y furtivo,
pasai:do por los vidrios de colores,
bailó la faz de Aurora, do su vivo
y t rágico terror estaba impreso,
como st conociendo sus dolores,
aquel rayo bajara pensativo

XV
Despavorido el rústico y absorto
ante el horrible gesto·y la mirada
de aquel malvado, del tntierno aborto,
fuése alejando, basta ganar la puerta,
con vacilante paso y faz miedosa :
y al encontrarla en su camino abierta,
i·á.pido se escurrió, como el impuro
y cobarde reptil por la mui.gosa.
y húmeda grieta de vutusto muro.

EL MUNDO.

por mandato de Dios á darle un beso.
Inmóvil y tendida sobre el duro
pavimento de piedra, cual yacente
estatua de un sepulcro, confundida,
cada vez más siniestro y más oscuro
entrevió el porvenir, y no en la frente,
dentro del corazón sintió la berida.
Abatidos sus músculos y flojos.
postrada la conciencia, entumecida
la voluntad, y en su mortal quebranto,
la. ciara Juz de sus hermosos ojJS
nublada por 1a sangre y por el llanto,
trató de incorporarse, mas no pudo,
y el amor, y la pena y el despecbo
con invisible y apretado nudo
abogaron los sollozos en su pecho.
Desesperada, loca, ea su tnfiolto
y rebelde pesar, una y tres veces
el seno hirióse y cou vibrante grito,
-¡Ay!-dljo ciega de furor:-¡Maldito
corazón, que ni olvidas ni aborrecesl-Iba á seguir; pero el rumor confuso
que levantó en el patio la mesnada.,
término y fin á su~ lamenoos puso.
Heló sus venas de la muerte el frío,
y fijando en el cielo su mirada,
-¡Tea-murmuró, quedando aletargada.compasión de ellos y de mi, Dios mío!

ya con su luz dudosa y fugitiva
doraba el sol los picos de la sierra,
y lentamente por la mustia alfombra
de los oteros y cana.das, iba
subiendo y espesándose la sombra.
-Era ese instante de suprema calma
e.n que se exting-uc de la tarde el ruido
y en sus tristezas se recoge el alma.
Cuando el grave y patético tafildo
de la campana los espacios llena,
y con lengua metálica y sonora
dice al mortal:-suspende tu faena:
Dios te ofrece el descanso hasta la aurora. Cuando !arma y color se desvanecen,
t
bajo el silencio, las tinieblas crecen,
y el campesino á quien el cielo avis•
que interrumpa su rústico trabajo,
á la luz del crepúsculo, indecisa,
guía y conduce por estrecho atajo
su man1,a yunta á. la cercana aldea,
do amtt.nte madre 6 diligente esposa,
solícita prepara y cariilosa
sano alimento en el bogar que humena.
Cuando en pos del reposo apetecido
busca el redil en el seguro prado
la dór,tl res, el labrador cansado
su pobrt casa, el pájaro su nido,
y las pérfidas sombras el mal vado.

XX
GASPAR NUNEZ DE ARCE.

Cuando la bulliciosa comitiva
atravesaba. el puente en són de guerra,

XVI
-Yo amansaré tu conrHción vlllaoaIlernán refunfuñó.-¡Mal tinte auguro!
Y abriendo de repente una ventana,
-¡Ilola!-gritó con estentóreo acento
á la chusma del patio:-Que la trompa
con su bélico sóo los aire:; rompa,
que mi rojo estandarte ondule al vleuto.
No quede mesnadero, ni ,·asa.no
que á mi tormal mandato se. resista,
ó1 ¡vive Dios! que sentirá m1 fallo,
Ya la caza en el término se avista.
¡Son miserables corzos! ¡A caballo!'
¡Todos en marcha! ¡Todos tras la pistalDijo, y oyóse el sordo clamoreo
y el alegre bullicio de las gentes
que se aprestaban al infame ojeo,
y á, poco rE-"tumbaron estridentes,
por valles y montañas, los sonidos
de la trompa marcial. Ya en su escarceo,
los potros al combate apercibidos,
relinchaban fogosos, golpeando
con sus herradus cai:cos la ancha losa,,
y Heruán, que estaba á la ventana, cuando
vió soltar del rastrlllo la cadena,
se dispuso á partir.

Pero su esposa,
sobrecogida de zozobra y pena,
abrazóse rreoética á su ~Gello
como si el miedo la aumentara. el brío,
y casi e,tinto el último destello
de su débil razón:-¿ Dónde, bien mio,
dónde vas?-prorrumpió. -¿ Por qué me dejas
sumida en esta angustia que me acaba'!y reía Ja mísera y lloraba,
y á la vez palpitaban en su boca.
ayes, suspiros, ósculos y quejas.
-¡ No te mancbes en saogrel ¡Te lo pido
por tí, por mí!-clamaba como loca,
y era triste su voz como el gem!do
de un arpa que se rompe. -¡Ay, vida mía!
no te condenes á suplicio eterno,
que á donde tú no estás, está. mi infierno,
y á la gloria sin ti renunciaría. -Escucbábala TI.ernáo como un idiota,
extraño á todo sentlmienoo, mudo
pero sombrío, y reprimiendo el llanto,
ella con frase apresurada y rota
por su amor, por su duelo y por su espanto:
--¡Necia de m!!-afladla--,_por qué dud o
tte tu cariño?-Y con tebríl empeño
más y más estrechaba el dulce nudo
con que opr!mía á su inseaslble duefio.

XVIII
Hernán, repuesto ya de la sorpresa,
y obedeciendo á. sus instintos vtles,
desabrido exclamó :- ¡Callad, señora!
que no bao de bacerme abandonar la empresa
súplicas ni lamentos mujeriles.Como animoso náufrago que implora

UNf\ Ff\REJf\ DE 5Nf\MORf\DOS.

1

Un trompo y una pelota se encontrg,ban reunidos
dentro de una caja de juguetes.
--¿Por qué no bemoF. de casarnos, dijo el trompo
coa languidez, ya que de todos modos da la casualidad que hemos de vivir juntos?
Pero la pelota era orgullosa, esta.ha forrada de riqufst mo tafilete y se tenia. por seiiorita de alto vuelo,
por lo que ni siquiera se tomó la molestia de contestarle.
Al día siguiente al muchacbo, dueno de los juguetes, se le oourrló poner al trompo que era rojo y amarillo una punta. nueva de cobre, de suerte q11e cuando
bailaba era una maravilla ver los destellos que producían sus magoíticos colores.
-Mírame, mírame, le decía á la pelota; ¿ qué te
parezco? Vaya, ¿nos casamos? Creo que hemos nacido el uno para el otro; tú saltas y yo bailo, ¿puede da.rse una pareja más feliz que nosotros?
--¿DP. veras? contestó la pelota con ironía. ¿Ignoras que mis padres futron unas soberbias zapatillas
de tafilete? ¿No sabes que tengo el cuerpo lormado
de corcho de Es pana?
-Está bien, repuso el trompo; pero ten en cuenta que yo soy de caoba y que el autor de mis dias es
el burgom':lestre en persona, quien en sus ratos de
ocio se dedica á labrar toda clase de objetos al torno,
s;. iendo yo, modestia aparte, una de sus obras maestras.
-Es cierto lo que dices? preguntó la pelota ua
tanto menos esquiva.
-Que nunt,;8, más pueda bailar, si falto á la v~rdad? exclamó el trompo.
-Veo que sabes expoaer tus méritos, pero así y
todo tu proyecto es imposible; yo estoy algo comprometida coti una golondrina. Cada vez que me elevo
al aire, asoma su cabecita fuera del nido y me dirige ·
una declaración muy tierna. Hace ya mucho tiempo
que be concebido el secreto propósltv de entregarme
á ella, y en este concepto me considero ligada por un
trrevehlable compromiso. Así pues, ya vez que no
puedo accederá tus pretensiones; estiwo mucbo tus
sentimientos, y aún te prometo que no be de olvidarlos en toda mi vlda.
--Algo es esto, sin dnda. repuso el trompo lleno
de tri~Leza; pero no basta á consolarme.

Tales fueron las últimas palabras q ... e cambiaron
el trompo y la pelota.
Al d!a siguiente, el muchacbo poseedor de los juguetes tomó la pelota y la arrojó al aire. L• pelota
volaba rauda como un pájaro, y se ·remontó tanto,
que el trompo llegó á perderla de vista; pero al poco
rato caía al suelo para ser despedida nuevamente. Al
caer daba un sorprendente bote, ya fu1::!se porque intentara saltar basta el nido de la golondrina, ó efecto sencillamente de la elasticidad y porosidad del corcbo de E•paila.
A las nueve veces de elevarse se quedó por el camino y desapareció. En vano el mucbacbo buscó y
escudriñó por todas partes; no pudo descubriI la menor huella de su pelotst y no tuvo más remedio que
darla ¡,or perdida.
-Bien sé yo por donde anda la picara, suspiraba
el trc.mpo; estará en el nido con la golondrina y ya.se
habrán casc1.do.
Y cuando más pensaba en esto, má,s pesaroso se
ponía. Es que nunca babia sentido por la pelota una
pasión tao grande, como desde que ao podía verla.
Lo que la atormentaba sobre todo, sin darlP. un instante de tregua, era la idea deque i:;e hubiese casado
con otro.
Sto embargo, el trompo cont.tnuó dando vueltas y
hacieodoron- ron, si bien que bailando ó sin bailar, tenia íljJ en su mente el recuerdo de la pelota, que en
su imaginación i:,e presentaba cada vez más bella y
seductora. E:ite estado vino á ser en él lo que ha
dado en llamarse una pasión inveterada.
El trompo babia perdido la juventud y un día le
doraron las rayas y costuras, cambiando de dueño.
Jamás babia sido tao hermoso: daba gusto verle dar
vueltas y trazar espirales, brillante como un astro.
¡Con qué alegria zumbaba! ¡Ah, si la pelota tubiese
padido verle en su nuevo estado!
En tan sabrosas reflexiones, trope~ó con una piedra y fué despedido lejos, desvaneclénrlose y eclipsandose. En vano lo buscaron por todos lados, incluso
por la bodega en la cual hubiera podido deslizarse
p1.,r un tragaluz; no supieron dar con él.
1,Sabéis dónde estaba? En el cajón -de la basura,
cubierto de polvo, mondaduras, desperdicios de col y
otras lamuajlcias repugnantes.

-¡Ay de mí! exclamaba. ¿Qué será de mi her•
maso dorado, en medio de la morralla de la escoria
que me rodea? ,Tendió la mirada á su alrededor y
vió entre unas bojas de ensalada., una bola, que
habría podido tomarse por una manzana podrida, y
era una pelota medio consumida y saturada de Lumedad, por haber pasado algunos afias colgada en un
canalón.
-Loado sea Dios, dijo al ver aquel tronco doudo: por fin encuentro á. un ser de mi misma especie con qui en será posiblP conversar un rato. Talcomo ;.ne ves, amigo trompo, yo tengo el cuerpo de corcbo de España y estoy forrada de tafilete, por cierto
que me cosieron las delicadas manos de una bella senor!ta. Esto es tan cierto que nadie podrá ponerlo
en duda, por poco que se tome fa, molestia de examinarme. Has de saber además que estaba en vísperas
de casarme coa una golondrina, cuando por una rataHdad de la suerte, me arroja.roo á. un canalón, en donde be permanecido colgada durante cinco anos. ¡Mira, ay de mí, cómo me ha puesto la lluvia! ¡Mira qué
hincbada y fea me be vuelto! ¡Figúrate qué suplicio
tan cruel no había de pasar durante ese tiempo y en
tales condiciones una senorita bija de buena familia
como yo! ....
El trompo no respondió una palabra; estaba meditabundo, pensando en su antiguo amor y adivinando
muy bien que aquella pelota era el objeto que babia
Inflamado un tiempo sus deseos juveniles.
En esto se presentó la criada para irá vaciar el cajón de la basura.
·
•-¡Toma! dijo, aquí está el trompo de los oii1os.
Y corrió á traérselo, recobrando el sufrido juguete
su antigua gloria. En cuanto á la pelota rué arrojada á l• calle.
Inútll es decir que el trompo ya no volvió á bablar
nunca má.r; de su antigua pasión. Su repugnancia rué
tan grande, que cuando vió á la pelota inyectada de
agu¿ y lodo, pestllente, destripada y llena de arrugas, aparentó no haberla visto en Eiu vida.
ÜR1S1'1AN ANDERSEN.

�Domingo 16 de Julio de 18911

EL MUNDO.

40

Año VI-Tomo II

México, Domingc- 23 de Julio de 1899.

Número 4

.,..,

MEXICANAS.
G-UA.DA.LUPE
[Para el Doctor Manuel Floree, quien me pidió unos versos nacionales\

Con su escolta de rancheros,
diez fornidos gu_errilleros, y en su cuaco retos611
que la rienda mal aplaca,
Guadalupe la cfiinaca va á buscar á Pantaleón.

su rebozo de bolita
y una saya nuevecita y unos bajos de charol;
Con su faz encantadora más hermosa que la aurora
que colora la extensión,
con sus labios de carmines
que parecen colO?ines y su cutis de piñón;

Pantaleón es su marido,
el gaiíán más atrevido con las bestias y en la lid:
faz trigueña, ojos de moro
y unos músculos de toro y unos íirpetus de Cid.

Se dirije al campamento donde reina el movimiento
y hay mit-Ote y hay licor;
porque ayer fué bueno el día,
pues cayó en la serranía un convoy del invasor.

Cuando mozo fué vaquero
y en el monte y el potrero la fatiga le templó
para todos los reveses,
y odia mucho á los francese;; y cien veces lo probó.

Qué maliana tan hermosa! cuánto verde, cuánto rosa
y qué lind!t, en la extensión
rosa y verde, se destaca

Con su silla plateada,
su chaqneta alhamarada, su vistoso cachirul
y su lanza de cañutos,
cabalgando vencos brutos, ¡qué gentil se ve el gandul!

con su escolta, la chinaca que va á verá Pantaleón!
AMADO JifERYO.

1899.

Guadalupe está orgullosa
. .
de su prieto, ser su esposa le parece una 1lus1on,
y al mirar q;:e en la pelea .
.
Pantaleón nu se pandea, grita: ¡viva Pantaleón!
Ella cura á los heridos
con remedios aprendidos en el rancho en que nació,
y los venda en los combates
.
con los rojos paliaeates que la pólvora impregnó.

***
En aquella madrugada todo halaga su mirada,
finge pórfido el nopal
y los órganos parecen candelabros que se mecen
con la brisa matinal.
En los planes y en las pellas, el ganado entre las breñas
rumia y trisca mugidor
azotándose los flancos, y en los h1ímedos barrancos
busca tunas el pastor.
A lo lejos, en lo alto, bajo un cielo de cobalto
que desgarra su capuz,
.
van tiñéndose las brumas, como un piélago de plumas
irisadas por la luz.

Y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas
de calor, pringan el plan
Amapolas, maravillas, zempoalxochitls amarillas
y azucenas de San Juan.

***
Guadalupe va de prisa, de retorno de la misa,
que en las fiestas de guardar
nunca faltan las rancheras
con sus flores y sus ceras á la iglesia del lugar.
Con su gorra galoneada, su camisa pespunteada
su gran paúo para el sol,
'

LOS FUNERALES DEL BENEMERITO C. BENITO JUAREZ,
la mailana del dfa 23 de Julio de 1872,
(DE UNA FOTOGRAFIA DE LA EPOCA)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domingo 16 de Julio de 18911

EL MUNDO.

40

Año VI-Tomo II

México, Domingc- 23 de Julio de 1899.

Número 4

.,..,

MEXICANAS.
G-UA.DA.LUPE
[Para el Doctor Manuel Floree, quien me pidió unos versos nacionales\

Con su escolta de rancheros,
diez fornidos gu_errilleros, y en su cuaco retos611
que la rienda mal aplaca,
Guadalupe la cfiinaca va á buscar á Pantaleón.

su rebozo de bolita
y una saya nuevecita y unos bajos de charol;
Con su faz encantadora más hermosa que la aurora
que colora la extensión,
con sus labios de carmines
que parecen colO?ines y su cutis de piñón;

Pantaleón es su marido,
el gaiíán más atrevido con las bestias y en la lid:
faz trigueña, ojos de moro
y unos músculos de toro y unos íirpetus de Cid.

Se dirije al campamento donde reina el movimiento
y hay mit-Ote y hay licor;
porque ayer fué bueno el día,
pues cayó en la serranía un convoy del invasor.

Cuando mozo fué vaquero
y en el monte y el potrero la fatiga le templó
para todos los reveses,
y odia mucho á los francese;; y cien veces lo probó.

Qué maliana tan hermosa! cuánto verde, cuánto rosa
y qué lind!t, en la extensión
rosa y verde, se destaca

Con su silla plateada,
su chaqneta alhamarada, su vistoso cachirul
y su lanza de cañutos,
cabalgando vencos brutos, ¡qué gentil se ve el gandul!

con su escolta, la chinaca que va á verá Pantaleón!
AMADO JifERYO.

1899.

Guadalupe está orgullosa
. .
de su prieto, ser su esposa le parece una 1lus1on,
y al mirar q;:e en la pelea .
.
Pantaleón nu se pandea, grita: ¡viva Pantaleón!
Ella cura á los heridos
con remedios aprendidos en el rancho en que nació,
y los venda en los combates
.
con los rojos paliaeates que la pólvora impregnó.

***
En aquella madrugada todo halaga su mirada,
finge pórfido el nopal
y los órganos parecen candelabros que se mecen
con la brisa matinal.
En los planes y en las pellas, el ganado entre las breñas
rumia y trisca mugidor
azotándose los flancos, y en los h1ímedos barrancos
busca tunas el pastor.
A lo lejos, en lo alto, bajo un cielo de cobalto
que desgarra su capuz,
.
van tiñéndose las brumas, como un piélago de plumas
irisadas por la luz.

Y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas
de calor, pringan el plan
Amapolas, maravillas, zempoalxochitls amarillas
y azucenas de San Juan.

***
Guadalupe va de prisa, de retorno de la misa,
que en las fiestas de guardar
nunca faltan las rancheras
con sus flores y sus ceras á la iglesia del lugar.
Con su gorra galoneada, su camisa pespunteada
su gran paúo para el sol,
'

LOS FUNERALES DEL BENEMERITO C. BENITO JUAREZ,
la mailana del dfa 23 de Julio de 1872,
(DE UNA FOTOGRAFIA DE LA EPOCA)

�EL MUNDO.

Domingo 23 de Julio de 1899.

Domingo 23 de Julto 1899

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Director: LIC. RAf AEL REYES SPillDOLA.

-----------------------------------------LA SEMANA.
El sol está rabioso á más no poder. Desde muy
temprano enciende las fraguas del oriente y se pone
á majar el hierro encendido del día, sobre el yunque
azul de las montanas. Martillea, con s.: gran martillo
de oro las ascuas luminosas, y á cada golpe, una explosió~ de chispas inunda de brillos deslumbrantes
el horizonte. Conforme pasan las boras1 crece el in-

cendio de los aires hasta que, ya muy entrada la manana, tórnase ígnea la placa dP. es mal te de los cielos.
Los jardines, entonces, alzan en sen.al de protesta
sus árboles amodorrados y secos, y las flores entrecerradas y sonoltentas, atisban por entre la marana de
las frondas, la llegada del viento, como tristes e_namoradas 'lue salen á la ventana, á la hora de Ja cita,
iDquieta.s y desesperadas por la t~rdanza del amante.
Pero el viento suele ser un nov10informal; no acude cuando lo llaman; sabe lo que son las mujeres! y
por eso se deja rogar tanto de las flores. Desds su enhiesto varillaje, se inclinan las rosas aristocrá.tlcamente seguras de que áellas, que son las más lindas y las
más elegantes, va á. ir primero que á ningunas el galán desdenoso.Por entre la hierba1 C.flmo por entre los
barrotes de una reja, se asoman, en actit,ud humilde,
Jas violetas, porque aunque pobres y modestas, saben
bien lo mucho que valen. Las margaritas enarcan sus
estrellas de nieve, impacientes y contrariadasdeque,
quizá porque carecen de fragancia,_ no les baga caso
el Ingrato. Las azucenas están furiosas: ¿cómo; será
cierto que el viento desdefia su limpia y perfumada
blancura?
Entretanto llueve sol, un sol rabioso que parece
mal humorado, y que gusta. de quemar ~étalos, resquebrajar ramas, secar el jugo de las hoJas y beber
en la copa de las campánulas las hects del rocío.
Las siestas de Julio son fatigosas, enervantes, pesadaF. Todo dormita con una pereza voluptuosa, mezclada de cansancio y fastidio.
No no saldréis de vuestro febril sopor, pcbrecillas
mártires del sol y desdetlarl3.b de los céfiros, basta que
las nubes, que también tienen mucha sed, acaben de
llenar su tonel en los lagos del Valle, para apagar la
Ir.gua de los cielos antes de que llegue la noche.
Al me~io día, el viento está muy ~ntretemdo con
las amapolas 1 esas rollizas aldeanas que se ríen de puro coquetas, entre los trigales, y no volverá á los jardines de la ciudad sino después de haber corrido mucho por sembrados y campiilas.
Es verdad que este sol es cruel como un inquii;;,idor;
y que con gran aparato y áurea pompa, recorre el in!inito ordenando autos de te, y martirios terribles
para castigar á las flores. Los pájaros y las mariposas están salvade,s. Ellos tienen alas y pueden volar
en busr.a rle sombra y de frescura.
Vosotras, no¡ que estáis prendidas ~ la rama, y la
rama está afianzada á la tierra, y la tierra no suelta
nunca por voluntad eino por tuerza.
Pero .... ¿no veis cómo se realiza el milagro? Se
oyen risas y cucnicheos. Baja por la escalinata, sal•
tanda y a.tropelláodose, una banda alegre de muchachas bonitas.
Vienen en busca de vosotras, para llevaros primero á. sus labios, luego á sus búcaros, en seguida á su
seno v más tarde á la mano trémula de algún sonador {lúe os guardará, ya secas, como una reliquia, en
la caja de palosanto, entre listones, guantes y .:.ocles
de cabello per!umado.
El amor os libertará del sol y de la lluvia; de caer
tostadas con la arena humeante, 6 de nautragar en
la charca fangosa.
El amor es divino para realizar estos milagros.
Suele hacer con el corazón lo que con vosotras.
¿ Qué, no estáis contentas?

***
Estov seguro de que muy pocos se han fijado en la
noticia~. La curiosidad no tiene ya nada que extraer
de ese suP.lto de gacetilla que pasó inadvertido entre
el relato de un escandalo vulgar y la lista de las parejas que se han presentado ante el juez Brlse~o, para convertir, según la opinión de Byron, su vino en
vinagre.
y sin embargo, si ia curiosidad no fijó en la noticia sus mil ojos inquietos, la piedad de uoOS cuantos
sí despertó en la memoria un melancólico y compasivo recue::-do.
Sonsa, Treftel y Caballero, aca'o'-1.n de solicitar de
los tribunales su libertad preparatoria. Nueve allos
han vivido en el Castillo de San Juan de Ulua, fortaleza azotada atuera. por el mar y adentJO por el dolor
y la desesperación.
Tuvo el crimen cometido por estos hombres rasgos
y perfiles de melodrama, sombras y misterios de cuadro efectista, enredos y tramas de novelas de fo•
lletfn.
¿No lo recuerda usted, cuidadoso memorista, que
ha becho una c:;peclalidad de los anales del Mal, y que

se sabe de coro llS nombres de los presidiarios más
terribles y la.i fechas 11e los crímenes mas espeluznantes? Este Sousa, este Caballero, este Tret:re!, fueron
los héroes, los protagenistas de una vulgar, pero es•
pantosa tragedia. Asaltaron con audacia estupenda
una. joyerfa, asesinaron al anciano joyero, se repar•
tieron los diamantes en la casa de una perdida y se
echaron á vivir por esos mundos1 fastuosamente, con
el producto de su sangrienta fecborla.
El roho se llevó á cabo en la calle más céntrica,
á la hora más concurrida, cuando los ri.x&gt;s vuelven en
carruaje del paseo, y los pobres salen del trabajo á
divertir un poco sus tristeza.-,. La sociedad tembló, la
justicia. investigó, la policfa. espió, y, como á la conclusión de un drama sentimental, fueron negando los
cult&gt;ables á las puertas de la prisión para extinguir
eD ella, después de un Jurado lleno de IDteresantes
incideDte:l, una larga y dolorosa condena. Se les con•
denó al castigo supremo de vivir. El más joven y esforzado, el inteligente, el director de esta cuadrilla.
de bandidos, no pudo resistir la pena tremenda de
existir á solas con sus remordimientos, y forzó la
pUerta de su propia vida para escaparse de la cárcel
de 8i mismo.
El suicidio de Nevraumont resucitó por algunos
dfas á la curiosidad. La leyenda se apoderó del crimen y lo contó, 1.\ su ruanera, al estilo de las aventuras de Rocambóle. Martínez que era un nato, un perverso Instintivo, tras estúpida tentativa de e\•aslón
y ensayos de salvajes venganzas, no se arrancó la
existencia, porque las fieras jamás hincan en su carne la garra enfurecido, sino r¡ue recibió la muerte
de las sagradas manos de la ley.
Quedaron estos tres miserables que ahora, ansiosos
de libertad, piden vol VPr al grupo social de donde sa.
lieron, en demanda de perdón y de olvido. Quizá la
justicia los amprare y los arroje de las sombras de
sus calabozos. Quién sabe si ellos habrán podido arrojar de igual manera del pensamiento la memoria
sombría de su delito. Quién sabe si aun respirando
á grandes sorbos el aira de las plaza y de las calles,
sean, de esos hombr~s que, como dijo el poeta, llevan un monstruo secreto, un mal que alimentan, un
dragón qu€ les roe, una desesperación que vive en su
noche.

*••
La gran manifestación hecha en ia presente serna•
naant.e el sepulcro de BeDito Juá.rez, es significativa
y trascendental, por lo que ba tdo educando á las
masas en la idea liberal é infiltrando en ellas, el supremo culto de los héroes.
En el dieciochodeJulioesyauna necesidad popular,
irá depositar ofrendas y á ..:antar himnos ante la rfgtda y marmórea figura del gran ciudadano, cuya
cabeza sostenida por la Patria, parece abstrafda
aún en la profunda meditación de una idea excelsa:
la de hacer feliz y próspero á un pueblo joven.

***

La llegada de dos nuevas ti ples ha animado la seman!!. teatral. Los cronistas especiales aseguran que
si las recién venidas no son artistas de subido méri•
to, son, en cambio, mujeres muy be11as. En lo cual
todo el público está enteramente conforme. Y á fé
que tiene razón porque, como dice La Bruyére, un~
linda cara es el más bello de los espectáculos.

to, el fiel consejero de nues~ra. conducta, el espejo in•
comparable en que se 1efle¡a y se hace perceptible y
acce8ible el mundo.
De la vista vivimos, con la vista actuamos, por la.
vista gozamos y sufrimos más aún que con toda nuestra sensibilidad; ella es crlter•.o de verdad y garantía
de acierto y por su intermedio Jlegan al eRpíritu como una caricia todas las grandezas y todos los esplendores de la Naturaleza.

***

Pues bien; ese gufa Infalible es pérfido y ese mentor seguro e~ falaz. Creemos en él ciegamente mientras él astutamente nos engaña; la mentira e-ssu ley,
la ilusión su principio y en luerza de !ugaces espejismos y de enganosas apariencias, nos forja un mundo
que ne, existe, una vida real que no palpita, un desfile de seres Que al anális's se desvaDecen como el humo y se disipan como la nube,
He abf el lago: el bruñido espejo de sus •~uas se
tiende en el JlaDo encuadrado en un marco de verdura salpicado d.e flores; el oleaje que la brisa agita
lo surca de saetas de plata; en sus linfas se miran
complacientes las montañas de ametista, las arboledas de esmeralda, las nubes de ar.niilo, y el sol de
luego. En dulce y extátlca contemplación podria encanecerse mirándolo y admirándolo. Y bien, no hay
tal Jago, ni tales aguas, ni tal oleaje riz~do. Lo único
que precisamente no se ve es el agua y Justamente lo
que la vista no permite distinguir es el lago. La retina nos ha jugado una mala partida, nos ha hecho
ver lo invisible y ha dotado de sorprendente belleza
á. un mito y á una ilusión. Mientras más transparente y más tranqmlo, menos visible es¡ creemos ver el
agua y no la vemos en realidad, el lago es fruto de
nuestra razón y de nuestra imaginación y no resultado de una sensación. Un lago es un girón de cielo en
una hoquedad de la Uerra 1 es un árbol cabeza abajo,
una mancuerna de islotes soldados por su basP, es
una estela de soles convertidos en serpientes de ruego, es placas de sombra, es decir, de nada, irregulares y flotantes, es un grupo de caballas por partida
doble. Y el agua? y las l!nlas purísimas? y el oleaje
cadencioso? somOra, quimera, ilusión, nada.
Qué es un espejo? un !ragmento de salón ó de alcoba; un medio sofá y dos medias sillas, un busto de
mujer con peinador y á medio peinar. De la pompa
de jabón, aér~a, flotante, finísimo cristal de ba.carau
trisado, no se ve nada: unos desfigurados mofletes de
nil.io, un ven~ana.1 encorvado y convexo convertido en
vitral por las irisaciones de la pompa, muros hemisféricos, techos como cúpulas, curvos girones de luz;
pero la pompa misma queda Invisible y latente.
La cara.ta de agua cristalina que alarga su cuello
de cisne, coronada de diamc1.nte como una reina, de
contornos elegantes y suavei:, no existe para la vista
que la cont.em9la, sólo logra verse el ramilll te cercano, la vajilla de porcelana que las curvas de la carafa deforman y adulteran , destellos que son tan sólo
la luz de las bugfas coloridas de rosa ó de violeta. Está llena? está vacia? dificil es decirlo y sólo se puede
opinar cuando comparando las imágenes que refleja,
se &lt;..,bservan unas más deformes y extravagao:es que
otras.
Una diadema de diamantes es un amontonamiento
de chispas¡ una espada flamjgera, un abanico de relámpagos. A cada paso y por donde quiera creemos ver
y no vemos, y á cada momento nos extasiamos en la.
contemplación de lo invisible.

***

LAS ILUSIONES DE LA VISTA.
Ver; abarcar en una sola sensación todo un complicado panorama, cielo, lago, bosques, serranías; escudrlilar horizontes y lontananzas; absorber luz y color; sentir impresos en la retina todos los contornos,
todos los relieves; volver los ojos y cambiar de mundo, alzarlos y extasiarse en )a contemplación de los
astros, bajarlos y sondear abismos, cerrarlos y ver
aún esfumados y atenuados el hormiguero humano
el jardín florido, el mar agitado, el aienal rojizo, n~
puede darse facultad más preciosa ni fuente más
abundante de goces, ni manantial má.s fecundo de
ciencia y de acción.
La vista es el sentido por excelencia, el que inspira mayor fé, el que garantiza mayor certidumbre.
Mientras sólo tocamos ó palpamos, mientras sólo
o~mos ó gus~amos, ni el placer nos parece completo,
m el coooc1mlento preciso, ni la acción adecuada.
Una vaga aprensión nos sobrecoge en medio de la
obscur1dad, nuestro paso es incierto y torpe nos causa. miedo el movimiento, el menor rumor s~ hace siniestro, el menor contacto sorprende é import,una.
Entre las sombras nos sentimos como desamparados,
como que falta el guia de nuestros pasos, el mentor
de nuestros actos, el excitante de nuestro peosamien-

Es más aúD¡ 1.mando llegamos á ver realmente, jamás vemos las cosas tales y como realmente son. Si
en presencia de un dado preguntamos á cualq ulera.
qué es lo que está mirando, dirá con absoluta seguri·
dad y un poco de pedantería: Veo un sólido reg11lar,
constituido por seis caras cuadradas y perpendiculares. Y justamente ni ve un sólido, ni lo ve regular,
ni percibe sus seis caras, ni las percibe cuadradas, ni las ve ;¡erpendiculare:s. Lo que ve realmente
es una superficie, con sombras y penumbras, limita•
da por líneas divergentes qu e forman ángulos agudos ú obtusos que limitan caras romboidales, irregularmente inclinadas unas sobre otras. Mentira,
para la vista, el paralelismo de los árboles en una.
calzada; mentira el círculo regular y s)métrico de la
glorieta que la interrumpe; mentira la forma humana. que duerme bajo su blanco sudario en la cumbre
del Ixtacihuatl; mentira la inmensidad infinita del
horizonte de mar, y mentira, como-lo ha dicboel poeta, la bóveda azul de los &amp;ielos. Las formas armon iosas de la estatna griega son tan sólo sombras y penumbras; las figuras inmortales de Vioci y de Rembrandt, manchas; los astros, chispas; los soles, destellos.
Tremenda contradicción! CuaDto los ojos miran,
cuanto la retina graba, cuanto la vista vislumbra, es.
falso, engaiioso, talaz;y no hay sentido, sin embargo,
que más abarque, que más ldnseñe, que penetre más.
á. fondo los misterios de la Naturaleza.
La conci1iación existe y se impone. Las sensaciones consideradas aisladas unas de otr9.s, stn conexiones reciprocas y sin lazo de unión, no son nadan~
sirven para nad~. Un coDtacto, una presión, un so-

.

45

EL MUNDO.

nido no hablan al alma s\Do como iDdlctos y sella.les rra, ó iban fascinadas y locas, saltaDdo de uniforme
ciertas de otros atributos y propiedades de Jas cosas e? uniforme y de color en color, como una danza má•
que los producen. Se oye un gemido y la madre ex- gica. De tiempo eD tiempo se posaban en la negrura
clam~: Es mi hijo que sufre¡ desgrana sus perlas una de un ~ostro de U!l soldado, negrura de ébano, intecarcaJada y decimos: E~ mi amada que rie; 'orilla rrumpida solamente en la boca y en los ojos: en la
UD&amp; luz, es el sol que nace¡ una 80mbra nubla nues- boca por la sangre de los labios¡ y en los ojos por las
tra vista: es la iDvaslón de la nocbe. Cada sensación blancas escleróticas, á. cuyo borde asomiibase á veces
simple encierra un mundo y despierta un universo un alma. salvaje, en la que ardían todas }83 pasiones
de recuerdos; cada mirada dirigida á un objeto ctps. y aullaban todos los fanatismos.
corre un velo tras del cual se deseDvuelve un vasto
Puco anteb de ll~gar el ~mlti\n, vinieron tres ó cuae;;cenario. ~a~ ~ensaciooes son materia primii., tos- tro carr?zas cargadas de princesas y otras mujeres
ca. burda., rnut1I, estorbosa; es el capullo q~e la de la ari8tocracla turca á est,aclonarse á la sombra
rd:lexieln, la memoria, la imaginación, la ibteligen- de unos árboles, ~asi frODteras á. nosotros. Muchos
cia, en fin, deshila y teje, y que la pasión colora pa. eunucos, negros y blanco~, escoltaban esas carrozas.
Al fin, el que todos esperábamos apareció, no á la
ra fonnar rica y vi8tosa tela. Es el metal negruzco
sin brillo y sin pulimento, que el espíritu traDsfor- usanza antigua, sobre no caballo árabe Pnjaezado rima, moldea y cincela en espléndido joyel. Las seDsa- ~mente y conducido por dos palafreneros de trajes
cioDes son la paleta y con sus colores difuso~ y con fu- ,:nntorescos y fastuosos, sino á la usanza nueva que
nada tiene de noble, en un coche tan vulgar co~o los
Sl'S el alma hace el cuadro.
Tan es así, que ,.ma misma sensación se modifica que ruelian por las calles de cualquier metrópoli moal tntinito bajo la influencia de la Imaginación y de derna. Un ademán fríamente rutiDarlo fué su única
la reflexióD. En un girón de nube pueJe ver&amp;e á vo- respuesta al triple ¡burra! estentóreo con que le re•
luntad yt1. un sudario flotante, ya un ánuel volan- cogió el ejércit&lt;,.
J.,'ué una ¡burra! formidable, un viva que r~sonó codo, ya una ninfa perseguida. Una masa d: sombra
puede ser un fantasma, un monstruo, la boca de un ·mo alarido gigantesco, poderoso á conmover montaabismo, Ja entrada de una Jave rna. Asistidas de la nas de granito, aunque no á despertar la emoción
reflexión y del aDállsls las sensaciones son eminentes más ligera, bajo la máscara pálida é impasible del
pedagogos¡ sin el concurso de la inteligencia no son tiranuelo acostumbrado á todos los homenajes.
En tanto que el Soberano decía su plegarla, y un
sino charlatanes de feria.
Los pueblos incultos, los niílos, los igDorantes dan almuédano, presa de arrebato místico agitaba en nn
á _s~s s~nsa~iones proporciones extravagantes y sig- b~lcón de minarete sus vestiduras cá.ddidas y esparn1ttcac1ón rnaceptable. De ahí las mitologias: las c~1. con voz clara y vibrante la palabra de Alá en el
fuentes que son ninfas, las montañas que son dioses, aire seren o, mis ojos iban de los coches llenos de mulos árboles que son tetlques, los ríos que son divini- jeres á la mezquita, óe la mezquita al ejército, y sedades. Para estos et-píritus la noche con su destile de guían saltando de uniforme en uniforme y de color
sombras, está poblada de monstruos, deseresmuer- en color, como en una danza mágica.
Pero llegó un instante en que se fijaron en una de
tos que vagan eq el bosque, de di vinldades siniestras
en acecho. Y los poetas son los soberanos artífices las carrozas cargadas de mujere,s, para no apartarse
que con la materia prima de las sensaciones y la fra- más de ahi. Hablan di visado algo muy bello, la únigua de la imaginación crean mundos, cielos, pa- ca belleza que enaguas y velos no encubrían celo&amp;&amp;·
mente: una maDo desnuda, muy blanca, posada en el
raísos.
Quien sólo ve sin reflexionar en lo que ve, es un regazo de una princesa.
Desde entonces no contemplaron otra coi,a que la
ciego de una especie nueva. Las sensaciones no entrenadas ni disciplinadas por la intellgeDcia y la re- blancura y los movimientos de la mano. Todo lo deflexión son un caos. En ese caos solo la razón y el aná- más desvanecióse para ellos, como se desvanecen á
los ojos del creyente, la multitud arrodillada, el ~ro
lisis pueden pronunciar el fiat.
del altar y las ofrendas motivas, cuando de entre las
manos del sacerdote surge la nieve inmaculada de
la hostia. Mis ojos y mi pensamiento se clavaron con
la dulce ?bstinación de un beso muy largo, en aq~ella
mano pnmorosa, blancura vi va, ja:tmfo de carne y
seda.
Aún después de terminada la ceremouia, cu;ndo
ya el Sultán babia partido y se alejaban los coches
llenos de mujeres y se retiraba el ejército, la imagen
de la mano seguía tenazmente impresa en mis ret1nas
ofuscadas. No logró borrarla ni el fantástico relampagueo de hermosas tintas en medio al cual se movieron los Zuaoos dt la Meca. Mis ojos, alucinados, la
ORIENTAL.
vefan flotar en el polvo que, alzado por el ejército en
marcha, ondulaba en los aires como velo de gasa muy
fina
y transparente .
. \que1la maíiaoa supieron mis ojos que Ja lm y los
Pero la blancura de la mano me babfa hecho pencolor~s embriagan como el vino y los besos porque
sio d_uda, fué embriaguez de luz y de color~s lo qu~ sar en otras blancuras veladas, escondidas en el tonde los serrallos, en el secreto misterioso y tibio
:.ieh1zoaodar, todo un día, sonando con los ojos abler- do
del harem, de suerte que, al cabo de algún tiempo
tú~, p~r lascalles de Constantinopla. Hasta entonces
la visión que llenaba mis ojos no era la de una sol~
mis OJOS conocfan el vértigo fugaz, el éxtasis efímero
blancura, sino la de mil blancuras iguales, no era Ja
la turbación pasajera, no la embriaguez wuday honra'. de
un solo jazmín1 sino la. de todo un vergel plantada, y eso queyahabíancontempladobasta la saciedad do de
jazruines. Vi á lo lejos brillar les palacios que
l~s telas de los grandes coloristas italiaDos, aquellos se alzan
orillRS del Bóstoro y en el Bósforo, corrienhenzos en que el pincel de Bonilaclo escribió la epo. do entre álos
palacios, ví un extrai'io río azul, á cuyas
peya del fuego y de la púrpura.
crecen, como el Joto á orillas del Nilo, nares
Era un viernes, día de parada, díaenqueelSultán orillas
maravillosas. ¡Pobres flores que languidecen implaabaDdona los e~plendores de su palacio, deja su ta- cablemente recluidas en invernaderos grandes y trisbemáculo de mezquino dios de la tierra, y va á pos- tes! ...... Mucbas de ellas pade~n un mal divino y
trarse, humilde como el último, á pedir al ~eilor de terrible: se agitan desesperadas en los temblores del
los señ"ores, al omnipotente Alá por el bien de sus deseo, y se desmayan de amor, suspirando en sus desvasallos y la prosperidad de su imperis.
mayos por alguien que las arranque del jardín en que
Unos cuantos extranjeros curiosos, instaladós por vegetan,
inútiles, perdidas para la voluptuosidad. y
un maestro de ceremonias en un sitio desde el cual tal vez en el seno de su blancura, como en cárcel de
podía verse todo muy cómodamente, esperábamos alabastro, arde la llama azul de una alma buena. Pecon impaciencia la llegada del soberano.
ro el seiior, el amo, harto de placer, ni siquiera se
Et sol_ 'oo.ñaba el paisaje con su oro más puro, y no digna verlas. El espectáculo de sus gracias no exishabía lll UD solo rayo de luz que no cantase la gloria te sino para les ojos del eunuco, ojos que miran en
d_e un color intenso ó acariciara el desmayo de un ma- el vacío, ó infaman lo que miran.
tiz exquisito. A nuestra derecha, en una esplanada
La onda del Bósforo viene, juega, ríe y pasa, re.
veclnc1., la caballería desplegaba su Jujo de uniformes tozando siempre, al aire el vientre desnudo, azul y
vls_t..osos, caballos de bríos y glnetes bizarros; á la iz- diáfaDo, en el que se clavan multitud de flechas de
qmerdade palacio se extendían los infantes, sellara- oro. Mientras tanto, á la orilla, en la monotonía de
dos en dos alas, hasta la puerta misma del palacio los encierros prolongados, en la tristezct. de su8 granpor donde habla de salir el sefior de los turcos; en- des invernaderos suntuosos, esas pobres flores, las
freDte, resplandec1a la mezquita en donde el monar- desdei1adas, las que ignoran las alegrías del amor y
ca iba á decir su plegarla.
no saben sino de congojas y torturas, se con8umen
Muy chica y muy blanca, aislada en el medio de en el ardor de una fiebre inei:tiDgulble, y en el ardor
~n vasto espacio libre, resplandecía la mezquita, seme- de la fiebre se tornan mustias, sin que jamás las re!~Dte ~ un copo de nieve que se riera delsol ó á un ve- fresque el rocío de los besos, sin que jamás las bafie
n ca1do de -una de esas ovejas que trizcao por Ioscam• lluvia de caricias, sintiendo huir, para nunca más
pos azules del cielo en los claros días estivales. En su volver, la propia fragancia, viendo pasar, para nunpequenez y blancura, C'JD sus finos labrados arquitec- ca más voh·er, la propia belleza., como la onda azul y
tónicos, á. pesar de sus cúpulas y minaretes, la mez- profunda que se desliza cantando bajo las rejas de
9uita parecla más que templo, un juuuete delicioso
sus blancas prisiones.
~oya rara, preciosidad martileila salida de las mano;
M. DIAZ RODRIGU.EZ.
e ~envenuto impregnado de arte isla.mita.
Nuestras miradas segufan la hilera inalterable de
1OS fez, altos y rojos, como himnos de orgullo y gue-

LA MU.l:i:RTE
DEL

Benemérito

c. Benito Juárez.

El Sr. Juárez esperimentó los primeros síntomas
d¿su enfermedad-una neurosis crónica de) gran slm•
pático-á las siete de la mafiana del 17; como de costumbre, el 8:-. Balandr~no, Redactor en Jefe del
e Diario Oficial&gt; le leía lo más notable que conteDfan
los periódicos dt, esa maf\ana, y el Sr. Juárez escucbaUa atentamente, haciendo de vez en cuando alguna
observación, cuando repentinamente se le,·antó de su
asiento y dió algunos pasos sin quejari:e, pero lleYándose la maDo al cerebro; Ba.landrano suspendió su lect':lra y le preguntó si se sentia. indispuesto. cEotoy
bien, contestó, puede usted c'Jntinuar.&gt;
Pocos momentos babia.o pasado, sin embargo cuando volvió á levantarse, rogó á Balandrano qu~ espe•
rase, y esta vez extendió su paseo hasta el salón de
Iturbide. Reg, esó de nuevo y pidió ..¡ue le sirviesen
el desayuDo, que tomó muy tranquilamente. No obstantee~calmay esa,trauquiJidad se sentía enfermo, y
~sf lo di¡o después. afladiendo que comerla de dieta.
Efecti~amente, á la una de la tarde, mandó que se
le sirviese una sopa hecha en su propia casa y que
apenas probó.
Algo había en su semblante que denotaba tm sufrimiento, pues el Sr. Latrau-ua lo ohsenó y así se lo
dijo. ~ególo el Sr. Juárez c;n una sonrisa, y coDtinuó la conversación, en que tomaban parte todas lA.s
personas que lo acompañaban á la mesa. Habló allí
de los pensamie1itos que más le preocupaban: la reforma de la Constitución y la cvncluslón del Ferrocarril de Veracruz.
En la tarde, termiDarlos los acuerdos qae fué po~\ble despachar, concurrió al paseo con algunas personas de &amp;u famtlia1 según acostumbraba.
A las ocho de la noche el Sr. Santacilla llevó á su
sellara y á sus hermanas políticas al teatro.
El Presidente se quedó en su casa: estaba de muy
buen humor, y conversó alegremente con los señores
Dubián y Maza. A las diez y cuarto se recogió pero
no pudo dormir; á las once sintió náuseas y encendió
la luz. Pasó todo el resto de la noche bastante mal
pero no permitió que Benito, su hijo, que dormía e~
la misma pieza, despertase á pers')oa alguna.
Al día siguiente por la mafiana experimentó alg(m
malestar y no fué á palacio: sus hijos, sus cul111.dos-,
sus yernos y sus amigos, le preguntaban cómo se sentia, y les contestaba que estaba un poco cansado
porq?e no babfa dormido bien en la noche: les reccmenaaba que no hablaran de su indisposición, y que
sólo dijeran que padecía de un reuma en la pierna.
Estuvo todo el día con intermitencias de dolores
agudes en la región cordial y de ali vio pasajero. Por
la tarde, sentado en su recámara, recibió al Sr. Lafragua y al General Alatorre, con quienei; estuvo hablando un gran rato,-coo el primero de asuntos generales, y con el segundo de la situación del E:,tad.J
de Puebla, pero de vez en cuando se quejaba de cierta opresión de pecho que le impedia respirar con¡¡.
bertad.
A Jas seis de la tarde, el Sr. Santicilia participó al
seilor Presidente que el administrador de la Aduana
de Veracruz babia enviarlo UD telegrama, anunciando
que el paquete americano no saldrfa esedia, como es taba determinado, sino ayer J 9.
-Vaya, me alegro, contestó el Sr. Juárez¡ así llevará al extranjero la noticia de la toma de Monterrey.
.A. las siete de la noche el mal venció su tuerza. de
voluntad y hubo que ponerse en cama.
Desde aquel momento fué empeorando progresivamente.
No obstante, después de un sfncope vió á su lado
de pié cerca de su cama, al 8eilor Ministro de la Gue~
rra, que le contemplaba con solícito cariño.
-¿Cómo estás? ¡Has recibido algún parte telegráfico?
-No, contestó el Sr. Mejfa, no hay novedad. •Cómo te sientes?
c.
-Mejor, gracias. Será cualquier cosa. Anda vete
á tu despacho.
El ministro saltó de alli inquieto y volvió á las
nueve.
Ya el Dr. Al varado, médico de cabecera, había
manifestado á la familia sus terribles temores.
. Está muy grave el Presidente, dijo al Sr. Santa•¡.
ha: desespero de la curación, y creo que no le quedarán tres boras de vida.
Por indicación suya se babfa llamado á los Doctores Lucio y Barreda.
Desde aquel momento fueron aumentando de tDtensidad sus dolores, pero no babfa posibilidad de
calmarlos por medio de pociones internas porque el
Sr. Juárez tenia continuamente vlolenta's náuseas.
Tuvieron, pues, los médicos que recurrirá inyecciones locales de una solución de morfina dirigidas sobre la parte adolorida, esto es, sobre el lado izquierdo del pecho.
A las diez y media, siendo Inminente el peltgro
se mandó llamar á los Señores Ministros Latragua'
Mejia (D. Francisco) y Balcárcel.
'
El Sr. D. Francisco Mejía acudió en el acto; el Sr.

�46

Balcárcel nada supo, porque el portero de su casa no
quiso abrir, ni darle aviso, por temor ó desconfianza;
el Sr. Lafragua llegó un poco más tarde.
Todas las personas allí presentes estaban consternadas.
Poco antes de las once el Presidente llamó á un
criado á quien quería bastante, llamado Camilo,
oriundo de la clierra de Ixtlán, y le dijo que le comprimiera con la mano el Jugar donde s~ntía un iutenso dolor. Obedeció el buen hombre, pero no podía
contener las lágrimas.
Padecía atrozmente el 8r. Juárez, pero no tenía,
al parecer, conciencia de su fin próximo.
Momentos antes de morir, estaba. sentado tranquilamente en su cama: á las once y veinticinco minutos se recostó sobre el lado Izquierdo, descansó su cabeza sobre su mano, no vo lvió á hacer mov:miento
alguno. y á las once y media eu punto, sin agor.ía,
sin padecimiento &lt;i¡H,ento exhaló el último suspiro...
E l Dr. Al varado dijo esta sola palabra.
-Acabó!
S.i.ntacilia no quería creer en semejante des!!'racla,
y esperaba que aquello no fuera más que un síncope.
- Doctor, CrP.e usted que ha muerto?
El Dr. Barreda encendió un fósforo·y lo · acercó á
lo,; ojos del Presidente, para ver si la intensidad de
la luz imprimía. movimiento á las pupilas, pero nada! .... no quedaba ya ninguna esperanza .... Juárez
había muerto.
Poco antes de las doce de la noche. el Sr. Ministro
de la Guerra, D. ,Ignacio Mejía, se dirigió á la casa de
D. Sebastian Lerdo de Tejada; y no queriendo desde
luego darle la fatal noticia para evitar una Impresión
demasiado violenta, le dijo que el Sr. Juárez estaba

Domingo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

!Jomlngo 23 de Julio de 1899.

47

EL MUNDO.

á los Secret arlos de Rela-

EL SR. GENERAL DIAZ

&lt;"i ones y Hacienda. El Sr.
Lerdo de Tejada, President e interino de la RepúbliLA TUMBA DEL BENEMERITO.
ca, ven ia al fin de este inmenso cortejo, acompailado
de los Sres. Mazay Dublán,
Este ailo como los ant ed olientes que representariores se ba celebrado d1g,
1an á la familia del tinado
na y patriótica.mente t1
ciudada noPresidente. Desmemorable 18 de J olio,
pués del encargado del Poconcurriendo el l::ir. · Presid er Ejecutivo, marchaba
dente de la R epública á la
]a columna de tropas en
manifestación de duelo que
e ' orrlen si~uiente: Colehacen ante la tumba del
gio Militar, una batel'ía
Sr. Juárez todas las agru&lt;le campana de la primera
pacione.-. poi! t ica~, ci I iles
brigada de artillería, el priy militares del país.
rner batallón permanente,
La escena denueist ro ¡nael pri mero del Distrito y
bado representa al Sr. Gedos cuerpos de caballería.
n('ra 1Díaz, acom pailado del
().:rraba la marcbauna proSr. Jt.:árt:z, bijo, y seguido
iongada. hilera de carruade los señoreis Ministros,
j
es que ocupaban la longien el momento en que va á
tud de cuat ro calles.
depositar la corona que lleEste extenso cortejo ocuvada por el P, irner Magispaba todo el trayecto comtrado, simboliza la ofreuda
pr&lt;&gt;ndido entr e el Pande Nación agradecida.
t ••ón de San Fernando y la
E-cogimos de preferenPlaza &lt;le la Constitución.
cia esta escena de la maLlegaban los batidores al
nifestación, ,mstituyendo
primer punto, cuando la
otras que pudimos haber
ti la de carruajes sa movía
presentado por algunos gralentamente por las calles
bados de grdn interés hisde Plateros y San Fr1rnclstórico.
ro, habiendo tardadocerca
MANIFESTAt;ION DEL 18 DE JULIO DE 1899.-EL SR. GRAL. DI.AZ A1'TE LA TUJ\IB.\. D!!:L BEN'E:MERrro.
de dos horas en desfilar la
procesión fúnebre. En el
ángulo que forman la igledes funciones oficiales. \ ' enían lueg-o los miembros sia y la fachada del Panteón cte San Fernando, se elede la Uiputación permanente y t orios lus dewás di
v,1ba un elegante catafalco, en el que descansó el férepotados al C-Ongrei,o de la Unión residentes en Méxi- t,ro antes &lt;le ser conducirlo al sepulcro de ia familia
Ayer según lo dispuesto por la nueva administra- co, una comisión de la 8uprema Corte de Justicia, J11árez. Al lado del catafako secolocó la tribuna, que
ción, han tenido lugar los funerales del Sr. J uárez. otra del Tribunal Superi or, y otra, muy numerosa, rué ocupada primeramente p0r el Sr. Lic. D. JoséM.
Inmensa multitud circulaba desde muy t emprano en en representación del Culegio de abngados. Seguían l!.('lesias, orador oficial nombrado por el gobierno.
toda la carrera que debía seguir el fúnebre cortejo. desp·~és, los Secretarlos &lt;lel l&gt;espacbo y oficiales de Acto continuo. subió á ella el Sr. Diputado Silva, en
Las ~lles de Plateros, San Francisco, Sta. Isabel y los ministerios acompailadus de los miembros del uombre de la Diputación permanente.
Después, y por el orden que en seguida señalamos,
Avewda de los Ilombres Ilustres, presentaba.u un Cuerpo Diplomático. El Ministro de F omento iba al
imponente golpe de vista. Todas las casas de las ca- lado del representante del Imperio alemán, Conde hicieron uso de la palabra los Sres. Alrredo Chavero,
lles del tránsito ostentaban cortinas con lazos de cres- Eulemberg, que llevaba el unit'orme de coronel de en representación del Ayuntamiento; D. Francl!,co
J&lt;'. Gordillo, á nombre de los mai.ones mexicanos: D.
pón negro y coronas de siemprevivas. Las banquPtas,
J 11sé María Vigil, por la Prensa Asociada; D. José
los balcones y las azoteas de tono ese largo trayecto
María B,1.randa, por la Sociedad Filarmónica; D. Roestaban o-:upadas por millares de eispectadores. A las
que
Jacinto Morón, pnr la Sociedad Médica " Pedro
nueve y media de la mailana comenzó á organizarse
Escobedo;" D. Victoriano Mireles, pGr el Gran Cirel acompallamiento en el Palacio Nacional y á las
culo de Oúreros; D. José Rosas Moreno, que dijo una
&lt;Hez y cuarto la cabeza de la prr,cesión fúnebre llegama~nífica composición poética; D. Gumersindo Menba á la esquina de la calte de Sta. Isabel. Conforme
clo..a, en representasión de la Sociedad de Geograffa
á lo dispuesto por el bando del Gobierno del Distrito
~· Estadística y los niños Antonio Alvarez y 8alvador
~bría l_a marcha una e:scuadra de batidores; seguian
1\fartínez Zurita, alumnos del Tecpan de Santiago.
rnmed1atamente los niilos de las ei;cuelas munit:ipaConcluidos
los discursos, se verificó h inhumación
les, los de las Lancasterianas y los alumnos de las est-n el sepulcro de la familia del Sr. Juárez presidiencuelas nacionales; precedidos de una gran banrlera
no el acto el Sr. Presidente interino. Al depositar el
blanca en que se leían las siguientes palabras: cGran
cadáver,
se inclinó sobre él la bandera nacional y
drculo de obreros,&gt; marchaban cerca de trescientos
1,e dispararoa veintiun cailonazos. como i;olemne y
1•iudadancs, representantes de los artesanos de la capostrera despedida. El acto concluyó á las dos meno&amp;
pital. Seguían después los alumnos y profei;ores de las
cuarto de la tarde.-«El Siglo XIX&gt;, Miércoles 24 de
-escuelas primarias y superiores, los jueces, los empleaJulio d:i 1872.
dos y jefes de oficina, mezclados con tos innumerables
inv!_tados, en los que notamos muchos extranjeros,
los Jefes del ejército, los generale¡; residentes en la capital y personal del Gobierno del Distrito y los miembros del Ayuntamiento. Inmediatamente después de
EL LUGAR DONDE NACIO EL SR. JUAREZ EN SAN PABLO GUELATAO.
la corporación municipal, venía el carro fúnebre tirado por seis hermosos caballos conducidos por cnatro
lacayos á pie y descubiertos. Lle vaban los cuatro corDamos en estas p~glnas dos vistas dPl Jugaren que
LA SRA. D ORA MARGARITA MAZA
dones del féretro el tesorer,J general de la nación. Sr.
est,aba la. caballa doude nació el gran patriota mexiD O: JUAREZ Y SUS HIJAS. (18 6 5 )
Izaguirre, el director de la ei,cuela de jurisprudencia,
\
.
cano.
St. Velázquez, el Gral. de división. Don Alejandro caballería bávara; el Secretario de la guerra marcha8e11alliba ese sitio h 'stórico, como se ve en el priGarcía, y el Sr. Cbavero, miembro del Ayunta,nlento ba acompailado del Plenipotenciario de Espafla, Sr. mer grabaao, un sencillo monumento de canteria,
de México.
Herreros de Tejada, que vest ía rig-uroso unltorme, ro&lt;leado por una empalizada que á poco se cubrió de
A los lados del cuadro marchaba la guardia de ho- así como los demás miemhros de su Legación; el Sr. enredaderas.
nor del finado ciudadano Pre¡;ideut,e, llevando la ban- Nelson, Ministro de los Estados Unidos de América
La gratitud &lt;leí pueblo oaxaque!Io manifestóse desdera recogida con lazos de crespón. Detrás, seguían y decano del cuerpo diplomático, llevaba á los !arios pués noblemente. t •a~ladan&lt;lo á e~e lugar el pedestal
el Gobernador de Palacio, General Zé rega, rodeado
y la estatua ne Ju \r,·z que formaban el anti~uo mode los ayudantes del Presidente. Después del carro
numeuto erigido al Benemérito en la caplLal de Oafúnebre marchaba el cocbe enlutarlo de la Presi&lt;lenxaca.
&lt;lia y que era el usado por el Sr. Juárez en las granANTE

EL COCHE DE LA PuESIDE:-:CIA t'SJIDO HABITUALMENTE POR EL SR. J U AREZ, SEGUIA AL CARRO
FUNEBltE EN EL CONVOY DEL ENTIERRO,

LOS FUNERALES DE JUAREZ-

PIEZA DEL PALACW NACIONAL, DEL LADO DE LA CALLE DE LA MONEDA,
EN DONDE :uumo EL S R. JUAREZ.

Los

ULTB!OS MOMENTOS DEL SR. JUAREZ,

gravement,e enfermo, y
A las cuatro &amp;e dispuso
que su médico de cabecera,
trasladar el cuerpo á Pal&amp;•
Dr. D. Ignacio Alvarado,
cio: fué llevado por la ser•
había perdido toda espevldumtre, tendido en un
ranza de sal vario.
catre ligero y acompatiado
de los ayudantes del PreEl Sr. Lerdo se afectó
sidente y de varios de 108
profundamente; quiso ir
ami gos que se hallaban
en el acto á ver al Sr. Juárez, y mientras se disponía
presentJs.
para salir, le dijo el Sr.
Después de levantarse el
Mejía:
acta de defunción, prooe•
-No crea usted encondieron los .Cres. Alrnrado,
trarle con vida, le he dejaBarreda y Lucio al emb&amp;l•
do casi agoni7.and'o.
samamiento que quedó
--Será una crisis, cont erminado á las siete de
testó el Sr. Lerdo con aflila noche.
gido acento.
A las diez cumpllm08
--No, seilor, repuso el
con el triste deber de Ir'
general; forzoso me es dedespejirnos por última ves
círselo: ha fallecido ya.
del que todavía antier era
Presidente de la P.epd·
Y ambos se dirigieron
blica.
tristes y silenciosos á la
casa mortuoria, donde paLe contemplamos con
saron el resto de la noche
una emoción que no tratatratando, aunque en vano,
remos de describir, en Sil
de consolar á la atribulada
recámara, encima de su ca•
familia.
ma de bronce, vestido de
A las dos de la mafiana
negro, pálido, pero con la
llegaron el Sr. General D.
fisonomía tranquila, sin
Alejandro García, en unión
contracción alguna y pareLA CAPILLA ARDIENTE EN EL SALON DE EM13AJ ADORES.
de los Sres. Alatorre, Baciendo más bien dormir
(De un grabado que publlcó el perlóJlco Múico y sus ooslunibrta ,1 25 de Julio de 18i 2.]
randa y Nicoli, y dictó descon el plácido y pas 1jero
de luego dis~osiciones resueí'iu de la yida que con
latí vai. á la guarnición de la capital. Poco después se Montiel, D. Manuel Saavedra y algunas otras per- el eterno y profundo de la mur
presentaron los Sres. D. Juan José Ba,z, D. Euge- sonas que acababan de tener noticia del infausto
DE &lt;EL FEDERAL
, '
nio Barreiro, D. Eduardo Arteaga, el Gobernador acontecimiento.
del 20 de Julio de 18i2,

\

\

Il11:::s-n o J u,1m.z, lllJo. (1 8U:i.)

A~TON[O JU.l.llEZ y }l.\z.\ , Ml:J::HTO EN

N.e:w YuRK.

.; O~E JUAREZ y

)1 \ZA , MU EIITO EN NEW YORK.

�EL MUNDO.

48

nomtngo 23 de Julio de 1899

Dommgo 23 de Julio de 1899

EL MUNDO

49

_j
CABAi'!A DON::&gt;E NACI.) EL SR. JUAREZ, EN SaN PABLO GUELATAO.-EL ANTIGUO Y EL NUEVO MONUME);TO.

EL SR. CORONEL MONTENEGRO.
Este digno patriota vivió con Juárez en Nueva OrJeans en la época de las persecuciones &lt;le ;a administración santani1,ta. Los proscrito'! ganab1n el pan
con el producto de un trabajo material ímprobo: Juárez era operario en una fábrica y Montenegro pescaba en el Mississippí. Habiendo enfermado el Sr. Juáraz, su compañero Jo atendió cariñosamente, redoblando sus faenas para ganar el sustento del ilustre
enfermo.

el gobierno en la lejana población fronteriza. No habiendo obtenido todos los retratos, aparecen sólo los
que nos fué dable proporcionarnos.
Publicamos los retratc.s de los Sres. Idueta y HerPresidente de la Renández, cochero y camarista respectivamente del
pública: Lic. D. Benito
eminente Juárez.
J uárez. Ayudantes: TeIdueta estaba. empleado en el palaciJ de Montenientes Coroneles Franrrey cuando llegó el Sr. Juárez á esa. ciudad el año
dsco Noroa y Francisde 1864 y desde entonces estuvoá su servicio como coco Díaz.
chero hastd. la muerte del Presidente. Fué abnegarlo
Secretario de Relacic•
y leal, pudiendo gloriarse de haberle prestado grannes Exteriores y Goberdes servicios cuando peligraba la vida de su amo. Hoy
nación: Lic. Sebastián
el Sr. Idueta es conserje de la Escuela Normal de
Lerdo de Tejada.
Prnresores.
Secretario de JustiCamilo Hernández es muy conocido por figurar su
cia, Fomento y Haciennombre en algunos episodios de la vida del 8r. Juáda: Lic. José María Iglerez. Es indígena oriundo de Ixtla en Oaxaca, y cosi:&gt;s.
mo camarista y hombre de confianza del Sr. PresiSecretario de Guerra.
dente Juárez vivió muchos años en su casa.. En la
y Marina: General Ignarración de la muerte del Benemérito que !!.parece
nacio Mejía.
en este número de nuestro semanario lo vemos auxiJefede la Sección de
liando á su amo y llorando por su muerte.
Justicia y Fomento: Sr.
Es conserje de la Secretaría de Hacienda, uno d'3
Manuel M. Molina; Ofiruyos empleados lo retrató por sorpresa, pues Ilercial,
Sr. Ramón Alcalnández se ha negado mil veces á permitir que tomede. Jefe de la Sección
mos su fotografía. Esto explica la poca precisión
de Hacienda: Sr. Luis.
del retrato que de él damos.
García Ramírez; Oicial,
Sr. Eleazar Loaeza.
Oficial Mayor de la
8R. CAMILO HERNANDEZ. Secretaría de Guerra:
SlfüVJDOI{ DE CONFIANZA DEL Tte. Coronel .Anastasio
SR. JUAREZ.
Aracda; Coronel Maria( De una !ustantAnea.) no Díaz; Coman date
Para explicar los retratos que publicamos en las
siguientes páginas, damos á continuación una nota de
Ramón Cuéllar; Capi•
los funcionarios, empleados y amigos que acompa- tán José García y García; Comandante Mariano Beceban al Sr. Juárez durante su permanencia en Paso rra. Médico cirujano.
Pagaduría del Supremo Gobierno: Pagador Geaedel Norte. Naturalmente no figuran aquí los nombres de todas las personas que allí estuvieron en di- ral, Sr. Adrián Busto; Ayudante, Sr. Francisco Busto.
Artillería y Maestranza: General Fernando Pou·
versas ocasiones, pues seria imposible, y así se redi..ce nuestra lista á los de todos aquellos que e'l- cel; Comandante D. Humeau; Oomandante José Matuvieron de una manera continua mientras residió ría Iturralde; Teniente Francisco Chavfra: Pagador,
Erniliano Bubto.
Escolta: Primer cuerpo permanente
de carabineros á caballo. Guardia de
los Supremos Poderes: Comandante
Carlos Noriega; Capitán, Antonio Herrera; Tenientes Epigmenio Esco'l-iar y
Sabás Rodríg"uez; Alt'érez, Antonio Espinosa; dos Sai'gentos primeros; seis
Sargentos s~gundos; diez cabos; dos
trompetas y veintisiete soldados.
Diversos puestos: Magistrado de la
Suprema Corte, Lic. PedroOrdaz; General Francisco Ortiz de Zárate; Coronel, Anrlrés Bravo; Diputados: Ingenieros, Bias Balcárcel; Lic. Juan de
Dios Burgos: Lic. Manuel Sánchez
Posada, y Sr. PedroContreras Elizalde.
Particulares: Sr. Manuel E. Goytia
y Sr. Manuel M. Mayol.
Servidumbre: Salomé Olivares, camarista del señor Presidente; Valentfn Morales, cochero; Juan Idueta, CO•
SR. JUAN IDUETA, COCill':RO DEL chero, y Juan Morales, Adrián MoraSR. JuAREZ.
les, N. Colunda y Vicente Pérez, mozos.
Aparece ta~bién el r~trato del Sr. Coronel Armendáriz, pu~s aunque no
figura en la lista anterior, prest? ~xcelente~ servicios, y además ilustra,
por ser de cuerpo entero, el conocimient,o del uniforme de su grado en aquella época.

LIC. DON J OSE MARIA IGLESIAS,

Lrc. DON SEBASTIAN LERDO DE TEJA.DA.

GRAL. DON :!:GNAClO :\fEJIA,

Dos servidores del Sr. Juá1:ez.

SR. LUIS GARCIA RAMIREZ.

COMANDANTE Je SE MARIA !TURltALDE.

INGENIERO BLAS BALCARCEL,

El Gobierno de la Rev1blica en Paw del Norta.

EL SR. CORONEL JOSE GUADALUPE MONTENEGRO,

SR. ELEAZo\R LOAEZA.

COMANDANTE RAMON CUELLAR.

SR. MANUEL M. MOLIN ,\.

CAPITAN JOSE GARCIA Y GARCIA

ASPECTO DE LA TUMBA. DEL SR. JtTAREZ EL DI.A 23 DE JULIO DE 1872.
COMANDANTE CARLOS! N'ORIEGA,

TENJJ!NTE CORONEL FRANCISCO
Duz.
1

CORONEL ENRIQUE ARMENDARIZ

�Domingo 23 de J ullo de 1899

EL MUNDO.

50

CURIOSIDADES

CIENTIFICAS.

Los felices sibaritas de este maravilloso fin del siglo de los milagros cieatílicos, disrrutao alegre~ente
del bienestar que es el objeto y la com,ecuenma del

1 -PRIS)IA PARA Vluh.IER \,
2-VIDRIERA PRISMA'!'ICA.

L.A MISllA CON VIDRIERA PRISM.ATICA

flABITACION BAJA CON VIDRIERA COMUN,

HABITACJON SUBTERRANEA CON TECHOS
DE VIDRIOS COMUNES,

LA

ro res0 sin preocupa1se poco ni. mucbo por averip ua~ có~o ni por qué caminos ha logrado la human_i~a hacer la vida tan dulce Y cómoda en un me~IO
ta~ hostil como ingrato para. la delicada complexión
del hombre.
ífi t
Hay sabios que se han abrogado la pac ca area
de referirnos ese cómo Y es i pJr qué, Y por ellos _sabemos que \a principal de las comodid~des de la vida
moderna, la casa, aun cuando fuese la de los poten_tados, est::vo en otros tiempos rr.ur Je¡os de tener 1~
menor de las ventajas que ahor~ tiene la buhardilla
de cualquier bohemio en el sentido figurado de esta
tan de moda.
d . b
Palabreja
Por e·emplo, el c:i.pítulo de las ,·Jdrieras, _eJ_a a
b Jpero mucbo que desear ea aquellas d1vrnas
:~~:,i.¿nes habitadas por los dioses h«_l~nico~, como
únicos huéspedes dignos de tales magmfic1mc1as, admirables todavía abura. que están en ruinas._ La fortuna era que P.! clima del legendario arcb1piélago,
atria del art.e arquitectón:co, e~a Y es muy _du)ce
tero en los cl:mas rigorosos,, ·mientras los ~•dnos
!anos no fueron inventados, a los hombres, rncluso
ios re es y los poderosos, no les quedaba má~ r~curso
a ~etenderse de las inclemencias del rnv1erno,
p~~ el de encerrarse á obscuras en sus sombrías y peiadas mansiones feudales, reemplazando la luz del
día con la rojiza y humeante de los haobones de cera
de los tizones de las chimeneas.
y Por fin, alguien, no digo quién porque aún está

MISMA

CON TECHO DE VIDRIOS PRISlfATICOS.

sesión sólo estaba reservada á los muy poderosos y
aun éstos cuando abandonaban temporalmente sus
múradas 'como el Rey .Felipe August,o de F rancia
para irá. )a Santa Cruzada, mandaban quitar y ¡;uardar cuidadosamente sus vidrieras para no perder tan
preciado tesoro.
La imposibilidi.d de fabricar vidrios planos de gran
tamaño, hizo que con ,·idrius colore~dos pequel'lo;¡,
unidos por alveolos de piorno! se fabncaran esas waravillosas vidrieras de mosarno que son actualmente
preciadas obras de arte que procuran imitar á gran
costo los artífices contemporáneos.
Poco á poco los vidrios planos fueron al_canzando
mayor super ficie, hasta que ahora, cualquier almacén de ropa posee por docenas vidrios que en la .Edad
Media bubieran valido un reino entero con todo y
babitan tes.
Pero aun dejan qué desear esos grandes vicrios pa•
ra llenar su ::&gt;bjetc, de iluminar perfectamente la mo•
derna habitación humana. En erecto, una habitación de piso bajo ó suuterránea en las ~Itas ciudadtlll
de estos tiempos, siempre queda med10 á obscuras
aun '!on toda una pared de vidrio.
Por eso un industrial francés. M. Luxfer, Ideó
una forma de vidrieras prismáticas que toman en
sus facetas toda la luz ambiente y luego la dirigen
hacia adentro de una babitación, dispersá ndol,1
y repartiéndola en todos sentidos de maner a que
de una cueva lóbrega, hacen un camarín del bada de
la luz.
Nues•ros g rabados dan cabal idea de la forrra de
estos prismas aislados y formando una vidriera, as(
como del efecto producido en las habitaciones obscuras ó · mal iluminadas. Tienen además la cualidad
inapreciable de no •permitir paso al fuego á pesar del
incendio más violento. Las piezas dotadas con estas
vidrieras en una casa incendiada en Chicago, permanecieron intactas pues el fuego no penetró á ellas.

LA CARICATURA EN E L E X TRANJB:RO.
. . ---

-··

EL MUNDO.

la fiesta de los techos? ¿No sabéis que el Dios niño va
á venir para hacer su distribución á los ni!los?
Los GORRIONEs.-El Rey niño ..... .
LA CHIMENEA.-Sí .... Ob I si pudierais ver abajo,
en las casas, tudo~ esos za patitos alineados junto á la
tibia ceniza .... Los hay de todas formas, de todos
tamaños, desde los diminutos zapatitos que calzan
los piececillos vacilantes aún, hasta las botas que resuenan fuertemente corr.~teando por teda la casa;
desde los chapines bordados con guzanillo, basta
los zuecos de las largas correrías, hasta esos z9,patos
tau grandes que·, al azar, se calzan los piés desnudos,
como si el pobre no tu viera edad ni derecho á ser
niño ..... .
. Los GORRIONES.- Y ¿á qué hora ha de venir ese
pequeñuelo? ... , ..
LA CHiMENEA.-A media nocbechist! ..... escuchad!
EL RELOJ (con voz grave). -Dan.. . dan .... dan ...
LA CHIMENEA.-Mirad hacia allá cómo se ilumina
el fondo del cielo ....

Obl cómo resplandecían los techos aquella noche!
Q ue síleucio, qué calma, que claridad subrenaturall
Abajo, las calles negras de lodo, el río pesado de
nieve, y las tristes luces del gas que se ahogaban en
~!-deshielo de los arroyos.
Arriba, en los palacios, las torres, las
terrazas y · las cúpulas·que se perdfan de
vista, sobre la aguja
de la Santa Uapilla,
y en esa multitud de
, tecbos pequeños ó
grandes, inclinados
los unos sobre los
' otros, la nieve cintilaba con mágica blancura y reflejos azulados, lo que hacía de
todo esto una segunda ciudad, un París
aéreo suspendido entre la vida del hombre y la 1"antástica luz
de la luna ..... .
A pesar de que aun no era muy tarde, los fuegos
~st aban ya casi apagados, al menos el humo no se extendía sobre los tecbos. Pero las cbimioeas de las
easas fellces donde cada día la leña arde y crepita, se
reconocían por el círculo negro que tenían al rede&lt;lor, y su soplo tibio subía á la fría. atmósfera, como
€1 alien to de la casa dormida. L:ts otras, rígidas,
surgiendo de entre la nieve espesa, guardaban aún
nidos de la última primavera, vacíos como ellas
-de calor y de vida .... Y en esta ciudad alta y, pudiera decirse, paralizada bajo el níveo manto que las
&lt;:a.Bes de París dividían en todos sentidos como inmensas grietas, las sombras de las chimeneas, desiguales, recortadas y negras como los árboles de invierno, entretejfanse en esas avenidas desiertas, por
-donde jamás ba marchado nadie, excepto los gorriones
parisienses, cuyos pasitos nerviosos dejan hondas sefiales en la nieve cristallzada. Precisaruente en estos
momentos se agita una 1Jandaila de est,as bohemias
avecillas, revoloteando al borde de una gotera y sus
g ritos turban el silencio religioso, el,solemne sileneio de la ciudad de los tecLos, cubitrta completamente por un tapiz de regia blancura, como preparada
para el paso de un rey niño.
Los GORRIONES DE PARIS.-Dlablo! qué frío hace!
No bay modo de dormir. De nada sirve erizar las plumas; la escarcha os despierta y no queda más que
temblar ....
UN GORRION, (desde lejos).-Oé, Oé, veuid aquí
vosotr os. He encontrado una vieja chimenea con cobert izo de hierro, donde se ha hecho fuego muy tarde.
Nos calentaremos muy bien abrigándonos contra ella.
T ODA LA BANDADA,-(vola'lldo hacia la chimenea)
H&lt;1lal es verdad.. . . qué bien se siente aquí, qué
ealorcito. ¡Viva la alegría! Piú, piú, cuí, cuí, cuí.. ..
LA CHIMENEA.-¿Queréis callaros, galopines? Solo
vosotros gritáis ep tal momento, cuando todo se recoge
en el silencio. Ved! el mismo
viento ahoga su soplo. Ni las
veletas se muernn.
Los GORRIONES (más bujo),
-¿Qué es lo
Los GORRIONES (con el ingenu() entusiasmo de los piquebay,pues, lluelos parisienses al mira·r los fuegos artificiales Oh!
vieja?
chic .... . .
LA CHIMELA. HC•ltA (continuando).-Dan, .... . Dan .. . ... Las
NE\. -·Cómo! doce de la nocbe! ..... .
¿no sabéis que
t:Sta uocne e.s

II

LA DiOSA DE LA PAZ EN LA fu YA
( De Life, "S"ew York )

LA DlVISION DEL TRAB \ TO.
arrancaré la cola, si tu te encargas de COI"'

.Francia ,t .Rusia.-Yo le

tarle la cabeza.

51

Lf\ FIESTf\ DE, LOS TEOHOS.
I

en litigio el punto entre los historiado7es, discurrió
bac('r vidrios planos pmne, o y, después, imaginó colocarlos en las ventantis de las casas.
Pero un vidno plano de aquellos tiempos_ apenas
alcanzaba unas cuantas pulgadas y. ~n carnb10 valía
tanto dinero y era tao difícil a.dqumrlu, que su po-

LAS VIDRIERAS PRISMATICAS.

Domingo 23 de Julio de 1899.

Apenas acab i de sonar la última campanada cuando, por todas partes. óyese el retintín de mil campanas que suenan á la vez. B~jo los campanarios encapuchona,dos de nieve, repiquetean á la altura de los
tecbos y como para ellos solo, alternan sus vqces, las
confunden, ruezclan sus repiques con los acentos de
las esquilas, se alejan, se acercan, con esas amplitudes
y desfallecimientos del sonido que el viento trae y
que bacen la ilm,ión de un campanario que voltejea
como un faro.
LA.s CAMPANAs.-Bum, bnm .... Helo allí; es él,
es el pequeño rey niño.
EL vrnNTO. -H ú .... hú .... Sonad recio, mis buenas campanas, á. todo vuelo, más fuerte todavía.
El niíio Dios esta aquí, viene conmigo. ¿No sentís
este buen olor de heno verde, de incienso, de cera
pP.rfumada que traig-o en las alas? ..... .
Los REPIQUES.-Din, din, don ... . Din, din, don...
Navidad! Naridadl

r

EL VIENTO.-Vamos! chimeneas! ¿Qué hacéis ahí
con las bocas abiert:i,s? ...... Celebrad al Díos niño
conmigo .... Cantad, tecbo'l, cantad, veletas!
LAS CHIMENEAS.-Ui . . . Ui .... Navidad! Navidad!
LAs VELETAs.-Cra .... era .... Navidad! Navidad!
UNA TEJA (con entusiasmo).-No .... (En su alegria da wnsaltoy cae á la calle).-Patatrás .... Bisgl
Los GORRIONES.-¡Qué tonta!
LA CHIMENEA. - y bfenl
gorrioncillos, vosotros no
decís nada? .... Este es el
momento de cantar.
Los GORRIONEs.-Pfo,
pío, pío. Cuí, cuí, cuí ....
Navidac! :Navidad!
L.4 CHIMENEA.- Subid
á mi espalda, allí veréis
mejor.

�EL MUNDO.

52

D Jmrngo 2:i de Julio de 1899

EL MUNDO

53

IV

Los GORRIONES (sobre,la chimenea).-Gracias, vieja.
Oh! qué bonito, qué bonito! Todas esas luces color
de rosa., verdes, azules, que danzan sobre los techos.. ..
LA CHDrEMEA.. - Y esa procesión de canastos llenas
de ju~uetes, de cintas, de flores, de bombones, todo
el invierno de París que pasa envuelto en dorados y
colores vivos.
Los GORRIONES,-¿ Quiénes son esos hombrecillos
que llevan las canastas~ Son reyes nlfios también?
LA ca1111ENEA.-No, no; son los kobolds.
Los oORRJONES.-¿Qué dices? e.los .. . . qué?
LA cnrnENEA.-Los kobolds, es decir, los espíritus
familiares de cada casa que conducen al niño á. todas
las chimeneas donde nay zapatitos que llenar.
Los GORRIONES.-Y el Dios niffo ¿dónde está,
pues?
LA cmMENEA.-Es el último de todos, ese pequefio rubillo de ojos dulces, de: cabellos que caen con"ertidos en rayos de oro á su derredor, semejantes á.
hriznas de paja, y de mejillas sonrosadas por el ahe
rrío. Mirad I allí viene: sus piés van desflorando la
uieve biD dejar huella ninguna.
Los GORRIONES.-iQué hermoso es! Parece una
in,agen ....
LA CHIMENEA.-Chist! escuchad ..... .

Entonces las lucecitas se repartieron por todos lados como si se hubiera sacudido sobre la r.ieve de los
techos todas las ramas iluminadas de uu árbol de
Navidad. Niogun11, chimenea se olvidó, desde los palacios rodeados de terrazas y árboles blancos, hasta.
esos pobres techos de
miseria que parecen
sostenerse los unos á.
los otros para impedir
que vengan al suelo.
Bien pronto sobre todas las casas de París
se escucha el repiqueteo de los cascabeles, todos esos ruidos
fantásticos y diversos
que se oyen en los bazares de juguetes, los
balidos de los borregos, la.; quejas gangosas de las muñecas, el frú-frú da las seda~ bordadas,
las trompetas, los tambores, las rodajas de los caballos de posta, los fuetazos de los postillones, la r ueda volteadora de los molinos de viento. '.rodo esto se
agi~aba, desaparecía, retozando á lo lare-o de las chimeneas. DondP. no había niños, el reyecito, guiado
por sus kcbolds seguía de largo; pero algunas veces al
acercarse con las manos llenas, la chimenea cuchichaba con su boca negra: "Se ha muerto, es inútil ....
ya no hay zapatitos en la casa .... guarda tus juguetes, reyecito, porque la madre llorarfa si los viera... &gt;

1

.a

III
En este momento una voz grave y joven, perlada
corr.o la risa de un uifio, resuena en esta atmósfera de cristal que en las
alturas funden el frío y
la luz de la luna. El Rey
ni!'io se dt•tiene sobre en
techo, y allí, de pie, rodeado de todos sus canastos, habla así:
EL DIOS Nn-!O.-Buenos días, techos. Buenos
días mis viejos campa\
narius. Está la noche
tan clara que os veo muy
bien á mi derredor, en
este gran París que
amo .... Sí, sí,
París mío, te
amo porque tú
que ríes de todo, no has osado reírte del p~q uefio Rey, porque en él crees,
tú que no crees
en nada .... Por
eso, ya lo ves,
vengo todos los

Domi.ngc 23 de Julio 1899

A

se alza de Dante, nítida, Rin velo,
entre la hirviente humanidad y el cielo,
la figura talar de mármol blanco.
Ni límite, ni espacio, ni horizonte:

la curva de su vuelo
queda á trechos, ó rota 6 invisible
en enormes fragmento:. por el cielo.
Su sino es irá iluminar; no tiene
el li rmameoto mismo
de ¡¡us alas la rígida medida;
para crear la vi cta
Dios le entregó las llaves del abiHmo.

UN GORRION DE PARIS.-Bravol Voy á. engullirme
á. ese pequeiiuelol.. . .
·
TuDOS LOS GORRIONES -Pío, pío ... Cui, cui. ...
¡Viva el nifiol
u N.A. BANDADA DE CIGÜER A.S [pasando por el cielo en
un la1·go triángulo.-Ua . . .. ua .... ¡Viva Navidad!
EL v1ENTO, arrenwlinando la nieve.-Canta tú también á. al Dios niño . ...
LA NIEVE, muy bojo,-Yo no puedo, p:iro incienso. Ved los torbellinos de fino po1villo blanco que
arrojo á sus canastos, y que pongo en los blondos cabellos del reyecito ...... Es que él y yo nos conocemos mucho tiempo hace .... Pensad que lo he visto
nacer, allá, en el pesebre ..... .
EL VIENTO, LAS CAMPANAS, LAS CHIMENEA~, cantando á la vez con todas sus fuerzas. -i Navidad 1 ¡Navidad l

a!los. Jamás he

EL mos NI1\l'o.-No tan fuerte, amigos míos1 no tan

fal!ado. lle venido hasta durante el sitio ¿lo recuerdas? Bien triste estaba todo. Ni fuego, ni luz, las
chimeneas frías .... los obuses que disparaban sobre
mi, destruyendo loe techos, echando abajo las chimeneas . . .... Y, sobre todo, tantos nlfios que faltaban! . . . . Pero este afio traigo muchos juguetes: mis
canastos vieoen llenos ...... Felizmente no descansaré esta noche. Sé que hay muchos zapatlllos que
llenar. Y traigo juguetes maravillosos, todos franceses ... ,

fuerte. Es preciso que no se despierte nuestro pequeliv
mondo de abajo. Es tan dulce la alegría que llega
cuando no se la. ei,pera .... Entre tanto, sefiores kobolds, venid conmigo sobre la pendiente de los lechos;
es tiempo de comenzar á. hacer la distribución. Solo
que este afio he resueito pont:r en práctica un nuevo
pensamiento. Todo lo más hermoso que traemos, como los polichenelas dorados, los saquitos de seda repletos de bomboues, las grandes muñecas llenas de
encajes .... todo esto deseo que cai~a en los más pobres zapatitos, en las chimeneas sin fuego. en las
bohardillas fríaF, y que, por el contrario, á. las casas
dichosas arrojemos sobre el terciopelo de los tapices,
sobre las pieles pesadas, todos esos juguetillos de á.
centavo que huelen á resina y á made1a blanca.
Los GORRI0NES DE PARTS.-Muy bien, muy bienl
He aquí una hermosa idea.
Los KOBOLDs.-Perdón, pequeño soberano. Con este
nuevo sistema, los pobres serán fel1ces; pero los ricos
llorarán. Y vamos! un niño que llora no es ni rico
ni pobre: es un niño que llora; ¡y es tan t•lste ésto!
EL mos NIRO.-Adelante, adelante; yo conozco eso
mejor que vosotros.... Los pobres se maravillarán de
tocar esos juguetes complicados que les parecen tan
tentadores tras del cristal de las vidrieras y cuyo lujo dorado no aumenta nada á. su valor de juguete, á.
su gracia de entretenimiento. Y ya me parece ver á
los niños ricos, contentísimos de tener, siquiera por
una vez, títeres de 6irtón pendientes de ao hilillo,
muliecas de resorte, todas esas tentaciones de á. trece centavos que se venden en los bazares á. donde jamás hao entrado. Adelante! Hay tantas chimeneas
en París, y la noche es tan corta! ....

Es su destino iluminar: emite
luz como el noctíiuco su llama
en el instante efímero en que ama:
su espíritu er{abundo que gravita
bacía un centro abhcóndito y arcano
&amp;ólo por el dolor parece humano.
Ru

Mas el dolor su espíritu caldea
y la perenne irradiación aviva
del nimbo que en su frente centellea
anhelante cte lauws y de palmais,
se lanza trasponiendo cimas y almas,
sobre el corcel domado de la muerte.
Y como arena que el Simún levanta
en el Desierto, elévase en sus huellas

poi vo sutil de ideas y de estr~llas
que esfuman, en la uoche de la historia,
la pálida vía-láctea de la gloria.
¿ Es un Dios por ventura? De sus labios

Largo tiempo, muy largo tiempo anduvieron erran•
do las lucecitas ...... De pronto, un gallo ronco se
oyó cantar en el fondo de la obscuridad, un hilillo de
luz apuntó el ,:.lanco,día en el cielo, y en un instante la
magia de Navidad se desvaneció. La fiesta había c-:)0•
cluido. La de las casas comenzaba. Y un rmdo armonioso y dulce salló por las chimeneas junto con 'el
humo de los fuegos encendidos. Eran los gritos de
alegrí~, las risas locas de los niños que gritaban:
"Navidad! Navidad! ¡viva la Navidad! ...... " mientras que sobre los techos desiertos el sol que se
levantaba, un bello sol de !nvierno, artiticial y rosado, dejaba caer sus primeros rayos que, al reflejarse
en 13: nieve, hacían elefecto de lentejuela y nácar, de
frao¡as de oro caídas de los canastos del reyecito ... .
ALFONSO DAUDET.

brota el Verbo que deja eternamente
impreso augusto signo
en la tenaz quimera de su mente.
En torno de s·.1 frente,
sol de invisibles mundos,
circula, constelando el tirmamento,
el Zodiaco idea.! del pensamieuto.
Nada calma, ni colma, ni sujeta
su aspiración, ni el tiempo ni el espacio
ocultan ,para El lindero ó meta.
¿Quiéµ' es? ¿Decid su nombre?
¡.Su nombre? Es un poeta ....
Un dios caído condenado á hombre?

*
«Nido de árticos cisnes me parece,
en un azul estanque mi Inglaterra,&gt; ·
dijo el cantor que con los siglos crece.
De la roca en que el nido audaz se aferra
junto al frío y :.iniestro umbral del Polo,
írguese basta el zenit el regio bronce
de Shakspeare el Poeta, el Grande, el Solo.
Su asce11sión llega al punto en que es corona
de su iomóvll cabeza el Sol del Arte;
quizá el cielo natal, Je luz escaso,
esrumó su contorno en triste bruma,
no así su frente de astro sin ocaso.
Tiempo y mar, á sus piés, tóroans~ ei;puma.
Shakspeare ¿quién es? El mundo del ensueflo,
de la pasión y de la risa trágica,
en un hombre sumados, lo pequeño
Y lo gigante, en una copa mág ica
forjada en verbo humano, confundidos.
Ese es el Poeta, y es el Alma
su materia, y en ella está esculpida
su obra en que se amasan llanto y sangre,
Y amor y sumbra y luz y muerte y victa..

*

Frente al bronce británico, en el suelo
de Italia, amor del alemán y el franco,

Así en estatua retornó á Florencia
que en él proscribió un día.
ti..do lo que hay de poesía
.
en la imgustia inmortal de la Conciencia.
Pedestal de la estatua del Proscrito
es la ef.pira siniestra del In tierno;
Beatriz, una estrella en su infinito,
y Ru lira -de fierro y de g ranito,
del porvenir de Italia el nido eterno.

*
Del sentimiento eternizado en arte,
sois dos eimas de luz;~ vuestra altura
en cla)'idad los siglos se amontonan,
así como en espléndida blancura
las nieves que las cúspides coronan.
Más allá. de los soplos de la tierra,
que vuestra obra de pasión embruman,
descolláis á. la par; sois dos Iguales,
y en un solo ideal de amor se suman
vuestros dos dolorosos ideales.

*
Shakspeare á tí la admiración y el canto.
Vedlo en el campo-santo,
triste como el crepúsculo y la duda;
en su mano una vieja. calavera
se torna esfinge, y es tu esfinge muda
¡oh! destino. Y el alma desmedida
de aquel hombre pretende sorprenderte,
arrancando el secreto de la vida,
al diálogo de Hamlet con la muerte.
Sbakspeare á. tí la admiración y el canto.
A t1 que con las sienes palpitantes
de emoción, inclinado, grave y triste,
sobre el cráter de todas las pasiones,
con tu frialdad heroica descubriste,
de la noche del mal en el abis•oo,
los JineamiPntos lívidos del odio,
el miedo, blanco y de sudor cubierto,
los 0jos sin mirada del que ha muerto;
el gemido fatídico que inspira
pavor y la siniestra
risada de agonía de los antros;
el relámpago azul de los aceros,
los ayes last1 meros
del que convulso de doler espira ..... .
Y trémulo te alzabas, jadeante
de enclm&amp; del volcán que el mal encierra,
y contabas . ... Aun oye palpitante
tu eterno cuento de áolor la. tierra.
A tí la admiración. Cual tú, sublime
cantor de los amores,
ni las aves cantaron en los bosques,
ni en perfume su ser dieron las flores.
Si tu clara pupila por ternura
sobre humana, inefable, iluminada
veía al cielo, ensueño del Poeta,
del azul de ese cielo y su mirada
se formaban Desdémona y Julieta.
A tí la admiración.
Colón un dfa,
abandonó las playas espaiíolas,
á lo ignorado er:!derezó el navío,
y aparecióse América en las olas.

J eeúa

Co ntr-e r-a a.

Y tú así, britano,
c:m la infalible brújula del genio
surcaste el mar profundo
del corazón humano
y descubriste un mundo.-

C A NT,-. NUEVO .
Los viejos ideales están muertos! ....
Lloremos pur los viejos ideales,
que cayeron radiantes y triunfales
como el sol, en los pálidos desiertos
'
salpicando dt:. luz los arenales.
Los vlPjos ideales redentores
rle seres idos, y pasadas cosas
cayP.ron, mas también cual los maymes
en s.:s tumbas de nieve, hay muchas rosas
y hay lágrimas que caen sobre esas flores. '
Y del mármol, becbo arte, por sus venas
la sangre de sus venas aún circula
y esa sangre á la nueva se encadena:
d~ Venus en el peplo que se llena
y en la flotante curva cuando ondula.
Mas si es verdad que para siempre han muerto
las imágenes son de las palmeras,
'
cuando el ~ol t oca el borde del desierto:
las siluetas se alargan, colosales;
y al augusto país de las quimeras,
aún r:lan sombras los viejos ideales.
MIGtTEL E. PEREYRA.

En el álbum de la ~eñorita Julia Zárate.
¡Sin duda es e! amor tu enamoradcl
Del ensueño de Psiquis escapado,
Cerca de tí revolotea, busca
Tus ojos garzos, en su luz se ofusca
Y, de tos labios en la flor, semeja,
Al punto en que se posa,
Una fúlgida abeja
Sobre el purpúreo cáliz de una rosa!
F.ERNANGRANA.

EL SONETO.
Para Rodolfo Reyes.

Será su forma des_lumbrante y pura,
Al lento golpe del cmcel forjada;
Y como bella y reluciente e11pada
Tendrá la rima fuerza y ht rmosura.
La estrofa es gema luminosa y dura
Difícil de tallar y ser labrada
'
Mas la idea en su mold,: apri11ionada
Como el d_iamante y el metal perdura.
Han deJado en el bronce del soneto
Lope, Ileredia y Petrarca su secreto·
'
Y su fama de egregios pulidores
Atraviesa en los versos soberanos,
Como en les medallones sicilianos
El desfile triunfal de Emperadores.
EFREN REBOLLEDO,

�Domingo 2~ de J ullo de 1899

EL MUNDO.

54

LOS HOTEL68 MODERNOS DE MEXIO0.
Año VI

Tomo 11

México, Uoming0 30 de Julio de 1899.

Número 5

GRAND HOTEL DE FRANCE.-ORIZABA.-VISTA INTERIOR.

UN HOTEL MODELO.
Orizaba cuenta ya con un establecimiento para los
turistas, digno de las bellezas pintorescas y del clima delicioso de esa ciudad llamada á ser el punto de
reunión de los que buscan en los viajes desLanso, salud y recreo.
Como se ve en el grabado superior, el hotel fundado por M. Luis Leroy, es un edificio perfectamente
adecuado á su objeto. Amplio patio, corredores es-

paclosos, llenos de plantas exquisitas, distribución
cómoda de las habitaciones, con sus puertas independientes adornadas de vidrios de colores, todo contribuye á dar al bote! el aspecto más simpático.
Las piezas son amplias, los muebles flamantes y de
estilo moderno: tienen alfombras y alumbrado eléctrico y todo lo que puede desear en su alojamiento
una familia habituada al comfort.
Hay además departamento de baños, servido
con las atenciones más exquisitas. El comedor, es de
estilo moderno y bien decorado, y la cocina está bajo

gas-!
l

la dirección inmediata del dueilo del hotel, hábil
trónomo, ventajosamente conocido en su especialidad.
A mayor abundamiento las bodegas y despensa poseen
existencias que permiten al establecimiento satisfacer todas las exigencias de su clientela.
El «Grand Hotel de France&gt; está situado en lugar
céntrico, al paso de las tranvías, tiene luz eléctrica y
una dirección habilísima, pues el i::lr. Leroy y su esposa atienden personalmente á los huéspedes proporcionándoles cuantas comodidades pueden desear.

G-RAZIELLA.
CUADRO DE E t'GENIO BLAAS.

,

GRAND HOTEL DE FRA.NCE.-ORIZAB} .-RECA)IARA DEL PJ{lMER l'IiO,

•

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 4, Julio 23</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 2~ de J ullo de 1899

EL MUNDO.

54

LOS HOTEL68 MODERNOS DE MEXIO0.
Año VI

Tomo 11

México, Uoming0 30 de Julio de 1899.

Número 5

GRAND HOTEL DE FRANCE.-ORIZABA.-VISTA INTERIOR.

UN HOTEL MODELO.
Orizaba cuenta ya con un establecimiento para los
turistas, digno de las bellezas pintorescas y del clima delicioso de esa ciudad llamada á ser el punto de
reunión de los que buscan en los viajes desLanso, salud y recreo.
Como se ve en el grabado superior, el hotel fundado por M. Luis Leroy, es un edificio perfectamente
adecuado á su objeto. Amplio patio, corredores es-

paclosos, llenos de plantas exquisitas, distribución
cómoda de las habitaciones, con sus puertas independientes adornadas de vidrios de colores, todo contribuye á dar al bote! el aspecto más simpático.
Las piezas son amplias, los muebles flamantes y de
estilo moderno: tienen alfombras y alumbrado eléctrico y todo lo que puede desear en su alojamiento
una familia habituada al comfort.
Hay además departamento de baños, servido
con las atenciones más exquisitas. El comedor, es de
estilo moderno y bien decorado, y la cocina está bajo

gas-!
l

la dirección inmediata del dueilo del hotel, hábil
trónomo, ventajosamente conocido en su especialidad.
A mayor abundamiento las bodegas y despensa poseen
existencias que permiten al establecimiento satisfacer todas las exigencias de su clientela.
El «Grand Hotel de France&gt; está situado en lugar
céntrico, al paso de las tranvías, tiene luz eléctrica y
una dirección habilísima, pues el i::lr. Leroy y su esposa atienden personalmente á los huéspedes proporcionándoles cuantas comodidades pueden desear.

G-RAZIELLA.
CUADRO DE E t'GENIO BLAAS.

,

GRAND HOTEL DE FRA.NCE.-ORIZAB} .-RECA)IARA DEL PJ{lMER l'IiO,

•

�EL MUNDO.

58

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
. ---------------------------------------------·
LA SEMANA
Un día la curim,idad abre un arcón mucho tiempo
cerrado. Y dentro de él se encuentran chucherías curiosas, telas amarillentas, objetos raros, flores secas,
paquetes de cartas, monedas antiguas. Esta exhibición despierta entre nosotros no sé qué extiañ&lt;,s sentimientos de apacible melancolía. Se reconstruye el
pasado, se dibuja en la fant,asía un cuadro vivo, se
hace la novela de toda una vida, y dP, sueño en sueil:u, se llega á resucitar una época. Es una sensación
deliciosa, tenue y vaga, semejante á la que experimentamos cuando en la noche, !ll abrir la ventana de
un jardín, vemos á lo lejos brillar un traje de mujer
en un claro ce luna.
Oyendo música antigua nos asalta igual emoción,
es una arca que guarda las melodías pasadas de moda, temas arcaicos y aires envejecidos. Esa música
tiene algo del perfume de lo viejo, un perfume exquisito de rosas muertas. Escuchándola, reví vimos
una época.
Y sin P,1Dbargo, nos fatiga, y más que nos fatiga,
nos aburre la monotonía de estas partituras escritas
para nervios más sano!\. Son pastoriles. Nos parecen
una égloga de Virgilio acom¡:,añada con zampoñas.
No nos conmueven ni nos interesan ya. La sencillez
toca en muchas partes con la tri vialidad y origina el
fastidio. Y el fastidio es padre del bostezo
En general, los argumentos de estas óperas están
hechos para campe!.inos de la Arcadia. Tienen el clasicismo meloso y falso de las tragedias del sig-lo décimo octavo. Vemos aparecer griegos y romanos de pantomima.
La música suele tener bellezas, delicadas melodías,
pasajes inspirados, graciosas combinaciones, pero todo viejo y desteñido como un girón de seda antigua.
En una sala, entre amigos, frente á una taza de té
y una nube de humo, nos deleitarían esas obras, á
fragmentos . Eo un teatro nos desesperan. Hay mucha fiari,ture y mucha filigrana en esa mú,üca, pero lo
que no hay es emoción, arranque, pasión, polifonía,
todo lo que necesita nuestro complicado espfritu moderno.
Esto pensaba yo, escuchando con una atención
complicada de hastío, varias escenas de las de Soffo
de Pacini, represent adas mucho ba en el escenario
del Nacional
A fuer de sincero debo declarar que ya apenas me
seducen esas excursiones artísticas, en las cuales, por
u na sugestión inexplicable, tal parece que el alma
rejuvenecida y alada, toma de nuevo el brío de las
alas nuevas y recién emplumadas. ¡Qué cosas tan raras, tan sutileR, nos van diciendo esas arias iotermi•
nables, esos dúos melifluos, esos conc.:rtantes de sencilla y pueril harmonía! Nos dicen: ¿te acuerdas?
Eramos el aire gárrulo de tu espíritu en primavera. Nosotros fuimos los que despertamos tus pasiones dormidas, nosotros, ks que echamos vaho azul
en los paisajes de tus sueños, los que arrullamos Lus
primeras esperanzas, lo~ q uetej irnos unahamacadedGlces melodías y la clavamos en las estrellas para que se
columpiaran tus amores en la diafanidad de J ,s cie1(,s. Ahora nos desdeilas, nos desconoces, nos recibes
con una sonrisa de burla y i;n gesto rle desprecio; pe•
10 pcr más que bagas partL olvidarnos, ahí están como púas lucientes, en la penumbra rte tu memoria,
los recuerdos de tu vida inquieta y f.iliz, los recuerdos que avivamos á nuestro paso, como sopla el aire
y aviva la llama en el mal apagado rescoldo. Mientras nos oyes con tu apariencia indiferente y aburrida, tu pensamiento teje y desteje la tela de Penélope
de aquella estrofa empolvada:
Esa es mi juventud que dfsfallece,
es mi ilusión que canta;
mi primer desengPilo que aparece
y mi primer amor que se levanta.
¡Operas viejas, fastidiosas melodía~, aires senci.
llos, temas sentimentales, idos en paz; no l,S amau,os
ya; sois nnestra desesperación y nuebtru remordimiento, y nos obligáis á pensar en cosas lejanas y
tristts de las que ya no queremos acordarnos!

***

Ha cesado, por algunas horas, la mon6tona decoración del horizonte, durante los crepúsculos lluviosos.
Las ~oches de Julio han sido grisPs, de esas Pn que,
como dice un poeta, la luna corre detrás ele las cortinas cenicientas, que s~ rasgan de ':,recbo en trecb,)
para filtrar !ª luz de los astros; noches con pocas estrellas, sem1ahog'ldas en la cerrazón húmeda ne los
campos, silenciosas como las quimeras de los soñadores,. noches de las almas buenas en las que el cielo semeJa el dombo de un templo gigantesco elonde los
luceros arden como ~i fueran blandones qu~ alumbraran las criptas azules de los ángeles muertos.
Pero las tardes han sido monótonas y frías, metidas en. agua, con su fJ.ngo obscuro y su llovizna per1,lst,P.nte.
Unas cuantas horas, sin embngo, el m!ércoles al
acabar el día, sobre la placa de plomo del Orie~te,

enr.endiéronse dos arco-iris triunfales, tan radiosos
y vivo~, que la fangosa ciudad pa~eció, de p~onto, como vista á través de un gran prisma de cristal. El
sol, entonces, elesde el ocaso, hizo estupendas mara•
villas de su oro: lo arrojó en placas y florones sobre
los muros, sobre los cristalPs, sobre los charcos, lo
deshiló en redes sutiles y deslumbradoras sobre todos
los objetos, hizo grandes mariposas de los murciélagos, de los paraguas, y pavonadas salamandras de los
carruajeR.
.
.
MElxico fué, por hreves instantes, una feé~JCa c_m:
dael de Cuentos ele Hada~, romo las que se 1magrno
Luis de Ea.viera en sus nebulosos ensueños.

** *

He visto en los periódicos la inaca.bable rliscusión,
refrescada por asuntos teatrales del género chico: para
la época mederna vale ser p,&gt;eta en el alto sentido de
la palabra?
y me he puesto á leer una y cien veces la irónica
página de un libro inmortal:
«Un día, M. Jourdain, ya todo un mamamuchí, y
habiendo aprendiJo la ortografía, llamó á su casa á
los escritores más ilustrados del siglo. Se acomodó
en un sillón, les señalaló con el dedo sillas de tijera,
y les di jo:
- 8eñores: He leído vuestros chascarrillos, me han
divertido y quiero daros trabajo. Se lo he dado últimamente á vuestro colega, á Lullí. A petición mía
h1 introduddo en los conciertos la trompa marina,
instrumE&gt;nto harmon:oso en que nadie se hil,brá fijado
aún y que es de gran efecto. Deseo que sigáis mis
ideas como las ha seguido él, y os encargo un poema
en orosa.
Ya sabéis que todo lo que no es prosa es verso y
que todo lo qne no es verso f'S prosa. Cuando yo digo:
« Nicole, t ra( dme las za patillas v dadme el gorro de
dorn ir.&gt; bago prosa. Tomad es! a fras,; por modelo.
Ese e~tilo es mucuo más agradable que la jerigonza
de renglones sin acabar que llamáis versos. En cuanto al asuntv, seré yo mismo. Pintaréis la bat,a rameada que acabo de ponerme para recibiros y el traJecillo de pana verde que llevo debajo para mis ejercicios durante la mañana. .A.puntaréis que la indiana
cuesta á un luis la vara. Esa descripción bien perjeñada se presta á toques de muy buen viso, y enseñará al público el precio de las cosas. Quiero que habléis también de mis espejos, de mis alfombras y colgaduras. Mis proveedores os darán la nota; no dejéis
de insertarla en vuestra obra. Me gustará volver á
ver allí al natural, con todos ses pelos y señales, el establecimiento de un padre que vendió pafio á los ami gos por servirles, la cocina de mi criada Misle, las habilidades de Bronsq•1iet, el perrillo de mi vecino M.
Dimanche. También podréis explicar mis asuntos
domésticos; uada más interesant~ para el público que
saber cómo se gana un millón. Por eso os pagaré generosamente á medio l uis la vara. dé escrito. Volved
dentro de un mes y enseiladme lo que hayáis sacado
de mis ideas.&gt; 10b, M . Jourdain, eres eterno!

***

La Sociedad Chibuahuense celebró una de sus simpáticas fiei,tas.
Estos famosos bailes ti&lt;&gt;nen el atractivo de prender las alas del tiempo con los cla,,os áureos de la
alegría. Tal vez ningún círculo en México posea como éste en tan alto grado la facultad de inspirar el
contento sano y el placer tranquilo. Hé aquí por qué
todas las mujeres hnmosas y jóven!'s se dan cita allí.
La fiesLa ele la t-;uciedad Chihuabuense no tiene
más que un defecto: que no f'S interminahle, y que la
Aurora se encarga de decir á los in rifados:
-Señores, es hora ya de descansar, dormid un
por.o.

EL EXTERIOR.
Revistas Politicas y Literarias.
1.-LA CONFERENCIAD.E LA PAZ: SU PROXIJIU CLAU·
SURA; SUS ACll.EltDUS DEFCNlTIVOS. LOS 1!:XPLOSI·
VOS, EL DESARME PARCLAL, LA COltTE DE A.KBI·
TRAMENTO.- l N T.ERES DE LAS POTENCIAS MILI•
'.l.'ARMENTE INFERIORES EN ESOS ACUERDOS.
2 -LA. SITUACICN GUBERNAMO:NTAL EN FitANCIA:
VIDA NECESARIAllIENTE PRECARIA DEL JIUNISTERlO; LOS OBSTACULOS CASI INSUPERABLES; LOS SO·
CIALlSTAS Y EL EJERCITOj LOS SOC[ALISTAS Y LA
LIBEKTAD Ail::lOLUTA DE LA PRENSAj REFORMAS
INDISPENSABLES
3 - L 'A}'lfAIRE,

Está á punto de di sol verse la confuencia de la Haya; á pesar del secreto oficial de sus deliberaciones,
casi todo se ba traslucido, y el público sabe ya á qué
ate~er~e en lo que toca á 0oncluslones generales. Los
penódicos del mundo entero han publicado memorias

Domingo 30 d~ Julio d~ 1899.
de los delegados, extractos de sus discursos, etc. Mu,cbo quedará pendiente después de firmada el act,a general y será necesaria otra conferencia que podrái.
partir de ana base mucho más sólida que l~ que h?Y
ba servido para las labores de la conferenc1~: la mrcular del ministro del Tsar, conde Murav1ew querinterpretando la augusta idea ?e su soberano_, form ula ;mros desiderata. En la próxima conferencia las re-sol ur.iones de hoy podrán ser completadas; ojalá que
no corra entre ella y la que va á clausurarse el lapso
de tiempo que entre ia de Bruxelas y la actual.
Sea lo que fuere, el concilio inter?aci~nal de la Hava abrirá una época nueva en la h1stor1a del derecho,
de gentes y resulta, ciertamente, un homenaj~ á la
gran memoria de Rugo de Groot, el haber esco;ido su
tierra natal para reunirlo. Pueden considerarse, á más.
de la sanción de muchas de las minuciosas y eminentemente humanitarias reglas de Ginebra y BruxeJas1 sobre protección á los heridos y reconocimiento,.
de derechos á los que defiC'Dden el te1ritorio sin ser
soldados, como obtenidos en principio estos puntos.
de magno Interés: no se hará uso en la guerra de proyectiles quf:l causando el mismo efecto que los ordinarios (poner á un hombre fuera de combate) hagan
crueles y dolorosas las heridas; co1110 entre estos proyectiles estaban comprendidos las balas de envoltura.
metálica, como las dum--dum, ingleses y americanos.
reservaron su voto: ya sabrán á qué atenerse los negros africanos y los tagalos de Luzón. Resultado incompleto pues. Otro punto: la reducción 6, mejordicbo, el statu qiw de los efectivos de guerra.
Como era este el punto principal de la iniciativa.
de Nicolás II que, eu realidad, no habló de desarme,
sino de suspensión de armamentos, y como grandes y
pequeños, lo mismo ingleses que suizos, estaban dispuestos á enterrar el magno pensamiento, hubo necesidad de bac.irle solemnes funerales. El rlelegado,
ruso Giliniski invitó, no á votar, sino á deliberar isob1e el asunto, el delegado holandés Den Beer Portugael, hizo ciertas reflexiones favorables al designioimperial y le salió al encuentro, era de esperarse, el
coronel Schwarzhuff delegado técnico alemán. «Mi
patria, dijo en resumen al general Beer Portugael,.
no necesita suspender sus armamentos para prosperar y es un hecho indubitable, aunque parezca asombroso, que á compás del aumento de los ejércitos alemanes y de su incesante perfeccionamiento la prosperidad general, el comercio, la industria, el trabaju remunerado, en suma, han ascendido constantemente. ►
Entre paréntesis, este argumento del delegado alemán, muy jugado y manoseado por todos los partidarios de la guerra, es un sofisma ,:hay relación posible
de causa á efecto entl'e el fenómeno militar y el fenómeno económico en Alemania? No sin duda; son
sim¡:,les fenómenc s concomitantes; valía la pena, entonces de investigar si, sin el crecimiento de la producción militar, la producción industrial, dabida á la
ciencia, es decir, á la transformación de los medios
productores, no sería cinco veces mayor de lo que esY no habría permitido á Alemania fundar algunasAlemanias coloniales; único medio que t iene la civilización europea de contrarrestar el avance mercantil de los asiáticos, el peligro amaril!o que, al mediar
el próximo siglo, habrá becbo ictérico al mundo. Y
cuando el orador dice que en su país el bi.,nestar común aumenta y el tipo de vida (standa?·d of life) se eleva día á día, todrs nos figuramos lo que cincuenta
oradores socialibtas compatriotas suyos tendrían que
responderle.
Después de probar que era nulo el argumento tomado del cansancio y de la anemia nacional, el impugnador del pensamiento del Tsar se encaró, muy
cortés, pero muy resueLamente, con el ruso Gilinski.
La cuestión de los armamentos, dijo, no es una cuestión aislada, es 1uuy complexa y está tan íntimamente ligada con otras, como el grado de instrucción, la.
duración de1 servicio, el número de los cuadros, losefectivo~ de las unidades de tropa, la colocación de
los cuerpos, de las plaz~s fuertes, etc., que es imposible detener el mecanismo de esta maquinaria sin exponerla á serlas avería1,; á más de esto las necesidadesde los ejércitos coloniale1,, etc., demuestran que nopodría oponerse á una obra eminentemente nacional
una convención internacional.
Esto dijo, en extracto, Alemania; Francia, por el
órgano de León Burgeois que, intelectualmente, ha.
hecho, en compañía del profesor Martens, el primer
papel quizás en la conferencia, ]!,rancia contestó•:.
«También yo soporto sin mal humor (allegrément) las
r.argas formidables de mi situación militar y el añoentrante mostraremos al mundo que no ha desmayado nuestra actividad, ni ha mermado nuestra situación económica. Pero es indudable, y debe de creerloasí el delegado alemán, que si los recursos con&amp;iderables destinaJos á sostener nuestros servicios militares estuviesen al servicio de la prosperidad de cada.
nación, ésta adquiriría mucha mayor rapidez. Es necesario, agregó M. Bourgeois, que el mundo sepa quesi mi país estuviese llamado á votar sobre este puntovotaría por la alirmativa. Y si es una dolorosa necesidad vernos obligados á renunciar hoy por hoy á un
acuerdo positivo é inmediato sobre esta proposición,.
debemos intentar probará la opinión pública que hemos examinado sinceramente el problema formulado,
ante nosotros. Y no habremos trabajado en vano, si.

Domingo 30 de Julio 1899
al precisar sus términos generales, indicamos el fin
baeia donde deseamos unánimente, así Jo espero ver
dirigirse á todos los pueblos civilizadoe.&gt;
'
De las elocuentes palabras del delegado francés
surgl? la proposic_1ón, por él redactada, que expres~
el de-~deralum, el 1d~al de futuro desarme, diremos
así, de la conferen~1~ de la Haya y que el último
martes nos transm1t1ó el cable.

* **

En realidad, la constitución de un tribunal de arbitramento permanente, aunque sólo condicionalmente obligato_rio, es el resultado más trascendental
de la conferencia; de ello no babi aba la circular del
ministro del Tsar y, sin embargo, puede decirse que
es Jo que La concentrado los esfuerzos de los deleo-ados y la atención~ un poco sorprendirla, del mu;do
clvillzaclo. Ese tribunal se llamará «Oour permanente
d'arbitrage,&gt; porque la palabra corte, indic"' según Ja
opinión de Mr. Pauncefote adm:tida por los delegados, una categoría superior á todo otro cuerpo judicial y, sin duda, podría acaecer que la corte de arbitramento tuviese que decidir entre las opiniones de
!os más altos rep~esentantes del p!)der judicial de dos
naciones eu confl:cto. Esta Corte se someterá á un
código de proce?imientos que ha redactado ya la sección corre~pond1ente de la conferencia, ;;obre un proyecto ruso que contenía veintisds artículos y que
acaso al publicarse estas líneas nos será ya conocido.
Los pueblos de segunda importancia desde el punto
de vista internacional, como nosotr'os, tenemos un
interés magno, supremo, en estos capítulos de la convención de la Haya; los débiles militar, 00 patrióticamente considerados, y entre ellos estamos nosotros,
tenemos que ganarlo todo, en cuanta tentativa de
poner al derecho un reparo contra la fuerza, encuentra la eficaz garantía del mundo civilizado. Nada tendremos que ~e_mer ?ntonces y podremos consagrarnos no sin v1g1lanc1a, pero sí sin perenne recelo á Ja
obra de nuestra reconstitución ~conómica, porque si
nuest~o derecho ha de ser siempre respetado, seremos siempre respetados, porquP. jamás, jamás saldremos del derecho; es nuestro terreno en él hemos
vivido siempre.
'
Y e&amp; una fortund. que quienes hayan tomado parte pr!ncl palísima en cuanto á esta cuestión atañe
sean los delegados americanos, á quienes los mejica:
nos tenían instrucción, no de subalternarse como
malignamente se ha dicho, sino de incorporarse en
cuanto no creyeran incompatible con nuestro interés
nacional. Es una fortuna porque indica que entre
ellos y nosotros la pala.:.ra definitiva tocará siempre
á la j ustlcia.
Así sea; la obra es buena, y los deleo-ados en la
Conferencia pueden tomarse unos días d~ vacaciones
mient ras su comité de redacción prepara el acto. general que todos deben firmar, y revestir, las naciones
representadas en la Haya, de su sello soberano antes
de terminar el año.

,

EL MUNDO.
Y ya sabemos l? 9ue sucedió; el ejército de hoy está
e~fei:mo de poht1ca y de vaga a ..piración al pronunciamiento; es pr~ciso desinfectarlo enérgicamente.
Per~ no destruirlo, y los socialistas á esto tienden,
Y Gal!1fet no lo habrá de consentir, y llegado el caso
fe retirará; W. Rousseau le seguirá, si los exaltados
le_gasen á arrastrar en pos suya á la mayoría desonentada de la Cámara, ó Waldecx-Rousseau pasará p~r las exigencias socialistas y será su prisionero,
Y el Jefe del gabinete será, en realidad Mille,and y
C?mem,ará la más tremenda aventura don que en su
;.ida ~zarosa h:lya tropezado la República: la coos,it~ción_de un gobierno enemigo de las bases legales
é históricas de la actual sociedad francesa.
Afortunadamente no es posible creer en una mayoría capaz de apoyar un ministerio socialista· al
r.abo de?º siglo, éste sería el verdadero aborto de la
Rev?luc1ón francesa, que trató de fundar una democr'.1c1a Y una libertad, no una tiranía, no la más ternble Y_ abominable de las tiranías. Si &amp;obre este
punt~ viene la crisis, ya podrá encontrarse quiénes
substituyan á los ministros actuales dentro de los
elementos de gobierno del partirto republicano liberal; ab?ra no sería lo mismo; ahora, como ha dicho
muy bien M. René Goblet, una crisis ministerial 110
tendría salida y se converti:ía en crisis presidencial
gravísimo peligro para. la Repúblic".
'

***

. Algo hay_, por desgracia, que va á hacer más difícil Y complicada la liquidación !le l'aO'aire después
del fallo de R1innes: el martirio de Dreyfus en Guayana. Los telegramas hablan de un artículo, sensacional por extremo, publicado por L' Aurore, el órgano del ardiente veterano de la palabra de la intrio-a
Y de la ~udacia que es el Dr. Clemeng~u, y que pu~de co~s1derarse como el portavoz en la prensa de la
fam1ha Drey~us. Sería espantoso, ciertamente, lo
que el periódico refiere de las tentativas hechas para
obt.ener la fu~a. de Dreyfus y darle muerte, ó plira
obligarlo á smcJdarse, después de infligirle la insólita tortura moral de sug,erirle la creencia en la infidelidad de su esposa. E~peramos que la versión de
L'.A.urore result~ parcialí&lt;,ima y exagerada, y, si los
h~chos fues_en_c1ertos, _deseamos creer que sólo la simestra oficws1dad de Jefes subalternos en el ejército
hayan podido urdir una trama á tal grado infame·
este, sf que hiere en el centro del corazón el honor d~
un ejéccitJ y de un pueblo; es preciso, pues, depurar
Y depurar: y en eso está la necesidad fatal y la dificultad suprema.

*

* forzosamente habrá que
Mas ha:V: oti:-o ~sunto á *que
llegar el dia s1gmente de la reunión de la.~ cámaras
y en dotlde uos parece que todo el talento de Waldeck-Rousseau, que va á dar ahora su verdadera medida&gt; corre riesgo de fracasar: oos referimos á la cuestión de la Prensa.
Ya lo hemos dicho, es pasmoso el tono á que en la
prens'.1- fra~cesa ha llegado el insulto procaz y la ca***
Cuando el asunto Dreyfus entM de lleno en el lumma aviesa; apenas la prensa norte-americana en
período defervescente, que ha comenzado ya; cuan- época electoral se le acerca. No hay institución no
do, después de la sentencia del consejo de gue- hay personalidad que no quede así desacreditada á
rra de Rennes, el ministerio conservador- llberal- los ojos de la multitud que es el voto: de donde esta
soclalista creado por la necesidad, Je que fué enér- idea, más vale la dominación de un tirano que la de
gico Intérprete M. Waldeck-Rousseau, haya hecho esta oligarquía de civiles, de burgueses, profundafrente á las consecuencias inmediatas del fallo y so- mente corrompida, en donde ni hay una sola virtud
metido á un juicio á los militares que por creerse en ni una sola pasión noble.-Esa burguesía sin embar:
el deb~r de fraguar la prueba, que no existía, de la go ha dado á Francill, más de veinticinco aíl:os de Reculpa?1lidad de Dreyfus, de que tenían convicción pública, de libertad y de progreso ascendente-Y esfortísima, de esas que inspira la antipatía, han rea- ta otra idea: hay que acabar con todo lo existente
lizado u~a de las mayores inlq uidades de que los ana- porque es incurable; el liberalismo es la máscara d¿
les judiciales hacen mención; cuando reunidas en No- los intereses de los propietarios; suprimámoslo todo
viembre las cámaras reanuden sus tareas normales, y veremos des;més C&lt;imo constituimos un -oder perya desg-arradas Jas negruras del horizonte por el faro manente: viva la Social.
rde la Torre ~yffel _que indica el puerto de la ExposiEn suma: i,i toda libertad deja de ser un derecho
ción en el ag1tadís1mo océano de la política republi- desde el momento que se transforma en opresora, la
cana; cuando-y basta de cuandos-cuando todo esto opresión ejercida sobre las clases superiores por el teYotras c_osas su~edan, el gobierno se disolverá y un rror y sobre las clases inferiores por el ene-afio es de
~lni¡,ten o M~lrne-Poncaré-Gallifet ó Poincaré-Ga- tal manera clara y palpable, que no hay gobierno, á
~et-Bourgeo1s, ó algo así, podrá surgir y acaso po- no ser que se sienta con vocación al suicidio, que no
d, .. durar.
luche contra este microbio implacable que ha hecho
Los puntos determinantes de la diso-regación es- del alfabetismo obligatorio, el vehículo de propagandel _Gabinete son tantos, que par~ el obser- da de una espantable epidemia moral. Y, sin embara r que 9wera preverlos no existe más que la di.ffi- go, la prensa \lomo difundidora de luz científica, coculté du clwix. De los mismos actos del gobierno, res- mo sugerido:a de actos morales, como denunciadora de
17cL_o de los generales, vendrá ld. escisión y la discu- abusos granries y pequeños, no tiene comparación, es
una fuerza solo comparable á las grandes fuerzas na8 ón, claro es que el actual jere supremo del ejército
no ha ~e querer desarmarlo privándolo de algunas de turales, á la electricidad, á la luz, al calor; de todas
~118 m~J~res cabezas; tendrá la tendencia de reducir á ellas participa, digámoslo así, en el orden espiritual.
~ minirnum las responsabilidades. M. de Gallifet He aquí lo hondo del problema; mermar esta fuerza,
n ta hoy ha_ cumplido al pie dela letra su programa: en el sentido de neutralizar sus energías para el bien,
e~;°leraré ~1 q_ue_ el _ejército sea in&amp;ultado, ni que el es un crimen; dejarla viva en su obra de mal, es imJ Cit9 _sea md1st;1plmado; y ya hemos visto qué ma- posible.
La solución de todas estas antinomias sociales
: tan firme ha asentado i;obre las eminencias miliem peñadas en infring ir Ja regla; la casi desti- está en la justicia. Que todo derecho encuentre en
r~ n del general de Negrier, sobre todo, ha hecho ella amparo, lo mismo el del individuo que el de la
~ / efecto: este oficial superior era, por sus méritos, sociedad, y el problema se resolverá caso por caso y
de¿~ bravura, por su feliz audacia en las catnpañas el mal será menor, siempre menor. Urg-e, pues, podado a, por su carácter mismo, un ídolo de los sol- ner al derecho en condiciones de realizarse, porque
a! g Y crey~ndose intangible, se-permitió censurar · hoy por hoy, en Francia, en los asuntos de prensa,
perd~d1e_rno; s1 éste se hubiese mostrado débil estaba no lo está. De esta convicción ha nacido el proyecto
satos 0, mas no ha sido así, y todos los hombres sen- de ley que en las próximas sesiones será yotado por
~ a aplaudt n. El ejército francés, en tiempo de el Senado. Ese proyecto tiene por fundamento la repoleón III, est:i.ba enfermo de abusos y corruptela, forma que nosotros hicimos aquí, con excelente acuer-

rdotánea

t/:

t

59

do, en el artícu;o 7 ° de la Constitución. Consiste en
descartar al Jurado del conocimiento de los delitos
de prensa y encargarlos á la justi&lt;¡ia correccional.
Ese efect,i vamentt es el único remedio posible.
La experiencia, único medio de alcanzar una verdad sociológica, ha demostrado que el jurado es de
tal manera impotente para ser imparcial ó neutral
tratándose de asuntos de prensa; está tan inevitablement~ sometido á las sugestiones de la prensa misma; tiene tan necesariamente en cuenta sus temores
si burgués, y sus pasiones, si obrero, que no puede co:
loca~se moralmente en condiciones de ser juez, de ca?ª c!e~ veces, en noventa y cinco. Y sin juez no hay
Just1c1a.
~a absolución si.;temática de cuanto acusado por
deht?S d~ pr~nsa es conducido al jurado, indica que
esta 1_n"lt1tuc1ón se declara incompetente á sí müma
para ¡uzgar de estas infracciones dela ley penal aun
cuando manifiestamente sean obra de malhechores
públicos que asesinan en las columnas de un periódico, porque no pueden hacerlo en el camino en que se
as~ltab:1. antañ0 á los viajeros, porque ahora están
cuidados por la policía.
_Urge, pues, dei.cargar de esta jurisdicción, por él
mismo rechazada, al tribunal p0pular. ¿ y cuál será la garantía de la prensa en el juzgado correccional? No basta que el juez tenga que motivar sus fallos, lo que no puede hacer el jurado, se necesitan su~remas seguridades .para la libertad de opinar, de
censurar y de denunciar el abuso· sin esto no hay
pueblos libres.
'
Esto es perfectamente cierto; y quiere decír que
los franceses, antes de aprolJar su ley, deben hacer un
examen de conciencia y preguntarse: ¿nuestr'.ls jueces son independientes? ¿Lo son~ Su inamovilidad
está realmente garantida? ¿Sus responsabilidades
pueden realmente ser exijidasi' Sí? Pues adelante, y
no haya miedo á la reforma; pásese la prensa delincuente al fuero común. En caso contrario ...... en
caso ~on~rario asegúrese previamente esa independencia; s1 no lo hace la República otros lo harán.

*

* pren1,a va á dividir al
_P~fs ?Sta cuestión de* la
mm1steno francés. Los r.adicales y socialistas en general y todos los per1od1stas en particular chillan
~ás que los gansos del Capitolio cuando se toca á la
l~_bertad sacrosan.ta ~e la difamación y del ult:aje.
81, todos los per10d1stas: vease si no. El presidente
de la Asociación parisiense de la prensa, M. J ean
Dupuy_ ac~ba de ser nombrado ministro; al felicitarlo
la asociación por este honor, sin admitir su renuncia
más que tem_p?ralmen~e, le maniliesta que «espera
que no perm1t1rá restncción ninguna á la libertad de
la Prensa.&gt; Y lo punzante del caso es que el presidente de la asociación que tales votos formula es su
vice-pre~idente M. Paul de Cassagnac. Pues n~ hace
mucho tiempo que este divertido forfanton que ha
llevado á la tribuna y á la preusa. sus modales de li~uero del duque de Guisa. y su f'XUberancia de QuiJote grueso, no hace mucho tiempo que decía: &lt;la libertad ilimitada de la prensa me parece una estupidez; pero la República no tiene derecho á tocarla; está obligada á soportar todas las consecuencias de
eso y que con eso reviente- et qu'elle en créve.&gt; y és
verdad lo que dice este gascón; pero yo me moriría
de pena por largo tiempo, si la ::"lepública hubiese
de reventar en manos de M. Waldeck Rousseau.

*

**
Y ahora que ya va á revisarse
en toda forma y en
toda regla el asunto Dreyfus y mientras todo el mundo ríe de las _afirmaci?nes solemnes de M. Quesney
de Beaurepaue, graCJosamente místificado-no sé si
así suele decirse en español n_i si preferiréis, lectores,
que yo u~e de esta otra locución hecho gU,Oje-he aquí
que, segun el cable, el periódico mas serio de Francia, aflr~a que Rusia denunció la traición del capitán semita. ¿Afirma? Yo os aseguro que no afirma
na.da. Y apuesto ..... .
¡ Uffl ¿Cuándo terminará este fatigante asunto?
Cuándo? Cuándo recobrará todosu buen humor Dios
mío, el pueblo del Champagne? Dicen que este' vino
que parece esprit líquido, cuando se toma desde la so:
pa vuelve tristes los postres; en las postrimerías del
siglo ¿estará decidido el pueblo francés á volverse
triste? ¿ Ya no nos hará el inmenso se1 vicio de extraernos de nosotros mismos y de mostrarnos el aspecto dulcemente cóm~co de la humanidad, separándonos del suplimo constantemente renovado del pensamiento interior, de P,Se suplicio que hace de cualquier hombre un niño soil:ador como ese que Anatole
France retrata divinamente en su flamante Pierre
Nozié:rel Le dejo la palabra, lectores míos, para el bro?M de or_o: «J?e noche veía yo extrail:as figuras, y de
1mprov1s0 m1 alcoba, tan bien cerrada, tibia en que
morían los pos tre:os vislumbres del hogar, ~e abría
anc~amente á la rnvasión del mundo sobrenatural....Leg1ones de diablos cornudos danzaban allí sus rondas; y luego, lentamente, una mujer de mármol neg_ro PftB!-~ª ll?r~ndo .... _. . Y ~ó)o_ con el ti~m_po SUP,8
que_ los d1abl!llo_s danzaban en mi cerebro y que la
muJ~r lenta, tnste y negra ...... era mi propio pensam1ento.&gt;
JUSTO SIERRA,

�Dommgo :JO de Julio ele 1899
60

letargo y se revela de nuevo, cada vez que la emoción ponla, ni que pueda llegar á convertil á esa tribu minos embarga ó cada vez que la pasión uos ofusca.
serable en un pueblo civil izado y poderoso. Hoy se
Ea plena civilización, en plena época actual de sabe que la cau~a principal del atraso de las tribus
escepticisn,o y de alta cultura intelectual, no hay uno centro africanas, es principalmente, el rigor de
denusotros, por ilustrado q ueselesupoagay por escép- su clima tropical, contra el cual se estrellan los
tico que se le crea, que, al tropezar, no vuelvaairado poderosos esfuerzos del mundo europeo por llevar
la vibta contra el obstáculo y no formuie contra él un á aquellas regiones la tUOderna el vilización.
reproche ó una injuria. Arrojamos indignados y venEl Nilo y sus inundaciones explican todo el antigativos, apoi-tro_ráodola, la pluma que no quiere es- guo Egipto y la prosperidad norte-americana tiene
-eribir. No sé, d1ceu á menudo las mujeres, qué tiene como factor fundamental la estructura plana de su
mi wáquina que no quiere coser. A este reloj, oímos territorio y su abundante irrigación. No obstante
decir eo otras ocasiones, no se le da la gana de andar. todo esto, continuamos atribuyendo á los hombres y
Hacei mucho q1.1e no quiere llover. Todas estas formas espec1alment,e á Jo¡, eminentes, la grandeza de alguna
del lenguaje, je las que no nos es posible prescindir, ci viiización, como á otro~, perversos ó imbéciles, la
revelan }a.existencia actual, aunque momentánea, de ruina de antiguos poderíos.
~sa tendencia primitiva que denunciábamos, ó por lo
l:ii el pensador y el tilósofn, á sangre fría y ayudamenos, nuestro modo orlginal de concebir el mecanis- dos de todasu razón, se ofuscan á wenudoy atribuyen
mo y modo de acción de todas las cosas.
á un hombre intiut'Dcias de que ningún hombre es
Si tratándose de los fenómenos del mundo mate- capaz y resultados á los que principalmente concurren
rial, es tan irresistible la tendencia á explicarlos por el medio físico, la índole de la raza y las peripecias
Ja acción de voluntad interna en las cosas ó de volun- á veces inesperadas é imprevistas de su blstoria, cótad extraña que las gobierna, natural es que ella se mo no comprender que las multitudes, y las multiturevele más irresistible y m&gt;is imperiosa tratándose des ofuscadas por la pasión ó extraviadas por la emo-0e aquellos fenómenos en que manifie&amp;tamente lavo- ción, caigan en el mbmo error. En el momento de
luntad del boto bre interviene y es capaz de gobernar. la derrota y bajo la intiuencia del pánico, el soldado,
Así pues, si ba habido una época eu que todos los fe- c·omo todos los hombres, vuelve a l pri:nitivo periodo
nómenos naturales se explicaban porla voluntad de las fetiquista, y la desbanda.da, explicable acaso, y mejor,
cosas mismas ó voluntades divinas, no debe sorpren- por h echos impersonales, por laaccidenLación del teder que todavla en la act,ualidad, los historiadores y r:eoo, por la calidad de las armas y &lt;le las pólvoras,
los tilósofos de la historia,!pretendan explicar la gran- por la lluvia Intempestiva ó por cualquier otro acci~eza y 1"' decadencia de los pueblos, las peripecias dent,e, el ejército en derrota la atribuye á un homde la vida social, el poderío cumo la deCildenvia de bre, á un traidor, y cuando no acusa de Impericia. á
las naciones, por la influencia preponderante ó ex- 1,us Jefes, los acusa de traición.
El pueblo francés de 89 sufría hambre, miseria,
•clusil'a de la inteligencia. ó de la voluntad de determinados hombres.
desoude1., y lejos de explicárselas por sus verdaderas
La filosofía moderna demuestra que la acción vo- &lt;.:ausas y je referirlas á sus positivos orígenes, enconluntaria y deliberada del hombre es, apenas, par- tró mas llano y más sencillo at,rlbuirlas á la nefasta
ite, y acaso no la principal, en la evolución hist,órie&lt;1. de
acción del tfrano.
Naturalmente, este regreso á las épocas del fetlun pueblo ó de una raza; que no hay h ombre de genio que pueda neutralizar la influencia funesta de la quismo y á las explicaciones antropomórticas, tiene
.ari~ez del suelo ó de la inclemencia del clima en La- que ser más acentuado y más frecuente en los pue-

MEXICO MODERNO.
En espiritual artículo publicado en el «Fígaro ~e
París&gt; Gastón Deschamps denuncia la tendencia
irresi~tible v dominadora. del espíritu francés de
atribuir todos sus fracasos, todos sus contratiempos
y todas sus desgraci_as, á la influencia y á la acción
tenebrosa de un traidor.
Para el francés la batalla que se pierde la ba hecho
perder un traidor. _Son traldor~s, los qu_e ha~en fracasar sus maquinaciones financieras, traidores los que
derrccan sus combinaciones dipl•Jmá~lcas, y en. sn
vida militar, c-)mO en su vida económica_ y _política,
la traición y el traidc,r desempeñan el prmc1pal papel
y son los protagonibtas ocultos de todos sus dra-

ma

61

EL MUNDO

EL MUNDO.

.

Ponson du Terrail y Javier de M:ontepm, en sus ~ovelas sensacionales de.homicidios, robos, asaltos é u1:cendios, hacen tigurar siempre c0mo Deus ex ma~ch1naá un traidor más ó menoi; invi,,ible, y la popularidad
de sus escritos y el fanatismo que su literat_ura ba
despertadosiempreen las masas, corroboran la 1cea de
que la explicación decisiva de todo cuanto pasa, ante
el criterio francés, es la acción del traidor. Ya E~ilio Zola había denunciado el mismo hecho; _per~ DI él
ni Deschamps bosquejan siquiera una explicación de
fenómeno tan singular. Si analizamos otros _pueblos
y otras razas, podremos ~erciorarnos de que 01 en Al~mania ni en Ilolanda, DI en Inglaterra, ni en los E:s·
tados Unidos existe esa misma propensión. En dond_c
se grita traición á cada día y á cada paso, ea cada siniestro como en cada catástrofe, es de toda prefer~ncia en Francia, después en España, después en Ital!ª•
y en Có~ceg:i, no sólo s_e .&amp;rita, sino que se practica
sistemát1c&lt;1.meate la tra1c1Jn.
IIojeando la historia militar de Francia, no se comprueba una sola derrota. del ejército francés, eo la que
la desbandada no vaya acompañada del grito. es~ridente de traición! traición! En Waterloo, el eJérmto
de Napoleón el Grande, se desbandó al.grito de traición! Ya antes, en todo el dcloroso ca~ino d~ la retirada de Rusia, oo dejó de resonar el mismo funehre
alarido. Durante la guerra fnnco-prusiaoa, en Wisembourg, como en Sedán, se clamaba traición. La
revolución francesa no fué otra co1;a, en concepto de
los revolucionarios, más que una perpetua y no interrumpida traición del tirano contra el pu~bl~, de
la nobleza emigrada contra Francia y de 1Dd1gnos
acaparadores contra el hambriento estómago francés.
Ultimamente, en Espafia, durante su desastrosa
guerra con los Estados Upidos, jamás dejó de atribuirse á traiciones toda la dolorosa é instantánea
tragedia.
Esta propensión á mirar traidores en todas partes,
explica la frecuencia con que, por todas partes, se cree
encontrar espías.
.
•Cómo explicar y en función de qué datos de la ID·
teÍígencla y del•carácter francés y la~ioc, esta ol,sesi_ón
perpetua y esta té ciega en la traición? Vamos á mtentarlo basadnR Po bechos familiares y en leyes gene!ales del espíritu bu111ano.

blos oaturalmeate impresionables, apasionados, imagioati vos, como los pueblos la Linos. Ya hemos dicho,
en efecto, cómo son precisamente las emociones y
las paswnes, las que arrojando un velo sobre la razón
y entenebreciendo momentáneamente la reflexión,
nos retroLraen á la primera tilosofía fetiquista. 13 L·
jo la influencia de la necesidad que apremia, de la
ira que ciega, del amor que enloquece, del pánico que
paraliza y hace enmudecer, retrocedemos siglos eo la.
historia, remontamos el curso del tiempo y vol v...
mos á ser aprensi VO!', tímidos, irreffoxivos, volubles
é insensatos como nuestros primeros antecesores, y
las multitudes son más susceptibles aún de ese retroceso, y más sensibles á la 1Dfluencia pasional. Las
ideas, como las emociones y los actos de los hombres
en grupo, son, y así Jo han demostrado pensadores
modernos, las ideas, las emociones y la conducta del
uiño, de la histérica ó del salvaje.
Uuaodo vemos, pues, al pueblo francés, al español,
al iLaliano, al latino-americano, adorar con tanto ranatismn á sus héroes, odiar con tan profundo rencor
~- sus verdugos, levantar al sollo á sus favoritos y
arrojarlos luego y á veces con negra ingratitud al
poi vo; cuando los vemos elevar hoy, á la ligera, monumentos que, á la ligera tambléo, derribarán mana.
na, forjar reputaciones que la calumnia manchará
á poco, no nos sorprendemos ni nos indlgc.amos. Es
fenómeno fatal é irremediable de nuestra sensibilidad exqui;ita, de nuestra imaginación volcánica, de
nuestra. pasión ardiente, á las que debemos nue,-tros
errore~, nuestras desgracias, nuestra secular impotencia, pero á las que hemos debido también nues•-ra
glorias de poetas y artistas y el goce de las más ardientes é iuteosas emociones.
Pueblos de nuestra índole Infantil y femenina. de
nuestra sensibilidad exquisita y de nuestra ima!!lm,
ción volcánica, no están ciertamente llamados á ser
los más fuertes de la tierra; pero sí han podido y pueden ser aún, de entre todos, los más felices.

\

ÜASA. DE

M.

EMILE BER'IHIER.-COLONIA. DE SA.N RAFAEL.

Todos los espíritus inferiores, los hombres primitivos, las gentes incultas, la~ mujeres, l&lt;&gt;S niüos, no
tienen á mano más explicaciones de todo cuanto ~os
rodea, que asimilar las cosas á seres bumanos é ID·
terpretar los fenómenos como erectos de la voluntad
de esos seres.
Si llueve, es que la nube ha querido transformarse
en lluvia, el río magestuoso fecunda los campos,. porque es bondadoso y ha querido sembrar la prosperidad
en la campi!'ía. La coLOpaslva palmera tiende sus
umbrosas frondas porque quiere protejernos contra
lus rayos ardientes del sol canicular. El arco-iris
que lrradla en el espacio, es un arco de paz y de es_peranza tendido en el cielo por la voluntad de un D10s.
El rayo atronador y mortlfero que desgarra la nu

CA~A DE

be, es un estallido de ira de alguna potencia celeste.
Una voluntad Idéntica en todoá la volun1 ad humana,
agita el oleaje de los mares y calma la tempesta\l.
Todas las mitologías y todas las religionesyrimltl•
vas explican asl el curso de los astros, movidos por
ángeles; la sucei;ión de las estaciones, determinadas,
ya por Proserpina que sale de los ~rotundos ~ntrosde
la tierra, ya por el viejo Noel ?ub1erto de D1eve que
trae consigo las brumas, los Cierzos y las cortantes
brisa;; del invierno.
Hay, pues, en el espíritu hu~ano, una tendencia
natural é irresistible á personlticar las cosas, á atribuirles inteligencia, pasiones y voluntad como la del
hombre. Y esa tendencia que sólo la cultura reprime y sólo la ci vi!izacióo neutraliza, despierta de su

VENECIA.

M. E. CAB.\SSUT,-ÜOLONIA DE SAN RAFAEL.
)

..

VE:S-ECIA,-PLAZA DE SAN MARCOS.

fT abía salido solo de Milán y llegaba á Venecia con
un camarada. Era un ruso, llamado Staal, estudiante de derecho de San Petersburgo. Por uno de tantos mínimos accidentes de viaje, nos bablamos. Cuando le dije que era americano del sur, tuvo como una
sombra de duda en el fondo celeste de sus ojos de
septentrional, y, respondiéndome que no babía. visto
ninguno hasta aquel momento, me fijaba la mirada
asomb1ado y receloso, como si esperase descubrir u~
carcaj debajo del cuello de mi paletó ó plumas de
papagayo debajo del ala de mi sombrero.
A la vuelta de dos ó tres horas nos conocía:mos
ideas, proyectos y esperanzas. Ambos íbamos á V~necla por la primera vez, y ambos llegábamos con el
dulce desasosiego conque el enamora :lo, largo tiempo
ausente, se aproxima á la hermosa adorada. Venecia
es para muchos hombres una deaquellasamadas ideales, musas de la adolescencia, que junto con los sueiios de la gloria y los amores románticos y el fúlo-ido
enjambre de las ilusiones, vinieron á tentarnos e~ las
horas del estudio, pero dejándonos siempre miel en
el corazón y luz en la mente. De ahí ese grito que
nosotros lanzamos y que se ha escapado á tantos viajeros, chicos y grandes, ilustros y oscuros, al divisar,
después que el treo abandona la tierra firme, los campanarios de Yeoecia, la ciudad de las cien islas,
en la brumosa lontananza del Ardiático: c¡Vececial
1Venecia!&gt;
Cada uua de las ciudades italianas se distingue de
las otras por cierto sello característico, pero Venecia
no sólo difiere de aquéllas, sino que difiere de todc1.s
las del mundo.
Se llega á la ciudad por un puente batido en sus
costados por el mar. Al salir de la estación, no nos
espera ómnibus ni cocbe. Nns espera una fúnebre
góndola, pintada de negro, con su grande espolón de
proa. Al bullicio del andén tumultuoso, y al formado por los !!"ritos q::e lanzan los gondoleros para atraerse algún cliente, sucede, despuE18 que nos separamos
del embarcadero, un silencio casi absoluto. La isóndola se desliza sin rumor por el agua verdosa y rn uerta, que baña l:ts graderías de mármol &lt;le los palacios.
Estos se levantan á cada orilla del Gran Canal, narrando en su lenguaje mudo, al viajero qi.:e pasa, episodios alegres y lúgubres, histerias de la Repúhllca.
Son, en su mayor parte, de los siglos XIII, XI v y
XVI, y en casi todos vive el arte traído de Orlen't e
en las galeras vencedoras. Algunos, medio inchnados,
parece que fueran á derrumbarse ó que doblasen la
frente augusta, reflexionando en grandezas pasadas,
mientras que en las paredes, color de ladrillo vetm¡.
to; y en las ventanas ojivales, flotan los sueños del
tedulno, expatriado en DUt!SHos pa~ses, Y. perse~ui-

�62

Domingo 30 de Julio de 1899.

Domingo 30 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

63

.EL MUNDO.

de los balcones, nidos de espectros, no resplandecen
las eedas, los candelabros de plata bruñida, las grandes luces, el torbellino del baile; ni el loco amórfo de
livianas hermobas escancia el vino de la inspíraclón
en el vaso de oro de los poetas orgiásticos. La góndola va entre las dos hileras de palacios como una lá.gri maque rueda lenta y solitaria entre dos cantos de
una elegía de piedra. El gondolero comienza á hablar, y parece que fuera á romper en sollozos; el remo, llora; y 1Jna onda parte, meciéndcse suavemente,
á gemir en las gradas marmóreas de la orilla sus secretos cristalinos. De otra góndola que se acerca á la
nuestra, coronadada de globos luminosos, vuela á los
aires con los gemidos de un violín y de U'la voz joven
y lánguida, una romanza de Tostí muy conocida.
¡Qüién sabe cuántos la habrán oído de unos labius
fríos, pálidos y crueles! ¡Quién sabe para cuántos no
habrá sido en aquella hora y aquel mismo sitio la
canción de la propia nostalgia, canción de tarde otoi'ial, de nidos vacíos, de amores muertos!
M. DIAZ R0DRIGUEZ.

LA VUELTA DE DREYFUS.

RENNES.-ENTRADA DE DREYFUS A. LA PRISION MILITAR.

LA. VUELTA. DE DREYFUS.-UNA. CHALUPA LL"EVA. A. DREYFUS
do por la visión de largos crepúsculos sangrientos-y noches tibias, llenas de perfumes y . amor, en laderas sembradas de
áloes.
Por un espacio de dos kilómetros,
aproximadamente, fuimos entre dos hileras de alcázares seculares. Se diría una
inmensa flota de navíos de marmol encallada en las lagunas.
El gondolero, queriendo mostrarse complaciente con nosotros, nos señala un palacio, y con el dejo cantarín y quejoso del
dialeJto veneciano, pronuncia el nombre
de una de las familias ilustres que lo habitaron, y refiere una anécdota.
Cerca del puente del Rialto, nuestra
góndola penetra por un pequeño Mnal,
para llegar más presto á la Riva degli
Schiavoni, en la que está situado el hotel
á donde nos dirigimos. Pasamos al píe de
los muros amarillentos de un teatro, á la
sombra de dos iglesias góticas antiqufsimas, y debajo de varios puentes miuúsculos, sencillos arcos de piedra con los
que amenaza estrellarse el espolón de
nuestro esquife, al mismo tiempo que el
gondolero, para advertir al que viene en
sentido opuesto y evitar un choque, pro•
rrumpe en uno de aquellos gritos singulares, que aun cuando son arrancados por
la ira, tienen una resonancia melancólica.
En casa Kirsch desembarcamos, para
después de reposar un poco, salir de nuevo en marcha basta la Plaza de San Marcos.
Lejos, á nuestra izquierda, rematando
el edificio de la Aduana, brilla. un globo
dorado, sobre el que apoya un pie mientras en una mano levanta su veleta, una
pequei'ia estatua de la mudable Fortuna.
En la misma riva, pasamos por una estación de góndolas, donde los propietarios
de éstas nos instan con voces y ademanes
á ir de paseo. En seguida nos detenemos
en el puente de la Paglia, para desde alli
contero plar el de los Suspiros, tendido entre el Palacio Ducal y las prisiones. Ligero, esbelto y grac10so como una joya, es una sonrisa de filigrana en la cara de esfinge del misterio. Allí
sufrieron el martirio de entrevn el día en un momento fugaz los .condenados por un tribunal terrible, á vivir sepultados en un calabozo. Debajo de ese
nuente las aguas cunearon una barca que, muchas vee is entre las luces y los ecos de una fiesta, partía, llevando en su vientre maldito, cuerpos convertidos por
la tortura en una sola llaga y cuya vida no era más
que una queja destinada á extinguirse en el turbio
seno de un canal remoto.
. Continuando nuestro camino, seg'limos entre el
Palacio Ducal y la Laguna, y luego, por la Piazzetta
entre el mismo Palacio Ducal y la librería Vecchia,
hastallegar,al medio de la plaza por cuyo inme11s0 pe-

J.

Una ramiil.itera de cabellos teñidos con el blondo del
Ticiano nos ofrece violetas, las postreras de la estación; los dos Vulca.nos de la Torre dell' Orologio suenan
una hora, golpeando en una campana con sus enormes marLillos l'iclópeos; y, despidiéndose hasta el día
siguiente, pian y revolotean, llenando los ámbitos de
la plaza, centenares de palomas que desde tiempo inmemorial habitan los históricos monumentos de Venecia, como guardando en el pico de marfil y en las
alas azules y l&gt;lancas la inspiración artística anegada
en esa melancolía vaga é inefable que constituye la
mejor atmósfera del arte veneciano.

LA BARCA DEL cSFA.X.&gt;

DREYFUS A.L LLEGAR A BORDO DEL cSFAX.&gt;
rímetro se extienden las Procurazzie sus escuadrones
ge columniis. En este corto tuyecto recorrido se admiran todos los géneros arquitectónicos en una proximidad rayana de la confusión y en su admirable desorden que es afrenta de la simetría vulgar. De la
metopa dórica que humilla dos triglifos oprimidos, de
la arcada ojival que la sombra recama con encajes de
suei'íos, del capitel que amaga desgajarse bajo una
carga de cabezas y follajes, perteneciente á una fauna
y una flora monstruosa; de la cúp.:la bizantina, de
cada piedra, de cada ángulo se desprenden armonías
serenas que forman, enlazándose, como un himno al
arte entonado por el más sublime de los poetas líticos.
En nuestro primer instante de asombro no sabía-

mo&lt;i si dirigir la vista á la Basílica, á las
Procurazzie ó al Palacio Ducal. De nuestra perplejidad vine á sacarnos un cicerone que en francés bastante correcto nos
ofreció sus servicios para visitar el Paiacio en cuyo interior, yendo solos, dtlcía
él, corríamos el riesgo de extraviarnos,
sin hallar salida, en un dédalo imposible.
Como le respondiéramos en italiano, diciéndole que por de pronto nada queríamos visitar, y que en aquel día ni en los.
siguientes necesitábamos de cicenme, nos.
confesó que hacía algún tiempo no ganaba para sostener á su familia y nos exigió humildemente le suministráramos.
medio franco. Casi al mismo tiempo se
lanzó hacia mí una pobre mujer desgreñada, con una luz extrai'ia en los ojos
profundos, la ropahechaañicos, y que con
acento desesperado me gritó: t.engo hambre, señorito, tengo hambre, mient,ras en unode sus brazos descarnados me hacía ver,
bajo los hárapos, un pequei'iuelo, blanco,
pálido, sucio, racimo de filipéndulas caído en el pantano.
Esta escena produjo en mí una impresión imborrable, aunque en condiciones
análogas, la vi repetirse después m otras
ciudades de Italia, ensei'iándome siemproá ver más y mejor en los hondos abismos
de nuestra sociedad moderna. A dos pasos de la infeliz que implora un pedazode pan, yacen en San Marcos incalculables riquezas, ofrendadas á un Dios dejusticia y misericordia.
En el altar mayor de la basílica fulgura la pala d'oro, cuajada de pedrerías, en
tanto que á la puerta llama en vano la.
miseria con el rostro anémico de la fiebre
y del hambre, y próxima á dar sus flores.
siniestras de locura y de crimen.
En la galería que circuye l:l. plaza bay
tiendas y ca.tés, donde se reunen por la
tarde r..asi todos los viajeros que se encuentran en Venecia, á esperar, primero
la hora de la comida y luego la hora de
la música, sentados al rededor de una mesilla ó pa•
rándose á husmear delante de cada tienda, llena de
objetos de la industria veneciana, caprichos de vidrio, grabados que representan edificios ó cuadros
célebres. Como brillante sei'iuelo á la ingenua alon-dra, atrae á muchos, más que la concurrencia y la
música, la fachada de San Marcoil, ·que es la más hermosa facb¡i.da de templo. En aquella hora tiene algo
de fascinante. La última reverberación de la luz en·
vuelve en aúreola de triunfo la gallard"' cuadriga de
bronce&lt;Jue corona la tachada; debajo de la cuadriga, 108mosalcos de oro que eternizan la vida de Marcos despiden un relámpago místico; y, á cada lado de la puer•
ta, haces de luz y sombra, de todos los colores, libr&amp;lll
una batallad~ fantasmas en una selva de columnas

*

*
En las iglesias, bajo las* bóved'\S
góticas, florece un
a.rte misterioso. Una aspiración divina y una palpitación bumi.na se abrazan y confunden en los reta.
bluS cincelados, en las esculturas y en los lienzos.
Cerca de unos santos sumidos en éxtasis de fakir sin
animación y sin alma de Pablo el Varonés, grita el
colorido victorioso en las figuras del Tintoreto, y las
sant as de Sebastián del Piombo, queriendo, llenas de
vida, salirse de lQS cuadros, inspiran, más que rezos
y oraciones, culto sensual á la forma triunfante. Una
Virgen del Ticiano, difundiendo de su&amp; facciones
beatíficas amor y confianza, sube entre una g[{)ria de
esfumados rubios; y en una capilla olorosa á incienso
Y á _humo de cirios, en la claridad trémula y desvanecida de una lámpara moribunda, se alarga la &amp;ilueta de un ángel negro, de autor desconocido, símbolo
del silencio, de la desesperación, de las tinieblas.

s~n, cantan y ensartan perlas. El sol, el viejo lujurioso, colocándose en el modesto retiro, va de puerta
en puerta, besando sabrosas nucas morenas y humildes pies descalzos. Otra vez nos ballam0s en el
puente de un pequeño canal; á la derecha, en un recodo que el canal forma, se alza un palacio berroqueño, s~vero, como de e&amp;tilo fllorentino; á la puerta del
palacio está una góndola amarrada, inmóvil; dPl otro
!~do, los árboles de una huerta, tienden por l:is tapias Y sobre el ·ag-ua un ancho festón de esmeralda;
enrrente, en un balcón vecino qe las nubes, se asoman, e~tre dos macetas, unos ojos y un par de labios
encendidos que nos sonríen picarescamente. . . Para
C?mpletar un _pastel que fuese imagen viva de Venecia, no _falta smo un celaje de rosa en el cielo, y entre el cielo y la tierra v.na bandada de palomas.

*

* *
U~os buye_n _el hálito ponzofloso
de las lagunas y la
música martmzante de los mosquitos. Otros huyen
la tristeza. Palomas blancas, góndolas negras, canales verdes, todo, en la ciudad de los Dux es triste
tristr. con esa tristeza que embriaga, del 'amor y del
vino, tristeza de voluptuosidades peligrosas para lus

Hoy que podemos examinar en todos sus detalles la
inteligente fisonomía del deportado, estigmatizada
con las huellas de un dolor moral inenarrable, nos es
fácil imaginar lo que debe ser el temple de ese hombre, que al volver en sí de una pesadilla horrible. al
verse de nuevo en su patria, pr~o, pero entre los·s uyos, al amparo de la piedad y de la justicia, no enlo~uece ni se .apoca. Apenas si una ligera y brevísima
fiebre acusa en el férreo organismo del capitán la
reacción que pudo haber hecho peligrar su exl:;tencia
y con ella la fe en la integridad de la couciencia mo:
ral de un gran pueblo.
Muerto Dreyfus antes de que la justicia prormncie
su veredicto definitivo, se ahondarán en vez de colmarse lJs abismos que separan á dos fraccione'I de la
socie_d"d francesa; quedaría en pie un p1'oblema que
arroJaría la sombra se su incógnita sobre el campo
de los disturbios contemporáneos.
Afortunadamente para Francia y para la humanidad, ese hombre, mudo y elocuente acusador de los
crímenes que se cometen en nombre del régimen mi.
litar, vive para hacer posible una conclusión cualquiera que sea. De esa conclusión esperan todos los
pueblos, no sólo el francés, la orientación para las
luchas futuras.
.Al llegará bordo del Sfax el Capitán Dreyfus recogió la justicia una ruina viviente, una existe~cia
agotada acaso ya en la tormEmta de las pasiones púplicas: L~ obra de reparación se hará; pero ,¡qué indemnización será ba6tante á reparar el aniquila mien-

to de una juventud vigorosa, de la. dicha de un ho(Tar
del equilibrio mor.;.l de un pueblo?

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~_.;::::;.,~:;::;:;;:;;;;..:.:.;;,=-.;..,;:;~~~~

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0

*** una racha de invierno,
Cuando corta aún los aires
Y comienzan las yemas en las ramas escuetas á ofrecer al bosque aterido, junto con una explosión de
bojas nuevas, rumorea y perfumes suaves como terciopelo, una turba alegre salida de todas las regiones
d_e Europa y compuesta de pareja.o; enamoradas, de
ricos desocupados y artistas perezosos invade, buscando calor y vida, la tierra italiana. La turba alegre llena por algún tiempo con zumbido de abejas
10s museos y templos de Venecia, para continuar luego hacia el sur, siempre bulliciosa y frívola, á mariposear alrededor de otras estatuas y de otros lienzos,
bajo el risueño azul de Florencia ó en la sagrada Roma. Muchos de estos viajeros, movidos sólo por ese
anhelo, que en nuestros días conde por todas partes,
de conocerlo todo, se van sin sospechar siquiera que
al lado de la Venecia legPndaria, bay otra Venecia
casi ignorada, encantadora y pintoresca. Para llegar
á é_sta, es necesaaio vagar á pie por la ciudad, siguiendo las vueltas y revueltas de callejas semejantes á escondrijos, que por Jo estrechai; y cortas, más
parecen pertenecer á una ciudad de tfteres. Pa.ra
DUPstra excursión partimos casi siempre óe la Torre
de!l'Orologio, y llegamos pur la Mercería al puente del
R1alto.
Aquí nos mezclamos con la multitud bullanguera
Mme. Hadamard.
Mme. Dreyrus.
M. Haramard (hermano de .Mme. Dreylt s)
de los mercados, y caminamos un momento entre
M.i11.E D.REYFUS LLEGA. A R:KNN.KS.
montones de legumbres, ne uvas, de albérchigos rojizos y velludos, como mejlllas de frescas montañesas;
Afortunadamente bay en el hombre superior fuenY luego emprendemos el raro paseo en que á cada pa- que han sentido en el cerebro los dolores de la pasión
tes de idealidad que no se agotan, y los sufrimientos
so debemos retroceder delante de un paredón que nos herida, del ideal crucificado.
Casi diariamente, antes ne que acabe el movi- nada son para el que ve en ellos espinosos peidaños
obstruye el camino, ó de un canal que no puede pa•
Barse, por estar en aquel punto desprov\,,to de puente. miento febril en la plaza de San Marcos, empezamos, por los que asciende la humanidad á las alturas del
Después de inverLir algún tiempo en este avanzar y acostados en el fnndo de una góndola, nuestra currt&gt;- pt!rfecci::mamiento moral.
retro..:eder alternativo, sin encontrará nadie como en ría nocLuroa por el Canalazzo desierto. Las venLanas
un yermo, penetramos en u,a calle diminuta. A las de las antiguas casas señoriales miran en las noche:;
puertas de las casas, muchachas del pueblo conver- como órbitas vacías de calayeras gigantescas. Detrá11

�fl4

EL MUNDO.

Domingo 30 de Julio de 1899

...

Dommgo 30 de Julio de 1899

..,

EL MUNDO

65

"

'-

,---EL CANTOR DE KIME.
·caminaba por el sendero que sigue la ribera á lo
largo de las colinas. Su frente amplia y cubierta de

arrugas profundas, estaba ceñida por una venda de
lana roja. Sobre las sienes flotaban sus blancos bu-eles de cabellos, agitados por el viento de la mar, y
su barba parecía hecha de copos de nieve. Su túnica
_y sus pies desnudos, habían tomado el color de los caminos por donde iba errante largo tiempo hacía_ Y
·de su cintura colgaba una tosca lira. Se le llamaba el
..Anciano, ó por otro nombre el Cantor. Los niños á
quienes instruía en la poesía y la mústca, le llama.-0an de otro modo, y los demás conocíanle por el Cie•
.go á ca.usa de que sobre sus pupilas, empañadas por
los aíios, caían los hinchados párpados, enrojecidos
_por el humo de las chimeneas, junto á las que
.acostumbraba sentar.se para entonar sus cantos.
Mas él no vivía en eterna noche, todos aseguraban
•que veía mil cosai, que los demás seres humaqos jamás verían. Tres generaciones bacía que iba sin ce.sar por las ciudades. Y a.hora, después de cantar todo el día en el palacio de un rey de Egea, tornaba. á
-su hogar del que ya veía el techo humeando á lo lejos. Después de haber caminado toda la noche, sin
detenerse, temeroso de ser sorprendido por los ardores del día, acababa de descubrir en la claridad de la
-aurora, á la blanca Kimé, su patria. Siempre seguido de su perro y apoya.do en el nudoso bastón, ava.n-Zaba. con paso lento, recto el cuerpo, alta la cabeza
por un resto de vigor, y esforzándose por contrarrestar la pendiente del ca.mino que descendía á un estrecho valle. El sol lavantándose tras las montañas
del Asia, teñía con una rosada luz las nubecillas li,gera.s y las costas de las islas hundidas en el mar. La
playa reverberaba. Pero las colinas, coronadas de
lentiscos y terebintos que se extendían por el Oriente, retenían aún, entre su sombra, la dulce frescura
-de la noche.
El anciano midió sobre la pendien~e del suelo el ta.mano que darían doce lanzas colocadas una tras otra,
:Y encontró, en seguida, entre dos rocas gemelas, la
entra.da estrecha d0 un bosque sagrado. Allí, á la
-Orilla de una fuente, se levantaba un altar formado
de piedras no talladas. Un laurel la cubría con sus
ramas brillantes. Ante el altar blanqueaban los hue,8()S de la~ víctimas..... En torno de él las ofrendas
estaban suspendidas de los ramos de los olivos, y más
adelante, en la sombra horrible del desfiladero, dos viejos robles se elevaban teniendo adheridas á su tronco un par de cabezas descarnadas de toro. Sabiendo
que este altar estaba consagrado á Pbaebos, el anciano penetró al bosque y, desprendiendo de su cinturón donde estaba suspendida por el asa, una pequeíia.
copa de arcilla., se inclinó sobre la corriente que, tendida. en un lecho de apio y berro, y después de mil
rodeos, iba á regar la pradera. Con aquella. agua fres-

ca, llenó su copa, y como era piadoso, regó algunas de una cabeza de hombre. Y el viejo se lo mostró á
gotas al pie del altar antes de lleva.ria. á sus labios. Melantho:
Adoraba á los Dioses inmortales que no conocían ni
-Mira, mujer,-le dijo-que este gijarro tiene.seel sufrimiento ni la muerte, en tanto que sobre la mejanza con Pakoros, el herrero; á no ser mediante
tierra iban pasando las generaciones miserables de el permiso de los Dioses, sería imposible que una pielos hombres. Entonces se sintió poseído de inmenso dra se le pareciese tanto.
espanto, tuvo miedo á las flechas de los hijos de LeY después que ¡¡,. vieja Melantho vertió a.gua sobre
to. Agobiado por las enfermedades y cargado de sus pies y manos para quitar el polvo que los manaños, ii.waba la luz del día y temía morir. Víoole, chaba, él tomó entre sus brazos la pierna de buey,
pues, un buen pensamiento. Inclinó el tronco flexi- llevóla cerca del bogar y comenzó á partirla. Sabio
ble de un olmo, y acercándoselo, colgó la copa de ar- como era y prudente, no dejaba ni á las mujeres ni
cilla en las más altas ramas del árbol que al erguir- á los niños, la tarea de preparar la comida y á ejemplo
se de nuevo, levantó hacia el cielo la ofrenda del an- de los reyes, cocía él mismo la carne de los animaciano.
les.
La blanca Kimé, ceíiida por sus muros, se levantaSin embargo, era Melantho quien reanimaba el fueba sobre la ribera del mar. Una calzada. montuosa, /:!º del hogar. Soplaba sobre las briznas de leíia haspavimentada de piedras planas, conducíaá la puerta ta que un Dios las envolvía. en llamas. Y por más que
de la ciudad. Esta puerta había sid@ construida. en esta tarea fuese santa, el viejo sufría de que la desépocas remotas, perdidas ya en la memoria, asegu- empeñara. una mujer, agobiada como él, por la fatirándose que era obra de Zeus. En su dintel estaban ga y la ancianidad. Cuando brilló la llama, el anciano
grabados varios signos que nadie sabía explicar, pero arrojó sobre ella las descuartizadas carnes, á las que
que se veían como signos dichosos. No lejos de esta daba vueltas con una fuerza de bronce. De pie respipuert'l, se extendia la plaza pública, donde relucían raba el humo acre que llenaba.la sala, haciéndo'. e debajo los árboles, los bancos de los 11.ncianos. Después rramar lágrimas; pero su espíritu no se irritaba conde atravesar esta plaza, hacia el Jado opuesto del tra éste, estaba acostumbrado y además ese humo
mar, el viejo se detuvo. Allí estaba su casa. Estre- era signo de abundancia. A medida que la dureza de
cha y baja, en nada se pllrecía á la bella mansión ve. las C&lt;\rnes se ablandaba con la fuerza invencible del
cina. en donde un adivino ilustre vivía con sus hijos. fuago, llevaba. á su bo~ pequeños trozos que saboLa entrada casi desaparecía bajo un estercolero que
un puerco esca.rvaba con la: trompa. Era el estercolero mucho más pequeño que los que se veían ante la
morada de los hombres ricos. Pero tras de la casa se
-~
extendía el vergel y los establos que el anciano había
¡t
construido con sus propias manos, hechos de piedras
desiguales. El sol subía por las alturas del blanque......__,,,.~G ~!1
cino cielo; la brisa del mar no se movía. Un fuego
I·
sutil flotaba en el aire, abrasando el pecho de los
•.
.....
bombies y de los animales. El viejo se detuvo un momento para enjugar el sudor de su frente con el dorso de la mano. El perro, con la vista atenta y la lengua colgante, jadeaba.
La vieja Melantho que venía del fondo de la casa,
paróse con la cara al sol, pronunciando palabras de
,,
buen agüero. Se había hecho esperar porque un dios
había puesto en isus pobres piernas un mal espíritu
que las bacía más pesadas que dos odres llenas devi.,'~
~\·.
no. Era una esclava de Ca1.'ie, que un "!'ey había da.do al Cantor cuando ella era joven y él estaba lleno de
fuerza. Y Melantbo habíale dado un gran número de
hijos; pero de elloR no quedaba uno solo en la casa:
los unos se habían muerto, los otros habíanse ido le- reaba. lentamente y en silencio. •y á su lado la vieja
jos para hacer en las ciudades de Acaya el oficio Melantho escanciábale el vino negro en una copd de
de cantor ó de carretero, pues todos estaban dotados arcilla, semejante en todo á la que al Dios ofrede un espíritu ingenioso. Y Melan':iho moraba sola ciera..
en la casa, con Areté, su nuera, y los dos hijos de
Cuando a.pagó el hambre y la sed, preguntó si esAreté.
taba toJo bien en la casa y en el establo. Se informó
Condujo al amo á la gran sala de vigas ahumadas, de la lana tegida en su ausencia, de los quesos que se
en medio de la que se extendía., cubierta de brasas habían hecho, dll las olivas listas para la prensa. Y
rojas y cenizas ardientes, la piedra del hogar. Al de- pensando en los pocos bienes que poseía, dijo: &lt;Los
rredor de la sala se abrían, en dos alas, los estrechos héroes alimentan en sus prados grandes rebaíl.os de
aposentos, y una escalera. de madera conducía. á las bueyes y terneras. Tienen esclavos bellos y robustos,
habitacione.:1 altas de las mujeres. Sobre los pilares las puertas de sus moradas son de mar.fil y bronce, y
que sostenían el techo, estaban las armas de bronce sus mesas están cargadas de cráteras de oro. La fuerque el viejo llevó en su juventud, cuando acompaíiaba za de su corazón asegura. sus riquezas de las que casi
á los reyes á las ciudades á donde fueran pan resca- siempre gozan hasta que su edad declina. Ciertamentar á las bijas de Kymé que los héroes habían te que en mi juventud les igualé yo en valor; pero no
arreba.tado. Una pierna de buey pendía de una. de tenía ni caballos, ni carros, ni servidores, ni siquiera
las vigas. Los ancianos de la ciudad la habían envia- una armadura fuerte para igualarles en los combates
do la víspera al Cantor y él se regocijaba. al verla.
y para ganar con ellos Lrípodes de oro y hermosas muAl fin lanzando un hondo suspiro, sacó de entre su jeres. El que á pié combate y no tiene sino débiles
túnica, con algunos dientes de ajo-restos de su co- armas, jamás podrá matar muchos enemigos, pues
mida rústica-el presente que babia recibido del rey que él mismo teme la muerte. Así combatiendo bajo
de Egea.: una piedra caída del cielo, tanto más pre- los muros de las ciudades, entre el confuso tropel
ciOSd cuanto que era de fierro, pero demasiado peque- de los servidores, no llegué nunca á traer rico boíia para poder formar una punta de lanza. Sacó des- tín.&gt;
pués un guijarro que había encontrado en el camino,
La vieja Mela.ntho respondió:
y que visto de cierto modo presentaba la imagen
-Así como la guerra da á los hombres riquezas,
I

"

r \v-- --&lt;,,;__: -

~.

�66

EL MUNDO.

Despnésapartó patambién se las quita. MI padre Klpbos poseía en
Miliata un palacio é innumerables rebafios. Pero los ra su cena los más
hombres armados se lo llevaron todo. Yo misma caí exquis:tos trozos de
en sus garras como esclava por más que no me mal- la pierna de buey. Y
tratasen, lo que sólo fué debido á mi juventud. Los hac,iéndolos saboreajefes me recibieron en su casa, y nunca me faltó el do junto al bogar,
sustento. Tú has sido mi último amo, y también el rompió con un hacha de bronce los huemenos rico.
sos á fin de extraer
Y esto lo decía sin alegría y sin tristeza.
el tuétano que, en la
El anciano le respondió:
-Melantbo, no puedes quejarte de mí pues que casa, sólo el Cantor
siempre te traté con dulzura. No me reprocho por no era digno de probar.
haber podido ganar grandes riquezas. Hay armeros y Y del resto de las
herreros que son rices. Los que construyen carros, viandas, dividió la
sacan provecho de su trabaJo. Los adivinos reciben parte que corresponvaliosos presentes .... Pero la vida de los cantores es día á las mujeres y
á los nliíos para dos
muy dura.
días.
La vieja Melantbo dijo:
Entonr.es, mirando
-Dura es ta.mbién la vida de muchos hombres.
Y con paso vacilante, salió de la casa en compai'iía que dentro de poco,
de su nuera para ir á buscar leila á la despensa. Era nada quedaría del alila hora en que los ardores del sol agobian á los bom• mento, pensó: Zeus,
bres y á los animales, haciende. callar hasta la voz de ama sólo á los ricos;
á los pobres, no. Inlos pájaros entre el follaje inmóvil.
El se tendió sobre una estera, y contemplando el dudablemente, sin
saberlo yo, he ofenp'I.isaje, quedóse dormido.
Acudieron á su suei'io mil imágenes no más raras dido á algún Dios
y bellas que las que siempre venían á visitarlo. Sus que vi ve oculto en las
suei'ios representaban imágenes de hombres y anima- florestas ó en las monles. Y como en ellos reconocía seres humanos que ha- tañas, ó más bien al
bían vivido sobre la tierra florida, y quE' cuando no hijo de algún inmor.
vieron ya la luz del día se los llevaron á dormir bajo tal; y por eso expío
un fúnebre montón de t ierra, se persuadía de que las mi crimen, viviendo
almas de los muertos flotan en el aire, pero ya sin vi- en la indigencia. Mii
gor, como sombras vanas. Sabía que los muertos veces, sin intención,
errantes en el Hades forman ellos mi&amp;mossu imagen, se cometen acciones
no pudiendo ningún ser mortal concebirla en sus sue- punibles, porque los
ños á menos de ser la imageu de uno de esus Dioses dioses no han revelaque se complacen en engaflar la débil inteligencia hu- do de una manera
mana. Pero no siendo adivino, él µo podía distinguir prellisa lo que es per.
los suei'ios engañosos de los verdaderos. Y cansado
&lt;Je buscar semejanz:1s en las imágenes confusas de la
noche, las miraba pasar con indiferencia bajo sus cerrados párpados.
Al despertar vió, arrodillados ante él en actitud
respetuosa, á los nii'ios de Kimé, á quieues enseiiaba
la poesía y la música con el cariño de un padre. Eatre
ellos estaban los dos hijos de su nuera. Varios eran
ciegos, pue,¡ los que carecían de vista eran destinados al canto por estar imposibilitados para trabajar
en los campos, ó seguir á los héroes en las guerras.
Tenían en la mano las ofrendas con que pagaban
al cantor: frutos, quesos, panales de miel, pieles de
cordero, y esperaban que el maestro aprobase estas
ofrendas para colocarlas en el altar doméstico.
Ha.;iéndose levantado el anciano, tomó su lira que
estaba colgada en un pilar de la sala y dijo con
bondad:
- Hijos, muy justo es que los ricos ofrezcan un
hermoso presente, y que los pobres den uno menos
valioso. Zeus, nuestro padre, ha repartido desigual- mitido y lo que no lo es, y su voluntad está obscura.
Por largo tiempo pensó en esto, y, temiendo la
mente los bienes entre los hombres. Pero él recomvuelta
del hambre, resolvióse á no pasar una noche
peneará al nliío que rinde el debido tributo al Cande ocio en su morada, sino encaminarse esta vez hacia
tor divino.
La vieja MelantLo llevó al altar las ofrendas, las comarcas donde el Hermos corre elltre las rocas,
y el cantor, después de templar su lira, comenzó á y donde se ve á Orneia, Smyrna y la bella Hissia reenseñar un canto á los niños, &amp;entados en tierra á su costadas en la montaña que, como el espolón de un
navío fenicio, se hunde en el mar. Por eso á la hora
derredor.
- -Escuchad, les dijo, el combate dP. Patroclo y de en que las primeras estrellas tiemblan en el pálido
cielo, cii'ióse la correa de su lira y fuese á lo largo de
Sarpedon. Muy bello es este canto.
la ribera hacia la morada de los hombres ricos que se
Y, cant,ando, modulaba los sonidos con fuerza, complacían en escuchar, durante sus largos festines,
aplicando el mismo ritmo y la misma cadencia á to- las proezas de los héroes y la genealogía de los Diodos los versos, y para que su voz no se debilitase, la ses.
.
sostenía, por intervalos regulares, acompai'iando esHabietido caminado toda la noche, según su costos calderones con un largo acorde. Y después de to- tumbre, descubrió, á la claridad rosada de la mañamar el reposo necesario, lanzaba un grito agudo que na, una ciudad que se extendía sobre un alto proge unía á la vibración estridente de las cuerdas.
montorio, y al puato reconoció á la opulenta Hissia,
Después de repetir un número de versos igual á amada de los dioses que, desde lo alto de una rodoce veces el número de los dedos de sus manos, ha- ca, mira brillar las blancas islas desparramadas en el
cía que los nliíos los repitieran cantándolos todos á mar resplandeciente. No lejos de la ciudad, sentóse
la vez, con penetrante voz, tocando, á ejemplo del al borde de una fuente, para reposar y apaciguar el
maestro, sus pequei'ias Jiras, talladas por ellos mis- hambre con cebollas que llevaba en un pliegue de su
mos en el bosque y que no exhalaban sonido alguno. túnica. Apenas acabada su frugal merienda, una joPacientemente el viejo repetía los mismos versos, ven que traía un canasto sobre la cabeza, vino á la
hasta que los pastorcillos podían repetirlos con fide- fuente para lavar su ropa. Miróle la joven con deslidad. Alababa á los niiios atentos, mas á los faltos confianza, pero, reparando en su lira y en s u desgade memoria y pobres de espíritu, los tocaba ligera- rrada túnica, y mirando además que era viejo y
mente con su lira, y ellos íbanse á llorar junto á un estaba agobiado de fatiga, acercóse á él sin miedo,
pilar de la sala.
y llena de ~iedad y veneración~ juntó en sus manos
Dábales hermosos consejos y les decía:
una poca de agua y la vertió después sobre los secos
- - Honrad á los reyes y á los héroes, quE' están muy labios del Cantor.
por encima de los demás hombres. Nombrad á los bé·
El la llamó, entonces, bija de rey, pronosticándole
roes por su nombre y por el de su padre, á fin de que una larga vida y diciéndola:
ese nombre no se pierda nunca. Cuando toméis asien-Hermosa joven, á tu derredor están flotando los
to en las asambleas, colocad vuestra túnica sobre amores, y juzgo dichosísimo al que te tome por mulos muslos, y que toda vuestra persona destile gracia jer. Yo, viejo ya, ensalzo tu belleza, como el pájaro
y pudor.
nocturno que lanza su desagradable grito sobre el te•
Decíales también :
cbo de los esposos. Sey un cantor errante. Hermosa
- No escupáis nunca en los ríos porque los ríos son joven, díme palabras de buen augurio.
sagrados. No hagáis cambio alguno, bien sea por falY la joven respondió:
ta de memoria ó por capricho, á los cantos que os en-Si como dices, y como pareces, eres un taseíio; y cuando un rey os diga: «Bellos son esos can- i'iedor de lira, no es mal destino el que á esta ciudad
tos; ¿quién os los ha ensei'iadoh Je responderéis: «Los te trajo, porque el rico Meges recibe hoy á un huésaprendí del anciano de Kymé y á éste se los enseiió ped que le es que~ido, y, en honor de él, da á. los prini.\l padre á quien Zeu~, sin duda, se los it:spiró.
cipales habitantes de la ciudad un gran festín. Sin

Domingo 30 de Julio de 1899.
duda querrá que i,u huésped escuche á un buen cantor. Ve á buscarle. Desde aquí se ve 1,m casa. No e&amp;
posible llegará ella por el lado del mar, porque está
situada sobre ese alto promontorio que se interna en
las olas, y á donde no van más que los alciones. Pero
si asciendes á la ciudad p01 la esJalera tallada en la.
roca, del otro lado, al encontrarte con grandes viíiedos, reconocerás fácilmente, entre todas, 1a casa de
Meges. Está pintada de blanco y es más espaciosa.
que las demás.
Y el viejo, sosteniéndose sobre sus vacilantes pierna~, subió la escalera, tallada en la roca por los hombres de otros tiempos, y una vez en la meseta, sobre
la que se extendía la ciudad de Hissia, reconoció, sin
trabajo, la casa del rico Meges.
Su vista le fué agradable, porque la sangre de los.
toros recientemente degollados, relucía afuera, y el
olor de los caldos se difundía por todas partes. Traspuso el umbral, penetró en la vasta sala del festín, y
después de tocar con la mano el altar, se aproximó á
Meges que daba órdenes á sus servidores trinchando
las viandas. Los convidados estaban sentados al rededor del hogar regocijados con la esper11nza de una.
comida suculenta. Había entre ellos muchos héroes
y reyes. Pero el huésped en Ci..yo honor dábase el
festín, era un rey de Kblos, quien, para adquirir riquezas, había navegarlo por largo tiempo en el mar.
Se llamaba Oineo. Todos los convidados mirabanle con admiración, porque él, como en otro tiempo el
div1no Ulyses, había escapado en innumerables naufragios, yendo á pernoctar á las islas donde las sirenas lo amaron y de donde se llevó inmensos tesoros.
El contaba sus viajes, sus fatigas, y como estaba dotado de un espíritu sutil, afladíales lo que no había.
sido.
r Reconociendo al anciano como un cantor por la.
lira que llevaba consigo, el rico ~eges le dijo:
-SEcas bien venido. ¿Qué cantos sabes?
El viejo respondió:
- -Sé la «Querella de los Reyes,&gt; que causó tantos •
males á lus Akeos; sé el &lt;Asalto del muro.&gt; Ese canto e·s muy bello. Sé también la canción de «Zeus engaflado,&gt; la «Embajada&gt; y la «Resurrección de los
muertos.&gt; Y estos cantos son hermosos también. Sé
además seis veces sesenta canciones muy bellas.
e De esta manera daba á entender que sabía muchas,
pero ,:¡ue no conocía el nombre de todas.
El rico Meges replicó en tono burlón:
- Los cantores errantes, en la esperanza de una
b'.lena comida y de un valioso presente, siempre dicen que saben muchas canciones; pero al llegar la
prueba se ve que han aprendido unos cuantos verses.
que, en fuerza de repetirlos, fatigan los oidos de lc,s
héroes y de los reyes.
El viejo, después de una larga pausa:
--Meges, dijo, tú eres ilustre por tus riquezas. t:;a-

be que el número de los cantos que conozco, iguala
al de los toros y terneras que tus boyeros apacientan
en la montaña.
Meges, admirado del ingenio del auciano, le respondió con dulzura:
--Pues no poca inteligencia se necesita para retener en la memoria canciones tantas. Pero dime: lo
que sabes de Aquiles y Ulyses ¿es verdad? Porque
se cuentan innumerables mentiras sobre estos héroes ....
Y el cantor respondió:
,
-Lo que yo sé de estos héroes, me lo enseiió mi padre, quien á su vez lo aprendió de las mismas Musas
porque habéis de saber que en ')tro tiempo las musa~
inmortales visitaban á los cantores en las grutas y en
los bosques. Yo no digo una sola mentira en mis
cantos.
Así hablaba, siempre con prudencia. Sin embargo
á los cantos que había ap~end!do desde la infancia:
tenía la costumbre de ai'iad1r versos tomados de otros
cantos ó encontrados en su espíritu. El mismo componía cantos casi enteros, mas nunca decía que fuesen obra suya, temeroso de que les encontraran defectos. Los héroes, de preferencia pedían recitados
antiguos que creían dictados por alg(m dios, y desdefiaban los cantos nuevos. Así, cuando recitaba versos.
suyos, cuidll.dosamente ocultaba su origen. Y como
era tan b~,en poeta y observaba con exactitud las reglas establecidas, sus versos no discrepaban en nada
de los de sus abuelos. Iguales eran en su forma y belleza, y dignos de gloria inmortal.
El rico Megesi á quien no faltaba la inteligencia
adivinó que el viejo era un butn cantor, y dándol~
un lugar honorable en el hogar, le dijo:
- Anciano, cuando hayamos apaciguado el hambr",
nos cantarás lo que ,abes de Aquiles y Ulyses. Esfuérzate por balagar los oídos d? Oineo, mi huésped,
porque es un héroe lleno de sabiduría.
Y Oi_neo, que anduvo errante en el mar por tao
larg-o tiempo, preguntó al cantor si sabía los viajes
de Ulyses. Mas la vuelta de los héroes qne habían
combatido en Troya, estaba aún envuelta en sombras
y nadie sabía lo que U1yses sufriera cuando erraba
por el esteril mar.
El anciano respondió:
-Sé q ue el di vino Ulyses engalió al Cíclope por
medio de un ingenioso ardid. Las mujeres refiér ense
unas á 0tras mil cuentos. Mas la vuelta de los héroes
está oculta para los cantores. Los unos dicen que en-

Domingo 30 de Julio de 1899:

EL MUNDO.

tró de nuevo en posesión de su mujer y de sus bie•
nes; los otros, que rechaz5 á Penélope por haber dado
oídos á sus pretendiem.es, y que él, castigado por los
dioses, fué errante y sin reposo de pueblo en pueblo,
con un mazo á. la espalda.
Olneo replció:
-Yo supe en mls viajes que Ulyses murió asesinado por su hijo.
E ntretanto Meges distribuía á los convidados la
carne de los bueyes, dando á cada cual el trozo que
le convenía. Oineo le elogiaba con entusiasmo.
Meges, le dijoi bien se ve que estás acostumbrado
á dar festines.
Los bueyes de Meges se nutrían de yerbas odoríferas crecidas en las f:1.ldas de las montafias. Su carne
estaba perfumada también, y los héroes no se saciaban de saborearla. Y como Meges á cada instante
llenaba una honda copa que en seguida pasaba á sus
huéspedes, la comida se prolongó basta muy tarde.
No había memoria de un festín semejante.
Próximo estaba el sol á descender hacia el mar,
cuando los boyerC1s que en la montaña guardaban
los ganados de Meges, vinieron á tomar la par te que
les correspondía de carne y vino. Meges los distinguía p:&gt;rque cuidaban sus ganados, no indolentemente como los boyero!\ de la planicie, sino armados de
lanzas de bronce y duras &lt;:orazas á.- fin de poder defen&lt;!er á los bueyes de los ataques delos pueblos de Asia.
Y s~mejábanse á. los héroes y á los reyes porque los
igualaban en valor.
ba bien, se le aprobó en todo Jo que dijo. Una vez
Do&amp; jefes los conducían, Peiros y Thaos, á. quienes restablecida
la calma, Meges dijo al anciano:
el amo había escogido por ser los más bravos é inte~Amigo,
cántanos
la cólera de Aquiles y la asamlil{entes. Y verdaderamente no podrían encontrarse blea de los reyes.
dos hombres más hermosos. Meges los acogía en su
Y el viejo, después de templar su lira, dejó que se
casa como á ilustres guardadores de sus riquezas. y extendieran
por la sala, los acentos vibrantes de su
les daba carne y vino tanto como querían.
voz.
Oineo, admirado, dijo:
aliento poderosu se exhaló de su pecho, y todos
-No lfo vioto en mis viajes hombres que tengan losUn
convidados
se acercaron para escuchar las palaunos brazos y unos muslos más vigorosos y mejor bras ritmadas que
hacían revivir las pasadas edades.
fo rmados que los de estos dos jefes de boyeros.
Y muchos pensaban: «Es admirable que un hombre
Entonces Meges pronunció un frase imprudente: tan
viejo y tan agobiado por los aflos, como una ce- Peiros es más fuerte, pero Thaos le gana en Ja pa que
ya no tiene fruto ni bojas, tenga esa potente
carrera.
voz!. .....
Al oír estas palabras, los dos boyeros miráronse uno
Porque no sabían que la fuerza del vino y la cosá otro con mirada en que se adivinaba la cólera y
tumbre de cantar, prestaban al cantor las fuerzas que
Tbaos dijo á Peiros:
'
sus nervios cansados le rehusaban.
- Preciso es que hayas dado á beber algún brevaUn murmullo de alabanzas se devaba de la asamje al amo, porque sólo un insensato podrá decir que blea
como el soplo de un violento Zéfiro en las flo1 eseres tú mejor que yo en la lucha.
tas.
Mas, de pronto, la querella de los dos boyeros,
Y Pelros, irritado, respondió á Tbaos:
un momento apaciguada, estalló con violencia. Enar-Yo me precio de vencerte en la lu.:ha; en cuan- decidos
por el vino, se desafiaban para la lucha y la
to á la carrera, no te disputo el premio que el amo
te ba otorgado, porque no es de sorprenderse que te- carrera. Sus feroces gritos cubrían la voz dal cantor
que C'n vano alzaba, sobre la asamblea, el ciamor de
niendo tú el corazón de un siervo tengas también los su
boca y de su lira. Los pastores guiados por Peiros
ples.
y Thaos, ebrios también, agitaban las manos, gruPero el sabio Oi:neus, se interpuso entre los dos ñendo corno puercos. Desde bacía largo tiempo que
bo:veros. Contó fábulas ingeniosas donde se veía el estaban
divididos en qos bandos y compc:Lrtían la enepeligro de las riíias en los banquetes. Y como habla- mistad de
sus jefes.

DE "PERLAS NEGRAS."
En las noches de Abril, mansas y bellas,
en tanto que recuerdas ó meditas,
ascienden al azul las margaritas,
Y se truecan en pálidas estrellas.
Cuando el sol en las mares infinitas
del orto desparrama sus centellas,
descienden á los campos las estrellas
Y se truecan en blancas margaritas.
Por eso, cuando llena de rubores
deshojas margaritas de alabastros,
auguran el olvido y los amores;
presienten el futuro: ¡han sido astros!
eomprenden la pasión: rhan sido flores!
AMADO NERVO.

67

-Perro! gritó Thaos.
Y dió á. Peiros una bofetada en el rostro, de donmanó la sangre En abundancia por boca y nariz. Peiros, cegado, empujó á Thaos que cayó hacia atrás
con las _c~stillas rotas. Al punto los boyeros ri vale;
se prec1p1taron unos sobre otros, cambiando injurias
y golpes.
Meges y .los reyes, en vano trataban de separar
aquellas furias. Y hasta al mismo Oineo rechazaron á estos boyeros que un dios había priv.ado de la
razón. Las 0opas de brouce vuelan por todas partes.
Los grandes huesos de los bueyes, las antorchas bu~eantes, las trípodes suben y caen sobre los combatientes .... . . Los cuerpos de los hombres ruedan sobre el hogar apagado, entre el vino de las odres reventadas.
Una obscuridad profunda envuelve la sala, donde
sólo se escuchan imprecaciones á los Dioses y lamen.
tos _de dolor. Los brazos empuíian furiosamente Jos
ard1~ntes leños y los lanzan en las tinieblas. Un tizón rntlamarlo hiere en la frente al cantor que permanece de pie, mudo é inmóvil.
::mntonces, con una voz más grande que todos los
rmd~s del combate, maldice esta casa y á sus hom.
bres 1mpíos. Después, apretando la Jira contra su
pecho, sale de la morada y se encamina hacia e! mar,
á lo largo de~ alto promontorio. A su cólera, sucede
una gran l~s1tud y un profundo disgusto de los hombres y la vida.
El deseo de unirse con l?s Dioses llenó su pecho.
Una sombra dulce, un silencio religioso y la paz de
la noche, envolvían todas las cosa&lt;;. Allá. en el Occidente, por las regiones donde se dice que flotan las
sombras de los ~uertos, la luna divina, suspendida
en E&gt;l Iímp1do cielo, sembraba de argentadas flores la
sonorosa mar. Y el viejo Homero avanzó sobre el
a)to promontorio basta que le bitó bajo los piés la
tierra que lo había sostenido tantos años.
ANATOLE FRANCE,

RONDELES.
Al esplrltu de ella,

I
Una fuga de Bach su melodía
desgranaba en las cuerdas del pfano
y una risueiia claridad nacía
de ignoto oriente en el confín lejano.
¡Y soíiabas amor! ...... tu alma sentía
el beso de los ángeles, y ufano
Bach rimaba su dulce melodía
en las sonora,.-¡ cuerdas del pi:ano.

***

Y vino el desencanto, la noche fría
cubrió con su negrura la selva, el llano;
y mientras tú llorabas, la luz morfa
y Bach doliente y torvo temblar hacia
las vibradoras cuerdas de tu pi:anol
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •• • • • • • • • • • • • • • • •• • *

II
¡Fué un delirio! Los cambiantes de la luz estremeida
se quebraban en los rizos de su hermosa y blanca frente
y la luz de su esperanza por el llanto ensombrecida '
en su espíritu ya enfermo se apagaba lentamente.
¡Fué un ensueíiol La mirab" rebosando amor y vida
en las alas de un anhelo, carliíosa sonri:ente
y los nítidos fulgores de la luz est~emecida '
corouaban de reflejos la blancu:a de su frente.
¡]' ué un re;:,uerdo l Yo la miro de alba túnica cefiida
en el fondo de mi alma, luminosa y esp;endente·
¡ Yo te adoro_l-clamo- y ella sollozando entrist~cida
baña en lágrimas de amores la blancura de su frente
que coronan los cambiantes de la luz estremecida.

. .. ..... . .. ...... .. . . ........... . .. ......... . ..
RAFAEL MA.RTINE Z RUBIO.

México, 1807 .

�Dommgo 30 de Julio de 1899

69

EL MUNDO

Domingo 23 de Julio de 1899.
EL MUNDO.

LA
I

LEJOS.

LOS ULTIMOS VERSOS

DE JOSE I[. BUSTILLOS,
¡SOLOt
{Inédita.)

La nube se extiende y baja,
La tempestad se aproxima
Y la soíiolienta cima
Con la niebla se amortaja.
El maizal lánguido oscila,
Y se disuelve en el viento
El melancólico acento
Del mil pero que vigila.
¡Todo en paz! ¡Todo cansado! ... .
•Masqué tristeza tan honda! . . . .
~Poi qué gemirá la onda
y por qué gemirá el prado?
•Quién perturba el sueiío incierto
De esta tarde soberana? .. . .
¡Del Hospital la campana
Que llora tocando á muerto!
Y amarillento y sombrío
,
El sol, se apaga entre tanto;
Y en la alcoba ¡cuánto llanto!
Y en las llanuras ¡qué frío!

Y llueve . ... llueve! Las gotas
Caen con triste chasquido,
Y mueren la flor y el nido
Entre las frondas ignotas.
Con un buril invisible,
En la pizarra del cielo,
Traza el rayo con anhelo
Alguna frase ilegible.

Lejos! .... Ya no me miras ni te miro ... ,
Tal se alejan las hojas en su giro
Llevadas por los vientos inclementes ...
Mas no se apartan los que están ausentes:
Puede la luna unir con sus reflejos
A todos los que se aman desde lej~s.
Yo te amaré por siempre con el m1,;mo
Afán; y tú también en tu lirismo,
Evocarás mi imagen desde aquellas
Regiones. Así se aman las estrellas;
y así las mariposas en su anhelo,
Sueíian subir para llegar al ciele.
¡Feliz quien lo que anhela nunca alcanza!
Ese podrá vivir con su esperanza.

..

.... No oiré tu voz desde esta lejanía
Ni tú tampoco escucharás la mía.
No todos los amores
Tienen, como la mar, dulces rumores:
Hay amores que viven ignorados,
...
Hay amores callados ...
¡Oh! ¡salve! á quien enlaza con ternura
Lo que vive en silencio ó que murmura;
Al que lleva hacia el sol las golondrinas,
Al que junta la yedra con las ruinas!
tOhl tierno amor que en nuestro pecho exi3te
Con toda la dulzura de lo triste!
El me traerá tus gratos juramentos
y llevará hacia tí mis pensamientos!

1osa.

Los que ven, dos á dos, cruzar las aves
Por los abiertos horizontes suaves,
No han visto en su abandono y sus congojas
Al ave entre los árboles sin bojas . ...
Yo estaré así, cual ave entristecida
Que va, sola, cruzando por la vida.
y allá . .. . tu corazón, viudo y sombrío,
Que llora eternamente por el mío,
Vivirá del amor en el santuario
Cual un monje escondido y solitario ....
,,

MARIA E~RIQUETA,

(

Laredo, 1897.

,,

-~\~

~·

A,

' ......

Y el Temor llega pausado
Y la Angustia lo acompaíia . . ... .
¡Allá tras de la montaiía
Quién sabe que habrán pactado!

.. ..... . ...... ..............
......... . .. . ................
.. ... . ......... . .... .........
Calma, corazón desierto,
Tu tempestad silenciosa ... . . .
¡Ay, aun sigue la llorosa
Campana tocando á muerto!
¿Dónde estoy? ...... ven y descansa
Junto á mi, Melancolía ..... .
¡En el cielo, murió el dfat
¡En la tierra, mi esperanza!

l,j,

DESA.LIENTO.

"
El camino antes fácil y espacioso
en áspera vereda se convierte;
parece que :a luz que el día vierte
es reflejo de un cielo tormentoso;
para el ánimo inquieto no hay reposo
cuando sus golpes la enemiga suerte
redobla con furor, cuando la muerte
hiere traidoramente al valeroso.
Sin horizontes, la esperanza duda
y huye ante el temor toda alegría,
pues que la vida, eu la batalla ruda,
su crepúsculo tiene y desconfía ....
y teme al fin que tras la sombra muda
venga la eterna noche.... y nunca el día!
JOSE M . MATHEU,

J'OSE M. BUSTILLOS.

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Castillo de la Serraz, 14 de Mayo de 1857
Ha quince días que las autoridades federales nos
interoan en este viejo rincón perdido. Un mundo entero de republicanos é insubordinados: franceses,
austriacos, venecianos, polacos, rusos. Están acuartelados con oosotros en las antiguas salas donde florederon los seíiores de La Serraz y sus respetables veteranos. No se podría Imaginar tiranía más encantadora Los dos guardianes y los tres inofemilvos gendarme11 se desviven por sus cautivos. Están orgullo,
60S de estas b1avas gentes, y cuando salimos, la población de los alrededores no'! saluda con muchas ceremonias. Porque salimos. .Basta nuestra palabra
para garanti1ar todas las licencias. Un día que no
llegué á la hora de la cena, encontré melancólico al
viejo gu,1,rdián Mermoz.
-Ya estará frío el guiso, sel'lor Durville, y mi mujer que se había excediJo á sí misma preparándolo ..... .
Lo consolé de su pena y me prometí no volverá entrar después de las siete,
El país es una mara.villa. Uo lago fresco, claro, Impresionable á los camblús del cielo como una criatura
viviente; hermosos pastos donde S'leoa todu el día
una esquila de bronce; y en el horizonte cien montafias, verdes, violetas, ni vosas, donde cada aurora y
eada crepúsculo ejecutan una vasta, sutil y divina
-ópera de luz. Además, un tiempo hecho á propósit.o
para hacer la vida amable y los suelios exquisitos y
una hermosa sonrisa de Primavera donde revientan
las primeras florecillas al borde del agua temlJlo-

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Cuanto á mis com paiíeros, son casi todos agradables,
Excepto dos ó tres fanáticos, de ese géoero Eombrío
-que crean ioquietudes de estómago ó de hígado, son
todos hombres alegres, á ratos pendencieros, siempre
-charlatanes, y fastidiosos solamente en sus largas dis-euslones ;,olítlcas.
Eso sí, todos decididos á «extrangular el último
tralle con las entrañas del último rey&gt; en teoría. Especialmente un gigante ruso, de cabe~a de león, melena, ojos brillantes y voz furibunda que canta caneiones terribles. Se les ahorcará, se les guillotinará,
se les empalará, á la .nanera de aquellos guerreros
australianos que durante tres días y tres noches enteros, juran romperse los brazos, roruperselas piernas,
romperse la cabeza, rompers? la espalda, etc. etc. y
acaban sencillamente haciendo las paces. Esperando
la gran carnicería, el buen Rethnikoff devora cotidianamente diez libras de carne, dos docenas de huevos,
un pan de cuatro abras, seis kilos de frutas y legumb'!'es, bebe diez litros de vino y cerveza, se harta de
té, y lleua de gozo y admiración álos dosguadianes, á
los lnofensi vos gendarmes y á las esposas de estos funcionarios, que lapida con propinas. Porque su familia posee cien leguas de bosques, tierras arable11, y
ríos que abunoan en pesca en la pequena Rusia.
27 de Mayo.
Han llegado dos nuevos prisioneros á la Serraz. El
primero, el Doctor Ojettl, un venec;~no afiliado al
earbonarlsmo, y varias veces encerrado en los calabozos de Austria, es un buen viejo al modo de su país;
vivaracho, seco, de ojos ce tinieblas, aspecto simpático,
palabra abundante perfumada de metáforas y superlativos, talento flexible, penetrante, claro, nutrido
á la vez de cienci,1,1 de arte y literaturas antiguas, entusiasta, lleno del sueí'ío de la unidad Italiana y
siempre dispuesto á sacrificar su vida ó su libertad
por sus creeocias. El otro cauti vo-cautlva:-la hija
del Doctor admitida en la Serraz por favor especial,
bajo la condición de vivir con las hijas del guardián
Mermoz.
Francesca Ojetti es por todos puntos fascinadora.
El día y la noche se escapan á la vez de sus bellos
ojos color de amatii,ta Su tinte realiza la perfección
de las más bellas pulpa~ en flor, y parece despedir luz
como las rosas frescas de los Alpes; cada uno de sus
ademanes acusa el cuidado que la naturaleza puso en
perfecionarla. Esta magnífica criatura es silenciosa.
Noseoyemás que rara vez su voz en laque se adunan
la pureza de los metales nobles y la suave eotooaclón
de las aguas corrientes. Es triste coo esa tristeza
en la que no se transparenta nioguna mordldez, sino
más bien armonía de salud y gracia divina y fuert,e.
No evita la presencia ni la conversación de las gentes
pero desanima á la almas frívolas y las deset,n&lt;1ierta
á su pesar. Acompaiía á su padre á tudas partes: á
los patios, á los jardines del castillo, á los prados y á
los bosques. Tiene seguramente por él un amor que
confina con el culto.
Naturalmer::te, toda la banda. de prisioneros permanece en éxtasis ante esta admi:able veneciana.
Retcbnikaff se olvida delante de ella de i;;us cantos
sanguinarios y de sus propósitos destructores. Los jóvenes ponen cara de Romeos y los viejos no pierden
ninguno de sus ademanes. El doctor ha llegado á ser

SILENCIOSA.

por ello el soberano absoluto de la Serraz, peM, acostumbrado á estos halagos de reflejo n1J les da ninguna Importancia. E Ignoro por qué le agrado, por qué
me he hecho su compañero de paseo y por qué son
para mí el mejor apretón de manos del padre y algunas de las muy raras sonrisas de su hija.
Salimos los tres, después de mediodía, cuando el
sol se dora, cuando las sombras de las montaflas, de
las ha.vas y de los ploos se acuestan sobre los pastos.
Ojetti habla mucho. Su alma es un vivero de anécdotas, un depósito ioagotable de recuerdos. Todo esto
hormiguea, cintila, reluce, y bace ver en un instante
mil siluetas de seres, mil acontecimientos, mil aspectos de alma. Ese hombre es el más maravilloso educador. No lanza una frase sin darle la agudeza, el
adorno, el sabor que la hacen penetrar como un arma,
agradar como una obra de arte, ó gustar como una
golosina.
Fraocesca, en sileoclo, escucha. Nunca habla sino
para responder. Nunca siente necesidad de expresar
el goce ó la melancolía, la teroura que se reflejan en
sus hermosos ojos según la anécdota oída, el gracejo
celebr'ldo ó lats armonías de la luz entre las sombras
temblorosas. Su alma me llena de sua·ve inquietud.
Quisiera conocerla, y á pesar de eso encuentro encanto en su mlste,io, y sin duda rechazaría yo á quien
me ofreciera penetrar el i,,ecreto de aquella criatura.
Es ioteligente: sus respuestas son de una exactitud
perfect,a, de una concisión elegante, de un sabor á
la vez tímido y audaz.
Yo no suefio más que con ella. MI corazón se ha hecho Insoportable. El universo es más grande. Me parece oír en mí el rumor de todos los siglos, de todas
las dolorosas y magoíficas generacioues que vivieron
y murieron porque el amor fuese más bello, porque
la historia de la esposa y del esposo fuese tan vasta,
tan bella y tan armoniosa como los abismos estrellados del espacio.
18 de Junio.
Es verdad. Este misterio me encanta de preferencia. Los profundos ojos de amatista se iluminan al
mirarme. Su sonrisa es con!iada, en su bello rostro
de luz mi llegada hace aparecer una cariíiosa bienvenida. Cuando la veo á lo lejos mi corazón se llena
de temor, pero ya cerca me sereno, como si estuviera
al borde de un precipicio sembrado de fresco!! heliotropos. Y Frances~ no hace esfuerzos para disimular su placer. Está ausente de sus ademanes todo
asomo de coquetería. Manda en su belleza como un
rey poderoso en su Imperio. Ignora ó quiere ignorar
toda seducclon buscada, cuanto más que sería Inútil.
Tiene para cooquistar y conservar las almas, su orgullo y la In vencible fuerza de su silencio.
25 de Junio.
.Al principio be saboreado, como un favor divloo,
esa alegría de bienvenida que sonreía en los labios de
l!,rancesca, pero ha ,legado la angustia. La franqueza
misma de la virgen se convierte en mi suplicio. Temo la separación que es lo peor que puede sucederá
los amantes; esa cruel famitiaridad que crea amistades, y aleja, prolongándose, toda esperanza de una
afección más violenta. Aun podría yo resignarme á
ella porque juzgo demasiado b?llo un destino donde
se mezclara el amor de la maravillosa criatura. Pero
lo siento, sé que Francesca no se casará nunca, sino
que permanecerá siendo siempre lacompaí'íera-feliz
y adicta-de su padre.
l. 0 de J ullo.
Hemos ido hoy hasta ·1a aldea de Los Llanos. La
mootaiia está revestida de su gran traje deslumbrante: los bordadores eternos la siembran de vivas flores
de frágiles pedúnculos, de pequelios re!lplandores, de
zarzas ardientes que bailan su momento de gloria en
el flan ..:o áspero de la ro~a, en los minúsculos jardines suspeodidos, hechos del poi vo de las piedras molidas átomo por átomo á través de lus siglos. Las hayas suben cumo un ejército en batalla y los pinos
tiemblan simultáneamente, con el mismo movimiento, al paso de la bris-i. de Estío.
Nos detuvimos al bnrde de un torrente ante los
rebaflos r.:gieotes de lai,; olas. Francesca pasó el puente y se puso á bacer un ligero croquis al esfumioo.
Ojetti, interrumpiéndose en medio de su jardln
de anécdotas, me dijo:
-Estáis pálido y triste, ¿no créeis poder confesaros
ccnmigo?
Lo miré. Estaba sin aliento, sentía inmóviles mis
arterias en el exceso de mi inquietud. Respondí:
- ;.No podéis adivinar?
-No debo adivinar. Vuestra pena no será más dura por haber sido confiada. ¿ No estáis seguro de mi
simpatía?
Eotooces hablé muy bajo. E l me replicó muy tiernamente.
-Estoy de vuestra parte y tengo mucbasei,peranzas. Sin embargo, no quiero hacer pesar mi autorida&lt;!

en el destino de Fraocesca, porque tengo de masiado
dominio sobre ella. ¿Queréis hat&gt;larle?
-Le hablaré.
Estaba lleno de terror. El misterio era más profuodo, los frescos heliotropos parecían haberse marchitado al borde del abismo. En el momento que
avaozaba hacia ella, sentí elevarse en mí la palabra
del Gran Maestro: Abandonad toda esperanza. Y verdaderamente era la puerta riel Infierno á donde liamaba yo cuando llegué al otro extremo riel prado.
A mi llegada, ll'rancesca dejó de dibujar, y levantó su rostro y sus ojos semlabstraídos por el trabajo. Conocí q11e no tenía idea ni presentimiento de
lo que iba á decir, y me turbé más. Notó mi turbación y una sombra inquieta se extendió sobre su.
frente.
Le hablé temblando al prloct pio, después ofreciéndole vehementemente mi vida. A medida que hablaba, palidecía Francesca, y cuando terminé, estaba ante mí con la cabeza inclinada, las manos trémulas, la di vlna boca contraída por una especie de horror. Guardaba silencio. Parecía no querer ni poder
dar ninguna respuesta.
-i,Üt! be ofendido?
Respondió con esfuerzo:
-No me habéis oreodido.
-¿Puedo concebir esperanzas?
-No puedo responderos. Lo ignoro como lgno:o
todo mi porvenir.
Contesté bumllde y d,isanimado:
-¡,Es nada más Ignorancia? ¿No es porque os desagrado?
-Por ahora no siento nada favorable ni desfavorable para vuestra persona . . ... .
-Estáis mortalmente pálida, como si os dominara el horror.
Bajando sus ojos llenos de sombra:
-us engañáis, contestó, no es horror sino temor.
III
12 de Julio.
Cada vez que me presento ante Francesca veo pasar por sus ojos la misma turbación. Sube á sus mejillas y desaparece una rápida palidez; cuando me
tiende la mano la siento fría y trémula. Después se
sereoa. Noto que vuelve su amistad y que mi compañía no le es desagradable, 11.l menos cuando estamos
los tres, cuando el doctor está con nosotros. En nuestros momentos de más intimidad, Francesca se a¡&gt;art11. y mira á lo lejos. E:-1 tan grande su malestat que
estoy impregnado de él como de una atmósfera. Sufro con su sufrimiento. Yo mismo rompo esa mala
iofluencia alejándome, y siento verdadero alivio cuando al fin se acerca Ojetti á nosotros y hace vol ver la
claridad al rostro de su hija.
Mi pena P.S mortal. Roe mis noches, me entrega al
pálido insomnio y á los largos ensueiíos siniestros de
la sombra. El opio solamente puede alejar de mí t'\n•
ta angustia; pero no siento por Francesca ni enojo ni
reocor: mi prueba tiene algo de divioa porque es un
sacrificio que acepto, estoy presto á todas las inmolaciones. Y mi amor crece con mi sufrimiento no por la
contradicción y el iostlnto de lucba que son la base
de estos sentimientos, sino porque mi sufrimiento
es algo como una forma más alta de mi adoración.
He querido también evitarle mi presencia, pero
Ojetti ha hecho esta resolución imposible. Como tiene verdadero afecto por mí, apenas me encierro ó

�Domingo 30 de Julio de 18\lll
70

me aparto me hace volverá su comparua. Una ve;;,
había ido ~olo á la montaña. Divagaba tristemente á
orillas de un bayal, cuando vi venir hacia mi á !rancesca y al Doctor. El buen carbcnaro estaba ~rist~ Y
deshizo su tristeza en expansiones. En la animación
del d"scurso llegó á decir:
-Dile, Francesca que es nuestro ú?ico consuelo
en el destierro, dile que su presencia es nuestro
goce.
Francesca, pálida como el hielo lej'ino, murmuró
con voz quf:'jumbrosa.
-Os lo suplico pur mi padre.
17 de Julio.
Ha llegado un carbonaro Míl~nés. Es vi~o y gentil
como Arlequín, con hermosos o¡os que bailan en _su
rostro á manera de diamantas negros, una sonnsa
que conquis~a todas las voluntades. graciosas anécdotas que ríen en los saraos, y el don de las lenguas
que le permite hablar el francéi- tan agradablement_e
como el italiano. Unido á todo esto, un amor frenético á la Italia. Una lealtad y un alma ent,usiasta, pero alma peligrosa de lc,s Lovelace, llena de ardor presente y de ternura fugitiva. Agrada al Doctor porque conoce á su familia, y hoy por hoy, sumos cuatro
para pasear por los prados cuando las sombras se hacen largas. Lulgine marcha al lado de Francesca;
el Doctor y yo le seguimos á algunos pasns.
En el fondo de mi ser busco ks celos: están ausentes; si nacieran, desaparecería mi amor por la Silenciosa. En el exceso de mi pena me acontece ~esear
que se levanten, y entonces observo á la pare~a encantadora· miro los ademanes elegantes del Milanés,
sus mirad~s que se vuelven con admiración bacia su
compafiera. Pero Luigini me parece tan le¡ano como
el Monte-Rosa, su galantería tan frágil como las aristas arrastradas por la tempestad, y comprendo que
nada; fuera de la ausencia y el tiempo, podrá combatir contra Francesca.
Ayer pensaba en esto, sentado en un tronco derribado cerca de una fuentecita que saltaba de la roca.
Cien'especies de plantas florecían en mi derredor. La
tierra correspondía con llamas de ~lor y con p~rf~mes el fuego del Gran-Astro. Una penumbra miste•
riosa de pureza envolvía todo; la humilde-vida lucha
tan afanosament.e, cada brizna de hier~a, cada hilo
de musgo oculta tal energía, que me siento desfallecer. Era un paria ante una muchedumbre ~legre;
sentía sobre mi la sombra de los malos presagios que
pierden los destinos, y la voz del Milanés y del Doctor, llegaban á mi como una ir?nía:
Mientras me abismaba en mi tristeza, Francesca
escalaba la roca seguida de cerca por Luigini. Se detuvo un momento en el peñasco: el sol la rodeaba de
un resplandor de gloria, se asemejaba a,,i á una -Yirgen de Leonardo que dejó en mí, cuando era mño,
un recuerdo de esos que no se borran nunca. Bajé la
cabeza: cuando ellos desaparecieron, un sollozo in vencible levantó mi pecho, y se llenaron de lágrimas
mis ojos.
Estaba así bacía un minuto, cuando un paso ligero me bizo estremecer. Ví á Francesca en el extremo sur de la correntera. Se acercaba: al ver mis lá~rimas pareció impresionarse, pero luego, con no sé
que dureza que apareció en su boca, ella que no preguntaba nunca, me preg~n.tó_:
·
-¿Estáis celoso de Lu1g1m?.
Al principio la sorpresa me hizo enmudecer, pero
luego con algo de cólera repuse: .
- 1PJuguiera al ciilo que estuviese celoso! asi quedaría curado de mi amor.
Se puso pálida, como el día de mi confesión, con
el mismo temor retratado en las pupilas, y pasó silenciosa, á reuniri;e con su padre que nos llamaba.

EL MUNDO.

Domingo 30 de Juiio_de 1899.

EL MUNDO.

71

Se apoyó sobre un árbol, y balbutió, como hablando consigo misma:
-No debo retenerlo.

V
7 de Agosto.
"NI be ensayado dormir: habría necesitado tomar
io en dosis peligrosa. Me be quedado en el balcón
d~l chalet, mirando la noche y las torres de la Serraz,
· entre las estrellas. La somb:a. el estío y la
d e pie
montaña hacen más bellas las noc h es. M'1s sen t'd
I os
·1·
dos
ban
gustado
basta
agotarla,
la
amarga
sut i IZd
. . .
t
L
t
mezcla del esplendor y el sufrimien o. a muer e se
abatía en mi pecho retumbante.
.
Las cimas confusas, las aguas palpitantes, los pra.
dos, los astros, todo parecía tomar la forma _de una
t,umba. Experimentaba como u~a. contracción del
.
Universo, como una asfixia del In~mto.
Pero nunca me rebelé. Me resignaba á sufnr uno
de esos grandes amores que h_acen al amor más noble
entre los hombres; me parecia que este dolorº? era
solitario ni el!'oísta y silenciosamente ofrecía mi sa.
.
crificio á ot ros seres.
El alba argentina escalaba los hielos; ~a brisa del
lago se elevaba con la aurora; las aves a.m1g~s ve~ían
á reclamar su alimento; un co·hero tomó m~ equ1pa·e
me dirigí á otra ciudad. Pero ante&amp; quise pasar
~~/el Calvario. Detenido cerca de los árboles donde
hablé ayer con Francesca, y próximo ~ desfallec~r,
me apoyé donde ella se había apoyado. Cerré los o¡os
largamente.
.
Un estremecimient.o de ramas me sa~ó de m1 su~f!o, y ví el milagro: Francesca había vem?º· Me miraba con dulzura. Estaba llena de turbación, pero no
de temor. Una las-itud encantadora azulaba sus párpados, y dije:
.
-¿Por qué queréis hacer mi partida más terrible?
Se sonrió; por primera vez vi a¡Jarecer en su rostro
la malicia. Me respondió:
-No pudo vivir lejos de vos.
La vida, la gloria, el poder entraron en mí como la
luz en las tinieblas.
Francesca añadió.
-No be sido culpable. Mi temor era real; más fuerte que mi alma. En vano be querido vencerlo. No
bay tal vez criatura en el mundo á quien el amor sea
más temible.
Tomé suavemente su mano, su pequeña mano que
se sometió tierna, temblorosa y confiada.
- ¿ Y por qué teméis al amor?
Volvió su ma~nífico rostro hacia la se!va:
.
-Porque sabía que me iba á confundir con lacnatura que amaría; porque me debía entregar toda entera, lo mismo que mi esposo; porque, en fin, desde

0

-No será más incurable vuestro mal si esperáis
aún algunas semanas.
-Pero yo no puedo soportar más, me quedan muy
pocas fuerzas, y vos no me dais ninguna esperanza.
Ojetti no es diplomático como la mayor parte de
sus compatriotas.
Guardó silencio, y luego, mientras lo veía tristemente:
-Habría jurado que os amaría, dijo, aún creía haber descubierto en ella una inclinación naciente, pero ..... .
-Sabéis que le inspiro una especie de terror.
-Sí, aunque no me lo explico; sería menester hablarle otra vez.
-Y ¿de qué queréis que le hable?
-Poco importa; de lo mismo. Pero sed elocuente
y obligddla á que os responda.
.
. .
Hemos atravesado el gran calvano srn1estro que
se extiende basta más allá de los llanos. Se asemeja
á un cementerio de titanes: en él, las cruces, las piedras, las enigmáticas piedras alternan con fosas profundas, y los ecos resuenan como antiguos clamores
d1; agonía. A la salida del cal vario bay una calzada
ascendente de sabinos surgidos de las viejas edades.
El Doctor se ha apartado con Luigini suplicándonos
los esperemos; Francesca y yo hemos quedado solos
en aquella catedral viviente. La inmovilidad y el silencio parecfan confundirse con la luz. oía latir mi
corazón y el suyo, y bruscamente le dij.,:
-He llegado al término de mi sufrimiento. Voy á
partir, y be resuelto hablaros por última vez. El suplicio que be sufrido por el so10 becho de vuestra
existencia, es bastante grande para que a.bora soporIV
téis que os ofrezca t,oda. mi vida segura de que no
Soy libre. Las autorid1des me ban absuelto el 26 amaré nunca á otra mujer. Hablo sin esperanza y
de Julio. Si me place, puedo otra vez conspirar con- casi por cumplir un deber-porque tenemos también
tra las potencias amigas hasta volver á caer en el la- deberes para con nosotros mismos,-tales como .b uszo, Jo que no haré porque ya se ha entibia?º mucho car una felicidad que debe hacernos mejores. Sé,
mi ardor, cuanto más que no creo que el tirano sea Francesca, que si hubiera sido más noble, má,; digno,
derrocado por los medios de que disponemos. Más para obtener el goce inmenso de ser vuestro compaimportantes acontecimientos restablecerán el equili- ñero; sé que semejante favor hubiera bastado á da.~brio entre la fuerza y el derecho. Dos ó tres cama- me resignación en las peores pruebas, y bondad para
radas franceses se han aprove;bado de la clemencia mis enemigos. Pero yo no gozaré de esa gracia sufederal, y sólo nuestrc,s amigos venecianos, polacos prema, ni tampoco os guardaré rencor por elle;, Frany milaneses siguen prisioneros. Yo rondo como un cesca. Si fuerais responsable de las ternuras que puealma en pena en torno de la prisióu. Al principio de despertar vuestra persona, sería tanto como hacehan pretendido los guardias ejecutar su consigna y ros responsable de vuestro nacimiento. Solamente os
desterrarme con todos, pero han acabado por permi- pido una mirada de piedad, y que me perdonéis si os
tirme algunas horas de visita, de manera que no me ban ofendido mis palabras.
Permaneció un moment0 siu contestar, bermosa
privo completamente del placer de oír á Retcbnipoff
que jura gui\1:&gt;tinarlos, ahorcarlos y hasta echarlos como una Afrodita del silencio, inclina.da lJ. ca"eza.
hajo sus largos cabellos de sombra; luego, llena de
en agua fuerte.
Mi ,tristeza es cada vez más terrible. Francesca turbación, respondió:
-No me toca á mí, sino á vospedonar. Estoy llecont,inúa encerrada en su misterio, pero ,:.']ué me importa este misterio si no brilla en su fondo la espe- na de remordimientoti, me acuso de vuestra pena,
daría algunos años de mi vida porque esto no hubieranza?
se sucedido. Ne dudéis que, en cualquier circunstan5 de Agosto.
cia. estoy dispuesta á un gran acto de reparación.
Nada ba cambiado. Voy á partir. No creo más
Y me tendió la mano, que yo no me atreví á llevar
que en el tiempo y en la ausencia, únicos médicos á mis labios.
-Adiós, Francesca; marrana, á la salida del sol,
para el alma. Ojetti á quien consternó mi resolución,
habré parLido.
me dijo:

este momento d~jo de ser, no existo. Mi libertad ha
muerto. Ya no soy más que vuestra esclava; desde
abora se hará vuestra voluntad y no la mía.
Y mientras descendíamos la colina, murmuraba yo
muy quedo:
•
-¡Ah!quémaravillosamente dulce es que en labre
ve aventura de nuestra vida, nuesLro mayor anhelo
no sea ni la gloria, ni la riqueza, ni el poder, 81011
una débil criatura, un rayo de luz, un rasgo, un c(lntorno, algunos ademanes, y el ritmo de unos pab•l3o

J. H. RosNY,

EL BANQUETE.
Cuando el maitre d'hotel-¡nh qué abdomen respetable, ceñido por el a.m plio cbaleco de casimir! qué
cara roja con patillas blancas! todo un par de Ingla.wrra, os lo aseguro;-cua.ndu el maitre d'hutel abrió
de par en par la puerta del s:ilón, y dijo cun voz de
bajo cantante, sonora y r.,spetuosa á la vez: «La señora
Condesa está servida,&gt; los invitados pusieron el sombrero en las consc,las, los caballeros de mayor respeto
ofrecieron el brazo á las damas y todos se dirigieron
al comedor, silenciosos, cai,,i abstraídos como en una
procesión. La mesa resplandecía.. Cuántasfiurt&gt;s, cuántas lucesl Ca.da invita.do ocupa su sitio sin diticultad;
no bien leía su nombre en la cartulina lustrosa, uu
lacayo con medias de seda llevaba hasta él una silla
muelle y con la corona condal bordada en el réspaldo.
Só!o babfa quince invitados, ni más ni menos; cinco
damas jóvenes escotadas y dit&gt;z hombres de la aristocracia de la sangre ó del mérito que llevaban esa noche tudas sus condecoraciones en nonor de un diplomático extranjero, que se sentó á la derecha d&lt;:J la
señora de la casa. Las medallas colgaban de Ja.s solapas, y dos ó t~es casacas ostentaban placas de diamantes; en la pechera de un genera!, que llevaba corbata
roja, se irisaba una gran cruz de Comendador. Po~su
parte las damas lucían todos los esplendores de sus
joyeles.
La reunión era exquisita, elegante. Respirábase
una atmósfera de completo bienestar en el comedor
alto y ornamentado en los cuatro muros con grandes
cuadros de naturalezas muertas en los que colgaban
frutos, anima.les de caza y vituallas de t odas clases.
El s~rvicio•se bacía sin ruido; los lacayos parecían
deslizarse en el suave pavimento y el escanciador
daba el nombre de los vinos al oído de los invitados,
en tono de confidencia y como si les revelase un secreto del que pudiese depender acaso ~u vida.
Servida la i.opa, un consomé suave y enérgico que
llenaba el estó:r.agu dH fuerza y juventud, comenzaro1;1 Jas conversaciont'S parcia.les. Sin duda hablaron
primero de banalidadei,; pero cuánf a urbanidad en los
ademanes sobrios, qué benernleccia en las miradas y
en lR:S, son:1sas. _Después del Cbateaux. Yquem se encend10 el mgemo: lus caballeros, viejos ó ya maduros
en su mayor parte, todos notables por el nacimiento
ó el talento, llenos de ex1eriencia y de recuerdos, no
deseaban sino entrar en conversación y la belleza
de_ las mujeres allí reunidas, les Inspiraba el deseo de
brillar excitando riralidades intelectuales. Las frases

brotaban de sus labios y se formaron grupos de dos
y de tres que bablaban entre sí con vivacidad. Un

viajero famoso, de tez bronceada, que acababa de VPlver del fondo de los desiertos, narraba sus aventuras
en la caza del elefante, sin exageraciones y con tanta
tranquilidad como si bablasede una batida de conejos.
U n puco más lejos, la figura delicada. con ca.bellos
blaccos de un ilustre sabio, se inclinaba bacia la condesa que lo escuchaba riendo, esbeh,a y rutiia con sus
ojos brillantes y atentos, y un aderezo de espléndidas
esmeraldas en el pecho de belleza profesional parecida al de la Venus de Médicis.
El suntuoso banquete prometía ser también encantador. El fastidio, huésped frecuente de las
fiestas mundanas, no tf:'nía sitio en aquella mesa. Esos sere felices iban 4 pasar una hura deliciosa y á gozar por todos los poros y por todc,s los sentidos.
Y en aquella misma mesa, en el lugar más humilde,
un hombre, joven aún, el menos disti nguido, el más
obscuro de los que allí había, un imaginativo y un
:soñador, uno de esos divagadores que tienen algo de
poeta y algo de filósofo, permanencía en silencio.
Adm itido en la alta sociedad gracias á su reputación de artista; aristócrata por naturaleza, aunque
nada vanidoso, hijo del pueblo al que no olvidaba, aspiraba con vol u ptosidad esa flor de civilización que
se llama la buena sociedad; sentía más y mejor que
cualquiera, cuán raro y selecto era este medio y todo
lo que forma su encanto: la belleza de las mujeres, el ingenio de los hombres, el lujo de la vajilla
y el vino blanco que humedecía sus labios; lo sentla
y se regocijaba de que hubiese en el mundo un conjunto de cosas tan amables y armoniosas. Parecía sumergido en un b,1ño de optimismo.
Creía bueno que hubie~e, á lo.menos algunas veces
y en ciertos Jugares de este triste mundo, seres casi
felices, con tal que fuesen accesibles á la piedad, caritativos, y torios estos arortunados lo eran probablemente, ¿á quíén podían hacerle mal? Oh bella y consoladora quimera, creer que la vida los hacía inmunes,
que conservaban siempre ó casi siempre la luz dulce
y alegre de la mirada, la sonrisa de la serenidad que
había suprimido basta donde es posible en su existencia, las necesidades deshonrosas y las miserias abyectas.
A esto había llegado el soñador en sus refl~xiones,
cuando el gallardo maitre d 'hotel trajo solemnemen-

te en un gran plato de plata un rodaballo de dimensiones fabulc,sas, uno de esos peces enormes qué sólo
vemos en lus cuadrt,s antiguos que representan la
pesca milatrusa, 6 en las vitrinas de Cheveu ante los
pilluel&lt; s azorados que se aplastan la nariz cóntra el
cristal.
Cuando el soflador vi6 en su plato un pedazo del
monstrm,su rudaballo,el ligero olor marino pro"ocó en
su Pspíritu, indinado á las correspendencias súbitas
el paisaje de costa bretona del pueblo miserable d;
pei,cadores, en donde se detuvo el otoño pasado ha'lta
el equinoccio_presenciando furiosas tempestados. Recordó la homble noche en que no pudieron las barcas
llegará la orilla, aquella nucbe que pasó en el muelle entre los grupos de las mujeres consternadas 4e
pie y recibiendo_los g'llpes de agua que ernpap~°"1
su rostro, y el viento frío y furi oso que casi le arrancaba. la capa de los h ombro~. Qué vida la de estos
pobres des~i~hadosl Cuánt,a s ,viudas babía visto, jóvenes y vrn¡as, que se cubnan para siempre con el
manto negro y que salían al despuntar la aurora á
ganar el pan-sólo el pan I trabajando roded,das de hUS
hijos en las sardinerías, envueltas en el olor nauseabundo del aceite caliente, y ve.ía en sus recuerdos la
iglesia que coronaba el pueblo en la pendiente de la
(JOSta, aquella iglesia pintada de blanco para indicar
á las barcas el paso de los arrecifes.
Re?Ordaba tambi_en las piedras sepulcrales medio escondidas entre la hierba corta del cementerio, en muchas de las cual ..s se veía esta inserí pción sinii,stra:
]JfU(fT'tO en el ma1· . .... . Muerto en el mat . ..... Muerto
en el mar ..... .
El enorme. pez tenía el sabor más Pxquisito y lo
sazonl!ba un Jugo que indicaba los prc,fundos conociniien t(,s del cocinero del Sr. Conde, alu~no sin duda
de la cocina del Café Ingltss. Hemos llegado en nue"tra civilización á ver ducLures en asados y bachiller;s
en salsas. Todos ltJS invitado~ comían dtdicadamente
y con apetito aunque sin hacer manifestaciones en fa.
vor ?el excepcio □ al pla_tillo. pur buen tono y por el
hábito de la a l1menta.crón exquisita.
El soñador casi no comía. Segufa pensando en los
bretones, en los hombres de mar que babían pescado _ese magnífico ejem piar. Recordaba el día que siguió al de la tempestad, la mañana lluvisa y gris, en
que paseándose an~e las.ondas pesa.das color de plomo,
encontró y re??DOCJÓ el cuerpo de aquel viejo marino,
padre de fam1ha, que biibía desaparecido tres dü s

�., .

~

..,

[)omtngo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

12
antes, y que estaba oculto entre el tango de la playa,
con los cabellos grises pegados al rostro y cubiertos
de arena y de conchas.
Sintió un estremecimiento en el corazón; pero ya
los lacayos se babia.o llevado los platos haciendo des•
aparecer los restos del enorme pez, y en tanto que
senían otra cnsa, los elegaotei- y trholos invitados
seguían su conversación. Ya el hambre se babia aplacado y esto lo., animaba; bablabancon másabandono, sonreían y sus rrnses eran deliciosas.
El huésped silencioso sintió una tristeza infinita
porque en su Imaginación de sonador surgía la 1epresentación viva y dolorosa de todos 10.-, trabajos y penalidades que son necesarios para crear el bienestar
de los escogidos.
Para que éstos pudiesen llevar un frac delgado en
pleno Diciembre y para que RUS mujeres Luvlesen los
brazos y el cuello dest1Udos, el col,irítero saturaba lahabitacióncon el calor de una mailanade primavera. Pero
de dónde procede el calor:' El condenado del pafs ne•
gro, el obrero subterráneo que vive en el Jnflerno de
las mtnas extrajo el combustible. Qué blanca, qué
fresca es la piel de esa joven que o:,tenta victoriosamente su cuello que emerge del corpiílo de seda.
Quién ba tegtdo esa seda? La araña humana de Lyon,
el obrero siempre inclinado aobre su eterna labor.
Luce la dama elegante dos perlas admirables de opalina transparencia, y casi esféricas. La perla que tragó Cleopatra después de hacerla disol ,er en vinagre,
y que no vaHa menos de diez mil ,;extercios, no era
más pura. ;. Y sabe ladl\ma elegante que allá en Cey•
lán, en los bancos perlíferos de Arlppo los Indios de
la Compailía penetran á doce brazas de profundidad
heroicamente, con un ple en el peAAdo estribo que
los arrastra al fondo, y un cncbillo en la mano lz•
quierda para defenderse de los tiburone:.?
¿Qué relación puede haber entre todas estas elegancias y todos estos retinam ientos y el obrero tenebro•
so que escarva á cincuenta p1és bajo tierra, y el Li?je•
do~ deformado que trabaja ante la máquina, y el sal•
va3e que se arroJa al mar y á veces lo enrojece con su
sangre? ¿Por qué pensará uno en cosas tan tristes y
tan feas? Sin embargo, el soilador está perseguido

por su idea fija. Desmenuza sobre el mantel en pe•
dazo de pan dorado, alimento de capricho, inslgnltl·
cante en una mesa tan lujosa, pero que hace pensar
en la frase candorosa de la gran dama que hablaba
de los miserables hambrientos: csi no tienen pan que
coman pasteles.&gt; Y este pan que procede como el pan
del campesino, como el zoquete del soldado, de la sementera de los campos, ~xlge la labor paciente de
muchos pob~e.'i.
El campesino ara, siemhra y cosecha. Llevó su ara•
do á las tierras bllmedas, recibiendo en la espalda las
frías agujas de la. lluvia otoilal: en la noche, cuando
amagaba la tempei,tad, despertaba temiendo por su
sementera.; temblaba al ver pasiir las pesadas nubes
violetas cargadas de granlzo,'.y salió, seco y negro, del
enorme trabajo 'J de los sudores de la siega.
Y cuando el viejo molinero, deformado por los reumatismos que le trajeron las brnmas del rfo, envió la
harina á Parfs, los ruocetones del mercado, cubiertos
con sus grandes sombreros blancos llevaban los sacos
en sus espaldas auchfsi mas, y la noche anterior los
panaderos trabajaron basta el alba.
Todos estos esfuerzos y todas estas penas se acu•
mulaban en el pedazo de pan que desmenuzan las ma•
nos blancas y paLrlcias. L:i. obsesión se apodera del
incorregible sonador. Del banquete wagnifico sólo ve
los sufrimientos humanos que ha costado, y cuando
el escanciador le i,irve un Vd"º de Chambertln, recuer•
da que ciertos ubreras de las fábricas de vidrio:i se
hacen tísicos soplando las botellas.
Vamos, esto es ridículo. A"( es el mundo. Un economista se reiría de sus escrúpulos; siempre hibr,,
ricos y pobres del mismo IDL)do que habrá siempre
hombres erguidos y jorobados. ¿A.caso va á pc1.rar en
socialista?
Los arortunajos qu~ se slent&lt;1n á la mesa, no tlenen privilegios iojus~os; no son favoritos vulgares
del becerro de oro, ad venedlzos, egoísta&lt;; y groseros.
El gran señor que preside llevc1. b ,m orílicamente uu
nombre unido á todas lai glorias de Franela; el Ge•
neral de bigote gris e.-, un oéroe que dió una ca•ga
con la Intrepidez de )iurat en Rizo o vllle; ese pintor
y ese poeta trabajan con fiielid.1d en pro del arte y

A LulsG. UrblDa.

La sombra da la fé. Su lmágen muda
A nuetitras a•was en su seou embosca,
Cuando el dolor, al engendrar la. duda,
Como una sierpe al corazón se enrosca.
Bajo el dosel de sus flotantes velos
Se evaporan las trágicas angubttas,
Y á ella van á refugiar sus duelos
Las alma~ tristes y las trentes mustias.
Desde que el hombre á la existencia asoma
Siente doquiera palpitar su huella;
La vida en ella sus potencias toma,
Radia un momento y se disipa en ella.
¡Oh, no digáis que de su vientre obscuro
Surge la. envidia y se levanta el odio;
Ni ella da al vicio su vagido impuro
Ni empuja al crimen el puilal de Ilarmodio.
Amad la sombra. l-iu exprei.ión augusta

La saila cruel del sufrimiento aleja;
Ante ella toda tempestad &lt;;e asusta,
Toda inquietud á su contacto ceja.
Ante el poder de su pupila In mema
Arden y alumbran con fulgor de aurora,
Ya la razón cuando Investiga y plensc1.,
O bien el alma cuando impreca y llora.
¡Oh amada sombra, tu sitial bendigo
Hoy que en tus na,•es con mis ansias bullo
Para que des á wl Ideal tu abrigo
Y á mi convulsa inspiración tu arrullo.
Ya que las fuerzas de mi ser cautivas,
Paso el umbral de tus gluriosas puertas
Para encender mis esperanzas vivas
Y sepultar mis ilusioueb mi;ertas.
BENITO F.ENTANES,

Julio de 1899.

rA la manera deJobau de

de la belleza; ese quf1nlco, hijo de sus obras, que em.
pezó de mozo de farmacia y que ahora es una auto.
r!dad del mundo cientltlco, todo lo debe á. su genio,
y por último, esas nobles damas son generosas y buenas y con valor discreto llegan á veces basta el fon.
do de los mayores Infortunios para aliviarlos. ¿Por,.
qué esos seres excepcionales no bao de tener gooea
excepcionales también?
El soñador se dice que ha i,ldn injusto y que lo que
ha pensado no es sine Hofii,ma. bueno á lo sumo para
un club de barrio; pero el banquete llega á su fin 7
mientras que los lacayos llenan por última vez Iaa
cupas de Cl.iampagne, reina el silencio, los convidados sienten la ratiga de lf' digestión. El soflador loa
mira todos estos ro.'&gt;tros que tienen una expresión ele
fatig-a y de hartazgo que lo inquieta. Sin embargo, wt
sentimiento puro, Inexpresable, pero lleno de amargura, protesta en el fondo de su corazón contra eaoa
saciados, y cuando dejan al lin la mesa, repite en VOi
baja obstinadamente:
-Sí, están en su derecho . ... ¡,Pero sahen acaso que
su lujo está amasado ele miserias? .... ¿Piensan algu,.
na vez en esto? .... ¿ Piensan en esto tanto como d&amp;,
ben pensar? ..... .

F.

A ño VI-Tomo 11

México, Domingc- 6 de Ago""'to
=de 1899.

CoPEE.

i

Umbría.

DK ZlR,

FRAGMENTO.
Si odiáis la sombra porque en ella duermen
Los que en la vida la impotencia abate,
Sabed que en ella se elabora el germen
De luz que en todo movimiento late.

1

Dueuyas.J

Reina Venus, soberana

capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dló el sino
y en ella bebf tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hlw experi mentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvldoel turbulento
sentimiento,
y bailé un sátiro ladino
que dió á mi labio sediento
n::evo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi ruJa sangre fiera
triple llama fué encendida:
yo al flamante amor entrego
la. vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.
En la fruta. misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente ó \Jeso sabio.
1Bien haya el sátiro griego
que me euseiló el dulce juego!
Ea el reino de mi aurora
no bay ayer, hoy ni mailana ·
uanzo las danzas de ahora '
con la mfü,ica pagana.

(De Florell de humo.)

Con su manto escarlata de emperatr!z gloriosa
se va la tarde, el cielo, toda vía desierto,
muestre. pálidas lilas en un fundo de rosa,
un vago color rosa, un triste rosa muerto.
Es la hora solemne, callacfa, misteriosa,
en que dan su perfume las flores de mi huerto,
cuando cae la sombra como ala pavorosa
melancólicamente sobre el paisaje yerto.
Porque mi alma vibra con la moda carleta
de las t&lt;,rvas tiniebla~; E.'S la hora propicia
de empollar el Ensueilo que entusiasma y alegra,
de abrir á las quimeras el mlrflico broche
para que el Verso tienda las alati en la negra
desolación augusta de la pávida noche!
RAFAEL LOPEZ,

EN UN LlBRO.
Tienes 1fellzl inspiración divina.
Ave que ama los boscajes nuevo:,·
En tu arpa de oro, i,unorosa encl~a
Colgó su nido y empolló i.us huevos'.
Marcha serena; aquel p·eilasco hirsuto
Que t'Stá circuído por duq uier de abrojus;
Aquel manzano de olorusu rroto
Y flores que huyen como insectos rojos;
El rubio sol de claridad bermeja
Que d~ las nub~s entre el bumo vago
Al baJar á su tumulo semeja
Un luminoso y transparentE lago,
Tu retorno verán; ya se derrumba

l'FlNlDA.

Bella á quien la suerte avara
ordenara
martirizarme á ternu1 as,
dló una negra perla rara
Luzbel para
tu diadema de locuras.
RUBEN DARIO,

~I altar de mis suei'ios: triste herido ....
No vayas á. buscarme hasta mi .umba

LA. PRIMERA V ANIDAD.

Tras tanto insomnio . . . . m &gt;! hal:arás dc,r.nidc.
Ay! amar ya no puectv; mi alma enferma
Que fué campl"a embalsamada, luego
Trocóse en soledad ardiente y yerma
Del sol de mis dolores por el ru..go. '
ABEL

C.

SAL.\ZAR,

Cu~DRO DE Ts. CRusT.

Número 6

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>., .

~

..,

[)omtngo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

12
antes, y que estaba oculto entre el tango de la playa,
con los cabellos grises pegados al rostro y cubiertos
de arena y de conchas.
Sintió un estremecimiento en el corazón; pero ya
los lacayos se babia.o llevado los platos haciendo des•
aparecer los restos del enorme pez, y en tanto que
senían otra cnsa, los elegaotei- y trholos invitados
seguían su conversación. Ya el hambre se babia aplacado y esto lo., animaba; bablabancon másabandono, sonreían y sus rrnses eran deliciosas.
El huésped silencioso sintió una tristeza infinita
porque en su Imaginación de sonador surgía la 1epresentación viva y dolorosa de todos 10.-, trabajos y penalidades que son necesarios para crear el bienestar
de los escogidos.
Para que éstos pudiesen llevar un frac delgado en
pleno Diciembre y para que RUS mujeres Luvlesen los
brazos y el cuello dest1Udos, el col,irítero saturaba lahabitacióncon el calor de una mailanade primavera. Pero
de dónde procede el calor:' El condenado del pafs ne•
gro, el obrero subterráneo que vive en el Jnflerno de
las mtnas extrajo el combustible. Qué blanca, qué
fresca es la piel de esa joven que o:,tenta victoriosamente su cuello que emerge del corpiílo de seda.
Quién ba tegtdo esa seda? La araña humana de Lyon,
el obrero siempre inclinado aobre su eterna labor.
Luce la dama elegante dos perlas admirables de opalina transparencia, y casi esféricas. La perla que tragó Cleopatra después de hacerla disol ,er en vinagre,
y que no vaHa menos de diez mil ,;extercios, no era
más pura. ;. Y sabe ladl\ma elegante que allá en Cey•
lán, en los bancos perlíferos de Arlppo los Indios de
la Compailía penetran á doce brazas de profundidad
heroicamente, con un ple en el peAAdo estribo que
los arrastra al fondo, y un cncbillo en la mano lz•
quierda para defenderse de los tiburone:.?
¿Qué relación puede haber entre todas estas elegancias y todos estos retinam ientos y el obrero tenebro•
so que escarva á cincuenta p1és bajo tierra, y el Li?je•
do~ deformado que trabaja ante la máquina, y el sal•
va3e que se arroJa al mar y á veces lo enrojece con su
sangre? ¿Por qué pensará uno en cosas tan tristes y
tan feas? Sin embargo, el soilador está perseguido

por su idea fija. Desmenuza sobre el mantel en pe•
dazo de pan dorado, alimento de capricho, inslgnltl·
cante en una mesa tan lujosa, pero que hace pensar
en la frase candorosa de la gran dama que hablaba
de los miserables hambrientos: csi no tienen pan que
coman pasteles.&gt; Y este pan que procede como el pan
del campesino, como el zoquete del soldado, de la sementera de los campos, ~xlge la labor paciente de
muchos pob~e.'i.
El campesino ara, siemhra y cosecha. Llevó su ara•
do á las tierras bllmedas, recibiendo en la espalda las
frías agujas de la. lluvia otoilal: en la noche, cuando
amagaba la tempei,tad, despertaba temiendo por su
sementera.; temblaba al ver pasiir las pesadas nubes
violetas cargadas de granlzo,'.y salió, seco y negro, del
enorme trabajo 'J de los sudores de la siega.
Y cuando el viejo molinero, deformado por los reumatismos que le trajeron las brnmas del rfo, envió la
harina á Parfs, los ruocetones del mercado, cubiertos
con sus grandes sombreros blancos llevaban los sacos
en sus espaldas auchfsi mas, y la noche anterior los
panaderos trabajaron basta el alba.
Todos estos esfuerzos y todas estas penas se acu•
mulaban en el pedazo de pan que desmenuzan las ma•
nos blancas y paLrlcias. L:i. obsesión se apodera del
incorregible sonador. Del banquete wagnifico sólo ve
los sufrimientos humanos que ha costado, y cuando
el escanciador le i,irve un Vd"º de Chambertln, recuer•
da que ciertos ubreras de las fábricas de vidrio:i se
hacen tísicos soplando las botellas.
Vamos, esto es ridículo. A"( es el mundo. Un economista se reiría de sus escrúpulos; siempre hibr,,
ricos y pobres del mismo IDL)do que habrá siempre
hombres erguidos y jorobados. ¿A.caso va á pc1.rar en
socialista?
Los arortunajos qu~ se slent&lt;1n á la mesa, no tlenen privilegios iojus~os; no son favoritos vulgares
del becerro de oro, ad venedlzos, egoísta&lt;; y groseros.
El gran señor que preside llevc1. b ,m orílicamente uu
nombre unido á todas lai glorias de Franela; el Ge•
neral de bigote gris e.-, un oéroe que dió una ca•ga
con la Intrepidez de )iurat en Rizo o vllle; ese pintor
y ese poeta trabajan con fiielid.1d en pro del arte y

A LulsG. UrblDa.

La sombra da la fé. Su lmágen muda
A nuetitras a•was en su seou embosca,
Cuando el dolor, al engendrar la. duda,
Como una sierpe al corazón se enrosca.
Bajo el dosel de sus flotantes velos
Se evaporan las trágicas angubttas,
Y á ella van á refugiar sus duelos
Las alma~ tristes y las trentes mustias.
Desde que el hombre á la existencia asoma
Siente doquiera palpitar su huella;
La vida en ella sus potencias toma,
Radia un momento y se disipa en ella.
¡Oh, no digáis que de su vientre obscuro
Surge la. envidia y se levanta el odio;
Ni ella da al vicio su vagido impuro
Ni empuja al crimen el puilal de Ilarmodio.
Amad la sombra. l-iu exprei.ión augusta

La saila cruel del sufrimiento aleja;
Ante ella toda tempestad &lt;;e asusta,
Toda inquietud á su contacto ceja.
Ante el poder de su pupila In mema
Arden y alumbran con fulgor de aurora,
Ya la razón cuando Investiga y plensc1.,
O bien el alma cuando impreca y llora.
¡Oh amada sombra, tu sitial bendigo
Hoy que en tus na,•es con mis ansias bullo
Para que des á wl Ideal tu abrigo
Y á mi convulsa inspiración tu arrullo.
Ya que las fuerzas de mi ser cautivas,
Paso el umbral de tus gluriosas puertas
Para encender mis esperanzas vivas
Y sepultar mis ilusioueb mi;ertas.
BENITO F.ENTANES,

Julio de 1899.

rA la manera deJobau de

de la belleza; ese quf1nlco, hijo de sus obras, que em.
pezó de mozo de farmacia y que ahora es una auto.
r!dad del mundo cientltlco, todo lo debe á. su genio,
y por último, esas nobles damas son generosas y buenas y con valor discreto llegan á veces basta el fon.
do de los mayores Infortunios para aliviarlos. ¿Por,.
qué esos seres excepcionales no bao de tener gooea
excepcionales también?
El soñador se dice que ha i,ldn injusto y que lo que
ha pensado no es sine Hofii,ma. bueno á lo sumo para
un club de barrio; pero el banquete llega á su fin 7
mientras que los lacayos llenan por última vez Iaa
cupas de Cl.iampagne, reina el silencio, los convidados sienten la ratiga de lf' digestión. El soflador loa
mira todos estos ro.'&gt;tros que tienen una expresión ele
fatig-a y de hartazgo que lo inquieta. Sin embargo, wt
sentimiento puro, Inexpresable, pero lleno de amargura, protesta en el fondo de su corazón contra eaoa
saciados, y cuando dejan al lin la mesa, repite en VOi
baja obstinadamente:
-Sí, están en su derecho . ... ¡,Pero sahen acaso que
su lujo está amasado ele miserias? .... ¿Piensan algu,.
na vez en esto? .... ¿ Piensan en esto tanto como d&amp;,
ben pensar? ..... .

F.

A ño VI-Tomo 11

México, Domingc- 6 de Ago""'to
=de 1899.

CoPEE.

i

Umbría.

DK ZlR,

FRAGMENTO.
Si odiáis la sombra porque en ella duermen
Los que en la vida la impotencia abate,
Sabed que en ella se elabora el germen
De luz que en todo movimiento late.

1

Dueuyas.J

Reina Venus, soberana

capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dló el sino
y en ella bebf tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hlw experi mentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvldoel turbulento
sentimiento,
y bailé un sátiro ladino
que dió á mi labio sediento
n::evo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi ruJa sangre fiera
triple llama fué encendida:
yo al flamante amor entrego
la. vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.
En la fruta. misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente ó \Jeso sabio.
1Bien haya el sátiro griego
que me euseiló el dulce juego!
Ea el reino de mi aurora
no bay ayer, hoy ni mailana ·
uanzo las danzas de ahora '
con la mfü,ica pagana.

(De Florell de humo.)

Con su manto escarlata de emperatr!z gloriosa
se va la tarde, el cielo, toda vía desierto,
muestre. pálidas lilas en un fundo de rosa,
un vago color rosa, un triste rosa muerto.
Es la hora solemne, callacfa, misteriosa,
en que dan su perfume las flores de mi huerto,
cuando cae la sombra como ala pavorosa
melancólicamente sobre el paisaje yerto.
Porque mi alma vibra con la moda carleta
de las t&lt;,rvas tiniebla~; E.'S la hora propicia
de empollar el Ensueilo que entusiasma y alegra,
de abrir á las quimeras el mlrflico broche
para que el Verso tienda las alati en la negra
desolación augusta de la pávida noche!
RAFAEL LOPEZ,

EN UN LlBRO.
Tienes 1fellzl inspiración divina.
Ave que ama los boscajes nuevo:,·
En tu arpa de oro, i,unorosa encl~a
Colgó su nido y empolló i.us huevos'.
Marcha serena; aquel p·eilasco hirsuto
Que t'Stá circuído por duq uier de abrojus;
Aquel manzano de olorusu rroto
Y flores que huyen como insectos rojos;
El rubio sol de claridad bermeja
Que d~ las nub~s entre el bumo vago
Al baJar á su tumulo semeja
Un luminoso y transparentE lago,
Tu retorno verán; ya se derrumba

l'FlNlDA.

Bella á quien la suerte avara
ordenara
martirizarme á ternu1 as,
dló una negra perla rara
Luzbel para
tu diadema de locuras.
RUBEN DARIO,

~I altar de mis suei'ios: triste herido ....
No vayas á. buscarme hasta mi .umba

LA. PRIMERA V ANIDAD.

Tras tanto insomnio . . . . m &gt;! hal:arás dc,r.nidc.
Ay! amar ya no puectv; mi alma enferma
Que fué campl"a embalsamada, luego
Trocóse en soledad ardiente y yerma
Del sol de mis dolores por el ru..go. '
ABEL

C.

SAL.\ZAR,

Cu~DRO DE Ts. CRusT.

Número 6

�76

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA
Desde hace algún tiempo teníamos ?lvi~ad~ el ~oblo y no obstante nuestras etnológicas rnclmac10~!s d~ pereza, parece que desdeñábamos seguir el
ideal que fué medio siglo atrás, el encanto _de nuestros oetas. Hoy vuelve, de manera repentma, evocado ppor quién sabe cuáles viejos r~cnerdos,.,la dul_ce
palabra que, como ttdo lo desvanecido y leJano, ~1~ne un encanto singular de perfume mu_erto, de _mus1ca remota, d~ ensueño resucit~do. Qm~ro decir que
torna á hablarse de la bohemia .. . • ¡~10!._ mfol Pretender en nuestros tiempos reproducir, s1qmera sea
en cuaresma, el milagro d_e Lázaro! No, no ha de resucitar Ja amada muertec1ta.
.
Colocad si queréis, jóvenes poetas, un ramo de lilas, las primeras_ de la reciente Pr!m~vera, en el sepulcn, imaginar10 de la buena amiga, pero no la llaméis . .Acordaos del compañero ausente:
,Qué madre puede revivir al niíJo
que duerme bajo el musgo de la tierra?
Henry Mi.irger escribió una del~ciosa narr_ación i_~re nada de suave poesía: «La vida bohemia.&gt; Mur:erg cuenta en estilo c:mmovedor las aventuras_ Je
tres muchachos que se lanzaron á la buena de _Dios,
en la agitada vida de París, en busca de glona, de
posición y de dinero.
.
El tipo de e'&lt;tos bohemios, en la época en que el
libro fué escrito, era muy común.
Todos los que en nuestras mocedades hemos _devorado las obras que produjo el ardor romántico en
]'rancia, conservamos estereotipad_a entre los rec.uerdos más frescos, la imagen de un Joven de rostro pálido ojos de prc,funda ternura, alborot~da y abundante melena y largo y ajustado levitón: en una
mano sostiene de la falda un sombrero de copa de
forma extravagante y en la otra lleva u.,n rollo de papeles á manera de cetro. No hay más que evocar memorias de cosas idas, para que aparezca en_ nuestros
sueños ese tipo del bohemio. Es el novehsta, es el
dramaturgo, es el poeta que nos ha le~ado 1~ revolucionaria generación de 1830. Es el mismo Joven de
las confidencias de Lamartine, es el desesperado de
eLa Confesión de un hijo del siglo,&gt; de Musset, es el
Marius de Víctor Hugo.
.
y no cabe duda en que este romántico personaJe quellora en la sublime noche d,e Diciembre y rie en «La.
Vida Bohemia&gt; nos encanta aún y subyug_a nuestra
imagfoación, porque dentro de su fantástica envoltura~ hay mucho de verdadero y humano.
Pero lo cierto es, que en el estado actual de nuestra sociedad, en medio de esta constante mare~ de
progreso y orden, dentro de este circulo en_ real!d~d
que se ensancha cada vez con mayor empuJe, el 10,11.ántico de 1830 es un ente ridículo. Y sin embargo
la manía de la palidez demacrada, de la melena, del
largo levitón, parece que quiere volver aquí, y que
empieza á enamorar á algunos incau~os. Cuántanme
que existen-no he logrado verlos-1óvenes que toman ajenjos tan sólo por imitar al autor de «Rolla,&gt;
que se intoxican con malos alcoholes á falta de buen
hachis y que evocan la sombra de su musa, puestos
en la hierática actitud de los bro.hamanes.
Sin embargo, lo perjudicial, lo nocivo, no está ~n
esas manifestaciones románticas, sino en la creenma
que aún tienen algunos de nuestros jóvtines p~etas,
de que el arte es algo divino que i~funde el cielo á
los seres privilegiados, los cuales brnu pued~n esperará que flote sobre sus cabezas esa llama! ~10 nece~
sidad de estudiar nada, ni de conocer el 1d1oma, m
tan siquiera de haber leído obras que desarrollen sus
facultades.
Urge que nu~tra juventud se convenza dP. que el
artista no es un profeta analfabético, que obedece á
una revelación; es necesario asimismo que se pers•1ada de que tampoco debe ser ui_i holgazán, que entre holgorios y disipaciones, escr1be obras maestras
6 pinta cuadros inmortales. La época actual no se
presta ya á estas comedias vividas.
Emilio Zola, que en uno de su_s iracundos ~r~ebaws acaba de di\orciarse de la Juventud parisiense,
de ~sa juventud simpática, irrev~rente y den:iole~ora, pero ilena de estudi-l y pletór1ca de en_e~g1as m.
telectuales, combate enérgicamente ese. v1c10 de la
bohemiada, que todavía tiene 1:,us adeptos entre nuestros flamantes literatos.
·
El inmortal autor de «La Comedia Ilumana,&gt; escribía acerca del artista, en 18:31:
.
«Obra bajo el imperio de ciertas circunstancias, cuya reunión es un mi&lt;;terio. No se pertenece. Es un
juguete de una fuerza eminentemen_te caprichosa.
Tal día, sin que él Jo sepa, sopla un_vrnnto y todo ~e
relaja. Ni por millones _t~caria 5U pmcel, modelana
un trozo de cen, 6 escnb1ríauna línea ...... Onanoche en medio rie la calle, una mañana al levantarse,
6 e¿ el seno ile una alegre orgía, acierta un carbón
encendido á tocar ese cráneo, esas manos, esa lengua;
de pronto una palabra despierta la11 ideas, que nacen,
crecen fer metan .... tal es el ~rtista; humilde instrumento' de una voluntad despótica, obedece á su amo.

EL MUNDO.
Cuando se le cree libre es esclavo; cuando ~e le ve
agitarse abandonarse á los a~rebatos de !.US ocuras
ó de sus 'placeres carece de voluntad, está muerto.
Perpetua antítesis que se encuentra, así en_lamajestad de su poder, como en la nada de su vida, es
siempre un dios ó siempre un cadáver.&gt;
y Zola responde á esta lucubración brillante con
estos acentos de verdad y de ironía:
«Hoy nos hacen sonreír esas cosa~. Tod~ una época está ahí: la alegre orgía, el carbón encen4ido, la an.
títesis del dios 6 del cadáver, delatan claramente _la
fecha de ese trozo. Se creía entonces que los artistas pintores poetas, novelistas, abrían la ventana á
la \nspiración, la esperaban co_mo una a~ante que
viene ó no viene, según su capricho d~ muJer: El g,:nio no se concebía sin el desorden. ~e trabaJaba al
fragor del trueno, en medio de las ;1amas de ~engala
de un apoteosis, con el ca!Jello erizad? P?r .a. ~ensión cerebral cediendo á un furor de p1ton1sa v1s1tada por un di~s. Estas actitudes líricas no están Y&lt;\ _de
moda, y boy apenas creemos más que en el tr_abaJo;
el porvenir de las personas laboriosas que_ S3 sientan
todas Jas mañanas delante de su mesa, sm otra cosa
que Ja fe en el estudio y su voluntad ~otad ~ue nada había más desastroso para los escntores Jóvenes
que esta teoría de la inspiración que ha?ía_ de un _autor un tabernáculo inconsciente, donde:e. d10s ba_b1taba por accidente de tarde en tarde, y_sm regularid~d.
Entonces ¿á qué el trabajo, la energrn, la contrariedad del esfuerzo1 ¡Cuánto mejor vivi• en la a_legre orgía., e~perando la abrasadora_ del carb~n divmo l Yo
he conocido jovenes del corteJo ~ománt1co llenos de
menosprecio por nuestro trabaJO regular, por ese
arrastre de la inteligencia, por esta faena en que se
doblegan el cuerpo y el pensamiento, y que ll~T?ªn
desdeñosamente faena de albañiles. S_omos epiciers,
es verdad, pero eso precisamente constituye nuestra
fuerza y nuestra gloria.&gt;
Estas últimas p:Llabras del gran nove~ista francés,
son consoladoras, e,timulantes, y const1~uyen el credo de los que en la presente época trabaJan y estudian par11. conseauir lo que en los tiempos de Henr.v
Miirguer se bm~caba en las orgías alegres y con las
ventanas abierras.
·
y ..... . creo, amigos míos, jóvenes bohemios, que
basta y sobra para tardío sermón de temporada.

Domingo 6 de de .Agos~o 18!19. ==

·

El autor de la música. inspiránd_ose también en
compuso una.
f rase de Puccinl en la Bohemia,
una
·
partitura
rica de .instrumentam"6 n Y :¡ue t·iene 108•
piradlsimos pasaJeS.
El buen gusto está de plácemes.

EL SECRETO DEL RATERO.

Paseaba un día en compañía de un amigo; de pronto un movimiento brusco, un empellón, y el alfiler
d¡ su corbata ea manos de un ratero. ~o a~rapamos y
lo \levábamos al gendarme, cuando m1 ~migo se detuto y le dijo: -Te dejo libre si me expllcas _como te
las arreglas para sacar pañuelos, extraer reloJes, birlar
ortamonedas, alfileres y carteras.--¿Palabra de ho~or?-Palabra de honor. _El muchac_h? comenzó en,
torrees uua larga e:xplicac16n q~e qms1~ra reproducir
textualmente, con sus locumone~ prn_toresc~s, sus.
metáforas leperunas, su caló enérgico ~ rnt~nc10nado,
ue me limito á parafrasear para ed1ficac1ón y enY
q
· Ject ores•
señanza
de mis
.
«~o crea usted, señor, que para ratear se neces1tagra~ habilidad, destreza 6 agilidad. Por ahí dicen.
que aprendemos con un muñeco colgado de un mecate y lleno de campanitas y que le ~emos de sacar el
reloj 6 el pañnelo sin menearlo y s10 que suenen las.
campa:ias y qu€. si uó nos dan de palos los maestros.
N O e,; verdad, señor, nosotros no aprendemos con muñec:,s ni con campanas, sino en la calle y con la gente misma.
«Lo importante, lo que es indispensable e~ saber casm· su partidito. Va usted por la calle y empieza á verá los que van pasando y á poco rato ya sabe uno COll
r uien puede rifarse y darse gusto. Unos son mal encaiados, con muchos bigotes y ojos turbios; no s~ meta usted con ellos, porque lo parten . Otros no deJande
manosea,· la cadena del reloj, de tentalear el prendedor, de sacar de cuando en cuando de la bolsa ~e ~*
cho la punta de la mascada, de verse en los vidrios
* *
de los aparadores y acomodarse al disimulo la corbaNos ha llegado el espectáculo noble.
Tal parece que despertamos de un sueño largo Y ta. A estos hay que dejarlos porque _están, muy penalegre, durante el cual hubiésemos estail? escuchan- diente.; de todos sus dijes ...... y ni modo.
«Las señoras arande&amp; se acalambran apretando el
do ruido de ca¡¡cabeles, serenata de mandolinas y pasaportamoneda y ios paquetes que sacan del come~clo;.
calles de bandurrias.
.
La zarzuela del género chico, como se estila ahora se prenden fuerte los :fistoles y esconden el reloJ en
decir, ha dominado el teatro, loba invadido, y se ha el seno. No se puede con ellas. Las ?e~tas no llevan.
más que el libro ce misa y un rosarJG. 10serv1ble; los
adueñado, como una conquistadora, del gusto_. .
Sin embargo, de cuando en cuando nos v1s1ta la cobradores cargan mucho, pero lo cmdan como á_ las.
ópera y reenciende nuestros entusiasmos por el dra- niñas de sus ojos y sólo cuando están contando dmema de alto coLurno y la música de vuelos gigantes- ro se les puede tantear. Pero hay otros, señor, que
deveras dan gusto. Van bobeando, atontados, no se
cos.
b
La compañía que acaba de visitarnos y que a re lijan más que en las niñas que pasan, espían para tola temporada es de las que llaman populares y que, dos los balcones, se paran y se eterniza? en los apa•
desde el punto de vista del arte, prestau un gran ser- radores y se quedan lelos en las fotogra~1as. Ta! pare•
vicio á la cultura hum&lt;\na, en cuanto que democrati- ce que tienen el cuerpo dormido, no srnntei_i tuunes,
zan l&lt;ts obras exquisitas y arrojan en las masas el ni empellones, ni pisotones. Para probar s1 están de
germen fecundísimo del amor á la Belleza.
punto pasa usted Junto á ellos y les Jala los faldones,
Entre los artistas de la nueva ópera, se ha hecho ó los testerea; si se quedan como si tal cos~, entonces esnotable la seííorita Chalia, una soprano dramática pera usted que pase una muchacha bonita, 6 que tra,
que posee, agregadas á sus,raras facJ?-lta~es natura- ben conversación con un amigo, y cuando l_os ve usles, mucho estudio y una gran ,experiencia del palco ted lelos se les atraviesa y les quita usted s10 que loescénico.
sientan, basta la muela del juicio.
La Cllalía se ba presentado, du:ante la seman~,
«Por ahí por San Francisco, con ojos de huevo ti·
tres veces en .dida y la última vez cssecbó más nutn- bio, hay un catrín que está todo el _día haciendo el
dos y espontáneos aplausos.
oso, y á quien le he quitado el reloJ, dos mascadas,
Dentro de muy poco tiempo será entre nosotros un prendedor, un limpia dientes, y un d_ía que le ha•
la preferida en tratáudose del noble espectáculo de blaban por señas, por nadita le seico el amllo del dedo.
la ópera ..... .
Los coyotes dan muy buen resultado; á la hora e~ que
se están tantiando unos á otros con lo de las acciones,
*
* *
ni ven, ni oyen, ni entienden, y los limpiamos que da.
Porque en tratándose de Zarzuela, Esperanza Di- gusto.
marías se llevó, como dice el Padre Isla, de calle
«Los que van por la calle hablando solos, son mulos estrados. Conquistó con el lema de César: llegó y cho muy buenos y los puede su merced desollar vlvo&amp;venció. Su juventud y su talento triunfan desde_ el sin que chisten palabra.
primer instante. No se había dado caso en México
«Cuando vea discutir á dos y gritarse y manotearse,
de un debut más violento y de una victoria más ines- láncese á la desg1·acia, que al .tia no le ban de hacer
perada. La señorita Dimarí_as ha pisado ~a escena caso. Si quiere hacer chuza, improvise con dos ami·
por prime1a vez con la segundad de una art11,ta enve- gos pleito en la calle, y mientras todos están peo•
jecida entre bastido,.es. No riñó batalla con el púb_li- dientes de las trompadas, puede usted hacer s~ ag0&amp;to:
co para arrancarle un aplauso, sino que entró, lo v16,
«A las mujeres hay que trastearlas en el caJón, cuan
le habló, le cantó y el público se rindió, obedien~e y do les están enseñando géneros y listones; s~ les va.
mansamente sin necesidad de hacer esfuerzos m de el santo al cielo, dejan caída la sombrilla, olv1da1!f
recurrir á subterfugios. La Di marías, como la prin- portamoneda en el mostrador, y mientras, se pu 8
cesa de los Cuentes de Hadas, está llena de dones. usted habilitar. También es bueno cuando pasa otrt.
Hay en ella una gran alma de artista.
mujer, y más si es bonita y está bien vestida; por esIrá muy lejos.
tarla barriendo con los ojos y recoJ"tándola, no sabeD
ni con la que pierdP,n y puede usted armclrse. P~
**
*
Los periódicos han hablado lar¡;amente, desha- las beatas lo mejor es la iglesia á la hora de alzar,
.
ciéndose en alabanzas, de la obra de Paso, Dicen- también uno se alza con lo que puede.
«Las tl'ompetos no tienen precio y por eso dicen luete y úbapí, estrenada noche¡¡ ha en el Teatro Argo: «Es como quien desnuda á una torracba. &gt;Las gatf;
beu.
El Curro Varyas, es, en etecto, una zarzuelita de tas son buenas porque siempre están pensando en
tecolote y los payos, como se engentan y se les cae la ~
merito y de carácter netamente español.
Los autores de la letra se inspiraron en una nove- con cualquier cosa, también tienen rnuchct cuenta. P~el
la de Alarcón sobre cuyo argumento bordaron finos por lo que es á un fraiie, á un gachupín, á uno
depósito ó á uno que_preste con logro, no los tcmtell
arabe~os poéticos.

Dommgo 6 de Agosto de 1899
ni con padres descalzos ni los limpia ni con jab&lt;Jn de
Cast illa.&gt;
Mi amigo y yo escuchábamos absortos, sin pestañear, aquellas ingenuas revelaciones.
Sí, á no dudarlo, el secreto del ratero estriba en
conocerá fondo el corazón y el -:arácter humanos; en
diagrwsticar por la fisonomía, por el porte, por el andar, al ser concentrado, abstraído, di vagado, extraño
á cuanto Je rodea; en aprovechar aquellas ocasiones
en que nos olvidamos de nosotros mismos, para hacer
tabla rasa de nue~tros fondos. .Aquel muchacho tenía razón; hay rateros porque hay distraído&lt;; y absor•
tos· porque no falta quien caig-a al pozo por cuntempla~ el astro; porque la atención no puede ser múltiple y porque no tS posible á la vez ocuparse de la mujer que pasa .Y de la cartera., de la conversaciún que
se escucha y del portam,medas.
En cumplimiento del pacto le dimos suelta. c ..ando
el muchacho desap.1reció, babia desaparecido también
mi relox. Quod erat demostrandum.

EL INGENlOSO HIDALGO

. DON QUIJOTE DE LA IIANCHA
POR

Miirrel de Cervantes saavedra.
Ed•ción Seix, ilustraja ricamente con oleogralias
de J. Moreno Carbonero y L. Barran y con un prólogo ,1el Excmo.
Sr. JJ. José ll~ Asensio. Dos tomos. Barce1ona, 1899. (lJ

Una nueva edición del Quijote es siempre un acont ecimiento en el wundo de las letras, por más que
sean ya innumerables las ediciones que van publicadas de la inmortal ol,ra de Cervantes. Con mayor razón lo es, cuando se publica con las excelentes condiciones que enriquecen la que tenemos á la vista y
motiva estas líneas, pues dudamos que jamás la obra
española por excelencia haya sido presentada con maJOr gusto y distinción, á la parque con tal sobriedad
y riqueza, acompañándola tan valiosos documentos
referentes á la obra y á la vida del autor, como los
que la acompañan esta vt:Z.
Semejantes cualidades exigen que no se pase en silencio la aparición de tan hermosa publicacióll, pues
hay q¡ucho que admirar en ella v no poco que apren.
der. Jamás, por mucho que se diga del Quijote, se
habrá dicho lo bastante en consideración á lo que se
merece ese libro sin par, joya de la literatura castellana y admiración de todas las demás literaturas que
se han bourado prestando la vestidura gráfica de su
leng uaje á las descomunales aventuras del ingenioso
hidalgo manchego.
P ero, con el Quijote abierto ante nuestros admirados ojos, ¿de qué hablar que no se haya desmenuzado ya por eminentes críticos y peregrinos ingenios
cer vantistas que han descubierto en él hasta la quinta esencia de un profundo significado? El filólogo
t iene en cada una de sus páginas ancho campo donde
extender sus investigaciones, pues no existe otra obra
que igualarse pueda á ésta en punto á la riqueza y
variectad del lenguaje, constituyendo por sólo este
mérito un verdadero tesoro de la lengua castellana,
un gran monumento de esa lengua que hoy por hoy
babia la mayor parte del continente americano. El
historiador encuentra en ella datos inapreciables para el estudio de la raza entonces dominadora y predominante en Europa y América; el moralista baila
en ella también un verdadero caudal de máximas y
sentencias que no por revestir un carácter sencillo y
popular, dejan de interesarle por lo sensatas y lo profundas. En fin, dad á leer el Quijote á infinidad de
personas ilustradas, 6 sencillamente curiosas, sean de
la condición que fueren, y todas sacarán un determinado provecho de su le.-.:tura, todas encontrarán en
sus páginas un manantial de su ciencia, de su arte 6
de sus aficiones. ¿Qué más necesita una obra literaria
para labrarse la inmortalidad y una fama universalmente pregonada? Tal es lo que consigue el Quijote.
Dejemos aparte este sinnúmero de bellezas, y fijémonos solamente en una, tal vez la que constituye
el alma de la obra, la que inconscientemente tal vez,
impulsó á su autor á escribirla, y á su vez la que
creemos menos estudiada basta ahora, pues siempre
se había tenido en poco el valor sociológico de la obra
de Cer vantes. Nos referimos como ya habrá comprendido el lector, al genio de raza encarnado en el
carácter simbólicamente humano del Caballero de la
triste figura.
Es lo cierto, que por más que por algunos espíritus
(1) Esta edición es elZl!vir!ar,a pura. con inic lale• y frisos policromados al estilo d.e los au,lguos codlces, y la acompañ~n un gran
nt\merode do~umentoslnédito, y de autógrafos MJ propio Cervantes.

EL MUNDO

ligeros se baya negado tal significación al béroe manchego, Don Quijote es la más vi va encarnación del
pueblo castellano; no español como pretf&gt;nden algunos; porque dent,ro de la península, hay pueblos antitéticos al de Castilla, como es el catalán, frío, trabajador y comercial, y el gallego económico, pacífico
y humilde como el que más. Don Quijote e:. esencialmente castellano, quizá tal vez con mezcla de andaluz; en qu,ien puede que haya algo de los demás pi;eblos peninsulares es en Sancho Panza, especialmen·.e
delos del Ebropara arriba;perocomo eso no entra en
nuestro propósito, vamos directamente á Don Quijote
y dej::&gt;mos para otra ocasión al panzudo escudero, antítesis de su amo y señor.
¿Quién no le ha segu·do por las yermas y despobladas llanuras de la Mancha, por las escabrosidades
de Sierra Morena y por las agrestes regiones de Aragón y Cataluña, buscando tuertos que enderezar, viudas
que consolar, justicia que furer y huérfanos que amparar
debajo su jamás desmentida y leal caballerosidad?
Pero !oque él quería realizar, cosa muy digna al fin, lo
quería también conseguir como él, al pueblo castellano, por medio de la fuena, confiándolo todo á un
brazo armado, exponiendo mil veces en designal 'Contienda su noble existencia, dejando abandonados sus
bogares, su hacienda é intereses, pues que nada le importaba que se perdiera lo suyo con ta1 de que se salvara lo ageno, siempre que fuera por obra y gracia
de sus admirables leyes, usos y costumbres que á la
fuerza imponía al mundo. Para él, la sociedad vivía.
sumida en la peor de las esclavitudes, gemía víctima
del error de los que no conocían al Cristo ni á su iglesia, 6 les desconocían habiéndolos conocido, y se figuraba que á su brazo estaba encomendada la tarea de
volverá las gentes al estado de justicia, de esa justicia que el delo había infundido en su cerebro, erigiéndose por propio impulso en batallador apóstol de
su fé. ¿ Quién no ba visto en el Qu;jote al soldado aventurero que alentado por un mal entendido espíritu de
conquista y de religión, muchas veces creyéndose impulsado por el mismo Dios, se anexiona una parte de
Europa, atraviesa el Oceano cuando aún nadie había
osado, se apodera de las regiones de América y Oceanía, las explota más tarde á cambio de lo que él llama beneficios de su civilización, sin que al hacer todo esto le alentara otro espíritu que el que guiara al
famoso hidalgo manchego al proponerse llevar á cabo
sus estupendas aventuras? En Flandes para imponer
la Fé exterminaba á las gentes; en Italia atropellaba
pueblos, y á América y Oceanía las civilizaba. Dominando, explotando, fanatizando 6 destruyendo á sus
raza.~, pacíficas las más de ellas por no decir todas.
J)las como aquellos conquistadores partían de principios equivocados, obraban sin conocimiento de causa y asentaban el edificio de sus obras sobre falsos
cimientos, tantas y tan maravillosas proezas no pudieron menos que re~ultar transitorias, ligeros caetillos de naipes que el aire de la fantasía levanta y
derrumba. Su ideal miraba hacia atrás y no hacia
adelante; y sólo dura lo que progresa.
No es propio de personas de sano criterio creerse
autorizadas para imponer sus particulares leyes á los
demás; máxime cuando se trata de razas diferentes
y con diversos estados de cultura. Hay que partir de
un principio evolutivo, clásico, humano y saber distinguir claramente entre las necesidades de unos y
otros. ¿Qué logró Don Quijote al proponerse arreglar
el mundo tratando de meter á todos en un mismo
molde, acuñándolo todo con un mismo troquel, midiendo todas las tallas con un mismo rasero? Desarreglarlo todo, producir mil disturbios, y estrellarse
en cuantas empresas acometiera.
¿Qué hizo España al tratar de nivelar v colocar
bajo un mismo cetro á tantos Estados europeos como Ueaó á dominar y á los de allende los mares? Encender°en ellos la guerra y provocar la discordia por
todas partes, verter ríos de sangre y de lágrimas y
desangrarse á sí misma, para concluir perdiéndolos ·
con la misma facilidad con que los había adquirido.
Exaaerandc&gt; el cuadro, Cervantes hizo patente el
por qué no se realiza la justicia sobre la tierra á pesar de las buenas intenciones. Si el Quijote no la producía, no era por falta de voluntad, sino por falta de
conocimiento. Su voluntad era grande, grande como
sus empresas y grande como los disturbios que producía por doquiera que se proponía intervenir. Pero su ignorancia era mayor. La buena voluntad de
Castilla fue grande, grande como sus conquistas,
grande como los estragos de que fue causa por donde
quiera que llegaba á ejercer dominio. Mas su falta
de saber la superaba: si como el beroe manchego no
ha realizado la salvación de cuanto se propuso, no
fué por escasez de voluntad sino por ausencia de conocimiento. ¿Quién duda jamás de la sinceridad de
sus buenas intenciones? Escuchad á todos los polítir.os desde las tribunas, absolutamente á todos, desde
~ más rojo al más moderado, y no oiréis más que el
eco de intenciones inmejorables; pero á todos por
igual les falta lo que le faltaba al héroe manchego,
y que fue la causa de su!&gt; inmensos fracasos. Hoy
por boy un sólo pedazo de patria les queda, próxima á desmoronarse el mejor día y aun aspiran á re.generarla y á robustecerla con la misma .:.uena voluntad, de la misma manera que aspirando á reg&amp;wirarlo todo, todo lo perdieron. Nápoles, Sicilia, Cer-

77
deña, el Milanesado, el Rosellón, los Pafses Bajos, el
Perú, Chile, México, el Paraguay, el Plata, !as Antillas, las Fll1pinas, etc., etc, en otro tiempo fueron
suyos; mas hoy nada les queda ya ni en los conti nentes, ni en los mares, lo ban perdido todo lucbando
como el paladio manchego por una justicia imaginaria y por una fe ignorante, al grito sacrosanto de
¡Patria!
¡Cómo se parecen ]os últimos momentos de E!&gt;pai!a y los de Don Quijott! .Ambos tuvieron su dfa de
gloria, su apogeo glorioso en sus empresas, España
viéndose sentada en el trono del imperio del mundo,
y Don Quijote glorificado en los salones ducales,
cuando
princesas cuiclaban dél,
doncellas de su rocino.
Pero toda medalla tiene un reverso. Hay en la Yida de cada hombre,-dice Alfonso D,rndet en su Naiab,-una ci.na luminosa, en la cual espera y recibe
todo cuanto le e&amp; dable esperar en punto á prosperidades, á goces, á triunfos. La cima es más 6 ru¡-,nos
elevada, más 6 menos accesible; pero existe de igual
manera para todos, así para los grandes como µara
los pequefio~. No hay sino que á maneradeaquel día
más !argo del aíio, en que el sol parece agotar tcdos
sus resplandores, y cuyo día siguiente parece ya un
primer paso hacia el invierno, ese summum de las
existencias humanas no dur&lt;1. más que un momento,
después del cual no cabe más que descender. Bien
podemos aplicar á la vida de los estados lo que el
gran novelista francés aplica á los hombres. Para tí,
¡ob España castellana! la del universal Imperio, ese
momento de oro fué el siglo XVI, el siglo que pre·cediera al en que vivió el inmortal autor del Qu~j,,te;
señora del mundo cómo te vistes, apenas hoy tu dominio se circunscribe á tí misma. Si dominas, es falsificando caracteres, disolviendo conciencias, proclamando estados de sitio. ¡Sí! ·Te encuentras en la
agonía; mas acuérdate que el héroe aquél, la personificación de tu genio, en sus últimos instantes supo
conocer que había vivido y obrado como un Joco todo
el tiempo en que quiso imponerse por la fllerza;
acuérdate que su vida es tu vida y su historia tu
historia, y que si al mor1r vuelto en su cabal juicio
confesó su er~or, otro tanto te queda que hacer á tí,
si es que no quieres d~smentir la sublime intuición
que guiaba al príncipe de los ingenios al escribir su
inmortal sátira.
POMPEYO GENElt.
París, 1899.

Un ideal místico en el teatro.
Si de Grecia hemos heredado el germen de una cu ltura amplísima, sus0eptible de alcanzar mayor desenvolvimiento, en cuanto se haga aprecio de Ja harmonía que supieron dar los hijos de Palas á lo real y á lo
ideal, el fondo y la forma; del Norte llegan al Mediodía de Europa las manifesliaciones, un poco sombrías,
del espíritu moderno, que as;:iira á reconstruir la metafísica creando la filosofía científica. Esta filosofía
desea fundar un concierto inmutable entre lo eterno
y lo perecedero, concierto que los materialistas han
roto al confundir sus análisis químicos con la grandeza de lo infinito. Creyeron que del fondo de las retortas salen las fuentes de la vida, y la vida es una
guerra misteriosa que se niega á dejarse conocer de
los hombres ..... .
El Renacimiento del siglo XVI, que fué doble, helénico y hebreo, ha tenido una inOuencia decisiva en
Europa, la cual ha de afirmarse más toJavfa según
pasemos del positivismo crítico á las aseveraciones
metafísicas.
El ingenio de Grecia y el de Judea, cuando tom"n
caracteres abstractos, llegan al más allá, que es la
verdadera meta de toda poesía y de todo arte, como
dice Mateo Arnold. El alma helénica con su belleza
plástica, y el espíritu hebreo con su pensamiento subjetivo, se compenetran fumando un ideal único en
el mundc, ideal que aún no ha dado sus frutos.
Reine, griego por el encanto de sus versos, y hebr¿o por la profundidad y «el anhelo, que no puede
expresarse,&gt; de su pensamiento, simboliza en el poema Fehucláben Jfakwy el deseo que existe de unir el
clasicismo y el cristianismo con el 1azo del arte, la
ciencia y la fé.
.Antes de que el tierno trovador cayera en t ierra
herido de muerte, cantó las excelencias de su amor
di vino y al cerrar la naturaleza, clemente, sus OJOS,
su último suspiro moribundo fué el nombre de Jerusalén, pobre querida agostada por eloinfortunio, triste 0uadro de desolación.&gt; Si Grecia es el arte y la libertad, Jerusalén es el resplandor que al.luncia un
nuevo día.
La venida de ese día podrá retardarse, perc, llegará
sin filisteismos y si con el lttcido cortejo de la verdad y
la compasión, que prefiere los vencidos á los vencedores. El amor, en su acepción más desinteresada, se
apodera ya de muchos corazones, y la ley del amor
acabará con el _egoísmo y la hipocresía; las murallas

�Domingo 6 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

7R

mosmulti,1licadotanto los puntos de vista, ~efin~co con t.al_ habilidad
las interpretaciones, investigado con tal pacie~c1a _el Génesis, y, por
consiguiente, la legitimidad de todaslas doctrmas, q?e he1;lJOS llegado
á creer que un espfritu de verdad se esconde en las b1pót_es1s más contradictorias acerca de la naturaleza del hombre y del umverso. Y corno
por otra parte no Lay ninguna hipótesis suprema qu? concierte todas
las demás v se imponga íntegra al entendJm1cnto, rema una anarqufa
de un carácter excepcional enLre los que r~flexi_onan. D~ abí se deriva un escepticismo sin otro análogo en la historia de las ideas, escepticismo del cual es Renan el más extraordinario representante.&gt;
Educados en la aridez del escepticismo y en la tolerancia que nos ha
traído la civilización moderna, nos maravilla el espectáculo de un
creyente que, á pesar de combatir su fe el indiferentis~o reinante,
i;igue admitiendo la acción de lo sobronatural en los negocios d~l mundo, y que á cada audacia de la crítica responde con una afirmac1ó~ ~eológica, las cuales aún tienen el don de fortalecer al caído y de m1t1gar
el dolor del triste.
La oposición que encuentra su entusiasmo religios? le fuerza á 1ecurrir á los procedimientos reaccionarios, y, como es cons1guie;11te, los acentúa con la experiencia que ad'luiere de que es problemático el triunfo
de su ideología. Si le dejaran al creyente sinceso imponer su dogmatismo lo haría como Torquemada, no como Lammenais. Prefiere el hierro á la persuasión; la- fuerza al derecho, y es que la intoleranc~a manda i.in admitir niugún mandato. Colocado frente á esa esfinJe que á
nadie cuenta el secreto de lo porvenir, él lo define en leyes de amor y
castigo, y si con ello no satisface al sabio, puede, en cambio, mostrar
á los afligidos, á los desheredados, á lo~ oprimido~ que constitu) en
las legiones del pauperismo moral, el cammo de la dicha, el P,uacleto
de Abelardo ....
Ya que contra su voluntad ba venido Bjmrnsren al mundo en este siglo, que con la sal de su crítica evita que se corrompan las ideas madres, se translada in mente al pasado, complaciéndose en evocar una sociedad muerta, la cual sólo podemos verla á través de la poes(a melancólica que alienta en cuanto fué y ya no será.
La tradición es su musa, y el culto que la profesa le hizo exclama r
en 1880: e Nunca saldré de Noruega; aquf quiero llorar, cantar y morir.
No me seducen los portentos de la civilización, esos adornos con que
engalanan las cortesanas del saber su miserable esqueleto, y prefiero
meditar en las iglesias á tener que asombrarme viendo los adelantos
contenidos en una Exposición universal.&gt;
Examinada atentamente la fisonomía interior de Bjmrnsmn, y leídas
que son sus obras, se comprende quE' le aten lazos de verdadero afecto
á Noruega. Domina allí á los campesinos con su talento, y una parte
considerable de la clase media piensa como él por haberse adaptado á
s~ medio y estar en comunicación intelectual con ese pueblo tan demó ;rata y tan moralista.
La influencia del medio es innegable en la colectividad y en el individuo, reflejándose además en la obra estética de modo concluyente.
Los fenómenos de simpatía y contagio mentales se manifiestan de
hecho, dando origen al parentesco espiritual que media entre la li teratura y los movimientos sociales, y aparecen desbordados en el teatro, ó bien al agotarse rápidamente las ediciones numerosas de un 11-

DAMAS lllEXICANAS.
'

'

_...

Domingc 6 Agosto de 18.99

EL MUNDO.

bro. La obra artística nunca es a~ena á lds costumbres y los sentimientos del país d:inde se establece.
Habiéndolo reconocido así la crítica, pasa, del estudio psicológko del autor que pone á contribución,
al de toda su raza, porque de no hacerlo de e.:.ta
suerte, fragmentarios y sin método, serían sus trabajos.
La historia de un pueblo, da, en parte, la medida
de los cambios porqu? ba pasado. Su literatura pone
de manifiesto las pas10nes y las ideas que en él tienen
representación, sus _cualidades, sus sentimientos, el
complicado engranaJe de su naturaleza. Y es que, el
escritor, aun desdeñando la realidad, el mundo que
le rodea, acaba copiándola por imponérsele á la voluntad. Su alma siente .:on las almas de sus contemporáneos,. y cuando imap;ina, es ig?al en el fondo á lo
que imaginó la generación de su tiempo. El sabe recoger las ideas 110 contenidas en un Sihtema filosófico
que están dispersas en la colectividad, las viste con
el ropaje brilla.ate del arte, y con su intuición, y su
experiencia penetra E'n los adentros de cuanto con él
vinieron. Hay una solidaridad en las razas, como
hay condiciones climatvlógicas opuestas en las distintas partes de la tierra, y la me1ancolía, la duda y
las sensaciones experimentadas por el hombre culto,
siguiendo una corriente psíquica desconocida, reper.
cuten en millones de ánimos que conservan la identidad de origen. El escritor que sigue la marcha de su
sociedail, lega al historiador, con sus obras, uu cua.
dro vi1&gt;iente que le permite recomponerla sin falsearla.
El rey y el vasallo de una época, el prócer yel lacayo,
la dama y la obrera, son ramas de un mismo tronco
que florecen y enferman en periodos invariables.
AHnidades ó disposiciones ó venidas de lo alto, podrán ser est:is aspiraciones sintético-sociales; pero la
crítica, poco amiga de admitir las causas desconocidas, en algunos de nuestros actos, procura conocerh s, y para. ello se auxilia de la ciencia que acabará
estableciendo las leyes denominadas del medio ambiente.
E. ALONSO Y ORERA,

EL MINISTRO DE COLOMBIA
EN .MEXICO.

ExMo.

Sa.

D. LORENZO MARitOQurn,

ll!ln!stro Plenipotenciario de Colombia en México.

El jueves 12 fué recibido solemnemente por el Sr.
President e de la República, el enviado extraordiuarlo y Ministro Plenipotenciario de Colombia, Exmo.
Sr. D. Lorenz&lt;• Marroquín. Selecta y numeroi,o fué
la concurrencia que presenció la ceremonia, distinguiéndose en ella muchas damas de la alta sociedad
de México.
Desdequeel Sr. Marroquín penetró en el S Ión de Embajadores, despertó espontán('a ,;im patía a laque eran

parte su fisonomía interesante, su bizar:a postura y
la. naturalidad de quien sabe a.traer sin turbarse la
atención pública. El discurso que pronunció c1.l poner
en manos del Sr. Presidente las cartas que lo acreditan como representante de C,1lombia, es fiel testimonio de la culjura y alta inteligencia del Sr. Ministro, así e omo de la simpatía que tiene por nuestro
país, en cuyos triunfos ve «un ej~mplo vivo que no

ha de ser estéril y un esplendor de gloria para la gran
patria americana.&gt;
Al terminar los primeros periodos de la alocusión,
el numeroso auditorio mostró su entusiasmo tributándole al Sr. Marroquln aplusos que se repitieron
más nutrí dos al terminar el discurso.
El Sr. Marroquín tlent una vuz amplia y sonora,
por lo que todos los concurrentes al Salón de Embajadores, oyeron sus frases sin perder una sola palabra. Su entonación y la galanura de sus frases, revelan al urador experto y al tribuno elocuente que es,
cuando la. peroración requiere amplitud y .vuelo.
Fué muy notable en e::I diiscuri.o del l:ir. Prei,idente,
RU marcadlsima. simpatía por la República del ::iur,
hoy con tar,to brillo representada ante nosotros·y con
1a cual siempre ba mantenido Méxieo relaciones cordialfsimas y que se estrecharán más, así lo esperamos,
con la acertada elección que ha becbo el gobierno de
Colombm, env1ánrlonos un Plenipotenciario tan hábil y bien dispuc sto á llenar ampliamente los empeííos de su co11Jetido.
El l:ir. Marroquín pertenece á una de las familias
más il•1stres de Colombia, que desde antes de la independencia figura brillantemente en la sociedad y
en la dirección de los negocios públicos de aquella nación. Uno de sus antepasados es el ramoso fiscal D.
Francisco Antonio Moreno y .Escandón, el culombiaño más ilustre de su época, que murió de Regen~e
de Chile; Don Andrés Marroquín, Diputado al Primer Congreso. y quien el libertador llamó admirable;
Nariííc, el primer apostó! y mártir de la Independencia americana; B,icaurte, el héroe de ::ian Mateo;
Alejandro usorio, Presidente del Congreso de Cúcuta
y Secretario de E~r,r.do de Bolívar y de otros presijentes.
Don L,,ren10 Marroquín es hijo de D. José Manuel
Marroquín, uno de los colombianos á quienes más debe el adelanto intelectual de su patria.. Es director
de la Academia Colombiana de. la. lengua, puesto que
ocupa desde hace mucbos affos; como litólogo y hablista, es uno de los primeros en la América Latín~
y sus obras didácticas han prestado grandes servicios y son harto conocidas en toda ella. Es poeta y
escritor humorístico, que ba deleitado á cuantos conocen sus escritos; d:itado de una fecundidad admi•
rable ha enriq11ecido las letras americana¡, en los últimos años con varias novelas, obras maestras corno
estudios de costumbres y caracteres, y por su rico y
atildado estilo. Hombre profundamente moaesto,
ageno á la ambición, vi vía lejos de: la polftica, pero
su inmensa popularidad, su ri::ctitud, su talento y sus
virtudes, lo arrebataron de la. apartada labor literaria y científica, par'J. llevarlo á la Vicepresidencia de
la Repúbli~a, que aceptó bien á pesar suyo y que desempeffó, ejerciendo el poder ejecutivo durante tres
meses con aplauso y reconocimiento de todos los CO;
lombianos sin distinción de partido. La edad muy

1

SRITA. ESPERANZA DIMARIAS,
Soprano dram1\1Jca del Teatro Principal.

/

Vease "La Semana."

que contienen el advenimiento de los modernos ideales. Quizás estén en 10 cierto los
que anuncian que la fiera de la Edad Media se ba convertido, en nuestros días, en un
hombre sensible y razonable, hasta cierto punto.
Dos direcciones, al parecer antitéticas, toman en el Norte las especulaciones señaladas, desarrollándose ambas con calor en la literatura dramática.
Mientras Ibsen cifra su anhelo subjetivo en investigar las cosas por el pensamiento,
en la libertad individual, en el cumplimiento del deber colectivo y en conseguir la
desaparición del mandato ciego y brutal de las mayorías; Bjrernsceen ama al modo de
los mis~icos con su poco de lujuria hábilmente disimulada, y supone que dentro del
cristianismo habrán de resol verse cuantos problemas preocupan al sociólogo, entristecen al moralista, é irritaná las muchedumbres, condenadas á la pobreza física y á la
atrotia .intelectual basta que la riqueza y el saber estén menos centralizados.
La afirmación de Spencer, según la cual vivimos de ideas muertas, conviene en
l!l.n todo con el modo de ser del dramaturgo noruego.
De nacPf Bjrernsren en el siglo XVII, hubiera llevado su baz de leña á la hoguera
donde se quemaban las carnes de los herejes que, al convertirse en cenizas, abonaron
con ellas los inquisidores el árbol del progreso, el único que se riega con lágrimas y
sangre, dando la paz á los hombres en un porvenir lejano, muy lejano.
Estos casos de atavismo moral abundan más de lo conveniente, y es que á miles
de años de distancia resucitan los caracteres y el medio, haciéndonos creer que existen los avatares de la India. A modo de fuerzas puestas contra la corriente de la nega-::íón sistemática las coloca la naturaleza, y debido á la resistencia que ofrecen encarna el pasado, su contenido es siempre joven en la filosofía moderna, que muchas veces
es ciega y sorda para las cosas del alma. La religión, ba dicho Hegel, puede más bien
existir sin la filosofía que ésta sin la religión.
Vivimos en una época de disolución religiosa. Y lo prueba así el becbo de que todas las doctrinas han sido escarnecidas. Carecemos de un credo que sujete las creencias; y como la inteligencia del hombre no se dirige á ese centro de atracción, nos
perdemos en la incertidumbre y el de¡,aliento, sin crear nada duradero. Demolemos,
poseídos delfurm· de analizar los problemas éticos y teológicoi. que se nos ba entrado
desde el afio 50, y en punto á la edificación abstracta que persei{uimo¡¡, teóricamente
suponemos que habrá de fundarse en la psicología y la cosmología, y pare usted de
contar. ¿Calmará semrjante conjunción el desequilibrio que existe entre la religión y
la ciencia? La pregunta no ha tenido aún contestación y cuenta que l-0s pensadores de
todos los siglos, al igual del loco del Intermezzo, la han demandado inútilmente del
cielo y de la tierra.
Bourget ha sintetizado con verdadero acierto nuestro malestar moral, al decir: e He-

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,/

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I

)
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SRITAS. ANOELA G t'TlEl'.REZ CORTINA y RAFAELA OBREOOX P RIETO.
(De Tamplco.)
Fot. Méndez.-San Luis !'o&amp;os1.

EL EM'rERA.DOR GUILLERMO VISITA EL CRUCERO-ESCUELA FRANCES clFIGENL\ 1&gt; EN EL PUERTO DE BEBGEN,

�EL MTTNDO.

80

...

avanzada del Sr. Presidente que en la actualidad ejerce dignamente el Poder Ejecutivo, hará que dentro
de plazo más ó menos largo vuelva el Sr. Marroquín
á la Primera Magistratura de esa República.
El Sr. :Ministro de C0lombia se colocó desde muy
joven en primera línea entre los literatos colombianos, obteniendo el premio en el concurso abierto por
la Academia Colombiana para celebrar el centenario
de Don Andrés Bello, obteniendo por este y otros muchos méritos, el sillón de miembro correspondiente
de la Real Academia Española. Ha cultivado la poesía, y son de citarse sus composiciones, &lt;el T iple,&gt; &lt;el
Lenguaje&gt; y da Cosecha&gt; y un poema religioso, &lt;En
la gruta de Lourdes,&gt; obra de alto aliento aplaudida en los países espaiíoles.
Ha escrito en prosa sobre viajes, crítica literaria
y artística, y multitud de artículos políticos que
contribuyeron en gran parte á fijar el rumbo de l,,s

destinos de su país. Su estilo, del que tenemos una
gallarda muestra en su discurso, es abundante, delicado y atildadísimo.
Ultimamente ha sido Director de la &lt;Revista :Nacional,&gt; periódico q·1e ha tenido gran aceptación en
Colombia y en el extranjero.
Llevado por sus convicciones polfticas y en defenRa de ellas, empuñó la Pspada, ganando el grado de
Coronel del Ejército de Coloro bia.
El afio pasado fué elegido Senador por el Departamento d.; Cundinilmarca, y ocupó el pues~o de Presi&lt;lente del Senado en la Legis:atura del período actual.
En la car1 era di plcmática ha desempPñado los cargos de Cónsul en Soutbamtpon, primer Secretario de
la Legación de Colombia ante la Santa Sede, puesto

EL

sin embargo todas las características de aquellas hermosas montañas, con su exbuberante vegetación de
pinos, con sus enormes despeiíaderos, sus cascadas
y picos nevados.
Una gtan parte de est,a región, era intransit,able
hasta hace t odav1a pocos aílos, debido á las escabroi-idades y ondulaciones del terreno que no permitían
llegará los más atracl i ,·os puntos de vista si no es á
alpinistas muy expe1imentados. Pero no han falta-

EMPERADOR

DE

AL EMAN IA

ABORDODEL CRUCERO ESCUELA FRANGES "IFIGENIA"

En los momentos en que los periódicos europeos escribían grandes editoriales sobre los trabajus de la
Conferencia de la Haya, vino un hecho inesperado á
abrir nuevos horizontes en el dominio de la diplomacia.
El 8 de Julio, Guillermo II
tuvo á bien visitar el cruceroescuela francés lfigenia, en el
puerto de Bergen. La recep-ción que le hicieron los oficiales de ese buque determinó un cambio de telegramas
entre Guillermo II y M. Loubet, acusándose en ellos una
'Cordialidad afable y amlstoi-a.
Un órgano respetable de
la prensa de Paríli dice: «La
aproximación de los gabinetes de París y de Berlín es deseable en el terreno colonial,
y todo lo que pueda favorecerla debe ser acogido de buena voluntad por lob franceses.
Los telegramas de ayer son
una nueva prueba de las intenciones de Guillermo II.
«En todo caso, no habíamos
uído desde hace treinta anos
·que un emperador alemán se
dirigiese á un grupo de marineros franceses, diciendo de
F rancia: &lt;Yuestra noble Pa•
tria.&gt; Y estas palabras no se
han dicho en secreto: el telégrafo las recibió para hacerlas públicas. No se perderá
una sílaba de ellas en Londres.
Y por su parte no ha faltado en Alemania la expresión
de sentimientos pacíficos. El
Berliner Tageblatt dijo&lt;¿ Quién
habría creído posible esa escena hace algunos años? ¡El
Emperador de Alemania en
un buque francés! ¡Aspirantes de la marina francesa maniobrando ante el rey de Prusia!
«Desde hace veinticinco
aiios no ha babi do un día más
notable, m;ís feliz ni más propicio á la recom,iliación de alemanes y franceses.&gt;

en el que fué parte para la conclusión de un concordato, y encargado de negocios en Berlín.
El Sr. Marroquín ha viajado mucho y ha estudiado
con profunda atención los países que ha recorrido
visitó todas l11s naciones de Europa y estuvo en Asi~
Menor y en Egipto. La narración de sus viajes, y
principalmente del que hizo áGrecia, fueron publicados en el &lt;Repertorio Colombiano,&gt; revista mensual
que tiene desde hace muchos anos justa fama en el
mundo de las letras.
Este es el hombre llamado á representar ante nues.
t ro Gobierllo y en nuestra sociedad, á la República
de Colomba, bPrmana de la mexicana por ei habla, pur
la raza y por las aspiraciones, y protectora en la época de las luchas de la Independencia, d&gt;i uno de
nuestros grandes patriotas, del sabio Dr. Mie!, quien
dedicó en Londres su obra sobre la revolución de
Nueva España, al Congreso de Colombia.

do empresas que, ávidas de obtener beneficios de
ls enorme tropa de paseantes, que se arroja aílo por
aiío sobre aquella r&lt;'gión privilegiada en busca de bellezas naturales, hayan ideado hacer accesibles loa
caminos por medio de instalaciones ani.liciales.
Una de estas es la que muestra nuestro grabado
y consiste en una escalera que se prende en las ro~
vertical~s del Valle de Kaprun y que permite
el ascenso de los viajeros de una manera cómoda y
segura. Además, la misma
empresa hizo allí una rica
· ·~
instalación eléctricaquesubs.'
tituye el claro de la luna en
las noches obscuras.
·
Desde que esasobrasse inauguraron, el número de vlsi•
tautes del Valle de Kaprun
ha aumentado considerablemente y es de aplaudirse que
la iniciativa y el ingenio de
los hombres, puedan arrancar
al celo de la naturaleza la contemplación de bellezas antes
augustamente defendidas.
L. a.. C RITI CA.
[Fragmentos de una carta.)

Rinc,nes pintorescos.
Aun cuando Europa estií.
muy lejos de poseer las bellezas naturales del Continente
Americano, tiene en cambio
lo ventaja de que las que po•
see son constantemente visitadás y admiradas debido á
las numerosas vías de comu•
nicación con que cuenta.
Hoy presentamos á los lectores de este semanario una
vista del Valle Raprun, en los
Alpes austriacos, que es u11
r incón encantador y muy preferido por los touristas para
sus excursiones estivales.
Los Alpes aus1riacos, aunque menos gradiosos que los
suizos y los italianos, poseen

Domingo 6 de Agosto de 1899

EL VALLE ,DE KAPRUN.-ALPES AUS'{RIACOS.

No se deje usted inficionar
de la peste que informa y ca.
racteriza á eso que se llama
c,itica madrileiía: esa costum.
bre de mirar de alta á abajo
los libros criticados, sean &lt;le
quienes fueren, olvidándose
lus seííores críticos imberbes
de que las obras de arte no
se hacen á compás y t iralf•
neas, y sobre todo, de que la
autoridad para fallar ex cothedra y sentar jurisprudencia,
hay que ganarla con los anos
y á fuerza de merecimientos
bien acreditados.
· Dar por bueno ó por malo
un pasaje ó un libro ent ero
perque guste ó no guste á un
crítico de esos, es el colmo de
la petulancia y del absurdo.
O probar lo que se afirma, ó
no aJirmarlo,
Además, á una obra de arte
fresca, y de estilo, no debe
juzgársela con la química del
análises frío y matemático:
por este tamiz de los tiquis
miquis, de los puntos y CO·
mas y de las genealidades del
autor, el Quijote mismo deja•
ría las tres cuartas partes entre las mallas.
No hay que confundir la
sana críLica con la ped~gogía
antipática y pedantesca, que
es la dominante en la «j u veo•
tud ilustrada&gt; que hoy nos
dispensa el honor, á los viejos que escribimos libros, de
111encionarlos desdeñosa.mente y r·on cierto airecillo de superioridad protectora.
De esto¡,¡ pel !gros quisiera
verle á usted alejado, y por
eso me permito señalárselos.
Hay en usted madera de crí•
tico; y sería una compasión
que la peste le invadiera á 108
comienzos del oticto; con lo
cual le declaro que no le ten•
go á la presrnte por apestado,
aunque le vea un tantico arrimado á la pendiente.
JosE M. DE PEr.EDA.

u omtngo 6 de Agosto de 1899.

EL .MUNDO.

81

INVENTOS EXTRAV!GANTES.

1.
1

.Aplicaci6n de la e.'caEl coche baño dt
la á 'USOS múltiples.
duc'ia de la figura
Un invento'. decepcionado pone al frente del opúsMúltiples efectiva7 es otro ejem.
1:ulo que pu?hc,a para dar á conocer un aparato v _
piar curioso. Las
mente, pues el inventilado1, el s1gu1ente epígrafe:
en
i;acudidas qne retor se si rve de la esEn los slglns de lgnorarcla la g~nte solla rtecl
cibe el aparato
cala como mango de
ventore•, y tras de sacarles los ojos 6 marcarlos ~~~• ~•u¿;s á lo• lo-dente, se les encerraba en un calabozo.
ll
erro can,
pala, culata de fusil,
provocan la agitaHoy, cual!do i\ cost.. de grandes trabajos logra el p b 1
ción del agua y su
remos de canoa, apanua eutrev1,ta del banquero, é!ttl aprovech 1
°
re . nventor
rato de durh1, euc..
ascencióa por los
médico ,J11ra decirle al oldn: "Doctor, vea us~l /~e~nhcia
de su
8
"Jllllaelo; creo que esta loco."
= umbre y
Cree
uno
soiíar
cuant11bos.
Como se ve,
SI Ir s tiempos progres,m, el inventor será maniatad 0 1 ñ
Flg.'4.-llañera de báscula.
traute.
e a o endo lee los pormenoel coche está dires de este invento,
vidido en varios
compartimientos.
Lo que este inventor dice melancólicamente en de- expues1'.&lt;&gt;s con toda SPTied id y que parecen una burla.
El mismo Doctor Bois es el autor del Si.~tema amEt inventor se refensa del grem10, puede afirmarse en general
Flr. 9,-Baño de esponja.
se1 va hacerlo roironía de los mil y mil chiflados que se present~ sin bulan~e Y dialitico, aplicado á la hidroterapia, á la aero.
dar en terrenos
las oficinas de ,registro de
n en terapia, al lavado, etr,.
desmveladosal capricho, y además las ruedas del co.
privilegios de invención en
Aunque el mécbe de baños dialíticos y arnbuluntes pueden ser ovatodos los países de la tierra.
todo se aplica inl~dos ó de una forma que di liera de la circular; por
¡Cuánto papel inútil en
distintamente á
eJemplo, una de ellas será más grande que la otra ó
esos expedientes! pero tamlos cuerpos vege.
tendrá ángulos salientes y toda clase de irregularidabién, cuántos elllmentos
des II bien estudiadas! 1
tales y animales
para estudiar las aberravivos ó muertos'.
La figura 8 representa el interior de una pista de
ciones mentales de los Bounos limitaremos á
Flg. 5.-Banerasglratorlas
ducha.• Cada uno de lo~. que se bañen moverá un sisvard y Pecucb'3t chiflados
la aplicación que
'
tema ue pedales y el moviento se utilizará (Dios sapor las quimeras de una
be cómo) para elevar el agua por
se h~ce de él á los seres vi vos.
ciencia mal digerida!
una columna central de dond~
Dice el Doctor Bois que el gran inconveniente de
Un periódico francés hacaerá 11obre los ciclistas.
los baiíos ordinarios consiste en Ja inbla de alg unos in vel.ltos ex.
sensibilidad á que está sujeta la persoPara terminar daremos los di•
travagantes entre los cuana que se baña. Según su sistema la
,
bujos de di versos sistemas de dules no podemos omitir la
C?ndición esencial de un bailo higié?ba amparados con patentes de
hélice sal va- -vidas para
mco es la agitación del agua que pror
lllvenc1ón en l!'rancia.
náufragos cuyo diseiío se
du~e un duch~zo continuo, y esta agive en el grabado número l.
Flg. 10.- SombreroLa figura 9 muestra á una
tamón se gradua en los aparatos que
E l in veutor anuncia que
ducha. .
persona que se baña con cuatro
vamos
á
describir.
ya no habría abogados en
g randes esp'JnJas lleuas de agua y esprimidas simulUna manera muy sencilla de recibir táneamente por mediu de un n~:,orte.
los siniestros marítimos,
una
corriente
continua
de
agua,
sería
siempre que los ;:asajeros
colocarse en un buque con cuartos de
y tripulantes lleven su apabaño. A la hora que se quiera puede
rato y no lo olviden á la hopenetrar el agua por las veritanillas. El
ra del peligro. Pueden sosmovimiento de translación del buque
tenerse en la superficie del
su hélice, etc., producirán eu el cuar~
agua varios días y varias
to de baiío ol:is y remolínoches si se proveen de los
nos.
;;paratas neeesarios para
La figura núm. 2 mues·
Flg. 12 -Ducha &amp;fplrante•
una navegación, como brúFig. 11. - Sombreros-ducha.
impelente,
tra la manera de evitar pe·
jula, cartas marinas, linterligros, atando á la persona
nas, trc,mpeta de alarma,
que se baiía áunglobocan .
velas y .... un kilo de choEn el sombrero, ducha, (figura 10) el agua se almacetivo.
colate y dos ó tres litros
na., en una esponJa oculta dentro del sombrero; al cuEsta
seguridad
es
útil
de agua y cognac. Según el
bnrse con _ést~ la cabeza el líquido la inunda. La fisobre todo en el establee!,
prospecto el aparato puegura
11 md1ca las formas que pueden tener los
miento de bañOl'l imaofoa.
de tener una h élice de fonso.1mbreros duchas, según los gusws de cada indi vid
do
por
el
Doctor.
Lo
co
nstiY la moda del día.
uo
do para descender ó subir
tuye un inmenso buque
voluntariamente á la suNo podemos omiti~ un modo de dar •auchas t
de vapor sumergido á me- Fig. 6. -Ducha de resorte
perficie del agua. Por últipoco ~legan te, ideado pur nuestro dor.tor: el i~di
dias, de manera de que pe·
mo basta los obesos pueden Flg, L-Héllce salva-vidas.
du.o ttene en la. boca dos tubos de hule (figura 12 . el
netre
el
agua
libremente
y
que
lvs
baños
estén
en
lueprovech ar el aparato, ocu .
pnme10 comumca con un recipiente lleno de a),
p~ando un. cogín especial ideado por el inventor para gar cerrado como en los establecimientos de baños la cual se. aspira por él y se laaza luego por el
1~ comodidad de esos seres demasiado exigentes. El de río, CCln la diferencia de que se mueve dentro del á una espiral hueca con muchos orificios que la d
enáufrago se sostiene á horcajadas en el flotador y agua. La Golondrina, tiene ajemás todas las comodi- rraman sobre la cabeza.
hace mo~er una hélice de eje horizontal que dirige
Como se ve, una de las características
-el movimiento de progresión. La hélice inferior sira.e estos l?cos es una preocupación por la
~e para sumergir el aparato ...... si tiece tan feliz
c1enc1a oficial y por Ja pedaatería cientíueseo el náufrago.
fica, absorbente de tal modo, que sustraOtro inventor pidió privilegio &lt;para la aplicación
y_éndolos á las sugestiones del buen sende la fuerza de los
tid? les d!L de la realidad una visión se.
peces de agua dulce
mPJa~te_ á la que rn obtiene con unananteoJo rnvertido. Así, por ejemph, para
y salada y delos otros
animales acuáticos
hec.er .un cañón en vez de adoptar ~¡ procomo fuerza motriz
cedimiento empírico á que se refiere la
f6rmula: &lt;Se toma un agujero y se le rode las barcas destidadas al salvamento de
d~a de b~once;&gt; ellos quisieran hacer una
Fig. 7 -Coche-baño "dialítico y ambulante."
pteza sólida perforándola después.
los náufragos, así como de las canoas y a.ades y distracciones de una estación balnt:aria en
.
.
En vez de buscar los medios llanos
fáciles, rnven~an dificultades, acumulan coro lica~iJ.
esquifes útiles ó de tierra fir~e, restaurante, salón de conciertos, etc.
nes, crean obstáculos para darse h satisfacció¿d
Ff
recreo.&gt; Ese pri vileEn la f1gur~ 4 el baílo es de báscula y el Ue se bag.•9 ,-Globo de rngurldad.
gio otorgado por la
iía la hace osc~lar tirando de una cadena qde está en darse á 1.a mitad del camino, aventurando reso1:i~
nes teón?as pa.ra un problema innecesario.
ec
oficina francesa res- la parte supenor.
pd tlva, es de Junio de 1869. Hay otro más rnclente
.Demasiad~ ilustrativos y típicos son los casos aduEl dibujo de la figura 5
Cldos para que insistamos en ridiculizar~!~ de Marzo de 1894) y que tiene este título: Apli• muestra
dos
baños
instalade la fuerza de las aves al tmnspm te de personas
los. P!'ueban ?ºn evidencia que fuera de
de
dos
en
ambos
extremos
Y mei·cancías.
la i:eahdad el rngenio se extravía y lejos
una báscula giratoria.
na~ntre los i~ventos extravagantes, son de menciode ilustrar el PRpíritu los datos ciPntífiEl
que
busque
una
agitase los de cierto Dr. Bois. Uno de ellos es el de la
cos, por insuficiencia de compraba 'ión lo
ción menos vioofuscan.
. lenta que la
La verda~era, la única fuerza creadora
• del modelo ande grandes rnventos, es el genio aguijoterior, preferin_eado por 1,a necesidad de resolver dificulrá el de la figut.ades pr~n_w,sas y graves. Ejemplo de ello
ra 6 asentada
la prod1g1osa fecundidad inventiva del
sobre dos resorpueble americano, puesta á prueba por la
tes que muefalta de ~razos Y el jornal á alto precio
ven el agua con
que lo obliga á suplir la fuerza humana
sólo el balane m el maquinismo.
ceo del cuerpo.
E:; ~n bec~o comprobado que el inventor
El aparato tiepo.r diletta11ti~r1&lt;0 acaba, si no lo es ya por
ne además una
chiflar,e Y et mejor dia, hay que supli~arle
ducha formada
al Doctor que le tome el pulso y lerecete
Fi¡r. 8.-Pibta para duchas.
por dos tubos
duchas frías (y no en aparatos de su inlaterales en.
venclón) ó nos resignamos á sufrir sus
cor!ados y que terminan Pn la parte su- impertinencias, pues en punto á obst'nación no le ce
penor por una regadera. El movimiento de el lugar á nadie cuando se trata de imponer las ex.
del agua la hace subir (?) por los tubos celenclas de sus inventos.
Fl. 3.-Buqne balnear:o.
•
cayendo después en lluvia finísima.
0

:¡~
~~:¿

'

V

'

�82

EL MUNDO.

Domingo 6 de .Agosto de 1899.

Oomlngo 6 de .Agosto de 1899.

=

EL MUNDO.

sa

llas palabras dichas en latín con sonsonete y lentitud
desesperantes?
Le hicieron ocupar su puesto en la carroza para que
fuesf. delante de nosotros, como correspondía.
Y subimos al coche encortinado.

¡Cuán larga es una noche pasada en compa!Iía de
un cadáver!
Las horas se arrastraron muy lentamente, rodeadas del negro silencio.
.
Sólo cortaba el silencio del luto uno que otro sus-Pues bien, oye; sacia tu tenaz r.uriosidad aún piro periódico de dolor, de simple desahogu, ó .... de
•cuando sea á costa de mi reputación de hombre rastidio, y el cuchicheo de los que fumando charla•cuetdo. )
ban de política, de ruedicina, de comercio.. . para
L Veremos si sabes guardar el secreto.
no rodar al abismo del suefio.
De cuando en cuando, alguien se acercaba al infeliz Juan, y nuevo rucio desinfectante que hacía salCuando Juan murió, no esta vez, la otra, recibí la tar, en la sábana blanca, manchas obscuras, y nueva
•noticia inesperadamente, bruscamente. Me hallaba despabilaJura á los gruesos· cirios que crepitaban
·en una cantina, y me produjo el espasmo que me hu- acompasadamente, como si murmurasen una oración.
Andaban Jautelosamente, sin producir ruido.
biera causado una agresión violenta, á mano armada.
Lo de siempre: rM parecía rMntira. Me entró la trisEra el temor de que se fuera á despertar de su esLas conversaciones eran obligadas á tema triste.
peso sueño.
teza de la muerte.
El aire del campo, ese aire puro, me hizo mucho
Debe ser espantosísimo el que un muerto resucite.
Cie1tamente, era de muerto aquella inmovilidad.
Estaba rígido, sobre las verdes tablas de su pobre ca- Hasta los que habían tomado parte más activa, en el mal.
Me pareció que aspiraba una cantidad enorme de
•ma desnudada. Tenía cruzados los brazos sobre el coro de lamentaciones, de llanto y de sollozos, con
pecho, y un tanto inclinada hacia adelante la cabeza; que acompañaron el estertor de su agonía, hubieran gas ácido carbónico.
¡Cómo me repugnaron aquellos árboles que corrían
-así, con los brazos cruzados y la cabeza inclin~da so- emprendido la fuga aterrorizados, si lo hubieran visto
en sentido contrario, como si vinieran huyendo del
bre el pecho, durante los crepúsculo se paseaba me- moverse.
·dltando por los sombrosos correJores de la escuela.
Al fin llegó la luz del día, levantando ruidos por panteón, y al pasar rápidamente, nos hacían las más
¡Oh, qué hermoso cuadro, si se hubiera incorpora- todas partei;: abrir y cerrar de puertas; toses de ma- estrafalarias genuflexiones; contorsionaban sus trondrugadores, mugidos de ganado;, gritos de vendedo- cos, como lo hacen con sus cuerpos, los cirqueros.
do, para recorrer meditando las ;:,iezas de su casal
¡Qué extrafio!
Con una solución desinfectante le baíiaron el ros- res, rodar de carruajes, llantos de chiquillos.
Sentía la angustiosa sofocación que debe sentir la
·tro,-rostro de pergamino viejo-y el cuerpo esquele¡Cuánta cabellera en desorden, cuántos semblantes
·tudo, que tenía por mortaja, como él 1o pidió, una empalidecidos y manchados por las huellas de un río nube cargada de electricidad, antes de unirse á otra
blanquísima sábana. Ni un signo de protesta; nin- seco ya, de lágrimas amargas, porque amargo es el para que estalle la chispa. Mi cuerpo se convulsionaba,-inleriormente,-con los estremecimientos que he
sabor de toda secreción.
.gún mú&amp;culo de la cara se le contrajo.
El anciano, eterno acompañante de los que por la visto en los hipnotlzac!os.
¡Debía de estar bien muerto!
Los latidos de mi corazón, que parecía a!&gt;ustado,
Siguió espiando por sus párpados entrecerrados y última noche están visibles para los de este mundo,
·dejó, indiferente, que le rodaran las gotas venenosas aquél que hizo rezar tantas oraciones, tenía enrojeci- repercutían dentro di: µii cabeza, como si fuera mi
cráneo la l;&gt;óveda de una gigante catedral en dond6
por los ojos, por las mejillas, por la boca entrMbin- da hasta el escarlata, la esclerótica.
Comenzaron á vaciar la recámara; precisaba•la des- una multitud de herreros golpease fuertemente y li
ta. Era una lluvia de lágrimas que rodaba hasta el
infección, y urgía que la familia no encontrase el compás sobre un yunque descomunal.
·cuello.
Experimentti la impresión de que mi pobre cabeza.
Sus cabellos y su bigote desordenados, parecían mismo aspecto para que nosurrier-1. con los recuerdos.
·entonces más negros que nunca, sobre el amarillo ma- ¡Qué grande empeiío tienen los vi vos en ul vidar pron- era una bomba pletórica de dinamita, á la que len~mente se iba acercando el fuego de una mecha encente del cutis de tísico. Todos Je tenían miedo, asco, y to á los muertos!
¡Ah, si él pudiera haber asistido á las escenas que dida para hacerla estallar. Me faltaba oxígeno para
por precaucióu lo velaban desde la pieza inmediata,
la res¡&gt;i ración.
'
enfrente de su cadáver¡ y todos llevaban esenelas eu se desarrollaban ante su cadáver!
Salí
á la plataforma.
.
Siempre
lo
había
dicho:
«sería
curioso
presenciar
•sus pa!Iuelos.
Me causé lástima, y me inspiré temores por mi &amp;atodo lo que hacen los deudos y conocidos cuando uno
¡Es tan horrible la tisis!
lud. Intenté tranquilizarme ..... .
acaba de morir.&gt;
De pronto subió al cochP. un hombre.
Llegaron los enlutados enterradores, y procedieron
""· ,.....
Vestía
de negro y cubría s~1 cara una gran bucomo muy amaestrados á su tarea de recojedores de
¡\
fanda.
cuerpos
inútiles,
perjudicialc::s,
en
vísperas
de
putre,, ... '.
.A.penas se le veían los ojos, unos ojos negros, muy
facción.
negros, de extraíio y poderoso brillo.
Los deudos se entregaron á los más desesperados y
Me tendió la mano y estrechó la mía, de maner&amp;
ruidosos desbordamientos de óolor.
significativa.
Hubo
gritos
agudísimo&amp;,
llantos
escandalosos
y
1
¡Su voz! No podía dudarlo; la conocía bastante.
frases impresionantes.
-¡Qué curiosas son estas escenas! me diJo.
Ona joven enamorada. de Juan, se abrazó al cadáNo había duda; era Juan.
ver y pretendía no separarse de él, besándole por toLlamé todas mis 1inergias, y creo que estuve sedos lados el rostro duro y frío.
reno.
¡Qué repugnante!
-He presenciado todo lo ocurrido anoche, y deseoso
~
,, ;
Algunas
frases
me
parecieron
demasiado
dolorosas.
de ver las últimas pantomimas de esta gente, con un
'
~
.
¡Por qué te vas, y no me llevas contigo?
esfuerzo supremo de voluntad, be logrado venir has¡Hermosas escenas para un drama espeluznante!
ta aquí. Y con voz de ultratumba, me refirió tod~s
Una sonrisa de Incredulidades y de despre&lt;'io, se las conversaciones que tuvieron frente~ su cadáver.
asomó por los entreabiertos labios del muerto.
S11 voz resonaba como si saliera del fondo del
Muchos lloraban, aun sin ser parientes del que se ataúd.
llevaban los enterradores.
-¡Lástima que no pueda yo pres¿nciar la escena
,¡
Por egoismo unos; por contagio otros.
final de mis funerales. Tendré que regresará tiempo
Al pensar en el padre, en el hermano muertos, ó para que me sepulten.
valetudinarios, enfermos desahuciados.
Y rió, rió con risa macabra.
Por contagio, como se ríe con lus que ríen, y se
¡Oh desdicha! La bufanda se le cayó por el movibosteza, y se come con apetito, con los que bostezan, miento de las mandíbulas
ó comen con apetito frente· á nosotros.
Y-¡est~mos en el origen de la desgracial- un joRecordé á los que alquilaban !,orones para sus muer- ven anémico le vló y lanzó un grito horrible: &lt;¡el
to:;.
muerto!&gt;
Sacaron el ataúd.
Y cayó desmayado.
El pobre Juan se estropeaba el cuerpo contra las
Todos lo atendieron compadeciéndolo por haber siparedes de .,;u última casa tan fría, tan obscura. tan do víctima de una alucinac.ión. ·
lóbrega coi'no ninguna de fas frías, obscuras y lóbreJuan aprovechó la confusión, y descendió violengas que antes había habitado.
tamente.
Después, la misa de requiem.
Le ví, le oí, con gran terror, alejarse de prisa, en
La voz artificiosamente triste, lúgunre del sacerdo- sentido coot1ario del que llevábamos.
Se perdió entre los árboles de la calzada. Pero ¿á
te, resonó en la iglesia espaciosa. fatídicamente.
L¿Le bastarían para la salvación de su alma aque- dónde iba? ¿á quién íbamos á sepultar entonces?

r-

•

PRIMA.VER.AL.

�Domingo 6 de Agosto de 189~

EL MUNDO.

84

¡Qué angustia!
Llegamos; alguien quedó al cuidado
del infeliz joven que tenía fiebre.
¿Ilusión? Eramos entonces dos los ilusi&lt;,nados.
Yo llevé en hombres el féretro.
¡¡Estaba vacfo!I
Un sepulturero confirmó mi sospecha.
Al bajar á la fosa nueva la caja m1..rt1:oria, lo dijo: ¡Qué poco pesa este muertol
La tierra resonaba sobre la tapa del
ntaúd como cuando se golpea una caja
hueca.
Colocaron una cruz rnbre la tumba y
partió el severo c1.rtej J.
E) pobre Juan estaba candenado á
quedar insepulto.
Esperaba hallarlo muerto, tendido en
el ramino.
¡Oh! y si Jo encontraban ¡cuántos iban
á morirse de miedo; horrible muerte!
Nada; Juan no pareció.
Los dolientes se habían salvado de una
impresión superior á las energías de sus
vulgares espíritus, pero Juan ¡el infortunado Juanl ¿qué sería de su cadáver amlmlante?
Cuando ya entrada la noche, la luna
fingió fantasmas por todas partes cou los árboles de
la calzada, resol vi volverá mi casa. Traté de convencerme de que era yo juguete de una pesadilla..
Y seguí muchos días con la duda siniestra, clavada en mi cerebro como un claro monstruoso.
Y varias veces he visto pasará ese hombre rápidalDf&gt;nte, velozmente, junto á mí, en la calle.
El mismc traje neg,o ya deteriorado, la misma
enorme buf'lnda cubriéndole el rostro.
Una noche, lo entreví en el fondo de una cantina
de barrio.
¡Naturalmente no tomaba alcohol!
Tenía 'la vista perdida en el espacio. Ya no brillaban extrafia y poderosamente sus negros ojos. ¡Mirada
idiota! Cuando llegaba á mi casa, ha pasado no muy
Jejos de mí, como siempre, corriendo, como si le urgiese llegará tiempo á alguna parte.

Estoy seguro de haber sentido olor de cuerpo putrefacto.
Y Riempre el temor al ridículo me impidió hablar
á ese hombre, llamar á ese cadáver.
. Agotadas sus energías, seguía caminando p0r
ine'rc;a, como un autómata, sin saber á dónde iba,
ni qué podía hacer? Si hubiera resucitado, si estuviera vi rn, lo más fácil le hubiera sido vol ver á una
vida de trabajo; pero ¡estaba ruuertol ¿ Y qué necesita un mue1to?
Lo único que le hacía falta era una fosa. Pero
acaso él mismo ya no lo sabía, porque ya no pensaba.
¡Y si era un trasunto de éll
Si mi imaginación ccbarde, a,mstadiza, le había
hallado parecido con aquel hombre que era acaso un
limosnero vergonzante!¿ Y por qué corría?

Los mendigos no corren; siempre van,
despacio, abrumados bajo el peso de.su
miseria.
En todo caso yo no podía presentarmeá dennnciarlo ante una auMridad, ni detenerlo para darle sepultura.
Pero ayer, ayer han cesado todas mis.
dudas.
Ese hombre que has visto en la plancha del anfiteatro, que fué destrozado
por un tren, ese cuerpo putrefacto, cuya1:, vísceras no hemos podido ya examinar, cuyos mtestinos estaban vacíos dealimentos, ese ¡e.ra Juan!
Ustedes han creído que es un infeliz
que murió de hambre, y á quien ya muerto, trituró la locomotora. Bien, esa hipótesis robustece mi creencia ó bien, ya
falto en lo absoluto de energías, de facultades mentales, lo ha eorprendido el tren,
ó acaso con el último resto de inteligencia, comprendió su desesperante sltua-.
ción, y se arrojó á la vía, para que lo re.
cogiera muerto y le diesen sepultura.
Debe de haberle repugnado mucho Irá
compartir su lecho con toda clase de gente: á la fosa común.
¿Comprendes ahora mi empeño por hacer la autopsia de e~ nauseabundo c;adáver?
¿Comprendes mi obstinación por que se me entregara?
y yo solo lo he velado, y yo solo he asistido á
sus funerales, pero ahora sí no me cabe duda; está~pul ta do. Esta vez no se escapó.
Ya ese cadáver no se paseará más por las calles.
Ya estoy tranquilo.
¡Y la ridícul~. romántica enamorada de Juan, si al·
gún día quiere hacer ostentación de su dulor de oropel, depositará flores sobre una tumba si11 muerto, sobre una t"osa vacía!
FRANCISCO

ZARATE RUIZ,

Dommgo 6 de Agosto de 1899

EL MUNDO

-~

(La quinta de los Cyclamens, cerca de Ouchy, en
el Leman. Frente á la terraza florida que desciende
hacia las aguas azules del lago, se extiende el delicioso panorama de los Al pes, cuyas al tas cimas están
11ún incrustadas de placas de nteve. Junto á un macizo de verdura, en un punto desde donde se domina
todo el paisaje, se levant.. un pabellón cubierto ~asi
por los rosales. Concluida. la. comida. todos los convidados de la quinta se han reunido allí para tomar el
café. Después van, poco á poco, dispersándose todos,
y sólo quedan en el pabellón Roberto Favrette y Gabriela d 'Azel.)
Favrette, despué.s de un largo silencio.-¡ Qué hermoso es estol
Gabriela.-¿ "El paisaje?
Favrette.-Sí, este paisaje delicioso que caia vez
que vuelvo de mis largas ausencias, encuentro más
twllo y más hermoso.
G&lt;lbritla.-¿Sí? Con esta van quince veces que viene usted. Sé contar mu.v bien.
Favrette.-Ciertamente, ¡quince ar'íosl Y la primera vez, cuando tus padres we invitaron á venir a:¡uí,
eras así, pequefiita ....
Gabriela.-Ya lo creo, como que basta nodriza
J;'avrette.-Y no era yo, por cierto, un Matusalem,
puesto que acaba~a de salir del colegio; pero para tí
era ya lo que nunca querré dejar de ser,-el hermano mayor, casi un papá ...... un segundo papá. Te he
visto ir creciendo poco á poco, be asistido á todas
tus etapas, y te he traido tudas las muffecas que tienes! ...... A propósito ¿i;abes lo que traigo en mi ma-

letaf

Jorge lllanr.ique
Nave de mi fantasía,
tu casco por cristalino
mar resbala,
y al soplo de la poesía,
despliegas tu blanco lino,
como un ala.
¡Nave azul, boga ligera
y condúceme al verjel
de la Historia:
á la mágica ribera
donde florece el laurel
de la gloria!
Allí, de torres feudales
al pie de los ~incelados
miradores,
cintan hazafias triunfales
•y el amor los afamados
trovadores.

Entre todos, allí brilla
el vate Jorge Manrique,
gran guerrero,
luz y espada de Castilla,
que venciera al cuarto Enrique,
con su acero.

que villas y corazones
conquistó,

Manrique, mozo gallardo,
arrogaot,e defensor
de Isabel (1);
paladín como Bayardo,
á su reina y á su honor
siempre fiel,

y Jc;rge, al ver apagado
sol tan hermoso y luciente
de virtud,
besa á su muerto adorado,
v baila con lloro ardiente
·
su ataúd.

espejo es de la bravura,
del asalto en los furores
y en torneos,
y consagra á una hermosura
sus endechas, sus amores
y trofeos.

Y ante el palacio deshecho
de su iusión, su alegría
y esperanza,
el bardo siente en su pecho
la afilada punta tría
de una lanza.

El lauro de Jorge ufana
la ancianidad de su noble
padre amado,
como la yedra engalana
el tronco de un viejo roble
deshojado.

Después, RU estro volador
de tinieblas y congojas
al través,
gime como un ruisefior
que se queja entre las Lojas
de un ciprés.

11) La Reina de castilla.

Muere el héroe don Rodrigo (2),
el que á insignes campeones
humilló;
aquel de buenos abrigo,

Y canta en bella elegía
la inconstancia y los rigores
de la suerte;
¡profunda, excelsa poesía
que ornan las pálidas tro:res
de la muerte!

... . .. ............ . . .............
¡Nave azul, boga ligera
y condúceme al ..-erje:
de la Historia:
á la mágica ribera
donde fulgura el laural
de la gloria!
Allí, en la noche estival,
de la luna al argentado
resplandor,
vibra en arpa de cristal
el canto más inspirado
del dolor.
MANUEL REINA.

Enero 9~.

(2) El padre de Jorge M&amp;nrlque.

.

Sí, de conversar como toda una persona grande, según lo parece ya.
Gabriela.-Y á la que no tomará u., te I en serio,
¿eh?
Fravrette, con incredulidad.-bí, sf; ya me acostumbré. ¿ En qué pasa usterl ahora su tiempo?
Gabriela.-En París trabajaba; ya ~abe usted, las
seíioritas trabajan mucbo en Pa.rf~. No sé si será tanto como en las escuelas de provincia ..... .
Favrette.-Y aquí, ;,qué bace usted?
Gabriela.- ¿Aquí~ 01:11 leo mucho ...... Precisamente en ese pabellón, frente á este paisaje que no
me canso de admirar ...... por más que usted me acusa de no comprender su hermosura ...... Dibujo, lntento copiar los colores de la luz ...... y ...... pienso
en la vida.
}i'avrette.-¡, Piensa mted en la vida? ¡Dios mío!
Pero si nada más los desdichados piensan en esto.
Gn.briela.-0 los que reflexionan. Reflexionando se
comprende que las sat,isfacciones d~l dinero, del orgullo, del placer, de toda esa multitud de cosas que
me rodean, no son la verdadera existencia ... _Yo soy
así .... pero ¡á qué viene esto! pienso en tantas cosas
que no pueden interesará usted., ..
Favrette.-Por el contrario; todo eso me interesa
en gran manera ...... ¿Qué cosas son1 (Insinuante.)
Gabriela. -Suenos.
Favrette.-r.ImposiblPs?
Gabriela.-No lo sé. (De.• pué~ de una pausa.) Me
permite ·usted que á mi vez Je haga una pregunta?...
¡,Cómo entiende nsted el amor?
Favrete, asombrado.-¿El amor? ...... 1Vaya un .

tema!

Gabriela.-¿Qué· puede ser!
.
Gabriela.-Es el tema del matrimonio; un buen
Favrette.-Pues..... ¡la muñeca de este afíu! Ayer, _ tema. . . . . . ¡ Y y o deseo tanto saber lo que usted
tarde no tuve tiempv de sacarla. Pero hoy mismo ,piesal
Favrette.-¿ Yo?
te la daré...... Es encantadora, ¡y muy inteligente!
(Mirando que ella permanece silenciosa). ¿Qué tiem,s,
Gabriela. - ¡Hola! A los treinta y cinco anos se deGabi, no estás contenta?
be ya comprender bien ese problema. ¿Cree usted
Gabriela, fríamente. - 8í, Rf; muchas gracias.
que debe ser eso una asociación, un negocio, ó la
Favrette, levantándose.-Oh! mira, mira, ese rayo unión de dos caracteres. de dos corazones? ..... .
de sol cómo dora la montailal Qué luz tari bella coloFa.vrette.-¡ Diablo! E➔ que ....
ra el horizonte..... Pero, ¡ vamos! qué puede imporGabriela- Se dice que es usted un feroz fSCéptico.
tarte á tí todo esto 1
Escil;.tico, ¿no es esto lo quf quiere decir ser un poGabriela.--¿Por qué le -:ree usted así?
co ligero, divertirse mucb.o y no creer eJJ nada?
Favrette.-¡Oh! porque yo supongo que los t rajes
Favrette. -No creer en algunas cosas. Además, yo
de las famosas mnr\ecas deben de absorbe1te por com- no soy Pscéptico, y despaé11, esta palabra quiere depleto.
cir: hombre que se burla de las quimeras sentimenGabriela, mirá'lldole--Vamos. creo que papá tiene talPs.
razón cuando á todas horas le dice á mamá que es usGabriela.-¿Qué es eso?
ted un muchacho encantador que no conoce la psicoFa.vrette.-Los juguetes de las mujeres y los lalogía.
zos para los hombres! .... Pero á usted la creo uua
Favrette, riendo. ¿Psicología?... ¡Esto es divino! ..... filósofa! ..... .
Me divierte oírte empleando esas palabras....... Pero
Gabríela. - Cree usted que yo no...... Pero en fin,
¿sabes acaso lo que es la Psicología?
vov á Cvntarle una historia.
G:ibriela.-Naturalmente, puesto que la he est,u.
Fa.brette.-;, Una historia verdadera?
diado en la clase de literatura.
Gabrlela.-Tan cierta como que ha. sucedido á una
Favrette, admfrado. Pero ..... .
de mis amigas...... íntimas.
Gabrieia,-Ahl sf; es que á pesar de haberme visEsta amiga se llama Syb1l, y tiene casi mi edad.
to crecer, no sabe usted mi edad ...... ¡ Diez y seis Es moren¡¡ como yo, y muy bonita...... en esto si que
anos, eeflor 1
no nos parecemos.
.ll'avrette. -¿ Es que ha hP,cho usted también un
Favrete.-¡Señorl ¡Oh! conque me tratas con ceremonia! ..... .
curso de coquetería?
Gabriela.-Sí, desde el momento en que mis vestiGabrirla, sin responder.-Sybll, desde que era muy
dos se han alargado, la pequeila Gabi no tiene el de- niña, vió siempre en las vacac1ooes, venir á su carecho de llaa,ar á usted Roberto.
sa á un joven á quien llamaré yo el j&lt;&gt;ren, rubio y
Favrette-cambiando de tono, y muy sorprendido. que á ella le gustaba mucho. Cdda año ju~aba
-Pero, veamos, veamos ...... es c!erto, el vei,tido grandemente con el amigo, hasta que un día se
larvol ...... ¿ Queréis acercaros un poco, Gab ..... . encontró, de pronto, con que ya no podía jugar
má~ con el joven rubio porque...... lo amaba.
Beilorita ...... para qne os vea mejor: ..... .
Gabriela.-¿Pues qué no me había usted visto anFavrette, estupPjacto.-¿Ella lo amaba?
teR? ..... .
Gabriela. -:8f.
Favrette.-;, Y entonces? ......
Favrette.-A fé mía no; crpfa que estaba usted corno _otras veces. ¿Querrá usted hacerme el honor, no
Gabriela.-Entonces ella 1,e puso muy triste pende Jugar, sino de conversar conmigo un poco? ..... . sando que nadie la tomaría. en Strio y mutho menos

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f\UR0RA DE AMOR.

tenía.

DEL "JARDlNDELOSPOE'l'AS."

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el joven rubio que era diez y seis años mayor que ella,
y que todo esto era una. locura que no osaría confe-

sar. No hace mucho tiempo que ella me cont,ó su......
estado de ánimo... esta es la palabra, , no? Decíameque
esto hibía durado más de dos ruese~, y que se sentía
ya sin fuerzas. La frase de usted es la. que me ha hecho recordar la historia de Sybil.
Y asf es como la pobrecita está condenada á no
confesar jamás su amor porque se le diría que es una
quimera sentimeutal.. .... Vamos sefior, lo tomo á
usted por juez.
Favrette, alterado,-Peto, franr.amente, me pone
usted tales cuestiones. . . . . La oigo hablar de cosas
tan extraordinarias..... Es cierto que á la edad de
su.... amiga no se ven las cosas claras.... Pero ¿en
qué conoce que eso es amor?
Gabriela. -Puei;.... porque al llegar una hermosa
maíiana no jugó ya, oioo que se puso á reflexinar,
pensafido siempre en la misma persona, sonando con
no sé qué conquista.... en tin, que ella sentía una
transformacióu, una metamorfosis, como una luz que
penetraba en su alma. Yo... . no soy bastante grande para saber lo que es eso.... (rnaticiosamente) pero
Sybil me lo ha repetido tantas veces que, ya lo ve
usted, á mi vez puedo decirlo con todas sus expresiones.
.li'avrette. -Lo sabe usted de memoria. Pero su
amiga, que me parece una razonadora de primera
fuerza, ¿no ha dicho á usted cómo arreglaría aquello
de la gran diferencia de edades?.... Porque, en fin,
el señor cen esoR diez y siete ai'íos que le lleva.
. Gabriela.- ¡Oh! Dios míol Eso lo arregla ella perfectamente. Al prmcipio no es difícil. ...
Favrette.-¡Ahl
Gabrlela.-Sf, al principw del matrimonio.....
porque ya he dicho a usted que los dos son igualmente gentiles.
Favrette.-Pero ¿después? ...
Gabriela.-Después.... ella cree que este después
vendrá tan tarde.... y, además, depende de la habilidad de la mujer el saber manejar su dicha. Sobre
todo, cree que cuando el amor se atenúa para transf?r~arse en afección, la diferenciad~ edade_s nada
s1gmfica, pues que el del:.ter de la mlljtr es vigilar por
su marido y cuidar de los niños.
Favrette.-¡ Diablul Arregla usted las cosas como
en las novelas que acitban bien.
Gabriela.-¿Encuentra usted que no debe ser como
lo digo!
Favrette.-Lo que encuentro es que habla usted
como una verdadera mujer, y que ;me sorprende extraordinariamente!
Gabriela.-Es cierto; me mira usted con unos
ojos....
FavrettP.-Sí, como el jardinero que habiendo dejado una flor eri botón, la encuentra de pronto completamente abierta ....
Gabriela.-Sí, que le sorprende · á usted; pero que
no le complace....
Favrette, visiblemente impresionado. -Sí. ... sí me
complace.... ¡muchí-Jimol....
Gabriela. -A ~usa de su florescencia espontánea?....
Favrette.-¿A causa de la histo:ia de Sybll?.. ,.
Gabriela, un poco_pálida.-¡Bab!.... ¡una quimeJal .... ¡un juguete:.... (At,já11.dose algunos pasos.)
Vamos á ver el mio.... ¡la muñeca lnt,eligente que
ha traído usted!.... ¿t::labe esa pequeñuela decir
mamá?
F¡ivrette.-No! ... No es ese el juguete que he
traidr.... Es un joi:en ruliio, de cabeza un pooo dura, que comienza á decir.... Gabrielal
MICHJ!:L

PROVINS.

�Domingo 6 de Agosto de 1891.
EL MUNDO.

86

Domrngo O de Agosto de 1899

EL MUNDO

I

LOS ADELANTOS DE NUESTRO PAIS.

DEZIRES, LAYES YCANCIONES.

BALADA CASTELLANA.
Cefilda al cinto la espada,

DEZIR
(á la manera de Joban de Duenyas.)

Ponte el traje azul que má•
conviene á tu rubio encanto.
Luego, :Mía, te pondrás
otro, color de amaranto,

y el que rima con tus ojos
y aquel de reflelos rolo•
que á tu blancor sienta tanto.
En el obscuro cabello
pon las perlas que conquistas¡
en el c:&gt;lumbinu cuello
pon el collar de amatistas,

y ajorcas en los toblllos
de wpacios amarillos
y esmeraldas nunca vistas.
Un camarín te decoro

La capa al vien to , e ¡ sombrero

Con la ancha ala desplegada,
Va por la verde hondonada,

Galopando el caballero.
.
Ya al corcel allento falta,
Ya cruza un ribazo ó salta

En tantástico galope
Por los l!scarpes de un tope,
Que la negra noche es~al ta.
Por el rudo casco herida
La pieC.ra relampaguea;

Suelta el ginete la brida
y se hunde y pierde en seguida
En la extensión, que negrea.

-¡Ah del ginetel ¿quién va?
grita de pronto una voz.

-Quién es?

donde sabrás la lección
que dló á Angélica, Medoro
y á Belklss dló Salomón;
arderá mi sangre loca,
y en el vaso de tu boca
re sorbe1 é el corazón.
Luz de sueno, flor de mito,
tu admirable cuerpo canta.

la gracia de Hermafrodito

BOCETO.

con lo aéreo de Atalanta;

y de tu beldad ambigua
Allí estaba la E'Statua blanca Y pura,
Inmaculada flor de mármol, vi va,

Que radiosa brotó de la locura
De yo no ee qué artista, y que cautiva.
Admirable portento de escultura,
Prodigio del cincel, la diosa altiva
Simboliza la clásica hermosura,
Una Juno de !rente pensativa.
Me puse á contemplar en mi embeloso
Aquella creación que enloquecía,

Aquella boca en que dormí, el beso,
Aquellos ojos de mirada !ría:
Recogido el cabello en grupo espeso,
·Qué pureza de lfneas! ¡qué armonía
be contornos! ¡qué porte! ¡qué aire impreso
De majestad en aquel rostro había!

la evocada musa antigua
su himno de carne levanta.

Del án!ora en que está el viejo
vino anaCfeóntico, bebe;

Febe arruga el entrecejo
y Juno ar~ugarlo debe,
mas la joven Venus ríe

y Eros su filtro desl!e,
en los cálices de Hebe,

LAY
{li. la manera de Joban de Torres.]

¿ Qué pude yo hacer
para merecer
la ofrenda de ardor
de aquella mujer
á quten, como á Ester

maceró el Amo~
Intenso licor,
perfume y colc.r
me hiciera sentir
su boca de flor;
dile el alma ::-or

La carteta del mármol esplendente

Que en mis dedos el hielo di!undía.
A mí llegaba el soplo tibio y blando,
El aliento de amor de las violetas;
y de aquel ~itlo me aparté, pensando,
A merced de encontradas y de inquietas
Impresiones, poder que reconozco
Que en mí se ejerce, ideal que me consume,
¡Ay! en muchas .estatuas que conozco,
Bellas flores de carne sin perfume.

-El mismo, Don Menda, soy.

Por la palabra que un dla.
Empelló vuestra hidalguía,
Cual cum,le á un noble vengo hoy.
y ecbando ple á tierra, alzadas
Sierpes de acero enroscadas

A los bravos combatientes.

CANCION

Sobre la diosa Inmóvil; senti !ría

-¡lra de Dios! 1Don García!

y eran al chocar hirientes

(li. ta manera de Valtterra.)

Ya es un mandoble, ya un quite,
Ya una estocada, ya un sesgo,

Que el ardor loco repite;
y entre estocada y desquite,

Amor tu ventana enflora
y tu amante esta mañana
preludia por tl una diana
en la lira de la Aurora.
Desnuda sale la bella,

La rabia crece, y el rlebgo.
La aurora vió al otro dla
.Al despuntar por la slerrd
Junto á un cadáver en tierra,

y del cabello el te•oro

Rota una espada de guerra.
Mientras sus trinrn; lanzaban

pone una nube de oro
en la desnudez de estrella;
y en la matutina hora
de la clara fuente mana
la salutación pagana

de las náyades á Flora.
En el bailo al beso incita
sobre el cristal de la oada
la sonrisa de Gioconda
en el rostro de Afrodita;
y el cuerpo que la luz dora,
adolescente, se hermana
con las formas de Diana
la celesce cazadora.
y mientras la hermosa juega.
con el sonoro diamante,
más encendido que amante,

el fogoso amante llega
á su divina sefl.ora.
FFIN

Pan, de su flauta desgrana
un canto que, en la manana;

perla á perla, rle y llora.
RlTBEN DARIO,

V. Acosu.

•

UNf\ ORf\N IN D U S T R lf\ .

Don Mendo, uno de lofi dos.

Relucieron las espadas,

tan dulce ellxlr.

Era la hora serena y per!umada
En que el sol tras la sierra apenas arde
y en que flotante, ideal y enamorada,
Náufraga en mar de luzi muere la ~arde.
Aquel rostro Jn..mdó un r~yo muriente,
De claridades trémulas; di ria
Que el mármol se animaba derrepente,
Que lba á hablarme y los brazos me tendía.
Mi mano fue á posarse irreverente

-Pues buena la habr4,
Que en el campo quedará,

Símbolo de la bldalgufa,
Los pájaros en la lronda,
Las H.ores se despertaban,
Rodaba cantando la onda
Y las hojas murmuraban.

La industria nacional, como hija .predilecta de
la paz, toma poderosos vuelos en nuestro país

augurando una época de crecidas riquezas para
loa luchadoras en la contienda hermosa del trabajo.
Todo linaje de publicaciones en México, actualmen te, experimenta ]a necesidad de comunicar
au~ impresiones gratas, de moltiplicarJae en el
cerebro de sus lectores, de afirmarlas en la vo•
Jun ta~ colectiva para determinar la consecuencia
de este movimiento de energías, despertado en el
país, que maravilla, reclutando hombres, redimi,cdo brazos, cosechando productos, levantan•
do f&lt;\bricae y entonando por lin, con voz sonora,
dei,poés de va rios siglos de mutismo, el himno

Estado de Na evo León, refiriéndonos A su cnlta
y progresista capital, para exhibirlo con las ven-

tajas logradas por el trabajo. No sería posible encerrar en el brevísimo espacio rte estas lineas los

adelantos todos de aquella región, y de aqul el
haber elegido una A nna las importantes instalaciones fabriles que posée. Vamos A deecribir, siquiera sea A grandes rasgos, uno de los más nota-

bles de aquellos e,tablecimientos lronterizod: LA
CERVECERÍA CDADHTEKOO.

incomparable de la redención por el trabajo.
El país en general, siente los estrem"'cimientos

de l• lecundación benéfica y activa. Pero por sell, l•da manera, el enérgico impulso se manifiesta
vigoroeo y feliz en algunos Estados de nueetras
costas y aJgunos !rooter}zos. Veracruz con su

V. AcosT.lo

es el estímulo. mnltiplicador de los fecundos esfuerzos iadividuales.
Volvemo11 á ocuparnos en estas columnas del

magnífico valle de Orizaba. constituye nna lisonjera prome•a de preciados frutos para la industria
del porvenir, y Nuevo León con portentosos adelantos, es el heraldo de nuestro progreso, A las
puertas mismas de la República.
En la tarea de resellar Jas instalaciones, como
la mejor razón que &amp;3iste A. nuestro entusiasmo
Por loe avances conquistados, hemos de fijarnos

en •~uellas qne por sn capital, revelador de la
conf1anza que inspira la tranquilidad del país; por
au éxito que acusa Ja inteligencia directora, po-

■eedora de la previsión y duella delos resultados,

por sus productos envidiables que denuncian un
aumento de cousumo emulador de la explotación,

constituyen un hecho que es el progreso realizacon la riqueza creada, y una esperanza que

do

La Cervecería faé fundada el allo de 1892, con
capital netamente nacional enbscripto por las lftlsmas personas que forman hoy la Compallía, y
que son casi todas miembros de una misma familia é hijos de aquella población.

La Mesa Directiva estA formada por loe Sellores Isaac Garza, Presidente; José A lluguerza,

Secretario, y Francisco G. Sada, Gerente Gene,
ral.
El objeto de los Directoree de la Compallía faé
desde UTJ principio competir en calidad con las
cervezt1s extranjeras, y el éxito obtenido ha sido
admirable¡ no solamente reciben á diario testimo-

nio de todos loe inteligentes consumidores de la
República, que reconocen en los productos elaborados por la Cervecería Cuauhtemnc, una calidad mny superior á todas las marcas importadas
de Alemania y Estados Unjdoe, sino que amparados por la bondad de sus productos, que se recomiendan por el solos, han logrado extender el

campo de exportación de una minera prodigiosa,
Un gran número de Agentes Viajeros recorren
toda la República y la mRyor parte de las principales poblaciones de América; recibiéndose cons-

tantemente pedidos importantes de las República, Centro Americanas y aún de Canadá y Estados Unido,.
El crédito de ms productos, impulsado hábilmente por una administración inteligente y em-

prendedora, ha hecho en eortos altos dela «Cuauh,
témoc • uno de los primeros establecimientos de

su género en el Pals. Allo por allo se ha ensanchado la planta y perfeccionado los aparatos y
sistemas de fabricación; pero principalmente de
tres allos A esta parte, ee cuando ha tenido la
Cervecería un desarrollo asombroso.

•••
Tres ferrocarriles han tendido sus rieles dentro

del edilicio mismo de la IAbrica, el del Golfo que
carga los abundantes productos de las regiones
exhúberas de la costa, el Nacional que atraviesa
las grandes extonsiones centrale• del pals, llevando productos de toda snerte y el Internacional que une á Monterrey con la gran arteria del
Ferrocarril Central y lleva directamente los productos de aqnella ciudad privilegiada hasta Guay
mas, desde donde se hace la distribución para
todos nuestros puertos del Pacifico.
El edilicio de la fabrica es suntuoso. El electo
para la vista ee bello, acabado y corresponde
ciertamente á la riqueza que la previsión inteli¡¡ente ha acumulado en el interior para las labores. Un jardín, estilo parque lo¡¡lés, le presta el
bonito aspecto de su cuidada vegetación y agran-

�EL MUNDO.

II

la evaporación del amoniaco, al que ha~en circular los comprensores ó máquinas d? hielo á _tra•
vés de un sistema especial de tuber1a, que tiene
varios kilómetros de extensión.
Después de convertirse por los ~ás modernos
procedimientos de la industria el lup_ulo Y la malta en un líquido aromático y ambarmo, se efec•
túa lo que se llama el cocimiento de la cerveza,
en grandes calderas de me~al _pulimentado que
deslumbran por su brillo y hmp1eza .. De allí pasa
la cerveza, hirviente todavía. al Enfr1adorB~ndeCuenta la fábrica con tres inmeTisos patios, uti- lot, cuyas espir ales de tubería recorre, ?aJando
lizados todos en Ju labor diaria. En el primero, rápidamente su temperatura. E_n segmda, po r
A la entrada, se puede apreciar el _cap~tal nada medio de bombas finísimas especiales se e1e~a el
despreciable invertido en la fabr1cae1ón d_e la Jiquido basta el tercer pbo en que se erectu~ la
cerveza. En ét se bailan colocadas tres máqurnas fermentación. Del depar tamento de fermentación
refrigeradoras de pot?ncia nota ble, ~estinadas á cae la Cerveza al segundo piso, llamado de rela fabricación del h,elo y producción de frío, puso. donde permanece ta~b!én ~argo tiempo,
indispensable, como se s~be, para la e~aboración para volver finalmente al pnmer piso, en que_ se
de Ja cerveza: las máqumas son americanas, de ef•ctúa l• cl,rificación. Esta mar~b_a del liqmdo
construcción inmejorable, griln precio y resisten• tiene un sin fin de detalles y reqms1tos, pues no
eia comprobada y con capacidad en junto de 225 hay cosa más delicada y dificil que la preparatoneladas, aunque no tod~s trabajilu _sie~prr, pues ción de una cerveza perfecta. La fabric,ción de
en invierno sea provecha el extraord10ar10 descen- la cer veza requiere de Sf'is á ocho meses de laso de la temperatura ugional,. sí lo h .-ceo la !Dayur bor diaria, constante, A todas horas del _día Y de
parte del afto, produciendo rnmensas cantidades la noche, y basta el descuido de un mrnuto, de
un segundo, para echar á. perder enormes depó•
de hielo.
No todas se utilizan necesariamente en la ela- sitos, cuyo costo podría hacer la fortuna de vaboración. El lujo de !a lábrica del hielo es un rios hombres.
Antes del envase, pasa la cerveza, ya hech.11.,
derivado de la grandeza de los industriules. ~•
producción de hielo pasa de 40 toneladas al d1a, por filt: os finísimos y que completan las dos opeJlenando en invierno y en verano el consumo de raciones precedentes: el reposo y la clu1f1caMonterrey y el importantísimo de una gran co- ción. Algunos de estos filtros h•n ~ostado $8.000,
marca tributari1'. A las poblaciones peque.ft.as ó su calidad no sólo tiene el crédito de 1" casa
cerc mas se hacen Jos envíos por Express, y A cunstructora, sino la confirmación de los meJo mercados lejanos lo~ embarques se tfectúan en res resultados en la fábrica de Cuauhtémoc, que
carros refrigeradores especiales, constr_o~dos ex - ]os utiliza. sin descanso y sin Que algo.na vez baclusivamente para ] H. Cervecería .. Sd uul•za tam• ilan presentado deficienci•s. Como todas los útibién el hielo en el empaque y conservación de la les y máquinas de la instalación, los filtros resul cerveza en cuft.etes 1 que debe tenerse siempre he- taron de gran cvsto por su excelencia, pero tamlada, y de la cual se hacen grandes remesas A to- bién por ella altamente remuneradores del desem•
das las poblaciones de Nuevo León, y á los Es - bolso de adquisición; puesto que u na de las con
tados de Coahuila, T.11maulipas, D. rango, Zaca - diciones que ha logrado la aceptación inmensa en
el mer cado de la cerveza Cuauhtémoc, es su clatecas Chihuahua 1 San Luis Potosi, etc.
Pe;o la t~rea más importante de laP máquinas rificación irreprochable, quizá s uperior á la de
de hielo es la refriger•ción de la Cerve.. pro- lllB cervezas extranjeras.
Los filtros realizan la clarificación del llqnido
pia ment~ dicha Está ésta constituida por un gran
editicio de tres pisos, cuyas bodegas se guardan con la rapidez posible en este trabajo, lento de
Eiiempre á una temperatura glacial, obtenida por suyo, para acumular en barriles enormes el llquida á través de sus arbustos y sobre el musgo verde
de su suelo lAB proporciones de la construcción
magnífica. Con mucha justicia, los regiomontanos se hallan orgullosos de esta instnlación modelo y jamás permiten al tourista abandone aquellos
Jugares, sin haber coseehado los aplausos de admiración calurosos y repetidos que rec!ama la
contemplación de tantos e,luerzos hábilmente
acumulados.

•••

1'
1

1

1

Domingo 6 de Agosto de 1899.
do depurado de toda impureza que pudiera ba,.
cerle dall.oso á la economía ó desagradable Ala
vista.
E n esta ala del edilicio se encuentra también 1111&amp;
maquinaria. import,ante: los poderosos dioamoe
que inundan los departamentos todos de la UbJ1.
bric11. de lucecitas ineandecentes, ora fij as, o.._
movibles y distribuidas con discreción notorl¡
en los a ngulos, en los patios, prc!odidas al Dllll'O
ó pendientes del techo. El alumbrado es una de
las mejores obras del establecimiento y en las qae
por manera especial se revela el arte y la rique.
za que han presidido á las labores tod&amp;s de la
construcción.

• •*
Merece cuidado especial de los fabrica ntes, el
lúpulo que e, la substancia fermentesci ble y q111
da á la cerveza el sabor amargo tan agradable
como estimulante. Se mantiene en aquella fábrica
en bodegas perfectamente acondicionadas, en lu
que se le preserva, por procedimientos ad hoc, de
las extremosas condiciones climatéricas del lagar. El lúpulo se, limpia, se seca, se aparta en gna.
pos; es, en fLn, obj1to de cuidadosos detall es por
parte de los grandes cerveceros, que pudiéramoa
llamar los cerveceros artistas, ya que perslguea
con afán el ideal de un proyeoto que alcance !odas las posibles perfecciones.
Ni el molino donde se macbac, la Malta ea oor riente y comúu , ni éste dej~ de distinguirse dt
los ordi~ariamente empleados¡ pues p&gt;1.rece que
en esta instalación todo se concibió y r i.:alizó coa
el prurito de notoriedaa que fuera satistactoria i
los ideales de los fabricantes y provechosa á la
calid•d del producto. De mejor material, de mavor potencia, de capacidad notable, cuenta lalll•
biéa la particularidad de llevar, á poca distancia
de la m0lienda y en la esfera de acció n de 1111
dientes, unos electru imanfs peque:fios, pero edr•
gicos, que s nbstraen inllex bl ,mente, ellragmeoto
de clavo, la partícula de fierro, y en general la
i mpureza metálica que tienda á pasar junto COD
el grano y que baria poco llmpido el liquido 6
pertur barla su fermentación regular.
Dicho se está que la materia prima qu e ha da
alimentar á organismo tan a ~abado y v igoroso,
debe la previsió~ haberla a 1m1cenado e a canll-

,

Domingo 6 de Agosto de 1899.
- dad es proporcionadas al enorme gasto de es-1e INbor atorio gigantPsco de la iPdustria. Y sorpren de á la par que la cantidad de grano alm acenada, la limpieza sin mácula de llis bodegas en donde •e orea, dejando lucir limpia y brillante su cl1scara dorada sin oue la aféen mater ias extratl11.s ó cuerpos sucios que harían en seg uid a dificil las operaciones que han de practicarse con el mosto.

•••
Preciso es seflalar rugo saliente de las prodigalidades de la fortuna ó de los aciertos de 111
inquisieión diligente, que en f l terreno elegido
para elevar la fAbrica modelo se encontró como
bRllazgo riquísimo el venero más abundoso de
la localidad, del que se extraen má, de 600 000
galones de agua di1uiamente. Es éste un II bunJ oso río subterráneo, cuyo H.:¡uido se considera
el tesoro mAs preciHdo dP. la Negociación, poes
al mandar se pra.ebao de él para analizarse en los
mb reputados lab JrRtonos de Alemania y Eita
dos Unid os, fué declarado superior pttra la hbricación de cerveza Alos mAsaf lmados veneros
del mundo.
No se necesita tenrr el conocimiento técnico en
la fil bricaeión de cerveza, para darse cuenta del
util íii mo y casi por~entoso contingente que trae á
la ei&lt;boración esta clase y cantidad de agua tan
fi\cilmente accesible A las riecesidades de la confección. Se sabe que la cerveza es el mosto del
grano fermentado en agua con syuda de lúpulo,
y por lo tanto se comprE'lnde sin esfuerzo que el
aga.d, elemento principal de todas las industrias, es
capitll l indispensablemente precioso para la industria ce'"vecera. En la actualidad sólo existen cua•
tro bombas que extraen el agua en la proporción
que antes seftalamos; pero ésta, no obstante ser
notoriamente grande, no basta. á las necesidRdee
de aquella industria próspera. y pronto se instalará n otr as dos bomb•• que ayuden con las primer as á obtener la ltbulosa cantidad de agua
que ofrece el abundante venero.
Los méritos de la construcc•ón, el hallszgo del
manantid, la introducción benéfica de tres de los
pri ucipalrs ft&gt;rrocarriles frcnterizos; se debe á la
feliz conjunción de los elementos primarios de
111 industria: capital respetable, concepción vasta, ingenio de detalle y sostenido esfuerzo. El
Capit•l lo aportó la Sociedad con admirable fé y
es¡;íri tu de empresa, cuando se tenía todavía poca confiiinza en nuestras industrias y muy pocos
aug uraban fdiz éxito al colosal negocio; y la
ejeoución de los planos y pro y ectus la tuvo á su
ctt. rgo el ar quitecto especialista de San Louis Misoo ri, O. J. Wilhelmi, que llamado por los accio nistas fu ndadores á Monterrey, logró con una
o bra mas extender su f 1ma á riuestro país como
constructor de flbricas de cervez!l, dotando á
la frontera con un establecimiento acabado y
digno de su renombre y de nuestro adelanto.

•••
U no de los departamentos que más ostensiblemente muestran el colosal movimiento de la inst.lación, es el de empaque y embotellado. U,anfie par a la demanda del mercado dos clases de
env•se: el de barril y el de botella, y ambos se
verifican con extraordinaria precisión y rapi•
-dez. T uberías de no escaso volúmen comunican
&lt;&gt;on las bodegas que hemos descripto y en las que
la cerveza repoaada, clarificada y filtrada, sólo
11guarda el instante de ser lanzada al Comercio.
L as tuberías se hayan perforadas lateralmente
-en doce sitios equidistantes y A diversos tramos,
en cada uno de los cuales se coloca una boteila,
Y que se bailan provistos de un gobernador auto m ático, por tal manera que colocado el cuello de
la botella en alguno de los pequenos tubos que
penden de las perforaciones, se llena pcr sí sola
•in necesidad de llave, y retirado el casco basta
• Ole hecho para que el gobernador automático
inierior , cierre rApidaruente las válbulas sin que

EL SEfWR GERENTE GENERAL DE LA ÜEHVECERIA, U.ODEADO DR SUS PRJNCIPALES EMPLEADOS.

EL MUNDO.
se escape una sola gota más del líquido que ha
llenado 111. botella. En un orden enteramente semejante pasa lo mismo con el envase de l JS barriles, y es una operación aunque más sencilla
también más vistosa de las que pueden presenci,rse en 11 f~brica y que sorprende agradablemente A los visitantes.
El envase consume diariamente más de ochenta
mil botellas queabsorveel mercado tan luego como
le llegan, destinAndose algo de este producto res petable á la exportación c11da día creciente. Hasta hoy se ha consc.mido de preferencii y en ciertas ocasiones, exclusivamente botella alemana de
la m,·jur acondicionada para el objeto; pero el
impulso de los f•bricantes entregado ya á la expeculación progreEi va, ha proyectado establecer
como anexa á la ntgociación principal, una fábrica de botellas que le proporéione ú liles econó •
micos, A la vez que pueda Mislir con la rapidez
deseada á las exigtneias del consumo. Y oo obstante, como hemos dicho, el embotellado actual
hace un gasto de ochenta mil cascos por día.
Tiene labores preparatorias eata operttción del
embotellado; con tanta rapidez como cuando se
llenan, se someten préviamente á la acción dA
cuatro mAqoiaas lavadoras que af1ctan la forma
apropiada y se cargan con muoiC'iones de díterentes tamafl.os en order:. descendente, pasando
en seguida A recibir el frotamiento de los cepillos que a rman otras cuatro maquinas; y por úl·
timo, á la acción del agua que á torreo tes penetra
y SRle de )os cascos para entregarlos extraordi•
nar iamente .'impíos. La operación se completa.
por el tapado, erc,sqoillado y pestall.a de e1iquetas que también se vt:rifica automáticamente por
medio de aparatos tao sencilJ03 como ingenh,sos
y que con rapidez que asombra, reciben la bote•
lla llena de liquido fermentado, y la entregan á
los almacenes vestida con la etiqueta, adornada
con el casquillo metálico, sujete pcr el alambrado, es decir, con todas las condicionp,s de seguridad para el tráfico y de buen gusto para el mercado.

•••

El articulo destinado á la exportación sufre
antes de la salida de la IAbrica y de ser envaoado, una última operación, úaiea en su objeto.
Consiste en someter el líquido A la temperatura
deun bailo de agua birvi~nte. Por este tratamiento cuidadosamente verificado se logra la muerte
de los mi.Jroorganiimos que pudieran ser perja.diciales á la fermentación y con esto noscivos á la
••lud. Se ve que no hay un de,alle que escape á
la penetración de los intP.ligentes industria 1es, y
que por el contrario los inquieren, 101 l igran, los
adh·ioan y los resuelven por manera que favorecen á su honradez de comerci1nte y al beneficio
del consumidor.
En el departamento opuesto de la fábrica que
recibe los productos abundantes cuy a elaboración hemos pálidamente descripto, esper•n los carros la llamada de los almacenes oara entregarse
al vértiA"o de a'-!uel movimiento febril. Las Cttjas
de empaque llegan del Norte, y no porque nuestros industriales no pudieran lograr artefactos de
sencillez semejante, síoo porque nuestras maderas
no rebi iten, se deshacen, no sirven. Y aq ni una
oportuna rec'&gt;rdación á nuestros agricultores, la
de mejorar las condiciones de sus maderas por
medios tan conocidos como aconqeja los, y prevenir así la competencia victoriosa de las maderas
extranjeras. El número de cajas empleadas para
las seguridades de las exportRciones, no es despreciable, puesto que han de contener capacidad
bastante para que puedan sumar anualmente buen
número de millones de botellas.
Instalación tan vasta como ésta, cuenta con talleres accesorios, pequeft..os necesariamente, si se
miden por las grandes dimensiones de la lábric,
principal; pero eiempre dignos de atención y
aplauso, porque también en ellos el esplrilu previsor ha acumulado los elementos precisos á la
labor fácil y rápida, y allí también, como en las
ricas maquinarias o en las inmensas cubas de fer-

III
mentación, se advierten el orden sin tropiezos, el
aseo que e•plende, la diligencia que admira.
Los principales de estos talleres son los de talabartería, carpintería, herrería, carrocería y pintura, que cuentan un número nada escaso de
obreros habiles, y se ocupan constantemente en
reparaciones de útiles, refacción de piezas, construcción de otras nui.,vas 1 factura de carros y c11jas de empaque y decorado, siempre atendido, de
todos los departamento• del edificio.

T•I es la fábrica de que con justicia se enorgullece la capital regiomontana. Como en épocas
anteriores se ensef\ab~ al toarista el bosque salvaje ó la iglesia e:-- ruinas, hoy se le muestran ltls
fundiciones 1 lo~ telares, las fAbrieas; pero ningu•
na hl\ alcaoz¡¡do el renombre de la Cervecería
Cuauhtémoc. que parece simbolizar, para orgullo
del fronterizo, el triunfo del e,fuerzo hábil y dilig~mte.
Cierto es que los directores de esta próspera
compafl.ía, no se ban dado un minuto de tregua.
Ni el éxito ha sido porte á obligarles al reposo.
Afto por all.o, de,de el de su fundación, &lt;\ sea hace
ocho, se ha ensanchado la planta del edificio para
inaugurar nuevos departnmentos ó ampliar lo-.
anteriores, para insta lar talleres y activar el despacho, para per f,mcionar los aparHtos y sistemas
de fabricación. Hoy tiene uno de los edificios
mAs v.1stos 1 de los mejor apropiados de los
más preciosos en su género; la prod ucción más
abundante, y por ende el consumo ma~ vigo•
.:vso, constituyendo, tal vez eJ primer establecimiento de la República. Pero de tres all.os a.
esta parte es cuando principalmente la Cer vecería ha logrado un desarrollo prodigioso. Para
formarse una idea de la importancia q 1e ha alcanzado, daremos un dato seguro, uno s ulo, pero
elocueante. El nuevo departamento de embotellc1r,
que se inaugurará dentro de un mes, serA el más
grande del Continente Americano; y en todo el
mundo, sólo habrá otro, en Inglaterra, que podra.
igualársele en el número de botellas que lance
diariameote al mercado.
Con respecto a. li f•ma y crédito de sus productos, diremos qua es la q ne exporta mAs cer•
veza embotellada en Amé rica, y que muchas fá bricas de los Estados Unidos han tratado de f•lsificar sus marcas p1:1ra. acr editar sus productos,
tanto allí mismo como en este país, y los de Centro y Sud Amédca.
'

*••
Para la vida Rana de estos organismos se necesita una legislación higiéoica que destierre las
enfermedades viciosas de los obreros y est!mule
sus virtudes, aquellll...!_por las penas y é3tas por
el premio. Y la Cervecería tiene sus leyes. Se imponen multa.a A los obreros faltistas, perezosos ó
descuidades, y con ellas se f ,rma un fond ,, que
sirve para premiar á los atentos, activos y exttctos. En el ano último, y sobre un promedio de
400 obreros de todas clitses, recibieron los premiados una gratilic•ción de $52 por individuo.
Si no se logra extirpar el mal por completo, por
lo menos se miLora, y se estimula al virtuoso
para que luche y venza, redimiéndose al obrero
de un nombre anónimo y de una. calificación colectiva.
Perdónensenos las apreeiacíones entusiastas, si
fueren inmoderadas, y las frase3 cttlurosas, si
trauslueieran apasionamiento; pero el cronista no
puede dispensarse al resellar adelantos tan positivos como los que representa laFábricaCuauh1émocque h~mos descrito, de pag11r su tributo de
entusiasmo en voces clamorosKs, frente al cuadro
del trabajo que hoy presenta el país, cuadro h•r•
moso y admirable en el que ostenta las esperanzas en flor como anuncio de los fruto 3 de oro de
la prosperidad de la Pe.tria.
ALFREDO N. AcosTA.

�EL MUNDO.

Domlngc 6 .Agosto de 1899

IV

•

CP/ .

~agtnaJ
A.ño VI

Tomo I l

México, Domingo 13 de Agosto de 1899.

Número 7

UN HERMOSO CRUPO DE TOILETTES.

LOS CABALLEROS FUMADORES.
Dice una Revist,a para Damas:
«En el número de Febrero del Good Health replicamos á las razones de un caballero que juzgaba no teníamos razón en expresar nuestra duda de si un fumador podía ser considerado como un caballero. No
hemos abriltado dudas sobre este particular, hace
muchos anos, y nos alegramos de ver que otros mil
se están libertando tanto de la esclavitud de la costumbre, que no vacilan en romper su silencio acerca
de esta cuestión.
«Todo hombre tiene derecho de fumar, si así lo
quiere; mas nadie tiene derecho de hacer que los
otros pa.rtlcipen de esta sucia práctica, quieran ó no
quieran. No pocas veces cae al que esto escribe la
suerte de verse obligado á ocupar un ~oche de alquiler que tres ó cuatro fum~dores han ocupido antes, y
que ban logrado saturar tan completamente de nicotina, condensada en las portezuelas, vidrieras, cojines y en todo el interior del vehículo, que era imposible permanecer en él, aun con las ventanas abiertas,
sin ser atacado de náuseas.
«En los carros urbanos, cuando van llenos de gente,
no es raro encontrarse uno encajado entre dos devotos del tabaco, cuyo aliento, cuerpo y vestido exhalan el olor no de violetas y rosas, sino de un articulo
de vegetación de índole enteramente diversa. En tales circunstancias no puede uno hacer otra cosa que
contener su aliento, respirar poco, desviando la cara,
á la inspiración, tan lejos como es posible de la fuente de infección, reprimir su enojo lo mejor que uno
pueda y escaparse en busca del aire libre tan pronto
como las circunstancias lo permitan.
«Ningún fumador puede ser tan ignorante que olvide que no puede viajar en un vehículo público sin
correr el riesgo de sujetar á alguno á la triste ordalla

de respirar su hálito impuro y venenoso, y de recibir
la atmósfera de tabaco que proviene de sus vestidos

saturados del humo de aquella droga.
«Pero el mundo se mueve un poco. Hombres y mujeres están levantando su voz en todas partes para
protestar contra la dañosa costumbre; y nuestros !ec•
tores pueden estar seguros de que el Good Health,
después de estar empei'iado en la campai'ia contra el
tabaco, el alcohol y todos los otros venenos que tienen esclavizada á la humanidad, por más de un tercio de siglo, continuará haciéndose oír en defensa del
derecho inali~nable de los hombres, las mujeres y los
niños, de respirar el aire puro del cido, no viciado
por el aliento de los devotos del sucio yerbajo.GooD GEALTH.&gt;

NUESTRO GRABADO.
UN HERMOSO GRUPO DE TOILETTE$.

El figurfn que aparece á la derecha del grabado, es
de calle. Está hecho de sarga de seda, con gnndes
aplicaciones de guipure en el cuerpo y en la falda.
La seda es mal va. El cuerpo muy ceñido, con la blusa abierta triangularmente sobre un peto.
El figurín del centro es de pongé muy fino, formando una túnica cerrada graciosamente á la derecha,
por un;:. banda de blonda antigua. El cuerpo, muy
caprichoso y elegante lleva plissés amplios, cortados
por una banda diagon.i.l. Gran aplicación bordada en
el peto, que está hecho en fajas circulares concéntricas.
La tercera figura muestra un elegantísimo sombrero, estilo Directurio, de paja de Francia y aplicación
de rosas. Un gran penacho blanco lo corona, cayendo
graciosamente sobre la falda levantada.

Un pago de 140,000 pesos d.e "LA MUTUA-"
El distinguido y bh::n conocido banquero de estaCapital Sr. D. Martín de Castillo y Cos (de 1a razón
social l. R. Cardei'ia y Compaiiía) estaba aseguradoen LA MUTUA, Compai'iía de Seguros sobre 1a VIda (The Mutual Life Insurance Compacy of New·
York) bajo las siguientes pólizas:
2 pólizas de 25,000 pesos oro ameri•
cano, equivalentesá ............... $100,000
2 pólizas de 20, ooo pesos plata mexicana ............................... 40, 000Total, $140,000según, los certificados de los Sefiores Notarios Fran•
cisco Merino Ortiz, Francisco Diez de Bonilla y .Agustín Pérez de Lara.
LA MUTUA pagó los días 15 y 22 de Junio á loabeneficiarios, á la sei'iora Soledad de Castillo de Lerdo de Tejada, Sei'iores Samuel Hermanos, el Bancode «Londres y México&gt; las sumas arriba expresadas.
EL SR. D. EUGENIO A.BBA.DIE.
«E.itoy sumamente sati~fecho con la «Dentadura
.Automática,&gt; que ustedes me .hicieron, pues ademáttde ser excelente la materia de que está form3da, es
muy hermcsa y se adapta perfectamente, hasta el
punto de que puedo usarla luego, sin molestia deningún géntlro.
Yo creo que si alguno aspira dominar el noble arteque ustedes ejercen, sólo podrá llegar á la altura deustedes, pero elevarse más será imposible. Para ali·
vio de la humanidad doliente, Dios suscita de vez eo
cuando algunos génios. De estos "!eres extraordin&amp;•
ríos son us~des, algunos de los más distinguidos eo
su ramo. - Eugenio A.bbadie.- Porta.I Guerrero núm4,
- Guadalajara.
.A. los Sres. Dres. Spyer. Calle de la Palma núm 3,
lléxico. Inventores de ~a «Dentadura .Automática.&gt;

CRISANTEMAS.
CUADRO DE CúNR\DO KIESEL.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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Domlngc 6 .Agosto de 1899

IV

•

CP/ .

~agtnaJ
A.ño VI

Tomo I l

México, Domingo 13 de Agosto de 1899.

Número 7

UN HERMOSO CRUPO DE TOILETTES.

LOS CABALLEROS FUMADORES.
Dice una Revist,a para Damas:
«En el número de Febrero del Good Health replicamos á las razones de un caballero que juzgaba no teníamos razón en expresar nuestra duda de si un fumador podía ser considerado como un caballero. No
hemos abriltado dudas sobre este particular, hace
muchos anos, y nos alegramos de ver que otros mil
se están libertando tanto de la esclavitud de la costumbre, que no vacilan en romper su silencio acerca
de esta cuestión.
«Todo hombre tiene derecho de fumar, si así lo
quiere; mas nadie tiene derecho de hacer que los
otros pa.rtlcipen de esta sucia práctica, quieran ó no
quieran. No pocas veces cae al que esto escribe la
suerte de verse obligado á ocupar un ~oche de alquiler que tres ó cuatro fum~dores han ocupido antes, y
que ban logrado saturar tan completamente de nicotina, condensada en las portezuelas, vidrieras, cojines y en todo el interior del vehículo, que era imposible permanecer en él, aun con las ventanas abiertas,
sin ser atacado de náuseas.
«En los carros urbanos, cuando van llenos de gente,
no es raro encontrarse uno encajado entre dos devotos del tabaco, cuyo aliento, cuerpo y vestido exhalan el olor no de violetas y rosas, sino de un articulo
de vegetación de índole enteramente diversa. En tales circunstancias no puede uno hacer otra cosa que
contener su aliento, respirar poco, desviando la cara,
á la inspiración, tan lejos como es posible de la fuente de infección, reprimir su enojo lo mejor que uno
pueda y escaparse en busca del aire libre tan pronto
como las circunstancias lo permitan.
«Ningún fumador puede ser tan ignorante que olvide que no puede viajar en un vehículo público sin
correr el riesgo de sujetar á alguno á la triste ordalla

de respirar su hálito impuro y venenoso, y de recibir
la atmósfera de tabaco que proviene de sus vestidos

saturados del humo de aquella droga.
«Pero el mundo se mueve un poco. Hombres y mujeres están levantando su voz en todas partes para
protestar contra la dañosa costumbre; y nuestros !ec•
tores pueden estar seguros de que el Good Health,
después de estar empei'iado en la campai'ia contra el
tabaco, el alcohol y todos los otros venenos que tienen esclavizada á la humanidad, por más de un tercio de siglo, continuará haciéndose oír en defensa del
derecho inali~nable de los hombres, las mujeres y los
niños, de respirar el aire puro del cido, no viciado
por el aliento de los devotos del sucio yerbajo.GooD GEALTH.&gt;

NUESTRO GRABADO.
UN HERMOSO GRUPO DE TOILETTE$.

El figurfn que aparece á la derecha del grabado, es
de calle. Está hecho de sarga de seda, con gnndes
aplicaciones de guipure en el cuerpo y en la falda.
La seda es mal va. El cuerpo muy ceñido, con la blusa abierta triangularmente sobre un peto.
El figurín del centro es de pongé muy fino, formando una túnica cerrada graciosamente á la derecha,
por un;:. banda de blonda antigua. El cuerpo, muy
caprichoso y elegante lleva plissés amplios, cortados
por una banda diagon.i.l. Gran aplicación bordada en
el peto, que está hecho en fajas circulares concéntricas.
La tercera figura muestra un elegantísimo sombrero, estilo Directurio, de paja de Francia y aplicación
de rosas. Un gran penacho blanco lo corona, cayendo
graciosamente sobre la falda levantada.

Un pago de 140,000 pesos d.e "LA MUTUA-"
El distinguido y bh::n conocido banquero de estaCapital Sr. D. Martín de Castillo y Cos (de 1a razón
social l. R. Cardei'ia y Compaiiía) estaba aseguradoen LA MUTUA, Compai'iía de Seguros sobre 1a VIda (The Mutual Life Insurance Compacy of New·
York) bajo las siguientes pólizas:
2 pólizas de 25,000 pesos oro ameri•
cano, equivalentesá ............... $100,000
2 pólizas de 20, ooo pesos plata mexicana ............................... 40, 000Total, $140,000según, los certificados de los Sefiores Notarios Fran•
cisco Merino Ortiz, Francisco Diez de Bonilla y .Agustín Pérez de Lara.
LA MUTUA pagó los días 15 y 22 de Junio á loabeneficiarios, á la sei'iora Soledad de Castillo de Lerdo de Tejada, Sei'iores Samuel Hermanos, el Bancode «Londres y México&gt; las sumas arriba expresadas.
EL SR. D. EUGENIO A.BBA.DIE.
«E.itoy sumamente sati~fecho con la «Dentadura
.Automática,&gt; que ustedes me .hicieron, pues ademáttde ser excelente la materia de que está form3da, es
muy hermcsa y se adapta perfectamente, hasta el
punto de que puedo usarla luego, sin molestia deningún géntlro.
Yo creo que si alguno aspira dominar el noble arteque ustedes ejercen, sólo podrá llegar á la altura deustedes, pero elevarse más será imposible. Para ali·
vio de la humanidad doliente, Dios suscita de vez eo
cuando algunos génios. De estos "!eres extraordin&amp;•
ríos son us~des, algunos de los más distinguidos eo
su ramo. - Eugenio A.bbadie.- Porta.I Guerrero núm4,
- Guadalajara.
.A. los Sres. Dres. Spyer. Calle de la Palma núm 3,
lléxico. Inventores de ~a «Dentadura .Automática.&gt;

CRISANTEMAS.
CUADRO DE CúNR\DO KIESEL.

�Domingo 13 de .Agosto _d_e 18!1\,.

EL MUNDO.

88

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

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LA SEMANA

Mes de Agosto... Un gran hálito de vida estremece y resquebraja la tierra. Bajo la corjeza afelpada de los campos, se oyen bullir y cantar los misteriosos manantiales de la savia. Poi las maffanas,
las frondas desperezan sus ramajes y los estienden en
el vacío luminoso y azul, como brazos que buscan en
el aire algo invisible de que asirse. Llegan los céli:os
cargados de polen y-manirrotos cétirosl-por todas
partes Jo avientan y derraman. La ~aturaleza que
se siente hermosa, sonríe con una placidez de matrona fecunda. Todo está ,alegre y satisfecho, el amor
labo!'a, labora en su infatigable y divina tarea. Los
pájaro!. dicen ternezas, Si:: buscan los insectos y se
persiguen las mariposas.
Hasta la ciudad llega este soplo vivificante queparece un gran suspiro de cariño.
-Mira cómo soy ';iuena- nos dice la sublime. madre-mira t.ómo hay toda vía en el Oni verso, fuerzas
para crear las cosas bellas.
¿Qué empeño tienes, espíritu adolorido y escéptico,
en entristecerte y en renegar de mi qu~ no te desconozco y que te amo? Me ves triste como tú y como
tú fatigada y doliente, porque me ves á través de tus
lágrimas. Seca tus ojos para contemplarme; soy la
misma. Búsc'lme en cualquier pd,rte y me bailarás, y
llenaré tu pensamiento de ideas nobles. Flores abajo
y arriba estrellas, claridades y perfume;;, despertarán
en tí esperanzas dormidas y harán germinar nuevos
ensueños. Eres torpe y serás infeliz si cruzas por la
vida sin amarme. ¿Qué harían tus anhelos sin mis horizontes? ¿Qué harían tus placeres· sin mis rosas?
¿Qué harían tus ideales sin mis ast10s? Eres el autor
de tu desdicha.
Si como antes lloraras en mi seno, encontrarías la
misericordia infinita de mi seienidad, y hallarías
la firmeza y el aliento que has perdido por querer
existir fuera de mi. Inútiles son tus complicaciones,
vanas y estériles tus ansias. Sólo mi sencillez es eterna y es fuerte y es todopoderosa. Arrepiéntete y ven,
que aún tengo bálsamo para curar tus heridas, soplo
para orear tu llanto, alas q~e prender á tus ideas y
ternuras con que arrullar tus sentimientos.
y mientras tanto, al caer la tarde sobre la vulgar
melancolía de la ciudad fangosa, los hálitos de las
ce!'canas campiñas, murmuran misteriosamen:.e esas
palabras consoladoras, el alma, como una enferma
que ya no espera alivio, piensa en que, mejor que todo eso, es descansar en el fondo de la sombra sin fin
y sm estremecimientos.

***
Un viejo rey, risueño y santo, coronado con la diadema de hierro y oro de la Sabiduría, que sólo testas
como la suya soportan sin cansancios n i abatimientos, cubierto por la púrpura imperial del Arte, y empuñando el cetro de la elocuencia en la diestra robusta, acaba de ver desfilar ante él, la entusiasta procesión de la juventud admirada y agradecida.
Este último triunfo no ha sido como los otros est repitoso y público; ba pasado en la tranquilidad de
su bogar, en silencio, sin rumor de multitudes, ni
ecos de vítores, ni músicas de bossanas. Pero, á pesar de todo, ninguno quizá más bello que éste, por
lo que tiene de alto y noble ver premiada una existencia que por entero se consagró al Bien y á la
Virtud.
Justo Sierra. celebró sus bodas de plat.a, es decir,
veinticinco años de amor sagrado y puro, cinco lustros de apacible y cándido deliquio con la enamura.
da del corazón.
¡Ob, gran poeta, poeta amable y bueno, bajo cuyos
laureles sombreo mis esperanzas, tú que hiciste de la
poesía una religión, de la f:1milia un culto, de la vida
un elevado ejemplo, permite que boy acalle mis alabanzas y enfrene mis rebeldes eutl\siasrnosl
Quiero respetar el delicado pudor con que me hablas de tus ingenuas y sencillas intimidades. El velo que cubre tus sagrados afectos, es para mf, como
un manto de Tanit. No lo tocaré; no he de cometer
esa tentadora profanación. Ya eé lo que oculta; á
través de su fina malla, se ven brillar r.arii'ios inmaculados, modestas y silenciosas virtudes, luceros avergonzados de esplender, flores ruborizadas de perru.
mar, escenas y episodios de gineceo llenos de amorosa ternura, y aquí y allá gotas de lágrimas sobre las
serenas sonrisas, como rocío sobre las flores.
Pero mi mano no es sacrílega, no levantaré el velo
de tus intimidades.
De lejos, entre la juvenil muchedumbre, confunaido entre las admiraciones, me contentaré con ver
cuál se inunda tu cabeza apostólica en una ráfaga de
gratitud y de amor ... .. .

** *

No hace muchos díasret.oriqueabayo en torno de ias
óperas viejas. En estos instantes te juro-¡oh mi lectora imaginaria y lindal-que no recuerdo cómo di-

vagué de la mano de mi fantasía, á través de los
camp~s dtl ensueño. Co,nservo, sin embargo, unaóva:
ga reminiscencia. ¿.Dec1a que no me gu~tan la;; pe
ras viejasl Si? Pues cuenta que es mentira, me desdigo. Claro que no me agrada ya salir dec~sa,_ buscar
un coche de punto ó ir bajo el capelo de v1dn? opa•
coy sutil que forma la lluvia al rededor de m1 paraguas basta el lejano Circo Orrin, sentarme en la butaca 'incómoda que abre sus brazos desenfadadamen·
te, como mujer cansada y soñolienta, y d~sde allí escuchar y ver esas antig-uallas, hundido en una
penumbra que invita al primer sueño. iOb, eso es
fastidioso!
Gústame quedar, como suelo, en mi cuarto
tra·
bajo·, rodeado de mis amigos, y! á cbarla desb1lvanada y saltante, recordar, entre risa y risa, _burla burlando, mitad á ironía y mitad á adm1rac1ón, ~rase~,
moti vos y melodías de Donizzetti y d~ Verd1, _mu•
sie.1 que cantó en nuestro ~orazón_ los himnos pnmavera.les de las ilusiones recién nacidas.
Bellini está más remoto. Es como un vano de ne•
blina que dulce y vagamente se tiende _en las mo~t~ñas semiborradas del pasado. ¡Oh, arias de Belhn1,
nítidas y suaves, temas exquisitos, desar_rollados, con
el sublime candor del genio, como una mnta de sed~,
aires pastoriles empapados de fragancia~, como ra~~lletes acabados de atar· oh, inocentes arias de Belhm,
habéis sido las precurs~ras de nuestra veneración por
los modernos, por los polifónicos, por los c?mpllcados y. casi pudiera decir, decadentes compositores de
esta época!
_
.
Ahora no vamos á un teatro á sonar con las arcaicas inspiraciones de los maestros pagan?s; pero, n_o
obstante nuestros aplausos y nuestra dec1d1da adm1•
ración, á los flamantes maestros italianos, no podemos menos de vol ver, de ve~. en cuando, como se vuelve á un parque abandonado que años atrás conocíamos florecido, á vuestra expresión y encantadora
sencillez. Al oíros, se recuerda aquel candoroso pasaje del Wertber: «Qué contento estoy de tener un corazón capaz de gozar de la inocente y sensible al~gría
del bombre que sirve á su mesa la col que él mismo
ha cultivado, y que no solamente goza del place~ de
comer su col sino también de acordarse en aquel rnstante de los hermosos días que ha pasado en culUvarla, de la bella mañanita en que la plantó, de las
suaves tardes en que la regó, y en que tuvo la sar,isfacción de observar cómo medraba, haciéndose cada
vez mayor ...... &gt;

?e

~

Y mi amigo me contestó:
-Es verdad; Rosa Fuertts es una artista. Fíjate.
No sólo por su voz y po:- su declamación y por su
tlxperiencia y seguridad en la escena, sino también
por algo de su vida de muJer, inquieta y febril, que
va y viene, como el ftJxp1ess de Campoamor, con uu
trajín de fiera encadenada.
Rosa está enferma de la divina neurosis. Como los
gigantes de los cuentos, duerme y sueña c~n los ojos
abiertos. Hoy vuelve á presentarse al público porque
no puede ya vivir sin las arti liciales, pero dPliciosas
agitaciones del teatro. Dentro de esa exi!.tencia fin gida desbórdaose los dolores reales y cantan las alegrías verdaderas. Rosa está hecha para apurar, sorbo
á sorbt&gt;, la copa de deleite de la ficción dentro de la
cual cabe una alma. Fíjate bien; es una artista ...
Y mi amigo tenia razón.

*

**
Dejo de pensar en los teatros y para elevar mi espíritu recorro las páginas de dos libros últimos, que
sobre mi mesa están esperand:, un fallo mío. Uno viene de lejos, de Nueva York, y es de -Cesar Zumeta,
el brioso polemista, y otro es la obra de un maravilloso poeta: José Juan 'fablada,
-Pierde cuidado, lectora imaginaria, te prometo
que muy pronto voy á contarte mis impresiones.
LUIS G. URBINA,

EL EXTERIOR.
Revistas Politicas y Literarias.
] -EL TRASTRUEQ,U il: DE LAS ALIANZAS,
2-ALSACIA-LGNENA,

3-LAS FILIPINAS; COBA.
Nosotros los diplomáticos de la prensa, (cualquiera
es diplomático en la prensa, eso dep~nde de los periódicos de que se dispone, de un barnicil!o de historia contemporánea, de medio barniclllo de historia
romana ó más bien de algunas citas (hay diccic-,narios
ad lwc) y de algunas frases medioevales tomadas de
Castelar si es espaf'iol, de :Michelet si es francés y de
Green ó :Macaulay si es inglés,-ó mejorque todo eso
de una Enciclopedia brit,ánica que es excelente, ó de
un Larrousse que es malo por regla general, y si á
esto se agrega . . .... ),Con que decía yo que los di plo-

máticos de la prensa nos est\\mos dando el gran rega.
lo con la descomposición del mapa. internacional, no.
ya de Europa, sino del mundo.
Del tratado de Francfort esc~ito . con la humUJa.
ción, la mutilac~ón y la desorgamzac1ón de 1!'ranc1a,
fluyó una situamón que aseguraba la hegemoma contt.
nental de .Alemania. Un momento se vió sola la ven.
cedora pero con las frentes dobladas de las nacion~
europe~s en derredor suyo. Francia la doblaba, con
la muerte en el alma, Rusia la doblaba con la sonrisa
en los labios, Austria con la mano en el puño de la.
espada rota, saludo militar, Italia con efushín, nohay favor comparable con el que nos libra de la pesa.
da carga de la gratitud ¿E Inglaterra? ¡oh! Ioglate.
rra no doblaba nada; se descubría galantemente ante,
la Francia vencida como lo hace uno con una seíiora
anciana y marchita y pobre, con quien se han tenido
relaciones íntimas en el período de hermosura y de
riqueza, y al joven imperio alemán le dedicaba todOlsus shake hanás y los grandes y sonoros besos en laa
mejillas, con que las damas i\e por allá suelen salu.
dar á los consuegros y á los yernos; vamos, era el
amigo de casa, algo así como el novio oficial. Huboun momento en que el supremo viejo verde que se
llama el pueblo inglés, frunció el ceíio, y no fué cuan.
do Bismark insultó p;ácidamente desde la tribuna
del Reichstag á Gladstone en particular y al gablnételiberal en general, sino cuando se adivinó primero y se
supo luego que hab!a una alianz3: entre los t res imperios: Rusia, Austr1a y Alemama; ¡ob! con Rusia,.
¡que horror! ¿cw el elefante? Tembló de ira la ~
llena.
Alianza de razón, impuesta al Austria maniatada,.
por el afecto del Tsar hacia su tío el gran viejo Guillermo. Cuando las cosas empezaron á enfriarse porla i nterposición de Rusia entre el tremendo sable ale,.
mán y la cabeza todavía magullada y desnuda y febril
de Francia que había vuelto á ponerse en pie y trataba de recoger el fusil tirado en Metz y Sedan á lQI.
piés del vencedor, el Canciller de fierro frunció á 81)
vez el ceño; con el ceño fruncido asistió á la guerra
ruso-turca y con el ceño fruncido arrancó á losrusoa.
la presa de San Estéfano en el Congreso de Berlín y
rompió con el viejo Gortscbakoff una amistad anti•
gua y firme como una complicidad; la primera
Dreµbund imperial no fué renovada. Bu~có;;e entonces á un amigo pequel'ío, pero capaz de distraer y estorbar á la Francia del desquite, y que por pequello,
fuese forzosamente fiel, y naturalmente se encontró á Italia: la nueva Tríplice fué concertada en
83, si no recuerdo mal, y fueron los notarios Bismarck,
Crispí y Andrassy ó Taafe.
Alemania triunfaba indefinidamentP., su prosperidad económica comenzaba á ascender, á ascender, y
el mundo recibía los productos de su industria y de
su fecuodidiid; se inundaba de alemanes y artefactos.
alemanes. La Alemania económica es una inmens,.
figura de bronce que se destaca en el crepúsculo vespertino de nuestro siglo; con ella, prendido á sus bom•
bros, ba subido su manto negro: el socialismo. Francia entretanto se volvía sabiamente una potencia colonial asiática y africana y Alemania aplaudía y la vieja Inglaterra se le adelantaba en todas partes y la.
idea de la revancha entraba resueltamente en el período puramente verbal y por fin (no haré la historia de
esta transformación conocidisima) frente á la Dre?1•
bund smgió la alianza franco-rusa. 1Cosa singular! De
entonces data el decrecimiento completo del sentl•
miento del desquite en Francia: «de eso, decía Gam•
bettl\, no debemos hablar jamás: en eso debemos pen•
sar siempre.&gt; Al día siguiente de la visita de M,
Faure á Petersburgo parecía que el desquite ~ había logrado ya; un sentimiento de seguridad 1_nvadió los ánimos, hubo su enardecimiento, los nacwnalistas de Derouléde mostraron el puño á la cara de
fierro de la Germanía imperial y no hubo más, ni
podía haber más: Rusia decía: si Alemania ataca Y"'
te defiendo, si tú atacas yo no te acompaño. Alemania se encogía de hombros y ante el pul'ío cerrado de
Derouléde decía bajo las dos puntas del bigote alzada&amp;
en áno-ulo
recto sobre el labio imperial: yo no ataco,
0
¿para qué be de atacar? «Efectivamente, pensaba el
burgués de Francia, que es todavía el que ma_ndaallf
(para eso hizo la bevolución)efectivamente, srnoatacamos nosotros, ellos no nos han de atacar; y como
no hemos de atacar sin los rusos, contentémonos COD
llevar coronas á la estatua de Estrasburgo, plaza de
la Concordia, y veamos si estas empresa&lt;; coloniales
en que nos metió ese maldito Julio Ferry resultan
buenos negocios. Y por lo demás hay que seguir dejando á los estudiantes, á los papeleros y á esos m~
chachos de cincuenta años que se apellidan los n~cwnalistos que se desgañiten y libren batallas ép1C81
contra los agentes de policía, nosotros vamos al negocio, á l' americain.e dónc. &gt;
M. Paul Leroy Beau1ieu, un pontífice de la Economía política para el uso de las personas sensatas, 9ue
ha demostrado que toda la civilización ba converJldO
en un solo fin: el mejora.miento de la clase obrera.
sin pensar que ha soliviantado al mismo tiempo sus in•
quietudes, sus aspiraciones y sus apetitos un mi~ll
de veces más allá de los medios que ha encontr 0
para satisfacer sus necesid11,des, M. Leroy Beaullell
ha sido el apóstol de la política colonial, y el primero.
el supremo éxito ha sido Tunez-el gran economlstai:

Domingo 13 de Agosto de 1899.

loba probado por A+B. Y como tiene razón, resulta que se ha despertado una especie de remordimiento en los corazones (hablo de la masa capaz de refle:rtonar) bacía el gran ultrajado, y ante la oph:ión el
inicuo fallo moral pronunciado contra Ferry ba sido
revl113do y nulificado, y el acusado resulta lo qne todos cuantos ne-, estábamos cegados por pasiones absurdas veíamos dentro y fuera de Francia: un insig-oe
servidor de su patria. Esto se ba comprendido bien
al día siguiente de Fasboda, después que Francia,
ante el veto altanero de Inglaterra, sintió que la reina del oceáno podía obstruirle de golpe todos los itinerarios coloniales. Entonces ya pudo hablarse sin
ser lapidado de una entente posible con Alemania y
aun de una posible acción común contra Inglaterra. Eso era precisamente lo que á Ferry se había
reprochado, por ello se le había declarado un traidor
hoy se le considera un clarividente.
1'

***

Una revista francesa de primer orden publicó ha-

ce poco un articulo que plaote¡¡,.:,a el problema de 1.s
aliam.as. En suma, dice, Francia debe mantener su
alianza con Rusia, pero la unión cada vez más estrecha entre Inglaterra y los Estados Unidos obligan á
buscar un tercer auxiliar; hay que escoger uno de
dos, ó Inglaterra ó Alemania. Francia está en tal
posición hoy que ambas admitirían una propuesta de
alianza.
En mi parecer de diplomático de la prensa y con
la vaga esperanza de que M. Delcassé lea estas crónicas de EL MUNDO ILUSTRADO que le han de interesar por todo extremo, la alianza con Inglaterra equivaldría al abandono de Rusia y á la guerra con Alemania; antes de un año de hecho el 1,rato, Francia
se batiría en la brecha de los Vosgos y las riberas
del Vfstula y del Niemen permanecerían silenciosa~.
Pero la alianza con Alemania es imposible ..... ¡Alsacla- Lorena! He aquí lo que va á simplificar la
cuestión. Los franceses más exajeradamente patriotas, más chautin.•, convienen en que hay que dejará los
habitantes del Reichland dueños de su suerte; que
ellos decidan si quieren volver á ser franceses ó i,Jemanes; son en su mayoría alemanes de raza, pero de
espíritu son franceses y un plebiscito devolvería á
Franela las poblaciones perdidas; esto es lo que dicen y afirman.
Pues bien, es.to que era cierto hace diez al'!os, apenas lo es hoy y dentro de veinte no lo será en absoluto. La semejanza de lengua y de costumbres ha acercado forzosamente á conquistados y conquistadores,
la dificultad de vivir bien en Francia para los alsacianos emigrados ha crecido eu proporción que
han Ido mejorando las condiciones de la vida en Al,
sacia, por consiguiente el sacrificio que el emigrante
hace, ba subido de punto todos los días y sin compensación, porque en Francia comienza á ser visto de
reojo abara que han dado los nacionalistas en la flor de
11embrar el odio contra los judíos y los protestantes
¡absurda é inverosímil rpaccióol .Ahora bien, los alsacianos en su mayoría son ó protestantes ó judíos.
De_más de esto la prosperidad de las provincias conquistadas, del país de imperio que los alemanes di&lt;ien, es inmensa: la anexión las h:i. enriquecido. Estrasburgo, Mulbouse, son ya poblaciones industriales
de primer orden en Europa y van bada arriba ince&amp;.1ntemente. Este es el becl ,o brutd,J; en suma, el interés de los alsacianos es evidente ya, permanecer
unidos á Alemania; se comprende que el deseo de volverá la antigua patria es ya casi platónico. Y como
coincide con el amortiguamiento del espíritu de revancha en la antigua patria, resulta que en veinte
allos el problema alsaciano se habrá resuelto solo.

***

Las tentativas del Emperador Guillermo para
acercarse á Francia ban puesto á Inglaterra con la
barba sobre el hombro y de unno disimulado mal humor á los rusos; porqu¿ efectivamente en .I!'rancia no
han sido mal acogidas y si muy cortésmente comentadas. Y como el día que se familiarice el pueblo
francés, menos el grupo Déroulede y de los caballeros

del clavel blanco, -:on la necesidad de acoplará Francia con Alemania, lc1. alianza,rusa, hecha sólo para dar
garrote al wagóa aleman el día que quiera pasar la
frontera del Oeste, casi no tendría objeto. ....
De aquí ha venido la necesidad del viaJe de M. Delcassé á Petersburgo; era preciso dar un poco de miel
al oso blanco. Concertar una acción contra Inglaterra, haciendo á un lado al imperio Austro-búng-aro
que está a punto de descomponerse ; obligando á Italia, á pesar de sus simpatías hacia Inglaterra; con:dando á Turquía, tutoreada hoy de A1emanla y gornada por un hombre si11 sangre y de sangre, pero
rrecedor de los ingleses, sería un plan grandioso;
1glca estaría baJo la mano de Francia, Holanda bai1ª de Alemania, Dinamarca bajo las del Kaiser y
e Tsar, y Suecia y Noruega serían movidas por esteba. Inglaterra segura de sus costas entablaría la luc en las colonias y el principio del siglo XX vería
renovarse el bloqueo continental que fué el gigantes~1~sueno de Napoleón, el que Jo subió al trono de
lo ente Y lo precipitó á la roca que le ató al ple
g1aterra en medio del Oceano.

~1:&gt;
1º

89

EL MUNDO.
Mientras esta situación llega, (que difícilmente llegará_, mas que en las conjeturas de nosotros los diplo~át1cos de la prensa que arrimamos y traemos las naClones y las retiram 'JS al margen del mapa con la
punta de la pluma.) !oque es claro es que ha llegado
una descomposición de las alianzas, c•e~t le ren.versemen.t des. Allia'llces como dijeron los di;,lomáticos del
pasado siglo en vísperas de la guerra de Siete años que
t~nto influjo tuvo sobre la suerte de Europa y América, como que de ella vino la independencia de los Estados Unidos, la final desorganización del régimen absolutista en Francia, de donde la Revolución y todo
lo que á estos dos grandes bechos siguió.
Bueno es esto, dirán mis pacíficos lectores, este
cronista afirma que el Siglo XX se abrirá con una
guerra magna que abrasará el Mar del Norte y .el
Mar Amarillo á la vez! No, yo ne creo en la guerra;
resulta anti-económica, por más que M. Brunetiére
afirma que es moral; supongo además que ebe será el
caso e1;1 que la C01tede Arbitramento creada por la conferencia de la Haya, podrá y deberá funcionar. ¿Cuándo si nó?

BELLAS Y FEAS.
lQuiénes son más virtuosas y felices?

Si el Destino se encarara con la mujer y le pregun.
tara como Mefistófeles á Fausto ¿qué apetecesl' ¿quieres los privilegios, los derechos y prerrogativas políticas del hombre? ;,quieres su potencia iotelec..ual y
su energía moral? ¿el poder que lo hace árbitro de
pueblos y conductor de razas? ¿sus millones de financiero? ¿su genio y su gloria de artista ó de capitán?
la mujer como el escéptico doctor alemán, despreciaría el oro, el poder, el genio, la gloria y pediría,
ni siquiera la juventud, sino tan sólo la belleza.
La belleza, diría al Destino, es cetro y es,aureola,
es poderío y es gloria, e,, riqueza y ventura. Quien es
bella, es reina; quien es bella, es rica; quien es bella
subyuga como lo~ poderosos, conquista como los capitanei;, embelesa y deleita como los artistas y son
tales su poder y su grandeza, que la hermosura eleva á la mujer sobre la humanidad y la transforma casi en diosa.
***
Error y error prufundo. La belleza es gloria, pero
Y entonces se repartirán los europeos el Asia, el
A frica y la Oceanía .... al mundo convertido en un efímera; es poderío, pero transit,orio; es grandeza,
pastel por Alláb, como los escogidos del Paraíso de pero aparente; y bien aquilatada, pesada y medida,
M_a~~ma. Pero los americanos tendrán su parte: la&amp; más hace á la mujer desgraciada que feliz, débil que
F1hp1m1s y las 8andwich. Las Filipinas¿ quién sabel' fuerte, olvidada que adorada.
La misión suprema de la mujer s0bre la tierra, es
dicen los pesimistas en los Estados Unidos. Para probar que no somos egoístas, á pesar de que la guerra la familia Ser 1nadre, ser esposa, es su destino. Haen F ilipinas e:stá enriqueciendo á Yucatán porque cer brotar de su ser, como el rosal, tieruos y sonrosaha suprimido en los mercados la única fibra capaz de dos botones que después serán flores opulentas y más
competir con el henequén, á pesar de eso, desearía- tarde granos ftlcundos, tal es su misión, y sin que
mos que concluyese. Sti re¡Jrocha á Mr. McKinley una ella Jo bien ta ni lo confiese, 1,i quiere ser bella, es que
gran falta de previsión y de información suficiente quiere darse la segurirtad de llegar á ser esposa y
al decidir que los Estados Nnidos se quedarían con madre.
Y bien, en este caso, como en tantos otros, el meel Archipiélago; no veo qué otra cosa podía bacer
después de la turna de Manila. Pero dPjemos esto á dio á que la mujer aspira para realizar mejor su desun lado. Lo h ecbo, becllo está. Y es inútil disi mular tino, suele rfSUltarle contraproducente, y hay mujeque la situación actual fué inesperada para los impe- res que en fuerza de belleza, no llegan á ser ni marialista,;· americanos y que habrían meditado mucho dres ni esposas.
Consignemos desde luego los hechos y i;entemos
embarcarse en· ella, á baber podido conocerla. El corto distrito conquistaqo babta ahora, charco á char- que el oúmew de las feas que se casan, excede incomco y pantano á pantano, se les ba metido dentro á los parablemente, en proporción, al núme10 de las hermosoldados de Lawton y McArtbur en forma de mias- 1,as que logr?.n encontrar marido. Claro es que no hamas, de fiebres y de desesperación. Todos creíamos blamos en cifras a.bsolutas; es evidente que siendo
que á fuerza de dinero y aprovechando los odios con- considerablemente mayor que el número de mujeres
tra los tagalos de un buen grupo de los habitantes desprovistas de belleza, el número de ellas que llega
mismos de Luzon, se armarían milicias indígenas al tálamo tiene que ser superior al de las hermosas.
para combatirá los de Aguinaldo; uada se ha hecho; No; hablamo:s de_proporción, de tanto por ciento, y
sr,stenemos que si de cada cien feas se casan ochenta
no ba sido posible, sin duda.
Lo malo es que el honor está comprometido y que de cada cien hermosas apenas se casan veinte. Nos~
una retirada acabaría con el prestigio militar ad- necesita un cómputo estadístico á este respecto. Toquirido en la guerra con Espal'!a. Si el partido demó- dos hemos becno la misma observación y á todos nos
crata subiese al poder con una plataforma anti-im- consta, si bien no en números definldos, que la,¡ reas
perialista, tampoco podría abandonar la soberanía en son más casables que las bellas.
Filipinas, Lo que se haría entonces ¿ por qué no lo
Un refrán y una poética exclamaci5n Jo corrobointentan los republicanos ahora? sería esto: el go- ran. El vulgo dice:
bierno civil y administrativo á los tagalos, el dola fortuna de la fea
minio militar á los yankees. ¿Por que no hacen de
la bonita la desea,
Filipinas un Canadá insular los que aconsejaban oonminatoriamente esa misma política á 11:spaña? Por- y un poeta bien conocido hizo exclamar á una bella:
que no es lo mismo torear r¡ue ver los toros dtisde la
¡ay, infeliz de la que nace hermosa!
barrera, dice un proloquio hispano-mejicano. En fin,
si para hacer eso se aguarda la paciticación comple~Por qué esta anomalía? ¿Cómo es que la belleza
ta, veremos, esperaremos el invierno; lo mismo de- triunfante siempre en el mundo, diríc1lmente asalt~
cíamos de España en las Antillas hace dos ó tres y conquista un hogar1 ¿Cómo es que las Juno, las
af'ios.
Diana, las Venus, á cuyos pies arrastramos nuestros
Lo malo, según nuestro modo de ver las cosas, en homenajes, en cuyos ojos aspiramosá mirarnos. cuyo
esta inminente bancarrota militar de los Kstados aliento anhelamos beber, no ent,an de nue1,t ro brazo,
Unidos en .B'ilipinas, es que allí está, á nuestro en- uoronadas de azahares y envueltas en el blanco velo
tender, la clave de la futura situación de Cuba. Y basta la cámara nupcial?
esto sí nos preocupa hondamente y nos atail.e inneNada hay de anómalo ni de extravagante en este
gablemente. Fracaso en Filipinas, anexión segura hecbo. La belleza embriaga á la mujer, la impregna
de Cuba; tuen éxito definitivo allá, independencia de altivez y de orgullo, la transforma de sumisa en
posible acá. Y este si es nuestro desideratum ar- dominadora, de humilde en altiva, de ebclava en emdiente y reflexivo; que siga siendo solitaria la estrelia. peratriz. La mujer hermosa se -:ree con derel ho á
¡Ay! lo dudamos; tememos, lo hemcs dicho mucho exigir todé&gt;s los homenajes, á imponer todas las huantes de la guerra con España, haciéoc!onos eco de la millaciones, á reclamar todas las abdi r·acionPs. El
opinión de muchos, tememos que no sea. Sería una marido de ia mujer hermosa sabe que no podrá Rer
barra negra fija en nuestro canal de salida al mundo amo en casa, jefe en su hogar, guía y conduc tor de
europeo, con el cual necesitamos y deseamos estar en su familia. Que la paz doméstica b:.1bráde ccstarle el
fnt,imo contacto, una Cuba negro·-sajona. Esperamos sacrific:o de todos i;us derechos y la enagenación de
con desaliento que á la av:dez norte- americana se todas sus prerrogativas.
sobreponga cierto apego religioso á la justicia, que
La mujer hermosa es cara y exigente. Casarse ccn
es propio de la raza entroncada con los "padres pere- una belfa es un acto de lujo; só:o pueden pagárselo
grinos." No nos atrevemos á hablar del interés .... los millonarios. No es posible, decía Victor Hugu, neporque nuestro&amp; argumentos serían débiles. ¿Pero no gar el atavío á quien nos da Ja belleza. La mujer herhay más que el interés? Mejor dicbo, ¿no bay más mosa p:de sedas, joyas, flores, tapices, mobiliaiio y
intereses que los que pueden reducirse á finanzai' En- decorado en que encuadrar su belleza. Difícilmente
tonces ¿por qué al otro día de haber derogado el go- se resigna al modesto percal familiar y á la florecilla
bierno inglés los impuestos contra que se habían coa- entreabierta prendida de los cabellos. Quiere en su
ligado las colonias, y con la conciencia de su debili- calidad de reina, diademas, trono, cortei;anos.
dad-comparada con el. formidable poder militar de
De aquí un seguudo inconveniente. La mujer herInglaterra, se insurgieron los Estiados Unidos? Los mosa nu sólo es cara sino que es también peligiosa.
Franklin, los Washington, los Jefferson, los Richard Nos casamos ;,ara tener una mujer cuyo único penH. Lee, tuvieron delante de los ojos al declarar la samiento seamos nosotros, que nos ame exclusivaindependencia un dallar ó un ideal de libertad y de mente, que sólo de nosotros re(liba agasajos, á cuyo
derecho?
oído sólo hablen nuestros labios, y Ja mujer hermosa
vivti rodeada de la admiración de todos, envuelta en
el deseo de muchos, mareada por el amor de algunos.
De ahí para el marido una perpetua desazón, un estado de vaga inquietud y de indefinida angustia, que
no por no ser siempre justificado, deja de ser dolora-

�Domingo 13 de Agosto de 1899
EL MUNDO.

Domingo 13 de Agosto de 1899.

90

EL TSARVITCR JOUGE1 MUERTO RECIENTEMENTE.
EL NUEVO TSARVJTCR MIGUEL ALEXANDROWITCR.

so. De ahí que, admiradas, galanteadas y lisonjeadas,
las mujeres hermosas ac.Jaben por casa1se sólo con su
propia belleza.
.
No asilas feas. Lejos de exigir culto y veneración
prodigan dulzura y afabilidad.. Sienten que les es necesarla una dosis inmensa de virtud, de mansedumbre de docilidad y de benevolencia, para hacerse
am~r y preferir, y en general, derraman por donde
quiera bondad y ternura.
Sabedoras de que no les basta llegai- y ver para
vencer se proveen de todos los atr'lcti vos morales Y
se prócuran todas las seducciones intelectuales para
suplir la falta de encantos físicos. La hP,rmosa s~ cree
con derecho á ser ignorante y tonta, ~a fea se siente
obligada á ser inteligente é instruida; la hermosa
acepta nuestros homenajes como un deb~r nuestro,
la fea los recibe como un favor. Aquella, siempre dengosa y altanera, acaba por hacérsenos insoportabl_e;
ésta siempre afable y benévola, acaba por conqmstars~ toda nuestra simpatía.
y luego, la fea se conforma fácilmente co_n la posición mode2ta, con el aislamiento d~l munao, Cl'n la
reclusión en el hogar. No vienen á distraerla de sus
altos deberes de esposa y de madre, ni el inci~nso de
la adulación ni el aplauso de los extrai'los, y v1 ve contenta, resignada y feliz, al lado del esposo y cerca
de la cuna ce sus hijos.
.
La naturaleza, que parece inexorable _Y ~esp1~dada con las feas, ha sido en el fondo muencord1osa
con ellas no les ha dado el talle esbelto, el contorno
delicioso: la carne marmórea, la pupila de fuego, el
perfil griego, ni los labios de púrpura; pero en cam·
bio, les ha otorgado, á falta de 1~ del ?uerpo, la belleza del alma, la virtud, la intellgenc1a, la ternura
y la consagración irrevocable á su esposo y á sus
hijos.
DR. MANUEL FLORES.

EL EXPLORADOR

Snrn:s EN

El G:an t uque Jorge y el nuevo heredero
de la. o~rona. de Rusia..
La muerte del Gran Duque Jorge, acaecida en
Abas-Touman el 10 de Julio último, hace ascender
á la categoría de príncipe her~dero al _Gran Duque
Miguel Alexandrovitch, herman~ de Nicolás II_y el
cuarto de los cinco hijos de A.leJandro lIL Miguel
Alexandrovitch fué proclamado mayor de edad en
Mayo último y promovido al grado de ayudante de
campo del Tsar.
El nuevo tsarvitch terminó el afio pasado sus estudios en la Escuela de Artillería de Peter~burgo, Y CO·
mo Re diQe de ~odos los príncipes, dió pruebas de su
aptitud científica. ·
Al salir de la escuela se le nombró comandante de
la 2 ~ Brigada de Artillería é inspector de los trabajos de fortificación en las provincias del Noroeste.
Es de carácter raflexivo y de espíritu observado~;
ha viajado mucho por Rusia, aplicándose al estud10
de las condiciones económicas y de las costumbres del
vasto imperio, cuya corona está destinado á llevar.
ElMensaje:ro Oficial de San Petersburgo publi_có el
ukase imperial, proclamando al Gran D~_que M1gu~l
heredero del soberano, si no nace un hJJO del matrimonio del Emperador Nicolás II.

En Ja parte anterior y superior hay un ligero cafl6n
Maxim, dispuesto de tal manera que puede disparar.
se en cualquiera dirección y sea cual fuere la velool•
dad con que camine el vehículo, sobre el cual caben
mil proyectiles.
Mr. t:,imms ha inventado también otro motor con
dos caiiones montados en sendas torres giratorias 7
con una poderosa lámpara eléctrica de proyección.
El 1:explorador&gt; exhibido en Richmond dió adml.
rables resultados en las diversas pruebas á que se le
sometió, operando el mismo inventor en terrenos lla.
nos y quebrados.
Según los periódicos ingleses, se cree que el inven•
to de Mr. Simms será muy especialmente aplicable ,
la exploración en las campañas e,oloniales.

LA DANZA DEL OSO.

La más re:ióndita entre las raíces de mi corazón ea
una profunda raíz de simpatfa. por Maese Bru-no, el
buen catador de colmenas.
Siempre sentí vivir en mi esta raicilla, en la parte
inferior del corazón, más bien a la izquierda que á la
derecha., mucho antes de comprender cómo de ella
arrancaban ::.:iis sentimienentos poéticos y mis ideal
evolucionistas.
EL EXPLORA.DOR SlMMS.
::;e comprende que habiéndome dejado llevar tan•
tos años de esta inclinación, me sea imposible olr t,o.
.En la exposición de Rich~oad, luglate~ra, se pre- davla que danza un oso por la ciudad sin correr al
sentó recientemente un veh1culo automóvil ametra. punto á mezclarme en medio de la calle con los ma•
chos lilósofosy poetas que no estiman tal espectáculo
llador inventad..) por Mr. Frederick Simms.
Este vehículo, llamado carro-el! p_lorador, tiene una indio-no de abandonar por él casa, familia .... en aa•
fuerza motriz de un caballo y medio, con la que pue- ma, Jas aten .:iones todas de la vida.
Esto es natural; no lo es tanto que mi destino, pade moverse en caso necesario á razón de diez y ocho
ra alimentar mi simpatía y llevarme-por ella á una
millas por hora.
iluminación interior de que hablaré en seguida, haya
puesto en mis manos de cuando en cuando alguna
libros de poetas en los que la bondadoso y potent,
figura del gran plantígrado se mostraba á mis oJ«a
con su mag;:iética y triste mirada.
l\iostróseme primero en la amplitud épica y serena
de Goethe, el oso verdadero, el simplicísimoBlaunbarlado cruelmente por Reineke el Zorro, cuando destrozadas las orejas, el hocico y las uñas de sus garras 81
la henctid•tra de un tronco de árbol, acosado por vl•
llanos con pa1os, ciego por el dolor, corre alocado,
arroja al río y todos se arrojan á pescarle.
Más tarde, enrra!\cado coa delicia en la selva m6gic1 de los cantos de Reine, hallé entre los abetol
Atta Troll, el oso romántico, y á F,·ariz Mulme, su
nerable esposa. Atta Troll me fascinó y me pertur
juntamente. En nada se parece á Blaun; es una
tia sobrenatural, una idea de poeta hecha oso; b
en él algo de humano. Atta 1'roll habla en verso,
que prueba que no es del todo un ser racional, ao
que pudiera llegar á serlo; en suma, este animal
ti ~o inspiróme una vaga sospecha de relación post
entre el hombre y el oso.
En los días mejores de mi juventud hice ~mi
con uno de los más exquisitos y delicados art1staS
Francia, con Meri mée, y él me presentó el oso mis
co (Lochis), el oso de pasiones supraosunas, que a
blciona confundirse con la especie humana.
sorprende en la espe11ura de su sel va á una cond
cazadora, á escape la arrebata, y, menos bestia 4
Atta Troll, se guarda de hablarla en verso; la herm
señora torna después á su castillo: no lleva un
aral'i.azo, pero ha per,óido la razón, y da á lul
ser ambiguo, hermoso é inteligente, de lnstlD

.EL MOMENTO DE LANZAR UN PROYECTIL.

,sanguinarios, pero de la sangre
más juvenil, más pura, más dulce. Se casa, y la noche de bodas, en un ac~so de furor, destroza á mordiscos la carne de su
fresca esposa.
La emperatriz Eugenia y sus
damas no entendieron este relato enigmátir.o cuando l\ierimée
se lo leía; por mi parte me pareció siempre injusto con los osos;
pero la idea de afinidad entre las
dos especie!'. labraba ocultamente en mi ánimo. Pocos años hace
que me dí á estudiar los orígenes
-0e las especies animales inferiores, y me convencí de que todas
proceden poco á poco de un común origen y q uc el hombre mismo, el último en aparecer, es carne de su carne; persuadfme de
nuestro parentesco con todas
~!las, y ballé en el corazón humano vestigio:s de toda la bestialidad existente en la tierra,
~n las aguas y en el aire. A un
no babia pensado en estudiar las
afinidades morales del oso con el
l1ombre, cuando conocí las obras
i!e Ibsen. l bsen, en sus originales dramas, es autor que me
agrada, aunque no lo admiro;
pero la obra suya preferida por
mi es una novela en que revela
~l arte pedagógico de los domadores de osos, el métodasorprendente de enseñar la danza á Mae.
..se B,-uno. Se coge (dice Ibsen en
-su inspirada poesía) una caldera
grande, se coloca boca abajo cubriendo un granfuego; en seguido se bacf- subir al oso sobre ella
y se Je encadena tan corto que
de ningún modo pueda bajar: al
mlEmo tiempo se toca en •P.l or.ganillo una pieza cualquiera;
-cuando la pieza se concluye se
repi te una y oLra vez, mientras
la caldera se calienta; el c,so, in-quieto, levanta una pata, la baj a, levanta otra, después la ter-

91

EL MUNDO.

MEXICO

MODERNO.

ÜAS.-\ DEL Stt. IGNACIO ÜAPETILLO.-ÜALLE DE ROSALES.

f

ÜAÚ DEL

Sn.

GENEJL\L DON PEDRO R1:--co:- ÜALLAHDO. - CALLE DE LA P.ENITENCIAR~.A.

cera y al fin la cuarta; la caldera quema, el oso brin•
ca y baila, y el organillo sigue tocando; cuando se
hace bajar al oso de la caldera, su educación ha terminado y el organillo calla; durante toda su vida no
oirá tocar una sola vez aquella pieza sin ponerse á
bailar inmediatamente; seria inútil explicarle que
tiene las patas sobre las piedras de la calleó sobre la
hierba, ó acaso sobre la nieve; mientras oiga aquella
música el oso bailará siempre.
Esta poesía iluminó mi alma con maravillosa luz·
vi la prueba inefable de una afinidad oculta entre ei
oso y el hombre, y descubrí el secreto de la conducta
de otro modo incomprensible, de muchas personas(
sucede, en efecto, á mucha gente y de la más distinguida, que se turba y se agita al so11ido de ciertas
palabras indiferentes, sin que pueda comprender la
razón. Si admitimos que existe en la humanidad una
m·ezcla de oso, nos explicaremos que el recuerdo de
algún disgusto, de ;::.lgún odio, de algún dolor relacionado C8D esa palabra, el recuerdo, en fin, de alguna cald~ra candente, !PS obliga á bailar.
En una ocasión daba yo una conferencia en NápoJes sobre el origen del hombre, y sólo al oír nombrar
á Darwin y al mono, algunos osos á quienes seguramente había atemorizado el nombre del darwinismo
materiotlista, comenzaron á bailar en la sala. Repetí
en Milán la misma conferencia, y sólo al oírme hablar de la Biblia y la Iglesia, otros osos, que tenían
la memoria llena de tiranías antig-uas. de autos de
fe y excomuniones, bailaron también furiosamente.
Los o~os que bailan al nombre de la ciencia como los
osos que bailan al nombre de la religión, son los más
comunes y se hallan á cada paso; es locura pretender
aq aietarlos y peo irles que escuchen y razonen: se
acuerdan de su caldera, y bailan.
Exh;te otra gran cantidad de osos que no pueden
oír ciertos nombres sin ponerse á bailar, por el recuerdo de alguna antigua quemadura; conocí á un
literato que habiéndose asustado en su juventud de
no sé cual metáfora estrambótica de Victor IIugo
no quiso volverá leer ni una línea más del gran poe~
ta, y si oía su nol1'.lbre, bailaba. Otros muchos padecieron en los bancos del colegio con Horacio y Ovidio, y basta hablarles de estudios clásicos para que empieCPD á bailar. Pa:a terminar: á cuantos observen
el espíritu humano les aconsejo que enciendan su luz
en este fueg-o ofrecido por Ibsen, y con ella recorran
el mundo. No va:iilo en afirmar que la mayor parte
de las opiniones y de los sentimientos humanos tienen más fundamento en la caldera que en la razón·
injusto será el que culpe al hombre: la culpa es de J~
bestia.
ÁNTONIO FOGAZZARO.

��94

Domingo 1 :l de. Agosto de 1899.·

EL MUNDO.

Dommgo 13 de Agosto de 1899.

NOVEDADES CIENTIFICAS.
Los cuerpos opacos! He aquí una gran mentira de
la ciencia. Aunque bien mirado, el culpable de la
mentira 'lO es la. ciencia augusta, sino el hombre su
sacerdote, el cual, como todos los sacer iotes de todos
los dioses, atribuye·á éstos sus propios errores y sus
incurables debilidades.
En efecW, la ciencia. es la obra colectiva del hombre á través de los tiempos y de las generaciones. (Jn
principio científü.:o es el resumen de muchas observaciones y de repetidos experimentos.
El oriaen de mucb.os de los artículos de fé de la
ciencia, fué una observación absolutamente casual y
por ende empirica; la observación se 1epitió por otros
muchos hombres, se hicieron experimentos, se provocó el fenómeno para cumpronar bien las causas. y por
fin, como fruto de todo ese trabajo, se dedujo y estableció una ley que pasa á la posteridad con el cará'.:ter de verdad absoluta é indiscutible.
Pér0 en el origen de la. mayor parte de los teoremas aceptado,¡ como axiomas cientíticos, hay un vicio innato que los hombres debia.mos tener siempre
prei-ente; algo que viene á ser como el famoso peca.do nriginal de las leyes del saber.
VeaU1os por qué. Si los medios de percepción de
que dispone el hombre fuesen perrectos. es claro que
las observaciones y juicios becb.os con aquéllos serían

DisJ)Osltlvo para ver sin lotoirrafiar!os, objetos al través de cuerpos
opacos mediante la luz ,iegra. La placa eu que se proyecta la llave,
es de sulfuro de zinc.

indiscutibles. 8i el hombre pudiese ver, oír y tocar,
todo lo que es visible, sonoro y palpable y tal como
es en sí, sus apreciaciones serian verdaderas; pero
nuestros órganos de -percepción tienen lamentables
debilidades: la mengua.da fuerza de que están rlotados, apenas les permite darse cuenta de una serie de
hechos muy reducida en la inconmensurable escala
de los fenómenos naturales.
Por eso una de las más hermosas conquistas del
saber humano, es la parodia en acción de la enorme
frase del filósofo heleno: «Sólo sé que no sé nada.&gt;
Ahora ya sabe el hombre que no sabia nada y que
sus :1entidos aplicados á la observación de la Natura. leza tan sólo le servian para engañarlo miserable•
me~te. Y porque sabe esta verdad tan interesante,
refuerza su ojo con el telescopio, y con el microscopio,
y con el espectrof-copio para suplir sus deficiencias
ópt,icas; con la ~otografía y _la electrh:id~d para remediar las incapacidades químicas de la retma.
Esto por lo que toca únicamente al capítulo de la
vista la cual siempre se nos había impuesto como el
órgano que más complet,a noción nos daba de las cosas. De los demás órganos perceptivos, ya nadie tiene fe en ellos; hace tiempo están convictos de mendacidad Incorregible.
y de aquí las innumerables sorpresas de la nueva
ciencia, permítaseme la frase, porque, en efec~o, nueva es la ciencia desde sus fundamentos á medida que
van siendo rectificados los errores de percepción que
hasta ba,~,poco tiempo la informaban, sucediéndoles
los descubrimientc.s más cercanos á la verdad que los
nuevos elementos de observación realizan.
Por ejemplo, apenas hay muchacho de escuela que
ignore la clásica di visión de los cuerpos en opacos,
translúcidos y transparentes; cualquier catedrático
de física puede hacer una brillante demostración
de este canon científico basta ayer inviolado. Pues
bien, ese catediático ensella un error y demuestra
una mentira, sencillamente porque no bay cuerpos opacos ni translúcidos; todos son transparentes,
así, cnmosuena.
El Profesor Roetgen dió el grito de alarma y despertó las sospechas del mundo científico desde que
evidenció la transparencia de varios cuerpos tenid,JR
por modelos de op:1cidad y que sin embargo se dejan
atravesar buena y fácilmente por los rayos X.
y el fenómeno fué muy humano: cualquiera cree
en la honorabilidad de una persona, y le prodiga
consideraciones y le presta su fe; pero brota ~-a sospecha y adiós honorabilidad.

95

EL MUNDO

ORBALEJA.
-NOVEL.A.-

I

ntspositivo empleado para hacer fotograUas con la luo negra al través de cuerpos opacos. La lámpara de petroleo estl't_ encerrada en
una caja je cartón negro; el objeto que se va li foto:raf•ar, estl't contenido.dentro de una caj_a de mad_era, piedra 6 ebomta; la Mmara
fotográfica es como todas, teniendo únicamente una placa de sulfuro de zmc en vez de vidrio despuhdo. Para fiJar la Imagen obien!da
se pone esta placa en contacto con otra común de bromuro de plata, la que se trata por 103 procedimientos usua les.
- -""

Por eso es malo vivir de prestado, y esto le pasó al
principio susodicho de la opacidad de los cuerpos; vivía eng-añáudonos y usurpando un n speto que no se
merecía, basta que hu·bo quien le alzara la careta.
Ahora, según pueden ver nuestros lectores en los
grabados adjuntos, una humilde lámpara de petróleo
es capaz de atravesar cuerpos tan aparentementL opacos como una 1lave de acero.
El Dr. Le Bon. sabio físico francés, púsose á estudiar Ju que de pronto llamó la luz rtegra, pero que en
realidad no es sino el mismo y único fenómeno conocido con el nombre de luz; mucb.osexperimentos posteriores lo han demostrado así.
Mediante la fotografía y oper~nc'lo con placas de
especial sensibilidad, el Dr. Le Bon ba po'iido comprobar 110!1 hechos, á saber: que Jo~ cuerpos ti~nen la
propiedad de absorber y conservar una cantidad de
la luz que reflejaron, á la que llamó luz residual. De
aquí parece deducirse otra interesante conclm,ión y
es, que la luz constiLUye un cuerpo distinto y determinado, y no es solamente un fenómeno t,ransitorio
que se produce en los cuerpos, ó un estado de ésto-,
como se ha creído. Esto no es1 á demostrado tofavía.
El segundo hecho es que todos los cuerp(!S _son
transnarentes y se dejan atravesar por cualquiera
fuent~ luminosa, necesltándrn;e tan sólo de la reunión
de ciertas circunstancias ó de la sensibilidad superior
de la placa fotográfica para ad vertido.

*

*
Decididamente el sabiv* &lt;:vunomista
Mal1 hus vló Vi•
siones cuando lanzó su terronfica predicción anunciando que iban á sobrar hombres sobre la tierra.
Nada de eso sucede basta ahora, por el contrario,
faltan bomhrrs, y si no, que Jo digan esos sutiles é
ingeniosos inventores de apara.tus como los que representan nuestros grabarlos.
El principio funda.mental de esos aparatos, es la
substitución del mecanismo animado que se llama
hombre, por un mecanismo merte que desempefle
ciertas funciones del borobr~.
Teniendo en cuenta que los anglo-sajones, primeros inventore" de estos mecanismo~, nada hacen por
simple diversión, sino que todos sus a,·tos tienen pvr

primer causa el utilitarismo, lo (miro que se puede
creer es que para suplir la falta de hombres han discurrido los mecanismos que con más honradez que un
hombre, se encargan de vender desde cigarros y periód icos basta alimentos y timbres postales.
Existen cocinero,;, cantineros, papeleros, limpiabotas, floristas y músicos, tocios automátiros, pero no
ambulantes por desgracia.. ()uando alguien quiere
comprar un periódico, ad ornarse el ojal con una flor,
belwrse un bock de cerveza. oír un desdichado trozo
de música ó enviar un recado por el correo urbano,
s&lt;&gt; va adonde está uno de estos sup~-e-hombres y le
echa por la boca, ó su equivalente, una moneda, y
queda servido.
Pero ¿es siempre moneda lo qué recibe el hombre
automático? He aquí el busilis. Según dicen los Industriosos europeos dueños de estos aparatos, aun los
de la rígida y exacta Inglaterra, al hacer la colecta ó
sea al t omarles las cuentas á estos vendedores de metal y madera, resulta que se dejaron engaliar como
unos chinos por los compradores poco escrupulosos.
Como el pobre aparato no tiene nociones sobre las
monedas de curso lega.l vigente, ni sobre las falsilica•
cinnes, resulta que ~ólo se atiene al peso de lo que recibe para entregar la mercancía.
Y por una moneda de buen peso y calidad, acepta
nueve botones, discos de plomo, troz·&gt;s de metal y
basta municiones pequeñas, y mil basuras pesadas
que constituyen una pesada broma para el negociante.
Cierto que para el comprador serio, honrado y que
va de prisa, es una gran ventaja tratar con un dependiente que no habla, ni se demora en servir; pero por
un parroquiano de estos, ¡cuántos ha.y que se acerca n
al a.narato con la deliberada iotención de pegarle uo
timol
1&lt;..n México por ejemplo, figurémonos un aparato
automático expendedor de .... café, puesto á lamadrugada en cualquiera esquina y abandonado á ~u
propia vigilancia. Es seg-uro que cuando el dUt•iio
fuera á recoger el produ,;to de la venta, no solo no lo
bailaría, sino que encontraría el aparato destruido.
R~sueltamente, faltan hombres.

Nota Importante.

Era una llanura gris y escueta, sin árboles, sin
!inf11s, barrida siempre por vientos furiosos pero
que en el estío se cubría con un manto de oro,
,cuándo el sol de Junio maduraba los trigales.
Unas cuantas casas, pobres caballas, se alza.
ban en aquel desierto. Este humilde caserío se
llamaba Orbaleja, y eran llanura y casas propie•
dad del seilor Vulfrán, un caballero muy rico á
,quien allí nadie conocía, y que sólo se acordaba
del pobre sembrado una vez al ailo, después de
la siega, cuan.lo Pascual el viejo mayordomo,
-rendía cuentas de la cosecha en extensa carta y
pedía órdenes para la venta del gra.no.
Dominando los rú ,ticos techos y algo aoartado
de la plebeya chusma como un gran seilor, er•
.gnfase un antiguo caserón de dos pisüs; era la casa principal. Sobre su fachada se veía labrado un
escudo de armas y en su cú,pide, como una ensena, una cruz de piedra abría sus brazos al cie•
lo y al desierto; los muros ennegrecidos, las puertas herrumbrosas y los patios cubiertos de yerba,
.atestiguaban un largo abandon0.
Una fría tarde de invierno un coche pequefio
tirado p.:r un caballo se detuvo frente A la soli·taria casa, y los maravillados vecinos de Orbaleja vieron descender del vehículo A un caballero
y A una joven.

Te!éfono automfltlco. Funciona dutame cl•rto ti•mpo Introduciendo una
m , 11Lda en la llberturacorrespondlell!e.

en esclavo del niiio voluntarioso y mimado. A
fuerza de ver á su padre erigido en soil.ar absoluto de cuanto le rodeaba, llegó á persul\dirse de
que llanura.,casas y labriegos le pertenecían; y
como para él la tierra no se extendía más allá de
la lejana cadena de montanas que cerraba el va•
lle, ni reconocía bajo el cielo otra autoridad que
la complaciente y suavísima de su padre, convir•
tióse en tirano de aquel pequello feudo. Habíase
criado en la holganza; de nilio echado á la sombra del úoico arbol que crecía frente á la casa
paterna, de joven requebrando á las moz11s, dil?'•
Dándose de vez en cuando empuilar el arado tras
la perezosa yunta que abría el surco ó bien regresando de la siega en las tibias noches de Ju·
lío á la luz de las primeras estrellas, tendido so-

bre el carro rebosante de espigas que se balance.aba al compá~ de los tristes cantos de los se•
gadores. Jamlis Pascual le exigió el menor trabajo; aprendió á leer y algo á éscribir por flU propio impulso, y pasábase A veces los días como un
fakir sentado sobre el suelo, absorto y mudo.
Cuando Julilin vió llegará aquel joven de barba negra, alto, esbelto, alegre, vestido como un
príncipe y Aaquella dama de 0jos azules, blanca,
gallarda, triunral, sintió un aplanamiento, unl\
conmoción inexplicables. ¿C,mque él no era el
amo? ¿El seilor, el duefl.o, era aque! caballero á
quien su padre, Pascual, llamaba respetuosamente don Jorge? ;,Conque la llanura, los trigales,
todo era del intruso, del usurpador que no contento aún, poseía aquella hermosa mujer blanca
como la leche, rubia como las espigas maduras,

de ojos azules y profllndos como el cielo y labios

Pascual, sombrero en mano, recibió á los via- pa, más despejada y mfls limpia de Orbaleja pa•
jeros y, sonriendo amablemente, abrió de golpe ra compai'\ía de esta sefl.ora.
la puerta de entrada.
II
La pareja penetró á la casa enlazada del brazo, ri~ndo con esa risa argentina y ruid.o sa de
Pascual era un viejo de sesenta ailos, de bigote
los vemte ailos, y precedidos de Pascual subieron cano y espeso, recortado militarmente, alto, fuerla espaciosa escalera ,·omo colegiales escapados. te y seco. Hacía treinta anos que vivía en aquel
-No me n egarás, decía el caballero dirigién- retiro encargado por el seilor Vulfrán de l,1 ad•
dose A su compailera y seilalando la silenciosa ministración de la finca que producía poco en
m?rada y el campo mustio y escueto que se do- verdad, pero lo bastante para que el mayordomo
minaba desde el alto corredor, que esto es un ver• viera de afio en ailo alzarse y crecer una relu•
~ader? retiro, un nido de invierno, Fin bosques, ciente montafia de duros, allá en el fondo místeBJD páJaros, sin fuentes, pero á miles de millares
rioso de un arcón antiguo. Habü sido soldado y
de leguas, del mundo habitado. Estamos en Mar- ostentaba una honrosa cicatriz en el carrillo iz•
te, en el supuesto de~e Marte sea un pobre pá· quierdo, -acuerdo del sable de un dragón fran"l'amo.
cés. Era viudo y tenía un hijo, un mozo de veinLa joven alborozada recorría la casa en pos de tiseis anos, raquítico y pálido.
Pascual. ~esistianse y gemían puertas y venta·
Julián se llamaba el mozo; pobre muchacho ennas a~ abrirse, y el solinundaba los aposentos des- fermo á quien Pa.cual adoraba. Era Julián alto,
coloridos y húmedos y los antiguos muebles des- moreno, delgado como una cafl.a, ojos negros, la•
lustrados Y cubiertos de polvo.
bios gruesos sin asomo de barba, el cabello cresLa casa era extensa, severa y fría como un po y abundante y 1a nariz 11bultada y sensual.
·convento, sucedíanse las habitaciones en seriein- Había nacido en aquel desierto que era su impe•
te rmmable;
·
decoraban sus paredes retratos de an- rio; allí mandaba despóticamente, y hasta la vu•
talio Y lienzos borrosos representando escenas luntad de hierro d~l seilor Pascual, cejaba y
·campestres y martirios de santos, las alfombras doblábase ante la suya, convirtiéndose el vie;o
0

Concluida la edidón de
Los TRES itosQUETERos, preparamos la publicación d~
varias obras, superiores, s1
cabe, á la publicada.
En el próximo número dareinos á conocer 'todas las
reforrnas que desde luego
Yamos á introducir en este
~emanario.

estaban destruidas, y sólo resistían en aquel combate con el tiempo y el abandono los enormes
armarios de roble_y los sitiales de brazos tallados.
-No esper aba, decía el viejo Pascual, ld. veni•
da del seiior. y como el amo hace mil anos aue
no nos visita, no es extrano que la casa esté
abandonada.
. -Mi padre, contestó el caballero, h11ciendo un
signo _de inteligencia á su compsilera que sonrió
r?bo~izándose, ignora mi venida, y es ir.útil que
tu, m1 buen Pd.scual. le des 11 viso. Venimos de incógnito á vivir con ustedes, á labrar la tierra, á
cazar, A pescar; Martll, esta dama, ordefl.ará. las
vacas y cultivará el huerto, yo ..... .
-Me permito decir, interrumpió Pascual. que
aquí no tenemos caza, ni ríos, ni huer~o, ni vacas ....
- ¡No importa! exclamó el caballero riendo, nos
pasaremos los días contemplando la llanura que
también tiene sus encantos; veremos ponerse el
sol allatras de aquellas lejanisimas cumbres, y por
las noches nos dará música el viento. En suma,
seremos poco exigentes. Por ahora sólo nece~ita•
mos aquí mucha luz y mucho aire para que estas viejas paredes pierdan ese color de tumbl.
Haré venir un buen cocinero, tenemos por fortuna una estación de ferrocarril pr óxima, y tú Pascual, te encorgarás de traernos la moza más gua•

rojos eomola sangre de las vifl.as? ¿Por qué aquella h~mbra no era suya? ¿Por qué él ¡miserable!
no podía hundir sus labios en aquellas carnes albean tes? Y Julián i;,intió impulsos de rebelarse,
de insu:tar al poseedor feliz de aquel tesoro. Vió•
se humillado como el caballo salvaje que siente
por vez primera el látigo del domador.
Con la frente inclinada y el ceilo contraído
escuchó A su padre que refería, no muy satisfe:
cho, A los mozos de labranza, que aquel joven
era el amo, el verdadero amo, el hijo del seil.or
Vulfrán; que el tal joven habfa llegado como llovido del cielo, aeompallado de la hermosa dama
que parecía ser su .. •. amiga; que le había prohi•
bido dar aviso de su lleg11da al padre, y que él,
Pascual, barruntab'.l en todo aquello cierto em•
brollo de fuga, de misterios ydt&gt; enredo an¡oroso.
J .iliAn bien sabía esto; había viste, un brazo
desnudo, blanco y pulido correr discretamente
las cortinas de la alcoba .... y había sorprendido
miradas y besos furtivos, como sólo se mira, como sólo se besa el fruto prohibido!

III
La primera noche que Jorge y Marta paJaron
en el viejo caserón de Orbaleja, sintieron una alegría loca, casi infantil. Por fin estaban solos libres como marido y mujer! Allí vivirían siem~re
juntos y felices olvidados de todos .... ¡Qué hermosa era la vida! ¡qué pintoresco el valle! ¡qué
alegre la casa, y qué buenos el mayordomo y su
hijo!
Y Jorge oprimía sobre su pecho A Marta y la
cubría de besos. No era su esposa pero ¡qué importaba! la conoció inocente, la amó y la unió á &amp;U
desti.oo. El era rico, brillante, instruido; había tenido amores, aventuras y duelos; ella era una pobre
muchacha hermosa y casta, conoció á Jorge y se
entregó sin vacilaciones, le amó desde el primer
mom~nto, sintióse faecin,ada, vencida por aquella mirada noble, amorosa y leal; no le pidió que
1~ hiciera su esposa, sino que la amase mucho y
siempre.
Sólo hacía cua·ro meses que se conocían. Al

�Domingo 13 de Agosto de 1899

EL MUNDO.

tl6

principio viéronle sólo de noche, después Jorge
olvidó un poco los nPgocios de su casa, el club,
los caballos y los amig-cs, y pasábase _1 as horas
al l11do de s'.! amada. Por fin fuéronle rnsopo.. t,.bles los momentos sin verla; entonees se acordó de
que el st:llor Vulfrán po11eía allá, en apartadísima
comarca unas; fanegas de tierra de labor, Y en
ellas un¡ casa vetusta herencia de su abuelo. Allí
se irían como una pareja de
palomas en busca de la soledad; estarían siempre j~ntos,
-pasearían del brazo b~Jo los
r.tyos del sol y no temerían miradas extra:llas.
Marta 11c.:gió el proyecto /
con entu.siasmo; le parecía una
rehabilitación. Ella, que en 1
medio de su dicha no podía )
olvidar que aquel hombre no
era su marido, que la vi,-itaba
furtivame..:.te, que en público
aparentaba no conocerla, vivir
á su lado, merecer el respeto
delas sencillasg-entesdel campo .... ¡qué felicidad!
Jorge improvisó un viaje.
El se:llor Vulfrán • sonrió con
indulgencia, y sólo dijo á su
hijo al despedirle frente á la gran mesa de su
despacho: Lleva, hijo mío, fondos sobr1tdos. dame no1ici1ts tuyas, diviértete mucho y fastídiate
pronto; tienes ya treinta a:llos, aprovecha el
tiempo.
Y así Iué como Jorge y Marta llegaron de improviso, causando el asombro de los orbalejanos.

Desde el b11.lcón Marta le siguió con los ojos empanados por laa
.
h t perderse el eoche entre el blanco polvo de la carre.
ll'IKnmS~s, .óas ªtonces que los sollozos la ahogaban; parecióle que
t ern mtl en
d
.
. . "bl
e ent:m1gos mv1si ea;
¡¡J.¡• ·quf' d a b a sola , abandonaba • á merced
quiso gritar, llamarle y exclamó:
-¡Jorge!
,d
-SP:llmita Marta, pronunció una voz A su espa. a.
_ Marta se vol,ió sorprendida.
.
Julián, de pie, inclinado con la humildad de un can, estaba allL

VI

\

IV
La antigua casa de Orbaleja habíase remozado
al cabo de ocho días. Jaulas con canarios y tiestos con flores a legraban los rostros marchitos de
damas, caballeros y mártires allí colgados en
marcos enn6gr ecidos; los muebles relucientes y
limpios ostentaban al sol sus mustios tapices; la
cama monumental albeaba bajo sus vaporosas
colgaduras, y en los corrales, desembarazados de
yerba, mugía una hermosa vaca y alborotaba una
tropa de gallinas precedida triunfalmente por un
soberbio gallo de encendida cresta,

Jl,
;
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L. .,-

7:r-:,,,.,..,.,.

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- ~ - · -~

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'.h.

¡Y el autor de tales maravillas era, én partf', el
hura:llo Julil\n! Lo&lt;J deseos de Marta eran adivinados por él, y eabalgando en el caballf'jo de su
padre, sacudiendo su pereza ingénita, sacó, no
sabíase de dónde, jaulas y t:estos floridos. Había
llegado á ser el inseparable de Jorge y Marta.
Adusto y frío para el primero, soportaba en cam·
bio las exigencias y caprichos de la joven.
Sólo que Marta recibía siempre con frialdad
los servicios y atenciones de J ulián; inspirábale
aversión su figura desmafl.ada y torpe, parecíale
necio y cobarde; ridiculizaba su gesto doloroso
de enfermo y burlábase de su completa ignorancia.
Jorge intentó suavizar aquellas asperezas, compadecido del pobre mozo por quien sentía esa
simpatía bondadosa de las almas felices; pero
Julián, que aceptaba las impertinencias agre~iv11.s de la hembra, rechazaba en silencio, herido
vivamente, la piedad del hombre.

V
Habían transcurrido dos meses desde la llegada de Jorge y el joven comenzaba á notar con
inquietud, que Marta, m 'Dos alegre que los primeros días, tenía momentos de pasajero mal humor. Una noche resolvióse á interrogarla.
-Vamos, querida, confiesa que comienza á
fastidi11.rte un poco nuestra Orbalfja.
:uarta sob~esaltóse.
-Te enga:llas, replicó con viveza, mi único temor es que tú no soportes este género de vida,
que nuestra felicidad tenga fin ....
-No, tontica, contigo viviría yo en el último

rincón del mundo. No te ocultRré que algo m~
inquieta el natur al cuidado de mi padre por m1
ausencia; pero, si tú lo apruebas, todo se puede
conciliar. Te pido sólo ocho días y volv ... ré para
no separarme de tí. Mira, tengo grandes proyectos sob•e Orbaleja, que neceüto consul_tar co~ el
senor Vnlfrán. Deseo convertir esta finca miserable,improductiva casi, en una gran explotación
agrícola. He estudiado el caso. Entonc~s ya t~ndrá un ohjeto aceptable mi permanencia aqu1 A
tu lado. Traeré ingenieros, un administrador inteligente en lugar de ese solapado de Pascual,
haré construir una hermosa casa moderna, un
verdadero chalet, y la vida, el movimiento, la lucha sucederán á esta inaeción estúpida. Verás
có~o al contacto de una varilla mágica, tramformo este desierto árido y triste, rdugio de las divinidades campesin1ts, en cultivada campifi.a cubierta de árboles frutales, cruzada por rieles.
Verás cómo empano ese azul sereno del cielo con
el h•1mo de las fábricas y cómo despierto el eco
dormido lle estas soled~des con el silbido de las
locomoto:-as, No; ¡no te rías! fl gran m11go que
efectuará este milagro, ayudado se eotiende por
el dinero del se:llor Vulfrán, será un río que corre no lejos de aquí, á unos cincuenta kilómetros,
y que yo haré venir, obediente como un esclavo,
á desposarse con las tierras vírgenes de Orbalej11.
Marta escuchó con interé1 los nroyectos de
Jorge.
-El único punto negro para mí, replicó, es esa
ausencia de ocho días. ¿Qué quieres que haJra
yo aquí" sola cor_, ese estúpido de Julián? Por lo
demás, ~omprendo que es necesaria tu partida
para ese. proyecto. Me resigno, pues; pero, ¡por
Dios! sólo ocho días te concedo.
Al día siguiente Jorge hacía enganchar el p(quP:ilo coche, y después de besar ardientemente
á Marta, que se abraz1.1ba llorondo á su cuello,
partió rumbo á la estación próxima del ferrocarril.

Sólo Pascual detestaba á Marta; llamAbala con malicia la seflo1·a. Y ernqueásuper&amp;picacia de palurdo no se ocnltabll. que J11lián, su hijo, eft:1ba enamorado de la joveo,
y que ésta sólo ter.fa pl\ra ~l p~br~ mozl),
desprecio y burlas. Al prmc1p10 mtentó,
contrariar á Julián cuitndo é,te recorrfa i
caballo los lugares veci11011 en busca de un.
pájaro y de un raw.o de f:ores. per o bieit
prÚnto comprE-ndió que su empe:llo era lr,(l.
til· el nilio mimado se rev, Jaba con toda
la 'energía de su voluntad jamás contraria•
da. Pc.cü le importaba que su i.:010 le pagafil en desdenes, bastábale que aceptase la
üfrenda, que ac1niciase con sus dedos puli•
dos como tl mar fil la cabecita de oro del
canario ó acercase á sus labios el man0jo de ela•
veles llevados por él amorosamente sobre su CO·
razón.
Julián se levant1tba en la~ noches calenturiento, y llegaba recatándose, sintiendo que el corazón Je goloea ba el pecbo frente al b1.Jcón de l&amp;
alcoba de Marta. Allí. con los 0jos fijos, con lat
manos cruzad11s como ante un altar, indiferente
á todo, abstrllído, pasa ha las horas nocturnas en
éxtasis, inmóvil, sonando con aquel cielo lejano,
con aqufllla aparición que surgill en las tinieblat
de su vida de enfermo como una aurora . .Recor,
daba entonces aquellos suefios sobre el carro hl'D•
chido de espigas en los tibios creoúsculvs de J u•
lio, y pare"-íale que desde entonces conocía á aquella mujPr; la ha_l&gt;ía vi!,to flotar blanca, indecisA,
vRporosa, coronada de estrellas, desnuda y t.ú•
l:.il .... le sonreía y tendíale los brazos. . . . Sentíase transformado. Ya Iio era el pobre JuliAn
desma:llado y torpe, sino el príncipe azul rubio y
hermoso, lleno de ingenio, valiente y amado . ..•
y la diosa bajaba de la nube y besaba sus la bios,
mientrlls él, á la luz de las constelaciones, entreclaridades arcRnas, le dirigía los m~drigales méatiernos como plegarias blancas. Otras veces sen•
tíase invadido por un miedo loco, inaudito, como
si r1,fllgas dP. hielo cruzaran su espalda, se im11•
ginaba que Jorge, el amo, sospethuía su amor,
su deseo, que iba A sorprenderle allí midiendocon los ojos la altura de las rejas como un ladrón. Y no, él no se sentía capaz de arrostrar la
mirada :racunda de Jorge, h11bí1 011cido sierro
y caería inerme bajo el gol pe implacable del ca•
ballero. Era cobarde; sentí11 las punzadas ardieo•
tes del deseo, de un deseo salvaje, imperioso,
mortal, pero á la vez tem'-.llaban sus carnes bajola mano ruda y fuerte alzada para el castigo.
Raquítico y débil, tímido como una mujer re•
chazaba en su mente con indignación los mimo,
de su padre; casi inspirábale odio el viejo sol~a•
do de manos encallecidas y testa plebeya. Decia•
be que él, Pascual, tenía la culpa de su pequeft_ez,
de su fealdad y de su cobardía; había nac1~0oruga, sólo que antes de la llegada de Jorge, slll
pumo de comparación, vivió enganado piadosa•
mente por las lisonjas paternas.
.
Y aquel temperamento sensusl y enfermizo,
vibraba conmovido al choque formidable de loaanhelos incipientes y voraces, martillando en sa.
debilidad v en su miseria.
Cuando ·Julián regresaba á su cuarto en la obS·
curidad, procurando no despertar á su padre, Y
se echaba sobre el lecho, febril y extenuado, sen•
tía la sensacion voluptuosa de quien esc11 pll d&amp;
un gran riesgo, le parecía qull había acudido ~
uoa peligrosa cita de amor y que Marta qued11b&amp;llorando en poder de su tirato, llorando pGr él,
Y esperaba con ansia tl nuev,) día para verla,
para oír su voz, para sufrir sus burlas, no tan
amargas, no tan dolorosas para el iufeliz mCJZ?,
como el gesto compasivo de Jorge, el soberbIOmacho atlético y hermoso.

VII
Una tarde Marta hallábase sola , sentada A la.
vera del camino, esperando descubrir el coch•
de J orge. La alta cerca q ue bordeaba la carre-

Domt_ngo 13 de Agosto de 1899.
tera la ocultaba de un grupo de trabajadores, en
cuyo centro el c11pataz, Pascual, refería algo que,
al parecer, divertía grandemente á sus oyentes,
v Mllrta escuchó . .Alusiones picantes y ag-udezas
torpes sal picaban su nombre entre risas brutales
de palurdos.
De improviso apareció Julián . Estaba trémulo,
tPmblábanle los labios y.le fulgur11 ban los negros
ojos.
-¡Padre! gritó, cállese por su vida, que si no
fuera usted quien es .. . .
Y aquel raquítico erguíase colérico, casi hermoso, chispean.te la miradá y crispados los pu11.os.

P11scual se alarmó, crey6 por un momento que
A lanzársele,
- ¡Bien ! será como tú dices. Pero serénate; puede hacer te mal esto. En verdad, la sefl.ora . ...
digo, Mar ta, es muy buena. Era una broma
tot.lo .. .
Marta se levantó y alejóse, temiendo ser descubierta. Sentía impulsos de llorar, de marcharse
muy lejos. Debpué, de todo, aq11ella gente tenía
r11zón . . . . ¡Quién era ellal ¡la querida del amo!
¡una mujer sin nombre, una .. . se:llora de esas ...
'=omo decía Pascual! ¿Por qué había abandonado
su humilde lecho de virgen. blanco y burdo? ¡Ya
no volverían las alegres mailanas en que se lanzaba por la angosta escalera d ~1 tercer piso entre
las aclamaciones de los habitantes de aquella casa de vecindad que la adoraban, pRra lleg11r sl
taller ruidoso siempre! ¡Con qué afán era esperado el d oming), la fiesta, con su sol radioso! ¡Pobres vestidos de percal, ahora desdenados por la
sed-t crujiente! Nadie la llamRba entonces la seflora; era Marta, la virgen, la hermosa, la mimad11 ....
Y la infeliz estalló en sollozos amargos .... D3
pronto se acgrdó de Julián y sintióse invadida
por gratitud pro!und_a , tierna casi . . ..
Y después de todo, ¿no habría sido mrjor. más
honrado, más noble, ser la esposa de aquel muchacho pobre y humíld~ que la idolatraba, y no
la querida de un libertino rico y apuesto? J ulián,
aquel resignado que e'.la flajelaba sin misericordia con sus burlas, la adoraría, la respetaría, sentiríase orgulloso de llevarla sobre sus hombros
como un esclavo y ella no bajaría la frente enrojecida.

rn hijo i ba

VIII
Al d ía siguiente regresó Jorge.
Cuando Marta corría á su encuentro, dispuesta
A estrecharle en su3 brazos, Jorge, que bajaba
del CLche, la detuvo con una mirada.
No venía solo, acompañábale un joven rubio,
simpático, de pequena t1statura, de ojos claros y
vivos y fino bigote retorcido. Vestía polainas
de cuero inglé3, sombrero de paJa de anchas alas,
pantalón obscuro ce:llido á la piurna y camis11 floja de seda.

r•

- T-i_presento, dijo Jorge dirigiéndose á M1trt11, ;\ m1 11n1iguo amigo y condiscípulo el ingeniero León Ricoy.
M1.1 rta se inclinó turbada sin acertar á. responder casi. Sintió la mirada de Ricoy clavarse en

EL MUNDO.

97

ella con impertinente fijeza, examinarla, abarcar- veas el prodigio. Un dique en el río y un caníll
la, medí.la, adivinarla con ese golpe de vista rá- que provea de riego estos campos es todo lo que
pido y seguro de los inteligentes. Creyó por un necesito.
momento, que la iba á. palpar como se acaricia el
-Hablando en serio-dijo el ingeniero - te dicuello fino y nervioso de un CAballo de r1tza, y ré que apruebo tus proyectos, pero desde distinto
una oleada de sangre le invadió el rostro. Sintió- punto de vista. Construye diques en buena hora,
se enrojecer, temblar; buscó en su auxilio los emprende en cultivos nuevos y emplea útiles
OJOS de Jorge . . .. y vió á éste sonriendo, satis- modernos, maa no pienses por tu vida en redifecho, aprobando, orgulloso de la admiración mir cautivos, sino sólo en tu provech0; en repletorpe que provocaba su querida .... Pero detrás, tar tu c11j-t sin cuidarte de la regeneración del laapartado del grupo, otro hombre, pálido de furor briego. ¡El labriPgo! ¡valiente animal! Para tal
impotente, azotaba co, la mirada al impertinente; empresa se necesitarían santos y conquist11dores;
temblábanle los descoloridos labios y oprimíase un milagro ó el exterminio. ¿I..o dudas? Pues melas manos prontas á alzarse. Era JuliAn.
parece que el muy honorable mayordomo y su
¡Oh! d él estuviera en lu~ar de Jorge, ¡cómo sa- hijo. siendo dos ejemplitres preciosos. Pascu11l,
bría c1tstigar 11y_uel ultraje! Ahora comprendía un viejo rapaz, que ha hecho su agosto abusan con toda cla, idad su: odioso puesto de amiga del do de la confianza del selior Vulfrán y que sería
se:llor. Era la cosa que mostraba su duelio á la feliz, te lo juro, si ma:llana pudiera asistir á tu
curiosidad pública. que se examina y analiza en- entierro. ¡Te digo que me inspiran más descontre picantes comentarios al aire libre, entre risas fianza los ojillos grises de ese hombre, agazapay equívocos.
dos b11jo el matorral hirsuto de las Ct'j'ls, que un
Marta huyó casi, Eintiendo que algo se desplo- f.isil asei:t&gt;1 do en una encrucijada... . .. . . 1 ¿Y
maba en ruinas allá en el fondo de su pecho .... su hijo? ¡V11ya una alhaja! perezoso, hirócrita y
¡Y lll imagen de Julián embellecida volvió á cobarde, no tiene siquiera las cualidades de su
surgir noble y triunfante!. ...
raza: el v11lor, I,1 fuerza y la sobriedad. He ob-¡Hol11! -exclamó el ingeniero cuando Marta servado que cuando tú le dirijes la pidabra, se
desapareció.-¿En qué mares se pescan estas encrje y amilana como un p~rro á quien se amaperlas?
ga con un látigc; mAs que un ed.:rm.:&gt; es un loco
algo extra:llo, un despecbado, ¡qué sé yo! áquien
receta, ía ducbas de agua fria y siete horas diaIX
rias de trabajo rudo b11jo el sol. En es11 cabeza
Pasaron varios días, Jorge seguía entusfasma- mal codormaña no pueden 11lbergarse pensado con su idea de empresa agrícola. Había en- ruientoa sanos. Estoy s ...guro.
- Eres implacable-co11testó Jorge.-En un
contrado en Ricoy un auxiliar inteligente y acti•
vo; antiguo camarada de co!Pgio, aprovechado pobre vie.io que se ha batido en sus mccedades
ingeniero y buen amigo, no vaciló en aceptar las valientemente por su patria, y que por su ignoproposiciones de Jorge.
rancia y falta de morid abusa después un poco
de su empleo, y en un pobre muchacho et f&lt;lrm::-,
León Ricoy era un espíritu cultivado, observa
dor y profundo; pero demasiado vehemente. Ha- te empeñas en descubrir un par de monstruos
bíanle bast1:1d0 tres eemanas de permauencia en abominables. ¡Querido León; eres el de siemprt!
Orbaleja, para medir y aquilatar con su rudeza Recuerdo tus odios de escuela. Pero basta: hablemos de trazos y niveles.
in¡z énita, á sus principales moradores.
Jorge era el de siempre, leal, confiado, g-eneroso, un pocJ pagado de sí mismo á fuerza de
X
oír el coro de lisonjas en su torno alzado (su paLa verdad, era que Jorge que al principio sólo
dre era millonario y él hijo único). Marta, una
hermosísima much cha, algo avergorzada de su buscó un pretexto en su idea para vivir al lado
posición, con rafagas de arr epentimiento, impre- de Marta, había acabado por apasionarse de tosiona ble y dul ..1e. En cuanto á Pascual y su. hijo, das veras de la empresa, á lo que contribu) ó no
eran para Ricoy dos seres completamente antipá- poco el se:llor Vulfrán, qúe dP. esta manera contrarrestaba, abriendo un nuevo ~ampo á la actiticos.
Un día, durante ll\ comida, Jorge habló de su vidad de su hijo, aquella pasión que comenzaba
á inquietArle. Le daba en Orbaleja ur,a riv11l á
empresa con bastante calor.
-Es un crimen, decía, permitir que las men- Marta, rivlil que vencería. Además, el seilor Vulguadlls corrientes de nuestros ríos se pierdan, frán conocía bien á Jorge; sabía que en medio de
mientras la tierra improductiva abrásese .,.or fal- su frivoliaad era inteligente, calculador y tenaz
y que el dinero en sus manos no correría it.f1 uc'.
ta de riego. ¡Y así nos lamentamos del atraso, de tuosamente.
la pobreza y de la debilidad füica de nuestro
En quhn encontró el proyecto un enemigo depueblo rural, que se conforma con espiar desde
cidido,
ciego y tenaz fué en Pascual. Comprenla puerta de ca:ilRs de su 11lbergue f1 paso de
dió
el
viPjo
mayordomo que los tiempos felices
lit nube que refresca el mustio sembr1tdol Pues
en
que
la
veuta
del trigo pagaba al arcón de robien: y o traeré el agua
ble com,iderable tributo, habían pasado, y agopor canales, eea agua
que hoy se desperdicia taba todo su ingenio en probar que los arados de
y que es un tesoro que acero montados sobre ruedas, los mot ores de vanadie aprovecha. Des- por, las balas de algodón y otras patrailas que
pués haré venir má- traía en la cabeza el seilor Jorge, no valían Jo que
quinas y herramientas un s1:1co de trigo sembrado por un par de buPyes.
Svbre el ing.,t.iero muy especialmer. t e fu lminamodernas de agrlcul ban
10s rayos de su cólt,ra, 11quel ca bailen te que
tura y nuestros labriela pretensión de resol ver todo por númc1 os
gos sentados cómoda- tenía
y signos.
mente bajo quitasoles,
Un suceso vino á dar al traste con h escaea
guiando la pareja de
cordura
de Pliscu1:1l y á acrecentar sus odios.
caballos, no volverán
Cierta
m1.1nana en que el vifjo capataz prediá hollar la tierra calcaba
en
grupo
de trab, jadores contra las teorías
cin11da empuliando la
maLcera del tomo ara- descabelladas del amo, que acab11rian por 11rruido primitivo. Enton- nar á todos, presentós.e de improviso el i11!{euieces tendremos c11mpe- ro y dirigiéndu~e á P¿¡scual:
-Usted obrama1,senor mío, dijo, provocando
sinos fuertes, bien nuel
descontento y la desconfianza entre esta g ente.
tridos, inteligentes y
Yo
bien Eé que usted trabaja por su propia cuenlimpios, y el periódico
ta,
pue~to
que le será más d,ficil tr11g11r sacos de
y el cepillo de dientes
harán su aparición mi- algodón que de trigo; pero, amigo mío, h11 y que
lagrosa en la caba:lla! tener paciencia, al fin se agota la ub1 e. 01 eo que
ahora mf'jor ha1 fa usted explicando en 6U cAtedra
- ¡Bravo!-exclamó q?-e el nuevo prayecto significa prJsp ridad y
Ricoy-Ya me figuro bienestar para todos: trabajo moderado y bien
tu campo modelo sur- retribuido, casas higiénicas, venti11.1das y 11legres
cado por discos de ace- en vez de esos cubiles de paja que más parecen
ro y veo tus colonos, refugio de fieras que moradas de hombres civilipulcros y pe1 fumados, con las manos blancas y zadoe; escuelas para los bijos, y médico y botica
tersas, d iscutiendo en cultas y bi'3n parladas ra- Y hasta un capellán para que en la hora rnpr ema
zones sobre malvaceas y gramíneas.
suban libres de c ..dpa las almas de Orbaleja. En-Búrlate si quieres, repuso Jorge jovial, mas sene usted que la fuerza ciega, inconsciente, anino descodio áe CO'ltemplar tu pa~mo cuando mal, no alcanza nur.ca lo que logra el esfuerzo
0

)

�EL MUNDO.

98
racional y metódico; que no basta escarbar el seno de la madre tierra como los topos, y que esas
máquinas, ruedas y palancas hijas de esos números y signos de que usted abomina, ahorran fati gas y sudores sin cuenta y multiplican la producción del suelo.
El in¡reniero alej.5se dej,rndo APascual humillado v colérico. En su cerebro rudo de antiguo
soldado, bullían confui;as i deas de venganza. El
mayordomo, acostumbrado A ser oído allí como
un oráculo, sentíase herido en su amor propio, y
veía descubierta su rapacidad. Todo lo perdía,
fortuna y respetabilidad.
XI
Jorge dedicaba menos tiP.mpo á Marta, absorto en cálculos y trazos. Salía con frecuencia á
caballo acompafiando á Ri,:o y, y hasta hizo nuevos viajes A la ciuctad para conferenciar con su
padre.
Sin embargo Marta no parecía contrariada por
aquel desvío. Escuchaba con indiferencia las discusiones subre malvaceas, arenas y arcillas y
aceptabaellugar secundario á que había descendido.
Ya no tenía para Ju\iAn palabras duras ni burlas sangritntas; tratAbale, al parecer, con cierta
deferencia amistosa que no pasó inadvertida
para Jorge.
-Veo, le dijo éste un día, que el pobre JnliAn
h11. alcanzado misericordia. ¡Eree muy buena!
También Joliánhabía sufrido una metamorfosis.
Su pasión por Marta parecía extinguida; veíala A
todas horas, mas los arre batos, las tristezas, los
duelos de los primerod días había"l desaparE&gt;cido.
El mozo enfermo y neurótico entraba en una
nueva faz de existencia: la alegría .irradiaba en
sus ojos; sentíase ágil y fuerte, sediento de vida:
estaba curado. Ya no sufría aquelios arrebatos
contra Jorge, aceptaba :.u papel de servidor y
abdicaba su soberanía en manos del sefior legf.
timo. Sólo que ahora parecü esquivar la presencia de J orge, y cuando é.ste pronunciaba su nombre palid~cía y temblaba.
Pascual no acertaba A explicarse aquel cambio
inesperado, mas su pasmo subiódepunto, cuando
un día, al regresar del campo con su hijo, vió no
lejos, á Marta y áRicoy que del brazo se paseabau
solos engúlfados al parecer en sabrosisíma plática, á juzgar por la animación de los dos y las risas
alegres de la joven.
El viejo mostró á su hijo con un ademán la pareja, mas JuliAn ¡caso inaudito! conrormóse con
murmurar entre dientes:
-¡Bah!
Esto fué un rayo para Pascual; todo lo adivinaba: Jul:An despechado, herido al fin por las
burlas y desdenes de la joven, cedía el campo,
y el ingeniero, mAs hábil que su hijo, saltaba el
ageno cercado y á furto del duefio hincaba el
diente en aquella dulce y sabrosa poma. Estoera
bien claro. ¡Ah! ¡no podían fallar sus previsiones!
Mas ahora ya tenía su vengan za: su hijo humillado y vencido por aquella sefiora y veucido por
un mufl.eco de manos blancas y bigote rubio, tendría su desquite. Sobre los culpables velarían dos
0jos fijos y tenaces, y A su tiempo, en el instante
critico, é,, el mayordomo, el criado, el último, se
encargaría de alzar el telón para el drama.
XII
Los nuevos trabajos proseguían con acti vi•
dad, abríanse brechas y se limpiaba el terreno.
Jorge multiplicaba sus viajes, ya en busca de
obreros y herramientas, ya para informar á su
padre de los progresos de la empresa.
Durante estas ausencias Marta no parecía impaciente ni contrariada. Pascual ohservaba A la
j.:iven con una perseveranciq de gato; pesaba sus
sonrisas, acechaba sus pasos y espiaba sus miradas. Iba á la casa, en donde Ric0y residía también, con el objeto aparente de recibir órdenes
del ingeniero, mas en verdad A caza de algún indicio que confirmara sus sospechas.
Una tarde, vecina ya la noche, Pascual fué,
como siempre, en busca de Ricoy, mas halló cerrado el despacho del ingeniero. Jorge estaba
ausente y al mayordomo asaltóle la idea de pre•
sentarse de súbito en las ha hitaciones de Marta.
H allábanse en tinieblas; y a. próximo á la puerta
que daba entrada A la alcoba oyó risas y voc~s
contenidas; iba Pascual A penetrar en la estancia
resueltamente, cuando Marta, que sin du da ha•
bía oído sus pasos, sali0 presurosa á su encuen-

tro. El mayordomo, á pesar de la obscuridad que
reinaba, notó la turbación d e Marta.
- Sen.ora, dijo sin deseen cartarse, he venido
en busca del seilor Ricoy, mas no esté. en su des•
pacho y. . . . se me ocurrió .. . .
-.Aun no habré. regresado, repusu Marta, casi
trémula.
-En ese caso me retiro.
Y Pascual se marchó.
¡Ah! por fín tenía la certidumbre de aquella
intrigal Aun sin haber sorprendido aquel cuchicheo en la obscuridad del dormitorio, bastt ba el
azoramiento de la joven para delatarla. Tenía la
plena seguridad de que Ricoy se hallaba allí,
oculto tal vez tras las colgaduras del lecho, cuando él llegó ..... ¡Olll si el seflor Jorge apareciera de improviso una noche, sin que Badie se advirtiera de su llegada cr(yéndole en la ciudad,
es seguro que se verían cosas muy buenas!
Y el viejo reia á solas figurándose la sorpresa
de su amo y el espanto de los culpahles, mientras se dirigía á su casa satisfecho de ~u descubrimiento.
Entre tanto R icoy, ageno á las sospechas de
Pascual, regresaba tranquilamente del campo,
en donde aquel día un reconocimiento de nivel
habi8le detenido mAs tiempo del ordinario.
Marchaba á pie, solo, con la cabeza descubierta,
asp:ran do el perfume con que los campos saludan la noche, viendo surgir las estrellas como
chispas de oro, sobre el azul profundo y oyendo
el canto pausado de los grillos que callaban al
sentir el ruido de sus pasos.
XIII
Pasaron varios días.
Una mafiana en que Jorge, ya. de regreso, se
encontraba sentado en su deepacbo revisando
plan0s y apuntes, vió aparecer al mayordomo
que con cierto aire confuso le dijo:
-Seflor, deseo hablará solas con usted, ahora . .. ... si es posible, de un asunto tan reserva•
do, que he dudado mucho antes de resolverme á
este paso.
Jorge con mAs curiosidad que alarma, miró á
Pascual que permanecía de pie, indeciso y como
pesaroso.
-¿Qué pasa, pues? dijo. Suelta ese grave fardo
que te abroma .
- Es el caflo que estoy cierto de incurrir en el
enojo de mi am0 .... ,. Pero sien~c que mi seflor, el hijo de VultrAn, siga siendo el juguete de
sus amigos .. . .. .
-Habla claro, interrumpió Jorge con rudeza,
que entrevió de súbito la revelación que iba á
oír.
-¡Pues biPnl dijo Pascual, la seflorita Marta y
el cabdlero Ricoy se entienden .. . .
Jorge se puso densam:&gt;nte pAlido, mas, contra
lo que esperaba Pascual, mantúvose sereno.
-Es conveniente que sepas, dijo, que tus pa•
labras pueden traer serias consecuencias. Marta
no es mi esposa pero vive A mi lado, bajo mi techo, la amo, y por ella me he resignado á sepultar•
me en este destierro. En cuanto á León le conozco desde niño: pertenece á familia honorable, es
un completo caballero incapaz de faltar A la hospitalidad, al honor; incapaz, repito, de traicionarme. Recuerdo varios rasgos suyos que env:dio. Es un carácter. Si has juzgado de ligero,
guiado por apariencias ó por ex ceso de celo, reconoce tu error y te absolveré, mas si persistes ... . .. y te engallas, sabré castigarte.
-¡Tengo pruebas! ex clamó Pascual, y el seilor puede convencerse también fácilmente de
que sus . . . ... amigos saben aprovechar sus ausencias.
-Eso, en buen romance, quiere decir que
mientras yo me encuentro en la ciudad con mi
padre, Marta recibe á León .... ¿Eso dices?
-Casi estoy seguro, reapondió Pascual.
Jorge vaciló un momento, sintió que una ola
de fuego le cegaba, mas en breve se repuso y
prosiguió tranquilo casi.
-Pues no basta esa semiseguridad. Voy á
anunciar mi partida para esta tarde, y, por más
que me repugne el medio, vol veré A media noche y penetraré de improviso en esta casa. Quiero darte esta satisfacción .. .. .. á tí, que yo no
la necesito.
Pascual se inmutó.
,
- Deseo equivocarme, dijo, aun cuando sufra
el castigo.
- Tú me a compailarás. Recomiéndote el se•
creto.

Domingo 13 de Agost_o d~ 1899.
El mayordomo salió.
Entonces Jorge levantóse, echó llave A la puerta y se dejó caer sobre el sillón. JamAs ha bia
sospechado d~ Marta; la creía fiel y amant~. .Mas
ahora venían á su memoria multitud de peque•
tlos detalles á los que antes no dió importancia.
En ef¿cto. Marta no se apenaba ya por sus ausencias, le besaba friameote, con el pensamiento
muy distante, con la mirada vaga, vuelta hacia
adentr o, desligada de la suya .... . . ¡Ah! ¡no le
amaba ya!
Jorge que mieotras estuvo seguro de la posesión absoluta, exclusiva de su amada, llegó c11si
á olvidarla, ahora que se 1'~ iba, que sospechaba
de ella, sentía que su amor resucitaba, triunfan.
te, avasallador, incontrastable. ¡Sí, la amaba, la
adoraba, era suya, sólo suya, la disputaría con
su sangre! Recordaba sus noches ardientes de pasión, febriles, embriagadoras. La imagen de Marta aparecfasele núbil, desnuda, los labios sensuales y amorosos, los cabellos "áureos triunfill meote llevados sobre la gallarda cabeza, las carnes
blancas, tibias ..... .
¡Y otro hombre había bebido en a1uella á••fo.
ral otros ojos habían contemplado aquellas alburas! ¡otros labios habían desflorado aquellas gr11nael. . . .
¡No! ¡mentira! Si eso era imposible, mon truoso .. . . .. ¡Calumnia! ¡Calumnia!
Y Jorge arrojando al suelo, colérico, planos y
trazos de la futura Orbaleja, acariciados dur,.nte
tantos días, salió del aposento procurando reco•
brar la calma y se dirigió en busca de Mqrta.
La joven sentada en una chaisse-long~, contemplaba desde su balcón un punto fij" ,
Jorge cojióle la cabeza y la besó como en )os
primeros di1ts de su amor.
-Sabe, la dijo, que esta tarde me marcho; voy
á ver A mi padre.
Si en aquel momento Marta hubiera hecho el
menor esfuerzo para detenerle, Jorge habría renunciado A aquel.l a emboscada que repugnaba
á sucarActer leal; pero Marta se limitó á preguntar:
-¡.Volverás pronto?
Y Jorge creyó sorprender en la joven un estremecimiento de deseo, mientras sus ojos volvíanse á clavar en el árbol que sombreaba la
puert9, de Pascual.
Jorge siguió la línea de squel1a mirada. Bajo
el árbol, de pie, estaba un hombre.
Era Julián.
XIV
Cuando Pascual salió del despacho de J )rg•,
sintióse contrariado. Tal vez acabab'\ de cometer una torpe.:a; tenía mil indicios para sospechar de Marta y Ricoy, más ninguna prueba cla•
ra y precisa. Conjeturaba que viviendo los dos
amantes bajo el mismo techo, era natural que
aprovecharan las ausencias de Jorge para verse.
¿Mas si esto no sucedh aquella noche? ¿Si su
odio, su obsesión le habían hecho ver lo que en
realidad no existía? ¿Si todo al fío no pasaba
de un coqueteo inocente?
Pascual acabó por arrepentirse de veras de su
imprudente paso. No tenia más remedio que ape•
lar A la generosidad de Jorge que vería acaso en
su denuncia, como él mismo lo había dicbv, un
exceso de celo bien disculpable en un antig110 servidor.
Er ganchó el coéhe á la hora indicada y aguar•
dó A su amo.
Pocos momento11 después bajó Jorge acompa•
!lado de Leon.
- Con que te marchas, le dijo éste.
-Es preciso, pero regresaré muy pronto.
Jorge subió al coche y ordenó:
-¡Vamos!
.Al partir alzó los ojos al balcón. Esperaba aún
encontrar aquella cabeza ru"bia de otros días, in•
clinada, buscando su adiós.
Marta no estaba.
Entonces J orge, con el corazón o~·rimido re•
cordó la tarde en que por vez primera hablan
llegado A Orbaleja. ¡Con qué infantil alborozo
descubrieron en la llanura gris y escueta el blanco caserío!
¡Allí iban A vivir solos y felices ! ¡Qué frllail
es la dicha! Gozaba imaginando, mientras el co·
che rodab a por la polvosa carretera, que 1\farta
había muer to. Veíala muy blanca, muy pálida l.
la triste luz de los cirios e-e tarde brumosa, so·
bre alto l.:cho, con los ojos blandamente cerra·

uomtngo 13 de Agosto de 1899.

,dos, Ju manos en cruz y esparcidos los oros de
1 aa rubios cabellos ..... .
El sol iba ocultándose. En la llanura desierta
.apareció una manch11. con fosa de árboles queparecían suspendidos_ en Pl aire A 111. luz del crepús-eulo. Era la estación del ferrocarril; una simple parada de trenes.
Cuando los viajero11 lleg11.ron era de noche.
Las luces de sefia'les proyectaban sus rayos de
colores sobre las cintas de acero de la vía
-que ae prolongaban internándose en las tinieblas. El edificio de la estación alzaba su o bscura mole iluminada á trechos por la luz que se es-capaba por sus ventanas abiertas.
En las negruraP. del horizonte apareció un ojo
de fnego que crecia con asombrosa rapidez: era
un tren que se a cercaba.. Prolongado silbido que
devolvió el eco, turbó el silencio, y el monstruo
Jadeante surgió con su denso penacho de humo
como revueltas crines de dragón, salpicando de
brillante lluvfa de chispas el negro manto de la
noche,
Jorge descendió del vehículo. En aquel mo•
mento el tren llegaba, moderando su marcha. E!
Joven sintió impulsos de arrojarse bajo sus ruedas.
Jor~e penetró en la sala de espera y sentóse.
Había calculado que necesitaba. dejar trascurri:una hora antes de emprender el regreso A OrbaleJa.
¡Que larga ib'l á ser aquella espera! En pocas
horas; qué profnndu trastorno en su vida! Sufría
ia sensación de una caída inesperada, de un cho-que próximo y formidable, como si desprendido
de!ª barquilla de un globo y lanzado al vacío,
-divuara allá, en lo hondo de profunda cima la
roca erizada de aristas en que iría f .italmen~e A
-estrellarse.
Jor~e intentó sobreponerse A su dolor.
¡Cómo! él, educado en una grao capital, cono1'e~or de la inconstancia femenina, él que había
recibo y prodigado desengafl.os amorosos con esa
lige~eza fácil y de buen tono, amable y frívola, de
ilos Jóvenes calaveras y ricos, desesperábase como
un estudiante por la traición prevista de una muchacha vulgar! ¡Esto era ridículo! De tales aventuras, bien lo sabía él, era la infidelidad el desenJace obligado siempre. Se ha,bía dejado engafiar
por el candor de paloma de Marta. Era como todas: el recién llegado sería siempre el juguete
nu~v.o, p~eferido, de cascabeles de oro y colores
-de ma; mientras el antiguo, deslustrado sin brillo
tin misterios, como un Pierrot caduco,' se echa'.
ba al desván de los suetios, al olvido gastado y
~M~
,
Quíso entonces persuadirse á que lo que así le
atormentaba era el despecho por el ultraje recibido, no de la mujer, sino del camarada, del ami•

.go ..... .

Pero si esto era imposible! Cono~ía á León desde nifio; su r_ectitud, su honradez, su hidalguía
eran proverbiales; para un Ricoy la hospitalidad
era sagrado, como entre los antiguos patriarcas,
Y la amistad un culto ..... .
¡Pero entonces las afirmaciones terminantes de
Pucual, el desvío manifiesto de Marta su des-amor, ¿qué significaban?
'

EL MUNDO.

99

¿Qué tenebrosa verdad se revolvía en aquel
fondo negro, que en vano sondeaban sus ojos?

taciones del piso alto, Pascual se detuvo. Para
él sería mejor esperar el resultado á distancia, y
fué á sentarse en un ángulo del extenso patio so. .Éi -t~~~
bre un banco ele piedra.
cobrar su calma_. La noche tornábase pavorosa;
Jorge á medida que subía la escal~ra. recobranubes_ enor~es iban cubriendo el cielo y el relám- ba su aplomo; sereoóse casi. Después de todo se
pago 10term1tente incendiab11. el espacio.
había alarmado sin motivo. 11rras1rado por los re. Jorge trémulo, como si la tormenta próxima celos de un viejo idiota. ¡Qué locura!
vibrara en sus nervios, no esperó más. Volvió al
Cuando llegó al corredor; calJado y tranquilr,
coche y dijo á Pascual:
le pareció que ~odo babia sido un sue:llo. Estaba.
-¡Regresemos!
en su casa: Marta dormiría y su amigo, según su
XV
costumbre de velar largas horas, corregiría sus
cálculos sobre el plano de Orbaleja.
Habían llegado, La obscu-idAd era completa.
La noche ~eguía negra y tormentosa.
Jorge notó que su acom¡,11tian te, al abandoEl
olor de la tierra. humedecida prr las primena~ el coche, se echaba sobre el hombro su antiguo
ras gotas de lluvia llegaba en emanaciones penefn~ll de soldado que bttbfa traído oculto bajo el
trantes en 1tts ráfagas del viento. A la luz de los
asiento del pescante.
relAmp11gos surgian en la sombra los perfiles re-Será inutil, dijo.
motos de las montalias, mientras el trueno sordo
- ¡Quién lo sabe) repuso Pascual.
y constante retumbaba á lo lejos.
Cuaudo estuvieron frente á la. puerta principal
De súoito, por una de esas reaccio!les inexplide la casa, el mayordomo detuvo con u 11 i-.demAn
cables,
Jorge sintióse de nuevo acometido por
A Jorge que iba á llllmar.
la duda, y corriendo casi llegó á las habit11ciones de Marta.
.Ahora tenía la seguridad de su infortunio. Empujó una ouerta con violencia, cruzó la pieza,
Que servia de tocador Ala joven y penetró en el
dormitorio ..... .
Un grito de espanto resonó en la estancia.
-¡Es Jorge!
Jorge quedó inmóvil: era tras el vértigo de la
caída el anonadamiento del choque.
. Tuvo 1&gt;1. visión coofusr. y rl\pida en la obscurid11d de la alcoba, de un hombre que se lanzaba
d~l lecho, que se erguía, vacilaba y por fin derribAndole C!l.qi a l apartarle, ganaba la salid11..
Lll sorpresa del desastre paralizó por un mom&lt; nto sus energías.
Después precipitóse al alcance de aquel hombre; llegó al corredor, mas era tarde, el fugitivo
hab[&gt;1. desaparecido.
En aquel momento fulminó una detonación de
arma de fuego.
Jorge bajó la escalera á saltos y alcanzó en el
patio á Pascual que empufiaba aún su fusil.
-¡En dónde está! gritó.
-¡No lo sél exclamó Pascual agitado. Entreví
apenas al hombre que corría tratando de alcanzar la salida del postigo y disparé al bulto en la
obscuridad ... . .. ¡Creo que no acerté!
--¡Qué pasal-exclamó una voz, mientras la
luz de una lámpara suspendida en alto alcmbraba de improviso el negro fondo del patio.
Los dos hombres alzaron la cabeza sor- rendi~~
'
En lo alto de la escalera el ingeniero León Ricoy, de pie, con el asombro pintado en la fttz,
-Se alarmarían con nuestra llegada, dijo.-Las acabAba de aparecer.
Pascual como herido por una revelación súbitapias del corral son baj11s, puedo salvarlas y
ta, espantosa, abrió los ojos desmesurados, se
abrir el postigo pequefio que cierra por dentro.
Doblaron entonces el Angulo del edificio y avan- llevó las manos A la cabeza y tambaleándose como un loco, lanzóse en la dirección que había.
zaron un largo trecho palpando el maro.
De pr onto se detuvieron soq.. rendidos. El pos- llevado el fugitivo.
. Despué_s un grito formidable, sollozo, rugido,
tigo estaba abierto.
-Ha sido un descuido, dijo Pascual, una casua- imprecación, que salía de las sombras resonó en
la noche trágica.
'
lidad que nos ayuda.
-¡He matado á mi hijo!
-Entremos, repaso Jorge impaciente.
Al pié de la escalera que conducía á las babiURELA.

-h~bí¡ p~¿~d~; ·.;. ¡~ ·¡s~~~ió~ ~~¡;ió A-r~:
0

�Domingo 13 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

100

Dom1ngc 13 Agosto de 1899

portal de la casa Hermelingue, dela11te de una man-

LOS DIAi DE .ADVERSIDAD.

Todas las mal'ianas del afio, á las ocho en punto, en
una casa nueva y casi deshabitada de cierto barrio
de Paris, se ofan gritos, llamadas y estrepitosas risas
en el hueco de la escalera.
-Papá, no olvides la música que te he encargado.
-Papá, el estambre para bordar.....
-Papá, traenos rosquillas ....
Y la voz del padre llamando desde abajo:
- Zazá, bájame la cartera ..... .

- V aya, bueno; siempre
la estás olvidando...... .
Y era de ver el estrépito
con que subían y bajaban,
con las sel'iales del suel'io
en la cara y los cabellos en
desorden, unas cuantas nii'ias cuya algazara no cesaba hasta el momento en
que, inclinadassobre la barandilla, despedían ruidosamente á un anciano, limpio y bitm cuidado, cuya
silueta veían dE"saparecer
al final de la escalera.
E l Sr. Joyeusesemarchaba á su oficina. Entonces
todas aquellasml'ias subían
rápidamente basta el cuarto piso, y después de cerrar de golpe la puerta de
la habitación, se asomaban á 'Jna ventana para mirar
otra vez á su padre. El buen hombre se volvía de
cuando en cuando para verlas de nuevo, les enviaba
besos con la mano y las nlflas hacían lo mismo, hasta
que por fin la ventanasecerraba, y todo en aquella vivienda recuperaba su estado normal, con excepción de
los carteles y anuncios de las tiendas vecinas, á los
que el viento hacía dan~ar de un lado para otro, co~o
si ellos quisieran también tomar parte en la alegria
y la algazara de aquella casa.
Un momento después el Sr. Maianne, fotógrafo,
que ocupaba el quinto piso, bajaba para colocar en el
portal su muestrario, compuesto, como siempre, d~l
retrato del vecino del cuarto piso, rodeado de sus hijas, forD1ando diversos grupos; y después de estas escenas que se repiten diariamente, la calma se restablecí~ de repente hasta la noche, pareciendo que todo
aquel movimiento y aquella vida habían quedado encerrados bajo los cristales del muestrario, que contenía, sonrientes é im:~óviles, los retratos del padre
y de las hijas.
Desde la calle de San Fernando, hasta la casa de
banca He1•11.elinque é hijo, en donde estaba empleado,
el Sr. Joyeuse tenía por lo menos que andar durante
tres cuartos de h'.lra. Marchaba con la cabeza muy
erguida, como si temiera arrugar el hermoso lazo de
la corbata, hecho por sus hijas; y como la mayor de
ellas, siempre previsora y prudente, le_ levantab~ en
el momento de salir el cuello de la levita para evitar
que se constipara, aun con una temperatura de estufa, el Sr. Joyeuse no lo bajaba hasta llegar á su oficina.
Viudo hacía unos cuantos ai'ios, este buen hombre
no vivía más que para sus hijas, que eran su único
pensamiento, y se sentía feliz vién_dose r~deado por
aquellas cabecitas rubias que se agitaban s10 cesar en
su derredor como los ángeles en un cuadro de la
Asunción. Todos sus deseos; todos sus proyectos, se
relacionaban siempre con las hermosas nil'ias.
Como sucede siempre en las familias que han gozado de cierto bienestar pecuniario, Aliua, que era la
mayor, había sido educada en uno de los colegios de
París. Elisa estuvo también dos al'ios con su hermana, pero las dos má!I pequelias, nacidas demasiado
tarde y cuando los apuros entraron en la.casa, fueron
enviadas á uno de los colegios del barrio, en el
que poco aprendieron, teniendo, por lo tanto, que
completar á domicilio su educación. Y no era
cosa fácil en verdad, pues la más joven se reía de to-

do, rebosando salud y alegría; parPcía una alondra,
siempre en moviuiiento y huyendo á todas h?ias del
pupitre y de los libros, mientras que 1~ se:ñonta Enriqueta imbuida no se sabe cómo en ideas de grandeza, n~ gustaba mucho de estudiar. Est~ nili_a
de quince aflos, dotada de grandes facultades imaginativas, arreglaba su vida de antemano y declaraba
formalmente que se casaría con un joven aristócrat.a,
y que tendría tres hijos, un varon para conservar el
título, y dos amas pata vestir siempre ig~ales ... • • •
Si 1 eso es, decía la mamila, las vestirás iguales; pero mientras tanto, veamos si sabes lo que son participios:
La mamita era Aa11a.
-La !Jamábamos as1 cuando era pequeñita, decía
el Sr.Joyeuse, porque con su gorrita enca:ñonada y su
autoridad de hermana mayor, era tan razonable Y se
parecía tanto á su abuela, que se quedó con aquel
nomtre.
El buen viejo daba esta explicación con un tono
tal, que parecía la cosa más natural del ~undo que
ese nombre se diese á tan encantadora Juventud.
Y todos en la casa discurrían de igual modo que el
Sr. Joyeuse, pues hast.a la anciana criada llamaba
mamita á la joven, sin que ésta jamás se sintiese
molestada por ello, toda vez que la influencia de nombre tan venerable, añ-¡día á la ternura que la prodigaban, una deferencia alhagadora, dar:do al mismo
tiempo á su autoridad ideal cierto seductor realce.
Y de seguro que no se aburría. Su vida era una
continua ocup&lt;tción, que com~nzaba con el alba y
concluía hasta la noche; tenia qne alentar y sostener
á su padre, instruirá sus hermanas, ocuparse en todos los cuidados materiales de aquella casa, en la
que faltaba la madre, siendo infatigable siempre,
pero sin aparentar cansancio, cosa muy en armonía,
por cierto, con el egoísmo humano, que de este modo
se libra de todo reconocimiento y que, come contrario á todo sacrificio, apenas se deja vencer por la abnegación y el heroísmo.
.
No era la hija valerosa que trabaja para ahmentar
á sus padres, y que, corriendo desde por la mañana
hasta la noche dando lecciones, olvida en la a~itación
de su vida todos los sinsabores del hogar doméstico,
no; Alina comprendió que debía obrar de diferente
modo; cual abeja sedentaria, se aplicó á cuidar únicamente de su colmena, sin ocuparse para nada del
aire y de las flores. Llenaba mil funciones á un tiempo; modista, costurera, maestra de música, ~stltutriz y tenedora de libros, pues el sefior J oyeuse, rncapaz
de dirigir su casa, la dejaba la libre disposición de
los recursos.

'

Entre sus discípulas, la que más ocLipación le daba
era su hermana Elisa, que habiendo sido reprobada
tres veces en los exámenes de historia, se preparaba
de nuevo, •Y llena de desconfianza y de miedo, no
abandonaba el libro ni aun para comer. Pero no siendo ya una pequeñuela, sino antes bien, una joven muy
linda en verdad, no poseía la memoria mecánica de
la niñez, en la que las fechas y los acontecimientos se
graban para toda la vida. Entre mil preocupaciones,
la lección aprendida se olvidaba en un minuto, á pesar de la aparente aplicación de la alumna, que con

do ~einte veces por delante de una puerta sin entrar.
~ _s1 entraba era aguijoneado por el recuerdo de sus
-Siempre me sucede lo mismo, se dijo sonriendo h1¡as. Eeto sólo era suficiente para darle ánimo, hapasándose la mano por la frente, cubierta de su- ciéndole correr de un extremo á otro de Paris y lle1
der.
gar hasta Aubervilliers, á una gran fábrica donde le
Sentíase de buen humor por tan gratísimos pensa- hicieron ir tres días seguidos para no conseguir
mientos y por el suave ca~or que se advertía en las nada.
diversas piezas de las oficmas entarimadas, enreja¡Oh! Las largas carreras con las lluvias y las heladas y en las que se podían contar las monedas de das, las puertas que se cierran, el principal que ha
oro'sin que molestasen la vista, gracias á la escasa salido ó que está ocupado, las esperanzas perdidas, el
luz que babia en ellas por estar en piso bajo. El se- fastidio que se sufre aguardando en una antesala,
flor Joyeuse saludó alegremente á los demás emplea- les humillaciones reservadas para todo aquel que busdos se puso su saco de trabajo y su gorro de ter- ca tra.:,ajo, como si fuera una vergüenza carecer de
ciopelo negro. De repente SP. dejó oír un silbido, y el él, son cosas, en verdad, desesperantes, y el Sr. Jocajero, aplicando su oí?~ al tubo ~cústico oyó la voz yeuse experimentó todos estos sufrimientos, así cogruesa y pastosa del v1eJo Hermehngue, del mismísi- · mo el fenómeno de ver como las buenas voluntades
mo, del verdadero Hermelingue (el hijo estaba siem- se cansan y descorazonan ante la persistencia de la
pre ausente), que preguntaba por el sel'ior Joyeuse. mala suerte. Y estas an~ustias del hombre que bus¡Cómo! ¿Continuaba so:ñando? El buen h0mbre, en ca ocupación, se duplicaron para aquel pobre padre,
extremo conmovido, subió la escalerilla interior que cuya imaginación no tenía un instante de reposo.
comunicaba con el despacho del banquero, pieza esDurante todo un mes se pareció á una de esas figutrecha, muy alta de techo y amueblada cun enormes ras de movimiento que causan la alegría de los niños;
amones de cuero proporcionados á la espantosa gor- hablaba solo y gesticulaba andando por las calles,
dura &lt;!el jefe de la casa.
tropeziindo con -los transeuntes sin verlos siquiera;
Estaba allí, sentado delante de su pupitre, al que algunos se reían, pero otrGs se sentían llenos de piesu enorme vientre le impedía aproximarse; obeso, dad hacia aquel pobre anciano, poseído, sin duda, de
respirando con trabajo y tan amarillo que su faz re- una idea fija que le cegaba hasta el punto de no sadonda, con narlr. de ave de rapiña, parecía la de un ber- por dónde se andaba. Lo peor del caso era, que
buho gordo y enfermo á un tiempo, ó la de un mer- después de esas largas y crueles horas de fatiga,
cader moro, enmohecido por la humedad del patio en cuando el desdichado h ombre volvía á su casa, era
que tiene su hedionda mercancía. Debajo de sus pár- preciso que representara el papel de un empleado que
pados, que levantó con trabajo, su mirada brilló un regresa de su trabajo, que contara los acontecimienInstante cuando el cajero entró: le hizo señas para tos del día, las cosas que había oído á sus compañeque se acercase, y lenta y fríamente, con palabras ros de oficina; en fin, esas mil nimiedades que entreentrecortadas por la falta de aliento, en vez de «Sr. tenían la velada.
Joyeuse, ¿cuántas hijas tenéis?&gt; dijo:
En todas las casas y familias sencillas hay siem-Joyeuse, os habéis permitido censurar nuestras pre un nombre que se pronucia más á menudo que
1Utlmas operaciones en Túnez. Es !nútil que os los demás, que se invoca en los momentos aciagos,
disculpéis. Vuestras palabras han sido repetidas tex- que se me2.cla con todos los deseos, que alimenta totualmente, y como no me place ser censurado por mis das las esperanzas y hasta va unido á los juegos de
empleados, os advie1 to que desde fines de este mes los niños, quienes también se penetran de su impordejáis de formar parte de mi casa.
tancia; un nombre que representa el papel de segunUna oleada de sangre subió á la cara del desgra- da providencia, ó más bien dP. un Dios las que diridado cajero, que se fué, volvió y revolvió sin saber lo ge todo en la casa. Ese nombre es el del principal,
que hacía, pues su cerebro se llenaba de tumultuo- del director de una fábrica, del propietario, del mi808 pensamientos.
nistro, del hombre cualquiera que sea que úiene en
¡Sus hijas!
su mano poderosa la existencia y la felicidad del
¿Qué iba á ser de ellas?
hogar.
En la familia Joyeuse era Hermelingue, siempre
¡Las colocaciones son ta11 raras en esta época del
Hermelingue, el nombre que se pronunciaba veinte
afio!
La miseria se le representó en seguida, y se veces al día en la conversación de las nii'ias, quienes
veía ya desgraciado, cayendo á los piés de Her- le asociaban el! todos sus proyectos y hasta á los más
mellngue, suplicándole, amenazándole y hasta co- minuciosos detalles de sui, femeninas ambiciones. 1:Si
giéndole por la garganta en un acceso de dese1,pe- Hermelingue quisiera ...... Todo depende de Herración y de ira. Todas estas impresiones ;.asaron por melingue. &gt;
Nada era más encantador que la familiaridad que
su cara como el viento que riza las aguas de un lago,
dejando en él muchos abismos movibles, pero el po- usaban nuestras muchachas hablando de aquel ricabre viejo se quedó mudo, de pie en el mismo sitio, y chón á quien jamás habían vi1&gt;to.
PregunLaban por él ...... Si su padre l~ había hacuando oyó que su principal le decía que podía retiblado, si tenía buén humor. . . . . . ¡Y pensar que torarse, bajó tambaleándose á trabajar en su caja.
Por la noche, al volverá su casa, el sefior Joyeuse dos, por humildes y agobiados que nos veamos por
nada dijo á sus hijas. No se atrevió. La idea de el destino, tenemos en inferior esfP.ra á otros pobres
entristecer la radiante alegría que reinaba en su ho- seres más humildes y más agobiados aún, para los
gar, ver llenarse de lágrimas los lindos ojos de sus cuales somos grandes, somos dioses, y para quienes
queridas niñas le p:i.reció insufrible, y además su ca- aparecemos indiferentes, desdefio~os y crueles! ..... .
Pueden figurarse nuestros lectores el suplicio que
rácter tímido y débil le empujaba ádecirse: «Esperemos hasta maliana.&gt; Esperó, pues, para hablar, pri- sufría el buen señor Joyeuse, obligado á inventar
mero á que acabase el mes de Noviembre, halagán- episodios y anécdotas sob,e el miserable que le había
dose con la vana esperanza de que Hermelingue mu- despedido con tanta ferocidad después de diez afias
daría de parecer, como si no con0ciera la voluntad de leales servicios; sin embargo, representaba su
firme y tenaz de aquel ser, especie de molusco; y lue- pequeña comedia con tanta naturalidad, que engago, cuando cobró su sueldo y vió que otro cajero se ñaba á todos. Sus hijas no notaron más que una cosa,
sentó delante del alto pupitre que babfa ocupado tan- y es que, cuando vol vía á S'G casa por la noche, coto tiempo, palpó la realidad y se resignó, esperando mía siempre con gran apetito. ¡Era natural; desde
encontrar pronto otro empleo que le permitiera no que perdió su colocación el pobre hombre no almorzaba por la mañana!
tener que confesar su desgracia.
Los dfas pasaban, y el selior Joyeuse no encontraTodas laJ! mafianas fingía irse á la oficina, se dejaba arreglar como siemp1e, partía. llevando su gran ba nada, como no fuera una colocación en la Ca-ia Tecartera de piel debaj(l del brazo, conteniendo lo:, nu- rritorial, que rehusó porque, estando muy al corrienmerosos encargos ,que le hac:ían sus hijas, pero que . te de las operaciones de banca en general, y en partiolvidaba á propósito en su mayor parte, no porque cular de la mencionada Caja, prefería morirse de
le fal~se tiempo, pues pasábase todas las horas de hambre á entrar en una casa falaz, de la que tal vez
traba¡o recorriendo Paris, sino á causa del problemá- tuviera que examinar como perito los libros ante los
tico fin_ de mes. No dejaba de andar en busca de una Tribunales.
colocac1ón, y si bien le daban excelentes recomendaContinuó, pues, corr!endo; pero lleno de desalienciones, ese terrible mes de Diciembre tan frío, de to, no buscaba ya nada. Como para que sus hijas no
días tan cortos, lleno de preo1.mpaciones y de gastos, se enterasen de su desgracia t enía precisión de pai.ar
es el peor para colocarse, porque los empleados, y el día fuera de su casa, se paraba delante de los escatambién los jefes de oficinas, procuran concluir el parates ó se apoyaba en el pre~il de los puentes miano con t~anquilidad, dejando para Enero los cam- rando correr e l agua ó descargar las barcas en los
~08 Y meJoras que piensan introducir. Por todas par- muelles. Estaba ya clasificado en el número de desoe~ donde el señor Joyeuse se presentaba, adver- cupados que se encuentran en primera fila cuando sutfa cierta f rialdad desde el momento en que roanífes- cede algún percance en la calle, que se resguardan
taba el objeto de su visita.
.
de los chubascos debajo de los portales, que se acer-¡Hombrel ¿No estáis ya en casa de Hermelingue? can para calentarse á cualquier lumbre que ven huCó
¿ mo es eso?
mear en la vía pública ó se dejan caer en uno de los
El pobre anciano expl:caba la cosa lo mejor que boulevares al sentirse fatigados. 1Qué pesada se le
podía. Un capricho de su principal, de ese feroz ban- iba haciendo ya la vida! ....
ludelrto á quien todo París conocía; pero notaba mucha
Algunos días, no muchos, cuando el Sr. Joyeuse
n erencla y hasta cierta desconfianza en esta res- estaba por demás cansado ó el tiempo era demasiado
Puesta uniforme:
malo, esperaba en la es:¡uina á que sus niñas cerra..,T -Volved por aquí después de las fiestas de Afio sen la ventana, y volviendo á su casa arrimado á la
.1.,uevo.
pared, subía la escalera muy aprisa, pasaba, deteu!totímido por carácter, hubiera llegado hasta el niendo el aliento, por delante de la puerta de su
P
de no presentarse ya en ninguna parte, pasan- cuarto y se refugiaba en casa del fotógrafo Andrés

para, en la que se leía «Caja&gt; en letrus doradas.

Lf\ Ff\MILlf\ JOYBUSB.
los ojos fijos en el texto, Jc,s. rubios ri~os rozando laa.
páginas y su linda boca moviéndose srn cesar, repetía: «Luis, llamado el Testarudo, 1314- 1316.-Fellpe v, el Largo, 1316- 1:!21 .... 1322.. . . ¡Ah! mamita, estoy perdida. J~más lo sabré.&gt;
,
Entonces la mamita se acercaba, la ayudaba á fiJarsu espíritu y á conservar en su memoria algunas de
estas fechas de la Edad Media, dándole al mismo.
tiempo alientos y valor.
, .
.
y en los intervalos de aquellos mult1ples trabaJos.
y de una vigilancia general y constante, hallabasiempre tiempo para ejecutar muy lindas labores, sacando
de alguna canastilla un bonito encaje de crochet, ó
aJc-ún bordado en cafiamazo, pues aunque estuviese
hablando, nun;a se veían ociosas sus infatigables manos.
Mientras tanto, el padre de nuestras niilas iba i .
su oficina constantemente; pero influido por el cariño de sus preciosas hijitas, más que en las ocup~lo•
nes de caja, pensaba en ellas y formaba de contmuo.
miles de proyectos, relacionados todos con la futura.
prosperidad de sus adorados ángeles.
Su imaginación, siempre activa, le hacía divagar muchas veces, ddndo á su fisonomía una expresión calenturienta que hacía contraste con su correcta apariencia de empleado.
¡Y cómo caminaba su fantasía y crecían sus ilusiones!
Una mafiana, Labiendo dejado su casa á la hora y
en las circunstancias de costumbre, empezó, después.
de volver la esquina de la calle de San Fernando, á.
forjar una de sus frecuentes novelas íntimas. Seacercaba el fin del afio, y tal vez la vista de algún
puesto de esos que se improvisan en la vía pública,
le hizo pensar en el afio nuevo y en los aguinaldOll..
En seguida la palabra gratificaci6n se presentó á sa
espíritu, dando pá?ulo á sus quiméricas ilusiones.
En el mes de Diciembre, los empleados del ban•
quera Hermelingue recibían doble sueldo, y es cosa
sabida que en casa de los empleados, esto sirve debase para mil pre'lcupaciones másó menos ag,adables,
tales como regalos que hay que hacer, muebles qu&amp;
renovar, ó bien guardar alguna cantidad en el fondo.
del cajón para casos imprevistos. ,
El sefior Joyeuse, habiendo perdido una pequelia.
fortuna, no estaba sobrado de dinero, y aun cuando.
la mamita llevaba el timón de la casa con mucha cordura, no habían podido hacer ninguna economía. El
buen nombre se figuró que en el afio presente la gratificación había de ser mayo,·, á causa del aumentode trabajo que ocasionaba un empréstito tunecino,
que constituía un magnífico negocio para sus principales, y tan bueno, que nuestro cajero habíase permitido decir en la oficina que la casa Hermelingue 6híjo, habío. trasquilado demasiado á los turcos .. ..
- Sí; seguramente la gratificación será doble, pensaba el pobre hombre prosiguiendo su c.i.mino.
Y se figuraba ya estar, no obstante faltar todavía
un mes, subiendo con sus compalieros para la visita..
de año nuevo, la escalerilla que conducía al despacho
del banquerq; que éste les anunciaba la buena nueva,
y que luego le detenía á él para hablarle en particular, y no obstante ser habitualmente tan frío, se volvía a!ectuoso, paternal, hasta comunicativo, y l&amp;
preguntaba cuántas hijas tenía.
-Tengo tres .... no, me equivoco; cuatro, sefior
barón. Siempre me confundo. La mayor es tan razonable ....
-Querría también saber su edad.
-Alina tiene veinte años, señor barón. Es la ma•
yor . ... luego viene Elisa, que se prepara para s1J
examen, de dieciocho afias. . . Enriqv.eta cuenta ya
catorce, y Zazá doce.
Ese nombre de Zazá divertía mucho al señor barón, que quería conocer todos los recursos de aquella
interesante familia.
-No tenemos más que mi sueldo, sei'ior barón; no
contamos con otra cos:1.. Tenía algún dinero ahorra•
do; pero la enfermedad de mi muJer y los estudiosd&amp;
las nli'ias . ...
-Lo que ganáis no basta, mi buen Joyeuse ...
Aumento vuestro sueldo en mil pesetas mensuales.
-¡Oh, sefior barón! es demasiado.
Nuestro buen hombre, dijo estas últimas palabras.
en alta voz casi al oído de un guardia, que miró con
desconfianza á aquel hombrecillo que gesticulaba Y
hablaba solo; pero el pobre sofiador ne volvió á la
realidad, sino que continuó edificando sus casiiillo:1 eD
el aire, considerando cómo llegaba á su casa y anun•
ciaba á sus hijitas la feliz nueva, llevándolas después.
al teatro para festejar aquel dichoso día. ¡DloiJ mío,
y qué hermosas eran las selioritas Joyeuse, qué ra·
millete tan lozano formaban en la delantera de su,
pal0ol Luego, al día siguiente, le pedían las dos ma•
yores para casarse con.. . . Imposible le fué averl·
guar con quién, pues en aquel instante se halló en

e•

EL MUNDO.

101

•

Maranne que, estando al corriente de su infortunio,
le acogía con la compasión que todo desdichado siente para sus iguales El l::ir. Joyeuse permanecía muchas horas en el taller de su vecino, hablando en voz
baja, leyendo, ó mirando caer la lluvia encima de los
tejad:,s. Debajo de él oía á veces la risa de sus nifias,
la lección de música que daba la mamita, el tic-tac
del metrónomo, en una palabra, todos aquellos ruidos que le alegraban el corazón.
El cándido Maranne le distraía hablando de sus
esperanzas, pues trabajaba para el teatro y nadie en
la casa nueva dudaba del futuro éxito. La fotografía
prometía escasos beneficios, pues los clientes eran
muy pocos, y los que pasaban por la calle no iban
dispuestos á retratarse; pero el joven Audrés con los
inagotables recursos de su imaginación, explicaba sin
amargura la indiferencia del público, unas veces diciendo que la estación no era favorable, otras que todo el mundo se quejaba del mal estado de los negocios, y concluía siempre con estas consoladoras palabras:
- ¡Ah! Cuando consiga que pongan en escena mi
Revuelta!
Re1JUelta era. el título de una comedia suya, en 'l_Ue
trabajaba hacía seis meses de día y de noche, y que
le había hecho sufrir con paciencia los fríos del invierno, bien rudos por cierto. Allí, en su estrecho
taller, 1,e le aparecían tudas los personajes de su obra
y se creía transportado á la sala de un teatro lleno
de luz y con todo el lujo de las decoraciones; oía el
tum_ulto glorioso de su p_rimera representación, y la
lluvia que azotaba los cnstales, el viento que silbaba, las maderas de las ventanas pegando contra la
pared, se le figuraban los aplausos de los espectadores. Y no era sólo gloria y dinero lo que esperaba de
esa bienaventurada comedia, sino otra cosa rrlás preciosa aún, una coisa de la que no se atrevía á hablar
toda.vía al padre de familia, pero que mamita sabía
y la seliorita Elisa no Ignoraba.
'
Cierto día, durante la ausencia de Andrés, el sefior Joyeuse, estando solo en el taller, O.)'Ó dos golpecit?s dados en el techo del piso cuarto, dos golpes con
un mterval~ muy i!istl_ntos. La intimidad del fotógrafo
con ous vecrnos autorizaba aquellas comunicaciones·
ma~ ¿qué significaba? ¿Cómo responderá aquella es:
pec1e de llamada? Pero el cesante ~epitió los go,pes
al azar, y todo quedó después en silencio.
C_uando el fotógrafo volvió á su casa explicó á su
vec100 aquel hecho de la manera más 1,encilla, diciéndole que algunas v~ces, durante el día, las nii'ias, que
no veían nunca al Joven hasta la noche, se informaban de si tenía trabajo, y aquellos golpes querían decir: «:¿Cómo andan los negocios hoy?&gt; A lo que el
señor Joyeuse había contestado sin saberlo: «No del
todo mal.&gt;
Aun cuando Maranne se puso muy encarnado al
dar semejante explicación, el buen anciano lo -:.reyó
sin la menor duda; pero la idea de esas comunicaciones frecuentes entre las dos casas le diü miedo
en cuanto al secreto de Ru situación, y desde enton.
ces se abstuvo de lo que él llamaba «sus días artísticos.&gt;
De día en día sus angustias crecían pareciendo
ahogarle, porque el momento crítico se acercaba en
que no podría disimular más, pues el fin de mes llegaba juntamente con el fin de año.
Paris iba tomando ya su fisonomía característica
de las últimas semanas de Diciembre única fiesta
nacional que ha conservado hasta aho~a el respeto á
la conmemoración del Año N uevo.
Desde los primeros días de este mes una infinidad
de nii'ios se desbanda por toda la ciudad viéndose por
doquier carros llenos de tambores dor~dos, caballos
de madera y Juguetes de todas clases. En los barrios
industriosos, en todos los pisos de las casas de aquellos antiguos palacios del Marais, tan altos de techo

�_ Domingo l 3_Agosto de 1899

EL MUNDO.

DomlnJ¡'O 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.
102
y con magestuosas puertas de dos hojas, es mucha. la
gente que se pasa las noches manejando gasas, flores
y lentejuelas; poniendo rótulos sobre bojas de papel

satinado y e@.COgiendo, marcando, embalando aquella
variedad de juguetes á los que París da el sello de su
eleJlancia.

Luego los ef;caparates se adornan; detrl\s de los
grandes cristales se admiran los doraCos adornos de
los libros de aguinaldos amontonados y brillando á
1a. luz del gas, las telas de colores variados y tentadores arregladas con arte por la!-'i llndi-1S jóvenes dependientes de los almacenes, mientras que otras, artísticamente peinadas y coquetamente ataviadas,
llenan saquitos con bombones, que caen dentro como
una lluvia de perlas.
Pero, enfrente de ese comercio burgués, resguardado detrrui de aquellos ricod e8caparates, se instala
la industria im¡,rovisada de esas barracas de tablas,
cuya doble fila da al boulevard el &amp;€pecto de un vasto campo de feria, y allí es donde se desarrolla el
verdadero Interés y la poesía de los ag-ulnaldos.
Por lo regular, el seilor Joyeuse formaba parte de
ese tropel de gente que circula por entre dichos puestos con dinero en los bolstllos y paquetes en las manos. Corría de un lado á otro en companfa de la mamita, buscando los regalos para las demás, y se detenta
delante de aquellos comerciantes de ocasión que se
conmueven en presencia de un comprador y que, no
teniendo costumbre de vender, creP.n realiz~r en unos
cuantos días ganancias extraordinarias. ¡ Y sun de
oír los coloquios y reflexio;.3es que se entablan entre
unos y otros!
Aquelailo ¡ay! nadasucederfa. El pobres~f'lor vagaba melancólicamente por la ciudad llena de regc.cijo,
más triste y descorazonado viendo la actividad que
le rodeaba, tropezando como todos los que impiden
la circulación de las gentes activas, y cun el corazón
lleno de una continua angustil.1., pues bacía algunos
días que en la mesa, mamita bacía alusionP:s significativas á propósito de los aguinaldos. Así es que el
anciano huía cuanto podía de encontrarse á solas con
ella, y la prohibió terminantemente que fuera á buscarle á la oficina. Pero, á pesar de todos sus esfuerzos se acercaba la hora fatal en que el mister~o se
haría Imposible y en que su pesado secreto stría descubierto.
Una noche la familia Joyeuse se hallaba reunida
en la salita, en que babia dos magníficos sillones, muchas labores de crochet, un plano, dos lámparas cár•
cel con sus pantallas verdes y un estante de figuritas
y caprichos de porcelana.
La verdadera famllla se balla entre los humildes.
Por economía no se encendía más que un ruego en
toda la casa y una sola luz, alrededor de la cual todos se agrupaban detrás de su antigua pantalla, que
representaba escenas nocturnas sembradas de puntos
luminosos que fueron otros anos la admiración y la
alegría de todas aquellas muchacbas en su niíiez.
Destacándose dulcemente entre las sombras de la
habitación cuatro cabezas jóvenes, rubias unas y morenas otras, que se tnc11naban sonrientes ó aplicadas
á su labor debajo de la luz, que parecía alimentar
la llama de sus miradas y acrecentar la brillantez
de su juventud debajo de sus tersas trentes; abrigándolas, preservándolas del frío que bacía fuera de
aquel santuario, de los fantasmas, de los engai.los,
de las miserias y de los terrores, de todo lo que hay
de siniestro, en fin, en una noche de invierno part.
siense en el fondo ,de un barrio desierto, ó poco menos.
Así reunida en una plececita en los altos de la casa deshabitada, en una atmósfera templada, én un
interior bien cuidado y confortable, la familia Jo-

...

algo cortado. El recién llegado explicó, sin embargo,
con mucho.claridad, el motivo de su visita. Iba recomendado por el anciano Passajon, amigo del senur
J oye use, para que éste le pusiera al corriente de hl
contabilidad, pues un conocido suyo estaba compro.
metido en un negocio en comandita, que no acertaba
á examinar. El jovenqueril\ servir ásu amigo enterl\11..
dose del empleo de los capitales y de la rectitud d•
las operaciones; pero era abogado, y por lo tanto se
hallaba poco al corriente de las operaciones financie..
ras, y, en consecuenc1a, deseaba preguntar al sellar
Joyem,e ¡;;f no podría, durante algunos meses, dirl~
tres ó cuatro lecciones á la i,emana
-Si, senor, si ...... murmmaba el infeliz, atur..
dido por tan inesperada suerte. Me encargo de pone.
ros perr.ectamente apto en pocos meses para quepodáis llevar dichas cuentas. ¡Adónde tengo que Ir ,
dar la lecclón1
-Aquí, si lo tenéis á bien, respondió el joven,
pues me conviene que nadie se entere de que meoou..
po en este trabajo. Solamente seotirfa mucbo que
cada vez que venga sucediera lo que esta noche, ea
decir, que todo el mundo huya cuando llegue yo.
En efecto, á las primeras frases pronunciadas por
el joven, las cuatrc mucbacbas habfan desaparecido,
charlando en voz baja, dejando vacía y triste la salita,
tan alegre antes.
Siempre muy desconfist.do cuando se trataba de 808
bijas, el buen padre contestó que sus nli'ias ten(an
por costumbre recogerse temprano, y esto rué dicho
con un tono tal, q ne signi flcaba claramente: cOs ruego que hablemos de nuestras lecciones.&gt; Y se trató
entonces de los días y de las horas útiles de la DO•
yeusE. parecía vivir en un nido en la cima de un árbol cbe.
En cuantoá.lascondiciones, el anciano las dejaba,
muy elevado. Se cosfa, se lt'fa y se conversaba. Los la decisión del alumno.
únicos ruidos que se oian eran el chisporroteo de la
El joven fijó una cantidad.
Jei'ia en la chimenea, ó alguna exclamación del paEl senor Juyeuse se puso muy encarnado; aquella
dre, algo retirado del círculo y como perdido en la suma era lo que ganaba en casa del senor Hermesombra ocultando su ansiedad. Se figuraba que, hallándose ya ea la nec~idad absoluta de confesará sus llngue.
-¡Oh! no, exclamó; es demasiado.
bijas su apurada situación, aqueJla noche, ó á más
Pero el joven no le oía ya; buscaba un medio, abría
tardar al día siguiente, la Provldenc!a le enviaría un la boca para hablar y se detenía como si tu viera que
socorro inesperado. Es fácil, se decia, que Herme- decir algo muy ditfcil de pronunciar, y, por fin, de
língue, a.rrepeotido, me mande, como á todos los que pronto, alargándole la mano:
han trabajado en el empréstito tunecino, su gratifi-He aquí, dijo, el primer mes de vuestros hono•
cación de Diciembre. 8erá un elegante lacayo quien
rarios.
la traiga y diga: e De parte del señor barón.&gt; Como
-Pero, caballero ..... .
el Infeliz soflador dijo estas palabras en alta voz, las
Mas el discípulo insistió diciendo que no tenl a el
lindas caras de sus otila,, se volvieron riendo hacia honor de ser conocido, y que, por consiguiente, er,
él, y el desgraciado vol vló de pronto á la realidad.
justo que pagase adelantado. El señor Joyeuse co w1Ohl 1Cu1n pesaroso estaba de no baberlo conlesado prendtó que Passajon había enterado al joven de
antes, pues tenía ahora que destruir de repente la su precaria situación, y dijo á media voz y muy contranquilidad que reinaba á su alredepor, encontrán..
dose sin fuerzas para conservar y para defender la fe- movido:
-¡Gracias, oh, mil gracias!
licidad de su lamillal Y delante del lindo grupo tan
Ya tenía para vi vlr algunos meses, y con tiempo
alegre y seductor, se veía acosado por remordimien- para buscar un nuevo empleo, sus hijitas no carecetos tan punzantes para su alma débil, que su secreto rían de nada y podría comprarles los tandeseadosagul·
. iba á escapársele, cuando un campaniJlazo, nada qui¡Ob Providencial
mérico, hizo estremecer á todos y detuvo el secreto, caldos.
-Pues bien; hasta el miércoles, sei'ior Joyeuse.
pronto á ser divulgado.
-l rasta el miércoles, señor ... •. . .
¿Quién podía llegará tales horas? Vivían tan ais-De Géry. Pablo de Géry.
lados desde la muerte de la madre, que no visitaban
Y ambos se separaron, encantados, deslumbrados,
á nadie. Cuando Andrés Marenne venía á pasar un
uno por la Inesperada aparición de aquel sal'\"f:Ldor,
rato en su compafiia, llamaba familiarmente con la el
el
e~ro
el admira.ble cuadro, que apenas había tnmano, como aquellos para quienes la pu~rtaestái;;iem- t~ensto,porformado
por toda aquella juventud te mepre abierta. On profundo silencio reinó en la salita moa agrupa.da alrededor
mesa cubierta de llmientras que en la puerta del cuarW se oia una ani- bros1 cuadernos, madejas,dey la
que tenía tal aire de pu•
mada convesaclón, y por fin la anch,na criarla hizo
entrar á un joven completamente desconocido, que reza y de honradez 1 que bacfa. desear \'ivlr en aqutl
se detuvo admirado en la puerta, delante del lindo tranquilo hogar.
ALFONSO DA UDET.
cuadro que formaban las uiñas alredE':dor de la mesa,
lo que fué causa de que se presentara con timidez y

;~,"
- -=-.....:...

-.-

-.-·::::~½::'

--·

EN EL PARQUE.

�Domingo 13 de Agosto de 1899.

=

EL MUNDO.

104

Domingo 13 de Agosto de 1899.

Las ejecuciones recientes me traen á. la memo•
ria !a siguiente hii.toria:
.
Aquella noche, 5 de Junio de 1864. á las siete,
el Doctor Edmond Desiré Couty de La Pomm?·
rais, recientement~ trasladado de l_a C.:.nsergen~
á la Roquette, estaba sentado, meudo en la cam1•
sa de fuerza en la celda de los condenados á
muerte.
.
..
ªl
Taciturno, con los OJOS fiJos, se acodaba e~l ~
reFpaldo de su ~illa; una bujía sobre la mesa i U·
ml·oaba la pali'dez de su rostro frío. A dos pasos

.

un guardián, de pie, pegado al muro, lo observa•
ba con los brazos cruzados.
.
Ordinariamente los prisionerose_on obhgados á
un trabajo cotidiano, de cuvo salar10_descuent~ el
administrador desde luego, el precio del ataud,
que no le _sumini~tra: Sólo l?s condenados á.
muerte no tienen mrgun trab··JO.
.
El prisionero esta b ~ i~pasible, no se leia en
su mirada ni esperenza m temvr,
.
Treinta y cuatro ailos, moren~, de med_iana
estatura, las sienes canosas, la mirada ne~v1osa,
semivelada, frente de razonador, 1~ voz f~rme Y
breve, las manos sa.turnianas, la f1sonomia nor1 d e las gentes estrechamente correctas, las
ma
maneras de una distinción estud'iad a¡ asi. era co•
mv aparecía.
(Se recuerda que en las sesiones e.el Sena, no
habiendo podido borrar el d~fensor.-~. _Lacbaud-de la concienci:l de los Jurados, e, ~nple
t fecto producido por los del:&gt;at~s! la~ conclusiones
del Doctor Mardieu y la reqms~toria de ~ - Osallée M. de La Pommerais, co11venc1do de
car de •V
'
f.
'd
haber administrado, con un m _to_rci. o Y con
premeditación, dosis mortales dedlgitalma á u~a
seilora amiga suya-la seilora d~ P~mo, babia
oído pronunciar contra él, en aplicación de los
arts. 301 y 302 dt,l Código Penal, la pena de
muerte).
. •
b
·
Aquella noche, como de Jum_o, ign~ra a aun
la negación del recurso de casación,. as1 c~~o la
repulsa de toda audiencia ~e gracia solicitada
or sus parientes. Apenas si su dtfensor, má.s fe·
iiz había sido escuchado distraídamente por el
E~perador. El venerable abate Cr~ze~, que an•
tes de cada ejecución, agotaba sus suplicas en las
Tullerías había vuelto sin respuesta. Conmutar
la pena de muerte en semejantes casos, ¿n_o era
aomo abolirla? ¿El easo era eje~plar? Habien_d?
sido rechazado e! recurso y debiendo se~ not1fi.
cadodeun momento á otro, el Sr, Hendre1ch acabRba de ser requerido para q11e entregara al condenado el 9 á. las cinco de la mailana.
.
Súbitamente un ruido de culatas de fusil sonó
sobre las baldosas del corredor; la ~erra.dura re•
chinó pesadamente, la puerta se abnó, las bayo-

~-ªº ,

*
**
Velpeau aquel año entraba en
los sesenta. En el apogeo de su renombre, heredero del sillón de Larrey en el Instituto, primer Profe•
sor de clínica de París, y por ous
obras todas de un rigor de de•
ducción tan preciso, una de ~as
lumbreras de la ciencia patológica
alltual, el ameritado práctico s~ im•
ponía ya como una de las emmen•
cias del siglo.
Dspués de un frio. momento de
silencie-.
- Sefl.or, dijo, entre médicos. se
debe evitar inútiles condolencias.
Por otra parte, una afección de la
próstata (dela qu e seguramente debo morir dentro de dos ailos ó dos
y medio) me coloca también con a_l.
gunos meses de plazo entre el DU·
mero de los condenados á muerte.
A los hechos pues, y sin preámbul~s..
. .
-Entonces, según vos, doctor, m1 situaciónJU·
dicial es .... desesperante?
-Eso se cree, respondió sencillamente Velpeau.
-¿Se ha fijado mi hora?
-Lo ignoro, pero como na_da se ha convenido
Púo á vuestro respecto, podéis seguramente contar con algunos días.
La Pommerais pasó sobre su frente fría la
manga de su camisa de fuerza.
_ Sea estaré dispuesto. Lo estaba ya, y lo
' será lo meJor.
.
má.s pronto
-NO habiendo sido rechazado vuestro recura~,
por ahora al menos, repuso Velpeau, la pro~o.sición que os voy á hacer no es má.s q~e co~d1c10 ·
nal. Si tenéis buena suerte, tanto meJor. Si no ....
El gran cirujano se detuvo.
-¿Si no? pregu ntó la Pommerais.
Velpeau, sin responc.er,
sacó de su bolsa un pequefto estuche, lo abrió, sacó
la lanceta, y rasgando la
camisola en el puilo izquierdo apoyó el corte en
el pulso del condenado,
-Seftor de La Pomme•
rais &lt;lijo, vuestro pulso me
rev;la una sangre fría , una
firmeza rara. La diligencia
que cumplo cerca de vos (y
que debe man~enerse secre•
ta ) tiene por º?j~to una especie de ofrecimiento qu~,
aunque dirigido á. un médico de vuestra energía, á un
espíritu templado en las
convicciones positivas de
nuestra ciencia, y desprovisto de todo temor fantá.stico de
muerte, p~dría parecer de una extravagancia y una _decisión criminales. P&amp;o creo que sabemos quiénes
somos y espero que lo toméis e? consi~eración
por extrall.o que os parezca á. primera vista.

!ª

hoque como la simple lesión de las vértebras
c 8 pr~du~e la insensibilidad atéxicq¡ y luego,
separ11ción misma de la cabeza, la cisión de
espina dorsal, la interrupción de las relaciones
orgénicas entre el corazón Y_ el_ eerebro, no bastaría A paraJizqr en lo más mtlmo del ser huml\no toda sensación, aun vaga, ~e dolor? Impoi¡ible, inadmisible, y vos lo sabéis tanto como yo.
-Lo espero al menos más que vos, seftor, respondió La Pommerl\i~. ~ero, n_o es en realidad un
gr11nde y rápido sufrimiento fJSico (apen.1s concebible en el desarrollo sensorial y velozmente
abogado por la invt1sora ascendencia de la muer•
te) no es eso, digo, lo que temo, sino otra cosa.
-Tratad de formularlo, dijo Velpeau.
-Escuchad, murmuró La Pommerais, después
de un silencio; en di-finitiva los óreanos de la
memoria y de la voluntad (si están circunseritos
en el hombre en los mismcs lóbulos que hemos
comprobado en ...... el perro, por ejemplo,) esto!' órganos, digo, son respetados por el paso del
cuebillo.
Hemos rechazado ya demasiado equívocos
precedentes, tan inquietantes como incompren&amp;ibles para que me deje persuadir tan fácilmente
de Ja inconsciencia de un decapitado. Según las
leyendas, ¿cuántas cabezas, in terpelad11s, han
vnello su mirada hacia quien las interpelaba?
¡,memoria de los nervios? ¿movimientos reflejbs?
Vanas pnla bras.
¿Ot acordáis de la c11 beza de aquel marinero
qu6 en la clítica de Brest, nna hora y cuarto
de,pués de la degollación, cortaba en dos. con
un movimiento de mandíbulas-tal vez voluntario-un lápiz colocado entre ellas? Para no escoger més que este ejemplo, entre mil, la cuestión
&amp;Prfa aquí saber si es ó no el yo de este hombre
el que después de la cesl\ción dfl la hematosis
impresionó los músculos de su c11bflz11. exangüe.
-El yo está en el conjunto, dijo Velpeau.
-La médula espinal es la prolongación del cerebelo, respondió La Pommer11is, y siendo 11sí,
¿dónde está el conjunto sensitivo? ¿Quién podrá
revelarlo? Antes de ocho días, ciertamente yo lo
h•bré aprendido . . . . y olvidado.
-De vos d epende tal vez que la humanidad
sepa la verliad sobre el caso, respondió lenta•
mente Velpeau. los ojos sobre los ojos de su in•
terlocutor .... Y hablemos francamente, á. esto
,18 1\ lo qu11 he venido.
• He sido enviado ante vos, por una comisión de
nuestros més eminentes colegas de la Facultad de
P11rís, y mirad mi pase del Emperador. Contiene
podtrts suficientementó extens-:&gt;s para prorrogar
en caso ni:cesario la orden misma de vuestra ejee11eión.
-Explicaos, porque no os comprendo, respondió La Pommerais turbado.
-Sellor de Li Pommerais, en nombre de la
Cieneill 4ue nos es tan cara y que no cuenta ya
entr11 nosotros con mértires magnénimos, vengo,
(en l!i hipó:esis, p1ir1t mí más que dudosa, de que
f11er!l praetic¡¡ ble alguna experiencia convenida
entre nosotroP) á recl,1m11r de todo vuestro ser
la mayor suma de energía y de intrepidez que
Be pneda esperar de la especie humana. Si vuest~o recurso de gracia es rechazado, encontr1uéis,
siendo médico, un asunto interesante en esta su•
prema operación. Vuestro concurso, sería pues
1neatimable en una tentativa de comunicación,
aquí. Ciertamente, por grande que sea nuestra
buena vol.untad, todo parece afirmar de antemano el resultado negativo; pero en f in, con vos,
(siempre en la hipótesis de que esta experiencia
Do sea absurda en principio) ofrece und probabilidad sobre diez mil de derramar una luz milagrosa, por decirlo así, en la Fisiología moderna, La ocasión, pues, debe aprovech, rse desde
l11ego,_ y en el caso de un signo de inteligencia
Victoriosamente cambiado des pué¡ de la ejecución, dejaríais un nombre cuya gloria científica
borraría para siempre el recuerdo de vuestra fal-

q:fa

E,L, SEORETO DEL Of\Df\L,80.
net11s brillaban en la penumbra y el Dire~ter de
la Roquette, el sefl.or Beauques~e_, apareció sobre
el umbral acompailado de un visitante
El sellor de La Pommerais, levantando la ca?~·
za, reconoció á. la primer ojeada, en aquel visi·
tante al cirujano Armand Velpeau. .
.
A una seilal desapareció el guardiá.n Y retirado
á su vez el seil,r Beauquesne. después de una
da resent11ción, los dos colegas queda.ro~ de
mu t p los de pie en frente uno de otro y vién·
pron
nose f1Jamente.
.
·1
.
eña·
La Pommerais, en s1 encio, s
·
ló al Doctor su propia silla Y en se•
guida fué á sentarse en ese cam~s\
tro donde los que llegan á. dormir•
se sondespertados á la vida en ID?·
dio de un sobresalto. Como se._v?1 ª
apenas se aproximo el gran cll_mco
al enfermo para observarlo meJory
poder piaticar en voz baja.

EL MUNDO.

73

- Contad con toda mi atención, seilor, respondió La Pommerais. .
.
l
,
.
. de Jgnorar, repui.o Ve peau, que
-Estéis 1eJOS
•
d la r
de las más interesantes cuesu_ones ~
I•
u_na .
d rna es saber si persiste algun dess10logia mo e .
de r eflexión de sensibilidad
tello de ml emorbirao, del hombre después de la sec,
real en e cere
ción de la cabeza.
d
A esta salida inesperada el condena o se estremeció, pero luego, repor1ándose:
.
-Cuando entrasteis, doctor, respondió, estaba.
·ustamente muy preocupado
este problema,
~oblemente interesante para mi por _otra Pª:te~
-¿Está.is al corriente de los trabaJos escr~tos
sobre estB cuestión, desde los de Soenumermg,
Sire, Sedillot y Bechat, hasta loll modernos?
-Y hasta he asistido á una de vues~ras_ ~átedras de disección de los restos dfl ur: ~Justlc~ado.
-Ah! A los hechos entonce~. ¿Te~é~s ~ociones
exactas, desde el punto de vista qmrurg1co, sobre la guillotina?
La Porumerais, viendo fijamente á Velpet u►
respondió fria.mente:
-No, seftor.
-Yo he estudiado hoy escrupulosamentP. el
aparato, continuó sin inmutarse el ~octor VelpeAu y doy testimcnio de que es un mstrumento
perfecto.
Obrando á la vez el puilal-cuchillo como r.u.fta,
como hoz y como masa, corta en bisel el c uP-11~
del paciente en un tercio de segundo. E l decapi•
tado bajo el choque de este ¡?olpe fulgurante no
puede pues sentir ningún dolor, como no lo ex•
perimenta el soldado cuando en el campo de batalla le arranca un l'razo .la bala de caftón. La
sensación por falta de tiempo es nula y obscura.
Quizá baya dolor: quedan dos llagas v iva~.
¿No es Julia• Fontenelle la que. dando sus moll•
vos, pregunta si esta misma velocida_d n~ tiene
consecuenciBs más dolorosas que la eJecución con
sable ó con hacha?
- Berard bastó para desprestigiar esta ilusión,
respondió Velpeau.
Para mí ten go la convicción basada en cien
experiencias y en mis observaciones particula,
res que la seceión instantán_ea . d~ la cabeza pro•
duce inmediatamente en el mdividuo el desvane•
cimiento anestésico más absoluto.
El solo síncope provocado por la pérdida d&amp;
los cuatro ó ciuco litros de sangre que salen de
los vasos (Y frecuentemente con una proyección
circular de un metro de diámetro) bastaría para.
serenará l os más tímidos á. este respecto.
En cuanto á los sobresaltos inconscientes
de la máquina carnal, súbitamente detenid a en
su procesus no constituyen un indicio de sufri•
miento, como la agitación de una pierna cortada, por ejemplo, cuyos músculos y nervios Eecontraen pero por la que no se sufre. Digo que
aquí la fiebre nervio,;a de la incertidumbre, la
solemnidad de los preparativos fatales y el sobresalto del despertar matinal son lo más efecti•

Pº:

"---- ...

)

vo del pretendido sufrimiento. No pudiendo serla amputación m!ls que imperceptible, el dolorreal no puede ser má.s que imaginario. ¡Bah! un
golpe así sobre la cabeza no solamente no se sier•
te sino que no deja ninguna conciencia de 1 u.

,.

105

cuchillo yo estaré allí, yo, de pie, frente á vos,
contra la máquina. Tan velozmente como sea
posible vuestra cabeza pasará de manos del verdugo A las mías. Y entonces, no pudiendo ser seria y concluyente la experiencia sino en razón de
su misma sencillez, úS gritaré muy distintamen•
te al oído: Seilor Conty de La Pommerais, en recuerdo de nuestro pacto durante la vida, podéis
en este momento bajar tres veces consecutivas el
párpado de vuestro ojo derecho, manteniendo
abierto el izquierdo. Si en este momento, cualesquiera que sean las demás contracciones fdcia- ·
les, podéis por estos tres parpadeos indi~arme que
me habéis oído y con;prendido y probérmelo im_p resionando así por un acto de memoria y de voluntad permanente vuestro músculo parpebral,
vuestro nervio gomático y ,uestra conjuntiva,
domina.ando así todo el horror, todo el impulso
de las otras impresiones de vuestro ser, este he cho será. bastante á iluminará la ciencia y revolucionar nuestras convicciones. Y yo sabré, no lo
dudéis, notificulo de tal modo, que en el por•
venir vuestra memoria no sea la de un criminal
sino la de un héroe.
A estas insólitas palabras, el seftor de La Pommerais pareció presa de una. emoción tan profunda, que, con las pupilas dilatadas y fijas dobre el
cirujano, permaneció durante un minuto silencioso y como petrificado. Despué3, sin decir pala•
bra, se levantó, dió algunos pasos, pensativo, y
luego sacudiendo tristemente la cabeza:
-La horrible violencia del golpe ·me quitará.
teda conciencia. Realizar esto, me parece un hecho fuera de todo querer, de todo esfuerzo humano. dijo. Se sabe, por otra parte, que las pro•
babilidade11 de vitalidad:no son iguales para to•los
los guillotinados. Sin embargo, volved, !'efior,
la mafl.lrna de la ejecución. Os responderé si me
presto ó no á. esta tentativa, á la vez espantosa,
· rebelde é ilusoria, si no cuento con vuestra discreción, no es cierto que dejaréis sangrar mi cabeza tranquilamente en la. bandija da estailo que
la recibirá?
-Hastl\ la vista, pues, seilor de La Pommerais, dijo Velpeaulevantándose también. Rdlexiont1d,
Los dos se saludaron.
Un instante despué.,, el doctor Velpeau abandonaba la celda¡ el guardián entraba y el condenado se tendía, resignado, en su lecho de campo
para dormir ó sollar.

Cuatro días des¡més, á las cinc,., y media de la
mafl.aoa, el seilor Beauquerne, el abate Crozes, el
seilor Claudio y el seilor Potier, escribano de la
corte imperial, entraban en la celda. Despertado
el seftor de La Pommerais con la nuevB de la hora
fatal, se levantó muy pálido, y se vistió rii pida.mente. Despuéil conversó diez minutos con el
ab11te Crozes, cuyas visitas habfa acogido muy
bien (se sabe que el santo sacerdotti estaba dotado de esa unción de vidente que hace dulce la
última hora) y mego, viendo llegar al doctor Vel-

Allá, detrásdelos árboles, se oían los vagos rumores de la multitud, enervada por la vlg11ia Sobre los techos de las tabernas y en las ventana¡¡
se asomaban en compaflía de tristes vestidos negros, algunas cortesanas lívidas, ajadas, cubiertas por sedería&amp; vistosas, teriendo aún en la mano
una botella de champ11gne. En el aire matinb l V.J·
laban las golondrinas.
Sola, llenando el espacio y limitando el cielo,
la guíllotina parecía prolorgar sobre el horizonte la sombra de sus dos brazos levantados, en tre
los que allá, muy !ejes, en el 1;1znl del a!ba, se veía
cintilar la última estrella.
A este aspecto funerario el condenadc se ex•
tremeció, pero luego avaPzó resueltamente. Subió los escalones. Ya el cuchillo triangular brillaba sobre el negro bastidor, velando la estrellB.
Ante la plancha fatal. después dt l crucifijo be-ó
un bucle de sus propios cabellos levantado durante la toilette por el abat~ Crozes que le tocó
con él los labios: Por ella, dijo.
Las siluetas de los cinco personajes se des ta ban
sobre el cadalso: el silencio. en este instante se
hizo tan profundo que el ruido de una rama quebrada á. lo l&lt;jos bajo el peso de un curioso, llt'gó
con el grito y algunas vagas y pérfidas ris!ls, hasta el grupo trá.g-ico. Entonces como sona rn la
hora cuyo úl1imo toque no debía cír el seflor de
La Pommerais vió frente á. él á un extr11ilo experimentadcr que con una mano sobre la p lata·
forma lo veía. Se recogió un segundo y cerró los
ojos.
Bruscamente foneionó la. báscula, se abatió la
argolla, cedió el botón y pa, ó el relámpago del
cuchillo. Un cheque terrible sacudió la pli,t8fJrma; los cabellcs se enea britaron al olur m ·~ gnético de la sangre y el eco del ruido vibraba 11ún
cuando la cabeza ensangrentada de la v ictima
palpitaba ya en las manos impabibles dt1l cirujano
de París, enroj~ciendole los dedos, las mangas
y los vestidos.
Era una cabeza sombría, horriblemente b!aoca,
de ojos abiertos y como distraídos, de cejas torcidas y rictus cri ipad0¡ los dientes castailetea bao ¡
la barba había üdo iuteresada en la extrem i dad
del maxilar inferior.
·
Velpeau se inclinó rápidamente sobre aquella
cabeza, y artieuló en la oreja izquierda la pregunta convenida. Por sereno que fuera este hombre el resultado le hizo temblar con una especie
de terror frío: el pá1-pado del ojo clerecho se ce1·ró;
el ojo izquiei·do abierto, lo miraba.
-En nombre de Dios mismo y de nuestro ¡e~,
dos veces más ese aigno, gritó algo extraviado.
Las pestaftas se separaron como por un e,fuerzo interno, pero el párpado no se levantó ya. El
· rostro de !!egundo en segundo se hacía rígido,
frío, inmóvil. Todo había terminado.

pea111

-He trabajado, dijo. Ved.
Y durante la lectura de la sentencia, mantuvo
cerrado su párpado derecho, mirando fijamente
al cirujano con el ojo izquierdo.
Velpeau se inclinó profundamente, y luego
volviéudose hacia el seftor Hendreich, q1:1e entraba con sus auxiliares, cambió violentamente con
el verdugo un signo de inteligencia.
La toilette fué rápida: se observó que el fenómeno de los eabellos que se emblanqueeen bajo
las tijeras, no se produjo. Una carta de despedida de su mujer leída en voz baja por el sacerdo.
te mt•jó sus ojos con lágrimas, que el abate
enjugó piadosamente con el pedazo levantado del
escote de la camisa. Una vez de pie, y echada la
levita scbre sus espaldas, se aflojaron las cadeta social.
nas en sus pollos. Despué3 rehusó el vaso de
-¡Ahl murmuró La Pommerais lív ifo, pe- 1Jguardiente y la escolta se puso en marcha en el
ro C&gt;n una sonrisa resuelta, 1ahl comienzo á corredor. Al llegar al portal, y encontrando á
eomprend11r. De hecho, los suplicios han revela - su colega:
-Hasta la vista, le dijo muy bajo, y adiós.
do Ya el fenómeno de la digestión, nos dice Mi;helot. Pero .... ¿de qué naturaleza sería vuesLas pesadas hojas de fierro se abrieron y ro~• experiencia? ¿sacudidas galvánicas? ¿incita- daron a nte él.
e~onea del ciliar? ¿inyecciones de sangre arte•
El viento de la maftana entró en la prisión,
riali' Tod~ poco concluyente.
ama necía; la gran plaza se extendía á lo lejos,
-Creo inútil decir que inmediatamente des- franjeada p or un doble cordón de caballería, enPlléa de la ejecución, vuestros restos irá.o á re- frente, á diez pasos, en un semicírculo de genJiosar en paz y que ninguno de nuestros escal• darmes á. caballo, cuyos sables resonaron á su
Pelos os tocará, dijo Velpeau. No. Pero al caer el aparición, surgía el cadalso.

B1 Doctor Velpeau entregó la cabeza muerta á
Hendreich, que abriendo el cesto, la colocó según
costumbre entre las piernas del tronco ya inerte.
El gran cirujano se lavó las manos en uno de
los cubos destinados al lavado, ya comenzado de
la máquina. En torno suyo pasaba la multitud
.
. reconocerlo. Se secó después en'
pensauva,
sm
silencio.
Y luego, con pasos lentos, con la frente meditabunda y grave se dirigió á su carruaje que lo esperaba en el An~ulo de la ¡:,risiór. Al subir vió
e l furgóa judici11.l que se alejaba al tro te hacia Montparnasse.
CONDE VILLIE RS DE L ' ISLE A D&gt;. M.

�momingo 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.

106

A
Miedo me da el pensar lo que en mí siento,
y por eso en sus males, importuno,
sólo sabe ir á tí mi pensamiento.
Por tus renglones, que besé nno á uno,
ya sé que están en nuestra llumilde casa,
todos muy bien, aunque fJliz ninguno.
Que arrastren, como yo, su dicha escasa
con católica fe, con pecho f.ierte;
que la vida es cruel, mas pronto pasa.
Y sufriendo por Dios, tendrán 1~ suerte
de vivir esa v!da de alegría,
que no muere en el día de la muerte.
¿Quieres saber mi hi,toria, madre mía?
¡Ay! ü el saberla yo me da tormento,
el contártela á tí, ¿qué me darfa?
De un pesar que no espera es mi lamento,
por eso hoy busca tu materno lado,
maniático de tí, mi pensamiento.
Del hijo más que r.ddos desdichado,
abre tu corazón á sus gemidos,
por la vida tan triste que le has dado.

MI

::s

MADRE.

Al fijar tus pupilas en las mías,
como es la voz del alma tu mirada,
¡qué de cosas, callando, me decías!
Ya mi mente en tu e,píritu filtrada,
dejaré deslizarse mi existencia
en tu augusta belleza vinculada.

De tanto ser cc,mo encontré perjuro,
ya dejo hasta el recuerdo, que maldigo,
por tu amor siempre grande y siempre puro.

Año VI-Tomo IC

Desde este día á tu mejor amigo
ya no le importa oscuridad ó gloria,
gusto ó pesar, sufriéndolo contigo.

México, Domingo .zo de Agosto
· de 1899.

Tú sola en mi dolor me das paciencia,
pues siempre con tu imagen me acompaiias,
confidente leal de mi conciencia.
Tú de luz pura el pensamiento baiias,
la infernal lobreguez trocando en cielo,
del hijo, antes feliz, de tus entralias.
Pueda hoy contigo desahogar mi duelo,
pues sabe bien tu natural tristeza
que el placer de llorar es gran consuelo.
Turbios mis ojos, blanca mi cabeza,
perdí con la esperanza la energía,
y ya basta tengo de vivir pereza.
Fué tan larga y terrible mi agonía,
que por tu hermosa senectud te juro
que, á no vivirme tú, me momoriría.

Pensando en goces, para siempre huidos,
mi mano sofocando la agonía,
dtil corazón retiene los latidos.
¡Cuánto recuerdo ahora, m'\dre mía,
aquel dulce mirar con que afrentabas
al sol de otolio al acabar;ie el día!
¡Cuántas dichas entonces me augurabas,
mientras viendo nacer mis sentimientos,
con el alma en los ojoa me mirabas!
L

Y aunque las dichas se volvieron cuentos,
¡cómo, en recuerdo de tan bello3 días,
hoy te besan los piés mis pensamientos!
Del alma, que consagro á tu mem~ria,
presto lo3 males curará la muerte,
desenlace final de toda historia.
Y nntes la edad, más que las penas, fuerte,
me dará poco á poco ese desvío,
que la t•üteza en hábito convierte.

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Buitre de l11s pasiones, el hastío
con sordo bfán mi corazón devora,
y el pecho se me queja A pesar mío.
Mas así iré viviendo hora tras hora
basta que ponga fin á mi existencia
aquel Dios que es más Dios del ser que llora.
_Y querrá, en su hondad, la Providencia,
mientras llega ese fin, dar á mi mente
la angustia que se abisma en la paciencia.
;,Recuerdas la tersura de mi frente?
¡Oh, qué ¡ay! darías sus arrugas viendo,
de esos que dais las madres solamente!
Mas concluyo esta carta, porque entiend o
que lo mismo que á mí cuando te escribo,
te se caerán l11s lágrimas leyendo.

\

· No llores, madre mía, pues concibo
que es pagar con un ¡ay! con mucho exceso
1a ruin parte de vida que ahora vivo.

~---.~
\

¡Cuánto lloras mi mal! A cuenta de eso,
para estampar en tu anchurosa frente,
además de otros mil, te guardo un beso.

·.

~

Dame tu bendición, que ye impaciente
a darte voy cuanto tu amor desea,
que es la ansia eterna de tenerme enfrente.
Y si Dios no permite que te vea
de mi vida los últimos alientos '
besos serán que te daré en idea.
Desde que hallé insufribles mis tormentes,
cuantas horas los días han tenido,
tuve yo para tí de pensami,mtos.
Adiós, mi santo amor; tú ~iempre has sido
el ángel para mí de las mujeres·
recuer?a sin cesar que no te ol;ido,
Y escnbeme á menudo que me quieres.
R AMÓN DE CAMPOAM0R,

EL

CA:NTO..

Número 8

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>momingo 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.

106

A
Miedo me da el pensar lo que en mí siento,
y por eso en sus males, importuno,
sólo sabe ir á tí mi pensamiento.
Por tus renglones, que besé nno á uno,
ya sé que están en nuestra llumilde casa,
todos muy bien, aunque fJliz ninguno.
Que arrastren, como yo, su dicha escasa
con católica fe, con pecho f.ierte;
que la vida es cruel, mas pronto pasa.
Y sufriendo por Dios, tendrán 1~ suerte
de vivir esa v!da de alegría,
que no muere en el día de la muerte.
¿Quieres saber mi hi,toria, madre mía?
¡Ay! ü el saberla yo me da tormento,
el contártela á tí, ¿qué me darfa?
De un pesar que no espera es mi lamento,
por eso hoy busca tu materno lado,
maniático de tí, mi pensamiento.
Del hijo más que r.ddos desdichado,
abre tu corazón á sus gemidos,
por la vida tan triste que le has dado.

MI

::s

MADRE.

Al fijar tus pupilas en las mías,
como es la voz del alma tu mirada,
¡qué de cosas, callando, me decías!
Ya mi mente en tu e,píritu filtrada,
dejaré deslizarse mi existencia
en tu augusta belleza vinculada.

De tanto ser cc,mo encontré perjuro,
ya dejo hasta el recuerdo, que maldigo,
por tu amor siempre grande y siempre puro.

Año VI-Tomo IC

Desde este día á tu mejor amigo
ya no le importa oscuridad ó gloria,
gusto ó pesar, sufriéndolo contigo.

México, Domingo .zo de Agosto
· de 1899.

Tú sola en mi dolor me das paciencia,
pues siempre con tu imagen me acompaiias,
confidente leal de mi conciencia.
Tú de luz pura el pensamiento baiias,
la infernal lobreguez trocando en cielo,
del hijo, antes feliz, de tus entralias.
Pueda hoy contigo desahogar mi duelo,
pues sabe bien tu natural tristeza
que el placer de llorar es gran consuelo.
Turbios mis ojos, blanca mi cabeza,
perdí con la esperanza la energía,
y ya basta tengo de vivir pereza.
Fué tan larga y terrible mi agonía,
que por tu hermosa senectud te juro
que, á no vivirme tú, me momoriría.

Pensando en goces, para siempre huidos,
mi mano sofocando la agonía,
dtil corazón retiene los latidos.
¡Cuánto recuerdo ahora, m'\dre mía,
aquel dulce mirar con que afrentabas
al sol de otolio al acabar;ie el día!
¡Cuántas dichas entonces me augurabas,
mientras viendo nacer mis sentimientos,
con el alma en los ojoa me mirabas!
L

Y aunque las dichas se volvieron cuentos,
¡cómo, en recuerdo de tan bello3 días,
hoy te besan los piés mis pensamientos!
Del alma, que consagro á tu mem~ria,
presto lo3 males curará la muerte,
desenlace final de toda historia.
Y nntes la edad, más que las penas, fuerte,
me dará poco á poco ese desvío,
que la t•üteza en hábito convierte.

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1

Buitre de l11s pasiones, el hastío
con sordo bfán mi corazón devora,
y el pecho se me queja A pesar mío.
Mas así iré viviendo hora tras hora
basta que ponga fin á mi existencia
aquel Dios que es más Dios del ser que llora.
_Y querrá, en su hondad, la Providencia,
mientras llega ese fin, dar á mi mente
la angustia que se abisma en la paciencia.
;,Recuerdas la tersura de mi frente?
¡Oh, qué ¡ay! darías sus arrugas viendo,
de esos que dais las madres solamente!
Mas concluyo esta carta, porque entiend o
que lo mismo que á mí cuando te escribo,
te se caerán l11s lágrimas leyendo.

\

· No llores, madre mía, pues concibo
que es pagar con un ¡ay! con mucho exceso
1a ruin parte de vida que ahora vivo.

~---.~
\

¡Cuánto lloras mi mal! A cuenta de eso,
para estampar en tu anchurosa frente,
además de otros mil, te guardo un beso.

·.

~

Dame tu bendición, que ye impaciente
a darte voy cuanto tu amor desea,
que es la ansia eterna de tenerme enfrente.
Y si Dios no permite que te vea
de mi vida los últimos alientos '
besos serán que te daré en idea.
Desde que hallé insufribles mis tormentes,
cuantas horas los días han tenido,
tuve yo para tí de pensami,mtos.
Adiós, mi santo amor; tú ~iempre has sido
el ángel para mí de las mujeres·
recuer?a sin cesar que no te ol;ido,
Y escnbeme á menudo que me quieres.
R AMÓN DE CAMPOAM0R,

EL

CA:NTO..

Número 8

�Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

110

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
--···················································· ··········•····································

LA SEMANA.

***
Con motivo de la reciente discusi ón sobre~~ te~~o
se ha traído y llevado el nombre de Dumas, h1JO, i '
siempre Francia para nosotros!
á .
Dumas hi jo es para mí el primer dram tico 1rancés De ~us cdmedias, como del amor,-esa otra comedia ese otro drama!-lo que prefiero s_on los próloo-os '·Cuánta oportunidad y cuánta gracia! Lha p~uma d~ Dumas es una pluma de Toledo. He _ec
además esta otra obse7vación que me pahre: J~st
cuando'Dumas habla mejor, es cuando a a e
mismo! En ews prólogos suele contarnos sus má~_secret,as intimidades. Gracias á ellos sabemos la ~ta
que vestía cuando escribió «Diana de Lis,~ y ~s
ant,uflas que calzaba cuando comp~so «La. Prrncesa
~e Ba&lt;Tdad.&gt; En ellos también amplia Y sostiene la t~sis, más ó menos discutida, de sus dramas. Dog':°atiza; se defiende; saca afuera sus puas, como el enzo, y
.
raso-a la epidermis de sus contnncantes.
Yo, sin embargo lo perdono todo, Y leo con deleite
esas obras de .gracia intencionarla. Me entu-lasman
los tiradores que hieren y los litera~os que flageiim.
Una gota de sangre sobre una págrna blanca, es un
rubí.
*

º:
~¡

Tieí los telegramas con una avidez febril, y al dejar
el periódico sobre la mesa, como se deja .un. ª?ónimo
Ueuo de groserías é insultos, pensé en m:s vie;as lleturas y recordé muchas cosas tristes de mi amada
Francia.
• á
Llovía llovía y en el silencio de la noche, vmo
mí el su;ño con' un cortejo de pesadillas extravagantes.
y soñé que una figurit gigantesca, inclinada. en el
borde de mi lecho, como en la barra de una tnbuna,
repetía el iracundo y terrible discurso:
•Oh les abandono mi vida sin pesar! ¡poseo la ex'
'
. ¿ Q ué an11.
periencia
de lo pasado y veo lo porvemr:
go de la Patna puede sobrevi vir al momen~o en q~e
ya no es permitido servirla ni defender la 10ocenc1a
oprimida;&gt; · para qué seguir permaneciendo en un orden de cosa~ en que la intriga triunfa eterna_mente
de la verdad, en que la justicia es una mentira, e_n
15 de Agosto.-Felicit¡clón de las Marías.
. .
que las pasiones más viles, en que los temores más ri_ Decididamente yo amo, como di~e en su del1cio•
dículos ocupan en los corazones el lugar de los mte- sa galiparla, la más divina de las muJeres que conozresrs sagrados de la humanidad. ¿Cómo ~aportar el co yo amo esas reuniones íntimas en que no hay mesuplicio de ver la horribl~ sucesión de tra_1doreF, _más sa; de ecarté ni cuerpos rígidos; yo amo esas alegres
6 menos hábiles en ocultar su alma terrnble b:tJO el fiestas de familia, tan llenas de rrescma y de perfu.
velo de la virtud, pero que todos legarán á la poste- me como el jardín á la hora que amanece.
ridad la dificultad de decidir cuál delos enemigos del
Allí los hombres dejan el paraguas y la gravedad
pafo fué más cobarde? Viendo la multitud de vicios en man·,s del lacayo que les aguarda en la antesesaque el torrente de la Rev?luci.Sn ha ª:rastrado, mez- la; allí la corbata blanca no congestiona ni. agarrota
clado con las virtudes cívicas, he ter:':udo alguna ve~, el cuello· allí se habla y se conversa en el rmcón del
lo confieso, verme manchado. á l•s OJOS de la po~te~1- canapé, 1bajo las hoJaS de uua planta exótica, detrás
dad por el impuro contacto de los perversos. ITe vis- del abanico de plumas y de oro. El salón con sus granto en la historia á todos los defensores de la libertad des racimos de bugías, es el rojo interior de una amaatacados .por la calumnia. Pero sus opresores han pola; el gabinete capitonado, tibio, azul, e~ el cor~muerto también. Log buenos y los malos desapare- zón de una viole:a. Los que tenemos ya la vista faticen de la tierra, ¡pero en qué Jistintas condi?ionesl gada, preferimos las claridades de la veladora. .
F rancP.ses, no consintáis que vuestros enemigos se
Por eso huyo de esas reuniones en que la luz irraatrevan á humillar vuestras almas y enervar vuestras dia, reflejada por los espejss de yenecia, y busco la
virtudes con sus desoladoras doctrinas! ....
apaclble claridad de esas tertunas que nuestros pa¿Por qué los que antes os decían: os declaro que ca- dres conocieron tanto y que nosotros ¡ay! apenas comino:nws sobre volcanes, creen marchar hoy sobre ro- nocemos.
.
.
sas? Los que os dicen que la fundación de la _RepúDejo las grandes salas donde las pareJas tiraban
blica es una empresa fácil, os engañan ó más bien no competencias de pugilato y busco la penumbra elepueden engañar á nadie .... ¡Pueblo! acuérdate de gante de esas fiestas íntimas sin cuadrillas de honor
que si en la República no reina la jus~ici_a con ª?solu- ni brindis oficiales .. ..
to imperio, y que si esta palabra no s1gmfica la igualdad y el amor pat rio, la libutad n,i es más que un
nombre vano! P ueblo! tú á quien se teme, á quien
i;e adula y á quien se desprecia; tú, soberano reconocido á quien se sigue tratando siempre como á esclavo acuérdate que donde no reina la justicia, domina~ las facciones de los magistrados, y que el pueblo, en tal caso, ha cambiado de cadenas, pero no de
destino! ..... .

** *
La otra noche, escuchando «Aida,~ cantada admirablemente por la señorita Chalia, en el Circo Or~in,
me formulabá á mí mismo un problema drolát1co:
, Podré :imar alguna vez á una Venus Negra?
G Un habi tante de Mozambique habría dicho precisamente lo contrario: ¿amaré alguna vez á una Venus
Blanca?
.
El hecho es que el criterio con que se aprecia la
Belleza cambia según los climas y regiones. Lo que
es verdad aqui no es verdad en el centro del Africa.
Lo que es bello en Cb_ina es horrible en Europa. Los
.
negros dicen que el d!ab~o es blanco.
i::,i un conquistador africano entrara trmnfante en
la ciudad de Roma, mandaría que untasen de betún
las grandes estatuas. Los ojos de ese hombre no
son, pues, iguales á los míos: su cereb~o está_ conformado de una mauera distinta: no es m1 semeJante.
Pero el criterio se modifica y transforma. Hay flores que trans¡:,lantadas cambian de color. Hay cerebros que no piensan lo mismo en el Ecuador que en
el EstrechodeBehriog. On negro, arrebatado de Hokanga y puesto en el Boulevard d~ los Ita_liano~, reforma su' criterio con el tiempo. S1 lo ponéis en Londres,•acaba por enamorarse de una rubia, ~uy rubia,
ó de una albina. No he visto sapos que m1_ren el sol;
pero sí he visto negros enamorados de muJeres blanca~.
Ahora bien: ¿ocurriría lo mismo_con nosc.tros si nos
aprisionaran en el centro del Africa? ¿Llega~íamos
á apreciar la hermosura sombría como aprecian los
neo-ros la hermosura rubia? Verdad es que nosotros
oc~pamos un lugar más. alto en la escala ascendente
de la humanidad, Europa es la florescencia de la tierra. Tenemos datos para presum:r que n~estro criterio vale más que el de los negros. Pero bien miradas
las cosas, ellos dirán lo mismo que nos?tros. . . .
Aurelien Scholl decía, con sobrad1sima Just1cra,
que el más insignifican~e diputado no trocaría.su importancia por la de un Jefe de tribu, como el ¡efe de
tribG, á su vez, se negaría á cambiar su posición por
la de un diputado.

JOSE ANTONIO CALCAÑO.
Fresca está aún la memoria de tu muerte, gentil
trovador. Frescas las rosas que deshojamos en tu féretro. Frescas la!. lágrimas que lloramos en tu sepulcro!
Todavía no se ha borrado en nuestras almas el recuerdo lastimero de aquella tarde húmeda, de aquella tarde triste en que te dijimos adiós, por la vez
última en la ciudad doliente coronada de túmulos,
ea la cludad llena de mármoles y de jardines, ciudad
que es al propio tiempo recinto de la paz y albergue
del dolor.
Todavía no hemos olvidado aquella tarde meiancólica de tu entierro; vibraban en el ambiente ráfagas
de hielo y de tumba; el cielo, en parte azul, á trechos
pálido, de un blanco de nácar, se deshacía en lluvia
como llorando tu desaparición, poeta. Y por entre el
.tango del arroyo, bajo la llovizna azotante y sutil,
ibas Lú, sobre nuestros hombros, en hombros de poetas, como alguien dijo, blanco de rosas, blanco de
jazmines, camino del templo, á los ojos de tu capital
querida.
Y ya en la iglesia se desplegó, en honor tuyo, la
gran pompa religiosa: las preces, los psalmos, las hopas purpúreas, los roquetes de.;lumbrantes de blancor, la mitra constelada de pedrería; la luz verde pálida de los hachones, el negro fúnebre de los paramentos, lo violeta arzobispal del Prelado; las cruces
de plata, los cristos de marfil y de oro, los hisopos
abrillantados de níquel.
Después, sobre tu sepultura recién cegada) vimos
nacer, entre las flores frescas, una flor de poesía; vibró en el aire, sobre los cantos de los cipreses funeralei,, el canto de un poeta, el adiós de un j&lt;1.rdinero
del arte que sólo cultiva en su verjel flores de antología.
José A.nt:mio Calcaño es, en América, uno de los
mejores y más eminentes representiantes del romanticismo.

En España ni en América, acaso por exi~üidad de
savia artística, acaso por otras ~ás recónditas razo.
es no apareció nunca el Gaut1er, el Benvenuto del
;e;so; ni el alma, sublimemente desolada, ~e Leopardi; ni el desbordamiento lírico de Hugo; m ~a poesía, toda cumbres, de Byron. :1'ero el romantnlsmo
dió á la Península y á la América trovador~s excelentes, algunos de ellos príncipes en la herá_ld1ca d~ la&amp;
letras, émulus en cierto modo, de los magn(l)S artistas.
del verbo castellano.
En E~paña el más calificado entre est?s poetas PSel cantor de /'.J.ranada; en Venezuela qu_ien supo rimar El paso doble y Los arabescos de Ed~ino.
Bien pudie:a decin,e que José Antomo Calcailo er.
nuestro Zorrilla; pero entre ambos _existen diferencias. zorrilla supera á José ~nt~mo Calcaño "n la.
pompa lírica, en el esmalte or1?01al, en ~l deslumbramiento prismático, excelencias que . a, aloran los
versos del poeta español._ José Anto~10 Calcaño lo
aventaja en elegante sobriedad de estilo, en corrección. Además, el poeta venezolano n_o ~s sombríamente religioso, ni estrechamentie patr1_ót1co. _
zorrilla canta pueblos e~pañoles, monJa&amp; es_panolaa.
militares españoles, reyes españoles, conse¡as españolas. Los Cantos del trovador, pongo por caso, es obra
escrita solamente para España, para la España conservadora y clerical. En los Poemas Y leyendas deJ086
Antonio Cah:año no sucede lo prupio : el poeta ama 1\.
todas las musas, bebe en toda¡; las fuentes, llora to•
das las desgracias, conoce todos los pt.eblos, canta.
todos los cantos. Es más cosmopolita, más moderno.
La relio-iosidad militante de Zorrilla degenera en
fanatismo'? la fé de José Antonio Calcaflo perfuma el
arte con u~ li &lt;Tero perfume místico, lleno de encanto;
perfume que flot,a bObre algu!1as rimas del poeta como el alma fragante de sus versos.
. .
Obediente al prr¡pio temperamento, y. sohc1tado
por las grandes influencias literarias del s1gl~ ~n que
le tocó tlorecer, José Antonio Calcaño s~ adb1_r1ó á la.
escuela romántica, no sin que pagase líneo tnbuto al
viejo ideal clásico, muriente.

Los poetas romántico~ supe!ªº el arte clásico eo
el revoloteo amable del rngemo; en el arrebato, e~
la frondosidad, en la frescura de rosas del poema; en
la música variante y seductora de los metros Y las.
rimas; en el desorden armónico de la inspiI ación.
La inspiración ro01ántica ora vuela hasta perderse
entre las nubes, como un águila; orii se posa en un
grana:lo florecido y canta, á la luz de la luna, comoun ruiseñor; vibra tiernamente como un laúd; espuma
como el mar· aroma como el jazmín; es blanca y pura.
como una vi;gen escandinava, rosada y lasciva como
una bacante, guerrera y legendaria como Juana de,
Arco; es pálica como hilo de lun~, negr~ como punta.
de tinta, azul como franja de e1elo, roJa como chl1:rpa de rubí.
La inspiración romántica llena el alma de ensuei'ios, de mariposas los jardínes, los campos de verdor;
se alza como banco de coral por entre las ondas ~zules; y canta como la estatua de MemoóIJ. á los fulgl•
dos besos de la aurora.
El clasicismo es correcto, pero monótono. El clá-sico diluye el sentimimiento, como una d:og3:, en la.
copa dorada del estilo; pone á abrasarse la 10sp1raclón,.
como un incienso, en el t uríbulo de plata del len•
guaje.
No es que se decadente la rudeza del estilo poético,
La inspiración ha de vestir traje de reina. El vem
ha de brillar como el oro; tener consistencia de di&amp;•
mante; arrastrar púrpura como uri Emperador. Peroque pueda también volar libre como una palom~qu&amp;
en el ritmo no se ahoguen las ideas; que la mef.rica.
no sea jaula de la inspiración; que el verso ande fran•
coy resuelto come un caballero abroquelado en ar•
madura resplandeciente, y no tembloroso ~orno un,
perlático, ni en silla rodante como un hemiplégico..

***
Si José Antonio Calcaño floreciera ahora, no á pr~
medio del siglo, ante!'&gt; que un gran poeta rou:iánUCOsería un poeta original, con marcada tendemaa propia.
Hoy las escuelas, como los dioses, se van. Ningúlll
poeta. se resigna á desaparecer sumado en una escuela. Cada quien aspira á vivir, á perdunr, por derecho propio. La desesperación de los poetas es la orl-ginalldad. Lo bello es lo raro, expresan algunos, 1
cultivan primorosas plantas exóticas. Para ot~osdla.
suprema expresión del arte consiste en una rig~
marmórea. Se ha puesto en boca de la belleza
canto:
Je hais le nw1.t1:ement qui déplace les lígnes;
Et jamais je ne pleure et jamals je ne ris
Hay quien suspira por hacerse pálida lumb:e que,
al través de la obra de arte, esparza rósea claridad
velador, suave luz de poesía. Muchos no conciben
verso sino vibrante de intenso subjetivismo. El verso.
como la nube, debe centellear. La poesía debe
médula de alma.

Domingo 20 de AgoRto de 1899.
Lo cierto es que ya no se habla, ó se ha'::la poco, de
escuelas literarias. Las personalidades llenan toda la
crítica, Sin embargo, las teorías_ han legado_ mucho de buPno á las nuevas generaciones de artistas:
la idea de una forma elegante: l_a i~dependencia revolucionaria; la verdad, la conciencra de cómo es puro elemento de arte lo propio que una. estrella de oro
una estrella de fango, lo mismo que las vírgenes las
cortesanas, igualmente cándidos ensueños de la fantasía y repugnantes lepras de una carne en putrefacción.
.
José Antonio Calcaño, asiduo lelltor de los poetas
italianos franceses é ingleses, se empapó un poco, en
los últim~s años de su vida, del espíritu moderno; pero
éste sólo se manifestaba en nuestro cantor por lamolicie de una factura rosa primorosa.

*

*'*mueren cuando los espíLas tendencias artísticas
ritus se con vierten hacia la aurora de otro ideal. Pugnar por redivivirlas equivale á querer resucitar una
momia. El clasicismo murió. También elromanticismo ha muert o. Su cadáver, en descomposición, produjo miles de gusanos. Bien pronto los gusanos sel.Jicleron mariposa~; las marlposas echaron á volar,
atraída:. por la púrpura de los claveles, por las azucenas eucarísticas, las violetas episcopales, las magnolias, los jazmines y los lirios en flor. Ellas venían de
lo negro, de la muerte, y volaban en busca del color
y el aroma, volaban haci~ la ju_ventud perfumada de
los jardines, volaban bac1a la vida.
Esas mariposas nacidas del romanticismo son las
nuevas estéticas. Y las nuevas estéticas, la juventud
en las venas, el sol en loi ojos, el lauro en la frente,
cab&amp;.lgando á su turno en el Pegaso, sin herir al noble corcel alado con el espolín de oro, lo conducen
por verdes y luminosas cumbres, mientras miran, como los Conquistadores del poeta, cuál surgen nuevos
astros en cielos desconocidos, en cielos de un azul
deslumbrante.
Muchas de estas novísimas flores de estética son
cultivadas por un solo poeta. Todas ellas de distinto color y fragancia forman juntas el gran jardín del arte
moderno. P ero en una cosa, en la cual era descollante
José Antonio Calcaño, están acordes todos los poetas; en cincelar el lenguaje á manera de florentina
joya; en labrar como urna primorosa el estilo; en pulir las rimas como ánforas; en teJer con donosura la
delicada urdimbre de los versos.
***

Tu muerte no ha simado en el dolor, dulce poeta
ido. Rodó tu cuerpo exánime junto al arpa trémula
todavía con la música del postrer cántico: y los poetas, en voces delirantes de amor, queremos, para tu
memoria, rosas; para tu sepulcro, el laurel; para tí,
el mármol.
RUFINO BLANCO FOMBONA,

LA CATEDRAL DE BURGOS.
Al caer la tarde de un domingo de Abril, cpntemplo la ciudad de .Burgos rodeada del esplendo: de una
primaver¡i. meridional destacándose en el fondo áureo y rosado del poniente.
La suave atmósfera está tranquila, una irradig,clón de noche serena y sin júbilo se difunde á medida que va acelerándose la fuga del día, sobre esta ciudad ant igua, aislada, envejecida, moribunda á la orilla de un riachuelo, sin comnnicación con la Inmensidad del mar que alegra y vivifica. Autójaseme que
la opresión de este nombre soberbio: Burgos, de este
nombre evocador de magnificencias antiguas, pesa
al declinar el día sobre las calles festejosas por las
que circula, vestida á la moderna, la España actual,
tan pequeña si se la compara con 1a España de antailo.
La célebre catedral se ve desde lejos: sobre las casas se destacan en la atmósfera dorada, flechas, puntas, inlmag!nables recortes, de una labor delicadísima.
P&amp;recen encajes de papel que d viento va á llevarse,
Y allí están desde hace muchos siglos, inmutables y
ligeros á un tiempo. Baflados por la roja luz del ocaso, dentro de unos instantes, cuando eJ sol desaparez_ca, sólo ellos re~ibirán sus rayos, mientras las calleJuelas sombrías irán quedando solitarias á medida
que la multitud penetre en las casas obscuras.
En medio de la ciudad se alza la catedral á la que
&amp;eme conduce por entre un laberinto de casas centenarlas,-muy de prisa porque me propongo partir al
cerrar la noche. Llego por fin. Allí están los altos muros con venLands góticas, las escalinatas, los pórticos
suntuosos en los que se alit!ean y se superponen las
estatuas de piedra rojiza. Franqueo las verjas majestuosas y me siento envuelto en la penumbra crepuscular; baja basta mí un frío de sepulcro mezclado con
suave olor de incienso en aquella humedad subterrán,ea: penetro en un mundo de increíbles magaificenc.as, en una soledad de encantos sombríos.
Las lejanías huyen, obscuras é iluminadas á intervalos por )a luz de algún vitral; las baldosas tienen
una sonoridad de caverna en aquel silencie que turba
e1 ruido de nuestros pasos ....
Esta es la catedral, la catedral legendaria, mara-

111

EL MUNDO.
villa de los tiempos que fueron, más sorprendente
que las de Milán, Estrasburgo ó Toledo. Está desierta y casi da miedo verla en esta hora crepnscular jel
domingo, cuando ya han callado los grandes órganos
y se han extinguidc, los incensarios.
La primera impresión lo hace á uno creer que está
en medio de no bosque petrificado, bajo el follaje ,d e
árboles gigantescos. Las columnas, troncos monstruosos, se lam.an hacia arriba, cubiertos de guirnaldas que parecen plantas trepadoras, y que son en
realidad esculturas delicadas y maravillosas. Y arriba, en don~e las pilastras dispersan como ramas
sus arcos, los fol!~jes se entretejen, las frondosidades
de piedra forman algo como la bóveda de un bosque,
dando testimonio del trabajo paciente de toda una generación. Todo esto lavrado en la piedra viva, todo
indefinidamente duradero y á pesar de su rara delicadeza, trai¡mitido hasta nosotros de muy atrás por
les siglos pasados.
Crugías inmensas, de treinta pies de altura, prodigiosamente e~culpid&lt;ts, corren en todas direcciones
entre los pilares altísimos, separando de la gran nave
una multitud de capillas secundarias de magnificencia más in verosímil aún, follajes infinitamente delicados que suben hasta las bóvedas también y que no
son de piedra sino de oro deslumbrador.
El guardián de tantas riquezas abre una tras otra
con llaves cinceladas y del tamaño de una daga, las
pesadas puertas de hierro ó de bronce, y el ruido que
hacen al cerrarse de nuevo, resuena largamente bajo
las altas bóvedas.
-Es yd muy tarde para verlo todo; la ncche se nos
viene encima. Y me lleva á toda prisa.
Al principio estábamos solos en este lugar eRplendido; pero á poco entran cuatro ó cinco montañeses,
vestidos á la antigua, y de aspecto hosco, tímido y
miserable. Piden permiso para seguirnos y se nos
reunen, formando entre ellos un grupo compacto,
mirando de cerca en la penumbra aquellas cosas suntuosas, tocanifo con el dedo los oros, empañando con
la respiración los mármoles.
Visitam1-s el coro, tesoro de riquezas inestimables,
encerrado en una especie de jaula de bronce calada,
oculta bajo cortinajes de brocado que caen desde la
parte más alta de la nave. Frente al altar mayor resplandecient e de oro se alinean los candelabros de plata repujada, de cinco ó seis pies de altura. Después
recorremos las capillas secundarias cuyas verjas, al
abrirse despiertan sonori'.iades cada vez más pesadas
y más largas en la creciente obscuridad; vistas de
cerca, sus frondas de oro que imitan acentos y ligeras flores se pueblan de centenares de personajes y
animales.
Cada vez más de prisa, nos muestran las tumbas
de los santos «fundadores;&gt; el guia levanta bruscamente los sudarios de terciopelo rojo y {le oro que
cubren las imágenes de alabastro ó de mármol, las
blancas estatiuas yacentes.
Después cruzamos un dédalo de claustros, lleno de
recuerdos y de reliquias, con puertas cuyas cerradu.
ras son ti.guras humanas gesticulantes en cuya boca
entra la llave. Y por último volvemos á la inmensa
nave, casi negra ya, á la cual penetramos por una
puertecilla medio oculta.
No es la impresión de la paz religiosa la que se recibe; al contrario, el sentimiento de una magnificencia orgullosa, imp:acable, que aplasta. Ni aun se sien:
te la calma, á pesar de las penumbras y del silencio,
ó esa unidad que serena el ánimo, como por ejemplo
en ciertos santuarios japoneses de la Montaña Santa
que son, como éste, los más espléndidos entro los templos de los dioses respeLados aún por el tiempo. En
esta extravagante acumulación de riqnezas se siente
no sé qné ag-itación, algo pesadamente humano, casi
sensual. Se evoca un pasado prodi!{ioso: toda la España de los grandes siglos rebosantes de oro y de poderío; pero la -paz, la dulce paz de tantas otras iglesias cristianas, está ausente.
He experiment,ado ya que esto de ver por la primera vez las cosas, furtivamontie, al atardecer, con la
iebre de las breves paradas, es la manera de recibir
de ellas una impresión completa, definitiva y justa.
Cuando ví por la primera vez el Acrópolis de Atena,,,
de noche y por breves minutos, á costa de mil dificulcades y con la inquietud deque se fuera mi buque,
recuerdo haber entrevisto la magnificencia antigua
de una manera violenta y nueva que no he encontrado después en los mismos lugares. No quisiera, p'.les,
volver á Burgos y detenerme en esta ciudad más
tiempo; por '.llgunos detalles incomparables que descubriría sin duda, se debilitaría y se em pequeffecería mi impresión del conjunto.
Ibamos á salir ya ....
Pero, vemos brillar dos llamas, en las lejanías de la
inmensa nave y cerca de ellas una forma negra, de
rodillas. Veamos qué es. Y nos acercamos sigilosamente para que el ruido de nuestros pasos sobre las
losas no despierte al fantasma que ora.
Los cirios-muy modestos-arden ante un cuadro
de la Virgen que se oculta en un rincón i_gnorado,
en un nicho, detrá&lt;; de uno de los pilares monstruosos.
Sin embargo, es demasiado suntuosa esa imagen por
su cuadro de oro viejo.·

Una mujer vestida de negro y con la mantilla de
luto está allí postrada de hinojos. Tiene en los brazos un niño de algunos meses de edad con el rostro
marcado ya por el dedo de la muerte. Ruega fervo.
rosamente por él, mientras se consumen los cirios.
¡Pobre enlutada que busca la imagen más humilde
para ofrecerle sus cirioR de á dos céntimos!
Ora y tiene los ojos llenos de lágrimas.
Es violento y cruel el contraste entre las riquezas
prodigiosas del santuario y los ve~tidos de la devota;
entre la duración persistente de los mlllares de santos vestidos de oro y la fragilidad de ese pequeíiuelo
sin maíiana, cubierto de harapos, á quien han traído
á su presencia, presentándosele tímidamente para
que se apiadan de é l, y que pronto volverá á la tierra.
Ya es decrépita la desventurada cuya actitud revela un dolor sin límites: es acaso una abuela que
disputa á la muerte el netezuelo huérfano, ó alguna
madre que dió á luz en edad avanzada un hijo no
viable.
Sostiene y cubre con infinita ternura al peque1io
remPdo humano que debe á algún azar su miserable
é incompleta existencia; cubre con un velo negro
su inquietante rostro que expresa ya una clarividente angustia; rodea con una mantilla su frágil cuerpPcito de muñeca, para librarlo de la humedad de sepulcro que baja hasta él desde las bóvedas de piedra.
Y entre tanto, continúa de rodillas, moviendo los labios para repetir los rezos obstinados y vanos.
Alza los ojos y me dirige una mirada desolada, adivinando sin duda la piedad que yo siento por su infortanio. Parece que me pregunta: ¿No es verdad
que tiene cara de enfermito mi pobre niño? Desvío
la vista para eludir la pregunta muda que me oprime
el corazón y aparenw fijarme en :itra cosa.
Pero viendo que no me voy, alza de nue1·0 los ojos,
y despu~s de contemplar un momento los esplendores
de la catedral, nuestras miradas se cruzan otra vez.
No está muy convencida, se comprende, y con mayor
angustia, sus ojos preguntan; c:¿Me escucharán las
divinidades magníficas?&gt;
Dios mío, no sé si la escucharán.
En su lugar, sin embargo, yo habría preferido llevar á mi chico á una de esas capillas rurales. en las
que se complace la Virgen de los humildes y de los
sencillos.
Las madonas y los santc,s que habitan este lugar
son ante todo, al menos así lo creo, seres fastuosos y
altivos, endurecidos por la pompa secuiar.
No, yo no puedo Imaginármelos preocupados por
una vieja infortunada que llora, y por el pequeñuelo
qua va á morir.
PIERRE LOTI.

GnillBrmo II en la Exposición de 1900.
La cuestión de saber si el Emperador de Alemania
irá á visitar la Exposición de 1900 en París, ha encendido recientemente viva:. polémicas en la prensa tanto de F-rancia como de Alemania.
En la primera, la opinión esta dividida, como es
natural suponer, pues deEgraciadamente parece imposible que haya un asunto sobre el que diez francese,; tengan una opinión acorde. Los nacionalistas, ardientes partidarios de la revanchg, soñada, no transigen: mientras Alsacia y Lorena sigan sustraídas á
la soberanía francesa, las relaciones entre Francia y
Alemania sólo deben y pueden ser cordiales en el papel de los tratados y en las melosas cuanto banales
fórmulas diplomáticas; pero recibir al monarca teutón, imposible, porque para la cortesía legendaria del
pueblo francés, esto significaría la obligación de festejarlo y prodigarle atenciones galantes, cosa que es
incompatible con los resentimien~os políticos del pueblo, especialmente ahora que hay interés en avivarlos.
Otro grupo sensato de la prensa francesa cree que
es absurda é indigna de un gran pueblo esta política
de falsa amistad.
O la paz ó la guerra, pero franca y leal. La revancha por ahora es una utopía, y muy ridículo y
pequeño resulta el carácter francés, desahogando sus
justos odios políticos con manifestaciones propias
tan sólo de un chiquillo mal educado.
Con ellas sólo conseguiremos hacer reír, dicen los
de este bando; p:,r el contrario, que venga en buena
hora el Emperador; que nos vea de cerca; que palpe
y aprecie la vn,alidad de este pueblo y así le temerá;
que reciba sus obsequios y cortesías, y así aprenderá
á respetarle y estimará la superioridad moral é intelectual de la raza latina, de la gloriosa. moribunda de
la historia.
Por lo pronto, una intelígencia franca y honrada
con Alei:oo.nia, iuteresa grandemente á los negocios
coloniales de ambas potencias, y buena prueba de
ello es la actitud destem piada y agresiva con que la
prensa inglesa acogió la noticia de la visita de Guillermo II á c:L'lPHIGENIE.&gt;
La prensa alemana y lüs altos círculos políticos
berlineses, opinan esto mismo, y se aventuran á a.firmar que la escena de B-?rgen fué el prólogo de las
que se desarrollarán ea París cuando el soberano vaya á acercar á los dos pueblos r,ivales.

�112

EL MUNDO.

Oom!ng-o 20 de Ag-osto de 1899.

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

113

EL MUNDO

LA GUERRA

EL ATENT!DO CONTRA M. LABORI.

EN LAS FILIPINAS.
El lunes 14 de este mes. á las 6 de la maií~na, se
dirigía M. Labori al local del Consejo de Guerra del
procesado lJreyfus, cuando al_ lleg-ar al puente q_ue
cruza el Vilaine en lo~ suburb10s de Rebnes, dos rndividuos desconocidos se acercaron á él y uno de ellos
le agredió á traición disparando un tiro de revólver
que hirio al abogado porla espalda cerca de la sexta
vértebra dorsal.
Al sentirse berido Labori abrió los brazos y cayó.
Algunos labradores que estaban en _aquel Jugar y el
Coronel Picquart y su cullado corneron en persecución del asesino pero no pudieron alcanzarlo. A poco
se presentó la policía, y 1\f~d_. Labor!, a~vertida de
la desgracia, acudió en auxilio de su rnfellz esposo. .
La escena que si!!'uió á la llegada de Mad. Labon
fué tierna: la pobre señ11ra recostó ea i;u regaz0 la cab•'za de M. Labori y le daha aire con un abamco, procurando á duras pPnas dominar la emoción que la
embargaba. El heroico defensor sonrió y dijo: c:Yo
moriJé acaso, pero Drt:yfus está salvado.&gt;
Afortunada.oente para M. Labori y para la causa
de la justicia, bizarramente defendida por el abo)!arlo
rle Dreyt'us, la bala no interesó la columna vertebral,
y darla su constitución hercúlea y la serenidad df': su
espíritu, es de esperars~ que p·ooto estará en aptitud
cte reanudar sus tareas en el Consejo de Guerra que
juzga á su cliente. ~~ muy si_gnificativa la fr~s~ que
en tono de ch&gt;tnza diJo Labon cuando fué á v1s1tarlo
Mateo Dreyrus, aludiendo á su resistencia: c:Con un
revólver nada me pueden hacer; m.cesitan un cañón
para matarme.&gt; l!:ste buiin humor, esta ecuanimidad
en el cumplimiento del deber, cuando el deber es
sacrificio, dolor y heroísmo, caracterizan al hombre
recto, de conciencia pura como un cristal y de carácter inrlomable. Nunca se ha revelado mejor lo que es
ese sacerdoc:o de la abogacía cuando no se complica
con Ja chicana, cuando no se turba ante las amenazas
ni vacila en el peligro.
Decía atinada mente un escritor mexicano: «El disparo contra. el defensor es como prueba plena en favor del acusado; no se suprime al defensor sino cuan- ·
do no bay ma11era de rebatirlo y deconfundirló; quien
pretende tener la irrecusable demostrac!ón del_ d~lito
no necesita atentar contra la defensa, 01 supnmirla,
ni inutilizarla, y sacriflcar al defensor prueba lo que
todo el mundo sabe hoy: que la prueba no existe, que
por el contrario, vista la inocencia, no puede sostenerse y triunfar la acusación.»
En este proceso que no es el proceso de un bom bre,
pues el mundo entero ve en la causa instruida contra
J)reyfus, en los sufrimientos que ha apurado la víctima y en los esfuerzos que ha costado su rehabilitación, el pavoroso duelo entre la virtud de una humanidad emancipada y generosa y el l'anibalismo cruel
que se oculta en los odios de Roget, en las frías imposturas de Merc1er, en las falsedades de E-;terhazy
y en el criminal encarnizamienta de sus cómplices;
en e$te pro:ieso ha querido el azar, admirablemente

Las publicaciones francesas, semanarias y diarias,
ban abierto una averiguación desapasionada sobre la
uerra de Filipinas, enviando corresponsales que esfudlan escrupulosam&lt;Jnte las condiciones y los resultadas de la campana.
C&lt;imo prueba de imparcialidad publicamos algunas
Impresiones de esos corresponsales, sin comentarios
favorables ó adversos para ninguno de los partidarios
contendientes. Un articulista de El Fígaro, condensa en un artículo lleno de apreciaciones justas los
acontecimientos de la campai'la iniciada el 4 de Febrero y hace atinadísimas ob,ervaciones sobre el fin probable de las hostilidades. Extractamos algunas de
esas observaciones.
Por un esfuerzo de dinero relativamente insignificante, de algunos buques y de unas cuantas armas,
ganar un archipiélago tan vasto, tan rico y capaz de
expedir á los grandes fabricantes de la metrópoli
tabacos y a1,úcares nacionales gracias á la conquista,
es decir, que no paguen derecbrns aduanalt!s, hubiera
sido una operación maravillosa aún para los Estados
Unidos habituados como están á hacer en grande su
negeclo. Pero se había contado sin el Tagalo: desde
queA¡rulnaldo y sus partidarios comprendieron la realidad de la conquista, el aliado de la víspera se convirtió en enemigo irreductible al oro americano. No

MAPA DEL TERRENO DE OPERACIONES.

M. FERNANDO LABORI, ABOGADO DE DREYFUS.

SOLDADOS AMERICANOS DEFENDIENDO EL CAMINO DE CALOCCAN,

auxiliado por las pasiones exacerba- ·
das, que todo sea sombras del lado
de los verdugos y todo claridades
del lado de la víctima.
Con aquéllos han estado Mercier,
un perro de presa; Roget un calumniador despiadado; Henry un falsificador; Esterbazy «un hermoso tipo
de criminal;&gt; Lebon, un Torquemada en frío; Guerin, un singular y
falso depositario de los secretos de
la justicia, etc. etc. etc.
Con Dreyfus y para defevder su
honra y fueros del hombre saltaron á las arenas candentes· 1:icbeurer-Koestner que abdicó las prerrogativas de su alta posición política;
Pi.:iquart, un justo, un desinteresado, un valeroso, el más joven de los
coroneles franceses, que rom¡Jió su
espada y su carrera brillantísima
para hacer bonra á su conciencia;
Zola, un apóstol; Mad. Dreyfus, mártir y heroína, y por último, Labori,
herido en plena lucha por mano
alevosa, y que reproduciendo la leyenda de Anteo, cayó para levantarse más grande y más fuerte.

es sólo dinero lo que se necesita, sino sangre y mucha
sangre de electores americanos para llevará cabo una
conquista en la que todos los elementos conspiran
contra el invasor.
Lá situación del General Otis es dificilísima; para satisfacer á la opinión americana excitada en algunos Estados, y para no dejar un arma electoral peligrosa en manos del partido demócrata, es necesario
el fin de la guerra el General Otis debe pues, ó hacer la paz ó sojuzgar á los filipinos. Ambas cosas tienen grandes dificultades: el amor propio americano
que no reconoce nada igual en el mundo, no puede
admitir una composición con gentes de raza inferior:
Washington no aceptará la paz á menos que los filipinos entreguen sus armas y se rindan á discreción.
La destrucción de los filipinos no es asunto de poca monta y desde hace seis meses los acontecimientos prueban que los americanos no los conocen ni
pueden conocerlos, porque los ciega el orgullo de raza; no pueden creer que el tagalo sea un hombre capaz de medirse con el cow-boy de Nebraska ó con
las tropas regulares de Young. Una escuadra que
bloquea las costas, una flotilla que penetra por todos
los rios y cuarenta mil soldados con armamento superior, con veinte baterías de campana y otras tantas ametralladoras y con todos los medios q u~ procura el dinero, con la libertad del mar y una base de
operaciones como Manila; con todos estos medios
empleados contra rebeldes de raza inferior que disponen de quince mil fusiles y que se ven obligados
ellos mismos á fabricar una pólvora de calidad inferior, no han ganado positivamente sino las siguientes ventajas: al Norte de Manila la vía del Ferrocarru, 60 kilometros, y el curso del Río Grande, 40 kilómetros.
EL ATENTADO CONTRA

M. LABORI.-LA POLICIA ACUDE EN AUXILIO DEL IIERIDO.

Al Este de Manila 20 kilómetros hasta las tomas
de agua de la ciudad en un río navegable.
Al Sur de Manila, 4 kilómetros basta Pasay en donde el corresponsal vió á las vanguardias americanas
á 800 metros de las vanguardias filipinas.
La Península de Cavite está ocupada, pero cuatro
meses de combates y bombardeo,; de Paranaque no
han podido establecer la comunicación ni un solo día
entre Manila y Cavite.
Los Puertos de Ilo-Ilo, Negros, Cebú,y Yolo.
Como se ve, esto es muy poco y examinando un
mapa general de las Filipinas comprende uno que eso
no es nada.
Sin ser profeta se puede asegurar que á menos que
sobrevenga un acontecimiento extraordinario y poco
probable como una t raición de los jefes filipinos ó algo por el estilo, necesitarán los americanos para avanzar mucho tiempo, más dinero y un ejército considerable. A medida que avancen, las dificultades serán
mayores en un país cada vez más inextr'. c3.ble en don•
de en vez de ejército enemigo encontrarán cada no7
che gavillas fugitivas ocultas en las malezas.
Una sola vez han podido los americanos dirigir sus
esfuerzos contra todo el grueso del enemigo: fué al
principio de las hostilidades y no pudieron aniquilarlo; después, no se les ha vuelto á presentar la ocasión.
En el Oeste y en el Sur se confiaron las operaciones al General Wbeaton, y ya hemos visto que ha
g-anado sólo algunos cuantos kilómetros. Conviene
lldvertir, sin embargo, que el esfuerzo más importante se ha dirigido hacia el Norte, por el General Mac
Arthur, y que todo lo que se ha conquistado en esa
dirección lo fué en los meses de Febrero á Junio. En
esta región se han librado los combates más númerosos y más sangrientos; para que se sepa qué clase de
·t erreno es ese, imagínense tres bandas paralelas y
distintas: la primera á la orilla del mar, formada de

UN TREN DE REFUERZOS LLEGANDO A MALOLOS.

�..
EL MUNDO.

114

Domingo 20 de Agost,0 de lRIIII

Oo'llln~c 20 de A~o&lt;¡to de 1899

EL MUNDO.

Gt'1A A LA -'4LTA ESCÚELA.

Entre nosotros el sport de la rueda cuenta con un
UNA PUENTE PROVISIONAL DE BAMBU.

arenales bajos y con una anchura de 2 á. 5 kilómetros; la segunda, rie llanuras de 5 á. 10 kilómetros
cortadas por ríos, arroyos y canales, y llena de po•
blaclones entre bosques y matorrales, cruzados por el
ferrocarril de Manila á Dagupán, y por último, la
tercera, más montuosa y con un buen camino.
~n la co~ta del Sur y en los ríos navegables, las
operaciones han estado encomendadas á los cailoneros, contra los cuales nada tenían que oponer los filipinos; algunos de ellos tienen seis callones y cuatro
ametralladoras, y son más formidables que diez regimlentos.
En la llanura cruzada por el Ferrocarril con la
vfacomo base, como centro y como medio de avance y
de aprovisionamiento, en una palabra, como órgano
esencial, las brigadas del General McArthur avanzaron
lenta y ::ietódicamente hostilizadas las fuerzas
mejores de los filipinos. llubo cuatro jornadas principales marc'ldas con batallas muy rudas: 31 5 de Febrera los americanos tomaron Caloocán á 5 kilómetros
de Manila; el 25 de Marzo tomaron Malinta y Polo á.
15 kilómetros; el 31 de Marzo, Malolos á. 40 kilómetros; el 20 de Mayo Calumpit á 45 kilómetros, y el 24
de Mayo Santo Tomás y 8an Fernando á 70 kilómetros.·
DP.spués de la derrota del b de Febrero, Aguinaldo
instaló su cuartel general en Malolos detrás de las posiciones sucesivas de Mallnta, Polo, Bocá,Blgaa, Guigulnto y Santa Isabel defendidas por trincheras y
obras de tierra con bambús eutretejidos. Por mal de
)os filipinos-había entre ellos un ingeniero educado en
Bélgica, y recordando el trabajo que les costó tomar
las trincheras y los blockhaus defendidos porlos espatloles de Manila, supusieron que esas obras los pro..eger!an contia los americanos. Le dieron pues carta
blanca á su ingeniero, el cual puso en práctica todo
Jo que ensefian los tratados más completo,; de fortificación de campana. Esto les perdió y es fácil comprenderlo.
En una anchura de quinientos á dos mil metros á
tra,•és del ferrocarril cerraban la llanura con sus
obras de fortificación. Los americanos ponían delante de sus locomotoras wagones blindados armados de

CENTINELAS GUARD&gt;.NOO UNA PUENTE,

odmtro locrelble de adeptos, que pertenecen á todas

las clases sociales, y que muy frecuentemente llegan
, sentirse cansados y abandonan al «caballo de acer,,, &gt;
aólo por que ya han recorrido repetidas veces el
«ciclo&gt; de excursiones que están á su alcance y ya no
encuentran atractl vo en seguirlas.
Si varios de éstos se reunen en una pradera que sea
suficientemente plana para la bicicleta, con muy ln:slgnlflcantes accesorios pueden di vertlrse con amplitud, aprovecbando las hermosas tardes otollales que
ya se aproximan.
Pueden ejecutarse con la bicicleta casi todos los
juegos acostumbrados en los manéges de equitación.
As! por ejemplo la Gula á la a/tu escuelo, que es tan
~noclday que recrea, no obstante que tiene poca diferencia con un juego de nillos.
También el sport de ensartar los anillos peo-dientes de un cordel y puesto.e, en movimiento, pi;ede
ejecutarse en bicicleta.
Más divertido y eligiendo mayor destreza y seguridad en el manejo del cwheel&gt; se presenta el «sube y
wja&gt; que, como puede verse en nuestro grabado, consiste en trasponer una tabla, puesta, en 1:1u centro, sobre un apoyo de muelle!&gt;.
El juego de pelota en bicicleta es tam blén muy atractivo. Se observan en él las mismas ó análogas reglas
,que para el polo, que todos conocemos, pero es preciso
advertir que aquel es mucho más dificil, puesto que
una bicicleta en determinados casos, no obedece con la
misma docilidad que un caballo.

for último tenPmos la caza al zorro que cont1lste en

cafiones y protegidos con ellos:
los obreros reparaban la vfa hasta que estaba á. tiro el tren bateria. Entonces se cubría de obuses el terreno de las trincheras
en las que sucumbían como moscas los soldados de A~ulnaldo, y
cuando se creía limpio de enemigos el lugar, la Infantería atacaba por el frente y por los flancos.
Naturalmente cuando llegaba á
la posición enemiga ya no encontraba sino cadáveres. Lo único
que sorprende en esta campana

-alcanzar a un Individuo á quien se ha dado determinada ventaja en la partida y que lleva como distintivo una cola de zorro.
,
Estamos seguros de que muy en breve podremos ver
-ea~ juegos ejecutados por nuestro:. ciclistas.

***
cSUBE Y BAJA.&gt;

es la fuerzii. de resistencia de los filipinos ante 111
enemlgo y ante un procedimiento de ataque tan formldables.
8erfa. erróneo concluir de estos hechos en la ideriorldad militar de los americanos y lo único qt1e
puede sacarse en claro es que son muy lentos en aua
maniobras. Así cuando hubo que hacer el gran el•
fuerzo de fines de Marzo que concluyó con la tomadt
Malolos, el plan de campa!Ia exigía que la brigad_a
McArthur atacase de frente por el ferrocarril.
mientras que la brigada Otbon debía seguir el caml•
no de San José á Bustos para flanqueará. Aguinaldo.
El camino era de cincuenta kilómetros y los voluntarios americanos emplearon veinte días en recorrerlo y
cuando llegó á. Malolos la brigada ya la plaza estaba
ll)mada de11de bacía ocho dlas y los filipinos se reorg-anlzaban en Calumplt.

En los últimos tiempos el sport al aire libre que
pone en sana agitación todos los músculos, se está
'
;aclimatando entre nosotros.
En los po1 reros que encuadran la talzada de la he1orma, puede verse día á día ,zrupos de jóvenes que
'8e entregan é esos juegos de fuerza importados del
Norte.
Antallo, los ejerclcl•;s corporales de n11estra juven1.cd se reducfan á. la gimnasia de salón que se efec.
toaba en los colegios primarios y luego, con la natu-

JUEGOS PARA CICLISTAS.

JUEGO DE PELOTA,

Entre los numerosos adepws de la blcllcleta, ha,
algunos que no tienen la obsesión del «kilómetro&gt; 1
que más aprecian en su sport favorito la calidad que
la cantidad.
Para éstos, que no abrigan las pretensiones debatir crecords,&gt; '&gt;&lt;&gt;n los juegos que en grabados presentamos á nuestros lectores, juegos que están muy ea
boga en Alemania y que quisiéramos ver aclimatarll
entre nosotros, porque á. su gran recreación reunenll
circunstancia de ser higiénicos, pues contltuyen 1111
buen ejercicio sin fatigar sobremanera.

ENS.Ht'!',\N:CO CARTAS,

115

leznables é inconsistentes ante el severo y frío trabajo del aná.llsls ra.
clona!.
Desde luego M. Flammarlon resulto ser un excelentemedium y para
no desaprovechar sus facultades medlan!mlcas, púsose á hacer Invocaciones y, ¡cosa naturalfslma! el esp!rLu que primero acudió á. ellas
fué el de Galileo Galllei.
Esto pareció por entonces muy lógico: claro es que el espíritu de un
genio exclusivamente consagrado en vida á la más noble de las ciencias
y q1:e tan grsndes conquistas supo hacer en ésta, no habría de querer
ponerse en comunl&lt;'ación con un quidarn que le hiciese preguntas
necias é Indiscretas á él que ante el patíbulo supo decir la inmortal
frase: c¡E pur si miwvel&gt;
'
Galileo, es decir, su espíritu, sólo podía consentir en comunicarse
con un bcmbre capaz de e&lt;,mprendPT toda la grandeza del genio Inmortalizado por la humanidad sin necesidad del espiritismo. Y ¿quién más
capa1. de comprender á Galileo que Flammarion, Nadie ha sabido
como el ilustre francés dominar la aridez de la cosmografía mat~mática p:9-ra rem?ntarse basta las altísimas cimas desde donde, sin prescindir de !amencia, alcanza el hombre á. vislumbrar la grandiosa é Infinita poesía de la Creación.
Y co~~ era preciso, Gallleo y Flammarion entablaron sublime plática espmtual sobre el mecanismo del universo, y juntos sorprendieron
asombros~s secretos que la ceguedad física y la estrechez de concepción de la humanidad, habían basta entonces velado á. la ciencia; Juntos oyeron quizá. aquella misteriosa música de las esferas, aspiración
suprema delos místlevs medloevales.

ral pereza física de nuestra raza,
entregábase la juventud á una vida
sedentaria, atrofiándose y matando su energfa física, que, es uno
de los má.spoderosos elementos pa1 a el bienestar de las naciones y de
1os Individuos.
El ejercicio de la equitación, ya
proverbial entre nosotros, está pasando á la historia. Apenas si en las
fincas rústica!&gt; se ejercita todavía de
una manera completa y sólo por ga=-==i~ ~
llanes bravíos.
Pero en las ciudades, en donde-el
ejercicio físico se hace todavía más
indispensable para aliviar los nervios de las tenciones del asfalto, es
preciso fermentar enérgicamente
toda clase de sport sanos y nuestro
Semanario se propone, de tiempo en
tiempo, dar cuenta de los juegos y
ejercicios más usados en el extranjero, con la esperanza deque hallen
aficionados y cultivadores en México.

----

Flammarion traidor.
El mundo de los espíritus anda
alborotadíslmo y la cosa no es para
menos: un traidor vivía entre ellos
y de tal modo ha comprometido la
causa no muy boyante del espiritismo, que si no dió al traste con ella
muy cerca anduvo.
'
El traidor es M. Camilo Flammarlon, el Ilustre sabio, el poeta de la astronomía, el vulgarizador más
inteligente de la ciencia menos vulgarlzable.
Este simpático hombre de colosal talento y dotado
con una Imaginación volcánica, 1:1e prendó del espldtlsmo al primer golpe de vista como sucede á casi todos los hombres de Imaginación siempre que leen por
vez primera esas prodigiosas concepciones espiritas, tan seduct,oras para e1 sentimiento, como de-

Los

ANILLOS.

Del transcendental diálogo del espíritu de un genio difunto, indiscutiblemente inmortal, con un talento vivo y en plena actividad material, de esta especie de unión metafísica y misteriosa, nació un libro
cuya paternidad atribuyó Frammar! on á Galfleo, haciendo el sabio trancé¡¡ de su alma con esta declaración, una nueva rosa místi.:a fecundada por el Verbo
eterno de la Idea.
Después escribió Flamm:irlon otros libros plet6rlcos

�116

Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

samente dentro del círde fé en la teoría de dogculo de su capacidao
mas espiritas. Llegó á
moral é intelectual, dehacer coll su potente
sus aspiraJiones y, en
imaginación, maravillouna palabra, de su vid&amp;
sas evocaciones de la vipsíquica.
da de los espíritus en
No se da el caso de
otros planetas, más leque un médico, por ilusjos aún, en astros y sotre que sea, Pasteur por
les cuya lejanía de este
ejemplo, recibiera la vimísero átomo en quemosita espiritual de Galiramos, parecería ciealeo para hacerle centlción imaginativa si las
dencias sobre Id pluramate(l'láticas no la imlidad de los mundos
pu,;ieran como verdad
habitados como lo reciabsoluta.
bió Flammarión. Esto
Y uniendo en prodilo dice el mismo astrógioso consorc:o la ciennomo invirtiendo el cacia y la novela, la verso. En cambio, si Fas,.
dad impuesta por la rateur hubiese sido espiri.
zón á la c,el!eza .::reada
tista y hubiese hecho
~
por b fantasía, produjo
una evocación, difícil ea.
verdaderas obra¡¡ de arpensar qué espíritu hute en las que es imposibiera acudido á su llable admirar más al sa.-,---;
mamien
to, puest o que
bio que al artista.
siendo la Bacteriología.
Obras que abundan en
unacienciadel t odo nuebellezas literarias creava, no habría habido esdas para engarzar como
píritu legalmente autovaliosísimas gemas, las
rizado para venir á haverdades científicas que
~
.
..:..,
cer revelaciones sobr&amp;
podrían creerse re a!ella.
mente debidas á la reCierto es que el espt•
velación si solo se atenritismo atribuye la con.
diera á su novedad y á
miciencia á los espíritus
que aún noestándel tolibres de la materia, de
do confirmadas por la
tal modo que el mismo,
observación directa aunGalileo puede, según ese
que sí lo estén por el.adogma, acudir á una evociocinio estrictamente
cación y hablar con el
cientfflco.
mismo acierto é igual•
Pues bien, he aquí que
dominio del asunto, tandespués de haber dedito de astronomía, como
cado la mejor y mayor
de bacteriología, de meparte de su vida á la
cánica celeste ó de los
propaganda y á la creenrayvs X, del ferrocarrn
cia del sistema espiritisó del teltígrafo sin hilos;
ta, M. Flammarión con
todo le es igualmente
la serenidad del verdaconocido á un esplrit1&gt;
dero creyente en la Ciendesligado de las debllicia, exento de las tenadades é insuficiencias de
cid9.des del fanatismo
y dotado de esa grandela materia: pasado, preza de espíritu capaz de
sente y porvenir.
comprender que la conY sin embargo, cosa.
fesión de un error, surara y que deja abierta
pone un triunfo sobre
y amplfsima brecha eola mentira y no una dela coraza lógica del sis•
bilidad; pues bien el
tema espiritista: no S&amp;
gran astrónomo acaba
ha dado el caso de que
de declarar que debido
un espíritu venga á coná una serie de estudios
versar con los vivos SO•
psico-ffsicos, ayudados
bre asuntos que descode pacientes observacionozca. Muy al contra,
nes, ha llegado á aaquirio, el mismo Allan Karrir la convicción de que
dec para escribir los u.
no existe ni puede exisbros fundamentales deCASA DEL SR. OCTAVIO FERNANDEZ,- CALLE DE ROSALES,
tir la pretendida comusu sistema filosófioo,
nicación entre los espíritus de los vivos y-los supuestos cede en todas las sesiones caseras de espiritismo: á cual nuevo Moisés que acude á J ehovah· para escribir
espírítus libres ó errantes de los muertos; que las re- preguntas necias .. . . respuestas choca.rreras.
su Decálogo, así él acudió á los Santos y á los filósovelaciones de hechos al pare0er sorprendentes y solo
Este hecho, universal y constantemente observa- fos místicos para darle cuerpo de doctrina á sus in•
conocidos de quienes las reciben, son simples casos do en las comunicaciones medianímicas, es el más po- mensas creaciones imaginativas.
de auto-sugestión, soliloquios, confesiones íntimas, deroso para desmentirlas. Todo el que con más ó meYa vemos por este ligero estudio, muestra pequeexternaciones cuando más del propio espiritu, de la nos buena fe ha evocado, bien á un espíritu determi- iHsima de los hechos por Fll\mmarion y de los quepropia fuerza psíquica.
nado, bien á cualquiera que tenga á bien obsequiar pueden hacerse sobre la interesante cuestión del mási
Por eso es que á él le visitó de preferencia el espíritu la evocación, se ha encontrado con que ese espíritu allá del espíritu, del «ser 6 no ser&gt; del príncipe dina•
de Galileo, como un militar habría sido visitado por le habla en su lenguaje habitual, de sus propias preo- marqués, que el autor de Urania no modificó so&amp;
el de Napoleón Bonaparte, un ladrón por el de Di- cupacionos, de sus secretos íntimos y, en general, de creencias tan ligeramente como parece.
mas y un necio por el de otro necio que es lo que :,U• hechos que le son conocidos y que se encierran forzoM. ROMERO !BAREZ,

o omtngc 20 de Agosto de 1899

MEXICO MODERNO.

t-r-.

q::

donable seguir ilustrando nosotros las si- y Dos aventuramos á decir que será una de
guientes obras, cuando ni en Europa, en don- las mejores ediciones hechas hasta hoy. Conde hay consumados artistas en este género de tendrá las mejores ilustraciones de Balacar~
trabajo, se han alentado parn hacerlo.
y de Gustavo Doré.
Ahora
bien,
como
el
tomo
que
da
nuestra
Los Tres Mosqueteros.
Las obras de Riva Palacio.
edición de Los TRES MosQUETERcs es basA varios de nuestros lectores les ha causa- tante delgado para encuadernar UD volumen
Con extraordinario cuidado y con grao
do extrañeza que al concbir la publicación regular,·publicaremos la otra obra de Dumas, acopio de (Jatos relativos á la época en que
de L os TRES MosQUETERos, no se publi- EL CABALLE:ao DE LA. C.AsA RoJA.
se desarrollan los acontecimientos se están
Esta obra y Los T.&amp;is MosQUET-ERos, for- ilustrando las obras de uno de nuestros más
cara la siguiente obra de Dumas, ceV EINTE AÑOS m.SPU.ES.)&gt; La siguiente explicación marán un volumen á todo lujo que dejará sa- aplaud:dos escritores.
convencerá á todos: nuestro objeto al hacer tisfechos á nuestros más exigentes abonaLa publicaremos también en edición de·
.l a edición l ujosa de Los TRES MosQUETEROS dos.
lujo, y de la mejor manera que esté á nues·
En el folletín de EL MuNDO DIARIO, se tro alcance.
no fué dar á conocer la obra, que apenas hapublicarán
después las obras de Dumas.
brá persona que no la haya leído; nos preoComenzaremos á cumplir estos ofrecimien•
cupamos por publicar las notabilísimas ilustos desde el mes entrante, para lo cual, en
traciones de Leloir que tanto han llamado
I.a gran edición del Quijote. estos momentoH se esta armando la nueva.
la atención en el mundo artístico. Pero Lemaquinaria que se pjdió á los Estados Uniloir no ilustr,ó otra obra de Dumas más que
Preparamos la publicación de esta obra t.os, y que nos es precisa para las edicione&amp;
la pnblica&lt;la, y sería una profanación imper- con más lujo que Les TRES MosQUETEI:.os, de lujo.

Nuestras obras ilustrada~.

117

EL MUNDO.

B AJO E L SAUCE.
I
A CAMPIÑA que rodE.a la pt'quefta ciudad de Kjoegé, en
Seeland, es muy pobre;situadaá orillas
del mar, aunque este elemento ofrece
siempre singulares
en,,.antos,las playas
de Kjoegé, á decir
verdad, podrían ser
más bellas. Al rededor de la población se extiende
una llanura monótona, sin el menor
:,
accidente, com,. ,
puesta de campos
sin árboles y con
un camino que en';_\(
'/..J.: ~v.
fila en línea recta
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el bosque más cercano.
No obstante, basta haber nacido en un país
para tenerle apego: por oobre que sea, no es di1fcil descubrir algo en él que ofrezca un encanto
-particular, y que más tarde, en los días de ausen-eia, se echa de menos y se desea ver nuevamente:
algo que no puede hacer olvidar la presr.ncia de
·comarcas más deliciosas.
Ahora digamos en honor de Kjoegé, que al extremo de la población, junto al arroyo que desemboca en el mar, se encuentran algunos pequeftos
.jardites, en los que, en verano sobre todo, siempre
que medie un poco de buena voluntad, puede uno
creerse en un paraído.
Así por lo menos lo consideraban un niilo y una
nin.a, hijos de dos familias vecinas, los cuales so•
lían ir á jugar á aquel sitio, deslizándose por en·tre la cerca de groselleros que separaba los jardines de sus casas respectivas. En uno de esos
.jardines había un sauco y en el otro uo sauce:
este últim,&gt; era el árbol favorito de la infantil pareja, per mitiéndoles sus padres jugar á la sombra
·del mismo, aunque por su proximidad al arroyo
hubieran podido caer en el agua; pero afortunadamente la Providencia vela por los p equelluelos, sin lo cual más de una vez éstos serían dignos de lástima.
Por su parte los dos niilos ponían mucho cui·dado en evitar una desgracia; el muchacho tenfa
tanto miedo al agua, que en la estación veraníe•ga no había medio de decid irle á darse un remojón en el mar; sin embargo de que t odos los nillos de su edad se recreaban zambulléndose en
las olas. En vano picaban su amor propio y le
·dirigían pullas y chanzor.etas; todo flra inútil
para hacerle vencer sli horrur al agua; sufría
las bromas y se callaba.
Pero J uana, su compafterita, soiio una vez que
·dentro de una barca andaba bogando por el mar,
Y que él (él se llama Knoud) corda hacia ella;
que el agua le cubría el cuello, que Juego le cubría la cabeza y que últimamente acababa por
desaparecer envuelto en las ondas. Desde que
Knoud tuvo noticia del sueflo de su amiga, ya no
aguantó por más tiempo las bromas de los demás
-ehiquillos. El había estado en el agua: Juanita lo
había visto en suellos; pero no por .esto se aventuró nunca á zambullirse, contentándose con ponerse muy orgulloso con el sueño de su amiguita!
Los padres de ambos ninos eran buenos
amigos. Knoud y J uanita iban siempre juntos, jugando ora en los jardines, ora en la carretera, en cuyos bordes había. una hilera de sauces;
pero tan desmedrados y con sus cimas tan des·coronadas, oue bien se veía no los habían plantad~ por la sombra que pudieran dar, sino por la
U~l.1d~d que reportaban. En cambio, el sauce del
VIeJo Jardín ya era otra cosa: nada más hermoso
-que este árbol con sus prolongadas y espesas racnas formando una especie de glorieta., en donde
1

los dos muchachos gustab!ln de pasar la mayor
parte del dfa,
Había ,:m la población una gran plaza, y en ella
se celebraban ferias y mercados. En días de feria llem\base de largas calles formadas de mesas,
tiendas y barracones que se cubrían de cintas,
juguetes, calzado y de todos los objetos imaginables. Por esas calles discurría sin cesar una espesa mucbedumbre. Entre las mesas se contaba
una l'.ena de piezas de mazapán, y el mercader
que la tenía á su cargo durante los días de feria,
se hospedaba en casa de los padres del pequen.o
Knoud, lo que bacía que éste de vez en cuando
se viese obsequiado con un pedazo de esta sabrosa golosina, que, como es natural, compartía con
su Juanita.
Pero lo que para los muchachos valía indudablemente más que estos regalos, era. que el mercader sabía un sin fin de cuentos sobre toda suerte de cosas imaginables, inclusos los mazapanes.
Una noche contó una historia á propósito de esto,
que produjo. en los dos nillos una impresión tan
profunda, que ya nunca, jamás, en toda la vida,
debían olvidarla. Creo que será bueno reprod11cirla íntegramente, pues tiene la ventaja de no
ser muy larga.
«Tenía en el aparador de mi tienda, dijo, dos
figuritas de mazapán: la una era un hombre y
llevaba sombrero, la otra una seftorita y no lo
llevaba. N0 tenían forma humana más que deun
lado; del otro no había que m:rarles. Por lo demás, todos los h0mbres son lo mismo, y nb hay
que examinarles por su enves. El monigote llevaba pegada á su costado izquierdo una almendra amarga, era su corazón; -en cuanto á la sellorita, era toda ella una masa de miel. Yo les había
puesto de muestra en el aparador y estuvieron
juntos durante tanto tiempo, que acabaron por
amarse; pero sin que ni el uno ni el otro se atr~viera á declarárselo. No obstante, era necesano
que se hablasen i,i querían ver correspondida su
ternura y llegar á algún resultado.»
- «A. él, como hombre, le toca comenzar,» pensaba ella, y no ambicionaba otra cosa que saber
si era correspondida en su secreta afección.
«Respecto á las ideas del joven, eran mucho
más vastas, como suelen serlo siempre, tratándose del sexo fuerte, Imaginábase que era un muchacho callejero, uco de esos que él veía pasar
todos los días por delante de la tienda, y se hacía
la ilusión de que tenía cuatro cuartos, con los
cuales podía compra.r á la sefl.orita para comérsela.
«Así, ensimismados en estas ideas, pasaron
días y semanas en el aparador, hasta que con el
tiempo se secaron. Las ideas de la joven eran ca•
da vez más tiernas, afectuosas y dignas de una
señorita bien educada.
- «Ya puedo darme por dichosa, . se drnía
suspirando, de haber podido permanecer tanto
tiempo á su lado»
Y ¡crac! de repen~e se agrieta, se parte en dos
y muere.
- «Si hubiese comprendido mi amor, exclamó
el joveu, ¡oh! de fijo que habría sQportado la existencia.»
«A.quí acaban la historia y sus dos héroes. Tened presente que no son ellos los únicos que por
su culpa se encuentran en el mismo caso._ A otros
que no son de m11.zapá.: les sucede lo mismo: el
amor mudo á nada conduce. Tomad, os las regalo,»
y entregó á Juanita la figura. del joven que aún
estaba entera, y K noud recibió los dos pedazos
en que se había dividido la de la seftorita. Pero
á los dos muchachos les había impresionado tanto
esta. conmovedora historia, que no tuvieron ganas de hincar el diente en los dos enamoradoe.
A.l día siguiente llevaron las figuras al cementerio. Sentaronse en el césped junto al muro de
la iglesia, tapizado, tanto en invierno como en
verano, con ricas guirlnaldas de yedra. Colocaron
las dos figuras en una hornacina rodeada de verdura é inundada por la luz del sol, y contaron á
un enjambre de muchachos la historia del amor
mudo que no conduce á nada.

El cuento gustó extraordinariamente; pero cuando se disponían á mirar de nuevo á la infortnnada pareja, encontráronse con la novedad de que
la seftorita había desaparecido; un muchacho algo
crecido, aprovechando la di~tracción de los de·
m!ls, sela babia zampado disimuladamente. Knoud
y Juanita rompieron á llorar con
nmargura; pero por
último, probablemente para no dejar al joven solo en
el mundo, se lo comieron también, sin
que por esto echaran la historia en
olvido,
En lo sucesivo
continuaron jugan. do bajo el sauce y
el sauco. La nifta
solía entonar 1as
más hermosas can. ciones con una voz vibrante y pura como los
sonidos de una campana argentina; en cuanto
á Knoud, el pobre no tenía voz para acompaiiarla en el canto; pero sabía la letra de memoria,
y con esto se contentaba. L as gentes de Kjoegé,
incluc1a la esposa del fabricante de juguetes, que
había. residido largo tiempo en la capital, se
paraban con frecuencia á oír los cantos de Juinita.
- «Esta muchacha, decía la indicada seftora.,
tiene una voz deliciosa.
Días de ventura eran aquellos, que no habían
de durar mucho. Las dos familias se separaron.
Murió la madre de Juanita, y su padre trató de
casart1e nuevamente, pero en h capital, en donde
le dijeron que se ganaría lf vida mejor que en su
pueblv, entrando de recadero en una buena casa,
cuyo lucrativo empleo le tenían reservado.
Al separarse las dos familias, virtiéronse algunas lágrimas: en cuanto á los nillos lloraran y
sollozaron, prometiendo escribirse por lo menos
una vez al año.

II
Knoud eqtró de aprendiz en casa de un Z!lpa.tero, pues ya era demasiado talludito para que
sus padres le dejaran correr por los campos perdiendo el tiempo. Por fin hi.:o las pruebas del
aprendizaje; ¡y qué no hubiera dado en un día
de fiesta tan sellalado, por hallarse "n Copenhci·
gue, en presencia de suinolvidableJuanital Pero
¡ay I aún debía permanecer en Kjoegé durante algún tiempo.
No había estado nunca en la capital, á pesar
de que ésta se bailaba situada sólo á cinco millas
de.su residencia. En los días serenos, Knoud divisaba más allA del golfo las altas torres de Copenhague, y el día d,e su confirmacion vió distintamente los reflejos del sol sobre la cruz dorada.
que corona la cúpula de la iglesia de Nuestra Seftora. ¡Cómo volaron sus pensamientos hácia su
antigua compafteral
Y elb ,.pensaría en él aún? Sí. Por Navidad recibieron carta de su padre, notificándoles
que todo les iba á pedir d e b oca en Copenhague;
y que respecto á J uanita, á cama de su hermosísima voz, la auguraba todo el mundo un porvenir brillante. Aiiadía que la nilla tenía colocación en la comedia, es decir en la comedia en
que se canta, ganando algún dinero, y que era
ella la que le encargaba enviase un escudo á sus
queridos amigos de Kjoegé, para que pasaran
una divertida noche de navidad. «Bebed un sor •
bo á mi salud," afiadía de su pullo y letra en la
post-data, y además las siguientes palr:tbras: «Mis
mejores recuerdos· A Knoud,»
La lectura de esta carta hizo verter lágrimas á
toda la familia; pero como las notic:as eran tan
satisfactorias, esas lágrimas fueron de alegría.
El recuerdo de J uana había venido embargando
sin cesar el pensamientu de Knoud, quien no cabía en sí de gozo, al observar que ella tampoco

�EL MUNDO.

Y el buen hombre llamó á la puerta discr~tamente como si en vez de ser el padre de la mfia,
fuese ~n forastero y entró seguido del joven.
¡Qué lindo era tod~ en aquel cuartito! Ni la re~na
"tiene una casa mejor, pensaba Knoud; no, es imposible. Allí había alfombras, cortinajes qu?caían
hasta el suelo, un sillón forrado de terci_opelo,
flores y cuadros á profusión, y un magi::ífico ~spejo al que uno no se atrevía á acercar3e de miedo de romperlo con los pies, pues era grande como una puerta.
Knoud abarcó de una sola mirada todas aquellas maravillas sin embargo de que no tenía ojos
bastantes para'contemplar á Juana, de pie delante de él. Encontróla hecha una seftorita, muy distinta de lo que había imaginado; pero infinita•
mente más hermosa. De fijo que enKjoegé no había otra que pudiese comparársele, pues -por _su
aspecto distinguido, casi era imponente. Juamta
pareció asombrarse de ver á Knoud; pero sólo un
momento, pues luego se precipitó hacia él; como
si hubiese querido besarle, y aunque no lo hizo,
poco le hitó.
Sí indudablemente tuvo una inmensa alegría
de v~Iver á ver á su compaftero de infancia. Pues
qué, ¿no se le llenaron los ojos de lágrimas? ¡Y
qué de preguntas no le dirigió! Quiso enterarse
de todo, y de todos pidió noticias: de los padres
de su amigo, de la comad'!'eSaucv y del compadre
Sauce, así designaban á los dos árboles en los
venturosos tiempos de su infancia, atribuyéndoles cualidades personales.
- «Después de todo, por qué no habían de tenerlas, preguntaba Juana, en unos tiempos en
que las adquirían hBsta las figuritas de mazapán,
según reza un cuento que en estos instantes me
viene á la memoria?
Juana se refería á los monigotes del mercader
de la feria, recordando perfectamente su amor
mudo durante el largo tiempo que permanecieron uno al lado del otro en la parada, hasta que
por fin uno de ellos se dividió en dos pedazos.
La joven sonri6 al recuerdo de esta historia; en
cambio á Knoud le subió la sangre á las mejilias
y redoblaron los latidos de su cnrazón.-«Loado
sea Dios, dijo para sus adentros:
después de todc no se ha vuelto or/
~'
gullosa.»
-Ella fué ademáE-y esto lo tuvo el
joven muy en cuenta -quien hizo
que sus padres le invitaran á pasar
con ellos el resto del día. Después
tomó un libro, y dió una lectura en
voz alta, y á Knoud se le antojó creer
que lo que leía se relacionaba con
su amor, de tal suerte los pensamientos del autor estaban identificados con los de su alma. Luego .
cantó una canción muy sencilla y
Knoud se figuró que los pocos versos que encerraba eran todo un
poema rebosando del corazón de la
doncella. De suerte que ella le amaba, no cabía duda. A este pensamiento no pudo contener dos lágrimRs que brillaron en sus ojos, pero
en cambio no acertaba á proferir
una palabra, y creyó haberse vuelto tonto, á pesar de que ella le estrechó la mano diciéndole:
- «Tú tienes buen corazón, querido Knoud: procura conservarlo
siempre.»
Aquella fué una velada sin igual,
Dió con la casa que andaba buscando, y tuvo y no había que pensar en dormir en toda la noque subir tantos escalones, que hasta temió tener che: en efecto, el enamorado mozo no pudo cevértigo, sobre todo al considerar, no sin horror, rrar los ojos, máxime recordando que al despela manera de vivir que tienen las gentes en aque- dirse el padre de Juanita le babia dicho:
-«Ahora ya sabes dónde está tu casa; suponlla horrible capital, hacinadas las unas sobre las
go que no nos olvidarás y qu~ no dejarás pasar
otras.
Todo en la habitación respiraba comodidad y todo el invierno sin volver á hacernos alguna vibienestar. El padre de Juana le recibió de buen sita.»
Estas palabras, á su modo de ver, le autoriza.
talante, y en cuanto á la nueva espoaa de éste,
aunque no conocía per;;on~lmente á Knoud, le ban para volver á casa de Juana el próximo dotendió la mano y le sirvió una buena taza de mingo, y aun cuando resolvió hacerlo así, todas
las noches después del trabajo (y esto que en el
café.
-¡Qué contenta se pondrá Juana de volver- taller se velaba) salía á dar un paseo, recorriente á ver! dijo el padre. Noto que te has hecho un do cada día la calle de Juanita. Así tenía ocasión
soberbio mocetón. A ella ya la verás. ¡Oh! Es una de contemplar las ventanas de su cuarto, casi
chica que ha venido al mundo para darme mu- siempre iluminadas. U n día ¡qué día aquel! divichas alegrías: muchas me ha dado ya; pero espe- só la sombra de la joven proyectada en la cortiro que con la ayuda de Dios aún me dará más. na. En vano á su patrona le sental-an muy mal
Aquí, junto al nuestro, tiene un cuarto para ella esas contínuas salidas, meneando la cabeza en
sola. Mira, Knoud, ella misma se paga el al- seftal de disgusto: el amo sonreía diciendo:
-«Considera que es joven y que hay que dar
quiler.

le olvidaba. Cuanto más se aproximaba el término de su aprendizaje, más persuadido estaba de
que se casaría con Juana. A esta ,idea dibujábase
una sonrisa en sus labios, y este pensamiento le
venia 11 las mientes en su trabajo, por lo que tiraba del hilo con doble rapidez, y aún le sucedió
alguna vez que, apoyándose con todas sus fuerzas en el tirapié, se clavó la lesna en un dedo,
sin hacer de ello caso alguno. De lo que Knoud
estaba bien seguro, era de que cuando llegara el
caso, no había de perderse por callar su amor, á
imitación de los dos ena:rnorados de mazapán;
cuya historia debía servirle de ejemplo y enseftanza.
Por fin pasó á oficial. Con el morral .1. la espalda, vedle ya en camino de Copenbague, en
cuya ciudad no ha estado nunca, y á. la cual va
colocado de antemano en casa de un maestro zapatero. ¡Qué alegre se pondrá. Juana al saberlo! ¡Qué sorpresa experimentará c..:ando le vea!
Juanita tenía diez y siete aftos y Knoud diez y
nueve.
El joven trataba de comprarle una sortiJa en
Kjoegé; pero después dereflexionarlomejor, tuvo
nor seguro que había de encontrarlas más hermosas en la capital. Despidióse de BUS padres y en
un Jluvioso día de otofio dejó su ciudad natal, haciendo el viaje á. pié. Caían las hojas de los árbOle~; y llegó á Copenbague bastante calado, dirigiéndose en seguida á casa de su patrono. Al
inmediato domingo dispúsose á visitar
al padre de
/
Juana, poniéndose su traje
nuevo y un
sombrero comprado en el
pueblo, que le
.
sentaba mu y
/ ./ /
bien. Hasta en,. / //
tonces Knoud
,
sólo había llevado
gorra!
,,;
/
/

Domingo 20 de Agosto de 1899.
á. la juventud lo que de la juventud es pro..
pío.»
- «El domingo --;-olveré!'í verla, pensabaKnoud
y le diré que reina en mi alma, Y que ha de se; .
mi esposa. Es cierto que yo no soy más que un,
mísero oficial zapatero; pero me pasaré á maestro, trabajaré, me sacrificaré, en una palabra,.
haré cuanto de mí dependa para llegará ser al-go. Fuera vacilaciones: el domingo me declaro, .
le hablo con entera franqueza. El amor mudo no
conduce á nada: desde ni:l!.o conozco la historia
de las figuritas de maza pan.
Llegó el domingo y Knoud cumplió su propósito, presentándose en casa de Juana; pero ¡oh,
desgracia! la encontró disponiéndose á salir,.
pues estaba invitada á una tertulia; y como Knoud
no se marchase, fué menester advertírselo. No .
obstante Juanita le dió un apretón de manos diciéndole:
-«¿No has ído todavía al teatro? Pues quiero .
que vayas una vez. El próximo miércoles yo
canto, y si estás desocupado te enviaré un billete. Mi padre ya sabe donde vive tu amo.»
¡Cu!'ínta amabilidad! pensó Knoud. El próximo,
miércoles al mediodía recibió en efecto un pliego cerrado, que contenía el billete que le había .
ofrecido Juana, sin ninguna carta acompaftatoria. Por la noche fué al te~tro por primera vez,
y vió á su amada en la p.sce11a. ¡Qué oella esta-- ·
bal ¡Qué graciosa! Bien es verdad que la casaban con un extranjero; así lo disponía el autcr ·
de la comedia; sin embargo ya comprendía
Knoud que aquello era una ficción, pues de otro,
modo Juana no habría tenido la crueldad de enviarle un billete para hacerle presenciar una
monstruosidad semejante. Todo el mundo aplaudía y aclamaba á la joven artista, y el mismo
Knoud se unía al general entusia3mo, gritando::
«Bravo! bravo! »
¡Aht Hasta el rey sonreía á Juana, demostrando el placer que experimentaba al oírla. ¡Qué pequel'l.o, qué insignificante se sintió Kcoud en
aquellos momentos!
·
-«Y sin embargo, se decía, yo la amo y ella .
me ama también: el amor lo iguala todo. En estos casos al hombre le toca decir la primera palabra; esto pensaba la se:l!.orita maza-pán, y su,
historia encierra más de una enseftanza.»
Al inmediato domingo hizo una nt¡eva visita A
sus paisanos, hall!'índose tan en extremo conmo•
vido, como en el día de la confirmación. Eacon-tró sola á Juana y le recibió: todo, pues, marchaba viento en popa.
- «Me alegro de tu visita, le dijo Juana: pensaba enviarte recado por mi padre; pero porotr&amp;•
parte tuve el presentimiento de que est1t tarde ibas á venir, y no lo hice. DeseabR participarte
que el próximo viernes salgo para Francia: de•
bo emprender este viaje si quiero hacer algo de·
provecho.»
Al pobre Knoud le pareció que el mundo sel•
venía encima; todos los objetos del cuarto empe•
zaron á bailar ante sus ojos: . sintióse el cor azón
próximo á estallar en mil pedazos, y ni una IAgrima acudió á sus ojos. No obstante la pesadum•
bre más intensa se reflejaba en su semblante.
-«Qué bueno eres!» dijo Juana. .
A esta cariliosa exclamación, Knoud desató sa
lengua y le dijo que la amaba y quería hacerla
su esposa.
Apenas acabó de pronunciar estas palabras,
observó que Juana se demudaba y palidecía,
dejaba caer sus brazos y respondía con voz gra·
ve y afügídB:
- «No te hagas desgraciado, Knoud, ni me ha-gas desgraciada á mi. Yo seI é siempre respecto
de tí como una buena hermana, en quien puedes
tener plena confianza; pero nitda más que una
hermana.»
Y paeando con dulzura su linda mano por la
ardorosa frente del mancebo, aftadió:
-- «Dios nos conserve la fuerza necesaria para
llevar á cabo las cosas más difíciles, siempre que
nosotros tengamos valor y voluntad.»
En estos momentos la madrastra de Juana en··
tró en el cuarto.
,
-«Knoud, dijo la joven, está fuera de sí á cau•
sa de mi viaje. Ea, amigo mío, sé hombre.&gt;
Y hablando así, le pasó cari:l!.osamente·1a ma·
no por la espalda para dar á entender que se ,ra•
taba del viaje y no de otra cosa.
-«Vaya, no seas nifto, continuó diciendo; ahora y siempre quiero verte bueno y razonable, como en los felices tiempos de nuestra infancls,.
cuar.do jugábamgs bajo el •sauce,»

Domingo 20 de Agosto de 1899.

A Knoud le parecía que el mundo se desquiciaba; sus agitados pensamientos podían compararse á un hilo suelto flotando en el aire al soplo del viento. Permanecía clavado en aquel sitio, sin saber que partido tomar, ni si le habían
dicho que se quedara; pero tanto Juana como su
madrastra er an amables y compasivas, y aquella le sirvió una taza de té y cantó. Su voz no
vibraba como otras veces, pero era incomparablemente arrobadora, y al escucharla, se iba dilatando el corazón del pobre mancebo.
Después se separaron y como Knoud se marchase sin tender la mano á Juana, ésta le dijo:
- «¿Y te irás sin dar la mano á tu hermana,
mi antiguo compaftero de infancia? ... »
Al decir estas palabras sonreía á través de las
I•grimas que se agolpaban á sus ojos y resbalaban por sus mejillas.
Todavía repitió alguna otra vez la palabra
hermano, ¡Bonito consuelo para Knoud!
Aaf se despidieron.

III
Desde que Juana se embarcó· para Francia,
Knoud iba vagando todos los días por las calles
de Copenhague; y sus compafteros de trabajo,
después de preguntarle inútilmente por la causa
de esos paseos sombríos que le sumían en las
mAs prof11ndas preocupaciones, le invitaron á tomar par te en sus placeres.
-c¡EH! le dijeron los jóvenes, á divertirse !&gt;
Un día les acompafló á la sala de baile, que estaba llena de hermosas mujeres. Ninguna, no
obstante, le pareció tan bella como Juana; y le
auc;dió precisamente que habiendo ido allí para
olvidarla, tuvo con más tenacidad que nunca fija su imágen en el pensamiento.
- cDioe nos da fuerza, había dicho ella, siempre que nosotros tengamos valor y voluntad. .,,
Al recordar esta frase tuvo lástima de Juana.
Sonó la orquesta y aquellas jóvenes bailaron
con alegría haciéndole estremecer de espanto.
Parecíale encontrarse en un sitio al cual no habría podido acompafiar á Juana, y no obstante
ella estaba allí, puesto que la llevaba en el corazón.
Salió del local y recorrió varias calles, pasando por delante de la casa en que ella había vivido: la noche era obscura y por todas partes reinaban la soledad y el silencio. El mundo seguía
•u ~ mino y Knoud el suyo.
Vmo el invierno, se helaron las aguas y la naturaleza trocó sus galas por los fúnebres arreos;
tero al renacer la primavera, cuando el primer
tiuque_ de vapor se hizo á la mar, Kooud se sinó estimulado por el deseo irresistible de hacer
un
F
vi~je largo, muy largo, hasta más allá de
rancia.
Preparó su saco y se marchó lejos, muy lejos;
~: av~sando toda la Alemania, de pueblo en pueU : sin hacer alto ni detenerse en punto alguno.
d: Jc~mente al entrar en la antigua y curiosa cjudu e Nuremberg, le pareció que volvía á ser
Nilo de sus pies, decidiévdose á quedarse allí.
lle e~remberg es una pobl;;ción singular que tieUn .ª~Pecto de una estampa desprendida de
? eJa crónica ilustrada. Sus calles serpetean
las~ chosamente: sus casas se separan de las fieadellando la línea recta: multitud de está•

ea;

EL MUNDO.

tuas sobresalen de las paredes sobrecargadas de
~aras y extrav:agantes esculturas; y desde los te•
Jados, á _cual más caprichosos, se prolongan en
el espacio hasta mitad de la calle gárgolas de todas formas, semejando perros, liebres, dragones
y monstruos.
Knoud con el saco á la espalda, hizo alto en la
plaza d?l Mercado, permaneciendo de pié junto á
una antigua fuente adornada de soberbias estátuas de brunce, figurando personajes bíblicos, por
entre los cuales surgen los chorros de agua. Una
linda criada de servicio llenaba el cántaro, y como Knoud, cansado del camino, sintiese una sed
abrasa~or~, ella le ofreció de beber, regalándo!e
al prop10 tiempo una rosa que extrajo de un ramo que llevaba. Esto le pareció á Knoud de
buen augurio.
Los vigorosos sonidos de un órgano proced.:ntes de una iglesia vecina recordáronle su país,
pues se parecían mucho á los que resonaban en
el templo de Kjoegé Penetró en el vasto santuario: los rayos del sol filtraban á través de las
pintadas vidrieras de los ventanales iluminando
caprichosamente las hileras de altas y esbeltas
columnas: la piedad embargó todos los pensamientos de Knoud, y la paz y el reposo penetraron en su eapíritu.
Buscó y encontró en Nurembergun buen maestro: se hospedó en su casa y así aprendía el idio•
ma aleman.
Los antiguos fosoc1 que circundan las fortificaciones
están divididos, trocados en huertas , pero
.
aun permanecen en pié las altas murallas flan•
queadas de macizos torreones, así comv los caminos cubiertos que actualmente utiliza el soguero
para la elaboración de sogas y cordeles. Espe·
sos grupos de sancos arraigados á las grietas de
los viejos muros, cobijan con su ramaje~las casitas adosadas á las fortificaciones, Pues bien, en
1ma de estas casitas vivía el maestro de K noud.
Precisamente el joven oficial trabajaba junto á.
una ventana sombreada por el ramaje de uno de
aquellos daucoe.
Knoud permaneció en .ia misma casa todo el
verano y hasta el invierno; pero volvió la primavera, floreció el sanco, embalsamand&lt;1 todo el
ambiente, y Knoud empezó á entristecerse y preocuparse pensando en otro sauco y sintiéndose
transportado al jardinito de Kjoegé, por cuyo
motivo despidióse del maestro y buscó nueva colocación en el interior de la ciudad, donde no
hubiera sancos que despertaran en su ánimo dor•
midos pensamientos.
El nuevo taller se hal~aba situado en las inmediaciones de un viejo puente, por debajo del cual
corrían con rapidez las aguas deun arroyo, que hacían dar vueltas con estrépito ála rueda de unmoli•
no. Las aguas pasaban tlncajonadas entre dos casas, que parecía que iban á sacudir sobre el arroyo sus destartalados frontispicios. Bien es verdad que por allí no había ningún sauco; pero precisamente delante del taller crecía un robusto y
viejo sauce cuyas raíces se agarraban á la casa
para vencer el ímpetu de la corriente, y cuya3
ramas se reflejaban en el agua de un modo parecido al sauce del jardín de Kjoegé.
En realidad el pobre Knoud había ido del compadre Sauco á la comadre Sauce; y las noches
en que brillaba la luna tenía este último un aspecto indefinible, que le lleg-aba al corazón llenándoselo de ternura y abatimiento. Ya no podía Knoud permanecer por más tiempo en Nuremberg, y si queréis saber por qué, preguntád•
selo al sauce, preguntádselo el sa.ico en flor.
Despidióse de su maestro y abandonó la ciudad,
sin que jamás hubiese hablado á nadie de Juanita, sepultando sus pesares en el fondo de su alma.
Varias veces le asaltaba el recuerdo de la historia de las dos figuritas de mazapán, y entonces
se daba cuenta de que el hombre tuviese una almendra por corazón: también e! suyo era todo amargura. En cambio J uanita tan dulce, tan
amable, tan afectuosa, ¿no estaba acaso formada
de azúcar y miel como la señorita de aquella historia tan sencilla y tao ingénua?
Su imaginación no podía desprenderse de esos
recuerdos que le oprimían y apenas le dejaban
respirar. Creyendo que esto dependía de las correas del saco que llevaba á la espalda, se las
aflojó, pero sin resultado. Para Knoud había dos
distintos muncos, el exterior que le rodeaba y el
que llevaba en el fondo de su espíritu, mundo de
recuerdos y de sentimientos en el cual vivía con
preferencia al otro, que le era poco menos que
indiferente. Tan solo al divisar las altas ,mont,a-

119

ftss pudo su espíritu desechar las sombrías ideas
y fijarse en los objetos exteriores. Ante tan imponente espe~táculo, los ojos se le llenaron de lágrimas.
Aparecféronsele los Alpes como las alas plegadas de la tierra. «¿Qué sucedería, decíase, si d'erepente desplegase y extendiese esas alas inmensas con sus bosquee sombríos, con sus torrentes
y masas de nieve? Sin duda la tierra el día del
supremo juicio se elevará al ir., finitc, y como una
pompa de jabón á la luz del sol, estallará dispersando los millones de Atemos que la componen,
al resplandor de los rayos de la Divinidad. ¡Oh!
¿Por qué no han de sonar en estos momen tos l •s
trompetas del juicio final?» exclamaba K noud
exhala!'ldo un profundo suspiro.
Y atravesó aquél país, que iba tomando á
aus &lt;'jos el aspecto de un verdadero paraíso: las
muchachas que batían el cá:l!.amo, le saludaban
con un airoso movimiento de cabeza desde los
balcones de las queseras, y á este halagüe:l!.o saludo respondía Knoud cortésmente, sin aftadir una
sola palabra alegre, como suelen hacer en tales
casos todos los jóvenes de su edad.
Cuando á través del follaje descubrió los vastos lagüs de verdosas Bguas, víoole ála imaginación el recuerdo del mar que bafta la s playas en
que había nacido y la profunda bahía de Kjoegé.
Pero esta vez y a no sentía dolor alguno, sino
profunda melancolía que le embargaba el alma.
Vió al Rhin precipitarse todo entero desde lo
alto de una roca, raegándose en millones de gotas que forman una masa blanca y vaporosa á
través de la c~al se descompone y toma todos los
colores del iris. Este imponente espectáculo le
trajo á la memoria la espumeante y rumorosa
. cascada del arroyo de Kjoegé, al precipitare sobre la rueda del molino. Por todas partes le acosaba el recuerdo del lug.llr de su nacimiento y de
su venturosa infancia.
De buen grado se hubiera establecido en una
de las tranquilas ciudades que se levantan á orillas del Rhín, pero el país estaba cubierto de sancos y sauces. Continuó marchando, atravesó las
~Itas montaftas siguiendo los senderos que se deshzan por entre rocas cortadas á pico, divisó las
nubes flotando á sus piés y escuchó el estrépito
de los torrentes que corren por el fondo de los
valles, á una profundidad prodigiosa, sin experimentar pavor ni asombro.
Desde las nevad11s cumbres en que florece la
rosa de los Al pes se dirigfa al país del sol: dió ua
adios á las camarcas del Norte y llegó por fin á
los bosques de casta:l!.os, á los viñedos á los maizales. Una cordillera de escarpadas montaftas le
separaba ya del lugar en que había ·dejado ya
tan tristes recuerdos.
- «¡Por fin! se dijo; ya era hora de que así su•
ce&lt;.liera.»

IV
Había llegado á la vista de una populosa y
magnífica ciudad; las gentes del país le daban el
nombre de Miliin. Encontró en ella un maestro
alemán y que le proporcionó trabajo. Era un viejo y guapo sujeto y su cónyuge una mujer buena
y muy piadosa. Ambos se prendaron en seguida
del oficial ext:anjero que hablaba poco, trabajaba mucho y vivía honesta y cristianamente,
Parecíale á Knoud que Dios por fin se había
digna~o librarle del ~n~rme peso que Je oprimía.
Su meJor placer cons1stia en subir á los terrados
de la Catedral, cuyos mármoles eran blancos como la nieva de su país, y correr á través ~ las
agudas torrecillas, de las agujas y de los arcos·
pero en cada recodo, en cada ojiva descubrí~
blancas estatuas mirándole y sonriéndole. Extendíase sobre su cabeza la azulada bóveda Jel
cielo, á sus piés la ciudad, en torno de ésta la inme~s~ llanura ~e la verde Lombardía y al fondo,
en ultimo térmmo, altas y soberbias monta:1!.as.
Pe_1;1saba á veces ~n la iglesia de Kjoegé, en sus
roJizo~ muros tap1z~dos. de yedra; pero ¡qué diferencia entre esta iglesia y la Catedral milanesa!
Knoud no deseaba ciertamente volverla á ver
antes bien se hizo el propósito de dejar los bue'.
sos s.llí, detrá.s de las monta:l!.as.
Llevaba. ya un afio de residencia en Milán y
hacía tres que había abandonado su país. Un
su maestro 1
distraerle, le llevó no al Circo
á ver los eJermcios ecuestres, sino al gran teatro
de la Scala, es decir, á la ópera. La sala valía la
pena de ser visitada. Sus siete galerías de palcos
adornados con ricos cortinajes de seda, desde la

Pª:~

día

�Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.
primera á la última, y en toda su extensión estaban atestadas de elegantes damas, compuestas y
prendidas como para ir á un baile, y ostentando
hermosos r amos de flores. Los caballeros vestían
asimismo su traje de etiqueta, y algunos llevaban uniformes recamados de oro y plata. El vasto recinto estaba iluminado como en pleno día, y
llenaban el espacio los brillantes acordes de una
nutrida orquesta. Aunque este templo del arte
era infinitamente más bello que el teatro de Copenhague, ta mbien allí debía renacer poderosamente en el ánimo del pobre Knoud el recuerdo
de Juanita.
Como por arte de encantamiento, apenas se levantó el telón, apareció Juana cubierta de joyas, de bl 0ndas y seda y ceflida su frente con
una diadema de oro. Cantó como sólo los ángeles del ciP,l o pueden hacerlo, y adelantándose hacia el proscenio, Knoud vió brillar en su., labios
una encantadora sonrisa, como sólo podía brillar
en los labios de Juana. Sus miradas se dirigían
al joven, y el pobre mozo cogieudo las manos de
su amo, exclamó en voz alta: «¡Juana!»
Sólo el anciano pudo oírle, pues los acordes de
la orquesta ahogaron su acento. Y el 11mo de
Knoud, haciendo con la cabeza un movi miento
afirmativo, dijo. «En efec o, sí, se llama Juana. »
Y al mismo tiempo sacando del bolsillo un programa impreso, le ensefió este nombre puesto en
letras muy grandes que cogía por .;u ancho el
papel de parte á. parte.
No, aquello no era un suefio: el oúblic0 transportado de entusiasmo, inundaba el palco escé nico de flores y coronas, y cada vez que Juana
dejaba la escena, era llamada, dos. tres y cuatro
veces, recibiendo los fren éticos aplausos del auditorio.
Termi nada la función un grupo numeroso rodeó el carruaje de la diva; la multitud desenganchó los caballos y so dispuso á. arrastrllrla llevándola en triunfo. Knoud estaba en primera fila, ébrio de contento y más entusiasmado, 8i cabe, que el resto de la muchedumbre congregada
á las puertas del teatro. El carruaje se paró enfrente de una casa espléndidamente iluminada,
en la cual Juana se hospedaba. Cuando ésta bajó del coche, Knoud estaba pegado en la portezuela. La luz caía de lleno sobre el agraciado
rostro de la joven, quien sonreía dando las gracias á todos con una amabilidad sólo comparable á la profunda emoción que experimentaba.
Knoud la miró en los ojos, y ella le míró también
pero sin reconocerle. Un caballero que llevaba
en el pecho una deslumbradora condecoración
cuajada de diamantes, le ofreció el brazc .
- «Es su novio .... se vaá casar con ella, » decía la muchedumbre.
Knoud volvió á su casa y preparó en seguida
su s11co de viaje: le era forzoso regresar á su
país, irá ver los lugares de su infancia, contemplar de nuevo el sanco y el sauce. ¡Ah! Bajo el
sauce basta una hora para que un hombre pueda
hacer concienz udo exámen de su vida entera.
En vano las buenas gentes que le habían acogido en su casa, le rogaron que se quedara; en
vano le hicieron notar que iba á. v enir el invierno, que las montafl.as se cubrirían de nieve, que
los caminos estarían intransitables.
- «Es necesario, respondió Knoud, que los carruaje¡¡ se abran paso de un modo ú otro, y yo
no haré más que seguir el surco que dejen en el
camino.»

Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

121

V

Tomó el saco y el bastón y se marchó, camino d~ los montes: subió y bajó, y sus fuerzas iban decayendo, sm ver casa
ni poblado. Se encaminaba al Norte; llls trémulas estrellas
brillaban á. su alrededor, sus piernas vacilaban, su cabeza se
desvanecía. En el fondo del vall~ veía parpadear nuevlls estrellas, como si se encontrase suspendido en la inmensidad, con
un cielo arriba y otro cielo abajo.
Sentíase enfermo: las es~rellas de abajo iban en aumento, creciendo en numero y en intensidad y moviéndose de un
lado á otro: eran las luces de una aldea; y en cuanto se hizo cargo de ello,
reunió todas sus fuerzas y llegó á una
vemana pobre y desmantelada.
Pasó en ella toda la noche y el día siguiente, pues sentía necesidad de reposo
y de cuidados. En tanto vino el deshielo y llovía á mares. A la mañana siguiente llegó á la venta un mendigo en
compafl.ía de una anciana, y tocó un can·
to que se parecía tanto á. una melodía
danesa, que á Knoud ya no le fué posible
permanecer un momento más en su hosped11je. Púsose en marcha nuevamente,
siempre hácia el Norte, anduvo días enteros, sin descansar, lleno de excitación
y con p11so precipitado, como si temiese
que al llegará su país debiese encontrarse con que todos hubieran muerto.
A nadie contaba el motivo desu viaje,
aunque era fácil leerlo en sn semblante
que reflejaba el pesar más vivo que puede sufrir un hombre. Estos dolores no
suelen interesará na die, ni á los amigos, y Knoud debemos el haber alcanzado nuestro pr opósito J
por otra parten.: los tenía, pobre extranjero que estar á punto de cas1Jrnos. »
Esto decían y atravesaban las calles de Kjoe,
atravesaba países d esconocidos, siempre en digé, cogidus de lila manos, present'lndo un aspeo,
rección al Norte.
Al caer de una tarde, andaba por la carretera, to decente á. lo sumo, y sin que por su reveno
el viento era glacial, el terreno llano y cubierto diesen nada que decir. Dirigíanse á. la iglesia, 1
de campos y prados. A orillas del camino se le- Knoud y Juana les seguían cogidos así mismo
vantaba un robusto sauce. Todo le recordaba á de la mano. La iglesia tenía el aspecto de siemKnoud su país natal. Sentóse bajo el á.rbol, ren- pre con sus paredes tapizadas de verde yedra.
dido de fatiga, dobló la frer.te y el suel'i.o entor- Abríanse de par en p ar las dos hojas de la puerta; resonaban los sonidos del órgano y los cuanó sus párpados
Esto no obstante, vió al á.rbol extender y bajar tro penetraban en la espaciosa nave,
sus ramas, formar un pabellón, convertirse en
- «Los amos delante,» decían los novios de
una especie de vigoroso anciano, tomar la forma mazapán, abriendo plaza á. Knoud y J uana que
del compad1·e Sanee de Kjoegé, levantarle entre se arrodillaban al pié del altar. Juana inclinaba
sus brazos y translad11rle, viendo su~ fuerzas ago- la cabeza apoyándola en el rostro de K noud, 6
tadas, A su querida patrh', á las monótonas y uni- i nundándol11, con sus frías lágrimas. Era q ue el
formes playas de su pueblo. Sí, era el mismísimo hielo de su corazón íba derritiéndose al calor del
compadre Sauce que había recorrido el mundo amor ardiente de su novio.
en busc!l de su querido Knoud, y que al enconEn esto despertó y se encontró sentado bajo el
trarle le transladaba carifl.osamente al jardín de enorme sauce, solo, en un país extranjér o, en m•
su casa, junto al arroyo, en donde Juana le es- dio de una rigurosa noche de invierno. Caiagraperaba. con todo su explendor, cefiida la frente nizo y le azot~ ba el rostro.
con una diadema de oro, tal como la había visto
- «Estos, dijo, h~n sido los mejores momentol
la última vez, la cual corría á su encuentro y de mi existencia. ¡Dios mío, dejadme sofl.ar ata
desde lejos le gritaba:
un poquito más!»
- «Bien venido seas.»
Y volvió á. cerrar los párpados, se durmió 1
Veh además delante de él dos figuras, á. quie- volvió á. soflar.
nes conocía desde su infancia; pero tenían entonA la madrugada empezó á nevar, el vienw
ces una forma más humana que antes; habían arremolinaba los fríos copos alrededor de Knoud
cambia do mucho, ganando en el cambio. Eran que seguía durmiendo.
los monigotes de mazapán, el hombre y la mujer
Más tarde pasaron por ahí las gentP,B delaa oaque le miraban con regocijo.
baiias circunvecinas yendo á la iglesia, y vieroa
- «Gracias, mil gracias, le decían, nos has he- e1 cuerpo de un hombre tendido al borde de Ja
cho un favor inmenso: has desatado nuestras len- e arretera. Era un joven oficial zapatero.
guas, enseiiándonos á no callar los sentimientos
Knoud había muerto de frío bajo el sauce.
del alma, pues el silencio no conduce á. nada; te
ANDERSEN,

/

J,,.;,,.,,,,,=-=----- ---------------------r-...,._t

como si el dios pretendiera satisfacer en la débil Si-,
ringa de caña, todos los deseos inspirados por la Siringa de carne, hecha de lirios y claveles. Bajo sus
labios, y seg1\n et deseo del momento, la flauta cantaba, sollozaba, ó reía, pero siempre dulce ó melodiosa. Y_la natural~za entera e~cuchaba sin comprender,
extasiándose ó riendo: dejatían de past,ar los rebaños;
las fuentes paraban su curso, tratando. luego de remedar, en su murmullo f. esco y delicioso, la canción
de la flauta; y en los viliedos, ent.re lus pámpanos,
los racimos repicaban alegres como resonantel&gt; '.'.:ampanillas de oro.
. Pero nosotros, los sátiros, penetrábamos el mister~o doloro~o y cruel de la música nueva; con todaclar1dad leíamos en el porvenir el destino de la flauta y
sabíatno!i todo lo que encerraba de desventura y dolor para mu..:hos hombres Abandonada de Pan, la
~a.uta habí~ de recobrar, con el Liempo, su primitiva
figura de vi rgen montañesa; y este milagro se realizó cuando la gran catástrofe anunciadora del advenimiento de Jesús, el dios nuero, cuya ley domina el
mundo.
Entonces, precisamente, fué cuando los semidioses, fa~nos y _sátiros, nos dispersamo.; por la tierra,
Y el mis_mo d10s capr~pede hu yó despl!,vorido, olvidando, al pié de una encina, la •flauta prodioiosa. Si algunos sátiros, proscritos de los perfuma"'dos bosques
helenos, ban sucumbido á la nostalgia, la mayor parte perduran, más ó menos conformes coa sus actuales condiciones de vida. Por ahí existen muchos disfrazados de poetas, dh,. raza.dos de labradores, disfrazados de políticos, y no l 1lta uno que otro sátiro académ ico. Pero nadie sab.:: hoy de Pan: tal vez en el
rondo de una gruta espera que se acabe el imperio
d_e la fealdad y la tristeza, ) vuelva á reinar, sobre
tierras y mares, en ciudades v vlllorrios la vieja y
'
sana alegría del paganismo. ·
Ea el momentu de }a gran catástrofe, Pan dormía
á la sombra, descuidado y fel!z, soiiando en fugas de
radiantes desnudeces de ~infas al través del follaje
traspasado de saetas lummosas. Un clamor inmenso
l? despertó, y sus ojos, dilatados de terror, presenciaron un espectáculo fatídico: en medio de un estrépito colosal se desgajaban los bosques; las montañas,
vac!lando s?bre sus cimientos, parecían bailar como
etm~s; la tierra era toda convutsiones, como un epiléptico; una gran tiniebla en volvía las cosas y en el
seno de la gran tiniebla caían :odando los s¿les CJmo
lágrimas de diamante.
Pan, sobrecogido de pavura, huyó dejando olvidadas las coronas de jacintos, la bermeja piel de lince
y la flauta de sones mágicos.
Más t~rde, y_a en reposo la tierra, apagado el estrépito, mmóv1les las montail.as, desvanecida la sombra, se realizó el mi.agro previsto. Siringa, la virgen
agreste, libre d.: los dedos y labios de Pan volvió de
su lar_go sue~o harmonioso, bella como antes. Poseía
los mismos OJOS verdes y turbadores, las mismas rosas de las mejillas, los mismos labios dulces y purpúrt!OS, la misma garganta como un torrente fresco. y
los mismos senos como botones de magnolia, firmes
Y bi~ncos. Pero su alma no era la misma, y en eso
consistía la venganza de Pan. Este había transformado aquella alma, recia como troncu de encina
fuerte como el bronce, inexpugnabie como una for:
taleza1 en alma de caiia endeble ó de rosales huecos, dispuesta á vibrar á cada Instante. Lleno de ira

Pues bi~n, en esa época feliz, cuyas memnrias guar·
do como s1 fuesen oro acendrado, era Pan el Dios omnipotente de la camp1ña. Todos los seres y las cosas
le re~df'\n homenaje: los pastores le sacrificaban los
ca!m~os más tiernos; para él criaba el campo azafrán
Y Jacrntos; para él danzaban las ninfas en los claros
del bosque¡ los manantiales le decían en su Jeno-ua
pura y cristalina, los secretos de la ti~rra; y los á;boles mismos, á fin de proteger el sueño clel· Dios, á la
hora del bochorno, entrelazaban sus ramajes, baciendo mayores la sombra y la frescura. De Pan, soberanamente dichoso, fluía, derramándose por la tierra,
el contento del vivir. El vino era alegre, y el amor
no turbaba los corazones, como eso que llamau amor
los h~mbres actuales. Pero un día se i nterrumpió la
plac1ae~ augusta de Pan, y germinaron las tristezas.
U:□a h1Ja del hombre se atrevió contra el poder del
d10s cap•fpede. Se llamaba Siringa y era virgen montaraz y g uardadora de cabras. De virtud áspera y
fuerte co~o t ronco de encina, su virginidad se conservaba sm mengua como la vi rginidad del mármol
no acariciado ni por loi. besos de la luz en las entrañas del monte. Los ocios del pastoreo Siringa los llenaba_ cantando con_ vo~ blanda y melodiosa, ingenuas
canc10nes. Y fué s1gmendo el sonido de su voz como
Yo meditaba, apoyado en el tronco de un árbol. Pan llegó á ver, sin ser visto, oculto enlasombradel
boscaje, el esplendor de su belleza. Entre zaoalas y
)!! amigo, acostado en la hierba, de codos en el suelo, la cara entre 1as manos, me veía de cuando en boyeros nadie recordaba hermosura comparabie á su
cuando con ojos cada vez más escrutadores. A pesar hermosura: eran sus ojos como agua de la mar, turmfo, sus OJOS me penetraban como puñales. Y cada badores y verdes; sus mejillas como rüsas de Jonia·
vez, después de observarme por alj!'ún t iempo, y como sus lab!os rojos y dulces, como vino de Chipre y can'.
si quisiera libertarse de una obsesión, tendía su mira- to de cigarra::,; su garganta, como un torrente frese'&gt;
da, ya por el lago azul, dormido al pie de la Roca Bo- y harmonioso; y cada seno, entreabierta magnolia
rromea, ya por las viñas cercanas, entre cuyos pám- henchida de rocío.
Pan amó á Siringa, pero ésta desdeiió sn amor dipanos, aún verdes, los racimos, próximos á la madu •
rez perrecta, empezaban á reír al sol con risas de oro vino y rechazó con repugnancia el abrazo de sus miembros velludos. ~es d~sdenes incendiaron el pecho del
y púrpura.
lJe pronto mi amigo empezó á hablar, y parecía Dios, y con rabia, tristezas y dolores corrompieron la
fuente de lo antigua alegría,
como s1 sus palabras vinieran de muy lej0s:
El furor de Pan, desdef!ado por la primera vez, no
-Sé en lo que estás pensando. Piensas en lo mismo que hace días te trae meditabundo y caviloso; tuvo límites, Juró no dd.rse punto de reposo hasta
piensas en la Marzuchelli, esa italiana, reciente ami- ver prisionera de sus brazos á la pastora temeraria·1 y
ga nuestra, cuyo cuerpo es flnr de gracia y perfume la persiguió por valles y oteros, como autes á las ni nlo~f~bles. Pero no es la belleza de su cuerpo sino la fas por la espesura de las frondas. Lleno de furia y
entregado por completo á perseguir á la humilde
mus1ca de su voz lo que ha turbado tus sentidos.
Es inútil negarlo: á mi experiencia no se oculta un g~ardadora de cabras, Pan ol vldó los placeres de la
solo repliegue de t u alma. Y, si no deseas caer vícti- vida: en vano los campos le ofrec'eron jllcintos y azama de un maleficio, escucha mis consejos. En tus frán, en vano los pastores le sacrificaron los cabritos
oídos canta continuamente esa voz dulce y tentado- más tiernos y lo invocaron las ninfas, tristes é inra. Parte, huye, ó el encanto de esa voz pasará á tus consolables, á orillas de las fuentes. Pan no echaba
venas y emponzoílará tu sangre como un tósigo. ¡Ahl menos la belleza al el amor de las ninfas; antes reba_stante conozco esa voz de seducción y perfidia. Yo cordaba con náusea y hastío sus formas blancas, terasistí á sus primeros balbuceos tímidos en la caiia so- sas, lustradas en la onda de los arroyos Impolutos.
nora de un instrumento rústico. Los labios de un dios Sus deseos iban todos, como tropel ce leones hamlB despertaron y esparcieron por bosques y praderas, brientos y bravíos, detrás de los pies de Siringa, meY rué, al nacer, paz y alegria de pasLores y rebaños. nudos y ligeros como pétalos con alas. Pero por más
Inofensiva y pura, al resonar en las praderas y en los dei,enfrenados que corrieran, los deseos del Dios no
bosques, pasa_ba como una bendición por sobre los se- llegaron ni aun á rozar la piel de la hermosa fugitiva.
res Y las cosas; y nadie la hubiera creído destinada á Detrás de los árboles, detrás de las rocas, Pan espió
..
ser la ejecutora implacable de una venganza tremen- los movimientos de la virgen zagala, esperando la
da. Hoy, al resonar, suspende su hechizo como una ocasión oportuna para caer sobre ella; y cuántas ve~"' ..... '
espada de fuego sobre la cabeza de los hombres. Y ces intentó sorprenderá Siringa, otras tantas, ágil
l'~ 1.I
como yo sé el secre~o de su origen y el misterio de su y despierta, Siringa se le escapó de entre las manos,
.
conversión, por eso temblé por tf al reconocerla días como una sombra.
,.,,.;J
atrás en la voz de Teresa Marzuchelll. 1. No recuerdas
l:iin duda la virtud, como una coraza inquebrantacómo se estremeció todo mi cuerpo al oírla cantar, en ble, defendía á la pastora esqui va y zaharef!a. Y el
"r ◄
el ambiente perfumado del jardín, impetuosa y vi- buen dios Pan, fatigado de una persecución larga y
brante como alondra sedienta de luz? En mi memo- difícil, desbordante de cólera ante aquella virtud In¡' _,.~I
ria~ alzaron-inacabable teoría de figuras resplan- capaz de ceder á r uegos, llsonjas ni vio!encias, implod~c1entes-los recuerdos de una edad maravillosa y ró el auxilio de Júpiter, á !In de vengarse de Sirinle¡aaa. Entonces era yo uno de aquellos sátiros, di- ga y de la raza de Siringa.
vinos habitadores de la selva, más tarde fugitivos
Aún perseguida de Pan, Siringa se convirtió, por
por ciudades y montes, cuando el advenimiento del mandato de los dioses, en bosquPcillo de caf!as flexidios nuevo, an te cuyos altares te arrodillas. 1. No lo bles y verdes. Sonriendo con sarcástica sonrisa, Pan
crees? Bajo mis apariencias de juventud paplta un se llegó á las callas, las cortó, y con desiguales cañualma_casi tan vieja como el mundo, y dentro de mi tos, puestos en orden, uno á otro ligado, construyó
feo disfraz de hombre del siglo, se aburre un pobre su flauta famosa.
llátlro medio muerto de pesadumbres y nostalgia.
Pero si muchos conocen la historia de esa flauta,
¡,Rfes? ¿Acaso no has visto cómo enarco las cejas sólo unos cuantos conocemos el mal de ella prove- contra aquella virtud orgullosa que siempre recbazó
abr_azo de sus miembros nervudos y el hPso ne sus
cu_ando una emoción brusca rompe la monotonía de niente. Cuando los labios del dios le arrancaron un labios
sensuales, Pan convirtió esa virturl, pri~ioneIllJS hcras, ni te has burlado muchas veces de mi pie
torrente de música, la naturaleza toda vibró alborode su flauta, en música, sonido, rumor viLno.
Izquierdo, contrahet:ho y deforme?
zada ante el prodigio, y no vió en la venganza de Pan ra Poco
después de tomar su primitiva fionra Rlrfn.En la manera como enarco las cejas, conservo el sino algo así como una venganza de artista, bella y ga estaba
condenada á ser totfn de un so~fad¿ de RorecuerJo más fiel de mi antigua máscara sardónica, y generosa. Pan llevó por todas partes el hechizo e:x:~¡ r:r deforme es el residuo viviente de mis prlmitl- trahumano de la música nueva, y tan furiosamente ma. Luego, de brazo en brazo v de caricia Pn caricia
habh de ir, voluntariosa y fácil, caprichuda y Ji via:
~ ,1fias de cabra.
apretaba la flaut&amp; con labios y dedos, que parecía na,
sembrando por donde quiera, una simiecte mal-

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�Domingo 20 de Agosto de 1899

EL MUNDO,

122

dita. Y de la simiente, sembrada con profusión, viene toda esa casta de mujeres de voz blanda como el
terciopelo, suave como plumón de cisne, dulce y melodiosa como són de flauta, y de virtud quebradiza
como el cristal muy tenue. 800 criaturas bechas de
fragilidad y harmonía, ce gracia y de pecado. y, semejantes á las cañas frágiles y á los rosales hueros,
al menor soplo ceden, cantan y se rompen Guardan
un eco para todas las voces, contestan á todo reclamo
y, ejecutoras de una venganza cruel é injuRta, esparcen c:m la música de su voz un filtro ponzoiiobo. 1Ay 1
de aquel á q ulen balague y turbe eRa ,·oz hecnicera!
víctima dócil del encanto, verá un ola 1,u destino encadenado para siempre al debtino voluble y perverso
de una hija de Siringa; envuelta en una red inextricable de maldad, irá tropezando de trakión en traición, de asecbanza en asecbanza, hasta dar en el crimen ó la muerte. Y ninguna de las voces de mujer
que he oído hasta hoy recuerda tan bien las suavida-

des de seda, las frescuras de arroyo, las finezas de
cristal y fas dulcedumbres de miel de l.i. voz de Siringa, como la voz de Teresa Marzuchelll. Por eso este
viejo sátiro, amigo tuyo, te aconseja que partas; de
lo ce,ntiarlo, el maleficio de esa voz penetrará en tuii
venas y quemará tu sang re, como un tósigo.
Unas veces mudo de admiración, sospechando otras
veces una falaz jugarreta del sabroso vino italiano,
oía yo sin decir palabra la historia narrada por mi
amigo.
- No dudo-me atreví por últ,imo á responder-no
dudo de la verdad de tu blstoria, delicada y sutil C0·
mo rayo de luz, ni de tu origen y alcurnia celestes;
pero he conocido y conozco mujeres de voz áspera Y
ruin, como la voz de las campanas rotas, y de virtud
vana y deleznable como el vidrio. Abí está ....
- ¡.Ah! sí-me interrumpió mi amigo el sáti?o, considerándome á la vez con cierto aire amblgi;o, entre
enojado y menospreciador-esas de voz cascada y de

virtud efímera deben de provenir de algún calluto
roto de la flauta de Pan, caída en el lecho de piedras
ó guijarros mientras el Dios trepaba, como solí.¡, alguna cuesta penosa.
De improviso, muy cerca de nosotros, resonó tur.
bando el silencio y la calma del mediodía, la voz de
Teresa Marzuchelll. Como de un solo resorte movl.
&lt;los, el sátiro y yo nos pusimos en ple y nos apresura.
mos á ir al encuentro de la italiana encantadora. En
el mismo instante la brisa, hasta entonces quieta, 80•
pió como obedeciendo á un conjuro; agitó, al ple de
la Roca Borromea, la superficie dellago, como un sueño de amor agita el seno de una virgen dormida; aca.
rieló nuestras frentes mojadas de sudor; besó nuestros labios húmedos de vino, y penetró en la ,iña cercana, murmurando no sé qué discursos burlones. y
entre los pámpanos verdes, los racimos danzaban y
reían al sol con risas de oro y púrpura.
RUFINO BLANCO FOMRONA,

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO

1.23

sar las tijeras por la hendidura, después de las
tijeras mtrodujo un guijarro como el puilo y luego
una piedra. Así, poco á poco, fué abriendo el árbol
basta que pudo pasar su hijo. El niño se había dormido diciéndole mil monerías á la luna.
Lannefranque se descubrió piadosamente, tomó á
80 bljo en brazos, y pronunciando una oración, ¡0 introdujo en la h~ndldura de la encina. Como apenas cabía, despertó el m'.1cbacho con el frotamiento, pero
00 1:oró; miró á su padre con cierta sorpresa y reanudó su conversación con la luna.
Lannefranq ue estaba emocionado.
-¡Anda, chiqulllo! dijo cuando el cuerpo de Mauricio pasó por la hendidura; ya verás como sanas.
y lo acostó de nuevo, á fin de cuidar sin tardanza
la herida del árbol. Con lodo del pantano vecino cubrió las fibras desgarradas, y ató el tronco. Tembláensaya?cs, cantan el himno de victoria de la natubanl~ las manos al ha~r esta dellcad" operación; en
raleza mmortal.
108 o;os tenía la expresión de la plegaria muda .q ue
Meses ban transcurrido y el caballPro no ha dejaJlrlgía á la tierra en demanda de jugos fecundos para
J'EAN RAMEAU.
do un solo día l_a caballa encantada. Un viejo monje
las rafees del árbol mutilado, y al cielo cuya luz dede luenga y mvea barba, el mismo que casó á Mabla alimentar las hojas, á fin de que la muerte no hitllde con Maleck Adel, el mismo que casó á Julleta.
riese .ni á la encina desgajada ni al ni ño raquítico.
con Ro!Deo, el mismo que no tiene más oficio que
-Sanarás, decía. Y estas palabras se dirigían al
bendecir los amores de romance, bendijo la unión de
4rbol y al chicuelo.
es, os dos ámantes venturososAl acabar, Lannefranque sintió un ruido extrallo
Menguando va ya la dulce luna, á modo de torta
que salía del prado.
-Me bao visto, tal vez. Alguie'l anda por ahí
Fuerza es que en los cuentos los reyes y prfncipes servida á nliios g?losos. La rústica nii'la no es tan
Exploró las tinieblas, pero nada vió. Entonce~ co- cazadores se extravfen en el bosque, y tuerza es que lerda que no advierta el fastidio atroz que de su hergió en brazos á su hijo que dormía y se alejó rápid,- llegada la noche una lucecita que á lo lejos pestafiea moso cazador se apodera. Varias vt:ces ha sorprendido e~ su antes ardiente boca el bostezo vil de hartura
mente, temeroso bas1 a del ruido que hacían sus pa- les gufe á la pobre cabañ:i, en donde una doncella matnmonial.
sos en los matorrales.
hermosa Y cuanto hermosa ingem1a, aguarda el lan.
. -¿Qué tiene mi amado, qué anhela mi sei'lor? le
El nlllo ~ejoraba y la enci na no languideció. To- ce para Irse á la grupn. del caballero á ser soberana dice
con acento de terníslma queja.
dos los dommgos el padre de Mauricio visitaba la en- de un gran pueblo ó sellora de un opulento ducado.
-Y
él, sin devorar á besos su cuello di vino; sin micina y cubría de estiércol sus clcatriceb amontonaba
rar siquiera aquel:os sus ojos adoratierra vegetal junto al tronco y matab~ las hormigas
bl~s, que parecían dos cielos que suque Pubfan por la corteza para que prosperase, para
plJCan, pensativo y suspirando le resque viviese mucho tiempo el árbol querido cuya
ponde:
'
suerte estaba unida á la de! nifio.
En Ago,to Mauricio se indispuso. Lannefranque
_-;, Ves aquel monte azul que á lo
Inquieto, fué á ver á la iincina y encontn~ T()Zadura~
leJos se empina? Quiero ir allá. El veren el tronco. El corazón del padre se sintió oprimido.
de perpetuo de esta mon Laíia me bas¿Quién ha hecho esto y con qué fin, se preguntó
tí~. . A'} uélla P.S azul; ¡qué bien se debe
Lannefranq ue.
v1 v1r en un monte azull
Tuvo presentimientos dolorosos. ¡Si moría la enciy ella, con melanc6Jica dulzura
nal.. Pasaron dos días, Mauric10 no mejoraba y
desflorando con las palabras los labio~
Lai:nerranque t'ué otra vez al bosque. Encontró una
del ingrato, le decía:
nueva Incisión en el tronco del arbol: se puRo pálido
- Verde t!S la esperanza, nliio inconY recordó el ruido que había oído la noche de la opeforme. La ilusión es azul, como hija
ración.
de es~ bella impostura que llama.
-Alguien me ha visto seguramente, pensó; alguien
mos cielo. Aq'.lí eres dichoso aqní está
que me odia y que quiere la muerte de mi hijo. ¡Mila dulce realidad. ¿Por qué 'perseguir
serable!. ..... Volvió á su casa, se echó al hombro
la pérfida mentira?
su fusil y se ocultó detrás de 1m bordo, á diez pasos
Pero nada, á la mai'iana siguiente el
de la encina. Permaneció toda la noche en aquel sicaballero se encaminó hacia el monte
tio, cuyo silencio solo turbaba el canto monótono de
azul, que estaba !ejes, muy lejos de la
las ranas.
montaña verde en que dejaba á su
~o ob,¡tante la nocbe siguiente, volvió á su espío•
amor llorando su desvío.
:aJe. A poco de estar allí en acecho, con el fusil so.
C~minando, caminando, al fin llegó
re las piernas, oyó un mido entre la maleza. Puso
al pie de la montafia color de cielo.
~tenclón; era un ruido ligero, regular, eran los pasos
1'.ero ¡oh sorpresa! ¡oh decepción! Las
de un hombre. Lannelranque tembló, abrió los ojos
tmtas azules habían desaparecido y
, esmesuradamente y dejo de rellpirar. Sí, alguien
todo era verde, como el monte en donbenia, ya se veía la ne~~a silueta. Era un hombre, un
de dejaba_ á su ~mor con la tristeza de
dombre ~lto, que se dmgló hacia la encina deso-ajasu ausencia. M1ró hacia atrás, suspi.
?ietuvose delan te del arbol y se llevó la ma~o al
rando,
y la sorpresa le arrancó un gr!.
81 0
En
este
cuento
quien
se
extravía
en
el
bosque
no
es
u
como para sa_car nn arma cortante: dos se~ ndos después las hoJas de la encina se movieron · el un poderoso emperador ni un espléndido señor de [º d~ despecho. El monte azul se babia mudado Allá
~ ve1a, allá mismo en donde quedaba su amant~ mut e&amp;conocldo cortaba sin duda la corteza ... Lan;e. much~s ti.erras, ~in~ un hermoso cazador, que á p!e nendo
de dolor.
y pers1guie~do liebres se ha ido c.n pos de una que
rauque se puso en pié,
Y dirigió el caballero su pasos fatigosos hacia aque.
parece hecJ11~ada, porque la ha marrado diez veces 1
-¡A11eslnol gritó.
á saltos y piruetas le lleva á donde Dios sabrá pero lla cumbre, á su vez en vuelta en la gasa celeste de las
que él no se cura de a1•eriguarlo, basta que nodé bue- br~mas, v~stlda de ilusión. Al llegar á la caballa no
na cuenta de aquel dtablillo burlón antíe el cual está salló á abnrle la puerta la ni!Ia amante. Llamóla por
pasando, ~ace dos horas largas, como indigno de terciarse su rica escopeta damasquina.
La noche llega, la lucecita pestañea allá en lo alr.o
de una montaña, y á ésta se dirigen Ja liebre con sus
saltos y el cazador con sus iialvas.
-Alabado sea Dios, dice éste tocando á la puert a
de la caballa.
-Por siempre, le responde de adentro una voz angélica, propiedad adorable de un ángel sin alas que
acude á franquearle la entrada de aquel palacio encantado.
La niña es linda, el joven ardiente; la cena es generosa ! el lecho grato. Sueila el cazador con lns
azul~s OJOS de serrana preciosa, y sue!Ia ésta con su no';Dbre, llamóla por los cien nombres tiernos ue
q
el canno inventa, y ella 00 respondió.
los OJOS negrísimos del gairido huésped.
de~~
!~b¿:_
matado
su
caballero
ingrato
con
el
hastío
La mai'lana es fresca, pero los labios hierven. Tienen sed de besos; y al fin, como cerci de allí se resE l palacito enca11tado estaba en ruinas d 1
tregan en ios picos sus deseos dos amantes palomas
cunde el ejemplo de amor, y restalla el rayo en ¡0 ~ la solitaria puerta brincaba la liebre a u!i1ae ante de
saltos y burlonas volteretas al caballer~ le d~cia~ntre
labios.
-;-Inconstante cazador, sígueme, y te llev~ré ~
La caballa se ilumina con luces de oro las flores
silvestres acuden en esencia á embalsam~r aquel al- qmen sabe engai'iar como tú: ¡al monte azul!
tar de amor, y las avec!llas del bosque, en coros no

EL MONTE AZUL.

Lf\ ENOINf\ DESOf\Jf\Df\.
Cuando enterraron á Melita Lannetranque en el
antiguo cementeric. de Cazordite, cuya tierra tiene
estrías amarillas color de carne, el viudo, Bertrán
Lannefranque, cubierto con el pesado manto de pas•
tor hecho de pai'io obscuro, llamado capa de luto, se
puso á la cabeza del fúnebre cortejo y con él se dirigió á la granja.
Caminaba á su lado el primo Lataste, campesino
taciturno cuya boca no se abría sino para masticar,
beber y rezar. La ceremoniahabíasidolarga;yaeran
las doce y toJos los concurrentes bostezaban de hambre. Al llegar á la casa mortuoria, parientes y veci•

-No sé por qué lloras, Lannefranque; se te ha
muerto tu mujer y es de senti,·se, pero ¡basta yal no
era muy útil en la Granja. Ya hacía mucho tiempo
que su salud se había quebrantado y no podías emplearla sino en el cuidado &lt;le las ovejas y en la preparación de la comida. Una mucbacba de quince ·
años que gane cuarenta sueldos al mes, puede hacer
eso. Lo esencial para tí es que cuides del niño y que
se te logre, porque ese muchacho vale cien mil francos como uno.
-¡Ciento cincuenta mil! rectificó el viudo que no
dejaba de sollozar.
-Es posible. En fin
por él has de ser rico
puesto que es el único
h eredero de su abuelo
materno, del famoso
Caiaubon que ha hecho una fortuna. en el
comercio de caballos.
Está delicadillo el
muchacho; cuídalo. Si
llegara á faltarte todo lo petderfas y tu
primo Lataste se llevaría la herencia en
su calidad de colateral.
-Lo sé, respondió
Lannefranque enjugándose las última:s
gotas de lágrimas con
el dorso de la mano.
Mi Mauricio no tiene
buena salud, en esto
se parece á su madre,
pero para eso hay far'llacéut,icos en Dax, y
1por vida míal Latas•
te no heredará los
ciento cincaenta mil
francos.
Y Lannefranque estre-:hóla manodelque
a~i sabía consolarlo
y se dirigió á la cuna
en que dormía el benos se sentaron en derredor de una gran· mesa, y el reduo de Cazaub6n, y le besó con sus labios torpes de
viudo Lannefr11nque comió pan y queso en medio de campesino.
los suyos. Sirvió muchas veces vino blanco antes de
Bertrán Lannefranque era un labrador de veintiorecitar el De profwnrlis, y los invita fos decl&amp;.raron que cho años, flacucho, pero con unas mandíbulas ferojamás se habían tributado honores ig-u'l.les á una ces de bull:dog. Muchas vecei,, cuando no tenía ni
muerta en todo el territo1 io del municipio.
pan de ma1z para satisfacer el bambre babfa pensaTodos hablaban en voz baja de las viñas lozanas, d? en esa _herencia pingüe. Y sudando' para labrar la
de la siembra de maíz perdida por la falta de lluvias, tierra arc1l_Josa de Cazurdite, esa tierra ingrata en la
y del trigo cuya cosecba iba á ser escasa. Luego se que no podian penetrar las raíces de los árboles pendespidieron del viudo y le dieron el pésame de cos- saba en la vejez tranquila que le esperaba. Pro~etíatumbre.
se comprar los bueyes más robustos de la región el
- Vamos, amigo mío, no te aflijas. Ya sabes que carro más ~ólld? y el arado más ligero; tendría' un
no somos de este mundo ....
coche de seis asientos para ir al mercado y mandaría
-Adios, Lannefranque, y no cargues el juicio. constrl: una casa en cierta colina, con una terraza en
Con eso nada se remedia.
la que ¡ugaría los domingoQ con sus camaradas, con-Valor, Bertrán; se fué tu mujer, pero te queda templando las lejanas márgenes del Adour, las monel niíio.
taíias y el mar.
-No llores, homúre. Melita rogará por tí en el
_Pero par~ ~eallzar esos suenos era necesario que vicielo.
viese _Maunc10, el débil vástago de trece meses, que
Después de oír algunas docenas de fra$es por el es• dorm1a en s_u cuna, mientras se dispersaban por los
tilo, Lannefranque se puso á llorar como un chiqui- campos los mvltados al entierro.
llo. Uno de los de( cort~jo se compadeció de él y paAlgun 1s días después Mauricio SP enfermó del pe1a consolarlo le dlJ0 canfíosamente:
cho. Sanó. pero le dió sarampión, y cuando pasó esta

enfermedad turo otra, y otra, y luego fiebres Intermitentes. Lannefranque iba de botica en botica y dE&gt;
consultorio en consultorio; pero los farmacéuticos
eran tan Impotentes como los doctorei;, y el chicuelo
empeoraba de un modo alarmante. Su rostro se enflaqueció hasta convertirse en un objeto Indeterminado, semejante á un grano de trigo y los oj0s ya no
se le veían.
El alma ruda de Lannefranque se sintió herida,
porque había llegado á quP.rer á su hijo por sí mismo,
y no por la fortuna que representaba. Tuvo remordimientos por su codicia.
-Dios me castiga, peusó.
Y fué á comulgar para obtener de Dios la curación
de Mauricio. Al acabar sus oraciones, le dirigió á la
Virgen esta plegarla: &lt;Santa María, si salvas á mi
hijc te prometo emplear en obras piadosas las rentas de la herencia. Sí, todo lo daré y nada guardaré
para mí. Renuncio á los bueyes y á la casa. V irgen
pura, salva á Mauricio.&gt; Las lág rimas surcaron las
mejillas de Lannefranque cuando pronunció estas
palabras.
Mauri.:io no se aliviaba. Entonces Bertrán fué á

ver al alcalde Dumora, excelente sujeto que conocía
muchos remedios p1ra cunir á los hombres y á lG&amp;
animales.
El alcalde examinó á Mauricio, lo palpó con sus
gruesas y nudosas manos, y dijo:
-Amigo mío. ¿conoces el remedio de la encina?
- -No, seiior Dumora.
-Me extraiía, porque es un remedio muy viejo y
muy usado en t oda la región. Estoy en la creencia de
que lo conoce tu primo Lataste. Se aplica á los niúos
r~quítlcos como el tuyo y casi siempre mejoran. Consiste en esto:_ se va uno con PI enfermo, llega al bos•
9.ue, se desgaJaen el sentido de la longitud uoa encina
¡oven, se separan las dos part,es del tronco hendido y
s~ hace j)asar en~re ellas al niño, dirigiendo al mismo
tiempo una oración á Dios. Hecho esto se juntan las
dos mitades del trono, se las frota con zumo de limón, se atan con un mimbre y desde ese momento el
nii'lo y la encina tienen la misma suerte: si el árbol
vive, el niño vive también; si se c;eca, el niño muere.
Lannefranque escuchaba con la mavor atención.
:-~_racias, señor Duinora, dijo. V,iy á aplicarle á
m1 bJJO el remedio de la encina desgajada. Que Dios
me ayude.

***
Al día siguiente, cuando cerró la noche, Lanne•
franque envolvió á su hijo en una manta de lana, to~ó ~na podadera, unas tijeras y dos mimbres y se
d1rl~1ó al ~osque de Or.the. Las encinas jóvenes abuo•
daban á º:1llas de un riacbuelo que regaba los pra•
dos del primo Lataste. Era el mes de Junio, la atmósfera estaba tibia y las ranas cantaban en la som•
bra. A veces asomaba la luna entre las nubes su ancha
car~sonriente. En los brazos de su padre el nii'io bal·
but1a cosas ;ndtstintas, medlas palabras mal artl·
culadas, frase!; sin sentido, pero conmovedoras como trinos de ave que aprende á cantar.
'
Buscó Lannefranq ue una encina propicia en el bosque de Orthe y eligió una muy nueva, lltna de vitall·
dad, que erecía á.la orilla de un pantano.
Aco~tó _e) chiqulllo sobre la yerba y come07ó á ha•
c~r la mc1s1ón en la f:ncina. La operación rué larga y
difícil, hubo que afilar dos veces m podadera y cuan•
do hendió la encina hasta la altura de un hombrr,
quiso separar los dos gajos. Gran trabajo le costó pa•

t!i

!ª

NICANOR BOLET P.ERAZA,

Y después d
110a qutja prole apuntar sobre él hizo fuego. Se oyó
huyó por entreº1!gada¡ el hombre estaba herido, pero
8
tos de dolor.
árboles del bosque, lanzando gri--iAseslnoJ repitió L
Begu11111ento.
annefranque, y se lanzó en su

�Domingo 20 de ~gosto de_ 1891l,
124

EL MUNDO.

Domini o 20 de Agosto de 1899.

.EL MUNDO.

a

125

LOB O, lBSTf\8 f\LLI?
Es la hora _de la mesa. Susanilla y Pum, al lado el uno del otro-aunque han prometido guar•dar circunspección-se agitan como dos culebras,
Los papás de Susanilla hacen los honores á los
padres de Pum. El hermoso mantel ruso, los va808 grabados; hay flores y fresas, grandes fresas
,que brillan bajo la azúcar cristaliz11da. Pum rie.ga algunas gotas de salsa que inmedi-ttamente
oculta con un migajón de pa:-, pero Susanilla ve
Ja mancha y la seca mostrand0 un aire discreto
de ama de l!asa. Pum, humillado y rojo, toma un
:aorbo de Borgofl.a.
El pobre Pum está inquieto. Un diabólico maleficio pesa sobre su eo11ciencia y su madre le ha

LA GATA FAVORlTA.

creer nada de lo que dice. Pum no osaría afirmar
que miente, pero es casi seguro que ella borda,
arregla las cosas á su antoJo, ¡Y con qué aplomo!
-Sí, dice, en el invierno qu~ viene voy á
comprarme un vestido azul, con volantes, un hermoso vestido de raso azul, como el que se puso
mamá cuando se casó.
-¡Cómo! dice Pum irónicamente; yo creía que
las mujeres se casaban con traje blanco!
-Mamá, responde Susanilla bastante picada,
llevaba un vestido azul el día de su matrimonio;
lo sé perfectamente porque lo ví.
Pum, en tono de burla:
-;,Tú la viste? ¿Ya habías nacido entonces?
- Por supuesto, declara Susanilla, tenía yo
cuatro a:f.\os.
¡Esto es un absurdo, es inverosímil! es menstruoso! Ella no duda de que su madre apoyará
todo lo que está diciendo; y solamente lo ha dicho porque acaba de pasarle por la cabeza, y lo
sostendrA m01·dicus desde el momento en que
Pum levanta los hombros exclamando:
-Apuesto á que no es ciert&lt;,!
-¿Apuestas?
-Sí.
-Pues bien, dice Susanilla, voy A preguntárselo á mamá.
Pum está perplejo; Susanilla parece tan segura de lo que dice! ...... Despué., de todo, no se
l'Sbe; hay cosas tan raras, el mundo está lleno de
misterios . ..... Susanilla ve su vacilación y con
una astucia de apache, se aprovecha para decir:
jurado r?fel'irlo tcdo, eo voz alta, al llegar los
-¿Me crees ahora?
•
postres. Va á ser deshonrado públicamente, cla- .... No, responde Pum, resueltamente. Y te
vado en la picota de la infamia. ¿Por qué artifi- desafío á que se lo preguntes á tu mamá.
cio, todas las grajeas verdes, rosas, lilas, de la
-1,Me desafías?
hermosa c11ja que regalaron á su madre, Re con-Sí, sí, sí.-Y golpea con el tacón tres veces.
virtieron de pronto en bl1:1.ncas? Es que Pum las
Susanilla sa exaspera de que no se le crea bachupó una á una. con gran habilidad, eso sí, pa- jo su palabra, tanto mAs cuanto que ella misma
ra no robarles mAs que el color, y para que todo no estA convencida del todo, ¡oh, no! pero el amor
aquel que no estuviese en antecedentes, juzgase propio ..... .
de buena fe que tan blancas como eran, habían
-Pues bien, sefl.or, venga usted acá.
sido. Pero su madre no cayó en el lazo. Estupe-¡8ef1or! ¡qué injuria, qué reproche hay en esfacta, quiso esclarecer el misterio; y Pum tuvo ta palabra! Pero Pum está vengado.
Apenas Susanilla se arroja á los brazos d~ su
que confesar.
Por eso ahora la vergüenza lo tiene descon- madre para decirle en voz baja la causa de su
certado. Va á saber lo que son los estallidos de querella, la madre roja y casi indignada, se leb risa que abofetea; las indignadas miradas de vanta diciendo:
los abuelitos le abrumarAn; y siente un fuego ro•
-¡Anda, tonta! véte á jugar y déjate de necejo que le sube por el cuello, por el rostr.:&gt;, por to- dades.
do el cuer po; sus ojos se llenan de lAgrimas, poY la pobre Susanilla, toda confusa, se aleja
seído de una inmensa. desesperación. No osa mi- rApidamente, sintiendo las lAgrimas que suben á
rar á su madre por temor de que ésta comience sus ojo...
A contar su pieudía; pero, mentalmente, con un
-Ya lo sabía yo, piensa en silencio Pum: se
.gran fervor, implora; «¡Que no lo cuente, Dios casan con vestido blanco, y los nifl.os no van
mío! ¡Que no lo cuente, Dios mío!»
porque duermen todavía debajo de las c0les .....
Y. . .... no lo dijo, ¡santos ángeles! n~ lo dirá de las coles ó de las rosas .... si no es que vieya ahora, porque acaban de levantarse de Iame- nen en un barquito desde la China ....
Pero, generoso, trata de hacerla olvidar su .
aa . . . . ¡Bendito sea Dios!
Susanilla y Pum, libres ya de la consigna de humillación, y, dulcemente, con alegría, le pro.guardar circunspección, gesticulan, brincan, se pone:
-Susanilla, ¿quiéres jugar al lobo?
van corriendo al jardín, tan aprisa como si tuvieran alas en los pies. Despue~ se encaminan al
Pero Susanilla se eofurrufta, y Pum gasta tobosquecillo. Susaoilla reflexiona que es una sefio- do un cuarto de ho~a en ruegos y persuasiones
ra y que por tal motivo no debe permitir que su que no la convencen.
-En fín, dice Pum, no juguemos.
traje se arrugue, comprendiendo igualmente que
-Sí, sí, dice entonces Susanilla, juguemos.
l e tOCll hacer los honores de la casa.
-¡Ah, por fío! Así sucede siempre. Cuando
- Platiquemos, dice:
Y con uo incomparable aire de dignidad, se uno quiere, ella no quiere: cuando uno no quie"'lienta, como si estuviese en visit1t, á la orilla del re, ella quiere. ¡Esperad un :,oco! Y dice insidio~aneo de madera. Hace uu día bochornoso, lllS samente:
-Tú serás el lobo.
moscas estAn insoport11 bles, un sofocante olor de
-No, dice SusaniUa, tú.
rosas sube en la atmósfera; las hojas del emparrado que se transparentan á la luz de un cielo
-Bueno, yo seré el lobo.
¡Crac! Cayó la inocente en el lazo. Es muy sensombrío y bajo, toman un tinte claro y fresco.
Un caracol se arrastra á lo largo del banco; las cillo esto. No hay sino decir lo contrario. Y Pum
hormigas se pasea11 por todas .,artes, Susanilla y que quiere hacer el lobo, queda contento con su
Pum observan en silencio. Al fin Pum sefastidia, astucia. Susanilla ha caído en el lazo, y dice.
-A lo menos, ¿serás capaz de~ in.spirarme
le gustaría más jugar; y, muy en lo íntimo, juzga
·
que á Susanilla no le sienta bien esa afectada se- miedo?
Pum se engrifa, arruga los ojos, castaftetea los
riedad; pero con todo, esa misma seriedad lo tie•
ne dominado, y es esclavo de ella. Por otra par- dientes, ruje: - ¡aul ¡au!
Susanilla se tapa lo~ ojos con las manos, hoia, Susanilla decídese A hablar. Y cuando babia,
Pum finge poca atención y mucha ir.diferencia; rrorizada de antemano, y exige aún:
-Bueno, pue11 has de tardar mucho en vespero los dientes blancos de Suaanilla, su pequetia boca de frambues&amp;., sus rubios cabellos tren- tirte.
Pum, ordinariamente se viste pronto, y se
.zados, ejercen en él una gran fascinación. Mases
necesario que él no pase por un simple. ¡Susani- arroja sobre su presa de una manera tan violenUa tiene tan maravillosa inventiva! no se puede ta, que un verdadero lobo, decentemente, no t_en-

dría aún el tiempo que se necesita para ponerPe
los pantalones. Pero promete, lo promete todo.
Y se va, se esconde en lo más profundo del jardín, mientras que Susanilla, con el corazón palpitante, escuch'l el ¡au'. ¡aul estridente y prolongado que anuncia que «allí estA.»
Una deliciosa angustia le muerde el corazón,
y con una iosegl.lra voz tararea, teniendo bien
abiertos los ujos y cou el oído atento:
Pasearemos por el bosque
Mientras el lobo no está.
Porque si viene aqui el lobo
Al punto nos come1·á.
Y con todas sus fuerzas dice:
-Lobo ¿estás allí?
Desde muy lejos, tranquilameme-¡oh loo hay
que fiarse demasiado -la voz de Pum rosponde:
-Me estoy poniendo los anteojos.
Pasearemos por el bosque, etc.
-Lobo ¿estás allí?
-Me estoy poniendo los calcetines.
¡Ah! se edtá poniendo los calcetines; todavía
hay tiempo. Y Su&lt;Janilla, atraída, magnetizada,
con terror y embrillguez, se acerca á los negros
matorrales donde Pum finge la escena y tose cavernosamente.
Pasearemos por el bosque, etc.
¡Qué verde, lindo y fresco está todo! El sol ha
reaparecido; hace calor. ¡Qué alegría la de vivir,
y mAs con h idea profunda del peligro, del lobo
que está allí, escondido, invisible, frotando su
r uda piel contra la corteza de los Arboles, afilando sus ufl.as en el suelo y fij&gt;indo en ella sus pupilas de brasa! El lobo, el lobo de los bosques,
de las nieves, que se come á los hombres y devora á los caballos ....
-Lobo ¿estás alli?
La voz de Susanilla tiembla; con acento amenazador, responde el lobu:
-Me estoy abotonando los pantalones.
Salvarse ya sin esperar má.s tiempo, huir á toda prisa: este es el deseo loco que acaba de venirle á Susanilla; pero no, esto no sería del juego; y sobre todo, una gran voluptuosidad la tienta: es preciso beber el terror á pequeilos sorbos.
Pasearemos . . . . en el bosque ....
-Lobo ¿estAs allí?
El lobo be pone el chaleco, toma su sombrero,
se tercia al hombro la carabina, busca la llave....
y . . .. abre la puerta!
Un último y ahogado grito.
- Lobo ¿estás allí?
¡¡Sí!! ruge una voz formidable, y las ramas se
apartan en un estremecimiento brutal; el lobo
salta; Susanilla echa á correr tan de prisa que
sus pies casi se juntan con su cabeza. ¡Qué persecución! ¡Aúl ¡aúl Ella no puiere ver nada, el corazón le palpita horriblemente. Siente ya en su
nuca el resoplido de la fiera .... dos veces ha
sentido el zarpazo de su garra. Esta vez, Susani
lla lanza agudos gritos de terror que ponen en
movimiento á toda la casa; y Pum, espantoso, con
los cabellos erizados, embargado por el miedo
que inspira, perseguido por el peligro invisible

que representa. se pone á gritar mAs fuerte que
ella, con aullidos de fiera sedienta de sangre.
Tumulto de los padres; Susanilla, bail.ada en
lágrimas, solloza angustiada, envolviéqdose con
la falda de su madre.
-¿Qué les pasa? ¿pero qué les pasa? ....
¡Oh! el lobo! y sobre todo el miedo, el exquisito, el horrible, el espantoso miedo!
PAUL Y VICTOR MARGUERITTE,

�Domingo 20 de Agosto de 1899

EL MUNDO.

126

LA PRINCESA
La princesa Mandosiana tenía seiscientos afios;
bacía seis siglos vivía bordada sobre el terciopelo
eon su cara y sus manos de seda pintada; estaba
toda revestida de perlas con una gola tan recargada de adornos que ee aboyaba, y los arabescos
de su túnica tramada de argirosa, eran del oro
mAs puro.
Un manto azul, flordelisado de anémonas esta•
ba abrochado á su pecho por regias pedrerías y
orlaba la fumbría de su traje cabujones de zafir.
Había figurado mucho tiempo en las procesio•
nes y en las fiestas reales. Se la sacaba entonces
izada en el asta de una bandera, y el brillo de
sus joyas alegraba al pueblo y A las grandes damas. Eran los tiempos felices en que bajo el ex •
tremecimiento de los oriflamas dPslumbraotes,
en las calles empavesadas se aclamaba A la pri•
mera Mandosiana. Después se la guardaba ceremoniosamente en el tesoro de la catedral y se la
IDostraba A los extranjeros en cambio de mucho oro.
Era una maravilla esta pri11cesa milagl'Osa. Había nacido del suefio y del trabajo obstinado de
veinte religiosas que durante cincuenta anos habían penado haciendo con las madejas de seda y
plat11 la deliciosa hierá.tica figura.
Sus cabellos eran de seda amarilla; se había
incrustado en el sitio de sus pupilas dos turnali·
n as del más bello azul y tenia una gavilla de Ji.
rios do1l má.s b11!lo terciopelo blanco apoyado sobre su corazón.
Luego pasó la era de las procesiones, se abolieron los tronos, desaparecieron los reyes, avanzaba In civilización y la princesa de perlas y de
seda pintada permaneció confinada en la sombra
y el silencio de la catedral.
Alli pasaba su vida en el claro-obscuro de una
cripta entre un montón de objetos extrafios que
gesticulaban en los ángulos; había viejas esta•
tuas, copones junto con custodias, viejos ornamentos de iglesia, capas aún rígidas y como tejidas de sol y que se extinguían lentamente en la
noche con cálices en los cuales no se oficiaba ya.
Había también un viejo Cristo arrimado en un
rincón y velado de telas de arafia, y nunca se
abría la puerta de la capilla súbitamente; todas
estas viejas cosas dormían allí enterradas, olvidadas, y un'I- gran desesperación hirió en el pe•
cho A la princesa Mandasiana.
Y prestó atención á los consejos del ratón ro•
jo, un insidioso ratoncillo vivo como el relámpa•
go y tenaz é impertinente que hacíaafios la obse•
&lt;liaba. Y ¿por qué obstinarte en permanecer cautiva, acorazada por todas estas perlas y estas
bordaduras que te aprisionan? La tuya no es vida, tú no has vivido nunca ni en el tiempo en que
resplandecías bajo el cielo azul de las fiestas sunt uosas, aclamada por la embriaguez de las multitudes, y ahora, ya ves, te han olvidado, estás
muerta. Si quisieras, con mis dientes agudos desharía uno A uno los punto0 de seda y de cordoncillo de oro que te tienen presa desde hace seiscientos afios, inmóvil en el terciopelo espejeante
que entre nosotros no tiene ya brillo. Esto quizá
te haga da:ilo, sobre todo cuando descosa cerca
de tu corazón, pero com~nzaré por los anchos
contornos, los de las manos y los del rostros
y podrás ya esperezarte y moverte, y verás qué

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

CARACOL

MANDOSiANA.

hermoso es vivir y respirar. Bella como eres, con
tu rostro de princesa de cuento y rica con los fa•
bulosos tesoros que adornan tu vestido te harás
vestir por las grandes modistas, se te tomará por
la hija de un banquero y te casarás perlo menos
con un príncipe francés.

Hay vagos murmurios
que gimen y cantan
en tu seno de iris,
caracol de nacar,
Que traen á mi oído
mil cosas extrafl.as
en ritmos y notas
de célicas arpas.
Me cuentan misterios
de mligicas playas;
doradas leyendas
de tierras lejanas;
Secretos de amores
en tiernas baladas·
é historias de Otel~s
y Faustos de escama.
A veces imitan
del viento las arias
que al dios del tridente
glorioso proclaman·
A silfos, sirenas '
y on_dinas que cantan;
suspiros y besos,
el son de las gaitas;
Rumor de sollozos
Y de ayes que exhalan
nereidas que mueren
entre plantas ágamas.
De tu seno de iris,
caracol de nacar
brotan los murm~rios
que gimen y cantan.

granos de trigo y el viejo terciopelo espejeant&amp;
de la bandera se desgarró de arriba abajo.
Así murió la princesa Mandosiana por haber
escuchado los insidiosos consejos de un ratoncillo rojo,
J EAN LoRRAIN,
(,,

El amante incendiario.

Tienen sobre tí caudales de pedrerías. Ven, dé·
jame libertarte y revolucionará el mundo.
¡Si su pieras qué hermoso es ser libre, respirar
voluntariamente el v iento y seguir su sólo capricho! Está.s albardada por esos ópalos y esos zafiros como un caballero en su armadura y jamás
has combatido, Conozco el camino que conduce
á la felicidad. Sal fuera de tu estuche de bordaduras, daremos juntos la vuelta al mundo y te pro•
meto un trono y el amor de un héroe. Y la prin•
cesa Mandosiana consintió; el ratoncillo rojo continuó inmediatamente su obra 11 sesina; sus dientes aserraban, cortaban, limaban en el terciopelo
roído por los mitos: resonaban las perlas al caer
una á una, y en las noches claras como en los be•
llos días, en la cripta alumbrada por un respiradoro el ratoncillo rojo cortaba, roía, trabajaba
siempre.
Cuando atacó la famosa gola de nácares y perlas la princes11 Mandosiana tuvo la impresión
de un frío agudo en el corazón.
Hacía varios días se sentía como temblorosa y
más ligera y singularmente ágil en medio de todos aquellos puntos deshechos, ondulaba en la tela como animada de un soplo, y esperaba, arrobada, que el ratón conduyera su obra.
Al introducirse el diente del roedor en su pecho, la pohre princesa de seda y lentejuelas, desfallecía; la caída blanda de las coposas sedas, de
los galones y de las luminosas tiritaftas, cayó como
una corriente de ceniza sobre las losas de la obs cura capilla; algunos cabujones rodaron como

Tudo el mundo conoce los horrorosos desastre,
ocurridos en el :!astillo de Ruremonde, ocasionados por el má.s espantoso incendio.
Es imposible olvidarlos, porque los periódicos
relataron con mil detalles la horrible catástrofe;
infinidad de personas se vieron sorprendidas por
las llamas al final de un baile campestre; grito1
de dolor, miembros magnllados, y, finalmente,
los techos de las habitaciones que se desploman
sobre las infelices víctimas.
Pero lo que todos ignoran, son las causas que
produjeron este accidente; unos á otros se preguntan cómo pudo el fuego penetrar con tant&amp;
furia en el castillo é invadirlo en un momentv.
Yo he podirio descubrir el secreto, y voy á. referirlo para gloria del amor.
En el fondo de un saloncito muy distante del
gran salón de baile, dos nii1os, doa prometidos,
él de veinte afl.os y ella de diez y seis, felices y
content0s, se hablaban muy bRjito, prodigándose
apasionadas é inocentes caricias, porque se amaban con infinita ternura.
De repente la ni:ila, mientras que su amigo murmuraba á. su oído frases deliciosas, se des prende
del tocado una margarita que había arrancado
pocos momentos antes del fresco tallo, y la pregunta si la quiere su novio.
Tranquilo, satisfecho, seguro de su amor y lleno de fe en la sinceridad de la flor, el joven
amante, veía los peque:ilos y sonrosados dedoa
de su amiga, arrancar una por una la11 blancu
hojas,
Pero ¡ah! que un sudo: frío inunda su frente,
palidece, tiembla y se siente próximo á desfalle•
cer; él acaba de contar con una r á pida mirada
las que todavía quedan, y ve con terror que la
respuesta será negativa,
¿Concebirá la graciosa joven, por una cruel
mentira de la margarita, sospechas sobre la flr•
meza é intensidad del amor que la profesa?
Sin vacilar un solo momento, coge el candelabro que está sobre la chimenea, y mientru
la nifl.a suelta llena de terror aquel resto perfu•
mado que aun 110 ha concluido de deshojar , apll•
ca la llama á las colgaduras de gasa que arden
con rapidez suma, y bien pronto se comunica el
fuego á todo el castillo.
· Desde entonces, cuando sa habla delante del
enamorailo doncel d e las victimas y desastree
que ocasionó el incendio, siente pesar y tristeza,
porque es noble y compasiva su alma, pero ni
la más ligera sombra de remordimientos.
Fué muy lamentable que perecieran tanta
personas, pero hubiera sido verdaderamente cri·
minal dejar que una duda penetrase en el cora•
zón de su amada, haciéndola sufrir todas las tor•
turas de la desconfianza.
C.ATULO MENDES.

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EL MUNDO

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MI GUITARRICO.

FERNANDO MARTCN E SPINOS.A.

Es a1 gu!tarlco duce 6 plaiildero,
asigll.11 yo qu.ero;

tiene cinco cuerdas bien a1Teatiradas
que se rtn 6 lloran con m!: rasguliad as.
CANTO POPULAR .

J UAN B . D ELGADO.

EN PLENA DICHA.
(INEDITA)

Reclinas en mi pecho tu cabeza,
Abandonas tu mano entre las mías
Y siento cómo acallan mi tristeza '
Tus ingénuas y puras alegrías.
Y así permanecemos, comprimidos
En abrazo de castas emoci, nes
Sin oir nada más que los latido~
De nuestros amorosos corazones.
Y suspiro de dicha enajenado
Y las horas transcurren presuro;as,
Y luego, al separarme de tu lado
iM:e quedan_por decirte tantas co;asl
Y en vano, en vano el númen se fatiga
Para ensalzar tu amor y mi embeleso,
No hay canto, no ha y poema en que se diga
T odo lo que se dice con un beso.
De~de que en mi alma tu poder impera,
La vida encantos nuevos atesora•
¡Es un valle de eterna primavera'
Iluminado por eterna aurora!
Si tu supieras .. . . 1 Pero bien lo sabes
Porque amas., .. En un pecho enardecido
Como en arbol frondoso lleno de aves '
Vibra insinuante la canción del nido,
Vivir quiero y morir bajo el encanto
De la leca pasión que me seduce·
Juntos tú y yo, muy j11ntos, perd tanto,
Que nunca entre los dos ni el aire cruce

(De "Canciones Sorianas.")

A guisa de lira de oro
yo tengo mi guitarrico,
con el cual siempre acompafto
cantos del Sur á los indios.
Su caja comba es la fuerte
co~aza de un armadillo,
y tiene cinco clavijas
porque sus cuerdas son cinco.
Su cuello es delgado y corto,
negra su boca de abismo . . . .
boca qua canta ó suspira
con un dolor infinito.
Cuando las copiosas lluvias
anuncian aftos profícuos,
y más tarde los graneros
se ven de _mieses henchidos;
En medio á. la gente agrícola
que festeja á San I sidro,
se eleva el rústico canto
de mi pobre guitarrico.
En las bodas pastoriles
de Galatea y Mirtilo,
lanza sus epitalllmios
y ríe de regocijo.;
Y en los entierros solemnes
de los viejos y los nifl.os,
tras el trueno del petardo
él desgrana su llorído.
Y llega la Noche Buena
con sus brumas y sus fríos,
Y entonces lanza á los aires
sus alegres villancicos.
¡Oh vihu~lita serrana,
q:u,e u.evo siempre conmigo;
h1stér1ca cuyos nervios
pongo en tensión al herirlos!
Pues eres la musa joven
que inspira los cantos míos
arrúllenme tus r asg ueos, '
aduérmanme tus sonidos!
Y que A tu rítmico acorde,
como á un conjuro divino
surjan, abiertas las alas
la¡; canciones de este lib;o!
Agosto, 8 de 1899,

127

Musa blanca del r ostro sedefio
De ojos tristes y dulce mirar1 '
Ven conmigo al país del ensuefl.o
Donde flo ta el ardiente bele:ilo '
Que tristeza inspiró A Chateaubriand.
Ven conmigo, nostálgica hermosa
A ese triste y brumoso país,
Donde esparse su luz misteriosa
La neurótica y púdica diosa
Del ensuefl.o dorado y sutil.

Vivir quiero y morir, así, de prisa,
De un vértigo de amor en el acceso
Viendo como se va en una sonrisa '
Mi alma que hiciste t uya con un beso.
Luego una cruz, dos nombres olvidados
La yedra allí tendiendo su guirnarlda
'
Y abajo nuestros cuerpos abrazados .. '.,
¡Igual que Quasimodo y Esmeralda!
. Confiado vine á tí; me entrego inerme.
Si en tu seno de diáfana blancura
La bestia h umana cautelosa duerme,
No tengas compasión de mi ventura.

En las ondas del lago sonoro,
De azulada y fugaz ilusión,
E n ~n canto que vengas te imploro
A m1 nave de armii1o y de oro
A mi nave de luz y de amor.

Hiéreme Nelly! De mi vida triste
No te importunaré con los lamentos·
Que bien valen las dichas que me diste
Toda una eternidad de sufrimientos.

En el vago horizonte se alcanza
Una estrella tan solo A mirar;
Y mi barca á las ondas se lanza
Tras la estrella de luz y esperanza
'
Mariposa de brillo fugaz.

T arde, muy tarde t e ~ncontré á. mi paso,
Mas no el te1;Dor á la veJez me oprime;
Porque lo mires tu, será mi Ocaso
Como el del sol, espléndido y sublime!
Mérida, 1894.
J AVIER SANT.A MARÍA,

Mientras canto mis tiernas baladas
Coje el remo de blanco marfil·
Boga, boga al pi.is de las had~s
Y sorprende á las dulces amadas
Del poeta oriental haqueín.
Quiero ver los palacios dorados
De ese loco neurótico dios
Que á los genios por él iospirados
Les ensefl.a los cantos sagrados
Y secretos place,·cs de amor.
Q1liero ver sonreír á los tristes
A l?s tristes en :qtedio al placer; '
Quiero ver si de luto me vistes
Y el halago del genio resistes
¡Corazón, corazón de mujer!
Musa blanca del rostro sede:ilo
De ojos tristes y talle g entil,
'
Boga, boga al país del ensuefto
Donde esperan con rostro risue:ilo
Las hermosas que amó Lamartine.
F E RNANDO M ARTIN E SPINOS.A.

PASTEL
Asomada á tu balcón
florecido de macetas
turbas, nifia, el cora;ón
de pintores y poetas.
Y tus labios de coral
y tus bellos ojos pardo~,
cantan dulce madrigal
en el pecho de los bardos.
Ec;, de tu mirada al rayo,
ese balcón un pensil:
crecen lus lirios de mayo
junto á las rosas de abril·
Y cuando acudes á él '
con tu blanco peinador,
¡::ara regar tu verjel
ó para ver á tn amor;
A pesar de tanta rosa
Y tanto lirio en botón
es entonces, nifl.a herr:iosa,
cuando florece el balcón.
RUFINO B LANCO FOMBONA.

�Domingo 20 de Agosto de 189G,
EL MUNDO.

128

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 20 de Agosto de 189G,
EL MUNDO.

128

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México, Domingo 27 de Agosto de 1899.

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LA

INSPIRADA.
CUADRO DE ÜONRADO KI..ESilL

�Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

132

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------------·

LA ~EM.A.N.A.

Mes de verbenas populares es Agosto y sirve como
de amplio vestfbulo á las demás fiestas callejeras
ue de a uf en adelante abren semana á semana un
iaréntet1Ís de dicha entre los grises Y monótonos dhts
de trabajo. La verbena de lo.:, AogeleR ! la de Santa
María son de lo más famoso del afio. V1euen en seguida todas lai, otra~, menos pompo_sas y cele~rada!l:,
basta ue }a más grande, la más rica, la me~ lean a,
por exielencla, la de Guadalupe, cierra con nomenguado esplendor la temporada de las verbPnas.
A esta clase de regocijos solemos ir por mera curiosidad Jos que gustamos de hacer obsuvactones Y
stcolo ias al aire libre. Desde luego nos sentimos
¡traído~ por el movimiento ruidoso de lasmucbedumbres. Hay una emoción nir\'anesca, momentánea , pero
profunda 1 en dejarse }levar de Ja ola humana, en diluirse en Ja masa com1\n, en embeber el yo, como una
partícula, en la m·.:!ltitud lmperwnal, en ru_ndir las
impresiones propias en el vago anhelo colectivo, que
termina por apodei-arse al fin de todas nuestras ~ensaciones y por hacer suyas todas nuest!as energ_as,
con el fluido mágico de una invencible b1pnotizac1ón.
La fábula medioe\'al de ja sierpe a1ada, luchando
con el armado caballero y venciéndole ~on sólo el venenoso vaho se veriflc'i en cada uno de nosotros cuan•
do pretende~os conservnr nuestra. T01untad_ en el J.e·
no inquieto y caótico de las multitudes 1mpre,ionadac,;.
t
Son enormes almas locas que penetran en nues 10
organismo y se sirven de él para manifestarse en la.
vida exterior. Alll está nuestra boca pronta á lan7.ar el a1arldo; allí están nuestras manes dispuestas; á
sacudirse en las frenéticas palmadas; allf nuestros
músculos para agitarse en las convulsiones bi.-Jtértcas;
allí nuestro rostro para cambiar el gesto á cada ráfaga del aire Entrá. nuestro espíritu en una abrumadora incon~clencia. Y no obstante, gozamos con 1 m
placer extraílo al sentirnos brutalmente poseídos.
Complácenos vernos vencidos á las primeras Invencibles zarpadas del monstruo excitado.
y be aquí que la curiosidad va tomando en medio
del tumulto una forma de entusiasmo morboso que
concluye por embriagar.
Asistir á una verbena es sentirse i11vadido de la
alegría del pueblo, disuelta en átomos por los cuatro
vlentos·.entrar en un templo con las oleadas de creventes, 1recorre!' las calles entre los grupos abigarrados de la plebe; detenerse en las barracas de la plaza
hormigueante, escuchar cantares obf)cenos, risas beoJas y refranes picarescos.
,tEn qué se piensa, es decir, en qué piensan los demás los granos de aréna dé ese compacto bloque popul¡r? Se piensa en vivir, sacudido por impresiones
mundanag, por ardientes deseos de beber hasta saciar una sed Intempestiva y devoradora; de abrazará
mujeres Lermosas y de apostar ]a vida en un naipe.
No son nuestros estos anhelos; andan vagando en
la atmósfera como a1mas en pena. T~dos lo~ sienten.
Es una contagiosa epidemia de apetitos desenfrenado~ales 1:1íntomas indican, de seguro, un grave mal.
Repugna sin embargo, punzar con el escalpelo la
eptdermi; social. Tiene manchas purulentas que indican un repugnante linfatismo.
.
Esta es la primera pregunta que cualqmer observador se hace cuando asiste á una verbena popular:
¿Nuestro pueblo es creyente?
Ah! no seilor; posee, como todo pueblo Inculto, una
superstición. versátil y tornadiza, que sale de la cueva demoniaca de Ja adivinadora de cartas para poner
una ofrenda en el retablo de la Vfrgen; ere~, á la napolitana en los estupendos milagros de Ja patrona
que ayuda en su tenebrosa labor al bandido y protege bajo su manto nimbado, al homicida. Se encomi'enda á ella en sus inmorales tribulaciones, y sólo
la recuerda bajo el toldo de una camllla ó en el fondo
bl
de un calabozo.
Pero á pesar de todo, su veneración es adora e
porque es sfntoma de un patriotb,mo rudimentario
que toma la sugestiva terma del misticismo para
compenetrarse más en la conciencia de 110 pueblo _débil, que, como el nuestro, suele hundirse en éxtasis Y
sufrir alacinaciones.
En este caso, la Religión es un delicado pretexto
para amar el terruíio.

***

Música &lt;U cámara.-Andante.-.Minuetto .... cuando
se leen estas palabras, resurge en el espíritu una de
aquellas galantes miniaturas de finos lineamientos,
de aristocráticos matices, donde un poeta del clavecin rodeado de damas de amplios trajes1 rocal1a de
sed~ en la que la luz Re quiebra en aristas, damas
ensativll8 de ojos dulces, galanes de actitud pala~iega. escuchan embebidos la melodía ingenua y amo•
rosa ciue recita el violín para que le responda, trémulo y sollozante, el ruego de los etilos ó la breve exclamación de la viola.

de Cámma: una velada de invierno; una lla. t
tes dormidos en el
maradagenerosa de chimenea, ID¡ :n
isa blasonada
nte
_regazo de la madre, un perro ti.e e cam
husmeando los tizones en actitud de esfiage,du~~s so·
thr germano, mur;ho bienes~ar, y la musa .e ocen~
natas, en su Infancia, iniciando una !rase rn
como las frases de los nin os.
. .
lá tea.
Habla á los corazones ampHos esa mm,1ca e s d~
nada hay PD ella pequei'io; parece ser como el ;;o sui
la. naturaleza que la ba inspirado al cerebro os boshljos; en e11a se encuentra el rumor grave de 1 . téti·
ques, ¡:&gt;rima veras solemnes, noches augustas, pa.
cos dolores, elrgías á grandes héroes.
á1
idos
y se llama Br.ethoven, Beethovensord? fs ru es
de la vida común, para no escucbar smo ~s voc
CHóticas, fmpremas, tempestuosas ~e lo infimt_o~c!r-0
ella bay silencios que parecen de vieJa e3:tedra1, 1 ciedes que suenan al espfritu como llamamiento e
•o· lentitudes graves y acompasadas que evocan pro~e~iones de levitas y venerables patriarcas; dulzuf¡as
que ~on blancas plegarlas de seráficas voces, Y se
man· Sehastián Bacb, ese dialogador de los éx:r
i.u remos ese místico colosal que tiene la nota m ci/de las '"írgenes Y la cólera rte los espíritus airados
que cortejan con espada de llamas; y ese Mozart
·ba\leTesco ese Mozart delicado, ese Mozart de os
mim.iettos ~artesanos y los andantes poéticos. y M~mrle]hsonn encerrando tristezas en sus rimas brevesd Y
Hn.ydn remontándose¡\ las alturas de la tempesta y
Weber bordando con sedll8 pálidas sus personajes de
leyenda ... • • •
esta
Música de cámara . .. . y me entristece que en
época en que la humanidad llora por carencia de suenos no hava sino unos cuantos devotos que acuden
á J~ sala Wagoer para tener un punto de recogimiento y mirar sugestionados por esas melodías de otros
tleJT1pos, las divinas visiones que acuden, como al má•
leo erecto de un coujuro, llamados por la. voz caotante
~e los violines y la gravesúpllca de los v10loncellos.. ••
Duraote Jasemana, se han verificado dos hermo~as
audiciones que hicieron Ja deltcia de nuestros dile·
ta•tti. Luisa Rltter, la amada y aplaudida pianista Y
Matilde Bruglére, alta soprano dramática, cuya ta •
ma había llegado ya á nosotros antes que su hermosura rtejaron un,. luminoso recuerdo, como una blanca e~tela, en la corriente fangosa y negra del género chico.
u• .

.tU.USlca

f·
i"

't·

***

y á propósito. Se ba discutido en estos dfas el
mérlt,o de una joven y bella ~!ple recién llegada al
palco escénico, la cual, después de haber sido estrepitosamente aplaudida en la célebre obradeMascagnf, ha intentado interpretar La Reuolwsa. P•ra
mí, aht está el error y la. in~xpenencia dela seí1orlta Dimarias.
Sus facultades vigorosas y nuevas 1 no se prestan
para el género chioo. La flamante artista tiene talen to y no deberá encanallar!o. Que no cambie los relucientes luises de oro que pródigamente derrocha
en la zarzuela, en menudas y gastadas monedas de
cobre.
· o E
¿Habrá algún buen amigo que 1a aconse¡e. s
una lástima ver que aptitudes como 1a suya se
pierdan en la efímera y tonta Jabor de la tanda diaria!

EL EXTERIOR.
Revistas Políticas y Literarias,
COSAS DE FRANCIA.-!. DE COMO PUEDE UN
NEOTHAL CONVERTIRSE EN DREYFUSJSTA.
2.-¿EL PRIMER El&gt;JSODJO DE UNA OUERRA :&gt;E RELJOION?

3.-LA REPULICA PLEBISCITARIA MARBETE DE LA
DICTADURA. MILITAR.

Tengo un excelente amigo,,francés pur más senas y
escritc,r elegantísimo por añadidura, que, natural
mente está veinticinco veces más al tanto que yo de
los as~ntos de su patria, y que suPle, entre brom~ y
veras, formularme estas preguntas: ¿por qué no siendo usted francés es usted calurosamente dreyfuslsta?
¿Por qué cree usted á los periódicos americanos de
la prensa asociada, comprados por el Sindicato ju.
dio y no á los periódicos franceses que, e~osdel sentl•
miento público, sostienen, como siete ú ocho de los
primeros nombres del ejército y de lu; civiles que mejor conocen al ejército, Cavaignac, Freyclnet, que el
prisionero de la Isla del Diablo es culpable?
He aquf lo que contesté á mi amigo:
-No tengo la culpa, no tenemos la culpa Jos extran•
jerosde interesarnos casi apasionadamente ea losasun-

tos de Francia; dep_ende eso de] genio comunicativo ..
i O simpático de que los franceses se vanae~gr~~~'v d!pende de nuestra educación, depende de·
g ue todos Jos latinos tenemos dos patrias y la segu nq
siempre Francia, depende de que dan los trance.
~:s ~ sus asuntos particulares tan extraordinaria
resonancia y tenéis tal arte en vuestra lengua y vues.
tro talento para transformarlos en asuntos humanos,
ue obllg~is á todos á volver la cabeza hacia ellos, 4
!trarlos atentamente, i\ estudtarl.os y á. tomar un
puesto en pro ó t'n contra como s1 tueran nuestros.
asuntos propios. y esto es Irremediable.
Ahora bien, voy á dar una idea de la evolución que
muchos como yo, hemos sufrido en el asunto
b°;e;!us. Lo creí culpable, con prorunda ~mpaslón
1 conocer los detalles de la e1ecuclón inmediata del&amp;
!entencia y su ejecución normal en 1a Guayana. Su
es osa, sns hijos .. . . .. ¡Horror! ¡lnfellz.!-Cuando un
hlmbre comot'.,cbeurer-Kaestuer, super10: á toda sospecbade-venalidad, manifestó las prolundll8 dudas que
le turbaban, he aquí lo que todos peni:;amos : ¿sería.
posible que baya cometido el tribunal militar tamaílo errorf Entonces este hombre ha sufrido uno de
los martirios morales más tremendos que puedan
registrarse en los anales de la justicia humana. Cuando publicó Zola su tremenda requls'.torla, lohallamos enteramente exajerado¡ su hábito de ~ove..
lador de dar un relieve abultadís~mo á cuanto flJa su
atención lo mismo un beso de amor que la boca de
una cloa~, su teudencla genial á lo épico, al grado
de que allí donde los oCl"os gastan un rasgo de pluma
un poco cargada de tinta, el emplea un frasco decolor con un pincel que parece agitado por Jas tumé nides, teda esto nos hizo sospechar que ,aquel hombre se babfd forjado un cuento trágico y se habfa empellado en hacer en él un papel de prota gonista. Maa
cuando se le llamó á gritos traid,or, vendid,o á !os ju.
dios ultrojador de la reltgi.6n, cuando se desconoció so
mér'tto de escritor, su sinceridad de hombre, su valo ry su probidad, hoy proclamada por cuantos no _tengan
en los OJOS la cata1·ata (inoperable por desgracia, por•
que la tienen muchos bomlJres de talento) del anti semitismo· cuando pasó todo esto, cuando las multl•
tudes tren°éticas se pusieron á gritar ante él basta
hacerlo salir de Francia, nos sentimos de su lado;
aquello nos pareció innoble, horriblemente despr&lt;!cla•
ble, DOS hizo el erecto de uno de esos actos imbéciles
y crueles de 1118 muchedumbres que causan algo.as[
como basca en la conciencia
Entonces todos dudamos, todos creímos que h abía un misterio en el asunto Dreyfu!,, que la explicación d•da á la circunstancia estupenda de la absoluta similitud entre la letra de Esterbazy y la del
documento condenatorio le bordereau, era lmposi.
ble y los antecedentes del oficial aventurero que
entraba en escena tan desvergonzada, tan cinicamente, y la valiente rectitud de su acusado r
Plcquart, llevaron hondo recelo á todos los ilolmos ...... Pero un hombre honrado entra en la t:&gt;ecretarfa de la Guerra en un cambio ministerial y ese
hombre, be nombrado á M. Cavaignac, dice enrátlcamente ante la Cámara de Diputados: he aquf la prneba concluyente de la culpabilidad de Dreyfus y lee
un documento en que se mencionaba á Dreyfus y ....
todo el mundo quedó sorprendido, estupefacto. Muchos, yo entre ellos, se sintieron satisfechos, como si
una montaña se les hubiera quitado de encima; si 111.
justicia humana habfa tenido razón, babia herido al
verdadero culpable; las violaciones ;ie la ley, las irre•
guiarldades flagrantes del proceso, todo quedaba cu•
blerto con seis pa1abras: peligro de guerra, secreto
de estado .... Pocos meses. después un rayo cafa so•
bre toda esta seguridad, ·el documento de Cavalgnae
babia sido falsificado, el falsario estaba convicto y
confeso, era el principal manipulador del proceso de
Dreytus, era un jefe importante en el Estado Md.yor,
era Henry .... Al día siguiente Henry se suicidaba.
¿Estábamos todos, en todas partes, aquí en México, cc,n la misma fact1ltad con que los escritores fran.
ceses suelen juzgar a Santa Anna, a. Maxlmillano, á.
Juárez ó al General Dlaz, estábamos ó no estábamos
en nuestro derecho de decir: el honor de Francia y la
justicia y la civlllzaclón exl¡¡en que ese proceso sea
revisado? Asi lo pensó la Francia política y legal,
y por P.ncima de la violenta oposición con que algunos, absurda ó malévolamente, pretendían en vol \'er
en este asunto el honor del ejército francés y hacerlo
solidario de un tremendo error probable, de un espantoso crimen posible, el caso fué sometido al primero,
al más alto tribunal de Francia, á uno de los primeros del mundo por su ciencia y por su intachable ho norabilidad. Todo se procuró, bll8ta por medio de
una ley acl hoc, todo se allegó para facilitar y dar fundamento incontrovertible al tallo de la Corte Suprema; un magistrado, el tipo precisamente del politicien
judicial ingenuamente presuntuoso, de esos que Jla.
mJ.n los espalloles: un tonto ron campanillas, de quien
decía Julio Lemaitre: «tiene un ojo que de·scomponP,
pero que no resume1&gt; el poquisimamente leído M.
Glouvet ósea M. Quesnay de Beaurepaire, fué el au tor de la idea de encargará la C01te entera del asu o•
to de revisión, porque los magistrados de la Sala crl·
minal eran parciales en favor de Dreyfus. Y no era
esto verdad; la verdad era que los principales magls•
trados de la Sala civil bab!ao manifestado á su cole•

Domingo 21 de ~gos_to de 189S.
111 opinión contraria á la revisión. En fin, la Cor-

«' entera 6e reunió, los amigos de M. de Beaurepaire

EL MUNDO.

rna

brazos detener el pueblo francés y empujarlo hacia
atrás, á los tiempos cuaternarios ... . . .
Y he aquí como sin necesidad de la intervención
de los judíos puede uo quidcim como ( l que esto escrl•
be, pero que no está casarto ni con los delirios de M,
Jaurés, ni con Jos odios de M. Drumont, haber _;asa·
do de neutral á dreJfusista ....

Y sucedió; el populacho solicitado en sus más bajas
pasiones por energúmenos de encrucljada1 se mostró
' \odiaron el asunto y decidieron por unanimidad
es 18 re visase el fallo y alH están los cooslderandos
sin camisa .. .. (la camisa es, por reglc1. general, Ja
4
distancia que separa á un civilizado de un salvaje.)
18 in Here de ello•? Esto: es seguro que el docuIbamos á decir sans culouis. Y la escena de caníba~\oto capital no es obra de Dreytus, es probable que
les que esperábamos ver en la rue Chabrol se verificó
sea de Esterbazy. Y fuera de ese documento nada
en la Iglesia de Ot. Joseph, saqu~ada, medio destrut~ podido serv ir de !uodamento al hllo del primer
Y medio incendiada .. ..
consejo· Ja conresión del reo (al Capitán L. Renaud)
Todc. reap8rece en Ja hlstorla¡ Ja historia es una
supu~ta: el dossier secretes un cúmulo de talsifica*
**
noveJa que tiene ediciones en número in::Jeflnido:una
: ooes, capaz, en algún caso, de infundir sospechas,
Todo
es
obra
del
sindicato
judío.
Los
judíos
tiepor geueracióu ¡ sólo las Hustraclones varían: el graincapaz de ::,inistrar pruebas.
nen en Eure,pa el diocro, ]a m;tglstratura, la prensa; bado antano, la litografía después, el fotograbado
y si yo tuera militar diria á mi amigo en lenguaje ¿quieren invadir el ejército, No lo hemos de permi- hoy; estas escenas salvajes se vieron en la Edad Med• cuartel ;y po r qué diablos quiere usted, quieren tir. -El sindicato judío es un cabello en la sopa del dia, en la bohemia de los hussitas, en la Alemania de
1111,edes, los coDl'encidosdela culpabilidad de Dreyfus pueblo francés, sujeto á graves alucinaciones cróoila guerra de los campesinos en la NeerJandia de los
en virtud de una gracia especial del Espfrltu Santo; cas, seglln parece.-¿Qué cosa es un judio?-Sabéis, Gueux, en las guerras de k•s1 hugonotes, en la Revolur qué diablos queréis que prefiramos el dicbo de senores diputados, dccfa M. Thlers á quien reprocha- ción .... ¿qué sé yo? En la comuna; ayer en París,
o0ciales superiores y ministros de la guerra, ba la izquierda de Ja Asamblea nacional sus prefe- maflana en Barcelona, y pasado, en New York.
- de un par de falsarios: Henry y Paty du Claro, rencias por los empleados conservadores á quienes
¿No se deberá esto á la debilidad que su composique por boca de ellos han babladoduranteclnco a!los, llamaban carlistM; sabéis qué cosa es un carlista? Es ción profundamente heterogénea produce en el minisrqué los bemos de prererlr á la convicción de los un hombre cuyo empleo se desea.-Uo jndfo es un terio trancés? VeremOS; DO sería la primera vez que
riocuenta pri meros magistrados de Franela, cien ve- hombr~ qne ha hecho uoa fortuna cun liUUChas O'Jzas un revolucionario result:.l.ra un puilo férreo para rer.ea m'8 Imparciales en el caso, cien veces más peri. y sin ningún escrúpulo y cuya subida repentina en- primir una vez convertirio en gobierno; no sería ex.
1ilBi mú profesionales, dlrfamos, en el arte de analividian todos, Jos ri cuR viejos y los pobres de todas traflo que los socialistas de Gabinete ayudar~n con
ur pru~bas?
edades; en suma, eljtullo E'S un hombre de negocios brío al presidente del consejo en su tarea de guardar
LJegamDB al Consejo de Rennes¡ y declaramos: que turbios y lucros clarüs. ¡Con razón se los encueutnn el orden; si no, no queda otro recurso que echarlos á,
no creemos en la mitad de las interpretaciones de la en la sopa los franceses!
la calle y ... . frente á !rente estarfan mejor los dos
Es innegable, el mundo está lleno de judfos.-¿Pe- grupos, en honor de la verdad; hasta con una barripreosa americana, vendida al si7ldicatojudlo, según dicen los antisemitas presididos por los senores Dru- ro el sindicato? ¡Atl! si ya cooocecnos eso; eso er. la t•da de por medio.
mont y Roche!ort que lo saben muy l&gt;i&lt;TI; que nos im- época de] sitio de Parí..; Re Jlamaba el espia. prusiano;
port,ao un bledo sus apreciaciones; que nos dejan el afio de 48 se llamaba los jesuiUts y en tiempo óe
• **
!rfoo las ovaciones que tributan sin cesará los amigos Robesplerre se nombró Piit y Coburgo; es Ja necesideJ reo y aun á é-ite; ¡oh! ,ion, nous ne croyons pas á dad que tienen ]as masas cte atrlbulr los males sociaEl
gran
culpable
de
esta
situación es el régimen
wutu cea bourdes-lá. Bien; retenemLs las declaracio• Jes á una conspiración que envenE&gt;na las fuentes pú - parJamentarJo, es el parlamentarismo; est,o se dice
blicas en tiempo de Cólera-morbo y compra á los diDM d8'ta,orables; y encontramos: 1 ° que los testien casi toda la prensa francesa y se aplaude ea casi
gos ó acusadores, todo es uno, de Dreyfus han repe• putados y á lo~ jueces en estos momentos. «Sí, bur. toda Ja prensa europea. E;¡ cierto, dice el gobierno
laos,
exclama
mi
interlocutor,
es
que
desde
aquf
no
licio las decla raciones que dieron ante la Corte de
italiano, recordando los últimos dü,gusto.s que le
Casación y que en ese '.rribunal causar,,n la impre• podéis verJos ni sentirlos.&gt;
causara
el obstruccionismo: es cierto, dice el rey de
Está bien; pero entonces no neguéis á los clientes
llón contraria á Jaque deseaban causar sus acusadolos belgas, recordando Jas recientes y temiendo las
de
los
judíos,
á
los
periodistas,
clubistas,
socialistas
res. ¡\ EA ó no clertoi" 2 ° Que en el dossier todo se
próximas batallas de Bruxelas; es evidente, allade el
encamlnaá este fln1 según ]as interpretaciones singu- y anarquistas pagados ó subordinados poco más ó emperador alemán, de eso aquí no se babia: el parlamenos
inconscientemente
al
sindicato,
no
les
neguéis
lares de lOR acusadores: Dreyfus era curioso, debió comeotarJsmo es un artefacto inglés, una cotonada de
nocer tal ó cual punto, Ueva ba ta] ó cual vida, en fin, el derecho de explicar también lo extremadamente Manchester que no puede usarse en el con"jinente,
complexo,
por
Jo
extremadamente
simple,
y,,e.trlbutr
pudo ser el autor de la tralcióri. Pero prueba, pero
no viste bien . . . .
una prueba, pero una décima parte de prueba, pero todo lo que les desagrada á una conjura negrísima
E1 parlamentarismo no ha hecho, sin duda, m::1rat.na de esas luces repentinas en las tinieblas, que re- del ejército y del clero contra la república y as! en- villas en Francia, ni en ninguna parte; ningún régi•
tre
estos
dos
elementos
primordiales
de
los
flamanteS
velan el cáncer de una conciencia y que hacen excla•
men político hace maravillas; pero vamos á ver ¿,con
mar, un Juez: he aqui, ¿dónde está? ¿cuál es? 3 ° Que fenómenos históricos d conflicto es seguro y confir- qué va á ser reemplazado? Con la república plebisci&amp;t:terhazy reitera su confesión de ser el autor del ma Jo que os decía, Ject-Jres, en uno de mis primeros taria. Esta es una invención bonapartista que desde
bonlmau, la repite á gritos por 1118 plazas y encrucl- boletines: en el rondo de todo eso hay un conflicto los tiemp::..s de Boulanger, diez anos ba, auda trasjadu¡ mas los generales no lo creen,-¡ohl Jamás rel1gioso; se trata de una lucha implacable entre tornando los cerebros de los descontentos, de los fnIL creertn ;.Por qué nó?-¡Oh! porque este gar- quienes creen poder realizar por la violencia y para clastficados de todos los partidos, que forman la imellos su ideal de felloidad en la tierra y los que lo
S'OR ntraordinnaire, como dice benévolamente el
para verlo realizado en el cielo; es eJ comba- pedimenta de la república en marcha, ó más bien,
general Roget , el general de Paul Dérouléde, es apbt.zan
son los gépidos, como se djjo en tiempos de las invate
entre
la esperanza y el apetito.
. , de cualquier co:,3 1 pero no es un traidor.-¡Oh!
siones
bárbaras en el imperio, los rezagados. ¿ Pero
Lucha feroz: apunta siniestramente. En la superporque no podía conocer los documentos de que haqué quieren? Todos quisiéramos saberlo; los bonaficie
del
océano
social
(en
esto
comprendo
á
Europa
bla el bordereau. ;.Pero no dice él que oo,,fe,.cirmó (con
partistas desean que se consulte al pueblo por medio
perdón de PenJta) que rorjó el documento con ayuda y los Esiactos Unidos) que se biocba y enoegreee y de un plebiscito, si es su voluntad que continúe la
de un o0cial del Estado Mayor, como Henry rorjó el espumajea, como en los momentos precursores de la~ República ó prefiere el Imperio; suponen que Jos fran1u10? ¡ Pero su letra no es ldént,ca á la del oorde,,aur grandes tormentas, se notan síotomas de descompo- ceses olvidarán que la ramosa fórmula &lt;el Imperio es
- 61, Bf1 pero no, no es Esterhaz y, dice con teatral siciones y convulstone:'.I desesperadas. No salgamos h paz, quedó definlti vamente reemplazada por esta
adem6n Roget- . . .... ¿Y á esto se l1ama prubar? de b'rancla, ya que todo el mundo está en Francia otra «el imperio es Sedán.&gt; Pero los neo- plebiscitadY 4 los que alzan los bombros ante todo esto se les en estos dfas, de cerca ó de lejos.
rios protestan contra todo est,o, y juran y cantan su
El atentado contra Labor! ¡esto es de la edad del amor por la república, la república no puede f.JOnerse
llama •endldos á los judfos? No bay up solo gendarme en ldéjico, de esos que dirimen los pleitos de los chimpancé, precursor fnmediato de los jueces con á discusión, según ellos. es intan.gibile, como dijo de
lranaeuntes apoyados. en un poste del telégraro, que que sueOa Deroulédel El asesino no ba sido bailado: Roma ita\lana el rey Humberto. ¿Cómo entra, pues,
aea capaz de tener una cosa de estas como una prue- un mal punto al sellar ministro del interior, á quien el plebiscito en un régimen normal de gobierno? La
ba: vagas presunciones, indicios contradictorios, sos- venero mucho; pero no tiene remedio, un mal pun- demCtCracia representativa se ha imaginado precisapechas obscuras, eso es todo, nada, absolutamente to .... . . La casa y el caso de M. Guerin.-E,te es un mente porque el pueblo no puede gobernarse directaDada se ha presentado capaz de determinar una con- episodio heroico-cómico de los preliminares del commente á sf mismo. En una democracia de veinte ó
cleoeia despierta de hombre libre. Hasta la terrible bate-¿Con que había una conspiración orleanista, treinta mil electores, como Atenas, se comprende;
coincidencia contraria á Dreyrus ba desaparecido: el bonapartista. y antisemttlsta? 81 es cierto, sellar pero en donde se trata de millones ¿cómo puede ma&amp;eneral de Bolsdeffre declara: que c11ando Dreyfus ministro, no se ande usarced con pailas caUentes: ter!almente llegarse á ningún resultado:' ¿Cc;n qué
~ ba en el Estado Mayor, babfa desapariciones duro en ella ...... Y efectivamente: cateos, secues- mecanismo?
v...,) de documentos.-¿ Y después? prei,-unta un tro de papeles, de armas. prisiones, de todo ba habiParece, según las afirmaciones del cm iteo de los
do; ademá.1t la policía de ParJs ha pue:,to sitio á una plebiscitarios, que de lo que se trata, en realidad, es
COo&amp;eJero: han seguido, responde el general!!
Hu ta dónde bao penetrado 1118 nociones de justi- casa en dónde un substraído al orden normal, el mos- de hacer nombrar al Presidente de la República por
da crist iana, no diremos absoluta, en el alma d'! los tachudo y exaspP.rado Sr. Guerín, se ha declarado el voto de la nación entera, y esto es un pleblscil:,(I,
~•POI educados en el culto del deber que componen con veinte amigos en una Francia suya, apa.rte, au- según elloE;'y se trata de elegirlo así para que no se
~d: relto de un pueblo Inteligente y de grandes tonómica¡ por dessz-racla para el jefe antisemita, sin deje dominar por la representación nacional; se trata,
víveres. En esa Jerusatem van á llegará devorar Ja pues. nv de un sistema de equlllbrio, sino de com ba•
el al concluJ, el siglo XIX, es lo que vamos á
zuela
de sus zapatos y tal vez á sí mismos, como vul- te. Ya los francese~ conocen el régimen ese; es el
dentro de unos dfas. ¿Podrán sobreponerse los
es del Consejo de Rennes al espfritu de cuer- gares canacos; es el radeau. de Ja Méduse en eJ mar de del príncipe-presidente que luego fué Napoleón III.
po, una grave tiranía, al temor de la ira de sus jetes, París! QuMo sabe si e: terrible Ministro del jnterior Lo que con ello se quiere, es un lwmbre; es una dicta: 1\~•:f• taroblén, á la inmensa sugestión de las espera ese acontecimiento, para triunfar ...... Está dura militar.
Pues bien, á pesar de lo descabellado, de lo incohe,. di • es que se dicen patriotas y de la prensa que expuesto el mundo á ver en París quizás lo que últibab1 de vota incondicional del ejército? Si lo hacen, mamente sólo Se ha visto en •&lt;L'Js Sobrinos del Capi- rente, de lo balbucean te de esta doctrina de tlranla,
tán
Grant&gt;
una
escena
de
canibalismo
obligatorio,
y
no nos hagamos ilusiones, está llamada á triunrar en
n merecido el respeto de los que hoy mismo
~~: en CObl bi rlos y forzarlos moralmente y ba- de M. Guerln podrá decir alguna vez quizás un Dan- Francia, si se mantiene más tiempo fuera de la vía
creo vado á }'rancia de una guerra civil . ..... Yo te del porvenlr:!u, oocca sollevódaljieropasto ... ."Ha- normal. Los seis meses siguientes al desenlace del
bal'II que lo bartin, que la mayorfa de esos jueces lo blando en serio, comprendo perfectamente la actitud proceso Dreyfus, nos dirán qué hay que esperar ó
de M. Waldeck Rousseau, es un tanto ridícula, pero qué temer. En estos momentos la situación puede
llar 1~~-é,; · Es verdad que aquí hemos visto !unciosensata; ba tenido un miedo profundoá hacer már- definirse :Mf: una anarquía atenuada por Jos geoda.ry
rtea Marciales ...... es verdad que, ... . . es
tires. Tiene mucha razón; los mosquetP.r·os del antitn!o~eo que 1~ harán; yo creo que podrán ver llbre- semitfsmó parecen resueltos á fusflar á la policía, la mes. E:,e estado de tte .... re no puede continuar; no
ottctal ? ue se Intenta colocará ese judío, que es un policfa está en el Indeclinable deber de fusilarlos á puede seguir; ,1 siguiera la dictadura serfa lnrallqoe en raneés, Y que es un hombre, en una posición ellos ...... Y esto, la verdad, esto es muy trabajoso, ble ....
Sentimos haber dicho algunas palabns un poco se•
que lle ~ueive el contra-sentido Ju rídico más brutal esto DO se hace .. ... .
veras tratando de lus oosas de Francia; pero no hemos
( Proba •ya •i•to jamás: el de obligar á un acusado
Pero se corrfa un riesgo no pequeno: que la espan- hablado nosotros, sino los hechos, á el1os hemos de1Q cul~b~~~noceneia, cuando toca. á los otros probar
tosa excitación de los grupos adversos, con motivo de
noeat,An
ad .·•••. Creo que opmarán con cuantos esta aventura de cadets de GU8CO[Jne, acarrease una co- jado la palabra . .. . Además, no fué, ¡ohi mi caro
anrmó(d:egos, que el dfa que Don Pablo Dérouléde lisión en la callo, y un tumulto considerable y la ne- Balbino, no fué Tácito quien dijo pesimum inimico-ra ,., aba ~:' de Mende) que Drey!us necesitaba pa- cesidad de reprimirlo derramando más sangre que la rum genus laudantes? En romance: no bay peor eneJDOCencla ue • probar, no una, sino mil veces, su que hubiese costado el asa! to de la casa de M. Gue- migo que el que alaba siempre.
• ese dfa preteodió c&lt;1n sus largos y flacos rln ... .

ª!é

!:te

oo:

¡"

JUSTOSJJ!:RBA.

�Domingo 27 de Agosto de 1899
Domingo 27 de Agosto de 1899.

134

EL MUNDO.

EL VICIOYELESCANDALO.
PUDOR E HIPOCRESIA.

.a

135

do entero y se apoderan de la clientela que antes

tigado, ser amable con sere1:1 antipáticos y respetuoso con personas desprect11 •
bles.
Sin esta esclavitud, roto
el treno de las coovenien.
cias socialts, el bombre se.
ría uoa fiera salida de 1,
jaula y un solo hombre sin
educación hace en la 11,,ciedad el papel riel lol.,o en
u1ed10 del ret&gt;ai'iu.
La verdad y la ficci6n 1
por cons1guiente la fran.
queza y PI disimulo. titmen
su lugar bien definido eo la
vida humana. Por urbant.
dad un cajero no debe hacer
a parecer favorables los 11al.
dos adversos; en una aca.
demia científica no se de.
be acatar el error ageno
por i;lmple cortesía; h•
partidos en una c.lmara
no deben votar por slm?le
deferencia con sus adver.
i;arios; con el médico se está exento de las prescrlp.
ciones del pudor.
Pero tratándose de v1.
cios, ya que no pueden ex•
tirparse, que haya siqute.
ra el pudor de ocultarloa.
Autorizar, disculpar siquiera su ostentación w
pretexto de franqueza, de
sinceridad y de horror t la
hipocresía, es favoreLer su
propagación con el ejem.
plo y decretar el desenfreno.
La desnudez antigua produjo la estatuaria griega;
pero infiltró y generallz6
los másrepugnantes vicloe.
La desnudez moral proa
ti tui ría más aún á los hom
bres, y no es seguro que
llegara á. producir, en compensación, una ei.tétlaa
noble y duradera.

Los latinos tenemos una
marcada propensión á ostentar nuestros v I c i os,
nuestros crímenes y nuestróls defectos morales. Con
el nombre de franqueza y
de sinceridad tributamos
culto á una forma del cinisma que consiste, no en disinmlar, atenuar, ocultar
todo lo que rie repugnante,
ocjjoso 6 incorrecto tienen nuestros sentimientos
ó nuestra conducta, sino
precisamente en hacerlo
público y noto,io, en ostentarlo, basta en vanagloriarDO!I y hacer ga.la de ello.
Y vamos más allá; no nos
conformamos con aprobar
y aplaudir la ostentación
del mal sino que vituperamos y denigramos á quien
teniendo un vicio lo oculta, á quien se disimula y
disfraza para proceder mal,
á quien se afana y esfuerza
por mantener misterioso é
ignorado ese rinconcito negro del alma y ese vericueto sombrío de la conducta
que casi ninguna alma ni
ninguna conducta dejan de
tener.
Lo ,p1imero que se nos
ocurre cuando estamos beodos es echarnos á la calle á
lucir la mona; tener una
aventura amorosa y callarla es para nosotros tormento indecible; nada nos preocupa tanto como qne se,
¡,epa que jugamos ó trasnochamos y rara vez dejamos
de babi tar la casa de vidrio
DR. MANUEL FLORB8.
á través de cuyos muros
todo puede verse y juzgarse
desde la calle.
Como natural consecuencia de este modo de pensar
Pocas veces se ha juzgay de ser odiamos y denigrado
en Méxi~o con tanta
mos á los discretos, á. los
justicia y con menos apareservados, á los solitarios
sionamiento á una. cantandel vicio que se encierritn
te de ópera; hemos olvidapara beber, que corren cordo
todo snobisnw al apreciar
tinas y celosías para jugar
SRA. ROSA.LIA CHALIA, SorRA.NO DRHlA.TICA ABSOLUTA.
los grandes méritos de la
ó se envuelven para amar
Señora Chalia.
.en las nubes de Júpiter.
La Empresa y lo, a1miradores ae la artista la preDe hipócritas no les bajadad. La mujer cubre sus formas animales, las envuelmos un punto y cuando establecemos parangón entre ve eri gasas que qui!,iera fueran nubes, y cuaja sus sentaron como una estrella dei,prennida de las conasus vicios y los nuestros invocamos en nuestro favor vestidos de listones que aspiran á SP,r flores y :ie joyas telaciones del .llfetropotitan Opera Hou~e de Nueva
lo atenuante de la franqueza, de la lealtad, de la pu- q ...e aspiran á ser astros. El vestido vela, oculta, York, y con eso creyeron decirlo todo. El público,
blicidad de nuestro proceder; nosotros no engai'iamos desfigura, hace olvidar la forma material y animal; sin embargo, antes de aplaudir quiso juzgar por al
á nadie, no damos gato por liebre; todo el mundo sabe
es una muestra que disfraza una verdad y en el ve!.ti. mismo.
á qué atenerse tocante á nuestra conducta y si somos do hay pudor y no hipocresía; los partidartos de la
La Señora Challa no llevaba peligro ninguno Y 8111
perversos en cambio á nadie tendemos el cebo de franqueza y de la sinceridad no se desnudarían como reserva de los que hoy son sus admiradores la ~
nuestra fingida vi~tud.
Sócrates ante sus discípulos, ni harían desnudará más al to en el concepto de los aficionados, porque el
Esta polémica se ha entablado seriamente y en tér- sus
mujeres como Friné ante el areópago. Ocultarse talento y sólo el taiento de la artista ha determinado
minos precisos entre franceses é ingleses. Aqu~l~os como
Sus·ina para tomar un bafio, es pudor y no hi- su triunfo.
dicen siempre á éstos: nosotros parecemos más v1c10La Sei'iora Cbalia dejará en México un gran repocresía.
sos porque somos más sinceros; vosotros parecéis
cuerdo con el que lucharán to:las las que bagan el
Los animales ejercen á la luz del día, sin remordi- papel de la protagonista en «Cavallerfa Rustican&amp;.&gt;
más virtuosos porque sois más hipócritas; París vale tanto como Londres, hay en la una como en la miento y sin vergüenza, todas sus funciones y satisfaotra capital igual prostitución é iguales desórde- cen en público todas sus necesidades, si el hombre
nes, nada mas que Pa.rls se exhibe y Londres se procediera así por espíritu de s:nceridad y de franencierra y que Pc1.rís se desnud,:i. mientras Londres se queza, 1a sociedad sería nna cloaca y la vida soL\ ENSEÑANZA COMERCIAL EN EUROP!
cial se haría insoportable. Lo que pasa con la vida
vela.
¿ Qué pensar de este criterio y de este modo de con- flslr,a pasa igualmente con la vida. moral; los vicios
siderar las cuestiones elevadas de la moral privada y son expansiones y explosio.nes de la vida animal; la
La cifra de exportacione:1 anuales de una_grao
pública? ¿Qué preferir entre la ostentación cinica y ira, la intemperancia, la lujuria, no pueden osten- clón es la imagen más fiel de sus fuerzas v~vas Y
la hipocresía. repug-nante? ¿Quién tiene mayor valor tarse sin hacer repugnante y odioso á quien los ex- mejor signo aparente de pro,peridad, v sus uat08 8(18
hibe y sin contaminar por el ejemplo y la imltaciJn preferibles á los que presentan el poder militar Y:
moral, D. Juan ó Tartufo?
A nuestro juicio la solución estriba en la diteren- á quienes nos contemplan. Moderar un arrebato de extensión de los dominios coloniales para conocer
cia radical que media entre la bipocresíay el pudor Y ira, refrenar ante el público las expansiones á que adelanto.
en el avalúo de las ventajas y de los inconvenientes el amor incita; dejar rumplimiento en el plato para
Hay eu Europa dos naciones, Francia é Ioglaterrlt
disimular la gula; tocar apenas con los labios la copa que á mediados del siglo figuraban en primer tér~
que resultan de ocultar y de ostentar un v:cio.
La civilización propende á engendrar y acrecentar que se quisiera apurar hasta las heces, son deberes 110 como exportadoras; pero de treinta años á ta ff&gt;
en el hombre el sentimiento del pudor; el hombre as- sociales, convensionalí~mos sal vado res del pudor públi- cha, las condiciones de lo.3 mercados internaclJ
pira sin lograrlo á. dejar de ser un animal, una sim- co, prescripciones ineludible1,; tte ese código del disi- se han modificado en perjuicio de los intereses de 11'
ple variedad zoológica. El desenvolvimiento de su in- mulo, del freno, del vafladar pasional que se llama la dos naciones. Algunos de sus grandes comprado
teligencia, de su poder sobre la naturaleza, el pre~o- urbanidad y que coopera á mantener al hombre en como los Estados Unidos, producen ya los objet08~
minio de su espíritu sobre su cuerp•&gt;, sus ae1pirac10- relaciones grl!.tas, útiles y nobles con los demás hom- consumen y exportan lo que les sobra, compltle u,
nes á lo noble, á lo puro, á lo ideal, hacen que lleve bres.
audazmente con el comercio europeo en algunos 1
como un fardo la inexorable fatalidad de .sus necesino basta reprimir y disimular lo que se siente y gares del mundo.
dades animales, de su organización fisi.m, de sus ins- lo Y
Por t&gt;tra parte, algunos pueblos agricultores
que se desea, sino que es fuerza también fingir y
tintos y propensiones bestiales. El hombre civllizado y mimar lo que no :Se experimenta, aparecer jovial desarrollado su industria de una manera prodlgl
es materia que quiere ser espíritu, un cuerpo que estando triste, mostrarse benévolo cuando se desea- Alemania, Austria-Hungr1a, Rusta, Bélgica YS
quiere ser una alma, un-bruto que quiere ser un Dios. ría causar mal, comer sin apetito, ballar estando b- luchan contra los franceses y los ingleses en el 11
El pudor no es más que la vergüenza de la anima.U-

\

EL MUNDO.

LA SEÑORA CHALIA

n:¡

En Francia hay dos
tenían.
Sin entrar en pormenores minuciosos sobre las
establecimientos de
transformaciones á que nos referimos, baste decir
alta ensefianza coque de 1872 á la fecha! los Est~dos Unidos han aumercial: la escuela
mentado sus exportacwnes casi en la misma suma
de estudios comerque represent~baen aquel afio la exportación francesa.
ciales de París y la
En Alemama ba aumentado en una tercia parte
escuela. superior de
el número de los obre_ros empleados en la industria:
comercio; las dos tieel a.lío :le 1882, los dt versos establecimíentos indusnen un total de cuatriales ocupaban cerca de seis millones de hombres y
trocientm, á quinienmás de uu millón y medio de mujeres; en 1885 había
tos alumnos. La enocho millones de hombres y dos millones y medio de
señan za comerci&lt;1l
mujeres ocupados en los mismos establecimientt s.
t:ene nueve estableEl problema tiene su solgción, según los que mejor
cimientos y menos
lo ban estudiado, en la inferioridad de la enseñanza
de mil doscientos
comercial francesa, ó si se quiere en la generalinción
alumnos. Si se agrede la enseñanza técnica y comerclal de las naciones
ga esta et fra á otra
rivales de Francia. A lo menos esa es una de tantas
igual dei.lumnos que
concurren á los estacausas y de las ~ás serias, p~es claro esta que también bao concurndo á producir el fenómeno diversos
blecimientos de en·
se ñ a n za eomercial
factores s~1ficiente~ente estu'.llados ya.
.M. Yan¡oul, sab10 ruso que ha publicado un estuprimaria, comprendio notable sobre los TOedios empleados por ¡08 Estaderemos por qué el
dos ~uropeos para desarrollar su comercio exterior
pueblo francés no ha
decía: se ha repetido que el maestro de escuela a.lepodido luchar ventajosamente con sus
mán ha desarrollado 1a fuerza brutal de Alemania·
le ha hecho á su patria un servicio mejor, el de favo~
adversarios en el coELNUEVO -lNSTITUTO ,DE COMERCIO DE LEIPZIG (ALEMANIA.)
recer con to~as sus fuerzas el _aumento de su capacim e r c i o internacional.
dad productiva en el orden rndustrial y comercial.
Meditad este pasaje del informe de un cónsul ameri- nómico del mundo, que lo estudie en todos sus porq_ue
sobre
todo
caracteriza
las escuelas eomer.
Lo
cano dirigido últimamente al gobierno de Wasbino-- men~r~s para que pueda saber á donde ba de lle- males fra_ncesas, es la falta de interés
de
ton: «Los progresos realizados en Alemania de veinte var u_tllmente sus esfuerzos y para que medite los los e:,tu_dws, lo poco que se les inculca á utilitario
los
alumnos
años á la fecha-período brevís1m&lt;) si se tiene en traba¡os y la marcha de bUS competidores extran- el esp;n~u de iniciativa y la escasa comprensión de
Jeros.
los !11ult1ples problemas que tiene que resolver el ne_Es lo que bao hecho en Europa alemanes y aus- gomd.nte, cuando emprende operaciones lejanas d
tria_cos, belgas .y suizos; millares de jóvenes de esas compra ó vent&lt;l_Y más que todo la energía de lavo~
naciones, bao adquirido uoa excelente educación Juntad. No recibe ei,os estímulos que Ja hacen tan
comerc_ial. Habl_a~ y escriben muchas lenguas vi- sorprendentemente creadores de maravillas en los
vas, tienen opmwnes preeisas sobre los negocios
países del Norte.
en ~rna palabra, están mejor armados para la lucb~
sabia del negocio moderno. Natural es que proEL OCULTISMO EN FRANCIA
gresen.
En 1850 los Estados que después han formado el
~on mot! vo de haber causado eu Francia grande enl mperio Alemán, tenían apenas diecisiete escuelas
tusiasmo
y,sensación el horóscopo hecho acerca del Code comercio que daban una ensei'ianza prima ria superior, ó secundaria. Actualmente, bay en Alema- manda~te Marcband por una charlatana adivinadora
nia setenta y tres e~cuelas de ensei'ianza comercial que reside en París, llamada Mme. Thébes y que gos~gundarfa y dieciseis escuelas su pniores de comer- za ~e ~!to crédito entre la gente supersticiosa, lo.;
c10, cuyos alumnos tienen el privilegio cuando pa- periódicos de Parí~ emprendieron una campaña for.
san los exámenes, de no mal para desautorizar Ja predicción. Para conseguiríi
hacer sino un afio el ser- lo, recuerdan que en los momentos en que llegó á su
vicio militar. Las dleci- apogeo el general Boulanger de célebre recordación
seis escuelas superiores e1;1 Francia por las engañosas esperanz,;s políticas que
d!ó Y. que fraca~aron ridículamente; pues bien, en
Se reparten en todo el e~as
c1rcunstanmas no faltaron adivinadores que biterritorio del Imperio;
me~o~
para el dichoso general un brillante horóscopo
á saber: seis en Prusia,
cuatro en Baviera, tres pol1t1co á )ª medida del deseo de sus partidarios, el
en Sajonia, una en Wur- cual contnbuyó no poco á producir los trastornos que
ocurrieron. Del tal horóscopo nada se reaHtem berg, una enHessey entonces
una en el principado de zó, como era natural.
Ahora los periódicos nacionalistas y antisemitas
Reuss. Hay ademásocho
establecimientos, gim- le han hecho gran ?&lt;Jmbo al de Marchand, propagánnasios, escuelas reales dolo como cosa s~na hasta los periódicos católicos
credo proscnbe las isupersticiones. 1•Misterios d'
superiores y escuelas cuyo
las pasiones políticas!
e
técnicas, que con los
Po'.
eso
es
laudable
la
tarea
de
poner
en
caricatura
mismos programas for- semeJantes farsas, y es en verdad hábil Ja táct·
man industriales y comerciantes. El número de los que toman como ejemplo el chasco ocurrI~~
de alumnos de todas las con el horóscopo de Boulanger puesto que de M
escuelas de esta clase, chand predice !ª adivinadora que será un héroe c~rdn
llega á doce mil tres- todas las :mahdades reunidas de Napoleón I
·Pyo
e
Boulanger,
pero
sin
ninguno
de
sus
defectos
cientos. En algunas ciu- cosa!
· 1 ca
dades la escuela comercial recibe subvención
LA ESCUELA SUPERIOB DE COMERCIO DE PARIS.
del municipio.
fuenta la antigüedad de la cultura alemana-sus ade. En Austria Hungría hay un total de cincuenta y
tntos e~ todo orden son verdaderamente increíbles. siete escuelas, con ocho mil seiscientos alumnos y
a activ1da~ de sus_Export Vei·eine, la energía de sus doscientas cuarenta y seis escuelas de perfeccio~a~entes, la ms~rucc1ón que se adquiere en sus escue- mlento á que concurren generalmente más de treinta
as, la puntuahdad ~n la ejeución de las 5rdenes co- y ocho mil empleados, agentes y meritorios de co;rerclales, la habilidad con la cual se anticipan á los mercio.
eseos de las otras naciones en materia comercial taEn Suiza el nivel de la enseñanza primaria es muy
1es son los factores de sus rápidos y seguros progreelevado, y en la segunda parte, destinada á los niños
sos ...... &gt;
De estas _cualidades, sólo una falta á los industria- de nueve á diecisiete aflos, además de las lecciones de
1es Y !1egoc1antes franceees, la instrucción técnica co- cálculo rápido y ,de teneduría ne libros, se les enseel francés, el alemán ó el italiano, es decir, una
~Cial. En Francia y en Inglaterra se ha desarro- fla
de 1as lenguas no habladas en el cantón en que está
O
clal menos que en Alemania la enseí'ianza comer- la escuela, y frecuentemente el inglés.
o ac~sá.ndose en igual proporción el descenso de sus
En Bélgica la ensei'iania comercial secundaria se
pe~amon~s come~c!ales con el extranjero.
Ju~ ;ntiguo. m1mstro de comercio de Francia, M. recibe en los a¡,eneos en el Institu Lo de San Ignacio de
los
o~he, dice: &lt;Ya no estamos en el tiempo en que Amber~s, que es una escuela de e?señanza especial
per~:gociant~s Y los industriales franceses podían es- comercial, y la enseñanza comercial superior en el
en s ~ranqmla Yseguramente en su cl\Sa que viniese Instituto de Comercio de Amberes.
En los Estados Unidos bay doscientos setenta y
mu!~! usca la fortuna. Tenían el monopolio de una
de}.,' tu~ de objetos y el mundo entero era tributario cinco E&gt;stableclmientos de ensei'ianza comercial algues u~tnc ª· Todo seha transformado·: la competencia nos de ellos de primer orden, á los que concurr~n más
es n ver9'."l Y se m~nifiesta hasta dentro del país; de cincuenta mil j,~venes, de los cuales el quince por
lo alecesano p~rsegu1r al comprador y jugar á quién ciento cuando menos reciben enseí'ianza comercial
dicioC:nzará primero y más lejos en las mejorescon- ve.?"daderamente su_perior. La ensei'ianza es práctica
apuca:S de enta que sea posible. Necesario es pues, hasta donde es posible, y los alumnos dirigen oficih,, dla en e º:den comercial, el método científico, nas, dau órdenes de compras y de ventas ejecutadas
co!erci de umv_ersal aplicación; necesario es 'J.Ue el por otras oficinas, hacen contratos, negocios de banante francés conozca á fondo el tablero eco- ca, etc.
ÜFICINA S'UPERIOR DE COMERCIO EXTERIOR, p ARIS.

1

�Domtniro 27 de Agosto de 1899.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO

EL MUNDO.

136

La parte española, que es la central
y oriental, formó la República Domt·
nicana, y afortunadamente no ha conocido los horrores de la guerra de
razas entre el elemento europeo y el
africano, importado en tiempo de la
dominación española. La población
blanca ó mestiza se ha unido con el
elemento negro muy numeroso en las
costas, y domina todavía en los valles
del centro y en la parte alta del país.
Esta es la República Dominicana, cuya
capital es la ciuñad de Santo Domingo.
El General Ulises Ileureaux cuya
muerte nos transmitió el cable, fué
asesinado por un ciudadano de la República llamado Ramón Cáceres. Heureaux ocupó el puesto de Presidente
de la República Domiuicana diecisels
aílos y estaba reelectv para el período
que debía terminar en 1901, pero se
creía en una nueva reelección.
Era extraordinariamente activo,
enérgico y de una firmeza tiránica á
veces. Pertenecía á la raza negra, y
descendía de un antiguo esclavo de la
parte francesa de la Isla.

EL GENERlL DE NEGRIER,

Una de las medidas más enérgica¡., y
dolorosas que ba tomado el actual Mi·
nisterio francés para conserYar la disciplina en el ejército, rué la remoción
del general de Negrier, prestigiado
militar de aquella nación y miembro
del Supremo Consejo de guerra. .
Muy discutida fue la determinación
del General Marqués de Gallifet, Ministro de la guerra al separar á uno de
los Jefes más estimados y más populares; pero para quienes sin pasión
pueden juzgar los acontecimientos, es
evidente que nada se impone tanto en
las actuales circunstancias como la
consevación del orcen y el acatamiento incondicional por parte del Ejército, de los acuerdos que dicte el Ministerio llamado á restablecer el equilibrio moral en la nación francesa.
El General Negrier, hoy una de las
figuras centrales y de las más simpáticas para los que erróneamente quieren sostener los priYilegios del Ejército contra las exigencias de la justicia

GUZ:MAN BLANCO,

EL GENERAL F. 0. DE NEGRIER.

UL1$ES HEUREAUX,

México

Moderno

CASA DEL SR. ToR;:;Es ÁDALID. -AVENIDA Ju~REZ.

Presidente do San_to Domingo asesinado ú.lt.lm11mente.

E.x-Presldente de Venezuela. ten Paris.

y los intereses-dei pueblo, es antiguo alumno deSaintCyr, establecimiento al que ingresó cuando apenas
contaba diecisiete años, por lo' que hubo de solicitar
dispensa de edad.
Pasó por los grados de Sub-Teniente, Teniente y
Capitán de Cazadores de Infantería, y el afio de 1870
su conducta excepcional y heroica en Saint-Pri vat,
en donde fué gravemente herido, lo hizo acreedor á
una mención y á la cruz.
Restablecido de su herida, siguió la campaiia á las
órdenes de Faidber vc con el grado de Comandante
del 24 batallón.
En 1879 recibió el grado de Coronel y se distinguió por sus brillantes campaii&amp;s en Africa y en el
Tonkin.
En 1882 fué ascendido á General de Brigada, y en
1885 llegó á divisionario poniéndose bajo su mando
poco después el 7 ° Cuerpo de Ejército.
Sus méritus le han valido ser gran cruz de la Legión de Honor, y fütimamcnte ocupaba un puesto
en el Consejo Supremo·de Guerra del que fué removido por sus violentas críticas contra el Ministerio
Waldek Rousseau-Gallifet, en perjuicio deladisciplina y del principio de autoridad.

ella dominan los negros y los mulatos desde la terrible
insurrección de hace un siglo durante la cual destruyeron, expulsaron y absorbieron la población blanca.
Al hacerse independiente le dieron al país el nombre
de Haití, con el que designaban los indios toda la isla antes de su descubrimiento por Cristóbal Colón.

L!.

Era hombre instruido, pues además de estudiar
muclio, tenía el don de la asimilación y una gran
fuerza en el trabajo. Bajo su gobierno la República
Dominicana vivía en paz, aumentaba su población 7
progresaba en todos sentidos.

CARICATURA EN EL EXTRANJERO.

EL GENER.1.L G1JZ1'1A.N BLA.NCO.

Este antigo Presidente de la República de ·, enezuela, expatriado desde hace varios años, murió últimamente en París en el palacio de su propiedad de
la calle de la Perouse.
'.renía setenta años, y desde el año de l 888 se retiró definitivamente de la vida pública fijando su 1esidencia en París, en donde contrajo vínculos de parentesco con la nobleza de !'rancia, pues una de sus
hijas se casó con el duque de Morny y otra con el
Marqués de Noé.
Como~soldado tomó parte en las agitaciones políticas de"\ eneznela, y en 1870 se apoderó de la primera
Magistratúra de aquella República.
Su nombae es uno de los má&amp; conocidos en la América Latina, y deja en ella el recuerdo de una larga
carrera de soldado y político que ilustrará la his•
toria de las revoluciones latino-americanas·

El Presidente lJlises H .e ureaux.
La gran Isla de Santo Domingo es en parte espai'iola y en parte francesa. La parte francesa que está
al Oeste y es la más pequeiia, pues ocupa próximamente un tercio del territorio, es la más poblada y en

¿De qué lado se inclinará la balanza?

ÜASA DE LOS SRES. EsCANDON -MIRADOR DE LA ALAll.EDA.
(New York Jierali.. )

137

�Domingo 27 de Agosto de 1899
EL MUNDO.
138

NOVEDADES CIENTIFICAS.
,._

Viajes lnterplanetarios.-La geografía y la vida del planeta )!arte.
-El progreso ideahzado.-Tr1unt~s de la Pe..t11gogla: uu perro
que sabe matemática~.

El ilustre astrónomo M . Camilo Flammarion hizo
su viaje de bodas en globo para obsequiar los imperiosos deseos de la desposada, quien impuso este fantástico paseo como condición esencial para dar t:! clásico sí. El primer beso de ·amor fué cambiado entre
estos novios ultra-idealistas, teniendo por alcoba
nupcia.l el infinito espacio azul , magníficamente engalanada con cortinajes de nubes prendidos con estrellas é iluminada por la «misteriosa lámpara de plata,&gt; por la infeliz luna tan habituada á tomar parte
de grado ó por fuerza en e¡;tas escenas, merced á la
arbitraria voluntad de los poeta!:..
Las más desenfrenadas fantasías de los románticos
quedaron muy por debajo de la espléndida y original
realidad de este viaje nupcial; imposilile parecía imaginar una fiesta de amor celebrada con tan absoluto
desprendimiento de la Tierra y sus miserias, puesto
que los de1,posados estaban á varios millares de metrot. lejos de ellas.
Pues bien, á pesar de la extraordinaria novedad de
esa excursión, el progreso científico pronto va á darnos algo mucho más interesante y grandioso. Cualquier novio del siglo futuro, es decir, de maflana,
estará en posibilidad de preguntarle á la novia, la
víspera de la boda, si prefiere ir á pasar la luna de
miel á París ó á Marte, á Niza ó á Venus. Así, como
suena.
Y este viaje podrá hacerse sin peligro alguno, sin
la menor molestia, sin t,emor á que un naufragio ó
un descarrilamiento corten en flor el idilio apenas comenzado.
Esto que parece inútil charla, es, por el contrario,
hermosa verdad cientilica.
Uno de los más curiosos fenómenos que ofrece á
los espíritus observadores el progreso de la ciencia,
consiste en su marcada tendencia á usar de la materia y de todo lo creado sin consumirlo, sin cambiarlo
de forma ni de lugar, de una. manera virtual, ideológica por decirlo asi. Por una parte, de día en día la
ciencia se bace más positivista y se funda exclusivamente en be.:bos materiales, pero al mismo tiempo
sus conquistas se inmaterializan á fuerza de perfec•
ciunamient:os, y esto que parece una paradoja, es sencillamente una consecuencia lógica del predominio
que la inteligencia humana va adquiriendo soore la
materia.
La luz artificial es un concluyente ejemplo de este
hecho.
El primer hombre que consiguió encender luz frotando uno contra otro dos trozos de madera resinosa,
consumió, además de la madera, gran cantidad de
fuerza animal, todo oara obtener una llamarada de
, coita duración, rojiza y fuliginosa. Pues bien, después de luengos siglos em pleados en variadíslmos ensayos á cual más deficientes para obtener una luz
artificial perfecta, abon casi ha llegado el bombre á
conseguirla puesto que con una caída de aglrn, unos

,

.

..... -

Ar Al'

Domingo 27 de Agosto de 1899.

animal pasó ya y terminó con el enfrla.
miento del planeta. Mart,e sólo recib,
cuatro novenos del calor solar que la
Tierra recibe, y añadiendo este dato al
aspecto de desolación y á la ausencia de
agua que se observan en su superficie
puede pensarse que nuestro vecino es u~
gran agonizante, próximo á convertirse
en un trágico cadáver condenado á flotaren el espacio basta que un fenómeno de
la evolución sideral lo convierta de nue.
vo en nebulosa, luego en cometa, má&amp;
tarde en wl ó en parte de otro sol, después comience otro período de enfrla.
roientr, lo embellezca la vida ani mal 1
vuelva al fin á conve1tirse en cadáver y
esto infinitamente y en períodos dette:U.
po ante cuyo cálculo retrocede la intell.
gencia humana, espantada más que porla grandeza de ellos, por la miseria de la
vida del hombre comparada con la de loa
astros.
Con que ya vemos que se puede viajar
por los espacios ideológicamente, como
pronto se viajará por laTierra, cuando el
telégrafo sin hilos, el fonógrafo y el cine.
matógrafo, formen un sólo aparato, máa
notable que las i,iete maravillas del mun.
do antiguo reunidas. Y esto no es una
esperanza, ni una probabilidad siquiera:
es un hecbo. Existe la telegrafla sin
hilos; la fonofr¡,ffa ya fué aplicada al telégrafo; también es un hecho la transmisión de las imágenes luminosas por medio del telégrafo, sieodü indiferente transmitir una sola fotogra•
fía ó muchas romo en el cinematógrafo.
Falta únicamente reunir en uno todos esos prodigios y entonc~s, para viajar, las cosas y las personas
vendrán por esenci", presencia y potencia bacia nosotros, y ya no será preciso que nosotros vayamos hacia
ellas.

carta hablada. Vino después la carta escrita en la.arillos, en tablillas de madera, primero desnudas y
luego recubiertas de cera, más tarde aparecieron sucesivamente el papir0, el pergamino y el papel, basta
que la electric!dad dióles el golpe mortal á tan groi,eros medios de transportar las ideas. El único veliículo digno de la palaora, verbo encarnado de la
idea, es la electricidad omnipotente y rápida cumo
***
ella.
Vaya otro hecho maravilloso
para confundirá los
Y dominada la luz con las conquistas de la ópt:ca detractores de los sistemas modernos de educación.
y de la química; domiaada la electricidad con los
DejanJo á un lado por inútil la discusión de si loe
avances de la física, é invadido el espacio y vencida animales tienen alma, discusión ingrata entre otraa
la materia basta en sus más tenaces resistencias, coi,as, porque ni sobre la naturaleza del alma humapor la marcha triunfal é incesante de las aplicacione,¡ na, ni sobre su existencia bay dos metafísicos en comde la fuerza eléctrica, dentro de poco desaparecerá la pleto acuerdo-, pasemos á los becbos.
necesidad de exponerse á los peligros de un viaje lo
En París anda el mundo científico alborotado por
mismo para conocer nuestro mísero planeta, quepa- un caso al parecer vulgar, y que por el contrario, eg
ra hacer una excursión par Marte, Venus y, más
gran trascendencia.
tarde, por los demás sistemas planetarios y basta deSe
trata de un perro que sabe aritmética. Por IU•
por las remotas consLelaciones ahora más bien adi- puesto que no es uno de aquellos perros sabios que
vinadas que vistas.
Cuando bace algunos años se habló de conocer la pasan por tales á semejanza de mucbos hombre.a,
composición química de los demás planetas y bas- sólo porque señalan casualmente un número con la.
No.
ta de las estrellas, hubo .:na sonrisa de incredulidad pata.
Es un perro que por la educación racional y metódespreciativa para semejante idea, entonces calificada de absurd). Ahora, mediante el análisis espectral dica de los sentidos, hecha mediante los más estrlose sabe, átomo por átomo, la naturaleza de los cue1- tos procedimientos de la pedagogía moderna, llegó f.
pos de qne se componen los milenarios babit,antes adquirir la noción del número y, lo que es verdad&amp;
del espacio, su anatomía y su fisiología, digámoslo ramente admirable, la de sus combinaciones.
El sabio animal suma, multiplica y divide, expre•
asf, nos son famlliares, y sabemos de ellos tanto cosando con ladridos los números que combina. Par&amp;
mo de nuestro propio planeta ó muy poco menos.
Un soñador, mejor dicho, el profeta de la Ciencia, comprobar la educación de sus sentidos, se le vendan
imaginó un maravilloso cuanto inverosímil relato de los ojos, se le dicen los números y él responde acertaun viaje á la luna. Entonces los sabios rieron de la damente; con los ojos vendados y sin decirle nada.
idea y basta hubo quien la discutió demostrando su
imposibilidad. Pero ahora nos dice la Ciencia: ciertamente, es imposible que el mísero animal humano,
todo debilidades, se salga de su medio y viaje por el
espacio; pero ¿es nec.;esario que su cuerpo viaje1 no
puede bacer que su inteligencia sea la que se lance al
espacio y viaje so:a, puesto que para ella no existe la
pesantez, ili necesita del aire oxigenado para vivir y
ningún peligro sabría alcanza1la ni hacerle daño
alguno?
Y 0omo decir y hacer casi es lo mismo para la Ciencia, be aquí las pruebas.
Para hacer e1 mapa de nuestro planeta fué preciso
que muchas generc:1,ciones de hombres de excepcional
energía, emplearan siglos en viajar, arrostrando dific1,ltades sin cuento y desafiando la muerte cien veces
cada día, y aun asi, no conocemos del todo bien la
geografía terrestre; todavía hay regiones inexplora- '
das y rincones misteriosos por estudiar.
En cambio, unos cuantos astrónomos, cómodamente
~endidos en l~ cha~se longue de sus telescopios, con
alambres, una ampolleta de vidrio y una chispa de pae1encia
pero sm nesgo, pudieron ya levantar el
su genio, produce una luz bellísima, la incandescen- mapa fidelísimo de todo un llemisferio de nuestro ve- •
te, y que no consume un solo átomo de materia aun- ci~o Marte, á pesar de los catorce millones de leguas
que brille durante siglos. Y todavía los hombres de que nos separan de él. Y nos enseñan con la certeza
ciencia estiman que esta luz es defectuosa, puesto de ~u becbo científico, que!º qu~ antes pareció vegeque produce calor, y lo estiman con tanta más razón, tación y agua en Marte, &lt;DI es cielo, ni es ami &gt; ni
cuanta que Nicolás Tesla, el glorioso sucesor de es
vegetación, ni es agua, sino ilusiones ópticas, puesEdison, anunció haber resuelto ya el problema de tas en claro por el espectroscopio. Agua la hay en
producir la luz fría, es deci:-, la última palabra que
pero en escasfsima proporción y según parece cuenta con una pata las bolas de un ábaco y baCt el
al parecer puede pronunciarse en la cuestién del alum- Marte,
toda en estado de vapor en su atmósfera.. Los llama- cálculo, siempre sin equivocarse.
brad0, desde que el primer hombre lo produjo casual dos
mares son grandes cuencas vacías por ahora. ¿ EsEl hecho es concluyente: la Pedagogía puede hacer::
6 deliberadamente frotando do,; trozos de madera.
Pues lo mismo que aconteció con la luz, tiende á tu vieron llenas, lo estarán más tarde? La vida ani- de 1,n bruto un sabio.
existe en Marte?
hacer la ciencia moderna con los demás problemas mal
Casi puede afirmarse que no y basta basándose en
M. Ro:llERO lBAfl.!l,
sometidos á su omnipotente fuerza.
las observaciones hechas, se hace la hipótesis de que
El primer hombre que quiso comunicarse con otro el estado ~ctual de Marte en punto á vitalidad, es
á distancia, tuvo que transladarse á donde estaba su muy semeJante al de la Luna, es decir, que la vida
semejante ó que enviarle un mensajero, esto es, la

EL MUNDO

139

1,

QJ

:if~. francos que en las pomposas fiestas del cas«En_esto, aparece una carroza dorada tirada
por seis caballos en 1
.
sus hijas tiernos, d r a ~ua 1 ib.t la castellana con
pollos· u~a ro ' e rna os y encantadores pimto. L_a· madre ::d~~~eª~~c~~l~e~auny pcá~~~~r{:c~

~;;~~~:º! ª~::~':

1
ia~r:cíta un soberbio _tulipán:
0
1egre reunión mte•
rrumpió sus ·
·
sus seflores; ~~tf~~• %a:~!clinóóco1;1 respeto ante
co~ la más ligera inclina ció:~: c11s~:z:.aludar ni
Al ver á las tres graciosas niftas
té: ¿¡Quiénes zlerán los jóvenes destin!:orr:g~~-

~~; ~;:r~~ ;~ri::;:sf'Serán

ª

poderosos caballe:

«¡Ilu u hud! ¡Escapo! ¡Vuelo!
«Los campesinos hicieron lo
molinaron danzand
que yo, se arreo er: torno de la hoguera· y
en tanto el carruaje escapó al g I
'
«A media n h
¡
ª ope.
nud
.
oc e, a levantarme dispuesto A reapar:~::u crrera, la altiva castellana se acostó
pentina
~evantarse. Una enfermedad reyo emplear pud:r:.on tanta presteza como la que

~º1:~r/

Da:!net:t~~~ ~~;::rsª~fa:º;~;:iiempo, V:aldemar

II
«A orillas del Gr

:e~

.
d~cf ~ viento, se leroa de asperón y
oria , e gruesos mupiedras, des&lt;le . u o c?n~zco una á una sus rojas
eutillo de Mar-~
s1r;1eron para construir el
lido, Y las tran:
ig, asta que éste fué demoeon ellas el cast8i';~ar;n más lejos para fabricar
y que aún se mantie!e orre?y, á que me refiero,
«Yo h
en pie.
á t d 1
barones ey conocido
á tudas
o os os altos y poderosos
han habitado· ero ~s. bellas castellanas que lo
hablar más q~~ de V e~imoslas. Hoy no quiero
QUd un tiem o lo
a emar Daae y de sus hijas
en 1111 cróni:as. poseyeron. ¿Cuándo? Buses.di~
vanta un viejo cast~~o

B I

Jr

«;Qué altiva era 1 f
«re real corría en a rente del seftor Daael Sanhacer algo más q sus v~nas, y era hombre para
ciervo. Tenía en ~e ~aciar la copa ó dar caza al
y cuando halla bas1 ;::,1smo una absoluta confianza,
•¡~odo se andará!» 3tá_culos ~ sus e_mpresas,q111lamente Y .
solla decir sonriendo tran•~u espo sm ~dar nunca del éxito.
pareeía una sa _vestia trajes recamados de oro Y
arroianeia por
r e1na ' cuando pasa ba con solemne
~ruatado de m de1 gran_salón, cavo pavimento in.
a er as fmas b ·¡¡ b
peJo.
Magníficos t .
ri a a como un estea y los mueble ap1ce~ colgaban por todas parde ébano y marf~I argst1camente cincelados eran
grandes iique 1. uando se casó traj0 en dote
lujoso era el c:: :i~n doro y plata labrada. ¡Qué
ta~a llena de los º. e Bo:rebyl Su bodega esrehnchaban f
meJores vmos y en las cuadras
PU.as y estim~~osos caballos de las castas más
«Tr
as.
ea graciosas nifias jugaban en el _parque,

d

das de su !aud y cantar, y no los antiguos cantos
da~eses,_ smo endecba_s y baladas extranjeras.
La vida y el movimiento eran incesantes en
el castillo; de cerca y de lejos iban á él l0s huéspedes.renovándose de continuo. Los festines se
suced1an, Y e~a tan ruidoso el choque de las copas, que se o1a desde afuera aun en los días en
que yo bramab~ con todas mis fuerzas.
«Albo~ozo, luJo y soberbia, de todo había ali'1
menos virtudes.
,
«Una vez, érase la noche del primero de l\IaY?• Y fº llegaba del Oeste. A mi paso me había
divertido a_rrojando los buques contra las costas
dde Jutland1a,
JI
1 en donde
.
. se estrellaban , hu n dºé
1 nos? e os Y as tripulaciones: luego desfilé por
encima de las vastas llanuras cubiertas de mato•
rrales, atravesé como un r ayo la isla de Fionia,
y llegué al Gra~ Belt, fatigado, jadeante, tosiendo. Estaba sediento de descanso y me acurruqué
en las playas ne Sel1rnda,cerca deBorreby áf vor del_s_ombrío encinar que había entondes e:
aquel Sltlv.
. «Los mozos del país andaban atareados recogiendo haces de leña seca, y los transladaban á
la pl~za de la aldea, lo, amontonaban y los encend1an; y ellos Y las muchachas cantaban y bailaban en torno de la hoguera.
«Yo soplé suavente sobre el haz que había traído el más ~puest_-- joven, sobresalió de la boguera una gav1ll~ de llamas, fulgurando como u
rayo; ¡Qué gritos de alegría dieron las mucha~
chas. El mancebo ganó el premio Y fué durant
todo el afio el gallito del pueblo, pudiendo esco:
ger entre todas l RS mozas la que más le pi
que no era por cierto la que lo esperaba. I ,asug~,
risas y e l a l borozo fueron entonces mayores y

;~:~ ~~b~~:::frobusto lleg~ áefobfeº;::~;º~Ff~~
raron las much:f;~/~ee~:e~~za _en seguida. Llollos y escudero
.
a ea, pero los vasaIágrimas. ¡Rabí:~~;:~~e;~:;or qué.llenjugar sus
hitd! y yo huí con .:)l]a.
a su se oral ¡Hu u« Volvía volv' á
á. descans~r cer:: d mJnudo á las costas del Belt
bosque de enci
~ orreby á favor del espeso
zas reales
nas. n este encinar anidaban garEra la pri~palom~s torcaces, cuervos Y cigüeiias.
ban s s
avera, algunas de esas aves incubala pol1fa.d!u6;~8; á las otras ya les había nacido
trepitosa· tüda i6pente se _oyó una baraunda es1 1
·desatinada, exh!ia!~! ªg~i~~s ~ol~ti
I se dispersó
ra Resonab I h
e O1or Y de cóleel ·bosque ibªa ~ a!cha sobre los robustos troncoe:
saparecer. Valdemar Daae
h bí
ta a propuesto construir un soberbio navío ;e
e~e:e;use:~~s~~ma~~v~o: : guerra, seg~ro de qu!
decretó la des!parición d!l buen precio. P0r eso
espeso bosque que

�EL MUNDO.

140

era á. la vez abrigo de las aves, seftal preciosa reunirse grandes handadas de cuervos y grajos á
para los navegantes que andaban por aquellas cual ml\s negros, que se refugiaron en el na~o
abandonado sobre la playa: la muerte pareci_a
costas sembradas de escollos y peligros.
reinar
en. él. Empezaron á lanzar roncos gra~t"l•
«Los buhos huyeron los primeros; sus nidos
fueron destruidos. Luego las garzas, los cuervos dos: hablaban del hermoso bosque destruido
y el resto de aves y pájaros se decidieron A aban- inútilmente, de todas las aves que ~o alegraba~
donar un sitio en el cual centenares de genera- y que se habían dispersado, de los nidos destruiciones de PU raza por espacio de siglos enteros dos y del gran número de pequef!.~elos que ha•
habían tenido un domicilio inv~olable. Antes de bían muerto en tan terrible catachsmo, todo por
partir revolotearon á. bandadas, formando gran- una masa inerte, por el famoso navío que no ha.
des círculos y exhalando agudos gritos de furor. bía navegado nunca.
"Yo arremoliné la nieve que se extendió como
Yo les entendía perfectamente. Las cornejas gri•
taban: «Crah, c1•ah! . ..... nuestra casa cruje. un vasto sudario en torno del navío, Y se pos_ó
sobre los mástiles. LuE&gt;go soplé con todas mis
C1·ah, ci·ahf.,.
«Entre los •roncos derribados, Valdemar Daae fuerzas, y si bien nunca se balanceó en las olas,
y sus tres hijas contemplaban la obrad~ destru~- bien p"onto supo lo que son las tempestades.
ción, riendo á carcajadas de los salvaJes queJl· ¡ Ifü-it hud! ¡ [Th uh ith!
«y pasó el invierno y luego el verano; los
dos de tantos animales. Sólo Ana Dorotea, la más
pasaban volando, como vuelo yo,_ c~mo vuedías
joven, tuvo un rasgo de piedad, al ver que f ban
A cortar un árbol medio seco, en el cual tema su la la nieve, y f-.n seguida las flores y ult~mamen•
nido una negra cigüefi!l, Vió la niila A los peque. te las hojas de los árboles. Todo desfila, todo
fl.uelos asomando sus cabezas amedrentadas, Y vuela, todo pasa, ¡ Uhuh! y desfilan y vuelan Y
.
con los ojos humedecidos suolicó por ellos, y pasan los hijos de los hombres.
«Pero las hijas de Valdemar Daae aun no esel árbol salió ileso. Por lo dem!l.s, era muy poco
tab1rn prontas á. tomar el vuelo.
lo que valía.
«Ida resplandecia, joven y lozana, cual una
rosa recién abierta; así el pobre constructor d?l
navío la imaginó un día, así la adoraba. Yo sol~a
sorprenderla absorta y pensativa sentada baJo
los manzanos del huerto. Á mi aliento ondulaba
su obscura cabellera; se la cubría con las hojas
blancas y sonrosadas de los Arboles; y no se cu•
raba de ello, permaneciendo inm6vil Y_ contc.m---.¡
plando al través del follaje el sol pomente Y el
horizonte encendido como una fragua.
_}
'&gt;"" 1
«Su hermana Juana era alta y esbelta cual una
v· /,?
anémona y radiante de belleza; pero por su tie/J
sura recordaba á. su madre. Gustábale pasearse
"7-,
por la gran sala de honor, cuyas paredes cubrían
los retratos de sus nobles antepasados. Llevaban
las damas ricos trajes de terciopelo y seda Y un
sombrerito cuajado de perias sobre sus extraiios
tocados y resplandecía en ellas la más arrogante
«Arrasado el bosque, sucediéronse algunos me- belleza. Los caballeros llevaban cor11zas de aceses de incesante trabajo; era menester aserrarta• ro con embutidos, ó soberbias capas de pieles,
blones, pulirlos, ajustarlos y clavarlos para cons• una espléndida condecoración pendiente del cuetruir el navío de tres puentes. El arquitecto era un llo y la e•pada al muslo v no á la cintura, según
pechero; pero no estaba de ello menos orgulloso,
moda antigua.
y con razón, pues en su frente y en sus ojos bri- la «1,Qué
sitio oeuparía con el tiempo el retrato
llaba la inteligencia. Valdemar Dnae le escucha• de Juana, y qué traje llevaría el noble caballero
ba siempre con agrado, y su hija Ida, la mayor destinado á ser su esposo? Esto pensaba, y yo la
(tenia quince a:llos), sonreía al oírle.
oí hablar consigo misma, un día que encontrando
y en tanto que fabricaba el navío, el joven ar- una ventana abierta, me colé en la sala de los re•
quitecto hacía castillos en el aire, deseoso de entrar en ellos en compafiía de Ida. Fácil le hubie- tratos.
ra sido, teniendo esos castillos robustos muros
de piedra, grandiosas salas bien decoradas, extensos dominios A su alrededor, granjas y bosques.
«Pero no estaba en este caso, y á pesar d.e su
gallardía y de su inteligencia, el joven arquitecto no encontró mejor acogida entre la noble familia, que un gorrión que pretendiera alternar
con pavos reales. llu u-hud! El se fué y yo también.
«Acabado su empeiio, al salir de Borreby, la
hermosa Ida le lloró por espacio de 1ma semana;
mas luego se resignó con los golpes de la suerte.

'í

=

III
Relinchaban en la cuadra los a1rogantes corceles de pelo negro y reluciente. Eran unos soberbios animales. Cuando yo no tomaba mi andar
mAs rApido, luchaban conmigo en celeridad. Des•
de lejos venían las gentes A admirarlos. El almirante enviado ¡.'Or e-1 rey con objeto de examinar
el navío y adquirirlo si lo encontraba conforme,
hizo de ellos los más cumplidos elogios. Yo lo oía
todo: él y Daae se paseaban por la playa hablando del navío, y yo amontonaba en torno del sefl.or de Borreby las dispersas pajaJ de color de
oro, pero no es oro todo lo que reluce, y el oro
verdadero que él codiciaba, le escapó. El almirante deieaba poseer los arrogantes corceles, por
eso los encomiaba tanto; pero no fué comprendido y el navúo quedó por comprar, y como sólo
era propio para el rey, permaneció en la arena,
rual cubierto de tablas, cual nueva arca de Noé,
sin que jamás flotara 11obre las ondas.
«¡Hu-n-hud! ¡Escapo!¡ Vuelo! lfü•it por el frondoso bosque, arrasado inútilmente!
«Llegó el invierno, aiiadió el viento, y cuando
los campos se cubrieron de nieve y el mar de
témpanos y yo rugía A lo largo de ~a costa, ví

«Ana Dorotea, el pálido jacinto, era una nif!.a
de catorce aiios escasos y permanecía siempre silenciosa. Sus grandes OJOS azules y profundos
como el mar lanzaban miradas p,.msativas, y en
sus hermosos labios brillaba la dulce sonriaa de
la primera juventud. Por nada del mundo hubiera querido yo marchitarla.
«Sin cesar la en contra~a en el jardín, en el parque y hasta en los campos, cogiendo flores y yer•
bas de las que su padre hacía gran uso para des•

Domingo 27 de Agosto de 189_9.

Domingo 27 de Agosto de 1899.
tilar remedios y breb~jes. Si estaba Val demar·
Daae saturado de orgullo, no estaba menos lleno
de ciencia, conociendo los secretos de l~s plantas
y las piedras y de toda la naturaleza, circunstan.
cil. harto rara en aquellos tiempos, por ~o que se
contaban misteriosamente cosas muy s10gulare1
de su vasto saber.
«Ni en los días
mAs insoportables.
de verano se apagaban las hornillas
de su laboratorio,
en el cual permanecía encerrado día y
noche, de bruces
sobre sus retortas
y crisoles. No hablaba nunca A na•
die del objeto de
sus investigaciones,
pues ha.,.to sabia
que para hacerse
duell.o de las fuer,
zas de la naturale•
za, es preciso guardar el silencio mb
absoluto. Sin embargo aspiraba á poseer el arte
supremo, y creia tocar á su ~érmino, que no era.
otro que ooder hacer oro roJo.
.
«Por eso 111. r.himenea humeaba de contmuo.
¡Qué fuego! ¡Qué llamaradas! Yo solia mezclarme
en el asunto, y soplando por el tubo de aquella,
cantaba: «¡Escapa, huye! Todo se irá. en humo y
cenizas. Que te abrasas, que te abrasas .... . .
Hu u hud! ¡Escapa, vuela!&gt; Pero Valdemar se
sostenía con tesón y no quería soltar su presa.
«Y los ricos corceles ¿qué se han he:!ho? ¿Yqu6
las copas de oro y las vajillas de plata sobredo•
rada, y los ganados, y las granjas 7f las alqu~rias?
Todo se ha derretido, todo se ha 1do vendiendo
para alimentar el insaciable crisol, empeiiado
en no restituir una sola partícula del oro que de•
vora.
.
cGranjas, bodegas, graneros y armarios v~n
Jimplándose sucesivamente, desaparecen los criados, y aeuden los ratonet1 en su lugar. Se rompe
t.n cristal salta otro, y yo ando á mis anchas
por la antigua morada; ya sin necesidad de espe•
rar que abran una puerta, ni de deslizarme por
la chimenea, entro y salgo á mi gusto. Sop_lo al
través de la puerta de honor, re..onando m1 vo&amp;
como la bocina del guardián, pero y a no hay guardián: hago volte..ir la veleta de la torre, con_un
rumor estridente y bronco, como los ronqwdo•
del vigía, pero ha tiempo que ést~ ~artió, y loa.
buhos y las comadrejas son los umcos moradores de la altiva torre. Se desgoznan las puertas~
se hienden, se resquebrajan, se destrozan. Y aaí
entraba y salía, aiiadió el viento, y por eso pude
enter/lrme de todo.
«Sin separarse de t:ntre el humo y las ceniza•,
la espectacióL, la fiebre y las vigilias corroían el
cuerpo y el alma de Valdemar Daae: su cabeza y
su barba se le llenaban de canas, pero al igual
que en la hornilla de su laboratorio, no se apaga·
ba nunca la llama de aus ojos, brillando con loa
salvajes destellos de la codicia y de la insaciable
sed de oro.
«Y en el crisol nada, siempre nada: ya nada
quedaba por vender, las deudas se acumulaban;
y yo cantaba alegremente al través de los crista•
les rotos y de h1s grietas de las murallas y me re•
volvía por los cofres de las seiioritas en donde
yacían revueltos y ajados los ricos vestidos de
otros tiempos, los únicos que tenían y que ya ne&gt;
podían reemplazar con otros.
«No habían oído cantar nunca esas orgullosas.
niiias la antigua balada- «Vivieron en Jauja Y
murieron de hambre,» --y no obstante esto es loque les sucedía.
« Y yo andaba cada vez más suelto por el CU-tillo, soplando melodiosamente por los largos CO·
rrer!ores. ¡Qué extranos sonidos! Pero harto •
nían que hacer para escucharme. El invierno era.
glacial y yo arremolinaba la nieve en torno del
castillo, pues según dicen esto resguarda del frío;.
todo inútil: las tres seftoritas, sin lef!.a con qué ha·
cer fuego desde que desapareció el bosque, pasa·
ban todo el día en la cama.
«Valdemar Daae también tiritabl:I; pero ni el
hambre ni el frío bastaban á dominar su orgullo.
«En vano yo le decía» ¡lfa-u-hitd! Escapa! Huye!,,,.
él permanecía impávido.
-«Tras el Invierno viene la primavera, exela«maba; después de las penas las alegrías. ¡PacieD·

«cfal ¡Paciencia siempre! El ca11tillo y sus domi.
«nio• eatAn empef!.ados á los usureros, se agotan
clo• recursos ... ¿qué importa? La hora del triun«fo , e acerca: el oro va á aparecer en el crisol,
,me consta, serA por la próxima Pascua, así lo he
«leido en las estrellas del firmamento,.,.
, Viendo un día á una aralia hilando su tela, le
dijo:
. f a t·1gabl e t eJe
. d orll l T u· me ense- «Tenaz é m
«llal 11 tener firmeza. Si la telaraiia se desgarra,
, en seguida la recompones; la arrancan y vuel«ves A empezarla y la terminas. Yo haré lo mismo,
•Y no ha de faltarme la recompensa. »

EL MUNDO.

141

en el castillo durante su vida• pero rehusó esta nueva humillación. Y ento~ces ví al señor
Da~~• un día tan opulento y después sin abrigo,
cruJir su cabeza como nunca altiva y abandonar
con firme paso la morada de sus :nayores. ¡So-

l. if)~1'.

"~~

IV

«Erase 11' mafiana de Pascua, y la11 campanas de
la vecina iglesia sonaban alegremente echadas á
vuelo; hacía un sol espléndido, y todo respiraba
~
fiesta, Sólo Valdemar Daar. se consumía en la
fiebre y la congoja. Había pasado la noche en
vela, fundiendo y dejando enfriar, mezclando y
de1tllando, y mezclando nuevamente. Yo oía sus
suspiros de desesperación, intercalados de blasfemias y oraciones; luego permanecía inmóvil y
retenía el aliento, contemplando la fusión que se
operaba en las retortas.
«Se apagó l&lt;t lámpara,
y no lo notó siquiera.
Se sopl11 ba el fuego de
---.;_
\ " -~' .,,
la hornilla, y un rojo res f
r(:_;- , ... . ,..
plandor iluminaba su rostro
como la cera.
- fl , -,~ - Susblanco
ojos hundidos esta- berbio espectáculo que me impresionó tanto que
ban fijos; pero de súbito me hice atrá.s para franquearle paso, hasta 'des): 'e,~&gt;f
se abrieron, se dilataron gajar una robusta rama de uno de los viejos tilos
A .
{::
/
y parecía qne iban á es- del patio!
A
tallar.
«Terrible era aquel instante y se necesitaba un
7
- «¡Hé aquí por fin g~an !emplc de alma para sobrellevarlo con digel vidrio alquímico! ex- mdad, pero Valdemar Daae tenía el corazón de
clamó. ¡Cómo brilla en roca.
la retorta! ¡Qué puro es
«Ni él ni sus hijas poseían más que los vestí•
y qué macizo!» Y con sus dos que llevaban. Pero no, poseílln aún una nue/
trémulas manos levan• va retorta comprada á fuerza de privaciones, en
tó el recipiente, vaciló la cual conservaban los últimos restos del prevencido por la emoción, y ciosc producto alquímico, ,lUt: hr.bían logrado
balbuceó: «¡Oro... ,. oro!.,. recoger del suelo.
«Estaba tan poseído del vértigo, dijo el viento,
«Valdemar Daae la estrechó contra su seno con
que yu habría podido derribarle al mAs leve so- el mayor cuidado, y el seilor un tiempo tan rico
plo. Cuando hubo vuelto en sí, seguí sus pasos. y tan temido, salió del castillo de Borreby con
Se dirigió A la sala en que se hallaban sus hijas sus tres hijas. Sus mejillas ardían de cólera reeatrechl!mente agrupadas para resguardarse del primida; pero yo se las refrescaba con mi suave
frío. V11ldemar llevaba los vestidos cubiertos de aliento, jugueteaba con su luenga cabellera cana
ceniza y en desorden su cabellera y su luenga y le consolaba cantando~ IIu u hud! Escapv, Vitebarba. Se irguió con aire triunfante y levantó en lo! Pero quizás con ello no hice más que recorlo alto la retorta, y con ella el tesoro que tantos darle su opulencia que había volado también, coafanes y sufrimientos le costara.
mo arrastrada por una ráfaga lluh-u-hud! IIu-ih!
- «¡Albricias! gritó. ¡Es oro!. .... . Vedlo! Es
«Ida marchaba al lado de su anciano padre,
oro!» Y sostenía sobre su cabeza la retorta que Dorotea en pos de él y Juana detrás de todos.
herida por la luz del sol brillaba como un as- Esta al pasar los dir.teles de la puerta, se volvió
tro. Pero, ¡ay! ésta se desprendió de sus trémulas para lanzar una última mirada al lugar en que
~•nos, Y se quebró en mil fragmentos. Su pre- había vivido en el lujo y la opulencia, y aunque
cioso contenf~o se derramó por el suelo, y filtró sus ojos no se humedecieron, este rasgo de altipor las rend1Jas del pavimento. El júbilo de Val- vez no ablandó á la suerte.
demar Daae du;ó lo que una pompa de jabón, se
«Recorrieron el camioo que tantas veces ha•
evaporó en un mstante.
bían seguido ·en carruaje; mas á la sazón se les
•Hu-ii-hucl! Escwpu! Vuelo!
· hubiera tomado por una familia de mendigos.
•Y salí volando de Borreby.
Atravesando campos y breiias, llegaron A una
choza de fango, que habían alquilado por un escudo y medio anuales, y allí se instalaron, ein
V
muebles, sin ml\s que las paredes desnudas, co•A fines de Otoiio volví por aquellos parajes, y
como estaba de buen humor arremoliné las nube,, despejé el cielo y desgajé y arrastré las ra~8 Becas de los árboles, tarea poco ditícil es
fierto, pero que constituye mi trabajo de todos
os allos. Y debía cumplirlo.
•También la desventura había cumplido el su~n Borreby. Owe Ramel, el sell.or de Basnaes,
P &amp;cable Y m~rtal enemigo de ValdemarDaae
~cab~ba de presentarse provisto del título hipo~
0 , por el cual se le transfería la propiedad
e •~fiorío, del castillo y de todo cuanto este ena. Yo -~e deslicé por entre los cristale3 rorrtlrnbce crnJir _las viejas puertas de goznes hedij /~osos Y silbé al través delas grietas y rendía~ u ht hl! Qué baraundal Trataba con mis
del duraa de ~acer desistir al noble Owe Ramel
llo f eéseo d? mstalarse en Borreby. Inútil empea el mio.
yA D
lo •Ida
Jua
na- orotealloraban amargamente. Só- mo las del castillo que acababan de abandonar.
Paeata ª!ron_ta_ba con altivez esta desgracia, Cuervos y grajos revoloteaban á bandadas, grazel PUlg n pie, h vida de de&lt;Jpecho y mordiéndose nando con voz agria: C1·ah, c1·ah, crah, c1·ah, co•O ar hasta hacerle brotar sangre.
mo cuando arraaaron el frondoso bosque.
we Ramel ofreció A Valdemar dejarle vivir
«El sell.or Daae y sus hijas oían esas voces bur-

-.,B'~C-:5,
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C::'~1

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lonas, ¿mas qué les importaba después de lo que
habían sufrido?
«Allí les dejé, en esa choza miserable, para
conLinuar mi tarea, arrebatar las hojas secas de
los árboles, barrer las nubes, amontonarlas, derretirlas en lluvia, agitar las olas del mar y sumergir los buques.
«Jlu -u-hup E.scapo! Vuelo!»
VI
Qué fué de Valdemar Da11e y de sus hijas?
. ~Medio siglo había trascurrido cuando vf por
ultima vez á Ana Dorotea, el pálido jaeinto de
otros tiempos, envejecida y encorvada. Había
sobrevivido A sus hermanas y se acordaba de
todo.
«Asomada al balcón del hermoso castillo del
preboste de Viborg, se hallaba la noble dama de
la casa en compailía de sus hijas, contemplando
la vasta y árida campifla. Sus miradas se fijaron
en un árbol aislado en .medio del yermo, del ~ual
pendía an nido de cigüeilas y que tenía adosada
al tronco una cabafia destartalada cubierta de ramaje y mmgo y peor conservada que el nido.
«Cuando pasaba por allí, reprimfa el aliento
para no disp&lt;1rsar los restos del miserable albergue. Era el único obJeto que se destacaba en el
pai_saje! y á n~ ser por e_l n~do, pues el ave de Egipto 1_nsp1raba cierta curios1dad, habrían desaparecido el árbol y la cabaiia. Gracias al nido de
la cigiieila, la pobre viej~ tenía un abrigo. ¿Era
esto en recompensa del mterés que siendo niila
había demostrado por el nido de la cigüeila? Así
lo creia ella, pues se acordaba de todo
«¡Ay de mí! oí que suspiraba. No tañeron llls
«campanas por tu entierro, infortunado Valde«mar Daae, ni acudieron los niiios de la aldea á
centonar los salmos cuando fué enterrado el úl«timo vástago de los nobles y poderosos señores
«de Borreby.
. «¡Ya ~abía él que nohabían de honrar su cadá«ver! _No obstante víó la muerte con alegría. To«do tie:°e fin, ha_sta la miseria. Nada logró abatir
«su altivo espíritu, hasta que mi hermana Ida
«v_encida por los sufrimientos y privaciones, con:
«smti_ó en casarse con un labriego. Esto fué de«masiad~ para V~ldemar Daae. ¡Su hija, mujer
«de un siervo, SUJeto al impuesto y adscrito al
«terruño, á quien podía su sefior clavar en la pi«cota, á la menor falta! ¡Cómo no había de esta«llar el !loble corazón de Valdemarl Ida, se libró
«del hambre, pero murió de pesar y de ver1?uen«za. tOh, en_vidiable suerte la tuya! ¡Yo sola no
«puedo morir! ¡Seiior, Seiior misericordioso, li«bradme de esta larga tortura!»
«La otra hermana, ailadió el viento, la altiva
Juan8., dotada de un ánimo varonil y un corazón. ente~o. se vistió de hombre. Como las penas
h~b1an aJado su belleza, con este traje nadie podia tomarla por una hembra. Se alistó en un buqu~ en calidad ~e mari~ero. Siempre sombría y
taciturna, trabaJaba de firme y no mereció nunca reprensión alguna. Se limitaba á recibir el salario Y á multiplicarse en la maniobra. Una no,
che de tempestad, la barrí de á bordo. Yo creo
que obré bien y que le presté un favor.
VII

«En una maiiana de Pascua, tan risuefl.a como
aqu~lla en que Valdemar Daae creía haber descubierto el secreto de hacer oro, oí un canto en
la cabaf!.a que había al pié del nido de la ciguüeña. ¡Dulce y conmovedora era la voz que lo entonaba, como el rumor de las cafias cuando yo
las acaricio. 1Era el último canto de Ana Dorotea, que estaba mirando la campiña por la única
abertura Je su albergue; el sol brillaba como
una esfera de oro, y á este espectácuto se amontonaron_ en su alma todos sus recuerdos. Exhaló
un su_spiro: fué el último; su corazón se partió,
sus OJOS se cerraron para siempre.
«Yo solo canté en su entierro, aiiadió el viento. Yo solo conozco donde está su sepultura y h
de su padre. Nadie mAB lo sabe.
«En el día pasa una línea férrea por el sitio en
q~e descansan: ~n largo tren de wagones se aprox_ima con estrépito, pasa, y se alej~. Aún se percibe el rumor: ¡IIit-ii-hucl ¡Escapo, vuelo!
«Y yo hago lo propio.
«Se acabó la historia.»
.ANDERSEN.

�Domingo 27 de Agosto de 181111

EL MUNDO.

142

[J1] fj_J
-era el nombre de la muertecita, y de la vie,ja casa de provincia que
babitAbamos entonces, ella en el tercer piso y yo en el segundo, y el
jardín de la casa y el circo de montaft&gt;ts volcánicas
que se ve en el horizonte de todas las calles. Recuerdo el color casi negro de la lava de que está
hecha la ciudad, las cailejuelas sobre cuyo empedrado suena el sordo repiqueteo de los suecos de
los campesinos que vienen al mercado, la Catedral que dominaba la ciudad sombría, y otros detalles: en el piso bajo de nuestra casa un pana•
dero que cocía tortas de pan en forma de trébol,
un herrador en cuyo esta ble cimiento los brazos
·d esnudos de los operarios descargaban martillazos sobre el hierro enrojecido entre un torbellino
de chispas; delante de las ventanab la eotatua de
un general de la primera república atacando sa-

Aunque apenas he llegado á esa edad de que
habla melancólieamenre el poeta:
Nel mezzo del cammin di nost1·a vita . ...
teugoigual númerode amigossobre la tierrayba•
jo de tierra, y en ciertas épocas del afio, cuando
irnuncian fiestas las calles y loa calendarios, los
hogares y los ojos de los nil'us, me acuerdo con
singlar ternura-y á veces también con tristeza,
de aquellos para quienes no habrá ya días de
fiesta. ¿Cómo pensar en los muertos, sin sentir
el remordimiento de no haberlos amado suficientE&gt;mente cuando vivían? ¡Cuántos rostros fami·
liares evoco en esos momentos! Unos, fatigados,
envejecidos. hollados por el tiem,-10; otros, jóvenes, con la frescura de la gracia adolescente: iªYl
son iguales la juventud y la vejez en la sombra
eterna que los envuelve.
Despué,, como el que visita un museo, acaba
por detenerse á contemplar una tela de tantas
. ,,
que ha recorrido, yo elijo entre esas sombras una
r '.: ,
fisonomía ó un recuerdo. La fisonomía se ha•
,%'...ce palpable y el recuerdo se precisa basta acele
+ l,
rar las palpitaciones de mi corazón. La púrpura de la sangre tiil.e de nuevo las megillas
para siempre descompuestas; se llenan de luz
y miran las pupilas apagadas, los labios tiemblan
y tal parece que ya van á sonreir, A hablar ....
He aquí las manos, f&gt;l cuello, una silueta, una respiracióu, un alma. Es una semi alucinación tan
poderosa: que les tengo miedo á esas crisis de la
memoria, á causa de las inevitables visiones que
pueblan el sueño de la noche siguiente. ¿P!lro
quién no ha sentido después de un entierro, esas
pesadillas obscuras, tan extraftamente mezcladas
de delicias y de terror, en las que se ve á los
muertos con la doble sensación de su presencia ble en mano al enemigo, y mi amiga Alina vestireal y-de q'ué esUn muertos? Hablamos con da de luto-su madt'e acababa de morir cuando
ellos, los abrazamos, vivimos con ello~ la exis- su padre viuo á habitar la casa-y en derredor
tencia cuotidiana y recordimos al propio tiempo de elli,, el jardín que filé el asilo de nuestros más
el fúnebre cortejo que seguimos ó que presidí• hermosos juegos.
mos · acaso, sin comprender como están con nosotros sabiendo que están allá.
El jardín pertenecía á la propietaria, anciana
Ignoro si todos
son víctimas has- muy piadosa y enferma que nunca bajaba á pata ese grado del searse por él. Veíamos su perfil ennoblecido por
doloroso reflujo dos largas inglesas blancas y tocada con un bonedel pasado sobre te de cintas claras. Se asomaba á la ventana del
el presente. Es primer piso, uno de ct.yos crütales era de color
de creerse que glauco, diferencia de matiz que daba un aspecto
no, puesto que
tantos ancianos
sobreviven alegremente A sus
compañeros. Mi
destino quiso que
siendo nifto viese
partir á algunos
seres queridos,
y aun entonc,s
seguía amán•
dolos. Y desde
aquella época, en
la que cada día parece una nueva existencia, tuve
en mi memoria numerosos aniversarios, Para no
hablar sino de uno entre tantos, diré que desde
que tenía diez y seis anos, el día de Navidad,
tan lleno de alegría para los otros niftos, me trae
el recuerdo má.s mehneólico, el de una nifta de
mi edad que murió dos días antes de la fiesta, y
que habfa sido mi primera amiga. Aun hoy, que
han transcurrido más de veinticinco alios, y que
tengo otras cruces para las cuales llevo c:&gt;ronas de vejez á su rostro siempre inclinado sobre un
al cementerio de los afectos muertos, cuando lle- libro de oraciones ó sobre una labor de gancho
ga esa época del afio, evoco el recuerdo de Alina, destinada á los pobres. Más allá del jardín, que
'

0

.,

m
~

lindaba con otros, las montaftas levantaban sus
conos truncados y sus cimas esféricas, y se vPian
á lo lejos, en las cumbres, las siluetas de caati•
llos fortificados. Podría yo dibujar el jardín con
sus hileras de boj, sus groselleros cubiertos de paja
en el otofto y sus perales abiertos como manos A
lo largo de las tapias. Sólo con pensar en ello
siento el aroma del arbolillo del fondo , A cuy~
sombra se sentó Alina una de las últimas tardes
en que pudo salir, tosiendo fehrilmente y pAlida
como las flores del arbusto. Recuerdo también
las filas de rosales sostenidos sobre delgadiaimQS
troncos, y cuajados en la estación prcpicia de
magníficas rosas de corazón purpúreo y otras en
botón, cuyos pétalos abría yo con mano curiosa.
«Ah, Claudio, eres muy malo! me decía Alina, la&amp;
mataste!» Creo que no he visto después mariposas como las que revoloteaban en derredor de
aquellas flores, aunq.u e no eran de las más raras.
Las perseguía con er.carnizamiento de cazador,
aunque Alina no me permitía clavarlas con alfl.
leres como yo quería, y cuando le llevaba alguno
de esos insectillos, cogíalo para admirar la dell•
cadeza de los matices y luego abría la mano y lo
veía escaparse con au vuelo desigual y giratorio,
Estos eran los placeres del estío; pero nos encantaba tambíé..:. bajar al jardín en invierno, cuando
la nieve borraba las formas de las avenidas, cuando la escarcha nocturna hacía puñales de hitlo
en las ramas y cm los muros, cuando ponfam('B
en obra nuestro proyecto, siempre irrealizable,
do construir con nieve una verdadera casa en
que pudiéramos abrigarnos Alina, yo y, ¿lo diré?
•una grim mufteca que ~enía, y á la que llamaba
alternativamente «María&gt; y «nuestra hija,» una
maravillosa mnfteea de ojos azules con pestatlaa.
verdaderas, de megillas sonrosadas, de c1tbellos
de seda blonda, de piernas y brazos articulados,
en fin, un precioso juguete que me habría cubierto
de eterna vergüenza si mis compañeros de liceo
hubiesen podido sospechar su existencia. Pero
cuando estaba con Alina ¿qué cosas no hubiera
techo yo por complacer á aquella hermana que
el azar de la vecindad me deparaba?
El encanto de Alina se cifraba en una especie
de dulzura seria que hacía de ella una niiia muy
diferente de todas las que he conocido desde entonces. E ra pequeftuela delic·1 da, frágil y lo
he dicho ya, muy plllida, con una palidez que
oprimía el corazón 111 pensar que su m11dre habfa
muerto de una enf-rmedad del pecho. Desde
aquella época tenía la gravedad precoz d" las
criaturas destinadas á morir prematuramente, y
ese aspecto de e-olución cumplida que las dis·.
tingue. La mesara que aquella pequeftuela de
nueve aftos ponía en sus acciones mas inslgnifi•
cantes, la modestia de su ademAn, el orden meticuloso conque colocaba los objetos en su derredor, una antipatía involuntaria para los juegos ruidosos, la prudencia irreprochable de su
conducta, la sensibilidad visible de su ser íntimo;
eran cUe lidades que á primera vista la des tic: aban i
hacer la odiosa para un muchacho como yo, to•
goso y desbaratado, desobediente y brutal. Sin
embargo, el efecto fué contrario y desde el dfa
en que comencé á ser su amigo, tuvo sobre mf
una influencia tanto más irresistible cuan to que ee•
día á ella instintivamente. Hoy que quiero recons•
truir mi alma denino al tr"-vés de los aftos. reeo•
no~co qu~ aquella nifia inocente cuyos pies ligerOI
~aJaban srn ruido la escalera de piedra de la antigua casa, fué la primera que despertó en mf el
culto del dulce espíritu femenino que no desa·
rraigan nunca por completo del corazón las m
u
crueles experiencias. No había travesura de la
que no fuese capaz con mis camaradas y hube
de ser castigado severamente por haber burlado
en diversas ocasiones la vigilancia de mi cria,da

Domlngc 27 de Agosto de 1899

con el fin de llevar A cabo ciertas empresas re.ervadas A los peores v~gabuodos de la ciudad:
S11birme al brocal de la fuente que decora la plaza de Ja Poterne y beber en la boca misma del
león de cobre; sentarme á horcajadas en la rampa de hierro de la escalera que une el boulevard
del Ho5pital con una callE&gt;juela construida en pendiente, y deslizarme hasta a bajo. Naturalmente,
caí en la fuente y me golpeé en la escalera; quedé mojado, de~garrado, despellejado y después,
eastigado BÍJ~tunadam~nte . . . . . . Sin embargo,
apenas me veia con Alma la¡, tardes de los jueves
y los domingos en que se nos permitía jugar jnotos, se desper taba una nueva alma en el muchticbo semi-salvaje, dejaba de gritar, de s&gt;1ltar, de
gesticular por temor de cau~ar disgustos á esa
hada en miniatura cuyos dedos delicados no tenían ni una mancha y cuyos vestidos no tenían
una sola desgarradura. llfe la. presentaban como.
modelo y yo no objetaba ni me exaspernba: la
obedecfa IJaturBlmen te y con la misma facilidad
conque desobedecía á los demás. Aceptaba. sus
j11egos en vez de proponerle los mfns, y tn&lt;io lo
q·1e vrnía de ella lo a !miraba, d E&gt;s&lt;le la sua, id d de
aas cal:lellos r ubio::i y la dulzura de ::iu voz, n,,sta los indicios mAs insignificantes de su razón:
por ejemplo, el cuidado conque guarda b et sin tocarlo el Arbol de boj cuajado de p steles que nos
daban el domingo de Ramos. El mío estaba despedazado la misma noche y el suyo dur1tba hasta 111ny entrado el otofto. Es cierto que habiendo
querido un día jugar á la comida con uno de
esos pastelillos que ella conservaba, tuvimos que
romperlo con una piedra, tan duro así SL había
puesto, Nunca los lllÍOd me dieron esa satisfaceión.

EL MUNDO.

guito. Las cortinas descorrida;; atenuaban la luz
Y el fuego ~r~ía en la chimenea crepitando débilmen te. El umco reloj que h1toía en ese c~arto
eran los _rayos del sol que penetr'abao por la ventana ha~1endo bailar un pc,lvo de !\tomos y que
se movian con el transcurso del día. En la chi•
~enea una_ casita barométrica hacía entrar y sa~tr alterna~1va_mente á un capuchino y á una monJ~, Y ha bna sido yo perf.ictamen te feliz si no hubiera _sorprendido lágrimas f&gt;n los ojos del padre
de ~hna cuan~o por caaualidad venía á vernos
los Jueves y mi compaiiera lanzaba su tos desgarrador_a que me bahía inquietado ya vagamente
por primera vez bajo el arbolillo.
Al mostrarme el museo
de su~ antiguos juguetes, Alina tenía una especie de gracia piadosa
dando vuelta á las hoj·•s
de los libros con las deli.·
cadezas de un soplo, poLiendo el papel de seda
sc1bre los grabados sin
dejarle un pliegue, y más
que nunca hada, comparada conmigo que era un
patán brusco y que lo
era m 4s cuando veía cada uno de sus ademanesdelicados.
Pero no habríamos sido nilins si no sehubie~emez.
ciado fa p~erelidad ála poesía denuestros jueg-os y
esa puenl1dad estaba representada p or la mufteca
de que hablé. Tenía un lugar tan preferente en
los e_nsueftos de Alina, que yo mismo aes bé por
considerar á «María» como , na persona de carre
Y hueso, prestándome de buena fé á la comedia
que ~odos l~s nil'los de todos los tiempos han improvisado, improvisan é improvisarán para gusto de su fantasía. Cuando Alina comenz11ba A
Cuando no jugAbamos en el jardín-y el últi- hablarme de «Marfa » diciéndome: «Ma1fa » ha hemo alio ya no pudimos baj lr juntos por que mi cho esto ...... diaria » hará aquello .... á «María»
amiguita estaba muy débil-nuestro lugar predi- le gusta este vestido y no quiere ese otro ..... ,.
lecto era su cuarto, una pieza estrecha con una estas frases me parecían naturales y yo me avenía
sola ventana que daba á la plaza y de la quepo- á ayudarla para dar de comer á la mnl'leca mila:
díamos ver distintamente la pluma del sombrero grosa; preparaba !a mern en un rincón cerca de
del general de bronce p,i.rado en su zócalo de la chimenea, lugar que habíamos elegido ,·orno
cationes y metrallas. ¿He dicho ya que Alina vi- c~arto para la m_ufieca. Ese cuarto imaginario tevía sola con su padre y con una criada paisana ma muebles microscópicos desproporcionados
de la mía y que se llamaba Miette? El pa dre de para el tamaño de la mufieca. Eran los muebles
Alioa desempel'laba uu emplee, modesto e'l la pre- que le habían dado en otro tiempo á lt1. madre de
fectura, pero la familia tuvo sus días de f irtuna Alina con una mufteca
Y la habitación estaba llena de muebles antiguos pequefia sin duda, y la
q~e de~o_taban elegancias antiguas también y ta- nuestra parec-i a entre
pices VleJOS que 8hogaba~ el ruido de los pasos. ellos un gigante. «MaPara que fuese más completa la impresión de épo- ría » tenía sólo un sillón
á su medida, el cual ha4188 remotas, sucedía que Alina y yo colocábamos sobre ese tapiz de bía comprado yo para
matices antiguos los ju- ella y en la que la seota•
guetes que habían sido ba Alina como de visita,
de su madre. Sin duda, sinquenos extraftase que
aquella mujer desgracia- el sillón por sí sólo ocuda. había sido una nifia nara un lugar dos veces
tan cuidadosa como su mayor que el de la cahija, pues se conservaban ma. La estupidez de una
los juguetes que exami• sonrisa eterna estaba fija en la boca de porcelana
nábamos, casi todos te- de la mufteca y permanecía siempre inmóvil en
- oían una fisonomía de su sillón con las manos en el manguillo y una toca
de terciopelc en los cabellos. Alina me decía
cosasan1igoa~,un 1tspecto
siempre:
del:cioso que les venía de
-¿No es verdad que está bonita? Se creería
-,.::;-¡ ~
su fragilidad y de sus tinque
va á habl11r ...
;-'))
tes desvanecidos. Nos
Otras
veces sus labios pronunciaban frases de
. . '-"·
gustaba principalmente
esas
que
no se admite que digan los niftos, s:n
una colección de personajes de cartón de coloduda ¡,orque es demasiado fuerte el contraste en~88, que se sostenían de pie merced á un pedazo
e madera sobre el que se apoyaban y que re tre la necedad habitual de sus diversiones y la
:resentaban en un medio adecuado los habitantes tristeza de una nflexión. Así, á propósito de un
.e nn pueblo, pero un pueblo en q~e los campe- ave perdida, recuerdo que un día en el mismo
aioos llevaban trajes de pastores del antiguo ré&lt;&gt;'i- cuarto, y entre los mismvs objetos, hablamo8 de
tnen. Los c11mparábamos con un interés nun~a la IDUl'rte, y ella me preguntó:
-¡,Tú no tienes miedo de morir?
:gotado A los vendedores de patatas y de pollos,
-No sé, le contesté.
tae P
; ras Y uvas, según la estación. Nos gustab"n
-Ah, dijo ella, es tan fastidiosa la vida ....
m 1én los libros, almanaques de aiios remotos
::pastados Y puestos en bolsas de seda descoio• Siempre lo mismo, levantarse, vestirse, comer,
te 11 • Y otros libros de estampas en las que con- jugar, acostarse y luego vuelta á lo mismo. Pero
cuando se ha muerto uno ....
8 : piábamos extasiados niftos con sombreros de
-Cuando se muere uno se hace esqueleto, dije
ee· a ~ casacas de cuello morumental, v niñas de
1
yo
acabando la frase que la ponía pensativa.
n.~ con pe!nados á la Prud'hon. Había tam•
-No, dijo ella, va uno á verá su mamá y á
el ti ª J1llas ~ntiguas de porcelana destefüda por
&lt;lis/Dlpo Y linternas mágicas en cuyos vidrios los ángeles.
l"Dl ingufamos los uniformes de los soldados del
perador,
*
**
unLa difunta madre de mi amiguita aparecía en
Entrego estas palabras con el candor y la laxiba cuadro colgado al muro y que la representaea en una escena de familia á la moda de la épo- tud prematura que entrafta á los filósofos de la psi' pequetia Y acariciando la cabeza de un borre- cología de la infancia. El único mérito que tienen

b~:º;

143

es ser auténticas, y en cuanto a mí he renunciado, hace mucho tiempo, á comprender ese misterio entre los misterios, el alborear de una inteli•
gencia y de un corazón, ;,En qué momento comienza en nosotros el sufrimiento de pensar, y
en qué segundo el mal de am~r? El alma de la
mujer y la del hombre ¿no aparecen ya en la inf&gt;Xplicable sorpresa que produce la separación de
la madre muerta en la pequefta huérfana, y no se
ve en la ternura apasionada que inspira á un niilo de ciiez 8lios la delicadeza enfermiza de su
compafiera de juegos? Delicada y enformiza lo
era mi pobre Alinu, y lo era más de lo que adi~inaba mi sir:np,,tía obscura de amigo, y llegó un
tiempo, el principio del invierno de mis diez años,
en que y11. no se me permitió j ugar con ella para
no fatig11rla- una semana er.. que no dejó el lecho -y un día, la víspera de Nttvidad, oue entré
llorando á ese c11arto tan dulce para mí, y en el
que ví á Alina por última vez. Estaba muerta,
tendida en su lecho al amparo
de un Cristo, tan
inmóvil como la
mufieca SPotada
jun~o á ella por
un postrer capricho de enferma,
y que la miraba
desde su sillón
puesto al pie de
la cama. Mas los
ojos aznlPS de
«Marfa,» ojos de
cristal tan ale
gres entre sus negras pestañas, segufa n 11biertos
y brillaban, mientr11e qu:i los ojos
azules de azul
amoroso, estaban cerrados para siempre; las megillas de porcelana, teftidas con el más claro bermellón, su boca de rosa conservaba el brillo juvenil, mientras que la palidez de cera de las megillas hendidas de Alina y la lividez violeta de Sil
boca, causaban una impresión do1orosa. ¿Cómo
conservé ese contraste en aquel momento en que
derr11mé lAgrimas sinceras? Parece que los niftos
tienen una actividad tan viva en los sentidos, que
éstos funcionan casi solos, ann cuando el alma
esté ocupada por el pesar más hond0. Sí, recuerdo haber visto esto al mismo tiempo: mi amiga
muerta, la mufteca junto á ella y mAs ~ejos, hundido en un sillon, el padre de Alina oprimiéndose la mano izquierda con la dert cha, en cuyo
puño se veía la línea obscura de una malla. Flotata en el cuarto un olor dulce de lilas blancas:
la anciana del piso bajo, cuyo perfil nos fascinaba A Alina y A mí, envió esas f lores tan raras en
nuestra ciudad. y que jamás había aspirado yo.
Des pué I de algunos minutos de inmovilidad, de
estupebcción, ante ese espect!lculo, Miette, que
me había introducido, me tomó por la mano y
medW:
-Ve á decirle adios.
Avancé hasta el pequefto lecho y me aleé sobre
las puntas de los piés, y entre el perfume de las
lilas sentí á la vez en mis labios el frío de la megillas de la muertecita y en mi megilla la caricia
suave, viva, de los bucles de sus cabellos, que toqué al inclinarme, y en mi corazón una inexplicable tristeza.

***
Pasaron los meses y mis padres seguían viviendo en la vieja C!lsa de la antigua ciudad. A mí
me pusieron de in terno en el Liceo, sin duda,
porque desde la desaparición de Alina y de su
dulce influencia me había convertido en un animal indomable. Salía cada mes siempre que no
había sido muy indisc1plinado; pero dos veces
porsemana, jueves y domingo, íbamos de paseo
y dos A dos atravezábamos la ciuda1 sin hablar,
tales eran los reglamentos de los colegios de entonces, Sucedíame á veces cuando desfilábamos
por el boulevard donde estaba la prefectura, que
encontraba al padre de Alina que iba ó volvía de
su oficina. Vestía de negro y caminaba algo encorvado aunque no tenía aun cuarenta !liios, apoyándose en un baat.5n, un junco con pufto demar•
fil que conocía yo muy bien. Jamás dejaba de
buscarme en la fila de colegiales de túnica sombría y me saludaba con una sonrisa muy tristey

�144

l)OJJllDgO 27 de Agosto de ;s9S.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

de colegial, el salto súbito del_salvaje que se lanza sobre su enemigo ó del ammal que arremete
muy dulea. Yo, por mi parte, todos los días de
contra su presa. Cometí este robo tao sú bitamensalida subía A su casa. Miette salía A abrirme y
te concebido, con la sencillez de astucia de loa
me hacía entrar después de dirigirme cumplisalvajes y de los animales, Apr oyeché un segunmientos. Entraba A una especie de sala despacho
do en que mi camarada me volvia la espalda y
en la que estaba el viudo y que comunicaba con
daba con las phmta s de los pies en un árbol, Afin.
el cuarto de mi amiguita. Un día que la puerta
de hacer caer la nieve amontonada entre el tacón y
estaba abierta no pude contenerme y dirigí A la
la zuela de madera. Tomé á «Mar ía» en el lugar
pieza vecina una mirada furtiva; el padre que me
en que estaba, y corriendo para llegar hasta lo
observaba me dijo simplemente:
alto de la pendiente donde nos deslizábamos, I&amp;
-¿Quiéres ver su cuarto?
Entramos, Era un día de estío. El padre abrió
arrojé á un cober tizo abier to que había allí, con
las ventanas y el sol inundó con su luz el cuarto
peligro de que se r ompiese su hermoso rostro d&amp;
. /1
de la muerta, la luz alegre cub1ió el tapiz gastaporeelaca al chocar con la lefia amontonada, y la.
do, en el que habíamos jugado tantas veces y el
ví rodar basta caer junto A un carretón que estalecho cubierto de sarga verde en el que la vi tan
ba cerea de la lef!.a. Al lanzarla dí un grito tan
')
pá lida, tan tristemente inmóvil, y la caja de los
penetrante, que abogó el ruido del objeto de tal
'~
juguetes en que dormían los campesinos y «Mamodo, que mi camarada no a divinó la acción
ría,» la mufi.eea, ~entada en su sillón sobre la eó•
culpable que a cababa de cometer. Hénos aquí de
moda con los ojos azules siempre abiertos, la bo• nifl.a y se le oprime el cor azón ; su mirada se cru- nuevo persiguiéndonos, deslizAndonos y jugueea sonriente y el traje de visita.
za con la mirada de la mujer que busca en su ros- t eando a más no poder, cuando la criada de Emi-¿Te acuerdas có;no quería Alina A esta mu- tro la huella de su emoción ccn el celo que las lia apareció bajo la bóveda de la puerta. Mira i
ñeca? me dijo el padre tomándola en la mano pa- s~g uodas .esposae tienen siempre de las primer11s derecb" y A izquierda; se sorprende y mira á b.ra mostrármela.
y él no se atreve A decir una palabra. Una vez quierda, á derecha, arriba y a l jardín.
¿Creerás que me pidió que la pusiese en sus mh los muertos nada pueden contra los vivos.
-¿No han vi~to ustedes la mulieca de la seftoribrazos después de muerta para llevarla al cielo Pero y o que no había olvidado á mi amiga muer- ta Emilia? preguntó.
y ensefiársela A su mamá? Miettequería enterrar- ta, sentí desde aquel momento el odio más instinPor fortuna mía se dirigió A mi camarada, e)
le con ella . ... pero y o no pude separarme de tivo contra Emilitt..
cual le contestó con esa buena fé de inocencia.
uno solo de los objetos que ella quería.
Habíamos tenido un gato muy ura:f!.o que vi- que simulan tan difícilmente ciertos niftos.
- ¿Una mu:f!.ecajl No.
vía casi siempre en los tejados y en el jardín f
-Me dijo que la dejó a quí cuando quiso ir i
lo ví un día al entrar á la ca sa A la hora de la
*
**
comida frente A frente de un perro que le traje- jugar, objetó la cria da.
- No es posible, contestó el otro: nosotros no
Pasaron muchos meses después. Era la tercera ron A mi padre el mismo día. El gato se detuvo
en
el
alféfaar
de
la
ventana
mirando
al
huésped
nos
hemos sepa rado de aquí. ¿no es cierto? insisNavidad que venía en seguida de aquella en que
murió Alina, y habían ocurrido muchos cambios. desconocido y ~in atreverse á afrontar la proxi- tió dirigiéndose á mí.
-Ni un minuto, r epliqué acercándome. Yo debí•
Yo era un muchacho de trece af!.os y había fuma- midad de esa bola de pelos negros ruidosa y turdo mi primer cigarro un jueves de salida en bulenta. Durante cuatro días pudimos verlo así de estar muy colorado; pero el aire era tan fuer•
aquel jardín tan amado en otro tiempo por Ali- inmóvil y con un estupor anoioso en las pupi- te y habíamos P.Orrido tanto .. . . .
- Es muy extraordinar io, insistió la criada.
na, y no lejos de la fila de rosales en donde ea- las. Después desapareció para no volver mas.
za ba aquellos hermosos insectos verdes con re- Rencor igual y tan animal como el del gato sen- ¿Dónde puede haberla dejado? . ... Ah, le van A.
flejos negros y los coleópteros dorados que dormían tía y o, y sólo ese sentimiento podría justificar la da r una tunda . . . .
entre los pétalos de las rosas. La anciana de mala jugada que le hice A la muchacha gord11,
Yo no era malo, sin embargo, pero la idea de,
largas crenchas blancas estaba todavía detrás de tan torpe, pesada y rústica cuanto era graci()sa que Emilia, además del disgusto de haber perdido
la ventana del primer piso; pero habiendo roto ·y bonita Alina. Pero no, més que la malicia, me su mufteca iría á sufrir una buena reprimenda, lela caída de una escala la vidriera de la v entana, impulsó áobrar de ese modo una piedad casi r i- jos de causarme el menor r emordimiento me llenóel cristal más verde que los otros había desapa- dícula en su forma , que me conmueve cuando del placer más delicioso. Mi placer hubiera sido
recido. Miette también había desaparecido. Una pienso en ella y que no puedo deplorar.
Ha cía pues tres aiios que Alioa había muerto, eompletosialvolverá la casa no me hubiera visto
tarde A la hora del recreo, llegó al vestíbulo del
aunque era el aniversario de su muerte, no lo obligado á preguntarme lo que haría para impe•
y
colegio, hizo que me llamaran al locutorio, y la
dir que encontrasen á «María.» Mi preocu~ación.
buena mujer de tinte plomizo -del color de las recordaba aquella tarde. Un manto de nieve cu- duró todil. la noche. Ni el plato con castai'las, planueces secas que sacó de su delantal azul-me bría el jardin y uno de mis camaradas había ve- tillo tradicional, que se ser vía aquella noche, niél
trajo una noticia para mí monstruosa. E l padre nido á visitarme para organizar en la avenida árbol de Navidad prepar ado en la casa de•
de Alina se volvía A casar con una viuda que te- . principal un juego depatines.Eranuestra distrac- camarada que vino á jugar conmigo aquella tarnía una nifta de ocho af!.os y esta nifta ocuparía ción favorita y la rude za de los inviernos en ese de, ni el regalo que recibí, ni la vuelta tardía porel cuarto de Alina. Miette me contó cómo se des- país le era tan propicio, que habíamos aventaja- las calles de la ciuda d, blancas á fa luz dela luna,.
pidió del amo cuando el matrimonio fué asunto do mucho en este juego_. Henos a quí pues bajo de una mágica blancura de nieve, ni el proyecto
un cielo purísimo lanzándonos el ui::o tras el otro ya
arreglado:
arregla do para ir al dfo. siguiente á jugar A un
-El Seftor es .el amo, le dije; per o quise mu- rígidos y con los pies juntos, ya en cuclillas y so- es tanque congelado en el que esperábamos pati•
bre
un
solo
pie,
con
una
pierna
horizontal
y
ca
cho á la sefi.ora y á la senorita para ver A otros
nar , nada en una palabra pudo distraerme de esteen su lugar. Yo ~reo que causarles disgustos A yendo y rodando, gritando y riendo. Sucedió pensamiento fijo.
de
nuestro
juego
v
olvió
Emilia
que
á
lo
mejor
los muertos trae desgracias.
«Con t al que la mul'leca no haya sidoeneontra•
Y Miette me narró la historia de un viudo que del paseo. Nuestros gritos la atrajeron y la vimos
da
esta noche y que no lo sea mafiana» • .. . Acosun
minuto
bajo
la
b
óveda
que
daba
al
detenerse
la víspera de casarse en segundas nupcias, despertó la noche anterior á la ceremonia y sintió jar~ío, aeompa:f!.ada de su cria da. Llevaba en bra- tado en mi cama, 1:1se cuidado se hizo punzante
zos la mufleca causa de mi profund11. cólera con- b llsta el dolor. Las violentas sensaeione::1 de rela mano oprimida por una mano fría.
-Era la de la difunta , af!.adió Miette, y se mu- tra ella. No habría sido yo el r apc1.z insoportable pugnancia que me había dado el segundo matri•
que era entonces, si no hubitise renovado los gri- monio del pa dre de Alina, renacieron mezcladas
rió ese a:f!.o.
Miette se fué para su pueblo y el matrimonio tos, las risas y las locura s que, hacía entregán- con los sentimientos tiernos que tenía por ella.
se hizo. Yo púr mi par te no necesité que mi que- dome á sus ojos á u nos juegos que no podía com- El cuarto profanado por la presencia de la intru•
rida Alina volviese en la noche y me apretase la p artir. Sin embargo, sus deseos se avivaron y ea surgió a nte mis ojos tal como lo había conoci•
ma no piua cobrarle horror A la que la reem- sin que su cria da pudiera impedírselo, dejó la do, y la especie de alucinación de que hablaba
plazaba de e9e modo en nuestra casa y en el co- mu:f!.eca en una de las hojas de la puerta y se al principio de eeta nar ración se r eproducía con
ra zón de su padre. Natural era que el desventu- lanzó. Resbaló en la nieve y cayó. La criada vi- fuerza ex traordinaria .... Rea pareció mi amigui•
rado quisiese rehacer su vida; pero era natural no por ella y E milia, a vergonzada de su caída y ta con sus sonrisas, su palidez, sus ademanes de
también que un muchacho de trece afios no lo con el manguillo mojado se puso á sollozar. I.a cria- delicada y con todos los viejos objetos de los que
comprendiese. Interrumpí, pues, casi absoluta- da la reprendió y tomándola por la mano se la era la vigilante y dulce depositar ia.
En el mismo relámpago de impresión vi A l&amp;
mente mis visitas a l piso superior y al llegar la llevó ;ara cambiarle ves tidos. Desaparecen deN avidad que debía de ser el tercer aniversario jando olvidada A la mufteca que sigue sonrien- otra apoderándose del lecho eu que Alina habít.
de la muerte de Alina, creo que no le habría ha - do con su boca r oja y sus ojos azules en la puer- entregado su alma, la ví cogiendo con sus deblado diez veces á Emilia-así se llamaba la re- ta cochera como cua ndo Alina la llevaba par a dos feos y descuidados las pastas de seda desva•
cién llegada. - L a pobre, inocente del odio que yo hacerla tomar aire y como aquel día en que la ví necida, la ví ensuciando con sus zapatos de ta•
eones gastados-babfa nvtado también esto en
le tenía, era una muchacha regordeta y simple al pie del lecho de la pobre muerta.
ella, el tapiz en el q ....e disponíamos los antojos d&amp;
que hubiera querido jugar conmigo en el jardín.
nuestras comidillas; - la ví r o bando á Alina, por·
Pero esta sola idea hacía nacer en mí una es*
**
que para mi corazon d e nif!.o era un r obo esa po•
pecie de cólera contra ella, cólera que aumentó
¿Por qué me a!!altó sú bitamente la idea de ro- sesión que toma ba de los juguetes de mi mueriecuando á los dos meses de su llega da á la casa
vi en sus brazos la misma mui'leea de mi antigua b ar esa muiieea que Alina había amado tanto, cita. ¡Muerta! Me repetía esta palabra maquinal·
amiga , la «María» que fué su hija-nuestra hija. por qué pensé en eso yo, cuando cinco minutos mente y veía la tumb a que visité el primero de
-Recuerdo aún el a cceso de rabia que me domi- más tarde no tenía en la cabeza sino la locura de Noviembre, en otro tiempo adornada de fresca&amp;
nó cuando ví ese espectá culo sacrílego, un jue- mis juegos de pat ines? H e aquí una cuestión más flores y ahora a penas cuidada y con su Angel
ves de paseo en que encontré al padre, á la nue- que entrego A los psicólogos de la infancia. Lo de alabastro ya sin manos y siempre Heno de
v a esposa y A la nifia. Ahora me doy cuenta de cierto es que entre el momento en que se me ocu- polvo. Era demasiado creyente en a quella ép~·
la escena que debió de haber habido en la ca- rrió la idea y el de la e jecución , no transcurrie- ca para no estar cierto de que la des-aparecida Vl·
sa .. . .. . La mamá encuentra la mulieca y la po• ron más de cinco minutos. F aé una de esas ten- vía en el cielo como ella lo había dieho, con 811
ne por algunos minutos en las manos de su hija, taciones, á la vez rápidas é irresistibles eomJ ma dre y otros á ngeles, ángeles verdaderos eon
vuelve el padre, vé el jaguete en poder dela otra ,)tras que recuer d o haber te.nido durante ~i vida lirios entre sus dedos hechos de pura luz Y quit

~r

odian romperse. Sin embargo, mi imagina0
~ói
figuraba al po bre cuer pecillo tendido en
la i1erra y tal como le dije adios en el cuarto per-

'

145

EL MUNDO.

montón para que la remoción fuese menos v1s1ble.
Miraba á veces al cielo amenazador buscan88
do en él la promesa de una nueva nevada que
faJDado de lilas blancas. Una horrible impresión borrase mejor todas las huellas. Cerca del muele soledad me punzaba el alma. Recordé el de- chacho una forma de niiio más pequeiio estaba
eo que babia formulado la ni:f!.a de llevarse á tendida; per o á primera vista se hubiera comhija A la tumba. ¡A?! eómo ha br!a qu erido ir al prendido que esa forma er a la de una m uiieea
eementerio con la muueca que ha b1a recuperado, cubier ta con una toca y con las manos metidas
dar dinero al sepulturer o y que «María» desean- en un manguillo microscópico pendiente del cuello. La mul'leca parecía hllber sido elegante en
use cerea de Alina- y para ,;iempre.
una época y muy descuidada después, al ver las
desgarraduras de su traje, la desiiudez de uno
*
de sus pies sin z11pato, y su rostro de porcelana
**
descascarado, Flotaba sin embargo una sonrisa
Al día siguiente en la ma:f!.a na, á eso de las inmóvil en su boca roja aún y en sus ojos de crisdiel si alguien hubiese venido al j ndín desierto tal. Y he aquí que lenta, 1mavemente, comenzaJ' al rineón más apar tado, habría visto al pie del r on á caer d1:1 la bóveda fúnebre del cielo, esarbolillo delfondo, seco y desnudo ya, á un mo- trellas de nieve.
ulvete vestido de colegial que abría la tierra
El muchacho miró de nuevo el cielo con singuapresuradamente con una azada. Caía sobre la lar placer; ya el hüyo era demasiado grande y caoludad una bóveda baja de neblina, una neblina si ta11 profundo como su brazo. Tomó la mu:f!.eca
negra entre la cual vaeiiaba el sol r ojo como una y con a demán infantil imprimió un beso en la
bola de fuego roída por las tinieblas. L11 nieve fría megilla de porcelana y otro en la seda blon011brfa A lo lejos les tejados. En la casa todos se da y suave•de los cabellos. De11pués acostó cuiocupaban sin duda en los preparativos de la co- dadosamente el cuer po en l&lt;t tier ra como si fuese
mida y algunos habían ido á la misa mayor . Con el despojo de un ser que hu biese tenido un a lma.
pie torpe el cbicuelo apoyaba todo el peso del Llenó la fosa con la prisa de un culpable; una
011erpo sobre el hierro de la piqueta y luego co • ventana del segando piso se babia abierto en la
locaba cuidadosamente la tierra negra en un casa; allá en el fondo del jardín. Una voz gritó el

:U

1

nombre de Claudio y aftadió: «Entra.» «Ya voy.D
gritó el joven colocando la piqueta junto al muro y con el vestido blanco de nieve corrió alegremente al lugar de donde salía la voz que le llamaba.
- ¿Qué has hecho? Le dijo la misma voz desde
lo alto de la ventana.
-He preparado un precioso deslizader o para
maf!.aoa, contestó, y era una mentira después de
un robo.
Y sin embargo, cuando se confesó algunos días
despué:!' con los esc1úpulos de u n fervor precoz,
el joven no pudo arrepentirse nunca, nunca, de haber robado para enterrarla así, aquella ma:f!.aoa
de Navidad, bajo la nieve, á la nifta de ojos azules, de mejillas sonrosadas y cabellos 'r ubios, ju·
guete de su primera amiga.
POUL BOURGET.

LA INUT1L VIRTUD.
En la casa de mi abuela, aquella donde pasaba mis
tae11Ciones, casa de altos techos, estilo Luis XIII, de
lumbreras siempre cerrada&amp;, se extendía en toda la
loogitud de la morada, un inmenso granero; todas
Ju antiguallas de los siglos pasados estaban allí
amontonadas bajo el pulvo; allí dormía, bañado de
claro-obscuro, apenas rosada por la. luz que se esca•
rrla por entre las tejas, una pila de cosas extraordinarias y que nos hacían soñar; á mí sobre todo, muchacho ya curioso é inquieto, con la imaginacion
Blempre viva y despierta y de una nerviosidad preOOli toda oportunidad era buena para escaparme del

coarto donde Norina eosfa, vigilando nuestros juegos; subía los escalones de cuatro en cuatro, y 00n el
corazón oprimido por una emoción deliciosa, me detenía falto de aliento, á la puerta. de aquel ccdiciado
grapero, temiendo encontrarlo cerrado y no temiendo menos encooLrarlo abier~o; vacilaba siempre para
entrar á él; era para mí un lugar de misterio, una especie de retiro exLrafiamente poblado. Había grandee armarios llenos de libros, y en estos libros, estampas; había también un viejo escritorio con cajones y
IIDI tablilla para escribir forrada de marrcquín verde, manchado de tinta; un gran péndulo con figuras
que debían aparecer. pero el péndulo no andaba; haliía además un mapa-mundi pint a do de cont inentes
uulea, una vieja caja de colores y otras cosas del
llllamo género que contemplaba largo t iempo en éxtaais, osando apenas tocarlas, y me deleitaba en per~ ecer allí horas y horas, porque allí me sentía lejos
uv todo, en und at mósfera sobrenatural y extrafia,
en 1º no sé qué lu1. aparte, t ransparente y verde, co•
en el fondo del mar. Sí, en aquel silencio, en mete de todas aquellas viejas cosas abandonadas, paladas de moda, olvidadas, se respiraba l.t atmósfera
:ulante y turbia de los abism"Js del agua; además,
la táotos libros, la mayor parte en alemán y que
no comprendía pero cuyas estampas miraba, y ¡qué
cantidad de estampas! E ntre todos, un volumen me
atrafa: un viejo libro de cuentos. El título lG be oll'ldado; en la primera página tenia una lámina horri:e que representaba la muerte con un arenario y una
ll neeUa, y después, otras con iglesias, palacios, .cal ea 1 grandes buques deslizándose sobre el mar; y
: ~as las historias de aquel libro pero no meacuerbl e ninguna; las recordaría si alguno me las bull era contado, porque es de cera el cerebro de los nifl8 Yno recibe más que el sello de las seo.iaciones
~~as. Pero cuando pienso en este granero, tengo
'POm tata.mente como una visión glauca, atravesada
aa: aIgas movedizas, reflejos .de muaré y muchas col desplomadas, velas, mástiles, naves q.e catedraespectros de despojos de otros tiempos, fantasno de antiguos naufragios, y de toda esta confusión
to
Yerdaderamente más que un cuento, un cuenton go de un simbolismo fugitivo y triste que en•
rn4acea no comprendía. ¿He leído así e'!te cuento ó es
den ten mezcl~ de varios, recordados al azar, s:n oreomo mal digeridos por mi joven imaginación? Tal
lbaneea, vago, tembloroso y difuso, me agrada aún á la
ra de un reflejo sepult ado en un espejo verdioso:

lo intitularé pues, CUENTO DE MI GRANERO, porque
tal es su verdadero nombre, y no ~sta paráfrasis de
su texto simbólico: LA INUTIL VIRTUD,
Hacía tres largos días que cabalgaba á lo largo de
las dunas florecidas de cardones pálidos; ninguna vela emblanquecía el horizonte; del alba á la noche reinaba la monótona inmensidad de uu mar quieto, de
un mar sin arrugas, color de pizarra, bajo el implacable brillo de un cielo blanco; á veces su caballo se
detenía bruscamente, .:;on las pezuñas hacia adelante y relinchaba hacia el mar; y en un sedoso azoramiento de alas, las gaviotas, saliendo de algún agujero del despeñadero, volaban muy alto en el a:re, se
desvanecían luego y la arena roja se cubría con su
sombra.

:o

i:a
:00

El joven no volvía siquiera la cabeza; con la fren.
te grave bajo el vuelo desplegado de su casco, cami~
naba pensat ivo al pie del despladero: una alta muralla que caminaba hacia muchas leguas á lo largo del
mar t riste; algunas malvas secas pendían como cabelleras al flanco de la roca, y solamente algunos pájaros de mar habitaban aquellas muert as cabelleras.
Por la tarde, los despeñaderos se teñían de rosa;
las dunas mismas se inflamaban en el incendio del
poniente, y el joven, echando pie á tierra, dejaba á
su caballo pasear por los cordones azules de los arenales, engañando su propia sed y su hambre y mordiendo la carne salada de algunos caracoles. Y luego, bajo la luna que ascendía, continuaba su camino.
En el claust ro donde había sido _educado por orden
de la reina su madre, había hecho el juramento de
encontrar muerto ó vivo al caballero de pelo claro á

quien debía la vida: Bertrán era fruto de una falta.
Adulterio de la reina de Aquitania había sido nutrí•
do y madurado como la idea de la venganza misma
por la princesa adúltera: había jurado hacer encontrar por el hijo de su lujuria al infiel errante que la
había abandonado. Un convento de Barnalitas había
visto crecer al joven príncipe: la reina había presidí·
do á su educación, invisible, oculta, desconocida de
aquel hijo que destinaba á un trágico desenlace. Los
monjes habían educado pacientemente al niño en el
odio del amor de la mujer y de t odo lo que ríe y florece bajo el cielo; el ayuno y la oración habían forjado
un alma ru~a á este hijo de reina que llevaba un cilicio bajo su armadura damasquinada y una triple
cuerda de cái'iamo apretada en torno de su cintura
Y luego, en una hermosa mañana, embriagado por
un flltro, frotadas con sangre de loba la palma de las
manos y la planta de los pies se había dejado partir
al joven vengador á t ravéi. de los campos. «Reconocerás al hombre que hizt tu existencia obscura y
dolorosa por la triple esmeralda que brilla engarzada
en la cimera de su casco. Que su pelo sea de nieve ó
de oro, hiere y mata, y habrás vengado tu vida humillada, á tu madre, á tu raza y á tu Dios.&gt;
Estas fatídieas palabras las pronunció una voz de
sueño en la misma capilla del convento donde había
pronunciado &amp;u velada de armas; una forma disimulada en la sombra dictó el mandato, y. al otro día, al
bajar el altar Bertrán se aventuró en el campo, enguantado, acorazado, cubierto de plata melada desde
la cimera de su casco hasta la est rella de sus espuelas, con el doble relámpago de oro mate de un águila
enorme l:Jat iendo alas, sobre su morrión.
Desde lo alto del campanario del convento una
mujer lo siguió iargamente con los ojos, á los rayos
del sol naciente; cuando la silueta del joven aventurero desapareció á lo lejos, en la niebla, la reina f ué
á prosternarse ante el altar mavor donde la sorprendió lc1. noche, ameoazandJ y orañdo.
Y cabalgando bajo el claro de luna que argentaba
el mar tranquilo, oprimía al joven guerrero al recuerdo de extraños encuentros.
Primero fué, al tercer día de su partida del claus1!ro, la aparición de tres doncellas en el lindero de un
bosque, las tres bijas del vieJo selior, como habían
dicho llamarse saludándole familiarmente por su
nombre. Sentadas á la entrada de la selva, se habían
levantado á su vista y habían querido engalanar con
flores la brida de su palafrén; eran obsequiosas; tenían caperuzas de anémonas en sus cabezas de trenzas flotantes y parecían desnudas bajo sus ricas túni•
cas de seda floreada. De pie sobre el césped humede.
cido, lo habían rodeado con su grupo como una ronda ligera, y con su actitud, la caricia de sus miradas, con su voz y sus brazos flexibles y frescos habían
querido retenerlo; pero él pasó dando de espuelas á
su caballo, con riesgo de atropellarlas; las hadas de
las praderas tienen la costumbre de aparecerse a.sí
por la noche á los viajeros, y él pasó, feroz, voluntariamente sordo á su llamamiento.
Cabalgó dos noches y dos días en el bosque de en-

�Domingo 27'de Agosto de 1899.
Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

146

cinas, y después vastas llanuras sucedieron á lo~ alto~ árboles, y tristc:s valles, atravesados por c~rtrnas
de álamos, á las llanuras; los estanques espeJeaban
allí entre las grandes yerbas, y día y nocbe flotaba.o
vapores, tejiendo en torno de equ1 vocos troncos de
sauces, apariencias de sudarios; Juego entró en un
país de hornaguaas y pálidos pantanos, donde el ~ue-

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vieja que huía al galope sobre un ~sno. «Otra ~mboscada del Maldito,&gt; pensó y pros1gu1ó su cammo
un poco triste, un poco cansado ya.
Llegó al fin á una especie de albergue, una rama
de beno sombreaba la ,JUerta y tres hermosas_ muchachas estaban en el umbral. Con los senos hbres ~n
el tosco jubón, con la cabtza descubierta y los p1és
descalzos reían robustas en el cálido crepúsculo; la
una hilaba en ~u rueca; la otra inclinada sobre una
artesa de piedra embalsaba '.láñamo, y la tercera, á
la vista del caballero, entró precipitadamente ~n el
albergue para S'llir con una vasija de vino; ofreció de
beber á Bertrán y las otras dos le rogaban que se
apeara.
Olían á sudor, á pan y á alhucema, pero Be~trán
las recbazó se retiraron ente,nces riendo á carcaJadas,
cerraron 1a' puerta del albergue y el joven permaneció sólo en el camino.
8u cabalgadura se acercó á la artesa para beber, Y
al abrevarse en ella el palafrén, Bertrá!.l que se había inclinado hacia delante lanzó un grito.
.
El real aventurero acababa de aparecerse á si mismo; el fondo de la artesa había suvirlo de espejo Y
en él un rostro de viejo le sonreía; el rostro de un
viejo guerrero de larga barba blanca, de mirada cansada y triste, de compasiva sonrisa; un semblante li-

vido rematado por un casco de oro donde relue!a11
tres esmeraldai-, y Bertran recono~ió al Lombre que
debía berir. Se iba á matar á si mismo hinendo á su
imagen, en el corazón lleno de tristez~ _intinlta,
Bertrán comprendió que se había vuelto vieJo; aque-

Jlos cabellos blancos eran los suyo; aquellos ojos opacos ob! eran sus ojos, y comprendió muy ·sarde que
había corrido en pos de una imposible aven~ura.
Es menester vi v!r su vida sin desdeñar el a mor, la
voluptuosidad, el placer y aun la ocasión que pasa, y
él se había dejado seducir por una ilusión engañadora como el polvo del silencioso navío. Y no babia
q~e pensar en volver atrás, porque el tiempo huye,
irreparable.
JEAN LORRAIN.

.-

EL 5JEMPLO
¡0 negrusco se hundía bajo sus paso~; y u-na n_ocbe sin
luna tn que costeaba una de estasc1éne!:{aslngubres,
su palafrén se encabritó &amp;úbitamente baJO él y levantando los ojos, Bertrán '!percibió :le ~i~ sobre el agua
Lomiza, una belleza. sobrenatural y llv1da.
.
.
p Era un -:uerpo dP. muJer, de palidez .:_xtraord1rian~,
ero un extraño éxtasis abogaba sus OJOS y su sonnfa: babia surgido como un fuego fátuo _sobre una espesura de nenúfares y sonreía embriagada. como
torcida por un espasmo, los senos erectos, la boca
abiP.rta y un pequeño espej? de pl~ta en _la mano.
Una lunairuprevista surgió al mismo tiempo ~etrás
de Jos mimbrerales, y 1,oda nacarada de refleJOS, la
muerte dichosa obstruía el paso al caball&lt;!ro, tendiéndole á la vez su boc'l azulada. y 13: l)lata del
espe'o· un viejo sauce sin ramas babia. sub1tamellte
reflejado en el estanque la silueta de un fauno, y bablendo el joven guerrero rechazado con horror el cadáver impúdico, una enorme rana saltó brusc~mente
de entre las yerbas, y se hundió en el agua páhda con
un ruido seco.
y Bertrán marchando á lo largo de los arenales,
pensaba en tÓdos aquellos sor~ile~ios, en todo&amp; aquellos lazos y en todas aquellas 1lus10nes. ¿Qué l~ querían aquellas máscaras de la sombra, aquellas tiguras
· errantes en la noche y cuál era el símbolo de todas
aquellas tentaciones?
y observó que una galera silenciosa que no babi~
apercibido ni por el estremecimiento de las vela~, 01
por el ruido de los remos, b?rdeaba._ la p_laya al mismo
tiempo que él; los altos mást1les. las¡~r?1as y los cabos
se destacaban transparentes en las tm1cblas, y s~ hubiera creido un navío de sueño, porque se deslizaba
sobre el agua sin hender las olas, y tod~ parecía_ dormir en profundo sueño á su rededor, m un marmero
sobre el puente. ¿Seria un barco abandona~o ó_ un
buque fantasma? La onda no i;e encrespaba s1q~1era
en torno de s ..s flancos, 1:enicienta, avanzaba misteriosamente á un lado, y se bubiera creído Be~tr~n
juo-uete de alguna otra visión si no hubiera d1stmgu1do de codos sobre la proa á un viejo inmóvil! el
¡,Hoto sin duda, cuyos dedos at'.lrmentaban una lira,
pero una lira encantada porque las cuerdas heridas
no producían ningún sonido.
cuando apareció el día, Bertram se encontró eu
un país de pequeños valles y collados sembrados de
setos vivos y cercados de manzanos; el buque-fantasma la playa de rosada arena y el a.lto despeñadero
se habían desvanecido, y el joven aventurero que comenzaba á no asombrarse de nada, espoleó á su caballa y caminó por los pastos ~ los setos de oyaca?to de
aquel campo de jardines. Remaba la soledad mas profunda el mar tenía el tinte del cielo barrido por las
nubes' y de los manzanos torcidos por el viento, f cabalgaba bacía ya ci neo largas horas .,n una especie de
camino hueco, cuando se le apareció una hermrn,a ~ama. Tenía un vestido de brocado sembrado de boJaS
de álamo, y esbelta y recta como _un lirio, montaba
un unicornio, bello y fabuloso ammal de sueño, ~e
pelo lustroso como el metal. La dama del umcormo
llevaba sobre sus cabellos negros, un casco de oro rematado por una pequeña corona, y como los caballeros tenia en ristre su lanza.
Interceptó el paso al joven señor, y mientras lo
amenazaba con su lanza, desmentía su mala intención
con una sonrisa y con el dedo designaba á Bertr án
una enorme rosa ensangrentada P.n i;u cintura; pero
él no tenia en su mente otra idea que la del asesinato; separó con el lomo de su espada la lanza de fino
acero de la bermo,;a guerrera y pasó.
La hermosa dama al pasar le azotó el rostro con la
rosa de su gola, una rosa seca que s_e deshojó,_ y como
volviera el rostro el joven sorprendido, solo nó á una

La boda quedó fijada para el 1? de E?ero de_1893.
En tal fecha Ernestina V illalar, pnmogémta de
los condes de Medina, pasaría á ser la espos~ de Don
Eduardo Santurce, joven, huérfano, muy neo, Y de
profesión .... sportman, una de las más atareadas Y
difíciles de nuestra vida moderna.
Cuando se decidió la fecha del enlace babia comenzado el mes dP. Diciembre de 1893, y faltaba, por consiguiente, un mes escaso.
Ernestina y Eduardo eran tal para cual. Una pa1ejita deliciosa, como decían los amigos; buena pre-

conseguirlo necesitaba escribir con buena letra, ó
bacer con exactitud una suma; pero pensaba con
singular lilosofia, que para algo se han becbo lo, secretarios y los administradores. Ella, se habría muerto de hambre, si para aplacarla tuviera que acercarse al fogón, ó concluir correct~mente !JO dobladillr;
pero á semejanza de su prometido, deCiase q ue para
eso están las cocineras y las costureras.
Se vieron una noche en bríllantisima soirée; se gustaron más que nada por sus res peeti vas irrepro~nables maneras de vestir; al día. siguiente le pareció á
ella maravillosa la yegua inglesa sobre la que cabalgaba él por el Retiro, y á él le resultó un colmo de
elegancia y riq uaza el tren en que ella paseaba acompañada de unas amigas: se trataron á la l_igera, superficialmente, unas cuantas semanas, siem pre de
prisa, entre las vueltas precipitadas del vals ó al trote largo de los paseos, y. . . . cosa resuelta. El supo
por su administrador que Ernest,ina vendría á reunir
unos 40,000 duros de renta; 1i1la averiguó, pur medio
rle su instit utriz, que la de Eduardo no bajaría de
20 1000, y hecho «el balance,&gt;en el aire, casi al unísono y sin consultar ni tener en cuenta ninguna consideración ni sentimiento, Eduardo fué prosentado en
la casa, donde reinaba la más desconsoladora independencia, consecuencia de la exageración del modernismo irreflexivo; habló al padre de Erne11tina, y éste,
viudo de una sefiora á la moda también, que sólo fué
madre de Ernestina en los itlstantes de darle vida,
porque en seguida la nodriza asturiana, la bonne francesa y la institutriz inglesa-casi una «triple allanza&gt;-ocuparon su puesto, dió el consentimiento para
la boda que le dejarla en absoluta libertad, y sin cuidados-aunque pocos se Lomaba-y como queda dicho,
la ceremonia se señaló para el día 1 º deEoero de 1893.
-Va á ser verdad aquello de «Año nuevo vida nueva,&gt; pensó F.rnestina, y acto continuo, dió órdenes
urgentes para. los trabajos de su trousiseau. ·

*

sencia los dos; los dos millonarios; quizás más afeminado él que ella (coruo suele ocurrir con reiterada
frecuencia en estos tiempos), pero iguales en educación, en gustos, aficiones, «indiferencias&gt; y frivolidade1:,. Dos jóvenes, en fin, «á la violeta&gt; como se decía Antaño, dos «impresionistas~ como se dice hoy;
dos seres perfecta y absolutamente inútiles para todo
lo que no fuera gozar y divertirse, ajenos á toda amargura, de cumplido ante todo dolor; dos primorosas
«figuritas de cotillón,&gt; dos maniquíes de modista y
sastre respectivamente, que en el gran cosmorama de
la vida habían tomado turno fijo, para no asomarse
más que á lo:, cristales de color de rosa.
A primera vista resultaba él más simpático que
ella. Estudiándolos un poco parecía ella más buena
que él. El, no bubiera podido ganarse la vida, si para

* * niüa mimada y volun8obraba tiempo, pero ella,
tariosa, no lo creía así, y en pocos días &lt;volvió loca~&gt;
con sus impaciencias, á cuatro ó seis modistas de Ma•
drid.
Con una rle ellas, sobre todo, y ya avanzado el mes
de Diciembre, los apuros fueron tales, que exigió le
dijesen el domicilio de la oficiala ocupada en la confección del vestido de boda, (que por concesión especial no trabajaba en el obrador) para ir personalwen•
te á averiguar la causa del retraso, y á. darla prisa.
Madam.e•** no pudo excusarse de satisfacer ese capricbo formulado de manera impetuosa y casi destemplada, y en una tarjeta que entregó á Ernesttna,
escribió:
DOLORES GUTIERREZ
Pasi6n, 57, piso 4°
Al siguiente día, sin más espera, se fué allá la con·
desita en ciernes, acompañada de la Miss, y con un
«coraje&gt;-como decía ella-que daba miedo escuchar
lo que iba á decirle á aquella estúpida y perezOSll
obrera.
·
La calle de la Pasión, ¡qué lejos! La subida basta
el cuarto piso .... ¡qué Cal vario le resultó á Ern&amp;1·
tina!
La ascensión e:-a penosa. ¡Qué olores en aquella
escalera pendiente como vereda de los Alpes y ubscU•
ra como interior de túnel! Las paredes enyesadas eiitaban tan próximas á :a barand1lla, es decir, res•.tlta·
batan angosta la escalera, que el abrigo y la !ald&amp;
de Esnertina se mancharon de blanco varias vecest

tantas á lo menos como se teñirían de rojo en lo interior 4 causa de la anhelo.sa y sofocante respiración,

EL MUNDO.

Jol pulmones cde estufa&gt; de la elegante joven, en abpoto lnacostumbrados á semejantes subidas.
For fin, llegaron.
Mientras la Jlliss, hecha un puro remilgo de precauciones para t ocar lo menos posible el agarrador
negruzco de la campanilla, que colgaba medio roto
en marco de metal, la bacía sonar con estrépito. Erneetlna, agitado el pecho y de LO!or púrpura las mejillas, exclamaba con extraño tono:
- Se necesita gusto para vivir en estas alturas y
en semejante casucha. ¡Qué atrocidad! ¡Ni un mal
llaneo en que sentarse!
Abrieron. Apareció en la puerta un hombre joven,
pobremente vestid0, de porte fino, y con aspecto
ae Insomnio ó de enfermo.
-La oficiala de Madame***, la Dolores, ¿vive
-¡qof?
-Aquí vive.
-Necesito hablar con ella, en 'leguida.
-Tenga usted la bondad de pasar, señorita.
Ernestina entró en la habitación con profunda repu,rnancla, recogiéndose la falda, mirando al techo
como temerosa de t ropezar en él con la cabeza, pa. Al bajar por la pendiente escalera, Ernestina, sin
1111do y repasando el pañuelo perfumado por la n!lriz,
fiJarse ya en los olores ni etJ la obscuridad, iba penporque le olia aquello á cocina y á hospital.
La hicieron entrar en una sala bastante espaciosa, sando:
-Yo_no conocía este sabor amargo de la vida. ¡Qué
amueblada con decencia, pero muy humilde.
Era el cuarto que servía de taller á Dolores. Rei- compas1óo me da est a gente! Y qué hermosas son
naba en la habit ación algún desórden. Ropas t ira - esas niñas!
dla; sobre una silla recetas y frascos; en una mesa un
ffllllrlo, un pulverizador y más botellas con etiquetas
** *
de botica. Junto al balcón, dos niñas de t res á cinco
-Ernestina
encontró
su
casa llena de gente. Estaallos, á lo sumo, jugaban sin hacer ruido con una muban
allí
su
tía
Amalia,
su
prima
Car mela, varias amileca desnuda, despeinada, manca, ciega. . . . becba
pedazos. En una banca destacaba de aquel conjunto gas íntimas y Eduardo Santurce, á quien rodeaban
gris de opacidades, una falda de raso blanco, bil va. aquellas.
-Señ01es-dijo Ernestina siguiendo la costumbre
nada, y junto á ella azabaches y sedas, blancas taminverosímil y novísima en cie1tas elegantes de diribWo, para bordar. E ra el vestido de Ernestina.
-MI mujer saldrá er. seguida; voy á. llamarla. Te- girse á una reunión, aunque, como la indicada, se
nemos muy malito al niño, y me permito por esacau- forme casi en absoluto de mujeres;-¿qué sucede?
• rogará ustedes que haplen óajo-=-dijo el joven á ¿he tardado mucho, verdad?
-Nada de eso, querida; estamos extasiadas viendo
ltoestioa y á la Miss.
-Bien; y despache usted pronto, que tengo prisa la «primera remesa&gt; de los regalos que te decica
Eduardo, y ehgiando su buen gusto. AcérJate y pre,
-contestó Ernestina.
párate, porque te vas á deslumbrar.
Afladiendo apenas el hombre hubo salido:
Ernestina se acercó á su prometido, y realmente
-¡Qué Impertinente!
Dejó vagar breves momentos la mirada por la ha- quedó deslumbrada por el resplandor de los magnífibitación, pero la excursión de indagatorio era tan cos brillantes, que formaban una hermosa diadema.
Había además, otros dos estuches: el primero, con
corta y tan árida, que en el acto la volvió al balcón,
1 al hacerlo encontró clavados en ella cuatro ojazos una pulsera literalmente cubierta de chispas de brinegros, hermosísimos, con lindos toldos de pestañas: llantes que le daban originalisimo aspecto; 61 segunbde las hermanitas que la miraban con asombro y do con dos solitarios de incalculable valor. E rnelltlna
la escudrifiaban con curiosidad. Ernestina, no obs- elogió y agradeció mucho los regalos; pero dijérase
illlte la violenta situación y la extremada excitación que no experimenta.ta á s.µ vista la alegría que fuera
nervlOBa en que se encontraba, se fijó en la belleza de suponer.
-Fíjate en la pulsera-la dijo su prima-parece
llognlar de aquellas niñas, y dijo á la Miss:
una
lluvia de lágrimas.
-Son monísimas, ¿verdad?
- ·¿De lágrimas? No me resulta la comparaclon,
-Yes:-le contestó la inglesa, sin mirarla, apenas,
con .la frialdad, la impasibilidad y la «cronometría&gt; Carmeb. No br!llan así las lágrimas, nl son frias; sólo pueden seme¡arse en una cosa, en ...... 10 «que
que caracterizan á la raza.
En este momento entró Dolores. Venia secándose cuestan&gt; contestó Erne,.tina.
Y volvió á callarse. su pensamiento no estaba '\llf,
1- ojos, turbios de llorar, y arreglándose el traje.
Ira una joven y linda mucbacba, de aspecto suma- estaba en casa de Dolores, tiJO en las niñas de la ofimente simpático. Se enteró de quién era la señora ciala, insistente én la enfermedad del niño de la poque tenía delante, _le explicó la causa del retraso su- bre obrera. Y no ciertamente esto último porque tefrido en la confección del vestido y no perdió el tiem- miese no recibirá tiempo el vestido, sino porque alpo-dicho sea en honor de Ernesti na-con sus expli- go extrai'io muy nuevo y muy dulce palpi~aba con
Clciones. Doce noches de no acostarse; catorce días fuerza allá. dentro, muy en lo profundo de su ser.
Y asi, cerrando pronto los estuches, sin que nade Intranquilidad y sobresalto incompatibles con toda
die,
y menos que nadie Eduardo, se fijasen en su emoclaae de trabajos; allí a l lado, con separación de un
llgero tabique, su hijo casi muerto. . . . las razones sión, cogió á los niños de su prima -Carmela, abrazó
~ tan atendibles, que Ernestina las tomó en con- á. la pequeñita de una de las señoras allf presentes, y
los colmó de besos con apasionamiento.
-v~lón, y concretando, dijo:
Uno de los niños de Carmela se puso entonces á ju-COmprendo cuanto me dice y la compadezco, pero, en fin . .. . usted comprenderá á su vez .... ; para gar con Eduardo, y quiso montará caballo en sus rode que la enfermedad se prolong11e voy á. de- dillas. El atildado joven lo rechazó en el acto, &lt;m.si
lo dáé Madame*** que le recoja á usted el vestido y se con brusquedad.
Ernestina no perdió un detalle del gesto y actitud
á otra oficiala.
-8eliorita, eso no. Yo haré un esfuerzo, se lo pro- de su prometid'J en ese momento.
Al poco rato la comida y el teatro reclama.ron á
meto á usted; pero dejar este trabajo que es de los
que nos pagan mejor, ahora que mi marido no va al los contertulios, y Re quedaron solos, esperando al pa.
porque no se atreve á separar&amp;e del niño, ni ten- dre de Ernestina, ésta, Eduardo y la tía Amalia.
-Eduardo, dijo la anciana al joven, parece que no
_,::erzas para ::ioverse con el tiempo que lleva.sin
sar; ahora que casi todos los ahorros se los ha te gustan los niños, ¿verdad?
-¿Por qué?
tragado la botica, equi valdría á quedarnos nosotros
-Porque hace un instante be visto la poquísima,
~tas dos pobrecitas sin pan, y el niño sin medició mejor dicho, ninguna paciencia que bas tenido con
. · •• no baga usted eso.
Luislto.
-Sf, pero yo ... .
--En realidad ignoro si me gustan ó no; jamas me
-Créame usted lo que le digo; baré un esfuerzo, y be ocupado de ellos, y en definitiva estoy por decirle
ho, ganar tiempo ...... vuelva usted. Hoy estamos á. usted que más me aburren que otra cosa. ¡Son tan
O,st mi Juanito se alivia, así lo espero de la Vir- pesados, tan tontos! De gustarme, son únicamente
5:8cl&amp;otisim&lt;1, sobrará tiempo; vuelva usted dentro los que son muy guapos, pero entonces como ..... .
neo dfas; dfgale usted á .ihadam,e*** la verdad de
111181tuaclón; dígale usted lo que ofrezco y verá cómo objetos de arte; parecen propiamente, algunos mui'Iecos de los mejor hechos y más caros.
llO laengai'io.
Ernestina arreglaba durante esta conversación
-~ranqullfcese, Dolores, volveré, y aquí probare- unos papeles de música.
.
un v Vestido. Después de oir á usted, no quiero que
--Y creame usted; con los niños, lo que se bace
6l~~~ de novia, tenga que bacersP. poniendo en ahora: á distancia, á distancia. ¡Obl Si en nuestro
te
"'fi• 1mas que puntadas. Mientras tanto, acep•
matrimc.nio los tenemos-y le aseguro que lo sentiré,
te~ este recuerde (y dejó en el velador un bille- -ya verá usted cómo los alejo cuanto yo pueda de
el ntnoº en pesetas,) para que atienda mejor á. lo que nosotros. De lo contrario es imposible es imposible la
necesite.
vida.
~¡Dtoa la bendiga á uste~, sei'Iorital
Ernestlna envol vió, al escuchar esto, á Eduardo--

:rcaso

:f:

147
que estaba de espaldas á ella -en una fulgurante mirada, mezcla de dolorosa sorpresa y de repentino desprecio.

***

Al cumplirse el quinto día de los seííalados por
Dolores, Ernestina, que ya haLla enterado á la modista Mudame*** de la i,ituación en que se encontraba la oficiala y de la determinación tomada de hacer
la primera prueba en la casa de ésta, se apresuró á
encaminarse á la calle de la Pasión.
Fué la misma Dolorei:; quien salió á abrirle la puer~a. El ligero desorden que el primer día notó Emestina en la habitación, babia cesado: todo en su sitio,
todo limpio, bien oliente y alegre, daba á la casa aspecto de fiesta.
- Mejor--exclamó Dolores al ver á Ernestina;Juanito está mucho mejor: casi curado. El dia que
us_ted estuvo aquí, hizo crisis la enfermedad. Aquella
misma nocbe pudo ya descansar algún rato mi warido. Hace dos días que ha vuelto al taller. Yo también me he repuesto, y e: vestido de usted, mírelo·
si no está en disposición de que lo probemos hoy, e;
porque, casi segura de no equivocarme y de aceptar
~l gusto de la señorita, lo he adelantado y mañana
iré yo á su casa, y allf baremos en vez de la pr:ruera,
la segnnda prueba. tMe dispensa usted?
Ernes_tina no necesitó decir que sí, por'lue su cara
y sus OJOS se hablan anticipado á hacerlo.
-Ya que estoy aquí, la veré á usted coser un rato,-dijo.
Y quitándose el abrigo, afiadió:
-1, Y las niñas? ¿ Dónde las tiene usted?
-Están jugando en el cuarto de su hermanito
Ahora vendrán.
·
'
- ¡Pilar! .... ¡Emilia! .... gritó Dolores.
Y las dos hermanas entraron en la sala con sus delanta_les blancos, contorneando el cuerpo, y sus grandes rizos sombreando el rostro.
-¡Qué hermosas sonl-dij,, Ernestina besándolas.
Pero us~ed debe sufrir _mucho con las estrecheces que
por lo visto pasa y temendo que cuidar en absoluto
de tres criaturas.
-¿Sufrir? No, sei'Iora; no lo crea usted. Todo se
lleva con paciencia cuando, como á nosotros nos sucede, n,l marido y la mujer se quieren de veras. Las
alegrías de un instante compensan las amarguras de
~ucbos meses. La carga de las penas se reparte po~
igual; la m1tad la lleva la mujer, la otra mitad el
marido. Mi Antonio ne mi alma es t an bueno tan
carlño,o ... . .. y dispense usted que le bable co~ esta
franqueza. No crea usted tan poco que lo pasamo~
de todo mal. El t rabajo de ambos nos da para tener
relativa holgura. Estos días últimoc; si hubo apuros·
la enfermedad de mi bijo lo agotó todo· mi marid¿
ha en~anecido á los pies de una cuna ; abrazado á.
su muJer, y la verdad, seiiofita, casi llegó á faltar el
dinero. En cambio, cuando bay salud, todo es júbilQ
en esta casa· Con nuestra libreta de la caja de Ahorros, lo que ganamos y lo que ecor10mizamos, basta
tenemos á veces lujo, que lujo es para nosotros ir á
merendar con los pequei'Ios al campo, algún domingo
de sol.
,
--De todos modos, Dolores, el matrimonio con esa
esclavitud rlel trabajo y de los h ijos.. . . . .
1
-Eso no es esclavitud, s:ii'Iorita; eso es gloria
¿Qué _mayor alegría que trab1.jar para ellos, y, al
~rabaJar, acostumbrarse á la virtud? ...... ¿Qué meJOr recompensa ni satisfacción más grande que poderlos crear como yo hago. y tenerlos siempre al lado, siempre al alcaµce d!l .la1;1 manos que los proteje;
y de los labios que no se cansan de besarles?
-Tiene_~sted razón; desgraciadamente en la esfera que yo vivo, hay muchas exigencias ....
-Eso la que quiere someterse á ellas que i:;¡ no
¿dónde bay nada más libre que la voludtad? Mire
usted yo de soltera estuve de doncella en casa de la
duquesa de Córdoba, quizá la conLzca usted.
-De nombre, pero no la t rato.
-Pues bien, esa señora llena de millones y de bellez~, _n? se dej í n~nca arrebatar por el mundo en
perJUJCJO ~e sus ~IJOs. Y como á su marido (que estuvo por cierto cmco años en relaciones con ella) Je
g_ustaban l?s niños cou delirio, dieron á la vida soCial lo estrictamente indispensable para cumplir cun
ella, reservados para la íntima, para adentro de t!U
c~sa, para sus choras de dichosa soledad&gt; (como dec!a la duques_a _aludiendo á las mfinitas en que no recibían) la fehc1dad más envidiable: la de estar siempre contentos, siempre con sus hijos y sin testigos
importunos.
- Pero tendrían, como es lógico, ayas, inst:tutrices......
·
--No, señ:,ra. La duquesa á las nii'Ias y el duque
á los niños, eran los únicos que les ense!Iaban á todo
Ni ayas, ni misses, ni nada, y repito que me perdon~
usted este lenguaje_. E llos solitos, repartiendo bien
las horas del día y JUnt&lt;1ndo con gran previsión en la
~ducación de sus hijos los Idiomas, el plano, el dibuJ0 y la costura, con la cocina, el plumero, la aguja y
la escoba.
-Pues yo insisto, Dolores. Para resignarse, para
~ufrir penas, para no preocuparse más que de los hlJOS, y sobre todo. para luchar con apuros de dinero·
debe baberalguna razón que....
'

�Domingo 27 de Agosto de 1899.

Domingo 27 de Agosto de 1899

149

EL MUNDO

EL MUNDO.

VIII

148

Acusando á la misma Providencia
De ser tibia en su celo

-Si, seiíora; ya be dicho á usted una: la resignación. Pero hay otras dos: la fé en Dios y el carillo
del marido. Faltando cualquiera de ellas, la segunda
sobre todo en ciertos casos, seria terrible. Poseyéndolas, todo se sufre, en todo se encuentra encanto 6
consuelo, para todos ~e tienen y aún sobran fuerzas.
Lo que importa es no cai;arse sin tener la S€guridad completa de que está uno enamorada de un buen
marid,i. Y .... no dirá nsted que no ha avanzado el
trabajo, á pesar de la conversación, ni que hoy, con
alegría de ver bueno á J uanito, contento á mi esposo y á usted en esta casa, no estoy hasta casi literata .... Pero lo que aprendí de la marquesa, y ahora
con las seiíoras á quienes visito por .il[adanie***, oigo
tantas cosas, que siempre se pega algo.
-Tiene ust,ed ideas muy sanas, Dolores. Me voy
antes de que sea más tarde. Como tengo á la institutriz en cama, y he venido sola, no quiero que se
me baga de noche en la calle. La espero maflana.
-Sin falta iré.
Ernestina besó otra vez á las niñas, dió la mano á
Dolores, y al salir, entró un momento de puntillas
en el cuarto del enfermito, que se nutría á la sazón
con un sueño tranquilo.

,,~"'-~

. · ii~~~·s· ú~g~d~·~i ár~ ·1· i&gt;. a~· :iD'n·e·r~· a~ ºislii.' .... . .
La boda de Ernestina se ha deshecho. ¿Por qué?
nadie sabe la verdad, y menos que nadie el novio, á
quien la joven dicen que no retirió la entrevista de
aquella tarde con la oficiala de Madarne.***
.
Ello es que cartas y joyas se ban devuelto; que los
vestidos, á los que todavía alcaD1,aba la orden cte suspensión, no se empezaron; que todr, está como se encontraba antes de que Ernestina y Eduardo se conocieran.
Es decir, todo no ha quedado lo mismo.
Ernestina, al acostarse esa noche el 1 º de El'l.ero,
pensó:
-A.hora si que es verdad. ¡Año nuevo, vida nueva! ¿Habré hecho bien 6 mal? Bien, seguramente;
yo no conocía la vida, Eduardo no me quería como se
necesita ser querida, Sí, ¡vida nueva! El día que me
case tendré las condiciones q~e hoy me faltan, iré al
matrimonio preparada para todo, para la adversidad
más que para la fortuna, y cuando me decida será
porque habré encontrado, rir.o &amp; pobre, el hombre á
quien ame y roe quiera lo suficiente para confiar en
que habrá de servirme de amparo, de báculo y de
consuelo en las vicisitudes de la existencia. Rico ó
pobre, es igual. La felicidad que he adivinado en el
ejemplo de ese hogar, debe de ser tan hermosa con
1
,marco dorado&gt; como con &lt;marco de madera.&gt;
¡Vida nueva! Si me hubiera casado, hoy hubiera
continuado siendo la mfa la misma del año pasado, la
misma de Sidmpre. A.hora va á ser «nueva del todo:&gt;
sigo soltera; pienso de manera muy distinta á como
pensaba hace un mes; y sobre todo, he llegado á saber
clarísimaroente . . .. en qué lado tenemos el corazón.
ENRIQUE SEPULVEDA.

.

,./ ,

. . ,_&lt;
.

IX
\._
i)
l.

*

* trote largo del hermoso
Dentro de su berlina, *y al
pur-sa11g que la arrastraba, Ernestina cerró los ojos
y meditó.
El dulce sentimiento de la maternidad, despertado
en ella de manera tan brusca como inesperada, la
absorbía por entero, entrelazándose con el de la modestia y la humildad. Después de tantos aiíos de vida insustancial, de fiestas y alegrías sin cuento complacíase ahora en purificarse, pensando que la vida
no es sólo dicha y goces; de las que juzgaba faltas localmente cometidas.
Las palabras de Dolores le sonaban sin ces!l.r en los
&lt;&gt;idos.
'
Era un caos aquella cabecita rubia de Ernestina.
¿ Quería ella lo suficiente á Eduardoi ¡,~e conformaría éste con el género de vida que Ernestina le iba
á proporcionar totalmente distinto del que los reglamentos de la vida moderna imponen? ¿No sabia ya y
de manera tan cruda como ingenua, que á Eduardo
le fastidiaban los niños, y que si Dios se los concedía
en su matrimonio, los tendría muy separados. ¿Ella
misma, si por cualquier azar de la fortuna tan fáciles y tan repetidos, tuviera que vivir madestamente,
estaba en condiciones morales y físicas de poderlo y
saberlo hacer? ¿Pcdría llegará ser, sino la verdadera
madre del Evangelio, la compañera cariñosa y económica que supiera realizar, llegado el caso, el milagro
de los peces y los panes? ¿Sería Eduardo capaz de
pasar una &lt;noche en vela&gt; en cosa, para compartir la
carga de las penas,&gt; á pesar de su hábito de pasarlas
así á, diario, fuera de ella, divirtiéndose?
Las oleadas luminosas de los faroles del alumbrado
público que comenzaban á encender, se precipitll.ban
can resplandor y rapidez de relámpagos, en el interior de la berlina, iluminando el rostro pálido de Ernestina, que conservaba los ojos cerrados.
En la tempestad de aquella alma, después de lQS
relámpagos de los faroles, reson.S una especie de trueno largo y opaco.
Lo produjo el piafar del caballo, y el rodar del carruaje sobre las baldosas del portal del Hotel Palacio
de Ernestina. Saltó presurosa á tierra, subió con rapidez las escaleras, y se encerró en su cuarto
Pocos instantes después, un criado salía de la ca~a
llevando en la mano una carta cou sobre pequeflito de
ancho timbre, dirigido á DON EDUARDO SANTURCE,

'

.

Por no esperar F idel en su impaciencia
Que ninguno al ~orir piense en el cielu,
Al ver á una muJer quo acabó en santa
y á muchas que olvidaron sus deberes,'
Fué su cólera tanta,
Que Je. dijo al Señor:-«A esas mujeres
No es posible absolverlas,»Mas Dios Omnipotente,
Con frases, que caían dulcemente
Como en un vaso de cristal las perlas,
Resnonde con palabras amorosas:
- «Fidel, ten más clemencia
Con todo el que ha probado en la existenc:a
La amargura del dejo de las cosas·
Y perdona á la pobre Magdalena '
Q11e, sino es pura, es más que pura: es buena.»

~
----&lt; ._'

-

~,,,...- ,

V,

\

'

~

\

.

-

IV
Así quedó con providente celo
La mano de Fidel del rayo armada,
Cuando Dios sacó el mundo de la nada,
Y lo metió bajo el fanal del cielo.
V

CANTO

PRIMERO.

EL ANGEL FIDEL.

I

La bondad de los cielos es tan clara,
que, con verdad os digo,
Que Dios, cun su clemencia, es quien separa
Los actos de la culpa, del castigo.

II
Hay una cierta hhtoria
Que, uniendo lo divino con io humano,
Va viviendo del mundo en )1\ memoria,
Como flota en el aire lo lejano;
Historia apocalíptica que empieza
En el día infeliz en que nacieron
Y en que á Dios le pidieron
Talento el hombre y la mujer Belleza.

III
El rey de la justicia soberana,
Es de tollos los padres el más tierno,
.
Aunque hay necios que piensan que el Eterno
Es un Dios bebedor de sangre humana.
Por eso, aminorando los horrores
De cuanto hay de más negro en el destino
El Dios de las estrellas y las flores,
'
Con su labio divino
Dijo al ángel Fidel: - «Que tu pericia
Castigue con razón á los humanos» Y con sus santas manos,
El rayo le entregó de la justicia
Así fué al brazo de Fi1el atada '
La justicia divina,
Lo mismo que la cólera camina
Enroscada en el puño de la espada.
Nombrado ya Fidel, Cid de la altura
Ministro de la muerte y de la guerra',
Por ser tan ambicioso, que en !a tierra
Llt1garía hasta Abad si fuese cura
Al verse tan honrado
'
Con armas defensivas y ofensivaa .
Se quedó contagiado
'
Del mal de las virtudes excesivas;
Y como ya tenía
Un genio con tendencias á lo horrible
Y además no sabía

.

'\

•,. - .... \
'..
'"'--_;éJ ✓-~~~~~

Que todo sér cruel siempre es peque:lio,
Haciéndose el terrible,
Volvió frunciendo y desfrunciendo el ce:liJ¡
Y aunque no de bondad, de or~ullo rico,
l\Us que justo inclemente,
Pensó pasar Vi. vida alegremente
Como el gran Federico
Que jamás se aburrió matando gente.

(ULTIMO POEMA OE CAMPOAMOR.)

"
"

Aquel rayo forjado el primer día,
Con que nunca extermina, aunque amenaza,
Lo ostentaba Fidel con gallardía.
Paseando su importante medianía
Con la altivez de un espa:f!.ol de raza;
Y, para honrar la celestial milicia,
Pensando en p.oner cara de asesino,
Nunca observó su militat· pericia
Que la bondad, más bien que la justicia,
~s lo humano, que toca en lo divino.
VI
Y pasó un siglo y dos sin pasar nada,
Mas juzgando á la tierra consternada
Con la muerte de Abel, en el instante
Fidel de rabia ciego,
Sintiendo no tener en el semblante
Para que al cielo y á la tierra espante
Alguna cicatriz de arma de fuego,
Pregunta á. Dios: «¿Mato á ese vil hermanoh
Mas Dios, amigo del dolor humano
Con celestial ternura
•
Le responde á Fidel:-«Espera, espera;
Hay horas en la vida de locura,
Mas la hora de Dios es la postrera,&gt;
Y asi el Seflor, mAs justo que terrible1
Dejó á Caín de turbaciones lleno,
Condenando al malvado á la insufrible
Inquietud natural del que no es bueno.
VII
Y así fueron pasando
Los siglos como sue:lios de una hora
Fidel amenazando,
'
Y el Señor perdonando
A todo sér que vive, gime y llora.
Y queriendo ejercer constantemente
El rígido deber que se hace odioso,
E l ángel, cada vez más inclemente
Creyendo,. cual si fuese un juez cei'oso,
Que no existe en el munG.o un inocente
Viendo su alma foroz aunque crütian¡1
En cierto siglo una m'oral mal sana,
Le ~reguntó á Dios: Seil.or, ¿Qué hacemoaP
Y Dios con su clemencia sobrehumana
Miró A la tierra y dijo:- «Ya veremos&gt;-

\

\

Ya odiando la '6ondad de un Dios augusto
Q11e, solo perdonando, cree que es justo,
Murmuraba F1del frecuentemen!e:
- «El mundo está perdido»
Por no tener presente
Que, más que á un inocente
Dios prefiere á un culpable ~rrepentido·
Y el gran Rey d e la altura
'
Con voz que es una fuente de ternura
Le dice de esta suerte:
'
- «Deja siempre el castigo para luego
Que el_ hombre, á veces ciego,
Ve meJor A la hora de la muerte. »-

X
Sigue Fidel por sa excesivo celo
Estudiando dulzura en las pantera's
Como un inquisidor que cree de veras
Qaaa~ndo gaDa..- almas. para...el cielo:
Y cual siempre, olvidado
De que Dios odia al mal y no al malvado
Exclama A fuerza de rigor ia:pío:
'
-¡Cuánto crimen, Dios mío!
c~No e~ ho~a ya! Seftor, de que matemos?»
D10s m1sencord1oso
sepu.tando
'
lo justo 'en lo ¡.,iidoso·
Vue_lve ~ decirle ,eomo un rey- «Veremos"
Y Fidel iracundo
'
Queriendo exterminar á medio mundo
Haciendo también guerra
'
.
~ los que cree ~icbosos en la tierra,
o~tra todo feliz, á cualquier hora
Qwer~ lanzar el rayo, porque ignora
~lle s1 el homb:e ~s dichoso algún memento,
yUJ días de aflicción !JO tienen cuento,
L q~e del globo en el helado infierne
a dicha es la excepción de un mal et~rnol

CAXTO SEGUNDO
ATALIA

I
Y despué , de pasados
Algunos siglos máE, un hombre un día
Acusaba á Atalía
Del :11ayor y menor de los pecados.
Atalia es variable de tal modo
Q_ue del amor sólo ama los placeres,
Siendo de esas mujeres
que c~entan con el diablo para todo.
Uon OJOS del matiz de la avellana .
y el bronceado color de una gita¿a
Más que uno á ~no, en aquel rostro 'bello
Pueden contarse á pares,
Como besos del diablo, los lunares
Qu~ esmaltan sus mejillas Y su cuello.
MuJer de gran talento
Que, como todas ellas
Cree que son clavos d'e oro las estrellas
Con que D10s asegura el firmamento.

II
Invocando á los cielos ·
Con la cólera amarga de los celos
El a:nante exclamó: - «Dios sober~no
Castiga por traidora
'
A esta falsa mujer que sólo adora
La f~ci~ musa del amor pRgano.
Por mfiel, por ingrata y descreid!l..
Mata á este ser maldito
Cuyo nombre está escrito
En ~ª. cr_ónica negra de mi vida.
Esta mf1el por quien peno,
Tan mala como bella
Con el aliento de ella'
Se pue~e envenenar hasta el veno.
Que la ira de Dios se una á la mía
'
Y sL a l cielo algún día
Se atreviese á llamar, cerrad la puerta·
Porque sé que Atalía
'
Ha de ser mala hasta después de muerta...

III
Al ~scuchar Fidel tan gran lamento,
C_on aire de un,actor de melodrama,
Sm dudar un momento
Ni encomendarse á Dios «Eipera&gt; exclama
Y con su diestra mano
'
Y su instinto de llena..
Lo m_ismo que un valiente cirujano
A quien nunca espantó la sangre ajena
Vengando tal falsía
'
Se inclina, el rayo toml\
Y mirando á la pérfida A.talía
Como mira el halcón á la palomR.
A un sol que de la tarde á la caíd/\
Ya alumbraba á la Europa de soslayo
Apunt~, lo despide, y parte el rayo '
Cual s1 fuese una espadA. retorcida·
Y como ésta .?l brillar, alumbra y ~irga,

Miéntras al fin de su destino llega,
La atmósfera parece un calabozo
El cielo un tragaluz, la tierra un pozo,
Y perturbado el suelo,
Qutdó todo lo mismo
Que si se hunde sobre el mundo el cielo,
Y el mundo se cayese en un abismo.

IV
En tan breves momentos
El Dios que ve nacer los pensamientos
Echó desde su espléndid•a morada,
Por delante del rayo una mirada
Y como de este modo
'
Llenó de efluvios de piedad del todo
Por Dios purificado el rayo luego, '
Em_pezó á verter luz, en vez de fuego.
Y siendo un mensajero de venganza
Se convirtió en un rayo de esperan~a.
V

Cuando el rayo de muerte
Brilló con nitidez fascinadora
Como, al tocar las aguas se convierte
La luz del sol en claridad de aurora
Deslumbrada al fulgor de brillo tant~
Con el ro3tro de un niño que despier(a
Atalfa de espanto
'
Pidiendo á Dios perdón se quedó muerta:
Y mostrando una cara
Más lí~ida que un mármol de Carrara
Cual s1 fuese Ulla lápida mortuoria
Su espíritu que ve al fin para ella'
El rayo en una estrella
Que le ensefta el camino de la gloria··
Y de este modo la mujer amada
'
A quien llamó su amante un sér' maldito
Por el r ayo del fuego iluminada
Fué á tomar posesión de lo infinito,

VI
Y cuenta el cronicón de una abadía
Que por su mucho celo
'
En juzgar á Atalia
Perdió ~l áng~l Fidel desde aquel día
Su propia ~st1m11eión y la del cielo·
Y que más adelante
'
Angel á veces, y demonio á rato"
Se hizo hipócrita, frío é intoleranfe,
y acabó en fracmasón de los beatos.
VII

Y cuando ya A Atalia
Un borbotón de llamas la rodea
Y la vida futura la atraía
'
Como atrae el abismo que marea
El pobre amante de tristeza llen~
Apren_dió á perdonar en el Dios b~eno;
Y subiendo á los cielos Ata1ia.
«¡Qué bueno es Dios! que bueno es Dios!" decf
Y fué A gozar las dichas del Eterno
a
En vez de ir, por infiel, como debí~
A enseñar nuevos vicios al iQfierno.'

�150

EL MUNDO.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

==

.A.í'io VI-Tomo Il

rflLLmo. @r. 2),-.

México, Domingo 3 de ~eptiembre de 1899.

:IJ. !Jacinto

Número

10

Jl,/yJe5, 84izobi.Jpo electo Je {juadalaja-cCkJ.
FOT. DE MORA.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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EL MUNDO

Domingo 25 de Diciembre de 1~.
FiO. 11.-TRAJE DB OASA PARA DAMA

F II J,lade gros negro con sobre blda do sarga de Bts·
da rls tleruo, forwaodo cuerpo tawblén, acuchilladoten el cuerpo y en la fald•. con bordado de seda.

FI0.12.-UN BO~'lTO TRAJE DE TERTULIA

Todo de crespón de se•ta bordado, con u ,, a mnc~ta.
ile sallo bordada también. una v~ .. 1,11. de blond~ da
BruoeJaij en el pecho y uua grau cintura de raiso Itno.

Tomol

Otro pago de $12,000
DE ' LA MUTUA.''
1

0xpooición

México, Domingo

_,.
9(JacionaL

i: 0

de Enero de 1899.

CD LLao UJileó
/C1
de oue
en La

•

Num. I

tbca,oemia de &amp;an &lt;8azLoo.

EN ZA.CATECAS.

Sr. D- Dona.to de Chaupeau::ouge,
Director General de "La l'tfiífua."
.MRXlCO ,

Muy Señor mio:

1-'igs O, 10 .,- 11.-Trl"S sombreros (tlUwa novedad.
de 1011 P"queñó-1: los otros se alPj 10 de l11s niiieraa y
pasean por la11 eaar.. n ◄ d1111 c1-1lt.-jui,l11s que dividen loe
pradoe, contemplaud() l1-1s mstiz11.das l1ures que gozo•
eas die.,n lll eol t!n el vaivén de sut1 U1ovlmit,uto~, &lt;ta
amo• ,te am(l,• y no llld tocan, úo1camente lao cootemplan con su,i g1•J1ni!.et1 ojo-1 y qut1dan pt!n1111tlYoe,
y allá el por casuaudad d,.scubreu uua vlolet,, miran do para todoa lado,, 111. toma.u deli1.~dJm1eute con sus
manecltas, Y t'&amp;plrau .:on ansia su arom11, cual si quislt:rllII con.servar par .nui.c.ho.tlempo e.n sus pulmoocilloa el delicado pt!rCulllt1 de sus lindas ht!rman11s .
D R SU!.TALTA, •

H eceta s útiles.
Buii11elos ]Jara el chocolate.-Se toma un kilo de harina de flor. y eu i,J ct,11tco ne le hace uu hoJo y se h1

~ d e un va111to
echa un huevo ent6r0 Deepué~ se le ana
rina
de agw1 llger11mente tibia y s ,1, y ee amasa 1~ hª toFin Ct1oar con u11a cuchara de mader1-1; se le anaded r
da el agua tibia que nece!lite la pafta para qu 6 8
muy e,peea y no muy dura: deepué11 de trabajar h&amp;H·
ta endurecerla algo máe que pua loe ~esos huecos,
ee pone un gran caeo con muchl11!mo aceite; con las
m11nos se c, je la mua y se forma una rosquilllta; se
echa t-n el aceite cuando eslá muv caliente, sacándo·
la con la espumadera 11si que eEté b:en dorada
Se aume11tan ó disminuyen las cantidades en proporción con loe buñuelos que quieran hacerse.

•••

Para quita1·se las pecas: hay que lavarse por las no •

Con esta focha me ha sido pagado Pn .el B,nco de
Z1tcatecas por ol Sr . D. A1,to11lo ChAvez Ra.mlrez,
Agente EspP-rlal ~" f'B!I- Compañi11.. Y."º pree,-ucii. del
Sr. Notarin Plibhcn L1.:. D. Tr&gt;1nqu1lino AJ!'Uilar, litcantidad ( ~12,000) doce 11111 pesos, lmportP de
las póllza11 ,¡¡11mno11 dll Otil y f&gt;l~1tsJt l1&amp; una de S10 000
y la otra de 2000 en que e. tuvo asegurado el i,eñor
mi padre

D. JACINTO R. SALA ZAR
Antes de concluir quiero hacer constar que el 1tPñor
ml p~dre recibió e11 vid&amp; dividendos por valor de ...

$ 79.86 ce.: que el cos,o de la.~ dos póltzu e~ 11 años
una y Ja otr11 Pn 611ñoa de vigencia, respect1v,tmente. fué de $6 JUJ 2t c,c1 .. y que á. lo~ 23 dia~ de haber
hecbo la re.:taw"c1ón d., pago se puso á m1e órdenes
el valor de la1&lt; repetid11e pólizas.
Soy de Ubted con 1;1ste moiiv., su atta y S. S.

{)arolloa. Sala.zar.

ches cou 68ta compoo1ctón:
Agua de rona . ......... .lCO gr11mn1.1.
Sulfato de zlnc., ......... ,O
,,
E~te tratamiento local ee cowplcmenta con una fricción por la mañana, compueet.. de
Manteca de cacao.......... 40 gramos
Agua oxigenada. . . ........ JO
Vloruro dt1 calcio .......... 5
,
En seguida se ponen polvos de alwldón.

Nuestros Grabados.
FIG 1.-TRAJ!!: SAST.BE PARA Cll'l'AD,

l!!s do h eviotte grl,- acero y está compuesto de una
falda plena, con adorno de br11ndtburgos y un dor•
mán con el mismo adorno, ligeramente abierto sobre
1m cb11leco de seda. Sombrero turi~tll adornado con
d.ie ala" de palomo.

Si}'ILl.-TR1,JBl Dl!I OASA.

E.e de escocé11 obscuro de lana, con blusa holgada,
oruada de un gran vohmte y abierto sobre un plastrón de cadenllla. En la fa.Ida dol! volarites de ligaros
farolillts
FIG. 3--TRAJlil DE CASA PARA S. ÑORITA.

Ea de eecoc~s .1tria claro, falda v blusa. La falda
tiene un delantero figurado y la blusa varios table, os

y una c11pelloa muy elegantt',
Cullar de eeda A rayas negras.

FlG, 4.-TRA,TE PARA NIÑA DR 9 A. 11 AÑOo.
Es de chevlotte azul obscuro, estilo marinero, con

laida tableada, blusa holgada, con gran cuello orniLdo de cintas de seda
Corbatin de raso muy elegante.
l.

no .5.-AllRlGO lilLXG.A,TE.

Es una Jacquette de cbeviotte muy fino, con untran
cuello de pielformando solapa. :"lhngas de globo. Falda lisa.
FIG, 6-PRAC PARA SE~ORITA,

De cbeviotte también, azul obscuro, con rlbetPs de
piel v grandes adornos de g11Ión de cordoncillo de seda. Fafdón redondo. Falda de amplitud media.
FIG.

DOS AMIGAS.

7.-nos PALRlTOTS ELEGANTES.

FOT. DE LUIS(', 8 ,HfDO\"AL.

A CUAREL A DE POYEUA.

1-'oTOGltAR\DO DE LOS TALLERES DE

El primero de paño ob\curo grie perla, con gran collar y guarda mangas de piel y C:e brandeburgo; el
segundo cbeviotte azul negro, con capelina ornada
de piel.
FJG8. 1 9 y JO.-Dos SO)IBREROS FlELTROS y UNA TOCA.
DE B.A.80 DB' 1.08 MÁS ENCA.NTADORBS BSTfLOS.

FJg. u. Traje de casa t)ara, dama.

Los fieltros Pon ambos redondos con adornos de raso negro, el primero en doe penachos y el segundo de
eeda crema, alternantlo con una pluma rb.ada.

FJg. 12. -lJn bonito trato de tertuUa.

-

EL

)f {J'N DO,

�EL )[C~DO.

2

LA SEM'AN.A.
Entro en la er6nka como un &lt;·onvidado entra en
una ¡•a:,;\ conoci&lt;ht donde e pera encontrar bue1ws amig-os. mujere;, hermosas y paliques rociados de gracejo
y rhampaiia. Porquelacr6nica, para mí. noe;,másque
un pretexto para dhagar. snelta y locamentt&gt; por los
campos del humorismo, de, !izarse por los pasillos bf'cretos ~· las potl.'rnas ei.condirlas ele! suceso. contiar 111
públlr'o. no la existencia común, i,;ino algo de la propia existencia, no zurcir ~acetillas literarias y revistas
de tandas, sino eantar una romanza á lapriman~ra, &lt;J
entonar un hlmrn, al libro nuevo, t\ decir una galanter1o al oírlo de la bella que pasa, &lt;Í JIH11uu sin rumbo
por !al, aYenidas &lt;ll'l ensueño.
L&lt;,s homhrt&gt;s polit.icos tienen i;u programa. Losnonistas,-que ntlen más que los polfticos, porque entretienen más v son inofensivo. ¿no es yerdad, aru1ga
mía?-dl'ben tamhiPn lanzar {L los cuatro Yientm; un
programa lleno de alhago · y pt·omesas. .._\bí rn el mío.
;,Qut1 ofrezeo:' Bus&lt;.'ar la fralil' bordada. ton oro y lentejuelas, la palabra brillaot.e &lt;.'orno una cuenta dE' ,·idrlo, l'l pl'..todn de dalmi\t!l'.a de pi'1rpura. Fingir c.1.
halgatas histc',ricas, torneos de rmnes. jlll'gm, (, llurninaciones de metáforas. en que los vocablos á. cual
m1h. Yistnso" r inquietos se clispoten el triunfo: (,:te.
1·hiquitín como un paje. aqlll11. gran: y rko como un
heraldo: esotro. risueiio y zatiament.c empingorotado
como 1111 aldeano: t.&gt;l de más allá, desdei'ioso como un
príncipe .... tmha ligera rle fantasías, mundos ruti. !antes .I' débiles que suben un momento por el aire
tranquilo, globos il'izados y transparentes, pompas de
Jalxín, en fin, que me entretend.rtl en lanzar soplando
en una rniia arrancada al caramillo de Pan, para divertir ÍI esas niiias traviesas y locas, á esas imaginaciones tornudiza1:, y &lt;'aprichosas que de nada quieren
saber sino d&lt;• las 111il y ,rnn 1wd1c.~ de la Yida, de losencantos r hel'hiC'erías del Cnirerso, de las proeias y
aventuras de la ilushín. La mentira que cuenta mist erlos v t·,íbala:,, es una divina 8cheresada. Ah! Chronos, rey Schariar, ,·tejo sultán de las lndfas, q ltet-speras e01:{ impaciencia el rlesE'nlace de la bistoriadr l~eclreddín, deja ele pasarte la mano constelada de i;ortlJaS
por el neg-ro torbellino de la barhll, aparta de tu pálida boca la nervloi'.\a serpiente de la pipa que ha envuelto tus icleas en una nube de opio, encierra en sn
estuche de earne morena las pupllas febrile ... . Clarea el alha, y 1a luz.--Odalisca curlosa,-se asoma por
la persiana vercle. entra con timidez de enamorada ~·
arrojando su cba.l de seda blanca tramada ?e azules
t·stambres. murmura lentamente: Buenos d1as .....
se levanta del dh•fo de los sueños la dhim~ meut irosa; es hora de rolrer :\ la realidad; no es malo reposar de las fatiga¡¡ del vuelo; mientras los pájaros
despiertan. vosotras ¡oh Insomnes fantasías! dormid un porn . .

***

.\ilo nuevo'. Busco mi asiento, el lugar que me to-

ca en el te:tln v lo hallo entr!) mis compaiiel'Oscle juventud y de esperanza.
Pru;ó el primer brindis. El ,·!no burbujea en el fondo de las copas y lo.-, comensales comienzan á se11t.irse
alegres y comunlcat ivrn,. )Iuy lejos ele ,mi. por &lt;'nt~E'
los manjares y las llore:., tras de los bumros l1encb1dos r lm, ruentc;, maraYillosas de los dukes, entreveo
los ;omblante.· satisfechos ele los altos personajes ele
la relicitlad. de los hanqueros de l;l dicha. de los comendadores ele la rort una, de los condecorados ¡•1,n
&lt;·I toisón de oro del placer. Hablan ellos aca.loradamente. Pero la, teorías de esos sabios de ano nuern,
están ya trasegadas por las multitudes, y. como HL'&gt;
moneda de uso diario, han quedado sin relieves. Xo
&lt;.·onwn&lt;·en á nadie: 110 tienen valor y se guardan en
la memoria como un denario ó un zequi en una cokcl'i1í11 de numismática.
CrPo que nosotros no lanzaremos la queja clásica:
.,.,,. ,1utw f11y111·1~ Pli.~t,11110 •.•.. • al abrir esta caja de
hrnclora que rontiene trE'sclentos .1• tantos dfas. Ya
sabemos de antemano que la se11orita Esperam.a no
acostumbra cumplir sus promesas}' que el caballero
nesengailoes nn amigo entrometido que con su expcricnda de bomhre ele mundo aboga en la cun;L uuesil'os anhelos v Jei,; corta las alas,! mll';,tros sueflos. ;. Y
eM1 qué imp&lt;Írta? El tx,raz1\n sigue. :;in cesar. su labor misteriosa. 'fmbaja, ¡l Yeecs, c•11mo un obrero eansadu: se le conc&gt;&lt;'e la fatiga;~ le echa de ver rl rlbcrusto; pero 11111 cst{1. en el taller ohsc.'uro de mwstro
pcebo, rnnstruyenclo latido {L latlclo. el tálamo dr
nuestra prometida ventura, el jo~·ero de nuestros
imposibles delirios 6 el ata&lt;id de 11ue1:,tras muertas
ilusiones.
~o ern -verdad lo que sinti&lt;\ Ba11clclaire. en el alto
período de su locura nl'gra; el t·orazc~n no puecll' dormir ese sueno ele bruto. ¡.[n 1·ecuerrl11, sin pesaelillas,
sin visiones. Hrine. gal'itado por el amor y por el ha;,tlu e11 plena jnyentud, le dech1 en un bo11doarranq11e
de amargura: ¡acaba pronto, CHrpinlero!
\'nmos, pues, á \iVir, á caminar á marchas for,~1clas, seguros dn encontrarnos á rad:t paso un punto
rle Yista. no conocido, un panorama nuevo. El tiempo
no hnye--qué ra {t huir!- al contr:trio: tienen las lloras una marcha uniforme, 1·nrn11 la &lt;l,• 1111a eolumn,L

m!litar en una parada. Cuando estilmos entretenidos
por el goce, cuando volvemos el m-.tro para darle un
beso á la. mujer amada, cuando nos llama la gloria,
ruando nos atolondra el bullicio de laorgfa, emonces
-es claro!-no sentimos pasar el tiempo. La c·ulpa
no es surn. Mas si estamos en la alcoba, de noche,
rumiando nuestras penas. 6 frente al niilo enr~rmo,
esperando la hora en que ha d(' prepararse la lls.ma,
t• junto al cacl;iver del amigo inseparable, con el pensamiento en vela, triste, luminoso y trémulo &lt;·omo la
llama clt• los blandones. ;quil buenas compaueru son
esas horas :;llenriosas, que pasan sin :welt&gt;ramiento y
da puntlllns para no dl:;tranuos'. .\hora una: ¡cmínto
tarda la otra! dpcimos. Y no: llega acompasadamente, toc.1 la puerta y se sienta en la orilla del lecho á
ei;cuchar nuestra;, conrtclencins v á contar ]ns minutos q ne debe acompañarnos. L&gt;eÑpuh,; .... . . no se detiene; se va callada, como vino.
De e.sas iguales. pero que medidas con el listón rojo, arrancado al corsé de la novia, !iOn tan cortas, y
medidas c·&lt;m la cinta negra de un féretro pareceu tan
largas. tenemos muchas pn el ailo. :--omos ricos. J&gt;errcwhcmos este caudal que nos ofrecen. Ya vendr{m
el olvido 6 la muerte 1í empobrecernos. (fastemos ,á
raudales antes que estos ladronei; nos sorprendan.
~o temi\is que las horas huyan; temed que nos las
arrebalen: eso sí. Las dolorosas no son codiciadas,
pero ¡ah! las alegres, las salpkada con gotas de miel
divina, las de lo::, díai; ímreos v las noches azules. llenan de emidla á. esos band1do de la sombra. Precisa
gastarloi,.
Amigos míos. entremos en el festín del ano. Pas6
el primer brindis. No me obliguéis á darle l¡iblen venida al re&lt;"lén llegado.
C.'barlemos un poco, si os parece, de esta existencia aturdida que, en Enero, cree tropew.r con las doradah puertas de Jauja.

***

A I mh,mo tiempo que en J&gt;arís, con motivo ele la
apertura del nuevo teatro de la ópera cómica, la Ccir1,ui11 de Bizet, ba sido en :Méx1&lt;;0 el comentarlo artístico de la i;emana.
Lol&gt; parJslcn es. enloquecidos de orgullo y de content&lt;&gt;. aplauden. como nowtros, la mÍlsica más apaiona.&lt;fa y sugest irn de las que ha producido el genio
lírico francés.
Aquí nn S&lt;\lo aplaudimos la partitura sino también
la belle1..a de la más linda intérprete que baya pisa.do
el escenario del Sacicmal: Esteranfa Collamarini. Todo el mundo es1 á de acuerdo en que la hermo;;ura meridional de esta artista lm hecho en su C"arrera, por
lo meno.-;, la mitad de los triunfo. . i-e presenta y fascina: he aquí el prodigio. LaPlástica, por esta vez, ,·encc á laEurlthmla. Todal'ía no se t;abc si la Collamarine es e$ 110 buena rantante. Lo que sí aseguran cuantos la reo. es que no recuerdan de otra Clir11101 más
gallarda J rniu; seductora. La Unea perJudica el sonido; la gral'ia vence Íl la YOZ. Por ver nos olvidamos de

oír.
.\ malii~ 8ostegni, una hada rubia, duh'e &lt;'omo una
ca.ricia dr niiio, posee no la bellc1.a. precisamente.
(•orno la Collama.rini. sino un encanto supel'ior: la simpatía. Y su voz. Impregnada de unt'ión. virgen y pura como linfa de la montaiía, ranta con una delkade1.a, pa1 rlruonio exclush·o de los esplritus altos. J11s
. uaws pasajes de la Jfic11tfo .•\malia 8ostegni. en la escena, recuerda la rrase del viejo romántico: tiene la
!ragiliclad aparente de lasco a1:, aladas.
Estas dos lllttjerei;, cuyos retratos publica .b'l .lltrntlf/ en este número, hicieron concebir esper.mzas de
una ex&lt;·t&gt;lcntc temporada. l'ero esas esperanzas c-0mleozan :i fr111:,trarse. La Ailln ha sido nn insulto {t
Verdi. '\unque, ,\ decir Yertlad, estamos ya un poco
acostumbrado:- á e:stos desacatos artísticos.
Lo cuales, á p&lt;·sar de tnclo. son prcferihlr · ,:'L la
inicua monotonía de la tan&lt;fo.

***

)Jme. Roux y '.\Ir. Grossi se presentaron en el '1\•at J'O
Arbeu, anoche á ejet·ut ar sus experimentos sobre
adivinaci&lt;ln del pensamiento.
Esta &lt;·tase ele espectáculos que producen la sensación ncr\'iosa ele lo mara,·illoso comien1K1n 1í ser entre
nosotros de ¡::-ran atractivo. Xrn; llemn de un golpe
al univeri;c, de lo sobrenatural, y nos obligan :i viajar
por el viejo país de ius fukires, et·izado de e1wamamlentos y ruilagros. ;.Todas las expt'ricndas c¡ne &lt;'stos magos ambulantes dd Cakirismo &lt;Jt:ddental. nos
presentan. son cierta.:' Quizá no. Pan'l'C que en l'l
fondo liay &lt;'hn·e. prci;tidlgitadcín .H'!-Waram111.a. ,1iu, .
con!ormt!mohos con sentir por un m11mento el h;Hito
de la realidad en el aire vklad1, del en¡raiío. l'rirq lH',
como dice la hunw,·ado:
Con tal que yo lo 1·rPa
;.qué importa que lod&lt;'rto no lo sr:t:'

..

* *

Don Matias Romero, un homhre qne l'Onsagr&lt;í toda. su vida y tocias sus energlns al ~ublimr altruismo
de la ratria, acaba de morir en Washington. La nación entera está de luLo. CulJramos, micntrus pm;;~
l'I téretro, con un cresp,ín obS&lt;·uro nut&gt;st rus sueílús. ..
Lt 1~ Cf. ¡ · 1m1X,\.

Domingo 1 = de Enero de 1~99

Domingo 1 ° de Enero de 1899.

JDlitica ~ttttral.

EL MU DO.

3

Artista• de Ja Compañía de Qpere. d~l Nacional.

1898-1899En su ansia inextinguible de ak:rn1,ar la suspirada
meta del ideal, ;tm\ntas veces ·e sienta la h\11,nanic)acl
;í. &lt;·ontemplar el cielo abierto á sus miradas. u nwlrn
la vista hacia atrás. para sondear ent1·e las ~mhms
dt&gt;l pa ado lm, etnpas vencidas por su &lt;·on;,t:mt·rn y !ns
senderos re&lt;"orridos por su anhelo!
.
~fas ¡ay! que rn ~ada recodo del t•awrno, ~n las1.arzas que hordan la na, mira con dolor prE'ndldas l'omo
veJl(,n mrzquino las ilusiones que ay~r ruemn su ~ncanto, ve derribnclo;, por el suelo i;u:; 1dolosell' un cha,
v mezclados halla con &lt;'I polvo de las Pen,rpolis y las
ruinas de Las Ilahilonias, los frag-meut.os del Partencín
y las piedras del Coliseo. Iruplacahle el tiempo en su
obra destructora. nada respeta sn segur impia: polv11
es el Ollmpc1 ele llesiodo, cenl1.a deleznahl&lt;' los dios~s
de Homero. sombra \'ana las lncubradones &lt;le los ti·
lcísofos. miseria las creacione,- de los S.'lhios. y hasta,
los altares de loi- ttifotropos ., las bauderas de los revoludonarios. que in1 t&gt;ntaron la reg:enera('i1ín de las
moelérn.u; s&lt;1derlades, ~·acen sepultados &lt;•n rnenudiL
arena. al h'.lpulso de aspiraciones nuevas y al grito
siempre angustiado de nuevos dolores.
La lucha por la ex:lstencin, Iniciada en las rclaclcs
primitirns por el linaje humano. al lado del oso de
las cavernas y dt.'1 dcrvo glgant-e, ba continuado con
encarnizamiento ;,in igual.
No es va el &lt;·ombate Individual del bo111hre contra
el hombre,&lt;llsputándoscla presa palpitante .V la hembra eodic1ada: es la lucha colectivadepuehl11~ &lt;·ontr:i
pueblos y raza contra ra1.as en feroz e~mt ienda busean&lt;lo el predomio del mundo. dlsc•ut1endo la posesi6n de un palmo de terreno. ambicionando Ju prNlominandu. política j ' la preeminencia mercantil en io..¡
grandes rent ros de rnnsumo. Y en meclfo cleestos&lt;·uudros dantescos que representan uua lnctm que no acaba, entre ayes de dolor y rugidos rle rabia.. e~uimos
pre:.endando, mal &lt;JUe pese á l01&gt;sueños de 1~ p&lt;~tas,
á lm, aspiraciones de los film oros. y Alas pred1eac10m•s
de los apóst{)(es. seguimos presenciand1J 1·on dolor, la
perpetua victoria del míls fuerte.
:,_¡ el perrecciomuniento de las espedri; or¡.nínica. ~l'
efectÍla en el \'asto 1eatro del univers1 pnr nwdio df'la sel&lt;'&lt;'dón natural que hace perecerá los débiles y ,t
los enfermizos. incapa(·cs por ende del perfe&lt;Tinua~
miento Incesante, en el desarrollo de las sociedades
el progreso se alca.ou1. por una especie dt&gt; selecciún SQeial en la qut&gt; sucumben los menos aptc•s para la.~ran
obra de la b11manidacl. C'iego al parecer el destino l'n
su,; inex&lt;"rutables desi¡{nlos. no cuenta los inclh·lrluos
destrozados. ni toma raz(ln de las cabezas rer&lt;"enadas:
mira la obra titánica el('! hombre, y lo guía á tran1;,
de senderosohs&lt;·nros, pero que lo han de conrlucir á ht
posesicín de la verdadera luz.
Cuando se &lt;.'ontempla aisladamente y t-n hnrizontt:
limlt ado la tarea emprendid:t por lasagrupa&lt;•ionc" humanas. t·onstituidas á fuerza de lahor y de sangrr en
las modernas nacionalidades, viendo los cl&lt;'sfallet•imientos de nqu1. las caídas de allá. las angustias clr.
todas parles. tentado se mira uno de treer q111• hay 1111
hado Impío &lt;1ue SE' romplace en el elolor lrnrnano. y al
presidir los destinos de los lwmbres, l,jíloson al'epta;,á
sus ojos las ofrendas de lágrimas y s:rngrt'.
Pre&lt;"isr• es &lt;'Onlemplar &lt;'011 mirada mái; alta y aharl"ar en conjunto á la hun1anidad. para comprendt•r sus
destinos, explil-ar i:.us luchas, entender sus clec•nd&lt;'11cias, abarcar sus angust iasy adi\'inar y t&lt;'ner re en su
granrler.a.

• •*

Triste y sombría amaneclc.'• J;i primera aurora de
18!1&gt;-. :-il•gros nubarrones se amontonaban l'll&lt;'l Extremo OrientP. donde SP han dado cita Lo&lt;l1~~ lns aprt ito.
y las l'fllll'llpiscenclas de las potenl'lascul'IJpeas. Sulws
rlc trmpt·stad eniolrlaban en esos días el delo anwricano, 1\ donde ai;cenclían las llamas del irwPndio en la
insnrre&lt;"ci1ín 1·11bana ."i amena1~1ban romper clt• modo
violrnto las amistosas relaciones entre E,;paiia y los
Estado¡, l'niclo~. Y nube de tMmenta tambiPn s&lt;' h•,.1n1ahan de las azule1s aguas del s:_1graclu :-iilo, dnnelt\
la Gran Bretaila había eom·entrarlo formidahlt•ej1'reito, para rcnmqulstar rn ravor del ,Jeclln•, lm, f{-r11les reglones 1lel Sudan, sujetas ÍL la ohedlenda ele l&lt;1s
fan{ttit•t~,; dt'nises.
All•mauia to111ü posrsíún de la bahía de Klan-('hao
&lt;·on Mis territorios adyacentes; Husia ent r.-, orgullrn,a
á P1wrto Arturo, para dominar todo t&gt;I golfo ch• P&lt;'tcbili y rlesde sus fortalezas y los puestos arnnzadc,s ele
Vladirnst0&lt;·k, ser dneíla dl' la '.\fanchuria; lnglatena, desp11(-s fil' rlisputar ;\ Rusia y al .Japon &lt;.&gt;l predominio subn• l'nrea, entra pacírkauwntt' á \\ey Ila!
Wey para terwr en jaque {L su riral asiátka; F'Í·ancia
adelanta wbre Hainaul, se oxllende en el Tonkin r
Yigila más de 1·er&lt;·a el drama que se dei;ennielYe ei,
el fért 11 valle del Yantsé. Cada ruul de los que s1f
rlh,p11tahan un ,rir(,n de l&lt;'rritorioen t'l Cell'i;te lmpt•rio hn lograrln su ohjeto, y la misma ..ilemania que se
hallaba apartada de esa competencia, ba as1•ntarlo ya
su plalll a ,·ktoriosa y nadie poclrii h,Wt'rla rt•t roe •cl~r.
Tie11qx1 ha c¡lt(• el illlJ&gt;l!rio c!1ino éS co11si•lr,r,1·l11

\.

( J'tu.ilC e L&lt;t /Semww. &gt;)

como fácil botin pam los poderosos de la tierra. Constituido por sedimento;¡seculares, clonde aún se ,·en la.s
estratificaciones de las razas prlnuth·as, ese inmenso
b,winamiento de pueblos, esa agregal'i6n de razas,
mal ligadas por la aut-0ridad superior, está aguardando w1 soplo de ciYllización occidental que lo haga resurgir de ·us sepukros de granito. )fa· ;aJ! como todo progreso bumano, éste babrá ele conquistarse por
el dolor y la v iolencla.
Las e-Jases arist.-Ocráticas, con prerrogativas heredltllrias de origen milenario, mal se a, lcnPn ;\ ren11ndar
sus privilegios de que se veran despn ·eídas note Jo,.
avaureR de la cultura. Las mismas ¡•Jases populares
.hundidas en el borror de su igníJrancla. encenegadas
en el r,mgo ele su miseria, eternamente arrodilladas
en la&lt;; somhras &lt;le lasuperstiri6n y apegadas, romo el
molu;co á s11 concha, al antro obscuro de sus tr,tdiciones, t,ardarán mucho en despertar, y, azuzadas por
sus altivos seilorcs que las explotan y envilecen, lucharán de ·•speradas por quedar e1n la somhra. por
prrmanecer en el fango, por vivir en el ant.ro en c¡ue
siempre han vegetado.
Lii dinastla reinante, soUcitachi alternatintmente
por las ombras que vienen. de su pueblo y la luz (¡IIP
procede de las lnrluencias ext r.rnjen\;,. vacila entre el
temor su pcrstlcioso de disgustar 1í lw, . uyos. el mit!do real de que lo· de tuera le abran los ojos á caiiona1.0s. De esas ,·a.dli\cicmes se apron'Chan la potencias occidentales que quieren prerah'&lt;'&lt;'r sobre el imperio, y á virtud de la intluencla hri11ínlca qne :l las
veces triunfa y de la Influencia nu~s;covita que prernleCl' en &lt;K',u;iones. se traman tragedias en el palacio
imperial de Pekín, desposeyendo al soberano y rlejando la snprema autorldad en manos &lt;le la vieja emperatriz viuda. quien pretende con maquian11kas rntrigas eonjurar la i;uerte del imperio.

r

* **
Afüu j ,u·t,, c.,t! Con voz solemne y sin que nadi(\ se

hava lernntado á contradedrlo, Lord 8ulii;bury ha clechirado '(lle China bn ele &lt;'Ontarse entre las nacione,.,
enrrrnms y caducas, y ,í las que debe adminisl rar.,;p
la extremaunción cl!'I rcpartimlenu1. Tarde 6 temprano vendr.i la desintegración en el Cl'leste Imperio, y
las naciones europeas. que están á la Yera ele ·us despojos, entrarán de lleno en sns vastos t erriturios, lngertanclo á sangre y fuego los frutos d&lt;.&gt;I pr11grrsrJ ()('cidental en el viejo y carcomido tronco de la caduca
civill7~1ción a~!Mlca.
La hora sonar;\ ele galvani1.ar l'Se l'ad:í H'r. transrundh•ndo sm·ia nueva en s11 organismo di ')!regado. ,"6ó la competencia en la poset.uín dt• l&lt;1h dt•-..p11jos pue-

l-.RJT.\. E!-TKJ.'.\!\I.\ l'OLL.\)J.\RDif,

de prolongar la inútil 1·lcla de esa sociedad 'J ue se desmorona cuarteada por los siglos, que se hundir.í al
golpe de la piqueta demoledora del progreso.
Kada podrá detener á lw conquistadores en su tarea. Ni el despertar del imperio del Hol Xaciente entorpecerA sus paso~. IJan ,•isto la temible competcnc•i.\ que ;í la producci1~n europea ba becbo la industria del .Japón, recién ent,mclo al conciert&lt;1 de lrn, pueblos cultos: despertarán ¡tl movimiento moderno las
inm'1men1s trlbns de mongoles, tártaros y mandehúes;
procurarán en&lt;'a11zar en pro"echo propio su pockrosa
actiYidad, aunque sientan despu(os el 1, rro,· 11m11dllo,
viendo alzari;e nuevos mhtlrns de angustia en sus centros productores y nuevas formas de protestll en las
a.-;piraciones sodallsrns.
11
¼

*

Mas si los 111ie,t1J.~ 11riP1tlr&lt;l1,x se han disipado y nu
preocupan por ahora á los estadistas, es porque otro
terror ha naddo con perfile casi apocalípticos: es el
tar&lt;n· y(lnk,c-. engendrarlo á la luz d1•l inet.&gt;ndio ele las
naves espanolas en la había de Ca,itP; :11 relampa¡.,rt1&lt;.•o
de los caiiones de ~ampr;on que aniquilan en d~ Lwras la ll&lt;1ta del heroico Cerwra; A la rnz ele I&gt;l'wrr
que rt&gt;chaza las in:.lnuaciones drl almirante alemán l:'n
las aguas de l'l1anila: y ante la actitud de los &lt;·omisiunado ameri&lt;'anos en. la ('on rereneia de París. lJ 11&lt;'
tirmes en sus demandru, y casi implal'ables en sus :.oli&lt;·itudl"s, c·onYierien en pavesas el imperio eoloni11l
que le quedaba á E.5pafla, desechan toda discusic\u
¡¡ol.Jre deudas (·olonlales, redaman la posesi611 de Puerto Rico. obtienen la oher-,1nía de lt'llipina., y clavan
su pahell6n triunfante en la grnn .Antilla. mientras
puede alentar lihr1• é indep&lt;&gt;ndir•nte la Rep(1bllrn dl'
Cuba.
En un supremo t•srnet'7.0. y para desarmar la immrrecitín antillana. el gobierno español 1·oncerlicí la autonomía: maiiana hace un allo que comcnzc", :\ ruo&lt;'ionar el gabinete a,utonómico, en medio del regocijo
c,ticial de la Haba na. A parte de q11e la medirla era
tardfa y arran('ada por la fuerza, nn r1&gt;sc1IYía m¡\s q llt'
el problema politico y dejaba en plr el problema 1.-&lt;·11nómico. Por eso no pn peri\. Los lm,urrl&gt;C"tos cuhanos reeh:IYJLron la libertad á medias t¡ue. e lesotorl(a•
ba entre los horrores de la gm•rra. como recl1azarun
después el armisticio. porque temfan &lt;¡ue no los mndujera ásu anlll'losupremo: la ahsol11ta independencia.
En tanto los clamores del pueblo americano por la
intern'nctón condujeron al Congreso americano á sus
ramosas resoludones del l!t de Abril, y no aceptando
E.-;pana el abandono de C'uha. la guerra se hizo lne,·i table. Débil. empobrecida. agotada por una doble

guerra colonial en la qul' bahía galititclo t~&gt;das su,.
energías, la monarquía espaiiola tuvo qul• sucumbir
y aceptar 1lnlornsamenl.&lt;' la triste &lt;.·oudici(111 del Yencido. a1·eptando de grado (, por fuena la!&gt; dura!&gt; huposiciones dt:1 reneedor.

***
}las si la clerrota impm1e it 1t;spaii11 la mela lahor&lt;lc
reconstruir toda 1111a patria, para restaflar 1,11 sangre
y cic..1! rizar sn;, heridas, y enjUJ!ltr sus hígrimas; si ll•
corresponde t·once11trar todas sus energía-.. para entrar en una nu(•\'ll era de rPl(eneraeión. donde no
quepan ni )a!-, inil'uas amhkiones de J&gt;,m ( 'arlns. el
pretendiente desahuciado. 111 las utopías reg'ionalis1as que tiendan al separatismo. ni los suefios republkanos que ensangrentar!Hn un suelo ian trabajado;
no es menos clltkll In tarea que se ha impuesto el
vencedor. en medio de llk'i esplendores de sus fáeiles
\'lctoria;,.
Debe procurar c¡ne raiga l'll l 'uba el rocío rc'c·uncl11nte de la paz. para q11p {1 su abrigo int·ube la República Cubana. l&gt;ebe h:wer de Puerto Hko 1111 territor~e fedrr-,1! para que sus habitantes honrados, t rahajadores y pacíficos. no e!'hen de menos it su antigua
metrcípoli, y entren de lleno y sin t ropiPws á la virla
r&lt;'puhlicana. Debl.• hfü•er de Filipinas 11n territnrit,
pr,bpero y feliz.: sofocar lmpadencim,. rt&gt;frenar a.-,piracioneb, i;egnr corruptelas, cer¡•e11;1r aiil'Íª" tradkiones y hacer de lol&gt; heterogé11er,s grupos bumanos c¡n&lt;'
habitan el Archlplrlago 1111 ptll'hlo nnidc,. l'ap:t1. ele recibir mh tarcfe el agua lustral de la &lt;·ultura 111od1!rna, digna de la gran Repi'1hlll'a.
¡Qué alta iwrá entonces i,11 misión'. ;Cuál M' lernntará el partido republicano qut• hoy St' halla en PI poder.
conte t:mdo con hechos lrrefutahlcs las eontradkdones de los dem&lt;icratas qne i;e oponen á la expansi1ín
territorial! s,-.ir. así podní sinc-t·111rse ante el puel.Jlo.
ante el mundo 1· ante la hintorlael(•lrnht-roh·11Jaelo11n
punto IHS gloriosas tradklo11(',,, l)Ul' !el, leJrarcm l'Oll\O
sagrad() testamento los "ºashln¡¡-ton y los .J l'ITL•rM,11,
padres insil{nes de la patria americana.

•

Después de la g-uerra hispano-americana, 41w ha colocado á lrn, Estados Unidos en la 1·1111,goria de las gTandes potenl'ias y los lm puesto e11 l'1tndlci1ín de 1'11nd:1r
un imperio colonial con los despojo~ :del imprrio de
Felipe 11, nada preocupa tanto .í las nal'imws europeas C,(JlllO la marcba inYai,ora dl' hr Oran Uretaíla sobre el continente afri&lt;-ano. La espada veneedor:i de
Kitcbener que fulminó en l&gt;ong-(1),1, rdampaguecí en
nerber y redujo:\ ceni1,as, l'nbe las ruina · de Ondur-

�Domingo 1

EL MU'NDO.

4

° de Enero de l

9ll.

· od'1&lt;1" nure1c.,..,,,
°"•S #,tnd·t factorias :\ su paso. deJ·a guarniciones en los
cp1s
. "
•
•
.
•
.
. d·
puntos estraLflgicos y claYa el pabenón f~ctls en las riberas arnnza ,l!,
del Babr-el-Gbazal r sobre lo muros de l&lt;achoda.
. .
.
x O necesitaba más Inglaterra para provocar un ~on!hcto:. y ro~s1derá11dosc en nombre del Jedive dueiia de todo. los terr1lor10s suJeto .,_la obediencia del sultán ae ,J artím, clechiró á :l\larclland ltwasor de su prop10 territorio y reclamó su r etirada. Francia, que no estaba _prepa;ada para el _co~1flicto en
alegó derechos y prerrogaLh•as: al fin tmo que ceder á las
exige~rim, británicas. guardando para 1mt" tarde sus recl~mac1ones Y apelando, por ante el concierto de las nacitmes, de la solución del problema
egipcio.

MEXICO MODERNO.

Domingo 1 ° de, .'Enero de 1899.
,alma á todos lo_s pueblos de la Lierra. par-d despedir
cllguamente al siglo que acaba-:,· s-.ludar al siglo que
&lt;'Olpieza con todas las pompas de In moderna cultura.
:n ele Diciembre ele 1898.

"ªºº

***

y he aquí que en los momentrn,en qne elC'zar, int;pirado en ideales subllm es ele filantropfa y bumanjdad, pre?jca la paz ~ntrc !ns bo~1~rcs ele buena voluntad. v eon,oca un congreso mternaclon.11 para procuiar un g?neral desarme, ·que alivie á lo:- pueblos del g~ave peso ~on que se miran
agoviados, es precisamente cuando se despiertan, aITeJOS rencores, odlc:.s
o!Yidados y ,iejas ambiclonei;, para poner frenl,e a frente p~ebln~ cont1,L
pueblos r razas contra razas en la pt&gt;rpe tua lucha por la existencia.
En vai111 se anuncian visitas cordiales de sol&gt;ernnos para el dla en q~ie se
reuna en Lóndres el congreso de la paz: la Lempestad ruge en las tm1eblas, el cielo se entoldi~ con negros nubarrcines, y á }ª cárd~na _luz del r~lámpago que rasga el cielo. se ,e entre las sombras a los e¡érc1tos en pié
esperando el toque de rebato.

Como contestando (t ese predominio innsor de I nglater.ra. que fiigue su
marcha imperturbable. en su polltica de aislamiento egmst~, se lla?la de
alianzas. se trata de coaliciones v se pronuncia la palabra ltya cm111ue11tol
cmltra la gran pntencia marftinia. :\lfranse cuarteadu_ras l_Jge;~s en el ,sólido edificio que por más de cuatro lu~r?5 ba constltu1do la Triple
za, y como para compensar ese aparLtm~en1o_ posl~le. de~~~ potencias de
la Europa rentral, háblase_dc oua apro:c~mac11~n leal~ ~•~1tl\a ent:_e Al~mania y !&lt;'rancia que. asocmdas al gran nnpeno nio co~1ta, formanan b,1rrera infranqueable á las ambiciones de Jnglaterra.
,\ h ! Qué hermoso
ella para lu causa de la
ri ,·ilizachín occidental, aquel enqueseol1•idaran las renclllas
del pasado! Qné hermoso dfa aquel en que
Yiilramos juntos al germano y nl fraocils,
apartando la ,•ista de
la sombra de 8edan,
y trabajando de consuno en su propio en-

fi,tn-

C,\I:,.\

DEL Su. ~l' SERIO G \YO!\SO.
en la calle dl! la Me.rhtala.

grandecimiento! De1·uelta á Franela. declar-dda neutral. 6 con
r(,gimen autonómico
bajo la sal rnguardia de
las potendas. la Alsacia Lorena dejaría de
ser la man1.ana de la

mílll r los muros ele Jartím. el poder del
)Talldi y la influencit1 de los dervi!;e.~ en las

ni,tas reglones del Sudán, ha sido también
motivo y O(•asi(m de ·que se rompan las ho. tllidanes cnt re las nos grandes potencia., oecidentales de Europa, que comparten el dominio del ,\ frica septent rlonal.
Un esfonado aventurero francés. el ilustre
t·apihín )íarchand. babia t'mprendido desdl'
las costas de Senegambla un ,·taje atrevido,
á través de couuircas inexploradas. para eneonLrar un puerto ne salida en el Nllu superior. Despu¡ls de peripeelas romántic:i,; :v de

discordia entre dos
grandefi pueblos.
Llegará la ocasión y
acaso no esté muy lrjana en que veamos
juntas á Francia y á
A lemanla, de al't1erdo
primero en asnntús cvlonia les contra Tnglat el'l'a que ámenaza ÍL
Ltldoh. y después en srs
relaciones internacionales que interesan á
la pn1. de Europa.

*

* Noe~'isDía llegan\.
tc ya el Canciller de
1lit•rro, que rund6 sobre sangrientos despojos los t' imientos de In
uuev:i í'rermania; no
existe ya el inflexible
Blsmarck. que quiso
U.\~.\ DEL Su. JUAN.\ .•\UZU)tENDI,
modelar el imperio en
eo la calle di! Sadl C:o.rn,,t.
formas medioeniles, y
- - - - - -- - - - - - - - - - - - resttciLar en nuestros
días la ttgnra se&lt;·ular de Rurha Roja. El jove1J lTohenzollero liene
ah!erto su espíritu á todas las corrientes ele 1c~~ modernos ideales. y
acas?qnep~ en su temperamento de rmm,ntico y sol1adur una aproxímac1/,n hacia los que fueron enemigos de su!&gt; padres. H! Austria ol1·idó 8adowa, y Hnsia olvld6 Sebastopol ¿no poclrfa alguna Yez Fmncia olvidiu· Hedán1
·

C.\S,\ DEL SR. ANGEL SA V ,\LZ.\ , EN KL P .\ SEO DE

L.\ R1',"FURMA.

Para conjurar la tormeuta amenazadora no caben m:í.s que las
nueyas alianzas á las que de seguro contribuirá Nicohís 11. apó11t-0l
ele la paz. La Gran Bret.aiia no puede ,~arlar en su politica y por eso
ac~chala ocasión de vencerá !.&lt;"'rancia su rival. na ,•istodesaparecer
baJo la majesLuosas bófedas de Westminster al insigne Gladstone,
al c-great old man&gt; que le hablaba de concililwi6n con palabras de
apóstol, e n nombre de la libertad, y le anunciaba h\ concordia ,. la
paz con acentos de profeta, en nombre del derecho.
•
En A.frica, en el _remoto Oriente, en la Europa monárqutca yen la
mh,mil tierra amencana, solo Inglaterm aislada&lt;~ apoyada en la pret~ndida alia111,a c_on los Estados Unidos y ,Jap&lt;Ín, puede turbar el concierto de las naciones. ~speremo qtte nuevas y fuertes alianzas log r~u manten~ la paz, y a.'lí podrá el mundo que piensa y que trabaja, cuncurr1r al Jlamamlento á. que lo con \'oca Francia enel gran
cerLaml'n de París, Franela, que, olvidando i;us dolencias iut.eJ'lore.s,

.

DOS AMIGAS.
ACUARELA DE POV.E.Os\ ,

I&gt;osdellclnsas mundanas van al baile. v ntl&lt;•nt ras llega l:~ llora de lncruslRrse en el capitomido t·upr, charlan Junto á la chhnenea y se cuentan ...sas mil r·osas
fútiles y e1wantad111·as que torman la habit mLl cunye_rsaci&lt;ín remenina.
Tal eii el asunto escogido por Pm·eda paru crear
una a1·11arela de grandes dimeuslones, que entendernos es el único trabajo cle ese procecllmien1o artístico qtte nos ha llegado en el contingente E&gt;spaiíol para
nuestra XXllJ Expos1ci1ín Nacional dí' Bellas .\.rteb.
.\ntes de cxprebar nuestra opinión i-,ohre t'Ste cml•dro. l'UJa reprotlucchin bastante liel ofnwemos hov á
nurstros lecü&gt;res, creemos oportuno darles :, co110&lt;.·er
los urfgenes de ltt ACl' A llls'LA y sus peeullaridndei,. pam que se f&lt;n'men una idea exacta de lo lJIII' 1&gt;s ese g1&gt;ncro de pintura, adYirLiendo que los asntos que ha1·emos, fundados en práct.il'a y estudio pen,ona les, t&gt;stfü1 1·1msi1-,ri1ados en to1los los escri tos rlP todos l(is
. ;tutores que sobre la ;wuarela han babiado, de los
cuales 'Plle1ípl1ile Gautler es. á nnestrn j11lti11. t'l qm•
1m•jor In eomprendi6 y el que mejor 111 supo j111,g:ar.

Ci

EL MUNDO.

abstracto con motivo de las el),,.~ muiga&gt;1&gt; ne Poveda, dón, levantándose de una manera Imponente sobre el
rué porque, oomo ya dijimos, es uno de los pocos tra- Hena.
bajos de este género, si no el úuico, que lla venido
Las principales constl'Ucriones del lugar destinado
de Espai'ia, lo que nos extraña sobremanera, pues en al Antiyiw Pnríx i;erán: la Puerta de Rái11t )Ilchel,
ese país se ha cult i ,·ado se cul LJ va mucho la acua- las tabernas de los 1&gt;i,colares, diversas casas reslclenrela. habiendo sido Fortuy uno de los más notables cias agrupadas en derredor de una de las alt,1.s t.orres
acuru·elistas que conocemos.
del Lonvre. la Igl&lt;.'sia de ~alnt .Julien de:s )Tenet riers,
Concretá11rlonos á las «Dos mniy1J..,&gt; de Poyeda. di- el Gran Cllatelet,, la Cámara de cuentns del siglo X VI.
remos que es un buen trabajo, dil(no de tlgurar en el Palacio, et&lt;-. etc.
una galería selecta.
El ..J.ntiyu" Puri" restaura una dr las m,\s cul'iosns
.\ dem,ls del buen dibujo, Uene correcLa pen;pecti- lgleslai:; de los tiempos que fueron: 8fli11f Ju/ir-11 dn
va, justo escalonamiento de los planos y la idea, i .,lfwrlriers, construida el siglo XI 11 en la calle dt•
no trascendental, es bastante oportuna y graciosa.
San Martín por los c-tro,adores, cómicos y maestros
Sólo en,•ontramos pobreza de color, la cual, á n(Jt'.'s- en el arte de trovar. dependiente de la l'iencla y arte
tro juicio, no es atribuible al procedimiento, puc;t,la -de. música. que á la saz/In vMan en esta ciudad de
acuarela puede dar tonos mucho má.c; vigulosos m~ Pat(s.&gt;
llenos de jugo.
En el p&lt;írti!lll de la lglesla estabirn las estal uas de
~an Heneste, cómico romano y mártir, patrón de los
sa1Limba.nquis y de San .J 111ián Hospitalario, paLr6n
de la lglesü\ de 8an ,J 111lán del otro lado del Sena.
Hasta la época d&lt;' la Revolución, la Iglesia de :--an
,J ulián fué propienad y centro de los c6mlcos y cantante!&gt;, clespués de los músicos, dlsput¡indosela por
último dos secciones de la corporaci611: la comunidad
de los músicos y la Academia ele ball&lt;'.
En el pórtico se reunían cómkos. trovadores, danzantes, m1ísicos, etc. y los ,u·listas qué tocaban \10Jín, mandolina, nauta r ot ros instrumentos, venían
;i este lugar pam ofrecer sus ser\'lcios en banquetes,
bodas y tiestas de toda clase.
Para dar á la a11t1gua lglcsh\ su aspecto pintoresco,
sin duda se poblará. su pórtico de ¡{entes vestidas como las que pululaban en los siglos pasados, y será ese
lug:u el predilec•to de los atlcionados :~ Pmndones intensas. exquh,itas y extrañas.

y

r

{J

El c:iñón "Mondragón'' en Francia .

.,.

*

**
Ln :u·uarela propiamente
diclrn. /11
1í11ira. ye,wi;m y limpio es la pintura snhrl' p apel tí t'arl&lt;ín precli-ament&lt;l lllan•co. en la rual se c111p.le,1 colorestm111&lt;Jt"•
r1·11fM di111id11s en agua pum.
F.xt raíiará. sin duda el qne fijemos
qur se ha de pintar sobre 1'011do prerisa111t•ntc 1Jlau1·0, ¡w ro ello si.' cxpli1·i1
por dos razones c·apitales que á nuesrro
morlc, de ,·1.•r conslltu'ten los distint iYos fundamcntall!s dt;I pr1x·edi111lento:
1 ": Los color.&gt;s clc· la ncuarela son
siempre t ram;parentes, nunea p;istosos.
por 11hs1·11 ros e¡ tll' si'an. y sólo pueden
, rlcsprC'ndentlcn-;e 1'11 exat:ta tonalidarl
,, bien diáfanos, l'Uando sc- dan sobre
,rn fondo blaucu: :? ~ En la acuarel;1
• dáska no s? emplra j1m1á.• el blanco,
pues el hlam·o que lll'Cesita lo da el
•del papel mismo en &lt;¡ue estiin t&gt;jecuta-

.,,,,.
,'

':

tfas.
rna (lrurll'I /u ('?) en qnc s z p1me hlanc!i no es ext rictamen te más que una
un 11r¡11m1J, )' este prOtl;'Clillli('nt o si permite usar rondo de cualquier
(•olor y admitl' así llllSlllll la SUpt:l'p0sidón pastosa de rnrias rapas de color.
Hay quien denomina c1ru11rel11,, á ciertos trahajos de 11y1wz1i. lo que es 1111 i1h~urdo. y h:ty quien así denomine á ·ler10 gtinero de uh ras hfbridas. mu 1· dt•
'moda en los Tul ndns Unidos. hel'has
•con ,1yuda de lápk,•s de p11:,1el y del
l'Sfumino :.\' rnn el inrwhle&gt; t'OllC1lrS11
del sopletep11lverizador(l,rod1rrd1 oi,·e).
lo que. ií más d e- 1111 absurdo es llel iher;idamente eng-ai111so.
Bástenos eitar. !'11 apoyo rJc, loanterior. la opini&lt;ín rle )L D~lfrlnze. el
. rminm1e pintor y crít i(·o franrrs: c-~I
. alg-t'm pintor tenwmrio osase agreg-111·
{t (Cls t;illlplcs colores de la anmrela
EL A::'111'101'0
. alguna substandn •í instr11111e11to ex- --------traITos. siquieru si•11 demasiada gom;1
para ngnrir.ar las tonal idades - debl' vitrsele &lt;·on el
mismo clespre,·in &lt;·on que se ,·e al hombre qul' hace
trampas en el juego.
E.l nuclmienl n ele la acuarela se dehl' {t los minint urlstas de l:1 edad nwclia quienrs apliearon &lt;.&gt;I prot'e• dimil·ntn. !:!in sombrear, soht·&lt;' dibujos l1eehns iÍ la
pluma. l'aulattnamem e Yino el perf&lt;'&lt;·cionamlemo y
rs muy difkll recontwrr {t los primeros aenarclistas
cretminos. p11eh alguno~ trabajos qur lwn111s rii-.t 11 1•11
~111se&lt;1s europeos, 110 pueden a tri huirse c11n 1•11 t (•ni
1·ert ew !'lino á artistas c1el 1,iglo X \'JI l. 1ale:-- e111no
)torea u, J,mior. l•'rnwmard )' Tauna,v.En I u~la1err~1.
, {t principios dt&gt; esl e siglo. empez1í realmerHP {t t·ultirnrse la n•rdadera ac·nart•ln. cuantlo i;t• fund1í la famosa Sr,¡;jr!!I ,!f' pni11r1 n, in 1ro'1 r Ml1,11r~. pero ha; c¡m•
adYertir que en11·e lassupm·stas acuarelas &lt;il' l'Sa 1ipo-&lt;'il llny mnehns nynuzr,.,.
'!/0111(('/¡P,

***

SI nos hemos detenido en I ral ar ele la ;1&lt;'m1rela en

l'.\tu~ 1,;N LA EXP()SlCION DE 1000. -L.\ TOl,ESlA DI': SAN JrLIAN.

ATRACTIVOS DE LA EXPOSICION DE 1900.
EL ANTIGUO PAB.IS.
En la orilla derecha del Sena, cerca del Puente de
.\ lma. se lenu11ará sobre una inmensa plarnfomia el
. l 11fiytrti 1'11 ,·l.s. 1·011 sui; torres, sn:s casas I curirn;os
,•dífit'irn, rel:ttaurados de una manera exactá para dar.
lrrnte á lrn; Palados de 11-ucrra y :Harina, PI espel'táeulri di• 1111 pasado plntoreseo y l'a rn ¡\ los ton1 empla•
1 ÍY&lt;t1,.

Ln plataf11r111a que sc-rvlr-~ ele pavimento al . l ,1ti'./1111 l'11d,·. ti&lt;•nt&gt; una supertlcie de ti,000 metro:, t'Ua1lrnd11s. l-iu ni1·cl la pundr;\ :í cubierto de lns l'l'etien-

11•s rlt&gt;l rín y esta precauci6n no i;6h1 es útil sino que
ú la ,·ez con1 ribuiril ií la hellei..a de tan interesante
lug:u·. El .l11li!l1111 /'orí.• tendrá ,•istas manl\'111(,sus
háci;t 111 E.x¡w:-kilín, las 1·rilinas de BlilleYue y ) Ieu-

El gmhado di' la pagma nucYe reprPs(•nt a cl can,ín sistema «~I ondragú11&gt;
cuv&lt;1 e!ern hl1 n•nldo estudiándo.~e de$che· hace oeho aíius. teniendo adjunta la
l'aja ele los proyt•ct ile;;de camis.~ de acero ele q111• se hace ui;o en esta clase de
artillería: así ct11n11 el rscoblllún v- rar;1s que siTl'en para sntranspone i:uanrl11 sp hace lfl tracción enu las a.~émilas
1¡ue sirwn t:uubiliu parn cargarle, y
transportarlo á traYés de las montailas
de nuestro país, en cuyo &lt;'aso se de:;.
compone la pieza y s us montajes en
tres t'argas que se repart.en en ut ras
tantas asémilas.
'roda la cnnstruc&lt;'i(ín del caMn, está
he&lt;'ha del mejor a~ro de las forjas tle
:--ail1CI ('harnond, fábrica donde se cunst ruy{1. De la misma manera su montaje. teniendo ~ste como especia.J!dad,
tambitln tle la invencil'tn del ::-;r. )Iondrag&lt;ín. el freno que se ve en la contera, qu¡• llene por ohjeto volver {L hacer entrar en h:ttalla la pie1.u. desput\s
de llaberst' disparado.
El alcance de esla pieza, que es de
mo11ta11a y adrcm1rla á nuc:. tn• J ais
mouU'l.Oba, es de t'incü mil metro.&lt;;, v el
pe:;o del eaüón no pasa ele 110,:en1a klh'&gt;gramos, In que le hace f:kilment e transportable porlo t·aminosy aspereza:; de la sierra.
La carga del cailtín es ele ciento trelnt a y dos gramos de pólrnra sin humo
r el 1~1l&gt;Co efi met{~lico. El ("aliorc riel
cai\11n e· de setenta r cuatro n1ilímetros y la velocidad inicial del proyectil
es de drn;dentos s etenta v cinco melros
por segundo, t lro rápido:
E) Teniente Coronel Sr. Mundragón,
sallo de rsta capital para Europa en
.J unio 12 del8!li. Los cañones que llevan su nombre y son de su lnvencl6n,
fu eron experlinentados en el polígono
de Saint Chamond, (Francia), rlando
un brillante resultado.

''EL DUELO INTERRUMPIDO''
'V.\t&gt;RO DE ,loSE GARNKLO , \ LDA.

, I&lt;Jn ntagníflt'n ¡2'rnb:tdo t.iradoaparte. ofrecemos hoy
a mwstros abonado::; u1111 repruduccl6n del célebre
l'uadro_ de Jns(&gt; Oarnelo .\ Ida. que rnnstltuye- 111111 de
las nieJores notas de nuestra Es_posición Nacional de
lwllai; .\. rtes.
Es una _t'scena 111La11w11tc clram.1.tlca.1t1spirwla por
nuestra ,nda moderna. En un halle estalló la 11!t-m1a.
y _estallo urn Sl~ngrle111amente quo el cm·ut·nt ro qu(ido pnctadc, ul-1m;1 ante, de modo que cu1intlo lrn, _primeros fulgorns &lt;!el sol naciente besaban cou 1111. pálida las marchitas pompas de los salones en donde

�Oomin;;o 1 ° ch Enerl:'l de 1899.

EL MU:NDO.

6

Viaje del Señor Presidente ole la República á Monterrey.

J¡'OTOGlUFL\8 D.0

D• L A.GRAJSC.a:.
.

Domingo 1 ° de Enero de 1899.

EL MUNDO.

El riaie del Sr. Presidente dB la RBDública

I'enetn\ en los tal1eres el Heiíor Presidente v clei&gt;pués de rcc-0rn•r lcs diferentes clepartawent&lt;;s que
c11nstituyen l:l negoci:Ldcín. relieitó á los_!;ei'iun•s (lp.
rente y JJireet or por lc,s iJuenc,s productos elaborados
en u Fábrka, obteniendo U&lt;' Jo más iutcre,,wtt:,
muestras que llevcí t'onsigo.

A ) IOXTERRRY.
VJSlTA. A. LA. l!'ABH..lCA IHC T,A FAMA
y JIOtrnos DE ,lEl,n"i-i )I.\IU \.

'En los )folinos de .J¡,sús "liaría el ilw,lrc vi. it;111tc
v sus acc,m¡;aDanteh, fueron rec1birlm, -¡,ur el ~r. Ingeniero )J;rnnel G. Bhero. wieruhro dela C'asa Y. Hivero :-,ncl'sores, quíN1 ltizo l11s lwnnres de la casn,
mC1Slra11clo 1n u.aquinaria, Lrahajn.. ensPrrs, matt•rias primas, y todo lo 4uc' crnist i t nyr y u,;a la nego&lt;"lación, así c·omo lcis proclut·tos rtah&lt;¡rarlos c¡ue son,
no cabe duela rlo. ele lo wejor 4m· i.e pn,clut'c en 1ml I t-rla de hariuas. puei, rivallz.an Yentn.jo~amente ton
las (•xtranjeras y es i:sta una ele las más pcqueiias induf.trias que 1 iPne establec-idai. la cmprendeclur:1 c·as,t
Ri,ero f:-,ucesores.

La mru1ana del miércoles ~I del pasaclo salicí d ~r.
Pres1dent.e aromp,lfütdo de numerosa 1·oruit i\a,:í ,·isitar la Fábrica de «La }'ama&gt; y los .\Iulinus de .J CbtÍI-,
María.
En la Jo}fütcii'&gt;n del XaC'io11al Mcxkano tuiuarou un
tren espedal, y ,·elnte minutos de:-;p11tls ll&lt;'g:tron al
lugar de parada frente{¡ la fitb1ic-.a.
El traye&lt;·Lo, torno de quinientos metros, halhíhase
cubierto por niilos de ambos sexob, de 1•sc11el:1s o-fkiales, que for1!1ahan Yalla, sostenieuclo ellai- preciosa.,
bandera,-. trl('olores ypresentanclo ellos armas, el conjunto l'ra lwllo y tierno i&gt;speetitc•ulo. La llegacla &lt;le la tr1mltJva, m:ompaiíatla dclossciiore1, I:ng-eniero )humd
Rivero y Twmís )Icndirkhaga, cu represi&gt;ntaclón ele
las lwnomliles rnsas \'. ltivero Sm•s. y Sm':-;.. rlr llermíndez lwrm:mos1 principales actionist as de esta lll'·
gociacic\n, ful1 recibida por los Hres. .Jrn,P Olivirr y
Comonfmt, Hrrente de la fábriea. y Pablo ::&lt;eg-ana.
Director.
En el primer patlo ele\áhase nn artfst ko nreo formado de p;was ele a]g11d1ín. algodií11 s111•l1 o, hui;11 y demás utensilios.

.\l p,1sar al enmNlor. llam,í,poder&lt;isamt&gt;nte hl atrnción de la i:omitiv11 un 1\g11iJa virn. sujel a á un cstuclo &lt;p11• corn1111ta la puNta de l'ntrnca. La reirm de!
las ,n LS Sl' halla ha l'.!itl las alas ableJ tas, y lns piés li¡rados. ¡.u , h,ta tué m(lt i, o de mm·bas agudczns: mas
:1í111 euando se s11pu la coinridnwia. de que mc,weltto¡; antes rlr po~arse en la quinta, la f:ílJricn no ti•nía
un r11Jje to aprnpiadu que poner sobre el e-seudo.

1,

( '.\RIU) AWW&lt;IIIH'O 1&gt;1~ LA FA.BRIC..t DI~ T1,~1100.;

C.\ llllO .\w,;GQRICO

DE &lt;LA REINERA.&gt;

(',\RIIO ALBGOlUCO DE L.\.cFAURll'.\ DR Jor.H1
O \Sl-:OS.\S.&gt;

El M. Preslde111e propusu,que se.pu. iera al ave· un
anillo de oro, en el pil;, con la fedm irahada, dándole

&lt;L.\ l''.Dr.~.&gt; .(Tmr.AD.A nu:..~ rE .\ L 1':lll~'lc-J;¡ DE L.\. ;ilISM.\..)

AltC'O 1,EVAN1'.\.DO I'Oll LO'- O P&amp;fü\RIOS DE cLA F,DL\,&gt;

momentCls antes Sl' t!ft•c·tualia el sarao, .va los contendientes estaban sobre t•I menguado cm11JJ1&gt; 1ld honor.
espada en mano y listos para /mm· ,m nomlm,.
Mas he ahf que en el momenl(I en que los padrinos
habían dado la roz de Zi.-&lt;lo.~! un carruaje, lanzado á el:icape, aparece entre los daros del follaje y l}ega al sitio en que 1:,e dci:;arrollaba e1 drama. Los_ nvales sorprendidos b:ijan las espadas yel cl~elo sr mt~rrumpe.
IJel e.arruaje descienden doi:; muJeres, atavnulai. aún
con los trajes de la tiesta, y una de ellas, la e.5posa
sin eluda, abraza ;i uno de los contendientes el cual calla mirando hoscamente el suelo, mientras su ad\'C;sarlo, respetando el nobilísimo lmp~1lso de a)llor
que es causa de la interrupción, espera dignamente la
decisión de les padrinos.
Es una obra perfe&lt;•tamenLe sentida y ejecutada.
con m:wstría Lant.o en el conjunto como ea los detalles. El dibujo es minucioso sin amaneramiento, el
colorido real y sobrio, la pen;pectiva y el modelado
bnenos.
Tiene nn prqueiío defecto de composición: el extraordlnarlo parecido físioo de ambos contendientes,
el cual hizo que alguien l)auti1,ara. este cuadro con el
ircínico título de c.lJtiela enlre gemelos,&gt;
Hay que advertir que el cuadro que se encuenLra.
en hL .Academia de , an Carlos es el boceto que trazó
t&gt;l autor para. l:L ejecución del miadro detiniti,o que
se halla en Europa. Posteriormente y antes de enviarlo á Méxlco, el mismo Garnelo de Alda, concluyó el boceto, copiándolo del cuadro deflI.lltivo á que
acabamos de referirnos, el cual fué premiado en Madrid con medalla de segunda clase.

C'A1rno ,\LEGOlllCO m,: LA cC1-:uvi,:n,:R1A ('f'ArnTEMQC.&gt;

-- -..-,,_.. ......•
1

-..

AGt'ILA APRl,!JON.!DA EN LO:.
MOLI.NOS D~:
J i,:sus 1\1Ali1A l,;L DI.\ DE - LA
·'VISlTA DEL
~B. PltESIDENTE.

C.A.11RO ALRGORICO DE LA CASA. cSoRl'RKSA Y PRBUVERA.&gt; 1

F.ABR.ICA DE A..BTEFACTOS DE HIER-tO LAllINADO,

Ü.ARRO DE LA C::rnPA511A )! IN".!J.H &lt;ZARA GOZA.&gt;

�;.

Domingo 1

EL MUXDO.

después libertad; opinión que fu~ accgida eon acla10at'.iones.
rna wz terminada la rápl&lt;la YlsH.a á la fü1ca. la
('(ltnitirn presidencial ocupó de nuno sn carro, en
uni6a del ~r. ni 1·ero, pasando por un ingenioso puen1e formado por sacos de harina qne se Ie,·antó cert'a
cll· la , la férrea.
CARROS ALEGORJCOS.

lmpo11e11te y grandiosa fué la procesl&lt;Ín Industrial
que rel'l1rri1~ 11s calles de )Tonterrey la noche del jnt-ves :!:! del pas ido Díclcmbrc. para manifestar al :--r.
Presidente el respeto, la admiradi'tn y el agradcrimiento de las cliversas empresal&gt; de aquella ciudacl.
Formaban In pro&lt;'eslón velntldos carros aleg,~rito~.
tle los ,·uales nparect&gt;n los que pudieron wmarse fotognítil•11mente.
Or¡rmtizúse la procei,;ión, empezando el ,kstile en la
calle del llospllal hacia el ~ur. hasta la l'laz11 de Ilrg-olladn, pasando frente á la casa del Hur.lt'rnador.

aloj:1111ientn del ~r. Presidente, pura seguir despn(,s

por lm, t'alll's ele Hidalgo, Zarago1.a. Hoctor )ficr .v
Hoble, ~- disolverse en la l'laza del Colegio C'ivil.
Totlos los balcones de hL~ c,\llcs del l ráru;i to fueron
ocupadris por infi11idad de espectad&lt;Tes, y alguno.'&gt;
dí' t•stos tu\'ierfln que pagar prel'ios Pleradfsímos por
las toralidarl\'S.
Atlemás del ahnnhrado dt• g:asc Jina y gas acetileno
que l11•1aban los earros. una multitud de indlvidnns
marcharon C{)n antorchas y luces de Beng"ala danrlo Íl
la 1•scena un aspecto fantást lt'o.

°

de Enero de 1899

Domingo 1 e de :Enero de 18911.

EL GR,\X H.lILE EY ET, CA.SI.NO.
Ln facbadlt del i;nnt uoso edificio brlll.ahn con su extraordinaria lluminacMn. Ei,;turn formada éle mult 1l ud de lúmpnra~ inrandecE&gt;ntr., que en artfsli&lt;'a comhlnadc\n rcprrsPntaha capri&lt;-hcsas figura¡; ele! mejor
gusto.
.\ lo largu del w1-;tílmlo, dos hileras de csbrltas cnlumnm, de mím110! negro sobre las que, en rlt•gantes
t i,stm, rle porcr•lana. lncían con rnriado mat.izplantas
y llorc11 exMicas. Complet.aba este armonioso conjunto, 11n:1 ))1h"ed,\ de raso colur de roba, artíst lcamcnte
plegado.
Los mm•oi,; lucían, de Lrecho en t..tel'ho. Plegantesespejos hisPladus cuyo el l-erso cristal encuadraban lujrn,ns mareos.
El aspecto del patio infPrim·. era prorligimm. C':uh1
una rle Ju.-- l'lnco dh·isiones &lt;¡ue formah;111 ri;e patio M'

componía de una !Prit• de elegantes column1\s. plnuidns 111 ,\lec,. en que el color uro viejo que élominaha.
producía t&gt;I &lt;.-freto &lt;le un11 d • rsus snntuc,sos templosd,•
st•verm, naves.
El piso Pstaba n1bierlo dealfornbrasclcrolores. rojo
~- a1.11J. que fnnnahan agradable contraste con lrn,
aclornos de gm,a que unen los capileh!s ne las rolumnns.
l&lt;~I resto rlt'I a&lt;lornrl t·unsist fa en graudt•s wlll·•tcnes. esJk•Jns y lihores. distribuidos 1·n:1 g-nslo ~• ('..11!,1:ados &lt;:on art.c.
A la parte iz,¡uier&lt;la clel rorrJclrir estah,l el sal,ín del

\' RSTl.KULO D~;L Ci\lSTNU.

\"L'-T.\

r

S.\LON t'ONSTIU'IDO ESPECI \L11ENTF: P.\U \ EL

nur.r,:

01t.\N K\L(IN DI•: H.\JU;.

l'ltES!llE:\"("IAL,

Es uno do los &lt;:Pnt ros de sociedad m,ís simpátil'os
y aleg-res. No s6io da las flei,ta.s peri6cllcas que el i·cglamento previe,w, sino que ron pretextos mil , inge-

lahor ~- no las disipan inúLllmcnte, para ganar hirn
el temprano reposo; por la noche nadie piensa smo
en dil'ertlrse, respirar el aire libre y espaciar el es-

niosamente bus::aclo¡.¡ y apn,1·C'chados en conciencia
por los j6n•nes. menudean lmilc y reuniones. e.xi raordlnarios. Y con frecuencia improvis:rn t~r1 nfü111 que
no obstante ·er preparada;, en merlia hora, resultan
magnilkas por el número rle concurrentes y el t&gt;ntusiasmo de todos ellos.
La sociedad de ~fonterrey es de las más alegres y
dispuestas á dh·ertirse. );o la ahC'rroja ese sentimiento levítico y triste que hace de las ciudades ele prnvincia, conventos Jc\hregos desde que suena en las
1glesias el toque de oración. El tlima e.Hielo favorece
la Yida bulliciosa que sale en 1 ropel de las casas y
los talleres para ei;parcin,e en los piu·ques y ala-

píritu.
Los que se qul'dan en casa no busc.tn los rincones
obscurns: abren puertas y 1·e11ta11as, llace11 sonar los
pianos, reciben Yisit as.
Los miembros del Casino dan :\ su cent ro sncial el
carácter q11e piden ]¡11-; condiciones éle clima de la capital neolconesa r como el edll'icio est{1 situado cerca
de la Plaza Principal. Jugar á donde l:Oncurren dos
n•ces por semana las rauülias reglomontanas, han
conseguido que el Casino no sea c-omo lo son casi l,lJdos lo· cstablcclm:ientos de su clru;e, un centro para
hombres, y sólo para hombres, fuera de las noellcs de
reunión. De esta costumbre que tienen las dama~-de
concurrir al Casino, nace la extraordinaria facilidad
con que i,;e imprnvisan (ie tas y tcrtul ias r conciertos.
El elemento extl""&lt;1nje-ro ha hecho una transfusión

medai;.

Durante el día tooo es trabajo. trabajo absorbente

banquete. Lo:s muros rle 1•i;lt's ,~uhiertos di&gt;
espejos. ;1ltPrnaban ron haces rle handeras de
1o&lt;fas lai-; nal'ionei,, formanrlo 11n conjunto
agrarlahle. ('lnco ftK'rn; de rolor y den inrandescrnt.es derramaron ~u luz en estu aposento, que part'1·ía iluminado,¡ yi11,·111i.
[lal)fa nos mesas d1• honor. arreglmlas
para dit!cinuev~ l'uhiertos, formando dc,:;ín¡nilos recto.-;. unidos: lu g-eneral se extt&gt;nliía en lí11ea reeta. Otras mesltas mo1·ihlP:-. s" rol&lt;waron Pll t&gt;I patiu descrito,
no basLando el :-.alón mmerlor paraaloj:ir
al g-ran 111'111wro rle hwiladns que emwurril'ron.

La esealcra t¡llc á amhos lados s!' en('ont raha. dt&gt;jaba c·orrer cnt.re los claros del follaj1•,
cspléndilias rasi.·adi1s. Sallaha Pl agua entr(•
1·aprichosas y hlancas est ,llnct itas y en rompit-ntes &lt;le espuuut tafa en reriplentrs rodeados de fresc{1 hPno y hlanc:as rosas, rel\ejan-

d,, u na espléndida combin;w.icín de

luces.

La plantn alta m1taba rormacfa por un gran
pal in clP hermosísimo aspecto. El rnnjunt&lt;l
en su decorarlo er:\ de estilo Luii. XY. Ilav
una serie de rolm1m:L'i de orden jt\nico, &lt;l°e
llriraclas rnlutas. De ellas arranca un númrro igual rlE' regias arcos. Brmaban en lm;
1·11plteles cenlenares de lámparas Edlsson.
fnrmanclo óvalos. en tanto que los areos ostentaban magn!ficoscortinajes de rm;o amarillo paja, orlarlos de oro y bambalinas verclP nilo y rosn.
En la uni6n de los arcos, rlE'gantC'S eseu(los artJsticamente combinados t·on palmas
1•oi;¡11fas.

El techo fuP rubterto v nhoYedado ron
rresponcs de g:asa, l11elendo entre ésta, ant·hns rr1injas amarillo. azul y rosa; complctalia el sobcrl,io ronj1111¡ o la gran arana. del
t·ent ro, de &lt;!onde pe,tidfan esreras esmalt.aclas. y guirnaldas epyos rolore ltlcfan enlrP
lo» innnmemlfl s focos in~ndescentes.
La alfombra ora rqja y ai.uTStep. Es la
ESCALERA DE UOXOR DEL t'.\~I ~ &gt;.

-

que usa t:I C.'llsinu para los halles, .I' tamhlen
t·n sus s:1lones de rrcepción. Estos, en nú111ern tle trt's, ('l-itaban sr-parados del cuntro;
lns later-.llcs. por t.encilrlos arcos. Su rlel'.Oraclu era de un lujo espléndido. Lns puerlns
tenían t&gt;l('gantes cortinaJes ele lino peluche
rojo y oro Yicjo, i:omhlnudm, con verde y rosa. En el l.11terior ludan magníHcas lunas
Yrllt&gt;t·iana.~. ,;st osos tapices y stml Uli!&gt;O y
rit'o mobiliario. Resaltahan lus sillones. en
gran u(imero. 1·(m su blando acojinado de
l'fljll

EXTERIOtt DEL ( '.\&lt;;INO DE )JoNTEH111i:Y.

~mo es el de las gentes que cuentan sus horas de

muy f:n·orable ni progreso de los lláhitos de socinhili
dad. Gna sociedad cunsmopolita corno la de :'llontt~
rrey. es por naturaleza abierta y liberal con los no
aYecim1dos en la poblacl6n. y cotuo la gran masa ele
negocios de Lodo orden atra,e diarhnuente forastPros
ú aquella ciudad. PI resultado es que todos encantados con la ae&lt;igida carii1osa que rccihcn, traban estrecha relaciones con lo.~ h,1bitantes , forman un elemeuto. más bien dispuesto á darle brillo y moYitnlento á. la Yida de salón.
Las personas distinguidas de )[onterre~, Ylven diaramente en con lacto con el mundo. pues han Yiajado, w utbas ele ellas recibieron su educación en el extranjero y todas procuran pura el lugar de su residencia ese
m ov lmient.o. esa transwma.eirtrr rápi&lt;fa que caracte-

riza .t ros países aYam.ados y cultos. -Xo hacen, pues,
derivar sus costumbres del sólo impuhm de la trudicián. sino que auxiUados por los 1esidentes extranjcrns, las ponen en consonancia eou la ép&lt;lf'a,

ft&gt;lpll.

el Cl'Ol ro del salón se wla un cuadro
con rl 1·etrato del ~eñor Ge!leral Dlaz. al que
formaha warco un gTan pahellón de raso.
Lu~ otros departamentos eran tarnblen muy
1&lt;:11

elegantt•s. La i-;ala, rlestinada pnra la tollett t&gt; de las sciioras. era espl¡,lndida. El grande
y lujoso locaclor S" extendfa ocupando todo
un crn,;tado v alcanzaba al techo. Era de caoha con moldtu·as artísLicamente talladus. El
resto rle la sala cstatm dividido 1&gt;n tres compart.i111ie11t.os, por medio demagnHicrn; espejos vt&gt;11Pclanos.
El sallín- tncador estaba co1111111icado con

,,¡ que sirve de J!Uarclarropa. ~o tenia éste
más que una elegante eslanteria, ele caoba,
luciendo en los cajo11es y puerteclllas, artfalieos I alladns.
A1 ~eilor Presldentt&gt; v su ~Unlstros se les
cli&gt;stinaron dos saloncli.os amueblados con
al{rable HHPridad y exqulslto gusto.
Otro saltí11 más ampllo se desl in(S ,í. los cal1all1.:roi,. par,1 rkseanso. Se veía en éste un
gigantes1'.t) espt'jo que cubl'ía todo el ronde,,
llegmulo llasla el terllo.
1 amhi(tn,

Por (iltimo, mP1wlonaremo:,; el departamento de guardarrripa de~caballeros. Tan
bien arreglado t·nmn los otros apo¡,entos; tan
bien &lt;llspuesto como ello' r tan bien decorarlo l'tmLrihuye á sentar más la fama y repa-tación &lt;le que e011 just ici:i goza el aristocn'l.tico Casino de ~Ionterrey.

EL C.l"S°ON MOXDR.lGO:N EN FRAXCLl. ( Vea.se el texto. )

�EL

10

Domingo l

innmo.

de Enero de 1899.

O

Domingo 1° de Enero de 1899.

NOEL..

Tristezas de año nuevo
UN INESPERADO.
El bullicio urbano llegaba basta mi retiro de con-

'"º !esciente. Cohetes de colores lanzahan su puñado de

,1balorios fugitivos en fa noche; gritos y cantos y exclamaciones en la calle se de1&gt;Lacaban del sordo rum&lt;&gt;r
de los pealone .
.Allá, ,,1drieras ilumjnadas (~ yio,·,w por las bujías de
Jos candiles; allií el triángulo de lucecllla de un 1í rúol
11e J.'cLL•idad nuevamente encendido; en el aire frlo de
la no('be, como roto collar de notas, un fragmento de
rnls triste y como respondiendo al canto ele un gallo
deslumbraclo por la luna; súbito y jubiloso sonar de
pitos, panderos y coros, en un patio populoso.
Y yo enfermo J t,ristc esperando al aílo nuevo, ese
infante salido de las decrépitas manos (le Saturno, como quien espera la llegada del emis:,rio portallor de
malas nuerns.

)lis u migos en sus hogares, al calor de la familia.
mis parientes en lejano terruño. mis ,·ecinos huyendo
del domicilio Yetusto, el mendigo ausrnte de su puerta favorita, ni uno tí quien presentar la l'Opa llena de
vlno }. coronada de asroclelos para co11jurar las desdichas por temer, 1m'ís bien que para inYooar lm, fellcidadei; por venir.
Y miraba al campo de lo. cielos, inmutable y nunca
mou6tuno en la procesh\n de antorcl1a · de los astros
rn negro (·irc·o
. . á lo cielos espléndidos como
nunca, iluminarlos por una luna r&lt;'Splandeciente, bla11&lt;'.t y velada Beatriz. discurriendo por 1111 jardín de
tánclidas awcenas; ¡~ los cielos tranquilos cuya suprema indiferencia contrastabaccm la a~Hac-lóo tcrrestl"e
ele In:- q11e miden la Yicla por a_ilos bajo la mirada de
un poh·l• &lt;lt&gt; Yía !actea que cuenta su infancla por
mlllone,; de siglos.
Y pfü;eme ñ lt•er ,·lcjai: canas y ,l. c·onternplar viejos n•tratos. ~- á exJrnmarYiejas rlores, reliquia.,; todas
de riejo:, amoríos: como quien recoje las hojarast·a de un arhol ecul,tr. para le&lt;•r en cada tallo y en
rada marchita c•m·uhl un epi ·odio de fa última primavera.
Pero hl viña puede medirse por años? ,.:el río de la
vidu puede c•stinrnrse con ll•s kilt'm1etrusdel geógrafo?
;,el hil&lt;, rle la ,·ida se grachía como la cur1·da de un
,.,.¡1o1 ;,la radena de la vida es ele eslabones simHricw,?
Cmín viejo era en aquellos instantPs, en plenajuven111&lt;1 anat,ímica á semejanza del boyero dl• la l&lt;-yenda
;'1 quien los dioses computaban su exislenria m.ís que
por la duraC'ión por la intensidad dt&gt; sns ·cnsacloues,
resultando decrépito al cumplir aper1as los quince
ai1os con un solo amor griego sobre la conciencia.
Y me sentía tanto más wlo cuanto m1\s cansado. y
,olvla mi pensamiento,\ ot,ros soliuu·ios en esa noche
de efusiones, de plegarias, de vaticinios y de ternuras.
Pens-,ha en el vigía, que en lo nlto del mástil esplora la negrura de los mares , ofiando con los placeres de
la orilla: en el galeote que cuenta con Jo dedos el

año menos para reconquista,1· su libertael, ya. inepto
para clistrutarla porqu~ e.ncaneció en el presidio; en el
rraile para quien lo· tlempos son urilim bre sutil que
el soplo de la muerte rompe como tela de amiia Y hL
clep idra mundana muy pequeña para medir la pel'petua bienandanza ó la condtnaciún eter1ia; en el centinela transido de frío, .'i solas con su arma y á. solas
ccm sus remembrtt111..as; en el médico atento á la agc,nía de un incurable: en el loco iusomne que rumia el
ritornelo de su obse!ó;lcín; en el hijo pr6digo que siente vlboras en el alma v llanto en los ojos; en el
viandante que se extravía en la selva ouscura: en el
desterrado que fallece de nostalgia; en el prófugo cuy-a pena mayor es no poder reciLarcomo mel6dicoYerbo. el nomlJre de la madre, del liermano, de la amada,
y p&lt;&gt;nsaba en mí mismo. atenido á loo cuidados mercenarios de una sirviente que tenía nieto:,.
tiobre la mesa había flores, golosinas, copas y rino ...... tres hujías encendidas.. . . . humeaba el
tl1il . . . . y i;obre el phtto la eX&lt;'llbét de mis l nvit ados.
Y yo que babía pensado un brindis! Yo que iba i't
decirles que en esa noche la Fortuna era 1·ortesana t,rn
deseada y tan solicitada que no podfa complacerá todos; que Dios debía reir allá en lo alto de las brazarlas de espenu1zas rle los buenos galeotes ele la tierra;
de los cantos triunfah:s dr esta ci·gástula de dolores
lJUe se llama el mundo¡ de tanta promesas corno se
hacen l'Opa en mano cuando quiz1í, imisible, detr1ís
del orador. taclluma ,. fría, la muerte se sacude el
manto negro que ~alpic6 el champaña.
Iba á decirles que brindáramos siquiera por nna
tregua.
!&gt;e la calle ascendi6 uu lamento largo, eomo el quej ido de un redén naddo.. . . . un grito doloroso y
pat~tico como de alguien que pide auxilio 1í implora
el s&lt;x·orro de una madre .....
}Ie asomé: tiritando (le frío, mirando íi mis ventnnais como un mendigo en espera de limosn.is, un gato
maullaba Inconsolable ..... .
-Entra.amigo mío, y súbito enternecimiento me hizo abrirle, lhunarlo, como si fuese un peregrino e11 busL'a de hospedaje. Entra, no temas, ¡y cuán flaco y
enft&gt;tmo Yic:nes~ Entrn, no tengas recelo, soy un amigo de los gatos. )fe eSC'onder¡; para que pases: eres un
gato de la plebe: cómo te extrafüm las alfombras. y
el pcrfmne de las rosas desbordando de los ,·aso de arcilla; y la luz intensa; y los cortinajes discretos; y el
ambiente tlbio hecho para la amorosa intimidad. ¡ Pobre enfermo, vienes cubierto de fango, y herido, y
agresi,·u como todos los hambrientos!
Sube á la mesa )' toma lo que gustes: qui1.á prefieras la carne ordinaria, ó el gigote plebeyo y no te
¡;eduzcan los pistaches enrneltos en azúcar ürlstalizaela: ese jamcín color de mlrto: esos blondo¡¡ pasteles de
dorada costra; esa ga laotina irónicamente recamada
de arabescos de g-rasa y pompones de seda; esas frutas
briJl:mt.es como barnizada11 con la1.:a; esas g-elaUnas trémulas y diáfana:;: cnme, eres mi amigo de esta noche.
El auJma l. pl'imero. quiso huir)' no lo 1r,mt1uili?..aJ'on mh, caricias. ·e refugió olfateando en el anaquel
de una librería. saltó sobre un yeso, se paseó por el
marco de ltll retrato de familia y por fin atmído por
el /11,111-t de un pastt&gt;l de pollo, con todo el slbarit ismo
de la raza la emprendió contra un alón que &lt;'011 mil
preparativos y entrecerrando los ojos engulló lentamente.
l lesputls eligió lo que ;1 bien i.uvo sin que yo osara
ni mirarlo de frentc.-el gatu e. tan hipereste~iable
que .,irnfr una mirada-conform¡índome t·on seguir sn
cena reflejacl:t en ltll espejo.
~unca me he :;entido tan caritativo. ni he palpa&lt;lo
la roluptuo. lelad moral rlé una buena acción como en
aquellos inst,U1tes.
He ahí que su,-, hermoi;os ojostintilar, como amatistas, que sus miembros se rlesentumcce11: que su cola
contenta asume la curbatura de un cuello de cisne. de
una asa de ánfora, cte una rama de lita, de un cayado
episcopal 1í se balancea á diestra y siniestra l'omo el
dedo velludo de un monstmoso troglodita cliciendo ;no!
Em10rvó la espina comu una giba de camello, hin1·6 las uñas en el mantel, se lami6 la nulz y loco de
comento y denibando copas, se pusú á. jugar «l a~t.~i1w./o rPjiim,do con una nuez rle Castilla.
;.Por qué á la vista de aquél dichoso, jnfel!z hacfa

un cuarto de hora, ante aquel ~-aUejero qne se rne
antojaba. \'estido ele uegro pelaJe, un poeta robre;
por qué al ver so facilidad de olvido, su adnurabll'
adaptación al medio y al momento presentes. una~&gt;ca nada de clarivirlenc~ias me blzo en&lt;·outru en su Jllbllo tantas explicaciones y pareci?os? .
,
Lo llamé y l'ino pos:\nrlose en m1. rodillas, pasanrl~me como m1 pinrel, su cola por la fa1,: soné una caJa
ele música y n!!'uzó el oído: Je acerqué una rosa y huye\ disgustad; :.acudí ios prismas del cm1delabro y
engrif() las garras: le most,ré una bom boner¡¡ de t·oral en forma de cápsula y la bite rodar por el tapíz y
se lnnz!Í tras ellll con la curiosidad remenina de su
raza.
lgual .í la mujer, Idéntico á la Forruna,_deslumhrncfoporlo, brillazones y prefiriendo al plat1ll&lt;1suculento la naderill c111inial'ia.
Yalienle año nuevo ¡¡quel, v alegre, porque me sentía alegre en compañía de Ull irracional tan c6mi~o y
serio á la par que be me antojaba la metempsico,m,de
algun filósofo ó la materialización de un espíritu de
buen llurnor dolido de mi soledad ...... !
C1ímo el volupt.oso salU&gt; al CHjón abierto del bufe.te
y haraj6 las amorosas carlas, cómo retozó ron los listones y se Crot6 las narlC{'S en los bucles de cabello
blondo' y perfumado con ambar g:r_i~, de mi no"i:t;
c6mo destrozó las ílore. set·as y parec10 m teresarle, ma,:;
e¡ ue nada, un pailuelo de baile que arrugó y dejó w,lar
como un harapo.
Y cant,;arlo al fü,, arrellenóse en un cojín muelle ) lo
oí ronronear, y dormitó cerrando desconfiado un . ·o](,
ojo.
.
.
.\ 1 diablo mis mclancolias y mis aranes: aquel s1bari I a era un emblema de la Fortuna, del Aeaso. ele la
mella. ele todas esafi fugitivas que suelen Jla1m11· á la
puerta tiritando de frío y hambri_entas; ele las 14ue
buscan, ií quien espera otra compañrn: de lasqn~ ~osahen ele&amp;irentre el uniso burdo y la trufa patr1l'rn, de
las que0 se rleslumhran con la l&gt;ujerfa brillantl' y 1111ren del aroma ducal de la rosa; ele las que rompen
~artas y huellan paiiuelos de batista.
A.l diablo mis melancolías ;,no es wr1hld gato negro:' .\ lll salud .•\.1 diablo mis tristezas en u_na nol'he . la íiltimadel ,Liio en cuyns dos horaspostmnera~
he apre11dldo más que t'n los meses restante·.
ll e aprendido que la Fortllna escmnoese clur111lente, y que bien puede brindarse {i solas teniendo pot·
anfitrión tí un Irracional.
•
- .\ tu salud, amigo mío, á quien adopto y á c¡uicn
por la ('olor llami\ré «Dumas padr~&gt; y por el slmhól11·n siguiticndo « El . \ca:;11,&gt; neur6t,1co senor () lit' gohierna á los humanos.

11

EL :MU.NDO.

Cada pueblo, cada :raza y cada época tienen sus conmemoraciones especiales, sus fiestas propias, sus regocijos peculiares: Grecia, el Gimnasio y el Teatro;
Roma, el Circo y el l•'estin; la Edad .Media, el Torneo
y la Procesión; Espal1a, la corrida de toros; Francia.
el café y los salones. En el uno, las festilh•idades
son cívicas, en el otro, religiosas, en el otro, sociales;
pero hay una conmemoración, bay una fiesta universal, tradicional. que t.-O&lt;los los hombres celebran, c¡ue
todos los pueblos p:ractican: el ffo del ailo y el nacimiento de su sucesor.
l&lt;'iesta de ilusión y de esperanza . . •ral parece al hombre que con el afio que se Yá, huyen todos los dolores,
se disipan todos los desengaiios; que con él quedan sepultadas todas las miserias y todos los desencanto ; y
tal le parece que coa el año que viene renacer{m todas la. esperanzas, acudirán en tropel todas las dichas,
i;e realizarán todos los ensueños. J.'Milmente se admite que con el año de ayer queda cerrada la Caja de
Pandol".i y qne con el aiio de lloy se derraman!. sobre
nuestrns cabeí'd'ls el C'11erno de la Abundancia. En el
sudario del ailu que muere creemos dejar sepultadas
pal"J siempre todas nuei;tras amarguras, y registramos ávidamente la cuna del ai1o qne nace seguros de
encontrar en ella todo' los dones v todas las satisfacciones de la existen&lt;'ia.
·
Esta ilusión y esta esperanza celebramos con las
más ardientes expansiones, con las ternm·as 1m\ exquisitas. rodeados de todos los seres á qnienes amamu y á quienes asociamos y creemos participantes de
nuestra futura felicidad. La, ida era. ayer aím, un nudo gordiano, apretado, inestricable. en que se enmamñabno los ímluos problemas del ínte1·és, del porvenir, de la ambici6n no satisfecha. ele la ilusión no realizada; todo el año anterior, toda la ,ida fa babi11mos
pasado cnredánclolo por querer desatarlo. a·pretándolo por querer aflojarlo, mezclando~en sus ensortijadas
cocas nuevos hilos que las complican sin en&lt;'ontrar el
de , \ riadna que ha de orientarnos en el laberinto y
conducirnos á la l:l:llidit tranca, á las M&gt;luciom:s honorable,. á los desenlaces trilmfales; y el nudo, como una
madeja de interrogacicme sin respuesta, resiste, se
obstina, y no logramns desatarlú. Pero llega el ailo
nuevo y juzgamos que porqlle un instante del tiempo
1:1e ha d lsi pado. que porque un astro h,L pasado por un
punto ilusorio de una línea in1aginaría, el nudo queda
dese&lt;"ho y ovillado y que ya podremos seguros y tranquilos desenvolver el hilo de la existencia y seguirlo
hasta el cabo sin tropiezos, sin esfuerzos, sin contratiempos como quien navega en mrtr tranquila con el
faw ú la vista.
Por eso los regocijos de año nue\'O son universales
y seculares, como sou uníversales y seculares la ilusión y la esperanza y todos los pueblos los celebran y

conmemoran según su índole y RU t~mperamento, pero sin dejar ninguno de detenerse en ese Instante crítico y entonar un himno de bien venida, nna plegarla propiciatoria ú un hurra entuslastit al afio que
nace.
En los países tropicale . de cielo azul y asu·os cintilantes, de brisas tibias y perfumadas, los fes1ejos
son públicos y exteriores. Y enecia hac~ deslizar por
sus mágicos canales las teorías de sus góndolas, resonantes de m't'1slcas y cantos; en Xá.poles cireulan
por las calle grupos de poderoso cantores, bulliciosos,
alegres, festivos, ebrios de ,inos generosos y de ei.peranzru; locas; en Roma se abren de par en par la~ puertas de los templos, resuenan bnjosus b6Yedas los acordes plenos, prolongados y místicos ele los órganos;
voces di! mujeres y \'OCCS de niños, Yoces de :'ingeles,
entonan cantos escritos en el cielo; en Provenza SI! desenvuelven, en las arenas de los anLiguos circos romanos, las serpentinas ondulacionml de las tarándolas
que, al son del pífano y del tamboril, se anudan, se
desacen, serpean y giran como anillos ele ,1stosa culebra; e11 las plazas públicas se organizan bailes, bajo
los balcones se Improvisan serenatas; lo:, astros chispean como ascuas. las brisas zumban r&lt;&gt;mo insectos,
y la tuna desde el rielo soíll'lé inínica ante tani.a alegría que ba de converUrse despurs en dolor y alumbra, escéptica. tanto entusiasmo que ha de cleseulazarse mañana con gemidos y h\grlmas.
Pero son los países fríos, los pueblos del .Xortc, las
regiones inclementes, de cierzos helados y de brisas
cortantes, los que han dado carácter especial y tipo
peculiar á la conmemoración de ano nuevo. Para ellos
es una fie ta del hogar, de la familia. consagrada Ala
mujer, que es el S&lt;&gt;. t~n. y al nifio, que es el enC'anto
de la vida del hombre.
El cielo está nebuloso y obscuro: no luce t10 astro
en el Hrmamento; la ltmi,, aterlda, se t•nvuclYe como
en armiño. en densos nubarrones que ab. orben su claridad: los copol&gt; de nieve, blancas y pesaclas maripo•
sas, revolotean en el espano; un soplo helado se desprende del polo. y arrasa y f11st iga; los 1'trboles. esqueletos em'Ueltos cu sudarios. tienden !lllS ramas deshojadas como miembr1,,, momificados. .\fuera relmm la
soledttd y el silencio; nadie discurre pur calles ni plazas: todo el muudo st• encierra, busca el animo del
bogru·. el calor hienhel'hor de la familia. La fesli ,;.
dad desarrolla sus pompa:, entre cu:n ro paredes, (~
puerta cerrada. 1-,iu n11ís compaiíía que la familia y los
íntimos; mas no por eso es menos expansint. ni menos
bulliciosa, 11i menos brillante.
En el hogar arele un fuego c-hlspe8nte y amoroso;
el fuego, robado por Prometeo á los Dioses, el domador dt! la NaLuraleza. la alegría y la fuerza del hombre; ea el centro del salón, que pes:1dos cortinajes tapizan y muebles confol'tables y serio deccmm, el ,ir.
bol, como una áscua de oro, resplandeciente oon sus
mil luces. de cuyas ramas penden como frutos madu-

ros, las chucherías afiligranada , los juguetes vistot,0S, los encintados paquetes de apetitosas golosinas.
Luego, la mesa del restin, sunrnosa, con su vajilla de
porcelana antigua, su cristalería, fina como un ene.aje y retiplandecient,e como una joya¡ la hlanqUÍblma.
mantelería; el cubierto de plata cincelada; los pesados candelab1·os que eleY,lll en sus brazos eontorneados las bujías coronadas de luz.
En un momento dado se abren la puertas y la turba
bulliciosa de los ni11os. blancos. rubios. resplandecientes de limpieza, &lt;1e salud y ele Yida, se predpita. gritando y cantando al árbol. EJ jefe ele ln casa. ofkia de
pontifical: ese hombre venerable que ha vivido y sufrido, que ha luchado y triunfado, preside tí. la dh;tribuciún; con paternal ternur.i distribuye á ésta el rono Yigoroso. mofletudo, riramente ataviado en el
que bará sus primeros ensayos de madre y que le presagia 1ma ngorosa fecundidad; á alJuel el casco y h1
coraza, el sable y el caballo de guerra. símbolos ñe su
papel ele luchador en la ,•ida; á Jos pequeñuelos, bouajas y dulces, á la joYencitas chucherías de tocador. :t
la esposa, el hracelet.e ('Uajado de esmeralda· Yercles
como hi esperanza y de diamantes límpidos como la
virtud.
Luegd. en la mesa. ¡\ la hura del banr¡uete, ceremoniosa)" gra,·en1enLe, pa1-te y distribuye el pan &lt;'Orno
para que nadie ohidc qtúén lo trabaja y quién lo lle{L la casa y en el momento de Ja suprema Lransici(m. á la doce ele la noche, se lernnta y pronuncia
el brindis de bien Ye.nida al año nuern. brindis que es
á la vez mm plegarif\ y un himno, ~olemne y sentido,
en el que asncia 1í. tudos los suyo1, en un fen•lente,,•o,.
to de felicidad.
Aquello es á la vez tierno y augusLo, severo y dulce, patético y alegre. Esas gemes ('ou1prenden la virla no como una fiesta sino como una lucha; en los
momenu&gt;s de mayor y m,í.s libre expan:,iún, se 111oderan y refrenan. aleccionan y aconsejan y enrnenlran
el l1ilo de nuestra siempre enredada madeja en la línea recta del deber aceptado y cumplirlo.
Xosot,ros, latinos y tropicales, ks hemos plagiado
el ,írbol y el fest1n de famllia; pero nuesl ra Noel, net'.etiita, para parecen;e al suyo del cielo nebuloso, &lt;le
la blan&lt;"a nieve, de la brisa helada, de los hábitos de
,•ida interior y de los instintos dt&gt; hogar y ue famllht
pr&lt;&gt;pios de aquellos climas y de él(¡ll\!llas raz:is.

''ª

0

SENSf\OIONE,8 DE Vlf\JE.
CA IN.
&lt;Lienzo de Fernando CorDl.on---Museo de Luxe:rnburgo.)
A Carl o&amp; Pert&gt;pa.
Es una t"la trágica. CYocadora, ron loda lapa ,·orosa
miseria de la tribu maldita y toda la bíhlka cólera
del Dios implacable.
.Ante ella SP experimenta una sensaci&lt;\n dura .V angustiosa de real~dad y de_pesadilla. Esos c-uerpos. con
los delirantes OJOS lrnnd1ctos, lai; cabelleras
erizaclas cí ladas. hls bocas amargas y lamentables. loi; torsos quema&lt;los y heridos,
las piernas en la ten1,;ún suprema del 11 ltimo
desesperado e;.fuerzo, viYen! viven!. parece
que se escucha el ritmo jad~ante r cansado
de su fug-a en los arenales mrlcmcu1,es ...
Víven ·l\ son fantasmas que surgen en nosotros c1~· las profundidades. de los lfmites nublados. indeciso:;, perclielos, en que se mueven esos vaguísimos recuerdo~ de 11tr;1 cclacl
que apena empiezan á tourn, forma se desbaratan'.' son nue¡¡tros antepasaclt,,, que abren
silencio. os sus fosas en esas lejanlas el&lt;- la l'Ollciencia y pasan ~omo pidas ba(lll·i~aciones
por nuestro espín tu': \ lai; haluc-111a&lt;"wnes no
son ac;1so re,tlidacles': Hay alguna lth~·a e~
mi ser que r&lt;•slbtiendn el tiempo me liga a
ello.':' alguna g-ota dt' su sangre circula en
mis venas:&gt; alg-uno ele sm; dólore.s grita con mis doloresi' alg1ma ele sus esperam,;t,; canta con mis _esperanr.as:&gt; . . . Entonce no hun muerto! rntonces v¡yen porque yiyoyo -oh Jrn, infefü:es!-en~once~ siglll:'11 su p~ragrinacion secular con n~1 pe_r;grmacwn angust!osa.
con la angustiosa peregr111ac10n de todos, por ~1empre, eternamente, dejando en los zar1¿'lles. baJO _el
inexoral)le destino. f(I, amor, ideal, poesía, con el ritmo jadeantt&gt; y cansarlo rle la fuga en los arenales
lnclt'mentes ..... .

Allá ni la ca1·avana de réprobos, conducida por la
figura fatíd ica de Caío: bomhres. mujeres. niiios, bestias, andra.jos de pieles hirsutas .r gil'ones de carnes
desgarradas, picas de exterminio y hachas de vengan za, huyendo, arrastrada po s uraca nt'S dt' .r eovall

rf

omnip&lt;&gt;tenle y fulgurante! Y ei,ta ca.rarnna de réprobos es toda la civilizacMn: de esla familia infame nacerán guerreros. p&lt;&gt;etas )' 01tírtire.. -Pasa por el espíritu el pl\nico inmenso de las primeras edade de
ba.mbre y de do1Clr, el p:í.nico que soplaba muerte sobre los desierto caldeado hajo los cielos rojos, entre el ruido de las fieras flacas ,. ávidas y la blasfemia de los hombre· ,·ellndos y delincuentes. Leer una
página del formidable libro santo de Israel y contemplar el cuadro de Cormon, es la misma cosa: la

Yoz elel Eterno nwda sus anatemas en las mismas blívedas 11egras del cielo. despeelazadas por los alt'tazos
bravos y lílidos del relámpago; y en los coufines, i;ohre las mordentes pefias y sobre las puntas deltwibre
ele los arenales. galopan los grupos humanos lat igados pl&gt;r el Mstigo, regando en los siglos enloqueddos la sangre y el dolor qne han dado
:'i lu !Jistoria Trofeos de cJayas exterminacloraf;. de &lt;:anos triunfales. de estatmu;de m:írmol rntivo, de laureles de br&lt;mc.e herniC'o.
ele pi'1rpuras s;wgrlcntas como handeras -;
&lt;·nmu 1111 rajes, de cimeras flamantes ('!11110 1-'I
incendio y la gloria, de li ras ro1 as que at\11
vibran sus i:ímbkos proféticos, de lenguas
tru·taflas. que aún gritan sus chíusulas de
justkia, y de corazones arrancados que aún
laten rirtud y esperanza, denamanclo snhn•
la ('Onciencla el agua lustral de las fuentes
siempre Yirns del amor y del perdón!
Yicjo C'ain! des,,enturado padre de las infamia11 humanas! l'onciencia castigada, que
el espei1iíndose de ecL1d en eclad y de eA-piaclón
en expiacic'&gt;n l1a llegado hasta 11osot,ros para
que la arrojemos. con nuera marcadecóleras,
sobre las incertidumbres del porvenir, sin haber encontrado el Dios hueno. pütdoso, exorable. que hubiera lavado su pecarlo con sólo una h'igrimu de mujer.
con s61o un beso de amor!
Oh sangre rle .\ bel. basta cuando callará tu clmnm
de ,,engru1za ! ..... .

París, 189 .

�EL )HJN'DO.

NUESTRA ULTIMA
--------------('111110 11111s y yo bahia1110s r¡,sn&lt;&gt;llo separarnos el
d[a últim11 ele lllcicmtm.&gt; en Yírt ttcl rl·• que lllll&gt;st r11
amr,r se moría de anemia. m•~ par&lt;&gt;ei&lt;Í delil'ado ~- sig11ilicatirn rlesp,•dimos p:rn1 siempre clefiputss ele una
cena, íntima y rmtcrrml como los ríejns tígapPs crlstia11nl-.•í los post res d,• la cual. t ra:; un sorbo cle t·hampaila. enlr11riam,1s en plcnn aiío nucl'o, llrrnncln cacla
uno un t'ardu diyerso de q11inwrasq11c deshojar.
T1u1s hada ra anticipo:,; el" 1·n11descendencia á un
Teniente clt• .i1·tillerrn,. rt·n c11:111w á rnL sahore11ba
ele antemano la ,·0111pt1iosiclad de cles!'sper&lt;&gt;z.1rme &lt;le
amar. 1.1 rlklla de uua pr&lt;íximii y p;,&gt;rfccta apt ít ud para hacer &lt;le 111! capa un sayo y de 111i cora1.,í11 1111 hlot¡ne (, una Csl)nnja s.·gÍln 1·om·i11iern {t mis proyectos.
K n lll\' s~tfa fácil ohidar el I i bin y p •rtumado gahini•t i\ r, de 1111 n•st:1111•;111l dega11te; t.oclo actor11ad11 de
llores, v 1•11 l'ttro l' •11tro. tomo un rirtrai1ti ramillete
dP eristuk•·, pÍ1stns. frutas~- vinos p111icru01ns. 1,e lc-vantaba la mes11H d"st lnadu al i'1lt ímo fcst in.

Domingo..!_:; de Ene.ro de 1 IJ9

EL· OBSTACULO

CENA.

NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D' A...RTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.

nnei,Lro W,-1í-1/1r por el frín siherlano de I;~ calle, _donde Hím 110 la e,.,pernba el uniforme. rcsolnnws rnm~r

ú d11u los inl'\"itables 1, rw11f1-d.n,! que salc-n ,t cncam1na.rno~ hasta las fronu•nts de los \·iejos t·ariiíos.
- 'Tu era~ mnv interesante,&gt; me dijo In~s t&gt;ntre rlos
snrhns ti(' taN: .,: aumdiendo :í que el pretérito. lmperfC'ct o de que empe1.al&gt;a á hact•r uso, tenla twrto
,.¡,¡,,, ,i .,i11nrt e1mw se ilicP. a llora. lo adopt (, &lt;iesrlc luvgo. replin111do:
-Pnr 111 part t• &lt;&gt;ras adorable.
-Hecuerrlo t1ue babia pC'rpétuame11te en tu rostro
una expresi,ín de fatiga moral. cll' de-. encanto munclauo. 11 ue 1 e fa ro reda clemasiadl!.
_
-F.n t"llanto ;í ti, u1lrnl;as d ,• un modo ext r.11111 )'
c1wantnrtor. lnés. sabias enc.:nder arlmirnblcmente
toda la pirotecnia ele tus ojos. ;, l'ur t1u&lt;'.i ya no miras
así:'
&lt;.,¡ué quieres. las miradas :;e usnn er1mo ti,s Lrajt•s.
Y tÍI, por quC.: ha!&gt; Yulgarizado ese gesto:'
-Por la misma ra1.,í11 . . )[e pa,·ece rc,t•ord:u LamlMn (lllC te \"{'Stías llll'j()r IJUC abura.
-l&lt;~s posible: tú en ,·ambio tenías muy buenl('ustu
parn elegirme trlas.
Sl. por &lt;"ierto q11e te agrad,lban ltis tolores morteeinob, mitigados, ,mate .... Entonces usabas frernen!Pme111 e boleros r tomía~ &lt;·astaíias t·uhiertas, de
la 'i'fll'J'f Eiftrl.
.
J&gt;e rci'.i1s qne sí. Te a!'uerdas culintas castai1as
nos pa rti tnllil t•nn la hoca:,;
- Te diré, no it•o la utllicladrle recordarlo .... fueron muchas.
-:\Iuchas.-repíti6 ella µensaliva, arreglándose
rlis1raidanwnte 1111 riciio que caía como haeecil1o de
oro sobre el pétalo rosado de una de sus orejas,-umchas fueron: y con la incoherencia aparente de las
ideas tL~uciadas. que se l'an enhebrando dentro con
hiliUos de luz, obsen·ó convencida:
-X o.se puede negar que has tenldo siempre h11eu
gusto para las cenas.
-Ré que el Teniente es un sibarita.&gt; utlrmé para
tranq II i Ii1.arl11.
l&gt;e PÍateros y t-an Frandsco nos llegahan el núdo
-Quiéres un poco de crema después de' tu café:'&gt;
sor&lt;lu r munof6nico de algún carruaj&lt;.&gt;, el grl10 tirl- -aiíadí.
tante clel papelern. y un nnnor entrecortado como el
-Yuya. la tomaré .... Iloy hace justamente nn
nm-run de un grun g-ato negro que se duerme ....
año
de aquella excursión rnmánLica ,l Cbapult.epec, ít
El frío se asomaba aleteando á la.s Yidrieras á hacense caruo ñel íntimo calor que reinaba en la e tan- Ja luz ele la luna -.,- con mucho frío; tú cantabas algo
cin ~ fba;e luegu despechado á. gemir s11 1111-lu-lu-úu de la Bohemiu .. .. )le parece que tenias entonces una
,·oz muy bien timbrada; por qué se te ba vuelto (i gutural ÍL lus l-Orres ñe la P~&lt;,fcsa.
.
. &gt;Il primero y único brindis. á rafz de un.t galant1- pera?
-El cio-arro probablemente, bija. . . . . . Por lv
m1 rodada de cltampana y epilogada de café negro,
fu~ el sitrufonte, que Tntls aproM en todas sus parte : que ve á l~s noctm·nos con que poetizabas nuestras
«Brindo por nuestra deliberada separaci&lt;ín: por los ,·elaclita .... eran bello., Yerdad:' Sólo que se han
hesos de ayer que flleron s:ihrosos y por lo besus. el.e ,·ulgarizaclo mucho; me atrevería á afirmar que he
mafüma c¡ue ser.ín t'omo rnos quiera; por la cordi~ ofoo alguno en un t'ilindro.
-~o e· difícil, respcmdM vagament,e Inés, al padad de tmestros futuros encuenlrns qne me permito
esperar tendr{Ul el carácter de fortuitos, y por la bue- recer entretenida en contar los 11orones del tapiz.
Habes que conservo lindos versos Luyo.&lt;;:' Hace tiempo
na I ntellg-encia entre el •renicnte y tú, amiga mfa. &gt;
Como ya no nos quedaba que hacer después de un que no rnrsiticas.
-nace tiempo que no sueño.
oo){/ tan explícito y como. por otra parte. Inés tenía
-Ya es tarde,&gt; exclmn6 de pronto, después de convs m••1wn&gt;ii deseos del mundo de dejar el comfort de

V.ERSION ESPAÑOLA. DE 11.EL HUNDO ILUSTRADO••

·~ ..

Maria :Magdalena, de pié enmedio del salón, di-

rigió una mirada en torno suyo, arregló con mano

sultar el relojito que llernha en la mufie&lt;'a, ornando
una pulsera.
-Es t'ierto, lwmos con\·ersado con regulares intcrYalos.
-Si nos despidiésemos . .
-Xu me part1 cc m:11 .... Quieres darme el ítllimo
beso~
-Por qué no!
Y UC'erc6 negligentemente sus labiosA los míos, juntándolos en 1111 beso sin eco, incoloro. comú el de dos
amigas íntimas que no e quieren.
Algo 1¡ue podría llamarse la sombra de un Yiejo culor y de 11n \'lejo perfume pasó entre nuestros rostros¡
algo que era como la última molécula de una esencia
amiga, que se eyapora; mas rué tan furtl,·o. tan efímeJ·o, tan leve, que apenas nos dimo· cuenta de
e11o.
-Ftlliz afio OllCYO, Inés.
-Ft'liz aiio nuevo, Carlos.
)1e acuerdo a,ín del gesto cordial de- su mano al
trasponer la puerta del restaurant parn diluirse como una. sombra en la sombra exterior.
-Feliz año nuern!
Torné al saloncito y encendí el postrer cigarro de
Diciembre, pensando entre humo y humo:
-Y con quién cenaré yo mañana?
.\~L\DO NER,o.

JUSTO SIERRA.
MARGENES DE LA. HISTORIA
.TIJANA D• ARU.
1

Huspendc la pastora , u balada ....
Oye &lt;le su Lorena en los rumores
la· voz di' sus r·eleRt,es protecton•s;
l--alYa.-&lt;licen-:'t Francia con la espada.
Ti'1rbase. llora. . . y Ya de su fe armada;
despierta al rey y manda á los seiiores . . ..
Ya combate .... n1 triunfa .... Entre lovres
unge al rey. Está' su obra terminada.
¡, Qué. entre esa ¡mmpa, la pastora piensa'.'
¿Qué e5 aquella apmeosil, tmnsitoria:'
No le importa. entrevé la rrt·ompensa:

Hiente él heso de J&lt;'randa ante la hhtoria.
Un beso dado t·on pm;itÍn inmernm
á la ifor de s11 sangre y de su gloría.

n
Entre la l urba marcha h\ heroína
romo v11 en el turhitJll la tlor inerte,
besa la cruz, estática, y u suerte
acepta ¡.;in temblar, con re diYina.
Como la rle la estrella matutina
en los rayos del sol, así es su muerte;
la llama suhe !lasta la virgen fuerte
y la consume á 110 tiempo y 1a ilumina.
El viento esparce sos cenlzas luego,
y en la • 'lllgre del pueblo, nunca en calma,

la reenciende en átomos de fuego:
comulga en esa hostia Francia entero,
y de toda las alma.&lt;;, nace una alma:
la Patria ¡oh .Juana! el Fenix de tu hoguera.

HOJA De; ALBUM.
El nliio llega á la apartada ro1·:l
ahuyenta al ave &lt;"uyo nido arra1w;i,
y estr1lla al punto su purpúrea bo&lt;:a
en adorable rh,a, limpia y franca.

:-;,\ngra en us manos puras el polluelo,
hrizna á brizna destroza el I iblo nido,
y el asesino encantador, al cielo,
\ uel l'e los ojos de contento hencl ido.Y qu(, importa una roca despejada,
un a Ye sin su nido y su carifio'!
vale más la argentfna carcajada,
que Pn resonantes perlas lanza el niño.
Llega 1m día-tal es la humana Wstoriaclt~ duelo y ele pa~i1ín. Entonce, ;.es cierto?
l...a imágen resucita en la memoria
el('] nido roto y del polluelo muerto.

experta las hojas de una hortensia, imprimió una
curvatura gallarda. A las cvpas de malvarosa qo.e
brotaban de un tibo1· chino, y después de algunos momentos ae grata meditación se volvió
hacia el espejo que estaba colocad'.&gt; entre las dos
ventanas y su sonrisa se acentuó entonces.
El espejo reflejaba la imágen de una joven extremadamente graciosa y elegante, una belleza
rubia, de tez mate, ojos brillantes, labios rojos y
dientes que relucían. De este conjunto se derra•
maba la vida exhuberante, en regocijo de existir
en alegría de ser; sus ojos parecían retlejar la
graciosa luz de un día de l!ayoy cintilaban como luciérnagas.
Sonrió pues silenciosamente al mirarse y dirigió á. su im11gen un amistoso saludo,y luego por medio de apropiados
movimientos del busco, hizo chispear las
cascad83 de perlas que guarnecían su
corpilio de seda inglesa de color pálido
con pliegues de. verdadera gracia esté·
tiea.
Estética? Msría Uagdalena lo era en
su tocado más qne ea el adorno de su
s11lón. Su gusto, refinado para la seleceión de formas y colores que podían pouer sns graciu de relieve, lo era menos
para proveerse de los mil y un objetos
que constiyen un interior harmonioso.
Algunos sil:ones antiguos cubiertos de
guardapolvos de punto bordados eran
los únicos objetos interesantei,. Dos meshaa de juego muy nuevas ostentaban en
todas sus doraduras y barnices su confección poco artística; había bronces de formas pesadas; en un Angulo un espantoso
tibor de imtación Japonesa; y en las mesas
y en las consolas y en la chimenea, montones de juguetillos, porcelanas, terracotas minúsculas, conejillos pintados, ratones y figuritas caprichosas de filigranas, todo formando un abundante conjunto de gusto vulgar.
El golpe de vista sin embargo gracias
A las flores y plantas vivas d1seminadas
por todas partes era agradable, y este
salón podía pasar por uno de los más ele•
gantes de )fontpazier, subprefectura industl'ial en donde la gente se cnidaba
poco de los refinamientos del lujo moderno.
Al oir el sonido del ll11madonléctrico,
Maria Magdaler!a alzó los ojos para consultar un reloj de viaje que estaba colo•
cado en una consola.
-Tan pronto! murmuró. Las dos apenas y ya viene una visitll.
•
Estaba todavía poco al corriente delas
costum brea de provincia; había salido de
París algunas semanas antes, inmediata•
mente despues de su Mtrimonio con
Roberto Le Clercq abogado de Montpa•
zier y en el día en que la presentamos á
nuestros lectores inauguraba su primeri. recepción.
De las visitas de boda que hizo, no conservaba
más que el recuerdo contuso de fisonom ias des•
conocidas, de muchos salones sin lujo y sobre todo
del fastidio de haber oído en todas partes las
mismas pregu:ntas á las que se tenía que dar invariablemente lus mismas respuestas. De manera
que no sin cierto espanto esperaba á.las personas
que debían ser su futura sociedad; pero almenos
tenía la vent11ja de que estudiá11dola&amp; allí en su
pr.&gt;pia casa A su satlsfaccíón, podía escojer las
personas agradables haciendo á un la do las más
nulas y las mAs antipá.ticas.
Sin hacerse anunciar entr1 la suegra de María
Miigdalena: ll.Da Eeftora de edad avanzada que andaba con lentitud, que tenia las facciones muy

acentuadas y qne vestía de pesad1t seda nrgra.
Su aspecto era severo y rígido. Se acercó A María
Magdalena, la besó y le dijo.
-Buenos días, Maria .h1agdalena ¿está. ustetl
mejor, querida mía?
' - ¡Mejor! ¿Pues qué he estacto enferma?
-No sufrió usted ttyer una neuralgia?
-Eso fué mu.v leve y ya pasó.
La senara Le Clercq notó que las dos ventanas
estabnn abiertas.
- ¡Que imprudencia! Y usted está. vestida con
ropa delgada.
-Pero si le aseguro á. usted que ya no tengo
nada, dijo María .hlagdalena con tono suplicante

al ver que la vieja implacable cerraba las ventanas A pesar del sol radioso que inll.Ddaba el jardín.
Luego sin bacer el menor caso ni fijarse siquiera en el oisgusto que ctlueaba A su nuera,
vino á sentarse a. su lado con afectado carino.
-Está usted encantadora hoy, vidamía:eltraje le sienta á usted admirablemente. ¿Roberto
está aquí~
-No. Roberto está. en palacio gestionando algun asunto de su profesión. Pero ¿qué es eso?
Con ojos brillantes de curiosidad, María Magdalena contemplaba á la sefl.ora Lé Olercq desatando las cintas de un paquete de forma prolongada•
y lanzó una excl11maci6n de júbilo al ver en una
c11ja incrustada de plata un primoroso abanioo

antiguo, pintado al \•leo sc,bre raso y montado
en varrillas de marfil artísticamente esculpidas.
-Ohl ¿Roberto lué quien pensó en hacerme
este obsequio?
-No, mi chiquitina, fui yo. Sorprendí que deseaba usted este abanico desde que lo vió en la
casa de Fancon y por eso lo mandé comprar.
-¡Querida seilora .... que ouena es usted!
Con alegria de 11ifta, María 1[agda.lena abrió el
abanico y mirándose en un espejo que estabacolocado encima de la Chimenea, tomó la aot:tucl
de una bailadora de minué, recojió su falda con
Ja mano y ejecutó una teverenciagraciosa yprofunda.
-Estoy encantada con mi abanico.
Ma:fl.ana lo estrenaré en el teatro, en la
representi.ción de ,Jlanon Lescaut. Me
gusta mucho .Jlanon.
- Pero usted no irá. al t-,atro, querida
mía, dijolase1lora Le Clercq con el acento de la mas imperiosa mansedumbre...
Imposible!
María .Magdalena clió punto A sus infantiles demostraciones de alegría y preguntó:
-Que no iré .... y por qué?
-Porque sería imprudente salir de
noche padeciendo esas neuralgias.
-Pero si ya estoy buena, si no tengo
nada.
-Sin embargo, eso puede volver. No,
no insista. usted porque me cansaría una.
verdadera. pena. Y o soy responsable de
usted, y ¿qué diría su padre si cayera
usted enrerma?
-No sucederá. eso y mi p:idre se cuJda poco de mis insignificantes crisis nerviosas. Aseguro A usted que nunca me
ha prohibido ninguna cosa. Ya conoce
asted su respeto A las libertades de los
demás r ya sabe usted que él acostumbra decir: "No impongo mi voluntad á
nadie pero en cambio deseo que naclie me
imponga la suya."
-Eso no es má.s que de d:entes para
afuera. Si viera á usted enfermita harfa
lo mismo que yo: le suplicaría que se
privara de un ligero placer para evitar el
peligro de agravarse.
-Yo habría querido asistir A ]a representación de una ópera en Montpazler.
- Ya la verá usted otra vez ....
-¿Cuando? Aquí no hay temporada
teatrttl, sino solamente compidiias que
van de paso.
-Que todo pare aqui, María Magdalena: se lo suplico á usted. Siento haberla
contrariado, pero esto, querida, mía es
nn sacrifici1 muy pequeno y si me tiene
usted algún afecto creo que lo hará. sin
más discusión.
.Maria 1\I11gdalena cerró el abanico con
aire de quien se siente tiranizado, y sin
verlo mAs lo puso sobre la mesa.
-Además, a11adió lo sen.ora Le Clercq,
tomándole la mano y hablándole con mucha dulzura. Tengo que hacer A usted una censura ligera. . . . sil he visto en casa de la sen.ora
Ligniere una cosa que me ba causado cierto asombre.
-En casa de la se:fl.ora Ligciere .... ¿y quién
es esa sefl.ora?
- Una antigua. amiga mía, viuda de un inspector de bosques.
-Ah! si. No la conozco porque no estaba en su
casa cuando fu.imos A verla Roberto y yo.
-Justamente. Y entonces le dejó usted su tarjeta.
-;,i. o es esa la costumbre?
-Pero esa t11rjeta que he visto, dice: María.
?illlgdalena Le Clercq de Boís de Sa11it Miu-cel.
)[aría ?t!ligdalena contestó:

�2
-Bois Saint Marce! es el nombre de mi padre
y me pertenece.
-Pero cuando una se casa, toma el de su ma•
rido A lo que creo.
-Lo be tomado pero nada se opone A que le
agregue yo el mio. En el mismo Montpa.iier y aún
eu dlnastias de comerciantes, tienen ustedes quie•
nes lo hacen asf.
-Sin duda; ea ciertas familias algunos berlllR.·
nos para distinguiase los unos de los otros han
afladido al suyo el nombre de su mujer, pero el
caso no es el mismo.
-No lo será; pero pienso que mis razones valen
tanto como llls suvas.
-P11ede atribo.irse á. vanidad de parte de usted.
-Sí, si por eso se entiende el que esté yo or•
gullosa de mi nomhre.
-Las pretensiones nJbiliarias pueden parecer
ridículas.
-A las gentes de Montp11zirr, interrumpió vivamente Maria 11Agdalen11. ¿Y por qué les babia
de hacer el sncrifieio de m1s ideas? ¿Orgullo no•
hiliRrioi' Pues si, confieso que lo teng-o, pero con
legitimo derecho y eso nopuedeserridiculopues•
to que esté. justificRdo.
La sefiora Le Clercq vió á su bija con algo de
severidad y !Iaría lililgdalena haciendo un esfuerzo recobró su sonrisa graciosa y cesó de de·
tender su causa.
-lle mandado baeer para U!'ted otras tarjetas
dijo con amabilidad la su('grl.l, levantilndose para
salir. Adioe, mi vida, estA asted muy linda, pero
muy linda, ¿sabe usted? Ph:nso que J&lt;'remaux haría de usted un retrato primoroeo. YH hablaremos
de t&gt;SO cuando vayamos jun~as á P ar(s.
La joven se extrtmeció de placer. Tenerunretrato euyo pi11tado por Frem11Ux, que era el ar·
tista prefer,do del mundo elegante, constituía para
ella una dicha inesperada.
Al dirigirse á. la puerta la seilcra Le Clercq
distinguió sobre una consola un joyero de marfil
ornado con una preciosa miniatura.
-¿Qué es esto? preguntó.
L" miniatura representaba un escudo nobilia•
río.
-Nuestras armas. Tres castillos y un dragón
en cuatro cuarteles, sobre campo de gules.
- )[uy bonito, muy bonito dijo la setiora Le
Ch,rcq guardllodose el joyero y dando un paso
para salir.
-:María )tagdalena tendió la mano.
-En el mismo orden de ideas que las tarjetas
de visita, afiadió dulcemente, usted no es la sefio•
rita de Bois de S1lint Marce! sino la seflora de
Roberto Le Clercq, y laa fantasías nobles de esa.
clase serian tomadas por el lado ridículo: conoz•
co mejor que usted el espíritu de ~fontpazier. Se
creería que es un blason f,mtástico. Se nece11ita
ser )1ontmorency, Roban, La Rochefoncault para
permitiese el lujo de mandRI pintar las armas de
la familia: de otro modo se burlan de uno. Adios,
mi vida, adios, primorcito.
Sola ya Maria Magdalena enclavijó dolorosa•
mente sus manos, lanzó una exclamación que ex•
presaba muy a. las claras multitud de eensaciones
desagradables, y empezó rabiosa A recorrer á
grandes pasos el salón.
Esta manera animada de calmar su exaltación
nen íos a, le impidió oír anunciar la visita de un
cabullero con quien se encontró de improviso
frente á. frente. Primero se detuvo muy confusa;
»ero reconociéndolo &lt;'n seguida le tendió la mano
y le sonrió con afa.bilidad.
-Ahl setior Darlot. FelizmentP. es usted ....
Si otro :ne hubiera sorprendido en estas danzas.
-Sí: habría sido sumamentegrave!
Luego se dirigieron juntos A un divAn que es•
taba coronado por los abanicos de dos palmeros.
El recién venido era ur, hombre alto, de tisonomia inteligente y de una real distinción.
René Darlot, que vivía 'ocioso, era un espíritu
cultivado, pose(a rara delicadeza de ideas era
curioso en materia de artes y se fastidiaba en la
vida por una especié de pereza para rehacerse y
luchar contra las tristezas intimas que de él se
habían apoderado.
V i.rlcs afios antes perdió A una hermana más
joven que él y A la cual amaba tiernamtnte, y
esta desgracia le dejó en tal abatimiento y lasitud, que no despertaba slno para asuntos de es•
tética.
Indiferente A todo le demás, hablaba poco, pero sus frases incisiv11e y axioml\ticas no eran ba•
na les: con una palabra sabía caracterizar cosas ypersonas.

Eí, OBSTÁCULO,

"EL MUNDO 1Lt'STRADO11

Pasaba en París los meses del invierno y el estío en Montpazier, en una quinta levantada á la
orilla del río, pintoresca en otro tiempo y ahora
ahogl\da por otras construccio11es que se habían
situado A sns lados.
En París fué donde conoció a. :María Magdale•
na, y algnnas veces pensó en que si no bubier~
renunciado· definitivamente á. formar una familia, sería esta joven Rlegre, graeiosa, refinada y
buena, la única á. quien habría elegido para esposa; pero como á. pesar de que sólo tenia ~u~renta allos, se habia declarado usado, enV('Jec1do y centenario, se quitó esas ideas de la ca beza.
Y en verdad que considerAndose ya viejo y
juzgando que la vida no podrí" traerle má~ Que
tristezas, ¿A qué arroj11r la sombra de tantos infortunios sobre esa manana de Mayo, sobre ese rayo de alboradit que era el alma de María MagdalenA?
Ella le recordaba. un poco í1 la hermana qne
había perdido. Nii\a ligera y móvil de car!Lcter,
tenia ri~as alegres que le revivían el recuerdo
de la otra, lo mismo que sus muec1ts burlonas y
su.; reflexiones excéntricas sobre las p11rsonas
que le eran ar.típáticas. Este parecido se la había
hecho grnta y 11\ 1rat~ba como á una chiquilla
siempre, y no se mordla la lengua para dirigirle
bromas qae la picaban vivamente, pero que ol•
vid1tha en seguida.
Darlot era, por otra parte, de cnnfümza en casa del doctor de Bois de Saint Marce!, el ml\s
am11b:e, el más p11risiense y el más mundano de
todos los médicos para seflorae.
Con una inagotable complacencia el Doctor llevaba á sn hija a. t.&gt;das partes en el gran mundo¡
estaba orgalloso de su belleza y tenía en sus buenos principios entera conrianza, y por eso le dejaba gran libertad de acción sin inquietarse por
lo que podría decir ó hacer. En c11mbio Marí&gt;l
Magdalena que tenia arrebatos de nilio terrible
decía de él.
-Poseo el padre ideal. Le tomo en mi vPstí•
dor al mismo tiempo que m1 abaníco y mi salida
de baile.
Varias veces Darlot usó de la influenci11 vPr•
dadera que tenía en el t&gt;Bpfritu de su amiguit:i.
parll cortllr por lo sano en los amorfos que le parecían peligrosos. y una frase cortante poniendo
de relieve los ddectos é imperrecciones del pre•
tendiente, bastaba para estP. objeto por lo común,
pues ella teníll mucho miedo al ridículo.
Supo coa un sentimiento de tristezii, que María
Magdalena Iba A casarse con Roberto Le Clercq,
y como tenía bastante intimidad con el Doctor,
no se lo ocultó.
- Pero qué tiene usted qué observar? dij'&gt;, la
posición :v la ed11d de Rc,berto son convenientes
para mi hija.
En efecto, la tortuoa era inesperttda pueq Le
Clercq era rlco, en tanto que los Boi:i de Saint
Marce! no tenían nada y su existencia era uno
de esos problemas parisienses que pueden plan•
tearl\e en estos términos: abund11ncia. dll lujo y
falta de dinero.
Bajo este punto de vista Roberto dab11. una
prueba de desinterés casa.ndose con una mujer
sin dote.
Acababa de termín11r sus estudios de Derecho
en París donde conoció A su novia, y era un hombre serio, de aspecto reservado, A quien no se
hubiera creído capaz de no arranque sentimental,
y Darlot quedó admirado de que la gracill ex•
pontlLnea y joven de María Magdalenll, hubiera
podido apoderarse de semej11nte naturaleza.
Darlot para hacer ver la desigualdad de esta
unión, hacía notar al Doctor la ligereza infantil
de su hija, pt&gt;ro éste contestaba:
-E3 verdad, pero se encontrará bajo lit dirección de la eefl.ora Le Olercq, madre de Roberto.
- Sí habitarán en la misma ciudad. . . . . . Ah!
una objeción todavíll. . . . . . . Qué será. de María
Magdalena lejos de París y de la vida á. que eslá.
acostumbrada?
-Ya tomará. nuevas costumbres, y adem:ís,
bien sabe usted que tiene en la pr:vincia una
instalación admirable. La seflora de Clercq posee
uu hotel construido en el siglo XVIII que es una
maravilla, sobre todo para usted A quien tanto
gusta lo bello. Tiene tapices y cortinajes pintarlos por Broucber, y cuadros de R11nsou y muebles y bronces de gran lujo.
Darlot interrumpió con impaciencia:
-Sí pero Marí:.1. Magdalena?
-Pues bien, ella vivirA con su marido en el

primer piso, pues la seJlora de Le Clercq se re•
serva el entresuelo.
-Vs. ú vivir con su suegr11.! exclamó Darlot
consternado.
-No con su suegra, sino en el piso de arriba,
lo cu!ll es muy difereute. No creo se imagine usted que yo soy el comensitl ~el ~olsista q~e !ive
aquí en los bajos de mi bab1tac1ón. Ni s1qmera
lo saludo. Y a. ve usted que se puede vivir blljo el
mismo techo sin estorbarse mutuamente.
-En provincia no sucede lo mismo.
-Por otra parte, la sefiora Le Clercq es una
mujer excelente y de reconocida bondad.
-Así lo be oído decir.
-De consjguiente ahorrarú A mi bija ]os cuidados del bogar, pues la ama mucho,la colm~ de
obsP.quios y hasta creo que va á. ser demasiado
debil con ella.
René Darlot se retorcía el bigote con aíre perplejo y poco convencido, y el Doctor, renunci4ndo A prodigar en vano su elocuencia, terminó diciendo:
-A.demAs era necesario que l\cabara por casarse. Piensa usted que sea agradable tener uno
a. su c1:1rgo el cuidado de una joven de veinte
8.Jlos, lind11 por aftadidura? Yo no soy de la madera con que se hacen los Angeles de la guarda.
lle siento Inútil para eso y me juzgo tel:z al quedar libre ya que todavía no teugo ma.s que, CU.\·
rP.nta y cill'!o ai\os. Eso no eca verdad; tema los
cincuenta largos de talle, pero se conservaba bien
con los cabellos muy negros, los dientes muy
blancos, la apostura elegante y la mirada vi~a, y
hasta podill creer11e mAs joven que muchcs eJemplllres raquíticos de la generación actual.
Darlot abandonó la discusión pero guardó en
su interior un presentimiento de desdichas para
el porvenir de :Maria Magdalena. Como era un
original, partió inmediatamente para Amberes bAjo
el pretexto de ir A estudiar Jas pln-turas de Ru•
bens, y su aus('ncia se prolongó b11sta el día en
que le presentamos á nuestros lectores, y en que
venia A ver A su amiga tan tranquilamente como
si se h11biera despedido de ella lll vfspera.
.Acostumbrada Maria Magdalena a. su modo de
ser, no p11.reció sorprendida al volver A verlo,
pues solfa desaparecer comunmente muchas semt1.nas durante las cuales apenas si se tenían noticias suyas procedentes del teatro ó de algún
museo lej,rno. En esas crisis Dllrlot evitaba el encuentro de sus amigos volviendo la cara. para no
verlos, y Juego reap11.recia sin explicación alguna volviendo á sus antiguas relaeiones y A sus intimidades en el punto mi~ruo en que las había de•
jado.
Sentado al lado de Maria Magdalena la observó con mirada escudriftadora y comprendió que
acababa de experimentar una contrariedad, pero
como snbía que era diplomAtica, rebelde A toda
inquisición y capaz de ocultar muy bien sus sen•
timientos, no le dirigió ninguna pregunta y sus
ojos erraron ni rededor de la pieza.
-EstA bonito el salón .. . . Ah! He aquí loe l-t•
mosos cortinajes de Boucher q 11e &lt;lt:cU'el Doctor.
Bah! estaSFon copiasperobnenas.¿Yestosbajo relieves eu uutder"? Tienen en ef~cto un notable
estilo. Y aquellos awores mor etndos pintlldos en
el cielo raso, no dej m ne ser hermosos. Deveras
que esto es muy Jéci1110 octavo! Los silloues con
guardapolvos bordados sou not1tbles, y usted,
querida sef\ora, resuhH notllble t , mbién, e1,tA u::1•
ted en estilo y pare~e un p ·stf'l de liotialba.
Maria .Magdaltna isontió1 pues le agradaban
mucho ]as galautni11s.
-Me hace gracia oír á. usted llama.r,dome: SeJlora.
-Naturalmente. El matrimonio le ha dado li
usfud una actitud digna y respetable que no per•
mite ya intimidades ni conflancitas. Bueuo ¿y
qué es esto.
Darlot acabiiba de descubrir la profusión de
bibelots esparcida sobre la chimenea y tomó un
mono pintarn1jeado que estab" tocando la guitarra, lo examinó seriamente y exclamó al fin:
-Horroroso. ¿Y es usted la c¡ue ba tenido es •
te gusto?
- Sl, yo, contestó ella despechada. No es de la
aprobación de usted?
Darlot }P.vantó un dedo con adem~n imponen•
te. Es necesario arrojar todo eso que es deshon•
roso para el salón de estilo rocaille donde tiene
usted el honor de figurnr ea este momenw! Los
lindos amorcillos del tecbo acabarían por dej11rse
caer desde allA a,rriba para romper tanta porque•
ría. Ob! cBas Sajonias contrahechas, esas flores

de porcelana, esas filigranas antiestéticas. Uf... !
Maria Magdalena, ruboricese usted.
-Seftor Darlot, clU'ece usted de galanteríal
-Maria Magdalena, carece usted &lt;le sentimiento artístico. Su alma de usti,d esta cerrad11. A las
bellezaa de lt1 forma. He visto ll. usted bostezar
durante lll lectUJ'll del Rey Lem·. Vaya! a.qui ha.y
-un m11goifico abanico.
-i1a lo acaba de regalar ml suegra.
-Tiene para usted exqo.i:1it11.s atenciones. Este
otro juguetillo es encantador, pero no veo por
ayui el joyero que le regalé á usted.
- Mi auegr" lo ha tomado.
-Ah! hacen ustt:des cambio de presentes?
La. sen.ora Le Clercq lo tomó porque mi escudo
de armas estllba pint11do lllli y eso le pareció ri-Oiculo.
-¿Y usted qué dijo de eso?
-Nadt1, no tenia qué decir. Solamente que no
puedo hacer 1) la eef'lora Lo: Clercq el 1mcrif1cio dtl
Jo que yo estimo en m!\s ...... 111. 1,1rueba de qua
no b0mos gente ordinaria y de que remontRndo
muchas generaciones no se encoutrurá. uingún
plt,btlyo en nuestra ascendtiucia.
Dios, mi dama y mí rey! Esto si es bermo•
so ... . usted tiene el deber de enorgullecerse de
su reza y ede es el único sentimiento un poco estético que le conozco. Hay en eJte hecho de po•
seer eacudo de 11rmas pl'opio, ornado de biz11rr11.s
liguras incomprensibles p11ra los uo inicial.los, a l•
go de embriagador A lo que creo. St1 siente uno
wuy por encima de lo vulgar y hasta con cierta
supcrioridud de espíritu, de inteligencia ó de ta,
leuto. Esto del uacimiento, obr11 tlXCln.siva del
azu· es injusto y recae comunmente sobre quie•
,nes menos lo merecen, pero es porque es, y se es•
tima por tantom1\.,envidiable cuanto quenadie lo
puede d11r al Que no Jo tiene.
Ella lo co11templ11ba con ademán de pensativa
jugando con los hilos de poclas de su corpilio. Le
agradaba la m1mera curiosa que te11í" de hablar
y de la que comunmente no se descubría A punto fijo si bromeaba ó hablaba en serio.
- Y en fin, afiadió. Esta usted decidida Ala re•
sistencia sobre ese particular?
•
- Sí, dijo María Magdalena con acento de !irmeza. Por Jo demAs, me será U}UY grato com1-Ia•
cer A la seftora Le Clercq en cualquiera 01ra coi,a
porque es amable y butna conmigo.
- Pero deveras?
- Ohl si. Me manifiesta una solicitud conmovedora. Nada de esos celos ui de esa acrimonia
de las suegras que hace a. los hijos la vida insoporta blc. l!Jsta no perturbará nuestro hogar. Co•
mo si fuera su hija, no piensa más que en complacerme; ha organizado todo aqul y me h11cet&lt;An•
tos regalos que me tiene confusa; ya vera. usted:
joyas antiguas muy curiosas; por ejemplo, esta
sortija.
-Ohl soberbia, dijo Darlot entusiasmado. Una
fotaille antigua de verdadero mérito.
Mientras él admiraba la sortija, ?1Llri.a Magdalena continuaba.
--Gritcias a. su interv mción estoy aprendiendo
.ft moutar á caballo. Ya sabe usterl cuánto he de·
aeado eso toda mi vida! Pero en París no teníamos caballos .... Ya cas1.1da, Roberto se resistía
pero la ser.ora Le Clercq lo ha convencido.
-¿P11oe qué, no bastaba la mflnencia de usted?
-No me habría atrevido A insisti1·. Me c1111é
.hace muy poco tiempo, conozco apentts á Rubel'•
to, es grave, ceiserv11do, y verd11.dtirt1.mente no me
ohabria atrevido. Darlot devolvió la sor1ija y se
puso A contemphtr A Magdalena con aire serio.
Dejó que decttyerala conversación, susojoserra.•
ron distraid11mente en torno suyo y luego se fi•
jaron con atención al descubrí..· en uno de los muros una acuarela:
-Una mnrina. .. .. .. Oh! oh! muy interesante,
admirable colorido. E~ta estA hcc!Ja por u11 artis•
ta de cepa. ¿Qué firma tiene? Lncía H111·tley.
-Una amigll mía, JaeeJ'IOl'ita LucfaHartley ,linda
~orno Jo son las inglesas cuando no estAn adorlladas por una fealdad cómica. Usted no conoce
personalmente á Lucia, pero le be hablado de ella
-con frecuencia. Es una original y ha organizado
una vidn positivamentb intelectual; viaj-t mucho
y vive sola aunque tiene un ejército de hermanos
y hermanas que por su parte se arreglan como mejor les convie11e. Be tiPne cleveras en Inglaterra
una extra.l'tll idell. de loe lazos de la familia.
-Por mi parte admiro Ala r11za inglesa, decla1·ó Darlot que h11bla descolglldo II\ acuarela y la
-examinab11 cerca de la ventiina. Eias gentes tie11en a1gunas virtudes de primer orden que les ha-

rán triunfar sobre las otras razas. Desde luego
un gran respeto á.lalibertad individual, en seguida 111 costumbre de contar consigo misma.a solamente en cualquiera circunstancia de la vida y
eso da temple A los caracteres.
-Lucía tiene tod,1s las cualidades que usted
indica. Mu} celos11. de su libertad de acción DO
invade para nsda la de otros y se basta a. sí mis•
ma puesto que vive sola. Posee una voluntad
tranquila y reflexiv.1 que nada doblrga y por eso
la admiro y me siento una chiquillacomparAndome con ella. Tengo tan poc:t fuerza de voluntad!
seguramente que nuestra amistad es tan tierna
pur el contraste que hay en nuestros caracteres.
Es muy artista: ya ve usted como pinta y yo no
entiendo nada en lo relativo a. lo bello, lo caal
usted me ha reprochado mi! veces. Ella se atreve
á. discutir un1t opinión y combate sin miedo y con
calma, en tanto que yo carezco enteramente de
valor, no sé coutradecir y cedll en todo desde
luego.
-Usted es ur.a j'lven muy bien educada por la
excelente y virtu.:&gt;sa senora Jacob. ¿Eslá todavía
en cas11 de su papá de ustedr'
-No; cuando me casé, pidió retirarse.
-La eetlora J 11co b es una persona distinguida,
cuidadosamente educad,1 y de una notable nuli•
dad dulziirrona y a¡,11cible .... Ella le inculcó A
nsted su finura exquisita, en igualdad de c11r!Íc•
ter, el gusto por b.s vulgaridades que tienen fa,.
ma de escojidas y la ciencia de vestirse y peinarse conforme á los elementos de la fisonomía. Eo
verdad le debe usteJ mucho. Y dígame u~ted ¿le
era grata Miss Harley?
-Oh, n o! La tranqueza de L11cía le parecía
brutal y no aprobaba ni un poco esa vida excén•
trica, viajera y artística lejos de la fctmilia.
-Me es simpa.tica su 1:1miga de usted.
-Es posible que la conozca U!ted. Me escribió
hace dos meses cnando estaba muy reciente mi
cuamiento. Tenía el proyecto de venir A. pasar
11lgún tiempo en Breta-Jia en uM aldea ae pescadores que conoció en ailos pasados, durante una
de sus excur, io 1es y de In que ha conservado vivos recu~rdos. Se llama Trégastel y Lucia quiere
hacer allí un cuadro grande, por lo cual vor á pe·
dir á. Roberto la autorización para invititrla A detenerse aquí algunos días ensu tránsito por Bretaft.a.
René Darlot tomo de una consola un libro que
estaba como olvidado.
-Ahl. .... Mnsset. .... Si leyéramos un poeo?
como en otros tfompos, cuando aun no era usted
la Sellora de Roberto Le CJercq sino la cbiqnilla
1iíaría :Magdalena que baj) la inspección vigilante de la sellora J lloob era iniciada en las .- Medi•
tac iones poéticas» de L11marti11e. LI\ seflora J acob no habrfo consentido una poesía de tanto fondo. Espere usted .... .Nauma. Hágame usted tllvor de oir esto que está. escrito por un joven en
ple1J11 juventud. Lo que más amo en l\111sset es su
sinceridad juvenil. Ah.ora podria.pasu por un escéptico.
María :Magdalena se reclinó graciosamente en
un sillóo, tomó el abanico que le regaló su sue•
gra á fin de hall11r otras distracciones ademh de
la poesía, y Dabolt comenzó la lectura con una
voz harmoniosa.
No hay nada más agradabte que leer versos A
una mujer hermosa.; Darlot hallaba placer en esta labor y prodigaba sus interesantes lecturas en
casa de las más seductoras amigl\B que tenia, sin
inquietarse de que comprendiesen ó no, y bastAndole ver uu ademin agradable ó una linda cara,
que dejaran oir ó entender una muestra de apro•
bacjón lanzada tal vez de casualidt1d. Aunque
comprendiera que sus auditoras leoian con atención di,itraida, sabía muy bien que nada e.compafia mAs dulcemente á u11 ensuefio que el ritmo
de los versos.
María Magdalena pensaba de pronto en sumarido, Aquien era necesaric pedir licencia para in·
vitar A Lucía llarlet.
Roberto le inspiraba un temor tan verdadero
por su aire de corrección, trío y reservado que
aún no se había preguntado Así misma si le amab,i y tampoco se babia exolicado si él á su vez
senú11. por ella. otra cosa que un vivo deseo que
pasaria sin duda, no dt&gt;jllndo las huellas de una
seria afección, Lo que desde Juego parecía era
que Roberto no la consideraba sino como una ni•
ihi consentida.
Robtrto hablaba poco pero era un hombre que
vttlía, que Leoia por sn madrn un cariflo deferente y respetuoso educado en la costumbre de obrar

3

constantemete siguiendo esta voluntad que siempre le habla dirigido.
Ya en varias circunstancias bastante fútiles,
l!atia Magdalena babia visto A su marido cedeibajo la iutluencia de la madre y había guardado
algo como un sentimiento de celos, vago todavía,
pero que Je demoi;traba que sn influencia no podía contrabalancear la de la seflora Le Clercq.
Con todas estas ideas que pasaban en tropel
por su imaginación, ella pensaba en otras cosas
mientras Darlot le leía 111. Nmnó'Una. La cadencia
de los versos arrullaba su sueJlo y en su fuero
interno r~trocedló A la vida alegre, exhuberante,
insustancial, que había llevado antes ele su matrimonio; y con una ligera pena pensó en eus amigas que ya casi la hnbfan olvidado ahora que estllba enterrada en vida en una provincia. Sus
amigas, gente espiritual que vivta en ese medio
ambiente, burlesco y alegre que da el incentivo
de lo improvisto A las ideas mAs vulgares y gastadas.
El medio ambiente de provincia es más grave y reposado y pOi' eso María Magdalena sentía
miedo de lo '{Ue pudiera reservarle el porvenir.
Contempló A Rtmé Darlotque se embebecía leyendo el po~ma de llusset r se sintió venturos/\
de verle ulli porque con eatv estaba menos sola
pues él la ayudaria A aclimatarse y vendría como en otro tiempo y como ahora á leerle verses
y A decirle eosaa agra.dable~.
La puert11. del salón se 1:1 brió y apareció Roberto L~ Clercq precedido por una dama de extremada vivacidad cuyos ojos azules y penetrantes, lanzllron una mirada de aaombro sobre los
dos am•gos inocentemente ocupados en su lectu•
ta. Roberto se mordió los labios que eran un poco delgados, porque encontraba la situación un
ta1t &gt; incorrecta, y dijo con tono seco:
-Maria Magdalena, aquí te traigo á la seftora
de Liguiére que no tuvimos el gnsto de encontrar
en su casa cuando fuimos á. verla.
Las dos mujeres se saludaron, y María Magdalena, benévola, recordando que esa seflora
era Presidenta de varias asociaciou~ de caridad
le habló de esas empresas.
Entre tanto, Roberto estrechó la mano de Darlot sin la menor erosión y la conversación empezó á. arrastrarse languidocicnte al pasar de un
orfanatorio A un asilo de ancianos desvalidos
!11.stidia.ndose Maria Magdalena tanto como poca~
veces le había sncedido.
Luego vinieron otru personas: el seJlor Maignan, Presidente de la Sociedad Histórica un seflor anciano, de cabellos blancos, enco;vado y
nudoso como un tronco de ciruelos. Desde que
lo vió, la seflora de Liguiére se despittió brusca•
mente con ademanes de disgusto, no sin decir A
María Magdalena:
-Mi querida sef'lora: queda usted inscrita con
cincuenta francos para la obra de nuestro hospital de ancianos menest1:orosos, y he contado de
antemano para eso con el excelente corazón de
usted. Vaya usted cuando guste con su seftora
suegra. á visit11r el establecimiento y le interesara.u mucho nuestros viejecitos ¡son tan simpáticos! Espero que sera. uste.l una de sus má.s entusi11stas benefactoras.
María Magdalena un poco contl'ariada de colabcrar sin consulta prévia a. una obra que no Je
interesaba maldita 111. cosa, acompafió A la Presidenta qtie se detuvo junto Auna joven que hacía
ruidosa entrada. seg11lda de su marido que estre•
chaba 111. mano de Roberto, y lo dijo con voz
agudii:
-~U senora de la Palliére! Mandé A la casa de
usted para cobrar la cuota de la Escuela de Desamparados 'f se me ha dado una contestaeión
repulsiva. ¿Hay en eso un error?
-Yo no sé, mi q uerida seftora. Explíquese us•
ted con Gerardo que es quien so entiende en
todo eso.
La senora de Ligniére corre A entenderse con
el senor de la Palliére que s~ queja del sueldo
e:dguo de los funcionarios públicos tratando de
evadir así los impuestos forzosos de la Presiden•
ta, en tanto que su locuaz y vivaracha esposa estrecha la mano de María Magdalena con arranques cariftosos y regocijados, haeléndole mlt cumplimientos y ofertas de simpatia1 de amistad, y
aún de intimidad.
Lll vieja Preshlenta terminó al cabo por despedirde honrando apenas al seftor Maign11n con un
ligero s&gt;1ludo.
- Oh! dijo Gerardo de la Pi!ilh1re. Estoy seguro de que h11.br~ encontrado ya la manera de

•

�5

EL OBSTÁCULO,
11:L JrflJNDO lLU!\TRADO"

11

=

..

inscribir A usted en una de sus listas. No puede
~er á. una alma nacida sin enviarle un sablazo
de dos ó tres lnises para los pobres de la comarca ¡qué sanguijuela!
AJ oír las palabaas sablazo y sanguijuela, Darlot fijó su atención.
- Gerardo, dijo su mujer con una mueca A la
vez risuefl.a y enojada, es usted inconveniente de
un modo implacable y ee va á escandalizar esta
hermosa seftora y el caballero grave y taciturno
que nos vé desde allf con su libro en la mano.
¿Qué es eso que lee usted así?
Darlot sonriendo contestó:
-Estoy leyendo .Namouna.
-No me gusta leer A Cicerón, repuso la setlora de la Palliére, y volviéndose 1\ María Magda•
lena le dijo ¿quién le confeccionó a. usted este
elegante traje de recibir?
Darlot analizó á la joven con atención. Tendría veinte ailos y una de esas figuras despabiladas de obrera parisiense, Aunque Baronesa
de la Palliére, parecía mAs bien venir de los ta•
Ueres de Montmartre y su acento vulgar subrayaba da un modo lamentable una ensortijada cabellera del color del heno, unos ojos verdes con
reflejos metálicos y una tP.Z naturalmente colorida que el blanco de perla hacia parecer trans•
parente.
Darlot después de fijarse en estos detalles se
acercó á Rob~rto.
-¿Le agrada A usted el impresionismo? le pre•
guntó en voz baja. Esta seflora tiene los tonos
mprtecinos de un pastel de foil!.
Roberto pidió políticamente al seflor 1\laignan
noticias respecto á un opúsculo histórico que es
taba escribiendo con relación á quién sabe qué
casucha ruinosa, trabajo que tenía. abaorvido el
importante tiempo del r&gt;residente.
-Empreslldiffcil, seftor, exclamó el buen hombre que hasta entonces había estado vagamente
adormecido, pero que pareció galvanizarse por
un súbito entusiasmo. Los documentos son foc1ertos, escasos, confusos. Se descubre que en 1649,
un tal Jacobo Audibet, nativo de la Harandiére
habitaba allí; luego que en 1604 la propiedad pa•
só á manos de un tal Guillermo Rossel de la Grange ...... pero, entre esas dos fechas, natia! He
buscado, he compulsado, he registrado cuantos
papeles ban podido venir A mi alcance, he hojeado loe archivos de la provincia en Caen, en Alen•
con, en Argentan, y nohe podido encontrar ni la
máe leve huella. Esto es desesperante.
-Pero, dijo René. ¿esas personas tienen alguna importancia histórica?

-Ninguna, replicó con candidez el buen seilor: los La Grange y Harandiére no f11eron ni
notables siquiera; su vida no ofrece interés algu•
no y Ja casa en que habitaron tampoco.
Darlot estupefacto preguntó:
-Y entonces ¿por qué trabaja usted tanto en
asunto tan fútil?
-¿Por qué, sellor? Porque con estos materiales que ll usted Je parecen tan peque-nos, es como se construye Ja historia gP-neral de Francia.
Sin nosotros, s.:ftor, sin nuestros trabajos perseverantes, los historiadores patrios, Michet 1tismo,
nada habría podido hacer. Pues bien: su obra
maestra es mucho mas fa.cil que esta tarea incesante, esta labor obscura, estas inda~aciones tenaces A que nosotros nos dedicamos. lllichelet tenía todos los documentos 1\ la mano y no tuvo
más trl:lbajo que el de cordinarlos con esa belleza de estilo que tienen todos los desocupados: ya
convendrá usted pues que es ml\s fácil escribir
historia en la que hormiguean los hechos, que
opúsculos sobre gentes clesconocidas de las cuales se encuentra apenas nua huella medio borrada.
-De veras .... ! pues ese es un punto de vista
particular. Difícil es en efecto hacer algo con
nada.
-Yo he escrito un volumen de doscientas pAginas en octllvo mayor sobre un documento extremadamente Importante, diré más bien precioso que tuve la suerte de encontrar enun calabc,zo
del castillo de Harimdiere. Es una nota, una simple nota de lavandera cuyo importe mont~ba á
una suma insignificante v que era de la lavandera de Enrique IV que pasó por e:ite país en 1590
en la época en que conquistaba bU reino. Por
esta nota, se:!ior, se puede averiguar que el rey
no tenía para cambiarse mi\s que dos camisas y
que hasta estaban rotas y aguj~re1tdas, puesto
que la lavandera aliade este detalle que en mi
concepto es caracteristico: «y por coser y remendar las camisas que están gastadas basta la trama, 3 sueldos.» Pues escl'ibí, como le digo á usted, un volumen sobreesto, y mis colegas de la
Sociedad Histórica han quedado de acuerdo sobre la importancia demi trabajo y la exactitud
de las conclusiones que de él deduzco. Oh, se:nor!
¡Qué lejos nos lleva en el camino de las hipótesis
esta nota de una lavandera! ¡Qué luzarrojasobre
todo un lado de la vida de nnP.stros padres! «Co•
ser tres camisas que estaban gastadas basta enla
trama .... 1 Y qué sabor tan especial el de esta
manera de decir. ¿No se le figura á usted estar
leyendo A Montaigne?

- Sf, pero con pensamientos Wl poco menos.
profundos.
María Magdalena ya no se fastidiaba: la sefiora de la Palliere con una risa obstinada que quería hacer aparecer rediante y que fütigaba como
una co,~tracción nerviosa, veía sin cesar con l&amp;.
misma ojeada viva A Roberto, á. Rene Darlot, al
Presidente, A los amorcillos del cielo raso y A los.
sillones de tRp1cP.rfa.
El s&amp;ilor Maigoan cayó de nuevo en su sopor y
pronto tocó retirada.
-Oh! dijo la seftora de la Palliere ¿notaron ustedes la rigidez de la sefl.ora Ligniere? La presencia del se:tlor :.\!alguan la puso en fuga y ·ese&gt;
viene de que hay competencia de caridad entre
ellos, pues la bija del sefior Maignan es presidenta de varias obras de las que la setl.ora Liguiere
filé despojada y se hacen una guerra terrible quetiene por campo de batana las bolsas de sus amigos y conocidos. Tan pronto como la una proyecta un baile Abeneficio de los huérfano~, proyecta la otra un concierto á beneficio de los
sordo-mudos y esto es una emulación espantosa.
La risa con que la se:i'1ora de Ja Palliere ensefl.aba todos sus dientes y sus muelas, estalló cristalina, sus ojos chispearnn y relampaguearon, y
fijando al fin las pupilas en el péndulo del relo.if
se puso A seguir sus movimientos.
Entraron otras personas. El seflor y la se:nora
de Lavernede. El, un comerciante grueso, pesado y rico, ella una mujercita delicada, elegante,
refinada en su traje y en sus maneras.
Habiendo querido la sel'lora de la Palliere en
su presencia hablar de modas y confecciones y
habiendo declarado que era cliente de Doucet,.
la se11ora Lavernede después de pasear una ojea•
da lenta por todo el traje de su interlocutora, insinuó que en La Bella Jardinera se hacüm muy
bonitos vestidos á. precios moderados. Llevándose en el corazon la flecha envenenada, la sen.ora.
de la Palliere se despidió y se f11é.
Todas estas peqnefl.as vanidades que se entrechocaban en presencia de María Magdalena !&amp;
consternaban, y en René Darlot producían un
efecto contrario divirtiéndolo maravillosamente,
y haciéndolo prolongar, sin pensarlo, una visita
que A sus ojos era amistosa y no oficial,
En el salón como en una linterna mágica. las.
figuras más interesantes se sucedían, y annqu1t
la mayor p11rte de aquellas gentes le era conocida, no podía gloriarse de que lo fuera sino en le&gt;
super1icial y se sentía muy á gusto es~udiando
de cerea conjunto tan curioso.
EJ desfile con~inuó durante largo tiempo y en

consecuencia todas las notabilidades de la ciudad
pRsaron por aquel examen obstinado; y Roberto,
que teni1t un juicio estrecho sobre! la corrección
y las convenienciits encontl'ó indiscreta la duración de esta visita, pero Darlot ni peus11ba en ir•
se; se sentía .como l'n su casa en la de )1aria Magdalena, á. la que nunca podría tomar en serio y
seguía con i11teré~ en su semhlante agraciado la
impresión que le cansaba cada una de las visitas.
El único personaje á. q11ien se olvidó de estu•
diar foé A Roberto, cuya irritación le pareció
simpleme ute una rigidez incorrecta.
Esa noche Roberto declaró A. ll[aria Magdalena
que Darlot Je des11gradaba, y ésta, cansada ue
haber visto tantas cttNS, de haber CAmbiado tantos cumplimientos y oido tantas banalidades,
no tuvo ni el pensamiento ni el valor de de•
fender la cansa de René, inquietándos~ muy
poco de Jo q11e su m11rido sintiera en cuestión de
simpatías, pues pensaba dej11rle libertad para estinuu' ó no A los 1:1migO"- de el11:1., con tlll de que le
fun11 consentiuo apreciarlos A ~u satisfacción.
El comedor de la seft.ora Le CJercq, construido
y decor1:1do II fines del siglo XYIII, teoill todit la
gracia amable de esa é¡ioca en que el arte decoraúvo, alejAndose de ]11.s exageraciones del estilo
arabesco, se ;nspirata en las linells rect11s dél arte griego y arect11ba u11a sobria eleganci11.
En f,Jrma de hemiciclo, ct,n el teche, muy elevado sostenido por pilastras estriadas; 1:ntrepa.1los de cristal ll.lter1111do con
tapicerias semejando «Las cacerías del Hey de Oudry¡,. cu
bierta. con mader8.II incrusta•
das y antiguas lacas del j11pó11
de la m,1r11villosa cerámica
oriental, ésta sala alegraba 1.,s
ojos prese11tantio un conj11oto
atractivo y disponía mejor A
gozar de una buena comida
que l11s salxs dd estilo Renacimiento, donde la encina antigua, los tonos verdes obscuros y las colgaduras de tercloptlo producen sombras en
pleno medio dia.
La. seilora Le Clercq, con el
deseo de ahorrar 1\ Maria M11gdalena tocio el cuidado de di
rlgir un hogar, se llevaba á
BUS hijos dittríamente A comtil'
en su casa.
Por más que no lo hubiera
-creido d Dor.tor Bois de Saint
~lárcel, la vida de su bija estabit mezclllda A la madre de
Rob"'rto de una manera absolutll, pue'I esta irrisori11 limiblción de un piso al otro no detenía A la
seflora de Le Olercq que amaba dem11.siado á su
nuera para no estarse ocupando A.cada mmneoto
de eullnto le coucarnfa, de modo q ne este afectuoso y excelente sentimiento se convertía en una
red de mil mttllae que envolvía A la joven tan
dulee como fuertemente. No salía sin que su suegra subiera t\ arreglarla. y á llevarla ella misma A
donde quisiera ir, y no recibía á nadie que no viniera la su •gr1l á recibir tllmbién, ni leía un libro
sin que se Je pregumau el tí1ulo, ni recib(a carta
alg11Da sin que se le preguntara el contenido.
María Magdlllena aunque muy apac¡tble era no
obstante eapaz de unll rebelión cuando se col•
mara ltt medida de su sufrimiento: pero educada
-con cuidlldosa rigidez. no dej11ba. nr á s11 suegra
lo enojoso que le era no estar nunca sola.
Una ternura que toma semejante c11mino se ha-ce una carga para la existencia.. María Uagdalena no reflexionaba en eato todavía, porq11e tenía
-veinte anos, estaba recientemente casada y la
-convicción de su j11ventud fortificaba su paciencia y Je inspirll ba el deseo sincero de vivir en paz
con todo el mundo, y tenía ademA.s una gran
!!exibilid11d que lu bacfo plegarse fácil1uente A
las voluntades que domimtban la suya.
Esto lt, impedía darse cuenta exacta de snf11s•
tidio babitu1:1l y pensaba que todo veofa de q11e
exrra:ll.11b1i la vida de P11ris, cu11ndo lo que ext1·a:ll.aba en re1didl'd era la libert11d que siempre le
aeja ba su pitdre.
Veitt poco A su marido.
Hob1:rto con no talento verdadero y un conocimiento profundo de 1n ciencia del derecho, -re•
-cogiendo la herencia de su padre y de su abuelo, qne antes que él, .fueron abogados en Montpazier, trab11jotbK mucho y llevaba una existencia poco runndana pues casi siempre ?Btaba

en Palacio, ó bien en su gabinete escribiendo ó
compulsando documentos, lo que le dejaba pocas oportWlidadei; para ocuparse de su bog11r.
Era una 11t1turl\lez,. grave y reservada, pero
Ma1·ía Mllgdaleua s11.bi!l muy bien que era amada
y que se la consideraba como un rayo de sol y
de alei?ría p11ra. aqut!lla exis encia sombtía. y he•
l,11Ll, Ella posefll este don feliz: ser nlfi•gre; reía
francamente, tenia una verbA malicies'\ y espiri·
tual y frases graciosas que despert&gt;1ban simpAtica afección. A cada unll de sus salid11s, la senora Le CJercq sonreía con 11ire de Indulgencia ó
la repnndía con dulzura, y Roberto no decfa nada sino q110 Vl'ía. A s11 muj'!r con ojos brillantes y
un deseo loco de arrebatarla en sus brazos. La
amaba por joven. por espiritual i;in el más leve
fondo de maldi1d y habrf11 q11ericlo co11test11rle,
darle en réplica salidas jac11rando8/\s que le venían á. lo, labios y cosas lindas que le i&lt;ujer(an
el regocij'l y el amor, pero Je cootenfo siempre
un súbito temor de aparecer desm3n11do, y rubos
que todo la presencia de su madre, pues siem¡,ro
nu tercero aboga esa cliue de expitnsiones.
Roberto guard11ba de consiguiente al l1:1do de
su madre y de su esposa juntas, la corrección á
que la sefiora Le Clcrq le tenía acostumbrddo.

Y como Maria Magdalena negara estar con
preocupación algnna, su suegra afladij:
-¿Ha recibido usted alg11na mala noticia res•
pecto A su papá ?
-Oh! no. Esta carta es de Lucia Hartley.
Eicrita desde Londres la carta, Lucía anun•
cihba á. su 11miga que estaba á. punto de embarcarse para Fraucia; que permanecería en París
algunos dí &gt;ts y se dirigiría Juego ll Tregastel
donde pensaba pasar el estío. Partt esto había alquilado una quinta donde llevaría todos sus utensilios de pintora pues iba a. trabllj11r con forma•
lid ad para la próxima exposición. No llevaría cc.nsigo rults q11.e una criada, p11es se proponía vivir
co11 la mayor modestia y senrlllés prefiriendo 1a
naturttleza salvaje de Bretaña y la soledad que
hay en las aldeas de oescadores al movimiento y
11ctividad de Trouvi!le 6 de Dinard.
Al leer la carta Muitt ?lbgda lenn, reflexionó
que le correspondía invitar A 111 inglesn para detenerse en su casa al pasar p11ra Tr&lt;-g,u1tel¡ pues ba•
cíac1tsi un aflo que no la veíl\ á cau11a e.le un viaje
que la 11.rtista hizo á llvlandn y que duró varios
meses.
Como )faría ~Iagdalena Ir tenia µ1·ofundo y
verdadero carillo y la admil·aba por su firmeza
de carácter, dest·Aba \'ivamente voh·er
a nrla, pero ,,acilalla para decírselo á
su marido. Esta timidez que se reprochaba á sí misma, proYt:nia 1,in dudu alguna
de que tn realidad no estabo en s11 casa sino en 111 de
su suegm.
~farfo M11gd11lena sentía lo
deJicado de :;u 1;ituación sin
querer analiznrlo, pero para
liacer práctica una invitación
de esta clase, no debía ser
ella quien invitara, sino la
seftora Le Clercq.
-Lucí11. lfarLley, la amiguita de Londr1.bi' ¿Qnédecia
de em,jo~oi'
-Nada de enojoso, se
11presuró A contestar Maria
:\lagdalena. con la premura
de las personas medrosas.
Por d contrario, viene A
Francia y si te parece, Bob,
me se, ía grato que pasara.
con nc:-sotros aquí algunos
días.
Se había puesto colorada
como una amapola y miraba
Asn marido con ojos irresis•
tibies: rara vez le tuteaba y
más rara aún le llamaba con ese diminutivo iuglé~, Roberto sonrió y respondió sin cuidarse de
cons11.Itar á su m11dre.
¿Quá hubiera dicho al verlo reír ó valsar con
-Sí, bien mío. Yo quiero todo lo que puede
lforf,i Magdalena como ella solíA h&gt;\cerlo para serte grato. Cootéstale sin tard11r á tu amiga, que
ddr soltura A sus nervios contrliidos? A ella s~ debe eer encantitdora. ya qae se ha hrcho amar
Je perdooab,in esas ligeras incorrecciones porque de mi Maria M11gdalena.
era. todavía muy joven .. .... R ,berto sentía esto
En uno de esos arrebatos de buen humor ~ne
y al pensar en la mirad/\ de asombro que le cli•
rigiría eu madre si lo vier" rej11ve11ecerse Je ese no acertaba á. dominar, Mitría. Magclal~na se le•
vantó1 dló una vuelta corriendo al rededor de la
modo, detenfa sus arranqu.es.
mesa. y se arrojó en brazos de R)berto para be·
Así pues, María ?tfagdalena habíll estado mAs sarle á su placer.
lt gusto con su padre que con su mat'ido . .Muy
L'l Seflora Leclercq encontró incorrecta esta
bien babia podido confiarlo A aquel sus pensa- acción. ¿No se b:1.bía faltado en tfeclo al re~peto
mientos íntimos, pues B&gt;lbio\ que era comprendi, q11e le era debido, tomando siu cousultár;seJe es•
da, y que hallaba siempre una excusa en esll be- ta res&lt;1lueión? No obstante, recurriendo á su mannevolencia exponcAnea que tie• en los egoistas sedumbre ordinaria, procuró sobreponerse A su
quienes amando 11.nte todo su libertRd, no pre- mala impresión.
ttmden atacar ni restringir In libertad 11gena.
:Maria blilgdalen11, entregada por completo á. la
Con Darlot mismo, ~forí11. ~iagdaleDI!. se sentía
alegria,
no observó nada y d 1jo con volubllidad:
mis en confianza; apreciuba en todo su valor
-¡Qué
gustazo me has dado! ¡Si vieras culinto
aquelll\ amistad verd11derl:l, y si reflia con él al•
g111Jas '9eees cnando el le dirigía bromas, esas ri- quiero A Lucfal ya verlts qué original es y cnAn•
ftas eran pasajer11.s y servido mAs bien parn es• to talento tieue. Es mucho más bonita que yo y
basta tengo miedo de que me ames meaos deB•
trecbar eu intimidad de buenos cllmarad1ts.
pnés
de que la nRyas cono.:ido. Ha leido mucho,
Una tarde, A la hora de la comidtt, un criado
trajo á. M,irfa Magdalen11 una carta que ella abrió ha viajado, y habla bien en todas las m ..teritts, no
apresuradamentt:. La leyó desde luego y la guar- 1mperf1cialmente como yo, sino con absoluta perdó inmediatamente siu decir una palabra. Ro- fección. Le diré que baga mi retra.o en los días
berto que refería A su madre las peripecias de que pase aquí.
-Imposible: le hará talta su taller, dijo Rober•
una audiencia en que hllbia sido defensor, no observó el silencio de su mujer, pero la seftora Le to, encantado de la alegria de su espesa.
Clarcq cuya ateneión estaba despierta se &amp;intió
-En Tragaste! lo tendrá. Se dari\ prisa para
muy contrariada porque su nuera g11ardaba pa- in9tArnrlo; no importa cómo, pero lo inst tlara,
ra eí el contenido de la carta. Sin embargo, de• porque los ingleses son m11y prácticos. Aquí tenmasiado buena, resolvió no dej!ll' ver Sil desc0n• go también el proyecto de que lo ponga i.i no
tento y dijo con tono atable.
u enes inconveniente. Le daremo:3 para eso, lt~
-¿Q11.e le pasa á usted, mi vid11 1 que se ha pues- cámara azul del tercer piso que tiene una magto tan seria?
nifica luz.

2

�6

La Setiora Le Clercq, dijo con una voz que ella
creyó dulce.
-Necesito la cAmara azul. lle dispuesto de
el111 p11r11 otros fines.
Este vaso de agua helada, calmó el entusiasmo
de :Maria M11gdalena y le hizo recordar que la
casa pertenetíll A alguien q11e no era. ella misma,
Volvió pues A en asiento, en tanto que Roberto;
sorprendido, pr&lt;'gunt11b&gt;1:
-Qne dispuso usted de la cllmara azul! Y para.
quéi'
-He suplicado A la Sel!.ora de Charmont, que
venica á pa&amp;ar á mí casa todo t&gt;l tiempo que le
sea necesnrlo para salir de la triste situación en
que se baila.
Aqui siguió un 1llencio. . . . Marf11. Magdalena se absorvió en la contemplación de nn salero de plat&amp;, en tanto que Roberto, muy contra•
rindo y no atreviéndose A decirlo, se puso A
comer como ei llevara ocbo d[as de no probar
boeedo.
J,a Seftora Cbarmon que pertenecfe. A la buena
sociedud de lit población, era una infeliz cuyo
marido acababa de morir después de una cort/\
enfermedad, dejando A su viuda absolutamente
sin recursos. Esta desgra.cia provocó de pronto
mucha., simpaúas en f1&amp;vor de la sen.ora Cbarmon
que por motivo de su carácter poco eomunicali•
vo, se ap11garon muy pronto.
La perspectiva de vivir con una persona cuya
situación era en verdad dignl\ de interés, pero
cuvas conversaciones, tristezas y melancolías Je ,
giilmas y justas, no podían sino traer su sombras
al hogar. di~gnsró vivamente {l. Roberto.
Lll Se.11.ora LeClercq, observó la frialdad de su
hijo y lamentó lo que acababa de decir, con tanto
muor motivo cuanto que en realidad la Seffora
Cbarmon aún no b11bia sido invit11da sino que por
el contrario le fué necefario resistfrse á las incliseretns io ■ inuaeiones de esta dama. El deseo
de recordar A sus hijos que ella estaba en su casn
y que para todo se debía. tomar en cuenta su voluntad, la babia llevado demasiado lejos, por lo
cual agregó en un timo conciliador:
-Es muy penosa la crisis porque pasa la se11.ora Cbarmon¡ todos sus mnebl~s van a ser ven·
didos para pagar )as deudas de su esposo y durante trtrnsi,to tan amargo, he creído que era bueno ofrecerle un asilo que no ocuparA por mucho
tiempo y podremos arreglar otro departamento
pllr&amp; la sen.orit&amp; Lucía Hartley.
María Magdalena contrariada por este inciden•
te y por lll actitud de su suegra contestó:
- Lucia se apenarfa muchísimo, sei\ora, si creyera que causaba A usted alguna molestia.: la alojaremos en nuestro departamento en - el cuarto
contiguo á. nuestro toc11dor. Y en cuanto al taller
seglll'amente que se pasará. sin él sin lamentarse
demasia&lt;lo.
La eefl.ora Le Clercq no insistió ml\s y la comi•
da terminó rin otro incidente.
María Magdalena se retiró para escribir A la se11.orita llarltey, Robertó entró A su despacho y la
seftora Le Clercq contrariada y berlda en sus derechos, aunque nada.hubiera dicho, y ofendida por
el silencio de su rujo, siguió A éste hasta. el gabinete de trabajo.
Ahí le dijo:
-¿Parece que desapruebas la invitación que
hice A esa infeliz viuda?
Roberto de ¡ronto no respondió eino se puso á
hoje11r papeles con mano distraída,
-Rtispóndeme, Roberto.
-Pienso, en efecto, dijo él con tono frío y respetuoso, que sería preferible no mezclará nna e:xtran11. en nuestra vida intima.
-Y sin embargo Re.abas de antorizar A María
Magdalena para que invite A su amiga ..... .
-El caso es muy diferente; la sellorita HartJey estarA aquí A lo mAs una ó dos semanas, en
tanto que respecto A la sel1ora Cbarmont, usted
e11be cuando va A entrar pero no cudndo va á.
salir,
-Te suplico que la consideres suficientemente
correcta para que no se convierta en una carga,
contestó la seftora Le Clercq con acritud¡ y a.de·
mlls, en caso dado yo sabría arreglarme de maneru que no seria necesario sulrirla mncbo tiempo.
-Entonces, y como ese caso tiene necesariamonte que presentarse, serla preferible dejar á
esft ar nora en PU C'lsa. en vez de darse la pena. de
reci billa, para darsü Juego la pena de hacerla. salir.
-;,Y por qué piensas que llegue ese extremo?
- Usted mlsmn lo ha dld.1c: la senor11Cbarmon

EL OBSTÁClTL().

"EL lCIJNDO TL'C"STRADO"

eetarA aqui basta que encuentre una colocación
honrosa .... Eso puede ser largo. La idea detra•
bajar para vivir le tiene que eer muy penosa, Y
más aún comparando esa. suerte con las dulzuras
de eu existencia equi. Juzgándola con benevolencia, puedo suponer qne ne eatA dispuesta A
abusar ..... .
-¡.TuzgAndola con benevolencia! Pero la conoces bastante para form11rte de ella una idea
exacta? Yo estoy cierta de qne le encontraré. con
las relaciones de que dispongo, una buena posi•
ción en poco tiempo.
.
-¿En Mnntpazier? Ella no consentiría en vi•
vjr de su tritbajo en la misma localidad en que ha
ocupado otrR -posición.
. .
-Así. puPe, ml hijo me rltie porr¡ue he mv~tado para venir A. mi casa 1\. una persona á qwen
compadezco y estimo!
Roberto irritado y rígido miró fijamente á su
madre y dij":
.
-Usted fué la que exi~ió que le dfora mi op1•
nión. Yo no me he permitido reftirla. Haga usted
lo que le -parPzca.
La sellora Le Olercq salió mAe contrariada que
cuando vino. pves había tr11ido al venir ideas con•
ciliadora&lt;1; pero 11\ actitud enérgicl\ su hijo la
irritaba tanto mAs, cuanto que en el fondo de su
causa era mala porque en verdad que Pra enojoso eso de echarse A cuestas la carga de la seflora.
Ch11.rmon.
Sin embargo 111 seflora Le Clercq resolvió pa.snr sobre todo v llevar á. cabo lo que había dicho.
Entró bAj0 está impresión A sus habitaciones y sufrió por la primera vez un hondo sentimiento de
amargura.
Todo lo que habfa hecho por sus hijos le vino
A la memoria.
Había obrado siempre olvidá.ndose de si misma
y no pensando sino en la dicha de ellos. Había.
dejado á Roberto elegir la mujer que fuer11 de su
agrado, hasta pobre, cuando por su posici~n te·
nÍJ\ derecho á mejores partidos que la hija de un
médico sin clientela. Luego, lejos de hacer sentir
á ~farfa. :'tfagdalena estll generosidad JI\ tratnha
como A hijá suya, 111 colmaba &lt;le obsequios. buscabn todas las ocasiones propicias para proporcionarle placnes; v aún babia exigido que los &lt;los
jovenes vinieran á vivir en su casa donde goza.
ban del lujo del hotel, de sus carrunjes y hast11 de
sus criados, porque en resumen ellos no tenian
para su servicio m1\s que una camarera pne!&lt;to
que diariamente comian en la mesa común. Si, ella
obraba bien y los recién casndos parecía que lo
4.uerian alvíd,,r. Podfa coni:1iderarse como pPcata.
mili uta, eso de que no la hubieran consultado previamente para invitar t'l. "ln. sefiorita d"á Hartlev,
pero eso era el punto de partida, de toda una séríe
de disgustos.
Además, Jn t&gt;ntristecia la inusitad11. actitud de
Roberto y de la misma lfarfa Magdalena que había incurl'ido en la temeridad de pasar sobre toda
consideración y alojar en su casa. t\ la amiguita.
Su casa ...... la senora Le Clecq sonrió y el pen•
eamlento de 111 relicidad que gozab11n sus hijos la
estremeció: ella era su providencia; sin ella estarian reducidos A unaexisteneiamode:1ta no contando mAs que con los productos del trabajo de
Roberto, todavía poco conoc!do paraquepudiera
estimarse como seria su posición. Sin ella, Maria
Magdalena descenderla al rango de una burguesita casi en la miseria., esperando los días lej1mos
en que debiera hacerse célebre su marido. Nada
de carruajes, ni de equitación, ni de eleg11ntes
«tea gwn,• ni de sombreros A la última mod:l, ni
de bibelots. ni de almuerzos exquisitamente ser•
vidos par1t invitar á las amigas. Sentirse tan necesaria, dulcificó el Animo de la senora, y la inclinó á la benevolencia y al perdón. Se puso á
pensar en las cuAlidades agri\da bles de .M aría ~fagdalenn, en su igualdad de humor, en su corree•
ción de maneras y ensu gracia aristocrática., cualidades que en suma, bastaba para que se sintiera orguJJosa de la mujerci~ de su hijo, tan linda y tan.
buena. Solamente que era preciso temar una. resolución firme: la de inculcarle bastante bien el
sentimiento de la gratitud que ambos le debian,
para que no se renovara mas esta veleidad de
rebelión.
Como ~laría Magdalena tenía un caracter dócil
y estaba muy bien educada, comprendería lacil·
mente y todo iría bien. En las primeras ocasiones,
A tiempo. eR cuando tlP nf'ce.;lta firme1:a. . En
cuanto á. Roberto siendo elltij&lt;J, tenia derecho para
considerarse en su casa.. . .... De consiguiente
ellrr solo C'rn la que había estado incorrcctn r por

cansa de ella Roberto hn bia asumido en la lucha 1n.
actirnd que nsuminó. El sabia que la sel!.ora Cb~rmon desagradaba ásu mujer y por t'SO sehabiadisguetatlo al saber que la iban á traer A vivir con
ellos.
Desde qnc In seftora Le Clercq tomó el partido·
de ser buena apesar de la ingratitud de quehabia
sido victima recobró su tra11quilidad de conciencia: la grandeza de su generosidad Je dulcificó el·
el cspirítu y se durmió satisfecha.
Marfa MRgdalena después de haber es1:rito Ala
sel!.orit.a llnrtley, rC&gt;flexionó en que hubiera preferido hallarse en una casa que deveras fuera su
casa para recibir A su amiga, porque es muy penoso invitllr á alguien para el sitio en que un.J •
mismo no es mas que tolerado.
Ocho días más t11rde, Lucia II11rcley estaba ya,
en :Montpnzler y la senora Charmon babia aceptado la hospitalidad que la madre de Roberto le
babia ofrecido, de suerte que el placer que causóá :Maria Magdalena verá su amiga, estaba en•
sombree.ido por la presencia const.ante de Ja da·
ma enlutada A quien Darlot llamaba, «la quejum•
brosa Eligia•
Era mur cierto que 111. seno1·a Charmon tenía
todos los derechos posibles para estar triste, pero
ella bacín g11la de esa.tristeza; se izaba sobre su dolor como sobre un pedestal y In exagernción de sus.
sentimientos s~ convertía en una plaga para lasperson11s obligadas A sufrirla. Era una muj~r al·
ti\ y desmadejada, de cabe'los negros, lac1os !
opl'iruidos contrn sus sienes e~trecbas y de perfil
anguloso como las madonru. de la escuela prernfaeJista. A Lucia liartley le l\gradó de pronto su.
tipo ~ajo el punto de vista artístico, pero la indolencia, la dejadez, la desidia de esta persona le
repu"'naron t.an vivnmente, que no pensó ya más
en c;mpa.rarla con los Botticelli puestos á la moda por una reciente JiterRtura.
-Es in soporta ble, declaró A)[aria lligdalena.
Sus suspu-os en dn sostenido menor, su. voz Janguidcciente, sus ojos siempre mirnndo al techo,
todo esto es detestable. No, no es un Boticelli ...
es un cromo barato!
-¿T de veras le gustan A usted mu~ho los pintores primitivos? preguntó René Darlot que sentado en un ángulo del salón dibujaba en una boja de Whatman mujeres d~snudns con alas de·
:'mgel para adornar una edición de GricéUd11~.
¿De veras le agradan A ustedBotticelli, Cario .Maratti, Signorelli, .Mantegna, y toda esa. cntcrva.
de viejos tallados en bronce que se divirtieron
pintando santos rígidos como estatuas de made•
ra., con colores chillones y dibujo disparatado?¿Le ~usta. A usted ('SO? A mi. no.
-Ni á mi, contestó francamente Lucía. Echemos abajo á. los dioses. No me a.grada ni el mismo Rafael. Vea usted el retrato de Juana de Arngón que estA en el Louvre, esta cabeza enastada.,
en un largo cuello, esa. boquita inverosímil, esos.
ojos demasiado grandes, ese óvalo de cara comohecho con compA.s, todo eso no es ni verdaderoni sincero. s~ siente que no debe parecerse al
original. Y el color amariJlcnto .... Los dibujosde Rafael si, los cuadros, no. Oiga. usted Mog~
quédese usted en esa postura en que está., voy á,
hacerle un retrato al pastel. e.Quiere usted~ Voy
A traer m¡s )Apicet:: y un cartón.
Lucía Rartley salió del salón v entre tanto )!aria Magdalena. &lt;lijo A Darlot:
·
-1,Qué opina usted de Lucía? ¿Verdad que es.
encantadora?
-Es muy inreligente. Es una magnífica muestra de esa raza de inglesas de buena compaftia
que ban recibido una sana educación y píensan,
razonan y obran de nn modo viril, Es muy notable ....
-Y muy linda ¿verdad?
En ese momento Lucía regresó trayendo sus.
lf1p1ces, un cartón y un caballete.
Pronto dejó listos para el trabajo todos esos ol&gt;jetos, y poniendo á su amiga !reute l~ la ventana,
comenzó su obra :\ grandes rasgos cvn una fu·•
meza ~·una seguridad de pulso, que entusiasmaron
á Darlot. Este habi11. dejado suneuareladeclarando que tenía días en que no se sentía suficiente•
mente idealista para pintar mujeres ornadas con
angélicos atributos.
Fué luego al piano, lo abrió, se sentó y se pusoA tocar un aire noruego de Grieg. Luego eantótma barcarola de Lnlo.
-Tiene usted una lindn voz y magnifica es cuela, dijo Lucía.
Durlot tocó algunos ~·orupnses deLohengrin.

-Ah! el duo del ultimo a oto .... ¿lo canta us-Lindísimo; pero muy bien podía usted aguarted? vo también.
dar para terminarlo, que nosotros regresaremos.
-Si quiere usted ..... .
-Oh, no! :Xo ee deja y se Vtlt'lve á tomar una
Lucfn dejó sus lt\pices en un momcmo v se obra de arte como el remiendo de una media, dijo
acercó al piano: mientras ella cantaba el duo con Lucía Hartley sonriendo con exquisita amabiliRené, Robe1·to entró 111 salón sin hacer ruido y dad. Espero, señora, que me hará usted la gracia
sonrió desde lejos A )larfa lfRgdalena.
de dejarme A Mag, la cual está hoy en su día de
El retrato apenas bosquejado iba muy bien¡ to- belleza.
dos estos utensilios de pintura, la linda jo,•en que
• -}fa.ría ltagdalena estt\ inscrita desde hnce
servill de modelo, los dos cantantes y el sol de
muy poco tiempo en la Lista de lAs benefactoras
estío inundando de oro el sl\lón, causaban una
del hospicio, replicó la sei'l.orn Le Clercq con to•
sensacióa de felicidad y de fmima al&lt;'grfit.
no im,inuante como para convencer directamente
Desde el momento que lle¡?ó, Lucí11. IIartley se
A un nitio rebelde. Fué presl'ntada por la sel!.ora
habla conquistndo las simp11.1fos de Roberto. Su de Ligniére y l1asta sería nn desaire ,\ dam!l tan
aspecto de seriedl\d 6 inteUgeneia agradóá quien distinguida, 11parecer manifestando tan poc9 npreera así mismo serio ~ inteligente y además, el cio de una obra.\ la .-¡ucella da, y con razón, gran
cariflo que le tenia á. ~larlalfagrlalena, e-arillo sin importancia.
frase.s pero sincero y hondo, le ru1\ muy satíbfac-No cstú &lt;'n edad ~fagdalena, p:lra ocuparse
torio A Roberto.
-Bien, mnybien, exclamó Mnría !llilgdalena. al de esas cosas! dijo Dal"lot que estaba oyendo to•
terminar el duo. Uientr11s estaba oyendo á uste- do, apeiar de su serenata.
La sen.ora Le Clercq le dirigió una mirada codes me vino un proyecto i\ la cabeza: que invitemos ti. algunos amigos y demos una velada musí• lérica.
cal. Lucia cantarA con Darlo!, tú tocru-As el
violln.
- Ya lo consulLaremos A mamá., dijo Roberto.
Lucía volvió A su caballete.
-Vuelva usted fl la posición en que estaba,
}lag: ya no mAs música. en esta estación que ha.
ee t11nto calor.
----.e e toca y se eanta en toda esración, cu1mdo
esto agrada, respondió María :-.IagdaJ~na que se
sentía capaz de ponerse á bailt1run vals. Pero Roberto, nof'senCA11adetumamá sino aquí dondequerill yo recibir. Yqnenoserfn una soírémundana, sino una reunión sencillita de algunas per:;onas de
tu amistod solamente.
-Como tú quieras. Pero de todos modos aqul
esu\ m11mA.
La stiiora de Le Clcreq, en efecto, llegaba. en
esos momentos.
-ll a blábamos de inYitar á algunas personas
A una velada lírica, dijo Roberto.
La seffora Le CJercq respondió vivamente aunque sonriendo:
-Oh! ni pienses en eso Roberto .. , • es imposible! Yo mibma. he quedado sorprendida, vida
mía (volviéndose o. su nuera) de que haya usted
tocado y cantado como acaba de hacerlo.
- Soy yo quien be cantado, seflora, dijo Lucía
con extremada política y aseguro A usted que
ignoraba que la música le fuera desagraaable.
-Ln eeil.ora Charmont como Silben ustedes, ha
tenido un pesar muy reciente; está de duelo y ha
debido encoutrar muy extra:llo que se le hagn
ruido.
Lucia. Hartley trabajaba tranquilamente y da.ba toques de mano maestra á su pastel. Darlot
Roberto enoJado por la insistencia de su masin duda no había comprendido ó no había acaso dre y por el disgusto de :María Magdalena, dijo:
ni escuchado, porque poniendo Ja sordina al pia•
-¿~evf:ras. cree usted, madre mía, qu~ haya
no cantó á Uledia voz la serenata del 1Jarúe1·0.
urgencia md1spensab]e de fr? .i\larfa Magdalena
- Seria, á lo que creo, inconveniente convidar se quedaria mAs contenta acompanando á la. seaún ,\ los amigos m:ls íntimos mientras eJla esté florita Hartlev.
aqui. Eso le sería muy penoso.
-Pues si ia sel'l.orita Hartley qniere acompaSiguió un silencio. Roberto frunció el entrece• fi.arnos, nos causarA verdadero placer.
Darlot cerró el piano. Lucía contestó con sejo: la. presencia de la sel!.ora Charmon empezaba
á caerle pesada; María Magdalena procur1tba en riedad:
-Oh! no, sef1ora. Esn sesi6n me seria muy pe•
vano cruzar una mirada con su amign y Darlot
seguia con sus gorjeos msulta.ndo el duelo de la nosa, y en elln me serta imposible dejar de lastidiarme, yo que necesitoactividadintelecmal ó cor.
viuda.
-Vine para preguntar i\ usted si estA dispuesta poral. Allí necesitaríll pennimecer inmóvil varias
A acompaflarme A la sesión del Comité del Ilospi• horas, y me temo que mi es¡,iritu estaría tan pocio de ancianos desvalidos, continuó la se:l'lora. co ocupado como mi cuerpo.
-No, no, quédese usted, se apresuró A decir
Le Clercq, sin apercibirae de la frialdad con que
María :\tagdalena, viendo A su suegra que había
fué acogida.
Como ella no tenlll deseo alguno de oir música, q:iedado asombrada por la franqueza de su nmi•
ni de dar . una velada para lucir ít. la señorita g~. '1: puesto que no puede usted cantar, ni tocar,
Hartley qne le era antipatica, no creyó ni por un m pmtar, tome usted libros en mi biblioteca y
momento haber estado impertinente, y encontra- lea.
-Gracins, querida, voy 11 salir v ei el setlor
ba muy natural y sencillo que se privaran los
demlls de aquello que A ella misma no Je agra- Dnrlot quiere acompailarmo quedaré sumamente
complacida.
daba.
:Maria ~Iagdalenn se nlejó, Lucia puso á un lado
l'lfnrla Magdalena acostumbrada ií. dejarse
su
caballetey guardó los 1:lpices de colores y Roimponer ocupaciones que le eran enojosas, quiso
levantarse para obedecer A su suegra; pero su berto lamentando que su madre hubiera maniresdisgusto era tan visible de dejar una compania tado su opinión con tanta rudeza, pero viendo una
agradable para ir A una sesi~n de viejas preten- censura. en h\ actitud d43 Darlot, se Irguió y dijo
en tono seco:
ciosas é hipócritas, que dirigió i\. su amiga una. rA-Tiene 11.'lted razón. Es mejor q11e;\farfa~[agpida mirada de inteligencia.
dalena v11.ya con usted.
-¿Cómo, Mag, dijo esta, va usted lt privarme
Y saliópara ir Atrabajar, contrariado,sintiendo
del modelo ahora que mús lo necesitoi1 Quedaría un disgusto creciente, y la impresión de que en
yo desolada, porque mi pastel va bien.
su casa no todo marchaba como debiera ser.
Y agrcg6 dirigiéndose A la seflora. Le Clercq:
De pronto atribuía. todo esto á la infl11encia de
-r:No le parece 1i usted que \"H bien, stñore¿ RenéDarJot, un desocupnclo, un hombre caprichoso

7

que imponía todas sus ideas fl .Maria Margdalcna,
pues evidentemente todas las razones que su madre d11ba eran excelentes, pero no dejaba de ser
r;en ible que cada vez quo ella exigía algo, la jo•
ven se viese oblig11da A prescindir, hacer elsaeriIlcio de algún plncer ó alguna afición, por tnl de
obrnr siguiendo las ordenes de la sef1ora Le
tlercq.
De todos modos A ella ern A quien Je tocnba
obedecer y lo hacia de buenn voluntad sin rcbe•
llón 11lguna, solamente con un ademf\n detri1:1tez1t
que durabll poco y que basta se esforzaba en disimular.
Hoberto est11bn muy 11gradeeido á su mujer por
esta a!Dh.ble docilid11d de cimlcter,pues comprendía que sin esia fl~xibilidad moral y :;in ~sta rlulzurn, su hogar podía com·ertirse en un centro de
disturbios.
La seflora Le Clercq era buena realmente y
amaba A María Mngdalena, pero de un modo autoritario. T,a amabit con despocismo y le nu!Hlcabn Ja personalidad dulcemente con !ormas mur

politicas pero con obstinación. y exigía que esta
criatura de veinte .dios tuviera losgustos,las ocupaciones y ll\s rctnciones que ella tenia, ain permitirle nada Cuera de tüli.
.
. Roberto se decía todo ~st~ recorriendo su gabmete á pAsos lentos. Sí, felizmente María Magdalena tenia una extremada dulzura de carácter.
Se asomó t\ la ventnnn para ver salir el coche
que llevaba á su madre y á. su mujer v frunció el
entrecejo, pues para que se ngravara su malestar
observó qne la senor11. Charmon iba también en
el carruaje imponiendo su duelo enlll.tico.
?llario. Msgdalentt no se atrevió á levantar los
ojos hacia el gabinete de su marido, pues se senti!l p~olundamentc disgustada, l' él, que la. conoc~a bten, comprendió que estubtt la pobrecilla haciendo esfuerzos sobrenaturales para conservar
un aspecto agradable.
Lucía y René Darlot solos en el salón examinaron el pastel abandonado; luego sus ojos se encontraron, se Yieron unos instantes y como si hubiernn cambiado un conjunto de ideas la seno.
rita Ilertley dijo:
'
-Si: es muy favorable, en efecto, qne M~g
tE:nga un caracter hm dócil. Yo no aguantaría un
mes.
-Cuando una mujer se casa, no se cansa tan
pronto .... . . .
-Pero creo que no se hll casado con su suegra, respondió vivl\mente Lucía. Si yo lur,ra amiga de Roberto Le Clercq, lo pondrJa en guardi.1.

�EL MUNDO ILUSTRADO"

11

8

contra un peligro que no sospecha. Conozco 4
Mag porque hace diez anos que somos amigas;
tiene una dulzura y una paciencia encantadoras
y cede, se dobl~ga., y hasLa se nulifica por tem11r
de cont1·arfar á gentes que abusan. Además, es
muy bien uducad&lt;1.. No se ría usted! Pero hay un
lado de su cará.cter que ni su marido ni su suegra conocen; unaob.stiuación extraordinaria cuando se la ha llevado al límite de su sufrimiento.
Entonces todo termina. La he vi,;ro romper con
amigas que la hubian ofendido en ueterminadas
circunstanch1s, y como la amabll.Il, hicieron todos los esfuerzos y sucrificios 1magillíl.bles para
que se reconciliara con elllls. y tvdo sin resultado. Con la política graciosa que usted le conoce
rechazó toda avencuci&lt;.1., y temo que otro t&gt;lllto
llegue á suceder aquí. Es verdud que va á. ser
complaciente basta lo absurdo, pero alguna vez
se llegará á cansar y entonces ..... .
Da.rl11t iuclinó triistemente la C!lbeza.
.En el comedor ornado de clllros tapices, resplandeciente de ceramica japonesa, los COU\'idados de la setior11, Le Clercq acababan de comer.
~sos convidados eran además de sus hijos, la seílora Charmon y ltt se1iorita llertley.
Otros dos dias li11bíllll corrido acenrullDdo el
malestar moriü que resemia Lucia, e-1a sobre
exi&amp;ación particulur que se siente al verá. alguno
que sufre y acepta µ11siv1.Lmente mil disgustos A.
cada instante reno,•ados.
Lucia pensaba que una leve dosis de firmeza
de parte de !\farfa ;\fagdalena llabria bastado para hacer comprender a la señora Le Clarcq que
abusaba dcsu autoridad, que susolicitull inquieta
nimia, atormentadora, celosa, y basta amante tal
vez, era insoportable.
Durn.nte estos dos días, las dos jóvenes no pudieron estar solas un instante: ante ellas apa1·ecia
siempre la sen.ora Le Clercq con su atecto fatigador, ó la seilora Cbarmon, p;\l.ida y enlutada que
con voz lenta les vertía frases en forma de ax.io-

.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilt.tstraciones de nuestros talleres.
VEBSION .ESPAÑOLA. DE 11.EL MUNDO ILUSTRADO"

_.._,.,_.

Número 2.

lllll.S.

María Magdale11a inspiraba á, su amiga compa.sión. Para un carActer independiente, esta servidumbre debla ser el maror de los suplicios ....
Lucía habría prcft:rido Li; más obscura medianía
de rango y de fortuna, en vez de esta situación
brill!llttt: sostenida por los millones de la seilora
Le Clercq.
No hubfa un minuto de soled,1d, de libertad,
de reposo; siempre en torno de ella, h1 im:o~odidad de una a[ección t0rpe, de una bond11d 111vaaora, de una generosidad imperiosa. }lari~ ~lll~dalcna no iba A una. visita sola, y le era 1mpos1ble tomar resolución alguna, sin d conocimiento
y l.:onsentilllienro de su suegrn.
Aunque Juera un asunto de lnzos y cintas, la
se!lora Le Clercq daba su opinión con tanta ma•
yor autoridad, cuanto que al mismo tiempo obsequi1:1 ba á su nuera con las cintas ó los lazos y pagaba las cuentas dP. l11s modistas á pesar de las
protestas de Marin Magdalena.
·Qné decir en contra de tan amables procederti:? La rueuor señal de rebelión tomaría. tintes
de ingratitud y Marín Mitgdalena no tenía. derecho para sentirse infortunada.
Pero lll seilorita IIarLley no hallaba en su amiga aquella exhuberancia d~ alegría juvenil que
se derramabl\ por todos sus poros cuando era una
nina sin dote y tenía que coser y cortar por si
misma sus vestidos. Ln. villa de entonces era en
verdad un poco bohemia; el Doctor debía tener
sus apuros de dlnero, pero e;;pí~tU superf!cial se
aturdía fácilmente hecho á v1v1r con la vida del
momento, mientras que su bija acostumbrada A
no pensar en el porvenir, estaba tan serena como
él arrebatada por e~e amor A ht libertad y esa
n~cesidad de obrar A su c11pricho que sabia comprender con tau to acierto Lucir. Riwtley.
~lagdalena ahora se ibn tram,formando en una
persona seri.11; sus ojos rient~s tom~ron una e~presión pensl:ltiva, y. en su ~oca, mdo du sonrisa se not11.ba cont1·11cc1ón entrn,tecedor11.
De pronto la Be'ilorita Hartley pensó en aCCJrtar su vi.sita y a1ej1trse de una C¾SII. en que ~o tellÍII. m.As que disg11sto, pero este veneacruento
egoista fracal'ó ante el deseo de ser útil Asu ami•
guita; resolvió no abandonarla en el momen~o de
nna cribis que veia venir, y se pu.;o á, estudiar á,
las gentes ue la casa.
Era inútil el intento de modificar las ideas de
h1 seftora lle Le Clercq: convenci&lt;la esta virja de
sus derrchos, obraba con la voluntad sinc~ra de
ser buena, y amHba á su nuera mal, eso s1, _pero
1 a amaba y no se daba cuenta de que semeJante

9

EL OBSTÁOULO.

afección no era en resúmeu,
mAs que un inm•mso egoismo.
Robet·to á. pesar de su aspecto un tanto rígido, reservado y serio, le era sfmpá.tico á
Lucía que pretendía h.allar eu .
él un cará.cter tirme y leal,
pero sn frialdad habitual alejaba toda tentativa de intimidad, toda intervención en sus 11suntos por más
qne fa.era discreta y limitada. No se atrevh uno
á bablar con un hombre a~í que ocultaha toda e
sus sensaciones y testirieaba su amistad soltlmente por medio de un apretón de manos un poco
acentuado ó sn.s anti!)atfos por un obstinado silencio.
Roberto era un reservado: oía, paseaba sobre
t1us interlocutr,res unn mirada 11cerada, y si hablaba era en términos precisos, exa.ctos y breves,
y siempre lo que decía tt&gt;nia impol'ta11cia y de•
mostrllb!l una hien cu.ltivsda inteligencia. ¿C&lt;,mo
que este h..imbre no se Apercibía de Jo quepasaba en torno suyo? ¿Podría haber incurrido en
el error de tomar A Mari&gt;1. .Magdalena por una
chiquilla sinfundamento? ¿Podría haber visto no
más que el anver~o dtl lit. medalla no viendo en
ella sino su graciosa dulzura y deduciendo de
allí que el pl.'.tcer lle goz¡,¡r de las generosidades
de la suegra bastaría para hacerle soportar todo
en cu11lquiera época?
Y Lucia reflexionaba sobre el verdadero escollo de la educación femenil en los países latinos
que encarcelándolas en un dédalo de exigencias
de convención, las lleva á casarse con un hom•
bre á quie11 no conocen y el cual t\ su vrz tampo·
co sabe de su novia sino que es una joven que
habla inglés, toca el piano, pinta y baila con elegancia. Cuando escoa dos f'xtranos llegan A conocersees dcmnsiado tarde para retroceder, y de
allf es de donde vienen principalmente los matrimonios desgr,1ci11dos.

"ª

La educación s11jona, permite por el contrario
á. los jóvenes estudiarse y conocerse mutuamente¡ llls mujeres de la buena socied d son generalmente mas instruidas, mAs serias, menos frivoli1s que las de otras razas; tienen una personalid11d mlts acentuada; y aunque su exterior es
menos atractivo, el fondo do BU alma v todo su
modo de ser-, tiene má.e solidez y virilidad y compensan con su franqueza Ddorable el engañoso

encanto con que otras mujeres sacen ocultar su
verdadero carácter.
Viniendo á la sellara L1&gt; Clercq, f'S cierto que
no hubiera intentado nulíticllr, por ejemplo a.
la s"1iorita BHTtley, porque la trntativa le h1tbría.
pnrecido imposiblt&gt;; y i;in embargo, ll&lt;'g,.do el
momento de la crisis, tal ve~ fllllrfa M1tgdalena
prrsentara una fuerza de resi.stenci/\ mAs dulce
pero más invencible que la rígid11. voluutad de la
inglesa.
Una agravación de estos forcejers era 111 pres1111cia de la seftora Cbarmon, cuya instrucción
babia sido mAs at~ndida que su educación: babia
~ido no ml'ls que institutriz en su época ml'jor, Y
haciendo como que lo olvidRba, afectaba el mAs
extrafio desdén por las maneras, los usos, las
cdnve•saciones y los trajes de las personas de
}.(ontpazier, ¡esas gentes burguesas que no sabían
lo que era buen gusto ni lo que era 11ristocr11cia.
M11ria )hgdalena encontrab11. á. la se!lorll Cb11rmon sencillamente ridícula y sus pretensiones ínjustificRdas le parecían nada m,ís cómicas; pero
Lucia Hartley, dotada de un espíritu más delicado sobre los principios de la justicia, había concebido verruidero odio hacia esta mujer pretPnciosa que la. 1;1brumAba con relatos de sus v-iajPs
por toda Europa, citando A tonttis y A locas los
nombres m!\s distinguidos y cayendo en inconta•
bles errores.
S ;empre estaba la SPftora Charmrn diciendo á.
voz en cuello que tenla el propósito de trabnj&gt;1r
y no abusar de la ho~pitalldaj que le babíll concPdido tan generosamente la seftora Le Clercq,
(pues A pern,r de sus muecas de superioridad deddefl.orn, fabia adular a. la, gentes que le eran necesarias,) pero ú despecho de esta resolución
pregonad,1 A todas horHI!, p11recia querer Pternizl:lrseen la c,na. l[anifesubaA la seftora LeClercq
una complucencfa y una admiración sin limites,
le servia de secretMia escribiendo fa abundante
correspondencia de cada día, la acompafl.llbii ;\

:sus Yisitas y sabia, en su oportunidad, colocar la saltado de un plan conver,ido entre las dos jóve1raee lisonjera que debería hacer resaltar á los ojos nes y caliticó de pretensión audaz la de querer
del mundo la bondad de su protectora poniéndose sacar de la casa A la se1iora Charmon porqne no
-ella comunmente como ejemplo afortunado de los era del agrado de María .Magdalera.
· efectos de esa bondad.
-Situación anormal. . .. ¿Y en qué? respondió
La senora Le Clercq que la había recibido con la vJuda resignAndose i\ 111. lucha y no creyendo
repugnancia, comenzaba ya. á felicitarse de tener que Lucía se atreviera A llegar á una explicación
á sn )lldo persona que tan bien lll complacía.
concreta.
Lucia con vista de todo esto no tornaba á Jo
Pero ésta, con la tranquilidad que la caracteri•
serio ks proyectos de trabajo de la viuda, y en su zaba.
concepto lo que se necesitaba para variar el esta-En qué? usted misma lo rlice A todas ho·
•do general de loe cosas, era una escaramuza, una ras. , ... y de mi parte no concibo nadt\ mée pecolisión por la qne Roberto se apercibiera deque o oso que la convicción íntima de ser una earga
en su casa, su madre obraba con demasiado des- para algn.ien.
potismo. Se necesimba una crisis para abrirle los
A estas palabras, la sen.ora Charmon tembló,
ojos 4 este marido, y se decidió á. precipitar la la eeilora Le Clercq se puso p,\lida y miró fijaerisis sirviéndose para provocarla de la sen.ora. mente á la inglesa que sostuvo esta mirada con
•Charmon que le devolvía en odio visible sus an- una serenidad candorosa y Roberto pensó:
tipntfos.
-¡Qué responderá, esta viejll?
El día pues á que nos refedmos, en la sobreLa seftora Le Clercq ae atravesó diciendo con
.mesa, la sefioritaHartley le dijo con suma runabi- tono seco.
Jidad:
-Acabo de manifestar A la setlora que estA
-He oído decir 1\ usted, seilora, que tiene vivos muy lejos de Bflr unll carga para nosotros y aun•deseos de encontrar una posición decorosa .... que sus escrúpulos so11 honrosos ...
-Ciertamente ....110 puedo abusar ya má.s de
-Ya lo creo! imterrumpió Lucía. En mi país
la inagotable bondad de lll sefl.ora Le Clei·cq.
hacia el cual Ja sen.ora de Charmon demuestra un 11.
- Usted no abusa nunca., repl,icó ésta.
§.dmirRción que me halaga., he visto mujeres de
-Es usted tan buena que trata de tranquili- c,levadísima cuna con sus mismas ideas, que guszarme sobre este particular pero sé muy bien que tan de bastarse A sí mismas y que aunque tenDO ea posible que la presencia de una persona ex• gan familia rica prefieren como ella dice, trabajar
rtra11a y en las doloiosas eircnnstancias en que yo con todo yque parecería menos penoso aceptar so-estoy, deje de impresionar de un modo penoso si corro de los parientes en vez de recibirlo de los
no A usted que es excelente, a lo menos á sus hi- extra1ios.
jos.
La sellora Cbarmon estaba pAlida .. ... ,)[aria
-Que no Jo son: pensó Lucía.
Magdalena y Roberto un poco cohibidos pero en•
María Magdalena hizo un movimiento casi cantados. Lucia continuó con su más dulce y graimperceptible en seftal de afirmación.
ciosa entonación:
.
·
-En ese caso, continuó Lucía, con la misma
-Sí: esos escrúpulos son muy delicadas y aumen•tranquilidad, espero que será. del" agrado de us- tan mi estimación hacia. la sefl.ora de Cnarmon y
ted la proposieión que voy A hacerle.
para testificarle mis simpatiás escribí sobre
La se1iora Cbarmon frunció el entrecejo y lan- particular á Lady Grey. La situación es bnena, y
.zó a Lucía una mirada venenosa y uoa sonrisa estará usted a.JJí en casa de una gran seflora que
rforzada.
bien nacida y bien educada, oo desprecia á na•
-Una de mis amigas, Lady Grey desea una die.
institutriz francesa para enseftar ll sus dos hi-¡Pobres burgueses del\Iontpazier tan desde.liosa.jas ....
mente descritos por la sefl.ora Charmon! Lucía los
-Obl interrumpió vivamente la sefiora Cbar- vengó con una sola palabra.
mon, no siga usted, seftorita, esa clase de ocupa-Piénselo usted, concluyó la joven inglesa.
•-eiones no me agradan. Yo no podría aceptar.
De mi parte, me siento dichosa porque le puerlo
-Pero ...... dijo Lucía con verdadero asom- ser ütil en estas circunstancias.
bro ¿no ba sido usted institutriz?
-¡Muchas gracia~! dijo lacónicamente la viu-Antes de mi matrimonio .... Creo compren• da esquivando dar una respuesta precisa.
•derá nsted muy bien cuán penoso me seria acep•
María Magdalena tuvo laimprudencia de aven•tar A mi edad un empleo sabalterno después de turar una observación.
1baber tenido tan brillante posición.
-Lady Grey! ¿Es aquella joven que pasa los
-Oh! insinuó Maria Magdalena: le es á. usted inviernos en Londres y posee en Escocia muchas
•tan poco grata la sociedad de Montpazierl
. tierra.e y castillos? Ob! La senora Charmon será.
-En fin. aftadió la viuda, me desagradaría sa- muy feliz allí en medio de la vid11 de lnjo que
tanto le agrada.
•lir de Francia.
'
-Sin embargo, usted me ha manifestado repeMientras Lucía hablaba, la senora Le Clercq
•tidas veces su admiración por Inglatern, replicó se había contenido aunque con pena, pero Ja inLucia llartlcy, y hablaba usted en términos que tervención de su nuera I&amp; exasperó confirmando
deveras me han conmovido. A~í pues deberla ser sus sospechas de una conspiración entre las dos
1muy grato pRra usted regresará. aquel país en amigas. Bajo esa impresión, contestó con acento
-que tiene, según dice, t11u buenas rel11cio11es.
muy duro, mAs duro de lo que ella creía y con
La sei'lora Charmon bajó loe ojos como quien la acritud autoritaria. que se tom~ para correjir
~allando quiere dar punto A una conversación, r\ uo chico inconveniente.
pero Lucia qué no gustaba de dej11r las co~as A
-Ruego á u~ted que dPje obrará. la se1iora
Cbarmon como mrjor le parezca: bastante se ha
medias, continuó:
-Serfa bueno, á lo que erro, extiminar mi pro- hablado ya de eete asU1Jto desagradllble, y la
posición, no sea que más tarde se vea ust~d en 1~ burleta de usted me parece in1empeetiva.
-Roberl)O replicó con tanta rudeza como la de
necesidad de aceptnr otra menos ventnJosa, s1,
,eomo me parece razonable, desta u,u!d salir de su madre.
- María no se h11 burlado de nadie.
la posición anormal en que esti\.
-Pues eSII insistencia por hacer entrar á la seMaría Mugdalena dirigió á su amiga una mira•da de gratitud, Roberto con un aire serio anali- nora Ch,1rmon en un camino que no le es grato,
zaba ]a actitud de h\ seftora Chnrmon, y en cuan- • me parece inconveniente.
-La seflorita llartley no na creído que ofen,to a la seflora ·Le Clercq, una irrit11ción sorda comenzaba A 11poderarse de e1la, encontrando que dería íl ninguno ocupándose en buscar una posición decente pttra una dama, y que ella misma
Lucia insistía demasiado ·s obre el parLicuh1r.
Con la susceptibilidad nerviosa de las gentrs aceptaríR en caso nl'cesario.
--Oh! ciertamente que si, dijo Lncia con mu,que tienen en mucho su autoridad; concibió la
,sospecha de que esta proposición podía ser el re- cha calma enmedio de! hnracAn que había provo-

el

cado: yo no consid~ro un trabajo intelectual como bochornoso, sino que por el contrario me entusiasma. Parece que no se siente usted bien
Mag. ¿Qu1ere usted venir conmigo á tomar el aire?
lfo'rfa Magdalena babia permanecido a.terrada
fl causa de la humi111tción que su.trió al sentirse
tri,tada como una chiquilla rebelde y caprichosa .
Roberto que lo notó se disgustó profundamente,
y Lucía antes de salir se despidió de la sel1ora
Le Clercq y dijo A la senora Cbarmon sonriéndo·
se graciosamente.
-Perdóneme usted! Le.mento mi torpez11 1 pero estaba en la creencia de que ustPd de veras
deseabn salir de apuros y en su lagar de usted
mf'I bubiese sido muy grato hallar esta ocasión.
Roberto 11nnque tenia h cosmmbre de quedarse acompailando A su madre después de la comida, se levantó esta vez y siguió á. las jóvenes dirigiéndose los tres 111 jardín.
El aire estaba tibio, apacible, inmóvil, y en
los Arboles mudos y en los nidos que dormían, no
se escucbaba ni un susurro; las altas siluetas de
los muros recortaban un cielo azul lentejueleado
de estrellas, y abajo, entre las yerbas, 10s grillos
melancólicos entonaban su serenata argentina.
A veces, bajo la sombra de una hoja ó en una
brizna de yerba, el cintilar de uni1 luciérnaga. parecía unaráfágade electricidad .... Robertoeomprimfa con su brazo la manecita de su esposa y
ambos marchaban sin decirse nada folices en esta
soledad, pero contrariada ella todavía por la ercena que acababa de ocurrir. Ll:l se1ioritn ll11rtley los seguía. á poca distancia cantando una
melodía rusa.
Robeno y :Mag fueron íl seo~arse en un banco
al pié de una acaci11. centenaria cuyas copas de
flores claras estrellaban Las tinieblas del follaje,
y se quedaron oyendo la voz deliciosa de Lucia.
-¡Cullnto gozaría yo, dijo María Magdalena,
oyendo ll usted desde aquí! Si :Uera usted al salón, abriera la ventana y cantara y tocara unos
momentos, me sentiría feliz.
-Roberto, que sabur&lt;'aba un ciguro, dijo:
-Oh! si, cante usted, seft.orita.
-¿Pero olvidan ustedes que no debemo satrevernos á. n ..da bullicioso que ataque el duelo
d~ la dama negra?
-No baga usted caso de esas ridiculeces y cante, se lo suplico. Yo mismo me siento con disposiciones musicales, y tan pronto como acabe de
fumar mi cigllrro, nos reuniremos con usted y to•
caremos algo de Beetboven. Mi María no me puede acompalillr, no sabe; se contenta con ser encantadora .... y hace bien.
Lucín Hartley ee a lejó, y entonces Roberto pasó su brRzo al rededor del t11.lle de lila.ría Magdalena y la estrechó tiernamente. Poco acostumbrada a las p11lllbras dulces, y A lvs arrebatos de espansíón, sintió conmoverse su espíritu; todos BUS
enojos, tod11s sus fatigas, ~odas las humillaciones y contr11riedades resen tidas en los últimos
meses le vinieron á. la memoria al mismo tiem•
po, re11gravados con laescenade la comida, yentonces ocultando su rostro en eJ pecho de Roberto se puso A sollozar con extremada violencia.
-No llores, bfon mfo; no podemos exigir A mi
madre que despida A esa mujer. 1\ft madre ea
ama en su casa.
-Ay! Y también en la nuestra, murmuró la
j0Vf'n.
Roberto tal vez no oyó esto último, y continuó
diciendo.
P1ero lo que sí podemos haceres mantenernos
un tl\nto separados mientrns permanezca aquí la
seflora Cbarmon. Ma11ana almorzaremos en nuestro deparramento. ¿Podrá. bastar para este servicio tu camarera.
-Si, dijo María lfogdalellll. vivamente, y yo la
ayudaré por más que no sé gran cosa. Pero seremos tan felices solos con La.cía.
-Convenido, No llores más porque eso me es
muy doloroso. Oye qué bien canta la seflorita
Hartley. Es delicioso oir mú.sica tan buena en

�EL llB'-TÁCULO,

10

una noche como estll, Abrúzame ~lag, abraz&gt;1 A
tu marido que se esté. exponiendo por tí A un
trance probi1.blemente enojoso, y vamos Atocar,
querida mía.
Roberto que no tenía delante las miradas lm•
ponentes de su madre, se olvidó de ser correcto,
y tomando AMaria ?ibgdalena en brazos como A
un niflo, echó A correr A través del jardín.
Sus care11j1tdas produjeron en la casa un rumor inaudito de que se Psombr11ron los ecos; la
sefl.ora Le Cler,:q quehnbía notado con impaciencii1. que aquella inglesa impolítica cantaba é. p 1•
sarde su prohición, vió desde la ventana el escandaloso espectáculo de &amp;u hijo y su nuera re•
tozando como unos colegiales, y oyó esas risas
que insultaban el duelo de la senora Charmon, y
ofendían su dignidad de ama de la casa.
Un instante después sonaron juntos el piano Y
el violin; su violenta irritación 11e acentUó más
todavía y se retiró A fU cuarto. Mucho mt.s tar
de, ya avanzada la noche, nfa aún sobre su c11beza la música, 111.s voces alPgres y la risa, y durmió poco, porque pensamientos am11rgos 111 desvelaron pareciéndole indigna la defección de Roberto, quien, al parecer, había tomado parLido
contra ella.
Como rn dignidad rst1tba t•n jaf'~o, como se
creia hlstimadll en sus jns1os dercelws u la grati·
tud de sus prc-tegidos, y como 110 Hll c&gt;1paz de
tomar vías pacificas en circunsL11ncias seruejan •
tes, se resolvió á salir al encuentro du los sur.esos antes qne vinierun A ell11. y á rt'pdrnit c n IDano enérgica al hijo que, por sgradur A bU mujer,

11

'fl:T, lmNDO 11,0~TRADO"

innato en todas las obreras parisienses, cuyo
gusto exquisito se form11 mirando de c~rca. Y todos los dfos la.a m1\s re!inadas eleganc111s. Esta
criada. cuando estaba. bien ata:~ia~a, podía p_asarporuna ecflorita y podía au.1bu1rsele el mismo
j!'énl'ro de distinción que pose1a la senara d1;1 la
Palliere.
.
Estela se babia dado cuenta dela ant1patínquelnspiraba. á la sellom Le Clercq Y se la devolvía.
con creces, culp.\ndola no sin razón, de Ja_s tristezas v diso-ustos de l\faria Magdalena. A,1 pues.,
entre ~arna"dos mujeres de coudición um desigual babia unll animosid11d secreta.quesetrn.ducill
de p~1·1e de la suegrn en una rigidez c~si insultante,
y de p11ne de la criada en 11;na políl!ca exagerada que desmentía. la expresión trav1tsa de los labios v de los ojos.
Fué pues un verdadero placer par,1 Estela ~sn,
mallRna 111 dirigirse al mercado, poner los medios.
para que en su camino la en~onl.l'ara_ la sell.ura
Le Clercq que volvía de la pr1mtra nusa en _compaflia. de IR viuda. La senara muy Borprend1d1&amp; y
no sabiendo Jo que p1,sAba, le hizo la indicación
de que se detuvlerll y Estela se aproximó.
-A donde v11 ustedi' le dijo como si se tralare,
de una criada suya.
-Al mercado, sellara.
-Al mercado! y para. qué?
- El sellor .y rn e~posa tienen la intención dealmorzar hov en su dep:irr.amento.
El tono con que la sirvienta pronunció estas
palabras era muy correcto y respetuo~?• peroera iruposibu dejRr de observar el_ rego_c1Jo. mterior que sentia diciéndoles y la m1rau11 10qws.dora que dirigió á, l11s viejas. Evidentem~me esta
muchacha comprendía mtty bien que el paso
dado por sus amos era el primer síntoma de una
rebelión y ya esperaba con ansiedad m11I sana el
grito de proLesta de la saegra cuya auturid1:1d sede~co11ocía. La senc,ra Le Clercq hizo un esraerzo supremo y se 11lejó con su amiga sm pronunciar uni1 sola -palabra.
La senora Charmon dejó pasar aljrunos minutos y luego &amp;uspiró con una vo.z doliente y re,
signada:
-No sabré como pagar á u~ted el beneficio de
su hospitalidad, pero considero que y1t ha durado mucho y qu~ seria indiscreto sc-gulrla aceptundo por mAs tit&gt;mpo.
La seftora Le Clercq la vió con ojos airados.
-;.Quién hace á usted suponer semejante cosa?-Ob! seftora: la actitud de sus hijos de usted.
Dillgusto á la nuera de usted y esto es muy natural, porque es joven, Rma la alegria y soy par~
ella un nuncio de tristeza.&lt;&gt;, lllis tocas de viuda,.
mis melwcolías, mi triste situación son notas discordantes en la !ieata de su vida.
Con mucha habilidad la viuda descart8ba A.
Roberto y hacia caer toda la carga sobre Maria,
Magdalena.
-Esta determinación de quedarse en su casll,
me parece una consecuencia de la conversación.
que tuvimos ayer y delos ofrecimientos tau amables
como tenaces y obstinados de la sel'iorita ·
c,taba. A punto tle olvidar á su madre. Sí, ella le
hablarfR claramente, y h11ría resaltar el derecho Hartlev tan calnrosa.mente apoyados por su amiga. En ·verdad que la joven inglesa debe tenerleque tenía p11ra conservar_en su ?asa A la seft~ra
Chllrmon, así como también bar1a ver que Miss mucho carillo para tomar sus asuntos con tal viHariley era una joven mal educada y que liaría vacidad.
- l'. sted cree que la. seftorita. Hartley . . .. ?
M:~gdulena b11bia sido ju :tamente reprendida.
-No me permito creer,peropresumo que llyerestaban de acuerdo para hacerme salir de aquí y
· ·L~- c;ia'cia' tl~')i~gd~Í~~¡ ·h~h~
do sirviendo desde muchos anos antes de suma- que ahora lo estAn todavla.
Era inútil excitar á lasellora Le Clercq A la cótrimonio \' la babia sc"uiclo A pesar de la natural
lera,
pues de por si estaba verdaderamente irrirepugnan.ci11 que ma11ifiest.9n contra la vida de
tada.
E,te acto de rebelión afladido ¡\ las escaraprovincia los criados pariHien&amp;es, preocupada
por todas esas geIJtt'S que sin haber salido nun- muzas que venían sucediéndose desde bacía ticm- ,
ca. de la capital, describon á los provinch1~os_con po, a.iladido á la hostilidad de María M~gd11leua,
FUjPción A una liter11tura netamente pes1m1sta, respecto de la sel\ora Charmon, manifestad¡¡. dt's•
T11lento y 8ltgria de Curtifieaciones para adentro; caratlamente en la escena de la víspera y S!&gt;bro
pero m(ts allá, nnda más que estupidez y hastío. todo la audacia de haber reído, cantado, toca.doEstP.ll\ . verdadera chica parisiense, fina, dies- y valsado toda la noche, tomaba el caré.cter d1:
tra, babi! y coqueta, había s~gLlido A su ama á una insurrección.
Pues que! ¿Esta jovenzuell\ de apariencia rienAlontpazier, lo eual era una prutoba de yerda?er11 adhesión. Su caritl\ audaz, la expresión nva te v dulce era capaz de arrastrar A Roberto A bl'·
de su mir11da, la fig11ra mé.s piqaresca que clásica meJantes declaraciones de guerra? ¿Era v, nluJ,
de su nariz su risa reveladora de dinntes muy que su hijo se retiraba ya dd poder m11lcr11oi'
limpios y sus maneras provocativas, todo este ¡,Iban los dos, ¡ingrntts! A olvidar todo lo t1uo.: li..1conjunto había sido del mayor desagrado para bfa hecho por ellosi'
La fortuna, l!l casa, los criudos, los coches, to•
Ja seflora Le Clercq qne estab11. imbuida en las
do
ese lujo de qnegozaban ¿de quién crai'
11ntiguas idE&gt;11s sobre domesticidad, y le repugnaEs muy malo tener siempre presente la idea. d,el
ban las f11mili11riclades dtt esta muchacha que sin
ser impolitica hrnz11bl\ lL veet&gt;s frnses cómicns bien que se hace, porque se convierte en uua ohque causaban la hilllridRd do l\[ada Magdalena. seción que toma proporciones unormalc:i y uwl, 1
'r11mbiéu le desagr11daba verla lll!lll' los vestidos u.nu por exajerar su propiagenerosidu.:! á tul punrlf'stchallos ¡,or ~u amn que ella sabia rerormitr to qm· pum compeus11rl11 parcctn poca» lOt.!,l a t.e11 el seutido de la última moda. con ,•se tacto negación y toda grutltud.

~{-¡r¡~

¡¡

·;~i-

1

-No: quieren ustedes sencillamente darme una
-Esta cri1tdn, uftadió la viuda con acento dulza- nencia en la casa y era nH•jor que hubiera enre,
rrón, tiene unas maneras desagradables. Estaba dos v conflictos domésticos: la viuda dominaría. lección.
-No nos permitiriRmos tal eosa. Y puesto que
mirando A usted con impertinencia, seguramente mAs.rácllmente por m1&gt;dio de la vanidad herida A
una mujer despechada y 11islada que fl. una madre usted Interpreta mal mis razones para obrar así
para penetrar los pensamientos de usted.
( be dicho mis razones, porque Maria Magdalenll
Todavia erd mll.s grave la ~ituación puesto que viviendo en la feliz intimidad de la fi1.milia.
Al cruzar por el vestíbulo IR sc:ll.orR Le Clercq es extratia A todo esto), debo dar una explicnse le ha.cía conocer tal resolución por medio de
una criRda. En vez de ponerl11 al tanto personal- distinguió A su hijo, y en vez de detenerse como ción: usted tiene derecho de abtigat' en su cas1i
mente y con política, se obraba con tanta incon- de costumbre A 1•.;cibir su snludo, abríó con vive· A li\S personas que quiera, pero si esas pet·•
veniencia que se la expo11ia A la humillación de za 111 puerta del SR)ón v desapareció cerrándola sonas me des11gradan, tengo A mi vez el dtt·
ser un objeto de burla p,1ra esta mujercilla vul- de un golpe con un ruirlo seco, desagradable co- recho, y no puede usted desconocerlo, de reti•
rarme hasta que hayan cambiftdo dA a,ilo.
gar.
mo una reprensión acerb11.
-Lo que yo pens&gt;1bal griLó la sellara LeClercq.
Bi1jo el poder de sn irritación, la sefiora Le
Roberto h bía venido con la intención de aviClercq apresuró el puso, impaci ente por llegar A sar A ~ll madre que ese dfa él y su mujer come- Una inevitable disynntivl\, . una elección que hacer: ó vosotros, ó ella! Y tienen ustedes la presu c11s11 y no sabiendo aún si deberitl encerrarse rían solos "º su dep11rt11mf'nto. Era la vez prime
en un silencio digno ó llamar A ~us hijos ni cum- ra quo lei h11bii. venido el capricho de est.e acto tención de hacerme ceder!
-Madre .... Está usted equivocada.
plimi.-mo del deber.
de libertad, du este egoísta y dulce plncer de es-Bien sabes que no. ¿Crees que no observé
- Lo mejor para mí, siguió diciendo la senara tar en su comedor, Fcrvidos por su cri11da con su
Charmon, como si no se hubiera apercibido del vajilla propin, y babí&gt;t t-n esto un ensayo de inde- ayer é. qué punto de mira íban hs serviciales
estado moral de su protectora, e:; acepLar lns pro- pendencia qu'&gt; diverlíll A los dos r los librnba. de e fertns de la scllorita Ilartley? Ilabía previo
complot entre las dos jóvenes.
po~iciones de la senonta. Ttartley.
la lam~ntahle y tétrica figura de la seftora. CharR(lbc·r•o no rec"gió esta acusación.
EsLe nombre exaltó al último grado la indignn· mon.
-No me es gratu la conducta de esa selloritn,
ción de la oeftora Le Cl,rcq que dijo en tono liRoberto s.:;rprendido de la actitud de !JU m&lt;tdre continu1 la seflora con vehemencia: ha faltado
gero.
- Lo mejor para usted es estarse como se es11\ y sin sospeeh&gt;1r la c11u~a, entrv trlls de ellll al sa- ayer ll la discreción, pues no debí11 permitirse l,L
sin acoplar ofrecimientos que según dijo ayer le lón y 111. encontró 11git11dll quitándose los guante3 libertad de tomar parte en asuntos íntimos que
son &lt;;lesngradables. 111\game usted favor de pen- con movimit&gt;ntns ai.J·&gt;1dos. Al verlo, la senora de no lll conciernen.
- Esll es precisamente otra razón que tengo y
sar eu que soy dueili\ de mi casa. ~o son 111s re- Cbarmou bil.ludó y se entró por l&lt;Ls piezas inte•
por la cual prefiero quedarme en mi casa, dijo
beldías de mi nuera lns que me harán cedn 11in- rlore,.
-1,De!&lt;'IIS hAhl111·m"? rlijo IR Ff'flnra Le Clercq Rl)herto con tono trnnquilo . A usted no le sim•
gu110 de mis derechos el más imilíl.'nnhA hfo ele l"R
patiza. la sellorit11
1
cua es c~ recibir en mi
Hartley y no quiero
ciu;u n quien me de lagaimponer A usted su
n11. Se qued1iril. ustetl á.
presencia. llllsta rue
mi lado todo el tiempo
11trevo i\ considerar
que quiern, ~· aun ni;í le
que A elli1. le seria peconfieso que mé serA penoso sentarse A la menosa su ausencia porque
sa de usted despué~
tengo hacia ust .. d la ruás
de la escena de ayer.
vint simoaria.
-Creo ¡Dios mo
La viuda quedó encanperdone! que mi hijo
tad 11: hizo un rel11.to de
quiere darme leceiolos servicio; que podíi1.
nes de cortesía.
prest111· á su amiga, sobre
-No. Le explico A
todo aumentándole la inusted le11lmente el esfluencia social, pues estado de mi é.nimo, y eso es todo. En mi casa es dontaba A punto d8 fundarse
de la seflorita lfartley recibe hospi t111idad, y me
en l1t localidad una susiento en el deber de ahorrarle, si puedo, todo
curtill I de la Asociación
incid11nte desagradable.
Internacionnl del trabajo
-Me parece, sin embargo, que he comprimido la
femenil, y ella intrigaría
contrariedad que me cansaba, y no me acuer do
A tin de que :n senara
haberle dicho nadl\.
Le Clercq fllese nombra-Usted le dijo mucho reprendiendo á ~faría
da Presidenta.
1illlgdalena de un modo más que rudo.
-Vaya! hijo mío: basta que pareció la verdaEra esta una empresll
dera razón de tu golpe de estado de hoy. Yo
gig1tntesca. Se trataba
creía que una .mujer de Ja edad de Marfil ~{8gdade fundar en todas las
lena, podía aceptar de la m&lt;idre de su marido
ciudades de import11ncia
una observación, una reprimenda si 8Eí quieres
casas de asilo para las
llamarla. Bastantes pruebas de mi afección le be
doncellas jóvenes y podado en todas 1118 formas posibles, parll tener sobres y talleres en que se
bre ella los derechos que podría tener su propia.
les proporcionara traba•
mRdre.
jo, pensamiento tilantró·
Roberto murmuró con disgusto:
pico que debla ser del
-Hablamos dem1111iado de derechos!
agrado de la seftora Le
No había visto A la sefiora Le Clercq en un esClercq. Siendo así, la se1\ora Cbarmont se ofrecía 1\ ir é. Inglaterra, don - corblndo por lo Bl\no é interrumpiendo el afec- t8do semtjante; siempre le había parecido la razón misma, equilibrada, dulce y buena. ¿De ctónde resi&lt;Jía el Comité Central pan e ,tenderse con tuoso saludo de su hijo.
- Sf: quería avisarle que no almorzaremos hoy de Je venía esta ira formidable de hoy? Segura•
la Directora gem::ral, estudiar el funcionamiento
mente de causns íntimas que no podía expl!C8r.
de la 11sociación, sus resultados y sus medios de con usted.
Roberto dijo est11 cosa enC1rme \ranqui111mente ¿Qué pre;:¡cnpación tenía en contra de Maria
acción.
Si Lucia Hartley la hubiera oído exponer elo • sin fijuse "n lo milsmínimoenlaimportaneia que Magdalena? ¿Por qué esta actitud de ofendida
ante la resololución tan natural, que los recién
cuentemente todos sus proyectos, habría com• le daba su madre.
casados habían tomado de gozar un poco de su
Esta replicó con tono agresivo:
prendido desde luego por qué esta mujer rechaza-Hoy solamente,
hcgar?
ba el empleo enojoso y cansado que se le o[recia
Roberto permaneció pensntivo unos instantes
Roberto observó que la seflora P.staoa irritada
y no la hubiera tachado mAs de indolente y nula,
viendo A su madre que iba. y venía por la sala
pues babri11 comprendido que por el contrario te - y se que~ó miréndola con asombro.
-St1pongo que eso no tiene por qué serle á con una fisonomía cerrada. y dura que no le ce.nia el espiriLu más suspicaz y se había trazado
necia. La alusión que ac8baba de hacer A su
un plan para ponerse al abrigo de lll necesidad, usted uesagr11d11 hle, ¿no es así?
-De nin¡1:ú11 modo, amij!'o mio, de ningún mo- afecto por M.arf" M1tría Mag,111.lena y A las pruegozando de todas las consideraciones mundanas.
¿Hi1.y en efPcto un medio de existencia. más fe- do; re.;ponrlló ella con la misma entonación sar- bRs que le había dado, tué ufensiva hBEta para él
cundo, menos ingrato que el oficio de dama eari- cásticn. Y si A tu mujer le 11grada continuar en mismo. Este recuerdo indiscrtto de los benefitllliv111 fun&lt;tadora y conservadora de obras pflls? sus ens,1yoa cuLn11rios, que lo haga en buena cios otorgados resultaba humillante, y despué~
de un corto 11:.lencio, dió la vuelta para salir.
La sellorll Cbarmont conocía mAs de una cele- h(lra.
La sel'wra Le Clercq, por su parte, habiendo
RobPrto tl'nia la particularidad d~ carácter de
bridad. de la. beneficencia que vivía con lujo sin
más arte que explotnr la compBsión de las bue- erguirse cuando ~e tomaba con él una actitud desahog11do el pri mrr arrebato de su indignanas almas, y prt:!~ría esta carrera A la de la ense- que le desagradab,1 1 y contestó con mare11da ción, y dPjado ver hasLa qné grndo se sentfa herida, empezó A calmar3e. S&gt;1.bÍ!l. el imperio que
frialdad.
ftanZ8.
ejercía sobre su hijo, pero sabía también que btl
-Si
A
mi
mujer
le
agrada!
¿Y
pl•r
qué
dice
Si este su primer proyecto frac8Saba, ella sabría
de todos modos hacerse indispensable A esta vie- ustt:d es(\? No es ella quien ha propuesto que nos cará.cter era de acero, de una pieza, le11l y firme.
Una vez que él quedara convencido de que ell11
ja. rica y pi1gada áe si misma, y atraerle tal acu- qued1\ramos en casa, sino yo.
extralimit8ba sus facultades; una vez qui, sosµe-Dever11s .... ! Y se puede saber por qué?
mulación de negocios, de correspondencias, de
cbarA con fundamento que se tr11ta.ba de nulit!-Oh!
dijo
él
más
8ltivo
todavía,
hay
muchos
viajes y deresponsabilldades, que le hiciera falla
car la voluntad de Maria ll!agdalena, todo habría
motivos,
y
le.
irritación
de
usted
me
demuestra
absoluta una colaboradora.
Para alcanzar este fin y hacerlo menos dificil que ya loe ha comprendido. Pero permítame us- termiDado y se retira.ría sin calcular las desv,mde lo que á. primera vista parecfll, era mej r que ted 11nticip1trl" que ni mi esposn ni yo hemos te- tttj'l ~ qu'I le podrían sobrevenir.
L I od!ora Lu Clero,¡ sintió mlrdo de que eso
Roberto y su esposa rueian l'oJl&gt;tiurs 1\ su permR• nido hi iutcucióu d1 de:111grad11rla.

�EL OB!'\T ÁCULO.

12
sucediera porque le am11 ba, y celosa de conservar su ascendiente, comprendió que tanLI\ cólera
era in11sitada y qo.e predisponía a. su bijo en
un sentido temible, porque no tenia seria j11stificación. Así, pues, con una diplomacia femenina,
casi involuntaria, tomó un acento conciliador y
dijo con dulzura:
-Amigo mio, ya comprenderAs, estoy segura,
la tristeza que he sentido al saber por conducto
de una criada impertinente la resolución tomada
por ustedes de alejqrse de mL
-Por una criadu.i' preguntó Roberto.
- Sí: Estela, esa descarada, me lo anunció hace pocos momentos en tales términos, que supuse que ustedes se lo habían mandado así para
darme un disgusto. A mi edad tiene uuo gran
trabajo para renunciar á. sus constumbrcs, y yo
tenia 1n ilusión de conservar á. ustedes siempre
conmigo. Amo á María Magdalena qne es una
ni!\a encantadora, y si no se hubierau interpuesto entre nosotros personas necias, nada de tisto
babria oeunido.
Roberto, cuyo corazón era fá~il de conmoverse y que profesaba A su madre una ternurll profunda, sintió crecer et1t!l ternura al oírla expresar;:;e de esa suerte, y no vió en su anterior arranque mlls que la explosión de dolor de una anciana que creía estar en visper11s de ser abandonada por su:s hijos, y experimentaba el terror del
aislamiento.
Entonces volvió vivamente hacia ella.
-¿Cómo ha podido usted pensar, le dijo, que
faé1•amos capaces de querer ocasionarle una pena?
¿Usted tenia la esperanza t:le conservarnos siempre A su lado? Pues esa es también nuestrl\ espe:
ranza y nuestro deseo. ¿Qué haríamos sin usted?
La amamos demasiucto para abandonarla. Y digo
que la amamos porque María Magdalena no ba
pronunciado nunca una frase que no sea de adhesión y de reconocimiento, y no ha hecbo ni 111.
menor alusión A lo que usted le dijo ayer. Xo
sé á quiénes se refiere usted como autores
de nue3tras desa ve9encias, pues la sei1orita
llartley es bastante inteligente, y por lo mismo
no ha. de pretender enredar a. nuestra familia. En
cuanto {i la se1'1ora Charmon, le aseguro A nsted
que no me agrada porque no 111 creo ni leitl ni
buena, y su aire de tristeza me parece afectado.
Pero si es del agrado de usted, está. bien, es justo que usted no se preocupe por mis antipatías.
Contenta de haber reconquistado toda la influencia que tenín sobre ~l la seilora Le Clercq,
sonrió á su hijo y con esa facilidad de concesiones que se tiene en los momentos en que e:.tá uno
enternecido, lo dijo:
-Puedo probarle el interé3 que tengo en su fa.
,·or sin conservarla en casa. Puesto que no es del
agrado de ustedes, pondré en ejecución un proyecto de que me ac11.ba de hablar: se trata de un
~.-iaje para ciertos informes, un negocio que no
tiene importancia para tí y del cual te hablaré
mas tarde.
-ConmoYido por el eacrificio expontaneo que
Je bacía su madre, Roberto la abrazó sonriendo
y le dijo:
-¿;{os invita usted esta nocbe a. comer?
-Ciertamente ¿y por qué ne á lllmorzar?
-Porque :llaria Magdnle, a se da en estos momentos la mar de trabajos para organizar su famoso almuerzo. Es una cosa divertida verla ir y
venir, dar órdenes, v.gilar las cacerolas y estli.
primor•)sa con su delantal blanco y el aspecto de
mujercita de su casa. Sería para ella una decepción que no se hicier.an los honores á su cc,cina.
-Pues yo, dijo alegremente la sen.ora Le Clercq
quedaría encantada juzgando por mi misma de
los talentos culinerios de tu mujer. Y si se me invitara ....
-Magnífico! Almuerce usted con nosotros y
esto nos pondrá muy uf,rnos. Ser:.\ nuestra primera recepción. Voy á a visnr á Maria Magdalena
que tiene una invitada. ¡Se va á pcner mas contenta!
Si en efecto se puso contenta con la noticia, lo
disimuló bastante, porque acogió con un silencio
absoluto la noticia llevada por Roberto.
Toda atareada recorría el comedor disponiendo una mesa magnifica, cristalería resplandeciente, vajilla con sus iniciales qne ese día deb[a ser
estrenada, argcntel'ia enteramente nneva, salero
JfnenLes y u poya-cubiertos lucientes quecontrastaban con el juego de tenedores, cucharas y cuchillos de forma antigua obsequiados á su hija
por el Doctor Bois de Sain· Marce! que eran de
plala oxidada y que tenia.o esa incomparab!e
belleza que sólo el tiempo sabe dar.

13

."F.L lr!TNOO ll,U!'ITRA00 11

-¿Y cómo se proporcionaron ustedes estas her-·
de
asperon, geranios, margaritas de ancha corola moeas flores que nada deben al arte?
- Yo salí cuando toda vía dormían todos en esblanca, ramJ\s de madreselva y de yerbas exquita
casa. Siempre me levanto muy temprano pue&amp;
tas que tan ricamente ornan con sus racimos y
al amanecer es cullndo mejor se goza de los ensus penachos 111 s zanjas y los vallados.
La sel!.orita Hartley pretendía que la sa_bia na- cantos de ht naturaleza. Salí y me aventuré por
turaleza da quince y raya A todas tas ciencias el primer s~ndero que encontré A mi paso.
--¿Y salió usted sola?
qne se relacionan con la floricultura y que sus
-Sin duda. Pero por el camino me encontré
geranios, mnrgaritas y madreselvas eran supe•
con Darlot que es el excéntrico más agrR.dable y
riores en belleza ú las más famosas orquídeas.
-Son, decía, mt&gt;nos pretenciosas y más gallar• había salido cOino yo A ver eJ despertar de los
das. Las flores de formas extra.nas mti 11.gradan campos. Eso es encantador: las hojas cubiertas de
poco y me despiertan l&gt;1 descoolianza; l11e veo co- rocío las flores entumecidas todavía por el suemo cosa fnlsifíc11d1.1, como cómicas encargadas de no d; la noche y los árboles y las lej!lnias envuelun p11pel superior á sui:; fuerzas, como coquetas tos aún en 1,i bruma ....
Da..Jot me condujo A un sitio encantador, un
que se pint;¡n para parecer henuosas. Vea usted,
rrtiro
bajo las bayas c.-rca de un est11.nqne de
Mag, que curvas tan exquisitas las de estas c11mpánulas y con que grncia cuelgan de su tallo agua azul decorado poi• mastuerzos y prímulas.
flexible y largo, y cómo estas p1 ímulas las enlazan Desde allí se contempla nna extensa pradera hadulcemente en tanto que l1:1s malvnrosas ostentan bitada par vacas mansas que parecen arrancasus tonos pálidos. En un ramo deflores silvestres das á un cuadro de Troyon y mAs adelante exencuentro todo un poema delicado, en tanto que tensos trigales del color del oro. Nos sentamos
esa~ camelias premiadas en las tixposiciones de en una barda y nos pusimos á contemplar ese
jardinerfo y horticultura, son prosaic11s con pro- campo que se desperfzaba preparándose para. la.
·
sa vulgar, tienen la acticud afectada de esos que lab&lt;'r del día.
De pront&lt;', las a'ondrasfueron las primeras que
de pronto enriquecen y se vuel\•eu condes 6 duques sin que tengan los ra~gos esenciiiles de la saliendo del surco, toc11ron la diana; luego las es'piges irguiéndose sacudieron las gotas de agua
nobleza.
que las a.diamantaban, y los ababoles empezaron
A desplegar sus pétalos con extremada coquetería.
- U3ted, seft.or Roberto, que se sonríe, ¿no ha
asistido ¡amAs 11! despertar de un campo de tri•
gos y de ababoles? Pues lo compadezco á. usted,
porque este placer refresca el Animo, como el rocío refresca el eútis. Todas las pequeflas miserias de la vida le parecen a uno entonces lo que
en realiddd son: futilidades indignas de ocupar
la atención! y se comprende que la mejor, mits
pura y mas grande de las dichas es tratar de
identificarse con la naturaleza, amarla, y no ser
sino unrt parte consciente de ese gran todo. Aseguro á. usted, sefior Roberto, que yo siento mncbo carillo hacia las plantas, y que me causa pena arranc11rlas ó corti1Ples sus flores. Sí, esto es
muy cierto y sin emburgo vea usted qué abundante colección traje conmigo. Pero faé el sei'lor Darlot quien las cortó, pues aunque sea sen•
sible como ~-o tiene más energía, y á. pesar de
mis prote3tas, recogió todas esas flores que eran
alií tan felices.
Ilablando con ese acento musical, y un poco
cadencioso de las inglesas, Lucia dió A sus margaritas en el vaso de asperón Rzul una figura artística y compuso su ramo con 111. atención y buen
gusto con que un pintor compone su cuadro, en
tanto que Roberto imeresado en lo que elle. decía, y divertido A la vez, seguía con los ojos el
movimiento de aquellos dedos blancos y ágiles
que doblaban cariiiosamente los tallos y colocaban con cuid11do las corolas á tin de que lucieran más.
Esta intimidad de conversación le 11grababa y
consideraba :l la senoi'ita Hartley muy inteligente y muy superior A las demAe mujP.res que fre•
cuentaban 111. casa de h\ senora Le Clercq. La seMaria Magdalena escuchRba sonriendo á. pesar guridad y la sencillez de esta encantador11. ni!\a,
de sus preocnpaeiones, y dijo:
le eran sumamente simpáticas y le inspiraban un
-Acaba usted, Lucía, de plnnte11r una tesis sentimiento de sincern amistad. Pero al mismo
que sería de todo el agrado de René Darlot que tiempo, pensaba en que si su madre hubiera oido
como usted, es un tanto cuanto original y maruA- tales conversaeiones no las coroprtnderíe. y ta•
tico.
charfo A la se:liorita Hartlev de farsanteó de loca.
-Darlot, aunque parezca extr11flo, dijo Rober-¿Y qué opinión se ha 'formado usted d~I seto, comparte las opiniones de usted res¡,ecto á. il.or Darlot? le preguntó: observo que en muchas
las camelias, y lo diré franMmente, hRsta con materias tiene opiniones muy semejantes A las
cierta rudeza poco cortés. Ya sabe usted qo.e mi de usted.
madre tiene una soberbia colección de cllmelias·
-Me es agradable, pero muy agradable, con. Dnrlot se negó en dfas pas11dos A en-'
pnes bien;
testó ella con ingenua sinceridad. Es un espíritu
trar á. verlas en el invernadero, con tC'do y que deJicado y original y aunque lo conozco muy po•
también hay hermosi,imas dalias.
co, se me fignl'a que debe ser bueno y que no
-Horribles, m~y horribles, gritó Lucia con có debe tener procupaciones vulgares. Pienso que
mica indignaciót!. La aalia no es una flor sino deja correr el tiempo sin preocuparse ~ran cosa.
una bola eriz1tda hecha con tubitos de nojlllata. de la vida material y prActica, y yo lo ,,dmiro
Es rigida sin perfume ni gr1lCla; rlor tonta como porque en estos tiempos ese desprendimiento es
la vanidad ó mrjor dicho, n:&gt; es una flor sino la verdaderamente raro.
obra matstra del mal gusto de los floricultores.
Deben ser muy interesantes loi dii!.logos que
Concedo que los colores son brill11ntes, pero no sostienen ustedes cuando están juntos. E$ta uu1tfene más que el co!or y pare usted de contar. f111n111 por ejemplo, al contemplar la salidll augusEn cuanto A las camelias por bellas que se1:1n, se ta del sol sobre los horizontes campestres, camfignra uno siempre viéndolas, quo son flores de biaria.n u-.tcdes de fUo reflexiones y entusiasmos
pap·eJ y en el acto piensrt uno en que estAn muy llevados 1\ la hipérbole.
apropósito para adornar los cromos de santos
Lucia hizo un signo de negac16n.
que engalanan el cuarto del pot·tero.
(Continuará,)
Uaría Magdalena habín ido á dar un vistazo
por la cocina, Roberto reía escuchando á. la jo•
ven, pintora y le preguntó:

La aei1orita Ilartf.ey arreglaba en un

Vil.SO

-No hemos cambiado diez palabras, dijo. Stin•
tados en la barda permanecimos silenciosos, porque todas_ las palabras tienen un sonido débil y •
falso en ciertos momentos, cuando la. impresión
es natural y no literRria. ¿Cree usted que le vendría al pensam:ento hablar cuando estuviera oyendo la pastoral de Beetoven?
·
Esta maft.ana las alondras, las abejas, las boj'ls
de los Arboles, las espig-,1s de trigo y las conientes, ejecutaren la pastoral para que nosotros la
gozára11:1os y lagozamos con beaút-c.dreligiosa, y
he considerado que el seiior Darlot tiene talento,
por que per..:ianeció absorto y silencioso. Al separarnos me dijo con naturalidad. »Esto es muy
hermoso ¿no es cierto? Pues hay un sitio verde,
aislado v pintoresco al borde de un estanque, y la
voy á. llevar á usted allí: se contemplan espléndidas puertas del sol.
Es un estanque de
aguas verdes invadido
por los iris y los nenúfares, situado á la orilla del
río junto á las ruinas de
un castillo abandonado
que ahora es nido de buhos; baga usted de cuenta: un cuadro de la escuela l'úmAntica ó una bala• ·
da de Victor Hago, y está 1\ ln altura de las notas
nrtisticas de 1830.
-Vaya, vaya. .. y usted de segu10 irá. con
aquél desiquilibrado á
buscar sensaciones raras
y un catarro.
-Vade retro! espíritu
prosaico, replicó riendo
Lucía. Iré .... yalo creo
que iré y debería, para
gozar v erda deram en te de
tan belloespectá.culo, vestirmeá la moda delas damas de aquellos tiempos:
cabellos sueltos en largos bucles, mangas aglobadas, zapatos puntiagudos y un chal de burato
A la espalda, fingniendo
para realzar el traje una
gracia mórbida y langaicleciente, en tanto qne el
sef!or Darlot llevnba cabellera larga aunque fuera postiza, levita con Ril•
cbas vueltas de terciopelo y un cuello que no
le dejara volver lá cara.
Roberto reía alegremente de estas locuras y
Lucía afladió:
·
-)fo ha observado usted cuAnto inflnye el traje sobre las ideas? Si en
un baile ele máscaras se
disfraza usted de arlequín, de Don Quijote ó de
griego de los tiempos he•
róicos, de fijo que no se
sentirá. usted con las mismas inclinaciones que si
va vestido de rey mago ó
de médico de los pobres.
-Lo que pasa es que usted toda se vuelve imaginación.
-No tanto, no tanto.
En esos momentos llegó la seiiora Le Cleroq
trayendo consigo á la se:f!.ora Charmon que no
habría sido correcto dejar sola, y desde luego lll
conversación se hizo penosa.
Maria Magdalena estuvo muy cortés y Roberto
observó esta circunstancia; conocía bien ásu mujer y notó la contrariedad conque obraba, con•
trariedad que también el sentía.
Eiite almnerzo intimo que pudo ser delicioso
entre los tres amigos jóvenes y alegres, se convertía en un trAnsito de monotonía como la de
los días anteriores. En vez de rasgos de ingenio
y placer delicado, iba á haber la eterna conversación sobre las d1versas instituciones benéficas de
fo ciudad, sobre las honorables damas del Comité deCarida.d, ó sobre el último sermón del padre
X, asuntos siempre iguales que se trataban todos
los dfRs en términos invariables.
Lucí11 eHaba mur f.1stidiadu y empezó á pen-

zar en que A pesar de todo lo mejor para ella era
seguir sin r.,érdida de tiempo su vi11je A Tregastel
á !in de comenzar los trabajos preparatorios de
su cuadro.
La señora Le Clercq recordó A Maria ?ifagdalena. que por la tarde los esperaba en sn casa como
de costumbre, y la joven dió políticamente lns
gracias A su suegra. Al hacerlo tenía el aspecto
lastimoso de un perrillo que ha roto sn cadena,
que cree haber reconquistado h1 libertad y A
quien se trae de nuevo al collar y al poste cou pll·
labras ca.rinosas y una cuerda en e l pescuezo.
Con todo y ei!tos inconve11ie11tes, bacla el fin
del almuerzo la conversación después de haber
estado peaada se animó súbitamente. La señora
Le Clecrq afectó quedarse largo tiempo examinando los cubiertos de plata oxidRda en que estaban grabadas las armas de los caballeros de

Bois de Saint Marce!, y María Magdalena preguntaba para su sayo con inquietud si su suegra iba.
á llevarse las cucharas y tenedores como se había llevado en dias anteriores el joyero blasonado, pero no sucedió asi sino qne propuso UD medio menos radical.
-Tengo, dijo, algunRs piezas de mi servicio qne
necesito repnrar con mi pl,1tero de París, y voy
al mismo tiempo á hacer que se lleYen estos cubiertos, vida mia.
-Que se lleven! ¿y para qué?
-Para que les g1·aben el monograma de usted
en lugar de esas armas ·que no son suyas. Es UD
trabajo muy f1\cil que no alterarA el mérito de la
argentería.
Roberto c11si no se fijó en esta indicación, pero
Maria Magdalena resintió una contrariedad tan
viva que cambió de colcr y dijo esforzándose
herólcamente por conservar un acento tnnquilo:
-No, eeft.ora: no se borraran esas armas de que
soy la única heredera, porque me pertenecen y
tengo la debilidad de estimarlas en mucho. Este
es por otra parle un antiguo servicio de cubiert&lt;.'s

que perteneció á mis ahuelos y que me daría gran
pena fuesen desnaturalizados.
-.Aseguró á usted, 'rida. mía, qne esa es una
vanidad ridícula.
-Tiene usteu mucha razón, seiiora y no lo, discuto, yero le ruego me deje con mi vanidad por
ridícu la. Que sea.
Maria Magdalena que estaba positivamente
exasperad:1., bacía esfuerzos supremos por conservarse en los limites de una deferente cortesía. Y
esto, unido al disgusto de no haber poditlo quedarse so!a en su cas!l con su marido y su amiga,
de no haber podido librarse ni por un solo día de
la presencia de su suegr11., em la última gota de
amargura para su corazón en el que la amargura
ya rebosaba.
.Apercibiéndose Roberto de que su esposa tomaba muy á. pechos este asunto, insignific11nte á
sus ojos, dijo:
-Moctilicar esos cnbiertos seria inconecto y
lu1sta ofor.sivo para el
Doctor que Josreg,tló así
:í MarÍ!l ~Iagdaleua. Por
otra parte este blasón es
muy bdlo y comprendo
muy bien que te agrade,
)taria i\fagdalena.
Ella dirigió á. su mari•
do una mirada de reconocimiento.
-Entonces, imterrumpió con arrebato ¿puedo
usar las joyas de mi fa.
milia blasonadas así, y
usar tarjetasdeviFita eo11
el título de mis antepasados agregado á mi nombre?
-Quién lo duda! Esas
cosas tienen tan poca importancia ....
María Magdalena sonriente af!adió volviéndose á su suegt·a:
-Ya lo ve usted, sen.ora? :E spero que me devolverá usted mi joyero.
-Está. bien, repuso
secamente la sef!ora Le
Clercq.
Roberto se Apercibió
entonces de que sin pen•
sarlo había dado un golpe á su madre y que ella
estaba contrariada, por
lo cual 6intió una impresión penosísima y se preguntó á si mismo con angustia si los mAs menudos incideoted de la vida
diaria iban ll provocar
esc11ramuzas de esta clase, y si todas las convere~ciones sencillas ~ n
apariencia, ocultaban lazos en que debería caer
para diagustnr según el
caso á su madre ó á. su
mujer.
Lucía. Ilartley que sintió acentuarse la frialdad
con este inc.idente, dijo:
-Yo comparto con María :Magdalena el gusto
por los b!Rsones. annque no 1&gt;E'a mtis que bajo el
punto de vista artístico. Y cada vez que seme ha
ofrecido pintar para mi uso porcelanas, entrepa:ilos y tapicerías, il tener escndo nobiliario como
usted, querida amiga, de t'ijo que lo hubieru preferido ó cnalquier11 otra cosa. Es un motivo muv
bello para piezas decora!ivas, y observen ustede·s
que así lo han comprendido y practicado los más
notablee oroamentistas.
-Desgraciadamente; replicó la se11ora Le Olecrq
con tono incisivo, se ha abnsado del ornamento de
tal modo que ya lo usa todo el mundo inclusive
los más plebeyos: hasta. en casR. de los más descamisados ganapanes be visto leones heri1ldicos,
escudos y todas esas paparruchas nobiliarias. No
hay fabricante de jabón ó de betún que no ponga escudo3 de arm1ts ensu marca de fábrica, y han
acabado los blllsones por ser nna. necedad de que
quiero curará. Maria Magdalena.

-E~ ca'.!.!.:~.,t:vc e.e n~c:os1 ~-:::::.p:.·~n.c.e s~:~ J.

�11 EL

los que se sirven de eso sin tener derecho, replicó L u"ia Harllev.
-¿Y se sabe ·con certeza quiénes son los que
tienen derecho? replicó la se.nora Le Clercq que
realmente se olvidó de su habitual mans~dumbre. SI se tr11ta no más de lasge11tes cuya .nobleza es muy conocida, muy pura, y de la cual pueden seguil'se las huellas en la historia, está. bien;
pero todas esas pequelleces prete11closas venidas
uo se sabe ue donde, esas familias obscuras de
hidalgü~los pelon~s que se lla.maron Del Soto
porqut, había en su hered1td UlJa cerca de vare•
jooe~. ó Del Estauque en honor de algún charco
corrupto¡ toda esta seminobleza necesitada )' iilti va que no se remonta! centenar y medio de
nfios, no es mAs que plebe locamente avergonzada de su origen! La fitruilia Lé Clercq á la cual
ptrtenezco porque me casé con un primo mío,
tiene uetrAs de ell11 siglos y siglos de honrada
burgesín. Hemos sido consej~rol&gt; en el Pllrlamento úe Normanufa, poBeemos nuestros anales y
nuestros orcb.ivos \IUe aunque no estén blason11•
dos, v11.len tanto CJmo cualesquiera otros ó acaso
mAs. No se encu1mt1·a en ellos ni un acto de deslealtad, ni una villanía, y desde hace má.s de
trescie11 tos afios somos los primeros de la provincia por nuestra honorabilidad, nuestra riqueza y
nuestrns alianzas con lus casas m,\s distingtüdas.
Usted, vida mía, 110 nos trae las primeras armas
que hubiésemos podido tomar, pues hemos tenicto una vizcondesa de Villeresne, u11a bitronesa
de Vatan, una marquesa de Lancieux y A lo qa.e
me imagino esas noblezas valen tanto como lade
usted. :Sin em bargC1, nunca hemos admitido la
adición de un nombre, porque el nuestro.babastado. Ahora, haga usted lo que Je parezca!
Esta vehemente salida po11ia de relieve el 81ma de la seftora Le Olercq. llabia cierta altiva
gl'andeza en su actitud y en su acento, reivindicando sus derechos de plebeya, declarando muy
alto su burguesi11 1 que no se había dignado blasonarse con tl escudo de los Lancieux. En lo que
cLijo h11bí11 mucho de verdad, pero lo dijo con tan
am11rga acrimd, que la consternación fué general eu corno de la mesa. Maria blagd.tlena con
los labios temblorosos y el rostro pálido, hizo un
supremo esfuerzo parll contenerse, y se levantó
diciendo con dulzura:
-Me siento un poco indispuesta, y les suplico
ma permitan retirarme unos instantes.
La selior,\ Le Clercq, apercibiendose de que se
había dejado llevar por la ex!lltación un puco lejos, dijo dulciflcando la voz:
-Caa usted, querida lfagdalena, que no he
tenido ni la más leve intención de ofi:nder A usted, pues be hablt1do en tesis general.
María :Magdalena no respondió, y Lucí" dijo
cuando iba saliendo del comedor:
-Voy á pintar para usted sus armas en dos
jarrones normandos de porcelana, que adornarAn
la mesa de un modo muy decorativo.
Eso era la mejor respuesta á la setiora Le
Clercq que sintió el dudo y lanzó á. Lucía una
mirada de desdén que fué recibida con absoluta
5erenidad. En cui1mo á. Roberto, estaba aterrado.
Esta comida preparada oon tanta alegriit. por
María Magdalena, terminó en las circunstancias
mAs de1agradables.
Roberto dejó la mesa casi inmediatameute, y
fué Lucia la que quedó h11ciendo los honores con
palabra segura y tranquila, metiendo A la se:ll.ora
&lt;Jharmon en juego y divirtiéndose en exasperar
ll. este dama al recordarle las funci.mes humildes
y de dom1c:stie1dad qu~ había ejerci&lt;lo en Inglaterra entre las daiuas de alto rango, &gt;:\migas de
111 misma Lucía.
,Se necesita una diversión.&gt; Este rué el pensamiento que concibieron A. la vez Roberto y Lucía. La situación i;e l1abía puesto tan tirimte en
los últimos dias, que estaba á punto de quedar
se1·iame11te comprometida la paz de e~te bogar,
grar.iits sobre codo ñ la presencia de la seJlora
Oharmon cura introducción en la casa había
provocado la ruptura de hostilidades. De réplica
en réplica, de iucidente enincidente, se babia llegado u un venosi:Jimo est.lldo de cosas, que ya
no ¡;e podin prolongar.
Desde la arenga de la suegrt1 colocando A. los
Le Clercq sobre un pedestal de tres siglos de virtudes y de riquezas, 1as m1meras de María Magdalenli habfan cambiado radicalmente, y tQda su
jovialidad, s-u aJegria infantil, sus encantadores
donaires habían desaparecido viniendo A susti•
tllirlos la más cumplida cortesía. Rabia adoptado la actitud correcta de una persona que está.

MUNDO ILUSTRADO.,

de visita en una caga antes no conocida; sonreía
con exquisita amabilidad, pero por amabilidad,
y hRblaba y contestaba A .su suegra con la entonación con que se dan informes sobre l11 &amp;alud de
querfdos amigos que en realidad son perfectamen•
te indifereutes.
Lacia que estaba en observación, pensaba para sí:
-Estamos en el período que precede á la cri. sis: Mag se refugia A sus principios de buena educación para poder soportar á su suegra, pero no
se pasa impunemente de las expansiones de la YÍ·
da íntima á 111 corrección soeill.l. Roberto habra.
notado este Cllmbio?
La.cía no tenfa con él la confianza suficiente
para iaterrog~rle sobre el particular, y 'l"eía peligrosa e.. ta situación al suponer cou fundamento
que el joven no conocía tanto como ella el cai-Ac
ter de María Magdalena.
Roberto ainnba !\ su mujer; c&gt;so era indiscutible,
pero no tenía casi con ella expansiones por razón
de carácter y l111llnba muy natural, juzgando por
sus propios sentimientos, la reserva de l\laría Magdalena que nunca le hablaba de sí misma, de sus
sentimientos, de sus aficiones. Conocía de ella lo
q ne podían igu,ümente conocer lus extral'los:su vida a plena luz. pero nada de lo interior de su alma
y de su corazón. Adem.As, las circunstancias de
su manera de vivir estaban muy lejos de favore•
cer el establecimiento de tal intimidad, pues la
presencia ine,;table de una tercera persona, era
un obstltculo invencible contra toda aproximación afectuosa.
Roberto, satisfecho del género de sus ternezas y
hallñndose correspondido en una forma semejante, no pensaba en ambicionar más. La creía una
niJla muy sencilla y riente, juzgtmdola por la
i-uperficie jovial de su carácter, pero no sospechaba ni una voluntad, ni una energía, ni un orgullo de mujer bajo aquella apariencia amable,
regocijada, infinitamente seductora, resultado de
una disposición natural, feliz, cultivada por la
mAs discreta educación.
Lucía sabía bien todo esto y era lo que la espantaba, pues había llegado el momento en que
sa. amiguita, lastimada profundamente en los mt\s
caros sentimientos, que ni su suegra .ni su marido
se habían dignado descubrir, se parapetaba en su
cortesía de mujer bien educada para empezar á
ponerse á cubierco de los ataques.
La situación de Roberto, entre dos arecciones
y dos deberes, iba por lo penosa A transformarse
en insostenible, pues no sospechaba que su muJercita faern uu carácter y cuando menos lo esperara, se iba á encontrar con esta sorpresa.
Lucía había descubierto que en el fondo del
corazón de Maria Magdalena había cierto despecho contra su marido, á causadequeéste no había
pensado en amar de ella m.\s que la elegante personalidad física, juzgándola á pl'iori, bajo el
punto de vista intelectual, como una criatura digna
de ser tutoreada.
Roberto que deseaba combatir con el atractivo
de una diversión el enojo de esta situación tirante, consultó á su mnjer sobre la organización
de un baile, pel'o esta proposición no !ué aceptada bajo el pretexto de que estaba muy avanzada
la estación, aunque en realids,d el motivo de la
repulsa tué que l[aria. Magdalena tuvo la previ•
sión de que para este caso, se vería en la 11marga
necesidad de soportnr las generosidades de su
suegra.
Lucía fo.é la que encontró la manera de resol•
ver el problema. Ilacía ya ocho días que estaba
en Montpazier. El tiempo en otras circunstancias
habría corrido gr11to para ella, pues amaba ft María Mngdalena r Roberto le era agradable; lapoblación le gustal)a también con sus tipos cw·iosos
de gente llana y algunos maniáticos que se destacaban del nivel comti.n. Pero como tenía horror
A las simaciones espinosas en que cualquier
movimieut-0 puede determinar una herida, empezó á hablar de su viaje y hacer los preparativos
correspondientes.
En verdad que puesta en la situación de su
amiga, Lucía no habrfa obrado como ella, sino
que provocando una explicación oportuna y franca, hubiera establecido sobre bases sólidas sus
derechos y habria rogado á su esposo la llevara
á. un hogar tan modesto como fuera necesario pero donde fuesen libres y tuvieran el deri;:cllo de
decir: «Estamos en nuestra casa,,.
Magdalena no tenía el descaro suficiente para
obr111· así ni se atreverfa nunca !\ hablar en términos semejantes, pues llegado el caso de produ-

EL OBSTÁOULO.

cirse una escisión seria sin grandes !rases de su
parte y retirándose sin ruido por horror a l11s discusiones.
Para alejar en todo lo posible ese desenla1.1e,
Lucia anunció en definitva su vi11je y ~nplicü á
Roberto y á :Uaría Magdalena, que la faeran !'l.
acompail.~r ,l lo menos por algunos dfas. .
E:.ta proposición fué aceptada con entusrnsmo
y .Maria :\Iagdalena simió la gran alegría de un
colegial en los momentos de acercarse las vaca•
ciones, y Roberto comprendiendo Ja i~e8: de la
seftoríta HartleY, se formó la conv1cc16n de
que una corta aÜsencia arreglad\ todas las dificultades. A.demAs, durante ese viaje, partiriA también la sei1ora Charmon, causa primitiva de las
desavenencias, y á su regre,o ya no la encomrarían en casa de la sen.ora Le Crecq.
La suegra los veía partir, sintíe11do una extrnlia emoción, mezcla de alivio y de despech'), motivada por la intuición de lo que estaba sucedi•ndo. Sin analizar bien sus peusamientoi, ttmia que
Lucía llnrtley aprovechara la libertad que indndablemente le iba A dnr el viaj ~ para inculcar
ideas de independencia en el ánimo de Mttrfo.
Magdalena. influyendo acaso hasta sobre el mismo Roberto.
Tllmb;én podia l1aher algo de celillos maternales ...... 1JU bijo oarth por la primera vez uespués de su casamiento, y se iba A encontrar enteramf'nte A solas cou su mujer que podía en esos
cuantos días adquirir sobre él un lmperlo absoluto. Es cierto que la seliora Le Clercq no analí•
zaba los det11.lles de cada 0110 de estos peDsa•
mienlos, y dejaba, por lo tanto, escaparse su intrincada psicología, pero sutrla, porqa.e est'\ba
convencida de que amaba tiernamente á. su nuera, y de que, en cambio, no había recibido u1As
que pruebi1s de ingratitud, ó á lo menos de rebeldía contra su autoridad.
La sef1ora Le Clercq, se sentía pues realmente
desgraciada.
En &lt;manto á loLjo.venes,. iniciaron-un vi11je encantador, deteniéndose donde les agradaba, explorando antiguos caseríos abandonados, visitando espléndidas c1ttedrales, iglesias esculpidas
en gr11.aHo como si fuera· u.n marfil japonés, ruinas de castillos y de abadías.
En ocasiones recorrieron kilómetros por sen•
deros incómodos, cortados a. pico, c:n bruscos
descensos, para ver montones de piedra sin importancia 11lguna, y en otras, en cambio, descmbricron en lugares desdel'lados por los guías, antiguas ermitas, capillas poéticns que dominaban
con su campanario la masa de casuchas grises
empenachadas de humo.
Permanecieron por cinco dfas en una posada
de aldea; una de esas antiguits posad11.s en !ns
que hay una ensena con este letrero: «Alojamiento p1tra personas y bestias.&gt; Y se quedarou allI
porque, habiendo entrado casualmente A almorzar, se sintieron seducidos por la limpieza y la.
pulcritud, rara en Bretalia, de la hostelera, y su
figura simplitica y atractiva.
Los cobertores perfo.mado3 con Lavanda, las
alfombras espesns y obscur1ts en lo!! aposentos,
papel de tapiz !nvervsimil mostrando pescadores de calla sobre paisajes j •poneses, y en la sala, se,bre un cojín de terciopelo, unll coronll antigua de desposada. Al pié de sus balcones, por
111.s man.anas temprano, ofiln mugir A las vac11s
que iban de los eDtablos á.111. cumpiD.a.
Pasaron allí algunos días en~antadores: la primavera cantab!t en su alml\. como en el cielo azul,
y Roberto y .Maria Magdalena iban á rt!eorrer
los campos tomando el primer sendero que se
ofrecía á su vista, perdiéndose algunas veces, y
no encontrado durante largas horas, alma \fiviente. Para recobrar su camino se orientaban, ya
valiéndose de los molinos de viento que levanta•
ban sus aspas en los claros del bosque, ya buscando las veletas de los Ci\mp1t11arios entre el
sombrío de los poblados ó Yll e11 f!o fij,\ndose en
la situación 4110 respecto de ellos g:iurdl\ban los
perfiles azules de la montatia vecina.
Deliciosos momentos se desliub11n, y entonces
tué cuando por la primera vez Roberto se ·sintió
joven y plenamente feliz no pensando ni en su
profesión, ni en sus compromisos, ni ea su madre, ni en la gravedad con que debe conducirse
en todos los actos de su vida un togado joriscon•
sulto. No se sentía cohibido por Ju ridfottlas exigencias de una sociedad provinciana y era sencillamente hombre, rebosando de juventud y enamorado de su encantadora mujer, A la cu1tl apre-

ciaba mej)r sin testigos y en
este medio ambiente de contento y de dicha.
Maria Uagd11lena nstida
con 1tlgú.n trajecillo ligero estaba primorosa, alargando sus
pasos para poder seguir á su
marido, haciéodoseayutlar para salear los sotos y los vallados que abundaban en aquella comarca agrícola, primo•
rosa llevando consigo enorme
cargamento de flores, yerbas
y rnm1ts para engalanar su habitación; primorosa cuando
cansada del cami110 se sentaba al lado de su esposo, con el
rostro encendido, f ltigada. ja • .
&lt;l.eante, desordenados por el
ait·e sus hermosos cabellos rubios, animada con lit. alegda
de ser amada, sentirse linda y
Jil\cérsclo decir. Y él se lo decfo con elocuencia y sin gastar muchas palabras, sellándole A veces los labios con un
beso á la mitad de una de sus
rrases ingeniosas, ó expresAndole su pasión en cuidadosa
solicitud y en verdaderos terrores cuando 111. veía A lll orilla &lt;le algú, precipicio. En
ocasiones ib.m tomad.&gt;s de la
mano, mudos durante largos
perlodoj miraT1do con enternecimiento á los pájaros que
estaban más adelantados que
ellos, y esta reflexión les producía algo de despecho.
Una ma.f!.ana s.i internaron
por interminables campos de
tri.go, y luego, cruzando una
vereda soro breada por casta.:fl.os llegaron A verse al fin en
pleno campo inculto. Los l't&gt;·
pliegues del terreno les ocultaban el campanario y los molinos qo.e eran su brüjula or-dinaria; y habiéndose cansado
'María Magdalena se sentó,
mientr11s su marido avanzaba
á practicar exploraciones pan,. r1e3cUbrir alguna quinta ó
habl11r con algún campesino
-que los s:icara del apuro.
A poco de haber partido
Roberto, sintió ella la impre~ión de una absoluta soledad.
~ ~ ,..,_ -~ •
) ~ ~ - " ,~ . ~ .• .
Nada ml\s que el rumo:r del
f. •··~ .' --~ ':6~. -&amp;.:. r,+:.:.,..:
..,.,;11viento sobre las doradas espi•
~.•:(~,) ~ F ; . ,..,.., gas ó entre las hojas de los
~~
arboles, formando melancólico concierto al zum-Tefastidiarfa.s muy pronto, le dijo, y en cuanbido de Jas abejas y al agudo chirriar de las ci- to A mf, el campo no me seduce gran cosa.
garr11s. Un súbito enternecimiento hizo subir las
EUa lo vió sorprendida.
lágrimas á sus ojos al considerar que era una mu-¿Qué, no te parece admirable?
jercita dulce y amorosa y que se contentaba con
-Sí, por algunos días y siempre que tenga A
sentir sin filosofiir sobre sus sentimientos.
mí lado A una María. Milgdalena elegante y linda¡
La. calma, la. paz inrinita de estas agrestes sole- pero a. vuelta del tiempo basta tú misma cambiadades, la penetraron de un modo grato y experi- rías convirtiéndote en una basta y amable cam•
mentó el deseo vehemente de vivi1· allí siempre, pesina, pues á lo que creo las modas no tienen
lejos de toda sociedad, sota con su marido Aquien camino lAcil y expedito por estas comarcas.
amaba cada dfa con creciente ternura.; vivir alli
-Las modas .... ¿y tú piensas en eso? pregunPu una pintoresca casita blanca rodeados de sus
tó la. joven con indignación.
hijos y sin recibir 11 ningún extral1o, excepción
-Ya lo creo! Tu eres encantadora hasta con
hecha de Lucía y de Darlot que eran verdadera- el trajo sencillo que tienes puesto, pero que está
mente buenos amigos, eso constituía su gran en• muy bien hecho. ¿Cómo serias vestida por una
suetlo de felicidad. Ya no más casa suntuosa, ni costurera de 11ldeal' ¿Y usarías zuecos? Porque
día de recepción, ni banquetes, ni suegra: la.natu- en invierno estos andurriale3 deben quedar imraleza, lecturas serias, música y Roberto, y no se posibles! ¡No! la soledad es bellll A r11tos 1 en tannecesitaba mAs para ser enteramente reliz.
to que h sociedad tiene ventajas y bellezas ¡,erDur11nte lo menos diez minutos, Jiiaría Magda.- sisten tes.
leca !oé la perfecta heroin1t de una novelll ingle:Uohina y contrariada María Magdalena se casa, teniendo por único deseo el atractivo de la lló. ¡Ou:ln lejos est.aba de elJa Robe::-t1 con todo
vida rústica y las alegrías sanas de la materni- y que tenía las manos entre las suyns y que con
-da d.
gran sorpresa para una pastorcita que pasaba por
Roberto reapareció 1rnliendo del campo de trigo allí a. la sazón, tomó A 11Iar!a Uagdalena en sus
y dlcitndo que acababa de distinguir á lo lejos brazos y se puso A besarla tiernamente.
los techos rojos y !ns chimeneas de uoa quinta.
Pocos momentos después almorzaron en la
En esos momentos vibraba apenas, y apagado quinta ó mt&gt;jor dicho devuraron conferoz apetito
por la distar.cía, el sonido de las campanas de la y riendo de placer, too radas de pan negro cubieraldea.
tas de mantequilla salada.
- ¡Qué pensativa estas Magl
La sala de este. quínta era admirable b!ljo el
Ella le relató su tierna bucólica y él la escuchó punto de vista pintoresco: de las vigas que sostesonriendo.
nían el tejado colgaban racimos de cebollas, ve-

15
lAs, yerbas secas y jamones tef1idos de negro por obra de las
moscaE; encima de la gran
chimenea de piedra había,mny
enfloudo con rosas de trapo
descolorido, un Santo Cristo
con cara de facineroso v una
dolorosa erizada de pÚilales;
un lecho en forma de nicho y
en el ca.al parecí!\ que se debfan ahogar los que allí durmieran; bancos á Jo largo de
las paredes y un montón de
basuras en un rincón donde
escarbaban y picoteaban ga•
lliñas, pollos y cer.dos. todo
esto formaba un conjunto en
que la limpieza brillaba por
su aust&gt;ncia. El patio de la.
quinta estaba tan lleno de estie1 o,l y p11jn podrida, que habna sido neceeario ponerse
zancos para cruzHrlo sin peligro.
Las gentes que estaban viviendo allí casi no comprendi,rn el .francés y se expresaban entre af en ese dfalecto
bretón que paree~ como arrastrar guijarros entre sus silabas
sonoras. .Algunos chiquillos
barrigones, sucios y desgarbados cuy-03 ca.bollos amarillos
y lacios les caían sobre loa
ojos, andaban por allí y se
quedaban con :a boca abierta.
contemplando A los extranjeros.
Toda estirpipiolera andraJOSa, con sus patitas socias
hundidas en zuecos burdos,
era curiosa y r.impática por el
aire de ingenuidad que se les
observiiba bajo la mugre.
Un poco descorazonada de
ese metlio ambiente, María
Magdalena 1tbrevió el almuerzo, y tomó todavía sintiendo
buen apetito el Cllmino de su
posada.
:Mientras que sus amigos recorrían los campos y hacían
amistades con los naturales del
país, LuciaHimley pilltaba en
su estudio. Había descubierto
un rincón de landa salvaje
donde abundaban las rosas v
los juncos que la entusiasmó
para una acuarela A cayo trabajo consagrab1t sus días, juzgando ademAs útil y discreto
dejar á. Roberlo y i\ su mujer
solos y libres para pasear cuanto quisieran, libertad que no habían gozado nunc11.. Era muy
oportuno no interrumpirlos &lt;'n su verdadero villje
de bodas, en el primer cuarto de su luna de miel,
ya que tan poco tiempo iba á durar, pues pronto
tendrían que emprender el viaje de regrns') A
Montpazier,

Ellos 1tgr1tdecfan comprendiendo sns móviles
la reserva de la joven inglesa y se reunían con
ella muy contentos ú las horns de comer. La velada la pasaban enrelerir detalladamente sus impresiones del día realzAndolas con ingeniosas
observaciones, y Lucia que amaba realmente á
Magdalena, pensaba que los dos esposos despué:1
de haber s11bore11.do los encantos de In libertad,
no consentirían que 1,e les volviera á poner bajo
tutela y tendrían vnlor suficiente para sacudir el
yugo de la viejll re~istiéndose con respeto, pero
con firmeza Asutril' autoridad de carácter tan absoluto!
Pronto tendremos noticiits de ella, se dech. la
seftorita llartley, pues lo mismo que yo, la st:i\o,
ra Le Clercq debe lijarse en quelevaácostargran
trabajo recobrar el imperio que ejercía sobre su•
hijos y de seguro que los va á, llamar. Pero ¿con
qué pretexto?
En efecto, correspondiendo á. las previsiones
de Lucía, tr~s días despué, de su instal11ción en
la aldea llegaron las noticias esperadas, y cuando la j•Jven pintora descen.:lia de su aposento cargada con su caj~ de pinturas y su sombrllla, la
hostelera le entregó una carta dirigida a Rober-

�16
to y con el sello de correos de Montpazier. Esta
carta era evidentemente de ltt suegra. -Esta carta no es para mi, dijo.
-Efectivamente, pero la eetlora y su esposo salieron antes de que viniera el cartero y no volverán tal vez á almorzar por lo que pienso que si va
usted á reunirse con ellos puede darles Ja carra.
La seflorita Hartley reflexionó un instante y
luego, guardAndose la curta en el bolsillo tomó el
camino de la landa donde se puso A pintar.
Por la tarde vió re6?resar á sus amigos abrumados de f11tig11, llfaría ~Iagdalena colgada del brazo de su marido trayendo ramos de flores, despeinada. riente y feliz, y al pensar en la carta quu
-para ellos tenía no pudo menos que suspirar. Esto lba á ser como un ch¿tparrón e11 pleno estío; ya
no más risag, abandono y amor. Llegaba el lrio
llamamiento A la realidad.
-Dejémosles siquiera comer tranquilos, se elijo
para su sayo, y no hizo alusión alguna al co•
neo.
La comida fué muy alegre. María Magdalena,
que tenía una linda voz de soprano un poco aga.da, Cllntó á. la hora de los postres como se buce
en las bodas de aldea. Luego tocó su turno á
Lucia y por último á Robeno quien con gran sorpresa para su mujer cantó unas coplas alegres.
Verlo ser joven, reir y perder so. rigidi:z y su
reserva acostumbrada, era parn la joven esposa
un motivo de e.regria sin límites y hasta ser.tía una
especie de orgullo s11.tbfecho.
Tal como era allí, su madl'e lo habría condenll•
do, pues no tenía el aspecto de ser heredero único
del nombre y los millonPs de los Le Clercq, ni 1:l
primer abogado de los Tribunales de:Montpazier,
sino simplemente Bób, el marido de Mag, A la que
amaba y se lo decía á gritos; que salía sin ga.antes, Itlmaba en una pipa ordinaria. y andaba ves•
tido de color con facha de un estudiantil:o en vacaciones.
Las gentes cuyo carl'icter se enea.entra comunmente comprimido, son más e:xlluberantes y expansivas que el resto de los bu.manos cuando se
presenta la ocasión, y esto era lo que le pasaba á
Roberto A. quien el amor de María :\lagdalena le
infandia una gran afición por los goces campestres.
-Es una fatalidad que wdo esto se vaya A terminar tan pronto! pensaba Lucía sin tener el valor necesario para darles la carta.. Ah! ¿por qué
Hoberto tuvo la enojosa idea de escribir á la viej!l y darle su dirección? ¡Qué imprudencia! Pero
después de todo la carta bien podía sufrir un retardo! es tan defectuoso el servicio de correos!
Ya se lRs daría al día siguiente y ~Iagdalena le
r~compensaría con un beso esta buena acción.
jJ dia siguiente Lucía se levantó muy tarde y
no vió a la hora del almuerzo á. sus amigos que,
como de costumbre se fueron a] campo á pRBear.
Despiertos desde que comenzaban los ruidos matutinos de la posada, se ase~ban rápidamente, se
vestían y se lanzaban al camino. Como ese día la
señorita Hartley no almorzó con ellos, se retardó un poco más la entrega de lJ. carta.
Por la tarde se celebró en la aldea una boda
de campesinos; los tres amigos conca.rrieron :Ua.
ceremonia aceptando la invitación que les hizo
la posadera, y tuvieron el ga.sto de verse entre
gentes que se divertían con todo su corazón.
Después de una comida abundante, todos los
jóvenes se pusieron á bailar y los viejos t\ jugar
al dominó y á vaciar tarros de eidra.
La llegada de extraflos causó de pronto una·
impresión de cortedad que por fortuna pasó rápidamente; y la orquesta, formada por unos cuantos músicos ramplones se puso A tocRr aires de
cuadrilla y el baile llegó á la mayor animación
y regocijo.
Había sin embargo en la reunión un joven pasante de notario, que llevaba corbata color de
rosa y zapatos de charol; el cual decia que sabia
valsar y aproximllndosc A las sefloras les conversaba con desdén de las danzas populares.
Se pidió un vals á los múo.icos; Roberto invitó
á Lucía y el joven pasante á :'![arfa .Magdalena y
dejaron atónitos á los campesinos bailando al son
de «Lae ondas azules del Danubio.»
Luego vinieron las cancior.es bretonas, cantos
de bodas con un ritmo t1m plaflidero, que Si, habrían tomado más bie11 por ca11tos de m11erte.
Los tres 11migos pasaron unas cuantas horas
allí que ]es fueron positivamente gr11tas. LuciR,
que llevaba siempre consigo un álbum de mano
tomó alguncs apu.ntes, y Roberto y 'i\1arla )lag-

dalena observaron que en su propia boda se h:'\bían divertido mucllo menos.
Volviendo á. la posada, L1..cía tomó la resolución de entregar Ja carta pues habría sido indiscreto conservala por mayor tiempo y se propuso
cumplir este penoso deber en la primera oportunidad que le pareciera propicia. En esta vmud,
al día siguiente después del almuerzo y cuando
los dos jóvenes se proponían salir para visitar
una iglesia antigua que tenía inscripciones latinas y curiosos detalles arquitectónicos, la sel!.orita Hartley les dijo:
-Antes de partir seria bueno que leyeran una.
carta que vino por el correo.
María M11.gdalena palideció y Roberto frunció
el entr11cejo: en un segundo, la cara de los dos
cambió de expresión y tomó el aspecto de a.na
profunda inquietud.
-La carta es para. usted, }lag.
l\Iaría llfagdalena rompió el sobre y Lneía, si,
gaiendo en la cara de su amiguita las sensaciones que la lectura le producía, pensó:
-Si, se les llama. ¿Pero con quépretexto? l\Iarfa Magdalena, después de un veráaiero t:sfuerzo
recobró su sonrisa, una sonrisa bastante forzada
y presentó la carta á su marido. Luego, dirigiéndose á. Lucía, dijo:
-Nos vamos á. ver obiigados1 querida amig11 1 •
A dejará usted que continue su viaje sola. La se•
ílora Le Clercq me escribe que mí padre va A
llegar á Montpazier el W, es decir, dentro de
dos días y es necesario que 1 su llegada estemos
allí. Por cierto que tal visita es súbita é inespe•
rapa.
-En efecto, contestó Lucía con intención,
cuando hace menos de un mes estuve algrmos
días en París vi a] Doctor de Bois de Saint liarcel y me dijo que tenia el propósito de ir A pasar
loe meses de Junio y Julio A Escocia con uno de
sus amigos, el setl.or Mac Cbaverhonse. ¿Le pidió usted que viniera?

17

EL OBSTÁCULO.

"EL MUI\'DO JT..tJSTRA.DO"

-No: seguramente mi suegra fué la que Jollamó.
Las dos júvenes se miraron con el mismo pensAmiento y un pliegue de disgusto se marcó en la.
frente de :María ~[agdalena.
Roberto que habí11 ltído la carta, veía maquinalmente el sobre con aire contrari11do.
-Ah! dijo, la carta llegó hace tres días!
-Sí contestó Lucía con much11 c&gt;1lma, pero
como ;oy una aturdida, me la entregaron antier
en el momento en que salía. á mis excursiones y
no me volví á acordar de ella hasta hoy.
-Es de sentirse, porque podríamos haber hecho algunos preparativos para recibir 11! Doctor.
-Oh! no tengan ustedes cuidado, interrumpió
Lucía, la t;etl.ora Le Clercq los hará. pur ustedes .
La comida acabó de un modo triste y muy diferente de como había comenzado.
Habiendo salido Roberto i\ anunciar su parti•
da A la posadera y A procurarse un carruAje qa.e
le condujera á la más próxim.i. estación, las dos
jóvenes se quedaron solas por algunos minnto3.
~faría llagdalena pal'ecfaprcocupada: recargada
en el !lntepecho de la ventana abierta, veía sin
verlo el paísAje ya familiar t\ sus ojos, las c11sas
baj1\s de la aldea dominadas por el esbelto campanario de la iglesia, los campos cultivados y el
horizonte azul tras d~ cuyos límites se presentía
la mar.
E\Jidentemente pensaba en la earta que acababa de recibir y analizaba los hechos preguntAndose por qué su padre que debía estar en Escocia se hallaba en cammo para .Montpnzier y por
qué la seftora Le Clt!rcq le había llamado justamente durante la ausencia de los dos esposos, lo
cual era un medio infulible pura abreviar su
viaje.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-llustraciones de nuestros talleres.
VJllRSION 11:SPAliOLA. DE 11.EL HUNDO ILUSTRADO"

Número 3.
Pensamiento peligroso: la mano firme que los
tenia cogidos se estrecbaba convirtiéndose en
.garra, y la voluntad de María Magdalena fortificada. por los días de libertad que había gozado
comenzaba á revel~rsP.. ya DI) bajo el imperio de
esas ligeras con1rariedad.• s que suelen producir
le B contactos de la vida diaria, sino friamente en
toda la plena tra11qu1lidad de su eepfrim y su
razón.

Y sin más explicaciones, e1oprendió el ttrreglo
de los objetos de su uso en la malet I de viaje
que estab!l abierta en medio dtl aposento,
La sefloríta Hartley se retiró al suyo parl\ ha·
cer también sus prepatativos de marcba. y n f!exionnr sobre la situación.
Esta mujer á quien temíala sefl.ora LeClercq. te•
nía una romplexión enérgica~ aventure1 a, y aunqa.e adornada por el enCllnto de la rogs perfecta.

en cuyo fondo brillaba como un espejo el 11gu '\
fresca y azol. El brocal de ¡:,iedr11s grises bordado de musgo, de enredaderas y de plantas p1m\sitas, estaba coronado por un11, gruesa pole!l en
que corría la cuerd11; inclinándose sobre él. se
sentía g lacial humed&gt;1d y se aperciblR en las pro•
fundidades obscur/ls un pedazo de cielo azul quo
pareefa caído en el f,1odo de tma cuev,i.
Lt\ seftorita Harth,y se apoyó enel brocal y dijo:

- Espero, dijo Lucía con el fin de i11tnrumpir
el curso de estas reflexiones, qt16 dentro de algunas semanas podrll usted recomenzar su viaje y
venir á reunirse conmigo en Tregastel: yo me
-voy aUA directamente ahora qu'e y 11. no llevo conmigo buenos amigos que me hagan agradable el
camino mAs 111.rgo.
María. }Iagdttlena sin volverse, sacudió tristemente la cab".lza.
-No dijo, no iré á ver Austed á Tregastel porque lo :011s probable es que no me será permitido
y hasta me figuro que de lo que se trata es de se•
pararnos de usted, porque no se la ama y se teme so. infla.encia.
La set1oritn llarth,y contestó riendo de una
manera forzada:
-lltag, mi qu .. ric111 M11g, no hn~le usted con
tant.a tristeza ni tome el tono elegiaco de la Joven Cautiva de An1iré Cbenier.
Pero esta risa 110 tuvo eco alguno.
Después de un Liirg-o silencio, María Magdalena se volvió hacia t-U 11miga y poniéndole las manos en los hombros le dijo fij1rndo 61l ella una
mirada profund11: ya éstoy ca nsada de la lucha
y quen-ía qu.~ Roberto se impuslera_de todo.

edn~ación, se dej11.ba contrariar poC&gt;I. co3n Pn los
casos gr,i ves por las fórmulus y rutinas sociales.
Como buena ioglesa estaba mur 11,costumbrada a. los !recuentes cambios de residencia, y de
consiguiente en breves mina.tos terminó sus preparativos de vi11je y bajó al salón del primr•r pi•
so donde Roberto estaba con aire pensativo tu
mando un cig11rro.
Desde 111!! se oía á María ,111gdalena que iba y
venía por las habitaciones del piso superior.
Lucfo RArrley se ACtffCó 11 Roberto:
Quisiera yo, le dijo, llablar un momento con
usted, señor Le Clercq.
Admirado Roberto por la entonación grave con
que le fueron dirigidas estas palllbras, la con•
templó con cierta inquiemd.
-Sí: es necesario 4ue le b11.ble yo A u~ted; es
absolutamente necesario, he reflexi.onado mucho
sobre esto y he venido á deducir que sigaardara
silencio por m1\s tiempo, tendría que lamentarse
irr,.media blemente después.
Roberto y 111 joven inglesa se dirigieron con
p-l.S0 lento a.l j&gt;1rdin y se detuvieron en el extremo de uo11, avenida de tilos. AIU, bJjo 111 sombra
de !1ts verdes ramas, se abrla un pc,zo profando

-Lo que voy Ahacer es enteramente incorrecto
pPro ¿no opina usted que en cierta~ circunstan•
cias se deben poner en sega.ndo térmloo lt1s vulgares conveniencias, sobre todo si se trata de una
per$ona á quien se ama y que estA comprometlda'.J
Era necesario que Lucía tuviern un verdadero
valor mortl.l pnra que continuar" hablando A pesar de la tría imp11sibilid&gt;1d de Roberto Le Clercq.
Esta cara impenetrable, de labios un poco delgados, babia tomado tal expresión de i11diferencia
que ante ella hubiera retrocedido cualquiera otra
pe• sona qa.e no fuese Lucia fü!l'tley.
Pero ella tenía la serenidad de la audacia y en
este caso se sentía sostenida por la convicción
de qa.e obraba bien y de que se hacía preciso intent!U' todo esfuerzo A tin de que Maria Magdalena ee salvara. Contaba además con que la cortesía de su .interlocutor le serviría de apoyo, y
presentó su pensamiento en estos termines:
-Cpmo n~ quiero, sefl.l)r, enred-1rme en largos
preámbulos, ll'é derechamenteal asunto. Está usted
segur11 de la amistad que me inspira Maria I\Iagdalena, y este semtimiento es el que mu mueve , hacer lo qa.e bago. Yo la eonozeo mucho, y bajo ciertQS puntos de v ista, mejor aún de lo que usted la

,(Co11fi11uard.)

�18

puede conocer. Es una mujer dulce, tranquila,
11fecmosa que tiene horror al ruido, á las discu•
siones, y por tlll de evitar querelJas, sufrirá. lar~o tiempo y hasta pr1JcurarA siocerament~ sacri·
fic11r sus ~u tos en interés de la tranquilidad
domésticn. Esto es muy bel!v, y much1\s am!g11s
mias no serian capaces de e~luerzo semejante,
pero .... ha y un pero .... cuando ella llegue 1\
convencerse Je que la paciencia no le irve de
n1td11, cuando ve&amp; que su sacrificio volunt1uic, se
califica como justo y niuural, se ejercerá. en su
ánimo una reacción. ¿No ha visto usterJ nu.nca á
Mag en un momento de cólerai' Yo si. ... una sola vtz y me acuerdo muy bien del suceso; me
acuerdo que tuvo la entereza de romper con personas que vlvfan en su i11timldnd de de hacia varios afl.ol! y nada, nada pudo cambiar su determinación de no vol ver i\ verlas mas. Maria ?-Ingdalena tiene una energía y una firmeza de resoluciones que u~ted ni siquina ha sospechlldo, puesto
que apenas la conoctó antes rte su matrimonio.
Roberto, comprendiendo muy billn el sentido
de las palabras de 111 sefl01 ita IJartle:\T, y sabiendo cual era la tiranía A que estaba haciendo alusión, era presa de sensaciones complexas. El taml&gt;ién abrigaba la idea dr que su madre nnliric11b11,
demasiado á :María M'agdalena, él l!lmbién pensaba que con esti.. carta en que los babi,\ llam.1do
re11nudaba la peMda cadena :i. que los tenía sujetos, pero le habln eontrariatlo que la sel"lorita
Hnrtler tnmbióa bublera observado esto, que se
hubiera atrevido i\ hablarle, A decirle lo que estaba dentro de la propia conciencia del mismo Robe no, y ni uún se explicaba bien i\ bien
los móviles que 111 h11bfan t:mpujado a esta
extraña confidencia. Además, y esto era lo
mAs important&lt;: ¿Maria ~Jagdalena tenfa. en
efecto esn ob~Linación y esa enegía con que
l11 sefiorita llunJey parecía querer amenaz11rlo?
Trató do sonrcir con cierta ironía, y dijo
acentuando mucho sus pnlabras:
-En erecto, sefloritá, yo no sospechaba
ni remotomenle que mi mujer tuvierauncll.rileter tan desagradable, pues uo la coñócía
mí1s que colilo amable y encantadora y quiero i.:reer que usted exagera sus defectos.
Lucía ll11rtley le miró seriamente.
-Oh! dijo con mucha cnlma. lle aquí una
cosa que no es digna de usted. No esperaba
que a.rectara usted no comprender lo que le
digo. Usted puede condenar mi atrevimíen•
to de mezclarme en nt:goeios que no me
conciernen, pero me conoce usted lo bastante para saber que si obro así es porque me
creo en el deber de hacerlo.
-Estoy persuadido, sell.orita, de las excelentes intenciones de usted, pero creo que la
ban llevado un poco lejos.
Lucia se volvió y dió un paso para alejarse de Roberto.
-Ya lamentará 06ted algún día, le dijo,
esta altiYez injusti!icada ....
-G-Qué día, en qué circunstancias?
-Cuando María Magdalena, definitivamente
cansada, se separe de usted para. regresarse á la
casa de s11 padre, si su padre la quiere recibir,
día que, se lo advierto A usted, no estA muy lejl\n0.
H.oberto se puso encendido y sintió que le palpHaba violentamente el corazón A la idea de que
tal cosa pudiera llegar Asu.ceder; de &lt;10.e en efecto :Mag, su querid.~ lfag se resolviera A abando·
narlo á causa de 11lgunas querellas fl'itiles.
-En resumen, d'jo con el tono de un hombre
que A pesar suyo ace;:,ta una d!scusi~n. ¿'.\[aria
:l\lagdalena le ha indh:ado á usted algo sobre sus
intenciones?
-Nada, absolut1tmente nada, se apresuró á de•
cil' Lucía. No se imagine usted que sil esposa
puede ser capaz de desahogarse en recriminac:ones. Yo soy la que he visto, he observado y he
deducido :o que usted con todo y que es el interesado no ha podido ó no ha querido ver, observar ni deducir.
-¿Qué ha visto usted? Expliqnese.
-He visto que Maria l\Ingdalena, jovial en
otro tiempo, se ha entristecido notablemente y se
mantiene en unll reserva que no le es natural; he
Yisto, por mi mismll y á cttusa de mil peque.11a3
circunstancias duritnte los pocos días que pa§é en
?i[o11tpazier, que el'a no está en su t:asa ~ino bajo
las órdenes de otra persona, llena Jtl cualldades,
eso si, y me apresuro á reconocerlo, pero estas
euAlitlades no impiden que mi amiga, después de
hab~r sido libre en la casa de su padre, se en-.

F'L OB"'TÁCCl,O,

cuentre ahora, ya casaia, sujeta i una tutela severn y estrecha. Esto es exactamente al contrarie, de lo que les sucede á todas las demás. Siempre una joven desea ser su propia duell.a y ase•
guro A usted, setlor, que si ro me hubíera visto en
la situación en qne se halla ~larfa Magdalena, no
h11brfa tenido la faerza s11ficiente para reprimirme como ella lo ha hecho hasta aquí.
-¿Y qué es, pues, lo que habrill 11sted hecho?
preguntó Roberto, tanto más il'ritado cuanto que
en su fuero interno reconocía que la inglesa estaba diciendo la verdad.
-Habrfo suplic11do A mi marido que me proporcionara un hogar mode:ito, pobre 11i era preci·
so, y si no podía d 1rme más; pero en el ca.al yo fn~ra la ama y ta.viese derecho de dar una ordensm
exponer~e A reprimendas que no se reciben sin
protesta més que cullndo se es una chiquilla. Yo
preterida la más humide choza, hasta sin criados
pero mía, en vez del palacio suntuoso en que tu·
viera nn11 falsa posición.
-Y sí su marido de usted no hacía caso de se•
m1ij1mte reclamación~
-Me daría, A lo que c~eo las razones desune•
gativa.
-Es posible ..... .
-Y pienso asimii;moquesimi m11rldomeamaba,
me trataría no como á niñA. malcriada il. quien se
envía A la es!uela apesnr de sus grit~s,si11oc;mo
á mujer inteligente, y que tendríll á bien explicarme por qué ru.:&gt;tivo se me condenaba á soportar
beneficios pagados á tan alto precio como lo es

-la 1tbdicaeión de toda voluntad y de toda dignidad.
El tono de firmeza tranquila de Lucia, llamó
lti. atención A Roberto que arguyó todavía.
-.Mi madre ama sinceramente á Afaría Magdalena.
-Estoy conyencida de e~o.
.
-.\.sí se lo ha probado en todas ocasiones, teniendo hacia todos los deseos demi mujer la misma indnlgencia que habría tenido una madre.
-Lo sé y eso es lo que hn dado A mi amiga va•
lor para sufrir por más tiempo del que habría sufrido sin esta circunstancia.
-Pero usted exa,:era lasituaeión actual IC\ mis•
mo que :as peqllefl.as ditereneills surgidas entre
mi madre y mi esposa. La se.nora Charmon foé
111. causa de todo esto y ú estas horas ya la seftora
Charmon debe eEtar en Inglnterrra. ó en momentos de partir par11 allá, lo cual es un sacrificio
que mi madre hace A s11. nuera. ¿No convieneu.,,ted en eso.
-Sin duda. Pero puesto que usted tiene buena
voluntad pina discutfrconmigo y puesto que la discusión es muy interesante por tratarse de la dicha
de una persona Ah1 cual amamos loR dos, me creo
en el debe1· de confesar á usted que esas pequei'!.as
diferencias, comou•tedlaseitlifiea, me han pareei·
do demasiado seriits por el estado de Animo de las
· dos mujeres entre 4 uiene3 surgieron. La Sra. Cha.rmc,n nohasiuo m:\s que un pretexto que ha permitido:\ esos dos csu·acteres ver que no vinieron
al mundo p11ra entenderse. La sei'lora. Le Clere':I.
tiene el sentimiento exacto de su valia y el hfl..
bito de la dominación: quiere y con justicia, rei-

nar en su casa incluyendo en su casa A l\Iaría
.Magdalena, y pllra que estu~iera content!\ se n~cesitaria que su nuera se re;;1gnara ó plrgitrse sm
discusión A una obLdiencia muy dnlca t11l vez pero ajenR !1 loe derechos &lt;le qc.e debe g~zál' una. esposn. Xo! La. seno.rn Cbnr1;11on no es naua, y un~
vez quu hll)' a pllrudo surgirán de otra p11rt~ la,.
diticul.ade11. Fíjese ust ·d en este. ll1tmaro1ento
que se les ae&lt;.1b1l de hacer: la se1iora Le Cll!rcq
ba pensado 4.ue tra c~nveuiente invitar al Do~t~r
d 3 Bois 8,linc 1forcel JUsLawtmte durante ul viaJe
de u~tedes y en la úuica oport11nid1\d desde su
casamie11to que hun tenido para estar solos. ¿~o
es esto muy signlricativo?
Lll primera parte de este 1·azonamiento había conmovido ARoberto¡ la conelutiión lo h1stitnó protun•
damente. La diplomacia inva:sorade su madre que
ya había empczndo A sospechar en lo intim,o de lit
conciencia, rué sac11da A plena luz por e\&gt;tll rntrus11
que se atrevía A pregouar en voi alt!l su descubrimiento. Se irguió entonces, y con acc,nto de
u.na cor,és Iriiüdad dijo:
-A,..radezco 1\ usted q.1e haya hecho lo que usted supuso que podría stJrme útil y we propongo
reflexionar a.cerca de sus iudieacionei,, aunque
abrigo la convieeión de que usted ve las cosas de.
un modo exageratlo. m madre y ~laría Magdale•
na me aman lo bastante para abogar si los tienen
sus insignitieantes rencore~. Por otra parte, mi
madre ql1eriendo domir,ar estA en su derecho
porque s11 edñd la autoriza para tratar A l\Iaria
M11gd11lena como á, una nif'la y é~La pienso que
cumplirá con so deber de someterse á ries•
gode perderme, y no se pierde :1 un marido
con la mismi, t.tc11idad coa que se separa
uno tle cuahJuiera lllDiga aunque sea para
no vol ver á verl,1 wAs.
Lucitt Ilartlev saludó con mucha cor•
te ía y emró d su depMtamento. En ln misma tarde p11r1ió para Tregabtd á donde ya
)11 estaba esper11ndo su crrnda quti salio con
antic1 paciúo.
El Doctor de Bois f;aint )farcel era uno de
esos hombres seductores que no se rPsigrnm
nunca l\ abondonar ese papel y que por consiguiente desde que la ja.ventntl se ausenta
111\cen infinitos esfuerzos por ttparent:tr c1ue
aún está. con ellos y recurre~ á tinturas, cosméticos, corsé, pelo y distintos postizos.
El Doctor babh vivido mucho frecuentand.: un mundo peligroso pero muy n]egre. El
número do gentes lL quienel:i llamaba «mi
querido amigo• y cuyas .manos es.trecbaba
era increiblo. Su filosofía era indulgente, y
sucedió varias ,.,eces que entre esos &lt;queridos amigos• hallados en los lugares de diversión, teatros, carreras, casinos y !ondas,
11.l~unoshab!nn terminado mal¡ a.no, frecuen•
ta.dar de ba~tidores generoso y rico fil parecer, rué al fin alojado en la careé! por resolución judicial¡ otro. hombre político, po·
co escrupuloso, sufrió condena por prevaricato,
otros, periodistns sucumbieron en las luchas del
rlwntaye y otros en fin tomaron por salida la lugn ó el suicidio.
Para todc.,s esos desgraciados A quienes un destino severo había sefhllado como victimas entre
centenares de reos de la misma cnJpa, el Doctor
tenia sentimientos de benévola piedad, pues con:..prendfa bien todo lo que puede el nmor al lujo y
á la vida opu.lentn, y conocía. il tondo las angus•
tias y la pobreza espantosa que es necesario ocul•
tar btijo apariencia doradll. para no -rodar al desprecio y al olvido.
Esta alegre sociedad bohemia, mezcla de fi.
nanciero~, bolsistas, polüicos, vividores, genios,
artistas é imbéciles, es 1tmable y acomodaticia;
no exige ele sus miembros sino que tengan bue•
llú figuru, un nombre sonoro, y dinero que

gastar.
El Doctor de Bois Saint Mareel coniaba con
una. motlcsta fortuna qne tuvo buen cu~dado de
no dilnpidnr ni comprometer, y su noblezl\ era
auténtica por mits que no fuera de las mAs encumbradas, Jo ca.al sabia deefr con negligenci11
encantadora que realzaba mucho sus mérltos.
Te, ia una bella presenciii, y sus modales de
agradable suficiencia sol&gt;tenidn por un talento
brl1lante, le daban ese poderío mas grato A las
mujeres, que una grnn hermosura ó un mérltosu¡.&gt;Prior. El ideal d~ mucbns es un homlire espiritunl} fino, de frente despejada, lentes, &lt;lenmdurn blR.nca y bigotes atuzRdos, y ol Doctor corres•
pendil'&gt; 1\ este ideal durnnte muc!!o tiempo con
gran beneplácito suyo y de sus ámigas y conoei

dos, pero no por eso se volvió fátoo y como era
via.~o y elegame, agrR.daba más de '10 rPgolar.
D1ve~sas amantes y amigas lo recom1&gt;ndaron y
protegieron, y aunque su bagiije cieulífico tuera
tan poco voluminrn,o como su fortuna obt11.vo el
n~m_hrami_e11to d~ médico de dos grn1ndej negoc1ae1011es 10dustr1ales 1 y se formó un!\ clientela
de dnmns cu vas neurobis y jaquecn:1 comba con
tacto exquisito, grncias A todo lo cuitl pudo vh-lr
del moú.o que lo era mils gralo: di viniéndose mucho y trabajando poco.
A su bija In quería mucho, es cierto, pero con
la suma de ciu ülo que puede profesar un e"'oista
que ante todo se quiere ú sí mismo. Pero ºcomo
en re11lidad )fari!l Magdalena era cautivadorii,
elegante, linda y ei;piritual, lo 11gradaba. tener
esa bija A la cual biza educar por una senara
maclur11 y mur discreta que la llevabn A los lllU·
se~~! A l11s carreras, á 111 cab,\ de su profesor lle
mus1ca r á la ópera cómica. También la confiaba A vece3 á al~unas damas amigas suy11s cuidando de escogerlas con mucha escrupulosidad, por
que nunque todas las mujeres de rn mundo fueran igua(mente amables y 1:ncRnt11doras, no todas eran igualmente recomendables
El sei'lor de Dois Saintlfarcel, hontbre feliz pn.ra quien la vid~ había sido clemente v dulce
llegó 1\ 111 _edud m11durn cnsl sin dejar de agra~
dar y snphendo sus humos de con-quistador por
el aspecto de un amigo serio, co11fide11te nfeetuo•
so, papel del que sacaba maravilloso partido !iOB·
tenido por su espírítu ligero.
lfabfa conseguido eliminarse de lns combates
juveuilcs sin envejecer; no era uno de esos comparsa,¡ de tragedia, enojosos Theramenes incapaces de 11bonl11r uunea más nito empleo, y aunque
estaba bien conveucido de esto, se retir11ba por
propia voluntttd :\ un segunda t~rmino donde se
le n,a :\ buscl\r para hucerle pateme que toclavin
podinser amado mejor que ou·os muchos, mils jóvenei.:, pero menos inteligentes y ngrables.
.A.si puei1, su situación mundana permenccía
intnetR; tenia siempre invitncioTies de diez castillos diferentes de todos los puntos de Europa y
podía, á su capricho, ir al Norte ó al Sur, A Bretafta ó A Escocia, á las campi.11ns de It111ia ó A las
es1cpas de Ros.is, Tenia. amigos en todas partes.
Es muy común qu~ entren A esta socied~d flls•
tu.osa. y atraciiya, jóve11es pe1·teneéientes A eleYll·
das noblez11s y fortunas extrirnjeras sin sospechar ~l oropel de lo que los rodea, y de estos de
Bois Saint ;\lnreel fué siempre intimo amigo. Entre ellos pudo e~coger para casar fl. su hija con
un título sonoro aunque no tuera suficientemente
auténtico, 6 con algün derrochador de dinero y
de idens fastuoso como un comerciante america.
ro de jnmones ó de petróleo: pero prudente en
esto (como lo había sido en tantas otras cosas con
todo y su ,,pariencia insustancial y líger11) prl'fi·
rió aliarse á 11na familia de buena y rie,--a burga.esia, seria á la vez, inatacable como origen, hono•
ra bilidad y r,.Jaciones.
Las amigas de María Jifagrlalena la compade•
cieron porque iba A enterrarse viva _en una provincill, pero no consiguieron hacel' vacilar su inclinación. llabia que decidirse ó bien á la incertidumbre del porvenir entre las gences que frecuentaba su po.dre, duques contrllhechos y millonarios probleménticos, ó bien 111 porvenir as{'gu,
rado y la consideración públicll afü,nznda en uoa
ciudnd en que la esposa lle Uoberto Le Clercq
flgurarfa en primer lugar.
A esto último fué á lo que se decidió. Y era
necesario que l!Bta familia de provincianos honorables fuese muy ignorante de lo que e3 l1t vid,i
de París, para ir A buscar una alianza en la sociedad fantAstica á que pertenecía el Doctor Bo1s
de Saint Marce!.
Un parisiense no se h11bria atre\·ido á. tanto, pero
Robeno que babia cometido una imprudencia. casAndoseen semejante medio, mvo la h,esperada fortuna de e1&gt;coger A )faria )lagdalima que tenia
fondo serio y gran lcalLad de earAcLer. Segura•
mente que entre todas lns jóvenes do su socieda.d
no había una que la igualara, pues en :,U naturaleza, hecha de honradez tranquiJa y horror A las
aventuras, había mucho de atavismo según pre•
tendía el Doctor.
La Madre de Marfa )Iagdsllena habfa sido una
burguesa por la rnza, las inclinacivnes y la'3 coe-_
tumbres, y d tspués de su muerte fué cuando de
Bois Snirrt Marce! se lanzó en definitiva á una vi•
da q11e sin duda habría des11gradado á su mujer.
El Doctor se casó un poco por amor y mucho
por que su ¡,rometida era hija de un grun prof~-

sor de la ~'acultad de :\Iedicína mu.y instruido,
mny influente y qne podría impulsar !\ su yerno
A posiciones envidia bles.
Desgraciadamente el profesor murió casi inmediatamente después del matrimonio de su bija¡ r Bois de Saint ,cucel que no tenia ni valor ni
voluntad de llegar al éxito por el ea.mino del trAbajo, buscó cn los salones el apoyo que le hacia
falta; y no pudiendo llegar A grande hombre, se
conformó con ser hombre A la moda, y no pudiendo llegar ñ ser autoridad médica, se resignó
á ser un médico de t.efioras.
Cuando su hij1 se fué á provincia, casi no le
hizo !alta porque como su género de vida era po•
co domésLicn, apenas se apercibió do su ausencia. Tenía la costumbre de almorzar en el Joc•
key Club todas la:. matianas.y comer en casa de
algún amigo todas lns noche~. costumbre que con
mayor razón conservó cuando no teniendo yn
que proteger 1\ Maria Magdalena, se Yió más Ji.
bre y gozó con delieill de e ta liberud: además,
ese 11111.trimonio serio le babia eh•vado d los ojos
de ciertas gentes y le h11bfa quitlldo A él mismo
inqllietudes que apesar de. u despreocnpac.ón
natur11I le asaltaron en tiempos i,11sados.
Cuando so hubiera hecbo d1u11asi11do viejo para.
continuar esrn vhla de movimitinto, cuando no
tuviera ya ni diente,, ni cabellos, ni gracia, cuan•
do estuviera abrurn11do por e: reum1ttisrno, la gota
ó la dispepsia , tllill&gt;1ri•1 un buen 11id11 perreetamente preparado en dn11tlc tnmi11Ar su vida tomando
tisnnas ycuida,todc u11a mun,·r,1 co11fortable, ventajas tOdlls qu,•1 o t,, lrnbier,, podido proporcionar
su mediocn~ r,,r1um1 µ .. rson11L
En lugar, ¡.111e , rt • n111t l'"no~a pobreza final,
podría bttstll. l.1 mi1ttrc~ gozar dt!l lujo A que estaba h~ hllU!1do .r tp1~ i;.., ¡,. h ,bfa becho tlUl necesario como el 11.ire r-.:s¡Jir.tl.,lc.

l!I

Con estos pensamientos, hacía gR.la de profesar
á la sell.ora Le Clercq una gran estimación, In ad-

miraba y ponderabll In fonunn que su hijP. babia
logrndo de ser admitida. á vivir con una persona.
tau perfectll bajo todos los puntos de vista en que
se la quisiera considerar. Y cuando la seflora Le
Clercq lti escribió invitándolo A pasar algún tiempo en Uontpazier, l!Ceptó con apresuramiento,
l&gt;Unque esta perspectiva no tuera muy ocasionada
á divertirse y aunque sus prPparativos estuvieran
hechos ya para el viaje A Escocia. Era el Doctor
uoo de esos seres inteligentes que una vez tomado un partido eceptan las contrariedades que sobrevengan con J.l. mejor grncia del mundo, y sabia t11stidiarse cuando erii necesario y sacrificnr
.el placer inmediato A W'a ventaja duradera y positiva.
Llegó 1 Mont¡:&gt;azier dos tlias después del regreso de su hija &amp;in sospechar que su viaje había servido para bileer regresa1 ul nido los dos pajarillos que andaban ruvolando libres y dich.osos y
cuya rebelión se .temía.
La sel"lora Le Clercq acoJió i\ su n11era con la.
sonrisa amable de mejores días y le manifestó
una solicitud sumamente a r.:ctuosa diciéndole que
lament¡•ba haberse visto oullghda ,\ interrumpir
un viaje tan agradable y pro1ue1iéndole en compens11ción para la estación próxima un Yiaje .í.
Italia cuyos gastos ella erogaría y en el que ¡naturalmente! los iba 1\ acompaf111r.
La sci1ora Le Olercq h11 bfa II provechado ll\ corta ausencia de au nuera para hacer eambi11r el
mobiliario y el decor11.do del gilbinete de tocador
de la.joven que se habfa trA11storm11do en non pieza lujosa colgllda de telas de china en las que ha•
bia golondl'inas r.egras bordadas al realce, y en
la mesa. do tocado!' una g11arnición amplia. y rica
d1: plaLa con cili1is (no nobiliarias) de.MaríaMng-

�21
d11len11. OrD11ban el aposento una gran estatua de
P11iquh 1,-n mfrmol de Cari-ar11 y un diván de los
llamados d1ai;11• l011g11, forr11do de rnso y c11pito•
nendo de oro , lod pléi del cual babia una her·
mo,i:lma piel bl1Lnca de eso polar. Este tocador,
en los de1111les y en el co1•junto, p,u-ecía haber
sido comblnitdo conforme :\ lns fttntásticas des•
cripclone de 101 no,elist11~ por entreg~s y se no•
ta h11. pllr tod-is pnrte la ex111{eraclón del lujo.
Uaríll Magd11lena que tení"' tacto flnu aunque
su guno por lo bello no estuviera perfoctamente
desarrollado, se ~intió herid:t en sus principios
ralllmeDla.rlos de estética, y se acordó de que en
otro tiemo hllbia visto un tocador por el estilo de
este en casa de una Amiga dll su p11dre, una baro•
nesa rusa lle coat"umbre~ excéntricas y qne tcnfl\
todos los tainados de una d1vR de teatro de tcrct.-r
orden.
En PI acto se le vino á la im11ginación :a figura
de ,.quelh, hl\rone a ens:\yando t-ftctoa plbticos
y po~rnrns fdinas en ut,a rhai~e l1mg11e de el mis1110 coll)r y co11 botones de oro igualmente, te•
niendo entre lo brnzos mórbidos blancos y desundos u11 P"'rrillo microscópico, en la mano un
patluelo de !llo iwo enc,1je y ea el regazo c11jitas
de dulces mlentr11s que ,obre la alfombra entreabierto y ab1Lodou11do r,¡pos11ba un libro de verso~
erótico .
}:;sll\ visión le bahill quedado fijll en la memo •
ria y la hl .-a lle p11rccer,e .í u ua mujl'r Rsf le de•
,;ag-racló, pues por mu I c11ro~ que hubieran costado los objeto~ 1111( r.-unido . el toc,dor resultaba
todo lo lujoso q,ie se 4ui.1erR, pero més apropó~i10 par11 unu elt'g11nte t!Utn,tt:111da que para uuae••
pos11 dlscrett1.
)[11ri,, )[11g-dalen11 sln1ió verdadera 811tisfacción
111 vol\•er A ver d su p11dre, pues pensaha que él,
diplomAtlco t,Util, podía IIC/150 moditiClll' el t, rado
de cos11s qne 1,, rodellbll y 1ltl~t11 se 1ttrev1ó á contar co11 él p11ril e~te objeto i;111 ref1ex;onar en ,1ue
el Doctor .-r... un atu• ble egoi~tll que ~ólo se oca•
p11ha de su ¡.,ropio bien.
Lit scnor11 Le lrrc·¡ &amp;e 11¡,oderó de él con mil
¡;r11l:ioeu frases y le hizo pic;ar muchos dLis ver•
d11d.-r11me11te crueles presentil nd,,lo A h,s damas pa•
tronas ,Je las di\·ers,1 ocledades v obrc1s de beneíicenci11 que ella pre idía. Y era p,r_,. la viej1t ml1:ouaria uo po ·itivo triunfo p11sear 111 Doctor en
visitas ofici11.lcs, eseolt, da por el E~cado ll11yor
,le las m11s venl'rnbies dam11s de la p3rroqula. lt.
tr;1'1'é3 de 10 - ho piLRle;;, orf,1.1111tarlos y hilos
que esmban A su c liclado.
El lntdiz de .Bois • llint )[,\rcel tuvo que nbistir
(1 la fíe u1s dada en honor suyo: !íe~tRs iufl\ntiles en la que c,cuAlidu:1 r1e11Rcuejos recltnb11n en
eoro &lt;1on u• a des11finación llignll de ,1u,1lquier
tea1ro de funciones por t1111d1t~ y de.rn11 ban en
proce.i~n delante de él.
::,e vió c?JU0 era de rig-or en 111 neccsi.!ad de dar
conijejoa sobre la 111imentaclón de los uin.os en la
primer edad, indicar los medio mejores para la
esterilización de la leche, y sttlalar l,1higiene qne
e debla seguir en l11s epidemiR de tosfcrin11 .• e
le ensel!ab-in, roetléodo clos por los ojos, l,d,,'s
enfermos, éticos, escroC11losob que viví •n de milagro y 1\ los cu11le~ habfo 1¡ue examiuar, pNlpar
y au,culu1r on unos depar1amentos en que apesar
del empeflo que se notaba por con erv11.rlos lim·
pio I rtilnaba un olor nan eabundo lt. medicinas,
leche v .... otras cosas!
Al Doctor le co taba mucho trabajo guardar
una aeütud amable; y cuando se le plldian recetas para esos abortos de la mlscria ó el vicio, que
tenían la sangre descom¡,uesta y el aspecto 1e•
pul&amp;i vo, sentía vivos de gritar:
- 11erpo lle Cristo! arrójenlos al rio, todos, y
11 s1 se economizarAn al ruundo machas mifterias "f
muchos peligros. Esa sí que serla devera una
buena obra en lug. r de obstinarse en salvar vidas
miserables y cri .. r candidatos para el pre ldio y
la prostitución.
Durante estas vlsitu t\ 1119 que su 11egra la obligaba á asi tlr, l!Mria Magdalena seutfa la misma
repulsión qne su padre.
En muchas mujeres, el amor 1\ la infancia en el
sentido lato de la frase no existe ó es sumamente
vago. Tal mujer que adoraría lt. au hijo aún en•
fermo y sufriente, sentirá bncia los nl:11.os agenos
mal sanos ó sucios, una repuJ ión invencible. 1:~n
esta atmósfer1l apestosa, María Magdalena se lle•
vaba frecuentemente A la nariz el palluelo empa•
pado de esencia de violetas y recogía sus ropas,
estrecbAndostl cuanto podía temiendo qne se im•
pregnaran de cuanto por allf abundaba, y deses-

per11da como una gata que habiendo caldo en el
lodo no sabe por donde empezar su asco.
Al salir de una esas se iones el Docu,r, vl'rdadtramente fatigado, tomó el brazo de .u bija y
le dij&lt;&gt;:
-Chica, vamo juntos ,un rato.
L, setlora Le Clercq, ocupllda en d11r órdenes
y tomar notas en compatlla de sns colegas, seha•
bftl quPdado dlstrafd11mente en el orfiln1\torio,
Di:&amp;de que el Doctor e taba en l\Iontpaz1er, era
la primera vez que por una casu111idad los dej11ban liOlos; el Doctor ni remotamente peusó en
provoc"r una confidencia de su hija, pues como
era rica, rodPad. de las princl¡,ales gentes do la
clud11d y ocupando el primer rango entre ellas,
con~ideraba qllfl no podfa dejar dti ser plenamente feliz.
-Tu suegra es una mujer Inmejorable .••...
IarlR )l,.gd11 li:nll no respondió mi\s que con una
mueCJ\ dt! burla.
-Buena, c,,mplsciente, llena de 11tenciones pau contigo. ¿S11bes que be que:iado sorprlludido
al ver lns comodidade:1 que hay en su Cisa? ....
ea decir, en la C11s11 de usledes ..... Lojo un poco
pe ado, pero só ido, genuino, clerlo .. e ve que su
fortun11 no es de e as como he vhlo tanta,, frági•
lt&gt;s como los llougos, que al primer \ent11rrón desapnrecen 1,in d,•jtr ni la hueJIA; que vieuen pronto
y coo la mi m,1 ¡.,ris11 se vitn. Oh! chlquills¡ qué
bi1rn te casé! L:uly llrlgg me hablaba de ti el otro
dla y te compndecfa por haber venido á provincill y ('.n urnto que hacia sus aspavientos ele l,\súma ,1 4ue firmuha pagaré~, lo c:ial e,; prneb11. de
que e es1¡\ hundiendo.
M11ri,\ )lngd;denaescuchaba di,traídamente esa
verbo,ldatl r conJucla A su padre hacia la rivera
del rlo que, sucio y cenagoso &amp;traviesa el barrio
de lo obreros: calles sombrlas formada por
c.,sas 11lt11s, órdida , de v1::nt11nas sin conin11a, de
puertas repugnllntes en 111s c11!lles se amontonabJ\
lll chiquillería harapienta, retozando con gritos
penetrantes.
-&lt;Jué esp11nto~o ropnl icho . murmuró el Doctor. lle aquí el único lado de 11gr dable de esta
ciud11d; !'bte montón de gentes r ,mé,iMs y snci11s.
El palacio de ta. suegr11 está situ-tdo 11dmirablc•
mente; el judío e bellísimo y el iuverondero de
l.iB c11meltll lnmt'jorable. Oh! te c,1&amp;é muy bien ...
perfectamente bien.
Y i;e gozt1b11 en 11u obra de un modo ,an ingé•
nuo, y í!6 mo trab:i. tan contento de haber &amp;ido
11unque Cuer11 en eso, un buen padre, que )!arfa
)lngdalen~ no se atrevin A decir n11da toda.vis. El
Doctor al!adió:
- . ·o me 11rro?plento rle haber venido, é pesnr de
lo 4uti me fastidi,tn la i•1stitucíones de caridsd,
pue esto Y enc¡1nt1tdo obsen•anllo por mis propios
ojos lo Miz que ere,i tú. Ib.t a partir p111•n E co
cía oua11,lo ri-cibl la carta de 11. enora Le Clercq.
Ya iré cu11ndo termine la vblta que hago A )lont·
p11zier. Clt1verho\He ¿te acuerdui' aquel qne te
bacín la corte y que pregonab1 que eras muy lln•
d11, es quien me ha lovitAdo y in11 reaniré con él
dentro de do ,emanas. Cazaremos y pescaremos
A sati r,cclón. Debi11 yo h11b,r hecho el viaje con
Le1111dry, el barón Carlos Leandry que toca el
vlolio y cuya mujer da fíe ·t11s en que se reune el
gran munuo p11rbiense, pero ¿ abes qué pa ó?
¡,ues que lo cogieron h11cieodo trampas Pn el
bacrnrat y le 11rmar n un lío tremendo. 1Pobre
muchacho, tan agredab!e y lleno de cnalldade !
Por apuesto fué e.·pulsado del Jockey y su mujer estA desolada. Es de una bm1lla honorab!e y
todo ti dinero de su dote desapar.. cló. Hnbo se•
parllción lle bienes y de cuerpos, pues aunque un
poco t11rde, pero , e vino A debcubrir que el barón
Carlos Leaudry no era ni Leandry ni Carlos ni
barón sino un antiguo profe or de phrno que ha
rodalloun pocopon•&gt;d&amp;s partf':s1 Viena, MilAn, San
Peter~burgo, y que se l111maba 131lnvit lt. secas,
simple y senc!llamente. Eso si que deveras es espanto.o! Yo te casé mejor; ya lo creo que te casé
mejor! llírt', tú A lo que se exponen 111s jóvene
que ee casan con deaconocldos ...... Bueno, pues
A causa de es desventurada a,·entul'a m veo en
la necesidad de hacer el viaje olo. ¡Pobre de
Leandryl ¿En qué lodazal se va A hundir? Deve•
rss que me d&lt;1. pena. Ab! lle visto ya t1111las cosas . . 1 y tiene uno que acabar por voherse
desconfiado.
·Maria lsgdalena se acordaba de haber ido va•
rías vece é. las recepciones de la casa de Lean•
dry, de haber salido en carruaje A pasear con la
barone11&amp;, de haber visto en el circulo que la fre•
cuentaba1 muchos que tenlan aspecto muy seme•

jante al do Carlos y pensó que muy bien pudo
suceder que el11l hubiera resultado mujer de uno
de esos aventureros Era pues para ell,1 una dicha haber tropezado con Roberto, haberle sgra•
dado y que él la hubiera hPeho s11llr de 11quel m,idio donde siempre e.;t11ba expuesta A promi:cuidades enojosas y lll dlsg11sto de ver figurar en la
Gcu:i:ta de lo, Tribunali:a de hov, el nombre del
amigo de arer, condenado por ést1f4 ó robo y encerrado en 111. cárcel ue Poissy .... Pero ..... ¿no
b bría medios para adquirir algo de libertad,
el derecho de vivir en su casa y obrar por s[
mlemA?
El Doctor y su bijR hablan salido de IR ciudl\d
y aegalan un camino polvoroao, sembrado de Ar
boles en los dos l11dos, CBmlno que recto delante
de ellos su perdis én el horizontJ. A su derecha
ao veían las cimas redondeada , y los m11.ci os de
ua bosqu• cilio de SRbinos y de ha) a, que forma
ban un bello umbrío.
Se dirigieron )Jl•r este lado y M11rfa l\1agdalenl\
11rmá11dose de valor, dijo con la voz un poco Lré•
ruula:
-Al mennij l,l sel'1or11. Leandrv rué feliz dw·ante algunos 11ñ ,s, viviendo la vida Que era de u
agrado.
-Bahl replicó el Doctor. ·na vida engaf\osa,
llenll do placer que r,tti!{a v emp11laga. Yo mi roo,
aquí donde me ves, e,1oy has1i.,do y decidido 1\
recir11rme ..•. dentro de algunos anos y A procu•
rarme otros medio , otros amigos y otro modn de
ser. ¡Vay11! me vendré A vivir 111¡uí. LI\ ciudad no
e antipática y puede uno formarseen ella cierto nú•
mero de relaciones agradables )" seguras .• • 1'~ o
yaes algo. Si vler!IS? )le siento un poco humilllldo
cuando A algnnus de mis 11mig&lt;'b le ocnrre ona
aventura por el e tilo de la de Carlos: p~rrce que
algo me toca de su culpa, mientra que 11q11i nttd
hay que tenwr. EHor ene ntado de que te h11,·I\
form,1do una sociedad de persona roá~ sé• ias
que 111s qne conocigte en Pttri3.
Entonces ~larla 111lgdulen,, vlt-ndo que su padre no d11ba rraws de cr,mprenderla, dijo cor, t'll•
tooacióa re uelw:
-Pue yo me fastidio, me f,1&amp;tidlo extremadalll"ntc!
El doctor la contempló espantado y notó en u
c~ra una 1::xpresfón de obstinada qull ya Je conocía por habérsela vi3to annqne rua veces, en
los casos en que habla tenido 1 él, todo un hombro, que ceder A la ,·oluntad de u hij11.
-¡(;óruol Qae te f,utldlas? B·o es una nilieria.
I&lt;;n muy poco tiempo te acoijtumbr rás ¡\ 1st vida
tranquila y grata de :Montpazier. Por otra parte
no hay mucho qne lamentar la ausenci&gt;\ de l'Mi
en donde ahora no te divertirlas ya. La m11vor
p111·te de tus 11migos hAn partidc,: la Conde~ Cs -..
ka se foé A I◄'lorencia, Lady Brl¡;gs va A regre, ar
,\ Londres bu ·endn de su,i acreedore,, Lidi 1
K11.ur11nina estA en Siria Pn compaflia de la lnc11
Condes,l Adal!fieri y la pobre Bnronesa Leaodr\"
qUt! se ha YDclto fllstiálosf ima, se pasa l,1 vict~
entre Jueces y abogados. No, no; deYeras que 110
te dh•crtlrfns.
-Pero si 110 e :\[on1pazier lo que me fRsti,l"
dijo 111 Joven 11acudiendo su cl¼beclta rubi11.
'
-¿1.,lué es entonces? Supongo que no bt:rt't tu
marido .•.... L11n pronto!
-Xo:es mi UPgra.
Vi! un bastonazo el Doctor dividió por mitad
el mlls cerc~no r más erguido ababol de lo~ que
crecl~n junto A una z11.nj&gt;t.
-Cn~rpo de Cristo! Habría ro debido prever que
dos mu¡eres no pueden vivir juntas en pa2.l Con·
&amp;idera que tu suegrl\ es 111111 dama excelente.
-CA .... 1 es sencillamente insoportable.
-Te colma de obsequios.
-Y me reduce A una tutela 11troz: no estoy n
mi c~sa sino en h. s_ttya, no se me toma en cut'n
ta para ~ada, se me ?Prime y se me reg,1ftll pc,r
todo; mis gu.stos, 1111s sentimientos mis de t&gt;l'S
son criticados, analiz11dos, corregid~&amp;. L11 bond11d
de la seliora Le Clercq me abruma: no quiero Yn
mAs obsequios suyos ni más amabilidades suy·n$
¡quiero ser dnetla de mi misma!
•
.Maria Magjalena díjo todo esto con excrcm11clll
violenc.ia y el Doctor, 11terrad:&gt;, tenla la racha de
un hombre que 11cabt1 de poner el ple en un Jn1.o
r ha sido cogido do und. manera de!lagr11dablt&gt;.
Se abrfa delante de su ojos todo un crdon du
sucesos que ni slquif1ra había so:pechado y Pll'·
guntó maquinalmente:
,
-¿Y Roberto?
,
Roberto está en su gabinete ó en su tribon11•
les: oo es un marido, sino un hombre de negocios.

Yo no he tenido oportunidad de conservarlo A
tnl lado IDA• que una semana, y la sen.ora Le
-Clereq se apresuró A abreviar ese tiempo. Por
otra parte, Roberto es un hijo mny respetuoso
&lt;tUe encuentra como muy natural que yo me somet~ en todo é. su madre. . . . . . pue1 como soy
tan ¡oven)
El Doctor habla. dejado el brazo de sn hija y
peréndose en trente de ella la cuntemplaba an•
ioao.
Se habflln detenido en el bosque en medio de
un sendero tapizado de musgo.
-Veamos, veamos, dijo con tono firme. Tú es•
tlls nerviosa y lo comprendo, pues J vista de ese
~rlmatorio os _de tal naturaleza. qne puede pro•
,_ocar nna crL1 en personas delicadas como tú.
~ o mismo no me _siento mny bien. Tan pronto
como llegues A casita, te tomas diez gotas de éter
~n un vaso de agua azucarada.
-?o es que esté yo eorerma: es que soy desgra1cíRda, replicó Muria M11gdalena, y te ruego,
pM,rc mfo, que no tomes el asunto en broma. La
~eJ1oi:a I,e Clercq, te lo aso1nro, por excelente é
rnmc¡orable ..¡ue te In figures, me oprime de UD
modo nbsoluto. [e ha procurado escenas desagrada bles consecutivas de toda especie, rlnéndome como ~ nna chicuela 11110 en presencia de extran.o . )f1rtt: escribe le A Lucia Hartley q ne vino
11qu1 durante algnnos dit1s; pregúntnle su opinión
y nri\S lo que te dice.
-Lucia llllrtley es unR original, una descllbe•
.z11da.
-Oh! no siempre la has juzgado asi.
1::1 Doctor hizo un gesto de impaciencia.
-Buano! ¿y qué quieres que haga,
amiguita mía? Te bas c.u1ado con un
hombrn inteligente y rico que te ama mil·
cho, y no veo que tenga por qué quej irte. ¿Dices que la suegra te es sumamente desagradable? Es que no h , aabido congeniar con ella. Sé dulce y obe•
diente, pliégate i\ sus exlgenciu; eres
bastante fina y astutll y puedes eoeoatrar el medio de caplarte sus benevolen•
cías y vivir A tu capricho. ¡Qné diablo!
E.s necesario darse una que otra pena
también para ganar la felicidad. ¿Te imaginas acaso que la dicha completa viene
so]a, sin trab11jarla y sin hscer algo para
que llegue? No me has visto A mí, que
soy ante el mundo el modelo de los hom•
bres tolices, lleno de enojos, inquietudes
y contrariedades? Ta su.egra es buena y
te ama mucho; precisamente esta ma!u1.•
na me lo estaba diciendo. ¿Que es uo po•
co autoritar,,1? AgUAntala, ¡.,uesto que su
unic? móvil es hAcerte feliz. Tú no tienes
1nAs tarea que dejar que ruede el mundo
11in preocuparte ni elqu.iera del manejo
de lll eua que tantos disgus1os ocasiona.
-~ra gozas de un hogar lujoso en el cual
iodo marcha admirablemente: criados
mny bien educ1tdos, hermosos caballos, carruajes cr.nfortablea, trajes elegantísimos; tienes senalados dílll de recepoión, y das comidas maravillosas sin tener el tr1tbajo de meterte en or•
.ganizar nada. ¡Y te quejlls todavía! Mitría Magdalena, erea una ingratnl Ta coodncta me re•
-cuerda al gran Vizcu11de deConchalries quien me
-&lt;'&amp;taba diciendo en días pas11dos que ..... .
-Plldre mio, e preciso qne pidas A la seliora
Le Clercq qu.e nos deje vlviJ• en nae,11ra casa A
Roberto y A mí.
El Doct-0r 111. contempló petrUic1tdo.
-¡Yo ..... .! ¿que yo le ...... ? Ah1 no, no: no
-cuentes conmigo para e8"S cosas. Yo no memez•
• -clo en lo que no me concierne.
-Qómol ¿mi dicha ó mi Infortunio no te conciernen? preguntó la joven.
)!;J Doctor, • pesar de au indiferencia ordinaria, se disgustó eon eu Indignación veheml!nte
que e tall1l en los egoist11s cuando defienden au
tranquilidad.
-Tu dicha, tu deagracial lle aquí nnas pala•
bras llltisonllntes sin objeto, exclamó. No me ven•
g.-1a con trdgedlas ni con f11ramallae. Por unas
~u1111tss querel1111 femenile , flitile y sir. traacen•
dencia, te entr ...gaa al despecho y hasta te veo en
camino, si no te vue!Yo al orden, de echar por un
vol11dero el gran porvenir que te be preparado
tan laboriosamente. Pero no creits que te voy A
n~ udar ni uu poco en esa locura. Xo, querida
tnia. Dej11r de 'l'irir en cua de ta suegra? En qué
pienslls? Y con qué 1ubsistiri11n ustedes! Hoberto no e té. en condiciones delndependerae. Cuán•
to gana? Estoy seguro do que no llega A seis mil

francos. Y qué barias tú con esa suma que es in•
ferlor á la que gasta aboraen trajes y diversiones.
Pronto te cansarlas de esa honesta mediocridad
que es la peor de las posiciones sociales. Una
mujer acoatumbrada lt. satisfacer sus caprichos, A
ser s_ervida adulada. cuidada; ti vivir bajo el pié
de cmcuenta mil trancos anuales y que se verfa
reducida al papel de una burguealra nece lt11da ...
¿_Quó? ¿Irías al MerC11do, conteceion11riaa tus vestidos y remendarlas los c11lcetines de tn marido?
V,1ya! Va:val Me he encolerizado y he hecho muy
mal. Debla haberme refdo de tí qui' has Mido en
un acceso de inocenta.da. Ya te vcrfae á pesar
de tu dicha y d I tn ca a en la nece11ldad de venir
antes de dos meses A Implorar 111 gracia de tu
suegra yeso siqueserl11 humillante. Es mejor quedarte como estás que salir de In ca a para tener
lnego la vergltenza de pellir humildemente que se
te reciba tJtra vez.
Carf. ~[agdalenll, durante esta larga fillpica
habla permanec1do con la cabeza inclinada, al
ob ervarla el Doctor notó qne estaba llorando.
-lueno, díjo muy enojado: no faltaba mA, que
esto. Ya abe, que me e· impo ibie ver llorar á
una mnjer y te ruego que te reprimas y con ide,
re qun debías ahorr11rme escenas lle ese género.
Lnugo tomó lll mano de i;u hij11, se In colocó en
el brazo y se pu o á ndar en lllrección á la ciudad.
- . ·ad&amp; de lagrimitRS en la calle. ¿Estamos? Y
en cuanto A la m11rcha que querías bacermo seguir, no hay quti contRr conmigo que no soy ca•

paz de hacerte tan f111co serv:clo. Seria. la última
d las inconveniencias de parte mfa atreverme A
tratar de semejantes asuntos con tu suegra y ya
que no puedes vivir !lin su 1ocorro confórmate y
acepta_ sn p~e,encía. A ti te corresponde ver có•
mo te 10gen1&amp;s para hacer la situación mAs lleva-

dera.
!faría Magdalena, exaltad11, conducida al último extremo, dijo contenléodoae todavía y parAn•
dose frente A su padre.
-EstA bien. liaré cuanto pueda. Pero en el caso de q11e me resu,te deflnillvamente lm¡,osible
entenderme con mi BDegra ¿me recibirlt. usted en
BU CaBa?

De Hois Saint Marce) se mordió los labios
V
•
-¡ aya con esa pregunttt t11n lnconvenientel
Esta chiquilla habla de aepararae de su marido
como de la. co,a mAs natural del mundo ..•.
-l!eapóudame usted, padre mfo.
- . o debo ocuparme de semejante eventualidad.
Maria fagdalena palideció.
-Ya no me queda pues en el mundo un rincón
que pueda llamar mi caaa.. . . .
-lbgdalena, hijita, dijo el Doctor un poco con•
movido, no me repre&amp;untes el quJnto acto del dra•
ma porque aún no le llega su oportunidad. te eatlle fastidiando, chiquilla. Por Cristo! si vo te viera algún dla sin pan ni lecho, de fijo que no te
había de dejar en medio de la calle.
{aria M11gdalena abrazó y besó :, su padre.
-P~ro, agregó ésto otra vez temeroso de com•
pllca_c1ones y abogando su enternecimiento, yono
consiento en prever ni admitir aemejante even-

tualidad. Yo no q11ier&gt; meterme en nada y te
conjuro A no perder de lu propia voluntad nna
slt~aclón brillante por solo un capricho estúpido,
DeJar A tu marido) Roberto no tiene cara de di§.
bil Y seria capaz de no volver ni tl pensar en tí
¿Y quiéres decirme qué barra, en ese caso y
encuentras envidiable lll posición de una. mujereparada de aue,poso? ~•o: bast.., Yll do tonteriaa
de esta especie. Si ese pobre de ·Roberto oyera
bablKr 11af 1 sn mujer ít los tre meses de ca1&amp;.dal

ai

La senor11 Le Clercq desde la llegada del Doctor se manifestaba más dulcemenui amable que
nunca, pues presentía un apoyo en este hombre
encantador y no partld11rio seguro. Maria I fag.
dKlena vela qne su padre se le oscapaba 1 pues éste
para demos rsrle muy claro qne no se prestaba
A sostener su c-1us11 ni aceptaba sus rebeliones,
afectaba un consideración e.·agcrttda hacia la.
suegra Y le prodigaba descripciones y retratos
muy á lo vivo, bamori~ticl)S y traviesos obre la
socied.aci de que estaba rodeado en Parí 1. El asun•
to era inagcu,hle y Vt:rtlader11mente que ai el Doc•
tor hubiera estftdo picado de li1 11r111ln liter11ria,
h11brla encontrado en su, recuerdos materia para
numeros,1s novelas cómicua ó lügubrc11 pero todas
d •I ,:téncro realista.
En 881\S convPrs11cíoncs de la velnd,1 durante
111s cuales do Boi¡¡ de Saint Marce! se divi:r1(,\ e1
desplegar ante su complncietll I a11di1orlo.!odos 10 ,
recursos de una verba rAcil, cnanto tipoi; extra.
nos, curioso,¡, incrdbl es para I,'\ 11el'1ora
Le Clercq y para su hijo, de filabnn como
en una especie de linterna magical
Prlncipe val11coR, m11rqne ·es Italianos, cant11lric s euccus, barone as polacas, prince~as rus11s, bailarinaseapaJiolas
todas las n11cion11lídades, todns las varie'.
dadea del cosmopolitismo, de la intriga,
d~ la cacería en pos del placer y del
dinero, pero todn gentes divertidas, la.
ma)'.or parte de t,ilento, intercs11ntea por
s~ nda plntorescameoie bohemia¡ pu.essl
bien entre aquel concierto de nomb~s rot11mbautes ha bia algunas rel!lidades de fortuna ó do posición, la mayor parte eran
ventureros o tentadores de títulos suplantados, vividoreí! que despu~s de un
perio~o de esplendo'. desaparecían por
escotillón para hund1rse en el cieno.
Roberto que al principio hallaba placer
en estos relat.,, del Doctor, acabó por
preocuparse y oirlos con verdadera con•
trariectad. ¡Pues qué! ... ¿Este era el medio !'ocia! en que babia vi~ldo Maria Magdalena antes de su maLrimonioí' ¿Quécla•
se de amistlldes podrfa haber adquirido
en Remejante sociedad? De seguro que
todas por el ei;tilo de la Condesa Csyskla
nna especie de loca inficc.ionada de espi:
rítismo que garrapateaba rtfculos Insensatos en revistas llamadas El e.coda la t11ml&gt;a y la
lózdtm.fa alld, una es.lava quetomabaA Joaer1o
las mAs asombrosas revelaciones do los 11iediu&gt;na
charlatanes espantándose ella misma de sos ... ropios escritos.
"'
Y Lidia Konranine? Esa era una rll.8 queateotnba llevar los cabellos cortos y traje yaronll y
constitul11 un espéclmeu de esa rau nue,·a brota•
da hace poco: la de la mujer exploradora. Lidia,
que babia visto mncbo, refería con aplomo de m&amp;·
riuero y sin parp.tdear, las particularidades mAs
curiosas de los pueblos salvajes que tenla viaita•
dos en el curso de sus v1aJes¡ babia hecho esmdloede medicina, fumaba cigarrillos, escribía para
las RJvistas Cientifieas ~in retroceder anteningún
detalle de las costumbres y parcela mAI b!en un
eatudiante despreocupado que una mujer jo•
ven.
¿í la coudesa Adalgierl? Una neurótica do otro
gónero que e hallaba en situación curiosa se1
parada de uu marido 111 que nadie conoula y bns•
caba ~lstr.a&lt;::ciones á su hsstio, hoy partiendo
con Kouran1na para 111 explornclón de lll $yria
maftana enJayando uo11 composición mnslcal par~
cnntllrla en funciones de beneficencia..
¿Y Lady Briggs.il Perseguida por todas partes,
como llecía el Doctor, habiendo contrai,lo deudlUI. Y sembrado tantos acrecdorea en todaa lrui
c~p1tale · de Europa, ya no sabia adonde dlri•
g1r sus pa os y ae verill obligada antes de mucho
tiempo por cuestión de seguridad personal A lanzarse por esos paise~ del Oriente en los que Kouranlna y la condesa italiana andaban paseando sa
curiosidad.

�EL OBSTÁCULO.

"EL lfUNl)O rt,tJSTRADO"

En verdad que semejante serie de figuras no
era para tranquiliMr á nadie: 6 Maria Magdalena
no tenía una sola 11miga, lo cual era enteramente
inveroPímil, 6 se babia.ligado con aquellas mujeres
desequilibradas.
Concurrió á las sesiones de espirili&amp;mo y de
fakirismo, acompaff.ó A la condesa A 101 talleres
de arústas bobos que creian pintar almaF, oyó
las confdrencias de Kouranina y fumó con ella
ciganillos de opio.
De fijo que frecuentó é todas esas mujeres excluidas de Ja buen11 sociedad, desviadas del buen
camino, y dt-bla encon1rar muy naturales, acciones qne .\. 'Roberto y A cualquiera otra persona
educada en untt atmósfera. tranquila y familiar,
hubiesen par~cido inverof:imiles y re¡;rensibles.
El Doctor nunca pndo imagir.arae qué golpe
tan rudo habíadado A )a confiada ternura qu1:Roberto sentía por su mujer.
Era cferto que si Maria1tfagdalena atravesó por
ese lodazal no le había quedado ninguna mancha.
visible pues parecía sencilla, buena y encAntadora, pero ¿oc sería esta apariencia el resultado de
M.bitos edoc11tlos exprofeso y uu sentimiento de astucia bien desarrollado?
Por primera vez le vino á. Roberto la idea de
que su mujer no era tal vez una nifta capaz de
preocnparse solamente por las frivolidades del
momento, y se exsjeró con provinciana estrechez
de espíritu las fesldadeR del mundo descrito por
el Doctor y la ir.f1uencia que es~ medio pudo
ejerctir sobre ?t!Aría :Magdalena. No por eso sintió
disminuirse su nmor, oero entró en desccnfianza
pens¡¡ndo que babia sido una imprudencia busc;ir
mujer en un centro al cual babia sido llevado de
casualidad y que no cono oía mAs que por encima.
Desde luego admitía que la joven estaba fuera
de comparación con las desequilibradas 11. quienes babia conocido, pero se diju que era necesario guiarla con mano firme, pues habiendo tenido
una. pdmera educación de esa clase, deberfs casi
desconocer ePos principios aólidos en que se basan
la ,honorabilidad y la rectitud, y por último, que
era una gran follcldad p1:1ra ella, haber caído
bajo la experta dirección de la seff.ora Le Clercq.
Muy bitin se había apercibido Roberto de que
su mujer e.itaba cansada ya de que se ejerciera
• vigilancia sobre todos Stl.8 actos y hasta babia
pensado en que su medre abusaba un pr,co, pero
ahora se declaraba que todo era para bien y que
no tC1leraría que María Magdalena quisiera sacudir
ese yugo que era tan necesario.
En cuanto A Ja eefl.ora Le Clercq, halló en esos
cuentos verdadero plaeer no solamente por Ja
verba animada del narr11dor, sino porque á ella
también las consecuencias de esas revelaciones
se le presentaron con mucha precisión. Si: en )a
actitud de eu hijo preocupado comprendió la la•
bor que se efectuaba en su espíritu y que la influencia qne ella ejercía sobre su nuera se había
robustecido.
Magdalena no quedaba pues con esperanza algw¡a de encontrar apoyo para la defensa de BtlS
derechos, ni en su marido que ya estaba desconfiado,ni en su padre que hablaba muy rrecnentemente de los encantos de la vida de provincia y
de sus deseos de reposar algunos allos, que lainteligentevieja eco jia con entuei&lt;1smo aparen i.e co.mprendiendo bien que la esperanza de ese egoieta
era construir su nido allí donde la viJa le resultaba dulce y fAcll.
La seftora Le Clercq declaraba. que su huésped
era un hombre seductor, lo colmaba de atenciones y abrumaba con elogios de él A Maria Mag•
dalena. En estas circunstancias consideró que el
momento era favorable pa1 a un golpe de estado .
que tenia en proyecto desde dias anteriores: despedir a. Ja impertinente criada deMaria Magdalena, (l. esl$ Estela que la desafiaba con sus sonrisas y su po.litfoa burlona y que se babia gozado
en su desco-.:.cierto el dia en que por la primera.
vez sus hijos habían querido rebelarse contra
ell1t,
La vif'ja no era malvada y se formaba solamente este ideai de dichll: una vida lujosa, hijos
sumisos, un público admirador de su generosidad y ella reinando sobre todo ese pueblo como
un soberano benéfico que reparte A manos llenlts
la fortuna y loe beneficios . .Al querer apc,derarse
de María l\lagdalena no proyectaba oprimirla, sino por el contr11rio la cnlmaria de presentes y la
haría la mujer más envidiada de l&amp; ciudad; y no
Je exigía en cambio más que este peque.no sacri-

ficio muy natural: la abdicación de en voluntad.
Habiendo pedido 6 Maria Magdalena que le enviara A Estela pera el ser"lcio de la mesa, Este·
la entró en funcione11. El criado que anterJormente estaba encargado de eso, enfermó y se retiró 1\
sn caea á curarse. Estela era diestra y tenía el
desparpajo y Ji~ vivacidad de las parisienses de
sangre pu.ra.

La sellora Le Clercq, durante varios diae le estuvo dando sus órdenes de un modo altivo y seco
&amp; propósito para exasper11r A la pobre mucba~ha
acostumbrada. al trato dulce de Maria Magdalena.
Una tarde, antes de la hora de comer, la sellora Le Clercq se puso a. criticar el peinado de Estela, peinado arreglado eón los cabellos rizados,
ondulantes, atravesados por alfileres dorados, y
ac.ibó por intimarle la orden de ponerse para servir Ja mesa una eofin. blanca de algodón mAe propia de una persona. de su condición y de su clase.
-Siempre me be peinado a ..f, y mi se:llora no
me ha hecho observación 11lgana, dijo Estela acentuando las palabra, •mi sellara.~
-Cuando usted estaba en casa del Doctor de
Bois S1:1int Marcel obraría usted en el sentido que
fuera del agrado de mi nuera, pero ahora qa.e esta. usted A mi servicio tiene que obedecerme.
Despué" de haber dichoestaepalabrns con ademé.o altivo, la setl.ora Le Cler!q aalió de su casa
y subió en nn coch~ que la estaba esperando pa•
ra ir A buscar A eu nuera A la casa de la sell.ora,
de La Palliere y llevarle t\ una ceremonia solemne
cuya sola perspectiva era aterradora para María
Magda'ena. Se trataba de una sesión ñe Ji\ Sociedad de Arqueología. de la que era presidente el
honorable se.lior Magnan, quien iba á dar pública
lectura A su memoria sobre la h,vandera de Enrique IV.
En casa de la sefl.ora de La Palliere la sefl.ora
Le Clercq encontró no solamente áMag aino tam•
bién al Doctor de Bois Saint Marcel que era un
gran simpatizador de esta dama y se complacfo.
visitandola y tratAndola con discretatamiliaridad.
.- Ella y su muido son dignos de figurar en mi
i.eccióo de amigos, decía frecuentemente A su bija y de seguro que figur1mln ¡ya lo creo! IIart\n
el mi\s gentil matrimonio bohemio que puede uno
figurarse. pero con una bohemia dorada y reluciente, La seff.ora no desea más que una cosa: vivir en París; y con su ct1.riltl de modistilla embadurnadn de blanco de perlas, sus cabellos ensortijados, su amable coquetería, y sus ojos asesinos
podrá ocupar un lngar distinguido en cierta soeied11d que yo me sé. Es b11stante linda v no tiene nada de tonta, Apesar de BU fanatismo por París y sus maneras vulgarcitas. En cu11.nto á. él, su
jovislidad de hombre gordo le da cierta apariencia de figura de porcelanit para adorno de tocador, que encanta. Felizmente su mnjer es de ini•
ciativa y lo elevará, no dudes que lo elevará, y
tan pronto eomo estén en Paris ella comprendert1.
sin mucho ee•uerzo que au blanco de perlas, sus

afeites y su leo guaje convencional deben ser roodificados· se pondrA una aord1na como se bace con
lae eorn;tas y se volverá irresistible. Tiene ojos
para incendiar un .Areóp~go y _se fjercita t11n ~a- ,
llardaruente in ánima ua, volviendo loco A sumarido y al viejo l[aignen y á Darlot qud la mira
con C'jos de Jobo, que basta 1:s capaz de conquietarmu á mf: ay! ayl que ya me siento herido de
grnvedtul. Tiene unas sonrisitas y unos parpadeos que no porque son estudiados dejan de ser
penersos y llrrebatadores, unido todo esto con
una pillería y una. inexperiencia qneenc11prichan.
Maria Magdalena no vela tanto en la senora de
La Palliere y hi consideraba eolam1:nte como unl\.
provinciana menos fastidiosa que las otras, que
le hablaba mucho, le pregun•aba sin cesar multitud de cosas sobre la vida de Pari$ y hacía sabias combinaciones de telas y cintajos para eeLar
elegante A poco costo; adem¡\s, el menaje de su.
casa resaltn ba sobre Ja b11nalidad de todas las demAs que había visto en la población tan correctos
y desgarbados como monótonos.
Correcto, oh! no: no lo era el hogar de los La
P1:11liere ni monótono ni desgarbado, sino original
bajo cierto punto de vista, desde el vestíbulo en
donde G-ei-ard habfa hecho colocar linternas, pantallas, sombrillas de papel japonés y horribles
dios,is africanos tallados en madera de hierro,
hasta el salón donde se confundían en atropellado amontonami~nto sillones daros como masas
de granito, mesitas pintadas de vivos colores, pA•
jaros disecados, ratones de felpa trepando por
las cort;nae, arafl.as srtifici11les tejiendo eu tela en
el mnrco de lo! espejos, una gt·11n profusión de
flores ailvestres, manojos de cardos en las paredes, yerbas diseminadas aquí y alJll. en tarros
sencillos de terracota. pintados por Ger11rd.
Porque Gerard tenia la monomanía de lll pintura: los muros desaparecían bajo sus ensayos
de paisaje y ft1.br1caba enormes cantidades de vasijRs de adorno, pantallas, jarrones y bibeloteacon los qut. perseguía A aos amigos. Era uno de
esos seres temibles de quienes se dice que «saben un poco de cada cosa» y que seria capaz de
hacer una marmita con la zuela de eu:1 zapat-01.
I.a casa estaba llena con las pruebas de eu ingeniosidad, mutlecoe y figurillas de papel plegado ó de cartón de colores, y habi11 pvr donde
quiera tantas cintas y colgajos que aquello parecía un almacén de baratijas. En el piano cb1llón
que estaba eolocado en un Angll1o de lll sala, Gerard que ayudaba de buena voluntad A sn mnjeren las tareas de la recepción, ejecutaba. tremebundos valses, ó cantaba con ella coplas de za1·•
zuela y canciones traviesas capaces de poner eu
toga á la mayor parte de las damas que les visitaban.
Cuando llegó la seftora Le Clercq, la joven
acompaff.ada de su marido detallaba con una vocecilla penetrante y mucha malicia una serenata
de t11n sabido color, que Marfo Magdalena tenia
impulsos de marcharse. El Doetor gozaba que
era una maravilla.
-Eso es encantador, decía, tiene usted justamente la voz que se necesita para estas coeae:
aciduladll, digámoslo así. Y un talento .. . . .Abl
usted haría furor en un teatro de género .... la
canción es lindísima.
La eeilora Le Clercq frunció loa labios.
- On poco .... avanzada., dijo.
-Má.s bien un poco peligrosa, dijo Milg con
una de esas salidas que tanto hacían reír A 1u
marído.
Clara de la Palliére se ofreció para acompattn
d sus amigas ti la sesión y Gerard qu~ iba siempre en pos de su mujer, fué á buscar una cartera. de bojas blancas para tomar apuntes caricaturescos de los arqueólogos miembros de la. sociedad. Por invitación de Clara, :María Magdalena
la acompatló A su tocador donde iba A ponerse
el sombrero y entre tanto el Doctor quedó en 11'
snla con la se1iora Le Clercq y le hizo observar
los lados chuscos, despechugados y sin orden de
la _c asa en que se encontraban.
Mirando el gabinete de tocador Maria Magdalena se dijo que en semej1mte sitio no bab.-fa ella
introducido á nadie. Cortinas desaseadas, una
panoplia Je pipas enrojecidas por el uso, colocada bajo un espejo manchado como piel de tigre;
sillas fatigadas, tan fatigadas qua para sentarse
en ellas se necesit1111 mil prec11nciones á riesgc&gt;
de una caída; cajones entreabiertos en los cna les
se dietingufan en desorden los mt\s disparatados
objetos como guantes viejos, puntes &lt;le encaje,
cintas descoloridas, cajas de cerillas, paquete~

de polvo de arroz y hasta. una nariz de cartón
que Gerard se babia puesto para. el baile del fil.
timo carnaval. Armarios sin cerrar en los q_ue
los montones de telas y de trajes hechos se revolvían con sombreros de modas pasadas y zapatos nuevecitos que fraternizaban con abanicos
de marfil ó de papel y con ramos y guías de flo•
res ar tiliciales.
Clara la PaUlere enteramente a. su gusto en este desorden, charlaba, reía, C8-!ltaba haciendo
ruido como cuatro, mientras se vestía y sin notar
el asombro de Maria Magdalena. Si el Doctor hu•
hiera visto esta habitación hubiera juzgado A Clara más bohe~a aún de lo que se liabía figurado,
con es,l Af1c1ón al abandono• y esa indi!erenci1i
por el desaseo fntimo, por mas que el salón, el
vestibnlo y el comedor estuvieran resplandecieI?tes.
Se llegó al teatro dC'nde debía celebrars1 la
se&amp;ión: ya en el escenario muchos seftores viejos,
de gran levila mal cortada y botinas de pnfto
negro, estaban sentados A los lados del senor
Mnignan el cual tras de una. mesa y con un vaso
de agua al frente leía por Ja décima vez su memoria sobre la lavandera de Enrique IV.
María. MagdaleDA se alegró de haber llevRdo
consigo A Clara la Palliere que Je impediría fastidinrse, pues gozaba ~n oirla burlarse de todos
aquellos rebuscadores de papeluchos viejos y de
todAs las personas q11e se encontraban allí.
Darlot vino también al teatro y estrechando la
mano al Doctor y d Mag les anunciaba que estaba en moment.os de partir para Bretafl.a.
-Tengo, les dijo, vivos deseos de visitar Tregastel que según dijo la sell.orila Hartley es un
pueblecito encantador.
Maria Magdalena. sonrió viendo con gusto ese
deseo que su amigo Dar)ot tenía de aproximarse
&amp; su amjga Lucia.
Tan luego como se abrió 111. sesión, el sellar
M1,igna11 con voz chillona y entusiasmo cómico
leyó un opúsculo de espantosa duración: al principio reinó un respetuoso silencio, pero pronto
ante el vacfo tremendo de la interminable lectura empezaron las convereadones, primero ll. la
sordina y lnego en murmurio continuado que se
alternaba con idas y venidas de los coocurrentee, 11 brir y cerrar de puertas, sillas empujadas,
personas que ae instalaban y visi as que iban de
un logar A otro. Loe colegas del serior Maignao,
eonolientoP1 le escuchaban poco y no despertaron
11fno A su grito final después de tres cuartos de
hora. de lectura. La ceremonia continuó, pues cada uno de aquellos sellores tenla que leer algún
trabajo erudito, traba.jo sobre ilustres desconocidos de loa cuales no babia nadie que hubiera sospechado la existencia, y cada unolde estos sabios
no despertaba sino para leer eu propia obra, después de lCI cual ae dormía de nuevu 6 se esquivaba sin ruido.
En cuanto al Presidente, después de eus descubrimienios respecto A la ropa interior de Enrique 1V, se h'lbia dejado caer en un sUlon presa
de un profundo abatimiento y casi desaparecía.
bajo la carpeta verde de la mesa: se le hubiera
creído escamoteado por algún artificioso prestidigitador, si las hebillas de plata. de su.s zapatos
no hubieran estado brillando entre los flecos de
la. carpeta y si de tiempo en tiempo no se le hubiera oído decir con voz nasal y sofiolienta:
-Tiene la palabrs. nuestro honorable colega
el seftor X.
Poco á poco se fuá vaciando la sa1a, Darlot
f11é nno de los primeros que salló, pues tenía poca resistencia para el fastidio, y en cuanto á Gerard, después de ha.ber bosquejado algunos croquis caricaturescos se lné a1 casino eon e1 fin de
mostrarlos; y su mujer A poco rato expresó tales
deseos de salir, que el Doctor se vió en la necesidad de ofrecerse á acompaflarla.
Maria Magdalona quiso salir con ell~s, pero sn
suegra le dijo con tono imperioso:
- ¡Quédese usted, vida mía! Por rospeLo al se11.or h.!Jtignan ee preci30 permRnecer hasta. el fin.
-El eellor Maign11n estA dl.ll'Oliendo, observó
la joven.
-~o mucho, se apresur~ A decJr el Doctor qne
prefería ir t,. pasearse no roM con Clara; parece
que eetA duhlliendo pero es con un ojo, como los
oidores de Tribunal.
- Ademá.s, afladió la.seftora Le Clercq, hay el
inconveniente pnra que pueda usted irse, hay el
inconveniente, digo, de que me tiene usted que
acompa.ll.ar Ala visita de nuestrú orfanatario. Deseo que desde ahora .se encargue usted de la Di-

rección general de los talleres, es decir, de la
parte material de loe tr!lbajos de aguja.
-Cómo! exclamó Mllg aterrada.
-Si, vida mia, es 1111a coi;a muy fAeil que al
principio le va A ser enojosR, pero lutgo se acostumbrarA. No es mAs que cortar enaguas, camisas y trajes de uiff.os que dJstribairemos enire les
costureras auxiliares, llf'vando usted la cuenta,
ademAs, d'l todas las entradits y salidas de objetos. Esto va A ser muy interesante para usted. y
yo la ayudaré. Por otra parte, es indiapemablel
En la última sesión general he anunciado que
aceptaba nsted esas funciou&amp;e y todas las sefl.orae socias hicieron eon gusto el nombramiento de
usted. Esto es muy houroso.
Maria :Magdalena, exasperada, replieó:
--Siento, setlora, que no me baya usted consultado préviamente.
-Para qué? Supongo que no se habría usted
atrevido á rebusac, sabiendo que me daria usted
una penn.
-Es que no me siento capaz para desempeftar
un puesto semt&gt;j1mte.
-Ya la pondremos fl. usted al corriente de todo.
-No tengo tiempo suficiente
-Siustednadatiene que hacer! Y ademAs, este
sólamente serA trab,ijo de algunas horas cada semana v no alterará t-n nada. lascostrunores de usted que puede continuar en su vida mundana.
Esto no serA más que una nota seria en esa misma vida. Vamos, vida mia, no tome usted ese
aspecto de desesperación y reflexione en que
liU nombre y su pos'.ción le imponen ciertas
obligaciones. Desde hace mt\s de nn siglo, los Le
C ·cq han sido los benefactores de la poblución
pobre de Montpazier! euaodo morimos. legamos
rentad al hospital; hemos fnndado un asilo y un
orfanatorio; mi suegra, que era al mismo tiemoo
mi tia, como usted sabe, fué patrona y ptesidenta de casi todas las insútuciones de la ciudad; yo
la he sucedido y es fuerza que usted me suceda
A mf para Jo cual debe irse usted ya preparando.
María Magdalena, presa de melancólico abatimiento, escuchaba. En el escenario, un sef'tor calvo y sin barbas leía la monografía detallada de
un casucho antiguo y ruinoso del que no se conocían los propietarios primitivos y el lector se
entregaba sobre este particular A las eonjeturas
mt,.s ingeuiosas.
-Nosotros tenemos nuestras tradJcionee; y usted que esta tan ufana da su familia, debe comprender esto, alladió la seff.ora Le Clercq con voz
afectuosa. Usted es buen&amp; y se sentirA feliz haciéndose útil A los pobres. Es tan hermosa. la eari dadl
-Ouaudola hace uno por su propia inspiración

y ain sentirse obligada a. ello, replicó con amargara la joven.
La sefl.ora Le Cleecq pareció que no había. oído
esra contestación, tomó sus gemelos y conesgró
toda su atención "1 orador en tant() qu" Maria
lligdaleua en todo el tiempo que duró la sesión,
DO entendió ni vió nll.da porque tenia el corazón
colmado por la cólera. Un solo pensamiento le
ocupaba i:l cerebro: ¿hasta dóude iba A llegar 11\
tiranía de que era victima? Esto no era por decirlo asi, m1ts que el principio. Ya se leb11bíaentrediehado toda intimidad con su marido; su líbertad de casada que quiere estar en sn casa; el
derechc, de r"cibir A las amigas de au agrado, y
ahou ee le iba A enredar en las mil mayas de las
ocupaciones filimtróptcas, lote ordinario de las
per&lt;1onae cargadas de afl.oe y de eulpae, que:: sólo
piensan ya llll la salvación de su alma.
Se le iba A imponer la sociedad de una caterva de viejas excelentemente fastidiosas que sólo
hablaban de sus pobres, de su conlesor, de su ama
de Ul\ves ó de sus g11tOi y se la iba ll dar pc,r úni;
ca dMracrcióu la d" asistir A reuniones genera•
les para díscutlr la cantidad de c1Jbertores que se
debinn comprar para el invierno; y cui,ndo aún
tenia veinte anos, te11dria. que pasar loe días cor•
tando, cosiendo y distribn} eodo trajee grosero,;
a gentes suci.. s y misHables.
:Mlll'fa. :Magdalena temblaba. La vida le parecfa
muy obscura sin esperanza de días mejores. Y
Roberto ¿dejarÍII. las cosas en ese estadoi' ProbablementA si. Dtisde que regresaron de 1.1u f'Sca.patoria todo babia vueho A caer bajo el domiofo absoluto de su m .. dre; trnb11jaba mucho, reía poco y
seobservab11. en su. conducta. mucho de reserva. y
de reticencia: era una alma que cerraba sus puertas
A toda comuulcación d,cl exteriur.
La jo ven tuvo una cribis de desesperación que
procuró dibimular bajo mia aparenu~ indUt1 encin,
de suerte que lll suegra pensó que se había resignado fi\cilmente A aceptar su poderio y que er1'
necesario recompen11ar]a por su sumisión regalf1.ndole un p&lt;Yney de montar que deseaba desde
antes de casarse. Aaf se da t los niftos un pedazo
de azúcar para endulzarles el sabor de las medicinas.
La sesión termiuó, y con la misma lasitud aparente Maria Magdalena ee dejó condo.cir al orla-

�24

"EL Jd'UNDO ILUSTRADO"

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natorio donde se encontró con las amigas de su
suegra que ;a felicitaron por las funciones que
iba á llenar; tuvo el honor de inspeccionar las
clases de costura; ee la presentó con la hermana
Directora; se le entregó un gran llavero con lae
llaves de los armarios que guardaban las telas
por preparar; se la introdujo en un gabinete, el
gabinete de ella donde tendría el derecho de sentarse junto A una mesa enorme y recibir á las
gentes que vinieran á pP.dirle socorros y de distribuir el trabajo A los chicos del orfanatorio. Era
una pieza fría como lo son todos los locutorios de
convento, piso pintado y muy resbaladizo; sillas
de paja colocadas en fila junto álaa paredes blanqueadas con cal; 11na Santa Virgen de bulto sobre la chimenea, entre dos ramos de flores artificiales de pésima confección, y cc.rtin11s de tela
blanca de algodón en las puertas de los paaadizos.
Maria Magdalena se dejó conducir con aire indiferente, sonriendo de un modo cortés pero maquinal al ofr cuanto se Je decía y no teniendo mAs
que un deseo pero vi\•o y tenaz: regresar Asu ca•
sa., quedarse sola y ponerse A pensar en lo que
le estaba pasando.
~ Escribir é. Lucía .... 1 Sf, esta idea se le había
aparecido como un rayo de esperanza. . . Y sin
embargo ¿qué podrA b.acer la eellorita Hartley?
Nada en verdad. Sin que Maria Magdalena lo hubiera sospechado, ya la joven ingle11a había. tocado el único recurso pcsible habhmdo á Roberto: pero si era impotente para modificar ese estado
de cosas, podríii al menos enviaron buen consejo
ó siquiera algunas frases alentador11s y de afecto,
De esto er11 de Jo que sobre todo tenía necesidad
la pobre M11g que se sentiil muy ~ola sin tener A
quien confiarle sus luchas y sus tristezas, pues
desconfiaba de Roberto sin saber por qué y el
Doctor era demasiado egoísta para intervrnir.
La se.t\ora Le Clercq y su nuera rf'gresaron en
coche sin que Maria Magdalena pronunciara una
sola palabra; veía vagt1meole enfrente de eUa la
librea azul subido del cochero, y los caoallos que
iban al trote cadencioso irguiendo la cabeza y
levantando mucho los brazos.

25

EL OBSTÁCULO,

Las primaras veces que María Magdalena entró en este coche, muy bien guarnecido y de un
gusto correcto, esperiwentó uo satisfacciones
de amor propio y de vanidad, pues le eran desconocidas estas pequefleces, sino esa plenitud de
bienestar que las naturalezas delicadas saborean
al gozar de loa encantos del lujo. Ahora todo le
era profundamente indiferente; lo mismo el palado ~untuoso qu~ el jnrdin inmenso cuidado y cultivado c,.Huo el parque de un príncipe, rodeado
de altas rejas con sus verduras sombrías recortando el brillo de lae vitrinas de loa invernaderos colocados en el fondo, invt'rnadero de CRmelias, invernadero de foogeres, inverdaderos de
raisios y de pJátanl•B enaros.
Dirjgió sobre e:to una mirad'l de cansancio, y
en tanto que an suegra apenas descendida del
coche corrió precl'dida por el jardinero en jefe,
á ex"mini.1• una cotección de llores recibida en
su ausencia, ella con pas\.&amp; vacil1ntes y iánguidoe, muy diferentes de sn andar ágil y gracioso
de otros dias, entró al ves1ibulo engalanado con
tapicerías flllmencu, subió la esealer11 de gradas
de mármol, v E&lt;in conced~r una mirada A lit serie
de departamentos suntuos11s que iba atravt sando,
entró en sus aposentos del primer piso.
Vaciló unos instantes ante la puerta del gabi
nete de trab11jo de Roberto y sintió el deseo vehemente de acrgerse á él, buscar 6U protección, y
ante esa sola idéa le acarició algo como un ba11.o
de consuelo; pero inmediatamente después la
imagen de ese hombre grave y eevero que t:&amp;taria atrincherac!o det.rás de un montón de volúmenes y de expedientes el cual la contemplaría

con aire interrogativo, la heló quitándole toda
esperanza de apoyo.
Roberto por su profesión y su carácter, tenía.
un espíritu doctrinado y discipilnado, incapaz de
apreciar en su verdadera valfa lo que le estaba
pasando á su mujer. Habría necesitado esta elltrar en detalles menudos que son difíciles de
precisar, porque A la verdad, hechos concretos no
había para presentarlos en un cuerpo de acusa.
ción. Esa persecución incesante de que se la hacía objeto, esa invasión gradual é inexorable,
se componía de minucias apenas perceptibles;
era una intervención sobre todos sus actos, sobre su libertad moral y hasta sobre sus moTimientos.
Pero quiahl organizado todo esto en forma de
requisitoria, la protesta con que terminara contra tan ominosa tiranía, se 11poyaría en nimiedades y nonadas indignas de tomarse á. lo serio,
en tanto que desde Juego, y en hecho'! muy visi•
bles y realzados, se le podía echar en cara la
multiLud de beneficios recibidos, todo ese lujo
pagado A tan altos precios, y los mil obsequios
y mil concesiones amables y graciosas; hasta sacri(lciosl ¿No se había separado de la eeftora
Charmon nada má.s que por complacerle?
Convencida pues de la inutilidad de una tentativa, sealeJó de la puerta sobre cuyo picaporte
babia puesto ya la mano y gnnó rápidamente su
habitaci11n. .Arrojó el ;;ombrero sobre el mueble
mAs cercano y se dejó caer 11brum11dn en un si•
llón. ¡Cuán dista11tes, ay! estaban los tiempos en
que para calm11r sos excitaciones nerviosas lf'I
bastaba con dar unas vueltas por el salón! Cerró los ojos para intentar dormir y escapar así á.
los pensamientos que Ja desolaban.
Había proyectlldo escribir á Lncfo, pero no!
Le babia venido cierta especie de pudor doloroso ante la id ea de descorrer el velo de eus angustias íntimas aunque tuera delante de una amiga.
Habría sido necesario rererirle numerosos detalles, confesarle su impotencia creciente sobre
el espfritu d~ Roberto, recriminar, quejarse, y
l\faria Magdalena era orgullosa y comprendía
que la actitud de una muJer que se queja de eu
marido y aún lo vitupera, no era digna de ella.
Muy bien sabía que refiriendo sus disglll!tos los
hacia más extensos.
Después de un largo espacio pasado en una
somnolencil\ abrumadora oyó la campana que llamaba para comer, y haciendo un esfuerzo supremo acudió A verse en el espejo por un postrer
vestigiJ de su coquetería femenil y bajó al comedor, pues ya sin lugar 9. discusión se comía
diariamente en ca11a de la sefl.ora Le Clercq.
En e1 salón estaban conversando el Doctor de
Bois de Saint Marce), Darlot, Roberto y la séllora Le Clercq, y comentaban con risas y burleta&amp;
la sesión enojosa del día. El Doctor bacía picantes referencias á la seflora de la Palliere eo11 la
cnal babíil pasado horas realmente divertidas.
Darlot invitado t comer vino á saludar A Maria Magdalena y le dijo después de haberla observado con mirada escrutadora:
- EstA usted enferma, Mag?
Roberto y la sefl.01 a Le Clercq ee vol vieron A
verla por un movimiento expont!neo y verdaderamente afectuoso.
-No, contestó la joven esquivando mirarlos
de frente, estoy no má.s algo tatigada.
-¿De la sesión tal vez¡&gt; preguntó Roberto.
-Alás bien puede eer de la visita al orfanatorio, replicó la sefl.ora Le Olercq. Si me hubiera
explicado usted, vida mta, que esta ha usted indispuesta, nos habríamos venido sin tardar.
-Oh! no se ocupen ustedes mé.s de mí¡ se los
suplico, dijo María Magdalena tratando de son•
reir y con un acento que guiso hAcer dulce y grato. Esta visita era necesaria y vale más que de
una vez la.háyamos hecho.
Reoé Darlot contemplaba A su amiguita con
profunda tristeza, pues teniendo como tenia verdadera afección hacia ella, observaba cuán deprimido estaba su ánimo y el cambio de expre•
sión que presentaba au fisonomía. Aquellos ojos,
en otros días resplandecientes, estaban ahora
melancólicos, aquella boca riente estaba contrai•
da por el dolor, y toda esa joven encantadora por
su vivacidad, sos arranques y su petulancia., parecía como encerrad!i en una actitud de restirva
y de mutismo que la colocara no mti.s que á. la
defensiYa,
(Continuará.)

EL OBSTACULO
'
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
VJ!lRSION ESPAÑOLA. DE 11.EL :MUNDO ILUSTRADO"

Número 4.
Magdalena vió que Darlot la examinaba y Je
sonrió. Darlot le dió el brazo para llevarla al
comedor, y le dijo en voz b11ja y con acento confidencial.
-No pierda usted, querida Mag, su encantadora alegría porque parecería como que cambiaba
usted de personalidad. Quisiera que tuviéramos
alguna ri11.a fuerte entre los dos como sucedía en
otro tiempo, para tener el gueto de contentar A
usted y verla reír y regocijarae.
Mngdalena 11acndió con tristeza su cAbecita ru
bia y trató de seguir sonriendo: esta simpatía
fraternal Je era muy dulce, pero á. la vez !1t entristecía. proruadamente con la consideración de
que no era Dllrlot sino otro quien debía observar que estaba sufriendo y compadecerla y consolarla.
-Cuando está. usted así, dijo René suspirando,
me recuerda mucho A mi hermana.
Y era verdad. De improviso la lasitud indirerente de Mag le habfa, traido A la memoria una
expresión semejante que babia observado en su
hermana cuaudo sintiendo que se moría lentamente, de una enfermedad incurable, no había ya
nada que le deYolviera las esperanzas. Oh! E~a
era la mirada de desaEento llena ae reproches
de un ser joven que tiene derecho A la dicha y
siente que todo ha terminado, que ya no Je queda nada, y que sus ilusiones le mintieron.
Igual á su sufrimiento de ahora era el que sintió Darlot cuando al morir aquella nUia a quien
tanto había amado, le sonreía con una sonrisa
como la de Maria Magdalena. Esta sonrisa era
la que le había dejlldo mAs profunda huella después de la desgr11ci&amp; lnolvuiable que le hundió
en el dolor.
María Magdalena le inspiraba uua piedad sincera y angustiosa y dirlgió al Doctor una mirada
melancólica que contrastaba con la gran alegría
de este egoísta que estaba junto á su hija 11in pensar en ella; y contempló A Roberto siempre correcto y altivo y á la sefl.ora Le Olercq muy ala.
nosa. en hacer con toda amabilidad los honores
de la casa. Y viendo cuanto le redeaba, el Doctor
se decía interiormente:
-¿Ko se apercibirAn todas esas gentes que estAn poniendo loa medios mb adecuados para destruir la bella harmonía de esta naturaleza de mujer tan delicadamente exquisita?
La comida empezó en medio de un silencio relativo, y solamente el Doctor de Bois Saint Marce!
lanzaba de vez en cunndo alguna puya sobre las
personas 4 quienes había conocido en la función de
la sociedad de sabios. .Estela servia la mesa con
la agilidad de costumbre, cuando la seflora Le
Clercq haciendo como que de súbito se había fijado
en ella, la dijo con un tono que dejó en suspenso
todos los Animos:
·
-Me parece haber ordenado á usted que se
peinara de otro modo.
Maria Magdalena vió á su criada con admiración. Esta aguardando tal vez de ella un apoyo,
contestó:
-Confío en que se servirá usted p~rdonarme,
pues no tengo cofias de algodón.
-Se Je darAn á usted las que sean necesarias
y ee mandará por ellas á la lencería, pero veo
con disgnstola negligencia de usted, porque prueba una mala. voluntad que no estoy di11puesta á
tolerar.
Muy mortificada y conmovida por haber sido
reprehendida en presencia do testigos, Estela dejó caer una cuchara de plata que produjo un so•
nido prolongado al chocar sobre el mos1ico demár•
mol del pavimento, y como A la sellora Le Clercq
le hacia m11y mala impresión que se maltratara.
su argentería, exclamó con suma acritud:
-Es usted una torpe, un;1, descuidada y una
grosera; hasta aquí se la ha dej_ado ob~ar á su an•
tojo, pero le pre&lt;,e~go que aqu1, en mi Cllsa, no
sufro rebeldías ni insolencias!

-Yo estoy al serviciodelaeefl.oraRoberto,res•
pondió Estela llevada al último extremo.
La seilora Le C!ercq enrojeció de cólera y replicó:
-Salga usted de aquí: ya hablaremos dentro
de un me-mento.
Maria. Magdulena dijo con una entonación tnuy
amable:
-Vaya usted, Estela, se lo suplico, y vuelva á
mi departamento.
ExRsperada por esta intervención de su nuera,
la vieja gritó:
-Puede usted preparar su maleta porque ma11.ana se va. Queda usted despe&lt;lida.
Estela s11Ji6. María Mag11lena se puso pálida y
con una voz cuyo timbre vibró sonoramente en
medio del silencio que se habfa hecho glacial,
dijo:

-Esa criada es mía, está en mi casa y nada
más yo u~ngo derecho de despedirla.
Esta era «1 fin la explosión irresistible de to•
dos los rtincores amontonados en tres meses de
opresión. La se.flora Le Clercq no tuvo el tacto
de comprenderlo aei; su orgullo se reveló y pro•
testó con dominadora alth-ez:
-Usted se olvida .... Usted se olvida del lugar en que está.
l\laria Magdalena arrebatada por una cólera
tan intensa que se le hacía horriblemente dolorosa, ee levantó y habló con la misma voz imponente que babia empleado su suegra. Sabía muy
bien lo que estaba diciendo, ofa eus palabr11s como si otra persona las estuviera pronunciando, y
conservaba ante todo y sobre todo su extremada cortesía de mujer bien educada.
Sin reflex.ionar en las consecuencias de este
incidente, se aproximó A su suegra y pálida,
con los labios temblorosos y la mirada fija le
dijo:
-Debería usted comprender, seilora, que ha
ido demasiado lejos. HastR. aquí me he resignado
á sutrir todo lo que ha sido del agrado de usted
imponerme, pero le ruego que haga ces11r en este
punto sus exigencias.
-¡María Magdalena! exclamó Roberto estupefacto.
El Doctor se levantó para llevarse á su hija.
-Cuando esté usted má.a tranqnilll, replicó la.
sen.ora Le Clercq, espero que retlexlonará y que
vendrá !\ presentarme las exc11su que debe por
esta inconveniencia.
-Estoy muy tranquila ya. Si acaso he empleado alguna ó algunas expresiones incorrectas, no

tengo necesidad du esperar nada para retirarlas
como lo hago desde luego pidiendo por ellas perdón; pero lo que si mantengo e1:1 solamente esto:
que Je suplico á usted cese de obrar respecto A
mí con ese sistema autoritario, al cual ya no quiero, ya no quiero ma!i someterm_,
Después de estti ya no quiero ntds pronu11ciado
con una voz firme, l'lfaría Magdalena calló dejando aterrados :l los testigos de- esta escena. Con
la mano apartó al Doctor que se le aproximaba
y luego, sal11da1..do correctamente, salió con una
calma perf¿cta que nadn tenía de fingida.
Desde ese momento, como si hubiera acabado
de encontrar el único remedio para la crisis qua
venía sufriendo desde tres meses antes, sintió
que le venia una gran tradquilidad y una paz absoluta. Hitbfa acabado de romper con todo, la
suerte estttba echada y ahora se abandonaba ella
á una lndirerencia profunda y agt.ardaba los
acontecimientos con una especie de fatalismo
oriental.
Cuando 11.-gó A su aposen·o, yn en completa
calma, no sentía más que una dolorosa palpitación ,i11usad1t por la violenta escena que acababa
de sacudirla.

L11. comida terminó precip.itttdamt!nte. Bené
Darlot no pudo dejitr de admirar lu actitud verdaderamente inteligente de Ja seftora Le Clercq
en esta difícil situación.
Después de la salida de María. l\fagdalena ni
una palab¡•a de comentario fué pronunciada, y la
vieja puso una cara tan serena como si pareciera
ignorar que acababa de ocurrir una escena viole1,ta; y viendo que el Doctor había vuelto A ocupar su a.eientu, le dijo con interés reanudando la
conversación interrumpida.
- Entonces, ¿usted se figura, sellor, que la sellora La Falliere conseguirá colocar á sn marido
en una de las oficinas públicas de París?
-Pues eso es bastante factible, aefl.ora, contestó el Doctor. 1\le suplico que tomarR empeilo
por ella y como tengo amigos en todos los cír•
culos sociales, le prometí t'ecomendar sus pretensiones.
A pesar de todo lo que lo tenía preocupado,
Dru·lot sonrió. La sen.ora La Palliere mu) a.recta
11 la intriga y deseosa de una' vida más· alegre,
ven[I\ pretendiendo Jesde tiempo atrás empujar
A Gerard á la burocracia de París, pero loi empleos eran muy solicitados, carecía de buenos
apoyos y ahora al fin había encontrado una buena pista.
Dejando á su madre que contestar11 al seftor
de Bois de Saint l\Jarcel, Roherto se había quedado profundamente pensativo y luego sin haber
recobrado su calma habitual y sin explicarse có•
mo, se encontró Jerrepente en una de las avenidas del judfn inglés pasenndo á. pasos precipitados.
Un rayo estallando en un día tr11nquiJo y sereno le hubiera causado menor impresión que ese
arrebato de rebelión brusea de María Magdalena.
La sensación mAs precisa de Boberto, la que las
dominaba todas, era una vehemente indignación
contra su mujer. Haber promovido semejtl.llte colisión por un asunto tan fú til como era despedir
una criada y sobre todo, haber tenido una salida
tan exttgerada y audaz, devertts qne no podía.
perdonarse. Y luego que se atrevió A decir con
tanta firmeza: «no quiero, ya no cedo más» .. ..
Eso sonaba en los oidos de Roberto como el toque de llamada de un clarín guerrero.
Esta chiquilla A quien había creído fútil é insustancial, esta ingrata. que A su madre y A él
debía todas las comodidades de que gozaba, se
ponía en rebelión abierta y se permitía tratar de
igual A igual á la sen.ora Le Clercq, olvidando
h.aata la considerAción que sel e debía como per-

�1

26

l

"EL MUNDO ILUSTRADO"

sona de edad, olvidando que era la madre dts Luego, despidiér,dose se aproximó á la se:il.cra Le
su marido y hasta olvidando que se encontraba Clercq y le pidió permiso parn retirarse.
en presencia de personas extraflasl
A la sell.ora Le Clercq Je era interesante este
¡Bien se comprendía que Darlot no la preocu- original y estaba ansioM por saber lo que pensapaba, sino que pc,r el contrario, contaba con él, ba del incidente, por lo cual be quedó 11ola con él
con su complacencia y su aprob11ción.
bajo pretexto de ir á acompallarlo hasta la reja.
De seguro que lo que que, ia era sacudir el Trataba de procurarse un medio ingenioso para
saludable yugo de la senor11 Le Clercq pa- hacerlo hablar cuando él mismo fué quien en un
ra regresar A la existencia libre que lhvaba arrebato súbito dtsl corazón, le salió al encaentro
antes de su matrimonio y sobre lg cual las con- diciéndole con voz co1:movid1t.
versaciones del Doctor habian arre&gt;jado una luz
-1Vamo&amp;! usted que es t,m buena, tan buena,
verdaderamrnte inquietante.
ame un poco A esa pobre :\fAg!
Pues bien, no. Lo había calcul11do mal: no se-¡Cómo! ¿Pero que se figura usted que no la
ría Roberto quien la dejara lanz11rse en esa vía. amo? replicó ellil. con ~incera admiración.
Era necesario reprimir esta rebelión insolente
-Si; es verdad que usred In ama, pe1·0 no por
de modo que l\Iaría M!igdalena no reincidiera en ella sino por ustdd. Dios mio! Ya sé que casi siecn
ella más. porque si no, era posible que se atrevie- pre es a~í como se ama, pero siendo u11ted como
ra después A todo. Debfa presentar sus disculpas es, bastante gen1-rosa. bien podria conducirse de
A la seflora Le C'lercq y se las presentaría, p11.ra on·o mod 1. Déjel"' usted que conserve su perso ,
lo cual Roberco le habl11ria como 11mo y se baria nalid11d, no la oprim·l. Ei una verd11dera 11ina y
obedecer, no quedllndole A In joven más recurso tiene necesid11d de sentirse libre. Mire u~ted: yo
que someterse; y de este Incidente en que pensó la he encontrado muy dilereme de como la couo
locamente triunfar, saldría enteramente
derrotado. Pero no qul!ritt ir A hablará
su mujer inmediatamente porque se sentía muy exaltado aún y temfo ioi;arrir en
alguna intemperancia de lenguaje que
despué3 le seria tal vez peuosa.
Darlor. se le aproximó:
-.Matlaoa parto, sefior, me voy para
Eret111\a como ya se lo había yo dicho á
usted y como no sé si hoy pueda tt:ner
el gusto de volver A ver A Morí.. digo, ti.
la serior11. de Roberto Li( Clcreq . . ..
Darlot había estado A pUDlC' de de~ir
«~Iarfa Jl[11gd11lena» y Robt!rtO que se
a percibió de este detalle quedó muy contrariado. ¿Qué especie de f&gt;'ruiliaridad
tenia ella con sus amigos que se permitían
Jlamarla por su nombre como A una criaturitn?
-~&lt;, es probable, en efecto, que salga
de su aposento, pues habrA usted obser,
vado qtte cuaba algo ederma.
--Enferma .... ;.Lo cree usted? á mi
~
me p1ueció mll.s bien diEgustada, pero
vl, . .
1
muy segara de eí misma y muy firme
-, ~
A pesar de su exl\speración.
~
.
Roberto, á cada instante más irrit11do,
,-,;,t,.
se acordó entonces con extremada preci- ~~~~¡;~=~~i
sión de las advertencias de la joven inglesn y se le figuró volver á verla. frente ~ .. ·
A frente mirándole con aquella seguridad f Cty firmeza que la hacían tan simpl\tica y
,
revelaban su lealtad. La sefl.orita llartley
f .l.CiQ!t
le babia dicho: ¡Cuidado, mucho cuidado!
Empujada al último extremo, Maria Magdalena se revelará: usted no la conoce!
Y en efecto, lfoberto no la conocía y
nunca la hubiera creído capaz de tanta
decisión y de tanta audacia. cMagdalena
cansada de luchar, volverá á la casa de
su padre si su padre la quiere recibir»
había agregado LÜcfa, pero precisamente si ~Isgdalena se atrevie3e á llevar á ese pun- ci; la he visto cambiada, triste, languideciente y
to la insurrección, el Doctor desaprobaría su con- me ha dado IAstima. ¡Ella que siempre estaba tan
ducta. En ese momento Roberto le vefll marchan - alegre, tan joven, tan admirablemente llena de
do I\I lado de la seilora Le Clercq, hablando con alegría y juventut..11 lmágioese usted un plljaro á
animación, tratando de disculpar sin duda A su quien se le amarra de la patita con un hilo, aunbij~, y prometíendo que la obligarfa á la sumi- que el hilo fuese de oro: no cant11rfa más¿ verdad?
sión.
y se moriría de tristeza.
Darlot siguió la dirección de la mirada de RoLa senora Le Clercq que al pronto pareció haberto, tuvo el mismo pens11miento y sonrió atu- berse conmovido se irguió sintiéndose lastimaoa
zAndose el bigote.
mAs allá de toda ponderación al observar hasta
- 81 la esposa de usted estuviera enferma, su qué punto se del&gt;conocian sus intenciones y sus
padre se apresuraría á ir á cuidarla, pero la co- actos.
noce y sabe que en estos momentos lo mejor es
-He aquí, dijo, comparaciones muy poéLicas
dejarla 5ola consigo misma. Yo que también la
pero
inj11stiiicadn11 en mi concepto, puesto que
conozco, pienso como el Doctor. Naturaleza exMaria
l\Iagdalena goza de toda la libertad deseaquisita y refinada, su igualdad de humor y su
ble.
No
tiene, es verdad, la misma de cuando era
calma pueden durante mucho tiempo impedir que
la
seftorita
Bois Saint M11rcel y podía frecuentar
se deocubra su finneza y casi podlia decirse su
la
sociedad
de gentes vichidas y equívocaR, pero
obstinación.
sobre ese punto me permitirA usted preferir mis
• i el aire glacial de Roberto ni la afectación antiguos hábitos que son los de todos mis antececon que contemplaba A su interlocutor fruncien- sores, pues es indispensable que se conserve la
do el entrecejo de un modo bastante eignifieati• dignidad de nuestro nombre.
vo, detuvieron á Darlot que, semejl.lllte en esto á
Darlot que babia logrado rehac1:rae, dijo con
la setioritaHartley, iba siempre recto á su fin sin su voz más ioclsi va:
dej~rse desviar por nada ni por nadie.
-¡Muy bien!, mi sefiora, muy bien! Me es muy
H.ober,o no le simpatizaba ni un plico; en este interesante tropPzar con personas qu'e tienen firmomento mismo hallaba placer diciéndole verda- meza de carácter, pues teniendo como tengo una
de:1 muy duras sobre su superficialidad, su impre- debilidad deplor1tble, me divierto en estudi11.r cua.l
visión y su manera egcis!a de amar A María Mag- de estas dos cualidades buena ó mala que se lae
daleoa y hablaba con un,, seguridad enteramente juzgue produce más detestables resultados. Pienadecuada parn exasperar al joven jurisconsulto. so, sin emburgo, quo hay casos en los que las

_;,:,-7 ~t.,

gentes inflexibles deben saber ceder un -po~o, así
como los débilt:s, de vez en cuando revestirse de
cierta energía si hay casos graves que sirv~n do
motivo. Esto es lo que acabo de hacer dec1diéndomé á. decir A usted lo que le be d:cho.
Sin esperar respuesta saludó respetuosamente
y se lué con paso rApido franque11ndo en ~reves
instantes la reja. Lu seliora Le Clercq le v1ó ulejarse con profunda estupefncción.
La intervención de Hené Darlot había. producido
en Roberto un tfecto semej~nte al que produjo
en su madre avivando más bhm que calmando la
11gitació11 contra María Magdalen,1 .
Atrnvesó, !'Ues, rltpidamente el jardín, y entró
en el aposento de su mujer. lb!\ con la resoluc;ón
de decirle senc:Jlamente: «Maria ir11gdalena, desapruebo la conducta de usted: usted ha olvidado
lo que debe A mi madre, y deseo que le presente
usted sus excusl\s y que para el porvenir evite
usted escenas de esta clase.» E3lO se1ia bastantl':
111 joYen se verii obligada á obedecer sin réplica,
y sus pujos de chiquilla sediciosa ~erían
desde luego abatidos.
Biijo estas impr'-'siones entró y vió .\)la·
ría M¡¡gdalena que estaba leyendo, sentada cerca de la ventana, y que ni aun levantó loe ojos al oir el ruido que produjo
la puerta cuando se abrió. Sin duda est11.·
ba aterrttda y esto actitud traoqu'lll no
., era. más que un supremo esfuerzo parll.
·• ocultar sus temores. Roberto avanzó hacia ella con ademán severo y como era.
un horubre metódico y un abngado, y tenia la costumbre de consen·ar en la memoria las frases qüe prévi11mente pensabll y maduraba para cada caso, comenzó
con entonación perentoria:
-~Iaría :Magdalena, desapruebo la conducta de usted ..... .
Ella colocó el libro sobre una mesa y
dijo io·errurnpiendo á. su marido.
- Lo siento mucho, muchísimo, pero
ya me lo esperab11.
Y como estas palabr11s fueron dicbas
con voz dara, trnoqnila y reposada, t1
abogado quedó estupefacto.
-¡Que se lo esperaba usted! Y sablen
do que me iba A ser desagradable, obró
usted como cbró?
-¿Q1,eriendo serle A usted desagradable? No, Roberto. No hubo premeditación:
hablé, ;-orque había lle~a.do al agotamiento de mis ftterzas de resistenci1t y eso, si
no hubiera sucedido hoy, tendría que suceder mallana. La verdad es que ya no
estaba muy segura de mi cuando se presentó este incidente y ..... .
-Habla usted con demasiada tranquili•
dad. gritó él perdiendo su flemaacuscumbrada, sorprendido por semejante acti·
md que salia de los limites de toda previsión.
Mag se levantó, se acercó A Roberto y
éste pudo contemplarla a plena. luz. Estaba en
erecto muy serena y una expresión de1·esolución
contenida daba A sus beciones un aspecto nuevo, Roberto tuvo la intuición de que no erit una
nitl.a la que estaba delante de él, sino una mujer
de vol.untad acaso tan fuerte como la suya y comprendió que la lucha iba á ser tormitlable.
M~g_gua!•dó &amp;ilencio unos instantes pues toda
recr1m1nac1ón le parecía inútil, El hecho se había.
realizado; una situación defJnida existía ya y quedó esperando que su marido le comunicara lo que
había resuelto.
Robertó agregó:
-Si: usted. está. muy tranquila después de haber obrado de manera qne me causó una viva
c?ntrar~edad. Usted olvidó e! respeto y las con~1derac1o~es que debe á mi madre, y habló con
rncooceb1ble audacia delante de un extrallo. Al
oír A usted ¿no podria cualquiera imaginarse que
usted es desgraciada aquí? Responda usted, Maria Magda!~r:a, y no se quede, como lo hace, mirándome f1Jamente y sin decir una palabra. Yo
tengo el derecho de saber por qué se ha olvidado
ur.ted de las convenien(lias hasta ese punto.
-No creo haberme olvidado, replicó ella con
mucha calma, y tengo la convicción de que usé
términos ente:-amente correctos, ademAs René
Darlot no C3 para mí un extran.o sino ua aw1go.
Roberto, mu.&gt; irritado se puso Arecorrer el salón a grandes pasos.
-Preguntarme pe,r qué habl6 , . .. .. ! Crtía yo

27

EL OB!&lt;TÁCULO.

que lo sabe usted bien amigo mío, pues es usted
demasiado inteligente
para que pudiera ¡.,.uorar
.
e
que no soy aqu1 ma.s que una chtcuela y que se
me trata coruo si fuera incapaz de pensar y obrar
por mi misma. No hago nada sin pedir licencia;
se me impone e&amp;to, se me prohibe lo otrC' y esta
tiranía aumenta momento A momento y se llega
hasta á despedir una criada que es mill, que yo
misma be traidu aquí y que me sirve desde la infancia.
- Oh! interrumpió Roberto. Esa muchacha es
de unl\ calidrtd deplorable y no me parece m&gt;tl
que sean alejtldas de usted todas las personas á.
4uie0Ps conoció Antes de su matrimonio.
-;.Por qué?
- PuPs porque ha vivido usted, qu1:rida mía, en
un medio que yo callriMrla de ... . impropio y
que el seil.or de Bois Saint Marcel nos ha descrito
de una manera tal que ....
~!arfa Magdal..ma se r.1borizó avergonzada por
est11 inculpación.
-Bien conocía u,ted ese medio. ¿Por qué me
fué á buscar allí? He aquí una rr11seque lamento
amigo mir•. ¿Algo en mi perdona le es á. usted
desagradable, tengo una conducta .... impropia
como usted dice~
Roberto se volvió l\ contemplllrla y ob~ervó
que teni'l un aire de profunda mP..1mcoli11.. E~ta.ba Jiodüima esca rebelde que rtivindicab I derechos de libertad incompatibles acaso cuo su juve11tu&lt;l. ¿Por qué diablos no se contentaba con
ser bPlla y amlida por su belleza arrebatadora?
-Pc1rsonalmente usted es eocantatlorll, djjo él
11proximll.ndose, pero Je asPgaro que l0:1 relatos
hechos por el Doctor, me 11.-1.0 despertado vivas
desconfiaoz11s sobre el carácter de las amigas que
t•!nÍtl ustetl.
- Conoce usted á una de ellas: ¿Le desqgrnda
Lucil\ 11:lrtley?
-D,·jemos en paz ú la sellorita llartley. U$•
ted trata de desviar la cuestión y me pre,enta quej11s infantiles que carecen de todo fandamentú. Aq uf no se 111 tiran iza á usted sino que se
la ama, y mi madre aprovecha cuantRs ocasiones·
se le presentan para demostrárselo á. usted.
•
l\lagdalena reprimió un ge:1to de impacienci1\
al oír hablar de hu generosidades cte fa seflora
Le Clercq, y Roberto faltando un poco al tacto,
lifladió:

-¿Las aficiones de usted A la elegancia y al
1ujo no s1:: ven siempre satisfechas grncias A su
desprendimiento? Debía usted tenerlo presente.
-No es posible que lo oivide, según la frecuencia con que se me recuerda, murmuró )fag despeehad11.
-Decía usted .... ?
-Oh! querido Robarto, dec(a .... .. digo por
fin, que es fatigosísímo y humillante estar oyendo que sin cesar le recuerden A uno la concesi.&gt;n
de obsequios que no ha solicitado.
-Esto, Maria Magdalena, es una. ingratitud.
No se le reprocha á usted nada, y usted corres•
ponde con el despecho y la impacieucia al afecto
de que se le dan pruebas.
María Magdalena se reconcentró un instante
porque el debate tomaba un camino penoso y eso
de discutir sobre delicudos asuntos de geoerosi•
dad v de reconocimiento, la contrariaba en lo
intimo del corazón. Comprendió que su esposo
11pena1 habil de9florado la cuestión, y re•
solviéndose á todo, quiso agotarla de una vez
¡mesto que ya se habfaempezado, y dijo con mueba-zalameria·y dulzura para hacer p8llar sas -p,rli.bras.
-Estoy segura, amigo mío, de que es en erecto por earifl.o por lo que me tiraniza su madre de
usted¡ no retiro e:1ta opinión y le protesto que si
no hubiera tenido en cuenta esemóvil, no habría
tenido el valor de sufrir tan l11rgo tiempo una
&lt;arga tan pesada.
Reconozco que me ha colmado, diré mas, me
ha abrumado á fuerza de regalos, de amabilidades y de atenciones ...... sólo que de mi parte
preferiría que me amara de otro modo, haciéndome menos obsequios y dej!n.iome obrar un poco
según mis gustos. Vamos, Roberto, asted sab_e
mejor que yo que no estamos en nuestra casa SI·
no en la suya; que es por su cuenta lo que comemos y bebemos; que ens criados nos sirven y s~s
carruajes nos pasean. Para usted que es el hlJo
ésta es sin duda una situación natural, pero yo
estoy bajo la impresión de encontrarme_ en _visita,
si torno en el jardin una flor, temu ser 10d1screta.
y no me atrevo A dnr orden alguna A esa servidumbre vestida de ceremoui11. que me ve con un

.

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-':'!

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respetuos.; desdén muy comprcnsi"ble para mí.
E,ta, amigo mio, es una sftunción tirantP. D1u·,
es un plncerextremado, en tanto qu~ reeibir, a.pesar de uno mismo, se viene á convertir, A 1~ IRrga,
en un verdadero suplicio. ¡En norubre del cielo:
que la sefl.ora Le Olercq me recoj11. cuitnto me ha
regalado,que no me vuel\"a. á d11r nuncn más, pPro
que me deje siquiera respirará mi gusto. Porque
en fín, Roberto, de lo que ella pretende haberme
dndo lo que vale m:\s y yo_ quiero mAs en el mundo, me lo estAn quitando otra \"CZ poco A poco y
ese ...... eres tú!
.María Magdalena con un movimiento delie11do
deslizó su brazo al rededor del cuello de Roberto y apoyó en el pecho de éste su cabecita linda.
de modo que él al verla. y al sentir tan cerca aquellos ojos grandes y claros, aquella boca fresca y
oliente A fresas y aquella tez reluciente, sintió
que sus resoluciones se debilitaban de una manera deplorable y no tuvo fuerzas para arr11ncarse
de ese dulcis1mo abrazo de su mujer.
-Tú y yo, Roberto, no hemos estado solos
desde nuestn casamiento ni hemos podido amar•
nos más que durante aquella nuestra ese:ipatoria
de ocho días. Ella está siempre entre nos.-,tros y
naturalmente debemos conservarnos cuidadosamente conectos. En la mefa se habla de obras
pías; figúrate que acaba de dRrme un empleo en
el orfanatorio y que f}stoy condenada á coser camisas bastas que me destrozarAo los dedos y me
pondrá:n"'lllunos de 1regatnz.
María Ma~dalena extendió su mano tina y la
pus~ tan cerca de los labios de su marido que
éate no pudo prescindir de besársela. Ella sabía
muy bien la clase de ascendiente que tenía sobre aquel hombre de D'\turaleza enérgica y por
la primera vez empleó las armas de la belleza.,
irresistibles, contra 1, u suegra. Hasta aquí hA bía
sufrido sin quejarse porque tenía horror a las discusiones y á la diplom11cíll femenl11a: ahora se
quejaba, y emprendíll á tod1' costa un comb!lte.
-Y cuando por el\Bualid11.d llegttPmos á estar
solos como ahora unos cuantos instantes, los apro•
vecharé para contnte cómo estuvo la dlecasión
el! el Comité de Senoras Piadosas y á cómo vale
la tela de algodón con que se hacen los colchones
del orf11natorio. ¡Ay. Roberto! qué felices seriamos en el campo, solitos los dos ..... No seriamos ni un poco correctos y nos besaríamos en la
casa y A cielo abierto, bajo los árboles y en todas partes y A cualquiera hora.
Roberto dimdo al olvido loa para él fundados
motivos de su ju,,ta cólera, besó ll Maria lbgda•

,.,.

Jena tal como si \-a estuvieran en su casa del campe, ó A cielo abí~rto bajo los árboles del ctlmi110.
-Aquí, ¡qué diferenci11! af1adió. Tú en·s gr1tvo
y yo soy lúgubre: por nada de este mundo te 11treve1 i11s A reir y yo menos aún. Vamo3 á vclvernos muy formales: tú no pensando 5ino en las_ dP•
mandas y vo sin ocuparme mf\s que de los cincos
del orran11iorio y aeí ya verils qué perl\Oll&gt;ljes somos tan respetables y momificados! Ap~o11~ tienes treinta af\os y yo voy {L cumplir mia veinte
y . . . . ¿te atreverías á creerlo? pues ya somos
octogenarios.
.
Dime, Bob, ¿encuentras que vaya por su camtmo eso de hacernos viejos á nuestr11. ed11d? ¿~o
te dan tentaciones de eer joven, ..l mí si. Ali! no
tener nada, ni lujo, ni fortuna, nttrla mús lo qne
tú g,rnas, y vivir felices juntos! Mira que nos tlebemo3 el uno al otro y en virtud de eso yo te
quiero para mí y sólo para mí. Me parece que e:;;to es muy natural, en tanto qne A los ojos de cualquiera parecerA abominable eso de qua no_ pui.-da
yo tener marido sino á hurtatiillas como &amp;1 ful:lra
un delito. Casi no te conozco y no se 110s drjll.
ninguna intimidad de pensamientos para que podamos conocernos. Unicamente en nqud Yentu•
roso viaje que hicimos juntos be podido entreverte y eso ee todo: después, no he visto m,\s
que un sefiorón \"eslido de negro, muy estirado y
siempre con una eeflora muy severa y muy respeta.ble colocada enLre él y yo. Y tú? ¿mo conoces ocaso, Roberto?
Sus miradas se cruzaron, y esta pregunt~ no
obtuvo respuesta: todo el profundo enigma &lt;le las
almas desconocidas se levantó ante aquellos ojos
tan llenos de resplandores que se abtfan enfrente de él.
-No, tú no has querido, terminó Magdalena
con acento de reproche, no te hin dignado querer conocerme, y sin emba;go, creelo, valgo la
pena de que te tomes ese trabajo.
Roberto la estrechó contra su pecho. Todas estas cosas dichas por la =iujer amada, por esa deliciosa :Mag que tenía sobre él influencia tao grnnde. le conmovieron y como eran justas tuvieron
eco en su conciencia y en su corazón. Su madre
era amorosa f buena eon una terrible bondad invasora y absorvante; y encerrados los dos en esta
estrecha vfa ceremoniosa y grave, no tardnrían

�==

"EL )IU"S'DO rt..USTIUDO"

!l8

en atrofiarseá pesar de suja.,•entud y del amor que
so proresnban.
Pero la siluación no erll túcil de resolverse.
-¿Y qué hacer, M11g? Ya estamos aquí, y mal
ó bien nui:stra vida estA organizada.
-¡Oh, no Boh, no! Cuando aceptamos la exis•
tencitt en común no sabh1mos que
es una cosa
obsolutamtmte imposible.
- ;,Y qué quisie1·a tú qué hiciernmos?
- Diantrt'l E;cnr en nuestra c,sa, tener una
can 11ueatrll com1.1 todo el mundo.
Roberro sacudió la cabeza.
-Suet\os, querida mía, suenos. Sería cruel Rbandonar á mi maure fl su edad, después de todos los
sACrificio. que ha hecbo por nosotros.
-CunodocasaunoA susbijoe, 11migo mío sereeigna A una sepA1·11ción: mi padre me ha dej11.do
salir de París y tu madre oodía muv blendejt1rte
salir de 1,u Msa. Ya sabe qu11 la am1tmos y que
siempre serf11. para nosotros una dicha recibirla
en ca-a.
-EsR frase Jeparecerítt abominable á mi pobre
mamA.
-Pero en fin! cu11ndo ella se cas(1 sufrió la tutel que ahora me impone A mii' habría en el
mismo cnso aceptado la misma sitll8ción?
Siguió un silencio ba10t:mte prolongado. Roberto, sufriendo rou..:bo reflexionttba oprimido entre
la ll!t!cción que tenia por su madre y el amor do
Marí1t Mngd11lena, reconoch..ndo en el fondo del
corllzón que ésta tenill rnzón al querer estar en
su casa, pero retrocediendo con espanto ante la.
perspectiva del d isg .1sto y de la indignación du
la sen.ora Le Clercq,y atemoriudo también como
buen provinciano por los comentarios que h11rían
todos sus amigos y conocidos ...... lllagd1tl,ma
aftadló:
-Esto es penoso para tí, Roberto mío, lo comprendo, pero es inevitable, pues no puede soste•
nerse una situación como la que guarda111os. Por
otrl\ parte, despu¡;s del incidente que acababl\ de
ocurrir &amp;1 imposible volver A nuestra vida babi•
tu11l.
Roberto se pnso sombrío, pero ella valerosamente agregó:
-Si: yo misma to recuerd" este incidente que
lamento en la forma por mAs que me haya yo
mantenido cortés, pero que es fdiz en el fondo
porque resueke la cuestión y nos coloca en una
i;ituación tal que se hace necesario t0miu· un par•
tido en esta uiya.ntlva: ó permanecer aquí, pero
entonces en una posición obsolutamente subal•
terna, ó bien, lo que es mas lógico crearnos un
hogar independiente. Oh!, tan modt!sto como tu
quieras, como tu puedas buenamente. Yo no amo
el lujo ni el bienestar á tal punto que me sienta
capaz de sacri!icarle todo lo demlls y tengo la
convicción de que despué3 de la primera explosión de los sentimientos vl'hementes, tu madre
comprenderá que dcbiamos tomar esta resolución.
Roberto suspiró con angustia. Es verdad que
Maria :.\fagdalena defendla su causa con calor y
encontrab,~ razones excelentes, pero indudablemente fJUE'! á la senora Le Clercq, no le iban A.
faltar argumentos para probar que &amp;taria Magdadalena era una ingrata y l!l un ma! hijo, un hom•
bre débil cuya justa lndingación se había rendido á unos cuantos besos y A. unas cuantius palabritas de miel salidas de una linda beca.
-Pero en que di!icult!\des me has metido,
l\fagl
Puesto que sufrfas debiste decírmelo, en vez
de estallar en r.na escen!l irreparable como lo hiciste. Mi Intervención habría podido allanarlo
todo en tanto que ahora tengo que entablar una
lucha con mi mHdreyaca$O h11&amp;tareliir. Esta.idea
me es horriblemente penosa.
-Reflir! ¿Y cómo puedes imaginarte que tu
mamá.sea tnn poco razonable que se niegue !\admitir una co,a cuya justicia es indiscutible? Cada
uno en su cas:1. y Dios en l1t dp todos: he aquí el
precepto universal y al que se sujetan todas las
personas A quienes conocemos, siendo nosotros
loi, únicos que sostenemos una situación anormal.
- E3a es en efecto la opinión común, pero no
la de mi m:\dre y hny qne lijarse mucbo en un
lado de la cuestión sobre el cual te deslizas lijeramente ·in fijarte en su importancia. Yo no tengo fortuna personal porque mi padre, A conse•
cnencia de especulaciones infortunadas, perdió
todo lo que poseía. y mi mudre no está obllgada
A nada respecto de mi, siendo muy justo que cooEer.e todo lo que le pertenece. De mi parte no

"ªº

quisiera pedirle ni la m -1s mínima renta ó capital caso, al otorgarJi, un generoso perdón, Je dirigiría
un discurso que fijara muy bien su situaclóo y
por nada del mundo.
-Ohl lo comprendo mny bien, interrumpió Ma• que la dejara sin ganaa de intentar nunca mAs
renovar semejante audacia.
rfll 'Magdnlena con viveza.
Un rumor de vocee cot1fusas le hizo levantar
-Bueno .. peroentoncee ¿de qué vamosávivir?
llace ruuy poco tiempo que empecé A trabajar los ojos y distinguió en un balcón del departa•
y mi clientela es demasiado reducida, de modo mento de María lllagdalena á. los dos jóvenes mny
que ¿n realidad no me produce mAs de cuatro 6 ja.ntitos y en una buena inteligencia ájuzgar por
cinco mil francos al l\ft0 1 Jo cual es muy poco para su actitud y la¡¡ miradas que se dirigían. El asom•
nosotros que estamos habituados A una vidll de bro la. par1dizó durante algunos minutos. ¡Cómo!
comodidacil!S y h11br[a que prescindir de coches, ¿Roberto estaba contento con su mujer? ¿llabiendo ido A corregirla y reprender!!\ cambiaba de
servidumbre y lujosos departamentos.
M1tri.i M11g11atena se habfa tomado del brazo de propósitos se volvía de su lado y po.recillaprobar
su marido y así paseaban los dos por el aposento. su inconv~niencia? Una ola. de amargura le in-Ya te he dicho, Bob, que el lujv me preocupa vadió el corazón.
Roberto distinguió á su madre en el momento
poco pues no deseo mh que tu amor y mi tranquilidad. No soy dadtt A fiestas, lo sabes muy bien en que e .traba.
-Mira, Mag, desearía yo que le dieras tus exy seremos muy felices en una modtssta catiita de
ladrillos con un jitrdincillo de rosas y violetas cusas por haber sido dura con elb, ¿no te paque serAn mías, un s,dón en el que recibiré a rece?
Magdalena inclinó la cabeza.
quien mu agrttde y un aposento en que puudo dar
- ¿Pues qué do veras flllté A las conveniencias?
boepitlllidad Alas per:.onas du nuestro cariflo como
-Tus pa,abrns fueron correctas, pero tn actiLucia Hartley por ejemplo. Túnosabes hasta qué
punto me sería satisfactorio tener en casa por tud no. Ya h11s ,·tslo las consecuencias.
Ella comprendió que en este punto debía ceunos clias A Lucía! QJ.erido Il.&gt;b, vamos á ser al
der y lo hizo de buena voluntad y sinceramente
como hacía siempre todo.
-Bueno, Bob, no tendré inconveniente en declarará tu mamá que la amo y la respeto y que
estoy desolada por haberla ofendido.

fin e :po$03 tú y yo y á obr1'r por nuestra propia
cuenta. Llevaré nn libro de gastos con mucha
perfección y nuestra casa, aunque pobre, eerAalegre y de buen gusto. Ya verás ..•. oh! tstar en
nuestra casa ¡qué felicidad!
Se asomaron al balcón qa.e &lt;'Staba abierto y
pensativos contemplaron cómo la noche iba descendiendo sobre el jardín. Roberto reflexionaba
acerca de los lados agradables de una vida inde•
p,indiente, pero sentía al mismo tiempo la pena de
deeagrad1lr á. su madre y le preocupaban loe cuid.1doe y responsabilidades que iba A. tomar sobre
sí. porque desde el día en que se separara del pll·
lacio Le Clercq, sería cuando, casado verdaderamente, sabría lo que es la cuga de una familia.
Esto no dejaba de ser inquietante.

La seftora Le Clercq vió á. su hijo correr al aposento de .María M&lt;1gd11lena, y adivinando su frritación, comprendió qne iba á dirigir á la joven
reproches que estimaba como muy merecidos,
pues aunque en el rondo era muy buena y 11maba A su nuera, le c msaba viva satisfacción que
se la reprendiera por una 111.lr.a de respeto que la
habia dejado profundamente disgustnda.
El Doctor muy contrariado, lleno de mortificación, deseando esquivar su presencia durante la
penosa crli,is, salió cou el objeto de escribirse A
si mismo una carta que le llamara A P..ris por el
trl!n inmediato.
La seiiora Le Clercq regreso.odo por la Rvenida
que conducía al vestíbulo, se decía que Magdalena merecía una buena lección, y que seguramente obligada por Roberto, vendría al día siguiente
A darle una satisfacción cumplida, y que en ese

Roberto durmió poco: el pensamientc de los
debates que se iban a. entablar, lo tuvo sumamente preocupado durante la noche. En ,manto A. b
seliora Le Clercq, la convicción de la ingratitud
de sus hijos la tuvo en un estado de exasperación
febril.
Se acordaba con extremada lucidez de memoria, de todas las bondades y beneficios que les
había prodigado, y esto bacía resaltu la fealdad
de la acción con que ahora l!l. recompensaban sublevllndose contra su autoridad.
Menos 1¡ne nunca dispuesta á la reconciliación,
se preparó en esta noche de insomnio A una acti•
tud de altivez y dignidad herida, poco apropósi,
to para resolver las dificultades existentes.
Mny temprano entró Roberto A su gabinete de
trabajo abrumado por desagradables pensamientos: se aproximaba el momento en que era nece•
sario hablar A su mad1e y tratar de hacerla comprender y admitir los proyectos de Maria Mug•
dalena, convenciéndola, además, de que era justo
dejarla soln después de los innumerables favores
que le debían.
La empresa era dificil y el joven se sentia muy
conmovido ante la idea de afrontar una indigna•
ción, una vehemencia de sentimientos arte los
cuales siempre había cedido con docilidad.
Otras preocupaciones también le torLUraban.
Todas esas visiones de existencia modesta y libre, siendo los dos enteramente duelivs de si
mismos, eran agradables en tanto que permane•
cían en la categoría de eneuelios¡ pero A la hora de llegar al terreno de la prActica, ¡qné difi•
cultaltades de ordeu material tenían que surgirl
¡Cnán angustiosa es la incertidumbre!
No tenitm rentas ni fortuna, ni siquiera la suma necesaria para procurarse los mueble~ necesa•
rios A sn nueva instalación.
Cuando se casaron estaban tan destinados á
vivir enteramente con la seftora Le Clercq, que
so habían instalado en un nido preparado por
olla, y en el cual ninguno de los objetos de que
se servían les pertenecía.
Roberto llevaba apenas un afio de estar ejerciendo au profesión, y duranre este tiempo, 111
mayor parte de lo que babia ganatlo aún no se le
pagaba, pues sicml,lre un abogado cobra á. sus
clientes los honorarios con menos actividad de la
que emplen un comerciante para cobrar sus tacta.rati.
Lo poco que había recogido en dinero lo gastó
desde luego, pues no estaba preparado para ninguna eventualidad que le hiciera pensar en economias.
Así, pues, era necesario, al avisar A la sellora
Le Clercq que se la abandonaba, pedirle dinero
para poder ejecutar esta decisión.
Roberto reco.rrltt su gabinete con sgitacióo,de•
sesperado de la situación en que se ¡¡entfa. colo' cado: y como Mag no estaba a.111 con él¡ su inrteneia muy pasajera disminuía. Roberto se re•
hacia y las ideas que tenia desde la niliez se apo.

deraban de nuevo en au conciencia. Había trabajado tanto en este gabinete bajo )a mirada fría
de los antiguos retratos de sus antepasados presidentes, consejeros y jueces, que ya eataba ~cos~brado A un supersticioso respeto hacia esos
vieJoe pelucones que se amarillabau en &amp;UB cuadros de oro.
Mu~has v~ces al le~antar los ojos fatigado de
estudiar alguo expediente Arido, había encontra•
do aliento nuevo en esas caras altivas y pensadoras que le mostraban el camino que debía recorrer; camino recto trazado por espíritus llenos
de honrAdez, y aunque medianos, penetrados de
su importancia y de la influencia social que tenían.
Eu este gabinete trabqjaron ttntes que él, su
pudre, su abu.,Jo y su bisabuelo. Aquellos libros
de pas~s descoloridas simétricamente alineados
~etrás de las vitrinlls de lll biblioteca¡ aquel anuguo péod11lo de bronce¡ Ja mes1 macist\ los si•
llones rígidos; todo ese interior guve y severo
estaba como impregnado de pensamientos serios,
de aentimi•mtos de bonor11 bilidatl y del respeto
que cada Le Clercq ei,taba en la obligación de
tener hacia su propio nombre.
Esta raza de abogados y m11gistratlos hab{a sido altiva y leal, y en ell1t todo parecía httberse
organizado con arreglo A las pre~crlpcloncs de una
tradición veneruble á fuerzt1. rle ancianid1td. Cada uno de estos togados había tenido uo wjoberedero del nombre y lafortunR; y las hijas, cuitn•
do las habfa, entrab.m al couvento, ó se las ca... a•
ba con algun primo de la rama segunda de ta
familia que también llt!vaba ~1 nombre de Le
Clercq.
La monogrnril\ de estos hombres estabi traza•
da invitrlable desue la eternidad: inf rncia tntu•
quila, juventud estudiosa., casamiento entre los
veinticinco y los trt:int1t ,iflos, UM vida grave y
digna, honores y la consideración de sus couciu
dadanos.
Cada uno de ellos se habfa cRsado con una mujer rica y babia administrado su hacienda coo prudenci11. y tino, por lo cu11 l la fortuna. de la casa era
cuantiosa. El padre de Roberto era el único que
había dilapidado su fortuna impulsado més bien
por una causa política, pues er• muy adicto á lve
Borbones. E~ta burguesíil de tres siglos tenía opiniones realistas muy pronnncladRs, porque las mu•
jer~s qa.e por m11.trirnonio habianentrado en lafa ,
milla eran todas de alcurnia elllviuiisíma digna de
semej,rntes magistrados.
Del ladv de los muidos la rij1dez de priocipio::1 y la corrección de vida habiiln sido iodiscuti ble~ y del llldo de las esposas era tra iiciooal el
ejercicio de obr11s de caridlld.
Roberto fué el primero que en ~sta raza do bie•
rro, ó más bien de mll.dera dora, introdujo una
criatura viva, avispada, alegre, qne no estaba en
relación con las ideas y gustos de sus antepasados. En el pecado llevllba J1t penitencia.
Se iba á dar el c1tso de q_ue un Le Clercq dejara la e1tsa solariega, lrabajara fu"lra de ese gabinete y viviera pobre y nec1sitado en algunl\ casucha de arrli b?&amp;l lejos de la rcconlortirnte mirada
de los retratos de famllla.
A este pensamienlo toda su sangre fría de mn•
gistratura, toda su altivez ar~ctada, el miedo de
caer en desgracia y el orgullo de su nombre hirvieron en él. Partir, dejar todo, romper con elpasa•
do, destruir el culto de las tradiciones t11miliarea,
porque la eeliora Le Clercq había despedido á
una criada de Jlaría Magdalena, 6 mAs bien porque .Maria :'\Iagdalena habituada A la vida bohemio. sin freno ni sujeciones no haoitt sabido apreciar los beneficios de una existencia honorable y
seria era un disparttte de que se tendrían el111 y
él que arrepentir. Oh! ¿por qué había cedido algunas horas antes á. una sugestión que lamenta•
ba ahora sintiendo alg. di! ira contra quien se 111
inspiró'?
Deploraba pues en debilidad y se echaba en
cara que hubiera sido capaz de desert11r de la
causa de sus antecesores dominado por losencan•
tos de una mujer. Pero como ofreció b11blar á su
madre, era necesulo cumplir su prome::1a y bajó
á sus departamentos no sabiendo aún lo que le
iba A. decir y con el estado de Animó de un hombre igualmente empujado en dos opuestos eentl·
dos. B~ verdad que en lo que Je decídlaría :\1agd 1lena babia mucllo de justo ¿pero no seria posi•
ble mejorar ltt s~tuación i;in romper con todos los
lazos que unían t Roberto con su antiguo modo
• de vivir?
La seliora Le Clercq, enferma por la noehe de
insomn:o que acababa de pasar, estaba todavía

EL OBSTÁCULO.

en el lecho, Roberto entró en el aposento y perrnaneció unos instantes silencioso y dcspuéi de
besar A su madre dirigió una ojP-Ada á. esta pie•
za donde había entradorllra vez do:sde que se hizo hombre.
Antiguamente. en su i11fllncia, había habitado
a!H y pudo ver en el aHeiz11r de la ventana una
mesita microséópica conjque Re divirtió enj 1ego.
tranquilos y silenciO!IOS, mientras su madre cosía
ó s11.caba cuentas; vió la silla de terciopelo azul
en que lo ser.taba, muy formalito para contule
cuentos, silla en que hubfo aprehendido las pri•
meras lecciones de lectura; volvió l. ver el pianino relegado A uno de los rincones de la estancia
en que estudió las primeras escalas, y contemoló
con mirad11 melancólica la Alforu bra de flores descoloridas sobre la cual había desplegado tremebundos ejército~ de soldados de plomo ,V espantosos fa.ertes erizados de caftoni:s¡ sobre la chimenea. reconoció su retrato cuid1tdosamente conser•
vado y en el otro extremo un dibujv incipiente
conque habill intentado con mano torpe aún reproducir Ja11 facciones de su padre. Todo esto Je
hablaba elocuentemente de la inf1tncia y le recordaba que la eeflora Le Clercq había sido una
madre muy tiurna, que en vez de entregarlo en
manos mercenarias y de mandarle que juaara en
el cuarto di, los ninos, su dicha mA.s gra,~de ha •
bía '!ido tenerlo eon ella siempre y ocopar.ie de
él en todo tiempo y A toda hor1'.Puededecirsesin
temor que este afecto así crecido y ro mentado era
el qne la volvía uo tanto cuanto celosa y lidncli na ba A traoizar A María Magdalena.
La &amp;P1iora Le Ctercq observó A su hijo con an•
siedad: sabía que venía A habiarle de la escena
de la visper&amp; y q_ue esta conversación iba a si:r
grave, pero no le dijo nada, pues quería mejor

=

29

explorar el estado de ánimo en que se encon•
traba.
.-Estor ~n la Fituación más penosa, dijo él rom•
p1endo él stlencio. •
La senora te contestó dulcemente.
-Es claro! Debe ~llber sido mny desagradable
para ti oir I'. tu muJer hablar en tos términos en
que habló ayer tarde
R_o b~rto no contestó desde luego: y viendo su
vactlac1ór, lt seliora quiso p1 e ;ipitar las cosas y
llegar de una vez A la verdadera discusión.
-Tiene~. que decirme algo deeagr11d~ble, Roberto, le d1Jo; lo comprendo bien. Habla, amigo
mio. María Magdalena está despechada ¿no es
a I? c;Le tiene afecto A su criada y me suplica revo~ue yo la órJen de despeclirl,t? ¿O se conserva
altiva. Y orgullosa de haber tocado los últimos lf.
mitee de ll\ Rudacia?
-¡Si no tuera_ mt\s que eso! contestó Roberto.
Lnego, resolviéndose de Improviso agregó:
-~Itre usted, ma.mA; prefino confesar A usted
!ran~ttmente y sin dlpJomacin alguna que mi muJer tiene el pro~ó.sito de tener una ctlsl: suya, un
~ogar .. que dlr1g1r, su propia cas,l en fin; y esta
idea f11a, en verdad es enteramente comprensible.
Allora está un poco tutoreada aquí. Usted est4
en su c'le&amp; y reina en ella como es justo, pero
liaría ~agdalena tiene cierca independencia de
carActer y le desagrada tener que subordinarse
A otra voluntad.
_-¿Qué edad tiene? Diez y nueve aft.oe no cnmpltdos lohl comprendo que quiera manejarse por
si sola y que se sienta capaz de ser ,una de ca&amp;s1.
Rc,berto_vió A su madre coa enojo y ella to notó en seguida.
-To_da mujer. casad11, cualquiera que sea su
edad, ue11e el lndiec11tible derecho de tener un ho-

�so
gar que sea ·uyo. Desde hace algún tiempo ob•
servo con pena que María l[agdalena se vuelve
reconcentrada, triste, y ciertamente se considera
aunque sin causa ni fundamento, como una victima. Discusiones ligeras, pero demasiado f1 e•
cuentes se bao producido, y esto la verdad es
que me produce una profunda tristeza.
No podrla explicar A usted hasta qué punto me
contrarió oirá mi mujer hablar en los términos
en que lo hizo y ya se lo he m1m'!estado así, por
lo cual vendrá. 11. pre8eotar A usted sus excusas,
pero todos estos penosos incidentes hacen muy
dificil la vida en común. No lo cree usted
así, mamá? .Aun después que haya usted acepta•
do la satisfacción que le dé Araría Magdalena, la
situación • permanecer!\ tirante y ust.ed en to~o
pensará ver ~ verá tal vez muestrll8 de rebeldut.
de su parte. Ya ve usted que se ba revestido de
valor y aún se ha atrevido A ponerse frente A
frente de usted. ¿Quiétt nos asegura que, obliga•
da A sutrir un gér.ero de vida que Je desagrada
no acabaría por olvidar todo el respeto que le de•
be A. nstrdi' Esto no lo toleraría yo jamés, ni las
graves discusiones que tenclrAn que sobrevenir.
La seflora Le Clercq escuchaba a &amp;u hijo en el
mayor i:.ilenclo y se dispuso 1\ reprimir sus pri•
meros movimientos deexaltaeión que no habrian
servido sino pera atirmar A Roberto en su idea
de separarse de ella. En estos momentos criticas,
con el corazón y el pensamiento agitados entre
dos deberes y do,. afecciones opuestas, debla ceder al impulso más leve, y una vez ,melando en
una resolución no salir de ella. Entonces la senora dijo:
-Delilllnera, que están ustedes deseQsos de vivir solos y esto está bien ¿no es asl? Tú has resuelto complacer en ese punto A Maria Magdalena ....
Roberto inclinó la cabezasin responder de pronto, con pena porque le mortificaba la necesidad
de hacer semrjaote indicación :l. su madre, A quien
amaba tiernnmente, y le dijo con entonación melancóliM y aire cohibido:
-lla sido usted tan buena con nosotros y nos
ha probado su a!ecto de tantas y tan repetidas
maneras, que le vamos A p11recer á usted ingru.tos. Yo sufro mucho por lo que pasa v sé que me
va usted A juzgar mal. ¡Responder A las bondades de usted con un proceder de este género .... !
Y esto ¡\ los tres meses solamente de vida común
sin hacer loe ensayos necesarios para dulcificar
un poco nuestras voluntades! Esto está mal hecho 'i todos nuestros amigos lo van A reprobar.
La senora Le Clercq oía á su hijo defender la
causa de ella con los argumentos má.e contunden•
tes y Je vela de un modo enigmA:ico. Mi.,orras él
hablaba, su madre que le conocía bien, traspa•
rentaba bajo su mAscara habitual de frialdad co•
rrecta, resentimiento contra [aria Magdalena que
Jo impulsaba A este extremo y la tristeza real que
experimentaba por habt'r cedido en un momento
de debilidad.
'
Así, pues, lo dejó que enume1 ara toda~ las fealdades de la acción.
-Porque, en fin, continuaba Roberto, usted
nos ha ahorrado hasta los mAs leves enojos de la
vida material y Magdalena que pretende ser ama
de au casi1. no podri\ ni aun dirigir el modesto hogar que yo podría proporcionarle. Es demasiado
joven y está tan poco acostumbrada ll ocaparse
de cosas serias! La vida que llevnba antes de
nuestro matrimonio no creo qu4' haya sido la más
11. propósito para i1,clinarla á ....
Aqul hizo u,a pausa, respiró con es!uerzo y
encogiéndose de hombros como la persona que se
resuelve A nna cosa absurda concluyó:
-Y he aquí como con tecla su aparente dulzura, nos ha rrafdo A una posición tal que ya no po•
demos permanecer aquí.
La se!iora Le Clercq dijo i;on voz alentadora:
-Vamos, Roberto, comunícame tus proyectos.
¿Donde piensas ir? ¿qué proyectan ustedes hacer?
Sorprendido al ver esa resignación, Roberto levantó Ju cebeza y contempló A su madre.
-¡Quél ¿Deveras consiente usted sin una palabra de reproche?
- ¿Para qué? dijo ella esforzándose por sonreír. Bastante desgraciado eres ya para que agre•
gue yo li tus penas la de mis reproches.
Roberto tomó la mano de su madr~ y la besó.
-¡Qué bondadosa es usted madre mfa y cut\nto bien me hacen su, palabras! Estaba yo verdaderamente desolado por el disgusto que creí cansará usted.

"EL :líU?,'DO ll.USTRADO"

-Desolado, pensó ella para sí. Aitnque no sea
cierto A lo menos me lo dice.
Y litego agregó.
-Disgusto .... sin duda; pero el ml\s grande
que pudiera yo tener serla el ver á ustedes _des:
graciados y por causa m.la. En cuanto á m~, llll
propio sufrimiento no me preocupa. Les ~rejos
encontramos muy natural que se nos considere
como hechos para aguar fiestas é interrump1ralegrlas. "o, no me veas con esa cara de reproche.
Amo A tu mujer lo mismo que ayer la amaba Y lo
probaré ayudando A ustedes en todo lo que pue•
da. V amos .... basta de enternecimientos. ¿Qué
vns A hacer? ,. Permanecerás en 1,[ontpazier?
-Sin duda 'contestó Roberto asombrado de la
'
pregunta. ¿Pues
donde quería usted que 1uera.7
Soy abog11Jo aquí ~ aunque rui clientela sea bas•
t1inte modesta tengo un nombre conocido en la
ciudad desde hace t11otos Ali.os que espero tener
aqnJ mejor resultado que en cualquif'ra otra parte.
-Pues me imaginaba yo que Montpazrer no
era del agrado de ~[aria • Iagdalena. Es una po•
bre subprefectura, las gentes estAn muy atrasadas y esta sociedad es muy fástidiosa para una
encantadora mundana acostumbrada é la vid11. de
París. A.qui carecemos de originalidad, de deiica•
deza de brillo. Somos unos sencillos provincia1
nos boorados y fastidiosos. La verdad es que
aquí solament~ los Lll Falliere tienen ta.manos pa•
ra agradar, 11sí con eie agrado quo .... \·amos,
no me sé explicar.
Ob! con qué entonación de finura exquisita Y
de ingenuidad dijo la seil.ora Le ~lercq tod_o esto
acentuado con una sonrisa de 10dulgenma maternal!
-Tu podías haberte formado el propósito de que
te nombraran jaez en alguna otra ciudad, y me
es sumamente satisfaetorio ver quo son otros tus
pensamientos. Permaneciendo en Montpazier est1m\s seguro de que tu majer no se rozarA má~
que con per~onas bonora~les, pues ocupa aq~
una posición que en cualqwera otra.parte le seria
dificil alcanzar y yo abrigar.la. muchos temores
por su inexplil'iencia que podría volverla A amis•
tade~ incouvenientes. Tú no eres de la madera
del se:ftor de Bois Saint Marce! y to disgustaría
ver en tu casa mujeres de la categoría de Lady
Briggs, ó Lady Kan.ranina ó la condesa Adalgieri.
Dejó la setlora reflexionar á su hijo sobre toda
la importancia de esta observación y después
agregó.
-Así pues, permanecerán aquf?
-Si, dijo Roberto con acento desalentado, tra•
taremos de encontrar una casa modesta por 4 ue
yo gano muy poco dinero y ni aún sé cómo voy
¡\ eomponé"melas para el principio. , • ecesitare•
moa desde muebles puesto que no tenemos nada.
-Bueno, ya sabes que para eso contarás conmigo. Pues como íbamos diciendo, tt: instalarás
en una casitll barata, probablement~ de ladrillo,
con su jardincito al frente del ta.man.o de esta sala; tendr1\n ustedes una sola criada que María
Magdalena dirigirá y vigilará y así se proporcio•
narán una modesta dicha y se resignarAn A contentarse con la Yida di-' un encargado de fábrica.
ó empleado e.le consumos con sueldo de trescientos francos mensuales. Eso es muy penoso, hijo
mío, pero acaso tú te acostnmbrarAs, ¿Crees que
á ella le ,mcederA lo mismo?
-Pues haría mal si se quejara de un estado
de cosas que ella ha sido la que lo qn.iso.
La seflora Le Clercq sacudió la cabeza .
-Ah! pobre Roberto, diJo. La lógica no ea virtud de que pueden envanecerse las mujeres. Lo~
sentimientos femeniles son muy ocasionados A
modificarse y te lo prueba que tu esposa había
aceptado con rt'gocijo nuestra existencia Actual
y ahora no tiene más deseo que cambiarla. A.l
princi¡&gt;io se sentirá encantada y estrenará. su casa, sus muebles, su ilhertad, su responsabilidad,
y por el atractivo de lanovedad,acompallarA con
orgull.:&gt; ll la criada par11 ir al mercado y arreglarA l11s cuentas de l11 lavan ·iera y ajustará las del
vendedor de leche y las del de carbón. Pero después? más tarde? Empezar!\ por fijarse en que la
casa es Incómoda, los aposentes reducidos, el
jardín raqultico, la criada torpe y brusca y sabré. lo que es and,1r A pié aún cuando llueva, y
usar trajes mal cortados, sombreros baratos y tener que remendar l11 ropa del marido. Conocerá
en tin, fas grundes y pequenas mi erías de li.s
majeres de los pobrea r eso no tiene n1tda de dlvw-tido ¿sabe,? Y no meaclmiruría Amí que al c.1•
bo de poco tiempo pidiera volvrr aquí, cosa que
yo concederla de muy buena ,·olurtad, pero que

F:L OB"-TÁCULO,

dArla A nuestros amigos y :l. la ciudad entera una
triste idea. del cará.cter de ustedes.
Roberto. muy sombrío, hizo un ademlln enérgico significando qne jamás tomu:la él nna decisión semejaute, y su madre sonrió con su acostumbrada amorosa. lngenuidttd.
..
.
-Oh! no vale la pena jurar nada, d1Jo, part1cularme11te cuando se tiene u.n a mujer tan seductora como la tuya. Vayai por Dios que obtendrA.
de tí todo lo que quiera, y eso es mny natu~al.
Pero descartando tod~s las hipótesis y admit1en•
do que tendría hasta el fin el valor de ~us opiniones, qued11 por Jo menos esto qu~ es 111contestable: vivldan ustedes en la miseria. ¿CuAmo has
ganado esto allo?
- Unos cinco mil franco,.
-Bueno: esas g,rnancias anmentan\n de seguro· pero aún cuando llegaras A dobl11r esa suma,
vi~irfAs en la miseria, en la peor de todas, en 1'!'
de la ropa tetlida y camisas de cuello postizo. ¿1
si tuvieran ustedes hijos como espero y deseo
con toda mi alma, dónde hallarAs los recursos
neceaarioij par11 educarlos y para que María )[agdahma no ae entregue A trabajos demasiado du•
ros de mujer del pueblo que serian desastrosos
para una naturaleza tan delic~d&amp;? .
.
R'lberto hizo un gesto de 1mpac1enc1a y en•
tonct-s su madre, levantando la mano con solemnidad, dijo:
-Si he hablado de todas esas cosas, hijo mío,
es porque conviene que las conozcas á fundo Y
que no te lances A ciegas en una vía en que tú Y
ella pueden sucumbir. ¡llay tantos disgustos para 111. gente pobre, tantos cuidados A cada instante nuevos, y esto en una ciudad donde nuestros
antepaiados ocuparon una posición honrosa Y
br1llaotel Si, si te digo esto, es porque no me resigno, no quiero que mi hijo, que un Le Clercq,
en fin, se vea reducido á extremo semejante; Y
puesto que es necesario que alguien se sacrifique, seré' yo.
Petrificado Roberto se levantó y contempló ll.
su madre. No había comprendido de qué sacrificio se trataba.
-Seré yo la que me lré, dijo la seflora Le
Ciercq con firmeza y dejaré A ustedes el palacio
con toda la intalación y la tortuoa necesaria para sostenerlo y que hagan netedes en el mando
el papel que les corresponde. Para una vieja como yo, basta con una casa modesta y algunos
millares de trancos. Pero ..•. ¿qué te pasa Roberto? ¿qué tienes?
El bueno, el excelente y leal Roberto, presa
de una emoción violenta, estrechaba A su madre
entre sus brazos y la besaba efnsivamente como
en otros tiempos cuando era niflo, y la rigidez de
la profesión y el deber de dar importancia A su
nombre no le habían todavía congelado.
-.MamA, querida mamd .... es nstedmity buena, pero la. verdad es que en este caso me juzga
usted mal. ¿Se atreve usted !\ creer que fuera yo
capaz de aceptar semejante sacrificio?
Esta vez la sellora Le Cler.:q seconmovió también y con sinceridad, realmente con sinceridad.
Alguna vez entr11 la sinceridad á tomar parte
en las ~alamerias femeniles y la frase de la Camila de Muset es proft1Dda y verdadera: "¿Estds
bien seguro de que todo miente en una mujer
cuttndo miente su boca?" :Nol este orrecimiento
de deslumbradora generosidad era nada má.e que
un ardid dipiom(i.tico, y e,ta mujer que quería
conservar consigo A su hijo, lo empleaba como
una arma de cayo resultado no podía dudar.
-Te serti necesario aceptar, afladió la sellorit
acariciando con sus dedos suaves la cabellera
obscura de Roberto. SerA necesario que me obedezcas cuando yo lo exija. Ya sabes curu es mi
tiranía: no quiero ver á mi Roberto en las garras
de la miseria, no quiero que Mag, acustumbrada
á cuidados y mimos y A gastar s:n limitaciones,
se encuenu·e desgr11ciada de repente. ¿Crees que
yo quedaría contenta con mis comodidades y mi
lujo sabiendo que ustcd11s carecían de todo? No!
Por otra parte este es el palacio Le Clercq que
tiene nuestras iniciales esculpidas en las claves
de las puertas y cineeladaa en los ba.andales de
los balcones.El que lleva el nombre de la familia y es su jete natural, debe habitarlo, y ese eres
tú. En esto f11ndo mi orgullo que no considero reprochable: estoy orgullosa de mi razR y quiero
conservai·Je sus tradicione hasta el tin. Un Le
Clercq no decaerA, no saldrá. de esu cas11! Que
una vit'j \, buena cu11ndo mucho pHr11 confeccio•
nirr rol''l dt' orfanatorlos y bospitale,, vaya A11.cab11r su ,·ida lujos de estas paredes, nadll igoitica;

pero mi hijo y sus hijos deben vivir en su casa
solariega.
-Comprenderá. usted, mamA, que eso no es
aceptable, y que pueden volverse contra usted
todos los argomemos que me ha presentado hace
un instante. ¿Podrla ustetl resigaarse A vivir pobremente 11 su edad? Eso mejor lo p11ede bacer
una joven.
-Pero, hijo mio, si no se trata de pobreza; te
suplico tomes en cuenta que yo trato de reservarme una. renta suficiente para que mi vida. sea
confortable y no seré motivo de IAstimas. ¡Organizaré mi existencia bajo otro pié y eso es todo.
Continuaré como siempre ocupándome de unes•
tras fundaciones piadosas, visitaré á mi:1 amigas
y sobre todo A ustedes, qaeridoa hijos mios, y espero que me recibirán con buena voluntad. 1faría .Magclalena tiene un eorazoncito bueno y 110ble y llegará A amarme mucho cuanAo no tenga
la preocupación de que me le quiero imponer.
Roberto con el corazón oprimido, saltánclole
las sie,1es y sintiendo ganas de llorar, dijo con
voz entrecortada y como tratando de abogar su
emoción.
-Mamá, pido perdón por haber pensado aun•
que sea solamente durante un minuto, por haber
pensado separ~rme de usted. Ya no hay que ha•
blar de eso: Magdalc¡¡e pensar!\ lo mismo que yo
cuando conozca la generosirlad de usted y su ternura hacia ella: y si aún conserv11re &amp;Jguna. idea
en contrario, yo me entenderé con ella para que
renuncie.
Después besó A su madre otra vez y salió precipitadamente. Las gentes de carácter enérgico
no gustan de l111cer demasiado visibles sus emociones.
La sellora Le Clercq se dejl\ caer sobre sus al•
mohadas y sudpiraodo como quien se siente aliviado de un gran peso, murmuró:
-¡Pobre Roberto! tiene una naturaleza sencilla, recta y leal .... En cuanto A Maria lagdalena, es una chiquilla A quien hay que darle una
buena lección.

Cuando el Doctor de Bois Saint Marce! en traje de viaje salió de su cuarto llevando en la ma•
no una carta de llamamiento urgente que se babia dirigido A si mi'!mO para enseflar é sus bués•
pe des se encontró con Maria Magdalena que con
marcha lenta y ademAn pensativo salia de los apo•
sentos de la suegra.. El Doctor se imagino que,
A no dudarlo, la joven acababa de dar A. la setlora Le Clercq una cumplida satisfacción y se sin•
tió muy tran')uilizado con esta idea.
Sin embargo, esto no modilicó SUB proyectos de
evasión y siguió convencido de que ya era tiem•
po de ir a. Escocia con su amigo Claverhouse que
debía estar impaciente esperándolo.
Maria Magdalena vió á su padrt; observó que
llevaba traje de viajero y comprendió todo.
-Acabo de recibir una carta, le dijo el Doctor
con apresuramiento y ruborlzil.ndose un poco ante la mirnda de su hija, y es necesario que yo
parta ...... Una cliente enferma. La eefiora de
FernAndez ¿s,1.bee? aquella espa11oia que tiene
tan lindas esmer1tldas. Pues ba sido atacada sü•
bita.mente y parece que el caso es grave ....
María )Iagdalena movió 111. cabeza de un modo
muy significativo y contestó:
-rTo me sorprende la partida de usted.
El sellor de Bois Saint ~[arce! hizo como que
no entendía la alusión y preguntó:
-¿Podré ver t\. la sel'iora Le Clercq?
-No: está en su cama aunque no ha enferma•
do. ¡Que vn (1 enfermar! tiene un vigor, una ener•
gía un empuje que bien puede usted perder la
e~p~ranza de serle nunca útil como médico.
El setlor de Bols Saint M.arcei sorprendido por
el acento de Maria Magdalena, dijo resolviéndose
A mAs no poder á tomar parte en un debate que
le des11gradaba.
.
-Vamos . ..... entremos á tu departamento y
hablaremos: tengo un cuarto de hora aún y te lo
puedo consagrar antes de rogar á tu suegra me
reciba p11ra d11rle mi despedida.
Luego escribió en una tarjeta ~nas cuantas !~neas, tocó el timbre, envió la ti.rJeta á. su destino y aeompnllú á )la.ría. 1,[agd~lcna á_ su departamento particular del primer piso. Mrentras atravesaba corredures y bajaba e caleras, el Doctor,
sdvertido por natural sutilidad de ingeuio aviva-

do p'or vivaz egoísmo, comprendió que por razo
nes que se Je escapaban, :llar(A. Magdalena tenla
una profundn. contrariedad que la exasperaba.
¿Ilabia pensado que el arrebato de la vfspera le
daría la libertad v acababa de convencerse de
que había fracasad°o? En ese caso, su proyecto
deberf11. ser renovar los esfuerzos para comprometerlo, y tal Vf'Z hasta fuera pedirlo definitiva
protección y asilo.
Con estos pensamientos se armó de resolución.
Nada de enternecimientos ui debilidades con los
que vor otra parte iría contra los verd11deros in•
tereses de la reeil\n cnsada. Era necesario volverla al buen camino y no dejar que se perdiera por
un eaprieho irreflexivo.
Al verse en su casa, sola con su padre, .Magdalena comprendió en la actitud que tenía, sus temores de verse enredado en las complicaciones
que estaban ocurriendo y para ratificar ó rectificar estas suposiciones, esperó A que él tomara la
iniciativa, lo caal hizo desde luego, preguntando:
-Veamos, dime, ¿qué es lo que ha pasado después de tu disparate de ayer? Ya sabes, l\lag, que
tengo debilidad por ti y que me ciega el cari!io
y sin embargo, he condenado con toda energía
por encontrarla inconveniente la conducta que
has observado respecto A tu suegra. Un incidente
de esa ciase, es peor que una illlta: una torpeza.
¡Así 3e habrá puesto de disgustado tu marido! Vamos, cuéntame.
María Magdalena sin entrar en los detalles de
su conversación con Roberto, refirió lo que habla
pasado entre ellos y que después de una violenta
irritación, su marido consintió en que se separa•
ran de la senora Le Clercq.
El Doctor hizo grandes ademanes de asombro.
-¡Roberto ha cooseotidol Entonces, esto es ya
un hecho. ¿Se ha llevado A cabo ya la ruptura?
-No: ella paró el golpe, dijo Magdalena fríamente. Oh! tranquillcese usted, pues quedo bajo
so dependencia.
-¿Que me ,ranquilice yo? Pues de ese modo es
seguro. ¿Que queda::i bajo su dependencia? Pues
es lo mejor que te podí11 eucedt!r. ¿Concibes que
una mujer de buen sentido abuse del poder que
tenga sobre el Animo de su marido par1i hacerle
incurrir en semeJantes necedades? En verdad
que yo consideraba A Roberto con mayor discresión y energía. ¿Qué babrla sido de ustedes? ¿Cómo pensaban salir del apuro en que iban A me.
terse? 1Qué locura, setior, qué locur11l tú careces
de espíritu prdctico, hija mf.s, y la ünica fortuna
de ustedes y hasta mfa, es el buen sentido y la inteligencia de que da maestras la seflora Le Clercq.
Vamos al hecho. ¿Cómo se ha p?rtado?
-Con mucha destreza. Sometiéndose y abandonaDdo todo, sacrificá.ndose ,\ nuestra dicha y

exigiendo que nos quedAramos con el pAlacio y la
fortuna, en t,mto que ella, pobre y resignada se
retiraba á cualquier habitación modeFta. ¡Es necesario ser tan simple como ...... él, para no ha•
ber sospechado en tamo desprendimiento de pa•
labra, una verdadera comedia.
-Permíteme, permíteme. dijo el Doctor, yo encuentro que lo que ha hecho es magnifico, sobre
todo por el resultado que no podía ser mejor Y
ftor la aud11cia., entereza y vnlor de que ha dado
pruebas. Habría podido ser cogida por la pala•
bra y estoy persuadido de que en ese caso hubiera cumplido Jo que -prometió.
•-Conoce muy bien A Roberto, replicó Magdalena y sabia muy bien que no corría rie8go alguno. Este. diplomacia me repugna y encuentro
despreciables esos recursos y Al11 persona que los
emplea. Al principio me era cargante: ahora, ya
ni Aún la estlmo.
Todo esto lo dijo )fagdslena con la misma tranquilidad; y el Doctor si se hubiera fijado, habrfa
bailado en su hija un singular estado de Animo,
ml\s peligroso todavía que la mayor exaltación.
-Babi bah! bah! exclamó el Doctor de Bois
Saint l\Iarcel, levantdndose. Reflexiona, hija mia,
reflexiona un poco en que la vida no es una comedia en que el autor hace marchar los personajes A su antojo. Es preciso tow11r en cuenta lavoluntad de 10s demás, respetarla y evitar colislo•
nes desagradables.
-Eso es precisamente lo que pretendo que se
baga respecto A mi, interrumpió Maria Magdalena.
-Tu no eres más que una chiquilla necia,gritó
el Doctor con cólera. Donde hace falta la dulzura afectas altivez y eso es torpe, muy torpe. En
lugar de cultivar los buenos sentimientos de tn
suegra hacia tf, te procuras en ella una enemiga.
Tu escena de ayer h11. agravado la situación, pues
111 seftora Le Clercq si te llega A perdonar lo h;1n\ con tr .. bajo y Roberto te con.servará rencor
por haberlo empujado contra su maare.
- Uo consejo, dijo María Magdalena.
-Doblegarte, hacerte dulce y encantadora como lo eres cuando quíeres. ¡Qué diantres! En :P •

(

�32
rís todo el mundo te ador.ibll. ¿Cómo te las com¡,ones para ser aborrecid1.1. en tu casa?
-¿Y si no puedo doblegarme?
-Se puede cuando es in~vit!lb!e.
-loevitablei'
-Si, contestó él con una firmeza brutal, pues
no veo maner11 de obrar en otro aentido y en caso de un rompimiento deflnittvo no debes contar
con apoyo alguno de mi parte. Te aseguro que
es muy peligrosa lll empresa y seria yo culpable
si te aconsej11ra algo que no faera absoluta sumisión y si te hicier1.1. concebir la más leve e~peranza de ayuda.
Maria Magd-1lena no dió sefl.ales de sorprenderse. Esperllba esta contestación pues sabia hasta dónde el temor de las complicaciones y de los
disgu.os podill conducil' A su padre: hasta e3a
dureza que le negaba, no solo un apoyo materi11l
que le preocup.ibll poco en esos momentes, eino
aun una afectuosa simpatía, un dulce consuelo y
cunsejos menos amargos que esa brusca orden de
doblegarse.
¡Ooulegurse .. ... ! ¿qué otra cosa había 1iecbo
d~sde que se casó? ¿Y á dónde la habfa conducido esto. A una compleLa nulirlcación.
Mllrfa M11gdaltm11 vió el reloj.
·- - -·
-Si quiere usted \'er á la seliora Le Clercq
antes de partir, dijo, ya es tiempo de ir A su
casa.
-Sí. Ya voy. Adios, Mag.
El Ductor abrazó á su llij11. y ella le dejó hacer
inmóvil é indift:rente. EDLonces él la contempló
fij&gt;tmente y le dijo:
-lle aqn1 que porque no quiero ceder A tus
caprichos te me enoj ,., y me dejas partir hasta
sin decirme adios.
La joven observó que su padre estaba ver&lt;la•
deramente herido por esa altivez y entonces lo
besó también.
-Vamos, tontuela, estas son nubes de verano
que pronto pllsarlin dej,mdo paso il tu tranquili&lt;Jad y .\tu dicha. Ya Silbes, Mag, cuánto te quiero
¿Yt:rdad? respóndeme.
-Si, murmuró Mag.
- Pues entonces no te deben parecer sospechosu mis indicaciones y tienes que pensar en que
yo juzgo mejor que tú. por lo cual le conviene
oírme, puesto aparte el respeto filial, yo bien sé,
A fe mía, que la vieja tiene sus ratos de insoportable, pero se hace uno la disimulada, se la deji hablar y se piensa en otra cosa. De repente te
escapas y haces UD viajecito il París, con Roberto, por supuesto que con Roberto, pues alH encontrarás mi puerta abierta para la esposa del sefior
Le Clercq, pero cerrada para una chiquilla fea y
tonta que hacedespropós1tos. Cun que .... adios,
my da1fü1g, como dice Lucia Ifartley y que pase
pronto esta tempestad en un vaso de agua.
Dejó á su hija con la sonrisa en los labios; se
hizo la resoluc:ón de figurarse que el silencio de la joven era una muestra de asentimiento
y supuso que 11us ternezas de padre indulgente
habíim contrabalanceado PI rigor A que estaba
sujet11. De Bois Saint Marce! era deaqutllos egois•
tas exquisito3 que poniendo su pro¡,io Interés ante todo y sobre todo, no pueden soportar que se
les guarde rencor ni por el motivo más ligero.
Quería que todo el mundo le amara y le encontrara encantador.
Cuando se quedó sola María Magdalena, pensó
en la situación inesperada en que se encontraba.
Al ir A suplica1· 11. su suegra que la pcrdon11ra. por
su exaltación pasada, supo que, Roberto habill
carnbi11do lle propósitos; y fué tan profunda su
estupefacción y tan intenso su desengaflo al ver
que su vida debía continuar como siempre, que
no babia tenido tiempo ni de poner en orden su
imaginación..M11quiualmeme rué como quiso refngh1rse al carillo de su padre y no sacó de este
refugio ventuja alguna. ¿Qué debfa hacer? Lo
primero, ir A ver A Roberto y oír lo que le dijera.
Habría querido correr A su gabinete de traba•
jo, pero un sentimiento brwco la detuvo; un sen•
limiento de desprecio hacia el hombre que de es11.
manera faltaba A su palabra y un vivo rencor le
llenó el corazón en tanto que por evolución rápida de la memoria recordaba todo Jo que le prometió algunas horas antes, sus frases de ternura
y la confesión de que ella tenia el preferente Jugar en su corazón. Esto acababa de oírlo en ese
nismo aposento y luego al primer choque se da'\ por vencido sin tener en cuenta para nada
to iae sus promesas.
os 111 bios de Marftt Mngdalena so plegaron

violentamente con expresión de disgusto. Ahl ¿Esta era.la cláse de afeeto que su marido le profe•
saba? Un t~rranque enérgico pero pasajero durante el cual le ofreció todo; pero luego A caer otra
vez en los hábitos correctos de la existencia obU·
gada y artificial ú que se había conformado; el
olvido de todo cuanto había ocurrido entre su mujer y él y despué3 de haberla ex1tltado y divinizado1 á. tratarla o\ra vez como un ser inferior no
creyendo necesario ni aú.n explicarle la.s ruanes
de esle cambio.
¿Convendría irá pedirle esas razones? No: ya
vendría él il darlas si asf lo quería. Más valía dejd.rle toda la vergüenza de venir A explicar lo
iuexpicable.
Entró pues á su tocador Uaría Magdalena, á es•
ta pieza repugnante por el lujo de IDál gusto que
babia amontonado la suegra; y para arreglarse la
cabeza, des1nó sobre sus espaldas su oputenta cabellera. Acaso fuera este un Artificio de coquetería por4ue &amp;imuháneamente se dejaron oír los pasos de Roberto qu I l1egaba. Ella lo dejó entrar sin
separar Jos ojos del eSJJl'jú en el cual vló la cau
11.fligida, casi conf11u de su marido,
- S11lud, Afag ..... .
- -Salud.
-Qué seria e5tAsl ¿Has hablado con mi madre?
dijo lioberto, aborda11do desde luego la di1tcuslón.
-Si.
Magdalena daba estas contestacioneslaeónícas
sin volver lit cara. Roberto afladiú:
-1,Y te refirió lo que ella y yo hablamos?
-No¡ el resultado sólameute. Parece que á pesar de todo nos quedamos en su casa.
-¿Podía yo aceptar de ella el sacriticio de que
se Cuerai" Tú. m11,ma no lo hubit!rits consentid.o: no,
:Mag, te hubiera parecido imposible como A mi
que dejara sn propia casa.
-Nunca le propusimos semejante cosll, respondió la joven, colocAndose artístiCllmente los cabellos y prendiéndolos con itlfileres de oro.
-Naturalmente. Pero ella no se pudo resignar
á que sufriéramos pobrezas y privacloneti. Su
ofrecimiento tan t:x¡&gt;ontt1neo me ha conmovido y
te c)nmJverá. de la misma manera, estoy seguro.
Ante tal generosidad, las pequen.as reocilllls desaparecen y sóto queda la g1·1tlitu.d.
Magdalena guardó silencio por algunos instantes, como no dándose por couvencida de semejante afirmación. Acabó de arregJar¡¡e los cabellos,
rt orgarnzó los peiues y cepillos qui, le habían es•
tado 11irviendo y dijo trian1ente:
-¿Af,í, pues, estA convencido que permaneceremo11 aquí y en la!! mismas condiciones que anteriormente?
llJberto ligeramente confuso, pero afectando
ser~nidad y firmeza, dijo:
-Sí, y por medio de múma.s concesiones podremos ser felices.
-Hasta aquf las concesiones no han sidt&gt; mutuas, sino que yo las lle hecho todas pero no recrimino á nadie por eso y es inútil en consecuencia que frunza usted el entrecejo y se prep11re á
la discusión. ¿No tiene usted u11.dá más que decirme?
-No.
-Entonces sería usted muy am1tble si me permitiefll quedarme sol1t para terminar mi tocado.
-Eso bignifica que me vaya y no me tieoes
a.costumbmdo a tanto rigor, replicó Hoberto, como queriendo tomar t1 broma lll.S cosas y seapróximó A Maria Magdalena para besarla.
Ella entonces lo dejó hacer con indiferencia tan
glacial que retrocedió contrariado y tan confuso,
que queriendo salir del t•·•cador, se dirigió á la
puerta d~ la alcoba.
-Por ltt puerta de la antecámara si me hace
usted favor, dijo Magdalena.
-¿Por qué'i'
-l:'orqne .... mi alcoba no es pasc1.dizo que todo el muDdo pueda estar ci:u.zando A toda hora.
Roberto dirigió Ai;u mujer una mirada amenazadora.
-¿t;ree usted, María Magdalena, que estoy en
condiciones de prestarme A una escena de novela
seatiment1tl? Bien sabe usted que es absurdo lo
que dice y Jo que supone.
-Puede ser. Sin embargo, me figuro que no
harl1 usted intervenir A su madre en el debate. Ya
he visto cómo me ama usted y no necesito más.
Roberto, trastornado por la cólera, quiso contestar, decir 11lguna frase brutal acaso, pero ella
tenia una actiLUd tan resuelta, que se contentó con
hacer un adem{m de desprecio y salió. DetrAs de

33

E L OBSTÁCULO.

"Et, HUNTIO fl,CSTRADO"

él :Maria Magdalena corrió ruidosamente el cerrojo de la puerta.
Al oir este ruido Roberto apretó los ptlftos con
furor v rompiendo con su calma ordinaria empujó la puerta del corredor con un golpe tan violento que se lastimó la mano y entró en su gabinete de tu bajo lleno de ira y de rencor, estupe!11cto al recordar el carácter que babia descubierto
en su mujer y decidido A obrar con toda energía.
para dominArselo. Pronto se iba A ver quién se
cansaba primero de s"mejante situación.
En la estación del ferrocarril el Doctor se encontró con René Darlot que estaba de viaje pa•
ra Bretafla y siguieron juntos algunos minutos
hasta una estación proxima en que cambiaron de
tren.
El Doctor de Bois Saint Marce1 tenfa deseos de
desahogar sus penas en el corazón dealgún amigo. Darlot babf1t asistido la víspera á la escaramuza del palacio Le Clercq y era natural que se
hubiera tratado de informar del desenlace de
los sucesos que er.taba ansioso de conocer.
El Doctor le refirió que Maria Magdalena había
dado á su suegra una scitisfacción y esta por medio de un gracioso ofrecimiento, de despojarse de
su fortuna en favor de la rebelde, consiguió que
mllrido y mujer continuara,; en la casa.
-.Magnifico! all.11dió el Doctor, ya ve usted,
querido amigo, que todo se desenlazó fl pedir de
boca, y esta aventura harA comprenderá l\1ag
que no tiene mAs recurso que eometeree :\ su suegra. Esto es lo mejor que podía suceder.
-No lo considero así, declaró francnmente
Darlot, pnes Mag qued,i redncid11 A una situac:ón
insostenible, y pienso que sa marido se portó muy
m11l no cumpliéndole la promesa que le había hecho de sacarla de allí. Esto va A empequeliecerlo
en la estimación de su esposa, lo cual debla suponer él con su buen criterio¡ y aunque su hija de
usted es muy buenit, estoy convencido de que
cuando deje de estimarle le dejarA de amar; y
cuando ya no lo ame le serAn · insoportables las
inmerecidas penecuciones de la suegra y yo no
encuentro en esa probabilidad justos motivos de
verdadera inquietud.
-Vaya, vaya .... :.1 Es absurdo lo que dice
usted, replicó el Doctor. Parece que encuentra
usted agrado en disgustarme con semejantes predicciones. Después de mis sermones á M11g y de
las exhortaciones que Je hice! Pero y también yo
por qué me ocupo de la opinión de un hombre co•
mo usted que tiene la cualidad de ver todasdas
cosas de un :nodo diferente de como las ven los
demás? Usted pretende conocer á. María Magdalena mejor que yo que soy su padre y la regala
usted con un carll.cter de tremebunda altivez. Est" es archifdlso: yo que vi A todos los personajes
de nuestro asunto digo a usted que ya estarAn en
la.mejor harmonía, que mi hija en ddinitiva se resignará al verse la menos .fuerte, y también le
asegu-o Austed que es lo mejor que puede hacer.
Por Cristo que sus hermosos sentimientos son patéticos, pero una vida holgada,feliz y rica, vale
la pena de que algo se le saerifique. A. est11s horas estoy seguro de que Roberto habrá logrado
someterla por bien ó por mal1 y siempre resulta
venturosa una lllujer que hace todo lo que quiera
su marido ..... ,
Tregastel es un pueblecillo pobre formado de
cabaftas de ladrillos sin cocer que apenas se distinguen del suelo, semejantes A pequeflos montones de tierra, verdaderos agujenis de topo que
se ocultan entre la, yerbas incultas. Aquf y aUA
aparecen entre el cé~ped manchas relucientes tle
UD granito duro y los senderos así p:1vimentados
parecen antiguas vías romanas¡las placas de piedra se muestran desnudas y en alguno~ puntos
surgen sobre los macizos de verdura rocas gigantescas, monstruo-as, enormes, sostenidas en
equilibrio y ostentando en sus numero3as grietas
juncos de flores rojas ó amarillas. Cuando en esas
rocas hay
. algún
. espacio cubierto de tierrl.l, los
Mmpesmos Blembr,rn allí trigo y cebada.
Estas manchas rubias de espigas maduras producen un efecto muy pintoresco por su contraste
con el rojizo de las roca'!. Poco más lejo~, pefiasc?s ~olosales se_h1m desplomado por Algú11 sacudlm1ento plutómco; el suelo hundiéndose en rApido declive y en etie suelo piedras de fvrmas ext.ravngantes apiladas, monstruosas, altas como to
rres y tan prodigiosamente pesadas que se necesitaría uu terremoto para eambhtrlas de sitio y
que .'.&gt;Scilan sin embargo cuando lile toca un ni.lio.
(ContinuardJ.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
VElUSION Et;PAÑOLA. DE 11.EL MUNDO ILUSTRADO"

Número 5.

Rosas encendidas y amarillas retamas se defienden tras de esas rocas de los vientos rudos
de 1ll mar y del asalto furioso de las olas.
Los hab(tantes de ese lugarejo son muy pobres;
viven los hombres de la pesca y las mujeres y los
nifl.os van vestidos de andr11jos sórdidos A los
1UTecifes cercanos A eojer cangrejos y langostas.
Una chiquillería súcia y descalza salta entre los
guijarros dela playa y cuando percibe la llegada
de algún extrailo, lo rodea gritt1ndolela únicapa•
labra que conocen del idioma nacional: Buenos
días! y que es su fórmula de mendicidad, Manos
como garras se exlienden ante el viajero, y la
banda obstinada le sigue hasta arrancarle algunas monedas de cobre.
Al dia siguiente de su llegada, Darlot, rodeado
y perseguido así, perdiéndose entre los senderos
escabrosos, bordados de cabailas que sirven de
habitllción común á hombres y á auimales1 trataba en vano de hacerse indicar el lugar en que es•
tuviera la casa de 111. sefl.orlta Hartley.
Darlot se había perdido en un dédalo de cami•
nos y vericuetos, de campos rodeados por cercas
de piedras sin argamasa y marchaba sobre un piso lleno de guijarros agudos. De vez en cuando
Algún establo se atravesaba en su camino ó ha•
llaba el horizonte recortado por alguna mole de
granito que sustentaba el faro ó por la caM blanca del semAloro con su mflstil erguido y cruzado
de cordajes delgados como hilos de alambre que
apenas se distinguían sobre el fondo azul del cielo. Más allA, la mar.
Darlot después de haberse desembarazado de
los mendigos marchó costeando A través de un
campo sembrado de juncos cuyas esplnas le punzaban las piernas, y así mttrcbó la1·go tiempo bajo un sol de fuego por lugares tan vastos y tan
poco accidentados, que el milstil del semAfvro hacia
el cual ae dirigía, parecía conservarse s:empre á.
la misma distancia.
Fatigado ya trepó á una pequefl.a altura que
azotaba la brisa del mar, acre y JJena de perfumes, y jadeante JI\ se sentó A la sombra de una
roca y hasta se olvidó por algunos instantes de
contemplar el grandioso espectá.culu que se presentaba ante sus ojos: todo un pais baftado de sol
y de aire azul. El día estaba tan claro que se
descubría la costa hasta una distancia inmensa
erizada de picos superpuestos, desquiciados bi•
zarros y amenazadores.
Una linea de espuma tra.njeaba las 0111s que
chocaban contra 103 arrecifes que asomaban á

�35

F.L OB"TÁCO!,O.
"EL MUNDO TLllsTRAOO"
¿

corta distancia de la tierra, y A Jo lejos el mnr y
el cielo se coofnndflUl en nna brama vaga y t.ransparente.
Un río se dividía en una red de canales que se
nbrían penoso camino á travé,i de Las rocas hacia
la playa o.mnrilJema. Ros11rios de islas, pedregosas tamblen, se vdan desgunados por el mar, y
lae gtt"'iOtas pasaban en bandt1das lauzando gritos entristecedores.
Del lado de la tierra, entre las choz11s de pescadore·s, se alzaba A lo lejos la. flecha delicada y gallarda de un cam¡,anario de piedra que d11tab&amp;
del siglo XVl. Este ettmpanario y esta capilla
irr11diaudo en la .uz ee nimbaban de oro y vlbrabao como en una aureola.
Pero J¡ejo esta regocijadora y ardiente luz, la
tierra aJllrecia Ar1da y .il hombre dabil lástima
abrigado bajo aquellos techos dt1 paja, entre esos
mures de Jodo, en esas csbaftas mt\s tristes y desaliiladas por el contr1:1ste con el limpio azul de la
mar y la diiJfana claridad del cielo.
Darlot conmovido se estremeció. El que se levantaha antes qne el sol para admir1tr el deapertarde loa campGsde trigo en la rica [·orma11dia.
quería aqui ver deepert1:1rtambién estl\ssole&lt;h,tles
pedregosas dond1:1. los hombres padecen miseria y
b11mbre.
Se puso en pié, olvidAndose de Lucia Ha.rtley¡
v pensando en las doras priVllcione · de la gente
dt1 tan devastada comarca, emprendió de nnevo
su m•rcha hacia la playa e1;tre las rccas que de
vez en cuando extnnlnabli con atención. Una de
ellas que tenia la forma de una embarcación a11ti gua le recordó que en las cueYas del mt1Beo -·h irio hab[a visto otra s~mPjante, groscr«mente esculpida y que como és1.a tenfa 111. proa elevada,
Jo-i cos1ado:s anchos y estaba así miamo bien ta•
llada. Subió A la parte mAa elevada, y alli como
en un nllvlo de gr:mito que estuviera nnegando
tn mar de matorrales, contempló otra vez el eapirnio azul del lado de la mar, gris del lado de la
tierra. y rojizo en el litoral donde abundaban las
rocas.
Derrepente un punto blanco le llamó la aten•
cióD, Bra el quitasol de un pintor instalado A 11Igunos cen~eoares de paso~ ~e su;&gt;nnto d~ observ 11ción. FiJAndo,e más, disungo1ó al arllsta que
ern unu. mujer: seguramente la sellorita Hartley.
De un s11lto se precipitó A la tierra y tomó la
dirección en que ha bid distinguido A su amiga
que lo recibió sin disimular la sorpresa. y la alegrfa que et.perimentaba. Despué¡¡ do los saludos
y frases de bienvenida ella le dijo:
-De dónde viene nstell? ¿Dónde está aloja.do?
-Estoy alojado bastante lejos de aquf, en un
hotel que tiene toda la facha de una posada de
aldea.
-Son encantadoras esas posadas.
did
-Sl, pero la mía estlt inva a por los ingleses
y ya. sabe usted lo lnsoportables que ~on.
-Cuidado! Reflexione usted en qne está. hablando conmigo.
- Usted 00 es inglesa, ti. lo menos en ese sen-

~

tido.
-Riendo de esu, ocurrencia Lucia volvió i\
pintar continuando un estudio, muy avanzado ya..
de un c11bo de la costa erizado de pella.seos. Darlot observó atentamente el boceto.
EstA muy bien, dijo.
-¿Le parece A nsted?
-Muy bien. Por otra parte, este pais ea de una
beUeza entristecedora. Ilace dos horas que ando
errante en el litoral, penetrAndome del aspecto
melancólico de esas rocas, de eso11 matorrales, de
esa tierra gris. No debfa usted pintar esto bajo la
luz de'nn sol ardientP, sino en los momentos de
un11. horrenda tempestad.
Nubes pesadas, cielo sombrfo,gaviotaa espantadas y el viento rompiendo los matorrales y azotando las rocas, eFpléndida decoración p11ra una
escena de Jlacbethl
Darlot se sentó cerca de Lucfa que le escuchaba piuaodo.
Traje conmigo las poesías de Musset para leerle A usted mientras lrabsje, pero no debe ser Mussct el que se le11. aqul sino Shakespeare.
-No me agrada més que en inglés.
-Pues bueno. En ese caso, usled será la lecto·
ra. Yo entiendo al idioma perfectamente y me
parece muy bello pronunciado por una linda boea de mujer. Es un canto, un arrullo, un murmnrio que tiene harmonio ·ísim11s modulaciones. Eso
es, usted me leerá, todo~ los versos de Sbakes•
peare.

-~lagnftlcol ¿Y m.ientr11a leo, uated pintarA los
bocetos para mi cuadro?
--Pues Je !eré Austed los poetas bretones desde Brizeux basta Juan Nibor. Leer en alta voz en un 111.gar tan pi11tore11co como e1&gt;te hermosos versos 1
una mujer A. quien se admira, eeo es la reallzaeión de! mAs bello ideal! Yo me juzgo mAs compltto desde que estoy aqui bintiéndGme pene:re.•
po de esto ro~dio ambieute y puece que median
L11glos e11tre mi vida de eiuuad y el momentc.• presen te. Perm11necerfa yo por 1rna cteruidad contentu y feliz j11nto lt e&amp;tas penas Y al latlo de usLed. [e siento bretón como bi bublera vivido siempre bajo ebte sol y respirauuo A plenos ruhuones
el vl1:1nto de la mar.
Awbcs guardaron silencio.
Solo se etcuch11.ba el ru.:i.or acompasado de las
olas y Jes p.-reci11. que estaban Jt,jos, muy lejos de
todo lugar habitado. ~iogunll ,e1i1 en el m11r,niu•
guua cuota eu las ccrcauia¡;¡ haiita la torre del
lllro estaba oculta por un repliegue del terreno.
BI encanto inef11ble tJe la soledad les peuetrü el
corazón, y Lucía mAs ddlcitda 1&gt;int1ó que se le
bumedecii,11 los ojos.
Dt1rlot lo ob:iervó.
-Sentir juntos! ~o hay nada m:\s verdadero,
exclamó.
• Lucia volvió á. tomar sus pinceles.
-¿Por qué será? dijo ella como hablando consigo mismtt, por qué s1:rA que al placer .. bsolulo,
fit,ico é ioteltctuttl que me pr&lt;.doce la contemplxción de lo bello se mezcla siempre un sulrimien•
to, un sentimiento doloro1;0? ¿SerA ocasio1,ado
acaso por la eertlduUJ bre de que e!iO va A durar
poco y de que pronto vendrin A sustituirlo las
cosas vulgares y le .s de la vid11?
.
Darlot. siguiendo e. cur..o de sus propios pensamie11tos dijo sin res1,ouder t eata pregu11t11:
-¿lla leido u·tc:d lo que 1:scribió Rt:nan rcspecto A las campanas de la ciuda.d de Isi' Las
compara A los rt cut!rdt.ie que subeu del fundo dtl
corazón y que se oyen, oyéndose uno ptins~r.
Aquí, aquí es donde vibrtul esas campan11s le~a.nas esas campaua11 tristes y lentas. Par" mi t1ener{ una voz tenue muy apacible Y dulce, la voz
de mi hermana, que murió rebelltndobe contrtt la
muerte. Si hubiera conocido yo este p11is, la habria tr,iído A él. Aqui todo fin debe ser dulee
porque se siente uuo en intimidad con la natura•
Jeza y hasta parece tAcil y simpAtico volver A su
senn.
Lucía dejó caer sus pinceles. L1t habían con•
movido esas palabras por la extrema sensibilidad,
rara en un hombre de que daban l" prueba, Y
ademas utaban en harmonía con sus propios
pensamientos. También ella crcia escuch11r las
campa.nas del pNB&amp;do tr1tyendo rememb~·anzas
de seres desparecidos y amados en otro uemoo.
-Pues bien. dijo con acento enérgico: mAs vale haber sofrido porque as( se aprende A com •
d 1
prender lo bello. EL arte es triste co~o to o o
verdaderamente grande, y es necei11r10 no perder la firmeza cuando se oyen las campanas de
la ciudad de los muertos. A mi me devuelvi:n
mis energías. Adelante! ¿Dónde? No lo sabemos,
pero ¿qué impGrta? Marchemos co? ~ paEo se~uro y 111 frente levantada. Estos p111saJes granC:10808 me Tiemplan el alma y 1:I corazón, porque en
ellos, cerno dice usted muy bien, no se teme mo•
rir¡ y aquí es donde debería escribirse el gran
poema de la Piedad y de la lluerte.
-La educación inglesa ensena desde la infancía A aue las personas cuenten sólo consigo mi:smas, y eso las bace ruertes, poderosas.
-Cuestión de volunt,1d, dijo ella, volviendo al
acento de la conversación ordiu11rla. , • . ¿f Megdalena? hdbleme usted de ella.
Darlot suspiró mt:l,incólicamente.
-lla. tenido usted un m111 pensamiento ni traer
A mi memoria, pronunciando ese nombre, el re•
cuerdo de lo qne me ha a1orme11tado durante todo mi viaje: Uagd11lena esU\,,mal, muy mal.
-Me c~pantll usted, dijo Lucia, ¿qué ci1 lo que
le pasa?
Darlot refirió los ir.cidentes de los últimos días¡
la reb~lión de MNría Mngtlalena, su breve victo•
ría seguida de la defección de Roberto, Y el t1 ionlo de la suegra.
-No encuentro palabras para expresar hasta.
qué punto es absurdo ese marido, dijo la joven
inglesa, con a.na indignación real. ¿!{ay cordura.
en jugar así á cara ó cruz eon stt dicha Y la de
su mujer? Esta mafl.ana, sf: uua hora más tsrtte,
no ¿y 6e imagina. que elle. lo estimará y lo amarA
largo tiempo, con semejantes procedimientos? ¿y

111 vieja hipócrita? Pero esas gontea son cie~asl
Toman A lhgdalena por une. munec~, y DI ■e
Jmsgiuan de lo qne es capaz. Su mando_ la en·
cuemrn lindll· con eso le ba1-ta Y no se inquieta.
por conocerl:t: ¿Y ese vltjo fA1.uo y egotst11 de
Boi:i Snint Mareeli'
.
.
- Ya puede usted figurárselo. Al pruner gr1t?
de alarma at: pu_so eu toga y lo encontré en canll•
no pttrll Ps.ris.
-¿Qué va á ser de Msgdaleua? murmuró Lucía. E:s necesario que salga de e~ casa durante
algunas semanas, y le voy A e~cr1blr propouiéndu11elo, lo mismo que Asu marido .. Lna ~e,rta ausencia servirA de tregus, pues es 11npoi.1ble per•
ma11 ecer en presencia anos de otros en e~ estado
de eri.. is aguda á que han llegado. ¿Se figura usted de 4.ué manera !Se h11blimlni' que veng" aquí
Mcia bldgda.lena y podrA nflextonar_ ~ su gus•
to y obrar en 1,egulda con toda tranquilidad.
Lucía trató toúttvia de pint~r, pero 110 pudo,
pues aquellas maltts uotiei,111 le obscurecían e1
hvrizonte.
-Vamos, ya no puedo hacer _más! porque me
lla tr11.btornado usted con sus b1St~ritts desag,-~diible9. ¡Pobre Mllgtl11lenlll ¡Una mu¡e:r t~n exqmi,ila! Esas esc11r8.JD11Zas van A c0Lsom1r su 1tle•
g 1fa ~~ su bell.-za. El marido sin lx 1nadre, no &lt;:s
del wdo 1111tlo; yo le hab,üt creído basta lnteh1,?~nte r parece amar A su mujer, según pude ob•
1:1ervll~ · en el corco viaje que bleimos juntos. No
qui.o e11cucbar mis obserVllCiones y rue trató con
1111.iva bUpuriorid11d. ¿Qué pensará aho~11? lÜO·
meozarA a couveoeeho de que su muJer no es
capaz de sowettflle siempre, y ei~gam~nte A_to•
d..,jl Necio! Yo quisiera poder d1:c1rle m.i opinión
completa, sobre el pat·ticular.
.
Lucia colocó sus útiles de pintura en la C8JB,
plegó su caballete, y quiso ct1rg11r eon todo para.
ponerse en camino.
-Deme usted eso, dijo René Darlot, voy A llevarlo.
-¿Se illl8gina usted que yo no tengo fuerzas?
Pues sepa Ubted que todlls las maftanas vengo sola á este mismo 1,itio desde mi easa.
-¿ Está muy ltj,:,s?
..,. ÍJna legua por lo menos. Pronto la va usted
:\ ver: no es bonita pero está edificada en un cir•
co de rocas semej ~ut-i,s A estas.
DMlot, á pesar de la protestas de la se11orita
Ilartley cargó con el caballete y la caja de pinturas y Lucía echó A andar precediéndole por
t:ntr1:1 lofi guijarros de que estaba sembrada 111.
playa. Piect.recillas redondas, grandes y duru
como balas de ca11ón rodaban bajo sus piés; unM
roijadas y lus1rosas parecían de mArmol, y orru
eran azu e;¡ veteadas de blanco; en las pen.!ientes de la colina copas de lavanda de perfume
balsúmie:, snrgú.n entre las piedras; il veces en
la cima de los altosaoosapareclan carneros amari•
lientos y el trémulo qoeJumbroso de sus b1didos
vlbrabtt arrebatado por In brisa de la mar¡ arroyuelos de agua ex.tremfldamente limpida atraveaal;)au !&amp; plara envolviéndola como en una red
de mallas de cristal, y era necesario atravesar
esas con-len.es haciendo maravillas de eqnlllbrio
aobre piedras movibles. El camino era fatigoso
como la a.sceosión de una montana.
Darlot jadeN ba sinti.:ndo los plés despedazados
y los ojos abrasadus pcr el sol. En cuanto a Lu•
cía, esbelta y ligera, con su lraje grls y cubierta la cabeza por un sombrero de paja de Italia
en torno del cual se enrollaba un velo blanco,
iba. tan lista como por la:. avenid11s de césped
de un jardín inglés sin que pareciera que la fa!i•
gllba la longitud del cawiuo.
Llegaron por fin A una quinta ó granja A los la.dos de la cu11l babfa editicadas alg11naa otras habitacione11 dan,lo frente A un camino amplio lle·
nn de polvo, que servían para VÍlljeros durante
la estación balnei.rla, y que contrastaban por los
caprichos fantl\r,ticos dd su arquitectura con el
aspecto miserable de la11 ebozas de los campesinos.
-Hénos aquí, dijo la aellorita Hartley.
-Gracias á Dios! 1&gt;bscrvó Durlot.
-E11rA usted rendido de fatiga, y por bien po•
ca cosa. Entre usted¡ tomaremos el t~, r lnego
le prepararé por mi propia. m11no algunas golosinas deliciosas.
Empujó Ja puerta. de la reja de mfldeta que limitaba un peqnefto jardín, frente il la casa cons•
truida como todas las que alli se levllntan en1rP
las rocns de granito, de suerte que pan·cí11n h11bi
taciones trogloditas pues en algunos lagares, lo,
llaneo&amp; de la eolira pétrea les scrviandc pan d.

Una inmensa roca de forma de p!rAmide se alzaba A espaldas de la quinta, y
Darlot tembló al ver esta mole amen1\zadora que hubiera en sn calda apla.litado
la casa, como una encina cayendo de1,pedazaria una colmena,
-A.qui esu\. mi hogar, dijo Lucía, haciendo entrar il. René, y luego lo conduj &gt;
:\ un gran snlón 11mueblado modesblmeute y que recibía muchll luz por las anchas ventanas abíertas frente A la ma.r.
Aqui serA usted bienvenido íempre qt1e
qalera favorecerme con su visit11.
Las paredes estaban 11dornadas ya con
estudios bocetos, dibujos, croquis y apuntts en arthtlco y pintoresco de,order.
Búcaros de porcelan11. inglesa uontcnfnn
tlorPS ~ilvo11tres, 11dmi:-ables cardos de
verde pálido m«tiz11dos de rojo, de boj&gt;\s
lanceol11das y flores de un color indetini•
blP. Cerca de una. do Vis venta.n&amp;s se vefa.
uro. me 11 para té provifta de los uteni,iJios necesario , tetera de plata, tazas de
china, cuchflrillu de met11l blanco y pt1•
quelloa muntequilleros; en un Angulo, un
¡,inno; en medio del s1dón una gran mesa
cubierta de libros y periódicos, y pen•
diente del techo, una gran hlmplll'a que
terda como velador una sombrilla j apo,
nesa. En todo se notaba un &amp;abor de elegnncia encantadora, pues Lucia habfa lo•
grado en e&amp;t,l banal hostelerfn de vb,je•
ro:i, en poco tiempo y con poco esfuerzo
poner todo de tal manera qui! se notara
un sello de inteligen.e ,,rigin111id11d.
-Yu lo creo, conte&amp;tó D11rlot enc1mta•
do por 111. tranca invitAción de su amig11.
Ye11dré con fr~cuencia. Es usted muv
buena 11cogiéndome con tliDta corJiali·
d11d, Home • ·11·ett home! Hogar, dulce hoj?Arl Es ntcesario ser ingles!\ para traerte en la maleta de Yiaje y colocarte en
la mAs vulgar de las casas de cualquiera
pl11ya desierta! Roblosón era Inglés: de
sPgu:-o que en su i la, tomaba el té A las
cinco en puMo de la tarde! Debe haber
ensenado A Viernes el arte de hacer tostn•las con maotequill1', pero no tan deli·
ciosas ¡imposiblt-! como las que prepara
usted. No habría hombre més feliz que
) o en la más leja.na y desconocida de 11's
ialas, con usted por compaaera y todo es10 que tan d1vinameote se sube usted
proporcionar.
Lucia Hartlel rió haciendo gala de su
t,l1rnca y m11gnifica dentadura y se insta•
tu en companla de su huésped, dando vlsiblesmuestras de ese delicioso bienestar
que todo buen inglé-1 prueba oyendo el
Cllntar de la marmita y resplraodo el per•
lome del té.

t':

• • J.

..

~~~, ~
~

~
~

·
·- ~

En .Montpuier la situación segnfa mal, mucho dijo A :.\Iilgdalena, que estaha tan tranquila como
-Recuerde oste&lt;l que no acepté esas fonciones
mAs mal de lo que se imaginaba Lucía HarUey. si no hubiera cometido falt.1 alguna:
sino que me fueron Impuestas: pero por otr11 parMuria Magdalena babia adoptado u.na actitud tan
-1.Por qué no concurrió usted A la sesión?
te me es indiferente presentar ó no mi dirui.·ión
ineepera.da,que su suegra, deapnés de haber ensa•
-Tenía que hacer algunu visica11.
pues solo una cosa me interesa: abstenerme de asisva.do vanamente todos los recursos de la dulzura,
-Podía asced haberlas dejado para otro día: tir A las sesiones; y A ese respeclo, mi rcrnlución
comenzaba A dejarse llevar de su instinto vulgar su ausencia fué notada. y no dude usted que ha es lnvsriaolP.
nativo y su irritación estallaba en escenas de lama- d,uio lugar á comentarlos.
¿Era en efecto )[aria MagdaleM quién hablaba
Con un 1t1temAn de Indiferencia M11ria l\(agda- asi? La indignación y la aorpres!l. d1•jaron atrrrnyor violencia.
La joven tomó el partido de oponer A todas las lenl\ contestó tranquilamente:
da á la seftora Le Clercq; en cuanto A Robnto
exigencias conque se la abramab11, una invencible
-;\le tienen sin cuidado loa comentarios que escuchaba con el entrec,.jo con·raílo ,e u:, modo
fuerza. de inercia¡ y ahora cuando la senorn Le se h11gsm; y cowo ll\" sesiones no son de mi agra- amen11zador.
Clercq le indicaba por ejemplo que se presente.rn do he resuelto no concurrir mAs á ••llaa.
Pero la joven no demo~tró qne se daba c11enta
en el obrador de que era Directora, no d1:cfa nada
P1\lidd de ira, la s1•1lora Le Clercq dirigió ARo• de la malll impreslón que produc.ia, y afirmabasu
en contra pero se abstenia de obedecer.
berto lit miradil y vió que con cara aduRta comíl\ indepenclencla con acento de exquisita corteEin y
Cierto d{a en que hubo se5ión solemne con mo- sin que pt1reciera que ofa lo que se estaba di- sonriendo graciosamente¡ p~ro en todo esto había
tivo de una asamblea general t\ que concurrieron ciendo.
algo tan ocasionado A exa pHarque lasellor.. Le
muchas dalllJIB piadosas y el Cura de In Pa.rro4nia,
-Conque .... .. ¿hll resuelto usted eh? Pues yo Clercq, perdif'ndo la pacienci11 1 grit(:
le correspondía A )luía :.\iagdaleua ~eer un Infor- me figuro que esa. . . . resolución, no Puede ser
-Lo que yo veo muy claro es que ustect prome sobre el e1m1do que gnardaba la institución. sino un capricho mo¡nentl\oeo, porque no querrt\ cura serme persoPnlmenté des11gradabl~.
La sefl.ora Le Clercq que ccarrtó desde tempra- usted conservar una nctilud que es ofensiva para
~!aria llagdalena abrió los ojl.ls con aire dead•
no el:imvp esperando Yanamente á su nuera, pues todc.s los miembros del Comité.
mi ración.
ésta, sin previo avi~o y sin enviar siquiera sus exNo tengo Intenciones de ofender A mldie y de-Ni lo piense usted, teiiora. Mi ünico desi-o es
cullas no asistió y fuó necesario que la prt'sideuta seo no m:.\s que ahorrarme un intolerabletasúdio. librarme de cargas tnojosas y cuando lo reflexiomisma, temblando de cóh:r-t leyera el doenmento Esa!'! sef1or11s se pt18tlrAn muy bien sin mf.
ne ust,d en e11lma, convendrá conmigo en que ese
-Es que tiene usted un cargo e~ el Comité.
en su lagar.
ea rui derecho. Esas instituciones que A U3tcd le
Tan pronto como volvió i su casa se dirigió ú
- Presenlo mi dimisión.
agradan tanto, A mi no y siento mucho que ofilfls habitaciones de Maria Magdalena, y la criada
-No la presentarA usted ni aún cuando la pre- ciosamente me haya asted hecho nombrar p11ra
E•nela, que estaba allí toda.faapesar dchBber ser- sentnra la transmitiría yoal Const-jo, porque sería el desempet\o de !unciones que no puedo cumplir.
vido de pretexto al primer motlvo de ruptura, le una in pertinencia: no se aceptan fanclonea impor- No crea nsted que si,a di/ícil encontrar entre lu
tantes en colaboración con las damas mAs hono- am.igai de usted 11lguna que tenga aptitutles y mu
dijo que su ama ba'bía rnlido.
A. b hora de la comida, hora qu~ hada. muchos rables df'I la ciudad, para desembarazarse de ellas remolace.
días era melancólica y penosa, lasefloraLe Clercq en seguidn cou cm, j,inte rresCUl'/1.
E : f¡¡rccida la senora L o Clcrcq por esta aafüla

�EL OBS'.I'ÁOULO.

3h

37

EL MUNDO IT,USTRAOO"

11

do eon un desparpajo que dejaba muy atrás a. la se•
que estimaba como una burla sangrienta, iba A vistosas pertenecientes A las familias de ?fíciaiiora
de La PaUiere.
contestarle con violencia cuando Roberto la inte• lillos ó de emph,ados, aves de paso en la Ciudad,
Una violenta cólera se apoderó de Roberto,
un poco excéntricas en materia de buen tono Y
rrumpió diciéndole.
pues le pareció que lo que ella quería era poner-RuErgo A us~d. mamA, que suspendamos esta que condenaban todas sus ideas de austera diglo en ridículo. ¡Introducir á.. su casa gent?s ~e
enojosa conversación, pues en el estatfo de Ani- nidad.
Se abstuvo, pues, de presentarse en loa depar- esa categoría, que siendo arrugas ~e ella 01 aun
mo en que estamos se podía producir un incidense dignaban lijarse en él! Se equivocaba redontamentos
de María Magdalena ese día, y ésta no
te desagradable.
damente Marta Magdalena si creía que iba A traLa comida terminó rApidamente, y siempre con dió muestras de haberse fijado en esa omisión. tarlo como á, un tonto que paga todos los gas~os
Todas
estas
minucias
envenenaban
la
situllla misma corrección ceremoniosa Maria Magdale•
y se convierte en una !ig~ra alta y automá~1ca
na se reliró después de baber:1e d,:ispedido de su ción. La guerra, una. guerra femenil, pérfida Y
que
se distingue en el vac10 de una puerta Jruenmala se babia declarado rranca y decididamente.
suegra.
tras
su mujer se divierte y goza.
María l\Iagdalena tenía preconcebido todo un
Ilijo y madre quedaron solos: Roberto irritado
Que
su padre la hubiera dejado aventurarse en
por la firmeza de su mujer, y por su actitud para plan de combates, pues profundamente irritada
un munao así era deplorable; pero como había
con él, pues ya no lo ruanifesta.ba ni la menor in- por haber sido vencida, obraba en todo precipitimidad. Casi no la veía á sola.~, pues ella se en- tándolo A un rompimiento final; pero conservan- cambiado de amo, era necesario poner punto A
cerraba en eu habitación y h,s úuicas veces que do ella siempre las formas más. corteses y exq ai- esas reuniones y cortar esas amistades que pronto le comunicarían sus Mbítos y maneras, y le
lograba l1bl11rle t:ra en el salón en presencia ~e sitas. Su educación mundana muy superior A la
visitas ó en las comidas que se habitm con vert1• de lll se:tlora Le Clercq, le permitía conservar harían perder el gusto por la vida e~rena y digdurante cada escaramuza la mas sonriente sere· na que él le quería imponer. Y ª?la 1_mpondría...
do en un verdadero suplicio.
Cada uno de loe que asisúan A la mesa sentía nidad, en tanto que la vieja perdía dia1-iament9 vaya si se la impondrial y la obl1garia A que ~een efecto el malestar general, estaba en constan- algo de su estudinda mansedumbre. En cuanto A j11ra de resistírsele abiertamente y A que prescm•
te tensión nerviosa, y el mi\s leve incidente pro- Roberto, muy tiísgu 1tado, se cn!Jaba gfocial y su diera del capricho de vivir como una extraila
rigidez daba claras muestras de altiva desapro- con su marido.
vocaba unll erisis.
Esta situación era demasiado anormal y no po
N'inguno había procurado ni previsto este re- bación.

sultlldo. Roberto, conmovido d1, buena fé por las
Vino como de costumbre al salón, el día en que
generosidades de su madre, encontraba abomina- María Magdalena r ecibía, y vió estll alegre reuble la rebelión definitiva de su mujer. La se1lora nión presidida por la se!iora La Palliere. Varias
Le Clecrq estaba más eontrarü,da 'lún porque su damas vivlls y contentas reían alegremente. Se
nuera, despreciándola hasta oiertc. pnnto, se ba- c1tntaba. Ger1trd ejecutaba al piano un acompa•
bia puesto frente A frente de ella aco.sándola de ftamiento ruidoso, y su mujer cantaba coplas de
hipocresía y protestando contra la derrota sufri- aquellas que detallaba con aquel brío admirado
da, en estos términos: «Sea! Usted quiere conser- por el Doetor de Boie Saint Marcel. Otras canciovarnos consigo apesar nuestro, pues permaneceré nes sucedieron A ésta, y Roberto, grave y severo
bajo este tecb.o, ya que no puedo salir, pero obraré como un agente de la. autoridad, vela y oía sin
como si estuviera sola sin preocuparme de deseos que nadie se ocupara de él. Magdalena parecía.
ó de órdenes cualesquiera que sean y con mucha animada y alegre como no ~ la babia visto jamenos deferencia que si se hubiera cedido á mi má.s.
volunlad.»
En los ángulos, al lado de las m'\cetas de palIncidentes penosos como el que queda referimeras, alegres parejas couveraaban tomando te
do, se renovaron varias veces: después de haberse negadu á concurrir á las sesiones del Comité, y pastelillos.
Roberto apenas conocía á. esas gentes que tan
rehusó acompa.ftar á su suegra A casa delas seftoronas viej11,S cuya conversación le era enojosa, y pronto se habían hecho de confianza en su casa.
ademlls estr9chó un poco su amistad con los L~ Por lo menos nunea había visto allí una reunión
Pa.lliere, concurrió sin su marido Auna gira cam- tan numercsA. y alborotadora. Esto le recordaba
pestre que terminó con un baile, en compa11ía de las narraciones del Doctor, y sintió la impresión
gentes alborotadoras, sociedad qu~ vino A verla de que tenía ante los ojos un salón de la clase de
los que frecuentaba María Magdalena antes de su
también á su casa.
El día de l'ecepción de la joven, su suegra matrimonio. Sin duda por eso se sentía tan aleencontró en el vestíbulo del hotel, mujeres muy gre y feliz, riendo, hablando, cantando, charlan-

día eternizarse. María Magdalena se apresuraba
mucho en el camino de sus anducias, y evidente•
mente que pu-a ello se sentía impulsada por un i
ira rar-ic,sa. Pero esas sobreexcitaciones pronto
decaen, y ceden la victori11, 4 las gentes reposadas que silben esperar el fin de una crbis.
Ya volverA sobre sus pasos, seguía pensando
Roberto, sin necesidad de decirle una palahra de
reconcifü.ción, pero mientras llega ese momento
conviene impedir que se comprometa por sus
arranques de insensato despecho.
Con estos pensamientos resolvió intervenir é
intervino cou toda oportunidad, en loe momentos
sn que Gerard de La Falliere proponía una excursión A las ru~as de cierto castillo de los alrededores.
-Almorzaremos al aire libre, sobre la grama,
decía Gerard, y nos dirigiremos al lug11r en amplios carruajes que pueda contener cada uno mlls
de doce personas.
La proposición fué aceptada con entusiasmo.
-¿Concurrirá usted? pre.guntó A María Magdalena la seiiora de L" Pallit,re.
-Ya se ve que sil
Roberto, A quien no se había invitado, levantó
la voz:

- Eso no es posible. Ya le diré á usted por
-qué, Maria Magdalena.
Esta le vió: observó su frente obscurecida por
•una sombra y comprendió que estaba sordamente irritado: pero en el estado á que habían Jlegado las cosas, no creyó conveniente retroceder.
-Explíquese usted desde luego .... ¿No?Pnes
entonces es un capricho de déspota. ¿Deberé someterme?
-Vs ningún modol se apresuró á. decir la se11ora de La Palliere. ¡Cómo! ¿Quiere usted acaso
convertirse en un tirano? ¡B,.hl no impida usted
.á Mllria Magdalena que se divierta. Vaya usted
coa sus p11pelotes y sus expedientes y déjenos en
paz.
Roberto dirigió A su mujPr tan imperiosa mi•
ruda, que éste guardó silencio, no queriendo prolongar delante de extrail.os Ja discu,iión.
C11ando ya todos se habían ido, Roberto dijo
·de un modo que no daba lugar A réplicas:
-Ya sabe usted que no ir:l.
-1.Y por qté?
-Porque me desagrada. No quiero que se lance usted en esa sociedad inconveniente, v le ruego que diJminuya toda suerte de intimi.dadeo con
los La Falliere y sus amigos que me son muy anpAtieos.
Maria Magdalena no contestó; permaneció en
1'\ié junto A una mesita china que servía de sostén
á un búcaro de crisantem11s, y se entretuvo en
destrozar como al descuido con sus dedos blan·
cos y tinos los pétalos de las flores. Así las miradas de Rob~rto fueron atraídas por sus manos
tersa!! y suaves que tantas veces había besado y
cuyo perfume aún conservaba en los labios. Quin•
ce días hacia que no Ja veía á. solas, nunca le había parecí~o tun bella como en este momento, y
en un arrebato de pasión le dijo con voz temblo•
rosa:
-:Magdalena . . . . l
Ella se puso en~endida como una amapola, le
lanzó una rápida mirad11 1 comprendió lo quepa-sa ba én él, y rápidamente t11mbién le vino la idea
-de que no debía ceder A este enternecim.iento
.p asajero. Avanzó, pues, silenciosa y muda hacia
el piano, se sentó y tocó al descuido lo&amp; primeros
compasef de un vals.
Roberto desolado y lleno de ira, salió cerrando
detrá.s de él la pueria con estrépito. Y mientras
iba con dirección á sus h!ibitaciones, no dejaba
de oír el ritmo obstinado de aquella música enojosa. Entonces pensó con amargnu en que Ma•
ria Magdalena ya no le i:i.maba, pues si lo amara
~ún, no se habría portado de esa m1:1.nera.
Magdalena cesó de tocar. El recuerdo de la
mirada suplicante de su esposo le vino á la memoria y sintió que su pecho se oprimía con una
-dolorosa comoción.
-Pobre .Bobl exclamó, y luego una maliciosa
sonrisa se dibujó en sus labios.
Luego alzó sus ojos para fijarlos en el espejo
que estaba junto al piuno y vió allí reflejada s11
belleza, Tenía los ojos encendidos y unas gotitas transparentes le temblaban en las pestalias.
-Tonta! murmuró con despecho: ya no me
ama; si me amara me preferiría á. en madre.
Por la tarde, en la mesa, la señora Le Clercq
dió la noticia de que baoía recibido, procedente
•de Inglaterra, una carta de la seitora Charmon, y
afi.adió que le acompafiaba varios decumentos
que estaban escritos en inglés lo mismo que una
eartll de la sen.ora. Egerton, Directora de la Obra
-del Trabajo para mujeres. La etñora Le Clercq
habló de esta institución A su hijo largamente, y
éste, A quien de seguro interesaba muy poco el
asunto, apenas le contestaba con monosílabos,
por lo que la conversación casi no fué má.s que
un monólogo lleno de monotonía. Despué, la seflora Le Olercq dijo A su nuera de u11 modo ceremonioso:
-¿Podría yo esperar de usted que me hiciera
-un favor?
-Sin duda, seilora. ¿Y cuá.1?
-Traducirme esos papeles, porque ni Roberto
ni yo sabemos el inglés.
-Con m11cho gusto. Ah! se me olvidaba decir
á ustedes quo yo también recibí una carta. Es de
Lut:ia Ilartley que me invita A pasar unos días
en Tregastel. Le contesté aceptando y pienso
p1mir mafiana.
Roberto no veía en esto nada. inconveniente,
pero la sen.ora Le Clercq pensaba. de distinta manera..
- ¿ Y tomó usted tal resolución . sin _consultar A
nadi1::il E~o es faltar á. las conven1enc1as.

-Nv pensé que fuera necesal'io convocar un
consejo de familia para que se me permitiera ir
A pasar afganos días con ana amiga.
Magdalena y su suegra. no c!lmbi11ban ya más
que !rases de ese género. Quince días llevaban
ya en esta guerra de guerrillas A cada instante
ma.s acerb11 1 porque como sucede inevitablemente, las antipatías se exasperaran por la acumulación de incidentes nacidos de nada y que ninguna.
de las dos combRtientes trataba de evitar. Sin embargo, aún no h lb!an tenido explicación alguna sobre las caus11s de su ant11gonismo.
Cuando Maria Magdalena supo por boca de su
misma suegra que Roberto había cambiado de
ideas y resuelto continuar la vida en común, la
joven no dijo nada , ni una palabra que revelara
el fondo de sn pensamiento, y sulió del aposento
de ll\ seflora Le Clercq, sin contestar, después de
un frío sal11do, Luego, ni la más 1.. ve alusión sobre el asunto y nada ml1s qu~ un cambio ra.dical
en su método de vida: en vez de sumisión y amor,
una independencia absoluta en sus accione:1.
Después de lll comida, l&gt;l setlora Le Clercq re·
cojiólos documentos que quería le tradujera Maria
Magdalena y resolvió aJ tmcomrar6e con este pre•
texto á solas con ella, hablarle y provocar bien
una. explo~ión de cólera ó bit!n un arrt! bato de enternecimiento.
No era posible que la vida continuara asf, por•
que ya semeJante sit1111ción era. pencsa par11. todo:1
y si Marft.t. Magdalena calculó que no pu.diendo
partir en buenll h1:1rmoni 1 ibit á conseguir que la
hicieran irse, estaba en lo real. La antigua tranquilid!ld dtl la existeneia de familia hahía cambiado de tal manera., que cada reunión acababa siempre por convertu·se eu un torneo de réplicas de•
sagradables en el que cada cual se esforzaba por
herir sin pit!dad á, su 11d\•ersllrio.
María Magdalena estaba en su hllbitación revolviendo cajones y preparando mdetas para su
proyectado viaje á Tregastel, cuando entró la sedora Le Olercq.
•Esta nueva. út-mostración de independencia se
hizo muy sensible para JK vieja que venia con intenciones conciliadoras, quería h11blar dulcemente y ver si podía aplacar con buena:i pal1:1bra.s la
rebelión de su nuera. Profunda amugura. surgió
en remplazo de aquellos iseutimiento:i y dijo á
María Magdalena con altivez y r11deza:
-Quisiera estar á, solita con usted.
Oou una seilal, l\Iaría Magdalena bizo salir á
Estela que Ja ayudaba en sus prep11rativos, ade·
lantó un sillón que ofreció á su visila, se sentó
ella también y dijo:
-¿fila para la traducción, no es l\ei? Deme usted:
le leeré desde luego esos documemo:i y despué:1 si
le parece escribiré la. traducción.
.tf.ubía una carca de lasei'loraEgerton, carta muy
amable que enterneció á la se.llora Le Clercq, porque le h1:1blaba con vivo encomio de sus bondades
y le tocaba la cuerda má.s sensible: el orgullo. Evidentemente la seiiora Charmon había pintado A su
amiga con los colores mAs fdvorllbles, pues solo se
trataba en todo el escrito de la generosiditd de la
seflor11 Le Clercq, pre,.identa y benefactora de tantas obr11s de c11r1t1ad.
Con una elocuencia un poco enfática, entremezclada de sentencias bíblicas, la eeiiora Egerton ?elicita ba á su colega por todos los beneficios '-lue
babia hecho y eeguia hacier,do y tr11taba de inte•
resarla eu favor de la A~ociacióo inter,,11cional
para prnporcionar trab11jo A l¡,.s mujeres. B.ijo sus
auspicios esta Asociación ya poderosa y que tenía
en Holand11 1 H.nsia y Alema.nia. 111..mero-1as sucursales, no podría dejitr de prodll'Cir en Francia brillantes rt!Sllltados.
Se tenfa ante todo necesidad de- dmero y lluxiJioe de toda especie, por que á la asistencia para
el tr1tbajo debía reunirse una obra de bendicen•
cia pura, fundando castts de eulud para asílur á 111&lt;1
desgraciadas debilitadas por enfermedades ~ pri
vaciones para que se recobraran antes de emprender de nuevo la lucha por la vida.
El clima de Inglaterra era húmedo y frío y en
Francia era donde convenían esos a&amp;ilos. ¿Estaría
la se11.ora Le Clercq, preguntaba la carta, eu dispo•
sición de aceptar Ja presidencia del Comité Central Francé:1 que formaría ella misma y empezaría
por ocuparse de la propaganda? Tan pronto como
se abriera el primer hospicio se le daría su Direc•
ción, superior y bajo su autoridad se pondrían todas las sucnrsales que se llegaran a. establecer en
las demAs ciudades de lfrancia. Había una
presidenta para Inglaterra, una para Ruaia,
una. para Alemania y Holanda que formaban eJ

Consejo Supremo de la institución, al cual era una
distinción muy seflalada el que se llamara á. otra
persona para integrarlo.
El orgullo de la se11ora Le Clercq quedó suma·
mente halagado con la lectura de esta carta. Toda
esa gerarquia adminütrativa llamándola A una cima desde donde se la ponla á llota.r sobre las miserias del mundo como un ser benéfico que reparte los socorros y tiene el poder de aliviar las penas, exaltó su imaginación.
¿Qué eran esas minúsculas cofradíascaritativl\S
de l\lontpazier, junto á empresa semejante qu~ con•
taba entre su., miembros activos ó protectores A
las más altas personalidades E11r('pea y como
presidenta. honoraria, t. la reina de Ingqaterra?
La senora Le Clercq permaneció penlsativa. por
unos momentos, no por v~cilación para aleptar el
puesto que se la proponía, sino ideando la ma•
nern de dar mayor realce y las funciones respectivas. Una postdata ailadida á loe Estatutos, de
pullo y letra de la senora Egerto11, decía que Su
Magestad, lll Reinll, habla concédido á. las Presieidentas generales extranjeras el derecho det ser
prese,.tndas á la Corte de S11.int James cuando fueran á Londres.
Terminadll la lectura, Magdalena calló y se pusv
a. anali:Gttr la fisonomía de su suegra transfigurada por un desl.1mbr11miento de vttnidad. La sefiora Le Clercq se re11izo muy pronto y vió á Magdalenit, y le dirigió uua sourisa, pues la satisf11cción
reábida apaciguaba un tanto sus iras y rencores
dando paso á la 11costumbrada mansedunmbre.
-Y bien, amiga mía, ¿vá usted comprediendo
al fin el interé; 4ue lleg110 A presentar laR institucionet1 du cariaad? ¿lldemAs de la cicba de hacer el bien, no ve usted que aún viendo !\ los benefactores bajo el punto de vista muudano, puramente mundano, quedan colocados muy por
encima de las personillas descabezadas que son
dd agrado de ustedi'
María M11gdlllen1t no contestó.
-Vamos, ai'ladió la seflora Le Clercq, usted es
inteligeme pura no reconocer un error pasajero.
Si encuentra. usted algo enojosas las ocupaciones
que quiero que acepte, ya ve usted que en cambio lianen sus halagos. Pagllda de m nobleza como lo está usted, apreciará, estoy segura, la honra que producen las distinciones de una reina.
Si quiere usted ser mi coloboradora actualmente, le ofrezco quemesucederAluego en todos mis
puestos y dignidlldes.
Pues bit-n; esta tentadora perspectiva no logró
seducir A Maria Magdalena que tenia otras ideas
sobre la fdicidad.
- Agradezco A usted mucho todo eso, se!iora,
le dijo, pero no me siento con vocación p1tra el
caso. Ha.cer el bien, sí, cuando se me presente
la ocasión, pero no consagrandome á él de un
modo oficial, profesi('nal y cotidiano. ~o: no
ambiciono suceder á. usted en sus cargos y dignidade~.
La seilora Le Clercq, decepcionada, dió se!iales de impaciencia.
-Qjg1tme usted, María Magdalena. Por prime•
ra vez desde hace quince días nos encontramos
solas y podemos hablarnos con franqueza. ¿Qué
significa la actitud que ha tomado ustedi' ¿Adonde piensa. u,ted Uegar con esta afectacíón de
arrog11.ncia tan penosa para todos nosotros?
¿Nuestro modo de vivir no es del agrado de usted? Esto es enojoso pero confesará. usted que
hemos hecho todo lo posible por hacérse'o dulce.
Corno un ni.ilo, se revela usted contra lo inevitable ...... ,in ret1exion1tr en que esto no la condo.cirA má;; qua á. cansar t. su marido. No hablo
de mi, y eso que sin embargo tengo dtJrecho !\
cierta dderencis.
María Magdalena replico de la manera mfls
cortés:
-Puesto que soUcita usted una explicación, se
la daré. Mi contrariedad viene de que se me obliga A permanecer, á pesar mio, en easa ele la madre de mi warido, pues me creo con dt-recbo de
poseer un hogar mio en el que yo sea la única
ama, y juzgo A Roberto digno de reproche, porque no tia tenido valor par11 hacer lo quP, es r,ecesario y justo.
La seilora Le Clercq quiso eontestar, pero Maria Magdalena con un ademlin la detuvo, y continuó:
-En cuanto :l lo que usted llama una afectación de arrogancia es sencillamente una actitud de
protesta. Yo estoy aquí constreJHda y forzadll.
Sea! Usted tendri mi persona, pero nada mAs: ni
sumisión ni nuliticación.

�EL OBSTÁCüLO,

as

"EL MUNDO lLURTRADO

.~Jy.!.~ ~

39

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...

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Al oír tan atrevida manifestación, la sellora nuera sobre este particular y al descubrirlos dijo subiendo de tono.
.
Le Clercq se levantó:
-Bien. Usted tiene una manera muy elástica
-Usted olvida muy á menudo con quién hade agradecer la agena estimación! Pero ¿quiere
bl11.l le dijo.
-No Jo creo, SP,fl.ora: mis palabras son eorree- usted decirme cuAles son sus propósitos al adophs. Usted me pidió que dijera la verdad, y se tar un plan de conducta que produce la guerra
emre nosotras dos? 'No se imagine usted que Rola dije:
-Usted tiene una gratitud muy olvidadiza, y berto pueda ceder, pues tiene una firmeza de ca·
en consecuencia todo cuanto puede hacerse para rácter que usted ni siquier11. sospecha y por un
mnnifestarle afecto, no consigue conquistar el de capricho pueril no faltara. a. sus deberes y A su
dignidad. Por otra parte, ¡piénselo usted bien!
usted.
María Magdalena enrojeció de cólera; pero re- Aún cuando cediera ¿no comprende usted que
habría motivos poder~sos para que lo lamentara
plicó con el mismo tono de amable cortesía:
-Seiiora: yo siento hacia usted mucho afecto en seguida y que la ha.ria A ~sted responsable ~e
y mucha. gratitud, pero la amistad de usted es sus tristezas y de sus necesidades? La victoria
demasiado dura para que pueda sufrirse y todRs de usted seria desastrosa. "'o hay que fatigarse
las graciosas concesiones que me ha. hecho usted en luchar. Está usted como en un presidio, y sus
insubordinacioues no sirven más que para pro•
h\S he pagado caras, pero muy caras. Hay mAs:
desde hace algún tiempv se me reprochan con ducir disgusto general.
-Lo siento profunda.mente, seiiora. PerC', ¿me
tan reiterada frecuencia, que ya no puedo más que
permitida usted preguntarle por qué causa se
bmentarme de haberlas recibido.
Esto era ya más de Jo humanamente soporta- obstina en guardarnos en esta casa?
-Pues porque me es grato tenel'ios conmigo;
ble, y la setlora. Le Clercq perdió la paciencia.
porque
los amo á los dos y eso lo sabe usted muy
Nunca había examinado los sentimientos de su

l

bien. Luego, que yo quería proporcionarles todos.
los medios de una vida c~moda y feliz que sin mí
no podrían tener, y ¿si viera ust:id? hasta me figuraba que usted se rt.signaria buenamente á tolerar las .... manías de una pobre vieja que acaso es comunmeote enojosa, pero que ha probadvá ustedes de mil maneras su ternura.
-Es verdad. Pero usted me hará la justicia de
reconocer que he hecho todo lo posible para rP,•
signarme, no á sufrir ma.,,ías que usted no las tie•
ne, sino su voluntad de hierro. Solamente me empecé á rebelar cuando me convencí de que la
bondad de usted para conmigo se cambiaba en
una. dominación que me reduciría A la nada. Bequerido tener algo, aunque fuera poca cosa, de autonomía, recibit á mis amigas, poseerá mi marí•
do yo y sola yo, y usted me ha dado mate en todo, se ha opuesto á todas mis deseos é ínclinacio•
nes y no solo ha hecho eso sino que hasta ha querido imponerme los suyos y sus Mbítos y ocupaciones.
Al mismo tiempo que me separaba usted de la
para. mi grata comparua de Lucia Ilartley, me sentenciaba U6ted á. la de media docena de ancianas
histéricas y enojosas y condenaba ustedlas horas
de mi juventud a consumirse en un cargo del orfa.nat0rio. La cadena era ya muy pesada y me
cansó. Comprendí que era necesario rehacermeporque si no en poco tiempo se me baria lleg!U' á
la categoria de una subalterna sin voluntad ni
iniciativa, ni inteligencia, á quien se colmaría depresentes pero se la obligaría en cambio á obedecer de una manera pasiva y mecllniM. ¿Qué
estoy en un presidio dice usted? No. Yono espe•
ro hacer ceder ñ Roberto p1.rque no es de él de
quien deper.de nue:;tra dicba futura, sino á usted.
He pensado que usted comprenderá. al fin que no
se guarda A las personas á pesur suyo .... y dígamelo u ~ted con franqueza ¿halla usted placer en ha•
berse convencido de que las dos vivimos en perpetuo pié de guerra? Roberto sufre, yo también
y este espectáculo le debe ser á usted penoso.
La sef!.ora Le Clercq repuso secamente:
-No veo en que podría yo intervenir. Cuando
mi hijo me babló de separación, inmediatamente
consentí en todo y má.s aún, ofrecí que sería yo
la que me separara. lireo que no podía llevar
mAs adelante mi abnegación.
-¡Oh! diplom11cia, y no más que diplomacia
dijo Magdalena en tono incisivo.
'
La vieja enrojeció de cólera. y perdiendo todo
dominio sobre sí misma dijo:
- Usted me falta, sen.oral usted no tiene der~cbo de sospechar de mi sinceridad. Cuando ofrecí
este sacrificio estaba resuelta á, cumplirlo; y tan to es así, que se lo renuevo á usted ahorn.
-Decidida. á. cumplir, sí, pero en la seguridad
de que Roberto no aceptará..
1\laría. Magdalenfl dijo esto con su misma voz.
dulce y tranquila, y sin embargo lamentó la crneldad de la frase porque heria precisamente en el
repliegue más oculto de la conciencia de su suegra; vió que la había lastimado muy dolorosa•
meIJte y se sintió apenada y contusa. Lut&gt;go
af!.adió:
-Roberto no aceptará .... ni yo tnmpoco, pues

ilncontraria. soberanamente injusto gozar da un
lujo y de una fortuna que son de usted. Yo no he
pretendido nunca otra cosa que un hogar mcdes•
to, pero mio, donde mi marido y mi persona. me
pertenezcan en absoluto. Esto es tan sencillo! .A.1rededot· de nosotros est11mos viendo que así se
acostumbra y nadie se admirará. de que una joven tenga Ideas de inóependencía .... tlin mode•
radas. Vamos, sellora, rerlexíónelo usted bien,
sea buena, .... como lo es usted siempre, pero
no sólo á su propio gusto sino también al nuestro. Yo daría. todo el luj &gt; del mundo por algo,
aunque fuera muy poco de libertad. Y dígame usted por último ¿después de explicaciortes de esta
clase podríamos permanecer bien usted y yo en
la intimidad diaria que se impone cuando se vive
bajo un mismo techo?
La sellora Le Clercq oyó estas pttlabras con el
corazón cerrado: nada podía conmov~rla después
de la profunda y dolorosa. herida que había recibido: y lijando en María Magdal1.41 una mirada
glacial, le dijo.
-Señora: sostengo lo que acabo de ofrecer.
Tengo el orgullo de mi 11ombre como usteJ tiene
el del suyo y no quiero que en esta ciudl\d sea.
visto un Le Clercq necesitado y decaído de su
rango. Es formal mi prop11 sición de retirarme
del lado de ustedes. A usted le toca consE&gt;gnir de
su marido que ucepte mi proposición.
-No tema usLed n11da, scliora, ni siquiera lo
intentar~.
Con un ademAn de ira la seflora Le Ciercq empujó un sillón que se hallaba á. su pas1 y olvidando toda conveniencia, dijo A media voz y con re•
concentrado furor.
-¡Una muj-,r que mi hijo tomó pobre y miserable y que en vez de considerarse feliz mete la
ziza:lla entre nosotros!
María }fagdalena se acordó á tiempo de que
era de Boie Saint Marce! y de que corría sangre
noble por sus venas. Irguiéndose pues, apareció
imponente á pesar de su cuerpecito gracioso y
delicado y dijo:
-Nuestra conversación ha tomRdo un giro lamentable hasta tal punto, que no queriendo suplicar á usted salga de aqui, soy yo la que me
retiro.
Y la pequefta Ma.g, convertida de repente en
gran setlora, abrumando i\la otra desde la altu•
ra de su nacimiento y de 11u educación, hizo una
ceremoniosa reverencia de corte y salió de su
propio departamento, dejando allí A su suegra. en
un esta.do de irritación y de confusión imposible
ue describirse.
Hacía Y" dos semanas que Maria Magdalena se
hallaba. en Tregastel. Lucia la había acogido con
una buena voluntad tan amistosa, que se encontraba como en su propia casa en aquella casa de
111.driJlos edifiC!lda como nido de golondrinas en
el agujero de una roca. Los primeros días fueron
para ella. de verdadero reposo: un alto delicioso
en el camino de tristezas y disgustos que venía
atra veeaodo desde meses anteriores. :N"ada de
desdenes, ui de entrecE"jos fruncitlos, ni de caras
hosc11s: sólo afectos y simpalias.
Lucía tenill. en el mAs alto grado la serenidad
alegre de las gentes sanas de cuerpo y &lt;le espíritu, y estaba en la. convicción de que por medio de
halagos era necesario devolver la calma A esta
alma transtornada por ucR crisis violenta cuyo
desenlr1ce no i;e vislumbri:1.ba todavía. Magdalena
le refirió los incidentes ocurridos en los últimos
dias desde que se separaron las dos amigas basta que se volvieron á ver, y su partida muy triste cuando la reru.izó.
Roberto no la acompailó A la estación. Un frío
apretón de mano, un adios breve y seco en el
dintel de la puerca de su gabinete de trabajo, y
eso filé todo. Ni un recuerdo par1:daseliorita Hartley, ni una inoicacióu arectuosa para que le es·
cribiera, ni una promesa de ir mlls tarde A reunírsele. Evidentemente la madre le había dado
noticias de la ultima rey~rta y esto había agriado
su resentimiento contra la joven. 5u actitud había sido pues, glacial. ¿Que Magdalena babia
querido aislarse~ Bien, quedaría aislada y mucho
mAs tal vez de Jo que ella había sospechado.
La. verdad es que María Magdalena. sintió una
profunda trioteza. viéndose en la estación bin que
su marido se hubiera dignado acompatla1·la 1 y
tuvo un11 1a11 dolorosa sensación de abandono y
de solt&gt;&lt;.iad, que le fué necesario hacer un e~ra.erzn su1,reroo para oo derramar abundante, lá~• iwa11.

Para que se acentuara más su malestar tuvo el
disgusto, en el momento de instalarse en el tren,
de ver A los esposos L'l Falliere que se dirigían á su proyectada excursión campestre en
unión de numerosos 11migos; todos la rodearon
y le preguntaron por Roberto, dónde estaba y
por qué causa , o había venido á despedir á su
en.:antadora mujercita. Todo esto, aunque pre•
guncado con volubilidad, era una prneba clara de
que su ausencia caus11ba sorpresa y provocaba
comentarios, lo cual hirió duramente A Maria
Magdalena en su orgullo y en su amor.
Cuando ya en marcha el tren se encontró sola
en el wagón lloró como un nill.o, con el corazón
henchido de una tristeza espantosa y sintiendo un
doloroso dt-sgarramiento al alejarse de esta ciudad donde quedaban sus disgustos y en la que
habfa i.ufrido tanto. Maria Magdalena no babia
hecho á s •1 amiga la contideoc;a de todas estas
intimidades, manteniéndose en reserva sobre
aquello que mlls profundamente la lastimó.
Si: ella que algunos rlias antes había querido y
provocado una ruptura absoluta, estsba consternada al ver que Roberto aceptaba de plano la situación. Cre) ó que á la hora de la parlida el
amor sublevá11dose en el corazón de este hombre de hierro le producida un enternecimiento,
pero nada. Se tram,tormó en una estatua y aceptó el papel que se le imponía, sin que esto fuera
cuusa d1-1 que se contrajera un solo músculo de
su cara impasible.
LPjos de su m11ri&lt;lo, la nece,idad de escribirle
atorwentab~ A M11.ría Magdalena porque presentía que aquella. aJ'ección i:ie le escapaba, y como
sucoue siempre, ante 111. idea de perderla se le hacía más nmable y más preciosa.
.A medida que pasaban los días crecía su angustia y aumentaba en BU mente la desesperación de
no saber qué hacía, si pensaba en ell11, si le hacía
f&lt;1lta ó si le b11staba para ser foliz la comparua de
su madre. Lejos estaba la si:f!.orita Hartley de
sospechar la verdadera causa. de las tri3tezas de
su aruiga que suponía ocasionadas solamente por
la situación nnómula en que se hallabi y por el
disgusto que debía causarle el pens11miento de tener que regresará Montpazier. De todos modos,
para hablarle de eso esperaba á. que pasaran los
primeros efectos del desaliento para ayudarle con
su ternura y su~ consejos.
Pasados quince días, Lucía dijo á su amiga:
-Mag, acabo de escribil' A su -,,aposo snplicándo! P- ven~a á rasar algunos dias con nosotros.
Maria M!\gdalena se ruborizó sintiendo que
una ola de dicha le inundaba el alma, Luego,
pensó de improviso en que Roberto no vendría
y en que si se daba el ca.so de que viniera se en·
contraría ella en la necesidad de confiar á la sefl.orita llartley E&gt;l estado de ruptura completa A
que babia. lleglldo, ó de r ..conciliarse parll evitar
sospechas sin haber obtenido resnlt11do alguno
fllvorable á. sus propósioos de independencia. Estas ideas la pusieron melancólica.
-Le escribió usted, pues, sin consultármelo ....!
- Si: hasta aquí, usted me había conffa.do
solamente todos sus ,~ombates con la seliNa Le
C!ercq, combates en efecto serios y transcendent1dts que me pusieron muy al corriente del
papel que ha representado la vieja. y de la actitud asumida por usted, pero hay en el drama un
personaje del cual usted habla muy poco y que
sin embargo es el que importa. mAs: su marido de
usted. ¿Qué dice, qué piensa, qué hace? Su voluntad es la que debe dar uoa solución A la crisis;
es él quien debe amará. usted lo suficiente para
sac11rla avante de estas dificultades y A quien
debe usted amar lo bastante para soportar muchas cosas.
- ¡'llás de las que yíJ. he soportado!
- Y 11. sé, ya sé .... pero me imagino que entre
usted y él debe haber cierta frialdad a causa de
que ni uno ni otro han sabido tomar una actitud
que salvara. las dificultades. El, á mi entender, se
eocontr j entre la espada y la pared no acertando A pronuucinrse en favor de su madre ó de
su esposa, y usted tsl vez no Je conservó la ternura necesaria para hacer subsistir por más tiempo la dulzur,i. de carácter que es el principal encanto de usted.
María :Magdalena, toda confll8a y mortificada,
murmuró:
-¡Qué ideas tao e.· trañns tiene usted! ¿En qné
se apoyan sus pre~uucione..?
-En la actitud de los do,. Usted no me hn di•
cho nada sobre el particular, es verdad, pero su
sileuciJ es más elocutnte que las mAs amplias

confidencias. He visto además que desde que es•
tá. usted aqui no ha enviado una sola carta. á.Montpazier y que tampoco ha recibido us'led cartas de
allá. A propósito de esto, pienso, q=-,::~.!-" amig111
que lulrfa usted bien en escribir A $1l -.rldo apoy1mdo mi invitación que porsí 10Ja &amp;a&amp;JO no p.roduzcit el apetecido r1isnltado, y yo quiero vedo
de todos modos, hablarle, saber lo que ;-iensi.
La situ11c'.ón es muy gr.. ve, Mag, y mientra,s mák
se vaya prolo11ga11du se ira .haciendo mAs dificil.
Cfou veces lforía Magd,llena había tenido este
deseo, pero cierta especie de vergüeuz11, hija del
orguUo Ja había. detenido¡ y ahora, aunque tenia
vivísimos deseo11 de verá .Roberto se dió el lujo
de fingirle la frialdad mAsgrande; en consecueu•
cia le escribió solamente algunas lineas en que le
exp1·esaba de uu modo muy cortés la tonveniencia de que viniera A Tregastel y no desairara. la
in vitac1ón de la sef!.orita Hartley.
Algunos días corr'.eron todavía sin que llegara.
la rebpuesta.

Hacía como una semana que Darlot no se presentaba por la quinta. Uno de aquellos accesos de
mel1mculi11. á. que estaba sujeto, Je había obligado
á buir áe toda sociedad. Partió para excursivnar,
había dicho, pero en realidad su viaj-, no tenia
mas objeto que el de librarse de encontrará las
dos amigas. La dulzura del hogar de la seflorita
llartley 11" babia apoderado de todo suBer dti tal
manera, que en un instante de lucidez el terror lo
habÍII invadido y se creyó en la nrcesidad de ponerse en ruga. ¿Por qué, en efecto, adquirircostumbres de vida futima con una mujer de espiri•
tu elevado y de taleoto encantador para hallar
luego, cuando ella partiera, más amarga y tl'lste
la soledadl
Cuando D11rlot observó que se encontraba muy
A gusto y como en su propia casa en aquel saloncito, junto á aque1la mesa de té, bajo esalámparJ\
que los .babia. iluminado durante dulcísim..s con•
versaciones, se dijo para su conciencia con secreio espanto, que le h1:1.bía caldo la gran desgracia
de enamorar11e de Lucia Harlley, En verdad esta
sell.urita aunque fuera como era efectivamente,
seductora y linda, no sólo por eso era digna de
ser amada eino por Au inteligencia bien cultivada
y su bondad iut.,Jigente, 111 origín&amp;Jidad de sus
ideas, lo imprevisto de suconversacióny ese sello
pers,malí.iwo de voluntad tranquila que la hacía
dilerente de todos los demás.
Lucía presentaba respecto de María Magdalena
un verdadero contraste; ést11.1 graciosa y dulce,
con una alegría infantil como cualidad esencial
del carActer, y necesitando siempre de protección
y de ternnr1.1. previsora que le alejaran toda. suer•
te de contrariedades; en tanto que Lucía, espíritu vigoroso se bastaba. siempre á sí misma, y las
tristezas que abrumaban á Mag, á ella la b11brian
encontrado armada de una. firmeza tranquil11 capaz de Lriunfar de todo.
Reué, casi tan sensible como María Magdalena,
sentía por la joven ingle3a una admiración profenda y uua e3timación real. Tenia miedo de amarla y se repetía por la millonhim11. vez que estaba
gastado, tristo y enfermo del espíritu, y que aún
cuando ella consintiera, su deber de hombre honrado era no casarse, no llevarle un corazón infortunado, una alma desalentada y sin ensueilo~. Pen•
saba además que Lucía era muy feHz en su ac•
tual modo de vivir y que no le con venfa. ligarse
con los lazos de la lamil!a.
Pretextó, pues, una excursión, pero en el camino encontraba sin cesar y por todas partes el recuerdo de la mujer de quien huía . La contemplaba durante todos los minutos de estll ausencia, ya
eu las arenosas playas &amp;embritdas de guijarros,
ya en lus campoa imponentes y melanco.tfoos y sd
la figura bit atenta a. su trabajo, bella y atr11.cti va
bajo el abrigo de la sombrilla, en la diilfana y ardiente claridad de la playa.
La reco:d!lba siempre y con cu11lqu~er motivo,
A la hora del té, la veía con los ojo, del alma en
aquel saloncíto donde la había amlido tanto, trente á la amplín, 'ventana desde donde se contemplaba el mar, y volvía á admirar sus movimieutos
graciosos, aunque enérgicos y se pensu ba 14 ue estaría. junto á la mesita esforzándose por eo,.solar
á María Magdalena., ó bi1m en el jardín, á la som•
bra de alguna pefl.a leyendo á su amiga o bra.3 exquisitas 4ue é;ca escuchaba con atención hundida en sus tristezas profundas y monótonas.
En todas las encrncijadiu del camino, junto á.

�40

todae fas quintas coronad11s por agudas toneci·
!las que se levantaban á los lados del río, D11rlot
creía vislumbrar aquellas dos ligeras sombras femeninas, una inclinada, agobiada, como destroza•
da por el dolor, y la otu erguidll y fuerte protegiP-ndo 111 frágil dulzura de su amiga. Y la obsebión se hizo tan coniinuada y fué tl\l su deseo de
volver al 11gres1e p11Íi apenas di,jqdo, que volvió
súbit!llllente sobre sus pasos y rt'gresó A Tre11;11s•
tel con apresuramiento, lrnsth1do de l1ts banales
mesas redondas de hotel donde sus oidos h11bi,m
eido martiriz11dos por un inglés insoport» ble, pa rodiil de la música delicioM que salía de los labio9 de Lucía Hartley.
C1111ndo René se instaló de nuevo en la po&lt;:ada
dourle se alejaba antes de su p11rtida. A unos cuanf
1
tos k ló~tros de la playa dti Tregast"l, su r~sol11c1on estab11 tomada: intentar una declaración
de 11mor y uunque sin duda ella le repulsaría, insistirá. riPFgo de perdt&gt;r hasta su buena amistad.
Esta pmibilidact le hizo vacilur un poco, pero luego comprendió que semejante temor era injusto
tratándose de una pt-r.;ona inteligente y buena
como lo er11 Lucí&gt;l y que no sería ea paz de alej11.r
de sn lado á un 11migo púrque la amara m:\s de lo
que ella deseaba.
René pensaba en esta'! cosas caminando por la
(Tilla de la mari~ma que sirve de rad&gt;1. á la aldea.
La mar estaba en descenso¡ algunas embarcnciones menores, c11ida.i para un lacto, parecí"n muertas; en Ja punta de un estrecho muelle que se
pl'olongaba á. lo lejos avanzando hasta el mar,
slgunos ctliquillos se entretenfon pescando con
anzuelo.
Darlot, pres a de una impaciE&gt;nci.a febril por llegar al fin lo más pronto que fuera posible, y
vor recibir desde luego la negativa que lo iba _á
,-umir en la desolación, so detuvo de cara hacia
1a brisa que llegabll fresca y húmeda. Se detuvo
A reflt,xionar en l!t manera cómo debería defender su causa y maquinalmente volvió los ojos ha
cia el lejano azul que recortaban, r,ircnndadas
de brumas, las enormes masas color de rosl\, pesadas rocas bajo cuya sombra Lucia acustumbra
ba ponerse A pintar y donde tantas veces había
pas11do con ella horas inolvidables, y en un sú.bitJ 11rr1l0que de valor se volvió hacia el camino
blanqueado por el sol y por el polvo, que conducía á ttquellos sitios.
Era la hora del medio día: un calor so.focante
subítl del sui:1o y vibraba en una asmósfera lumi•
nosa y abrumadora. Por el luuiente azul de los
cielos algunas nubes, semejantes á cintas de gaaa,
permanecían inmóviles como suspendidas de l.l
bóveda cristalina.
A pesar de sus preocupaciones, Darlot obser- picarescas y c'le color m1s que subido en todas
vó que el sendero esclibroso y ardiPnte que atra- las feri1ts de Frl\neia.
vesaba y que JJor lo común se conservabasolitttrio,
René se apoyó en una barda, detrás de la cual
estaba ahora llena de paseadores. Gentes de la se tendí11n los campos llRnos erizad:s de er11s de
comarca, mujeres de cofia blanca, de chales en trigo negro recién cortado. Algunas chozas obsqu, brillaban los colores más chiJ:ames, y de tra- curas apenas levant\das dei suelo se agrupaban
j~s vistosos, aparecian como manchas relucientes en torno del campanario de la iglesill, r á lo:i piés
sobre el fondo blanco y azul del cielo y del mar, de la multitud se revolvía un polvo fino y caliencon las tonalidades de unfreEco dePuvisdeCha- te que subía come una nube. No había ni lit mas
vannes. Hombres de sombreros de anchas alas y peqnei'l.a sombra. El sol fulgurante inundaba tosacos cortos, turistas i11gleses de calzón corto y do, y esta muchedumbre, reunida en grupo commedil\S d 1 lan11 ingle: as db 1rajes azules ó rosa- pacto, jadeaba de calor exhalando olores penedos, de talle anguloso y de piés largos y ágiles, trantes, extraJia mezcll\ de perfumes, polvos de
tod11 ilna multitud abigtiruda que caminu ba tn la arroz y pomadas, y de las acres emanaeinnes de
umma dirrección. ¿Qué seria aqueJloi'
loe establos vecinos de donde se veía.u salir arroDKrlot siguió su camino y apenas había andlldo yuelos- sucios y espesos.
r&gt;or unos cua.ntcs minutos, al llegar A la cima
Darlot fué á sentl\rse en una alta roca que dode un pel'tón entre rocas cuya ascensión le abru- minaba el lugar en que hormigeaba la gente.
mó de fatiga, pudo ver la fiesta que atraía á ese pues acababa de presentir '}Ue no encontrarfa tal
Jugar tantus gentes. Era una romería.
vez A Lucía en so casa. Sin duda habría. preferiLa pequeft.a c!lpilla de la Cll\l'idad escu.lpida en do venir A ver este espectAculo pintoresco: una
gnuoito como una urna egipcia, tomaba bajo el romería en Breta:na, y debía estar allí tomando
cielo ardiente tor:os aureos y rosados, y un imper- acaso apuntes para Slls cuadros. Paseó en to1·no
eeplible polvo de oro la bailaba toda y le daba suyo una mirada atenta y nada descubrió entre
,m la luz esplendores inesperados. Jumo 1\. la ca- la agrupación compacta de romeroil. Entonces se
pilla una multitud hormigueaba confasamente.
absorvió en un ensue1!o vago y dulce hipnotizánLas cofias de 11mplias alas blancas, los chales dose con la. decoración inmensa del p11i-11je lurutilantes, rojos y verdes, los toc11dos de laa tu- minoso. El zumbido incesunte de. 'a multitud s1,ristas contrastando con sus vestidos que también g11ía vibrando en torno suyo, y el chillar de la
result11ban pintorescos, y por encima de la mu- cantadora de jaculatorills, languideciendo ya, se
chedumbre un rumor, un zumbido confuso d~ vo- resolvía en notas agudas y quejnmbrot1as que le
Ct!s que se interpelaban en bretón, en francés, en
adormecían S1111vemente.
inglés; risas, gritos, y en !in, dominando el tuAlguien le empujó, y entonces alzando los ojos
multo, la voz aguda de una mojer que eant'lba con sobresalto, reconocjO á Roberto Le Clercq
jt1culatorias y vendía rosarios benditos. En el te- que estaba de pié en trente de él. Este no quedó
cho de una barraca de cantores ambulantes, un menos sorprendido al ver á Darlot, y al pronto
harmonium gangoso lanzaba acordes lentos q_ue pareció contrariado, pues no roa.a que por pura.
acompaf!aba el canto de t:sta vendedora de cosas casualidad se había aproximado A él y lo babia.
santas, enronquecida de tanto cantar canciones tocado sin conocerlo. Después de un in.stante de

41

EL OBSTÁCULO,

"EL MUNDO rt. Uf!TRADO."

1

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mm.e. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.

\

VEBSION ESPAÑOLA. DE ".EL HUNDO ILUSTRADO"

Número 6.

,,

Roberto se sentó junto á Ren~ sobre la roca ardiente. De las puertas abiertas de la iglesia salia
un rumor de los salmos coreados por las voces
penetrantes de las mujer,is; los fieles se aproximaban más y mAs al portico y un suizo muy
galoneado de oro y con sombrero empenllchado
de plumas blimcas, apal'eció en el dintel. Un remolino se hizo en la multitud.
René ref1exionab11. A pesar de la reserva voluntaria de Roberto, leía en .sus facciones contraídas, en sus movimientos apresurados, en la
expresión melaneólica de sus labios, Inquietud
nerviosa., ve1·dadsra angustia íntima. Evidentemente todo se iba a. resolver por la impresión
del primer momento. ¿Cuál serfa esll impre&amp;ión?
Predispuesto cada nao pur -resentimientos fundados, ella y él iban á abordll.l'se tal vez con
ánimos de combate, y la esperauza de vencer á
su adversario. ¿Los reuniría con má.s ruertes vineuJo::1, ó se prt!parabl ~ apartal'los más y mAs esta próxima entrevista?
t-.D11.rlot examinó con mucha atención á su co~paiiero, y la agitación que observo en él le d1ó
esperanzas, porque aparecía demasiado viva y
prof11nda para ser debida 110 mAs al orgullo herido.
-Muy contenta va A poner3e Maria Magdalena cuando vea á. usted aquf, dijo René.
Robertó le fijó una. profunda m!rada de investigación.

-Oh! no piense usted que ella me haya referido nada, y ademAs, lo mii,mo que usted, en este
momento estoy volviendo de vi11je, pues acabo de
hacer una excursión que duró varios días. Por
cierto que cuando me pu.se en camino, Lucía estaba may triste viéndola enferma en lo físico y
en lo moral.
-¡Enlerma ...... 1 ¿Qut&lt;, está enrerma. MagP
-Sí: una tristeza íntima. Ya casi no la conoz.
co, pues habla poco, no ríe nunca, se queda pPn•
aat.iva. horas enteras, apoyada la cabeza en los
cojines de su sillón,
mirando sin ver, como uoa alucinada.
'fiene tristeza, mu•
cha tristeza esa pobre criatura!
Rooerto se había
conmovido. T ambién tenía tristeza y
tristezn por ella, y
la noticia" de que había estado sufriendo,
Je hirió de la manerÁ
m!s violenta.
¿Pero por qué sufría? ¿por estar ausente de él, ó por la
difícil situación eu
que se hallaba?

.'.

vacilaeiór: se decidió A estrechar la mano de.
H.ené.
-Usted aquí! exclamó éJte manifestando verdadero placer pues conocedor como Lucia, de
la. ruptura habida entre los dos e3poscs, pensó
que alguna reconcili11eión se había verificado.
- Si. .. . .. acabo de llegar.
René se informó con mncba cortesía de la salud de la ef'ftora Le Clercq_, y continuó:
-María l\[llgdalena y 11.1. 11e1iorlta HartlE,y, es•
tá:n en eu casa seguramente?
- Ko lo sé.
El asombro de Darlc,t (ué muv visible. Roberto agregó:
-Como dije A usted, llego en este momento, y como no encontré, á causa de esta tiesta carroaje que me condujr&gt;ra A TrE&gt;g11stel, resolví venirme á pié y me he detenido nlgunos instantes
para ver esto. AdemAs. como Uotted podrá suponp1•lo, es posible que ambas estén entre esta multitud.
- Lits humaremos.
- No: prefiero permanec"r todnfa unos mo•
mentos solo con usted. Esperemos la procesión.
l\o quisiera encontrarme en público con María.
llfagd11lena.
(Continuard.)

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Las campanas de la Iglesia se desataron en un
ruidoso repique que volaba por encima de los
campos espigados y las landas rocallosas, hasta
las islas grises sembradas sobre las olas en Jos
limites del borizoute.
La multitud se dividió en dos alas deja.ndo en
el centro un ancho espacio para que pasara la
procesión, y las puert11s de la iglesia. abiertas de
par en p-'lr, dieron salida á una IDI\Sa comp~cta
de sacerdotes con sobrepellices blancos, acólltos
vestidos de rojo, nif!.as llevando banderas y es-

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�42

EL OBSTÁCULO,

"EL llUNDO ILUSTRADO"

tandartes, una lluvia de coiores encendidos que
se destacaba del conjunto gris de la multitud.
Darlot y roberto se pusieron en pié para ver
mejor este pintoresco des.file. Jovencitas coronadas de cofias de encaje grandes que se plegaban para caer en alas sobre sus hombros, llevaban en unas andas adornadas de flores, una iin!\gen de bulto de la Virgen, cuyos ca1Tillos lustrosos por el barniz, estaban pintados de un oarmin
subidísimo; d1&gt;trás, una cohorte de viudas acompa11aba A la Mater Dolorosa que tenia pe.ndientes
de las pesta1ias y rodando por las mejill.As, gran•
des lágrimas de cr:stal, y en el pecho un racimo
de enormes puflales: á lo lPjos, la mar azul que
las dejó viudas y las condenó A llevar tocas de
duelo, se irisaba bajo el rayo del sol y tomaba
los tonos lucientes del manto de seda que envolvía A la i.mAgen.
LnPgo vanían ancianos de caras brom~eadas
por la intemperie, de cuerpos velludos y manos
encallecidas, vestidos de marineros llevando un
pequel1o navío artísticamente construido¡ uuo de
esos e:cvotos que se ven comnnmente en las iglesias de las costds bretonas. ¿Cuántas torment11s
habían presenciado en plena mar esos vbjos que
ahora camiuaban débiles y encorvados, que en
otros días fueron vigorosos y valientes y ahora
casi vueltos a la infancia, susten(an penosamente
con manos temblorosas aquel barco en
miniatura, y cantaban cou voz cascada
un cántico á. la Virgen!
La procesión se desarrolló lentamente
y Darlot, abrazando con la mlI'ada toda
esta escena y el vasto horizonte de la
landa y del oceAno, se sentla movido de
piedad profunda por todos aquellos que
iban pasando y que llegaban ya al fin de
la vida después de haber 11purado todos
sus dolores ó entraban apenas A ella para comenzar á. sufrir.
-Vea usted qué bello es esto y qué
artístico, dijo Roberto con entusiasmo.
Roberto también estaba conmovido.
La multitud S6 había quedado en silencio respetuoso¡ la cantadora ambulante puso fin A sus jaculalorias¡ millares
de gentes contemplaban aquellas imAgenes santas, y aquellos barcos conducidos solemnemente entre flores y banderas por equellos viejos lobos de mar
que trataban de erguirse en gallarda
apostura, y no podían sino inclinarse
hacia la tierra que parecía llamarlos invitándoles al descanso eterno.
-Allí están, dijo Roberto con voz
breve.
Enfrente de ~i:os, al otro lado del camino que seguía la procesión, Darlot distinguió A Lucia y A Maria Magdalena
abrigadas bajo un ancho quitasol. Mag
tenía un aspecto sumalllente triste, y contemplaba con melancólica indiferencia el
espectáculo que se desarrollaba en torno suyo.
Roberto la examin~ con atención apasionada. La
encontró p!\lida; observó su abatimiento, y una
gran alegria Je hizo latir presuroso el corazón,
sin embargo de que aun conservaba sus dudas
sobre la causa de esta tristeza.
Casi al mismo tiempo alzó los ojos María Magdalena y descubrió A su marido: entonces cambió de color; sus pArpados se agitaron nervioso.mente y oprimió con mano crispada el brazo de
Lucia. Volviese la joven inglesa, siguió la dirección de la mirada de su amiga y distinguió á Roberto y Darlot.
8i este primer encuentro hubiera tenido lugar
en otras circunstancias, las cosas se habrían desenlazado de otro modo, pero Marfa Magdalena
tuvo tiempo para rehacerse, dominar Ja emoción
que le quitaba la facultad de razonar y que en
arrebato invencible l!i habria arrojado á los brazos de Roberto.
Mientras duraba el paso de la procesión que
los separaba, ella pensó:
-Ya está aquí. Esto prueba que me ama todavía lo suficiente. Pero ¿qué va A suceder? ¿Qué
solución traer¡\. proyectada? Una sola era aceptable: la que la jov.,n venía solicitando en vano
desde hacía varios mes88.
La procesión acabó de pasar dando tiempo á.
Roberto y A María Magdalena para dominar sus
sentimientos, de suerte que se acercaron uno al
otro con una tranquilidad ficticia que no dió lug,1 r il Lucía p1mi formarse un juicio sobre el estado d.: tHlS llmwus.

/

-Viene usted por algunos días? preguntó Lucia A Roberto estrechAndole la mano. ¿Dió usted
orden de que llevaran é. mi casa su equipaje?
Roberto ~ontestó dirigiendo A su mujer una
mirada tímida:
-No sé todavía si podré ó no retardarme aquí.
Por de pronto dejé mi maleta en una posada. No
pude encontrar un carruaje en que venir.
-Pero más tarde lo encontraré. usted, replicó
vivameute Lncitl . .Me figuro que no intentará usted alojarse en la posada.
Roberto dirigió A eu mujer una mirada. penetrante, y elli. se ruborizó comprendiendo que se
acercaba sin lugar á retardo alguno, el momento
de una explicación definitiva. Y sintió miedo,
miedo profundo de las consecuencias, al ver que
BU marido se mantenía estrictamente á. la defensiva. A e!la la poní~ en el caso de decidir si quería que Roberto se alojara en la quinta ó si quería resolver una definitiva separación. La iMertidumbre en este caso, se babia becho intolerable
para los dos, y Lucia comprendiéndolo con su

•

/

I

clara inteligencia y exquisito tacto, resolvió des
enmarai!ar tan penosa situación lo más pronto
posible, y dijo:
-La fiesta, el ruido, el movimiento de la multitud, todo esto me fatiga y se mi, hace ya insoportable. V!\monos inmediatamente. ¿Quiéreusted
eell.or Le Clercq? Acepte usted á lo menos mj invitación para comer con nosotros.
-Acompal1e usted A Mag que le enseliará por el
camino los lugares más pintorescos de la localidad, y así tendrAn ustedes tierno') de decirse esas
mil cosas que los casados tienen después de una
ausencia. AdemAs pueden ustedes recobrar sus
llá.bitos de campesinos adquiridos en nuestro v:aje 11.nterior. ¿Se acuerda usted? Yo monopolizo al
sefior Dllrlot pllra qne_me describa sus impresiones y los paisajes pintorescos que haya visto en
su excursión.
En camino pues, l'l!ag . . ... pero está ested muy
pálida. No la lleve usted muy de prisa selior:
cuídela usted, está enfermita desde hace· algunos
días.
La encantadora joven se alejó no sin dirigir á
su amiguita una sonrisa de cari1io y una mirada
alentadora. Mag cuyo corazón palpitaba aceleradamente, quedó sola con sn marido, enteramente sola apesar de la. multitud que los rodeaba.
Roberto observando la intensidad de su emoción, se conmovió también y le dijo:
- ¿Quieres que nos vayamos de aquí donde hace tanto calor?
Mag le sonrió con dulzura. Le había quedado

agradecida porque no le habló de usted como á
una adversaria.
Trataron de abrirse paso entre la apretada muchednmb..e, pero el desfile de la procesión que
volvía sobre sna pasos los detuvo y se vieron en
la necesidad de esperar A que se hubiera alejado.
En seguida tomaron el camino que desciende
hacia la aldea de Tregastel y se encontraron pronto cruzando por senderos rocallosos de arena y
guijarros sueltos, tostados por el sol, entre los que
crecían yerbas raquíticas y jnneos marinos de
flores amarillas. Grupos de gentes del país, mujeres con chales dti matices bArbaros, hombres con
sombreros anchos y adornados de cintas, se les
atravesaban dirigiéndose á la romería. Un alegre
repique de campanc.s llenaba el aire en una gran
extensión.
De pronto, marido y mujer sintieron una profunda turbación al encontrarse solos; pero el paso
frecuentemente de los campesinos los tranquilizó, aplazando aunque fuera por cortos instantes,
la llegada dela crisis final que ambos temían igualmente en la vaga intuición de que de nuevo iblln
á cbocru' sus voluntades.
Maria Magdalena rompió el silencio 111 fin preguntando:
-¿EstA bien tu mamá?
-1::ií: muy bien. En eijtos momentos anda muy
ataread8, porque la seflora Cbarmonacaba de regresar de Inglaterra y mi madre
va A fundar un nuevo hospicio, una casa
de salud en una propiedad que posee á.
la orilla del mar no lejos de Montpazier.
Está muy interesada en esta obra pía.
y va á pasar en aquel punto una temporada largnitahaeta realizar la instalación.
Después ¡,arece que irá alli con much11.
frecuencia. Ya sabes cuanto la apasionan
las instituciones de caridad.
-Es en e[ecio muy generosa, contestó María .Magdalena.
Luego se quedó pensativa y silenciosa
por algunos instantes, comprendiendo lo
qu.: esto quería decir. Era una concesión
que se le bacía, haciéndole entrever que
su suegra estaría ausente con frecuencia
de J.Iontpazier, pero ella era suficientemente avisada para dejar de valorizar desde luego la inutilidad de semejantes promesas. El hecho qn.e quedaba en pié era.
que Ja vieja los tendría bajo su dominio
como antes. Fundaba una institución su;:-lementaria. Eso iniludablemente la tendría ocupada, pero la libertad que en tal
situación dejaría á. su nuera seria irr.isori,1.
Sería necesario estar esperando su.a
ausencias como los escolares esperan lae
Yacaciones; en presencia en la casa haría
imposible toda intimidad entre· los esposos y dur,mtelos viajes yasabria imponer
á Mag la subdirección de todos los orfanatorios, hospitales, hospicios y obras A las cuales estaba aplicada. ¡Y esto era lo que Roberto le
veuía á ofrecer!
1\Iagdalena tuvo nn violento acceso de tristeza
y despecho. Roberto se había imaginado sin dutla.
que todo iba á quedar arrPglado pacHicamente,
que su madre hacia un supremo sacrificio alejándose de hecho de la vida de sus hijos y no reservAndose más que la cláusula orgullosa de que la
casa quedara bajo el nombre y la dirección de
ella.
La seftora Lé Clercq había sabido, explotando
hábilmente suimperio sob::-e el espíritu desu hijo
baeerle ver y admirar no más el lado de abnega:
cienes y bondad que presentaba esta nueva com•
binación, sin dP jarle sospechar que todo el caca·
reado cambio resultaría ilusorio.
:Magdalena bajó los ojos. Lágrimas de dolor y
de vergüenza le arrancaba la idea de encontrarse
presa en una argolla de bie. ro.
,,
-Esa propiedad es muy linda, afiadió Roberto
muy lejos de sospechar el disgusto de en mujer:
ya la verás, es de gran extensión y tiene enormes departamentos que han servido en otros tiempos parit diversos usos y que ahora van á ser transformados en dormitorios y salas de trabajo. Tiene además nn pabelloncito de estilo Luis XIII en
el que va A poner mi madre sn departamento
particular, y todo el edilicio está circundado de
un hermosisimo parque, CUJ as amplias avenidas
van A terminar en la playa. 81:tn Hil11rio es un sitio eocantado1· que está muy próximo á. una pin-

43

- Yo, en el vagón, lloré mucho, mucho.
Entonces g.iardaron silencio, pensando los dos
en lo que mútn11mente se habían hecho sufrir y
-SC, dijo MaríaMagdalena. con el corazón oprisaboreando con dulce melancolí~, esa tregua da
mido al pensar en la indignación que sentiría Rouna hora que el cielo les concedít1,
berto si su mujer rehn.sara lo que él consideraba
Allí estaban lejos de la vida, sin que en , )los
como una inmensa concesión.
ni fuera de ellos existiera nada más que su amor:
Llegaron A un camino ancho sombreado por altodos los obstáculos sociales habían quedado
gunos Arboles entre los cuales se veía aún la
tras de ellos,¡pero cene-cían su existeucia, senlilln
landa rocallosa y A lo lejos el mar . Un cnel yugo de su opresión, comprend.Jim que no po·
rioso Calvario en forma de laberinto y adornado
dfan permanecer por más tiempo suf1 iéndol11; y
de estatuas y de sentencias en dialecto bretón, se
en esta soledad tranquila en que eran du.:11os de
alzaba custodiado por una casa cuadrada coronasu corazón y de su conciencia, se acordaron con
da por una cruz y nna campana: de llls inmediaternura de sus gratísimos paseos á dos en los
ciones salió una turba de chiquillos andrajosos y
campos cuando hicieron BU primer viaje. Entondescalzos pidiendo limosna.
ces los dos eran confiados en su venmra, pero
-¡CuAn seco y Arido es este país, dijo Roberahora las tristezas que habían pasado sobre ellos,
to. La blancura del camino reverberando con el
conmoviendo y aqnila.tando su ternura, la habían
sol, lastima los ojos! ¡Qué tristeza da todo esto!
hecho mAs profanda.
Poco después las c11sas de la alde/\ dejaron ver
De lejos. de muy lPjos les llegaban todavia casus techos obscuros alas orill1ts del camino, y desi imperceptfüles los sonidvs de las camtrás de un muro de piedra en que pros.........,,panas de la romi:ria, y este rnmor poético
peraba el musgo y florecían alhelíes sil"" ' l1\
arrullaba sus eosue1ios ....
vestres se ostentaba una antigua iglesia,
melancólica por esos tonos grises q ne
En trente de la iglesia y limitando el
dan los a11os A la cantería; con su campacementerio, un vasto y sombrío edificio
nario muy alto en que colgaba.o tres es•
gl'is horadado en Jo mAs alto de sus muquilas raquíticas, y delante de la puerta
ros por estrechas ventanas, proyectaba su
un monumento de granito corcomido por
sombra violácea sobre las tumbas y las
el tiempo, rara cúpula de piedra coronllflores.Er.a un convento de monjas.
da por un pabellón que sustentaban piSe abrió 11inruido una puertecilla, y deslastras y en cuyo piso y cornisamento se
lizándose con pasos silenciosos salió una
distinguían apenas informes bajo-relieves
religiosa vestida de bl11nco y se dirigió
representando Angeles y querubines.
hacia la igle~ia.
-¿Será. esto uu bautisterio? dijo RoEste suceso no interrumpió casi la soberto. Entremos.
ledad de los esposos que cominuaron
Penetraron 11 atrio que también servía
junto al vi&lt;'jo muro, con las manos enlade cementerio y en el que florecían la rezadas
sumidos enun éxtasis de amor. Tlll
tama y el jaram11go silvestres luciendo
vez esta forma blanca y discreta no fuesus alegres matices sobre todo aquel conra la de un ser humano .... sino el alwa
junto de gris pAJido y de verde polvode aquel cementerio, de aqueila jgle~ia
riento. Pirámides peqneifas ó cruces de
que se aparecía un inshnte á. sus ojos.
madera marcaban las tumbas; la iglesia
La vieron dPsaparecer tras el pórtico,
tenia ventanas ojivales que descendfan
y Roberto, como si pensara que era necasi hasta el suelo, y en el techo de pizacesario llegar al fin, dijo:
rras obscuras, una escalera de piedra es-Antes de mi salida de llfontpazier
trecha por la cual se a ce»dia al campatuve con mi madre una seria conversanario. No daba miedo trepar por esta esción. Como nosotros, ella piensa que es
calera sin pasamanos, porque el techo toindispensable que cambie esta situación
do parecía. bajo, como si los cimientos de
y esto es muy fácil, querida. l'liag, entre
111. iglesia se hubieran ido hundiendo Jenpersonas que se aman. Yo te confieso que
tamente al peso de loa siglos, y como si
nunca be comprendido el -por qué de iu
en esta tarea encomendada A su decresu.bita rebelión: tú tan encantadora tai.
pitud la aguardara el cementerio plll'a
dulce, te volviste intransigente ;amo
cubrirla por completo, absorviendo sus
quien esté. en disposición de provocar rivitrinas de colores, sus techos y sus camña con el motivo más insignificante. No
panas y sepultándola como á los dem:1s
volvamos A ocv.paroos en hacer mención
fieles ahora muertos y que en otro tiemde Jo que ha ocurrido. Mi madre me ofre•
po oraron bajo su sombra.
c1ó de nuevo dejarnos su casa insistienEl sitio estaba solitario y no llegaba
do vivamente, en fa ver de esta combinaallí ni un rumor de la aldea. Todos Jos
ción que be rechazado.
habitantes habían ido á la romería. Así
es como conviene visitar estos lugares
-lnac~ptnble! dljo :Maria Magdalena.
11pacibles para apreciar todo el encanto
¿Para que pensar en resoluciones extrede su tranquilidad.
mas cuando la manera de arreglarlo toRoberto y María Magdalena dieron una
do es tan sencilla?
vuella al rededor dela iglesia, y hnbo un
- ~ tus ojos, porque te preocupan tus
·0.
momento en que la joven con un extreprop:os deseos; pero debes también tomecimiento de terror se estrechó contra
mar en cuenta para esa clase de cálculos
~~.~~.
su marido.
l~s sent~mientos de los demás, sobre todo
-, I
AJ lado del pórtico de entrada, una tos1 son d1gnos de estimación y respeto. ;\fi
rrecilla baja empotrada en el muro y comadre nos ama.
;
ronada por una media naranja en cuyo
Magdalena quiso protestar, pero Ro•✓.,_,.....g~Y~
remate había una cruz, recibí.a la luz por
berto la detuvo con nn ademan y comiamplias ventanas góticas que dejaban
nuó.
ver el interior. .Allí un montón de osamenttls imaginar. No es para vivir así para lo que nos
-Constantemente nos lo prueba. Acaso nos
humanas en espantosa confusión, dejaba aso- hemos casado. lle suf1·ido de todos modos, soste- ame dt. una maoe~a que puede desagr&gt;1darte y
mar el rictus de algunas calaveras, las cuen- niendo luchas muy penosas entre mi dlgnidad y eso _es una desg:acu, pero no puede exigirse de
cas vacías y ensombrecidas de todas. Ante este mi amor hacia ti. Ohl cruel Mag: yo te he amado nadie _que cambie su naturaleza. N"os lo prneb11
especta.culo, lo~ nervios de María Magdalena vi- mlls, mientras mAs desgraciado me has hecho!
te repito, y eso no es discutible. Y Yll que com~
braron y resintió un pavor insensato y pueril.
Ella colocó su mano suave, tibia y fina sobre p_r~nde que ni tú ni yo podem011 aceptar su sacri-Oh! Bob, esto es espantoso, dijo cerrando los la de Roberto; esta caricia muda acabó de tras- ficio Y Y! q•1e de su parte no se resuelve á vertornarlo y agregó con voz trémula:
ojos.
nos deca1~os de lo qn.e _ella llama nuestro rango,
- No, no te recordaré todo lo que sufrí el día
Viendo la emoc:ón de su mujer, Roberto pen- de tu partida, cuando te separaste de mi lado sin ha descubierto nn medio de conciliarlo todo.
Mar~a Magdalena retiró su mano de la de Rosó que en tales momentos podía hablarse con la la mae pequeiia demostración de cari1io y des•
sinceridad del corazón; y en este cementerio pnés de una escena que fué tan penosa para mi berto y _le pareció que un soplo h&lt;&gt;lado pasaba
tranquilo, ante e3tas tumbas sólo visitadas por madre ... . No, y-0 no podía creer que mi Mag, por encima de ellos y que una nube densa enlas abejas, dijo A Mag cuánto había sufrido des• mi buena y querida M11g, me dejaría así, dando- sombrecía l?s horizontes radiosos de aquella made que la dejó de ver: ¿Ya. no lo amaba puesto me la mano fríamente como una desconocida. fl.ana de est10.
Roberto siguió.
que así se retiraba de él abandonándolo entera- Me quedé oyendo aflsiosamente el ruido del ca-:-Mi madre va á. consagrar la mayor parte de
mente?
rruaje que te conducía, y me quedé junto á Ja sn tiempo A 1~ Cllsa de salud que se ha propuesCon los ojos cerrados l\Iag oía la voz dulce y ventana, levantando las cortinas, figur!\ndome en to J'undar. Pr1mero sus proy ectos se reducían
tierna de su marido. Permanecían frente al osa- mi desesperada locura que teibas á regresar, que dar para_ la obra una quinta que poseemos e~
r io, 11nte la mirada negra de los craneos vacíos. no tendrías valor paµ irte así. ... Y tuvo una. !~on1paz1t!:, ad~nde habría podido c0ncurrir &lt;JiaR oberto cesó de hablar: hubo unos instantes de amarga decepción cooudo comprendí que sf, que riamente Hn deJar de habitar en el palacio Le
silencio y luego dijo:
· así te ha bias ido!
Clercq, pero luPgo ha prderido S.m .Hilario don.
toresca aldea de pescadores. Ya iremos por allá

un día si quieres.

-Bob mío, ya Bab11s que te amo, te amo y he
sido tan desgraciadll como tú! no .... no, mlla
que tú todavfa..
-Es necesario que concluya esta situación: es
absurdo derrocbar, como lo hacemos, nuestra dicha. Es tan corta la juventud, tan corta la Vlda,
tan reducidos los minutos que puede uno consagrar al amorl
Magdalena temblando de miedo 11 causa delas
ideas evocadas en tao espantoso sitio por Roberto, dijo:
-No quiero estar aquí, tengo miedo.
lt"'ueron á sentarse á. alguna distancia de aquel
osario, junto al muro que engalanaban los jaramagos, y despnreció el terror de la Joven ante
las ta.robas llenas de flores que le parecieron
alegres.
-Mag, di.adió Roberto gravemente, no quiero
relatarte todas mis tl'istezas sutridas en las últimas semanas, pues si me amas, ya te las debes

-

~

�EL OBSTÁCULO.

"EL MUNDO TI,URTRADO"

de bav una casa para habiblción, un parque Y
varios edillcioa ady11centes y allí se va A inst11h1r
durantf'I los próximos dos meses; volvtráá Mont•
pazier á p1ts11r el invierno on nuestra compaftla
y desdti qo.e empiece la primavera harA A San
llilario frecuentes viajes.
-¿Y entre tanto nosotros viviremos en Bll ca•
1111? preguntó ?,{Ar(ll Mag&lt;lalena.
.
Roberto sin contestarle se quedó viéndola.
Magd,dena 11gregó:
-A mí me pffece tan inc'&gt;nveniente esta eom•
binn.oión como lo habrá ~ido act-ptar que mi suegra se despoj11ra por nosorros de su palacio y ds
s11 fortuna. ¿Es posible que ella soporte la vl~a en
común conmigo figurAodose ~lle su presencia ~e
es repo.l:1iva y qa.e se neces11a de sus ausencias
en épocAs derermin11das c11ando me canse yo de
sguantarl1\'r' E~to es inadmisible.
Roberto replicó:
-Nosotros no hemos considerado l11scor11s bajo eie ~unto de víst11. bra.t~I. Tú _hu reproch11do
A mi madre que no te deJa suf1c1ente libertad y
ella trllta de demostr&gt;1rte qoe hace cu,\nto está. en
sos manos para que tó. sells reliz.
-El mal consiste en que hace demasiado. Yo
le pedirít m1:111oa, mucho menos, 10Jao_iente ~~~
nos dejara arrtigll\rnos :\ ne.estro antoJo y v1 v1r
solos en nuestra cua por humilde que sea. Necesitamos lujo 1ú y vo pan querernos?
Este llamaruiento 1tl corazón no fuó oisiquiera
escuchado, pués R ,bcrto e., sentí,\ con sum-t contrariedad por lit rutinera com&gt; b.abí&gt;ln sido re1.:l·
bidas sui pr(lposicionc!l.
-Eso se sale de los limites de ll\ cuestión, dijo
con el 1tc1mto de un abog11do que di~cute puntos
de derecho. Me parece qne seria j 11sto no reeha•
zar de plano todas l11s ideu de mi m'\dre no mu
rorque son BU)'as. Ella adem~s, en el M;o de una
separación teme los comentarios de la ciudad.
-Con que no nos quedemo3 en ~fontpazier to·
di, se l\ll1u1a U.cilmente.
Roberto quedó estupeflicto; esta idea le pareció ab3urda ó indigna de que se la pusiera A dii•
cusión con todo y que eri1 el único desenllice posible para la crbis.
-Serfa una locura. En Montp1tzier tenito mi
clientela, ¿qué iría. yo A hact1r en otra par~e?
- y a te procurarías chencela en poco tiempo,
ó 1,i lo prefieres, entra e_n ~a magistratura. Tn ~adre tiene r elaciones snhc1ences para coosegutrte
un nombramiento de juez.
Roberto dló eeft.ales de viva impaciencia.
-¡Cambiar totalmente el objeto de ml vida!
No. Yo tengo mis costnmbre:1, mi ft1milia, mis
amigos, mis tradicionei en Montpazier Y 1JO me
muevo de allí.
-¿Entonces? preguntó Magdalena con desalleotu.
-Entonces, de Jo que se trata-e'$" d~ qae porparte tuya demuestres algo de la generosidad en •
que tanto abunda mi madre, la cu1tl no se pau en
hacer toda suerte de concesiones. Haz pue~ también lllgunas.
-Hacer algunas es h11cerlaR todas! P11rael mal
que nos aquej-l no sirven los recur.;os A medias.
y 0 no me resisto, Robt-rto, y te ruego solo que
rerlexiones en que h situación en Que se me
quiere colocllr es insostenible. Tu madre '! yo
hemos cambiado f1•aees tale•, que nada podría ha•
cerque caveran en olvido. Xo me perdooarA que
vo me he revelado contra eu autoridad y yo re•
cord1tré siempre que ella me ha ecb,,do en cara
que me casé &amp;in dote. &lt;?uantlo s? ha llf'ga~o A a~mej~ntes extremos la vida eomun re.ulta 1mposi•
ble, &lt;.le bes confesarlo, absolutamente lmpo, lble,
aunque esa vida sea cortada pot· ausendas de algun11s semanas.
-Ah! Tu objeto entonces es separarte completamente de mi madre, dijo Roberto pAlido y a pretan io los dientes.
-~•fo, Dios m[ol no, Dljo l1aria }1ag1alena eon
¡ l voz dulce que conservaba aún en las crisis
tis violentas mi fin es nada mas ahorrarnos el
ro bllJ·o de em'prender de nuevo una experiencia
tra
penosa, cuyos m11los resultados se está.a viendo
muv claros desde ahora.
R , berto dió algnnos p:sos alejándose de s~
mnjcr como para ponerse a cubierto de la pos1hilldad de contestarle de una m'\nera brutal. Ella
le comempló con extraordinaria Jocidez y com·
prendió desde luego que entre los dos todo había
terminado: leyó en su pensamiento la convicción
de que María Magdalena era u.na ingrata¡ la idea
de que tenía h •u:1a suegra Injusta é invencible antipatia, y el desaliento y la vergüenza de que no

oídos que II\ despertó de su abatimiento con un
ligero ternblvr; quiso levantarse y le faltaron
fuerz1te. Entonces oyó el órgllno resonar el través
de lm, espesos muros de la iglesia con unaharmonfll v11ga y podero,ll, lent.tt como una plegaria y
-consoladora !l la "°ez. Se acordó de la religiosa
blanc,t que babia atravesado su camino y que
~ra segureme11te la que estaba tocl\ndo. Eotoo•
-ces le vino la visión de una vida apacit&gt;le entre
11quellas cuatro pllredes grises, detrás de 11qa.e;1a
iglesia de aldea. Nada de crisis: una paz divinn, un
'Sneno de alma y de corazón, una mu. ne esperan•
&lt;lo l,1 muerte. La paz! el repl'sol con qué ardiente pllsióo llnmnba esas dos dicbns de las cuales
tenh sed. No pensar m1\s 1 no aruJr más, 110 sufrir mAs ....
Cerró los vjos y lloró si:enciosamente.
El sonido del órg,mo .. ra una suce&amp;ión de acor&lt;le~ que derramnb11 paz y calma en esta ardie111e 1arde de htfo. La igle•i, anqulrfa voz y cantaba un any,,fu11 de re¡,oso r di: 4uietud; íb1111 á.

era trafteientemente amado puesto que la joven
no se Neolvia A ceder.
Y ella lo amaba para h \Cer esto y mucho m'i.s,
hastJ los m(l.s cruentos 11acrifiolos con tal de dar
término A la crisii, pero lo qa.e se le proponía no
f'ra mi\s que noa impía comedla que serviría al
pronto oo m1\s que de pretexto para atraerl'l, y
lnego las cosas irían empeor.llodo en progresión
segara y rorzosa y A vuelta de al11:unae semanas
despuéi de crueles luehas volverían al mismo
punto en qt.e ahora se hallaban.
Roberto volvió junto á su mujer y con acento
breve y soco expresó así su última é inapelable
resoloción.
-Es inútil segnir discutiendo por m~s tiempo;
la c11eetióo se reduce A é~to; l,qnieres venir con•
migo :1 l\fontpllzier? Reflexiona bien antes de contestar, María ?l[agdalena,y piensa bien en qne oo
tendrás por otra vez oportanidad como 1.1 pre•
sente. Ta. tienes una energía de car~cter que no
era de sospecharse en tí y yo también tengo esa.
cualldad. Creo que si me amas debes aceptar lo
q11e te pro~ongo; aceptarlo~ lo menos como un
ensay~ y s1 la vldu en comun se hace realmente
imposible, entonces llegará el caso de que nos separemos de mi madre. Xo voy á. tratar de defend er m1. causa que se reasume en es ta pregnn ta :
¿me amasó no?
-María _Magdalena en su angustia juntó las
manos Y dlJo:
-Si te amo, Roberto, pero es espantoso que
me preguntes ~so. ¿Y po; que me preguntas si te
amo? Lo pot1r1as a~dar.
-EntoncPs, consientes?
-M~ría l\~agdalena se levantó.
.
-'.!'u no tienes el derecho de presentar as1 la
cuesnón colocAndome entre mi ternura y la des•

gracia de los dos. Por otN parte ¿ '\ mí no hay
qa.n tomarme en cuei:.t'\ también? ¿No estás en el
deber de preferirmo? Yo dtibía preguntarte esto
y sin emb,trgo no lo bago, no, no. Ei abomlnl\ble
exigirme lo imposible y deducir que no te amo si
resisto.
RobPrto replicó de un modo conclll}ente.
-Déj1\te de frases y dime claro ¿es e,tll una
repul3a?
Tan dura filé esta réplica, lastimaba tanto la
deliC11deza de la j lveo, que pormanec.:ió mud11.
-Bien. Ya me lo esperab.~. Nuncl\ pensé que
to.viera n~ted por mí otra cosa que un11 afección
ligera de la que nadie puede dispensarse, á. lo menos de los primeros me:;es del matrimonio. No es•
pere usted mAs proposición que 111 que acabo de
hacer. Li situación queda en sus manos. Cuando quiera usted irá l\1ontpazier serA bien recibida. Pero st quiere volver con su padre A vivir
aquel!a vid" bohemia y desordenada con bribo•
nes y avenrurerl\s, b11ga lo que guste. Acaba u,ted de probarme que no me 11ma y que qneria.
solo abusar de mi awor. Es necesario que haya
yo sido btstante necio para d11dar de e.o no instante. Una muj~r que 11.ma A s11 marido no lo suprime de su vida t11n fá.cilmenre como usted.
Roberto se interrumpió temblando de cólerl\ y
esperando una respuesta que no vino.
Aniquilada María M,1gd11lenase retarda las m.11.nos sin pronunciar una pl:lldbra, ni atrcr~r3e á rijar los ojos en su marido.
Entonces, pres!\ de una especie de vértigo, par•
tió A grandes pasonln vol ver i\ ver A su mujer lJ ue
permanecía como pe,rifieada mirando vagam.,n re
el campanario de la igli:sia tras del cual respl \ndecía el cielo azul.
Un sonido lento, profundo y grave vino A su.

&lt;lormir las flores, las tumbas y las piedras gri
ses, en tanto que 111. religio&amp;a, alma de todo esto,
oraba con aquella voz que difundía pensamicn
tos claros como la luz.
Maria Magdalena, logrando ponerse en pié, penetró bajo In bónda sombría y profunda de la
htlefia que teni11 iuteriormeote una humedad de
cueva. Allí, junto al harmonium vió • á la monja
que tocaba. Toda la luz del sol poniente se eon1:entraba en ese punto pasando A través de uua
-venta.na oblicua.
Maria Magdalena desfallecida, presa do un
, értigo, se paró á verla y la monja, presintiendo
A alguien cerca de ellu, se volvió y sorprei.:did"
, ió el espanto y la angusti11 de la joven.
-Eitá usted enrarma, seftorita?
Bajo esta mirada de piedad el cora2ón de 111 •.
1 f \ Magdalena se dilató y sin poder hablar esta·
Jlc'i en lltgrimll.e. Luego se dPjó llevar hastn la sacrlstia donde la monja la. hizo sentarse en una
,1,1lla de paJtt.

-Excúseme usted, deefa, aún sacudida. por extremecimientos nerviosos, Un momento de en•
fermedad ...•
-Tiene usted alguna pena? preguntó la hermana con una voz dulcemente imperiosa, habituada A, inspirar confianza y f\ distribuir con•
sejos.
Esta rspcci~ &lt;le autoridad no desagradó A l\1A.ri11. M11gdalena que se sentía heridll y en un eompll!to aniquilamiento.
-Sí, &lt;.lijo, tengo una gran pena.
L11 berman1t vió su tr11je y notando que no era
de luto. conaideró que 111 d1 egracia no era tan
grave. 1&gt;1agdaleM lo comprendió y dijo:
--Si. lle perdido A alguien á. quien umo; lo he
perdido como si hubieFe muerto.
l,a religiosa se irguió, pero sn cHra tranquila,
sus ojos lAoguidos, rns anugas, bc1 bfan ganndo la
confüu12a de MAría ?tlngdalenn 4ue en breves rrai.es refirió lo qu~ le h11 bí11 p11s11do.
La mo,,ja oyó con ltt i11q.1a&amp;ibili&lt;111d de un ser

45
salido de la vida, lejano A las pasiones y fi las luchas del corazón y que no comprendía mAs
sentimientos que la resignación y la obediencia.
-Esas tristezas, dijo, se las hace usted sola.
Debe usted obedecer A au marido, humiUnree y
domir.ar su orguUo. Yo tengo sesenta anos y
obedezco A mi superiora que es mucho mAs jo•
ven qoe yo.
)hgdalenl\ quedó desconcertl\d11: la hermana
no la había comprendido, pues entre amb11s situaciones existía mucbl\ diforencii1.
Oyó sin embargo dócilmente e11a YOZ lenta y
dulce que le dab11. con ejos banales como A una
nirla indócil, y Cl•mprendió su error de h11berse
dirigido á una mujer que no sabía nadl\ de las
tormentas de la vida. ¿Cómo erll posihle que su1
dolo1·es fueran comprendirtos ni 11precindos en su
verde.dero valor.si no h\bí,rn hallado eco algu.no
en el eorazón de la monj11i'
.
Se oyó el eoni&lt;lo de una campgna. 1 La religio•
sa se levt1ntó y dijo:

�46·

-Llaman para los oficios vespertinos. Es ne- los preparativos, y llegado el iostaote de 11:1. sep·aración le acompaM solamente hasta lii.• puerta
nei;llrio qne me vaya al convento.
Maria Magdalena la siguió A través de la igle- de la casa y le be:1ó; luego mi p.adre Je dió un
llill, la vió incli11arse un mjnuto nnte el altar, y apretón de mano y 11osotras nos asotnamos A lll
Jopg,l, bajo el pórtico, se despidió y le dió llls ventana pHa verlo por mAs Largo tiempo. En
gr11cias sin convicción. La hHmana tocando ape- Francil\ todtt la fi.tmilhl habría ido al barco y hu11ss con las puntas de los dedos la mano que l~ bier11. habido una grtm escena de lágrimas, besos,
tendill Ma-rfa Magdalena y conservándose indife- y desesperación; ptro nosotros nos amamo:1 de
rente y tranquila. concluy ~ con esta frase dicha un modo menos expansivo 11unque més prorondo. A vuelta del tiempo tuvimoi noticia tle que
de un modo expresivo:
-Es neeesario que ofrezca ustbd sus penas al el pobreci llo babia tenido una peHgrosa enferme•
dad' del hígado ocasionada por t:l clima, y nos
buen Dios:
}!arfa Magdalena se alejó m:,s triste que antes; fué muy grl\to saber al mismo tiempo que pasa·
como si a.~bara de peroer, de improviso, un mo- da la crisis alarmante estaba ya en convalescentivo de esper,rnza y de consuelo. .A.hl qué vado cia.
Darlot acordándose de la ternura enfermiza
sintió al oír esRs palitbras banales dictadas por
una caridad oblig11toria que carecla de eompa- que habitt. tenido por su madre y por su berm"nii
siónl ¡Qué lejos estaba de ella eaca mujer que se y de l1t dolorosa 11gonia que sufrió perdiéndolas,
consideraba superior. No le dijo ni nna palabra se sintió b11jo la impresión de que era una e,peconmovedora y tierna, y sin erubargo, decírsela cie de mujercilla neu.r&lt;,tica, al oir la convers11ción
¡habría sido tan fácil!
de la seilorila Hartley.
-Debe usted considerarnos ii. los frnneeses
como seres dotados de una sensibilidad exajeraLucís. Ilartley y DRrlot llegaron en 'breve á la da é iofnntil.
-No enteramente. Lo que pasa es que ustedes
fonda del lado del Oceáno; y de~pués de haber
descendido por un camino empedrado de granito. colocan el asunto pua obst!rvarlo uesde 01ros
lleno de oquedades y sembrado de guijarros suel- p.nntos de vista y en eso eonsiste todo. L/\ edut-os, atravesaron las extensiones en qu~ crecfa.n c1:1cióo de ustedes los predispone á ello como ]a
juncos y matorrales y que fueron e.nacidos por nuestra nos desarrolla más el sentimiento do lit
H.ené la primera vez que vió este país. La casa propia personalidad.
-Podría esa cualidad de ustedes considerarse
hlanca del semHoro resplandecía con una claridad deslumbradora sobre el azul verdoso de la como un refinamiento del egofamo, porque, en suma, yo de otro modo 110 acierto á comprender
mar.
Darlot refirió las sensaciones que experimen- bien esta facilidad para la separación, que viene
to dnrante aquella primera excursión y la impre- á. ser como la desorganización de la familia.
-No lo crea. usted: la familia tal como la comsión inol vida blP. que dejó en t.u ánimo el espectá.prenden ustedes, existe enlnglnterra entre el maculo de esta llanura ardiente y melnncólica.
-Hay sobre todo un peil.ón en !orma de em- rido y la mujer, y entre esto:1 y sus hijos, pero
barcación antigua, dijo Darlot, en el cual estuve esto es mientras llega el día Ecn que estos por su
sentado largo rato y que me sorprendió vivamen- edad y condiciones alcanzan la apútud r.ecesaria
te. Desde allí la distiDguíA usted .... ¿quiere que para rcclamitr su libertad.
-La naturaleza nos ensef'la algo de eso. Tan
, 1 ayamos á verlo?
Acababan de hablar acerca de este peftón pronto como las a.las de los pajarillos esti.\n listas
abrupto y cur ioso, cuRndo distingaiei-on, recor- para funcionar debidamente, los pajarillos las
tando Ju claridad dP,l horizonte, su proa ele-vada aprovechan para irse del nido y no vuelvrn más.
-Y si vuelven se les acoje con regocijo, pero
y su gal1arda y poderoba figura. Avanzaron hassus
padres no sienten la necesidad de consen·arta llegar allí; Darlot clíó la mano á Lucia para
11yudarla. en la. ascención, y luego los dos senta- los á su lado para toda la vida.
-Usted tiene dos hermanas, me dijo?
dos comodamente se pusieron á respirar la hú-Si: Luisa y María. Luisa se casó y esta vimeda y fresca brisa de la mar.
viendo
en Escocia; ya tiene hijos y hace muchos
La. iglesia de la Claridad se les aparecfa muy
visible aún, y el sonido de sus campanas les lle- años que 110 la vemos. Maria. se ocupa de asungaba apellll.S debilitado por la distar,cía. La lan- tos sociales: da conferencias, escribe y bablu. con
da estabn solitaria, pero por el lejano camino mucha erudición y facilidad. Una vez la oí y me
que se divisaba desde el pcilón y que parecía una dejó complacida. Pero no v/\ya usted á imagicinta blanca tendida sobre las rocas rojizaí!, veían narse que es una oradora de m,eeting, desordenap11sar grupos de campesinos que se dirigíán á la da y populachera. No. AH hermana es una Lady
con muy distinguidas relaciones en el gran mnu11ldoa.
Después de unos instantes de silencio, Lucia do, y aunque le agradó darse á los estudios políticos y sociales, lo hace guardando su posición
dijo:
- Estoy moy preocupada y sufro pemando en y su ra11go. Entre ustedes, la mujer bien educada tiene horror á la publicidad y permanece ob;ilo que va á. resultar de todo esto,
René que no pensaba má.s que en armarse de tinadamente alejada de Jas luchas de ese género,
valor para hablarla, se quedó mirAndola con ad- pero en Inglaterra no es lo miamo aunque seamos sobre el particular muy diferentes de las
rui:ración.
-Si: pienso en ?iiaría :Magdalena, porque su americanas. Todo esto consiste sencillamente
estndo no es nada tranquílizador; su marido tie- eu ~a solidez de la educación.
ne un aspecto tan reservado, que casi no se vis-Entonces su mamá de usted conserv!l. aún 1\
• !umbra lo que sienta ó proyecta.
su lado á una de sus hijas.
-.A mí no me simpatiza, dijo Darlot.
-No: Mi madre habita en el Norte, en una pe-Yo reservaría mejor mi opinión porque casi queD-i ciudad del Condado de Dnrham, ea tanto
no le conocemos. Me pareció encantador duran- que .Maria reside en Londres comunmente. A.lli
te el corto viaje que hicimos juntos para venir tiene una enea suya lo mismo que yo que voy á
aqu(, y creo que realmente ama á Maria Magda- visitar á mi madre cada vez que vuelvo á Ingla·
lena.
terra, porque, como lo sabe ust?d, viajo con mu•
-¿Por qué entoJ'lces la deja bajo la autoridad cha frecuencia.
insoportable de la seflo:-a Le Clercq?
Todas estas confidencias desconcertaban exce-~Ie admira que un francés me dirija seme- sivamente á Darlot. Esta familia esparcida por
jante pregunta.
las cinco partes del mundo, estas gentes que en-Por qué?
contraban tan sencillo vivir las unas IPjos de Ji,s
-Por que en ll'rancia tienen ustedes una idea otras le inspiraban una especie de antipatía A él
de la familia llevada mucho ma.s lejos dP. lo que que amaba tanto {. sus amigos y sofría tan honse acostumbra entre nosotros que amamos acaso da pena al separarse de ellos.
mAs que ustedes pero conservamos mayor suma
Lucía. observó que se h11bfo quedado pens11tivo.
de independencia. Cadll cual va por su camino
-Comprendo que mis ideas no conjugan con
~ iu inquieta.ase demasiado por el que sigan su
las de usted, dijo sonriendo.
padre, madre y hermanos ó berm1m11s, Mire usRené se quedó mirándolíl por nlgunos inst11nted. En mi casa, somos ocho hijos: los cjnco va- tes poseído de pensamientos contr11dictorios que
rone,31 terminada apenas su iostrncción, empeza- ya le inclinaban á hablar, y ya A callar.se, hasta
ron á bastarse á si mismos: dos se alistaron en la que por fío tomó bruscamente su resolución y
marina, dos entraron al comercio, y uno fué ll sin la menor !rase prepara to~ia dijo.
establecerse en las colonias inglesas de ]a In-¿~Ie acepta usted por marid ,¡, La amo A usdia. Este último es el más j('ven, y me tocó es- ted y ya debe haberlo comprendido desde hace
rAr en casa Pl día de su partida. Como mamá le tiempo.
(¡u ería mucho, est&amp; ba personalmente ocupada en
L'1cfa á. m v-cz se quedó contemplándolo con

•

EL OBSTÁCULO,

"EL MUNflO 11,t;STRAD0, 11

fijeza, pero tranquila, sin que pareciera haberse
desconcer•a&lt;lo ni de lo ines¡.,t-rado de la demanda ni de Jo-, térruinos en ']Ue fué presentada.
René pcr su partt&gt;, apenas habló, se sintió como
alivilldo de un grnn peso y con la convicción de.
que había obrado bien,
.
Luego anadió bAstante conmovido, pero muy
dut:Oo úe si:
-En tfeeto, Lucía: la amo á usted sinceramen,
te y no podría. dejar de amarla auni.¡ue a~ e~ferfamara. y be pfüiera fea, pol'que amo pnnc11mlmente su iD1eligencia y sus idea!;, y s~ alma, pormas 4Utl también amo tiU talle, SU:! OJOS y BU b )·
ea. U,:llell piensa como vo en muchisimoa asuntos y A Ja verdad tiene usted mil.a tnergía que
yo, lo curtl eu estos momentos me espi,nta. ¿Meestimará usted lo bastante para 11.ceptar mis pretensioneb? Tengo miedo de ser un poco desprcciKdo ¡.,or mis nerviosidades y wi voluntad de eecaso vig-or, pero no puedo comprometerme á
ca.mbbr porque rnentirfo; ese defecto no dt-pen.
de de mi y es superior i\ tos esf111,rzos de mi r11zon. 5's po.,ible también qui:, me encuentre u~tl'd
uewa~11&lt;10 vil'j0: soy ULHl especi~ de ruina quo
aún puede tentrse trab11josamente en pié y no
trato de disimular que Lengo muy pocos au-ac•
tivos como no St'a para 111 sepultura.
L11 sr111 isa de Lucía se ilCentuaba al oír lit mil.•
nerit 01igiunlque t1mfa Darlotdedt!ei,der sucausa, hacicudo resrtlta.r con lealtad los defectos quecreí11 tener.
Darlot siguió:
-Usted es joven y fuerte por la voluntad y porla intelige11cla, y potl!Í!i ser para usted motivo de
sutrimiento dar::ie un m11rido tan desemejaute ...
No me conteste usted desde luego; retlexione llla.y
bien sobre mis proposiciones. Amo1· es lo único
que puedo ofrecer A usted, y un amor como el
m[o lit verdad que no vale gran cosa.
-Las objeciones que estA usted haciendo, no
existen, dijo Lucia. Tt1l como es el carácter deusted lo estimo y usted personalmente me es
agradable. Sólo bay una cosa en que usted no
ba pensado y que comtituye la dificultad real:
mi Jiberra.d, mi modo independiente de vivir. No
me diga u:;ted qut:1 Jo c»nservaré después de cas11da, porque eso es inadmisible. No quiero que
mi marino, fi lkgo alguna vez A tenerlo se someta A mis caprichos, porque no lo estimaría.
-Sin emba.rgo, nuestras voluntades pueden
ponerse de acoerdo para funcionar sin oprimirse.
Creo tener los mismos gustos de usted por los.
viajes y los c.11nliios, lo cual es ya una buena
condición.
Lucía movió la ca.beza.
-No es esa sollimeme, dijo, lo que me preo1.:u_pa: se trata sobre todo de las acciones diarfas,
que yo ejecuto sin cortapisa de ninguna especie
y sin tener que preocuparme de lo que sobreellas c,pine cualquiera otra persona sea quien
fuere.
-Sin embargo, esta independtrnci'l 11bsola.La
tiene ahora una explk,11.:ión 11aturaJ 1 puesto qu&amp;
proviene del td:lt11nie11to t:1n que u,ted se eucuentra. ¿A pesar &lt;le sus firmezas y energías de espíritu, no Je hace á usted falta la 6ens11ción de
una ternura en torno suyo, alguien A quien amar
y que también la ame ;'L nstt:d? porque la afee~
ción que se puede tener por hermunos y hermanas, asi como la que ellos tienen, es solo una prolong11 ción del dulcll carillo de la infancia. Pero e!.
verdadero amcr¡ el que quiero de ustea y le ofrezco, tiene por alimento fanda::..ental la dicha de sacrificar uno sus gustos y sus preferencias, ante
las prdereaci~ y los gustos del Eér amado, No
estar ya solo en el mundo¡ sentir que la vida y
la.. m°:erte propia importllll á algoien, y senta-as1 mismo qne se es necesario para 111 dicha de
otro, todo eso es lo que ~oacentrado en un sentí•
mi~nto real y recíproco hace la ventura, pues
evidentemente ninguna persona discreta como
usted. seri11, ~paz de enagenar su libertad ~n provecho de los caprichos del primP.r individuo decente y honrado que viniese á ofrecerle A usted
su mono.
Lucia permaneció pensativa.
Darlot continuó:
-La cuestión, pue;;, se reduce A saber si puede usted amarme pur.¡ue eso lo al!anarfa todo,
¡Es tan grnto y tan cómodo eso de las mutuascomplac~Dciasl Ac1tbo de deci,rle á usttJd que
t~n~o sus mismos gustos por los ~ambioa y por
v1aJe, Eso es verdad, pero son guslQs nuevecitos
nacidos ah_ora que estoy enamorado de usted►
pues anteriormenw preteria el reposo, y c1al,.

•

qniera partida me era penosa como si se me desarraigara de un punto a1~11ldo .. Tengo el_ alma
melaneólica y ne puedo deJilr mi casa, alPJarme
de un amii,to sin opresiones en el cort1zón y sin
sentir la idea de que scaso es lit última VPZ que
tengo tales sPnsaciones; pero desde el momento
en que estuviera yo al lado de usted sin separarme nnnca, es como si no me separara ele nadie,
pues siendo con usted, ya. sea tp Finlandi/\ ó en
Túnez en Egipto 6 en.el Brasil, estaría yo cerc\l.
de cuanto ama mi corazón. Amor !;Oberano que
tc,do lo borra para exbtir impe1 ioeo y úmco.
-Amor peligroso, dijo ella, realmenle coomovida, pues hace colocar todas Jas espernnzas de
la vida en un ser mortal.
-No despierte usted la posibiHdad de la Eeparación definitiva, exclamó René palideciendo de
angnsti11. Ya he sufrido desgarramientos espantosos! Sin que hay n ln,rar A dudas, lss gentes
que no aman son mucho menos d&lt;·sgraeiadas,
puesto que no se inter~san mAs que por super·
sona, pero también P~ :erdad q:ie no conoce? lo
que es vivir. Su teltc1dad es s1rmpre npgn11v11;

drsconocen las alegrías del amor, de la abnega•
eión, de ser útil A algu!en. Yo, preflero sulrír á
ser insensible como esas rocas ó como esas briz1111.s de yerba. ¡Y después de todo, tampoco está.
bien demostrado que las yerbas y las roca.s carezcan de sensibilidad! Las flores deben amar al
sol puesto que mueren durante su ausencja_ ....
LuciH! Rdlexione usted y no me conteste todavía si tiene al¡nrna vacilación. La verdad es que
, o no put&gt;dO ofrecer á usted más que amor y toda la ddensa que puedo hallar es esta: Amo.
Pero si usted pudiera llellnr A amarme también,
cré1tlo, sería mu.cho más feliz de Jo que es usted
s.boriL . .... El aislamiento no es bueno.
Despué:; de que René aC'lbó de hablar un prolongado silencio reinó entre los dos. T,a brisa del
mar, encalmada, apenas tenía fuerza para inclinar
Jos matorrales y para estremeceun sus tallos Alas
llores recien abiertas y olorosas delosjuncos. Las
c11mpanas dt! l&amp; capilla de la Claridad se habían
callado.
El eol descendía hacia la mar inundando los cielos y las aguas de una ancl11\ fra nj,i. de púrpura.

Nubecillas ligeras de color cobrizo se amontonaban en el occidente, y un rayo vivisimo de luz
danzando sobre la cresta de las olas venia desde
el horizonte y parecia una cinta de oro tendida
sobre la onda szal. Calina inmensa caía deleapacio, subía del mar tranquilo, flo taba en el ambiente y envolvía todas las cosas, y un sentimiento de
quietud y de serenidad llenaba aquellos dos corazones que aC11baban de abrirse el uno para el
otro.
Entonces Darlot y Lucía sintieron algo como
la pérdida de la pesantez y el alejamiento de la
tierra ..... .las gaviotas y las golondrinas: que
volaban muy alto, les llevaron en sus alas la soi1a&lt;1ora imaginación por el espacie, diáfano v oloroso, y la natnraleza toda, á la que tanto amaban,
les penetró serena y augusta; creyeron que ella
les amaba también,que era suconfidente,quepreseneiaba la unión divina de sus almns y que la
aprobaba . . :. Lucía tendió la mano a. su amigo y
él la aprisionó entre las suyas.

�48

11 EL

HUNDO ILUSTRADO"

49

EL OBST,\Ct;LO.

Así permanecieron largo tiempo ain decirse
nada ¡:,orque no ha} palabras con que pueda ex-

EL OBSTACULO

preBllrse lo que sentí1tn. Luego ella tembló ligeramente, porque la brisa empezaba a. refrescar
con ht pue,irn del sol.
-Vamos, dijo René. Tiene usted trio.
DrRceudieron del pt:Mn y Lncfa dijél:
Vendrá usted A visirarme mAs tarde? Leeremos el sw•,10 de una noche de estlo
-No. E:;ta noche no, porque no hay poesía e&lt;icrit11 que valga lo que ahorl\ ten,{o dentro d~ mi
alma.
Cuulquiera otra 1,oesía. es muy inferior y quiero repetinuela con deleite {L solas, porque para la
exp1rnsió11 de mi espíritu necesito unas horas de
solt!d11d Permaneceré en In playa una parcede la
noche y volveré A este mismo sitio p11r1t hablar
con Uli conciencia de la telicitl11d. Adíos!
Se dieron otra. la vez la mano, y luPgo Darlot
pasando su brazo al rededor del ta Ue de Lucia la
aproximó it el y le dió un beso. Despué3 se separaron y ~iguló cada cual por su c11miuo.
Luci&gt;l co 1 p1so lento tomó el desuMsR. No que1fa rrfle:xionar sino cuitndo m:l.'I sollar, dej1lndose
desli,rnr Auna impresión muy dulce: al recuerdo
de la horn df!lieiosa qu~ acab,iha de pasar.
Ei 11ecc3ario saborear bien es'ls rart1s horas
de fdicidad absoluta. La tris~eza y la desgracia
l'St1\n siempre en Acecho de las personas felices y
lc11 dejan poco tiempo de gozar.
Ya cerca de la aldea, en el sendero arenoso
11.biHlo sobre la roca, vió que venía hacia ella u11
hombre que andaba~ pasos precipitRdos. Lucía
lllllió de su ensueflo v reconoció á Roherto Le
CIHC 1 que caminaba muy de prisa con el aspecto
de un hombre que huye.
Roberto se le acercó reconociéndola ll su vez y
le diji) con voz alterada.
- S11Jgo de la casa de usted, pues querfa -.cr A
uted autes d~ partir.
-Antes de partir .... ¡cómo! ¿pnesqué seva usted? B,;o es imposible.
-1'.irto .... Parto desde lueg-o: y si hubiern un
medio de estar ahora mismo en Montpazier Jo .tCl'JJ·
rnria c:1alquier11 que foese, co11tcstó él cu11 u111\
e•peci~ de furor reconcentrado deMpiuudo con
la punta del bastón una copadejd.ram'lgO;bilres •

NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
V.ERSION ESPAÑOLA. DE 11.EL :MUNDO ILUSTRADO"

\

..
Número 7.

\

1

\

tr.?i:.

Luda, bruscamente an-ebatarla A su propia
dicha por el dramst que presentíil, dijo l'eco •
br1111tlo su sangre fría y su firmeza de Animo:
No sale tren por las tardes. No puedo ustrd
p1rtir si no es basta mallana. ¿Quiere usted !rncer
,.¡ r,,•·or de decirme lo que pasai'
El n11.tural reservado de Roberto era contrario
A to 11\ confidencia., pues le repugnaban lasintimidndes; de ordinario era inaccer;ible y no dej11ba
quo penetrara nadie en las profundidades de su
Hlma; pero en este momento sufría y su frritación
y su 11m!\rgura erau demasiadoviolentasparaque
i:;o pudiera contener.
Por otra parte, estiru11ba .m mucho l&gt;ls altas
pn:ndas de discreción y talento de la mujer con
4uien hablaba; asi es que no vaciló y le dijo:
-Entre ella y ye todo htt terminado. No mP.
ama, nome ha amado nunca: tengo }aprueba. !Y
p.-nsar en que he sido bastante loco para venir ,1quí
cspnando Que me II\ llevaría! Pero no podía crt!, r
cu r;emejante indiferencia...... M11ril\ M11gd.alec a
t·s i:ect\ y dura. como este pedaz(I de piedra.
Roberto golpeó violentamente con su bastón el
rxtremo de un11 roca m:\s elevada que las otras
e11 lll orillA del camino. Lucia sin tomar nota de
In 11cusación lanzada contra su amiga preguntó:
-¡,Quiero usted decirme lo que ha pasado.Vamos A mi casa.
-No porque ella no tardará en venir y no
quiero ya verla más. Lo que ha pasado, no se lo
¡,uede usted figurar. Rehusa irse conmigo AMontpazier.
Lucía fijó en su interlocutor una mirada inye,,lil{11dor11.
- ¿ Y es bien cierto que ella rehusa irse á .Montp¡¡zit&gt;r á vivir con 1isted?
Uoberto hizo un ademAn de col era.
-Ah! si. ... olvidaba que Udted es conocedora
,11• su querella: ha debido contar á usted tod11s
Jiis inclignns persecuciones que la hacia sufrir mi
11111dre ;,no os asi? Se ha aplicado el interesante
}'h pl'I de víctima .... 1
- Pur~ 110! dijo Lucía con la tranquilidad mAs
,rr.rnde. M 1g es muy reservada bajo su aparente
abandc no, ~- apenas me ha dejado emreYer que
lt ., bía nlgunos puntos de desacuerdo entre ellit y
1.t toeO.orn Le Clerc ¡ , pero yo he adivinlldO el res-

to lo cual no me era muy difícil, habiendo podido como pude observar poi mí misma el estado
de las cosas durante mi permanencia en Montpazier. Creo que hastit le b11blé A usted mismo muy
sP.riamente sobre el particular .....
-Oh! ailadió Lucía viéndolo hacer un gesto de
impaciencia¡ no me crea usted tan importuna que
vaya ahora á. hacerle reproches por no haberme
escuchado entonces, ó para vanaglori11rme de haber previsto desde entonces lo que ahora está sucediendo¡ yo estoy bastante desoloda a. causa de
este suce10 y eso es todo. Vamos, dígame usted
se lo ruego, los detalles de lo que ha ocasionado
este rompimiento.
-Ah' La cau~a de este rompimiento. Pues sencillamente porque yo tuve la poca cordura de c:i·
sarme con una nina cuya educación no era bits
taote sólida ni ba:111da en sanos principios. Ella
quiere exigir todo de los demAs, sin dllrles nada
en cambiv. La cau-a rle nuc:stro rompimient: ....
que no me ama, que no ha visto nuncJL en mí más
que un marido rico y en buena p.::sición . ... Eso
es todo.
-Está ust?d muy encolerizado dijo Lucia lIRrtley con la ex11ctitud de su buen sentido. Cálmese usted y trate de reft!rirme detalladamente todo lo que ha sucedido, pues ac11so lb podré ser
útil. ¿De qué le sirve á usted indign11rso contra
ella, sobreexitándose as! más y m!l.s? Si María
Magdalena, egoísta y desamorada no viera en
usted más que un 1u11rido rico, r si ambiciosa no
pensara más que en la posfoión soci11l 1 volverfaá
!iiontpazier y se sometería al yugc de su suegra
antes que perder aquellas ventajas. Pero no, no
quiere eso, y su rebelión pt ueba su desinterés.
¿No le parece á usted Jo mismo?
-Es Yt'fd11d, contestó él eon acento irónico, ya
estaba yo srguro de an:-emano de que usted le
daría la rc1zóo.
-No le doy la raz-0n á. nadie: ruego A usted

solllmcnte que me refiera cr,n detnllel:I lo que
acaba depas1:1r entre ustedes dos.
H.o berto la dijo, entrecortando su relato con exclamaciones de cólera y revistiendo A Maria Magdalena de los más detestables sentimientos, lo
que hablaron ambos, y la set!.orita Hartley le oyó
sin interrumpirle dando muestrMs de gran calma
y serenidad. La exaltacjón de este hombre tan
reservado de Clrdinario la conmovió, porque era
una prneb&lt;t. de que había sido herido en lo mAs
hondo de su ternura. Amando ccmo amaba á ~fa.ría ?ilagnalena, habría creído sin inconveniente
'.}Uepodfa exigirle en nombre de este amor la sumisión ansiada, y conclwa que no era amado por•
que no se le hucia ese eaeri!icio.
-E~tá. usted muy agitado esta tarde, seft.or. El
negocio es tan grave que en mi conc.:&gt;pto, no debí/\ uited decidir nafa EL la ligero. Deje usted al•
,runas horas de plazo para que reflexionen los
dos, y h.:iga usted mal11tna una nueva prueb11.
- • o! Todo ha termínado. Mi resolución es
irrevocable. Me opuso una indiferencia glllcial
que nada pudo vencer, y no hallé en mi carift.o
expresiones bastant~s para conmoverla. Si la hubiera usted visto inmóvil, sentada frente A mí y
sin mirarme casi! :No, no! Maflana me voy; y lo
único que lameeto es no poderlo hacer en este
mismo instante.
-No admito semejante pricipitacióo, dijo Lucía con firmeza: usted en estos momentos se está.
dejando arrebatar por accesos de furor indignos
de un hombre inteligente, y en vez de emplear la.
voluntad en cbligar al pens~n1iento A formarse .•
ideas tranquilizadoras, se exmta usted m!\s y
más con imprecaciones y acusaciones exageradas.
(Concluird.)

0

Yo la conozco, le tengo mucho cari1lr, y ruego
á usted se convenza de que no soy capaz de amar

á personas que se11n indignas de mi estimación.
Si ella fuera la intrigante menuda y vil que usted supone, ni usted ni yo 111. hubiésemos amado
nunca. Todo lo que ha pasado entre uatedes es,
en efecto, muv sensible, pero ciertamente tiene
todavia solución posible; en tanto que si se obstina usted en partir sin procurarse una nueva entrevista, esto acarreará una desgracia de torio
punto definitiva. Despuéi de una separ»ción. entiéndalo usted bien, seflor Le Clercq, nada absolutam1&gt;nte nada. será. bastante para inclinarla A
que de nuevo vuelva al
•lado de usted.
Que haga lo que
quieral que regrese A la
'Ünica vida á que la llaman su gusto é inclinaciones entre los amigos de
su padre! Esto, esto es
lo que le talta: socieaad
·&lt;:on gente bohemia y
aventurerR. No pueden
bastarle para su trato íntimo gentes honradas y
tranquilas.
Lucía, ligeramente contrariada al verlo tan cerrado contrs. lo que ella
pensaba ser el buen sen·tido, le llevó lejos del
eamioo donde ya. varios
ttanseuntes les ha bian
observ11do !iján iose en
la ex111tación de Roberto.
En la landa cortada por
•el camino había rocas
planas y muPgosas A pro1pósito para servir de
asiento.
-Venga usted acá y
•conversar~mos razonablemente, si en el est&lt;1do
de ánimo de usted es posible tal cosa. ¿QuiHe
-usted volver á. ver á Mit•ria l\lRgdalena?

meter A un despotismo im,oportable que yo misma que tengo tan alta dosis de c11lma, no habría
podido soportar ni un minuto, n: aún por complacer al hombre que mAs hubiese amado en el
mundo.
Siempre y por todo y para todo, l1t ha hecho
mted someterse á la voluntad de hierro de la seflora Le Clercq para Jo cunl uo tenía ur,ted dere•
cho social ni moral. La CRsad11 contrae deberes
p11rl\ con su marido, pero no más para consumarido, los cu11les no son trlln~mi~ibles porque se llegarla al absurdo metiendo terceras personai, en

-Xo.
-¿Entonces v11. usted
partir así, solo, convencido íntimamente de
-que esto concluyó ya pa•
n toda la vida y que A
usted Je importa poco lo
·que sea de ella en el por-venir?
Roberto apretó los puftos, y con una increíble
~xpresión de obstinado permaneció mudo. En'tonces Lucía perdió la paciencii1, pero su indignación fué una indignación sin arrebatos, imponente por su serenidad y por su aplomo, indig·nación de persona sensata que le hizo decir crudamente cosas duras con entonación reposada.
-Si obrara usted así, sería digno de que se le
-considerara Austed como un loco 6ocomo un hombre malvado. Déjeme usted hablar; ya despué3
me contestará.. Soy yo quien va A hablar por:i\laría Magdalena y A hablar francamente. Usted se
-cree muy generoso porque la ha tc,mado sin fortuna, y esa es una idea mezquina porque se con•
trae de un modo egoísta A pensar en usted y no
,en ella que, la verñad, nada debe it usted.
Al casarse usted, cQntrsjo la obligación impresdndible de amarla y protegP-rla, y ha faltado us•
ted á su palabra, porque si h ha am.:ldo ha sido
no mt1s que con egoísmo, tomando de ella lo que
era del agrado de usted pero sin preocuparse de
su carActer, de sus guetos, ni de sus 11"piracionee.
En lugar de protegerla la ha querido usted so•
•.1,

el comercio intimo de la soc crfad conyug11l. A
María Magdalena usted de un modo irracional,
injusto, y basta inicuo, pretende obligarla y
por 1tbdicación A que prescinda para siempre y
de un modo radical y completo, de todas sus preferencias, de toda su voluntad y de toda su dignidad.
¡Y persiste usted hast11 el río y Je trae como
panacea para todos loR mllles preeences y futuros, una irrisoria combinación imposible de ser
aceptada. ¿Pues qué, lo que se le proponía no
ua la misma vida pasada volviendo Acomenzar?
Magdalena no le pide á usted lujo, sino la libertad de vivir tranquila sin uu eterno vigilante
de sus actos mAs íntimos, que todo el día esté interviniendo en todo sin dejarln moverse, ni pensar, ui respjrar sin;: con arreglo á. un progl'ama.
que crece todos los días.
"No me agrada est~, no debe usted hAc&lt;'r lo
otro, obre asted en este ó en aquel Rentido. No
quiero que sea usted joven ni reliz ni riente, sino
que rompa con sus a11os. con el 1tmor de su esposo y con la alegl'Ía de vivir, y se venga conmigo

A una sociedad de viejas histéricas á curar enfermos y á cuidar chiquillos miserables.''
Eso es tunto como preLender que un canario
acepte los hábitos, gustos y preferencias de un
buho.
Sí: Magdalena ha hecho muy bien; ha tenido el
valor de ahogar su ternura y su amor ha.cía usted y de preferir el abandono y un porvenir incierto á la situación humillante que le vino usted
A proponer, y esto me hace estiwarla más. Pero
la fuga de u ~ted, su resolución dó s bitndonarla,
son incalificables. Después de haberla tomado
por capricho, como se
compra una lind11 muñeca no mAs que para gozar el c : mprador, y sin
tener para nada en cuenta m!lsque el propio placer, cuando se descubre
que esa mulleca tiene un
cará.c~er ,. un corazón,
se la deja: ... Que sea de
ella lo que Dios quiera,
que el mundo la acuse
de indignidad, que su
padre la rechace,que lle•
gue ~ ser en lo futuro
noa mujer caída, peco
importa! Usted se erguira en la cumbre de su
intrgridad de l1ombre
digno y no tendri\ ni aún
remordimientos.
Roberto temblaba al
oír cada una d1, estas frases incisivas y dol'lrosas
como latigazvs. Si Lucía bubit.ra sido un hombre lo h11 bría abofeteado. Hundía las unas en
las palmns de las manos
y se mordía los labios
para no responder, y sin
t!mbargo, en medio de
1:,u furor por haber sido
tratado de esa manera,
admir11ba la actitud va.
lerosa de Lucia llartlev.
Había mucho de verdad
en lo que ella le babia
dicho, pero penetrado en
la idea del desamor y la
indiferencili de su mujer,
estaba endurecido.
-Con mucha tranquilidad he soportado las palabras de usted, dijo, y
. mi contl3stacion es esta:
parto. ~lagdalena sin discusión se negó t\ seg-uirme y ella misma es la Que ha decretado nuestra
separación. Está bien. Si quiere venir á mi casa
la acojeré. No debo hacer mAs.
Lucía suspiró y después de unos instantes de
silencio agregó con su misma voz serena y !irme:
-1 No quisiera verme en !a situación de sumamá de usted!
-Mi madre ha demostrado una generosidad
por &lt;'ncima de todo elogio.
-Lo mAs elemental era. consentir en lo qne le
pedía su nuera; y sí no quería verlos á ustedes
pobres ¿había más trabajo que el de regalarles la
quinta y el millón que va A emplear en una institución de beneficencia qne no tiene el deber d~
fundar, como lo tiene de proveer a. lll existencia
de usted? Pero yo no discuto estas cosas sino
que solamE"nte digo que se va á encontrar en un
est11do de conciencia muy embarazoso. Cuando
usted le diga que entre elll\ y M11gdalena ea ella
á. quien usted ha elejido ¿r¡ué irA A responder?
;.Qued11rá conforme con que um,d arroje á su e ➔posa, para permanecer viviendo :!Omo hijo dócil y

�50
sumiso? Tengo curiosidad de saber lo que harA.
Roberto contestó secamente;
-Mi madre, en cualquiera drQunst11ncia, hará.
lo que debe hacer. Ruego á usted, seilorita, qne
no mezcle ¡;u nombre en esta discusió11.
-Su personalidad estll sin embargo tan penetr11da en el rondo y en tudos los detalles de esta
situ&amp;ción, que no se la puede descart11r.
-En ese caso, demos fín á. toda discusión, gritó Roberto e:s:aspnado, converi,ación que en último irnálifis no conduce más que A irritarnos á
Jos dos. J\Ii resolución es irrevr,eable. Si :Maria
Magd1dena quiere volver sin condiciones á mi casa, la recibiré. )[e voy, y ésta será la última tent11tiva que habré hecho cerca de una mujer á
q11ien nunca le he inspirado más que la mfls complern. indif,m•ncia.
, Lucia le vió con verdadera angustil\ alejarse.
, llitbi'l hecho todo lo posible por evitar esta resolución extrem11, pero nada pudo influil sobre
este carácter obstiDMdo en una idea fijt1. y para
el cual todas las rebeliones de Maria M11gdalena
se re11snm!1tn en este pensamiento: no me ama!
¡Pobre Mag! ¿Qué iba á ser de ella? ¿De qué
lnclo se iba á poner en estas circunst11ncias? El
:Doctor, A las p1imei-as palabras, lanzaría gritos
de dt&gt;sesprración, v se rehusaría á recibir A su
bija. L'l simadón era en verdad difícil, pero Lu&lt;lÍl\ reser vó para el siguiente dfa pensar en los lados prActicos de este negocio. Ya Mag debía haber n•gresado á su casa y es seguro que estaría
~n un doloroso decaimiento y desolación encontrándo,e allí sin su amiga.
Lucfa apresuró el paso y llegó prontoll laquinta. Lns ventanas de la sala, abiertas, dejaban
ver la mesa del té ya lista y preparada; la IAm•
para encendida, los cubiertos adornados con flores frescas y servidos sandwichs, galletas, asados, fiawbres y las tres sillas simétricamente colocad11s. ¡Qué agrl!dable veladll habría podido
pasar Lucí11, sin los acontecimientos que estaban
ocurriendo á su pobre amiga!
• Esta comida por lo común tan íntima, !ué aquella tarde triste y melancólica. Maria Magdalena
no quiso tomor mlls que una taza de té, y Lucia,
luchando vigoros:imente, pensaba en lo que sería
necesario decir á su amiga para darla un poco
rle valor. Evidentemente la pobre joven había
]legado 11I fin de sus fuerzas, Jo cual aumentAba
mucho la i ntensidad del sufrimiento: estaba como tmb1 utecid a y sus miradas eran veg11s y ató•
ttitas.
Cnando lit criada, terminado su servicio de
mesa, laa dejó solas, Lucill. le dijo con itcentb
tra1,quilo y afectuoso:
-M11g: no le he preguntado lo que pasó entre
usted y su marido, pero la ausencia del seilor Le
Clercq y la actitud de usted no me dejan lugar A
pensamientos alegres. ¿Han reflido acaso?
María Magdalena se quedó viendo a. su amig,a
con 11demá.n de súplica.
- Xo hablemos de eso esta noche, Lucía. Estoy llecba pedazos.
-AJ eontrario, darli11g es preciso que hablemos de ello desde luego. Ese es asunto demasiado grave y no puede d"jarse para mafl.ana su discu1,ión. All.:.ra. su marido de usted está aquí todavitl y sabemos donde se le puede encontrar,
pero m1:1ilana será tarde porque habrA partido.
• -¿Crre usted entonces que realmente partirá,
que me abandonará?
Era para l\Iarfa Magdalena esto una cosa tan
inverosímil, que ni ~iquiera le babia pasado por
la imaginación. A través del recuerdo candente
de la última entrevista venían otros recuerdos de
bcras de amor que la tranquilizaban, presem{mdole como imposible el hecho de que Roberto se
decidiese a vivir sin ella. Lucia no queriendo
desauimarla contándole lo que babia hablado
cou su marido, Je dijo:
-Debemos dRr por sentado que eso puede muy
bien suceder. Mientras le sea á usted posible ir
personulmente y hablarle y realizar entrevistas
inmediatas, nada es defü:itivo, pero cada hora
,¡ue p1tsa prc,fandiza el foso que ya separa á los
dos. Si su marido de usted se va sin haberla
vuelto A ver, la dePgracia se volverá irreparable.
)[aria. Magdalena se quedó mirando á su amiga
con ansiednd y le dijo:
- En efecto me ha hecho sufrir mucho ahora,
porque me trató con dureza; pero si pretendiera
acercarse otra vez .. . ..
As, no! Roberto tenía demasiado orgullo para
intentar una reconciliaci.:in. En este momento mismo estaba tan desesperado como ella, y como ella
veía terminado el objctode su existenciaqueque-

" , • EL OBS'l'.IOULO.

EL ,ll1JN-DO,U,U$TRADA 11

11

daba ya sin punto de mira y sin la menor esperanza de felicidad, pero se sostenía en suresolu•
cióu por este pensamiento martirizador: puesto
que ella no me ama, nuestra vid¡¡_ juntos seria intolerable.
Ln&lt;'i.t e¡rregó dulcemente.
-Querid11. mfa, es µreciso renuPeiar A la espe•
ranza de que Roberto vuelva. A. solicitar de usted
una nueva entrevh1rn. Tiene un orgullo especial
par,, esa cir,:unstanciil: pero si ve que usted Vil A
él, la acojerA con alPgrfa. Eu cuantoádarunpaso
para procurarlo, no lo rlará.
- Si! dijo M11g con amargura. Tien, más orgullo que amor.
-Acaeo no e~tit bien convencido del amor de
usted.
- U,tedes han ht1blad0, Lucia, han babladr.
-Iocap1tz de mP.11tir, Ludll coutestó:
Es verd11d Magdalena, lo he vi~to y estaba
muy disgustado.
-Yo también.
- Pero su pena viene de que cree que usted no
lo anrn, en tanto que u .. ted no tiene con viccióu semcj~nll'.
M1ted11ler,a i;c quedó pensativa y lue¡ro dijo:
-Todos sus actos, sin f'mhargo prueb11nque~i
me am~. me ama ruuy poc.o ¡mesto que siempre
prefiere á. su m11dre.
- No Je reprocha usted eso: la ternura filial
honra á ouien la sit:nte, interrumpió Lucia estor. za.ndose en abogllr por una cos!l. que ella misma
cooden11bi.
-Por úhimo, si('n-00 capaz deirse 11sí y consentir en una scparnción ¿debe creerse en su amor?
¿en mi caso creeri11 ustedi'
-Yo comprendería muy bienelc1tso, pueseomo
él no se cree amado, esta idea juslitica todos sus
Retos por mh enojosos que eean. Véamos, Mag,
¿usted eetA ~n la ptrbuación dequeRob~rto seca•
só por amor?
-Oh, Dios mio! se me ha echado en cara tantas veces esto que ya 110 lo puedo dudar, exclamó
la joven suspirando.
-Aunque se Jo l1ayan echado á usted en cara,
el llecbo es cie1 to y le de be usted por eso gratitud. Lo que pasa es que acaso usted le demostró
fri11ld1:1d y eso explicll su actitnd prPsente.
llagdalena se ruborizó y contestó con viveza.
-Aseguro A usted, querida Lucí~, que Roberto
y yo habriamos sitlo muy felict&gt;s bin mi suPgra
pues ella ha sido la única causa de todos nuestros
disgustos. Su bondMd, demasi11do ... .i11rperiosa
nos ha oprimido de tal suerte, ha pesado tanto sobre nuestras acciones y basta sobre nuestras palabras, que teníamos siempre la apostura corree·
ta de personas bien educadas que llevan veinte
a:llos de matrimonio y que ya se cansaron unn de
otra, y no el 11specto de uno, recien casados alegres y expansivos. Una opresión semejante es un
verdlldero suplicio.
-Y mAs necesario, amiguira mía, es que no recuerde usted antiguos agravios sino que trate por
el contra, io de d1ulos al olvido Piense ustel y con
mucho detenimiento y ~iacreción en que estA usted en un momento muy grave y detenida en t:l
punto en que se cruzan varios caminos que deci•
dirán de la felicidad ó la desgracia de toda la
vida según el camino que se tome. Pocas borasle
quedan A usted pll.l'a tomar un psrtlao y después
ya será tarde. U:i·ed ama A Roberto,esimposible,
inadmisible que se resigne usted á perderlo, y por
consiguiente la cuestión de amor propio debe colocarse en un término muy secundario. Vea usted
pues, examine bien si puede armarse del valor
que se necesita para someterse A las condiciones
que le propuso su. marido.
-No son de ningun modoaceptables,gritól[aría ~!agdalena levantándose con agitación. Medi•
dijo (t. In cardo ra y A la conciencia de usted. ¿Cree
que pueda yo recomenzar la vida que he llevado
desde que me c11sé, agravada ahora por la circunstancia úe est11r en gnerra ttbierta mi suegra.
y yo? Digeme usted con toda frauqueza: si estuviera usttd en mi caso ¿aceptaríii?
-Pero .. dijo ella vacilando. Yo no te11goelcariLcter de ust-,d lleno de dulzora afable y graciosa, sino que soy brusell y autoritada.
- Repito mi pregunta: ¿aceptaría usted?
-Tal vez .... si amara.
-,No: Csted sabe muy bien que rehusari11; que
nunctt. habria sufrido, ni por un día siquiera el
despotismo hij'.lócrita y meloso de Ja senor11 Le
Chercq, en tanto que yo lo he hecho hasta donde
alcanzan los límites de la posibilidad: y usted sabe asimismo que Roberto exige una cosa. insensata pretendiendo volver ll lleva::-me á casa c.eesa

mujer deFpués de una ruptura tan violentacomo
la qu~ hubo l!ntre nosotros. Con vi~ta de todo_ es•
to, ni acepto ni puedoac pt11rpropos1clón semeJante y me mantengo Po mi negativa.
.
-Piense 11strd }lag, que esta es unasentenc111
de separnción para !t1empre .... !
La hermosa joven hizo un e1,fuerzo sobrehumano
para no romp~r en soJlozos y con~uvo cuanto pudo las lágrimas que, rebeldes al fm, comenz_aron
A correr 3ilencios11111ente, pero no protestó m con
una palabra.
.
-No obre usted b11jo el imperio de un desalientomoment.áneo: piense usted, querida mía, qué triste le va á. ser verse defiuitivamente sepan1da de
un marido Aquien ama, y encontrllrsesola despné~
de haber tenjdo una familia. Piense usted en todo
lo que puede scbreveuir.
y como Mag permanecía muda, la se:liorita Ilarlley 11111:1dió con el calor que le inspirabt1 tan embal'azo:111 situ11eión,
-¿U»ted me preguntA si ceded~?- 'ues blen ¿la
verdiid? fil Usted pasa poi· una crms extrema y
con su ace}Jtación se produciría una tregua. EsLoy st'gura de que su marido, satisfecho cou e:!1\
muestrt1 de docilídaCI y sabiendo ya además que
tie11e nsted un c1:1.rActer, no tolerar!\ mAs qoe su
madre la oprima A usted. Nlla. misma, µienso
que en adel1:111te respetar~ mas los derec~os dcsu
uuera y en Irn, mi co11seJo es que e:,ta m1swa 110che bable ustt:&lt;l. con Roberto. ¿Verdad que berA
lo m1.-jorl' Voy a. ponerme mi abrigo pa~a1rnompa•
:llar á usted. Es absurdo jugar con la d1eh11 C\JtuO
lo hacten ustedes dos: hay que sacriticur el amor
proµio al deber.
Alilría Magdalena contestó con firmeza:
-Gra.ci11s, Lucia! E~ usted muy buena y se
eetA haciendo violencia para.pr~&lt;liearrue un s;stema de conducta. que usted misma no seguida. No
creo que d1:1ba ceder, y no lo haré. Lo wejor es
que no hablemos más de eso.
-¿Y qué vu usted A h11cer?
-Lo pensaré .... Escribiré A mi padre.
Hubo uoa pan;a. Las dos sabfan muy bien que
este recurso tra ilusorio.
-¿Y si no consigue u:1ted nada del Doc•orP
-Haré lo que otras que v"len tanto como yo:
lo que baria u:,ted misma: trabajt1.ré.
-Lucía estuvo á puDLo de preguntarle: ¿y en
qué\l pero no quiso abatir más á su amiga . El valor real de que estabn dando pruebas le era 11gradable y respondía A sus propias íntimas con.,icciones. Y le sorprendió tlinto más cuanto que Magdalena, pequeftitn, mimada. y educada entre dnlzuras, no estaba como ella armadl\ para la lucha
y por consiguiente su csfutrzo morid era mucho
más grande.
Tu10ó entonces tas manecita&lt;J de la joven y
apl'etAudoselas vigorosamente le dijo:
-Bien l\I11g! Amo las namralezas enérgicas.
Despuéj de tudo, es posible que Roberto, admirllndo lo que m1ted vale, acabe por comprender
lo que se la debe. Con r1:1solución, todo irá bien.
No sé lo que contestará el Doctor, pero sé que
soy su amigR de usted y que la ami~taden mí no
es paui.b.ra. vana. Ayuduré A usted e~ to~o, no
llore, &lt;la'l'li11g, voy A prepararle una. 10fuE1ón detila para qu1:1 la tome y se acueste.

La infusión no produjo los efectos calmantes
que dese1:1ba. la sefiorita ffa.rtley, pues Magdalena no pudo coocili!lr el sueflo, sino que por el
cvntrnrio, la conversación que acab11ba de tener
la !labia sacado del embrutecimiento en que permaneció algunas horas, y vió cl!l.ramente su situación. Tomó una boja de papel para escribir A su
padre y JP. refirió cómo después de una última
sumisión había estallado la crisis inevitable y lo
que luego bahía sucedido.
Pero cuando llegó el momento de pedir un amparo, le faltaron palabras y permaneció pensati•
Vil con la. cabeza apoyada en las manos. Entonces se imaginó la ira del Doctor ante esta carta
que iba á interrumpirle en una agradtlble excursión. ¡Con qué indigat1.ción sabrfa lo ocurrid.o!
¡En qué términos Ja maJdeciria! ¡En que tél'minos Je iría ú conte~tarl Ocurriría á toda suerte de
solil:itudes humillantes cerea. de la Sra Le Clercq,
ttntes de resolverse á recojer li. su hija.
l!nría ~tagdalena avergonzacta al sentir quo
era una 1:arga pesada que todos querían arrojar,
se alejó del eecritorio; y abogAndose en esta casa.
silenciosa en que todo dormia. porque ya era tarde, tomó un abrigo J salió al ca.mpo.
El aire era vivo; un fresco perfume salino lle-•

.gaba de la mar; las estrellas irradiaban como
diamantes prendidos en tere.iopelo negro; la noehe no era muy obscura. Maria Magd11lena salió
del jardín y se encaminó a) acaso hacia la landa.
Sus pensamientoR tomaban otro giro: ahora pensaba. en Roberto, en su pasajt-ro enternecimiento
en aquel cementerio solitario y luego en la esce•
na brutal que había seguido.
. Y c•Jn una lucidez de memoria singular Je volv1ó A ver con l;is expresiones de fisonomía que
babia tenido. La imp1·esión fué tan viva, que revivió l1t hora. dolorosa en que todo se había roto
entre los dos. ¡Con qué dur za la rechazó! Con
qué altivez le preseutó el 11ltimat11111 inaceptable)
No, no! ya no la amaba. No que1i11. de 1&gt;1lt1 más
que su graeios11 y liud;t persona y este género de
afección era sumamente pasajero. Ya se acostumbraría pronto á. su. ausencia ....
Una amargura angustiosa hinchó el corazón de
la joven al sospPcbar que no podü inspirar A su
marido sentimient&lt;.s más elevados.
Mi.ría Magd!l.lena trepó sob r·e una roca y allí
se detuvo. En torno suyo todo se hundía e11 uoa
semi obscuridad transparente. Las PStrellas irradiaban incesantes y se veía, cerca de las rocas, el
coufuso amonL011amiento de piedras v matorrales. LII prorundo silencio c&lt;.rtado A trechos por
el mugiJo del viento y de las olas, envolvía el
vasto litoral. Ni un ser humano parecía. vivir por
allí.
Tembló. El horror de la soledad vino á penetrarlll y avanzó del lado por donde murmuraban
las olas. Sus pensamientos se hacían mlls am&gt;1r
gos, y las brutaliclRdes materiales de la vida, la
empezaban á torturar presenti\udo.se A su imaginación.
Su padre la rechazaría, era indudable. Pero si
abrumado p0r sus quej11s la recogía ¿qué existencia iba á ser la suytt? Sabía bien los proyectos del Doctor para el porvenir y éste la tacharía
de una necia que no solamente malograba su
propia vida sino también la de 10s demas. No to
maria pues parte alguna en su i11tortunio, sino
que la consideraría como ingrata, torpe y egoista.
No: valía más trabaja... Pero ¿en qué? Ella había sido hasta entonces inútil, put-s su educación no la tenín preparad11 para la. lucha por la
vida. Le pasaron por la imaginaci~n los recu~rdos de las mujeres que se consumen en una buhllrdilla abrumadas por la costura, y esta última
idea. agregada á sus pesares la volvió á la atonía
en que eSt'lba desde que la dejó Roberto.
Llegó de pronto al borde de la mar. A sus piés,
A algunos metros debajo, Maria Magdalena distinguía por ser la hora de la baja ma.·, las olas que
se al j11b1J.n lamiendo enormes peftascos despedazados, masas de granito qne parecían rnina:1 de
alguna ciudad ei~lópea. Más lt•jos, sobre las olas,
brillaban algunus puntos luminosos: eran las linternas de los pPscadorcs de langostas y c1rngr.,.
jos. Muy en el fondo, limitando el vasto horizonte, la mas11 inquieta del agua, las ol11s le, tas
y regulares que llenaban con un rumor continuo
la inmensa playa. Sobre todo esto resplandecía
la luz vivisima é imermitente del faro.
María Magdalena sulría. Su 1:ertbro, cansado
de dar vueltas A la misma idea, Je dolía ya y hapría querido no pensar más. Vió los puntos luminosos que se iban alejando y oyó la voz distante de los pescadores y permaneció inmóvil contemplando !anoche.
Poco á poco el sufrimiento exaspi&gt;rado por la
soledad la fué enervando basta p:-oducir una crisis f(sica, y ~intió la amargura inmensa de no tener A nadie al lado suyo, ninguna afección protectora. El mismo aislamiento babia en su vida y
en la playa . ...
Y este dolor se hizo tan punzante, tRn atroz,
que de súbito, pre3a de un delirio sin arrebatos Y
resuelta A acabar con todo de un11 vez, María
Magdalena que estaba al borde del precipicio dió
unos pasos más hacia el v1u:io, y cayó rodando
de roca en roca hasta un11 pena enorme donde se
estrelló, dejando al !in de sufrir ....
Roberto no conocía el país, y como había contado con llevarse á Maria Magdalena, dej0 sumaleta en una antigua posada de turistas que se en·
galanabl\ con el pomposo nombre de bote], _á
unos cuantos kilómetros de la casa de la se:norit11, Ilartley. Desde su ventana se distinguía la inmensa rada llena de sargasos y en la que á la
hora de la baja mar, los barquichuelos caídos de
costado semejaban peces muertos.

51
Su cólera, menos violenta, erll sin embargo
mAs profonda. y razonador. Todo lo que había bec.:ho para halllgar A t-U mujer le venia á la memoria; y la iodutgent.. bond1:1d delasefl.oraLe Clercq
bacín resalr11r la ingratitud de María Uagdalena,
prob:rndo que esta 110 tenía m1\s que un indoma.
ble orgullo y que no lo amaba ni un poco puesto
que en vez de venir con él se babia.decidido á la
ete1 na separación.
Con el corazón henchido de amargura, Roberto
pa1-0 largos horas martiri2á11dose al llrraigar más
y más esta abominable convicción: su mujer no
lo habi1:1 aceptado mAs que porque era rico y le
proporcionaba unll buena posición, y- quería abo1 a abusar de la ii1fluencü, que ejercía sobre él par/1 alejarlo de eu madre á fin &lt;le poder ser absoJutameute librP. En caso c!e que _él rehusara, renu11ciaría. A todo y re~resaría con sns amistades
de otro tiempo A seguir una vida alegre y descuiditda. Muy Lien debía eompre11der que Roberto
no Ja d('jaría sin recursos, y si11 duda quería. ir ti.
gozar de la.&lt;1 rentas y Jit libertad que le daba su
breve matrimonio. Algunos meses d1:1 contr11riedad
Je habi1\n 11segnrado los elen.eutos materiales que
ncces'taba oara 11Eegurar su vida bohemia.
Robtrto estiiba preocupado con esas reflexiones, cuando por namral contrapeso le vino esta
sencillísima y c lara: ¿y ei no era así? En lo intimo de su alma comprendía que su madre había
incurrido t-n algunos errores y que en estos momentos mismos debió c.brar de 01ra m11oera retirá r dose d1, su vida y &lt;lejAndolos ser frlices.
Recordaba las abrumadas palabras de Lucí~
Ilartley, pero las ahoga ha á poco pen,ando en la
indiferencia, en Ja hostilidad de su mujn durante
las últimas semanas, y su obstinación y el silencio con qne respondió A sus postrerns ~úplicas en
aquel cementerio en qne se habían sep¿¡rado. Pero
¿babia tal desBmor? ¿No fué con ungnin colorido
ae sentimiento y de verdad como le dijo: "Yo en
el w¡¡gón 1101 é mucho?••
Y creía sentir aún sobre su mano rl dulce calor de la mano de l\fag, haciéndole 11quella caricia
que nmovió en todo su sér el fuego caudentedel
amor.
El pobre de Roberto con los ojos enrrjecidos y
sfotiPndo un nudo en la gargan,a se levantó y se
~ s, mó á la ventan a par!\ respirar á plenos rulmo1,1.-s I l aire lrfo de la noche, y ver 6i así se dulcifi&lt;'a b11 la impresión que sentía de tener las sienes ,,¡.,riruidai, en un circulo de 11:erro. Después

Despues de un11 m1tla comida l'n un Palón muy
bajo de techo y lle110 de ingleses bulliciosos. Ro•
berta entró Asu cuarto y vino ! sentarse junto A
la ventana abierla. LA mar dfscendia, Jas ]anchas peECadoras babfan partido y Roberto fumaba inmóvil innumerablt&gt;s ci~arrilios y eontemplaba con aire absorto el cielo y la mar.
Durante las primeras horus fBtuvo oyendo el
ruido que hacían sus alegres vecinos, el reir, el
chocar de copas y botella!&gt; y el rodar de las bolas en el boliche del jurdín, hasta que todo esto
se fué extinguiendo poco á poco, entraron los pasajeros á sus cuartos, cerraron puertas y ventanas, y la aldea tamhién se entregó al buef!o sin
que quedara ei; toda ella más luz que la del
raro.
Como sabia bien que aunque quisiera no podria dormir, decidió pnsar así la noche dn.ndo
vueltas A sus sombríos peni,amientoa. Después
del primer desaliento se rt'bflcía y juzgaba con
su espíritu habitualmente sneno y rctlexivo. Se
babia necesitado un paroxhmo de pasión para
arrebatarlo al estado violento en que lo vió la
senorita Rartley: h vergUPnza que sintió viéndose rechazado por Maria M11gda.en11, el rencor
que le tenía y además la influencia de su m11du,
habían traído esta cr;sis de la cuitl apenas empezaba á volver.

de todo, era ridículo desesperarse tanto por una
mujer que no lo amaba y que a esas horas de seguro que estaria tranquilamente dormida y arrullada por los ensueflos de su próxima. vida, en
tanto que él agonizaba de dolor!
Ilacia ya mucho tiempo que nadie pii.saba 1&gt;or
el camino pues ya la noche estaba muy avanzada
y algunas constelaciones se hundían en el horizonte. La pleamar empezaba, el mugido de las
olas se hacia mús fuP.rte, y en la radll jas lanchas
caídas, movidas por las ol1:1s, parecían estremecerse.
En medio del silencio distinguió el ruido de pasos precipitados, y luego, saliendo de un recodo
del camino apercibió una forma negra que avanzab11 rápidamente en la sombra. ¿t~uién sería
aquel transeunte retardado? ¿dónde iba? qué &lt;'ausa precipitaba su carrera?
L'oa frase de S11kespeare le vino á la memoria:
«Desgracia ágil, tú cuyos piés son t11n ligeros ¿es
A mi quien traes tu mensaje?» Y esta frnse tomó
una intensidad de vida tan extraordinaria en su
ánimo, que pronunció en voz alta aquellas pala.br11s. El hombre que venía parecía correr como
respondiendo A este llamamiento, y Roberto le
veía ~on ansiedad aproximarse. ¿P11saria de lar •.
go? , egur11mente que sí, pues no tenia porque
detenerse trente Aesta posada silenciosa. Pero en-

�52

11 F.I,

1wxno ILUSTRAD0.11

,25

-Deme usted detalles .... dijo Robtrto JenntAndose trabajosamente. Csted la. vió?
- Si. Paseaba por la costa y distingu[ á algunos metros bajo mis
piés una forma blanca, Drscendí. .. . Dios mfol no olvidaré jamás el
horror que senti Las enormes dificultades con que trepé desde el
abismo con aquella niñ I en los brazos, mi c11rrera.al través de lastandas pedregosas, mi U.,gada y el espanto de Lucía.

• •

I

r

tonces ¿por qué ser.tía Roberto angustiosos é indefinidos presentimientos?
El hombre se detuve frente A la ventana iluminada.
-¿Es usted, seflor Le Clercq?
Roberto reconoció la voz de Darlol:I
-Si; soy yo ....
-Baji, usted. Neceeito bablarle Pronto. Des•
pierte usted al posadero, y que prepare un carruaje ligero en el seto.
-¿Qué hay? preguntó Roberto sintiendo una.
violenta palpitación, porque ahora ya no tenia do.da de que algo grave había rnce&lt;lido. Pero ....
¿qu.é?
-Una desgracia, una gran desgracia, pero baje usted. No se lo puedo decir desde aquí:
Roberto descendió enloquPcido. De fijo que se
trataba de Mag. ¿Qué había hecho? ¿Habría huido? Este fné su primer pensamiento. Corrió el pi·
caporte de la puerta y se reunió A Darlot en el
camino,
-¿Despertó usted al posadero?
fi -No. Quiero antes Sllber qué ha sucedido.
Su voz revelaba tal emoción, queDarlot vaciló
por algunos segundos; pero el tiempo urgía, era
necesario correr A La1.ion a traer un médico, y
René tenía aún en el corazón el horrible dolor de
haber visto á.' su 11miguita ensangrentada, inerte,
como muerta.
-Tuvo usted hoy un di.egusto con Mag ¿no es
cierto? Roberto tembló.
-Pues bien. Mag se arrojó desde las rocas mll.s
altas A la mar y tie ha estrellado en el precipicio.
'Roberto sintió un desvanecimiento y se encon•
tró sin saber como tirado en la escalera de lapo·
sada, Darlot le decía.
-Vamos .... 1 trate usted de recobrar el valor.
Vaya usted fL la casa de la sef1orita.Ilartley mientras yo corro ii Lanion á. traer el médico. Lucia
1a ha hecho la primera curación lo mejor que pudo pero está. enloquecida por el pesar. Tiene mo,
tivo. ¡Cuando pien110 que si la casualidad no me
hubiera llevado por allf, Mag estaría muerta ya!

j

·j
D11rlot temblaba; sus p1l111bras sin orden expre•
saban mejor que un largo discurso la angustia
que babia sentido.
Roberto dijo:
-Pero ¿no ha. muerto? ¿no ba muerto? ¿esté.
herida solamente?
-No Jo si': Tiene los ojos cerrados, la cabeza
con una gran herida, una mano destrozada y un
brazo roto.
Roberto, sin una palabra m4s, le volvió la es·
palda y partió corriendo, ein sombrero, como un
insensato en la direceiún de Tregllstel. El camino
ascendfa cortado A pico; y ahogándose con los la.•
tidos de su. corazón, el infeliz tuvo quP. disminuir
la ,,e!ocidad de su c11rnr11.
Comprendía muy hiPn lo que signlticaba el to•
no dul'O de René. El h1.bia sido Musa de todo: la
trató tnn brutalmemP, que la impulsó i\ este dolo·
roso extremo. Luego ella lo 11maba! Luego ante
el tE'mor de una separ11cf(,n, había preferido IDO·
rir! L' n remordimiento atroz le atenaceab11 el co•
razón. Oh! tontas y mezquinas querellas! ¿Qué
significaban esas pequt'i'!cces de va,ddad, de lote•
rés, de dominio, cuando se trataba de la felicidad
y de la vida de la única mujer 4 quien había amado en el mundo.
Su imltginaciú.n le representaba á ayuella ni:fl.a
encantadora desfigurada por la espantosa caída,
veía la sangre coagulada sobre los cabellos ru•
bios, y desgarrada por las aristas de las rocas
aquella manecita que tan dulcemente se babia pos11.do sobre la saya. Y luPgo se acordaba de ella
cómo la r.onoeió, radiante de juventud y de belle•
za. Se moriría? Se habrfa transformado en una
masa in!orme, destrozada, sangrienta, espanto31!.
l':&gt;u angustia se hizo tan Lremenda que como lli
hubiera podido ser oído se puso a. gritor.
-~Illgdalena .... Magdalena!
Sus gritos resonando en el silencio de la noche
corrieron por hi playa y tornaron devueltos por
t-1 eco. Pareefa. que la landa llamaba también y
decía con lúgubre son:
- ~tagdalena, Magdalena!

En este momento un verso terrible de la Orestlada vino i\ su mente: "Tn camino hablarA bajo tu8
pasos!» Se detuvo espantado de su propia exaltación v sintiéndose al borde de la locura exclamó:
- Y si muere ¿qué haré?
Contempló la mar gris que subía hacia la tierra dorando en anchas olas argentadas por las
vagas clilrid11.des del alba.
-Iré allfl dijo y siguió su camino echando á CO·
rrer otra vez.
Después de una m11rcha penodsima llegó al fin
frenttl A. la casa; quería en un ultimo arrebato vohir, apresu.rarse á ver si est11ba muert~, porque
su más horroroso temor era que se hubiera muerto sin verlo a. su lado y sin oirlo decir que laamaba. -Pero c\l poner 11\ mano en la puerta del jardir. sintíó un desft1llecimicnto, un horror cob11,rde
de verla snfrir, de h11 llar destiguradu aquella Ca.•
rita deliciosa, y perm11neció inmóvil unos instantes, presa de la mayor ,rngu¡;tla.
Brillaba luz en una de llls ventanas y no se oía
ruido alguno. Entonces cansado de ver esta luz
y preg-untllndose si sería de una veladora ó de un
cirio fúnebre, entró.
Subió Ja escalera, empujó una puerta y vió en
el lecho rodeado do coninajes azules una maaa.
envueltl\ en lieazos ... era cuanto quedaba de
Afag .. .. ! Se quedó viendo eso fijamente y marchó de ese lado con posos de autómata sin salu•
dar siquiera á Lucía llartlcy. SE\ inclinó y contempló una cara lividll, loa ojos cerrados, la nariz atilada, los labios descoloridos descubriendo
unos dientes muy blancos, la frente vendada y
otras vendas euvol\"iéndole el hombro, el brazo
y una mano. Lnciú se aproximó. El la dijo:
-Esto ya se acabó .... Esté muerta. ¿Ko ea
c~erto?
--Todavil\ no. E; un sincope. Hace una bora
que está así.
llfá.s de una vez Lucía. había querido i:naldecir á
Robe1'to, causa de estA de:3gracia 1 pero al verlo no
sintió por él mlls que compasión. . El rostro descompuesto, los ca bellos en desorden, jn.deante por
la carrera, lleno de polvo, con las m&gt;lnos ensangrent11.das por las espinas delos matorrRles, tflnfa
el aspecto de un vagabundo. Ya no lutbia aUí un
Roberto Le Clercq doctor en derecho, altivo, serio, pagado de su nombre y su personalidad sino
un h.ombre que sufría y sufría mucho.
Lucia Je estrechó lit mano.
-No hay que desesperar.
Los dos vieron á )lag; pero tenia t11 n pocas apariencias de vida, que esa frase parecía irrisoria.
Entonces volvieron l11 cara, sus ojos se eocontraron, cambiaron en unn mirnda uu mismo pensamiento y Roberto ob ervando que Lucia lloraba
no pudo contenerse )'/\ y lloró también.
La joven se rehizo c11sl al momento.
-~o nos dE-je'D.OS abatir, dijo con su acostumbrada ener~ia. s~ trara de s11lvarh1. Ya llornre•
mos si fracasamos, pero no desde antl's. Ac/\bO
de mandar al Convento á pedir algo para. h .. cer
cesare! desmayo y oigo il mi criada que regresa.
Una religiosa acompt11laba A la criad11. Robi♦rto
la oyó dirigir preguntas con voz lenta y monótO•
na. Luego la mouJa sac.5 unos frascrltos de su
bolsa y- se esp11rció por la pit"Zll un foerte olor de
éter. Lucía humedeció illS sienes de la enfor m11.
La religiosa se inclinó sobro el lecho.
-Y a vuelve en si dijo.
Entonces Rvberto se aproximó apartando A la
religiosa y v1ó que le tern bl11 ban :\ l\fag los lab:os;
Juego la re~pirnción se hizo ml'ls distinta, y cou un
doloroso gemido la joven abrió los 1&gt;jo31 pero1,jos
ioconscienres que pasaron una mirada vaga por
las caras de Roberto y de Lucia.
-Xo nos reconoce, dijo é ,te, y sufre según lo
indica la contracción de sa.s labios.
-Esperemos al médico.
-¿Tardarll. ma.choi'
-(na hora todavía, Jo menos.
La hermana arreglaba y ponla en orden cu11nto
encor.traba ,\ su paso, con movimil'ntos discretos
y silenciosoi.. Lucía se sentó junto !\ la mes11, tomó un libro é intentó leer.
Roberto permaneció cerea ele! lecho conservando en su m11no la mAoo calenturient11. de su niu•
jer que ni le reconocía ni dejaba de quejarse con
qurj s dolorosas. La religiosa sentada del otro
lado del lecho desgranl\ba eon sus dedos pAlidoa
las cuer.tas de un intermin11ble rosario ....
El péndulo con su tic-tac Acompasa.do, medía
los minutos de la hora. ml\s cruel que Roberto hl\•
bia vivido en toda su vida.

-Bueno ¿y qué piensas hacer?
L11 sellara Le Olercq de pié frente A. su hijo le
-dirigía esa. pregunta con vivo interé¡,
llabia venirlo A Treg11&amp;tel sin pérdida de minu•
tos. El sacrificio de Jiforia. ?t[agd11lena In había
trastornado y sen tia u.n horror profando hacia la
taita de principios que permitió A est11 joven atentar contra su propia vida; la comp11si6n verdade•
.raque sintió viéndolil herida, casi moribunda, estaba mezclada de una gran suma de desprecio
y de no poco rencor. La seflora Le Clercq era
{lemasiado inteligente y no podía dejar de comprender que su papel tomabt1. un aspecto odioso
con este golpe de tragedia.
Durante los últimos tres días en que Marfa Mag•
dalena estuvo delirando, e,1 gran peligro, y ~in
conocer A nadie, la vieja. suMa de diversos modos. Era espantoso el bSpectAculo de esta nida
que se moría así; la desesperación silenciosa de
au hijo le partía el corazón y 11 estoa aenlin1ien tos
enterueeedores se unía otro muy amar~o: la re•
probación muda de Lucía llartley a~ravada por
la necesidad que tenía la eeftoraLe Clercq de vi•
vír b1Ljo el mismo techo que esta enPmiga suya.
Nunca se babia arraigado mAs la antipt1.tia entre
estas dos naturalezas semejantes por la energía.
pero separadas por un abismo de sentimientos.
Desde ese día ?tfaria :Magda erra babia recobrado ht conciencia de sí misma y de su situación.
A la fiebre violenta babia sucedido un estado de
debilitlud y de abatimiento excesivoy cualquiera
emoción podía en consecuencia. serle de funestos
resultados. Tuvo un sincope casi mortal cuando
agobi11do por la Inquietud y IIorando como un
-ebiquillo se acercó RoberLo á besarla.
La vista de la sefiora Le CJercq le ero. penosa
y como esta lo comprendió y era demasiado altiva para hacerse aceptar por medio de la ter•
nura b , bló, sutriendo mucho intél'lormente, de
que ya babia resuelto reiresu· A Montpazier. Lu.efa no pronunció una palabra para retenerla; y
aunque desde tiempo atrás babia. deseado la oca.sión de hablar con esta orgullosa y enérgica mu-

jer juzgó inútil cualquiera recriminación y mAs
aún sabiendo como sabia que al cabo Roberto
había tomado una definitiva resolución. Esa U1a•
:ft.ana ella fué quien favoreció una entrevista entre el bija y la madre permaneciendo mientras
estl\ tenia lugar jufltO 1t l.'tfagdalenit que dormía.
Durante los tres días que acababan de correr
a penas habían tenido ocasión de hablarse la seil.ora Le Cler.!q y Roberto. Esta era La primera
vez que se encontraban solos y que el Estado de
)laría .Pr!11gd11 lena les dejaba el A.mmo suficiente•
mente libre para poder hablar de cosas serias.
-¿Qué piensas baceri' repití'5 la sel'lora Le
Clcrcq.
-Lo que me arrepiento de no haber hecho des•
de el momento mismo en que me casé.
-Dejarme!
Este grico de angustia que en otra ocasión habría. penetrado al fondo de las emranas de Ro·
berto, le dejó trío: ya h11bía sufrido bastante acusAndose de est~ culpa durante los últimos días.
Ella, aterrada por la indiferencia de su hijo dijo.
-¿Supongo que no intentarás hacermerespon•
sable de lo que ha sucedido?
-SL ... usted y yo.
-Ohl exclamó Ja seftora con un movimiento de
indignación: tú sabías muy bien que yo la amaba.
-Pero la amab!\ usted m'll. Por u~ted y nada
má.8 que por usted. No consultnba usted mAs que
sus propias inclinaciones r nunca las de ella....
mas no recrimimo porque soy el más culpable.
Yo debí ahorr11rle luchas inútiles y dolorosas siendo como. es mi oblig11ción amarla ante todo.
La senora Le lllereq quedó muda, sintiendo
que dolor intenso Je desgarraba. el corazón. La
actitud fi"ia de Roberto le demostraba que su hijo estaba perdido para ella y qu.e su alejamiento
era má.s del que sobreviene de una simple separación.
-¿Podfo. yo sospecharme que esta criatura tu.viera la cabeza tan exalta.da que se atreviera á
representar un drama como éste?
-Nuestro error fué querer tratarla como á una

mufleca cuando es una mujer y tarde Jo reonocimoa.
Ilubo nn silencio después de estas cuantas fra•
ses que como hojas cortar,tea re&gt;mpian los bilos
con qu.e estabun ligados es~os dos seres.
Roberto, de pié, se quedó mirando el mar que
venía A morir en las rocas de la playa y se acordó de qne allí esmvo A punto de perecer su mujercita. Entonces dijo siu volverse.
-Voy A dejar el ejercicio de la profesión y :l
entrar en la Magistratura.
-¿'Para quér .
-Pll.ra ser enviado lejos de ~fontpazier.
La pobre vieja mordió su pai'iuelo para no gri•
, tar; tanto ssi :a lutbía herido esta respuesta brutal.
- Es inútil hacer eso, dijo, cuando ya pudo hit•
blar. Yo me retiraré complet11mente á 81111 Ilila•
' riú y si así lo quieren me comprometeréáno vol•
ver nanea A,Montpazier. ¿Bastará con eso á tu
esposai'
Roberto no tomó nota de estas p11labras llenas
de amargura y ai'ladió:
-;Usted obrnrá como Je pitrezca, m11ma., pero
de mi p11rte he tom11.do ya mi resolución. He di•
rigido al .c:.lnisierlo mi petición. No quiero arrojar á usted de su Msa y le asPguro que ser!\ us•
ted siempre bien recibida en la mía. He dicho,
en la mla.
-Pues. para que no sufras una vida precaria le
tijAré una renta conveniente.
-Xo hablemos de dinero!
-Oh, Robi&gt;rto ..
Un poco avergonzt1do de su do.reza se la re pro•
cbó en cenciencia. y vió A su madre tan sincera•
mente apesarada, con un dolor tan real y prolllndo que el afecto de otros tiempos Je stJ,bió al cor11zón. Se acordó que e1 a su hijo, que no tenia de•
rec.ho de acusarla y dijo:
~
Perdón, mitmá . .Aceptaremos de u;,ted :O que
usted quiera.
E3te arrll.nqne estuvo á punto de hacer llorar a.
la seftora, pero se contuvo, y ambos quedaron
mudos, mirándose con Ja mirada triste de un su•
premo adios, con la desolación de quien rompe
con un afecto fundamental de su vid11,. Esta hora
decisiva les separaba y ya no volve1·ian nuncl\
més fl hablar de estas cosas, s ... lvo acaso cuando
llegara 111 hora de otra más definiciv!l eeparación.
Como se ve ansiosamente la última mirada de
un ser amado q11e va á morir se vieron los dos; y
Roberto sin una palabra más, tomó la wuno de
su madre se la besó y salió.
En el enarto encon1ró A Lucía cerca del lecho
y A Magdalena despierta. Esta sonrió á. su m,rido que se aproximó cuidadoso.
-Cedo A usted ese lugar que es el suyo, dijo
la inglesa levaotflndose. Puede usted hablarle ll
Mag, decirle que Ja ama, pero no se Jo diga usted
con mucha vehemenci11. pl.lrque esti\ aún muy de•
Jicadita y cualquier coaii. nos 111. podría mat!ll'.
Lucia fué al salón .
-1\lire usted á. donde conduce la bondad, se•
florita Jla.rtley, dijo la sei'iora Le Clercq. Asegu
ro A ustP.d que siempre me guiaron las mejores
intenciones.
0111 ain duda. Pero contentA.odose con ser bue•
na se hubiera usted ahorrado y á los demás mu•
chas tristezas.
-?líe quedo sola!
-'I'iene usted sus pobres.
-!fo basta eso parn el cor:tZÓD..
Lucía compadecida le dijo.
-No crea usted en tal soled .. d. Esta es una crísis violenta que por su miemll fuerza tiene que
pasar pronto. A la vuelta de unos cuantC1s meses,
días tal vez, todas las coSáS V'OlvP-rAn t\ su antiguo curso y cada hora iré. borrando el recuerdo
de lo que acaba ahorll de sucllder. Y tornará. 1lS·
ted A su vida normal; Stl hijo á ser el hombre res•
petuoso que usted educó y María Magdalena, la
encantadora y bella joven, alegria de la casa.
Luego, serA usted una inmejor11 ble a bueUta y la
dicha reinará de nuevo en el Pd!acio Le Clercq.
Después de la escena tragica, todos estos dram11e
domésticos se desenlazan del modo más tranquilo. ¿Nunca se ha ¡,reguntado nated en el teatro lo
que sucederA después del 5.'' acto? El autor nos
deja stempre en la ultima pedpecia conmovedora, porque Slibe que luego sus personajes volvera.n A la prosaica corriente de la vida. Lo excesivo no puede ser durable. Vea usted ee:llora Le
Clercq, el titulo que mejoi: conviene fl mu.chas
dram11s de la vida fotima es este, de Shakespeare: &lt;Mucho ntido para nada."
DAN1ELLE DARTHEZ.

�54

111!:L

ROSARIO.

Mm.DO ILUSTRADO"

ROSARIO.

1

realidad esto no es un cuent~. El hecho
ue vamos A narrar ocurrió en Madrid;
uchos de sus detalles son rigurosamente
ciertos y los personajes exístierdn para la epoca
del suc'eRo, 1887. A la prensa madrilelia no llegó
otra noticia qut1 la que consta en la gacetilla ~ón
que concluye esta narración.
·

AJ. pobre mendigo Je dijeron que su hija iba todos los domingos á. oír la, misa· de once de la iglesia de San José, calle de Alcall1.
Hacia cerca de medio afl.o que habia llegado A
Uadrid, procedente de Sevilla, sin que
en ese tiempo hubiera tenido otrn noticia
de su hija, que la ya dicha. El informante era uno de los revendedores del Teatro de Apolo, cercano á aquella iglesia;
sevillano él, como la chiquilla fag1lda y
como el pobre viejo.
He aquí cómo supo éste la feliz noticia.
J/an11,l, el revendedor de billetes de
teatro, bahía ido aquel día al del Príncipe
Alfonso en solieitud de billetes p1m1 el
estreno de una zarzuela de Chueca, y
al pasar por Recoletos vió al mendigo im·
plorando la caridad pública en la puerta
de San Pucual.
-Don José¡ ¿Qué le pasa A usted?
-Oh, Manuelico, eres tú?
-Por Dios, viejo, qué 1\ menos ha
venido ustedj
-Culpa es de Rosario.
-No lo creo, ella es rica ....
Pues por eso!
-No comprendo ..... .
-VerAsl Yo no tenía en mi desvalimiento otro apo)'o que Rosario. La chiquilla. trabajaba en la tAbrica de cigarros,
y mal q_ue bien la íbam&lt;,s pasando; pero
de la noche á la ma:ll.ana desaparece de
Sevilla, y por la herida que me dió en
el alma, se metió A mi cuerpo la paráli•
sis. Estuve á la muerte1 escapé de elldD0
sé cómo; hoy sólo puedo asegurar que
me queda poca vida dentro del cuerpo,
casi ningun1.1. luz en los ojos, y menos
esperanzas en el alma. Pido dos limosnas: pan para el tuUido cuerpo, y una noticiA de mi Rosario ....... .
-Vive en Madrid, bella y rica, se
apresuró :\ decir Manuel.
Y aquel viejo que acababa de decir
que pedía una noticia acerca de su hija,
quedóse inmóvil, mudo, como tocado pur
un rayo ante la aseveración de Manuel.
Parecía como que no se daba cuenta de
tan grata nueva.
.A poco, con voz ro1,ca y entrecortada,
como llena de desconfianza preguntó al
revendedor:
-lle joras que ese es verdad?
-Por la Virgen de la Paloma!
-Cómo lo sabes?
-La veo bajar de su coche todos los
domingos A las once A la Puerta cie San
José; ella entra á. la iglesia, y y o, después de mirarla y rt:.mirarla tnn reguapa,-porque no he
perdido la costumbre de morirme por su pedazos,
-me entro también ..... .
-La sigues dentro de la iglesia?
-No me entro con Paco y el Tuerto A la taberna y nos tomamos unas cafl.as á su snlú.
-.Manuel, díjole el viejo al revendedor, Dios
te pague la caridad. Vete, ~éjrune pensar y medi-

El viejo se sentó en un banco alli cercano, recostó las muletas á la pared y se dispu'io A aguardar.
-No serA larga la confesión, se dijo, estas seiioras del gran mundo no fo,nen más que un pecado, y como no les da vergüenza confesarlo, se
despachan pronto. El cura al verlas, podría echarles el «ego te absm·1 10.»
Dicho como beche,, en ese momento apareció
los ojos del mendigo el P1tdre Miguel, sonAndose
las narices repletas de rapé con un descomunal
pai\uelo de yerbAs.
-Es ...... el Padre 1liguel?

í

tar.
Jla11111:, como le Uaman sus paisanos, le dió
unas palmaditRS en la espale.la, y le d:jo:
-Adiós, viejo, que haiga :mlú, y un recadito A
la Rosario.

Esa misma tarde llamaba A la puerta de ea•
cristía de San José el mendigo de San Pascual.
-Está. aquí el Padre Miguel?
-No; confiesa en este momento A una gran se:fora, pero sn vendrá, puede usted esperarlo, contestó el monaguillo.

-Si, hijo mio, quieres confesar?
-No, Padre, vengo a. que el seiior Cura me dé
un permiso.
Para qué?
-P11ra pedir limosna A la puerta de la iglesia.
-Libre eres de hacerlo.
-No seiicr Cura, no sabe el safi.or Cura que
los otros 1:Jobres no me dejarían colocarme alli
porque soy uno mAs A pedir? Cada iglesia tiene
sus pobres; y aun con permiso y orden del sef!or
Cur&lt;1., cuesta Dio3 y su avuda que los propietarios permit&gt;ln a] recíénvenido ejercer.
-Y tú no no tienes iglesia donde implorar la
caridad?
-Sí, seftor. y me produce pAra vivir; pero hoy
he sabido que á esta de San José viene todos los
domingos á. oír misa d!3 once, una hija mía que
me abandonó hace muchos meses.
-Basta, dijo el Cura, vt:n pasado ma:liana do•
mintro á e~o de las diez y media 6. la sacristía, y
yo te instalaré.

-Dios se lo pague, seftor, Dios se lo pague!
Con gran espanto de los mendigos que detiempo ha tenían como propiedad suya los pues·
tos que ocupaban en las puertas de Snn José, sepresentó ante ellos el Padre Snn Miguel acompa:ll.udo del pobre paralítico.
-Se11ores, les dijo A modo de arenga, háganleun campo A esre hombre.
Un sordo grlliUdo se escapó de las gargantas
de aquellos pordioseros.
-No hay que alarmarse, dijo con voz severa
el Padre Miguel, este hombre sólo estarA al ladc&gt;
de ustedes uoa hora. y no pedirá limosna sino á.
una sola persona.
-Y si las otras le dan? se aventuró A
preguntar unfl. vieja vendedora de rosarios y estampitas.
-Pues no habrA que rechazar esas.
dádivas, contestó el Padre Miguel, pero
buen cuidado tendrAn ustedes de disputArselas.
- Mucho! gritó la vieja que había inte•
rrumpido antes.
•
-A.deu A:1, continuó el Padr..i Miguel, este hombre viene A cumplir no encargc&gt;
mío. Vamos, dijole al paralítico, colóquese usted aquí á la salida; así verá usted
mejor lo que desea; y situó al paralitico
entre un viejo, propietario de una pierna de palo, tendida casi hasta la mitad
del pasadizo que forman hls dos puertas,
y la vieja vendedora de estampitas y rosarios.
La curiosidnd pudo al tin más en el ánimo de aquellcs pordioseros, que la ojeriza con que veían naturalmente á. todo
recienvenido que iba A aumentar el número de los pedigüenos.
-Es historia? díjole al nuevo mendigo
la referida vieja.
El paraliLico guardó silencio. Acaba•
ban de dar las once, ya tenia allí die~
minutos, y no había llej?ado Rosario. Es•
peró, y esperó mucho. Como que la misa
\,
terllhnó y la igleS1a quedó libre de tielest
-lfanuel me ha engaiiado, se dijo el
pobre viejo, pero me la habrA de pagar.
Y encajAndose en sus muletas se dirigió á la cercana taberna, donde su pais1rno le había dicllo tomaba todos los domingos unas ca:ll.as A la salud de su hija.
Llegó, echó la vista en todas direccio•
nes, escudriftó el último rincón
de la taberna, yno v:.endo en el1a
á Manuel, exclamó:
-¡Mald!ciónl Y se dejó caer
en una de aquellas sillas bajas,
cuadradas, sin respaldo, usadas
en todas las tabernas.
A este tiempo salía el Padre
Míguel á la puerta de 81/. iglesia,
en son de curiosear lo que hubiese descubierto el mendigo.
-Valiente protegido tiene ·el
sefl.or Cura! le disparó A manera
de reconvención la vieja de los.
rosarios y estawpitas; apenas terminó la misa se
faé á. taberna vecina. Si el se:ll.or Cara pudiera
ir á esos logares: negaría á. tiempo de verle bo1-racho debajo de una mesa.
-~o seas maldiciente, repuso el Padre l\Iiguel,
¿qué sabes tú á lo que baya ido ~se hombre it la
taberna?
-Allí no se va sino á beber, contestó en tono
de triunfo la vieja.
-Y A comprarle billetes de teatro á los revendedores que dentro de el111 burlan la vigilancia de
los guardas, se atrevió A. decir el hombre de la
pierna de palo.
Una carcajada general acogió lo dicho por el
infeliz defensor del viejo paralítico.
El Padre Miguel aprovechó ese momento de
hilaridad para .entrar de nuevo en el templo.
Durante la siguiente semana tué objeto de toda
cll\se de comentarios entre los pobres de San José, que el viejo protegido del Padre Miguel deja -

ra de presentarse del lunes al sAbado; pero la
chismograffo. cesó al verle llegar, como un reloj,
á las aiez y media de la mailana del domiogo.
Como si eJ sitio que le fellaló el Cura fllese suyo
desde tiempo inmemorial, se hizo c11mpo él mismo entre el hombre de la piernii de p1tlo y la vieja gruilona.
-B1..en día, hermano, dijo al primero, A tiempo que lanzó una mfrada de rabia y de desprecio
ú la de las estampit11s y rosarios.
Media hora más tarde, al sonar el reloj de la
Puerta del Sol las ouce, se detuvo un coche á la
puerta de S1tn José, y uoa dama. elegantemente
vestida descendió de éJ y entró apresuradamente
al templo.
.Al pobre viejo paralitico apenas Je quedó tiempo para reconocer en 11quell11. dama á su Rosario.
Sil{los le parecieron los veinticinco minutos
que duro la misa. Al fin se abrieron las dos puertas laterales de la cancela. de la puerta interior,
y los fieles comeoz11ron A salir por entre la doble fila de pobres, que en nombre decada unode
sus santos favoritos, en medio de deseos de felicidad para los concurrentes A aquel templo, y
con palabras capaces de ablandar el corazón más
duro, imploraban.una limosma. , ólo una mano no
se extendía en demanda de socorro: la del viejo
paralitico.
Una de las últimas en aquel desfile fué su bija;
cuando pasó por delante del paralitico apenas
sallan á. la vez que ella tres mujeres, dos de las
cuales se dt:ltuvieron A comprar unos escapularios y el número del dia de La Semana Católica
A otra pobre situadn frente aJ puesto que ocupapa el padre de Rosario; de modo que ésta casi
quedó sGla en el trecho Q'lte hay entre la puerta
exterior y la de la cancela.
. -Por la Virgen del Rosario, una Jímosna· dijo
el viejo extendiendo la gorra al pasar por d;laute
de él su bija.
E:;ta oyó sólo las tres últimas palabras: «Rosario, una limosna.•
Volvió~e derrepente hacia el que le imploraba
t:na caridad llamándola por su nombre. Al ver
y reconocer, todo á un tiempo, al pobre viejo, dejó escapar un débil grito; LO medio de su azoramiento tiró el portamonedat1 en la gorra que le
extendía su padre, y en dos saltos salvó los escalones de piedra que dan acceso al templo, ganando en otro la portezuela de su cupé, que la
esperaba f.L la orillll de la acera.
-Al Hipódromo, á escape! ordenó Rosario ú su
cochtiro; y el carruaje partió veloz caUe de ~\Jcala. nbajo hasta llegar A la Cibeles, dende torció
hacia la izquierdtt, ganando el paseo de Rec0Jeto11 y conrundiéudose con los otros ce.ches que rodaban Cllmíno de la Castellana y el Hipódromo.

Todos los pobres vieron la especie de limosna
que aquella dama dió al paralitico; todos oyeron
aquel débil grito lanzado bor ella al tiempo de
d8r la limo.na; todos se fijaron en la turbación de
aquella mujer y en su prisa para huir; pero ninguno de ellos pudo descubrir la mAs pequefl.a alteración en el rostro del menJigo.
Como es de suponer, le abrumaron A preguntas,
y con iróníci1s felicitaciones. El, ni respondió á
aq .1ellas, ni agradeció las enhorabuenas. Guardó se el portamonedas, dirigiéndose seguidamente, como el domingo antel'ior, A la tabern1.1.,
en solicitud de Manuel.
-La tajada de ht'y 6i que sera buena, exclamó
]a viejtl m11.ldiciente, dando á entende1· que la borrachera. del viejo en ese día seria grimde.
-Siempre grufl.endol contestó el Padre ,;\liguel
que había llegado á. tiempo de presenciar la escena desc1·ita,
En l!l taberna encontró el viejo, por su suerte,
al revendedor. •
-Te convido, Manuelico1 le dijo el viejo al
verle.
-Y á Paco y al 7'uerto? contestó el invitado.
-También, pero A condición de que nos dejen
luego solos.
Otra ronda fué servida en las largas calias,pues ya se había brind11do, como de costumbre,
A la Slllud de Rosario. Una vez echado el trago
atr:\s., y besado el fondo exterior de las ca:ll.as, se
despidieron el Tun·to y Paco.
-Oye tú, dijo el primero A .Manuel, si algún
aeflorlto viete d ¡;01· billetes para ma:ll.ana en el

55

«Español,~ acuérdatfl de que es día de moda y
~fonde A servir una copa más, viejo, y despué¡¡
de:que echan un drama de Don José; apriétala la ) o lo convido á otra cos1t mejor.
mano y .po les des las butacas de las primeras fi-~fozol aquí dos copas! gritó el paralítico.
las menos de treintidos reales, ú cuarenta, si
Servidas que fueron, preguntó el viejo á liapuedes; npAliate como puedas.
nuel:
El viejo mendigo y ,.lfmwé el revendedor que-1\Ie convidas? Y t\ qué?
daron solos. FuéronsC1 á. una mesa de rincón, to-Al Español mllftana en la noche.
maron asiento -y pidieron un p1ir de copu.
-Bon:tos tengo yo el cuerpo y el alma para ir ,
-lla visto usted a su hija, viejo? dijo el re- de teatros.
vendedor dando así princibio A la conversación.
-Por el cuerpo no se apure, repuso Manuel,
-Sí, hoy aJ entrar y s11lir de la misa de once; yo Je 1tyudaré 1\ subir y á instalarse en primera
el domingo pasado no corrí con esa suerte. Tam- fila de Para,[¡;o; en cuanto al alma, eso es lo que
poco pude verte A ti.
usted necesit11, distraerse, echarse las pen1ts atrás.
-Yo estaba, contestó Manuel. ultimando una Qué va usted á hacer con ese fardo de fatigas á
corrida de toretes en el puente de Vallecas.
cuel!tas? Le va é estorbar para correr detrá.s de
- Pues, prosiguió el viejo, al entrar mi Rosa- Rosario.
rio apenas tuve tiempo de reconocerla; A la sali-Y cuánto te cuesta ese obsequio?
da, y por llamarle la antención de 11Igún modo,
-A mí? nada! yo soy el jefe de la ..Zar¡11c cnel
le pedí una limosna invocando á la Virgen de su E."11a,iol, y tengo A mi disposición las enrradas
nombre para que é3t11 lo sonara en los oídos y le necesnrias parll mi ejército. Usted será mufluna
chocara y se fij,,ra en. mí. Así tué: volvió la ca- uno de mis sc.ldados, 11u11que no hace flllrn; porbeza, me reconoció, dió un pequell.o grito, me que yn se sabe, que cuando hay estreno de su toarroJó en la gorra su portamonedas. y salió esca- cayo .E:chegaray, maldito Jo que tiene que hacer
pada fJ. cojer un coche. Yo me quedé como quien mi gente. El público se lo trae todo, ,,plausos,
Vf' visiones, no pude ni moverme; el coche partió
ovacione~, y la mar .... Los mismos 1,wrenos, los
volando, y cuando me dí cuenta de todo lo ocu- que revientan las piezas de otros si no est&amp;n co•
rrido. resolví venir á verte.
mo Dios manda, resultarán llllí de sobra.
- Y el portamonedas?
-Bueno, dijo el mendigv, ¿dónde y á. qué hora
-Aquí estA, dijo el viejo sacandolo de la faja nos encontraremos ma:ll.anai'
-A las siete en punto de la 11oche meesperará
y poniéndolo sobre la mesa.
usted
en una de las put!rtas de La I', rlct, que dan
Manuel no se atrevió A tocarlo siquiera.
-Abrale usted, Don José, vé.1mos que pode- A la Plaza de Cervantes, donde está el teatro. ¿Sabe usted dónde es?
mos sacar de él.
-Si, y alJi estaré de fijo.
El viejo abrió el oliente portamonedas de piel
de Rusia con cifras y conteras de oro. Dentro de '
él había unos billetes del Banco de Espall.n, dos
' A las siete menos cuarto de la noche del simonedas de cinco duros, algunas de plata, un re- guiente día, Janes, el vil"jo mend1go de San Pasiratito de Rosnrio he&lt;;ho por Debas, el talón de cual,-porque él no había abandonatlo s«. iglesia
un abono A butaca en !a Comedia, y una docena sino dos horas en dof domingos,-llegó al conode tarjetas de visita con este nombre: Blanca efe cido restaurant La Perla, situado al lado del EsPeñama,·.
pm1ol, y recostándose de la pared, pero siempre
-No es este nombre el suyo, dijo el viejo, ¿có- apoyado en sus muletas, esperó enterarse qué
mo habrA ido A parar A manos de Rosario este puerta le serviría de abl'igo, pues la noche era fría ·
portamonedas? ¿lo habrA encontrado en la calle? en extremo.
-:80 sea más panolis, viejo, repuso Manuel; si
Al princio se figuró que no podría servirse de
fuera como usted piensa y dice, qué papel estaría ninguna de aquellas puertas, pnes todas sea.brian
haciendo ahí el retrato de Rosario? Desengáfte- y se cerraban á cada instante para dar paso á los
se, ese portamonedas es de la, chiquilla, y las tar- par~?quianos del famoso ,·e.~faurant; pero Juego
jetas son de ella; Blanca de Pe,1a11w1· es su ,wm- s_e t1Jó en que la más cercana al teatro 110 era pracbre de gw·rra.
ticable, y á ella se dirigió y en ella se instaló.
A poco, el olor de los guisos comenzó A metér-¿ciué negocio es ese de nombre de yueri·a?
-Se llama asf el nombre que toman las muje- sele por 11.lS narices y A hacerle olvidar Jo que lo
res al dedicarse á la carrera. ¿No se cambian h~~ia llevado_ A aquol sitio; porque lo que al printambién el nombre cuando entran monjas? aun- c1p10 fué un ligero desvanecimiento, se convirtió
luego en apetito feroz, y más después en debilidad
que sea fea comparación.
y en dolor de estómago. Y no podía ser de otra
-Y qué ca1re1·a es esa?
-Pues la ....•..... la que toma una mujer manera; aquel vaho de cocina,-y de la cocina
de La Perla! era para volver Joco al más inapeque deja de ser honrada. ·.
El viejo no se enfadó por aqnel insulto hecho t\ tente.
Ya el viejo se declaraba vencido, ya sentía fJasu hija, porque comprendió en un momento que
queRr
más de lo corriente sus piernas, ya notaba
1111\nuel tenia razón en calificar de ese modo a.
Rosario. GNo se había fugado ella de su cas11 de- cómo sus muletas no Je servían del todo para sosjando al pobre V1ejo enfermo y en la miseria? tener su desmadejado cuerpo, cuando se pre¡¡entó
De dónde proveoían aquel coche, aqueUos bri- Manuel.
-Puntual ea el_ viejo, dijo el revendedor, y eso
llantes, aquel portamonedas lleno de oro y de billetes de Banco, ;aquel terciopelo de su abrigo y merece una convidada.
-Pero ue lo sólido, se apresuró A decir el menaquella seda de su traje?
El viejo sólo tuvo un par de gruesas lAgrusas digo.
-Todo es convidar, repuso Manuel.
para Ja deshonra dfl su hij1\ que er11. su propia
Y echaron á andar en dirección á un Oolmado
deshonra.
-Y qué piensa usted hacer? le preguntó l\1a. próximo.
.Al viejo se le quedaban el olfato y el estómago
nnel.
en la cocina de La Pu-la; sabia que ~lanuel no le
-Irá su cnsn .....
-Dónde, si la tarjeta no tiene dirección? Y es convidaría á comerá lo si:1iol'itu, y se conform&lt;\
esta otra prutba d~ que Ros11rio es la querida de desde luego con lo que le brindara el revededor.
.Además, ya no tenia apetito, sino «necesidad&gt;.
algún se:ll.oritón.
Llegaron al r'olmado y Juan pidió dos tintas
-Pues esperaré al próximo domingo, y en lugnr de pedirle una limosna le echaré la mano en- un !JaneciUo y un chorizo; se vació de un trago
contenido de su cupa, y alargando la otra y losúcima y ya no se me escapará.
lido al pordiosero, le dijo:
-Ypiensa usted, don José, que Rosario vuelva
-Enjuáguese la boca con la mitad, viejo, y deje
á la miM de once después de lu tragedi1.1. de hoy? el resto para asentar.
-¡Es verdud! ...... pero qué h11go?
El padre de Rosario no lo hizo Rsf; tenía prisa
-Confíe en mi, yo bUEcaré la pista de su hija,
por llegar; se echó al coleto su tinta, y dando un
levantaré la cacería y usted hará lo demás.
bocado al pan y otro al chorizo, dijo A Manuel:
-En Lí confío Manuel.
-Andando! De aquí al teatro tengo con esta
-Trato hecho, pero dígame, viejo, qué piensa
mascada, una vez instalado acabaré con el 80 •
usted hacer con ese portnmonedns?
brante.
-Onardarle; de él no me pertenece sino el reY echaron A 1ondar hacia el teatro. Manuel, como
trato de Rosario.
«persona de la casa» no encontro ningún tropieManuel al formnlar su última pregunta fué con zo en todo el trnyecto, desde la puerta de entrala esperanza o.e que el viejo dividiE1r1t con él el da hasta la primera fila de la galería. A cada porcontenido del portamonedas. Visto que ese golpe tero y á cada empleado saludaba con frase distinle había salido falso, se contentó por el momento ta, pero todas muy expresivas, de confianza y de
con menos y esclnmó:
· carillo.

el

�fil;

-Ya estamos, dijo Manuel al llegaralsitiodonde tenia dispuesto 11comodar al mendlgo;siéntese
aquí, mi viejo, coloque sus muletas debajo delos
asientos, y á esperar! vuelvo en seguida.
-¿ Y si alguien ocupa los puestos a. mi lado?
Yo qllieru est«r en tu comp&gt;1nfajl
-Descuide usted, eso queda á. c111·go del aco•
modador.
.Al salir dijo Manue: unas cuantas palabras A
dicho empleado, de fijo en cumplimiento1Uoofrecido al viejo paralitico.
Este no pudo darse cuenta al principio del logar
donde se hallaba, pues las luces ae gas estaban
á esa hora ámenos de medio quem11dor. Notando
el mendigo que por mAs que contraía sus ya cansaaas pupilas apenas acertaba distinguir curvas
obscuras sobre un fondo claro, y arcadas á todos
1idos, se decidio á matar el tiempo comiéndose
los restos del panecillo y del chorizo, brindados
por Manuel.
Media hora después comenzó á llegar la conCUíTencia y el gas ~lumbró mejor la preciosa sala. Entonces el mendigo vióque aquelhts areadas
eran l11s tres filad de palcos; r las curvas obscuras, los bordes tlel roJo terciopelo de las bútacas
forradus en gris perla.. Poco á. poco aquel fondo
claro lué cubriéndose de manchas bnsta parecer
nn jardin animado. Los vivos colores de los trajes y sombreros femeniles dab1rn ese a~pecto al
teittro. Los palcos parecían can11stillas de !lores.
El contras1e lo formab,tn el n!'gro de los f'racs y
el bhnco irreprucba ble de las brillantes camisas.
Los abanicos en su ioce!;aute batir semejaban Jas
mariposas de aquel jardín.
Pocos minutos antes de levantarse la tela sintió
el viejo paralitico otro desvanecimiento, si no
igual al que le produjo el vaho de lacocioa de J,a
Perla, ~i de idénticos resultados. Al pobre viejo
lo asfixiaba el calor de las luces de gas, que su•
bia c.argad'1 con los penfltraotes perfllmes que se
desprendlan de palcos y butacas.
Volviendo A un la.do y otro la cabeza y echándose un poco de aire con la gorra, podía apenas
pasar; la impaciencia le bacía faltar t11rnbié11 la
respiriición; y por último, el ro.ido del cercano
cuchiclleo, las ris11s de 11.quí y de allA, el constante
entrar en los palcos, el trajín de los acomodadores y la animada conversación, acompall.ado todo
por el célebre sexteto, le iban embargando los
sentidos, junto con la pesada atmósftlra, alinfeliz
padre de Rosario. A.penas veía; de los sonidoa no
percibía con claridad ninguno; el olfato y aún el
gnsto los tenía sa.tu.rados de lilas, gardenias, violetas, roslls y claveles¡ tan solo 1~ quedaba un
sentido, el del tacto, y á. duras penas le bastaban
las manos para echarse aire con la gorra y para
aplllltalarse contra el ,·arandaje, de modo de no
ser aplastado por los que se le echaban encima
por rletrás.
De repente se hizo el silencio. En medio de aquel
bullicio se oyó sonar en el vestíbulo y en "el s,i,loncillo" el timbre que anuncia el próximo momento de levantarse el telón.
La fllita de ruido hizo tal efecto en el viejo, qu~
casi volvió en sí.
-¿Qué pasad.? se preguntab11, volviendo la
cabt:l!a á todos lados. Las luces de gas fueron un
tanto rebajadas en la sala para darmayorbrillantez á 'a escena. Al principio el mendigo se atemorizó con aquel agachamiento repentino de la

"EL MUNTlO fl,U!.TRADO"

luz, pero al con-erse la tela y distinguir el foco luminoso del escenario. aceptó la semioscuridad y
el silencio, sin dnrsc cuenta ni explicarse aquella
conformidad suya.
Comenzó el drama, y con él los signnsde11probación por parte del público, los aph1usos luego
y al final d&lt;?l primer acto la primera ovación al
autor de Lorura ó 1,a11tidad.
Apenas comenzado el segundo acto, y en medio d!'l religioso silencio eu que se oyen siempre
las terrorificas escenas que sólo Ecbegaray escri,
be, entró á la sala del t!atro una dHma elegantA•
mente vestida. A algunos molestó tan intempestiva entrada; A otros !ué indiferente, por cuanto
no les estorbaba seguir el curso de la represen•
tación, pero á todos llamó la at,,nción de una ú
otra manera. Ili\sta lo;; de las galerías I legaron á
not11r la aparición en la sala de lit retardad .. y
elegante dam11; y uno de los que más se fijó en
ella Cué el mendigo, porqu~ aquella. mujer era
Rosario.
Desde aquel momi,nto terminó p11ra el pobre
viejo la representación del drama. Todo se le iba
en meditar planes p11ra encontrarse aquella noche con su bija, sin que ésta pudiera escapársele.
de nuevo. Al lm parece que halló un medio de
lograr su objeto, por cuanto 111 concluirse el acto
segundo se levantó, diciendo á Manuel:
-Acompáll.ame, yo me voy, yo no entiendo
esto.
Manuel se vió precisado A ayudar A bajar al
paralitico. Una vez en In calle, díjole el mendigo:
-1\Ii bij-t está en eJ teatro, esta noche 'a he de
dar caz11¡ encontremos su coche, ra que lo conocemos¡ lo demás corr1, de mi cuenta.
Poco trabajo coscó ballar el cupé de Rosario.
-¿Qué piensa usted hacer, viejo?
-Pues entrarme en el coche y aguardar dentro á. que ella venga; dale tu conversación al cochero, mientras yo me entro aJ cupé.
A tuerza de mil trabajos pudo hacerlo; no porque el cochero no parecía muy dispuesto al 11oli'JU8 con el revendedor, 11ino porque la parálisis
no permitía al viejo despacharse pronto.
Terminó al cabo la represerna1.1ión, y comenzó
el desfile. El viejo, dentro del cocbe, sentía dos
ruidos, el de los a.plaa.sos en el teatro, porque la
concurrencia se despedía batiendo aún palmas al
autor, y el de su corazón, que latiafuertey apresuradamente. A poco comenzó la animación afuera: el acliós de la. gente satisfecha y alegre Uenó
la. calle junto con loe gritos de los muchachos
vendedores de periódicos y el vocear de los lacayos, y de otros que por g«narse un par de perros chicos ayutlab.m á aquellos á llamar á los
cocheros:
-¡Pepéeee!-¡El 4271-¡La Corl'espondencia!iBli!-¡Paco!-¡201!- ...... aquello era una algarabia!
Al lío sintió el viejo rodar el cupé donde se había instalado, y paso á paso, &amp;iguiendo su turno
en la cola formada, veía cómo se acercllba A la
puerta del teatro. Diez minuto:, mAs tarde se detuvo el cupé, y vió acercarse el mendigo á su hija, quien abriendo la portezuela dijo al cochero:
-¡A ea.sal
No bien había pronunciado tan corta frase,
cuando lanzó un grito de horríble angustia.
-¡Socorro! ¡al ladrón! 1que me asesinan!
Rosario no había entrado del todo en sa. coche,

FONDO
RICARDO COVARRUBJAS

pero como el viejo la bahía asido fuertemente del
traje, tampoco podía salirse del copé. En esa
angu~tiosa &amp;ituación la hallaron cuantos acudieron
á prestarle auxilio al oír sus gritos de socorro.
Rosario luchaba por desasirse de los brazos del
viejo, quien, con fuerza inusitada en él,lasujetaba.
fuertemente. Una pareja de la guardia se abrió
paso, y colocilndose aJ lado de las dos vent&gt;1nillas se dieron A inquil'ir la verdad del hecho.
-Este hombre me quiere matar, dijo Rosario.
-¡Es mi hija! gritó el paralítico.
-¡Mentira! repuso la inbmt-, libradme de él ..
Lapa reja del orden había logrado abrir la por•
tezuela que babia quedado líbrti, y sajetando uno
de los guardias al virjo y asiendo el otro A Rosario, logra:-oa también arrancarla de los brazos
del pobre padre; pero aún tuvo éste foerzas para soltarse de las nervudas y fuertes manos del
guardia, y enarbolando una de las muletas la
descargó sobre la cabeza de Rosorio ~\ tiempo
que era sacada del cupé, perdida la razón.
-¡Asesiool gritó uno de los curiosos.
El viejo fué fuertemente atado, porque no cesaba de debatirse y de descargar A todos lados
gdpes de muleta en medio de los gritos de:¡[nfamel ¡Ramera! ¡.E:sa es mi bija! ¡Maldita seal
El viej&lt;' filé llevado A Ja p,•f!t•enc'itm, donde se
Je registró escrupulosamente, encontrAndosele en
la faj,i, el portamonedas de Rosllrio, tal como ésta
se lo babia echado en la gorra 111 saJir dr misa.
-¡Asesinu y ladrón! exclamó el guardia y_ue
hizo el registro, mostrando á so superior el abierto portamoned11e lleno de dinero, y aun con el
retrato de Rosario.
-¡Es mi bija! ¡Es mi hija! ¡Esa es Rosario! repetía el viejo ya con apagada voz.
-¡J'us no dice que es su hij11, y la roba! exclamó el guardia gallego.
Alguien opioó allí que el pobre viejo era un
Joco. No pareció desc11bellada la idea y se lo
transladó A la Casa de Socorro más cercana, Allí
Iué reconocido en •principio,&gt; y como el infeliz
sólo exclamaba: ¡Es mi h(ia! ¡Es Rosario.' el médico declaró que, "por lo menos era un maniaco.
A Ja mallan/\ siguiente lué enviado á Carabanchel, al manicomio que t1n dicho pueblo, vecino
de Madrid, regentea el Dr. Esquerdo, y la prensa
madrileiia publicó la noticia así:
"L'n pobre loco, harapiento y paraHtico (hay
que fijuse en estos detalles) penetró anochtl en
el cupé de u11a entretenida, á quien se conoce en
ciertos círeu'os con el nombre de Blanca de Pe:iiam11r, y esperó allí la salid11. de ~ata que babia
ido al Espafiol al estreno del drama del insigne
autor de El 01·,m Galeoto. Aunque ~ólo puede
proba.rsele al infeliz que es un ladrón, por cuanto
se le enconn·ó en la faja el port •mr neda de la
entretenida, lleno de dinero, no p11rece que fuera
é1te sólo el móvil que lo indujera á. esperarla dentro del coche, pnesá los gritos de ella, acusándolo de asesino, el viejo le dió en mitad de la cabeza tan tremendo golpe con una de sus muletas
que le c11.usó una herida de pronóstico reservado.
El viejo, que protestaba y continua asegurando
ser el padre de su victima, ha sldo enviado A Carabanchel, do1,de el doctor ~squerdo se encargarA de hacerle variar de procedimiento en el
reconocimiento de sug hijos."

...... ' ................................... .
CARl,OS B.

FIOUEREDO.

'

'

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Acuarela de Poveda</name>
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                    <text>�.\

t

.Jueves• ae Abril de 1900

"'EL MUNDO"
-

r

Lic. Rafael Reyes Spindola
.

_

Director Y

propietario,

- -Pena ldlaql!ez
Dr. constaneio

sl\

vigor
trablljo en le,·•n•
Á :Eot,re 1lis"colina..~ que domi•
Serla utilizar el tra•

1;;,it.1u.

-~ 10 pat tieulares.
,
,ó 1t~!&lt;litlmin11ído Ju enfM']I1P.d!'t.d en•

tre
tos sold!ltlos.''
__
_ _ _ _ _ _ _ _ _ __

Actividad cte los boeros

_Redactor"ª Je!e.

Antonio Cuyas

Tro1?as para el eeibo

•

Emp1eza
• a' ca_re.cer

uns pieza de 100 Jib1·11s, cuam·o caiiones·

~

a.

ELSR GENERAL MIGUEL BLANCO

•t

i

quetmr eI1tre dos fuegos, entre las tro-

p&amp;s arnur.adas ne D1oorero1Hein y IU de

Bi\JAS DE LOS INGLESES

lc1u

1

Otro caso de esp·1onaJ·

°

&lt;le animales l]Úe rut&gt;nsm1.lmente ner-eLI g•d á N, j:l le
ne:;J nue di:;;paran ¡woycdiles de li H li• .
e ""' a
a o s
1ns trOJ)t\_s· 1ilp-1es3 s que se encuen'j
t'itna
brns.
1.rnn en el ..ifticn del Sur
Lorenzo ¡)íñrque-z, Abril 10.-El l)I'(r
Pretorl:i. .Abril O-En-~l eombnte deSe1•vic1o 8SIH'Cial de la
.
• d e un 110,• ·1 en r re t orm.
· qne se Dewetsclorl)
. ·•
·
· ' fne- r t·cn~u. .usoc
• ¡ªda. Pª 1 EL 'IU'\DO
p1etano
las pérllldas
Inglesas
b· na f!Q"'f le tr.-n..:itn p.in Euro1m die~
'
·t
¡ 1 t ál ·
l'a.ri~. Abril 11.-lJke "Le Pmi¡ Lt·
a
· ... · l
,t ·
' '
~
' ·
, ron de tlen mue1 os Y (JU nea os
ec1~e tropa, ~s[

{'0011) -UUl;'l"OS

caflo--

nunciar ~u fallo en el amva1·0

•ifütl"1) 1

leS1

to coutrll el Juez 2o. Cr!mlnnl, que· con•
den6 {¡ H'nmclsco A. Ii'mmt{)R á. sufl'II' la
La sentencia. le fué neltifienrlu

• m1·l g1·netes
elllC0

l'eo, que se encuentra. eu la r:1J:cel de

Belrrn.

1'0

-r)o r 1a e .I u da d

que fo~ . hóeros esta~'\n easi dl~pnr-e1to.;;, 1 llllf&gt;Ye, entre heridos '!t capturados.
rliilen:"
á renrllr."k' tra~ ill'- 1ft Dl'.'UJlftt'iún dt" B101"111IIa f:ido tom·ucado ¿1 RruHi ri se~l6n or"Se l!a dado otro caso rle espiorr~JP.J
íontPln; 1&gt;ero (]tlt' hnn s-hlo &lt;'OD!l:idera\Jle- clinariu. el elfo. 9 de Uayo pl'l'.l:timo.
enn1elto en profundo misterio. ·El tlornente rtlentncloa pr.r i,;u tl'innfo fn Pl
miago aprehendió Ja ¡mlicta :1. l!. I,et'&gt;r.1
•
-~~...,-----G • •
.
, , ,·
3&lt;.:Ue&lt;lucto. Y Illtt:'l rnanuo r- 1e-ron 11 egar "''
ag-e,~, a. qu _1en se acus11 (1e tcnrr- rcl,t1;10-Prétorla Ú- 300 prtslo□ erni,: lnglesN!, Los,
MÁS CAÑONES
nes con .AJe-rnanin."
;1
burc,,be-rs que h·lbfan vuelto !i. -:us bO"'ft•
Ná.po-le-1. .\brit lO-LJ;1rraron hoy 91 u!.
torna,io á,. Ja front;.rr;_
!:"
Jo~ comi~Ío~ailos ti6eros1!1:,isher,
~~
FJ hotelero ~lee c1-e~l' 11ue, ~n. ('llSo de
r:1ns ~ Wes~els, á. quie~es di:1¡on ~u 'ium;
Que los Jaglese/'i pudletan a~~nz;H umC'lro,
,enld,.1, brn :'\Iulle:r, represe-JtLit.J.J;e foT
dt~tro d~ In frontera del 1 rans-rnal, 1:t
Estado _Libre, Y berr. ·ran Bo~s:•~hr. '"-?Il,
1•e..o;;1~tenem ele iQ51 b6er~s scrfa l~e&lt;..'h3 ea
Movimientos estratégicos
Stcretnr10 de la. lega.c16!J. tl"l 'lr:iO!-:ts:11
,Johann(\~bur~o Y Pi-etol'IA., Y.el 'illwnto ~el
en Bruse-ln.s.
,
Gobierno • .,.,,. transfe,·ldo a L¡-dewbm·
Seniclo esped•l,de IIL
Permauecerán ftQUI vn,·Jo~ dfps.
ruédenegalio.
El luw,a ea 1• noche se logró la úeteng().
, I'rCtnsa Asociada
para EL MUNDO A.segfirnRe por los pa-:::ajc-ros, ,¡UU ¡.¡,!-.
E~IB.L~QUETADOS
e.ion de Simón Ym:ela y Gabriel XnvaLo1ukes. ~\briL ~~--:--~IJ .,cableg1,~ma do comisionado~ ,--iene-n facultados rr.tra.-t'tlen~niobras novales en Kinstown
Se concedió ()t'l'mltlo al .sr. Some-ra .Mar- rro, que: eran pei·seguldoa por la policla
1nnteaser. dice al TmH~s su coirespon- hr:tr un. h·ntRrlo de t):t.Z nceptnhle. 6 ntt,e.
tfne.'Z pru·1t que construya un tl'Amo de em- des. de ha&lt;'e muchos ll!a~. Le ~'l;11sa de su
sn1 r:i11 Lorenzo :'.fi\.I'quez:
1glllr una tN&gt;gun. dedicado. .1 JlUeTn.::i n~til1Ja11t,1uct¡1do, en Jn Avenida. de Ja Ptlli.
detención fufl lu. s.lgulente: El día 3
"Itefui:;iados fidedignos, aimgman qno &lt;'iacionrs.
,,.
Re-rYklo ~pedal (le laNUE\"O EllPL'EO
d1•l n.rtnal el gendarme 520 Jull.D .A.ra11~
redenternent~. oblu-rieron los b_ótros por/
....
.
l1rens.a ,\_s~i?da 1 Ilªfª..•EL , ~I'f!~~~
Con el objeto de quf' este conr-eniente• da. pasaba pot: la ('alle de Degollado~
1
lo lllE'Dll;-;, treipta. piezn5 d,e nrtillcrfa. a.l•
1
~
1 l.lul-ltu, Ab,.l ~-~l {lt {:tlllilll&lt;to -~l-_ ·~_.. mente YigilaJo, y ú fin de que se orgn.nl~ cuum.lo se ano3uron ·isol.Jre él lntempestl'."
gmms ~e gl'\lt'SO _calibre, Jns cuate::;; fue•.
antori&lt;lntle:\.. mnn1fest(1 };J ~lf~_1ua '1Ct?,l'J,l &lt;lebldttmetite el Sel·rl&lt;'io de
rxido y In- "tü.ln('Ute. y le lnfir!Pt'OD una puñalada ea
Cerca de Mafeking
ron traulas por t1ei·rn, como maqulna.rta.,
ni puel1l0 ñ&lt;!.~luhI!n, Pl plac.e.1 QUP. le t:a.~1- rndo (liado de 1n~ cnli&lt;'s, se ha. creado el 11ccbo. Doi- días de!;pu(ís el gr11rlnrmc
un lJl.!_erto nfncano clel Oe:a.te. Ocho
',
1i6 la rere-pc-1011 que nter ~·e l&lt;' hizo. Su Una pinza (le Dil'ectoi· de este nt-mo, y morfa t&gt;n el hospital. .1 &lt;.'a.m1a ele isa he
Los b,ieros rechazan otra. vez desde
&lt;'1~- esos eauoues _f11eron dt&gt;spaebado~
'.\fn.1Psta·d dió f':--tn rn:mnua. su pa!i~ do t!l uomlnam!Pnto i·ei.·tn'(J en favor del se• rldn,
tl Coronel P1umer
, I•:t-tndo Llbr~. bnce unR. i-eman:1.
¡
-•·&lt;Wturuh'.P porilo!'; te-rJ'f'nos ,·n·1·eürn.ll"'~.
fim• lel(-'arilo Urlbt\ q'uteu diMruta.rú.. do
.\ntes cl~ morir pudo decltmu· &lt;¡ur, ha•
--- ! DP~('nllmz:Hfamenfo, ba&lt;:~n nlnrde lo::J 1
-Por milfar~ f'!!' c:onhtha, el pue-blo í)_llf'- l'll .;:ue-hlo ~"le dciuo ~et •uta v c•ln,•o J'lf'- hfil ,-.-.,-. nolldo PII ~m; J1.~re11orn1 li Jo~ d~
Serr:r!o r~·i:Jl. ~e la l ·.
'011r:.1lesil16C'ro:,;. d~ hnlm¡~ ~·on:-:Pgoido Ítfv:\
.Pro
~ .. '"i¡_ig:!:_1 hl'ir~~~tt.1W1\. fl, 1w~i:inriar
ira.sb)..Jlllcd4i,,.····'6~~i ' . l
UW·nc O.llill10)l: 0$
'
,-'i..~~!;;:.;_ !•óL,,..L~ ••
~..~ 'l't~t11.: 112 t.Jlltl::1b:t~t10 ~uuilll'lol™' f!brlr
·, :h; 1al1i~1. &lt;,.-ui tr'o1!1 Uc-f'eaif:U.I':!· '('ari;:tr,i.t'.1.1n pan·tida ~stitm&lt;la iH ~rri- o . ,.'.,l ;,~ ,1 •r 1 a,:c:u l~ , .,, . ,
1.i-a.Ueroues. d111ulDtC'J .lo, Uu .\br11~---,..\yer terl'itn1·11 I}Ortug:ués.
_
"internacionales
lmilfn rubiPrbt dP ernhflr('nrionM lU~ to- 1('f 0 ¡1_ que nos i·eferiruos.
IJ11•ro _11ue al fin 1•&lt;Jf'trou t:ll poder dt"' la.
1
P.l ('Ol'OnPl Phm1er, con &lt;lo:-;ciento~ dnLond1·
'~Ahrll
11.-El hm&lt;'s ca,,blegro• ·
. .
.
,fot; f'lnF:es, prt&gt;i:'eotab:1 &lt;&gt;l n.spt:clo U1i'ts
EXFEH,JF.D.An' ll:b:I. DR.. L.ICEAGA
a11tondn1l PI lunes en la nn':.'h•.
1
1
ct1e11t:t M:1.gl,Dl'~, uuo~ &lt;:mrntos lnf.-lntes fió al 'Ttmes' su eorrt"!:-pom:al Nl Bloem- .
Se,rr1e10 e.c;pe-c1al de la,
tó:-o.
Ilaee al unos días U&gt;" se encnentn ea ROBO DJ,l l'XA YAJlLLA DE PLATA
y uu e11ñ6n ~~:tx,ini, Jl~gó {i R:llluul~tJ:t.._, foatelu:
~
.
l'te?~_a. . .á.soclada 1_JArn EL ,tUVDO I El loríl TC'nfrnte de Irlnn,ln. l'onflP Cn· eaiu,t el' ~~iior lloetoi~ Ú. Eduardo LÍcéa-¡ AJ gend:ume Ue !'le1·,•icl9 en In eMqninfl.
mil, don¡Je 1.i.eJo 10:; hilautr.~ de tL ¡lle y
··Descsp.eradoa esfuerzos e~ta ha&lt;.'J('IJ.do
\\ :u,111nglon. Al11·1l 10.- l'or iufonnes clo. . .:18 y C'l..cortejo T''l'l'ehrnl nbor.ilnron , . 't .. U·1 1 , t' ,·
n·l O rn ·ió. 11
de In c-,1llp rle la MariRcaln, e.e le preseoslgnló llOl' la ruta Gel ~e1'To1·arril ú. pu--- f'l ene~l.irn ~1.\ft· descubrir unn entrada rc-t•ihitlo:s. _::ce i,:ahl" t¡ue n.mennznb!tn á. Cet- 1t"1 ¡;milt~ 10~1.l!'nia ,•, ofros na ;.í~s l"ll que
~l~a:gn Ll~~"tuó
iem- tó un criado rle In en~n nCtmE.•.ro S de la
1
ner5e a.1 :iknnce dce Mateklng.
t&gt;stratf'g1en. 1'os es desconocido s,u n~- lombla, d1~turblos val'a ulgún tiempo._)' 1JIE.)t'tWtfü•c·iPron &lt;dm;Jl.nt? to-! emso tle 1:1~ e· ln . 01 DI'. C·u-ruoua Y Ylllle le apli- l ralle de San A.nilrt'~. ctemmr-iándole el heLn. fuerza ú fas órdenes ilc-1 :.\fa:ror met·o; nero 1·at1a. entre tl'es y se::,, m1J ll.a bal&gt;ldo inOic•Ios ele que lnteuta ntn•
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\\'hite, FTe. encontró &lt;'On ,un ~reeitlo cuC'l'- bomllres. Unce sus movimientos con mu- rar ti Nkara,g-ua; uo serfa, Plle&amp;. sorprrn- CHl'r~
'né impo~ibl~ tí la Reina Ir c:ó el. c,lor~f?rmo. ~Jt: nd °,.:i ay~dflllte-s los! g-um·dndn uun rnjilla de plnln, hnbfo.n s;\.
st
po de JJócros; casi simultánearnnete fné cha cautela..''
dente. que el .~·eciente paso de ]os: fililm!-i- ú l\.rn-' ºwn.
tloct~ies lCO.liR, Bcmal~c.., 'Ioussalut Y do robadas alguna..c:; piezns.
acomct..ltlr:; por los dos ttn.ncos 1 y E=e h·n__________
teros nlc11rng11en~es. de desemharc:ir en
--~.-.----Loa.eza.
El geuclrme se presentó en la ca~a. 1
bó uu rcüit.l.o combate. G1·11&lt;lualmente ru6
Costa p.lca. envolvlem alborotos por• lo
EL ALZAMIENTO
El paele~1.te, s~ ha n~~Jorn.ao~
füó ariso nl Comh::iario, que 1:omeuzó á,
aumentfl.ndose el nfnnet·o. ele bóe.ros, lmsLAS RELACIONES
menus l1 tres repOhlieas latlno-americn~~ I OZO ARIESI.iU.:O.
tia.cier las inTe$tlgn&lt;:iones rlel caso. pnra.
ta He~at· (L ser dos co:1rrn uno. A,:anznna~.
.
.
~Ofl 'i'C[~JOOS de 18: l\fagdo.-lenn. ~_ihx!uea, de~cubrir aJ 1ndr6n. SA 80~pecha ()1,1~ és...
1Ja11 coa mafia. y ohst1u:tdaruente, y haJ :trí·ce qur los n1rnrag1irns~s han efecy
Bolic!tml sea perfoiado un pozo .utesiano, te sea 1mo de los criaVos de la casa, que
c:fau erup('fiosos esfu.:irzos por aconalar
tuado desembarcos en í'I istmo vor el la•
__
1 cu nqucl 1meblo, por c~ecer el mJsmo. de Qon un:t Ua,~e falsa nbri6 ~l apa1a.d01",
á lop iugle-ses.
_
do d~l racffico, y qae la partida de exRerYicio es-pecta] de la
:urna potable. Sf' acort1o de conform1~nd, a.poderl1ndose de las piezas que- :faltnn.
Df!:.ipués Uc sostener 6U posición por
La se I ud de 1"Pat,a
Jled.J.CIOllallOS~ se dirigió A UD punto lla- Prensa A.socrnda para lilf
.MUNDO 1ial&gt;le_arto sido ft!),l'Obad: el gMto de $500,
MOVIMIENTO DE E)lPLEADOS
irnu born, eru[&gt;reridi6 la retiirada ,el c-ol'o- 1
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mado ~1níd 1 cercano A la línea llmrtrote
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•
QUI! uupo~t? l~ pel'fo ª?Ión del pozo.
S.A.Nl'rA.RIOS
nel . l'lumer, pt:-rseg1Jit.10, o.nnque lenta- r r.s Ab 1 !O-Hablan-do ele h1.s ac- entre N1carag11a y Costa Rica. y dentro I Aeera, Al&gt;r.1.I 10-lJna trop,1 tle cien- ¡
LA A.SCENSION DEL_ BABA.DO
El seüor Doctor Jmm OrahnJlJ Qn}!llKtlt,
lllPUte, vor los bóeros.
1
ar '. l ri ~ . ntt'e Ft·nncla. In Gt'1l.n de los confines ele la faja. de terreno re- to dos h11unas1 al mando de lo.i 19p1taSe t:oneedl-0 permiso al seuor Angel u,. Delegado Adjunto de la De1~.~.1"Vill ~1Continuó In Iuclla en las veinte millns tmileR- ie acio~es e . ,,
•
Y
clamada por ambas naciones.
1
•
r
•
,
pez, para que se efectüe el sS.bado próxl• nitarja en el puert.o de Frou:e1:1. hizo rede retirnda hasta nn.mntlnbanrn, donde Bi't"mfia. ,el ~ri:nuo. de boy, concluye
N'o se sabe á. punto fijo si el movlmhm- nes _Middle:11-uit) _J3is~op,
·~lo \le mo una nseem;ión I a.erostfitica,,, deb1en!lo I nunc!a de su empleo, la. que Je f 111: a~•i•p•
$e puso en juego el c•nilón nn.val ingMs,
su articulo~ d1cleu&lt;lo.
,
1 to va enrlerezat1o
contra. Nicaragua 6 aqu1 par-n. h. uma~SI. Seis m1-; 11Ut l 'JS t'U- subir ~ bord.o del ',}[octezuma, la seno•¡ ta.da.
'
Dcspu~&lt;; tle muy obstlnnda lucha, logró, "La e,--entuaUrlat1 de una gueria fran· Costu Rica.
1 ropeos ]ian tenido que refug-iarae C'D el
rita. Flota Cond~.
Í El señor Doctor Genaro Akorca 1ué
el corouel Pluwer llegar ú. su campamen- &lt;'0-ingle~:i. ha de5ia-parecldo, ~e-reed_ al
m gobierno de Colomhi,'l, lla torondo Í é t d e te último lucra!
Lo. O.i:;cemdón se cfectunrá. en la plazue- nombrado ruéllico Iuspe.c. tor. Sau!tario
to.
Gobierno in.~lé,,q, '-'llYª netltml vtene sien- 1 provideucill8 pnm _el envio de íuer:ms u r e e 5
n ·
la del Snlto del A.~ua.
de cuartel, en estn ctudACl. Imbiendn 1:w•
Conslsitieron las bajas de los Jn~lese$ do mf1s justa é irreprocbaWe. Ln.s polé- · contra 108 Jillbust.eros, pnes presume 8'f'
~
NOEYOS nEGL.A.l\IENTOS
pezaclo á ej~rcer su~ fundoue::-.
('n ÍI'('~ o.tit'inles y Bletc solllndos Ulllet'· 1micas y prorncnciones {1e In prenoo, bar buHnn en terrJtorio colombiano, y bien 1
SE' dlú cue»tn de lrnbP:r hecl:lo cntl'e~a 1 El señor Doctor Adrián Garduüo fué
tos-, tres oficínies y n~inUcuatt·o sollhldos 1 &lt;•f&gt;í,¡•:ulo, y lns relaciones entre los gabi· 1 pu~de ser (Jlle haga. otro tanto el gobler•
p,J In!?llnie..1'0 Gutiérrez, de los nuevos fü.~· nombrado médico .Auxiliar Uc la. ·vacuna
heridos. ;"J' oni::e dii::p~rsos. Latt pél'didna netes &lt;le ambos países son hoy más cor- no costsrriqueilo; de lo que acaso r~suI__
glmne-ritos pa.1·u. los t.J:e11e,¡¡ de tracción en esta eavitnl.
de los bóeros, fueron muy consi~1:m1blci;. 1 dinle-s."
ten compllcaclonrs.
p·15t 0 la ue se dis ara 1018 (?)
elfü:h'i&lt;;a.
rRDIEROS -Tlt.-'\J3AJOS
Al termlnar la. lucl.la, intormó el geu~-¡ Lon~lres. AhriJ.lo.-Un despne!Jo de Ro• . Entre tlrnto Y para. salva1tuardia de 1011
q
p
,
NO SE LB CONCEDE
Acnban de ser llevudos ii. la. •estaclóJl
rnl Snymo.11 ii. Bn&lt;leu_ Poweil, _qut! tenía ma, de-rlnra []lle s. S. L{a-Ou :XIU, se en- 1ntere:ses amerkanos, ha eutraUo el emE 1
.
v;iJ Gómez Yivínn eo 1 Se le negó al srñor Jnan I1'lores el pcr- tlel I1'erroC'al'l·il Naeional en SaltUlo los•
0 1 1
algunos lngles~s hel'l(los y des-pue:hnrou cu.entra enfermo (le un 1ige1·0 resfriado.
re1·0 "Detro!t" en ~l golfo de Chil·uqul1
'n
-Ín .
.
mhio que solicitaba para establecer en p1·imca·os eai:ro~ ae rl&lt;'leiJ y el ruat~rirrl
1,, _e .
fas nmbnlaneias Baden Powell :,· Plumer.
Y acercít.dose 6. Da.vid, todo lo posible,
un,1. cnsa ª_18 ' 1 ª'ch 1 ~nc~sco ., l~ie: :ír•~~ uno ele lns prados ele la Alameda. u~ ex- ne&lt;•esm·lo para. cousuuJr la yfa férrea que
'J'am1Ji{h1 los Meros estm--ieron ocupa_ _ _....,_._.___
-----~--esposa., An~elllla
oza, /l l]dle 11 ' ' pendlo de refrescos y una mesa. de billar. unil':í. ú Pai'!'as de la Futnte1 ·con Saldoa e-I c!C1mingo en recoger sus muextos
LA CANDIDATURA
mtL el martes en la. nocue
e un suceso
_ _ _ _,__
tillo y ToriWn. •
•
y huido•.
.
.
LAS OPERACIONES
que pnreoe muy •.xtrnil?.
.
~
Esio hece esperar que dicha sút no
La. nrnyorf[L 1le Iois mgleses heridos, lo
Como á, la. ruedm nocbe se es~ucbato»
tnrdfll'á. lTH1Cho tiempo éll f,;er puesta. al
fueron leYemente.
cast ·slm~ltl'meus ~ua.tro cleton~ciones.
scrr"iélo Jn"iblko, logrando ns( 1n. construcrtec:füió uua hel'ida el COl'ODel P1mnAr,'
LR ])Olicfll acud16 (í la casn mctlca{la, ,V
tión d!! uno de lO!-: tr.amOs nUs lml}O!'tl.n··
mns le fn6 dnl&gt;l,e,, sin. embargo, cumplir
Ambulloia para ·8 1 Transvaal poco después se nresentó e1 señor Flores
tes del •·conhnlla y Pa.effi&lt;!o.'·
eun sus deberes..
.
muy asustado, con l:1. ropa. mancb!lda do
UN ~IEDlCO SUICIDA
Curu1do -}otJa.vín cstuba. la _nmbulc.nc1a.
~erl!JClo especial de In
sangre, y dijo ú. los gendarmes que su LA NU~CfALIDAD ID)I LA. CAPITAL ]~l Dr. Ramón .Mru:encs Yecino die Monen Ramata~lama, eJ 2 (le A.lm_l, llegó allá.
~nsa Asociada. para EL .UUNDO p;eübra. estab"J. herida á eausa de uu acciDurante el próximo p~uindo lla.rzo, se tecrlsto, 'l'abas&lt;'o. se i)rh~O de la exist-enel genernl Snywan con ot:l.JO\:l!Cntm, homú
:lsJtill;tlull . .\..!Jl'Ü 10.-lia llil'llll l-'1:;t;1 dente.
.
rc-_glistrnron en esta capital, ::ietenta m~-1 t'la., dispartindose un balazo en Jo. sU~n
lH·c.s; ~ero ~o _llaUaudo tl'Opas ;,ngles~s
noclu-) el Almirante Dl'wuey que ~•s enRefiere Il'lores que se aC'osfaron, y co•l trrn101:-1os en las Ofi~inas del Registro Ci- derecha.
en lns mmedinc1ones, se volvió a. :Marcterameule fn'18a. la noticin public.w.la eu las fatigas del dtn, se quedn.ron do1wido,;
numero ma.s l:iaJo.que el que lrnl.lu en
Se m_;esut'n que el suicifln, pa.deefa
klng
.,
cmso del mlsmo mes del ailo anterior.
. . . d
.
1a ,e1a., que t¡neu., 6 .an, r1en do el ATROl'ELI
. ·
ul
l"·
1
Tin
·perióllico
de
la
ta.rd-e,
ele
que
tenilt
s1n
apagar
ADO
POR
UN
CA
HRO
prme1p1os
:e enngenac16n menta.1
~e r1m1ora nqu.1 que 1tt Y.nnguar a.
d
d
sobre
el
buró
cerca
de
una.
pistola
qu~
'
fa fuerza de nuxilio de Uethuen, ha sa- 1
Temores y es~era nze.s
e1 vrop 6sito e retirar su can idtttura,
.
, • d .
,. _., d
Por la. 11a.. callG de •ln Violeta venfa un
1 n1 ncance
1
Iillo de Yi--11rnrg parn. Mafeking.
Asegui·a. que no hnbfa da.do motivo pa- 11~1.precanciOn e;1111~
e Slt ,carro del Express We~ls ~•argo, guiado
con ~rnoclPs di1kuJtac1es fllé so~teniñn
La,, comisione,:; de 111 paz
, rn st1mejante aserción.
m:uldo tod,~s las,
~s. .
_ ¡por el em1,lc:ulo F)raoc1sco Rfos !úou . n.nor porte del co1·011N l'lnmel' Ja batulhl."
Lore11zo l\Járquez, A.lirU 10.-El vapor
Supone {};,e ~n llalll,t de 1_:L vela, _en eon .fiJ&gt;z. El séfior Francisco Igleslas H.os11•
~'RTISTle1lr
15
,lel súllndo_ en 111s ccrcnufas de Mafeking.
~rvtclo cspecl&amp;l ue 13
rrnncés "Ca1·a,·rJht," que le,·6 a·nclas de tacto con 1~ P_ tola, produJo lo.~ diapni-o5, ; les, emplendo de una ca.,;a co.merc-ial sio~ lNOOENCIO ARmoLA.
por llnbel'Se ~fednaclo á iumedlnelone~ Prensa. .Asocia.ll&amp;. vara EL .MUNDO
Nnf)Yll Ym·k el {]t11nee &lt;le Felm~ro, ha ai•ri- que despe~ tu~~
los esposos._.
,., .. 1tuacln en Plateros, pasa!Jn. por allí y fllé TODA COHRESPONDE.NGIA DEBE DIRIJi'RS&gt;
de los campamentos b6eros. &lt;le donde se
Londres Al&gt;l·il 11. A las ciuro a.. m.- bndo aquí con cie11to ciucueuta ~-- seis
La señoui prc s r □ tnbn. dos litudas :--_t&lt;l· ntropella.tlo por el camo. gne le pasó por
podfan rnnuíla1· retum·zos prontamente A. Allll cu~t1o e-1 lJJni)!;terio de la Guerra. pa-sajero~, e-.ntre e-llos el cuei·po de ambu- T''es, uoa e-n el pecllo Y &lt;:tro en un .mn~lo. en&lt;·ima del cuerpo,_. fl'nctm(tndole b.·es
Á ºEL DORADOº BAJOS DEL
los "burgllets¡" .Y poro era el abl'igo qul'' no ha publicado ningún nue,•o metlsa,1e l"ancia de Cllicago.
No pn.l'cee muy extrn.n!l. la exphca(:1611 CO:itillas y haciéndole una lierida en el
TEATRO NA.CIONAL.--M.Éx.Ico.
p1•otfgfa V. los mgieses, &lt;'Uando se entll.• 'de lord Rol..lerts, no se da crédito
tas
La. maJ·oria de los pasaJer0&amp; .tie embar- de e:,;te 1J1Jteso.
cráneo.
·fi
.
l.Jló _la lucha, por no haber en el c:unpo ,uoticias bóern.s que hablan dl~ otl'o de- eará en el tre-n rumbo al Transraal.
•--~.-.-----El condnctOll' de-I carro fn~ detemdo Y JALAPA, Abril lJ.-El día. 8 tr3.bftJ6
i:.ino uno:; cunutos árboles, y no tenet· el sa~tre de los in"Je,ses.
__________
e] herido trnnsladn.do en una caml• lrl. Infantil en ~á16n fü"C11eo.
.
potque 1&amp;
tennplén ~el fet•roc~rrll, refugio prh;i.ci- i·oaa clase de ;lllOI'€!:S embn.rgau al p(l-nn. !í l:1._easa número 5 de l11. Plla. Seca, prQp[etaria del ten.tl'O Cnuz, lo cedió P:3-·
1ml, sluo uuos dos p1es de altura. Por- 1 r. n0 obStante y 10 tie'ne lllUY ex.ci.LIL
Uonde v1Ye.
1·a el l1enefieio de la. .-:;efiora GJ1(.lI1'lH'O, i:;1n
tá.ronse, no obf:=.t!lntc, con ~nclla. blzarrfa.
~co,
~1.1 Úen
f'ELUQUERl~ .ABANDONAD.A. .. : embargo de que lo tenía tomado la .Ln1~ 'seguridad de que SQ
unestros ~olda.ilo::s, y se hicieron excepclo• a o, .pu~; ·, e
' 'l d I E ta•
Rumbo il Santo Domingc
t
'nt"
El sendan..ue 1,3o(j, que hacia su v1g1- fnntU.
oalmente notables e.u la. .fonc16n de ar- han ieo_1gn.nizatl~ Jns .fuetz, s e
s
na or una pa~a QUJ lCOS
lancia en la calle de Sun Juan, notó al
PUEBL..d.t Abril 11,-Llegó agur Infn.n•
mn.s los oüc-iales.
do Lllne do Ornnge. ,
.•
.
Servicio es eclil de 1a,
é industriales
paMr por una peluqneria. situadn. ea esa. tu .\ustri Palac.to:;;; trabaja próximo S!\·
Fnel"l, de unos cuantos disparos _heclJos
De nln,!!:ma nuern. Yictot1a bóera hn• , P,re.nsa. Asociada. ~ra. EL MUNDO 1
calle, que el establecimiento estaha abler• lindo l'-n el Teatro Guerrero.
ot· el caíl6n ll:'i.xlt11, de los ingleses, en e-en meacion los despachos ele rreto_r~:i. ;
,¡
P Ji , ~
,
Estli. nsegurn.d1l la foituna, del in-ventor to, y dló aviso !i. la D~mare:ación r·espec- 1 I.EON, Abril 11.-.A.ntrncia su prtmet·a
11
1
3
tnwntn'l.JJ:t_ma, todo el fuego s~ 1=:o.stuvo 1h11 Gllimo lunes_;,-dec1au, por el C~I)tra~·10: /~~n ;11
0: 1 ·-~ lI:l : ; : 11. r gue logre c-ncontrar_ una su~tftnt"il\ (]llt) tiYu, no habléndos~_ logra.do sa~er si la función, compañía Onlvo-:Mnrtf,- el próxfpor uua.
otra parte con los rifles.
que estnb:m qmetas toda...~ las tiopa.s, l
PGO
\.nt ~ d ng ► t'. ~¡(.· r~ / substltu.v.n de un modo pr!i.chco la gut- ca.sa. fué ~:obada, o se dcj6 n.bted.a por mo domingo, encontritndoae aquf todo el
com ba~ta. uhorn no se h:i. rl~~jado lord Ro.:J.nu~, mez.,-: e~/ ~nr ª: .. \ ugw tapen:otl."
descuido, puea no se pi-esent6 el dneií.o pel'sonal.
11
IJe'l.'ts ~e comunicar inmPdmtam_ent~ lo-t ·
~;~ t.~11 ~~ pan.~!!~~c"ffi.~10~\~1
l!ll anuncio "del Goblemo tle IOJ Est_n·do1:1 ó encars-u:Oo Gel e~talJieclmeuto.
t\IEXICO.-Han sugerido algunos lt:scontrat1i~mpos como los buenos sucesos, ~n,.alfe"tn.t·l6 e~ honor sup O :v- uc ron- Dniclos, qu~ J:)l'Oyecta. la colocae1ón de un
GEND.AKi\IE AGHtm1DO
gustos entre la.s personas que acomnnñrui
,.u
,a.·
ni im11et1ido ií Jos corresponsales que los t \· 1 .~1'.a
Cuba
Y' ' q
P
cn])ll\ tr1umc-c-t1.nlro de Cl:l.lifornin lt Fili-- El lunes en In tarcle l'eilían en lllla. ac- n1 sefior Onofroff ien sus nctoi de !:iip.
comunlque'n, ha.y que ci·eet· ttne _el. ru- ºEs;a"' noche se b~ du,~lo un banquete de pit;llls, y los de lu Gt·n:n Br-etafia y Frnn• ceso:la de la 7a. calle de 1a. ~tagnoJfa., nottsmo y- 1ó:OD~mbullsmo, y los :Us1;mau..
mol' procedente de },ferko..tsf?nte1n, ee des;pedidn. al geu-e~·al brifl'RCHer Ludlow cia, que trata.u ,Je colocnr otros üos gran- Lncmno Hernnll&lt;lez, Y una lllUJer, ama~ dos han repartulo un folleto publleo.do en
éscaso de agua
un relato exagerndo del ncc1d~nte en gobel'nador saliente del dét.llH'W.menfb d~· des ca,bles subIDllriuo."l, han produl~_ldo gtludohi- aqt1t1l, con un ~chilló.
.. Duenos Aires, y d~l q11e ~ aut'}l" el SC"llil·
Un oficial americano entre los bóeros
[teddersburg:.
lii Habana.
profunda sensn.ción en ~l e:omercio del ~e dió aviso al gendat1Qe nó.mero 1,05□, dor argentino D. FlorenC"1a ~[11cra y el
~[:i~. por otra parte, tnn exactos hnn si~-----enutr-ht'l, y hacen que los higmieros. d,• (].111t•11 ocurrió n-1 lugar de la rJfla, siendo Joven Manuel Garcta, dando a. conoC'er
Serrlc!o especial de la,
do ¡¡ menudo 1~ .ifilormes Mero~. -0u.:.
DOS CI:UAD.AS LADRONAS
todo el mnndo ruelvnn nnimstindos -ojos agtedi~o por Het·ni\ndez. Desarmado el, los m~dloe d~ que se va.le pnrn llacer11 lu
Prensa Asocinda, pil.l'n EL UUNDO.
es muy grande la zozobta. que dQmiun
Yr. James. A.lexls 'I'ruop, tomó 6 á. los inventores y qutmlco:'l,
o.greso~, fu~ con~ucldo, en oomt,n.ma de e..\'"pei.'~me~~ne1ones que llama tle l:t. do•
Lv1hh'ef&gt;. ,..\~wil 11.-A_segurn el &lt;.:iH'l'C::S- entre- el pueblo inglés.
. Sl,1 serv!clo á -O.os- -&lt;!l'JM.a'i que se
El h-ec.ho es que la &lt;.;antlda.d de cuutchil la muJer. á la Oomlsn~:1. de Zarco.
bl11 v1stn..
.
.
pon:::al l''.1 nerHn del ":Paily-News," qu•~
1\lngmm uueva. tioticla ~e ha rccibid(f ra.ptaron . l:t confianro del cabaUero r&gt;.lsible, del mundo tOdo, DQ es l:&gt;atittlllÍ\'
En la ~~1!!u!~c~6~Ed!ltaY?nmedlatn
de A,bfi, ~rs. la 1 ~•,(t:I,
e-1 n~!rlurnrn á. l}ui~u se ntl'iblJY~ hfi.lJ()J' de_ e~mba.te en Wep-euer ó l"'D Nato.L Lo:; rue-ncionado, el qu1;\ E'I • lunes e-n In¡ pa1·a. eons.h·uir uno s6lo Ue loi,; tres g1•fl.~- fiesta patriótica del 3 de Mayo, en lo. ctu- 'Tlp,Jf!S~ ~~;·Fuertes. Esr,~nw~m Dima•
d!rigillo ii los bCieros e,n la barra.n~a de
lnf~1mes bOer?e pa.t_ecen fndlear gue no~he, al regresf\1' d~ una vl!'!lt!l. de-s cables ])l'Oyectados, y ,g.e,gím In. op1- dnd •de Cl.Jlbmtbua, se lnaugnnu'áD las rfas, Mnrfa !Jaller, iHlilde N!l"Rtio,
Eorn, es elertnmente el ag1-ejtado militar :\fothuen V:'t n,anza.ndo de Bo~of bo.~l:1 déJ6 sobre un mueble algunas albnjns -nión ele. persona.,q autorlz~das, tendrá.u nueias tn\Ill'fas.
Concept,iOn Cnlv~ y Fellcirl:hl Pa!ltór; Tt'·
aru~ricano, C'ftpltá.o Carlos Relclunnn.
1:1oopstna, E!:r óste, al.,. pnreeet, un mo qtie valen do¡;i.clentos pe!lOl', y &lt;le las eua- que pnsar c-nando men~ eme-o nfios". pa- _Con ese objeto se a.cuva el trO.ti.'!po~ nor. Rlcal'do ·p0~tot; ba.rít1i'n,}:,,;, r.,mndi·o
Londt·e::1, .Abril U.,JDice dra Bloemfon• itmlento audaz- Y pell"'toso, puesto que. Jes $l!" apod-el'tu-ou llls &lt;:ri(ulas, buyeado m que- :c;e log-re almnc-enaT ln pronsmn de In nuera dotnd6n de ea.rros .r deml'l.(;J Dfaz v probablemente Pep1n, Pasn, .. ha~
1
1
t-ein el corresponsal del "\Iorniug Post:'' si ~llf,?- co~tlllei!' al flanco a~recho de lti 1en
tteguida1 &amp;in uue ae· baytl- log1:ado i;u !'iuíicle-nte pnr:r. el trn.bnjo &lt;lf~eado.
enseres. que la empresa. mnnd6 traer A jo. s;. r31•t1,1; artfstss cOmíi•ofce: n0sch,
"Sigue sif~JH.lo lnsulleiPnte la provisión pos1don hocru. en B1·aodfort, lo e-X:pon1.' ! c~ptura.
V.Jg préeios. ne-cMa.rla.menm&gt;? aumenta, San FrancJ,co OnlifQrnia.
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PARA LOS 80 EROS

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A.µ:er1t,t1 del :Mmit-lerir, 1'6blirn, l.ic. fü1lvndor

]º dPl flDtrflntt&gt;ÜH)'o,.t1boridelA1;qm1
cmpefühhu1 ''" 11 1 Tllt'R de _Novil&gt;nl_l1rt' &lt;le
l l"U!l. en 111. ca'ia bituu&lt;la- t·n I&amp; !l ~ de T1cz·ontluJe uúm. 7.
Lo1:1 llltPreMdo11 f'f\ Pllns r,nPíle.n m·Urr1r rn !1~ruABRIL l:d
JI0 \1t'illll .á clnw11111t1ñH1•lff~. 1·PÍ1'i&gt;11&lt;lt11•l1tK ó Jlr"iwnRA~TORAL.-Rnn Julio Papa f'o11fot&gt;ot .
'1'1111N08.-.Juui ,wgundo 1h1 lo t1·nu,1uil, Lir:. dar f!U 'feo to, que l!a veritíce.r.á. con .11miglo ni Htt
rllnn~n1 o viu·e11te de ramo .
Murtfo M11~vora .
Mé.dco, 11 t!e AIJril tle l!lOO,- l"Ar. ,·Ariott
Jut&gt;z 11.-~mulo de- Je,. Correc(•io111tl, J,ic, Me.,
ALVAREZ.
]:l,.]Jy]7
nuel Pe.tiño Sutlrl;'.t.

la.,

muchos demJ('eglo , Son t,equei'ias, O'llUCBr•
adas, U.elles df..!~, y puramente vegdate1o

LAS Pll..DO~T~GETALF.S del

DR. HOBB PELA HIGADO
PILDORAS TÓNICAS DEL
DR. HOBB Ptts" NERVIOS

con premio mayor de

1&lt;_¡ Dróxlmo eorteo

y las

60,000 PESOS
8e

"'t'c-1

PASTILLAS DEL

DR.lndl¡e1tion
HOBB'tf'
DISPEPSIA
y todos los desarrcflos

Hkar/l e11 el Pttbl'l!úu ~!orisco ;i la~ 01,cc• lle. Jn m'lfi,rna

.

EL JUEVES 26 DB ABRIL DE 1900

80,000 billetes. Fondo, $320,000.
Precio de los billetes: é.nteros, $4, Medios, $2, Cuar
tos, $1 Eécimos, 40 cs. Vigesimos, 20 cs.

~SECRETO ANTISIFILITICO~
DEL DR. ADRIAN RODRIOUEZ
nos de estóm n~o

n~c~f'iids&lt;l

de

Lener dll't&amp;,

uo produce ulivaci6n ni tmetor-

PIOASE DATOS AL DR. ADRIAN RODRIGUEZ
EN so

La Comvañ:fa. del Internacional MexkaDQ, ill.;:i uguró ya rl primer t,arno ele sesenta y un kllómetrc;,3 eu sn rama1 de
Duran~l"() á Santiago Pnpasqularo.
-.Atra,mron pn r I rn;r&gt;!'l.o rle' T11.mpico,
con ~aL·gamento pa'l.'a el Central. lo~ vapares ·'lthaca," alemñn, cou. l:.ín touefodus de carga; el non1~go "Nanseu,'' con
4-,722; el mwiono..I "Ccweta," c-on 3-Kl; el
ingi~o:. •'Newcastle," con .5.0i.a; -el uaclon:il "México," con Jl5; el nol'Ul1gJ ·11i'arraa,1' con 2,-J.UO.. Znr¡ml'on lll'l mismo
puerto lo~ T:ipores "Elmil·na,"' nmei•lca.~
no, con !::IIJ: tonelad3¡;¡; el uol'uego •·ornuge," con 1;¿¡, y el luglés '·Ursula. Brigbt"
con &lt;lUO.
-.Se han becllo grandes p~diclos de rie-

Col&lt;SDL1'0Rl0

!1Ito1c0 QnrnúRGJOO-b;LJi:CTRIOO, CALLE
Jos.E EL REAL NÚM.El{O 7.

la. tw11do. ,\· vrupPiíO '' 1,t\ Gua Jnlupana ·• de co llÚUI, (i,
htiu:alcu, ..,, rM1l1zar.ú.u el (lfo ;l2 del J.ll't-aente
Lo~ llht'l"t!~!l-rl{113 put-df'Jl OtUJ'rir (í t'llt"Hrlnfl, rt•~
me~.-.J.. Mon.\LJs&gt;:.
fH•Ddllrl1.11&gt; ó _pre~l!ntitll' htt wntu, que ~e nritl"'
flll"II l'Ull tll'l!•J,rlo til l'f'&amp;:!11n11;111to,·iµt'lltf'dt'l 1'UlllO.
lHix1co, Abl"il 7 tle HJOO. - l.LiAS Ftnul&gt;i'10,llyl:d
El rifa. 27 r'lt&gt;I 11rl'8Pnt.e pe hará de h1110:ue fui;. m:z.
rn11 rmpPñndnt1 en oln1e~ d11 Ü(·tnl•r+• 1le lS!HJ,
El tifo 26 •l+&gt;I p·p¡.;1mte 1w hará.dé lna qnll fm•ron.
el\ lncnRS. 11ittrntl11 1:n !11 ~1111~ dP ~11ntH. Anti n~ --1. Prufjf'füulu,ien ehpí•M 1lt' \' o,·i.-mlir~ de 1 l&gt;i99 1ml.11,
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BRONQUITIS+
CATARROS
LARINGITIS - INFI.UENZA

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'4Si dice el Morri 01-e
cor¡ el c:01-a:or¡ Fue1-te, lOS

-,

les ii ln.s fi'ihrieru; amel'lc·ana:-;; en la actualidad tigum. México eomo el tercero

entre Jos pu!15rs &lt;¡ue sordtan cMe matf'rlnl, qur-dando en segundo térmiuo nlgnnas naciones de Elll'opa y ra:rlas de 1

rie1-v,os Fue"tes y et ce,.ec"º Ti:ito

-Se lffOyectnn Yarlns reformaFt en los
tallerel! del li'et•roca1Til Xaeionnl de Te-- '
buantepec, pum pode\" reparár lai,; m(L.
quinas viejas 6 descompuc:stus que buy
iuac:tiyas.
-Llegaron fi Sa.nta Cntnrina los negros
contratatlos por el rentral .:iiex!moo pa~
ra las obras del nue-vo murlle ele 'fam•
pico .
-Se bac•cn Ios tiltimos prepR.rativos para deja,r .listo el trnino dfl 'l'acubflya. á
San Angel, &lt;¡oe lit! iuau:nu·ará en el curso ñe la- -sf&gt;mnna entranll-. Ayer queclil
c:onduiclo el puente de Uuadalupe, obra
s6lldn. y re-;,;istente.
.,
-La Compañia del Central._ ha dispuesto aumr.-ntnr 1~1 ¡úmt'l'o de f"t1rror; 1mra la
tontluo;.·hín i.lf" g¡lU;J.do~, 1,or Jst•_r :va in:su•
ticlente&amp; los que u hora t il~ue-.

tnn los obst:.ículos y cttsos que pondrían it otros en un estc1.do de pos·
traeión nerviosa y les harhm temer la. ruina, nhra solamente como
estimulant;e pui, ~¡ ho¡nbre que .:-nunca se Rpure.• Tiene confianza
en liÍ mismo y su valor lo sac::i. con bien.

Lleno de energía vital

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1
0

Ta11to en Europa romo en Amrrica, la, u~an las da-

-' mas má.s aristocrática8.

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Sa.nrnel Cnstaílella, Atotonllco el Gran- Elenrwo t-ren,ta ,ira~, r-011 ,.,111~f,wr16u Jp, ru11nifif'1Jto que ynj
los t'atarrn.!l h:tn frec111mte~q11e mol,•"tnh11 □, ,.¡ tlolor de iir-;
cbo, del l1fg·tH!o y d~I 111,1111 hun d1•,-¡¡1pan•ddo; ytt, mi &lt;'olotl
nttt11tal lo empi1•,;o á- tew·r; P8"º 5'i k1i(1i.-hr nnmentadoi
doM-y tiObre t_u~o estoy mu,\· rcuninuuto. Ag:rnr!: -i,lo le Iia.-.¡
J:O rrtesl'nt" mi A1nre1a gr1tt1tud. Bu.ro 1;1huo.
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Dr. A. M. lVIcLauglhing

Horas de Despacho de

8 a.m. á 8 p.m. Domin
gos: 10 a. m. • 1 p. m.

**''

~RrE-QÜE

-¿ Y luego?¿ qué má,? exclamó Felipe.
-¿Luego? ... ¿ luego qué? ...• replicó lo
Grande r-nvenenadora.
-¿ Qué va á hacer Pincheyrn con la condeso Blanc-a? ¿ L11 va á matar sin eluda? •..
¿ÍI, matarla en medio de horrorosos tormentos?
La Tofann meneó dcsde1io,amente ln cabeza.
-A mi no se me manda, co11testó; s0y yo
quien m1mda. á los otros. Quiero que esperes
á que á mí me acomode decirlo, pnta r¡ue lo
sepas todo, mi be_llo caballero, y o.;per:1r{1.:::. S.i
no quiere¡;: ef:perar, márchate ~• Lléjnme morir
sola. Yo no le retengo., . no. Uc lada que sepas que he si,lo vengada, sin decirte de la manera. que lo so:v.
·
Felipe de Gnstines no replicó una sola ¡mlabra .•.. 1Estaba anorutdado!
.Aquella espei ie de mujer cadáver, porque
en efectoi 1os sintl"t.llld del veneno q_na Ja Tofana había bnnado hacía dos horas, empeznh
á llilcer~e ya visible ,5obre F.U ro:stl'D, c1ue &lt;l
minuto en 1ninnto se füa poniendo &lt;'ncla vez
más desrolorido y lhido, y cuyas facc:ione~ se
fban 111:'M·m11poniPnclo, p1qm.,Jh1 r,r¡wrio ¡]p mujer cocUvcr. repetimos, tenia todavía bastante
poder ra¡_·;1 lrnccr~e t0111e1· de Jos vivos! ¡pHa
hacerse obedecer! Los mismos Lliigi de c\lb1·i,zi v doctor Zigomala estaban atcrra,los.
También ellos comprendían r¡ue nada ¡iodían
hacer contrn aquella fantasma rlc la muerte ..
¡nada más que maldecirln!. .. T,a Tofana miró á Lui;:-i con una sonrisa Si.lrclónica.
-Y hiP-n, mnl'qués, k dijo. con una roz
fütuteadu, entrecortada con espns111ns convulairos; _¿no me habfois desnfiado á que me \'engara? Pues ya veiscómomevengo .. ~nbrc~os ...
eso, atmquc hubiera µodido h.nr--••- ·, habrín
sido d.e1m1~iado Íargo para mí. .. ~uizás &lt;lA•
ma13iatlo difícil. .. PoT eso be querido torotu
mi clesr¡ulte' sobre Yuestro amigo.. . . . Ese
polJrn. cou&lt;le de Gn:::tmcs •.• rs rnrllad que
también él se tiene la culpa ... ¿Por qué s~

ba. prestarlo á set·vir~s_ c!c uu:xiliar en vnc_ttr:1~
crueldarles contra mi.' },! no me ha ~uernlo a
mi. .. pues tampoco tendrá la que él ama ...
-¿Yan á matarla? .. ¿has mandado tú qu•
la maten? exclamó Felipe rnlvi6ndosc con aire amenarnclor hacfa la moribunda.
-Xo, ya os hé dicho r1ue no. le contestó
la Tofana; os repito que la condesa Blanca no

n•

~

xmmo"

está en peligro rle muerte. Ro la matarán .. ,
ni yo he mandado que la maten ...
-¡ Oh, Dios mío. Dios mio! sea la ([Ue quiera la ,uerte que tú la has reservado ... yo doré la mitad 1le mi sangre, ¡la mitacl de los días
&lt;le m.i ·dda oor sahar á Blanca! exclbmó nuevamente el conde de Gastines con el acento de
la 11rnyor ·desolación.
-1 Cl doctor Zigoma!a es tan ,,hio! ... respondió la rrofaua con tono --y ~arc-á~ti&lt;·n sonrisa ... ¿pol' qué no le rogáis que o~ preste
el il-UXilio de ~u ciencia. querülo 11úo?
Felipe dil'igió instinti vamenle al médico
~Í.r?lbc Iunn mirada suplicante. Zigomnla tenfa fa raheza oculta. entre sus mano3. De re. .
pente atravesó ¡&gt;orla imaginaci6n ele] conde k
luz ele la e-peronzn. l'oniénclose de •rodilh,.,
delante de.la Grande envenaclora, la cli,jo:
-¿ Qnicrcn.:1 l'scm1l1nrme, Elena?
-;, Por qué no 1 le contestó ésta en tono
burlón. Aunque tan próxima á ciar el último

~u~piro. no m~ clcsagrada rcr prosternado 5
~nilJ pies á 1111 I1crmo~o señor. F.~o me hacercrnrdar a11_uclla nuesint Yida ele SRint.gfjcnne-des-Gref'.;;. ¡~\111 ¡ah!. ... ¿ te acuerdas tñ
de ella, Felipe? ¿rernerdas lo enamorado y
tierno q_ue estabas ngudln. no&lt;'hc comnigo?
¡ 011 ! ¡ saLías reprcs1•ntnr tn pnJJel 6 ]ns mil maravil]a:-!. .... y F-in líl:, C!-pectro~, que todo lo
ecllnron á perder! sin aq1!c:dlM cspedr11s. no i-P
si al.fin habría cofüegníclo hacerte infiel IÍ tu
qnerida Blanca ... obligándole á desempeñar
á lo vivo tu popel de enamoJ'adf'I p&lt;'l':-onnjc.
¡011! mi~ 1n11io:; han consern.1tlo umt dnlC'o me.mol'ia. de tu::. n.pA:-Úrmar1os y ardientes be:;;oP.,
mi hrlln C'nrlo Bazze1cio!
}"'u1ipe ~P estrcnH•ció al oir semejante lenguaje. ,\quC'lla nrnjcr que P,.ta l11J. 1-1or rle(•ir "ll.3Í,
agoniz11nrlo, y luchr1nclo ron Ja inevilalJle
1m1erte qne iha ,í PU~í'ñol'enrse de eJltl en bJ"Gve_, al ofrla lrnblllr en semejante;; momento:::
de. amor. . . de caricia~. . . rlc be~o!-. . . causahu el ,·erla :• el ohJa un horroT y un e,;pantn
in&lt;lecihles. L,1 Tofana. si11 einb11rgo. continuó
con e1 mi~lW) tono snrcá~t"ico:
-En fin, r: qm1 er;¡ Jo qua me Henri- que deL'ir qucl'ido cond&lt;'? Sm1 lo r¡u~ quiPl'U, dat~pricsa. porq\Je fo hora avenzu.
-;, Si Zijl'otnnla te ~lYa!,:e F , . t. s:i i--P pre::-erra!;c ilc ht munte? ¡Es muy "abio!. .. tú
misma lo has dicho.

PASTILLAS
DEL
OR. ANDREU
¡ (!f,sa por fuertay -eró. Pron1o y s9gul"0.
,
··
Remedio
Én tae ba·¡ fosa._ .,..·· . º'°" qua s~s:..
.,..,..,

i;t:,...

........._'---------

estas PASTILLAS,
siendo su~ efecto:; tan
St'í,(uros y rápidnsque
casi siempre desaparece la TOS ,rnres de concluir la primera caja.

ASMA

tlivio ó curación del
ó sofocación por medio
de los CIGARRILLOS BALSÁMICOS o lu, PAPELES AJ.OADOS que
prepara el mismo Dr. ANDREU, con los cuales lo~ra el asmático un
alivio instantáneo y descansa durante la noche. Pi~ase el prospeeto.

do los alrededores del castillo de 1:riage, me toe ... 8í. .. Cis hcrmoi,a.. muy hcrmo:::-a. Y
he caíuo eu un foso.
Pinchcyra e~ rrmy exigente c·on 8US qncrüla~ ....
-¿Esiús 1H:!r.ido? le preg1111tó J,falika con un cuamlo son bellas eomo esta ... pero ex.igcnte
vivo interés.
en voluptuoshhl1les ....
-Xo...... me temí estarlo ...... me temí hahermc ilislocado el hombro, l'ero al cabo do
'algunos momentos, el dolor que se11tí,
cal- dormütn, unas miradas en que iban e:xpw.~mlos
mó. l .si esta noche mo Uuele todavía .algo. los dr¡:,eo¡.;. mús hrutn!es y cínicm. La rrofana
.
'
estoy st•guro que nrnñana no I efülró nada.;. En entre tanto, ref!exlonalia. Pineheyra tenía rnzlln, ge dedn .í sí misma. Entrcgti.da á la¿\ brudónde está esa jo rcn?
-Allí, le respomlió la Tofana, sefialando tales caricias de imo., hombres inflamados de
i\~r¡ueroi::a lnsc::ivin: Tihrní'a rncumbiría inmeh¡ tienda de la "nfodre." ¿ Quieres Ycrla?
81, por cierLo, quc Kamr.r me ha asegura- diatamc11te aun ante, quizá, Je hnher recibido
la primer Ofr1.1i;:n de un beso. ~nlre,g-adn11 uno
do quP es rnuy ht1rmmrn..
•
-Es un bocudo de rey •.. dijo la vieja :llfa- sol), a1 contrurio. su alma res.istirfaJas aneustiBI, físicas.
t'I
lika; -ven &amp; -rerla.
1
-ConsiC'nto
en
eil()
J PinC'heyra: que 8ea esa
1;1 "wofowo&lt;le/' la Tofana y la '')farl.l'e' entraron en la tieuda &lt;le cn1:1paü11. Bla11rn es- jo-re11 paro. tí solo; pero d1mmte ocho días. so.'toba durmiendo, y á pernr ue tener sus bi'nzo, lamente: 1m 11ws ó do;-:::. eso :::ería dcrnasia(lo
atados, descansaba runy ü-nnqnilamente .• , •• largo ....
Pinche}Ta se inolin6 en ,cñal rle aceptación
Ningunas seilales de torror ,e descubrltll1 en
1m ro:-itl·o a.ngelieal. Pincheyra la e.~t.nvo mi• y ílSentünientr,.
-Esta noche n las doce. dijo, la condesa
l'nndo hngo mto- en silencio.
Blanca
empezará á ser. durnnLe ocho elfos, la
-¿ 1\o e~ Yonhtd (lllf' es muy hermo:-;11? dijo
e,pnsa de Pincbe)'ra; y al cabo ele esto, orho
fa 1'ofana.
días, será la esposa de los treinta hombres i
Tan hermosa, contestó d ''woiowodc,·: que qaienes lin sido prometida.
sie11to :mrTl!iC~l'la bm p1·unto! ....
-B1~cmo. : {1 ]~s doc·e (Íe la. noche, ,¡ue•lll
-;, Qué r1nü:res clrei.1·? replicó ht l~raud~ cn- conr('lllflo. "\'oy a mu1·charmc. 11or,pw la. novenenndorH arrn_[!arnlo fas ceja8.
~
&lt;'he avunzu. y ú 1n hora en q1w f:-:r ct'lebrará €1
-(/nicro decir, que antes de entreg~rla iI casamiento, i já ... jú!. .. i el casamiento á fa
In:; r:urü·ias cfo mi.~ hermanos, me habl'ía agra- moCTn gitana! ... lÍ hl hor11. pue:;, en que '-f' cerl.a.&lt;lo eon13onarla para nú algún tiempo •• ~ lebre el casnmienti,. 11uier,, e,tai· íll !arlo del
pero pam mi solo.
conde Fdipe de Gnstinc~ ..... Quir.ro e~tnr Pn
Ln ri·ofonn mcncli ni:&gt;gativflmf'nte la raliezn. la ticmm ~e lo!-!- Abec1ulcs." en donde scgur:1-Rntonces no putlcccría ellu lo bastante, m.entG pa.::ará ]a nacho con sus amio-og y con
,u, soldarlos; y de aquí á l. "f',i,a
los' •.\he,
dijo.
·' 1a rep,tr
" ó p·1ncl1t'yra:
• nl dules," hoy dos leguas,¿ uo r, wrtlnrl?
-Qtlc- sa1JC'S t.n.
rnrio 1 puNlc. ~.ér que ::oufriera más. "Po1
-Sí.
1m placa ble q_uc :,ea tu rc-agan1.a, JJodria ~uee- f ; no hnhrfn merlw de 11dvertirme cuan.
dcr que no eon;,:ign.icse su objeto. ~t.• ve e~- do esté ~llí. por alguna .~ciinL q1.w? ...
pirar á mueho,-:. paloHrn,.. al fiolo confacto 1Je
-¿ Qu{· ;-;e hn C'Olls1nnptl1• t:l sacrificio?;, ftU~
}a¡.: ganas &lt;li:l rt1crrh. r, Q1w ~nrerlerfa ,.:;;i freh1- !'!e lrn consuma.do eom.plctome·n tt~:... Segutn cuervos se eeha-~en 1:ncinur íle. nn,-1. paloma rnmcn-tc que ~í; eso m-1 mu.v f¡'1r-il. El sonido
al mi!,:mo iiempo? ..d.ntes que una ~o1o de ellrH ele ln tromptl &lt;le rumiar SP oyB Íl tres ll'gunc &lt;lo
la hubi~se focaclo con f:ll1B uña.:, habria cerrado (fo;tanrin. Kamar toc;,r{i rn tro.nrpa, !iUllmlo
los ojos para siempre. A,í, pues. permitidmc, sea nece~nrio~ rn el t.tcmpo oportu.no~
liern1arn1, que guarde it 1:i f•onclí•SO. DlEmca pnra
---H11eno .. , cuento (·on rfio,
nr· 1mo ó dos meses. Cuando V&lt;) me lrnva can- -Corno coll ·mi eternn nr111c3iún {i ,rrni h1•t~ur.10 df1 elln, e-1ltonce~ se la ~(lntregat·Ó á lM n111na rlelante del sol.''
otros.;4\dr1tás.yo te a~egnro que ~i esh1 e~ hija
Illanrn, sin embargo, cont.itnmlin ~icmprc:' mujl't d(l gron s(l1ior. cleht"' ,:.ufrir 11or b ht1- 1hlrmiendo. mientras que ,í rn mi,·rnn lRf!n sr•
millaci{m de l)('l"L"'nerer á un zínr J'(1 ••. .• 11nr dericlía tiLl rl&lt;'E=llílnra con pablw,s inmnnd,ur y
mi parte, no le cconoruiztiré lo, , :-;L, n.111! -, cínicas ... ó mús bien, el aup\jeio de 111 muer-

·,e

r.

ó ee ali\·in sieinpre cor._ .

~.

TOFA.'1"_. LA. DTl:lO'N.&amp;DOIU.

",;~i~~~!~•:~, u~:~~~~aha~¿~~:1
~/jo~:\~ ~~~Je:~

,1;

t4't

'?,P,YS,

Ya S€a la TOS catarral ó de resrriado, ~eSEA, sE"cURA CON··w~- - ca,nerviosa~ronca,táti-

I!!'!!

IIIJ!LJOTEOA

'

~~oo~oooo~oo~~~~~li'~

La razón e1:1tá. en eu g:ran fu.,erza de vitalíclad, los 11_ervios llenos
de electricidad, el eol'~Z&lt;°lll fuerte, palpit1,ndo de alegríH, que se J'e•
,flej1111 en t;U" f11ecionea é insph-11. el respeto H- !us semejantes. 'rieue

.mos EH 30 Dl!~tnr~11
·

00~~~~00~~~00~~~~

evita la8 urrugaR, refreBra el cútis y r-on~t&gt;1·n1 la her- ~
.['J moRura de la cara haRta lrt vejez, com1111iw un perfnnte (?
deliciow y con su ueo di,wio. las s0f,01·,1H tienen [;¡ ,,'l- ~}
Hay personas que no sabon cómo apurarse. Los cnidlláos de ne·
gnridarl de cons&lt;'rYnr Rierripre los 'enrantos de la belleza
gccic,s son RCeidentales gue los ni.il'an por eueimn. Poeo Jes imp::ir·
y la fre8cura d~ la juveutud.

América.

, ,

"º

SOLO A HOMBRES

Asuntos ferrocarrileros

d -H
e.
~o.

Venta de prendas

E dio. 26 ()¡,¡ Pl'""ll•'U!e ~f! her4de las quo h1t1"'
rOll fllllfªñttdtu (·o 1-'I lilt't- t.h· i\o,·iNIIUro tltd8!1U1,88 111·e1Hlut1 ~111p,,fü1,hai en d mn1 111.' Ottnlne e1du. C!Hlt1.hl1'1lt1clu en J,i,csllt&gt; .:! "- dt!-IJ'ocnl•! Blan-

del est6mago
$e "hallan de venta. en las boticas del mundo
et1tero.

bajo el pl•n sigui.. te:

fura. df, orb'l á diez y P:ei11 &lt;lía~. siu

··L

de lo., 1'tldo1lle Ve¡-ctalct de tlubb, Etito
remedio maravlil!o r;11ra Dolor de Cabez:a,
':t tedMS 11111 enfer =dade• del Hir,ado.
Loa~ig11ieQtes SJ fornas resultnn de 111.s en•
fermedades de bJ6rganoe di¡;-estivos:
fütreíiimlerttc, Dolor -de &amp;;abeza, Almorranas, Acedt-1, ."Mnl Sabor en la boi:a,
t..eni,tus .S1.rr1 &gt;111 ,Cutis Am•1rlllento, Dolor
de Costado, et:·
Plldorlt1.s V.egetaJca. de
Hobb librar§.r aJ. ístema. do estos y otros

~iubab be 'gf(é~ico.

rable :í seis millas de la plaza eercada.
Con objeto de evitar ser ftanc¡ucailo por
los dos lados, el Ooro11el Plumer hubo
de retroceder bosta Ramathla bama,
cambia11do, en conseouencia, 6U base de
operaciones. La lm·ha duró trée J1ora.s,
y la retirada se pfectuó en buen 01·uen,
,in embargo del terribhl íuego que los
bóe.ro~ hac1an llover sobrt: la:i tropa:5.

lié

PEQUEÑAS PERO D.13 6ll!~DES llESUJ.il'A.DOS,
Se logra Ja 41,;estiún más perfectn con el uso

Loteria ae Ia H~neficencia Públioa

dades de Ramathlabama y de Uafoking.

true,' pot: 1Jtlu8{"f'iJ)_tlOGl'3

PARA EL HÍGADO.

ti dfo

1nf'l•m1

El enemigo apareeió en fuerza conside-

'.

REMEDIOS del Dr. HOBB

Up, Lle ·'El 1\-hmdo"

Be th ulia, Abril 9.-0omó' ,e teme
que los b6eros procurarán voher á tomar y destruir d puente que u11e las
márgenes del río Orange, los ingleses
están adoptando toda clase de precanciones. Una fuerza republicana ~• halla Mtacionada á doce millas· a1 Este
de dicho pu,¡ntc. Los bóeros ,ou otrn
vez, de hecho, dueños de la vía férrea
que va al Oriente del Estado Libr·e.
Sus éxitos en Redersberg y Koornsprint los han alentado notablemente.
Lontl,es, Abril 10.-Des¡,achos de
Mafeking, los últimos que se han reoi.bido aquí, anuncian que el día 31 del
pasado, -el coronel Plumer invo 1m

@h,UUI

1

--~---=----VENTA DE PRENDAS

Gmuge-!Jateliere.

,Mqndo." 1----'----,--~~~~-~----

f:e- snp ·

LOS MARAVILLOSOS

coleccióo completa, que e!itará á su ctis- ron f A.OU.\, propio¡,¡ rf1ru 1&gt;s1uhler·(•r fmorurril,
011·11! pRrtt ~t&gt;mlirnr H L" l ,.E. f-e nHi1•itilt111 dtt•a~
posición, t"&gt;Il Nlsn. de nue!-;tl'Oli t:01.'l'f::IS!)Oll-' tln1, pltuwe. dtuloa, limpio~ .
tiules en París, los señol'ea Mayence, Fa.- ALFONSO BR05Ttf\·a, Representante
vre &amp; Clu., 1Jil:vc·to1v:-- ct,,J ··t,,:.1m11tv1r lu·
VE."RJlteRUZ
t.eruaclonal de Val&gt;lfoltó'\ 181 rue ae la

encuentro con los b6!!!I'08 enhe las ciu-

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LECTORES

u ae ADrll ele 1900

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Parn. inaug'11m.r Jn pnrte ile la. yfn, f6- encontralm en ht {·fircel de Be1em. como
.. rr¡,a eu la lfneu Oe Chihuahua Y raer~ pre:;.unto responsu~1l~ rle,1 rwcl 1leot&lt;',- fué
fico, que e,stá próxima á lle..,.ar ti. ~Ciui.lad PlleJ: 10 flYf'l' 4l-U hbArtact. poi• no haber
Gnerrero, se h11een 1mporatlvos de fles-¡ méi·ito, ,1'ª"ª preceder m •~ '?nh"!1.
1tn~ en estn poblacion:
EL_,, ES'lt-:,UHO }&gt;EL E,Jl~~{C!TO
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Cümu uno de ,los números mAs ntra&lt;!La t:;ecretaria de OuE&gt;ml "Y' .,ioxm.a 11 "
En honor de V1J1ebols Mareull , tiYoo· d!!l ¡11·oernm·1
el Yc1-tuar10 rle &lt;leseebo per•
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"'"·" dlstme8to
ten · t que
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ecieu e a fJ~l 1 0, se t:&gt;JUP ~el:' 1 t •
Servicio espel'ial de 1&amp;
t..'1. 'c1e r·ill&lt;'ó mil gÍntt"s qu· e•· ;ldr•n ii en.- pa que se halla. l'il eu:1rtc•l, Clrnndo se
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g~ocia 1_'",._.g.:i~no11 JJlll'U.
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.Elena' ~ \.br ' t 10 •-Lo::; ua11,.;, ¡,ninto de la rfa.
' En cnnnto ,t ln qm Ira ·set"" 1d&lt;1 :1 iruln"I
1i,:rnta
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'fluos enfermos de m'llf's couta¡¡rn~os iwporte:! ]ncrleses ".Kiobt:'.'' y t\.rúwau- Dt•Srle llllf Yolv-erán escoltando el con- 1 . : . · . ·á
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.·,· , ~. ,·~y l.Jasta. ln í'iudncl. donde harán un e mcmer~I · ,
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n:e, que com ucen a O:; Pil~wnero~, trmut',tl Y pintoresco pnse., por las ca- Antes de U.n1~e ei;:ta d1~po:n12 Cm. el r.ffi,
hoeros, bµn anclado hay aq_uL La. ~alud· JJc.,s principales.
tun1·io ue d.e~hecho Re r~~ataha entre los
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compradorNJ tle ropa v-ir1R.
e os cau 1vos e\ uena, sa ro_ cua r~
o n1zll.n. 1amulen, un a1 1e y un LOS VENDEDORES E~ )fA.HTIN"FlZ
casos de R11ramp1on que se d1eron il t1fl~eo campestre.
DE L,\. 'l'OltR1!"
bor·do del " l~ilwa1:~ee.
. . _,_' "Eate trnn~po:• • .
--~-..-.---'.En la I' la?.uela d:'
. )I~:1_t1ne~
. "' ~e la. T\l te será sometido á cuarentena. Los pnrre se habfan estab)ec;id? vanos Jaca•
sioncros se l1an mane¡"ado bien,., prol)a- t'
Ites, qn~ ocu~aba.n 'a·eu, deol~resDdlel maJn•
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ns y ou·os ,:reneros e pn. t'l
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blemente se lec::.. de!.(embarcará mnñana. E
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1 ¡J
l · .. d · d I d'fi '
.
.
ca es, cooca os en cc11e or e e 1 e.o
El go·bernadór de la h,:fo. lrn. siclo no- t· • Onbildo del martes se trata.ron en• del mertado, eran un de:ú"Cto y un cons.
• a d es e¡e ! ¡ Je o1roo asuntos
de menor hnnortanciR
tantc ¡=J,·g·
l1ficado
del deseo de las a11tor1.
.i.·
'
= 1, 0- de lncend,·o
.
· 1, 0..~ lo ·,ufi"mn..
,
. .
'
os s.igulentes.
•ble de Ios materiales de construcción Y
trntar
a lo~ prisionero~ con las ma-,,.•ore-.
DE LA 0r;a DE:\! illCA.CION DE
d
·
.
~
, '
J
~
.
•
-... ~
"'"
vor Io cerea que estal,an u11os e ot-ro~.
con':':1d;rac!on_ es posible!. .
.
, _P~L~CIA..
.Se Lln retlr~do ,el pel'miso para segwr
1. s_efior Ins11et_tor de esta Comtsarra, ocuoando la &lt;:1tad,t Pl~uela co1_1 los_puesPan~, Abril 10.-\arrns ~nb~crip1
1
·iones han sido abiertas con nbJ to Je pmt ~ 11n Que üelndo á. las ObtclS del Sa- tos que hemos descrito, Lac1~ndóse lo
e; .
'
; t::
uewu1eoto, se rncueuua.n en m:11 estado mismo C!&lt;lu Ios veud~dores de frutnc::, lo-tr1butnr unns solemnes honras fmiehr1~s aiAUD!l); &lt;-all
J' 1
·r· li lJ , , . ,
~ t.
.
b
l .
. ' nI
•
•
! r .
- es u. :1 C'1 R-1 _t ~aren zn :,; o ros que oc.:upn a.n ns cerca as
á la memoria del valitnte coronel c11:', ~&lt;'Jón. pbr le que se ordena 1:1, lo.. Obrería .del merca.do.
1
1
Ejér;~to
General en el Bóe- ¡ i~[o~r,eJ~~&lt;1R~r~~l~--r~/;~
de~pe~--,l~·~u~ ita~!
1~º~fnz!
1l1cb01s•1fareml.
. ..
,
SE ~IEGA ~L PERMJSO
del Baratillo, y r:1ue pro,i·s1onalmente se
Los íonclos colectados ascienGt:n yu a El propietario de dos tincas de Ja. ealle bailan en la Plazuela. rle .Jfontero. SE&gt; lt'~
vcint-0 rnil francos.
·
del Uip1·és, pid.ió pl}rmiso plll'a mandar destina la. de Los Angeles pai'tl que se
·
dfm·Jl,or los- tu·boles que esta.u frente A estahlczcan.
•
lo.; e-tlilidos de :-;u propiedail, el que le LOS HO::'lllCIDAS DE "CN GE"NDAn:\IEJ

L0$

,
eOntra los boeros

Jueves

Durante todo el tiempo ,le 111 m,posi- F,m,
clóu Uu!ver"3l de P:Lr!S, en 1900, los lec- s~-d~--------t- tores de nuestro perlódku hnUaráu 1a
e. ,esea comprar errenos

ni

En el Jnzgnclo )o. de Distrito •• le
tomarou las &lt;ledam&lt;ionos 1·es¡wcfYas.
El motorista .\1 1w:·1v Roiu•f~uez ¡¡ue se

'

I

P RECAUCIONES

La derrota del Gral. Piumer

penil. · de muerte, por el df.!lil.o de llomicl•

1lio.

EL 10 DE ABIUL D.E 19ou

de Uro rllJ1Ldo1 y otrog líaxlm lle menor
• Bl'nu.d!ol·t.
f'n,Iibre. El bowl.J,m:leo fOO Wrrible- coSer"f"ieio especial de la
Los colllic.ioua.dos de paz búeros que es.
" ' El et1"mig()
nn-i tllri~h un Pl'e-nsri Asoriadn &amp;ara. EL \IUN'DO ,.
,.~ I
l A
n10 1111,.,().
"'
•
1'
ti~n
en .L."itpo
es, no se rcentan
l l! "et·il"
f
1
tr c:i ta los Xu~tl-ns Bloemfontein .A.bl'il 10-Lord Roberts
,
d
ue_go cruzu¡ o poi· ~~ . r ... d h.d 11• de•l•rodo q' ue ~mlcnz:t ti faltar et Nfpedt·a.n ubten~r la {)31.i cun la uHlepe-11 en
p~ru.J.llas buüieron de ~cr cortilf:1, e 1 -o ...
~" '
~
_ d
e la:! dos rcpúU'l1en.s, ¡Je10 se esft)rztl
ú que todo el mundo .;:e rrfuJñaba t'-ll C-1 ai.;-un. ,·uu moti rn de haber~e ne1uena o rril;n or suh al' sn amor l'O' io ú &lt;'bt~
•
¡· •f
•· i. ~,...,1rilla(l.
los M&lt;?l'O~ ae Ja presa. que snrtia i\ la.
P
P D
parte Que O l~t 11 mas e-e,,
•
nei· tm11.. U'1!gua p:.u·u uu(',:ts ne""'oe1ttr10
Los b~t:!ros .itnstru.·on mnl'ho;:; centena1·l'~ crnda1l. Esm es uon. grn.n d1ficnltad..
, nt•s
,.,
'
&lt;le bomho'-'. ~L~ún parcce, h,ttiibau dl~ Yt&gt;·' Bru&amp;"'laP.i, ábril 10.-IIoy en la noebc 1 ·
,··
·"',
ríücar un ataq1u~, pero después niudnrou mltlrá de Bruselas el Doc·tor Le¡ds, pm·a., Dice Lle~ 1 isber, qne _el ej~rclto l,u! r?
il' lt conferencim· en T'arfs con los comi-¡en cam-pana, es ele tremta y odlO- wiJ
de opillilln. 'l'otlos rl''CfD {Jn-e el joren .
,,. d
'
·homl&gt;res.
.lironje (hijo del G('Ilt-i.'al prisionerol lin ::;1onai1o~ 1lut'!0s e _paz.
~
o_ _ __ . , _ _ _ _ _
""uelto aqaf eon el fin dn ,·en.L.l"ftl' (&gt;11 rles,uBloem(ontem, Abnl 10.-Siguen Ucean• ¡
'
'"-'-1 (-n .•· [·eet o. t.• I ene- ¡ie.ro
do cont1irnnmente
c~b:lllos
¡le refresco;'
trc de POJirtlc~l'uPr,z.
l;l!i antoridl'l.tles
eomnetPntes
calen•
t:,
migo está. rcdhit!Dt1 C&lt;,ntin~entes nu~ lan. por lo JnPnos en cinc.J- mil el n(lme-Ule1'0$(),S

El ,lucz 10. de Dist.l'ito ncn.lm de pro-

l\Iarf!l. llut?rta, manHeEtúntlo1e al PrePolítico que. según Sítl&gt;üt por "El
Imporci:tl." el domin,!o en In farde nn
h-en el~ct1·ko hnliíit m:Lt:ulo en 11,i C'alz::tdn de G~ndalupe á nn ho~1ht·e. y que,
11or las sN;.i.* que ~n el pt•r1ódlco se dabnn, pn_rrc:fa :-&lt;l't: Lrns Olguín. t1o de ella.
no b:r necE1-iitndo nin"' 1
. 1,
· 1 El Ptefecto h1w que la sei1orn. c·mnpa•
.·
~ '
. ..,u ia. meJo ~. ma• rei;iera. al Hospital Juárez. en donde B~
terial: p~o e~tt\ meJorado en ruolHlhuio. encontraba el cadú.Y'(•r, J allí lo identificó
como el de sn referido tfo.

y s:t-ncíllo.
l"
01 mobfüario s;p 1-enol'6 en su totalidad
r se le di6 la colocación· m(Ls a&lt;lecua:
do pm•n el sen-icio. ·
EI Juz;gaclo de DJ:;.trito de la pohlaciún
á qu~ 'DO:::! wnimos I;efiricn fo est:'t
una ra,sa ade&lt;'unrln par.:1 el ~le'spacho. e~

ROBEl{TS

D I! 'A G tJ

:\!LffiltTJiJ

Se l1a11 t11ntzaclo elegantemente loo ele• &lt;lo una &lt;::nta. en la que j;e e1H:crrabau. aJ.
pn.naiirerito~ :r s.-c lrn. J)ue~to en el des- gunoo ,,rafores.
p:t('ilo del Cónsul un mueblaje- de buenEl ¡JtlOet•r::iHlo. a qulen ?e dec·lar6 ya forgusto.
malmente prl'So, Hlegl, rntundnmente ~et
Al repararse el departnmen-to del archl- el autor llí'l dclit0r Ha nomlirn.tlo defe.uvo, se dlú á éste una nue,;'a y coryecta sol' al señor Licenci:uJo Ernesto Cbaonrnnizacl6n.
,·el'O.
La A.&lt;lua.nn frontce-ri11.:.t de Nop:n'le~; futl
J,IBERTAD DE U N:llOTORlSTA
ohjeto il~ casi una reconslrucd6u, u.tlA~·er eu l:L nmña.na se pl·et1ent6 en la
quiriP.ndo esa oflciua un aspecto ele"':l.Ute Yilla de Guadalu¡Je una mujer llamada

-------·-------

Ser&lt;Iclo especial &lt;le la,
~ c l a Régagnou para "El llundo."
Ma!eklug, ).larzo 3U.-Por ~$p-1te)o tle
)eif&lt; horas, nos. er.:tuvieron homllfll'doo.nda
}os federole-8 &lt;•1 dt:-i· :.!7 tl:l'l !lctua1, l'O~.\.

el precio del c11utchú era tle ochent11 y
dos centaw,s la libm; hoy ,;-ate mfis &lt;Je
dos pesos.
.A(111 no SG lm des&lt;.'1lblerto algo que substltn~-11 1!.l ''gutj;.a¡)et•r·ha." en los cables .submarinos. La:1 ntlulteradones lleclrns, mezel!lridi"1lt&gt; ceu.~rnto y gom/1., no dan rPsuItndo, J&gt;OL·uuo no resiste una profuntlidaLl
de má.s de mu JJ1es.

Noticias de Nogales

'ilervic¡;;-;;eclal de la
Pze-liB&amp; A.sodatl&amp;&lt; p:1r.a. EL lCONDO.
LciH 11!m1:1tos deAdministri,ci611 dt&gt;lif'll ,tr~4,.r~. Beumüa, E:;ta,lo Libl'c , ele Orn.nge,
cotJ -PI (u&gt;n•nte, 6 Qllie,i ('I Jll 01.,rt.a11io !J.n-1::), tJ - 1 Ab ,·¡ 9 -E•"él'a ·e. que los UÓ('!'(l!. ba-r{ia
do 1,oder g1•nf!1•al
11 • ~l-' ::;
•
..
·
_
_
j f's··;,_¡er1.i73 1&gt;ot· rnlT'el' iL tomar y aesti·mr
Piifn ta rwbfirtif'lón di" DT"ffol &amp;l"n "'E! \~nnda,'--1 el. pne:1tf' slh:,1lo sobre e:l :río Orna~().
~- "F.1 lmr(l.r('iúl.'' ih)·iE1ir~e á ke R?l'fl .. B. )G f y: (.'0.1 tnl uwtiw•, s~ toruno pl'eCllUCIO·
GOWfS~HEL. fallrjón del l=:ipfoit 11 t-lanto, .nú" I :.,,.,. 1••1taor,li11nrla.i,
mero l. A.parlado •Hitl.
.
.
1 \ JCJt, .1¡1ll1;15 al Este St' halla. a.cam,
IJun;!Oe .Agenks rara Nlntatar trnnricid!A m·
.
, .
. ~
- •
i.:!ue11, írHll&lt;:fet&gt;a ~-- bt·lgal'!, paro. ellle pnKiñico parla, ~--JII. tn~rza. bver,1. • ,
lf-J•rr,ent.r.ifosen Mé&gt;:iro J}Qr Joti Srtie J. La.LaEs un hedio que los boe1os sun otr;.1
dit•Sti&lt;:&amp;,J' u~ .• Jo, s,"s,MnyPneeFavrt."éfa. de ,•ez dueüos del fel'roc:11·1·n ornnglano ha
hiriw. ·
da el E¡te, y -estil.u -muy alentados poi
sus trlu,ofo~ en Redllersberg y Krous•
BtFRE8O EN' PAE'EL DE LA COlrPA..:.~U DE pruít.
LAS FÁBRICAS DE PAPEL
Londr~. Abril 11.-Anrel' c:.llJlegrafi.6 lo
¡::JguleDt('! nl •·st~u&lt;la.nl/' ~u C'Ottt!'SPODSU.l
DE 0 SAN U.A..FAEL Y ANEXAS 11 S. A,
'de Dnrba~:
"Esta.u 11::ij:inrto numermms tropas pa•
.1.
ra su emban}Ue íL 1A Colonia del Cabo.
L7!. SI TtJ~etoM
Yn ~e l1icip1•on :1 lo. m:u· clos regimientos
También el Gen('ral Il1ut, n . rnmbo 8.
Cabo, J&gt;rol.n1blemente al mandp -de eio;as
tropas.''

j

Los bleros alentados

SEXTF.XCBDO A LA ,T'DXA Dl!l

rróximaruente pasanl la causa
~lt . reYh;ióu,
EL ASt;NTO DE VtoLAC!OI\ Dl'l
CORRESl'OXDEXCIA
Ayer en la mru1ana Cf'ltm~o en el Juz.
ga&lt;lo lo. e.Je Dist1·ito, el ll.eñor Doctor S.
La. Oficina del Consulnilo Mexicano eu Yegaj aeclamndo sobre el asuntu lfel delito que se persigue en contl'a Q(' Jfigne&gt;I
Nognle::; 1 Arizoua, ba sufrido una rcpa.- Guzm[Ju, cal'tero &lt;llJe fu,é sorl)rendido por
ratióu complr-ta. en s11 interior.
dicho ~ei1or y por 11.na srílNa, rompien•

al

En ·Mafeking

ron &lt;'onsirl-eralJleme.Dte. Hace dJez afios.

1

--

¡

Ge¡:eate,
l'.Í'ars 191 aimntoe ; -&amp;~.a1•chSu, i!U·i@~eil CldCll' rn .lef0. ..
·

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• ·········••1••·················- ~

-'••ooN•~•••••••••••••••••N5lm~

EL IWPDBGIHL

. EL lffiPDRCIDL

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"-SU ALMANAQUE"ctrcularámi en los primeros d.:fias de Febrero.

-'J••••••l••e•••••••o••••e••••••--•

.

TO~.o X.-MEXICO
-NuM~ 1,474
.

Que lo que Produce
He a,qn! una rufirmaQl,On q,ue pavece
dnvierosínli!l en1 labios die 1Jn logl6s roo·
d«nn&lt;&gt; y b&lt;&gt;mQ,ro de Elsllfl·clo. Lord
!Rc•::;ebery 1 11..111·ilnldoodo eu el banquete
de la Olimarn. K1e Comerc,io, W ol \er-

krutll'tpam,, dl,i-0:
•rfilnormes eJércHos eufbren la Europa e11tern. Se giM':tan muiefuos-- millo-

.

sar, Y Agente el señor Lic. Don José] bucJ.6n del agua de Los Co1'ó'mos, en
?ilnrfa Zepeda' y Gonzilez.
.Jos principales 'barrios di:: la cluda(l.
El Ministerio Pfíblico ,es una ma.- Para ,este- ser,;-i clo, el Asuntaml,ento
gistratura institufda pal'a auxiliar á. ~!l !'l pone de cuutr-0cientos -c ubiíl,os de
la administración de justicia y peclir .l:lOtencla electrlea.
la r ~c· tn aplicación de la ley en 00111* *
bre de la sociedad , defendiendo los !uNoti'cias ¡¡roeed,?ntes d&lt;i Ciurlad
Gtrnm!i.11, dn,n cuenta -de que el mlOr1te1:eses de ésta y del Estado ante los
Tribunales.
·
&lt;'01~$ de íla semana pnsnda, s·e produ-

*

jo

LOS QUE VIVEN

EN TRES SIGLOS

un 4i'S•Níndnlo eotlP un grupo

I

Durante el fil timo mc-s !(le reglstraroii en la población u:~ cll•fnncio11es,
04 nac:lwleutos ;r l:! ruutriwonios.

**

l

li(.

M,rtes 12 oe Ftbrero de 1901

LAS REFORMAS

LA GUERRA

gentes d•el pu&lt;'lh 1o "/1 una p · rtiila d~
gendarmes, l'e!'Ultanrlo m11 ' rto ei J ,, .
1· fe
1;1,e la Policfa. Con toda pron~:w1l

---------

{Servicio de la, Prensa .A.soeladaJ.

DE LO QUE ES CAPAZ

La embriague~ "SI el delito

Lon¡¡res, F eb1·ero 9.-,.In.formana de

UN EBRIO

la ~abfa Ce D61ago,i, que los lngl-eses hoµ oi.: upa(l-o IDrmelou y OaL'oll~

s e refocz6 el Fien·IC'io · d 1':!i Sd:t11ruln1i,
DiltS en e~"l)e1ieu:;¡ciias 11ll'tlirtaa.•es que no
(1011 un •destnrcaane.nto d~ fu err.ni O\•l
Exjstc- en ~uizn una pPq11efía. pobla~
pr:oduce,n lll.Hlda. "La a;dlqu-l1s.ilci6n de
g~f':Hlo.
cióu
que acnba tlt- l'.-ufrir un be&lt;:110
La
moda
y
las
e::lades
fl.ln tcrrilot1i.o por la. guerrnt excede
Al_g:nnos ele los com1"T'&lt;'iAnt-es {!ne fin trá.gico, que In. potH~ ,.m alarma. coneno1•memente en costo, al va,lor .mn1te•
De.sde q1.1,e nios aib nndon6 el óltimo 1fli'ac:; no~ados:: c1m1s11rnron 5'!\JS r!='i+ahl?- tl'tl el n1cohollsrno, r ('Il la necesldad
a·iaJ del territnl'i'O, A nirugu.wa nacjóa siglo, par€'l·,e
qu~ se ha puesto lá la c·m'·Eln1oi::, hnn · 1&gt;u""to A abrirlos, i'E;n,. de combatirlo l'Ucla1::1-•nte.
tiene c11enta •ha.l~Pil' la. guerra pM•a nd- ll,l.od:1, por _lo q.ue la Pre ns-a consJ.gDia -¡ nudá.ndose el trA!lcO.
1 Cerea . d{'J Jugo ch: r:t_11:ieh,' existe ln
.::u.,hi·r territorios.''
-el dese,-u•h runiento de las perso-ua:s
[ ~unicip,_1ll_diul, de H 11,hbe1;r, que ha

,

CODIGO PENAL

--

1 La Aduana Mnrítl0111 récaucl6 en
1el rues de Enero la suma de.
$liü,5~0.31.

ele

Oirculará.P 2n los primeros dfas d·~ Feb rcro.

e .........eo.1&amp;1•111••·..........--___0 -

EDICIOitT DE LA TARDE

'

LA GUERRA CUESTA MAS

"-SU ALMANAQUE"-

._

Nuestra iniciativa y el Señor Juez Aguilar

que hasta. íil~hlnann,e311te eran
pu·estos b6•~_r-011.
Los bo,e.1•0'8 a1taicaron u.n tren postai1 •cfo Na1taíl.
Los ;oicos so1r1ados
que lbwn á íbowlo, de M a,g otaron sus
cartucllO·-S, 'Y e,nton.. .ce-s aquéllos roba¡ ro·n, [t. J,oi.;:. pasaj e ros. penm ít i'ehdo
vnés q1.1e el h'-eDI sig:u:iera su camifü\

----

Méxlco. Febrero 7 de 1901.

ia.a

11l:"L\nua11:tt~ pinrden sin oazrá.cter

tnUe!-, µmr,a cu,·el'Un·se .en aiteuua.ntes,
6 al w,eoos p,n,1 co11ducl'l.\ &lt;:olllo ltt.tlr~
Pr~senite.
ma. .. J.C. lmpa.1·L~ia1l," á 'la -at in1uaclón..
Muy esitiruado_ seuor nn.io:
Este, N!, scucmumerute. alJsurtlo.
''eº.tt tl!d 1I en •·11
t sola
DOC: h e, no.
l\•ro lla&lt;,Leulllo Ú U!ll lo.do lfil polém..J,..a
Sido .,.
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NI il[)t~ctlalJ:Le é b.1 ustJ.ia&lt;lo dUW.1!0 quo
,.
l)Ol' un 1_nc?ndlo. Lh. pol~cfn. 1ll'J'~stó
H:eTSIC.'11e1. CoOO'Il,ia. dlel OalX&gt;,' Febl4e- ustw&lt;l. 1u:itJge, -h a 1.lHllUIU0 á su 1.,tu:go en lo que n, t!iSlt, tfl'U11,to se l"eti-ere, porJ
! ~l Incendiario, m~ tul Conrado Ilhz81, ro 0.-..\:se,gnra nn dies•ertor de las !n. llt.'Ji!Jll.::nt del aDtlcuJro lle. "jj}.• )J.Wl- q~e eo último runú:J'S!il::;, !a cue~tióu &lt;-1u-e-

:¡:¡¡ om.a.lt· t~rm'il1ó d-iciendo que la~
h1d1ns e.u el si~lo XX, se-rAn come.r&lt;·JolPs é iü.l1U1Str\aJes y n~ m1J'w.r-es.
A.:ü sea..

Carru"]e dentro de una z~. ~11 l

Señor Dluiootor de "El Impai,ciS,:,."

d-es-1

-:.

0

centenM·ias, 6 sea die los i1odh1 i-duos
que. 1ha.l))L~rlo ,lvi1c1o_ n1'.,g ún 'iiieruipo l
ia:o.tes de 1801, pro,s1gucn ex1sti,endo
!!
i
d'C-$pués ele !nielado el año 1901.. A
--zt quien los vecmo.":I tenian
por un fnerzas del G!ene-ral d:e Wet qn-e, ~3te ,lo," cu.1cwmht:.11do ú. tl -i.wosom,r kl ne- &lt;.la tellucid::t a una loeuC"i6n i1u1H·ovl•a,
_, '&lt;1,oro ingo
buen .hombr""': un PO"O
¡ p Pl'O ve
• \ •itr3.i t a con cnu&amp;111wwcb
.,,_,," á ,o;ut;, iso.1da,c1~ c.;f•siduU que ilt1y d,e retouuar n,u-estro tltte uo debió h;llni;irw -elll""liea,do,
11&gt;
esto.s mo-rt.a1es, se les desii0,,.,o o como
Enttre lo~ c·an,11i:i_jes que w
...
.- e"uro,
u.~
, a,e 'tqclo
1nofens1,·o ·. !!
'~'"! ron~
f s.,,_v su y á. menudo los npriSiiona. ~'uchos.
...,,..., t.:ócJ.i-g:u l'eJ..m.il, en 1¡¡i. ya.rte yu,e 'l:iiC re- rua.l ¡.uu:ece no tenp,1• l:rn¡&gt;ortaaoolia aIpnrtíciJJ,es d,el tran;sc:ul"so de tres ,si- E'n la tsi1•~.p 1•p,g-resalJrtn ñe la 11-iaza
.
· rn,,-,,
1
glos. Y ti me!:Udn qu,e E'e á-e scubre unr0, toro~. Y-&lt;"n&lt;a lia C'R1Tf"t{'la die -sltlo que cr/.11•1e11 en. l~s si:n~lr-ute! t€-1'm111os:
o tr 1m~ ~11:'í.r' die~e•rtaudo.
ti,oi·e (L OOs circ."ll'nstuncm:s de, fr{..--&lt;.:uen- ~1\ j~~n!~t~~-t.k f;
u~un~
aparece oh·o más, pasa.n do "ª de ,a. -~:qha P1t•m,t,n Go117,¡!¡lez.
1
BI Oomm,..o (ilpmo, ~o_hallrn reco-Ell PI'lfll~idiente St'e,.l"ll
_ v. el Gr-nerad. cia. dP.. d"•Lito y tl,e em,Lo:ia,:,r,u,¡_ z iu•
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,.. rrido lns cantina 1 z
J
b 1r
nMe 1mportaucla cn:p :tnl, 6 sea, de la
PJ.'i,as centemns lo.s que hnn ocu;pado fa
El ,carnua.ie vol'Vfa.
-dle'Soeu'f)R.do. .
•·
. s l,-. !H"ltl Y a 1 a ele W'-e-t, 11-eYaru e,n persona su rifle al ~~m11.~~' !i.' tin tle q,ue
J_o sur.:~__i~o cil'rmi'it:.iucln de eml&gt;ri.aguez, que Ja
at,ención p-eiriOOfstlca.
rt t "•rfa vf'-1(),..-t•rl!'Jrd. ¡lot· ln enlm~,, OlW 1·1¡,._i::re!.:ado ebrio ,\ II!·1-rl1l1crg, con ob- 11,, ....11 , .. n.
~e t'(l.uisllle'HU una l u_ua, cowo iu,01:a- ley •~timn c:omo aleuunute de t r .
10iudnicl diell, Qalbo, Fléb-roro 9.-Era
:\rás &lt;1.1ne e.I nú.mero ele -estos zene• coor.u~ á. B-e1•erm y qu-e, se encwérntra jeto de r°.(·o stnrme. El lmie's se,gnf l&gt;eb. J: ,11-0 couJJO imtenuauitt.-»s &lt;l-e llJ- c:!a-.e, parn dewostm,i· qu-e estllt!
ra-bles vestiglos de •épocas pasad-as, 1Jort,rlN1:ñ,n por 111na nrrrl'n1JJ1fb1 zrm1n.
bien~lo, Y por l:i 1n~~lt•, m~ scntf:I rnny ir
·1 o:: r:lo r.-· rrn (lo por .el GPne• 1:~,pus~b1liLlad.• ,
.
.
1&lt;' fü-..iti&lt;-nUa y que "El imparcial" no
á
conv{'ndrfa conocer cuál es el estudo
IJO-s ,rnhnl1os flllle ti'rn•hnn rtel ve;hfen- nlegie. :\fo cnconti~ c·ou un vemledor rn/1 Firench
Yetnte b6eros salieron
1'o t:.Sla:tlu tl~ aoo'€'1do -con esirus ideas, c~til ett
juslo ail .¡t, . iteuder que &lt;l
10
de Mn respetahJ-es minas. porí¡ue sl · lo ¡.,e, ns1:1~M1·on nl p-R~o dlP 1ma lo&lt;&gt;o- an:bulante Y le comprn tres ca.1as de :1Tií de Eob'fle J.u, a,·ammdn die Smi1tib me ,p e, ,ru.i.tl h¡µ:er _aJ'o&lt;&gt;1.JJ.Hl-S OlJIS&lt;- na,t lo- hfa sur .n.grai\·ainte.
e-.
• tlltimas notes
1
al~o puede eo-nso~-nrn,os de modr jó- j fl'or'"O'ra. íl-e-1 fe1TO&lt;'BTrll rlf'tl Vnll'1.'. y ~e f~~foros i-;necor:.. r _me fuf á neo5:.tnr. Po1 ·1i{l::t c,111 Rnrtwffll, el df-a G; pero 11-1;:.." ll~1-e ··EJ. .llllil.Klo" tnJ;,·o la ct ttereud
venes. es que, al tlisfru:tnl' de la zJr't!a: flp~1r-a1-nrn. y-endo dire&lt;M:nm.wnite A. la No P~ldleu o d,ormq•, me levanté, Y fueron 1.'\:Wh'8z.adoo con grandes pér- e.a ele rpu;IJ..ka.r, llabh!lldo Jlegodo to-j
~
.
. * • •
.
h\('hnra. Tiidn1go, Febrero 8.
Jar-gos aÍ'io$. "'se anubJ.an y se pJell-' rrimiA ldcriOO cay~l'Ollll c001. todo y ca- a~ordan~lome qnp /'.'ºfa f~~fo1·0:,.;. m_e cl'cfa~.
u10 rt-su·,ltado de rul esttHLu á esta
. l 11 dije en D)lJ a.,1,tia. a'Dltie'J.'l'OO", que 1&amp;
Se hnn esrnblecido en él Cuartel de d:eu ta maror parte de ñas faeuHades rwvfPla.
vmo la !den~ Ir .1 mec&gt;!1dlar 1a :;rrnn·í'nrnr'lrlor-1,
0o1onla d,el Cabo Fe,. c01Hi1.1&amp;1óu: No es jru.stlific:ada la iieror- Cll'&lt;'tmstn.~cln 8.f,0:l]¡Ufmt:: &gt; de ,q-ue se tra•
Oa.hnlleria &lt;le fas fuerzas Oel Estado, qu,e coo.f.rtituyen -el encanto de la
El co&lt;"hero &amp;u.frió U,g-eras e..,c:!('orMndo- ja. de mi antiguo nulo Hitz Y de 1Vun- brero 0.-J"inetlcs bóel'&lt;i,s .se en,rnMJ- m,L c.:uya nec-. 1s::1da.&lt;.I ,se iaJ.,vooa; lo. l'or- ta. IH'i,: tstta para ipros-pei·n:1·, d.e tres
\lTIRS cáteclrns donde p11C'dn.n apren- existencia.
11·P-&lt;:, v d~11k a.e 1m1t m11n.lob1·a die rlerly. A,sf 10 hice, Y cuando los bom- tran romo á 11U1e1•-e mHJos lde Crna- que el Código collsiklera como cireulllS- con:t1Jclo~s: Que 1n 01.uhr:ag·u·• iz BerL.
der ]..'lS materias necesari.ns, todos
No :-:omos personas qu-e puedan con~ n,1.....,,'Tl1ls horas, se logró saJCair el ve- beros. l~egaron. yo C'Stnha en el lugar fl-einet, y en el Tiecio1c1ario de Ros-- ta.n,,.:,a agra.v,ar1tie y mo como iaiteooon- ar•(•id2rtaJ.. qu.e se.a __ Inroh1,u.t.,t•hi, y
,aq1JefloS eindai1anos que deseen filln.r- fund!rse con los ilnstt:es crntenarios hfaulo.
.
del Slmf&gt;s!ro, Y n1L' puse A homhear mea'd.
Le, hU ft'lt!'cneruc:la. d a dehito eu e. hi- que J de1wt.o c~etu1io sea de a,queII
,sp romo ofl('1ule-s r-efl.ervlstas. Por lo á. (Jn1e.n,e,s dedleamo~ estie Te~uerclo. Y
--------'--• .
con nrdot. A pocc&gt;_ me escapé. Y me
----------gtlJ' ,e.u qu,e is-e comete. ~o. Po1•qLle ... s llos ,i que e:Jn. P,lOf"o,ca.
J)routo. yn lrny unn doc&gt;ena de indiYi- ia·uruir¡ue bemos asisitldo á. loS descu·;1.r-r,- fuf á. b:her mfts ,·itio. Y DlP cl!rigi il
ju-l:itO. et.Ju1ta1Uvo y arr-eg.iado :l la filo·:El Imp31I•cial," ,afirnm. qu,e á, peM;r
&lt;lnos perr,,Df~ri~•utcs ri In huena soC'le- b1·imiein,tos lnrmortales de Pia~te-ur. y
TENDENClAS
In gnrn_ta de BlrkPI, f!-D la Wenqi, la
MUERTO POR CONG"ESTION
~oJía da lJruec:11:o Pern.i.l,, que ta. em- de. ~·:trric·te'l· o-bstruedO'l.lis.ta d...~ estu
ll:id. que están {'Studinudo Pon todo ti. la creación &lt;llel telMono, éJC'l fon,ó.
que ince~dlé tamhl(,n, aynrlnnl'lo en
ALOOHOLICA.
Uriagt:.ez, sl,e.Il/Jo mc:ciluenit.Jl é inv•o• r t1.Thll!do11ie.s. soa por lo ha1:1derundo ele
C1:lJH\ñn para prei::ent:ir, 10 m:'\s pron- ~rnfo Y de la telegraií!:I ~!u hilos. to.f?egnlda
los Uornhe;os cuando lle'1rn11-an.a, wteniú,e ·en vt1z da a1grava·r Ja los t~nnf.nm:¡ emp'.,e.1dcs por 1n 1l€'y pato posible, t:l examen que pre\lone la dos estos he,nhos. que tasrribiriin fe,raron. 8€'ntr mrts s,·&lt;'1, Y se¡?uf bebien_.Ayer en la tarde, salló de una pul- r,~pon:5,31&gt;-iililla.d de!l a,ge.nite dcl de.ito. rn C'XJH•-esarJ,as. sea por su i~uctitutl,
1do: poco ~N:pur-~. Y llac-1&lt;:"nao un .amn qu~rí~ de la calle a.e Santa Ana, un
ley.
&lt;"hns en la Hl~orU.1, se ll.an sucedido
;
Coa uste motivo, ~-w lmpa:1-cial" ha rl liorho es. q11e os T11ihuna~~ a·!lmt- ·
**
Uln rilp1damen•ie, que ,n.o han marca-f('ldPo. 111:':-,Ue ti. la, grnnJa de Schoe- indlv1duo que se ll3..lllabn
Nicanor. pqhlkacl:o dos artfcrul.!O'S, en que ,se t,.!n •ens.l sw-mpre e~rt .nt iuman:l'e, reTral)ajando con torln. adividnd el &lt;lo líl'lui QllC' breves bm,presiones en
He aqu! las o¡plnlones d,:&gt; un notab1e Dfnberl,!er, antt~uo consP-fero_ nrnnicl- llJa enteramente ebrio, y llevado por huip1.m~ :·a tiaa'0ll de domOSitra,r, qu•v es- s11lt:mdo a,s_i ~niJto·biriamen,t-e beneflda.-Jn~z 1o. el&lt;" 1a. Instnneln. SC'ñor Do- 1 nnestra &lt;'Xistenci34 puesto que e,J e-stndlsta Inglés, Lo1,d Ilo;;ebery, el au- pal. T le puse _fm-•~o. 1\Itii:- 1eios, In-¡ algunos arulgos, se alojó en el mesón ¡to:,- illl u.n error y lleg3. en su en.tu- r'lo_ ,,J 11ue de.'!itniqu.e eu estado d,e ewt11,il1~npz Yl1,1nt'),:. f&gt;TI el fl:,':llnto dC'l ro- º"º?ltt-&lt;'fmJr,n.~o de hoy }l¡tJ,('e que 1108 1tiguo ule'atlicr"
drel partido líb ral. &lt;'f'._n~,r, In gran,rn di:l j_nez de clistrl~o. 1 ele San Antonio, situado en la mJs- s.,a~füO de polc.iimicsta y ,en l'-U celo U,e t,rnnrnrz.
bo íi. 1n Oompañfa d~ H('al del :\Ionte oh-1deimo~ r1e111ue. n;pareció ·e] ara an- ; cerca dl'l carácter fJU? d~be as·nm_lt· Vi Pmmaim, :V: pot· 1lf!mo. Y para 1r- ma calle, en uno d~ c·u_y_os cuartos, ¡tll•f_t•~l:$01' .~le los iute1-eses sociall-es, l11 YL•a.uoos cómo e~p1ica ,mj Uusti·Ado
y T&gt;:1clnwa. hn. lo~rn&lt;lo l'&lt;':oi?t'r rerca trrln1•: JJR"a,n, los n&lt;'-ontecfmir,ntos' ant-e l'U .Jo .f~turo la enseñanza secunda¡.a me_ ~ arostn1. ln?~lld1~ In rasa del 1 fué abandonado por su:-. amigos. Po- l Ntllil(•:Jr_ r_. mousti-uo~o ai. CóUigo Pe..
I ca.~uicer_o G1~se. J ite fuf .~ meter al cos momentos_ despn~s.~ el ebrio mo~ 1,.;!: _1.n .rn pal'OO del&gt;atidn.
1:/' dos mil pesos entre dmero Y ob- D?$:Ot:r?s. ¡;¡ln h:p;pi•p~JGn nntnhlP, y su :r sup::.inor:
.
iS1gue en i1a tercero ptrnoa..) ,
j~tos.
&lt;li ,·er~1dll!d n.o incita nuestro inte-rés, 1 ·'EJ s'.glq XX ~~á un pe'ríodo de com~ 1 lecho ttanqmla.mente, ... !!
81g·,, cr-e,rendo, 11 -pesru· del talento
~
1 rra de cougestJ6n alc:oholic.~.
• • *
enn1 aC'Ontere al lnb1•f,ee:n q•ue (i1n,Jra- lpet• nc:a internacional casi feroz en - - - - - - - - - - - - - - - - • ' - - - - - - - - - - - - - - - ' - que roYela el~ se!'fitor que me ha &lt;llsF-1 .T&lt;'f-E" Polftico ele )ff)ztitl~n. con- mente S€' _fl&lt;'U;p!l éle,] cnltil"O (le, RUS las artes de la paz. mi:t~ afia que Pil ]ns
1wm:ado a bomn-a de OC'uparse t.le mis
flti,rnlti rapturn1· el 5 deJ prPsentP. A. {'t:lrn,po~. $ID Jlrenr11nar]e el tiempo que d la guerr1. Por esta razón t~ndrá
~
rar.on:1111J.entoa, lJUe l!a eUJIJ,, ·in,gu.ez at1:t!': trflS V IDPdin il-f' la mañnnn. f'TI p¡. hará al ñfa stguien1e.
el Reino Unido ur.s?e.nte n i:-estcla&lt;l (le
C:idl'i.:.lal é itn-o~;un,tar:a, camndo el de- r l·I dio ::!H il.J ('nttiPlltP ~&amp; h111ii ('jp, ra~ ry11~
rnl. ••im:n r1·i111in:=tIP~ Qlle el dnmln~o
----------fr,rnrnr hamhres rruparei-1 ele ocnpar
i._ V
lito &lt;·~ de 3:que!Jos á 11ue t):h. pt·o,o&lt;:a, í1iur·n11 , m 1 , firidu., ..1 m,, 11 ,i ... ~, n•if-ml r ,le
27 r1P1 nrt~aclo asesina.ron á. Don Feélf"q1das posir-ionE'c:; ,11 toi1~s 1rs ~sfP.-t.t.,he 5-t'l' s;:euup1·e at,e.1nutnte, ni:.ui,;, a. 1n11_o, eri 11•~·•·1• ..-1tu,11 f~ f'li :11 2:.r::. f":i lt&gt; t.a
1a~1·a \·ante die la l'éi'1¡lon~a.lJ:i i&lt;lad. Por Jn \ •1·6rt1•·11 , l'IP. '411pe :\lf'ndoz:i.
POR EL .E.STA DO
r:i~ d• · la •nct'-rid·n 1 J,um,,· a. T· l ha•
L.... c;.

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Oficiales resrevjstas
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•';-te 1.11oth·o y po,1x11w la Jrnhi!i,1:Hl '""D
Los lnter&lt;'i:mans en ell:-.s fntPdJ'n o&lt;'nrr1r
1
'..!Os funda.m-e.ntoo. en remno
dehicfoment~
•
- -L---{r._p.u• •,f.f.t'a1a
-e:-.l)n
,stos
,, . hábil A snrarl:i"
. ~- 1•ef·rui·i·III
• ' ' s 6
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.. ;
presen, n.1 !';11 ._,.nra. la nu~ 8e !inri'\ ron
Pn('hl1('fl Pl :rnive-n:arin de nue~tra
rlrti ,•fin r:euu",c ar ft. que st! hfl&amp; n s11s
,.
,
_
1a n ·1 JUIC o sofbt.cos, en Q'Ue Uest:an- arre.;fo al Reglamento ,. 1,.,ente· d"I rt1mo
·C!1r;a ).f:if!nn. Acomn11ñnron á la nut ""sefinozas ◄ 'Il e1 1atfa y en d grle- . V~ desa.17 01,,áurtt.,e de tal llil,Otlo la I TuY·· oc:isJ6n de, acomp:tñar una pe- s,¡ Ja tes.is íJU~ combato, pudJer:t ex\l,&lt;xir·o, 11 .... l', brt&gt;i,~ d,· JH~J -lt ~
lrlProsa rnn,:+•ya, fmmait:1
nor tos
_
go.
! nfir.ón á. In.s fX~Q:·ae.on-es e,s¡Jont.1-, 1·1ueñn joi"Irn.da á una se.llora muy co- ll"cH·Ja.r &lt;1.ll -criterio clel ptíbllco en m-:1.- í ALI 1':
1 ~. l:h: 14u
fll~""nn~ ñP h1s f,-·1wl,'l~. ñe1 Tn.;;tltnFerrocar 11 _ El
f
"Yo m1i!;i&lt;&gt;ra Qll!" RP in:1u21.11":1se en ; nea~,. ~ue _s-e
{._tima.Jo una e.,,1,wi.;l_1? nocida _en e1l mundo de las le.tras. y {]Ui! tC'1·in tan hn~oi_tmte; me torno ln hi-1-E -,llu :!3 "" hnrA ""' 10 !1 ']IIP hiPrnn ·,.miieto C!f'ntftiC'(), e; r¡Jf'.1rlos ;r; lnn&lt;•innaD:11 • _r. es.
e_cc ar.es.
tmfas las Unlv rs;Oad .. s b,tun;ra~, ~-e p1onmprs. Y\.l'llade,fllll'ntl~ ¡xi!- 1li~ v.~JaJo. bastante por Amé1·ca. -es- bc•rr-a(~ ,d~ ~-lng11· A US!,ecl Ja p1·ese,n1t-e, ft.nt1·11••11,.lm, ... rJ,, :-;,. .fi,,,i1,·,, ,l_i1o Hlfln. ·,.n
r; · .zr1·n .fn,, '1;' ,,n,,,rnrh,nei:; PR~rloJ . . r.:. 5 mnte11aJe=
1in:1 fa,Mllta,d de romtrc·-0, lo qnP t~n~· ;_,rcy,sa, si se t1, n_:e ea:1 ~euta que, n-o &lt;·nl&gt;i,e?Hlo "·los usos ~· cmtumlires'' lle pni-a_, ms1sti1· ~m m.is 1de11.s, 11ue ctes- ~ª :-11:,1 ,-11,n,.1&lt;11, .,n !a ra11 .. 2:: Qp ~en Ju ■ n
b ~ Y rn ·
· ··· ·
r-on !::11s rp,;:nr,po'-J.
&lt;lrf'n ,,a rlnh'e ,.A:'llinJ·:1 de .p,sH,y,n'ar ,,1 to11forme!-I con 'krl.J)'r-es1onarse." e,Uos ~1:s tlift'l'i!Jlt -s 'P11t:·ill1us. )l.fi-:; tarde- cu- ~1Ti1 J"it1ll: en ~ta ,·ez, proeuraxu1o de- • 1L11 ' 111 " 1 .. ,,,.tn.
La E!".l·pr~a d--1 y~~:tn-'I e~ t r~ 1 _,.,! -=--'~""-~~--.
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F P~·1 .,,. a !pu-u ,c_o :n 'l'~ a- y, l1 D_ m llH)llo e
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1 n•"l'J: ,[r._,1, f't]j1&gt;i1ht Ji,~ íl!lt-' T,.! :l 1\p., ¡\. ! rtu-Jo. d ,. cr,11,·ea e:ic- ti fWl'•:t;{'Y, •; ,': r "'11 Vi&gt;'l tri. 1~- m•!f·
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· 1éS ur._~(-s:iTll:l •i!a -re,n,·.:ut -11(,; 1a 1~·.,· &lt;."1 n:i•,·3:lo .ti -r.,.g¡.ú~i¡':i:LJ°.\._-,.u:
1~.s r~ ..:es Y material .f"O(fn:°t.e n-E&gt;c€s.1- h01m:1-r 8 onp ~l.i'in r1,--~•1narias A OC:l· pnfs de las pats.ta:i~." •~Los a:Hro¡llJfa- ~ -¡~'úlgam, l&gt;.o~, y qué modo de el 1nru.t-o dk.~ que ~'2 trata..
h.tt:x,c-o, F1•t, 1nu e ,! .. ¡1'1;:J. _ :¡.º""' H-..-,
r10 _para la pr~nta. t•onclus1óu del tra- 11 :rr n(l"liciones pre€,m!nent.es en ]()!'-; n1:1- gos d&lt;•I Urugua.y," "A la caza de mo- meu1i-r ino1;e'nt€!111-ente!
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mo &lt;:ompr.n&lt;l1do entre Sa1Jta A.na !!'nrin!'..,.
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1.-o~S'i&lt;let•;1da m ttrmno hllbil ;1 sarai;·a~. ,-e.ri·i"ndnt·la.11; 11&lt;,
me .Tlttl, eJ ninl mirlt&gt; -00 mettos &lt;le Agosto 6 S~pt1e~1hre prox'imos. se pon-¡ n~ ...·or"o:: y- "Vf..... irr," Yn no rn~n r-:n g-e·-LH11', ,que le per:..nlt 'D cooul"'r ro.ta u l;.1 e.sc;r1t11n1, y ... Oo que ttnfa &lt;1u~ JhN' 1:i -1- ,y, no i.:or..uo ei_ ¡-,·•u-11,:.;tanua :1:;:a- r11·esrnd:ir ~-11 vf'nta. 1a ,,n" :-"" IHF:l c-on
lt&lt;rp-n por, 10!' de nncho. Una vpz 3
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quirido. S4?_ ronstruirá. en él el Pa.n ,1 P1úx1ma.men e s,e, a,brrrán 1:'n 1n Es- el griego.
!.:L•t·,aC'wu y v11·a p,)rc;Oi1 t.l.e ·'L-tUH•::1- ü~:,:•1117.0 t&gt;n eJOgos nicc-rcu ele .m. cr-11- cer .,o Jia Ilf:!(•tJiti~~h:-•Jóu c·on,,•:1•oor11¡entc ~, :rn.i ,r ' 1 r, 7,h• 1,JUL-B J •:,-.. ,,"'
tt"ón E~pauol.
.
.
·¡ tnci6n de G naCa.lupe. fas nuP•Yas y es·
1des recornellfl:1b·e~i
.
s,-·n·,\.t· . .',u de uuo.::: e-amino-:., po;· 1.,}; !SOhre qu •. t!U uu _-,f.t'l\i CO-.Lgu í::S.tá. e;s- -"~'('\.._e'::,'' r.i.~u..
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r.ri nue,a 10
Jnnta Dire_etiYa de la Be- , paciosa-; bode-zas; qn~ In C'!tarla EwpT'e-.
Los ll,1,y qni• h:1!J I cnz:ido elef ·ntes quP d-e ordiua·r:-0: trnu.~lbiu las c-a,l&gt;ras q·:•to -lo c:on-rrarlo. Jrn"'-~ que ali ,S",e clu- . J·.l dui !! • ..' 1.. 1 l'T'P~P1•w •(' h 1 rH il_l" lr.p ,,··~
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Lo&gt;( inte1·1 •,.;ncl1•s .?n e1ins PU"d .. u oC'm·rir
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c-r 1..::irfh. l&lt;'r q;ue lu ·,,y .M_:-J..lnvc cJ~ eir- "f'! _tfrmnn 1.,í_t,;• !i 111H·~rhs. rer1·tmfü11•1111t ó
me-nof.. elevndo: 6 enc?nrrar. en últi- ¡jRT,ifn d,? Snn J&gt;.,rf?nr'sro en Ja 'lnl~a
á uso Ill:á.s ó uie'nos lut.lige,ua medin. ¡ ~o Unce 11mu.:JJO que llD •·e:s:plorntl.01··• &lt;'lJTilf-::urc.ia a1g-rü\'3'Ltf"", á L.u f;·e,cucneia nrt&gt; ..... n ... la ,. "' 11 t"Pnt'i. lo &lt;:np E--' bin:1 N~n
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de tf'rcer In~nrnla•lo a] Gohi-2l'Dl1 p1r,1 ln de 'rntn5'!portc&gt;i::; :\Tnl'ftimos y !lP ln tn obf:erYn lor, y, li s lllPjanzn fü l m- dm·o dos- mP.:::es dando de ,u.:111tas cofj in is te ri o
ico
c11hrl l' ln "\'ft.{":ln te nne d,ejó n e~ Con- ele Qn iJllÍ(']l1'S y TenrnpAn. parti,..lpa- r: -és del Cllt'Ill o. lj11[' t't'(ºI h ó en ,ta,l rlrl IDO dp\·:iaadera. •
a"';¡, ·; ,tll e r ' !ti
"
.
~! f'J ll'O, ·! .. :,1' ru 7 di· 1 !JU 1.- \1 A. '\;rn. ,1 •l- _
s~jo e1 S-!:i1or Don l ~é L. Gu'C~fa.
¡l'on qn~ (lPS&lt;'IP f'~ ...e momPnto hn.f'fin un p·sot{,n. Y anorala. 1'll S'J é:lTlera:
1,A. qu~ uo r:;,1l1an U!:&lt;h'des lo que sí! 1 ..,,~ iexp_i(:&lt;' !n
re,e~ _mr~n&lt;'n~a~ 11Fn,1,
~1-~1•1\· I:.!_
Morelia Febrero 8
•
JiC *
nna rflhnfa dr :;o )'\('Ir clrnto sohre ¡ •'En ~lnt.lnñ ten~ la fea CJS1u111bee lt&gt; OC'lll nó al hO'Dlhrc&gt;? DLX'il'. arnda mn- [ m U!{,! e-l m,:- _nio del que i:t P 1Ot1nce,
l~l ,Hn 2r,; ,', 1 1 tf't'• 11ft' 1'1 11nrfi ri-1 11 e. r;ne
1
11
E1 :is de Febr;ro últt'mo couror~e
Entre los propletnrios ele' la calle do;). los prtsajP;, ti todo nquel r;ne sr ~111· &lt;'le plsn1· :1 Jo-; lo~ts s. S fü,s¡més de- nos, qne ,J meridiano de Sucre esttiba
no J !~tifin1:_/ mrn "'rnd:i:,.1~ 11 ~11 !a I r,n"~1 1 •m1 1 ñHi1,i. Ht ll nHt ,,~ ... ,¡&gt;1t•ml e
..
'
•
h aj hnrrnr11 con lnte'llto de presenc,ar
· . u u q e d ct·1s¡1eu,se" , IJ eu.1n
•
)a s: U.}·a ¡ 1:1..a ¡ (1.•
• ¡o.
l l~Dea a urnU\Clull q11e 1,e
1t1 orig-en. , " 1 1nn. f'U 1u f"H"U ~1tut1él1t en nt "alfo tltt fi 1,.
1
1 t t •-Vmmar
ol proqramn.
que se blzu circuI.u·
con S".,n' F r·n?,s1- 0. J. di;e 1os,. por t n~e~,
e ¡ c1r.
. .
1 L:1 liJc·um,~tail&lt;'la á í¡ue l~'l Iev ctn e· ¡ dullln-' flt1.J ..,i,,,L
profusión ('ll la ~iudad. fuó deblda· t''Ue,to á. rl,~&lt;·ut11se la Id a di:' pavtini°'Il• C'31'11ttr:il.
jde obse1•\'acloues Lle e~t..! géne.ro.
Hubo que nombral' una rom1s16n d-4? e,u·nr-tt!J· de n ·in-ant~ si mre' eu to:
Los lnteir"nños en ellas pi, 9d;,,n O\..Jrrfr
lllf'lltr&gt; CC'lf'brado.
tru· con asfalto 6 cew,eJJto los t-.efer,F.1 (lnminf!O ñ:ih1i\ dos hn!lf's y el
• • •
. . 1ngenleTOS que Te-p tleran Jo:. estudios, ,., 0 &lt;'a.:-c y deg,nrn Ma' lnt•uiniiiie
ra en tlerono lti'ibil á sacarlas. relretdnrl:ts 6
J n~ notas ct1JmiJantPs flll?J'on· la dos lngnrC's. La liuea d·e tran\·fns q'U' Jnnps tres: todo!",! pJlo&lt;:: p11hllc&gt;o.::t. !!Ta•
Y. fne)·a d-e muy contados cnr-:os. no y qu,p coneluyerou por afirmar que u::&gt; 1,·e ,,' ; · •
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\f11iistí'"io Públiro·en los snlone~ arre- será ca.m\l'-wla_ á una de las ad~·.ac ~n- El orn;to rlp ln Pll1zn !\Jarhado prn- ¡ inte-nd6n. Es que- k- spao::a l? ~ismo 1 8_1n e'mlrnr2"0, €'1 hombre no .r
eÍrrl &lt;·I efe.eta' de ,ag~~~ ~ ,aª
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""J:\.(ln&lt;:: ¡¡ C'Se ¡wonósilo en rl Pnln,•io tes, co PI obJPfo de qne fa AY'fll rla I mPte-- ser nlPETf'. DP5'!ílP l1w!!'o ~P 'f"RD q11e ú los nfl010nados !\ In c,iza. soa por vencido. y al poco t.empo ..• ¡rlaba 110 1•• 1,,., n,in"n 1.--.,..:.
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:n,ip.:, ;1_ los nlumuos ele 1n~ escurla.s sito d
carrunj.f's y peatones.
f:O~ na1·a la nr1nw1•r1 ori'!n1117,,nr1l"ln rle 1!m1tan i1.. rontnl' s11s hnz!lna-; f1 sus c:_6n .del Chaco, fR,c1J1dades de comu- 11qn~ ~n M!ra,·nnt.e. c&gt;orrr-linC"l" fl'Il laJ i¡:fln 1qoo .., 11 Jucl!~a~ituutlu,n!tt et.die de:o;un•
pl'tbli(•n,,; dPl ~hiniripio. y In serena-]
**
1:rn .,,,,~fas. flll&lt;&gt;dnrirln c'tPfmnés &lt;Jn.P nPr- 1ca,~rnrnft,a¡¡:, y lós otro~ r sull :rn. mú.; n 1,ca,t"ló11, y pr sen.talJa un proye-cto di! ¡ pa,·,o fl 1ia atenn:t.clOn. SP.JTIIPjilintn nrn- An,1 uº 1ta rn la f'lhzit (fo IOs 1ta.rt11·e~. 'Que
A fines del prPseotie. li mtts tatna!,. fP&lt;'rlmrnr In~ !'PtnllN~ de .p1,prnf'11°in. p ~l1gro~os. -porque esc-nben HlS , 1aj_es, fe·rrocn1•11l1!
n i•a de cll&lt;::&lt;"laor!r no,;; ,l.1?-\·~,,...11 1\ ln
Lo,s lorere,:;Rdos en ellM pat-d~n oron1r
rf'o::ultb mn:v luri&lt;ln pó1· la pl'ofu~a uu .. qnc&gt;dru'il courl11frla ln in&lt;;:L,~aC'V\n ele D0sde ln rnnnnnn &lt;1P1 cl11m 1n-ro 17 y (i B({~s{), C:'ho 1le 10,las lrt1, cie'nc¡a:; / Y ¡fléu.se ustt;jfles de Jos e~plm·a.do- nttrrn·ldón, de qn,e ,tMln" J:1,;,:. clr,..., 1ns C'll t,emn~ li.1hil n SR.uHl.ni::, relrn1dirlas IS
·
· y• In nu111.p1•o~n r~nC'U!Tf'lW1:t. lns bomha,;;;
'
• urces·1_r·n~., J,~e. • n r ! n_mnnPC'&lt;'I, ,l P! m 1·i:.,
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l:i. ,,u .. ae hai·A c.:m.
m1nn('1(,u
y_ m1qul:i .. r1a
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•~· 1J.8 111
1 -as y po1. ]1uw1,
I n res u Ü c10nuuo.s.
tnur•insqne la l,r,,v •&lt;•a~ifirn
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ll!Zm•- nnPg.lo
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·il,inh~ ],1~ hLm-dl..:fl6u nupd:1;\. el St·.
l 1rloi TrtP-lo!\h&lt;'to.'l n.ut,lérrrz y Ja.
tl1f.1i1•~111da WítorJt:i -0unoo:J&gt;(:iól) !U·

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l48 DOl'll~B.

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TF.Al'RO CASlXO O CERRERO.- Com,.

~',lcvlá:;: Sil"\1B., POZ!.IO, Gto.

Pdwitivo Zurita, C:hiapa de Co1M,

th! 811.n Fran&lt;'lsco nt'1m. 7.
TF.ATRO úE LA PALMA .- Pluuela del
.4.guillta. Compn.lna d&amp; Z8111URIL-TUl.4U

todas las noches.
TEATRO J UAREZ.-Pla~ela d:e Su La,
Felipe CahaUas, C~nroakiap.:in, Yer.
Fed,erl&lt;'O T4- Ronwro.--Ll3. P&amp;z.-B. caa.-Compañía, de Zarzoela.-Tandu todas las nocbes.
c.
Vt,U48■ LOl!I l'.ROOa.11:d
Andrés Oi-octo.-Ynlle de Samtlago.Gto.
,\lberto Serrano, Jim(r-nez.-Ohih,
Tlp. de "El Mundo"
Luis B. Cor~. Tequila, Ja1.

Clhis.

llan pet·Cllilo l-11 g1•nio :ilf";;rf', sn \'llfol' y In ronfürnza qllr eon {]p una vlrl!ldad J)&lt;'rfef't8. 'Parit c_.!IM ofrl'ZCO una vida IllL~ ,u. valor 7,
la rnr:ic-1(,.::i rtf' Jo-i 1•.-•.,,.,,~ 1lc, lo~ f&gt;rrore~ (1,, ht jun.'1•1'111
1
Qulslt&gt;ra ve-r :&gt;l liotnhr•· (JUP no amhlr-fonB. !Jer 1uii;.;, J111mlm• 4fo
111 1111c, ,,-:. X1J im1101·tl! d gr!l•lo á. QUl' la alí&gt;g1ía. bavn sido rr,du!'lda, n i
('1 g-railo !1 ljl\C Slt huya n•lo:'lj:ldO f'I \'TitU!$l:t"Ui0 dt• In j11nm:11,I. lll'j andn llll'HO:-: 1,J¡;:.o¡-11,.:n:,; :'.i \r,"' Uf'r\"iO!s, lO!&lt; ojos 1·on l;ll'TIOS IJrlllo, el paso
1Ul'HO!&lt; tirnw, la lwu;:;luari\'111 JJIC 1w1&lt; dar;\.,· la "'ilalitlatl l'll ;:1•111•ra]. 1U ,·nos p!Jlll'r;y,;a tfo lo q1w 1.h•lJil't'n twr á "º &lt;~JhHI.
J&lt;:I tr11b11Jn fnCr't!' ennsn. lo:,; ,Lln1:a:o~ 11esp1~t1m y Jo;; l'Hld111lo:-.. :1m1Ír¡.:11rn:-1 y cl+'m:í~ sius.ahor,·s dr J:i ,·\d¡¡, mina u y dci1tn1yPn h~ virill..
dad. L1 I::li&gt;(·trleitl111l :1plle:1rla h n.,u mi tní'lorlo, fa rc•stnnr;1 ll:I!'•» r¡t1P el homht'(' l'IC siPTif,1 jo'i"~n; rt&gt;nu~va d aL'&lt;l.ur di• La ju,·rntmt.
BI, Cl"\''JTHOX BLl•;('TUICn 111JL ItlL 'h·L~u:u11LI:.'..
,\o hliy '1U:l dudad ('ll 1111e ]11) E!(' .('OllúZC!Ul lUl!l (·ltrll.('lou~~- ra lihro liabla ti•· hmul)n•:. :lg'nHil"&lt;"idos que, 111m sido 1!ora.dos con mi Cln.-l
turón. Uf's¡.&gt;llÍ&gt;S d{•
l•uhor l•ne ontrnllo all-rio en ulni,.;:!l11 otn, lrnta. miento,
Cura In d!'billdnd lll'rl'iosu. y ~e.,:unl, dolorl's dt• t•~pahh.t, lll'l.l.:o s r tJIPt'lut&gt;-, rellUJ.L!&lt;. d(•~a1'1·cµ;lo:1 en lo,1 rliiooe,; y del estómago, varu:o-cele, rié.Nll&lt;lns d1• •tltulidnd, s:,;f e owo los efcNos Uc fuerza \'ita! nu~ gastada, tttuto f•n el llombt·c cowu eJ..L 11' unljN·.

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Anlcete corriente

Riña en Chapultepec

Meohol vfniro • •-.-. _ _
6 Utroº
~8 gmmmo~
,-\eelt
•~ e esl'lliC Ial d-'
i: Anf!.
¡~et\da d1~ ro.~a.s. • •
:! gotu
Homb re berl do de un b• lazo
gu11. . • • • • • ....,
,., 2 litros
.\1111!-nr hlnU&lt;!!'I. , • • . . ~ kiJu~
.Amfüi•r en los ~omr:ntce en q11ó ,el Di!ltteháns~ por sr-p:trndo 1n. ~ • •
Bosque cj(.) . Oh.1.1)1.1.
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más co0('1.ll 1"M('), cnm~aron "1'3.ll u.i.'1.r- 11gua, n1~?.eknSE' luego rnu !
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F'olletln ,número 15

;Pl'ro esto no puNlC' R&lt;'r! l'Xdnmó
lll"inmcltioR enton&lt;"I'~, y vc-nld l\ esEstA rtn el .tatdín.
llonm,Jo la coml,•r,.Q. ;S&lt;'rra un crimen ta l'nsa; ro](' füt"i'• i\ ,- 11!--;tl•a hij:1 tolll'l
-;, l.~ ,:r,fior"ita e,;tá d(' vu...lta?
•
m:ha horrlhl(&gt; 1&gt;.."lrll 1nlYar ,,tt-o &lt;'rl- lo que ](! ilf'bMl\. y mi nin¡;n11.l.1l !óf'rá
-En •-8te ruumento entra pJ coche.
me11 !
nlr c6mo os rna1dll-C,
-J,;stá hkll .
ELCOND6
-Yos sols la rNpoo,.able ante D!o.i
-\'l."llmc 11n-odlll!1&lt;1n 11 yu,..~rroR p1~~,
Pom ilP'flJmés, ta s~í'ioritn de Monte,
Y ante Io8 lmrnl¡rl!1&gt;; sJ uu hublérnlM llnran,lt, flrnpen1lt1R&gt; il'f'rdonatlmf'; Ma~·or PDtmba eu el ut&lt;'.'to.
t'?lgn;iin,io 11. 'tUl·!!&gt;l.ro esposo, r E'D umt ,·m.,,aitra Prudtln(1 no til:"ne noml1r&lt;'; me
-t'ndr&lt;' tnfo, dr:~al:&gt;a verte Y &lt;:Oll•
franra N'W·lnt11ín lf' hnhl('rn1s o1kho rsln.is usr:;:lnnnllo'.
Sullar tu -roluntni1.
que knfnis 11nt1. l:iiJa, ahora que la ra-¡ -.\.h:.~d. lcllora; no soy duello de loi.
-llabla, l1lja mía.
tsll!lll.d loa 1111. lwch('I Pnt'Ontrar::e, no ticonterlmh,uto,a¡.
-J.n rL•lnn ule mallaDa pnrn San
NOVELA OIUOINAL
e::;tnríab; eu esta i-lt1iu1•ión.
-No, 110 llll' Jcnintartl de aquí, wien- SehastH'iu, y dt'sPn qur ln n.compnrtr.
-Elltt)D(•~ llH" huhin,1 di'k))I'CC'iado. iras no me prometi'.i.is,.,..
-De!-dP. lt1("rn &lt;'UP.ntnl'l con ml &lt;:onllE D. JUAN A. MATE OS -P11.,.arl
un tributo it vnestro or!!ullo.
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-Yo no pur!lO prometer nada la ,,,,,t1n,1°nt"
'~- "• P""·
,..,mo1s
unos dlas di '\"er•
- j ).'o me VU{'(\'Q lOl'll! grito LUll'i:1.,
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tldn la$ 1i lal
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l:}!'. "ll" •• ha o
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Al ver l'&lt;•to•c·,•~" d". &lt;lolo,· • a•t1•1,~ r&lt;'inl\ lo quh•rr....
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-¡Pero Dlol'I ~e ('JJ)Ollt'I
La fovl"n guardo 8iJrnclo,
¡.:Jar C'un Yo!!: ~~&lt;,;te a),unto.
lnf1•llz mn,lc-r, Don Alfo11"10 St'ntrn un
n,,n _\]ruu~o. i-,:~:-:1wlr.-) :1 su \'('Z fí. hn- gozn lnfrrual.
EL c-s el tirbitro de los deRtlnos Oo la
-1&lt;~"10 no (]tl!(lre df'dr que esta mo.,.,"
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-A El apelo, dijo la e&lt;&gt;ndesa levan~ JJN-o dt'~eo nue goees o.l,.,.o, ya •ue has
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que hul,·me d•l -und
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o.1 -E¡ no~ ij&amp;¡Ye, scffora, coutei-Ui Don 1 -Ya esper 3 ba. t. 11 disl'ulp•·• cuando me
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Sf, si:. Dio:-: nos nlcnnzarfl\ A. to-- Alf
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dá parece que f'¡.;t;\°s iudJÍerente coomtgo,
en la mayor: dei;ps¡1eraci6n,
we sknto Rola.
tm torr,f!,for p(:¡·pet,10 toste Jneidf'nt&lt;• honon Alfon'-O M'KU!a r,onieuOo en el
~
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nJhlo; no es.pe,rc-is qu-e ro me opon- fue¡ro rlel tormf'nto A 1'4l1 ví('tinrn.
-!fo, Ama.Ita, dijo Don Alron~o,
P·
-P•·n~u(]lo l.JiL'u, caballe1·o, di.io reIl
n.lJrmrnndo A su hl;Jn; to el'f'S mt ~ari·-¡Sols un n1i~(•rabler
imelta In· c:oridcsa: si vos no impredfg
• •
i\o, el [dolo df' mi corn,:6n; q11ft.&gt;m qne
-s 0 :v un homb_rP qu~ ama el honor f'!(• enlnf'C', :.·o dPrlni•n Tnd() 1\ tri faz -Imb(\~11, no ronoce t 111u hija¡ su varu á ~nn1 Reb.15\,ftin, 6. lnrir tu beclf' sn h/la. 4 ~JUi&lt;•n no pretende i:111•. Uel muntfo, y pierdo ll. ,-. 11 estu. hija.
&lt;'DrJ\cter lndomD.hlc 1a. snl't;m\ ac esa lle.za &lt;l1&gt;lnnt • de, e.su Nlc-uiilldas fran•
z r a l 1_.h•~rri·~tlgio púhlko: "ºY un
_-¿Qu&amp; tiene ,Ie exfraf\o, cont-esi:6 amennza; además, no hnbrt!. tlemJ)() .• , &lt;'e!l:ui; «i senls la ~Nla.der&amp; reina por
11
,.,
• ci-c lUlfff!ralll&lt;&gt; de Monle- la belleza..
m]S("rl\hl(' (lllf' 11c:a:t&gt;a {'001':('l",'ilr ln llaZ roo ('ll 1lllll ¡l'lfml'll
Don Alfonso. que I'·,n CUD.lllO U.
(ll! r-ueUrn fnmllla, y no erroJnr un11. ' 1.lffl mndre r¡ue oh·idn A su 11!ja. como leone, hoy rrell,e !'l prim&lt;'r golpe d.a
-Adnlm:tor, dijo Amaltn. besando la
mt1.nella á, la rrenh• de un homhJ·o hou- ~1 no.r,;i}lt!era P.Obre In t!errn, cm1mlo ausencia •... Las eruncioues lo mntn• mRno A. Don .Alformo.
rnt1o. romo lo es vue.~tro urnrl,lo: 8r, lu f'~{'nt"utrl:' ht de1dionre ,;iu co11111a- rAr1. ... Cmmdo no me i:;ea. t'itll, le
- TT!,1n mfa, quhiro q ue resplandezcu
un IUIM"rablé (\i1e \"f' por vos y l)or el JV\,nt Huri,ilo,,no temt,hHS 11nte eMta d&amp;l'6 e1 ,pipe ••••. ¿ i'.: mi ll[ja? ..•..• por tu dl•i.:nndn; ON'.!l rica., muy rica,
tmeíi nombre tlfl. vuesil'o hijo.
nnt&gt;vn falta.
No Importa. tnl Teo¡anr.s. pmia al tra• Y purdee gastar cuanto q uiel'i.&amp;
-Dios se interpone- entre los hrr- ~ --;Pero e&gt;sM C!t espnntOflO!
v~s ,ie ml eOl'szónl
J
--Te vor A. errut.n.ai·.
mRllO!I.
-¡Abandonémonos en brazos del desAi;ltó cJei,11uée la C'ampsnllla.
-Xo lo f'8-pert's; 11demh, h1 eres lll¡
-Deladle A F.l P~n Qbra.
tlno.
$e Pt'&lt;'~ent6 r-1 n.¡uda. de ca.mn_r1L
rh1t'í1a de cuanto poseo y dispon es de
-!\o, Do. lmpolible 1aon b~QJI.OOllr!
--¿IxtOlll}r'02
lo tuyo.

DEfil üffJELEOJE

°

º

-B!en, seré la mlt~ elC'.i:;-antc. pneato lmnterla, se ha contagiado. ¡DeI!rlos
ruírt., tingtrl'.a1s Urm erplm1ión de or,.
que ni-;f lo qulcrcs.
del corazón, sueüos lnseni:;atos do 10~ullo
Jlara romper unoe Inios que y n
.Aqu1•llfl misma noche se prC'paró ,1n euru.!
hañfn juz¡¡-Mo r•ternos: ihatt!s bl~
rlro P11ulpRje a\ la seilorlta. )Jonte-¿IIabéis cond uí&lt;lo, enbnllr-ro?
ostrujnd. mi corar.úñ, hnmllladme, cas~
~111,·or.
-Sí, he venido a. clatO!:I lllf filtJIUO tlgatl m1 urgrillol
1.'n&lt;',G:"(') q,1e la jown dejó A. su padre, adiós.
o, Juro 1111e Ignoraba tolo lo que me
buj.'1 ni jnrdín, hl1~C'Ó su J'('-Ja Nnflden•
-¿Vut'Htro· 111tlmo ndlós?
dL'l'f~
1P, Y ''"Pl'l'O l:l llt_•¡;nilu. dr- ilont{&gt;l('O!lP.
-Sf, voi;: no tC'né-la compasi6u de
-Y :\'O os juro que matarl1 d e1:.1e bom~
T'n r-t111rto de llorn lrnhra pa¡,1ado c11 mf; ittUl'l'éls que viva enga.tlado bn~ta
br~ que 01:1a ftlTPlmtarmo rul trsoro•
ei,;pec!atlva, &lt;'ufl.Jlrlo Jlf'gó el romlC'.
el t'i.ltlruo momento en que me dl'aplcr- olvklm:'ime. sJ quer~!s; pero Do me 01111 : ,
Algo J),'l.:;:nll8 en el cornzl'iu dt'l jovl'n, te una rralidad ei.pantosal
gut'.!ls 4 devorar en silencio esto. borrl~
porqut' su fr1,nte ep:¡taba ohst"ura, su mt..---¿ Y l&gt;len?
ble bumllln&lt;'Ui.u.
rndn. Mutbrfa, y su color lntensamcu-Decidme, por i;ilC'drrd, ¿culilrs son
-Os prohibo armar un e8l'!lndalo.
te p!\Wlo.
vuestras iu,¡piraclone!l.1 ¿qué queréis'!. .. -!l;o ten(;ls dr'r('cho pnra c-1\o
-¿Qu6 llPnC"R? .11jo AmaHn: algo te
11.caí"o pueíln sntiRf:i.("eros, ya que mi
-Cl't•1n. conserve r eJ que me &lt;la mi
ha pn.r.a&lt;lo; enfntnmc tus penai:i.
awor b11 sldn Impotente.
dl,nildud de mujer.
-Yos lo 1111h(-ls mejor (Juc yo, dijo
, -Por Dios {]ue O!! e:z:pllqu(ifs; me
- P'-"rdona.dme.
~ontclcone &lt;'tlll voz nltf'rn1'lR.
vn.1a · tt volver loca.
-Vtteatras palabras, cAbalJero, bll ..
.....~o os comprendo, caballero1 elijo
-Decidme, Ame.lla. ¿quli os puede hecho hnpo~lble toda. reronclllAclón.
... rencfüla Arn11ll11.
llevttr a. t'~(' holllbl'e v11no, sin COUC'~l)-l:Iay co:;:nf', señorn, dijo Pl conde,
to, sin reprel'!-entncl6n; qué pu{'de ofre-R(, todo estnha prevJeto ~t'fif'&gt;ra '
que es pcnoa&lt;'I re-fPrir, porr¡ue bny
cC?ros 11 vos tnn orgullosa y tao dlgna? todo: Mnocto.11 m l curl\.cter;' ademn.~
rNdstcucJu. en &lt;'rcer lo que parece fm*
-¿De qué llombre J1aUltUs?
Yo no soy ohstAcu1o; mi tll~nldnd 1llit
posible.
'
-Nu.&lt;1Je Ignora en la corte que el nlejn de Wl papel vergonzos0 y degrll•
La. joven pki;-6 el ~il.o.
conde do San .Jul!O.n bn. tenido onn dantf',
-Cuando f::C' ba. nmádo !l. llDR mufer enh'rvlsttl con In reina. eoJll!ltando -Con vue 9t ro Pf'l'lll1"o, e:efior conéha
l1m:1tn. &lt;'I dPllrlo; CU!tndo ~e ha.o cifravneetra ruano para tia hljo el vlzcon• 11e Monteleone, dJJo Amana : .., se m~
do én ella todna lfl8 esperanzas iJel de,
tió, elu que e1 ConUe ndV!rtJese e J
porvenir; cuando le ha creído en clln.
llanto,
que la. ~ofoca.ba.
-oe Juro que Jo 1p¡oraba.
como eu Dlol'l, l'ntoncr.", sefforu, PR
-¡Ingrata! Jttlt6 cl conc1~ a,oTpeandO
-Eso
no
cs.
pOAlble¡
yo
no
puc&lt;lo
creer
hot•rfblo pE'n~R.r que todo hn f;ido un
flU frenle contra las teja~ do ti.erro r
eul'flo a~ íf'llc!d:id que ~e dlslp1t eomo que no ac o!!I haya. hecho una JndlC'n• O
l
me ,·eo1mrli de mi Uestlno, y snJ•
clOD;
~e
que
Tncl!A.ls,
que
teñ~le
miedo
las nu\.Jes tlt•l l'i{'\o.
de dec1rmeio, 1 os equtvoeAts; yo ea tii ndº eot)r~ Pl cabe.no, h undM loe n&lt;"l•
La Jow10 ola ..aQuel extrnño lengua- ruorh' sin e1::ltaln.r una Queja.
f'A te&amp; ron far In 7 tomó el camino de
je 1;ln roinprt&lt;nder flU sentido,
-El hombre que ha duliAdo de mf Madrid.
bll coode eataba. &amp;fecb1do protunda.11mor1 n o tlena derecho 4 que yo le
mente.
JII
i-atJ:.,fn¡r:t: retiraos, caballero, nada
-Sf, contl nu:iba¡ el tlni;cf'I se ba C'fln- exii.;1¡; 1•otrc los dos.
. n r :m m ovimiento baMI:. ea eJ pe.._
nrtfd,o e». mujer, 7 al nlTeltlrat de Ja
la amcnt.ba; O. la. m en or palabra Clll él JlaJt lió lá relDa I i!IOII ...

-ra

-puttAn

0

,J :ue.rdius, cnh.allcrus dr&gt; ]ti
rertP, ofif'ID l&lt;'"1, torio f.f' J('\'OIVfa Pn f!lí'!,gre cunfu"liin pot loa ffulo1w:1 .\ patlos,
, EL v!Y.roniil' de san 1J111I:1n c-1:i. 111• fa
('tJmltivn; monwha 1111 i•orc_el torilo ru.cln.do, nue pl:,ifnh~ ;m11w1/-~C. f'~l&gt;e•
.
¡, pnr/t
;¡-anc1o f' l 1Oilllí' i
-•
Por fln la nn~tr~ '"!t1jrr;1 p.11116 dPI
. palado &lt;'R (1IN'éti&lt;m i.1rl pnrttlit!ro dó-l

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forrocn1•r1 .
\ ali.a 11 1n ú. fo
Junto ol coc:be e1e : m
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' " t'I ,·!,:!'[)IJ•lP linckmlo Rlllr•
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,rontPleonc Jo n6 P&lt;'.!Z'n,lo .t hl portrzueln, r ~u f.l1tnii:rn H a¡;olp6 euu viol\&gt;uda. t\ tm cetehro.
AmoUa vl6 n 1fonl~]('on&lt;' y lri tmlud6 ,·on nnn. ll~Pl'.'.l iut'linnrlón U!!l c:,i.l&gt;czt; i:inhf:1. lodo !ttl ,mfrlmlf'uto, "lPntlO Jt Ran .luWl.n t'L ~11 lo.tln; pri·o 1'&lt;' UMnJ('&amp;ba dr que aqU~l rnnjo 1rn Jll't!lttia sluo C'oum una nube de toruwntii,
fJt'a duJnr do11pufs un &lt;'lf'lo mi\! JHlfO
mfis tirlllnnte.
r ¡;¡ l'l1&gt;c-oml1' ~r fffflmthll por 1inhlnr
~ In dnm:1, y ~afo. ni RtlTI B'flnh•ra 1~
ieJRpens:iliiL ln gfllan1crfa tln v-crl 4•.
\ l ha como un d~sN;¡wr*lo nl vloh•u-0 galope de loR c11hallns, ¡wrtlll•Dao
11~rhililcrnen1r eu tlemi,o,
uoi6 ln. eo01IUvn. f\ la d!t:wl~n..
~ J•:1 .vi1.N1ntlP Be ocerc6 t\ 111 6 ~aorJta
Monf{'-'.\fayor.
r' -•¡ Que fr1\t SOY' en lmcrros romp&amp;•
'fita! '..... orarJai-. ñzeon&lt;lei- pNo ml!f nt"'~r'o"c. .." l laélo de 'R. i\L no me perro.

t
t

ten • . , • •

-Compr~ndo, pero

al WN101 tcu- J

dr{:is slquiera un tnstn?t~ para penMt :n !() ◄lU&lt;' 09 hr dk,10,
- '\.() lo TC'C'llPt'do.
_ 1:or ll}oi,, que no mt&gt; de&amp;eklJlirr-la;
iml,h;¡ cmmto os amo.
,

lr.!1 pnl~ro¡.;o hnhlnr. de ammNi; lL
ln. lmra tle uua pnrt lt1n, excus1Lt!lu, el
(fo n1a1 ngit1•ro.
J&lt;.s que i•t!loy lot:o.
.
-H1;rnbrnU VU!'Sh'O jnlC'IO¡ serta UD&amp;
futnli(liul vrro:,; t rastornndo.
... E~11\!s de huen humor Amslla.
- ~o hn.1," qor,, ¡wrrlerlo. •
--•r.,nM~ 1•,1;,;6n,
-Y íi. prc,¡,ó,aito, os tengo que, hacer
nnn ti(ii,lfri1.
-Ilnbhid, A.molla., esto:r pronto 11
oliL'lkcero~.
-O• i·,wt() qnP no demostr6ls tanto
,·ut'Rtro iul1•ré~. porque me colord.le eu
una. dmn ~ltu¡¡.cWu; yo no ¡ml!dO aum•
ros, y .. . .
04 1&gt;oy moleeto, tno es verdad1
-~o os qublc dc&lt;'ir-tanto.
-BleD, llH-' (lllf'lln PTI Mndrld; DO qulero lHl{'''l' 1.1u 1m11el imp,•rtlnente.
-Os- lo a~rudecN·(, mucho.
El ,•lzronrlf' sí' morUl6 los lAblo!i!.
-Y~ ~o dome!lll&lt;'1trl\ e. Ja. prlmern. lndic·nd6n 1lE' S. )f., p!'l1sti rl \'lzcondc-;
y ln!'~o :1norl16 tm voz alta:
-Quif,n pil'llf'ltl n,!?ratlnr, no Ae convlertr- 1.•11 untL molestia.; lo dicho, roe
quNlo Pn Madrid.
-01! dctc-o muc·hns frlletdndeit, 111eíior vlzcondr.
.:..:y ¡•o a, vos, eefiorlts, repllc6 el
, .en,. y silh1d6 ceI"emonlooomf'nte
A.malla.

,oa.

-Dlal.Jlo de l,1omhre, murmuró la. sefiorlta de líont&lt;•-11:i;vor; t:!1:1 I.IH;oportahle. Y hwg-o, l'Uyf'n{)o en 111. constnn•
tt• 111&gt;nssmiento. ,ino t1 su cen•lu·(1 la.
imn~en d&lt;'l ('onde. A. quieu nmaliu apnslonadnmrntc .
- ¡ Pulll"&lt;' Prnncisco! e~tnha dPiw~pt•rndo: me hnhlft c1e un e:1sumll:"nto 1-u
l}U(' no he pl.'11'-ndo. (;lerto NI ljll{' r-1
c·urnle de Aan .Julllin 1 uvo una 1•uli'e•
YlSta {'00 In. relnn; pero Ju. reiDR l.lll(ll\
me hn. dkho; yo le hubiN"a (•onre~atlo
ml8 relaciones con 3IontPleone, 1111uQUC t\.
Ir htiL'&lt;" muy poca gral'la
PI conill1; sobre que no E'!'I Au p3rtlda.rio, ele l'UlJ 1R.blo9 8P ,lei:iprenrle 110
coni-:tnn.te P.plgrumu, y C'HO no lo conslf'ntP uunca una mujer.... ¡ Pobre
l\louteleoue! Unsl et:itoy arrf'penthln !Ir
lltilx-1:lt&gt; desPeperu.do; su clllcra. me avl~n. TI.e au J1mor; Pt"ro es ncc(!sárlo castigar e:u de!'lconfla.m:n: le lu(lemnlzm.•í\
11u1 d[ns de fa~tidlo: ¡lo amo \aulo!
La idea. de que ce~ai:ía. cs:i @ltun.clón A eu regrf'SO, hlzo rt&gt;AI)lond('ter
do ale~r1n. el herwo.so toemblnnt~

S.P--.

dí' lll jDveu.

L11. mtqulnl\ dl6 la 8t_•Dal Ue p1trtlds. :
otllJlt\!'OTIS!" loA Tflj!'Oflt'M, hlcl¡';ron!IO loH
snlnéloa de ordeno.nu1, y pflrtl6 el trf'n
an-utrnélo por la pujallt(' locomotora .
lV

-Ya 01 ha.el'.&amp; en cawluo de San Se
ba1tlé.D,
-Varf~ de opl n\6n.
-Me a legro.
RPgrPeaba el TIZC'ODde d e San J ulil\n con un h um or endlllblado, tu.ando,

l)P.

-i. Y ¡,or qui\ 01&lt; ;.ih•g;{d,.;1
-Por 110 éonll'ndec·h·oi, sei\or vtz~

('0Df1P,

-.El'ltl\l~ lrúuko, IIC6or &lt;'on,le de Mon-

tl'kom•.

-·"º

eu a.u tlflll!'!f'lllo, y 1·owenzú al arreglo
el&lt;! sns J•ttpdes.
La &lt;•fim1t0 ~:1 ohfln,·6 á RU hijo,~- notú
eu N nl~o P:;.1nü1o.
Con ◄ ilfk11lb1'1 $(' l'llr:11Üd. el l'O\iiZ6D
'11• umL rnmlr&lt;•.
Ln. COIHl~•s¡~ 110 alin.11)n 1·on l;t C!UlRa &lt;lí' la ugit:.icif,n 1lí• 1m hijo; p1•1'0 :-:e,
Íl'Wfo. 1111::mm tlN;,:rnda.
Lh·,tmron do-! tuulgoi; dl'I ,•ir.eond••:
lmhl~1·011 en rc•~rr,·:1 y IUf'/?O ~~ mar-

tonto ,·omo pmltr-ra.
-F-! 11111• yo m» f',:toy f):n:i hromn,.
Lo Flf'nto; porr¡11e yo 1'fltoy del llH'"
Jor humor del mundo.
-rocti•1n l'llSE'l'hl.J'OR t;OU llJJ:l. pala- rlmt·oo .
L!t f'onde,;:1 ('0\ll)lt'{'lldtt, l'TltOll{'/&gt;~ qtlf'
hriL
-I&lt;lta.tú!R lmprrtlní'nte, vlM'oOdt&gt;, Idos 81' tratuha llr un dtwlo.
l'nra 1•l ~entimi\'.&gt;nt(') dC' ,mi\ madn.i,
por ,. l!NltrO l'P rul no.
uo hny llonor ni blen lHtl'N'rr ~oc-lal; to•
-Arrojenaoi. ln• rnrE&gt;hll'l.
•
-,\rrojfimn~1n!I JHU~to t}Ue Lo QUPtNS. 110 t•rtlc anle 811 1.LU10r. niu;:mm 1•n11,rn
-Vo!I iuJimteQl~ n In ~l!-ilor11n '.\fontr- juzgno dlgnn de t,!:XI)OUN' la Vhlu. dt:
l\Iayor, y ro RC"rlonwüte 1.h~ee-0 con- UII hlJo.
Ke pll.'10 l:'U ''C'l..t lllilH'lltt i11Ce]!11 11111trat•r un rnlnce.
-Yí'rlfi&lt;:':irll!l ~I OR d:i la tnnn.
1lrP; f'1Y,16 ]M1 Jl:l~l'l~ dt&gt;l ,·tzcoudf•; oh•
-:••ecl'"'ito qne det1isl41s de vuestras si&gt;r'\'~ C'j1'.j' no 1'1(' lmhfa 1.11·ot-ll11lo: 'Jllf' ~·•t
al uuiz;tti,,,:&lt;:r tlnrmlf1 1111011 moiut•nlm1
pretN1!1IODí'~.
1l/&gt;!:'IK•rtfl111In;;e dt"U•f'lf)(•l°ft(lo; que s,,
-~o sr• ~I purda dttros go"to.
lió (le negro, y f.lnll&lt;í fnrllnt1111•J1le 11,•
-,; &lt;h1 bnrlí~ls?
-Hlc-n Jlllflit•m 81'1".
In r1Hm.
-¡J~uh(,!1,1 In /lUt' TP&lt;:ponrlf' 11n f'R1m11('m t'(')&lt;'he, üljo vlol,•nllnneute ln conro fi, ef&gt;lrt prr&gt;VO!"HPlón i
t.~•-43; y /lle JlllRO c-n ticguhulrnlo de su
-l,n 11r•1 JH•ro 11.Q Lo f'.apero &lt;fo TO!II.
h1,10.
-Ht&gt;cojo f'l t1.11'l1i1o.
El ~YU(ln de t•:\mnra le Jlev6 ni l'a-l•!tiioy á nu.•t1b-a díHpót1ll'.i6n.
l'l'llHjf&gt; 1lus cttl'tRM (JU(' 't'l VÍ1,(•onde h&amp;-•
-•No~ ,-e"emos.
hfn th•jlUIO r.cohrP In mr~tt: In Ull!l ern
-Qut'l 110 rMrol'edlll!., sP11or vli.-.:outle. pm·n ¡\wollf1, la. otrn pum ,n1 lntell.z
E l ,·b:eontli• .nrroj(, 1il "urfo ~u gurm,
madre.
I
k, QUC' f'I conde í'Ptr11j6 (•(ID c,l ph•.
•"~Iaare lllÍLl, ('ll8.lldO al.irá~ e8lllB
~an .rulUl n f!lr nlejl'l vtolf"ntrtmeutP,
no !IID o! r' umt 1•rc:¡juíl:1 tf•rrlh1" 1le Clll'tA..&lt;:. sn.hrJ\s (1118 tu hijo fué illSUlfa•
do Villfllll:lDl(&gt;Otr, "! que ha: pagn(lo C'OI)
Moutr-leom•.
sn ,·111st nn trllluhl j\ kit nmnhre y 1\
T.l&lt;'p:f► ~ P11 M181l Se n Ju!Uln, pro(•U·
su
bonor. Pcn16nuwc¡ 11\?ro ro uo po.
raudo d isim ular t u r abia; i,e encerró

,.¡,.

t

dJdft!,¡ r,n la siguiente llsJ11. i.~ 8lt·vnn pafiUl de Zaniucla.1'ondn11 toda■ le ao-cubrir l&lt;&gt;s ~Jdo:,, ,1ue por imh.icrjpeio- chts.
Tl·CA'l'UO ''1.fARIA GITERRf.R0,' 1- Co111&lt;,
111e~ ü.e ''El Uuntlo,'' .acLe-11,lan i\. 1a
pati1o de Znnucl11.-Tandas todu tas ao,,
.Ad.JuLtl.U:lU'l.!t:fóll d~ e.,te Pl•J·iódico:
ch~1.
Lorenzo .:,;a-va, J•acbuca, ll.~o.
DEL CINEWATOORAP0.C;elle;
Saumel ca~tnfieda, .A.totonnco el dt:I'l'i,;A'fRO
.Pucute lle la Le.lla.-'ftll.du tod.. l&amp;I
Gro.nd&lt;'.· -Hgo.
nocbes.
fa1lfl Qulrurt{', Irepu&amp;to.-&lt;Ho.
EX:POSICION DdPERIAL.-Elegute _.
llo&lt;lrlgo dii la Torrr-.--JCa_m¡1P.ehe,
Ión situado en la cale de San Joaé 61 a-1.
Fra.nclSí'O C'. del PO"J.:O.--CatorL-e, s. frent4l ni templo do la. Protcaa.
L. l'.
SALO'!i DEI VARJl;;DADES,- 8egdlld4

!'edro O:ímrara, Pn:pnntln..- -Ver.

).as relaciones anglo .. elerr a.nas -Guillermo II en
Tremendos 1, tliques u e la prensa

CO:NSTAN-CIO PB~A 11:dAQUEZ,

día vivir hnmlllndo: no sera digno de testó lfontl'kone, reth'lindollit con ,__
peto.
U. Tu llljo EgdWUll!l\1.''
- -¡,Qut' ,·:1i:-s ¡¡. bacl:"r, m:ulre? gritó el
Ln. c;-ondt$ll no 110Uf:1 &lt;"0ntr-1wr MllS li1gri111sti1 . .\.hrl6 't'.ioh'U1111uente fa otl·a \' 17.&lt;'Clllcl&lt;'.
eurlo.
· -Efleuci1actme, ei:;cucbudwe, vos, SI?- ·"Atunllu: Inrrnlt11dn ])Or mi l'IYal, fü,r f,.'()O(h&gt;: e~l.e dueltl tlt•lll' uo orlgf'D
1n11..ro :por \'Uf'Slru amor;.no babf-is te• lmrrilll&lt;', los l't•lriB de mi l1Jjo, pr~tennitlo t·uwvuslún I\P tuf; la muertf.&gt; ha &lt;llt•uto de h~ 8t•florlt.i _:i, 1,mtr--.\ fayor~
tddo rníl,;i gt•11ero!'11 &lt;¡uc Yns. o~ ro11!'a-¡1111es l1ln1 ... ;.\m,11\:t, .• 1•~ mi hija!
Kl'O rni último smipJro.--J~;.:rlmundu.''
- -Su l.lt•rm;,1111 1 murmuró Monteleo•
:'\u, no, imJJO!l:lhle. dlju hl ('Ofü1PS:1: m•, dt"j;tnflo 4•:1('l· $!U (•;,'.J)Jtdn.
mi rtrfó!l1onor n111l•s qnr lu ruu€-tfto: "~
;,11 11 ..rrnnua! 1•,r1.:h11nt1 el vizcoude
rfn l"I t.'nP.tl&lt;:ro wils ~rilutlP. 1111f' n10~ {'Ubril-"llélnf::t.• el roistro &lt;·ou las mnnoA.
111(' lmpullólern..
,,
T.:t cond(;'íit/1. /&gt;stul&gt;t1 con la fre nte toOnnnllo In &lt;.'OUddi:t 111•~6 t\l Jnj!nt' df'l l'llunrln y lui manoll (·t·uz11dai:. sobre
1h•,,:11ffo, l:;.~dmnn(ln y :\lontpl('Qnf' llC él pedto.
lmtr:iu ú florl'ti~. clr- uua manera. eaf'pro eAto 110 1111Nle &gt;il•r, dijo l!lgd·
enl'lllzutlll.
mnu,lo; por (]ll~ no lmb{óii.; d('jarlo gu e
ne 1mprol'lso ~P prt'!:t'ntfi 11q11(&gt;1ln. tn. mt• m He nntei, do hacerme tn n C'Spa nf(•ll1. marlrt', pn;d1illl'iu1lo!'ln f'ntrr- lnH 1osn df'dnraclón .••• ¡mi ¡,a.drt' ! ¡ D IOS
cowhutlenteR.
1nlo!
,
-í-lPüOt·a, A"tit6 B~Ornnndo: Idos, f'lt
-Y{,nld, se1io1·n., dijo lfouteleo ne; Y
nomhre dl'l t'lt•lo; poclrf:i ~UPOll('t'~O (lll(&gt; ll.í'OlllJIUíló n. In Pontletm ba.. ta el cRt'Ul l·
yo l.lahfa 1m•pur111lo (•1tn C'~t•na por co- jt•,
lmrdfn.
H(•R'l'Cl'Ó al rampó, y Jl:.1 mundo l los
· -Hr-fü► l'('R. dl.lo trAm11ltt )a t'ORdPl'la, tf'!ótti¡;oi::. dijo ('0Il voz l'IOlf'mne: 1teflodlrl¡:r\í•nl)osl" !'i. IM t&lt;'~tl,ro.o:· Jlf'tnilt!d n•-i. Jw ~iilo inju;itt) ni 1nRnlrnr ul Bt'·
qui' t'll,z-n unn pnlnlirn n. t'l'ltos l111mlt1·rR: üor vlz:ivTLdl' ti&lt;' t;nn Jullún: l'vcon oz~l uo soy tllrndld11, Oí" Jnro (111!' JH(• t\•11- ('O mi fullu y l&lt;.&gt; ¡1Ido J)l'l'(ll'in: 1o f=IL
r:trt' p:1r,1 1111r- 1-ontlnutl rl l11wlo.
tlsfu¡ro l'D 1'.lll'fltrn llrl'f:.euciu; dirigir
Ln-1 te.~tl~oR 81• 1·1&gt;t1rnrnn :11!-.runoa pa.- fa punt:1 clt' mi ei;pat1n i•ontrn ~11 r•'eos.
t'lrn . ¡111 :-ildo un &lt;·i·lmrn: yo lt• t'lll'J:V
-Cnhnllero, di.fo ln nindf'!l;fl con 1nA {]U(' olvhl•• la ln.1urh1\_ y 1f' t lt•ndo mi
l{igtlúrn!, ('n IOR ojO!J' lo Q\11' \'llÍ"l ;\. rnunn. l'Ol!'ÍlllllOlt• at·t•¡ll(' mi Htn ii:btd.
oit· rfll terrlbh~; pc•ro :ro apt•lo ti vups,
1,;~t1muw1o 1-Hlaha \ll•tno Insensato, y
tr:i (':tl1,'lll&lt;'rnot"1:trt, '\egurn. d" que- no RPt•nn:;: n,nl J;i-.: úlllmtts po ln.bras dr l
rt'v!'.!ltn-f!!i;¡ el !l(•('rrto qnl' voy !1. conf\a- ,•onclt•. qtH' J i) 11Pi::pl:'rt a1Jsa de a q uella
ro~l!orrlhk JH'~adllln.
-)1e d:.SreDs! l■ ,todo et b~or, eon- Maquinal mente C"Kirl'c h6 la. mano •e

,.

�\

nartes 12 de Febrero de u,o,
1

La nnena·sonioOad parisiense
.Usos y oostumbres modernos
'Por la "Barone!!!a de Orval

'

1

una_ suma (le (]ll,1,e.ro eutre los cl'ia•
dos de su prom.etitla.

EL MATRI MONIO

El coritrato

.
.
Celébrasc
con ruotiYo
,
·o
¡
hdel • contrato
, l
El '•trouseau'
un..1. tcum n, en n llOC e u por n
~,11 11 · E 8 dl[~1 1·1 ¡ c·di
·l
d
rna · ~ª;
. c .t 'ae 1 } o, pues ,eA lo'$ pn1fu'feS corres·poatde Ertrrtlir pe11 0,e c,e 1os mn 11 os u, qmenes se
~ ..c. J•"' ;·~un!l. ~ s·1 i' s ve1 .eJ·,1 d q_ne Ios f' unc.mnn•
&lt;.·n,mp1,e¡t n:m01,1,tc, ei~ •''"
•1.l·om;,;•~e:a.u " u~

I

:no,'t"ia. Cón:Stn. ;,c.:.t:é &amp;:- tO(ia la ropa r10s pulJlicos. loi:; dt:'éhratloH al C'ower,,,l,1!1, ;1 de 1a 1111:-:.m-..1, cl'e s•ns .,estidos cío ó fL la Uafü•a, pn"fC.L'ir{tn una ren~'('1"&lt;:iJJoi-,, ·~· &lt;le .Li.t 10uc0rfa de casa, -&lt;le nJún Nl lfl uo~~11e, rt otras les gus1·erv~Lp1•~a. :r de 1·ocim1.
hui'i. mlii:i en la UH\Üftnn., eu que es
m:l'ynres, ~ Den·rubtt · los in- .sonas tlie. óqad'.
S!f"
conservan
El nmtrnto •

m.-e,,n~'OS roiiero:-. que
afu:t e.u. rn-ovindns.

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nirse con los convidados.

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señoras

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t..'1.ffipoco, roi- nlnmo. ií :sn noclriza;
Lfl joven -que fl,-.·~,ea Jrn.cer a"nmir::rr
~ torl?~ «"1lo~ 11:11"-, hn&lt;'t•i·. 1~,.~ rP,g-nl&lt;;---, esa.:: pi•e,n_cfa~ ~'\ ril!!nn.n cl.P i::niz inti,~n:,!;

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qnE~· costumh1·e- ({Ul' los pndrf's r1e la ~t!,;;~uallr:'&lt;lo\.~€' papel lwístol &lt;:ln l:t
•Dotin 11:t~nn un pr&lt;&gt;sPntf' clr flinero á d,1. ir, 6 rnrn ,l.
sus ~r!ndo5, ''.on motiYu &lt;lPl cnsaEl se,.or Y la ~~,"í~ra ~' "E!St.aT~n.. e~ donde llegó á- realizar una pequeña
mle-nto,
f,nsn 'C'l martPR. tlH•crnc-ho de Jumo. a. fol·tuna.
Inroediatam~nt" &lt;fan 1:i~ ~rnr·i:i~ lo:\ tnl i'• &lt;í'\l:il. h~rn.. . _
_ .
Desde los primeros aííoh U.e su ní(1,,spo~:uln~. por lltr'-rlio de r:.YJnf&gt;l:1:::, n. T.:1 .hor11 mrlic-:i -st ~-e trritn rle unn ~eu- ñez, mostró ,Ymiam Armstrong mar1n~ 1&gt;1~r!':onn!'l &lt;1nc- le~ h,~n mnn:1a{lo re- ¡nMn matln~l ó 1!0 ct 11r11 n~ Y_ SiTYE' ~" cadas disposiciones para ht m€d-1tlica,
~a.los. La no,·iíi 110 tl'.l'i!!c t'~lJrf'~lones ¡ '-!nia p:11•:1, -P1 1-r~.1-e. Bn Te1rn16n . mnf_1- no obstante lo cunl tuvo que seguh·,
rl~ a~r:H'IN'.imiehto fi r¡nif'llí?~ hnn &lt;'Il- 11:ll s" pre~ren,tnnm ~fü::: r!nmac:: ron trriJ"'! 1 por consejos de su pndre, la NllTPr:t.
,{1·i~do r:lg(m oll-;f\r,11io pn.rtknlnr ni '11" &lt;'3Pf'. ·"lf'J?flntf~nno. 11,p,;;·:n~,lo ~nm- de- tJrocurador. De los '\"einticuatro :í.
l!'-PO~o, ni ,-c.$te ~1nr:l la::. .!?:1.·:1&lt;:i:1.s por , hre:·o: y lfl~ hombres. -con lpy1ta Y flor¡ los treiuta años, fné. pasante l'·.wtl~
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so 1c1 ar e e • ; l os re~a 1f•S 1_.nusHgr,H1os e] 11•pe amen e r&gt;n e -01!1.
U S\l ·iwoµ:wtidn.
r Pflrn &lt;'n 1ft n6cll?. tiraj~ d,,... hnile. ll:1- 1 milin., estableciéndose como procnr:1•Pero es r:o:it"ecto que ruú,s tm-de • tnrn1meute, f'~rotado; los hombres, dor ,i los treinta y un afio&lt;=.
baga rnenf'lún ñ1~ r!=:or: n•A"alns, rle su frac.
En 1842, emprendió la ,:urrl'ra. de
beleza ó gracias, eu -pr&lt;'!'!Pncia de lo!
----------ingeniero. hacia la •111e Je llr-Y1th:1n
don.,&lt;tntes.
sus inclinnciones. Tel'miu6 aquélla
Es comlm fJ\lC IIT 1'Í!=l.pí'rU Ó el día
Urillantemenh: &lt;;:in{'.{\ afio:-; 111::'i:i T:11·t.l1),
Qel matrimonio di~h'ibuya. el novio
tln.ndo :'i, In. irnl:..rnlri-1, 1•nlt(' 1•tr,_,s iu
v!'.'ntos 11otnl1les. unn grúa hi(lrfrnllca
El profesor de la Ulliversi•Q.nd lle cuyo t•mpleo ha llegado á ser itn~..
1
Ynr!llovilt. W. p; .A:ronlízki, leyó en la versal.
Con objeto de explótal' dithn. innmseeclón geológí-ra de aquel Centro, un
ción. Sf' asocia á ,·arios a1liig-o::t, creó
trnbnjo curiosfaimo.
~e trnta drl (le~eubriruiéuto en el Jn ma:~nífira fálJri&lt;'n d('1wrninad,1.~orte de Rusia, de una raza dr- gi- 1 iE1s-wkk EugjneC'ring "-~nrk:-..'"
gantes nnt-edilnvianos (rafoiosaurus).

!

t
Raza de gigan es

•

El Pectoral de
del Drª Ayer
No Tiene I gua!

Para la Curación Rápida de

ANTl·AN

Toses, Cripe, y

DEL

G~~.~.E'.tls

OFlliIAL DE ,.,A LEGIÓN DE HONOR
r,11EM6AO OE LA ACADEMIA OE M!:OICINA

, HECQUE_T

Profosor Agregado de la faculiad de lleJirina

de S.r.sqtti-Bromur~ dD Ha,rro
El m~Jnr

Resf ria.dos,

,

&lt;1~

~ l o \ \ F'nr1111:inn~os

ANEMlA. ~ERVOSIDAD,
OGOfl.O61S, CONSONCION.

cpnVJ :

· E! \l.?).ico qu&lt;' recon&amp;li\uye la :&lt;111n~i:_e,

ca!1m los nervios y que no estr1t1e
nunca.. - z ;i 3 Go1Jea1 ,.,, tiada oom1da.
PAh1S: MONTAGU 1 •3. rue dea ~ombards.
y r,,,;¡ TC.D.&gt;ll J.,b ,.-1&gt;.Jur.u.s

MEDICO DE LOS HOSPITALES DE PARIS

Premiado co• la Medalla dt Oro -

Paris - 18~3

S
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Adoptado por los Hospitales de París
Evítense Jas groseras y pellirotas lmiraaiones

Cargan ta.

hljue 1ohre IU bolf:llatlas r,1\abru: B!BlaVN dtl nrtOHSTl~l!K PUL

E,ljm
soh"@~
lus v/i!vuhs
~
.

Alh'la tos roiís afüctiva, p0,Jía l a ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' '

iuña.m:1.ción de la membrana, despren.de
fa
la, f1oma. y produce un s~ei'io rep"aTa~or._
l'::i.ra In, curo.. del Garrotillo 1 Tos Ferma,
y todas Jas a!~cdones pulmonales á

oue son tan propensos los jóvenes, no
hay Otro remedio :más eficaz que

. --- ~.
~ SYPHILIS
• lit'" LANCELDT • .i

"'❖•

Et Pectoral de Cereza
~i
del Dr. Ayer
JARABE Espicifico
or. J. c. Ayer y Ca., Lowell, Mass.,E.U,A,
~PÓngasie en guardia. contra imi•
. taciones baratas. El nombre de •• Ayer•s 0herry Pectoral" - figúra, en
1

frasco.

la euvoltw·a, y está va.ciado en el cri$tal

de cada

tloj )~"

Junta.

la maroR U.a "

~ibrica ad-

j¡.,,, ~

~

BRETONNEAU

Agradable e inofensivo
para el estómago.

-0s1,a1n~to

ur~L11W1Uo

j)~~"i~.tl~': .i~=""'.:16:;

sent:tUa.

Parece qntl ·el Ormulor ba. orde,naao qu'3 ae.epttas

.1tauol.ai 11,M p1·eclo::ia t-n el cu1iI¡,o dt-1 Jio,.!lll~l·

nJ.guu.• plu hlh, cu1.·ra1111tl.-r.J. de él ¡irou
81t:m¡ir:e 1 ~-.ultn1loa d.eenstr(,sos.

que

estaba

I
l

á,

l'ilµ~Jw,. boml.)1e3 li...u mut•rt-o da enlP1medaddes
cor1 lullW&lt;t. til.res O"mc lM df:ll corazóu, dd liign o,
(\t) los rUiunes e-11tcr1Mdlld(8 p11hlll&gt;PO.lt'I&lt;, etc.
pnr 1,al.&gt; 1· pt11llllthlo á, si~ vitalit!,1d F~turae, expouiC111lo~o 11,1:11 ó, Rf'T 111.clles "Victimas dtt e11taa
énfortr.l:'dacles -_cuam\o a11ru nas c. J1•~ de nt1P,st11ts
mtKliClll(H tomudus á th:m110 bul,,1Uli 1'ol]ll-'1.lltlo
eeta,9 de1JÍ!l.ta11ttis pérd!tln:&lt;1, Mi }ll'&lt;:'IWrva111 ti stl
't'ifalldnü pnrll. 11•t&lt;is cu· á. los a.1.aqut:s def.lSM pell-Frnl'l!IB1mftffm8{\a, 1,•e.
·,11tch .. ~ .h omt,rN1 llan

tl~gado lenta. rerose1mr"-. -n f'RtRclo d1-1 de111euoia illcnrn.blü i c11.t1sa.
d,~ ,·str.:, -vóruJ.da.a, 8W 11aber la, ventadéra. ca-usa.

m,·nt

··'soN ESTOS sus tlNTOMAS?

~!ll.

·

.:,eumns del s••~o (lflll~tr, ó nl e1'ltre11:11er ideas

El

1 ra DagilllWr,
grnuns.
ha. 11uv1JJa. tle taectviui; gra,wa, cm.tntcoion.es (ln 10" mOsc11Joe
.L~il. Jia CU1a.J, extt,n!n;hrn1do ~as dos rna- {qne sou pn,cursnLe1:1 de Jllo Epilo¡,:-inl; P" 11 ~a.·
Dilentos y au, ños voluptun1;us; \&lt;nfi•c~1011e.11,
lJ:OS ! Uit:lU. SU 1,Xl'Olll'c&lt;uid-O, exé.411111:6:
ten1lencl11-'I á d,,u·mtt11r ó durunr, 11,_ nsaclóo de em•
- : .l{~jf! . . . j L e!if! . . . ;Baja por brmecimleuto, pénlltia. de la 't"O,pUlatl, falla lle
energía, 1mpuaílJIJl(l11d ele ooncentr11r 1aa idt&gt;_R"9
piCllatl! Hatlo ,por 1a mruj,er que te Oolor.,8 Pn las plernus y en loe ~uó,-;.~ulna. S(lne11c1ón
,1¡,

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L,e,if Slf' d'0tU vo Ullll mJ.ill\1/t.o 6 dos y
&lt;! es:i_rn€s !Sig,uti6 trepa11..do &lt;:Oln ex.tn:ao1·.
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cilill em• argo, notáLase (}U1e ei:italJ,a, SU1IU11lll.'0ll/te t'rubiga,do,
~, n-.,~. .~•n1.. ,·. Ul"""...,,..,11,drud ••• {1.o,_,n,..,,,..,_sa,.
.. 01 '' = ~µ.a "'' ""'---..,v.,o:
U!
,c.;n..,..uu "
con .mucha frecUleucia.. De 1neiperutie se

N~m. 4.-CHAQUETA 11:TON PARA SENORAS.

,

,t.-

terciopelo se pueden agregar A 1.as so- hacer la chaqueta para una sei'iora de desprl~ll;di6 Uajo srtlS i¡}.nt:i:':il l]Il!l eDJO'l"I.Uie
Iapns ~-r el cuello.
mediano tamaño, se requieren 125 piedra, qüie rodó oo.n, ~tréplto 1por Ja.
Patrón número 4, existe en 8 tama- cm. de tela de 137 cm. :1nc.ho. Precio, Q):u·ptl. de ,roca. tComo 11.líil s1nii)esu"O pre1rrio
ños: de 7-P: &amp;. 112 cm. de busto. Para 40 centavos.
S; ,..,, •
Todo el mrnndo se dilspomila 'á. aleja,Tsu rl'tci~"dO que tno eJ."" 1V'lf.!lib 11e .su.i:.,;.,..
. ..,,
,.-;¡u_
""' "'"" .... ' i,
u..-...

/

Un inri_dente de 1~•.guerra de Crlmea, abrió ante W11Im.~ Armsu·ong

las. puertas de la celehr1d:1.d.

ho~
I

lHH' ·m(ils'

t[LC•ulo:

&lt;Urrs f~tivos y en g¡enemail d11rarute

tliempo aqueil rteiu\Lble ~elC-

Nn a,qlliál mom:enlto Wf ,¡paJ1paba CO!ll
todos aq.uie,1il:os em &lt;J_'U-e· .n·o traibaJ, n las
= h 11~ ,...,
,
a. lllaJl(J d c~see a wi. 11.'0........, pru:a {Pl'OSeg¡uI.r
rnLrkas, -en el ll'iego de ti:e11rais ele la- l61!
,s.se,eJJ.sión.
bor. cuya &lt;xtenslú11 q.ue éstas tienen
'6
••d:a, ~1,n-1-1,n,..:t
Jt,
D a~m1rur Vil COOl w, ' OW!u1'1,.00A..L. Q'U
-exce,le llllilIIY ¡poco ode 1m001La caba1le1:i.a
la
I:!.UlnD
dereclla
d-e
SU
iptomletlld.O
r,es.
• • •
•

HalJrpse notado en la hn.tall.t de
I11kermann, que dos rallones in;.{1Pl-:t.:"S
de gran f·amaño, y por tanto fi,ifírilmente manejables, presta.ron ex:eelc111-fa.ce siete mrises ~ue ell Sr. .AV·-·to
te ser,icio.
-..¡
~
Amnentar el alcance de los caiiouc~, Madt·l·d. encargado de ~.s bóc1egas de
d.
.
la I,:stacjón di!-l If,eiq·ocan-ilil )lex.icruu1o,
1~m111uyenclo al mir-.mo tiempo su fné 1,, duciéLo á prtslóil. h,.'libié.nílolo la
peso, fué entonces el problema que E
·
planteó Arms:troug, logrando al fü1 'll1J•re8.a neusrud-0 del del.Lto d,e ,abuso
re.solverlo sa.tlsfactorJa.mente.
de L•o1:fianza.
\
Desde aquel instantP, el obscuro inR~Yli!?a$s ]¡as IC'llle'nlt'as l1ESUlt6 ,que
geniero, se convirti6 PD el ''hombre mula fa~faba Y q_,U.P por consjg.J.tieTute
nin~~n de¼to se oometl6, y de ruqtú
d e 1 dfa."
E 1 G obicrn.o británico le
• v ..,. tlcl
,,.
ofreció una recompensa p~cuuiarln .." ~-uP t" 1 ;yu,e es '
m,r ~- ~ -curso fue-

••-'"

""lo

ba.lalla, Y qu,e éstle 00 s o s ~ ~ ~
eou la IIll¡V.!00 faqul~1•da~
-;Ltif!-gt1.~it6 Jn joven con tail fu et"•

za., riue su vo.z rei,Jei:c:utió COllllJra la
... ,
petlre~~dsla rnu1·a11a, Y todo led llllUllldo
se puso n, gritar ta.mbjéni.

1.o trhitt,ZS y !ln sa.llentne mqmt-tud, f;1l1s. de

mi&gt;morla., iml~clsión, me1n.ocoi1u~ cru,i,;am•10 d~
pué!! déi•unlqull'r t .;fuP&lt;t zo pequvfio, mi,llchnfl flotaur,•s a.n,e la viSt:\, del)llithtd (Jes11t1éit 1iel •c10 o
te nn.; ¡10Tdl a iu'\'oluntudM,; derran,e al b11ce-i::;
esfu81·z11e lln la ama, rt11'1.o ó silllido en lo¡,1 oMo~
~rn.l.!léz mauos y 11tés pCJ?njoi.011 Y b10R, 1íPmo1· \'\e.

n.l~ón 1'"'ligro inmin,.,ute t'iti m111·1 ro 6 h1h,1·11111.10.,
m1potenci:i parc1aló 10tnl, deri-ume prtll11et1J,H) o,
tardio, ¡,é1~Utla ó &lt;ll!oru'i11nel(iu de J'1s desf"&lt;1s, decnlmh•nto dll Jo, St'll&gt;li&gt;Hí&lt;!Md,. ór~1,c,s Otlldro y
dilhll ,. di8pi&gt;peln.,

eu;.,

1

te.

Al,mrnoa d•• ruioa

sfot ,mas 61,n O.llVl"rtl•IJCiM D&amp;IUl1llPt1 JlaTIII :.n
hoiubrt) g_ue dcl)ll rtlcupa.r¡u• e.mi enornulaff h .. un:11s
'Vttali.ls, "ó vendri á, twr ¡&gt;tes&amp; d.e alguna !ata.l

e.nJa~~~~f..~BollcltamOR de tod'1s los quo snt,-en
ae 11.I1runo de lt)~ irtnt.omaa arrl11a. euuu,e111;1lto!l,
QUE OBSERVEN BIEN ESTE.A VJSO,

,,e.

oomunlcau,tvae oou n11tt1 a Con;p11n1a
médtcna
eap~claliatAII que hllll .-nMo l"dlul a ai'ios &lt;lt&lt; J,Xllerlou"roa, tralawlo en erroeilil..d•·B ele Jot1 ne1·vlr&gt;ll y
&lt;lel 8i-,tema sexunt, y qnif'll• s puel.len gta.nwttzar

una.curación radical Y p~.t.1t1SJ1ent-e.
En,-teuos UllO. relación completa de en oaao
.,,ndouos toc1o su uumbrl;\ T dJ1eectón, f'diHl, oct1p1t.c16n et es casa•lú ó 1,oltero, cuált-a de loe. i,io.

t-0ma1t 'nombrados ee le h:m manitl!i,;tridll á U 11., y,
ai Ud., ha. n~ado l'llgun trataml.. nWJ)a.rn. gouo, iea,.
e@trecbez 1ifiUsóll.lgumtotraenfermt:1\atl,·eue1eá.
Nuestra ]uuía. ile mM.11.cue diagnusti.cia.ré. e11sogu1d11 y onhladosnment&amp; en ca.i,o {grn11,-}, inf.,rm.
arfl.A ú1t de lo QU~ le 01,18-"ta, un trat:J.nih·ntu d~
11 e1nt,11. \11.a&amp;.Pn el qne se e1ectuat'á. m:rn. caraci6n
radical PO la.restn.blect'Tá.á. Ud. su c.m11,,1le1~salud, ~
vol..-~1'é. Ud. á. s.-r un bonil.lre vlgorow. Si Ud. no
remite oluco pesn11 Pn bHlbtPS Ce su pni,. ó gir
postal eomo garauttade Tpuena. té, le e11,·laréruoe1
endl:lgnl 1s las m~c\1clua.s r1·quend11s J)ut corrao

cert1ttcado t,an pront I comu 1111.t_•atra. junta. d
médicos haya decidido el oompleto tratamientoá.
que Ud. debe &amp;0tut1t$r/J8.
¡
-iS• "8e. iSe cae.--exuw-m31l"&lt;&gt;n
OOlll'Alir.A. ESl'EOIALISTA del NORT.!l,
dos h ,ooro, tendirenld-0 J.'08 braz$ ha~. 204 Vinoent Bl~. 1 Brondway &amp; Du&amp;na St.,
cla 61.
11,,v York, E, U, &gt;le A.

,

,

.,,.

to-

-

LA PURIFICACION DE LA SANGkE
que fué r&lt;'ch:i.zada. En cambio. acel}- l,l r•n~lm'O E'!ll ,absolOlffi IJ,bf:&gt;.1tad..
r mrce,e que sierá reipnf'st.o en el emEetié es el ~ran probluma que di:oade Lace m 9ehoa siglos viene peruizu~do la ich&gt;ncia
, pleo Q11e a~l ser tnlca~~E'.1000 de~empe- m,dics: P°' que una anrgre pura •s vi,rorOM&amp;. .,, cuando reune Pfltit.s cond~o'i'leB JIUt'dt&gt; "'"
taraf&gt; f:eguro de que e organi!&lt;mO t&gt;slará. si e01r1ente en Ellll'I' fnuciones l,...a l'tll•Ji!tP ¡,obTe.
[ftnhn.. &lt;1'1""'&lt;111C1l1a ~ta.Clón.
·
VJl'Jadn _v dQhil, es el pel'..r enemiµ-o que pue&lt;len tr.un, lo m1emo lol'I' hom'lres e amo lus mu-'
1

t6 el fnvoredtlo tltulo de "kni~ht"
Y la .d,irección _de ,1.l,UJle(J Ordena.ne~'
fu(' creada para fl odn 2,000 libras de
sueJdo annaJ.
Los talleres de Elswick 1 se fnsionaron en 188~ con los importantes
a.,,::;tilleros '•:Miclwl nnd Compuny;•
dando por resultado 1n vasta empresa
cuy.o capltaJ era- al constituirse, de
dos t;nHlones de libra!=!, elevttnclose en
ln. actualidad a cerca dr cuatro mi-

F

. Pt-ro 3JIUtle,s se ha eoonptXl!Ill~tldo ~ n?' jeres 6 loa uiño~, pueR lo IJpvttn dentro de 61 miBtn.08. y dBben, por ta.nto:'\tender á librar
se de él, emp\l•oudo hlft PA.8TILLLAS DE ÁMEZCUA. MORENO, PARA. LA -CURA.('lON lU.DlCAL D.m

~tent~.l' de~a:nifüt ""'f)O:r cal~la ;yudlc1~ ~1 ~ ex1~'r jnuemnlzaie16n ~1· los
dnun:-i :'i m1fr~tie!_rutm~ &lt;l'll'~ _()xperilllll)entG clurante 8'll. 1TIJu~ta ;prisión.

LA l.i\IPUflEZ.A DE LA SANGRE,

Eatll\n cqmpuegta.a de vegetalea inofenaivo11, á la. vez que en~rgicoB, CUf08 efi&gt;cto Sf'll las
afect·ionefl eifi IUicuM y ren,reaA, están oom probados por la. ex j)&gt;'rien~ia. di; cert•u de medio
!\i~·lo dP cnrn.donN&gt; eomplf&gt;taR, re1J.lizadafl en multitud de casos y muy particulormente ttn
* **
ro1110 las Rig'.oientt&gt;s:
PoT cooditwto ide 1n ·SeiCTAtivría G-en.e- enfermt-dadefl
Slfih,1, lileuorreJ?rn, Eser-6ftila.s, Anginas, 1Jagas, Tumores, Erapciones de la piel, Enra-1. cl Go1hte,rno h.a rD!t&gt;mbrad.o jueces fei-medndes d~ la cinhna, Anemi11,.. rloroai~, reumahsmos. et.e.
nones.
de 'l'eli•u,nc•áfa y tAtJlix('(). TnspectiviaLos t'esultados ele este e~pecifl.co se hacen se11tir ,,n un término que no ba.j~ dn quince
Cmmdo las fiestas del jubileo de la m€-nte. lá. ,los &amp;es. !Ji0eIJJcin,d-o~ D. 1\fa.- días ni ne,•de de üehtn, E!:ltá de nota. al pre~iu de $1 50 ca. tP.IT lu Caprt;a,\ y di.' $1.62 cs.
Reina Yictoria. se conredW á lord ri:mo. G1~r1,jales Y D. 11. T-élJe-z RaU&amp;- para los Ei,tudof!, fr:inro rle porte, eu el Depó~Pto Geu.eral: Al1•nicerí1:1. 17 y Dro&amp;ueria dt!l
Willinm Armstrong, ]a dlgnidad de 1•n~. &lt;JU('ti"1,nlíl.o vaeante :rois juz.z:ulos de Cuadrante de Santfl. Latarinay en todas la.a i)rc.,guerlae de la. Rep6blica..

TN:.tUli2.{'ht1íleo Y )I:it:tm,01'0S, asf C(l,1UO

na. á su sobrino, 1fr. 'TT'atsou Armstrong.

EL NIDO

AGUAS DE UN RIO

O.el aguila

'

La ,Estadística

en México

Entre las enfermedades que ijllis se. exacerban dr.rante el invter,
no, cuéntnse, sin duda ali.;nna, las enfermedades del estGruago y dúl
intestino, qu-0, 6. causa· de los rigores del frío, no funcionan con 1a
activldad necesaria. H,ay Dlgu nas. sobre todo, que son las que con
mnyor incomodidad atac¡.tn al pac\ente: el Estreñimiento y la Dia•,
rren, que ya ex1.1onen al enfer mp á cólicos terribles y mortales, ya
lo llevan al ngotu.rulento y á 1a cousunción, causas amba8 las múB
importantes ele la mortalidad en !'!léxico.
1,
Mucho han contribnfdo ti disminuir dichas en:rermedades.
las p1lcloras del Doctor HUCH .A.RD, eficaces en las curaciones de
todas las afecciones del aparato dir;e'!§ti\To.

1

Ju•J:-egal"J, es e1 nombre de 'Ulla a.lclea dé Nonwga, enclavada entre
'úno1·u,es ntwr.allas de il.'Oea. La mePuebla,, •Febrero 9.
seta sobre •Ji.'l ·enaJl 6.:.11:á. si'l;u.a.da, há~
.,.
Jlns-e füviUicfa por Ulil 1.mcho torreute,
El S-r, .Tofln,nfn B01..,_·a .elevó dos ocur- ·q11e 1:~jt:. de 1-a m,ciillit1:1ñ.n. ¡para pre-ol-pi....~i
.,
sos .a~ Gobi-ru·oo, iSOiliidtundo que se ü1u·~ e-u rtm 11:a.go eereamo ·á 1,a ;fli1dieia.
Jo clej'e dei;;ríar kls a~U:l'!=; &lt;de-1 Tf6 tle
En 1-n ¡pru•~e, más aJ:ta., d'e la úlltim·ai
Sl!illl l'ooD!C!isco. ren cl rmnto e:u «1ue ro&lt;·:1. cortada á: 1}ico, haiMa. 1m n-ido de
éste :pa,s.a. l)Ol' ,el TrunJCll.o &lt;1- l llll·inlor, ág-uiln. •nü q;U!e ualLlJie haibfa ¡podido nuná fü1 ele .a¡pro,ecba,r¾n8 como fuerza r:;:1 1h•::;ar.
:0.1 ágl11ilia se Odl"nÍa ,con
mot'ri!~ .81phlcada .fi. la !1Hl1Ui-.-b~ia. Y {¡, .l..1. Íl'CC'tl'f.tnCia sobre 11.u ·akleü,. Y ~ ... !Eiewba
:1~r!tult1H':t, en i:La: inrtC'Jig-?ndia rcl!e q1ieJ aqni un Cor&lt;le-t·o, al'l! ·l.1:U rab1·~~:..Y una.
JJOClH: Jn{,t:tos
ma~ alrnJo ~olive-1·fa1ro -v.ez Iw:--ta '-1e- aipodiet·o die 1m nmó y ·se
!n.tt:&gt;.gra,s .al rfo y de ,qne s• gú11 ie-.stu• io UeYú -00111t&lt;:J!,g-o it J.as ailtnra.s.
(lfr;s ·.e61.Qee.i::ille-s reeién hechos, ,el. v-oCuando ]os chi-i:'n'ei'Os de fa IJ)i')blnci6u
1:1.mn{•U que ·nque1Jr1..s ,tJi.ene-.n allí 1es 'de eLn¡1,_•:;mhaa¡ á oand:.i.r. ,c,j(?'t'dtfubnnse en
¡!';~17 •l~~ros :por t~1eigmulo.
trtríll' á lo:; !ir!Jole's Y en te~c.nlar 1a.s
11;.n Pl otro 1pi&lt;le .que- se 11'.lf'&lt;,ie upr.ove- l'r&gt;Cns, ft fiu ele ~el' an~ún &lt;lía o.aa&gt;aoes
\ clrnr ·g.rntuitamru.te esa. agua; diurno.te lle llega,r al Ihido y d-est.i·ull'lie.

tJ ltlmas noticias

•

Las fórmuJns compuestas por el Doctor Huchard, para su aplica~

ci6n en el distinto mol.lo de pres entn.rse la enfermedad, son dos:
Pildo'ras Plateadas ·vara los casos que se cara.eterizan uor con@•
tipación 6 estrciíimjcnto.
PflUoras Dora.das, para los ca.sos con diarrea.
Son recomendudus en los ca sos de EMBARAZO~ G.ASTRI001

AGUDA, GASTitALGLA., DISPEPSIA, DISENTERIA, ENTEil!TlS
CRONICA, etc., etc.
Todn persona inteligente.. de be fijarse en qne lns Píldoras dél Dr.
HuC.'llm·d, de Pu.rfs, no son una sola preparación apllcnble íL fodos
los casos, como pretenden ser1 o otras. no obsto nte estar declarado
por la experiN1ria ele muchos el og-ios, que es impo~ible que lo que
sirve para curar rm efecto. sirva también para curar el efecto CQlltro
rlo.

AMENORREA, DlMEMDRREA
C■raeló1, &amp;e,:¡u~·• con lat1

=-

A causa
dB su pureza

ta Peptona

CHAPOTEAUT
es ta unic,a
~mntea{la por
M PASTEUR,

Bn los
taJ;íiratorlos de
Berlln, Viena,
s. - Petet•11/Jurco

y

por ta Marina

Francesa.

IFICA.i:U y .4f;CION RA.PlbA

VINO CHAPOTEAUT
de PEPTONA PÉPSIC.l

tla Peptona, el_ al im_ento más rico que se conoce, es el
resultado de la d1L?;est1ón de la carne de vaca, ,Jigerida
por la pepsrna C~úlO por el estómago. Nútrenao asi
sin necesidad de ningún otro alimento, los enfermos, lo;
runvalec1ent.es y todas las personas acome.dit,s de1nemia por _esteuupc~ón, digestiones difi~iles, asqueo
delosa!1mentos, f1ebr~s, diabetes, tisis. disenteria,
\]!mores, cancer, enfermeda~es·del est?mago y del
h1gadocausadaspor la estancta en les pa1ses c6.lidos.

CHAPOTE!DT, Farmacéutic-0, ~ roe Vi!lanne HRIS, yan !Ollas laJ ¡ru_

•••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••
Estás "Dlldoras con base de EXtracLo de Elixir del
D' GUILLIE, se emplea con éxito en las enfermedades del
Hfgalfo, do! E,tbmaga, del Corazbn, Gota, Rsumatf•mo,, flabra•
Palúdloaa, y Pernio/osas, Ja /1rfppa, ó /nflu,nza, y todas la• enlermedades ocasionadas por la Bflfs y las Ffoma,.

CAPSULAS OVARICAS ---:a D1pb1ito Generil, D' Pul GAGE Hijo,
VIGIER
DE

DOSIS : 2 1 6 cáp1ul&amp;1 por dio,

PABII · nrmacll1lGIER, n, bon! Bonne-1001ene.
e,,01111, ,~ MlJ:JCO. J. LiABADIE Suo•• J c 1•.

,

ti

Las rnd.Pras del Dr. Hucha rd, con indicacloneR precisas, para el
empleo de sus dos fórmulas, se encuentran de venta en todas laa
principales Droguerías y Botlc as.

~ MORRHUOL CHAPOTE,AUT
• Repres•nla los Principios activos del Aceite de Hígado de
Bacalao despojado de su materia grasa é indigesta. Ofrece á las m&amp;dres
de familia el medio de hacer tomará sus hijos ese medícamento 1in repug-

nancia. El MORRHUOL se administra en forma de pequeñas cápsulas redoolias que equivalen á Cinco gramos de Aceite cada una.
LllS experiencias efectuaaas en los Hospitales de Paria l¡an probado que
el MORRHUOL fortific.a con rapidez 4 lEIII niños enclenques, linfáticoa y
que se resfrían con frecuencia.
~

l&gt; ARIS, 8,

ru• v,vfenn8 1' en todas las Fa,maetati

.

JUnla.

Perturbaciones de la M1nop1nsia
y de la Castración

f

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En /lfexlco ¡ J. LABADIE, $UO"', y C1•
y en las principales casas-

CLOROSIS, ANEMIA

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d\t la. ee.ugro el nul,w v11:1t Sl•1Utn111 Sl'A. lA. &amp;ul»

mn,a pl.e-ill'il., -se 1.ier.am/06 pre,!'rl't11lección alouanIBroo, emi31ones ae di.A ó t!•
&amp;uros.'1, ,can Jos ojo:; 1,u1U111t.l:lüos de Iá- noctte, dernun,s &amp;l et1ta.r eu 1irosenola &lt;h,_ nui.

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Los (Ju'e ihe
l.:Ollll'illi}_blfib~llll dlelol',Lie iU:UaJo 'Otllll• &lt;el .uui-

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NUEVO
BIBEROJJ
O' CONSTANTIN PAUL

HOMBRES ,DEBILIES
DEBEN LEER EST~~ Av·•o
y r"ONEI
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REMEDIO A TIEMPO,,

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C.:O,U¡$t1r,·a,1· -cons- •
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En l)olftira, era lihl•1·al unionista~ la~ .A tHm1c-i1n~ del :\finf.¡.:t-erio Pr1hli.co ~
y represenia1)a e_n el Parlamento á. la en AtJi:xco Y Sn.n An:drés Chru1ehlcocindn.d de NewcastJe.
mu1n.
El &lt;'Nú.hre industrial' inglés, muPr~
11:L OORRESPONSAL.
sin hijos, pa~antlo RU i;nmensa fortu-

lN'\leHlo pn &lt;'1 oh nmf" ~ • ,1scen&lt;len- , anl'i!:'::t~. TH1Nle
la pn•7,.a
t3íl..,_ncto &lt;i(~ mp 1l~1· 1'1&lt;: ~-.;;;la-d~. · llon,h-• _gu::TLln. lns diY"rsas marazHlas
Si Pn C'l mnfnmonio h!1 111tp:•yen~- C'l.lhor::trli!!=; en lmti~ta.
dn una 1~(3tf"er{l persrnrn .. 1.:-~mbwn n.
Las 1'n-itncion-e~ -pnr:t el cnnh·ato. se
,ellf bab1·a. 11ue hacrrl0 algnn obse- r;•.¡lnc+an ~rnci11a,m~nte:. ,t:l'[J tnrjPt:1s 6

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Rean &lt;::unlp¡;¡ fnrren el Ju¡:mr y la
Esta airosa chaqueta ilustrada, be,,
hora, es eiem])r-e dgual Ja cer.eimonln. cha en pn.fio negro, inh·oduce u,oa
dc•l ·con.trato.
fashionahle now•d:td en e-1 cierre, el
L&lt;:(' el 110.tario el documento, pro- cnnl es en estilo cruzado. El ceñido
;e:nnta á los cnntra~rentes si están e-ntnlle está. obtenido por las costuras
dR#,
C'onformes. y, nrntlifestacln. su aquies- de los costadillos, las piezas dehnjo1
&lt;'_encía, ~e el~ la. pluma al novio. quieu de los brazos y las ¡iiezas sencillas
lirma el primero; r.e la. pasa éste á en el busto, Y los delantéros presen•
Regalos de boda
sn p-rometid:1. qni,pn ~e aC&lt;!!'l:tl J\ la tan el trazad.o la.rgo en la orilla in~
Pronjo .en exttP.mo, ~Tfa oenum!erar m 1~sn, firma :r da ln pluma n, s11 fri- ferior, la pnrtü: superior estando r~
todos lo$ oJ1si'rtlÜos que :;;p prn•rl"ll tura i::nep;ra., aesvuei:. de Ja cu;ll ::.i- servada para formar 1nn11iagudns soO-frec'e'r r-o:ri motivo. de
1111 ,matrimonio guen Ja .ioven, {'] 1rndre de 1a misma lapas que 1,1.ncn con los l'Xtremos del
pue~ son u1u('J,í 8imo!"l. f•a::.i :,;it•mpl'e: Y asr suce;:iYatn,('-nte.
•u:1t.o cu~llo. Lns mnnga~ &lt;1P úos cos~
los reclbi!lo~ dor fa::. (1¡,fiípo~adtt~.
1
.Por lo geu· ral, sucede que énh·e Jn..s hnas, est~rn pPs:punte~das en las muEntre C'l ,,(i'nmlo dí' joyas, ohjetos l;'.("ln&lt;'i?ne~ har .PPl'SOnas de C'ategorín, fie~as, simulnn~o punos. ~~ P_opulnr
ij.p
3 rtf', PtC'., ló:.:TflSP d('~('nhi·ir, no a. ((menes se &lt;lll"s- .3 distinguir, y se ?snlo de l10m1J10s á lo m1Iitn1, está
q1H.;tante la. t&lt;'mlf•nría utili.lnria de les sup".ica teng,np á. bien poner .su ,tcenluado Y Ja chaqueta se puede lle•
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·nu.P~tra 11.poe:1. pnos N1.si torlos los u·nut C'n e,1 C'Outrato.
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l"r-.~nl'Q,c.:. ~e 1l;in -&lt;'on 111 idf&gt;.1 rl(' eont1·iSi por cualquier lll-Oti't'O no 1:Ja podi- 1 cbe~!/~~o~~c~i~n {n pano iglés /
b111r,
algún •nfoc'lo. ail J.ujo de ,la rlQ ·Ja oe:·soua asi:-tir á la, r"uni6n, n.1 lizAJ" P.fLT~ la
P~~npuro:
anomd1?, .ae los -c-ón.:n1ges.
~lfa slgmente Ie m"nilaTá Pl notario gos atléticos.
~fa.terial de
rnnito
D&lt;'l rfrrnlo dt" pnrirnl.0s cerca.nos \3.
su casa •el contrato para que Jo kersey melton y telas por ef esü1o•
·euudir:-nrlo li. lo::. nn.1 i!:o~. Y pronto lfil'me.
se pu~den emplear y ataraceados ' d~
~rá ñe mod,1, ofrf'-C(-'I' t1 t-'n,im· con
lll1?mrns I\nlahra~ &lt;le frli~iinción. nn
En una tertulia de contrato, qui"'n
cl1eque nw~ 6 mrJJn!'l. Yalio~o.
ubre 1 ba\J
il
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E~ preriPo !';"in t.•mllnr"'o lrner tnce
. e es a novia, acompanacl.1
to pn.rn no 1,;H'C't' fs.to .
tn~nl' rn de- su novio¡ da fa. S'-'gun.·la piez-a. a.l
cn""nttt h fm•tnna t.lt' l~s· d~~p~i,::~dos
IIOhrlo, Y ó. Jos caballiero&amp; di:; honor
Ilny ofro ns:o cl(;l mí~~o ¡(,nf'¡~n: p{1- las sJguie~te~.
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.,..iar su torjiet1 (¡ h. nO'Vfn. C&lt;"D. frni&amp;ert ¿&gt;:ebe' lJailar poco '-ª '?-ovla. y guarda,..
cormo ~.nf::' ºvnlf' por un ;pfo.no," "vSJle t'fi, moclest.a re-serva, ,sm de.inr :por ,e,so
Ennoblecido por el trabajo
por nn rnr,C.'' ('tf'.. Ln joven misma ~le ~11ostrars~ muy R:_m_able para con los
vn a, escoi:tflr :í :-n t:rn!':tO, v SP le pnsa rnnt:11'los. Sin pa~•tic-111:ir tle su a:rrela ct1&lt;'nt.:, :il donn'nte.
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h:' tn.dora nl ~g1•f~~: d.ieja,ttl. que se divier~n Newcastle falleció hace po~os
OnRndo l:l noYi'l ha ri•cihido &lt;le ~u 1trrn los jó,ene:s.
días, lord Armstrong, jefe y fundat&gt;nomefldc&gt; nn ('Oll,tr tlP 1wr'Ias. pa- 1 ~u traje ~~1'ií. un poco rruí.c: J11cido dor de los célebres astilleros de Els!"r&gt;C'e natnrnl , 1110 lo ... p:.4rient-eE=. C'f'rra- (JUf' ,de eo~tnmbre; pe1·-o todavfa ao ~~ wick, é inventor de los cañones de
no8 &lt;'ompl0trn &lt;"1 rirl.eTPZO f'TIYinnclo rng:tlánnr:1 oeon fas jo~·:i.s de su "can:i.-s- gmn alcance, que han hecho su .nomdos Rretes 6 dial'i(\rnn de i~ua.l tama- tillo .de •hocla." r sólo ost--Pnta.rá. sus bre Mlebre en todo el mundo.
.
1, aJbajas de' s-0Uern. l"'nicnmente- el a.ni•
ño y el&lt;' iJ?ual orienh"-.
William A.rmstrong, era lo que lla.Tnnt.'1.mPntC' ron e-1 &lt;':tnnstillo envia- Jllo ele •esponi&lt;:al?s hrillat~ en el in.nular man en Inglaterra un "self-maderf f'l novio lo~ re.'!nlos para los ber- ¡d·e- su mano izquierda.
• man;" todo lo que llegó á ser se-lo
' mam.o~ d,e, su J)1'0mf'!ti-d.a: pero no e,~tW. Pu-edP'n 1uc·ir en esn reuni6n uodur- debió á su própio esfuerzo.
ohli.!?;t?tlo !1 bn(•cr re,..t1los ft sus fu- na ó matinal. el "cnnastillo" y los reSu padre, un modesto comerciante
1g;1ln!-'. ,'x n11f'sto8 h:t'-ta la Yis.{)Prn ,fa-1 de granos, estuvo establecido priweturo:-: ~nt'~ro:-:.
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1 fr. "'
\Hfo.sí' '111f&gt; la noYin
(lP~Pí? .urn. frimonio. T1l C":q1oslc1(1n, flunCJ.ne ro en Wrcay Y luego en Newca&amp;tlel
· ..... mm 1'('(·11.erCTO á ~u nóYio. Jo l(:,.iti&lt;':t.Cfa. ,a e:,,.-tf','n(lifn&lt;lose carlR. dfa.
r:nal 1:tmllff·n (',::1(1 pPl'fec·tamrntr nd• .r li"onjt.·a, nn so:am~nte, la ,·anidad
mitido: parn r:::10 f:¡.l·•fl&lt;::Pl"Íl mm ::i.lha- de In DQYin. fe:Jjz coTI hflC?T aclmirnr
j:t, 1~11 nhido nrtünit•o dP. tl!-O 11er!':o- df' su~ ami:e"R$i lo~ rezalos, ~ino ta.mri:ll, en 1~on~onn;F•1:1 &lt;•ou lo~ g-u::-tO$ rbi(•n. á loi:. dornrni·f'~. r·uv:1 t.n·rje'ta -se
tl,e ~n ll1tl1M CC.T10~ú.
j c:onsPr,:t aflberl(la al o'bj-f'to ,i•1n-lndo.
L:1 noYin ·1·, -.. :1i,11·: r1 -.:11s ami:r:is .ió- 1 Xo :,:::¡, .exnone Pl •·tr011s•wau" :11 ~Rño
,·l'n •s alg-1111_ - ~l•• s11;,; ;;llt:1i:1s ,11~ ~ol- fü,• lo~ 1'.PJ?n°lu~: •':~o se-rfa des:1~rail.a.hl~
f&lt;'r,'1· no ol··í1lu ·.f i't ~n in1-;tlt11'l'iZ. ni piJTH l:1c:: 1wr&lt;-(HJ'é1~ {fPliedns: no dt&gt;bPn
(: ~ns 1·,r,,r,,..,on--~. 1ii :1:fü; :-:ir1nier~ il c,xpon('-ri:.E&gt; ."'i ;¡;1 ,i~fa rle- toclos las pl,(:&gt;zas
~11 •1on,."ll:_1,. c·nsP q1w la h:t:r:i _tf"&gt;ni(l~ ch~ 1·011a 1bl::mca del -uso intimo de una

1

una.

~

millas. en un~ pit'zn es¡1ccial con los

¡t-est.i~os.
TP.rminnda .la. foctura_, vuelven ul sa16n los intcrPsallos, á •re.u-

gramos

-------------------•&gt;-4+-&lt;IIH..◄-------------------

I

""' la trr;pn. Interior del es,¡,os.o, se pouPµ 1H3 1nlcin1es &lt;le ¡su nombre y apeJU1'o.
.
•Pero la Uie:nc-eria die C'a1Sa1 debe dr
•marcac1a cop las inic-in.Ies de los dos
ª?&lt;'llirlos_, t'l di" 1.'.l. r-sp_o~n. Y el d&lt;'l ma~
ll'l'c\Q.. !(t'l"eeedlend~ la m1e1:lll de éste a
la. ~~ su c.o~1,1pa~&lt;:J·a. .
~1 l::i~ doR fruml1af:: tienen tHnlos ~é
nohlez~ -.se 1Nn.en las armas ,enlaza-

como

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I

un documento q_ue

notado par'a dE&gt;tiDebe la madl'(' consngrar su ntf'ii- uh• la (;OUclicjón l}C'CUTiiarHt de los
cH'in mfl~ esmr,tnd·~ íl. 111. composk16n conlray01ües. Clmnclo no ,hay contra•del 11 h·ons~rfiu" para que no le falte to, ,M;pet•ial q1100a el matrimonio .hnjo
llilda. -Lo~ hny de todos prot:los, se- -el régimen de 1ft comunidad de biPgún la surua disponible, la Clltegorfa J nes.
&amp;U finura, elega.ncla y composici6n, y
La _firma fle &lt;lic·lló ddCumcnlo se
SP@=Cin tamlJién el númer_o &lt;le objetos Pfééhla nlgunos elfo¡:: anl-c$., en lo parde que consta.
tiC'ul:u·, ya en la rn$:a (1('1 notai·-io. yu
Ln ropR. Ulimc·a destinada á la jo- en lfl 11P ,los pndrf's de 1:J novla. y ·C's
,·eu. va mnrr:ida con la inicial de su 1m 1wete:x:to para ln recepción llama~
no'mbre d~ J)lla s con la del apellido da "Ue co11tratos' 1 • En ocasiones, siu
dP sn nu1r1do.
¡ em lnu·go. se le &lt;la lectura. .en la réuPfll"R la marra nue bn dP bordarse nión ante los miC'ml)ros dt' las dos t'a¡;¡.e

¡

1

La alimantaoióri en el Sig 0XX

Ho:r yo n-o e0im'J.)t"!81n1d,e. el cümuao de t.lc O\rtlienanzr..'1 el traje de, &lt;'alle-, lo
.1-rm:t hln,n&gt;t.:a, q,uie era el prgullo de c¡ne pHmltirfr que asistan las per1rn~os

m1ento 6 "gourmnndlse;• El hombre si un hQmbre comiese al. nl).o siete
Bn ja ~oca de qrue a;crur se itrn.ta,
.Lclt se car.a, eru ef:oc"OO, 1lil':1."rusitlro.111ffo
de mectiudos del .:1iglo XX, se 11wl't:u-á. vccei; su propio volUlllt!ll de a.limen- hnlifa en lb,1, &lt;.üuU!en. u.1.11 ro\Jw$tO I.UaJD1Cl:uo .consigo Ju Llom:u, fl.n~ p1fodrns y Jas 'l'Oá ht ntción a.Uweuucia necesana pu- tos. dh•ers9s, en cunuto se logre e:x::.. :I.11rnHIO J,,011', • nwy iu.tic,o.ua.áu ,.i, !O~ ca)-;.
T,odos 114.i..; oit"C"UU..1R,ll1n.iu1Jt::S ,·o,...1"itra la vida, del que trabaja, y quo 1iender la parte útil del organismo, leJliri;it:i,orS .fit:,1H:m; Y CL 1toda ci.:.LDe &lt;.le pe'- ron la caibe¼a pura 11,0 CTJI-.eoonc:iaa: ](l. 00 . ·
1
cqruprencte' 1:to gramos de albúrnlna, sólo ab-sorber4, vez y media, su volu• h:,;To:,.ws_ av,1.unw·.as.
j tlistr(11i• Pen·o oyeron 81 un1ido Of:.!liS.io•
00 de grasas y ;;mo de almidón y fé- men.
1,c~tla su mús t!herru.i i.ln:Orurrrua, d,ecfa nado ¡poT 'lllll ,'U.o1t.10lto choque ccmtr.a. ,c,l
cula~ ó sea un total de 540 gL'n.mos
Ji;nt.on½eB el hombre, casi exento de t.JlW, tbi-d!e ó teu111J..lll'il n10, 111ega.,tfa a1l si- suólo,
cada vpinücuatro horas.
dolencias, vjvirá doble tiempo que t!o üo11J'.e :,.'e 1L11.u;,JÜ11.ri1uJl.lu. ~.. _ru1illo, sin
~:u:md_o, aJ fila, 1:lu~i,0r0in -,;•,aíl,oo.· ,p::llri1
,v.
tt&lt;.u~·l' •en \CUJOD:CO. lb.l-ó t1·USC11.TllL11o.t11e,":&gt; {JU'e mm:tl' ·ueron q1ne !Jcllf ,meta !en tielTtl
110
Ingerimos
!'t diario multitud de "dew
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El sabio Bertllelnt cree que se 11 11 &lt;lé t•uu ti!u•uo Jei ¡ 1.Lc_fa1lll Ju,$ J.J'elt':soua.s Ill i.w.rto y llOl"l•lhleiu1eu11te rniuf\li,adlo, sin
Se&lt;:: h os que sólo sh·ven para que raw Ha próxima la edld de orp del géae- iDtLS v1·uLH::111t'~. y s ... m,:::abl~ del '.l)ilJ.S. Q.!llf' (nié'ra ,po:-1iblte i!l1o1Ccm1ocer sru ¡·.osrta:o.
baJen los &lt;lientes, la lengua, ·el estó- ro ,humru.10, grncias al .\imperio unt- Ltül, ,tJu--.p-1·~ímbu cl i1Yc,,1·g:ro y, Slll oi:;!Jag&gt;rnru· babfa, perdMo ial ml~IDO
rungo Y los ,.ntestiaos.
versal de. la fué.i·za quimlca."' Pode- 1,~l'Ul' ,11 ieo.w1J1.lie1Lo tl~illl·ro.do de ~u vi- tic,m- \ el sevtri1lo 1 y ·ora i~ebLrrutla dlcl
Ilay alimentos, como el que~o de mo5 cousolarnos con esta esperanza.. gt,r Lh,'i-110, ~iwv-efló_.se 10i 1rn llill di.a ll.'!Il lug·ni- &lt;ft_, aq,uelila e:-:pnili1to~a. es.o na.
Gruyere, I)Or ejemplo, que contienen
subil' ú• .La roca &lt;le J:as áigiUriJIO.:S.
Lfls jó,ien,."S qu:e lm,bía1n ind&lt;t1ciri.llo 4
338
de substancia 11.til que
• * ~
. gramos
L
ATROPELLAMIENTO
Lc.lf ú .ruconmtm· tp!ru ·tem,ora,t·ü1 01.01-H"C·
armen
a.tanto
500
&lt;!
·
mariana ,congr-egóse 't&lt;lda. la al- so.
a,trV\'!,alll ¡¡,
&lt;11 oaalil.l'er
J
lentPju.s, tno de carneó "dlez kilos
lle:1 •L"il 1.l'llr,Bl,t:io tle-u,,,1iwu:u.ado, ru Le:U1tt· ¡ nJ,[t m1.W.'lllr]!e 8lqUJi,E.'fNl. Los \·11.j .. !s tu~
de p:-tates."
A lns siete de la noche de· nyer, i;ioUt:ia de .1:i. ,tuüaz ,eI1111n't$.t
q-1.00: el vi-eron &lt;)'lle af•ru•ca.rS'é á él y eónd'llcir
Por e~ra razón, fos químicos tratan \Pl!,1n. por la plnzuela de Snn Lnras, wo1.u il,~ á ·aCO'WULel'.
í't ta a1k!en fos cleSl¡)oj.rns dl01. 1hn1folrtUJJ.N1do
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de Vl:"r rómo simplifican los a1inrento~, · · ,Tor..é Gon:r.álcz, y 110 not-6 Jn proxiini-' Lu,s Wl!dt11llu-::l Ú.1.,-Cifü1 "no,' 1 y ilo,C:!i jó- y yr,t11C'ros:o ,nwnc-eho.
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ni o.
re-ducienüo la p::U'tt' comestible i1 lo d:Hl de un. tren de la línea ~le AatecnA veu1.•¡.;, •·i:;L"
~ru ~u1111&gt;a.ugo, Loif, ,qu~
I 't:ill{l d~ .plJilcs 1e:x.c:!1U1mó, á. gtLJtim de
que ei:: utilízahle por el organi~;mo. y Vign, gn~ lo nlcn.nzó y lo arrolló, paw tc111il ¡:,ot· .CO:i!UUW.1.)1-e nu ierscu.(:wu· ii. ¡pnifimdn sen.1t1m~ln,:
De ese modo se evJtnrfm 1~ts enfPr- s~rnclole las ruedas por el ruerpo y cau- 1w.tlie. ,~:-:;p-e.utlJll ui:.a.uqu.ilo el IDO!UU!'nlo
-¡ l~:-: 1esim11rt:oso llO o:0un~i&lt;lo! ¡Pier-0,
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D',ledade~ rlp la hocn. del intestino ; 1 sunclole una gi;nv1sima lesión en la úlJ q-u•.! .nt. ~eruJ.H•a. ;albat11,dom.1:5!e t'J J:tld.o. s1.n t"rnlJm·go, {'o,&lt;:¡ ,eoo1T1emii,erut1e -que :e}.j~
del est6mago, cuyo origen estO. en el cnQeza.
u,.,~!'3.•Uio ~1 tu:s1tallliL&lt;e úllJ:Ortiuuo, :;.ul.n6- · ta :n.I~o · tau alto q1we no ui1t1! Un 'lii-ltlr alEl hombre del siglo XTI{, en vez exceso de lo (Jfü\ se &lt;·orne-.
~I &lt;'Ochc::o huyó, y no se Io2ró su su á J.:l &lt;..'rll·lJ•a 1Ule 1wu áliboJ q.n'C sae a.za- 1 &lt;:tu1zacto jaJn:ls '.l}Otr :irod.ie!
de "a.limentarse" exc1ur:;.ira.rnente, teUn lrnry (]11P flC'!"'.e GOO libras, ~6!o captnTU, hn~ta al_g·unns horas despuéi:i, b:L {L niuC'lLOi=. ples sub1ii., el n.lvel &lt;.1~1 ! - - ~ . , .
•
nía el vicio de 11 com.er" por refina- tlen·e 15 alii.nenticins. De .. orma que eu qne lo _de~l.e-n6 u~10 de los emplea- tmclo y 1l:Oll ay·uthl. d,• las l'lúUJJa.S em,pt:::dos de los fenoenrnles.
zúa t1.'&lt;-"l)M' 1&gt;oc ,l.1JS"'l.·ocx1-s. ~e::\lll'Ullitl1an- U
1

Claro estll que ,al ha6Iar de hombres de época tnn rémota., se refiere
á sus cadAveres, ó mejor á. sus esqueletos.
Uno de éstos mide tres metros desde los pies A, la cnbezn, y se baila muy
bien. conflerviado hasta en los menores detalles.
Haee seis meses que el profesor
Amalizki habla deacubierto trozos ele
esos esqueletos en sepulcros de arena
Y piedra n, orillas del Dvina. del Narte, Y sOlo ha. conseguido ~ecoger un
esqueleto completo, que lrli 11, enriquecer las coleeciones del nuevo Mnseo pnJeontoló~Ic
·
&lt;•
,., o q ne se cons t ruve
en San Peters1 )Ut'" L 08 d ~ • ·
·
'~ ""º·
e .1.~n'lopa
Y An1érica que deseen reprOduc&lt;'iones de ese liei·ru so •en 1 ·
ed
o. solic·t
e.1 I P ar
obtenerlas con s'·lo
·l pu en

f" de t• ni., 9, r.de Grmlle.St-Girmain, Parll

, ,n toda, ta, farmat:la,

Tanto los niños como las personas mayores
toman con el mayor deleite el exquisito
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apetito, reanima las fuerzas, enriquece la
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Reumatismo, Flujos en general, etc,
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�</text>
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..••••••••..",i,... -~
Jueves 15 de Marzo de !901

EDIOION DE LA TARDE
,

Sucesos de Puebla

•

La Nueva Estrella

J

1 El

aseo .de las facl'\adas

Sen•lcio de la Prensa Asociílda.
San Francisco Cal., Marzo 13.-Se ha
enviado una Invitación al Presidente
Diaz, de !\léxico, por el comité de recepción que tiene ú, BU cargo 10 ~ festejos para el Preaidente )le Ki~ley,
durante su proyccto. d a visita, invitandu ul Presidente D!az á visitar eSt il
ciudad, durante el tiempo de la permanencla de l\Ic Kinley en ella.
Londres, Mnrzo 13.-El Rey Eduardo ha nombrado al Duque de Aber•
c-orn, Lord Wolseley, , al Couae . ele
:,Wount. Edgcmnhe Y al Conde Carrmgton. emhaja&lt;.lorl!S especiales para informar á las cortes extranjeras de que
la Reina ,nctorin. ha muerto Y de que
ha ascendido al trono él Rey Eduardo.
.
Peldn, Marzo 13.-Los ministro~ e~tl'nnjeros enviarou obora (), los plenipot@ficJarios chinos, unn lista de las
,~mas y ciuclndea lle C1J..!,na, e.a. las cuales no se permitirá, c1t:ra.ntE: un perrodo de ctnco ailos, el eJerctc10 del set·Ivicio ql,il. Pidieron. ► también. á estas
¡autorid,tdes chinns, que señalaran un
lc-omiL~. que Q}:)rara de acuerdo con un
delpgnd() señnlndo bor los ministros,
p;u-a tlPterruinnt· el valor de las pro~
piedades privadas que se han tomado
par.a la ampliaci6n de las legaciones.
Londres; Marzo 13.-La Cámara de
\ los Comune~ rerbaz6 ah.:frn por una
'mayorra dP. doscientoe cincuenta votos
co~trtt ciento ¡;;esenta y doS, la segunda lectura dP lf\ nota de .los distritos
' \unido~. ílrlnnda), _una. o:e cuyas fases
principales era Pl nombr.amiento de un
con~rjo con poderes para efectuar la
compra ñe terrenos. El secretarlo prJn.
cipal por lÍ-lanñ.n. Mr. Wyndham, se
1
opuso á. la moción.

Jardh,es públicos

San F¡¡_•anc:i&amp;co y Sane:a,m.iento de la
ciudad. El a,yunt,umiento norril:¡1'6 u.na
Varlos v-eo!-oos tienen la ~dea de d1- romisJ6.n funnaxla. de los ,1,egsdores
rlgit'Se A la COO"l)Ot"ll.clón Municipal, qu,e di"se-mpeIT:w Ja,s oomLSlion:es de
pld,J~ndole qu,o
i ..s plaZ'lle!as del policla. .alul&gt;J1.dM •Y de tierras Y
Oacrmen, AnaJoo, Itnrl&gt;ide y Sa11 Jo- 1I ,agunt; par.a que se en;c a:rguen de dlcsé, se hag.a unn •plan.h.c•úa de ú1·l&gt;u-¡taimi,nar sobre este asunto.
les cc,m,proIDJe.tléntlose '1os pet!ClO\Oa·
~I~ t!. cuidar de ellos, y ooemlts ofreEl S,r. D. Agustin de
"8ran oonvel'lllr en ja1,a,i.oes &lt;&gt;Stas pinla Hldalgf!
zoela.s ,que •hoy ¡pr;,sentlo,n \llll aspecto
desag&lt;ra.dable.
ID&gt;. sido !laana.do para formar parte
d,el cu,erpo Mmtlo!pnl como regidor
La ciudad de Puebla
snpl.ente, enoomenñáindosele J:a.s comi·
l
.s-ionc-s .má,s Q\miporban.eft uel A.yunta.A titulo ~ mu,iosid:td Y romo un m1en,to. El S,r. de la._Hiidalga. es uno
dato hasta hoy dr-sco.noci.do, damos de los com~r&lt;'iautes ,m-á;s aca.ud•alados
!J.os slgiulentes d8/to!! tomados de fuentes die la ciudad y ~e espera que su paso
oficial.es y que -dán una icliea Ue la j poc la oorporac.l6n sea d-e gran utili~m,part,a.I&gt;ct,a de esta ·ctud.1.&lt;l. El pre- &lt;la.d ¡pam los !uter"""s &lt;lel vecin.darlo.
supuesto d.e E ~ s del Estado impoT·
ta: $1.236,841.00: el presupuesto MuNueva Industria
mlc!pal $264,365.96 oents. En estos
gasoos no estao comprendldos los de
Don Ig_n.,'lciO Glueniero y BeN"iel,
Beneflceno!·a -nd el Colegio del Estado.
Ouenta Puebla. con 30 Flábnlcas_ de aoa.ba d,e ,solkita.P de la Secretaria de
Hilados y Tejddos, 2 de vidll1io, 1 de Fomento, ¡privilegil,o exclusi,vo por su
&lt;produ.etos Químloos, 2 de Estrumpados, sistema. de pinturas sobn,e petates y
4 de Cerolloa, 5 de Ve!As hlsteAricns, todos los· a:r-tiefa.ctos ue pa!ma de ea80 Za,pater!ns, 19 Sombrererlas, 83 Pe- .rri.Zo. Los pr,im-el"OS rtt,abaj-os ,o.jecnt,aluquerlas, 28 BañM, 19 Im,¡,,1,en1JaS, 5 dos son d,e g:t'1811l origrina1fdail y todos
Ltbrer!ns, 68 Fondas, 38 Esci-lrorios, ellos ropOO&lt;!entan escenas vendadara55 Agencias de ddstintas ,cla.ses, 29 melllte tiipicas. 14- nueva in.du.s:trla de-1
A1mRKleoes, 78 •C&amp;,ni&lt;Jeiria.s,. 27 Canti- ,sr. Be.rtúel, sentí. uua. de las que tennas, 37 Botiloos, 252 Pulquerfas, 161 gan 11!100 dama'1ila prura el a.dXl\l'llO de
Tiendas d,e Aoorrotes, o;¡;i Tendajones, salrcmes.
6 Demtdst,a,s, 1 Flá.lmlca de Chocolate,
2 die Aguas Gaseosas, 5 oo can,ms de La rrjortaJldad er¡
..ieble
fierro Y &lt;latón, 8 de Medias, 2 de Ceryem, 1 de Hielo, l. de Organos, 30
DUINUlte ,¡¡ afio de 1899, se o.-egi,ItraBoúele&lt;I, 24 Emp.alloo, 72 Sastrer!as, TOJO 494.3 cleofunciones cqoti..,_ 4434 que
20 Panru:le.r9u&lt;, 107 Caq,i.oiter!ru,, 10 se rti¡¡ist.raa-o;o en el nilo de 1900; lo
Fo'"..ograf!aa, 64 Herrerta,,, 24 Bla'tle- que acusa ,ma baj&lt;a en la moo'tnli&lt;ll'd
r
3 Joyarfas, 10 Fábricas de A.lll'.li- 00 509. En el mtsmo año de 1900; se re
~ de Fideo, 7 de Loza, 1 de gistra.ro.n 166 matr\anondos y L/ nacl"'"'""""!emite, l de B1B.nq:uoo de I\Ian.- mlentos. El &lt;Xlrto número de matrlmo1
, i:i,
de Peto.es, 1 de 1-teS&lt;Xrt.es. El to- Dios Y na,cim.ien,tos re:glsttisi.dos, indl1
d,e estabLectmientos entr,e los que ca c1~11lClllen1te que en Puebla,
por
,t~cuentnm,,
ya citados Y otros dosg~:tª· 1110 se CWDiple oon las le¡es
1~~-- wnemr, es de 1lre8 del E&lt;,:a.do Olwl.
~
·

"º

"r_:__

~.,.,._....,'1Í,,...--~ ........._...,_____...ra.q■uil-•'•.·_-ed-,·t·a·b-• -:-f_:t.,:!g-•M•n
'·
LAS OBRAS
~
~
u~ ....,
·
t •Ó iequdpa.Jf):s,
""

~lgodonera

Las Legaciones en Pekin

·m-e!r.o' de cal'lr.os de uranspor:te es de
OUIDIPlim"ntam:do una d,sposi&lt;li6n l\&lt;fU· 891. Coches pwrtd.cula:oos 123, Coches
nJ.clpaJ, los ,¡,ropl&lt;&gt;ta-oios de lineas ur- de Alquller 93.
baruis han iproced-Ld-o á. ¡pintar las fachadas de sus orusas. La ciudad de Pue- Proyecto de saT\eamleT\to
bla rp-re&amp;en1ta 1hoy runa vista aleg1·e y
ccmiirima una vez m(liS -el bu.en nom•
Don Eduardo Bello, .bA presenmdo
b1,e que td6!Ml 'POII' su aseo,
lt la Corpo11ndó.n M¡mtclpal un {&gt;ro•
y,eoto oob-re (."8.nlliJziad6n d~l • rfo de

u

LA CRISIS

Embajada especial inglesa .

lllll ciento do.cuenta y siete, hlalblen&lt;lo "n la ciudoo, breS m'1l CUJlttO•
ci,en.tas cuairenta y' octflt) erur,:.as. El nü-

Puebla, Marzo 12 ·de 1901.

Vueltos A. bordo los marineros, Izaron una tira de vela á uno de los palos
rotos, logrando después de una hora de
gran fatiga, embarrancar al sur de las
escallera,s, sal'ffilldose todos, con la
,embar.caci6.n.

01 s{'Gi8i: llíaz

1

ULTIMA INFOR~ACION
•

z:.,L' ..

···················-··•·i••·····

I

.Ha puesto
á la venta

} .:.,,e

'

No '1ªY terr¡ores para el
porveT\lr

llev:1Tse la causa ante el jnr01l fü-:h~
cons1d,eró al reo .como autor de bomiddio callfieado con alevosía, prem,c,ttit.-1ción y vE;&gt;ntaja.
El juez impuso la ptma eapltal en irlnrJ
del vel'edicto y el reo tnte1-pus •el r•:
curso de ape1aci6n, que se substaochí
en la 2a. Sa1,a pero ésta ~o-nfhrnü en
todas sus partes el fallo d-e primera
ln·stancia.
Mancilla i&gt;ld!O amparo y también le
fué rn;gn-00 y si no ootlené el indulto.
sel'á, pasad-o por las armas.

Se confirman los datos que hace ·muy
A fines del mes pasado a'.l'r!bó ni
poco ti.empo pnbUcamos acerca de 13.
ip1·-0duec1i5n aLgodonera en los Estados 'Puerto de Vetacruz el va.por alemAn
Unidos, la cual rufecta direcUL.n:.P.nte á ' 1 Senlor,º y no cumrpli6 e
alguna dt
los ín&lt;lu-striales y fabricantes de M~- posición sanitaria.
x.ico, que afio por ,;¡flo van A buscar la El ,delegado del Oonsejo Superior de
Sa1uibrida-d, tomó nota de la in.fracpreciosa fibra e-n el pais vecino.
Excede de. ,diez millones cien mil pa- ción y levantó el aCta r-espect}'va,
cas el algodón· que e.:rt ;ltt República del la que canstan lo.s heobos, para que
Norte tlrroju la cosecha~de al•god6n en ,se resuelva lo con-veniente en el n.'Bun1900-1001. Por lo que 1-q~cta a1 pro- to.
dueto nacional, se ha héo.ho el cálculo
de que se eJ.evat"~ e:n dos mil tonellUJdas
m·ás de To coseehadó en la vez anter1or, 6 sea. el rulo ültimo. Las causas La Avenida de los Hombres
que produjeron la crlslis fnlbrill algodoIlustres
nera bace poco tiempo, quizA. no se
repetirán, según el pa1-ecer de il os proLa -extensa arv-enida de •f os Homln'.e.s
J)los indue:trlales y cultiva-dores de al- 1Ii1ustires, -está slrendo pavimentada ,
godon,eros, quienes esp011a11 ensanchar .grau· pl'isa por numerO&amp;a.S cnadrillne
sus operactones en una escala ya su .. de operarios.
1
,pe-r:lor. Los prjmeros, los indu$trlales. El sistema de emfban,queta-do &lt;n1e :--1•
h~ resuelto tm su mayor pru•te. dar emplC'a, es e1.·m1smo que se hizo -cm J:i:-s
í3ahda á los produetos de su fabrica- calles m.As céntricas: de asfa1to ¡ ·
clón h11cla lais Repúblicas del Sur, á ta'Ddo Josas.
don.de ha:n estado enviando gra.udes
Las losas qu-e -están si.endo qul~-1
muestrm·ios á sus agentes co-merc1ales das, se emploorán en las ca1I.es de
én,cargªdos de pr':8tigiar la. ~er&lt;:'au.cra. suburbios de la. eapitaJ. mediante 1111
IY colocarla en tueJores ,cond1-c10nes que ligera p1cada:.
lndf.gena. en eada pafs b,erme.no y
a·un sobre la sim:ill.aT de los ;rosta.das
UnJdos.
.; UD.A.CU Dfil UN RATERO
1h ti1iércoles al medio dfa m ratet·,,
----------SENTENCIADO
llum,ulo Dan.iel Almanza, e \J t!e l.'
7\
7 1
aüos cie edad, penetró &amp;. un
r-t,
U
mlento de rppa; que está.
\a
del Coliseo Nuevo, y s
exh•· : •.
--- •
abriendo un' aparador, un hn~1:6!l
Al juez lo. de lo Oriminafl, fué con• . ba.a1bú cOn ,,erduguiUl:&gt;, nprov-edrn
,signado Santos Ma.nc.illa, como pre- 1 una c·onfusión de los depr:udie11te::.
'Sunto .responsable del homicidio comeCuando tuvo eu sus manos ol ua~tldo ~n la persona:de un individuo ene.. t6n, contó, Pero un transeunte di
migo suyo.
nvl!-io. 01 · gendarme iumecliato. qu le
En eL proceso sie:i:npre sostuvo el acu. echó guante al 1·at11 y lo con Unjo
sado haber obrado en rifia, pero al cuurta Inspección de Poli.cía.
-4-

11a

M E'RT E

f

La Ley Marcia 1

l,
• iall5lal?ill?i11Bll511?ill?inllol?ila"l?illl5ll5'lli1511l511l511l51h5l?iil5i15lo

L S
8

rita.

Dawet va il tomar parte en las
negociaciones de Paz

¡·

W

atson que"dice haberla desctibierto
·

·

La nU'eva es t re}la
'DE. 'P E.'RS E.O

e===

~-,
..::;
Cha1c~. fl&gt;l'TO 00 liat/: ·nclio a""P'!Ado
por a,tenolones pa:ntkn 1,re,;, ¡0 ~eempl&gt;t·
za1J·á. -el Lle. ,loa.quID \'t ~ta Luna.
El Dic. Rietyna.ldo n &gt;t..'ba sido nombrado Juez de prh~ ~ r.nstanelo. llf&gt;l
Distrito ele TexcOCQ, ..:..:, .Jud•dauo Lic.

En Gerona

El descubrimiento· de una
jOveü arn,l1nklu1.·..
l:iJ-JI;io¡,~~1/\;ü~:;~~(;;;: i~'~·~~s~r&lt;l~
Hay en el Colegio &lt;le va""ª"• &lt;le fior Lle. Francisoo ~Ior,'\año. MCib!6 el nos en Catnluila, sera deelarn&lt;la la

:!·~:~v'~\1;,;;;;~;~its~!~1~fr•!·;~

de sos

'

Servirlo de la Prensa Asociada.
Barcelona, l\IaTZo 13.-Se info~ma
-que han ocurrido desól'den&lt;!IS &lt;'n San
Quirino, -no lejos de Ripoll, en la provinda d-e Gerona, donde el lunes tuvieron lu~ur algnnos motines. Se rn-¡
mora que han Ri&lt;lo inre111diadai:t las
fac•torfas. s,, IJan en·Ti."lo tro1ms al IR·

1

LOS ACCIDENTES

En la Vía Pública
l

¡ Preva1u::íunti:i" ·ú:t!i ii'u olJt·no üe? .Dlstr1fo 18:ff

Ohlcago una joven esuudiante, llama- nomb:m:mlento de. Juez lietl·a.d.o d:e Te-, ley marcial en todas las eiudades, si
El Tráfico de Ferrocarriles Eléctricos
-DiC&lt;'se que han sldo capturados da Lda Watson. Los amigos y compa· nan¡;o.
.
necesaTiO [uere.
fos individuos comp'Ueados fil el ase- ñ:eros de col~g:lo -de esta ,señorita, sos*•*
Nueiva York. ;'.·t:arzo 13.-Un -despasitfato -O.el peún, ol•tJrrido en pl c:unpa- ti
ard
d
Ba.io la pr,e_si!denola del sefíor g.ober- cho ,especial d-e Rretoria parn. el "Jour~a&lt;'e poco más de dos me.ses que el M.cuJo, Y si ~ste no puede ' ~ remn1 j
U.n.a. de las Oompañ'flats parvlm.-enta.do- mento de Va1,gas,
semana pasa.da.
alc':ismo~{ic~:o ~u:V~.ae~=~:~ nador se &gt;efectruará •mnifiana ,en la n&lt;&gt;• nal and A.dvertlse.r," füoe: "Se ha de- s.fieuodr Gobernador delb D1str ito, con del vido de}ffi-e luego. se d-etenclr'á el mori11
.... .o de la ...,;!duad, reoibu.'la, en estos dfas 1 -.El Juzga~o
=1·n1ero de pi•lmera en Edimllurgo. la nueva y bl'Hlante ch_e, el re,pai-00 de Jo,.c;: lf)l',e,tnios c:1iel Oo- ,clarado un armisticio
genera·!, pendi---e 'que se comprod Jll.'il.tr1ª causa
Muy e-specia.lmL•nt~ ~'C" oh~er:
f."""'
,_
u
i,,•
·
cu 1
11 ¡ _e mienito.
~ ·
11
aa m~quJna.rja q~e •pidió A. los Estados Ini:;-tanciia, t,raibaja _con toda activioad estrella de la co11Stelación de Perseo: legto Portilla, en el aa.l,'.6n de iaetos del te de la llegada del Geneta.1 Dewet. ¡-as ~ru1;:rosos c~sofij e ~ ºf-e nm e~- VRhi, esta prevención, cuando se ¡¡.i."1\Unido.,;;, ,con el objeto d,e llevar á. cnbo en el proceso d-el n,sesln:tto del señor A.nd-erson hizo 511 descubri:miento -en Estaiblroim:iento Y bajo un escogido- "El Gene:i,al Botha ha estado en con- tos. e ;oques Y O#ros ncc 1 e~ es ocu~ri- sente cl rjesgo de wtrol)ell;.l'!' ri los
con myru)r mpidez, tais··obms d-e pavi- PedTo M:aza, de Médellfn; pero los cri- ]a noche del 21 de F-ebre~. La se-ño- progra:i.tna.
ferendas con el GeneTal Kitche-ner, y do_s en las ,ras publicas P?r 1osferroca- 1transeuntes.
menmoión de laiS cimcuoo.ta calles qu,e mina,Jes,. que s,e sepa, no han caf-do to- irita \Vatson es. una aplicada alumna
,c_on str .Alfredo MUner, du-rante va-rios rnles ur~anos•. tanto elec~·icos como 1 3a. Los carros se detendrán par:1
tiene señalad~s, segtín el contrato ~s- ·¡davf-a en pod,er de la justrl'Cia.
,cJe .Asttonomía, Y pasa mu-chas hora.s.
dfas, y todos tres desean consultá.r ri •fo tra..cc16n ammal, resolvió que o.ti• . tomar Y dejar pasajeros; en las espoctiv-0, por diversos rumbos de Ja om- -Ayer se inaugm.·6 ,e1 alumbrado de la noohe .en -el observatorio astroEL INCENDIO
Dewet. Dewet viene A toda prl.sa por cial~s de la gen.darmerfa, Yiujaran quin_as de las calles, dentro de ius p11d.&lt;td, Y de las cuales .sólo ha pav_iln:e1;1- -eléetrico en la Plaza de Armas.
nómi,co de Vassair. A las ano.e de la
el ,Xorte, á, través de _la.eolonla Orang.e· &lt;ontrnunment~
Jás plataiormas .de bla01on~_;_y en 1:ts calzarlas, fuera d,•
tado dns de Sanrt:,a Tleresa. semma.ruo
Rh·er, obsequiando el lllamamie.nto de los cnr11os, A fin de que su de0Iarac1?n las poIA.ac1ones, -en queJas casas e.stflu
~. , . , •--n•·· de '-..,tu.l,"-'UU.
~--~••al·.
EL C9RRESPONS.AL.
moebe
de la fecha
joll
Ca 0 0
· ·
f e sob re ¡ as causa13 d e ¡ os .acc 1- aislados, d onc1e
, !o .p-1"d
¡· os pasak, di ¡n-&lt;
.- ....... mencionada,
.
h . la"Al
Botba .Anoche pasó por Brandnorth ¡11:-:1t'.ll'a
Y paI. ~ Ult:,l .u.,::: ve
1
..~
.i-~
•1-,...:o l a Elmpre5n.,
·----------ven " der 0Ja,a-cual
su querfa
l.~ e.scop10
acta
A su ;,,_~
·
d P...·•te··
,
TOS•
·
E&lt; n ·,...1..uas
pa-saiUII.R:I
iremv.i..
go!l
hacer
u:ria
oom~a-da
A
ésta,
tendrá
lugar
una
_..,:
•
..
•
.
1
500 toneladas de iasflalibo, que aerán
pa.1:acli.ón.
El Juez cuRrto -Correccional que co- con(erencla. Reina ahora cierta nle-] Los mformes reunidos han vem.do ~
4a. No se permitirá r1ue los pa:-;n.jo.
1
éUswibtl'id!as entre las ouad.I·i,Has d-e
LAS O B RÁS
A
b bl
.•,
difl nació del asunto del tnéendio ocurri- grfa cansada por 1a esperanza él-e que c.len1&lt;',~trar que. un noventa por &lt;'JPnto ros suban 6 baj-en de los carror::; pol'
. _,_
~- 1
. la
:penas .a. a consegmuo, con
-I
b
l
d
•
• • d
las .-.iataloru:n"s -1.~i\ "~•
tra b a:rauut-es,
oogo eomo
nueva
cultad af car bien B'U ap rat
· do en Jos almacenes del señor Ca- ·se aya. dl~m•n&lt;lo y.a &lt;?l último caño- e e esas esgracrn.s, son origma as por
!!'J._
......
,Ul:'.URJ111.-i::u.·~1
yr i
maqui!D.aria permita ,el ensanche de la;s
-O p • lb'~
1
b -·~
cuar rrauza. lR noche ñel domingo flltimo Iniazo de la. guerra aaiglo-b6era."
¡1n.i:: irn¡JrudenciilR de. las yfctimas, 6 por permauezc:1:11 en eU:ts en ningún c-:1obras.
_
q~e :-: ·filgu:b:: ;USilM~.o:
J1a _faJlndo clecl~rando que no hay de: 1 ~fanila, Marzo 13.-El Pagador, Ma- co&lt;:.ilero5 y carreros que disputan el ·So., i:s'iB."mpo_:o. pod.1ián subir n•i hnjat
'l'erm.kna.da la pavimentación d-el
sus e1bservaciones. Al princt'Pio creyó lito q\le pe,rseguh-.
yor pj:cket, que nevaba $ 75,000 en paso. en las bocacalles y calz,i,da-i. !l.
ba-lle postil?Jl.'10:es,. cuan.do· el ea11:o
frente de Oa.tedra.1, ee empr.endera. la
que -su vista ln. engaijn.ba: 6 que
El mozo que (ué presentado ante el . oro é J.ba -escolta,do .por diez hombrea los tl'&lt;'De!I.
.
.
..
O. otros. á~,eq~~tuuento, ~ Ue't"é oh i)
(,e las canes &lt;l-e BlateJ.'IOS, 1a P,rofesa
tes ha'.&gt;fa hecho observaoion-es inexne- Ju&lt;'z
de qu~en se tenían :!ospechas llfontados, de la rompañfa D del die- 1 rar.i poner coto en lo posible a. esn!:I
La.s lat::tfm. que.
.
, ..
y segunda. de Sa.n J.. ,ranctsco, segG.n lo R
. .. d
tas, Pronto se conv-enci-On, sin em- que ttt"":tera parte en el siniestro, fué e1séis de lnfenterfa, fué ,a.tacado por desgi·ncrns; _el Sr. Gobernador .oo~ralha I se oc ~án cu;mas iposooriot~s .nu_n&lt;;~
-0/spuesto por la Oorporaci6n Munlciep0SICI0n e Una presa bargo, de lo contrario y compr.en&lt;lóó. puesto en libertad, por no haber culpa una pn.1·tida &lt;le 30 ban¡]idos en el ca- acorllr,do las prernnclone~ Sl!,_lllen_~es, j deso;: n.do ei:'"'~o_ hay.a to~a:cia slt1n
ipa.l; no excedJendo d,e tres sem.anns el
Kltle habf3. deséubierto una nueva lMi· [ en su rontra.
mln? .a~ Ba¡n_ngoog y Echague, -eh la. que i::ie ltarán conocer al uúblico, OJ;;:n- rros. P
e :.llilteriOO' rcle los c-,1~
tiempoM -qu'e
deban
Guada1njara, M:arzo 11.
·~J
de 1, 1sca· ya. ..:e
~ tr bó
,
,,
la f baurait los ti~aba.jos,
b •
tl'i;!lla.
En vista del fallo, las CompttfI!as de pronnc1a
··
a
unui.. te- 1&lt;10 1as prof u s amente en los .1uo-ares
~
. 5n. La su-1. . ~..1,. y '·-Jaª'a d- los !., ....,, .
u . pa,rW'! u.-e
ec a. e.n .que I•a-s o 1•a,s
Por el ú1tim-o vapoo- ll~garon ii. Tamlbl I h
l b
· í
t d
h
s d dis
IJ,IUi'J,.
ua u
'°"
...,~
&lt;lel. San_.ea.miento se terminen en esos pl-co, ,p rocedentes de Alemania, 254
El 25 d,e Febrero hiz;o otra obo;;.er- ! Seg-uros. de las que tenla pólizas el rr e ne ,a, Y os anclidos fueron de- ma~ l'l~cuen a os Y que an I o . - Jeros no diebe-nln ~él' &amp;iru u1t.'i.n&lt;-:•as. ,;vación. 'La e&amp;trella haibta dism1nuldo ' sellor Carranza, hnwtn la entre¡;a del notados. ~O-'i fondos se sa'livaTon. El tra&gt;1.1idaE- á los gendarmes Y comisa- los_ empleados " ... ;.-"~.,.j,.... ,.,e qu-. no ' •o·¡puntos.
l)ultoo con 139,000 kilos de maquioaxio.
cabo Hooke f é
t
· d
r r
= u
~
'
. Tan_ luego OO[[IlK) en estars calles se Y un kilómetro de ,rieles, que m·a lo tnotablem-ent.e en su brilllante~. Y pare- &lt;linero de su 1mporte..
. ..
r u muer o Y un soldado rto!I; e po ie a.
r
lmiemoo la pz.·.1meua, ~u que Iwr,vit conresta.bliezca el h-áfirco, se prooode1'á 11 ,la qu,e falt:Jaba pa.11a eo:mpleta.r laa obras r-ecfa ser como d.e la mag]lli.tud &lt;le Po----------J:le11do.
Eu cllns el pubhco ve1A. las ol.)llga- ~nfdo la ·s egunda. La efe"clfüu•,'.Jn Pl'"con·strucci6n del paviml'lllto de 13.,st'alto 1j paira producln.· la~ fuerz,a moti,iz de 1lux, la esi~•!tla mf1s 1,ri::,wtc d1! Los
cionc•s que le co:c.i·:sponden, nsi como c1samenrt-e por da ,p1wt-a.f-Orinn Dostr-rior
1
en las Esoalerma.s, Tiaeuba, Santa 400 cabillos contratooa con e\ Ayun- Gemelos.
¡·
los derechos que tiene.
y por e¡ lado más 'próximo ii. fa-hnn Clara. ~201 Anoires y costado Norte úa.mt~n1o. Ha¡y ti-abaj.ando en dichas
Sln em-ba11go de qu~ Mi,gg Wat$on
;¡neta, Cl~aJJ~,¡ ee ab.·,n-1"""'1 lla,s pohh,
ele l.a Alam-e:rla, hasta Ol8JD Hipólit&gt;o.
obra,s, 11Il.OS mil trescientos bombres, babfa heMo nn descubrimiento, paco
Dicen así las instrucci-~n,es:
-c1onesi .Jiue.1:a de ~$ü1.s Y en lo,q pu-11 -•------El señor l\Ianuel Herrera, está ensaHablendo examinado Jás ca.usas que to.sen que llaya &lt;loble vfa, ""e tom~r.1, 11
00 JDOdo que. están tan adeLantadas ·habló de él á. sus ma.-estros y compa.100
que se ,e~para qu,e en el próx,iimo me-s ñm·os, Y los detalles com_pletos Do Eie
yando uno de los Oratorios tlél Aba- iproduC€n
atropelJamientos, cho- 6 d~JaJ.•.ln los cn.t·ros, por c.l la.do c,1m,• ...:de Abril, se concluyan.
~
hlcieron públicos, slno fin,G ha81ta que
Guaymas, 1\!arzo 9.
tP Peros!, que se, ejecutará próxima- que.is Y oh:os n&lt;."Cid-entes que á d1arlo toª l!t do·ble vra.
'los astr6no~oe; del mundo comcnzB.De paso para Torin, lle~ó. á esta mente en nnn casa pai·tlcula.r, á, benefl- 15e rf'-giSi:n.•an en el tráfico de los l.i'erro.6a. Cuando clos 6 máis C.'ll".to.s 1le'\•p,n
La giran pr-esa que existe oorca de ron á. admirarse del descubrimiento ciudad el General Torres
cio Uel asilo de San Vicente de Puul, carriles dt~l Dis.lrito, N'SUlt'a que radi- la ~ ,!~ma direc.ci6n, debettw g-ua,1•tfar
Zoqui11an y .que f'ué d.estn·nlda t~n ta de Anderson.
!&lt;le su secretorio el Capitáu EnrJqúe ,q,1e no hn mucho fundaron las distin- cau, no solamente en de,s cuidos Y fa!- eoo,(!aot&lt;&gt;menue uua distanéia ,•nt.r-tempm·ada de a.guas d1•J. ri.110 próximo
_ _ _ _ __,.____
Cortés.&lt;
guidas damas que forman 1a· conferen- itas &lt;le pi"etauclón de parte de los ero- sf, d-c v,e.1utc á 'fil•e.inta metr,1s. c11n11
pas::i_tlo por 1fna rue-rt~ co1'J.·hm.te, se
Se ha em"barcado gran cantidad de cía en esa cin&lt;Htd.
pl-eados de los tren~, sino tambléh, Y do ,menos, .si la triaccióll e.s animal. r
'Buena exlsteneia
esto en la rua,yorra &lt;le 1.os casos, en la
•.•- ,..~ ,n·"~nie!• ~1a1.
esti\ actualmente. 1.·.-p.onlendo.
porque con déstino l&gt; I\Iéduoo y To- _como se tr~ta de uno. audición mu- 'l"b•ist,mcia del público lt cumplir las
Sigue en la Cuarta Plana
.......,.u'°"".1.'v ,u....,
~ '"'·•i·~-•
rin.
s1cnl de lo ma.s selecto que s-e ha pro- q,..,
'=·ac-t·uz, Marzo 11.
Hao comenzado . ~ ,Ja,,·:-1"' en nsta •e •• • •
d
é l...
dlspos1ciones de.. los 1-egl&lt;amentos vi1
-.;;..a.
,1
""
,., ""
._
..
De Negoc,os do lng1aterra
e nci o eu nt1 SLros tiempos Y cuya ,o-entn, Y las dictadas por el G0bimno
~gon el eoTte
de caja pradica,.io en pital, ,r.n1·ios e:.1¡,os fü~ fi-ebre Ufoldé.'l.
Los vecinos del templo pan·oqujn!. ejecucjón rnrn vez se oirá. en nquellu
Distrito, pni·a ervitnr tal-es acciden'
fiu clr J-'(&gt;1Jrfl1·0 ror ,l:1 -Tcsorer'i11 Gen?- -idendo, los ro.lis, de fatn.le-&amp; cou.s::1:.."Cuen- ~\:,cr en 18 mniínnn, ('] $C'fior Fnirfax 'Se queja.u ron Jnsti&lt;.·Ja del insufribI;; capital. seguro es que lu cont'erencln tes¡
ral .¡:le! Esrndo, l'C'S't1ltó una existe~~1; cías.
Cartawrither, l:!1H.:argállo ele ~c~ocios ruido q11P· lrnre 6 111:\nfla llucer P\ C'ur,t , obteudr! buenos fondos para el AsiQue est.lmnndo necesario lnsi'Stir en
i)ara &lt;.'l pt'1".SN.lte lllt....S, · el-e $ 163,24 . .
:.;:
*
de -lludntf'l'rÁ. hizfJ ('ntreg:1 de• hl Le- con Ins enmpnnas a. tolln bora del dfa, lo.
hnc-n co1l0CE"r nl público, p:ura su pro-El -esfadCI i;uniürrio de est(' p11e1·to,
Entre, varlos ~o&lt;.d,o~ fü•l C•.i~ino .Ta- g~icií•ii al señor Georg-e Urr,·me, nuevo JTJOl('stnmlo :1 los enfnmoR y no d9____.._______
nio bene-fielo, las pr,ecanc-loues quedeF,1 dfa !28 clPl eo1·riente Se hal'á. rlf' la.o.; r¡u,,
;;i, [&gt;&lt;'~ar &lt;le to:; brn~ros
1·arohios de fiS{'lt•n-Re, existe la idPa de f's.tableeer :'\\jnl&lt;.itro dP n, uell~ :\T•l~_i&lt;,n, qne ]l(lg(i j:in(lo rl.ormir á.. los 'Vecinos pncfficos
ben ohservnrs-e en el ti,fi.fico de los ftwron
Pmpeñ-u,]aff el mes de Oc1ut,r. &lt;" '
1
tellll&gt;C'l.'a.Lura que expe-r_lnwn_tnmos á. en, di&lt;"ho &lt;'frculo, 1111n Ra.l.11 dr ar11U1~. á esta c·n!lifül el m:irt('~ en la UO&lt;'hC'. de 111 ciucl«tl.
NAUF RAGI O
tranvfa,s, e~clalmente de los ~léctri- l 9íl0, "'! l ft nt61l flituadn en lt'L' 2;: ca 1!11 ,: ..
la
v~1·6m1iu.
núrn. fi.
enu::rn de los ;nort~, ~iJ nnneJorahle.
Y hacel' alguna·~ ot.rAs mejora~.
}~l $,pflot · Cartu",Til1ter, en cOm¡ia: 1
• • •
cos. 'Prescritas :i;ra por cli,•erstts dlspoEsta s-:ituaciúu ~e tI~ne 1,or 1111 bnrn
L11 ser:hnnn -t~nt.rante saldril, f'l Sr. Go- u,· •., (le) ~ofior C:reYillr, dPben 11'.lhC'r El .Jefe d~ la tt"&gt;TC'('Tfl. rlivif;i(10 del
,.,,;cio11e-s. y dictar además las me.füdas • Los lnt.e1·('1~:idos en ellas pueden ocm'?
tle~po M.bll á 1;arl!Mns, refrPndllrht:; ·
.1.• ·
"l nr•u#ximo verano exis~ hc:n·na.d0t· ron -ol fin ilC' Yisihll' ln:S cln' "'U ht 8ecretarfa de . Refa- 1s·...-rvic
· 1·o. .Postal
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cNJn('!:-:, el primero. pnrn llacer ln visi- enrnen ra ar ua me e f'n
nin a enn.
se conozcan aque11~, sino qu-e tnm~ arreglo n.l Reglamrnto vigente del tnm,1."
; a1mn·Hla no obtendn.l el d&lt;!-sa.i-rollo &lt;le Cnutón del Esta.do.
tu ele• (':--tilo. al Sf'iíor :i\fariscal, pre- :r dentro de a~unos días PStM•fi en esbién se cu:tn1plau;
Aléxit•o, ~11 &lt;le .Mu.i·zo &lt;le ]901.-M,H\Tl·:I ,
13, 14: y 1;"1
on·os ii!io:-.
srut;idr, por ('1 s'figundo. y el Eliicargn- ta.
Seis
marinos
en peligro
He tenido á bien aco1~dar, que se ~T•~m~_Y ~A.
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• los ~~r
• ~e.,a.t f'.'s
El tlf-n 28 d!'' PtflBPnte ee lrnrtC,i~ l~us qu i•
La ·•,. auto1·ld1Nl1..•s lrnn fiJ'ado· :::u ute11-ú
EL VENENO
do do .Xeg·ot•iof-, para despcdirs~
del II•
· "- ve11ldo !11struTer1do
· ·
:publiquen e11 on solo cuerpo, ¡ os pre,ción en la saluhrirJ:~f Y -se fli~dou~n
J)roiiio Scuetario de Relacione!:&gt;, pues ambulante-~ en U{! :-::i¡:,¡tpmn m,1!-1 senTampico, :u ·a rzo 7-.
&lt;'l?'ptos y!_e-cntes sot,.re tráfico de los Cueron t!m11enadaK ,:n el Dtefl dP i:;:epLiemru ,¡.
lY00. enla.cueasitu~du.en la callo . de Sa.1.1~11
&lt;!qmlla-tir todo aque o que pue a p_ermnfi1U1H Pn ln noche, partil·ú. pura cilio y t'ltil pnrn las rlifl-triJ11wión ñe
ID] vie1·nes üllimo ¡\ medio día, se fe1~ro('aa.1·iles urbanos, y las dispooicio- Ana nº 4,
judica,rl.il.
.
·
XueYit York por 1:1 vín di:!! 1,~errocarril cartns ~, pe-rifülicos nbortlo clel trpn desató un nort e rul'io:so en Tamrlico, ne,s reglamentarias de policfn. que se
Los Interesados en ellas pueden ocur:rir
-En h::i congrrgacione&gt;s &lt;1.r-1 Buen
. 1ríl-\il, su por meclJo del runl las eartn~ it::A ,·m11r·e- tan ¡• 0=·~,·te, que el •.1nemú1J1et1·0 lle0",·1 ....,-; rcq,merrut
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a' cu - en tlem_Po bá.bil ti sacarlas, rcfkendru•J;\s f-,
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para su cu m¡,'"1mlento
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Pafs, Vallo y Ln Pi•:c 1·n, !":e estu,o
ara 05 pericos
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sos són envfndos dlrcctnme11te á sus -ma.rca:r 60 millail por hora.
yo fin se recuerda y -o,rdena la _obser-; presenciar su . ventn, la que se llllr/1. 1: 11
nls.trando en rso!'&gt; df:?s
El bote "Od•"n''
hacía la .1'
nesca en vanc,·,•,. u•e las p,·evenclon•s
s!gu1e.ntes: anf'glo , nl Regla.mc&gt;nto vigente del ramo.
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M~xico, M111'tO 11 de 1001 - .F1u1-;~;c11
el múctlro Don E• Y:1.r1:TH &lt; o, b,
El sPñpr l\lc Dowf'll. miniKtrn de
nln,..unn oficina ifel trúusito.
n¡ Golfo r,1 u•)~ milla.s lle- la costa, eu un
la. '}.~·!ueú1u cocb·e ¡1ofü,{¡, caminar COR'l
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dt• .~uya enferme-e a se a )lan
aefll,a ele remitir nl Instituto .:\11'.•1lit•ú 110 potle-rlc rlnr la tel'tulia · que en su
:ron ~a. mndrug::ian rle hoy zarp6 de ta de PiNlL·:1.. El patr6n compren-diQ lo¡•idad mayor de 1-a. obtenida con el Compañía Minera de ''La
1
•nlgu-no::i casos.
X11.1·i~n:1I, dr ;~tn c-npital, ª&gt;! i11formP 1101101, :;.ü organizaba.
¡"'~t.e ~}térto el trnJl¡;iportc nacfonal "Oa- po1· las r(ú:1gms, la fuerza de un vi,cu. LL•ote de los anima.les em11lendos en su
Purísima y Anexas de
-rara la noche d('l dia 1-1 del rt.ctmtt d1: dii:ho prol esur. eu (Jt1e filn cuenta ·
___________
xarn.
to·hul'acnnn.clo que s,c le ,-e-n!n 1mciwa, tiro, y si la. tracción fuere e-!~ctri-

De Pa v1men ac1 n

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Not·)Cl8S de

ERARIO DEL ESTADO

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sonora

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Ben efice ne a en D
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1

acompañado

v1·aJ·e del Encargado

de,

Venta de prend·as

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En el

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,c~fn, füspuesto C'U el Cfn•ulo Espaií.9l &lt;le un &lt;.1 esrubdmfeJ1to q,\lt" ncül,u. &lt;le
ll&lt;'rcantil, un COl) t iPl'tO mu~lcn.1, {'IJ ~ 1 (&gt;fPc•tll:ll' y l~I cual Cllll!ih-tt~ ea que el

,que tnrn::irfrn 11nrtc ln;;;_ sr i'ioritns es~ w~ne110 más ncth·o para los lorqs es
¡pañolas Ad·ellun. Y Lucfa Domingo, la plnutt1 conoclcln en ~!Pxi&lt;'o. con el
'VloHnlsta. y pj;wi~ta respC&gt;ctl,·nm entc, 11omhr1• e-Je• pere7il y que tanto Fle usa
1aiR cmües s0 -encuentran ílc paso c•11 fll me&lt;hci11a y en .el is&lt;~nido rlom••seete trnerto.
l tico.
-Ila sitlo n'•("ilrldn con g-r-11c-,i·nl _nplnuii:Rtn pl,rntn efi poc•o Nrnoelcln f'l1 Inf.!'.~ :.· si:itb:-:nct.:i(m. la onl1.•11 tfa·~ln lh.11' ,rrhterra, por s0r de cxc·asa pi•oduc·~1 001J1-c-,io ~irp0ri01• d(:?: ~:1lubndarl :\ ri,Jn.
lln DC'lC'g,1t•i6n de r.$b.• puC'rto. tl •1 111.~
___________
isus¡wrnlA. Ja fnrulgn.rclón de- 1os ertmpaje~ de los pu.~a,ieros que i:algnu por
:r
reste 1merto, en aten-ciún ol lt-ecbo $~1- #\D}.IINISTR.\.DOR DE ADUA.N.AS
tlsfa-tiorlo de no bnber ocurrido en
La, ~cí'rétnrra d-e Ha:C·len~n, nombró
nfos semanas un. solo caso de fiebre Admm1~·ndor.~C' ~n. i,d,!~~~- :u:1i·íl 1,ma.
iamai·ma.
de Pue1 to )1o~dos, Ync,ltao, u.l seu~1
De&amp;ele In.ego ~e ha dlrs!p.'l&lt;'Sto que los G. Dnpón, quien lrn. tomntlo ya po:,e•
pssajeros embarqu~ slü el bo1eto lalón &lt;le su empleo.

B nªº Solemne·¡

* ,i= *
_1;:1 sefíol' cnrlos Rande]I fué condu,,·
culo !\, e¡:;te r,u('rto y Ue~ó muy rPFitn··
li
.
blPc!do de Io.s heridas que ·mttmameu•
te r&lt;'cibi6.
:N'umero~os amigos lo recibiC'rou en
N b
. t d J
ln estnción.
111 • •
om ramien o '8 "\teces
.
Ln mayor pro·te e.le los ~mplendos,
•
Toluca, :\fnlzo ~O. Tqne durante nlgñn tiempo trnhn,inron
Por ba,nclo solemne s&lt;'ríl 1mbllcn,clo C'n Hr~·mo~illo &lt;'D rJ Ce-nso General clc,l
en •t odo .el E;s.tn(lo ('1, d0iN-et0 c1~ 1'8 Le: Estado. scrfu1 dad!'.&gt;~ de hnjn, por bnher
gl 5Lnt~1ra ~1ue de.Clliun :lt'('to go_be_~n.n tt'l·min.aclo sus labore¡;i,
dor 1Con:~titnc-ion9:l pma el 1nóxim~ 1
* •
(•mitt·lcmo, ru Brigaidtor .Jo~é Y. TiEl jefe del destacamento militar de
llnda.
,., ,. *
este puerto sale 110 y para San Rlri~,
,
.
. • 1101· ~tie-tm fu€! uom-1 C'On el fin de df'sernpefüir una comlslún
Eld ul~. Ca~os ~Ol o, l~ba c·a de de la SeCretat!a de auerra.
b¡¡a, il ol!l'II' e !Pi' era
I' 1
¡
ft

d;;~

1

mnndó arriar violentamente todo c-1
velu.men, clavó )as l'SCOtillas, y di(, 1)(1pa {1., la mur y al viento, buscando el
puerto.
Eu ,·nrlos momentds los tripulantes
lr~e ú 11:que, pol'que ,d mar
&lt;'l1~ri·uesnhn furlo~nmentC', y Jas cal) ~1s
al!l'(.•fls ruvesURn r·on grnn fuel'za¡ PC:'·
1·0 1'{►n ~ore1üchul ~i~uiet·on remando á
brazo partido los cinco mar1uero1:1 Y e!

-y

c1'f'y.e1·on

patT{m.

En e-sta brega, vino la noche, y era
tnntn. la l)ruwn., que no ,se &lt;listiu,A"uía
.'lHHln :"t n1edla. milla el~ &lt;1istancja.
rn gollJP de mar se llevó la brújula,
otro de~m•boló el hotf' y barrió á lo
l'ri'pu1n-cl6n; p,ero pudo a,garral"Se 1 los
palos y ;volvió ái st1bir ~ cu1bierta.

f

c-n, con una' velocidad que no exiecda
.d,e v-einte kilómetros por hora. A. es.le
efocto, la Empresa dm'--li, lo.s instrucclonos más minucfosns, a. los e.mipleado.s
que tengan á su car,go -el regulador del
carro.
2a. Le vo1ocidad d-e la. mareba se
disminuirá. 6 s'.u~I}("11derá. en los ca.sos
s1g1üe11te.':I: I. En los &lt;Jruc-eros Y boracalles, c-uarndo se-a nece~urlo para e-vitn:r &lt;'hoques 6 cnalesq1Uiera otros accldentes, y éle'berfi., además, hace.r~ sona·r el tlm 1bre destinado al apum~lo
de qui' el carro se Kl'Proxima. En los
carros de tracci6n anima~, es.e a.nuncio
s:e hará por medio da-! sl1lbató d,e que
ll"á!n 1n·01Vistos los coch-ero:s. II.-Siempre- que se d-escu:b1·a cuaJJ.qujer obe..

Guanaceví" S. A.

Por acuerdo de la ,Juntti. Diref'tiva do PAf1~
Neitnciuci6u, 1m convoca por Pl pr1•R1·ntn it
l•·e · Señort&gt;e i\rcionü,tm; Ji&amp;rll. la .\e ,1mb,, a
0Pneral orJinarit.1, qne debe ceJ.,.br¿¡rf,t! el día.
tr1•inta rlel actual, á, las trei- y rut&gt;din rfo 1"
t~irde, PO la c•a~u. núm11ro uno da la. calle rlu
101=1 DojnA U.- Sin Aguatfn.
L11, Or-dl"tu di:!l dfo. 011 e&lt; mn ei,e;u1•:
1 o lnfornw (.]p la ,lu11ta Direc1iva Rol&gt;1e 1 1
Pet.ado tle Jo• m•~·c,cios de la (.'ompuiiin.

2 C! Examen ele laR cueota.a y del dictamen
relativo del Cominurio,
3 o H&amp;novo.ci6n de In Junta Oir(&gt;cth&amp;.
L~s Sefio1·es Accionh1tae pod1an batel' f"i
df'pósito de sus acc1onee, !011 · dfRs prt'ce_deudta ú. la A.Mt1UJ blea, nn :ieriados, tle tl·PB y me.die. 6. cln,·o de In tardf', eu la mirncionnda ca•
11:l. - .M éx:ico, Marzo 12 de 1901. -Lic. B,

111casa.

'

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t

1

1

sr ,·orificarán en In
oción
en
avor
f
M

t

primera Iglesia

p,·eshlteclana, de que el Generul.f~O
m!Pm111·o por espacio de cerca de ,10

Del termin,1 de la Guerra

niio~. Bi

Servic·io de lit PrcnMt .-\tiodnt.ln.

pllolio. Se bu. resuelto solicitar de

ioiábt1do

permo.necerlí

ex:-

JlHN:t·o el cuerpo en la rotoncla del Ca-

IRRIGACION Y CIVlljIZAClijN

Nu~i!.l y 3 .. k. ruarzo 1a--G11 rl&gt;•.~pa- los •.uiembros del Gllbinele del finado

dio espe,c!atl de Ottflwa al "Tlmel!I" &lt;ll- rre,iidt!nte, que, corno uu honor t su
ce:
memoria, sean porturlorcs del palio.
"Fu6 desaprc:.bada ailorn. en lu. OII- ,\. todos esos mint_sti-os ~e les cowumara de los com,mes, po1· unn mayo- olc:6 hoy la 11otlí'.IR, menos al ex-Se·
rüt de 144 votos cont.ria 3, una rcsolu- cretat'io de Relaciones, Jo1m W. l!'osdón lntrodudda por Mr. Bourusa, en ter. por no tenerse su direccJ6n en
la gue se pide se :provea .A. un o.rreglo I tndf:lnnpolls.
!honorable, de la. guerrA Su-0-aMcana Y
W11.shlngtou, )18.rzo 1::1.-Ell Prestó. suspensión del reclutamiento cm -et &lt;hmte Me Rlnley asistir!\. A. los funeOantl.ti pam la p_ollc[1L Bn.drm-Powell. rules del Genel'al Hardson. Malfoua,
Los que votaron ,en fll:vor éle la mo- probablemente, enldr1 para Indlan4.d0n, tuerott tres frtmco-cRJJndlen~c~ 1x,JJs.
Bourt.ssa. MOllott-y Ange1·s. Sir \\ n.
Loudl·es, Marzo H..-Tollos los pefrl&lt;J Laurrter. dijo un elcouente &lt;llsc11t·· r16dleos de tu. mo!!1rna, publican g-rnuso cov.tra. la moción Y rleclftr6 q~1e la des ret'ucrdos de-1 fl.untlo Prl'":;idcnte,
ünlea. tolocl-On posible en ol prohll!ma. y deJlcan urtlculos enteros it su &lt;"B•
Sud-at'rlcano, se1•fa una -CO'nfedera.c!Gn rrern. Dice ol "Dnily Chroutele," que
como la &lt;lel Oana44., bs.jo ln bandera. trll.!lscurrlr!l. mncho tlc&gt;mpo pnrR. r¡ue
in,rle~.
l!.ru(-rlca tenga otL·o PrPfllrle-ntP t»n
l11\,llJI y honrado. El "'Standard," opina que Frnrrlson no ba dejado uua
EL AUMENTO
C:uena profunda en la blstorin de su
pnís: pero, como todos los diarloi:i, rln•
de tributo l\ 11u alto carl1eter personal,
Con.s~u&lt;;el6od11buque• de c1.1erra
llL INFORME! Al'¡UAL
1Servicio d'e la Prensa MJOClñ,)
P.aT!~, Al.nNo 13.-4.,e ba puesto en
ej-ecwolón J.a. primei:a 'Pa't"te -Oel productg, parra el a1ux1ento Oe 111. flota francesa. El mlnlstro de Marina, M. ,;1.e Tsn~e-"-1c1o de la Prensa Asociada.
'llt'lli0D, pnrtici'!)a que bu. d.ndo orden de
Bctrl'fu, :Marzo 14. (Z,24 a. rn.)-EI
poner la. qullls en 'l'olón, A un cruce- tntorn1e at1ual del ''Relcl.iflóbnnk" (lUP
l'O blindado de -dooo mll ,qutntentas to- ~r publlcO hoy, dem11eatra que el aflo
mei.bda-e y d-e una. vE&gt;locldsd d·e velntl- de 1!100 ba sido el periodo wús aCtiYO
dós 11udos, qu,e se llamará. -el "Vtctor y pi·ovechoso, La existencia en est.'\
üugo." Ha oréhmado ilawbléll qua ae inst1tuci(m !uf de 189 b111ouea Je
ic®etroyau en l\oobu!-01:t, dos torl)Cdc- marroa contra 170 con que coutuba en
,roa destroyera. d,e trescientas tros to- 1009. J.,as gan:rnclns dlf'l'On 1m produc!Dela-das ca-da ,uno y ti.e 28.5 nudo!!! de to tntnl 51.885,000 de marcos cont1·a
\"E.'lioeldaél.
-18.fifJS,OOO que se obtu\-1eron el o.ño
Prevlu: las &amp;denes
'l.'espeet¡,,,M, anterlnr,
'J}ranto oomenza1' en loe val'loe A.st!ll11J\Ia&lt;'lrid, Muzo 14. (2,56 a. m.)-Notl•
ros D31Val-es, la. con!!ltrucclón /'Je tr,oo cias (le Lisboa dlceo que la Reina de
:i;ubOllQ.rlnoe de nuevo tJp~. ¡mra l a ex- Portugal, está ta ,,oreclemlo ti ciPrUu1
perlm'81D.tacl6n y veinte .del tlpo ya &lt;!O• comunltliidt'R religiosas y fomPnto.ndo
:noeido. En atitlllel'os ,partlcu1a.res, se s11s neto!\, lOJJ cunles !PD reprobitdos
ba -dado orden dí: con'Btru1T otroa ocho por lnei Jeyee. El Rey, to(lo Jo contralflestroy,ere Y on-ce tm-prderos de prime- rio, (1enmc~tra grnn q,powtct❖n bacín
'l"a claee, con velocLdad de "Ve1.t1tlclnco los ~Jemc:pto11 clerlcale• y ¡¡e hallo. dlsrnudos. Pronto se orden~l'lá la con11tru,c:- p ufs.fo ll, sf'r tohmrnte eon los fro.cdóu de otros acO'l'n7..ados Y torpederos,. mas!)nefi 7 protestrnt.es lnlllPaes, qulen~s. dur\nte su vleib1 á. Jo¡¡-Jaten·a, le
LA COESTI 0 N
htcleroo una oposid6u de hls pcrsPCu~
7\
eion~ de que ern.o obje los prntesL.J
/""'f
tantos ea Portu,al. F,J ~1 les proWf'titl QUP. intr-ri'"enl1rfa.

De la Marina francesa

-

Del Reichsbank

1

S f a It Q

-;"\ e 1

EN VENEZUELA

Poslolon del

M lnl■ tro

Informaci6n Militar

-

Loonls

(Servicio ~ la Prem&amp; !Mcisda)
Waablrlgtou, :.fano 13.-Lloga"O t,utormee: 4~ Ve~e3'ue1a de q.ue -e,J. M.ln1s•
tro a-rnerlca.no Loomi,s, '8t5td. sl-end-n pe,r~fdo con ,el delibera-do prop61Mto dP
encontrar una ba,s,e -para 1.t&amp;'le sus w-

ff:il;llendo @ido nombrado por ~J C.
Prellldent43 de la Reptiblka, rn~ador
ele la RE'l"ratarra de Ourl'rn y dCl lR
Plruu1 Mnyor d(.'] E.iérf'ito e-1 8r. CnrlOI l\Tontolfo, por la. Ord"n r.ene-r11I de
In. í'lnza. se comunteó PI nombrnmf4c"n·
sapo?"l"A?.8. A prop6slt,o d-e -esos ,ln!or.11ms, to íi los Generale!!, parn IM fines conee dloo .aqnf en ctrculos ot'jciales qur ~l~uhmtee.
ese proyecto IDO tieine rnzo.n de ser, ul
um~ho menos hay e.n qu~ tu.ndarlo.
Poot-arlorme.nte se "8- a.segum'(].o que, f'iwsa baja en iel Dt?p6slto de JefeiJ
e n t()llffl1'3 las f&amp;ses de la oontrO.ve:reia y- OJlr-lalee el 'l'enleute de lnfanterfa
del asfo.J.to, y de los moTimientos de permanente, Jonqufn Giiido, por barabellón en Vrn~z11efa., )Ir. Loomis b~n,e:le conecdldo retiro.
h a tirocedldo de eeueooo con las preHot juev-e~. fil\ lt1 mañ11m1, sr ver!cisa&amp; Jn~tr.ucctooes f1e1 :lliu:-;terio de
Relacfo!lles, No C-ODf•ibe.n, vm· coosi- fiC'ar!i t"U t'l Tribunal. ifl vlflttt PU anete lOlf'. ft UOCJuocloooar·o¡ de&gt; :1quT QJ18 la•·ión del pro~f'~O insti·ufflo al f'il¡lit:'!r1
BfftR lt6n f,ultt ·Angn!RTI(lo. par
r-.í,il\:,sttl r. ""'1tlt 1m ~ I
glro .qrue provocllirfa fas-cornJ)llr-J1doncs un delito c'Ontrn el nrl1t"n militar.
m!s gira ,es, porque no ,~u !)e "imla ,qué
Lus bandas milltnt·¡,~ torarfiri en el
la Secretaría se pondrfa. ,i nt•ondicl,o.
orflPn Pll?'UkHIP'.
oa.lmenbe de parte del M Lnh;trn.
Iloy jnf'YP)i en lfl tnrde, dE" 4 ti 7.
PD (') 7,ócalo. In del 3er, Ilatall(,n dP
LA lll UERTJl
rnf'fl.J1tt'rfR; c,p. c_&gt;I Fn~en de le. Retorma.
(('11 ln ,e-Jorjptn. o'le Cunubtemoc} la del
"in. J~f&gt;.cimhmto, y ~n el P:1rrJ11e- dr&gt;
rt1npllf'T1ec. ,~ tle F;i'&lt;tn11c&gt; Mtn'or: f'D
rl t ·ot~lo )l\litnr. de !i y mcil.ln .ft 7.
l:l ctPI 2-lo. nntullún. En la DO('hf', 11.e
tllt.l mos m om e ntos
R ft 1u ,. nu•tlln. en el Z6colo, la &lt;!el
t2o. Bntnll6n.
Praslden t e::

•••

•••

~''º· •

•••

- -----------

Del Gral. Harrison
del

10S PRODU eros

La Pre••~ do , , 'r s

Del Cor reo

Servicio de la Prem•fl .\:-ol•i;td.t.
tndta.nlipolis, ln(!,. ~lnl'ZO 13,-T.ll
General ..3enjamin Hn.'l"lson. urnrl0 a.
las cuatrc1'" y tres cmutos le \U tcri.!c.
~u muerte lué luk'&lt;' Y tranquilo. f'X·
,\.1 terroionr el primer· semestre del
ttngulóndose graduulmcnte In. vlan. año fü1c11l, la Admlnistrac~n General
basta que llego el 8u. Rot'I.N1linn f'1 dt&gt; f.'orrt'os ha. rormn.do un cmHl:ro
leclio d€l dt)lor ('HP-1 tOOos sus. parien- t..'OUtpiu·.ativo dC' Jo,,; ingresos ]10.bl(loij
tell y viejos amigos.
en ltléntlcoi:; per!odos de tiempo co•
JiJl detaimlento de 111 fuerzfl, extro.- rr.-Elprmcllentes 4 tos años de 18~9ol"Qlnari.1 que el paciente n.:iost1-ó, se 1000 1· 1000-1901.
hizo mas marcado en la tarde, Y po-- ror los datos que nos suministra
cos momentos antes del fin, se notó f'fitc:i trabajo, s;e pruobn qu{' los ing,•r~mi
unn completa postrnci6n del rnferrno, del nilo ea cm-so tienen rn un R.umento
rtrnl1fndose 1'i. la. dolencia, eontra lo. iJq 11 :1Ju de irno,rnt.7--J. &lt;'Sol. qne ftjn et
cnfll babfa luchado tan va.Jientemente prnporc!onnl Pn un 15.78 J)or dento.
4lurnnte mncbA&amp; boraa. Los ml"!dicos
Por Vt"nta de estamplltos en los sle:i-1.-IRa.rnn dE&gt;l cambio, Y los parientes y t" mPn&gt;'s tlP Julio a EnerQ de 1900·1001,·
amitos que se habfan retira.do a. IK ;u1-;1,!'iS7.71: rendimiento d&lt;- "caja.s
p!e:rn. conttgua, 58 acercaron al lecho di&gt; :ipn1taclo," Hl,l"i"G; por mult,'.u.1 y
del Genera] para presen.clar Rus tíl- nvro,·N.;hamiento!'I, :S14.480.47; prewlos
tin1m, moII1ento11.
por pfrol'ó po::talc-s (lnterlot· é intrrnnJ\"in~u_no d~ los hijos de HurrlRon elonnl¡ $,OS,l::?2.28; por giros de Pilttopresen(;Jú su muerte, no pudfendo ne-¡ ('NI, t J.:5.99-1.71: todo lo ('lml Jrnee un
~Rr f\. tiempo, 4. pesa.r dr. que, con tot;il (le Jl.!?41,370.17 &lt;'Sur~em~in ee les ha.bfa dado la notlcla
L:Js partidos de Idéntica naturnlezn.
&lt;le l11 enfermedad.
ñt• las qur. bcmos cxpreRndo, recuuLo111 funeral" deJ er-r'tC!ó:1dPntc- Ila• datfa.ti en los mhunoi;i sletP mf'~f'ij ,10
J'J'IRon ae- cE&gt;le-brarln el domtn~o, á lCJs a!ios de l8fl!i-l!l00, .llTO.loron uu
las dos lte la tarde. Lus c~·ewouias total lle ,$1.072,238.43 cs.

Fo ll et ín número 9

de semld16e, c-ra una coRn t11n nn1a
como cualquier ei;clu.vo, y que 11 qud
palnclo
coiumuns de mürmol 110
lll'!Yaba nloguna Ycntajo. a. un. m011tóu de p[f&gt;fll'tl,11.
Pero a In. 111.rga, a.rluello:- prrsentl•
mlentos. &lt;'IIYA rozón no ll&lt;-11th11. A c·on1prende.r, P.mpez11h11n i1 :itornwnt11rln.
llubiera deoieado dormirse, m:11., agita(lit I)OL' h.1. lunuletud. uo lo com,"gura.
Jnzgando que I.,igin, cuyo horh:oule
estalm prefiado de amenuins é 1t1ee1·tldumbres, no debla. dormlt· tawpocu,
Actea t1e volvió h11~lo. Plln para ha•
blar del proyecto de fu.11:a.
-¡ Duerme, puede dormir! pens6 Ac•
tt&gt;a; ~s atín una. n1ila....
Pero aquella nlftn IH'ct@1•fo.. la miserla. !. la verg:ilenza, y la vicln crnrnte-,
O. ln eRplt'ndJda rtum de lnA rarlnlis,
Q; los a.dornoil, i, las joyus, :t los tP.atlr.es, 11. hl ,•oz ele: las cttnrn.i:; y de loe

ª"

Quo Vadis?
FO EJIIQUESIEJ(IEWICl
MOVSLI DB LA EPOCA OB lflH ON

Cé-aar. A.costtronge junta.a ; poro
.Actea. a. pesar del caDsaoclo, Do.pudo
dormirse. A. 1u tristeza orctinarla so
uofa clerta lnquletud que jamts ha.bta
sentido hasta entonces. Hasta aqncl
dlll la. vtda le hnbfn parecl&lt;\J simplemente abrumadora y sin esper~m-:a;
pero de pronto rlescubrla lo r¡ue llubhl
en eJln de h1m;:ible. liJu su cabeza buUla una cou(uslón creciente. De nuc·
\·o !'!&lt;' n11r!a y se cerrnba alternatl-ra•
lll('Jl!t• nut!' bl.lR OjOR In puerta de la
1,i:z: p 0ro cuando i:;e Aht"fn, la h11 In
,-¡, :-:tuwhrn ha, y 110 10¡;1•11 Jm (,1\etingu!r11 da .. \11ty!nuh11, slil etnborgo, Que en
d '-&lt;"no lle uquella Jn,; ,~" eifcerrnbn 11l,:;11.u;1 11irl.1t Juconmen.,urabll.', junto a.
11, ,·uttl to(.)ns Ins demM r~ultaban
:1 ,i ¡icc¡uc&gt;nns y UOrrosos qn-e il, po•·
,·iPrn ,\o, (.'(,s.11r. o.lE&gt;jlÍndos,:• ele f'of)ea,
1,"111:iir:1 rnclto (L e11u, l"':!tu nilamo buhinu 1'\iclo 11A.dn en cnm1JtlraciVu. r
◄ li• J'f'¡w,nrc J)N!d1 Clllr' 11q11r-l Cétmr. (i.ll~IIPll 111111 ha r :i aniN1 h-n-olt1Uto.rla.n11•111" l'Ílll'-'idf'l';thll l"{JIHO Ullll l.'~peele
de

1

b1llcte-,.

EL MUNDO

EL liUNDO

·

i'Yor r¡11é? Y se pnso ú ~utemplar
ll, Ll¡:;!n, como puro. bullat' 1nm respue,:-¡.
ta t-n Rn dormido t·ostro, :-O!irnbn i;: 11
frente tan pura. el ,1rm grttc!o 11 o d,)
SUl'l rrJn.i,, sua lll."grus P('Slllilú!'!, 8U !,Cno de ,,trizeo uulmudo por apactble l'I0~

_plo, y pe-ne.aba de, nuevo:
-¡Cudn f.ll(erente e'J &lt;le mrr
Y 1.tg1a le poredn u,1 .vi·od1gto, un
objeto amaOo de l09 dioses, y cien veCPA mn.s bello que todns las flol·es de
los jartllnl'11 de C(i~nr .v fJUe toda~
lns ea.&lt;~\l lturas fü~ SU!!! pnln..do!-!.
RI ('Oru.zóu rle 1a jm·&lt;m gl'le_¡;-i~ no
ertt c1q1uz dO ~cntir envldlu. Al .i;,en-

El Agua y la propiedad de las Naciones
Asi como las grand-es ciudades ha.n surgido y se han escalona~o ,á
lo largo de las gruesas arterias de circulación, y al paso de \a:{ pnnc1pales corrientes &lt;le comercio, ast la-a grandes civilizaciones, los pueblos
populosos y- ri&lt;:oa, han brotado, como las espigas, al rededor de los cenh-os tle irriga,:;ión.
Salvo las tribus nómadas, €8.lTO la6 ald.zas miserables y poco pobla-da-s, salvo las naciones ide vida precaria y de progreso incierto, nada
p_ued€ crecer, prosperar, engrandecerse on ol orden social y ~onómi-Oo,
st cuenta como único Plemento agrícola. el temporal, la caprichosa prerip1taci611 de las lluvias, el aguo. que el delo des-tila y que ~ólo distribuye el -a:vi.r. Donde quiera que á tro.vés de la Historia i:i.n gran pu~blo
surge, crece&gt;, se enriquece y -ae engrandece, se comprueba que el berntorio que habita, como el planeta )!arte, se encuentra. sUI.ca.do de canales
que distribuyen riego ú los camp-w; que nl pie de los- contra fuertes de
f!US montnña,s se levantan inesas que almacenan la lluril, para m~jor
disirihuirla después; ,que el curso &lt;le sus ríos se baila. entrecortado por
cliques que, lcYantando el ni~l de la corriente, la elevan á las tierrns
altas; que en la falda. de @t"lS montaña~, tajos, rigala.s, canoas, recogen
loS lfquidos del deshielo y los encu.nian y gobiernan.

** •

J olfücumente. A ca In. pnso ha sac l·
Jh·H _l1_0_ su. prOSJlCl"ldad.' Y ~u prestlg~o
1
JJol.t1co
ba que-dallo reducido n. nada.

r-Inuuel 11 ascendió
b
la pro•la
·
Jmuedl n.,,._meu
•·
te en tabl""-,., 1•..,_
'- ..
f1 J ttono,
... bnblE" qt1e enton&lt;'E'B se ntca
T !ple
1
laciont&gt;S con ltroneln. As1 lo exlg1an ¡maclC,u .~flclal ñe la nne,·n

El r~©men militar en

~uiza

¡·

"ª.

I

¡dara

j ~nr en

los pPligros (]lle omt-unzaba A al"llllll, az:o•la. ('U mano, 'Cllntanrlo lílmnoa, fi ni('(lln \"O:t, mieutl 11:fl que otros,
!':;l., y se- n.firmó en ella una f'Rpccie de fL
qulNH~S hahíl\ll COU('C•ll&lt;Jo llll D)O•
r::n11thull'uto mnt.Prna.J, Cu~rl6 de cari- lllooto d{J dL'-ti('U.ll:,,Q, se 1rnhían ,Wllt~ldo
(•lus loiól o!Jseuros enbellof-1 de- la jo- 1,&gt;cn ('} J1ord1c• dp los l.',&lt;itallr¡4lf':-l. fi la
,·en. Llgh1 donnfa tau a1mclblcmente. somhrn de l:ti:i &lt;'llcill:l;;:, C'utr(' lo,._ mocomo 1111 hubiPl':t P!llt/l.do (In 111u caan, ba- "ihle,-; 1:!JduruhrPR r¡ní' formahttn lo~
,lo In r::•lvngtmrdi11 de Pompoula, ~6lo l'nym1 dí&gt;I :-iol ;1! rle-,-;lii:tl"!&lt;"l' C'Utr(' ('l
, hacia la mltncl d&lt;"l rlía, :tbrl6 1os ojos ram1;1J(', Otrofl, pr11· t'llthno, r"glll'mu loi;
~ l'X:~min6 con asombro el "c&gt;ubfculo." ro1=1ales ú la.d tlorf'dllm; del azarrttn, de
1
1C'ómu! ¿no estubu. en casa de los color de lllJJ pi\.lido . ..letea y Ligill caAulos?
mlnuon largo tlf'w¡m adrninmclo to-¿EreH tú, .Acte1:1.? dijo al fin, dh-1- dns las mm•avlllns de los ji!r&lt;l!nes, y,
sa.ndo en la sombra. el roetro de l a Jo- auor¡ue su f.'$llfrltu no se lllllluba por
ven.
t.'Ompleto libre dl' proocupaciouei,:, Li-Soy yo, Llgh,.
gio. ern. uún demasiado joven para re-iEs ya de noche?
slstk n1 lnlll±i~:J. a, la cw·ioskI.arl y a, la
ml m!raciou.
-Xo, hlja ruta, es 6610 medio dfo.
-¡_ m.1 yuclto Urso7
Hasta, ()(•m1•fale t&gt;I pen,iamle.nto de
-tTrso no dijo que -rol"Vc-r fa, s ino qm~ que, rsl Célsnr 11111,iern Bldo bueno, hu11.é'edlllría 111 lltera e1da noche.
hi~rlL eldo muy felb: en mi palacio ee-lls V&lt;'rdad.
tnej1mte y con Hftmcj11nh's jardines.
finli('ron &lt;lel ucubículo" y se dlrigie•
De1:1pu(,s de hu.J.x-i·se paseado, scntdron ul h1:1.l'ío, Despu(I~ dc,I bnfio Y del ronse e-n un bosqul'te e]¡:, clpresí's, y
el(',;nrm10, Ac·tN llC'YO í~ Llglll. A lo,:; empeznron a. hablar (le le. f\lgn. lle T.1janl\11.us dl• pal:1rlo, do1lde nn era. dP. gin. _\del\. l.'sta..bn (•ntln vez meno!! i:ol't~11w1' ningún encuentro, pues César gurn del hit() d(1 lu emr&gt;retil'I, y su
v l•lllS fotlnl(),; dOl'lUfan 001\. P01' vez compnHlúu lmrln I,i,e:lil.. ibH en n.umenJ\l'lnll'r:t. '1"i•h1 Ll¡da ar¡uellors jardines to. I 1 enr.i,'\.lm. que hubh•rn ~iüo mil vi••
m,yiJC,ndJdos . .blntre los cipreses, pinos, C-et'l mejor tratftr df" hal·er CPder A. \~l-

¡ Llgia, C'xpel'irof'nl6 una pied~d inmen-

en('lnni:i, ~J..-os y mlrtor.i, blanquen.b11 nlefo.
nn pueblo t&lt;utero de estotuaa; el polvo -¿ No creee que se11l'l J)()Sjble obtener

lrl11ntlo &lt;le los.·snrtlduréll ca.fa eo. lluv111 de 61 que te dnvoJvJe~e A Pomponla?

rocfo ¡,¡obre bosquetes d e roaaa¡
C'i!'lth.'!'I. jngt1etenbnu en loa crls•
t.nHnos estanques.
I .o~ j11rdilH•!i c-stalnm dealertoa; s61o
:\l!;unos c,;clnvos trabuja.ban aclL y
de•

hhUlCOd

-No. En. cosn de lo¡:¡ Attlo1:1, VlnJcio
era muy dJ¡¡tinto; p:1rt'&lt;'fn muy bueno. Pero, después ele E'se festtn, ten-

go miedo de '5-1 y• prefiero tefuglarroe
e-nlrc 101:1 llglos,

L¡~

jO\'Cll

lm.f6 la cab8AI.

Acteu n1ttc:douó un lustaut.e.
-Tú no et'(IS hna (.'gl'htvR como yo
1{1 eru. Eres uu rehén. y l'l"t'S bija del
d(' los lltdos. Los Aul~ te quieren i::omo t"l i,,u l1i.1u. y t•ritor 1wr1mam,1R. de Que to Moptnrfau. VJolclo ])O·
di-fu casarse contlgo, Ll¡;lu.
Fer&lt;&gt; ésta respondió mll 8 tl'lftltemente

""Y

al\n:
-l'refia·o huiir al pa.í,; de los Ugi-oo.
-¿ Qui(,re!'I gue va:va lnruedlatnmeutc 11, C'llsn. de Vlnlrlo'! F;f, qnerMa m1a,
ir6 i su casa y -Le (1.lr6: "Vln!clo, ea
una bijn de un rey, Ja bija querlda
del g1,an Aulo si la ,a,n:ms, devuélvela
fi. llos Auloa y, en seguida. vce a. buscal'la S. su casa para hacerla tu e1:1po-

ln hljn rlP 110 r&lt;'y, f:liqut,:,ra BPa de
un r('y h1tr1,aro.

-l'erdCiuauH1 , dh·ina .\.ugusfa, dijo
Al"'t&lt;'n. cruzando In8 0111110/:! BObre 01 p('cho y Uajauilo la cflhe--✓;H,
'
T'ope:i se fijó en J.lgla.
-¿·Quif&gt;n es esta esC'luva?
-1'0 e-s una esclitY.t, dh·inll. Augu¡;¡ta; ('M lll hija. 111lo1ltivu el~ PomponhL
G-t·ecina y la bl.fa cl!.-L t"€'.f de los Ji.
~los qur. la dJó en l'('l1e-nes ú. 'R.oma.
--¿ Il11 venlao A, visitarte?
-~o, Ag11st11. Desde uute11yer babita -en paJaclo.
-¿Hn asistido el teatfn?
-Bn efeeto, ha asll:1tldo A él,

-E~ !lllmplr-m,.nto unn ninfa, dijl"&gt; pa~
rn fi1. v1,nos la ha dado t1 1,-z. ¡ntooM
inmortalf'!&lt;l i(':,i fon hC'"l"Ul()S¡\ COlllO yo
y wií:-; jo1·c11!
Baje, im,-1. dorada~ ('f'jtti&lt;. hrlll6 un rC'•
hímpllJ;O glach1I. Pf'l'll. \'Oh'iéndo$O ¡\
1.atda, le dijo urn:r trnuquil:L 4-•n upa·

riem•in:
-¿Ila!I habln&lt;:lo ií.

l

Cúsar?

-No, Augt1B1-n.
-¿Por qué preft('l'c¡; eslAL' n&lt;¡uf, lt vivir en (•Ma do IOl:l A 1.1los "!

-No lo preflt&gt;t·o. Pctronlo lln 1nritacto
¡t C'Nmr í~ que Dl{' i-liqlh." &lt;l{' C'/ll,S, de

Pomponht. Ebloy nqut contru mi vohtntacl .••.
-¿ Y ¡}es('m•fus volver ul lado dij
Pompo1Jia':
m,ta 1n·cg-11ntu, la hizo con ,.-o,:; mt•
nfablc, y Llgin sint16 re.nacer BU ee~

-/, Por orden de qul(Jn?
-De Oéi,a.r.
Popf'.a s¡\ fijó mtls ('U la jO\'Cn, y
sn.'1
arrugl) llger\mcnte el entrecejo. CeloLa. joYen respondió con voz tan abo- sn de su 1mpre1nal"'fn. vlvJa en controua
gndn, que Actea lu. oy6 apenas;
nui;uSUu, teme1·01:1u fü~ n•L"fi!.l 1:1uvlunta-Prefler.o buir... .
&lt;la por nlg\mn rival feliz, como elll\.
'En e➔to Jn.s tnterr11mt116 uu rumor baLra 1mplautudo tí. OC'toYJa. Una solt1.
tlt• pu1:1ul:I y, antt'R de que Acteu ¡&gt;u• ojeatla le ba1&lt;t6 JHtrit haC('r!S(! curgo lle.

dle'1f" V&lt;'r quJ(•n $O ucercobn. 11pnre-eiú
nnte t'l banco Popen, rO!IPuda de nlguuae escluns. Dos lDUjl•i·~s aglto•mi
su11vemenfe 1.11obre su eabezn, abnnloos
ele plumn.s de e.vestrt1f, Cuo etiope de
a.UuJtado seno lle-,,·nba en sus bvitzoa
una lllfia COJl muntllla.s de pürpun.
PopC'a se detuvo.
-Acte&amp;i Jaa campnnllas ,que cor;i!st-1'.' en la "lcán·cuio." f'stahan ni.a] cosJdM; lu. uldu. ha w·r~cado una 7 .se Ja..

y

rü-

Entre Europa

Cariño d·ehermanos

,.

EL elEGO

LOS IJ1'RAVILL0808

REMEDIOS del Dr. HOfii

V('l"lllll~ll.

-Augusta, cllJo tcndlf'..n(]o tris ma.nog,
C&lt;"imr qn!e-re dal'me ColuO esclava fl.
Vllli("iO. Pero ti1 lllt('l'('('(]('1•(t¡¡. por mf y
hMl'ÍLH (tllf:' me i.lcvuelYnu á, Pomponla ....
-;,Sc,güu l'so, l 'titronio ha lwpul:m~
(lo n. Césai· l'I. que te Mquc de cnsa do
.-\ulo pr1ra entregarte li. ''Inicio?
-sr. Yln leto l.in dkho qu~ hoy mittmo
tlllYinrfn i1 \Ju.ic:arllll'. l'ero to. HerAl!I
ltU{'W\, y teml ri1.R compnsión de mL
lnrllliA.l'ldose, c-ogl(i 111 fimbria. de Ja:
tfmlC'a tle- Popen y e$pf&gt;r6 con fil eorar.~n Rnhelanty roron. l!\. rnlr1\ l.'on son,
,!&gt;&amp; IMali.1,,-na, ¡¡¡ dl!Q&gt;

lu. mnravillO?:m bt•lu1Ld lle• Llglrt.
El amor propio la1t1tl111:1tlo, l11 bizl'."I
experlmentnr vlrn. lo.quietud, y usedii\ron su mente dlv,ersos tt:mores.
Aeaso no la hnya i•lsto XerOn, O no
i;e hay-a hel.'ho c·argo di.! rrn belJezu,
por llnber1o mlrndo ii. 1.'1'11v6~ da Ja t•~ml'ra lda. Pero, Qué no vodlia suceder
si la e11l"'ont1•3¡:¡e en pleno flfa, slendu
tnn mru·:1,·llloi-alllt&gt;nh• lwrmo!'lfl? ¡UJ.~o
sin conc,ar cou 9.ue no e1:1 et)clu. v11.J ,K.s

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al iwfel•iz (huy {'l)t'ermo .t,. pr/'lx:-i!'1

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IOtL &lt;le Jo¡; ohre:roH, flU 1UUjf"'r 6 E,d\Htl"·

mismo blll'l'iO y me hlet"' 100 üos ht-rwanO"'--f"UUII y Kduu1'(]0.·_,_ ll-1• 11•1lll,-8t'tllJO --flw~•ndi"I F.W1"1..1f
t dd u.e-i:o•-'i\&gt;. Edu_al'-do, ~l mi\!t 11 b~~torln &lt;Jll" tu('! ,-ontc1 d a_mn ill'I

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Admlul~tra&lt;'bll de f'll&lt;e pe::6.cl!-.:o:

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•.·onvlr.tló en ag1•u(.]a,b-h,•, h&lt;-1~ta 3&lt;..:0Rnun- -~¡yv:n ~tnho al ,·ukln&lt;lo Ue 111 tien(la, 1·•.,,,hturant,}' rirn•JrP'" 0 rt!an' ~1r mJl!'í'. .
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11J¡-arm~ •"" Ja nut.•Ya -ex j s l"i'Uc1a
que me ,mi~ntras el m11y01·, r . in !,; lll • g'('ll {•,.
d . ·b .... -~
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, A. . 1
'bal,fa &lt;:r,ea~lo.
ldil'\.gfa.1a fll.bl'l('ll {'OU UlU'C"hO &lt;H·irrtoy,-SOH -e- a ll-l',-,:lllOn ~ (;lll, lll !_.llH - "f"{'
Ds:$i(le -lo~ prjlllfil'OS &lt;llas, hablil:llle icon Ufül nNidfüHl &lt;'Xtruordlllll.ria.
1~-es
fü\{'('t' mu-,-tl·ii,; mwi
llamado lti atenc-l6n que, car.ta nz que 1 ta mismo eonrecclona.bu t'?llos Jo! &lt;E'Sg!la-i.: º~ALBFlRTO DfilLVAY.J.E
me sentaba~ la mesa. oia un se~uido iadorn0$ de m('tfll ele loi, euh:1,\10~. cor- - - -- - • • -- - - ·...
_
•
Tfo,gu!! de -eampauas &lt;.-orno 8e 11'C'o;;tm11- ilaba. ~a.mimaba ..•. t-..s d~iT, btlcfa e l
•
rno &lt;lC' )O!'! "!C-Jorf's ~xlto!il lll~anza•
lrra ]nirll. llauuu· Í!. los ob1--ero.s de una. ·trtt.bajo d-e un ol.rret'O. Las cosa,; Ulllf•
e
rdo~ l)Ol' ('! ~o~.. ICO_, ha 1.:onsi.&lt;,;tido en
ifQ..brica ó 11 los alumnos de uu colegio. ¡it!Ja. bll.D b}f'n, y auuqne el ('OUJ~rdu
hl rmbllcucJÓll de ;so li\.lplellllento 11.r1,ero que e1·a.n iuexplicahle.s pa.ra m!, iRo fue. muy Ll'illantP- :r s-lu ~ow1t·
t111t1t·o.
.
.
por no cx.lstl1• por aquel101:1 alrededores ¡llm. diíneral, el hEc.Uu) -es que ,se gana~
No obstante es1u \'nho~u. mejorn. m•
n1ngll.n ~tahle.c!.mlrnto de este género. 'ha'TI lo. vida y -ew:pezabnn i'l, b¡wer &lt;.:aMulta a un cii as t r o
trn'1nridn ha 1ioco en dicho eeme.na.. De dónde proN'd1an pues a:qu-e.Uos lt 1
rlo. lR Em1if:PrlpC'l(n1 mensual PR.L'U to•
'.foques de campana? ,
•
JP ~s· "'fP.rd11.d qu,e a.qu,ell.los ,do,s herma-Mazatlil1, )fano 4.
el(· 1n Hrpiíbllcn, \"O.le s6ló cunrentn
Por fin, t!J~me que fl'8.11an de una i,rr~ l't'il:1l a(.!i•re&lt;lores. ¡¡ una buena torú
rtim cent1l-rm1..
.
t:aslra, s1tuada. frente por f1'('1l'tt' (].el tu-na.
Si('mp1·P que se tmt;;i. e 1a impo
H('f,fll'to penód1c~mente nove 1as en~ugar don&lt;le ~·o e:omi11.. Pero de aque·'"'"mo .. ª"'f'Jlíun! ¡~unca. disputas te etli'Ml&lt;m df'l fleim•µHe de, ln f'iu.._tn.(I, cL.1•(le1·r1tdu1:t fL la rQatlca.
1vv
[)IU'C{'f11 poner.se má&lt;I dl• relleYe la~
s
¡ cu &amp;ul1acrloclonl:'1 mPdlante
Ula rotre construcción, so1am..-nte vela wl -c-ues'Hones! I,o que Jmm deciQía, e-l &lt;11üc-ultad,t ll •iur l':\l»ten p.trn. 1le""f"1t1' á
P 8 t•~
d
t.rimP&gt;'ttre f'll
1 1
yo sallr alguna qu-e otl.'a v-e-z un bom• 'Otro lo 1·aitifl(.'aha sln ctls{•m:üóp. Cr-eo ,cabo In olit'R. Los pocos fth'lll('11t,is clis- el em•fn ~ / or- /~ ~~1es nl - \pa~tn
tmi Ie-yeDdo su diarlo y guiando un que se babrian R1-rojmlo ul fuego nno •l)onit,l,:,-s, la fnltn fl(' l'&lt;'Mll'ilOl'i H"•1,,,11¡i\)s ~iro po~t~'
e;ls.~~- l\frmñlnA;
\peqtwflo &lt;"Srl."'Q,-~!~ dlrQ:n uim'&lt;le!I que \-poi· el otro. Pt,ro F.,clnarclo. sotrre tQdo. Y ltt\!:tn, en oen,;!om•~, 1a -polH'E"Z.'l d,e do, nOme1o 20
ua-cla. tcn!a. fa CO!óla de ¡►articulaT, g,ero eNl ~1 qiti?' mAs fe Sf'ntfa. 11or 111. otwa ,ju1.t:1:loti,;mo (l(' nlgunoi. que podr!an co,__rP_
. - - - - - -- - ~ mí 01-e intrigaba. 0111cho, y tanto me ,eomilu, .tsf E'~ qu.e ni tl'IH.a.1'81:t \le ma- iir.ei,;tnr ,,-nlio;¡o eontl'ng,cute para. la
te:ot6 la c\1rloslda&lt;l, Clll'\i al flu se so- trlmoulo, dU()].e un d[o. 11 su bc-nuttuo ~-NiliZU('f&lt;&gt;n de la rueJm•a, hacen que
1brepm10 á mi ra:-.6u.
mayor;
:Uaia,lá.n &lt;'ontin(¡p lleno de 1.meu?s de• • •
-"@i loR dos nos ea•RUlOS, pUt',lle tlll- bOOII ~· (,.,01.l ln. U~'{'.;ifülf\ dt! fll'l"OJfll' le('e,t!er "'Ue
nueatr:aa m11jtt,re~ no ¡,¡e .av-en- .i
,,·
¡
¡
niíll 1:1-s qu(' le en
Una. mafiana. a. IS!!! ou!'e, /lS! que r.1
-, 1 · _ tl Que 111 tlnlca,:nent.e uuo :,08 ue s 1il!t umu
t· •
'' él Mund o"
dueño -del tee,tanrs'nt pa!\nba oorta. -de !~n,lo! ~i:;;ntouia 'estado, no pu('fle.n vt"ntman e,\ aire, l'l lli-Ul'IO, los nll.ntc1l1m1, en el prerlso wotnoettto ~~:1ili'I _so- ,e:~:üt!r tflos ni dlgputas, y qn{'ihrn1o!'I tos, el aguu . ~te.
11aba.n In!!. l'nm¡munlclas, le 1He,,.untl!.
t·
Id !l. romo a:ut-eil Tó q,ue eN'S
* • *
OLA.
-~Qué qnk,rc d-ecll' N•ta l111111ada ~11 un o. Cíl.ente sl q~,iet-e~, qi.1-e yo
:&amp;l i11"\b¡l'(l~ dos &lt;del con-11mte mMI, íu6 ~[C. RAFAEL REYES SPIND
,Q\l'e do~ verl'{,I ni dia oigo eu eso. casa te
~nror,!t ro,,
t.anla(lo '[)Ol' -el J ue:&amp; se,gun.Jo de ¡n•lnwD~tor Y pi·opletarlo.
, b . ~',
ll!legun'" 80! e •
j · ¡
1'dhrn
tan stl&lt;'n&lt;"l0-~,a Ml 1n~ a 1:mu.a ~ ota!ii.
Ii.•IOlfll'fllTif-llfe,, no qnl-so (;01).forma,..., •ra Instan-eol!l, l'-1 wgunLLo rnt· o o
-Es.ta. &lt;:a.mpan.n 11nunern lll, .alldn de h'9 Junn con ~st(' arreglo. l)(.'ro -~1 horu· rlo mNc-imt.U, ¡.;e-."t1illo por la qulí&gt;bra Dr. OONSTA~OIO PFJN A IDIAQUEZ
Reda.cl.or eu Jefe.
~os obroros de la casn Rlz,c]:
bre propone-V Dios ,dlgpoue!'' L'n dfa. de 0hfll1)?.ntkr y c¡a, \"orltrn &lt;'1 BimM-e sou1-ei como aqu~l A- qu1cu le ha- t.'llamoro-i.e cOmo un loco di? lít bija de l:() º"''ldrntal, f;Ohr&lt;' pngo del cheque
ANTONIO OUYA~.
ccn oua bi·onhl, l)eTO N me eonte-stó uno dP $\l!'l m.atX'hRnr-es, y d-ecldió1&lt;.e ;'i. por v.a1or do i3Dt~7·~·
Gel'f'l[lt-e.
111111y serlo:
_
'-'a--a-r~ dt"~PU~8 .¡fo bnbor -t&gt;x.hortado
.
·'
rara 10111 ,umntos de Hedm.ttl6n, dlrl•
-Le llabfo fo1'mr.llnent('. !1.o le digo • • .. ' . Eduardo 11nra. que el¡¡ul(ISe
ili:tt la cm•r\dR &lt;Qel t.Iom•mgo, el Jue1.
ltJIH' sn}gan 101:1 tru.bttja..;lorx«11, l(', dlgo ttll vano lt.
d&lt;! DIVt'l'SI011('S lm))U":-10 Ít Cet'l'Nll U118 glT88 a.J Red:a,,::tór e-n Jere.
,que In eam1&gt;an1:1. um:n1í'lll. la horn. de &lt;Al~dmt)l~.tont:C1' es dl"'Ch: dcf:tl.1-e el UlUlta ,lt.' *:.?ii, l)Ot' no luther atendido
L,os esuntos de .A.d:nlnl."-tre.ei6n de·
1
&amp;-¡tl!da., ... que uo ~s lo t:uls_mo:
él-e Ju~ Tl@.tl 1{n 11 tarnlllu /J.as tnclfruC'lom~~ &lt;le l:t autQ1·l-d11d, C.."\la.ll- ben traitaree Nn ~l G~reDLc, a. qul'ell
y s,,ntiin'Clo::.c á mi lado, aua-tl¡ó:
&lt;.I" ·h\!-1 iim• ¡1;1}. r;i-os eJemlJlos. r.u. ¡Ido tnH11l.Ja. d'1 P,ll'&lt;·1lt:u• In sueno dt:l el pr~&gt;le-ta.rio ha oto,·gado poder gf'-¡,De n.•ras uo le Jia,n c-ont1Hlo undo.
· ,' ,u , 00 ;í su marido que lu 3tlllq) de In g111·1•ooha .
•
ei;:a f1tmllt11"?
•
~'&lt;&gt;~u~~Hrlo, y t&gt;ll dtianto ú.
El die&amp;lro, ~xtl1utlo llOI" los silbidos ~:ic-ral.
-~ ada, a"bso\ u·rnwcn tc,---◄d1Je-le,-e'llf\e, CJ'I.

~ª~tn

1

El De s a g11 e

Indicador

l'IU!a~l:u;~
~"-:!~~

-Bu (.'Se caao, tP promPto u,w hoy
mismo serAa la f'Sclurn d&lt;" Vlnlcto.
l)!C"bO C'StO. alt•JO..,;.e como una y\¡,¡16u
ruitll:tktl r L'odeadu üe pre:-tlglo. A. lo~
()[dos df, J_,igia s Acte-a. fü:i,or&lt;in los
-ltO!I dl"1 niño que flte 11ahít1 l'l'ilU&lt;lO
....
~
1\, noriu·. Lo,-, oJo,;i de Llglu el';t11 1l 11
... , •. ,0 .. ele h\i:rhua,., y c,o~i6 i\ AC'tC'a
..
['' ~ u "'
&lt;\" 111 mano.
-Rutil·l·lllotto~. le dijo. No bn)· que
e~¡lf'J';n• nu\:llio
11-luo &lt;~l ftulco que
pnc&lt;le 1lnrlo.
Dirlg_l(·i·unflf' nl 11tr\o, del que no ~ol1'\1:.1i-ou 1¡ ~rnlil'. } nllt ~:-.pernrou 11nsiuf;flt-- pi'1'-st:nulo nü,1110 of(ln ni rlllcto
,le los pa~os ..\ C'lld&lt;I lOOlll&lt;'lltn. s1rn•

In .aut~cámlll"tl y a-p\1.t'E(.\l0 un holllhl'f'
ele ro~t'l·O ne-grnst•o y pi(!ft-do ,le ,•Jrue•
ltiR L\gin rt'ronocló, poi· hnh&lt;'l'ln ,•liüo
l'll 'cfl.(U\ de PoJUJ)QUtll, h Atncloo, llbN"•
to &lt;lP.·Vi~i(Jlo. Actm, lu.n:t:6- nn grito.
Atnc,tuo flAludó lucUn8-ndose 1,n-ofun•

n•

. 'l'EATRO "lf4RIA Gt:'Y,RRr:Ro:·-com,
pa.lHa de Zarzu•h1..-'.hnda1 todu In no-

cbM.
TEATBO n"!!!., c,~~MA'.l'00RAFO.C.11e
del J•ueote de la JAll.11..-'l'•nd•~ todu IH
IIOl'h1,11 .

TF.4'fRO -lfJ1UtF,Z.-]'IUZIH!la de ftltn Lu1u.-..-CompRiH1. de Zar:.u,:ela.-'tai,du tod11" •fll; IU)Cb""'

f-lAf,ON DT•: VAR&amp;l':DADF.S.- Segunda
d.• f-1'1n J;"'rnnr\~('O nüm. '7.

EX T'O~IC1ON JhlPERl ,\ L.-l~lo&gt;p:Ante su-,

l&lt;ín "ltumlu ..-11 le r11.Ue d,-1 E1;J}frit11 Santo.
f:·e:itf! ni Ifot .. ! do&gt;l !ll,,:11r.-Dnr1Jnt{l eata Flf'-

mA11f1. (;111.'rl"l~ A111.dn•Boera -Pr1mPra s~ri&lt;&gt;
¡,1·,.r11rDtivn1 M1 lnglnu11·1•n y In, truTea'íu,
T tJ.l'/f!E J.f)• l'U()OJU \f A!l

~

e
~

1 lp, de "El Mu11do''

se su}Mlr&gt;n ll 1n~ pPr,;onlls cornpren-

ñafto~::~~!n~!~.~~:

¡¡_n

IH

ches.

LA MUJBR SANA.
.ll,{'Rbll'r .:111~ µe,1rní'!), h1s f11tlm,:is 1lu&lt;;to- dirlíl~ ~n 'in il.!?111(1Tit(' :1:::1:1. :{•· ~lrrnn
Aparte de toda. cuestión de for;nNl.
(·nhril' lfl,:¡ ¡.;n!r"!os (11.K' J)ar f:nli~,:,ri'pclo·
M-nf'iuna y t1rrdl", d 1n. hon1. '(le la s¡lll- nel'I de '•El ):uu,!J." adeudan ll la ma ó facciones. t,ionc un at]\c.

•

una regia U(' -rida que f)O('O 3 poco R~

TEA'l'RO C'Al'.-rNO GTIERllERO.- Com-

pn.nro. d~ Zar.-.ue!.._:randu todu

'ClitC ba·rrio . .iñu Jll'ot'",n':tl'OII ('Oii~f'l'\'l\t"

do tocan -esta &lt;'ampann que ui,;il:'U 11:i
Lorenzo Na,·A, P1-c-b.uca. l!go
,ofdo. y .entoneoo f-1 &lt;1eRr(&gt;ff\l.H'íl;lo t.'ieSar•.mel C:u:te.l'íeda, .A.totcnU~ el
,go mm-mura ¡:iom•le-nte:
Grnndf' ...-Ilgo.
Hace ya mol.'bo tioempo de Jo quo rondo fJllt" :::l' cxp1'i"('Dflt", y Jo hizo e-n ee- -¡.\..l i t .ihora se Y:m lt™ ami"os.
.Rodr:sto IIP. f&amp; TarrP-.-Campecl•e.
'Voy 4, ~out.a.ros-nos dijo Elía.s.-Era tmi thmlllos.
T.l('-ga· ('I r1fo {\e Ai"i~ Nmwn, y _~1tonFr...n.Plsco C. del Po1,o.-Cator~, S.
b'o wuy joY-í'n aÚli, S aeal.mlm de lh.: 1
• • •
l'P.~. ,,·ntno!J 11 Ycrlo_.clir,z &lt;1_ ll~'&lt;' , ~•clno~. L. P .
,glir ~ ml pueblo. y ~muo t-t.•ufa muv
Hnró c:omo unos v-elme lli\os, que los -tlf'('lu1n1lol~ 1111 f{']i;,; nño. &lt;11 no-, tom,1
Níeo)áR S!!n, ;:,n,:SKI. flto
,!poco dlncro, tu!mc (1, vivir íi. uu ·pc- \R.liwl estn,b1e&lt;:•lflt'0TI uun d11,guflrf&amp;. -€'TI 1l0r ObN'rfl!'I, lrnhln nn rnto P~ 11 , 110 ~ 0 ·
;~;le~íl~..
i¡uctio plr;o, L•en:a de )Ioull.·oug-r, un ~1·an esca.la. &lt;fon e--1t-e hatTio. Hs'C'ínn tiw y no~ t'On\'ldn il f•í'lf•hr111• rl ai\o. C.
¡,-cr-dLLdero r1nü6n fül mundo.
Por lo negocio ganabau db1ero., Y nd('ml\s de "¡Bebl'rl po'l' ln rn·o ... p&lt;.'!"lcJll,tl tlC' l;i {"[l
.J,,ndt'éa Orocio.-""\•ane de Sáint11go.,i11ue ~gabn dt'l l"U1l1.'to .••. . hasta ah.o- Ja t!h•nda, Ueguron A e&lt;iia.b1ecer 1mn isn!" ¡Rt.1 muy 1tl-~t!' ...• i\. rnf ,:,lf'm1i1't' rao.
nahn algo de lo l)Ol:O q\W -d&lt;'.! rnl tU.&gt;l:\ f-Ab11kn,
tan-e- Mt&lt;' JtlOl'll!' .. ; ·; ·•
Albe1.io Serrano. Jtmtl-ne-11.-0blb.
'""•t---iij•~•;.,:m.a~ill.'(lan • • ~ ••• CorniA. en 11n re&amp;_·j A la muerte U-el~ paélff.J, queda.ron
_
_ •
~ . .
Luir,, ~- correa..
lV¡llfa. Jal
,...

Afrlca

ºª

-nao\,,:,.

fü~

-Sin -e,rub:i.rgo,&lt;M. CBREI. 00 .A.u.lo tic ha llevado lL los fabios; fe'llzmente-,
agrndnba, insistió Acte-n.
Lillt Jo f'&lt;"l11'\ de ver fi. tlt•mpo,

-f;r, r0~pondl6.

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t-[

I

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Arrasan tes

Mon u m ental

Oorr-e ~ J\].ó,Jtiela ba
J\W!l de Dl-sgrar¡ Cemente ri o
com~ p~inclilnl magnitl&lt;..-e;icia au c,o- 1'rlble, cuanoQo se ~tpa.ron sus eonse- trillO de H1UllMIIR.l.i.1;!,ar11, qup l'O~i(I A
lección tle ·cund-ros, eutrc 1-os que hay reu-ellcln&amp;.
. ._
d
.auxmos Gll?il"Ouimo Mcmt-M é lt:i-Ld.ot•o ~-11.!ll)ftt'.t:, el
Impresiones d• vlaJe
nmf)lln-O qM sollcitru'OU c·om.ra actos
)lurillos Vebí.zqu,e7, l'lcio.nos, Ru'bells
En ef-ec 1º• ~ -pesa;r e 10 ~
:r Andi'é~ ael SR.1'to •
dt- la ciencia. :J !\os cul&lt;iados de In del Je(f': Jl.olCtleo de U-qtIDlll\ pOOlacióu,
Génova, Enioro S de 1901.
'
·
d Gé
l1'amilia Ja ceg&lt;U-era .s-e ,dcol:aró 5in r-e- que los rt..'O.nttlg,n6 .nl &amp;er\~lclo d~ W
Sería yo cn1)a3 d&amp; esc,rtbu· 'll,ll lmCo- Oh·a co::;;a. import!l,JllLiSim-ai ~ nova, \medio 'deRl()U6il ,u6 la. enucleael(m (1,el arma·s.•
ll-o rap,r~)ó!üto 1:le :mi -,,IFl1'a. fi. ~iza Y •Ni el Ceme-nt&lt;"rlo. En (•l &amp;ólo · 4 l'Oll!IBB -,jo ai~hulo.
-Se .conllillroú, aisinl.ismra.
iauto que
Notate•-0~1.11.'Uo. Ei=itcty muriw1.\la{l.() l.lifl wrn.tultas '('sMn ca.valla.9 en el suelo 1
¡Y Juan era -el 9-lm.a. d.e In cua! flu nt'gll el .ai1,11J&gt;Uro de la ,lu&amp;-tic1a. de la
('S,0.S lu.ga~ d'o -é:uioanto.
LAstJ.ma. {)UC la vart-e d('!'tf.llllldR. 6. ellas .o,cup,a Ulll\ tl.Pl'ffillllO ,no ba:blfmdose cuidado nun- L'n-lOn 111, f'al1111ino .\.1•Ias y Esph'ld!ón
~10 St'JJ'il yo h1l,(,'(&gt;l' &lt;~11t,,e;1· ilo (Jl1'e ,·to (~n le;x,t.en:~l{in e11orme, que no sn-b-rt:;i. yo ca do 1ñ fn-bricaclón, DO -eute,nl;lfa -Oe Alm,az&amp;..u, :a.p1-eb('ndir,lru:1 'POL' las f'intorl,
GniFi tl-0jas ~ -U€&lt;S&gt;g,11"11bt0d1u \lie-8C'rlfK'loue~- 1cuJci1lar. ]j}"tá, -sobre un11. mou.tRila que ,el,la nnda. abl:lolutalffi'nte. y aU'nque dn,lrff tl.e IJ..lejnpUCO Y 'l~maseultP¡leC.
J{o ~ puNo reslgna1· 1- no tt·anamlttr ñ se ve tsohonnida de cruces, -eomo 11 lml)IN.e tenido lu lute-HiN'-Ocla necr- AlnHlt":LU, ·~ d1•flertttr Uiel 10o. Regiiu.rodes ,u,nt-1, lklei. lfiT)l"OXiu"huHt nJ. me- fneran m-.-\.tu. LfL8 gen,tcs que pagan sn-rlu para -e,1lcargnrse de ln t'abrlca- miento.
!IJ"OII, die lo que voy :Vl\\tlKI&lt;&gt; .f'&gt;JI e,~t,e , .. 1,n- tie -elllwredan en 11Ichos 6 en eepnl- ¡ cÍón. ¿P001a. 11 u cuiiadn. acongoJaila
~c-. y ¡p,o,r -eso- me ientl'IIMX•-~ &lt;'U'llndo ttl el"OS de tamlfü\, eonstruf&lt;IO"S en -el suti• "{&gt;or ~1 dolor v la ama.Tgura, cnca11¡:aL'•
~~~Wl.· uie-- OJ)rhue aa.. ,llwi1)0t,eruclo -pa- tmelo y to-di&gt;!! ellos e,,¡.lin e-u nua gn:l ln tien&lt;la?
n11~ -e&lt;mHml,c,11r iIDJ)l'lf&gt;-•i.on~ df': imodo {)U\l J.i:!da e-u forma (le h{'\'1'11-dtwn. t::-itu ga- "J!!~U- ro(i.!J desdicha trn:lus !fil:! e&lt;'OOIOf,Mw-1 ,c_•a.,1-.·N1 •S11'gt.."8:tlfm. 'J"t,11go to- 1~1.·ia es t.am-bl~ d~ g,•tt'f\ f':Xtensl~~ .lllfllS ,g,e ga-s-tnron
rl.&lt;'sitpm1.'l'clQ.rou
El S,¡•, ln,i:ieuiero non Autonlo CM'~
llldoa muchOli npun~s ~hre estas twue oopnct&lt;lMl pa11i ool-w:i11ta mil ca ...,aTn Pª"ªl' los gastos de 'ln. entcrwe- vl'luOOA \f. ~ vs1 ii (litigl't' H. lu ~rerf'ta,
os pobhl&lt;&gt;ioneJJ, y ei;pe,ro que nlg1ln (1-fn•ereis. 0'l pOrUco del edlfteio e.s veJ'- dad.
,.
.r~~ t1e (J{),uLuul~i0V.Nl 3' Obrntól
.t, c·u-ando baya ,·t1€-lto !1 la. ,·\da füld&lt;".:rAm~¡,utoe monuine"11-tal, y- hny nnal Mientras &lt;;sta Qu't'O, lOi n-e-goclo!I. tite• bU&lt;-11.it, co.11 ol ol&gt;jf•to 00 gN;tlnnn.r fil
tra'llqUlla de Mhi.co, y t(&gt;nga tiempo .g mn ennt!dnd d&amp; EIE"J)UlCT-OS, Qllf' son rQ'!l lí, Ur.lt'f!QS; la. clK"l\t-E&gt;lR fllf l'-l'tlrán- bairl'itlo Y l'iOgo di!nl'iO de lll &lt;"fllv.n.ll\
ti-e pensar mucho y la dist;1,nc-la roae obras dse ar-t&lt;' de mu&lt;-ho mór'l.to. Fum•n ñ
lo"! ,c~tuer7.0!'I {~ l'o-potl,l, t"ll ln &lt;'mil !lb\ttuln Pl polvo.
1 i
ha,ya o.Vi,ado el l'e(:Uel'dO, p(&gt;Q1;é ~· ,de eeta Jnm-e-nsn. g111-&amp;1•J11. y lllll,'\~ ¡¡·bajo ose fl 1n qlt{' f.1.'Vle~n,
ll'l: l:ll l~tiBl ~,·. Oe,1•,-AntAA, lJlt'(l('IOl' 11, 1 Obrflfl towiroa. l,ll í'1&gt;TJid1111ta, y Pú¡nr0~ llducad1.1~.
'l'F.AT.RO HTnAI,GO.-Cowpatua DramA•
criblr para tt y para. lo.si nue-st1·0$. u11 (&lt;el cernenterl&lt;&gt; et!it'A en la montnño.· !Que ~ bleicrQJl pum. rnco "(tíl ' ' 1 ~
l'.t)bJJc,a,"! dft 'Pa-m1b11
l\mJHNH~\ p,'l1·i,
e)tt)íi~lo do&amp; viraj-e e.n forma ,(le eu-em.to hay otra!:! ...-::üerfas subtentánc-as A. ln tu fu~ C'\lanto eo eMe i;;('nu
1.z?., 1haceo:i: cl bnrr!él.o )' ril'go rlt'. 1:'I. cnl1,a- tira Mextcs11a.
TF.J.'J'RO 6 ..H,ON.-Plna
Sao ;rua.Q,
~ue ys desdo "'ora .,.,.,,1,, d1\u(1.ow; U\3.D'i!l\ll d-0 =-1:!lS ClltlWUmbni-1 -Oo IlOUlR. ,. en ya·uo blclel'Qn 10 llUD~!.- l(' l)RI,\ d:t, lo.o: np111•.n.tos dn !l(}Hf'l 11nn!{•lplo.
Conw11-f\fa (lfto :Gu-i;u'°ln.- 'l'ando.1 todu
"-1
~
_......,
•
r.vlt:.ir 1fl carnn; ~tn. ,,Jno ..,ata 1u~nt1\
111.,1 nor~ea.
,
vueltas en la. -cabeza.
Oh'a exeunlOn de .JOY, beoha en 4et Ú('l\'&amp;n&lt;lo¡w ,el .CJ:uto d(II tl'abttjo de t!l.J;I;·•

La Sn1wema

eR-eu•l
1&gt; muy
10 bn~no· taruh\~u pero tl~ne .,
v-1o gol=
uerecho. -"""
,,_,.., f,:i-6 tnnto mM te- oonfümrnlln lo.i nnl~"' del

I

•**

•••

Por· la Suprema Co rte

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T81 PLE ALIANZA

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~c pú b li c ■

Eda{1 Mlf!lltln Bl mila JlOt3.Lle y saber- tW-elllt! di.l :l'l'[l(.--&lt;:tO.
bio ae esos· n-e:-. que a,y,e1: vimos. ,es
Uu dfa, ~ol' ?n accidente -rlt&gt;sgr¡w\~l oJac· Dorlu Hoy ví ,el l-\1l¡¡_eio Ido en la ffibl"l(!4, Jmm pe1x!l6 Bl OJO

• • •
tai"t](&gt;, bn .ft\(]O f\_ \10 ltl_lOOT ffi\'l'Y eley,11.. t
la. roadrugatl11, del lo, de Enero, el.o 0 ~ lla montJd'i.a. .que l1t11ma-n -.el nl. 0~ a.nos.'''~-10 U tnnta desolación
-,- d-e a.co!tarme, escrlb! ,e,u Montie- ghi • s.-.
n.-.r me&lt;llo de llU re- 1(1"~ rro
m y diflcu1I.a-d-o~
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,, \".antoes
"' asclPll-0.e r-:
loR -en
npuros
~ &lt;-st:i
Rl "'c-r. r n::;JW(1 ¡ur Ú"'-' r o ¡··1,•11.t
u,.,
t("arlo una i1JJV1-esl&lt;in á vue1a-JJlumn, rrocnrrH r,mtculnr ~ -'Adlafrnte. arr 1bu ti·1Rta ~r11ar&gt;i6n ttól-o mm idea prl"OCU· cuc-ut:1 ni GoUlll!"Ho tlel Uh,lrllo, de
,:ine t,e ("I.H'lo co.n N;to.. cal'tn.
e~ n-n :p1·Peloso panoramA. que abal"(a \)ó .'\ Edunrdo 'y á su cuñado.; !.uH.'er qnl', rormlu:ul:1-s las ob-11a!&lt; ~lttl ~;m,=,.aJ!:nero 4.-Ya ('u.tramos !l. la ,•leja. toda la c·ludn(l "!' &lt;'I ptH'rto. Lllstlma i,:r&lt;-er al pobl'(', CIE;\-gO que lu. C'llS.'\ mar- mirnlLo en las cnlle~ tlr&gt; ~a.n Ulp611ltalla. GAnova nos hn r{'('lbldo con un' que f'l r'cto nio-rtnt ""º 10s hRJyfl. deja. IC'b"Pba nol·rnnlm&lt;&gt;nte. y rolcui"t':u lo-: -to, Swn Ju.in de Jllo:-i. :r la ~l:u:l-@1·:t.hl,
frlo que A V&lt;'t.~, á Ja.s ü-e-s lle ltl tal"•ldo 11H1' muioho tiempo.
f\&lt;:J'ffllot-es ,compar-ecínn y el "crne" ~e•~ -encut&gt;uh·Rn ""~:u~ ,L,, 1·Jl-·•:i rnh·11n1de, hace tiublr el t-ei-1t.F6ruf:'h'o á. 1 gl'a•
.\noohe- t&gt;~tuw Ni la ~NL. La (.'OW• j, oercaba.
Ja. tnll'el"la 10111 l'm~u.,ialm, sit·ablt•s 1 tt. c:rn,;;:i,;1 d{' la ;;;rnn 1.·ant_1J:1il
élo ~c:iibre C'el'o; oridiuarlamier11lt&gt; es míls pafHa es muy bnen» Y la Ol'Q1lei9M me- :11.i!'M.u i?&gt;!lf:erzos solnmentc pam hiiblul" üe _t1~1·1·n y }'_rn11•;h1~.. l'I- ~bau .. 10~1,1_,~1s
pede91:ro y ancla a, 4, 5 y lrns-llL 10 1.rn-jlOr, En cuanto a 1a &amp;p~ra _que ot ...• Kle-lante &lt;de Juan de fnLm·os Jll'o_r.cr'rJ"!, .all1, ~ flliN11,..., to,-. ••1_ ► 1 •1-'l,1 lr► &lt;1 &lt;'n&lt; ,n_:1jo ~ro, Es:t.e f:'S "vc-ixliulero" frfo. ~TI~!! !dNl &lt;le Jas Valk::,r111~. del Bn- l(l Jos bcnaficl~!ót ,le nuM·o;-; cm·!II" ,Jw-; d~ h:H·,,1· l:t lhup1a ilt- Jo~ t.•ult•ctttG!'+nowt es ¡ 11 •ciudad comercial mil.,¡ ()ue-Fanta~ma 'i' TO'.rit:t\-9 -., pan plnt:ad~ ,~t;t wicontrnndo' NI ~u mi-:-mo ,1,,lnr 1·1·~. ;\'lTOJIII\ l'll las
lo~ ,],,,.a,;.,JJnrpor!Aul-e tle- Italia. En fpocas que junto n•l "C1·t•Jll'il'-'1•ulo de los dfosei/' de flJ{-~'1:iM r,a1.·a eniníl.nrfo piat\os:lnt('!lh:-i y¡.., _de lo'-' ,pozr.'I il.c '1:--111, 1, &lt;1lt•11tln t'"'''
cons}gnó la blstorkl., tuvo uu IDte-r~s ~Yngu-ei:. En mi r,ida he ottlo cot:a :r thtp;lendo fli?&gt;ll\11te dt&gt; N u11 l'onr••nto uu rn~·om·.,,u!ootc p1,rn In. ,..,1Iuln·hl.1d
lru11~1Jl'O; a.bora ha d,e{.'af&lt;lo mnebo. ,
&gt;go11I.
t\' una. n..l~""ría
Que :i.t rl".:ve-ntnrM1o 1illhllrn.
.
\"E!, síu tl.Uh.W1IO, lnt-ensnmrune, y PII.·
•
MAXUEL MERCADO, (jr).
1e·
de su 'h""l'("p:"\1'3,Dl€- -itN~~l' tr.1n!!l:J"llll6 , 11 l,•1·"1"t◄:. ul .\~·n11(1l.....,
""
mlf'llt(), ljll4' l":l ~ 1 '}' !.:'H) fl 111 .la.tll•~
gracia,
J.~ir•p('ti\•,il .1 .. , R11D1\!l"lllh·nlo. 11. tin d1•
Y ('Utl.mlo t{){lO aenhó, ('llfilHlO, t'elll\11· c¡uP "" HllllrU li1.c mr•elltl:1s eonrh1c1•ndundo fi uua iud1a inl()O"'t\hlt-, fü•.~11w·,;; tl'~.
k.1-e \'L•mlN· la casa, ~¡i,. 1'('fn;:::1:won 11n

La Instrucción Militar

-ti"1t•1_.n..

ruiw fn-oo\111IS genoveS,llol!I, ~plf11dldOlil ¡1a uui6n &lt;le acjn-ella l11~l10~11 fa-mi.!~ ,Qe las Unt('-:u¡ tcle-fOn1cas dol Distrito.
(lin su constt•trnC'lón y cuyo ::nsto. y 1n. cuando eO.bl'tamcnt,e or un 1V la. ¡-:
decora-clón, l' i;.-1 ~t!to, har:t?n viet· la. &lt;M~trot.e ()\11! ca1n•hi-0 hu;. ('llAflS to a 1·

;111..,.,

f:IUH f:llmpatll\B y Jutclo l)ereonales, en i:,lla.nza.

l!ll mo.rtes en la tarde, regersó d:e
Cncrnarnca d-espuél! de baber pcrma•
neC'ido tres dfa3 contempllllldO las
mnrftdl11u: eo n que In natnralezn ha.
dc,tnrlo o.quena tJerr11, el i;efi.01· Yolney
w. f'oster, l&gt;anquero de los Estados
U11ldos, que eu compa.ñfa. de su espo,
su y &lt;los hijos. estA f"n la capital des•
de hnC"e Rlguuos cUas.
•
A&lt;.:nlJ:,u do ,·b;itar tambiéu la referi&lt;Jjl clmle.d de Morelot,;:, los seitores HaLrison ) Green, dit;tinguido fcrracarr11No de 'f·pxn!'I,

1

f'owderly, Tln.lamldu y del ga.rrote-i·n
pnblicam6n de a,rlsos en
TUNEL
Onofre Oaleó11, p1·es.untos r~SJJQU;;a bll!':4
ºEl Muo.(lo" y "FA Im.p&amp;N:l-a.1.'' dfrigi,r.
de 1m choque (.l(."lltrido en .\.lütoJ.1llcu.
se A. los seffot'e!'I B. y G. '1OFYI'SCREL.
-erih·e r.na maquina qne contludR f' I
CJB-11ij6U d-el ~ftit1.1 $1:0.tQ ulim. 1
primero y 11n tren de que ('rtt 11HtfJ.ulAJ..ertado 468.
y
;dsl:t el otro•
TJn·icos ngemtes para contr11,tar o:run.
En c•J iucitleute hu\Jo varios llc-L·Tiio:-1
&lt;-los 11n.glcSl's, frnn(.'Lq.e.~ y belgas para
8omunlcn nn l-i~l)O.l'ho de Berl1Jl
)'
lttS 11111.qalmt.e l'etmltRL'Otl lllU\ 11\"í'ettte periGdi~o. l'ep1-es-ent:l.tl0,."1 en )H-xl- pur:1 t'! ''Stnnil:uc1," tic- l,ondrJ&gt;s:
rla(]o!.
Lo~
Jng·enle1.•o¡.¡
nleman("!i
disc11ten
co po't' 1os 9eiÍOl'CS J. L11.lmdle Sue8, Y
Qfa,. los Sres. trilayem.e-e F&amp;bre y era. ('f,11 ,·h·t&gt;za "l 111·oye~to de conlunica- 1----------------e!Gn suhmadn;t RomedUo al estndlo
do Parrs.
lit&gt; los gobiernos de- ~sp:\i1a y Mar1un-l
C(){f y que tiene por objeto unir a amIMPRESO EN PAPEL DE LA OOIIPA1HA
bo~ 1,at.f-;J mecllantü Ul.l tfl.ncl que pa.r-DE L.AS FÁBRICAS D]i: PAPEL
1.l~ni\Q do un 11u11tv 1•en·u•10 (1, GIIJralDE uSAN RAFAEL Y ANEXAS,• S, A,
t:tr tl'rtuine en Tll.u¡..rnr.
l'eml.rfa el tt1uel una exteusión toral
MARZO 15
fü• 11 kllómctros y s0rltl sulnnn.rtno en
f$A NTORAL.-Fiistivide d de I • (:111r-n R~ un i rn_,,ceto &lt;le ~2 kilímwtJ·os.
,rrail11e Lle.i:ms de Nuestro Sel!.or .lf'111rrl_,to,
Complí't11rf11 eslr, pion do &lt;::omtmicaSt1nloR Ha_ymunrlo de T'ltrro Abad, L0l'IO0•
r-io)ll'!S, una doble HJ1e-R férrea desde
v Nico.nrlro M"tbtire~.
'1'1JH,N'08--,Tne~ cunrto do lo t;rill)b,1al, Ali:-"&lt;·1rna (¡ Tnrll'll. ú Tetuflu, !IPflUa,
Lk. Jili&lt;Ó Peón ,lel YnlJP.
Heu1m·s y Tlemecen, donde se untri- Q.
J1111z C\llll'tO COl"l"&lt;ICCionul, Lic. Jo11111-Jff In t'P-0 general &lt;le ferrocarriles de ArS,pfndo]A,.
.
Agi•llte dt:'I Minillll'rio Pfibheo, Llo- Ar- ;;:l'1itL, S('gúu el autor del proyecto,
que es el lugenlero frances l'ú, Bcl'llet,
turo Mor..-110 l' Cou Lrern"
In apcl'tura del tOnel no implicarla dlTe"A.T'ROS. M;ll,,'RZO 14
Tl-:A1'RO DEL JlEKACIMlf.NrO.-Co1t1· fü•t1lradf'a ma.yores que las del Jlrlonte
paiifo d11 Ope1 R y Opcr('tf\ de J.•11.r111.-Il•llr.Y ('eni8 y Rfln Gotnrdo, y su costo no exli!'rr\cl.
ce1l..,•rJn de 3,000 fra n&lt;'OR por metro.
El tun~I del Rirnplón costó 3,800
Juevo• H.-5&lt;=! hrnc\6u (le abone, ••San•
n·n.llC&lt;J.iS por meu·o y el de Arlberg
ao11P e lh1lill'o.."
T~-ATRO l' Hl~ClPAl,.-Compnflfadf" Zar• 4-,000 ftaucos.
:rnelo - l~ru¡ir!!su. A r,·111-rila H~m1&lt;tuo&amp;,
L.'I durnción de los trabajos, emprenJ'or· In 1.orhe á. Jo.s 8 y m~dia., YivJerilo.
])riwer R1?1;or1&gt;a, 1..-o. Nieta lle au Abuelo, dieutlo éstos t-1wultfíneaiocmte desde
ambos orillas, sc.rl'.tl de diez aílo!J, y el
M!tntccrn.dt1e,
l'or llL tnrde é. foe tree y media. Ultimo emito total de los mlsm03, Jucluyendo
Clrnlo• Viejecita, Guttarrko. Gigantes Y Co.- el tle las vlas féITeas. no pu6arfo. de
lle1.11 tloi,.
CIRCO TF.ATRO ORRIN.-Compaftfa do, 22;i miiJ011es &lt;le francos.
C'rllece que la emptesa no producirfa
.-freo y vnrlednde,.
Fnnr\ó-n tB,rtle y ¡;,oc}.n1, -La ¡-racio~" Pan• g1·uu,1e.s resultados ecoutlwicoti.

P11.ra J:r.

?ibf

"Cunudo Vlctor

Excursi6n á Cuerndv~ca

Q
•••
I$e hlL Ol'ganlza&lt;lo t)Rra e$ta. nodhc
•~ un e:,:iip16ndldo pfl.$1eO por los El'!teros

j

i

Huelmetoca, tué vfctlma &lt;le un fia.tal f:ancé&amp;.

gul.

.

11 1
FJl s(•fi.or l-i'1•anc&gt;l,;ioo T. Cruz ba. dn!1n
1~,oc,ha~ cosn..s digui~s cte ver~r-. Yn be tia uu l~ilpeto Y \Ulil ,;;!oipn.ttt1
-visitad~ J'~{ tt'&lt;'H pula.cios de anHqniAl- lwttes. Los mi-sJUOS Ol.)l:('l'O~ cf'¡}-erbra~~u !Pl'iucipio :""i lo.-. tra,l1Rjos ele reparnc!tin

El

a~:ir~t-fllmbfnn con-r.1u1do BUS tareu, 1 "El 11.lejamiento dt" Frnnd11. y la
cuando llt'-g6 un tl'l'.'TI que deb1a con-d□• \ml6n con Ale_manla han dado ~At'a.le&amp;
-clrloi;i á ():-;ta copitnl.
r~sul_tados pata ltallra, ee;on6mv;a /
V1olrmtauiente orup11.1·on los opera•
rlos todo í&gt;l convoy, memos P~rez, que
fu~ A pni•ni~ en uno éle loa trucke.
R"'"l'ntlnan.H!'J"ll:ie ..., máquina uvnnz6
-•· un1r ot.ro· · l'-1\t'l'O
~ -con el resto d&lt;&gt;l
pflra
tren, pN'lllllllTI-do una pierna a, Pllrez
enfre los "trnck:s''.de toe -carros.
A. los gritos &lt;le dicho !Dldivi,üuo, ~
.hizo T&lt;'b'&lt;H'(-'{lAr PI tren y ee 1-e -sacó de
allI. slc11do tmf-rlo ti esta capital, y lle,.
vado -desde luego al Ilo!q)ita.1 Rélst-e•

lns mt1~0S-

~&lt;:&gt;-&lt;:::. &lt; : ) , , , ' C ) , ~ ~ ~ ~ ~ ~ ,a,1 Cltal Mn ,;l-do tnvltadu IlUUlle'l"OSll-1!
iram[ll(:li! &lt;le h1 mejor aoc-1e-t1:HJ de l'SIra ,e,! vlaj~r.o t\e11e gr¡m ,a tr~c,tivo, por wuardo, linbfn COOl"'fl.grndo IL 60 &amp;~nílr te J)U-l.'llÍ"O.

Los 'Pa lac! Qs d " 1.. an t i•

gu"

to"ie-1-on Q~ ~llbrar al C0$0 .el mli-lll()
Qomandenw -fif' Policía y &lt;1.ot •~'E'Dt't'ii
a. qult•arte pnr fa. fue.na 13. garrooha
Ñ:1-e

"SANSONE E DALILA"

L.

··•

------

,é,lel pütllirn, no da•ba 01-dos lt nadie y

RIEGO YBARRIDO DE UNA CALZADA

H!\lln.se srtunrla ls kept\bltca belvtl!• truc&lt;jón glmn!\.Rtlrn. ndccuuda al st-r•
ttr~ en el 1•í'mollno de cuatro coufllc· ,·i&lt;'\O de las nrruu~- Y ~ta sl(rne en
tos frontc-rlioa· el ltnloa.11!'lt1'l11co, el eur::1oe e~peclalcit th&gt;s(le los qulnco lí..
Si d~l v;ejo m1uu.io pM1tmoa al nuevo, comprobnre-moii que_ las doo
au.,uo,alemA.u, l'l gnrrnnnotrR.ne(!~ y loa ,·eJute aiios, ademfis ,10 ht lm1trucgrandes civilizn&lt;·iones a1¡.tiguas de Amér-i-ca, y los cloo pueblos ricos, poel iro.nOOitalJuno: todo1:1 el1os propru- ci6u {'11 el tiro de gupn·a, oue es 01:111~os, niae: ó menos, A. reve-ntar eu lucha g11torl11 desde los d!Pclocbo anos, Y
plados y próspero~. el pueblo azteca y el peruano, canalizaron é irriga:u·mwJa de cu::tro ejl'&gt;rc:itos poderol!O&lt;\ ,-olnntnrln y wu¡ eficaz desde tuA.9
ron, fei-tilizando pantanos el uno, y pampa-;; el otro. Rn la peníno:nla
que iuünd('-U el pequefío Estac,lo, como tiel'fü\ edad.
yucat~a, arra.igo .de una civilización que debe habf&gt;r 'ilido portentosa, no
ocui·r!O 1700. No ligan á los 3.000,()(J() j A los: Yeinte afí'ol'I, tmlo suizo trslHólo se encuentran Tuinas rnonurucntaleP. de palacioa y ciudades, sino
clc F&lt;n!rns de csos q ue, eu concep- camence 1\tll, es declarndo ilPft-.nsor d&lt;-i
veotigios de obras importantPS ,de irrigRci6n.
to t'óll1Ílll. I-IOD J:1 urclldumbrc del ~J(ir• lu. pntria, hnst11 loB cuorelltD Y f'trn.tro
cito 11ad111id: pto&lt;:1•den de razas múl· A.iioi;, f&gt;Ul.llJ&gt;lldos, eah·o lo~ bllrlu leR. cnEn los tiempos •r.noUemoo. Ilolaµcla y Suiza, los µueblos por excetli•lt's y ,
erAaS lOA hA"hltantcs de yo Sl"tVIClQ obllg1ltorlo dnrn lw~!~ lo~
lencia felices, son los mejor regados por J~mano del l10mbre, en lucha
NUEVA
loi; ~endos cantones, y bli.NllDF!f' en tts- CUltrPlltll y odio. La COO!óid('rR('li}O ('TI•
perpetua. y -en triunfo constante contra la naturaleza. En Francia, en
to$1. Idiomas ,;llf:l,tintos. como domtnnn tre sufl &lt;'On&lt;'iudaünno~y u1á.s; entre
Bélgica, en Inglaterra, por d-onde quiera, las porcioue.:1 regadas s:on la.s
dlstl11t1H;1. y aún hostil.es confesiones Rus r-oncludndftnm, quiztis-hal·e que
má¡. prósperas, y aquella-3 €Il que el hombre ha dej-a4o el agua aba.ndoroll.:;locias. Los· suizo:;, ligados sola .. en };u1zn RO i-ollclte la luc~uslúu en ln.
nada al capricho del eif•lo ó de la cst:ructura do la. l icrru, ~on. las m-ás
I
mf'11ü• ¡mr la exceleucla de SU! tnstltu- rnllldtl con e-1 rnl~mo nfun co~ que
Rusta, ltall a Y F raT\C a
c·lone¡;¡ polftlr11.s, nman, sin embargo, se ehttl(' so iuclnfllun en lo~ paf:;rs de
pobres, y á veces mi'!'crabl~.
Un
Id
as
Mn
pnslón sn unlditd nncloual. su in-l "8ert'"lc10 mllltar obllgntori~, Y, g!n~
De toda Italia, la región más faivorecida por ~1 dima, e~ la de1 Sur,
__
depc,nl.lencla y tu tntP~rldncl de su tl'· rnlmentf', entrn.n en ('~;1. mihcl&gt;i. v-&lt;•mtt;
cai--i tropical. &lt;le Yariado:-- r eí'-pontáueos productos y :-i\1 ~mhargo, la más
Hri('e tres meses &lt;-1rculan persisten- 11·1torio. Fara pr~erntr ('!;toe. tf'soros mU reduta;; n.nualr!ó!, ¡\rn¡mrcl6n supP...,
rica y feliz.~ la n-gión del ~orle, que todo lo produeA en un suelo are- tes ruwores de t]UE' Jo¡;;, agentes de se m,rntfenen eo vb'll y enérg!ef. flf'll- i rlor á _la que lln_ el reclutaruiPnto d•
nn~o é intrin,-t."Cu.ment&lt;&gt; árido. lo mj~mo el trigo y el lino, ')lle 1a Yid y la Frauc-i::t y Rmda renll7.:tn e11 ItaUn una trnli1Ja!l &lt;'U 1:i-e
a1~likiosos j &lt;'IJIO_ij l'unlqmer otro C'J{•rc;to. os l~fitu~
n¡.?rt:rll., lo m,j_~mo el ~rroz qui? .PªPªi ~8.C'ias é.
a_&lt;l2__irtj.ga- Ílli.H&gt;rtutq.l! l~1'oi· tl.l11Jouiát\cq, R~pe- ~mpar;rnpmie d .a. ";ps_trncci6q,~ m!ll_- (\ me,lor dlrbo, dN;echtt. , Ptt,::ttn -• .,._,... .111
ti&lt;l:1s Y~'f"I?::&gt; hnu tfe*do jf Romo e1wfa- 1 tai··• (1+&gt; tu,,_lo~
eiudádll.llOK fútilE'R, trlbuto pro:porcl'onaf é t'IU
_ ,
r1011 que e::; modelo en Europa.
t.101; l'lllJeciuh.'ti lle Pur111 y $au Peter:-;": r.11(' tK'rn•iten1 l er t-Ohte la¡; \'nna:t5:
•
• • •
Lrnr~o :i 1•&lt;mfC'rl'lll'IRr l.'on lofl f'mhn:J11- l'H 1mu iwmllllll n ej(.r&lt;:lto dP . 1rlrn"Dci•laradol'l rPC'lutns, re1•llten lo~ sui•
;, Por qué esos rei:;iulta.c!.os? Porque 1a. pd~ra riece~itlad dol hom- &lt;!m•pf:1
&lt;lf' e:,;tn~ pnfat'!'I y artn (•on el 1'll \inr.a de 1'.!0,0ÓO howbr:.•P, r-efu!"Zl\~O ¡zos ls ln~truccil,n con·~pondlentP. ·al
bre e:; la -de alimentar,i.c: porque e] hombre hien m1hido y wn regulari- mlE:nno Re,v Vlc•tc,r :Hnnuel: pero nncla J •• lo~ l'1 ·t.l' ,lh1M por h "f..111111\.·l•',r." m·ma 6 Af'r ,.icfn li que ha1, _stdo destldad, eq más ndiYo, má::; emprendP-dor, má~ intoli7cnü.~ y má~ prolífico; se ha podido trnsludr df' los de-slgolo" qnc &lt;:uenta otros tnntoF: comlmtll'Dtl.'B, nndo"': cunrPnt:1. y &lt;-lnc:o (lrn.!'I Jo:,; 1.r,porque la jn&lt;lu:-trin.que 110s Yi~tc1 no:=: calzn, n~ ulo,ia1Y nrn-1 arma para la de tan rulst~riosos al'l"eglos. Hoy. &lt;'Oll mle11tr,1s en PI lntN·lor se prt"parnu f1rnte;:;,
o..·hentn
jine-tl's, dnc11~11lucha, pre:-:upone la agricultura que no¡, nutre i pDITtf-e la irrig-ación 'su- las 1·eyelac:iones de dos promiuentes zo,),t)UO Clllllndunos d(' la "Landsn,rro" ta y ciu&lt;'o lo.~ :ll'tillf'ros r du&lt;&gt;ueuta lv~
!l. l:t -Oltlma y dcsespe1·e.da. defensa de ingenif'ros. Durunte 1;~ C'Ut·so ¡,¡e l'1 ¡.
prime &lt;~l aleai: de nuestro suéento y trarufonua á ln ¡igricultnrll en 11rn1
Ju patria.
MCJJ lo¡.;; sargentos y o.ficlales futuro¡;::.
industria ,"1:'gma-, mf&lt;tódi&lt;"a, de r~ultadog rakulnbles y previi-ible~; porTod!lt-, estas fuerzas, dispuestas ii que t•tH:!an á C'OIDJ1h.&gt;tnr su iustrnccl6n
que 111. irrignrlón ll('na el gr11nno rle la hmmr:nidatl.
hm•rr eau:&lt;a cmmíu con el euemigo d('l pr(L!'tir·n y tAculc-n &lt;•n BU{\\'OA curson,
· DC'nrro ele lit nmplituíl de las com1rnic&gt;fl&lt;'ion~." lti. rn.pidf'z, farill-dad
prlm"l' tnva¡;;;or quP. se prrscntc----pues CIIJ&lt;J tleralle no lH1.ee falta expon"r- E l
r hal'atura de los cnmbiO!s, una región puede µr~imlir de cnltivii.r y de~laro "s.ta. qne ninguno de los cun_- paso !\ jefl.'S y coroneles, e:xlge uue-\·n,
tro ,·e,•Jno::i ba ele pl'rmltir que uno de pl'Cparnclón e,pecinl perfectamente
dicarse á trabajar las minas, ó consagrarse á la lndu,;t.ria fabril; prro
ellos se npo(l(lre, t'ou d:11fio para lo~ e,;tmlladn.
un pueblo ente-'ro no pu~de prescindir de ello, ni debe tampoco hacerlo
otro!II, de todo ó parte df!l terrltorlo sui-1 Desde loe ninte i- lOi:1 trPlntn y doA
,j es b..to y pueda ser fértil.
1.0-~11estn.n A. In Repfihllcn ~;:. rolllones nUos el slm1lle mlllciano lll\rtenece al
Tal e::; nuestro ca.so; pam ll~gar lí 1a industria, lle'lee;itamos una
&lt;le fraueo!l anuale~, dos millon&lt;.&gt;s mis, ejérelto de 11rJmera linea, :r M con-rof'ta.na agrícoh1 que nos enriquezca J repueble nnestro territorio. Nues-que to q11e le cueta la "lnstrucciún pri- · cado carla dos affos O. ~.f Prf'&lt;'i(·los m11ltl'a minería ha &lt;lado mucho, puede dar aun mucho más; p('ro Rólo &lt;le la
marla." Con cate pr&lt;'Bnpuesto, que alll t11-r&lt;•1.11. (!Ue dnrnn dif'Cl.i,,.S.is dfa.&gt;1, 8tn
1)nrN•e e-xePsivo, npeons "f)orlrfn soet~- '¡&lt;'011tnr &lt;-on qtte cad cuntt-o nñM ª"1!-te
agricultura, y oor eousiguieute de la. irrigación, pndrPrnos t:R.car los
ner Suiza un ejlórelto de 20,000 bom- á unaf! grandes maniobrR-": :\ lo,; tr~lne-apita.les, los brazo~ y los elementos todos de la proSp(&gt;riclad á que tenehr('r;¡, Fi-1 buhlE'ru ndoptado e1 mOO.elo tn y d()s afios, pua. A.- ht primer11. res&lt;&gt;rmos derecho, y ya es tiempo de oon~ertir á ella todo~ nuc:::tros esfuerzos
fnmco-germano. Comp[Lre-se una neil- 'it¡t, ("Landweber,) donde c.•ada cuatro
y todo nuestro empujP.
ti-alidnd defenfüda por !W,000 8ólñ:tttlos aíioa tiene -ejerclelos de una srmana,
Imitemos á. los grand-es pueblos rld pasado y &lt;lel pre~ente, si quecon otra defendida por 400.000 eluda- y n~tste, por lo meuoi1. ú- dos j!Tandt':4
remQIS alcanzar su civiliz:aci6n y su poderío.
dHJ1oi;, bien nrnm&lt;los y conoccdore-s del maniolmli-,. Cumplidos los ruarrnt.:i
mct:unismo del a profcsl6n militar cu cuatro 11ilos, e l m1UC'lano pni::;a i1 la
grndo i;;nfl&lt;'lenrf', "por lo menoR."
"J.nnrl!l.tnrm." 6 re.-1P1'\"!\ tei-r1tortal,
~ ll B?.T
''Bsh'i.,"
por
lo
ex:pnesto,
Suiza
en
la
hast1\
los clncn('-nto. afio¡¡; ('~ta parte
Lo. con,parnrlón ¡,e los tlos totales fuertes brfada!'I y mnJ Uempo conclu•
re~ide~t• de,
~ltuad6n de neutralidad. reapetn.ble;. d-e la mllleta afiu no E'!-ih\ Nmnll•talJO!( dan la rttrn a:e 11umr-nto que he- :fllD cou las frutas, (mes YR bay varias
r l\li'NCI!'\ ·
",·a·• 1\ la con~erv11ci6n de su indepen-¡mcnte Ol'gauizo.da ••\dewAs. &lt;lPi-tl&lt;: lo.'i
mos ftpunte.do m!i-s arrlba.
arboil!'llas en flor.
&lt;]c,ntla. ~ 1ntegrldnd por rl empleo R.tl- Yelnte á los cincuentll ui'io,i, todo rnlAnoche ne,-6, 11ovl6 y cayó granizo.
clo ele tnl nPutrnl!da&lt;1: ''ba&lt;'e" uso llefado debe a~istlr c11da. nno d. 110 tiro
Jl&lt;'rf'lonaJes él&lt;'l ).rintsterlo de Relacto- de la "m1ltruccl6u" U'Itlitar como ln!!!- cRntonnl, y c111l n ilo.'i ai'Ios fi, un con•
VIENTOS
UP~ fr.Jucés, se ho. potlh\o aelarur, que ln!mc&gt;nto eftc1tz y ímlco nscqulble 11. rnrF:o clP tlro fMernt Las l'lases, ofi •
Antier , como á ta.s tre-s: de la t.1rdP, Ttalla &lt;'stú. ti. puuto de separarse lle ht su~ r('('ursos.
clnh•'i, jjilofl's ~ coron&gt;'lf'~, ~ue rrourocnrrl6 una hort·ib!P r:itAstrofe en el ll;.;ii :rnstro-alemaun., unr:i.. formar (•on
• • •
so,1 suplr-torios teóricos y pri\cticoR,
Corte Piedra, punto situado &lt;-owo li Fr,1.nl'i,1. y Rusia, una nueva Triple
'l'úC'allO$ 1"f'T In (}HC' "l'uiee" la. Repú- C!:l.dt\ (•]Cl"tO tl(lmpo.
~1rn_tro rnlllM di:! e,;fa ciudad. cu tPrrl- Aliam.::-i. ne a 11 ut cómo Re ~x¡,re~11- llllrn s11i?:n, pnrn sncnr d" la "lnstrnrLfl lm:trurcl0n la tlan rrluC'lpnlmM1tn
Cataa troee ea un1 mina
tor10 '1e- los Estai,os Unldo!!, JlOr la ex- n.111 ét.Oi; per¡:,onajes, tratumlo del pur- c!-)11'' mllltnr to&lt;]o ,pJ partido J)Osihle. uno~ lSC' j('f(~ y 0Hrlnlt'1.;, t\uh.''{)f! ml rilor&lt;lün antklpad.i. de un hnnoeno Q\1e tlcnlnr:
EUll)iel.iu, rcalmPnte, c~a "instrul"• lit&lt;trf'~ "proft•i-:lonu.leR.'' qnr, ,·ohran
Paso tlel Norte, M'.8"'.o 9.
hfl.bfo. !&lt;ido ('argado l.'on 15 ó :!O botes 1 ''lfa('e algunos atns que los Eµipe~ t'Ult'" pnra los cludafümo~ sni:r.oi,; :t loR flnclrlo ncrrnan.f'ntl&gt; tlí'l Flst nclo lo~ otiVlnlcmteR altMnatlvns ae bn.n estado de J&gt;óJYora,
ruil•JJ"l'S de ~\u~trla y Alemnnin. :plclie- (H('r, .aiíos, puee á ef.ll l'&lt;lad tlí'lll!ll que (•lalf'R &lt;lf' frOJJ/l s6lo r•ohrrlll í'OtnO lo"'(lXperhl.'lentantlo en In. t(lm(&gt;f'rnturn,
Lu ~xplot.ión ocnslonó 111. muerte de ron una t:-xpJJc¡:¡c•l6n n. rtal1:i. Y muy ]11~1-('!,:,)r en las NíC1H•las ¡1!1b1iC'fl.B O ,dmp11•.'&gt; mlllc&gt;hmoR y t'UJ1l&lt;¡1tlf'ra c,nf!
Mil \"le11tf)~ flJT[lfl[lnte~ Jt tnl grR(IO tP:- cuah"o. homhrf's, que 1:1e encontrsha.11
IJ l't.&gt;&lt;·iblN·m1 tlf' Homu. Ei.tQ.11 y.i. prlnulafl. tlondr mnf'Htros hirn p11,1!n- RC;l. RU ¡:r¡:¡ño ctmndo ~on C-ODYOt'.1do~
!Tlblo,;, que mucho se teme que IM en Jn operación de cargar el rcfcddo caBI ,...oucluidos los deta lle$ de In uue- dos y muy conslderodos, dan In. !ns- (¡, epe-rclclo$.

.

Y Ge

En una Estación

bit-antes.
Persia y Asiria, co-mo en mP..nos escala., .Tu&lt;l.ea, fueron países pode~
rosOti y poblados, gracias á gigantescos tral&gt;ajos de irrjgación, que, aban•
donad0&amp; y destruidos más tarde, loa han retrotraido a su primitiv-a este.ríJ idad :v decadencia..

la

, 'n o V a

"E·r nuevo Rey~1;: Italfa, tderupre ha
teuhlo por perjudldal A su reino, la
polltJr&gt;;,, de Crlspt. El mfsroo Rey
Huml&gt;erto, mm&lt;·a ,•i6 l'OD buenos ojoa
que ltalia estu\·1€.•ra r.11jeta. a. los de-sli;·ntos de rrusla y Austria, pero la.
Inflneucia del Ministerio pudo mil.s en
OPERARIO I,ESIONADO
el n.ulmo del Rey. Temteu(Jo e.xtendei·
1en HU reino Ja:s ideas republicanas, !le
,luan Pérez, ope-rario de una. eua• opu.;o tnell'ecta.weute t\ la propaganda
Orllln qne tra.haja.ba 6Il la estac!OO de d Unt6u entre el pueblo ltallano y el

4

e l'I ~ y 'Be~~ 1 E.

MONTE--C.lRLO

■emane..

Una de las más antiguas civilizaciones, la egipcia:, reconoció por
no sólo las crecientes periódicas drl divino Nilo, que á Li ve2'J
que riegan, enlaman, tlino tambiin los giganteacoet traba.jos de c11pta
ción, en-caurnmieuto y distribución de sus agum1., ein lo cual serín el
µaía más estéril del munido. Aun bey, la fértil é inmensa cuenca. ex.ita la
collicia de los 1_meblos europeos, y todavía ayer oe C'l~:rprendían t.mí:Jajo:1
.fRraóuicQs de riego, que, oib~íl1lyendo -con dique! kilofnetricos lof:. brazos
do Roacta y d&lt;&gt; Damleta, han puesto en segura y nro:du.ctiva culturn más
de 8-!,000 hectáreas Oc tierr~
No lrny ya memoria ,de cuándo se eje{'Ut-aron los coloi:.alt&gt;s trabajos
ele irrigación en China, como no la. ha(}' tampoco ds cuándo llc&gt;g6 al grado &lt;le civílización que en -ella. se comprueba. EFa oiviliiacióu está de
tiempo a&lt;trás est.aucada; pero no hay tod-a:vía pah en -el mundo que á
iguddad de territorio hay&amp; jamás nutrido una pohla.ción tau grande,
que hoy ec eleve. é. la vertiginosa 5Uill8 de cuatl'QC]ento-s milloJJO.'! &lt;1e ha-

H

~~~&lt;::;.y-C",&gt;

•

pura descmveñnr el Ju15go.do de Letraij &lt;1e eijta C'l11da1I, tomo pgscei6u de
su cnrgo lL roedJudos de to. ¡&gt;resente

origrn

•• •

'

•••

FJl lirtud del nombramiento hecho
en fa-r\&gt;1 del aeffor Lle. Jeslis J, Rojas

n ~ }"~nei.Sn da ,i.1,)ono

Gr an Compafila a e Opera y Opere ta Frapcesa de Parls

•••

.

Dma'.n1..r- la Edad M'Jdia~ e6lo los lira~ pra.-dicaron la irrign.ción.
y s6lo ellos. ~1eron podC'l'osos, g ra.ndes y conqubtarl.01'f':-; durante muchos
siglos. ltorna, en la edad antigua, irrigó por don&lt;le quiera que posó su
planta con&lt;1uiotadora., y las ri.1inas de sus acued1ictos monumento.le:; son
a\lll hoy, •imbolo y explicación de ou desaparecida grarrdeza.

,r eatroclell:feñac1mTentoJ ~i~;~~~

bnrreno, cl que de" una manera ines- vn c·ornbinal'lfin que debe comprender tautf• que, el sentlwtento pübliCo clamn.ba poi· uua pronta uo10u entre 111..1!11
i;ierm.ln., hizo explosión.
a. Jtalia, Francia y Rusiu.
('los uaclones Jatlnns. Oonsultnda RuHnbo tamblón otros 1.J.erldos entre
sht ¡.,obre esu. unión, prestó desde luego
los tPnbojadoL·es que se hallaban cersu cousl.'nthniento, y l ns con~!ctones
ca del lugar del siniestro.
ele ~Jla 1:1ou hu:1 que nhora se discuten..
Las i-erientes de.mostraciones de amtsf:!e J1a preparado para mafta.na, una
tnd t-Jltr-e Jngl11ter1·a Y Alru:naola, lla.n
eorritla de toros, con objeto de dcsbceho pro""resnr a&lt;]mlrablemente ta•
thJFu' su,; productos para. solventnr 1os
0
gastos de las festividades patrias Y
1•e¡;1w1uclones e ompr·ondeo Frnnc1a 1
R1is1a que el .Imperlo .A.ustro-b.\\ngaro
benenc-10 del boeplta.l.
E'~tA ¡Jmcmiz:ndo de rompimiento _Y
Se han ofrecldo para desempeñar
que, 1:11 Italln se eepara de At,. uan 1a,
esta tuncl6n taurina, de una manera
"'"•tl facllMnd podría &lt;'ontrapesarse
espont:iuea, tunto los miembros que
aüa hl combtnadón anglo-germana.
lnte¡:ra.n lo. cnadrmn lnta.ntil, como
''La prb:dwn visllu de la escuadra
vru·lol!I jovenes sfictomtdos.
italiana A las aguns france¡;;as, on Que
La fuul.'16n, que tendrá, lngnr bajo
ü1ml11~u i;:stantn 11rcaeutes \"t\rlos s.coun ln"ido programa, eer:'.i. pre.sldlda por
rmmUos rusos. &lt;10l'l1. moti-ro á gra. nd ee
lfl!'l l'lefforltas Concepción Ouaroo, Josemunifcstaci.ones de amistad, y es pr~
ra León, Manuela · Aguilat', J"oseta
Tlla&lt;·kei y Josefina PronmcJo.

fo•o quo Je es __propio. La fre¡¡cnra de sus mejillas, la elnatieídl!l.O.
de su paso, el timbre de su voz,
sn goce de la. vida-todoR "stor ~
forman a.tractivoR pal'l.. todo el ;¡.:
mundo. :.\fan,,illosn y valiosn eo
rno es, la. :;a..Jud no es l'OllH. ta:
dificil de logral', como creen al

gnnos

desa11irna,Jos.

L,i, m~ym

parte do !as

u.feccjone_e íememlP~ ,
proceden de t:,;rngre un~ur1.L,_ lll~
triciüu defectu·:rn.~ y baJa ntal:
dad. La. Óí'alleÍQ moderna -propo 1·~
ciona el rom.edio q_ue mejor l-'ldta

ha dado para tal condición, h
~
PREPARACION DB WAMPOLE. ~

Es tan sabrosa como la miel ,.
contiene los princil)_ios nutr;tirn:
y curativos del Aceite de H1ga&lt;l.:
de B:.i.calao Puro, combinados con
Jarabe de Ilipofoetltos Compuea~o,
Extractos de 1Ialca y Cerezo S11ve,tre. Tomads antes del ,dimento, mejor&amp; el, •~ctito, cr~• grasa,
renueva la v1tahdad, enriquece Ja
s1mgre y cum esas debilidades peculiares sl soxo, que sou el verdadcro orígen de su malesti,.r. · l-~1;

-NRtubEHI 11.rPr hOl'l'(WhO, le &lt;lijo. Te
t
vr ,1ue tl:l no1•tu:-itc como 1111 l'arr~ f'l'O
de los 1,JoJlt&lt;'S Albn.1101!. No seas tleulil•
sia..do alrcvldo, y t('U "ll cuentu que
un buen vino e1&lt;"bn Her subot'eo.do lent11,mPnll'. Ton 11:unlmente l!,n cuenta
(J.Ut'!, si el!!l ouice dNcnr, es más tlulce
aún ser deseado.
Crlsotemis tenta eu PRte punto ld&lt;'t1s
dlfc,rcntC's; pero Petronlo le expuso la
diferencia. que convenía ei;to.bleeer entlC!t1.dfo.n Mll \.'OJ1n•rs11,~i(111 ) qU1:1lnha11
CA:E'iTULO X
trc nn cocberQ cm·tldo en el oficio
ou ¡¡llt'lll'io, ¡wro 1•r;1 tul l'l.il.t'n1·10 l'l◊L'ilo
'(ecto del Circo, y un adolescente Qtle por vez;
TJJ\ catia de Vlnl\!IO ◄Jl¼tlh,1a ':tl e
Y H&lt;1no rlf' lhtt.lonP-i,; irn d l t irnH,
,1
• mnll's·
l:1:1 nnred('S y , prlmei·n ee urrlcsga 11. ¡;ulnr una &lt;::uaOuauclo &lt;1mpntú l1. Oi}!:ll"lll.{'CN' Y loR n&lt;lo1·uarta ue ui
, · .'
fd c\rlgn
fCf!touep.lQB.l!I e
Dt'~JJ\l{&gt;fl, volvJl\mloso i.ia.cla su snbl'I~
...,, 10 ,, 0, Pntruron con 111.:. lí1m 1larns cte Ín~ pue1'tf\ll !JnllAbnu::e
. t
¡wr IM co ummu:1
,,
no. af'ía,dl6:
(·untro uH•r\Jc•rtm ~ de grnnde:,; IUtei:1, hiA&lt;ll'll y mu· o, !I'
'JJ·' •
t b l "UlrnnlrtM de
J)U.lUpttnOI-I.
~í.Yl'llLil1 lJS.recfB.11 mu,r (la u:11,. SN'pen ea n1 ,.,
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l&lt;·"
-·ProC""ª
('OnqulsbLr su con fi anza,
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T..-lgllL t'epi'tlll sin ceiHll qu&lt;', A.I llicn ~ , Ol)rM ( "., m
O do mlirmol ponla clri buen bumoi·. y sé magtJú.U ~
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nrnllo de voces, Ol'il el h•,lou~ nanto dri ~fu c_u~tJo ll,-; dt1lifn.'1 tnmlil(\11 tomar [ (lri!'lor.t:ml~ le dló on golp~ con su
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la fu e rza loco moto ra
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f'umil'ln !IIP c:rngc ui&gt;ted, cu,~.ndo bit ftv;t.1Jo ln fncrza en 1~Pf't'n~ 1¡11-• ~
](' ha dntlo 111 irntund(•ia _,. empieza !í -Ufl,¡·a.-.r, !ln \'üpor, em El('('lt'l{.'dad. ~
~ M~ ht1n c.on~nmlílo. H&lt;•n¡,¡~r½'lll. E$tl:' 1&gt;s un B&gt;-tmto mfo.
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10:parta color ú las caras p,ílidn, ,
y_ robustece los pechos hnneHdos . .J
En unn. pn.Ia.brn., nutre
desarroll11, todo ol cuerpo. ".El Dr. Josl'
M. Gui¡'oMi. dice: He ompl~11.do RP
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Prepn.mcion en una e or1 a &lt;1.1.1•
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l1rese11ta a n gunos s!n t ornas .111quietant"!s en el i\.plH'!l.to ref:'.ptrn
torio y desdo el -primer fraf;CO to •
menzó á. notane alivio UUIJ'CHdo ;
habiendo deaaparccido toda. hudl·
de enfermedad a.l terminar cl sc:x

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to frasco.
llumócon
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Soi"iorito. tomaba. l&amp; niencíonad

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Ln co:..C v11 lt ser en qegulda, rn~l"mnra1► un »ua leWoM tt!mlllo1·oso11. ¡í rl~to,
avú cl::1.11os [ ¡Criflt0, :-:í1 JVlll1&lt;1t1!
·Atneln') qu111. &lt;'n un prJu.c)pi-0 uo lll'':3talltl atend()ll á aquelht ('te1·v1irwencui
auorwlll, liei:;ó 11- inqulPl11l'1'1~. Lolil 1 'i8 m-PHdarll" R~ \IC1HlJ. :°bllga_J~s 1\ ~~~u;11·
racta (i Jos dl'tlOs dl' suf4 ples &lt;'U quP. Vlnlclo ni fiigulel'n le oy6.
t'Réltt Vl''- cou wár t1•.,¡•nem·m ;.u. 11 1lCf'Htt!llenbjl.ll las plcdrns l}L'e&lt;!io~as; P\ht
-1 ra eatn.u en lns Cnrlnas! ••••
y 1-'t'troltio 1m el'baro11 i1. reir; r,n cul-1.U•
1&lt;:11 efeclo. f'..n iHlUE"I m42mentn. tor- 80 ft. lo. 1uer;, dl'l ni 1hle trmuno!" Alt".o 1, Yhllclo, 111&gt; leH dab11 oidos. Lo~ cfon lrncla. las 01lrin11.6, La lltél'll lb1l gimo!!I dl'BC&lt;"nocldOff !'lldl'U.bl\U lM ijtel'a
I· tldo.s t1ó.! s u oor:1z6n ~ hn-cfan cada 1pi·~Jda d-c 1'lf1.tnpadarl\" y rock•flda &lt;'I• tan de l,?PrCl'l, f)Ue dlO orden de nrrov·~~ mas 1rrcgul11-res bajo su t!lnlca de "llMJSL'{}U!." Ata.cino v-JgthtOO In m11.rcha jnrlos ti, ga.rroi•azos. De repente se pt·o.emcerdote sh1aco.
dt-1 -corbt•jl}. Av11'nmbao lent.,m.ente, dujo un tumulto ú. la. &lt;:abeza del cor¡
POllflll-C la&gt;1 lln~l'Ufü's en.un IU!!-Ul1Cl-ei1U!B, tt'jo, ~ inruedlatnmente Be u.pagaron
-Ya O.eben haber sa.lldo , de patac n. por 110 estfl.l' alumtn,adn. 1la_ chul.1J.
dijo, como babl.rndo consigo wlamo.
A.de-mh, Jos co.Uies des.lerta-s, en los al- lt.01 luces.
Atnclno compren(lió: jHP trntaba dP--En efecto, a.íwdl6 Petronlo. ¿Qute-- i·cde&lt;lot'et-1 de pu.lacio, 1londc llnlcnmeuru qu.,e te ha.ble- entre tst.uto de lua te se de,;1llzabt1 o.cA y fl.IIQ. t1lguno qne unn agl'C!iilOll! Qnl'&lt;lO petl•lflCDllQ de teprofectns de Apo\onw de Tlnna1 ó que otro bornbre C&lt;&gt;n su l\ntm•no., se iban l'l'Ol". Ern C08:t sabido. que 0681.ll" Be
~ca.be de referJrte la h1sto1·10. de H.u- poti)ando de un modo Insólito. De ca~ pern1itfn de ,c-;,¡audo en cuando, en com~
tillo, aquella lllsto1•µt·? •, •
da calleJne1 11 rmU:ni1 grupos de tres 6 pañfa de lo;; auguatail-0!5, nlg~rnus Pn·
Pero a, Vi~1jclo Je interasaba muy cuatro hombree siu n.ntorC'haa Y cu- camlsaaas un la Sublll'rn :r en los de•
pocQ ApoJoulo de Tinna.. y menos ~flll blí&gt;rlos con mantos obPcuros. Unos ca- m!l.8 Mrrlc&gt;r. :ms mú.8, RP snbfn, que l\
)lnfiuo. su pen111unlf'utt1 110 ee apartl.l- 1u1un.bau · con l'"l cortejo, rnezcl!.udo15e YN'et"! 'iac-nha do talPS ('orre1·ías nocturnas chlcJ.Jne.; y cardc1iales. Pero d
ba Oe Lla;la y, aunqu(' (.IOnJl)rcndi• qua con lo!! C'f:lclavo:,, mientras f¡11c otros,
que
se clní~r:Ifa. mIí fucm 1111 1-&gt;l'll:tdot\
N'fl rulie dl'centei rel'll¡l¡;'ln &lt;'11 »u c,um, t•n ,l(l'upos míLs compncto11, voufan en
&lt;'rrt homh1•r mnPrto. ri;1 JmN~to il•• gunr,e arro:wntfa !Y(l ll~ IJlO hflJJer icJo ii. p¡1,ntldo lnn•rM. A.J~1no!II. tltubea.bnu
polnolo, onnque 16lo lmbler.a 1ldo Pll• f'OIUO 1.&gt;orra.clwY. A cmla. momento a.u• ~•fa .J.1i los "1•ir,:i\l&gt;""," t'l)r&gt;nrgiulrn; (le
mnntl-lJ('I" 1,&gt;} nrrh•n, tt•&gt; 1•t;;!111m h•Ju111.
rn. v('rla míii pronto y eentarse lí. su mt!ntnha lLt dlficultRll p1u•rt nnuznr1
Pero Nl fl(•nw jnnte:. rai;m;, tos gunrlado en lo. obsc,u-hlnd 114 ltt lit~·,l.
•l'IMtt:t t'-'1 punto, que lois "htnipn.&lt;Llrli"
dlns tiU H1lY!¡l11 1,iOfdOB f Cil'-iOS, EutL'O
Mlentras to.ato los eacluvos llevaron &amp;t! vefnn obll¡ado.s 11. gtJtar:
tunlo, ht\'b(n ~11 tni•11u Ut&gt; lü lltE-r:\ \lJJ.
tl'lpodes 1 cchuou siob1·e 1011 carbonei1
-¡Po•o Ubre :vnra 1.'l uollle trmuno
bnrullu terrlhle; luchnbnn, se f'ClJ.abun
tiuo. m~cla cie wlrr'1 7 n~l'do.
Marco Vl.nlelo!
.
a.l llu~to y se pfsoteal&gt;nu. J.tac\110 tuvo
""' t .....·cioudo t)O? Jíu POP la15 entr('lnbiPrtl\8 ('Ol"bn\llMJ, M- una tns¡1JrnciCíH só.bita ..Ant~ todo ha-Ya fü,tien l":ll....
vo
obscu
Cal'l'IlaJJ tlljo de Ul,li!VO Vtulc.lo.
giu dlv111nbn ftljlll"llOl:I grupos
- b1A q_ue apodA"l'J.l,¡;¡• ele Lla1la Y l1ulr,
-Xo Por1 rl\. ree.Jetlr, &lt;':i-cln.006 C rlílO• roR y ~.J"perlmentaha. vivns sobresaltos n.bandonaud.o O. IM1 rlrmtl.ti n. :sil .sucJ.·•
teni\!;; cvi·reL"ll. ú. an encuentro, y es ¡CI• esperanzn y tcrroL' altcrnatlvan\Cm- t ..... Sucóla. ele· la litera, cogJóJ1. 81) b1•aprobo.ble q ue no los encuentre.
¡ ,.,
•
•

-

•1u~

111Jti,11

un cousue.lo l)a.ra. las ebposas can- ~
ne t&gt;t,n1,lln1!0 la lllftllt"ra &lt;1-e b11&lt;'~1·lo PO"L' vE"\ute f!t'los, Y !Je perfa."Cl• •
ea.dn.s, fas madl"CS que eatú.n c:rian- ~ undq un u¡(,11t1lo que tumple con ¡¡n mi,üún 1•::idrt &gt;'P~orª,

Vtnicio se sourl◊ &lt;le un modo esttlld·
-,~ Qum.rliB dilr l\. entc-nder ecnso que do:
,r1nle:lo llRhfH. ,w¡::uMo 11J pi~ d-e ]n. 11'1,1cc
rt'\iil!Stt!nuiu.
r-.\.tiro?
tl"fl loa ,-onsejos dti l'etrouto, que lf' 110
-De pingo.na mnne-ra,, •.
\Jah1n l:lllJ,P;&gt;L'!clo In trlca d(~ no Ir en -A c&gt;nmm d" mi ¡wD&lt;lr['esor.' •
PC'tro11 tu i-:c-('nco1-:lli de htimhrosi.
}Wl'SOTI.ll ·" huscttr ti. Ll~fll, !lino - ,. y '1 u6, Dú f'stabua 5- JU1ii ple"'?
--!-." 0 th•ne u,1 ~"1-1tcr 0iu de filosofía,
d&lt;) ('l\\'lttl' f'tm ('Stf' ólljeto ít Ataolno
-Sí, ()lll'll llenal'loa de: sortlju1:1.
dlJo; j 11.ruh Jlod1·6 hact1t· uu homh1•c
lH'O\'hitO de In orth'n (lPI C:éaai·.
f'rhmtPnlis C'"l'hfl una lnvotuntflrla. mi- drJ e 14 üi hijo el&lt;' M11rte.

d1ltnt-nt~ )" dijo:
-~iilud i\ 111 dlvJn11. T,lgta do parte
1 1o, qUll la ._.........,,.ra.
di) Mlll'OO Ytn•&lt;'
l~
jnnto µ nna. Ul('&amp;a hlr:u eervM.I\ cu 1111
i•fljllL udornnda ele ttores,
-BHtnr proll(ll, (ltjp }3 jovt-.ll, con
lO!'t labiOj:I IJlunl:OS i;omQ la cera..
y rodeó con i.us llruzos el cuello de
Actea para deapedl\'flé de e ll a.

En e,,.11,-. ilín&gt;i t·l rey dé' \r,,; 11rgo.Jo-,4 t•,; r&gt;l 11u111h1·l~ de• vl.2:or. 1-:1 hombre cuyo ;.istema t'-" iuenp11z rl.e l'&lt;'!--ie::t11• il lC'&gt;' · u·l·1,l 1&gt;S y {"Xl' 1a.•llí:· ,I,·
lo1:1 iH·~•l'_•:•,:-. :,;,• -::¡_nPd;l j):lrJdo 1•J1 1:111 t•~r·rltcwlo. tl1•~t•~p,•rud11,
_
•1
~
l'st(ldf:~. los 1.Jo1.1tht•·~ 1IP 1H"1?1!"iO!-i. pi1•nsPn 1111 Pº'"º 1•11 ('}lto. :,.:o •·r-:n..

Y.01:l .V trató de e.s~Ol)llr i, fd.YOI" ilk Lt
obr.rurirtn1l.
I'í!l'O Llgin ¡;n·lt6:
-¡ Ur;,o! ¡U1•;::Q!
Su vet.tldo 1,1nnco l'.l"J. tlidl rlt- &lt;lh·

&lt;·ubrf11 ('On tlll l,1•, 1

tlnguir. AtacJuo la

1&gt;ropiq rnauto, r·uun,lo 11 ·
p\·onto !lt' slut\6 l'ogl(lo ,m la 111H·a \"•r
1.0

con ¡-;u

1111/16

C'tSJ!tllltffflHI

ca:u¡::;-16,
)'Ó

ll-11:17.llfij

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~•l"Ílll"'l

como bl'rhlo por una mmw, 1·:1·

ill tilH~lo t·omo uu iJUf'.V de-:;1ilo111,1

do.

T,o~ el-'clflvos yac·fnn por tíl" rtu 4'H ;..,i
maror parte&gt;, r, hlen lrnfi).u (líu11h1~'
golJ}ea cont1·11 11"111 e.'-'(Julnni:-, l.;1 !ttN. 1
\:.l:it.a.ba aba.udoll.W.lu y l'Ottl. 0,. ('01]'.--W&lt;.·W..',l·
(•l.1 tle LL1 luclrn. Urso ~l' !)p,•;11);1 ,1 Ll:.. . 1

hu..dil ta Sulit1rra, ,l

eoru1mneru!-;

HU8

ilabftlll c.lh;1¡1CL'l:!Udo.

Los esdavOfJ lile reµnlcron dl'ianh..&gt; el,•

lll &lt;..:asu.. tfo Ylnlclo y

::!f' J)lti-l"l'oll t!1•

acuerdo. l\"o ~E- :1h·edan 11. cutrnr, nr.~p11(•s dR uua l1n•\e tlcliberutton . \"olvl('1.·on al 1.dUo Uvl ;.1U1.que. E1.H•ontru,•1111 '
gunos Jnllf'l'tOfl y 1:1mbl~ll pi t·lll'l'pu

Atanjno, q11E&gt;

&lt;1t•

mOl\·[n aOn, ¡:w,.'rn. 11'

ttal'J tm ('Stt"em('('lmiento. ~" 1Jm•liu l
AO (, lr1111,jy1J. ~•omnroll t•l l':Hh1 \"!'1'-

;,,'

fü• uuevQ ll..-garon rt 19. J)tll'l'tn. 1-'r:1 ¡ir
(•IR" ¡lJJlllJCiOl'

nl :trno lo

!Jllt'

h;ilirrt

,J

l-

L"L'lllO.
-4:11e ~t-&gt;

\o anuncie Gulfiu,

111t11·m11•

rm·ou algunas voee::J; tiene- la cnrn P1lsnngrentod11, como rJosotrvis, Y d ,1i.1o
lllllf'hO, A lo tnl"'no::1. 110 hr•Y
tonto peU.~ro pt\l'l\ PI t'OlllO lnll"ll lo~

le, quiere
dt&gt;mú~.

.

El gei-roano Ou\6"!1, que bubla. sen 1•

�EL l\lUNDO

4

Gaceta de lasDamas
LAS MODAS DE Hoy·

corrÉaponda

LOS ACCIDENTES

En la via pública

oootro

de 11110 faculta- to de loo ptotl neoooarlos pa.ra l&lt;lll caeos de ..i-a•·z!laanleirto.
~a. 9e prohibe -nsltar fuem de 2oa. • Un c.a11U'O motoi- no debe&lt;f. re,la ciudad, oobre .loe ll\leles.
molcar camoa que no tieven g&amp;rrotie-

1

18a. Loo cawos oo t,raocloo eléetrlca ros.
deberán esta,r ,proVllstos de otro slste- 1 21a. Los ea1'I'Ot esbaNlin provl8tos de
ma de llumlinaol6n, previendo el caso ¡protootores, ea.lvn-Vlkl.as 6 guarcla-irue-~~- pcl6n del e.Iwnbra.do eléc- das.
de quln,oe den1lro de poblado 6 1IN,lnta de •u•=•u
lrn:moo M&lt;ll.l'zo 5 oo lWl.-RAMON
foora de él, tamWén par lo menOI!, al trllroOa.. "'-A• carro mol.ol' estairA ,provls- CORRAL.-ANGEL ZIM.BRON, Sec.rela 11raool6n es elootrka..
v~
ro,rlo.
.a.. No
pemnttlr(r. ..a entrada. A los
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _. . , _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
7
98
v-agooos ¡¡ personas en estado de em·
· ---'

Sigue de la Primera Plana

La Buena. SoG1·enad Par·1s·1e·ose

br:gu;:·.eel~rmlHrA
en Gos
de
pasaj&lt;lros
&lt;llMn8p&lt;&gt;l'te
de coches
matertas
erploslvas, pestllen.te• 6 graatentaa, ni
de a¡nd,roales.
oa. Se prohlbe exprosa.IMDte al ptl·
bHco, hacer 80na.r el 1.imbt-e oon obJeto de debene r el oa11ro, exeepto en el
• caso"" que éste estlí .p rovisto l1'e bo•
tón ()llra timbre 4!(,ct,rJoo. Siempre
que J;a oetencl6n tu,e-re neoesa.ria á. los
pn.sajeros el toomspoo-t.e de roa-las
con(}uotor; 'Y 6ste deberll P1""'1Ja.rlo oon
forme u lo -dispuesto en la pneveneiOn

____

Usos 'SI cos t umb res mo d e rnos

-·los

CONSEJOS

A

--

1nv1tados

Loo convidados deben llegar cosa de
dlez mlnutoo, no rolle, antes de la bora fijada para la comida; geuerahnenln
• ¡
te '"' dispensa.u algunos m utos ~ aa
personas que por ous atenclonea uo
pueden
tener exaetltud escrupulosa,
como los doctores_ académicos, sacerdotes, diputados, IL quienes detiene et
::~~:e:~~a~•;~~:e::o.derecbo
Deben ser exactos los hombres de
de
eocledad, desocupados; no hay en ellos
excusa que valga, Y fuerza es que 118
someta.o ¡¡ esta regla de etiqueta.

•• •

Sl la comida DO fuese muy buena,
'Por la '86ronasa de Orval
cul'.D1)le IL los convlda&lt;los hacerse des____
entendidos ; come uno lo que le orrecen como el todo estuviese exrt"lenTIM.DUCCION ESPEOlA L PARA. "EL MUNDO."
te,
fin de no aumen taT la mortlflca---cloli de los anfitriones.
sa &amp;e ,sirve por ,separado. El jam6n .Cuando un platillo es bueno, aun•
terrera.
t1·to se trtn,ci-hará. en reban.ad'ns muy que de mod&lt;'stlt nparl-encla, se evitar&amp;
lOn.. Se prohfüe 6. nos p.'l.S..'l.jeros me.delgadas, aderezado con g'elatlna.
c-owerlo de.-.d.eiio~nmen te, con la ºpunnej:a.r o ha-car l'llnclonar •los regLstros
"De Igual modo se trlncl1a el pavo ta" de los labio~. como lmltgno de
coloc·adoo en el ,lnwrioo- de los ooohes.
Modo de trln--;;-¡;-;r y de servir asado; se separan ln·s piernas, sin des- nm estómago dcllca&lt;lo.
lln. Onnndo en el lnf'orl-or del cnmro
prenderlns completamente; -se levanta I Co.~ contraria ó.. ln edu'Caclón. y qu•
se advleutie por el conductor CualquleT Cuando se tlene un n11mero de sir- la pechuga Y ,se divide en tajadas mucbns persona.s ignoran. es que,
a-cto ó de~1"()AD que á. su juicio de- 1 t
con 50 jefe no hny por qué _
t ransve rsales. Es raro que se sirvan cuando el jefe 6 el ama de casa slrm~1..nde la lnW-rven&lt;'ión d-e Wl pollcta. v e:c~s ai,se con el ' trlnohndo, pues las pl-E'rnas : maf\ en ese r11so, s6Io se ven personalmente y le ofrl•cen A alpe,un·A. el auxllio de , ést.a., tan pronto i :cde ~nrire por arreglado. Las regln.s t~lncha la parte ~or{b., cortando en la i;uuo al go, es prt:'&lt;'l~o cl)n:c-e rvarlo Y
como le sea po~ible.
fJ~"uientes sólo serán, pues, t\tlles pa-ld1reoclón drl hU&lt;'80. rro t 11 rese C]Ue no no pasarlo fJ. otra persona , pueR quela. Los motorlatas, conductores é "" 1 jefes de casa que sirven los sean demaslndo grandes los trozos.
¡rie~o ser cor teses con el veclno, ee
·inspectores de los caru·os. est:áin .rev,es- T~at:: por st mismos.
..A la gallina asa.da se le quitan prl- d~a1ra al nnfltrlón, que aen~o ba es- l
tldos con -el ca:rue..er de Agent.ee de P Saber trincllar bien es una grarla mero la6 piernas, y lu~o se cortan -cogklo especialmente el pedazo qur A
Pollf~ Prev&lt;&gt;ntlva, Y taculta- di
de a recio· no es exagerado M- las alas. La peobuga se parte en dos. ofreee
l\&lt;
des J)Wl".a consigin.8lr '4 loe 1ntragFeis c1~!ees u~ verdade-ro 11arte." Este se I El cuadril se divide tomando el uíuslo
Tot.i~s saben que no se recoge jamda J
str - ad olere con la iprli\.ctJea, sobre todo. aparte.
'
A. d1.o;posiel6n del Gobi,erno uel
la tlltlwa salsa del plato con ,un pe,.
5am. 34.-PA.RA. SENORITAS: traje parte Inferior donde cae sobre nn cln- to•n falda de cinco eochlllas, la cottl ro en la oo¡,ltnl, y &lt;!&lt;, los Pre1ectos
(..
aespués de haber visto d pers011a "El pollo se trincha desprend~ndo dazo de pan, ni se vac!a eompleta,.
1
turr,u. dndo forma. Una bPrta de tnn- rulrle tJo:;i metros cln&lt;'uenta centfme- Proeklentes llnnldpa.l:5
':cJDls~r !xperim-entada trlnobar en e!!lta labor. eon el cuchillo la piel entre la pierna mente el vn~o. trln dejar uun gota.
N 1i1 :o: i-:li•·II
l'\II 11,1i.l h l&lt;..,.t ue J auta!'&gt;ia
para CUJ O n t
Al trlDcbar se requieren destreza, y el ala. Después con el tenedol' se
Evítese hablar con los vecinos en
, _o, ,
. t t1~ uua ;.:Ui1upc que se pu('de tnsfn~ tn doR ~N•clone-s modifka el ba- tro&lt;ó\ dP ,·nelo en la orilla inferior en tos !ol'ó.neo~.
1&lt;:J!f
de '1 ~llcln, les JllU a.r n os cuidado, limpieza y aun eleganrla.
defi)rende el cuadril, que se dlv-.de ~o voz ba.1a ó mu:v recio, para no atraer
omitir y una falda de cinco cuclllllns Jo y 'rrUon,lo Pscoi e form: rn &lt;lo una bo- los tan,niios medianos. El lleno en la a~tes
08
c¡:n~sos en que los
Es lndudabQe qne · ademá.s de: ofre• dos ó tres pedazos, eegt\D el ta.mai"io la wtención general.
'
(·,,n un volante circular en la parte ulta concluslón. Lns man~ns de dos par te de ntr4s, se puede dl~poner en .
\.'Ostnrnf:i
al
&lt;:odo
tienen
volantes
grau,
I
ll
Pgue
tableado
invertido
6
en
empleados
de
los
trenes
lnf.rlnJan
alcer
muy
buen
a~to
una
pieza
bien
,del
poltJ.o.
Después
se
q~,ltan
las
dos
/\.1
tI'tferlor y un plJt&gt;~ue ta blendo, in ver•
dmtdo:-; dispuestos en las ormas lnfe- fru 1Jces.
1gana ue estns ,preTenclonPiA, ,}os agen- eervlda. Y ader,zada, luch"'11 mucho alas que quedan• ~te;as.
.
I .,
titlo 6 frunces en la parte de atrás.
• • •
tea de la pollera les requerilrán pa.1'.&amp; más un trozo de carne, un pescado,
.
('re.:::pón de la China Pn un nzul pá.- i· inrN\ y Pl clen·e de la blusa se efec1 r~trGn nQm. 84, existe en 6 tama- ,que ,l a cwn.plan, y sJ no son obedecl- una ave, bien destazados, si se cortan Lo mtismo se hace con los faisanfs
lldo. 1·on Iunnres, fué el material em- t(la hi•nslblemente en la ei=tpalda.
Es el brindis de anttj?'tlo uso. de que
plf'ado para el desarrollo de este traje, La ~ulmpe es Usa. extendiéndose has- ll.os, de 16 A. 17 afios de edad. Para dos .toma11án nota del no.mero del en tajadas numerosas, finamente des- Y perdlces; las partes más dellcadas
del !al&amp;An son las blancas.
se habra. presclnd!&lt;lo un tanto Y Ql\8
rnch "' un volantP. de seda Liberty en ta Ju Unen ele In. (!.lntura Y cierra en la una señorita de doee ailos, el vestido tre~ Y del infractor 6 lnf'ractoresr Y lo prendidas.
El primer requisito pn:ra esta opeCuando es grande un plc-h6n, W trin• 'Parece renac:er. Tiene A vec-es c-arae..
un 11:m1 J)illtlo, tela en jaretones y espnMo.. Está rematada por un recto re']nierl' 6 mtr. 5 cm. de tela 70 cm. commilcarA.n intlll(&gt;dln.t.amf"Ilte li. la 0ocuello
liso
y
las
mangas
de
~stilo
ancho,
con
180
cm.
de
seda
Llberty
52
ml&lt;El8.rta
ire,q&gt;ectiva.
pa.ra.
que
ésta
ración,
es
un
bu~n
cuchillo;
ide9&gt;u~s.
cha
como pollo; si es pequeño, se par- ter oficial y sirve g,eneralruente d•
cinta de tC'r&lt;'lopí'lo ne:zro contrlhuyeopretexto para det:.lr ciertas co:sas esen..
do nl hnE'D re-sultndo. Un forro entnlla- olnspo estlln terminadas con tiras en cm. uncbo para ruchs y un volante pa- mande deteoor d los contra't'e-ntoreis, y se bu9Cará.n báh1lmente las coyuntu- te en dos por el lomo.
l1&lt;s muftecns.
ra ndorno; la gulmpe requiere 180 los ponga ¡¡ dlspc&gt;slclón del G&lt;&gt;blerno ras en ,la,s pieza• de volater!a ~ de ca- La parte preferida en la liebre Y el c1a,1.,..
úo ,-ost 1ene lu blni:1a la cual tiene_. el
1Conejo es el filete Y el lomo. Se., par;e
Se puede lmprtrrlsar un brindis,
lleno truneldo en la parte superior de uo ,- 0 tante circular trazando curvae rL1. de tela 4G cm. ancho .Precio del d-el Dlstlrlt-0. ooidendo de que al ,eje- za.
cutar esto, no ee interrumpa el
,éste comenzando por el cueillo, A. 0 aprentlerlo de memoria 6 leerlo: cuan•
la• espaldas y del delantero Y en la en la parte superior distingue la vis- , putr\Ju, 50 centavos.
tico.
largo del lomo, en seguida se le c~r- do no se conffa uno en la memorta,
----..-:....----------;-------------14a. Los coodoow"8 y motc,risbas . Para trlnebar las carne11 de -volate- ta en rebana.da•. El resto del animal Jo Oltlmo ,e,.i lo mejor.
..
.q,ae no detengan at 1:ren que conducen rla, vam09 A. tomar de Chatlllon-l'!es• ee fracciona aJ gusto.
j En una reunión de famllla. con moX1m. ~ .-PARA NINAS: vestido m•
cuando baya peligro de atropellamioo- s\.s, las expllcaclones sabre la mateLa ca'beza de Jaball 6 de puerco se tl,vo de un casamiento, una fiesta, 1UI
5
M &lt;·nu fRldn eircnlnr de cuchillas, te-to, y que JJO!' eato oca.f.ione,n .a.lgO.n ria:
~
corta de las carrllladas 6. la:S orejy. , bautizo, los brindis son senelllos, bre-:ilPnilo pllf'~ues talllendos en In parte
...._,_,..,
, accidente de1 re.'iponsabilidad erLmi-1 ºPor Tegla gen-eral, todae las carnes El cervlgul~lo se parte en rebanadas ves y casi conmovedores. Se siente
,.
nal, aemn detenidos por la pollcln, y mechadas se deben trlMhar de mane- 1finas. El flete Y &lt;4 lomo se cortan en j que una slmpat!a comlln, reOne de llll•
&lt;k a.trá~.
entn-e~ oo la (;Joi»isairta, ¡mra que ra que el adorno se halle de travél!!. 1tajadas dellga-das.
proviso todos los corazones en UD&amp;
1
s
I~~tc roqnf'.'tf lmo veRtidlto. el &lt;'U&amp;
ésta proceda oomo corr,e,sponde. ,Al
•'Se corta en rebanada.e transversaEl ledbonclto se sirve hacia Navl- misma asplrad6n de ventura, formu•
f')&gt;lt¡\ 1·urn,·tPrlzncto ror el efe&lt;'to ruso,
harerse la detienc16in se .('1}idará de que aes toda carne de vaca, p1erna, , cua- dad y es ciertamente un plato ulbro-, ¡· Jada por el mé,;s caracterizado de loa
snra:n rou!?{'. &lt;'Om"i.- !mwstra he&lt;•ho rn
no se i n . ~ el tráfico, custodJan- drU, etc.. Cada tajadi,. debe llevar en ststmo. Se decapita al animal, ae des- convidados.
hhrnda c 11 u sarga hhrnea Y hotoiH•!'-1 ele
I
do Al fuere neoosa.rJo, al ,resPQOS8.ble, Jo posil)¡e un.poco de j?;ordo.
prenden 188 orejas J' se divide en dos . No debe uno permitirse dedr UD
1·nhrc v trr-mm. &lt;•ontrlln.n·&lt;'n ni nd0 rno.
parra que \Ele8. relevado en la próxima
·'E» filete se trlnobal1\ d.,ejando en el partet1 la rahez.a. En a~ulda se cortan brlDdls, sino cuando A. ello lo autorf..
1., e,¡;alda e•tli hecbn • 0 grupos ele jaestaclón.
1p!ai,&lt;,n las paotM sec,¡s y grasosas de Ja espaldilla y la pierna derecha, Y se za la poelcl6n, la edad 6 alg1ín moUrt'tonfs ,. los delnnt~ros tlPnen el lleJ5a. En el tnUloo &amp; las ca.Ues tienen la parte, lnf-erior; para eso se pasarA , hace luego IguaJ OI)eractón al otro la- vo parUculn•r.
uo frunCldo en la ori1Ia Inferior. acen~
_,,,,
s e Jeva.n ta después la plel y se En Olla comida d e bod ••• e¡ ,_,._.,,
,,.neJ'&lt;'&lt;DCJn •los -...
w~JM'8 ,1,.. ..._
~llcci·ón e lé e- el cuchillo horizontalmente IL· ¡o ¡ argo I d o.
.,...._
11mndo el rfPcto blusa. En la parte su..
tries. sobre l&lt;lS carros tllrados por ant- M la pieza.
sirve.
del novio o de ta novia, se encarga de
prrior el cuerpo estA dndo forma para
males, coches, ea.rretooea y toda eta- 1 "En cuanto a la ternera, se trincha
ll lechonclto ee lleva en nn platón. contestar los brindis.
n,oinodar el canesú el enal esl:A enease de vehlculos y 1«1bre _loo peatones, e,1 lomo en tajadas . delgadas; el filete de plata 6 de estaño, guarnecido de· En un restln de bautismo, respon,
hí'znclo con un cuello tirn. corrfl'F-nonY M l'()llse&lt;.-neuck. canaíndo 3Ue1le ,el en tajadas tNLnsversale9.
madera en los bordes.
der6. el padre del nltlo.
dlenrto ron lns correas de lo~ bomhros,
timbre. debe dal'8e k v1a al cano eléc-"Del carnero, Jo que más freeue.nte.
Los pescados grandes ee sirven en
No hay fórmula consagrada pai.
y tarnhi~n con laR tiras de las mnñeNtR
tTlco.
mente se sirve, son la plertla y 2aB una tabllta 6 en un pinto cv-blerto con un brindis.
,1ne completan las man~•• ohls¡&gt;o de
En los casoo 'Cle a~racl(m en las costillas.
,
nna servilleta adornada con ftol'e8.
P6nese en ple qule:n dice el 'brlndltl, ·
una t•oRtnrn. El delantero deret:'ho es
bocacaH,es, el agen~ de poMcla del Ju. I "La pierna.. se e-0rt.a de dos manflras:
Al sérvtr una pierna de carnero, ca.. !levanta el VBB;O y se iDcllna bacla 1
roncho para cruzRr sobre el Izquierdo,
i:nr. dl.rlglrf. el movlmlento, l'l'O&lt;'y.ran- . A la l•n,glesa. · cortar la pulpa borlzon- 116queee siempre el m-o del lado
a,qool por cuya salud va IL beber.
,
00 que ~matl.vamen-te pasen Isa
,.¡ ,·nal •• m~• estrecho quP In faltla;
1
' b a.d
d 1 d . qulerdo de la persona que trlnoba.
Los oonvldadoe ee levantan y van\
.-.1 'C'"tttldo rlf'.rrR en el estilo ('jrrutnr el mnc,. Pano flno, cachemir, y mn- se requieren 2 mtT.. 5cm. de teta 110 personas t ,·ehtcu¼oe qué iCBmln&amp;n ha- talmente en re an or::U:o';!
ga : ·
• • •
• .'
chocar 8U8 vaet&gt;S,. repltlendo: ºA la.
1
le ,-ucbilins. tres plleJruefl tahleaclos tcrlalcs por el estno tambl~n ••rtn cm. ancho, con 55 cm. de tela que for'llllo Y otro rumbo, '! toda! tienen ~~ar1:...Z~":!ª;..'iia,,..da8
Oomo Otiles de trinchar, ae tiene UD I ottlud del seilor :,.,," o "A. la de la ..,.
· 1...-11tt11l&lt;•nrln rlPI 11P110 {&gt;n el &lt;'entro dP- muy katlsfnctorlos para $1. ctesnrrollo 1J1e coutrnste también de 110 cm. an• la obUgacl6n de ptieclacer 11 &amp;geD·
'
·
,-, g
cnohUlo gl'8D&lt;d~ga punta &amp;lila- llora J.," eegOn el caso.
·
88
'n )lnrh de atrAs: y un r-tnturón dado rh• In prenda.
«:ho para el cuello, caoesd, clntur6n, te.
.,.~
.~EJ. lomo &lt;le ea?'Dero se coita en ta- a, para lOI l•
; un oudllBo dor• Las eeftona se contentait
.
1M,,~r...::........,...,...1ta--1A-.QDl6n al cu,rpo.
Pntr611 Ndm. ;1:1. exlere ,,n 8 tnma- rorre~s. tiras de la• muliecas y tlru . l6a, Loll OCM~li ,''&amp;mili IUlduc- Mlas ddgadas, A lo largo.
to y_ delgado para
caza 7 la -vpla- tu 10 vaso; 1onrléndole &amp; aquél •
1
('bC\'lot azul con sew., rnrnrnnrln !los. •le ó f. 12 afio• de edad. Para ha• ele adorno. Precio del patrón 40 cen- ":"'" de
pinoaaa de &amp; j "El eabrlto y el coroero .,. lllrve en ter!a, · y paral el ¡,¡/,,cado un servicio cuyo honor ae ha dicho el brindis.
,
or!nurlí. una bonltn romhinnei"n pnr:'t jcw ('I restido para una nliia &lt;le fl ailos, tavo!I.
~l~ no
Me'f'fJJ. Ubre- al tren cuartos.
eepeclaL'
Este responde alempre, ponléndoae .
1
1 "El corzo servido en pernil 6 en
1
¡
an~
"":,, JI · Je
El "pat&lt;I de folegras" "" olrve ara en ple.
,
&lt;1c,.,i J&gt;ol" '"" en11Pl!..w,; del treo ó
cuarto, d~ trlncharoe al eesgo.
una cnobara »geramente pa88'1a por
En cl&amp;rtoa pataes, sobn, todo en In1
Lo:-· pP&lt;lidos tle patrnlH'~ q .i
b•i;,,11 en esta dudad, se vender!Ln al precio Indicado en cada nota cuando
el n,gent.e 00 pollcia. pam - conAIJn&gt;•
"De dlvel'58B maneras .., corta el agua hirviendo.
glaterra, oe naa.n mucho loe brllldlL
El llnndo'' r"nmlJ!C" ~11¡.: o f e":1"
11ue1·0 edificio, Damas 4 Y 6.
•
&lt;1011 aJ Goblemo del Dllolrlto, tL fin dr ·am6n; debe presentárse solo; la sall1o, ,.. &lt;,11 Ut· 1u&lt;•ru U.e Psta capital, serA.n atendJdos desde Juego, por la Adml•
Lo~ pt-dldns rfo p:-tlrnr.,•s qu"
nrd,tl."-Tiburclo 20.
que ¡.., apl.lqt,e la correoolón q u , · ~ - - - - - - - - ~ ~ - - - - - . .
t;¡rad'6n de, ••EJ lfuu,10 .. ,. •·~-1 ·
PARA LAS SI! ORAS
1~ara tomnr lllNlidas, y(,:i~e L· instrucciones en el Almanaque de "El !mnarclal," pllglna 248.

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- ,...... niúltltel!flr: 'fh1rolflna lout,.-

FOSPATD•ECAL
GEUTINOSO
11. LIIBOT, Farmacéutico de ,.. Clase, 2, me Daunou, PARIS
de

""º"

N'fEOIE#t; Desarroffo, Dtntiolo,, i, i.,
llal¡u/t/1, Enflrmodadec .,_ i., , , , _
e Qtecomen4amea aate JARA.BE á lG1 Kédicoe y á l01 Enfermo•¡· ea de UD tabor
-e agradable, de a.aiwila.ciou r•cil y mil -..aue 1uperior á todOI 01 Jarabes de
e Jac&amp;o-lo•f•to inventad,)&amp; para la eepeculacionl· esto, ,Jarabel IOD. muy ácidoe,
e aien\ru que al FOSFATO d.e CAL.GEL TINOSO no lo 81. »
Ptof. .r BOUORUT, K«l.loo dtl KoapitAI de Nl&amp;I. (fl«#I• M,o, H•~,.11 demarmdllllfl),
DBPÓSITOS BK TODAS LJ.S PRIKCIPA.LIS PAIUU.CIA.S

IE HALLA E# TOOAS LAI FAR•ACIAI Y DROQUUIAI.

9.BgMy~Uc!,~!!uffl•§;ºQ•J:Jarfill; p3~!f~B
------- Jiir~,r-----, '
'PURGANTE JUUEN
1~
I
DEFllESNE

fa Fina Paul OAGE
D1píuto Gmral,P' Pall GAG EIDJ1, f" de !'el, 1, r, de Grmlle-St-G&amp;M111i1, hrfr
to,a,

ELIXIR EMENAGOGO

u.

ltrhúat IDdo ,nti/fl1JIÓl~•o qut '"' Utre
.1 ,n

SENECINE FRICK

volverA A ••rlo. -lllfr1S31:0 de"' gra,Jea, tO'. 1
Regulador de los menU'uo,.
P.A.RI■, Laboratorto. t, ....... CMt.eaa.daa.!l•· MOJICOUA,
u.11mr-1111. JHIIUl·P!IUS
IEJIUIEITO CIEITI t 111111sm 11 .IISILITI. ~ ,,,,,,.: j. Lu,11, SIC", e--: ,, Müldn: Trmn,s

Empleado con éxito d1~sde hace ma,3 d e ochenta aftos
conlra las enfermPdartes dt&gt;l Hlf!'llda, del Est/Jmago, del CortÍz6n
IPl.,_I Seta, R1uma1ti1ma,, F/1lr,1 Pt1/údic11 T Psrnlc/osa8, la Di11nnrt;
la Grlpp1 o lnflu,nza, las enfermedades del Cut/6, las Lombrkll 'y
todas las enfermedades ocasionadas por la Bli/1 y las FJ,ma,.

1'

I

ICUIDADO, SENORA!

~o

lz-1

1111 fllrma,ta,

t,

El único Legitimo

VINO

Inofensivo, Íupri:ne el Copáiba. la
Culieba y lu ii1yeccionea. Cu,a los
.llujoa en

oon

PIEPTON..

••

48 HORAS

el mil.a precloeo de

loa tónico! y al ffleJor

-

reconstituyente.
l'AltfS :4, Quai du Marohl-#ellf
1' mi l'ODU P'.iUUCll.iL

IIUIII

¡ .._

\\•uiente; pero ea preciso que entremot1
l· doa para que no descargue su cO-

h tu sobr~ mf solo.
Nntre tanto, Vlnlclo se lmpnclentn-

-¡Se~or! ¡Ah! ¡piedad! gemino los
escla'f'os.
\
Petronlo se levanto, con una mueca
Ue rt.)pugnuncia,
·-veute, ('rJsotemis, dijo. Si quieres
ver ,.-arne, haré toarnr vor asalto una
carnkrrfa &lt;'n Jns Cnrinns.
Y snlleron (-.¡ atrio.
En la casa, , tstlcla t!b raruaje Y dJspuesta parn el festrn. duraron lmsta
por la mnnnna luM gPrnldoR de los esclavos y el sllblclo de las varas.

.. Petronlo y Crlsotemls se burlahan
ól, ¡;nleutras recorrta precipitada,. ;t inte el otrto, repitiendo:
- -¡Ya debertan estar aqut! .. , ¡Ya
iit-berfan estar aqntJ
•
Quiso salir, pero le contuvieron.
De pronto resonaron pasos en la an~
CAPITULO XI
tL-s11.la, y penetró en el atrio una hor•
dit de esclavos que, colocAn!l,ose junVtniclo no Fie a r•stO aquella noche.
to , la pared, alzaron tas manos y em- Como los #Zt'midos de los esclavos azopuaron A gemir: "¡Aah!. .. ¡Aaaaab!" tados 110 cnlmaban ni sus Rufrlmhmtos
Yinlclo se abalanzó bacla ellos.
nl su ira, tomo una cundl'llla do es-¿D6nde esta. lJgta? grtto con voz clavos, Y al frente de Pllos, ya muy
lt&gt;rrtble.
entrada la ·noche, se lanzó en busca de
-l Aaah!
Llglo. Exploró el bnrrlo Esqullino, la
-: ulón se adelantó y dijo precipita• Subnrra, In "Yfn Scelernta" y todas
l:1 mrnte con ,·oz aftlglda:
las &lt;'alles &lt;'lrcunveclnas. Despu(5¡q, ha•
- ¡ :\Ilrn. la sangre, seilor! ¡La hmnos hiendo dado la vuelta al Capitolio,
,fendf1l0! ¡Mira la sangre, seilor! ¡Ml• pasó el uente de Fabrlcio, recorrió
1 la i;:an~e!....
la lela. Y Pdt6 una bntlda en el Trans:-,: 0 ncahl'i In frase. Vlntcio romphi t(,,vf&gt;re. PPro f&gt;ra aquella una persecu, erftneo del esdnvo con un rnndelero &lt;'Ión f'ln pro{"Tnmn, v f.1 mt~mo 00 rre
! , hrorn•e, Dei=tpm~~. cogiendo la cahP- !hacrn In Umd6n d(' ~n(.'ontrar a, Ll~ia.
·t i•ntrP las mnno~ ~~ buud!Pndo los f-11 In hilRenhf\, erA. 11nkamente para
,I,•do!'. ,,n Ins Mt.Uellos, rugió:
llenar el Tacto de aquella noche es- ··A:r de mr! , ..
pnntorm.
·
1
•
.
:-:u rústro cumbió de o,-,Jor, sus ojos
~o voh-16 hasta el alba, cuando em•
Fe aiz-lt11r 0 n conYulsos, Y ecb6 espuma reztthRn 4 circular los cniroe y los
pnr la liora.
mulos de los hortelanos y cuando los
-iLRS varao! gritó al .Qn .-u •oz ln~a- i pnnaderos al:&gt;rlan sus tleñdas. Hizo
mana.
1que se llevaoen &amp;l cadllver de Gu!On, al

que nadie se habla atrevido f. tocar,
Y mnnd6 que los esclavos que se ba•
llfan dejado arrebatnr i1 Ltg'ia fuesen
envindos 11 los uer~!\c.tulo:-;" de cam•
pafio, castigo tnn krrihle como In.
mu&lt;'rtl"; por rtltlmo, ed1ándose en tlh
dlvún clel atrio, empezó l1. reflexionar
confnf-nmC'nte aceren de los medios
pura llnlJur ele nuevo a Llgia y apoda.
rar~e d(' ella.
H.Pnmwlru· a su pose~lón, perderla definitivamente le, parrcra imposible, y
ante este sólo pen~umi&lt;'nto la rabia
le etenncenha el corazón. Ylnlclo bubJera preferido que se hundiesen el
mundo y la ciudad, n.utes que renuuciar á Ja sattsraccl6n de su deseo. Ha.bfa.nle an-ancado la copa del deleite
cnsl de los labios, y pnrec!ale que ha•
bfa ocurrido al¡z-o Inaudito, que pedfa
venganzn A Jns leyes divJnne huma.nas.
Por primera vez en su vida chocaba su
naturaleza 1?1perlosa con una voluñ:
1 tad hostil. No rtuería ni podía reslgnarse ú. su s11C'rte, porque jnmá.s ha•
bta deseado nada tnn ardientemente
jcomo deseaba 11 Ligla. Se figuraba que
1no podfn vivir f'ln Pila al drn BiJ:!'uleute,
ni "?mo podrra vtrlr en lo sucesivo.
1rI:tlJm momentos en que su furor contrn.. la joYPn rayaba en locura. Hu•
hicrn querido tenerla A su dlsposlcJOn,
a1111que !iolo fuera pnrn pegarla, para
arrm11trrirln por loe c b 11
b ta ¡
''cnUtc~J 0 .,
t a c ºta" as
e
8
·
Y para ormen r 1a.
En segulda se apoderaba de él una
terrible nostlllg!a de aquella voz, de
aquello• ojos, de aquella forma, y

¡

ea••

y;.....

a(,;,.;._.,

AVISO MUY IMPORTANTE, - El untco VINO a1•t6nttco .Jafw,1luenferme1ad,■ ,utaneu,lal,;•
de s. RAPHAEL, el solo qus tiene el d,recho de llamarse asl, 11 soto {...,..."''"""'"•pu•• nJ irrna 1ntorgaqu1 1s te¡Wmay ds quB, se hace mencldn en el formularlo del Profesor -abdominal ... -El PURGANTE IULIEI
BOUCBARDAT es el dB M"CLEMENT yC 11, de Va/ence(Ordml, ¡11■ _,,.i•,oeldillcilproolu1ade--.rpr•
Francia). -Cada 81te11a 1/eoa ta marca di ta Unión de los Fabricmwa i.llliloe -~ ~• seeptan .- - parp.
y Bn 11 PISCUIZO un msdalldn anunciando' -,,[ l"i t CLETEAS
I S ...
QJlla. . . , ......... . . LOS dimas son ¡¡rosaras y pell¡rosas ,a smcac,one •
1 • .., _,,,.,., , . - ,.. , . . , _ . .

!

.,.taba pronto ¡¡ echarse IL sus ples.
Llnmti.bnla. se rofa tos dedos, se oprJ•
mm la cnbezn con tas manos. EsforzAhase con toda su voluntad por reftexionar con calma acierca de los medios ñe couquistnrln. pero no lo lograba. Ocuri·fau!:Wle mr.tllñs :r mnnlobras
i1i mlllarN1, PE-ro A eual m8R nhsnrdoe.
Por t'iltlmo, tuv·o una lnsplrati6n: no
podra huberla arrebatudo J1aclie mtis
que Aulo y, en todo ·caso, AulO debra saber en dónde se ocultaba. .
Saltó como movido por un resorte
Y se puso en ple para correr á. casa
de los Autos. Si no la devolvran, si
no hncfan caso de aus amenazas, Iría

~odo el mundo snbla que César prbcuraba matar el fastidio emprendten•
do con fr('cuenrla corrcrfos nocturnas.
Petron1o m!Rmo tomnbn parte en eIJns.
El fin principal ronslstfa en ·capturar
algunas Unclns muchachas A quienes
mantPabnn clPspuris, en un manto de
flOJdndo, hasta que , p&lt;'rdtnn el conocimiento. Nerón 11anrnba á veees á estas
expediciones lila pesca de perlas," porque ocurrfa con frecuencia que se peacnba nlgunn verdn&lt;lera perla' de gra•
cin Y juventud. Entonces én\'lnban la
perla al Palatino 6 11. alguna de las Innuruprubles resldenclns del César, 6
también 1ª cedra Nerón A. alguno de
sus compañeros. Podra haberle ocurri•
A casa de César, acuaarfa de desobe- do A Llgta la m·sma avC'ntura. César
dlcncia al vlejo guerrero y oonsegulrfa contra e! una sentencia de muerte. 1a ha1ia mlrn d o en el !estfn, Y Vinlclo
Pero antes le arrancarlan la confeel6n no poilla dudar de que su vista le hudel asilo de Llgla. y aun cuando se blcrn enloquecido. NerOn, en verdlld,
1a devolviesen de buen grado, se ven• hubiera podido quedarse con -ella en
garfa de todos modoe. Le habfan recl~ el falatlno. Pero, como decta Petra.
bldo y culdRdo en su cRsn pero l qué nJo, C(•sar no tenra el valor de sus
'
·
' crlmencs · P or Otr ª parte, tenfa que
hnportabn eeo? Sentfas~ completamen-1
te desllgado de tqdn ¡;ratitud. Y su al· guardar conalderacl6n IL Popea. · •
ma vengatlvn. y feroz se deleitaba con
Entonces pensó Vlntcto cuAn fuera
el pensamiento de la dPMeeperaclón de de camino estaba al pensar que Aulo
Pompoola, cuando el centurión llevase y Pomponta se hubiera., atrevido a.
4. Aulo In sentenrlR de muerte. Estaba. e.podernrse por fuerza de una mujer
&lt;'R~I seguro de obtenerla. Petronio te que le habta dado CúRar. Por lo demás,
ayndar!a segurnmoute. Por lo demQs, ¿qulén hubiera tenido. osadla para
C(1Sar no negaba nada &amp; suo compa- ello? ¿Lo hubiera osado acaso aquel
fleroa.
gigantesco Ugio de ojos azulee que,
De repente en ·corasóD ces6 de latir sin embargo, habla tenido la au&lt;lacJa
al ocnrrlrsele una supoelct6n terrible. de llevarse 11. Llgla en sus brazos? Asf
-¿ Y si fuese C(lsar mismo el raptor pues, no babia mil.a, que tul culp•ble,
de Llgia 1
que eri César,

,...
•

1 1m1,WII

VJDo f0rWIOIUlte, digest.!vo, tónico, reconstituyente, de aaborexcelente,
Colrl el ISTRIÑIIIENTO
mas eficaz para las personas debilitada ■ que los ferruginosos y las quina•·
purgan•• tk ..,loa ,ua. .
i.
Conservado por el método de M. Pasteur. Prescribese e_n las molest!as del --table t8cacl• toDlra lao
estomago, la clorosis, la anemia y las convalecenc1as ; este vmo se afdoM¡/ d ¡ Ugab la iei.n.14 la ,u¡,
recomienda á las personas de edad, é. la■ mujeres'. jóvenes Y a los nliioa. \ t u ~
s.'t1eelo .. rilprdo en.,;

.

_......-:t&amp;

do de nláera &amp; Viulclo y que éste hahfa heredado de su madre, res dijo:
-Anunclaré la cosa, no tengo tncon-

nuw. uum,

l

-

Siendo ns!, Llgla estaba perdld_a pa- vida un objeto. Hlzose llevar '11 Pa•
ra siempre. Podfa an·ancarla de todas latino, donde, por de pronto, podrfa ver
Jns manos, pero no de aquellas. Abo- 1á. Actea, por la cual sabrla tal v~
ra comprendra bastatqué punto la ama• I\JguntL coHa.
ba. Del mismo modo qtte el hombr~
Había perd1do, casi por completo, la
que se aboga, y que en un momentl) sangre frta, pero, como sucede A. lo!I
recuerda todo su pasado, Vln1cio se que' se ven do1Dtnados por una sola
acordó de Llgla. Verata y ofa cada una Idea, habra conservado la sutlderrto
de sus palabras. Veiala al borde de para pensnr en su venganza. Por na•
la fuente Y en casa de Auto, Y en el da del mundo hubiera querido que se
festtn. Sentfala d. su Indo, perclb!a el malograse. Ademl\s, deseaba ante to..
perfume de sus cabellos, el calor de do ver A Actea, pues pensaba cono-,
su cuerpo, Y el deleite de los besos cer por ella la verdad de lo ocurrido.
con que habra profanado, en el featln, A v-eccs se figuraba que iba A. encon•
sus labios Inocentes. Apar~tósele mil lrar á. Llgla t:in peraona y, sólo de peuTeees mAe: bella, má.s deseable, mA.s snrlo, se ecbnbn ll temblar. Pero. ¿y
dulce y mU veces m4a que nonca co-, si C'snr la buviese robado sin saber A.
\;
mo la elegida entre todas las morta- quien robaba, y se la devolv!a aqu•I
les Y entre tqdas las dlvinJdades. y mismo ella 1 Tras un momento de real pensar que pudiera ser de Nerón, flexión abandon6 semejante blpOtesle,
oprJml'.ale un dolor trslco tau espan- Rt hubiera querido deTolv~rsela, se , la
toso que hubiera querldo romperse ta hubieran devuelto la vispcra. SOio Ac~
enbeta contra las paredes del atrio. tea. podfa explicárselo todo, Y A elh
Comprendía que podfa volverse loco y era 1\ quien babia que ver antes que
que seguramente enloquecerfa, st no la A. nadie. Persuadido de ello, ordenó 6,
quedase la venganza. Y del mismo los esclavo• que apretasen el paso, '!
modo ()ue antes lo habla parecido que por el camino tué pensando contusn•
no podrfa vivir, el no volvra A encon- mente ac(&gt;rca de Ll~la Y de Sil vengan•
trnr a. Llgfa, ahora vera qne no podrla za. Dttbfa oído decii! que los sacerdomorir antea 1le haberla· vengudo.
tes de la diosa egipcia Pubt sabían
Untcomente te procuraba alglln all• provocar eotet·medatles: Ida A. coneulvlo In idea t!e la •·•gunza. "¡Seré tu torios. Le hablan dlcbo ta!fblén en
Casto Quereos!" ropetla. Tomó un po- Oriente, que los judíos poeelan f6rmuco de tJerra en las mncetns que ro. las mAgiC'as, gracias . a. las cuales po•
ñt1nhan el ºImpluvtum,"'"é hizo un ju• dfen cubrir de 'lllc~ras el cuerpo de
¡rJ.mcnto A. Héculc, :il Erebo y A los la- sus enemigos: tenfn. una docena de eeres familiares, de que so ven¡arla de c!al'os judloe, Y los baria azotar, pan
"No•ón. Por lo menos, ahora ten!a su
\Ccm~-6,.l

�</text>
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                    <text>�martes 16 cle Eneto lie 1900

"El Mundo"
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Carta de Par1s

aqu~z:
EBtudo~ Luitlos lW Histl~n1,1 tffl&gt;t!clal, pa1n
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La reconstruccion naval
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Anton!o Cuyas Gerente. ... lestl~wulos que aucú.tuu " cxcel,u
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La sentench1 de tos c-on.spiradores
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Entre los hombres ~ue mn.s ta rd e serf•rn g-lorht -de ln 1•!enr.u1. (fa.l' Lmw.11&lt;&gt; tenfn 21 nños, Arng:1, tr~•e: Sn:nt Simon
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:v mie\'{!' v pullo rnroutrn1'se ron otro pre•
Cm·sm· (_•'n1·10~ J!'omTie-r que tr·nfu. rnlntisiet·e ~iios; Slll'peullfl\\'('1', ·dO(·P.1
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dnr 11Yit-:o á la policfu tle lo.que le lta-bfa 11

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rn1· mi u1~1otlo. El 1;l,10 r¡Ul' lo rl,,eri!.i,,, io ilor
gndi,..

medirlnn, la usé en algunos casos, Y me produJo. ouenos

de prcseut::uso b tos.
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1'11&gt;'11 No con:tiene mercuri.o 1'11"'1
Deposito General: -Con&amp;ultorlo del Dr. Adrian Rodriguez_ Calle de San Josa el R~al num. 7.
Sl,CURSAL EN PURBLA PARA LOS ENFETIJ.IOS QJE NO PUEDEN
HACER EL VI.AJE A füiXICO: IXFANTES 8,

JOSÉ MARÍA AMEZCUA MORENO. •

•

liHt~ 1111\·ir,1-1 .\' ,1,,r¡,o tf,, ndn e.h•t1ii•11. c¡111• I,•,
n:1, 1{i M11·m] v f1,1•1z11. Alr m!'-t11tlo liH ,·nrntlu
mi'\~ ;¡., 1,u,01) p1•11-m 111.:. 111 "I uil, ,l,. linl Ir :1¡.ro
11111!1 t1·,11u ,•Jlli&lt;u •l.- 1t1,1tam:1·lJl, li ¡1nr nw JU 1lt•

Calle de la Alcaicería Nueva num.120

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No ti:-11go lnconv-cnlente- en reeomendnrlR 111 pnbllco.
Soy S . . S., l&gt;ucto1· U UILLEilJIO SI::X ¡ SSOX. ..
Cun..,nlta en su c:lsa: In. ele :\1e~one3, u(unero •·
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m61, d11 dt&lt;! lh ..l\11·l,un)lh!i11 (+&lt; ,h, 111 g1·.011 r:-.tn.1'1wdu ¡,or m1•d10 111• t'l'lt' 111§111,111 ~:1t11r11r

Las toses son cual los l.mnolllos¡
d~biles ti inofensiVa.s en su primor
periodo: pero m,ts f.uortes y 1&gt;eligrotia.s
, me&lt;lida 1¡UI.:) trascurra ol tienipr,,
Li inlluóuza, b. congestión vulmona.1
y fo, plcures1:. :.,,o cman t.í.cilmente $i se
la~ S(lruete ó un tré\,t,amicnto ta.u luego

1!esarro1la~ln.. a 11 n

llg,u los gunulinn~¡;¡ ni llH'U&lt;'.iollildo Dioatslo, le-: di.lo qnc un fnntasma sp le hnhfn n¡n11 l'/·irio. J 1111P poriJUE' ~·alió Íl ped!r

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el t·nnrlo i'Oll piu:.os medido&lt;::, no_ p0rd1:1 mng-n_r•).Jús Erg11ro c¡ue una pullalnda en e1 co110 ,1e ~m, mn\'Ímicntos. J ronoc·:~ qur pensaba , r::zlrn.
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EL CIRCO QRRJN

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"Por deliciosa qu,c buhir~r si.º' pr1r_al , ,
'fjnella noche ... un crim~n ... ~' ricn _mi ce-.
¡uies ... le hal,rínn ¡mrec·1do ... dcspne~ ... uu
,n•rio muJ cxorbibrnte.
rarla.
· · ·rarfidt:r mnv. ¡;natt\ por na t ura l rz,_1.
_,:;. F.st.íis Joco? Ir: Llije drspren11iPnclnme
"De· un
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·inkntamcnle
c1e ¡;us br11zos y rec 111:'iim o t~s
-V pOC'O g 11 ~t.u1or. F-in mí:, :1:1ltmnio_ i&lt;e 1fl ~rw
ilrnitnilo á E1'pernr, &lt;Jll'7.&lt;i..:., dlll'an{ú ~m1 10 ::ric·l&lt;l~·-; Oh! l"OB :c:oii- e1 que nn me ama1s.
tiempo trnladn. cnn mús ú rncnns .•íHH'tC'nr:1a;
1'Yo lloro._ .pi1m¡::.o morir ... y ·rns no r,cn ..
,A mo1111:nb t:.:11 que, no pm1irrn1n lh:r:l!':-,(' r•=J!l.:;fü,
rn{is que en el plat'er ... .
s:g-o ~u al,uclo i.ns cc-quíes, le huL1e::;c hecho
''Dl'voh·edme mi \-eneno ... y mnrchaos.
ah::,nlutn lhmÍln de ello:-.
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o ·1 nturn · mli6s!
''Pc1ro ,·o cist.a_ba arrnm0:c_a
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~rrio, re~uc 1to.
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Del Transvaal

uno rna'.tl t• imJlio, á pesar snyo, prov Oe.D(l t.
· · ·¡une~·l&lt;"h, cl•·eos
en nueslTo urn;10
e~ •
•·_Mnttur·inu uu tlejalm. de tener en p1rte ra· unos' locos y unos ·tmp;utl•n
zón, pnrqu~ ~ou
e
tes Jr,~ rictJ'.&lt; l!farientos, que no llegan a ~o~n
· ¡
i1cn&lt;'f1 •101.,
Prcrnler qu{~, resctYDil dn tm o~ EU~ l • n •l1.:.;;u •
11arn la hora de ::;u m11~•rtr.: acos t urn :m1 _l, ·_ ..'
herci:k·r,is ¡¡, tJc,~cur i¡ne lkg1w cuanto ante:i e:--,1
liora .... 1-li es quu no k:-i da la idea de apresn-

a

.

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•

Ar. BM/Jn.

iUnL~onJoven!

de ella. llnmudo DJonlslo .Ah-ill'ez, MD lns ¡
ropns rn.:;;;111~renta1las r pidiendo auxllin.
El rf•frriclo Señor t(&gt;nfn unn l1erilla e11
r1 dentre, ele h:utantr ¡:;-rawr1arl, )~ ni

roloque un foeo de luz. pam e,·1tnr \·n1·Jns
6 11\ 1~:i:e1 1~; c~c~~n:'
faltas cometldns (¡_ fm•or de la ObSl'U- ~I~ pa;:t~~~ta~;1Jn
,L•i&lt;la.d.
¡ cu u
• ~ ,
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l\Im· sef\or rulo.:
Ilfcihf hi. wuestrn de su

Fi,:1.1p,; l1\'E1t,\.
Jr¿1t 1'. Hn'CJ-:LLO.
}lA l'lD Jt f.:.,\ll.
Nul-tvn L1m'do, '!1~1111 -Roberto

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Antrnocbe. lo8 i;!'emlanne'&gt; 1111e estnbn:11
111'.' f:?n·lt~lo ('U la~ calle:; &lt;le la Cl'IIZ \'erile,
,·It:&gt;t·on 1•nl!r d!'.' 1111a rnmkerfa estnl&gt;lecida

Al ¡mbliear la corre:..pntldl:"ncia p1·ocurrirti oo C'ltnr la persona eurada. sino 1:l
perso1in qne la baya tset·tnllf'Illlaüo, y si st dN•&lt;·onffa &lt;le 111 correspondencü1, en eata
su c:is:i estnnl. :1 In \'lstn de l:ls ¡wrso1rn.s 11 UP lo tlt&gt;séen.
S,!fior José )la.ria Amezcua. ·Moreno.

1

eI GraI wdrren

UX FOCO DE J tT:li1
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i\·ume-ro~os ~•pc-Jnos del Nlll..,.jón de Sta.
Lndn. i,,e hn.n dirl¡::-ido nl seiím· Rel,!ldor
r]t_,¡ ramo, pJC1·1en11o qne í'll nqne 1 1t1,1?nr se

n,._

'/'F,A~'IW ;\,H'JUN/1 ..~-t.'rnu11,i'1in IJ1•11rn,ilil'II R~1•1ti11,1i~ 1\111,tu lllll'IT••ro y Fn111111do f1r11z cl1• !'IIPn-

illPtlltillD.

1

~l\:s.-~~~~ • ,,

TE.:a-.T"ROS EN E'RO 15

¿Será un suicidio?

Pnra comprobnr la ftl'O.n demanda obt(&gt;-ni1ln 11or el hito c¡ne lrn alcanzado mi Dltldlrlua, TO;\'. A. publkn.1·.ml t·orn~s1io1ulen&lt;'la. tauto rlc mis &lt;·li&lt;•ntes como &lt;l-c las s11rur1;illes 1le los Estados, y los certUkados tic los señores tloctores que ban usado mi

.. ,

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,A~1•n1 .. ,)pi )liuifltPrio l'úbliw, J.ic,.nci11c!o
Ult•11111 :-:rn)i.

----r&gt;-.:,----

~!~-~~~\ 1~1~

Pl'Otestn el "Spectator" eontra el ~~t'!~º i-!n nlni?'fln nl1..;tilf':1l'l. 1_,n 11:1110 :í Jr11: c·1•f. 1hras narnk~ en c'l Canal. se hnr:Ílln cs-1 f 'ornnnflrmte 8,·h1ltte rlir:R'iú la pala• j,;.ulu ,le hll:i 110 ~i..:·iones &lt;le loR iTiglc8Cs
LA Au.'.'.~~!~C~A DE ~.-'\~IER_
de qne se Jmyn tomaclo como cmtS,ltJO tl&lt;'M exre-lP'ntP oJml'tnn1rln•l n·, !'!l r,q,,,nrr f11C'r:ms por mantener Ia es.cundra en 11
{i 1 &lt;:01&lt;l 1 &lt;: rl' : '•níloks.
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i•• 1 t l &lt;l, Pl tt Rand
Ro.Jo
In JJ•l.!!i:illlt.!t1c1~ &lt;lel s,n~1 .Juez 4o.
a Bnlfour, y dt'elnra que :rnuqne I,ord CJl~r.n.nnnue,·:1nl'llmhnJ\.\rrir·~loa1h1·r·~,1
• •. :¡ . l·" !'.t·
,d' 1lr~,'.: . 08 ,·
aro.,, :el{.·
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l('n el Míl 0&lt;c1~cna t_ a
· -'!deloCrhnma.l,seeiel'tuóautiertn-rdela
Sa.\lslmry e~ toiln,·ra el espfrltn tle mayt)r f:nfl:rlPnteH nRrn fnrnrnr frí'..i &lt;'n.:-i•;u1~ ,1,, omurncaci ,u con U~ co.. as por me ro, . \ :rn; ~1 defomler ,uci:;tr:s. dcrer-l1os, ! ,l ]a poetre s~ vieron l)b!Jg;1dos á. ret1R I~ull_iem:ls ~ute ~J Jul'aJo, en el seguuJo;'
r.apnC'ld:id en el Imperio. le es lrnposlhle ~i~rdtn. l'!Mo t-ienf'n in art1 11,,1·í:1 11r,1•f'&lt;f•t· de palonrns.
nw:-l'r1 )ihcrtacl y nw.-.!ra 1r.d"; 1cn·1en·; rur~c de t1nsi todo el terreno rlC'upndo. ~a~ou de \ered1ctos del Palacio de Jus·
C(Dtlnuar por má:a tiempo eo!11° ¡wiuwr rin nnrn nn soio c-1wrro. flN!1ín 'º"' rr•:ilri•
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1ia. nuc DioR os 1 n ronc·erlirlo \' (JUe se J "Fctnban lmi inglePCS mny bien ntrifl-; tte.11.
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Jni,:i;tro y Secretf\t'io de ll.f!1n~ionPs• .Aho- 11H"lllO~ !nl?'lP«.pq. 1\ Tn ,•e,: OllP !'TI In l"nhn.:i·
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por su reotecldn aJ !rl!ute del l\li• J!ei-fA v ~1&gt;1•1·f&lt;'lo~ del €1'1./\,•rlto, -lmv NI
f•S 1J.iSp 1 ·!l ~n
z_ mns. / 0 vi1...
pe ( nerados, háh1 1men proHs _? 8 l-·C /º ·_ el lmnqullJo. arnsa1lu de 1'.obo en _1:·n
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c;oíubate~ que: los rifles fuer0n :t 1~1{!nnl 1,0. sita 11. Inwetlmt:Joues de 81111
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er Hfnlatro, ron Mr. B. Arnoll -Fodle.. 111 flnr,1'J'ft.
_
\ r1emM1r1&lt;lo fayorable para· la 11ac1_
- " - - - - - - - - - - ' - - - - - .. . a·
doc,; í nilemnrropu j-'itl un tn- y ,:i;e ap0det·O de olJJetos do lnsl~uifirnute
mo Bl[&lt;•esor ñel n)a1•qn~s de Lansdownc
Xntt('J:i~ rprt11ir1M ifi' -T,Jh,,.rln nrtr 1n, ílllll'l'Ír!11la. Toda.vía está el docummit.O
AVANCE
t.1o . iepara '. l ; . '
p l •·· ' rn• \'Dlor.
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Y tr~-, h.alnlHln&lt;le! ele r1:so!n_r.1ón rn_ med1¡1t~..
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~~:rfe C'J ~.sl ~i·m~~ 1101. el rnomNlto, snl• 1t~ 11'; º-~~-llf'llltm· :1lrmrin nn.mnr1n T{(l{'h. eon c,~1rnra . .1..0,tograf~&lt;'a en los terreno&lt;¡
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dr una dr clh1.s. fuer.on tomados un ca-1 cai-:11!-l .t•orn,1;•rr.·1~les e.:.i que se nmdu al po1·
vo cnso de 1tn·ns1ó11. sino rJUP. fnnnnrfa. nn!Pn. 11or h:1.\11&gt;1•-:p n1\!l'!Hfo Jt. ol~rlP.('Pf de h l·1XllOBIC'1011, y solo pu(.'den tomn1•e,c
Serv1cio C!special de la
ñón Y clo3 carros de mnníciones."
lUPtt~ t'J a1if&lt;nlo,
el rnkll'o tle l'l'l'tutilu:o Jmrn lns fuerzas mm rtta &lt;'h-11, fnt Jlornrlo pnr fnl'1'7J\ ni fotoa-rafif¡g de edificios y grupoi-. que.
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-----...---, A rnrer nnn. entre~ en un_n pt&gt;trole. .
t• que hnu de mnuda.rse nl ex- 1n?.l?'fll1o. v rE"C'lnmn rlnñn~. F.1 n•nmtn l'!P él ...
h·b'dn J c1 • b' to \'di• 1 Prensa Asociada pt1ra EL.-\ .1.
• rfa rte la calle del Puente Qaehmdo. con
Londres Enero 15.-Dice un men•
el fin de rer si est:1bn. hieu JllNllda. ll.(·er.
1 I~,1~~11 lS
I llR T"rntllnrlo rn 'Rprlfn. Y nnnqnp no i;:e nn pro 1 1 s as e o Je s m VI•
~~/\!mo~ 1~e fl(hnitir rerlutamJeuto RrrMht tn-rln•fn nnr }oc¡ tr1hnnfllp~ rfp dunlrs.
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EntrC'irinto, snbe ln. PrenS!l Asocfnd_• ~-~n~,-1111•n1·1,,ep~'b"11,~:f1tnn:"e1111'u",'"e1º'v1~.•-t"e~to~ rn mucp~m,n·1it._ Drake ('~nern tcnc:rde• ce mil hombres. No hallaron .-ms exploA1 revi_san:_e en el Tr1bun,1l del Se- Ayet' en la tarde, Te&lt;itllo Peño.. tomó
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Robert,1: Jll~fO es 11t•11111shltlo y[~jo pnrn I.ow::fo.t'fl C'fllC ~i l,n c•rMCl·a, Jrnhrfn pc.:._rfülo Narraiiones Inglesas y des- 1ntaq11e :m!Jre Lnt.h· Smith el GUe éste d:ules &lt;¡trn St\ lrnbían 1mesto a rm ('U ida• l\ ~llne~. ,Tne;
Es:udo 1~\C:l.~lfu:·nrn:
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se contó el Coni.arnlante de Vi1lien/ 1 dado, y próximamente se le sentenciará ~~~.e;□~ 1
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•A~·n~o. nntN• 1¡ue ttulo t•8to 11nefü1 IIP- fl'niilf'r n. mi m_11JPr. l1~jo~J lt'!€tos, de mis
que a no ser por rn bum con.ocal.a aims• por e e.e 1 ~ e peru auo. e .. r1 m; Ilnc&gt;e !'ª· s;ndo ~my b_rnn aten~:rlo por la
,-nr;:~ fL r:iho. 1111~·:1 i.:1li1ln ,k•l ¡mtlt'r L~~·il lJp1•m:1:no~ In~. il'l:11~rlrsr&lt;: . . ,
Las últimas batallas
tfld par:t Inglaterra, ltitbrw. st&lt;lo co- 1nal ha rmc!1do que sea rem1.tido a: ?º~onrn. a111Prl!nm1 ~ olJ!'ie(IUJa(!º n_uteno-i:::alhtln11·v ,. c·,1l"'n t&gt;II ¡fo:,.;qr:1C'la I..onl l\.1t•
El p):-m!111stro {1Pl r11nn.rM_ no slmp11rnnm1ante en J·efe de las iuerzns oran e'-ta capital en donde lo necesitan las, &lt;he r,or el srnor Ltcenclaclo r~mH.:lo Se.. '
.. · · 1 fr1mer i,Üuistro ha puesto tizn con lns tendeucl.:1s dncln.s á. conocer
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pfily1~11a. E'X•Jll'lmer Srr1·C'rnrio rle l;1 Le,.
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Serncio especm e a
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au or1c ,~&lt;. es.
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garlón fü_• Jo&lt;,¡ I!3tllf1o~ Unidos Pt1 ~rr-~if'O.
Pi·en::ia .\soc:.ln.c.h1. 11;.Ha EL ~!UN'DO.
Lmuh'cs Enero 15.-Publira. el
Respecto de los demas asaltantes Otlí En ltt t('l'tnlin d.1,Jn NJ hn1101· del s,,fíor
LA GUERRA
aos('Í"nfos mil libras rsterlin:ts el gas-Lomlrc:::, Enero I) ..Hetardado.-Han- "Stm1dnr(l" el e'.srniente de~pacho Ue rinieron á México, por haber ~pela&lt;lo 1 Wnll&lt;"rc e:,.,tu\'lel'o~ ¡,r~i•n!cs la:5 :9r1!orlto r¡uc origine el ofrecimiento.
_
t&lt;C pulJlwudo t!ll ercc•i&lt;lo 1d1úmcdro ci1rtt1s L~d.v J!;mlth, l~e_Jiogrnfiado el 11 del de )a sentencia. que les fué im¡~ue_sta, ~~s ;1,~;!~~ ~ ~~1;~~s prmc1palc.s tam1Uns
1
1 as el leutro presente y re1mtulo por la vía de Wee, no querla ya nmguno, r.~•· el nlt1mo DESCARIULA~llEXTO
El )Iini,terio de la Guerra eons1¡lera &lt;Olllra los IJóeros, manca
E)I EL FE,
1
1
la propmici6n de 8-trnthrona como nna k• la guurr.J, Y tan intcrce,rntes en rnu- nen:
que q110&lt;Jalia Yl\ 0, fo!Jec10 dt~ tifo haRROC.~RRH, NACIOXAL
pruclm ·palpnble de patriotismo colo- c-hos casos corno lo~ relatos de los hábi"Los bócro!l están fortifi.Cando laspo. re•como 1m mcR en el Uospital} lo mfa- m vipn1t•s (iltrnm. uua tle las l1womotonial.
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éepten¡rjonales y occidentaJc:; 1110 que los otros.
~~~ ~~;:,1~\ ~:~i~~:
El contingente del Canadá
1 1as 1ropHs e1e oru 111etR de Lld)r Smith, con oh,¡'eto_. sin dud.·t,
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da 1 rnéi1ieo le
-Con dos l:uen, ditc lo siguient~ 0 l e¡escriuir
·,. ¡a de cont11r con una lí11cn spgura de re&lt;1e In e~'R(•il)n t1 In Arl111111:1 de Sn.utingo,
Morlder llivet, l!.ncro 11.
desc·nrril6 A lo~ 10 tlc In mañana en el cru•
Exploraciones de los ingleses
regirnit:antm1 tlc lanceros, los rifleros Latalla &lt;le Modder River:
tlra.&lt;l:t si fraca~an en su resistencia. al
cPro ª" \'.IR1·(•1f;1.
Scnicio espedal ele 1n.
rc;1}e!" ele, 11 rnh11lo ~- 111rn hntería de ar•
''Horriblemente heridos fueron mu• uv¡inre de] General Huller.
rn dt&gt;f:t•nn11nmit&gt;nto fu~ rl('hf&lt;ll) r1 que
Pl~,i~·• .\1:iOtl:ulrt IJill'll DL )[UNDO, tillerín montada, F-.tli{1 1~&lt;' anní la rorllP c-hos epldtt&lt;lo::; del Lancasllirc septcn'rod:1.vfo cercan á Lach.• Sm.jth .en ereEa quedado definitiYarn1?ntc fijar1o el en &lt;lit·ho ln~nr se llnlln In l"fa ahJerta.
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;\:o s!:" rN!°i~tr6 ni11gnn11 &lt;lí.'!'./?l':H'i:i: pero
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1~mBrR cido número. y quizá~ üite11ten un nueR día. de la inuuguraeión de ]¡1 tcmpur..:da pol'
más fle dofl hoi·a::i e.~tu"lt•i·on t,·nlia.cnentra ltmL ~•.oiumna búc.u CJ_l1 Zam• eJ m1eve a1mvcs6 la frontera rlel Esta~ 10, enncgrecalo cic _h1 ~ara. Jfo trflJCJ'(lll. "º nfaqw.l_ S,í.be~e~ no o!ii;fonte, que 80 en el Circo Orrin, y es el s,íbndo 20 del jallflo nuios operarlos ¡Jara. cncanílar I:i
basm~, tcrritm·io &lt;lc~Zul_n~aml. ~e cr~e do Libre.
ll!l bombrr.' que lrnbrn siclo alcanzado por hallnn grnm]emPnte abatidos ]JOr sus prei;ente.
m4qulna.
que está 1~:,¡1emmlo prov1,;wm1s y mum-_
-cO&lt;:&gt;.
1111 ~ragmcnto Ue homlrn, }' que estal,nt 1 ,:,om:í:lt•nihle~ pércli:las.•Antes d(•l ¡::álJaEl circo ho. sido nuevarrumte de~o____,_.,...___
riones, FC•c.&gt;rebmiente íh'3C-lll1)nrcadas' Al mando clcl C'oroncl ~Ilcher fué mutilado de la cara, degollado y la~. cfo confr1bm1 eult'Tarnenlc cu c.lC'ITOtar raclo c-xterior é interiormente. y ri•sCQrra de Ja !Jnhi.-i. de R,rn.t.a Lucin.
unn. rolunmn, tl; Brln:ont al Sur rlcl rada tle] pecl10. Dc$garrador era el e~• 1n ,!!U.Hnlr.iún y priResionnnc de la ciu- ¡wc,to lÍ. la r.ompn.fiín que se pre~enfor:'1
Lrn; búc-ros s.1qu~nron todos los al- rmrnro que ~rgum Babin,g-t?11 , en tanto rectllcnlo; por donde quiera corríil la dad."
~
este año_, según se nos asPgurn, e~tá.
A'RTISTleA
mactncs ,. minas en d terrilo1·io de que, ni mando del :\foyor Birne, avanz 6 sangre.
- - - - -.....~ - formada por artisfas ele renrnuhre cm
DE h·outs-c10 A1rnrot.A.
10
Swt11.ilin1;iia, y los. m1turulos hun que- li~ic_m Llacnl r~ulc, una 1_1anc lle l&amp;li g~nr- [ ".J.foy pocos de nuestros soldados reATAQUE
los circos europeos y norte-runeri.canos. lODA CQHHl!:SJ1Ú:\"DliNCU D.h:Bf!.: DIRIJlHSE
dalla en cornplct.n. i-11ina. ,
n;r1nncs ,le I\.lokfontcm v Honey Nest. E,U1taron heridos, por ]o que ya al irse
Á 11 EL lJUHAl&gt;O 11 1~4.JO~ llEL
TEATRO NÁcioNAL.-· ~lÉXlCO,
-C::,.0,..-..&gt;
l,looL
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:i poner el sol, snlí [l prestar ayuda ú '~
Lomlrcs, Encl'O 1-1.-Snbe el rcpre~
~al,n~,gfon pPnefrn u ¡forc_ nn.lla~ e_n lu&amp; rnontahct-l;.~. lhibían e:ü(l.Jú C\}JH':S· i
~
Bcnlantc ,le la Prensa Asordada quo d mterwr Y Rns exnlnradqn•s l'Clllte. !,)~ todo el día ú los ravos de mi E=Ol 11bra[I [l
rrEHLA. Em~•ro 1:'i.-Se snbe que 1R
Lord .Luni:b,luwnc acertó ht oferta 1¡11e No cncmHraron lrnelhB ifo lii'ie,•ng _nr-: s,_,¡lor} y .toda\'Íil se ha~llaban allí :::;u.s he·
~
JE~ El, N'UEYO 'l'EATno DE GUADAL Comvaití:l :\Jnría nuen·ei·o lnt&lt;mt:1. ,•enir
ít &amp;,-aa, p1J1·0 pi&lt;liú muy cnl'o vor do~ .fun•
el ,itba,lo último le hizo Lortl Stmth- mndos. La, rancherlt1s estaban dcs;cr, ri&lt;los.
EN El, XVEYO 'fE..\TRO DID
dolll'S.
cr,nn, allo dign,Jturio ele] Cona&lt;lú. on ln,, pues los hal,ifantcs tUYieron noti.Ko pudieron avanzar los camilleros Terrible combate de.l día 6 '
"lADALt'Pls
1\CE\"O LAUEDO, Euero rn.-Traba•
~
· ¡iue-J
El doi1.lin::-o ¡iró:.:lmo se ,•Nifií'nrri en el ja. QD é-stn. c-on puco (ixito compnf1In de
J.on~h-cs. Ctin!Ü8te la 01''1.n-t:1 en -proveer cía dd avance y· ee, internaron ·
r,n·quc
so¡1.re, totl o~s e11 os ,~_e ¡11zo
nueYo
tt'ail·o lirnt!gnraao lilflm:trnl'nte en
Yerso "Empre!m Hf'.&gt;rn[Ulder..'' Estrenaron
Jo:=; contingentes del C111rndlL con· una PROXIMO AilHIBO DE UN' GORElil• ¡.,·o. :\fe gritaban que et1mma~c !lrra:,.
Servicio especial .:le la
lo &lt;.'lmlad de GuodulutJe, un 11 fnuciún a-r• c·ou obt'tl de Othón, "'lJespufs de la muerfucr:ut &lt;le ·cuntrocientos llrngoncs por
l\'ADOR
t.níndomc, pues aunque lD mayor parle I'rcns¡:¡ ..\.sociacfo para "El Imparcial." tístka PU la que tomnn\n parte ,•11_,du te."
lo munos, &lt;le Mn.nitobt1, territorio No- De hoy • mai"au:- se espei·a la 11e~naa. de los nue lrncínn fuc"'O cstnban en alR Londres, l~nuo 15.-Un despacho sefloi-itas Y ('nballeros que eu otros O&lt;'R· :MEXICO,-Coolcndo mucho la empre,a
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sJoues 1111.n de-mostt,ulo ttUt.,1· uptitudts "'.lfnrfa. Guerl'ero" había llegado e. 011
rocste y Columl,iR Británica; ~1y adem:is Aesta caDltal
del aefiol' General Dou Lui., to, hal11a, sm embargo, tres o cuatro ,le! campamento de Hoof en Ludy .u •l ar!•.
.
.
cou la empresa. A1uraz para una
armarlos, equiparlos y enviarlos á Sud- G. Curlel, Goberllidur del Estado &lt;le J.. l,óeros cun rines especiales y balas ex- Smitb, fechado el nuel'e de Enero y lle r&lt;'¡,re.,•otnriln la• ml•"1•s snnmoles ncnl!rdo
p1·61·rof!!l DOl' nueve di&amp;!!, peto a; Qltl•
11
.~trien, n sus c&gt;Xpensus.,
••ffor Curl•I l'leni, d e•tn enpltnl 000 ]&lt;losivas, abrigadosen lugar segurodparaj r;mit ido por.la via cledLore~_':º u ,írqn ez, ~~= 1;~~
T~;::,~.~~; mo. llora esta.ilmu pendientes por otri1
comll&lt;'iones que no podf11. n.-ceptar la pr!•
Tnrlos son .a ifJs1:ros g'uerrerOs, buenoB el objeto de ai·i·eglai· asuntoa de li:npo.r• rnm.p111' con 1n. tarea. &lt;1e ma1:ar so1 ac1os mee 1o 1:1gmentc a1 eecr1u1r e1 asa1to I Ia tunrlón
con un gran han~.
met'ft, t:!i!pe1·auc.o .que boy quede llewutljinetes y exploradores. Se p,Jcnla en tancia.
;ll{;leses. .Algunos hombres completa- del día seis contra Lady' Smith..
j La entrada ...,,. de !u.vllo&lt;llOn.
vamente resuelto eete asunto.

lú11p;1-z.

l'Hu.n (./n?f'rA.u .
lh:?Jiw;,¡¡ 1 A~·•·(;
ltw -1r:1. IH nn::-: "·
,1 n,!'I Rrn,1t.J111 \fmm, .
C\t·IJ,1,ER~IO Tlf1t.

¿DE QUE PADECE USTED? 1

J.Tió!"t' Hl. rleí111 r111l1•r·im:1•r10. n1dn clo'nr?
ii:-in1'! ;~t·e,~ilil \'rl,

Pruebas .. Prueba~ .. Pruebas..

I

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M, M, }lllHiU,l:11.

l .1\!M'l'o1\ Ut,c:~.-l 1,111:111,1?.-Jd._
•.
MA!\t:UC.\11ch \~:L.o.!i:.Co.-!ln1'hld11lco.-\:t'r

FANTASMA QUE APUÑ.\LE~

te los ¡mpP.les ele niña Qlll' :,,n dt~~,,m1wil:i- r:nl'lla J' ~i•l1orn., [1 !-ian Lnl.s: Potosl; Eu• cinn!(•nfn. por lo que i,upnsit&gt;t'Oll que Diolia en t&gt;l teatro &lt;le J.I?npt•n~lf'r, Y n-rtnella i·ltiue A~trnro r f'~11n.::n r Fe-li¡1f'.&gt; CAt·tle- 11 ¡..,¡ 0 se• lHtltín hA?1•i&lt;lo ti flf ml:a.rno. y lJll!!
que (lP.hfn ser Vlrgima DéJazet, ;u·abah:1 n1ug y es1JOsa, iL nunilnlaj:ira.
1 fil'!'f'IJC'nlhlo (le hn!,er ateuwclo. ('otltl'il !;11

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l1'\•g:i(lo il. l1t JL1"1li('1a pol' el propro ..indonnP.~111.
·-l•~l mnr-~tm &lt;le tn•ncs tlPl 1111.eroreflnlro..Tas(, n. F'e1•tmu, llt';'!6 ,l cstn rl1Hln11

Y los plntol'es, y ~l :trte !1f'l trmro? )fr· Pntósf: E. W. fü•nnrols. ít XnPrn 01·!~an~: i;m•e1\i1lo.
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ye-1·heer tenfa otho niiós; Et:ge,n:o &lt;flí' la .To~(1 ..\i•S?tmwífo. íl $1111 LnJs Poto"f; E.
Lo:'! ~t•ntlal'llws husenron 11or todns pnr- ,
Croix. nn nii.o: Ingre,~. die-f'lorho: )Jlil'. \\". Ea~i.~v. ¡¡ )fon.-lJn: Frnnels&lt;'O Dt•lg11.&lt;lo, tei-, siu (•m•outrar al iudiYitluo 11ue tl(}\H.'1 1
:Mar!-!, t.Pnfa totlnl"fn ~~i.s nños. no ohsHm• ,1 rm•lJli~; f'enohlo ntwd11. y I•,l'nn&lt;:lsro llet'lfn ::;p Nltontrnhn en el interior de la

~~:i~~l'

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LISTA DE VIAJEROS

de Snn Luis Poto~í: nunrlalnpc
F,ndso. dE· Querl'taro; í'. ::lu1ií.l1, de La1·Prlo. Texn.~: IAtl'iílno dr la Pefín y e,..:.posn de S:m Lu•i~ Poto..:if; ,Josú llernáutlez,
tl/ ~nn .Junn del Río.
Parthn·ou de 111 rnpltul Jo~ seiiore~ LuR
C'lano Cohlrntz, ,í Snn Li;i..i )Iissomi;
.Tori:;e Ho,rict. ú Knl'rn York; nennli.n ¡,~an1.:1.11rl. il ('lnrtad LN'-rlo; redro c. Rl'C8e,
.
ft. TorreUn; r.. ?11. o~llY, n ~e-JH•ai,lrn: K
DoN•r, lll P:1rn1l: .r. PM11·son, ú. Sonora:
n. c. Luis. {t Jo~ A.ngeJP,:',,: n. L. K:1!~N·,

glo; pero un niio de~p11és. en 1~:11, en mm
p~nflfill ,·llln. ele :\[ecklemlJour.g-, '.\folla\

flPJ?lin notiria~. ha !lt•,cr:Hlr, Pn 1n presenté ramo at.illo con tintas tricoiotcs.

Sf'!11fll'll

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iirirn,

Pn·$:tt'nr. grni'o de In. Yidu. no flebta apn•
rN·er !-ino dr~pn,(,¡!ó; rte co-meuza,1!0 l~I :-::i•

1 c,n {¡ ocnp,ir o~ra pci..ieHÍn. ('onH) l i...n de 1, 01 F,I el ·, 1,t ,1 iJlá,.tit•o al e-.tuf'l1(1 de I In ¡:ntlturl íl&lt;' (lo::a .:i~ll!l'IJ!f i:;t11.; 1~~~ '.;~ t~
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Toda\li!. no nl"lla ª € oOJtern_ c lc•Mn FO l11w el lur.~n de ln~ ~~iUllns _, 'su n.C'eli.f!',H10 mnor hacia ella. tradfü•t· n. to Jn l)íltHlern t1irol01 ~ne nrnui.
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,os 11a1·u un pueblo Je Jnti;t 1&gt;0L· sus hJfos ¡ hay r-0~11 rlr trC'i,wii•11i:1, rn!!!n_~ ('litre Jns porm~nore~ &lt;le fill programn &lt;le n•roru•: dP otro?-: &lt;·rriinncs, riue nos rC'trrnmos á fa. nrJ:(h,t t-::i:~ii-; sur; prnfun-1:ls :ip1Hu- ¡ te envn1Yi6 c•ntre ~n~ tili~irnPs ,1111
P_enlhlol!I, y 1noruntlamente Jrrltutlo 11or¡111.~nr(ls
rn qui.\ nn :-:•.• hn r·nnstrnirlo ,·rn trllCC'IÓn navnl; proüab!emente S€l'H ll'o-ar nhr;tJ'Grlo
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cunntlo hable Lord Snlh1bu1-y, urncha.
T.1 fr?•~•!r:·a r·n111n ll.•.:1,-, t1 .Tni·t1ín r-1 t\'1't1 :'lf1111:3fro de ~ÍAJ·;na, rntrntaha pn•t·t'll· ,",:rnrlo lo¡:: ingl(•ReS y e~t.;1hnn {1 qll\111(!111
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•!iic·il•rnn ri' f::s:ll'n('in ohsfnatla en la se· mafürna. ni pasat· JHH' In C"UJºYn -il~ Pernl;
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tour det"hat-rnndo de peor lll1lnera. P111• lie-r uln~, •·• :·11:U l \" · !os c:-..cmsJi.Hll 1.a:-. cnn¡.trmr crurcrós rl'lt)res ~uc pm11e•
F] ''::::taTI rhrd ;UH1 l)jr,(l"erf; "X 0\rR" hn.- 1 ,. !, p. ¡, ·í. ¡i·tlmo fu&amp; tenazmente Hllo i)escurulú, 11,1 hiendo itlo fi e1)01. ,ll'
dosnmente esperan lo~ ronsena1lores qu~ hasta .rartun.
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llttlfour seguid. et ejemplo de Charul&gt;ct·
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)aln y guardará discreto allenclo.
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· gala rlt~ ~ohr&lt;'srrt1c11te hnwura. .
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duttqr.
Ja que muchos saldrá.o &lt;'Oll la. t·e¡mtth'l(t~ e~frrr:rniln'f :í ¡ipnc;,r1i· rpu, l'lt 1:is: ni:inn~ ,!f'l ~11m1111stras.r rbto.;; c•~Pt't'1itle¡:; Y nyndara tlfa &lt;'orno un pañ1) mortnorw sobre la
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mrn fu¡,1za m1.1s 1w1,1a ni :TI1R t .1 • • ,:1,rn,rnn kN'l'~P. (lll(•UM &lt;e a rna.}or
.
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el 1mí:s poclermm 1le los UPlllJH&gt;S modernos.
L!t8 poco siucern.s olls1:1rYaC'iones 1le
Balf~JUl', ncogidns con gusto 11m· In nar•lfi~1
~n tiempos tle veutul'a, son·lioy ofens1-,

poi· el cnmJuo qne sic' haflalin lleno de geu-

,\NTl);l'IU f11,1,,rlnll.

11:l{•in

mors teufa. en torce. llugo, )lnsset, Gl:_01'· c·&lt;1 y sefion1, dv Pn!:!hlll: f'es:i i-i&gt;0 Pefü1, d~
el seg,mrlo un año. Xareellne Dellors \_:ti· R;rn .Tunn 1fol Rto: PP.1lro 8nl:1.?.1u· r ~c-

~·
1

. •

éor1·e1·

, A. Uo.:l,e;Mn, ·c:.irlo:-. I'üfü·r. {1 arlo!!! PI~ ordinnl'lo lll' .Pn~11.1Pl'Oi:t, tw ei:ta,,!o ll~guuriel;;. Gulllenno Potter. Ethrnrdo Smith. do ¡\ (';&lt;;;¡ s·!IJ11tnl i·on nl~fin rptrn:cio.
Hace &lt;'IE'n años, )!icbelet. el historia- )I. Esme-ral&lt;ln, uay J!ottl'l' y Ht&gt;,lJetto
-I.n~ P11trncla..-, 1:rutn~ rlPl Intf'rMe;lnldor de la narria. trnfn na añn. Lamnr- Smith. L)pJ Xortc&gt;: )f[lxlmo A!j(l~fl:'. ¡Ji• ro, ,1-nnlll!·ri !n ¡lt'l_uwm ~ ~~~rn!1:l, .'~t'l ronxrno 10
tine. el (1ltirno tle los poetn~ cl:1sleo~, tt.'- 8an Lul.1&lt; Potm.í; sefíol'ft w ..T. lll'nly (, 11·lentr mt&gt;i;i, n-.;c-t'IHl11•ron a. $t·L1h~ ..l.), con•
~1\N'l'fll!A Í,.-Pnnto11 Mr1rrl"lO f'upn ., TI .. tlll•
nin llllrYf' aiír&gt;:::. Yklot· Couslu, siete. hijn, de Chk:i.~o: .T. \Y, :'1-frCiHiles, dt&gt; tra ~ nS.1-!0.:",U, l't:'C'll;Hlu,1lo.., PU gmnl Pt•- 1,1t,, l)bi1&lt;¡,(l AJ1irtir.-s ., Fr,l¡.;t1ucio Ol,hp-1 Con•
Thiei·~, dos. Gulznt, ref11g!1Hlo en Gine- l'ÚkRl!'O: n. L. OllJ.bon, lle )liclllgan; na- 1·imfo del nfio 1rntp.1•:or. ,f;~_1:,~1111cnto cu f¡.,;,r,r
bra, tpnfn doce niio.'3.
món T&gt;foz y Antonio Lóp('z zambrano, fa.\·or de 1(100, fu(, ele ,u. ,_1.,0.
11 lti'i0l'l.-,llw1i ¡,nme1·0 ile lo CriminA!, Li&lt;-.
J1rn11 t'm,l1•llma•I' l.1·611.
Uerth(•me1r y ~lery, lo~ poetns de ln ¡fo :\Iollt('i-rer: .Jesfü1. Femúnrlpr, y faml.Jm ¡,rnwrv 1·011t:lTio1111i, I,lr. V\'il"teno Vt-"Nmue~is." tC'nínn, el prlmero tn,-s nño:ót, Iln, de S!lll Luli- Poto:-ií: Eutittue Riose-

0

•

á todo

1800 (t 11)00.

{&gt;

_

esl'!l[lÓ

riosn :1 pesar rle !'.11!'. d~g1·al'ias.

'.

Censuras al Gobiern·o

flro (le mulns se

"Sable, ic~ú t.11 ~1~:o ::XIX tolla uua gen&lt;!·
.\rrllinro11 á In C'inrln!l. lo!i ::i-ei'iol'f\:CI An- · y ~lcruilí i,n ,·amino 11a:·:1 &lt;_'rnrnllri. ,1. clullrnclón d&lt;' l10111l11·,~~ nt.hnl111l1\rs qne 111· tonlo Delc•ado Itt"ntN·ín ..fü~ Suu Luis PoR lle \·ti ft ,1i,;u11tc~H rlPl ~,~1·r1cl1,.
1
cieron de In ]• 1'::tnr!u la uac%u más glo- to~í: o. i)hi·cg!lll, de 'l':tHlpi(•i,: FL·tlci•J.to
-):us. tlli•t•ll du nullfl:Lli1J:u·:1 l"]llt' rl trc,n

1

La politica lng1esa

de ('11ni1tl:1, !•11 n~hfr.•ulo l'l'UJH! :a,; (•OnJO•
dldn(le.s uet.'esnt·ias tlt~ lujo Y coml'.Hli-Ju,I.
.Alfredo de Yigny, llA,e'l"n fin Lor-he:o;; Rl'l.l•
-At.·nhnn llr 1·t•~rN11u.· los· sríi.1rn•~ Heo
za-r. el nutor de l!l. "ComMIP Uumalne-," _)L Ktt•,\':llt (1 lu~,-•uiem Iv~rum. Gen."lltij

sig:ln que fenece.
.El siglo d.iN•kidrn, e~e grnu siglo c¡ae
hnllfa. come11ztulo JIOI' 1!1 1111.:1111 de hl~ 1
itlens '" Qne co11eh1ía por la lut•hn !le11

Jt.;

.

·-·-···----"'·

OnR•mmn H11"J'F.R

ln ("1nilio~11. liltiruo rl.11110.

I i,•ui! n.i·rollntlo Jlot· IUR bestlm; un hom•
en '1'oa.r~, y Hefülíl131'C'h:l.iS, el 1U· 1GNH.'l'al r ~111 111rll\tNHl 1m tl1 , re;;.J)lc':tirn- 1 hl'L? ¡1(11 p11ol.tlo, tJllé uo snfdti sino llgél'HS
Yrntor de la comedlu l)n!Htcn, mol'ia en. mente, del F~t·1·1 ►ei11'l'll Iuti~1·otc.'1llllro. contualoueH.
Purí1..
1 •1ulN1N1 fue1·ou a p1·n./'tlc•:1r mm vlsltn lit! 1
1:::n rtnlln Yoltn lnn~utnha In p!ht e.1é-t'- ill~JlN·C&lt;lf~n :t ln lfmm prh1Plp11.l.
1
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- - _- ~
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¡· 1
Los grandes hombres
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mos lo.o:; si-guie11te~ (}urn1&lt;. I'f'l&lt;U:lom1Uo~ !Jn sus e:q;ierlenl'lll~.
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Londres, Enero 14.~La frlyollcmtl des· 1 torln su ei;per:mza en In rrl1all!l1t11r-1nn por, ''paíri;:i. r.hi tk~t1en•1."
~'iti,rdia. r&gt;11 nn·1 hond J!\,i(la. Ncs pn.:.i- h• ,1. . . . cna rn:1l,tn m!\s rni,'.ln que el de nlor ;\ fle nolilez~. m.ntlí"ll·lt' 0111 •.
p~egada. en sni,; re~icutes tl11-;;:¡¡r:ws 1)01' 11111:fllo ele un Gcner:il jr,\:t!tt .r ll,rilhllHl!.1· l.:t.:rn1i!_tdc J'('iidtk hoy en S_a_n Schw'-- 11 n11 ;Í. ]1 , ... cr for1YO, ••n\,Hlu la inhnte- i &lt;ll'"illo If, i1,·10 ¡HHlo él llrr·ir al lemler to del bien !Jr,'-!¡'1 ::ti t&lt;.;rn_i1M ,' ,i: "\,1'i11rl~~
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atoilade1·0, de dou1I~ e:,1 difícil si _no dudo- m nombre de Kik1u•ner rittn in;;r&gt;1111rn- ! &lt; ~;~ 1l!- n,:;,1;:'.1,p1r,1n ,1,;:::.lt antllO ,u la 1 ~ta-~ ,p,1n'o1;1 r¡nc íhallloR a fif'r :mi, ;:i,tn, ••~IR un ii.r&gt;trnm,•,lln
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que to ~uno :n (•I que_ 1,1n_ &lt;ll'!i:1s11~{1' l~lwh~l
eo· que salgn, al golilernn c:onocalo como hlt&gt;meutP nnirto ron,,¡ 1le .Tart!1n, rulon:le I c·ton del l.é1Tn1·;11•rll ]Jl't~rintnnclole u.11 ;.. rnm rlr nt1eo::trn11 c:ol1h1•\o,;¡ r,,ttnn"'lr&gt;· lna ,.~ti 111 ,18 •lt&gt; 01,0 tk ¡.,&lt;t re;,e&lt; )ndina milln· f!MMt inm:P~{,;_ilr}f's. ~11 ~•.
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1t&gt;J,r1 ,t't1tll1lr1!len llhü·O por 1011 81·1•8 .1, LKhu .. luego la~ rep1t16 rle mL•m&lt;'.ld,\. no súlo _en
iii,,S1iC11 y riu., lo.8 Sn1s. Mu)TJJr.e }'nn l'fu. d~ el orcleu t&gt;D tlUP. se las lm1Jí1111 lludu, srno

&lt;lmm.-Ji"1111eiti11 ]lHl'a ll"Y IUDf'B,-Por la no•
-~np!ico ñ lt11i ¡wrsonas ílont+&gt;ntdllfl tn laii:;ra
CI d1t': ·• I.u l'u.~iti\•n." y Pl jug·uute c:óru1eo en uu f!igui,nte., 11lirn11 lo!&lt; flt!tloK qm~ por eubacl'IJr
ili!!O ·· Lit c·1urn dl' lil'ros.''
ciou,·• rlt• .b'l Afondo me udeuda,¡ISB. J,uu, L. HH'O,
r,a•run l'111s1'1PA.1 .. -l'or 111 nnd1e i\ ln11 of'ho
,, 111-:nno 'fort11v.s.
1 nw1l111. l." d1• Rn11111.•,•.f'ytrutu1 ...... da ,·er ~el'l'I,

C,l, cau•

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1
co~-Paf!ta. Dra~&amp;tl~~t

~enor General Berriozábal

n1smrso del Sr. Gral. Lic.

Martes 16 de Enero de 1900
•¡ · \ t'JJ la, m11uu, se nnihrnzó

•

141

c·ou algu.u,:~ u n'ink~, YOlvió á recobrar el co- na, ostenta un gran lujo. .rleslm1dm1 los
11, .. 1 ,- · 1, .(
ojos .... ese es el mejor nH::dio do atraer
··r:,ir; .~1:, m·&gt;!..·u!Jilüs estaban contados, y él ú los tontos.
I,1 •~•arn:11.
"Les tonto;:i, cai:::i todos son viciosos. Ellos
'--E• ;r.;ilil cu:rnlo se haga, elijo, voy á en- te d:irán r¡aé hacer.
tr:tJ ,·:1 1., ,1.1'.: 1.
''No nccc~ito recomendarte que seas dics1 Y ti~ !OHi~:111, porque rubiera querido vlvir trn ..... ese es nno do Jc-s reqttisitos prinririales;
t•-,,1: 1\ •n ,111~ ,:l1t1· 11¡¡':-.c p1&gt;l' c•:111~:1 tu~·ri ,v para tí, pero eso eE:tá en tu cser:c·ia, como el 1'1') cuiclarte
y it.11 ,,rt,i, posad, á 111 l:Hlo, Nannella.
má.&lt; qne de tí, tu car,ícter.
"Yo llurnlm, y él lo notó.
"Ahora, ¡buenas noches! .•.. y ¡buena
-''; L,igl'illlfl};! &lt;lijo en un tono burlón; ¿es suerte!
que tt'J me 11míl:Lfts :tlgo?
('Corre las cortinas de J~ cama. Siento (JU8
''O~ rnn¡tha rnucltn, rxr1amé.
la parálisis se apodera de mi cerebro. Se cm•
"En roaliclml, ai;í delJín dc\;er, porque noso~ 1Jro1lan mis idens .... es inútil que yo te fasti.
tres dos teníamos los mismos sentimientos y die y que me canse en decirte frases incohela mi~nut manera de ver, respecto la mayor rentei::., sin eentid'O .
parte de llls caras.
-"¿ No queréis clecir adiós á Xatale?
1
'Xo oh•mmto, enjuga tus 1.ígrímas ..... F.so
-"¿A Natali:? ... :¿ para qué? Al :;iorro •• •~
de entrrneeerse, sólo es bueno para los espíri- con mucho gusto.
tus lléliilcF'.
"Llamé á Strielo.
"¿ ()1 1(, picn~as hncer cu:rnclo yo no exista?
"'El rnolnso ~e enderezó y puso s:us patas so-"T.o qnc vn\s á ordcn:1rmc.
hrr, c•l hrn·dc ele 1a cama pnra poder mirar tí. su
-ªllucno. Espcralm esa 1·e!&lt;:r:.rn~ta.
nmo, v di1) un aullido lastimero.
';PuC's lJien: te mnndo que te murr&gt;hC'~ de
rcE] moribundo se sonrió.
N Jpolcs ¡· que para eslrcnrr1fr le vayas á Roma.
-"¡ Lléveme el diablo! tnm!Jién él llora,
Es menester que no estés Yejetando nq11í más dijo.
tiempo.
"?ío le abandones, NRnnella. ¡Buenas no"Homa es una cimlad muy bn'('na, en doncle, d1('s!
en seguida em.:untrarús ocasión de ejercitar
"~1Igunos momc11tos de~pués, Sebastiano
tus talc-ntos.
Gritti lrnl1ín dejado tle vivir.
''Adcmá~, que no irás allá como una pobre.
"Ocho día!; despué::i, sin clerít nada á nadie,
"Al;,re ese armario .... ,ives ahí un cofre- ni á mi padre, ni á mi madre, n¡- á mi herma..
cito?
no: &lt;lesriués de dejarles una suma de guinieu•
-"Sí.
.
tos dur•rlos para que se consola~en de mi ~••a-·"Pucs bien, en ese cofre hay diez mil du- pnrición, ocho cuas después, salí de Nápole1
cnrlo,.
y me fuí á Roma.
,_.Toma nne,e mil para tí, y de,la lo demás
á 'falnle
el peno y para él.
XII
"(\111 eso tendrán ''los dos" con qué comer

P•""

c1os n1io~.

-".,.\dcmá~, yo trataré de enviar más füncro

ó rnrs!ro riejo rriado, cuando conozco quo

CON'tIYU~\CION' DE LA. rrrnTORU D'E L.! TOY.&amp;.•
;-XA.-DOS CRBfEX.ES l?Oil DIN1mo.

éstr i-.e hn acahado. .
Al lle~ar ~ este punto rle su liistoria, la To-"Comiento. No los abandones .... al perro fó;oln-c todo ... porque e; un huen au:11:al. f,rna se interrumpió por segunda ,ez, y diriEn cl!lrnto ni hombre ...•. no tiene más que giéndose tí su nugustn oyente, le dijo:
-Por muy deseosa que est~ vuestra Mnjf'S,
un mérito: el de no oir, ni decir nada.
tad
de leer en el libro de mi vida, no presumo
. "En fin, Juego que me hayas sepnltnclo, te
que
llegue su exigencia hastn. el extremo de
mnrrharús á. Roma.
"En cuanto al lugar de la sepultura, no im• querer que yo lo repa,e hoja por hoja, ponienporirr que sea '': dot;de q1,1iera .... en eua!- do ante su vista tollos los acontecimientos, ail.o
por año, mes por mee y d/n por día, .. ,
quier rincón .... sm nmas m letanfas .
"Tan pronto como llegues á la ciudad el,er- "Creo que !oque la importaba saber sea lo qae
16

.

I

�martes 16 ae Enero ere rgoo Cadáver en un mesón
. Desde hace algún tlempo se C'llrontri!ba
( .enfermo Ma.rclnno L6per., que habita un
! cnnrto del mesón ele Snn Antonio .!hall.
1

Se necesita

VINO-

zález, fué á. ver al médi,ro pnra (!ll(' Je rt•
retara alguna nueva wediclun. para su

marido.

º""

San GERMAN

El sábnd-0 ül.timo. su rnuJ&lt;"'r, :unrftt Gon-

p

I

Mnrfa regresó con unns cuchn.rndas que

(SAINf GERMAIN)

E

"ó

b

¡wda\me11t,· ti;en re,.. om1•ooiudo, ¡,urn qu" PX ie ;du l'l! ,,.,¡¡¡ l'inrl111! Ju v,,11t1l ü1•mi 1irti,•11:o der
l'(Jllll• ido ménlo, Et, 1·rm,·t"liiPHlt•, 1 Pl'O
i1¡rfü1,
1e: t;:,b .. , 1,1ie1· 11lgij11 ''1.•llfll'!mti·nto t.!1•1 iu 1.r~s y
d,• ln Es1-ri11:r:1 '.' 111tl1.1uii a. D. irf¡1u•e la r1011te+
lw·i1íu wu todoia loH. 1ht11.a ¡,·f&lt;'r1·1:tll11 u. eda l,
101,np111· 160., 11• ;:1 ,J. R. :O: :\: ~ rtm!o 4ü8.

M1tr,1Ta iit;\1:1; d~ ¡,11·,fot1 h r¡1J!t'!l lu!&lt;.- FOli1'ite,

br •&lt;iilt;1ltu. ÁJ!c• hlt:'i l':n1Jtnti t-11 :"11 E1todus.

A. noun.ui.

"º

contenfan láudano, y las estm·o minlsn eP.ta p;eparaot n E~ allanen per- 1
trando a1 enfevnrn como el médit:o lus Irn- fecta soln1·10n los 1·emN1los rná,5 eficnl·oa
bía preS'{"lipto.
contra las enfermeda.deA proceflcuteis &lt;le
· ~:rnnte. la no~he, el cnf~1-mo no t's!usr~ la pobreza de la sangre y afeu:ioncs pul•
ginH, pe.Io :iye1 en In mnn,11rn. al &lt;le~pe1- manar s Jl&gt;l''
, ., , ¡ al
ta't' :\Jarra y dirl¡tirse al sitio d_úndr. se eu-f
·· e.·. ~ a .l~re¡•a1a(,u_c o t ma1~cra
contra,b11 Marciano, lo encontró muerto. , qnc su asm11la.('líln con el Jugo gástrico,
En el acto se fijó en la botella, y e-.st.1ba en vez de neutralizar sus efectos auruen·
~·a,cia, por lo _que ~uvonf\ que L61)ez. apt!- La su intensidad y por cousiguÍente su
r6 su contemdo para qmtarse de p:1dec1-. acción Lenéifica en tod ¡ :-' ·
mtentoa.
.
. o e 01gan1smo._
El cn.díin~T fu~ recogido por el personal
~s de una eficac:ra soberana &lt;·01:!ra 1a
de 1n ~a. InS1pecd6n.
tfti1s pulmonar y le tr~6 Ju abunrlanda

·

H L05 [Ot1TfihT!filllS
Se rerihi1·rin proposiciones bnstn la., 11 .
"" m. del &lt;lin la &lt;lo Feln·ei·o tle Ulf!ll, en In,
r.:1n&lt;•11 y H11 t•L r¡n~ $e lla d,· ~~·ip;ir 1m

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las células de sustitución desiananas pa•
-En todo el siglo XIX se han mata- ra reformar el tejido pnlmonai'.'roldn por
do por causa de las gue1Tas y solamen- la tuberculosis, cavado ¡ior las cavernas.
te en los J1aíses civilizados, no menos de
treinta millones de hombres.
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tíai~ pulmonar, de anC'mia y de enfer- : 7\GtJ:l1,"RE..!ÉNI_E•....-,
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Ju.nta de tu6diU0:5 llut.11 ll06LÍ1,'11,,.;\

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F111H h!Xlu ¡¡, f J ,, ~pt.'t•tu 11,• ,mi,-il,11 ¡mhli,,aU11
f-1 dft ;.?:! d,! \luyo &lt;li•l mio ¡wóx1tr1n ¡,:u;n111i.
para la 1111niAiiín d" lu ,\1;11·\·tu1 :J.r.ri1.11Jt.'S tlf' t''&lt;tl'
B1,111:0, s,· h1w&lt;'&amp;l:ltw1· 6 Jo., A·no•••t-1 lJOliei•,!,Jr •
{l e~tuti Arrimwt1, t1Uí' 11{,-d« 1•1 1ifa 1'· d,•1 •G·
rd,•nt" 11u-.i Fe f"'l'''"Ltr:i 1i MI dii.por,1, ir'in t-·1 i1u

cmdiwu'!'11.tn!:!nte su Uli.J \j"rat,-1,, 1nlor;.11d.l."4

á U:!- litl JO QJ" le CllCStll. U;J 1.r.. i..H.Uteuw .J.a
llO úia!, en d,iua sa. vtei.:uu:-1\ uoa ,:Jructva
ndk:al, y se h: 1·05u.1;Jo...:u: :\ a. t:.i. iJU oomplj)4
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gorosu, ~¡ Llú. 110:3 rsw:ro f.:) fJD t.rulu~ da
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niños como las personas mayores
toman con el mayor deleíre el exquisito

apetito, reanima fas fuerzas, enriquece la
sangre, desarrolla las carnes.
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ele Debilidad : Anemia, Raquitismo,
Tisis, Eecr-ófula, Afecciones de la Piél,
Reumatismo, Flujos en general, etc.

&gt;

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Tanto los

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El"1Ha ~{i d"I pr,·s.1iot1• fó,, l1nr:i. 1fol1111qn•• in-•
ron l"lll]Wiilldt1tt 1'111•1 IIIHI ¡J,. ,!n:io fil' HHl: 1, e11 lu.
eu,ia11i111r11l:o ,n lu rall1• ,11, -.:n11tu A11u núm. J.
J.ua mh•r ...,rn,lo!!. rn elias J11wdP11 m-urr1r en
ti1•D1J'O hál,d fi rlt•iw11q11·ñ!11'1t11,, rrf1·P11tlurlm• tS
prl'M+a11dn1· t111 nntu,_t!llt' ¡.,, n-ntfrun\ ·coll arre

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Secretes.ria
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fün, +'ll_ i,,,..¡¡";n d,, 2:1 d1• lli1·wrnbr1• úli1mc, lH"Ol''-

Mhico, Eut&gt;rn 13 dd l~UO -l"IDY.;'iC:ÍO f'oui-ts
v 1 !A.
lH. 17 y lt-1
-El(lfa 1º d .. j 1·ntnmt.- I· ,·br¡,1tJ 1-1· lwní. ,te lui.'
qur fu,·rou ,. 1111 ,,,fü,da-. l'íl 1•! nw11 de .lg0Kti1 oe
lhf.HJ. eh :u cai.a. 1:iltui1da tU la :! =: tlti Tl·Zulll-u-,

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c.-upit:.l tandui, 1p1e f!Pl,11 1·on,o,·u&lt;l1,K 1•nHf~&gt;:IJ1~
111 ntt11_-nJo nn,·eno rie loi- J,,-t:1lutns ]011 i;f'Ht•re.;
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ilo vei..m.e 1;1.i'um U.e cxp,-ncuma. tramado eo.~
fer'medades de lu! uorvlos !I' t1ut 11tHterua flt)a
:iual, y !,lUienea pueden 1'a.n111tizur -~ Cll,o
rat·IÓP raJ¡c¡u y p:rro.a11enu-1.
Eo\·1euus unl. tela~tt'.iu lMnolt&gt;t.3 de au r.&amp;'l!J

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:1h·i,,dó11. t-11 ,.¡ l·srndo 1lP S1,11 Luis J'ot.,,sf. 11u11
J1f'1,;01111 d,• r•up,ui,lt..J :',' rx¡wriFn1•iil pnr·.; m111,e•
judH J •lii-ijirl11. El ¡,;11,,l,.o l&lt;NtÍ ,f¡, un la11to po,
df'1,t11 i;ol,1•t, 11111 uh,ldndf'I', },;i&lt;.pérnns1• lrne!Ht~

~ ••._,UliOLr"OI MhlOlQlffiO!! de t0U05 QUG 8UT!'Pll

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DI M•JUQO.

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SE HECESITA

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~f~eceu a Coml'r..:10 05 ;,fu.111ddos ~

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, te"" , . R "púl,liu ,. Se solicita corrospondencia.
y t)I! /11\E.T,,_L
~ --APARTAílO NIT?i:"i. 767--r.,..MEXleo..::a,~--rEr _EFO.NO _NU~L 9"!i-- ,
1ª deiH J11dt·pt"Ula·nt·1a 11ti:m.6,Aparta&lt;1~ lk.. ll111lllllll!ilL, llllililllill[IIIIIIII-Tl•m,A, cHaDA DE u TIGA-111'1 ·ii,l 1'.'; :[.!l&lt;illlllillllii¡¡¡1!11! 1 . ,
pot1lK! ~;;u, ~l~Xit o, n·mi ll'. l'&lt;; tálot·nr- gratb. 11~.I ,&amp;'8 ,!T l ' · I I I I I I 1 1 1 1 1 1 1 U ?".VD U K I Hv',t
Sti 1iohciULt1 ageuh::b eu 1,,~ FJ-{,i.f, ~
Ju•o FOW!fd"

encnwL.ul I u~r~ v1t:'lk:I. /J
'\'8Ddrá á ser prtlill. uu uh:UM taWI ,ir,ter.

Jlanút.16

FISIOlOGlA ■ N LA IBCUl!I.ANIOION . .

La FtbfiGa

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.4 YJ[jQ,

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~A LeOHoLES.~ ~

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DR. BANDERA

se11su.uhiu de t•mhiut•:cimkato. ¡,l!rrl1.11\du )!\
volunwd, foltú. dl:ll Lk10,11:111 fmµo:;ll111Hlad d'l
CODC8lltl1lr hB llil!UP, dowrt•,; \;ll lól.."&lt;IJ)i•TU!l.!' 'S'
('\D Jua m~culo,;. lil•U,Ul.!IÚD d~ tl'bte:tA y da
dtfl111leu1.11 i11qu1etud. 1altü do int·mor1u. indGo
CIS!ún. wel11.u1:0Jfa, t:ilntluUCIU tlr.•~pu~útl •1uitl
quier esluarzo µ1+9uci\o. mancllu.:s tlocautea
ante 11! vhi111., detJ111llu.J uespué; dt-l acw ,J da
nna pérditfa Iuvo1u11uar111: durr~me IIJ. 11.i~t
estutirwe. en la silla, ruioo ó H11b.do en 104
Gidoa, th.ald('z, anrnos y plé:9 fM:'l(&amp;..hlfi~ V l'::Í0.1
temor de ulgúa pd1g1u 1umlucute dt! muerte
b intortu11io, lmPot• cent. ¡111.rnwl O wta1, dtlr
rtme premuti.1ru ú Ul.rtllo, penHll~ó G,1jmla11..
olón de Ju,; tie8l"&lt;l!I, declllmt~·nlo lit:! J.t seu,;:ol•
lldaJ, órpn1 'liCU.Íú~ y liél;i t~. dl~pep.elll, etc..
&lt;Cito, Al~uuu,; lle ~111»1 i;mwm:t.'\ tiOII 11,,.freL"t.enclaa m1.rurale.i, p11ra u11 IJ•)mbro quo tlut&gt;e

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Jellüm. 7.
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LOI' mte&gt;l"t&gt;Pmlofl t"'TI elle Apn,,tf Pn ocurrip•n t-iem- 1 0 1·111·1·~r 1lt&gt;! 30 dd a1;t11,t1 t&gt;n 1H/i,J¡1n tl'. _,•n q1w .n1.
po l,á \.il {i HiC'.lrll1!-', rdre111í111·IHM 6 p1·1•10-11,·iar t1U 1•;;1arar'. tlrrnu1!1lfl. 111 ~f•¡wr1nmr11!0 ,:u um,ro 1:3
1
vttnHt in
11111, ¡,¡p l11t1·úcv11 bJ"H•glo lll J1.-~·1uwento 1 ¡111,1~: r11J:irru iJt, 1•sh• 1 t'llh •). :i• dwl'l; A t101;l'tlt· !u
1"Íiente dt:l ramo.
; m,in_11~w-" ~!"' tr•·~ á cu:1tru t],, 11,_ 111r:h•.
,
),8d.:J, 13 da Enero de 1000.-SALVAD0R AL•,
::,.1 ..x1yo, Enero ü da l!J\JO.-J . .hl. G.lMD0A, Se,._...
lü, 17 :¡ 18
J cretuno.

•

Pogauo a sus tcnzrores ae rólizas ,
J\1AS DE $ 487 millones ero.
LIRLC1CR Mfl&gt;ILO, EDUARDO LICEAGA

__ ,_ •-"·---~~====---"~~-~"-----

'LA MUTU·A
.

1!!111-Puente d ... S. Francisco nS-1

'¡,. ;"

CASA PL'OPIEDAD DE LA tOMPA,,IA

Comp,ñl, d• Seguro&gt; sobre la Vida de

Ju#J Hat.tleld, Gere.nLe. Gen•r•I.

Activo mas de $277.000,000.00 oro americano
'

'
•
143

142=cs:===========:=B=:TB:::L:::t:::O:::T:::E::CA:;c:D~E:_::_":::E:::L__:::MU=~é:~c:O.="============
contienen las pagmas más irnporlantcs y curio~&lt;!S ..•.. de c:--e lihro, y nada mú:"i.
-Sin' du&lt;la a.Jgun.1~ contestó con tono hondadosu CafaliH&lt;, de :úédicis. 1Ii intención no
es !u de mrrl'tirizaros, mi querida Elena.
"Me habéis eludo va á co11ocer vuestra inl'ancia. i Una inl'auci,{ que verdaderamente prometía!
": Ah' el crn·cncnami&lt;-nto de todas lns gentes
de 1ina boda con una fuente de huüuelos" ...
¡oh'. eso es cosa mui original y cxlraordinarrn.
.
''Decidme ahora uno ó dos de los acontecimientos ocurridos en vuestra. juventud .... y
particularmente cómo ha sido qué. después de
habrr m:1ta&lt;lo por satisfacer vul"c:tro odio ~'
Jlºr vengaros, habéis matado después por llenar
vuest l"O" bolsillo.
"Luego hablaremos ele la historia de esos
do~ niñ~8 r¡ue r0s tanto r¡ucr6is, y que habéis
he&lt;-110 cch1cnr, clan1lo J1ruebas de una abnegación tnn exLraordina'ria.
"Hahf.is del,ido nmar mucho, ¿no es verdad? al padre ele esos niüos; porque generalmente los frutos ele es,18 tiernas amistades",
so11 siemprn los más c¡uericlos"
-l'né "1 único hmnhre que he amado en
mi vida, contestó la Tofona con voz ronca"
-; Quién era? ..... ¿algún caballero veneciano' ó florentino?
-?fo, seiiora; era u11 caballero :francés.
-¡ A hl ¡ un caballero :francés! ¿vive todavía?
-N'n. 'f:p1\orn; lia muerto.
-i. Fn In ¡nierra?

-No. seüora; le rnalé yo.
-¡Ah!" ... "¡ fom bién !"
Catalina de 1[édicis se sonri6 al pronunciar
estn última palnhra.
La Tofana se ]eYnntó. tomó un vaso de agua
que bebió lentamente, y después volvió á sentarse enfrente ele la reino.
-)fi primer en&lt;venenamiento por dinero,
prosi¡ruió diciendo, dafa del año 1549.
"Pntonres tenía YO rliez v ocho años.
"lfacía vn cerca ·de quin.ce meses que estafo yo en Roma. viviendo en nno ele los l')alacins ele la µlnza Navone. v desplegando un gran
Juio, como Sebastián Gritti me había encar-

'8~~

üCCt·1,·ten d

º• roras

. d o l '1!1
11ersonns, e1'1g1en.
IJ11C recibía v afectando costumbres muy Pe-

,eras.

"Esto era en el poniiti"'1clo ele P,mlo IY, y
!?orno \'OS sr,béis, s1•ñora, á l)aulo
no le gus..
talian las cortesanas"
Jlíi las cortesanas, ni los ju,líos; y as, era
que á las unas, el)rno a los vtros, los endaba
con mucho gnsto á la l1og-'.era.
"Yo me hacía rasar por y]wb, y si em hermo•a, también er~ jnicio,a" Duba graneles limomas ...•. y la Inquisición no pensú en quemarme.
":\licntra, tanto, según el modo que yo tenia
de ga~tar mis ducados, no me 1,1.·.'.:an durar
, tcrnamente; y yu era inJispen.sable que buscare el medio de lrlos rremplazanclo.
"Eut,e h\S júrene, que _yo rec-ibía. y que me
hacían m1a corte nsídua, pero rc&amp;petuof.1.a, c.n
la forma á lo menos, por no atrarrse los ri..
~ores de S11 Santidad, había uno llamado irattmino Polliotti, bastante agraclablc por s.u fi.
_gun~ pero de nna Hmidez e:.\.iraordinaria, aun
rnanclo la fortuna que debía bcrcclar le diese
derec-ho para presenlarsc con altanería.
"Es verrlacl ~ne IJOclfa pasar mucho tiempo
antes de que llcg"8e á heredarla.
")fatturino Po\liotti era nieto y único l1ercclero de un fnbricantc de rosarios de la c"alJe
Cnronari, Gi!lo Pclliotti, que se liahía retiraao
ele! comercio con mús de cien mil cequíes do
or~, según llecían.
,:Para que este mercader de ro1mrios hubiese
¡mnado tanto dine"'O, i. cuán tes millones de
ellos no habría vendido? De seguro que debió
immclar el mundo católico.
"Pero, aunq11c ~e erlad algo avanzacln. Gillo
Polliotti estrrba muy fuerte toda,ía. Además,
era avaro al extremo, y capaz de dejarse ahorcar por un ochavo; de morlo que apc11ñs daba
á su_n_ieto lo 1~uy _estrictamente necesario para v1nr con uuser1a.
"A J1esar de eso, sohre este joven fnr sobre
el que yo echó mis miras para rellenar mi
caja. J\fc tentab,1 la ¡,crspecfüa de los cien
mil fnturns cequíes.
''1fe hallaba cans,¡¡la dé estar en la ciudad
eterna, ú la que sólo haUa venido por cumpfo con uua orden. y qnería marrhnrn1e 1de
ella; pero no quería marcharme sin llevar el
bolsillo bien relleno.
"Dispuse mis baterías, y no tardé eil poner •
el sitio.
"Hasta entonce,, yo hahfo. escnclrntlo y correspondido á las galanterías do :UlatturiiÍo en
términos generales y de tal moclo, que no le de-

rv·

•

N.

'!orlr

LlRECTOR GENERAL D. de CHAPE/ OROUJ,j

j2sen concebir :í él más esperanzas que á los· -"¿Queréis saberlo todo? ... pues bien .. .,
otro~.
j tengo miedo de la mi.smia L
"Un día, durante el pa~co, me mostré más
-'~;, La miseria? ... .
amalilc rc&gt;:!l él particularmente"....
-"Sí, 11.\tturino ... la miseria .. ".¡yo ea
:•AJ día siguiente escuché~ con mayor aten- to~r arrnin:1da!. .. ¡ completnmcnte arruina~
ción :;:us tlcclarncioutis amorosnfl-. . . . .
da! ... nna carta 11uc 11e reClbitlo de Florencia
"Al otro clia k permití c¡ue me diera un he- esfa !arele, me informa de esta desgracia ... el
so .. ""después" ... dos besos....
lmn~11cro en ,-uya cüsa hal,L1 yo depositado mis
"En fin, pan1 abreYiar, en el espacio de ocho caudales. ha huido con ellos.
días le llegué ,í poner l'l1 el estado que yo que-"¡Oh!
rfo .... en un estado de delirio amoroso .... de
-'"El rit,lo rne eR testigo, amigo mío, que
locura."....
por poco que me hnliiem quedado para rnhsis"Le había ido concediendo todo lo que se tir, viYiendo rou YO'" á rnestro lado siempre,
puede conceder." . "sin co11ccrler todo.
Hi me habrrn quejado, ni nada echaría ele mc"'TilulJcaba". "estaba dudosa do si meren- nos.
'
"
diria ó no rornpldamcnte.
"Pero no me queda nada .. "nada absoluta"Por ú1timo, ••vencida por sus ruegos'' y mente, ¿lo oís bien? .... i nada! y siendo vos
nl'Ta~b'ncla por mis "propias aspirucione.s/' con- también pobre .... .
sentí en recibirle una 11oche.
"¡ "\diós! .... ¡olvidailme!. ... •"
"Tochwfa 1~ estov Y~cndo entrar en mi runr"¡Yo! ... .
to dormitorio, acl01icle le condujo á escondidas
")fientras tanto, yo había sacado del bolsiu~a cria,fa de con'fi.mza, por una escalera se- llo un frasquito que miraba con aire cxhacreta"
1·ia&lt;lo y !i,;ruhrp."'
"¡ Oh, oh! Esos que perecen tan tímidos,
-"¿ Qué es eso? preguntó Matturino asuscuanclo llega el caso .. descubren 1ma osaclia .. tack
Si yo 110 liuhiera estado tan sohrc mí, y tán
-"F's 1n mnerte, le res]1onclí.
]lJ'eYenida para resistir su ardor, por medio -"¡ La muerte! exclamó arrebatándome el
ele la más complota indiferencia, quizás ha- frasqnilo de las manos.
bría encnn' 11iclo.
-"Si, ; prcfiPro la muerte. á ser 1m objeto
"Pero
!iazánclole suavemente, le dije:
de hmln y ele lústirna para todos!. ..
- " 1ío, ?llattnrino: no debemos pensar en
"Podéis considerar cusl sería el efecto de
la clieha. La dicha no se há hecho para no- mis "d.olorosas·"· explicaciones.
solros,
'':.fottm-ino no tenía sino un cai·iño muy
-"¡ ()né queréis decir, Elena? exclamó él amnrti_gunrlo por su abuelo, por aciu0l ril~io
que. pudiendo hacerle pasar 1111a existencia dopalirk,·irnao.
rada, se obstinaba en sacrifiearle á su amor
"Y o volví la caheza .
-"Ro me ]lidáis explieacione~ ... .la deli- por )os escudos.
":l[uchas veces habíamos hablado los dos
cadeza me prohibe dároslas.
juntos
sol¡re esto.
"Os hahía concecliclo esta entrevista .... no
-";
C'oneehís,
Flena, me cler-ía, á mi almehe tenido valor Jlara escribiros diciéndoos que
lo, que ~i.cn(1o clurño dr _grandes l-iquezas. no
:no vinié8c·is .... pero. . . . .
,
las goza ni se sirve ele ellas .... que "se enfnrla
-"¡ Dios mío l. 1 • ¡ es que y~ no me amáis! .. cuanrlo J'O me aventuro algnna 1·cz á hacerle
¡es que amáis á otro!. ..
nlgunss observaciones acerca de la ]10breza
. -"¡Oh!
en que me hace viYir?
''En seguida me puse á sollozar.
-"Lo que no te doy ahora, me dice, eso
-"¡ Cree que amo á otro! exclamé.
tonto más hallarás. cuando yo salga de este
"El se arrojó á mis pies.
munrlo.,
-"i Ue ama,!. ... ¡ no amas á ningún otro
"i Bella generosidad! Cuando se baya muermlts ~uc á míl i. pues entonces, qué tengo que to, entonces me hará rico .. " . pornue no po•
temer! .... i llubla, Elena! ..•.. ¡habla, por &lt;lrá obrar de otra manera, llen\ndose congj.
go ~ns riqueza~.
favor'
"A la ve1d~d, que esto es capar, de hacerlo al.
";_Qné es lo quo te cau,n pena?

•

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                  <text>Diario vespertino publicado a finales del siglo XIX, por Rafael Reyes Spíndola y redactado por Constantino Peña Idiáquez. Presenta noticias nacionales e internacionales sobre política, literatura, sociedad, economía y otros tópicos de relevancia. Además contiene secciones editoriales, partes de guerra, y publicidad de las principales casas comerciales e industrias.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>..,,~,,.,,,,,,,.,,,,,.,¡-·

'

11901=1901=1901
\

"eL IMP:11,llel"'L"

\

\ PREPARA SU ALMANAQUE 1
,

de estilo e11terarnente ni.ademo, y de
caracter completamente popular.

~

\

)

,

·¡~

~ }

Comenzará á circular en ) ,
Septiembre próximo
\

."li,.,,,.,,.,,,1111,,,.,'1'1.
~

TOMO IX.-MEXICO.-NUM. 1,299
o,A ::¡·:..:.J:..:.'..:~

,

~

EL INFORME

De Peto á laAscens'ón

Del ~r. ~e~retario 00 Ha~ienaa

Pronto va :1. quedar unida 1a ciudad dePeto CO?- la bahía de la Aseensión por•unai

nueYa llllportn.nte líneu t'érren, t'U,vo pro-dueto con el tmzo y construcción, fu~ en..
come-ndado por la compaüia. coneesior¡:a.~
r!a, al Sr. Capitán. de Ingenieros Porfi.

SOBRE LA í.,ONVERSION DE L.4. DEUDA 1SUBLIC.,A
PAGADERA EN ORO
'
•
....
Y!I

r10 I)íaz.

t:

El gtahado qnr hoy publirnmos, repJ'e- ~

tos. El señor LiLllantom:-, ,explica P.l heclto

tti&lt;l:
r&gt;n €n Upo reaJ. clel jnterés de Jos dos lÍl·
HoelllOS dkho que n.l tI'ntn.1·se, tle rf!(lilos timos emJH'é8t,itos de lSU3 y de 1800, (9.87
de emin·t'.stitos ·l)úl.&gt;Uco!-:. ha,r un '-rédito por (·iento ~• ,&gt;,32 imr tiento.) .V llum~1,
nomiua:l" y un. "rédito i•i!al, cn.u11lo el tallllJién la atepcióu l]Ue, dcsiput·~ ele hae:a-pitnl emitido no es igual a.! cap:tal re- 11'ct c.·onsc,guic1o 1liUPl'O t'l Ga,l;iemo ,.t G.05
, cihido: In. dife,1-enein eut1~~ el c·n,pital que 1101' clt&gt;nto en 1800. )':(ilo huhiesr 1)mlido
1-.erwe~enh.1 c,J vaJol' noruinnl de los lJ01rns 0Ment l'lo f1, U.87 por c•íento. en 1893. Perr)

mismo in-stantia ffsi&lt;•o,:
''Pl',~rsn1111:nte uun de las v('ntajas pol'
1as iudica.cior&gt;es ~1duules ele los ru
tcl' ~ decir lu mayor. de que dil-frutun l~s
&lt;los. q111~ imponen t&gt;-l iuterPs il, los c.
'P nt!ores ronoeirloi:; (•omunmente t•f.lu l'l
tales en circuh1cióu: De aquí, la rP:
, olllbre u.e •·rntérnaclonnles," que ~011
qn,e. pa1·a compar:ir rJ•,.&lt;te-nnin:Hloi!
,:i,s ' qm.• estando eotizmlo~ en mercados tle
préstitos. debe retluc•irse el ¡1e80 deti
i:11tintos países, si1·1{'u lle medio pnm
rh·o de éstos á sn valor '·•H·tt~ll.tv :es
lis fl'lt'l.l!'.-.'Ít'doue~ bancarias y ru·bitrajes
~ Rol~\, &lt;·on~h;te t•n la -circunstau&lt;:;a.
e-Fi tit 1tamrute uno di? !Ot,; he-et10s m:'.i-; cir, al n1lor l"Olll,e,rcial ó finauci('rO [}
intP1♦:--:10tus ele la liistol'ia lJa&lt;:elltlario. 11'J tie-nen toclos sus títU'IO$ eu &lt;&gt;l momPn 1, 1 ~ que no snfr!'n v111·iarloue.s. Ju·useai:;,
~\Ié:.,_dr~; .la, {'lllisiOn lldl empréstito ñ•:
Com1)/ll'fl1Hlo el "rnlor n.ttu::il"' .de l&lt;
.-lt-o -f:'1 {flSO -r,o~ tre,•11e11t•,.... de (]U(' esnr,
·ttl'ia&lt;,ionAA Jas (l{'1f'rnllnen r11zones rle
1sui Ptr 11! 1mpel qm" 1l1 sC"rn¡_1eiió t•n b en que :-.'\:' lrnc·e In t:OIUJJUl'Hüión.
lndm. qm• ~o;iostm-o el f'l'llrio N11f'inmtl tUn· pngo1' que lu Xuri{m dPhín lrn(·er lJd! · ;,:líUca iJ1te-rnnc·ion11.l ,i t:am.;a.~ gC'uer'illeB
· :1611_1tr-,1:-:: lJ,f'l'O f1wrn ele e,,;¡o l'emota
tt-a los ei'Ntwntos eeonómirc)s q11e se dé:-- ¡loo empr(istjto.&lt;:: fü• 1S~8. lXDO, l,"'iU8 X d
1

ele emisi6n se le des-enenta al

tleu•

dor. t.l't'1erminaido t:mto por rleuto 11or ca•
J.lli~i6 u-c•ua11do 105 honos '-l' ,·enden en
~omisión 6 110r gas(os .• utilia ·e.,; dehi:la-i;, ü los banqueros c1w1Jo c•~:o~ tonrnn
{'U tinnof', ó lo tJUfl' f'f; lo mismo, c:mrndo
St• COnll)l'OllH'tAU á í'Ollllll'Ur 111 emic.:.i~,u
f'll cfotermi11:J.do pr(&gt;tiO, parn• á i;u rPz,
reYendt•1·h1. Pn los UH'!t&lt;:ados p(fülieos

1

Sr

¡

1

1
1
t'l1(•¡1denaro11 Pn ,1-f¡11r"'lfa i'.•poea sobM- el ~('h1~:n1e pe·r. hnst:t ~u tomplr_:11:t, ·;;:µr.1••.
país. J..,o¡. &lt;ldirieute,s de 1~m. 1~9:.? y lSU;t llz,1,·1011; c1m cll rn.l01" :u·rual i.Ie. ,·· ~•tL,-.'11
que auuwntal:im en pi·na-r«&gt;sl(iu coustau· (}11-t' r·at1sR. 1~1 't'-llllff('~-;tito t!P l8W 1•. ·:í..·1~
il', \.'l ,,em·imif"TIIO d{• lllH:•rai-:; ohligacio- di' no lrn(·t"rse-. uueni tonnH'~i611," t'.~"$~~1·'..

¡•~.

scnl"n la EstHc-ión en Peto. so pi.anta. es nn
re&lt;·.tfl~gulo de &lt;'U:U~u ta metros de 1n11;tr0\.
por ftwz d-e :rn~ho; está di"viñido en tres
d~p~rtamentos, nno. clrstinndo pn.ra las
ofitrn:rn. otro. ft la 1Jnh1taeión del .Jefe de
Estación, y el terCfero que ocupa e1 centro
dl&gt; la Rala ele _esprra dP 1Jn11:11jPros.
i
INCENDIÓ
.como lo ex1je e-1 clima. 1n ventila.ción 6
h1gle-ne. Ron completa~. asf lus varias Yen1anas -del etJi,ñcio. que :-ou de granUes di,..
men.t:1,Ioues .r estrtn 1n·orü,1a~ de persianas~ J
FERROGARRlLERA
e~ vez 0(' Yir]rieras: el piso ftp In cons.truc- i
c16n estfr fonnaOo eu su totalidad. por ta-- }
'Puente destruido
ble1:os (]Uf' por medio ele un iugenloso ruecnrnsmo, gitnu á rnhmtad, pudiéndose con.
e~to dar lihr,P fü•ceso al nir('.
EL 4 DE JULIO
La ~mfa de espern e~tá abirrla lmcin el
frente Y hada ~u pn rte -posterior; formanSerricio especial por telégrafo.
Monterrey, Julio .J.-Aser un te- doº?ª grnu vonlllln. (·on &lt;·u:u1'0 c·olumnus 1
l,J1Nro, .Y en la cubiNtn tif'DP Iucarnas,
rrible intemlio cOn\Ttió en cenizas dr
c1ue t1)0tr1lm.ve11 .1 su ,·entilación: !::t tela Estación del Ferrocarril del Golfo chumhrp e~ de tlstlJo Polollí·Pau.

En una estación

h.·r. P,t~irlad .. It1s v-11l..o J'{'~ flllE' tienen dc- en Ciudad Yidoria. 1~c regidraron
Lo~ rutl,terfalei,. Pmp!l'8flos Nl esta ohra :,
.. !ld:i en ,111·toi, mert:Hlo:--, cuyas c:on~ pérrlias &lt;le alta consideración.' Ln can~ _son Ju mnmJlOi..tf'rfn lahrada . .J)nra lo~ mu: 1
ros: mndcra. !)nra. el piso, y tierro para
J,,,oni-.: fU•:·11l1nre...-; !4011 diversa,~, sj ;e sa del incendio aun no. t'~tá . aclarada.
la tec:-bumbre.
'
A
Ji•.it=•·n •.·'.J. mios á. 1J:1jo Upo. serían fá.
-El lren de C'irnla&lt;l Yictorielleg8'
ues 1&gt;f&gt;c·nnh1ria:-:. h1. n¡1neei6u del ,,alor como ,lifPre-nl'ia f3Yornl&gt;le 111 Er::ii-"éh l?·.,1: ~1!,ú•ni,.- :1J1:-.orbido,;; 11or loR d("D1{1.!•t
con diez hora.-; df' retardo. lo mismo
t¿Qnl• '1!1~c·ii- ahora. dél de!-lrurollo tan que el directo del Xorte del ..'íarionrrl
ele I:! P,1U1il &lt;) la 1ñi1,ul, la 1ir'nlidll de 1n'!I b.lko, re1H'{'!:(L~ntante de etono,mfa.
~!

----------·
-.
Amplio CD?Ptel de Gaballerla

{'.0.S-et•has f.lll \'.tl'los 'llfiOS t'OllSl.:.'c-tltlvos. la
1.678.981 libra~ rstrrli11:1, , •~i:-h• ,¡;11• los ne¡rocio., ele ,H'xico han Mesicano; el primero fué porque se
finaU1·iero:::. &lt;·on la;,; prohahilhlndes de '.(lerIdo .r 81:.•tniri'1 n t~niendo. m·rast'rn.dos de~carriló un tn•n de carga t&lt;:rca de
13,500 metros cuadrados
1.ni!'-;eria
r 11:rnta h.1~ !;'jpidemias &lt;1nc deso- q 11 e t ¡ · ¡
der 6 guuar romo toilos Jos t·ouw.r,·ian'N uc·a IHl il pesos mnx1caun-.:, v·1
fa eo-rl'lentc- fa YOra bit.&gt; ()Ut!' tia detei·- Caballeros, y los pasajeros que venían
tR~.
huou al ¡mí:-.. pusieron el Ernrio ea 'la la ¡u\azn de fl(ixko, a.l prec-io lllt'llinj 1 ..
Eu ~o-~ _fütlmos. CUns :.e lrnu romprado
1;
· ...·
"ü111:d-o la.¡~·!Urultl' mauift&gt;srnt.:ión dnl para acá fueron obligados á regresar mater1al{'s
El 1·órlito nominal dr un
emprl•-.:tilo. rs im¡10.-.U~ililhul de l.J;u·e.r frputt• ít lo~ Cl'tl· crnpu ¡o!-:nnen t e eit ¡tu ¡a, Jo MI ¡o.-; 1 Jil'P-~
llP cnu:-.trul'd{in, pan!.~cuni•tpl
:...•tlstos d-e ltt l ).eurla exterlor, [lllº"t
,
]" l' d
1 ri'tlito n11eion·,1I': Son &lt;·onoci!lns &lt;lo todos á Ciuda Yietoria. El ::'lacional se ae- de ('ahallerf:t (lp ~nn Junn TPOtibu:iC'fin.
el Qllf' Ro~ p&lt;1ga 1,m~ un {1l!Jit.al dd &lt;Jne. E.ú- r·itfü:imos •-•
v"' o~ 11&lt;• n
'e ernc.:1·o n. d an
1·ou sólo los re&lt;:111·so~ or&lt;linnrios del pre.- ~l
tmo por haberse incendiado un puen- Esl&lt;"' :lb:Hta una ext,)nsi6u ,le 1?.:iOO
lo se reril&gt;ce unn parte. y el rMito efrrli·
'11' 7,288.400 JJPSOS meXLCHIIOH.
metrus ('lllHll':Hfos. por lo c·u::l si' pu~dB '
te ccm, ile Lampazos.
vo es el f]Ue 1-iealnknt•e Re- pagl, sobré su1n1esto. y ruó tJl't"t'iso h:h.:er uso da! en-..
:t:-P~11·ai· qi1r p)': el (·n:ufel mít.s amplio rt11'
-Los pahellone, mexicano y ex- ('Wlll!os se lrnn ton~trni,lo ele dos aü.os ií fa
:o IH'- c•mptc,-;n1~ mexic·a.nn~, nsi (·omo
la rnnthlntT de ilin"l'O quf- 'Tl~,lluwutc·· se dilo. ·pnra no rrr,e ru .--'l rnso de• falta;.·
Dl• nwnor euantfffll -:.-e
ret'illt=&gt;, -Urrnnilo ~ltlf&gt;mib; •~n ruenrn .f ft los compromiso~ &lt;•oulroidm1. sin IJali,•t'
,¡llíllJwrq_.y la im11ort11fü:in ,ele- los uurro::;. tranjero, ondean en los erline'·o, Jl' '· .\'"Ji:J.
la {·om·N!-i~u d'c 1Jtl~ltl,
Hn facluida mide no,enta y cinco me.
•·ocioA, mr·n•,wti1e¡;:, indu~tl'in1es, miuc• lilicoi:-. c:0nmc1norm1ci.o t&gt;! :ff · H r ·:ir n
c:rtr,!!Al'H.lo!-!,e .al Tfüllto. la partt' ,1 11 t&lt;lpif:ll em,PINllll) unte,:.; to1-l~s .lm; l'f'&lt;'lll.,~os qae el 1)(1-(•uniaria~. romo :-1011:
tros {1{' fl't•nte.
que no se tedhifJ r qm• ,l•ilX! 4.il'YOlrf'ri'lt! Ho!iil't'llu t-rnía á :-.u alr&gt;ante.''
·ngrkola!-, tflH' tl&lt;':,¡de ar11wJla ma- de la In&lt;lcpen&lt;lcncicl de E s bllos l'ni•10. Hf'th1t'&lt;·ilin &lt;'n el importC' de Jn rbEl etJifielo RC'l'á di:' un r-:olo ruerpo. oue-rn ,el plazi:-,. lUado p;1fa la ,unurt!zad6o
-&lt;:::::&gt;-•"C:::,,
:et;tadfü1 1·oml't1Zlll'Oll á. 01·ganizfH1:-1e .J &lt;los.
,1:1 ntlo 1-'ll forma de crujías sui,; d('p:trta•
misiün J In (·:t:::a bnn1•:u-fa (JllP l.Jfü't~ .f}l
A" lmla. -la clemla. Eu surn:1, un ..1..mpr(~,;;~eutímos nrn&lt;·llo no dar á nne.sti·o~ h•i.:La
co1onrn
americana
prep!1ra
una
1\tt&gt;:trf.:e, Pm·e&lt;,&gt;e inútil, ¡mes; ¡.Jeh~n·~"'r$,!e
mPntoi,; lle! ft"únte.
spn-it'io tlel eml,)l'éstlto en el e-s.trnnt-,
tilo ton ·11rima" it'R uu Pm¡H•f&gt;stHo tonl:--, eomo los lllás .i1lu~tr.u.lo:-i Jo 1k~e1rn.
Temlt!\ ndemJh: · i;rnnde!- &lt;'ua,h·as ~- tres
bre (!St.e 11tmro. porque \').li, 1•11 1,1 c·on fiesta rn el 1'h·oli Rrinero. y han sulo
ro.
p11tlo:-;. c•n Jm, WPjores &lt;~011rli,·ion~. el pi-ien ')ue se pnJrtl. igualnwutr rt'rllto la tompnrMIOn &lt;1Pl ·crnpré~tito J.p 'fl'im·i1adn,
¡rnrn
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una
gran
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~ndn
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to&lt;lo~.
r
constn.
¡iol'
-el
irrefu•
e
:!o. Il{'1]n&lt;•(•iún rn el pag-o Lle 11r~mi,J
mero parn 1ll nopa. el :,;f.lgundo pt1ra lüs
] 1
pot· In ",p:n·te dt• &lt;.·n11it¿¡J que ~" l't•(·ihi•, hunnh'-Jll'&lt;: con los anl-e-riorei:: ~' l'l dP lkH!l.
hle testimoulo íle las L·!fru.s estadist!- l L lll!'Xl('t:110~. •
de 1•a111hio -üe urn•i;im moneda po1· lfl&gt;ra8
ma&lt;.·brros ~- el tere1•ro ,Jmrn la enfl'rmerfa
&lt;·omo 11unbl€-n llOl' lrl ¡,·art~• de-l en_pital !JPrO ¡nu"a semejnnre trabajo .f.tltau los
.r r!er,nrtamento r'h.' Y('te1inaria.
esterlina!=-,
QIH' no ~e redl&gt;e, é igunlm•,•nte se pa~a d-itios 11ie1·c~1rioi-, st-glÍ11 lo ¡¡tiJ•ru11 f'l "ln·
El cumt11l dehC'r!'t quedar teríninaflo el
_
So. Hl•tlm·dún fü• los ga!':to'!'. O('f:sionames de Oc.•tubrc próximo
l~n deter1u!nuUu liem1Jo la. L'(lUtidud 4¡ul! formr;" Xo s-e lln rom1n1.1•fi!lo 01 i:,mpr(•~~ 1

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il----·-----

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tlor- l'll la Reptfüllen. 1101' COllCl·lltI"aei6-,
¡.;e t'cclbiú !H'Nt.ad~ ,Y la 1¡ur no E.t'- rPci· tito dP 1\•JnHluteper &lt;!on los otros, rn t•s." n~llll~flS de fondos.
Oió, si'no f}llf' fué et-:-cli{la á los íl:Cl'l'ei.lol'es ta. par!·(~ dfl estntlio. '[)OJ'(}ll&lt;' el tipo l't?:tl
1.a.s grall·ll{"s n•ntajas obt't&gt;nidat- por

tomo -prima:-:.

t,¡.A

~e tt·nta. 110 pudif'nclo tnmpo&lt;·o tomnrsc
C'Olllo bnse el Jll'PC'io rt-íll de: la l'Uli:;;iúu,
(Jl!t' fué th..• cerea Llr '"i-ttPuta por ciento.''

era:

Em pr(•sti li)S

Rédito:-.

n01n1nalf.1"5
De lft~S

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De lSfrJ

30

io

fü,dltos

.

~fel'tiYOS

S.íllíl•l ofo
• &lt;5.U:ío-t ofo
!L~+.i\H.i 0/9
a.3184 o¡ 0

.-.::nentn de lm.1
importarfa l!:::t.ber ,\"
no ~e sahe. e~ la l'anfül.ld &lt;Jll&lt;' elJ (folJi&lt;.&gt;r110 pagó de más por la.s 01·1"11.s de sólo e~tí' cr.·pítulo. p(wrllda íJUP en 1·1•nlilhül U·.~J,JOl'QUL' 6:-1t11 se hizo -pm-

(•ontrafü,tas. Lo

l}UP

herf:1. t·i1rtm·~p al mP.nr-ionndo C&gt;mpr~··tlto
En ,el e-mpr(•'s tito dt.• 1~@. e11:;;i son lgua· D~ t0tl"~ mo~lo~, {S e-Yi1l~nle que el tipo
Jpg el rédito 11omi11nll y el rcnl, de mane1·;1 n•'Jl tlr1 iut~n¾, tnk1.tlmlp dt! t:~n llHHl'~~n.
l}Ue la difei•enela, si\"'U(lo lllll.'-" ,pe¡1ue-fia. "uo puede llnl1r1· sido má~ bajo paru. Pl

lo

P~

igua.Jm~nte fa p~i·dida re-ln.ib·n ex• erupréRtito de

te-rlor. lJTIP sufre la nfü•Ji&gt;n. Ha.u.famog t.le de l8U3, y

TMrnn11te-pec que p:u::i. el

llC'tlSO

,par';t el ele 1$88."

ensaJe del EJeCUtlVO
fflJJl!&lt;ilal ¡iur l•lf¡¡rafa
,,_,W'6.::/_~...:...a -üu'ti/11.1.~!!" ¡h•Í..\.1·..60

"Y°a. ~ .1l--'). tli1lJ10.t.l·· ,1~~1-.\·i-l .G_r1I•
1w·r11ha d,i" .lo. t''Unceliwiún dC' lt1 bip
th!l "Ft!l'l\Warrll de . Tdrn:u1te11·,~c. y

' &amp;hrló¿•l A VIII Cong1·1~so i"Jt:tl
gn1n 'l;olemuidAd, cn1H.·urrient&gt;-l1M thilll--rn:u1or tlcl Es.hulo ,\·
/lt•cturn 111 mensaje, t'll •l'l l:u:il
¡-esta In cotu¡-&gt;lt&gt;ta srwoufa entre t•l
1~ ~• la J•'1'Lt•ratióu.. s i\seguraudo
1,ali·lws l.'9'Wa auinrndoo de los mt'.!-

cil"lto l!Ut' t~~t11s Prt&gt;ri~onrs han eomt:.
zndo i1 re-nfümrse tau r,ronto c:omo t::e lb~
Yf1 á eff&gt;do la c:om·&lt;&gt;1-si6n. p1 c·Ul'la Pf•1J1.··
~on ~• Son, t]Llo había r';:,-1e1Jrndo &lt;'Ont.ra.llo'IJ
pal'll el tJe1•fe-ttionnmlento d~~ dk!Ja ~_, '
.r pal·a la com:;trueclún de In.,;i ohrns P:d:
el purrto dt:&gt; Srul1nn. ('ruz y Coiitzafoal·
~OO. así como ipara la C).lllot..11rión Pll eou•
junto 1lel Ferro-canil y de 1.'.l$ obra~, Sil·
_\!)tos dkho~ contmtos á la rondidún •lf'

.,;e·oij por IIP\'":ll' á c-aho á fpfo·•
t•n el ruá,s ¡·orto tiempo, h1 obra
lfil'UPiun de los ludios rebeltJes,
·1os (·11~1Iei-: el EStado ti\'Ilt.' e-u aira, t.•l·iP1ttos horubre::; que paga de 611

-~.

POR

Emilio Gaboriau
Separó con atroz violencia á los corchetes que Je rodeaban, y saco la esp•da, que no ee habían acordado de
quitarle.
-¡Cobardesl-decfa, &lt;lidgiéndose
á los hijos de Mr. d'Aubray--¡os llamáis nobles y olvidáis vuestra esp•
da, y no sabéis poner al servicio 1el

-honor de una mujer más que una or•
den de prisión y unos agentes de po•
licia!
' Y liinzando un rugido~ que m,\s pareciu de bestia S1'1vaje que de criaturn humana, se arrojó con la cabeza
ag .. chada sobre los dos júv6fles.
Pero los hombres &lt;le Desgrais ha1Jían vuelto &lt;le su sorpresa, y pudieron sujet11rlo, impidiéndole qne hiciese uso de·ta espada.
-M, ri'ndo-dijo entonces, dejando can· el arma.
• lliz»sale subir al carruaje, y cou él
subieron Desgr11is y dos ngen~es.
Ali'. u'Aubray mismo cenó la porte,
zuela y dió a 1 ,.orhero la orden de

AL PAT'BULO
,

Fru"'.''""'• no ba &lt;leS&lt;au;;.s,lo eu ¡, organlY.tH:J()ll &lt;lt lms flClllt.J..S dol llfa H del
1

llJ"t•:~t 1llh•.

"f;n iK.iüt•r lif'!• úl. :.dl'J0 .\fon~;~·aJit, Pe - .;..:• Ua ;v.l"lha\A, ·l.'1 prug,r11-1IW1 conii,1e1()

halla ,,J ti·ueitijtl QUC' HP.\"ó IJ, patíbulo de Y ~1'-0nto lo pub-Jlt'Carii el Comité.
Padilln. ll ..\¡:mstlu 11(, Jtnrhhle.
Ei ;;rjn baiilP se dará dt,fin.iürnmente
Es &lt;lf' b1·01H'{' h.uti.e-uo. rll~ dh•f'i:--éifl. ecntí- r-~1 f~! ~ eatrn XaelonaI. J)llt'--'&gt; t'lJ local ha
metros tle i'Xtl!'md(,u -&lt;~1 lt•Iio Yertil-tll 1le la .-wJo ;ra &lt;·onccditl-0 _e-a,Jautif'mente. El de-·
t·ru:-: y de diez ceothÚetros .. e-1 bra~o trans. eo:·ado .::ero mu:r hermoso y {·on detallles
ver~al.
•
01·:~h111le~, eonfü1nd~e su cliM'ección aJl
Se n•n en este objeto. algunas manehtl~ sc11c,r lH1ea.~se.

ele san:?r.e.

. Sr ha rP'!'"o°:1~ndailo de 1rn.,.10 que con
4

!JO.

rt~irldaü

El conóe ae Kronoor~

.

El ern&lt;'ifljo c~tii .c:uardado clrntro de llllR tH'mpo ~€· SOl·Jciteu ,J-a.s in-rit,u:·ione.-;, por
taja, imitadón rle raoba. prendido con un t·~r·nto, al Se01•ptrurio de-1 Comité, dlr..i
listón. al expeclirntp &lt;le fa 11nt~nticn. Y ~o- g1fndosc Ja,s ~olicitudes u1 Circu!lo Franbre la ligndura. tres ¡;i:ello~ rlel .JnzgndO lo. C~fi.
llfdv¡1Jo ]IPCUliO.
Con~titucionaI dr fa Yilla !.le Parlilla.
Se- lrnt~ JiJado los ffigulent~ 8 precios á.
-'f(lh-e que t•I Ejf'cutl,o ha. atendi-Oo f'fi·
li'ornrnn la nut('ntic-n diYer~as derlarn• 4ns ll){'aJmades d-el Teatro: pJaiJ,,a~. $ 25
que í!e ,·lenP hablamlo. ha c-ompnznllo &lt;.'fh~~lir.e- l'l ramo tl-e ln:strucl'l6il Pü• &lt;'loup:-:s de perROna~ nur preseneinron el JXl~·&lt;!s pnmeros, 15, y. pail&lt;'().&lt;:: segun-ti~ -'
u
:':l.'{&lt;•n, lTe:nm.Io mteYa-8 ·~seuelas ~· numeu- fallecimiento y que refieren lo l-;jguiente: $ ._,_
~·a los tl''i-lhajos con totln a.c·ttYid:LLl, Y e-1
~ndo los· suel&lt;los á los nrnest!'os. A In
J.o~ pa1-co.s para la tie~ta dell Frontón, /
Gobierno e,:;;.nera. fum.lnda.m ente que nn• VeBt se hnu dotado de bue.nos mue!Jles al•
Ya rn camino del puttbnlo. ltmbid,e ma- TP.ldT!i.n $ ,8 Jos primeros y 4 fos se-- 1
tes de h·es afio!-, unn. parte consideraJ.;!2., g-nnar-; e¡;.r.•uf'lfl:-:, demostrando, t•on ello,
nife~t6 de~eos de morir. teniendo en sus gur&lt;lj
del ti•áfü·o i-nteroeeénico se V'erificará pot , ,¡ire el Gol&gt;i,e-rno se afu:na por ruejoro.r ese manos ó ln imát:rnn dl;' una Do1nro~a ó un
Son num.prooo~ Jo-~ clonnti'ro,~ ha~a,,: .t
'
1
Snnto Cristo. Ea In ventilllu de su caRa aborn pnr&amp; la Rifn tle Renefk,e,n:eia, com~
nue~tro istmo. .
l
inform\~
da
eu-enta.
también
d,e
In,
1
Jll-endi&lt;"'fült} H4 lotoo. de llos -eunl,es ('ita..
"Se ha.. Yisto t.nmbl~n que la brHlautei, e Rtrueción lle rnrius Hnens telegr(1ti{'US bnhJtación pr-ei-:enr-in.ha PI lflgnbre deRfilP remcsi Jos prJu{·i11a-Joo: rn hJjo¡;¡o ajua.r
fa señora .ro~efn Florefl Hiuoj~a.. ruando
1kogid11 que bu11 tenido los títulos d,cJ ¡
t~Jefóuienf-, c..:rnas, ~scuela.s, cusa:Tteles
1mo ele lo~ oficia]es &lt;le fa C'seolta qne con- rle s:llon. un:1 rómdl:la ~tlfo Lnis XV
nue,·o ernpro51 ttto en 10, Esta&lt;los 'Cnhlos 1 Y C:rnas munkitmles eu UiYersos 1nm• ducfa A. Itnrhlde, Me ll.('el.'&lt;'6 y t&gt;xpuso los mm sol&gt;n•i-·ama de ••,sattn" b01•dnrlo nn~
_ . , . , ,. .
.
. .
, ~ :fos de1 Esta&lt;lo. a_::;f como parques y otrns
p1otum 11 La~ Cnnitro D::t:idonPs,•-' una.
deseos del Ernperndor dt! :\ffxieo.
del Norte. al uó &lt;le par e-u pa.I fas PU'~1- • Qllt·as de orn:ito plllJlleo.
nt~tl
eo~itnrera con inr·rm&lt;:'lttwion{'-5 de
/ La seG.ora c-01Ti6 á 5tll recánmr.a y tomó
l:1s de l\'-.t&gt; me-reatlo r11 los negocios Y nl·
El Reunctor Con·espoJJ..~al.
1111 pe-queño rnwifljo de hronce, -que tenfa u:1-cnr. una mesn jardin€'ra. ron lujo~n.s
lor~ YiJf'x.ic·ann~. Eu lo suct't1i ro, co.nta
inerm:.tadonef.T. dO'il" ~tatuas fü~ ter,rmc'osobre In rabecera de s1,1 Nlmu.
rá ('l país cou otro d~ 1os princlpale.-r:
11:1 oficial enh·Pg-ó el oh,ietQJ&gt;á Iturbicle, tn, nnfl estarna dtl bironiee, re-p1-esentan:r 6sw lo tomó en su mano áerecba y 1o do ii .Tunrin d-e- Airco, oll'Se(-¡.11io del señor
m-ertndos del mnndo. y á nacHe s-¿, ocn]b.1}

pf1\Uilu rt&gt;il11t-lY:l exterlor. 1n►1·t¡11é en el lu•t.•*
P,1i;;emos alJora á •¿:q1011&lt;-r el gr,m u.lirio
te.'ivr. no lmr pt'rditlu. lli!hillo ú quo d
dinero más liara to que puede r•OIJS{:'gulr (Jui• hn tt-rurlul'ido ii la ::-i.11dún. la ,conrnt·e,l gulJi{"J'ilO 1m•xir·auo .eu d WPl"&lt;'&lt;ll.lo na- sióu de 1899.
Se -llama rnlor cletiniti,·o () pe-:o dcfiui•
í'IOnl\1, 00 jlllPt..Lr• &lt;·ostuTle Wt'llOS wqrn.~ ~1
th·o de un emvré:;;ttto. el totol &lt;le 13~ su•
sels por -c knto ~uhmJ.
ma,::; q1:::-i debeu .¡rngan;e por r(,dltos )~
~*-&lt;:&gt;umortizudón. durante e-1 plazo que ést:1
La relnrÍCm de costo de los CU'U l l'I)
rl'c•be rlurnr. Pero F:-?rJa CITúue oc·omparu c-1 gran l&gt;euefirio qut~ esto significa ptl1",;1l"lllp1-éstito5: que ll{'lt'tam(J~ fle citar. tfJ
los pesos detiuitiYos de Jog empréstitos J1éxico. Eu Europa se lto. apreciado :i'-ñ't EJ tren de C'U.rga QU'~ W:"lJjó haber lle1
rnamlo 1&gt;or "ui.üli.ad" lle compamc.iúu el
romparnll0$. formadus por pa-i;-os ◄ le can- mismo la lme-na aceptac:lón Ue los w. 1, , g4do ayer á, ( Sta tapilal á. la8 seis tle- la
de 180H, e-.-;;
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ISH9
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p'l•de.
~rrfüó
con e1nco horas de poste•
1
thl.lrleR diferPntes, g'¡lna.-ndo diferente,; os ·e
· por e lJU i ieo IllllPTJCllUll. ¡; •
H lá- e~t:ic-lún ele BuenaYl::ta. Nos
Empréstito dP 18\J1J:
1
réditos rea.les -;.· nomina.les, r amortizán• los tene,rlort"S ele- f"ste •1Jtl1)el tlencu !it l:,¡
&lt;•rlwo-s al trt•n 01.•tHnario de carga. &lt;lei
De 1880, 1. De 18!JU, 1,311. De 1888. 1,;l(o.
flose i'u dife1·ent'1:!-S nnidndes rl~l tiempo. 1·untf11 fü.• que. 1.¡_•11 ra,so lle nl,x1ma c-01.JJ~ _J. ttoearril rl'.! C:uerrn1r:ira.
De 1SH3. 1,~5.
El rlinero no tit&gt;ne v~lor allsoluto. como plü·ac·ión volítirn europea, 1mr J)rOYOtJt!~'~ . ~- f•nu~1 fh,¡ r~ta~do fué. un ~~~ca1:•1.
Fare-t·l· notnhll'. r fn efec.to lo es, q11~ no lo tiene uing:1m:¡ ffiel'f•nndn, en con- real.iz;H•ión de ,·afores no faltur:1 d@lan~
,ento q.~e- SC' tfettuó en Iµs crurn~fa!:l
•
. •
J ln -e&amp;~í6:q de 1·1'res )1arins.'' llab1e11•
el em1&gt;réstHo tfo 1803, posterio1· (1, los SC'l'Uendn. os prcdso para 11árN· nnn. 1.h1 ele tltulos
me:s:1c11uos del otro ladv I') saHdo ele los rieles la locomotora y
oh·os do/:, Irnra eosüulo m;ls to ro que es· comp;1rach)n e.'.::at:l;.1. vel'itica1· ésto en •i1 rl&lt;,J .ltlúutl&lt;-o.
¼ Je los futgones.

Fol !etín núll.lero 3

EL CRUCIFIJO

c.t•.k

Estado ne Yucatan 1ue IJeró lturDide ~~. .1~~~ .~:~~

conYersión de lbmJ .r que no pu-e1h.•n Mti•
Ulll.The eu clfru~. la~ P.:CpO'llC el SPiio-r
E:-.to:-- ]:lf'C'hos a.1lquip1•~n eno1·m-e ehtri- funou entrr;.;ados ít los r,mtrnti~tns liPl
nrnutom· con gran claridntl y de una
dad ,·un. lo,&lt;; 'l'Xtll'tos y hlén roudud,lo,; P ..·~Toi·nrril, q_1or su rnlm, nolllin:1.1. rn
aera complctn. cu las ~igu1&lt;.&gt;nte~ lfU't
í'úk1ilo~ tiua1H·ieros: que fü•uIDpafürn ul p,1;.;o li?.' la~ olmls ·Pj('l'u1:11ln;-t, r. cmho
S('t' l·onorido. ,,'11¡rn~:--h&gt; que ,Jo~ liouos

infornw. ~UPRtros a-ndgn~; t'lllJll't~$Ut0.:; li!r&gt;g-m·:1mr-ute los ,~x·Jtt,,.~adcs c•nntriltlstas
1------,.,-·.:..1.··:,-.~. }~,ñ\· .,-_-~ •~-"./J.lv ,\·~ ·t'i!'tll-&gt;S , tiJ·t.1~. •:'t vr.~ r1'e füt'.tlv.:-•- ,)U,.,._,~ ·.lP.TR! t
hecho notar con tliv~~rsos motii•o~, fu•.~-/ habt"l' lnduf(lo t'll t'l ln. f)t~rdfllll íJll" éS·
ron herbos eon el rédito nominnl llt&gt;l 6 pP.;·al 11rn 1Pnt'l· \i!u ht t"lllh•Mm pfillli1:a. fo
p::ir dPuto :urnnl. ttN'O &lt;'ll rea.Udn1l. sQ- los me1wiu11u1ln8 bono~. no hay &lt;lato dp,
g,111 el "luforlllf\," su Yerda1lcro r6Jito llon&lt;lr 1mrtí1· pa1'J. haN•1· ~J i·á.ln1lo li&lt;' i11w

XVIII LEGISLATURA

LAS FIESTAS

tle inH•rt'i-;, en di('ho empréstito. no pue1lr

~*~

i

~

món.

íL la :Nu-cióu. por .e l empré~tlto d'c? 18U9, t'll los signi~11tes té:nninos:
n1n·ectadás en cifras de rigm•o5a. exaf't.i·
•·Re~olta ií. primera vista la -diferencia

qué Í)e t•mittm y la cantilln.cl que reeii.Je
realmente en et\~cti'\"O el {1llt" r::oll&lt;•ita rl
pre:,;.tnruo, ~ llum:1 téC'nit:amente ··1rri•
ma. de Nu.isiún.'' .i.drmú:-; de la ·,pr;wa·•

,

Los tra bn.jos de terracerfa y berra je se j
encuentrnn termina.dos y ffllt..n.n so.lamen~ 1
pequeños detalles para su total termina-1 .'

El costo del nuevo empréstíto.-Ventajas reales. de la
operación
,.

~:· Ycnmos las Yentaj::iis que ban resu!Ll1do

1

FERROCARRIL

.

brr;t, l'P.peticlai:1 veees.

Ya pa.rn ruorlr se arrodilló y rezó, recihicindo las balm.: al terminar ::in orarión.
Su sangre baüó la escultura de brouce,
:r así manli,!mfla fu~ devuelta á la señora.
Florf's. quien 1a conservó muchos años,
c-Omo el reeuer~o de un muerto.

Silvmw CobJe-ntz. un $ervlcto &lt;le- mesa¡
1m tintero nrtísrt:K'o. &lt;'tonado po1• la ~
ñora C1;,rnube-rt. un wmbrero jarano .'ffi·
1ouPado. ofrecfdo por f&gt;J ,spfior T;1:fidft1n,
nn corte d~ SP'íl:1. p,nra tmje ílf• señOTn.

fa,hricntlo

f'D

M~xico, regalo de!l

THp&amp;lito Chamn-oro.

un •h!f'iMllORo

c,rnt-

La !H~ñorn :\[orfa Dolores Flores, sobri• dro ::il ~le-o, 'deF ¡:-;e,ñor :Alvnrrlíere1 un
na carnal de doi'ís. .Jot-efa, obsequió ha.ce "nf&gt;-C•e~nire•· rlr -Majp, nn PO'J'ti("rP jrupo.
POC'O tiempo el enu·iíijo, al doctor )fonsi• té~. reg-Rlo 'flp Jo.o;: -se-ñol'~ .Tauffu:ed 'V'
va.is, de-spuéfi de IPvantarse la informa- Au-dlftrf'O. O'l'n,amiento ele- mes-:t de m~

ción testimonial pai;:.i la formación de la ta 1 hhwco y {'II'j,¡:¡W,!1. J otros ,muelhos ob ..
auténtica.
jetos dt• 'div-e,11~a.s cla..&lt;tes.
1"""

.

'

seilot".

-!',

,,,., ..~

_______ ,

a DEI

--""""' '
·

Por Sainte-Croix ella lo habia s¡,.crl• ,rmecj)mo habéis podido acudir en
partir, die iéndole estas siniestras p11!fr. de Sainte-Oroix no me ha pedí,
Ya. iba á entritr en la casa, pero ee
lahr~1s:
fici,do y repudiado todo.' Por oónser- 11estro auxilio de un modo tan míla- do nunca nada. Por lo tanta', yo nsda volvió y dijo á Penauiier:
varle no le habría-hecho vacilar nada, . •oso?
¡A 111 Ba&amp;tillal
- Una palabra todavía,
he podido ofrecerle. Y ahora, ya le
-SeríaDle .fácil, seilora, atribuir /t habéis visto, casi contra su voluntad
..... •, . ' ......... '
' ni el crimen más tspantoso, y ya se,
Penautier bajó de la carroza.
Una escaler,, secreta bahía condu• p!'eguntnba A oí misma cómo se de, . c•sualldad todo el mérito de esta es como he podido prestaros mi auxi-Ya qne Jo sabéis todo, decidma
cido ;\ In marquesa y í, su inespera&lt;lo ,embarazaría de todos los obstáculo~ v1111tura; pero en mi opinión la ca, lio.
quién ha vendido á mi padre el secre; 1
sah•ador h11sta la c1u·r 1JZR de éste1 que que su p11dre, celoso del honor de In~ lnalidad es la provide:,cia de los tonSin embargo, yo ha sollado que to de nuectrss eitns,
estaba pnr:1dn en unfl eo.llej11eh1 para· familia, se atreviera á poner á la li/ifl.too,,r acostumbro á invocarla poea• Sainte-Croix llegará. á deberme una
--Hanyvel de Saint-Laurent-eon•,
s/eces. De suerte que os diré con fran- gran posieíóo en la sociedad.
lela á la de l 'A1·bre-Scc, ndonde la hos- bertad de sus amores.
testó Pennutier.
Sin embargo, era tanta la fuerza d• : µez• qi:m no me habría encontra&lt;lo
tería de m Jloro que e11gana.-como
-¿Y qué pediríais en cambio?-Gracias-dijo la marquesa.;-no '.¡,
la m,.yor pi.1 te de los lugares de cita carácter de aquella mujer, llamada á tan á tiempo en el último peldafto de preguntó Jn marquesa.
olvidar.é el nombre ni al hombre.
&lt;le la época-ten!" una salida de es- desempeffllr un papel muy importan· aquella escalera cuya existencia ig•
-iOb! poca cosa: un tratado de
te en J0s f.nstos criminales del mua• norabais, si no hubiera sospechado alianz,i ofensiva. entre vos, él y yo.
cape.
Momentos después la carroza do do, 'que ya había recohrado aquel a$• i,I[º de lo que iba á suceder,
IV.
La marou~sa tendió sus delicadas
Penautier tomaba la dirección de la pecto de indolente frialdad que le r.a•. ' ... ¡Oónwl ¿!;Jabfais? .. Pero 1,quién? .. m1uo, A Pénautier, y le dijo s,ourien.
r,1cterizaba, y que supo eonserv
·~¡AJ~ adora!- cont•etó Penautier de,:
cn~le Liotis Saint·P«nl.
EN LA BASTILLA,
··,
inándo~e.~Soy homhre de iglesia,
Toda huella de temor había desapa hasta en su agonía.
Firmado.Mr. de Sainte-Croix no me • r ·
reeido del rostro' de 1~ marquesa.
Su voz era tranquila cuando se d:i'
cnando me int~e,a saber uoa co- desairará.
M,\s que mujer, parecía una e;tatu11 rigió A Penautier, el cual, aunque a!lll•
Pena'utier besó galantemente lama,
Daban las doce de la noche en to
de miu·mol.
re11tabf\.respetar suJJ reflexiones-, no·
Qué?
no de la marquesa.
das lus parroquias de Paris, cuando
Y sin embargo, devoraban su espi- había dej11do de espiarla con disimu1-· 1•'""·-: a sé siempre. Un secreto es una
La carroza se detuvo en aquel mo- el centinela colocado junto al
-¿ Puedo sl\ber, cal&gt;•llero-dijo
ritu y agitab,rn st1 corazón JAS más te•
n~!a que reclama naturalmente mento delante de la puerta de hotel exterior del primer puente levaó.izo '
-á dónde me lleváis y 1\ quién a
prador.
ni bles i r,quletudes.
de Brin villiers.
de la Bastilla, divisó la carroza en
deudor11 de tan seflalado ssrvicioT
uesa miró con fijeza á Pe¡Qn'.\ iba /1 ser de Sainte-Oroix~
Un hombre, jadeante y cubierto de que hemos visto oubir á Sainte,Orol~
- A un amigo lle! caballero Sllillt
¿Sucumbiría, en lucha desigu11l 1 ~\
lodo, e,taba parado junto A ella.
y á sus guardianes.
.
las espadas del padr~ y de los herma- Croix, que tendritt á mucho bonrr ·
comprar el
La marquesa le reconoció.
Al llamamiento del centioela salió 1
nos de su quericln, ó bien se nbrirían serlo vuestro; á l(elch de Pen t
-La Chaussée-gritó ésta.
del cuerpo de guardia un subteniente,
,rnté él las puertus &lt;le una prisión tesorero de los Estados de Lau¡¡
~~ hizo un signo significati•
La Ohaussée, pues él era efectiva• escoltado por un soldado coo una !in•
He dado á mi cochero la ord
tinuó de esta suerte:
eterna?
mente, Je entregó sin pronunciar una terna, y se puso al habla eon Deso lo que afecta al caballero palabra, nn panuelo.
M!ldame de Brinvilliers sentía por ir ,\ vuestro paJacio. Solo que m
grais.
su amante una de· esus pasiones indo- parecido mejor, y creo que lo
~ olx. me interesa mucho. Ami
-¡Ah! ¡Sainte,Croix está en )a Bas,
El exento cambió eon él, rápida• ¡
'
, 1.enorn, ver i\ un hombre tilla)
mables que encuentran sin igual pla- baréis, que uo tomemos el. caml11
mente, algunas palabras y la carroza .l
cer en lo qne Jlodriamos 11,mmt· su corto. Hay que huir de un mat~
!ll-ilrfto .vegetar .ubscuramante en
-Tranquilizaos, sellora, nosotro, penetró en el interior dé la lortaloza•.:
ilegitimidad, y que uo ·aceptan otras cu entro.
ado precario de fortuna cuando le ,acaremos-dijo Penautier.
Otro soldado fné ~ buse.r •l SUI/J· .
-Pues ya que podemos hablar
r que ba sabido inspirar debe• La marque•a bajó del carr1¼\'je y la Gobe.rnador, . el cua.l •~lió ..á 'pócH mf¡..
leyes que la de su satis!kcción más
varle al primer rango.
cumplida.
'Í. d!o fOi"@j.gp, J~P'ffl.z,~n..~~~...
qo-di¡o la marque~•-:-•q.u~~:I•~••·""""
, .. --... pu~rt~ so abrió aúte ella. ';Z'
.. ~ ----·· --~ -·

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1

�"Ela MUNDO"
Lic. Rafael Reyes Spindola

•

Director y propteta110.

Dr.

'

L1 cunúu.:ta tu.,.ii".i Je C:sbd oi; l nidos

Constanoio !'efla Idiac¡uei
Redactor eo Jefe.

Antonio Cuyas

SffYlclo \!Sl)t:!l'ial lle h~
1'n1 nsu .\.sot.:lad11 ¡iarn '"J~L )ÍCXDO.'~
Hl•¡·Jf11, ,Jullo 4,..-JI¡¡i;e l'l'd0h](} hoy -eu

Gerente.

la t'llll,aja(la :llllt&gt;l'h:ana Ull 11Ll)Ol1:lllt~
de,pnf"l10 el~ n-,1..;i1!11gcon. D!-ttah::t au-

Para lo!': uuutoM de Redacc!Ott, dfrlglr,
se :11 Hed:u·tor eu Jefe.
Lo.;; :Buntos da .\.1hulnl~traC'lón deben
tratars~ con el l.h!1·pute, :l quit•n Pl pro,
tJlcturio ha otorgado lJOll!!t' g~rn•1·al.

twul~ t&gt;l E1ub11J1Hlor Wllltt•, 11111' St.• Iutl!l.llJ!l (•JI ]¡1 :-lOIPlllllidt!(l dt• l~f"i!)7.ig', pero e,l
S('(·l't1 1~11'i() 1lt- la t~lt1'ln1j:lda ..T:wkson, in·
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t•n!Jnl !'1•:,q1rrim'1•11ro por .lo1-1 ult-1•n,i,1s y
qWnlid:is &lt;h•
,·lrl:H, rle &lt; lt1d:t11:llrnf!
y -1111:-;ionpr~ nmHkano~ :11-lf re,i1h•n·h•s.
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tlódico. 1•c,pre;;;PntadM en )l(•:1:iro por los

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te?!! lfayeuct&gt; I•'p. ne y Cip.. de Purts.

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rxtrRnjPl'C~

:-:(1

¡nll(•'&lt;fran

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üe lns revorucionorlos

1

LAS FÁBRICAS DE PAPEL
Dl;-' 11 E:AJ'lf IUFAFJ. Y ,\'.\t•·X.\~ 11 8. A,

Situación desesperada de los
extranjeros

11iyhsif1!t de China (1 cu c:onquista.i fol'!'i•

ATAQUE

lorial1'f=,

OLDl lEGD~l~IE~

Al!!Cslnnt.o de otro diplomitico

OT'RO

-CffBID RE ·LO EMPEBRIRll
A LA R.BINA VJC, TORIA
----0----

Chlna y Europa

LA CONSENTIDA

------~---

i:icusacio~ i:o~tl'a dos sacel'•
c:f .t.
C 1.es

de su madre,

DL&lt;; bOCE~CJO AIWIOLA.
A 1'00COJ-mESPONJlJU;('JA DFRF: UIRJJIRS3

.A 11 l◄:L DORADO" BAJOS DEL

'l1 EATIW

trulJlamo~ hncP pm·os dfll!-1 rl,• un f'S•
hí!l:l.t·lo que !..e r1•gh-itr6 en, rl mterlor rlcl

XAU!)NAI... --.Mli:x1co,

,i.teque á Tien Tsin

apetito es caprichoso. y los movimientos
Iangnidos. Todo ·esto se dcl.16 atribuir
á la.s impurezas do la. sangre. El sis-

g,·1n t\1 1mpo.

.\ h&gt;":1 .:.:1Twn 0~ 111111 r1· un ,Juzga(lo
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m f.eimto~ ot-1-cec &lt;'Ul'i{ISC'S inc-l•fontf'-~.

Colonia ae Iafl
f

1) 1seU "RSO

forman carnes, sin el

Desde el primero de Julio

le_ ll_n 11útui•ro th• lti pitirlnas .\' ohsequin. 1U
1m;mi1s d1• uo,·eln,
f,a im¡misiúu ·~•~ ht•t'ha en IJ:'II~l superlt,r ." t.•st:"l. llustT:iU.o ron lluo~ gra.lm1los.
~e orn¡;a lle asuntos huworri;;ticos :r ~e~
ria~
•
.
Xe s1nrn sull:&gt;:&lt;'l'il)CiouN; enriando C"ll

lJirfj:1 use lo~ pediJM ú R. '..\l lll'~Ufl), V
CompmH~.-.\lfako, l:.;an FEiipe ~f'1'i a\1-

marln11 nl~ma11n." )1izo ulguoail

lll't'l"O

,1r.xno."

.

Tomada ú. tiempo evitu. la. tisis; Wma.da

i. tiempo la cura. " lll Dr. Gulllermo
Parra tlice: Que la Prep:.i.racl(,n de
Wampole. es en mi conc~pt..o superior,

'

¡;!ro 11ost.a! el valor de 1m trimestr&lt;' :ule•
l:llll.llllo.

r]e{'fo-

bajo todos Jrnutos de vista, á las pre-

paraciones Muc,cidas ba..:t..'t hoy, en &lt;1ue
entra como l.l3.S0 t:l ac{'i te de hígado de
bacalnll. La uso ílmpllaruL•nte en m1
cl:entela 1 no so1amente t&gt;H los casos e11

4.

ntamron ese dfa las legacioru~. Fueron rndoup!( 1-ernlinmitp~· :.ObrP In mntN'H.
l't'Chnza&lt;'lo1 '·011 r~nltrla~. ~ülo mm J1tw1·ta del ra..n~-10
·abre d:arhHllNHe ::
110 mt'i:-; j)llr alguuas hor:1s. El Em1)1.~ra1lor
)' la. trnp~ntr, ,·iutln ('St.1u ~1lll, ··olka•
1lo.~ de sm~ 8CJ·.:id01-:es•1.)c1-sun:1!(~, que son
to-.Ios •·hxrr~." Los prinri¡,~s im¡,cr~lt''bau t'rlgl(l() L'll !'alado, 1W altar, Uontfo

"º

se

cel~lH·J □

.\HP-~t11•IJ

l]U\)

.\JPUlUllltl,

{'ODlO

sino t,awbi~n en los niflos que ban perdiUo el apetito. dA prPfc'rcuriJ. ú ruale~quiera otro t'upéptico." Su accl1in no
es lc11ta. ni du.Josa. Ellca.z 1tcsJt" la
primera tlo:..is. 'Natlie i-ufre un &lt;lesen.

demc:--:t:·:tdo i¡t1P J·:1 nmw/\ se toarn;rf11- un.1
grnn tlt"('isltln eo asuntoi! 11u1.l'ftimos. ~lo

gaño con est..t." De venta en Boticas.

&lt;·O1Hmlt.11· ii .\lemonin y al Em1wrnt1or
,1!,pm,í □,

"Xu hizo &lt;'Onquh.:ln,1 at (lcn11mO

je,·oo.

que está. indic:ii:lo ~1 aceite cb 1.l.aca.lao¡

pOtf'llC:itL

umrítlnrn. C'l'H. ludl~Jl('ll~tlbh.• 1111ra la grnndt&gt;Zfl ilt• In u:wlrm, y qw~ hahf:1 iJU11 tlntlo

ritos "hoXL&gt;.N."

·'El ntaqut' d.tc Jus fUPrzas flli,Hla~ 80•
bre T\•u-Pf!Wt, comenzó el 11·,c:uta. til•I
Jl:l:sado, y h ciudad fuó toma,111 :t l;ts t\os
p. rn. El ol 1~eto prinrlp:tl t•s L, l10stn1C··
cl6n dr: Ir,:, fuortcs, ,l(•sct,~ ,lon(fo sou bom•
baroeallo-9 !o-~ e~t..1l.tlecil11irntos t•xtnrn-

!'l'I

:--u11~1-e t•I ¡11tt&gt;lJlo rcnu:rno, trc&gt;.lnta nffo:ha.'' 11iju Pl so!)ei·ano: "para que so l,\
mrnn...:1irN•i:L&lt;.;f' &lt;·11:1mlo lrnblN'flll tle rt•·
:-okC&gt;r:-it&gt; t:ras(·t•nrl,·nT'aks J&gt;rohh~ma~ c.trmujrl"Ofó:. ~¡ fuero ('U tal rn~o. C'itnria

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ron.u &lt;'Olllo potC'U&lt;·l:1 11.(&gt;! unln!r~o.
•·x .. ,:-.tu;r yo cli:--pu~o á J)Prwltir qu~
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guido pr:rilí'~io t&gt;m¡ih•,u·, 1mm lrnpeúirli&gt;,
1•ro,·e·.liml(•l1lo:; :Idt'('Uftl}(1~ r :lUll lo:t lllá~

de "ThP. Mat!"la'. life JneuranN&gt; fompany of New
lork," ln- t&lt;Utnri lle.$1.000.00ra. plRt/1 mt&gt;:r.ira·
na, en !lflgrJ tot11I ~ctrnnlo11 ,lrl't!CbOH at· deriTDn
de eHI\ ¡,Ofüai. núm. 4!H),Utl5 bo¡o !¿¡ Mtal eetuTo
11111,gnradil Ju :-:rit.11 )f11rg11rita M(·jfa. fiua1lu bt"t·

ruonu del Sr. H. Ari11teo, .r oarn la íil•biJ11 ronwta11cia f'll mi ra.rAúr•r d+&gt; apodP.rado di-I Leneti-

dnrio :-:r. Aru,_reo Mejfo, extiendo el prear,nte TPr1bo en I&amp; nmoma p1füta. t¡ne ,e tJevoeln: á In
Compaiili:. pnr-a 1n.1 l'ftu~htdón.
Cm1dt1lnjua. Ma1r1 _:?1) de 10-00.-Firwailo,

t•ll(•l';!i&lt;'•.)S."

E'JlllBARDHO

l?xpr~O el mon:11'('!1. tm rondcc!{in de

-·-

qll~ 1.·st.aban eute1·'lrnentc de :,;u 11nrte rn
"U@nto á e.do los pr(ncJ11cs y el puelt
1.e .A.lenrnnia.

A.ntEUO

REMOC!ONES

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rt ..·nt".'- (alm1 JJté,---· c:dli'.bres y n11v:1J1?S,
no rs ndn·r,~;~ .. p;J.ru tr.i '.:.1r .fo ,;;o('(irt·e1· . na :1L:ousej111Jo Ja J)()!icfe á. los mli'Ul·
il f'•- 1.fu. ~1'-ah, i.. . . ;;i~,... 1,H,i:m;e h:1$;l:a: ;·o-. fi(" hl Jpgnt:lóu d1lna. que ~·t• pregcn,
1Pu 1.~n li&lt;ihllto tufln lo m1..1 nos poslbl~.
Q"IP Il .z-tlf'Il n,f:111 ,·zo~.
Ch 1:r Foo . .l alío l f,,11:°' pro-rision~ de
\'arios ehioo-:- fuf'ron np1..'ttrco..do:3 bo,-

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El cerco de Dewet

En el Estado

El Almirante Scymbur herido

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aa+&gt;guradn 18 ~rila. Arnr~urita M,jfa, Ju ruso ,a
mi Jlrl'SCllt'ia. c·u11.fku :¡.:ualmtnn• qneel !-ir, D.
.\1m•l10 °MC'jÍa nl.iibM¡ el mnndntcl qut- fo conJI•

.\~,,w1a ~•;:u.••·'.•-.. '''
T'11r1!.l,

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1.

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, t•i E~;tn,to '.\l:,yo:r Geuernl, ll:.lU
'íl n•nnni:~ 1ld w~ncr:11 Delllnn,,.
1

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nw-i;1he :11:.-0 1Ylad!.is,

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JiaJ:Hln y ,1p qu1 1 llot:1n

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1,;1 din 2 1 iJro&lt;&gt;'l:111r,s;e In L~.r :\fn11'in1
&lt;'11 la ,~ont•11 7 iú11 inc:l('Sa el&lt;' Tieu Tsln.
l':nb, Jul"n 4. I-;J ~Iini,1-tro clL• In ~far"nn, ha d:ntlo ()rt]{'U dt• (}Uf' se llll~h•n V
eq11ipt•11 do~ &lt;-l"U&lt;'N'(JI'; m1l,s parri reforzn"t
~ la e..:&lt;'undra. ,trance~~ en o~un~
chl•

q11ilino Mlirtir y s;auta Godt!t'vs Yfr~rn ~hu·rír.

.\rurk 11&lt;" hl pti-;te 1rnlJ6nk-s.. .-1
Ue111t• dl l Con-.i,;•Jo ~!rnltarlo 11:1
hllUH{·!:n· la ap:1rldlln de l:l "nh1-tnl
ll:lmada pl~l u,.•gra.
1

Ti:.HRO Pm:,;rwAl.. -Por

nas.

diciendo del mal aconsejado á quien
se le había ocurrido doj¡lrse prender
:i horn tan avanzada de la. noche.
Mr. de Baisemen de Monlleznm, gobernador de la Ba.etilla 1 no se moleitaba en recibir a los prisioneros como no fue3en de alguna importancia,
Hizose bajar á Sainte-Croix del carru•je y los agentes le condujeron A
la oficina. Desgrais exhibió el mandamiento de prisión.

tetoJ l'b.iquillo, lhiri-Jua.1.ui.

¡LO

mallo,

Alll"ALJI()

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c:ot;f•1 del í.'nho.
..-\ üadt•n lot 111eu'SnjPros que fueron ron&lt;'llo-: los muertos en el lernntn'Illlento
di! E.:.1mas::;1,

....... Y no trayendo consigo otro,
erectos, el ,ei101· Gaudin Sainte Croix
firma su diclJa entrada en el día, mes
-1Buh!-dijo el Sub-Gobernador y afio expresados."
pasándole ligeramente ln vista;-1un
Mient¡-as firmaba Saintc Croix, el
simple capitán del regimiento deTracyl Sub-gobernador •• decía_ á si propio:
¡un preso de cnarbt clase! Su Majestad
-¿Dónde diablos meteré ú. este im·
dispone de lo suyo, Aqu.l abunda la portuno? Todos los calabozos estan
especie.
ocupados, y decorosamente no puedo
-¡Qu6 queréis. senor Sub-goberna dar il un simple ofici•l uno de lo, de(k)rl-dijo Desgrais;-prendemos lo partamentos destinados á los presos
de primera clase?
1 aue 98 puede.
· El Sub gobernador tomó nna pluma
Llamó á un carcelero y le preguntó
refunfu.llando y escribió lo siguiente en vo• baja:
en el libro de registro:
-¿Qué tenemos desocupado pa1·a
"A las doce de la noche de boy l~ este nuevo huésped?
de Noviembre de 166á, h• enu·ado en
-Nada, ssllor.
la Bastilla. por orden del Rey y ,1 lo,.
-Entonces oolocadle con otro pre·tancias del sellor Dreux d'Aubrny. so. La eompallfa le agradarA.
lugartenionte civil, el i!e.f\or Gaudin de
El o¡ircelcro ordenó a. Sainte Croix
llalnt~ Oro!x, el cual traía los ,iguten- que 1-é sigulero, de,putls de subir y
tes et4'Ct\18 .••. •
bajar muchas escalera, tenebrosas y
-¡Qué diMfo tcr,6is!-prcgnntó el do pasar por muchos pasillo, Irías y
Sab-¡r.ob•rn•dor al prc,o.
húmedos, abrió aquel noa pnort• cu-Hace dos horas-tont._;•1tó Sainte yos Ut.bhJros de mtt.der&amp; dee.aparecíim
Orf1"'!..1enla alguno, rnite3 de pletu-1 bajo una enorme cantid9.d de cerrolu• .A.ll&lt;lra llQ)2n.Jto mls,quo cáto. ,LJos.

Parn coOBt.unria an~nibo .v flf'llo Pata dilige-i:.-

ciu 110 Guada.1:,jara. 1\ :!il dl! \fa~:o de 1900.-Fir•

;\in~ñn m~dico l1orirmlo niPg:a r¡nP ll F. 1el"tricidad mi el 6uico l'f'Staure1l'lt uutt1r:tl. l'I úuieo turath o infalibl'1 p11,ra toda enft'rmr&lt;lad nervio•
1:10 ó de form.1 u,bi!itante.
La Pl'.periPilcia l'OmLi:ia1la con el t11tud10 y cierta in teligenc.is &lt;leix_.rfa ilni,trnr J\ cnu!q!llt'l'8 lwu1!,1·~ respf'cto 4 lo aplicatión &lt;le tn1te a~n11&gt;
,·urnti,u . .\-li ,id11 lu1. Jilldo de1fü·ncln. n rete traba,io; rl resultado demi

(, b:JOM, lm 1urtlt10 1le 1\.uwassl y
:L pkn·nntn, vt"'inte mlllus u]
el,• Knmn!ssi, r lllW !ic,gu(an RU
por nenkera con 1'U10l.io !i. In

Y ¡,uso sobro la mesa una docena
de luises.
-¿Traéis alhaja9'
-Estas dos ,ortijas y este reloj.
-Vengan,
Y en seguida el Sub-gobernador
concluyó de extender el asiento en esta forma:

in noch.- 11188 ocho

f merlin, ~l'ñnrit Ca¡1.1:111n, l'a.bo l'rime-ro, Yo

fll/l (]1• l-'11-tll-Sn, t·nn [L'l'liR (}I' &lt;1;ter, l'll C'I
l}HI' ,J 1('\) pJ \ ~oronf-0.
Wlk.·ot.•k l)U,~ los

c•~pv:;a,¡
llP/.!".\do
Snn~!'lt{1
ramiuu

••1':lfl

l'nLlo .\pú1:1tol"', :-i1111to11 hmfna f-'rofeto, Trau .. l11 ~1itA. Margarit.A Mejfa. 1'l pidi&lt;i 1.füb.a. Compu,
1i{n, ~- cn;vn ,·nlor 1•orr"•JK&gt;r11fo al htorgant-P; J
'l'l'f:N118-.Jo.,s Hguudo dt• lo l1rnm,al,Lic. +'U rat,1, ,•irtnd prR('fÍ&lt;¡Ut' todll!I lae ,füigt-nt'i&amp;11qaé
Mnrlfu Mn_l'o1•ft.
fneren IH'l't'BDria1, (L 1RI 611 r otnrtrn" todo rfu•J IM: fll'J,Ulucln. ,fo lo Corrt't!ciüllal. Lir_ \la- l'O rlt1 dorument-01 QU~ áf'kte rf'Aptto 11ean neN-DHel l'ntii:o :-:u1irt1.
Hario~. El p0&lt;lt•1· elarl1do o!fltli, l,galiiado ro rw ..
J.Jri·nt11 rlf'I ltiui11ttrio l'áhliro, Lic. 811lvuJor ma. ho.\· ha.jo In partida 116m. :l6.l'i99 ac.~ Jlh.g6
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T!!!~T~OS. JLI LIO 5

marnlo. ~\~·er i-e l't..~~rr~:· ...,n
,·v:: 1·ni-,1,)~ y un:1 dlot'unt'16n.

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En Costa del Oro

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&lt;'l ·.11:1 110:, (l~ los chinos.
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Hay -""l'ftl.l nl::innlland:1 ili~ lHl"OZ {'-1\
Lou1ln'i,;, •. ulio 4.-En l'l )Jiulsterio de
'l'if',i 1 . ·n, pero o~·-c1, :irtr&lt;•nln~
esllíu hts l'Jl:rnhl!- se ba TPdh1do na l.'liblt"gm~
1:;l 3).'.Ufl t:~l lll:tJ:J (¡,- C'flllStl,

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lllf'!! ,\' 1iño ant" el "oluriu P.-fiblil'O D . .,,.._

hirn en,:'.J ogo!ndo .ít

i1l Y ('Sf'a-:-,:R',.,

AIEJf.\.-U6bnco.

l"n tinibre da .$0.50 f"8. &lt;lt&gt;hidame.ntecnn,,elado•
.-\rcadin Pndilla, !\"otar.o Snpp1•n11mei-!l.t10 Jo
p1-1ta t"iuiiud f"J·trnca. Q~e la fl1111n con Qb1&gt; l'I ~r.
n. Aurelio ifl!jfo eal,,H,;1 ,bi A tteibo d,:, los mi)

¡~ 11,,f,,n~-ort'~ d.r• i:,~ Lé~a&lt;'lon-L'S dC' r&lt;'- por ll'L cLusm:i, 111• la r¡n~ Im; salró 11.
1:fn. Yeh.it1• mil homlw~ (fo tro111-~, nl ¡iolida, uo 6in t.llficultall.
01rni1o t"lf, dos g:cwl"ale:-, b~!lnn~e al
01) "¡l r)e b
C'~pJt.nl.
En TJr&gt;n Tt'tn hay ffoC&lt;' ni il :&lt;-iotldado:i
LA INSURRECCION
~xtrnu. ,·•1 i •il. E}J crmth:1fr ,&gt;ro:-;ii;uc en la
ev:.: dn fnt ,fi¡:-na.

,·ri

-

En Guadelajara

•·se lll&lt;' iuforrrm. qu&lt;" ü.c; de c¡u1m~ mil el

'De Tien Tsin

sa.bor

un jarabQ..y_ln digieren perfectament~.
'fomada antes del aumento, crúa un
apetito, S11sp~nde 1n pérdida do tejiric~
y sustituye el color ama.rilleuto del
cutis, por una. ter, cbra y fresca, prn,
d ucto de una buena. y saludable dig-t"•s~
ti,Jn. E.i uua combimwión cientiHca.
moderna de las mejores sustancias curati vas y c•.:-i tan snbrosa como la. miel.

blit•¡¡.
Est,· }1C'r!lilli1·&lt;1 Jll!lillC-:l SPOl~l'U:ll'i:t lllCll·

1-:NTÍ&lt;'io í"fó:.I)C'rlnl de la
( 11•,--.n!in .ls.nl'l:ldn [}:ll'.'1 ••J~L
I!l•rlfn, Jnlio -1.-En un bnnquete PU
Wilhi:,ln1dnn·t'l1, da-do ny-rr por hus otl~lnks 11\_1 llll &lt;1lt1ll, clep;¡mé?-1 qui:' t'uú llO·
UHlo :¡\ n~un t•l hno11e de il'llC-l'l'll "Wft.
w-'i 1sl&gt;fl(•h." t•l Em1wrfülor r;.u!llermo, t)ll
n.~lp.11 al hrin,11~. "i~ la N"alull tlt! h

asqurroso

del aceite. Las p1:1rsonas sP.nsibles y
delicru.las b pupilen tomar como toman

la ~nl~·rir,c·i6n men-.;u&amp;I del (;0:\-IICO.
Y¡l}(' ('U(l\'os•uta l't'U{/.1\'0S eu toda fa. R,:&gt;J.Jü-

La política alemana y su desarrollo naval

:-:l!r,·icio e:-Tlf•Cinl de la
Prens11. Af!:ocitulu ¡mro. "EL MUXOO.''
L..n,1p.~:-:-·.r,nüu ;.:&gt;.- E11 U..&gt;tl-e;..'!mrn1 -1r,
b.yer, k· dke al '''l'irue~" su corf'l'"l)Onsai
&lt;'ll SL:Uij! !;;1 i:
·'De fntnte fidedi.~a he recibido (~l
~l~uienh• :lfOMlh', t:::1.Tdo por tlll &lt;·orn• &gt;
especia] &lt;lllB ~:!lió ,le l~lifn &lt;'I n~intiswtl' del p:1-sa.do.
'·Qui_fü-e mil '·lJo;;ers" ~ tropli:-i clllntt'S

y

continúa. La naturalez;a. tiene ¡:randas
exi~encias para el esbelto cuerpo. El
cutis está. re:ieoo, los ojos apegados, la.a
mejilln,s y el pescuezo hundic1ot:i, el

h1JHplri p;irr1xiuinl tle ~nu Col-lll◄'. de~v1:1:,., fü, 1111:1 t•er1lllLJ-UiH
11n1q•i,monifj~1
111,r hnh.-r-sit:: cnrnllo 111,:-; 'llllt-'rtu,- dt-&gt; ,!n
hdl'sin. 1l1•iau'10 ;í los ll0\'j('j&lt;.: Y rnmu•r&lt;i•
~n cmnll i;:: 11rn:tro, J)Ol' ersp-ndo de ai-

Emperaoor Gnil lermo

soberanos de China

Uua simpátlca, viva

hermosa niifo, que esta por franquear
los limites que ~paran la nilia de la
mujer, es{~ li\- vez origen de orgullo y
ansiedad para su madre. Se ha desar•
rollado con violencia- y ese desarrollo

DEL

Los "boxers" guardianes de los

1

'1hdo 1i.-1rtc en la+- o¡H~rrt,uiones l'outn ortli:rn.rio iuh•rí·t1. (· lmitnndo l\ los n'.eJ,), extl';Hijt-rt"6,
1wl"U1."t:, c&amp;¡mflolos y llírngurOfi lrnn het'ho
Dt• t--J:am:lrnt st'· ho r&lt;'-CIU\do ·•o.pla dt• del miS'l.110 un musco 1t1lu1h'abl1•. ,\dornnn
uu t'illi:to ~11· T1mu NI quf! 01·1lt•ua í~ 1~ ~ns utnN:-1 uiAe lit• orhl'ntn c11ndru:- rPtiYlnt·Jc:, dd ~u•r t¡Ue Cllllc;r•.'gLU'll In. tl1,tll rntlo¡;; de lnH A'.ldCL'Ílll"I ruii.:-1 l'll'Ü8 qut&gt; exiS•
(·]iiil11. ,- atatJUt"ll Íl l&lt;r.:i buques ,le ¡;ttl'l'l'll h•n ('U C'l lh'lno rnl1lo, ,V t'll los l'Ullh.•s bi;:leu1v,p;-•~h':t,
: 11:i pi g~olo tlc lo~ g1·nndl'S 1dut.orC's 1;ll'ltlLI.nwlrL':-t, ,Julio :-1.-·I-~I "Tao-'fai'' Slwn¡:, 'nl1·t11' de otroi.i tli•mpol'I. l)l_g1rn~ l'OU, &lt;'U~rtn·
(1~ :,::.1111:1.~llal, tWJ il,n&gt;·r uuq prud11m:1 PU IlH'llfl\ !off IU!{ll'Ell;&gt;S de '-\l1,('At'l~flU,'f_l'adc~::
qur I roll!l.H'. tll' U!HI w:11H•ra prúdk·n, ii . ¡wr nrn.m~ ri.-,ltan la "l,tli' ,le:¼ .:,,;:11t1ous
IM tn 1q\a&gt;s lle guerra cxtl'anjerus qm• ! ln prodl;(lói.:fl l,t'llt'za c-011 q1Je han enrlquc:,;1, ,'lpro,!n1Pn IÍ Y:111:.:-•T::St'·!~l1lll)!. J~u 'd,Jo :-.117111h1·llt'iu, que, ron ~!1~ flore~s en
l':l:--ll ,•onll•,H'lo, ni'.nrle. 1:u; autm·lda1les los h11e1·0:-1 t&gt;xt_1·1·!orett _Y fu:,; lwm:os n los
&lt;':Jimis sNán lrrt---p1,n:,,nlll&lt;"t'&gt; de Jo .qm~ cunle:-. UL&gt;8 hemo:-i referido, ofrecen unn
Jlllllii•r-'l o&lt;·nrrir: ,~r(•,_-St' aqnf ¡¡lle lo.-1 ,_-_1:,1JOn d~ ~u patrl:1 que c8 ~or deruA¡-¡ eu.f,1uc·ic,1111r·11i'l d1m~ ll'llÍlll] de uo \'Pl':..e C,lLIUllluul,

LA REVOLUC!ON

Salute Croix fué empujado al ln\ll•
Como sucede casi siempre después
rior y trae él se cerró la puerta.
l de las grandes catilstrofes,S,inte Croix
Quedóee inm6vil un inatante, esc-jj.. _se repree1entó en aquel momento, e.o•
ehando con ansiedad los tardo• paso mo ai la estuviese contemplando en
del carcelero. que poco a1 poco se f
'!1º fiel espejo, toda su vida pasada.
ron extinguiendo.
· Todos los recuerdos felices de su
Estaba como atontado por el ru
eXistencia. brotaban en su memoria,
golpe qne acababa de sufrir, y n
htteiénd0Je sentir eon mds rudeza el
angustia inexplicable le oprflnía el e
ntraste de su desgracia presente.
razóu,
Recordaba los menores detalle, de
¿Qué •nerte le espern baP ¿onAn
11quelln noche que 1tcababa. de pasar
terminaría su cautiverio? ¡,estaría d•
ni lado de la marquesa, y se figuraba
tinado á ver blanquear BUS eabell
escuchar to&lt;lavia la voz •rgentln·a de
en aquella fortaleza de la !irania? •
~ata murmurando A su oído palabf8s
saldría más de alli? Como 6 las P\1
amor. ¡)fo eran dilatados ai\os de
ta, del infierno del Dant~lbabiatf
:olieidad lo que acababa de perder?
dejar toda eeperanza los ~nfortuoa
Estos recuerdos hacían que su cóque las traspasaban.
lera luese terrible, espantosa, AgitábaCuando cesó todo ruido, creyéu
ae en el lecho como una fiera, lanzanse Sainte Croix solo, y separado
rugidos que no parecían salir de
zA, para oiempre del resto de loo m
ganta hum.na, ¡Nota suprema del
tales, quiso explorar su prisión,
or en esos instantes en que de otra
No tenia más luz para orienl~
te el corazón saltarla en pedazo,I
que la de un pálido rayo de tu
aldecia álosquoaoababan dearrepenetraba eo el calabozo p
le su libertad y so alegria, entetrecha ventana abierta 11. seis
ola vivo en una tumba; blaslesuelo y cruzada con rormld
de Dios, que veía y consentía
rato de réjas JOD puntas de
01 crímenes, y llamaba en su
Aquel rayo de luna oala 4ii
io A un poder cualquiera, y o!resobre una mala cama eoloeadí
ole alma y vida A oambio de nn
rincón y dejaba en la obscuri
e una hora de libertad y de vencompleta el rosto del calabozo,¡
:.,.ua.
B•into Croix se-dirigió A J,t
-Te esperaba y lo acepto-dijo
tambaleAndoae como un hombre
a voz extra11a muy cerca del preeo,
y so doió e•er en ella dese,
JA!ido. con !os ojos desmeimradnª•satA~dose en ¡¡ritos y maldl
ab1ertos X los o~b}lllos e1·ii!!JlJlll

,,a

--

--•-Lo

...

-

..

.. ....

por el terror, el caballero se incorporó en el lecho.
En el circulo luminoso· dibujado por
la ventanaJ d~stacábrtse un hombre
veetido con un jubón negro hecho jirones.
Lentamente, de una manera casi
insensible. aproximáb11.se al lecho. Estaba pálido y demacrado. Su larga
cabellera caía sobre sus hombros; su
bl\rba inculta se erizaba e-Jbre unos
pómulos salientes; bt1jo sus espesas
cejas descubrlase cierto resplandor
fosforescente. y la luz azulada.del•
luna formaba como una aureola alrededor de su cabeza.
Ante aparición tan exlraüa, el ca,
ballero se santiguó instintivamente,
Las boguerns de los últimos hechiceros quemados por haber evocado al
11wligno humeaban to&lt;lavra ea aquella
época, y los nombres _de algunos de
ellos se leían en los muros dH máa de
un calabozo de la Bastilla. Creíase ea el
diablo y Sainte Grolx no e,taba lejos
de pensar que se hallaba en presencia
del espíritu de las tinieblss.
,
Hombre ó fantasma, el apare,:ido
se acercaba á Sainte Cro!x, el cual
sintió un sudor frlo.
Maquioalmente fué A echar mano,\
so espada, pero se la habían quitado,
Comprendió que aquel ser extrano
iba á tocsrle. y con la voz alterada
por el miedo. le dijo:
-;.Qgé mo 4,¡iQ1~0•, maldito?
..

.J.,·-f

' ....

-¿No has t'eelamado el auxilio de
un poder. cu•lquiera que fuese? Pues
béme aqui.
'
-¿Quién eres?
-Si lo deseas, seré para tí la ven•
gan2a.
-Lo deseo, aún á trueque de mi
,angre y de mi conder.ación eterna,
Pero necesito saber quién eres,
-Pnes soy como tú. un huésped da
la Bastilla: ,oy tu compai\ero de pri•
,ión. Pronto hará diez allos que ouen•
to una a una las horas en este calabozo donde sólo llevas tú nno, minutos. , • ,
Al oir estas palabras, Sainte Croix
hizo un gesto de disgu,to.Estabatranquilo y sentía vergüenza de haber tenido miedo¡ pero eo disipaba la inse'1•
sata esperanza que por un momento
habla hecho latir su corazón,
-En:oneel. ¿á qué hablarme de
venganza?-dijo Sainte Croix interrumpiéndole. -Si nada has podido
para ti, ¿qué podría, hacer en obse•
quio mio?
-Eres impaciente. Todavía no has
dejado que te diga mi nombre.
-De poco me servirá saberlo.
El siniestro viejo se sonrió, y dijo:
- 1Quién sabel yo soy el italiano
Exili.
MAs espantado que cuando creyó
tener del•nte A Sat,,¡n eu persona. de•
jóse caer Sainte Croix sobre el lecho.
De&amp;~'Q~~~_Ja vielón infernal; pero

la substituta una realld•d mucho más Ira de .o, pueblos que por ta de los pia manera que aparec~~l'a~ ~-~ejú~eeliorus de J,, humnnidad~~~iendo- do~p-k~~- e-,-p~o~er divino la Cl'eaeiól\, -Mi pas:uJo. Soy je_v_e_u~t~d_a_v-ía~
horrible, porque el nombre de Exill ~obiernos, el envsnsnador fné á esta Sainte Croix sumido en los m,IJ SOIJ1 ,u tOtnbra ,\ ii1guno de es0s dcscnbri- la vida, y ha ,bandonado al hombre pero be sulrido mucho.
era tristemente célehra en Italia y en bleeerse A Francitl.
bríos penMmientos;
,j, ·
miefft~ que honran A- un eiglo.
la destrucción, la muerte. ¿No eom•
-Sin embargo, -replicó Exíli-no
Francia.
Pero le había precedido su renom•
A la manana siguiente · o pud1 es·
Pen_--,dor. filósofo. investigador. to- preudes que destruyendo igualo ¡¡ la se me alcnnzn qué puede faltaro, en
Era sinónimo de muerte y de vene• bre, y no se le áejó tiempo para ejer- te dominar su horror al enco'nlrarsb ,fo ]o habla visto y estudiado. y su divinidad,
la vidn. Sois joven. rieo y bello y de
no. Hacía veinticinco a!loJ que estaba cer so funesto oficio. Eetaba vigilado en presencia. de su terrible colllpafie• p·rodigiosa memo1·ia era una espc,efo
Y como e] crballero hiciese un ges- béia ser amado.
escrito con sangre en todos los tribu por la autoridad, y un dia dcsapnre ro.
de. va,to repertorio de todos los cono- to de duda. anadió Exili:
• -M;, !alta., un nombre. y Dios me
nales de Europa.
ció ain haüerse vuelto á ssber do él.
Rogó al carcelero que lo mud~,e du cimientos, que Sainte Ci-oix podfa in-¿No soy omnipotente teniendo en ha puesto el_orgullo_cn el corazón.
Exlli. el terrible envenenador, dis,
H,1bia sido preso y encerrado en la calnbozo y el carcelero le contestó terrogarconstautemeotesin eneontl·ar mi mano la vida de todos, pudiendo
Una al~g_r1a. sat:lmca ammó el roscipi.lo de Reneato y de la To4na y Bastilla quiz,\s parn toda su vida.
que en aquel momento babia mucbns jamás defieieach,.
destruirla como si la híriese el rayo?, tro de Ex1l1.
..
_
heredero de los seeretos mort•les de
Saiute Crob. conoeía. todo esto, y presos en In Bastilla, y quo adem&amp;'ll
Pero. sobre todo y ante todo, Exili
¿Qué rey puede igualar su poder aJ -iElorgullol-d1¡oéste.-¡Muy bien!
1los ,Médicis y de los Borgias. habfa su- de nquí que al oir el nombre de Exili no habla costumbre de someterse ~ era un gran artista en materia de ve• mio!
puedo hacer algo de vos. Pero eoatiperado l• celebridad de estos 1mpla- etntl• ra que se le helaba la sangre en todos los caprichos de los p1 isione 11cno,,.
nuad. porqn• en el pa,ado ., donde
cabtcs nsesinos.
las '&lt;l.lnas.
ros.
]fobia hecho de la muerte un arte.
Un día. porfia, se decidió Sainte- yo leo el porvenir,
Cuando joven. babia tenido en FloDemasiado sa bin qué terrible arma
Sainte-Croix debió tomar '" p&gt;rli' No Cf11tento con los terribles secretos Croix á confesar'' Exili que él tam-En Parls todo el mundo me cree
rencia un laboro.torio de venenos. ,se podí.:I. poner en sus manos e! hombre do, porque la repugnancia. ~-úe ~•e~
J? q ilB era depositario, quería descu- bién se había O ;upndo en 1a ciencia noble, ó al menos finge ct·eerlo, y eahacia esperar mucho una herenel .. , ó que habin sido instrumento de las baci• su compallero de ,risi:l11 uo..
"brir otro• nuevos y sin tregua ni des- de los veneno,, Y le contó las expe- to lo debo á mi valor y á mi espada.
•• deseaba tomar una infame y teDe• vengnn1.a, de Mme. Olympia. Pero ró mucho.
,
m:1_..,'1)S h~íll proseguido sus trabajos v riencias que babia hecho,
SiD embargo, pertenezco á un&amp; de
brosa venganz3. de algo.na injuria re. poi· grande que fuese su furor, no hBfEl hAbil m&amp;estro acababa "1.e
6\11.i t,xpericncias.
Pero su compañei·o se echó á reir, esas familias cuya obscuridad oculta
cibida? Pues no habla más quo diri- bia llegado todavla t\ •quel extremo cootrnr un digno discípulo.
!labia conseguido someter la muer-No conocéis siquiera-le dijo és- mal la mi•eria. Mi padre era artesano
girse á Exlli, A uno, les vendfa la en que el hombre puede mirar de fren
Sainte Croix. dado su Mal cará
te:. reglas fij•s y positivas. y no era te-los preliminares, las más vulgares y quería que yo Jo fuese también.
• muerte do sus padres, A otros la de te los mayores orímenes.
mezcl• del bien y del mal, de v·
el interés el móvil que le guiaba, sino nociones del arte.
A[ás apenas empecé /1 tener conciensus enemigos.
Incorporóse de nuevo en el lecho, des y de vicios,no tardó en
mata bien ·Ja. necesidad del&amp; experi•
Veinte a.nos de constnnte trabajo eia Ue la1 cosas1 ya me cegaba la tle
Después eu Roma bnb[a puesto ,u y exfendiendo las manos gritó:
miracióo poraquelhombre que
mentación.
apenas si os pondrían en el camino bre del 0t·gullo.
cionei• al servicio &lt;le Mme. Olympla,
-Retírate, demonio. retírate.
la suerte le babia puesto eu 111'
Cuando hablaba de esta ciencia la- de la verdadera ciencia que se han
Ambicionaba el dinero, Iae distraoJ durante un largo espacio de tiempo -1Y ciioes que deseas vengartel- no.
:
:tal, escuchúbale Sainte-Croix con un transmitido los gi·andes artistas Jtslia- cionea y e1 lujo. La vista de una cinbabi• semb:ado l• muerte y el terror dijo l!..xili con tono despreciativo,Y·esta admiración se expliCI!
l'.tli ioao terror.
nos. porque sns.secretos-sabedb bien ta, el ruido de un vaso, el chm¡ue de
por la ciudad eterna 1 segundo vidas ¡Pobre local ¡día 1Jegára1 en que, can• mente.
uscan mucbos el secreto de la -no se divulgan, sino que son lega- la sonrisa de una gran sei\ora, desperal asar, ciego é implacable como el sado de eufrir. ul propio tiempo que
Exiii no era uno óe esos
"y-no Jo encontrarán-decía Exi- dos misteriosamente por ~da moes- taba en mi espíritu preco• vagas é inúcettno, cuando se tratabii de obede- la libertad, querr,\s arma para volver dores vulgares cuya ciencia
lVcou la mirada radiante de orgullo tro é un discípulo favorito y probado. sensatas aspiraciones.
cer A. en terrible protectora.
al combate del mundo( Ese día acudi- en matar brutalmente.
• voz inspirada.-Yo he encontrn- 0Qucréis-dijoSainte-Crolx-que
Por eso. á la edad en que los hijos
Había. envenenado á mas de eiento rás ll mí y me pedir&amp;, de rodillas que
Era un hombre superior eli
el secreto de la muerte.
yo sea ese discípulo vuestro?
de los pobres trabsjaa en el taller ó
cincuenta. peroouas, A.si al 1nenos lo te ayude y te tienda la maao!
exten,ión de la pal~b1•a. et
-jAbl-dijo Sainte-Croix,-;Y A
El italiano movió laeabeza.
en los banco, de la escuela, yo !tabla
decía el pueblo. el cua: DJ pronuneh-1Jaml\s!-dijo horrorizado el ca- aplicado al bien el genio excep
~nde o, ha llevado ese descubrí-No nos aonoccmos bastante-le trocado uno y otra por la taberna, la
bn el nombre de Exili s111 sttntlguarse. ballero.-¡Jam!l,I
de que le dot•ra el Creador. es
te.1io?
oontestó- 0Qnión me respondo de que sal~ de armas y el garito.
Arroj,ido do Itniia 1m\s bi~n por la
Ro1iró,e Exili sin ruido, de la pro- ro que habría figurado entre 1
-A igualar ADios. Dios ha re,erva- ••~i• diggo &lt;le ellp?
:r.,~ sociedad de todfts esaa gente

••t

t

•

•

•

�El iifo ~1 del prt&gt;Frll tíl meF ~(' hará de lfUI
R11lfo 24 rle-1 presento rnPe fH' hnrli rle In~ cumplidn~ en PI &lt;'DI ¡ll'iifJ t\Jt uuclo en l:l ~u lle 1;:: de rumplidll~ cu !él em1•1uo 1-i111ado 1·u 111 3~ de
J,erllo y 8 ~ de 11\ 1\lugnoliu. l'll el fünpdio d1• 111 Yl•rónim y l tllh•j&lt;in Uvl to.n&gt;tl', cOtl'fHtponI!\ 3 ~ ti!:! Len!n -:,,•ti~ tle Mtltlt1i:uwu purte1wcie11, Ui,,1111;"1-1 ul mi•¡i de l-'d.1rcro di.!· l!JOO.

ESCANDALO

En la Hduana d8 Tl811BIOlCO

Lo

tes 111 mt&gt;F1 dt1 Frhn'l'O del vref-ll't11" año. ,-

qm1 Rt' flVJ!.ótt

ti lofl i11tnesaclol'I

\)flrn que

Log JJ1tl'n•!l11Uo14 rn t&gt;!juo JI\H'dl'l1 Olorrir en ocun:m en ti1·JU_M lu'\Uil {1 refre11dnl'l1:1a, di:&gt;fiempo ltúliil fi dei;:¡•m¡wf1:1l'll'lfl, 1•rfl'(.ITl{lttrln,i; ó fi"llljli.'fitirln1:16 prN11;-11cit11· 1111 n"Tltíl, &lt;pn&gt; se veritl·

pnit-e111'i11r ta\1 n•ntn. miv tiP. T'l'ritkarú con une r ant roB 111·Hg-!o ttl JlegltHut.tuto ,·igeutu dal
rnmo.
g:Jo u\ 1·eu:lnnHrnt.o vic.enü• del 1·nmo.
J\lé:di·o, ~ ele Julio de 1900.-FnAxc,sCo U.
lléxfro, Julio 4 de lUOO.-MA:ú;i;;r, f4ona1:;-o
8A.NCBEZ.
6,6 y 7
\' :m..1P.
(j, 7 y 8

Ayer en la ID'!lñ1.1n0, cuando eru ma;ror

el mo~imieuto de curros .r transeunte-s rn

la Aduana- de Snutia¡:co Tla'\it(~loko. se
suscit-0 un ,estfu11h1,1o qu•~ llamó ln. aiteu-

c1ón de cuantos lo· pt\!:-cncilu·ou.
A la ofü:iuu biquidatnl'ia clel li'erl'ocanil
Nncion11I )lexi&lt;'ano, se presentó el enviadq del señor Dfar. de la Vega, pnra
1&gt;agat· los fletes de vari-Os fnrgoues Cll.l'·

gnidos con leña quP Je e.n vi-at·ou {le Toluca, p1·oce-die-udo cles:cle antes n. desc:-11·•

ga•r los m!:-:mos fmgones.
Entre ·el 'drupleaJo lle la compañía feI'iI'Ocanilera r el eoY.indo de Díaz &lt;le fa

Vega, resultÜrou nlguna,s aiferenrins en

1

la liqui-dac:i(m. con motirn 11~1 ohuncen:lje de lo:;; fnrg-onC's. Los incl,iY.iduo:s en
cuestión. se exa.lt ;1 i·on hasta !regar fi &lt;li-·
rlg!rse palahrns dtmu:: PI .Je.fe c1c la. O!idua orcl~11ó que no saliera la ruerc:anda
hnstn tanto que 5'1.ti~f,ttiera C11 import1
del oitn(lo alm::ic·enilj'¿, me-1l1&lt;lit que ,li~;;usto r~ lo!-: c1wl'et0ro~ que' ya tenínn p1'epar,1dos sus carL'O$ paro sulir del p~ttio
de in A(luflDH.
Los ,·arrt-'l'O~ pretendieron salir, no ol&gt;s• t e la ot·dt-n qur r ~e di6 11 11 c:ontnirio.
lb que originó l]U'i' la politin. :lpo:-tada.
en aque-1 vn.sto i!"fiiti&lt;•io, tomora pnrtic:.ipacióu en el asunto, impicjl{'IHIO lo salida.
La difrrrneia. pmlo 1tt'l'P~larse bastn
1

pasa.dos cliez minutos &lt;le las doc:e del dfa.

Notas Varías

a
G
EL' MÁS PODEROSO T lliCO Y REGENERADOR DE Lft SANGRE
PARIS. ~J Rue de Saintooge. 'y en todas las Farmacias.

JABABE DE RÁBANO YODADO-

~-!i"ª) ,¡·i~
1

.

, , ,-- '

. IMlill!~

ªE GRIMAULT

v

c•A

Ro¡:¡;,tado por los médicos e,t lugar !le! jarahe
antie,corbú~ico y .del _aceite ~e hígado de bacalao;
par;, combatir el linfaltsmo. ,,t usagre, las erupr-iones
de ,,. pi"l en loR niñ0s páEdüs, enciMques y delicados, pará. reso1v'I!' 1118 glándulaa del cuello y mni-

.,1 ~petlto.

'

,

l, ,., r1,11n.,, PAII/S, / •• toda, taa fnrmaata,

= Tauto los niños como las personas mayores
toman con el mayor deleite el exquisito -

VINO del 0" VIVIEN, de Extracto de
Higado de Bacalao. .
El VINO ViVIEN excita vivamente el
apetito, ~eanima las fuerzas, enriquece la
sangre, desarrolla las carnes.
Es uno de los remedios más :.ctivos prescribidos por los Médicos en todos los casos
de Debilidad: Anemia, Raquitismo,
Tisis, Escr-ófula, Afecciones de la Piél,
~..:-,;,., Reumatismo, Flujos en general, etc.
Venir: en todas las Boticas y Farmacias.
PARIS, l&lt;ue Lafayette, u6.

IBBE8PONS~ BlE

•
qne Montsub•n calificaba de m•tones una vuelta por la espalda de los Car•
y do intrigantes, me proporcionó una lujos, y •ccedió á ello.
viva penetración, un¡¡, agilidad de ma-¿Y le conv~ncisteis?-preguntó
no_y una suerte en el juego, que muy Exíli.
rara vez me han faltado.
-Le maté. Desgraciadamente el
lúurió mi .padre y le lloré.
asunto hizo ruido. La farni,lia reclamó,
-No es posible la ~edección' en y c9mo no quería yo tener que habér•
edad tan tierna-dijo Exili interrum· melas con los señores del Prebostazgo,
píéndole.
huí á Compiégne, donde comenzó muy
y continuó Sainte-Croix:
pronto para mi •ID idil:o de Mr. de
-Tenia diez y seis afio,, cuando Racan.
un negocio desgraciado (no recuerdo
Viví oculto en casa de un amigo,
si la muerte de un hombre ó la seduc- bribón retirado, que se había hecho
ción de una muchacha) me obligó á hostelero por no cam bial' de naturaleabandonar el Languedoc.
z11, cuando se me presentó la priuci•
París es el sol á cuyo alrededor gra• pal aventura de mi vida,
vitan todos los satélites de mi calidad,
-¿Cómo se llamaba esa aventura?
y vine á París,
-repuso Exili.
Para abrirme las puertas del mun•.
- Llamábaee M•ria Magdalena
do en que pretendía entrar, me falta d'Aubray. Tenía diez y seis años, yo
ba un 11 ombre, un título y una lortu· diez y oc!Jo, y era una muchacha enna. Me llamé el caballero Gaudin de c•lltadora, que h11 llegado il ser una
Sainte-Croíx, y los bolsillos de los bo- mujer herm?sísima.
.
bos me proporcionaran recursos sufi.
La casualidad nos puso un dta lren,
cientes para vivir.
te á frent"' en un sendero extraviado
Tuve duelos. No podía llamarme del bosque que rodeaba el cast(llo_de
imp1rnemente el caballero de Saiute· Ollemont, adonde ,u padre habta ido
Cr~ix.
aquel otofio para descansar d-, las agi·
A un gentilhombre de Beauvoieis le taciones de la poUtica y de sus imporparcció mal Ulla vez que su dinero pa• tantea trabajos.
sMe tan fácilmente de su escarcela á
Magdalena llevaba en el corazón
Ja mía, y no sólo me lo dijo 0011 fra. esa necesidad de tcrnur, que la muses de muy mal gusto, sino que hasta jer consagra á D10s c_uando ~o enpuso en duda la legitimidad de mí tí· cuentra un hombre á quien dedrnarla.
talo,
No• amamos.
• Le rd¡,;ué ~ue me acompañase Adar Re aquí uno de 8ijO~ recuerdos pre•

Dos días después Mr. Dreux d'Au•
ciosos que el más desenfrenado do loe cbriJoozaban á moverse en el cas\illo,
aventureros-conserva para refrescar. _ J. [:e lanc:é al campo con mi carga, y bray llevaba su bija á Parí,, y yo ves,u ardiente existencia.
aµe nas hubo amanecido, llomé á la tia la cnsác11 de e•detc del regimiento
Para hablar con ella saltaba todas puerta de un caserío aislaáo que vi de Trncy.
Exíli fijó en su compañero uua milas noches las tapias del parque y me en 1•1 calllino de Beauvais. La mujer
introducía furtivamente en la vieja del· &lt;iasero dió el pecho ,í mi hijo, por• rada penetrante, y dijo:
-¿No habéis vuelto jamás á ese ca,
morada de Offemont, que mi querida qu y;o tenía un hijo.
babia convertido para mi en. un pa, ¡Decís qne en el camino de Beau• serio, ui habéis llegado á sa·ber de
raíso oculto á. todas las rn.iradas.
vai· ir-le interrumpió Exili qu0 bacía vuestro hijo?
-La guerra me ocupó todo el tí•m•
Mr, Dreux d'Aubray regresó il Pa, alg n tiempo prestaba al relato de
po, con:o antes me lo babia ocnp11do
ris, llamado por los deberes de su Sai1 e Croix p.-randisima atención.
cargo; pero dejó en O!fcmont á su hija.
A¡·b~orto poi sus recuerdos, no con• el amor y el placer.
Por espacio de diez años me batí
necesitada del aire puro del c11mpo, test~\fuinte-Croix á la interrupción
en Españk, en el Piamonte, en Flanbajo la custodia de una dueña.
del Jt~~t•no,
,
Nuestra felicidad duró poco, •
rmanecí alli conlomplando al des, &lt;londe quiera que babia lueba, y
Mr. Dreux d' Aubray volvió, y Mag- ní.li~f
ensando en su madre-prosi- desafío á cuantos me hayan visto pe ..
dalena se hallaba e11 cinta,
; gui(fl
cnballi.o-cuando un cierto lear á que digan si el cab,lilero de
Los cuidatlos, las precauciones y el
·•·
ir mas y de caballos que se Sainte•Croix ha sabido ó no cumplir
valor que necesitó la joven para ocul•
J.t oanetera, me sacó de mis bizltrramente sus deberes de soldado.
Cuando volví,, Fnincia ya era catar á los ojos de su padre aquella fal
1é y vi que se dirigían á to• pitán, y no me qued,¡b,t de aquel pe•
ta que éste habría castigado como un
bacía el caserío algunos ríodo de mi juventud otea cosa que un
cr'imen, lo comprenderéis cuando o:, d
l Mariscalato, á caballo.
vago deseo de saber ...
diga que el carácter de mi amante par- s
scubierto Mr. Dreux d'Au,Mo dirigí al caserío de la carretera
ticipaba de esa indomable energía de
o secreto y su deshonor, ó de Beauvais, y allí me dijeron que el
que sólo la prisión ha podido p1}•
sido denunciada mi -pre- nillo abandonado por un desconocido
v,ume.
•ís ¡\ las gentes del !ley? diez anos antes, bahía sido mantenido
Díó á luz una noche, sola, sin aux· ·
por la anendadorá mientras duró el
lío alguno y á pocos pasos del lec!
del
ter;or
que
se
apodedinero
que dejó el que se considera·
en que dormía su padre, el inllexi_bl
trastornado
pol'
las
emo•
b•
su
padre.
Mr. Dreux d'Aubray.
quella noche, eché sobre
L,s arrendaterios del caserío no
Yo esperaba en el parqne, cnando
wdo el oro q ne llevaba, eran ricos y el nillo constituía pr1ra
de pronto una mujer, aniquilada por
étltan~, salté á un jardíoíllb ellos una carga. Querían desprenderel dolor, por el miedo y por los re•
detrás de ltt cRsa, y en un "'' de él, )' ya tenían pens:tdo llevarlo
mordimientos, llegó hasta mi y me
~~1Sqt1é r~fugio en el bos- á uno de rsos nsilos :ibiertos por Ia
puso un 11ifto en los bruzo~.•
pi.edad, cuando un dí~ un viajero, del
Los perros ladraban y los. criadcl

-lr

cual no suoíeron decirme ni el nombre ni las ·señas. se . ofr~ció á adop•
tarle.
Cedíéronle el niño, y con él partió,
Pero si no me fué imposible encontrar á mi hijo, pocos meses después
debía encontrarme cara á ca1·a con su
mad1;e.
En la itllima campaña de Flandes
babill y~ u·a bado amistad con un gentil•
hombre de excelente casa y de alegre
c1lJ'ácter.

Cuando terminó la guerra volvimos
á. vernos en París.

Yo era pobre y él rico.
Me ofreció á la vez su bolsa y sus
servicios y yo no tenía por qué re•
husaro ,
M, compañero de armas era casado,
y me ofreció presentarme á su mujer,
Acepté, y-¡jozgad mi sorpresal-~1"ría l\lagdalena de Aubray era la mar•
4uesa de Brinvillief9, ,
El marqués vivía con tal magnifi•
cencia, que creo que debfa nrruinarle.
Sin embargo, OH&gt; invitó á que Je ¡¡yu
dase á gastar dinero y acepté, yéndome á vivir á su casa.
La pasión dormía en mi corazón, y
la vista de h marquesa. bastó parn
despertarla más fuerte é impetuosa ,

que nunca.
M,1gdalena 110 amaba á su m11rido,
y Géte, de cari1cter :rnomodtilieio y fá.
cíl, dejaba :\ la marquesa tanta liber(Comiuuar~) J

1

•
•

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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